© Libro N° 13787. ¿Cómo Liderar
Nuestras Escuelas? Aportes Desde La Investigación. Leithwood,
Kenneth. Emancipación. Mayo 3 de 2025
Título Original: © ¿Cómo Liderar Nuestras Escuelas?
Aportes Desde La Investigación. Kenneth Leithwood
Versión Original: © ¿Cómo
Liderar Nuestras Escuelas? Aportes Desde La Investigación. Kenneth Leithwood
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¿CÓMO LIDERAR NUESTRAS
ESCUELAS?
Aportes Desde La Investigación
Kenneth Leithwood
¿Cómo Liderar
Nuestras Escuelas?
Aportes Desde
La Investigación
Kenneth Leithwood
¿Cómo Liderar
Nuestras Escuelas? Aportes Desde La Investigación
Kenneth Leithwood
© Área de Educación
Fundación Chile, 2009
Parque Antonio
Rabat Sur 6165, Vitacura, Santiago de Chile www.fundacionchile.cl
Inscripción
registro de propiedad intelectual 184.085 ISBN: 978-956-8200-18-3
Traducción:
Cristóbal Santa Cruz
Diseño de portada:
Danny Micin
Diseño interior:
Magdalena Acevedo
Coordinación general: Carmen Cecilia Díaz
Impreso en Salesianos, Santiago de Chile
|
Presentación de Fundación CAP |
5 |
|
Presentación de Fundación Chile |
7 |
|
Prólogo |
9 |
|
Capítulo 1 |
|
|
¿Qué sabemos sobre liderazgo educativo? |
17 |
|
Una definición funcional del liderazgo escolar |
18 |
|
Conclusión |
33 |
|
Capítulo 2 |
|
|
Efectos del liderazgo transformacional sobre las condiciones |
|
|
organizacionales y el compromiso de los alumnos con la escuela |
35 |
|
Resumen |
35 |
|
Marco de referencia |
36 |
|
Metodología |
45 |
|
Análisis de datos |
47 |
|
Índice |
54 |
|
Bibliografía |
|
|
Capítulo 3 |
|
|
Efectos del liderazgo colectivo sobre el logro escolar |
59 |
|
Marco de referencia |
62 |
|
Metodología |
71 |
|
Análisis |
73 |
|
Resultados y discusión |
74 |
|
Conclusión |
87 |
|
Bibliografía |
91 |
|
Capítulo 4 |
|
|
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes: |
|
|
eliminar el ego del sistema |
97 |
|
Introducción |
97 |
|
Reseña de la literatura sobre el tema |
99 |
|
Patrones de liderazgo distribuido |
99 |
|
Metodologías |
114 |
|
Resultados y discusión |
117 |
|
Conclusión |
127 |
|
Bibliografía |
128 |
3
|
Competencia de los directores en la solución de problemas |
135 |
|
Marco de referencia |
138 |
|
Metodologia |
140 |
|
Conclusiones |
164 |
|
Bibliografía |
171 |
|
Capítulo 6 |
|
|
La dimensión emocional del mejoramiento escolar: |
|
|
una perspectiva desde el liderazgo |
175 |
|
Las emociones de los profesores |
177 |
|
Condiciones organizacionales que influyen sobre las emociones |
|
|
de los profesores |
183 |
|
Prácticas de liderazgo de los directivos que influyen sobre |
|
|
las emociones de los profesores |
192 |
|
Conclusión |
196 |
|
Bibliografía |
197 |
Presentación de Fundación CAP
Promover la
formación de equipos directivos, una contribución al mejoramiento escolar
Este libro forma parte de una serie de publicaciones sobre liderazgo
educativo con las cuales Fundación CAP quiere aportar a la discusión y a los
esfuerzos que el país está realizando para mejorar significativamente la
calidad de la educación.
Desde el año 2006, Fundación CAP está involucrada en el mejoramiento
educativo de 25 escuelas municipalizadas ubicadas en las regiones de Atacama,
Coquimbo y Bíobío. Para ello, suscribió convenios con los programas AILEM de la
Pontificia Universidad Católica y Mejor Escuela de Fundación Chile. Nuestro
objetivo principal es apoyar e impulsar los procesos de cambio que estas
escuelas requieren mediante asesoría especializada y formación continua a sus
directivos y docentes. Como complemento, estamos instalando en cada escuela
modernas biblio-tecas, abiertas a la comunidad, para fomentar el placer por la
lectura y ayudar en el aprendizaje de los alumnos.
En este modelo de
trabajo hemos puesto especial énfasis en la conformación de redes y comunidades
de aprendizaje entre escuelas, razón por la cual también reali-zamos
actividades de extensión, como seminarios regionales, orientados a compartir
las experiencias exitosas y a debatir sobre los caminos para mejorar la calidad
de la enseñanza que reciben nuestros estudiantes.
Conscientes de que
nuestro país también requiere de instancias que nos permitan aprender de la
valiosa experiencia internacional, inauguramos el año pasado un nuevo proyecto
que apunta a fortalecer una pieza clave en la efecti-vidad escolar: el
Liderazgo Educativo. Con este objetivo, organizamos junto al Área de Educación
de Fundación Chile, un ciclo de conferencias magistrales, acompañadas cada una
con la publicación de un libro relativo a este tema. Para la primera trajimos
al académico David Hopkins, impulsor de la reforma educacional inglesa y, en
esta oportunidad, al autor del presente libro, Kenneth Leithwood,
5
“¿Cómo liderar
nuestras escuelas: Aportes desde la investigación?” reúne seis
artí-culos donde el autor destaca las principales competencias que han
desarrollado los líderes que logran cambios efectivos en sus escuelas. Describe
a los líderes transfor-macionales y plantea la importancia que tiene no sólo el
director sino el equipo direc-tivo en lo que denomina el liderazgo distribuido.
Por último, agrega un análisis de la dimensión emocional del mejoramiento
escolar y del rol del liderazgo en este tema, perspectiva que ha sido muy poco
tratada en el ámbito de la educación.
En el transcurso de
estos años, la Fundación ha sido testigo de los esfuerzos de las escuelas por
mejorar sus resultados. Hemos podido constatar que, al igual que en el mundo
empresarial, para obtener organizaciones de excelencia se requiere de un líder y,
más aún, como lo destaca el autor en este libro, de un equipo que encabece y
guíe los procesos de cambio. Sabemos que el liderazgo del director por sí solo
no garantiza este cambio; sin embargo, su falta de liderazgo conduce
inevitablemente al fracaso.
Esperamos, con
estas iniciativas, entregar a profesores y directivos de nuestro país
conocimientos actualizados en materia de liderazgo educativo a nivel mundial y
aportar a su desarrollo profesional y personal, con el objetivo de elevar la
calidad de nuestro sistema escolar.
Eduardo Frei
Bolívar
Presidente
Fundación CAP
6
Presentación de
Fundación Chile
Más investigación
para potenciar el liderazgo directivo
Liderazgo directivo
y mejor educación van de la mano. Una convicción que atraviesa esta serie sobre
liderazgo educativo, de la cual este libro es su segundo título, es que la
educación chilena requiere urgentemente un poderoso impulso de liderazgo en sus
directivos si se quiere dar un salto en los resultados de aprendizaje de los
alumnos. No es que los directores puedan reemplazar el trabajo cotidiano de los
docentes de aula, pero pueden potenciarlo y cualificarlo, ayudando a que cada
profesor realice mejor su compleja tarea, así como a que se cree una verdadera
comunidad de profe-sionales en la escuela. De ahí que lograr mejores directivos
equivale a alcanzar más calidad en la enseñanza.
Pero esta
convicción mayor no basta. Para avanzar en las políticas educacio-nales y en la
acción de sostenedores, universidades y ministerio, la pregunta persiste: ¿cómo
mejorar la dirección escolar? Más precisamente, ¿cómo lograr atraer y retener a
los mejores candidatos en la difícil posición directiva? ¿qué características
debe tener una buena carrera directiva? ¿cómo y dónde formar a los nuevos y
actuales directivos en las competencias requeridas? ¿cuáles son las
atribuciones que los soste-nedores deben delegarles? ¿qué modos de organización
conviene darle a los equipos directivos? ¿cuánto pueden y deben distribuir
internamente el poder los directores? ¿cómo pueden construir una relación
productiva con los padres y la comunidad?
Es evidente que
nuestro sistema educacional debe dar rápidos pasos en esta asignatura
pendiente, en especial en el sistema público. Pero para no avanzar a ciegas
frente a estas –u otras– preguntas, la investigación es clave. Solo numerosos y
buenos estudios pueden ir acumulando sistemáticamente la evidencia que ayude a
tomar decisiones bien fundadas para potenciar el liderazgo directivo,
alejándose de la intui-ción, la rutina o, derechamente, la ideología.
7
Si bien, como en
todo libro, conviene que cada lector se forme su propio juicio frente a la
obra, quizás convenga mencionar dos rasgos definitorios del trabajo de este
psicólogo cognitivo de origen y profesor de la Universidad de Toronto: su
amplitud y su respaldo empírico. Cómo él mismo dice en este libro, durante
décadas ha estudiado el fenómeno del liderazgo directivo con distintos lentes.
Es así como ha desarrollado la conceptualización sobre el liderazgo
transformacional, ha analizado el real impacto de “distribuir” el liderazgo al
interior de la escuela, ha identificado “prácticas nucleares” que deben poner
en marcha los directivos para tener éxito o bien ha relevado el tantas veces
descuidado carácter emocional de la labor de los docentes. Pero estas
diferentes incursiones en la “cuestión directiva” nunca han sido meras
conjeturas intelectuales, sino que han buscado rigurosa y metódicamente su
correlato en la realidad. Los diferentes lentes han sido, entonces, una manera
de plantear nuevos temas y preguntas, pero estas miradas han sido seguidas de
disposi-tivos de investigación que han permitido ir más lejos, escudriñando la
realidad y no pocas veces dejándose sorprender por ella.
José Weinstein
Cayuela
Gerente del Área de
Educación
de Fundación Chile
8
Prólogo
En este breve
prólogo resumo mis propias indagaciones sobre liderazgo educativo, que han sido
uno de los focos de mi investigación en los últimos treinta años. Las otras
líneas de trabajo, que he desarrollado en forma paralela, han estado
relacio-nadas con procesos de cambio organizacional y política educacional.
Aun cuando mi
formación doctoral fue en psicología cognitiva, inicié mi carrera académica
como evaluador de programas. Trabajaba en un pequeño centro de inves-tigación y
desarrollo de mi universidad, ubicado al este de la provincia de Ontario, en
Canadá, y mi labor consistía en entregar evidencia para una evaluación
formativa y sumativa a cinco escuelas que estaban desarrollando, de manera
conjunta, proyectos de mejoramiento curricular. Esta experiencia rápidamente me
llevó a percibir la importancia fundamental de los directores escolares a la
hora de introducir cambios en sus escuelas y estimuló mi interés académico por
el proceso de cambio escolar y el papel de los directores en ese proceso.
A medida que
observaba cómo esos directores buscaban el apoyo de sus distritos para
proseguir y amplificar este cambio, pude percatarme también de la importancia
del gobierno local para el éxito de las iniciativas de mejoramiento escolar.
Esto fue a inicios de los años setenta, antes de que se hubiera realizado mucha
investigación formal de cualquier tipo acerca de los proceso de cambio en las
escuelas y justo antes de que se hubiera dado inicio a las investigaciones
empíricas serias sobre liderazgo escolar. Por lo tanto, el comienzo de mi
propio trabajo de investigación sobre estos temas coincidió con las etapas
iniciales de estudio en esos campos.
Mi primera
investigación seria sobre liderazgo educativo comenzó con una reseña de
investigación que fue publicada en la Review of Educational Research,
revista acadé-mica muy respetada en el ámbito educacional. Aun cuando se
transformó en una fuente muy citada en materia de liderazgo escolar, mi
propósito al escribirla fue aprender sobre el tema antes de adentrarme en lo
que para mí era un nuevo campo. Nunca había tomado un curso sobre liderazgo o
cambio. Después de esa reseña me dediqué a mi propio estudio sobre liderazgo
escolar que culminó en un libro titulado Improving
9
Principal
Effectiveness: The Principal Profile (1986, OISE Press) [Cómo
mejorar la efecti-vidad de los directores. El perfil del director]. Este libro
describía lo que, de acuerdo a mi investigación, eran los cuatro patrones del
liderazgo directivo con creciente efectividad.
Tal vez lo más
importante que aprendí de la investigación que antecedió la publi-cación de ese
libro fue que aún no entendía por qué algunos líderes adoptaban cierto tipo de
práctica y otros se inclinaban por otro esquema. Pensé que para responder a esa
pregunta sería necesario saber lo que ellos pensaban sobre su propio trabajo.
Así fue como inicié lo que habría de transformarse en una serie de estudios
repartidos a lo largo de una década, con mis estudiantes y otros colegas, sobre
los procesos de reflexión y solución de problemas en escuelas y líderes de
distritos “no expertos” comparados con sus pares “expertos”. El capítulo 5 es
la primera publicación destacada resultante de esa investigación. Para apoyar
mi línea de investigación recurrí a elementos de mi forma-ción inicial en
psicología cognitiva y al trabajo de terceros sobre cognición docente. Sigo
pensando que el trabajo realizado durante esa década constituye uno de los
aportes más importantes en el ámbito del liderazgo educacional.
Paralelamente a mi
trabajo sobre cognición y liderazgo desarrollé mis primeras investigaciones
sobre liderazgo escolar transformacional. Este trabajo también se remonta a la
época en que escribí El perfil del director que utilicé
comomarco inicial para una investigación que realicé por encargo del Ministerio
de Educación de Colombia Británica, la provincia más occidental de Canadá.
Dicha investigación, que abarcaba un período de cinco años, tenía como objeto
describir los tipos de liderazgo que eran efectivos a la hora de implementar
algunas políticas curriculares en esa provincia. El perfil sólo
pudo capturar en parte esas prácticas. En el proceso de buscar una mejor orientación
conceptual, me encontré, más o menos al mismo tiempo, con la valiosa literatura
sobre procesos de aprendizaje organizacional y las primeras contribuciones de
Bass y Burns sobre enfoques transformacionales relacionados con el liderazgo.
Pensé que ambas se complementaban bien y que el liderazgo transformacional, en
teoría, parecía estimular el aprendizaje organizacional. Y ambos conceptos,
manejados conjuntamente, constituían un lente muy efectivo para interpretar lo
que sucedía en las escuelas de Colombia Británica que yo estaba estudiando por
entonces.
Fue así que
trabajando con datos de Colombia Británica, inicié estudios, algunos aislados y
otros combinados, sobre procesos de aprendizaje organizacional en escuelas y
enfoques transformacionales aplicados al liderazgo escolar. Desde entonces, con
mis estudiantes y colegas publicamos varios estudios sobre nuestros hallazgos
relacionados con el aprendizaje organizacional, entre ellos tres libros, Making
Schools Smarter [Hacia escuelas más inteligentes] (Corwin
Press), Organizational Learning in Schools [Apren-dizaje
organizacional en escuelas] (Springer Press) y Understanding Schools as
Intelligent Systems [Entender las escuelas como sistemas inteligentes]
(JAI Press).
10
Mucho más conocida
y citada, sin embargo, fue nuestra investigación sobre enfoques
transformacionales referidos al liderazgo escolar (véase el capítulo 2). En los
últimos cinco años, he complementado mi concepción acerca de las prácticas de
liderazgo transformacional con prácticas que, según investigaciones recientes,
han tenido efectos decisivos sobre los estudiantes y las escuelas. Por ello, ya
no me refiero mucho al liderazgo “transformacional”, sino a prácticas
“fundamentales” de los líderes exitosos. El capítulo 1 corresponde a mi primera
publicación sobre prácticas, la cual, desde entonces, ha sido complementada de
manera significativa con otros estudios.
Mi más reciente
investigación sobre liderazgo ha sido parte de un esfuerzo a nivel mundial por
descifrar el significado y el sentido de conceptos y aseveraciones sobre el
lide-razgo distribuido (véanse los capítulos 3 y 4). Este es un campo de
estudio de creciente interés y su estado de avance está bastante bien descrito
en dos textos recientes, uno que escribí junto a mis colegas —Distributed
leadership according to the evidence [Liderazgo distribuido según la
evidencia existente] (Routledge, 2009)— y uno de Alma Harris.
Paralelamente a
este trabajo, existe una línea de investigación que he desarro-llado acerca de
las emociones de los profesores y enfoques de líderes que contribuyen a generar
climas emocionales positivos en sus escuelas. En el capítulo 6 se entregan algunos
elementos resumidos de esa investigación, que está descrita más en detalle en
mi reciente publicación Leading with teachers’ emotions in mind [Liderar
teniendo en cuenta las emociones de los profesores] (Corwin Press, 2008). Mi
postura es que las emociones de los profesores son un filtro crítico a través
del cual los profesores captan la información, y que es difícil que los líderes
educativos tengan éxito con sus inicia-tivas de mejoramiento si no prestan
atención al clima emocional de sus escuelas.
Espero que hasta
aquí haya quedado claro que mis propias exploraciones en el ámbito del
liderazgo me han llevado a mirar este complejo fenómeno a través de muchos
lentes. He procurado evitar adoptar un punto de vista idealizado (o
ideoló-gico) de este liderazgo y más bien me he dejado orientar por la
evidencia que he ido encontrando. Sigo hallando evidencia nueva y provocadora
sobre el liderazgo y no espero ni aspiro llegar a un punto de vista enteramente
satisfactorio sobre el liderazgo educativo exitoso mientras tenga energía para
seguir investigando al respecto.
Capítulo 1: ¿Qué
sabemos sobre liderazgo educativo?
(Fuente: Leithwood,
K., & Riehl, C. (2005). What do we already know about educa-tional
leadership? In W. Firestone & C. Riehl (Eds.). A new agenda for research in
educational leadership. New York, NY: Teachers College Press.)
Me solicitaron
escribir este artículo para que formara parte de un libro auspiciado por la
División A de la Asociación Estadounidense de Investigación Educacional
11
(American
Educational Research Association –AERA). El propósito del libro era presentar
los últimos avances de la investigación sobre liderazgo educativo y proponer
una agenda de futuro para las siguientes investigaciones. Constituye el primer
capí-tulo de este libro, concebido como un resumen de lo que ya se sabía sobre
liderazgo educativo. El capítulo fue elaborado con un colega, aunque las
principales ideas están estrechamente asociadas con mi propio trabajo. En
efecto, las “dimensiones” del liderazgo en que se centra provienen de mis
primeras investigaciones que apun-taban a desarrollar un modelo de liderazgo
escolar transformacional.
Así, estas
dimensiones subsumieron las prácticas incluidas como parte del lide-razgo
transformacional (véase el capítulo 2) pero incluyeron otras prácticas,
producto de la evidencia obtenida, a partir de otra investigación, sobre
liderazgo escolar efec-tivo y evidencia sobre liderazgo efectivo en diversos
tipos de organizaciones y en diferentes entornos.
Desde la
publicación de este artículo he agregado una categoría adicional de práctica de
liderazgo a mi actual concepción sobre liderazgo exitoso, que he deno-minado
“gestión del programa de estudio”. El conjunto de prácticas que se incluyen en
esta categoría reflejan en gran medida lo que se describe en otros lugares como
“liderazgo pedagógico”.
Capítulo 2: Efectos
del liderazgo transformacional en el compromiso de los alumnos con la escuela
(Fuente: Leithwood,
K., & Jantzi, D. (2000). The effects of transformation leader-ship on
student engagement with school, Journal of Educational Administration,
38(2), 112-129).
Este capítulo es
una muestra de una serie de artículos que exponen los resultados de una línea
de investigación sobre los enfoques transformacionales en el liderazgo escolar
y los efectos de este liderazgo sobre las organizaciones escolares y los
resul-tados de los alumnos. Mi interés inicial en esta forma de liderazgo nació
a comienzos de los años noventa. En ese entonces yo estaba concentrado en un
amplio estudio sobre cambio escolar y liderazgo en el contexto de las
iniciativas de política educativa del gobierno de Colombia Británica.
Mi preocupación era
observar dicho cambio a través de un enfoque de “aprendi-zaje organizacional”.
Pero la concepción de liderazgo que yo utilizaba para explorar las formas de
liderazgo que promovían el aprendizaje organizacional estaba demostrando no ser
muy útil; era mi versión de un modelo de liderazgo de tipo “pedagógico”. Eso me
llevó a explorar una literatura más amplia sobre liderazgo para llegar a un
enfoque que pudiera ser más adecuado. Y fue entonces cuando comencé a aprender
más sobre
12
liderazgo
transformacional, especialmente de la forma en que James MacGregor Burns y
Bernard Bass lo describían. Pronto descubrí que este enfoque sobre liderazgo
estaba centrado en el equipo directivo –sus metas, aspiraciones y capacidades–
y que su objeto era inspirarlos a desarrollar mayores esfuerzos y a tener
propósitos más profundos.
Mi primera
investigación en esa área apuntaba a desarrollar una versión del lide-razgo
transformacional que se ajustara específicamente al liderazgo escolar. Una vez
que contamos con una versión preliminar de la misma, mis colegas y yo
produjimos una abundante serie de estudios para verificar nuestro modelo (es
decir, su estructura factorial) y explorar los efectos de las prácticas de
liderazgo en una variedad de desa-fíos organizacionales y resultados escolares.
Este artículo
examina los efectos del modelo de liderazgo transformacional sobre el
“compromiso de los alumnos”. Escogimos este desafío porque cambia más
rápidamente que los resultados escolares y porque está estrechamente
relacionado con éstos. No utilizamos las mediciones convencionales de logro
escolar, de amplio uso en la actualidad, debido a sus conocidas limitaciones si
se comparan con el currí-culo global de las escuelas. No obstante,
posteriormente sí lo hemos hecho.
Capítulo 3: Efectos
del liderazgo colectivo en los logros escolares
(Fuente: Leithwood,
K., & Mascall, B. (2008). The effects of collective leadership on student
achievement, Educational Administration Quarterly, 44(4), 529-561).
Tanto el capítulo 3
como el 4 versan sobre “liderazgo distribuido” y reflejan parte de mi
investigación más reciente sobre liderazgo. El liderazgo distribuido es uno de
los “punteros” de la actual ola de investigación empírica sobre liderazgo. Esa
línea de investigación está descrita de manera bastante exhaustiva en un texto
publicado recientemente con otros colegas, titulado Distributed
Leadership According To The Evidence (2009, Routledge Publishers)
[Liderazgo distribuido según la evidencia].
El capítulo 3
describe un estudio reciente, realizado para determinar si los enfo-ques más
distribuidos sobre el liderazgo tienen algún impacto sobre los resultados
escolares. Para ese artículo definimos el liderazgo en términos sencillos
—influencia sobre las decisiones en la escuela— y reunimos información
proporcionada por los profesores acerca del grado de influencia ejercida por
todos aquellos que desempeñan funciones dentro de las escuelas y en torno a
ellas.
Los resultados de
este estudio evidencian de manera preliminar que los colegios con mejores
resultados, comparados con aquellos que tienen peores resultados, siguen
otor-gándole la mayor parte de la influencia a aquellos que ocupan cargos que
implican un liderazgo formal; le otorgan una mayor influencia, en particular, a
los equipos docentes,
13
agrupaciones de
apoderados y de estudiantes. En este capítulo se afirma que la actual creencia
acerca del valor que tiene volver nuestras organizaciones más horizontales es
errónea. El objetivo debiera ser, más bien, volverlas más amplias, es decir,
aumentar la influencia lateral ejercida por la mayoría de las personas de
acuerdo a su pericia.
Capítulo 4:
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteli-
gentes: eliminar el
ego del sistema
(Fuente: Leithwood,
K., Mascall, B., Strauss, T., Sacks, R., Memon, N., y Yashkina, A. (2007).
Distributing leadership to make schools smarter: Taking the ego out of the
system. Leadership and Policy in Schools, 6(1), 37-67).
Este capítulo
consiste en el primer estudio realizado en el marco de nuestra investi-gación
sobre liderazgo distribuido y presenta los resultados de estudios de caso,
desa-rrollados en cuatro escuelas primarias y cuatro escuelas secundarias.
Realizamos esta investigación en un importante distrito escolar canadiense que
había realizado avances hacia una mayor distribución del liderazgo durante el
largo período de ejercicio de su Director de Educación (CEO). El subtítulo del
capítulo, Taking the Ego Out of the System [Eliminar el ego
del sistema] son las palabras que él usó para describir lo que había
intentado realizar, en términos de desarrollo de liderazgo, en el distrito.
En las ocho
escuelas incluidas en ese estudio indagamos acerca de los esquemas de
distribución de liderazgo, sobre qué fue lo que determinó la adopción de un
tipo de esquema en lugar de otro, cómo se distribuyeron las formas de liderazgo
de manera óptima y si acaso algunos esquemas resultaron más “productivos” que
otros. En términos breves, nuestros hallazgos fueron los siguientes:
• Se apreciaban
cuatro esquemas diferentes de liderazgo distribuido en el conjunto de las
escuelas;
• Varios factores
personales y organizacionales influían sobre la preferencia de los profesores a
la hora de adoptar uno u otro esquema;
• Los directores
determinaban en gran medida qué esquemas se adoptan en una escuela y cuán
preparados están los profesores para participar en cada esquema.
Nuestras
investigaciones posteriores, que no se describen en este capítulo, han
demostrado el alto valor de escuelas con esquemas coordinados de distribución
de lide-razgo. Sin embargo, salvo que el liderazgo se distribuya de manera
deliberada y alineada, nuestra evidencia indica que, en la práctica, puede
minar la efectividad de la escuela.
Capítulo 5:
Competencia de los directores en la solución de problemas
(Fuente: Leithwood,
K., & Stager, M. (1989). Expertise in principals’ problem solving. Educational
Administration Quarterly, 25(2), 126-161).
14
Este capítulo
corresponde a uno de los primeros artículos que publiqué como resultado de una
investigación de diez años acerca de las diferencias en la reflexión y solución
de problemas entre escuelas y líderes distritales “expertos” y “comunes”. En
este trabajo utilicé como guía la teoría psicológica y la teoría cognitiva
aplicada al concepto de pericia, en particular. El resultado de este trabajo,
sólo reflejado en parte en este capí-tulo, fue un modelo de pensamiento
experto, un registro de las diferencias en el pensa-miento entre líderes
expertos y líderes comunes, una descripción de cómo se desarrolla la pericia,
la conexión entre pensamiento experto y prácticas declaradas de liderazgo. En
el recuento más completo de este trabajo (Expert Problem Solving: Evidence
from school and district leaders (1995, SUNY Press) [Solución experta
de problemas: evidencia de líderes escolares y distritales]),
también se describe un programa para desarrollar una pericia junto con una
evaluación acerca de los efectos del programa.
Aun cuando
últimamente no he continuado desarrollando esa línea de investigación, sigo
convencido de que la “solución de problemas” es una concepción muy productiva
del liderazgo, concepción que refleja la necesidad de una práctica contingente
y acciones de liderazgo sensibles a los contextos específicos donde se
desenvuelven los líderes.
Capítulo 6: La
dimensión emocional del mejoramiento escolar:
una perspectiva del
liderazgo.
(Fuente: Leithwood,
K. (2007). The emotional side of school improvement: A leader-ship perspective,
In T. Townsend (Ed.). International handbook of school effectiveness
and school improvement, (pp. 615-634). Dordrecht, The Netherlands:
Springer.)
Los procesos de
mejoramiento escolar son usualmente descritos como fenómenos deliberados y
racionales. Por ello, gran parte de la literatura sobre liderazgo en aras del
mejoramiento escolar se ha centrado en estos procesos deliberados y racionales.
Sin embargo, las escuelas son auténticas “calderas emocionales” y lo que las
lidera es un “trabajo emocional”. En este capítulo se resume un cuerpo
sustancial de investi-gación sobre las emociones de los profesores y su
influencia, tanto sobre la entrega de contenidos en el aula como sobre el
aprendizaje de los estudiantes.
Apoyándome en un
conjunto de teorías sobre el rol de las emociones en la cognición humana,
sostengo que velar por el clima emocional de las escuelas es una de las
funciones más importantes del líder escolar. Sin un clima emocional positivo,
es muy poco probable que se logre un mejoramiento sustancial. También considero
que las prácticas de liderazgo transformacional son las fuentes más poderosas
de influencia de los líderes sobre las emociones de los profesores.
Kenneth Leithwood
Profesor de
Liderazgo Educacional Ontario Institute for Studies in Education (OISE)
Toronto, Canadá.
15
¿Qué sabemos sobre
liderazgo educativo?*
Kenneth Leithwood y
Carolyn Riehl
El liderazgo
escolar es actualmente objeto de una atención sin precedentes. La agenda de la
reforma educacional, en su permanente evolución, parece haber captado que el
rol del liderazgo es en sí mismo una importante meta para la reforma y,
simultánea-mente, un vehículo para que otras cosas sucedan.
En ese contexto, es
importante remitirnos nuevamente a un cuerpo teórico confiable y bien fundado
en busca de información y orientación sobre este fenómeno. El conocimiento
sobre el liderazgo proviene de diferentes fuentes, como son la expe-riencia,
los análisis filosóficos, conceptuales y críticos, y la investigación empírica.
A través de este
libro intento presentar una amplia agenda cuyo objetivo es ayudar a reforzar la
amplitud, calidad y claridad de las fuentes de conocimiento más recientes sobre
liderazgo basadas en investigaciones empíricas. En este capítulo esta-blecemos
las bases para esa agenda revisando diferentes afirmaciones sobre el lide-razgo
educativo basadas y fundadas en la investigación. Nuestro punto de partida es
preguntarnos ¿Qué sabemos sobre liderazgo educacional hasta ahora? ¿Qué
interpre-taciones y resultados empíricos pueden considerarse como un
conocimiento sólido, aplicable en diferentes contextos? Formulamos estas
interrogantes a un nivel bastante general de abstracción, desarrollando
conclusiones que brindan un retrato amplio pero no muy detallado del liderazgo.
Nuestro marco general y nuestras conclusiones constituyen un buen punto de
partida para los capítulos que siguen.
El liderazgo se da
en varias situaciones dentro del complejo escenario que carac-teriza a la
mayoría de los sistemas educativos. En este capítulo nos centraremos en el
liderazgo de los directivos de establecimientos escolares. Aun cuando el
estudio sobre
* Fuente: Leithwood,
K., & Riehl, C. (2005). What do we already know about educational
leader-ship? In W. Firestone & C. Riehl (Eds.). A new agenda for
research in educational leadership. New York, NY: Teachers College
Press.
17
otros tipos de
liderazgo está en boga (véanse, por ejemplo, Spillane, 1998b; Stein y D’Amico,
2002a), la investigación basada en el liderazgo formal a nivel de la escuela es
hoy por hoy la más amplia y sus conclusiones las más sólidas.
Puesto que el
propósito de este capítulo es presentar información sobre el lide-razgo escolar
basada en investigaciones, es importante señalar lo que hemos incluido y lo que
hemos descartado en nuestra reseña. Nuestra fuente principal de datos fueron
los estudios cuantitativos que reflejan de manera sustancial los estándares
metodo-lógicos aceptados como para ser publicados y referenciados en revistas
académicas y libros. También usamos datos provenientes de estudios de casos
múltiples o mono-grafías, publicados o de calidad publicable, en los cuales los
resultados confirmaban o rebatían explícitamente la evidencia de otras fuentes.
No incluimos los
resultados de crónicas periodísticas, testimonios o relatos infor-males sobre
casos, donde la recolección de información y los métodos de análisis no estaban
descritos o no se ajustaban a los procedimientos generalmente aceptados para llegar
a conclusiones confiables y válidas. Tampoco usamos evidencia de estudios de
casos individuales, competentes en sus procedimientos pero que introducían
hallazgos aún no avalados por investigaciones adicionales. Hay aspectos del
liderazgo escolar que pueden ser significativos, incluso cruciales para el
éxito educativo, pero que aún no han sido objeto de mucha investigación formal;
por ende, no son utilizados en este capítulo.
Estas reglas
metodológicas reflejan un punto de vista tradicional en las ciencias sociales,
según el cual cierto conocimiento puede ser generalizable y las afirmaciones
resultantes de ese conocimiento se vuelven más sólidas, en la medida que se
acumula una mayor cantidad de evidencia aceptable. Este punto de vista se
inclina claramente hacia la perspectiva epistemológica de un “positivismo
blando” o realismo. Reco-nocemos sus limitaciones, pero también admitimos, con
el debido agradecimiento, que nuestros hallazgos se han nutrido de otras
fuentes de conocimiento e investiga-ción. Sin embargo, adoptamos este enfoque
para asegurar que nuestras conclusiones fueran lo más claras y directas y para
documentar en qué se fundan.
Una definición
funcional del liderazgo escolar
Es difícil definir
el liderazgo, y si tratamos de acotar el término corremos el riesgo de
restringir la reflexión y la práctica. Sin embargo, una concepción amplia y
funcional nos ayudará a fundamentar esta reseña. Nuestro enfoque sobre
liderazgo incorpora los siguientes entendidos, provenientes de fuentes
empíricas, conceptuales y normativas:
• El liderazgo existe
dentro de relaciones sociales y sirve a fines sociales. Aun cuando los
líderes son individuos, el liderazgo está inserto en relaciones y
18
organizaciones
sociales y su propósito es realizar algo para un grupo. No es un fenómeno
individual o personal.
• El liderazgo
implica un propósito y una dirección. Los líderes persiguen metas con
claridad y tenacidad y responden por su cumplimiento. En algunos casos, le
corresponde al líder desarrollar y promover metas grupales; en otros, se trata
de un proceso más inclusivo, pero donde el líder es un actor decisivo.
Finalmente, hay otros casos donde el liderazgo consiste en centrar el esfuerzo
en torno a una visión que se origina en otro lugar.
En el pasado se
premiaba a los líderes educativos por una gestión técnica eficiente de las
escuelas o de los sistemas (Rosenblum et al, 1994). En la actualidad, un
liderazgo educativo orientado a cumplir cual-quier objetivo que no sea el
aprendizaje escolar es, cada vez más, perci-bido como ilegítimo e inefectivo.
Esta meta del liderazgo, explícita-mente centrada en los aprendizajes, no
circunscribe el ámbito de los líderes escolares al sistema pedagógico per
se, como lo hacían las anti-guas nociones de liderazgo pedagógico. Más
bien, asume que los líderes dirigirán su atención a asegurar que todos los
componentes y acciones dentro del sistema educacional apoyen el aprendizaje de
los estudiantes. El liderazgo es un proceso de influencia. A
veces las acciones de los líderes tienen un efecto directo en las
metas principales del colectivo, pero muchas veces su acción consiste en
influenciar los pensamientos y el actuar de otras personas y establecer las
condiciones que les permitan ser efectivos. Esta influencia puede realizarse de
manera dirigida, ayudando a las personas a realizar algo específico y acotado o
algo muy amplio y transformador, impulsando las aspiraciones y acciones de
terceros de manera expansiva y muchas veces impredecible (Burns, 1978).
• El liderazgo es una
función. Muchos observadores del liderazgo reconocen que éste conlleva un
conjunto de funciones no necesariamente relacionadas con un departamento
particular o una designación formal. Personas en diferentes roles pueden
ejercer labores de liderazgo, aunque muchas veces cuenten con desiguales
recursos, habilidades y propensiones para este efecto.
• El liderazgo es
contextual y contingente. La mayoría de las teorías contempo-ráneas
sobre el liderazgo sugieren que éste se practica de acuerdo a las
carac-terísticas de la organización social, las metas fijadas, los individuos
invo-lucrados, los recursos y los plazos, además de otros factores, incluidas
las características de los propios líderes (Hollinger y Heck, 1996a; Leithwood
y Duke, 1999). Así, ninguna fórmula del liderazgo efectivo es aplicable de
manera universal.
19
Con estas
orientaciones generales, podemos definir el liderazgo escolar como la
labor de movilizar e influenciar a otros para articular y lograr las
intenciones y metas compartidas de la escuela. La labor del liderazgo
puede ser realizada por personas que desempeñan varios roles en la
escuela. Los líderes formales —aquellas personas que ocupan cargos formales de
autoridad— sólo son líderes genuinos en la medida que desempeñen esas
funciones. Las funciones del liderazgo pueden reali-zarse de muchas maneras, dependiendo
del líder individual, del contexto y del tipo de metas que se persiguen.
Cuatro afirmaciones
fundamentales sobre el liderazgo escolar
En este capítulo
presentaremos el complejo cuerpo de investigación existente sobre el liderazgo
escolar como un debate en torno a cuatro afirmaciones. En los plantea-mientos
que siguen, nuestro propósito es mostrar que el liderazgo escolar “exitoso” se
refiere a orientaciones y prácticas que han demostrado tener un impacto
positivo sobre el aprendizaje escolar, ya sea directa o indirectamente, a
través de las condi-ciones escolares o las acciones de terceros.
Afirmación l: El
liderazgo escolar contribuye de manera importante al mejoramiento del
aprendizaje escolar
En la larga
búsqueda para identificar influencias maleables sobre el aprendizaje
estu-diantil, no ha sido tarea fácil analizar las contribuciones de los
factores relacionados con la escuela, por ejemplo, los antecedentes familiares
de los alumnos y otras varia-bles contextuales. Estos elementos no son
independientes entre sí y los diferentes enfoques metodológicos sobre
mediciones y análisis pueden influir sobre el peso relativo de sus efectos. Sin
embargo, en muchos estudios, las características de los alumnos aparecen, de
manera persistente, teniendo los más poderosos efectos sobre los logros
escolares (Coleman 1966; Jencks et al, 1972; van de Grift y Houtveen, 1999). Y
son, por cierto, los factores más susceptibles de cambiar y mejorar por parte
de los educadores. Algunos estudios han demostrado que las escuelas pueden
reducir de manera significativa los efectos que las condiciones de origen de
los alumnos tienen sobre los aprendizajes (por ejemplo, Knapp y Associates,
1995).
Entre las
influencias directas de la escuela, las prácticas en aula son muy relevantes.
Los estudiantes tienden a aprender más cuando sus profesores tienen sólidas
califica-ciones formales y cuando utilizan técnicas apropiadas y de calidad,
así como un currículo bien diseñado (Brophy y Good, 1986; Monk, 1994; Wang,
Haertel, y Walberg, 1992). Los líderes escolares también tienen un efecto sobre
el aprendizaje de los estudiantes, pero su incidencia es, a nuestro juicio, más
bien indirecta (Hollinger Heck, 1996a).
Las afirmaciones
respecto de los efectos del liderazgo sobre el aprendizaje se justi-fican sobre
la base de dos fuentes de datos provenientes de la investigación. Los estudios
20
cualitativos muchas
veces examinan contextos educativos excepcionales en los cuales el aprendizaje
escolar está significativamente por sobre o debajo de las expectativas
normales. Estos estudios señalan efectos importantes del liderazgo sobre el
aprendi-zaje escolar (véanse, por ejemplo, Gezi, 1990; Levine y Lezotte, 1990;
Mortimore, 1993; Scheurich, 1998). Un liderazgo efectivo, según esta fuente,
abarca funciones y características, tales como una orientación no conformista,
seleccionar y reemplazar de manera rigurosa a los profesores, apartar de la
escuela aquellos elementos distractores que no estén centrados en los
aprendizajes, monitorear de manera frecuente las acti-vidades escolares, dar
sentido, invertir mucho tiempo y energía en el mejoramiento escolar, apoyar a
los profesores y desarrollar un liderazgo pedagógico superior.
Adicionalmente, los
directores parecen tener algún efecto sobre otros factores relevantes, como son
la participación de los padres, el monitoreo del progreso de los estudiantes,
el desarrollo de esquemas exitosos de agrupamiento de los alumnos y otras disposiciones
organizacionales, así como la coordinación en materia de currí-culo, y
políticas y prácticas de promoción escolar rigurosas y equitativas (Cotton,
1995; Sammons et al, 1995; Scheerens y Bosker, 1997). Los estudios de casos que
no parten buscando los efectos del liderazgo sino que concluyen que el
liderazgo en sí es relevante en el mejoramiento de la enseñanza, también
proveen evidencia convin-cente (véanse Coburn, 2001; Hamilton, y Richardson,
1995).
La segunda fuente
importante de evidencia son los estudios cuantitativos cuasi experimentales.
El mayor problema con este tipo de investigación es que muchos estudios
cuantitativos examinan la relación entre las condiciones organizacionales de la
escuela y el desempeño escolar sin incluir de forma explícita mediciones de
lide-razgo. Estos incluyen estudios sobre la misión y las metas de las escuelas
(Hallinger, Bickman, y Davis, I996); cultura (Nias, Southworth, y Campbell,
1989); alterna-tivas estructurales, como el tamaño de las escuelas, las
características académicas del currículo o la asignación de profesores
calificados a las clases (Ingersoll, 1999); la participación en la toma de
decisiones (Smylie, Lazarus y Brownlee-Conyers, 1996); y las relaciones con los
padres y la comunidad en general (Epstein, 2001). Puesto que éstas son
condiciones sobre las cuales los líderes escolares pueden tener un impacto
considerable, se podría inferir que el liderazgo puede, a través de ellas,
ejercer una influencia indirecta sobre los aprendizajes.
En dos estudios
iniciales, Barr y Dreeben (1983), y Bidwell y Kasarda (1980) demostraron la
importancia de investigar la amplia cadena de influencias existente a lo largo
de diferentes contextos educativos —el distrito, la escuela y el aula— para
producir un impacto sobre el aprendizaje escolar, pero este enfoque no ha sido
muy usado para examinar el impacto directo e indirecto del liderazgo sobre el
aprendizaje escolar. Incluso cuando se utiliza este método, es difícil a veces
cuantificar los efectos atribuibles al liderazgo. Un ejemplo de este problema
es la investigación reseñada por
21
Burns y Mason
(2002). Estos investigadores compararon los resultados de alumnos en clases de
un solo grado o nivel y de varios grados en escuelas primarias y encon-traron
que la composición de las clases permitía explicar los mejores resultados
alcan-zados en las clases multigrado. Asimismo, encontraron sólidas evidencias
de que los directivos asignaban deliberadamente estudiantes específicos a las
clases multigrado (Burns y Mason, 1998, 2002), pudiendo así establecer un
vínculo claro entre las acciones de los directivos, la composición de la clase
y el rendimiento escolar. Pero los comportamientos más propios de los
directivos no se incluyeron en el modelo cuan-titativo, por lo que no se pudo
hacer una estimación de la incidencia de ese efecto.
Sin embargo,
existen algunos ejemplos promisorios de investigaciones que describen un modelo
razonablemente completo, incorporando variables contextuales y de lide-razgo, y
señalando algún tipo de logro escolar como elemento resultante. Hallinger y
Heck (1996a, 1996b) identificaron más de cuarenta estudios de ese tipo en un
período de quince años. Los estudios cuantitativos sobre efectividad de las
escuelas que incluían el liderazgo en sus modelos también fueron reseñados por
Scheerens y Bosker (1997).
Hallinger y Heck
concluyeron que en los estudios que recurren a un modelo más sofisticado los
efectos de liderazgo sobre los resultados escolares no siempre eran apreciables
y generalmente eran discretos, pero educacionalmente significativos. La
variable mediadora más común, a través de la cual los efectos del liderazgo
eran evidentes, eran las metas de la escuela, aunque la construcción de dicha
visión no siempre estaba definida de manera consistente en todos los estudios.
Scheerens y Bosker (1997) llegaron a conclusiones similares. Su exhaustiva
revisión de evidencia cuantitativa sugería que los factores pedagógicos
relacionados con el aula se justi-fican por su impacto sobre el rendimiento
escolar, y las condiciones organizacionales, como las “altas expectativas” y la
“participación de los padres” —factores sobre los cuales los líderes escolares
ciertamente tienen alguna influencia— gozan de un mode-rado respaldo empírico.
Otros factores relacionados con el liderazgo, tales como el “liderazgo
pedagógico”, el clima dentro de la escuela y la estructura organizacional
poseen lo que Scheerens (1992) consideró una “confirmación empírica dudosa”. En
general, los factores y las condiciones más próximas al aprendizaje escolar,
como las variables pedagógicas, tienen efectos más claros que los factores más
distantes, como la organización de la escuela, las condiciones relacionadas con
las políticas educativas o el liderazgo escolar. Scheerens y Bosker comprobaron
un discreto, aunque estadísticamente significativo, efecto del liderazgo
escolar. También conclu-yeron que cuando se tomaban en cuenta factores
contextuales, los efectos del lide-razgo se evidenciaban mucho más claramente.
Por ejemplo, los estudios contextuales indican que “controlar el liderazgo
educativo” está más asociado con una escolariza-ción efectiva en escuelas para
alumnos de bajo nivel socioeconómico que en escuelas para alumnos de alto nivel
socioeconómico, y que un liderazgo fuerte parece más importante en las escuelas
primarias urbanas que en las suburbanas (1997, p. 298).
22
Otras
investigaciones, principalmente aquellas provenientes de la corriente
internacional de estudios cuantitativos sobre efectividad escolar, concluyen
que, aun cuando el liderazgo sólo explica entre el 3% y el 5% de la variación
en el aprendizaje de los alumnos entre las escuelas, representa un cuarto de la
variación total (10% a 20%), atribuida a variables relacionadas con la escuela,
una vez controlados los factores de ingreso de los alumnos (Creemers y
Reetzigt, 1996; Townsend, 2001).
Los desiguales
resultados obtenidos en relación a los efectos del liderazgo que entregan estas
fuentes de evidencia se pueden explicar, al menos en parte, por deci-siones
relacionadas con las muestras. La mayoría de los estudios de caso examinan los
efectos del liderazgo excepcional en escuelas que más lo necesitan. Por el
contrario, los estudios cuantitativos de gran escala presentan efectos promedio
de liderazgo entre escuelas muy necesitadas y otras muy productivas, tal vez
subestimando los efectos del liderazgo en escuelas en las que éste puede tener
el mayor valor.
Pese a estos
problemas conceptuales y metodológicos, el impacto del liderazgo educativo
sobre el desempeño escolar es demostrable. La mayoría de los efectos del
liderazgo son indirectos y parecen funcionar principalmente en relación con la
variable organizacional de la misión o las metas de la escuela y a través de
factores como el currículo y la entrega de contenidos pedagógicos en el aula.
Afirmación 2: El
liderazgo en las escuelas es ejercido en primer lugar por los directores y los
profesores, y puede ser distribuido a otros
Liderazgo directivo
y liderazgo docente
La mayor parte de
la investigación sobre liderazgo escolar se centra en el liderazgo ejercido por
los administrativos y los profesores y ha documentado una amplia gama de
responsabilidades, estilos y funciones de liderazgo. Una reseña reciente
(Leithwood y Duke, 1999) describió veinte diferentes formas de liderazgo
directivo que los autores clasificaron en seis enfoques genéricos de liderazgo:
pedagógicos, transformacionales, morales, participativos, administrativos y
contingentes.
El liderazgo de los
profesores puede ser incluso más variado en formas y funciones. Se espera de
parte de los profesores que asumen roles formales de liderazgo (incluido el de
profesor jefe, jefe de departamento, coordinador de programas espe-ciales o mentor)
que desempeñen funciones como representar a la escuela en la toma de decisiones
a nivel de distrito (Fullan, 1991); que lideren sub unidades escolares (Cooper,
1993); que estimulen el crecimiento profesional de sus colegas (Wasley, 1991);
que defiendan la labor desarrollada por los profesores (Bascia, 1997); y que
mejoren los procesos de toma de decisiones dentro de la escuela (Malen, Ogawa,
y Kranz, 1990). El liderazgo de los profesores también puede expresarse de
manera más informal, por ejemplo, en los roles de apoyo en las comunidades de
aprendizaje
23
profesionales o en
las iniciativas de cambio dentro de la escuela (Grossman, Wine-burg, y
Woolworth, 2001; Wolf, Borko, Elliott, y McIver, 2000).
Existe poca
evidencia empírica sobre los efectos del liderazgo formal o informal de los
profesores y sus resultados son encontrados. Por ejemplo, el estudio sobre
jefes de departamento de Hannay y Denby (1994) reveló que éstos no eran muy
efectivos como facilitadores de cambio, debido a su falta de conocimiento y
pericia en materia de estra-tegias de cambio efectivas. Firestone y Fisler
(2002) descubrieron que los conflictos entre los profesores que eran líderes
informales afectaban negativamente su visión compartida. Varios investigadores
han demostrado que la capacidad de los profesores para funcionar como líderes
puede verse dificultada por la reticencia del director a compartir su
auto-ridad (Brown, Rutherford, y Boyle, 2000; Scribner, Hager, y Warne, 2002;
Smylie, Conley, y Marks, 2002). Por otra parte, Duke, Showers e Imber (1980)
comprobaron que una mayor participación de los profesores en la toma de
decisiones de la escuela se traducía en una escuela más democrática. Marks y
Louis (1997) concluyeron que la participación en la gobernanza interna de la
escuela tenía impacto tanto sobre la calidad como sobre el rendimiento escolar.
En su estudio sobre iniciativas de educación espe-cial, Mayrowetz y Weinstein
(1999) señalan que los profesores y otras personas que no desempeñan roles
formales de liderazgo tienen importantes funciones de liderazgo en la promoción
de una educación inclusiva para los alumnos con necesidades especiales y que
las funciones de liderazgo de muchas personas diferentes tienden a traslaparse,
conclusión consistente con la de la investigación anterior de Heller y
Firestone (1995).
Tanto el liderazgo
de los directivos como el de los profesores implica un ejer-cicio de influencia
sobre las creencias, los valores y las acciones de otros (Hart, 1995). Lo que
sí puede resultar diferente es cómo se ejerce esa influencia y con qué fin. Los
docentes y los administrativos muchas veces procuran ejercer su liderazgo en
relación a aspectos muy diferentes del funcionamiento de la escuela, aun cuando
los profesores muchas veces manifiestan un fuerte interés en ampliar sus áreas
de influencia (Reavis y Griffith, 1993; Taylor y Bogotch, 1994). Sus recursos
de lide-razgo también difieren. Por ejemplo, en una escuela tradicional las
personas en roles administrativos tienen mayor poder para influir sobre las
prácticas en aula; los profe-sores, en cambio, puede que tengan mayor acceso al
poder que emana de su compe-tencia técnica respecto de los procesos de
enseñanza-aprendizaje. En un estudio sobre ocho escuelas primarias, Spillane,
Hallett, y Diamond (2003) comprobaron que los docentes tendían a considerar a
otros profesores como líderes reales cuando éstos utilizaban capital humano,
cultural y social en su trabajo con los demás, mientras que los administrativos
eran percibidos como líderes reales principalmente a partir de su capital
cultural, especialmente de su manejo de estilos de apoyo interactivos. Por su
parte, los profesores generalmente consideraban a los directivos como líderes a
partir de su capital humano cuando mostraban una competencia pedagógica basada
en la experiencia con algún campo temático específico.
24
Capítulo 1 • ¿Qué
sabemos sobre liderazgo educativo?
Liderazgo
distribuido
Las iniciativas de
reestructuración organizacional estimularon la investigación sobre las
concepciones de liderazgo distribuido a medida que las estructuras
horizon-tales y orgánicas comenzaron a reemplazar a las estructuras jerárquicas
(Banner y Gagne, 1995; Chrispeels, Brown, y Castillo, 2000; Day y Harris, 2002;
Murphy y Beck, 1995). El reciente interés por el liderazgo distribuido se funda
en la teoría de los “sustitutos para el liderazgo” (Jermier y Kerr, 1997), las
teorías sobre cognición situada y distribuida (Brown y Duguid, 1991; Wenger,
1998), y la teoría institu-cional (Ogawa y Bossert, 1995). Los últimos
hallazgos sobre “liderazgo centrado en el aprendizaje” sugieren que éste
requiere un conjunto interrelacionado de roles y funciones dentro de la escuela
y del sistema, especialmente en el contexto de inicia-tivas complejas de
política (Gronn, 2000; Knapp et al, 2002; Spillane, Halverson, y Diamond,
2001). La evidencia empírica relativa a las características y los efectos del
liderazgo distribuido se encuentra en una fase embrionaria de desarrollo, pero
los trabajos de investigación en este ámbito se han multiplicado.
Wilson y Corcoran
(1988) observaron que en las escuelas secundarias exitosas la fuente del
liderazgo cambiaba según cambiaban los problemas y las temáticas. Del mismo
modo, Spillane et al (2001) comprobó que la configuración del lide-razgo
distribuido en escuelas primarias ubicadas en zonas de alta pobreza variaba
según el área curricular. Por ejemplo, en el ramo de ciencias los directivos
ejercían un liderazgo mínimo, cediendo este rol a profesores muy implicados o a
consultores externos o a facilitadores curriculares. Sin embargo, en lenguaje
era más probable que los directivos y los profesores con cargos formales de
liderazgo (como, por ejemplo, un facilitador de alfabetización) tuvieran una
influencia de liderazgo.
A medida que crece
el interés por la idea de un liderazgo distribuido, se hace más importante
investigar acerca de sus características y sus efectos específicos e
iden-tificar los contextos en los cuales esta orientación es más productiva.
Adicionalmente, puede resultar provechoso examinar si la suma de todos los
liderazgos provenientes de diferentes fuentes de la escuela puede traducirse en
una variación significativa en los resultados escolares y en la efectividad de
la escuela (Bryman, 1992). Esta intui-ción aún debe ser confirmada
empíricamente en contextos escolares.
Afirmación 3: Un
conjunto de prácticas básicas de liderazgo es valioso en prácticamente todos
los contextos
La evidencia
proveniente de diferentes tipos de escuelas confirma la idea de que algunas
prácticas de liderazgo son valiosas en casi todos los contextos (Day et al,
2000; Leithwood, Jantzi, y Steinbach, 1999; Southworth, 1998). Estas prácticas
deben considerarse como un componente necesario —pero no suficiente— del
repertorio de un líder exitoso. Describir las acciones comunes de los líderes
exitosos en la mayoría
25
Kenneth Leithwood y
Carolyn Riehl
de los contextos es
más fácil de lo que uno podría imaginar, porque muchos estudios cuantitativos
de gran escala han identificado un conjunto relativamente estable de hallazgos.
Esta evidencia, proveniente de contextos escolares y no escolares, apunta a tres
categorías generales de liderazgo que pueden contribuir al éxito. Hollinger y
Heck (1999) llaman a estas categorías “propósitos”, “personas”, y “estructuras
y sistemas sociales”. Conger y Kanungo (1998) hablan de “estrategias para
elaborar una visión”, “estrategias para construir eficacia” y “estrategias para
el cambio de contexto”. Valiéndonos de las denominaciones de Leithwood (1994),
describiremos sucintamente estas categorías e ilustraremos algunas prácticas
específicas.
Establecer rumbos
Uno de los aspectos
primordiales de la labor de liderazgo consiste en ayudar al grupo a desarrollar
una comprensión compartida respecto de la organización y de sus metas que pueda
traducirse en un propósito o una visión. La práctica de establecer rumbos se
materializa de diferentes maneras:
Identificar y
articular una visión. Los líderes educativos ayudan a identificar nuevas oportunidades
para la escuela y articulan una visión de futuro que puede resultar
inspiradora. Cuando las visiones son portadoras de valores pueden llevar a un
mayor compromiso por parte de los miembros de la organización y a una
disposición hacia un crecimiento profesional permanente (véase, por ejemplo,
Hallinger y Heck, 2002).
Para identificar y
articular adecuadamente visiones, los líderes deben ser hábiles comunicadores,
capaces de centrar la atención y enmarcar los problemas de tal manera que se
traduzcan en un discurso productivo y en una toma de decisiones efectivas (Bennis,
1984; Fairhurst y Sarr, 1996). Los líderes deben entender el contexto en que
operan y trabajar de manera consistente con todas las personas que representan
para promover visiones compartidas (Bennis y Nanus, 1985; Daft, 1992). La gente
actúa sobre la base de su comprensión de las cosas; por ende, los
líderes influyen sobre cómo los demás ven el mundo y cómo deciden actuar.
Los líderes también tienen que monitorear el rendimiento y utilizar
esa información a medida que se desarrollan y se afinan las metas. Esto
requiere habilidad para reunir información y transformarla en un conocimiento
servible (Fuhrman, Clune, y Elmore, 1988; Mohrman et al, 1994).
Algunos argumentan
que un elemento clave al momento de desarrollar una visión en educación es
tener una perspectiva crítica respecto de la escolarización (véase, por
ejemplo, Foster, 1989). Ese tipo de perspectiva permite a los líderes
identificar prácticas escolares para superar la injusticia y la inequidad y
fortalecer la voluntad y la habilidad de la comunidad escolar para resistir
esas tendencias (Moore et al, 2002). Sin embargo, hasta el momento existe
escasa evidencia empírica para describir cómo esto es implementado por los
líderes escolares.
26
Capítulo 1 • ¿Qué
sabemos sobre liderazgo educativo?
Fomentar la
aceptación de metas grupales. Los líderes ayudan a fijar un
rumbo, alentando al equipo educativo a desarrollar metas compartidas. Las
personas se sienten motivadas por metas que consideran convincentes,
desafiantes y factibles (véase, por ejemplo, Ford, 1992). La existencia de esas
metas ayuda a las personas a entender la lógica de la organización y a elaborar
una identidad dentro de su contexto laboral (Pittman, 1998; Thayer, 1988). Las
metas compartidas también permiten orientar la actividad organizacional en una
dirección común para lograr el máximo impacto. Importantes prácticas de
liderazgo están relacionadas con cómo manejar procesos democráticos y cómo
utilizar de manera productiva los conflictos (Beck, 1994). Aun cuando esta
estrategia contradice algunas de las normas de individualidad que han
caracterizado la práctica docente (Lortie, 1975), es consistente con modelos
más recientes de escuelas concebidas como comunidades colegiadas de aprendizaje
(Little, 1982).
Generar altas
expectativas de rendimiento. Los líderes ayudan a fijar un
rumbo a través de acciones que demuestran sus expectativas de calidad y alto
rendimiento por parte del equipo educativo. Las altas expectativas de los
líderes pueden ayudar a los miembros de la organización a visualizar el
carácter desafiante de las metas fijadas y, a la vez, a entender clara-mente
que las expectativas son alcanzables (véase, por ejemplo, Podsakoff et al,
1990).
Desarrollar a las
personas
Los líderes
promueven la efectividad influyendo sobre las capacidades y motivaciones de
integrantes claves de la organización (Lord y Maher, 1993). En las escuelas,
esta habilidad depende en parte del conocimiento de los líderes sobre el
“núcleo técnico” del aprendizaje y la enseñanza, muchas veces denominado
“liderazgo pedagógico”. Pero esta capacidad también depende de lo que se
denomina inteligencia emocional de los líderes y que corresponde a su capacidad
para conectarse emocionalmente con los demás y ayudarlos a desarrollar sus
propios recursos emocionales en el ejercicio de su trabajo (Goleman, Boyatzis,
y McKee, 2002).
Ofrecer estímulo
intelectual. Los líderes educativos ayudan a generar las preguntas e ideas que
producen un cambio en las personas, incitando al equipo educativo a examinar
supuestos acerca de su trabajo y a repensar su reformulación. Los líderes
ofrecen estímulo intelectual brindando oportunidades para conversaciones
profundas sobre enseñanza y escolarización, proporcionando recursos de
información, apoyando programas bien organizados de desarrollo profesional e
introduciendo nuevas ideas sobre la escuela para su consideración (Leithwood,
1994).
Entregar apoyo
individualizado. Los líderes educativos apoyan a sus equipos mostrando respeto y
consideración por sus sentimientos y necesidades personales. Esto le asegura al
equipo educativo que los problemas que surgirán en el contexto del cambio de
sus prácticas serán tomados en cuenta y que se les brindará apoyo (véase, por
ejemplo, Louis, Toole, y Hargreaves, 1999). La evidencia reciente sugiere
27
Kenneth Leithwood y
Carolyn Riehl
que la atención
personal de un líder hacia sus empleados incrementa los niveles de entusiasmo y
optimismo, reduce la frustración, transmite un sentido de misión y aumenta de
manera indirecta el rendimiento (McColl-Kennedy y Anderson, 2002).
Proveer un modelo
apropiado. Los directores ejercen su liderazgo para desarrollar a las
personas estableciendo ejemplos a seguir consistentes con los valores y las
metas de la organización. Establecer modelos provee una clara guía para el
crecimiento y la acción; también consolida la percepción del equipo educativo
respecto de sus propias capacidades y su sentido de auto eficacia.
Rediseño de la
organización
Los líderes
educativos exitosos desarrollan sus escuelas como organizaciones efec-tivas que
apoyan y aseguran el rendimiento de los profesores y de los estudiantes. Tres
tipos de prácticas se asocian de manera general con estos logros:
Fortalecer la
cultura escolar. Los líderes influyen sobre la cultura organizacional a través de
prácticas orientadas a desarrollar normas, creencias, actitudes y valores
compartidos, y promocionando el cuidado y la confianza dentro del equipo
educa-tivo. Una sólida cultura escolar agrupa a los miembros en torno a las
metas que se ha propuesto la escuela y los valores y las creencias que
sustentan esas metas (véanse Leithwood y Jantzi, 1990; Skalbeck, 1991).
Modificar
estrucuras organizacionales. Los líderes rediseñan las estructuras
organi-zacionales a través de cambios en los equipos y en las tareas asignadas,
la calendarización y el diseño del tiempo, los procedimientos operativos
rutinarios y el uso de tecnologías y otros recursos materiales, elementos todos
que pueden dificultar o facilitar el rendi-miento personal y el cumplimiento de
metas organizacionales. Los líderes educativos exitosos orientan los cambios
estructurales hacia el establecimiento de condiciones positivas para los
procesos de enseñanza-aprendizaje (Louis, Kruse et al, 1995).
Construir procesos
colaborativos. Los líderes trabajan para aumentar el rendi-miento de la escuela
brindándole al equipo educativo oportunidades para participar en la toma de
decisiones respecto de temas que los afectan y para los cuales su cono-cimiento
es crucial. Esta participación le brinda la certeza al equipo educativo de que
puede moldear el contexto organizacional para satisfacer sus propias
necesidades, relacionadas con el cumplimiento de determinadas metas (véanse,
por ejemplo, Slee-gers, Geijsel y van den Borg, 2002).
Afirmación 4: Los
líderes exitosos que trabajan con diferentes tipos de alumnos establecen las
condiciones necesarias para promover el logro escolar, la equidad y la justicia
Muchos líderes
educativos atienden alumnos con diferentes orígenes y caracterís-ticas
sociales: jóvenes que viven en situación de pobreza o aquellos cuya raza,
etnia,
28
Capítulo 1 • ¿Qué
sabemos sobre liderazgo educativo?
características
físicas o mentales, antecedentes culturales o habilidades en su lengua natal se
salen del cauce cultural normal. Estos alumnos muchas veces no han tenido muy
buen desempeño escolar.
El liderazgo parece
ser especialmente crucial en escuelas que atienden estu-diantes diversos que a
su vez requieren de prácticas diferenciadas. Por ejemplo, se ha descubierto que
los efectos del liderazgo sobre los logros escolares son más decisivos en las
escuelas que atienden a alumnos de bajo nivel socioeconómico que en aquellas
que atienden a alumnos de alto nivel socioeconómico (Hallinger y Heck, 1996a).
Desgraciadamente, las investigaciones indican que los aspirantes a líderes
educativos suelen resultar especialmente reacios a trabajar en contextos de
precariedad socioeco-nómica, lo que exacerba aún más los desafíos de liderazgo
en esas escuelas (Winter y Morgenthal, 2002).
La evidencia
sugiere que los líderes escolares exitosos centran sus esfuerzos en cuatro
prioridades, las cuales, aunque importantes en todos los contextos, adquieren
especial relevancia en escuelas empeñadas en mejorar su capacidad de atender en
buenas condiciones a estudiantes de orígenes diversos.
Construir formas
potentes de enseñanza y aprendizaje
En las escuelas que
muestran grandes avances en resultados escolares los líderes educativos
mantienen un claro y consistente foco en mejorar la enseñanza y no aceptan
excusas para el incumplimiento de las metas fijadas. Ayudan a los profesores a
entender cómo pueden trabajar de manera más efectiva con sus estudiantes y esto
aumenta la certeza en los profesores de que pueden lograr una diferencia (Louis
y Smith, 1992; Rosenholtz, 1985).
Desarrollar formas
potentes de enseñanza-aprendizaje supone poner una especial atención en las
problemáticas que surgen a nivel del aula y de la escuela. Por ejemplo, los
líderes ponen el acento en la necesidad de que el equipo educativo en su
conjunto tenga metas ambiciosas de aprendizaje para todos los estudiantes.
Expresan altas expec-tativas, entre otros, tomando decisiones fundadas respecto
de las políticas de promo-ción de los alumnos (McCoy y Reynolds, 1999;
Westbury, 1994) y del tamaño y la composición de los cursos (Finn, 2002; Nye,
Hedges, y Konstanropoulos, 1999).
Los líderes
exitosos fijan altos estándares respecto del currículo escolar.
Desafortu-nadamente, el currículo en escuelas que atienden a alumnos de
condiciones diversas y en situación desventajosa está muchas veces circunscrito
a habilidades y conocimientos básicos, y carece en gran medida de sentido para
los alumnos. Knapp y asociados (1995), Gamoran et al (1995), Reyes, Scribner y
Scribner (1999), y Scheurich (1998), entre otros, han investigado acerca de las
dimensiones de un currículo desafiante que pueda ser efectivo con estudiantes
de bajos resultados o marginalizados.
29
Kenneth Leithwood y
Carolyn Riehl
En estos contextos
de diversidad, los alumnos pueden beneficiarse de un tipo de enseñanza
receptiva en la cual los contenidos pedagógicos estén orientados a forjar
valores, conocimientos, habilidades y patrones discursivos asociados con los
antecedentes culturales de los alumnos (Foster, 1995; Ladson-Billings, 1994).
Los líderes escolares promueven una enseñanza culturalmente receptiva,
demostrando ellos mismos un enfoque culturalmente receptivo en sus relaciones
con los padres, profesores y estudiantes (Riehl, 2000).
En escuelas que
atienden poblaciones diversas, el aprendizaje escolar también parece aumentar
cuando hay una coherencia en el programa de estudios. Esto requiere un sólido
liderazgo para seleccionar y adoptar un marco general común y transformarlo en
una prioridad para la escuela, alentar a los profesores a trabajar en
colaboración y proporcionar una capacitación permanente al equipo educativo en
el uso de este marco general de trabajo (Newman et at, 2001).
Finalmente, hay
creciente evidencia de que el aprendizaje escolar es más bajo en las escuelas
que atienden alumnos provenientes de contextos de diversidad o en situación
desventajosa debido a que, por lo menos en parte, estas escuelas reciben a los
profesores menos calificados y son incapaces de retener a los profesores
calificados (Darling-Hammond y Youngs, 2002). En estas escuelas, los procesos
de enseñanza-aprendizaje se ven potenciados cuando los líderes utilizan todos
los medios posibles para atraer y retener a buenos profesores.
Crear comunidades
sólidas en la escuela
Los líderes
efectivos, en las escuelas que atienden a grupos heterogéneos de estu-diantes,
promueven un sentido de comunidad entre todos los miembros de la escuela,
incluidos los estudiantes, los profesores, los familiares, y otros.
Unas pocas pero
convincentes fuentes de evidencia también sugieren que los alumnos se
benefician cuando los profesores en una escuela forman una sub comu-nidad de
“aprendizaje profesional” (Bryk y Driscoll, 1988; Newmann y Associates, 1996).
La comunidad profesional estimula el desarrollo de las capacidades pedagó-gicas
de los profesores, refuerza la coherencia del programa de estudios y aumenta el
sentido de responsabilidad y el control sobre el aprendizaje de los alumnos.
Los líderes escolares, sean éstos administrativos o profesores, ayudan a
desarrollar una comu-nidad profesional poniendo atención sobre el desarrollo
individual de los profesores y creando y apoyando las condiciones estructurales
y los recursos humanos y sociales que sustentan a la comunidad. Las condiciones
estructurales incluyen elementos como el tamaño de la escuela y las
disposiciones relativas al equipo educativo que faci-litan la colaboración, el
tiempo adicional para la planificación docente y las oportu-nidades para la
toma de decisiones de los profesores. Los recursos humanos y sociales
30
Capítulo 1 • ¿Qué
sabemos sobre liderazgo educativo?
incluyen el
liderazgo de apoyo, las políticas y prácticas que crean una atmósfera de
apertura a la innovación, retroalimentación sobre desempeño en las tareas
pedagó-gicas y oportunidades de desarrollo profesional (Louis, Marks, y Kruse,
1996).
Nutrir el
desarrollo de culturas educativas en las familias
Las condiciones
sociales relacionadas con la pobreza, como son la movilidad resi-dencial,
rupturas familiares y salud precaria ciertamente afectan la capacidad de los
alumnos de concentrarse y lograr buenos resultados en la escuela (véanse
Dillard, 1995; Englert, 1993; Gezi, 1990; Natriello, McDill, y Pallas, 1990;
Portin, 2000). Más allá de estos datos, otras condiciones e interacciones
familiares arrojan pode-rosas luces acerca de los efectos que tienen los
antecedentes familiares sobre el apren-dizaje de los alumnos (Lee, Bryk, y
Smith, 1993). Estas condiciones e interacciones constituyen lo que se conoce
como la cultura educativa familiar.
En el núcleo de las
culturas educativas familiares están los supuestos, normas y creencias que
detenta la familia respecto del trabajo intelectual, en general, y del trabajo
escolar, en particular. Otras dimensiones básicas incluyen hábitos laborales de
la familia, orientación y apoyo académico, aspiraciones académicas y
ocupacio-nales de los padres o tutores respecto de sus hijos, condiciones
adecuadas de salud y nutrición y elementos físicos en el hogar relacionados con
el trabajo académico (Henderson y Berla, 1994; Walberg, 1984). Estas
condiciones están relacionadas con el logro escolar, como lo evidencian
numerosas investigaciones (véanse Finn, 1989; Rumberger, 1987; Scott-Jones,
1984). Cuando las escuelas brindan apoyo a las familias para que desarrollen
una fuerte cultura educativa en el hogar, los niños provenientes de estratos
bajos y con orígenes culturales diversos alcanzan puntajes cercanos a los
esperados para los niños de clase media. También suelen aprovechar una amplia
gama de oportunidades educativas una vez graduados de la escuela secun-daria
(Henderson y Berla, 1994).
Los líderes
escolares ayudan a las familias a desarrollar culturas educativas robustas
abogando por una educación potente y por una buena coordinación de los
servicios de apoyo. La educación de los padres ayuda a las familias a adquirir
recursos y competen-cias para apoyar la educación de sus hijos. Ésta puede
brindarse a través de reuniones grupales, cursos, boletines, visitas al hogar,
reuniones vecinales, consultas telefónicas y la entrega de recursos de audio,
video e impresos (Epstein, 1996, 2001).
La investigación
sobre la efectividad de los programas educativos para los apoderados adolece de
ciertas debilidades metodológicas (Mattingly et al, 2002), pero hay motivos
para creer que ciertas intervenciones bien diseñadas e imple-mentadas entregan
una valiosa información, apoyo material, refuerzo emocional,
31
Kenneth Leithwood y
Carolyn Riehl
orientación
terapéutica, y desarrollo de habilidades (Gorman y Balter, 1997). Los programas
educativos para los apoderados, cuando están bien concebidos, apuntan a llegar
a todas las familias y reconocen que éstos están más relacionados con la
educación de los niños que lo que los educadores presumen (Epstein, 2001).
Estos programa permiten a los padres compartir con la escuela su pericia
respecto de sus hijos brindándole a ésta información sobre los “fondos de
conocimiento” familiares que pueden ser utilizados para reforzar el vínculo
entre el hogar y la escuela e incre-mentar los aprendizajes del alumno
(Delgado-Gaitan, 1991; Moll et al, 1992). Son culturalmente sensibles y
específicos, muestran de manera explícita una aceptación de las diferentes
formas de criar a los niños, de las estructuras familiares particulares y de
formas preferidas de interacción social dentro de las familias.
Los líderes
escolares también apoyan las culturas educativas familiares ayudando a
coordinar servicios sociales diseñados para satisfacer una amplia gama de
necesidades de los alumnos y de las familias (Dryfoos, 1994). Los servi-cios
sociales integrados pueden acrecentar el acceso y control sobre los servicios
que reciben las familias y ayudar a que la asistencia social sea congruente con
las culturas y las necesidades de las familias y de las comunidades. La
evidencia sugiere que los líderes educativos pueden ayudar en tales esfuerzos
desarrollando con todos los interesados una visión y unas metas comunes;
distribuyendo de manera flexible el liderazgo entre las personas y los grupos
de interés; asegurando una comunica-ción adecuada y resolviendo los conflictos
de manera proactiva; empoderando a los alumnos, padres y miembros de la
comunidad para que tomen decisiones acerca de sus necesidades y servicios; e
incorporando el lenguaje del hogar de los apoderados en la entrega de los
servicios (Smrekar y Mawhinney, 1999.
Expandir el capital
social de los estudiantes valorizado por las escuelas
El capital social
consiste en los “activos” adquiridos por las personas a través de sus familias
y sus relaciones con los demás (Coleman, 1988; Driscoll y Kerchner, 1999).
Estos activos, tales como el conocimiento y la información, las normas y las
opor-tunidades de que disponen a través de amplias redes sociales, brindan
recursos que ayudan a los niños y sus familias a navegar de manera más exitosa
a través de los desafíos de la escolaridad.
Algunos alumnos
tienen culturas educativas familiares y recursos de capital social poderosos y
bien desarrollados, pero que difieren de los que las escuelas normalmente
esperan (Heath, 1983; Moll et al, 1992). Otros tienen acceso limitado a los
activos de capital social. Los líderes educativos exitosos ayudan a los
estudiantes a hacer uso de su propio capital social y a acrecentarlo,
aumentando así sus posibilidades de éxito escolar.
32
Capítulo 1 • ¿Qué
sabemos sobre liderazgo educativo?
Por una parte, los
líderes pueden aumentar la proporción de capital social que es valorada por la
escuela. La ignorancia y los prejuicios pueden llevar a los educadores a no
valorar el conocimiento y otras formas de capital social que traen los
estudiantes a la escuela. Por otra, los líderes pueden ayudar a crear
asociaciones significativas con los padres y las comunidades. Estas
asociaciones pueden ayudar a consolidar las redes que les brindan capital
social a los estudiantes. Las asociaciones tienen más probabi-lidades de
ocurrir cuando los educadores trabajan de manera explícita para crearlas
(Epstein, 2001).
Los líderes
escolares también pueden incrementar el capital social de los alumnos ayudando
a establecer prácticas no discriminatorias y socialmente justas a través de una
educación anti racista y de programas similares para profesores y alumnos (Del,
1996; Solomon, 2002). A nivel individual, este tipo de educación apunta a
eliminar comportamientos que tienen un impacto negativo sobre personas que
experimentan discriminación. A nivel organizacional e institucional, la
educa-ción anti racista examina de manera crítica y altera las estructuras y
políticas que refuerzan y reproducen la inequidad y la injusticia. Cierta
evidencia disponible indica que la educación anti racista es efectiva. Por
ejemplo, Lawrence y Tatum (1997) comprobaron que, tras participar en una
actividad voluntaria de desarrollo profesional anti racista, más de la mitad de
la muestra de 84 educadores suburbanos blancos (que incluía profesores,
administrativos y otros profesionales) modificaron sus prácticas de tres formas
sustantivas: mejorando sus relaciones interpersonales con los estudiantes,
profesores y apoderados respecto a temas de raza y cultura; transformando su
currículo; y ayudando a terceros a mejorar los servicios de apoyo y prácticas
de inserción para los alumnos de color en sus escuelas.
Conclusión
Las iniciativas en
aras de un mejor liderazgo educacional deberían fundarse en el conocimiento
sólido y aceptado sobre liderazgo con que ya contamos en la actua-lidad. En
este capítulo hemos revisado evidencias basadas en la investigación sobre las
funciones y los efectos del liderazgo, así como resultados de investigación
sobre los desafíos clave del liderazgo educativo. Este capítulo no abarca todo
lo que ya se sabe sobre liderazgo; se podría escribir mucho más al respecto.
Sin embargo, aún hay muchas lagunas en nuestro conocimiento sobre el liderazgo
educativo efectivo. Las áreas que requieren investigación se delinearán de
manera más detallada en los capí-tulos siguientes. Es de esperar que este
artículo y el libro en su conjunto estimulen nuevas elaboraciones y debates
provechosos entre los practicantes, los encargados de la elaboración de
políticas y académicos que son parte —y apoyan— el ejercicio del liderazgo
educativo.
33
Efectos del
liderazgo transformacional sobre las condiciones organizacionales y el
compromiso de los alumnos con la escuela*
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
Resumen
La mayoría de las
iniciativas que apuntan a una reestructuración escolar suponen la existencia de
un desarrollo significativo de capacidades por parte de los indivi-duos y de
las organizaciones en su conjunto. También dependen de altos niveles de motivación
y compromiso para resolver los problemas sustanciales relacionados con la
implementación de esas iniciativas de reestructuración. Tradicionalmente, los
enfoques transformacionales sobre liderazgo han sido considerados productivos
bajo esas condiciones y la evidencia sugiere que las prácticas
transformacionales sí contribuyen al desarrollo de capacidades y de compromiso.
Sin embargo, dispo-nemos de mucho menos evidencia para comprobar si esas
prácticas transformacio-nales efectivamente se traducen en cambio
organizacional y en mejores resultados organizacionales. Para explorar los
efectos relativos de las prácticas de liderazgo transformacional sobre
determinadas condiciones organizacionales y sobre el compromiso de los alumnos
con la escuela, se utilizaron datos de una muestra de 1.762 profesores y 9.941
alumnos en un gran distrito escolar. Los resultados mostraron efectos marcados
y significativos de este liderazgo sobre las condiciones organizacionales y
efectos totales moderados, pero aun así significativos, sobre el compromiso de
los alumnos.
La mayoría de las
reformas escolares suponen la existencia de un desarrollo significativo de
capacidades por parte de los individuos y de las organizaciones en su
* Fuente: The effects
of transformation leadership on student engagement with school, Journal
of Educational Administration, 38(2), 112-129).
35
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
conjunto. Así, por
ejemplo, las iniciativas de reforma pedagógica, que se inscriben en el
movimiento “enseñar para comprender” (véase Ball y Rundquist, 1993), muchas
veces requieren que los profesores:
...piensen en los
contenidos de la materia con nuevos enfoques... [estén] mucho más atentos y
receptivos al pensamiento de los alumnos... y [que se vuelvan] más osados en su
reflexión (Putnam y Borko, 1997, p. 1229).
Iniciativas como
ésta también suponen altos niveles de motivación y compro-miso de parte del
equipo educativo de las escuelas para resolver los complejos problemas
asociados con su implementación. “Las publicaciones sobre la reforma”, señalan
Putnam y Borko, “no ilustran ni entregan recetas concretas acerca de cómo
debiera ser esta nueva forma de docencia”. Esta afirmación podría extrapolarse
a la mayoría de las iniciativas de reforma. Como resultado de lo anterior, la
posibilidad de que una iniciativa de reforma mejore realmente la calidad de la
educación o simple-mente se transforme en otro “remedio fatal” (Seiber, 1981)
depende del trabajo de quienes la implementan. Y el grado de avance depende en
gran medida de su grado de compromiso y de sus capacidades.
Los enfoques
transformacionales del liderazgo han sido considerados de larga data
predictivos bajo condiciones fundamentalmente iguales a las que enfrentan las
escuelas en que se centra la reforma (Yukl, 1994; Leithwood, 1994). Un gran
volumen de literatura sugiere que las prácticas transformacionales contribuyen
efectivamente al desarrollo de capacidades y compromiso (véase Yammarino et al,
1998). Sin embargo, existe mucho menos evidencia como para determinar si estos
efectos socio-psicoló-gicos se traducen efectivamente en un cambio
organizacional y en mejores resultados, especialmente en contextos escolares
(para una reseña reciente de esa evidencia, véase Leithwood et al, 1996). El
propósito de este estudio fue explorar este punto.
Marco de referencia
Este artículo es el
tercero en una serie de estudios relacionados con los efectos de diferentes
formas y fuentes de liderazgo, valiéndonos de dos bases de datos relati-vamente
grandes y comparables entre sí (Leithwood y Jantzi, 1998, 1999). Cada uno de estos
estudios ha estado guiado por un marco de referencia consistente en las mismas
variables mediadoras y dependientes, pero enfocadas en una diferente variable
independiente (de liderazgo). De acuerdo con este marco, la influencia del
liderazgo sobre el compromiso de los alumnos con la escuela está mediada por
las condiciones existentes, tanto a nivel de la escuela como del aula. Las
condiciones exis-tentes en la escuela influyen directamente sobre el compromiso
de los estudiantes;
36
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
también lo hacen de
manera indirecta sobre las condiciones existentes en el aula. La cultura
educativa familiar es una variable que influye, no sólo en el compromiso de los
alumnos, sino también en las condiciones de la escuela.
Liderazgo
transformacional
El liderazgo
transformacional forma parte de un conjunto de enfoques teóricos relacionados,
denominados por Bryman (1992) como “nuevo liderazgo”. Sólo en recientes años se
ha vuelto objeto de una investigación empírica sistemática en contextos
escolares. Como ya hemos señalado, este enfoque sobre liderazgo apunta
fundamentalmente a fomentar el desarrollo de capacidades y un mayor grado de
compromiso personal con las metas organizacionales por parte de los colegas de
los líderes. Se presume que una mayor capacidad y un mayor compromiso se
traducen en un esfuerzo adicional y en una mayor productividad (Burns, 1978;
Bass, 1985).
La autoridad e
influencia asociadas con esta forma de liderazgo no están necesa-riamente
identificadas con las personas que ocupan cargos administrativos formales, aun
cuando la literatura, en general, adopta sus perspectivas. Los miembros de la
orga-nización más bien atribuyen dicha capacidad a cualquier persona capaz de
inspirar compromiso con las aspiraciones colectivas y al deseo de un dominio
personal y colectivo sobre las capacidades necesarias para realizar esas
aspiraciones.
La literatura
actual sobre liderazgo ofrece un concepto no unitario de liderazgo
transformacional. Kowalski y Oates (1993), por ejemplo, aceptan la afirmación
inicial de Burn (1978) en el sentido de que el liderazgo transformacional
representa la trascendencia del propio interés, tanto por parte de los líderes
como de las personas lideradas. Dillard (1995, p. 560) prefiere la variante de
Bennis (1959) que se refiere al liderazgo transformativo “como la habilidad de
una persona para alcanzar el alma de otras personas de manera tal que eleva su
conciencia humana e inspira el propósito humano que es la fuente de poder”.
Leithwood (1994) se vale de otra variante de Burns, basada esta vez en la
teoría bifactorial, en la que los liderazgos transaccional y transformacional
representan los extremos opuestos de un continuo de liderazgo. Bass sostiene
que ambos pueden en realidad ser complementarios. Leithwood iden-tificó seis
factores que conforman el liderazgo transformacional. Sin embargo, Hipp y
Bredeson (1995), redujeron los factores a cinco en su análisis sobre la
relación entre los comportamientos de liderazgo y la eficacia de los
profesores. Gronn (1996) hace notar la estrecha relación que existe en gran
parte de la literatura actual entre los enfoques del liderazgo transformacional
y del liderazgo carismático, así como la explícita omisión de la noción de
carisma en algunas concepciones actuales de lide-razgo transformacional.
37
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
El modelo de
liderazgo transformacional, desarrollado a partir de nuestra propia
investigación en escuelas, incluidos los estudios analíticos factoriales,
describe el liderazgo transformacional a partir de seis dimensiones: crear
una visión y metas para la escuela; brindar estimulación intelectual; ofrecer
apoyo individualizado; simbolizar las prácticas y los valores profesionales;
demostrar expectativas de alto desempeño; y desarrollar estructuras para
fomentar la participación en las decisiones de la escuela (Leithwood, 1994;
Leithwood et al, 1999). Cada dimen-sión está asociada con prácticas de
liderazgo más específicas y los procesos de solu-ción de problemas utilizados
por los líderes transformacionales también han sido descritos (Leithwood y
Steinbach, 1995).
La mayoría de los
modelos de liderazgo transformacional son defectuosos por su subrepresentación
de las prácticas transaccionales (que nosotros consideramos “gerenciales” por
naturaleza). Estas prácticas son fundamentales para la estabilidad organizacional.
Por ello hemos agregado recientemente cuatro dimensiones relacio-nadas con la
gestión a nuestro propio modelo, basándonos en una revisión de la literatura
relevante (Duke y Leithwood, 1994). Estas dimensiones, también medidas en este
estudio, incluyen manejo del equipo educativo, apoyo pedagógico,
moni-toreo de las actividades escolares y foco en la comunidad.
Existe un reducido
pero elocuente volumen de evidencia empírica acerca de los efectos de esta
forma de liderazgo sobre una amplia gama de resultados organi-zacionales y
escolares cuando es ejercida por los directivos (Leithwood et al, 1996).
Nuestro estudio contribuye a esta literatura de dos maneras. Primero, examina
los efectos de las prácticas transformacionales ejercidas no sólo por las
personas que ocupan puestos administrativos, lo que constituye potencialmente
una forma distri-buida de liderazgo transformacional. Segundo, se centra en un
resultado escolar especialmente relevante —el compromiso de los alumnos— para
el cual no existe evidencia previa referida a los efectos del liderazgo.
Condiciones
existentes en la escuela
Los estudios que
investigan sólo acerca de los efectos directos del liderazgo sobre los logros
escolares tienden a presentar resultados estadísticamente débiles o no
conclu-yentes, mientras que aquellos que incluyen variables mediadoras y/o
moderadoras en sus diseños tienden a mostrar efectos significativos (Hallinger
y Heck, 1996a). Puesto que la mayoría de los efectos del liderazgo escolar
sobre los alumnos están mediados por las condiciones existentes en la escuela,
identificar aquellas condiciones altera-bles que pudieran tener efectos
directos sobre los alumnos e investigar acerca de las características y la
fuerza de la relación entre éstas y el liderazgo es un gran desafío
38
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
para la
investigación sobre el liderazgo. En su reseña de 1996, Hallinger y Heck
presentaron evidencia según la cual sólo una variable mediadora —las metas de
la escuela— interactuaba de manera consistente con el liderazgo directivo. Una
expli-cación posible para esos magros resultados puede ser la insuficiente
importancia atri-buida por los investigadores a las variables mediadoras
escogidas por ellos (Hosking y Morley, 1988). Basándose directamente en
estudios previos de Leithwood (1994), y Ogawa y Bossert (1995), y valiéndose de
evidencia proveniente de sus dos reseñas de 1996, Hallinger y Heck (1998) han
propuesto cuatro condiciones existentes en la escuela a través de las cuales el
liderazgo puede ejercer su influencia. Estas condi-ciones son: propósitos y
metas; estructura de la escuela y redes sociales; personas; y cultura
organizacional. En este estudio escogimos tres de esas cuatro variables, junto
con otras no identificadas por Hallinger y Heck. En un análisis factorial
reali-zado como parte de nuestro estudio anterior (Leithwood y Jantzi, 1998),
todas estas condiciones se relacionaron con el mismo factor.
“Propósitos y
metas”, una de las condiciones existentes en la escuela e incluida en
nuestro marco de referencia, comprende lo que los miembros de la escuela llaman
propósitos y orientaciones explícitas e implícitas para la escuela. También
consi-dera hasta qué grado estos propósitos y orientaciones son considerados
como una meta decisiva y desafiante para las prácticas personales y para los
esfuerzos colectivos del personal en aras del mejoramiento escolar. Las
evidencias de nuestras reseñas sugieren que esos propósitos contribuyen a la
efectividad de la escuela, por ejemplo, en la medida que las personas están
conscientes de ellos, y en la medida que los perciben como claros,
significativos, útiles, actuales, congruentes con las orienta-ciones del
distrito, y que reflejan importantes valores educativos. Esta variable tiene
una semejanza cercana con lo que Stringfield y Slavin (1992) denominan “metas
significativas” y lo que Reynolds et al (1996) llaman “visión y metas
compartidas”. Es la única variable mediadora que, según Hallinger y Heck
(1996b), interactuaba de manera consistente con el liderazgo directivo en los
cuarenta estudios empíricos incluidos en su reseña.
Aunque
conceptualmente forman parte de la variable de propósitos de Hallinger y Heck
(1998), utilizamos la variable “planificación escolar” como una
condición separada en nuestro estudio. Incluye los medios explícitos utilizados
para decidir respecto de la misión y las metas y de las acciones que deben
emprenderse para su cumplimiento. Los procesos de planificación contribuyen a
la efectividad de la escuela, por ejemplo, en la medida que logran fundir las
necesidades locales y las metas del distrito escolar en una visión escolar
compartida (Mortimore, 1993; Hargreaves y Hopkins, 1991).
39
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
“Cultura
organizacional” es la tercera variable mediadora a nivel de la escuela
incluida en nuestro estudio. Hallinger y Heck (1998) sugieren que esta variable
se centra en la importancia de desarrollar significados y valores compartidos.
Para efectos de este estudio, se definió la cultura organizacional como las
normas, los valores, las creencias y presunciones que moldean las decisiones y
prácticas de sus integrantes. La contribución de la cultura a la efectividad de
la escuela depende, por ejemplo, del contenido de estas normas, valores,
creencias y presunciones (es decir, que estén centradas en los alumnos).
Influye también hasta qué punto son compartidas y si fomentan el trabajo
colaborativo. Esta variable comparte elementos del “entorno de aprendizaje” y
del “consenso y la planificación conjunta” de Reynolds et al (1996) a la que
Scheerens (1997), y Creemers y Reetzig (1996) se refieren.
La cuarta condición
escolar incluida en este estudio, “estructura y organiza-ción”, fue
definida como el tipo de relaciones establecidas entre las personas y los grupos
dentro de la escuela, y entre las escuelas y sus actores externos. Como lo
señala Hallinger y Heck (1998):
..el liderazgo está
vinculado con roles organizacionales y las redes de rela-ciones entre roles
porque esta red es la que constituye el sistema organizacional (Hallinger y
Heck, 1998, p. 173).
Estas relaciones
contribuyen a la efectividad de la escuela, por ejemplo, cuando apoyan los
objetivos del currículo y los requerimientos para la entrega de contenidos
pedagógicos. La estructura y organización también contribuye a la efectividad
de la escuela cuando facilita el trabajo del equipo educativo, el aprendizaje
profesional y las oportunidades para la colaboración. Esta variable incluye
elementos de lo que Reynolds et al (1996) incluyen en “visión y metas
compartidas’’, así como en el ethos escolar o “entorno de
aprendizaje”.
La recopilación
de datos y la toma de decisiones fue la última variable incluida
dentro de las condiciones de la escuela en el marco general de nuestro estudio.
Esta variable incluía el tipo de información y la calidad de la información
recopilada para la toma de decisiones en la escuela, las formas en que los
miembros de la escuela hacen uso de esa información y cómo están involucrados
en las decisiones. Por ejemplo, las escuelas se benefician cuando la
información es recopilada de manera sistemática, es variada y está ampliamente
disponible para la mayoría de los miembros para la toma de decisiones. Esta
variable se refleja en la importancia asignada al “monitoreo del progreso
escolar” (Reynolds et al, 1996; Mortimore, 1993) al igual que el amplio consenso
actualmente existente respecto de la contribución a la efectividad
organiza-cional que implica la participación de los miembros de la organización
en la toma de decisiones (Lawler, 1986; Conley, 1993).
40
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
Condiciones
existentes en el aula
La inclusión de las
condiciones existentes en el aula, en este estudio, va más allá del conjunto de
variables mediadoras sugeridas como importantes en los estudios sobre liderazgo
directivo de Hallinger y Heck (1998). Aunque existe una considerable cantidad
de evidencia que indica que las condiciones en el aula contribuyen
sustan-cialmente más a los logros escolares que las condiciones en la escuela
(Bosker et al, 1990), se desconoce la fuerza de la relación entre esas
condiciones y el compromiso de los estudiantes. Si el compromiso de los alumnos
es una variable tan relevante como nosotros lo sostenemos en este estudio, es
necesario comprender de manera exhaustiva las vías a través de las cuales el
liderazgo influye sobre éste.
Al respecto, se
incluyeron dos condiciones propias del aula: servicios pedagógicos y políticas
y procedimientos. Estas condiciones se relacionaron con el mismo factor en
nuestro estudio anterior (Leithwood y Jantzi, 1998). Los servicios
pedagógicos fueron definidos como las intervenciones de los profesores
hacia los alumnos que apuntan a estimular su crecimiento educativo. Las
prácticas asociadas con esta variable incluían, por ejemplo, la planificación
en la entrega de contenidos pedagógicos, la consideración de principios de
aprendizaje, la especificación de metas pedagógicas apropiadas, deci-siones
sobre el contenido curricular y el uso del tiempo pedagógico. Muchos estudios
avalan la importancia de estas y otras variables estrechamente relacionadas con
los logros de los alumnos (Reynolds et al, 1996; Creemers y Reetzig, 1996).
La variable
de políticas y procedimientos fue definida como las pautas
para la toma de decisiones y la acción en la escuela. Aunque no se refieran
directamente a las prácticas en aula, cuando las políticas en la escuela están
orientadas hacia los alumnos, fomentan un crecimiento profesional permanente en
el equipo educativo y promueven la asignación de recursos en función de las
prioridades de la escuela sin sofocar la inicia-tiva individual. Cabe esperar
que su contribución a la práctica en aula sea significativa. Al menos un
respaldo indirecto a esta variable puede hallarse en la evidencia relacio-nada
con la influencia que tienen las “altas expectativas”, la “consistencia” y el
“control” sobre los efectos de la escuela (Mortimore, 1993; Creemers, 1994).
Compromiso de los
alumnos con la escuela
El compromiso de
los alumnos con la escuela tiene componentes conductuales y afectivos. El grado
de participación de los alumnos en las actividades escolares, tanto dentro como
fuera del aula, es el componente conductual. El componente afectivo es el grado
de identificación de los alumnos con la escuela y su sentido de pertenencia a
ésta. Tal como se definió y midió en este estudio, el compromiso de los alumnos
es muy similar a la variable de “cohesión social” utilizada por Oxley (1997)
como
41
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
variable
dependiente para su análisis de los efectos que tienen las características
espe-cíficas de las escuelas “comunitarias” en los alumnos.
En este estudio, el
compromiso de los alumnos fue escogido como la variable dependiente por varias
razones. Una de ellas fue la voluntad de ampliar nuestra comprensión sobre los
efectos del liderazgo, más allá de los logros en matemáticas y lenguaje. Estas
mediciones de logro escolar han sido utilizadas como variables depen-dientes en
la gran mayoría de los estudios sobre liderazgo escolar publicados hasta la
fecha, no porque sean las únicas variables o porque sean siempre las más
adecuadas, sino porque están disponibles para la investigación a un costo muy
bajo o sin costo para el investigador. Puesto que el equipo de investigación
tenía que recopilar por su propia cuenta todas las mediciones de resultados
escolares utilizadas en este estudio, se eligió una medición que ampliaría la
base de conocimiento respecto del alcance de los efectos del liderazgo.
La elección del
compromiso de los alumnos se funda también en otros cuatro argumentos. Primero,
para muchos alumnos la deserción escolar es el último paso en un largo proceso
de descompromiso gradual y de reducida participación en el currí-culo formal de
la escuela, así como en el co-currículo y la vida social más informal de la
escuela. Revertir ese descompromiso es un paso necesario para lograr los
ambiciosos resultados a que aspira la mayoría de las iniciativas actuales de
reforma educativa. Es muy probable que se pueda predecir con certeza las tasas
de retención escolar a partir de las estimaciones del grado de participación e
identificación de los alumnos (Finn, 1989). Segundo, algunos de los factores
que hacen que los alumnos puedan entrar en una situación de riesgo pueden
pesquisarse muy prematuramente en las expe-riencias preescolares y escolares de
los niños y niñas. Los patrones de participación e identificación del alumno ya
son sensibles a las consecuencias de esos factores desde los primeros años de
enseñanza. Un cambio en el grado de participación e identifi-cación de un
alumno es un síntoma fiable de problemas que deben ser atendidos lo antes
posible (Lloyd, 1978). Finalmente, al menos un volumen modesto de evidencia
sugiere que el compromiso del estudiante es un elemento predictor de variación
en resultados escolares, como el desempeño en ciencias sociales, matemáticas y
lenguaje (Finn y Cox, 1992; Bredschneider, 1993; Dukelow, 1993).
Nuestra tendencia a
medir y entender la participación e identificación de los alumnos comenzó con
el trabajo de Jeremy Finn. En su artículo “Abandonando la escuela” (1989), Finn
presenta un modelo donde explica el compromiso permanente con la escuela en función
de la participación en las actividades escolares, la cual, junto con otros
factores, se traduce en un desempeño exitoso. Este desempeño forta-lece la
autoestima y promueve la creación de lazos o identificación con la escuela.
42
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
Un constructo
central en el modelo de Finn es la identificación con la escuela. Los términos
“afiliación”, “involucramiento”, “apego”, “compromiso” y “lazos” abarcan las
dos ideas que, según sugiere Finn (1989), constituyen una buena definición de
trabajo de la identificación:
En primer lugar,
los alumnos que se identifican con la escuela tienen inter-nalizado un sentido
de pertenencia, es decir, se sienten claramente parte del entorno escolar y
sienten que la escuela constituye parte importante de su propia experiencia.
Segundo, estos individuos valoran el éxito en sintonía con metas relevantes
para la escuela (p. 123).
Se ha podido
verificar que la identificación y el compromiso con la escuela, como
sentimiento propio, median en una amplia gama de resultados conductuales y de
desempeño entre los alumnos, como se señalara anteriormente.
El segundo
constructo central en el modelo es el comportamiento declarado, es decir, la
participación efectiva de los alumnos en las actividades escolares. Finn
identifica cuatro niveles de participación y sugiere una relación positiva muy
patente entre estos niveles y el grado de identificación de los alumnos con la
escuela. El nivel 1 de participación implica aceptación de la necesidad de
atender a la escuela, estar preparado para las tareas escolares y responder a
las instrucciones de los profesores. En el nivel 2, los alumnos toman
iniciativas en la sala de clase, son entusiastas y ocasionalmente dedican
tiempo adicional al trabajo escolar. El nivel 3 implica parti-cipación en las
actividades escolares al margen del currículo formal, es decir, las acti-vidades
sociales y co-curriculares de la escuela, además de una gran participación en
el trabajo académico. La participación en la gobernanza de la escuela es el
cuarto nivel de participación en el modelo de Finn. En el presente estudio, se
utilizó la media de estos cuatro niveles como medida de participación.
Finn conceptualizó
el modelo de participación-identificación como un ciclo de desarrollo que
incluía otras variables. La participación en la escuela es esencial para el
éxito del desempeño escolar, aun cuando éste también está influenciado por las
percepciones de los alumnos acerca de la calidad de su formación pedagógica y
de sus propias habilidades (que tal vez se entienden mejor con el término de
auto-eficacia). La calidad de la formación pedagógica también influye en la
participación. Un desempeño exitoso influye sobre el sentido de pertenencia de
los alumnos y su valoración de las metas relacionadas con la escuela. Esta
identificación, a su vez, tiene un efecto positivo en la participación. Aunque
se reunieron datos acerca de esas varia-bles en el modelo, además de la
participación e identificación, no fueron utilizadas en este estudio.
43
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
Cultura educativa
familiar
En este estudio, la
cultura educativa familiar —variable moderadora— fue utilizada en lugar de
mediciones más usuales sobre el nivel socioeconómico para representar los
resultados escolares a partir de las fuentes del hogar y de la familia.
Histórica-mente, el nivel socioeconómico ha sido el elemento predictor más
poderoso del éxito de los alumnos en la escuela (véase Coleman, 1966; Bridge et
al, 1979). También se ha podido comprobar su influencia sobre la forma de
liderazgo que adoptan los directivos (Hallinger et al, 1996). De ahí la flecha
en la figura 1 que significa la influencia que fluye de la cultura educativa
familiar al liderazgo escolar. Pero el nivel socioeconómico es un valor de
referencia bruto, que encubre una multitud de interacciones familiares que
tienen poderosas consecuencias en materia educativa. Estas interacciones varían
enormemente entre las familias y muchas veces están rela-cionadas, por ejemplo,
con el ingreso del grupo familiar. Por ello, optamos por el concepto de
“cultura educativa familiar” en lugar del nivel socioeconómico como variable
moderadora para este estudio.
La cultura
educativa familiar incluye las presunciones, normas, valores y creen-cias que
tiene la familia acerca del trabajo intelectual, en general, y del trabajo
escolar, en particular, y las condiciones que promueven para el desarrollo de
ambos.
Se utilizaron seis
estudios de referencia como fuentes para las ocho dimen-siones relacionadas con
la cultura educativa familiar o con los comportamientos y condiciones
resultantes que están comprobadamente relacionados con el éxito escolar (Bloom,
1984; Walberg, 1984; Scott-Jones, 1984; Finn, 1989; Rumberger, 1983; 1987).
Tomadas como un todo, estas dimensiones representan lo que Walberg (1984)
denominó el “currículo alterable del hogar”. Este currículo, dos veces más
predictivo que el nivel socioeconómico, según el análisis de Walberg, incluye
los hábitos laborales de la familia, la orientación y el apoyo académico, y el
estímulo para pensar acerca de problemas en un ámbito más amplio. La cultura
familiar también incluye las aspiraciones académicas y ocupacionales, y las
expectativas de los padres/ apoderados, la disponibilidad de condiciones de
salud y nutricionales adecuadas, y el dispositivo físico para desarrollar
trabajo académico en el hogar (véase Leithwood y Jantzi, 1998, para una
descripción más detallada de estas variables).
Basándonos en este
marco general, nuestra intención fue identificar la propor-ción de variación en
las condiciones de la escuela y de la sala de clase, explicada por las
percepciones de los profesores acerca del grado de desarrollo de las prácticas
de lide-razgo transformacional desarrolladas en sus escuelas; los efectos
directos e indirectos totales (varianza explicada) del liderazgo
transformacional sobre el compromiso de los
44
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
alumnos; la
proporción de la varianza en el compromiso de los alumnos que puede explicarse
mediante las variables relativas a la escuela y la sala de clase; si el
liderazgo transformacional explica una cantidad comparable de varianza en cada
una de las dos dimensiones del compromiso de los estudiantes (participación,
identificación); y la proporción de la varianza tanto en el liderazgo
transformacional como en el compro-miso de los alumnos que puede explicarse
mediante la cultura educativa familiar.
Figura 1. Efectos del
liderazgo transformacional sobre el compromiso de los alumnos
Cultura educativa
familiar
|
Liderazgo |
|
Condiciones |
Participación |
|
|
transformacional |
|
organizacionales |
||
|
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
Identificación |
|
Efectos totales
Cultura educativa
familiar
Liderazgo
transformacional
Condiciones
organizacionales
Participación de
los alumnos
.88*
.07*
.11*
Identificación de
los alumnos
.87*
.10*
.15*
Metodología
Contexto
Los datos sobre
liderazgo, condiciones existentes en la escuela y el aula, compromiso de los
alumnos y cultura educativa familiar se recopilaron a través de dos encuestas
en un gran distrito escolar localizado en una provincia del este de Canadá. El
distrito atendía a una población de aproximadamente 58.000 alumnos urbanos y
suburbanos de educación primaria y secundaria. Los datos de este estudio se
centraron en los 2.465 profesores y 44.920 alumnos de las 123 escuelas básicas
y medias del distrito.
45
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
Al momento de la
recopilación de datos, todas las escuelas del distrito estaban confrontadas a
expectativas de cambio que emanaban del gobierno comunal y provincial, y que
claramente llamaban a desarrollar un liderazgo a nivel de la escuela. Por
ejemplo, tan sólo dos años antes del estudio, el distrito había sido reformado
a través de la unión de tres jurisdicciones administrativas mucho más pequeñas.
Esto motivó la necesidad de generar una cultura distrital de gran envergadura,
un alinea-miento detrás de las políticas propuestas y una reconfiguración
estructural. Durante ese mismo período, el gobierno provincial había emprendido
una serie de otros cambios que afectaban a las escuelas —cambios en el
currículo, evaluación de los alumnos y fórmulas de financiamiento, por nombrar
sólo algunos. Al momento de la realización de este estudio se estaban
desarrollando cambios similares en muchas otras jurisdicciones educativas de
Canadá.
Instrumentos
Se desarrollaron
dos instrumentos de consulta, uno para reunir datos proporcio-nados por los
profesores acerca de las condiciones (organizacionales) existentes en la
escuela y en el aula, y acerca del liderazgo transformacional; y otro para
reunir información de los alumnos acerca de su compromiso con la escuela y de
sus culturas educativas familiares.
La “Encuesta sobre
condiciones organizacionales y liderazgo escolar” contenía 214 ítems para medir
cinco conjuntos de condiciones relacionadas con la escuela, dos conjuntos de
condiciones relacionadas con el aula, y la influencia percibida respecto del liderazgo
de los directores y de los profesores en la escuela. Los ítems que medían las
condiciones existentes en la escuela y en el aula fueron enunciados en la forma
sugerida por los estudios de investigación y fueron calificados de acuerdo a la
escala de cinco puntos de Likert (de “muy en desacuerdo” a “muy de acuerdo”)
respecto de si la afirmación era verídica para su escuela. También existía la
opción de contestar “no corresponde”.
La “Encuesta sobre
compromiso de los alumnos y cultura educativa familiar” contenía 61 ítems que
medían la participación de los alumnos en las actividades escolares (34), la
identificación de los escolares con la escuela (17), y las percepciones de los
alumnos acerca de su cultura educativa familiar (10). Los alumnos respondieron
a cada ítem utilizando la misma escala de cinco puntos de Likert (de “muy en
desacuerdo a “muy de acuerdo”) respecto a si la afirmación era verídica para su
escuela y con la opción de contestar “no corresponde” cuando lo estimaban
conveniente.
Muestra
Se le pidió a todos
los profesores de escuelas básicas y medias del distrito escolar (n = 2,465)
que contestaran la “Encuesta sobre condiciones organizacionales y
46
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
liderazgo escolar”.
Sin embargo, debido a la gran cantidad de ítems, se elabo-raron dos tipos de
encuesta. Cada formulario reunía datos sobre por lo menos tres conjuntos de
condiciones organizacionales y todos los puntos relacionados con el liderazgo.
Se solicitó a toda las escuelas que contaban con menos de diez profesores que
completaran ambos formularios de la encuesta, preferentemente en dos tiempos
para evitar el cansancio. Se requería en promedio veinte minutos para responder
cada formulario. En las escuelas restantes, se asignó, de manera aleatoria, a
cada profesor el formulario A o el formulario B. Un total de 888 profe-sores
completaron el formulario A de la encuesta y 874 profesores completaron el
formulario B, con una tasa general de respuesta de 71%.
La “Encuesta sobre
compromiso de los alumnos y cultura educativa familiar” fue entregada a todos
los alumnos en una clase de cada uno de los tres niveles supe-riores. Para
proteger el anonimato de los alumnos se encargó a los directivos, en lugar de
los profesores, la tarea de realizar y reunir posteriormente estas encuestas.
Un total de 8.805 alumnos de 110 escuelas contestaron la encuesta.
Los datos para
todas las variables de este estudio estuvieron completos en 110 de las 123
escuelas básicas y medias del distrito escolar.
Análisis de datos
Las respuestas
individuales de los profesores y alumnos a las encuestas se agregaron a nivel
de la escuela. Se utilizó el programa SPSS para agregar las respuestas
indivi-duales por escuela y para calcular medias, desviaciones estándares y
coeficientes de confiabilidad (alfa de Cronbach) para todas las escalas que
medían las variables. Al igual que en nuestro estudio anterior (Leithwood y
Jantzi, 1998), se utilizó la meto-dología de extracción de componentes
principales con rotación varimax para analizar las siete condiciones
relacionadas con la escuela y el aula, de manera de poder estimar la cantidad
de factores medidos por las condiciones específicas y evaluar hasta qué punto
podían verificarse empíricamente nuestras distinciones conceptuales en las siete
condiciones organizacionales.
Se utilizó el
enfoque LISREL para evaluar los efectos directos e indirectos del liderazgo
sobre el compromiso de los alumnos. Esta técnica analítica de trayectoria
permite poner a prueba la validez de las inferencias causales de pares de
variables controlando a la vez los efectos de otras variables. Se analizaron
los datos usando el enfoque estructurado de análisis de covarianza LISREL 8
para realizar un análisis de trayectoria y para las estimaciones de máxima
verosimilitud (Joreskog y Sorbom, 1993). El modelamiento lineal jerárquico es
la técnica analítica utilizada por algunos
47
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
investigadores que
exploran bases de datos como ésta. Sin embargo, por varias razones prácticas,
no pudimos recopilar nuestros datos de manera tal que nos permitiera vincular
las respuestas de los alumnos individuales con sus profesores, prerrequisito del
modelamiento lineal jerárquico.
Resultados
En el cuadro 1 se
presentan medias y desviaciones estándares, agregadas a nivel de la escuela, de
las respuestas de los profesores respecto del liderazgo transformacional y de
todas las condiciones existentes a nivel de la escuela y del aula. En las tres
últimas filas del cuadro aparece información comparable sobre las respuestas de
los alumnos a las tres mediciones de la encuesta sobre compromiso escolar y
cultura familiar. La columna en el extremo derecho indica que las
confiabilidades internas para todas las mediciones eran aceptables, fluctuando
entre 0.74 y 0.95.
Los resultados del
análisis factorial, presentados en el cuadro 2, indican que sólo se extrajo un
factor de las siete condiciones organizacionales, en lugar de dos factores (uno
relacionado con la escuela y otro con el aula), como en uno de nuestros estudios
anteriores con datos comparables (Leithwood y Jantzi, 1998). Cinco de las
condiciones tuvieron una ponderación de 0.83 o más, mientras que la relación
entre estructura/ organización y el factor era algo más débil (0.72). Las
estrategias pedagógicas arrojaron la relación más débil, con una ponderación de
0.70. El cuadro 3 presenta un similar resultado unifactorial del análisis de
las diez dimensiones de liderazgo y gestión de nuestro modelo de liderazgo
transformacional. Los resultados de ambos análisis están reflejados en el
modelo de trayectoria puesto a prueba más abajo.
En el cuadro 4 se
indican los coeficientes de correlación entre todas las variables incluidas en
el modelo de trayectoria. Todas las relaciones son estadísticamente
significa-tivas, excepto la relación entre liderazgo transformacional y cultura
educativa familiar.
En la figura 1 se
presentan los resultados de la puesta a prueba (mediante el programa LISREL) de
una versión del marco inicial del estudio adaptado en respuesta a los análisis
factoriales presentados en los cuadros 2 y 3, en los cuales todos los ítems que
medían las condiciones existentes en la escuela y el aula estuvieron asociados
a una ponderación similar; y asimismo, todos los ítems que medían el liderazgo
y la gestión también estuvieron asociados a una ponderación similar. Aun cuando
el modelo también intentó medir las relaciones existentes entre cultura
educativa fami-liar y liderazgo, así como entre condiciones y participación,
para facilitar la interpre-tación se presentan sólo los ajustes significativos
en la figura 1. El modelo se ajusta razonablemente a los datos (w2 (2, N = 110)
= 1.91, p = 0.38; AGFI = 0.95, RMR = 0.01; NFI = 1.00, PGFI = 0.13) y, en
términos globales, explica el 84% de la varianza
48
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
obtenida en la
participación de los alumnos y el 78% de la varianza en la identifica-ción de
los alumnos. La cultura educativa familiar tiene la relación más marcada con el
compromiso de los alumnos, como se refleja en sus significativos efectos
totales sobre la participación (0.88) y la identificación (0.87). La cultura
educativa familiar tiene efectos significativos sobre las condiciones
organizacionales y estas condiciones tienen efectos totales significativos,
aunque modestos, tanto sobre la participación de los alumnos (0.11) como sobre
la identificación (0.15).
El liderazgo
transformacional tiene efectos marcados y significativamente directos sobre las
condiciones organizacionales, y débiles, pero significativamente indirectos,
sobre la participación (0.07) e identificación (0.10) de los alumnos.
Cuadro 1. Calificaciones
de los profesores respecto a las condiciones organizacionales y calificaciones
de los alumnos respecto a la cultura familiar y compromiso de los alumnos (N =
110 escuelas)
Calificaciones de
los profesores sobre las condiciones existentes en la escuela
Condiciones
(agregadas)
Propósitos y metas
Servicios
pedagógicos
Cultura
Recopilación de
información
Políticas y
procedimientos
Planificación
Estructura y
organización
Calificaciones de
los profesores respecto del liderazgo transformacional
Liderazgo
transformacional
Calificaciones de
los alumnos respecto de la cultura educativa familiar
Cultura educativa
familiar
Calificaciones de
los alumnos respecto del compromiso con la escuela
Identificación
Participación
Mediaa
3.83
4.07
4.03
3.92
3.85
3.72
3.63
3.57
3.76
4.10
3.93
3.62
|
Desviación |
Confiabilidadb |
|
estándar |
|
|
0.25 |
0.93 |
|
0.37 |
0.95 |
|
0.26 |
0.88 |
|
0.33 |
0.94 |
|
0.26 |
0.92 |
|
0.27 |
0.93 |
|
0.32 |
0.94 |
|
0.36 |
0.93 |
|
0.48 |
0.90 |
|
0.24 |
0.79 |
|
0.30 |
0.90 |
|
0.25 |
0.74 |
|
|
|
Notas:
a Escala de
calificación: 1 = Muy en desacuerdo; 5 = Muy de acuerdo
b Alfa de Cronbach
49
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
Cuadro 2. Matriz
factorial resultante de las calificaciones de los profesores respecto a las
condiciones existentes en sus escuelas
Propósitos y metas
Cultura
Planificación
Estructura y
organización
Recopilación de
información
Políticas y
procedimientos
Servicios
pedagógicos
Raíz característica
Porcentaje de
varianza explicada
Relación con el
factor
0.85
0.90
0.83
0.72
0.88
0.89
0.70
4.77
68.21
Cuadro 3. Matriz
factorial resultante de las calificaciones de los profesores respecto
al liderazgo en sus escuelas (N = 110 escuelas)
|
|
Relación con el
factor |
|
Equipo educativo |
0.67 |
|
Apoyo pedagógico |
0.89 |
|
Monitoreo de
actividades escolares |
0.86 |
|
Foco en la
comunidad |
0.71 |
|
Crear una visión
y metas para la escuela |
0.92 |
|
Brindar
estimulación intelectual |
0.93 |
|
Brindar apoyo
individualizado |
0.90 |
|
Simbolizar las
prácticas y los |
0.92 |
|
valores
profesionales |
|
|
Demostrar
expectativas de alto desempeño |
0.84 |
|
Desarrollar
estructuras de |
0.91 |
|
colaboración
mutua |
|
|
Raíz
característica |
7.38 |
|
Porcentaje de
varianza explicada |
73.81 |
Cuadro 4. Relaciones
entre liderazgo, condiciones organizacionales, cultura educativa familiar y
resultados escolares (N = 110 escuelas)
|
|
Liderazgo |
Condiciones |
Familia |
Participación |
Identificación |
|
Liderazgo
transformacional |
1.00 |
0.68** |
0.11 |
0.19* |
0.23* |
|
Condiciones |
0.68** |
1.00 |
0.34** |
0.40** |
0.43** |
|
organizacionales |
|
|
|
|
|
|
Cultura educativa
familiar |
0.11 |
0.34** |
1.00 |
0.88** |
0.87** |
|
Participación |
0.19* |
0.40** |
0.88** |
1.00 0 |
.90** |
|
Identificación |
0.23* |
0.43** |
0.87** |
0.90** |
1.00 |
Notas: *p <
0.05; **p < 0.01
50
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
Análisis y
conclusiones
El objetivo de este
estudio fue indagar acerca de los efectos de las prácticas de lide-razgo
transformacional sobre las condiciones organizacionales y el compromiso de los
alumnos con la escuela, tomando en cuenta los efectos potencialmente amplios de
la cultura educativa familiar. Los resultados son consistentes, en muchos
aspectos, con los resultados de otros estudios cuantitativos de gran escala
sobre los efectos del liderazgo directivo, así como varios de nuestros estudios
anteriores sobre lide-razgo transformacional (Leithwood, 1994). Cuando
utilizamos el compromiso de los alumnos como variable dependiente, los
resultados del estudio indican que los efectos del liderazgo transformacional
son significativos aunque tenues en la dimen-sión afectiva o psicológica
(identificación) y la dimensión conductual (participación) del compromiso de
los alumnos. La magnitud de estos efectos del liderazgo trans-formacional es
aproximadamente equivalente a aquella relacionada con los efectos del liderazgo
brindado específicamente por los directivos en dos de nuestros estudios
anteriores (Leithwood y Jantzi, 1998, 1999) que también utilizaron como
variable dependiente el compromiso de los alumnos. Por cierto, es posible que
las personas involucradas en este estudio hayan tenido en mente a los
directivos a la hora de responder las preguntas referidas al grado en que
experimentaban el liderazgo trans-formacional en sus escuelas.
Si se pone el foco
en el liderazgo de los directivos, en particular, o en las prác-ticas de
liderazgo transformacional, sea cual sea su fuente, pueden hacerse dos
inter-pretaciones muy diferentes de estos resultados. La interpretación más
obvia es que los directivos, en el caso de nuestro estudio anterior, y las
prácticas de liderazgo transfor-macional, en el presente estudio, contribuyen
de manera desalentadoramente baja al compromiso de los alumnos. Si la variable
dependiente de este estudio hubiese sido las aptitudes en lenguaje o
matemáticas, esta interpretación sería percibida como en abierta contradicción
con las presunciones de la mayoría de los profesionales esco-lares, de las
afirmaciones normativas acerca del rol del liderazgo en las escuelas (véase
Hudson, 1997; Foster, 1989), y de los resultados de muchos estudios sobre
efecti-vidad escolar (véase Mortimore, 1993). De hecho, el compromiso de los
estudiantes es un resultado mucho menos vinculado a las prácticas en aula de
los profesores que otras mediciones de resultados más convencionales y, por
ende, es más susceptible de estar influenciado por variables externas a la sala
de clase. Por ello, nuestros resultados pueden ser considerados doblemente
desilusionantes. Esto podría titularse como la interpretación idealizada del
liderazgo haciéndonos eco de la idea de Meindl (1995) de que el liderazgo es
una construcción conveniente, fenomenológicamente legítima, que, sin embargo,
encubre, un conjunto complejo de influencias, provenientes de múltiples fuentes,
sobre los resultados organizacionales.
51
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
Una segunda
interpretación de estos resultados, siguiendo el análisis de Hallinger y Heck
(1996b) sobre los efectos del liderazgo directivo, nos invita a no desechar,
por insignificantes, los efectos comprobadamente pequeños del liderazgo sobre,
en este caso, el compromiso de los alumnos. Después de todo, las prácticas de
liderazgo escolar transformacional sí explican en gran medida la variación en
las condiciones organizacionales, aquellas dimensiones de la escuela sobre las
cuales los líderes tienen acceso directo y que son, conceptualmente, los medios
a través de los cuales se concretan los efectos de la escuela en los
estudiantes.
Para ubicar esta
interpretación en un contexto más amplio, recientes investiga-ciones empíricas
sobre efectividad escolar sugieren que los factores educacionales para los que
existen datos, explican, en total, algo menos que el 20% de la varianza en los resultados
cognitivos de los alumnos; existe muy poca evidencia disponible sobre
resul-tados no cognitivos como los utilizados en este estudio. Reynolds et al
(1996) sugiere que equivale al 8-12% de la investigación realizada en el Reino
Unido, mientras que Creemers y Reetzig apuntan al 10-20% para estudios
realizados “en el hemisferio occi-dental…...una vez corregidas las mediciones
sobre las condiciones de ingreso de los
alumnos, como la
aptitud o la clase social...” (1996, p. 203). La variación dentro de este rango
entre los estudios puede explicarse por variables como el tamaño de la escuela,
el tipo de resultado escolar utilizado como medida dependiente, las características
de los alumnos y las diferencias en los departamentos de estudios y las
materias tratadas.
Aunque estos
pequeños índices de varianza explicada puedan considerarse ahora relevantes y
significativos en términos prácticos, se debe tener en cuenta que una escuela
no es una sola variable, sino una agregación de variables. Algunas de ellas
parecen ciertamente contribuir de manera más marcada que otras a los efectos de
la escuela, aun cuando deben ser examinadas empíricamente, salvo para
distinguir entre factores a nivel de aula y a nivel de escuela. (Creemers y
Reetzig, 1996; Schee-rens, 1997). Sin embargo, en términos realistas, los
índices de varianza a ser expli-cados son muy pequeños, especialmente si se
asume, como parece razonable hacerlo, que al menos un conjunto de factores
contribuyen a la varianza explicada. Este fue el argumento de Ogawa y Hart
(1985) para afirmar la importancia de su hallazgo que indicaba que el liderazgo
directivo explicaba entre 2 y 8% de la varianza en el desempeño escolar,
similar a los resultados de este estudio. Bajo esas circunstancias, conocer el
poder explicativo relativo de una variable va a ser tan interesante como saber
la cantidad total de varianza que explica.
Los resultados del
estudio relacionados con la cultura educativa familiar son significativos por
tres razones. Primero, la mayoría de los estudios sobre efectos de la escuela
evidencian el rol determinante de la situación económica en la variación de los
logros escolares. En este estudio optamos por la cultura educativa familiar en
lugar
52
Capítulo 2 •
Efectos del liderazgo transformacional
del nivel
socioeconómico ya que ésta daba cuenta de aquellos elementos general-mente
incluidos en mediciones muy globales de nivel socioeconómico (por ejemplo, el
porcentaje de los alumnos escolares que pueden optar a almuerzos gratuitos) que
contribuyen al éxito de los alumnos en las escuelas. Nuestros resultados apoyan
la validez de este concepto y su medición en futuros estudios sobre efectos de
la escuela y del liderazgo. La cultura educativa familiar tuvo un
comportamiento estadístico similar, comparable al del nivel socioeconómico en
la mayoría de los estudios previos sobre efectos de la escuela.
Segundo, la
proporción excepcionalmente alta de varianza en el compromiso de los alumnos,
explicada por la cultura educativa familiar, plantea la posibilidad de que la
diferencia en los resultados escolares pueda, en gran medida, estar asociada a
variables relacionadas con la familia, más que a variables relacionadas con la
escuela. Esto ya es evidente en estudios que intentan explicar la varianza en
matemáticas en comparación con el desempeño en lenguaje, por ejemplo (Thomas et
al, 1997). Esto, sin duda, se volverá mucho más evidente a medida que se
acumule evidencia sobre los efectos de las escuelas y el liderazgo sobre una
gama más amplia de resultados esco-lares, especialmente resultados importantes
pero “no estándares”, como el compro-miso de los alumnos. Esos resultados,
aunque aparecen rara vez en las investigaciones actuales sobre los efectos de
las escuelas, son un importante elemento de la política curricular y son
centrales en la evaluación de muchos padres respecto de sus escuelas locales
(Townsend, 1994). Esto sugiere que los futuros estudios sobre efectos de las
escuelas y del liderazgo deberían conceptualizar las variables familiares de
manera más central en sus diseños. También podría resultar aconsejable
reconcebirlos como estudios sobre “efectos de la escuela y de la familia” o
“efectos del liderazgo y de la familia”. Es muy improbable que se produzca
algún avance significativo en nuestra comprensión de los efectos de la escuela
en general y del liderazgo en particular si no se investiga de manera
sistemática acerca de cómo las escuelas y las familias co-pro-ducen la amplia
gama de resultados de los que las escuelas son responsables.
Finalmente, los
efectos de las prácticas de liderazgo transformacional sobre el compromiso de
los alumnos fueron sustancialmente más tenues que los de la cultura educativa
familiar. Este patrón de efectos fue especialmente marcado para el lide-razgo
docente en uno de nuestros estudios anteriores (Leithwood y Jantzi, 1998). Una
implicancia plausible de estos hallazgos es que altos niveles de compromiso de
los alumnos reducen las necesidades percibidas por los profesores de un
liderazgo, ya sea docente o directivo. El compromiso de los alumnos podría
concebirse como un sustituto para el liderazgo (Howell, 1997) o como un
resultado escolar1.
1 Agradecemos a Karen
Seashore Louis por este valioso aporte (comunicación personal).
53
Kenneth Leithwood y
Doris Jantzi
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57
Efectos del
liderazgo colectivo sobre el logro escolar*
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
Objetivo: En este
estudio nos propusimos estimar el impacto del liderazgo colectivo o distribuido
en variables claves relacionadas con los profesores y en los logros escolares.
Asimismo, indagamos sobre la contribución relativa de las distintas fuentes de
este tipo de liderazgo y si las diferencias en los patrones de liderazgo
colectivo se relacionaban con diferencias en el logro escolar de los
estudiantes.
Metodologías: La evidencia
incluyó las respuestas de 2.570 profesores distribuidos en 90 escuelas
primarias y secundarias en las que cuatro o más docentes completaron encuestas
utilizables. Se promediaron los datos sobre el desempeño de los estudiantes en
lenguaje y matemáticas durante tres años, con información obtenida en sitios
web escolares. Los datos fueron analizados mediante técnicas de análisis de
trayectoria.
Hallazgos: El
liderazgo colectivo explicó una proporción significativa de la variación en los
logros escolares en las diferentes escuelas. Las escuelas con mejor rendimiento
les asignaron un mayor grado de influencia en liderazgo a todos los miembros de
la escuela y a otros grupos de interés que las escuelas con un rendimiento más
bajo. Estas diferencias demostraron ser más significativas en rela-ción al
liderazgo ejercido por los equipos escolares, los apoderados y alumnos. Los
mayores niveles de influencia les fueron atribuidos a los directores en todas
las escuelas.
Implicancias: La influencia
pareciera ser un recurso infinito en las escuelas. Cuanto más la distribuyen
las personas que detentan roles de liderazgo, más la adquieren.
* Fuente: Leithwood,
K., & Mascall, B. (2008). The effects of collective leadership on student
achievement, Educational Administration Quarterly, 44(4), 529-561).
Nota de los
autores: Agradecemos la significativa contribución de Doris Jantzi al análisis
de los datos presentados en este artículo
59
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
El debate sobre
liderazgo educativo se ha trasladado decididamente hacia un enfoque relacionado
con sus fuentes1. Este giro refleja, entre otros, la desilusión existente con
respecto a concepciones de liderazgo asociadas con la imagen de un “gran
hombre” y con estructuras organizacionales burocráticas (Pearce y Conger,
2003). También refleja el creciente aprecio por las contribuciones de las
dimensiones informales de las organizaciones a su productividad
(Tschannen-Moran, 2004), las ocultas y muchas veces no reconocidas capacidades
de liderazgo de personas que no detentan cargos de autoridad formal (Gronn,
2003) y, por último, la constatación de que las solas capacidades de quienes
están situados en la cúspide organizacional han sido superadas por las complejidades
de los desafíos que enfrentan en la actua-lidad (Wheatley, 2005). El liderazgo
es cada vez más percibido como un fenómeno que involucra a las organizaciones
en su totalidad (Ogawa y Bossert, 1995) en el cual las estructuras
organizacionales y los liderazgos más horizontales, distribuidos en muchas
personas y roles, aparecen como posibles soluciones a esos dilemas (Manz y
Sims, 1993).
Utilizamos el
término liderazgo colectivo para señalar nuestra relativamente
escasa preocupación por los efectos combinados de todas las fuentes de
liderazgo y las posibles diferencias en la contribución de cada una de ellas a
estos efectos (por ejemplo, administrativos, profesores, estudiantes,
apoderados). Este enfoque es sólo uno más de un conjunto de intereses que
persiguen otras personas que realizan investigación sobre el liderazgo
distribuido (por ejemplo, Gronn, 2002), compartido (Pearce y Conger, 2003) o
disperso (por ejemplo, Ray, Clegg y Gordon, 2004), sobre las funciones y las
prácticas que son distribuidas (por ejemplo, Spillane, Camburn y Stitziel
Pareja, 2007), sobre quién asume qué función o realiza qué práctica (por
ejemplo, Firestone y Martinez, 2007), y si ciertas prácticas son mejor
desarrolladas por algunas personas o roles que por otras (por ejemplo,
Leithwood et al, 2004; Locke, 2003).
La posición
predominante en la literatura contemporánea respecto del liderazgo distribuido
(categoría que utilizamos para todos los términos mencionados anterior-mente)
es un optimismo entusiasta respecto de sus beneficios esperados. Comparado con
formas exclusivamente jerárquicas o centradas de liderazgo, se piensa que el
lide-razgo distribuido (a) refleja de manera más exacta la división del trabajo
que se vive
1 Aunque este enfoque
representa un viraje en la investigación sobre liderazgo educacional a partir
de la preocupación por el liderazgo de aquellas personas que ocupan roles
formales, los orígenes y el estudio directo sobre las fuentes distribuidas de
liderazgo pueden pesquisarse hasta mediados de los años veinte. Pearce y Conger
(2003) presentan una sinopsis muy útil sobre estas raíces y rastrean su
evolución hasta nuestros días.
60
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
dentro de las
organizaciones en el día a día y (b) reduce las posibilidades de error que
derivan de decisiones basadas en la información limitada de que dispone un solo
líder. El liderazgo distribuido también aumenta las oportunidades de la
organización de beneficiarse de las capacidades de un mayor número de sus
integrantes; permite a los miembros capitalizar sus fortalezas individuales; y
promueve entre los miembros de la organización un mayor sentimiento de
interdependencia y un sentido de cómo el propio actuar tiene un efecto sobre la
organización en su conjunto. Mediante una mayor participación en la toma de
decisiones, puede desarrollarse un mayor compro-miso con las metas y
estrategias de la organización. El liderazgo distribuido tiene el potencial de
acrecentar las experiencias prácticas de desarrollo de liderazgo y reducir la
carga de trabajo de las personas que ocupan cargos administrativos formales. La
creciente autodeterminación que surge del liderazgo distribuido puede mejorar
la experiencia de trabajo de los miembros de una organización. Este tipo de
liderazgo les permite a los miembros anticiparse de mejor manera y responder a
las demandas del entorno organizacional. El liderazgo distribuido puede aportar
a los desafíos organi-zacionales soluciones que difícilmente surgirían de
fuentes individuales. Finalmente, las acciones traslapadas que ocurren en
algunos contextos de liderazgo distribuido proveen un mayor refuerzo de la
influencia del liderazgo (por ejemplo, Burke, Fiore y Salas, 2003; Cox, Pearce
y Perry 2003; Gronn, 2002; Grubb y Flessa, 2006).
Esta es una
impresionante lista de las potenciales consecuencias positivas del liderazgo
distribuido en los procesos y resultados organizacionales. Uno podría
razo-nablemente esperar que si tan sólo unas pocas se materializaran, los
efectos sobre la organización serían significativos. Sin embargo, existe poca
evidencia empírica para justificar cualquiera de estas consecuencias. Más aún,
parte de la evidencia existente sugiere consecuencias muy distintas. Por
ejemplo, uno de nuestros propios estudios empíricos realizados a gran escala
arrojó efectos negativos no significativos del lide-razgo colectivo (concebido
y medido de la misma manera que en este estudio) sobre el compromiso de los
alumnos. Especulamos que esto podría indicar una relación no lineal entre la
cantidad de fuentes de liderazgo y los resultados organizacionales. Más allá de
cierta cantidad óptima, tal vez “más liderazgo en realidad impide una claridad
de propósito, sentido de misión y certeza suficiente acerca de lo que es
preciso hacer para que se pueda realizar una acción productiva en la escuela y
organizaciones simi-lares” (Leithwood y Jantzi, 2000, p. 61). Otros
investigadores han expresado conje-turas similares (por ejemplo, Bryk, 1998;
Timperley, 2005).
La evidencia
generada por nuestro anterior estudio y las hipótesis a las que dio origen no
respaldan el entusiasmo frecuentemente expresado sobre los resultados de un
liderazgo mucho más distribuido en las escuelas. Claramente, este tema demanda
61
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
una mayor atención
empírica. Tal es el propósito general de este estudio. Específica-mente, su
objetivo fue estimar:
• el impacto del
liderazgo colectivo sobre variables docentes claves y sobre el aprendizaje
escolar,
• la influencia
relativa sobre la toma de decisiones dentro de la escuela de cada persona o
grupo incluido en nuestras mediciones de liderazgo colectivo (administrativos,
profesores individuales, grupos de profesores, alumnos, apoderados), y
• si las diferencias
en los modelos de liderazgo colectivo están relacionadas con diferencias en los
niveles de logro escolar.
Marco de referencia
Liderazgo colectivo
Conceptualizamos y
medimos el liderazgo colectivo en este estudio como una forma de influencia y
control distribuidos. Este punto de vista se traslapa con las concep-ciones de
gestión orgánica de Rowan (Miller y Rowan, 2006; Rowan, 1990), que él definió como
un alejamiento de
los esquemas convencionales y jerárquicos de control buro-crático hacia lo que
se ha venido a llamar un esquema de redes de control, esto es, un esquema de
control en el cual los empleados están activamente impli-cados en la toma de
decisiones organizacionales [y] la cooperación y la cole-gialidad del personal
reemplazan a la jerarquía como medio para coordinar flujos de trabajo y
resolver dificultades técnicas (Miller y Rowan, 2006, pp. 219-220).
El hecho de
conceptualizar el liderazgo colectivo como influencia y control distribuidos
también relaciona nuestro estudio con investigaciones bastante presti-giosas
sobre estructuras de control organizacional. Por ejemplo, un artículo pionero
de Tannenbaum (1961)2, introdujo el gráfico de control como una manera de
presentar el modelo de control en organizaciones formales. El eje horizontal de
un gráfico de control representa cada nivel en la organización y el eje
vertical, el grado de influencia percibida o control ejercido por cada nivel o
rol. Tannenbaum utiliza el gráfico de control para ilustrar cuatro modos de
control o enfoques del liderazgo prototípicos: autocrático (el control o la
influencia aumenta con el nivel jerárquico del rol), demo-
2 Agradecemos a Karen
Seashore Louis por llamar nuestra atención sobre este ensayo y otras fuentes
importantes de datos relacionados.
62
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
crático (se les
asignan niveles más altos de influencia a aquellos ubicados en niveles o roles
jerárquicamente más bajos), anárquico (relativamente poco control o influencia
por cualquier nivel o rol) y poliárquico (altos niveles de control o influencia
por todos los niveles o roles). Haciéndose eco de las expectativas de Rowan
(1990) respecto de una gestión orgánica en condiciones de incertidumbre,
Tannenbaum (1961) también planteó la hipótesis de que la efectividad
organizacional está ligada a formas de control más democráticas y más
poliárquicas. La primera hipótesis surge de dos conjuntos de expectativas.
Primero, las formas más democráticas de control son inherentemente más
consistentes con las creencias y valores de los empleados en una sociedad demo-crática
y, por ende, contribuyen a fomentar niveles más altos de satisfacción laboral y
mejores estados de ánimo, mientras que las formas autocráticas de control en
esas sociedades tienden a “reducir la capacidad de iniciativa, inhibir la
identificación con la organización y crear conflicto y hostilidad entre los
miembros” (p. 35). Segundo, un mayor control por parte de las personas que
ocupan posiciones inferiores en la jerarquía se traducirá en una mayor
aceptación de las decisiones conjuntas y en un creciente sentido de
responsabilidad y motivación por cumplir con las metas de la organización. Esta
participación en las decisiones también puede contribuir a una coordinación más
efectiva a través de mecanismos de influencia mutua. La segunda de las hipótesis
de Tannenbaum, a veces llamada hipótesis de la compensación del poder, se
justifica en relación a su impacto sobre la eficiencia organizacional así como
las contribuciones a la motivación de sus miembros, como también sobre la
identi-ficación y lealtad de éstos con la organización. Como ya señalamos, los
argumentos planteados en la literatura actual sobre liderazgo distribuido son
muy similares a la justificación que Tannenbaum ofreció para sus dos hipótesis.
La efectividad de
las formas de liderazgo (control e influencia) democráticas, compartidas y
basadas en el apoyo dentro de las organizaciones está respaldada por muchas
fuentes empíricas relacionadas, incluidas, por ejemplo, la investigación sobre
la participación de los profesores con sus pares en la planificación y la toma
de deci-siones (Talbert y McLaughlin, 1993) y el liderazgo transformacional
(Leithwood y Jantzi, 2005). Varias líneas teóricas relacionadas también apuntan
hacia una asocia-ción positiva entre la efectividad organizacional y la
distribución de la influencia y el control, entre ellas, teorías sobre el
aprendizaje organizacional (Hutchins, 1996), la cognición distribuida (Perkins,
1993; Tsoukas, 2005) y las comunidades de práctica (Wenger, McDermott, y
Snyder, 2002).
Sin embargo, existe
evidencia sustancial que apunta a lo contrario, especial-mente en
investigaciones en las cuales la efectividad organizacional es definida como la
línea de base de la organización (una versión de la productividad) y evaluada
de
63
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
acuerdo a
indicadores objetivos, como los resultados de las pruebas de los alumnos (en el
caso de las escuelas). Por ejemplo, Tannenbaum (1961) sólo pudo encontrar un
respaldo parcial para sus hipótesis sobre estructuras de control
organizacional. Tras aproximadamente quince años de investigación programática
sobre gestión orgánica, Miller y Rowan (2006) señalaron que “los efectos
principales son tenues y los efectos positivos parecen depender de muchas otras
condiciones” (p. 220). Una reciente reseña comprehensiva sobre liderazgo
docente —un enfoque sobre la distribución de la influencia y el control en
organizaciones escolares— sólo halló un puñado de estu-dios que habían
investigado sus efectos sobre los estudiantes, y estos datos en general no
otorgaban respaldo suficiente (York-Barr y Duke, 2004).
Finalmente, aun
cuando en las escuelas existe el potencial para involucrar a una variedad de
personas en funciones de liderazgo, la mayoría de las investigaciones se han
centrado hasta ahora en el trabajo de los profesores y los administrativos
escolares. Sin embargo, muchas otras personas y roles tienen el potencial de
ejercer influencia en las escuelas, incluidos los apoderados, estudiantes y
otros miembros de la comunidad. El trabajo de Pounder, Ogawa y Adams (1995) es
uno de los pocos ejemplos que hemos encontrado de investigaciones que
estudiaron el liderazgo ejer-cido por administrativos escolares, profesores,
secretarias y apoderados. El trabajo realizado por ellos sobre la influencia de
los directores, profesores, apoderados y secretarias en algunas variables
mediadoras, así como en una serie de resultados esco-lares, proporciona un
modelo útil del enfoque que desarrolláramos hace una década. En nuestro estudio
actual, hemos podido ampliar la lista de los actores que ejercen influencia más
allá de la escuela, incluyendo también el nivel distrital. Las personas que
ejercen roles a nivel distrital tienen como obligación influir sobre el
quehacer de las escuelas, aun cuando la mayoría de los estudios sobre liderazgo
distribuido no han examinado la contribución del personal distrital (pero véase
Firestone, 1989; Firestone y Martinez, 2007). Nuestro estudio se interesó en
todas esas potenciales fuentes de influencia.
Antecedentes sobre
desempeño docente
Entre las
principales limitaciones de los esfuerzos de Miller y Rowan (2006) por evaluar
los efectos de una gestión orgánica está su reconocida falta de atención a
varia-bles potencialmente mediadoras de los efectos de los líderes sobre los
logros escolares. Al menos desde la publicación de la muy citada reseña de
Hallinger y Heck (1996), ha quedado en evidencia que los efectos del liderazgo
sobre los alumnos son muy indi-rectos. Los resultados de esa reseña indican
claramente que los estudios sobre efectos directos del liderazgo rara vez
detectan efectos significativos sobre los estudiantes
64
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
mientras que muchos
estudios sobre efectos indirectos sí lo hacen. El grueso de la investigación
publicada desde 1996 sobre efectos del liderazgo ha intentado explicar los
efectos del liderazgo sobre los alumnos a través de complejos modelos causales
que incluyen una gama de mediadores promisorios (véanse Leithwood y Levin,
2005; Leithwood, Louis, Anderson y Wahlstrom, 2004).
El marco general de
este estudio supone la existencia de efectos indirectos del liderazgo y
conceptualiza un conjunto de antecedentes sobre desempeño docente como
variables mediadoras. La motivación, la capacidad y las condiciones en que las
personas trabajan son variables en un modelo general de desempeño de los
empleados y de cómo éste mejora. Este modelo ha sido desarrollado de manera más
completa en la literatura sobre psicología organizacional e industrial
—irónicamente, a la luz de nuestra reseña sobre este punto, por Rowan (1996) y
otros (el modelo es presentado bajo la forma de diagrama en la sección sobre
resultados). Según este modelo, la rela-ción entre estas variables puede
representarse mediante una simple ecuación:
Pj = f(Mj, Aj, Sj),
donde P (desempeño
del empleado) está expresado como una función de M (motivación
del empleado), A (habilidad o capacidad del empleado) y S (las
condi-ciones o entorno en que el empleado realiza su trabajo). El
subíndice j indica que sólo se consideran el desempeño, la
motivación, las habilidades y las condiciones laborales más relevantes para
llevar a cabo un determinado trabajo. Se asume que las relaciones entre las
variables en el modelo son multiplicativas. Esto significa, por ejemplo, que ni
una alta habilidad y una baja motivación, o una alta motivación y una baja
habilidad producen altos niveles de desempeño de los empleados; como tampoco lo
hacen una alta habilidad y una alta motivación en una entorno laboral adverso.
Más aún, un entorno laboral adverso muy probablemente tenderá a hacer bajar lo
que inicialmente eran altos niveles de habilidad y motivación.
Nuestra propia
modificación y ampliación de este marco general se basa en explicaciones
teóricas y empíricas actuales acerca de las condiciones necesarias para generar
motivación y capacidad en las personas que trabajan en las escuelas, de manera
que se comprometan productivamente en los esfuerzos de mejoramiento que
interesan a los líderes. También incorpora descripciones de condiciones
organizacio-nales y características de infraestructura que facilitan la
implementación exitosa de una reforma a gran escala, o lo que van den Berg,
Vandenberghe y Sleegers (1999) denominan capacidad innovadora de la
organización.
65
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
1) Motivación. Las teorías
comprehensivas de la motivación —en particular, Ford (1992) y Bandura (1986)—
predicen muchas de las causas y consecuencias de la motivación y compromiso de
los docentes identificadas en las investigaciones empí-ricas recientes. Según Ford,
los procesos motivacionales son las cualidades de una persona que están
orientadas hacia el futuro y que apuntan a ayudarla a evaluar la necesidad de
cambio o acción. Estos procesos son una función de nuestras emociones, metas
personales, creencias acerca de nuestras propias capacidades y creencias acerca
de nuestro contexto o situación. Nuestro estudio incluyó mediciones de tres de
esas variables (no de las emociones).
La fijación
de metas, como señalan Mohrman y Lawler (1996), “es un eje de la motivación
organizacional” (p. 121). Las metas orientan nuestra atención y esfuerzo hacia
objetivos específicos relacionados con el desempeño; proporcionan un indicador
para juzgar nuestro propio éxito; y promueven la persistencia en las tareas
requeridas para el logro de las metas (Rowan, 1996). Las metas personales
representan estados futuros deseados (aspiraciones, necesidades, deseos) que
han sido internali-zados por un individuo (por ejemplo, las aspiraciones de un
profesor por una clase manejable). El término personal es, por
lo tanto, significativo. Las metas energizan la acción cuando (a) la evaluación
de una persona acerca de las circunstancias presentes indica que ésta es
diferente del estado deseado (Berman y McLaughlin, 1977), (b) cuando las metas
se perciben como desafiantes pero factibles (Louis y Miles, 1990),
(c) cuando hay
oportunidades para aprender más acerca de cómo se pueden alcanzar las metas
(Kushman, 1992; Reyes, 1990; Rosenholtz, 1989), y (d) cuando las metas parecen
claras y concretas (Shedd y Bacharach, 1991).
Dos tipos de creencias
individuales interactúan con las metas personales de los profesores
para ayudar a determinar la fuerza de la motivación hacia esas metas. El primer
tipo, que agrupa las creencias relacionadas con la propia capacidad, incluye
estados psicológicos como la autoeficacia, autoconfianza, autoconcepto
académico y aspectos de la autoestima. No basta con que las personas tengan en
mente metas atractivas. También tienen que sentirse capaces de alcanzar esas
metas.
Como lo indica
Bandura (1986), las personas que se sienten eficaces tienen la disposición para
asumir desafíos que consideran interesantes y que los comprometen
personalmente. Cuando fallan en sus primeros intentos, intensifican sus
esfuerzos sin que eso les cause un estrés significativo porque consideran que
el esfuerzo es la clave del éxito. Finalmente, este esfuerzo autosustentado
produce éxito. Se pueden lograr niveles crecientes de percepción de la propia
eficacia a través de percepciones de éxito por parte de los profesores,
generadas tal vez a través de una retroalimentación posi-tiva de los
administrativos, pares y alumnos (Smylie, 1990). Bandura también asocia
66
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
una mayor eficacia
con la experiencia indirecta (vicaria) que pueden proporcionar los modelos de
roles, así como con la persuasión verbal —las opiniones expresadas por otras
personas confiables acerca de nuestras propias habilidades.
Un segundo tipo de
creencias —las creencias contextuales— son aquellas relacionadas
con nuestra percepción sobre cuán favorables son nuestras condiciones externas
para desarrollar nuestro trabajo. Estas son creencias sobre si, por ejemplo,
las condiciones laborales dentro de la escuela apoyarán los esfuerzos de los
profesores orientados a enseñar del modo sugerido por las iniciativas de
mejoramiento escolar. Muchos profesores experimentados han desarrollado a lo
largo de sus carreras percep-ciones negativas sobre los contextos en que se
desenvuelven como consecuencia de asociarlos con innovaciones mal administradas
o mal concebidas (Huberman, 1988). Estas percepciones negativas pueden
fácilmente acoplarse a las percepciones de estos profesores sobre las iniciativas
de cambio en curso en sus escuelas, reduciendo su motivación para implementar
esas iniciativas (“Esto también pasará”). Este tipo de creencias no cambian
rápidamente.
2) Capacidad. Inicialmente
concebida como algo propio de profesionales individuales, la capacidad o
habilidad en este marco general incluye el conocimiento y las destrezas
requeridas para llevar a cabo las tareas relacionadas con la labor de cada
cual. Más recientemente ha sido reconocida como una propiedad colectiva de la
organización. Debido a la existencia de un inmenso caudal de literatura sobre
esta materia, hemos sido expresamente muy selectivos en esta breve reseña.
Hemos escogido enfoques sobre la enseñanza que nos han parecido más útiles en
el contexto del mejoramiento escolar y de los desafíos que enfrentan los
profesores y los administrativos bajo tales condiciones. Este contexto tiene
muy poca diferencia (pero la tiene al fin y al cabo) con respecto a nuestro
tratamiento del aprendizaje individual. Es más, decimos que el contexto del
mejoramiento escolar requiere que consideremos el aprendizaje colectivo u
organiza-cional adicionalmente al aprendizaje individual. Este es el
aprendizaje que se requiere de parte de grupos pequeños y de toda la escuela en
su intento por comprender el sentido de un esfuerzo de mejoramiento, lo que
implica la implementación de este proceso atendiendo al contexto y la
adquisición de nuevas habilidades que pudieran necesitarse para modificar las
prácticas existentes. Como lo señalan Louis, Toole, y Hargreaves (1999) en
relación a procesos exitosos de mejoramiento escolar,
la transformación
organizacional debe apuntar a incrementar la capacidad de solución de problemas
de la organización a través del desarrollo de una resiliencia organizacional y
a aumentar su capacidad de crear, ampliando así la gama de posibles situaciones
con las que la organización será capaz de lidiar (p. 263).
67
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
Nuestro enfoque
para identificar las condiciones necesarias para construir capa-cidad en las
escuelas asume que es necesario entender cómo ocurre el aprendizaje en
diferentes niveles organizacionales —el individual, los grupos pequeños, la
escuela en su conjunto. El aprendizaje dentro de estos niveles no es algo que
suceda espon-táneamente. Es un proceso estimulado por factores que deben ser
entendidos más cabalmente. Más aún, las características de la organización, —
sus metas, su cultura y estructura, entre otras— no sólo median en el
aprendizaje organizacional sino que son a la vez influenciadas por éste. Estas
condiciones cambian en función del apren-dizaje organizacional y las nuevas
condiciones finalmente tienen un efecto directo o indirecto sobre las
experiencias educativas de los alumnos. Bryk y Schneider (2002), por ejemplo,
establecen un vínculo muy útil entre el desarrollo de la confianza social en
una escuela y el grado de capacidad colectiva que la escuela es capaz de
construir, conduciendo así a un mejoramiento de los logros escolares.
Durante los
primeros años de la llamada revolución cognitiva en la teoría del aprendizaje
(años cincuenta y sesenta) los investigadores buscaban explicaciones sobre los
procesos mentales internos asociados con el procesamiento de la informa-ción.
Estas explicaciones incluían estructuras cognitivas hipotéticas o arquitecturas
y relaciones simbólicas (Newell, Rosenblum y Laird, 1990) para explicar por qué
las personas seleccionan algunos aspectos de la información que está disponible
para ellas; cómo se almacena, extrae y posteriormente desarrolla ese
conocimiento, y cómo es utilizado para la solución de problemas (Rumelhart,
1990). Vermunt y Verloop (1999) describen el aprendizaje desde esta perspectiva
como una “cons-trucción autorregulada de conocimiento” (p. 258) y presentan una
síntesis de esas actividades mentales individuales identificadas en este primer
período, y que permitirían que ocurra esta construcción de conocimiento. Estas
actividades de aprendizaje son tanto cognitivas como metacognitivas. Las actividades
cognitivas incluyen, por ejemplo, relacionar, analizar, aplicar, memorizar,
procesar crítica-mente y seleccionar. Las actividades metacognitivas o
reguladoras incluyen plani-ficar, monitorear, ajustar y evaluar.
Al menos dos
condiciones, con implicancias obvias para el mejoramiento escolar —y, a estas
alturas, bien comprendidas— surgen de estas comprensiones básicas sobre los
procesos mentales internos:
Primero, los
profesores y administrativos comprometidos con el mejoramiento otorgan sentido
a estas iniciativas a través la aplicación de sus propias estructuras de
conocimiento. Por ende, en teoría, hay al menos tantas interpretaciones de una
iniciativa específica como personas enterándose de ella. Alcanzar una
comprensión
razonablemente
uniforme y generalizada de una iniciativa específica de mejoramiento
68
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
requiere una
comunicación reiterada de múltiples formas y en muchas oportunidades para
entablar conversaciones que ayuden a aclarar el sentido de
estas iniciativas.
La segunda
condición surge de las teorías de procesamiento de la información ligadas al
funcionamiento de la mente, que suelen distinguir entre conocimiento
declarativo (la comprensión descrita anteriormente) y conocimiento de
procedi-mientos (cómo hacer las cosas). El conocimiento de procedimientos,
elemento base de una práctica calificada, se desarrolla a través de repetidos
ciclos de desarrollo de una estructura de conocimiento para orientar nuestra
actividad mental o física, realizar esa actividad guiados por dicha estructura,
obtener retroalimentación acerca de la adecuación de nuestras acciones y afinar
la estructura de conocimiento que cumple la función de guía. Como lo demostró
hace algún tiempo el modelo de coaching de Joyce y Weil (1985)
y la evidencia de sus efectos, las iniciativas de reforma que requieren
prácticas significativamente diferentes en la escuela deben brindar oportu-nidades
para interacciones repetidas de ese ciclo.
Nuestras mediciones
sobre la capacidad de los profesores en este estudio —más exactamente, nuestras
mediciones sobre construcción de capacidad— reflejan la importancia de que
existan múltiples oportunidades para dotar de sentido la labor docente y para la
práctica y la retroalimentación, elementos esenciales para el desa-rrollo de
destrezas.
3) Entornos laborales. Así como la
capacidad es generalmente considerada una cualidad individual, su significado e
importancia como propiedad colectiva u orga-nizacional es cada vez más
reconocida. Considerar la escuela como una unidad de cambio, por ejemplo,
implica que su capacidad es más que la suma de las capacidades de sus
integrantes individuales. Las investigaciones sobre aprendizaje organizacional
(por ejemplo, Leithwood y Louis, 1999) entregan sustanciales elementos para
apoyar esta aseveración. Esta capacidad colectiva incluye también la
infraestructura para apoyar el trabajo de los integrantes de la organización.
Las condiciones
básicas que influyen sobre la capacidad colectiva son evidentes en la
percepción creciente de que el aprendizaje es situado y social. Un cuerpo de
teoría psicológica que va más allá de las interpretaciones de la cognición
ligadas al procesamiento de información es muy útil para ayudar a comprender el
aprendizaje individual y de pequeños grupos en un contexto organizacional.
Situándose fuera de las explicaciones sobre el aprendizaje que se centran
exclusivamente “dentro de la mente” (antes descritas), esta teoría le asigna un
rol significativo a la situación inmediata en la que se encuentra el aprendiz,
al igual que al contexto cultural más amplio en que esa situación está inserta.
Estas explicaciones sobre el aprendizaje
69
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
individual,
comúnmente conocidas como teoría de la situacionalidad (véase,
por ejemplo, Anderson, Reder y Simon, 1996), asumen que lo que se aprende
depende de la interacción de una persona con el contexto y de su participación
en una comunidad de prácticas (Wenger et al, 2002).
Puesto que el
conocimiento de una persona está socialmente construido en ese contexto,
ciertas características de la organización, tales como, por ejemplo, sus
normas, creencias, procedimientos operativos e incluso sus características
físicas deter-minan lo que sus miembros saben y son capaces de realizar.
Partiendo de muchos de los mismos supuestos de la teoría de la situación, las
teorías sobre cognición distri-buida (por ejemplo, Salomon, 1993) son
especialmente útiles para entender el apren-dizaje en pequeños grupos o en
equipo. Cada miembro de un equipo en funciona-miento debe compartir algunas de
las mismas comprensiones —por ejemplo, los propósitos que guían el trabajo del
equipo y las restricciones dentro de las cuales el equipo debe operar. Pero cada
integrante del equipo también aporta capacidades únicas al trabajo de su grupo.
Es en este sentido que la capacidad total del grupo se distribuye entre sus
miembros.
Adicionalmente, el
entorno organizacional y/o físico en el que opera el grupo puede aportar a la
capacidad total del grupo. Tal es el caso en grupos cuyos miembros desarrollan
relaciones altamente interdependientes, como en el caso de los controla-dores del
ferrocarril subterráneo de Londres, descrito por Heath y Luff (1998). Lo mismo
sucede con grupos cuyo trabajo se ve significativamente potenciado por el uso
de tecnología —véase, por ejemplo, la descripción de Goodwin y Goodwin (1998)
acerca del trabajo del personal que trabaja en un aeropuerto.
Sabemos de los
esfuerzos que se han realizado para localizar el liderazgo en el entorno
organizacional o en las interacciones que ocurren entre el líder y su seguidor.
Aun cuando estos esfuerzos definen el liderazgo como una forma de influencia,
tal como lo hacemos en este artículo, un enfoque como ése trata las causas de
la influencia como una caja negra. Sin embargo, hay también una larga
trayectoria de trabajo que define el liderazgo como un conjunto de prácticas o
comportamientos; esto incluye, por ejemplo, la mayoría de los estudios sobre
liderazgo didáctico y transformacional que apuntan a medir los efectos de
diferentes prácticas o compor-tamientos. Esta orientación respecto del
liderazgo vuelve explícitas las causas poten-ciales de influencia y apunta a
descubrir el grado de magnitud de esa influencia. Pero es poco probable que las
mismas prácticas tengan los mismos efectos o den como resultado las mismas
influencias en diferentes entornos. Una considerable cantidad de evidencia
sugiere que las variaciones en, por ejemplo, las características
70
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
de la población
estudiantil o el tamaño de la organización exigen diferentes tipos de
liderazgo. Desde esa perspectiva, esas características del entorno median la
influencia de las prácticas de los líderes.
Al establecer la
influencia como nuestra variable independiente, estamos consi-derando como
implícitas las prácticas de liderazgo que generan esa influencia y nos estamos
centrando en la magnitud de influencia generada por estas prácticas
implí-citas. Consideramos que esta es una limitación necesaria de nuestro
estudio y no una fortaleza, porque permanecen desconocidas las explicaciones
respecto de los niveles de influencia que reflejan nuestras encuestas.
Nuestras mediciones
sobre los entornos laborales de los profesores se limitaron en este estudio a
los elementos de apoyo directos a la actividad docente disponibles en la
escuela (por ejemplo, disponibilidad de un currículo escrito, de un tiempo
adecuado para el desarrollo profesional, de un presupuesto adecuado) y los
niveles de carga de trabajo de los profesores definidos en términos del tamaño
de las clases, distribución de alumnos con necesidades especiales,
disponibilidad de asistentes y cantidad de materias enseñadas.
Metodología
Muestra
Este estudio formó
parte de otro más amplio, denominado Aprendiendo del liderazgo (Leithwood
et al, 2004), y utilizó un subconjunto de datos recolectados como parte de una
primera ronda de encuestas para el primer estudio. Para ambos estudios se
seleccionaron estados, distritos y escuelas utilizando procedimientos de
muestreo aleatorio estratificado:
• se seleccionaron 9
estados para asegurar que hubiera variación en términos de geografía,
demografía, gobernanza estatal para la educación, estándares curriculares,
políticas de liderazgo y sistemas de rendición de cuentas;
• se seleccionaron 45
distritos dentro de los 9 estados para representar la variación en la cantidad
y diversidad de los estudiantes (por ejemplo, raza/ etnicidad, ingreso
familiar), así como tendencias en desempeño escolar en las medidas estatales
pro rendición de cuentas; y
• se seleccionaron
180 escuelas dentro de los 45 distritos para asegurar varia-bilidad a nivel de
las escuelas (primaria, media y secundaria), diversidad de alumnos y evidencia
de éxito en el mejoramiento del desempeño escolar a lo largo de tres años o más.
71
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
Se pidió a todos
los profesores y directivos de cada escuela que completaran las encuestas que
proporcionan parte de la evidencia para este estudio.
La muestra completa
de datos utilizados en este estudio incluyó respuestas de 2.570 profesores
(índice de respuesta de 77%) de un total de 90 escuelas en las que cuatro o más
profesores completaron encuestas y para las cuales se dispuso de datos sobre logro
escolar3. En el cuadro 1 se presenta un resumen de las características de la
muestra.
Fuentes de
evidencia
Desempeño escolar. Los datos
utilizados para medir el desempeño escolar en las escuelas fueron obtenidos en
los sitios web estatales. Estos datos correspondían a resultados de pruebas
estatales de lenguaje y matemáticas realizadas a todas las escuelas en
diferentes niveles, a lo largo de 3 años (2003-2005). Para efectos de este
estudio, el logro de un alumno se representó en términos de los porcentajes de
alumnos que alcanzaban o excedían el nivel de aptitud (usualmente establecido
por el estado) en estas pruebas. Los porcentajes fueron promediados en los
dife-rentes niveles y materias para reforzar la estabilidad de los puntajes
(Linn, 2003), y obtener un puntaje final de logro escolar para cada escuela en
cada uno de los 3 años. Nuestro análisis también incluyó un puntaje de
variación en los logros escolares, calculado como el aumento en el porcentaje
de alumnos que alcanzaron o superaron el nivel de aptitud establecido por el
estado desde el primer hasta el tercer año para el cual disponíamos de datos.
Cuadro 1. Características
de la escuela utilizada como muestra
|
Características |
Media |
|
Diversidad de los
alumnos |
1.97 |
|
(1 = bajo, 3 =
alto) |
|
|
Estudiantes que
pueden optar a almuerzo |
43.82 |
|
gratuito (%) |
|
|
Logro a nivel de
aptitud o superior (%) |
67.19 |
|
|
|
Desviación
estándar
0.71
27.67
24.27
3 Sólo pudimos
generar datos sobre el nivel socioeconómico de 76 escuelas; por ello, los
cálculos para los cuadros que incorporan esa medición han sido ajustados para
utilizar esta muestra más pequeña.
72
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
Percepciones de los
profesores. Las respuestas a 49 ítems de nuestra encuesta de 104 ítems,
impartida a los profesores, proporcionaron datos para este estudio. En promedio
se necesitaban 20 minutos para completar la encuesta y ésta medía el lide-razgo
colectivo y los antecedentes sobre desempeño docente descritos en nuestro marco
general, en los siguientes términos: 9 ítems, correspondientes al liderazgo
colectivo; 9 ítems, a la capacidad docente; 17 ítems, a la motivación de los
profesores; y 14 ítems, al entorno de trabajo y las condiciones laborales de
los profesores.
Cada ítem utilizado
para medir el liderazgo colectivo se refería a una fuente espe-cífica de
influencia, incluidos los administrativos a nivel distrital, los directores,
otros administrativos escolares, algunos profesores individuales, profesores
con roles formales de liderazgo, equipos administrativos, algunos apoderados,
grupos de apoyo para padres y estudiantes. En relación a cada grupo de
influencia, se pidió a los encuestados que calificaran el grado de influencia
directa sobre las decisiones de la escuela (en una escala de 6 puntos). También
se pidió a los encuestados que indicaran hasta qué punto estaban de acuerdo con
afirmaciones relacionadas con cada una de las tres variables mediadoras sobre
desempeño docente (también en una escala de 6 puntos).
Análisis
Las respuestas
individuales a cada encuesta docente, agregadas a nivel de escuela, se cruzaron
con los resultados de los logros escolares a nivel de escuela. Se utilizó el
programa SPSS para calcular medias, desviaciones estándar y confiabilidades
(alfa de Cronbach) para las escalas que medían las cuatro variables de este
estudio. Se utilizaron pruebas t para muestras pareadas a fin
de comparar las medias de las diversas fuentes (o grupos) de liderazgo. Se
realizó un análisis factorial para verificar la estructura de las variables de
los profesores incluidas en este estudio. Se utilizó una regresión múltiple de
tipo jerárquica para examinar los efectos moderadores del nivel socioeconómico
en algunas relaciones existentes en nuestro marco general.
Finalmente, se
utilizó LISREL para verificar un modelo sobre la relación entre liderazgo
colectivo, motivación, capacidad y entorno docente, y logro escolar. Esta
técnica de análisis de trayectoria permite verificar la validez de las
inferencias causales para pares de variables, controlando a la vez los efectos
para otras variables. Se anali-zaron los datos usando el enfoque estructurado
de análisis de covarianza LISREL-8.80 para realizar un análisis de trayectoria
y estimaciones de máxima confiabilidad (Joreskog y Sorbom, 1993). Usamos cuatro
medidas estadísticas para comprobar la bondad de ajuste de nuestro modelo de
trayectoria: la raíz de la media de los errores de predicción al cuadrado, el
índice de ajuste de la norma, el índice corregido de la bondad de ajuste y la
raíz de la media de los residuos al cuadrado.
73
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
Resultados y
discusión
Los resultados se
presentan en cuatro secciones, tres de las cuales incluyen una discusión sobre
los resultados obtenidos. La primera sección resume las respuestas de los
profesores a la encuesta y entrega información sobre las propiedades
estadísticas de nuestras mediciones, incluidos los resultados de un análisis
factorial relacionado con las mediciones sobre capacidad, motivación y
condiciones de trabajo docente. Las siguientes secciones proporcionan evidencia
relevante sobre cada una de las tres preguntas planteadas por el estudio: el
impacto del liderazgo colectivo sobre varia-bles docentes clave y sobre el
aprendizaje escolar, la influencia relativa de diferentes fuentes de liderazgo
colectivo y la relación entre diferentes patrones de liderazgo colectivo y
logro escolar.
Resultado 1:Resumen
de la evidencia
En el cuadro 2 se
presentan las confiabilidades internas (alfa de Cronbach) de las escalas
utilizadas para medir cada una de las tres variables mediadoras del desem-peño
docente —capacidad, motivación y entorno laboral— y la medición de liderazgo
colectivo. No se presentan los puntajes promedio generales de los antecedentes
pues debieron calcularse puntajes z para acomodar el uso de
diferentes escalas de respuestas. Las confiabilidades de las variables fueron
calculadas utilizando los puntajes z. Las respuestas para todas las
variables fluctuaron entre una leve aceptación y una mode-rada aceptación, con
desviaciones estándar bajas a moderadas. Todas las escalas de medición
obtuvieron niveles aceptables de confiabilidad (entre .72 y .96).
Cuadro 2. Confiabilidad
de las variables
Variable
Capacidad
Motivación
Entorno
Liderazgo colectivo
Alfa de Cronbach
.86
.96
.91
.72
NOTA: n =
90 escuelas; se utilizaron puntajes z para calcular los
valores agregados para la capacidad, la motivación y el entorno de trabajo. El
liderazgo colectivo fue calculado a partir de la suma de nueve fuentes de
liderazgo, cada una con una escala de 6 puntos que fluctuaba entre sin
influencia y muchí-sima influencia.
De los 40 ítems de
la encuesta que medían los tres antecedentes de los profe-sores, 9 medían la
capacidad; 17, la motivación; y 14, el entorno laboral. La dimen-sionalidad de
estos 40 ítems fue analizada a través de un análisis factorial por compo-
74
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
nentes principales.
Se utilizaron la prueba de filtraje y la interpretabilidad de la solución
factorial para determinar el número de factores que había que rotar. Se rotaron
tres factores utilizando un procedimiento de rotación varimax. La solución
entregó tres factores interpretables que correspondían de manera muy cercana a
las tres categorías de variables —capacidad, motivación y entorno laboral. La
capacidad dio cuenta del 14,4% de la varianza del ítem; la motivación, del
13,9%; y el entorno laboral, del 8,6%.
Aun cuando nuestra
concepción inicial sobre las tres variables docentes sugiere varias
subdimensiones, éstas no fueron confirmadas por el análisis factorial. Como
tales, los puntajes agregados para las tres variables mediadoras sobre
desempeño docente fueron utilizados en todos los análisis posteriores. También
en respuesta a los resultados del análisis factorial, se omitieron en los
análisis posteriores dos de los ítems originales que medían la capacidad y
siete de los ítems que medían la motivación.
Resultado 2:
Efectos del liderazgo colectivo sobre los profesores y los alumnos
En el cuadro 3 se
muestran las correlaciones existentes entre las mediciones de todas las
variables en el estudio. Como lo indican estos resultados, el liderazgo
colectivo está relacionado de manera significativa con las tres variables
mediadoras docentes. Las relaciones más marcadas son entre el liderazgo
colectivo y el entorno (o situa-ción) laboral de los profesores (r =
.58), seguido por la motivación de los docentes (r
= .55). Todas las
variables, salvo la capacidad de los profesores, están significativa-mente
relacionadas con los logros escolares. El entorno laboral de los profesores
tiene la relación más marcada (r = .37), seguido por la motivación
de los profesores (r =
.36) y el liderazgo
colectivo (r = .34). Estos datos también indican relaciones
signifi-cativas entre las variables de los profesores.
Cuadro 3. Relación
entre las variables de la encuesta y el logro escolar:
Coeficientes de
correlación momento-producto de Pearson
|
|
Variable |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
|
1. Liderazgo
colectivo |
1.00 |
.36** |
.55** |
.58** |
.34** |
|
|
2. Capacidad |
.36** |
1.00 |
.44** |
.20 |
.01 |
|
|
3. |
Motivación |
.55** |
.44** |
1.00 |
.54** |
.36** |
|
4. |
Entorno |
.58** |
.20 |
.54** |
1.00 |
.37** |
|
5. |
Logro |
.34** |
.01 |
.36** |
.37** |
1.00 |
|
|
|
|
|
|
|
|
NOTA: n =
90 escuelas.
**nivel p <
.01 (de dos colas).
75
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
La figura 1 y el
cuadro 4 presentan los resultados del cálculo realizado con LISREL para
verificar en mayor profundidad nuestro modelo sobre las relaciones entre
liderazgo colectivo, capacidad, motivación y entorno (o situación) de trabajo
docente, y logros escolares4. Este modelo se ajusta muy bien a los datos (raíz
de la media de los errores al cuadrado de la predicción = .00; raíz de la media
de los residuos al cuadrado = .03; índice corregido de la bondad de ajuste =
.93; índice de ajuste de la norma = .99) y, en términos globales, explica un
20% de la variación en los logros escolares. El liderazgo colectivo tiene
efectos directos significativos en todas las variables docentes. Sus efectos
más marcados se centran en el entorno laboral de los profesores (r =
.58), seguido por la capacidad de los profesores (r = .36) y la
motivación (r = .25). El liderazgo colectivo sólo da cuenta de un
13% de la variación explicada en la capacidad de los profesores.
Cuadro 4. Resultados
del modelamiento de ecuaciones estructurales
|
|
Residuales |
Efecto total
sobre el logro escolar |
|||
|
|
(varianza |
|
|
|
|
|
Variable |
Indirecto |
Directo |
Total |
||
|
explicada) |
|||||
|
|
|
|
|
||
|
Logro |
.80 (.20) |
|
|
|
|
|
Capacidad |
.87 (.13) |
.08 |
–.17 |
–.09 |
|
|
Motivación |
.56 (.44) |
.30* |
.30* |
|
|
|
Entorno |
.66 (.34) |
.10* |
.25* |
.35* |
|
|
Liderazgo
colectivo |
.24* |
.24* |
|
|
|
|
Índices de
concordancia |
|
|
|
|
|
|
Raíz de la media
de los |
|
|
|
|
|
|
errores al
cuadrado de |
.00 |
|
|
|
|
|
la predicción |
|
|
|
|
|
|
Raíz de la media
de los |
.03 |
|
|
|
|
|
residuos al
cuadrado |
|
|
|
||
|
|
|
|
|
||
|
Índice de
confiabilidad |
|
|
|
|
|
|
de la bondad del
ajuste |
|
|
|
|
|
|
Índice de
confiabilidad |
|
|
|
|
|
|
de la norma |
|
|
|
|
|
NOTA: R2
= .20.
*p <
.05.
Las trayectorias
que vinculan las tres variables mediadoras docentes con el logro escolar
indican que el liderazgo colectivo influye sobre los resultados escolares a
través de la motivación y del entorno laboral de los profesores. El efecto del
entorno laboral de los profesores sobre los resultados escolares es
significativo (r = .25), pero
4 A pesar de que una
gran cantidad de iteraciones de nuestro modelo fueron ejecutadas, anali-zando
relaciones de diferentes maneras, aquí sólo se presentan las que fueron
estadísticamente significativas. En el modelo de LISREL presentado, x2
= 1.97, df = 2, p = .37.
76
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
el efecto de la
capacidad de los profesores es insignificante. Los efectos totales sobre los
logros escolares son mayores para el entorno laboral, seguidos por la
motivación de los profesores y la influencia indirecta del liderazgo colectivo.
El efecto mayor del entorno laboral se explica por su efecto indirecto a través
de la motivación, como se indica en los datos presentados al pie de la figura
1.
Figura 1. Verificación
de un modelo de los efectos del liderazgo colectivo sobre el logro escolar
|
|
5.5 |
|
1 a 6) |
5.0 |
|
|
|
|
de puntajes: |
4.5 |
|
|
|
|
(Escala |
4.0 |
|
|
|
|
Puntajes |
3.5 |
|
|
|
|
|
3.0 |
Distr Director Otros
adm. Rol docente Equ. escolar Prof. indiv. Padres indiv. Grupo
ases. Alumnos
escol. parental
Fuentes de
liderazgo
*p < .05
Para estimar la
contribución del nivel socioeconómico de los alumnos (calculado como el
porcentaje de alumnos que pueden optar a un almuerzo gratuito o con precio
rebajado) a las relaciones descritas en el modelo de trayectoria entre las tres
variables mediadoras docentes y los logros escolares, calculamos tres
regresiones jerárquicas. En cada ecuación de regresión, se ingresó en primer
lugar el nivel socioeconómico, en segundo lugar el liderazgo colectivo, y en
tercer lugar una de las variables docentes5. Los resultados de estas
regresiones jerárquicas, descritos en el cuadro 5, indican que
5 Cabe notar que el
orden en que las variables se van sumando al modelo influye sobre la fuerza de
la relación. En nuestro análisis, el liderazgo suma 3.6% al 11.3% de la
varianza explicada por el nivel socioeconómico. El ingresar el liderazgo
colectivo en primer lugar explica 9.2%; intro-ducir el nivel socioeconómico en
el Paso 2 añade un 5.7% adicional al mismo total de 14.9%. Si se ingresan al
mismo tiempo, el nivel socioeconómico explica un 6.8%, el liderazgo explica un
4.6%, y su efecto combinado explica el otro 3.5% del 14.9% total.
77
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
sólo la motivación
explica una única y significativa proporción de variación en los logros
escolares, después de controlar el nivel socioeconómico de los alumnos. La
motivación por sí sola explicó un 6% de la variación en los logros, mientras
que el entorno laboral hizo aumentar la variación explicada en sólo un 1%,
combinada con el nivel socioeconómico y el liderazgo, y la capacidad hizo bajar
la varianza explicada en una misma proporción.
En suma, los
resultados indican lo siguiente:
• Nuestro modelo
explica una proporción significativa (20%) de la variación en los resultados
escolares entre las diferentes escuelas.
• El liderazgo
colectivo tiene efectos indirectos tenues pero significativos sobre los
resultados escolares.
• De las tres
variables docentes, la influencia del liderazgo colectivo sobre los alumnos se
expresa a través de su influencia sobre la motivación y el entorno laboral de
los docentes.
• Aunque el liderazgo
colectivo tiene un efecto significativo sobre la capa-cidad docente, esta
variable no está lo suficientemente relacionada con los logros escolares en
este estudio.
Estos resultados
confirman y contradicen a la vez la evidencia de nuestros dos estudios
anteriores, uno de los cuales (Leithwood y Jantzi, 2006) incorporaba
aproxi-madamente las mismas mediciones utilizadas en el presente estudio sobre
capacidad, motivación y entorno laboral de los profesores. Sin embargo, en
lugar de utilizar el liderazgo colectivo, ese estudio utilizó una medición de
las prácticas transforma-cionales de los líderes individuales. En ese estudio,
al igual que en éste, el liderazgo estaba más claramente relacionado con el
entorno laboral docente y tenía efectos más tenues sobre la capacidad de los
profesores que sobre su motivación. Aquella inves-tigación también reportó
efectos más débiles de las prácticas de liderazgo transfor-macional (probablemente
a nivel individual) sobre los resultados escolares, compa-rados con los efectos
del liderazgo colectivo en el presente estudio. Esta comparación de resultados
debe al menos interpretarse como un respaldo a las posiciones que sostienen el
efecto beneficioso para los alumnos de un liderazgo más ampliamente distribuido
en las escuelas.
78
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
Cuadro 5. Regresión
jerárquica para medir los efectos de la capacidad, la motivación y el entorno
laboral de los docentes sobre el logro escolar después de controlar el nivel
socioeconómico y el liderazgo colectivo
Antecedentes de
los profesores
Capacidad
Paso 1: Porcentaje
de estu - diantes que pueden optar a un almuerzo gratuito (NSE)
Paso 2: Agregar
liderazgo colectivo
Paso 3: Agregar
capacidad docente
Paso 3: Efectos
únicos significativos
NSE
Motivación
Paso 1: Porcentaje
de estu - diantes que pueden optar a almuerzo gratuito
Paso 2: Agregar
liderazgo colectivo
Paso 3: Agregar
motivación de los profesores
Paso 3: Efectos
únicos significativos
NSE
Motivación
Entorno laboral
Paso 1: Porcentaje
de estu - diantes que pueden optar a un almuerzo gratuito
Paso 2: Agregar
liderazgo colectivo
Paso 3: Agregar
entorno laboral
Paso 3: Efectos
únicos significativos
NSE
Beta
–.27
–.29
.29
–.24
t
2.39*
2.66*
2.37*
2.04*
R2
Único
.06
.07
.06
.05
R2
.11
.15
.14
.11
.15
.20
.11
.15
.16
F
10.57**
7.55**
4.99**
10.57**
7.55**
7.23***
10.57**
7.55**
4.60**
NOTA: n =
76 escuelas. NSE = nivel socioeconómico *p < .05. **p <
.01. ***p < .001
79
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
Nuestro segundo
estudio anterior (Leithwood y Jantzi, 2000) también mostró diferencias en
varios aspectos importantes frente al presente estudio, pero abordó muchas de
las mismas interrogantes. En lugar de los logros escolares, se utilizó el
compromiso de los alumnos como variable dependiente, y las variables que
mediaban en la influencia de los liderazgos sobre los alumnos eran diferentes
de las utilizadas en el presente estudio. Sin embargo, la medición del
liderazgo colectivo era casi idéntica a la medición utilizada en este estudio.
En contraste con los principales hallazgos del presente estudio, el estudio
anterior encontró efectos negativos no significativos del liderazgo colectivo
sobre los alumnos. Esta importante diferencia en los resultados respalda,
aunque sea de manera modesta, la idea de que la elección de las variables
mediadoras es un aspecto crucial en los estudios sobre efectos del liderazgo en
los alumnos (Hallinger y Heck, 2002).
Las diferencias que
percibimos en nuestros tres estudios pueden deberse a las diferencias no
menores de sus diseños. La consistencia es mayor respecto de los efectos del
liderazgo colectivo sobre los estados mentales y afectivos de los profe-sores.
Específicamente, el liderazgo colectivo no ha mostrado hasta ahora tener un
impacto demostrable en nuestras mediciones de la capacidad de los profesores, y
las afirmaciones que señalan que el liderazgo colectivo tiene impactos
significativos sobre los alumnos han recibido un apoyo variable. Sin embargo,
la evidencia de otros estudios recientes parece respaldar con más fuerza esta
afirmación, aun cuando esta evidencia ha sido obtenida en contextos muy
disímiles a las escuelas para las cuales disponemos de información. Por
ejemplo, Hiller, Day y Vance (2006) recientemente indicaron efectos
significativos del liderazgo colectivo sobre el desempeño de equipos evaluados
por un supervisor en un departamento de mantención de carreteras de transporte.
También reseñaron la evidencia de otros seis estudios acerca de los efectos del
liderazgo colectivo sobre la efectividad de los equipos, concluyendo que el
lide-razgo colectivo probablemente es efectivo “…cuando los equipos están
desarrollando tareas complejas que requieren mucha interdependencia, pero en
condiciones más rutinarias… los efectos del liderazgo colectivo están aún por
demostrarse” (p. 388).
Resultado 3: La
influencia relativa de las fuentes del liderazgo colectivo
Los datos
utilizados para analizar este punto fueron los puntajes de los profesores
respecto del grado de influencia sobre las decisiones escolares de las nueve
fuentes medidas de liderazgo colectivo.
En el cuadro 6 se
muestra la respuesta media de los profesores para cada fuente. Se realizaron
pruebas t para muestras pareadas con el fin de analizar las
diferencias entre estos puntajes relativos a las nueve fuentes de liderazgo
colectivo. Como lo
80
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
indica el cuadro,
los directores y los administradores distritales obtuvieron los más altos (casi
idénticos) puntajes (M = 5.30 y 5.28, respectivamente). Las
pequeñas desviaciones estándar de estos puntajes indican un considerable
consenso entre los encuestados acerca de la influencia percibida de estos dos
roles. Hay una caída signi-ficativa en el puntaje del siguiente rol más
influyente: administrativos de estableci-mientos distintos de los directores,
generalmente el vice director (M = 4.75).
Cuadro 6. Medias y
desviaciones estándares para las fuentes de liderazgo: medidas desde la menor a
la mayor influencia directa
Fuente de liderazgo
Alumnos
Grupos de asesoría
parental
Algunos padres
individuales
Algunos profesores
individuales
Equipos
administrativos (por ejemplo, a nivel de departamento o de grado)
Profesores con
roles de liderazgo designados
Otros
administradores a nivel de establecimiento (aparte del director)
Administradores a
nivel distrital Directores
Liderazgo colectivo
agregado
Media
3.49
3.84
3.96
4.28
4.36
4.43
4.75
5.28
5.30
4.42
Desviación
estándar
0.41
0.58
0.49
0.30
0.41
0.37
0.41
0.31
0.28
0.24
NOTA: n =
90 escuelas. Escala de puntaje: 1 = ninguna, 6 = muy alta.
Entre las fuentes
de influencia asociadas con los profesores, fueron percibidos como teniendo la
mayor influencia los profesores con roles asignados de liderazgo (M =
4.43), seguidos por los equipos administrativos (M = 4.36) y luego
algunos profesores individuales (M = 4.28); los puntajes de los
profesores con roles formales de liderazgo fueron significativamente más altos
que los puntajes de los equipos administrativos (t = 3.51, p <
.01) o de algunos profesores individuales (t = 5.54, p <
.001), y el puntaje
de los equipos administrativos fue significativamente más alto que el puntaje
de los profesores individuales (t = 2.19, p <
.05).
Los puntajes de los
apoderados (algunos apoderados individuales y grupos de asesoría parental)
fueron considerablemente más bajos que los de los profesores, fluc-tuando en
medias de entre 3.84 y 3.96, lo que constituye una diferencia estadística-mente
significativa (t = 3.16, p < .01). La
percepción de los encuestados respecto de los alumnos fue que tenían el nivel
más bajo de influencia directa sobre las decisiones de la escuela (M =
3.49) entre todas las fuentes de influencia medidas. La variación
81
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
estándar muy baja
de los puntajes para todas las fuentes de influencia, especialmente para los
directores, reduce la potencial fortaleza de las posibles relaciones con
cual-quier otra variable en nuestro estudio.
En el cuadro 7 se
muestran las relaciones existentes entre las fuentes indivi-duales de liderazgo
colectivo y las variables docentes y los logros escolares (valor medio de logro
escolar a lo largo de 3 años). Entre las variables docentes, el entorno laboral
tiene una relación significativa con siete de las nueve fuentes de liderazgo
(ni directores ni profesores individuales). Puede que este sorprendente
resultado respecto de los directores sea un reflejo del bajo nivel de variación
en los puntajes antes seña-lado. La relación más fuerte es entre motivación y
equipos administrativos (r = .71). La capacidad fue la única
variable significativamente relacionada con la influencia de los directores (r =
.22) y el entorno laboral de los profesores fue la única variable relacionada
con administrativos de otros establecimientos (r = .32) y
administrativos distritales (r = .41).
Cuadro 7. Relación
entre las fuentes de liderazgo y las variables mediadoras y los logros
escolares:
coeficientes de
correlación momento-producto de Pearson
|
Fuente de
liderazgo |
Capacidad |
Motivación |
Entorno |
Logro |
|
Liderazgo
colectivo |
.36** |
.55** |
.58** |
.34** |
|
Administración
distrital |
.04 |
.13 |
.41** |
.09 |
|
Director |
.22* |
.20 |
.12 |
–.06 |
|
Administrativos
de otros |
–.01 |
–.02 |
.32** |
–.11 |
|
establecimientos |
|
|
|
|
|
Profesores con
roles formales |
.35** |
.54** |
.34** |
.09 |
|
Equipos
administrativos |
.44** |
.71** |
.44** |
.28** |
|
Profesores
individuales |
.23* |
.24** |
.17 |
–.08 |
|
Padres
individuales |
.16 |
.10 |
.34** |
.43** |
|
Grupos de
asesoría parental |
.32** |
.44** |
.40** |
.56** |
|
Alumnos |
.17 |
.55** |
.52** |
.30** |
NOTA: n =
90 escuelas
*p <
.0.5. **p < .01
Los profesores en
roles formales de liderazgo estuvieron significativamente rela-cionados con las
tres variables docentes pero no con los resultados escolares. Los equipos
administrativos, apoderados individuales, grupos de asesoría parental y los
alumnos tienen relaciones significativas con el logro escolar. El liderazgo
escolar está principalmente relacionado con la motivación (r =
.55). Los grupos de asesoría parental están principalmente relacionados con la
motivación (r = .44) y el logro
82
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
escolar (r =
.56), mientras que los apoderados individuales están principalmente
rela-cionados con el logro escolar (r = .43) y escasamente con el
entorno laboral (r = .34). Parece haber una diferencia entre
aquellos líderes que son parte del personal de la escuela y aquellos que no lo
son. Los equipos administrativos tienen relaciones más marcadas con las tres
variables docentes que con cualquiera de las otras fuentes de liderazgo
colectivo dentro de la escuela, y los equipos administrativos son la única
fuente intraescolar de liderazgo colectivo relacionada con el logro escolar (r =
.28).
Resultó curioso
comprobar que las dos fuentes de liderazgo que tenían, de manera consistente,
relaciones significativas con nuestras tres variables mediadoras y con el logro
escolar eran colectivas: tanto los equipos administrativos como los grupos de
asesoría parental figuraron con correlaciones significativas con todos
nues-tros mediadores, al igual que con los logros escolares. En escuelas con
altos índices de logro escolar y altos puntajes en lo relativo a capacidad,
motivación y entorno laboral, es más probable que nos encontremos con niveles
más altos de influencia de parte de los equipos administrativos y de los grupos
de asesoría parental. Esto sugiere que puede que haya algo en el carácter
colectivo de estos roles que les confiere mayor influencia en las escuelas.
En suma, estos
resultados indican lo siguiente:
• Las decisiones
escolares son influenciadas por una amplia gama de grupos y personas, lo que
refleja una concepción distribuida del liderazgo.
• El grado de
influencia sobre estas decisiones por parte de estas personas y grupos refleja
en gran medida una concepción jerárquica tradicional en las organizaciones; los
profesores les asignaron puntajes mucho más altos a las fuentes tradicionales
de liderazgo que a las no tradicionales.
• Entre los roles
docentes, mientras más formal es su posición de liderazgo, mayor es la
influencia percibida.
• Sin embargo, la
influencia de los padres y estudiantes está significativa-mente relacionada con
los logros escolares, lo que probablemente refleja los efectos conocidos del
nivel socioeconómico de los alumnos sobre sus resul-tados escolares.
Si bien los
investigadores se han vuelto muy entusiastas con las formas distri-buidas de
liderazgo —como cabe pensar a la luz de la actual literatura académica y
profesional en este ámbito— las respuestas de los profesores en este estudio
sugieren que han ocurrido pocos cambios en las escuelas que sean detectables
por los profe-sores. El apoyo masivo a las concepciones distribuidas de
liderazgo bien puede ser una especie de meta-retórica, con escaso soporte en la
realidad, que refleja una
83
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
crítica muchas
veces hecha a las escuelas, a saber, que están más preocupadas por la
apariencia del cambio que por la sustancia del cambio, como una forma de
manejar la legitimación pública de su trabajo.
Pese al esfuerzo
realizado a lo largo de una década para reestructurar las escuelas —por lo
menos, en parte, para darles a los padres mayor derecho a voz en las
deci-siones escolares (Beck y Murphy, 1998)— observamos poca evidencia de que
los profesores perciban mucha influencia de parte de los apoderados o de los
alumnos. Esto es probablemente un reflejo de los conocidos y persistentes
desafíos que han enfrentado los profesores y administrativos a la hora de
intentar crear relaciones auténticas con los padres en aras del mejoramiento
escolar. Estos resultados también refuerzan otras dos aseveraciones. La primera
es que un cambio significativo en las escuelas requiere mucho más que
entusiasmo y argumentos racionales (Desimone, 2006), estrategias que a menudo
han servido de apoyo para promover una mayor influencia de los apoderados.
Segundo, estos resultados son consistentes con la cono-cida afirmación de
Jaques (2003) en el sentido de que la jerarquía es una caracte-rística
necesaria e inevitable de cualquier gran organización, aun cuando podemos
agregar estructuras y procedimientos que promuevan influencia lateral y también
vertical dentro de esta jerarquía. Si Jaques está en lo cierto, las
expectativas actuales sobre el grado posible y deseable de distribución del
liderazgo tendrán que ser modi-ficadas drásticamente.
Resultado 4:
Patrones de liderazgo colectivo y desempeño escolar
Como ya señalamos,
los profesores percibieron que la influencia en sus escuelas se ejerce de un
modo distribuido, pero aun así jerárquico. Sin embargo, ante la extensa lista
que entrega la literatura sobre los beneficios para las organizaciones
asociados a las formas distribuidas de liderazgo, hemos debido investigar si
las variaciones en estas percepciones de la influencia estaban relacionadas con
los índices de logro escolar en las escuelas.
Para responder a
esta interrogante, volvimos al estudio preliminar de Tannenbaum (1961) sobre
gráficos de control, ya reseñado. Separando las escuelas por niveles medios de
logro escolar promediados en un período de tres años, construimos nuestro
propio gráfico de control. Como lo indica la figura 2, primero dividimos las
escuelas de nuestra muestra en quintiles, sobre la base de sus puntajes medios
anuales de logro escolar. Luego comparamos los puntajes asignados por los
profesores a la influencia de cada fuente de liderazgo colectivo en los
diferentes quintiles.
84
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
Cuadro 7. Relación
entre las fuentes de liderazgo y las variables mediadoras y los logros
escolares:
coeficientes de
correlación momento-producto de Pearson
Liderazgo
colectivo
.36*
.25*
.58*
Liderazgo
Motivación
Entorno
|
|
–.17 |
|
.30* |
Logros |
escolares
.25*
NOTA: Escala de
puntaje: 1–6. Q = quintil. Quintil 1 = logro medio más bajo a lo largo de 3
años.
DST = distrito; DIR
= director; A-ESC = administrativos de otras escuelas; PROF = profesor rol
formal; EQ ED = equipo educativo; PROF-IND = profesores individuales; PAD-IND =
padres indi-viduales; AS-PAR = grupo de asesoría parental; AL = alumnos.
Los resultados
presentados en la figura 2 indican que los profesores en las escuelas con los
mejores resultados (quintil 5) generalmente atribuyen a todas las personas y
grupos niveles más altos de influencia que los profesores de las escuelas con
resultados más bajos. Aun cuando se les confiere mayor influencia a los roles
no tradicionales de liderazgo en las escuelas con mejores resultados, las
personas que ocupan roles de lide-razgo tradicionales son percibidas como
teniendo el mismo grado relativo de influencia. Por ejemplo, una mayor
influencia de los equipos administrativos o de los apoderados no significa
menor influencia de los directores y de los administrativos a nivel distrital.
Más aún, las escuelas cuyos alumnos tienen buenos resultados en el quintil más
alto y en el segundo quintil más alto les confieren significativamente una
mayor influencia rela-tiva a los equipos administrativos; las escuelas del
quintil más alto también les confieren más influencia relativa a los apoderados
individuales y a los grupos de apoderados.
Aun cuando no
incluimos un cuadro con todas las correlaciones, el nivel socioeconómico estuvo
significativamente relacionado (lo que no causa sorpresa) con el logro
escolar—lo que posiblemente explica el alto grado de influencia de los
apoderados y alumnos en las escuelas situadas en los quintiles superiores de
desem-peño, que generalmente atienden a alumnos de nivel socioeconómico más
alto.
Las correlaciones
de mayor interés son aquellas entre el nivel socioeconómico y la influencia de
los apoderados individuales (r = .35), los grupos de asesoría
parental (r = .53) y los alumnos (r = .36). La
influencia de los equipos administrativos estaba
85
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
también relacionada
con el nivel socioeconómico de los alumnos con la misma fuerza que la
influencia de los alumnos (r = .34)6. Bidwell, Frank y Quiroz
(1997) propor-cionan evidencia de la relación entre el nivel socioeconómico y
el involucramiento de los apoderados pero, más interesante aún, entre el nivel
socioeconómico y los grados de control colegiado en las escuelas. Los
investigadores encontraron que las escuelas en las comunidades con mayor nivel
socioeconómico tendían a construir una potente práctica profesional colegiada
entre los profesores y a desarrollar un foco marcado en el aprendizaje escolar.
En suma, esta
evidencia indica que aquellas personas en roles de liderazgo tradi-cional
siguen teniendo una alta influencia en las escuelas de alto desempeño,
resul-tado no evidente a partir de los análisis de correlación presentados en
el cuadro 6. Haciéndose eco de la distinción de Dunlap y Goldman (1991) entre
“poder sobre” y “poder a través”, nuestros resultados contribuyen a ilustrar
que la influencia en las escuelas no es una suma fija y que en las escuelas de
alto desempeño todo el mundo
parece tener
influencia, en comparación con las escuelas de bajo desempeño, donde el
liderazgo tiende a ser un laissez-faire, enfoque que casi
invariablemente ha demos-trado ser inefectivo (Bass y Avolio, 1994). También
vemos corroborada la tesis de Jaques (2003) sobre el carácter inevitable de la
jerarquía en las grandes organiza-ciones, junto con algunos indicios de que una
organización más plana puede que no sea la panacea descrita
por algunos teóricos organizacionales.
De hecho, esta
evidencia y las ideas que conlleva se ajustan bastante a la hipó-tesis
planteada por la concepción de Tannenbaum sobre gráficos de control (1961) y
propuesta por McMahon y Perritt (1971). Una década después de la publicación de
Tannenbaum, los autores argumentaron que la efectividad organizacional puede
que tenga menos que ver con la nivelación del poder (distribuciones menos
jerárquicas de la influencia) y más con la concordancia percibida o acuerdo
entre roles en lo que es la estructura de control. Su investigación evaluó
hasta qué punto las personas que desempeñaban diferentes roles en la
organización concordaban en quién tenía la mayor influencia. Dada la evidencia
que verificó esta hipótesis en empresas, los autores concluyeron que “este
estudio pone el acento en la importancia del acuerdo sobre las percepciones
acerca de la estructura de control de escalafones jerárquicos diversos dentro
de una organización” (p. 339).
Naturalmente, no
podemos verificar directamente esta afirmación con nues-tros datos porque lo
único que tenemos son las percepciones de los profesores; pero es una hipótesis
que amerita una investigación posterior, a la luz de las afirmaciones
6 Estas correlaciones
son todas significativas al nivel p < .01 (de dos colas).
86
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
aún no fundadas
acerca de los efectos positivos del liderazgo distribuido y de las estructuras
organizacionales planas. El esquema de liderazgo distribuido, evidente en las
escuelas de mayor desempeño en nuestro estudio, no refleja ninguno de los
modelos prototípicos de Tannenbaum (1961). Se trata más bien de un híbrido
compuesto por el prototipo autocrático (la influencia crece con el nivel
jerárquico) y el prototipo poliárquico (altos niveles de influencia para
todos). Si uno tuviera que aceptar el carácter inevitable y el valor de la
jerarquía en una organización, este híbrido sería considerado como el mejor
escenario hipotético. Lo denominaremos jerarquía inteligente en
el afán de reflejar las oportunidades que abre este enfoque para
asegurar que estas organizaciones aprovechen las capacidades y fortalezas de la
mayoría de sus miembros, asegurando a la vez una cuidada coordinación de
esfuerzos en una dirección común.
Conclusión
Nuestro estudio
estuvo sujeto a varias limitaciones significativas que deben ser tomadas en
cuenta al interpretar los resultados. Primero, los bajos niveles de varia-ción
en las respuestas a ciertas variables clave (particularmente, los
administrativos escolares) fueron una restricción técnica (no sustantiva) a la
fuerza de las relaciones que encontramos en nuestro estudio. Esta condición de
nuestros datos muy proba-blemente hizo que subestimáramos la importancia de
algunas relaciones.
Segundo, aunque
nuestra variable dependiente elegida fue aquella referida al cambio en los
resultados escolares a través del tiempo, no pudimos encontrar rela-ciones
significativas entre nuestra variable independiente (el liderazgo colectivo) y
nuestras variables mediadoras (de los profesores) y esta medición del logro
escolar. En lugar de eso, nuestros hallazgos sobre los efectos del liderazgo
colectivo y las capacidades, motivaciones y entorno laboral de los profesores
utilizaron medidas de logro escolar anual promediados en un período de tres
años. Aunque esta es una medición razonablemente estable y permite tomar en
cuenta los efectos del nivel socioeconómico de los alumnos, reduce el alcance
de nuestros hallazgos sobre el rol del liderazgo colectivo para lograr cambios
en las escuelas y en los alumnos. Dado nuestro diseño correlacional, no podemos
afirmar que éste contribuye a este fin; sólo podemos decir que hay una
asociación significativa entre liderazgo colectivo y alto desempeño escolar en
las escuelas.
Aun cuando este
estudio, al igual que varios de nuestros estudios anteriores (Leithwood et al,
2004; Leithwood y Jantzi, 2006), encontró relaciones signifi-cativas pero
débiles entre liderazgo y capacidad docente, es posible que nuestra medición de
la capacidad docente sea parte de la explicación, por ende, una tercera
87
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
limitación. Esta
medición se refiere, en primer lugar, a las oportunidades de desa-rrollo
profesional, es decir, las oportunidades de aprender de otros colegas de
dife-rentes maneras, más que al conocimiento y las destrezas reales que los
profesores necesitan para fomentar los logros escolares de sus alumnos. Este es
un tema crítico en un contexto donde se pide de manera persistente a los
líderes escolares que sean “líderes pedagógicos” y que asuman responsabilidades
para mejorar los cono-cimientos y las destrezas de los profesores. Si nuestra
medición de la capacidad docente fuera un reflejo auténtico de lo que los
profesores necesitan saber y nece-sitan ser capaces de hacer, entonces nuestros
resultados sugieren que pedirles a los líderes, ya sea de manera individual o
colectiva, que sean promotores de capacidad para sus colegas docentes es un
desafío muy grande. Sin embargo, la motivación de los profesores y su entorno
laboral parecen ser mucho más susceptibles a la influencia del liderazgo y, por
ende, tienen efectos significativos sobre los logros escolares. Ahora bien,
puede que sea la relación entre todas estas variables la que le confiere el
poder a este modelo. Cobb, McClain, Lamberg y Dean (2003), por ejemplo, nos
entregan algunas claves respecto de la poderosa relación entre lide-razgo,
aprendizaje docente y estructuras organizacionales en las escuelas.
Por ultimo, nuestra
medición del liderazgo fue unidimensional, limitándose a la influencia sobre la
toma de decisiones. Esta concepción unidimensional no refleja los modelos
multidimensionales de práctica de liderazgo ahora usuales en la literatura
(véase, por ejemplo, Leithwood y Duke, 1999). Por su diseño, este estudio no
pudo responder a importantes interrogantes acerca de cuáles son las fuentes de
liderazgo más apropiadas para realizar varias funciones importantes y
diferentes del liderazgo.
Reconociendo estas
limitaciones, este estudio amplía el debate actual en la lite-ratura sobre
liderazgo, principalmente acerca de las características y las causas del
liderazgo distribuido (véase, por ejemplo, Gronn, 2002; Harris y Lambert, 2003;
Spillane, 2006), hacia una consideración de las consecuencias que éste tiene en
los alumnos. Su propósito era evaluar el impacto colectivo de las fuentes más
probables de liderazgo en las escuelas sobre los logros escolares. También
apuntaba a develar las fuentes que tienen la mayor influencia y dilucidar si
esa influencia varía entre escuelas con diferentes niveles de logro escolar.
Los resultados
sugieren que el liderazgo colectivo no explica la variación signi-ficativa en
los logros escolares en las escuelas. La influencia del liderazgo colectivo
estuvo más fuertemente vinculada a los logros escolares a través de la
motivación de los profesores. Finalmente, los patrones de influencia del
liderazgo difirieron entre las escuelas con diferentes niveles de logro
escolar. Comparadas con las escuelas cuyos alumnos tuvieron niveles de logro
escolar ubicados en el 20% inferior de nuestra
88
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
muestra, las
escuelas cuyos alumnos tuvieron niveles de logro ubicados en el 20% superior le
atribuyeron considerablemente más influencia a la mayoría de las fuentes de
liderazgo colectivo. Más aún, los apoderados y los alumnos fueron percibidos
como relativamente influyentes en esas escuelas, comparados con los de las
escuelas de más bajo desempeño escolar.
Implicancias para
la investigación
Al menos tres tipos
de implicancias de este estudio deben ser consideradas en el diseño de futuros
estudios sobre efectos del liderazgo distribuido. El primero se refiere a la
variable independiente, a saber, cómo se conceptualiza y mide el lide-razgo. Así
como pocos estudios anteriores han intentado evaluar el vínculo entre las
formas distribuidas de liderazgo y los logros escolares, numerosos estudios
sobre liderazgo distribuido han adoptado concepciones multidimensionales sobre
las funciones de liderazgo como base para su trabajo. Por ejemplo, Firestone y
Martinez (2007) examinaron fuentes docentes y distritales de liderazgo
valiéndose de una concepción sobre las funciones del liderazgo que consideraba
desarrollar y mantener una visión de una escuela efectiva o un distrito
efectivo; desarrollar y gestionar una cultura para apoyar esa visión; brindar
apoyo anímico; procurar y distribuir los recursos; apoyar el crecimiento y el
desarrollo de los integrantes de la organización; y monitorear los aspectos pedagógicos,
la innovación y el ambiente general de la escuela. Spillane et al. (2007)
investigaron acerca del liderazgo distribuido entre los profesores y los
directores utilizando una taxonomía de funciones de liderazgo que incluye la
administración, el currículo y la instrucción, la observación y el creci-miento
profesional. Mayrowetz, Murphy, Louis y Smylie (2007) conceptualizaron las
funciones del liderazgo incluyendo los siguientes elementos: brindar y
transmitir una visión, entregar estímulo y reconocimiento, obtener recursos,
adaptar procedi-mientos operativos estándar, monitorear las iniciativas de
mejoramiento y manejar los conflictos. Y Leithwood et al. (2004) se valió de
dimensiones asociadas con una concepción transformacional del liderazgo para investigar
cómo estas funciones estaban diseminadas en varios roles.
Locke (2002) ha
señalado, a nuestro entender de manera convincente, que las funciones del
liderazgo pueden diferir en términos de los roles más aptos para llevarlas
adelante. Él señala, por ejemplo, que establecer una visión amplia y
compartida, función incluida en casi todos los modelos de liderazgo, es algo
que realizan mejor aquellas personas próximas a la cúspide de la jerarquía
organizacional. Reconocer debidamente el carácter multidimensional de las
funciones de un líder multiplica la complejidad de las interrogantes sobre los
efectos del liderazgo colectivo ejercido por muchas personas. También permite
desarrollar una conceptualización mucho
89
Kenneth Leithwood y
Blair Mascall
más rica de los
modelos del liderazgo colectivo, comparada con la concepción utili-zada en este
estudio. Sería muy interesante que las futuras investigaciones evaluaran los
efectos de diferentes modelos de liderazgo colectivo sobre la base de funciones
incluidas en las concepciones multidimensionales del liderazgo.
Un segundo tipo de
implicancias para futuras investigaciones se relaciona con la elección de los
elementos mediadores. Tal como concluyeron Hallinger y Heck (1996) en su muy
citada reseña sobre la evidencia existente, pocos estudios sobre el liderazgo
de efectos directos reportan efectos significativos en los alumnos, mientras
que los estudios sobre efectos indirectos a menudo lo hacen. Sin embargo, el
desafío para estudios sobre efectos indirectos como éste, es seleccionar
variables mediadoras susceptibles a la influencia de los líderes y que, a su
vez, sean lo suficientemente pode-rosas como para tener efectos significativos
en los alumnos. Como lo señala la reseña de Hallinger y Heck, muchas de estas
variables han sido adoptadas como mediadoras, por ejemplo, la cultura escolar,
el ambiente escolar, el proceso de fijación de metas de la escuela, los
programas y la entrega de contenidos pedagógicos, los recursos, las actitudes
ante el cambio por parte de los profesores, y otras. Aunque hemos usado muchas
de esas variables en nuestros estudios anteriores (por ejemplo, Leithwood y
Jantzi, 1999, 2000), en este estudio apuntábamos a algo más modesto. La
moti-vación de los profesores y su entorno laboral eran claramente buenas
opciones. Es posible que la capacidad docente también lo fuera. Pero las
futuras investigaciones tendrán que desarrollar una medición de esa capacidad
que refleje de manera más directa las capacidades y destrezas reales que deben
tener los profesores para mejorar los logros escolares7.
También puede
resultar útil adoptar variables mediadoras con comprobados efectos sobre los
alumnos, incluso si la evidencia anterior aún deja sin contestar inte-rrogantes
acerca de la influencia potencial o real del liderazgo sobre ellos. Ejemplos de
estas variables mediadoras incluyen la eficacia de los docentes (Bandura,
1986), la confianza en los líderes (Tschannen-Moran y Hoy 2000), el
recientemente formu-lado concepto de optimismo académico (Hoy, Tarter y
Woolfolk Hoy, 2006) y el ambiente disciplinario, que explican de manera
significativa la variación en los logros escolares en los últimos resultados de
la encuesta escolar internacional desarrollada por la Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) (Ma y Willms, 2004).
7 Nuestro proyecto
más amplio incluye una medición que sirve para este propósito, pero estos datos
sólo están disponibles para una submuestra de las 90 escuelas utilizadas en
este estudio.
90
Capítulo 3 •
Efectos del liderazgo colectivo
Finalmente, sería
recomendable que las futuras investigaciones que busquen identificar formas y
modelos de liderazgo distribuido capaces de mejorar los logros escolares
utilicen mediciones de valor agregado o de cambio a lo largo del tiempo
respecto de los logros escolares, cada vez que sea posible.
Implicancias para
la práctica
Al comienzo de este
capítulo nos referimos a la popularidad del liderazgo distri-buido como un
enfoque deseable para la práctica del liderazgo en las escuelas. Los argumentos
en favor del optimismo asociado a este enfoque sobre el liderazgo apelan a los valores
democráticos, la pericia compartida, el compromiso que surge de la
participación en la toma de decisiones, entre otros (por ejemplo, Pearce y
Conger, 2003). Aunque muchas de estas justificaciones parecen razonables,
existe toda una literatura que, por el contrario, apunta a la falta de
coordinación, visos de anarquía, demandas irrealistas en términos de tiempo por
parte de las personas que no ocupan roles administrativos formales, y otras
razones similares (por ejemplo, Bryk, 1998). El presente estudio, con todo lo
que tiene de provisorio, sugiere que la verdad está en algún punto intermedio.
Aunque gran parte de la literatura optimista aboga por una forma de
distribución cercana a la hipótesis de Tannenbaum sobre nivelación del poder
(1961), nuestros resultados en realidad se ajustan a algo más cercano a la
hipótesis de concordancia de McMahon y Perritt (1971). Dentro de una jerarquía
razonablemente tradicional de influencia, es necesario encontrar vías para
apoyarse en la competencia de todo el equipo administrativo.
Aun reconociendo
que algún tipo de distribución del liderazgo ha sido siempre un rasgo necesario
de las escuelas y otras organizaciones profesionales, no existe (por ahora) una
justificación empírica para abogar por una distribución más planificada del liderazgo
como estrategia para el mejoramiento organizacional, más allá de los
importantes esfuerzos por incorporar todas las capacidades y los compromisos
exis-tentes en las organizaciones escolares.
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95
Distribuir el
liderazgo en aras de escuelas más inteligentes: eliminar el ego del sistema*
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
En este estudio,
investigamos los patrones de distribución del liderazgo así como qué funciones
de liderazgo son cumplidas por quiénes, las características de los líderes no
adminis-trativos y los factores que promueven o inhiben la distribución de las
funciones de liderazgo. Creemos que nuestra descripción del liderazgo
distribuido en este distrito probablemente constituye un ejemplo de “mejor
práctica” en este momento —no perfecto, pero probable-mente más maduro que el
promedio en un grado significativo. El aspecto más relevante de este estudio
fue el papel crítico que juegan los líderes escolares formales y los líderes
distritales para ayudar a promover formas aparentemente productivas de
liderazgo distribuido.
Introducción
Los estudios sobre
las prácticas o funciones del liderazgo tradicionalmente lo han radicado en el
individuo, por lo general en personas que detentan roles o cargos formales de
autoridad y a las que con frecuencia se les atribuyen capacidades “heroicas” y
cualidades carismáticas. Este es el “liderazgo focalizado”. Sin embargo, la
mayoría de las organizaciones siempre han dependido fuertemente del liderazgo
de muchos otros miembros de la organización para lograr efectivamente realizar
su labor. El interés actual por el liderazgo distribuido podría interpretarse
como un esfuerzo por desplazar estas fuentes de liderazgo desde el extremo
informal hacia el formal del organigrama de la organización, para reconocer
explícitamente la presencia de dicho liderazgo y comprender mejor su
contribución al funcionamiento de la organización.
* Fuente: Leithwood,
K., Mascall, B., Strauss, T., Sacks, R., Memon, N., y Yashkina, A. (2007).
Distributing
leadership to make schools smarter: Taking the ego out of the system. Leadership
and Policy in Schools, 6(1), 37-67
97
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
El liderazgo
distribuido es un concepto muy en boga entre los investigadores, los encargados
de la formulación de políticas, los reformadores educacionales y los propios
líderes (Hammersley-Fletcher y Brundrett, 2005; Storey, 2004). Si bien la idea
de “distribuir el liderazgo” genera amplio interés, hay interpretaciones que
compiten y que a veces entran en conflicto en cuanto al significado real del
liderazgo distribuido. Como señala Harris (2004), la definición y la
comprensión del lide-razgo distribuido fluctúa entre lo normativo y lo teórico
y, por ende, la literatura que respalda el concepto de liderazgo distribuido
sigue siendo diversa y de amplia base (Bennett, Harvey, Wise y Woods, 2003).
El concepto de
liderazgo distribuido se traslapa significativamente con los conceptos de
liderazgo compartido (Pearce y Conger, 2003), colaborativo (Wallace, 1989)
democrático (Gastil, 1997) y participativo (Vroom y Jago, 1998). El liderazgo
distribuido supone un conjunto de prácticas para fijar rumbos y ejercer
influencia, potencialmente “por personas en todos los niveles, más que un
conjunto de caracte-rísticas personales y atributos de personas en la cúspide
organizacional” (Fletcher y Kaufer, 2003, pág. 22). Este concepto también puede
incluir fuentes de influencia que no están radicadas en las personas como, por
ejemplo, “los sustitutos del lide-razgo” de Jermier y Kerr (1997), lo que
conduce a una perspectiva del liderazgo como un fenómeno que involucra a la
organización en su totalidad (Pounder, Ogawa y Adams, 1995). No obstante, con
la excepción del liderazgo distribuido a través de comités y equipos
formalmente establecidos, casi no contamos con evidencia siste-mática sobre la
contribución relativa al logro de los objetivos organizacionales de los
diferentes modelos de distribución del liderazgo. En lo que se refiere a las
organiza-ciones escolares, dicha evidencia virtualmente no existe.
En este artículo se
presenta evidencia de la primera etapa de un estudio multi metodológico de dos
etapas. La finalidad de la primera etapa consiste en recopilar evidencia
cualitativa en un número reducido de escuelas; le sigue una segunda etapa,
basada enteramente en datos cuantitativos. Incluyendo ambas etapas de la
investiga-ción, el objetivo de este estudio es proporcionar evidencia
sistemática que responda a interrogantes sobre:
• las diferencias
entre los patrones de distribución del liderazgo (abordado en esta etapa, pero
desarrollado en forma más amplia en la segunda etapa);
• quiénes cumplen qué
funciones de liderazgo;
• las características
de aquellas personas en roles no administrativos que desempeñan funciones de
liderazgo;
• los factores que
apoyan o inhiben el desarrollo del liderazgo distribuido; y
98
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
• los impactos de la
distribución del liderazgo, tanto sobre la organización como sobre el
aprendizaje de los alumnos (segunda etapa).
A diferencia de la
mayoría de los estudios existentes sobre distribución del lide-razgo, nuestra
perspectiva sobre estos temas incluye tanto a las escuelas como al distrito al
que pertenecen. Además, nuestro objetivo último es contribuir a que la investigación
sobre el liderazgo distribuido supere su actual estado descriptivo para generar
información acerca de cómo mejorar las prácticas de liderazgo.
Reseña de la
literatura sobre el tema
En esta sección
presentamos una reseña de la evidencia relevante para cuatro de los cinco temas
que constituyen el foco de nuestro estudio en dos etapas. El quinto tema —los
impactos del liderazgo distribuido— se desarrollará cuando presentemos los
resultados de la segunda etapa del estudio. Además de resumir las orientaciones
conceptuales y la evidencia empírica sobre cada uno de estos cuatro temas,
también formulamos una serie de hipótesis basadas en dichas orientaciones y
evidencias que deberán ser comprobadas durante el curso de la investigación.
Sin embargo, no todas las hipótesis han sido puestas a prueba en esta primera
etapa.
Patrones de
liderazgo distribuido
Tanto Gronn (2003)
como Spillane (2006) han conceptualizado dos formas distintas de liderazgo
distribuido. Gronn denomina a estas formas “aditiva” y “holística”. El término
aditivo describe un patrón descoordinado de liderazgo en que muchas personas
diferentes pueden asumir funciones de liderazgo pero sin mucho o ningún
esfuerzo por tomar en cuenta las actividades de liderazgo de otras personas
dentro de la organización. Al parecer, éste es el significado más común del
término adoptado por quienes sostienen que “todos somos líderes” (por ejemplo,
Manz y Sims, 1980).
Los términos
“holístico” o, en palabras de Spillane (2006), “persona-plus”, se
refieren a relaciones conscientemente manejadas y sinérgicas entre algunas,
muchas o todas las fuentes de liderazgo dentro de la organización. Estas formas
de liderazgo distri-buido asumen que, en el trabajo de los líderes, la suma
representa más que las partes; que hay altos niveles de interdependencia entre
las personas que ejercen el liderazgo y que la influencia atribuida a sus
actividades surge de procesos sociales dinámicos, multidireccionales que, en el
mejor de los casos, se traducen en un aprendizaje para las personas
involucradas, así como para la propia organización (Pearce y Conger, 2003).
Basándose en su
reseña de un pequeño cuerpo de investigaciones realizadas dentro de un amplio
espectro de contextos organizacionales, Gronn (2002) sugiere
99
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
que las formas
holísticas de liderazgo distribuido pueden adoptar tres formas. La primera de
ellas es la colaboración espontánea. Gronn explica que “de vez en
cuando, grupos de personas con diferentes destrezas y conocimientos,
provenientes de diferentes niveles de la organización, se unen para poner en
común su pericia y regularizar sus conductas durante una tarea, y luego se separan”.
(pág. 657). A una segunda forma de distribución concertada la denomina
Gronn relaciones de trabajo intuitivas. Esta forma de liderazgo
distribuido concertado surge en el tiempo “en la medida en que dos
o más miembros de la organización llegan a apoyarse mutua-mente y desarrollan
relaciones de trabajo cercanas” y, como argumenta Gronn, “el liderazgo queda de
manifiesto en el espacio de los roles compartidos que abarca la relación” (pág.
657). Finalmente, está la práctica institucionalizada de
Gronn, para quien los comités y los equipos representan su forma más obvia, y
que incluye a las estructuras formalizadas que surgen por designio o a través
de una adaptación menos sistemática.
Desde una
perspectiva holística, el alcance y naturaleza de la coordinación en el
ejercicio de la influencia entre los miembros de una organización constituye un
desafío crítico. La interdependencia entre dos o más miembros de la
organización puede ser fruto de la superposición de roles o de la
complementación de destrezas y conocimientos. Cuando la superposición de roles
ocurre en forma coordinada, puede haber un reforzamiento mutuo de la influencia
y menos probabilidades de cometer errores al momento de tomar decisiones.
Cuando la ejecución de funciones complementarias es la forma que toma la
interdependencia, las personas que ejercen el liderazgo tienen la oportunidad
de hacer lo que hacen mejor, como también de desarrollar sus propias
capacidades observando a sus colegas que hacen lo mismo, en un “efecto de
apiñamiento”, según lo denomina Gronn (2002, p.671)
Nuestro concepto de
los patrones de liderazgo distribuido se fundamenta en las tres formas
holísticas de Gronn y las amplía. Nos centramos en detectar hasta qué punto el
desempeño de las funciones de liderazgo está conscientemente alineado con las
fuentes de liderazgo. Adicionalmente, especulamos acerca de las creencias y
valores que conlleva cada una de estas diferentes modalidades de alineamiento.
Alineamiento
planificado
En esta
configuración, comparable con la modalidad holística que Gronn denomina
“practica institucionalizada”, las tareas o funciones de las personas que
ejercen el lide-razgo han sido pensadas con anterioridad, en forma planificada,
por los miembros de la organización. Se han establecido acuerdos entre las
fuentes de liderazgo acerca de qué prácticas o funciones de liderazgo son mejor
desempeñadas por quiénes.
100
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
Aunque asumimos que
el alineamiento es algo positivo para la organización, hay varias razones para
no pensar que contribuya positivamente ala productividad. Los patrones de
distribución de las tareas determinados mediante la planificación pueden
resultar de alguna forma subóptimos. E incluso si la distribución es óptima,
puede que uno o más de los líderes desempeñen las funciones acordadas con poca
destreza. Pero asumimos que los procesos reflexivos, planificados o pensados
con anterioridad, y que se asocian a esta configuración, aumentan las
posibilidades de un patrón productivo de liderazgo distribuido.
Las creencias y
valores compartidos que parecen estar asociados al alineamiento planificado
incluyen:
• la reflexión y
diálogo como fundamento para una buena toma de decisiones;
• la confianza en los
móviles de los colegas que ejercen el liderazgo (véase Gabarro, 1978, citado
por Gronn, 2002);
• creencias bien
fundadas acerca de las capacidades de los colegas que ejercen el liderazgo;
• compromiso con las
metas compartidas de la organización en su conjunto; y
• la cooperación en
vez de la competencia como la mejor forma de promover la productividad dentro
de la organización.
Alineamiento
espontáneo
En esta
configuración, que corresponde esencialmente a la forma de distribución
concertada que Gronn denomina “colaboración espontánea”, las tareas y funciones
de liderazgo se distribuyen con poca o ninguna planificación. No obstante, las
decisiones tácitas e intuitivas acerca de quién debería desempeñar determinadas
funciones de liderazgo devienen en un alineamiento fortuito de las funciones
entre las fuentes de liderazgo. Comparado con el alineamiento planificado, no
hay una diferencia significativa en cuanto a la contribución a la productividad
organizacional a corto plazo de este “método” de alineación. Sin embargo, la
naturaleza tácita de las decisiones que conlleva el alineamiento espontáneo
pareciera reducir la flexibilidad y adaptabilidad de las respuestas de la
organización a futuros desafíos de liderazgo. La espontaneidad ofrece pocas
garantías de un alineamiento fortuito.
Las creencias y
valores compartidos que parecen estar asociados con el alinea-miento espontáneo
incluyen:
• “sentimientos
instintivos” como base para una buena toma de decisiones;
• confianza en los
móviles de los colegas que ejercen el liderazgo;
101
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
• creencias
idealistas acerca de las capacidades de los colegas que ejercen el liderazgo;
• compromiso con las
metas compartidas de la organización; y
• cooperación en vez
de competencia como la mejor forma de promover la productividad dentro de la
organización.
Desalineamiento
espontáneo
Esta configuración
se asemeja al alineamiento espontáneo en lo que se refiere a la distribución
del liderazgo, así como a los valores, creencias y normas subyacentes. Sólo el
resultado es diferente o menos fortuito en el desalineamiento (que puede ser marginal
o amplio). La productividad organizacional, tanto a corto como a largo plazo,
se ve afectada por esta forma de (des)alineamiento. Sin embargo, los miem-bros
de la organización no se oponen, en principio, al alineamiento planificado o al
espontáneo, lo que deja abiertas perspectivas razonables de alguna modalidad de
alineamiento productivo en el futuro.
Desalineamiento
anárquico
Esta configuración
se caracteriza por un rechazo activo, por parte de algunos o muchos líderes de
la organización, a la influencia de otras personas en cuanto a lo que deberían
estar haciendo en su propia esfera de influencia. Como resultado, las unidades
de estos líderes se comportan en forma altamente independiente, compi-tiendo
con otras unidades en temas como los objetivos de la organización y el acceso a
los recursos. Sin embargo, el rechazo activo a la influencia de otras personas
esti-mula la reflexión acerca de la propia posición en relación a la mayoría de
los temas de importancia.
Las creencias y
valores compartidos que parecen estar asociados con el desalinea-miento
anárquico incluyen:
• reflexión y diálogo
como base para una buena toma de decisiones en rela-ción al trabajo propio y a
la propia esfera de influencia;
• desconfianza en
cuanto a los móviles y capacidades de los colegas que ejercen el liderazgo;
• compromiso con los
objetivos individuales o de la unidad, pero no con los de toda la organización;
y
• competencia en vez
de cooperación como la mejor forma de promover la productividad entre las
unidades de la organización.
102
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
Hipótesis
Basándonos en esta
conceptualización de los modelos de distribución del liderazgo, esperamos que
la evidencia acumulada durante las dos etapas de nuestro estudio demuestre que:
1. Los modelos de
alineamiento planificado y espontáneo contribuyen de igual modo a la
productividad a corto plazo de la organización y en mayor medida que el
desalineamiento espontáneo o el desalineamiento anárquico.
2. El alineamiento
planificado contribuye significativamente más a la producti-vidad a largo plazo
de la organización que otros modelos de alineamiento.
3. Tanto el
desalineamiento espontáneo como el desalineamiento anárquico tienen efectos
negativos en la productividad a corto y a largo plazo de la organización.
4. Los miembros de la
organización asociados tanto con el alineamiento como con el desalineamiento
espontáneos se sentirán más atraídos por una moda-lidad de alineamiento
planificado que los miembros asociados con el desalinea-miento anárquico.
Funciones del
liderazgo
Las preguntas sobre
exactamente qué es lo que está siendo propagado son funda-mentales para el
estudio del liderazgo distribuido. Nuestra respuesta general es que son las
funciones, acciones o “prácticas” de liderazgo. El término “prácticas”, como lo
utilizamos aquí, corresponde a la definición que aparece en la mayoría de los
diccionarios y es más o menos sinónimo de las conductas de liderazgo. Es
necesario enfatizar que no se trata de la concepción de prácticas creada por
Spillane (2006) en su estudio sobre el liderazgo distribuido, a saber,
interacciones que ocurren entre los líderes, seguidores, y las situaciones en
que trabajan. Si bien estas interacciones son obviamente críticas para
comprender cómo se produce la influencia del lide-razgo, nosotros circunscribimos
nuestra concepción de las prácticas a las conductas o funciones de los líderes
durante esas interacciones.
Desde nuestra
perspectiva, tanto los líderes como los seguidores participan en prácticas que
requieren ser comprendidas, y el contexto o situación en que interac-túan tiene
una influencia determinante en las acciones que emprenden en respuesta los unos
a los otros. Una de las misiones más importantes para la investigación sobre el
liderazgo (y una de las más prácticas) es develar aquellas conductas o
prácticas de liderazgo que tienen influencias predecibles y deseables en los
seguidores, espe-cialmente influencias que puedan predecirse dentro de un rango
significativo de contextos o situaciones.
103
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
La evidencia que
arrojan los estudios sobre liderazgo, tanto en contextos esco-lares como no
escolares, apunta a varias categorías amplias de funciones del lide-razgo con
dichos efectos predecibles. Éstas sirvieron en este estudio como nuestra
concepción inicial de lo que está siendo distribuido y las hemos descrito, así
como la evidencia que les dio origen, en forma extensa en otras publicaciones
(por ejemplo, Leithwood, Louis, Anderson y Wahlstrom, 2004; Leithwood y Riehl,
2005). Estas categorías de prácticas del liderazgo reflejan una aproximación
transformacional al liderazgo que, según Bass (1997), ha probado ser útil en
diferentes contextos cultu-rales y organizaciones. La afirmación de Bass
generalmente puede demostrarse en el caso de las organizaciones educacionales
(por ejemplo, Geijsel, Sleegers, Leithwood y Jantzi, 2003; Yu, Leithwood y
Jantzi, 2002; Southworth, 1998) y, específicamente, en el éxito de algunos
esfuerzos de reforma a gran escala en las escuelas (por ejemplo, Day, Harris,
Hadfield, Tolley y Beresford, 2000). Consideramos que estas categorías —y las
prácticas específicas que abarcan— constituyen el “fundamento” de un buen
liderazgo en la mayoría de los contextos organizacionales.
Fijar rumbos
Un aspecto crítico
del liderazgo consiste en ayudar a un grupo a desarrollar un conocimiento
compartido de la organización, de sus actividades y objetivos, con el fin de
crear un sentido de propósito o visión (véase, por ejemplo, Hallinger y Heck,
2002). Las contribuciones teóricas más fundamentales sobre la importancia de
las prácticas de los líderes orientadas a fijar rumbos son las teorías de la
motiva-ción humana basadas en los objetivos (véase, por ejemplo, Bandura, 1986;
Ford, 1992; Locke, Latham y Eraz, 1989). De acuerdo con estas teorías, las
personas se sienten motivadas por los objetivos que consideran personalmente
atractivos y desa-fiantes, pero que, al mismo tiempo, sienten que pueden
alcanzar. Estos objetivos les permiten a las personas darle un sentido a su
trabajo (véase, por ejemplo, Thayer, 1988; Weick, 1995) y les posibilita
desarrollar un sentido de identidad propio dentro de su contexto de trabajo
(Pittman, 1998).
Las prácticas
específicas que contribuyen a brindar una orientación y que frecuentemente se
mencionan son:
• identificar y
articular una visión;
• promover la
aceptación de los objetivos grupales;
• crear expectativas
de alto rendimiento; y
• promover la
comunicación efectiva (Bennis, 1984).
104
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
Desarrollar a las
personas
Si bien las
directrices organizacionales claras y atractivas contribuyen
significativa-mente a motivar a las personas en su trabajo, no constituyen las
únicas condiciones para lograrlo. Tampoco contribuyen al desarrollo de las
destrezas que los miembros a menudo requieren para avanzar productivamente en
esa dirección. Dichas destrezas y motivaciones están influenciadas por las
experiencias directas que los miembros de la organización tienen con las
personas que desempeñan un rol de liderazgo (Lord y Maher, 1993), así como por
las condiciones en que trabajan las personas dentro de la organización (Rowan,
1996), como veremos más adelante.
La capacidad para
participar en dichas prácticas depende, en parte, del cono-cimiento de los
líderes del “núcleo técnico” de la enseñanza —lo que se requiere para mejorar
la calidad de los procesos de enseñanza-aprendizaje— a menudo denominado
“liderazgo pedagógico” (Hallinger y Murphy, 1985; Sheppard, 1996). Pero esta
capa-cidad también es parte de lo que hoy en día denominamos la inteligencia
emocional de los líderes (Goleman, Boyatzis y McKee, 2002). La evidencia
reciente sugiere que cuando dicha inteligencia se manifiesta, por ejemplo, en
la atención personal que un líder le dedica a un empleado y al desarrollo de
sus destrezas, aumentan los niveles de entusiasmo y optimismo, se reduce la
frustración, se transmite un sentimiento de misión, e indirecta-mente aumenta
la productividad. (McColl-Kennedy y Anderson, 2002).
Hay otros grupos de
prácticas de liderazgo más específicas que tienen una influencia positiva y
significativa en estas experiencias directas, entre ellas:
• ofrecer
estimulación intelectual;
• proporcionar apoyo
individualizado (véase, por ejemplo, Louis, Toole y Hargreaves, 1999); y
• modelar prácticas y
valores apropiados (véase, por ejemplo, Ross, 1995; Ross, Cousins y Gadalla,
1996).
Rediseñar la
organización
Los líderes
educacionales exitosos desarrollan sus escuelas como organizaciones efectivas
que respaldan y mantienen el rendimiento de los profesores y alumnos. Esta
categoría de prácticas de liderazgo ha surgido de la evidencia reciente sobre
las características de las organizaciones de aprendizaje y de las comunidades
de aprendizaje profesionales (Leithwood, Leonard y Sharratt, 1998) y su
contribu-ción al trabajo del equipo (por ejemplo, Louis, Marks y Kruse, 1996;
Louis y Kruse, 1995) y al aprendizaje de los alumnos (Marks, Louis y Printy,
2000; Silins, Mulford, Zarins y Bishop, 2000). Dichas prácticas asumen que el
propósito de las
105
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
culturas y
estructuras organizacionales es facilitar el trabajo de los miembros de la
organización y que la maleabilidad de las estructuras debe ir de la mano con la
naturaleza cambiante de la agenda de mejoramiento escolar. Las prácticas
especí-ficas que se asocian típicamente con esta categoría incluyen fortalecer
las culturas escolares (véase, por ejemplo, Leithwood y Jantzi, 1990),
modificar las estructuras organizacionales (Louis y Kruse, 1995; Roberts, 1985)
y desarrollar procesos de colaboración (véase, por ejemplo, Sleegers, Geijsel y
van den Borg, 2002).
Gestionar el
programa de estudio
Esta categoría
reconoce el carácter especial de las escuelas y la tecnología nuclear de la
enseñanza en particular; también reconoce las contribuciones cruciales que los
procedimientos operacionales estándares confiables aportan a la efectividad de
prácticamente cualquier organización. La evidencia sobre la naturaleza del
liderazgo pedagógico (véase, por ejemplo, Alig-Mielcarek y Hoy, 2005) y los
procesos efectivos de mejoramiento escolar (Leithwood, Jantzi y
McElheron-Hopkins, 2006) reduce nuestro foco a cuatro subcategorías de tareas:
• proporcionar
personal para el programa de enseñanza;
• monitorear el
progreso de los alumnos y las estrategias de mejoramiento escolar;
• proteger al
personal de las demandas improductivas externas; y
• asignar recursos
para impulsar los esfuerzos de mejoramiento escolar.
Hipótesis
Las funciones de
liderazgo que hemos presentado aquí han sido típicamente descritas como las
funciones “nucleares” o “básicas” que deben realizar los líderes exitosos en la
mayoría de las circunstancias; la evidencia también sugiere que éstas abarcan
de manera relativamente comprehensiva el quehacer de los líderes (Day y
Leithwood, en prensa). Por lo tanto, establecimos la hipótesis de que:
5. Las funciones de
liderazgo distribuidas en las escuelas y distritos abarcarán las cuatro
categorías de funciones arriba descritas.
Fuentes y alcance
de la distribución del liderazgo
La pregunta acerca
de quiénes y cuántas personas desempeñan funciones de lide-razgo, y respecto de
la naturaleza de estas funciones, parece depender por lo menos de cuáles son
las funciones a desempeñar, su nivel de complejidad y el contexto orga-nizacional
en que serán ejecutadas.
106
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
¿Quiénes desempeñan
funciones de liderazgo y cuáles son esas funciones?
El “modelo
integrado” de liderazgo de Locke (2003) incluye el potencial para una
coordinación considerable en un ambiente de liderazgo distribuido. Este modelo
reconoce tanto la realidad como las virtudes, en la mayoría de las
organizaciones, del liderazgo distribuido basado en múltiples formas de
influencia lateral. Sin embargo, el modelo también reconoce lo que Jaques
(1989) sostiene que son fuentes “inevi-tables” de liderazgo vertical o
jerárquico en, virtualmente, cualquier organización exitosa. Como lo señala
Locke, “ninguna de las empresas exitosas que conozco y que generan ganancias,
ha estado manejada por un equipo” (2003, página 273). Las relaciones
involucradas en el liderazgo vertical conllevan un doble flujo de influencia
que contribuye a resolver el problema de la coordinación. Este problema no
queda resuelto en las concepciones de liderazgo distribuido, que generalmente
implican sólo las formas de liderazgo laterales en el modelo de Locke.
Locke (2003)
argumenta que dentro de las funciones y tareas asociadas con el liderazgo hay
varias que no deberían ser distribuidas o compartidas, en tanto que las
restantes sí deberían serlo, por lo menos parcialmente. Desde la perspectiva de
nues-tras funciones nucleares de liderazgo, Locke les asignaría a los “líderes
superiores” (término utilizado por él) la tarea de definir la visión
organizacional (incluidos sus valores nucleares), así como determinar la
estrategia global para alcanzar esa visión, y asegurar que la estructura
organizacional apoye dicha estrategia. Si bien puede ser que los líderes
superiores incluyan a muchas personas en los procesos que conducen a dichas
decisiones, son los líderes superiores quienes tienen la responsabilidad última
de éstos. Según Locke, algunas de las funciones de liderazgo que podrían ser al
menos parcialmente compartidas son: establecer los objetivos para cumplir con
la visión, la estimulación intelectual, el apoyo individualizado y la
construcción de una cultura colaborativa. Estas son funciones que deberán
realizarse en todos los niveles para que la organización pueda tener éxito en
avanzar hacia su visión.
Complejidad de la
tarea
Los teóricos
organizacionales han sostenido durante mucho tiempo que la comple-jidad de la
tarea es una variable clave que determina las respuestas de liderazgo
productivas. Este cuerpo de evidencia argumenta que las formas de liderazgo más
directivas (semejantes a lo que sería la “supervisión” para la mayoría de las
personas) son productivas cuando las tareas a realizar son relativamente
sencillas. Las formas de liderazgo más participativas, compartidas o
distribuidas, funcionan mejor en respuesta a tareas relativamente complejas
(Rowan, 1996). Esto, porque las capaci-dades colectivas de la organización
teóricamente exceden por mucho las capacidades
107
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
de cualquiera de
los miembros de la organización. Distribuir el liderazgo es una estrategia con
algún potencial para acceder a los conocimientos colectivos de la orga-nización
para realizar tareas complejas y lograr los objetivos organizacionales.
Asimismo, las
concepciones de la cognición distribuida promueven formas “no forzadas” de
liderazgo distribuido. Si bien las formas “forzadas” de liderazgo distri-buido
conllevan funciones de liderazgo a cargo de un líder formal, o compartidas
solamente entre los líderes formales, las formas “no forzadas” incluyen la
distribución del liderazgo a quienquiera tenga la competencia necesaria para el
trabajo y no sola-mente a quienes desempeñan roles formales de liderazgo. Las
funciones de liderazgo pueden compartirse entre los líderes formales y uno o
unos pocos “otros” excepcio-nales debido a su pericia personal única; pueden
compartirse ampliamente entre los líderes formales e informales dependiendo de
su competencia; o pueden compar-tirse ampliamente entre líderes formales e
informales en base a su competencia y a las oportunidades que brinda dicha
distribución para desarrollar una mayor pericia. Esta última forma de
distribución no forzada parece ser la más sofisticada o preferida porque no
sólo concibe la distribución del liderazgo como un medio para utilizar la
pericia compartida dentro de la organización, sino también como una forma de
construir adicionalmente dicha pericia.
Hipótesis
Basándonos en esta
perspectiva de la distribución del liderazgo, esperábamos encon-trar que las
formas más efectivas de distribución:
6. Muestran
diferenciación en la realización de funciones dependiendo del rol.
7. Hacen variar el
número de personas que ejercen liderazgo según la complejidad de las tareas a
realizar —un mayor número en el caso de tareas complejas y uno menor en el caso
de tareas sencillas.
8. Reflejan formas no
forzadas de distribución, especialmente en la ejecución de tareas de liderazgo
complejas.
Características de
los líderes no administrativos
Nuestro interés por
las formas no forzadas de liderazgo distribuido se basa en su potencial para
influir sobre la pericia organizacional. Pero además de la pericia, las
personas pueden ser consideradas como líderes por sus colegas porque son
perci-bidos como “el prototipo” del miembro de la organización y/o debido a sus
carac-terísticas personales.
108
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
El prototipo
La investigación
sobre liderazgo desde la perspectiva de la teoría de “la identidad social”
sugiere que el sentido de la propia identidad puede estar ubicado a lo largo de
un continuo que va desde la identidad personal hasta la identidad social
(Reicher, Haslam y Hopkins, 2005). La identidad personal incluye los atributos
idiosincrá-ticos, tales como las habilidades e intereses, en tanto que la
identidad social incluye clasificaciones grupales como el género, nacionalidad
y afiliación a una organización (por ejemplo, “soy profesor en la Escuela
Secundaria Carleton”).
La identidad
organizacional es una forma específica de identificación social. A medida que
las personas comienzan a identificarse con las organizaciones a las que
pertenecen, generalmente asumen las características prototípicas de la
organización como parte de su propio concepto de sí mismas. Lo que motiva a las
personas a asumir dichas identidades es la necesidad de una “auto
categorización” (la necesidad de comprender su propio lugar en la sociedad) y
la necesidad de “autovalía” (senti-miento de valor que proporciona el sentirse
parte de una organización). En suma, la identificación con la organización
contribuye a definir el auto concepto y los senti-mientos de autovalía.
Aplicada al liderazgo, la teoría de la identidad social sugiere que cuando las
personas se identifican fuertemente con su grupo u organización, tienen mayores
probabilidades de identificar, como líderes dentro de su grupo u organización,
a aquellas personas con las características más prototípicas, y no
nece-sariamente a las que son más competentes (Pierro, Cicero, Bonaiuto, van
Knippen-berg y Druglanski, 2005; Lumby, 2006). Una persona ideal o prototípica
es aquella que más se asemeja a los miembros del grupo y que más se diferencia
de aquellas personas que no pertenecen al grupo. Parece haber buena evidencia
que sugiere que los grupos a menudo les atribuyen liderazgo a aquellas personas
con las características más prototípicas del grupo (Lipponen, Koivisto y
Olkkonen, 2005).
Cuando el liderazgo
informal se atribuye a personas prototípicas, puede que estas personas tengan o
no la capacidad o la motivación de promover el avance de la orga-nización. De
hecho, su motivación podría ser justamente la contraria, preservar ciertas normas
grupales fuertemente arraigadas que impiden, sin embargo, que el grupo sea más
efectivo. Por lo tanto, el liderazgo prototípico tiene el potencial para
ejercer una influencia muy conservadora en la organización, a menos que el
grupo existente o las normas de la organización promuevan fuertemente el
cambio. Potencialmente, los líderes informales más efectivos probablemente
serían aquellos con altos grados de competencia relevante y con altos niveles
de aceptación debido a su condición prototí-pica. Estos líderes cuentan con la
confianza inicial de sus colegas y tienen más probabi-lidades de convencerlos
acerca de la necesidad de un cambio, si éste fuere el caso.
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Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
Rasgos
Varias revisiones
recientes de evidencia (Zaccaro, Kemp y Bader, 2004; Day y Leithwood, en
prensa) asocian determinados “rasgos” cognitivos y afectivos con el liderazgo
efectivo. Entre las características o rasgos cognitivos identificados
en estos estudios están la inteligencia, la capacidad para resolver problemas y
el conocimiento relevante para los desafíos que enfrenta la organización; en
breve, la evidencia sugiere que los líderes exitosos poseen estos rasgos en mayor
proporción que el promedio de las personas. Los rasgos afectivos asociados
con el liderazgo efectivo incluyen aspectos de la personalidad, la motivación y
destrezas de valoración social.
Hay evidencia
sustancial que asocia el liderazgo efectivo con un conjunto de rasgos de personalidad que
incluyen: la estabilidad emocional; la extraversión o proac-tividad (sociable,
gregario, asertivo, comunicativo, activo); ser una persona agradable (por
ejemplo, respetuosa, flexible, confiada, de buen carácter, cooperadora) y ser
una persona concienzuda (es decir, trabajadora, orientada a los logros,
perseverante). Los líderes exitosos también están abiertos a la experiencia (es
decir, son imagina-tivos, curiosos, originales, amplios de mente) y optimistas.
También demuestran una buena dosis de confianza en sí mismos o altos niveles de
autoeficacia como líderes.
La evidencia
recogida en contextos no escolares señala que los líderes exitosos tienen
perfiles motivacionales caracterizados por la necesidad de
dominio o poder, el rendimiento, la afiliación y la responsabilidad. En las
escuelas, la evidencia reciente describe a los líderes escolares exitosos como
personas apasionadas por su trabajo, muy comprometidas emocionalmente y
altamente motivadas. Muchas de estas personas tienen abundante energía, lo que
probablemente constituye un elemento que motiva a los demás; son también
personas con mucha determinación, perseve-rantes e industriosas.
La última categoría
de rasgos del liderazgo efectivo o características asociadas con el liderazgo
exitoso son las destrezas de evaluación social, la capacidad para
comprender los sentimientos, pensamientos y conductas propias y de las demás
personas, y actuar en función de esa comprensión. Las destrezas incluidas
dentro de esta amplia categoría de rasgos se refieren a la capacidad de los
líderes para apreciar los estados emocionales de sus colegas, discernir esos
estados en situaciones sociales complejas, responder en formas que se
consideren provechosas, así como comprender y manejar las propias emociones.
Las destrezas de evaluación social de los líderes exitosos identificadas en una
amplia gama de estudios incluyen la capacidad de auto monitoreo, como también
la inteligencia social y emocional. Estas destrezas de inte-ligencia social o
de evaluación social de los líderes han sido objeto de una consi-derable
investigación. Adicionalmente, parece razonable asumir que la inteligencia
110
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
emocional, concepto
popularizado por Goleman (por ejemplo, 1998), forma parte de esta amplia
categoría de rasgos, Sin embargo, la investigación específica sobre la
inte-ligencia emocional de los líderes es relativamente reciente. En general,
esta evidencia indica que las destrezas de evaluación social están
estrechamente relacionadas con el liderazgo exitoso. Esta relación puede variar
en fuerza según el tipo de trabajo. Por ejemplo, Wong y Law sugieren “que las
destrezas de gestión emocional estarían más fuertemente relacionadas con el
rendimiento en trabajos que tienen un alto desgaste emocional que en los
trabajos que involucran menos desgaste emocional” (citado en Zaccaro et al.,
2004, p. 116). Es indudable que el liderazgo escolar conlleva un alto desgaste
emocional.
Hipótesis
Esperábamos que los
líderes no administrativos surgieran producto de su pericia, su condición
prototípica y sus rasgos. Esta evidencia nos llevó a esperar que:
9. Los líderes no
administrativos identificados por su condición prototípica sólo serían menos
efectivos que los que surgen en base a su pericia o en base a su pericia y a su
condición prototípica.
10. Los líderes no
administrativos identificados como prototípicos por sus colegas y poseedores de
una pericia significativa serían más efectivos que los que sólo son
considerados expertos.
11. La atribución de
liderazgo a personas en roles no administrativos estaría signi-ficativamente
moldeada por aquellos rasgos percibidos también asociados con atribuciones de
liderazgo a personas que desempeñan roles administrativos formales.
Influencias en el
desarrollo del liderazgo distribuido
Gran parte de lo
que sabemos acerca de los factores que influyen en el desarrollo del liderazgo
distribuido en las escuelas es producto de la investigación acerca del
lide-razgo de los profesores. Este cuerpo de evidencia sugiere que la
probabilidad de que los profesores asuman funciones de liderazgo organizacional
depende de las caracte-rísticas de la estructura y la cultura de la escuela, de
las oportunidades para desarro-llar capacidades, de la naturaleza de las
relaciones entre los profesores y el director, y del apoyo y fomento activo de
formas de liderazgo distribuido por parte de los directores (Day y Harris,
2002; Harris, 2005; Harris y Lambert, 2003; Lieberman y Miller, 2005;
Leithwood, 2003; Leithwood, Jantzi y Steinbach, 2003; MacBeath, 2005; Murphy,
2005; Smylie, Conley y Marks, 2002).
111
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
Las estructuras
escolares jerárquicas disminuyen la probabilidad de aquellos cambios en las
relaciones entre los profesores y los administrativos que son necesarios para
fomentar las prácticas de liderazgo de los docentes. En contraste, las
estructuras organizacionales más planas, tanto a nivel escolar como a nivel del
distrito, fomentan ampliamente el liderazgo distribuido. Este tipo de
estructura proporciona oportu-nidades para la colaboración entre colegas —como,
por ejemplo, el tiempo para la planificación común— y normas que regulan las
relaciones dentro del equipo educa-tivo. Por ejemplo, Talbert y McLaughlin
(1993) comprobaron que los profesores que se reunían a discutir los problemas y
sus soluciones para definir aspectos curriculares y para aprender el uno del
otro, construían comunidades profesionales de aprendizaje que promovían el
ejercicio del liderazgo (véase también Lieberman y Miller, 2005).
La probabilidad de
que los profesores ejerzan roles de liderazgo también aumenta cuando éstos
tienen acceso al desarrollo profesional orientado a desarrollar las destrezas y
el conocimiento necesarios para asumir dichos roles en forma efectiva (Day y
Harris, 2002; Murphy, 2005). El desarrollo profesional debiese fomentar la
adquisición de destrezas particularmente importantes como “destrezas finamente
desarrolladas en comunicación, facilitación de procesos grupales,
investigación, mediación de conflictos y diálogo” (Harris y Lambert, 2003, p.
46).
Para los directores
(así como también para el resto de la comunidad escolar) puede resultar difícil
aceptar cambios en las estructuras de poder (Murphy, 2005; Harris y Lambert,
2003). Para participar en el liderazgo distribuido, es necesario que los profesores
y administrativos reconozcan y acepten nuevos roles profesionales. Como señalan
Harris y Lambert, “los roles cambiantes son fruto de las auto percepciones
cambiantes; y a su vez, los nuevos roles proporcionan “espacios” en que los
individuos pueden redefinir lo que significa ser profesor, apoderado, alumno,
administrativo. Los nuevos roles van aparejados de nuevas responsabilidades”
(2003, p. 124).
La responsabilidad
de que el liderazgo distribuido funcione dentro de la escuela les cabe en gran
medida a los directores (por ejemplo, Harris, 2005; Smylie, Conley y Marks,
2002). Si bien puede parecer paradojal, el éxito con que el liderazgo se
distribuye entre los profesores depende crucialmente de la iniciativa de la
administra-ción. Los directores fomentan formas distribuidas de liderazgo al
crear equipos para resolver problemas que sustituyen al liderazgo
administrativo. Con frecuencia, los directores tienen que seleccionar a los
profesores para que éstos asuman responsabili-dades de liderazgo y, como lo
sugiere alguna evidencia, es importante que al hacer esta elección, los
directores sepan lo que los profesores son capaces de hacer, pero pueden estar
renuentes a enfrentar (MacBeath, 2005) y qué tipo de desarrollo profesional
112
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
podría beneficiar a
cada profesor (Leithwood, 2003). Los directores pueden observar cómo enfrentan
los profesores las tareas de liderazgo y “a medida que las personas van
demostrando su capacidad para ejercer liderazgo, les otorgan más
responsabilidades” (MacBeath, 2005, p. 360).
La disposición de
los profesores y de los directores para visualizar su trabajo en forma
diferente influye, ya sea positiva o negativamente, en la distribución del
liderazgo. Los buenos profesores ya están sumamente ocupados y pueden mostrarse
renuentes a asumir nuevas funciones. Han focalizado sus funciones en el trabajo
con los alumnos más que con otros adultos (MacBeath, 2005) y pueden llegar
fácil-mente a la conclusión de que asumir responsabilidades de liderazgo
adicionales sólo les quitará tiempo con los alumnos. En forma similar, algunos
directores perciben la distribución del liderazgo como una erosión de su propio
poder.
Además de la
importancia de las estructuras organizacionales y de la capacita-ción, Murphy
(2005) describe varias otras influencias que afectan la distribución del
liderazgo entre los profesores:
• Los recursos
(incluido el tiempo suficiente para todos los aspectos de la preparación y la
participación en roles de liderazgo);
• Los incentivos y el
reconocimiento (incluidas las recompensas monetarias y no monetarias, como el
reconocimiento público del trabajo de los profe-sores líderes); y
• La claridad de los
roles (incluido el esfuerzo para evitar que surja el resenti-miento entre
colegas).
Ante el concepto
tradicional sobre cómo funcionan las escuelas, el desarrollo del liderazgo
distribuido entre los profesores depende de que se introduzcan cambios a todo
nivel de la organización. Hay poca o ninguna evidencia sobre los factores que
podrían motivar a los demás miembros de la comunidad escolar (por ejemplo, los
alumnos, personal de apoyo, apoderados) a asumir funciones de liderazgo.
Hipótesis
La evidencia en
cuanto a los factores que promueven el liderazgo distribuido respalda dos
hipótesis:
12. La probabilidad de
que los profesores ejerzan liderazgo en sus escuelas y distritos aumentará a
medida que:
• Las estructuras
escolares jerárquicas sean reemplazadas o suplementadas con estructuras más
planas, como los equipos, comités y grupos de trabajo con responsabilidades
significativas en la toma de decisiones:
113
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
• Las oportunidades
para que los profesores puedan desarrollar las destrezas necesarias para
ejercer el liderazgo en forma efectiva estén disponibles;
• Los directores
demuestren su disposición a compartir el liderazgo con los profesores;
• Los directores
motiven activamente a profesores previamente seleccionados a asumir funciones
de liderazgo para las cuales parecen estar especialmente bien preparados; y
• Los directores
proporcionen recursos e incentivos dentro de la escuela para que los profesores
ejerzan liderazgo.
13. Es probable que
otros miembros de la comunidad escolar, además de los propios profesores,
asuman funciones de liderazgo cuando experimenten las mismas condiciones que
promueven el liderazgo entre los docentes.
Metodologías
Contexto del
estudio
Este estudio se
realizó dentro de un amplio distrito urbano y suburbano del sur de Ontario que
alberga a más de 100.000 alumnos cada vez más diversos, distribuidos en
aproximadamente 25 colegios secundarios y 140 escuelas básicas, con un
presu-puesto anual de casi 900 millones de dólares. La población estudiantil
básica había crecido aproximadamente en un 20% en los cinco años anteriores a
este estudio, lo que obligó a que se edificaran unas cuatro docenas de nuevas
escuelas y que se proyectara abrir más escuelas en los años siguientes. La
administración senior del distrito estaba encabezada por un
director de educación (el CEO), quien era respon-sable frente a un consejo de
administración debidamente elegido. El equipo senior de
liderazgo estaba compuesto por un director asociado, a cargo de los servicios
de negocios y cuatro superintendentes responsables de diferentes áreas de
negocios, quienes eran responsables ante el director de servicios de negocios.
Adicionalmente, el equipo senior de liderazgo contaba con tres
superintendentes coordinadores de educación, cada cual con su propio equipo. El
distrito estaba dividido en cuatro regiones geográficas, cada una de ellas con
dos superintendentes de campo a cargo de la educación básica y secundaria.
Un aspecto del
contexto especialmente significativo para efectos de este estudio fueron los
largos años de servicio del director de educación (14 años), quien le aportó al
trabajo, además de su reputación como líder curricular en la provincia, la
intención explícita de hacer significativamente más plana una organización
distrital conocida por su liderazgo jerárquico y “focalizado”. Como
consecuencia, el distrito
114
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
había estado
trabajando durante muchos años con anterioridad a este estudio para establecer
normas y prácticas que respaldaran formas de liderazgo compartidas y
distribuidas, tanto a nivel escolar como distrital. El resultado de nuestro
estudio a nivel escolar debe ser interpretado como el resultado de un “caso
óptimo” a nivel de distrito. Se exhortaba al personal de los diferentes
colegios a seguir tanto las palabras como el actuar de los líderes distritales
en cuanto a los enfoques de liderazgo.
Muestra
Las ocho escuelas
incluidas en la etapa 1 de nuestro estudio fueron seleccionadas, con la ayuda
del personal del distrito, para que reflejaran un equilibrio entre escuelas
básicas y secundarias (cuatro de cada una), un director que tuviera dos o más
años de servicio (M=4 años, pero uno de los directores sólo tenía 1 año de
servicio), un compromiso comprobado con el enfoque de liderazgo escolar
compartido o distri-buido y evidencias de mejoramiento del rendimiento escolar
en pruebas adminis-tradas por la provincia durante los tres años anteriores.
Una de las escuelas estaba ubicada en una zona rural, las demás eran
suburbanas.
En base a nuestra
concepción del liderazgo como una atribución (Lord y Maher, 1993), se les envió
a todos los profesores de cada una de las ocho escuelas (N=515) una encuesta
preliminar en la que se les pedía que nombraran a colegas no admi-nistrativos de
sus escuelas quienes, en su opinión, ejercían liderazgo, a partir de su
definición del término.1 En total, 225 profesores respondieron a esta encuesta
(una tasa de respuesta de 43,6%). Estos encuestados nombraron a un total de 296
líderes no administrativos. Cuando nos focalizamos más de cerca en las dos
iniciativas distri-tales de más alta prioridad para cada colegio, consideramos
que sólo 19 del total de personas a quienes se les había asignado la categoría
de líder cumplían con los califi-cativos necesarios para ser consideradas en el
estudio.
Incluidos en el
estudio a nivel distrital había nueve administrativos del distrito:
el director (CEO),
dos superintendentes coordinadores, el presidente del directorio,
1 Las preguntas de la
encuesta incluían, por ejemplo:
1. ¿Quiénes brindan
alguna forma de liderazgo para esta iniciativa?
2. ¿Por qué eligió
usted a X como líder?
3. ¿Qué hace cada una
de las personas que usted seleccionó como líder que, según su modo de pensar,
cuenta como liderazgo?
4. ¿Cómo han llegado a
hacer estas cosas? ¿Sabe usted quién decidió que así fuera?
5. ¿Puede proporcionar
algunos ejemplos de cosas que han ocurrido como resultado de su liderazgo?
115
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
dos
superintendentes de educación, dos coordinadores de currículo y un consultor.
Seleccionamos a estas personas dado su rol central en promover enfoques de
distribu-ción del liderazgo en las escuelas y a su conocimiento de cada una de
las principales iniciativas para promover el cambio dentro del distrito.
Instrumentos y
procedimientos de recopilación de datos
Durante el contacto
inicial con los directores de las escuelas seleccionadas les expli-camos los
objetivos de nuestra investigación y les solicitamos información demográ-fica
básica de sus escuelas y de las iniciativas distritales que habían sido identificadas
como prioritarias y en las que se habían focalizado.
Entrevistamos a un
total de 31 “nominadores” y 19 “nominados”. Incluido el director, realizamos
entrevistas individuales en cada escuela con un promedio de siete educadores y
una entrevista grupal a seis alumnos (información que aparece en forma separada).
Este artículo se basa en datos de las entrevistas a un total de 67 miembros del
personal del distrito, administrativos escolares, líderes escolares no
administra-tivos y profesores.
Utilizamos cuatro
instrumentos para recopilar información a través de entre-vistas, uno para los
líderes distritales y tres para el personal escolar (uno para aque-llas
personas que habían sido nominadas líderes por sus pares, uno para quienes las
habían nominado como líderes, y uno para los directores). En general, las
preguntas versaron sobre las iniciativas en el distrito, las prácticas de los
líderes en relación a estas iniciativas, las características de los líderes no
administrativos nominados, las influencias en la distribución del liderazgo, el
impacto del liderazgo distribuido y las relaciones entre el liderazgo escolar y
distrital. Las entrevistas en cada escuela fueron realizadas por equipos de dos
o tres personas durante el transcurso de un día.
Análisis
Todas las
entrevistas fueron grabadas y se tomaron extensas notas durante su
reali-zación. Esta última tarea fue a menudo realizada por un segundo
investigador que no estaba conduciendo la entrevista. Las notas tomadas durante
la entrevista fueron elaboradas de inmediato después de cada conjunto de
entrevistas y verificadas en cuanto a su exactitud con las grabaciones. En cada
grabación escogimos también algunas citas ilustrativas.
Las categorías
principales para codificar la información fueron los cinco temas o
interrogantes centrales que guiaron la primera etapa de la investigación:
• los patrones de
distribución del liderazgo;
• las fuentes de las
funciones de liderazgo;
116
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
• las características
de los líderes no administrativos;
• influencias en el
desarrollo del liderazgo distribuido; y
• los resultados
asociados con el liderazgo distribuido.
Creamos cuadros de
frecuencia (número de veces que se mencionaba algo y el número de personas y
escuelas que lo mencionaba). Desarrollamos categorías de codi-ficación
secundarias a partir de los marcos de referencia utilizados en nuestra reseña
de la literatura, donde había tales marcos de referencia, y en forma bien
fundada cuando éstos no existían.
Los resultados que
presentamos en este artículo se basan en una síntesis de los resultados
obtenidos en las ocho escuelas en relación a cada uno de los cinco temas o
interrogantes. También identificamos los factores, como por ejemplo el nivel de
la escuela, que parecen explicar algunas de las diferencias entre las
respuestas de las ocho escuelas.
Resultados y
discusión
Patrones de
liderazgo distribuido
Si bien hemos
dejado la exploración sistemática de los patrones de distribución del liderazgo
y sus efectos relativos sobre la escuela y los alumnos para la siguiente etapa
de nuestra investigación, los datos obtenidos en esta primera etapa nos brindan
infor-mación preliminar sobre dichos patrones. Nuestro marco de referencia
proponía cuatro modalidades distintas de alineamiento, cada una asociada con un
conjunto de valores y creencias únicos. Planteamos la hipótesis de que el
patrón más efec-tivo sería el de “alineamiento planificado”, seguido, según su
efectividad, por el “alineamiento espontáneo”, el “desalineamiento espontáneo”
y (el menos efectivo) el “desalineamiento anárquico”.
Nuestros resultados
revelaron muchas instancias de alineamiento planificado. Esta modalidad de
alineamiento surgía con mayor probabilidad en relación a la iniciativa escolar
con la más alta prioridad. Sin embargo, cuando se trataba de inicia-tivas con
menor prioridad, la probabilidad de un alineamiento planificado disminuía en
forma marcada. Podemos suponer que la razón más obvia de esta disparidad era la
atención y el esfuerzo del director. La evidencia parece señalar que las
modali-dades planificadas y alineadas de distribución del liderazgo son poco
probables en la ausencia de un liderazgo focalizado por parte del líder formal
de la escuela. La distri-bución del liderazgo en forma alineada y planificada
depende de que se establezcan estructuras facilitadoras y, al parecer, el
personal considera que esta función está en manos del administrador principal
de la escuela:
117
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
La directora tiene
una buena comprensión de la visión de la escuela. Es una persona justa y al
mismo tiempo se asegura de que las cosas se hagan —y que las hagan las personas
apropiadas. Hay profesores líderes para que se hagan las cosas.
Parte de nuestra
evidencia también sugiere que, si ha de ser efectiva, la distribu-ción del
liderazgo en equipos de profesores, en una estructura planificada y alineada,
dependerá de que el director monitoree regularmente el progreso, y, en
ocasiones, realice una intervención activa, para impulsar la agenda si ésta se
empantana. Por ejemplo, actuando sólo por sí mismos, un equipo de liderazgo
compuesto por profe-sores puede terminar dando vueltas en círculo, con escaso
beneficio para sus colegas o alumnos. Encontramos varios ejemplos de dichas
situaciones:
El comité de
evaluación no ha sido influyente en nada. Sólo se dedican a discutir. Nunca han
producido nada que los profesores podamos usar.
Por lo tanto, es
muy posible que las formas efectivas de liderazgo distribuido dependan de un
liderazgo focalizado efectivo: liderar a los profesores.
Fuentes de las
funciones del liderazgo
Nuestro marco de
referencia identificó cuatro amplias categorías de funciones nucleares del
liderazgo—fijar rumbos, desarrollar a las personas, rediseñar la orga-nización
y gestionar el programa de estudio. Dentro de cada una de estas categorías hay
tres o cuatro conjuntos más específicos de funciones. Nuestros resultados nos
permiten identificar cuáles de estas funciones de liderazgo estaban siendo
ejecutadas por cada uno de tres grupos de líderes—líderes informales y no
administrativos, administradores escolares (en su mayoría directores) y
líderes senior del distrito. En el cuadro 1 se resumen los
resultados, lo que permite comparar las funciones que realiza cada uno de los
tres grupos de líderes. Durante nuestra entrevista con el director, éste nos
explicó que uno de sus objetivos para distribuir el liderazgo era hacer el
sistema escolar más plano. La evidencia resumida en este cuadro describe una
realidad más compleja en la evolución del distrito en relación a este punto.
También puede sugerir un ideal más complejo para las aspiraciones futuras.
Volver más planas las estructuras implica una distribución indiferenciada de
todas o de la mayor parte de las funciones de liderazgo entre personas que
desempeñan muchos roles diferentes (por supuesto, puede que el director haya
tenido una comprensión más matizada del término).
118
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
Cuadro 1. Funciones de
liderazgo de los líderes escolares no administrativos, líderes escolares
formales
y líderes
distritales
Fijar rumbos
Crear expectativas
de alto rendimiento/Motivar a los demás
Identificar y
articular una visión
Promover la
aceptación de los objetivos grupales
Promover una
comunicación efectiva
Total4
Desarrollar a las
personas
Contribuir al
desarrollo personal
Proporcionar apoyo
individualizado
Modelar los valores
y prácticas apropiados
Ejercer mentoría
Total
Rediseñar la
organización
Construir procesos
de colabora-ción / Trabajo en equipo
Construir comunidad
en la escuela
Involucrarse con la
comunidad fuera de la escuela
Desarrollar una
comunidad de aprendizaje profesional
Fortalecer la
cultura escolar
Modificar las
estructuras organizacionales
Trabajar con el
consejo Total
Gestionar el
programa de estudio
Gestionar
programas, comités, reuniones
Funciones de los
líderes no administrativos N=58/81
13/82
12/7
2 / 2
3 / 2
25/8
16/7
15/7
12/6
6 / 3
26/8
19/8
11/6
6 / 4
4 / 3
2 / 2
1 / 1
N / A
26/8
24/8
Funciones de
los líderes
escolares formales N=58/8
3 / 3
26/8
6 / 5
—
26/8
13/7
5 / 2
5 / 3
2 / 2
17/7
10/8
2 / 2
4 / 4
3 / 3
—
3 / 3
7 / 5
13/8
10/7
Funciones de los
líderes distritales N=9
73
8
6
1
8
5
7
N / A
8
N / A
N / A
1
N / A
4
N / A
9
(Sigue en la página
siguiente)
119
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
(Viene de la página
anterior)
Compartir
información
Proporcionar
personal para el programa de enseñanza
Monitorear el
progreso
de los alumnos y el
mejoramiento
escolar
Proporcionar
recursos
Tener conocimiento
de lo que ocurre /
Estar al día
Delegar
Total
13/6
N / A
9 / 7
9 / 6
7 / 6
2 / 2
29/8
3 / 3
5 / 5
4 / 4
9 / 7
3 / 3
14/7
22/8
N / A
4
N / A
5
4
N / A
1El número de
personas que respondió a la encuesta incluye a los líderes informales
nominados, a los nominadores y a los directores / En todas las escuelas.
2Número de personas
que mencionó una determinada función / Número de escuelas en que se mencionó
una determinada función.
3 Número de personas
que mencionó una determinada función.
4 Número de personas
que mencionó una función en esta categoría.
En contraste, la
compleja realidad que evidencia el cuadro 1 sugiere algún grado de
especialización de las funciones de liderazgo dependiendo de factores como el
cargo, la oportunidad, la pericia, la disposición y la existencia de
expectativas amplia-mente compartidas.
• Con respecto a la
categoría “fijar rumbos”, los líderes informales estaban más preocupados por
crear expectativas de alto rendimiento y motivar a los demás que los líderes
escolares formales, en tanto que los líderes formales estaban más preocupados
por identificar y articular una visión. Ocho de los nueve líderes distritales
también estaban focalizados en identificar y arti-cular una visión.
• En relación al
desarrollo de las personas, los líderes no administrativos estaban más
focalizados en proporcionar apoyo individual y en modelar las prácticas y
valores apropiados que los líderes escolares formales. Los líderes de los tres
grupos consideraron que contribuir al desarrollo profesional era una función
importante.
• Los líderes
informales estaban más involucrados en rediseñar la organización que los
líderes formales. Le concedieron gran importancia a las funciones de fomentar
los procesos de colaboración/trabajo en equipo y construir una comunidad
escolar. Ocho líderes distritales mencionaron su compromiso con la creación de
procesos de colaboración.
120
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
• Los líderes no
administrativos estaban más dedicados a gestionar los programas, comités y
reuniones, y a compartir información que los líderes administrativos, en tanto
que los administradores escolares estaban más dedicados a delegar. Todos los
líderes distritales estaban cumpliendo la función de gestionar programas,
comités y reuniones.
Esta realidad más
compleja incluye algunas funciones realizadas por personas que detentaban
diferentes cargos oficiales, pero desempeñadas en forma diferente, depen-diendo
del cargo, contexto y otros. También incluye algunas funciones realizadas
prin-cipalmente sólo por aquellas personas que detentaban uno o varios cargos.
Asimismo, refleja nuestros hallazgos de un estudio anterior sobre distribución
del liderazgo a través de toda Inglaterra en el contexto de la implementación
de los proyectos guber-namentales de desarrollo de destrezas en lecto-escritura
y matemáticas (Leithwood, Jantzi, Earl, Watson, Levin y Fullan, 2004). Esta
realidad también es consistente con dos afirmaciones que conforman el modelo de
Locke (2003) de liderazgo distribuido. Primero, es inevitable y necesario que
haya una cierta jerarquía en cualquier organiza-ción grande. Segundo, para
lograr mayor impacto es preciso que algunas funciones de liderazgo sean
realizadas por aquellas personas que ocupan determinados cargos o con un nivel
determinado de pericia, no por cualquier persona en la organización.
Hay que señalar que
estos resultados describen la realidad en un solo distrito escolar, así como
los resultados obtenidos en Inglaterra reflejan la realidad de un país. Y como
los filósofos analíticos nos recordarían, no se puede extrapolar directa-mente
desde un “es” a un “debería ser”, aunque nuestro análisis de estos resultados
ha comenzado a crear un movimiento en esa dirección. Sin embargo, lo que sí
podemos hacer es concordar en que la distribución de las prácticas de liderazgo
observadas en este distrito y ocho escuelas fue producto de un esfuerzo
sostenido durante más de una década por hacer las cosas bien. Por lo tanto, si
bien puede que la distribución de las funciones de liderazgo que descubrimos no
sea perfecta, existe una buena proba-bilidad de que sea significativamente más
productiva que el promedio; de hecho, es muy posible que represente el estado
actual de una “mejor práctica” en cuanto a la distribución de las funciones de
liderazgo.
Podemos corroborar
más aún la afirmación de que se trata de una “mejor prác-tica” comparando los
resultados obtenidos con las tres hipótesis que formuláramos inicialmente a
partir de la reseña de evidencia previa sobre las formas más efectivas de
distribución del liderazgo.
Primero,
esperábamos que una distribución efectiva de las funciones de lide-razgo
fomentara algún grado de diferenciación en el desempeño de funciones,
depen-diendo del rol. Esto es claramente lo que hallamos y lo que evidencia el
cuadro 1.
121
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
Dicho esto, lo más
probable es que las funciones realizadas por los líderes informales y no
administrativos fueran de carácter administrativo y lo menos probable es que
involucraran tareas relacionadas con la fijación de rumbos:
Mi rol consiste en
facilitar, organizar, fijar la agenda, hacer llamados, recor-darles a las
personas que hay una reunión, juntar a la gente y luego nos sentamos y
discutimos. Me aseguro de que la gente haga lo que tiene que hacer: “Esto es lo
que decidimos. Hagámoslo. Todos asumen sus responsabilidades y trabajan en
equipo”.
Si bien los líderes
distritales comprendían la importancia de que personas en diferentes roles
definieran la dirección del sistema, estas funciones de liderazgo quedaban
mayormente en manos de los líderes de la administración senior.
Aunque lo anterior corrobora la afirmación de Locke (2003) sobre la
inevitabilidad de una jerarquía en las grandes organizaciones y la
especialización de las funciones de lide-razgo a través de diferentes roles, es
inevitable preguntarse si esta distribución utiliza o no de la manera más
efectiva todas las capacidades del sistema escolar. Esta es una pregunta
compleja, pero amerita una reflexión más profunda por parte de aquellas personas
que trabajan en el sistema escolar.
Segundo, el
análisis de la evidencia previa nos llevó a plantear la hipótesis de que una
distribución más efectiva de las funciones del liderazgo haría variar el número
de personas que ejercen liderazgo en función de la complejidad de las tareas
que han de ser realizadas —más personas en el caso de tareas complejas y menos
en respuesta a tareas sencillas. Hubo alguna evidencia de esta variación,
especialmente de parte de uno de nuestros cuatro entrevistados distritales,
pero es probable que el distrito y las escuelas podrían refinar sus prácticas
sustancialmente más (y ahorrar una cantidad importante de valioso tiempo)
sensibilizándose más ante la comple-jidad de las tareas.
Finalmente, nuestra
revisión de la evidencia previa nos llevó a plantear la hipó-tesis de que la
distribución efectiva del liderazgo fomentaría formas de distribución
espontáneas, especialmente al tratarse de tareas de liderazgo complejas, con el
fin de maximizar el uso de la pericia existente. Si bien nuestros datos
revelaron algunas instancias de personas percibidas como ofreciendo liderazgo a
sus colegas, sin estar investidas de un liderazgo formal, la mayoría de las
personas que fueron nominadas como líderes por sus colegas habían sido
designadas como líderes por la escuela o el distrito. Es posible que este
resultado esté relacionado con nuestra metodología de investigación,
específicamente con nuestra decisión de recopilar información centrada en iniciativas
de reforma del distrito. La probabilidad de que las personas
122
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
asocien dichas
iniciativas con roles formales de liderazgo es mucho más alta que en el caso de
las iniciativas más locales. Luego, es probable que nuestros datos hayan
subestimado el liderazgo informal existente en las escuelas que estudiamos.
Características de
los líderes no administrativos
¿Qué es lo que hace
que los demás perciban a alguien como un líder, especialmente si esa persona no
detenta un cargo administrativo? En nuestra reseña de la literatura, planteamos
la hipótesis de que esta atribución podía reflejar algo acerca de la persona
que los demás perciben como prototípico de la organización; también podría
reflejar los juicios positivos de los colegas acerca de la experiencia relativa
de dicha persona. A partir de otras líneas de investigación, también sabemos
que la experiencia directa del trabajo de dicha persona y su valor para la
organización podría llevar a dicha atribución, como también podría ser que
dicha persona correspondiera a un proto-tipo de liderazgo preexistente (Lord y
Maher, 1993) y que su personalidad tuviera algunos de los rasgos básicos
(Zaccaro et al., 2004).
Al realizar las
entrevistas, indagamos acerca de las cualidades, experiencias y factores que
determinan que a personas en roles no administrativos se les atribuya
liderazgo. Como apreciamos en el cuadro 2, identificamos diez categorías de
caracte-rísticas: destrezas interpersonales, destrezas organizacionales,
cualidades personales, cualidades profesionales, compromiso con una iniciativa,
rango de las tareas desem-peñadas, respeto por las culturas de otras personas,
fuente de buenas ideas, amplitud de la experiencia y designación como líder
formal.
Las características
más frecuentemente asociadas con los líderes no administra-tivos en nuestro
estudio reflejan muchos de los resultados de investigaciones previas acerca de
las características de los líderes administrativos formales. Con mucho, la categoría
mencionada con mayor frecuencia (17 personas en ocho escuelas) fueron las
“cualidades personales”.
Las atribuciones de
apertura, cuidado y extraversión son bastante consistentes con la evidencia
previa, principalmente en relación a personas en roles formales de liderazgo. Y
el ser “silencioso pero efectivo” es una característica que descubrimos en nuestras
investigaciones anteriores sobre el liderazgo docente, en particular Leithwood,
Jantzi y Steinbach (1999).
123
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
Cuadro 2. Características
de los líderes no administrativos nominados
Características
Destrezas
interpersonales
Destrezas
organizacionales
Cualidades
personales
De trato fácil
Abierto / Accesible
Preocupado por los demás Voz agradable Tranquilo
Cualidades
profesionales
Compromiso con una
iniciativa
Involucrado en
varias tareas
Fuente de buenas
ideas
Amplitud de la
experiencia
Demuestra respeto
por las culturas de los demás
Designado como
líder formal
Líderes
de escuela
básica
4/41
2 / 2
11/4
3 / 2
5 / 3
3 / 3
0 / 0
3 / 2
5 / 3
4 / 4
4 / 3
10/4
5 / 3
0 / 0
2 / 2
Líderes
de escuela
secundaria
5 / 3
2 / 2
6 / 4
0 / 0
0 / 0
5 / 4
2 / 2
1 / 1
2 / 4
7 / 4
1 / 1
1 / 1
1 / 1
1 / 1
7 / 3
Total
9 / 7
4 / 4
17/8
3 / 2
5 / 3
8 / 7
2 / 2
4 / 3
9 / 5
11/8
5 / 4
11/5
6 / 4
1 / 1
5 / 9
1 Número de
individuos que mencionaron una determinada característica / Número de escuelas
en que se mencionó esa característica.
El segundo conjunto
de características más frecuentemente mencionado (once personas en las ocho
escuelas) fue el compromiso con cualquiera que fuese la inicia-tiva. Una vez
más, este hallazgo es muy similar a las características que se les atri-buyen a
los directores exitosos en los ocho contextos nacionales incluidos en un
estudio internacional reciente sobre liderazgo (Day y Leithwood, en prensa).
Adicio-nalmente, la categoría de destrezas interpersonales mencionada por ocho
personas en siete de las escuelas refleja el cuerpo creciente de evidencia
acerca de la importancia que se les atribuye a dichas destrezas (por ejemplo,
la empatía) en relación a los líderes administrativos formales (Zaccaro et al.,
2004).
Por lo tanto, la
mayor parte de nuestra evidencia, en cuanto a las características atribuidas a
los líderes no administrativos e informales, sugiere que no hay diferen-cias
con respecto a las características atribuidas a los líderes administrativos
formales.
124
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
Esto pareciera
indicar que los prototipos de liderazgo que tienen las personas no discriminan
entre los roles formales e informales; además, sugiere que las personas son
influenciadas aproximadamente por el mismo tipo de experiencias directas al
formar sus opiniones acerca del potencial de liderazgo de sus colegas.
Estos resultados
también respaldan la afirmación de muchos teóricos del liderazgo de que el
liderazgo es una atribución y que ser un seguidor es un estado voluntario (por
ejemplo, Lord y Maher, 1993). En suma, nuestra evidencia confirma una de
nuestras expectativas originales acerca de las características del liderazgo, a
saber, que la atribución de liderazgo a aquellas personas en roles no
administrativos se verá significativamente moldeada por aquellos rasgos
perci-bidos que también se asocian con atribuciones de liderazgo en personas
que desempeñan roles administrativos formales:
Esto también se
debe en parte…. (a que el director) nos apoya continuamente.
Hace lo que está en
su poder para apoyarnos. Aprende junto con nosotros… Y cuando modela este tipo
de conductas la gente se siente motivada a imitarlo.
Nuestro marco
conceptual sugería dos expectativas adicionales en relación a las
características de los líderes no administrativos. Una de éstas era que los
líderes infor-males que surgen, debido al mero hecho de representar un
prototipo, serán menos efectivos que los que surgen como fruto de su pericia, o
debido tanto a su pericia como al hecho de ser prototípicos. La segunda
expectativa era que los líderes infor-males que son identificados como
prototípicos por sus colegas y que además tienen pericia son más efectivos que
aquellos que sólo tienen pericia. No contamos con sufi-ciente evidencia para
verificar directamente ninguna de estas dos expectativas. Pero la importancia
que los entrevistados otorgaron a la amplitud de la experiencia, a la capacidad
para generar nuevas ideas y al hecho de poseer destrezas organizacionales
sugiere, en efecto, que la pericia es un elemento de gran importancia cuando
los profesores le atribuyen liderazgo a un colega.
Factores que
influyen en el desarrollo de un liderazgo distribuido
La distribución del
liderazgo a personas que no están en cargos administrativos de modo que
beneficie realmente al distrito o a la escuela presenta algunos desafíos
obvios. Por ejemplo, aquellas personas a las que se les distribuye el liderazgo
ya tienen un trabajo a tiempo completo; ¿cómo organizarán su tiempo para asumir
estas funciones adicionales? No podemos suponer que los líderes no
administra-tivos dispongan de muchas oportunidades para desarrollar las
destrezas necesarias para ejercer las funciones de liderazgo que se esperan de
ellos; ¿cómo desarrollarán
125
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
dichas destrezas?
Puede que algunos administrativos valoricen su poder para tomar decisiones en
la organización y que se muestren renuentes a compartir ese poder con otras
personas; ¿cómo enfrentar este tipo de situaciones?
Los entrevistados
identificaron un número importante de influencias positivas y negativas para el
desarrollo de modelos de distribución del liderazgo: el equipo educativo de las
distintas escuelas se refirió a cinco influencias positivas y a cuatro negativas,
en tanto que los entrevistados del distrito identificaron och0,o influen-cias
positivas y cuatro negativas; ambos grupos mencionaron influencias muy
simi-lares. Estos resultados, en términos globales, indican que los modelos de
distribu-ción del liderazgo surgen cuando se establecen estructuras de
colaboración, cuando el número de personas que colaboran en una iniciativa es
manejable y cuando la influencia se ejerce a través de un poder experto más que
a través del poder que emana de un cargo.
(Cuando hay
distribución del liderazgo) el compromiso de los pares es más influyente que
cuando sólo hay un liderazgo administrativo.
Los patrones de
distribución del liderazgo también surgen cuando la cultura orga-nizacional es
abierta, cuando estimula un compromiso activo con los alumnos por parte del
equipo educativo y cuando está libre de favoritismo y de disensión interna:
No sólo una persona
asiste a los talleres. La administración envía a muchas personas dependiendo de
los intereses de las personas.
El equipo educativo
estará motivado a participar activamente en modalidades de distribución del
liderazgo cuando haya un apoyo visible por parte de los líderes formales,
cuando dichos líderes expliquen sus decisiones (dando ejemplo de una cultura
abierta) y cuando hagan todo lo que esté en su poder para asegurar que el
equipo educativo tenga claridad respecto de las nuevas directrices y
actividades. Finalmente, es más probable que el liderazgo distribuido se
desarrolle cuando hay oportunidades para que el equipo educativo adquiera las
destrezas necesarias para participar efectivamente, así como la autonomía y el
tiempo para actuar de acuerdo con sus creencias y valores profesionales:
El directorio nos
brindó muchas oportunidades de desarrollo profesional el año pasado porque era
el primer año para el profesor de lenguaje.
El director me lo
pidió y luego me dejó a mí la decisión de hacer lo que esti-mara más
conveniente.
126
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
Estos resultados
son enteramente consistentes con nuestra hipótesis inicial acerca de las
condiciones que promueven el liderazgo entre los profesores. En esta primera
etapa del estudio, no contamos con evidencia para verificar la hipótesis de que
estas mismas condiciones fomentarán el liderazgo por parte de otras personas de
la comunidad escolar (por ejemplo, los apoderados y alumnos).
Conclusión
En la primera etapa
de este estudio, compuesto de dos partes, investigamos los patrones de
distribución del liderazgo así como quiénes cumplen determinadas funciones de
liderazgo y cuáles son esas funciones, las características de los líderes no
administrativos y los factores que promueven e inhiben la distribución de las
funciones de liderazgo. Nuestra investigación se realizó en ocho escuelas
básicas y secundarias localizadas en un gran distrito escolar que había estado
promo-viendo formas de distribución del liderazgo durante más de una década.
Como nos informó el CEO (director de educación) del distrito, su propósito de
fomentar dichas prácticas había sido “eliminar el ego del sistema”, es decir,
crear formas de trabajo colaborativo que aprovecharan al máximo las destrezas
colectivas del personal, fomentaran el desarrollo de nuevas destrezas y
redujeran el acapara-miento improductivo del conocimiento y las prácticas
competitivas que habían sido habituales en el distrito.
Creemos que la
descripción de la distribución del liderazgo en este distrito proba-blemente
constituye un ejemplo de “mejor práctica” en este momento, no perfecto, pero
probablemente más maduro que el promedio en un grado significativo. Por lo
tanto, esta evidencia sobre una mejor práctica contribuye a nuestro objetivo
más amplio de hacer progresar el estudio del liderazgo distributivo más allá de
su carácter princi-palmente descriptivo. Si, como generalmente se argumenta, el
aprendizaje organiza-cional (Marquardt, 1996) y el pensamiento sistémico
(Senge, 1990) son caminos hacia la efectividad organizacional, algunos patrones
de distribución del liderazgo deberían también serlo. Cada una de estas tres
formas de pensamiento y de acción asegura un mayor compromiso de parte de los
miembros de la organización y la aplicación de las destrezas y del conocimiento
colectivo en forma productiva, más allá de lo que sería posible en su ausencia.
Sin embargo, como
es habitual, el “demonio” está presente en los detalles. Y el aspecto más digno
de destacar de esta primera etapa de nuestro estudio fue la contribución
crítica de los líderes escolares formales y de los líderes distritales para
promover formas aparentemente productivas de liderazgo distribuido. Primero,
los
127
Keith Leithwood, B.
Mascall, T. Strauss, R. Sacks, N. Memon y A. Yashkina
patrones
coordinados de distribución del liderazgo eran habituales en las inicia-tivas a
las que los directores les habían asignado una alta prioridad y atención, pero
bastante poco usuales en otras iniciativas. Segundo, las estructuras, normas
culturales y oportunidades para que el equipo educativo desarrollara sus
destrezas de liderazgo dependían en gran medida del trabajo intencional de los
directores. Tercero, el equipo educativo les atribuyó liderazgo a los pares que
compartían rasgos y disposiciones generalmente asociadas con los líderes
administrativos formales, como los directores y superintendentes. Cuarto,
acorde con teorías previas sobre el tema (Locke, 2003), eran los directores
quienes desempeñaban aquellas funciones de liderazgo críticas asociadas con
nuestra concepción multidi-mensional del liderazgo exitoso, como por ejemplo,
fijar rumbos. Finalmente, los líderes de las oficinas centrales crearon una
cultura distrital que modelaba la distri-bución del liderazgo de diferentes
formas, desde los requisitos que establecían en relación a cómo debían
implementarse las iniciativas distritales en las escuelas hasta las formas
activas de involucramiento de los profesores y administrativos escolares en la
toma de decisiones distritales.
En términos
globales, nuestra evidencia indica que la distribución del liderazgo a otras
personas no se traduce en una menor demanda de liderazgo hacia quienes detentan
cargos de liderazgo formal. Sin embargo, sí se traduce en una mayor demanda de
coordinar quién desempeña qué funciones de liderazgo, desarrollar destrezas de
liderazgo en las demás personas y monitorear el trabajo de liderazgo de dichas
personas, entregándoles retroalimentación constructiva sobre sus esfuerzos.
Estos resultados son muy similares a abundante evidencia previa sobre las
conse-cuencias de la gestión basada en las escuelas para el trabajo de los
administrativos centrales (por ejemplo, Murphy, 1994); su trabajo cambió pero
no disminuyó. Tal vez no debiéramos sorprendernos ya que la gestión basada en
las escuelas representa el esfuerzo más determinado, explícito y difundido
hasta la fecha para distribuir planificadamente las funciones de liderazgo en
los distritos y sus escuelas en aras del mejoramiento escolar.
128
Capítulo 4 •
Distribuir el liderazgo en aras de escuelas más inteligentes
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Competencia de los
directores en la solución de problemas*
Kenneth Leithwood
Mary Stager
Entrevistamos a 22
directores de escuelas básicas para identificar los elementos centrales que
intervienen en los procesos de solución de problemas de los directores de
escuela y las diferencias entre los “expertos” y sus colegas más novatos.
Analizamos sus respuestas a casos problemáticos hipotéticos y propusimos un
modelo de los elementos que participan en la solución de problemas. Las
diferencias entre los directores expertos y los más novatos fueron más
evidentes en respuesta a los problemas poco estructurados o “confusos”.
Cuando los sujetos
responden a las zonas indeterminadas de la práctica mediante un diálogo
reflexivo con los materiales de las situaciones que enfrentan, recrean un
aspecto de su práctica y revelan de este modo los procesos tácitos de diseño
que usualmente subyacen a sus prácticas. (Schön, 1987, p.6)
La afirmación de
Schön se relaciona con ese aspecto de la administración escolar que representa
el foco principal de nuestra investigación: “las zonas indeterminadas de la
práctica” o, en palabras más sencillas, “los problemas no estructurados”. Su
afirma-ción también implica una perspectiva epistemológica constructivista de
la solución de problemas. El marco de nuestra investigación es la expresión
psicológica de este
* Fuente: Leithwood,
K., & Stager, M. (1989). Expertise in principals’ problem solving. Educational
Administration Quarterly, 25(2), 126-161).
Una versión
anterior de este artículo fue presentada ante la Reunión Anual de la Asociación
Canadiense para el estudio de la Administración Educacional, Hamilton, Ontario,
mayo 1987. Esta investigación se financió con aportes del Consejo de
Investigación para las Ciencias Sociales y Humanidades de Canadá y del
Ministerio de Educación de Ontario
135
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
constructivismo,
esto es, la teoría del procesamiento de la información.1 Mediante este enfoque
y perspectiva, nos propusimos (a) descubrir los elementos centrales que
participan en los procesos de solución de problemas que utilizan los
administrativos escolares, describir la naturaleza y función de cada uno de
estos elementos, explorar la relación entre dichos elementos; y (b) determinar
el alcance y la naturaleza de las diferencias entre los procesos de solución de
problemas de los administradores de escuela altamente “expertos” y de sus
colegas más novatos.
Nuestro estudio es
parte de un programa de investigación a largo plazo que tiene por objetivo
explorar las características, los determinantes y las consecuencias de las
prácticas de los administradores escolares (véase, por ejemplo, Leithwood y
Montgomery, 1982a, 1982b, 1984, 1985, 1986; Leithwood y Stager, 1986; Trider y
Leithwood, en prensa). A través de esta investigación hemos llegado a la
convicción de que los procesos de solución de problemas son cruciales para
comprender por qué algunos directores toman las decisiones que toman y por qué
algunos directores son más efectivos que otros.
En un esfuerzo por
justificar la afirmación de que lo medular de la adminis-tración es la solución
de problemas, comparamos este enfoque con los de “acción técnica” y de “toma de
decisiones” (Leithwood y Stager, 1986). El enfoque de “acción técnica” en la
administración escolar se ha manifestado más recientemente en las descripciones
de conductas típicas y efectivas de los directores (véase, por ejemplo,
Blumberg y Greenfield, 1980; Dwyer, Lee, Bearnett, Filby y Rowan, 1984; Hall,
Rutherford, Hord y Huling, 1984; Martin y Willower, 1981) y más ampliamente en
el movimiento de las “escuelas efectivas”. Cuando se centran en la efectividad,
los resultados de esta investigación proporcionan ejemplos de soluciones a
problemas administrativos que aparentemente han dado buenos resultados en
contextos parti-culares. Sin embargo, los resultados revelan poco o nada acerca
de cómo se eligieron o diseñaron las acciones y tratan la mente del
administrador como una “caja negra”.
El enfoque de “toma
de decisiones” en la administración escolar se remonta por lo menos al trabajo
pionero de Simon (véase Simon, 1957). Este enfoque fue parte de un
1 Schön parece
visualizar la teoría del procesamiento de la información como una herramienta
de racionalidad técnica; véase por ejemplo, Educating the Reflective
Practitioner (1987, página 314). Aunque posiblemente éste sea el caso
con las formas extremas de dicha teoría, como en el caso de los modelos de
inteligencia artificial, hemos encontrado modalidades no matemáticas,
gené-ricas de la teoría del procesamiento de la información (véase Shuell,
1986, por ejemplo) alta-mente compatibles con la descripción de Schön del
proceso reflexivo. De hecho, un uso explícito de dicha teoría le daría más
claridad y elegancia a la explicación de Schön respecto del proceso reflexivo,
como aparece, por ejemplo, en The Reflective Practitioner (1983,
capítulos 2 y 3).
136
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
esfuerzo más amplio
para darle un respaldo teórico a la práctica de los administradores en base a
las ciencias sociales (el New Movement2 en la administración
educacional), y estaba basado en supuestos positivistas. En principio, el
enfoque parece prometedor y bien intencionado. Por ejemplo, aunque Greenfield
(1986) es un crítico reconocido de la “ciencia” en administración, está dispuesto
a recomendar que “bien podríamos retornar a uno de los puntos iniciales de
Simon y tratar de comprender la lógica y psicología de las elecciones humanas”
(p.45). No critica esta orientación a la investiga-ción administrativa, sino
más bien la forma en que se manifiesta, en particular el énfasis en los
aspectos meramente racionales de la toma de decisiones, omitiendo el hecho de
que los factores valóricos impregnan los temas educativos sobre los cuales los
admi-nistradores deben tomar decisiones, y con la reificación de la
organización en lugar de comprender la fenomenología del administrador
individual.
Nuestro interés por
los procesos de solución de problemas de los adminis-tradores3 incluye la
exploración de los aspectos no racionales de estos procesos, “el estudio de las
decisiones, la voluntad e intención en toda su profundidad, perple-jidad e
incertidumbre subjetiva” (Greenfield, 1986, p.75), aunque eso no constituya el
foco principal de este estudio. Sin embargo, seguimos también interesados en
los aspectos racionales que intervienen en la solución de problemas. Aunque
posi-blemente éste haya sido el foco exclusivo de investigación en relación a
la toma de decisiones durante los últimos 30 años, todavía es poco lo que
sabemos acerca de estos procesos. En las mejores condiciones, 30 años es un
lapso demasiado corto para investigaciones de este tipo, y en realidad son
relativamente pocos los estudios empí-ricos que se han realizado sobre la toma
de decisiones durante estos años.
Finalmente, las
definiciones convencionales sobre el proceso de toma de deci-siones reducen
innecesariamente la tarea genérica del administrador. Desde esta pers-pectiva,
la toma de decisiones representaría una categoría relativamente sencilla de la
solución de problemas que se reduce a elegir una solución entre alternativas
cono-cidas mediante la aplicación de criterios fácilmente disponibles.4 La toma
de deci-
2 Para un debate
sobre las aspiraciones del New Movement, véase Halpin (1966) y
Campbell y Lipham (1960).
3 Antes de iniciar
una investigación directa sobre la solución de problemas, nuestras propias
exploraciones de la administración escolar fusionaron perspectivas de “acción
técnica” y de “toma de decisiones”. El producto más visible de este trabajo fue
una descripción multi-dimensional del desarrollo de la efectividad del
director, The Principal Profile (Leithwood y
Montgomery, 1986).
4 El trabajo de Simon
sobre solución de problemas durante los últimos veinte años pone en evidencia
que su concepto de la toma de decisiones era muy amplio; véase por ejemplo,
Newell y Simon (1972), Simon (1973, 1975).
137
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
siones indaga en lo
que ocurre en la “caja negra”, pero sólo detecta las estructuras y funciones
sencillas asociadas con los procesos racionales. Los administradores esco-lares
utilizan este tipo de toma de decisiones en respuesta a muchos de los problemas
bien estructurados a los que deben abocarse. No obstante, los administradores
esco-lares también enfrentan situaciones “confusas” en las que primero deben
invertir un esfuerzo considerable para identificar el problema y los valores
que están en juego en la solución. Cuando han logrado esta claridad, puede que
todavía las metas a alcanzar les resulten inciertas, como también el
procedimiento adecuado para resolver el problema, así como los obstáculos que
podrían enfrentar. Al estudiar la forma en que los administradores escolares
expertos abordan estos problemas no estructurados (o zonas indeterminadas de
práctica), esperábamos obtener información acerca de lo que Schön denomina el
“arte” de la administración escolar.
Marco de referencia
Nuestro estudio
sobre la solución de problemas se inició con investigaciones previas, basadas
en la teoría del procesamiento de la información. Los hallazgos relacionados
con la estructura de los problemas y la pericia de las personas que los
resuelven fueron de particular relevancia.
Hasta hace poco, la
investigación orientada al procesamiento de la informa-ción se centraba en las
características del problema en sí (particularmente en su “estructura”) y se
dedicaba al estudio de los problemas “bien estructurados” (esto es, claramente
presentados, con toda la información necesaria a mano, y con un “algo-ritmo”
apropiado que garantizara una solución correcta; Frederiksen, 1984) y/o en los
problemas “de bajo conocimiento” (es decir, que involucraban situaciones nuevas
en las que no se requería de un conocimiento o habilidades especializadas;
Glaser, 1984; Simon, 1973, 1975). Sin embargo, la investigación en este campo
ha tomado direc-ciones nuevas. Primero, cada vez hay mayor conciencia de que el
proceso que utiliza una persona para resolver un problema está más relacionado
con su conocimiento del problema específico que con el tipo o las
características del problema per se (Frede-riksen, 1984).
Segundo, debido a la importancia del conocimiento, los estudios sobre solución
de problemas se han realizado crecientemente en ámbitos de conocimiento
específicos más que en ámbitos “de bajo conocimiento”. Baird (1983) y Glaser
(1984) han proporcionado evidencia sustancial para corroborar que esta
orientación de la investigación es la adecuada. Finalmente, hay evidencia de un
interés creciente por los problemas “mal estructurados” (es decir, aquellos con
objetivos indefinidos y/o en que se proporcionan materiales incompletos;
Greeno, 1976), así como una toma de conciencia sobre las limitaciones que implica
el generalizar los resultados de investiga-ciones sobre problemas bien
estructurados a los procesos implícitos en la solución de problemas mal
planteados.
138
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Este tratamiento de
la estructura del problema y los conocimientos de la persona abocada a su
solución pone de relieve la importancia del conocimiento de un ámbito
específico para explicar los procesos que intervienen en la solución de
problemas. Esto fue lo que nos impulsó a realizar un estudio detallado de los
elementos que intervienen en el proceso de solución de problemas de los
directores de escuela. Poco de lo que encontramos en la literatura actual puede
ser fiablemente generalizado al rol de director de escuela. De hecho, sólo
pudimos encontrar dos estudios empíricos (Hayes-Roth y Hayes Roth, 1979; Voss,
Green, Post, y Penner, 1983) con informa-ción acerca de los problemas mal
estructurados, problemas relacionados con la vida cotidiana, y/o aquellos que
Scriven (1980) denominó “problemas de evaluación”. Uno de estos estudios (Voss
et al, 1983) se abocó a la solución de problemas en el ámbito de las ciencias
sociales. La aplicación de este estudio, basado en el modelo de procesamiento
de la información general a problemas mal estructurados, así como su
aproximación a la caracterización de los problemas de las ciencias sociales
(tomando en cuenta más que la “estructura”), ha influenciado significativamente
el rumbo de nuestra investigación.
Los estudios sobre
solución de problemas en que se compara a los expertos con los novatos, y una
reseña de estos estudios arrojó siete diferencias entre ambos grupos. En
comparación con los novatos, los expertos:
(1) son más capaces de
regular sus propios procesos para resolver problemas. Al parecer, este control
metacognitivo es lo que Schön denomina “reflexionando-en-acción” y
“reflexionando-acerca-de-la-acción” (Berliner, 1986);
(2) disponen de más
información relevante acerca del problema (Berliner, 1986; Norris, 1985) y la
tienen almacenada en la memoria en forma más organizada, más ricamente
conectada, lo que aumenta su accesibilidad y amplía su aplica-ción (Bereiter y
Scardamalia, 1986);
(3) se representan los
problemas utilizando categorías más abstractas (a diferencia de los aspectos
más superficiales del problema) y con referencia a principios más básicos
(Berliner, 1986; Chi, Feltovich, y Glaser, 1981; Voss et al, 1983); también
tienen mayores destrezas para detectar patrones y lo hacen en forma más rápida
(Bereiter y Scardamalia, 19865; Berliner, 1986);
(4) identifican y se
proponen objetivos más complejos para resolver problemas y objetivos
relacionados con planes de acción (Bereiter y Scardamalia, 1986; Berliner,
1986);
5 Este artículo trata
de la pericia en general, en oposición a la pericia particular para resolver
problemas específicos.
139
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
(5) invierten más
tiempo planificando sus estrategias globales iniciales y son planificadores más
flexibles y oportunos durante el proceso de solución de un problema. Son
también capaces de utilizar una gama más amplia de aproxima-ciones a una
solución (Berliner, 1986; Norris, 1985);
(6) han automatizado
muchas secuencias recurrentes de actividad para resolver un problema (Norris,
1985); y
(7) son más sensibles a
las demandas de la tarea y a los contextos sociales dentro de los cuales hay
que buscar una solución a los problemas (Berliner, 1986).
En su mayor parte,
estas siete diferencias han sido observadas en relación a los problemas bien
estructurados o (con mucha menor frecuencia) a problemas mal estructurados en
ámbitos que exigen un alto nivel de conocimiento. De este modo, los estudios
que se focalizan en el procesamiento de la información arrojan muy poca luz
sobre aquel aspecto del trabajo de un administrador de escuela que presenta
mayores dificultades. Sabemos aun menos acerca de las fuentes de pericia para
este aspecto de su trabajo. Si bien nos resultaron útiles como marco de
referencia, consideramos que las conceptualizaciones disponibles acerca del
proceso de solución de problemas no podían ser justificadas a priori como marco
de referencia para una investigación sobre los procesos involucrados en la
solución de problemas de los directores de escuela. Por lo tanto, uno de los
propósitos iniciales de nuestro estudio fue desarro-llar un marco de referencia
con sólidos fundamentos (Glaser y Strauss, 1967) para describir los procesos que
utilizan los directores en la solución de problemas.
Metodologia
Muestra
Un total de 22
directores de escuelas básicas (21 hombres, 1 mujer) de tres directo-rios
educacionales participaron en el estudio. Obtuvimos permiso a nivel del
direc-torio central para contactar a los potenciales participantes del estudio:
sólo una de las personas contactadas no pudo participar.
Definimos a seis de
los 22 directores como “expertos”. Consideramos que ninguna de las metodologías
para definir la pericia era lo suficientemente confiable como para ser
utilizada en forma exclusiva. A raíz de lo anterior, en este estudio los
directores catalogados como efectivos tuvieron que pasar por dos filtros, cada
uno con sus propias fortalezas y limitaciones. Primero, les pedimos a dos
administradores centrales de cada directorio que indicaran independientemente
cuál de todos los directores de su directorio recomendarían como altamente
efectivo. Sólo los directores seleccionados por ambos administradores pasaron
este filtro. Las fortalezas de esta
140
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
metodología son que
(a) se basa en amplia información, (b) exige que dos personas que pueden haber
tenido diferentes experiencias con el director concuerden, (c) está ampliamente
fundada en el quehacer del director en una amplia gama de contextos, y (d) permite
la aplicación de criterios alternativos como fundamento para definir la
efectividad. Las debilidades inherentes a esta metodología incluyen (a) la
naturaleza informal, “clínica”, de la base de datos, (b) el desconocimiento de
la confiabilidad de las personas que juzgan la pericia del director, y (c) el
desconocimiento de los crite-rios en que se basaron las decisiones del juez.
Como segundo
filtro, entrevistamos a todos los directores que pasaron el primer filtro
utilizando un extenso instrumento denominadoEl Perfil de un Director (Leithwood
y Montgomery, 1986), que conceptualiza y evalúa el desarrollo de la efectividad
del director en cuatro etapas. Estas entrevistas fueron realizadas por
investigadores familia-rizados con El Perfil, pero que no
estuvieron involucrados en otros aspectos del estu-dio.6 Las fortalezas de esta
metodología son que (a) los criterios para emitir un juicio son explícitos, (b)
los criterios se basan en una síntesis de toda la investigación empírica
6 Un comentarista de
este artículo expresó su preocupación sobre una potencial tautología en la
definición de la efectividad mediante El Perfil del Director porque
una dimensión del perfil se refiere a la toma de decisiones de los directores
(una modalidad del proceso de solución de problemas). Nuestra respuesta a este
problema es que: (a) la forma en que los directores toman decisiones es una
dimensión explícita de la mayoría de las teorías sobre liderazgo o
descripciones de prácticas efectivas. En las contadas instancias en que la toma
de decisiones no aparece explícitamente definida, está incluida menos
explícitamente en las dimensiones que se utilizan para describir las prácticas.
Por lo general, los procesos de toma de decisiones de los directores también
son considerados de gran importancia por los profesionales. Por esto, es
difícil imaginar cualquier fundamento formal o profesional para elegir una
muestra de direc-tores expertos que no esté, de algún modo, teñido por un
interés en la toma de decisiones. (b) Como sostenemos en nuestro artículo, la
toma de decisiones es una modalidad del proceso de solución de problemas y no
constituye uno de los elementos centrales de interés de este estudio. Nuestro
estudio se focalizó en los tipos de problemas que exigen grandes esfuerzos de
interpretación, formulación del problema, y generación de soluciones. Por
supuesto que ésta es más bien una distinción relacionada con el énfasis de este
artículo, porque conceptualmente uno podría descomponer la generación de soluciones
en una serie de pequeñas y discretas soluciones. Sin embargo, esto le haría tan
poca justicia a la naturaleza del proceso de solución de problemas como la
psicología de Skinner al aprendizaje conceptual significativo. (c) El
Perfil del Director es una herramienta multidimensional (objetivos,
factores, estrategias y toma de decisiones). Los juicios sobre la
efectividad global de un director basadas en el perfil le otorgan el mismo peso
a cada una de estas dimensiones. Los directores designados como “expertos” en
nuestro estudio, fueron evaluados como muy efectivos en relación a estas cuatro
dimensiones. Si no se hubiese tomado en consideración la dimensión “toma de
decisiones”, de todas formas habrían sido evaluados como muy efectivos. De
hecho, si hay una dimensión más importante que cualquier otra en el perfil, es
la dimensión “objetivos”: los rótulos de los cuatro patrones de descripciones
descritos en el perfil reflejan los objetivos del director.
141
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
relevante realizada
en Inglaterra hasta el año 1985, (c) el instrumento que utilizamos para
recopilar la información fue desarrollado y refinado durante aproximadamente
200 entrevistas realizadas con anterioridad a este estudio, y (d) se adoptaron
medidas formales para asegurar que los entrevistadores fueran altamente
confiables. Las debili-dades de esta metodología incluyen todas aquellas
típicamente asociadas con los datos obtenidos a través de un auto informe. Es
posible que haya discrepancias entre lo que los directores declaran que hacen y
lo que realmente hacen.
Como lo indica el
cuadro 1, las debilidades de las dos metodologías para evaluar la efectividad
de los directores se compensan razonablemente bien entre sí.
Aquellos directores
que no sólo fueron catalogados como altamente efectivos por ambos
administradores de sus directorios, sino que también obtuvieron puntajes muy
altos (3+ ó 4) en la entrevista del Perfil fueron catalogados
como “expertos”. Seis directores cumplieron con ambos criterios. Los 16
directores restantes fueron catalo-gados como “no expertos”.
Los seis expertos
tenían un promedio de 15 años de experiencia como admi-nistradores de escuela;
los 16 directores restantes, un promedio de 17 años de expe-riencia. Las
escuelas de los expertos tenían 506 alumnos en promedio; cuatro de estas
escuelas contaban con un vice director. Los colegios de los directores
restantes tenían un promedio de 350 alumnos; cinco de estas escuelas contaban
con un vice director. El tamaño de la muestra, su restricción a directores de
sólo tres distritos y el género (principalmente masculino) constituyen
limitaciones importantes para generalizar los resultados obtenidos.
Cuadro 1. Fortalezas y
limitaciones de las dos metodologías para determinar la efectividad de los
directores
Fuentes de
variación
(1) Cantidad de
información en que se basó el juicio
(2) Período durante el
cual se recopiló la información
(3) Tipo de criterio
(4) Validez de los
criterios
(5) Confiabilidad de
los procedimientos de recopilación de los datos
Juicio basado en
la reputación
extensa
largo
explícitos
desconocidos
informales
Juicio basado en el
perfil del director
modesta
corto
implícitos
altamente válidos formales
142
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Recopilación de la
información
En la primera
entrevista del estudio, pedimos a los directores que realizaran una
clasificación de los problemas que reflejara la forma en que resuelven
problemas y los factores que influyen en este proceso, y que señalaran asimismo
los criterios para priorizar un problema. Los resultados de esta entrevista han
sido descritos en otra publicación (Leithwood y Stager, 1986).
En una segunda
entrevista, destinada a estudiar las diferencias en la solución de problemas,
relacionadas con variaciones en la estructura del problema, solici-tamos a los
directores que clasificaran seis breves problemas (véase el cuadro 2) de
acuerdo a la claridad inicial del curso de acción a seguir: que presentaran,
con el mayor detalle posible, sus soluciones a los problemas más claros y a los
menos claros, y que describieran, a partir de su propia experiencia, problemas
con niveles similares de claridad que les fueron presentados. Este artículo se
basa en las soluciones a los dos problemas, de los seis presentados, que cada
director identificó como el menos claro y el más claro. La mitad de los
directores, seleccionados al azar, respondieron primero al problema más claro,
y la otra mitad respondió al menos claro. Utilizamos los términos “claro” y
“poco claro” en la entrevista porque consideramos que eran los sinónimos más
cercanos en el discurso común y corriente a los términos estructurado y no
estructurado; sin embargo, utilizaremos estos dos últimos términos en el
informe de resultados.
Cuadro 2. Problemas
presentados a los directores
Personal
de apoyo
Su directorio le ha
proporcionado servicios de consultoría para apoyar al equipo educativo, como
por ejemplo, coordinadores de materias, consultores para programas,
trabajadores sociales y psicopedagogos. Sin embargo, debido a las crecientes
demandas a las que se ven sometidos los profesores (relacionadas, por ejemplo,
con el uso de computadores o con la educación especial), hay una demanda
creciente por los servicios de estas personas. Usted quiere que su escuela haga
el uso más eficiente posible del personal de apoyo que le ha sido asignado.
Nombramiento de un
nuevo director
Usted acaba de ser
asignado a un nuevo puesto. El actual director, que es altamente estimado por
el equipo educativo, la comunidad y los alumnos, ha sido trasladado a una
escuela más grande después de tan sólo dos años en su puesto actual. La
comunidad escolar (equipo educativo y apoderados) está muy molesta con el
nombramiento de un nuevo director. Sienten que el directorio no ha tomado en
cuenta sus deseos. ¿Cómo abordaría esta situación?
(Sigue en la página
siguiente)
143
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
|
|
(Viene de la
página anterior) |
||
|
|
|
|
|
|
Consolidación |
Durante todo el
año usted ha participado como miembro de un |
||
|
de la escuela |
comité que está a
cargo de un tema cargado de emociones: la conso- |
||
|
|
lidación de seis
escuelas de su sector en cinco escuelas. En abril, el |
||
|
|
comité toma la
decisión de cerrar un colegio del vecindario y de tras- |
||
|
|
ladar el año
próximo a aproximadamente un tercio de los alumnos a |
||
|
|
su escuela ¿Cómo
se prepararía para el siguiente otoño? |
||
|
|
|
|
|
|
Programa de |
Actualmente, la
mitad de la población de su escuela es china. Se |
||
|
lengua primaria |
detecta que la
mayoría de los alumnos chinos que ingresan a kinder y |
||
|
|
al primer año de
enseñanza básica tienen escaso o nulo conocimiento |
||
|
|
del inglés. Usted
no sabe si el programa de lengua primaria que está |
||
|
|
siendo ofrecido
responde a las necesidades de todos los alumnos. |
||
|
|
|
|
|
|
Rumores en |
El año que viene,
su escuela dará inicio a un programa de inmersión |
||
|
la comunidad |
lingüística para
la comunidad francesa. Un miembro del consejo de |
||
|
|
administración lo
llama por teléfono para decirle que hay rumores |
||
|
|
en la comunidad
de que el programa regular de inglés desaparecerá |
||
|
|
progresivamente.
Esto no es cierto, pero un rumor difundido es |
||
|
|
disruptivo para
la escuela. |
||
|
|
|
|
|
|
Formular los |
En su nueva
escuela, el equipo educativo nunca ha estado involu- |
||
|
objetivos de |
crado en la
formulación de los objetivos y aparentemente no están |
||
|
la escuela |
muy interesados
en participar en este proceso. Usted ha llegado a |
||
|
la convicción de
que es muy importante que el equipo educativo |
|||
|
|
|||
|
|
formule objetivos
para la escuela y que los evalúe a final de año. |
||
|
|
|
|
|
Procedimientos para
analizar la información
Para analizar las
44 soluciones a los problemas, seguimos de cerca las sugerencias para el
análisis de protocolos de C. Bereiter (comunicación personal) y el análisis
cualitativo descrito por Miles y Huberman (1984). Luego de haber hecho las
trans-cripciones, dos investigadores (uno de los cuales había recopilado la
información y otro que no había estado involucrado en el estudio hasta ese
punto) trabajaron juntos durante varios meses desarrollando un sistema para
analizar los protocolos de los 44 problemas. Brevemente, este trabajo significó
(a) desarrollar, en consulta con el autor senior, un conjunto de
categorías fundadas, descritas en la sección de resultados, a las
cuales pudieran asignarse casi todas las respuestas contenidas en el protocolo,
(b) refinar las
definiciones y asignaciones a estas categorías hasta llegar a un nivel
satisfactorio de acuerdo, (c) desarrollar, nuevamente en consulta con el
autor senior, un conjunto de subcategorías a las que pudiesen
asignarse las respuestas de cada categoría y un método para ordenar esta
información, y (d) refinar esta metodología
144
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
hasta volver a
llegar a un acuerdo. Una vez que hubo consenso acerca de la técnica detallada
para el análisis, los investigadores (dos inicialmente, pero mayormente uno de
ellos) aplicaron esta técnica a las 44 soluciones. Luego, nosotros, (los
autores) resumimos los datos, y comparamos los grupos que habían sido
catalogados como expertos y no expertos. No fue sino hasta el estadio final de
las comparaciones que los analistas de la información tuvieron conocimiento del
nivel de pericia predeter-minado de los directores, cuyas respuestas estaban
siendo analizadas.
Presentaremos los
resultados del análisis de las respuestas de los 22 directores a los seis
problemas que les fueron presentados en cuatro partes. Primero, describi-remos
los componentes de los procesos de solución de problemas que surgieron del
análisis preliminar de datos. Segundo, presentaremos una comparación
cuantitativa de las respuestas a los problemas que los directores definieron
como menos estructu-rados y más estructurados. Luego, examinaremos la
naturaleza de los problemas y lo que las respuestas de los directores revelan
sobre el proceso de solución de problemas. Finalmente, describiremos los
resultados de un análisis cualitativo de las respuestas de los directores
expertos y no expertos.
Componentes del
proceso de solución de problemas
Los componentes
fundados de la solución de problemas fueron evidentes en las respuestas de los
directores a los seis problemas que les fueron presentados. A continuación,
presen-tamos estos componentes junto con una definición abreviada de cada uno
de ellos.7
• Interpretación: la comprensión de
un director sobre la naturaleza específica del problema, a menudo cuando se
podían identificar múltiples problemas potenciales
• Objetivos: las metas
relativamente inmediatas que el director intenta alcanzar en respuesta a su
interpretación de los problemas
• Principios: las metas
relativamente a largo plazo, los principios operacio-nales, las leyes
fundamentales, doctrinas y supuestos que orientan el pensa-miento del director
• Barreras: obstáculos
“inamovibles” o factores que limitan severamente el abanico de soluciones
posibles que el director creía tener a su disposición
• Procesos para
definir una solución: la acción tomada por el director para resolver un problema (a la luz
de su interpretación del problema, principios y objetivos a alcanzar, y
barreras a enfrentar)
7 Las definiciones
operacionales utilizadas como fundamento para codificar la información se
encuentran disponibles por parte de los autores.
145
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Diferencias
cuantitativas entre las respuestas de los directores expertos y no expertos a
los problemas menos estructurados y más estructurados
En el cuadro 3
aparecen los resultados de una comparación global “cuantitativa” entre las
respuestas al protocolo de los directores expertos y los no expertos. Al
contrastar los patrones menos estructurados para este análisis cuantitativo,
separamos a los directores en dos grupos: seis expertos y 16 no expertos. Para
cada grupo, el porcen-taje de respuestas asignado a cada uno de los cinco
componentes (o a la categoría “no clasificable”) del análisis fue promediado en
forma separada para los problemas que los miembros del grupo clasificaron como
menos estructurados (es decir, sin tomar en consideración cuál de
todos los problemas fue clasificado por cada miembro del grupo como menos
estructurado) y para los problemas considerados más estructu-rados por los
miembros del grupo.
La información
disponible a través de un análisis de frecuencia de este tipo es, por lo
general, relativamente limitada. Sin embargo, en este caso los resultados
prefi-guraron algunos de los hallazgos más importantes del análisis cualitativo
más deta-llado que presentamos más adelante.
Cuando combinamos
las respuestas de los directores expertos y los no expertos surgieron varios
patrones de respuesta diferentes en relación a los problemas menos
estructurados y a los más estructurados. Primero, si bien no se registraron
diferen-cias entre el grupo de los expertos y de los no expertos en cuanto al
número total de respuestas, este total fue mucho más alto en relación a los
problemas menos estruc-turados (68 en promedio para los 22 directores) que para
los más estructurados (47 en promedio). Puede que esto refleje la mayor
complejidad de los problemas menos estructurados y la correspondiente mayor
complejidad de las soluciones a estos problemas. Segundo, los problemas
considerados menos estructurados gene-raron más respuestas interpretativas y
menos respuestas orientadas a una solución. Sin embargo, este patrón se debió
casi por completo a las respuestas de los direc-tores no expertos. Los
directores expertos, en tanto, respondieron a los problemas menos estructurados
en forma muy similar a la que tanto ellos como los directores no expertos
respondieron ante los problemas más estructurados. En contraste, frente a los
problemas menos estructurados, los directores no expertos respondieron con un
porcentaje inusualmente alto de interpretaciones y un porcentaje inusualmente
bajo de respuestas orientadas a una solución.
Las diferencias
entre los demás componentes del proceso de solución de problemas, no muy obvias
al comparar los problemas menos y más estructurados dentro del grupo total de
los directores, sí se hicieron evidentes cuando comparamos a los expertos con
los no expertos en mayor detalle. Una vez más, estas diferencias fueron más
marcadas en relación a los problemas menos estructurados.
146
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Cuadro 3. Porcentaje
promedio de respuestas asignadas a los componentes del proceso de solución de
problemas para los expertos y no expertos, y para el total de la muestra
Tipo de problema
Componente de
la solución de
problemas
Interpretación
Objetivos
Principios
Barreras
principales
Procesos de
solución
No clasificables
Número total de
respuestas
|
Menos
estructurado |
Más estructurado |
||||
|
|
|
|
|
|
|
|
Experto |
No |
Total |
Experto |
No |
Total |
|
(n=6) |
Experto |
(n=22) |
(n=6) |
Experto |
(n=22) |
|
|
(n=16) |
|
|
(n=16) |
|
|
27 |
38 |
35 |
28 |
25 |
36 |
|
15 |
9 |
11 |
7 |
7 |
7 |
|
4 |
2 |
3 |
3 |
4 |
4 |
|
- |
5 |
4 |
- |
1 |
1 |
|
52 |
34 |
39 |
53 |
50 |
51 |
|
3 |
12 |
10 |
9 |
13 |
12 |
|
66 |
69 |
68 |
48 |
46 |
47 |
|
|
|
|
|
|
|
a Los números en esta
hilera están basados en frecuencias; los restantes números están basados en
porcentajes.
Este patrón de
diferencias, sugerido en el cuadro 3 y que surgió con mayor claridad en los
análisis cualitativos, indica que al comparar a los no expertos con los
expertos, estos últimos:
• interpretan el
problema con menor esfuerzo; aparentemente son capaces de esclarecer el
problema con mayor facilidad;
• se esfuerzan más
por determinar los objetivos a alcanzar a través de la solu-ción del problema;
• identifican
marginalmente más principios, por lo menos en relación a los problemas
menos estructurados, para luego utilizarlos en la solución del problema;
• no identifican
barreras para resolver el problema;
• proporcionan muchos
más detalles acerca de sus soluciones reales; y
• proporcionan menos
respuestas no clasificables o irrelevantes
Naturaleza de los
problemas
En el cuadro 4
observamos el número de expertos y de no expertos que clasificaron cada uno de
los seis problemas como “más estructurado” o “menos estructurado” al
solicitarles que clasificaran los problemas.
147
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Cuadro 4. Clasificación
de los problemas más y menos estructurados por los directores expertos y no
expertos
Problema
(1) Personal de apoyo
(2) Nombramiento de un
nuevo director
(3) Consolidación de la
escuela
(4) Programa de lengua
primaria
(5) Rumores en la
comunidad
(6) Formular los
objetivos de la escuela
Número de
directores Más estructurado que seleccionaron el
problema
5 1 experto
2 no expertos
8 1 no experto
4 no expertos
6 1 no experto
8 2 no expertos
10 3 expertos
5 no expertos
7 2 expertos
5 no expertos
Menos
estructurado
1experto
1no experto
3 expertos
1 experto
4 no expertos
1 experto
5 no expertos
2 no expertos
Se evidencia un
consenso sustancial en relación a la naturaleza de los problemas, por parte de
todos los directores. Utilizando el criterio de un 75% de acuerdo entre los
directores que se abocaron a un problema particular, identificamos el
nombra-miento de un nuevo director, la consolidación de la escuela y el
programa de lengua primaria como los problemas menos estructurados. Los
problemas de rumores en la comunidad y formulación de los objetivos de la
escuela fueron considerados como los más estructurados. (Aunque sólo el 60% de
los cinco directores que se abocó al problema del manejo del personal de apoyo
lo catalogó como “más estructurado”, fue incluido entre los dos problemas más
estructurados en análisis posteriores.)
La inclusión de
diferentes problemas en el proceso de recolección de datos resultó de gran
utilidad ya que cada uno de los problemas nos aportó información muchas veces
única para comprender los procesos que intervienen en la solución de problemas.
En general, las respuestas a los tres temas menos estructurados arrojaron
muchas diferencias entre los expertos y no expertos; el problema del
nombramiento de un nuevo director fue especialmente relevante. El problema de
la consolidación de la escuela claramente ilustró el esfuerzo de los expertos
por lograr una comprensión de la naturaleza del asunto, así como el esfuerzo
para que fuera comprendido por las demás personas. Aunque el problema del
programa de lengua primaria no fue consi-derado demasiado difícil, las
respuestas de los no expertos revelaron algunas de sus dificultades para
identificar y tratar el problema.
148
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Más que poner de
relieve las diferencias entre expertos y no expertos, los tres problemas más
estructurados contribuyeron a nuestra comprensión de algunos de los procesos
que intervienen en la solución de problemas. El tema de la formulación de los
objetivos nos permitió observar, por vez primera, patrones de similitud, así
como diferencias entre estos dos grupos. Las respuestas al problema del
personal de apoyo nos demostraron que incluso los expertos pueden limitar o
confinar su inter-pretación de un asunto a la luz de su ambiente de trabajo y/o
de su historia personal. Finalmente, el problema de rumores en la comunidad
permitió esclarecer la relación entre la dificultad percibida del problema, las
percepciones de los directores de los obstáculos para una solución adecuada y
sus experiencias negativas anteriores (o su falta total de experiencia
relevante) De no incluir aunque fuera este modesto abanico de problemas en el
estudio, probablemente habríamos pasado por alto importantes características
del proceso de solución de problemas. Esto indica que es necesario realizar una
investigación más amplia que incluya problemas adicionales.
Diferencias
cualitativas entre las respuestas de los directores expertos y no expertos a
los problemas menos estructurados y más estructurados
En esta sección,
describimos las diferencias entre los directores expertos y los no expertos en
relación a cada uno de los cinco componentes de la solución de problemas
(interpretación, objetivos, principios, barreras y procesos para llegar a una
solución), y en relación a una categoría final sobre “otras” fuentes de
variación entre estos dos grupos. En el cuadro 5 se resumen estos resultados.
El análisis
cuantitativo que expusimos anteriormente claramente señala que las diferencias
entre expertos y no expertos dependen de otra variable, la estructura del
problema. Por esta razón, las diferencias entre expertos y no expertos fueron
consi-deradas separadamente en relación a los problemas aquí identificados como
menos y más estructurados.
149
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Cuadro 5. Solución de
problemas no estructurados: diferencias entre directores expertos y no expertos
Componente
Interpretación del
problema
(a) Funda-mento para
asignarle prioridad
(b) Dificultad
percibida
(c) Formas de
comprender
(d) Uso de experiencias
Objetivos de la
solución de problemas
Principios
Obstáculos
Procesos de
solución
Afecto
Experto
Consecuencias para
la escuela y para el desarrollo académico de muchos alumnos
Los problemas
difíciles son mane-jables mediante una cuidadosa reflexión
Recoge información
Proporciona una
interpretación clara y global de los problemas
Directamente
relevantes con el problema
Preocupado por las
implicancias para los alumnos y la calidad del programa
Preocupado de
entregar conoci-miento a los apoderados
Más preocupado por
el conocimiento
Considera levemente
más principios
Éstos son
utilizados como funda-mento para formular objetivos a largo plazo
Menciona pocos
obstáculos o ninguno
Encuentra la forma
de lidiar con los obstáculos
Utiliza una
planificación previa detallada
Consulta
ampliamente para obtener información específica
Identifica pasos
detallados en el proceso de solución
Destaca la
importancia de recoger información y de los planes de seguimiento
Calmado, confiado
en sí mismo
No experto
Más preocupado de
las consecuen-cias para sí mismo
Los problemas
difíciles generan miedo y estrés
Elabora supuestos
en vez de recoger información
Los temas
irrelevantes tienden a nublar la interpretación
Tiende a recordar
experiencias difíciles más que exitosas
Menciona con mayor
frecuencia los objetivos relacionados con el equipo educativo
Preocupado de que
los apoderados estén felices
Más preocupado por
los sentimientos
No los menciona
No los menciona
Menciona más
obstáculos
Los obstáculos
constituyen grandes barreras
No le concede mucha
importancia a la planificación
Consulta con menor
frecuencia con fines menos específicos
Atemorizado
150
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Interpretación
Las respuestas
clasificadas como “interpretación” ilustran los esfuerzos de los direc-tores
por darle sentido a un problema mediante su propia “visión del enredo”, así
como sus esfuerzos por definir los aspectos problemáticos de una situación. Nos
centramos en cuatro elementos de esta interpretación: el fundamento para
asignarle prioridad a los problemas, la dificultad percibida y/o complejidad de
los problemas, la forma en que los directores se esforzaban por comprender los
problemas y el uso de experiencias por parte de los directores para interpretar
problemas o para explicar su comprensión del problema.
Problemas más
estructurados. Los directores le asignaron una alta prioridad a esta categoría de
problemas tan sólo cuando su solución parecía exigir un tiempo consi-derable
(por ejemplo, los rumores en la comunidad). La mayoría de los directores señaló
que estos problemas eran relativamente fáciles de resolver. Si bien dos
expertos manifestaron que las soluciones al problema de la formulación de
objetivos eran a veces complejas, señalaron que sabían cómo resolver
el problema.
La herramienta
principal para comprender estos problemas fue la experiencia previa. Eran
similares a problemas que los directores habían tenido que resolver muchas
veces en el pasado. Cuando los directores expertos recurrieron a experiencias
para explicar su aproximación o solución al problema, éstas tendían a ser
directa-mente relevantes y a ilustrar experiencias exitosas en la solución de
problemas simi-lares. Sin embargo, los directores no expertos ocasionalmente se
refirieron a expe-riencias no exitosas. En resumen, los problemas más
estructurados no estimularon muchas respuestas interpretativas; los directores
generalmente ofrecieron soluciones ya hechas. Surgieron algunas diferencias en
cuanto a la naturaleza de las interpre-taciones; por ejemplo,
en relación al problema de la formulación de objetivos, los expertos expresaron
que el problema requería de una solución que enseñara al
personal a formular objetivos y los no expertos tendieron a interpretar el
problema mediante una solución más autocrática.
Problemas menos
estructurados. Cuando los directores le asignaron una alta prio-ridad a esta
categoría de problemas, los expertos tendían a justificar esta decisión en
términos de las consecuencias que el problema acarreaba para el colegio y para
el desarrollo académico de un alto número de alumnos (por ejemplo, en relación
al programa de lengua primaria y el nombramiento de un nuevo director) en tanto
que los no expertos estaban más preocupados por las consecuencias para sí
mismos (por ejemplo, ante el nombramiento de un nuevo director).
La mayoría de los
directores consideró que los problemas menos estructurados eran complejos y
difíciles de resolver. Sin embargo, los expertos parecían creer que los
151
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
problemas eran
manejables mediante una cuidadosa reflexión. Como lo expresó un director en
respuesta al problema del nombramiento de un nuevo director:
Este es un problema
difícil porque representa una carga personal muy pesada. La persona que ocupaba
el cargo anteriormente había logrado un amplio reco-nocimiento y era muy, muy
competente, y la gente está molesta de que se haya ido… así es que uno tendría
que reflexionar muy cuidadosamente acerca de las estrategias a adoptar.
Un segundo experto
que había enfrentado una situación muy similar expresó:
Tuve que pensarlo
mucho cuando supe que había sido nombrado, (porque) me resultaba difícil
enfrentar la situación.
En contraste,
muchos de los no expertos expresaron que los problemas menos estructurados les
resultaban estresantes y les generaban temor. Entre las estrategias para lidiar
con el problema no mencionaron la necesidad de una reflexión cuidadosa. Ante
este problema, un no experto señaló:
Te puedes meter en
muchos problemas… Podrías distanciarte muy rápidamente del personal si perciben
que acabas de ser nombrado y no les caes tan bien como la persona que acaba de
irse, y no lo disimulan, y eso te pone en una posi-ción muy difícil… Supongo
que he estado en esa posición así es que sé cómo se siente… No sé si hay una
forma correcta o incorrecta para resolverlo. Les puedo decir qué es lo que yo
haría. Probablemente lo que haría primero es introducir la menor cantidad de
cambios en el manejo de la escuela. Uno no se pone de pie y hace grandes
declaraciones… porque te vas a poner en una situación desastrosa.
Las percepciones de
la dificultad tendían a depender de las barreras que las personas identificaban
como obstáculo a la solución del problema. Por ejemplo, al responder a la
pregunta de por qué el problema de la consolidación de la escuela era difícil,
un no experto señaló:
Este es un tema muy
cargado de emociones…. Exige que tanto el consejo
de administración
como el superintendente le dediquen mucho tiempo….
muchas llamadas
telefónicas desagradables a personas que detentan el cargo de director…
pequeños detalles que conforman el problema pueden terminar en una gran
explosión.
Los directores
intentaron aproximarse a los problemas menos estructurados mediante tres
estrategias: valiéndose de experiencias pasadas (como en el caso de los
problemas más estructurados), recopilando información nueva, y/o haciendo
supuestos. En este estudio, los únicos supuestos expresados por los expertos
estaban relacionados con la naturaleza hipotética de los problemas que les
fueron presentados; los expertos
152
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
fueron explícitos
acerca de dichos supuestos. Por otro lado, los no expertos tendían a hacer
supuestos en vez de recopilar información y fueron menos explícitos acerca de
dichos supuestos. Por ejemplo, el análisis de la respuesta de un no experto al
problema del nombramiento de un nuevo director reveló seis supuestos, si bien
éstos no fueron explícitamente identificados como tales: el director anterior
“estaba haciendo una buena labor”; los procedimientos establecidos en la
escuela “eran buenos”; el cambio de proce-dimientos llevaría a confrontaciones
con el personal; había camarillas al interior de la escuela con las que había
que lidiar “implacablemente”; habría un núcleo del personal que se opondría a
las iniciativas del director; y había “personas que controlaban la escuela”.
Como lo indica el ejemplo, muchos de los supuestos de los no expertos están
relacionados con barreras u obstáculos a la solución del problema.
Estos supuestos,
junto con una tendencia observada a considerar un número de temas irrelevantes
o tangenciales, se tradujeron en un considerable “forcejeo” por parte de los
directores para interpretar los problemas menos estructurados. Por ejemplo, al
considerar el problema del nombramiento de un nuevo director, un no experto
declaró que invertiría mucho tiempo y energía para averiguar por qué el
director anterior había sido trasladado; para él, era un asunto de gran
importancia saber si su predecesor había sido trasladado a otra escuela o
promovido a una superintendencia y mencionó el tema en repetidas ocasiones. Los
directores se valieron a menudo de experiencias para explicar e ilustrar sus
aproximaciones al problema. En contraste con los no expertos, las expe-riencias
de los expertos tendían a ser directamente relevantes a los problemas a mano.
Los no expertos demostraron una mayor tendencia a relatar experiencias
difíciles más que experiencias exitosas. La tercera cita de esta sección
corresponde al protocolo de un director que describió una situación particular
en que tuvo que enfrentar grandes dificultades para hacerse cargo de su puesto
en un colegio nuevo.
En resumen, los
expertos se diferenciaron de los no expertos en su capacidad para llegar a una
comprensión clara y global del problema, una interpretación que les permitiría
abordar su solución. Los expertos no tendían a involucrarse con temas
irrelevantes ni manifestaron una preocupación disfuncional por los sentimientos
de otras personas asociadas con el problema.
Objetivos
El análisis de los
objetivos que los directores se proponen alcanzar durante el proceso de
solución de problemas se centró en la naturaleza y el número de dichos
objetivos. Clasificamos las respuestas como relacionadas con los obje-tivos,
cuando hacían referencia a lo que el director estaba tratando de lograr en
relación al problema específico, esto es, los fines relativamente inmediatos a
cumplir mediante la solución del problema.
153
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Problemas más
estructurados. En el caso de los tres problemas más estructurados, registramos escasa
variación entre las respuestas relacionadas con los objetivos. En relación al
problema de los rumores en la comunidad, los objetivos fueron excep-cionalmente
directos y la mayoría de los directores se centró solamente en eliminar los
rumores. En cuanto a los problemas del personal de apoyo y la formulación de
objetivos, la mayoría de los objetivos identificados, tanto por los expertos
como por los no expertos, estaban relacionados con el personal (por ejemplo,
lograr la adhe-sión del personal o centrarse en las prioridades de la escuela).
En el caso del segundo problema, los expertos expresaron una especial
preocupación por el proceso en sí. Entre los objetivos relacionados con el personal
de apoyo, uno de ellos mencionó “lograr la confianza del personal en el proceso
colectivo”, y otro de ellos manifestó el deseo de que “un grupo del personal
asumiera la responsabilidad de monitorear y elaborar los objetivos.”
Problemas menos
estructurados. A través de sus respuestas a los tres problemas menos estructurados,
los directores expresaron que intentaban alcanzar cinco tipos de objetivos.
Estos objetivos estaban relacionados con (1) el personal, (2) los alumnos y
programas, (3) los apoderados y la comunidad, (4) las percepciones de los demás
acerca de la pericia del director, y (5) el equilibrio adecuado entre los
diferentes objetivos.
La mayoría de los
directores hizo referencia a objetivos relacionados con el personal.
Los no expertos mencionaron este tipo de objetivo con mayor frecuencia que
los demás objetivos. Surgieron algunas diferencias entre expertos y no expertos
en relación a los objetivos particulares relacionados con el personal. Por
ejemplo, los no expertos evidenciaron una preocupación más directa por los
sentimientos del equipo; en su respuesta al problema del nombramiento de un
nuevo director, uno de los no expertos expresó que su objetivo era “sentirse
bien con lo que uno está haciendo… y así todo el mundo queda contento”. En
relación al mismo problema, un experto opinó que uno de los objetivos más
importantes era lograr que el equipo educativo comprendiera su filosofía de la
educación: “le dediqué dos o tres horas a compartir (con el personal) la
importancia que la educación reviste para mí, para que así pudiesen comprender
mi filosofía”.
Todos los
directores identificaron objetivos relacionados con los alumnos y los
programas en respuesta al problema del programa de lengua primaria;
querían mejorar la calidad de los programas para los alumnos. Sin
embargo, surgió una dife-rencia importante entre los directores expertos y los
no expertos en relación a los problemas que tenían un impacto menos obvio en
los alumnos: sólo los expertos señalaron cómo incluirían la categoría de
objetivos relacionados con los alumnos y
154
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
con el programa en
el proceso de solución de problemas. En relación al problema de la
consolidación de la escuela, un experto identificó implicancias para agrupar a
los alumnos nuevos en términos de programa; en contraste, lo más que un no
experto se acercó a un objetivo orientado a los alumnos fue “vender la escuela”
(a los alumnos prospectivos). En relación al problema del nombramiento de un
nuevo director, un experto fue particularmente enfático acerca de los objetivos
de los alumnos y del programa necesarios para resolver el problema:
Toda la buena
reputación de la escuela…. y la confianza existente en el colegio
y sus programas
están en juego…. Por lo tanto estamos lidiando con la conti-
nuación del
programa para los niños… y queremos que eso siga funcionando.
En relación a este
problema, los objetivos de dos expertos también incluían la preocupación por
lograr un equilibrio entre sus propias ideas y las de otras
personas en relación a los programas.
La mayoría de los
directores tenía objetivos para resolver problemas relacio-nados con los
apoderados o con la comunidad más amplia. En esta categoría, los
expertos demostraron preocupación por entregar elementos a los apoderados para
una mejor comprensión del problema y sus eventuales soluciones. Las siguientes
declaraciones constituyen un ejemplo de dichos objetivos en relación al
problema de la consolidación de la escuela: “los padres reciben información
acerca de dónde van a quedar sus hijos”, “proporcionar un vehículo para que los
apoderados de los alumnos nuevos puedan hacer preguntas”, y “que las preguntas
de los apoderados reciban respuestas”. Por otro lado, los no expertos
manifestaron el deseo de que los apode-rados se sintieran felices y cómodos con
las soluciones, como lo indican las siguientes afirmaciones: “lograr que la
gente se sienta mejor acerca del nuevo colegio” y “hacer que se sientan
cómodos”.
Hay dos objetivos
que fueron mencionados con mucha menor frecuencia y en su mayor parte en
relación al problema del nombramiento de un nuevo director. El primero, poseer
conocimientos sobre temas educacionales y sobre la escuela, y ser
percibido de este modo por el personal y por la comunidad: “me gustaría
(que la gente) tuviera la impresión muy, muy rápidamente de que
entiendo la situación, de que he hecho mi tarea y de que conozco el programa y
a la comunidad. Trataría de estar realmente bien informado”. El segundo, lograr
un equilibrio adecuado, en este caso entre la continuidad (una
de las características más deseables de la escuela actual) y el cambio (de
aquellas características que podían ser mejoradas); los expertos expre-saron
una gran preocupación por desarrollar iniciativas personales que representaran
una contribución para la escuela, pero deseaban hacerlo en forma apropiada.
155
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
En resumen, los
procesos de pensamiento de los directores relacionados con los objetivos
sugieren que los expertos perseguían una gama más amplia de objetivos y que
estaban más preocupados que los no expertos por el conocimiento (el propio y el
de los demás), en oposición a los sentimientos. También eran más capaces de
vislum-brar las implicaciones, tanto para los alumnos como para la calidad de
los programas, de problemas no obviamente o directamente relacionados con los
alumnos o con el programa, y en general, estaban más preocupados por lograr un
equilibrio entre diferentes objetivos.
Principios
Al igual que los
objetivos, los “principios” representan lo que la persona abocada a la solución
de un problema desea alcanzar, pero fundamentalmente, son a largo plazo y
pueden incluir declaraciones acerca de leyes fundamentales, doctrinas, y
supuestos. Esta categoría también incluye los “principios operativos”, es
decir, prácticas usuales, tales como involucrar a otras personas en la toma de
decisiones. Nuestros datos sugieren variaciones en el número de principios
activamente considerados durante la solución de problemas, las funciones que
cumplen dichos principios y la naturaleza de éstos.
Problemas más
estructurados. Encontramos poca evidencia de principios en las respuestas a los
problemas más estructurados, tanto en el caso de los expertos como de los no
expertos, con una sola excepción: el problema de la elaboración de objetivos
que efectivamente generó un número considerable de respuestas que podrían
clasifi-carse bajo este rubro. Muchas de estas respuestas reflejaban la
creencia del director en el valor del proceso de definición de objetivos per
se, y en la consiguiente importancia de encontrar una solución adecuada
al problema. Otros principios que afloraron con este problema estuvieron más
relacionados con la forma en que el director podría resolver los problemas
presentados, (esto es, cómo introducir el proceso de identificación de
objetivos). Al parecer, la función de estos principios era similar a la que
cumplían en relación con los problemas menos estructurados. Pero también el
hecho de que estos problemas acarrearan menos incertidumbre aparentemente
redujo el valor del pensa-miento explícito sobre los principios para resolver
exitosamente un problema.
Problemas menos
estructurados. Los expertos activamente consideraron algunos principios más que
los no expertos. Además, la naturaleza de los principios conside-rados por los
expertos de alguna forma parecía más defendible. Por ejemplo, en rela-ción al
problema del nombramiento de un nuevo director, la mayoría de los expertos se
consideraba responsable de que su llegada a la escuela fuera exitosa y de
realizar un período de transición. Un director relató cómo había manejado este
problema y señaló que en su primera comunicación con los padres:
156
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Me comprometí a
dedicar mis mejores esfuerzos para entregarles lo mejor a sus hijos y expresé
que trabajaría con el personal como equipo para que (la escuela) pudiese
continuar con su excelente programa educacional.
La mayoría de los
no expertos eludió el tema de la responsabilidad y dos lo rechazaron
activamente. Uno de ellos, quien declaró que solicitaría la ayuda del
superintendente, expresó:
Las recomendaciones
para trasladar a un director se hacen a nivel superior y no estoy seguro de ser
completamente responsable de esta maldita decisión, o de que debiera asumirla….
No es una decisión mía…. Y me han endosado una situación difícil.
Los principios de
los expertos a veces se evidenciaban en las prioridades que le asignaban a los
problemas. Esto ocurrió en relación al problema de la formulación de objetivos
y al programa de lengua primaria, en que los expertos consideraron que el problema
era extraordinariamente importante porque involucraba el programa académico
para un buen número de alumnos.
Los principios
cumplían funciones estrechamente relacionadas con la solución del problema.
Primero, contribuían a interpretar el problema y proporcionaban elementos para
encontrar una solución que no estaba contenida en el problema. Esto queda muy
bien ilustrado en la respuesta de un experto al problema del nombra-miento de
un nuevo director, lo que para él representaba un potencial, tanto para la
continuidad de la escuela como para implementar mejoras:
No importa cuán
buena sea la escuela, siempre hay aspectos que son susceptibles de mejorar,
(por lo tanto) hay que poner el acento en lo positivo y al mismo tiempo ser muy
proactivo acerca de las cosas que uno piensa que deben hacerse.
Para dar otro
ejemplo, un experto que se abocó a la solución del problema de la consolidación
de la escuela señaló que “los problemas no surgen así no más, hay antece-dentes
que yo necesitaría conocer”. Al parecer, este factor influyó en la importancia
que el director le concedió a la recopilación de información para resolver el
problema.
Segundo, los
principios a veces cumplían la función de objetivos a largo plazo y
proporcionaban un contexto para escoger entre diferentes alternativas. Por
ejemplo, en respuesta al problema del nombramiento de un nuevo director, un
experto sugirió “si los niños están desmotivados, empezarán a buscar algo para
criticar”. Este prin-cipio lo ayudó a definir los aspectos que merecían su
atención. De este modo, los principios les proporcionaron a estos directores
una suerte de estructura para ayudar a resolver problemas que en sí no estaban
bien estructurados.
157
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Finalmente, en
algunos casos los principios subyacentes contribuyeron a definir los pasos para
llegar a una solución. Por ejemplo, en el problema del nombramiento de un nuevo
director, un experto, que nunca antes había manejado este tipo de situa-ción, señaló
que en su experiencia “hay personas en la comunidad escolar que siempre parecen
estar al tanto de la información, buena o mala, y realmente la comunican a la
comunidad”; consecuentemente, al discutir esta situación, señaló que trataría
de ubicar e impresionar a estos comunicadores influyentes.
En resumen, si bien
nuestro sistema de clasificación no arrojó muchos “principios”, éstos
constituyen un elemento importante del proceso de solución de problema,
particu-larmente en el caso de los expertos, y éste es un tema que merece ser
investigado en mayor profundidad (véase el trabajo posterior realizado por
Begley, 1988, y Campbell, 1988)
Barreras
En esta categoría
incluimos las respuestas que los directores identificaban como obstáculos,
barreras inamovibles o factores que restringían marcadamente el abanico de
soluciones posibles. Cuando un director señalaba que era incapaz de dar
solución a un problema debido a algún factor, utilizamos el término barrera.
Al igual que con
los principios, surgieron relativamente pocas respuestas codi-ficadas como
barreras. Sin embargo, la variación observada en su función fue extre-madamente
importante. La naturaleza y función de los obstáculos, en relación a los
problemas más estructurados y a los menos estructurados, no arrojó grandes
diferen-cias, pero sí observamos marcadas diferencias entre los expertos y los
no expertos en relación a ambos tipos de problemas. Como señalamos en el
análisis cuantitativo, los expertos no identificaron barreras u obstáculos, en
tanto que los no expertos sí las identificaron, particularmente en relación a
los problemas menos estructurados. Los factores que para los no expertos
constituían barreras u obstáculos simplemente fueron considerados por los
expertos como factores que había que tomar en cuenta en la solución del
problema y que enfrentaron en las soluciones propuestas. Por ejemplo, en lugar
de considerar que la oposición pública a la consolidación de la escuela
constituía una barrera, un experto simplemente la consignó como parte de la
solución del problema.
Yo establecería un
medio para que los padres de los nuevos alumnos formu-laran sus preguntas… tal
vez a través de cartas o de comunicaciones escritas
… hay que darles la
oportunidad de que conozcan el lugar donde van a estu-diar sus hijos…. Yo
organizaría reuniones abiertas, invitaría a las familias y tal vez a los
alumnos a conocer las instalaciones y organizaría reuniones con los profesores,
así como una asamblea general.
158
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
En contraste, en
relación al mismo tema, un no experto mencionó varios obstáculos que son
representativos de los que fueron mencionados por otros directores no expertos;
la falta de conocimiento o de información (“así es que habrá todo tipo de
preguntas que tendré que contestar antes de poder siquiera sentarme y
prepararme”); la oposición de otras personas (“me voy a echar encima un montón
de problemas”, “las personas de la otra escuela probablemente van a oponer gran
resistencia a este cambio”); y una poten-cial escasez de recursos (“es probable
que tengamos que usar los recursos de la escuela, y es posible que no podamos
manejar todo lo que ellos esperan de nosotros”).
Procesos para
alcanzar una solución
Dentro de esta
categoría, incluimos las respuestas relacionadas con todas las acciones que
los directores emprenderían para resolver el problema. Estos datos nos
propor-cionaron información acerca de los procesos de planificación utilizados
por los direc-tores: la forma en que organizan las actividades orientadas a la
solución y su utili-zación de los recursos y el apoyo de otras personas, los
esfuerzos por establecer una comunicación con las personas involucradas en el
problema y de recoger información a través de diferentes modalidades de
consulta, así como de hacer un seguimiento o evaluación de las actividades
diseñadas para dar solución al problema.
Problemas más
estructurados. Ni los expertos ni los no expertos dedicaron mayor esfuerzo a la
planificación de soluciones en relación a los problemas más estructu-rados. Sin
embargo, dos expertos se focalizaron especialmente en la secuencia de pasos a
seguir en relación a los problemas de los rumores en la comunidad y la
elaboración de los objetivos de la escuela. Los esfuerzos por consultar y
reunirse con el personal, los apoderados, alumnos u otras personas para buscar
soluciones fueron menos evidentes en este tipo de problemas que en los menos
estructurados. Cuando efectivamente se realizaron consultas, fue tan sólo en
relación al problema de los rumores en la comunidad y en su mayoría fueron los
expertos los que utilizaron esta vía. En estos casos, las consultas,
generalmente con el superintendente antes de una reunión pública, aparentemente
eran un intento por recabar información para así evaluar la solución propuesta
y evitar consecuencias no previstas.
Problemas menos
estructurados. Las respuestas de los expertos revelaron marcados esfuerzos por
elaborar el proceso de solución en gran detalle y planificar la forma de llevar
a cabo el proceso. En respuesta al problema del nombramiento de un nuevo
director, un experto manifestó:
Pero los pasos
reales a seguir…. Supongo que no me quedaba claro exacta-
mente lo que
haría…. Tendría que sentarme y pensarlo a fondo y planificarlo,
y prestar atención
a cada uno de los pasos a seguir.
159
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
La evidencia indica
que los no expertos no le concedieron importancia a la planificación. La
mayoría de los directores manifestó que se reuniría con el personal, los
apoderados y/o los alumnos, dependiendo de la naturaleza del problema. Tan sólo
unos pocos no expertos se refirieron a la importancia de los detalles del
proceso de solución en el contexto de dichas reuniones. Nuevamente, en
respuesta al problema del nombramiento de un nuevo director, un experto señaló:
En mi primera
comunicación con los apoderados, hablaría mucho acerca de las cosas positivas
que el director había comenzado a implementar y acerca de mis planes. Me
gustaría poder dar a conocer mis objetivos durante el siguiente año escolar.
Sin embargo,
surgieron diferencias importantes entre los expertos y no expertos en su
orientación a dichas reuniones: en sus intentos por resolver un problema, los
expertos le dieron mayor importancia a los procesos de consulta. Una de las
carac-terísticas más marcadas del problema del nombramiento de un nuevo
director fue que dos de los tres expertos que le dieron solución al problema
describieron explí-citamente (y el tercero aludió a ello) los extensos procesos
de consulta acerca de la nueva escuela con el mejor informante posible, el
director saliente; ninguno de los no expertos emprendió esta acción.
Los expertos
también destacaron varias características del problema que debían ser
analizadas y consultadas con otras personas. Por ejemplo, al resolver el
problema de la consolidación de la escuela, un experto mencionó el número de
alumnos en cada nivel, las características de los alumnos, el apoyo de la
comunidad, el enrolamiento en ciertos programas, la organización de la escuela,
el número de profesores por alumno, los diferentes grupos de alumnos, la
preparación del presupuesto, y los planes en rela-ción a los libros de textos y
otros insumos. En general, las consultas de los expertos sobre problemas menos
estructurados estuvieron relacionadas con la recopilación de información. Los
no expertos consultaron con menor frecuencia que los expertos; cuando
consultaban, es posible que los no expertos lo hicieran porque se sentían
inseguros sobre cómo proceder. Por ejemplo, dos no expertos solicitaron el
apoyo del superintendente antes de intentar siquiera lidiar con el problema, en
vez de acudir a él con un propósito definido después de haber comenzado a
formular una solución.
Con la sola
excepción de uno de ellos, todos los directores le atribuyeron cierta
importancia a la recopilación de información como actividad orientada a la
solución de los problemas menos estructurados. Los expertos le dieron mayor
importancia a esta actividad y le dedicaron mayores esfuerzos que los no
expertos. Los no expertos no efectuaron nunca un seguimiento de los resultados
de las actividades orientadas a
160
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
dar solución a un
problema. Si bien éste no fue un aspecto destacado (como lo fue, por ejemplo,
la recopilación de información) en la solución de problemas, tres de los seis
expertos incluyeron alguna modalidad de monitoreo o un proceso de seguimiento.
En resumen, los
expertos y los no expertos evidenciaron marcadas diferencias en sus respuestas
a los problemas menos estructurados. Los expertos le dedicaron mayores
esfuerzos a la planificación de los procesos de solución e identificaron un
mayor número de pasos a seguir. Los expertos también consultaron a otras
personas acerca de las soluciones propuestas tratando de conseguir su apoyo.
Destacaron la importancia de una cuidadosa recopilación de información. Algunas
de estas diferen-cias también surgieron (aunque en forma más sutil) en las
soluciones a los problemas más estructurados. Ahora bien, es posible que en
estos casos los expertos tuvieran más práctica en responder a este tipo de
preguntas.
Otras fuentes de
variación
Hasta aquí hemos
proporcionado información independiente en relación a los cinco componentes del
proceso de solución de problemas (interpretación, objetivos, prin-cipios,
barreras y procesos para llegar a una solución). Los expertos y no expertos
difieren en sus respuestas a cada uno de estos componentes; estas diferencias
fueron especialmente marcadas en el caso de los tres problemas menos
estructurados (nombramiento de un nuevo director, consolidación de la escuela,
y programa de lengua primaria). Los datos sugieren dos variaciones adicionales
entre los expertos y no expertos: (1) el nivel de interrelación entre los
componentes de la solución de problemas y (2) la importancia del afecto del
director en la solución de problemas.
Cuando hablamos de
“nivel de interrelación” nos referimos a la coherencia o consistencia interna.
Dada una interpretación particular de un problema, ¿en qué medida son
consistentes los objetivos que el director persigue, los principios
conside-rados relevantes, las barreras identificadas y los procesos utilizados
para alcanzar una solución? Emitir un juicio sobre la consistencia de las
respuestas resultó mucho más complicado que cualquiera de los análisis
formulados hasta aquí. Ello conlleva un alto nivel de interpretación por parte
de los investigadores. Ilustramos la naturaleza de nuestra interpretación con
ejemplos tomados de dos protocolos de los directores. Consideramos que el
primero representa un proceso altamente coherente y que el segundo representa
un proceso relativamente incoherente.
Cuando le
presentamos el problema del programa de lengua primaria, uno de los expertos
señaló:
(en relación a la
interpretación) que encontrar una solución al problema podría tomar un tiempo
relativamente largo ya que involucraba renovar el
161
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
currículo, lo que
es un proceso lento; declaró que esto involucraba el programa formal de
lenguaje, y que ya que en el momento actual el director contaba con los
recursos para la enseñanza del inglés como segunda lengua, esto
podría influir en la solución propuesta; agregó que si dichos recursos no
existían, resol-vería el problema en forma diferente.
(en relación a los
objetivos) declaró su intención de adaptar el programa formal para responder a
las necesidades de los alumnos chinos, y de informar a los apoderados.
(en relación a los
principios) indicó que los apoderados debían estar al tanto de las dificultades
que estaban teniendo sus hijos.
No identificó
ninguna barrera (nótese que este director clasificó el problema como “menos
estructurado”)
(en procesos para
definir una solución) declaró que estudiaría el currículo exis-tente con el
profesor de inglés como segunda lengua para identificar cuáles eran los
aspectos del programa que no respondían a las necesidades de los alumnos; se
reuniría con consultores para ver cómo podía adaptarse el programa para
satis-facer estas necesidades; solicitaría el apoyo de expertos en inglés como
segunda lengua si no estaba actualmente disponible; implementaría un sistema de
comunicación con los apoderados mediante un intérprete; también tendría un
traductor para las comunicaciones escritas a los apoderados.
En contraste, uno
de los no expertos:
(en relación a la
interpretación del problema) declaró que el problema estaba relacionado con la
comunicación; señaló que para él el problema era muy claro; expresó que era
posible que surgiera un problema como también era posible que esto no
ocurriera; indicó que el problema sería más fácil de resolver si el directorio
emitiera una directiva; expresó su deseo de que todo el mundo estuviera
representado en el directorio; indicó que había algo (jamás indicó de qué se
trataba) oculto en el problema.
(en relación a los
objetivos) expresó su deseo de que hubiese un consenso y su intención de
enseñarle a los apoderados “el motivo para disponer de recursos de lenguaje”.
(en relación a los
principios) expresó su creencia de que la mayor parte de nues-tros actos son en
función de las comunicaciones.
No identificó
barreras (nótese que este director clasificó el problema como “más
estructurado”).
162
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
(En relación a los
procesos de solución) consultaría con expertos para que analizaran y evaluaran
el programa; invitaría a los apoderados involucrados; se reuniría “con alguien,
probablemente el profesor”, para hablar acerca del programa; invitaría a los
profesores “a ventilar sus sentimientos”; expresaría sus propias
preocupaciones; podría comunicarse con otras personas igualmente preocupadas.
En comparación con
las respuestas de los no expertos, las respuestas de los expertos a los
problemas menos estructurados evidenciaron mayor coherencia o inte-rrelación
entre los diferentes componentes del problema. Al parecer, las fuentes de dicha
coherencia a menudo estaban relacionadas con los principios mencionados por los
expertos y contribuían a orientarlos en la búsqueda de una solución al
problema. Cuando las respuestas de los no expertos eran coherentes, esta
coherencia a menudo era más limitada; por ejemplo, la coherencia entre la
interpretación del problema y las barreras identificadas. Adicionalmente, como
los no expertos frecuentemente interpretaban los problemas en forma más
estrecha, la coherencia que manifestaron fue entre un número más limitado de
variables.
Finalmente, los
directores tuvieron diferentes aproximaciones a los problemas y los resolvieron
de distintas maneras. Los expertos invariablemente demostraron más calma y una
relativa confianza en sus propias capacidades. Los no expertos, especial-mente frente
a los problemas menos estructurados, en ocasiones se mostraron teme-rosos (como
lo ilustra la cita incluida en la sección “interpretación”), frecuentemente con
poca confianza y ocasionalmente beligerantes y/o arrogantes.
Las respuestas de
un experto y un no experto al describir la elaboración de los objetivos —un
problema que ambos consideraban fácil— ilustra varias de estas diferencias.
El experto:
Para mí, esto no
presentó ninguna dificultad, porque, en primer lugar, creo firmemente en que el
equipo educativo debe proporcionar insumos en términos del rumbo que la escuela
debiera seguir. Así es que no tuve ningún problema con esto, y como director es
algo que siempre he hecho desde el primer día. No creo que el hecho de ser el
director signifique que deba definir todos los obje-tivos en cuanto al rumbo a
seguir. Ciertamente hay muchas, muchas ideas que provienen del equipo educativo
y en mi experiencia siempre ha sido así. Y como profesor, yo querría que me
entregasen insumos. Por lo tanto, para mí esto no es más que una situación
sencilla, ni siquiera constituye un problema.
163
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Y en contraste, el
no experto:
Definir los
objetivos de la escuela es un proceso que uno ya tiene incorpo-rado, es un
proceso que he manejado por varios años. Les puedo mostrar los resultados, y
puedo demostrar cómo… ya saben, están ahí, en un libro. Se los podría entregar,
ya lo tengo listo…. Si yo llegara a una nueva escuela, creo que
como director
declararía “Esto es lo que yo creo y estas son mis expectativas”. Y uno
explicita todas esas cosas directamente en la primera reunión con el personal.
Cualquier persona que llega con el cuento “voy a dedicarle seis meses a
observar lo que ocurre” o está mintiendo o es un estúpido.
Conclusiones
Resumen
Al iniciar este
estudio nos propusimos dos objetivos: identificar los principales factores que
intervienen en los procesos de solución de problemas de los directores y
determinar la naturaleza y el alcance de las diferencias entre los procesos de
los directores altamente expertos y los más novatos. Para cumplir estos
objetivos, no utilizamos ningún marco específico a priori, como
tampoco un modelo de solución de problema: esto, debido al número limitado de
investigaciones sobre el tipo de problemas y los contextos en que los
administradores de escuela tienen que manejar determinados problemas. No
obstante, la investigación se basó en forma general en la teoría del
procesamiento de la información y en las diferencias entre los procesos para
resolver problemas entre novatos y expertos que esta perspectiva ha arrojado.
Recopilamos la
información mediante entrevistas estructuradas en que 16 directores “no
expertos” y 6 “expertos” primero tuvieron que clasificar una serie de problemas
de acuerdo a su claridad (de acuerdo al grado de estructura) para luego
proporcionarnos información detallada acerca de cómo resolverían el problema
más claro y el menos claro. Transcribimos la información, desarrollamos
catego-rías fundadas y descripciones para las respuestas de cada director a
cada uno de los problemas. Fue tan sólo al llegar a este punto que
identificamos las respuestas de los directores no expertos y los expertos e
hicimos comparaciones.
Los resultados
arrojaron relativamente pocas diferencias entre las respuestas de los
directores expertos y los novatos en relación a los problemas que ellos mismos
clasificaron como claros o bien estructurados. Es posible que esto se deba a
los niveles relativamente altos de pericia de nuestros directores “no
expertos”,
164
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
en comparación con
los sujetos que participan en estudios de contraste entre “expertos” y
“novatos”. La mayoría de los directores “no expertos” desempeñaba sus funciones
en forma más efectiva que el promedio de los directores, de acuerdo a la
evidencia que utilizamos para elegirlos inicialmente. En consecuencia, todos
los directores de la muestra respondieron hábilmente y en forma automatizada a
los problemas bien estructurados y parecían tener conocimientos bien
organi-zados y accesibles acerca de dichos problemas. Ambas son características
asociadas con la pericia en otros ámbitos (Norris, 1985; Berliner, 1986;
Bereiter y Scarda-malia, 1986).
Sin embargo,
surgieron diferencias sustanciales entre las respuestas de los direc-tores
novatos y los más expertos frente a los problemas mal estructurados o poco
claros (véase el cuadro 5 donde presentamos un resumen de estas diferencias).
Hay similitudes
entre la información que arrojó nuestro estudio sobre los directores y
descripciones derivadas de estudios de novatos y expertos en otros ámbitos
(resumida en la introducción de este artículo). Estas similitudes incluyen, por
ejemplo, un nivel más alto de control metacognitivo en la solución de problemas
(Berliner, 1986), especialmente evidente en las respuestas de los directores
expertos acerca de los procesos utilizados para dar solución al problema. Al
igual que los expertos en otras áreas, los administradores escolares utilizan
más principios básicos para definir la naturaleza específica de un problema
(Chi et al, 1981; Voss et al, 1983). Además, su habilidad para detectar las
características similares y diferentes de un problema en forma rápida y exacta
al momento de interpretarlo demuestra que poseen mayores destrezas para
reconocer un patrón rápidamente, caracterís-ticas generalmente atribuidas a los
expertos (Bereiter y Scardamalia, 1986; Berliner, 1986). También indica que el
experto es más sensible a las demandas de la tarea y a los contextos sociales
en que hay que resolver un problema. (Berliner, 1986). Al parecer, los
administrativos escolares son comparables a los expertos en otros ámbitos del
conocimiento en cuanto al número y complejidad de sus objetivos para resolver
un problema. Al igual que otros expertos, los directores también le dedican más
tiempo a planificar sus estrategias generales, como lo evidencia la información
que obtuvimos acerca de los procesos que intervienen en la solución del
problema (Norris, 1985; Berliner, 1986).
En suma, nuestra
información sugiere que en respuesta a los problemas mal estructurados, los
directores altamente efectivos utilizan procesos similares a los de los
expertos en otros ámbitos. No obtuvimos información que desmintiera este hecho.
165
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Implicancias para
la teoría y la investigación
Dadas las
limitaciones de este estudio y la escasez de otros estudios de investiga-ción,
sería prematuro especular acerca de las implicancias para la práctica. Cuando
los resultados de investigaciones posteriores se acumulen, podremos fundamentar
un conocimiento más acabado y confiable, y establecer bases sólidas para
mejorar la efectividad del director. Esto supone que los atributos para
encontrar una solu-ción efectiva a un problema pueden ser aprendidos, asunto
con el que no todos estarían de acuerdo, pero acerca del cual somos
razonablemente optimistas, basán-donos en nuestros propios estudios
preliminares sobre intervención escolar.
En esta etapa, las
principales implicancias del estudio atañen a la teoría y la investigación en
el futuro. El estudio logró el objetivo de identificar los compo-nentes que
intervienen en la solución de problemas y los atributos de la efecti-vidad en
relación a cada uno de ellos. Se requiere de investigaciones posteriores para
confirmar estos componentes y atributos y para determinar si pueden ser
generalizados a otros contextos (por ejemplo, a los directores de escuelas
secun-darias). La existencia de comparaciones más detalladas, con resultados de
inves-tigaciones sobre pericia en otros ámbitos, también arrojaría más luces
acerca de las distinciones que son únicas sobre el quehacer de los directores,
si acaso esas distinciones existen.
Además, aunque los
componentes “estados de ánimo” y “principios” o “valores” aparentemente
revisten gran importancia, no obtuvimos información clara acerca de sus
características específicas y el rol que desempeñan. Sin embargo, constituyen
elementos no racionales de la solución de problemas que han sido tan ignorados
en investigaciones previas sobre los procesos de toma de decisiones de los
administra-dores que ameritan estudios mucho más profundos.
Como vimos durante
la recopilación de información y su posterior análisis, gran parte de la
información obtenida puede ser interpretada mediante una teoría razonablemente
bien desarrollada de la cognición social, esbozada por Showers y Cantor (1985).
Dicha interpretación permite una mejor comprensión del papel del “estado de
ánimo” y proporciona mayor información sobre el significado de los resultados
obtenidos en este estudio, como también sugiere la necesidad de investigaciones
futuras. Es debido a esto que concluimos con una discusión sobre la relación
entre esta teoría y nuestros datos. Los elementos de “flexibilidad” en la
cognición social identificados por estos autores son dimensiones importantes de
variación en los procesos para resolver problemas de los directores expertos y
no expertos en nuestro estudio. Además, los diferentes elementos de la
motivación,
166
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
identificados por
Showers y Cantor (1985), proporcionan razones plausibles para dicha variación
en la flexibilidad. Desde esta perspectiva, la solución de problemas de los
directores (especialmente en el caso de los expertos) puede ser considerada
como un esfuerzo que se desarrolla dentro de un “complejo contexto de
involu-cramiento personal” (página 276), orientado a alcanzar una forma de
autoreali-zación profesional.
En la figura 1 se
identifican las fuentes de motivación (objetivos, estados de ánimo y pericia) y
su relación con las acciones de una persona, mediadas por ciertas
características del pensamiento. Basándose en su análisis de las
investigaciones sobre la cognición social, Showers y Cantor afirman que los
objetivos personales, los estados de ánimo y el conocimiento previo relevante,
así como el involucramiento en una tarea, orientan la interpretación de una
situación o problema y los planes de las personas para dar respuesta a estas
situaciones.
Flexibilidad. Cuando los
acontecimientos o situaciones comprometen los objetivos, estados de ánimo o
pericia de una persona, las personas son capaces de responder flexiblemente, es
decir, son capaces de
(a) adaptar sus
interpretaciones en respuesta a las características de la situación;
(b) tomar control de
sus pensamientos y planes;
(c) identificar
múltiples alternativas para interpretar el mismo acontecimiento o resultado; y
(d) modificar su
repertorio de conocimientos mediante nuevas experiencias y reela-borar sus
creencias, valores y objetivos. (Showers y Cantor, 1985, pág. 277)
Showers y Cantor
señalan que el grueso de las investigaciones sobre cognición social evidencian
que las estrategias cognitivas de las personas se basan en opuestos
inflexibles. Las personas se aferran a sus propias interpretaciones y carecen
de control metacognitivo. Las personas también tienden a quedar atrapadas por
los estímulos disponibles y sólo son capaces de interpretar los acontecimientos
de una sola forma y el conocimiento existente en forma pasiva.
167
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
Figura 1. Interpretación
de Showers y Cantor (1985) acerca de la relación entre las fuentes de
motivación y la solución de problemas
|
Elementos
motivacionales |
|
Estructuras
cognitivas flexibles |
Acción apropiada |
|
objetivos |
|
capacidad de
respuesta |
|
|
estados de ánimo |
|
a las situaciones |
|
|
|
control activo |
|
|
|
pericia |
|
|
|
|
|
múltiples
interpretaciones |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
cambio de
repertorio |
|
|
|
|
|
|
Nuestros datos
proporcionan evidencia de variaciones en la flexibilidad de los expertos y no
expertos en relación a muchas de estas dimensiones. Por ejemplo, en nuestro
estudio, la preocupación de los expertos por recopilar información relevante
acerca de los problemas menos estructurados refleja su disposición a responder
a los datos de la situación y a adaptar sus interpretaciones del problema.
Nuestro estudio previo sobre la solución de problemas de los directores
(Leithwood y Stager, 1986) es aún más impactante. Muchos directores no expertos
fueron incapaces de recordar un problema reciente que fuera novedoso o único.
Uno de ellos manifestó: “a veces me digo, hace 12 años hacía exactamente lo
mismo.” En contraste, los expertos con el mismo nivel de experiencia
rápidamente identificaron características nuevas de un problema que exigían una
atención especial, mientras al mismo tiempo reconocían muchas características
familiares.
Nuestros datos
también demuestran la disposición y la capacidad de los expertos para tomar
control de sus pensamientos y de sus planes. Esto queda de manifiesto en la
cuidadosa “elaboración” de la solución a los problemas y la planificación
deta-llada para buscar una solución a los problemas menos estructurados;
también queda de manifiesto en el cuidadoso proceso de reflexión sobre un
problema durante la interpretación. En forma similar, de acuerdo a nuestros
datos previos, los no expertos frecuentemente rechazaron el valor de la
reflexión, prefiriendo dejarse guiar por la intuición inmediata.
168
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
Nuestros datos
sobre los obstáculos proporcionan evidencia de que los direc-tores expertos son
capaces de percibir múltiples alternativas para interpretar el mismo
acontecimiento o resultado. Los no expertos a menudo se quedaban “empantanados”
por su percepción de los obstáculos como barreras inamovibles y su incapacidad
para detectar alternativas para interpretar o resolver un problema. Como
resultado, les resultaba difícil alcanzar una solución. Los expertos definieron
los obstáculos como subproblemas que había que resolver o parcelar —un aspecto
del problema que podían controlar—; por lo tanto, interpretaban el problema en
forma que les permitiera alcanzar una solución.
Elementos de la
motivación. Como sugieren los datos que acabamos de presentar, al parecer, muchas
de las diferencias entre las respuestas de los expertos y de los no expertos a
los problemas “menos estructurados” pueden explicarse en relación al grado de
“cognición social flexible”. Los expertos demostraron ser altamente flexi-bles,
los no expertos mucho menos. Showers y Cantor argumentan que es posible que
esto se deba a las diferencias en el estado de ánimo, los objetivos y la
pericia. Si bien no contamos con mucha información relevante, es un hecho que
los directores expertos enfrentan la solución de problemas con un estado
afectivo controlado y positivo, generalmente caracterizado por sentimientos de
confianza en sí mismos. Los no expertos, en cambio, frecuentemente expresan un
leve sentimiento de frus-tración, temor y un cierto nivel de ansiedad en sus
respuestas.
Showers y Cantor
(1985) concluyen que los estados de ánimo positivos (en que los “estados de
ánimo” se consideran como “estados afectivos bajos” se relacionan con dos tipos
de flexibilidad: la habilidad para interpretar una situación de múlti-ples
maneras y para escoger en forma razonable entre ellas, y la habilidad para
tomar control de las estrategias utilizadas.
Tanto los
“principios” como los “objetivos”, tal como los definiéramos en este estudio
(relacionados con “objetivos a largo plazo” y “objetivos a corto plazo”,
respectivamente), son parte del concepto objetivo que utilizan
Showers y Cantor. En nuestro estudio, los directores expertos identificaron y
persiguieron una gama más amplia de objetivos y fueron capaces de establecer un
nexo entre los objetivos a corto plazo y su preocupación a largo plazo por los
alumnos y programas. Hay evidencia considerable de que los objetivos cumplen la
función de organizar el uso del conocimiento existente y orientan las
interpretaciones de una persona. Nuestro trabajo previo sobre la efectividad de
los directores (Leithwood y Mont-gomery, 1986) demostró que, a medida que los
objetivos del director se modifi-caban, también lo hacían los factores de la
escuela que merecían su atención, las
169
Kenneth Leithwood,
Mary Stager
estrategias para
influir en dichos factores y la naturaleza de la toma de decisiones. Para
Showers y Cantor, los objetivos están ligados a dos tipos de flexibilidad en la
interpretación y la planificación: la adaptación de las estrategias para
amoldarse a la situación y la adopción de diferentes estrategias y conductas a
medida que los objetivos o el conocimiento se modifican.
Circunscribimos
nuestra interpretación del constructo de “pericia” de Showers y Cantor a la
cantidad de conocimientos relevantes al problema que una persona tiene a su
disposición (como, por ejemplo, las experiencias de éxitos anteriores, así como
otras fuentes de información que permiten generar opciones para interpretar el
problema y los procesos de solución. Nuestros datos previos (Leithwood y
Stager, 1986) arrojaron que los expertos tenían a su disposición más respuestas
automati-zadas para orientar su quehacer, lo que permitía que pudieran dedicar
más energía cognitiva a los aspectos realmente problemáticos de una situación.
En suma, “la
cognición social flexible” y los elementos motivacionales que la posibilitan
parecieran poder explicar muchos de nuestros hallazgos acerca de los procesos
que utilizan los directores para resolver problemas. Habrá que seguir
investigando para determinar si la teoría realmente explica adecuadamente estos
procesos, tanto para confirmar que la teoría y los datos encajan, como para
explorar aquellos aspectos en que la correspondencia entre los datos y la
teoría es insufi-ciente o poco clara. Por ejemplo, sentimos gran curiosidad por
conocer la respuesta a las siguientes preguntas:
¿Son los principios
y los objetivos en gran medida idénticos en su función moti-vacional o cumplen
funciones al menos sutilmente diferentes?
¿En qué medida
“modifican los directores su repertorio de conocimientos mediante nuevas
experiencias y reelaboran sus creencias, valores y objetivos?” (Showers y
Cantor, 1985, pág. 277)? ¿Constituye éste un elemento importante para el
desarrollo de la pericia?
¿Elaboran los
directores diferentes estrategias a medida que los objetivos o el conocimiento
se modifican? ¿Es éste un componente importante de la pericia de un director?
Hasta ahora, ante
la falta de respuestas a estas preguntas, simplemente especu-lamos que lo que
posibilita “la cognición social flexible” es el ejercicio de destrezas
intelectuales y de predisposiciones que pueden haber sido adquiridas: por
ejemplo, la predisposición para distanciarse de los aspectos superficiales de
un problema; la capacidad de articular prácticas para resolver problemas y
evaluar su efectividad;
170
Capítulo 5 •
Competencia de los directores en la solución de problemas
la habilidad para
identificar problemas que conllevan una extensa planificación y tomarse el
tiempo para dicha planificación; la capacidad para identificar las propias
creencias, principios y valores y utilizarlos explícitamente en la búsqueda de
solu-ciones. Además, especulamos que para que los directores sostengan “una
conversa-ción reflexiva con los elementos de la situación” (Schön, 1987, pág.
6), es esencial que adquieran dichas destrezas. Estas especulaciones también
pueden contribuir a que investigaciones posteriores se focalicen en el concepto
de reflexión, que reviste una enorme importancia pero que sigue siendo vago.
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173
La dimensión
emocional del mejoramiento escolar: una perspectiva desde el liderazgo*
Kenneth Leithwood
“Si el objetivo de
la educación o de la reforma educativa es mejorar los aprendizajes escolares,
¿cuál es la vía más importante para alcanzar esa meta?” Hágale esa
pregunta a personas comunes y corrientes y vea el tipo de respuestas que
obtiene. Si se la formula a apoderados, alumnos, hombres de negocios,
políticos, educadores o al llamado “hombre de la calle”, la respuesta
usualmente se relaciona con los profe-sores y sus prácticas. No se requiere un
sofisticado respaldo teórico para llegar a esa respuesta que es de sentido
común. Ésta se justifica por una simple lógica asociativa: las interacciones
entre alumnos y profesores consumen de lejos el grueso del tiempo total de
permanencia de los estudiantes en los establecimientos escolares.
Dicho esto, una
lectura superficial de la mayoría de las investigaciones y reco-mendaciones
dirigidas a los directores de escuela respecto de cómo mejorar los
apren-dizajes escolares podría distraer a los líderes escolares de esa
comprensión funda-mental. Analicemos las etiquetas que cuelgan de sólo un par
de las más poderosas variables que explican las fluctuaciones en los
aprendizajes escolares y qué significan en la realidad.
La incorpórea
etiqueta de “tiempo pedagógico” en realidad se refiere al uso que hacen los
profesores del tiempo pedagógico. El término despersonalizado “cultura escolar
de colaboración”, en la práctica se refiere al tipo y grado de interacción
entre los profe-sores acerca de su labor. Y aun cuando “tamaño de la clase” es
generalmente descrito como una simple estimación del número de alumnos en una
clase, la explicación acerca
* Fuente: The
emotional side of school improvement: A leadership perspective, In T. Townsend
(Ed.). International handbook of school effectiveness and school
improvement, (pp. 615-634). Dordrecht, The Netherlands: Springer.
175
de sus efectos
depende casi íntegramente de cómo las prácticas pedagógicas de los profe-sores
cambian en respuesta a la variación del número de alumnos en sus clases. Es
decir, la mayoría, si no todas las “variables relacionadas con el aula”, en
realidad son una forma de práctica docente. Pero hay más. Las prácticas
docentes, —lo que hacen los profe-sores— dependen de lo que ellos piensan y
sienten. Cuando cambian sus prácticas es porque sus mentes han cambiado. El
entendimiento de los profesores, proceso a la vez cognitivo y afectivo, precede
a la práctica docente.
Este capítulo se
centra particularmente en el aspecto afectivo de ese entendi-miento, aspecto
que hasta el momento ha sido mirado en menos por la literatura sobre
mejoramiento escolar. Basándome en una amplia reseña sobre evidencia empí-rica,
sostengo que:
• Un puñado
significativo de emociones de los profesores tienen una gran influencia
sobre los procesos de enseñanza-aprendizaje;
• Las condiciones
laborales de los profesores, a su vez, tienen una gran influencia sobre
esas emociones;
• El liderazgo
escolar, especialmente las prácticas de los directores, es uno de
los elementos más importantes relacionados, directa o indirectamente, con
las condiciones laborales que influyen sobre las emociones de los profesores; y
• Las prácticas de
liderazgo que claramente generan emociones positivas en los profesores son
parte de varios modelos más generales de liderazgo.
Tanto la estructura
de este capítulo como las presunciones que hay tras mi argumento reflejan una
descripción retrospectiva de los mejoramientos de los apren-dizajes escolares.
Estos mejoramientos son en gran medida, pero no exclusivamente, una consecuencia
de las prácticas docentes a nivel de escuela y de aula. Estas prácticas están
moldeadas por el entendimiento de los profesores (que incluye sus sentimientos
y emociones), el cual, a su vez, está influido por las condiciones en que ellos
trabajan. En estudios actuales sobre “cognición situada” (por ejemplo, Lave,
1997) pueden hallarse argumentos teóricos sofisticados respecto de la
importancia de estas condi-ciones. Al menos tres tipos de condiciones laborales
u organizacionales influirían sobre los pensamientos y los sentimientos de los
profesores. Las más importantes son aquellas con las que se encuentran los
profesores en sus salas de clase (por ejemplo, recursos pedagógicos). Pero el
trabajo de los docentes no se limita a la sala de clase. Las condiciones
imperantes en la escuela (por ejemplo, un liderazgo apoyador por parte del
director) son importantes influencias sobre su trabajo, tanto dentro como fuera
del aula. Finalmente, una proporción significativa de las condiciones laborales
de los profesores a nivel de escuela y de aula es producto de las políticas,
prácticas y de otras iniciativas que surgen fuera de la escuela, en el
distrito, el estado o la provincia, y en la sociedad en su conjunto.
176
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
La evidencia
resumida en este capítulo ha sido reseñada con mucho más detalle en Leithwood
(2005). Esta evidencia incluía una importante muestra de estudios empíricos
originales (91), complementados con reseñas sistemáticas de evidencia relevante
(26) publicadas en prestigiosas revistas académicas. También incluía un
importante conjunto de estudios recientes sobre condiciones laborales y
rotación de profesores, realizados fundamentalmente en Canadá y Estados Unidos
por o para sindicatos o colegios de profesores.
Las emociones de
los profesores
La evidencia
destaca siete emociones de los profesores que tienen consecuencias
significativas en el mejoramiento escolar. Estas incluyen tanto el sentido
individual como el colectivo de eficacia profesional, el compromiso
organizacional, la satis-facción laboral, el estrés y/o colapso, el ánimo, y el
compromiso con la profesión. En esta sección, aclaro cuáles son las
características de estas emociones y resumo la evidencia existente sobre sus
efectos en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Eficacia docente
individual
La eficacia docente
individual ha sido definida como la capacidad que un profesor cree tener para
mejorar el aprendizaje escolar (Tschannen-Moran, Woolfolk Hoy y Hoy, 1998). Es
una creencia respecto a la propia habilidad para realizar una tarea o alcanzar
una meta. Esta eficacia puede ser relativamente general, como el caso de la
percepción del docente respecto de sus capacidades pedagógicas con todos los
alumnos y todos los contenidos curriculares, o más específica, como el caso de
la percepción del profesor acerca de su habilidad para enseñar un concepto
deter-minado (por ejemplo, la evolución) a un tipo específico de alumnos (por
ejemplo, alumnos de 6º Básico). Para ser claros, es una percepción acerca de
las propias habi-lidades o capacidades y no las habilidades o capacidades
reales. Las percepciones sobre la propia eficacia están asociadas con otros
pensamientos y sentimientos. Por ejemplo, en su metaanálisis sobre
investigaciones en compromiso organizacional, en contextos no escolares,
Mathieu y Zajac (1990) encontraron fuertes relaciones posi-tivas entre la
autoeficacia y el compromiso organizacional de los empleados. Se ha llegado a
resultados semejantes en estudios sobre profesores (Tschannen-Moran et al,
1998). Los bajos índices de autoeficacia de los profesores también se asocian
con sentimientos de estrés.
Bandura (1996)
sostiene que la percepción que un individuo tiene respecto a su capacidad para
desarrollar una tarea específica o un conjunto más amplio de tareas tiene una
fuerte influencia sobre la cantidad de esfuerzo que invierte, el tiempo en que
persiste
177
en tratar de
realizar la tarea, cuán resiliente es frente a un eventual fracaso, y cuán
capaz es de lidiar con el estrés en circunstancias demandantes. Este punto de
vista teórico ha sido respaldado por investigaciones empíricas realizadas con
profesores. La presencia de altos índices de autoeficacia en profesores se ha
asociado con varios comportamientos muy positivos (resumidos en Goddard y
Goddard, 2001). Por ejemplo:
• Una decreciente
tendencia a ser críticos ante las respuestas incorrectas de los alumnos y
persistencia en ayudar a los alumnos esforzados a llegar a respuestas
correctas;
• Fomento de
expectativas por el logro de buenos resultados en el aula;
• Desarrollo de
relaciones interpersonales cálidas dentro de la sala de clase;
• Una creciente
tendencia a persistir en ayudar a un estudiante que no logra entender un
concepto;
• Mayor probabilidad
de agrupar a los alumnos para la entrega de contenidos;
• Mayores
posibilidades de experimentar pedagógicamente;
• Mayor voluntad para
probar con diferentes materiales y enfoques;
• Mayor probabilidad
de implementar prácticas novedosas;
• Mejor planificación
y organización para la entrega de contenidos;
• Mayores
probabilidades de tratar a los alumnos con justicia;
• Mayor voluntad para
trabajar con alumnos que experimentan dificultades;
• Mayor tendencia a
recomendar que se incorporen alumnos de nivel socioeco-nómico inferior en una
sala de clase regular;
• Buena disposición
ante las consultas educativas;
• Actitud positiva
hacia la reforma educativa;
• Satisfacción
laboral; y
• Mayores índices de
participación de los padres en la escuela.
Una creciente
cantidad de evidencia asocia también la presencia de índices más elevados de
autoeficacia con índices más elevados de logro escolar, particularmente en
matemáticas y lectura en la enseñanza primaria y en diferentes poblaciones
escolares (véase, por ejemplo, Anderson, Greene, y Loewen, 1988; Ross, 1992), y
con actitudes más posi-tivas hacia la escuela, las asignaturas y los
profesores; e índices más bajos de suspensiones y deserción escolar (Esselman y
Moore, 1992). Índices más altos de autoeficacia docente también se asocian con
índices más altos de autoeficacia en los alumnos, importante mediador del
aprendizaje escolar. Bajos índices de autoeficacia docente se han asociado con
una creciente probabilidad de dejar la profesión (Glickman y Tamashiro, 1982).
178
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
Eficacia docente
colectiva
La eficacia
colectiva es análoga a la autoeficacia docente individual y se basa en los
mismos fundamentos teóricos que ésta, fundamentos sustancialmente desarrollados
por Bandura (1997). La eficacia colectiva en las escuelas “se refiere a la
percepción de los profesores de que el cuerpo docente en su conjunto puede
realizar las acciones necesarias para lograr efectos positivos en los alumnos”
(Goddard, 2001, p. 467).
Los efectos
positivos de las creencias en la eficacia colectiva acerca del desempeño de un
grupo de profesores se manifiestan en la forma en que estas creencias moldean
los comportamientos y las normas de los profesores. Las personas que trabajan
en una organización no actúan de manera aislada. Cuando la mayoría de los
profesores comparte la creencia de que juntos pueden tener éxito en enseñarles
a sus alumnos, se produce un alto nivel de presión social sobre todos los
docentes para persistir en sus esfuerzos tendientes a lograr este objetivo. Aun
cuando los esfuerzos iniciales puede que no sean fructuosos, la persistencia
crea oportunidades para la solución de problemas puntuales y el afinamiento de
prácticas docentes hasta que son exitosas.
El modelo más
desarrollado de eficacia docente colectiva, que es una adapta-ción de un
estudio anterior sobre eficacia docente individual (Tschannen-Moran et al,
1998) asume que ésta se relaciona tanto con una tarea como con una situación
específica. Esto significa que el sentimiento de eficacia colectiva de los
profesores depende no sólo del tipo de tarea por realizar, sino también de las
características prin-cipales del contexto en que se desarrolla el trabajo
docente (por ejemplo, la cantidad de alumnos inscritos en inglés como lengua
secundaria en la escuela). Las diferencias entre escuelas en cuanto a su
eficacia docente colectiva han sido asociadas a varia-ciones en resultados en
matemáticas y lectura en cuatro estudios (Goddard, 2001; Goddard, Boy, y
Woolfolk Boy, 2000; Tschannen-Moran y Barr, 2004).
Satisfacción
laboral
La satisfacción
laboral es “un estado emocional placentero o positivo resultante del aprecio de
nuestro trabajo o de nuestras experiencias laborales” (Locke, 1976, p. 1300) o
el grado de emociones positivas que tienen las personas respecto a su trabajo (Currivan,
2000). Tal como lo implican estas definiciones —y tal como lo hacemos en este
capítulo—, la satisfacción laboral muchas veces es vista como una variable
global. Muchas veces la motivación y la satisfacción laboral son consideradas
como conceptos relacionados. Pero Miskel y Ogawa (1988), al exponer sobre la
impor-tancia de distinguir su diferencia, sugieren que la motivación, a
diferencia de la satisfacción laboral, es una causa directa de comportamiento.
Uno puede sentirse satisfecho con su trabajo, por haber recibido variados
reconocimientos relacionados con él y, sin embargo, no actuar en función de esa
satisfacción.
179
Un considerable
volumen de evidencia indica que la satisfacción laboral tiene un efecto directo
sobre la retención docente (por ejemplo, Stockard y Lehman, 2004); un volumen
muy inferior de evidencia señala que la satisfacción laboral tiene un efecto
indirecto sobre el aprendizaje escolar (Ostroff, 1992). La evidencia
reco-lectada en contextos no escolares justifica la aseveración de que la
satisfacción laboral tiene importantes efectos sobre el comportamiento de los
profesores en la escuela (Organ, 1990), pero hay poca evidencia directa que
confirme esa afirmación. Ostroff (1992) también comprobó una fuerte relación
entre la insatisfacción laboral de los profesores y su intención de abandonar
la profesión.
Compromiso
organizacional
El compromiso
organizacional de los profesores ha sido definido por Mowday, Steers, y Porter
(1979) como un constructo tridimensional que incluye una fuerte creencia en las
metas y valores de la organización y una voluntad de aceptarlas; lealtad y
voluntad de desarrollar un esfuerzo considerable en nombre de la organización;
y un fuerte deseo de seguir siendo miembro de la organización. Aun cuando se
han realizado esfuerzos para identificar las fuentes individuales, la mayoría
de las investigaciones empíricas se han centrado en el compromiso
organizacional de los profesores.
El compromiso
organizacional y la satisfacción laboral son conceptos estre-chamente
relacionados. Cierta evidencia sugiere que la satisfacción laboral produce
compromiso organizacional y que las condiciones laborales de los profesores
tienen efectos indirectos sobre la satisfacción laboral (Williams y Hazer,
1986). Pero hay evidencia de lo contrario. Ésta parece sugerir que el
compromiso organizacional se desarrolla primero como una especie de condición
preliminar de la satisfacción laboral (por ejemplo, Bateman y Strasser, 1984).
Comparada con el compromiso organiza-cional, se estima que la satisfacción
laboral es menos estable y que varía directa y rápida-mente en condiciones
laborales cambiantes. “Compromiso laboral” y “apego laboral” (véase Koch y Steers,
1978) son conceptos similares al compromiso organizacional.
Un número
relativamente pequeño de estudios ha identificado el compro-miso docente como
un factor que contribuye al logro escolar (por ejemplo, Kushman, 1992;
Rosenholtz, 1989). Sin embargo, un volumen más sustancial de evidencia ha
vinculado un mayor compromiso organizacional con la retención laboral (Angle y
Perry, 1981; Williams y Hazer, 1986), búsqueda de empleo, ausentismo (por
ejemplo, Bateman y Strasser, 1984) y percepciones de efecti-vidad
organizacional (Hoy y Ferguson, 1985). El desempeño laboral también parece
estar influido de manera moderada por el compromiso organizacional (Wright y
Bonett, 2002).
180
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
Estrés y colapso
Colapso (burnout)
es el término utilizado para definir las formas más extremas de estrés
experimentadas por personas que trabajan en ocupaciones interpersonales
intensas, servicios humanos en su mayoría, y que están sujetas a tensión
crónica (Cunningham, 1983). El término significa la incapacidad de la gente
para funcionar de manera efectiva en sus trabajos como consecuencia de un
estrés intenso y prolon-gado, relacionado con esos trabajos (Byrne, 1991). El
estrés y el colapso son estados mentales muy relacionados. Dworkin (1997)
señala que mientras mayor es el nivel de estrés, mayor es el grado de colapso.
Ahora bien, una vez que el colapso ha alcan-zado un nivel elevado, puede
incluso reducir el estrés. “Esencialmente, el colapso se transforma en un
mecanismo de defensa mediante el cual los profesores dejan de preocuparse y,
por ende, experimentan menos estrés” (p. 77).
Maslach y Jackson
(1981), autores de un instrumento muy utilizado para diag-nosticar el colapso,
señalan que se trata de un estado mental tridimensional que incluye
sentimientos de agotamiento emocional, despersonalización (los profesores
desarrollan actitudes negativas, cínicas e insensibles hacia los alumnos,
apoderados y sus propios colegas) y un sentimiento de menor realización
personal y autoestima.
El colapso tiene
efectos negativos significativos en los profesores mismos, sus escuelas y sus
alumnos. Por ejemplo, los profesores que padecen un estrés excesivo o colapso
tienden a tener un mayor ausentismo, un peor desempeño en clase y rela-ciones
interpersonales pobres con sus colegas y alumnos. Estos docentes son menos
simpáticos con sus alumnos y menos comprometidos en sus trabajos. Tienen menos
tolerancia con las interrupciones en clase, son menos aptos para preparar
adecua-damente sus lecciones, y generalmente son menos productivos (Blase y
Greenfield, 1985; Farber y Miller, 1981). Los profesores colapsados pueden
tener un efecto devastador sobre el estado de ánimo de nuevos profesores.
Cuando experimentan
colapso los profesores tienden a ser más dogmáticos acerca de sus prácticas y
resistirse a cambios en esas prácticas. Son proclives a tratar
despersonalizadamente a los alumnos y victimizarlos o culparlos por bajos
resul-tados o fracasos. Dworkin (1987) resumió la evidencia existente indicando
que los alumnos con buenos resultados que son asignados a profesores con
“sindrome de colapso” tienen resultados inferiores en un 20% a lo largo de un
año, comparados con alumnos asignados a otros profesores. El colapso de los
profesores también está asociado a índices más elevados de deserción escolar.
Ánimo
El uso común del
término “ánimo” sugiere que se trata de un estado mental generali-zado y
relativamente duradero. El buen ánimo es típicamente asociado con actitudes
181
esperanzadas, una
visión optimista hacia los propios colegas y entusiasmo por el propio trabajo;
en cambio, el bajo ánimo es asociado con cinismo, sentimientos de desespe-ranza
y falta de entusiasmo. El buen ánimo y la satisfacción laboral son usualmente
considerados estados mentales diferentes pero interdependientes. El buen ánimo
está más orientado hacia el futuro y anticipatorio, mientras que la
satisfacción laboral está orientada hacia el presente y actúa en respuesta a un
conjunto actual de circuns-tancias. Una persona que cumple con sus metas
laborales o se encamina hacia ellas debería sentirse más confiada respecto del
futuro que una que no tiene el mismo éxito en esa empresa.
Entre los
comportamientos docentes que se asocian con un bajo ánimo figuran un desempeño
docente menos efectivo (Reyes y Imber, 1992), el ausentismo docente (Briggs y
Richardson, 1992), y la resistencia al cambio (Briggs y Richardson, 1992)
debido a su efecto negativo en las actitudes, la autoestima y la autoimagen. El
ánimo bajo también ha sido asociado a la rotación docente (Rafferty, 2002).
Nuestra evidencia
sugiere que el ánimo de los profesores sí influye sobre los logros escolares.
Por ejemplo, Zigarelli (1996) utiliza tres conjuntos de datos tomados del
Estudio Longitudinal sobre la Educación en los Estados Unidos (U.S. National
Educational Longitudinal Study) para verificar los efectos sobre los logros
escolares de un conjunto pequeño de características muchas veces
identificadas con las escuelas efectivas. Encontró poco sustento para la
mayoría de las características, pero el buen ánimo de los profesores estaba
fuertemente asociado con altos niveles de logro escolar. Otros estudios han
arrojado resultados similares (por ejemplo, Black, 200I).
Compromiso/descompromiso
en la escuela o profesión
Utilizamos aquí el
término compromiso tanto como expresión de una emoción cuanto de un
comportamiento. En los resultados de investigaciones sobre las causas y la
incidencia del cambio de escuela o el abandono de la profesión por parte de los
profesores, se puede encontrar evidencia sobre el compromiso de los docentes.
Informes recientes sobre desgaste de los profesores generalmente concuerdan en
que éste es bastante elevado. Por ejemplo, Buckley, Schneider y Shang (2005)
señalan que un cuarto de todos los profesores estadounidenses abandonan la
profesión en un plazo de cuatro años. Un estudio reciente (Matsui, 2005)
realizado en Ontario reveló que uno de cada tres profesores de enseñanza
primaria estaban activamente considerando la posibilidad de abandonar la
profesión.
Pero las
consecuencias de este desgaste no son para nada obvias, excepto en el caso
límite en que no se puedan encontrar suficientes reemplazos. Asumiendo una
amplia perspectiva, Macdonald (1999) cita una lista de efectos claramente
negativos,
182
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
entre ellos, la
discontinuidad de los equipos docentes dentro de las escuelas que están
involucrados en iniciativas de mejoramiento sistemático docente cuando una
proporción significativa de los profesores jóvenes abandonan. Pero, como lo
señala Macdonald, también se pueden obtener buenos resultados, incluida la
redistribución de talentosos trabajadores en otros segmentos del mercado
laboral; el retorno a la profesión de profesores que abandonan temporalmente, y
que traen consigo nuevas habilidades y experiencias; y la eliminación de la
resistencia al cambio cuando aque-llos que abandonan lo hacen porque objetan
políticas de cambio o pautas de mejo-ramiento escolar. Aun cuando cada uno de
estos resultados positivos y negativos del desgaste de los profesores ha sido
observado, no disponemos de datos fiables sobre la incidencia de cada uno de
ellos en particular.
Condiciones
organizacionales que influyen sobre las emociones de los profesores
En esta sección del
capítulo se resume la evidencia sobre aquellas condiciones orga-nizacionales
que influyen sobre las emociones de los profesores. Se identifican aque-llas
condiciones que, si se decidiera actuar sobre ellas, serían vehículos a través
de los cuales podrían mejorar de manera indirecta los procesos de
enseñanza-aprendi-zaje. En el cuadro 1 se identifican las condiciones que
tienen un efecto demostrable sobre las emociones de los profesores y, a través
de esas emociones, sobre el tipo y la calidad de enseñanza-aprendizaje
impartida en las aulas. En la columna izquierda se presentan las condiciones y
en la columna derecha se identifican los estados emocio-nales con la que ha
sido asociada empíricamente cada condición (números 1-17) o, en dos casos, los
efectos sobre el desempeño docente de estudios que no identificaron los estados
mediadores internos de los profesores [identificados con un asterisco (*)]. En
el cuadro 1 aparecen cinco categorías generales de condiciones
organizacionales, aquellas asociadas con el aula, la escuela, el distrito el
estado y la sociedad en general. Las condiciones enumeradas dentro de cada una
de estas categorías mayores están a su vez organizadas en once subcategorías.
Cuadro 1. Condiciones
organizacionales que influyen sobre las emociones de los profesores
|
Condiciones
organizacionales |
Emociones |
|
|
de los |
|
|
profesores |
|
|
|
|
Sala de clase |
|
|
Carga de trabajo |
|
|
Considerada justa
o no |
4,5,6 |
|
Carga total de
alumnos |
5, 7 |
|
Tamaño de la
clase |
7 |
|
Cantidad de
trabajo administrativo |
5 |
|
Carga de tareas
no relacionadas con la docencia |
7 |
(Sigue en la página
siguiente)
183
(Viene de la página
anterior)
Condiciones
organizacionales
Emociones
de los
profesores
Tiempo total de
trabajo y su distribución
Complejidad de la
carga de trabajo
Docencia en área de
especialización o certificación Niveles de logro escolar
Motivación/mala
conducta (-) de los alumnos
Autonomía/falta de
autonomía respecto de decisiones relacionadas con el aula Atmósfera propicia
para el aprendizaje
Disponibilidad de
recursos pedagógicos, tales como libros de texto
Composición de la
clase (diversidad de los alumnos/clases multinivel y de un solo nivel)
Escuela
Cultura
Metas claras,
explícitas y compartidas para evaluar el desempeño Percepción de conflicto de
funciones (o claridad de funciones )
Atmósfera escolar
positiva, amigabilidad del equipo escolar, ambiente disciplinario
Sentido de
comunidad / cultura de colaboración (o lo contrario–aislamiento) Entorno
escolar seguro
Altas expectativas
respecto de los estudiantes
Prensa académica /
ambiente que promueve los logros Percepción de realizar un trabajo
significativo Estructura
Tiempo disponible
para la preparación y la colaboración
Oportunidad de
trabajar en equipos (especialmente grupos relativamente pequeños)
Oportunidades para
el aprendizaje profesional permanente
Participación en la
toma de decisiones
Ausencia de
barreras para una docencia efectiva
Tamaño de la
escuela (pequeño mejor que grande)
Ubicación de la
escuela (urbana, menos deseable)
Calidad de las
instalaciones
Integridad
institucional (programas efectivos, estables)
Relaciones con la
comunidad
Reputación local de
la escuela
Apoyo de la
comunidad/relación con los apoderados
Procedimientos
operacionales de la escuela Calidad de la comunicación dentro de
la escuela
Adecuación de los
planes de mejoramiento escolar con la percepción de los profesores acerca de
las necesidades de la escuela
Retroalimentación
permanente a los grupos de trabajo escolares respecto de su desempeño
Aplicación flexible
de las reglas
5, *
7
7
3,5,6.7
4,5,6,7
3
7, *
1, 5
2, 4
4
1,2,3,7
1,3,4,5
3, 6
1
1, 3
4
1, 3
3, 4
4, 6,
1,2,3,5,7
1
7
7
7
4
3
3, 7
3,
1, 2
2,4
4, 5
(Sigue en la página
siguiente)
184
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar (Viene de la página
anterior)
|
Condiciones
organizacionales |
Emociones |
|
|
|
de los |
|
|
|
profesores |
|
|
|
|
|
|
Distrito |
|
|
|
Prestación de
servicios bien diseñados, por ejemplo: diferenciados para cada |
1 |
|
|
profesor |
1 |
|
|
repartidos a lo
largo del período de implementación del cambio |
||
|
1 |
||
|
Promueve redes
profesionales dentro de la escuela |
||
|
1 |
||
|
Brinda apoyo para
la entrega de contenidos pedagógicos |
||
|
Sueldos de los
profesores |
3,4,7 |
|
|
Discusión sobre
las prioridades |
4 |
|
|
Presión por un
cambio |
5 |
|
|
Tamaño del
distrito (mientras más pequeño, mejor) |
7 |
|
|
Gobierno /
Políticas |
|
|
|
Ritmo del cambio
educacional y su manejo |
3 |
|
|
Demandas
adicionales de tiempo (por ejemplo, implementación de un nuevo |
4 |
|
|
currículo) |
||
|
|
||
|
Políticas
erráticas e insensibles que generan confusión e incertidumbre |
7 |
|
|
Mayor rendición
de cuentas públicas, incluida la realización de pruebas de medi- |
7 |
|
|
ción de alto
impacto |
||
|
|
||
|
Sociedad en
general |
|
|
|
Visión de la
sociedad y de la comunidad sobre los profesores y su estatus |
3, 7 |
|
|
Visiones
negativas sobre la docencia en los medios de comunicación masiva |
7 |
|
|
Otras
oportunidades de empleo |
7 |
Clave
1. eficacia docente
individual
2. eficacia docente
colectiva
3. satisfacción
laboral
*desempeño docente
4. compromiso
organizacional
5. estrés/colapso
6. ánimo
7. compromiso con la
escuela o la profesión (retención/rotación)
Condiciones
existentes en el aula
A nivel del aula,
como lo indica el cuadro 1, tanto el volumen como la complejidad de la carga de
trabajo tienen efectos sustanciales sobre las emociones de los profesores.
Carga de trabajo
(volumen)
La actitud general
de los profesores respecto de su carga de trabajo depende de sus percepciones
respecto de seis otras características específicas de sus entornos de trabajo.
El compromiso con sus escuelas, los sentimientos de estrés y el ánimo se ven afec-tados
negativamente cuando (1) los profesores sienten que su carga de trabajo es
injusta comparada con la de otros profesores en su misma escuela o en el
distrito; (2) cuando el número de alumnos que están bajo su responsabilidad se
vuelve excesivo; y (3) cuando el tamaño de sus clases les demanda una cantidad
de tiempo no razonable para preparar sus lecciones y corregir pruebas, y afecta
seriamente las posibilidades de entregar una enseñanza diferenciada a sus
alumnos. Más aún, (4) cuando el excesivo trabajo admi-nistrativo (por ejemplo,
llenar formularios, reunir información para terceros) y (5) la
185
carga de demandas
no relacionadas con la docencia, tales como la supervisión en los pasillos, en
los traslados en autobús escolar o durante los almuerzos tienden a reforzar los
sentimientos de estrés de los profesores y a afectar negativamente su ánimo y
su compromiso con la escuela y aumentan la posibilidad de que consideren
seriamente la posibilidad de trasladarse a otra escuela o de cambiar de
trabajo.
Complejidad de la
carga de trabajo
La complejidad (o
intensidad) de la carga de trabajo, tal como la perciben los profesores,
influye sobre sus estados mentales de la misma manera que el volumen de la
carga de trabajo. La satisfacción laboral también es afectada negativamente por
la percepción de los profesores de tener que enfrentar una asignación docente
excesivamente compleja. Estas percepciones de excesiva complejidad surgen
cuando se pide a los profesores que enseñen en áreas de estudio para las que no
están calificados o para las que se sienten poco preparados, y cuando los
alumnos no son cooperadores y obtienen resultados rela-tivamente malos. Sin
embargo, la complejidad es percibida como más manejable cuando se les confiere
a los profesores un grado significativo de autonomía sobre las decisiones
relativas al aula, ya que eso les permite realizar su trabajo de la mejor
manera en que ellos saben hacerlo. Hay una mayor capacidad de gestión cuando la
atmósfera general de la escuela promueve el aprendizaje y cuando los recursos
pedagógicos están a mano.
La evidencia (por
ejemplo, Dibbon, 2004; Harvey y Spinney, 2000; Naylor y Schaefer, 2003) indica
que, desde el punto de vista de los profesores, la comple-jidad o dificultad
general de su trabajo se ve aumentada de manera significativa por factores
tales como insuficiente tiempo de preparación, clases excesivamente grandes, y
composición de los cursos, lo que incluye, por ejemplo, más alumnos con inglés
como segunda lengua o con necesidades especiales. La percepción de complejidad
en la carga de trabajo también está influida por la presencia de estudiantes
disruptivos y por las necesidades no satisfechas de estudiantes, producto, por
ejemplo, de recortes en la contratación de personal de apoyo, así como por la
presencia de alumnos con necesidades especiales no detectados como tales. Las
aspiraciones, los comporta-mientos y la actitud ante el estudio de los alumnos
que resultan de entornos fami-liares disfuncionales influyen sobre las
emociones de los profesores, al igual que las clases multigrado o de un solo
grado, especialmente en el caso de los profesores de enseñanza básica. La
ausencia de recursos adecuados para el aprendizaje y las asigna-ciones
inapropiadas también causan sentimientos negativos en los profesores.
El trabajo de los
profesores también se hace más complejo por un esquema desigual de demandas en
su calendario. En un extremo, los períodos de vacaciones les significan un
tiempo lujoso para planificar y preparar sus clases sin tener que lidiar al
mismo tiempo con muchas otras demandas laborales. En el otro, como lo señala
Dibbon (2004), muchos profesores dedican entre 24 y 28 horas adicionales
186
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
preparando y
realizando reuniones de apoderados durante cada período de evalua-ción, además
de realizar sus tareas regulares.
Entre esos dos
extremos están las semanas “normales”, de aproximadamente 50 horas, de los
profesores, cuya mitad de tiempo es dedicada a una intensa interacción
interpersonal con clases llenas de niños muy diversos. Todas las cosas que los
profe-sores hacen, esa función central de la docencia, es una de las fuentes
principales de estrés para los profesores, en gran medida por la enorme
cantidad de tareas específicas que implica desarrollar bien esa función (Harvey
y Spinney, 2000).
Condiciones
existentes en las escuelas
En el cuadro 1 se
muestran cuatro conjuntos de condiciones laborales que tienen una influencia
significativa en las emociones de los profesores –culturas escolares,
estruc-turas, relaciones con la comunidad y procedimientos operativos.
Culturas de las
escuelas
Esta condición
escolar tiene efectos significativos sobre las siete emociones de los
profesores. Las culturas escolares en las cuales las metas para los profesores
son claras, explícitas y compartidas contribuyen cada vez más a las vidas
afectivas de los profesores; éstos logran encontrar significativo su trabajo
(por ejemplo, metas claras y moralmente inspiradoras); hay poco conflicto en
las mentes de los profesores respecto de lo que se espera de ellos; y se
promueve la colaboración entre los profe-sores. Una atmósfera colegiada en la
escuela también genera sentimientos positivos en los profesores acerca de su
trabajo.
La forma en que la
escuela maneja la conducta de los alumnos es también un factor importante. A
nivel de la escuela, el manejo de la conducta puede tener efectos
significativos sobre el tiempo requerido por los profesores individuales para
esta tarea, lo que les permite dedicar ese tiempo a sus tareas pedagógicas. Por
lo tanto, hay una relación plausible entre esta condición y el desempeño tanto
de los profesores como de los alumnos. Sabemos, por ejemplo, que el tiempo
dedicado a la entrega de contenidos pedagógicos es uno de los factores que más
explica la variación en los logros esco-lares. Y varios estudios señalan que
los reiterados esfuerzos individuales de los profe-sores para lidiar con la
mala conducta de los alumnos tienen efectos sobre el grado de satisfacción, el
estrés, el ausentismo y el desgaste de los profesores. Estos efectos nega-tivos
mejoran sustancialmente cuando los administrativos y los profesores establecen
y aplican de manera consistente las reglas para manejar la conducta de los alumnos
en toda la escuela. Análisis recientes de los datos de la prueba PISA 2003,
reunidos por la OCDE en varios países desarrollados, indican que el clima
disciplinario en las escuelas es uno de los cuatro principales predictores del
aprendizaje escolar.
187
Los profesores
también responden positivamente cuando las escuelas valoran y apoyan su
seguridad y la seguridad de sus alumnos, y cuando hay altas expectativas
respecto de los alumnos y una fuerte presión académica evidente para los
alumnos y los profesores en toda la escuela.
Estructuras de las
escuelas
El principal
propósito de las estructuras escolares es posibilitar el desarrollo y la
permanencia de culturas que apoyen el trabajo de los profesores y el
aprendizaje de los alumnos. No todas las estructuras son alterables –al menos
no fácilmente y en el corto plazo. Tal es el caso, en particular, del tamaño y
de la ubicación de la escuela. Cierta evidencia indica que las emociones
positivas y el buen trabajo de los profesores están asociados con escuelas
relativamente pequeñas localizadas en zonas subur-banas, en lugar de zonas
urbanas. Pero no es mucho lo que puede hacerse respecto del tamaño y de la
ubicación de las escuelas, aun cuando actualmente las “escuelas dentro de las
escuelas” son la respuesta común a la existencia de grandes estructuras escolares.
La Fundación Gates en Estados Unidos está gastando una gran cantidad de
recursos para reducir el número de escuelas secundarias muy grandes.
Sin embargo, todos
los otros atributos estructurales de las escuelas asociados con las emociones
de los profesores son potencialmente bastante maleables y pueden fácil-mente
contrapesar los efectos negativos de las escuelas de mayor tamaño y de las
loca-lizaciones urbanas. Las contribuciones positivas a los estados mentales de
los profe-sores (eficacia, satisfacción, compromiso, menor estrés, compromiso)
y las prácticas declaradas se asocian con estructuras que brindan oportunidades
a los profesores para colaborar entre ellos, como los tiempos para planificar
en común. Los efectos positivos sobre los estados mentales de los profesores
también se asocian con el tiempo para prepararse adecuadamente para la entrega
de contenidos pedagógicos en el aula.
Los profesores
asocian los sentimientos positivos sobre su trabajo con acceso a un desarrollo
profesional de calidad (véase, por ejemplo, Hirsch, 2004). Las oportuni-dades
de aprendizaje para los profesores pueden hallarse en varias fuentes
adicionales a la escuela. Pero la escuela es una fuente potencialmente rica de
aprendizaje profe-sional, dependiendo de su estructura y cultura. Sus metas son
una fuente legítima de orientación para el aprendizaje profesional; sus alumnos
proveen los desafíos singu-lares a los que cualquier aprendizaje nuevo debe
responder; y sus recursos establecen condiciones limítrofes respecto de la
expresión de cualquier aprendizaje nuevo. Las formas de desarrollo profesional
que más contribuyen al aprendizaje docente perma-nente son los grupos de
estudio, las instancias de coaching y tutoría, las redes que
permiten a los profesores averiguar de manera conjunta acerca de los problemas
que los aquejan, y la inmersión en actividades de investigación con los alumnos
(véase, por ejemplo, Loucks-Horsley, Hewson, Love, y Stiles, 1998).
188
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
El empoderamiento,
la participación en decisiones que atañen a la escuela y otras formas de
ejercer control sobre su trabajo son también condiciones laborales clave para
los profesores. Las interpretaciones sobre la importancia del empoderamiento,
la auto-nomía en la realización de tareas y la discrecionalidad están en la
base de las teorías sobre desempeño en el lugar de trabajo, de Hackman y Oldham
(1975), y Gecas y Schwalbe (1983). La autonomía y la discrecionalidad, según
esas teorías, promueven el compromiso al “transformar a las personas en los
principales agentes causales en su propio desempeño” (Rosenholtz y Simpson,
1990, p. 244).
Las instalaciones
físicas que permiten a los profesores desarrollar el tipo de peda-gogía que
ellos consideran más efectiva incrementan el compromiso de los profesores con
sus escuelas y su deseo de permanecer en la profesión (Hirsch, 2004). El
compro-miso de los docentes o su retención también se ven potenciados cuando la
escuela dispone de programas bien desarrollados y estables sobre los cuales
innovar cuando se presentan nuevos desafíos.
Relaciones con la
comunidad
Un tercer conjunto
de condiciones escolares –las relaciones con la comunidad– influyen sobre la
satisfacción laboral de los profesores y sobre la probabilidad de que los
profesores permanezcan en la escuela y en la profesión.
Entre los elementos
que pueden contribuir positivamente en este ámbito figuran una reputación
positiva de la escuela en la comunidad local y un apoyo sustantivo de los
padres y de la comunidad en general a los esfuerzos y las pautas de la escuela
(Naylor y Schaefer, 2003).
Procedimientos
operativos de las escuelas
Finalmente, a nivel
de la escuela, hay tres condiciones que, de manera conjunta, influyen sobre el
sentimiento de eficacia individual y colectiva de los profesores y sobre su
satisfacción laboral y compromiso organizacional. Estas condiciones son: la calidad
de la comunicación en la escuela, el grado de sintonía entre los planes de
mejoramiento de la escuela y las visiones de los profesores respecto de cuáles
deberían ser las priori-dades de la escuela. La evidencia también destaca el
valor de brindar retroalimentación regular a los grupos de trabajo escolar
sobre el foco y la calidad de sus progresos.
Condiciones en el
distrito
Hay nueva evidencia
acerca de unas pocas pero importantes condiciones sobre las cuales los
distritos tienen un control significativo o preponderante. Estas condiciones,
como se indica en el cuadro 1, influyen sobre la eficacia individual, la
satisfacción laboral, el compromiso organizacional, el estrés y el ánimo de los
profesores.
189
Tal vez la
condición laboral de mayor influencia sobre los profesores, a nivel distrital,
es el acceso a un desarrollo profesional significativo. Es probable encontrar
una considerable variación entre distritos para esta condición laboral y hay
motivos para creer que muchos distritos requieren considerables mejoras.
Segundo, los sueldos de los profesores, generalmente bajo control distrital,
tienen efectos significativos sobre los estados mentales y afectivos de los
profesores, pese al hecho de que los profesores son uno de los grupos
ocupacionales más altruistas. Los sueldos tienen un impacto signifi-cativo
sobre los sentimientos de los profesores cuando son notoriamente inferiores a
los sueldos de los profesores de otros distritos.
Tercero, los
distritos son también una fuente frecuente de cambio –nuevos cursos, pautas,
estándares, formas de evaluación escolar, y otros– ya sea de manera
independiente o como una extensión del gobierno provincial. Tanto las
características como el ritmo de ese cambio pueden transformase en una fuente
significativa de estrés para los profesores. Tal es el caso cuando los cambios
son resueltos sin consultar a los profesores y en la prác-tica chocan con
aquello que los profesores creen que tendrían que ser las prioridades. Los
profesores también experimentan niveles disfuncionales de estrés cuando creen
que los plazos fijados para realizar los cambios a nivel de distrito son
irrisoriamente breves. Estos cambios también requieren un tiempo adicional de
parte de los profesores: tiempo para las adaptaciones necesarias y para
introducirlos adecuadamente en el aula. Finalmente, las estructuras distritales
amplias (al igual que las estructuras a nivel de escuela y de aula)
generalmente tienen menos capacidad de brindar condiciones laborales útiles
para los profesores que una asignación de recursos diferenciada para apoyar las
iniciativas especí-ficas de mejoramiento escolar a nivel de escuela y de aula.
Condiciones en el
entorno exterior
El entorno exterior
incluye, para efectos de este estudio, el ámbito de las políticas públicas,
creado ya sea por el gobierno electo o por su burocracia educativa y las
fuerzas sociales.
Ámbito de las
políticas educativas
Al igual que los
distritos, los gobiernos locales y sus departamentos de educación son muchas
fuentes de cambio sustancial a través de la aplicación de nuevas polí-ticas y
pautas. La satisfacción laboral, el compromiso organizacional y el compro-miso
permanente con la escuela o la profesión de los profesores se ven seriamente
afectados cuando el ritmo de los cambios externos parece ir muy rápido y cuando
estos cambios demandan mucho tiempo adicional de éstos para entenderlos e
imple-mentarlos. Estas mismas emociones de los profesores se ven desafiadas
cuando los cambios impuestos desde afuera parecen erráticos o que no responden
a aquello que los profesores consideran como las reales necesidades de las
escuelas y de los alumnos.
190
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
Es muy probable que
muchos de esos cambios sean percibidos de esa manera (véase, por ejemplo,
Leithwood, Jantzi, y Steinbach, 2002). Entre las políticas públicas más
populares de la última década figuran aquellas que apuntan a volver a las
escuelas más públicamente responsables de los aprendizajes escolares. Aun
cuando muchas de esas políticas parecen bien intencionadas, las regulaciones y
prácticas asociadas a ellas gene-ralmente atentan contra la autonomía de los
profesores. De diversas maneras estas polí-ticas también limitan la utilización
de la pericia de los profesores, por ejemplo, estable-ciendo una serie
importante de estándares curriculares muy específicos; introduciendo pruebas de
alto impacto que miden un conjunto relativamente pequeño de resultados
escolares; respaldando un número reducido de estrategias docentes que deben ser
implementadas por todos los profesores; y, en el caso del Reino Unido, por
ejemplo, pauteándoles, de manera más marcada, las actividades relacionadas con
la lecto-escri-tura y las matemáticas que deben realizarse en el aula (véase,
por ejemplo Earl, Watson, Levin, Leithwood, y Fullan, 2003). Estas políticas
están fuertemente asociadas con las intenciones y decisiones reales de los
profesores de abandonar la profesión. Más aún, la implementación de esas
reformas ha sido citada como causa de una menor satisfacción laboral, colapso
de los profesores y estrés laboral (Dworkin, 1997).
Un importante
componente de las recientes iniciativas de reforma orientadas a una mayor
rendición de cuentas ha sido el desarrollo y el uso de estándares de docencia.
En una extensa reseña sobre la evidencia disponible en Estados Unidos,
Darling-Ha-mmond (2001) concluye que los nuevos estándares de docencia a lo
largo de la última década se han traducido en la necesidad de que los
profesores enseñen “contenidos mucho más desafiantes a un grupo mucho más
diversificado de aprendices” (p. 751). Estas capacidades, señala, sólo pueden
ser adquiridas de manera amplia por el cuerpo docente a través de mayor
inversión en preparación y desarrollo. “Estos estándares cambian la naturaleza
del trabajo docente y del conocimiento, planteando un currículo más activo, integrado
e intelectualmente desafiante para todos los alumnos, no sólo aquellos
académicamente más capaces” (2001, p. 751). Los profesores tienen que tener más
destrezas en material de docencia diagnóstica, con múltiples vías de
aprendizaje, para que los alumnos que tienen dificultades obtengan la ayuda que
necesitan o para salir adelante. Algunas reformas también amplían los temas con
que los profesores se enfrentan fuera del aula; éstos incluyen, entre otros, el
desarrollo curricular, la evalua-ción del desempeño de los alumnos,
brindar coaching y tutoría a sus colegas, y trabajar más de
cerca con las familias y los grupos comunitarios.
Las normas y
valores en las escuelas que alientan a los profesores a colaborar en el diseño
de los contenidos pedagógicos y en la planificación de un conjunto coherente de
experiencias para los alumnos han sido considerados desde hace mucho tiempo
entre las características más importantes de las escuelas efectivas
(Hargreaves, 1992; Little, 1982). La colaboración está muy asociada con un
sentido de eficacia colectiva y es difícil imaginar esta eficacia cuando no
existen experiencias de colaboración para los profesores.
191
La ausencia de una
cultura de colaboración ha sido generalmente entendida como una cultura del
aislamiento (Feiman-Nemser y Floden, 1986). Pero el aumento de las pruebas
realizadas a los alumnos y las exigencias de rendición de cuentas han creado
otra alternativa –una cultura de la competencia entre los profesores basada en
los puntajes de sus alumnos– bajo condiciones particulares. Más aún, este
entorno competitivo es gene-ralmente una fuente de enorme estrés para los
profesores.
Fuerzas sociales
Tres condiciones
que van más allá del entorno “oficial” de la educación pública tienen un
importante efecto sobre la satisfacción de los profesores y su compromiso
permanente con su profesión. Estas condiciones, difíciles de cambiar para los
profe-sionales de la educación, incluyen visiones de la comunidad acerca de la
docencia y su estatus, cómo esas visiones son reflejadas en los medios de
comunicación y opor-tunidades alternativas de empleo.
Las primeras dos
fuerzas sociales que tienen efecto sobre los profesores son visiones negativas
sobre la docencia por parte de los miembros de la comunidad y visiones de los
medios de comunicación sobre el rubro docente. Estas dos fuerzas erosionan
significativamente la satisfacción laboral de los profesores e incrementan las
posibilidades de que abandonen la profesión. La opinión pública sobre las
escuelas tiene influencia sobre el ánimo de los profesores; los profesores a
veces citan opiniones sobre la docencia que aparecen en los periódicos cuando
comentan el poco apoyo que reciben de los apoderados (Dworkin, 1997).
Las oportunidades
de empleo alternativas son una tercera fuerza social que afecta a los
profesores. Estas oportunidades aumentan cada vez más las posibili-dades de que
los profesores abandonen la profesión, aun cuando esas oportuni-dades no están
igualmente disponibles para todos los profesores. Por ejemplo, los profesores
capacitados en matemáticas y ciencias estaban en condiciones clara-mente más
ventajosas para aprovechar oportunidades de empleo en el sector de la
tecnología de la información que se expandió tan rápidamente durante los años
noventa.
Prácticas de
liderazgo de los directivos que influyen sobre las emociones de los profesores
Un cuerpo de
evidencia elocuente muestra que el liderazgo de los directores tiene una gran
influencia (a través de las condiciones que ayudan a crear en sus
organizaciones escolares) en cómo los profesores se sienten en relación a su
trabajo y el impacto de esos sentimientos sobre los procesos de
enseñanza-aprendizaje. En efecto, ésta es probablemente la forma más poderosa y
“natural” en que los directores contribuyen a los aprendizajes escolares.
192
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
Esto amerita una
explicación. Gran parte del énfasis en la literatura sobre liderazgo de los
últimos veinte años, generalmente bajo el paraguas del “liderazgo pedagógico”,
ha conminado a los directores a involucrarse estrechamente en la entrega de
contenidos de los profesores en el aula. Especialmente en las escuelas más
grandes y aquellas que ofrecen los tipos de currículos diversificados comunes
en las escuelas secundarias, este llamado nunca ha pasado de ser sino un sueño
apasionado e irrealista, incluso para los directores más concienzudos. Choca
con las inevitables demandas que tienen los directores en términos de tiempo,
atención y recursos profesionales. Corresponde a la imagen del director como
“superhéroe” educativo. Puede que exista un par de espe-címenes como esos, pero
ciertamente escasean. En general tenemos que operar con personas más
inteligentes que el común de la gente, muy dedicados e increíblemente
esforzados en su trabajo, pero que en ningún caso saben caminar sobre el agua.
Lo que estos
directores son capaces de hacer es lo que los líderes efectivos hacen en la
mayoría de las organizaciones. Por ejemplo, modifican las estructuras
organiza-cionales para ayudar a que los colegas trabajen de manera más
productiva, aseguran el acceso a un adecuado desarrollo profesional del equipo
educativo, forman grupos dentro del equipo administrativo para solucionar los
problemas, crean un plan de acción para darle una orientación al trabajo de la
organización y asignan recursos para apoyar las prioridades de la organización.
Los líderes efectivos hacen estas cosas de una forma que contribuye a un clima
de confianza y compromiso con un propó-sito común. Los directores, que trabajan
en el rol de gestión intermedia interperso-nalmente más intenso en el planeta,
realizan todas estas cosas a la vez que cumplen con mandatos externos que a
veces chocan con necesidades locales, como responder a demandas de apoderados
no razonables (cada escuela cuenta con un par), encontrar reemplazos para
colegas embarazadas, lidiar con amenazas de bombas, llevar alumnos lesionados a
servicios de urgencia y una lista infinita de problemas predecibles que ocurren
en momentos impredecibles e invariablemente inconvenientes.
Los directores
viven una vida increíblemente dinámica en sus escuelas y los sentimientos de
los profesores acerca de su propio trabajo dependen de manera significativa de
cómo los directores viven esa vida. El buen humor, la sensibilidad emocional,
la apertura ante nuevas ideas, las demostraciones de cuidado hacia el equipo
educativo y los alumnos, la confianza, las expresiones de optimismo –todas
estas maneras de realizar su labor son muy relevantes para los sentimientos de
los profesores acerca de su trabajo y la escuela (Day y Leithwood, en
imprenta). En el cuadro 2 se resume la evidencia disponible sobre prácticas de
los directores que influyen sobre las emociones de los profesores, se entrega
una mayor especificidad acerca de la forma en que trabajan los directores para
generar condiciones orga-nizacionales y promover emociones positivas en los
profesores. Estas prácticas han sido agrupadas en cuatro conjuntos de prácticas
nucleares que figuran en un modelo
193
desarrollado a
partir de reseñas recientes sobre evidencia sobre liderazgo efectivo (por
ejemplo, Leithwood y Jantzi, 2005; Leithwood y Riehl, 2005). Las prácticas
centrales apuntan a establecer directrices, desarrollar a las personas,
rediseñar la organización y manejar el programa de estudios.
Establecer
directrices
Dos prácticas de
los directores relacionadas con establecer directrices influyen de manera
significativa sobre el estrés, el sentido de eficacia individual y el
compromiso organiza-cional de los profesores. Una de estas prácticas –ayudar al
equipo educativo a desarrollar un sentido inspirador y compartido de propósito–
potencia el trabajo de los profesores, mientras que fijar (y expresar)
expectativas irracionales tiene efectos muy negativos.
Desarrollar a las
personas
La mayoría de las
prácticas de los directores que influyen sobre los estados de ánimo de los
profesores están clasificadas en el cuadro 2 bajo el rótulo “desarrollar a las
personas”. Estas prácticas incluyen, entre otras, actuar colegiadamente, ser
considerado y brindar apoyo; escuchar las ideas de los profesores y buscar, en
términos generales, el bien-estar de los docentes. Proteger a los profesores de
distracciones a su trabajo pedagó-gico, reconocer y premiar el trabajo bien
hecho, y entregar retroalimentación positiva a los profesores acerca de su
trabajo también constituyen condiciones laborales para los profesores.
Adicionalmente, los directores apoyan el trabajo de los profesores cuando les
brindan un espacio de discrecionalidad, distribuyen el liderazgo dentro de la
escuela y “practican lo que predican” (por ejemplo, desarrollar adecuados
valores y prácticas).
Cuadro 2. Prácticas de
liderazgo de los directivos que influyen sobre las emociones de los profesores
|
Prácticas de
liderazgo |
Emociones del |
|
|
profesor |
|
Fijar rumbos |
1, 4 |
|
Desarrollar e
inspirar un sentido común del rumbo a seguir |
|
|
Expresar
expectativas no razonables (-) |
5 |
|
Desarrollar a las
personas |
1,3,4,5,6,7 |
|
Brindar apoyo |
|
|
Proteger a los
profesores de situaciones disruptivas |
1, 4 |
|
Darle a los
profesores autonomía respecto de las decisiones |
1, 4 |
|
que toman en el
aula |
1 |
|
Inspirar valores
y prácticas adecuados |
|
|
Premiar a los
profesores por el trabajo bien hecho |
1,3,4,6 |
|
Ser
considerado(a) |
4 |
|
Entregar
retroalimentación al trabajo individual y grupal |
2, 4 |
|
Distribuir el
liderazgo/incorporar a los profesores en la toma de decisiones |
2, 4 |
|
Escuchar a los
profesores/estár abierto(a) a las sugerencias de los |
2, 4 |
|
profesores/
actuar de manera colegiada |
4 |
|
Buscar el
bienestar de los profesores |
(Sigue en la página
siguiente)
194
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
|
|
(Viene de la
página anterior) |
|
|
Prácticas de
liderazgo |
|
Emociones del |
|
|
||
|
|
|
profesor |
|
Diseñar la
organización |
|
1,3,4,5,6,7 |
|
Aplicación
flexible de las reglas |
|
|
|
Manejar el
programa de estudios |
|
2, 6 |
|
Brindar
orientación pedagógica |
|
|
|
Buscar maneras
creativas de mejorar la entrega de contenidos pedagógicos |
1,5,6 |
|
|
Brindar recursos
a los profesores |
|
|
|
Minimizar el
desorden de los alumnos |
|
1,3,6 |
|
Otras prácticas |
|
1,2,4 |
|
Influir en las
decisiones del distrito |
|
|
|
Comunicarse de
manera efectiva |
|
4, 6 |
|
Actuar de manera
amistosa |
|
4 |
|
Comportamiento
inconsistente (-) |
|
5 |
|
Incapacidad de
concretar las decisiones (-) |
|
5 |
Clave
1. eficacia docente
individual
2. eficacia docente
colectiva
3. satisfacción
laboral
4. compromiso
organizacional
5. estrés/colapso
6. ánimo
7. compromiso con la
escuela o la profesión (retención/rotación)
Rediseño de la
organización
En esta categoría
de prácticas de liderazgo, la evidencia identificó la aplicación flexible de
las reglas por parte del director como un elemento que tienen consecuen-cias
significativas sobre las emociones de los profesores.
Manejo del programa
de estudios
La evidencia sobre
esta categoría de prácticas identificó el brindar orientación peda-gógica ya
sea a través de un procedimiento formal o, más importante, de muchas maneras
informales y frecuentes, como, por ejemplo, sumarse a iniciativas conjuntas con
los profesores para encontrar formas creativas de mejorar la entrega de
conte-nidos pedagógicos. Brindar recursos a los profesores y minimizar el
desorden de los alumnos son también condiciones de trabajo muy valoradas que
los directores están en condiciones de entregar.
Otras prácticas
Hubo cuatro
prácticas influyentes de los directores que surgieron en esta reseña que no
pudieron ser fácilmente clasificadas dentro de los cuatro grupos de tareas
centrales de liderazgo. Se detectó que cuando los directores actúan de manera
amis-tosa y son capaces de influir sobre las decisiones de los administrativos
del distrito
195
para beneficiar al
colegio esto tiene efectos positivos sobre la eficacia individual y colectiva
de los profesores, su compromiso organizacional y su estrés. El comporta-miento
inconsistente de parte de los directores y su frecuente fracaso en materializar
decisiones se tradujo en estrés para los docentes.
Conclusión
Sería fácil
sentirse abrumado por la evidencia reseñada en este capítulo. Si usted fuera un
líder escolar, por ejemplo, puede que las condiciones elegidas para mejorar su
escuela parezcan muy complicadas. Pero los líderes influyen sobre estas
condi-ciones cada día, deliberadamente o de manera incidental. Una manera de
simplificar la aparente nebulosa de opciones es encontrar una guía coherente
para la práctica del liderazgo en aras del mejoramiento escolar. El cuadro 2
ofrece un punto de partida para esa coherencia. Las categorías generales de
prácticas utilizadas para codificar la evidencia sobre liderazgo relevante en
el ámbito de las emociones surgió de una síntesis de evidencia reciente sobre
lo que hacen los líderes educativos exitosos en muchos contextos diferentes
(véase, por ejemplo, Leithwood y Riehl, 2005). Esta clasificación de las
prácticas exitosas tiene mucho respaldo teórico. Por ejemplo, Hollinger y Heck
(1998) denominaron sus categorías de prácticas exitosas “propó-sitos”,
“personas” y “estructuras y sistemas sociales”. Conger y Kanungo (1998) hablan
de “estrategias para generar una visión”, “estrategias para construir eficacia”
y “estrategias para cambiar contextos”. Naturalmente, dentro de cada una de
esas categorías generales hay varias competencias, orientaciones y
consideraciones más específicas. Por ejemplo, la mayoría de las 21
responsabilidades específicas del lide-razgo de Waters, Mariano y McNulty
(2003) que contribuyen al aprendizaje escolar pueden hallarse dentro de estas
categorías.
Las categorías
utilizadas en el cuadro 2 reflejan tanto el modelo transformacional como el
pedagógico del liderazgo educativo; estos dos modelos son los más
frecuen-temente invocados como ideal en muchos países actualmente. Aunque ambos
han sido blanco de críticas, gran parte de estas críticas desaparece cuando
ambos modelos son combinados y se especifican las prácticas asociadas con cada
una, como aparece en el cuadro 2. En efecto, la evidencia sugiere que, aunque
sean llevadas a la prác-tica por superintendentes, directores, profesores u
otros, estas categorías apuntan a prácticas utilizadas por los líderes exitosos
en la mayoría de los contextos. No se requiere de manera constante todas estas
prácticas; algunas pueden resultar más importantes que otras en determinados
momentos. Pero hay suficiente evidencia reunida acerca de su valor en
diferentes entornos y circunstancias como para consi-derarlas “elementos
básicos” de un liderazgo exitoso para el mejoramiento escolar. Estos elementos
básicos también deben ser considerados “necesarios pero no sufi-cientes”, ya
que el liderazgo exitoso es muy sensible a las demandas de cada escuela y de
cada distrito en particular. Por lo tanto, se necesitan más que los elementos
196
Capítulo 6 • La
dimensión emocional del mejoramiento escolar
básicos para tener
éxito. Pero no menos. Los directores que ejercen estas prácticas básicas con
habilidad y de manera oportuna pueden estar seguros de que obtendrán una
respuesta emocional positiva de la mayoría de sus profesores.
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