© Libro N° 13824. Helen O'loy. Del Rey,
Lester. Emancipación. Mayo 10 de 2025
Título Original: © Helen O'loy. Lester Del Rey
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Original: © Helen O'loy. Lester
Del Rey
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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Lester Del Rey
Helen O'loy
Lester Del Rey
Ahora Soy un hombre
viejo, pero aún recuerdo el día en que vi a Helen por primera vez cuando Dave
la desembaló de su caja plástica, y aún puedo oír su contenida exclamación de
asombro mientras la miraba.
- ¡Caramba! ¿No te parece una
verdadera belleza?
Desde luego era muy
hermosa, un sueño convertido en realidad hecha de plástico y metal, algo que
Keats podía haber vislumbrado vagamente cuando escribió su famoso soneto. Si
Elena de Troya fue algo parecido, los griegos sin duda fueron un poco remisos
cuando sólo enviaron mil naves a buscarla; por lo menos esto es lo que dije a
Dave.
- ¿Elena de Troya? -
Contempló un momento su etiqueta de fabricación -. Por lo menos es un nombre
mucho más bonito que el número que le dieron en la fábrica... K.W.288 ... ¡hum!
La llamaremos Elena de Acero.
- No me parece un
nombre muy romántico, Dave. Es algo demasiado frío. ¿Qué te parece Helen O'loy?
- De acuerdo. Se
llamará Helen O'loy, Phil.- Y así es como empezó... una parte de belleza, una
parte de fantasía, una parte de ciencia, añadir un programa de estereovisión,
agítese mecánicamente, y el resultado es el caos.
Dave y yo no fuimos
juntos a la Universidad, pero cuando yo llegué a Messina para practicar la
Medicina, lo encontré en el taller de una pequeña tienda de reparaciones para
robots. Empezamos a trabar amistad, y cuando yo empecé a salir con frecuencia
con una muchacha que tenía una hermana melliza, Dave encontró igualmente
atractiva a la otra hermana, de modo que pronto salimos los cuatro juntos.
Cuando nuestros
negocios marcharon mejor, alquilamos una casa cerca del espaciopuerto ... un
lugar un poco ruidoso pero barato, ya que las espacionaves desanimaban a los
que querían construir viviendas por allí. A nosotros nos gustaba tener bastante
sitio para estirar las piernas. Creo que si no nos hubiésemos peleado,
habríamos llegado a casarnos con las dos hermanas mellizas. Pero Dave deseaba
irse a contemplar el último modelo de cohetenave con destino a Venus, cuando su
melliza quería irse a ver una película que proyectaban por estereovisión y cuyo
protagonista era un tipo llamado Larry Ainslee, y los dos prometidos eran muy
obstinados. Desde aquel día no pensamos más en chicas, y pasamos las tardes en
casa. No fue hasta que Lena nos puso vainilla en un bistec en vez de sal,
cuando empezamos a discutir el tema de las
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emociones y sus
efectos en los robots. Mientras Dave desarmaba a Lena pieza por pieza para
encontrar la avería, empezamos a hablar del futuro de los seres mecánicos. Él
mantenía que los robots serían superiores a los hombres algún día, mientras que
yo defendía una opinión contraria.
- Mira, Dave -
argumenté -, ya que sabes que Lena realmente no puede pensar...
quiero decir pensar
por sí misma. Cuando estos alambres hicieron contacto, pudo haberse corregido
ella misma. Pero no quiso preocuparse; simplemente siguió el impulso mecánico.
Un hombre pudo haber alcanzado la vainilla, pero cuando la tendría en su mano
se hubiese detenido. Lena posee sentido común, pero no tiene emociones ni
conciencia de su propia personalidad.
- Desde luego, éste
es el gran problema con que se encuentran los robots en nuestros días. Pero
adelantarán más y más y desarrollarán emociones mecánicas o algo parecido. -
Volvió a atornillar la cabeza de Lena y abrió de nuevo el contacto de su
pequeño motor.
- Vuelve a trabajar,
Lena; son las siete de la tarde.
Aunque me
especialicé en endocrinología y ciencias afines, no soy exactamente un
psicólogo, pero comprendo el funcionamiento de las glándulas, secreciones,
hormonas y otros varios órganos que son las causas físicas de las emociones. La
ciencia médica nesecitó trescientos años para encontrar cómo y por qué
funcionaban, y no podían pensar que los hombres llegasen a duplicarlas
mecánicamente en mucho menos tiempo.
Me llevé a casa
muchos libros y revistas científicas para demostrarlo, pero Dave me mencionó la
invención de las bobinas mnemónicas y de los ojos hipersensibles para demostrar
que todo era posible en el campo de los robots. Durante todo aquel año intercambiamos
sabiduría, hasta que Dave sabía de memoria toda la teoría de la endocrinología,
mientras que yo podía desarmar y volver a montar a Lena con los ojos vendados.
Mientras más hablábamos, más disminuía mi seguridad sobre lo imposible de
llegar a realizar el tipo perfecto de homo-mechanensis.
¡Pobre Lena! Su
cuerpo de cuproberilo pasaba la mitad del tiempo esparcido en el suelo,
desmontado pieza a pieza. Nuestros primeros intentos no tuvieron otro éxito
sino conseguir que nos sirviera hierba frita para el desayuno y que lavase los
platos con aceite de motor. Por fin un día consiguió prepararnos una cena
perfecta con tres lámparas fundidas y Dave se sintió extasiado.
Trabajó en ella
toda la noche colocándole una nueva instalación, le puso dos bobinas nuevas y
le enseño un nuevo vocabulario. A pesar de todo, al día siguiente Lena se
irritó con nosotros y nos maldijo vigorosamente cuando le indicamos que no
estaba haciendo bien su trabajo.
- ¡Es mentira!-
gritó, agitando una escoba -. Vosotros sois unos mentirosos. Si me dejaseis
tranquila el tiempo suficiente, quizá podría arreglar algo este sucio lugar.
Cuando conseguimos calmarla y que volviera a su trabajo, Dave me indicó con un
gesto que le siguiera al estudio.
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- No debemos
arriesgarnos con Lena - explicó -. Tendremos que sacar esas grándulas adrenales
y volverla a la normalidad. Para nuestro trabajo necesitamos un robot mejor.
Los robots domésticos no son lo bastante complejos.
- ¿Qué te parecen los
nuevos modelos Super de Luxe de Dillard? Creo que tienen todos los adelantos
necesarios.
- Exactamente. De
todas maneras, necesitaremos un modelo especial, contruido según nuestras
especificaciones, provisto de un panel completo de bobinas mnemónicas. Y en
consideración a nuestra buena Lena, será mejor que pidamos un robot femenino.
El resultado de
nuestro plan, desde luego, fue Helen. La fábrica Dillard había realizado un
verdadero milagro, e incluido los últimos adelantos técnicos en una envoltura
de plástico con figura de mujer. Inclusive el rostro de plástico y ruberita era
los bastante flexible para expresar emociones, poseía glándulas lagrimales y
papilas sensoriales, dispuestas para simular todas las acciones humanas, desde
la respiración hasta el pelearse y arrancar el pelo a otra muchacha. La factura
que nos enviaron junto con ella era también algo milagroso, pero Dave y yo
conseguimos reunir el dinero, aunque tuvimos que vender a Lena a una casa de
reparaciones, y después de aquello nos vimos obligados a cenar una temporada en
un restaurante barato.
He realizado muchas
operaciones delicadas sobre tejidos vivos, y algunas han sido verdaderamente
difíciles, pero a pesar de todo me sentí como un estudiante de tercer año de
Medicina en el momento en que abrimos la placa frontal de su torso y empezamos
a cortar los hilos de sus "nervios". Las glándulas mecánicas de Dave
estaban ya preparadas; unos pequeños paquetes de tubos electrónicos y una
maraña de alambres que servían para influir los impulsos eléctricos de su
cerebro mecánico y deformarlos exactamente igual como la adrenalina deforma las
reacciones de la mente humana.
Aquella noche, en
vez de marcharnos a dormir, estudiamos una y otra vez los esquemas y diagramas
de sus estructuras nerviosas, siguiendo los laberintos sensoriales de sus
impulsos eléctricos, cortando hilos e injertando las heteronas, como las
llamaba Dave. Y mientras trabajábamos, una cinta magnética iba implantando
cuidadosamente los recuerdos e instrucciones que le darían la conciencia y
emoción propia de un ser humano. Dave era un técnico en robots que no dejaba
nada al azar.
Alboreaba el día
cuando terminamos, exhaustos y satisfechos. Todo lo que quedaba por hacer era
conectar la energía eléctrica; igual que todos los robots Dillard, estaba
provisto de un diminuto atomotor en lugar de baterías, y una vez conectada la
energía no sería necesario que nos preocupásemos más de ello.
Pero Dave no quiso poner en marcha su
complicada organización.
- Debemos esperar
hasta que hayamos dormido y descansado - indicó -. Me siento tan deseoso de
iniciar las pruebas como tú, pero no haremos nada de provecho con nuestros
cerebros tan agotados. Vámonos a dormir y volveremos con Helen cuando
despertemos.
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Aunque los dos nos
sentíamos deseosos de seguir trabajando, nos dimos cuenta que la idea era
buena. Nos fuimos a la cama y el sueño se apoderó de nosotros antes de que el
aparato acondicionador de aire redujera la temperatura a la adecuada para el
descanso. Me desperté cuando Dave me agitó vigorosamente por un hombro.
- ¡Eh, Phil! ¡Despiértate de una vez!
Gruñí medio dormido, di media vuelta
en la cama y abrí los ojos.
- ¿Qué pasa? ¡Ah!
¿Qué sucede? ¿Es que Helen...?
- No, se trata de la
señora Van Styler. Ha llamado por el fonovisor para decir que su hijo se ha
enamorado de una muchacha del servicio, y quiere que vayas a darle hormonas
neutralizadoras. Se encuentran ahora en su cas de campo de Maine. ¡Caramba con
la señora Van Styler! Sin embargo, no podía permitirme el lujo de rechazar su
invitación, especialmente ahora que Helen había agotado mi cuenta corriente.
Sin embargo, no era un trabajo que me gustara mucho.
- ¡Hormonas
neutralizadoras! Eso me llevará por lo menos dos semanas. Y además, yo no soy
médico de sociedad, que hace experimentos con glándulas para que esos tontos se
sientan felices. Mi trabajo consiste en preocuparme de casos más serios.
- Y además estás
lleno de deseos de estudiar el comportamiento de Helen. Dave sonreía, pero su
expresión era elocuente.
- He dicho a la
señora Van Styler que ese trabajo le costará cincuenta mil dólares.
- ¿Cómo?
- Y me respondió que
conforme, si ibas allí a toda prisa.
Desde luego, sólo
me quedaba una sola cosa por hacer, aunque de buena gana hubiese retorcido el
cuello de la señora Van Styler. Aquello no habría sucedido si ella quisiera
usar robots como hacía todo el mundo... pero siempre quería mostrarse distinta
de los demás
* * *
Por lo tanto,
mientras Dave se quedaba en casa entreteniéndose con Helen, yo me retorcía el
cerebro para conseguir que Archy van Styler se tragase mis píldoras de hormonas
neutralizadoras y dándole la misma dosis a la sirvienta. Oh, desde luego
aquello no era estrictamente legal, pero la pobre chica estaba perdidamente
enamorada de Archy. Dave podría haberme escrito, pensé con amargura, pero no se
dignó enviarme ni una palabra.
Habían pasado tres
semanas en vez de las dos que yo calculaba, cuando por fin pude informar a la
señora van Styler que Archy estaba "curado" y recibir a cambio un
hermoso cheque. Con aquel dinero en el bolsillo, alquilé un cohete privado y
volví a Messina en cosa de media hora. No perdí tiempo en dirigirme a nuestra
casa.
En el momento que
puse los pies en el vestíbulo, oí el ruido de unos pasos ligeros y una voz
anhelante que llamaba.
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Por un minuto no supe qué contestar y
la voz se oyó de nuevo suplicante:
- ¿Dave, eres tú?
Yo no sabía en
realidad lo que esperar, pero lo cierto es que nunca esperé que Helen me
recibiera en aquella forma, deteniéndose mientras me contemplaba, algo
asombrada, con una desilusión evidente en su rostro, mientras sus pequeñas y
bien formadas manos se dirigían temblorosas hacia su garganta.
- ¡Oh! - gimió -.
Pensé que era Dave. Casi nunca viene a casa a comer en estos últimos días, pero
he tenido la cena esperando hace horas. - Dejó caer los brazos con un gesto de
desaliento y se esforzó en sonreír-. ¿Tú eres Phil, no es cierto? Dave me habló
de Ti cuando... en los primeros días. Estoy muy contenta de verte, Phil.
- Yo también estoy satisfecho de verte Helen.
¿Qué será lo que uno puede decir
cuando se encuentra por primera vez con un robot?
- ¿Creo que has dicho
algo de cenar? - continué.
- ¡Oh, claro! Creo
que Dave habrá cenada en la ciudad otra vez, de manera que lo mejor será que lo
hagamos nosotros. Será muy agradable el tener alguien con quien poder hablar,
Phil. No te importa que te llame Phil, ¿verdad? Verás, tú eres una especie de padrino
para mí.
Los dos comimos. Yo
no había esperado que ella lo hiciera, pero aparentemente Helen consideraba el
comer algo tan normal como el andar. A pesar de todo, comió muy poco; la mayor
parte del tiempo lo pasó lanzando miradas de pena en dirección a la puerta.
Dave llegó cuando
estábamos terminando de comer, con un gesto de mal humor que se notaba a una
milla de distancia. Helen empezó a levantarse, pero él no se reunió con
nosotros, sino que se dirigió en derechura hacia las escaleras, lanzándome un
saludo por encima del hombro.
- Hola Phil. Te veré en mi cuarto más tarde.
No había duda de
algo completamente fuera de lo corriente en su modo de portarse. Por un
instante pensé que yo era el equivocado, pero cuando me volví hacia Helen y vi
que sus ojos estaban llenos de lágrimas. Ella ahogó un sollozo, y se dedicó con
energía a su plato, sin levantar la mirada.
- ¿Qué es lo que le sucede a Dave... y a ti? - pregunté.
- No me quiere. -Ella
apartó el plato y se puso en pie rápidamente. -Será mejor ue vayas a hablar con
él mientras yo limpio la mesa. Y no hay nada de anormal en mi conducta. Todo lo
que pasa no es por culpa mía. -Helen recogió los platos y se refugió en la
cocina; casi pude jurar que estaba llorando.
Es posible que todo
pensamiento no sea más que una serie de reflejos condicionados... pero era
obvio que Helen había tenido una gran cantidad de tales reflejos mientras
estuve ausente. Ni siquiera en sus peores días, Lena hizo nada
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parecido e eso. Sin
saber que pensar, me dirigí hacia el cuarto de Dave para ver si éste conseguí
aclararme aquel embrollo.
* * *
Dave se estaba
echado soda en un gran vaso de whisky, y pude notar que la botella estaba casi
vacía.
-¿Quieres beber algo? -preguntó.
Me pareció una
buena idea para iniciar nuestra conversación. El rugiente zumbido de un cohete
iónico que pasó por encima de la casa era lo único vagamente familiar que
encontraba en nuestra casa. Por el aspecto de los ojos inyectados en sangre de
Dave, aquella no era la primera botella que vació mientras estuve fuera, y aún
le quedaban unas cuantas. Sacó otra botella de debajo de la mesa para servirme
un vaso de licor.
-Desde luego, no es
nada que me importe, Dave, pero esa bebida no te tranquilizará. ¿Qué es lo que
ha pasado entre tú y Helen? ¿Es que habeís visto fantasmas?
Helen estaba
equivocada; Dave no había cenado en la ciudad... ni en ningún otro lugar. Se
dejó caer en una silla con un gesto que revelaba su cansancio y nerviosismo,
pero, principalmente, el hambre.
-Te has dado cuenta de ello, eh?
-¿Qué si me he dado
cuenta? Los dos hicisteis una escena que hasta un ciego pudo ver.
-¡Hum! - hizo un
gesto para apartar una mosca inexistente, y se dejó hundir en el sillón
neumático. -Quizás debí esperar a que volvieras antes de poner en marcha a
Helen. Pero si aquel programa de estereovisió no lo hubiese cambiado... en fin,
tenía que suceder. Y además esos románticos libros tuyos terminaron de
estropearlo todo.
-Ah, muchas gracias. Creo que con
esto se explica todo.
-Oye, Phil. Ya
sabes que tengo una casa en el campo... un rancho agrícola. Mi padre me lo dejó
en herencia. Estoy pensando ir a echarle un vistazo.
Y así continuó
nuestra conversación. Pero al fin, gracias a unos cuantos vasos más de whisky,
y a insistir pacientemente, pude hacer que me contase parte de la historia,
antes de darle una pastilla de Amytal y meterlo en la cama. Luego me fui en
busca de Helen y le arranqué el resto de lo ocurrido, hasta que por fin tuve
una idea clara de lo que pasó entre los dos.
Aparentemente, en
cuanto me hube marchado, Dave le conectó el atomotor, y empezó con las pruebas
preliminares, que resultaron enteramente satisfactorias. Helen había
reaccionado en forma espléndida... tan naturalmente, que Dave decidió dejarla
sola en la casa y marcharse a trabajar como de costumbre. Naturalmente, con
todas sus emociones vírgenes, Helen estaba llena de curiosidad y quería que se
quedase aquel día en la casa. Entonces él tuvo una genial idea. Después de
enseñarle cuáles eran sus deberes caseros, la hizo
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sentar enfrente al
estereovisor, lo conectó con un programa de noticias y le dijo que ocupase el
tiempo observando la pantalla.
Las noticias la
interesaron mucho hasta que el programa terminó, y entonces la estación empezó
con un serial que tenía como protagonista a Larry Ainlee, el mismo hermoso y
romántico artista que había causado todo el lío con las dos mellizas. Por pura
casualidad, se parecía algo a Dave.
Helen se sumergió
en el serial, como una foca puede lanzarse al agua. Aquel drama y aventuras
románticas, constituían una perfecta válvula de escape para sus nuevas y
supersensibles sensasiones. Cuando aquel episorio radiado terminó, ella halló
otra historia romántica en una estación distinta, y continuó con su educación.
Luego, los programas de la tarde se compusieron principalmente de noticias y
música, pero ella había encontrado mis libros; y es sabido que mis gustos son
hacia la literatura romántica.
Dave regresó a casa
sintiéndose satisfecho. El recibidor y el comedor estaban primorosamente
arreglados, y en el aire había un perfume de comida que Dave no había
experimentado por mucho tiempo. Empezó a tener visiones de Helen como una ama
de casa supereficiente.
Por ello se quedó
estupefacto cuando sintió dos fuertes brazos alrededor de su cuello y una voz
temblorosa que desde atrás murmuraba en su oído. -Oh, Dave, querido, te hallé
tanto a faltar, y estoy tan contenta que hayas vuelto...
Las maneras de
Helen quizá no eran muy elegantes, pero estaban llenas de entusiasmo, como él
pudo darse cuenta cuando trató de impedirla que lo besara con pasión. Helen
había aprendido de prisa y completamente... y además recibía energía de un
atomotor.
* * *
Dave no era ningún
mojigato, pero recordaba con claridad que ella no era otra cosa que un robot,
después de todo. El hecho de que ella sintiera, actuara y pareciese una hermosa
diosa en sus brazos, no causaba gran diferencia a los ojos de él. Gracias a un
considerable esfuerza, consiguió apartarla y hacer que sirviese la cena, que
quiso que comieran juntos para ver si así distraía su mente de los recién
adquiridos pensamientos.
Después de cenar,
Dave la llevó al estudio y le recitó un sermón sobre la locura de sus
intenciones. El sermón debió ser muy bueno, porque duró tres horas completas,
tocó a fondo el tema de su condición mecánica, las tonterías de que estaban
llenos los programas de estereovisión, y otros muchos asuntos varios. Cuando
terminó, Helen levantó unos ojos llenos de lágrimas y dijo con voz débil:
-Lo comprendo perfectamente, Dave,
pero a pesar de todo te amo.
A partir de ese momento, Dave empezó
a beber.
Cada día las cosas
se pusieron peor. Si él se quedaba en la ciudad, la encontraba llorando cuando
regresaba a casa. Si volvía a la hora acostumbrada, ella lo llenaba de
atenciones y aprovechaba todas las ocasiones para echarle los brazos al cuello.
En su habitación, con la puerta cerrada con llave, podía oír cómo ella
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caminaba
incesantemente arriba y abajo del comedor hablando en voz baja, y si él
descendía las escaleras para reunirse con ella, Helen no hacía más que lanzarle
miradas de reproche, hasta que Dave debía batirse en retirada a su cuarto.
A la mañana
siguiente envié a Helen a hacer unas compras que no necesitaba, y desperté a
Dave. Con ella ausente de la casa, hice que se comiera un desayuno decente y le
di un tónico para los nervios. Estaba todavía nervioso y distraído.
-Tienes que
escucharme, Dave -empecé-. Después de todo, Helen no es humana. ¿Por qué no
cortamos la energía y cambiamos unas cuantas bobinas mnemotécnicas? Luego
podremos convencerla de que nunca estuvo enamorada de ti y que no le es posible
hacerlo.
-¡No lo intentes
siquiera! Ya tuve esa idea, pero ella empezó con unos gritos y lamentos capaces
de despertar a los muertos. Me dijo que aquello era igual que un asesinato...
Lo peor de todo es que no puedo dejar de sentir que tiene razón. Es posible que
ella no sea humana, pero nadie lo diría cuando adopta ese aire de mártir y te
dice que puedes seguir adelante hasta matarla.
-Sin embargo, no
recuerdo que colocásemos ningún sustituto para las secresiones hormonales
presentes durante el periodo amoroso.
-Ya no sé que es lo
que le pusimos. Quizá las heteronas han perdido el control o algo parecido. De
todos modos, ella está tan convencida de su amor por mí, que sería necesaro
cambiarle completamente toda la instalación emocional.
-Bien. ¿Por qué no lo hacemos?
-Haz lo que
quieras. Tú eres el cirujano de esta familia. Yo no estoy acostumbrado a
trabajar con emociones. En realidad, desde que ella empezó a sentirse de ese
modo, creo que odio trabajar en cualquier otro robot. Mi negocio va camino de
la quiebra.
En aquel momento,
Dave vió a Helen que regresaba atravesando el jardín de nuestra casa y salió
disparado por la puerta trasera en busca del tren monocarril que lo llevaría a
la ciudad. Yo tenía la intención de volverlo a meter en la cama, pero lo dejé
marchar. Quizá se encontraría mejor en el taller que en casa.
-¿Se ha marchado? -. Es cierto que
Helen podía adoptar un aire de mártir.
-Sí. Conseguí que comiese algo, y se
marchó a trabajar.
-Estoy contenta de que haya comido.
Ella se dejó caer en una silla como
si estuviese exhausta, aunque yo sabía que jamás sentía cansancio.
-¿Phil?
-Bien. ¿Qué quieres?
-¿Crees que yo no le convengo? Quiero
decir si piensas que él sería más feliz si yo desapareciese.
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-Dave se volverá
loco si sigues con tu actitud hacia él. Ella se estremeció. Sus pequeñas manos
se retorcían con un gesto de súplica, y por un instante me sentí un bruto
inhumano. Pero había empezado y continué:
-Creo que aunque
desconectase la energía de tu atomotor y cambiase tus bobinas mnemónicas,
probablemente Dave aún se sentiría perseguido por ti. -Lo sé. Pero no puedo
remediarlo. Y estoy segura que sería una buena esposa para él, Phil.
Tragué saliva; aquello iba demasiado
lejos.
-Y sin duda también
le darías un par de robustos chicos, supongo. Un hombre quiere carne y hueso,
no goma y metal.
-No digas eso, por
favor. Nunca pude pensar en mi de ese modo. Siempre he creído que soy una mujer
como las otras. Ya sabes cúan perfectamente estoy hecha para imitar a una mujer
real... en todos los aspectos. No puedo darle hijos, pero... haré todo lo posible
para ser una buena esposa para él.
Me declaré vencido.
Dave no volvió a
casa aquella noche, ni al día siguiente. Helen no cesaba de agitarse y
protestar, pidiéndome sin cesar que llamase a los hospitales y a la policía,
pero yo sabía que nada le había sucedido. Siempre llevaba su tarjeta de
identificación encima. De todos modos cuando no volvió a casa en el tercer día,
empecé a preocuparme. Y cuando Helen decidió irse a buscarlo a su taller, pensé
que lo mejor sería acompañarla.
Dave se encontraba
allí, con otro hombre a quien yo no conocía. Dejé a Helen en el coche, donde él
no podía verla per donde ella sí podía escuchar, y entré tan pronto como el
otro individuo salió del local.
Dave tenía mejor aspecto y pareció
contento al verme.
-Hola, Phil... estaba a punto de
cerrar. Vamos a comer alguna cosa al restaurante.
Helen no pudo contenerse por más
tiempo y entró en el taller.
-Vuelve a casa, Dave. Tengo pollo
asado relleno, y ya sabes que te gusta mucho.
-Oh, márchate- dijo
dave. Ella retrocedió un paso como si la hubieran golpeado, y dio media vuelta
para irse. -Oh, por mil diablos, quédate. Tal vez será mejor que también
escuches lo que voy a decirla a Phil. Ese hombre que viste salir la ha
comprado, y me marcho al viejo rancho de que te hablé. No puedo aguantar más o
los robots.
-Te morirás de hambre en esa granja-
le dije.
-No; no existe una
demanda creciente para los frutos naturales, que han sido cultivados en el
campo. La gente está cansada de comer esas verduras hidropónicas. Mi padre
consiguió siempre ganarse la vida con su rancho. Me marchará tan pronto
lleguemos a casa y prepare la maleta.
Helen se agarró con desesperación a
esta idea:
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-Yo arreglaré tus
cosas, Dave, mientras tú puedes comer, Tengo tarta de manzana como postre.
El mundo se
derrumbaba a su alrededor, pero aún recordaba cuánto le gustaba e él la tarta
de manzana.
Helen era una
estupenda cocinera, en realidad era un genio, con todas las buenas cualidades
de una mujer y de un robot a la vez. Dave comió con buen apetito, una vez nos
sentamos a la mesa. Cuando terminó la cena, se había ablandado lo suficiente
para admitir que le había gustado el pollo y la tarta y darle las gracias por
preparar su maleta. Hasta llegó a permitirle que le diese un beso de despedida,
aunque firmemente prohibió que le acompañase al aeropuerto.
Helen trataba de
mantenerse serena cuando regresé, y los dos tuvimos una anodina conversación
respecto a los sirvientes de la señora Van Styler. Luego las pausas se hicieron
más largas, y ella se quedó sentada al lado de la ventana mirando hacia la
noche con los ojos llenos de lágrimas. Hasta el programa de estereovisión no
ofrecía ningún interés para ella, y me sentí contento cuando se despidió para
retirarse a su cuarto. Le era posible desconectar su atomotor para simular el
sueño cuando quería.
* * *
A medida que
pasaban los días, llegué a comprender por qué ella no podía imaginarse como un
robot. Yo mismo empecé a pensar en ella como si fuese una muchacha normal y una
excelente compañera. Excepto por los raros intervalos cuando se marchaba a su
cuarto huyendo de mi compañía, o cuando se iba en repetidas ocasiones a la
oficina de correos en busca de una carta que nunca llegó, Helen constituía la
perfecta ama de casa. Inclusive nuestra finca adquirió un ambiente hogareño que
nunca tuvo cuando estaba allí Lena.
Un día llevé a
Helen para que viese las tiendas en Hudson y palmoteó encantada frente a las
telas de sedas y lucita que entonces estaban de moda, se probó una interminable
serie de sombreros, e hizo todas las cosas acostumbradas en una chica normal.
Otro día fuimos a pescar, y demostró que era una excelente deportista
manteniendo el silencio durante la pesca igual que un hombre. Me divertí mucho
aquel día, y pensé que empezaba a olvidar a Dave. Pero al día siguiente llegué
a casa sin anunciarme, y la encontré tendida en el sofá, llorando con la cabeza
enterrada en un almohadón.
En aquel mismo
momento decidí llamar a Dave. La operadora pareció tener dificultades en
localizarlo, y Helen se puso a mi lado mientras yo esperaba. Estaba tensa y
nerviosa como una doncella que espera que se le declaren por primera vez.
Finalmente consiguieron encontrar a Dave.
-¿Qué sucede, Phil? -me preguntó tan
pronto como su rostro apareció en la pantalla-. Estaba preparando mis cosas
para...
Le interrumpí:
10
-Las cosas no
pueden continuar de este modo, Dave. Estoy decidido. Voy a cambiar las bobinas
de Helen esta noche. No le dolerá más que el infierno que ahora está pasando.
Helen extendió una mano y la posó en
mi hombro.
-Quizás sea lo mejor. No te doy la
culpa por ello.
La voz de Dave la interrumpió:
-Phil, no sabes lo que dices.
-Naturalmente que
lo sé. Todo habrá terminado cuando llegues aquí. Como has podido ver, ella está
conforme.
El rostro de Dave se ennegreció.
-No lo consentiré, Phil. Ella me
pertenece a medias, y lo prohibo.
-Por todos los...
-Sigue, sigue,
llámame lo que quieras. He cambiado de opinión. Estaba arreglando mis cosas pra
volver a casa cuando me llamaste.
Helen me apartó, con sus ojos fijos
en la pantalla.
-Dave, ¿es que quieres...? ¿Vas a
...?
-He terminado por
darme cuenta de que he sido un estúpido, Helen. Phil, llegaré a casa dentro de
un par de horas, de modo que si sucede algo...
No tuvieron que
decirme que me marchase de allí. Pero cuando atravesaba la puerta, pude aún
escuchar como Helen murmuraba algo respecto a lo mucho que adoraba ser la
esposa de un ranchero.
Bien, yo no estaba
tan sorprendido por el desenlace como ellos lo pensaban. Creo que sabía lo que
iba a ocurrir cuando llamé a Dave. No hay ningún hombre que se porte como Dave
simplemente porque odia a una chica; sólo porque cree que es así... y, generalmente,
está equivocado.
* * *
No hubo nunca una
mujer que hiciese una novia más adorable o una esposa más completa. Helen nunca
perdió su habilidad para la cocina y para arreglar la casa. Cuando ella se
marchó, nuestra vieja casa me pareció vacía, y empecé a adquirir el hábito de
marchar al rancho una o dos veces por semana. Creo que tuvieron sus problemas
como todo el mundo, pero nunca lo demostraron, y estoy seguro de que los
vecinos nunca sospecharon que fuesen otra cosa que un matrimonio normal.
Dave se hizo viejo
y Helen no, desde luego. Pero entre ella y yo, colocamos arrugas en su rostro y
hebras de plata en su cabello, sin permitir que Dave se diese cuenta de que
Helan no envejecía al mismo tiempo que él; creo que se había olvidado de que ella
no era humana.
Prácticamente yo
también lo olvidé. Nodesperté a la realidad, hasta que recibí esta mañana una
carta de Helen. Allí, con su hermosa escritura, ahora un poco
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temblorosa en
algunos párrafos, estaba el suceso inevitable que ni Dave ni yo habíamos
previsto.
"Querido Phil:"
"Como sabes,
Dave a tenido ataques al corazón desde hace varios años. Todos esperábamos que
siguiera viviendo, pero parece ser que ello no era posible. Acaba de morir en
mis brazos antes de que naciese el nuevo día. Te envío sus saludos y su despedida."
"Quiero
pedirte un último favor. Hay sólo una cosa que yo pueda hacer cuando termine de
escribir. El ácido destruirá el metal al mismo tiempo que la carne y yo moriré
con Dave. Te ruego veas que los dos seamos enterrados juntos y que los médicos
de la autopsia no descubran mi secreto. Dave también lo quería así."
"Pobre y
querido Phil. Sé que amabas a Dave como a un hermano y lo que sentías por mí.
Te ruego que no lamentes mucho nuestra marcha, porque hemos disfrutado una vida
feliz, y los dos queremos cruzar este último puente juntos."
"Recibe el amor y la gratitud de
Helen."
Creo que era algo
que debía ocurrir tarde o temprano, y la primera impresión se va ya
debilitando. Partiré dentro de unos cuantos minutos para cumplir con las
últimas instrucciones de Helen.
Dave fue
afortunado, y el mejor amigo que nunca tuve. Y Helen... Bien; como he dicho al
principio, ahora soy un hombre viejo, y puedo ver las cosas con más calma; debí
haberme casado y tener familia. Pero... solamente existió una Helen O'loy.

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