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Libro N° 13781. La Asertividad: Expresión De Una Sana Autoestima. Castanyer, Olga.

 

© Libro N° 13781. La Asertividad: Expresión De Una Sana Autoestima. Castanyer, Olga. Emancipación. Mayo 3 de 2025

  

Título Original: © La Asertividad: Expresión De Una Sana Autoestima. Olga Castanyer

 

Versión Original: © La Asertividad: Expresión De Una Sana Autoestima. Olga Castanyer

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.guiadisc.com/wp-content/pdfs/la-asertividad-autoestima.pdf       

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

    LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

 

      

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ASERTIVIDAD:

Expresión De Una Sana Autoestima

Olga Castanyer

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Asertividad:

Expresión De Una Sana Autoestima

Olga Castanyer

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ASERTIVIDAD:

EXPRESIÓN  DE  UNA SANA AUTOESTIMA

 

32ª  edición


 


O l g a C a s t a n y e r            M a y e r - S p i e s s

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2

 

 

 

 

 

 

LA ASERTIVIDAD:

EXPRESIÓN  DE  UNA SANA AUTOESTIMA

 

32ª  edición

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crecimiento personal

 

COLECCIÓN


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1ª edición: abril 1996

 

32ª edición: octubre 2010

 

 

 

 

 

 

© Olga Castanyer, 1996

 

©  EDITORIAL DESCLÉE DE BROUWER, S. A., 2004 Henao, 6 - 48009 Bilbao

 

www.edesclee.com

 

info@edesclee.com

 

 

 

 

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autoriza-ción de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley.

 

Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos –www.cedro.org–), si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

 

 

 

 

 

 

 

Impreso en España - Printed in Spain ISBN: 978-84-330-1141-1 Depósito Legal: BI-2494 -2010 Impresión: RGM, S.A. - Urduliz


 

 

 

 

ÍNDICE

 

 

 

 

 

 

 

Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

11

1.

Las incognitas de una psicóloga . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

15

2.

¿Soy asertivo? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

13

 

2.1.

Características de la sumisión, de la

 

 

 

agresividad y de la asertividad . . . . . . . . . . . . . . . . .

27

 

 

2.1.1. La persona sumisa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

28

 

 

2.1.2. La persona agresiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

30

 

 

2.1.3. Formas típicas de respuesta no asertiva . . .

33

 

 

2.1.4. La persona asertiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

36

 

2.2.

Cómo nos delatamos: Componentes no verbales

 

 

 

de la comunicación asertiva . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

39

3.

¿Por qué no soy asertivo? Principales causas de la

49

 

falta de asertividad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

4.

Trabajando con la asertividad: Identificación de las

61

 

conductas erróneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

4.1.

Formulación correcta del problema. . . . . . . . . . . . . .

63

 

4.2.

Observación precisa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

66

 

4.3.

Cómo autoobservarme correctamente . . . . . . . . . . .

68


LA ASERTIVIDAD

 

5. Mejorando mi asertividad: Técnicas para ser más

 

asertivo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .           79

 

5.1. Técnicas de Reestructuración Cognitiva. . . . . . . . . .             80

 

5.1.1. Aplicación de la reestructuración

 

cognitiva a problemas de asertividad . . . . .  84

 

5.2. Entrenamiento en habilidades sociales . . . . . . . . . . . 107

 

5.2.1. Tipos de respuesta asertiva . . . . . . . . . . . . . . 108

 

5.2.2. Técnicas de asertividad para discusiones . . 119

 

5.3. Técnicas de reducción de ansiedad . . . . . . . . . . . . . . 125

 

5.3.1. La relajación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125

 

5.3.2. La respiración . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127

 

6. Aplicación de lo aprendido a situaciones concretas . . 131

 

6.1. Asertividad en la pareja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132

 

6.2. Responder correctamente a las críticas . . . . . . . . . . . 140

 

6.3. Realizar peticiones . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142

 

6.4. Expresar sentimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145

 

7. Educar para la asertividad. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 149

 

7.1. Principios básicos del aprendizaje de la

 

asertividad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152

 

7.1.1. ¿De qué depende el aprendizaje de la asertividad? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153

 

7.2. Educar para la asertividad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158

 

7.2.2. Actitudes generales a tener con nuestros

 

niños . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158 7.2.2. El niño no es asertivo, ¿qué hacer? . . . . . . . 162

 

8. Bibliografía recomendada. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 175


 

 

 

 

 

 

 

 

8


 

 

 

 

 

 

 

 

Lancémonos, pues a mejorar la calidad de nuestras relaciones


 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Asertividad... ¿qué era eso? Me suena haberlo oído, pero ahora no lo localizo...

 

De esta y muchas formas parecidas pensarán la mayoría de las personas que se acerquen a hojear este libro. Si en vez de utilizar ese término decimos “habilidades sociales”, el tema ya empieza a sonar más. Y si finalmente decimos “trata de cómo quedar bien con todo el mundo y no dejarse pisar”, quedarán aclaradas ya todas las incógnitas y la gente respirará tranqui-la. Aparentemente.

 

Porque este libro habla de eso y no habla de eso.

 

El tema de las llamadas “habilidades sociales”, con su de-rivado, la asertividad, está cada vez más a la orden del día, hasta estar convirtiéndose, sobre todo en el mundo empresa-rial, en una “moda”. Parece como si, de pronto, a todo el mundo se le hubiera ocurrido que posee pocas habilidades sociales y quisiera mejorarlas; y también parece que, si no se desarrollan al máximo estas habilidades, nunca conseguire-


 

 

 

11


LA ASERTIVIDAD

 

mos vender correctamente un producto o tener éxito en nues-tra profesión.

 

El concepto de “asertividad” conlleva un peligro. Los lec-tores que hayan acudido a uno de los llamados “cursos de asertividad” o hayan leído ciertos libros sobre el tema, pueden estar algo asustados (o excesivamente entusiasmados) ante la supuesta pretensión que se persigue con ellos: estar por enci-ma de los demás, no dejarse apabullar en ningún caso y ser, en definitiva, siempre el “que gana”.

 

Pues bien, la asertividad, así como la trataremos en este li-bro, no es eso. Aquí vamos a intentar situarla muy cerca a la autoestima, como una habilidad que está estrechamente liga-da al respeto y cariño por uno mismo y, por ende, a los demás.

Quien busque en este libro la clave para ganar siempre o para quedar indiscutiblemente por encima del otro, hará me-jor en no leerlo, ya que se sentirá rápidamente frustrado. No encontrará ningún “truco” que le lleve a ser el mejor.

 

Pero quien busque aumentar el respeto por sí mismo y por los demás, mejorar sus relaciones y, en último extremo, contri-buir a aumentar su autoestima, tiene en sus manos un libro que le quiere ayudar a ello.

 

A lo largo del libro, el lector se irá encontrando con pro-puestas de ejercicios, la mayoría para realizar solo, algunos en pareja o en grupo. Os invito a realizar estos ejercicios, cada uno con vuestros temas particulares, para así poder participar de forma activa en la lectura del libro y sacar más provecho de ello.

Para facilitar la localización de estos ejercicios, los señalare-mos siempre con el carácter: ☺

 

Alguien, todavía, puede pensar: “¿pero a quién va dirigido exactamente este libro? ¿A psicólogos, a expertos en el tema, o


 

 

 

12


INTRODUCCIÓN

 

a personas ‘de la calle’ que quieran saber más?”. La respuesta es muy clara: a todos. No es, desde luego, un libro “profesio-nal” escrito para iniciados en la materia; es, o pretende ser, al-go escrito desde una experiencia clínica para todo aquél que quiera saber más sobre relaciones humanas, aprender para su propia experiencia o acercarse a alguna dificultad que tenga en esta materia.

 

Citando al gran Rabinranath Tagore, ¿quién no ha tenido alguna vez sentimientos parecidos y ha deseado poder actuar de otra forma?:

 

“Quería decirte las palabras más hondas que te tengo que decir, pero no me atrevo, no vayas tú a reírte. Por eso me río de mi mismo y desahogo en bromas mi secreto. Si, me estoy burlando de mi dolor, para que no te burles tú.

Quería decirte las palabras más verdaderas que tengo que decirte, pero no me atrevo, no vayas a no creerme. Por eso las disfrazo de mentira y te digo lo contrario de lo que te quisiera decir. Si, hago absurdo mi dolor, no vayas a hacerlo tú.

 

Quisiera decirte las palabras más ricas que guardo para ti, pero no me atrevo, porque no vas a pagarme con las mejores tuyas. Por eso te nombro duramente y hago alarde despiada-do de osadía. Si, te maltrato, de miedo a que no comprendas mi dolor (...)”.

 

Lancémonos, pues, a mejorar la calidad de nuestras rela-ciones.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13


 


1

 

LAS INCÓGNITAS DE UNA

 

PSICÓLOGA

 

 

 

 

 

 

A veces, en medio de mi práctica cotidiana como psicóloga clínica, tengo necesidad de hacer un parón. Me reclino ante mi mesa, repleta de papeles, historias clínicas, libros de consulta, y miro a mi alrededor por el despacho que desde hace años acoge y escucha a las personas que acuden a explicar su pro-blema. ¡Qué no habrán escuchado estas paredes, qué peso no habrá soportado el viejo sofá negro, que tan pronto sirve de asiento, como de colchón para relajarse, como de banco de una estación en un improvisado role-playing! 1

 

Una consulta psicológica es como la otra cara de la vida: allá fuera nos sonríen brillantes hombres de negocios, triunfa-dores profesionales, dicharacheras amas de casa y divertidos estudiantes a los que nunca parece preocuparles nada. Aquí dentro, salen a la luz los niños tímidos, los adolescentes ex-cluidos de su grupo, los hijos que se sentían rechazados, no queridos, solos...

 

1.  Role playing: técnica terapéutica utilizada sobre todo en terapia cogni-tivo-conductual, que consiste en escenificar, siguiendo unas pautas, las situaciones que causan problema a la persona.


 

 

 

15


LA ASERTIVIDAD

 

A lo largo de estos años de consulta, me han ido surgiendo una serie de cuestiones, difíciles de contestar, pero que, pien-so, son de vital importancia para comprender la naturaleza humana, como puede ser la tremenda importancia que tienen en la vida los padres (¿Cómo es posible que un hombre hecho y derecho de cuarenta años tiemble de terror ante su padre, anciano e inválido? ¿Qué ha pasado para que una chica gua-pa, inteligente y culta vea su vida oscurecida por la culpabili-dad que siente respecto a su madre?) o la religión y la moral, hasta el punto de destruir internamente a una persona a fuer-za de hacerla sentirse culpable y mala.

 

Otra de estas cuestiones, a la que últimamente doy más vueltas, se refiere al concepto de “respeto”: ¿Qué hace real-mente que se respete a una persona? ¿Por qué hay personas ante las que se tiene un natural respeto, de las que no se burla nadie, a las que nadie levanta la voz, y personas que suscitan en los demás la burla, el desprecio; hombres y mujeres a las que se pisa y humilla?

 

Cuando vienen a consulta personas que se consideran tí-midas, faltas de habilidades sociales, torpes o solitarias, cho-camos una y otra vez con este tema: no se sienten respetadas, parece que los demás les pasan por alto, les rechazan o les ex-cluyen. ¿Por qué? ¿Son todos ellos personas feas, bajitas, débi-les, patosas? ¿Tienen algún defecto físico que pueda hacer que alguien les considere “inferiores”? No, en absoluto. Es más, hay muchas personas feas, bajitas, débiles, con defectos físicos, que sí son respetadas. Y personas guapas, fuertes y altas que son sistemáticamente ignoradas por los demás.

 

¿Será la capacidad de defenderse, de contestar a los demás la que marca la diferencia? También aquí nos encontramos que


 

 

16


LAS INCÓGNITAS DE UNA PSICÓLOGA

 

no necesariamente. Hay personas que, efectivamente, se de-fienden, piden que se les deje en paz, o tratan de no contestar o de hacer oídos sordos ante faltas de respeto e imprecacio-nes... pero hay algo en su forma de decirlo que hace que no se les tome en serio, que su palabra quede invalidada o ignorada por los demás.

 

Suelen ser personas inseguras, desde luego. ¿Será pues, la inseguridad el factor determinante? Pudiera parecer que sí, pero si lo pensamos bien, veremos que tampoco es eso sola-mente. El mundo está lleno de personas inseguras, y yo diría que, si pudiéramos hacer una encuesta, el 90% de la gente se considera insegura en algún campo interpersonal de su vida. Unos temen no saber qué decir, otros no soportan las reunio-nes informales, otros tiemblan ante la idea de hablar en públi-co... sí, pero no todos son burlados sistemáticamente. Es más, muchos de los “respetados”, incluso gente que aparentemente “pisa” a los demás, está en su fuero interno tremendamente insegura... Tampoco parece ser ésta la causa determinante pa-ra que se respete a una persona.

 

En donde mejor se pueden observar todas estas conductas es en un grupo de niños, en los que todavía no existen las nor-mas sociales que tenemos impuestas los adultos y en donde surge con mucha más claridad el afecto, pero también la crueldad que todos llevamos dentro. Si observamos a un gru-po de niños o recordamos nuestra infancia, veremos que siempre había un “tonto de la clase”, aquél que siempre me-tía la pata, el que ejercía de payaso de la clase. A veces, esta persona era gorda o llevaba gafas de “culo de vaso”... pero también recordaremos a compañeros y compañeras gordas y con gafas que no tenían ese papel. A esas personas burladas las tenemos ahora, de adultos, en las consultas psicológicas, y


 

 

 

17


LA ASERTIVIDAD

 

vemos que son personas normales, con sus intereses, temores, afectos. Son personas con su inteligencia y cultura, ni mayor ni menor que la de muchos otros, pero que han sufrido y su-fren la falta de respeto.

 

Pero sálgamos de la consulta psicológica y observemos nuestra vida cotidiana, las relaciones que tenemos, las situa-ciones en las que nos movemos. Constantemente, estamos in-teractuando con otras personas, con diferentes niveles de confianza. A veces, nos sentimos satisfechos, otras no tanto. Hay personas concretas con las que nos sentimos más inse-guros o situaciones que nos hacen sentir mal, sin aparente ra-zón.

 

      Aquí te pediría que hicieras un pequeño parón en tu lectura y reflexionases un poco: ¿qué situaciones de tu vida te hacen sentir inseguro? ¿Hay personas con las que te sien-tes mal, “cortado”, retraído? Si quieres, puedes hacer un pe-queño listado, con el que luego, a lo largo del libro, irás tra-bajando. ¡Seguro que si te paras a pensar salen más situacio-nes de las que hubieras dicho en un principio!

 

¿Qué producen estas situaciones o personas en nosotros? Normalmente, nos sentimos mal porque estamos frustrados, enfadados, infravalorados, desatendidos. Excusamos nuestro estado de ánimo culpando al otro, a la situación, al momento, pero, en el fondo, sentimos que no se nos considera como nos gustaría, o que no somos capaces de mostrarnos tal y como so-mos y por consiguiente... ¡no nos sentimos respetados!

 

A todos nos pasan estas cosas en mayor o menor medida:

 

todos somos “tímidos” en alguna situación y, como decíamos


 

 

 

 

18


LAS INCÓGNITAS DE UNA PSICÓLOGA

 

antes, por muy resueltos que creamos ser, de pronto, nos en-contramos con una situación que “se nos hace grande”.

 

Hay personas que lo ven como un problema general, que afecta a muchas facetas de su vida (personas con fobia social o pánico ante las interacciones), otros lo notan sólo en momen-tos puntuales. De la angustia que ello produzca depende tal vez el que una persona acuda a una consulta psicológica o no, pero todos nos podríamos considerar “pacientes potenciales” porque siempre hay un área de nuestra vida con la que no po-demos enfrentarnos.

 

Ya sea, pues, como problema general (personas que siem-pre se sienten rechazadas o inferiores) o puntual, el caso es que sigue estando ahí el misterio del respeto y la falta del mis-mo. Y si, como hemos visto, no es ni el aspecto físico exclusi-vamente, ni la capacidad de protestar, ni la seguridad la que hace que a uno se le respete y a otro no, ¿qué es entonces esa cosa extraña, cómo se le puede llamar a ese “algo” que hace que unos se sientan bien con los demás y otros mal, que a unos se les respete más y a otros menos?

Tras mucho reflexionar, pienso que la respuesta no es úni-ca, aunque sí se puede resumir en un término.

 

No es única, porque para hacerse respetar hacen falta

 

varios de los elementos descritos anteriormente: hace falta sentirse seguro de sí mismo, y, a la vez, ser capaz de autoafir-marse, de responder correctamente a los demás, de no ser “torpe” socialmente.

Y todo esto se resume en una palabra, se trata de la ASERTI-

 

VIDAD.

 

En resumen, diríamos que:


 

 

 

 

19


LA ASERTIVIDAD

 

El que una interacción nos resulte satisfactoria depende de que nos sintamos valorados y respetados, y esto, a su vez, no depende tanto del otro, sino de que poseamos una serie de habilidades para responder correctamente y una serie de con-vicciones o esquemas mentales que nos hagan sentirnos bien con nosotros mismos.

 

Si alguien duda de este planteamiento, que se imagine la siguiente situación: dos personas se encuentran en una fiesta. Una le dice a la otra: “Vaya, contigo quería hablar. ¿A qué viene eso de ir diciendo por ahí que soy un vago y un mal-queda?”.

 

Tanto si es cierto como si no, la situación es, cuando me-nos, algo intimidante. ¿Depende del que ha hecho la interpe-lación el que la situación sea penosa para el otro? No, porque una persona segura de sí misma y de sus habilidades, res-ponderá de forma airosa (“Pues no, te has equivocado” o “Sí, pero me gustaría explicártelo”), y no le dará mayor impor-tancia al episodio, mientras que la persona más insegura en ambos aspectos responderá consiguientemente (“Nnnoo… no... de verdad, yo noo…” o “Pu… pues, bueno... no sé, qui-zás dije algo, pero...”) y, lo que es peor, se sentirá mal para el resto de la noche.

 

Las personas que tienen la suerte de poseer estas habili-dades son las llamadas personas asertivas. Las personas que presentan algún problema en su forma de relacionarse, tie-nen una falta de asertividad. Esto último se puede entender de dos formas: poco asertivas son las personas consideradas tímidas, prestas a sentirse pisadas y no respetadas, pero también lo son los que se sitúan en el polo opuesto: la per-sona agresiva, que pisa a los demás y no tiene en cuenta las


 

 

 

20


LAS INCÓGNITAS DE UNA PSICÓLOGA

 

necesidades del otro. Ambos tienen problemas de relación y ambos son considerados, pues, faltas de asertividad, aunque el tratamiento tenga que ser forzosamente diferente en cada caso.

Llegados a este punto y antes de introducirnos de lleno en el tema de la asertividad, tenemos que hacer una advertencia: tal vez algunos de vosotros hayáis oído hablar de este tema, incluso puede que hayáis leído libros al respecto. Quizás os hayan parecido excesivamente “americanos”, es decir, avoca-dos a convertir al lector en triunfador de la vida, en un bri-llante yuppie que sale airoso de todas las situaciones que se le presentan. Aquí pretendemos dar un concepto algo dife-rente al tema de la asertividad, más humilde, pero quizás también más realista: pretendemos que la asertividad sea un camino hacia la autoestima, hacia la capacidad de relacionar-se con los demás de igual a igual, ni estando por encima ni por debajo. Sólo quien posee una alta autoestima, quien se aprecia y valora a sí mismo, podrá relacionarse con los demás en el mismo plano, reconociendo a los que son mejores en al-guna habilidad, pero no sintiéndose inferior ni superior a otros. Dicho al revés, la persona no asertiva, tanto si es retra-ída como si es agresiva, no puede tener una autoestima muy alta, por cuanto siente la necesidad imperiosa de ser valora-da por los demás.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

21


 


2

 

¿SOY ASERTIVO?

 

 

 

 

 

 

 

 

Teóricamente, ¿qué es la asertividad? Definiciones de la asertividad hay muchas. Una de las más clásicas es ésta:

 

La asertividad es la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás.

 

Esta frase suena muy bien y seguramente más adelante, cuando sepamos más sobre el tema, nos significará mucho. Pero ahora mismo, quizás no es muy ilustrativa para la perso-na que quiera introducirse en este tema. Para comprender me-jor en qué consiste esto de la asertividad, permitidme poner unos ejemplos de personas con problemas de asertividad que acudieron a consulta.

Aquí, quisiera resaltar que los problemas de asertividad o de habilidades sociales no siempre son el motivo de consulta de la persona que acude a una terapia. A no ser que la proble-mática asertiva sea muy acuciante, las personas suelen co-menzar explicando problemas de ansiedad, timidez, culpabili-dad y muchas veces es el psicólogo el que, tras una serie de


 

 

 

23


LA ASERTIVIDAD

 

análisis, detecta una carencia de habilidades sociales como parte de la problemática por la que ha acudido la persona. Así ocurrió también en el caso de estas dos personas:

 

1. Juana

 

Juana es secretaria y tenía 36 años cuando acudió a consul-ta. Estaba separada de su marido.

 

La exploración psicológica se desarrolló a diversos niveles de profundidad, a medida que se iba analizando el material y la entrevista que realizamos a Juana.

 

Análisis 1:

 

Como “motivo de consulta” reseñamos que vino lloran-do, diciendo tener una “crisis de identidad”. Una relación simultánea con dos hombres le había hecho plantearse mu-chas cosas de su vida, llegando a la conclusión de que no sabía lo que quería, a quién quería ni cómo iba a desarro-llarse su futuro afectivo.

 

Se definía a sí misma como obsesiva y puntillosa, y de-cía no poder dejar de darle vueltas constantemente a todo cuanto de importancia le acontecía.

 

Análisis 2:

 

Poco a poco, la problemática con sus dos hombres fue quedando en un segundo plano, para extenderse a más personas. Progresivamente, fue saliendo que tenía proble-mas en casi todas las situaciones de interacción: trabajo, Universidad, amigos.

 

Se sentía explotada, pensaba que los demás se aprove-chaban de ella y adivinaba intenciones en su contra en casi todo el mundo.


 

 

 

24


¿SOY ASERTIVO?

 

La explicación que daba a tal problemática con la gente era que ella tenía más empuje y energía que el resto de las personas que la rodeaban. Se quejaba de que, si ella no ti-raba de la gente y tenía la iniciativa, las cosas no funciona-ban.

 

Análisis 3:

 

Por medio de autorregistros1 y entrevistas, llegamos a la conclusión de que su conducta era extremadamente agresi-va: muy frecuentemente, contestaba con brusquedad a pre-guntas banales, por creer haber adivinado segundas inten-ciones en ello.

 

No dejaba explicarse a la gente y enseguida les etiqueta-ba públicamente.

 

En el trabajo y la Universidad, cada vez que veía corri-llos de gente u oía hablar a más de dos personas entre sí, profería frases del estilo: “si queréis hablar de mí, hacedlo en alto”.

Al conocer a alguien nuevo, dejaba muy claro quién era ella y qué conductas le gustaban y cuáles le molestaban, “para que no haya malentendidos”.

 

2. Elena

 

Elena también tenía 36 años cuando acudió a consulta y tra-bajaba asimismo como secretaria, pero su problemática era bien diferente.

 

Era soltera y vivía con su madre y sus dos hermanos, todos adultos con edades comprendidas entre los 23 y los 36 años.

 

1.  Autorregistro: método de obtención de información típico de la terapia cognitivo-conductual, que consiste en que la persona apunte en una ho-ja una serie de datos preestablecidos, cada vez que siente malestar.


 

 

 

25


LA ASERTIVIDAD

 

Análisis 1:

 

El motivo de consulta fue muy difícil de saber; en prin-cipio, se quejaba de tener problemas familiares porque “siempre estamos de bronca”, ejerciendo ella de concilia-dora. Su impresión era que, si no mediaba ella, aquello se podía convertir en un infierno. Su madre, decía, era depre-siva y también era Elena la que la cuidaba y protegía de tensiones.

 

Aún con eso, fue muy difícil extraer más información y llegamos a tardar casi un año en profundizar más.

 

Análisis 2:

 

Muy lentamente y con gran dificultad, fue saliendo que su principal problema era la relación con su madre, que los manipulaba y dominaba a todos, provocando las tensiones y broncas que había en la casa. De hecho, se pudo comprobar que ésta tenía a los tres hijos completamente “atados” a ella, llegando a no permitirles salir los fines de semana, tener amigos y mucho menos, una pareja. De ahí se derivaba que los tres tenían grandes dificultades de relación con los de-más. Concretamente Elena, no salía nunca, no tenía amigos, y, por lo tanto, carecía por completo de habilidades sociales.

 

Análisis 2:

 

Al final se delimitaron dos problemas principales: 1. la falta de asertividad: jamás llevaba a cabo deseos propios, nunca se negaba a nada, ni en el trabajo ni en casa, no sabía enfrentarse ni enfadarse, mostraba un excesivo autocontrol, con tal de no demostrar nunca disgusto. 2. Una gran culpa-bilidad, inculcada por su madre (si no cumplía con sus ór-denes era “mala”) que la hacía justificar siempre a los de-


 

 

 

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más y nunca a sí misma. (En este caso, se trató primero el tema más “interno”, el de la culpabilidad y luego el exter-no, las técnicas de asertividad y habilidades sociales).

 

Juana y Elena nos van a acompañar a lo largo de este libro. Iremos viendo registros y escritos suyos, analizando su pro-blemática y observando cómo se fueron resolviendo sus res-pectivos problemas.

 

2.1. Características de la sumisión de la agresividad y de la asertividad

 

Veamos ahora, en abstracto, cuáles son las principales ca-racterísticas de la “personalidad” de las personas sumisas, agresivas y, finalmente, asertivas.

 

Por supuesto, nadie es puramente agresivo, ni sumiso, ni siquiera asertivo. Las personas tenemos tendencias hacia al-guna de estas conductas, más o menos acentuadas, pero no existen los “tipos puros”. Por lo mismo, podemos exhibir al-gunas de las conductas descritas en ciertas situaciones que nos causan dificultades, mientras que en otras podemos reaccio-nar de forma completamente diferente. Depende de la proble-mática de cada uno y de la importancia que tenga ésta para la persona.

 

A lo largo del libro, observaréis que utilizamos repetidas veces la palabra “conducta”. Cuando hablamos de “conducta” no nos referimos solamente a “comportamiento externo”. Como psicólogos cognitivo- conductuales, denominamos “conducta” a todo el conjunto de comportamientos, emocio-nes, pensamientos, etc. que posee una persona en las situacio-nes a las que se enfrenta.


 

 

 

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Así, para delimitar las características que presenta cada es-tilo de conducta, (sumiso, agresivo y asertivo) describiremos cómo funcionan en cada caso los tres patrones de conducta:

-  Comportamiento externo

 

-  Patrones de pensamiento

 

-  Sentimientos y emociones

 

2.1.1. La persona sumisa

 

Si estamos muy pendientes de no herir a nadie en ninguna circuns-tancia, acabaremos lastimándonos a nosotros mismos y a los demás

 

(P. Jakubowski)

 

La persona sumisa no defiende los derechos e intereses per-sonales. Respeta a los demás, pero no a sí mismo.

 

Comportamiento externo:

 

   Volumen de voz bajo/ habla poco fluida/ bloqueos/ tarta-mudeos/ vacilaciones/ silencios/ muletillas (estoo... ¿no?)

 

   Huida del contacto ocular/ mirada baja/ cara tensa/ dientes apretados o labios temblorosos/ manos nervio-sas/ onicofagia2/ postura tensa, incómoda

 

   Inseguridad para saber qué hacer y decir

 

   Frecuentes quejas a terceros (“X no me comprende”, “Y es un egoísta y se aprovecha de mí”...).

 

Patrones de pensamiento:

 

   Consideran que así evitan molestar u ofender a los de-más. Son personas “sacrificadas”.

 

   “Lo que yo sienta, piense o desee, no importa. Importa lo que tú sientas, pienses o desees”.

 

2. Onicofagia: hábito de morderse las uñas.


 

 

 

 

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   Su creencia principal es: “Es necesario ser querido y apre-ciado por todo el mundo”.

 

   Constante sensación de ser incomprendido, manipulado, no tenido en cuenta.

 

Sentimientos/emociones:

 

   impotencia/ mucha energía mental, poca externa/ fre-cuentes sentimientos de culpabilidad/ baja autoestima/ deshonestidad emocional (pueden sentirse agresivos, hostiles, etc. pero no lo manifiestan y a veces, no lo reco-nocen ni ante sí mismos)/ ansiedad/ frustración.

 

Este tipo de conductas tiene unas lógicas repercusiones en las personas que les rodean, el ambiente en el que se suelen mo-ver, etc. Estas son las principales consecuencias que, a la larga, tiene la conducta sumisa en la persona que la realiza:

   pérdida de autoestima/ pérdida del aprecio de las demás personas (a veces) /falta de respeto de los demás.

La persona sumisa hace sentirse a los demás culpables o su-periores: depende de cómo sea el otro, tendrá la constante sen-sación de estar en deuda con la persona sumisa (“es que es tan buena...”), o se sentirá superior a ella y con capacidad de “aprovecharse” de su “bondad”.

 

Las personas sumisas presentan a veces problemas somáti-cos (es una forma de manifestar las grandes tensiones que su-fren por no exteriorizar su opinión ni sus preferencias).

 

Otras veces, estas personas tienen repentinos estallidos des-mesurados de agresividad. Estos estallidos suelen ser bastante incontrolados, ya que son fruto de una acumulación de tensio-nes y hostilidad y no son manifestados con habilidad social.


 

 

 

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2.1.2. La persona agresiva

 

Defiende en exceso los derechos e intereses personales, sin tener en cuenta los de los demás: a veces, no los tiene real-mente en cuenta, otras, carece de habilidades para afrontar ciertas situaciones.

 

Comportamiento externo:

 

   volumen de voz elevado/ a veces: habla poco fluida por ser demasiado precipitada/ habla tajante/ interrupcio-nes/ utilización de insultos y amenazas

 

   contacto ocular retador/ cara tensa/ manos tensas/ pos-tura que invade el espacio del otro/

 

   tendencia al contraataque.

 

Patrones de pensamiento:

 

   “Ahora sólo yo importo. Lo que tú pienses o sientas no me interesa”

 

   piensan que si no se comportan de esta forma, son exce-sivamente vulnerables

 

   lo sitúan todo en términos de ganar-perder

 

   pueden darse las creencias: “hay gente mala y vil que me-rece ser castigada” y/o “es horrible que las cosas no sal-gan como a mí me gustaría que saliesen”.

 

Emociones/ sentimientos:

 

   ansiedad creciente

 

   soledad/ sensación de incomprensión/ culpa/ frustra-ción

 

   baja autoestima (si no, no se defenderían tanto)


 

 

 

 

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   sensación de falta de control

 

   enfado cada vez más constante y que se extiende a cada vez más personas y situaciones

 

   honestidad emocional: expresan lo que sienten y “no en-gañan a nadie”.

 

Como en el caso de las personas sumisas, los agresivos su-fren una serie de consecuencias de su forma de comportarse:

 

   generalmente, rechazo o huída por parte de los demás

 

   conducta de “círculo vicioso” por forzar a los demás a ser cada vez más hostiles y así aumentar ellos cada vez más su agresividad.

 

No todas las personas agresivas lo son realmente en su in-terior: la conducta agresiva y desafiante es muchas veces (yo diría que la mayoría) una defensa por sentirse excesivamente vulnerables ante los “ataques” de los demás o bien es una fal-ta de habilidad para afrontar situaciones tensas. Otras veces sí que responde a un patrón de pensamiento rígido o unas con-vicciones muy radicales (dividir el mundo en buenos y malos), pero son las menos.

 

Muy común es también el estilo pasivo-agresivo: la persona callada y sumisa en su comportamiento externo, pero con grandes dosis de resentimiento en sus pensamientos y creen-cias. Frecuentemente utilizan la manipulación y el chataje afectivo para conseguir ser tenidos en cuenta. Obviamente, es-to se debe a una falta de habilidad para afrontar las situacio-nes de otra forma.

 

Vamos a presentarte un escrito de una persona con proble-mas de asertividad. El contenido está plasmado tal cual lo pu-so esta persona. ¿A qué estilo crees que corresponde el perfil


 

 

 

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de esta persona? Cuidado con equivocarte, se puede prestar a interpretaciones erróneas:

“Siempre que estoy en el trabajo me fijo en Álvaro. Cada cosa que le oigo decir me repatea. Es un estúpido, y dice las mayores idioteces con una seguridad pasmosa. Le odio.

 

Suelo estar muy tenso. Sé que no debo dejar que esto afec-te al resto de mis relaciones fuera del trabajo, pero ayer, por ejemplo, sentados cada uno en su mesa, Álvaro comentó: “qué poco les queda a algunos para irse de vacaciones”, en clara alusión a mí. Le contesté, bastante tenso, que diez días eran mucho tiempo aún. Me dijo que a él le quedaba mes y medio, y le contesté que cuando le quedaran 10 días como a mí ya me diría cómo estaba. El contestó algo en voz baja. Yo estaba de espaldas a él, en el ordenador, y no le miré ni le pre-gunté. Estaba ya tan tenso que pensaba que iba a estallar. Fui incapaz de articular más palabras.

 

Tengo mucho miedo a contestarle. Estoy tan tenso que pienso que mi voz va a salir quebrada. Le odio totalmente. No le soporto, me siento tan inseguro y él está tan tranquilo. Creo que dijo aquello (lo de las vacaciones), para hacerme re-accionar y yo he caído como un estúpido.

 

El siempre tiene razón y yo no. Me supera, es mejor que yo. Con Ana me va a pasar lo mismo. ¿Cómo puedo pensar en salir con ella? Duraríamos una semana.

 

Cada vez que tengo que hablar con alguien del trabajo, me entra una tensión horrible, me bloqueo y me sale una voz afectada. Eso me deja completamente abatido”.3

 

 

.3 La persona es del estilo pasivo-.agresivo


 

 

 

 

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     ¿Qué tipo de respuesta sueles tener tú? Seguramente, variarás tu conducta dependiendo del tipo de situación, las personas con las que estés, etc.

Consulta el listado de situaciones que te hiciste al princi-pio. ¿De qué forma respondes a cada una de las situaciones? ¿Eres asertiva en unas, sumisa en otras y agresiva en otras o sueles mostrar un mismo tipo de comportamiento?

 

2.1.3. Formas típicas de respuesta no asertiva

 

Hemos descrito en general, los comportamientos, los pen-samientos y los sentimientos más comunes a las personas con problemas de asertividad, pero ¿cómo reacciona una persona con problemas de asertividad en una situación concreta de tensión?

 

Imaginemos una situación que conlleva algo de tensión: Carlos, que es poco asertivo, tiene prestado un libro de Juan desde hace más de un mes. Juan está cansado de reclamarlo una y otra vez, pero a Carlos siempre se le olvida. Por fin, un día, éste le devuelve su libro. Juan, molesto desde hace un tiempo, le dice con ironía: “Hombre, pues muchas gracias. Me gustan las personas que devuelven rápidamente lo pres-tado”.

 

Carlos se siente muy “cortado”, y no es asertivo, pero tiene que afrontar la situación de alguna manera. (Afrontar signifi-ca “salir airosamente”, no enfrentarse. En este caso, si Juan tie-ne razón, no hay por qué intentar quitársela).

 

Estas son cuatro de las típicas formas erróneas de respon-der que podría esgrimir Carlos con su problema de asertivi-dad:


 

 

 

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1. BLOQUEO

 

Conducta: ninguna, “quedarse paralizado”.

 

Pensamiento: a veces, no hay un pensamiento claro, la per-sona tiene “la mente en blanco”.

 

Otras, la persona se va enviando automensajes ansiógenos y repetitivos: “tengo que decir algo”, “esto cada vez es peor”, “Dios mío, ¿y ahora qué hago?”, etc.

 

Generalmente, esta forma de respuesta causa una gran an-siedad en la persona y es vivida como algo terrible e insupe-rable.

 

En este caso, Carlos, simplemente, se quedaría “de piedra” y no diría ni haría nada. Esta conducta permite que el interlo-cutor, al no disponer de datos, interprete la reacción según sea su estilo de pensamiento. Depende de cómo sea Juan, éste po-drá pensar: “pues vaya caradura, encima se me queda miran-do y no se excusa” o “vaya, parece que ha reconocido su falta. Quien calla, otorga...”.

 

2. SOBREADAPTACIÓN

 

Conducta: el sujeto responde según crea que es el deseo del otro.

 

Pensamiento: atención centrada en lo que la otra persona pueda estar esperando: “tengo que sonreírle”, “si le digo mi opinión, se va a enfadar”, “¿querrá que le de la razón?”.

 

Esta es una de las respuestas más comunes de las personas sumisas.

Carlos, de responder así, simplemente, se reiría nerviosa-mente, haciendo como si el “chiste” de Juan tuviera mucha gracia. No daría ninguna explicación respecto a su demora en devolver los apuntes.


 

 

 

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3. ANSIEDAD

 

Conducta: tartamudeo, sudor, retorcimiento de manos, movimientos estereotipados, etc.

 

Pensamiento: “me ha pillado”, “¿y ahora qué digo?”, “ten-go que justificarme”, etc. La persona se da rápidas ins-trucciones respecto a cómo comportarse, pero éstas sue-len llevar una gran carga de ansiedad.

 

Otras veces, la ansiedad es parte de un bloqueo. En estos casos, la persona no puede pensar nada porque está bloquea-da, y generalmente, tampoco emite otra respuesta encamina-da a afrontar la situación.

 

Esta forma de comportamiento tiene grados. Puede ir desde una respuesta correcta, que afronta la situación, aun-que con nerviosismo interno o externo, hasta el descrito blo-queo, en el que la persona no emite más respuesta que la an-siedad.

Carlos tal vez sí respondería, pero con ansiedad: “Bueno, es que yoo..., pues sí, je, je, tienes razón, pero yo no quería, es de-cir, en fin, vaya, que sí, que tienes razón”, a la vez, que se re-torcería nerviosamente las manos o se pasaría la mano una y otra vez por el pelo, riendo nerviosamente.

 

4. AGRESIVIDAD

 

Conducta: elevación de la voz, portazos, insultos, etc.

 

Pensamiento: “ya no aguanto más”, “esto es insoportable”, “tengo que decirle algo como sea”, “a ver si se cree que soy idiota”.

 

Esta conducta, a veces, sigue a la de ansiedad. La persona se siente tan ansiosa, que tiene necesidad de estallar, con la idea, además, de tener que salir airoso de la situación.


 

 

 

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Carlos podría esgrimir cualquier frase desafiante del esti-lo: “pues tú tampoco eres manco, ¿eh?”, “pues no sé a qué viene eso”, o peor aún: “oye, a ti nadie te ha pedido la opi-nión”.

 

2.1.4. La persona asertiva

 

Vistas ya las dos conductas que indican falta de asertivi-dad, veamos, por fin, cómo se comporta, qué piensa y siente la persona que sí es asertiva. Lógicamente, rara vez se hallará una persona tan maravillosa que reúna todas las característi-cas; al igual que ocurre con los tipos descritos de sumisión y agresividad, los rasgos que ahora presentamos son abstraccio-nes. Todo lo más, podremos encontrar a personas que se ase-mejen al “ideal” de persona asertiva, y podremos intentar, por medio de las técnicas adecuadas, acercarnos lo máximo posi-ble a este modelo, pero jamás tendremos el perfil completo, ya que nadie es perfecto.

 

Las personas asertivas conocen sus propios derechos y los defienden, respetando a los demás, es decir, no van a “ganar”, sino a “llegar a un acuerdo”.

 

Comportamiento externo:

 

   habla fluida/ segura/ sin bloqueos ni muletillas/ contac-to ocular directo, pero no desafiante/ relajación corpo-ral/ comodidad postural.

 

   expresión de sentimientos tanto positivos y negativos/ defensa sin agresión/ honestidad/ capacidad de hablar de propios gustos e intereses/ capacidad de discrepar abiertamente/ capacidad de pedir aclaraciones/ decir “no”/ saber aceptar errores.


 

 

 

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Patrones de pensamiento:

 

   conocen y creen en unos derechos para sí y para los de-más.

 

   sus convicciones son en su mayoría “racionales” (esto se explicará más adelante).

 

Sentimientos/emociones :

 

   buena autoestima/ no se sienten inferiores ni superiores a los demás/ satisfacción en las relaciones/ respeto por uno mismo.

 

   sensación de control emocional.

 

También en este caso, la conducta asertiva tendrá unas con-secuencias en el entorno y la conducta de los demás:

 

   frenarán o desarmarán a la persona que les ataque

 

   aclaran equívocos

 

   los demás se sienten respetados y valorados

 

   la persona asertiva suele ser considerada “buena”, pero no “tonta”.

 

Acordémonos de nuevo del ejemplo antes descrito sobre una conversación entre Juan y Carlos, en la que Juan repro-chaba de forma irónica a Carlos el que éste hubiera tardado mucho en devolverle un libro. Si Carlos, en este caso, es una persona asertiva, cuenta con una serie de habilidades para sa-lir medianamente airoso de la situación, aunque esto incluya te-ner que admitir su error. Estas son las habilidades de las que dis-pone Carlos:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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LA PERSONA ASERTIVA

 

1. Sabe decir “no” o mostrar su postura hacia algo

 

1.1. Manifiesta su propia postura ante un tema, peti-ción, demanda

 

1.2. Expresa un razonamiento para explicar/justificar su postura, sentimientos, petición

 

1.3. Expresa comprensión hacia las posturas, sentimien-tos, demandas del otro

 

2. Sabe pedir favores y reaccionar ante un ataque

 

2.1. Expresa la presencia de un problema que le parezca debe ser modificado (cuando lo haya)

 

2.2. Sabe pedir cuando es necesario

 

2.3. Pide clarificaciones si hay algo que no tenga claro

 

3. Sabe expresar sentimientos

 

3.1. Expresa gratitud, afecto, admiración...

 

3.2. Expresa insatisfacción, dolor, desconcierto...

 

 

¿Qué podría haber dicho Carlos en este caso? Si considera que el reproche es razonable, no cabe negar la evidencia, con lo cual, lo más que puede hacer es decir algo así: “Tienes ra-zón, tendría que habértelo devuelto antes, pero es que soy un despistado. Te prometo que la próxima vez me esforzaré en devolvértelo más pronto”. Pero también puede no estar de acuerdo con lo que se le reprocha. En este caso, podría res-ponder: “cuando te lo pedí, te dije que tendría que leerlo ente-ro y no he podido leerlo en menos tiempo”. También, si le ha molestado el tono de la increpación: “Bueno, es verdad, pero me molesta un poco el tono irónico con que me has hablado. Intentaré no tardar tanto la próxima vez, pero tú no me hables


 

 

 

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así, ¿vale?”. Por supuesto, éstas son frases “standard” que sue-nan algo artificiales. Carlos tendría que adaptarlas a su len-guaje y forma de expresión.

 

2.2. Cómo nos delatamos: Componentes no verbales de la comunicación asertiva

 

En Escocia puede ser difícil hacer hablar a un individuo. En España, lo espinoso es conseguir que se calle.

 

(J.A. Vallejo-Nágera)

 

Es esta una parte algo más teórica, pero, a mi entender, in-teresante, ya que hace hincapié en un tipo de respuesta que muchas veces pasamos por alto, y que sin embargo, nos está condicionando constantemente: la conducta no verbal, es de-cir, los gestos, miradas, posturas que emitimos mientras esta-mos comunicándonos. Remitimos al lector al estudio de los in-teresantes libros que se han escrito al respecto (véase Biblio-grafía) y nos limitamos aquí a describir la parte de la comuni-cación que afecta directamente a la asertividad.

 

La comunicación no verbal, por mucho que se quiera elu-dir, es inevitable en presencia de otras personas. Un individuo puede decidir no hablar, o ser incapaz de comunicarse verbal-mente, pero todavía sigue emitiendo mensajes acerca de sí mismo a través de su cara y su cuerpo. Los mensajes no ver-bales a menudo son también recibidos de forma medio cons-ciente: la gente se forma impresiones de los demás a partir de su conducta no verbal, sin saber identificar exactamente qué es lo agradable o irritante de cada persona en cuestión.

 

Para que un mensaje se considere transmitido de forma so-cialmente habilidosa (asertiva), las señales no verbales tienen


 

 

 

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que ser congruentes con el contenido verbal. Muchas veces nos hemos encontrado con individuos que, aparentemente, emiten mensajes verbales correctos, pero que no consiguen que los demás les respeten o consideren interlocutores válidos. Las personas sumisas carecen a menudo de la habilidad para dominar los componentes verbales y no verbales apropiados de la conducta, y de aplicarlos conjuntamente, sin incon-gruencias. En un estudio realizado por Romano y Bellack, a la hora de evaluar una conducta asertiva, eran la postura, la ex-presión facial y la entonación las conductas no verbales que más altamente se relacionaban con el mensaje verbal.

 

Analicemos uno a uno los principales componentes no ver-bales que contiene todo mensaje que emitimos:

 

LA MIRADA

 

Ha sido uno de los elementos más estudiados en la litera-tura sobre habilidades sociales y aserción.

 

Casi todas las interacciones de los seres humanos depen-den de miradas recíprocas. Pensemos solamente en cómo nos sentimos si hablamos con alguien y éste no nos está mirando; o, al contrario, si alguien nos observa fijamente sin apartar la mirada de nosotros. La cantidad y tipo de mirada comunican actitudes interpersonales, de tal forma que la conclusión más común que una persona extrae cuando alguien no le mira a los ojos es que está nervioso y le falta confianza en sí mismo (que algunas veces, por nuestra propia inseguridad, la persona que no nos está mirando a los ojos nos “contagie” el nerviosismo es otra historia...).

 

Los sujetos asertivos miran más mientras hablan que los sujetos poco asertivos.


 

 

 

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De esto se desprende que la utilización asertiva de la mira-da como componente no verbal de la comunicación implica una reciprocidad equilibrada entre el emisor y el receptor, va-riando la fijación de la mirada según se esté hablando (40%) o escuchando (75%).

 

LA EXPRESIÓN FACIAL

 

La expresión facial juega varios papeles en la interacción social humana:

 

– muestra el estado emocional de una persona, aunque és-ta pueda tratar de ocultarlo

 

– proporciona una información continua sobre si se está comprendiendo el mensaje, si se está sorprendido, de acuerdo, en contra, etc. de lo que se está diciendo

 

– indica actitudes hacia las otras personas.

 

Las emociones: alegría, sorpresa, ira, tristeza, miedo, se ex-presan a través de tres regiones fundamentales de la cara; la frente/cejas, ojos/párpados y la parte inferior de la cara.

 

La gente, normalmente, manipula sus rasgos faciales adop-tando expresiones según el estado de ánimo o comportamien-to que le interese transmitir. También se puede intentar no transmitir o no dejar traslucir estado de ánimo alguno,(la lla-mada “cara de póker”) pero, en cualquier caso, la persona es-tá manipulando sus rasgos faciales.

 

La persona asertiva adoptará una expresión facial que esté de acuerdo con el mensaje que quiere transmitir. Es decir, no adoptará una expresión facial que sea contradictoria o no se adapte a lo que quiere decir. La persona sumisa, por ejemplo, frecuentemente está “cociendo” por dentro cuando se le da una orden injusta, pero su expresión facial muestra amabilidad.


 

 

 

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LA POSTURA CORPORAL

 

La posición del cuerpo y de los miembros, la forma cómo se sienta la persona, cómo está de pie y cómo se pasea, refleja las actitudes y conceptos que tiene de sí misma y su ánimo res-pecto a los demás. Existen cuatro tipos básicos de posturas:

 

– postura de acercamiento: indica atención, que puede in-terpretarse de manera positiva (simpatía) o negativa (in-vasión) hacia el receptor

– postura de retirada: suele interpretarse como rechazo, re-pulsa o frialdad

– postura erecta: indica seguridad, firmeza, pero también puede reflejar orgullo, arrogancia o desprecio

– postura contraída: suele interpretarse como depresión, ti-midez y abatimiento físico o psíquico.

 

La persona asertiva adoptará generalmente una postura cercana y erecta, mirando de frente a la otra persona.

 

LOS GESTOS

 

Los gestos son básicamente culturales. Las manos y, en un grado menor, la cabeza y los pies, pueden producir una am-plia variedad de gestos que se usan, bien para amplificar y apoyar la actividad verbal o bien para contradecir, tratando de ocultar los verdaderos sentimientos.

 

Comparados un grupo de sujetos asertivos con otro que no lo era, se halló que mientras que el primero gesticulaba un 10% del tiempo total de interacción, el segundo grupo sólo lo hacía el 4%.

 

Los gestos asertivos son movimientos desinhibidos. Su-gieren franqueza, seguridad en uno mismo y espontaneidad por parte del que habla.


 

 

 

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COMPONENTES PARALINGÜÍSTICOS

 

El área paralingüística o vocal hace referencia a “cómo” se transmite el mensaje, frente al área propiamente lingüística o habla, en la que se estudia “lo que” se dice. Las señales voca-les paralingüísticas incluyen:

 

– Volumen: en una conversación asertiva, éste tiene que es-tar en consonancia con el mensaje que se quiere transmi-tir. Un volumen de voz demasiado bajo, por ejemplo, puede comunicar inseguridad o temor, mientras que si es muy elevado transmitirá agresividad y prepotencia.

 

– Tono: puede ser fundamentalmente agudo o resonante. Un tono insípido y monótono puede producir sensación de inseguridad o agarrotamiento, con muy pocas garantí-as de convencer a la persona con la que se está hablando. El tono asertivo debe de ser uniforme y bien modulado, sin intimidar a la otra persona, pero basándose en una se-guridad.

 

– Fluidez-perturbaciones del habla: excesivas vacilacio-nes, repeticiones, etc. pueden causar una impresión de in-seguridad, inapetencia o ansiedad, dependiendo de cómo lo interprete el interlocutor. Estas perturbaciones pueden estar presentes en una conversación asertiva siempre y cuando estén dentro de los límites normales y estén apo-yados por otras componentes paralingüísticos apropia-dos.

 

– Claridad y velocidad: el emisor de un mensaje asertivo debe hablar con una claridad tal, que el receptor pueda comprender el mensaje sin tener que sobreinterpretar o recurrir a otras señales alternativas. La velocidad no debe ser ni muy lenta ni muy rápida en un contexto comunica-


 

 

 

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tivo normal, ya que ambas anomalías pueden distorsio-nar la comunicación.

 

COMPONENTES VERBALES

 

Separándonos del área no verbal, vamos a analizar muy brevemente aquellos elementos verbales que influyen decisi-vamente en que una comunicación sea interpretada como asertiva o no.

 

El habla se emplea para una variedad de propósitos: co-municar ideas, describir sentimientos, razonar, argumentar...

 

Las palabras que se empleen cada vez dependerán de la situa-ción en la que se encuentre la persona, su papel en esa situa-ción y lo que está intentando conseguir.

Investigaciones en este campo han encontrado una serie de elementos del contenido verbal que diferencian a las personas asertivas de las que no lo son: utilización de temas de interés para el otro, interés por uno mismo, expresión emocional, etc. Asimismo se ha encontrado que la no condescendencia y las expresiones de afecto positivo ocurren con mayor frecuencia en personas socialmente habilidosas.

 

La conversación es el instrumento verbal por excelencia del que nos servimos para transmitir información y mantener unas relaciones sociales adecuadas. Implica un grado de inte-gración compleja entre las señales verbales y las no verbales, tanto emitidas como las recibidas. Elementos importantes de toda conversación son:

 

– Duración del habla: la duración del habla está directamen-te relacionada con la asertividad, la capacidad de enfrentar-se a situaciones y el nivel de ansiedad social. En líneas ge-nerales, a mayor duración del habla, más asertiva se puede


 

 

 

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considerar a la persona, si bien, en ocasiones, el hablar du-rante mucho rato puede ser un indicativo de una excesiva ansiedad. De hecho, hay personas a las que les resulta más fácil hablar que tener que escuchar. En este último caso, la persona, al estar “pasiva”, tiene que mostrar muchas más conductas no verbales que la persona que está hablando.

 

– Retroalimentación (feed back): cuando alguien está ha-blando, necesita información intermitente y regular de cómo están reaccionando los demás, de modo que pueda modificar sus verbalizaciones en función de ello. Necesita saber si los que le escuchan le comprenden, le creen, es-tán sorprendidos, aburridos, etc.

 

Los errores más frecuentes en el empleo de la retroali-mentación consisten en dar poca y no hacer preguntas y comentarios directamente relacionados con la otra perso-na. Una retroalimentación asertiva consistirá en un inter-cambio mutuo de señales de atención y comprensión, de-pendiendo, claro está, del tema de conversación y de los propósitos de la misma.

 

– Preguntas: son esenciales para mantener la conversación, obtener información y mostrar interés por lo que la otra persona está diciendo. El no utilizar preguntas puede provocar cortes en la conversación y una sensación de de-sinterés.

 

        Te proponemos un ejercicio para realizar con otras dos personas. No hace falta que sean de mucha confianza, ya que no es necesario conocerse para realizarlo.

Dos personas se situarán frente a frente y conversarán so-bre un tema previamente establecido. La tercera hará de ob-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

servador y anotará lo que le parezca importante de la con-ducta no-verbal de ambos interlocutores. Tras 5 minutos de conversación, el observador dará un feed-back, es decir, re-flejará a ambos interlocutores lo que le haya parecido co-rrecto e incorrecto de su conducta. Estos reanudarán la con-versación, procurando modificar sus conductas en base a lo que les haya reflejado la tercera persona. Tras otros 5 minu-tos, se intercambiarán los papeles.

 

Para facilitar el registro del observador, sugerimos un mo-delo fácilmente utilizable:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿SOY ASERTIVO?

 

 

REGISTRO DE CONDUCTAS VERBALES Y NO VERBALES PERSONA A PERSONA B

 

MIRADA     ______________________

 

EXPRESIÓN FACIAL:

 

Frente/Cejas   ________________

 

Ojos/Párpados    ______________

 

Boca  ________________________

 

POSTURA CORPORAL:

 

Acercamiento  ________________

 

Retirada   ____________________

 

Expansión   __________________

 

Contracción    ________________

 

GESTOS:

 

Manos  ______________________

 

Cabeza    ____________________

 

Pies   ________________________

 

VOLUMEN     ____________________

 

TONO      ________________________

 

FLUIDEZ:

 

Vacilaciones   ________________

 

Repeticiones   ________________

 

Tartamudeos   ________________

 

CLARIDAD    ____________________

 

VELOCIDAD     __________________


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿POR QUÉ NO SOY ASERTIVO? PRINCIPALES CAUSAS DE LA FALTA DE ASERTIVIDAD

 

 

 

 

 

 

 

Si echo mi misma sombra en mi camino, es porque hay una lámpara en mí que no ha sido encendida

 

(R. Tagore)

 

¿Por qué hay personas a las que, aparentemente, les re-sulta tan fácil tener una respuesta adecuada, “quedar bien” y salir dignos de las situaciones y personas para las que lo mis-mo significa un mundo? ¿Qué ocurre o ha ocurrido en la vi-da de unos y otros? Veamos las principales causas por las que una persona puede tener problemas de asertividad:

 

a)   LA PERSONA NO HA APRENDIDO A SER ASERTIVA O LA HA APREN-DIDO DE FORMA INADECUADA

Las conductas o habilidades para ser o no ser asertivo se aprenden: son hábitos o patrones de conducta, como fumar o beber.


 

 

 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

No existe una “personalidad innata” asertiva o no aserti-va, ni se heredan características de asertividad. La conducta asertiva se va aprendiendo por imitación y refuerzo, es de-cir, por lo que nos han transmitido como modelos de com-portamiento y como dispensadores de premios y castigos nuestros padres, maestros, amigos, medios de comunica-ción, etc.

 

Ocurre a veces, que la persona no asertiva no da con la solución a su problema, porque la busca sin salirse de su pa-trón de conducta y pensamiento. Por ejemplo: Elena, la per-sona sumisa descrita anteriormente, era considerada la “buena” de la familia, el “apoyo de su madre”. Eso la refor-zaba mucho, la hacía sentirse realizada como persona, entre otras cosas, porque no recibía ningún otro refuerzo de otro lado. Al planteársele un cambio hacia una conducta más asertiva, Elena reaccionó muy en contra, pese a estar dese-ándolo en teoría, porque temía volverse “revolucionaria” y perder así el afecto y el único refuerzo que tenía en su vida: su madre.

 

En la historia de aprendizaje de la persona no asertiva pueden haber ocurrido las siguientes cosas:

   Castigo1 sistemático a las conductas asertivas: enten-diendo por castigo no necesariamente el físico, sino todo tipo de recriminaciones, desprecios o prohibiciones.

   Falta de refuerzo1 suficiente a las conductas asertivas: puede ocurrir que la conducta asertiva no haya sido sis-temáticamente castigada, pero tampoco suficientemente

 

1. Para mayor comprensión de los conceptos “refuerzo” y “castigo” ver ca-pítulo 7.1.


 

 

 

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¿POR QUÉ NO SOY ASERTIVO?

 

reforzada. La persona, en este caso, no ha aprendido a valorar este tipo de conducta como algo positivo.

 

   La persona no ha aprendido a valorar el refuerzo so-cial: si a una persona le son indiferentes las sonrisas, ala-banzas, simpatías y muestras de cariño de los demás, no esgrimirá ninguna conducta que vaya encaminada a ob-tenerlos.

 

   La persona obtiene más refuerzo por conductas sumi-sas o agresivas: este es el caso de la persona tímida, in-defensa, a la que siempre hay que estar ayudando o apo-yando. El refuerzo que obtiene (la atención) es muy po-deroso. En el caso de la persona agresiva, a veces, el re-fuerzo (por ejemplo, “ganar” en una discusión o conse-guir lo que se quiere) llega más rápidamente, a corto pla-zo, si se es agresivo que si se intenta ser asertivo.

 

   La persona no sabe discriminar adecuadamente las si-tuaciones en las que debe emitir una respuesta concre-ta: la persona a la que los demás consideran “plasta, pe-sado” está en este caso. Esta persona no sabe ver cuándo su presencia es aceptada y cuándo no, o en qué casos se puede insistir mucho en un tema y en cuáles no. También está en este caso la persona “patosa” social-mente, que, por ejemplo, se ríe cuando hay que estar se-rios o hace un chiste inadecuado.

 

b)   LA PERSONA CONOCE LA CONDUCTA APROPIADA, PERO SIENTE TANTA ANSIEDAD QUE LA EMITE DE FORMA PARCIAL

 

En este caso, la persona con problemas de asertividad ha tenido experiencias altamente aversivas (de hecho o por lo que ha interpretado) que han quedado unidas a situaciones


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

concretas. En Psicología se denomina a este fenómeno “con-dicionamiento” o “generalización”. Dichas experiencias pue-den haber sido objetivamente ansiógenas, como en el caso de un inmigrante al que se discrimina, o subjetivas, es decir, na-cidas en la mente de la persona. Por ejemplo, alguien se pue-de haber sentido muy diferente y externo a un grupo en el que se ha visto obligado a estar (niño nuevo en una clase), aunque quizás el grupo no lo sentía así.

 

Situaciones de este estilo pueden dejar en la persona un poso de ansiedad tan grande, que a partir de ese momento su respuesta asertiva se ve mermada. Si la persona tiende a ge-neralizar a otras situaciones, pronto todas sus respuestas asertivas sufrirán con esta ansiedad; si no, por lo menos las que se parezcan o tengan algo que ver con la situación inicial suscitarán reacciones de ansiedad.

 

c)   LA PERSONA NO CONOCE O RECHAZA SUS DERECHOS

 

La educación tradicional nos ha pretendido hacer sumi-sos. Algunos más, otros menos, todos hemos recibido mensa-jes del estilo “obediencia a la autoridad”, estar callados cuan-do hable una persona mayor, no expresar la opinión propia ante padres, maestros, etc. Si bien esto responde a un mode-lo educativo más antiguo, sorprende ver cómo personas jó-venes relatan historiales llenos de reproches, padres autorita-rios, prohibiciones para ser ellos mismos, etc.

 

Por supuesto que lo anteriormente dicho, tomado en su justa medida, es una sana aplicación pedagógica para que el niño aprenda a respetar a los demás y a ser educado, pero ¡cuántas veces se exageran estas normas en nombre de una “buena educación”!


 

 

 

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¿POR QUÉ NO SOY ASERTIVO?

 

Existen una serie de suposiciones tradicionales que a pri-mera vista parecen “normales”, pero que, recibidas de forma autoritaria e insistente, pueden hacer mucho daño a la per-sona, haciéndola sentirse inferior a los demás y sin capacidad para cambiar. Estas “suposiciones tradicionales” pueden ser, por ejemplo: “Es ser egoísta anteponer las necesidades pro-pias a las de los demás”. Según y como entendamos esta má-xima, puede ser una sana declaración de principios o, por el contrario, algo que hunde a la persona que lo tome demasia-do al pie de la letra. Porque algunas veces, tenemos el dere-cho de ser los primeros. Otra cosa que nos han transmitido a casi todos es: “hay que ser siempre lógico y consecuente”, es más, la persona que, por ejemplo, tiene claro desde pequeño la carrera que va a elegir, el trabajo al que se piensa dedicar, pasa por ser una persona seria, congruente y valorable. Pero ¿no tenemos derecho, de vez en cuando, a cambiar de línea de acción o de idea? Una tercera máxima, muy extendida, es la que indica que “es vergonzoso cometer errores. Hay que tener una respuesta adecuada siempre, no hay que interrum-pir, no hacer demasiadas preguntas”. Sin embargo, todos te-nemos derecho, en un momento dado, a cometer errores, a pedir aclaraciones, a quedar como ignorante si algo no se sa-be realmente.

 

Últimamente, tal vez se prodiga menos este modelo sumi-so en el niño. A cambio, medios de comunicación y agentes sociales bombardean con otro mensaje: hay que ser agresivo, subir por encima de los demás, ser “más” que otros.

 

En el fondo, ambos modelos no están tan diferenciados en-tre sí como pueda parecer: ambos supeditan a la persona a la opinión de los demás o la imagen que den al exterior, en vez de centrar la autoestima en los propios logros y respecto a


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

uno mismo. Ambos clasifican el mundo en ganadores y per-dedores, en estar “por encima” o “por debajo”, en vez de con-templar a los demás como iguales a uno mismo. En suma, ambos pasan por alto los derechos que todos tenemos y que nos harían ser personas asertivas.

 

¿Qué son los Derechos Asertivos? Son unos derechos no escritos, que todos poseemos, pero que muchas veces olvida-mos a costa de nuestra autoestima. No sirven para “pisar” al otro, pero sí para considerarnos a la misma altura que todos los demás.

 

En la siguiente página, te presentamos la lista de los prin-cipales derechos asertivos que todos poseemos. Si te los lees, seguramente pensarás: “ya, claro, eso ya lo sabía yo”, pero párate a reflexionar un momento. ¿Realmente haces uso de tus derechos, te acuerdas de ellos en momentos puntuales? Como dice P. Jakubowski:

 

“Si sacrificamos nuestros derechos con frecuencia, estamos enseñan-do a los demás a aprovecharse de nosotros”.

 

     En este punto, saca la lista de situaciones que te cau-san dificultad, que apuntaste antes, y, para cada una de ellas, plantéate: ¿qué derecho me estoy saltando y no estoy teniendo en cuenta?


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¿POR QUÉ NO SOY ASERTIVO?

 

TABLA DE DERECHOS ASERTIVOS

 

1.  El derecho a ser tratado con respeto y dignidad

 

2.  El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones

3.  El derecho a ser escuchado y tomado en serio

 

4.  El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar mis propias decisiones

5.  El derecho a decir “NO” sin sentir culpa

 

6.  El derecho a pedir lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a decir “no”.

7.  El derecho a cambiar

 

8.  El derecho a cometer errores

 

9.  El derecho a pedir información y ser informado

 

10.  El derecho a obtener aquello por lo que pagué

 

11. El derecho a decidir no ser asertivo

 

12.  El derecho a ser independiente

 

13.  El derecho a decidir qué hacer con mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de otras personas

 

14.  El derecho a tener éxito

 

15.  El derecho a gozar y disfrutar

 

16.  El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertivo

 

17.  El derecho a superarme, aún superando a los demás

 

d)   LA PERSONA POSEE UNOS PATRONES IRRACIONALES DE PENSA-MIENTO QUE LE IMPIDEN ACTUAR DE FORMA ASERTIVA

 

Al describir las principales características de la persona su-misa, agresiva y asertiva, reflejábamos las típicas creencias y es-quemas mentales que tiene cada uno de ellos. Así, recordaremos que la persona sumisa suele guiarse principalmente por este es-quema mental: “Es necesario ser querido y apreciado por todo el


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

mundo”, mientras que la agresiva puede tener este: “Es horrible que las cosas no salgan como a mí me gustaría que saliesen”.

Estas “creencias” o esquemas mentales, así expresadas, son parte de una lista de 10 “Ideas Irracionales” que Albert Ellis ideó hace ya unos años. Vamos a explicar, de manera rápida y algo “sui géneris”, en qué consisten estas Ideas Irracionales.

 

Se supone que todos tenemos, desde pequeños, una serie de “convicciones” o “creencias”. Éstas están tan arraigadas dentro de nosotros, que no hace falta que, en cada situación, nos las volvamos a plantear para decidir cómo actuar o pen-sar. Es más, suelen salir en forma de “pensamientos automáti-cos”, tan rápidamente que, a no ser que hagamos un esfuerzo consciente por retenerlas, casi no nos daremos cuenta de que nos hemos dicho eso.

 

     Te propongo un experimento: elige una situación que te resulte difícil afrontar, de la lista que hiciste al principio. Divide esta situación en tres momentos: el momento antes de entrar en ella; cuando estés en medio; y después, cuando ya hayas salido de ella. Para cada uno de estos momentos, re-flexiona: ¿qué te sueles decir normalmente? ¿Te alientas, te echas hacia atrás, te reprochas o te vas felicitando sobre tu actuación? Seguramente, en estos automensajes irán metidas gran parte de tus creencias y convicciones y de ellos depen-de el que tengas el ánimo de afrontar airosamente la situa-ción o el que la encares como un perdedor.

 

Una típica convicción puede ser la de que necesitamos sen-tirnos apoyados o queridos para sentirnos a gusto. Otra po-dría ser la necesidad de sentirnos competentes en algún área de nuestra vida para tener la autoestima medianamente alta.


 

 

 

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¿POR QUÉ NO SOY ASERTIVO?

 

Albert Ellis, psicólogo de los años 50, delimitó 10 de estas convicciones, que todos poseemos en mayor o menor medida. Están reflejadas en la siguiente página. Ellis las llamó “irracio-nales” ya que, según él, no responden a una lógica ni son ob-jetivas. En efecto, tomadas al pie de la letra, nadie realmente “necesita” ser amado para sobrevivir, ni “necesita” ser compe-tente para tener la autoestima alta.

 

LISTA DE IDEAS IRRACIONALES DE ELLIS

 

1.  Es necesario para un ser humano ser querido y acepta-do por todo el mundo

2.  Uno tiene que ser muy competente y saber resolverlo todo si quiere considerarse necesario y útil

3.  Hay gente mala y despreciable que debe de recibir su merecido

4.  Es horrible que las cosas no salgan de la misma forma que a uno le gustaría

5.  La desgracia humana es debida a causas externas y la gente no tiene ninguna o muy pocas posibilidades de controlar sus disgustos y trastornos

 

6.  Si algo es o puede ser peligroso o atemorizante, hay que preocuparse mucho al respecto y recrearse constante-mente en la posibilidad de que ocurra

 

7.  Es más fácil evitar que hacer frente a algunas dificulta-des o responsabilidades personales

8.  Siempre se necesita de alguien más fuerte que uno mis-mo en quien poder confiar

9.  Un suceso pasado es un importante determinante de la conducta presente, porque si algo nos afectó mucho, continuará afectándonos indefinidamente

 

10.  Uno debe de estar permanentemente preocupado por los problemas de los demás


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Pero dado que no somos máquinas y que, por suerte o por desgracia, amamos, odiamos, estamos tristes y somos felices, no se puede pedir a nadie que no posea estas ideas, por lo me-nos en algún grado. Por lo tanto, yo traduciría la teoría de Ellis en lo siguiente: todos poseemos estas ideas en algún grado. Por supuesto que casi todos nos sentimos mejor si contamos con un apoyo, si nos sentimos queridos; por supuesto que, pa-ra tener una buena autoestima se requiere, entre otras cosas, considerarse competente y saber mucho de algo.

 

El problema comienza cuando una o varias de estas creen-cias se hacen tan importantes para nosotros, que supeditamos nuestras acciones y convicciones a su cumplimiento. Por ejem-plo: la persona para la cual es absolutamente vital recibir el afecto de los demás, buscará este apoyo en todo lo que haga, es decir, intentará gustar a todo el mundo, estará constante-mente temerosa de “fallarles” a los demás, interpretará gestos y palabras como “ya no me quieren”, etc.

 

Lo mismo le ocurre a la persona que necesita ser competen-te y hacerlo todo bien para sentir que vale algo. Esta persona pronto se convertirá en un perfeccionista, que nunca estará sa-tisfecho con lo que haga, que se autorreproche y culpabilice an-te cualquier error y que tenga puesto su listón tan alto que di-fícilmente pueda llegar a él. Cualquier exageración de una de estas creencias o convicciones puede proporcionar un conside-rable sufrimiento a la persona que las vive de esta forma, y sue-le traducirse en alguna conducta disfuncional. Así, la persona que tenga como necesidad suprema la Idea nº 1 (“Es necesario ser amado o aceptado por todo el mundo”), no puede ser aser-tiva, ya que, para ella, es intolerable no caer bien a los demás y una excesiva asertividad le parecería peligrosa para cumplir este objetivo. A la persona agresiva le ocurrirá lo mismo, pero


 

 

 

 

 

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¿POR QUÉ NO SOY ASERTIVO?

 

al revés: la asertividad le parecerá demasiado amenazante por-que puede quedar como excesivamente “blanda” ante los de-más, sobre todo si tiene muy arraigada la Idea Irracional nº 3 (“Hay gente mala, despreciable, que debe ser castigada por ello”), y también si su Idea es la nº 4 (“Es horrible que las cosas no salgan como a mí me gustaría que salieran”), ya que la con-ducta asertiva implica ceder de vez en cuando y obtener las co-sas con paciencia y consenso, cosas incompatibles con la rigi-dez mental que sugiere esta última creencia irracional.

 

La persona, normalmente, no tiene la “culpa” de poseer es-tas convicciones. La mayoría de las veces, éstas se van for-mando a lo largo de la educación y, si no se hace nada en con-tra u ocurre algo muy fuerte, se van afianzando y reforzando cada vez más.

 

Muy frecuentemente, se trata de máximas que van circu-lando por la sociedad y que se dan por hechos asumidos. Como decíamos antes, hace un tiempo se nos transmitía un patrón de conducta sumisa, ahora, el patrón de conducta tien-de más hacia la agresividad, pero siempre se nos transmite una conducta defensiva. Las creencias que circulan por la so-ciedad desde tiempo inmemorial son del estilo: “tengo que de-fenderme de los demás; si no, me hacen daño”; “es peligroso mostrarse débil, se pueden aprovechar de ti”; “no puedo mos-trar mis verdaderos sentimientos. Es peligroso lo que puedan pensar los demás de mí”, etc.

 

Repasa una a una las Ideas Irracionales de Ellis e intenta pen-sar qué patrones de conducta sumisa puede desencadenar cada una de ellas si se poseen como una “necesidad imperiosa”.2

 

2.  La solución la tienes en el capítulo 5, “Aplicación de la Reestructuración Cognitiva a problemas de Asertividad”.


 

 

 

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4

 

TRABAJANDO CON LA

 

ASERTIVIDAD:

 

IDENTIFICACION DE LAS

 

CONDUCTAS ERRÓNEAS

 

 

 

Dado que los tipos “sumiso”, “agresivo” y hasta el “aserti-vo”, tal y como los describíamos en el capítulo precedente, no existen como “tipos puros”, puede resultar difícil saber cuán-do una persona comparte con el común de los mortales algu-nas dificultades para comunicarse asertivamente y cuándo es-tas dificultades se están convirtiendo en “problema psicológi-co”. Desde el punto de vista cognitivo-conductual, un “pro-blema” no es tal porque figure en los libros con una serie de síntomas descritos, sino porque una persona (y, en algunos ca-sos, las personas cercanas) siente que las dificultades que tie-ne son para ella un “problema”. Es decir, si alguien es absolu-tamente asocial, solitario e introvertido, pero está satisfecho con esa forma de ser y no molesta a nadie que le sea cercano (y aún en este último caso habría que analizar dónde y en quién está el problema), esta persona no tiene un problema y no hay que obligarle a cambiar si él/ella no quiere. En el momento en el que esa forma de ser le traiga dificultades o le resulte mo-lesta para la consecución de algún fin, será la propia persona


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

la que defina sus dificultades como “problema”. El que em-prenda pasos para mejorar es otro tema más complicado (exis-ten muchas “defensas”, autoengaños, etc.) que ahora no ven-dría al caso. El hecho es que existen muchas personas que su-fren con sus dificultades de comunicación y que existen diver-sas técnicas encaminadas a paliar estas dificultades.

 

Para ello, lo mejor es comenzar por saber exactamente qué problemas se tienen y dónde, cuándo y cómo ocurren, cosa que, frecuentemente, no se sabe con precisión. Seguramente, las per-sonas que estéis leyendo este libro pensaréis: “pues yo sí que sé qué problemas de asertividad tengo y en qué situaciones”; es cierto, pero de “saber” a delimitar exactamente las circunstan-cias que hacen que se tenga esa dificultad, hay un paso. ¿Sabéis, por ejemplo, de qué dependen vuestras dificultades? ¿Habéis observado si ocurren en presencia de una persona concreta, de una situación específica, o si dependen de lo que os decís en ca-da momento? ¿Tenéis claro cuáles son las convicciones irracio-nales que están condicionando vuestra conducta?

 

Es sumamente importante poder responder a estas pregun-tas si se quiere hacer algo por solucionar un problema de aser-tividad. Si no se delimita exactamente el problema, no podrá solucionarse nunca.

 

La primera regla para entresacar la intrincada red de cir-cunstancias que rodean una conducta es pensar: ¡no sé nada respecto a esta conducta! Es así como podremos saber real-mente qué está ocurriendo, sin dejarnos influir por pensa-mientos como “esto ya lo sé”, “no me hace falta analizar si ya me conozco”, etc.

 

El segundo paso será poner en práctica una serie de méto-dos de observación que nos permitan conocer mejor nuestra


 

 

 

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TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

conducta-problema y las circunstancias por las que se ve in-fluida, a fin de poder enfocar correctamente los pasos que nos van a llevar a modificarla.

 

Veamos, pues, qué es lo que se necesita para saber exacta-mente qué ocurre con nuestra conducta-problema y cómo po-demos afrontarla:

 

1.  Una correcta formulación del problema

 

2.  Una observación precisa y exhaustiva sobre las circuns-tancias que rodean la conducta-problema

 

3.  Un análisis detallado de los datos que se hayan sacado, a fin de detectar qué está manteniendo la conducta (por qué no desaparece) y cómo podemos modificarla.

 

4.1. Formulación correcta del problema

 

Saber cuál es la conducta que nos causa problemas no basta para poder afrontarla adecuadamente. Hace falta que nos la formulemos a nosotros mismos de forma precisa y ob-jetiva.

 

Así, por ejemplo, Elena y Juana, las personas con proble-mas de asertividad (Elena sumisa y Juana agresiva) que des-cribíamos al principio, relataron su problema en la primera en-trevista de la siguiente forma:

 

Elena:

 

“Tengo muchos problemas a la hora de hablar con la gente. Nunca sé qué decir y las conversaciones se terminan ensegui-da. Creo que es porque tengo tanto miedo a meter la pata que prefiero no decir nada”.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Juana:

 

“No sé qué me pasa con la gente. Yo creo que están acos-tumbrados a que siempre haya alguien que les saque las cas-tañas del fuego y, si les fallo en ese sentido, ya les caigo mal y me ponen malas caras”.

 

Parece que digan mucho, pero, en el fondo, con estas pala-bras no nos han dicho nada. No podríamos empezar a traba-jar basándonos solamente en este párrafo.

 

Necesitamos tener contestadas una serie de cuestiones pa-ra poder centrarnos y saber en qué consiste realmente el pro-blema. Estas son:

 

– con quién ocurre (jefes, compañeros, hombres, mujeres, niños; alguna persona o personas sueltas, etc.)

 

– cuándo ocurre (momento y lugar) (en el trabajo, con los amigos, en reuniones, en actos sociales, con mi pa-reja...)

 

– qué es lo que me preocupa de la situación (lo que pien-san los demás, lo que pienso yo, quedar mal, hacer el ridí-culo, parecer tonto, etc.)

 

– cómo lo suelo afrontar normalmente (evito las situacio-nes problemáticas, me “pego” a alguien, no digo nada, in-tento a toda costa decir algo, etc.)

 

– por qué no soy asertivo/a con esta conducta concreta; di-cho de otra forma: qué temo que ocurra si me mostrara asertivo (no se me acepte, se me considere un jefe duro, no se me quiera, etc.)

 

– cuál es el objetivo que persigo al querer cambiar mi conducta (que se me estime profesionalmente, que se me tenga afecto, que no me tomen más el pelo, etc.)


 

 

 

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TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

Veamos cómo cambia la formulación de Elena si intenta contestar a las preguntas citadas anteriormente:

“En las reuniones informales, por ejemplo, en una boda o en fiestas del trabajo (no me muevo en otros ambientes), me cuesta mucho conversar con la gente. Nunca me acerco a gru-pos ni a personas sueltas y cuando se acercan a mi, contesto con monosílabos y no aporto nada por mi parte. Intento pen-sar rápidamente en algo que decir, pero me quedo bloqueada. Mi mayor temor es que pueda decir algo que moleste a los de-más. Con sólo poder conversar de manera fluida cuando al-guien se acerque a mí me conformaría”.

 

Si Juana contestara las preguntas anteriores, podría decir:

 

“En mi trabajo y en la Facultad (con mis amigos íntimos no), tengo dificultades para relacionarme con la gente, ya que siempre parece haber problemas de poder entre ellos y yo. Creo que me tienen para sacarles las castañas del fuego. El caso es que me siento mal cuando veo corrillos de gente cuchicheando y riéndose, porque pienso que están hablando de mí. Cuando veo esto, me encaro directamente con ellos, para que no crean que soy tonta y no me doy cuenta de las cosas. Si me mostrara más ‘blanda’, me tomarían por el pito del sereno. Lo único que pretendo es que me dejen vivir tran-quila”.

 

Esto ya comienza a parecerse a un instrumento de trabajo y aún así, a un psicólogo no le bastaría. Hace falta más, mucho más, para saber qué condiciona exactamente la conducta y cuáles son los pasos a emprender para evitarlo.

 

      Elige de tu lista 2 o 3 situaciones que más te preocu-pen. Intenta describírtelas en un párrafo, sin pensar mucho,


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

tal y como se las describirías a otra persona. ¿Es suficiente información para comenzar a trabajar sobre ello?

 

Intenta, ahora, describir la misma situación dando res-puesta a las preguntas formuladas arriba. ¿Aprecias alguna diferencia respecto a la anterior descripción? ¿Podrías co-menzar a trabajar sobre ello?

 

4.2. Observación precisa

 

En terapia, invertimos unas cuatro sesiones en realizar una exhaustiva entrevista a la persona. En ella, nos informamos de lo que ocurre alrededor y en el interior de la persona cada vez que ocurre el problema.

 

Por supuesto, aquí no podemos plasmar las cuatro sesiones de entrevista que realizamos a las personas, pero sí un resu-men de las cuestiones principales.

 

Normalmente, se divide la conducta en las tres áreas cog-nitiva, motórica (o comportamiento externo) y emocional. A partir de ahí, se plantean preguntas que respondan a las si-guientes cuestiones:

 

ÁREA COGNITIVA

 

– ¿Qué pienso exactamente antes de enfrentarme a una si-tuación que temo?

 

– ¿Qué pienso o qué me digo durante la situación, mientras estoy actuando y/o actúan los demás?

 

– ¿Qué pienso después de finalizada la situación temida, cuando saco conclusiones sobre lo ocurrido?


 

 

 

 

 

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TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

ÁREA MOTÓRICA

 

– ¿Qué hago exactamente en las situaciones temidas? ¿Me quedo callado, contesto agresivamente, huyo de la situa-ción...?

 

– ¿Qué habilidades sociales poseo de hecho? Esto lo sabré si me observo en situaciones sociales en las que no estoy tenso o lo estoy menos. En estos casos ¿tengo la misma conducta que en las situaciones temidas? ¿cuál es la dife-rencia?

 

ÁREA EMOCIONAL

 

– ¿Cómo me siento en las situaciones que me cuesta afrontar?

 

– ¿Qué síntomas físicos experimento durante la situación: taquicardia, sudoración, pérdida de visión momentánea, mareos, tartamudeo... ¿En cuánto me influyen a la hora de actuar?

 

También es importante explorar y observar las situaciones concretas que nos causan temor:

 

– ¿Qué personas o tipo de personas suelen estar presentes?

 

– ¿Tienen algo en común las situaciones que temo, por ejem-plo: mismo lugar, mismo tipo de situación (formal, infor-mal, fiestas, reuniones...), mismas personas...?

 

– ¿Qué hace que me tranquilice, me sienta más seguro me tense, me sienta ansioso/a? ¿Influye en ello alguna perso-na, alguna reacción hacia mí, algún gesto o comentario?

 

Por supuesto, estas preguntas no son suficientes de cara a iniciar una terapia, pero pueden servir a las personas que es-téis leyendo este libro para comenzar a explorarse y adquirir una nueva actitud hacia los problemas de asertividad.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

     Intenta contestar a estas preguntas con las 2 o 3 situa-ciones de tu listado que hayas elegido. Seguramente, al con-testarlas se te aclararán algunas cosas que no habías tenido en cuenta hasta ahora, pero necesitas observarte todavía más para poder trabajar contigo mismo/a.

 

La clave para poder contestar correctamente a estas pre-guntas es observar atentamente cuándo, cómo, en qué cir-cunstancias ocurre la conducta y qué sucede a la vez en el in-terior de la cabeza de la persona que la está emitiendo. En te-rapia, como ya hemos dicho, utilizamos para ello unas cuatro sesiones y damos “deberes” (autorregistros) a la persona, pa-ra que ésta se autoobserve durante la semana. En estas pági-nas, no pretendemos plasmar un manual completo de auto-observación. Daremos, simplemente, unas cuantas pautas por si algún lector quiere practicar la autoobservación y mostrare-mos unos registros realizados por personas que hemos tenido en consulta.

 

4.3. Cómo autoobservarme correctamente

 

Para poder contestar mejor a preguntas del tipo de las ex-puestas anteriormente, es necesario realizar una precisa auto-observación que nos permita detectar exactamente cuándo, cómo, con quién y en qué circunstancias emitimos una con-ducta problemática; con qué frecuencia la emitimos y si la in-tensidad (más o menos fuerte) de la conducta depende de los factores anteriormente dichos. Observar cómo afrontas las si-tuaciones es esencial, ya que te permite saber cómo reaccionas en el presente, pero también cómo vas progresando y qué tie-


 

 

 

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TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

nes que hacer para cambiar tu conducta. Observar y anotar tu comportamiento te será de ayuda inmediata, ya que irás ad-quiriendo más y más conciencia del mismo. Además, así dis-pondrás de un instrumento de evaluación objetivo del cambio que se produce a lo largo del tiempo en el comportamiento so-metido a observación.

 

A veces ocurre que el mero hecho de autoobservarte hace que modifiques tus conductas; es la llamada “reactividad” de la observación. A veces, esta reactividad es negativa: hace que la persona se obsesione más con su conducta, al tener que es-tar pendiente de ella. Pero en la mayoría de los casos, si se re-aliza correctamente, esto no ocurrirá y la posible alteración po-sitiva del comportamiento que tenemos habitualmente, desa-parecerá pronto, en cuanto nos hayamos habituado a este tipo de observación. Por ello, la autoobservación por sí sola no bas-ta para modificar nuestra conducta. Es sólo el primer paso de toda una serie de estrategias encaminadas a modificar una conducta que nos causa problema, pero en ningún caso nos bastará sólo con observar.

 

Hay que tomarse un tiempo, por lo general, de tres sema-nas a un mes, durante el cual estaremos observando nuestra conducta externa e interna. Un período de tiempo menor no nos daría una información lo suficientemente precisa como para poder saber exactamente qué nos ocurre y podríamos in-currir en sacar conclusiones precipitadas sobre la causa de nuestro problema. Esto nos llevaría a intentar modificar nues-tra conducta de forma errónea o a continuar en la misma línea que seguíamos hasta ahora. Ambos casos no nos resolverían el problema y, en el peor de los casos, nos darían una sensación de frustración y de irremediabilidad respecto a nuestro pro-blema.


 

 

 

69


LA ASERTIVIDAD

 

Existen dos tipos de instrumentos que nos pueden ayudar a observar mejor nuestra conducta: las escalas y los autorre-gistros.

 

Bajo el término “escalas” se engloban todo tipo de tests, cuestionarios e inventarios que exploran de forma objetiva da-tos tales como los principales síntomas de un problema, su fre-cuencia, las circunstancias que lo rodean, etc. Para el tema de la Asertividad existen muchos cuestionarios. Entre ellos, los más utilizados son:

 

– Inventario de Asertividad de Rathus

 

– Cuestionario de Asertividad de Sharon y Gordon Bowers

 

– Inventario de Aserción de Fensterheim, adaptado de Rathus, Lazarus, Troy y Wolpe

 

Recientemente ha aparecido una escala que mide la aserti-vidad en español, realizada por Elena Gismero. Se trata de la Escala de Habilidades Sociales (EHS) y está editada por TEA en el año 2000.

 

También puede ser interesante explorar el grado y tipo de tensión que se experimenta ante las situaciones que más difi-cultades causan. Entre otros, están los inventarios:

 

– Inventario de Tensión de Fensterheim y Baer

 

– Cuestionario de Temores, de Wolpe

 

Pero lo que verdaderamente nos va a dar la clave, si lo sa-bemos analizar bien, de nuestras dificultades, son los autorre-gistros. Un autorregistro es una hoja de papel en la que se apuntan, a medida que van ocurriendo, las conductas proble-máticas, los factores que intervienen en ellas, las circunstan-cias que las rodean, etc. Se utiliza tanto para realizar una ob-servación inicial, a lo largo de tres o cuatro semanas, como pa-


 

 

 

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TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

ra ir viendo los progresos que se realizan una vez iniciado un tratamiento del problema. Igualmente, puede servir para ana-lizar posibles fracasos y ver qué se puede hacer la siguiente vez.

 

No existe un modelo estándar de autorregistro. Lo impor-tante es tener en cuenta que el autorregistro es un método pa-ra observar y registrar tanto la conducta manifiesta (pública) como la encubierta (pensamientos y sentimientos). Al final del capítulo os presentamos varios modelos de autorregistro. Como veréis, pueden variar los factores a registrar, depen-diendo de lo que se busca, de si estamos registrando nuestra conducta antes de haberla modificado, durante o después, etc. Sin embargo, hay algunos determinantes que siempre se de-ben de registrar:

 

– la frecuencia de aparición de la conducta problema. Es de-cir: ¿cuántas veces ocurre al día/semana/mes? ¿Ocurre en todas las ocasiones o sólo a veces? ¿De qué depende?

 

Normalmente, esto se recuenta apuntando simplemente el día y la hora en que sucedió la conducta a observar y la si-tuación y las circunstancias que la precipitaron.

– La intensidad o “gravedad” que para cada uno tenga la conducta. Interesa lo que la persona entienda como “gra-ve”, no lo que objetivamente “debería” de ser grave o le-ve. Esto es así, porque lo que la persona interprete como “grave” estará influyendo en sus pensamientos y, consi-guientemente, en sus sentimientos y conducta.

Para apuntar mejor la intensidad, se puede establecer un sistema de números (1-5), que vayan de menor a mayor gravedad, o poner, simplemente, “grave” - “intermedio” - “leve”.


 

 

 

71


LA ASERTIVIDAD

 

– La conducta concreta que se haya realizado, entendiendo bajo conducta tanto la interna como la externa, es decir, lo que se ha hecho, lo que se ha pensado al respecto y lo que se ha sentido física o anímicamente.

 

Otros datos a poner podrían ser la repercusión (también interna o externa) que la conducta haya tenido en uno mismo o los demás, la idea irracional subyacente, las posibles cosas a modificar, etc.

 

Una de las ventajas de los autorregistros frente a otras for-mas de medir las conductas problemáticas consiste en que la persona no tiene que recordar situaciones pasadas para llegar a conclusiones sobre su problema, con la consiguiente distor-sión que esto conlleva, sino que va anotando los episodios en el momento en el que ocurren (o, como muy tarde, la misma noche en que han sucedido), con lo cual, el grado de fiabili-dad de la información es mucho mayor. Pero para ello, es ne-cesario llevar un registro exacto. Es imperativo que éste sea escrito y que la persona se comprometa a rellenarlo todos los días o en todas las ocasiones en las que ocurre algo relaciona-do con el problema. Llevando así una hoja de datos diaria, se tendrá evidencia objetiva sobre los cambios que se van expe-rimentando. Si no se realizan las anotaciones regularmente, se tendrá que confiar en la memoria y ésta es un método de au-toobservación muy inexacto, tal y como han demostrado múl-tiples investigaciones.

 

Aún con todo lo dicho, a veces, la conducta registrada se hace de forma inexacta. Los mensajes irracionales que nos mandamos suelen ser muy poderosos y distorsionan a menu-do las cosas que vemos, sobre todo, si algo nos está afectando y entronca directamente con alguna creencia irracional. Así,


 

 

 

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TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

por ejemplo, una persona que tema mucho quedar en ridícu-lo o que está continuamente pendiente de lo que piensan los demás de él, anotará quizás “se dieron cuenta de que estaba nervioso”, “todos me miraron con cara extrañada” y hasta “me puse colorado”, sin evidencia de que esto haya ocurrido realmente. La propia conducta se ensombrece, la persona só-lo se fija en los aspectos negativos y al cabo de un tiempo de estar registrando, se sentirá muy desalentada.

 

Lo ideal sería que, paralelamente al autorregistro, otra per-sona de confianza le relate al interesado cómo “ha quedado”, visto desde fuera. Evidentemente, esta persona no puede se-guirle a todas partes para observarle. Pero basta una muestra de situaciones en las que ambos puedan contrastar sus pun-tos de vista sobre la actuación en cuestión para que la perso-na interesada sepa si tiene tendencia a filtrar la realidad o si contempla las cosas de forma objetiva y realista. Por ello, con-vendría que la persona elegida fuera alguien que compartie-ra con el interesado situaciones de diversa índole, es decir, que fuera su pareja, sus padres o hermanos o algún amigo de mucha confianza.

 

Estos son algunos ejemplos de posibles autorregistros. Están rellenados por personas que mostraban dificultades de asertividad y que acudieron a nuestra consulta.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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AUTORREGISTRO Nº 1

 

FECHA16 - 4 - 94

 

SITUACIÓN: Haciendo cola ante una farmacia de guardia. Un chico, que al principio me había preguntado si yo era la última (lo era), se coló delante de un señor que había delante de mi, diciéndole al farmacéutico que sólo quería dos insulinas y que traía el dinero justo. A nosotros ni nos miró.

 

PENSAMIENTOS ANTES: Este tío me está mosqueando. No se está poniendo detrás de mí, seguro que se quiere co-lar. Voy a pegarme al que tengo delante, para que no se pueda poner en medio.

 

PENSAMIENTOS DURANTE: Debería de decirle algo. Todo el mundo está tan normal que no me atrevo... Quizás no es tan raro que haga eso, como de hecho no está haciendo perder tiempo a nadie... Pero si todo el mundo hiciera como él no nos tocaría nunca. Tengo que actuar...

 

PENSAMIENTOS DESPUÉS: He sido una idiota. Debería de haberle dicho algo. Los demás estaban tan cortados co-mo yo, pero eso no es excusa. Así los tíos que tienen morro cada vez tendrán más.

 

GRADO Y TIPO DE MALESTAR: Alto. Sensación de ridícula y de tonta durante todo el rato.

 

CONSECUENCIAS: Estuve bastante rato después dándole vueltas al asunto y reprochándome haber sido tonta una vez más. A lo largo del día, de pronto, me acordaba de la situación y me sentía mal conmigo misma.

 

(En este registro, se rellena una hoja por situación, mientras que en los otros que presentamos, se pueden poner varias situaciones en una misma hoja).


 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ASERTIVIDAD


 

 

 

 

 

 

 

 

AUTORREGISTRO Nº 2

 

 

TRABAJANDO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SITUACIÓN

CONDUCTA

PENSAMIENTO

SENTIMIENTO

REPERCUSIÓN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Saliendo de un bar

Le respondí de muy

¿Qué se han creído

Rabia.

El

chico   parecía

 

 

 

 

enfrente a un cuar

malas maneras que

estos militares, que

 

muy

trastornado.

 

75

 

 

tel, un soldado me

ellos no tenían que

pueden  mandar  lo

 

Después me dio pe-

LACON

 

 

dijo que allí no se

decirme

dónde

que quieran?

 

na por él.

 

 

 

podía aparcar.

aparcar.

 

 

 

 

 

ASERTIVIDAD

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conduciendo en un

Bajé la ventanilla y

Aquí todos tenemos

Mucha ira y ganas

El otro siguió a su

 

 

 

atasco,  un  “listo”

le grité bastantes ta-

prisa….: ¿Será gili-

de ir a por él.

aire  y  le  perdí  de

 

 

 

 

me adelantó por la

cos. También le hice

pollas?

 

vista.

 

 

 

 

derecha  y  se  coló

gestos obscenos.

 

 

 

 

 

 

 

 

delante de mí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AUTORREGISTRO Nº 3:

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FECHA

SITUACIÓN

CONDUCTA

ASPECTOS SATIS-

ASPECTOS DE LA

EVALUACIÓN GLO-

 

 

 

 

 

 

FACTORIOS DE LA

EJECUCIÓN QUE NE-

BAL: BUENO-REGU-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EJECUCIÓN

CESITAN MEJORARSE

LAR-POBRE

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

11.Junio

Claustro de pro-

Intervine  algu-

Pude hablar sin

En  todo

mo-

Regular.

 

 

 

 

 

 

 

fesores.

nas veces.

bloqueos  en  lo

mento me

sentí

 

 

LA

 

 

 

 

 

 

 

que me interesa-

mal por dentro:

 

 

 

76

 

 

 

 

 

 

 

ASERTIVIDAD

 

 

 

 

 

 

ba decir.

taquicardias, su-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

dores.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3 Septiembre

Examen de sep-

Pillé a uno co-

Me mantuve en

Me temblaba la

Bueno.

 

 

 

 

 

 

 

tiembre .

piando y protes-

mi  lugar,  supe

voz y creo

que

 

 

 

 

 

 

 

 

 

tó.

contestarle bien.

se notó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


TRABAJANDO CON LA ASERTIVIDAD

 

 

      Elige una situación problemática de las 2 o 3 que ha-bías entresacado de tu lista. Este va a ser “tu” problema, con el que vas a trabajar a partir de ahora. Constrúyete un mo-delo de autorregistro a tu medida o, si lo prefieres, utiliza al-guno de los presentados arriba y dedica unas tres-cuatro se-manas a apuntar lo que ocurre cada vez que tiene lugar la si-tuación que has elegido. La única manera que esto tenga efecto es si te dedicas seriamente a hacerlo y apuntas, real-mente, todo cada vez.

 

Para ilustrar aún más este importante capítulo, mostramos unos ejemplos de autorregistros de las dos personas con pro-blemas de asertividad (Juana y Elena) que describíamos al principio del libro. ¿Cuál crees que es de Juana y cuál de Elena?


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

77


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

78


AUTORREGISTRO Nº 1

 

SITUACIÓN: Copa con todos los compañeros del trabajo

 

PENSAMIENTOS ANTES: Ojalá pudiera no ir, pero si digo que no me apetece, intentarán convencerme y no quiero que sospechen que estoy huyendo, que soy una cortada. Estoy segura de que lo voy a pasar mal. A lo mejor, si bebo me animo un poco. Quiero estar suelta, graciosa, moverme y hablar con todo el mundo, pero temo estar agarro-tada y no encontrar temas de conversación.

PENSAMIENTOS DURANTE: Estoy sosa, parada. Soy incapaz siquiera de moverme para picar algo. Aquí, pegada como una lapa a una compañera que no para de hablar. Tengo que sonreír, mostrar que estoy tan alegre como casi to-dos. Se están dando cuenta de que estoy siguiendo a Esther por toda la sala. Si ella se va, verán que me quedo sola. Les inspiraré lástima. ¡Qué termine esto! A ver si se hace la hora para hacer mutis por la puerta.

PENSAMIENTOS DESPUÉS: Ha sido más de lo mismo. Lo que me suele pasar casi siempre. Toda una fiesta es mucho pa-ra mí. Espero que caiga en saco roto y se olviden, aunque seguro que ya me conocen como “la sosa” y nunca po-dré cambiar esa imagen.

GRADO Y TIPO DE MALESTAR: Durante toda la fiesta, náuseas y tensión. Bloqueo cada vez que tenía que decir algo. Grado de malestar muy alto.

CONSECUENCIAS: Nadie me trató de modo especial al día siguiente. Como siempre.

 

AUTORREGISTRO Nº 2

 

SITUACIÓN: Al salir de clase, Mª Cruz no me ofrece su coche para volver a casa.

 

CONDUCTA: No digo nada, pero dejo bien claro que me ha molestado. Pongo expresamente mala cara, no le contesto cuando me dice algo, al final le pego un portazo delante de las narices.

PENSAMIENTO: Me joroba la gente. Ellos pueden contar contigo, tú no. Deberías de acordarte: no te des tanto y no es-perarás de nadie. Lo que tengo que hacer es pasar de todos y que se vayan a la mierda ellos solos.

SENTIMIENTO: Inmenso cabreo, se me pasan las ganas de comer.

 

REPERCUSIÓN: Lo dicho: no como prácticamente nada.

 

El registro nº 1 corresponde a Elena y el nº 2 a Juana


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA ASERTIVIDAD


5

 

MEJORANDO MI ASERTIVIDAD:

 

TÉCNICAS PARA SER

 

MÁS ASERTIVO

 

 

 

 

 

Sea usted mismo, incluso con sus defectos. No pretenda representar ningún papel, no finja: sea usted mismo... un poquito mejorado, pero manteniendo su identidad.

 

(J.A. Vallejo- Nágera)

 

 

A la hora de comenzar a entrenar una conducta asertiva, hay que volver a tener en cuenta los tres niveles de funciona-miento (cognitivo, emocional y motórico) que, decíamos, son la estructura de toda conducta. Tras haber analizado de forma precisa la conducta-problema observada, sabremos si el pro-blema proviene principalmente de los esquemas mentales que tiene la persona y que le transmiten unas ideas que hacen que su conducta sea poco asertiva; si, por el contrario, la fuente principal del problema está en una falta de habilidades para comunicarse correctamente o si es una excesiva ansiedad la que frena la correcta emisión de la conducta.

 

En la mayoría de los casos, se tratará de una mezcla de las tres cosas, si bien siempre hay un factor predominante al que


 

 

 

79


LA ASERTIVIDAD

 

hay que dar mayor énfasis a la hora de afrontar el problema. Normalmente, será por este factor principal por el que se co-mience a entrenar la asertividad.

 

Existen pues, tres tipos de técnicas (o paquetes de técnicas)

 

para cada uno de los niveles de funcionamiento:

 

– Técnicas de Reestructuración Cognitiva

 

– Entrenamiento en Habilidades Sociales

 

– Técnicas de Reducción de Ansiedad

 

Frecuentemente, como complemento a las técnicas que se utilicen, se añaden otro tipo de técnicas:

 

– Técnicas de Resolución de Problemas,

 

que necesitan, para poder ser llevadas a cabo, de un domi-nio de técnicas cognitivas, conductuales y de reducción de an-siedad. Por tratarse de una técnica complementaria, ésta no se describirá en este libro.

 

5.1. Técnicas de Reestructuración Cognitiva

 

Este tipo de técnicas no se utilizan exclusivamente para el entrenamiento de la asertividad. Normalmente, en cualquier proceso terapéutico, sea cual fuere la problemática que mues-tre la persona, se realizará una Reestructuración Cognitiva.

 

Esta consiste en

 

a)   concienciarse de la importancia que tienen las creencias en no-sotros, creencias la mayoría de las veces muy arraigadas en cada uno de nosotros desde la infancia, y que, cuando son irracionales, “saltan” en forma de pensamientos auto-máticos ante cualquier estímulo problemático y nos hacen sentir mal. En el capítulo 3 hablábamos de lo que son las


 

 

 

80


MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

“creencias” o esquemas mentales y exponíamos la lista de Ideas Irracionales de Ellis.

 

Por supuesto, no todas las creencias son irracionales. “La amistad es un valor muy importante y hay que cuidarla” es una creencia perfectamente racional y como ésta, hay miles de ellas. En una misma persona “conviven” muchas creencias ra-cionales y una o dos irracionales.

 

En esta fase, se suele plantear frecuentemente la clásica pre-gunta: ¿qué viene antes, los pensamientos o los sentimientos? O dicho de otra forma: ¿son los pensamientos los que nos hacen sentirnos mal o son los sentimientos los que hacen que pense-mos de forma errónea? La mayoría de las personas tiende a op-tar por la segunda alternativa. Sin embargo, según la Psicología Cognitiva, esto no es así: son las creencias profundamente arrai-gadas en nosotros las que hacen que contemplemos la realidad de una forma u otra (más optimista, más pesimista, más derro-tista, etc.), y eso es lo que hará que ante los acontecimientos que nos ocurran reaccionemos con unos sentimientos u otros.

 

b)   Hacer conscientes, por medio de autorregistros, los pensamien-tos que va teniendo la persona a lo largo de un tiempo es-tablecido (unas tres semanas) cada vez que se siente mal. Parece difícil, pero no lo es. Aunque, ahora mismo, no nos veamos capaces de decir exactamente qué pensamos en ciertas situaciones, con un poco de práctica, fácilmente lle-garemos a separar lo esencial del flujo de frases, palabras, ideas, que nos van asaltando continuamente. Hay que te-ner en cuenta que no buscamos “ideas correctamente for-muladas”; frecuentemente, un pensamiento automático es lo que muchos definirían por “sensación”. Por ejemplo: “malestar porque me sentí ridícula” puede ser un pensa-


 

 

 

81


LA ASERTIVIDAD

 

miento automático: la persona está interpretando, acerta-damente o no, que está haciendo el ridículo y, seguramen-te, esto conlleva una serie de temores a lo que pensarán los demás, a cómo es la imagen que se está dando, etc.

 

c)    Analizar estos pensamientos para detectar a qué idea irracional corresponde cada uno de ellos. Normalmente, una persona suele tener 2-3 creencias irracionales afincadas dentro de sí, que luego salen en forma de los citados pensamientos automáticos. Observando varios de estos pensamientos automáticos, se sacan las principales ideas irracionales que posee la persona. Se analiza también en qué medida le están dañando, haciéndole sacar conclusiones erróneas y muchas veces dolorosas y, por último, se discute la lógi-ca (o la falta de lógica) que tienen esas creencias irraciona-les y en qué medida podrían ser sustituidas por otras ideas, más adaptadas a la realidad.

 

Esta fase es la más importante, la más larga y, normalmen-te, requiere de la ayuda de un terapeuta, ya que, si bien es fácil que cualquier persona mínimamente inteligente cap-te la lógica o la falta de ella que subyace a sus pensamien-tos, es difícil que la persona se lo llegue a “creer”. Muchas veces, las personas que inician un proceso de Reestructu-ración Cognitiva relatan que comprenden lo que se les di-ce “con la cabeza”, pero no desde su interior.

 

d)   Elegir pensamientos alternativos a los irracionales, es decir, ar-gumentos que se contrapongan a los que normalmente ha-cen daño a la persona y que sean lógicos y racionales. Aquí es donde hay que hallar, normalmente con ayuda de un te-rapeuta, aquellos argumentos racionales que le sirvan a cada persona individualmente. A cada uno le convencerá


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

un tipo de pensamiento alternativo y no sirve para nada repetirse argumentos muy generales y muy racionales que la persona no se está creyendo o que le suenan fríos y dis-tantes. No vale, por ejemplo, decir simplemente el contra-rio a lo que se está pensando: de “seguro que todos pien-san que soy un idiota” no nos podemos ir a “seguro que todos me están admirando”, porque la persona no se lo creería en ningún caso. Tampoco vale el ser positivos por-que sí. No nos podemos pasar de “esto es un asco, no le-vantaré cabeza nunca” a “no tienes derecho a quejarte. La vida es bonita en sí, tienes mucha suerte en el fondo”.

 

La cuestión no es que los pensamientos alternativos a los irracionales y dolorosos se conviertan en positivos, sino en más realistas. A veces, habrá que reconocerse que se ha actuado de forma errónea en una situación, pero se inten-tará no sacar de quicio las consecuencias de esta mala ac-ción, o no culpabilizarse gratuitamente.

 

Esta fase puede durar semanas, ya que hay que ir proban-do argumentos, reflexionando sobre el porqué no han ser-vido algunos e ir puliendo poco a poco todos ellos hasta tener un “listado” más o menos amplio de argumentos que convencen a la persona y que ésta puede aplicar cuan-do se encuentre mal.

 

e)    Esta es la última fase de la Reestructuración Cognitiva y la más tediosa, ya que hay que llevar a la práctica los argumen-tos racionales elegidos. Esto implica necesariamente una in-sistencia, ya que la persona está muy habituada a pensar de forma ilógica y los argumentos irracionales saltarán de forma automática, sin que la persona se haya dado casi cuenta. Debe de insistirse una y otra vez con los argumen-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

tos racionales, al principio después de ocurrida la situación dolorosa, a modo de repaso de lo que se “podría haber” di-cho, y más adelante, cuando las ideas racionales ya estén más afincadas, a lo largo de las situaciones dolorosas.

 

Normalmente, en terapia se suelen proporcionar técnicas que ayudan a la persona a afianzar sus nuevas ideas ra-cionales, como son la imaginación, la visualización, etc.

 

Obviamente, todo este proceso no es ninguna forma de “la-vado de cerebro”, como algunos clientes temen al principio, si-no simplemente, una transformación de las propias ideas en más racionales y realistas, para que no nos hagan daño.

 

5.1.1. Aplicación de la Reestructuración Cognitiva a pro-blemas de asertividad

Como ya dijimos, la Reestructuración Cognitiva es aplica-ble a múltiples disfunciones y problemas de la conducta y por ello, hemos explicado su proceso de forma general. Para ha-cernos una idea sobre cómo se aplicaría esto en un problema de asertividad, veamos un ejemplo real y cómo se han segui-do los cinco pasos descritos con su problema. Se trata de Elena, la persona con problemas de asertividad (su conducta era sumisa) que describíamos al principio del libro:

 

a)   Concienciación de la importancia que tienen las creen-cias:

este paso se suele realizar en forma de exposición teórica, aportando esquemas y gráficos para facilitarle a la persona la comprensión de lo que se le quiere transmitir. Como le ocurre a muchas personas, Elena tenía una duda: ¿esos “nuevos” es-quemas que se supone que debo aprender no harán que cam-bie de personalidad, que ya no sea “yo”? La respuesta es cla-


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

ra: no. Los nuevos esquemas son simplemente una sustitución de los automensajes irracionales, pero continúan en la “misma línea”. No se les cambia el contenido, sino la forma de expre-sarlos. Por decirlo de otra forma, se les elimina la “broza” que hacía que estos automensajes dañaran a la persona.

 

b)   Concienciación de los propios pensamientos:

 

Como ya dijimos, esta fase se realiza mediante Autorregis-tros, que se comentan cada semana en terapia, para ver cómo la persona va siendo paulatinamente más consciente de lo que pasa por su cabeza cada vez que se siente mal. La pregunta clave que tiene que hacerse la persona es: “¿me estoy sintien-do mal, triste, enfadada?”. Si es así, habrá que rellenar el re-gistro. Mostramos dos extractos de registros realizados por Elena en esta primera fase:

 

SITUACIÓN

 

CONDUCTA

PENSAMIENTO

SÍNTOMA FÍSICO

Reunión

de

di-

Intento  hacerlo

No puedo hacer

Dolor de cabeza

rectivos,

yo

te-

lo  mejor

posi-

nada

mal

por-

creciente.

nía

que

tomar

ble,

pero

estoy

que

 

todos

me

Temblor

en  la

notas,  hacer

el

todo el rato pen-

están

mirando.

mano.

 

acta, etc.

 

 

diente de

si lo

Me

 

está

tem-

 

 

 

 

 

 

hago

bien.  Les

blando la mano

 

 

 

 

 

 

miro

constante-

y lo están notan-

 

 

 

 

 

 

mente de reojo.

do. Sería

horri-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ble si...

 

 

 

 

Al llegar a casa

Hago lo que me

No

quiero

se-

En el momento,

del

trabajo. Es-

dicen sin que se

guir en esta ca-

nada.  Después,

toy

agotada

y

me note lo que

sa.

No

tengo

en  mi

cuarto,

mi madre me pi-

estoy pensando.

fuerza para ne-

gran llorera, de-

de a gritos que

 

 

 

garme a hacer lo

sesperación.

le traslade una

 

 

 

que

 

me

dicen.

 

 

estantería de un

 

 

 

Me

 

presionan

 

 

sitio a otro.

 

 

 

 

constantemente,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

no puedo más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

85


LA ASERTIVIDAD

 

c)   Identificación de la Ideas Irracionales que subyacen a los automensajes y análisis de su “lógica” o de la falta de ella.

Estando Elena ya familiarizada con las diez “Ideas Irracio-nales” de Ellis, se le propusieron una serie de autorregistros en los que ella misma tenía que identificar la Idea Irracional que subyacía al pensamiento que estaba teniendo. Elena intentó realizar este análisis lo más cercano temporalmente al mo-mento en el que se producía su malestar, para así ir acostum-brándose a analizar sus pensamientos en el momento en el que se producían. Tras varios registros de este tipo:

 

SITUACIÓN

PENSAMIENTO

IDEA RRACIONAL

Mis hermanos se en-

No debo de estar ha-

“Si algo es o puede ser

frentan con dureza a

ciéndolo bien, porque

peligroso...”  (Idea  nº

mi madre. Yo intento

no voy a ninguna par-

6) y “Un suceso pasa-

mediar,  sin  ningún

te. Soy así desde siem-

do...” (Idea 9).

éxito.

pre y nada me va a

 

 

hacer cambiar, ni la te-

 

 

rapia ni nada.

 

 

 

 

 

se llegó a la conclusión que Elena tenía dos Ideas Irracionales fuertemente arraigadas (consultar la lista de Ideas Irracionales expuesta en el capítulo 3): la nº 4 (“Es horrible que las cosas no salgan como a uno le gustaría”) y la nº 6 (“Si algo es o puede ser peligroso o amenazante, hay que preocuparse mucho al respecto y recrearse constantemente en la posibilidad de que ocurra”). Se analizaron todos los registros apuntados hasta el momento desde este nuevo punto de vista: ¿cómo están re-percutiendo “mis” Ideas Irracionales en los automensajes y pensamientos que voy teniendo y que me producen malestar? También se analizó la lógica o el realismo que tenían sus pen-samientos. Por ejemplo: “el que me diga a mí misma que esto


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

nunca se solucionará, ¿es realista? ¿Cómo sé yo que realmen-te ‘nunca’ se solucionará? El pensar eso, cuando en verdad no lo sé, ¿me está sirviendo de algo o sólo me hace sentirme peor y frenarme para buscar alternativas?”.

También apuntó y analizó en registros estas cuestiones de la “lógica” o racionalidad que podían tener sus pensamientos. Lo importante era que, después de haberlo hecho varias veces en terapia, Elena lo hiciera por sí sola, sin ayuda externa:

 

SITUACIÓN

PENSAMIENTO

¿ES IRRACIONAL?

 

TIPO DE

PENSAMIENTO

En una

“copa”

Nunca

voy

a

Es

irracional,

“Es

necesario

ofrecida

por  el

poder hablar en

porque este tipo

ser querido...”

Gerente

(Navi-

público.

Me

de gente no se

(Nº 1)

 

dad)

 

pongo demasia-

para

a analizar

“Si

algo

es  o

 

 

do

nerviosa.

si  lo

que

digo

puede ser

peli-

 

 

Voy

a meter

la

está bien o mal.

groso...”

 

 

 

pata y dirán que

Además,

no sé

(Idea nº 6).

 

 

 

soy una inculta.

si

realmente

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“nunca”

cam-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

biaré.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

d)    Elección de pensamientos alternativos a los irracionales

 

Como decíamos, aunque esta fase parece la más difícil, es en realidad bastante fácil de superar. Solamente hay que ela-borar pensamientos alternativos, siguiendo unos patrones de “racionalidad” y elegir los que más le sirvan a cada persona. En esta fase, no se pretende que los pensamientos alternativos se elaboren lo más seguido posible a los pensamientos espon-táneos, sino que se pueden y deben idear en calma, en casa. Es esta una fase de búsqueda de pensamientos válidos para la persona, no de aprendizaje y habituación a ellos. Así, en el ca-so de Elena, en una situación de reunión con las demás secre-tarias de su empresa, y pensando en un primer momento:


 

 

 

87


LA ASERTIVIDAD

 

“Nunca podré expresar en público lo que opino. ¿Por qué to-do lo que intento decir me tiene que salir de forma rara y rígi-da?”, ella elaboró los siguientes pensamientos alternativos:

 

“Me esfuerzo, pero aún no consigo los resultados que me gustarían. He conseguido superar la tensión en pequeñas si-tuaciones, pero tengo que seguir trabajando las situaciones más difíciles”.

Estos pensamientos suenan muy racionales y lógicos, pero cualquier terapeuta con experiencia se daría cuenta de que no suenan auténticos. Son, por así decirlo, excesivamente “de li-bro”. Cuando se le dijo esto a Elena, reconoció que, efectiva-mente, lo había escrito para “quedar bien” y demostrar que sa-bía hacer las tareas, pero que estos automensajes no la conven-cían en absoluto. Tras repetírsele de nuevo que los pensamien-tos alternativos no tienen que ser “bonitos”, sino eficaces para cada persona en particular, Elena elaboró estos automensajes para la misma situación anterior, que sí le convencían más:

 

“Esta vez no he podido decir lo que pensaba, pero última-mente lo había conseguido algunas veces. No tiene sentido sentirme culpable por no hacer las cosas bien. Además, los de-más no se dedican a analizar lo que yo digo”.

 

Esta fase es algo pesada para la persona, ya que se trata de rellenar registros y más registros1, analizando los pensamien-tos que causan malestar y elaborando pensamientos alternati-vos, que luego se dividen en “eficaces” e “ineficaces”. Al cabo de un tiempo, la persona se va dando cuenta de cuál es el “to-nillo” que más le convence o qué tipo de automensajes racio-

 

1. En terapia cognitivo-conductual se trabaja mucho con Autorregistros como instrumento de información y trabajo. Es por ello que aparecen en todas las fases de Reestructuración Cognitiva.


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

nales le tranquilizan más. Elena, por ejemplo, se sentía mejor si evocaba situaciones en las que sí había actuado correcta-mente, en contraste con la situación dolorosa que acababa de pasar. También le servía analizar si lo que estaba temiendo era objetivo y realista, o si era más bien fruto de sus temores. Por ejemplo, este tipo de pensamiento resultó ser eficaz:

 

Ante la situación “ha venido mi vecina a casa a reclamar por una inundación, y yo no he sido capaz de decir nada. Me ha da-do miedo por si me salía ‘raro’”, la tendencia primera de Elena era pensar “soy una cobarde. Jamás seré capaz de enfrentarme a situaciones como ésta. Seguro que ya me ha clasificado como la ‘rara’ de la casa”. Su pensamiento alternativo, que elaboró posteriormente, meditándolo con calma, fue: “por un lado, la vecina, en el fondo, no me importa tanto. Tampoco nos conoce-mos tanto como para que ya me haya etiquetado, todavía ten-go posibilidades de cambiar mi imagen. La próxima vez, me prepararé bien la actitud a tomar y me intentaré relajar más”.

 

e)   Aplicación de los pensamientos alternativos elegidos en la vida cotidiana

 

Tras muchos autorregistros, se pretendía que Elena ya no tuviera que meditar y elaborar lentamente sus pensamientos alternativos, sino que los automatizara y pudiera decírselos los más cercanamente posible a la aparición de los mensajes dañinos e irracionales. Por ello, los autorregistros que tuvo que rellenar en esta fase ya no incluían el contenido de sus pensamientos, sino sólo sus resultados:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

89


LA ASERTIVIDAD

 

 

ASPECTOS

 

ASPECTOS DE LA

EVALUACIÓN

SITUACIÓN

SATISFACTORIOS

EJECUCIÓN QUE

GLOBAL BUENA-

 

DE LA EJECUCIÓN

NECESITAN

REGULAR-POBRE

 

 

 

 

 

MEJORARSE

 

 

 

 

 

En casa, con tíos

He hablado con

Me  ha  costado

Regular

y primos.

todos.

Me

he

arrancar,   por-

 

(Cumpleaños)

acercado  a

va-

que  constante-

 

 

rios

grupos

y

mente  pensaba

 

 

luego he habla-

que iba a meter

 

 

do con personas

la pata.

 

 

sueltas.

 

 

 

 

He hablado con

He dicho frases

A veces me des-

Buena

otros compañe-

cortas de vez en

cubría demasia-

 

ros. (Café)

cuando

y

he

do pendiente de

 

 

apoyado distin-

las  miradas  y

 

 

tas

opiniones

me ha dado mu-

 

 

con

monosíla-

cha rabia.

 

 

bos

y

gestos

 

 

 

afirmativos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Obviamente, como habréis podido adivinar a raíz de este último registro, a Elena se le enseñaron simultáneamente a la Reestructuración Cognitiva, habilidades sociales muy concre-tas para mejorar su conducta asertiva. Sin éstas, hubiera sido difícil que Elena hubiera mejorado, ya que, como todo el mun-do, necesitaba ver algún éxito propio para poder elaborar pen-samientos alentadores.

A continuación, aún insistiendo en que es la persona la que tiene que encontrar sus propias ideas alternativas, presenta-mos, como sugerencia, unos cuantos pensamientos racionales que pueden ser alternativa a las ideas irracionales que apare-cen con mayor frecuencia en los problemas de asertividad:


 

 

 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

1. PROBLEMAS DE SUMISIÓN

 

Ideas Irracionales más frecuentes:

 

Idea Irracional nº 1: Es necesario obtener la aprobación y el cariño de todas las personas relevantes para mí

 

Comportamientos típicos:

 

   no expresar opiniones y deseos personales

 

   evitar conflictos aunque otras personas violen sus derechos

 

   gastar mucha energía para lograr la aprobación de otros

 

   refrenar sentimientos (positivos y/o negativos).

 

Alternativas racionales:

 

   No puedo gustar a todo el mundo. Igual que a mí me gus-tan unas personas más que otras, así también les ocurre a los demás respecto a mí.

 

   En el caso de que alguna persona que me importa no apruebe algo de mi comportamiento, puedo decidir si lo quiero cambiar, en vez de estar lamentándome de mi ma-la suerte.

   Intentando gustar a todo el mundo, no hago más que gas-tar excesiva energía y no siempre obtengo el resultado deseado. Puedo determinar lo que yo quiero hacer, más que adaptarme o reaccionar a lo que pienso que las otras personas quieren.

 

   Tengo que determinar si el rechazo es real o si estoy in-terpretando precipitadamente reacciones de los demás; y si este rechazo fuera real, debo de ver si se basa en una conducta inapropiada por mi parte o no. En el caso de que no fuera inapropiada, puedo encontrar a otras perso-nas con las que sí pueda exhibir esta conducta.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Idea irracional nº 2: Hay que ser totalmente competente en todo lo que se emprenda y no permitirse el más mínimo error

 

(esta idea no la habíamos citado hasta ahora como ligada a la falta de asertividad, pero hemos apreciado que, normal-mente, las personas sumisas suelen tenerla también fuerte-mente arraigada. También se podría resumir como “perfeccio-nismo”).

 

Comportamientos típicos:

 

   Excesiva ansiedad en las situaciones en las que se debe de “dar la talla”

 

   Evitación de las interacciones sociales por miedo a no te-ner nada interesante o digno de decir

 

   Evitar la práctica de actividades sociales placenteras por miedo al fracaso

 

   Conducta callada, aparentemente pasiva, cerrada, por preferir ésta a “meter la pata”.

 

Alternativas racionales:

 

   Me gustaría ser perfecto para esta situación, pero no ne-cesito serlo

 

   Mi valía personal no tiene nada que ver con el resultado de mis conductas. No por hacer algo mejor o peor soy más o menos persona.

 

   Intentando hacer las cosas perfectamente no llegaré a ser feliz nunca y me sentiré siempre presionado. Intentaré sustituir el hacer las cosas “perfectamente” por “adecua-damente”.

   No hay nadie que sea perfecto ni competente en todo. ¿Por qué me exijo un imposible?


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

2. PROBLEMAS DE AGRESIVIDAD

 

Ideas Irracionales más frecuentes:

 

Idea Irracional nº 3: Hay personas malvadas y viles que deben de ser seriamente castigadas por sus villanías

 

Comportamientos típicos:

 

   Actuar agresivamente con otras personas, de forma abier-ta: críticas por la incompetencia, maldad o falta de sensi-bilidad de los otros

 

   Cuestionar casi siempre los motivos que tienen los demás para obrar como obran

 

     Clalsificar a los demás en “buenos” y “malos”

 

   Tratar a los demás como individuos sin valor, que mere-cen ser condenados porque han cometido errores imper-donables.

 

Alternativas racionales:

 

   Puede que me sienta herido o irritado por algo que me ha-yan hecho, pero eso no significa que la persona sea mala.

 

   Cuando castigo a alguien, gasto mucha energía en balde, sobre todo porque rara vez mi castigo induce a la perso-na a cambiar.

 

   El hecho de que una persona haya actuado de forma in-justa, equivocada, etc. no significa que siempre sea así, ni que tenga una personalidad mala. No debo confundir “hacer” con “ser”.

   No porque piense que algo está mal quiere decir que real-mente esté mal. Una cosa son mis pensamientos y otra, la realidad.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Idea Irracional nº 4: Es horrible que las cosas no salgan como a mí me gustaría que saliesen

 

Comportamientos típicos:

 

   Grandes enfados ante cosas nimias

 

   Actuar lamentándose o con constantes quejas sobre los demás

 

   Actitud intolerante hacia lo que ocurre, sobre todo, ante los cambios

 

   Hablar con gran amargura acerca de la vida, las personas, la suerte...

 

Alternativas racionales:

 

   Esto no me ha salido bien, pero no es una catástrofe. Puedo sobrevivir a ello.

 

   Si esta situación no me gusta, voy a intentar pensar cómo cambiarla, en vez de estallar en agresiones que no me lle-van a ninguna parte.

 

   Comportándome de forma agresiva sólo gasto excesiva energía que, finalmente, irá en contra de mí, más que en contra de las circunstancias que ataco.

 

   Si no se puede cambiar la situación, debo pensar que sien-do agresivo tampoco voy a cambiarla. Ser agresivo/a me puede proporcionar un alivio a corto plazo, pero a la lar-ga, es mejor que acepte las circunstancias tal y como son.

 

Una forma muy habitual de aplicar la Reestructuración Cognitiva a la práctica de la asertividad es transformando las ideas racionales aprendidas en los llamados automensajes. Esta técnica sigue las pautas de Meichenbaum, inventor de un excelente método para combatir dificultades llamado “Inocu-


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

lación del Stress”, del que la técnica de los automensajes es só-lo una pequeña parte.

 

Como ya decíamos antes, estamos constantemente pen-sando, sacando conclusiones, adaptando esquemas mentales a la situación concreta, en un caudal de pensamientos que só-lo si hacemos un esfuerzo consciente, podemos parar y anali-zar. Pues bien, en una situación cualquiera, ya sea entrar en un bar y pedir una copa, solicitar la revisión del sueldo o sa-lir con la pareja a cenar (por poner situaciones “asertivas”), se pueden delimitar cuatro fases en las que los pensamientos que tengamos en ese momento cobran especial importancia:

 

– Antes de comenzar la situación, cuando todavía no he-mos entrado en ella, pero ya estamos preparándonos mentalmente para afrontarla (tanto si nos cuesta afron-tarla como si no: siempre hacemos una pequeña “prepa-ración” mental). Por ejemplo: antes de salir de casa hacia una reunión.

 

– Al comenzar la situación, es decir, nada más entrar en el bar, o después de entrar en el despacho del director o al dar los primeros pasos tras saludar a la pareja. Es cuan-do, de alguna forma, todos los estímulos, los temidos, los ansiados y los neutros, se “nos vienen encima”, recor-dándonos situaciones parecidas, ya hayan sido exitosas o un fracaso.

 

– En un momento tenso. Esto no siempre tiene que ocurrir: puede que la situación transcurra con toda calma y nor-malidad. Pero si existe este momento, será muy importan-te para la persona que lo está viviendo, ya que le condi-cionará los posteriores momentos. En esta fase es cuando se disparan las respuestas de ansiedad, cuando salen las


 

 

 

95


LA ASERTIVIDAD

 

más profundas convicciones irracionales y, seguramente, también se distorsionarán las conductas habituales.

– Después de acabada la situación, cuando, igual que al prin-cipio, independientemente de que hayamos estado tensos o tranquilos, extraemos nuestras conclusiones sobre lo ocurrido.

 

Lo que nos digamos (o las “sensaciones” que tengamos) en cada uno de estos cuatro momentos determinará de forma ab-soluta nuestra conducta y nuestros sentimientos de esa situa-ción y de las siguientes. Los cuatro son igual de importantes, y no se puede decir que haya alguno de ellos que marque me-nos que los otros, con la salvedad de que el momento tercero (“El momento tenso”) no siempre tiene que darse.

 

¿Por qué son tan importantes estos cuatro momentos?

 

Lo que nos decimos antes suele ser una mezcla de lo que vi-vimos en experiencias anteriores o en situaciones similares, una evaluación sobre nuestros recursos para afrontar la nueva situación y conjeturas sobre los que creemos nos espera y que determinará la facilidad o dificultad que tiene la situación pa-ra nosotros. De estos pensamientos anteriores dependerá casi en un 75% el ánimo con el que afrontemos la situación y, se-guramente, nuestra conducta. Si nos tememos lo peor, nos de-cimos a nosotros mismos que no somos capaces de salir airo-sos o estamos excesivamente pendientes de personas o ele-mentos que nos dan inseguridad, iremos hacia la situación co-mo si fuéramos al matadero y esto se reflejará también en nuestra actitud y conducta.

 

Lo que nos decimos al comenzar la situación es igualmente importante. En ese momento es cuando buscamos elementos que nos confirmen o contradigan lo que pensábamos antes de


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

entrar en ella. Si la persona temerosa ve (¡o cree!) confirmados sus temores, observando, por ejemplo, que X, a quien tanto te-me, está presente o que su pareja llega con mala cara, comen-zará a tener, a partir de aquí, una cadena de pensamientos, en su mayoría irracionales y por lo tanto perniciosos, que muy probablemente desembocarán en un momento de gran tensión y malestar. Resumiendo, al comenzar la situación, la persona realiza una evaluación de la situación de la que dependerá su posterior conducta y actitudes.

Si se da el momento tenso, los pensamientos suelen aparecer de forma bastante disparada y la ansiedad ocupa toda la aten-ción de la persona. Este momento es importante no sólo por el lógico malestar que produce, sino también porque influirá mucho en las posteriores actuaciones de la persona, tanto den-tro de la misma situación como en situaciones posteriores. Más importante que la tensión que sienta la persona es la sen-sación que haya tenido respecto a ella. De nuevo, la evalua-ción que haga la persona de este momento y su capacidad de dominarlo es lo que determinará los siguientes momentos.

 

Y finalmente, lo que nos digamos después, una vez pasada la situación, marcará las experiencias siguientes de forma con-tundente. Se podría decir que el “después” de una situación es el “antes” de la siguiente. Si después de vivida una situación de interacción, concluimos que una vez más hemos fracasado, que no tenemos remedio y analizamos hasta el más mínimo detalle para sacar conclusiones casi siempre negativas, afron-taremos las situaciones similares (y hasta las no similares) con sensación de fracaso e inseguridad, lo que, de nuevo, determi-nará nuestra conducta y sentimientos para con esa nueva si-tuación.


 

 

 

97


LA ASERTIVIDAD

 

Al realizar una Reestructuración Cognitiva y aplicarla al campo de la asertividad, se analizan, mediante autorregistros, los automensajes que repetidamente se lanza la persona en es-tos cuatro momentos. Una vez entresacados los principales automensajes, se busca la irracionalidad en ellos y se analiza de qué forma están influyendo en la conducta y los recursos de la persona. Después, se sustituyen por otro tipo de mensa-jes, más racionales y realistas, que tranquilicen a la persona y la alienten a aplicar los recursos que tenga para afrontar airo-samente la situación. Estos mensajes, que deberán de ser no más de 4-5 para cada uno de los cuatro momentos, tendrán que ser aprendidos por la persona casi de memoria y ser in-troducidos (pensados) al principio de forma forzada y artifi-cial, para posteriormente, a base de repetirlos una y otra vez, convertirse en automáticos y habituales. También los pensa-mientos negativos fueron instaurados de esta forma, repitién-dolos una y otra vez, por lo tanto, nada dice que no se puedan sustituir por otros más tranquilizadores. Pero para ello, la per-sona tiene que estar convencida de ellos y “creérselos”, por lo menos, en teoría. Para facilitar las cosas, existen unas pautas generales sobre qué tipo de contenidos deberían de tener los pensamientos en cada uno de los cuatro momentos. A partir de estas pautas, la persona tiene que encontrar los automen-sajes que mejor le vengan. Estas pautas son las siguientes:

 

1º. AUTOMENSAJES “ANTES”:

 

   Mensajes que combatan el pensamiento temeroso (“Pen-sando esto me estoy causando malestar. Es mi pensa-miento el que me hace sentir mal”)

   Mensajes que centren a la persona en lo que tiene que ha-cer y le alejen de cualquier otro pensamiento (“Vamos a


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

ver: ¿a qué me tengo que enfrentar exactamente? ¿Cómo voy a hacerlo esta vez concreta?”)

 

   Mensajes que recuerden la decisión de afrontamiento (“Sé que puedo afrontarlo. Tengo recursos para ello. Sólo es mi pensamiento el que me paraliza”).

 

2º. AUTOMENSAJES “AL COMENZAR”:

 

   Mensajes que recuerden las estrategias de afrontamiento (“Ahora es el momento de aplicar lo que sé: voy a relajar-me, a decirme cosas tranquilizadoras...”)

 

   Mensajes que hagan que la persona se centre en lo que es-tá haciendo en ese momento (“No voy a irme a otras si-tuaciones. Me voy a fijar sólo en lo que estoy haciendo ahora mismo”)

 

   Mensajes que refuercen la propia capacidad de afronta-miento (“Otras veces lo he superado. ¿Por qué esta vez no voy a hacerlo?”).

 

3º. AUTOMENSAJES “EN UN MOMENTO TENSO”:

 

   Mensajes que insten a soportar la situación hasta que ha-ya pasado (“Ahora estoy mal, pero puedo recuperar-me”)

 

   Mensajes que frenen los pensamientos derrotistas (“Voy a observarme fríamente, como desde fuera. No me voy a dejar llevar por mis pensamientos”)

 

   Mensajes de afrontamiento (“¿Qué tengo que hacer? Puedo relajarme y respirar, responder o comportarme de tal forma...”)


 

 

 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

4º. AUTOMENSAJES “DESPUÉS”:

 

   Mensajes que evalúen el intento de forma positiva, ya ha-ya sido un éxito o un fracaso (“Bueno, lo he intentado y eso ya es algo. ¿Qué puedo aprender para la próxima vez?”)

 

   Mensajes que valoren cada pequeño paso que se haya da-do (“He avanzado algo respecto a otras veces. He dado estos pasos:...”)

 

   Mensajes que eliminen cualquier autorreproche (“Si me regaño o culpabilizo, sólo me condiciono para que la pró-xima vez esté más inseguro. Autorreprocharme no me sir-ve de nada”).

 

A modo de ejemplo, veamos los automensajes que se pue-de enviar, en cada uno de los cuatro momentos, una persona no asertiva y con qué otros automensajes transformados pue-de combatirlos. Lo veremos con el ejemplo de Elena, la perso-na sumisa que describíamos al principio:

 

Elena iba a quedar con unas antiguas compañeras de estu-dios, a las que hacía mucho tiempo que no veía, para ir al cine y tomar algo.

 

ANTES de enfrentarse a la situación, es decir, cuando toda-vía estaba en casa reflexionando sobre la tarde que le espera-ba, se decía a sí misma:

 

“Van a estar hablando todas y no voy a saber cuándo me-terme en la conversación. Si ya sé que no sirvo para estas co-sas, ¿por qué voy? Además, si está Puri, me muero; con lo cor-tante que es. No diré ni palabra. ¿A mí quién me manda ir con éstas al cine? Estaría más tranquila en casa”.

 

Al ser preguntada sobre el efecto que causaban estas frases en su estado de ánimo, contestó: “me dan ansiedad: se me po-


 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

ne mal el estómago nada más pensar en ello. Ya voy con mie-do y me siento paralizada nada más comenzar la conversa-ción. Como todo el rato voy pensando lo mismo, soy incapaz de decirme nada más”.

 

AL COMENZAR la situación, es decir, al encontrarse con las compañeras e iniciar las salutaciones, esperando que llegaran to-das, Elena, según su propio relato, observaba la situación y siem-pre encontraba algo que le daba miedo. Se decía algo parecido a:

 

“Efectivamente, está Puri. ¿Y ahora qué hago?” o “Como me temía, ya están todas en grupo, ¿cómo me meto?”, y conti-nuaba: “Dios mío, ¿y ahora con quién hablo? Voy a estar como una idiota, toda la tarde sin decir ni mu, qué vergüenza”.

 

El efecto que estos pensamientos causaban en ella está muy claro: “Me bloquean y paralizan. Cuando alguien se acerca a mí, estoy completamente en blanco”.

 

En UN MOMENTO TENSO, que podía ser, por ejemplo, cuando alguien le preguntaba una cosa y todas se giraban hacia ella, esperando la respuesta, Elena se solía quedar completamente en blanco y bloqueada, sin llegar siquiera a pensar algo, o pen-saba lo siguiente:

 

“Vamos, venga, di algo, tienes que decir algo. ¿Pero qué me ha preguntado? ¡Tengo que decir algo!”.

“Me están mirando, se están dando cuenta de que soy rara.

 

Yo me voy de aquí”.

 

Y, finalmente, DESPUÉS de la situación, es decir, ya en casa, pensando sobre lo ocurrido por la tarde, Elena se decía:

 

“Sabía que iba a pasar esto, lo sabía, siempre me pasa igual. He hecho un ridículo espantoso, he vuelto a hacer la idiota, no tengo remedio. La próxima vez no voy, eso está claro, me in-vento una excusa y no voy”.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

También aquí está claro el efecto que tales pensamientos causaban en Elena: “logran su propósito claramente: cada vez evito más este tipo de situaciones y me siento horriblemente fracasada y frustrada respecto a mis relaciones sociales”.

 

¿Qué se podía decir Elena en vez de todas esas frases para-lizadoras?

 

En primer lugar, tuvo que ser consciente de que se estaba diciendo tales afirmaciones y del daño que le estaban hacien-do. Seguidamente, se le presentó la lista de pensamientos al-ternativos “standard” para que, inspirándose en ellos, elabo-rara sus propios pensamientos alternativos, que a ella y sólo a ella, le convencieran. Analizando sus pensamientos negativos habíamos llegado a la conclusión de que los autorreproches le bloqueaban todavía más, por lo tanto, los pensamientos alter-nativos debían de tener un tono cariñoso y conciliador consi-go misma. Así los apuntó ella misma:

 

Pensamientos alternativos “antes de”:

 

– Es tu pensamiento el que te juega malas pasadas. Pensan-do que te vas a bloquear, te vas a bloquear de verdad.

– En vez de pensar en lo terrible que puede ser, voy a pen-sar los pasos que tengo que dar, desde que me acerco a ellas hasta el final: ...

 

– Si pienso que no tengo por qué hablar y que dispongo de otros recursos, no puedo ponerme mal.

 

Pensamientos alternativos “en un primer momento”:

 

– En vez de observar qué es lo que me da miedo, observaré dónde hay una persona o grupo con la que me sienta algo más segura.


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

– Voy a centrarme sólo en este momento y no pensar nada más: me relajo, respiro hondo, escucho las conversaciones, sonrío...

 

– Otras veces me ha salido. Esta vez también me puede salir.

 

Pensamientos alternativos “en un momento tenso”:

 

– Esto pasará. Me relajaré, respiraré hondo y esperaré a que pase.

 

– No me voy a ir. No pasa nada por tener un momento malo.

 

– Ya sabía que podía pasar esto y estoy preparada. Diré la excusa que tenía pensada (“perdona, hoy estoy un poco ida”) y me dedicaré a escuchar lo que dicen los demás hasta que me sienta más tranquila.

 

Pensamientos alternativos “después”:

 

– Los autorreproches no me sirven de nada. No voy a repa-sar la situación para encontrar lo que he hecho mal.

 

– Puedo aprender de los fracasos: ¿qué me han enseñado para cuando tenga una situación parecida?

 

– He avanzado un poco respecto a otras veces. Estos son los pasos que he dado esta vez: ...

 

Como vemos en este ejemplo, los automensajes no se que-dan en simples declaraciones de intenciones, sino que siempre van acompañados de estrategias concretas para afrontar la si-tuación. Si se quedaran sólo en el pensamiento, no servirían de mucho. Así, por ejemplo, “en un primer momento”, los auto-mensajes invitan a respirar, a relajarse y a desarrollar una se-rie de estrategias personalizadas (que le sirven a esa persona en concreto) para salir airoso de la situación: sonreír, escuchar, sa-ludar, etc. Los pensamientos “en un momento tenso” invitan a desarrollar estrategias como decir una frase-comodín que la


 

 

 

103


LA ASERTIVIDAD

 

persona tiene que tener preparada previamente y que contri-buya a dar un cariz de “normalidad” al posible bloqueo (“per-dona, es que hoy estoy un poco ida”).

 

     Piensa tú ahora en una situación de interacción que, repetidamente, te cause malestar e inseguridad. Con ella, re-llena el siguiente cuestionario:

 

EJEMPLOS DE AUTOMENSAJES NEGATIVOS Y POSITIVOS

 

1) ANTES de enfrentarte a una situación temida, cuando uno se prepara mentalmente para lo que pueda ocurrir, tú te dices:

 

...................................................

 

¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas frases?

 

Deberías de decirte mensajes que:

 

-  combatieran el pensamiento temeroso

 

-  te centraran en lo que vas a hacer y nada más

 

-  te recordaran la decisión de afrontamiento Ejemplos:

 

“Pensando esto estoy creándome angustia. Es mi pensamiento el que me hace sentir mal”.

 

“Vamos a ver: ¿a qué me tengo que enfrentar exacta-mente? ¿cómo voy a hacerlo esta vez concreta?”.

 

“Sé que puedo afrontarlo. Tengo recursos para ello.

 

Sólo es mi pensamiento el que me paraliza”.

 

Tus mensajes:

 

...................................................


 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

2)  AL COMENZAR la situación temida, cuando corres el peligro de interpretar tus reacciones de stress,

tú te dices:

 

...................................................

 

y te sientes:

 

...................................................

 

¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas frases?

Deberías de decirte mensajes que:

 

-  te recordaran estrategias de afrontamiento

 

-  te centraran en lo que estás haciendo en ese mo-mento

-  te reforzaran tu capacidad de enfrentarte a la situa-ción

Ejemplos:

 

“Ahora es el momento de aplicar lo que sé: voy a re-lajarme, luego me diré automensajes tranquilizado-res, etc.”.

“No debo generalizar a otras situaciones. Me voy a centrar en lo que está ocurriendo ahora mismo”.

“Otras veces lo he superado. ¿Por qué no voy a ha-cerlo esta vez?”.

Tus mensajes:

 

...................................................


 

 

 

 

 

 

 

 

 

105


LA ASERTIVIDAD

 

3) EN UN MOMENTO TENSO, cuando te encuentras desespera-da/o y temes lo peor,

 

tú te dices:

 

...................................................

 

y te sientes:

 

...................................................

 

¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas frases?

 

Deberías de decirte mensajes que:

 

-  te instaran a aguantar la situación hasta que pase, sin huir de ella

 

-  te centraran en el momento presente

 

-  te prepararan para el afrontamiento

 

Ejemplos:

 

“Sé que esta situación pasa. Esperaré hasta que me haya tranquilizado”.

 

“Voy a observar mis reacciones como si estuviera fue-ra de mí. No me voy a dejar llevar por mis pensa-mientos”.

 

“¿Qué tengo que hacer? Puedo relajarme, respirar, responder o comportarme de tal forma, etc.”.

 

Tus mensajes:

 

...................................................


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

4)  DESPUÉS de la situación, cuando sacas conclusiones sobre lo ocurrido,

 

tú te dices:

 

...................................................

 

tú te sientes:

 

...................................................

 

¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas frases?

 

Deberías de decirte mensajes que:

 

-  te hicieran evaluar el intento de forma constructiva (ya haya sido un éxito o un fracaso)

 

-  te hicieran valorar cada pequeño paso que hayas dado

 

-  eliminaran cualquier autorreproche

 

Ejemplos:

 

“Bueno, lo he intentado y eso ya es algo. ¿Qué puedo aprender para la próxima vez?”.

 

“He avanzado algo respecto a la última vez. He dado estos pasos: ...”.

 

“Si me regaño o culpabilizo, sólo me condiciono para que la próxima vez esté más inseguro. Autorrepro-charme no me sirve de nada”.

 

Tus mensajes:

 

...................................................


 

 

 

 

 

 

 

 

107


LA ASERTIVIDAD

 

5.2. Entrenamiento en habilidades sociales

 

Este tipo de entrenamiento está enfocado a desarrollar ex-clusivamente los déficits conductuales del sujeto, es decir, to-do lo referido al comportamiento externo que exhiba la per-sona con problemas de asertividad. Rara vez se requerirá só-lo este tipo de entrenamiento: la mayoría de las veces, por no decir todas, hay que realizar primeramente una intervención en el terreno cognitivo, para luego pasar a enseñar estas habi-lidades conductuales. Pero también es cierto que, casi siem-pre, la persona que muestra unos pensamientos racionalmen-te erróneos se comporta de forma inadecuada, ya sea “pecan-do” por exceso o por déficit de respuesta asertiva.

 

Lo primero que debe de saber una persona que quiera en-trenarse en habilidades asertivas adecuadas es qué conductas concretas puede exhibir. Hay grandes listados de “trucos” asertivos que se pueden utilizar para diversas situaciones de aprieto, compromiso, aclaración de dudas o malentendidos, etc. Dependerá del tipo o tipos de situación en el que la per-sona tenga mayores dificultades el que se entrene un tipo u otro de conducta. Conviene, sin embargo, en cualquier caso, tener conocimiento de lo común de las respuestas asertivas, para hacerse una idea de sobre qué versan estos tipos de con-ducta. Veamos entonces, primeramente, en líneas muy gene-rales, las formas básicas de comportamiento asertivo que existen:


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

5.2.1. Tipos de respuesta asertiva

 

1. ASERTIVIDAD POSITIVA

 

Expresión adecuada de lo bueno y valioso que se ve en las otras personas.

 

Es tal vez la conducta asertiva más fácil de realizar, ya que el sujeto no se tiene que implicar directamente ni debe de de-fenderse ante algo. La iniciativa parte del sujeto, es decir, no es una respuesta a algo que emita otra persona, con lo cual, no se presta a tener que improvisar.

 

La asertividad positiva consiste simplemente en expresar, con frases adecuadas y en el momento preciso, algo positivo de otra persona. Esto abarca desde “te sienta bien tu nuevo peinado” hasta “me gustó mucho lo que dijiste el otro día”.

 

Frecuentemente nos olvidamos de expresar halagos y elo-gios a las demás personas, porque damos por hecho que lo positivo es lo normal. Sin embargo, a la hora de criticar, ya sea interna (autocrítica) o externamente, no ahorramos palabras. Pero, como recalca J. V. Bonet: “No tenemos derecho a criticar si no estamos dispuestos a elogiar”. Por medio del aprendi-zaje de la asertividad, podemos ser más conscientes de este déficit y modificarlo.

 

2. RESPUESTA ASERTIVA ELEMENTAL

 

Expresión llana y simple de los propios intereses y de-rechos.

 

Las típicas situaciones en las que es necesario utilizar esta forma básica de respuesta asertiva son interrupciones, desca-lificaciones, desvalorizaciones, etc. Siempre que nos sinta-mos, de alguna manera, “pisados” por otro u otros y a la más


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

mínima que creamos que no se nos respeta, debemos expre-sar nuestros derechos sin dejar pasar la situación.

 

Cada persona deberá encontrar el tipo de frases con las que se sienta más cómodo para expresar que no tolera ser pasado por alto y que tiene unos derechos. Lo importante es que lo que se di-ga se haga en un tono de voz firme y claro, pero no agresivo.

Típicos ejemplos de respuesta elemental serían: “No he terminado de hablar y quisiera hacerlo”; “por favor, no insis-tas, te he dicho que no puedo”; “¿me permites hablar un mo-mento? No lo he hecho hasta ahora”; “no me grites, yo tam-poco lo estoy haciendo”, etc.

 

3.  RESPUESTA ASERTIVA ASCENDIENTE (O ASERTIVIDAD ESCALO-NADA)

 

Elevación gradual de la firmeza de la respuesta asertiva.

 

Más que una forma de respuesta es una pauta de compor-tamiento.

 

Cuando la otra persona no se da por aludida ante nuestros intentos de asertividad e intenta una y otra vez ignorarnos a nosotros y nuestros derechos, se hace necesario no achantarnos y ceder terreno “por no insistir”; sino aumentar escalonada-mente y con paciencia la firmeza de nuestra respuesta inicial, sin caer por ello en una respuesta agresiva.

 

Por ejemplo: “por favor, no me interrumpas” - ... - “Te pedí antes que no me interrumpieras. Me gustaría terminar lo que quería decir” - ... - “Mira, ¿podrías no interrumpirme? ¡No puedo hablar!” -...- “Vamos a ver ¿puedo terminar de hablar o no me vas a dejar?, etc.

 

En este punto conviene aclarar una duda que mucha gente se plantea: ¿qué ocurre si nos encontramos con una persona


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

que, por muy asertivo que uno sea, no responde a nuestros in-tentos de asertividad y nos pisa constantemente o es agresivo? La respuesta es muy clara: nosotros sólo podemos influir en la conducta de los demás hasta un cierto límite. Más allá de ese límite, el problema ya no es nuestro, sino del otro. Si un loco me ataca con un cuchillo por la calle, yo podré ser la persona más equilibrada del mundo, que no podré evitar el ataque. Igual ocurre con la asertividad: por muy asertiva que sea una persona, si su interlocutor no le deja serlo, poco le valdrán las técnicas que aplique. Lo que le tiene que quedar es la concien-cia tranquila de haber obrado correctamente por su parte. El resto de la responsabilidad recaerá sobre la otra persona.

 

4. RESPUESTA ASERTIVA CON CONOCIMIENTO (O ASERTIVIDAD EM-PÁTICA)

 

Planteamiento inicial que transmite el reconocimiento hacia la otra persona y un planteamiento posterior sobre nuestros derechos e intereses.

 

Este tipo de respuesta se suele utilizar cuando, por la razón que sea, nos interesa especialmente que la otra persona no se sienta herida, pero tampoco queremos ser pasados por alto nosotros. Es una buena forma de comenzar a ejercer la aserti-vidad, ya que lo que hacemos es ponernos primero en el lugar del otro, “comprendiéndole” a él y sus razones, para, después, reivindicar que nosotros también tenemos derechos.

 

La respuesta sigue el esquema: “Entiendo que tú hagas..., y tienes derecho a ello, pero...”.

 

Ejemplos serían: “entiendo que andes mal de tiempo y no me puedas devolver mis apuntes, pero es que los necesito ur-gentemente para mañana”; “comprendo perfectamente tus ra-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

zones, y desde tu punto de vista tienes razón, pero ponte en mi piel e intenta entenderme”; “entiendo que ahora no quieras acompañarme a la fiesta y, por lo que me dices, tienes derecho a ello, pero yo lo tenía ya todo preparado para ir”, etc.

 

5. ASERTIVIDAD SUBJETIVA

 

1.  Descripción, sin condenar, del comportamiento del otro

 

2.  Descripción objetiva del efecto del comportamiento del otro

 

3.  Descripción de los propios sentimientos

 

4.  Expresión de los que se quiere del otro

 

Este tipo de respuesta se utiliza en los casos en los que te-nemos claro que el otro no ha querido agredirnos consciente-mente. Es un tipo de respuesta muy hábil, ya que, bien aplica-da, la persona a quien le digamos dicha respuesta no podrá decir nunca que la hemos agredido. Es mucho más efectivo ex-poner cómo algo que hace otra persona nos afecta, que atacar al otro y echarle la culpa de lo que nos hace. Esta forma de res-puesta asertiva se presta a ser aplicada en situaciones de pare-ja, ante contrariedades por parte de algún amigo, etc. Se utili-za, sobre todo, para aclarar situaciones que se vienen repitien-do desde hace un tiempo.

 

El esquema de respuesta sería:

 

1.  “Cuando tú haces...”

 

2.  “Entonces, yo me siento...”

 

3.  “Por eso, me comporto...”

 

4.  “Preferiría...”


 

 

 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

6. RESPUESTA ASERTIVA FRENTE A LA SUMISIÓN O LA AGRESIVIDAD

 

1.  Hacerle ver a la otra persona cómo se está comportando

 

2. Mostrarle cómo podría comportarse asertivamente.

 

Esta respuesta se utiliza, sobre todo, como defensa ante ata-ques agresivos, pero también se puede aplicar para aclarar du-das ante una persona que no es asertiva.

 

Consiste, simplemente, en salirnos del contenido de lo que estamos hablando, y reflejar a la otra persona cómo se está com-portando y cómo su conducta está frenando una comunicación asertiva. Ejemplos podrían ser: “Veo que estás enfadado y no me escuchas. ¿Por qué no te paras un momento y oyes lo que te quiero decir?”; “Así no estamos llegando a ninguna parte. Yo creo que deberíamos hacer turnos para hablar, pero sin atacar-nos”; “Como no me dices nada, me siento un poco confundida. ¿No podrías aclararme un poco lo que quieres decir?”, etc.

 

Veamos un ejemplo de respuestas asertivas típicas. De nue-vo lo haremos con Elena, la persona sumisa que tenía proble-mas de falta de asertividad debido a la influencia de una ma-dre dominante. Elena aplicó, en la fase de entrenamiento, una serie de técnicas de asertividad ante los ataques de su madre. Lo que sigue es un ejemplo condensado de las muchas con-versaciones que ella describió, intentando aplicar las recién adquiridas técnicas de asertividad.

 

Hay que recordar que Elena es una persona adulta y, por lo tanto, tiene derecho a opinar sobre asuntos que conciernen a la casa. Por otro lado, la madre tenía gran tendencia a gas-tar el dinero inútilmente, haciendo grandes inversiones o re-alizando constantemente reformas en la casa, que, ante la fal-ta de recursos económicos, tenían que ser solventadas por los hijos.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Te retamos a que identifiques los tipos de respuesta aserti-va que está utilizando Elena:

 

1.  Madre: - Oye, Elena, hay que hacer reformas en la casa, y he decidido que tú te encargues de buscar a los albañiles. Pero tienes que elegir varios y pedirles presupuesto, no nos vayan a timar.

 

2.  Elena: - A mí me gustaría hablarlo antes de tomar decisio-nes. Creo que no es necesario hacer reformas y, además, ahora mismo no tenemos dinero.

 

3.  Madre: - Pues no sé porqué, está muy claro: vamos a ha-cer reformas y tú te encargas de buscar los albañiles. Yo ya decidiré luego cuál elegimos.

 

4.  Elena: - Sí, pero de todas maneras, creo que deberíamos de pensarlo bien antes. Te repito que no tenemos dinero y que no creo que hagan falta reformas ahora.

 

5.  Madre: - ¿Qué pasa, que no te fías de mis criterios, como siempre?

 

6.  Elena: - Comprendo que mi actitud parezca falta de con-fianza hacia ti, pero yo también tengo derecho a exponer mis opiniones.

 

7.  Madre: - Ya, ya, pero en el fondo siempre es lo mismo: en esta casa nunca se me ha hecho caso, no se confía en mí, y lo demás son tonterías.

 

8.  Elena: - Ya te he dicho antes que no se trata de falta de confianza, sino de que yo también tengo mis propias opi-niones y me gustaría exponerlas.

 

9.  Madre: - Pues no entiendo lo que me planteas. ¿Vamos a hacer las reformas o no?


 

 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

10. Elena: - Es que si tú me lo planteas como lo has hecho al principio, me siento avasallada porque no me das oportu-nidad de opinar. ¿No sería mejor hablarlo y llegar a una conclusión entre las dos?

 

11.Madre: - Bueno, alabado sea Dios, pues lo hablamos...

 

12. Elena: - Eso está muy bien, por lo menos eres comprensi-va... 2

 

Normalmente, para que la persona adquiera mejor los há-bitos generales de respuesta asertiva descritos, en terapia se realiza un Ensayo de conducta o role-playing, que le hará ima-ginarse mejor las situaciones que le cuesta trabajo afrontar:

 

primeramente, hay que elegir las situaciones que a la perso-na en concreto le cuesten. No valen situaciones generales que, por sentido común, puedan parecer difíciles. Cada persona deberá proporcionar una lista detallada de aquellas interac-ciones que más trabajo le cuesta llevar a cabo.

 

Sólo en el caso de que la persona no sepa discernir situa-ciones peores o mejores, o en casos de grandes problemas so-ciales en los que cualquier interacción parece imposible de afrontar, se le proporciona a la persona un listado de situacio-nes típicas, para que elija unas cuantas para ensayar. Un lista-do “tipo” podría ser como éste:

 

LISTADO DE SITUACIONES QUE REQUIEREN ASERTIVIDAD

 

1. Alguien te pide que le prestes algo (un libro, disco, dine-ro...) y no deseas hacerlo.

 

tividad .positiva

 

ca; nº 8: asertividad ascendente; nº 10: asertividad subjetiva; nº 12: aser-

 

vidad elemental; nº 4: asertividad ascendente; nº 6: asertividad empáti-

 

.2 Tipos de respuesta asertiva utilizadas por Elena: Respuesta nº 2: aserti-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

2. Alguien te pide un favor que no quieres hacer, por ejem-plo, que le acompañes a algún sitio, hables por él/ella, etc.

 

3.  Alguien te regala algo que no estás dispuesto/a a aceptar, por ejemplo, un abrigo de pieles, algo demasiado caro, etc.

4. Un profesor te llama la atención durante la clase de forma injusta y agresiva.

 

5. Tus padres insisten en darte consejos sobre lo que debes o no debes hacer y tú consideras que debes tomar tus pro-pias decisiones.

 

6. Debes negociar la retribución económica que te corres-ponde y tu jefe no parece muy dispuesto a ello.

 

7. Estás en una situación de trabajo y tu inmediato superior opina de forma diferente a la tuya.

 

8. Estás en una reunión y cuando es tu turno de palabra, un compañero no te permite hablar, te interrumpe constante-mente.

 

9. Alguien con quien estás conversando te da una opinión que tú consideras inadecuada, por ejemplo, respecto al ra-cismo, ecología, machismo, etc.

 

10. Observas que tu pareja da muestras (gestos, posturas, ca-ras...) de estar enfadada o preocupada, pero no te dice na-da.

 

11. Estás en la barra de un bar. El barman está distraído char-lando con otro cliente y no te atiende.

 

12. Tu jefe se muestra excesivamente crítico con tu labor, sin embargo, manifiesta pocas razones objetivas y muchas in-terpretaciones erróneas.


 

 

 

 

 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

 

     Analiza: ¿Hay alguna situación de tu vida parecida a las descritas? Si no, elige alguna situación de las que descri-biste al principio del libro.

 

¿Cómo suele ser? Describe todos los detalles.

 

¿Qué tipo de respuesta asertiva podrías utilizar para cada caso?

 

¿Cómo podría ser, exactamente, tu respuesta asertiva, con las palabras y frases que más cómodas te resultan?

 

Una vez definidas las situaciones que la persona quiere en-sayar, en una terapia se procedería, normalmente, a realizar el role-playing o ensayo de conducta. Este consiste en escenificar repetidas veces la situación, utilizando para ello al terapeuta, al propio cliente, (que haría de sí mismo, y/o a otros coadyu-vantes, que ayudarán a dar mayor realismo a la escena. El cliente representará el papel que suele tener normalmente, in-troduciendo las recién adquiridas técnicas asertivas; terapeuta y coadyuvantes escenificarán a las personas con las que el cliente se suele relacionar y que le pueden causar problemas de asertividad. El cliente tiene que haber informado específi-camente cómo se comportan esas personas, qué suelen decir, cómo suelen “cortarle”, etc., para que la escena adquiera el máximo realismo posible. Normalmente, el role-playing se re-pite varias veces, ya que terapeuta o coadyuvantes irán dando feed-back (informándole cómo lo ha hecho) a la persona sobre su conducta y ésta tendrá que ir perfeccionándola a medida que se repiten las escenas.

 

Muy importante para afianzar bien las respuestas asertivas es analizar exactamente qué conducta no verbal tiene que ma-


 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

nifestarse en cada caso. En el caso de realizarse un role-pla-ying es donde mejor se puede comprobar y corregir el factor no verbal. Como decíamos en el capítulo 2, la conducta no ver-bal (forma de mirar, expresión facial, gestos, etc.) es tan im-portante, si no más, como la verbal y es causa de muchas difi-cultades de asertividad. Conviene pues, considerarla en cual-quier entrenamiento y no menospreciar su importancia.

 

Otra forma de afianzar mejor las respuestas asertivas es imaginando, de la forma más realista posible, las situaciones que causan temor e imaginarse a sí mismo, a la vez, respon-diendo de forma correcta ante esas situaciones. También aquí se tendrán en cuenta las respuestas verbales y las no verbales. Para ello, existen varias técnicas, que tienen entre sí sutiles di-ferencias formales que ahora no entraremos a describir. Son las denominadas “desensibilización sistemática” si se trata de una verdadera fobia social; “aserción encubierta”, “refuerzo encubierto”, ideadas por eminentes autores como Cautela, Meichenbaum, etc.

En cualquier caso, no basta con aprender “en teoría” las di-versas técnicas y tipos de respuesta asertiva que existen. Con ello no se consigue más que frustrarse, porque seguramente, a la hora de ponerlas en la práctica, serán un fracaso completo. Siempre hay que realizar ensayos previos, ya sea escenifican-do o imaginando la(s) situación(es) que están causando pro-blemas a la persona.

 

     Elige una situación que te cause problemas.

 

Estudia los tipos de respuesta asertiva descritos en la pá-gina anterior y las técnicas de comunicación asertiva que re-lataremos a lo largo del libro.


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

Elige la o las respuestas asertivas que más apropiadas te parezcan para tu problemática y con las que más cómodo/a te sientas.

 

Ahora, cierra los ojos y trata de imaginarte una típica es-cena problemática para ti. Intenta imaginarte: todas las per-sonas participantes, el contexto en el que suele tener lugar la escena: lugar, ruidos, olores..., la hora del día, la oscuridad-claridad, la decoración, etc. Lo importante es que logres ima-ginarte la escena lo más exactamente posible.

 

Imagínate, ahora, a ti actuando con una de las técnicas asertivas que has elegido. Trata de verlo, también, de la ma-nera más realista posible: qué dirías exactamente, qué gestos tendrías, qué expresión de la cara, etc.

 

Si ves que te sientes cómodo en tu “papel”, repítete la es-cena unas cuantas veces más e intenta aplicar lo imaginado en un ensayo lo más realista posible. Si te atreves, lánzate a ensayar en la vida real.

Si no te sientes “tú” interpretando esa respuesta asertiva, puede deberse a que tienes que elegir otra respuesta o mo-dificar ligeramente la que habías elegido. Intenta encontrar otra que te vaya mejor. También puede deberse a que la an-siedad que sientes es tan fuerte que no te permite exhibir, ni siquiera mentalmente, la respuesta asertiva. En este caso, de-berías de ensayar unas técnicas de relajación.

 

Lo importante es que encuentres una respuesta asertiva con la que te sientas bien, que no te suponga hacer o decir cosas que no van contigo ni te haga sentir excesivamente forzado.


 

 

 

 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Hemos visto antes formas generales de respuesta asertiva. Como decíamos, existen, a partir de éstas, muchos otros tipos de respuesta asertiva, adecuadas a diversas situaciones. Hay respuestas más o menos “estereotipadas” para afrontar las crí-ticas, para defenderse ante ataques, para discutir de forma constructiva, para criticar correctamente, para reclamar per-juicios que nos hayan hecho, para realizar peticiones y hasta para comunicar correctamente los sentimientos. Ejemplos de estas respuestas se pueden encontrar en los muchos libros y artículos que se han escrito sobre el tema.

 

A modo de ejemplo, vamos a describir a continuación un paquete de técnicas que van encaminadas a llevar una discu-sión de forma asertiva:

 

5.2.2. Técnicas de asertividad para discusiones

 

1. Técnica del disco roto

 

Esta es la técnica más extendida, y la que aparece en todos los libros que se han escrito al respecto.

Consiste en repetir el propio punto de vista una y otra vez, con tranquilidad, sin entrar en discusiones ni provocaciones que pueda hacer la otra persona.

Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre– (Disco roto:) –Tenía que terminar un trabajo y no tenía otro momento. –Pero es que siempre llegamos tarde a todas partes y estoy harto. (D.R.:) –Es verdad, pero en este ca-so, sabes que no podía hacer el trabajo en otro momento. –Pero es que siempre, por una causa u otra, eres tú la que nos hace llegar tarde. (D.R.:) –Será verdad, pero te repito que esta vez no tuve otro remedio que terminar el trabajo que tenía pen-diente–, etc.


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

Como se ve, la técnica del disco roto no ataca a la otra per-sona; es más, hasta le da la razón en ciertos aspectos, pero in-siste en repetir su argumento una y otra vez hasta que la otra persona queda convencida o, por lo menos, se da cuenta de que no va a lograr nada más con sus ataques.

 

2. Banco de niebla

 

Esta es otra de las técnicas que están más extendidas. Tam-bién se la llama “técnica de la claudicación simulada”.

 

Consiste en dar la razón a la persona en lo que se conside-re puede haber de cierto en sus críticas, pero negándose, a la vez, a entrar en mayores discusiones. Así, se dará un aparente ceder el terreno, sin cederlo realmente, ya que, en el fondo, se deja claro que no se va a cambiar de postura.

 

Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Banco de niebla:) –Sí, es posible que tengas ra-zón. –Claro, como siempre, tienes otras cosas que hacer antes de quedar. (B.N.:) –Pues sí, casi siempre tengo otras cosas que hacer antes. –Pues estoy harto de que por tu culpa siempre lle-guemos tarde. (B.N.:) –Ya, es verdad, siempre llegamos tarde.

 

La persona está demostrando que cambiará si lo estima conveniente, pero no porque el otro se empeñe en ello.

 

Para esta técnica, es muy importante controlar el tono de voz en el que se emite la respuesta, ya que si se dice de forma dura y tajante o excesivamente despreciativa, puede suscitar agresividad en el interlocutor. El tono debe de ser tranquilo y hasta ligeramente reflexivo, como meditando las palabras que nos dice el otro. (De hecho, quizás conviene realmente medi-tar sobre si la persona está teniendo razón con su crítica).


 

 

 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

3. Aplazamiento asertivo

 

Esta respuesta es muy útil para personas indecisas y que no tienen una rápida respuesta a mano o para momentos en que nos sentimos abrumados por la situación y no nos sentimos capaces de responder con claridad.

 

Consiste en aplazar la respuesta que vayamos a dar a la persona que nos ha criticado, hasta que nos sintamos más tranquilos y capaces de responder correctamente.

Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Aplazamiento asertivo:) –Mira, es un tema muy polémico entre nosotros. Si te parece, lo dejamos ahora, que tengo trabajo y lo hablamos con calma mañana ¿vale?

 

Si la persona insistiera, nosotros debemos insistir por nues-tra parte, al estilo del disco roto, en nuestra postura. Si uno no quiere discutir, no hay discusión posible.

 

4. Técnica para procesar el cambio

 

Esta técnica es una de mis favoritas. Considero que es muy útil, ya que no suscita agresividad en la otra persona ni incita a defenderse a nadie y ayuda tanto a la persona que la emite como a la que la recibe.

 

Consiste en desplazar el foco de discusión hacia el análisis de lo que está ocurriendo entre las dos personas. Es como si nos saliéramos del contenido de lo que estamos hablando y nos viéramos “desde fuera”.

 

Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. –Pues no sé porqué lo dices. Llegamos tarde porque tú te empeñaste en grabar el partido de fútbol en ví-deo. –¡Pero qué cara tienes! Yo me puse a grabar el partido porque vi que estabas pintándote y no acabas nunca. Además,


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

tú sabes muy bien quién es el que siempre está esperando en la puerta y quién es la que, en el último momento, tiene 400 co-sas importantes que hacer (etc.). (Procesamiento del cambio:) –Mira, nos estamos saliendo de la cuestión. Nos vamos a des-viar del tema y empezaremos a sacar trapos sucios. O –Esta-mos los dos muy cansados. Quizás esta discusión no tiene tan-ta importancia como le estamos dando ¿no crees?

 

Quizás lo más difícil en una discusión es precisamente lo que propugna esta técnica: ser capaces de mantenernos fríos y darnos cuenta de lo que está ocurriendo. No meternos a saco en contenidos que no nos llevan a ninguna parte, no dejarnos provocar por incitaciones ante las que creemos necesario de-fendernos. Es mucho más efectivo reflejar objetivamente qué es lo que está ocurriendo y reconocer nuestra parte de culpa (“estamos cansados los dos”), que defender a capa y espada cualquier pequeño ataque que nos envíen.

 

5. Técnica de ignorar

 

Esta técnica es parecida a la anterior, aunque en este caso, la responsabilidad recae en la otra persona solamente. Es apli-cable cuando vemos a nuestro interlocutor sulfurado e iracun-do y tememos que sus críticas terminen en una salva de insul-tos, sin llegar a tener nosotros la oportunidad de defendernos.

 

Por ejemplo: –¡Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre! (Ignorar:) –Me parece que estás muy enfadado, así que creo que es mejor hablar de eso luego.

 

Como en la técnica del Banco de Niebla, en ésta también es muy importante controlar el tono de voz con el que se emite. Un tono despectivo o brusco sólo suscitaría mayor agresivi-dad en el otro, ya de por sí enfadado, porque lo interpretaría como una provocación. Lo mejor es adoptar un tono especial-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

mente amable y comprensivo, respetuoso con el enfado de la persona.

 

6. Técnica del acuerdo asertivo

 

Esta técnica se parece algo a la del Banco de Niebla, pero va un poco más allá, ya que no se queda en ceder terreno sin ma-yores comentarios, sino que deja claro, además, de que una co-sa es el error cometido y otra, el hecho de ser buena o mala persona. Es útil en situaciones en las que reconocemos que la otra persona tiene razón al estar enojado, pero no admitimos la forma de decírnoslo.

 

Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Acuerdo asertivo:) –Tienes razón, llegamos tarde por mi culpa. Pero sabes que, normalmente, no suelo ser impuntual.

 

Esta técnica logra “apaciguar” al interlocutor al admitir el error (si realmente se ha cometido ¿por qué no admitirlo?), pe-ro separa claramente el “hacer” del “ser”. Si aplicamos varias veces esta respuesta con personas que tienden a generalizar, podremos evitar el ser etiquetados en el futuro. No hay cosa más difícil que quitar una etiqueta que alguien nos haya pues-to. Esta técnica va encaminada a prevenir que esto ocurra.

 

7. Técnica de la pregunta asertiva

 

Esta técnica es muy antigua; de hecho responde al dicho de “convertir al enemigo en aliado” y es muy útil por eso.

 

Consiste en “pensar bien” de la persona que nos critica y dar por hecho que su crítica es bienintencionada (indepen-dientemente de que realmente lo sea). Como de todo se puede aprender, obligaremos a la persona a que nos dé más informa-ción acerca de sus argumentos, para así tener claro a qué se re-


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

fiere y en qué quiere que cambiemos. (Luego dependerá de nosotros el que cambiemos de hecho o no).

 

Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Pregunta asertiva:) –¿Qué es exactamente lo que te molesta de mi forma de actuar? O –¿Cómo sugieres que cambie para que no se vuelva a repetir?

 

Si la persona da respuestas vagas, la obligaremos, por me-dio de nuestras preguntas, a especificar más. Cuando la críti-ca es malintencionada y está lanzada al vuelo, sin pensar, la persona pronto se quedará sin argumentos. Mientras que si es-tá fundada en una reflexión, puede que realmente, con sus da-tos, nos ayude a modificar algo de nuestra conducta. En cual-quier caso, esta respuesta rompe los esquemas de nuestro in-terlocutor, ya que ni nos defendemos ni respondemos con agresividad a su crítica (y, de momento, tampoco cedemos, ya que sólo nos limitamos a preguntar).

 

En cualquier caso, además de aplicar con soltura las diver-sas técnicas asertivas para discutir adecuadamente, se hace ne-cesario acordarnos de la recomendación de R. Lombardi: “Si (...) sientes la urgencia de criticar a alguien motivado por el odio o el resentimiento, cierra el pico hasta que tus sentimien-tos se serenen y te permitan criticar afirmativamente, si toda-vía lo consideras oportuno”.

 

5.3. Técnicas de reducción de ansiedad

 

Determinadas situaciones de interacción social provocan en las personas poco asertivas reacciones o respuestas con un nivel muy elevado de ansiedad, de tal manera que en ocasio-nes pueden incapacitar total o parcialmente al sujeto para emi-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

tir la conducta adecuada, por muy aprendidas que tenga las técnicas y muy asimilados los pensamientos alternativos ra-cionales. Si bien rara vez los problemas de asertividad provie-nen exclusivamente de la ansiedad, cuando la respuesta de tensión es muy elevada, –la persona se queda bloqueada y no puede actuar o bien tiene somatizaciones muy intensas– es preciso trabajar aisladamente esta respuesta antes de que co-mience a poner en práctica otro tipo de habilidades.

 

Para reducir la ansiedad de forma física, existen fundamen-talmente dos técnicas, complementarias entre sí: la relajación y la respiración.

 

5.3.1. La relajación

 

Existen básicamente dos tipos de relajación: la Relajación Progresiva (muscular) de Jacobson y el Entrenamiento Autó-geno de Schulz. Aquí solamente pasaremos a describir la téc-nica de Jacobson. Esta se basa en que relajando diversos gru-pos musculares se logra relajar también la mente.

 

La mayoría de la gente desconoce cuáles de sus músculos están habitualmente tensos. Por medio de esta técnica se aprende a identificar los músculos que están más tensos y a distinguir entre la sensación de tensión y relajación profunda.

 

Si bien no vamos a presentar aquí un manual de relajación, sí describiremos brevemente los grupos musculares que se tra-bajan en una relajación progresiva. Los cuatro principales son:

 

– Músculos de la mano, antebrazo y bíceps

 

– Músculos de la cabeza, cara, cuello. Se presta especial aten-ción a los de la cabeza (cuero cabelludo, orejas, sienes, fren-te), ya que la mayoría de los músculos implicados en las emociones que crean la ansiedad se encuentran en esta zona.


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

– Músculos del tórax, región lumbar, estómago y abdomen. El estómago-abdomen es otra zona de importante acumu-lación de tensiones.

– Músculos de los muslos, nalgas, pantorrillas y pies.

 

La relajación de Jacobson consta de dos fases:

 

– Durante la 1ª fase, la persona aprende a discriminar entre un músculo tenso y el mismo músculo, relajado. Para ello, colocándose tumbado o sentado en una silla, va tensando un músculo específico y, tras 3 o 4 segundos, lo relaja pro-gresivamente para apreciar la diferencia entre la sensa-ción de tensión y la de relajación. Durante esta fase, se aprende a discriminar y localizar aquellos músculos del cuerpo que tiendan a tensarse más en la vida diaria de ca-da uno.

– En la 2ª fase la persona ya discrimina perfectamente cuán-do un músculo está tenso. Sabiendo relajarlo, por lo tanto, no necesitará tensarlo para relajarse, sino que practicará directamente la relajación inducida, sin tensión previa de los distintos músculos.

 

Aunque pueda parecer muy sencillo, la técnica de la relaja-ción requiere mucha práctica e insistencia hasta tenerla com-pletamente dominada. Remitimos a los lectores a las numero-sas cintas y textos que sobre este tema se venden en librerías y centros especializados.

 

5.3.2. La respiración

 

Es ésta una técnica muy importante para reducir la ansie-dad. Está muy estrechamente ligada a la relajación.

Los resultados de un ejercicio de respiración se aprecian de forma inmediata, pero los efectos profundos no se pondrán de


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

manifiesto hasta después de varios meses de práctica persis-tente.

 

Existen muchos tipos de ejercicios respiratorios: desde con-centrarse simplemente en sentir el aire que entra y sale, lenta-mente, de nuestros pulmones, hasta ejercicios más sofisticados en los que se va respirando alternativamente por una fosa na-sal y por la otra. Uno de los ejercicios más utilizados, que es, a su vez, base para otros tipos de respiración, es la llamada res-piración abdominal. Consiste ésta en utilizar el diafragma en vez de los músculos del tórax para mover el aire que entra y sale de nuestro cuerpo. Para hacernos una idea más precisa, presentamos un ejercicio de inicio a la respiración abdominal:

 

– Tumbarse en el suelo, doblar las rodillas sin separar las plantas de los pies del suelo y separar los pies unos 20 cm, dirigiéndolos suavemente hacia afuera.

 

– Explorar el cuerpo en busca de signos de tensión.

 

– Colocar una mano sobre el abdomen y otra sobre el tórax.

 

– Tomar aire lenta y profundamente por la nariz, haciéndo-lo llegar hasta el abdomen, levantando la mano que esta-ba colocada sobre él. El tórax se moverá sólo un poco a la vez que el abdomen. Si se quiere, para ser más consciente del proceso, se puede, a la vez, oprimir un poco el tórax con la mano que está sobre él.

 

– Al expulsar el aire, realizar el movimiento contrario: opri-mir ligeramente el abdomen y levantar la mano que está colocada sobre el tórax.

 

– Después de unas cuantas veces realizando el ejercicio de este modo, se puede intentar hacerlo sin colocar las ma-nos. Los movimientos respiratorios deberían de ser: aire entra - abdomen se hincha - aire sale - abdomen se con-


 

 

 

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MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO

 

trae. El tórax debería de permanecer durante este tiempo lo más inerte posible, aunque puede moverse ligeramen-te. Las respiraciones deben de ser largas, lentas y profun-das, si bien cada persona tiene su propio ritmo y no es bueno intentar adaptarse a tiempos previamente fijados.

 

– Cuando se haya conseguido una regularidad de movi-mientos respiratorios sin colocar las manos en tórax y ab-domen, hay que pasar a inhalar el aire por la nariz y ex-pulsarlo por la boca, con lo cual se relajarán también boca y lengua.

 

Lo mejor para que estos ejercicios sean efectivos es que se ensayen durante 5-10 minutos una o dos veces al día a lo lar-go de unas cuantas semanas.

 

Los ejercicios de respiración y los de relajación se pueden aplicar juntos, intercalando la respiración en medio del ejerci-cio de relajación, o por separado. Normalmente, no se realiza una relajación sin respiración, pero sí es válido y efectivo una respiración sin relajación, si bien lo más completo es aplicarlo de forma combinada.

 

Es muy importante que los ejercicios de respiración y rela-jación se ensayen en ambientes y posturas diversas. Es decir, si siempre los practicamos tumbados, en un ambiente tran-quilo y sin ruidos, no sabremos extrapolarlos a situaciones en las que estemos tensos y los necesitemos. Un error que se co-mete muchas veces es el de creer que realizando ejercicios de relajación/respiración todos los días durante 20 minutos es suficiente para estar relajados en todo momento. Esto es ro-tundamente falso. Notaremos los beneficios de una relajación o una respiración si las sabemos aplicar in situ, en el momen-to en el que estemos tensos, es decir, en medio de una con-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

versación, en una reunión, una fiesta, etc. Por lo tanto, es ne-cesario ensayar la relajación (que, obviamente, deberá de ser muy breve, cosa que sólo se logra con mucho entrenamiento) y la respiración sentados, de pie, andando; en el autobús o en el metro, solos o en compañía, etc. Así, también ensayaremos el relajarnos y respirar de forma disimulada, sin que los de-más lo noten.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

 

 

 

 

 

Todas las estrategias descritas hasta el momento son con-ductas asertivas generales, que en principio se pueden aplicar a cualquier tipo de situación con sólo adaptar un poco la es-trategia a la situación que causa problemas.

 

Sin embargo, hay veces en las que es necesario reforzar las habilidades aprendidas con técnicas más específicas. Hay si-tuaciones, como puede ser la de pareja, que requieren toda una gama de técnicas ideadas especialmente para ello; otras veces, puede ocurrir que el desconocimiento en materia aser-tiva de la persona sea tal, que ésta necesite contar con unas téc-nicas muy específicas para las tres o cuatro situaciones con-cretas que más le cuestan. En cualquier caso, siempre es bue-no reforzar las pautas generales con algunos “trucos” específi-cos que ayuden a salvar mejor las situaciones que más difíci-les resultan.

Como dijimos anteriormente, existen amplios listados de técnicas en numerosos libros y artículos, casi diríamos que tantos como situaciones conflictivas pueda haber. En el capí-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

tulo 5 describíamos, a modo de ejemplo, las principales técni-cas para poder discutir de forma asertiva. Aquí presentamos las habilidades específicas para cuatro tipo de situaciones que resultan difíciles para muchas personas:

 

   asertividad en la pareja

 

   respuesta ante críticas

 

   realización de peticiones

 

   expresión de sentimientos.

 

 

6.1. Asertividad en la pareja

 

Muchas parejas tienen serios problemas de funcionamiento porque uno o ambos miembros se comportan siguiendo mo-delos agresivos o sumisos que provocan en el otro respuestas inadecuadas, dando lugar al consiguiente desajuste personal y emocional de uno o ambos.

 

La comunicación es uno de los pilares básicos en los que se apoya la relación de pareja, y por lo tanto, donde más clara-mente se ponen de manifiesto los comportamientos asertivos o no asertivos. Sorprende ver cuántas parejas carecen de habi-lidades y estrategias para comunicarse de forma adecuada y cómo esta carencia de habilidad se interpreta muchas veces como “falta de ganas”, “desmotivación”, “incomprensión”, etc. Repetimos que la educación tradicional nos ha enseñado a ser poco asertivos, y, por lo tanto, muchas personas descono-cen por completo cómo manifestar correctamente sus senti-mientos, enfados, peticiones, al otro miembro de la pareja con el que, supuestamente, se tiene “tanta” confianza. Así, un error típico y básico de las parejas es pretender que el otro “adivine” qué nos falta, qué esperamos de él. Se supone que


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

con el amor, uno se convierte en clarividente y si no es así, no se está realmente pendiente y enamorado del otro. Pero, como bien titula Beck uno de sus libros, “con el amor no basta”. Hay que comunicarle al otro nuestros deseos, peticiones, deman-das de cariño, y hacerlo de forma que lo comprenda y no es-perando que lo “sobreentienda” con nuestros gestos y muecas de disgusto.

 

Todos conocemos y podríamos citar en teoría cuáles son los principios básicos para lograr una correcta comunicación afectiva, pero, tal vez por sonar a perogrullo, frecuentemente nos olvi-damos de ellos. Vale la pena volver a repasar algunos para po-der empezar a modificar nuestra conducta asertiva con la pa-reja:

 

1. Es más apropiado hacer una petición que una demanda. Las primeras demuestran respeto por el otro y mejoran la comunicación. Es muy distinto escuchar: “¿puedes apa-gar la tele mientras hablamos?” que “¡cuando estamos ha-blando, quiero que apagues la tele!”.

2. Es mejor hacer preguntas que acusaciones. Las acusacio-nes sólo desencadenan defensa y no llevarán, por lo tan-to, a ningún lado. Es diferente, aunque signifique lo mis-mo, decir: “¿me estás escuchando?” que “¡otra vez no me estás escuchando!”.

 

3. Al criticar a la otra persona, hablar de lo que hace, no de lo que es. Las etiquetas no ayudan a que la persona cam-bie, sino que refuerzan sus defensas. Hablar de lo que es una persona sería: “te has vuelto a olvidar de sacar la ba-sura. Eres un desastre”; mientras que hablar de lo que ha-ce sería: “te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Últi-mamente te olvidas mucho de las cosas”.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

4.  No ir acumulando emociones negativas sin comunicar-las, ya que producirían un estallido que conduciría a una hostilidad destructiva.

 

5.  Discutir los temas de uno en uno, no “aprovechar” que se está discutiendo sobre la impuntualidad de la pareja para reprocharle de paso que es un despistado, un olvi-dadizo y que no es cariñoso.

 

6.  Evitar las generalizaciones. Los términos “siempre” y “nunca” raras veces son ciertos y tienden a formar eti-quetas. Es diferente decir: “últimamente te veo algo au-sente” que “siempre estás en las nubes”.

 

7.  No guiarse por una excesiva sinceridad en la pareja. Al-gunas cosas deben de pensarse antes de decirse, si las consecuencias no van a ser positivas. “Últimamente me noto más frío respecto a ti. No sé si todavía me gustas” puede ser muy sincero, pero habría que esperar antes de echarle a la pareja ese jarro de agua fría. Quizás sólo es un sentimiento pasajero sin ninguna importancia. Si real-mente no lo es, siempre se está a tiempo de plantearlo.

 

8.  La comunicación verbal debe de ir acorde con la no ver-bal. Decir “ya sabes que te quiero” con cara de fastidio dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.

 

Muchas personas, al leer esto, pensarán: esto es muy boni-to, pero ¿cómo llevar a la práctica estos principios tan loables? Y tienen razón; una pareja necesita saber cómo traducir estos principios en conductas y actitudes concretas. Aquí ya entra en juego la asertividad, porque no hay mejor forma de plas-mar los principios descritos que mediante técnicas y estrate-gias asertivas.


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

Una persona asertiva desarrollará con su pareja las si-guientes habilidades de comunicación:

1. Dar gratificaciones: tanto verbales como materiales. Hay que explorar qué es lo que gratifica concretamente a nues-tra pareja y no dar por hecho que le gusta “lo que a todo el mundo”.

 

2.  Agradecer gratificaciones: a veces, se da por supuesto que el otro debe llevar a cabo determinados comportamientos positivos y que no tenemos porqué agradecérselo. Mos-trar abiertamente que nos alegramos le servirá de refuer-zo para repetirlo otra vez y de información para saber que va por buen camino respecto a nosotros.

3. Pedir gratificaciones: normalmente, se piensa que no hay que pedir las cosas porque es artificial y que el otro debe de saber lo que queremos y dárnoslo. Como decíamos an-tes, nadie, por muy enamorado que esté, es clarividente y necesitamos saber exactamente qué le gusta a la otra per-sona para poder dárselo a su gusto. Hay que desterrar la idea de que pedir es rebajarnos y comunicar abiertamen-te qué y cuánto nos gustaría que hiciera la otra persona por nosotros.

 

4.  Expresar sentimientos negativos: es necesario que una pare-ja se comunique sentimientos de tristeza, enojo, malestar, frustración, etc., pero haciéndolo de una manera asertiva, para no terminar, como ocurre muy frecuentemente, en peleas y acusaciones. Para ello, hay que:

– hablar del tema conflictivo de una forma muy directa, sin “sobreentendidos”

– expresarlo en el momento y no cuando ya haya pasado el tiempo y el otro no sepa de qué le estamos hablando


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

– expresarlo de forma activa, no como víctimas (“yo me siento...” en vez de “tú me haces sentir...”)

– describir nuestra propia conducta y la del otro sin acu-sar. “Mientras yo friego, tú te pones a ver la tele y eso me parece injusto”, en vez de “eres un caradura, me tie-nes como una esclava a tu servicio”.

 

5.  Empatizar: desgraciadamente, esta es una de las conduc-

 

tas que menos aparecen en las parejas: la capacidad de po-nerse en el lugar del otro y ver los problemas desde su punto de vista. Convendría, de vez en cuando, realizar una inversión de roles en la pareja, para que ambos se die-ran cuenta cómo ve las cosas el otro.

 

6.  Intercambiar afecto físico: muy importante y frecuente-mente olvidado “al cabo de los años”, ya que se confunde muchas veces con intercambio sexual.

7.  Enfrentarse a la hostilidad inesperada o al mal humor: no todo son rosas en una pareja y, con mucha frecuencia, uno de los dos llega cansado, malhumorado o irritado. Mu-chas veces descargará su mal humor en el otro miembro de la pareja, sin que éste tenga nada que ver con el asun-to. La persona asertiva puede reaccionar de dos formas:

 

– con asertividad repetida: el miembro no hostil de la pa-reja responde a la cólera o irritabilidad del otro me-diante la repetición de una negativa para admitir la cul-pa o una parte del sufrimiento del compañero. La técni-ca es la del “disco rayado”: “yo no voy a estropear una noche porque tú estés de mal humor” o “yo no tengo nada que ver con tu mal humor”, etc.

 

– con asertividad empática: se empieza por empatizar con el otro poniéndose en su lugar: “parece que estás


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

muy enfadado/a esta noche”, y a continuación, se utili-za una frase asertiva que exprese una postura construc-tiva y firme: “pero creo que ese enfado viene de otras personas y yo no soy responsable de ello”.

 

ACEPTACIÓN Y OPOSICIÓN EN LA PAREJA

 

Por último, vamos a describir cómo traduce la persona asertiva en conductas concretas los términos de “aceptación” y “oposición” en la pareja, es decir, cómo comunicarle al otro sentimientos positivos y negativos.

 

-  ACEPTACIÓN ASERTIVA:

 

a)   Elementos no verbales que deben de comunicarse en cualquier caso:

 

– contacto visual con el interlocutor

 

– tono emocional cálido y cordial

 

– volumen de voz audible y claro

 

– presencia de sonrisas y gestos de acercamiento

 

b)   Para transmitir el mensaje positivo, se puede seguir este orden:

 

b.1: Expresión de elogio/aprecio: conducta verbal de acepta-ción en respuesta al comportamiento positivo del otro.

b.2: Expresión de sentimientos positivos: transmitir a la otra persona información sobre los propios sentimientos producidos por la conducta del otro.

 

b.3: Conducta positiva recíproca: ofrecimiento de conducta positiva para corresponder a lo que el otro ha hecho.

-  OPOSICIÓN ASERTIVA:

 

a)   Elementos no verbales que deben de comunicarse en cualquier caso:


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

– contacto visual con el interlocutor

 

– tono emocional firme, convincente y apropiado a la si-tuación conflictiva (¡no agresivo!)

 

– volumen de voz audible y claro

 

– movimientos de manos y brazos sueltos y acompañan-do la verbalización.

 

b)  Para transmitir el mensaje negativo, se puede seguir es-te orden:

 

b.4: Expresión de entendimiento o expresión del problema: em-pezar la exposición del problema por comprender el punto de vista del otro o por la descripción del pro-blema o situación conflictiva.

 

b.5.: Mostrar el desacuerdo : verbalizar que la conducta de la otra persona no nos satisface, pero hacerlo de forma no acusadora, siempre desde la repercusión que la conducta del otro está causando en nosotros.

 

b.6: Petición de cambio de conducta o propuesta de solución: no se puede dejar una discusión sin este último punto, ya que si no, la otra persona no sabrá cómo llevar a cabo el cambio de conducta que le estamos pidiendo.

 

Veamos un ejemplo de ambos casos:

 

Juan le quiere decir a su pareja cuánto la aprecia, ya que la ve decaída y se da cuenta de que desde hace mucho tiempo no se dicen nada positivo. Lo hace de la siguiente forma: eli-ge un momento relajado, sentados en la mesa, cenando. Apaga la televisión, para que el momento adquiera mayor importancia y dice: “Laura, la verdad es que hace mucho tiempo que sólo hablamos del trabajo y no de nosotros. Sólo te quiero decir que, aunque no lo parezca, me fijo mucho en


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

cómo te esfuerzas por hacerme las cenas agradables cuando llego cansado a casa y eso hace que te sienta muy cercana (punto b.1). Créeme, cuando estoy en el trabajo me acuerdo mucho de ti y tengo ganas de volver a casa para verte y co-mentar contigo todo lo que me ha pasado (punto b.2). Quizás deberíamos de salir más. He pensado que podríamos volver a ir a aquellas terrazas que tanto te gustaban, los domingos por la mañana (punto b.3)”.

 

En otro momento, Laura, que también es muy asertiva, se encuentra a disgusto con Juan, ya que éste llega muy tarde a casa por quedarse a veces a tomar algo con los compañeros de trabajo: “Mira, Juan, quería comentarte una cosa. Yo en-tiendo que cuando sales del trabajo, estás tan saturado que te apetece despejarte y tomar algo con tu gente. Me lo has razo-nado muchas veces y lo entiendo (b.4) . Pero muchas veces tengo preparada la cena, se enfría y yo me siento como una tonta esperándote. Sinceramente, me parece exagerado que tengas que salir todas las tardes a tomar algo (b.5). ¿Por qué no intentamos arreglarlo para que ninguno de los dos pierda? No sé, podrías intentar llegar más tarde en días fijos, que yo ya sepa de antemano, o avisarme con tiempo, para que no prepare nada. ¿Qué te parece? (b.6)”.

 

         Intenta hacer lo mismo que hemos hecho en estos ejemplos. Ya tengas pareja o no (el aprecio y la oposición no sólo se expresan en la pareja), piensa cómo comunicas tu aceptación y tu oposición y compara con los consejos que he-mos dicho. ¿Te parece que te falta o sobra algo? ¿Cómo sería, concretamente, una intervención tuya, si tienes en cuenta los aspectos que hemos descrito? Imagínatelo de forma muy es-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

pecífica, es decir, desde cómo sería tu conducta no verbal hasta qué dirías exactamente.

 

6.2. Responder correctamente a las críticas

 

¿Qué hacer cuando alguien nos critica agresivamente? Ya sea justa o injusta la crítica, cuando menos la situación es inti-midante, a no ser que estemos muy seguros de nosotros mis-mos y dominemos buenas estrategias de respuesta.

 

Para aprender este tipo de conductas, es necesario que, pre-viamente, la persona tenga claras una serie de cosas, y, caso de no tenerlas, debería de instaurarlas por medio de una Rees-tructuración Cognitiva:

 

– la persona tiene que saber interpretar correctamente (obje-tivamente) una situación en la que le parezca que está siendo criticada. Tiene que saber discriminar lo que es ver-dadera crítica y lo que es mera interpretación suya, dis-torsionada por sus pensamientos irracionales. ¡Hay mu-chos comentarios inocentemente sarcásticos que son inter-pretados como crítica feroz!

 

– también tiene que saber evaluar cuándo una crítica está siendo emitida con mala voluntad (en cuyo caso tendría que saber defenderse asertivamente) y cuándo se trata de una “crítica constructiva” (en cuyo caso la reacción iría más encaminada a evaluar si la otra persona tiene razón y/o cómo responder a ello).

 

Lo que es muy importante a la hora de responder correcta-mente a una crítica es el tono en que se emita la respuesta aser-tiva, ya que la persona que está criticando no tiene que sentir-se agredida. Si esto ocurre, la conversación germinaría en una


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

discusión o una competición de agresiones mutuas, que no lle-varía a ninguna parte. El tono de la respuesta a una crítica tie-ne que ser, pues, lo más neutro y aséptico posible.

 

Veamos, concretamente, las estrategias más comunes que existen para responder a las críticas:

 

a)   Si te parece que la crítica es justificada, pero no deseas continuar hablando sobre el tema (¡hay “críticos” muy pesados!):

 

– Reconocer (Tienes razón)

 

– Repetir (Tendría que haber hecho...)

 

– Explicar (No lo hice porque...)

 

No hay que pedir nunca excesivas disculpas. El dar dema-siadas explicaciones es signo de inseguridad. Con una frase explicativa basta.

 

b)   Si quieres convertir al otro en un aliado (no se lo espera-rá), en vez de un crítico, pregunta:

 

–“¡¿Qué crees que debería de hacer?!”

 

Pide clarificación y no admitas respuestas vagas o negativas:

 

(Crítico): –“No me gusta que hagas...”

 

(TÚ): –“Bien, pero ¿qué quieres que haga exactamente?” c) En cualquier caso:

 

no permitas que el otro generalice su crítica a otras situa-ciones o a otras facetas de tu personalidad.

 

Utiliza el acuerdo asertivo:

 

–“Si, debería de haber hecho..., pero eso no significa que yo sea...”

 

o el banco de niebla: sólo asentir a lo que consideramos vá-lido, lo otro ni lo mencionamos:


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

(Crítico): –“Comes demasiado poco. No te estás cuidando lo suficiente y te vas a debilitar”

 

(Tú): –“Si, puede que coma poco”

 

Esta última forma de actuar no significa que estés cedien-do, ya que en todo momento pones el “quizás...”, sino que no quieres seguir discutiendo.

 

Si la persona sigue insistiendo (suele sentar muy mal este tipo de respuestas), puedes utilizar el aplazamiento asertivo, es decir, aplazar la discusión para más adelante:

 

–“¿Te parece que lo hablemos en otro momento?”.

 

 

6.3. Realizar peticiones

 

En este apartado hablamos de peticiones no improvisadas, es decir, aquellas para las que la persona puede prepararse previamente un guión o modelo de actuación: por ejemplo, desde pedir un aumento de sueldo, una revisión de examen o pedir aclarar con una persona algún “asunto pendiente” (con-flictivo), hasta declarar el amor a una persona.

 

Lo más importante es que, previamente, la persona se “pre-pare” para la situación, teniendo claro qué es lo que quiere, cómo lo quiere, etc. y evaluando cuál es el mejor momento pa-ra sí mismo y para el otro. A esto se refieren los puntos a) y b) de las estrategias que describimos a continuación. El punto c) se refiere ya a la actuación en sí, que en consulta se ensayaría por medio de role-playing, por ejemplo, antes de enfrentarse la persona a la situación en vivo.

 

Veamos, entonces, las estrategias que más se utilizan para realizar correctamente peticiones:


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

a)   Clarifícate tú sobre qué es lo que quieres exactamente, cuál es tu demanda:

Pido ayuda de ............

 

Quiero ............

 

Cuándo lo quiero ............

 

Dónde lo quiero ............

 

b)    Señala el momento y un lugar para discutir el problema que te concierne. No esperes a que la situación sea propi-cia, porque corres peligro de no considerar nunca “ade-cuada” la situación. Decide tú cuándo vas a realizar la pe-tición, eligiendo el momento, lugar, hora, etc. que, según tus conocimientos de la situación, sean más propicios.

 

Si te parece conveniente, anuncia a la persona en cues-tión que quieres hablar con ella y decide con ella el mo-mento adecuado.

c)   Al realizar tu petición, ten en cuenta los siguientes pa-sos:

   Caracteriza la situación problema lo más detalladamente posible

   Exprésate por medio de los llamados “mensajes-yo”, es decir, presenta en tu demanda tus pensamientos, senti-mientos y tus deseos:

–“(Cuando tú...), yo creo... y me siento... Por lo tanto, quiero...”

Este mensaje variará según la situación que lo requiera.

 

Sobre todo, no culpes o ataques a la persona, ya que así só-lo obtendrías una respuesta defensiva.

Enfócalo siempre desde tu punto de vista (me siento..., pien-so...), no interpretes acciones o intenciones de la otra persona:


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Erróneo: “Eres un vago. Tú tan tranquilo viendo la tele mientras yo me lío a fregar como un idiota”.

 

Correcto: “Cuando te veo mirando la tele mientras yo frie-go, me da la impresión de que no me tienes en cuenta y me siento como un idiota. ¿Por qué no me echas una mano y evitamos una bronca?”.

 

   Limita mediante una o dos frases claras cuál es tu objeti-vo. ¡Sé concreto y firme!

   Acentúa la posibilidad de que ambos os beneficieis si cuentas con la cooperación de la otra persona. Si es nece-sario, expresa las consecuencias negativas que traerá su falta de cooperación.

 

Veamos un ejemplo:

 

Antonio está molesto con su compañero de piso José Ma-nuel, ya que éste no tiene en cuenta los turnos establecidos pa-ra fregar, limpiar, etc. y le deja siempre todo “empantanado” a Antonio. Este decide hablarlo con José Manuel, ya que la si-tuación se va haciendo insostenible para él.

 

En primer lugar, Antonio tiene que decidir cuál es el mejor momento para ambos para hablar del tema. No es, desde lue-go, al volver José Manuel a casa por la tarde, ya que suele es-tar cansado y de mal humor. Tampoco por la mañana, ya que Antonio es de los que tardan mucho en despertarse y no esta-ría muy centrado para expresar su demanda. El mejor mo-mento es un domingo después de comer, cuando ambos están tomando un café frente a la televisión.

 

Antonio ensaya lo que va a decir delante del espejo, ya que la situación le da temor por los estallidos de agresividad que suele mostrar José Manuel. A nivel no verbal, observa que tie-ne la tendencia a decir las cosas que le cuestan con una cierta


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

risita, lo cual quita contundencia a sus mensajes. Con ayuda del espejo, logra quitarse este tic molesto. En cuanto al conte-nido verbal, ensaya las siguientes frases:

 

“José Manuel, quería decirte una cosa. Cuando llego a casa cansado, me suelo encontrar que queda todo lo del mediodía por fregar y las camas sin hacer. ¿Te acuerdas que decidimos que tú te ocuparías de esas cosas? Como yo sí suelo cumplir con lo que me toca, me siento tratado injustamente y me pon-go de muy mal humor.

 

Me gustaría que pudiéramos solucionar este problema, ha-blando tranquilamente. Si quieres, revisamos las tareas y tú coges las que te sean más cómodas. Creo que si logramos cam-biar la situación, tendremos menos broncas, ya que yo ya no estaré de tan mal humor. De lo contrario, tendré que buscarme otro compañero de piso, porque así no me siento nada bien”.

 

6.4. Expresar sentimientos

 

No permitir que los demás sepan lo que pensamos es tan poco consi-derado como no escuchar los pensamientos y sentimientos de los otros (P. Jakubowski)

 

Igual de importante que es saber defenderse, demandar y reclamar, así también es de vital importancia el expresar senti-mientos. Este tema cuesta a muchas más personas de las que se cree y aquél que lo haga estará demostrando que posee real-mente una sana autoestima. En cualquier caso, se puede co-menzar aplicando estos sencillos trucos que describimos a continuación. Muchas veces, el comprobar que estamos com-portándonos bien hace que también nos vayamos sintiendo progresivamente mejor con nosotros mismos.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

Si te cuesta expresar honestamente tus sentimientos, pue-den serte útiles los siguientes puntos:

 

a)   Acostúmbrate a formar frases que comiencen por: “quiero”... o “me gusta...”, “no me gusta...”, “me sien-to...”, etc. Trata de incluirlas en tu conversación habitual, hasta que ya no te resulte extraño utilizarlas.

 

b)   Intenta comprobar el significado o los sentimientos que subyacen a los comentarios del otro:

 

“¿Sentías que te criticaba cuando dije...?”.

 

c)   No dejes pasar situaciones confusas sin clarificarlas. Si algo te ha “mosqueado”, sorprendido, alarmado, etc., pide aclaración inmediatamente. Es más fácil expresar tu malestar en el momento, que si tienes tiempo para darle vueltas.

 

d)   Acostúmbrate a utilizar frases reforzantes para el otro. Si algo te ha gustado, házselo saber; si le aprecias, inten-ta comunicárselo. A veces es más difícil expresar frases positivas que negativas.

 

e)   Como alternativa a estallar en ira ante una controversia, apréndete de memoria esta fórmula:

 

1.  “Estoy enfadado porque......”

 

2.  “Me gustaría que......”

 

f)     Si te cuesta mucho expresar sentimientos, fíjate, mien-tras lo estés haciendo, en tu conducta externa: cómo mo-dulas la voz, intentando hablar lentamente; cómo respi-ras (puedes realizar una inspiración profunda antes de comenzar cada frase. Te saldrán más fácilmente las pa-labras); qué postura adoptas y qué haces con tus manos, etc. Intenta mantenerte relajado/a.


 

 

 

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APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS

 

El fijarte en tu conducta externa hace que no estés tan pendiente de lo que tienes que decir, y, a la vez, que lo digas de forma más adecuada.

 

g)   Una buena expresión de los propios sentimientos debe-ría de incluir: tus necesidades, tus deseos, tus derechos y cómo repercuten las distintas situaciones en ti. No de-bería de incluir excesivos reproches, un deseo de herir y autocompasión. Estas últimas enmascaran tus senti-mientos y hacen que la otra persona te entienda mal.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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EDUCAR PARA LA ASERTIVIDAD

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vosotros sois el arco desde el que vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia lo lejos

 

(Khalil Gibran)

 

Todo lo que hemos expuesto hasta ahora quiere ser una ayuda para el lector adulto e independiente, que, por las razo-nes que sean, haya decidido aprender más sobre las relaciones humanas y la asertividad.

 

Pero nuestro libro no quedaría completo si solamente nos dirigiéramos a este público adulto. Existen alrededor de noso-tros unos personajillos pequeños, pero importantes que nos recuerdan constantemente nuestra propia infancia. Nos re-cuerdan también que no están formados en la vida y que están aprendiendo de nosotros, chupando todo lo que ven y oyen y formando las bases para lo que más adelante serán de adultos. Son nuestros hijos, alumnos, sobrinos, amigos.

 

Muchos adultos se arrepienten de no haber aprendido “a tiempo” ciertas habilidades, se lamentan de que no se les en-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

señara adecuadamente esa destreza tan importante, o esa ca-pacidad... E igual ocurre con la asertividad. En un capítulo an-terior comentábamos que gran parte de la “culpa” de que no seamos asertivos está en la educación, en los mensajes que nos transmitieron de pequeños.

 

Ahora que somos adultos sanos, que hemos aprendido, tal vez a posteriori, a ser asertivos, podemos y tenemos la obliga-ción de conseguir que a nuestros niños no les ocurra lo mismo que a nosotros. Permitámosles vivir el placer de aprender, a la vez que crecen y casi sin darse cuenta, a relacionarse adecua-damente con los demás, a no considerarse ni más ni menos que los otros niños y adultos que les rodean.

 

Como ya comentábamos en otro momento, la capacidad de ser asertivo o socialmente competente, no se hereda, no es al-go innato e inamovible, sino que se va aprendiendo a lo largo de la vida. Las habilidades sociales sólo se aprenden con la práctica. Los niños van aprendiendo a compartir, a ceder turno, a cooperar y negociar. No es cierto, como a veces se dice, que Fulanito “tenga dentro” el ser agresivo o a Menganito “le ven-ga de familia” comportarse como un trozo de pan. Si son así es porque en su familia, en el colegio, con sus amigos están aprendiendo a comportarse agresiva o bondadosamente. Cla-ro que a Menganito “le viene de familia”, pero esto no signifi-ca que lo haya heredado, sino que está “chupando” día a día una actitud de bondad en su familia.

 

El aprendizaje que el niño haga depende en gran parte de nosotros, los adultos. Tanto si somos padres como profesores o tutores de niños, tenemos la obligación moral de enseñarles a manejarse bien con las demás personas. La asertividad, que forma parte de la autoestima, es un escudo que protegerá al


 

 

 

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EDUCAR PARA LA ASERTIVIDAD

 

niño de por vida. Más adelante describiremos estrategias puntuales para aplicar con nuestros niños. Pero independien-temente de las técnicas puntuales, hay que mostrar y trans-mitir en todo momento una actitud de apertura hacia el con-tacto social. Unos padres concienciados de esto, invitarán fre-cuentemente a amigos de sus hijos a casa o en pequeñas sali-das y excursiones. También permitirán que sus hijos vayan a casa de otros compañeros y que se queden a dormir, si así lo desean (hay muchos padres a los que no les gusta esto!). Un profesor que quiera fomentar las habilidades sociales en su clase, estimulará el trabajo en equipo y encarará directamen-te cuantos problemas de enemistad, agresividad, liderazgo surjan en el grupo.

 

Es importante enseñar al niño a ser asertivo tanto con com-pañeros de su edad, como con niños menores, como con el adulto. Hemos de tener en cuenta que el niño tiene una doble tarea: no sólo debe aprender a relacionarse con personas que son iguales que él, sino también con personas superiores, los adultos, a los que debe guardar un respeto y hacer caso, pero frente a los que también puede y debe autoafirmarse. ¿Qué sig-nifica que el niño sea asertivo con el adulto? Desde luego que no se pretende que se convierta en un repelente, que todo lo sa-be mejor que el adulto, ni en alguien desobediente y contestón. El niño asertivo con el adulto es amable cuando le preguntan, levanta la vista, mira a los ojos y tiene un habla clara. También pide aclaraciones si no entiende algo y no interrumpe. Este ni-ño tan “modélico” que reflejamos aquí se parece mucho a lo que piden los cánones de buena educación; la diferencia es que desde aquí pretendemos que el niño se comporte de esta forma no porque deba hacerlo, sino porque “le sale de dentro”, por-que no tiene miedo pero sí respeto hacia el adulto.


 

 

 

 

 

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Bien, estaréis pensando muchos de los que leáis esto, todo suena muy bien, pero ¿qué tenemos que hacer, concretamen-te? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos, alumnos, etc. a ser más asertivos?

Vamos a explicar muy brevemente los principios básicos de la teoría del aprendizaje.

 

7.1. Principios básicos del aprendizaje de la asertividad

 

Como hemos dicho ya, las conductas asertivas y, en gene-ral, todas las conductas, no se heredan, sino que se aprenden.

 

Si bajo conducta se entiende: hacer, sentir y pensar, también se aprenderán:

 

a)   las emociones, como el miedo, el vergüenza, la ira…

 

b)   las conductas problemáticas como la desobediencia, la agresividad, la timidez, etc.

 

¿Cómo se aprende todo esto?

 

Un niño se va desarrollando en estrecha interrelación con el ambiente que le rodea. Dependiendo de cómo sea el ambiente (familia, escuela, sociedad) que rodea al niño, éste aprenderá a comportarse de una manera u otra:

Todos buscamos, por encima de todo, llamar la atención y sentirnos valorados (ser “alguien” para los demás). Desde niños, la principal motivación que nos mueve por la vida es ésta. En el niño, ser “alguien” para los demás es de vital importancia, ya que en eso se basará su autoestima. El niño que se haya sen-tido adecuadamente querido y respaldado, desarrollará una sana autoestima y una seguridad en sí mismo. Más adelante, deberá dejar de estar pendiente de la opinión de los demás pa-


 

 

 

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EDUCAR PARA LA ASERTIVIDAD

 

ra dejar paso a sus propios criterios. Por desgracia, hay mu-chos adultos que todavía continúan esperando obtener la “re-compensa” a sus acciones por parte de los demás.

 

Para conseguir sentirse valorado, el niño (¡y también el adulto!) utilizará todos los métodos que estén a su alcance, in-dependientemente de su valor moral. Según cómo le responda el ambiente, continuará exhibiendo un comportamiento y aban-donará otro. Por ejemplo, si un niño consigue llamar la aten-ción portándose bien, atendiendo en clase y siendo buen com-pañero, y esta conducta es valorada por parte del profesor y/o sus padres y compañeros, continuará con ella, ya que le apor-ta beneficios.

 

Si, por el contrario, otro niño ve que consigue llamar la atención molestando, haciendo reír o mostrando conductas agresivas, también continuará comportándose de esta manera. En este caso, sus profesores y padres seguramente no le alaba-rán, pero él puede sentirse valorado por ellos: es “alguien” pa-ra los demás, los compañeros seguramente le reirán las gracias y ser regañado es una forma de llamar la atención y ser im-portante. Seguramente, si nadie le muestra que existen otras conductas con las que puede obtener igual beneficio, este niño continuará con su conducta disruptiva.

 

El mecanismo que están siguiendo los niños es el mismo en ambos casos.

 

7.1.1. ¿De qué depende el aprendizaje de la asertividad?

 

El que un niño aprenda una conducta u otra y concluya que ésta puede serle más beneficiosa que aquella depende princi-palmente de tres factores: de lo que ocurra inmediatamente después de exhibir esa conducta (simplificando mucho: si es


 

 

 

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premiado o castigado), de lo que pase antes (los llamados “es-tímulos discriminativos”) y de los modelos que tenga el niño para imitar. Vamos a describir los dos que más nos interesan: los consecuentes y los modelos a imitar.

 

1- CONSECUENTES:

 

(lo que ocurre inmediatamente después de una conducta)

 

Cualquier comportamiento va siempre seguido de una reacción del exterior. Muchas veces las reacciones son tan mí-nimas que no son dignas de resaltar, pero otras, y sobre todo para un niño que está muy pendiente de lo que le llegue de fuera, son completamente marcantes. Obviamente, si alaba-mos o mostramos satisfacción ante una conducta una sola vez, no servirá de nada. El niño llegará a la conclusión de que vale la pena continuar con esa conducta después de que se la haya valorado varias veces y, si es posible, por varias personas im-portantes para él.

 

Existen dos tipos básicos de consecuencias o reacciones an-te una conducta:

 

A: Refuerzo positivo

 

El llamado refuerzo positivo es cualquier respuesta agra-dable que nos llegue del exterior y que nos haga pensar que la conducta que acabamos de emitir es deseable.

 

Los refuerzos pueden ser materiales: premios; sociales: elo-gios, miradas, atención; simbólicos: dinero, puntos; y, en el adulto, pueden ser sus propios pensamientos y automensajes los que le refuercen (autorrefuerzos). El refuerzo social, es de-cir, la atención y valoración verbal y no verbal que recibamos, es el más poderoso y tiene un efecto mucho mayor que cual-quier premio material que demos a la persona.


 

 

 

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Los refuerzos positivos aumentarán la probabilidad de que se vuelva a producir la conducta. De esta forma, se puede afir-mar que si algo está ocurriendo regularmente, lo más seguro es que esté siendo reforzado, y eso vale para las conductas co-rrectas y las incorrectas.

 

Una conducta que no reciba una respuesta valiosa durante un tiempo prolongado, se irá debilitando hasta desaparecer: si no alabamos nunca a un niño por portarse bien, buscará otras formas de llamar la atención; si no hacemos caso a un niño que llora, terminará por buscar otras formas de conseguir lo que quiere. Como vemos, este mecanismo, que se denomina extin-ción, puede ser beneficioso o perjudicial para la persona.

 

B: Castigo

 

Como castigo entendemos cualquier respuesta no gratifi-cante, desde regañinas hasta castigo físico, pasando por el des-precio, la burla, la agresión verbal.

 

En contra de lo que se pueda pensar, este método suele ser muy efectivo en un primer momento, pero a la larga no hace que se cambie la conducta de raíz. Puede cambiar la conducta res-pecto a la persona que dispensa el castigo (se la evita o uno “no se deja pillar”), pero no la actitud de la persona castigada. Suele:

 

– provocar la imitación (un niño pegado, pegará con mayor frecuencia)

 

– distanciar al castigador del castigado

 

– crear sentimientos de depresión y baja autoestima en la persona que recibe castigo sistemáticamente.

 

Por desgracia, hay un tipo de castigo que, aplicado regu-larmente, sí tiene efecto a largo plazo: el castigo social (ver-güenza, deshonra, burla).


 

 

 

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Igual que ocurre con el refuerzo, el castigo es subjetivo: unos se sienten castigados por algo que a otros no les signifi-ca nada.

 

Existen otros tipos de consecuentes, aunque el refuerzo y el castigo sean los principales. Para nuestro tema de la asertividad interesa conocer el llamado refuerzo negativo. Esto significa que la consecuencia que la persona recibe tras su conducta no es algo positivo ni negativo, sino que es el cese de una situación desa-gradable. Este concepto, algo difícil de entender, es, sin embargo, la explicación a muchas conductas de huída o evitación de situa-ciones. Una actitud callada, apocada, puede ser una búsqueda de este tipo de refuerzo. La persona piensa: si no llamo la atención, si no digo nada, me dejarán en paz, cesará una situación desa-gradable para mí en la que me siento muy mal porque no sé có-mo comportarme. De forma mucho más clara, el niño que no se atreve a enfrentarse a otro y sale huyendo, se está rigiendo por la búsqueda de un refuerzo negativo. Este mecanismo habrá que tenerlo muy en cuenta a la hora de ayudar a un niño que tenga algún problema de asertividad. A veces, se resistirá a cambiar o aprender otra conducta, ya que el beneficio que obtiene con su huída es mucho mayor que un posible refuerzo positivo que le estamos proponiendo (sentirse bien por haber conseguido en-frentarse adecuadamente a otro), pero que no conoce.

 

¿Cómo se pueden formar, a partir de lo dicho, conductas agresivas, sumisas, problemáticas en general?

 

Refuerzo de conductas inadecuadas: a la persona se le dispen-sa atención por una conducta no correcta, que hace que la per-sona se sienta importante: regañar y no reforzar otra conduc-ta correcta a cambio; “reír las gracias (“niños payaso”), aten-der a quejas, atender sólo a conductas agresivas, alabar mucho


 

 

 

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una conducta callada, cuando en realidad puede ser una falta de asertividad, etc.

 

Si sólo prestamos atención a las conductas inadecuadas y nos callamos las adecuadas, dándolas por hecho, éstas se ex-tinguirán y continuarán las inadecuadas.

 

Actitud impaciente: hacer algo que debería de hacer la otra persona, para acelerar el ritmo: en el caso de la asertividad, se trataría de la madre que va a hablar con los “malos” compa-ñeros de su hijo para disuadirles de que le maltraten. El niño jamás aprenderá a defenderse por sí solo y tendrá la impresión de que tiene que depender de alguien que le ayude.

 

Consecuencias contradictorias: si bien nunca se puede dar una regularidad completa, sí se puede confundir mucho al niño si, por ejemplo, actuamos con él según estemos de humor, o los padres y maestros que no se ponen de acuerdo y cada uno ac-túa de forma distinta ante mismas situaciones, o si pretende-mos que el niño haga una cosa y luego no la hacemos nosotros mismos.

 

Estas actitudes crean en el niño sentimientos de inseguri-dad y pueden llevarle a realizar conductas extrañas, sin orden ni regularidad o a guiarse exclusivamente según su propio cri-terio, cosa que en un niño no siempre es lo más adecuado.

 

2- LOS MODELOS A IMITAR

 

De todos es sabido que los niños imitan constantemente a los adultos. Lo que no suele estar tan claro es que esta con-ducta imitativa puede ser causante tanto de conductas correc-tas y socialmente deseables como al revés.

 

Nos solemos fijar más en aquello que vemos u oímos que en aquello que nos dicen o leemos. Si vemos a una persona re-


 

 

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cibir una recompensa por una acción que a nosotros nos pare-ce importante, tenderemos a querer imitarla.

 

Es importante saber que un niño no imita indiscriminada-mente a cualquier adulto o compañero, sino que se tienen que dar una serie de requisitos que hagan que, para ese niño, la persona sea “digna de ser imitada”. Estos son:

 

– que la persona “a imitar” esté recibiendo un refuerzo por su conducta que sea deseable para el niño

 

– que, por lo que sea, la persona “a imitar” le llame la aten-ción al niño

 

– que sea un modelo válido para el niño (el “empollón” de la clase o la “cursi” no suelen serlo).

 

Resumiendo todo lo dicho: los padres y los profesores son im-portantísimos para el niño como reforzadores y como modelos a imi-tar. Ellos son los que van a hacer que el niño se vea a sí mismo como competente-incompetente, indigno de cariño-estimable, etc.

 

7.2. Educar para la asertividad

 

7.2.1 Actitudes generales a tener con nuestros niños

 

Hay algunas actitudes generales a tener en cuenta a la ho-ra de educar a un niño para la asertividad. Por supuesto, son normas que no solamente tienen cabida para el tema de la asertividad, sino que cumplen numerosas otras funciones educativas, sobre todo, la de desarrollar la autoestima. Incluso pueden sonar a perogrullo, pero hemos preferido exponerlas antes que pasarlas por alto.

 

Regla nº 1: ¡Cuidado con las proyecciones!


 

 

 

 

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Muchas veces, tendemos a proyectar nuestros propios te-mores y experiencias negativas en nuestros hijos. El padre del que se han burlado mucho de pequeño, tenderá a querer “pro-teger” a su hijo de esta experiencia, insistiéndole en la descon-fianza hacia los demás e intentando que se anticipe a los “ata-ques” de los otros, atacando él antes. No siempre expresará to-do esto con palabras, pero basta que el niño vea en su padre esta actitud o que se fije en pequeños comentarios del padre para que llegue a la conclusión: “parece que el mundo es peli-groso. Tendré que ir con mucho cuidado”.

 

La madre que está continuamente pendiente de lo que piensen los demás de ella, que tras haber estado su hija en ca-sa de unos amigos le acribilla a preguntas sobre su comporta-miento, sobre si se portó bien para que los otros se hayan lle-vado una buena opinión de la niña, está proyectando su temor en ésta y logrará pronto que la hija esté igualmente pendiente de lo que los demás opinen de ella.

 

Es difícil, pero hay que intentar de todas las formas que el hijo o alumno no se vea “predestinado” a cumplir las expecta-tivas que tienen sus padres respecto a él, a curar sus frustra-ciones o a cumplir sus esperanzas.

 

Por supuesto que todo educador que lea esto, pensará: “pe-ro yo quiero lo mejor para el niño” y la actitud que propone-mos, que es la de aceptar al niño con sus ideas y actitudes y dejar-le tener las experiencias a él, es igualmente sabida como difícil de realizar. Nuestra propuesta es: analizar las propias ideas y te-mores y reflexionar si hay alguna que pueda ser “irracional”, fruto de alguna experiencia dolorosa que el niño no tiene por qué pasar. Esa idea es la que no tenemos derecho a intentar “colar” al niño sin que él nos lo haya pedido ni sus experien-


 

 

 

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cias nos lo hayan hecho necesario transmitir. Sí podemos, por supuesto, darle consejos o contarle nuestras experiencias, pe-ro nunca de forma categórica ni estableciendo reglas (“todo el mundo es así”, “nadie te va a ayudar”, “no te fíes de nadie”, etc.)

 

Regla nº 2: No confundir un error puntual con una caracte-rística de la personalidad.

Un método muy poderoso para no permitir que se desarro-lle la autoestima es tachar al niño de “malo”, “vago” o “deso-bediente” cuando ha hecho algo mal. En este caso, se está con-fundiendo una conducta puntual con toda la personalidad del niño. Aunque el adulto tenga claro que un niño no es “malo”, estrictamente hablando, por el hecho de haber pegado a un compañero, el propio niño no lo tiene tan claro. Si oye una y otra vez “eres malo” ante cada acto agresivo que cometa, lle-gará a la conclusión de que él es, efectivamente, una mala per-sona y, sobre todo, que no tiene remedio. Una persona que desde siempre piense que “es mala” no podrá desarrollar una sana autoestima, porque está convencida de que eso es ina-movible y de que no hay nada que hacer con él. Todos sus ac-tos estarán marcados por el hecho de “ser malo”. Sabiendo que todos los niños quieren, en el fondo, ser “buenos” ¿qué hará el niño al que se le ha hecho sentir que es intrínsecamen-te malo? Tiene varias opciones, pero ninguna encaminada a desarrollar una autoestima sana ni, por supuesto, una con-ducta asertiva correcta.

 

Lo mismo ocurre con un niño que una y otra vez oye que es “cobarde” o “tonto”. Es muy diferente decirle “hoy no te has defendido bien cuando aquél niño se burló de ti” que “eres un tonto. Todo el mundo te toma el pelo”. Seguramente, además,


 

 

 

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este niño comenzará pronto a actuar según le están diciendo que es, y de forma cada vez más sistemática. Lejos de enseñar-le conductas concretas que podría modificar, se le seguirá ta-chando de “tonto”, entrando así en un círculo vicioso del que es difícil salir y que al niño no le aporta ningún beneficio.

 

Regla nº 3: Asegurarse de que las expectativas que se tie-nen respecto al niño son razonables y adecuadas a su nivel y edad.

 

Un niño no es igual de asertivo a los 5 que a los 9 años, lo mismo que tampoco es igual de sociable o de creativo. A cada edad le corresponden unas pautas de conducta que, antes o después, estarían desfasadas.

 

El problema que tienen muchos niños es que se les exigen cosas para las que todavía no están preparados. Así, a veces, se les piden ciertas “responsabilidades” cuando el niño toda-vía no es lo suficientemente maduro como para captar la si-tuación en su totalidad. Pedirle a un niño de 10 años que es-tudie porque es bueno para su futuro seguramente no servirá más que para que odie la asignatura. Todavía no se da cuenta de la importancia del estudio y habrá que encontrar otros ele-mentos que le motiven a estudiar.

 

Lo mismo ocurre con la asertividad: muchas veces se espe-ra que un niño pequeño reaccione de forma mucho más “va-liente” ante ataques y regañinas de lo que todavía es capaz. Estas expectativas se traducen luego en grandes regañinas si el niño no se ha comportado como “debería”. Un ejemplo son los niños “llorones”, (hablamos de un margen de edad entre los 5 y los 8 años) que ante un ataque o una situación que les pon-ga inseguros rompen a llorar o se refugian en el adulto que más confianza les dé. Si a este niño se le tacha de “cobarde”,


 

 

 

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se le recuerda que debe de sentir “vergüenza” ante los demás o se le regaña porque debería de haberse enfrentado a la si-tuación, no se hace más que agravar el problema: el niño ten-drá cada vez más ansiedad porque nadie le está explicando realmente cuál es la conducta adecuada y, además, no se le de-ja tiempo para que pueda experimentar otras conductas. Hemos visto en consulta muchos niños completamente aterro-rizados ante lo que puedan decirles sus padres después de ha-ber “vuelto a llorar en el cole”.

 

Otro ejemplo sería la tendencia, por suerte cada vez menos extendida, de no permitir que un niño (varón) llore o se mues-tre débil, ya que “los hombres no lloran”.

 

Para este tema no se pueden establecer reglas generales: no hay una edad en la que el niño ya no “debería” de ser cobarde o débil. Cada niño madura a su ritmo y en su momento y te-nemos que permitir que nuestro hijo o alumno se tome el tiem-po que él necesita para aprender a ser asertivo. Por supuesto que podemos ayudarle, y de eso trata el capítulo siguiente, pe-ro de ninguna forma coartarle en su desarrollo a base de me-terle miedo o someterle a presión.

 

7.2.2. El niño no es asertivo, ¿qué hacer?

 

En todas las escuelas hay niños más atrevidos y seguros y niños más apocados y “cobardes”. En casi todas las clases exis-te “el tonto de la clase” que puede ser el típico payasín que busca gustar a los demás con sus tonterías, o el niño del que todos se ríen o un ser anónimo que está sentado en la última fila y que, aparentemente, no se entera de nada. Exceptuando los problemas de aprendizaje que puedan tener, la mayoría de estos niños tendrán problemas de asertividad.


 

 

 

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¿Qué puede hacer un profesor si observa conductas de este estilo en alguno de sus alumnos? ¿Y qué puede hacer un pa-dre si ve que su hijo se está convirtiendo en ese “tonto de la clase”? Las actitudes que ambos deben de tomar son diferen-tes ya que las responsabilidades, el tiempo de dedicación y muchos otros factores son muy distintos. Sin embargo, vamos a atrevernos a dar unas pautas generales, para que cada uno las adapte a su realidad y las pueda aplicar como mejor se ajuste a su contexto con el niño.

 

Antes de aplicar cualquier tipo de estrategia debemos de plantearnos muy seriamente una pregunta: ¿sabemos exacta-mente qué le pasa a nuestro hijo o alumno? ¿podríamos describir con precisión qué es lo que le está afectando y en qué medida?

 

Al igual que ocurre cuando nos intentamos “tratar” a no-sotros mismos, antes de decidir qué hacer para paliar un pro-blema hay que haberlo observado durante un tiempo con la mayor objetividad posible. Esto significa hacer todo lo que describíamos en el capítulo 4, pero también añadir un detalle muy importante: escuchar al niño.

 

Y escuchar no significa “oír” lo que cuenta a la hora de la comida o en una excursión, sino: dedicarle tiempo, dejarle cla-ro que nos interesa lo que nos cuenta, pero que no nos angus-tia, ser activos al escucharle (hacerle preguntas, pedirle aclara-ciones, etc.), ser empáticos, es decir, ponernos en su lugar y ver el problema desde su punto de vista, etc.

 

Muchas veces el niño no acude espontáneamente a contar cosas, quizás porque el tema que le preocupa es demasiado duro para él, quizás también porque, simplemente, no está acostumbrado a explicar sus problemas. En cualquier caso, ha-bría que invitarle (no obligarle!) a que nos contara. Y eso sig-


 

 

 

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nifica que hay que estar preparado y descansado, para que él no vea signos de fatiga o aburrimiento en nosotros y se frustre en sus intentos de explicar. También, por supuesto, nos tiene que ver con los cinco sentidos puestos en él, sin distraernos (es decir: no estar viendo la tele de reojo o vigilando a otros niños a la vez que le estamos escuchando).

 

Si sabemos escuchar lo que nuestro niño nos quiere decir, evitaremos sacar conclusiones arbitrarias que, como he podi-do observar repetidamente en mi consulta, no hacen más que enturbiar el asunto y angustiar o aislar al niño.

 

En todo momento, sobre todo si vemos que el niño co-mienza a tener dificultades de relación, conviene hacerle cons-ciente del tema de sus “derechos”. Es éste un concepto que, co-mo decíamos en otro capítulo, no se suele enseñar a los niños y tenemos que aprenderlo siendo ya mayores.

 

Unos padres conscientes de este tema podrían introducir en sus conversaciones diarias, sobre todo si el niño está pre-sente y atento, alusiones a los propios derechos. Ya sea co-mentando noticias o anécdotas que cuenten unos y otros o aplicando este tema a las propias discusiones y conversacio-nes, la cuestión es que se repitan muchas frases del estilo: “lo que le han dicho a tu amigo es injusto, porque él tenía derecho a decir lo que pensaba”; “este señor de la tele está pisando el derecho del otro a expresar lo que quiere”; “por favor, deja que diga mi opinión antes de decir que son tonterías. Tengo dere-cho a ello”; “tu hermana tiene derecho a hablar, es su turno. Luego hablarás tú”, etc.

 

De esta forma, el niño irá incorporando a sus conocimien-tos el de la existencia de unos derechos que él tiene que respe-tar, pero que también han de respetarle a él.


 

 

 

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La asertividad se puede enseñar de forma directa o indi-recta. Cuando hablamos de “forma directa” nos referimos a técnicas concretas a aplicar con un niño que muestra dificulta-des de asertividad, hablándolo con él e incluso ensayando si-tuaciones que le causan problema. Y la “forma indirecta” es to-do lo que podemos modificar en el niño sin que éste se de realmente cuenta, como puede ser reforzarle conductas co-rrectas o hacer de modelo con él. Veamos ambas formas de ayudar al niño:

 

FORMAS INDIRECTAS DE ENSEÑAR ASERTIVIDAD

 

Cuando veamos que el niño comienza a tener conductas que más adelante le pueden causar problemas, podemos apli-car un programa de “modificación de conducta”. Esto consiste simplemente en estar muy atentos a sus manifestaciones y comportamientos y reforzar, por medio de halagos, atención es-pecial o juegos conjuntos, aquellas conductas que se aproximen a la correcta. De la misma forma, deberíamos de ignorar siste-máticamente toda expresión de sumisión o agresividad. Sobre todo para este último caso, esta técnica es muy efectiva.

 

Si lo hacemos bien, el niño no tiene por qué darse cuenta conscientemente de que le estamos “enseñando” a comportar-se de una forma concreta. Nuestra labor consiste solamente en hacer consciente al niño de las muestras de capacidad asertiva que pueda dar en un momento. Por ejemplo: ante un niño que tiende a ser muy agresivo con los demás, la actitud sería de ig-norar “descaradamente” cualquier manifestación de agresivi-dad. Tan pronto como exprese algún deseo de pegar o gritar, debería de retirársele la atención y dedicarnos a otros niños o menesteres. Si se ha portado muy mal podemos castigarle, por supuesto, pero no de forma que él vea que nos exaspera, sino


 

 

 

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lo más fríamente posible. A cambio, debemos de estar muy atentos ante manifestaciones de no agresión. Esto es más difí-cil de lo que parece, ya que las conductas “buenas” las damos por supuesto, mientras que las “malas” nos llaman la atención enseguida. Pero al igual que debemos de enseñar al niño que, si quiere nuestra atención, debe de comportarse correctamen-te, también nosotros tenemos que realizar un cambio de men-talidad, estando atentos a cuando es o dice algo “pacífico” y amable a otros, para reforzarle de inmediato con atención, ha-lagos (“muy bien, te has defendido sin tener que pelearte con Juan”; “eso de defender a un niño pequeño está muy bien. No todo el mundo se atreve”, etc.) o hasta algún pequeño premio, aunque él, aparentemente, no sepa a qué viene ese regalo re-pentino (“como hoy has sido muy bueno, nos vamos a comer a una hamburguesería”).

 

Una buena idea es reforzar capacidades. Ante una conduc-ta correcta (por ejemplo, haberse enfrentado correctamente a un compañero que se burlaba del niño, en el caso de una su-misión; o no haber atacado a otro niño, ante una agresividad), tiene mucho efecto dirigir el halago hacia la totalidad de la persona: “esto demuestra que eres capaz de cortar a Enrique si se pone bruto contigo” o “muy bien, está claro que tienes ca-pacidad para darte cuenta de que no puedes pegar a niños más pequeños”, etc.

 

Tenemos también que darle al niño la oportunidad de mos-trar su capacidad, por muy mínima que ésta nos parezca: ha-cerle partícipe en discusiones y enseñarle mediante refuerzos a conversar correctamente; cuando veamos que tiende a evitar pequeñas situaciones que sabemos que puede afrontar, ayu-darle a hacerlo, etc.


 

 

 

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Por otra parte, los halagos hay que dispensarlos con cuida-do, ya que el elogio excesivo incomoda a los niños. La cuestión no es pasarnos el día entero alabando al niño por cualquier co-sa que haga, sino dirigir nuestra atención a lo que queremos modificar y esperar cualquier mínima manifestación de la con-ducta correcta para reforzarla. Cuando veamos que una con-ducta ya está instaurada, podemos pasar a reforzar conductas más difíciles o elaboradas.

 

Por último, un detalle que muchas veces se nos escapa es el de nuestro lenguaje. A oídos de un niño, es muy diferente es-cuchar: “no deberías de haber hecho esto” a “la próxima vez hazlo mejor”. Es decir, debemos de reflexionar si nos estamos dirigiendo a nuestros niños de forma positiva y constructiva o negativa y destructiva. Un lenguaje positivo implica expresar-se de forma afirmativa y fijarse en lo positivo de una situación o, cuando menos, en cómo puede solucionarse una próxima vez. Un lenguaje negativo hará énfasis en lo erróneo de la si-tuación y caerá en argumentos reiterativos del estilo: “otra vez...”, “siempre haces...”, etc.

 

FORMAS DIRECTAS DE ENSEÑAR ASERTIVIDAD

 

Muchos problemas, tanto de adultos como de niños, se mantienen no porque la persona no sea consciente de ellos, si-no porque no sabe la forma de combatirlos. La persona sabe qué debería de hacer, pero no sabe cómo hacerlo. El saber cuál debería de ser la conducta correcta no significa que sepamos las maneras exactas de aplicarla y esto es la razón de que mu-chas personas se autorreprochen y desesperen consigo mis-mas por no solucionar su problema. Están confundiendo el “qué” con el “cómo”.


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

En general siempre, pero particularmente si el niño mues-tra grandes dificultades o está muy angustiado con su proble-ma, no bastará con decirle: “pues si Pedro se ha reído de ti, le pegas un corte y ya está”, porque esto es seguramente lo que más fervientemente está deseando poder hacer el niño. El pro-blema es que no sabe cómo hacerlo. Frases del estilo: “tú no te dejes achantar. Si te pegan, devuélvesela” o, al revés, “deja ya de pegar a tu hermano. Tienes que aprender a conversar con él”, sólo pueden angustiar al niño al ver éste que se le está pi-diendo repetidamente una conducta que, ya que no se le ex-plica, parece obvio que “debería” de saber.

 

Cuando un niño nos haya relatado su preocupación res-pecto a su conducta no asertiva y/o hayamos observado que, efectivamente, tiene bastantes problemas en su relación con los demás, podemos iniciar una especie de “trabajo en equipo” con él. Es decir, aparte de las formas de corrección indirectas que describíamos antes y que no hay que dejar nunca, pode-mos hacer consciente al niño de que tiene unas dificultades y que existen unos métodos para mejorarlas. Para ello, debemos de ser nosotros los primeros en creernos que, efectivamente, hay solución y que, además, está en manos del niño, con nues-tra ayuda. Si nosotros dudamos o estamos muy angustiados, el niño lo captará enseguida, también si tenemos mucha prisa en que mejore y nos desesperamos si va demasiado lento a nuestro entender. Si se da alguno de estos casos, es mejor que el niño acuda a un profesional (psicólogo), que evaluará y tra-tará el problema de forma mucho más objetiva y racional.

 

Imaginemos a Daniel: un niño tímido y callado de 8 años, tendente al llanto cuando algo no le sale bien. Aunque tiene la misma edad que los demás niños de su clase, parece más pe-queño, ya que siempre está pendiente de lo que propongan los


 

 

 

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demás, sin aportar nunca nada él. Habla en susurros y con la mirada baja y cuando no sabe hacer algo, se retira o se echa a llorar y, por supuesto, no sabe defenderse en absoluto ante los ataques físicos y psicológicos a los que le somete Iván, una es-pecie de “matón” que hay en la clase de al lado.

El padre de Daniel, ante este problema, debería primero de escucharle, valorar su problema como algo a tomar en serio (repetimos: sin angustia) y encaminarle hacia el afrontamien-to. Debe de repasar con Daniel sus derechos, traduciéndolos a un lenguaje que entienda el niño y le sea cercano, por medio de ejemplos propios de su edad.

 

También debería de clarificar metas, definiendo muy con-cretamente qué es lo que quiere cambiar. Como ya describía-mos en el capítulo 4, no vale con decir “quiero ser como Juan”, sino “quiero que no me quiten mis cosas; quiero que no se rían de mí; quiero que me dejen jugar al fútbol con ellos”, etc.

En un momento en el que ambos tuvieran ganas, podría en-sayar conductas asertivas que podría exhibir Daniel respecto a Iván. El padre asumiría el papel de Iván (previa descripción de su comportamiento y respuestas por parte de Daniel) y Daniel el que hace normalmente. Ambos analizarían qué es lo inco-rrecto de la conducta de Daniel o qué es lo que provoca a Iván a burlarse de éste. Luego, el padre puede sugerirle varias al-ternativas de conducta, previa consulta de las técnicas expli-cadas en capítulos precedentes (5 y 6). Estas estrategias están descritas para ser aplicadas por una persona adulta, pero son muy fácilmente transformables al lenguaje infantil. Daniel po-dría, por ejemplo, tener preparados automensajes alentadores, que le faciliten la no huída. Por ejemplo: “cuando vea que se acerca Iván, no saldré corriendo. Seguiré con lo que estaba ha-


 

 

 

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LA ASERTIVIDAD

 

ciendo”; “si me llama: ‘Daniel, cara de tortel’, le diré que me deje en paz, pero sin llorar”; “si tengo ganas de llorar, respira-ré hondo y pensaré en la película de esta tarde”.

Debería de tener preparadas unas estrategias de conducta particulares para cuando Iván se burle de él (por ejemplo, no huir ni llorar ni mostrar miedo, pero tampoco intentar en-frentarse a él. Pedirle firmemente que le deje en paz) y otras generales para su comportamiento habitual en clase (de nue-vo: no llorar, utilizando la respiración; no refugiarse en la pro-fesora, sino intentar resolver los problemas por sí solo, etc.).

 

Todo ello debe de ensayarse varias veces por medio del en-sayo o role-playing y/o haciendo que Daniel se imagine situa-ciones peligrosas e intente afrontarlas en la imaginación.

 

Es importante ofrecer al niño varias alternativas de con-ducta. Por un lado, esto fomenta su capacidad de decisión, ya que será él el que elija cuál estrategia le gusta más; y por otro lado, si la técnica elegida le falla, siempre podrá contar con otras alternativas.

 

Es bueno ilustrarle el problema contándole una historia so-bre otra persona que vivió situaciones similares, también pa-sándolo mal. Si se quiere, se puede utilizar un ejemplo propio, ya sea real o inventado, ya que esto le animará mucho más a cambiar (“a mí me pasaba algo parecido con un chico mayor que siempre me perseguía. No sabía cómo quitármelo de enci-ma y me lo pasaba fatal. Hasta que un día decidí...”, etc.).

 

Por muy efectiva que sea la estrategia elegida, nunca se so-lucionará el problema del niño de un golpe. Conviene tener presente que siempre hay que ir paso a paso. Ni los padres ni el niño deben de pretender que, de un golpe, el niño se haga asertivo.


 

 

 

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Esto es conveniente tenerlo muy presente para prevenir si-tuaciones de fracaso. ¡Cuidado con crear falsas expectativas! El niño tiene que tener muy claro que no va a haber un cam-bio radical a la primera intentona. Por nuestra parte, debemos de tener claro que lo “reforzable”, por lo que vamos a alabar y premiar al niño, va a ser el desafío, el intento de superación, no el éxito, ya que éste puede tardar mucho en aparecer.

 

Hay que ayudarle a sentirse bien consigo mismo aún en si-tuaciones de derrota porque si no, el niño no querrá volver a repetir la experiencia de afrontamiento ni intentar ninguna otra estrategia. Ante una derrota se puede, por ejemplo, anali-zar qué puede haber habido de positivo en la actuación, qué se puede haber aprendido para otra vez o, simplemente, resaltar otras buenas cualidades que el niño puede haber mostrado en clase.

 

En el caso de que el niño muestre su conducta no asertiva delante de nosotros, (por ejemplo: el padre de Daniel le va a recoger al colegio y observa que se están metiendo con él y que él se echa a llorar y sale corriendo; o nos damos cuenta de que nuestro hijo está pegando a un niño más pequeño) se le puede hacer consciente del error que está cometiendo e intentar co-rregirle sobre la marcha. La forma de hacerlo debería de seguir aproximadamente esta fórmula:

 

   Descripción de la conducta: “he visto cómo se burlaban de ti y tú llorabas y te ibas corriendo” o “has pegado a Carlitos hasta hacerle llorar”.

   Una razón para el cambio: “así se están creyendo que son más que tú y continuarán riéndose de ti” o “Carlitos es más débil que tú y no se puede defender”.


 

 

 

 

 

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   Reconocimiento de los sentimientos del niño: “debes de sentirte fatal cuando te ocurre esto “ o “ya sé que quieres que los demás vean que eres muy fuerte”.

 

   Una formulación clara de lo que se espera del niño: “¿Recuerdas lo que ensayábamos en casa? ¿Por qué no pasas delante de Iván y, si se mete contigo, continúas co-mo si tal cosa?” o “demuéstrales que eres el más fuerte ju-gando al fútbol, seguro que te admirarán más”.

 

En general, no se debe rechazar, generalizar (“siempre estás igual”) ni insultar y evitar asimismo los silencios y las mani-festaciones despreciativas, las amenazas vagas o las violentas: todo ello sólo estanca al niño en su problema.

 

Hemos descrito estas pautas dirigiéndonos especialmente a los padres, ya que comprendemos que un profesor difícilmen-te puede ocuparse de un alumno individualmente, hasta el punto de lograr un cambio de conducta en él. Ni es ni debe ser su trabajo. Pero sí puede, sobre todo si observa algún proble-ma de esta índole en algún alumno, actuar deliberadamente para fomentar en él conductas asertivas, por ejemplo: fomen-tando debates y discusiones en clase y haciéndole ser partíci-pe, reforzando cualquier manifestación asertiva que exhiba el niño. Otra estrategia que puede adoptar es colocarle junto a alumnos que le refuercen de alguna manera, por ser especial-mente amables o pacíficos y no meterse con él. A la hora de formar grupos de trabajo, debería de colocarse al niño con pro-blemas de asertividad con aquellos alumnos que le permitan expresarse y no se burlen de él. Hasta podría hablar con algu-no de ellos y pedirle una pequeña colaboración. Estas actitu-des no fomentan la huída de las situaciones peligrosas, como podría entenderse, porque a la vez que hace esto, el profesor


 

 

 

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EDUCAR PARA LA ASERTIVIDAD

 

debería de hablar seriamente con los padres del niño no aser-tivo y exponerles las observaciones que ha hecho.

 

En cualquier caso, conviene recordar, a modo de conclu-sión, dos cosas importantes: todo, absolutamente todo lo refe-rido a asertividad es mejorable, ya sea a base de aplicar méto-dos indirectos de corrección, métodos directos o acudiendo a un psicólogo. La segunda cosa a recordar es que hay que ser paciente con los progresos de un niño. Este puede necesitar un tiempo para conocer un nuevo entorno, por ejemplo, o para saber exactamente cómo debe de comportarse y atreverse a hacerlo.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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BIBLIOGRAFIA RECOMENDADA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1.  ASERTIVIDAD Y HABILIDADES SOCIALES

 

BENESCH, H. y SCHMAND, W.: Manual de autodefensa comunicati-va. Ed. Gustavo Gili.

CABALLO, V. y (1988): Teoría, evaluación y entrenamiento de las ha-bilidades sociales. Ed. Promolibro, Serie Psicología Aplica-da.

DAVIS, F. (1983): La comunicación no verbal. Ed. Alianza.

 

DAVIS, M.; MAC KAY , M. y Otros (1985): Técnicas de autocontrol emocional. Ed. Martínez Roca, Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Salud, Serie Práctica.

FABREGAS, J. J. y GARCÍA, E. (1988): Técnicas de autocontrol. Ed.

 

Alhambra, Biblioteca de Recursos Didácticos.

 

FENSTERHEIM, H. y BAER, J. (1976): No diga sí cuando quiera decir no. Ed. Grijalbo.

GARCÍA CARBONELL, R. (1981): Todos pueden hablar bien Ed. Edaf.

 

GAUGELIN, F. (1982): Saber comunicarse. Ed. Mensajero.


 

 

 

 

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GIROJO, M. (1980): Cómo vencer la timidez. Ed. Grijalbo.

 

PALMER, P. (1991): El monstruo, el ratón y yo. Ed. Promolibro-Cinteco (Técnicas asertivas para niños).

 

SMITH, M. J. (1979): Cuando digo no, me siento culpable. Ed.

 

Grijalbo.

 

VALLEJO-NÁGERA, J. A. (1990): Aprender a hablar en público hoy.

 

Ed. Planeta.

 

WEISINGER, H. (1988): Técnicas para el control del comportamiento agresivo. Ed. Martínez Roca, Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Salud, Serie Práctica.

 

2.  AUTOESTIMA Y OTROS

 

ÁLVAREZ, (1992): Para salir del laberinto. Ed. Sal Terrae.

 

AUGER, L. (1990): Ayudarse a sí mismo - una psicoterapia median-te la razón. Ed. Sal Terrae.

 

AUGER, L. (1992): Ayudarse a sí mismo aún más. Ed. Sal Terrae.

 

BECK, A. T. (1990): Con el amor no basta. Ed. Paidós.

 

BECK, A. T. (2003): Prisioneros del odio. Las bases de la ira, la hos-tilidad y la violencia. Ed. Paidós.

 

BONET, J.V. (1994): Sé amigo de ti mismo. Ed. Sal Terrae.

 

BRANDEN, N. (1987): Cómo mejorar su autoestima. Ed. Paidós.

 

CAUTELA, J. y GORDON, J. (1986): Técnicas de relajación. Ed. Mar-tínez Roca, Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Salud. Serie Práctica.

 

DYER, W. y WAYNE, D. (1990): Tus zonas erróneas. Ed. Grijalbo.

 

ELLIS, A. (1980): Razón y emoción en psicoterapia. Ed. Desclée De Brouwer, Biblioteca de Psicología.


 

 

 

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BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

 

FABER, A. y MAZLISH, E. (1997): Cómo hablar para que sus hijos le escuchen y cómo escuchar para que sus hijos le hablen. Ed. Médici.

 

FÁBREGAS, J. J. y GARCÍA, E. (1988): Técnicas de autocontrol. Ed.

 

Alhambra, Biblioteca de Recursos Didácticos.

 

MAC KAY, M. y FANNING, P. (1991): Autoestima - Evaluación y me-jora. Ed. Martinez Roca, Biblioteca de Psicología, Psi-quiatría y Salud, Serie Práctica.

 

MEICHENBAUM, D. (1985): Manual de inoculación del estrés. Ed. Martínez Roca, Biblioteca de Psicología, Psiquiatría y Salud, Serie Práctica.

 

MEICHENBAUM , D. y JAREMKO, M.: Prevención y reducción del es-trés. Ed. Desclée De Brouwer.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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DIRECTORA: OLGA CASTANYER

 

1.  Relatos para el crecimiento personal. CARLOS ALEMANY (ED.). (6ª ed.)

2.  La asertividad: expresión de una sana autoestima. OLGA CASTANYER. (28ª ed.)

3.  Comprendiendo cómo somos. Dimensiones de la personalidad. A. GIMENO-BAYÓN. (5ª ed.)

 

4.  Aprendiendo a vivir. Manual contra el aburrimiento y la prisa. ESPERANZA BORÚS. (5ª ed.)

 

5.  ¿Qué es el narcisismo? JOSÉ LUIS TRECHERA. (2ª ed.)

6.  Manual práctico de P.N.L. Programación neurolingüística. RAMIRO J. ÁLVAREZ. (5ª ed.)

 

7.  El cuerpo vivenciado y analizado. CARLOS ALEMANY Y VÍCTOR GARCÍA (EDS.)

8.  Manual de Terapia Infantil Gestáltica. LORETTA ZAIRA CORNEJO PAROLINI. (5ª ed.)

9.  Viajes hacia uno mismo. Diario de un psicoterapeuta en la postmodernidad. FERNANDO

 

JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN. (2ª ed.)

10. Cuerpo y Psicoanálisis. Por un psicoanálisis más activo. JEAN SARKISSOFF. (2ª ed.)

11. Dinámica de grupos. Cincuenta años después. LUIS LÓPEZ-YARTO ELIZALDE. (7ª ed.)

12. El eneagrama de nuestras relaciones. MARIA-ANNE GALLEN - HANS NEIDHARDT. (5ª ed.)

13. ¿Por qué me culpabilizo tanto? Un análisis psicológico de los sentimientos de culpa.

LUIS ZABALEGUI. (3ª ed.)

14. La relación de ayuda: De Rogers a Carkhuff. BRUNO GIORDANI. (3ª ed.)

15. La fantasía como terapia de la personalidad. F. JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN. (2ª ed.)

16. La homosexualidad: un debate abierto. JAVIER GAFO (ED.). (3ª ed.)

17. Diario de un asombro. ANTONIO GARCÍA RUBIO. (3ª ed.)

18. Descubre tu perfil de personalidad en el eneagrama. DON RICHARD RISO. (6ª ed.)

19. El manantial escondido. La dimensión espiritual de la terapia. THOMAS HART.

20. Treinta palabras para la madurez. JOSÉ ANTONIO GARCÍA-MONGE. (11ª ed.)

21. Terapia Zen. DAVID BRAZIER. (2ª ed.)

22. Sencillamente cuerdo. La espiritualidad de la salud mental. GERALD MAY.

23. Aprender de Oriente: Lo cotidiano, lo lento y lo callado. JUAN MASIÁ CLAVEL.

24. Pensamientos del caminante. M. SCOTT PECK.

25. Cuando el problema es la solución. Aproximación al enfoque estratégico. RAMIRO J. ÁLVAREZ. (2ª ed.)

26. Cómo llegar a ser un adulto. Manual sobre la integración psicológica y espiritual. DAVID RICHO. (3ª ed.)

27. El acompañante desconocido. De cómo lo masculino y lo femenino que hay en cada uno de nosotros afecta a nuestras relaciones. JOHN A. SANFORD.

28. Vivir la propia muerte. STANLEY KELEMAN.

29. El ciclo de la vida: Una visión sistémica de la familia.

ASCENSIÓN BELART - MARÍA FERRER. (3ª ed.)

30. Yo, limitado. Pistas para descubrir y comprender nuestras minusvalías.

MIGUEL ÁNGEL CONESA FERRER.

31. Lograr buenas notas con apenas ansiedad. Guía básica para sobrevivir a los exámenes. KEVIN FLANAGAN.

32. Alí Babá y los cuarenta ladrones. Cómo volverse verdaderamente rico. VERENA KAST.

33. Cuando el amor se encuentra con el miedo. DAVID RICHO. (3ª ed.)

34. Anhelos del corazón. Integración psicológica y espiritualidad. WILKIE AU - NOREEN CANNON. (2ª ed.)

35. Vivir y morir conscientemente. IOSU CABODEVILLA. (4ª ed.)

36. Para comprender la adicción al juego. MARÍA PRIETO URSÚA.

37. Psicoterapia psicodramática individual. TEODORO HERRANZ CASTILLO.

38. El comer emocional. EDWARD ABRAMSON. (2ª ed.)

39. Crecer en intimidad. Guía para mejorar las relaciones interpersonales.

JOHN AMODEO - KRIS WENTWORTH. (2ª ed.)

40. Diario de una maestra y de sus cuarenta alumnos. ISABEL AGÜERA ESPEJO-SAAVEDRA.

41. Valórate por la felicidad que alcances. XAVIER MORENO LARA.

42. Pensándolo bien... Guía práctica para asomarse a la realidad. RAMIRO J. ÁLVAREZ.

43.  Límites, fronteras y relaciones. Cómo conocerse, protegerse y disfrutar de uno mismo.

 

CHARLES L. WHITFIELD.

44. Humanizar el encuentro con el sufrimiento. JOSÉ CARLOS BERMEJO.

45. Para que la vida te sorprenda. MATILDE DE TORRES. (2ª ed.)

46. El Buda que siente y padece. Psicología budista sobre el carácter, la adversidad y la pasión. DAVID BRAZIER.

47. Hijos que no se van. La dificultad de abandonar el hogar. JORGE BARRACA.

48. Palabras para una vida con sentido. Mª. ÁNGELES NOBLEJAS. (2ª ed.)

49. Cómo llevarnos bien con nuestros deseos. PHILIP SHELDRAKE.


50.  Cómo no hacer el tonto por la vida. Puesta a punto práctica del altruismo. LUIS CENCILLO. (2ª ed.)

 

51. Emociones: Una guía interna. Cuáles sigo y cuáles no. LESLIE S. GREENBERG. (3ª ed.)

52. Éxito y fracaso. Cómo vivirlos con acierto. AMADO RAMÍREZ VILLAFÁÑEZ.

53. Desarrollo de la armonía interior. La construcción de una personalidad positiva. JUAN

ANTONIO BERNAD.

54. Introducción al Role-Playing pedagógico. PABLO POBLACIÓN KNAPPE y ELISA LÓPEZ

BARBERÁ Y COLS.

55. Cartas a Pedro. Guía para un psicoterapeuta que empieza. LORETTA CORNEJO.

56. El guión de vida. JOSÉ LUIS MARTORELL.

57. Somos lo mejor que tenemos. ISABEL AGÜERA ESPEJO-SAAVEDRA.

58. El niño que seguía la barca. Intervenciones sistémicas sobre los juegos familiares.

GIULIANA PRATA; MARIA VIGNATO y SUSANA BULLRICH.

59. Amor y traición. JOHN AMODEO.

60. El amor. Una visión somática. STANLEY KELEMAN.

61. A la búsqueda de nuestro genio interior: Cómo cultivarlo y a dónde nos guía.

KEVIN FLANAGAN.

62. A corazón abierto.Confesiones de un psicoterapeuta. F. JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN.

63. En vísperas de morir. Psicología, espiritualidad y crecimiento personal.

IOSU CABODEVILLA ERASO.

64. ¿Por qué no logro ser asertivo? OLGA CASTANYER Y ESTELA ORTEGA. (5ª ed.)

65. El diario íntimo: buceando hacia el yo profundo. JOSÉ-VICENTE BONET, S.J. (2ª ed.)

66. Caminos sapienciales de Oriente. JUAN MASIÁ.

67. Superar la ansiedad y el miedo. Un programa paso a paso. PEDRO MORENO. (7ª ed.)

68. El matrimonio como desafío. Destrezas para vivirlo en plenitud. KATHLEEN R. FISCHER y

THOMAS N. HART.

69. La posada de los peregrinos. Una aproximación al Arte de Vivir. ESPERANZA BORÚS.

70.  Realizarse mediante la magia de las coincidencias. Práctica de la sincronicidad mediante los cuentos. JEAN-PASCAL DEBAILLEUL y CATHERINE FOURGEAU.

 

71. Psicoanálisis para educar mejor. FERNANDO JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN.

72. Desde mi ventana. Pensamientos de autoliberación. PEDRO MIGUEL LAMET.

73. En busca de la sonrisa perdida. La psicoterapia y la revelación del ser.

JEAN SARKISSOFF.

74.  La pareja y la comunicación. La importancia del diálogo para la plenitud y la longevidad de la pareja. Casos y reflexiones. PATRICE CUDICIO y CATHERINE CUDICIO.

 

75. Ante la enfermedad de Alzheimer. Pistas para cuidadores y familiares. MARGA NIETO CARRERO. (2ª ed.)

76.  Me comunico... Luego existo. Una historia de encuentros y desencuentros. JESÚS DE LA

 

GÁNDARA MARTÍN.

77. La nueva sofrología. Guía práctica para todos. CLAUDE IMBERT.

78. Cuando el silencio habla. MATILDE DE TORRES VILLAGRÁ. (2ª ed.)

79. Atajos de sabiduría. CARLOS DÍAZ.

80. ¿Qué nos humaniza? ¿Qué nos deshumaniza? Ensayo de una ética desde la psicolo-gía. RAMÓN ROSAL CORTÉS.

81. Más allá del individualismo. RAFAEL REDONDO.

82. La terapia centrada en la persona hoy. Nuevos avances en la teoría y en la práctica.

DAVE MEARNS y BRIAN THORNE.

83.  La técnica de los movimientos oculares. La promesa potencial de un nuevo avance psico-terapéutico. FRED FRIEDBERG. INTRODUCCIÓN A LA EDICIÓN ESPAÑOLA POR RAMIRO J. ÁLVAREZ

 

84. No seas tu peor enemigo... ¡...Cuando puedes ser tu mejor amigo! ANN-M. MCMAHON.

85. La memoria corporal. Bases teóricas de la diafreoterapia. LUZ CASASNOVAS SUSANNA.

86.  Atrapando la felicidad con redes pequeñas. IGNACIO BERCIANO PÉREZ. CON LA COLABORA-

 

87. C.G. Jung. Vida, obra y psicoterapia. M. PILAR QUIROGA MÉNDEZ.

88. Crecer en grupo. Una aproximación desde el enfoque centrado en la persona.

BARTOMEU BARCELÓ.

89. Automanejo emocional. Pautas para la intervención cognitiva con grupos.

ALEJANDRO BELLO GÓMEZ, ANTONIO CREGO DÍAZ.

90. La magia de la metáfora. 77 relatos breves para educadores, formadores y pensadores. NICK OWEN.

91. Cómo volverse enfermo mental. JOSÉ LUÍS PIO ABREU.

92. Psicoterapia y espiritualidad. La integración de la dimensión espiritual en la práctica te-rapéutica. AGNETA SCHREURS.


93.  Fluir en la adversidad. AMADO RAMÍREZ VILLAFÁÑEZ.

94. La psicología del soltero: Entre el mito y la realidad. JUAN ANTONIO BERNAD.

95. Un corazón auténtico. Un camino de ocho tramos hacia un amor en la madurez. JOHN

AMODEO.

96. Luz, más luz. Lecciones de filosofía vital de un psiquiatra. BENITO PERAL.

97. Tratado de la insoportabilidad, la envidia y otras “virtudes” humanas. LUIS RAIMUNDO GUERRA. (2ª ed.)

98.  Crecimiento personal: Aportaciones de Oriente y Occidente. MÓNICA RODRÍGUEZ-ZAFRA (ED.).

 

99. El futuro se decide antes de nacer. La terapia de la vida intrauterina. CLAUDE IMBERT.

100. Cuando lo perfecto no es suficiente. Estrategias para hacer frente al perfeccionismo.

MARTIN M. ANTONY - RICHARD P. SWINSON. (2ª ed.)

101.  Los personajes en tu interior. Amigándote con tus emociones más profundas. JOY CLOUG.

 

102.  La conquista del propio respeto. Manual de responsabilidad personal. THOM RUTLEDGE.

 

103. El pico del Quetzal. Sencillas conversaciones para restablecer la esperazanza en el fu-turo. MARGARET J. WHEATLEY.

104. Dominar las crisis de ansiedad. Una guía para pacientes. PEDRO MORENO, JULIO C. MARTÍN. (5ª ed.)

105. El tiempo regalado. La madurez como desafío. IRENE ESTRADA ENA.

106. Enseñar a convivir no es tan difícil. Para quienes no saben qué hacer con sus hijos, o con sus alumnos. MANUEL SEGURA MORALES. (8ª ed.)

107. Encrucijada emocional. Miedo (ansiedad), tristeza (depresión), rabia (violencia), alegría (euforia). KARMELO BIZKARRA. (3ª ed.)

108. Vencer la depresión. Técnicas psicológicas que te ayudarán. MARISA BOSQUED.

109. Cuando me encuentro con el capitán Garfio... (no) me engancho. La práctica en psico-terapia gestalt. ÁNGELES MARTÍN Y CARMEN VÁZQUEZ.

110. La mente o la vida. Una aproximación a la Terapia de Aceptación y Compromiso.

JORGE BARRACA MAIRAL. (2ª ed.)

111. ¡Deja de controlarme! Qué hacer cuando la persona a la que queremos ejerce un do-minio excesivo sobre nosotros. RICHARD J. STENACK.

112. Responde a tu llamada. Una guía para la realización de nuestro objetivo vital más pro-fundo. JOHN P. SCHUSTER.

113. Terapia meditativa. Un proceso de curación desde nuestro interior. MICHAEL L. EMMONS, PH.D. Y JANET EMMONS, M.S.

114.  El espíritu de organizarse. Destrezas para encontrar el significado a sus tareas. PAMELA

 

KRISTAN.

115. Adelgazar: el esfuerzo posible. Un sistema gradual para superar la obesidad. AGUSTÍN

CÓZAR.

116.  Crecer en la crisis. Cómo recuperar el equilibrio perdido. ALEJANDRO ROCAMORA. (2ª ed.)

 

117. Rabia sana. Cómo ayudar a niños y adolescentes a manejar su rabia. BERNARD GOLDEN, PH. D.

118. Manipuladores cotidianos. Manual de supervivencia. JUAN CARLOS VICENTE CASADO.

119.  Manejar y superar el estrés. Cómo alcanzar una vida más equilibrada. ANN WILLIAMSON.

 

120. La integración de la terapia experiencial y la terapia breve. Un manual para terapeutas y consejeros. BALA JAISON.

121. Este no es un libro de autoayuda. Tratado de la suerte, el amor y la felicidad. LUIS

RAIMUNDO GUERRA.

122. Psiquiatría para el no iniciado.RAFA EUBA.

123. El poder curativo del ayuno. Recuperando un camino olvidado hacia la salud. KARMELO BIZKARRA. (2ª ed.)

124. Vivir lo que somos. Cuatro actitudes y un camino. ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO. (3ª ed.)

125. La espiritualidad en el final de la vida. Una inmersión en las fronteras de la ciencia.

IOSU CABODEVILLA ERASO.

126. Regreso a la conciencia. AMADO RAMÍREZ.

127. Las constelaciones familiares. En resonancia con la vida. PETER BOURQUIN. (3ª ed.)

128. El libro del éxito para vagos. Descubra lo que realmente quiere y cómo conseguirlo sin estrés. THOMAS HOHENSEE.

129. Yo no valgo menos. Sugerencias cognitivo- humanistas para afrontar la culpa y la ver-güenza. OLGA CASTANYER.

130. Manual de Terapia Gestáltica aplicada a los adolescentes. LORETTA CORNEJO. (2ª ed.)

131. ¿Para qué sirve el cerebro? Manual para principiantes. JAVIER TIRAPU.

132. Esos seres inquietos. Claves para combatir la ansiedad y las obsesiones. AMADO

RAMÍREZ VILLAFÁÑEZ.


Serie MAIOR

 

1. Anatomía Emocional. La estructura de la experiencia somática STANLEY KELEMAN. (6ª ed.)

 

2. La experiencia somática. Formación de un yo personal. STANLEY KELEMAN. (2ª ed.)

3. Psicoanálisis y análisis corporal de la relación. ANDRÉ LAPIERRE.

4. Psicodrama. Teoría y práctica. JOSÉ AGUSTÍN RAMÍREZ. (3ª ed.)

5. 14 Aprendizajes vitales. CARLOS ALEMANY (ED.). (11ª ed.)

6. Psique y Soma. Terapia bioenergética. JOSÉ AGUSTÍN RAMÍREZ.

7. Crecer bebiendo del propio pozo.Taller de crecimiento personal.

CARLOS RAFAEL CABARRÚS, S.J. (11ª ed.)

8. Las voces del cuerpo. Respiración, sonido y movimiento en el proceso terapéutico.

CAROLYN J. BRADDOCK.

9. Para ser uno mismo. De la opacidad a la transparencia. JUAN MASIÁ CLAVEL

10. Vivencias desde el Enneagrama. MAITE MELENDO. (3ª ed.)

11. Codependencia. La dependencia controladora. La depencencia sumisa. DOROTHY MAY.

 

12. Cuaderno de Bitácora, para acompañar caminantes. Guía psico-histórico-espiritual.

CARLOS RAFAEL CABARRÚS. (4ª ed.)

13. Del ¡viva los novios! al ¡ya no te aguanto! Para el comienzo de una relación en pareja y una convivencia más inteligente. EUSEBIO LÓPEZ. (2ª ed.)

14.  La vida maestra. El cotidiano como proceso de realización personal. JOSÉ MARÍA TORO.

 

15. Los registros del deseo. Del afecto, el amor y otras pasiones. CARLOS DOMÍNGUEZ MORANO. (2ª ed.)

16.  Psicoterapia integradora humanista. Manual para el tratamiento de 33 problemas psicosensoriales, cognitivos y emocionales. ANA GIMENO-BAYÓN Y RAMÓN ROSAL.

 

17. Deja que tu cuerpo interprete tus sueños. EUGENE T. GENDLIN.

18. Cómo afrontar los desafíos de la vida. CHRIS L. KLEINKE.

19. El valor terapéutico del humor. ÁNGEL RZ. IDÍGORAS (ED.). (3ª ed.)

20. Aumenta tu creatividad mental en ocho días. RON DALRYMPLE, PH.D., F.R.C.

21. El hombre, la razón y el instinto. JOSÉ Mª PORTA TOVAR.

22. Guía práctica del trastorno obsesivo compulsivo (TOC)Pistas para su liberación.

BRUCE M. HYMAN Y CHERRY PEDRICK.

23.  La comunidad terapéutica y las adicciones Teoría, Modelo y Método. GEORGE DE LEON.

 

24. El humor y el bienestar en las intervenciones clínicas. WALEED A. SALAMEH Y WILLIAM F. FRY.

25. El manejo de la agresividad. Manual de tratamiento completo para profesionales.

HOWARD KASSINOVE Y RAYMOND CHIP TAFRATE.

26. Agujeros negros de la mente. Claves de salud psíquica. JOSÉ L. TRECHERA.

27. Cuerpo, cultura y educación. JORDI PLANELLA RIBERA.

28. Reír y aprender. 95 técnicas para emplear el humor en la formación. DONI TAMBLYN.

29. Manual práctico de psicoterapia gestalt. ÁNGELES MARTÍN. (4ª ed.)

30. Más magia de la metáfora. Relatos de sabiduría para aquellas personas que tengan a su cargo la tarea de Liderar, Influenciar y Motivar. NICK OWEN

31. Pensar bien - Sentirse bien. Manual práctico de terapia cognitivo-conductual para niños y adolescentes. PAUL STALLARD.

32. Ansiedad y sobreactivación. Guía práctica de entrenamiento en control respiratorio.

PABLO RODRÍGUEZ CORREA.


 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este libro se terminó

 

de imprimir

 

en los talleres de

 

RGM, S.A., en Bilbao,

 

el 25 de abril de 2008.


C r e c i m i e n t o           p e r s o n a l

C       O       L      E      C       C       I     Ó       N

Directora:  Olga  Castanyer

 

 

 

 

La Asertividad: para unos, un método para hacer valer los propios derechos; para otros una forma de no dejarse pisar. En cualquier caso, una manera de aumentar las propias Habilidades Sociales. En este libro se le aña-de otro cariz al tema: la asertividad unida a la autoestima, como camino para aumentar ésta.

 

Si nos queremos y respetamos, seremos ca-paces de querer y respetar al otro. Y la única forma de hacerlo es desarrollando una sana autoestima que nos permita estar seguros de nuestra valía única y personal y nos ayude a hacer valer nuestros derechos sin pisar los del otro. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo lograr tener respeto ante uno mismo?

 

Por medio de ejemplos y ejercicios, este libro pretende dar respuesta a las cuestiones 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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