© Libro N° 13780. Historia De
La Sociedad De La Información. Mattelart,
Armand. Emancipación. Mayo 3 de 2025
Título Original: © Historia De La Sociedad De La
Información. Armand Mattelart
Versión Original: © Historia
De La Sociedad De La Información. Armand Mattelart
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Historia De
La Sociedad De La Información
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Historia de la sociedad de la información
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90. J. Curran y
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91. A. Mattelart
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94. D. Villain
-El encuadre- cinematográfico
95. F. Albera
(comp.) ws fonnalistas
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99. A. Mattelart
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Thompson - Los media y la modernidad
102. AA.VV. -Alain
Resnais: Viaje al centro de un demiurgo
103. O. Mongin- -
Violencia y cine contemporáneo
104. S. Cavell La búsqueda- de
la felicidad
105. V.
Nightingale El estudio de las audiencias
106. R. Stam y otros - Nuevos
conceptos de la teoría del cine
107. M. Chion -El
sonido
108. VV .AA -
Profondo Argento. Retrato de un maestro del terror italiano
109. R. Whitaker -
E/fin de la privacidad
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111. D. Bordwell
-El cine de Eisenstein
112. J. Langer -La
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113. J. Augros -
El dinero de Hollywood
118. J. L. Sánchez
Noriega - De la literatura al cine
119. L. Seger -
Cómo crear personajes inolvidables
121. P. Pavis -El
análisis de los espectáculos
122. N. Bou y X. Pérez - El
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123. J. J.
O'Donnell -Avatares de la palabra
124. R. Barthes -La Torre Eijfel
125. R. Debray -
Introducción a la medio/ogía
126. R. Stam --Teorías
del cine
127. E. Morin El cine o el hombre
imaginario
128. J.M. Catala - La puesta en
imágenes
129. C. Metz -El
significante imaginario
130. J. B.
Thompson -El escándalo político
131. G. de Lucas -
Vida secreta de las sombras
132. A. Mattelart
-Historia de la sociedad de la información
Armand Mattelart
Historia de la
sociedad de la información
Edición revisada y ampliada por
el autor
Título original: Histoire de la société de
l'information
Publicado en
francés, en 2001, por Éditions La Découverte, París Traducción de Gilles
Multigner
Cubierta de Mario
Eskenazi
Quedan
rigurosamente prohibidas, sin la autorización escrita de los titulares del
copyright, bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción total
o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la
reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de
ella mediante alquiler o préstamo públicos.
© 2001
Éditions La Découverte, París
© 2002 de la traducción, Gilles
Multigner
© 2002 de todas las ediciones en
castellano Ediciones Paidós Ibérica, S. A., Mariano Cubí, 92 - 08021 Barcelona
y Editorial
Paidós, SAICF, Defensa, 599 - Buenos Aires http://www.paidos.com
ISBN: 84-493- l l9 l-8
Depósito legal: B-223/2002
Impreso en Hurope, S.L.
Lima, 3 - 08030 Barcelona
Impreso en España - Printed in Spain
Sumario
|
Introducción . . . . . . |
1 1 |
|
l. El culto del número |
15 |
|
Organizar el pensamiento . |
16 |
|
El algoritmo . . . . . |
16 |
|
La lengua
universal . . . |
19 |
|
Organizar el territorio . . . |
22 |
|
La estadística:
ciencia del Estado y del comercio |
22 |
|
La mutación
geoestratégica . . . . . . . . . |
23 |
|
Inventar la norma universal . . . . . . . . |
27 |
|
La utopía
geometral de los revolucionarios. |
27 |
|
La edad de la
historia probable . . . . . . |
30 |
|
2. La gestión de la era
industrial y científica |
35 |
|
Hacia la sociedad fancional . . |
36 |
|
La sociedad como
industria . . . . . . . . |
36 |
HISTORIA DE LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Contra el
industrialismo. . . .
La razón actuaria[ . . . . . . . .
La división del
trabajo mental
El hombre medio,
una norma federadora .
Prefiguraciones de la sociedad de las
redes .
La ciudad mundial y la ficha
documental.
La
descentralización postindustrial . . . .
3. La aparición de las máquinas
informáticas El envite geopolítico: la coacción bipolar . . .
Hacia la
automatización del campo de batalla La investigación operativa y los think tanks .
El envite científico: la definición y la medida de la
información . . . . . . . . . . . . . . . .
La teoría
matemática de la comunicación . . . .
Una matriz
contable. . . . . . . . . . . . . . . .
El envite civilizacional: una
historia de la logística del pensamiento . . . . . . . . .
La tentación
determinista . . . .
Las tecnologías de
la memoria .
4. Escenarios postindustriales . . . . . . . . . . . .
El debate sociológico . . . . . . . .
. . . . . . . .
Del discurso de los
fines a la sociedad postindustrial Sabios por encima del bien y del mal . . . . . .
Las filiaciones de
la nueva sociedad funcional .
La investigación funcional . .
El boom de la
previsión . . . . . . .
.
La democracia
interactiva. . . . . . .
El esquema geopolítico de la era
global.
El advenimiento de
la era tecnotrónica .
La diplomacia de
las redes . . . . . .
5. Los avatares de las políticas
públicas . El modelo político-administrativo . . . .
|
La Computópolis nipona . . . . . . . . . . . . . |
106 |
|
El informe
Nora-Mine, una filosofía de la crisis . |
108 |
|
Hacia el modelo liberal competitivo . . . . . . . . . |
1 14 |
|
Los Estados
Unidos y el debilitamiento de la tu- |
|
|
tela estatal . . . . . . . . . . .
· . . .
. . . . . |
1 14 |
|
La propagación de
la noción de sociedad de la |
|
|
información. . . . . . |
1 17 |
|
La desreglamentación . . . . . . .
. . . . . . . . |
121 |
|
Los operadores
globales . . . . . .
. . . . . . |
121 |
|
La promesa de las
autopistas de la información |
123 |
6. La sociedad global de la información:
un envite
|
geopolítico . . . . . . . . . . . .
. . . . . |
135 |
|
Guerra y paz en un mundo unipolar . . . . . . . . . |
135 |
|
Revolución en los
asuntos diplomáticos . . . . . |
135 |
|
Revolución en los
asuntos militares: lnforma- |
|
|
tion Dominance. . . . . . . . . . .
. . |
138 |
|
El manifiesto del capitalismo sin
fricciones . |
141 |
|
Un mundo sin
mediadores |
141 |
|
Un mundo sin
muros . . , . . . |
147 |
|
Un mundo sin
leyes . . . . . . . |
149 |
|
El archipiélago de las
resistencias. |
150 |
|
El tecnoapartheid . . . . . . . . |
150 |
|
¿Hacia una
sociedad civil global? |
155 |
|
Conclusión . |
161 |
|
Adenda . . . |
165 |
|
Es posible otra sociedad de la
información . |
165 |
|
Bibliografía. . . . . . . . . . . |
171 |
|
Índice analítico y de nombres . |
189 |
Introducción
A la saga
tecnológica de la conquista del espacio le ha sucedido otro gran relato: la
conquista de la ciberfrontera. La primera trajo consigo el tópico de la «aldea
global». La se gunda ya ha acuñado la denominación «sociedad global de la
información». El irresistible ascenso de las nociones «socie dad de la
información» y «era de la información» se ha con vertido así en parte
inseparable de la fulgurante trayectoria del vocabulario de la «era global».
Rodeadas de charlatane ría promociona!, proclamas oficiales, manifiestos en la
onda y estudios científicos o sernicientíficos, estas nociones están
acompañadas de toda una heteróclita logística de discursos apologéticos que
pretende conferirles carácter de evidencia. Se nos anuncia una nueva sociedad
necesariamente «más so lidaria, más abierta y más democrática». El referente
del de venir tecnoinformacional se ha instalado así al margen de las polémicas
y de los debates ciudadanos. Ahora bien, la noción
12 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
de sociedad global de la
información es el resultado de una construcción geopolítica.
La efervescencia de la ininterrum pida expansión de las innovaciones técnicas
contribuye a que esto se olvide. Poner al descubierto los basamentos de esta
construcción, sus postulados, tal es el objetivo de esta obra.
Una nueva ideología
que no dice su nombre se ha naturali zado y se ha visto propulsada al rango de
paradigma domi nante del cambio. Las creencias de las que la noción de socie
dad de la información es portadora desencadenan fuerzas simbólicas que impulsan
a actuar, a la vez que permiten ac tuar, en un determinado sentido y no en
otro. Orientan la for mulación de programas de acción y de investigación por
parte de los Estados y de los organismos supranacionales. ¡Cuántos ministerios
de Industria, de Tecnología o de Ciencia por todo el mundo no han añadido ...
«y de la sociedad de la informa ción»! Algunos, incluso, se han desprendido de
su antigua de nominación en favor de la nueva. Las mismas creencias cana
lizan las estrategias de expansión planetaria de las llamadas empresas
globales. Influyen en la reorganización de las for mas de hacer la guerra y la
paz. Inducen una definición del cambio y de lo «nuevo», que no tiene ojos más
que para los lu gares en los que interviene un dispositivo técnico. Al
instaurar un sentido común, legitiman todas estas opciones y esos re partos,
que de hecho son los propios de un particular régimen de verdad, como si fueran
los únicos posibles y razonables. Juegos malabares cuyo secreto está en la
historia: la idea de sociedad de la información como alternativa a los dos
siste mas antagónicos se ha estado incubando, durante la Guerra Fría, a la
sombra de la tesis de los fines, empezando por el de la ideología.
Esta noción de
sociedad de la información se formaliza en la estela de las máquinas
inteligentes puestas a punto en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.
Entra en las refe rencias académicas, políticas y económicas a partir de
finales de los años sesenta. Durante la siguiente década, la fábrica que
|
13 |
produce
representaciones imaginarias en tomo a la nueva «era de la información»
funciona ya a pleno rendimiento. No obs tante, los neologismos acuñados en esa
época para designar a la nueva sociedad no revelarán su verdadero sentido
geopolí tico hasta la víspera del tercer milenio con lo que se ha conve nido
en llamar la «revolución de la información» y la apari ción de Internet como
nueva red de acceso público.
La segunda mitad
del siglo xx nos brinda la oportunidad de asistir, ciertamente, a la formación
de las creencias en el milagroso poder de las tecnologías informacionales; sin
em bargo, no debería dejarse en el olvido la obra de la larga dura ción. Así
lo atestigua la precoz aparición de la utopía de una lengua universal, mucho
antes de que el lenguaje informático cristalizara ese proyecto. Y con la
esperanza puesta en la posi bilidad de establecer los principios
clasificatorios de un len guaje mundial, se reaviva el grial de la «Biblioteca
de Babel», tan vasto como el universo, que abarca todos los pensamientos
humanos y da cobijo a todos los libros posibles. Uno de los te mas importantes
en la obra de Jorge Luis Borges.
l. El culto del número
La idea de sociedad
regida por la información se inscribe, por así decirlo, en el código genético
del proyecto de sociedad inspirado por la mística del número. Es muy anterior,
por tan to, a la entrada de la noción de información en la lengua y en la
cultura de la modernidad. Este proyecto, que va tomando forma en el transcurso
de los siglos xvu y XVIII, entroniza a la matemática como modelo de razonamiento y acción
útil./El pensamiento de lo cifrable y de lo mensurable se convierte en el
prototipo de todo discurso verdadero al mismo tiempo que instaura el horizonte
de la búsqueda de la perfectibilidad de las sociedades humanasJMomento
significativo en la materia lización de la lengua de los cálculos, la
Revolución Francesa lo convierte en rasero de la igualdad ciudadana y de los
valo res del universalismo.
16 HISTORIA DE LA SOCIEDAD DE LA
INFORMACIÓN Organizar el pensamiento
EL ALGORITMO
«Si hubiese que
consagrar a alguien como "santo patrón" de la cibernética,
indudablemente habría que pensar en Gott fried Wilhelm Leibniz (1646-1716) .» Esto puede
leerse en la obra fundamental de esta disciplina científica publicada por
Norbert Wiener poco después de la Segunda Guerra Mundial (Wiener, 1948). Las
reflexiones del filósofo y matemático alemán sobre la naturaleza de la lógica
señalan, en efecto, una etapa esencial de la idea según la cual el pensamiento
puede manifestarse en el interior de una máquina. Leibniz se aproxi ma a la
automatización de la razón, poniendo a punto una arit mética binaria y un calculus ratiocinator o «máquina
aritmé tica». Una calculadora más perfeccionada que la de Blaise Pascal.
Descubrir un «punto» a partir del cual todo vuelve a ponerse en orden: tal es
el principio que guía a Leibniz en su búsqueda de «nuevas brújulas del
saber». Ílu proyecto de compresión de las informaciones con el fin de
economizar pensamiento también está presente en los índices y catálogos que se
plantea como un espacio tabular de múltiples entradas/
La matemática
leibniziana, que da cuenta tanto de los sub conjuntos como de las relaciones,
representa, a la vez, una pri mera teoría de las complexiones y una\ primera
filosofía de la «complicación»: la multiplicidad y variedad de números y se
res se dejan\ organizar, clasificar, jerarquizar (Serres, 1968). Leibniz (y
Newton independientemente de él) constituye el cálculo diferencial y el cálculo
integral al reducir a un trámite algorítmico las operaciones fundamentales del
cálculo in finitesimal. Para que el algoritmo, o secuencia ordenada de
operaciones elementales extraídas de un repertorio finito de operaciones
ejecutables en un tiempo dado, se convierta en concepto fundamental del
procesamiento automático de la in formación habrá que esperar, sin embargo, a
la mediación de
|
17 |
El plan baconiano
de ciencia útil
«La virtud de las
cifras es triple: leerlas y escribirlas no exige mucho trabajo; es imposible
descifrarlas; y, en ciertos casos, están más allá de toda sospecha»
(Bacon, 1966, pág. 232). Esta observación de apariencia sibilina data de 1605 y está sacada del alegato del
filósofo y fu turo canciller de Inglaterra, Francis Bacon ( 1561-1626), en defensa de
una ciencia de los hechos. En realidad, el teórico del método experimental se
refiere a las innova ciones introducidas en el arte del cifrado y del descifra
do (art of
ciphering and deciphering). Su interés por la criptografía se remonta a
los años 1576-1579. Conseje ro
de embajada en una Francia turbada por las guerras de religión, propone un
lenguaje secreto binario para uso de los mensajes diplomáticos. Cada letra del
alfabe to se convierte en una simple combinación de dos sím bolos y cada
símbolo corresponde a una tipografía dife rente. La problemática de la ciencia
de los lenguajes secretos será un dato recurrente de la historia que con duce
hasta las máquinas inteligentes del siglo xx.
Francis Bacon jamás
se librará de su obsesión por el secreto. Su proyecto de «Gran Restauración», o
vasta reforma intelectual que marca la ruptura con la visión escolástica del
mundo y los prejuicios que no resisten la experimentación, se c_onjuga con el
imperativo de segu ridad nacional (securitas publica). A pesar de que su manifiesto en
favor del «aumento de la ciencia» se ini cia con una profesión de fe sobre la
necesidad de plani ficar el progreso continuo e ininterrumpido con fines de
entendimiento general y armonía universal y actuar así para el bienestar de
todos «liberando al hombre de su estado»/En sus escritos, la palabra
«información» es uno y lo mismo que las de intelligence o informe/Y la
18 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
tarea de su
recogida es competencia del Estado, es decir, de la Intelligence of State. En una obra
póstuma, The New
Atlantis (1627), en la que Bacon pone en clave de utopía su programa de reorganización
de los saberes, la «investigación» (inquiry) con vistas al establecimiento de la «cosmografía» de los países
visitados se asemeja a unas operaciones de espionaje. En la isla imaginaria de
Bensalem trabajan no menos de nueve categorías de científicos, conforme a una
división de tareas rigurosa mente jerarquizada, en actividades de recogida,
clasifi cación y tratamiento de la información. En el organigra ma de la
planificación de la ciencia útil, sólo los miembros de una de estas categorías,
los doce «Merca deres de luz», pueden salir del país para recorrer el mun do
en busca de «libros, resúmenes (abstracts) y mode los de experiencia». Están encargados de «recoger la Luz
allá donde crezca en cualquier parte del mundo», espigando cuanto pueda
concernir a las ciencias, artes, técnicas e inventos. Si bien, sólo pueden
salir «hacién dose pasar por gente de otras nacionalidades, toda vez que
ocultamos la nuestra». El acceso de los extranjeros a la isla, o está prohibido
o bien estrictamente regla mentado. Una forma de proteger unos conocimientos y
unas competencias técnicas muy avanzados en compa ración con los del resto del
mundo. Testigo de este alto nivel científico, un laboratorio acústico que ha
inventa do un inanimatus nuncius, un medio para «transportar
sonidos a través de conductos y tuberías, incluso a lar gas distancias y por
trayectos sinuosos».
En 1662, el plan
baconiano para la reorganización de los conocimientos se materializará en la Royal So ciety of London for
lmproving Natural Knowledge by Experiments, fundada por iniciativa de los
mercaderes de la ciudad de
Londres. Numerosos serán los que apreciarán la prefiguración de esta academia
de cien-
|
19 |
cias en la Casa de
Salomón, morada de los sabios de la isla utopiense de Bensalem. En 1666, Francia se
dota de una Real Academia de Ciencias y, al año siguiente, de un Observatorio
Astronómico. La cuestión del achatamiento o no de la tierra en los polos
moviliza en tonces a los geodestas que la vinculan a la búsqueda de un patrón
de medidas invariable y universal. No obs tante, el cálculo del arco del
meridiano terrestre, base del metro, habrá de esperar a la Revolución Francesa
para encontrar su solución. En 1676, el Real Observa torio de Greenwich se convierte en el símbolo del
do minio de los mares por la potencia inglesa.
la escritura
algorítmica. Formulada en 1 854 por el irlandés George Boole, permitirá, un siglo más tarde, la
construcción de la informática como disciplina autónoma.
Para Leibniz y sus
contemporáneos, la búsqueda de méto dos de cálculo más rápidos tiende a
responder a las exigencias de la formación y del desarrollo del capitalismo
moderno. Con las operaciones de ultramar, emerge un mercado de recogida,
archivo, tratamiento burocrático y difusión de datos dirigido a negociantes,
financieros y especuladores. La navegación ma rítima exige la construcción de
navíos más perfeccionados. El cálculo de las longitudes se convierte en un
laboratorio de pri mer nivel para el perfeccionamiento del mecanismo de reloje
ría, antepasado lejano del artefacto programado. La nueva ac titud respecto
del tiempo y del espacio se extiende al taller y al mostrador, al ejército y a
la ciudad.
LA LENGUA UNIVERSAL
El proyecto de
automatización del razonamiento fon:mdac:. do por Leibniz se beneficia de la
búsqueda de un lengq&Wéf'ª;
20 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
ménico. Está en
línea con su filosofía, que lleva la impronta de un humanismo cosmopolítico,
inscrita en un pensamiento re ligioso. El deseo del filósofo es el de
contribuir al acerca miento de los pueblos, a la unificación, no sólo de
Europa, sino del «género humano todo entero». Porque, escribe, .«con sidero al
Cielo como la Patria y a todos los hombres de buena voluntad como conciudadanos
en ese Cielo». Al exponer el mecanismo de la reducción de los números a los
principios más simples, como O y 1, que acaba de inventar,
señala que un sistema combinatorio igual al suyo ya estaba en vigor hace cuatro
mil años en la China de Fo-Hi, aquel emperador que los eruditos del siglo xvn
consideran (sin motivo) como el inven tor de la escritura ideográfica. Se
apoya en ese isomorfismo que hace caso omiso de las fronteras para justificar
su tesis, según la cual el lenguaje de signos es el único que puede re solver
las imperfecciones de las lenguas naturales que son otras tantas fuentes de
discordia y de obstáculos para la comu nicación. ¡También sueña con atraer a
China hacia la Respu
blica Christiana !
Francis Bacon
pensaba que no podría haber restauración de las ciencias sin crítica a los
«ídolos de la plaza pública», esas falsas ideas, religiosas u otras,
transportadas por las pala bras, la lengua común. El deseo de liberarse de
estos ídola orí-
. gina la búsqueda de
una lengua universal. Cabe imaginar la posibilidad de una lengua filosófica
llamada a priori que sería
como un «alfabeto del pensamiento humano», una lengua ca paz de organizar y de
abarcar todos los saberes. ¿Acaso no proponía Descartes, en 1629, la idea de
una nueva lengua con cebida por medio de un sistema de numeración decimal? La
multiplicación de los intercambios así como la decadencia del latín como lingua franca, cuya suerte
quedó echada en 1648 con ocasión de los tratados de Westfalia, contribuyen, por
su parte, a alimentar la problemática lingüística.
El arquetipo de los
proyectos de lengua universal es el que, en 1668, propone John Wilkins
(1614-1672) en An Essay to-
|
21 |
wards a Real Character and a
Philosophical Language. Esti mulado por la lectura de un desconocido (o apócrifo) enciclo
pedista chino, este clérigo, profesor en Oxford y primer secre tario de la Royal Society, construye una
«lengua analítica». Y con tal motivo, divide el universo en cuarenta categorías o gé
neros, subdivisibles en subgéneros, subdivisibles a su vez en especies, y
asigna a cada género un monosílabo de dos letras; a cada subgénero, una
consonante; a cada especie, una vocal. Por ejemplo: de quiere decir
elemento; deb, el primero de
los elementos, el fuego; deba, una porción del elemento fuego, una llama.
Tres siglos más
tarde, Jorge Luis Borges, en su persecu ción de las «imaginaciones
arbitrarias» que han pretendido re solver el caos de los saberes «clasificando
el universo», exhu mará y comentará el proyecto de John Wilkins y su modelo original, que
toma prestado del enciclopedista chino. Su ensa yo, publicado en una
recopilación titulada Otras inquisicio nes, se convertirá, a su vez, en el
«lugar de nacimiento» de la obra de Michel Foucault Las palabras y las cosaf'En efecto, será a raíz de la lectura de los
comentarios del escritor argen tino cuando el filósofo, según propia
confesión, emprenderá su «investigación arqueológica» sobre el momento
histórico, que sitúa entre finales del siglo xvm y principios
del XIX, en el que, a través de la ruptura entre palabras y cosas, se
reorgani za la episteme, o configuración del conocimiento, de la cultu ra occident�Momento en el que
se abre paso una «positivi dad nueva». El «pensamiento del cuadro» permite
efectuar entre los seres una «puesta en orden» y una «repartición en clases».
La taxonomía: que propone conduce a palabras y cate gorías «sin hogar ni lugar>>.
La coherencia entre la teoría de la representación y la del lenguaje se
disuelve. Las palabras de jan de confundirse con el mundo. «El lenguaje como
cuadro espontáneo y primera cuadrícula de las cosas, como relevo in
dispensable entre la representación y los seres, se esfuma; una historicidad
profunda penetra en el corazón de las cosas, las
22 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
aísla y las define
en su propia coherencia, les impone formas de orden, implicadas por la
continuidad del tiempo. El análisis de los intercambios y de la moneda da paso
al estudio de la producción, el del organismo se impone a la investigación de
los caracteres taxonómicos» (Foucault, 1966, pág. 14). Nueva forma de pensar, a
la vez, sobre la razón y las palabras, el pro yecto del conocimiento y de la
racionalidad universal alimen ta la creencia de la perfecta transparencia.
Organizar el territorio
LA ESTADÍSTICA:
CIENCIA DEL EsTADO Y DEL COMERCIO
El cálculo de
probabilidades, cuyas bases sientan Pascal y Huyghens hacia 1660/se convierte en una
nueva forma de ob jetivación de las sociedades humanaifProporciona una mane
ra de orientar las preferencias en caso de incertidumbre. Esta dística y
aritmética o anatomía política descubren una nueva cantera de ciencia útil.
En Alemania, los
pioneros de la estadística, de origen uni versitario, se enfrentan a la nueva
realidad creada al término de los tratados de Westfalia (1648). Estos tratados
que repre sentan la señal de salida para el moderno concepto de Estado nación
y su corolario, unas fronteras estables, también consu man el desmembramiento
del imperio en una multitud de microestados. Desde 1660, la Staatkunde, o
conocimiento del Estado, privilegia la nomenclatura e intenta dar respuesta a
las necesidades de organización del Estado. La primera defini ción de
«estadística» que da Gottfried Achenwall ( 1719-1772) se fragua en esta
tradición pragmática: es la «ciencia del Esta do», la Stadtswissenschaft. Se propone
<<ilustrar las excelen cias y las deficiencias de un país y revelar los
poderes y las de bilidades de un Estado». Su método de «tablas cruzadas» (Tabellen) se asemeja a
la catalogación sistemática y permite
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23 |
abarcar con la
mirada los distintos Estados clasificados en lí nea, según un conjunto de
características comparables (La zarsfeld, 1 970). El procedimiento para el
censo de la pobla ción alcanzará en 1725 su legitimación científica en la
práctica burocrática de la Prusia absolutista. Inglaterra, en nombre del
respeto de los derechos individuales, se resistirá durante mucho tiempo a la
idea del empadronamiento general. Lo cual explica que se recurra a los primeros
sondeos aleato rios. Las herramientas de observación estadística se desarro
llan en el marco conceptual de la aritmética política. En 1662, John Graunt
examina los registros parroquiales de bautismos, matrimonios y defunciones de
Londres. Es uno de los prime ros estudios presentados ante la Royal Society que lo
conside ra como una «nueva luz para el mundo». En 1693, el astróno mo Edmund
Halley publica extensas tablas de mortalidad. Formulada por gente con formación
práctica y procedente de distintas profesiones, se esboza una nueva función
social: la del experto que ofrece un lenguaje elaborado para uso de los
gobiernos (Desrosieres, 1993). Los campos de aplicación pa recen infinitos. La
técnica estadística no sólo participa de la nueva relación que la revolución
burguesa instaura entre el Estado monárquico y las distintas clases sociales,
sino que está imbricada en la construcción de una nueva racionalidad comercial:
uno de los principales objetivos de las tablas de mortalidad elaboradas por el
astrónomo Halley es el de pro porcionar técnicas actuariales para la
evaluación de los bare mos de los seguros de vida. De ahora en adelante, el
cálculo permite prevenir el futuro.
LA MUTACIÓN GEOESTRATÉGICA
Es en el reino de
Francia, sin duda, donde la razón mate mática más participa en la
cuadriculación del «cuerpo de la tierra». Sébastien Le Prestre de Vauban
(1633-1707), ingenie-
24 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
ro de
fortificaciones durante el reinado de Luis XIV, desem peñará un papel estelar.
Uno de sus biógrafos ha dicho de este «gran hombre de tierra adentro» que era
un «removedor de tierras que conocía el perfil de Francia como un aparcero las
cuestas de sus campos» y que construía sus plazas fuertes a la vez que edificaba
la fortaleza «Estado-nación» (Halévy, 1923). Las líneas fronterizas sobre las
que erigía sus «grandes máquinas inmóviles» eran, en efecto, en aquellos
tiempos de guerras que se eternizaban, las líneas del frente. Los historia
dores de la estrategia coinciden en hacer de Vauban el proto tipo mismo del
espíritu geométrico o razonamiento deductivo. El período durante el que
desempeña sus funciones de cons tructor de fortalezas coincide con la
«revolución militar» ini ciada entre 1670 y 1680 por el marqués de Louvois,
secretario de Estado para la Guerra en el reinado de Luis XIV. Aplica ción
sistemática de la ciencia a la guerra (y creación corolaria de un cuerpo de
ingenieros), establecimiento de una adminis tración civil de la guerra en
torno a un ministerio ad hoc, fin del mercenarismo, profesionalización y organización de la
disciplina, estabilización de los efectivos militares en los cuar teles,
establecimiento de un «escalafón», ordenación de la ca rrera en la que los
militares ascienden por antigüedad, perfec cionamiento del arma de fuego y del
arma blanca (abandono del mosquete y de la pica en beneficio del fusil de
chispa ar mado con bayoneta de cubo): he aquí los principales rasgos de esta
mutación de los ejércitos (Guerlac, 1986).
El pensamiento de
Vauban acerca del territorio y su orga nización queda plenamente expresado en
su concepción del «sistema de fortificación». Preocupación por una frontera
continua y recorrida por una «cadena de fuertes», visión glo bal y en
profundidad de la defensa, utilización de la fortaleza no sólo para la defensa
sino también como base de operacio nes ofensivas: todos estos factores exigen
conocer el terreno de los enfrentamientos. Las plazas fuertes han de estar
situa das de tal forma que puedan controlar los medios de comuni-
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25 |
cación sobre su
propio territorio y facilitar el acceso al territo rio enemigo. Por un lado,
los proyectos de fortificaciones van acompañados de una monografía estadística
que describe la población y sus condiciones de vida, las actividades y los re
cursos de la ciudad fortificada y del país circundante. Por otro, la
construcción de cada plaza da lugar a un plano gráfico o «plano-relieve» (los
historiadores de la guerra simulada han identificado este plano-relieve como
uno de los antepasados de los juegos de guerra que se desarrollan sobre mapas a
esca la de lugares reales de posibles enfrentamientos y que hasta el siglo xvrn no empezarán
a invadir el territorio efectivo de la guerra). En este plano-relieve se
reproducen a escala 11600 no sólo ciudades enteras con sus fortificaciones,
sino también su entorno, con especial atención a las vías de comunicación y a
los puentes sobre una considerable extensión que en ocasio nes puede alcanzar
hasta veinte veces la superficie de la ciu dad. Auténtica síntesis de
informaciones para sus defensores, el plano-relieve tan pronto sirve de modelo como de retrato, toda vez que
las fortificaciones se edifican a la vez que se con fecciona el plano (Parent,
1982). Para unir los eslabones del sistema, Vauban apuesta prioritariamente, y
en la medida de lo posible, no ya por las vías terrestres sino por las
acuáticas. Nada escapa al método cuantitativo. Vauban, junto con los in gleses
Robert Hooke y Edmund Halley, está considerado como uno de los pioneros de la
meteorología. Mide las pro porciones de los cráteres abiertos por las minas. Introduce
el cronometraje sistemático de los disparos de cañón así como el del movimiento
de tierras de. las plazas fuertes para obtener un principio de organización del
trabajo. En el siglo siguiente, será en las fábricas de armas de fuego donde
primero se apli que rigurosamente este principio.
Vauban cree en una
«salida del caos y de la confusión» mediante una «conducta reglada por el
cálculo». Sus inquietu des, pues, van más allá del universo de los campos de
batalla. Los repetidos desplazamientos en el transcurso de sus visitas
26 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
de inspección a las
plazas y a los ejércitos le proporcionan una visión estereoscópica del reino.
De hecho, es uno de los esca sos consejeros de Luis XIV que lo recorren. Se
preocupa por los impedimentos a la circulación de los flujos de mercancías y de
mano de obra, obstaculizada por el estado de las vías de comunicación. Idéntica
preocupación respecto de los numero sos peajes. Quiere «relegar las aduanas
interiores a las fronte ras». Al dar, también aquí, preferencia a las vías
acuáticas, pro cede a un minpcioso inventario de los ríos y sopesa su
navegabilidad,/besde esta misma perspectiva de unificación del conjunto del cuerpo de la
nación, Vauban elabora una «metodología general y fácil para efectuar el
empadronamien to de los pueblos» y propone un modelo de «formularios en ta
bla» /vincula este proyecto de censo general al asunto de la reforma del
impuesto, propuesta tan osada que será la causa de su caída en desgracia. A
partir de la segunda década del siglo xvm, los primeros geógrafos y los primeros
ingenieros de ca minos, procedentes del cuerpo de especialistas en
fortificacio nes, darán comienzo a la sistemática representación topográfi ca
del territorio (Mattelart, 1994).
En su tratado sobre
la conquista y defensa de las plazas fuertes, Vauban se refiere al «sistema de
ramales». Tenemos la cosa pero no la palabra. Aun cuando no haya inventado el
término «red», el ingeniero militar es, sin duda, el que intro duce la
perspectiva reticular dentro de una visión del uso es tratégico del
territorio. En su época, el uso de la metáfora de la red se reduce al lenguaje
de la experimentación médica. Hacia 1665, al referirse al «cuerpo
reticular de la piel», el anatomis ta y naturalista italiano Marceno
Malpighi (1628-1694), pre cursor de la histología o ciencia de los tejidos, transfirió
al ám bito de la anatomía el vocablo que hasta entonces designaba la trama del
tejido, de la malla o del encaje. En 1 802, y no por
casualidad, le corresponde al biógrafo de Vauban, el ofi cial del cuerpo de
ingenieros Pierre-Alexandre Allent (1772-1837), ratificar el
término «red» en un ensayo sobre reconoci-
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miento militar. Se
compara la red hidrológica con las ramifi caciones del árbol. El término
«red», para hablar con propie dad, no entraría en el lenguaje de los ejércitos
hasta el final de la preeminencia de la guerra de posiciones o de asedio. Hasta
la irrupción de la leva masiva, en 1793, en época de la Revolu ción, y con el
cambio fundamental que trae consigo la guerra de movimientos en la que líneas y
columnas paralelas se des pliegan y se repliegan para pasar, sucesivamente, de
un orden a otro. Mutaciones que las maniobras ferroviarias acelerarán medio
siglo más tarde.
Inventar la norma universal
LA UTOPÍA GEOMETRAL DE LOS
REVOLUCIONARIOS
La norma es lo que
garantiza la integración de las partes en el todo. Y a sean de carácter técnico
o conductista, las normas y los procedimientos son los que determinan los
criterios de eficacia de la organización. «La norma es lo que fija lo normal a
partir de una decisión normativa[ ...] Desde el punto de vis ta de la
normalización, no hay diferencia entre el nacimiento de la gramática en Francia
en el siglo xvn y la institución del sistema métrico a fines del siglo xvm. Richelieu,
los Conven cionales y Napoleón Bonaparte son los sucesivos instrumen tos de
una misma exigencia colectiva. Se comienza por las normas gramaticales para
terminar por las normas morfológi cas de los hombres y de los caballos a los
fines de defensa na cional, pasando por las normas industriales e higiénicas.
La definición de normas industriales supone una unidad de plan, de dirección,
de trabajo, de destino del -material construido» (Canguilhem, 197 1 , pág.
192).
El término «normal»
que los revolucionarios de 1789 to man en préstamo del vocabulario de la
geometría se refiere a la escuadra y al nivel (Macherey, 1992). Estas dos
figuras de
28 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
La Ilustración y el sistema
En 1 75 1 , Denis
Diderot y Jean d' Alembert ponen su gran proyecto de Diccionario razonado de las
artes, las ciencias y los oficios, también llamado Enciclopedia, bajo los auspicios de Francis Bacon. En la
entrada «arte» le rinden homenaje por haberse atrevido a desa fiar al non plus ultra de los
antiguos y haber vislumbra do la ilimitada aptitud de la ciencia y las
técnicas para «superar las fatales columnas». Al relacionar
las «artes mecánicas y útiles» con principios filosóficos, la em presa de los
enciclopedistas que concluye en 1772 con tribuye al avance de
nuevas tecnologías y procedimien tos. En la entrada «sistema», Diderot se
apodera de la metáfora de la «máquina autómata de medir el tiempo», la machina machinarum, para definir
los conceptos de organización, de función y de complicación/compleji dad. En
la entrada «granjeros» (renteros) y «granos», el médico-filósofo Fran\:ois
Quesnay (1694- 1774), jefe de fila de la escuela fisiocrática, pone
los cimientos de la ciencia de la economía política. Y sin solución de conti
nuidad, publicará, además, la «Tabla económica», pri mera representación
geométrica de la circulación de las riquezas. La fluidez de los fluj os de
mercancías y de personas y, por tanto, de las vías de comunicación, se
convierte en el símbolo de una doctrina que resume la máxima Laissez faire, laissez passer (Dejad hacer,
de jad pasar). En cuanto a la entrada «alfiler», en la que un filósofo diseca
las dieciocho operaciones necesarias para su fabricación, servirá de
inspiración a Adam Smith para la teorización del concepto de <<división
del trabajo», principio básico del proyecto de economía li beral (Smith, 1776).
La analogía de la
máquina se alterna entonces con
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la de lo viviente
para delimitar el concepto de «siste ma»: «El cuerpo humano es un inmenso
reloj; el cuer po colectivo, una maquinaria cuya organización res ponde a una
mecánica de igual naturaleza», escribe, en 1 747, el médico-filósofo Julien
Offroy de La Mettrie
( 1709- 175 1) en El hombre máquina. Esta visión
orgá nica de los mecanismos sociales hace referencia a la nueva «anatomía del
poder» que consagra el auge del panóptico y de las tecnologías de vigilancia,
conjunto de minúsculos procedimientos disciplinares para cua dricular,
controlar y medir a los individuos: «El hom bre-máquina es, a la vez, una reducción materialista del
alma y una teoría general del adiestramiento en el centro de las cuales reina
la noción de «docilidad» que añade el cuerpo manipulable al cuerpo analizable»
(Foucault, 1975, pág. 138). Desde 1738, el flautista au tómata, creado por Jacques de Vaucanson (1709- 1782), proporciona
una figuración mecánica del hombre-má quina.
la Igualdad son los
atributos de la diosa Filosofía, encarnación de la razón. El término comenzó
por aplicarse a las escuelas de reciente creación. El ideal de «nivelación»
igualitaria, de igualación ciudadana, inspira la proclamación de los Derechos
del Hombre y del Ciudadano, la unificación de la lengua me diante la supresión
de los dialectos, la adopción del Código Civil, la instauración del dispositivo
estadístico. Determina la división de los territorios administrativos en
departamentos o para la ubicación de establecimientos de instrucción pública.
Frente a la construcción de esta trama constitutiva de un espa cio coherente y
jerarquizado, los propios círculos revolucio narios se encuentran divididos.
En lo que se refiere a la distri bución de las escuelas, por ejemplo, la
«rabia matemática» de los autores de proyectos, que niegan el paisaje modelado
por
30 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
la historia, es
objeto de burlas. A la «Utopía geometral» se le reprocha que ignore la vida
misma (Julia, 198 1). Desde Lon dres, el liberal inglés Edmund Burke remacha
el clavo criti cando la nueva división departamental: «Vuestro país -ex clama en 1
790-, pronto estará habitado no ya por franceses, sino por hombres sin patria.
Nunca se ha sabido de hombres li gados por el orgullo, una inclinación o un
sentimiento profun do, a un rectángulo o a un cuadrado. Nadie se vanagloriará
ja más de ser originario del cuadrado número 71» (Burke, 1989, pág. 252). La
ambivalencia de esta argumentación también sirve para poner de relieve los
sólidos principios del liberalis mo. Burke, en efecto, opone a la
reglamentaria abstracción del número, el carácter concreto y la espontaneidad
del mercado providencial.
El decreto sobre el
sistema decimal de pesas y medidas representa una de las decisiones normativas
más simbólicas, toda vez que se adopta a contracorriente de los prejuicios y de
las tradiciones de la era feudal que había convertido la anarquía de las medidas
dentro del comercio en un instru mento de engaño en favor de los poderosos. El
metro apare ce como la culminación del ideal secular de transparencia en el
intercambio. Tomada de la Naturaleza, la Naturaleza de los filósofos de la
Ilustración, común a todos, la nueva unidad es glorificada en cuanto fruto de
la razón emancipadora: por tadora de valores universales, acerca a los hombres
(Kula, 1984).
LA EDAD DE LA HISTORIA PROBABLE
El tema de la
lengua universal vuelve con fuerza en el pro yecto de lengua de «certeza
geométrica» de Condorcet (1743-1 794 ). La lengua de signos que el
filósofo-matemático propo ne debe ser apta para «conferir a todos los objetos
que abarca la inteligencia humana un rigor, una precisión, que haría fácil
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31 |
el conocimiento de
la verdad y casi imposible el error» (Con dorcet, 1988, pág. 293). Esta lengua
haría un uso amplio de los cuadros, de las tablas, de los procedimientos de la
figuración geométrica y del análisis descriptivo. s(guiendo la senda de Francis
Bacon, a quien Condorcet invoca, redacta un Frag mento sobre la Atlántida, visión
utópica de la organización de la república de los sabios, una de cuyas tareas, precisamente, es el
«establecimiento de una lengua universal». Lo que sub yace en este proyecto
es, explícitamente, una nueva relación con la historia. Una concepción de la
historia necesaria que hace referencia a una teoría sobre la perfectibilidad de
las so ciedades humanas. Si resulta posible una nueva teoría de la historia,
entiende Condorcet, es porque al utilizar la experien cia del pasado, es
decir, la observación de las frecuencias de los acontecimientos, puede
predecirse el futuro, las probabi lidades. La extrapolación de la
argumentación del suizo Jacques Bernouilli ( 1654-1709) sobre la lógica abstracta del cálculo de probabilidades que, en
vísperas de los aconteci mientos de 1789, ha efectuado en la determinación de los mo dos de elección más
equitativos y en las decisiones concretas de los jurados de tribunales o de las
asambleas representati vas, le ha llevado a la creencia de haber descubierto
la piedra filosofal de una ciencia moral y política tan «precisa y exacta» como
las ciencias físicas. El porvenir deja de ser un campo ex plorado para
convertirse en previsible. Se desvanecen las cer tezas establecidas acerca de
los ciclos temporales y la repeti ción de los acontecimientos.
En los primeros
tiempos de la Ilustración, la disputa entre los antiguos y los modernos ya
había empezado a trastocar la mirada histórica sobre el proceso de construcción
de la mo dernidad. Considerar la historia universal en términos de eda des,
y, a partir de ahí, intentar bautizar con una noción some ra la sociedad
presente y la del futuro, es una práctica que no empieza a desarrollarse hasta
finales del siglo xvm, si bien hubo ilustres precursores tales como
Giambattista Vico (1688-
32 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
El nacimiento del
discurso redentor
sobre la
comunicación a distancia
«Se ha dicho algo
en relación con el telégrafo que me parece infinitamente justo y que pone de
manifiesto toda su importancia; es que el fondo de este invento puede bastar
para hacer posible el establecimiento de la democracia en un gran pueblo.
Muchos hombres respe tables, entre los cuales hay que mencionar a Jean-Jac
ques Rousseau, han pensado que el establecimiento de la democracia era
imposible en los grandes pueblos. ¿Cómo puede deliberar un pueblo así? Entre
los anti guos, todos los ciudadanos se reunían en una plaza; se comunicaban su
voluntad[ ...] La invención del telégra fo es un nuevo dato que Rousseau no
pudo incluir en sus cálculos. Puede servir para hablar a grandes
distancias tan sencillamente y tan claramente como en una sala
[ ...] No hay
imposibilidad alguna de que todos los ciu dadanos de Francia se comuniquen sus
informaciones y sus voluntades, en un tiempo bastante corto, para que esta
comunicación pueda ser considerada como instan tánea.» Este texto data de
marzo de 1795 y es obra de
un hombre de ciencia: Alexandre V andermonde (1735-1796), titular de la primera cátedra
de economía política creada en Francia. En agosto de 1794, el ministerio de la
Guerra había
inaugurado la primera línea de telegrafía óptica (París-Lille).
Este discurso
profético sobre las virtudes democráti cas de la comunicación a larga
distancia pronto será desmentido por el mantenimiento del embargo decreta do
sobre el código o «lengua de signos» encriptada y por la negativa a que se
autorice su uso por los ciudada nos, en nombre de la seguridad interior y la
defensa na cional. Y así, prácticamente, hasta la llegada del telé-
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33 |
grafo eléctrico.
Nadie, salvo el emisor del original y el destinatario final, conocen las claves
del código elabo rado por el inventor de esta técnica, Claude Chappe. La
arquitectura de la red responderá a un modelo en estre lla o piramidal, que
emite desde la cúspide parisina. En vigor ya para la red viaria, se perpetuará
a través del fe rrocarril y del conjunto de las redes de telecomunicacio nes
posteriores.
Con cada generación
técnica s� reavivará el discurso salvífico sobre la promesa de concordia
universal, de mocracia centralizada, justicia social y prosperidad ge neral.
Cada vez, también, se comprobará la amnesia res pecto de la tecnología
anterior. Del telégrafo óptico al cable submarino, del teléfono a Internet,
pasando por la radiotelevisión, todos estos medios, destinados a tras cender
la trama espacio-temporal del tejido social, re conducirán el mito del
reencuentro con el ágora de las ciudades del Ática (Mattelart, 1994, 1999). Ni la dife
rencia, a menudo radical, de las condiciones históricas de su implantación
institucional, ni los flagrantes in cumplimientos de las promesas conseguirán
que tropie ce este imaginario técnico de naturaleza milenarista.
1744). O también el fisiócrata Anne
Robert Turgot (1727-1781). En un discurso pronunciado en la Sorbona, titulado Cuadro filosófico de los
sucesivos progresos del espíritu hu mano, este filósofo-economista, en
efecto, había dado mues tras de anticipación al esbozar una periodización del
progreso de los conocimientos en tres fases (teológica, metafísica y
científica). Es más, insistía en el papel determinante de las he rramientas de
comunicación de las ideas (lengua, escritura, im prenta) en la configuración
de los distintos tipos de sociedades.i clasificadas en la trayectoria del
progreso de la Ilustraciói
34 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Condorcet, a su
vez, construye una periodización de los modos de conocimiento y de las
sociedades que les corres ponden en su Bosquejo de un cuadro histórico de los progre sos del espíritu
humano, al conjugar el cambio en las técnicas de transmisión con la modelación de
las instituciones. Analiza el impacto de la imprenta en el desarrollo
científico, la forma ción de la democracia de las opiniones y la expansión del
ideal de igualdad.La visión de los beneficios de la comunicación del
conocimiento práctico y teórico y de la multiplicación de los intercambios
científicos que emana de este esbozo de cua dro histórico se inscribe en una
filosofía determinista/Él pro greso caracterizado como proceso infinito y
exponencial se corresponde con el irresistible ascenso de la «iluminación ge
neral de los espíritus».
El «romanticismo
del número», según la expresión del so ciólogo Max Weber, será
puesto a prueba por la gestión prag mática de la sociedad industrial. Los
hombres contaron los nú meros y, finalmente, sólo los números contaron.
2. La gestión de la
era industrial y científica
/La
industrialización hace que técnica rime con organiza ción/Un hilo rojo se
extiende entre la noción de división del trabajo teorizada por la economía
política, el principio de di visión de las operaciones mentales en el que se
basa la meca nización del pensamiento y la doctrina de la gestión
científica
del taller/la idea
de que sólo es certeza lo que se puede enu merar impregna los modos de gobemarft:I «hombre-medio»,
emanación del cálculo de probabilidades, establece la norma
de la gestión
política de las multitudes. La ficha perforada per mite que su recuento dé un
paso decisivo. Las utopías de la co munidad universal y de la
sociedad descentralizada acompa san el avance de las__redes de
comunicación.
36 HISTORIA DE LA SOCIEDAD DE LA
INFORMACIÓN Hacia la sociedad funcional
LA SOCIEDAD COMO INDUSTRIA
Antes incluso de
que el proceso de industrialización toma ra forma en Francia, Claude Henri de
Saint-Simon (1760-1825) teoriza el
papel atribuido a la alianza orgánica entre los industriales y los «sabios
positivos», es decir, los fisiólogos, los químicos, los físicos y los geómetras
(más concretamente los ingenieros de caminos), en la «reorganización del cuerpo
político» (Saint-Simon, 1821). Única forma de salir de la cri sis de civilización que padece la
sociedad: tratarla como una gran industria.A'.,a alianza entre industriales y sabios
positivos instaura un modo inédito de gestión, orientado no ya hacia el
«gobierno de los hombres» sino hacia la «administración de las cosas»JEl auge de la elite
técnica reduce el papel del Esta do al de un mero «encargado de negocios». El
advenimiento de la asociación universal de las naciones sólo puede darse con la
mediación de los jefes de industria. Tales axiomas en el «sistema industrial»
se anticipan casi en un siglo a las prime ras formulaciones_del management (dirección)
científico, uno de los hitos que jalona la vía de la tecnocracia.
/Saint-Simon estima
que el flagrante fracaso de la Revolu ción Francesa es imputable al hecho de
que la cultura de los «legistas», los «literatos» y los metafísicos ha
prevalecido so bre la de los científico� Esencial durante el período
insurrec ciona! de la Ilustración, la filosofía negativa de los primeros
resultó nefasta cuando se trató de cimentar la voluntad general en tomo al
proyecto de construcción de nuevas instituciones. Sólo una filosofía positiva
está en condiciones de resolver la abortada transición de la era feudal y
teológica a la era indus trial y científica, de garantizar el paso de un
período crítico a un período orgánico o sintético. El reproche que Saint-Simon
le dirige a la teoría de la perfectibilidad sin fin de Condorcet es,
precisamente, el de haber creído demasiado en una evolu-
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ción armoniosa del
progreso y haber ignorado el papel de la crisis y de los períodos críticos en
las transformaciones socia les. Reconoce, no obstante, que si no pudo evitar
este obstácu lo fue porque su marco conceptual todavía estaba hipotecado por
los métodos de la matemática social y la física.
Bien es cierto que
el proyecto de «ciencia del hombre», a cuya construcción se consagra
Saint-Simon desde comienzos del siglo x1x, aprovecha las enseñanzas de la nueva
perspecti va científica introducida por Xavier Bichat ( 177 1 - 1
802). Con la introducción de la constitución de lo viviente como objeto
de conocimiento, las investigaciones de este fisiólogo sobre los tejidos han
esbozado, en efecto,,los contornos del paradig ma biológico. No es, pues, una
casualidad que Saint-Simon si túe su proyecto intelectual bajo los auspicios
del neologis mo «fisiología social» o que configure el «sistema industrial»
como «organismo» o, mejor, como organismo-red (Mattelart, 1994, 1999; Musso, 1997). El organismo
social de la era posi tiva o industrial tiene por principio estructural a la jerarquía de
funciones. La red, ya sea material o inmaterial, ya sea de trans porte,
bancaria o vector de símbolos, es el arquetipo de la or ganización. Pero,
insiste Saint-Simon, para que este proyecto de reorganización social culmine
plenamente, se necesita una nueva religión, un «nuevo cristianismo». Revisada y
corregida por la escuela sansimoniana, esta primera teoría sobre la socie dad
funcional y reticular escorará hacia el determinismo técni co. El economista
sansimoniano Michel Chevalier trazará un signo de equivalencia entre la
reducción de las distancias de punto a punto y la desaparición de las
distancias entre una cla se y otra. Al regreso de su largo viaje de estudios
en los Esta dos Unidos, escribe: «Mejorar las comunicaciones, es trabajar por
la libertad real, positiva, práctica; es hacer que todos los miembros de la
familia humana participen en la posibilidad de recorrer y explotar el globo que
le ha sido dado en patrimonio
[ . . .]. Es hacer
igualdad y democracia» (Chevalier, 1 837, pág. 3). El
sansimoniano es uno de los primeros pensadores france-
38 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
El sistema
industrial de Saint-Simon (1821)
Los legistas y los
metafísicos son propensos a tomar la forma por el fondo, y las palabras por las
cosas. De ahí la idea, generalmente admitida, de la multiplicidad casi infinita
de los sistemas políticos. Pero, de hecho, no hay ni puede haber más que dos
sistemas de organiza ción social realmente distintos, el sistema feudal o mili tar y el sistema
industrial; y en lo espiritual, un sistema de creencias y un sistema de
demostraciones positivas (pág. IX).
A medida que la
civilización progresa, la división del trabajo, espiritual o temporalmente
considerada, des de el punto de vista más amplio, aumenta en la misma
proporción. De lo que se deduce, forzosamente, que los hombres dependen
individualmente unos de otros, aun que cada uno de ellos depende todavía más
de la masa, exactamente en la misma proporción. Ahora bien, si se continuara
tomando la idea vaga y metafísica de liber tad, tal y como circula hoy en día,
como base de las doc trinas políticas, tendería eminentemente a entorpecer la
acción de la masa sobre los individuos. Desde este pun to de vista, sería
contraria al desarrollo de la civilización y a la organización de un sistema
bien ordenado, que exige que las partes estén estrechamente unidas al con
junto y bajo su dependencia (pág. XII).
Las fuerzas
temporales y espirituales de la sociedad han cambiado de manos. La verdadera
fuerza temporal reside hoy en los industriales y la fuerza espiritual en los
sabios. Ambas clases son, además, las únicas que ejercen una influencia real y
permanente sobre la opi nión y la conducta del pueblo (pág. 50).
Fuente: Saint-Simon, C. H., 1 82 1 .
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39 |
ses que muestran su
fascinación por el modelo norteamericano de domesticación del espacio mediante
redes. También intro duce el cruce entre el pensamiento de la red y el fervor
religio so. «Puede compararse el celo y el ardor que hoy desarrollan las
naciones civilizadas para el establecimiento del ferrocarril con lo que
ocurría, hace algunos siglos, con la erección de las iglesias [ ...] Si, tal y
como se asegura, la palabra religión viene de religare [ ... ], los
ferrocarriles guardan más relación de lo que se piensa con el espíritu
religioso. Jamás existió un instru mento tan poderoso para unir a los pueblos
dispersos» (Cheva lier, 1 852, pág. 20). Concluido el tiempo de la militancia en el seno de la Iglesia
sansimoniana, la doctrina del industrialismo, noción acuñada por el maestro,
legitimará el espíritu de empre sa de los constructores de redes de
ferrocarril yde finanzas, de líneas marítimas y de canales interoceánicos.
En cuanto al
fundador de la «sociología>>, Auguste Comte (1798- 1 857), quien en su
juventud secundó a Saint-Simon en la elaboración de la doctrina de la
era industrial, formalizará su teoría de la historia distinguiendo en la
trayectoria de los mo dos de conocimiento tres «estados generales»:
primitivamente, teológico; transitoriamente, metafísico; finalmente, positivo y
científico. Comte sigue así los pasos de las intuiciones de Tur got y de
Condorcet, al mismo tiempo que se desmarca del tro pismo probabilista de este
último y de sus discípulos.
CONTRA EL INDUSTRIALISMO
«La industria se ha
convertido en el suplicio de los pue blos», replica Charles Fourier ( 1772- 1 83 7) a los
partidarios del industrialismo. El utopista de la «Armonía
universal» y del «Nuevo mundo enamorado» no concibe otra reorgani
zación social que la que se atreve al «alejamiento absoluto» respecto del mundo
al revés de la «Civilización», síntoma del extravío de la razón y de la
represión de las pasiones. El pen-
40 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
samiento
fourierista acerca del individuo polivalente, la edu cación integral y la
reconciliación del trabajo con el placer di señará el horizonte de los futuros
alternativos al modo de de sarrollo utilitario. A pesar de que el eje central
de esta matriz utopiense que es la restauración del universo de las -pasiones
no siempre saldrá ganando. Otra faceta de la crítica del indus
Desde los primeros
pasos de la joven república federal, la cuestión política del proyecto de
sociedad subyacente en la implantación del dispositivo industrial ha sido un
acicate para las esferas gubernamentales de los Estados Unidos. La dis
crepancia que enfrenta a Thomas Jefferson ( 1753- 1 826) con Alexander Hamilton
(1757- 1 804), consejero de George Was hington, ilustra un debate cuyas
repercusiones todavía se ob servarán durante la era digital. El primero
preconiza un mode lo de sociedad descentralizada, y ecológica por antonomasia,
basado en la autonomía conferida a las autoridades elegidas a nivel local y
regional y en la restricción del desarrollo de la in dustria. Un modelo que
Jefferson intentará llevar a la práctica no sólo como inspirador del partido
demócrata y al amparo de sus sucesivos cargos de vicepresidente y presidente de
su país, sino por su práctica como arquitecto. El segundo aboga por un progreso
sujeto a la dinámica de la centralización del poder y de la concentración
urbana, industrial y financiera. Con Jeffer son arraiga una tradición
típicamente norteamericana de crítica radical a la megalópolis, basada en la
nostalgia de la relación originaria con la tierra, la naturaleza virgen que ha
caracte rizado la heróica época de
|
41 |
petuará a través de
la filosofía de Ralf Waldo Emerson ( 1 803-1 882). El concepto de democracia
que de ella se desprende exalta el ideal del individuo libre de toda coacción:
la libertad de cada cual para actuar a su antojo. «Fanatics infreedom, no padecen
ninguna mediación»: así es, por cierto, como definía Emerson a sus discípulos,
en 1 865. En el umbral del tercer milenio, los tecnolibertarios del
ciberespacio, feroces adver sarios de la idea de Estado-nación, apelarán a
esta tradición para justificar su proyecto planetario de «comunidades vir
tuales».
La razón actuaria!
LA DIVISIÓN DEL TRABAJO MENTAL
Desde 1 8 12,
Charles Babbage (1792- 1 871) extiende a las operaciones de la inteligencia el
concepto de división del tra bajo. Un concepto que Adam Smith sólo había
aplicado a las operaciones mecánicas en el seno de la fábrica, al no haber
vislumbrado la ganancia de tiempo que la organización del trabajo mental podía
aportar a la producción industrial. La idea de la extrapolación del concepto
smithiano a las opera ciones intelectuales le vino a Babbage al observar cómo
había procedido el ingeniero de caminos francés Marie Riche de Prony ( 1755 -
1839) para fabricar las tablas logarítmicas y tri gonométricas (de 1 4, 19 y
25 decimales) necesarias
42 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
indicadas y
confeccionaba las tablas. Así es como Prony logró completar dicesisiete grandes
volúmenes. El principio de divi sión del trabajo mental es la base del
proyecto de Babbage de construcción de un prototipo de máquina de calcular.
Tomando como modelo las tramas de perforación del telar para transmitir los
datos, concibe, sucesivamente, una máqui na analítica (analytical engine) y una máquina
de diferencias (dijference engine). Estos «molinos de cifras» que
combinan la panoplia de las
técnicas disponibles (máquina de vapor, molino, automatismos de programación,
mecánica) «tejen modelos algebraicos lo mismo que el telar de Jacquard teje
flores y hojas». Así es como los define Ada Augusta, condesa de Lovelace ( 1815- 1852), hija de Lord
Byron, a quien se debe uno de los escasos trabajos publicados sobre estas
máquinas en vida del inventor.
Babbage también es
autor de diversas obras que ayudan a situar en un contexto histórico su
innovadora iniciativa. La primera data de 1826 y consiste en un estudio comparativo de las instituciones de
seguros de vida, que sigue siendo uno de los campos privilegiados de las
aplicaciones matemáticas. La finalidad práctica de su proyecto de mecanización
para el pro cesamiento de grandes series de números es, de hecho, la de
facilitar el cálculo de las primas de seguro por parte de los ac tuarios. La
segunda es un tratado de economía política sobre las artes mecánicas publicado
en 1832 con el título
de Trata do de
economía de máquinas y manufacturas. En el prefacio, el autor
considera esta magistral síntesis de observaciones e investigaciones realizadas
por él en los talleres y fábricas de Inglaterra y del continente como «una de
las prolongaciones de su proyecto de construcción del calculating engine, que tanto
tiempo lo ha tenido superocupado». Allí estudia, en efec to, las distintas
modalidades conforme a las que se ha impues to, dentro del proceso de
producción manufacturera, la grada ción jerárquica de las operaciones y de las
funciones en el seno de la colectividad obrera. «Desde el momento en que se
LA GESTIÓN DE LA ERA INDUSTRIAL Y CIENTÍFICA
divide la tarea en
varias operaciones, cada una de las cuales exige diferentes grados de fuerza y destreza, el
director de la manufactura puede procurarse la cantidad de habilidad y de fuerza que
cada operación reclama» (Babbage, 1832, pág.
175) . Babbage pregona
su fe en el poder de las «máquinas de información». De hecho, es uno de los
primeros en hacer ex tensivo el término a las líneas telegráficas. Cinco años
antes de la invención del telégrafo eléctrico ( 1837), pronostica: «Es tas
máquinas se han instalado con el fin de transmitir informa ción en tiempos de
guerra. Pero el creciente deseo del hombre pronto será, probablemente, el de
ponerlas al servicio de fina lidades más pacíficas» (Babbage, 1832, pág. 36).
En 1851, Babbage
publica un opúsculo sobre la Exposi ción Universal que tiene lugar en el
Crystal Palace de Lon dres. Un acontecimiento especialmente revelador. Los free traders celebran allí
su victoria sobre el mercantilismo, y pon deran la alternativa elaborada por el
liberalismo frente a las doctrinas del incipiente socialismo que se han
expresado en el continente durante las sofocadas revoluciones de 1848. La
inauguración del cable submarino que une Dover con Calais convierte este primer
eslabón de una red destinada a «rodear el universo» en el símbolo del modelo
librecambista de inter nacionalización. Más prosaicamente, la organización de
los stands de los
expositores permite comprobar la falta de un cri terio compartido de clasificación de
los «trabajos de la indus tria de todas las naciones». Los comentarios de
Babbage ilus tran su creencia en la virtud de las «máquinas de información» en
el marco del «intercambio libre y sin límites entre las na
ciones» tanto de las mercancías como de los conocimientos. Un intercambio que,
según él, sólo puede «contribuir al pro vecho y a la prosperidad de todos»
(Babbage, 1851).
44 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
EL HOMBRE MEDIO, UNA NORMA
FEDERADORA
Babbage, titular de
la cátedra desempeñada en su tiempo por Newton en Cambridge, toma la exposición
de 1 851 como pretexto para abordar un tema que le es muy grato, máxime cuando
sus invenciones no siempre encuentran entre las esfe ras del poder político el
apoyo que desearía: la necesidad de construir una política oficial de ayuda a
la innovación técnica. Reivindicación que, no lo ignora, está estrechamente
vincula da al control de la organización de los intercambios en el pla no
internacional por parte de los propios científicos. Al es bozar la historia
reciente de estos últimos, recuerda que la primera gran asamblea de sabios
europeos, organizada en Ber lín bajo la presidencia de Alexander von Humboldt,
sólo se re monta a 1828 y que algunos invitados no pudieron asistir por falta
de visados de salida.
Babbage presta su
apoyo al proyecto de organización del primer congreso internacional de
estadística, propuesto por el astrónomo . y matemático belga Adolphe Quételet (
1796-1874). Esta reunión en la cumbre de la comunidad estadística, decidida al
término del acontecimiento londinense, tendrá lu gar dos años más tarde en
Bruselas. Además de representar el primer paso hacia la normalización
internacional de las no menclaturas y de los métodos de observación
estadística, brin da el primer ejemplo de estructuración de una red estable de
intercambios científicos.
Adolphe Quételet es
el catalizador de la razón actuarial. Es el embajador de un modelo de
organización de servicios esta dísticos y de censo (el que ha implantado para
el gobierno de Bélgica, tras la independencia [1830] del país). Ofrece al mis
mo tiempo una teoría probabilista de planificación de aconte cimientos
sociales que desemboca en un modo inédito de ges tión de la cosa pública. En
la base de lo que él presenta como la nueva ciencia de la «física social», está
el «hombre medio». «El hombre que tomo aquí en consideración, en la sociedad,
LA GESTIÓN DE LA ERA INDUSTRIAL Y CIENTÍFICA
es el equivalente
al centro de gravedad en los cuerpos; es la media en tomo a la cual oscilan los
elementos sociales: será, si así se desea, un ser ficticio para quien todas las
cosas ocurri rán conforme a los resultados medios obtenidos por la socie dad»
(Quételet, 1835). La tecnología del riesgo, elaborada por las instituciones
aseguradoras privadas se extrapola al conjun to del cuerpo social. Las
aplicaciones del cálculo de probabi lidades abren así el camino a un nuevo
modo de regulación so cial: la «sociedad aseguradora», principio básico del
futuro Estado-providencia, materialización institucional de la idea de
solidaridad y de interdependencia calculadas (Ewald, 1986). Los valores medios
que la tecnología del riesgo permite extra er de la distribución de las series
estadísticas (sobre movi mientos de población, criminalidad, suicidio y otros «hechos
sociales») se convierten en normas de gobierno. El dispositivo estadístico
proporciona la herramienta de identificación obje tiva de las «fuerzas
perturbadoras» del sistema político. Obje tiva, es decir no gravada por la
antigua distinción de juicios de valor que separan el bien del mal.
En 1885, la
creación del Instituto Internacional de Estadís tica corona la estrategia de
estructuración de una comunidad científica, prefigurada en el recinto de la
exposición londinen se de 1851 . La estadística, indiscutiblemente, tiene
entonces el viento en popa. Algunos piensan que la ciencia de los núme ros
está en vías de sustituir a la historia, como medio de aná lisis, e incluso
llegan a entrever en la instauración de esta racionalización universal el
acceso de la humanidad a la «era poshistórica» (Friedmann, 1949). En 1890, con
motivo del censo general, la administración federal de Estados Unidos es trena
la máquina de tarjetas perforadas, inventada diez años antes por el estadístico
Hermann Hollerith ( 1860-1929), para el procesamiento automático de los datos
recogidos. A partir de 1896, esta máquina es industrializada y comercializada
por la Hollerith Tabulating Machines Corp., zócalo de la firma IBM
(Intemational Business Machines).
46 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Taylor y Fonl: la «filosofía del norteamericanismo»
Alrededor del año
1890, Frederick Winslow Taylor (1856-1915) empieza a llevar la contabilidad del
tiem po/movimiento en el seno de la fábrica. Los controlado res, equipados
con un watch book o cronómetro
disimula do en un libro hueco, rastrean los gestos del obrero. En 1911, el
ingeniero vuelca su experiencia de la organiza ción de la división del trabajo
en Principios de
manage ment científico. Coincidencia: 1911 es el año en que la hora alineada con Greenwich y los
husos horarios se ha cen «universales». La economía política liberal pronto ve
· en el clásico de la dirección científica, que consagra la aparición de la
clase de los gestores, la culminación del recorrido iniciado con la
investigación de Adam Smith sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las
naciones
y continuado con el
estudio de Charles Babbage sobre la economía manufacturera (Marshall, 1919). A
partir de 1918, el poder soviético, a su vez, rinde pleitesía al taylo rismo.
No sin antes haber decretado la neutralidad de esta «ciencia de la organización
del trabajo». Disociada de su función de explotación capitalista, esta última
es consagra da como el prototipo de la organización racional del con junto de
la sociedad socialista. Está en ciernes el leitmotiv de la «revolución científica y técnica>>. La doctrina
oficial no parará de proclamar que sólo la sociedacj socialista será
Para las economías
de mercado, quedan todavía por formular los principios de la dirección
científica del cam po del consumo. En 1908, Henry Ford se permite ofrecer un
coche a precio módico. En 1913, introduce en sus fac torías los procedimientos
de trabajo en cadena. La movi-
|
47 |
lización de la
guerra retrasará la aplicación del fordismo como modo global de regulación
social. En los años vein te, las técnicas de marketing se instalan
como herramien ta de gestión del consumo masivo. La puesta en circu lación de
las nociones de gestión de la opinión y de ingeniería del asentimiento indica
el embeleso por un nuevo modo de gobierno de la democracia de masas, há bil
dosificación de información y censura (Lippmann, 1922; Lasswell, 1927). Los
gobiernos han aprovechado las enseñanzas del uso intensivo de la propaganda en
el transcurso de la primera guerra total. Espectadoras de la acción y no
participantes, las masas, arguyen los teóricos de la opinión pública, deben ser
controladas, por su pro pio bien, por una minoría inteligente, una clase de
espe cialistas. La precoz formulación de estrategias interna cionales en la
Unión Soviética y en los países del Eje legitimará la contrapropaganda. Sondeos
y barómetros de opinión se suman a la logística de la estrategia de salida de
la crisis implantada por el New Deal. El matemático Paul Lazarsfeld
(1901-1976), mascarón de proa de la so ciología funcionalista de los medios de
comunicación, reivindica el recuento como criterio de cientificidad y se alinea
con la demanda de las empresas. Arthur Nielsen, que en los años veinte había
acuñado la noción de cuota de mercado (market share), implanta, en
1939, el audí metro, la primera medición de audiencia.
En 1929, el
italiano Antonio Gramsci interpreta el «fordismo» como un avatar de la
«filosofía del (nor te )americanismo». Con el nuevo método de producción, se
insinúa un modo de vida integral, una cierta forma de pensar y de sentir la
vida. La racionalización del sistema de producción lleva a cabo la unión entre
fábrica y so ciedad, entre vida privada y vida pública. La vigilancia
gerencial del trabajo intensivo en cadena se combina con
el encuadramiento ideológico en, y de, la vida privad¡i�
La una es
impensable sin la otra. La coerción se conjuga con la convicción. Y Gramsci
pone como ejemplo la reactivación de las ideologías sexuales, puritanas y diri
gidas a la familia, que acompañan al «nuevo industria lismo». También señala
que este nuevo modo de regula- , ción social exige la decadencia de los
intelectuales no positivos. Sólo los «intelectuales orgánicos» tienen cabi da
en la sociedad regulada por el tandem taylorismo-for dismo (Gramsci, 1929).
Lobotomía
tayloriana y ciencia fordiana constituyen el telón de fondo sobre
el que se ponen de manifiesto las disto pías de Evgueni Zamiatin (1918, 1921),
y Un mundo feliz de Aldous Huxley (1932). Los Tiempos
modernos de Charles Chaplin no andan lejos. La velocidad ha
entrado al servicio de la obsesión productivista, la del hombre-medida someti
do a desenfrenadas cadencias.
Las ciencias del
individuo calculable explosionan a lo lar
go de las dos
últimas décadas del siglo x1x. A la biotipología · de Quételet, se suma la
antropometría del médico e inventor de l�ía científica Alphonse Bertillon,
quien reconoce al estadístico belga como su maestro (Lanteri-Laura, 1970). No
menclatura, índices·y perfi les .orientan a policías, jueces y mé dicos forenses en su misión
higienista de normalización de las clases peligrosas. Los aparatos
registradores de cadencias en la fábrica, en el estadio y en lQS cuarteles
alimentan los cono cimientos útiles para el rendimiento de las fuerzas en
acción. Pocos ámbitos escapan al ojo del �OJl trol mediante
el guaris-
|
mo. ¿Acaso no se
denomi |
|
·cio de estadística» el servi- |
|
|
cio de
inteligencia de,- . |
|
i'tnplicadQ en el asunto |
|
|
del capitán Drey |
· · · |
|
'; inj�stamente acusado de |
|
|
|
||
|
espionaje en fav . . |
|
tencia |
extranjera? (Canguilhem, |
|
1966). |
|
\r · |
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49 |
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Prefiguraciones de la sociedad de
las redes |
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LA CIUDAD MUNDIAL Y LA FICHA DOCUMENTAL
En 1895, dos abogados
pacifistas, Paul Otlet y Henri L� fontaine, fundan en Bruselas el Instituto Internacional de Bi
bliografía. Su proyecto es el de constituir el «Libro universal del saber», y
«contabilizar día a día el trabajo intelectual de los dos mundos». Para esta
nueva ciencia de la organización sistemática de la documentación, las
publicaciones científicas no son más que elementos, partes, capítulos, párrafos
de una vasta enciclopedia documental que abarca el universo. «Ima
Para catalogar este
cúmulo de escritos e iconografías, Otlet (1868-1944) perfecciona el método de la
clasificación deci mal universal inventado por el norteamericano Melvil Dewey en 1876 y adopta la
«ficha» normalizada (12,5 por 7,5 cms.). En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el Instituto
produ ce ya un repertorio bibliográfico universal, un repertorio ico
nográfico universal, un catálogo central de bibliotecas, ar chivos
documentales internacionales, y ya ha establecido una Biblioteca Internacional
y un Museo Internacional de métodos documentales. Y sobre todo, el desarrollo
del Instituto y del proyecto de construcción de una ciencia de la documentación
han corrido parejos con otra iniciativa: la creación, en 1910, de la Oficina
Central de la Unión de Asociaciones Internacio nales cuya finalidad es la de
agrupar en red las «instituciones, federaciones, ligas, congresos, institutos,
comisiones, oficinas permanentes, etc., creadas en el transcurso de los últimos
cin cuenta años» y garantizar «la cooperación y la coordinación
50 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
de los esfuerzos
con vistas a la reunión de todos los sistemas particulares de unificación y
unidades en un sistema general» (La Fontaine y Otlet, 1912).
La finalidad
asignada a la Oficina permite ver de otra ma nera la intuición política que ha
influido en la creación del Ins tituto: «Hacer del mundo entero una sola
ciudad y de todos los pueblos una sola familia». Para materializar esta utopía
de la ciudad mundial o mundaneum, Paul Otlet pelea en Bruselas o en Ginebra asociándose con
arquitectos como Le Corbusier. Movido por una ambición aún mayor, formula un
proyecto de «Sociedad Intelectual de Naciones» para paliar las carencias de la
Sociedad de Naciones (Otlet, 1919). Otlet acuña el tér mino «mundialismo» para destacar mejor la
simbiosis con un pensamiento de la red universal, técnico y, a la vez, social.
Un pensamiento fraguado al ritmo del enlazamiento del globo, tanto por las
redes del cable submarino, el correo universal y otras redes técnicas, como por
las múltiples redes ciudadanas que surgen durante la segunda mitad del siglo XIX al amparo del
reconocimiento de las libertades de prensa, expresión y asociación, y dan un
impulso insospechado a los intercambios entre sociedades civiles. Con el
pionero de la psicología so- . · cial, Gabriel Tarde, al que
acude para legitimar su gran pro yecto, comparte Otlet una misma convicción:
el siglo XIX, con la
aceleración de la velocidad de los flujos de información y comunicación, ya ha
dado a luz a una opinión de dimensión planetaria y la aparición de los
«públicos» modernos es la re sultante de medios de comunicación que no dejan
de ampliar el «círculo social» «por encima de todas las barreras de clanes, de
clases, de confesiones, de Estado, [ . .. ] hasta los límites del género humano» (Tarde, 1890). A diferencia
de Herbert Spen cer y de Éniile Durkheim, Tarde, en efecto, hace del «cere bro», en vez del
organismo, el analogon de la sociedad mo derna,.... Según él, los
sistemas sociales no evolucionan desde un estado homogéneo hasta un estado
heterogéneo, de una «soli-daridad mecánica» a una «solidaridad orgánica». Más
bien si-
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51 |
guen la trayectoria
inversa. La unificación de lo múltiple es gradual y la diferencia sigue siendo
el alfa y el omega del Uni verso.
Contrariamente a lo
que la fascinación por la sociedad de las redes podrá hacer creer un siglo más
tarde, la representa ción reticular del planeta es, pues, muy anterior a lo
que se ha convenido en llamar «revolución de la información». El con cepto de
red ya hace juego con la noción biomórfica de inter dependencia, tomada del
lenguaje del universo de la célula (Mattelart, 1999). No es de extrañar, por tanto,
que unos cua renta años después de haber fundado el Instituto Bibliográfico de
Bruselas, Otlet anticipe la idea de red de redes. En su libro testamento, Tratado de documentación, el
libro sobre el libro, expone la arquitectura de una «red universal de información y documentación».
Una red que enlaza centros productores, dis tribuidores, usuarios,
cualesquiera que sean la especialización y el lugar. La gran biblioteca está
dotada de pantallas. Gracias. al telescopio eléctrico, el libro teléfono
permite «leer en casa páginas solicitadas con antelación de libros expuestos en
la sala "teleg" de las grandes bibliotecas» (Otlet, 1934).
LA DESCENTRALIZACIÓN POSTINDUSTRIAL
La filosofía
sansimoniana de la red permanecía anclada en una concepción centralizadora de
la reorganización social. Fren te a la cual los movimientos antiautoritarios
plantean una «so ciedad con el centro en ningún lugaryiatircJnferencia.l en
todas partes». Disolución de la ciudad y disolución del Estado: estos dos temas
se conjugan en las teorías anarquistas desde su naci miento, es decir, desde
la segunda mitad del siglo xvm. Más concretamente, desde que William Godwín (1756-1836) publi ca en
Londres, en 1793, su Investigación sobre la justicia políti ca y su influencia en la
virtud general y la felicidad. En su pro yecto de sociedad, los individuos
movidos por la razón de
52 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
autoliberación se
reagruparían en pequeñas comunidades, sin leyes ni instituciones sólidas. Un
proyecto que Pierre Joseph Proudhon ( 1809-1865) definirá
nuevamente a su manera a la par del auge de las organizaciones y de las luchas
de la clase obrera.
Los geógrafos
anarquistas combinan el principio proudho
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53 |
En 1913, Ananda K.
Coomaraswamy, oriundo de la India y formado en Inglaterra, acuña el
calificativo «postindustrial». El vocablo es portador de las esperanzas de
quienes creen en la inminencia del derrumbamiento de la civilización indus
trial y en el retorno a una sociedad descentralizada. La origi nalidad de la
contribución de Coomaraswamy, especialista en artes de Extremo Oriente, autor
de una obra de referencia so bre el budismo y el hinduismo, está en que
vincula la idea de una sociedad postindustrial al ideal del reencuentro con la
di versidad cultural amenazada por la centralización y la unifor mización
practicada por un «sistema unitario mecánico»,
En 1934, Lewis Mumford (1895-1990) retoma el
hilo de las intuiciones de Kropotkin y las incluye en el orden del día de las
redes de radiocomunicación: «Platón definió los límites del tamaño de una
ciudad como el número de personas que po dían oír la voz de un solo orador»,
comenta el historiador nor teamericano en su clásico Técnica y civilización. «Hoy, esos
límites no definen una ciudad sino una civilización. En cual quier sitio en
donde existan instrumentos neotécnicos y un lenguaje común están ahora los
elementos de una unidad polí-
54 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
tica casi tan
estrecha como la que fue posible antaño en las más pequeñas ciudades del Ática» (Mumford, 1987, pág. 261). Al mismo
tiempo que se renueva la utopía comunicacional, en los Estados Unidos se
refuerza una filosofía de las redes que teje un estrecho vínculo entre la
historia de las técnicas de transmisión y la de las formas institucionales. Por
su parte, el arquitecto de la Escuela de Chicago, Frank Lloyd Wright (1869-1959), al cruzar la
tesis socialista de Kropotkin con la filosofía liberal de Jefferson y de Emerson, contribuye a difu minar la
tradicional línea de separación política en tomo a la cuestión de la descentralización.
Su concepción del «espacio orgánico» desemboca en una topografía a-céntrica de
unida des reducidas, dispersas y aisladas, pero ligadas y religadas entre sí
por una densa trama de redes de circulación. Una for ma de implantación que
intenta preservar la individualidad al mismo tiempo que crea un nuevo tipo de
sociabilidad.
En la Europa
enfrentada a la filosofía del (norte)ameri canismo, comienza a hacer crisis
otra utopía: el proyecto pe dagógico de iluminación general de los espíritus,
heredado de la Ilustración. El ideal de la democracia a través de la exten
sión progresiva de los valores de la alta cultura es desafiado por el proyecto
de democratización masiva mediante produc tos culturales inscritos en los
mecanismos tecnomercantiles.
3. La aparición de las
máquinas informáticas
Con la intensa
movilización de los recursos científicos, las máquinas inteligentes inician su
despegue en el transcur so de la Segunda Guerra Mundial. Al término del
conflicto, surgen tres preguntas en tomo al estatuto del
universo tec noinformacional. ¿Hasta qué punto las lógicas del enfrenta
miento planetario entre el Este y el Oeste configuran el mar co
geopolítico en el que se desarrolla la innovación técnica? ¿Cuáles son los
términos del debate sobre la definición de la noción soberana de «información»?
¿Qué lugar ocupan las nuevas tecnologías de la memoria dentro de la historia de
las civilizaciones?
56 HISTORIA DE LA SOCIEDAD DE LA
INFORMACIÓN El envite geopolítico: la coacción bipolar
HACIA LA AUTOMATIZACIÓN DEL CAMPO DE
BATALLA
En 1936, el inglés
Alan Turing formula un nuevo principio técnico: la idea de programa grabado y
la de tabla de estado que describe el problema a tratar. Capaz de encarnar
cualquier «procedimiento bien definido», su máquina conforma la idea de
«máquina universal». En línea con el descubrimiento del mecanismo «cerebro»
entre los humanos, señala la vía de ac ceso a la construcción de un «cerebro
electrónico». Rotas las hostilidades, los precursores de máquinas o teorías
relaciona-
.das con la futura
informática son parte interesada en el esfuer zo de guerra. Tres son los
frentes que contribuyen al progreso de las grandes calculadoras: el
desciframiento de la corres pondencia estratégica del enemigo, las tablas de
tiro para uso de la artillería antiaérea y la bomba atómica (proyecto Man- · hattan). Así
es como, en 1939, Alan Turing es reclutado por el Intelligence Service para penetrar
el secreto de las máquinas electromecánicas de encriptado Enigma puestas a
punto por Alemania en el período de entreguerras. En Estados Unidos, Claude
Elwood Shannon, investigador en los laboratorios Bell, también se interesa por
las claves, mientras que el ciber nético Norbert Wiener trabaja en el marco
del proyecto balís tico. Todos los proyectos norteamericanos dependen del pro
grama del US National Defense Research Committee. El responsable es V annevar
Bush quien, a comienzos de los años treinta, ha puesto a punto el analizador
diferencial, primer cal culador analógico completo.
En 194 7, el modelo de
sinergía experimentado contra las potencias del Eje por científicos, sector
privado y necesidades de la defensa es reconducido por la National
Security Act. Esta vez, con el propósito de unir a los actores de la innovación
téc nica contra el enemigo catalogado como «global», el comu nismo mundial.
Para el Estado norteamericano se trata de un
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57 |
salto institucional
importante, a diferencia del Estado soviéti co que, desde su nacimiento, se
siente como una «fortaleza asediada» y, por tanto, en estado de permanente
movilización. El creciente flujo de los contratos de investigación y desarro
llo procedentes del Pentágono, y más tarde de la NASA (ins tituida en 1958), irrigará el
complejo militar-industrial. En 1930, el presupuesto federal participaba con un 14% en la fi nanciación de la investigación
privada y pública; en 194 7, esta contribución alcanza el 56%. En 1965, el 88% de los fondos para investigación de la industria aeroespacial y el 60% de la
electrónica procederán de la misma fuente (Mattelart, 1976). Primer gran
logro de esta estrategia que intenta dar respuesta a la amenaza de guerra
nuclear: en 1955, la US Air
Force inau gura el sistema de defensa aérea de los Estados Unidos, SAGE
(Semi-Automatic Ground Environment System). Su arquitec tura prefigura los
grandes sistemas de interconexión en tiem po real entre ordenadores. Es el
primer circuito completo de detección, decisión y respuesta. El sistema enlaza
radares ins talados en todo el perímetro nacional, interpreta sus señales y
dirige a los aviones interceptadores hacia el blanco enemigo. Más que un
sistema de armas, SAGE es un «mito, una metá fora de la defensa total»
(Edwards, 1989). Se irán
sucediendo, a una cadencia infernal, los restantes sistemas de detección: BMEWS
(Ballistic Missile Early Warning System), DEW (Distance Early Warning), SACCS
(Strategic Air Command Control System).
La omnipresencia
del Strategic Air Command (SAC) en las orientaciones de la investigación y el
desarrollo atestigua el influjo de la doctrina, que ha madurado durante la
guerra, según la cual el potencial aéreo decide la suerte de las guerras
(Maclsaac, 1986). Al argumento
de la flexibilidad inherente a la aviación se suma este otro, es decir, que al
convertirse la guerra, cada vez más, en una «industria en sí misma», sólo
el air power puede
gestionarla racionalmente, y con el menor costo humano. Lo que, de paso, también es una forma de pre-
58 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
caverse ante una
opinión pública nacional inclinada al pacifis mo. El ideal de la gestión
automática del campo de batalla (automated battle management) toma forma en este contexto (Barnaby, 1986). Los
informáticos empiezan a desarrollar su propio discurso sobre los sistemas, la
comunicación y el con trol. El ordenador adquiere su verdadero sentido de
«máquina universal», teóricamente capaz de «resolver cualquier proble ma
formulado de forma suficientemente precisa, es decir, que puede ser
sistematizado, matematizado, modelizado, reducido a un algoritmo» (Edwards, 1989, pág. 149). La tecnología
in formacional en sí se convierte en el primer teórico del poder aéreo. Esta
ideología preñada de determinismo técnico secun dará, en lo sucesivo, la
integración de la inteligencia artificial en los sistemas de armas.
LA INVESTIGACIÓN OPERATIVA Y LOS THINK TANKS
En el transcurso de
la Segunda Guerra Mundial surge la denominación Operations Research, la
investigación que tiende a «formalizar modelos de análisis aplicables a las ope
raciones militares». En el esquema de cooperación permanen te
civiles-militares, sector privado-sector público, instalado por la National Security Act, se trasplanta
un eslabón original en la producción del conocimiento-operación: el think tank o cajón de
ideas. En sus comienzos, esta nueva institución de in vestigación recicla
ingenieros y científicos desmovilizados. El primero, y el más conocido, de los think tanks es el que,
en 1946, funda la US
Air Force en Santa Mónica, en California: la RAND (Research ANd Development Corporation). Este ca jón de ideas,
que también se convertirá en centro de enseñan za superior, es la cuna del
análisis de sistemas (systems analy sis), de las metodologías sobre la
eficacia de los costos (cost-effectiveness), del sistema de planificación,
programa ción y presupuestos (Planning, programming and budgeting
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59 |
Norbert Wiener:
una promesa
humanista a contracorriente
En 1948, Norbert
Wiener (1894-1964) publica Ci bernética o control y
comunicación en animales y má
quinas. Esta obra, en la que se
entrecruzan observación de procesos de control fisiológicos y neurofisiológicos
(contracción del músculo cardíaco, prestaciones del sis tema nervioso como un
todo integrado) y formalización de una teoría general sobre los sistemas
tecnológicos de control, es el punto de partida de la «ciencia del pilotaje» o
cibernética. Esta denominación ha sido escogida por su referencia al gobernalle (governor) o timón
automá tico de los barcos, uno de los primeros aparatos en haber pensado «por
sí mismo», una de las primeras formas, y una de las mejor desarrolladas, de los
mecanismos de feed-back o retroacción. La concepción cibernética de
la causalidad es
circular: ya no hay inteligencia central que irradia desde la cima, responsable
de la toma de de cisiones, hacia la que converge la información y que di
funde su decisión a través de una jerarquía de agentes, sino una organización,
un sistema, de control descentra lizado e interactivo.
Por su potencial
para desconcentrar y descentralizar, postula Wiener, la información está en el
origen de la «segunda revolución industrial». Una revolución porta dora de la
promesa de liberación de la ciudadanía. Re nunciando en este punto a una
estricta definición esta dística de información, la extiende al conjunto de
los «medios de recogida, utilización, almacenamiento y transmisión
de la información»: radio, cine, teléfono, telégrafo, correo, libros, prensa,
pero también al sistema escolar y a la Iglesia. La esperanza depositada en las
máquinas de comunicar viene acompañada de serias re-
60 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
servas: para que
estén en medida de contrarrestar la en tropía, la información ha de poder
circular sin trabas. Ahora bien, en la sociedad contemporánea, el juego del
poder y del dinero lo impide y «de todos los factores an tihomeostáticos, el
control de los medios de comunica ción es el más eficaz y el más importante».
Para encon trar un sistema de valores morales, susceptible de liberar el
potencial liberador de la información, habría que empezar por no pensar en
términos exclusivos de venta y de compra y no ofrecer sacrificios al «quinto po
der>>, el mercado. Wiener se inquieta no sólo por la ten dencia a la
monopolización y mercantilización de las fuentes de información, sino por las
implicaciones mili tares de la ciencia instrumentalizada: «Hace falta una
cierta mezcolanza de zalamerías, soborno e intimida ción para inducir a un
joven científico a trabajar en los misiles dirigidos o en la bomba atómica.
Para incitarlos, tenemos nuestras máquinas de medir la audiencia radio fónica,
nuestros sondeos de opinión, nuestra recogida de muestras y otras
investigaciones psicológicas, de las que es objeto el hombre de la calle; y
siempre hay esta dísticos, sociólogos y economistas dispuestos a vender sus
servicios a estas empresas. Felizmente para noso tros, estos mercaderes de
mentiras, estos explotadores de la credulidad, no han alcanzado todavía un
grado de perfección tal que todo les sonría» (Wiener, 1948, pág.
168).
Wiener pertenece a
una generación convencida de la pertinencia de las políticas del
Estado-providencia cuya eficacia, según él, ha podido comprobarse durante
el New Deal. Sólo la
alternativa keynesiana podría, a su juicio, sujetar el factor antihomeostático que se oculta en la
racionalidad del mercado. Cree en la misión salví fica de la ciencia y del
científico: el nuevo conocimien to ha de evitar que la humanidad se sumerja
nuevamen-
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61 |
te en el «mundo de
Belsen e Hiroshima». Su escepticis mo le impide, no obstante, compartir la
mística del pro greso infinito que, en 1945, llevó a Vannevi:rr Bush a proponer en su informe al presidente de
los Estados Uni dos, Science: The Endless Frontier, un programa de apoyo masivo del
Estado a la investigación y a la edu cación, con vistas a acelerar el
advenimiento de una era «poshistórica». Un programa que el inicio de la guerra
fría arrumbará en los cajones.
System o PPBS) y de las aplicaciones
de la teoría de juegos. Igual que ocurriera durante el conflicto mundial,
especialistas en ciencias sociales, economistas, matemáticos, ingenieros y
físicos son invitados a poner sus conocimientos en común. Inicialmente
constituida como departamento de la Oouglas Aircraft Company, la RANO se
independiza dos años más tar de y se acoge al estatuto de non-profit independent
enterprise (empresa independiente de carácter no lucrativo). Se perfila una
nueva función: el military intellectual. Este consejero ex perto está
«tan cómodo en los pasillos del Pentágono o del de partamento de Estado como
lo estaban los jesuitas en las cor tes de Madrid y Viena, tres siglos antes»
(Bell, 1962, pág. 33).
Polivalente y
pluridisciplinario, este tipo de cajón de ideas se manifestará poco a poco como
un lugar estratégico en la producción de un conocimiento orientado hacia la
planifica ción de la sociedad del futuro. Una señal que no engaña: el ob jeto
del contrato conseguido en 1946 por la RANO con la US Air Force es un
estudio sobre las posibilidades de los satélites de exploración espacial titulado Preliminary Design of an Ex
perimental World-Circling Spaceship. Al patentar, ya
en los años cincuenta, una técnica de previsión bautizada Delphi, la RANO
contribuye a legitimar la idea de que existen métodos objetivos para explorar
el porvenir. El procedimiento consiste
62 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
en pedirle, en una
primera vuelta, a una muestra de expertos que haga una previsión sobre un tema
concreto. En la segunda vuelta las respuestas (siempre anónimas y por correo)
se remi ten a esos mismos expertos quienes, confrontados con las de sus
colegas, invalidan o confirman su anterior previsión. Sin embargo, el estudio
previsionista no empezará a imponerse hasta la siguiente década. La previsión
tecnológica (technolo
gical forecasting) sacará directamente provecho de los traba jos realizados en el marco del
Strategic Air Command. Las técnicas dan un salto: extrapolación de tendencias (trends), métodos de
grafos (relevance
tree methods), estudios de tiem pos de difusión de las tecnologías (diffusion times), investiga
ción morfológica, etc.
En 1958, año
crucial si los hay, ya que el año anterior la Unión Soviética ha desafiado a
Norteamérica con el lanza miento del satélite Sputnik, abriendo así un nuevo
frente en la Guerra Fría, la lucha por la conquista del espacio, el Pentágo no
crea una nueva agencia de coordinación de los contratos fe derales de
investigación: DARPA (Defense Advanced Rese arch Projects Agency). Diez años
más tarde, con el fin de facilitar los intercambios entre los distintos equipos
contratan tes, esta agencia inaugura la red Arpanet, antepasado de Inter net.
En el seno de esta «república de los informáticos», que depende de los
contratos federales y funciona al resguardo del mundo exterior, es donde toma
forma la idea según la cual el modelo de sociabilidad que se ha desarrollado en
tomo a y por mediación de Arpanet puede implantarse en el mundo ordina rio.
«Los principios de intercambio igualitario y de circula ción libre y gratuita
de la información en el marco de una red cooperativa gestionada por sus
usuarios que constituyen el nú cleo del marco sociotécnico del Internet
universitario se van a difundir, piensan, con la nueva tecnología» (Flichy,
1999, pág. 1 13).
Hasta finales de
los años cincuenta, el perfil de la investi gación contractual responde a
demandas engendradas por la
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63 |
doctrina de la
disuasión nuclear y de las represalias masivas: el enfrentamiento con el mundo
comunista. La administra ción Kennedy modifica la situación. La doctrina de la
«guerra limitada», respuesta al desencadenamiento de la guerra de guerrillas en
los países del Tercer Mundo, determina otras ne cesidades, impuestas por las,
así llamadas, estrategias con trainsurrecionales. En el plano de la innovación
técnica, el én fasis se pone en el desarrollo de nuevos dispositivos de
vigilancia, de sensores, de alarmas de infiltración, de radioco municación, de
ordenadores, de enlaces por satélite sobre el terreno. En resumen, se asiste a
la aparición de las microtec nologías de la electronic battlefield (Klare, 1972). Por lo que se
refiere al análisis estratégico, es la inversión en el social system engineering la que señala
el criterio para la recogida de informaciones con vistas a la elaboración de modelos de si mulación de
«operaciones». Lo que se espera de los especia listas en ciencias sociales es
que aclaren el comportamiento insurreccional (insurgent behavior) y construyan
modelos analíticos de cambio social y de control social que eviten
que las poblaciones civiles caigan en la tentación de recurrir a la violencia.
También se esperan propuestas para que el interfaz hombre-máquina sea más
eficaz. Esta reorganización implica un nuevo dispositivo estatal. A esta tarea
de racionalización es a la que, entre 1960 y 1965, se consagra Robert McNamara, al imponer al Pentágono los métodos
de gestión y al crear un Of fice of Systems Analysis. Se lo encomienda a los expertos
de la RAND que, al introducir el PPBS, obliga a los planificadores a plantearse
la racionalización presupuestaria en función de los objetivos de una política a
largo plazo. En el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, este matemático de
formación ha desarrollado técnicas de análisis de sistemas para el Statistical
Control Office del ejército dél aire. Cuando John Kennedy le nombra secretario
de Defensa, además de enseñar en la Har vard Business School, es director
general y presidente de la Ford Motor Co. Al concluir su etapa ministerial,
será nombra-
64 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
do presidente del
Banco Mundial, cargo que desempeñará has ta 1981.
En el terreno
diplomático, desde el final de la Segunda Guerra Munqial, el departamento de
Estado se ha esforzado en legitimar entre los organismos de las Naciones Unidas
su doc trina del libre flujo de la información (free flow of informa tion ), cada vez más
identificada con la del librecambio. Una doctrina que opone a la del Kremlin que, apegado a la tesis de la
soberanía nacional, interpreta cualquier desbordamiento de las fronteras como
«injerencia» o «agresión» (Schiller, 1976; Mattelart T., 1995). En 1965, Washington propone a los «paí ses del mundo libre» el primer
sistema de comunicación de cobertura global: Intelsat (lntemational
Telecommunications Satellite Consortium), escaparate de un modelo de opulencia
informacional. A principios de los años setenta, con el fin de
El envite científico:
la definición y la medida de la información
LA TEORÍA MATEMÁTICA DE LA
COMUNICACIÓN
En 1949, el ingeniero
y matemático Claude Elwood Shan non formula una teoría matemática de la
comunicación. Su definición de la información es estrictamente física, cuantita
tiva, estadística. Se refiere, sobre todo, a «cantidades de infor mación».
Hace caso omiso de la raíz etimológica de informa-
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65 |
ción que denota un
proceso que daforma al conocimiento gra cias a la estructuración de fragmentos de
conocimiento (Mac Kay, 1969; Dubos, 1970). El problema planteado guarda relación con el cálculo de
probabilidades: encontrar la codifi cación más eficaz (velocidad y costo) de
un mensaje telegráfi co de un emisor para llegar a un destinatario. Este
modelo me cánico, que sólo se interesa por el tubo, remite a un concepto
behaviorista (estímulo-respuesta) de la sociedad, perfectamen te coherente con
el de progreso indefinido que se difunde des de el polo central hacia las
periferias. El receptor, de alguna manera, está condenado al estatus de clon
del emisor. La cons trucción del sentido no figura en el programa del
ingeniero. Hay un corte entre la noción de comunicación y la de cultura. Como
observa un especialista de los Cultural Studies, este tro pismo comunicacional hace
referencia a una representación propia de la sociedad norteamericana: «El
concepto de cultu ra es una noción débil y evanescente en el pensamiento social»
(Carey, 1974). Esta acepción
de la «comunicación» pronto se universalizará.
En cuanto a la
noción de «información», tampoco tardará en transformarse en caja negra,
palabra clave, Uave maestra y comodín, verdadero «proteo de la semántica»
escapado de la «caja de Pandora de los conceptos borrosos» (Thom, 1974). Para lo que
contará, además, con todas las facilidades, toda vez que numerosas disciplinas
de las ciencias humanas, deseo sas de participar de la legitimidad de las
ciencias de la natura leza, convertirán la teoría de Shannon en paradigma.
UNA MATRIZ CONTABLE
El primer ensayo de
cuantificación de las actividades de producción y distribución de la
información se remonta a 1962 y se debe a Fritz Machlup, conocido por sus trabajos sobre la innovación técnica y las
balanzas de pago. El eco-
66 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
nomista
norteamericano no oculta el margen de incertidum
bres que afecta a
una empresa de este tipo y, por consiguien
te, hace gala de
una gran prudencia epistemológica. Lo sor
prendente es la
modestia con la que enuncia los objetivos
prácticos de su
investigación: proporcionar una base de re
flexión para la
reforma de los sistemas de formación. Por
que uno de los
principales ejes de su estudio es la medición
de la productividad
de estos últimos. No hay el menor rastro
de profetismo sobre
el advenimiento de una nueva sociedad
del conocimiento.
Muy distinto es el contexto intelectual y
político en la
década siguiente. El tema de la medición de la
información se
convierte en parte interesada en el debate so
bre la «era de la
información» y el advenimiento de la «so
ciedad de la
información». Es la tesis que contribuye a legi
timar, en 1977, el estudio',
en nueve volúmenes, realizado a
petición del
gobierno de los Estados Unidos por el econo
mista
franco-norteamericano Marc Uri Porat sobre la defini
ción y la medición
de la «economía de la información».
Llevado por una
concepción abierta del espectro informa cional, Machlup había evitado reducir
la información a las ac tividades que recurren intensamente a la tecnología y
se había planteado interrogantes acerca de, por ejemplo, las prácticas no
industriales. En cambio, Porat se centra en los sistemas de información
(ordenadores y telecomunicaciones). El resultado es una definición de la
información acuñada siguiendo la más pura tradición del almacenamiento digital:
«cantidades de da tos (data) que han sido organizados y comunicados». Al final de su inventario
de la contabilidad nacional, desemboca en una clasificación de los «agentes
informacionales» en seis sectores: industrias vendedoras de bienes o servicios
de infor mación, burocracia pública, burocracia privada, sector pro ductivo
público, actividades productivas privadas y hogares. El balance subsiguiente
señala que, ya en 1967, la informa ción representaba el 46% del producto nacional bruto de
los Estados Unidos y el 53% de la masa salarial.
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67 |
Estructuralismo y cibernántropo
«El tiempo corto es
la más caprichosa, la más enga ñosa de las duraciones», escribe Femand Braudel
hacia finales de los años cincuenta en la crítica que dirige a los enfoques
estructurales tributarios del modelo infor macional. La estructura, señala, es
una arquitectura y una realidad que el tiempo desgasta y transporta duran te
mucho tiempo. El tejido de la vida social actual reúne movimientos de origen y
ritmo diferentes (Braudel,
1958).
Al alinearse con la
teoría de la información, la lin güística estructural, ciencia-guía en los
años sesenta, pretende ofrecer a las ciencias sociales un modelo que les
permita conquistar una identidad y una legitimidad similares a las de las
ciencias exactas. El lenguaje como sistema define la sociedad como sistema. La
biología molecular, que acaba de descubrir el patrimonio heredi tario grabado
en el ADN, y el análisis estructural del discurso comparten la misma topografía
conceptual: có digo, sistema de información, programa, signo y mensa je
(Jakobson, 1962; Jacob, 1970). El texto es
soberano. El sistema de comunicación sólo se somete a las leyes de su
estructura interna. El corpus está irreductiblemen te cerrado sobre sí mismo.
Los receptores, lo mismo que los sujetos de la enunciación y sus intereses, se
esfu man.
La transferencia
analógica se convierte en regla. En el ámbito de las teorías sobre el
desarrollo urbano, por ejemplo, «la ciudad como estructura
"publicitaria" y "autopublicitaria", como red de
comunicaciones, se convierte en una suerte de máquina que emite mensa jes sin
cesar» (Tafuri, 1979, pág. 145). Y esta repre sentación de la ciudad como red programada de comu-
68 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
nicaciones se
refiere a la necesidad del plan de inte gración. El concepto de «sobrecarga de
información» (information overload) se concibe como un input de información en el sistema urbano, a
un nivel que so brepasa la posibilidad que tiene de procesarla eficaz mente,
es decir de traducirla a la hora de tomar una de cisión, sin error excesivo,
sin distorsión, sin demora (Meier, 1962).
Henri Lefebvre,
filósofo de la ciudad y de la vida co tidiana, fustiga el fetichismo informacional tras
el que se oculta el «panestructuralismo». La fantasmagoría del lenguaje
analógico de la información disimula el hecho de que la intensificación de la
circulación de la informa ción sólo consigue reforzar el papel de cohesión de
un sistema, históricamente desempeñado por la circulación del dinero y de los bienes
materiales. Es, según denun cia, la señal precursora del advenimiento de una
socie dad gestionada por una «nueva especie» que se conside ra, se llama, se
hace, planetaria y reduce lo que toca, y en primer lugar, las
contradicciones: el «cibemántro po», sin duda el «último de los hombres»
anunciado por Nietzsche. Traduce el «agostamiento del pensamiento y de la vida».
«El cibemántropo ha sabido captar cómo los conceptos de estabilidad,
equilibrio, autorregula ción, que pretenden ser prácticos y racionales a
la vez, vinculan así lo ideal con lo real. Ha comprendido cómo estos conceptos
están unidos a los de Norma, de Regla. Y de eficiencia». (Lefebvre, 1967, pág. 195). La única táctica que vale
para borrar las pistas y sembrar la con fusión en el orden y en los equilibrios
cibemantrópicos es el «combate del reciario frente al mirmillón, la red contra
la armadura».
En El siglo XX y la técnica, escrito en 1950 y publi cado
en 1954, Jacques Ellul
se había mostrado más es céptico respecto de las posibilidades de resistencia
ciu-
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69 |
dadana frente al
irreprimible ascenso de un «sistema técnico», ahora autónomo, que definía como
totalizante, universalista y autorreproductor. Un «nuevo tirano» que subordina
el sistema-naturaleza y el sistema-sociedad a sus particulares criterios de
eficacia. Ni la moral, ni la política, cada vez más reducida a técnica, le
parecían ca paces de orientar el crecimiento técnico. Unas dos déca das antes
de que la preocupación comenzara a sentirse en la sociedad, Ellul denuncia el
fichaje informático como uno de los mecanismos de neutralización de todas las
formas de protesta. Introducido en los círculos críti cos de los Estados
Unidos por Aldous Huxley quien re comendó su publicación al Center for the
Study of De mocratic Institutions de Santa Bárbara, la obra será traducida en 1964 con el título
de The
Technological Society y pronto se convertirá en un libro de referencia (Christians y Real, 1979). Otra obra
importante de este autor pionero y prolífico: Propagandas, publicada en 1962, que amplia el análisis del
sistema técnico a través del sistema mediático.
Lo importante es
que desde entonces se dispondrá de una matriz contable legítima a la que pueden
acudir las autorida des responsables de la formulación de políticas (Porat, 1978, pág. 33).
Porat estaba todavía ultimando las conclusiones de su investigación cuando, en 1976, ya figuraba
en el documen to oficial, redactado bajo la dirección de Nelson Rockefeller,
que planteaba las grandes líneas de una National Information Policy. Al año siguiente, la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) invita al economista a que construya un modelo con el
fin de clasificar a sus países miembros en la escala que conduce a la «sociedad de
la información».
A medida que se
sucederán las generaciones de máquinas
70 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
El peso de la
industria del conocimiento
De entrada, F.
Machlup se niega a separar los dos componentes de la pareja
información/conocimiento (knowledge). «Lingüísticamente, señala, la diferencia entre conocimiento e
información estriba fundamental mente en el verbo formar: informar es una
actividad mediante la cual se transmite el conocimiento; conocer es el
resultado de haber sido informado. "Información", como acto de
informar, es producir a state of knowing
en Ja mente de
a1gu1en. "Informadón'', en tanto en
cuanto es lo que se
comunica, resulta idéntico a "cono cimiento" en el sentido de lo que
es conocido. La dife rencia, pues, no reside en los términos cuando se refie
ren a lo que se conoce o a
aquello de lo que se está informado; sólo reside en los términos cuando han de
referirse respectivamente al acto de informar y al esta do del conocimiento» (Machlup, 1 962, pág. 1 5).
El postulado según
el cual «producir conocimiento», no sólo es añadir existencias a lo que ya se
conoce, sino que es crear un estado de conocimiento en la mente de alguien, le
permite a Machlup romper el axioma lineal y abrir camino a un análisis plural de
los actores (y de las ocupaciones) que construyen el proceso de informa
ción/conocimiento. Los «productores de conocimiento»
o «comunicadores»
se sitúan, en efecto, a diversos nive les: los transportadores, que entregan
el mensaje sin cambiar nada; lo.s transformadores, que cambian la forma (como la taquígrafa);
los procesadores, que cam bian
forma y contenido, pero siguiendo únicamente pro cedimientos rutinarios de
reajuste, combinaciones, cál culos (tal como un contable que prepara un
balance); los intérpretes, que actúan sobre la forma y el contenido (por ejemplo el
traductor); los analizadores de mensa-
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71 |
jes, que conjugan los procedimientos
establecidos con su aportación personal de tal forma que el mensaje transmitido
se parecerá en algo o en nada al mensaje re cibido y, por último,
los creadores
originales. Otro es quema de lectura: el tipo de conocimiento/información.
Son cinco los que distingue el economista: el conoci miento práctico, útil
para el trabajo, para la toma de de cisiones-acciones (todos los conocimientos
vinculados a la profesión, a los negocios, a la política, a la gestión del
hogar)� el conocimiento intelectual (enseñanza cien tífica y cultura
general); el conocimiento pasatiempo o entretenimiento; el conocimiento
espiritual vinculado a la religión y, por último, el conocimiento no deseado,
adquirido por azar y apenas recordado. Al concluir su análisis, Machlup se
atreve a una primera valoración del peso de la knowledge industry en la
economía nortea mericana:· entre 1940 y 1959, la fuerza de trabajo em pleada
en este sector en los Estados Unidos ha crecido en un 80%, frente a una media
del 23%, en el resto de la economía. En 1960, su participación en el producto
in terior bruto representaba cerca del 29%.
inteligentes, se
hará más profundo el carácter proteiforme de la información. Las colisiones,
las recuperaciones, las equiva lencias entre la información, el saber, el
conocimiento, la cul tura, la comunicación, no serán menos recurrentes
(Thayer, 1970; Rougemont (de), 198 1 ; Breton, 1987, 1997; Sfez, 1988;
Bougnoux, 1995; Ramonet, 1999). En los años setenta, dentro del concepto de
información, el sociólogo Edgar Morin in cluía los saberes, el saber-hacer,
las normas, prescripciones, prohibiciones que constituyen la cultura en cuanto
verdadera . «genoteca» de las sociedades humanas (Morin, 1974). U��c dos décadas más
tarde, la información, para el filósofo def ás:ic: ·
72 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
técnicas Bemard
Stiegler, será «aquello que sólo tiene valor porque lo pierde». Dicho de otro
modo, al estar unido su valor al tiempo de la difusión, la información es, por
definición, una mercancía de memoria perecedera; abre una nueva forma de
temporalidad que contrasta con la del tiempo de elaboración del saber
(Stiegler, 1991).
La vaguedad que
rodea la noción de información también nimbará la de «sociedad de la
información». La temprana vo luntad de legitimar políticamente la idea de la
realidad hic et nunc de esta
última podrá con los escrúpulos de la vigilancia epistemológica. Se acentuará la
tendencia a asimilar la infor mación con un término procedente de la
estadística (data/da tos) y a no querer ver información sino allí donde hay un dis
positivo técnico. De este modo se implantará un concepto meramente instrumental
de sociedad de la información. Con la atopía social del concepto se desvanecerá
el envite sociopo lítico de una expresión supuestamente llamada a designar el
nuevo destino del mundo.
El envite civilizacional:
una historia de la logística del
pensamiento
LA TENTACIÓN DETERMINISTA
Cada medio es
portador de una nueva civilización. Esta idea-fuerza, en ciernes en Condorcet y
Lewis Mumford, se de sarrolla a partir de los años cincuenta.
El canadiense
Harold Innis (1 894- 1952) intenta demostrar cómo la tecnología de la
comunicación ha determinado las formas de poder y, más concretamente, las
formas de domi nio imperial (Innis, 1950, 195 1). El concepto de bias of com munication o «tendencias
de la comunicación» permite distin guir los vectores de comunicáción según estén vinculados al tiempo (time-binding) -la tradición
oral y el manuscrito-- o
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73 |
al espacio (space-building) -la tradición
mecanizada, repre sentada por la imprenta y la comunicación electrónica-. A
cada una de estas tendencias le corresponde una determinada configuración
social. La primera tiende a la descentralización y favorece la memoria, el
sentido de la historia, las pequeñas comunidades y asambleas, formas dialógicas
de poder. La tra dición mecanizada es centralizadora por definición. Controla
la expansión y el dominio del territorio. Apoyada en la dialéc tica
centralización/descentralización, refuerza el centro desde las periferias. Cada
avance de las tecnologías de alta velocidad de expresión y de transmisión
destruye elementos de la comu nidad humana. Las desigualdades en la velocidad
de las co municaciones llevan a la constitución de «monopolios de in
formación» -otro concepto fundamental- que son, a la vez, instrumento y
resultado del dominio político. Así, según Innis, el verdadero objetivo de la
Primera Enmienda de la Constitu ción norteamericana ha sido el de garantizar
la protección del «monopolio del conocimiento» ejercido por la prensa. Al con
sagrar la libertad de prensa, la Constitución ha sacrificado el derecho del
pueblo a hablar entre sí y a informarse mutua mente. Lo ha sustituido por el
derecho a ser informado por los otros, en concreto, los profesionales.
Otro canadiense,
Marshall McLuhan ( 191 1-1980), resume con una frase lapidaria el tema de la primacía
de la tecnología de la comunicación en la formación de las civilizaciones: El medio es el mensaje. Vista así, la
historia de la humanidad se divide en tres edades: la comunicación natural, oral y gestual, que
moviliza todos los sentidos, edad del pensamiento mágico y del tribalismo; la
edad de la tiranía de la visión, iniciada por la escritura alfabética y la
imprenta, edad del racionalismo abs tracto y del nacionalismo, y la edad de la
transmisión electró nica que consagra el retomo de todo el teclado sensorial,
edad de un nuevo tribalismo, en este caso planetario.
McLuhan confiesa
que sus libros no son más que una «destilación» de la intuición de su
compatriota Innis. Entre
74 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
uno y otro, sin
embargo, las diferencias son notorias. Innis es geógrafo y se dedica a la
economía política. Sus textos son los de un investigador universitario.
Atormentado aún por el es pectro del fascismo y movido por el sentimiento de
la injusti cia, fustiga las formas contemporáneas del control imperial y la
influencia de las grandes empresas. Es más bien ateo. McLuhan, por su parte, es
especialista en literatura isabelina sobre la que versa su tesis doctoral. Se
ha convertido al cato licismo del que es un ferviente practicante (Kerkhove
[de], 1990). Sucesivamente calificado de artista cuya escritura en trecortada
se compadece con la cultura electrónica, objeto de elogios y de críticas
excesivas, promovido al rango de escritor de éxito, da sobre todo la impresión
de estar por encima de la sociedad y de la historia. Al postular que el
contenido del mensaje es indisociable de la forma que reviste, McLuhan se opone
a la dicotomía significante/significado preconizada por el análisis
estructural, obsesionado por el texto. La prometida reconciliación entre la
forma y el contenido se lleva a efecto, no obstante, en beneficio del
acaparamiento del proceso de co� municación por parte de la primera.
LAS TECNOLOGÍAS DE LA MEMORIA
En 1964, el
etnólogo y especialista en prehistoria André Leroi-Gourhan (191 1 - 1986)
publica en dos tomos El gesto y la palabra. El primer volumen trata de la
técnica y del len guaje y el segundo de la memoria y de los ritmos.
Desde la literatura
oral y la figuración en general hasta las fichas perforadas y la memoria
electrónica, el «antropiano» se ha visto obligado a delegar en los artefactos,
en órganos ar tificiales, sus facultades de registro del corpus de conocimien
tos, el capital intelectual del grupo. La transmisión de estas «series de
programas» ha sido la condición necesaria para la supervivencia material y
social. Lo mismo que la herramien-
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75 |
ta, la memoria del
ser humano se exterioriza. Esta historia de la memoria colectiva es la que
describe Leroi-Gourhan. La historia de la memoria colectiva como «transmisión
de pro gramas» se escalona a lo largo de cinco períodos acompasados por la
transmisión oral, la transmisión escrita con tablas e ín dice, las fichas
simples, la mecanografía y, por último, la se riación electrónica.
El etnólogo recurre
a un concepto de memoria ampliada. Es, matiza, cualquiera que sea, el «soporte
sobre el que se ins criben las cadenas de actos». Una «memoria específica» que
se refiere a la fij ación de los comportamientos de las especies animales; una
«memoria étnica» que garantiza la reproduc ción de los comportamientos en las
sociedades humanas; una «memoria artificial», electrónica, que «garantiza, sin
recurrir al instinto o a la reflexión, la reproducción de actos mecánicos
encadenados». La idea de realizar mecánicamente una se cuencia de gestos
técnicos se ha incubado lentamente en el transcurso de los tiempos históricos.
Desde los inicios de la hominización, la mano, el lenguaje, el córtex
sensomotor, cons- tituyen el triángulo en torno al que giran la historia de la
orga nización de la memoria colectiva y la exteriorización de los ór ganos de
la tecnicidad. La herramienta, realmente, sólo está en el «gesto que la hace
eficaz» y_Ja sinergia �peratoria entre una y otro supone la existencia de una memoiia en la que se ins
cribe el programa del comportamiento. La realización de pro gramas automáticos
es un hecho culminante en la historia hu mana, similar en importancia a la
aparición del hacha-martillo manual (contemporánea del martilleo, la cachiporra
y la espá tula) o de la agricultura. Esta paciente evolución de las herra
mientas-gestos-memoria constituye la aventura humana de la planetización.
Replantearse la
cuestión del medio, es lo que también hará, en 1977 ,.el antropólogo británico
Jack Goody en La domesti cación del pensamiento salvaje: «Incluso si
no se puede redu cir un mensaje al medio material de su transmisión, todo cam-
76 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
La religión de la infosfera
McLuhan es el
primero en actualizar para la edad electrónica el viejo sueño de una humanidad
prebabe liana. Es cosa hecha desde su primer éxito de librería, La, galaxia Gutenberg, en el que
introduce la noción de aldea global. Una noción que entroniza el vocabulario de lo global, hasta entonces
reservado a la estrategia
McLuhan cruza
diversas influencias intelectuales. La de Harold Innis, por supuesto. La de la
pareja Kro potkin-Mumford sobre el potencial de las redes eléctri cas para
recrear comunidades. A pesar de que las refe rencias que hace a estos dos
autores rozan la caricatura. «La electricidad no centraliza, descentraliza [ ...] Vea mos la
diferencia entre una red ferroviaria y una red de distribución eléctrica. La
primera requiere grandes aglomeraciones urbanas y cabeceras de línea. La ener
gía eléctrica, disponible tanto en la granja como en el
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77 |
despacho del jefe
de empresa, no necesita aglomeracio nes importantes y permite que cualquier
lugar se con vierta en centro» (McLuhan, 1964, pág. 78). Por últi mo,
está la filiación que establece el converso McLuhan respecto de la obra del
teólogo jesuita y paleontólogo Pierre Teilhard de Chardin. De él toma su visión
escato lógica de la «noosfera» y de la «planetización», esa «masiva toma de
posesión de la Humanidad» que, bajo la influencia combinada de las máquinas de
comunicar y de un «sobrecalentamiento de Pensamiento» da origen al «individuo
coextensivo de la Tierra»y al «Espíritu de la Tierra>> (Teilhard de Chardin, 1955). Influencia,
ésta, premonitoria, porque las obras de Teilhard se converti rán, en la era
del ciberespacio, en el pequeño libro rojo de numerosos feligreses
tecnolibertarios.
McLuhan, además, se
interesa de cerca por los acon tecimientos de su tiempo. En primer lugar, el
gran rela to de la conquista espacial, símbolo de la culminación del mito de
la «gran familia humana» cuya señal de sa lida se había dado el 17 de octubre de 1957, fecha de
lanzamiento del Sputnik. Fecha a la que retrotrae la toma del planeta como
«teatro global», en el que los es pectadores se han metamorfoseado en actores.
En cuan to a la guerra del Vietnam, a través de la autopsia medio lógica a la
que la somete, le permite ultimar la noción de «aldea global». Primer conflicto
transmitido en directo -en el que las audiencias «participan desde su sala de
estar»-, esta guerra demuestra el poder de la imagen electrónica para hacer la
historia, para hacer la paz. Se estaría instaurando, según pronostica, un
«verdadero comunismo planetario», mucho más real que el que anuncia el aparato
de propaganda del comunismo mun dial. La separación militares/civiles se iría
disipando mientras que disminuirían las fuentes de enfrentamien to en un
Tercer Mundo que colmaría su retraso respecto
78 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
de los países
industrializados mediante un desarrollo a marchas forzadas, al ritmo de la
expansión de la tecno logía electrónica. Un Tercer Mundo que se supone to
davía próximo a la cultura oral y tribal y que mejor que nadie debería sacar
provecho del nuevo tribalismo elec trónico planetario y del retomo al conjunto
del teclado sensorial (McLuhan y Fiore, 1968).
Las fuentes del
intercambio desigual y la compleji dad de las culturas pagan el pato de este
igualitarismo con trazas de determinismo. El One-World de la red global ha desactivado
la fuerza subversiva de la utopía antiindustrialista de los primeros pensadores
de la red eléctrica como portadora de un proyecto de sociedad más justa. ¡
Adiós protestas por los «monopolios de conocimiento»! En el mismo momento en
que el idea lismo mcluhaniano se dispara en los medios, Lewis Mumford, por su
parte, de vuelta de cualquier creencia profética sobre las virtudes salvíficas
de los artefactos de la comunicación instantánea y del sistema de alma
cenamiento de la información, condena la «compulsivi dad tecnológica» y
predice el reinado de la «Megamá quina» y del «Hombre organizacional». Ojo
panóptico, el ordenador ocupa el sitio de Dios (Mumford, 1967, 1970).
bio en el sistema
de las comunicaciones tiene necesariamente importantes efectos en los
contenidos transmitidos» (Goody, 1977, pág. 9). Su análisis de los efectos de
la escritura en los «modos de pensamiento» (o los procesos cognitivos) resulta
ilustrativo a este respecto.
Una vez reconocida
la fundamental aportación del enfoque civilizacional a la reflexión sobre las
tecnologías de la memo ria, y de forma más general sobre la cuestión del
medio, con-
LA APARICIÓN DE LAS MÁQUINAS INFORMÁTICAS
viene añadirle el
enfoque sociopolítico. En cada civilización, en efecto, cada área
histórico-geográfica construye su modo de apropiación e integración de las
técnicas, que da origen a configuraciones comunicacionales múltiples con sus
respecti vos niveles, ya sean económico, social, técnico o mental, y sus
distintas escalas, local, regional, nacional o transnacional. Esta historicidad
concreta de los modos de implantación de las técnicas es la que ignorará el
discurso milenarista sobre el ci berespacio al darle la espalda al
interrogante sobre la cons trucción social de las funciones y de los usos de
las nuevas he rramientas inteligentes (Lévy, 2000). En su momento, André
Leroi-Gourhan había presentido el obstáculo de cierto pensa miento
civilizacional cuando manifestaba su desacuerdo con la visión, marcada por el
«signo de todos los apocalipsis», de Teilhard de Chardin: «La humanidad puede
seguir esperando el "punto omega" durante milenios y, como en el año
1000, tendrá que organizar la espera y seguir viviendo» (Leroi Gourhan, 1964,
vol. 2, pág. 267).
4. Escenarios
postindustriales
La futurología
técnica instala el decorado que ambienta la construcción de las jdeas
encargadas de anunciar, cuando no de explicar, que la humanidad está en el
umbral de la nueva era de la información y, por tanto, de un nuevo
universalismo. Aparecen, sucesivamente, tres focos de emisión: las ciencias
sociales, la investigación previsional y la geopolítica.
El debate sociológico
DEL DISCURSO DE LOS
FINES A LA SOCIEDAD POSTINDUSTRIAL
En los años
sesenta, la tesis del fin de la ideología es el banderín de enganche de
numerosos politólogos y sociólogos, principalmente norteamericanos. La cuestión
incluso ha reci bido el beneplácito internacional durante la reunión organiza-
82 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
da en Milán, en
septiembre de 1955, por el Congreso para la Libertad de la Cultura -organismo
fundado en Berlín en 1950-, sobre el tema «El futuro de la libertad». Entre los
ciento cincuenta participantes en esta reunión mundial de po líticos e
intelectuales en torno a la «sociedad libre» figuran personalidades tan
diversas como los socialistas ingleses Hugh Gaitskell y Richard Crossman;
Arthur Schlesinger Jr., futuro consejero del presidente J. F. Kennedy; el
economista Frie drich A. von Hayek, quien, al concluir la guerra, había funda
do la Sociedad del Mont-Pélerin, cabecera de red de una in ternacional
ultraliberal que tiene a las tesis keynesianas y marxistas en su punto de mira
y no dejará de machacar que el individuo-emprendedor es la única medida de
todas las cosas; el profesor Raymond Aron, que acaba de publicar El opio de los intelectuales, y los
sociólogos norteamericanos Daniel Bell, Seymour Martín Lipset y Edward Shils. Fin de la era de la
ideología, fin de lo político, fin de las clases y de sus luchas, pero también
fin de los intelectuales protestatarios y fin del compromiso. Todos estos
eclipses están de actualidad. Lipset
y Shils llegarán a
postular que el análisis sociológico está aca bando con los prejuicios de la
ideología y acreditando la legi timidad de la figura del «intelectual liberal
occidental» (Shils, 1995; Lipset, 1960).
Otra tesis
recurrente, formalizada a partir de 1940 por el fi lósofo norteamericano James
Burnham, que había roto con la obediencia a la IV Internacional
(trotskista), recorre entonces los debates sobre los «fines»: la revolución
gerencial y el irre sistible ascenso de los organization men, portadores de
una nueva sociedad, la managerial society, que prefigura la con vergencia
de los regímenes capitalista y comunista. Emerge una comunidad de pensamiento.
Comentario de Daniel Bell, unos veinte años más tarde: «Cierto número de
sociólogos -Aron, Shils, Lipset y yo mismo- fuimos inducidos a con siderar los
años cincuenta como si se caracterizaran por el "fin de la
ideología"» (Bell, 1976, pág. 41).
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83 |
La sociedad de masas y el fin de las ideologías
La construcción del
discurso de los fines se imbrica en el debate sobre el porvenir de la «sociedad
de masas». Cuestión lancinante ésta de la esencia de la sociedad de masas y de
la masificación. Ya obsesiona a Alexis de Tocqueville quien se hace preguntas
sobre el riesgo de uniformización en la «era democrática». Está en el ori gen
de las ciencias sociales a través del debate sobre la disolución de las
«comunidades». En el período de en treguerras, alimenta las controversias
sobre la crisis de la alta cultura europea. Durante los años cuarenta y cin
cuenta, la sociedad de masas es el blanco de la crítica que los representantes
de la Escuela de Frankfurt dirigen a la estandarización de la «industria
cultural» así como de los análisis de David Riesman y de su equipo sobre la
muchedumbre solitaria (lonely crowd). Apuntalada por el redescubrimiento del tema
de la alienación, en sus for mas tanto marxiana como weberiana, el tema de la masi
ficación marca la línea de separación entre los intelec tuales críticos y los
intelectuales integrados. Entre los que le niegan a la sociedad de masas y a la
cultura de ma sas un potencial emancipador y los que, eliminando cualquier
interrogante sobre la inscripción de dicha cul tura de masas entre los
dispositivos de la regulación so cial, creen en sus virtudes democratizantes, en su
capaci dad para fomentar una mayor participación de las grandes mayorías y
para reducir la distancia entre el cen tro y la periferia de la sociedad
moderna.
Estos antecedentes
son los que explican por qué Da niel Bell, en 1958, se permitía esta
observación: «La teo ría de la sociedad de masas es prooablemente la teoría
social más influyente en el mundo occidental» (Bell, 1960, pág. 212). Y por qué
su colega Edward Shils in-
84 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
sistía afirmando
que el «espectro de la sociedad de ma sas» recorría la sociología y que
sesgaba la discusión sobre la naturaleza de la «sociedad industrial», su zóca
lo (Shils, 1960). En el número 2 de la revista francesa Communications, Bell
desarrollaba la idea de la ambi valencia de la denominación: «Una de las expresiones referencias
favoritas de nuestro tiempo es la de sociedad de masas, que se utiliza tanto para expresar el aspecto pasivo de la existencia como su
mecanización o la desa parición de criterios de juicio. Estos distintos usos
de la palabra reflejan filosofías reaccionarias o progresistas, porque la
expresión, en apariencia meramente descripti va, en realidad está preñada de
toda una serie de juicios a propósito de la sociedad moderna» (Bell, 1963, pág.
1). Esta revista, a
su vez, era parte interesada en la polé mica toda vez que acababa de ser
fundada por Roland Barthes, Edgar Morin y Georges Friedmann, y era por tavoz
del Centre
d'études sur les communications de masses (CECMAS) que los tres acababan
de instalar en el seno de la École pratique des hautes études.
Recusar los
«juicios emitidos sobre la sociedad mo derna», y más concretamente, los
emitidos por las «fi- . losofías progresistas», es lo que Daniel Bell ha hecho
en 1960 en su obra El fin de las ideologías. En este ata que en regla
contra quienes desprecian la cultura de masas, a los que reprocha la reducción
del debate a tér minos de todo o nada, postula que ninguna caracteriza ción
de las democracias industriales contemporáneas puede abstraerse del fenómeno
del «fin de la ideolo gía».
En 1960, Daniel
Bell, también un ex simpatizante trotskis ta, publica El fin de las ideologías. Trece años
más tarde, pu blica El advenimiento de la sociedad post-industrial. Una
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85 |
obra en la que
vincula su anterior tesis del fin de la ideología con el concepto de «sociedad
postindustrial». Esta última es taría desprovista de ideología. Bell demuestra
que es previsor. Como lo explica el subtítulo de la obra: un intento de progno sis
social. Extrapolando tendencias (trends) estructurales observables en Estados Unidos, construye una sociedad-tipo ideal. Una
sociedad sometida a una quíntuple mutación: el desplazamiento del principal
componente económico (paso de una economía de producción a una economía de
servicio); la oscilación en ia estructura de los empleos
(preeminencia de la clase profesional y técnica); la nueva centralidad adqui
rida por el conocimiento teórico como fuente de innovación y de formulación de
políticas públicas; la necesidad de jalonar el futuro, anticipándolo, y el auge
de una nueva «tecnología intelectual», dirigida hacia la toma de decisiones. El
sociólo go insiste tanto en la idea de desmaterialización del trabajo en la
economía postindustrial que, de buenas a primeras, afirma que, como
consecuencia de la impronta que la dinámica de la codificación del trabajo deja
en la innovación, la nueva so ciedad ya no se caracteriza por la labor theory of value sino por ¡la knowledge theory ofvalue! Para
desarrollar este tema, Bell confronta la teoría de la burocracia de Max Weber
con la
86 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
información. La
información es necesaria para organizar y hacer funcionar cualquier cosa, desde
la célula hasta la Gene ral Motors» (Bell, 1 979, pág. 169).
Lo que resulta
inédito, y decisivo, en la sociedad postin dustrial, es la expansión de los
«servicios humanos» (salud, educación y servicios sociales) y, sobre todo, la
inflación de «servicios técnicos y profesionales» (investigación, evalua ción,
procesamiento informático y análisis de sistemas). La tasa de crecimiento de la
clase de los profesionales y los téc nicos está dos veces por encima de la
media de la fuerza de trabajo. La de los científicos e ingenieros tres veces.
Así se ha ido formando una nueva intelligentsia que se acomoda en las «universidades,
organismos de investigación, profesiones y gobierno». Desde el punto de vista
de la estratificación y den tro de la escala de poder, la figura dominante de
la sociedad industrial era el hombre de negocios y el lugar social más
importante, la empresa. En la sociedad postindustrial esta cen tralidad le
corresponde a los científicos, a la universidad y a los centros de
investigación. Al definirse la clase en virtud de la ocupación, esta categoría
social es la que codifica y somete a prueba el saber teórico, el «principio
medular» de la socie dad postindustrial. Al alumbrar los más diversos ámbitos·
de experiencia, los sistemas abstractos de símbolos que elaboran sellan la
suerte del empirismo. Mientras que la sociedad prein dustrial era un juego
«contra la naturaleza», la industrial era un juego contra la «naturaleza
fabricada>>, y la sociedad pos tindustrial es un <<juego entre las
personas». La organización del mundo científico, y la de cualquier equipo de
investiga ción, puede servir de imagen: cooperación y reciprocidad, me jor que jerarquía
y coordinación.
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87 |
SABIOS POR ENCIMA DEL
BIEN Y DEL MAL
La <�comunidad de la
ciencia» extrae su legitimidad de su naturaleza carismática. Universalista y
desinteresada, esta «comunidad carismática» está liberada de la ideología, «en
el sentido de que no postula un conjunto de creencias formales, pero tiene un ethos que
implícitamente prescribe reglas de conducta [ ...] Está muy próxima del ideal
de la polis griega, una
república de hombres y mujeres libres unidos en la bús queda común de la
verdad» (Bell, 1973, pág. 380). La vitali dad del ethos permite que
la comunidad científica se defienda de la burocratización, el servilismo
político, el totalitarismo. La ciencia es una vocación. «Su aspecto carismático
le con fiere esta cualidad "sagrada" en cuanto modo de vida para sus
miembros. Igual que la cristiandad, esta dimensión carismáti ca hace que tenga
el atractivo de una utopía recurrente e in cluso del mesianismo. Esta tensión
entre estos elementos ca rismáticos y las realidades de la organización a gran
escala es la que configurará las realidades políticas de la ciencia en una
sociedad postindustrial» (Bell, 1973, pág. 408). Hay una rup tura entre esta intelligentsia liberada de
la ideología y adicta a la tecnociencia y los intelectuales de formación
literaria «do minados por modos de pensamiento hedonista, nihilista y apo
calíptico».
Programación
lineal, simulación, teoría de la información, cibernética, teorías de la
decisión, teoría de juegos, teoría de la utilidad: todas estas nuevas
«tecnologías intelectuales» susti tuyen los juicios intuitivos por el
algoritmo. Ayudan a definir la acción racional y a identificar los medios para
conseguirlo, y ofrecen la posibilidad de gestionar la «complejidad organi
zada» (complejidad de grandes sistemas y organizaciones, complejidad de la
teoría que cada vez manipula más varia bles). Lo mismo cabe decir de la
«complejidad desorganiza da», porque la teoría de probabilidades ha progresado
mucho en el «problema del hombre medio».
88 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Monitoring the
social change y, por consiguiente, crear los mecanismos para anticipar el
futuro: tal es la consigna para acceder a la era postindustrial. Gracias a las
nuevas técnicas de la previsión, resulta factible reducir el margen de
indetermina ción del futuro económico. Los métodos de evaluación (tech nology assessment) están ahí
para contribuir a la regulación del crecimiento de las nuevas tecnologías. El
Congreso de los Estados Unidos, por ejemplo, se ha dotado de una Technology Assessment Office, en virtud de
una ley votada en 1967. Sólo la planificación y el control de la tecnología
mediante meca nismos de regulación política están en medida de contrarrestar
la market economy, sesgada por diversas voluntades privadas, y
hacer que se respeten las «necesidades comunes» a cargo de la «economía
pública», el «sector público» todavía llamado public household (en
contraposición a domestic household), que constituye un «sector terciario»
respecto de la economía de mercado y la economía de los hogares. Es lo que dice
Bell cuando se refiere a la cuestión, primordial para la sociedad
postindustrial, de las desavenencias entre el economizing mode, atrapado por
la eficacia funcional y la gestión de las co sas (y de los hombres
administrados como tales) y el sociolo gizing mode, para el que la toma en
consideración de valores no económicos implica necesariamente pérdida de
eficacia y reducción de la producción. Frente a esta divergencia entre «costos
privados» de la empresa y «costos sociales» (extema lities, en el
lenguaje de los economistas), el único árbitro po sible es el principio de
respomabiltltad social.
LAS FILIACIONES DE LA NUEVA SOCIEDAD
FUNCIONAL
¿Qué merece tenerse
en cuenta en el tipo-ideal «sociedad postindustrial»? En primer lugar, el
anclaje de las doctrinas organizacionales durante la larga historia en el
transcurso de la que se ha construido el paradigma de la sociedad funcional
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89 |
cuya culminación
debiera producirse en la era postindustrial. Bell hospeda a tres personajes en
el panteón de la tecnocracia: Saint-Simon, bautizado como «padre de la
tecnocracia», Fre deric Winslow Taylor y Robert McNamara. Observemos, ade
más, que Saint-Simon es uno de los autores más citados (no menos de veinte
menciones). Para ilustrar la funcionalidad de la sociedad-organismo en la era
del postindustrialismo, Bell recupera incluso su imagen de la orquesta o de la
tripulación del navío (Taylor, por su parte, maneja la imagen del equipo
deportivo). Y está claro que su profesión de fe en la «comuni dad carismática»
del saber positivo nada tiene que envidiar al «nuevo cristianismo» del filósofo
francés. Por último, Bell reitera la denuncia que Saint-Simon había hecho del
espíritu negativo encarnado por los «literatos».
A continuación, la
visión de la historia que subyace en la noción postindustrial. Lineal, se
corres¡ronde con el esque ma de la historia-modernidad-progreso o, como diría
Femand Braudel, con la concepción de la historia en lonchas. Su hori zonte es
la teoría matemática de la información. Prisionera del cálculo de
probabilidades y de la ideología del crecimiento, además exponencial, la
historia se desarrolla según un mode lo de evolución mecanicista emparentado
con el que, en 1960, diseñara Walt W. Rostow en su «Manifiesto no comunista»
sobre las «etapas del crecimiento económico» (sociedad tradi ciona1/sociedad
en transición/sociedad de despegue (take-off)/ sociedad de madurez económica/sociedad de consumo de ma sas). El
progreso llegaría a los llamados países atrasados me diante la difusión de los
llamados países adultos. Los flujos de la innovación, del cambio social, parten
de arriba hacia abajo, de los emisores centrales y de las élites técnicas hacia
los ad ministrados, de las sociedades que han alcanzado la etapa su perior de
la «modernización/desarrollo» a las sociedades de los escalones inferiores.
Este recorrido tiene un nombre, acu ñado por la sociología de la
modernización: westernization (occidentalización).
90 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Por último, la
cancelación del pensamiento de la red. La idea de irradiación desde el centro
hacia las periferias se con juga a todos los niveles jerárquicos. Bell, por
encima de todo, cree en la misión del Estado-providencia que, en su tarea pla
nificadora, también es una estructura centralizada. Hay, pues, una ruptura
respecto de la primera generación del pensamien to postindustrial basado en
las formas descentralizadas de or ganización (véase el cap. 2). Ruptura
también, por consi guiente, con los herederos, más o menos allegados, de este
pensamiento descentralizador, que hacen oír sus voces en aquellos mismos años
setenta. Una de las primeras revistas ecologistas que hicieron su aparición en
Inglaterra, en 1970, se denominaría precisamente The Ecologist: Journal of Post Industrial
Society. Toda la década, de hecho, es fecunda en acusaciones contra la ideología
productivista de los macrosu jetos y en alegatos en favor del regreso a las
tecnologías sua ves y a los microsujetos (Illich, 1973; Roszak, 1972; Schuma
cher, 1973; Dickson, 1974).
Las incertidumbres
sobre el crecimiento pronto socavarán las hipótesis de este primer esquema de
sociedad de la infor mación. Poco importan los flagrantes desmentidos: la
visión cientificista habrá conseguido que arraigue la idea de que las doctrinas
organizacionales releguen a lo político. Funcional, esta sociedad está
gestionada según los principios de la direc ción científica.
La investigación funcional
EL BOOM DE LA PREVISIÓN
Bell, antes de que
le proporcionara el argumento de un libro, tuvo la oportunidad de someter a
prueba la noción de so ciedad postindustrial, en el marco de su presidencia de
la Co misión sobre el año 2000, promovida por la American Aca-
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91 |
demy ofArts and Sciences. Una comisión
en la que participa ron numerosos científicos y expertos y que dio origen a un
in forme en cinco volúmenes (Bell, 1968). Este documento ilus tra la moda del pensamiento previsional. La
segunda mitad de los años sesenta asiste, en efecto, al florecimiento de escena
rios de posibles futuros al mismo tiempo que se van tejiendo las redes de la
profesión. En 1966, se funda en Washington la World Futures Society. En 1968, el Institute
for the Future. El tema es objeto de conferencias: en Oslo (1967), en Kyoto (1970). Se lanzan
revistas que llevan por nombre The Futurist, Futures, Technological Forecasting. Francia no se
queda atrás puesto que tendrá una escuela propia de prospectiva con la que hay
que relacionar a Gaston Berger, fundador en 1957 de Prospectives, emanación del
Centre d'Études Prospective y a Bertrand y Hélene de Jouvenel que, nueve años más
tarde, crean Analyse et
Prévision para garantizar la difusión de los trabajos iniciados a partir de 1960 por el Comité
Intemational Futuribles. En 1975, como resultado de la fusión de ambas re vistas, surge Futuribles.
Para los think tanks o cajones de
ideas, la segunda mitad de los años sesenta se revela como un período
afortunado. Re cordemos que los métodos previsionales efectúan entonces un
salto cualitativo (véase el cap. 3). La
elaboración de escena rios de anticipación se convierte en un mercado. Los profes
sional prognosticators ofrecen sus servicios a las empresas y a los gobiernos
ávidos de consejos y dispuestos a pagar. Es el cauce por el que el gran público
se familiariza con la nueva era tecnoinformacional. Así se hablará de Herman
Kahn, antiguo miembro de la Rand Corporation y cofundador del Hudson Instituté,
quien, tras haber elaborado numerosos escenarios so bre la estrategia nuclear
(él es el que inventa para el Pentágono el lenguaje de la «escala de
escalada»), redacta, a petición de la Comisión sobre el año 2000,el segundo
volumen del informe final. Pronostica que en la sociedad postindustrial (y
pospe nuria) se trabajará, como mucho, entre cinco y siete horas
92 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Sociedad
postindustrial, sociedad programada, revolución científica y técnica
En 1967, aparece en
Praga, en checo y en eslovaco, La civilización en la encrucijada, obra del sociólogo Radovan Richta y su equipo de
investigación de la Aca demia de la Ciencia. En octubre de 1968, también en
Praga, se editará una edición en inglés. Su concepto cla ve: la «revolución
científica y técnica», un concepto que acumula ya una larga historia en los
países del bloque comunista, pero que Richta explota, no ya para seguirle
Ese mismo año
aparece La sociedad postindustrial: nacimiento de una sociedad, de Alain
Touraine. A pesar de que da título a la obra, el sociólogo prefiere a la ex presión
«sociedad postindustrial» esta otra de «sociedad programada», esa sociedad de
nuevo cuño «que se for ma ante nuestros ojos». «Se las llamará sociedades
post-
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93 |
industriales si se
quiere marcar la distancia que las se para de las sociedades de
industrialización que las han precedido y que todavía se mezclan con ellas
tanto bajo su forma capitalista como bajo su forma socialista. Se las
denominará sociedades tecnocráticas si se las quiere llamar con el nombre del
poder que las domina. Se las llamará sociedades programadas si · se las quiere
definir en primer lugar por la naturaleza de su modo de produc ción y
organización económica. Este último término, toda vez que indica de forma más
directa la naturaleza del trabajo y de la acción económica, me parece el más
útil» (Touraine, 1969, pág. 7). De hecho, sólo en la lar ga introducción que
le da coherencia a los cuatro capí tulos, procedentes en su mayoría de
artículos cuya pu blicación se ha escalonado entre 1959 y finales de 1968, se
menciona el primer término.
¿Cuál es la
naturaleza de los conflictos en una so ciedad en la que las nuevas formas de
dominación so cial exceden del marco de la dicotomía capital/trabajo y en la
que las luchas contra la explotación económica, y por tanto la clase obrera,
dejan de tener la centralidad que poseían en la sociedad industrial? Una
sociedad en la que la influencia del poder tiende a ser global, más difusa y
menos abiertamente autoritaria, y que intenta reducir el conflicto social
mediante una «participación dependiente» de aquellos y aquellas que están
someti dos a los aparatos de decisión económica y política. ¿Cómo puede, en
esta «sociedad de alienación que se duce, manipula e integra», expresarse,
frente al cambio programado, la «protesta creadora»? Para el sociólogo francés,
el análisis de las mutaciones del <<juego social» y de las interacciones
de sus actores, desplaza el de las conmociones tecnológicas y científicas que,
para Bell, era la fuente de la sociedad postindustrial. A lo largo de los
cuatro capítulos se pasa revista, sucesivamente, a las
94
antiguas y nuevas
clases sociales, movimientos estu diantiles, racionalización de la empresa y
vínculo ocio trabajo-sociedad. Desde una perspectiva comparativa con la visión
de la sociedad postindustrial de Bell, el ca pítulo sobre los movimientos
estudiantiles es, sin duda alguna, el más sugestivo. Escrito en la estela de la
crisis política y social desencadenada por los acontecimientos del mayo francés
de 1968, ofrece una imagen de la uni versidad marcadamente contrastada
respecto de la de su colega norteamericano. La universidad ya no es el san
tuario de la comunidad carismática, sino la cuna de un movimiento social
antitecnocrático. Al movilizarse fren te a la rigidez del sistema de decisión
política y admi nistrativa de esta institución en plena descomposición, la
juventud estudiantil revela el carácter de los conflic tos sociales en las
sociedades programadas.
En cuanto al último
capítulo, referido al ocio, origi nariamente publicado en la revista Esprit, en 1959, su
principal interés reside en que atestigua la precocidad de la posición del
sociólogo de la acción frente a las es cuelas críticas de los medios y de la
cultura de masas: «No hacen sino defender una concepción aristocrática de la
sociedad y reforzar un modelo jerarquizado de consumo» (Touraine, 1969, pág.
305).
diarias, cuatro
días a la semana, treintainueve semanas al año, y se disfrutará de trece
semanas de vacaciones. Diseña la futu ra topografía de las distintas
sociedades según la posición que cada una de ellas debería ocupar en la escala
por la que se as ciende a la condición postindustrial. El criterio de un
planeta que en el año 2000 comprende veintiún países postindustria les: doce
«Visiblemente postindustriales» (EE.UU., Canadá, Escandinavia, Suiza, Francia,
la RFA y el Benelux) y nueve
|
95 |
«parcialmente
postindustriales» (la Unión Soviética, Checos lovaquia, el Reino Unido,
Italia, Israel y Australia, entre otros). Argentina figura en el escalón
«industrial avanzado» junto con España, Venezuela, Grecia, Singapur, Hong Kong,
Taiwan, Corea del Sur y Corea del Norte. Mientras que Chile está clasificado
como «industrial», a la par de México, África del Sur,
Cuba, Libia, Perú y Turquía. En cuanto a Brasil, está relegado al peldaño
«parcialmente industrializado», al mismo nivel que China, la India, Paquistán o
Egipto.
Y sobre todo se
hablará del consultor independiente Alvin Toffler, autor de los éxitos de venta Future Shock (El «shock» del
futuro, 1970) y The Third Wave (La tercera ola; 1979), a quien, en palabras del Time, le cumplirá
«llevar las masas al futurismo» (Krantz, 1996, pág. 42).
LA DEMOCRACIA INTERACTIVA
Antiguo marxista,
Toffler ha indicado con claridad la fun ción operacional de los escenarios de
anticipación. Para evitar el «traumatismo del choque del futuro», hay que crear
entre los ciudadanos el deseo del futuro en el marco de una «nueva teoría de la
adaptación». Es misión de la «estrategia de la de mocracia prospectiva» (anticipatory
democracy) la de permi tir que todos los ciudadanos corrientes, y no sólo un
puñado de élites, tomen el Futuro en sus manos (Toffler, 1976). El hori zonte
de expectativas que pronostica se caracteriza por la de mocracia interactiva,
la desmasificación de los medios, el plu ralismo, el pleno empleo, la
flexibilidad. Y, sobre todo, por el fin del «peligroso anacronismo»
del Estado-nación y por una nueva estratificación, la que enfrente a los
arcaicos con los modernos y sustituya a la oposición entre ricos y pobres,
entre capitalismo y comunismo. La «democracia interactiva» consiste, en aquel
entonces, en los proyectos de ciudades.·c�F· bleadas, propuestos por los
cajones de ideas y que se coJl_Vt.eJ'!'-
96 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Sociedad activa y tecnocomunitarismo
Es Amitai Etzioni,
especialista en organizaciones modernas y docente en la Harvard Business School
y en Columbia, quien introduce en el debate sociológico so bre la nueva
sociedad el tema de la democracia partici pativa. Rechaza el término
«postindustrial», porque, se gún él, la sociedad del futuro, por encima de
todo, será «activa» y «posmodema». Son las dos denominaciones que utiliza ya en
1968 en una obra sobre la «sociedad activa». No obstante, es menos explícito
acerca del con cepto de sociedad postindustrial que acerca del otro. La
entrada en el período posmodemo corresponde, según él, al desafío lanzado,
desde finales de la Segunda Gue rra Mundial, por las tecnologías de
comunicación y co nocimiento al sistema de valores heredado de la era
industrial. El dilema de la sociedad posmodema es esencialmente un dilema
moral. Se sitúa a escala del do minio de los instrumentos que ha creado. La
sociedad posmodema debería dar paso a la era de la «participa ción de masas»
(Etzioni, 1968). De ahí el concepto bá sico de «sociedad activa» que contrasta
con las reti cencias expresadas por Bell a propósito del tema de la
«democracia participativa» en el transcurso de sus aná lisis sobre la sociedad
postindustrial.
Etzioni es un
militante del comunitarismo. Una filo sofía cuyas raíces sitúa en la Grecia
antigua y en los An tiguo y Nuevo Testamento, si bien confiesa la influencia
que han ejercido sobre él las enseñanzas de Martin Bu ber. Las comunidades son
esas «redes sociales de gente ( webs ofpeople) que reconocen al otro como
persona y tienen una voz moral» (Etzioni, 1995, pág. IX). El tér mino «vínculo
social», conjugado en todas las formas, se convierte en el sésamo de la
construcción de esta
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97 |
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nueva «voz
moral». Sólo una sociedad responsable |
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(responsive society) hecha de
vínculos interpersonales |
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tejidos en tomo a
valores comunes puede invertir la ten |
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dencia
«Demasiados derechos, demasiado pocas respon |
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|
sabilidades». Las
solidaridades comunitarias contribu |
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yen a restaurar
las virtudes cívicas en una sociedad en |
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que la noción de
derecho ha podido más que la de res |
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|
ponsabilidad
individual. Esto es cierto para la comuni |
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dad familiar, la
comunidad escolar, la comunidad de ve |
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cinos, la
comunidad local, regional, nacional y, más allá, |
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la del género
humano. «Nuestra conciencia comunitaris |
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ta ha de empezar
con nosotros mismos y con nuestras |
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|
familias, pero
conduce inexorablemente a la comuni |
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|
dad, largo tiempo
imaginada, de la humanidad» (Etzio |
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ni, 1995, pág.
266). |
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Hacia finales de
los años sesenta, la filosofía comu |
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nitarista inspira
el proyecto de participatory technology |
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system, bautizado
como Minerva, que Etzioni, con el |
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apoyo de la
fundación Ford, elabora con el propósito de |
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fomentar los usos
de la televisión por cable en el marco |
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de Una
democratización del proceso de toma de decisio |
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nes a escala del
municipio. Propone que todas las com |
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pañías
instaladoras de televisión por cable en zonas ur |
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banas reserven un
tercio de su tiempo de emisión a las |
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organizaciones
comunitarias no comerciales (Etzioni y |
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Leonard, 197 1).
En 1979, Etzioni será nombrado conse |
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jero del
presidente James Carter. Pero lo más importan |
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te es que, más
tarde, su filosofía no sólo será una de las |
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fuentes del
tecnolibertarismo, sino que incitará a nume |
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rosos partidos
socialdemócratas a buscar una alternativa |
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a la idea de
lucha de clases y socialismo. El primero, el |
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partido
neolaborista británico. |
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ten en el lugar de
experimentación de la ideología tecnocomu nitarista. No es casual que Nicholas
Negroponte, profeta de la era ciber, autor de Being Digital (1995) y accionista
de Wired, revista de
los enganchados a Internet, haya trabajado, antes de fundar en 1979 el Media Lab
del MIT, para la Rand y el IBM Cambridge Scientific Center, sobre este tipo de
prospectiva urbana. Otro autor imagina incluso una sociedad comunitaria surcada
de un lado a otro por «autopistas electrónicas» (Mar.:. tin, 1978).
El esquema geopolítico de la era
global
EL ADVENIMIENTO DE LA ERA
TECNOTRÓNICA
La era global no
está ante nosotros. Y a estamos en ella. John F. Kennedy ha sido el primer presidente
«global» porque consideraba que «el mundo entero era, en un sentido, un pro
blema de política interior». Esto escribe, hacia finales de los años sesenta,
Zbigniew Brzezinski en Entre dos edades. El papel de Norteamérica en la era tecnotrónica. En esta obra,
el esquema geopolítico
que legitima la idea norteamericana de sociedad de la información está
claramente explicitado. Este especialista en estudios sobre los problemas del
comunismo en la Universidad de Columbia se pregunta por las consecuen cias que
la eclosión de la «sociedad tecnotrónica» y de la «era tecnotrónica» entrañan
para la política internacional. Una so ciedad cuya «forma viene determinada en
el plano cultural, psicológico, social y económico por la influencia de la
tecno logía, más concretamente, la informática y las comunicacio nes». Una
era en la que los procesos políticos se han conver tido en globales. A pesar
de que disiente del concepto de sociedad postindustrial, porque no expresa las
«principales fuerzas que se encuentran en el origen del cambio», coincide en
varios puntos con los análisis de Daniel Bell. Comparte, en
|
99 |
concreto, su fe
inquebrantable en el papel de la ciencia así como en el de la universidad,
destinada a convertirse en «re servorio de pensamientos, intensamente ligados
a la vida» y a «garantizar la mayor parte de la planificación política y la in
novación social» (Brzezinski, 1969, pág. 3 1). La red mundial de información
que permite la puesta en común de los conoci mientos conduce a la formación de
élites profesionales inter nacionales y al nacimiento de un lenguaje
científico común, «el equivalente funcional del latín». Brzezinski no considera
pertinente la noción de «aldea global» de McLuhan. A pesar de que, a semejanza
del canadiense, recurre a los análisis de Teilhard de Chardin para justificar
la idea de una «nueva con cepción universal del mundo», de una <<nueva
conciencia pla netaria», de una «nueva unidad mundial» en busca de su «pro
pia estructura», del «consenso y armonía sobre los que se apoyará». En vez de
un regreso a la comunidad íntima de la «aldea>>, se asiste más bien,
piensa el geopolítico, a la forma ción de una «ciudad global», es decir, un
«nudo de relaciones interdependientes, nerviosas, agitadas y tensas»,
productoras de anomia, anonimato y alienación política.
Las reflexiones de
Brzezinski prolongan el discurso de los fines: «Las ideologías coaccionadas son
sustituidas por ideas coaccionantes, pero desprovistas de la escatología que
caracterizaba a otras épocas históricas». La pasión dominante, predice, será la
de la igualdad (Brzezinski, 1969, pág. 94). Los pilares del «universalismo
ideológico» -la religión, el nacio nalismo y el marxismo- se esfuman del
horizonte intelectual. La última gran fe integradora que fue el comunismo
sucumbe al fraccionamiento. No ha alcanzado su primer objetivo: «ha cer que se
encuentren humanismo e internacionalismo» (pág.
236) . Los problemas
fundamentales que se le plantean al gé nero humano son los de su
supervivencia: es natural, pues, que se vea cómo las preocupaciones
ideológicas se difuminan ante las preocupaciones ecológicas.
100 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
LA DIPLOMACIA DE LAS REDES
En lo sucesivo, los
Estados Unidos son los portadores del proyecto universalista. Roma ha exportado
el derecho, Ingla terra la democracia parlamentaria, Francia la cultura y el
na cionalismo republicano, Estados Unidos es el foco desde el que irradia la
innovación tecnocientífica y la cultura de masas, producto de un modelo de
consumo elevado. Los Estados Unidos ofrecen al mundo no sólo un modelo de
acción con destino a los hombres de negocios y a los círculos científicos, sino
un modo de vida a secas. La confrontación con la nove dad forma parte, en
efecto, de la experiencia norteamericana de cada día. Su universalismo se
explica por el hecho de que la sociedad norteamericana «comunica» más que
ninguna otra con el mundo entero. Es el principal propagador de la revolu ción
tecnotrónica. Y como prueba: son ellos los que, median te el establecimiento de
sistemas de satélites, más han hecho para construir una «parrilla mundial de
informaciones». Gra cias a ese esfuerzo constante, hacia 1975, «por primera vez
en la historia, todo el saber de la humanidad será accesible a es cala
mundial, y la respuesta podrá llegar casi inmediatamente después de la
pregunta» (pág. 55).
La nueva apuesta
tecnotrónica obliga a definir de nuevo el carácter de las relaciones que los
Estados Unidos mantienen con el resto del mundo. Los tiempos del imperialismo y
de la Pax Americana ya no están
en disposición de dar cuenta de las nuevas relaciones «complejas, íntimas y porosas» y de una «influencia»
que se hace «casi invisible». La sociedad nortea mericana resulta cada vez más
difícil de acotar en función de sus fronteras económicas y culturales. Los
Estados Unidos se han convertido en la «primera sociedad global de la historia».
Prefiguran la «sociedad global» a escala mundial. La revolu ción
tecnocientífica made in USA cautiva la imaginación de toda la humanidad (la conquista espacial
lo demuestra amplia mente) y resulta inevitable que lleve a las naciones menos
|
101 |
avanzadas a
alinearse con ese polo innovador y las incite a imitarlo copiando sus técnicas,
sus métodos y sus prácticas de organización.
La interdependencia
obliga a pensar en el mundo como si de una unidad interconectada se tratara. La
fuerza pura se vuelve obsoleta frente a los complejos problemas de las socie
dades contemporáneas. La «diplomacia de las redes» sustitu ye a la «diplomacia
de la cañonera». Del diagnóstico sobre el estado de las relaciones
internacionales sometidas al cambio técnico, el geopolítico infiere la
necesidad de un Global Poli tical Planning. Dos propuestas van en esa
dirección: la rees tructuración del departamento de Estado y la creación de
La tesis de
Zbigniew Brzezinski sobre el advenimiento de la «diplomacia de las redes»
constituye un momento crucial. Durante los años setenta, se habla del fin de la
era glacial en las relaciones internacionales, de la decadencia de las estrate
gias de coerción, de la aparición de interacciones múltiples. El vocabulario de
la «interdependencia compleja» construye su nido. La reaparición de la noción
de World Society no pasa
inadvertida. Se presta atención a la multiplicación de polos y flujos, ya sean
comerciales, financieros, migratorios, cultura les o religiosos, así como a la
constelación de actores no gu bernamentales articulados en forma de redes
(Keohane y Nye, 1972; Muskat, 1973; Burton, 1976). Las firmas transnaciona-
102 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
La sociedad posmoderna
En 1979, Jean-Frarn;ois
Lyotard (1924-1998) eleva el
término de «Sociedad posmodema» a la dignidad de concepto filosófico en La condición postmoderna. Esta obra,
que en su origen era un informe destinado al Con sejo de Universidades del
Québec, se ha convertido en un texto de referencia sobre la definición de lo
posmo demo. A diferencia de Bell, imbuido de su creencia en la tecnociencia,
Lyotard escoge como hipótesis de trabajo que el conocimiento (y las
instituciones que lo produ cen) cambian de estatus al mismo tiempo que las
socie dades entran en la era postindustrial y las culturas en la llamada era
posmodema. Un cambio que, al menos en Europa, ha comenzado hacia finales de los
años cin cuenta, momento en que acaba su reconstrucción. La «condición
posmodema» del saber, a grandes rasgos, es la incredulidad respecto de los
grandes relatos que lo le gitiman. La incredulidad de fin de siglo es el
producto de la disgregación de los grandes relatos de la realiza ción del
saber y de la emancipación de la humanidad, procedentes a la vez del idealismo
alemán y de la Revo lución Francesa. La crisis de estos relatos que la época
moderna ha inventado para representarse a sí misma y justificar ideológicamente
la cohesión social se confun de con la crisis de la filosofía de la historia
como pro greso. Ya no hay macrosujetos investidos de una misión redentora. Ya
no hay vanguardias ni héroes, lo mismo en el arte que en política o en el
ámbito del conocimien to. La legitimación del saber contemporáneo excluye el
recurso a la realización hegeliana del espíritu o a la so ciedad marxiana sin
clases como criterio de validación del discurso científico posmodemo.
Apoyándose en el
hecho de que las ciencias y las
|
103 |
técnicas de punta
han versado desde hace cuarenta años sobre el lenguaje, el filósofo trata el
saber científico como una «especie de discurso». La informática y las máquinas
informacionales tienen que ver con el «im portante asunto del lenguaje», es
decir, «algo que había permanecido ajeno al problema del vínculo social, de la
justicia, del porvenir de las sociedades desarrolladas (Lyotard, 1979, pág. 4). La
hegemonía de la informáti ca impone una cierta lógica, implica un conjunto de
prescripciones en cuanto a los enunciados aceptados como de «saben>. Los dos
intetrogantes formulados por Platón siguen estando de actualidad: ¿Quién sabe?
y ¿Quién puede?, ¿Qué es Saber?, ¿Qué es Poder? En esta era en que el principal
reto del saber es su transfor mación en mercancía y su integración dentro de
nuevas estrategias industriales y comerciales, Inilitares y políti cas,
resulta aberrante pensar que el rendimiento/rentabi lidad, la eficiencia
mensurable en la relación input/out put, puede ser un criterio de conociiniento.
Lyotard defiende la
hipótesis contraria a la que sos tiene el filósofo Jürgen Habermas para quien
el criterio de validación del saber, en una sociedad dirigida por la técnica y
la ciencia como ideología, sólo puede residir en el principio del consenso: los
jugadores han de po nerse de acuerdo sobre las reglas del juego y el consen
so se obtiene por mediación del diálogo entre indivi duos, en cuanto
inteligencias conocedoras y voluntades libres. Para el autor de la condición
posmodema, la le gitimación se alcanza a través del disenso: un sistema
informático sólo se legitimará si suscita la invención de nuevas <<j
ugadas» en los juegos que existen, o la inven ción de nuevos juegos. Hay que
encontrar criterios de juicio y de legitimación que tengan valor «local». Para
los artistas, los sabios o los lógicos, lo que está en juego es decir o hacer
otra cosa. Es lo que Lyotard denoinina
104 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
la paralogía de los
inventores, en contraste con la ho mología de los expertos. El lenguaje de la
operatividad, tal como lo entienden los altos responsables y el capital, está,
en efecto, en las antípodas de la liberación de la multiplicidad de juegos del
lenguaje.
El saber posmoderno
es ambivalente. Es, a la vez, un nuevo instrumento de poder y una salida para
las dife rencias. La derrota del discurso moderno con sus pre tensiones de
unidad, universalización y totalidad es en sí una prueba de tolerancia y
plurivocidad.
les y las
organizaciones no gubernamentales movilizadas con tra los estragos del modo de
crecimiento por ellas encarnado dan al traste con la trama del sistema de
relaciones internacio nales (Mattelart, 1976, 1989).
En el momento en
que Brzezinski imaginaba una arquitec tura del mundo orientada hacia el
gobierno de la razón cientí fica que encauzara la innovación tecnológica, los
nuevos acto res de la geoeconomía socavaban el tradicional zócalo de la
geopolítica en nombre de la razón mercantil. El discurso de las empresas de
talla mundial acerca del One World se apoyaba en el auge de las industrias y de las redes de
información, li berando del peso de las fronteras a gestores de la producción,
consumidores y productos, e interconectándolos en un merca do único que se
autorregula, para decretar la irracionalidad del Estado-nación y, por
consiguiente, la caducidad de las políti cas públicas. Es lo que guía al
teórico del management Peter F. Drucker,
cuando mezcla «sociedad del conocimiento» y Glo bal Shopping Center (Drucker,
1969). Desde finales de los años sesenta, la semántica de la globalización pasa a formar parte del
lenguaje de los especialistas norteamericanos en re laciones internacionales y
entre los World
Leaders. Este léxi co no dejará de tejer su tela planetaria, conjugándose
con el re ferente informacional.
5. Los avatares de las
políticas públicas
¿Sigue siendo
pertinente el perímetro del Estado-nación para pensar en el desarrollo de las
tecnologías? Ésta es la pre gunta a la que, durante los años setenta, intentan
contestar nu merosos países industriales que se apropian de la noción de
sociedad de la información y formulan una estrategia para ac ceder a
ella. Años en los que el principio de la regulación pa rece intocable. En el
transcurso de la siguiente década, situada bajo el signo de la
desreglamentación y la privatización, se plantea un interrogante de
similar naturaleza, pero esta vez a escala de la gobemancia supranacional. Las
negociaciones en tre Estados Unidos y la Unión Europea sobre la
liberalización de los sistemas audiovisuales y de telecomunicaciones
están en un primer plano.
106 HISTORIA DE LA SOCIEDAD DE LA
INFORMACIÓN El modelo político·administrativo
LA COMPVTÓPOUS NIPONA
Desde comienzos de
los años setenta, la estrategia formu lada por Japón con vistas a recoger el
guante de las nuevas tec nologías se sitúa en el punto de mira de los grandes
países in dustriales. En 197 1 , un plan elaborado por el Japan Computer Usage
Development Institute (JACUDI) fij a a la «sociedad de la información» como
«objetivo nacional para el año 2000». Epicentro de esta política voluntarista:
el MITI, superministe rio de comercio internacional y de industria, cuya
misión pri mordial es la de estimular las sinergias entre la investigación y
la industria, el sector público y los grandes grupos privados. De este plan
emergen los contornos de la sociedad del futuro: un banco central de datos del
Estado; sistemas médicos a dis tancia; enseñanza programada y racionalmente
gestionada, capaz de desarrollar un «estado de ánimo informático»; un sis tema
de prevención y lucha contra la contaminación; un siste ma de información para
las pequeñas y medianas empresas; un centro de reciclaje de la mano de obra.
Como telón de fon do, el modelo Computópolis, la ciudad
enteramente cableada y dotada de terminales domésticos, con gestión
automatizada de flujos de tráfico, una red de rru1es y vehículos de dos plazas
controlados por ordenador, hipermercados, por así decirlo, sin personal con
pago mediante tarjetas magnéticas, informatiza ción del aire acondicionado.
Como punto de
convergencia de los bancos de datos y de los centros de documentación
científica y técnica, se elevaría, en el centro de Tokio, una torre que
abrigaría todos los «reser vorios de pensamientos nacionales», dependieran del
Estado o del sector privado. Este «reservorio central de pensamiento» tendría
por cometido no sólo alimentar la enseñanza y la in vestigación sino también
garantizar, mediante el libre acceso a la información, el nuevo sistema de
participación de los ciu-
|
107 |
dadanos. Se
contempla un «batallón de paz» informático, con el fin de encuadrar la
movilización general en tomo a la inno vación técnica. Un cronograma esboza
las cuatro fases de un proceso que arrancó en 1945 y que ha de
hacer de Japón la pri mera sociedad informacional de la historia. Estas fases
se han ido imbricando: el primer período (1945-1970) está marcado
por el predominio de la megaciencia y por el tema «país»; el segundo (1955-1980), por la
«organización» y la «empresa»; el tercero (1970-1990), por los
«servicios sociales» y la «So ciedad»; el último (1980-2000), por los
«particulares» y el «ser humano». El gobierno y las firmas privadas lanzan pro
yectos de experimentación social (Highly Interactive Optical Visual System
Information - Hi-Ovis) en zonas residenciales, fuera y cerca de Tokio, con el
fin de comprobar las actitudes de los hogares seleccionados (la mayoría con ama
de casa) frente a estas tecnologías interactivas.
También hace su
aparición la noción de vulnerabilidad del sistema informático. En este sentido,
se especifica que el servi cio de procesamiento de datos no debería estar bajo
el control de capitales extranjeros. Toda vez que se «pondría en peligro la
independencia económica». La participación de capital ex tranjero en una empresa deberá ser
inferior a la mitad.
El embeleso de
Japón por la sociedad de la información quedará reflejado en los discursos de
acompañamiento pro pios del caso. Los escritos del futurólogo Yoneji Masuda
pro meten una sociedad en la que la creatividad intelectual se an ticipa al
deseo de consumo material inculcado por la sociedad de la abundancia, en la que
la ética de la autodisciplina viene acompañada por la implicación social, en la
que el hombre y la naturaleza viven en armonía y en la que el poder centraliza
do y la jerarquización dejan paso a una «sociedad multicentra da» (Masuda, 1980). Pero en los
proyectos Hi-Ovis, mientras que las mujeres son el principal blanco de la
prospección de los posibles usos de los artefactos, el equipo encargado del se
guimiento y de la evaluación de la experimentación está com-
108 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
puesto únicamente
por hombres (Cronberg y Sangregorio, 1981). Lo cual resulta, cuando menos,
paradójico, para un proyecto que entre sus objetivos sociales ha incluido la
«res tauración de la subjetividad».
El resultado más
destacado de la precoz estrategia del MITI es la penetración de las firmas
niponas en el campo de las memorias. Se lanzan en el ordenador personal en 1978
y, en cuatro años, consiguen invertir la tendencia que otorgaba a las fim1as
norteamericanas un reinado apenas compartido en el mercado interior. También
refuerzan su liderazgo mundial en la electrónica de consumo. El período en el
que se define un marco institucional para alcanzar la sociedad de la informa
ción concuerda, por otra parte, con la aceleración de la inter nacionalización
y la deslocalización de la producción de las grandes firmas del sector. Otra
revelación: el apego de Japón a los objetivos educativos es tal que en el año
2000 este país podrá jactarse de ser el único en disponer de televisiones edu
cativas de gran audiencia.
EL INFORME
NORA-MINC, UNA FILOSOFÍA DE LA CRISIS
Dejando de lado a
Japón, ampliamente protegido de la re cesión económica, la idea-fuerza de la
crisis acapara los dis cursos de los grandes países industriales sobre las
estrategias de informatización. Pero, de forma paradójica, la noción mis ma de
crisis apenas si es objeto de tratamiento en profundidad (Schiller, 1984). El
informe de Simon Nora y Alain Mine so bre la informatización de la sociedad
entregado al presidente francés Giscard d'Estaing, en enero de 1978, constituye
una de las escasas excepciones que confirman la regla de la mera in vocación
ritual. Este documento debe leerse como un eco de los preocupantes diagnósticos
sobre el estado del mundo que circulan desde comienzos de la década. Y a sea el
del Club de Roma sobre los «límites del crecimiento», emitido en vísperas
|
1 09 |
De las políticas de
independencia nacional
El enfoque del
gobierno de Tokio está en las antípo das de la reflexión que se hace Canadá,
cuyo potencial industrial, por supuesto, no tiene comparación con el poderío
del imperio nipón. En 1969, Ottawa nombra una «telecomisión». Tras haber
consultado con una mul titud de organismos y de particulares, cuyas opiniones
y diagnósticos se recogen en un informe preliminar de cerca de ocho mil
páginas, en 197 1 se publica un infor me final de unas doscientas cincuenta
páginas. Su tí tulo: Un univers sans distancellnstant World. Al año si
guiente, aparece otro, más explícito sobre la cuestión informática: Branching Out. El documento
básico es prolijo sobre la filosofía de la democracia descentraliza da como marco de
una política de apropiación nacional de las redes: las «comunicaciones
deben emanar del pue blo y ser establecidas por el pueblo para servir al
pueblo». La invocación del «derecho a comunicar>> acompañará la
implantación de televisiones comunitarias por cable, así como la
experimentación del videotexto (proyecto Teli don). La esperanza gubernamental
de fundar una indus tria nacional sobre la base de esta tecnología, sin embar
go, no durará mucho (Raboy, 1990; Sénécal, 1995; Lacroix y Tremblay, 1997).
En todas las
latitudes, durante los años setenta, flo recen las políticas de independencia
nacional. La India saca las consecuencias de la brutal retirada de IBM que, en
1978, se niega a ceder parte de su capital a socios in dios. Sin alterar el
espíritu de la política industrial con cebida en la época de Nehru
-planificación e inversio nes masivas en el sector público, clavija maestra de
la autosuficiencia (self reliance)-, el Estado fomenta las participaciones con
firmas extranjeras, en el marco de
1
10 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
un contrato de
transferencia de tecnología. Esta estrate gia gubernamental se articula en
torno a un ambicioso programa espacial que propulsará a la India al rango de
las potencias en este ámbito. En Brasil, el gobierno mi litar, en nombre de la
seguridad nacional, pero también en defensa de la identidad, proyecta, a partir
de 1972, un autodesarrollo en materia de industria informática. Cua tro años
más tarde, se toma la decisión de crear una in dustria brasileña de
microordenadores, apostando por el saber-hacer de las universidades y por la
transferencia de tecnologías de las firmas japonesas. Completada con la
nacionalización del capital de la industria de teleco municaciones, esta
política de independencia nacional también tiene su vertiente militar (en 1981,
la industria armamentista exporta por valor de 2.400 millones de dólares)
(Mattelart y Schmucler, 1983). En Chile, el in glés Stafford Beer,
especialista en organización empre sarial y autor de The Brain of the Firm (1972),
propone al gobierno del presidente socialista Salvador Allende (noviembre
1970-septiembre 1973) que ponga la inge niería cibernética al servicio de la
planificación global de la producción de las empresas nacionalizadas. Se en
tabla un debate en los círculos de la Unidad Popular chi lena en torno a una
eventual deriva tecnócrata. Numero sos teóricos en ciencias cognitivas de
origen chileno velan sus primeras armas en este programa de puesta en sinergia
denominado Cybersyn. El golpe de
Estado del general Pinochet pone brutalmente fin a esta experien cia tan
original como polémica (Beer, 1975; De Cindio y De Michelis, 1980).
del «primer choque
petrolero», por economistas, ecologistas y especialistas en ciencias políticas
y relaciones internacionales que explican hasta qué punto el modelo de
crecimiento occi-
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1 1 1 |
dental es autófago,
devora hombres, materias primas y recur sos naturales, y cómo, por tanto, está
abocado al agotamiento (Meadows, 1972). Ya sea el informe sobre la «gobemabili
dad» de las democracias occidentales, redactado por tres espe cialistas en
ciencias sociales a petición de la Comisión Trila teral, suerte de estado
mayor privado de los grandes países industriales, que alerta sobre los «límites
potencialmente de seables a la expansión indefinida de la democracia política»
(Crozier, Huntington y Watanuki, 1975). En el momento de la puesta en obra del
informe francés, la amenaza de la penuria energética ya ha conseguido que el
espectro de la crisis resul te familiar.
Simon Nora y Alain
Mine profundizan en la noción con el objeto de levantar un plano de situación y
proponer una tera péutica, entroncando así con la doctrina sansimoniana sobre
la crisis y el papel reorganizador asignado a la red. «La crecien te
informatización de la sociedad -escriben- está en el co razón de la crisis,
puede agravarla o contribuir a resolverla». Trastorna el «sistema nervioso de
las organizaciones y de toda la sociedad». El «nuevo modo global de regulación
de la so ciedad» que contribuirá a instaurar está en disposición de fre nar
la pérdida del consenso social y conseguir que los ciuda danos recobren la
adhesión a las reglas del juego social: «La reflexión sobre la informática y la
sociedad refuerza la con vicción de que el equilibrio de las civilizaciones
mÜdernas re posa sobre una difícil alquimia: la dosificación entre un ejer
cicio cada vez más vigoroso, incluso si se debe acotar mejor, de las
prerrogativas del Estado y una exuberancia creciente de la sociedad civil. La
informática, para bien o para mal, será un ingrediente básico de esta
dosificación» (Nora y Mine, 1978, pág. 5). Los dos autores del informe remozan
el discur so redentor: la telemática, neologismo inventado en esta oca sión
para destacar el hermanamiento de las teleco�unicaciones con la informática, abre
la vía a la «re-creación de un ágora �n formacional» porque augura modos
de gestión del consenso
1 12 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
más flexibles.
Porque la sociedad de las redes pone en tela de juicio «a largo plazo un
reparto elitista de los poderes, es de cir, a fin de cuentas, de los saberes y
de las memorias». Pero, prevén los autores, será una «sociedad aleatoria», el
«lugar de una infinidad de conflictos descentrados». Objeto de múlti ples
rivalidades, de resultado incierto, los valores de la socie dad de la
información hacen un llamamiento «para que los de seos de los grupos autónomos
suban nuevamente hacia el centro, para la multiplicación hasta el infinito de
las comuni caciones laterales».
El proceso de
exteriorización de la memoria colectiva, acelerado por la digitalización, ha de
enfrentarse con el riesgo de monopolización de los bancos de datos extranjeros:
«El sa ber terminará por amoldarse a los stocks de información». Construir sus propios bancos de datos es un
«imperativo de soberanía». El reto está claramente identificado: IBM que aca
ba de anunciar su intención de entrar en el campo de las co municaciones por
satélite (Nora y Mine, 1978, pág. 13). El «es píritu del servicio público» debe guiar la respuesta a
este reto. Sólo una acción de los poderes públicos normalizando redes, lanzando
satélites, creando bancos de datos, puede «conceder un margen de maniobra a un
modelo original de sociedad», un «nuevo modelo de crecimiento». Cabeza de
puente de esta po lítica: un gran ministerio de Comunicaciones que controlaría
los PTT (correos y telecomunicaciones) así como las activida des relativas al
espacio y al sector audiovisual.
En 1978, se vota una
ley sobre informática y libertades y se crea una Comisión ad hoc (CNIL)
encargada de velar por su aplicación. Esta creación sólo se ha podido conseguir
tras un agitado debate nacional sobre los peligros de la informáti ca, a raíz
de la revelación del proyecto, elaborado en 1973 por el ministerio del Interior,
de un sistema automatizado de fi cheros administrativos y del repertorio de
individuos (Safari), basado en la interconexión de cuatrocientos ficheros
distintos a partir de un «identificador único», el número de afiliación a
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1 13 |
la �guridad Social
(Vitalis, 1981). A finales de 1978, el Go bierifo nombra una
comisión encargada de estudiar los fluj os transfronterizos de datos, para la
que están en juego la protec ción de datos personales y, a la vez, los
«enfrentamientos de la sociedad postindustrial» en el contexto de una
competición acrecentada. Para el autor del informe, ya se vislumbran «lí neas
de fuerza» inquietantes. El principal riesgo es el escena rio de la «sociedad
terminal»: para los débiles, una sociedad reducida a las dimensiones de un
mercado alimentado por pro ductos procedentes de otra parte debido a la
deslocalización mediante redes interpuestas; Estados obligados a aceptar que no
tienen «sobre su territorio más que fragmentos dispersos de actividades
planificadas a escala supranacional» (Madec, 1980). Esta precoz sensibilización
política por las redes trans fronterizas será la base de una doctrina francesa
en materia de circulación de flujos. Contrariamente al Reino Unido, a Bélgi
ca, o a los países escandinavos, Francia no dejará de oponerse al principio del Free flow of data, esgrimido por
las autorida des norteamericanas (Palmer y Tunstall, 1990). En la estela de la
elección presidencial de mayo de 1981 , el gobierno socia lista inaugura una
estrategia industrial que «apuesta por la in vestigación científica y el
progreso tecnológico como elementos motores para salir de la crisis» y que
pretende «democratizar la informática» antes que «informatizar la sociedad». La
retó rica, pues, está en la demanda social más que en la oferta téc nica.
Cuatro años más tarde, la desreglamentación y el impe rativo de la presión
competitiva exterior rescatan el discurso pragmático sobre la modernización por
medio de la informati zación. Si bien es cierto que, según propia confesión,
los ex pertos norteamericanos en materia de autopistas de la infor mación le
sacarán partido al informe Nora-Mine, traducido por el servicio de ediciones
del MIT y prologado por Daniel Bell, y seguirán de cerca la aventura del
Minitel, uno de los únicos proyectos de instalación de un sistema interactivo,
lle vados a efecto en los grandes países industrializados, que haya
1
14 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
aceptado la apuesta
de la masificación, antes del nacimiento de Internet (Bell, 1999, pág. XXII).
Hacia el modelo liberal competitivo
Los ESTAOOS
UNIOOS y EL DEBILITAMIENTO DE LA TUTELA ESTATAL
La profusión de
escenarios de anticipación que caracteriza a la situación norteamericana no
alcanza a precipitar la deci sión relativa a la elección de una política de
acceso a la socie dad de la información. Aunque razones no faltan. El gobierno
federal toma cartas en el asunto de las telecomunicaciones y pone en
circulación la expresión «sociedad de la información» casi en la misma época
que Japón y, un indicio entre otros, las universidades norteamericanas son las
primeras en desarrollar un ámbito de estudios orientados hacia la ayuda a la
decisión: la Communications
Policy Research. Se decanta mayoritaria mente a favor de una disminución de las
reglamentaciones. Es tas últimas están catalogadas como secuelas de un debate,
im pregnado de ideología y que se remonta al siglo XIX, sobre la
distinción entre propiedad privada y propiedad social (Sola Pool [de], 1974).
En 1970, el
presidente Richard Nixon cambia completa mente el organigrama gubernamental de
toma de decisiones en el ámbito de las tecnologías del cable, la informática y
el satélite. Se crea un área de coordinación dependiente de la Casa Blanca, la
Office of Telecommunications Policy (OTP), cuya dirección se confía a un
experto procedente de la Rand Corporation. Con el alunizaje, Norteamérica ha
dado por con cluida la fase de innovación tecnológica de la conquista espa
cial. La consigna consiste en la aplicación de la electrónica a las
«necesidades sociales». Esta perspectiva inspira, al año si guiente, el
proyecto de un sistema de redes nacionales, formu-
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1 15 |
lado por la NASA a
petición de los consejeros personales del presidente en un informe titulado,
precisamente, Communica tions for Social Needs: Technological Opportunities: «En Es tados Unidos se admite cada vez más
-puede leerse en el pre liminar- que existe un conjunto de problemas
nacionales que podrían ser resueltos mediante las telecomunicaciones». Entre
las áreas prioritarias: la educación, la salud pública, el sistema judicial,
los servicios postales, el dispositivo de alarma en caso de urgencia política y
de desastre. El Estado-providencia está entonces en todo su esplendor. Es
lógico, pues, que el in forme haga--énfcisis en las
desigualdades escolares, más con cretamente la que pesa sobre los niños de las
minorías étnicas. El objetivo del nuevo sistema de teleeducación es ni más ni
menos que «instaurar actitudes que favorezcan el nacimiento de un ciudadano
flexible que, como muchos ya lo han presen tido, será el ciudadano que
necesitará el siglo XXI». Las pro mesas en las que se confía son del mismo
tenor: «En el año 2000,la separación entre el hogar y la escuela en gran parte
se habrá difuminado»; «los edificios escolares no deberían ser más que
centrales de distribución de programas educativos por vía electrónica, centros
comunitarios o centros deportivos, laboratorios para prácticas y lugares de
experimentación artís tica» (Mattelart, 1976). Por su parte, las grandes
firmas de te lecomunicaciones predicen que más de las tres cuartas partes de
la población activa se beneficiarán del teletrabajo.
El debate sobre la
estrategia a adoptar para la construcción de la sociedad de la información sólo
se zanjará al término de un recorrido pragmático y sinuoso que se viene
alargando des de hace más de una década. En 1969, el presidente demócrata
Lyndon B. Johnson ha puesto en marcha la máquina judicial contra las
prácticas restrictivas de la competencia de IBM (la firma
controlaba las tres cuartas partes del mercado norteame ricano de
ordenadores). En 1974, el sucesor de Nixon, Gerald Ford, inicia a su vez una
persecución antitrust contra otro gi gante, el de las telecomunicaciones:
American Telegraph and
1
16 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Telephone (ATT). La
administración Carter (1976- 1980), por su parte, suprime la Office of
Telecommunications Policy y la sustituye por una agencia situada bajo la
autoridad de la secretaría de Comercio, la National Telecommunications and
lnformation Administration (NTIA). La razón de este despla zainiento hay que
buscarla en el modo de regulación propues to para el sistema de comunicación
en su conjunto. La nueva Communication Act plantea, en efecto, la reforma total de las reglas de juego definidas por la
importante ley de 1934. La idea es acabar con el monopolio «natural» de la ATT
y, de paso, socavar la filosofía que lo legitima, es decir, que la pro tección
del interés público exige una red única bajo el control de un organismo público
regulador: la FCC o Federal Com munications Gominission. Esta medida que
reduce la esfera de competencias de la adininistración tutelar de las
telecomuni caciones es similar a otra decisión, también adoptada durante la
presidencia de James Carter, en favor de un progresivo abandono del ámbito de
la aviación civil y los transporte; te rrestres por parte de la autoridad
pública.
Los procesos anti-trust contra el
gigante de las telecomuni caciones y el de la informática concluyen en enero
de 1982, bajo la presidencia de Ronald Reagan. La ATT conserva sus la boratorios,
continúa asegurando las comunicaciones a larga distancia y el suininistro de
equipainiento a sus clientes, pero tiene que desprenderse de veintitrés
filiales que explotan las co municaciones telefónicas locales. El proceso
contra IBM termi na con su sobreseiiniento. La nueva adininistración
republicana renuncia bruscamente a trece años de persecuciones y se con vierte
en el valedor de la multinacional, acusada de abuso de posición doininante por
la Comunidad Europea (el 65% del parque de los grandes ordenadores). A cambio
de algunas con cesiones, IBM será relevada de toda sospecha por Bruselas dos
años más tarde.
La liberalización
del sistema de comunicación de Estados Unidos en su conjunto bajo la
presidencia de Ronald Reagan
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1 17 |
coexiste con la
masiva reincorporación del departamento de Defensa a la innovación tecnológica,
a través de la Strategic Defense Initiative (SDI), también llamada «guerra
de las ga laxias». Lanzado el 23 de marzo de 1983, este proyecto
pre tendía construir un sistema antimisiles basado en satélites, capaz de
detener la salva adversa en el aire. El programa, pro piamente dicho, de
escudo electrónico global, que pertenece a la ciencia-ficción no llegará a
término. Congelado desde en tonces, el presidente Bush volverá a lanzarlo en
el año 2001. En cambio, el
grifo de las inversiones ha contribuido a dinami zar las aplicaciones
militares de la inteligencia artificial. En la estela de la SDI se lanzó, en
efecto, la Strategic
Computing Ini tiative, como complemento vital del primer programa (Mosco, 1989). Los japoneses
acababan de anunciar su proyecto de or denador de quinta generación. Los
norteamericanos replicaban atribuyéndole a la DARPA (Defense Advanced Research
Pro jects Agency) el papel federador que en Japón desempeña el superministerio
de industria. Los sistemas de mando, control, comunicación e información,
perfeccionados en este marco, serán puestos a prueba durante la guerra del
Golfo.
LA PROPAGACIÓN DE LA NOCIÓN DE
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
La referencia a la
«sociedad de la información» se impone subrepticiamente en los organismos
internacionales. En 1975, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que
agrupa entonces a los veinticuatro países más ri cos, estrena la noción y se
da prisa en requerir el asesoramien to no sólo de Marc Porat, sino también de
otros especialistas norteamericanos, tales como Ithiel de Sola Pool, jefe de
fila de la investigación sobre políticas de liberalización de los siste mas de
comunicación. Cuatro años más tarde, el Consejo de Ministros de la Comunidad
Europea adopta, él también, la no-
1
18 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
El debate sobre el
free flow of infonnation
Los años setenta
pueden ser considerados como el compás de espera del debate internacional sobre
la doc trina liberal delfreeflow of information, defendida por el departamento de Estado
norteamericano (véase cap. 3).
La entrada en el
escenario del movimiento de los paí ses no alineados confiere a este debate
una dimensión que no tenía cuando la confrontación en las instancias de la
comunidad internacional se reducía a un enfrenta miento entre Estados Unidos y
la Unión Soviética. Las discusiones que tienen lugar en el seno de la UNESCO
versan sobre el reequilibrado de los flujos de informa ción muy
desproporcionados en el sentido Norte/Sur. Los Estados del Sur defienden la
necesidad de instaurar un «Nuevo Orden Mundial de la Información y la Co
municación (NOMIC)». Una reivindicación que, si bien permite que muchos salgan
bien librados de su respon sabilidad ante la ausencia de transparencia y
libertad de prensa en el Tercer Mundo, no por ello deja de suscitar un problema
de gran amplitud. El informe de la Comi sión para el estudio de los problemas
de la comunica ción creada por la UNESCO y presidida por el irlandés Sean
MacBride, premio Nobel de la Paz y cofundador de Amnistía Internacional,
termina por prender fuego a la santabárbara (MacBride, 1980). Los Estados
Unidos de Ronald Reagan y el Reino Unido de Margaret Thatcher pretextarán la
«politización» de los debates para dar por tazo al organismo internacional (en
1985 y 1986, res pectivamente), al que seguirá, poco después, el de Sin
gapur. Era hacer caso omiso de la advertencia de Marc Porat en su informe
oficial. sobre la economía de la in formación: «El asunto es plenamente
político, no técni co» (Porat, 1978, pág. 78).
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1 19 |
Lo cierto es que la
protesta generalizada por el de sequilibrio de los flujos y la doctrina
del departamen to de Estado tiene por principal efecto la aceleración, en el
seno mismo del establishment político, de la re flexión sobre los retos
geoestratégicos de la sociedad de la información. En 1977, el Comité de
Relaciones Exteriores del Congreso organiza las primeras audien cias (hearings) sobre la «era
de la información». La co misión, presidida por el senador George McGovern, ve
como van desfilando por la tribuna responsables de medios de comunicación,
jefes de empresa, universita rios, líderes sindicales e, incluso, un antiguo
director de la CIA. Las audiencias avalan la definición de la in formación
como <<nuevo recurso nacional». En el in forme, publicado con el título
de The New World
In formation Order, destacan tres interrogantes llamados a seguir estando de actualidad:
«¿Cómo puede acre centarse el flujo de la información con el fin de mejo rar
la suerte de toda la humanidad sin inmiscuirse en la vida de las personas
privadas, el derecho de propiedad de los datos y la seguridad nacional? ¿Cómo
puede, o podría, atenderse el deseo del Segundo Mundo y del Tercer
Mundo de controlar los sectores de la informa ción de sus propias sociedades e
intentar, al mismo tiempo, que se permita el libre flujo de la información en
el mundo entero? ¿Cómo puede el gobierno garanti zar la seguridad de los
Estados Unidos y preservar sus intereses económicos y, al mismo
tiempo, contribuir a enfrentarse con las necesidades de las naciones en vías de
desarrollo y ganarse su cooperación?» (Kroloff y Cohen, 1977).
120 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
ción y la convierte
en la consigna de un programa experimen tal quinquenal (F AST -Forecasting and
Assessment in the Field of Science and Technology-) que debuta al año si
guiente (Bjorn-Andersen y otros, 1982). El Centro de Estudios sobre las
sociedades transnacionales de las Naciones Unidas estudia el desequilibrio de
los flujos transfronterizos. La tesis de un desarrollo «sin reservas, ni
condiciones» de los flujos, defendida por Washington, no está precisamente en
olor de santidad. La Oficina Internacional del Trabajo (OIT) y las
confederaciones sindicales manifiestan su inquietud frente a las repercusiones
de la informatización en el empleo (Jacob son, 1979; Rada, 1982).
En 1980, al cabo de
cuatro años de trabajos, el Consejo de Europa aprueba un «Convenio para la
protección de las perso nas con relación al tratamiento automatizado de los
datos de carácter personal». Tiene fuerza de obligar. La principal in novación
es que en su artículo primero se precisa que «toda persona física, cualesquiera
que fueren su nacionalidad o su residencia» puede prevalerse de las garantías y
derechos enu merados. Ese mismo año, por su parte, la OCDE adopta una
recomendación sobre el «flujo internacional de datos persona les» que va en el
mismo sentido. Salvo que se especifica que no vincula a los Estados miembros.
Ambos documentos reca ban de cada Estado que se abstenga de dictar
disposiciones legales que, so pretexto de proteger la vida privada, pudieran
obstaculizar la libre circulación de datos de carácter personal. Unos veinte
años más tarde, la evidente ambigüedad de esta cláusula reavivará el
contencioso euro-norteamericano. La oca sión vendrá dada por la entrada en
vigor, en octubre de 1998, de la Directiva de la Unión Europea sobre protección
de datos personales. Las autoridades norteamericanas y los global marketeers la
considerarán un obstáculo para la creación de bancos de datos y elaboración de
perfiles muy precisos y «ras treables», herramientas indispensables para el
comercio elec trónico.
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121 |
En 1979, dos
acontecimientos de finalidad muy distinta, la Conferencia Administrativa
Mundial de la Radio (WARC) y el proyecto Interfuturos de la OCDE, hacen
presentir la com plejidad del asunto de la implantación de las nuevas
técnicas. La primera vuelve a poner sobre el tapete la cuestión de la
redistribución de las frecuencias (monopolizadas desde prin cipios del siglo xx por las
grandes potencias marítimas). Or ganizada por la Unión Internacional de
Telecomunicaciones (UIT), augura el traslado de los debates sobre la sociedad
del porvenir hacia organismos dotados de competencias técnicas, en detrimento
de instituciones con vocación cultural, como la UNESCO (Smythe, 1980). El
segundo, cuyo objeto es el estudio de la «futura evolución de las sociedades
industriales avanzadas en armonía con las de los países en desarrollo», se
interroga acerca del «decisivo salto cualitativo» que desde este punto de vista
representa la microelectrónica. El subtítulo lo dice todo sobre las
incertidumbres que plagan el camino que conduce a la sociedad de la
información: Frente a los
futuros: para un dominio de lo verosímil y una gestión de lo imprevi sible.
La desreglamentación
Los OPERADORES GLOBALES
Los años 1984 y
1985 constituyen un período-bisagra. Por un lado, al abrir sin restricciones el
espacio mundial a los mo vimientos de capitales, la desreglamentación de la
esfera fi nanciera da a conocer una primera imagen magistral de las re des de
la economía global a la vez que asoma el riesgo de crisis ante la ausencia de
mecanismos de regulación supranacionales. Por otro, el desmantelamiento (divestiture) de ATT,
efectivo a partir del 1 de enero de 1984, provoca una onda de choque mundial
que precipita la liberalización de las telecomunicacio-
122 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
nes sobre un fondo
de cambio tecnológico (digitalización, re des de alta velocidad,
optoelectrónica, aumento de la capaci dad de las memorias y reducción de
costos). En Europa, el go bierno neoliberal de Gran Bretaña toma la delantera,
en 1984, con la privatización de British Telecom. Obligados a someter se a la
ley de la competencia, los servicios públicos de teleco municaciones se
encaminan gradualmente hacia un estatus que les permita operar fuera de sus
fronteras. El proceso ya será irreversible en enero de 1998, fecha de entrada
en vigor del acuerdo sobre apertura de los mercados a la competencia, fir mado
el año anterior por sesenta y ocho gobiernos, después de tres años de
negociaciones en el marco de la Organización Mundial del Comercio (OMC),
sucesora del GATT. Aparte del hecho de que ciertos signatarios se han reservado
el derecho de fij ar un límite a las inversiones de firmas extranjeras (tales
como Brasil, Canadá o Japón, por ejemplo) en el sistema na cional de
telecomunicaciones, más de la mitad de los 1 35 miembros con que cuenta el
organismo comercial aún no lo ha bían suscrito en el año 2000. A diferencia de
lo que ocurre con la Unión Internacional de Telecomunicaciones, que forma par
te de los organismos especializados del sistema de Naciones Unidas y donde cada
país miembro dispone de un voto, en la OMC, cada país es libre de suscribir
acuerdos cuyos términos esenciales están minuciosamente elaborados por los
países de la tríada, cuyos intereses, a su vez, están sobrerrepresentados.
El paso al estatus
competitivo repercute en el conjunto del sistema comunicacional. Se entabla la
batalla por figurar entre los escasos operadores globales capaces de ofrecer
servicios de telecomunicacíones (teléfono, transmisión de datos, etc), gracias a
una llamada red sin costura. Su ámbito de competen cia va en aumento. Las
fusiones-adquisiciones y las participa ciones cruzadas imbrican cada vez más
las industrias de con tenido con los operadores del tubo. De subasta en
subasta, de concentración en concentración, de tecnología en tecnología, estas
megaoperaciones bolsistas de aproximación entre conte-
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123 |
nidos y vectores se
sucederán a un ritmo tal que resultaría te dioso enumerarlas (McChesney, 1997). Compás de
espera en el hermanamiento de las redes de la «nueva economía» con las de la
«economía real»: la adquisición, en enero de 2000, por parte de AOL, primer proveedor
mundial de acceso a Internet, de Time-Warner, número uno mundial de los grupos
multime dia. La ambición de AOL se lee en las paredes de su sede so cial: «AOL everywhere, for everyone». ¡Estar
presente desde la producción del contenido hasta su difusión, en todos los so
portes existentes y por venir! Esta megafusión tendrá su res puesta, meses más
tarde, en otra megafusión que partirá del «campeón nacional» francés:
Vivendi-Universal-Canal +.
LA PROMESA DE LAS
AUTOPISTAS DE LA INFORMACIÓN
En 1987, el Libro
Verde sobre las telecomunicaciones da la señal de salida para la concertación
de los países miembros de la Unión Europea con vistas a la elaboración de los
términos de una política pública común en este ámbito. El documento pre coniza
la abolición de los monopolios nacionales y esboza una problemática de las
redes de información como elemento de construcción del mercado único. En el
transcurso de la siguien te década, no menos de tres directivas jalonarán la
vía hacia la liberalización, la plena competencia y el servicio universal.
En 1993, los
Estados Unidos lanzan el programa de Natio nal Information lnfrastructure. La Unión
Europea no tarda en hacer lo propio. El Libro Blanco presentado a finales de año por Jacques
Delors sobre el crecimiento, la competitividad y el empleo, plantea el marco
dentro del que hay que pensar en la respuesta al proyecto norteamericano de
autopistas de la in formación. De este documento programático, que enumera los
«desafíos» y marca las «pistas» para «entrar en el siglo XXI», emerge una
importante preocupación: el desempleo. LosArF: formes sobre la sociedad de la
información y las infop;j'��'
124 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
elaborados por las
autoridades nacionales -tales como el in forme Théry en Francia, la Information Society Initiative en el Reino
Unido o el lnfo 2000 alemán- revelan que Europa dis ta mucho de hablar con una
sola voz. Con motivo de la lenta implantación de las infopistas en cada país,
resurgen las parti cularidades nacionales que enlazan con configuraciones espe
cíficas de actores inscritos en contextos institucionales, cultu rales,
industriales y políticos diferentes (Vedel, 1996).
En marzo de 1994,
el proyecto norteamericano de infopistas se metammfosea en trampolín de una
estrategia mundial. Al Gore propone la construcción de una Global lnformation Infras tructure (Gil). El
lugar escogido para el anuncio no es inocente. En Buenos Aires, capital de un país
que ha optado por la vía neo liberal, y ante un grupo de delegados en la
conferencia plenaria de la Unión Internacional de Telecomunicaciones. Una confe
rencia situada bajo la égida del tema de las telecomunicaciones y del
desarrollo. Su discurso inaugural se inscribe en la línea pro fética: «La Gil
proporcionará una comunicación instantánea a la gran familia humana [ ...] Veo
en ella una nueva era ateniense de democracia que fraguará en los foros que
creará la Gil» (Gore, 1994). El objetivo manifiesto de esta vasta cruzada es la
aboli ción de los grandes desequilibrios sociales. Condición previa para la
recogida del maná tecnológico, la desreglamentación de los sistemas nacionales
de telecomunicaciones. El vicepresiden te demócrata no está muy inspirado
cuando cita el caso de Méxi co para ilustrar los brillantes éxitos de las
políticas neoliberales de apertura de mercados. Pocos meses después de la
reunión de Buenos Aires, el alumno más brillante de las políticas de ajuste
estructural del Banco Mundial se hunde en una crisis financiera sin precedentes
que lo lleva al borde del colapso social, mientras que, desde lo más recóndito
de Chiapas, el movimiento neoza patista da origen a un nuevo modelo de
resistencia frente al orden neoliberal, al apropiarse de la red de redes. También en
1994 hace su aparición en los discursos oficiales la noción de «nueva
economía>>.
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1 25 |
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El proyecto norteamericano de National Information |
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lnfrastructure |
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Durante la campaña
presidencial de 1992, Al Gore, que comparte candidatura con Clinton, introduce
el tema de las infopistas, adhiriéndose así a los industriales de Silicon
Valley, tradicionalmente republicanos. El año anterior, Robert Reich había
desarrollado las bases eco nómicas y políticas de lo que sería el proyecto Natio nal lnformation
Infrastructure. Este economista, futuro secretario de Trabajo durante el primer mandato del presidente Clinton,
demuestra que, en una economía globalizada, la venta de «servicios de
manipulación de símbolos» no tiene límites y que los Estados Unidos son los que
mejor situados están para ganar esta apuesta de la ingeniería de la información
al sacarle a sus competi dores una sustancial ventaja competitiva (Reich,
1991). Siempre y cuando se reduzca el déficit de «manipulado res de símbolos».
Al poco de su investidura, Clinton crea una comisión: el Advisory Council on the
National Information lnfrastructure.
Creación masiva de
empleos cualificados y bien re munerados, reforma del sistema educativo,
acceso de to dos a la asistencia médica y a la sanidad, reinvención de la
democracia directa: tales son las promesas del proyec to. Ahora bien, la
brecha entre el discurso sobre las pró tesis técnicas y la realidad de una
política social no tarda en agrandarse. El objetivo central de la sanidad se
revisa a la baja al abandonarse el proyecto de reforma en pro fundidad del
sistema asistencial. Abandono que sólo puede suscitar el temor de ver que los
usos del tele diagnóstico y la telemedicina pueden reforzar el carácter
segregativo del dispositivo sanitario. En cuanto al siste ma educativo, el
Estado renuncia a frenar la crisis que lo
126 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
aqueja. De este
modo se retrasa una adaptación de las for maciones, que habría sido coherente
con la hipótesis del gran proyecto tecnológico: construir la prosperidad y el
crecimiento del país mediante la diversificación de las competencias y de las
cualificaciones. Comentario de Robert Reich acerca de esta apuesta abortada:
«Se debe en parte al déficit presupuestario; pero no sólo es cosa del gobierno
federal. Los gobiernos de los Estados y los go biernos locales tampoco desean
hacer las inversiones que serían necesarias. Los Estados, por ejemplo, gastan
más en construcción y mantenimiento de cárceles que en en señanza superioD>
(Reich, 1997, pág. 69). En cuanto a la participatory democracy para un interactive citizen, se reduce fundamentalmente a los
artificios de una política de comunicación basada en la puesta a disposición
del «ciudadano interactivo» de sitios, empezando por el de la Casa Blanca, que
informan de las políticas oficiales. Des provisto así de sus adornos sociales,
queda el apartado de las orientaciones económicas: un «cambio histórico para
nuestro comercio», toda vez que las autopistas de la in formación resultan
«esenciales para la competitividad y la potencia económica de Norteamérica»,
según el presi dente.
El informe
Bangemann sobre Europa y la sociedad de la información planetaria (en inglés, global society of informa
tion), publicado en mayo de 1994, pretende
amoldarse a la nueva situación. Preparado por un grupo de expertos proce dentes de la
industria de las telecomunicaciones y del sector audiovisual, el documento
preconiza una rápida liberalización de las telecomunicaciones al anticipar las
mejoras de la pro ductividad, el desarrollo de las innovaciones tecnológicas y
el pluralismo cultural. El documento pone de relieve que «cuan-
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127 |
do los productos
sean más fácilmente accesibles a los consu midores, las posibilidades de
expresar la diversidad de cul turas y lenguas que abundan en Europa se
multiplicarán». Deplora los obstáculos a esta plena circulación (y por consi
guiente a la libertad de expresión) que representan los frenos a la
competencia, tales como las políticas de restricción de pro ductos culturales
(cuotas, propiedad intelectual). El espíritu de este informe contrasta con el
que todavía anidaba en el Libro Blanco presentado por Jacques Delors unos meses
antes. Este último, en efecto, había insistido en señalar la importancia del
Estado y de las políticas públicas
A finales de
febrero de 1995, los países
más ricos, en el seno del G7, ratifican en Bruselas el concepto de global society of infonnation, al mismo
tiempo que reiteran solemnemente su voluntad de lograr lo antes posible la liberalización de los mer cados
de las telecomunicaciones. Esta cumbre es la primera que se consagra al tema.
Al Gore pronuncia un discurso sobre la «Promesa de un Nuevo Orden Mundial de la
Información». Para construir las infraestructuras informacionales, se confía en
la iniciativa del sector privado y en las virtudes del merca do. Unos
cincuenta responsables de grandes firmas electróni cas y aeroespaciales de
Europa, Estados Unidos y Japón han sido invitados a esta histórica reunión. No
participa ninguno de los representantes de la sociedad civil. La conclusión
final tie ne, no obstante, el atrevimiento de situarse bajo la efigie del
«enriquecimiento humano» (Human enrichment).
En julio de 1997, el presidente
Clinton expone la doctrina de Washington en materia de comercio electrónico:
los go biernos deben respetar la naturaleza original de este medio y aceptar
que la competencia global y las opciones del consu midor definen las reglas
del juego del mercado digitalizado. En diciembre se publica un nuevo informe
Bangemann que versa, en esta ocasión, sobre la convergencia de las telecomu
nicaciones, de los medios y de las tecnologías de la informa ción. El tono
interrogativo que voluntariamente adopta el re-
128 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
dactor de este
Libro Verde al plantear tres opciones (la adap tación de las reglamentaciones
existentes, un régimen regla mentario aligerado pero sólo en relación con los
nuevos ser vicios y una reforma completa) oculta manifiestamente una
argumentación que no hace sino acentuar las propuestas muy liberales del
informe precedente sobre la sociedad global de la información: la convergencia
tecnológica pone nuevamen te en tela de juicio los principios inherentes a las
diferencias de tratamiento reglamentario entre los sectores y a la vez en tre
los Estados miembros; el «entorno global» no se conforma con una reglamentación
excesiva o inapropiada; el desafío lanzado por una sociedad de la información
construida sobre la abundancia a una reglamentación basada en la penuria es
indisociable del desafío de la mundialización. En resumen, el exceso de reglas
no se compadece con la necesidad geoeco nómica. Sin embargo, los miembros de
la Unión no se queda rán con esta opción núnima al término del debate sobre este
informe. Se logrará el consenso en tomo a la mera adaptación de las
reglamentaciones existentes.
En marzo de 2000,
en la cumbre económica y social euro pea de Lisboa, la Unión Europea se
plantea como objetivo es tratégico el de «convertirse en la econonúa del
conocimiento más competitiva y más dinámica». La definición de la misión de los
sistemas educativos es evasiva: adaptarse «tanto a las necesidades de la
sociedad del conocimiento como a la nece sidad de elevar el nivel de empleo y
mejorar su calidad». Toda vía nada sobre los contenidos y los usos, salvo que
se conside re que la mención explícita de la necesidad que tienen los docentes
de convertirse en usuarios de Internet haga las veces de política. Del mismo
modo que la Carta Social Europea se limita a prescripciones mínimas, no hay
consenso sobre la Eu ropa de la educación. Las políticas educativas, a
semejanza de las políticas sociales, siguen siendo responsabilidad de los Es
tados miembros. La subordinación a las políticas económicas a corto plazo,
salpicadas por una serie de encuentros (liberali-
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1 29 |
zación de los
mercados de capitales en 1990, mercado único en 1992, moneda única en 1997, y
después en 1999) está estruc turalmente inscrita en la «Constitución de
Europa». Único po der político propiamente europeo: el Banco Central. De ahí el
vacío creado por la ausencia de una política clara a largo pla zo (Fitoussi y
otros, 2000).
Industrias
culturales y convergencia
La apertura, en
1986, de la octava ronda de negocia ciones comerciales multilaterales en el
seno del GATI (Acuerdo general sobre aranceles aduaneros y comercio) retira el
asunto de los intercambios culturales del único perímetro europeo en el que
hasta entonces los confina ban las políticas comunitarias de armonización de
los sistemas publicitarios y audiovisuales. En el transcurso de este nuevo
ciclo, bautizado Ronda Uruguay, la cultu ra y la comunicación se integran
oficialmente en las no menclaturas del GATI bajo el epígrafe «servicios», y
son tratadas como tales. La consagración de este orga nismo técnico como lugar
de prescripción política en ese ámbito se pone de relieve con ocasión de las
nego ciaciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea en tomo a la
aplicación del librecambio a las industrias culturales. El pulso concluye en
Bruselas en diciembre de 1993 con la adopción de la tesis de la llamada «ex
cepción cultural» (expresión que se abandonará seis años más tarde, al estar
excesivamente connotada por la postura francesa, y se sustituirá por la de
«diversidad cultural»): la cultura escapa al tratamiento librecambista. El
consenso entre los socios de la Unión se ha alcanza do in extremis, ya que
algunos cuestionan no sólo la efi cacia sino incluso el propio principio de
tales medidas. Además, en el interior mismo de los países más favora-
130 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
bles a la excepción
cultural, tales como Francia que ha encabezado la sublevación, la postura
gubernamental ha colisionado con las estrategias de los grandes grupos o
«campeones nacionales» multimedia, deseosos de al canzar el tamaño crítico en
el mercado mundial y, por consiguiente, adversarios de cualquier forma de
protec- · cionismo, por temor a las represalias. Cabe añadir que la
delegación norteamericana fracasa en su intento de ile galizar los sistemas de
ayudas nacionales a la produc ción y a la difusión audiovisual así como las
medidas paralelamente adoptadas por la Comunidad en 1989, a raíz de la
aprobación de la Directiva sobre televisión sin fronteras. El departamento de
Estado saca las conclu siones de su fracaso y ajusta su posición soslayando el
obstáculo e intentando no separar la discusión sobre el sector audiovisual de
aquella que concierne a las transformaciones tecnológicas que están en camino.
Se velará por que las medidas restrictivas relativas a los productos
audiovisuales no se extiendan a los nuevos servicios de comunicación y se dará
por buena la tesis conforme a la cual la convergencia digital obliga a fu
sionar los regímenes reglamentarios aplicables al sector audiovisual con los de
las telecomunicaciones, por que ambos se sometan a una norma simplificada
impuesta por las «fuerzas del mercado». Se utilizarán todas las tribunas en las
que se discute la cuestión genérica de la liberalización en materia de
inversión para contrarrestar la tesis de la regulación pública en el ámbito
cultural. Ejemplo: las negociaciones que se han desarrollado en tre 1995 y 1998 en el marco
de la OCDE, que agrupa ahora a los veintinueve países más ricos, relativas al
proyecto de Acuerdo Multilateral sobre Inversiones (AMI). Al proponer que
se exoneraran las inversiones privadas internacionales, cualesquiera que
fueran, de las exigencias impuestas por las políticas nacionales en
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131 |
los países de
acogida, el acuerdo intentaba anular cual quier reglamentación que favoreciera
las inversiones cul turales europeas.
Sin reducir por
ello la cuestión de la reglamentación de los intercambios culturales a la
ecuación técnica, hay que reconocer que la creciente interpenetración de los
vectores de la comunicación tiende a que el debate sea más abierto. Tal y como
podrían sugerir las controver sias sobre el derecho de propiedad intelectual,
principal riqueza de la sociedad de la información, de quien de pende la
definición misma de las nociones de creación y de autor. El riesgo es el de
ver, con motivo del desarro llo de Internet y otros servicios en línea, y en
nombre de la liberalización total de los flujos, como la noción de de recho de
autor, definida internacionalmente por el Con venio de Berna en 1 886, según
el cual el creador es el único dueño de su obra, por la que se le abonan
derechos a él, o a sus derechohabientes, setenta años después de su muerte, se
esfuma en beneficio de la concepción anglo sajona del copyright, o de su
avatar en la era del on line, la «licencia a tanto alzado», en la que el creador cede sus
derechos a un productor que dispone de ellos a su anto jo, troceando o
desviando la obra de su uso principal si fuera preciso. Al reconocer el
principio inalienable de la propiedad intelectual, a través de la protección
del dere cho moral del autor, la Unión Europea ha ratificado en 1996 la
primera de las concepciones en un Libro Verde sobre «Los derechos de autor y
los derechos afines en la sociedad de la información» y una Directiva dictada
al año siguiente. Queda por resolver el complejo problema de la implantación
del dispositivo institucional que ga rantiza el derecho y el poder de los
creadores para con trolar sus obras, para conservar, cualquiera que sea el ca
mino, un derecho de fiscalización sobre su difusión.
132 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Construir un
espacio de valores implicaría por lo menos que los participantes comparten una
concepción más o menos común de las responsabilidades de la potencia pública.
Ahora bien, está claro, por ejemplo, que el liberalismo de rostro hu mano de
la «sociedad de mercado» preconizado por el partido neolaborista británico y su
«tercera vía» no está muy de acuer do con la idea de política pública.
Promovido el individuo como eje de la autorregulación, el sistema educativo ya
no es esa fábrica que tiende a reforzar las desigualdades sociales que conviene
remediar sino el lugar en el que el individuo fle xible construye su
«empleabilidad» en el marco de la compe titividad escolar. El lugar en el que,
en su caso, se convierte en el único responsable de su eventual desempleo. Éste es el
pragmatismo socio-liberal que, durante la cumbre europea de Lisboa, en marzo de
2000, dominada por el eje Londres-Ber lín-Madrid, se ha impuesto con creces en
la visión estricta mente instrumental de los Estados de la Unión sobre las
misio nes que le incumben a los sistemas educativos y a los docentes en el
tránsito a la «Sociedad del conocimiento».
No faltan sin
embargo las exhortaciones que insisten en la
urgencia de
«estimular activamente la adquisición de conoci
mientos y competencias» con el fin de «transformar la socie dad de la
información emergente en una sociedad del saber». En el informe final encargado
por la Comisión Europea a un «grupo de expertos de alto nivel», ajenos a la
institución, so bre la «sociedad europea de la información para todos», pu
blicado en 1997, puede leerse, concretamente, bajo el epígra fe «Implantar una
red educativa»: «En lo que concierne a la educación, se impone un máximo
esfuerzo con vistas a unir a las escuelas de Europa, dotándolas de
equipamientos en tec nologías de la información y de la comunicación y
facilitán doles un acceso preferencial, promover el desarrollo y la fa
bricación de software para la
educación y la formación multimedia, así como formar (o reciclar) a los
docentes y aso
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133 |
exigirá un esfuerzo
concertado, para el que instituciones pú blicas y privadas proporcionarán
recursos y contenidos. A la vista del riesgo de reforzar la ventaja de
algunas regiones, de berá implantarse un proceso europeo de aprendizaje y
recupe ración del retraso» (Comisión Europea, 1997).
6. La sociedad global
de la información: un envite geopolítico
El paradigma
tecnoinformacional se ha convertido en el pivote de un proyecto geopolítico
cuya función es la de garan tizar la reordenación geoeconómica del planeta en
tomo a los valores de la democracia de mercado y en un mundo unipolar. El
horizonte planetario condiciona las formas y manifestacio nes de protesta
contra el orden mundial en gestación.
Guerra y paz en un mundo unipolar
REVOLUCIÓN EN LOS ASUNTOS
DIPLOMÁTICOS
El lenguaje
revolucionario ha emigrado hacia el campo del liberalismo que ha convertido la
noción de «revolución de la información» en una expresión-baúl tipo muñeca rusa
de pre tensiones totalizantes: revolución en los asuntos diplomáticos,
136 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
revolución en los
asuntos militares, revolución gerencial. Vea mos a qué representación del
orden mundial se refiere cada una de ellas. Empezando por la «revolución en los
asuntos di plomáticos».
Unas tres décadas
después de los análisis de Zbigniew Brzezinski sobre el advenimiento de la era
tecnotrónica, el concepto de la «diplomacia de las redes» reconfigura los pa
rámetros de la hegemonía: «El saber, más que nunca, es poder -afirman el
politólogo Joseph S. Nye y el almirante William
A. Owens, consejeros
de la Casa Blanca-. El único país que está en disposición de llevar a cabo la
revolución de la infor mación es Estados Unidos. Fuerza multiplicadora de la
diplo macia norteamericana, el eje de las tecnologías de la informa ción
fundamenta el soft power, la seducción ejercida por la democracia norteamericana y los
mercados libres» (Nye y Owens, 1966, pág. 20). Las fuentes del nuevo poder son
la in formación libre (la que crea el marketing, la televisión y los medios, la propaganda, sin «compensación
financiera»); la información comercial, que tiene un precio y que está en el
principio del comercio electrónico; la información estratégi ca, tan vieja
como el espionaje (Keohane y Nye, 1998). El sis tema informacional, el web para empezar,
se convierte en el vector de la «ampliación de una comunidad pacífica de de
mocracias, máxima garantía de un mundo seguro, libre y próspero» (!bid., pág. 36). El soft power es la
capacidad de engendrar en el otro el deseo de aquello que usted quiere que desee,
la facultad de llevarle a aceptar normas e instituciones que producen el
comportamiento deseado. Es la capacidad de alcanzar objetivos mediante la
seducción antes que por la coer ción. «El soft power reposa en el atractivo que ejercen las ide as o en la aptitud
para fijar el orden del día de tal forma que modela las preferencias de los
demás. Si un Estado consigue que su poder sea legítimo a los ojos de los demás
y logra ins taurar instituciones internacionales que los anima a encauzar o
limitar sus actividades, ya no hay necesidad de gastar tantos
|
137 |
recursos económicos
y militares tradicionalmente costosos» (Nye, 1990).
Por su parte, los
estrategas emplean otra noción: netwar. El término se aplica a las nuevas formas de conflictos de baja
intensidad protagonizados por actores no estatales que corto circuitan las
jerarquías gubernamentales a través de las redes y que exigen, por parte de
estas últimas, una respuesta por esta misma vía. En el apartado «actores no
estatales», los es trategas incluyen ¡tanto a los movimientos llamados activis
tas o participativos, como a las organizaciones no guberna mentales, los
movimientos guerrilleros, los terroristas o los cárteles de la droga! Una
estrategia en concreto ha cautivado
1995). La Rand
incluso ha producido, a petición del Pentágo no, un informe titulado The Zapatista Social Netwar in
Mexi co (Arquilla y Ronfeldt, 1998). La formalización de la doctri na está aguijoneada por el
diagnóstico sobre la vulnerabilidad de las redes frente a los ataques de grupos
terroristas o de pi ratas informáticos organizados (hacktivists). El temor de
un electronic Pearl
Harbor ha suscitado numerosas iniciativas tanto del FBI como del Pentágono con
el fin de organizar la defensa del «sistema nervioso de la nación». El FBI, w� ejemplo, se
ha dotado de un centro de protección de la irj:ffá::
138 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
estructura
nacional. En cuanto al US Army, ha creado nuevas unidades de «guerra de la
información» para intervenir en las redes informáticas internacionales. El
díptico Netwar y Cy berwar expresa los
dos componentes de la guerra del conoci miento, la «noopolítica», neologismo derivado explícitamen te de la
noción de noosfera elaborada por el padre Teilhard de Chardin (Arquilla y
Ronfeldt, 1999). El término cyberwar se aplica a los conflictos de tipo militar, a gran escala, pero mo
dificados en sus formas por las tecnologías de la inteligencia.
REVOLUCIÓN EN LOS ASUNTOS MILITARES:
INFORMAT/ONDOM/NANCE
En 1995, durante
las discusiones de cara a un acuerdo de paz en Dayton, la cartografía virtual
en tres dimensiones de Bosnia, obtenida gracias al sistema de visualización del
terre no Powerscene y proyectada
en una gran pantalla de televisión en la sala de negociaciones, logró poner de
acuerdo a los pre sidentes de Bosnia, Croacia y Serbia sobre las líneas de
alto el fuego. Lo que no es tan conocido es que durante esas mismas sesiones,
el software de simulación Powerscene también fue
utilizado para demostrar a las partes en conflicto cómo los aviones de la OTAN
podían, en el caso de que fracasaran las negociaciones, alcanzar sus objetivos
con una precisión insos pechable (Anselmo, 1995). Estas nuevas herramientas
inter nacionales ponen de relieve una de las dimensiones de la «re volución
en los asuntos militares» de la que se jactan los estrategas del Pentágono que
han hecho de esta experiencia bosnia un ejemplo antológico de «management virtual de
una crisis».
Los conflictos en
la ex-Yugoslavia y, con anterioridad, el del Golfo -guerras todas ellas que han
visto cómo la OTAN se convertía en una organización de seguridad casi autónoma,
que decidía por stí."cuenta las operaciones militares- han pre-
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1 39 |
cipitado la
mutación geoestratégica. La supremacía norteame ricana en el ámbito de las
tecnologías de la información se ha confirmado sobre el terreno. Tecnologías
conocidas en la jer ga militar bajo el acrónimo de C4ISR: Comando/Control/
Comunicaciones/Computación/Inteligencia/Vigilancia/Reco nocimiento. La Information dominance, repercusión
del pro grama reaganiano de la Strategic Computing Initiative, mol dea el discurso sobre la
figura ideal e idealizada de la guerra perfecta, limpia, la guerra de «intervenciones
quirúrgicas» y de «daños colaterales».
La noción de
«interés nacional norteamericano» se actua liza en función de la nueva
posición de Estados Unidos como lonely superpower, según la expresión de S. Huntington, ca beza del «sistema de sistemas». Nada
de intervenciones en las guerras de los «Estados fallidos» (jailed States), irrecupera
bles, empantanados en conflictos tribales u otras guerras que pertenecen a las
edades preinformacionales. Éstas, por ejem plo, que están en el
origen de la implosión africana. La estruc tura estatal está en descomposición y, de todas
formas, se muestra incapaz de acometer las tareas geoeconómicas que le
asignaría el nuevo orden global (Joxe, 1996). La guerra moral, emprendida en
nombre del universalismo de los derechos hu manos, tiene, pues, limitados sus
espacios de intervención. A pesar de las informaciones de que disponían, los
occidentales, en la primavera de 1994, han dejado que los extremistas hutus
masacraran a cerca de un millón de civiles tutsis en un plazo de cien días.
Por último, la
nueva doctrina se adapta a la lógica de fon do de la globalización de la
economía. La aceleración de la construcción del mundo como sistema obliga a
razonar en términos de estrategia ofensiva de la ampliación (enlarge ment) pacífica del
mercado-mundo. Ha pasado la época de la estrategia defensiva del containment en un teatro de opera ciones bipolar. La estrategia de seguridad
global incorpora la primacía de la extensión del modelo universalista de la free
140 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
market democracy para cuya
realización es eseneial el con trol de las redes (Gompert, 1998). Está
justificada la coopta ción del mercado, máxime cuando, alegan los estrategas,
más del 95% de las comunicaciones del Pentágono viajan desde entonces por
líneas civiles.
El nuevo enfoque de
la guerra ha encontrado a su propa gandista en un éxito
editorial: War and
Anti-War. Esta obra, redactada por Alvin y Heidi Toffler después de la
guerra del Golfo, proporciona una clave interpretativa del cambio de doctrina,
tan reveladora que los estrategas de la defensa han imitado su léxico (Toffler,
A. y H., 1993). En ella se desme nuza la convergencia entre la esfera civil y
la esfera militar. El tópico de las olas de la historia sirve para jerarquizar
las gue rras según pertenezcan a la primera ola (agraria), a la segunda
(industrial) o a la tercera ola. La ola civilizacional que consa gra la
preeminencia del «recurso intangible», categoría en la que los autores incluyen
las ideas, la innovación, los valores, la imaginación, los símbelos y las
imágenes.
Empantanada en el
determinismo técnico, la desmesurada fe depositada por las agencias de
seguridad nacional en el po der omnímodo de la información (inteligencia)
recogida me diante el sofisticado dispositivo de satélites espías y de siste
mas planetarios de escucha de las comunicaciones ha sido cogida en falta cuando
se trataba de detectar los preparativos de los atentados apocalípticos que, el
11 de septiembre de 2001, han destruido, en Nueva York y en Washington, los
símbolos de la hegemonía del lonely superpower. La opción «tecnolo gía a tope» en detrimento
de la información humana ha resul tado especialmente irrisoria frente a un
enemigo sin rostro, agente del nuevo «terror global».
Obnubilados por las
asépticas victorias contra Bagdad y Belgrado, los expertos de la llamada
revolución de los asuntos militares se han equivocado en sus predicciones. La
doctrina de la No Dead War, de los «cero muertos» (en sus propias fi las),
proclamada tras la guerra del Golfo, se reveló enseguida
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141 |
inadecuada. La
máquina militar debió constatar que no había hecho su revolución frente a un
nuevo enemigo y en un nuevo campo de batalla, según los propios términos
utilizados por la secretaría de Defensa: los enfrentamientos llamados asimétri
cos que oponen un ejército regular y un adversario que toma la iniciativa y, de
repente, no respeta las reglas del juego.
El manifiesto del capitalismo sin
fricciones
UN MUNDO SIN MEDIADORES
Los discursos
apologéticos sobre la sociedad de la infor mación caracolean entre dos axiomas
opuestos: la entrada en la nueva era de las mediaciones o la salida de esta
misma era. La contradicción que implica este juego con dos tableros sólo es
aparente. Porque el par de argumentos converge para ates tiguar el fin de los
grandes determinantes sociales y económi cos en la construcción de los modelos
de implantación de las tecnologías digitales y de sus redes. Tan omnipresente
es la tendencia a expurgar la noción misma de poder. El primer axioma supone
que las infinitas mediaciones convocan tal abanico de actores que el
tecnosistema mundial ha alcanzado tal nivel de complejidad que resulta acéfalo,
y que, por tanto, nadie es responsable. Es el discurso de los teóricos del ma nagement global para
quienes el mundo no sólo «carece de fronteras» (borderless) sino también de «líder» (leaderless) (Ohmae, 1985, 1995). El segundo defiende la tesis de la des
intermediación en todas las direcciones. Bill Gates, convenci do de ser el
inventor de un «capitalismo libre de fricciones» repite machaconamente, a
través de sus éxitos editoriales, que los vendedores proporcionan directamente
a los compradores informaciones más amplias sobre sus productos y servicios. Y
que, a cambio, estos últimos los retribuyen proporcionándoles más informaciones
sobre sus gustos y sus hábitos de compra.
142 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
A economía global,
sistema de inteligencia global
La estrategia
de ampliación determina la adaptación del sistema satelitario de televigilancia
global a los im perativos de la guerra comercial. Así, la red Echelon,
instalada con el mayor de los secretos, en 1948, por los Estados Unidos y sus
cuatro afiliados (Canadá, Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda) con el fin
de reco ger la máxima información militar sobre la Unión So viética y sus
aliados, ha sido reconvertida en un sistema de inteligencia económica. Este
sistema de escuchas salvajes, cuyo artífice es la National Security Agency
(NSA), dependiente del Pentágono, intercepta, con toda impunidad y utilizando
para sus transmisiones los saté lites civiles Intelsat, las llamadas
telefónicas, faxes y correos electrónicos de las empresas extranjeras. Cier
tas organizaciones no gubernamentales como Greenpea ce, también figuran entre
sus objetivos.
Tres indicios
revelan la importancia concedida a la Global Information Dominance. En 1996, el
Pentágono ha creado, junto a
la NSA, una nueva agencia: la Natio nal Imagery and Mapping Agency. Uno de los
objetivos es el de controlar y centralizar la explotación comercial del flujo
de la imaginería espacial en el mundo. En mayo de 2000,los Estados Unidos han
suprimido la in terferencia selectiva de su sistema de posicionamiento GPS
(Global Posítioning System). Lanzado con fines militares en los años
setenta, este sistema de localiza ción en cualquier
punto del planeta ha sido abierto du rante la década siguiente a los usuarios
civiles, aunque con una precisión degradada. Uno de los elementos que motiva
este cambio es el de prevenir la posible compe tencia del proyecto europeo
Galileo de construcción de un sistema mundial de detección terrestre.
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143 |
Por último, en el
2001, los Estados Unidos han lan zado un masivo programa de satélites espías
bajo la res ponsabilidad de la National Reconnaissance Office (NRO) que, por
cuenta del ejército del aire, está encargada de planificar el espionaje vía
satélite y trabaja con la NSA.
El proyecto de
panóptico global descubre sus afini dades con el proyecto de panóptico en la
vida cotidiana. Cuando menos es lo que incita a pensar el artículo de un
oficial de inteligencia en la Military Review, revista ofi cial del ejército
norteamericano. Al comentar los sus tanciales progresos alcanzados en el
ámbito del softwa re (Maplinx y
Lotus Domino), que permiten que los especialistas en marketing puedan
elaborar detallados mapas virtuales de los consumidores, con sus caracte
rísticas y movimiento de compras y muchos otros datos con sus gestos y flujos
de mercancías, concluye: «De la misma forma que Bill Gates adapta estos
procedimien tos a la vida del consumidor, los militares y los diplo máticos
deberían empezar a explorar su aplicación a los mecanismos de prevención de
conflictos [ ...] Esto es de máxima importancia porque el sector del consumo y
el sector militar están convergiendo. Lo cual implica que
144 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
el uno puede ayudar
al otro a prever los conflictos» (Thomas, 1999, pág. 56).
El comercio en
línea cortocircuita a los intermediarios y res taura la fluidez del
intercambio. Este toma y daca un tanto es pecial escamotea evidentemente el
afinamiento de las técnicas de rastreo y fidelización del «capital cliente», el
proceso de taylorización creciente del campo del consumo.
En cuanto a
Nicholas Negroponte, no se cansa de recalcar el leitmotiv del fin de ese mediador
colectivo que es el Esta do-nación. Incluso es uno de los tópicos de su éxito
editorial Being Digital, en el que ha recopilado algunas de las cróni cas que escribe en la revista Wired. Dice que, a
semejanza de una fuerza neodarwiniana a la que es imposible «parar», por no
decir «encauzar», la red convierte en nulas y sin valor las nociones de
centralidad, territorialidad y materialidad. Las cua tro virtudes cardinales
de la sociedad informacional -«des centralizar», «globalizar», «armonizar» y
«dar plenos pode res para hacer» (empowerment)- están en vías de derribar al arcaico
Leviathan. «Nosotros nos socializaremos en barrios digitales en los que el
espacio físico ya no será pertinente. Lo digital supondrá cada vez menos
dependencia de un lugar es pecífico y de un tiempo específico» (Negroponte,
1995, pág. 165). ¿A quién apodera? Al individuo-electrón libre y sobe rano en
un mercado libre.
La desaparición del
Estado se compensa con el regreso al sueño comunitario en el que se cruzan las
referencias a Jeffer son, a las comunidades californianas de los años setenta
o al comunitarismo (Kapor, 1993). Los tecnolibertarios lo han convertido en su
catecismo. La liberación respecto de un Es tado al que se considera
omnipresente es el eje central de la «Declaración de independencia del
ciberespacio», proclama da por el cofundador de la Electronic Frontier
Foundation, y la
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145 |
La
industrialización de la formación:
¿muerte del
intermediario?
El estudio sobre la
industrialización de la formación que ha realizado un grupo de investigadores
franceses y quebequenses, en la intersección de las ciencias de la comunicación
con las ciencias de la educación, deja en mal lugar la creencia espontaneista
que segrega la aluci nación tecnológica. He aquí un extracto: «Frente a las
órdenes tajantes que, de este modo, se le dirigen, en la escuela o fuera de la
escuela, el usuario de la formación no dispone ni de los medios ni del margen
de maniobra del consumidor ordinario de las industrias culturales. La razón
estriba en que, privado, casi por definición, del conocimiento previo de lo que
tiene que conocer, tiene pocas posibilidades de encontrar en sí los medios de
su autonomía en el cara a cara, mucho más apremiante de lo que parece, con los
recursos disponibles. De hecho, debido a una suerte de circularidad viciosa, se
le pide que en la línea de salida ya tenga las aptitudes que se su pone debe
adquirir en la línea de llegada. En estas con diciones, más allá de las
triunfales proclamas y de las promesas de una revolución educativa que apela a
la metáfora (cuando no a las reglas) de un mercado en el que prestación y
adquisición tendrían por equivalentes a oferta y demanda, el proyecto de
autoservicio reposa so bre un postulado que dista mucho de
haber sido demos trado: el de la capacidad del usuario para constituirse desde
el comienzo del proceso pedagógico en sujeto autónomo, mientras que su estatus
le coloca más pro bablemente en la situación de tener que hacer el apren
dizaje de una autonomía que sólo se adquiere defi nitivamente al final. En
esta dirección se plantean, simultáneamente, el problema de la viabilidad y el
del
146
valor pedagógico de
la transformación industrial en jue go» (Moeglin, 1998, págs. 129-130). Esta
reorganiza ción de la relación educativa se inscribe dentro de lógi cas
sociales más amplias, especialmente vinculadas a las «tendencias hegemónicas
del modelo vendedor-cliente y de las prácticas consumistas que se le atribuyen,
así como a la extensión del ideal de sociedad de peaje». Un ideal en
contradicción con los «principios que rigen las esferas de producción y uso de
los bienes colectivos y públicos».
Téngase en cuenta
que el tema de la «deconstruc ción de la universidad», obligada a someterse al leitmo tiv de la
flexibilidad empresarial, se ha convertido en uno de los puntos esenciales de la
investigación crítica sobre la ideología neofordista de la sociedad del conoci
miento (Robins y Webster, 1999). El envite no puede ser más crucial, toda vez
que se multiplican los proyec tos de megauniversidad virtual con vocación
global, calcados sobre este modelo (Lapiner, 1994).
carta de los
pioneros de Well (Whole Earth 'Lectronic Link), fundado en California en 1985
(Barlow, 1996; Rheingold, 1993). El mito de la «nueva frontera electrónica»,
mito fun dador por excelencia, es compartido por todos los indepen dentistas
del ciberespacio. El manifiesto «The Cyberspace and the American Dream: A Magna
Carta for the Knowled ge Age», redactado en 1994 por un colectivo y
distribuido por la Progress and Freedom Foundation, recicla, casi pala bra por
palabra, los argumentos popularizados por Alvin Toffler unos veinte años antes.
«La complejidad de la terce ra ola es demasiado grande para ser gestionada por
una bu rocracia centralmente planificada. Desmasificación, persona lización
del consumidor, individualidad, libertad, tales son
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147 |
las claves del
éxito para la civilización de la tercera ola [ . . . ] Si hay una
"política industrial para la era del saber", debería centrarse en la
supresión de las barreras a la competencia y en la desregulación masiva de las
telecomunicaciones y del procesamiento de datos» (Dyson, Gilder, Keyworth,
Toffler, 1994).
La ingravidez de
las comunidades virtuales y de la neteco nomía no siempre protege de la
realidad. El mito tecnoliberta rio del fin del Estado-nación ha perdido su
presencia en las ce nizas de las torres gemelas del World Trade Center. Con la
sagrada Unión, la América ultraliberal ha redescubierto las virtudes del
nacionalismo y del intervencionismo del Estado Keynesiano.
UN MUNDO SIN MUROS
Horizontalidad,
transparencia, fluidez, flexibilidad, auto nomía de los actores, civismo: este pret-a-penser* que se ha
tejido en tomo al paradigma, definitivamente central, de la empresa en cuanto
propietaria del criterio de iniciativa y de rendimiento, se apoya, él también,
en la· creencia en el poder de las tecnologías informacionales (también
llamadas tecnolo gías de la coordinación) para trastornar de cabo a rabo las
re laciones sociales. El credo de la empresa-red, de fronteras porosas y
difíciles de abarcar, enumera los nuevos valores ge renciales destacando el
contraste con la figura opresiva del modo de organización cerrado,
compartimentado y escalafo nado del régimen fordista.
_La estabilidad de
las formas de organización y dirección jerárquica y la perennidad de la
localización geográfica del poder se esfuman ante el imperativo de la
adaptabilidad cons-
* Literalmente,
listo-para-pensar. Juego de palabras referido a la expre sión del mundo de la
confección pret-a-porter. (N. del t.)
148 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
tante y la
tendencia a deslocalizarlo todo. El poder se hace proteiforme y entra en una
metamorfosis permanente.
Integración y
ubicuidad son palabras claves. La transgre sión de las fronteras es su
corolario, ya sean físicas o funcio nales. Lo local, lo nacional y lo global
encajan. Se piensa en la concepción, la producción y la comercialización de
forma sín crona. El continente y el contenido, el hardware y el software, se abrazan.
Este racimo fusional tiene su neolengua: glocalize, neologismo acuñado por los directores japoneses para referir se a
la circularidad local/global; intermestic, inventado por los futurólogos norteamericanos para expresar la
disipación de la línea de separación entre el espacio internacional y el
espacio interior (domestic); «coproductor» o «prosumidor», que con sagra al usuario como
miembro de pleno derecho en el proce so de producción.
La noción de red es
el nuevo proteo. La empresa-red se convierte en símbolo del fin de la
contradicción entre trabajo y capital que ha condicionado la era industrial.
Según la tesis del sociólogo Manuel Castells, sólo permanecen en liza los
trabajadores en red erigidos en clase dirigente, por ser porta dores del
«espíritu del informacionalismo». Se vacía así al ci bermundo de sus agentes
sociales y el proceso de trabajo sólo se ve a través de la relación técnica.
Aunque, quiérase o no, el modo de desarrollo informacional sigue «siendo
elaborado por, y puesto al servicio de, un conjunto de relaciones de pro
piedad con fines de acumulación, y no a la inversa» (Garn ham, 2000, pág. 70).
La otra cara de la
moneda. En el seno de la empresa: la pre sión sobre el asalariado sometido a
prueba por un proyecto ge rencial que debe llevar a cabo; el «formateo» de ese
mismo asalariado gracias al perfeccionamiento de los métodos con vistas a
conocer su personalidad· y evaluar su capacidad de adaptación a determinados
requisitos; la perpetuación de los prGcedimientos de organización irtdustrial
que imponen sus ritmos y se extienden a los oficios de los servicios, enfrenta-
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149 |
dos a una fuerte
competencia; la explotación de las obreras de las cadenas de montaje de la
industria electrónica en las zonas francas, etc. Fuera de la empresa: el modelo
gerencial que sir ve de norma a la nueva «sociedad de control». Un control a
corto plazo, de rotación rápida, pero continua e ilimitada, sucesora de los
mec'allismos de coacción de las sociedades disciplinarias (Deleuze, 1990;
Deleuze y Guattari, 1991). Me canismos represivos que, para los excluidos del
sistema tecno global, siguen siendo el horizonte de todos los días.
UN MUNDO SIN LEYES
La razón gerencial
es la «versión técnica de lo político» (Legendre, 1997). La libertad de
expresión ciudadana se ve obligada a cederle la mano a la «libertad de
expresión comer cial», es decir a dejar paso a la penetración de la market men tality en todos los
intersticios del espacio público. Así se natu ralizan la noción neopopulista
de global
democratic marketplace y, con ella, los tópicos sobre la libertad de pala bra y de elección del individuo. Un
individuo en ingravidez social. La definición de la «diversidad cultural» se
transmuta en pluralidad de ofertas de servicio a consumidores de libre al
bedrío. Es el vocabulario utilizado en los informes Bange mann, por ejemplo.
Los argumentos del lobby de las industrias de la información contra la Directiva europea
sobre protección de datos individuales son del mismo jaez. «Las restricciones
en nombre de la protección de la vida privada no deben per mitir que se impida
el ejercicio del derecho a los negocios (le gitimate business) por medios electrónicos tanto
en el interior como en el exterior de las fronteras» (Eurobit y otros, 1995).
La libertad de
comunicación no debe sufrir entredicho al guno. Las reservas que cabe expresar
en relación con esta con cepción de la libertad pronto serán tachadas por los
grupos de presión de intentos de restauración de la censura. Sólo la san-
150 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
ción ejercida por
el consumidor en el mercado de la libre oferta debe regir la circulación de los
flujos culturales e informacio nales. El principio de autorregulación
deslegitima así cual quier tentativa de formulación de políticas públicas,
naciona les y regionales en esta materia. No encuentran clemencia ni los
interrogantes sobre el papel que ha de jugar el Estado en la organización de
los sistemas de información y comunicación con el fin de preservar las vías de
la expresión ciudadana de las lógicas de la segregación frente al mercado y a
la técnica, ni aquellos que se refieren a la función de las organizaciones de
la sociedad civil como factor de presión decisivo para exigir de la autoridad
pública este arbitraje. El mundo se metamorfo sea en «comunidades de consumo» (consumption communi ties). El término de
comunidad, desde luego, jamás ha sido uti lizado de forma tan indiferente y hueca.
El archipiélago de las resistencias
EL TECNOAPARTHEID
Junto con la
transparencia, el igualitarismo es uno de los temas manejados por las
tecnoutopías. La creencia en una nueva edad ateniense de la democracia alimenta
la esperanza de salir de la espiral de la pobreza. Sin embargo, la principal
enseñanza que suministra la historia es que, en el transcurso de la
construcción de la economía-mundo, las formas sociales que han adoptado las
redes no han dejado de ahondar l�s dis tancias entre las economías,
las sociedades, las culturas repar tidas según la línea de separación del
desarrollo (Braudel, 1979; Wallerstein, 1990).
Las evidencias que
empiezan a acumularse obligan a rela tivizar el despegue de las profecías
sobre el poder de las he rramientas reticulares para conmover las jerarquías y
hacer que retrocedan las lógicas de segregación. En su conferencia
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151 |
El Estado mínimo
«El siglo xx no ha sido
más que un paréntesis esta tal [ ... ] Respondemos a la pregunta de la pobreza di
ciendo que, cuanto más libremente funciona una econo mía, cuantos más empleos
crea, mejor remunera a sus asalariados y menos pobres crea [ ...] La
intervención del Estado sólo es necesaria en los ámbitos del ejército, de la
policía y de la justicia. Todo lo demás puede gestio narlo el sector privado.
Para mí, está claro que la nueva economía está en línea con este proyecto de
libertad». Es lo que piensa un responsable del Cato Institute, think tank en la órbita
de la corriente libertaria, el más radical dentro de la familia neoliberal. Doctrina única sobre las redes: la
aplicación del derecho comercial común.
Otro testimonio: el
del presidente de ATT que no duda en dar lecciones a los delegados gubernamenta les
ante la conferencia Telecom 99, organizada por la Unión Internacional de
Telecomunicaciones en Gine bra: «La revolución global de las comunicaciones
pue-de ser la primera revolución en la historia en la que no hay perdedores [
... ] Su motor son las fuerzas de la com petición y de la tecnología.
Una nueva tecnología gene-ra una nueva competición. Y una nueva competición ge nera a su vez una
nueva tecnología. Así es como trabaja cualquier mercado libre. En el mercado de
las comuni caciones, la industria es la que debe proporcionar la tec nología
y la competición. La política pública, por su parte, debe crear el entorno que permita
que el motor funcione sin tirones, un entorno en el que la nueva tec nología y
la nueva competición puedan entrar en el mer cado sin ninguna obstrucción [ ... ] Una vez creado
el en
torno para la
competición, los reguladores deben dar. : \· pruebas de
control de sí mismos y mantener las manps�' .
152 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
fuera del motor. Es
preciso, pues, que cambie la pers pectiva de la regulación».
Más concreto en sus
esfuerzos de lobbying, el think tank conservador
Progress and Freedom Foundation ha propuesto en su informe La revolución de las telecomu nicaciones: una oportunidad para
Estados Unidos que la propiedad del espectro electromagnético deje de con siderarse como
un «bien común» gestionado por las au toridades públicas y se convierta en
propiedad privada. Los titulares de licencias de emisión se convertirían así en
propietarios de su porción de frecuencias que serían libres de utilizar,
desarrollar y vender según sus estrate gias comerciales, y el resto del
espectro pasaría a ese nuevo ámbito de «propiedad privada electrónica». De tal
modo que los órganos de regulación públicos resul tarían obsoletos. El
argumento: estimular usos de fre cuencias más innm'.adores, mediante el
juego de la mano invisible de la oferta y la demanda. Esta filosofía de au
torregulación que se pone en manos de los intercambios en el mercado no deja de
recordar la que prevalece en el nivel de la protección del medio ambiente en el
que los agentes privados se intercambian los derechos a conta minar.
Fuentes: Boaz, D., «Entretien», Le Monde. Cahier économie, 25 de
enero de
2000;Amstrong, M., «Technology and Public Policy. The Global Communications
Revolution», Address delivered as the Pu blic Policy Keynote, Telecom 99,
Ginebra, 11 de octubre de 1999.
general celebrada
en octubre de 2001, la UNESCO ha llegado a plantear el problema en el plano de
las exigencias de una «in foética» y a considerar las disparidades existentes
ante las nue vas tecnologías como el punto de partida de sus recomendacio nes
sobre «la promoción y uso del multilingüismo y el acceso
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153 |
universal al
ciberespacio» sin los cuales el «proceso de glo balización económica sería
culturalmente empobrecedor, no equitativo e injusto» (UNESCO, 2001). Ha
recordado, en esa misma ocasión, que «la educación básica y la alfabetización
son prerrequisitos para el acceso universal al ciberespacio». Idénticas
preocupaciones sobre la desigualdad han decidido a la institución internacional
a organizar, conjuntamente con la Unión Internacional de Telecomunicaciones,
una «cumbre mundial sobre la sociedad de la información», en el año 2003, en
Ginebra, para discutir acerca de la necesidad de «regulación global», en
relación con el carácter de «bien público global» que deberían tener la
información y el conocimiento, como parte esencial de una esfera pública. En su
Informe Mundial sobre el desarrollo humano para el año 1999, el Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) había llamado la atención sobre la
creciente marginalización informacional de una mayoría de países y, en el
interior de cada país (cual quiera que sea el continente), la existencia de la
línea de sepa ración entre los info-ricos y los info-pobres, la fractura digital, o digital divide, (PNUD, 1999).
«El internauta tipo -según podía leerse-es un hombre menor de treinta y cinco años,
titu lado superior, que dispone de elevados ingresos, vive en ciudad y habla
inglés». En África del Sur, sin embargo bien dotada en comparación con el resto del
continente, numerosos hospitales y las tres cuartas partes de los
establecimientos escolares care cen de líneas telefónicas. Más sencillamente,
podría añadirse el hecho de que, cuando están titilando las promesas de infopis
tas, ¡multitud de países o regiones del planeta están desprovis tos de una red
nacional de carreteras medianamente digna y más de seiscientos mil pueblos
carecen de electricidad! De las trece mil aldeas del campo senegalés, apenas
tres mil cuentan con líneas telefónicas y cerca del 65% de la población todavía
es analfabeta. Por no hablar del hecho de que, hoy en día, igual que en el
siglo XIX en que
Londres fue lugar de paso obligado para las redes transcontinentales del
sistema mundial de cables
154 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
submarinos, los
Estados Unidos se han convertido en la encru cijada por la que han de
transitar necesariamente los internau tas de los países menos favorecidos para
conectarse entre sí. Los más pobres pagan por los más ricos. Cuando un norteame
ricano envía un correo electrónico a un africano, el africano es el que paga.
Mientras que la tarifa promedio de conexión por veinte horas de un
norteamericano o de un finlandés se situaba, en el 2001, en los treinta
dólares, superaba ampliamente los cien dólares en los países escasamente
conectados.
La situación de la
India dice mucho sobre la complejidad del sistema tecnoglobal de dos
velocidades. Este país es el se gundo exportador de software, después de
los Estados Unidos, y el primer exportador de informáticos. Pero con más de mil millones de
habitantes, de los que la mitad es analfabeta, en el año 2001 no disponía más
que de veintiséis millones de líneas telefónicas y la tasa de penetración de
Internet no llegaba al 0'2%. Dos indicios proyectan luz sobre el problema
añadido de la fuga de cerebros. Una cuarta parte de las empresas informá ticas
creadas en Silicon Valley desde 1980 están dirigidas por indios o por chinos. Y
en el año 2000 los Estados Unidos han modificado su ley sobre inmigración para
facilitar la entrada de los informáticos extranjeros que les hacen falta. Los
países de la tríada concentran entre ellos solos el 85% de la investigación
científica, ya sea de origen privado o público: Japón y los dra gones (18,6%),
Europa occidental (28%), América del Norte (37 ,9%). Igual de inquietante, los
países no industrializados que deciden deliberadamente iniciar la forzada
andadura hacia la era de la información, adoptan una estrategia no sólo
elitista sino también autoritaria. Es el caso de la pequeña isla Mauricio que
ha tomado como modelo a Singapur para salir de la depen dencia de los talleres
de producción textil de las sociedades transnacionales deslocalizadas. En el
otro extremo, está China Popular que espera alcanzar al Primer Mundo creando
zonas económicas especiales, verdaderos guetos francos, y apoyán dose en un
sistema piramidal de enseñanza superior. Las uni-
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1 55 |
versidades están
rigurosa y jerárquicamente clasificadas y el 15% de los bachilleres que
ingresan son seleccionados en fun ción de sus calificaciones. La estrategia de
expansión comercial de Internet coexiste con la implantación de filtros que
bloquean los sitios considerados como indeseables y con la obligación que
tienen los usuarios de registrarse ante la administración.
La aplicación del
potencial de la mutación informacional al modelo económico de la globalización
salvaje convierte las distancias en apartheid. La era digital procede a un nuevo di
seño de la fisonomía de los territorios. Centros-fortalezas, ver daderos
enclaves a imagen y semejanza de las ciudades priva das norteamericanas (new company towns) y empresas en
las que los asalariados viven aislados en espacios planificados, encerrados
entre cuatro paredes en medio de la panoplia de sistemas de videovigilancia y
conectados por red, a la inversa del inmenso no man' s land info-pobre-excluido. Los urba
nistas no ocultan sus temores de que este esquema pudiera trasplantarse a la
ciudad desmaterializada del futuro: un hiper centro virtual, una «metaciudad»,
que sólo existe por la urba nización de las telecomunicaciones y que se está
gestando en el proyecto de infopistas. Un centro que no está en ningún lu gar
y en todas partes a la vez, al que se accede gracias a las nuevas tecnologías,
y una gran periferia desconectada (Viri lio, 1996).
¿HACIA UNA SOCIEDAD CIVIL GLOBAL?
El acontecimiento
global del tránsito al año 2000 debía ser el fallo de los ordenadores. La
historia no lo decidió así. A fi nales de noviembre-principios de diciembre de
1999, las or ganizaciones no gubernamentales, los sindicatos y las asocia
ciones de consumidores se han movilizado masivamente en Seattle, en pleno
corazón de Estados Unidos, contra las deri vas y peligros de un mundo «todo
mercado», con motivo de la
156 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
tercera conferencia
de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Una reunión en la cumbre cuyo
objetivo era el de inau gurar un nuevo ciclo de negociaciones con el fin de
alcanzar un acuerdo sobre servicios (General Agreement on Trade in Services -
GATS) que haría extensiva la ley del librecambio a sectores a los que cabe
considerar como «bienes públicos», ta les como la cultura, la sanidad, la
educación y el medio am biente. La propia legitimidad del sistema de las
grandes insti tuciones financieras y comerciales multilaterales cuya función
es la de regentar el proceso de mundialización ha quedado maltrecha. Su
antidemocrático modo de operar y la sobrerre presentación de los países ricos
han sido estigmatizados. Me nos espectacular pero no menos significativa, en
abril de 1998, la acción concertada, escalonada a lo largo de tres años, de más
de seiscientas organizaciones en unos setenta países, que a golpe de correos
electrónicos y de sitios web había lo grado interrumpir las negociaciones lanzadas por la OCDE
a propósito del Acuerdo Multilateral (AMI) sobre la liberaliza ción desaforada
de las inversiones.
El efeéto Seattle es tal
que desde entonces no hay cumbre relacionada con los «problemas globales» que
no sea objeto de protestas: Davos, Washington, Bangkok, Okinawa... Reu nidos
en julio de 2000 en esta ciudad japonesa, y en presencia del gotha de la
informática, los miembros del G8 han firmado una <<Carta sobre la
sociedad global de la información» en la que reiteran su voluntad de defender
la propiedad intelectual y luchar contra el pirateo de programas, continuar con
la libera lización de las telecomunicaciones, promover normas comu nes y
proteger al consumidor. Incluso se ha constituido una «fuerza operacional»
compuesta por expertos para proponer soluciones a la «fractura mundial en el
ámbito de la informa ción y el conocimiento». La respuesta de la calle no
tardaría. El colectivo Jubilee 2000 quemó un ordenador portátil delan te del
centro de conferencias. Una forma de denunciar la hipo cresía que suponía
proclamar una Carta llena de buenas inten-
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157 |
ciones, en la que
se propone facilitar el acceso a Internet a los países pobres, y en cambio
permanecer evasivo respecto del problema de la disminución de la ayuda pública
al desarrollo, que ha alcanzado su nivel más bajo en los últimos cincuenta
años, y sobre el de la condonación de la deuda que, para cier tos países,
absorbe más de la mitad de su presupuesto anual. Detalle chusco: el
subcomandante Marcos se comunica con las redes de resistencia al nuevo
liberalismo ¡mediante un or denador de las mismas características!
Durante la cumbre
de Génova, enjulio de 2001, los miem bros del G8 han dado un nuevo impulso al
proyecto aprobado en Okinawa y han respaldado un «plan de acción sobre la ma
nera con que los e-gobiernos podrían reforzar la democracia y el estado de
derecho». Este generoso anhelo contrasta, no obs tante, con la extremada
violencia de que hacen gala las fuerzas del orden en la represión de las
manifestaciones pacíficas del movimientro antiglobalización en protesta por el
intervencio nismo, cada vez más evidente, de los países ricos en la gestión de
los asuntos del planeta. El esquema de actuación propuesto por el mencionado
«directorio del mundo» para yugular la fractura digital es, en cierto modo, un
tubo de ensayo para la elaboración de una nueva gobernancia mundial que asocia
el sector público con el sector privado (empresas, fundaciones filantrópicas).
Los miembros del G8, en efecto, no ocultan que tienen la intención de retirarse
de los canales tradicionales y burocráticos de las agencias de las Naciones
Unidas y prego nan abiertamente su voluntad de conjugar eficacia e implica
ción del sector privado. Puede observarse el mismo esquema de colaboración en
el lanzamiento, en esta misma cumbre de Génova, del «Fondo Mundial de la
Salud», entre cuyos do nantes figura, de forma destacada, la fundación del amo
de Microsoft.
En vista de la
notoriedad y los resultados de las cibermo vilizaciones desencadenadas por los
actores sociales a escala mundial, las confesiones más diversas del espectro
político no
158 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
han tardado en
pregonar el advenimiento de una «sociedad ci vil global». La expresión incluso
ha colonizado el lenguaje de la diplomacia y la estrategia militar. Como
atestigua el giro acuñado por la prestigiosa revista ForeignAffairs: «electroni
cally networked global civil society». Las manipulaciones de las que es objeto
la noción invitan, no obstante, a la circuns pección, máxime teniendo en
cuenta que la noción en sí de «sociedad civil» está lastrada por· una larga
historia trufada de ambigüedades.
Tal extrapolación
suele hacer caso omiso de la compleji dad de las reconfiguraciones que afectan
al Estado-nación en su articulación con la sociedad civil nacional,
confrontados ambos con las lógicas de la mundialización. Hace todavía más
agobiante una negativa a replantearse la mediación estatal fue ra del pret-a-penser del fin del
Estado-nación. Quiérase o no, el territorio del Estado-nación sigue siendo el
marco histórico y funcional del ejercicio democrático, el lugar de definición
del contrato social. Está muy lejos, pues, de haber alcanzado el grado de
obsolescencia que le atribuyen los cruzados de la desterritorialización
mediante redes interpuestas. Se necesita la miopía de los tecnolibertarios para
prestar ayuda a este po pulismo globalitario que se prevale de la
representación sim plista de un Estado abstracto y maléfico, opuesto a la de
una sociedad civil idealizada, espacio liberado de los intercambios entre
individuos plenamente soberanos. A despecho de todos los discursos sobre la
relativización del lugar que ocupan los Estados-naciones, las negociaciones de
Estado a Estado si guen siendo un paso obligado para imponer una relación de
fuerza contra las derivas del ultraliberalismo. Una de las tareas de la
sociedad civil organizada es también la de actuar para que el Estado no se
desprenda, por propia iniciativa, de su fun ción reguladora.
El atractivo que
ejercen las proezas de la red técnica corre parejo con la idea de obsolescencia
de las formas anteriores de resistencia social y con otra que induce una
lectura errónea de
|
159, |
la genealogía
específica de las redes sociales contemporáneas de alcance planetario. Del
mismo modo que los artesanos de la «revolución en los asuntos militares» barren
del mapa estraté gico del globo los conflictos de la «era agraria» o de la
«era in dustrial», el enfoque tecnicista predispone a hacer tabla rasa de las
modalidades de la reivindicación, características de la llamada era
preinformacional. Sin embargo, en la protesta contemporánea ante el proyecto de
orden tecnoglobal, las for mas de resistencia experimentadas se entremezclan
con las inéditas tal y como, de hecho, lo hacen las formas de explota ción y
opresión por su parte. Los movimientos campesinos, con orígenes y formas de
lucha ancladas en lugares muy con cretos -desde los campesinos sin tierra de
Brasil hasta los campesinos franceses que protestan por la «comida basura» son
una de las expresiones, entre otras, del paciente trabajo de reformulación de
modos de resistencia emprendido hacia fina les de los años setenta a lo largo
y ancho del mundo, por múl tiples organizaciones ciudadanas, tanto a escala
local y nacio nal como internacional. Y, hay que tener la honestidad de
añadir, ¡con intereses y reivindicaciones no siempre ni ne cesariamente
conciliables! La verdadera novedad es que los sindicatos, asociaciones y otros
movimientos sociales que emprendían luchas que creían aisladas han empezado a
tomar conciencia de que juntos constituían un archipiélago planeta rio de
resistencias. La nueva visión alcanzada mediante la par ticipación de una red
mundial solidaria aumenta el poder de negociación a escala local.
El efecto de
demostración de las experiencias de los unos influye en la práctica de los
otros. Ésta es una de la principa les aportaciones del primer Foro Social
Mundial, organizado en Porto Alegre (Brasil) a finales del mes de enero de 2001 . El objetivo
de este acontecimiento, réplica del Foro Económico de los altos responsables
globales en Davos (Suiza), era el de superar la fase de las quejas para iniciar
la de la reflexión con vistas a la formulación de propuestas alternativas al modelo
de
160 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
mundialización
ultraliberal. Objetivo de la máxima importan cia, sobre todo cuando se conoce
la tendencia de numerosos grupos protestatarios a escamotear el necesario rodeo
por la formalización teórica, en nombre de la prioridad de la acción sobre el
terreno. La contrapartida de la proliferación de los in tercambios es que los
organizadores han optado por no emitir conclusiones finales.
A estas
resistencias y luchas fragmentadas les queda sin duda un largo camino por
recorrer antes de llegar a una con vergencia estratégica que tenga peso en las
decisiones colecti vas. A fortiori, en las que conciernen a la arquitectura de la llamada sociedad
global de la información. Una cuestión es tructural eminentemente política
que, de manera paradójica, no siempre ocupa el lugar que debiera corresponderle
en el or den del día de la reflexión que emana de las organizaciones
ciudadanas guiadas por el nuevo «sentimiento de la humani dad». Una expresión
acuñada por los revolucionarios de 1 789 para significar el ideal que impulsa
la marcha incesante de las sociedades particulares hacia formas superiores de
integración en una comunidad universal.
En estos tiempos en
que el miedo impregna los modos de gobernar, conviene extremar la vigilancia
ciudadana. Porque desde los atentados del 1 1 de septiembre de 2001, la mayoría de
los Estados ha reforzado sus dispositivos de seguridad en nombre de los
imperativos de la lucha antiterrorista. «Cuando se tacha a la gente que hace
preguntas, pide explicaciones o, incluso, emite críticas, de faltar al
patriotismo, eso resulta pe ligroso», afirmaba el actor Robert Redford, en
declaraciones al periódico Le Monde del 15 de diciembre de 2001. Las intro misiones, arbitrarias o legales, en las libertades
colectivas e in dividuales, entrañan el riesgo, en efecto, de reprimir el dere
cho de las organizaciones de la sociedad civil a manifestar su desacuerdo
respecto de las lógicas segregadoras del sistema mundial en gestación.
Conclusión
La inteligencia y
la sensibilidad son objeto de una verdadera mutación debido a las nuevas má
quinas informáticas que se insinúan cada vez más en los resortes de la
sensibilidad, del gesto y de la inteligencia. Se asiste actualmente a una muta ción de la
subjetividad que quizás sea todavía más importante de lo que lo fueron las de
la invención de la escritura o de la imprenta [ ...] Una renova ción de la
democracia podría tener por objetivo una gestión pluralista del conjunto de sus
com ponentes maquínicos.
FÉLIX ÜUATTARI
Refonder les pratiques sociales, 1993
En el origen de la
iniciativa genealógica que inspira la perspectiva que ofrecemos de la llamada
sociedad de la infor mación, una ·convicción y un proyecto: ninguna pedagogía
de apropiación ciudadana del medio técnico puede abstraerse de la crítica de
las palabras que, pretendidamente apátridas, no dejan de introducirse
subrepticiamente en el lenguaje común y enmarcar las representaciones
colectivas. Por ellas pasan las transferencias de sentido de los conceptos de
libertad y de mocracia al mismo tiempo que se imponen a nosotros bajo el signo
de la evidente necesidad de lo que es y, sobre todo, de lo que supuestamente
tiene que ocurrir.
Los discursos que
acompañan a la sociedad de la informa ción han elevado a rango de ley el
principio de la tabla rasa. Nada hay que no sea desuso. El determinismo
tecnomercantil engendra una modernidad amnésica y exenta de proyecto so cial.
La comunicación sin fin y sin límites se instituye herede-
162 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
ra del progreso sin
fin y sin límites. A falta de memoria, se asiste al regreso en olor de
multitudes de una escatología de connotaciones religiosas que bebe en las
fuentes de las profe cías sobre el advenimiento de la noosfera. La noción
misma de complejidad se pervierte y transforma en coartada. La cre ciente
complicación de las sociedades contemporáneas se disuelve en sencillas
explicaciones: «Entramos en la era del optimismo», titulan los éxitos
editoriales sobre la sociedad prometida. Cualquier actitud disconforme con este
positivis mo es tachada inmediatamente de tecnófoba o antimoderna. Los viejos
demonios del populismo antiintelectual vuelven a asomar la cabeza. Se le limpia
la cara al proyecto tecnocrático de reconciliación entre la cultura de los
directores y la de los intelectuales. En su obra Postcapitalist Society, Peter Drucker
lo convierte en una de las condiciones del éxito del proyecto global de
sociedad del conocimiento. «Sus puntos de vista se oponen, pero se oponen como
dos polos indisociables, no con tradictorios. Cada uno necesita del otro [ . . . ] El
intelectual, si no se completa con el manager, crea un mundo donde cada uno hace lo que quiere pero donde nadie
haría nada» (Druc ker, 1993, pág. 230). Pero con el señuelo del ideal de moder
nidad se remoza el proyecto de occidentalización del mundo. «El hombre
instruido del mañana deberá contar con que vivi rá en un mundo globalizado,
que será un mundo occidentali zado», concluye el mismo experto. Al hacernos
creer que el acceso vía Internet al «saber universal», que forzosamente sal
drá de los monopolios de los conocimientos existentes, podría resolver el
problema no sólo de la fractura digital, sino de la fractura social, los
expertos en educación de las grandes insti tuciones financieras, tales como el
Banco Mundial, le insuflan una nueva juventud a la concepción difusionista del
desarrollo que podría haberse tenido por obsoleta al quebrar las estrate gias
inspiradas en la ideología cuantitativa de la moderniza ción. La sociedad de
las redes está lejos, pues, de haber termi nado con el etnocentrismo de los
tiempos imperiales. Antes
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163 |
que resolver el
problema, la tecnología lo desplaza. Mien tras que sobre el terreno sigue
planteada la lancinante pregun ta: ¿cómo concebir y poner en marcha otros
modelos de desa rrollo?
La llamada
revolución de la información contemporánea convierte a todos los nacionales del
planeta en candidatos a una nueva versión de la modernización. Se distribuye el
mun do entre lentos y rápidos. La velocidad se convierte en el jui cio de
autoridad que crea un mundo sin leyes en el que está abolida la cosa política.
«Ni los productores ni los usuarios en el mercado de las redes de información
tienen el tiempo y la paciencia de la regulación», afirma un experto de la Rand
Cor poration (Gompert, 1998). En nombre de la celeridad, es ba rrida la lenta
acumulación histórica de las culturas, igual que, un siglo antes, lo fue la de
las llamadas sociedades primitivas por los heraldos del progreso a marchas
forzadas.
La desenvoltura que
impera en los discursos sobre la «era de la información» respecto de la larga
duración sólo puede compararse con la que mantienen los discursos sobre la «era
global». Se actúa como si el movimiento de unificación del mundo hubiese surgido
recientemente. El análisis retrospecti vo se refiere como mucho a un período
de una o dos décadas. La dictadura del tiempo corto hace que se atribuya una
paten te de novedad, y por tanto de cambio revolucionario, a lo que en
realidad testimonia de evoluciones estructurales y procesos en curso desde
mucho tiempo atrás.
No sólo es el
sentido crítico el que falta, sino, más senci llamente, la curiosidad
intelectual. La falta de una propedéuti ca de apropiación de las tecnologías
digitales corre pareja con la fascinación por el objeto técnico y la carencia
de una refle xión sobre la historia de la utopía pedagógica que no ha espe
rado a las nuevas tecnologías interactivas y multimedia de la comunicación.
Ante el neodarwinismo informacional, convie ne oponer una concepción de los
nuevos dispositivos técnicos elaborados por las nuevas tecnologías creadoras de
las cien-
164 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
cias, de las artes
y de las innovaciones sociales. Reflexionar sobre los múltiples entrelazas de
las mediaciones sociales, culturales y educativas a través de las que se
construyen los usos de lo digital y que están en la fuente misma de la vida en
democracia. Cortocircuitar el fetichismo de la velocidad for dista mediante
otras relaciones con el tiempo. Entonces quizás podamos afirmar un día, sin
temor y sin riesgo de caer en el profetismo, que el trastornamiento de los
modos de saber que implica la mutación tecnocientífica pone nuevamente en en
tredicho la noción misma de tiempo de la historia. No se reha ce el porvenir es el título
de una graciosa comedia en cartele ra en un teatro parisino. A nosotros nos corresponde desmentir esta
ocurrencia negándonos a recorrer los senderos trillados del milenarismo
tecnoglobal.
Adenda
A los pocos días de
la aparición de la presente obra en el mercado editorial francés, el diario Le Monde publicaba en
su suplemento Le Monde Interactif, del 28 de marzo de 2001, la entrevista
realizada al autor por Stéphane Mandard, titulada Une autre société de l'information
est possible, y reproducida aquí en su integridad.
Es posible otra sociedad de la
información
Armand Mattelart,
universitario especializado en temas de comunicación, dirige, en su última
obra, una severa mirada a la sociedad de la información.
166 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Usted no cree en
las promesas de un mundo «más solidario, más abierto, más democrático» de las
que son portadores los discursos sobre la sociedad de la información...
A eso es a lo que
me opongo, a la forma que se nos propo ne para implantar la llamada sociedad
de la información, que nos presentan como si aportara más democracia, más
prospe ridad, etc. Es importante comprender que la noción de socie dad de la
información que se ha popularizado se refiere a un proyecto concreto que, a mi
juicio, no beneficia a la mayoría, sino que está construido, precisamente,
sobre el mito de que va a beneficiar a la gran mayoría. Es una creencia que,
desde sus comienzos, ha acompañado a las tecnologías de comuni cación a
distancia.
Según usted ¿a cuándo se remonta esta
creencia?
Desde la aparición
del telégrafo de Chappe, en 1794, tanto los científicos como los políticos han
tenido un discurso sobre las promesas emancipadoras de la tecnología a
distancia: debe permitir la reconstrucción, a escala de nación, de las condicio
nes del ágora ateniense. En el discurso de Albert Gore, en 1994, sobre las
«autopistas de la información», se encuentra el mismo término, evocado mucho
antes que él por Victor Hugo a propósito del cable submarino, de «la
reconciliación de la gran familia humana».
Sin embargo, estas
promesas han tenido que ser revisadas a la baja. Lo cual no quiere decir que el
avance de los sistemas mundiales de comunicación no participe, a su manera, en
la ex pansión y apertura a la comunicación de sociedades concretas. Las
tecnologías de comunicación forman parte del camino que nos lleva a la
integración superior soñada por todos los utopis tas y siempre han estado
revestidas de un discurso escatológico.
Esto no explica por qué los políticos
emplean hoy un discurso encomiástico sobre la sociedad de la información...
La sociedad global
de la información se ha convertido en un
reto geopolítico, y
el discurso que la envuelve es una doctrina sobre las nuevas formas de
hegemonía. Esta doctrina arraiga en los Estados Unidos hacia finales de los
años sesenta, con la «revolución tecnotrónica» de Zbigniew Brzezinski. Desde
entonces, la hegemonía mundial pasa por las tecnologías tecno trónicas y se
manifiesta a través de una triple revolución: diplo mática, militar y
gerencial. La revolución en los asuntos di plomáticos es la aparición de la
idea de soft power. Se pasa de la diplomacia de los cañones a la diplomacia de las
redes para reo rientar al mundo en función de lo que se llama la democracia de
mercado. De ahí el mito de la guerra ideal e idealista de la infor mación, tal como se llevó
a cabo en el Golfo y en Kosovo.
La información se
convierte en el elemento fundamental de la hegemonía mediante las tecnologías
de recogida de in formación e inteligencia. Es la ciberguerra cuya finalidad
es la de conseguir que cuantas más sociedades basculen en la de mocracia de
mercado mejor. Así, el plan Echelon demuestra que la evolución del mercado global implica un sistema
de in teligencia global, de captación de informaciones para poder competir con
los rivales y anticipar las estrategias de las gran des organizaciones de la
sociedad civil. Desde 1 998, por cier to, el Pentágono habla de Netwar para referirse a la
utilización de la red por los neozapatistas de Chiapas.
La tercera
revolución, gerencial, quizás sea la más impor tante en el plano de la
legitimación de la sociedad global de la información. Puede resumirse con una
expresión que emplea a menudo Bill Gates: «el capitalismo libre de fricciones».
Es decir, que dentro de la información se disuelven todas las ten siones del
mundo. El núcleo de la sociedad global de la infor mación toma cuerpo a partir
de una reorganización gerencial del mundo: la libertad de expresión comercial
condiciona la li bertad de expresión de los ciudadanos.
¿La sociedad de la información es
entonces el resultadq t(é · una construcción geopolítica?
168 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
La idea de sociedad
de la información nace en la posguerra como alternativa a las naciones no
libres, es decir, totalitarias. Está íntimamente ligada con la tesis del fin de
las ideologías, pero también con la de lo político, de los enfrentamientos de
clase, del compromiso, del intelectual protestatario. Pero es la crisis de 1972-73 la que
desencadena su adopción tanto por la OCDE, como por la ONU o la CEE. Se habla
entonces de una crisis del modelo de crecimiento, pero también de gobernabili
dad de las grandes democracias occidentales. En 1978, el in forme Nora-Mine difunde
la idea de que las nuevas tecnologías pueden resolver la crisis económica y la
del consenso político. La tercera etapa, la que hoy vivimos, se inicia en 1984 con el
proceso de desreglamentación de las redes financieras y de los sistemas de
telecomunicación. Y en 1998, la desreglamenta ción es oficialmente reconocida por la OMC como
principio de una nueva economía y de una nueva sociedad.
¿Se trata entonces de una nueva
manifestación de la globali zación neo liberal del mundo?
La ideología de la
sociedad de la información no es otra que la del mercado. Está en sinergia con
los supuestos de re construcción neoliberal del mundo. Contra eso,
precisamente, intentan levantarse algunos gobiernos, empezando por el fran
cés, y las redes de la sociedad civil a través del mundo.
¿En qué medida puede influir la
sociedad civil sobre la arqui tectura y la orientación de esta sociedad global de la
infor mación?
Paradójicamente, la
cuestión de la sociedad global de la in formación, eminentemente política, no
siempre ocupa el lugar que debería corresponderle en la reflexión de las
organizacio nes ciudadanas. Durante el Foro Social de Porto Alegre, no era un
reto primordia1 para la construcción de otro orden mun dial, como ha podido
serlo, por ejemplo, la condonación de la deuda de los países del Tercer Mundo.
Habría que convocar
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169 |
Estados generales
(en el sentido de los revolucionarios de 1789) sobre la sociedad de la
información para preguntarse qué tipo de sociedad está diseñando y oponerle un
modelo al ternativo.
Pero el peligro
está en plantear la alternativa a partir de los usos de las nuevas tecnologías.
Hay combates que pasan por el campo de la regulación de la arquitectura mundial
de las re des. Hasta ahora, ésta se ha decidido en el seno de organismos de
los que estaba excluida la sociedad civil. El movimiento social global,
entendido como la suma de las sociedades ci viles nacionales, debe plantearse
la cuestión más global de la regulación de las regulaciones del sistema de
comunicación mundial. Pero el tema de la sociedad de la información como uno de
los temas de la construcción de un nuevo tipo de so ciedad sólo se realizará
progresivamente, porque los diversos movimientos susceptibles de enfrentarse a
las lógicas del or den tecnológico, a menudo, tienen intereses
contradictorios.
¿ Qué preconiza usted
para salir de lo que califica de «neo darwinismo informacional»?
Hay que
reapropiarse las nuevas tecnologías construyendo una alternativa a la sociedad
de la información. Si hay algo de cierto en la noción de sociedad de la
información es que cada vez más intersticios de la vida cotidiana e
institucional son pe netrados por las tecnologías de la información y, por
consi guiente, que cada vez serán más los sectores que se verán obli gados a
pensar en ello, bien para sumarse, bien para plantear la cuestión de otra
opción. Sin embargo, hoy en día, los que se atreven a hablar de alternativa,
inmediatamente son tachados de tecnófobos. No hay reflexión alguna sobre la
cuestión esencial. A saber: ¿cabe oponer proyectos sociales y otras for mas de
apropiación de estas tecnologías que penetran la socie dad frente a un
proyecto que se parece cada vez más a una tec noutopía, a un determinismo
tecnomercantil?
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|
Aldea global, 1 1
, 76, 77, 99 |
|
Bichat, X., 37 |
|
(Norte)Americanismo,
47, 54 |
|
Borges, J. L.,
13, 21, 49 |
|
Anarquismo, 51,
52, 53, 77 |
|
Braudel, F., 67,
89, 150 |
|
Antiglobalización,
157 |
|
Brzezinski,
Z., 98, 99, 101, 104, |
|
Antiindustrialismo,
39, 40, 51, 52, |
136 |
|
|
78 |
|
Burnham, J., 82 |
|
Aron, R., 82 |
|
Bush, V., 61 |
|
Autómatas/Automatización,
16, |
19, |
|
|
20, 28, 29, 58,
75 |
|
Cálculo de
probabilidades, 22, 31, |
|
Autopistas de la
información, 98, |
35, 42, 44, 65,
87, 89 |
|
|
1 13, 123, 124,
153 |
|
Canguilhem, G.,
27, 48 |
|
|
|
Carlyle, T., 40 |
|
Babbage, C., 41,
42, 43, 44, 46 |
Carter, J., 97,
101 |
|
|
Bacon, F., 17,
18, 20, 28, 31 |
|
Castells, M., 148 |
|
Banco de datos,
78, 106, 1 12, 120, |
Censo, 23, 26,
44, 45 |
|
|
149 |
|
Centralización,
33, 40, 52, 53, 73, |
|
Barthes, R., 84 |
|
90 |
|
Bell, D., 82-91,
93, 94, 98, |
102, |
Chevalier, M.,
37, 39 |
|
113, 114 |
|
Cibernética, 16,
59 |
|
Biblioteca
universal, 13, 49 |
|
Clinton, W., 101,
125 |
190 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Comisión
trilateral, 1 1 1 Complejidad, 16, 28, 87, 100, 101,
121, 141, 146, 154,
158, 162
Comte, A., 39
Comunidad(es), 41,
52, 53, 73, 76,
87, 96, 97, 136,
144, 150, 159 Comunismo, 56, 63, 77, 82, 92, 93,
98, 99
Condorcet (de), M.
J. A., 30, 31, 36, 72
Conquista espacial,
11, 62, 64, 77, 100, 114
Consumo/consumidores,
46, 47, 89, 100, 127, 141, 144-146, 148, 149, 155, 156
Convergencia
digital, 131-133 Coomaraswamy, A. K., 53 Criptografía, 17, 32, 33
Crisis, 36, 47, 83,
84, 94, 102, 108, 111, 113, 121, 124, 125, 138, 139
Cultura de masas,
46, 47, 54, 83, 84, 94, 100
Cyberwar, 138
D' Alembert, J., 28
DARPA, 60, 117
Deleuze, G., 149
Democracia
interactiva/Democracia
directa, 95-97,
107, 125
Descentralización,
40, 51-53, 59,
|
73, 100, 107, 109, 144 |
|
||||
|
Descartes, R., 20 |
|
|
|
||
|
Desigualdades |
sociales, |
52, |
99, |
||
|
113, |
1 15, |
123, |
132, |
151, |
153, |
154
Desreglamentación,
113, 114, 116, 121, 122, 149
Determinismo, 34,
37, 58, 72, 78, 140, 161
Diderot, D., 28
Diplomacia de la
cañonera, 101
Diplomacia de las
redes, 103, 138
Directorio mundial,
157
Disciplina
(mecanismos de), 29,
149
Discurso de los fines, 12, 82, 83, 99 Discurso redentor, 32, 33, 39, 53,
54, 76, 78, 79, 1 1 1, 123, 161 Diversidad cultural, 53, 129, 149 División del
trabajo, 18, 25, 28, 35,
38, 41, 42, 46, 52
Documentación
(ciencia de la), 49
Drucker, P., 104,
162
Durkheim, É., 50
Edad de la
historia, 30, 39, 52, 53, 73, 158, 159
Educación, 61, 66,
106, 115, 125, 126, 130, 145, 146, 153-156, 162
Eficiencia, 68, 69,
88, 103, 147
Ellul, J., 68, 69
Emerson, R. W., 41,
54
Empresa-red, 147
Enciclopedia, 28
Enlargement (estrategia),
136, 139,
142, 155
Era de la
información, 1 1, 12, 13, 76, 77, 91, 1 18, 119, 153, 154, 163
Era global, 11, 12,
76, 77, 98, 99, 153, 163
Espacio público,
149, 155, 158 Espionaje, véase Vigilancia Espíritu geométrico, 24, 30
Estadísticas, 22, 25, 47, 48, 60, 63,
64, 72
Estado-nación,
22-24, 41, 61, 95, 104, 105, 144, 158
Estado-providencia,
45, 60, 90, 1 15 Estructuralismo, 67, 68, 74 Etzioni, A., 96, 97
Excepción cultural,
129, 130
|
191 |
Ficha/Fichero, 49,
69, 74, 75, 112
Fisiocracia, 28, 33
Flexibilidad, 52,
95, 132, 146, 147
Flujos
transfronterizos, 1 13, 120
Ford, H., 46
Fordismo/Neofordismo, 46, 48,
146, 147,
164 Foreign Affairs, 158 Foucault, M., 21, 22, 29 Fourier, C., 39
Fractura digital,
153, 154, 157, 162 Free Flow of lnformation, 64, 1 13,
1 18-120, 150
Friedmann, G., 84
Frontera(s), 1 1,
22, 24, �5, 141, 146
G8, 157
Gates,
B./Microsoft, 143, 157
Geoestrategia, 23,
139
Geopolítica, 6, 55,
56, 98, 99, 104
Ideología, 12, 82,
84, 85, 95, 99, 102, 103, 1 14, 146, 162
Ilustración (La),
28, 30, 31, 36, 54 Imperialismo, 72, 100, 162 Industrialismo, 36-40, 53
lndustria(s) cultural(es), 83, 129 Infoética, 152
Infopistas, véase Autopistas
de la información
Información
(definición), 17, 18, 59, 60, 63, 65, 67, 68, 70-72, 85, 86
Informacionalismo,
147, 148 lnformation dominance, 138, 139 Innis, H., 72-74
lntelectuales/ln telligentsia,
36, 48, 82, 83, 87, 89, 162
lntelligence, 17, 18, 139,
140, 142, 143
Interdependencia, 45, 51, 99, 101
Global lnformation
lnfrastructure,
124 Jefferson, T., 40,
54, 144
Gobierno mundial,
157 Johnson, L. B., 1
15
Godwin, W., 51
Gompert, D. C., 163 Kahn, H., 91
Goody, J., 78 Kennedy, J. F., 63,
82, 98
Gore, A., 124 Kropotkin, P., 52,
53, 54, 76
Gramsci, A., 47, 48
Guattari, F., 149,
161 Lazarsfeld, P., 23,
47
Guerra de la
información, 137,
138 Lefebvre,
H., 68
Guerra de las
estrellas, 1 17 Leibniz, G. W., 16,
19
Lengua universal,
13, 19, 20, 31
Habermas, J., 103 Leroi-Gourhan, A.,
74, 75, 79
Hamilton, A., 40 Liberalismo, 28,
30, 43, 46, 54, 82,
Hayek (von), F., 82 136, 155, 157
Hollerith, H., 45 Libertad de
expresión comercial,
Hombre-máquina, 29 149
Hominización, 75 Librecambio/Free-trade, 43, 129,
Hudson Institute,
91 130, 156
Huntington, S., 139 Lipset, S. M., 82
Huxley, A., 48 Lonely Superpower, 140
Lyotard, J. F.,
102, 103
192 HISTORIA DE LA
SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
MacBride, S., 1 18
Machlup, F., 65, 66, 70, 71 MacKay, D. M., 65 Management/Organización, 36-38,
46, 47, 58, 82, 90,
141, 148, 162 Marcos (subcomandante), 157 Marx, K., 83, 85, 102
Masuda, Y., 107
McLuhan, M., 73,
74, 76-78, 99
McNamara, R., 63,
89
Memoria colectiva,
74, 75, 1 12, 161
Memoria (tecnología
de la), 74-76
Mettrie (La), J.O.,
29
Milenarismo, 33,
75, 164
Mine, A., 108, 1
12
89, 1 13, 162
Monopolios de
conocimiento, 73, 78, 162
Morin, E., 71, 84
Movimiento(s)
social(es), 52, 92, 94, 156-160
Mumford, L., 53,
54, 72, 76, 78 Mundialismo, 50
National
Information Infrastructure, 123-125
Negroponte, N., 98,
144 Neodarwinismo, 144, 163 Neolaborismo, 97, 132
Neozapatismo, 124,
137 Netwar, 137 Newton, l., 16, 44 Nixon, R., 1 14
No Dead War
(doctrina de la), 140 Noopolítica, 138 Noosfera, 77, 138, 162
Nora, S., 108
Norma/Normalización,
27, 28, 30,
44, 45, 48, 67, 68,
153, 155, 163 Nueva economía, 123, 124, 151 Nye, J. S., 101, 136
Occidentalización,
89, 162 Otlet, P., 49-51 Owens, W., 136
|
Panóptico, 29,
78, 143 |
|
|
||
|
Pedagogía, 54,
162 |
|
|
|
|
|
Penty, A. J., 53 |
|
|
|
|
|
Planetización,
75, 77, 78 |
|
|
||
|
Poder, 29, 72, |
103, |
136, |
140, |
141, |
147, 148, 158
Política pública,
105, 106, 122-124, 150
Populismo/Neopopulismo,158,
162 Porat, M. U., 66, 69 Positivismo, 36, 162
Progreso, 33, 34,
37, 40, 60, 89,
102, 111, 161
Propaganda, 47, 77,
136
Propiedad
intelectual, 131, 156
Prospectiva, 93, 96
Proudhon, P. J., 52
Quesnay, F., 28
Quételet, A., 44, 45
Rand Corporation,
58, 61, 91, 98,
114, 137, 163
Reagan, R., 116,
118
Red (definición),
26, 27, 37, 39, 49-
54
Redford, R., 160
Reich, R., 125, 126
Revolución
científica y técnica, 46, 92
Revolución de la
información, 13, 51, 135, 136
Revolución de las
comunicaciones, 64, 151, 152
Revolución en los
asuntos diplomá ticos, 135, 136
Revolución en los
asuntos milita res, 136, 159
|
193 |
Revolución
gerencial, 136, 147, 148
Richta, R., 92
Rostow, W. W., 89
Sabios (república de los), 18, 20, 31, 36, 44, 62, 87, 91, 99, 102
Saint-Simon (de), C. H., 36-39, 89
Sansimonismo,
37-39, 1 1 1
Seguridad global,
139
Seguridad nacional,
17, 56, 58,
101, 1 10, 1 19,
140, 142
Seguros, 42, 45
Servicio público,
112, 122
Shannon, C.E., 56,
64
Shils, E., 82-84
Sistema, 24, 25, 28, 36, 37, 50, 53, 59-61, 63, 69, 1 10, 111, 139, 149
Sistema métrico,
20, 27, 30, 41 Smith, A., 28, 41, 46 Socialismo, 43, 46, 54, 97 Sociedad
- activa,
96
- aseguradora,
45
- civil
global, 155, 156, 158
- de
control, 149
- de
masas, 83, 84
- de
mercado, 132
- del
conocimiento, 66, 104, 128, 132, 162
- funcional,
36, 88
- global,
100
- global
de la información, 12, 69, 126-128, 135, 156, 160
- industrial,
34, 93
- poscapitalista,
85, 162
- poshistórica,
45, 61
- posmoderna,
96, 103, 104
- postindustrial,
55, 56, 83, 87-100, 92-94, 96, 102, 113
- programada,
92, 93
- tecnotrónica,
98, 136
Soft power, 136
Sola Pool (de),
I.,1 14, 117 Sondeos, 23, 47, 60 Soberanía, 64, 1 12 Spencer, H., 50 Stiegler,
B., 72
Strategic Computing
Initiative, 1 17,
139
Tarde, G., 50
Taylor, F. W., 46
Taylorismo, 46, 48, · 144
Tecnocracia, 89,
93, 161
Tecnolibertarismo!fecno
comunitarismo, 41,
66, 77, 96-98,
100, 144, 158
Teilhard de
Chardin, P., 77, 79, 99, 138
Territoriofferritorialidad,
26, 29, 52, 144, 147, 158
Terror global,
140 Think tanks, 95, 140, 146 Toffler, A., 95, 140, 146 Touraine, A., 92, 93 Transparencia, 22, 30,
33, 147, 150 Turgot, A. R. J., 33, 39 Turing, A., 56
UNESCO, 152, 153
Unión Internacional
de Telecomu nicaciones, 153
Utopía, 13, 18, 19,
27, 30, 35, 39, 40, 50, 54, 78, 150, 162
Vauban, S., 23-26
Vico, G., 31
Vigilancia, 29, 47,
48, 57, 58, 142,
143, 155
Weber,
M./weberianismo, 34, 83, 85 Wiener, N., 16, 56, 59, 60 Wilkins, J., 20, 21, 49
Wright, F. L., 54

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