© Libro N° 13815. Darwin Era
Lamarckista. Margulis, Lynn. Emancipación.
Mayo 10 de 2025
Título Original: © Darwin Era Lamarckista. Lynn
Margulis. Entrevista
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Original: © Darwin Era
Lamarckista. Lynn Margulis. Entrevista
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Lynn Margulis
Entrevista
Darwin Era
Lamarckista
Lynn Margulis
Lynn Margulis
«Darwin era Lamarckista»*
Entrevista
por Francesc Mezquita y Antonio Camacho,
Departamento de Micro-biología y Ecología e Instituto Cavanilles de
Biodiversidad y Biología Evolutiva, Universitat de València
Lynn Margulis (Boston, 1938), profesora del
Departamento de Geociencias de la Universidad de Massachusetts, con el
docto-rado honoris causa que le acaba de entregar nuestra universidad, ya
cuenta con nueve de estas distinciones. Si, además, añadimos los más de cien
artículos y más de veinte libros a su lista de pro-ducción escrita, podríamos
pensar que se trata de una venerable viejecita, jubilada desde hace tiempo...
Pero tiene una fuerza y un empuje envidiables, viaja e investiga sin descanso;
actual-mente, sus líneas de investigación se centran en la teoría
endo-simbiótica seriada (SET) del origen de las células, en el estudio de los
tapices microbianos y en aspectos teóricos de la hipótesis Gaia. Ha
profundizado en cuestiones tan clásicas y al mismo
* Procedencia
del texto: © MÈTODE. Universitat de València
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1
tiempo tan actuales como la descripción y el origen
de la vida,1 la clasificación general de los seres vivos,2 el porqué del sexo3
o la autoorganización del ecosistema planetario.4 Pero por lo que es más
conocida es por la teoría de la endosimbiosis como ex-plicación del origen de
la célula eucariota,5 según la cual po-dríamos decir que tanto los animales
como las plantas, los hon-gos y los protoctistas6 hemos surgido todos por
evolución a par-tir de la asociación y la cooperación entre bacterias. Pero Lynn
va más allá, y ahora nos propone que esta especie de procesos, llamados
simbiogénesis, son el motor principal de la creación de variación en la
evolución, más incluso que las mutaciones por azar. Lynn es venerada y estimada
por muchos, como maestra y revolucionaria de la ciencia, y rechazada por otros,
quizá por su constante actitud provocadora y crítica. Parece querer decirnos
que esta provocación es necesaria para promover la discusión y el avance de la
ciencia; no en vano, su discurso de investidura llevaba por título: ―Las
bacterias en el origen de las especies: muerte del paradigma neodarwinista‖.
Unas pocas horas antes de su investidura como doctora honoris causa por la
Universitat de València, nos encontramos con ella en el vestíbulo del hotel
1 Margulis, L.
y Sagan, D. ¿Qué es la vida? Tusquets Editores. Barcelona, 1996.
2 Margulis, L.
y Schwartz, K. V. Cinco reinos. Guía ilustrada de los phyla de la vida en la
Tierra. Ed. Labor. Barcelona, 1985.
3 Margulis,
L., y Sagan, D. Què és el sexe? Ed. Enciclopèdia Catalana. Barce-lona, 1999.
4 Lovelock, J.
E. y Margulis, L. ―Atmospheric homoeostasis by and for the biosphere: the Gaia
hypothesis‖. Tellus, 26:2 (1973).
5 Las células
eucariotas, que son las que presentan los animales, las plantas, los hongos y
los protoctistas, se distinguen de las células procariotas de las bacterias en
que tienen un núcleo envuelto de una membrana, además de presentar otros
orgánulos con membrana, como mitocondrias o plastos, en el citoplasma celular.
6 protoctistas
son microorganismos eucariotas.
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2
donde se aloja. En cuanto nos presentan, nos coge
del brazo con decisión y nos invita (¡casi nos arrastra!) a tomar un café y a
sentarnos con ella mientras desayuna.
—¿Cuándo empezó a conectar con España y a trabajar
con la gente de Barcelona?
—La verdad es que la idea de venir se originó en
México, cuan-do tenía dieciséis años y colaboraba con la Universidad de la Baja
California. Después, ya empezamos a trabajar juntos con tapices microbianos
hacia el setenta y siete. El caso es que mis colegas mejicanos siempre me
decían: ―Para entender México tienes que ver la madre patria.‖ Entonces fue
cuando me invitó Joan Oró –que estaba en la ISSOL (International Society for
the Study of the Origin of Life)– a venir a dar un curso en la Univer-sitat de
Barcelona. Eso fue después de venir a una reunión de la ISSOL en el año setenta
y tres.
—La primera vez que vino a Valencia, fue invitada a
un congre-so de microbiología, organizado por el Departamento de Mi-crobiología
y Ecología de la Universitat de València, en el año 1985, ¿es correcto?
—Sí, vine con Glick, un profesor de la Boston
University (donde trabajé durante 25 años), que escribió un libro sobre
científicos valencianos. Vive muy cerca de nosotros, en Massachusetts, y tiene
una casa aquí, en Valencia. Vine entonces, di una confe-rencia, y fuimos juntos
de Valencia hasta Barcelona. Recuerdo que me dijo que España había cambiado su
vida. Pero no le he visto desde hace muchos años.
—Ayer, en las jornadas de su homenaje, el profesor
de la UNAM Antonio Lazcano comentó una lista de sus trabajos más relevantes: la
definición de la vida, la relación de la biosfera con su entorno –lo que enlaza
con la Gaia–, la clasificación de
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3
los seres vivos en cinco reinos o dominios, los
procesos de espe-ciación (y la simbiogénesis en particular) y, finalmente, la
endo-simbiosis como el origen de la célula eucariota. También quedó claro en la
mesa redonda la importancia de su faceta como di-vulgadora y como maestra de
muchos científicos más, que se reconocen como discípulos suyos. ¿Cuál de estos
aspectos le ha dado una mayor satisfacción o considera más importante?
—Empecé como genetista, porque pensé que para
entender la evolución quizá era mejor aprender antes algo de genética (aho-ra
no, ahora la genética, en la práctica, sólo tiene que ver con las personas y no
con lo que debería...). El caso es que empecé con la genética mendeliana, como
todo el mundo, y me di cuenta, gracias a los buenos profesores que tenía, que
había genes cito-plasmáticos. Entonces comencé a darme cuenta de que eso no
encajaba con la idea del neodarwinismo. A principios del siglo pasado se publicó
un libro muy importante que llevaba por título The cell in development and
heredity, escrito por un sabio lla-mado Edmund B. Webs. En este libro había
algo sobre herencia citoplasmática y sobre la idea que daban los alemanes y los
ru-sos según la cual la base de esto eran organismos simbiontes. Mi profesor
Hans Ris, de origen suizo y que debe de tener ahora unos 85 u 86 años, me
enseñó este libro. Y ya lo he leído tantas veces que lo he hecho polvo. En el
momento que me doy cuenta que no son genes desnudos, sino organismos o
bacterias dentro de la célula, esto se me presenta como un nuevo mundo abierto
a la investigación. Entonces pensé que debía saber algo más de las bacterias,
porque yo no las había estudiado nunca; la gente de genética no hablaba nunca
de las bacterias. Las bacterias perte-necían a la medicina, o a las ciencias de
los alimentos; estaban consideradas como algo práctico, como la parte más poco
inte-lectual de la biología. Bien, ahora menos, pero la microbiología es algo
que surgió de la medicina, de la salud pública y del pro-cesamiento de
alimentos, no tenía nada que ver con la evolución
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4
o la historia de la vida, con nada intelectual. Así
que tuve que aprender alguna cosa sobre las bacterias, pero eso fue después de
tener un doctorado en genética. Siempre he tenido interés por las plantas, por
la fotosíntesis y por aquellos puntitos verdes, las cianobacterias. Mi profesor
Hans Ris me dijo una cosa fascinan-te... Él había estudiado mucho la cromatina,
la forma de los cromosomas, el DNA en bacterias, en animales y en plantas, y él
es quien descubrió que la cantidad de DNA en la célula haploide es la mitad de
la cantidad en la célula diploide. Esto es trivial para nosotros, pero no lo
era entonces, era muy importante, por-que no hay proteínas ni otra cosa que se
comporte así, teniendo el doble de cantidad... Ris también había estudiado
mucho la forma de la cromatina (que realmente no es cromatina) en
cia-nobacterias, y se había dado cuenta, como otra gente, de que las
cianobacterias no son algas sino bacterias. Bien, entonces un día, cuando
estaba en la sala de revelado estudiando una lámina de avena, vio, revelando la
película, la forma de ácido nucleico en el plasto y se dijo a sí mismo: ―seguro
que comienza con una cianobacteria, porque ¡la forma del DNA es exactamente
igual!‖ Y entonces ¡se dio cuenta de la estructura al revelar la película! Esto
es algo que comentamos, y en una ocasión me dijo: ―un día es posible que lo
podamos demostrar, pero ahora no podemos hacer nada‖. Pero en el momento en que
se sabe que estos genes son de origen bacteriano se te abren las puertas a otro
mundo. Entonces comienzas a estudiar bacterias y te preguntas ¿qué bacterias? Y
a partir de ahí tienes que relacionar la biología ce-lular y la genética con la
historia de las bacterias, etc.
—Ayer, durante la conferencia, dijo unas cuantas
veces:‖Soy darwinista, pero no neodarwinista‖ ¿Cuál es el problema del
neodarwinismo, según su opinión?
—Lo que veo muy claro es que Darwin tenía una idea
de cam-bio, hablaba de herencia, bien, de descendencia con modifica-
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5
ciones o alguna cosa parecida, de gradualismo, etc.
Pero se refe-ría a cambios graduales en las especies a través del tiempo. Por
otro lado, para Mendel, que era un sacerdote, muy buen amigo del papa y muy
religioso, las especies eran muy claras y no ha-bían cambiado nada. Con sus
estudios sobre los genes que codi-ficaban el color blanco, rojo o rosa, vio que
los cruzabas y daba otra vez los mismos colores. Es sólo una mezcla, no pierdes
na-da, no hay cambio; solamente es una mezcla que vuelve al mis-mo sitio en el
que estaba. Por tanto, para él no había cambios en la evolución. Para reunir
las ideas de cambios regulares de Dar-win y las de ningún cambio según Mendel,
algunos ingleses, inteligentísimos, y que sabían algo de álgebra, tenían una
expli-cación completa: que había mutaciones (cambios al azar), emi-gración,
inmigración... Bien, una serie de cosas, pero siempre de animales, siempre de
poblaciones diploides, y con una matemá-tica que para mí era pseudomatemática,
porque no describe na-da: fitness7 no describe nada; sí, claro que todos tienen
descen-dientes pero eso no tiene demasiado sentido. Así pues, este gru-po de
investigadores tenía un cuerpo cerrado de ideas neodarwi-nistas, que no tenían
nada que ver con Darwin, porque Darwin era muy lamarckista, es decir, pensaba
en la pangénesis, una teoría de la herencia que permitía que la herencia
pudiera verse influida por el ambiente y cambiar en sólo una generación. Él
tenía la misma idea que Lamarck, pero siempre decía que no estaba seguro. Por
otro lado, el grupo de investigadores neodar-winistas que he comentado, donde
se incluyen Fischer, Haldane y Sewall Wright, entre otros, tenían un corpus de
literatura ce-rrado, como una religión. Y eso, de esta manera, es muy
angló-fono, porque los franceses desde el principio estaban en contra.
7 Eficacia
genética, contribución genética de un individuo a las generaciones futuras a
través de sus descendientes.
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6
Pero, claro, los ingleses y norteamericanos no leen
francés ni ningún otro idioma.
—Y todavía menos ruso.
—Sí, todavía peor. La simbiogénesis es cosa de
rusos, y también de americanos, pero siempre de gente que estaba marginada. Era
imposible, y todavía más con la biología molecular y la micro-biología,
explicar en términos abstractos lo que pasa a lo largo de la evolución. Y
cuando se conocen muy bien un tipo de orga-nismos, ¿qué tienen que ver las
mutaciones con el azar? Es muy interesante, pero no tienen que ver con nada en
concreto. Los estudiantes, si yo les pregunto cómo se pasa de una especie a
otra, siempre me dicen: por acumulación de mutaciones. He leído mucho de
mutaciones, y la cosa siempre va a peor, no pro-voca especiación ni nada. El
caso es que no supone una respues-ta satisfactoria, nunca lo ha sido. Yo tuve
clases de genética de poblaciones con un buen profesor, y durante todo el
semestre fue una cosa abstracta, con ecuaciones. Y como resultado final, dos
clases de datos de ejemplo y treinta clases de teoría, y los datos no tenían
nada que ver con la teoría. Por tanto, para mí no fue nada satisfactorio. De
esta manera, cuando empecé con la microbiología y vi la capacidad de los
microbios y todo lo que podían llegar a hacer por el hecho de estar dentro de
otros orga-nismos, pensé que eso era muy importante. Por ejemplo, hay un
paramecio que decían que tenía genes ―asesinos‖. Quince años después se dieron
cuenta de que estos genes citoplasmáticos eran bacterias que contenían virus,
que producen una toxina, y cambian el comportamiento del paramecio. El
investigador prin-cipal de esta línea de investigación estaba en contra de esta
idea, casi hasta la muerte, pero no podía ser de otra manera, ya que su
estudiante demostró que se podía destruir la célula del parame-cio que tiene
esta característica genética que le hace matar otros paramecios, y pueden salir
bacterias con virus. Y con mucho
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7
trabajo se pueden hacer crecer estas bacterias. Era
entonces im-posible negar la prueba que mostraba que no eran genes desnu-dos,
sino genes de bacterias. Entonces, hoy –¿sabes qué es el Bergey’s Manual? Es un
libro enorme de la lista de bacterias que existen– este asesino de paramecios
se denomina Caedibac-ter, y hay muchos que son simbiontes en diferentes
ciliados u otros animales, y se parecen a los micoplasmas 8 intracelulares ¡Y
de esta forma ya está resuelto totalmente el problema! Por tanto, si puedes
resolver un caso muy conocido como éste, te das cuenta de que eso suele ser la
solución. Y no tiene nada que ver con acumulación de mutaciones, una cosa muy
abstracta...
—¿Dónde ponemos el límite, entonces, cuando
hablamos de organismos simbiontes y queremos establecer si es una especie en
conjunto o dos por separado?
—¿Sabes qué se hace, en la práctica? Seguir lo que
dicen los taxónomos. Es fascinante... Por ejemplo: si los taxónomos dicen que
hay tres especies, pues muy bien. Eso es lo que hago ¿sa-bes? No me invento
ninguna especie. Por ejemplo, tenemos Convoluta, que es un ejemplo magnífico.
Es un platelminto ma-rino, del que hay, al menos, tres especies: C.
roscoffensis, que es totalmente verde y que puede hacer la fotosíntesis, porque
tiene algas verdes del género Platymonas en todas sus células; C. pa-radoxa, que
tiene diatomeas y es de color pardo; y C. convoluta, que es más transparente y
heterótrofo y no tiene simbiontes. Así que tenemos un género y tres organismos
diferentes, y clara-mente tiene que ver con la simbiogénesis. Otro ejemplo
magní-fico es Eubostrichus, que es un nematodo con quetas (una espe-cie de
pelos en la superficie), que en unas especies son cortas, en otras largas, y en
otras forman haces, etc. Y eso es la manera de distinguir una especie de
Eubostrichus de otras. ¿Y qué son estas
8 Los
micoplasmas son bacterias sin pared celular.
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8
quetas? Pues resulta que son bacterias en forma de
espagueti, son bacterias cortas como bastoncitos... ¡Es absolutamente
evi-dente! Por tanto, el nematodo recibe un nombre específico u otro porque la
gente no lo sabía. De esta manera, dependo de los zoó-logos o botánicos para
los nombres, y busco correlaciones con simbiogénesis, como ya he dicho.
—Otro ejemplo es el que nos ponía ayer Andrés Moya
en su conferencia sobre bacterias endosimbiontes de afídidos. Si eso es una
simbiosis obligada, que se calcula en más de 150 millo-nes de años de
antigüedad, quizá sería necesario considerarlo como una especie en conjunto. Y
se continúa hablando de dos especies, aunque podríamos decir que la bacteria es
casi un órgano funcional del afídido.
—Es un orgánulo, efectivamente. Y además, en el
caso de estos ―tejidos bacterianos‖, la célula del insecto hospeda a unas 2.000
bacterias. De estas células se ha hablado desde siempre como de un tejido, sin
saber qué era. Y con los microscopios se han dado cuenta que son bacterias que
viven dentro de las células. Esto es fundamental en la literatura de la
simbiogénesis. Todo viene a partir de un libro de Buchner (de aquí viene el
género bacteriano Buchnera), que era de origen alemán. El libro se llama Simbio-sis
de animales con microorganismos parecidos a vegetales, lo que quería decir
realmente simbiosis entre insectos y bacterias, lo que pasa es que en aquella
época todo eran o plantas o anima-les. Es un libro lleno de ejemplos. Estaba
escrito en los años 50, pero lo publicaron en inglés hacia el 65. En este
libro, Buchner, que era muy buen profesor –de hecho Ernst Mayr me dijo que fue
profesor suyo durante una época en el Norte de Alemania– decía: ―No necesitamos
estas ideas de mitocondrias y plastos como orgánulos de origen endosimbiótico.
No necesitamos estas ideas tan especulativas, porque tenemos tantos ejemplos, y
tan buenos, de simbiogénesis (o de simbiosis) que podemos estudiar
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9
hechos fijos con muchas pruebas.‖ Es muy gracioso,
porque rechaza eso como una especulación.
—¿Y dónde ponemos los virus? En la primera edición
de los Cinco reinos 9 no están presentes en ningún sitio, en el dibujo de la
mano que aparece en la portada.
—No, claro que no. No están porque son partes o
fragmentos de los otros cinco reinos. No son para nada autopoyéticos.
—Con esta respuesta ya nos introduce en un tema
central de la biología: ¿Qué es la vida? Usted dice que es una gran trampa
lingüística, en un libro suyo que justamente tituló así.10
—Sí, nosotros decimos que se utiliza como si fuera
un nombre, y sería más adecuado considerarlo como un verbo.
—¿Podría darnos una definición de vida, de todas
maneras?
—Sí, veamos... Se puede decir que es un sistema de
materia que puede escoger, que tiene identidad. ¿Y por qué tiene identidad?
Porque tiene membrana, siempre tiene una membrana que define el objeto respecto
del medio en el que se encuentra. Es un siste-ma siempre activo, con un gran
intercambio de componentes y, además, hay un flujo de materia y energía de
manera que puede automantenerse. Aquí está la diferencia; un virus se comporta
como un ser vivo si está dentro de una célula, pero por él mis-mo, solo, se
comporta como si fuera un granito de sal.
—Pero, además de automantenerse, también tiene que
reprodu-cirse para ser un ser vivo ¿no?
—No, eso viene después. Me parece que muchos seres
vivos no pueden reproducirse, aunque sean seres vivos. Cualquier perso-
9 Véase la
nota 2.
10 Véase la
nota 1.
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10
na, por sí misma, sola, no puede reproducirse. Por
ejemplo, una viejecita como yo ya no puede reproducirse. Creo que este énfa-sis
en la reproducción está sobredimensionado. La vida precede a la reproducción.
Hay moléculas de DNA que pueden reprodu-cirse y no tienen nada de vida. La vida
es mucho más que eso. Para mí, la vida mínima es la célula. Porque no hay nada
menos complejo que una célula que pueda automantenerse. Y en el momento que se
automantiene, muchos organismos continúan con la reproducción, pero no es
obligatorio para estar vivo.
—También queremos preguntarle, ya que ha trabajado
con la NASA en proyectos de búsqueda de vida en el espacio (aunque
indirectamente) y conoce bien este tema: ¿piensa que es intere-sante buscar
vida en el espacio o, al contrario, que es una pér-dida de tiempo y dinero? ¿No
sería mejor que nos concentrára-mos más en lo que tenemos aquí?
—Bien, creo que los dos campos son importantes. Sin
duda, si alguien encuentra vida fuera de la Tierra tendremos dos ejem-plos,
porque ahora sólo tenemos uno, toda la vida que conoce-mos está en la Tierra.
—Pero ¿piensa que es posible que exista vida fuera
de la Tie-rra?
—Sí, sí, sí. Pero en este momento no tenemos datos
suficientes. Y sobre lo que han dicho ahora hace poco de este meteorito de
Marte, un buen amigo y colega me dijo: ―reconozco inmediata-mente lo que son
estas nanobacterias, porque no son bacterias de ninguna clase, son partículas
de carbonato y minerales‖ y él es el experto en esto.
—En sus libros dice que hay una conexión entre el
sexo y la muerte programada. Parece una visión muy apocalíptica ¿no? ¿Es
necesaria la muerte para que pueda haber sexo?
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11
—No, porque, fíjate, hablamos del sexo meyótico,
que implica fertilización, pero también hay una sexualidad transgénica
bac-teriana por transferencia de genes, y la hipersexualidad por sim-biogénesis
celular. Entonces, en cualquier tipo de sexo de euca-riotas tenemos dos seres
vivos, dos células, dos gametos, que se fusionan. Como consecuencia tienes la
fusión de dos núcleos, con dos juegos de mitocondrias, de membranas y de todos
los otros componentes de la célula. Entonces, la meyosis sirve para eliminar el
problema de tener el doble de cosas en la célula re-sultante de la fusión. Y se
debe programar la muerte de todo el resto. Desde el principio se tuvo que
programar esta muerte. Pero las cianobacterias y otras bacterias ya tienen
muerte pro-gramada, ya apareció en los procariotas. Pero con el origen del sexo
meyótico de eucariotas aparece la muerte programada de una manera regular.
Porque la sexualidad de eucariotas puede estar ligada a las estaciones del año.
Por ejemplo, muchos pro-toctistas, cuando falta el nitrógeno, cuando comienza a
secarse el medio o en condiciones adversas parecidas, inician un ciclo sexual y
se forman otros individuos que producen nuevas formas de resistencia, como por
ejemplo, huevos que aguanten la desecación.
—Según la hipótesis Gaia, desarrollada
principalmente por James E. Lovelock, pero en la que usted también ha
participado, se considera la biosfera, el ecosistema planetario, como una
entidad que se autorregula controlando el medio físico y quími-co. Esta
hipótesis ha tenido una enorme repercusión mediática y ha sufrido muchos
cambios; incluso existen los que dicen que hay que ―salvar la Tierra‖ porque
las agresiones del hombre destruirán la vida. ¿Cómo cree que responde Gaia a
estas agre-siones?
________________________________________________________
12
—De ninguna manera se extinguirá la vida, muchos
organismos se acomodarán, pero lo que sí que será más fácil es que se extin-ga
la especie humana, si no se pone remedio.
—Ya hemos comentado que usted se considera
darwinista pero no neodarwinista. Actualmente se da lo que se ha denominado
―guerras de Darwin‖11 entre diferentes grupos de pensadores sobre la evolución,
por ejemplo, de un lado los darwinistas co-mo Dawkins, Dennett o Wilson y del
otro Gould, Rose o Lewon-tin. Parece que usted se decanta más por este último
grupo, o bien al contrario; que ellos se basan en sus investigaciones (de hecho
la citan en sus libros) para defender sus argumentos. ¿Cree que la investigación
en evolución se ve muy afectada por esta bipolaridad? Y más concretamente, ¿no
piensa que las di-ferentes tendencias o ideas evolucionistas están afectadas
por pensamientos políticos, morales o religiosos de los investigado-res?
—Bien, me parece que la idea más importante es que
toda esta gente tiene ideas en común, ideas de crecimiento de población, de la
tendencia a la supervivencia de unos y no de otros, es de-cir, selección
natural, etc. Están de acuerdo en muchas cosas pero no en el origen de las
variaciones hereditarias, ese es el problema más grave que presentan todos. Y
me parece que nin-guno de ellos tiene razón porque no tienen idea de la
importan-cia de los microorganismos. Bien, ahora comienzan a conocer-los,
algunos… Y está claro que sí, que todos nosotros estamos influidos por nuestras
ideas políticas. Pero me parece que desde una perspectiva más global todas
estas personalidades son casi iguales en sus ideas. Cuando comparamos estos dos
grupos de pensadores con toda la gente que es contraevolucionista, que no
11 Brown, A.
The Darwin wars. How stupid genes became selfish gods. Si-mon & Schuster.
Londres, 1999.
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13
sabe nada de la evolución, entonces tenemos que las
diferencias entre los dos grupos de investigadores mencionados son como entre
valencianos y catalanes de Barcelona. Es decir, hablan el mismo idioma, aunque
haya pequeñas diferencias, y la gente que está en contra puede aumentar o
magnificar las diferencias. Pero yo los conozco a todos y pienso que tanto
Dennett como Daw-kins y los otros tienen muchas cosas que decir. Lo que pasa es
que, por ejemplo, Dawkins habla en sus escritos de una gente que está contra la
evolución, o bien de gente religiosa, que casi no existe; me parece que está en
contra de una cosa en su imagi-nación, porque yo conozco gente religiosa que no
se comporta como él describe. Es decir, creo que es extremado en su manera de
escribir, y por eso a mucha gente le gusta leerlo, porque re-sulta muy
interesante. Pero, al fin y al cabo, desde el punto de vista más amplio de la
gente normal, todos estos pensadores son casi iguales. ■

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