© Libro N° 13781. La
Asertividad: Expresión De Una Sana Autoestima. Castanyer,
Olga. Emancipación. Mayo 3 de 2025
Título Original: © La Asertividad: Expresión De Una
Sana Autoestima. Olga Castanyer
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Original: © La Asertividad:
Expresión De Una Sana Autoestima. Olga Castanyer
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
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RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
LA ASERTIVIDAD:
Expresión De Una Sana
Autoestima
Olga Castanyer
La
Asertividad:
Expresión De
Una Sana Autoestima
Olga
Castanyer
LA ASERTIVIDAD:
EXPRESIÓN
DE UNA SANA AUTOESTIMA
32ª edición
O l g a C a s
t a n y e r M a y e r - S p i e
s s
2
LA ASERTIVIDAD:
EXPRESIÓN DE UNA
SANA AUTOESTIMA
32ª edición
Crecimiento personal
COLECCIÓN
1ª edición: abril 1996
32ª edición: octubre 2010
© Olga Castanyer, 1996
© EDITORIAL DESCLÉE DE
BROUWER, S. A., 2004 Henao, 6 - 48009 Bilbao
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Impreso en España - Printed in
Spain ISBN: 978-84-330-1141-1 Depósito Legal: BI-2494 -2010 Impresión: RGM,
S.A. - Urduliz
ÍNDICE
|
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . |
11 |
||
|
1. |
Las incognitas de una psicóloga . . . . . . . . . . . . . . . . . . . |
15 |
|
|
2. |
¿Soy asertivo? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . |
13 |
|
|
|
2.1. |
Características de la sumisión, de la |
|
|
|
|
agresividad y de la asertividad . .
. . . . . . . . . . . . . . . |
27 |
|
|
|
2.1.1. La persona sumisa . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . |
28 |
|
|
|
2.1.2. La persona agresiva . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . |
30 |
|
|
|
2.1.3. Formas típicas de respuesta
no asertiva . . . |
33 |
|
|
|
2.1.4. La persona asertiva . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . |
36 |
|
|
2.2. |
Cómo nos delatamos: Componentes no verbales |
|
|
|
|
de la comunicación asertiva . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . |
39 |
|
3. |
¿Por qué no soy asertivo? Principales causas de la |
49 |
|
|
|
falta de asertividad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . |
||
|
4. |
Trabajando con la asertividad: Identificación de las |
61 |
|
|
|
conductas erróneas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . |
||
|
|
4.1. |
Formulación correcta del problema.
. . . . . . . . . . . . . |
63 |
|
|
4.2. |
Observación precisa . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . |
66 |
|
|
4.3. |
Cómo autoobservarme correctamente .
. . . . . . . . . . |
68 |
5. Mejorando mi asertividad: Técnicas para ser más
asertivo . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
5.1. Técnicas de Reestructuración Cognitiva. . . . . . . . . . 80
5.1.1. Aplicación de la reestructuración
cognitiva a problemas de asertividad . . . . . 84
5.2. Entrenamiento
en habilidades sociales . . . . . . . . . . . 107
5.2.1. Tipos de respuesta asertiva .
. . . . . . . . . . . . . 108
5.2.2. Técnicas de asertividad para
discusiones . . 119
5.3. Técnicas de
reducción de ansiedad . . . . . . . . . . . . . . 125
5.3.1. La relajación . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 125
5.3.2. La respiración . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . 127
6. Aplicación de lo aprendido a
situaciones concretas . . 131
6.1. Asertividad en la pareja . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 132
6.2. Responder correctamente a las
críticas . . . . . . . . . . . 140
6.3. Realizar peticiones . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 142
6.4. Expresar sentimientos . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
7. Educar para la asertividad. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . 149
7.1. Principios básicos del aprendizaje de la
asertividad . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 152
7.1.1. ¿De qué depende el aprendizaje
de la asertividad? . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
7.2. Educar para la
asertividad . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
7.2.2. Actitudes generales a tener
con nuestros
niños . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . 158 7.2.2. El niño no es asertivo, ¿qué
hacer? . . . . . . . 162
8. Bibliografía recomendada. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . 175
8
Lancémonos, pues a mejorar la calidad
de nuestras relaciones
INTRODUCCIÓN
Asertividad... ¿qué era eso? Me suena
haberlo oído, pero ahora no lo localizo...
De esta y muchas formas parecidas
pensarán la mayoría de las personas que se acerquen a hojear este libro. Si en
vez de utilizar ese término decimos “habilidades sociales”, el tema ya empieza
a sonar más. Y si finalmente decimos “trata de cómo quedar bien con todo el
mundo y no dejarse pisar”, quedarán aclaradas ya todas las incógnitas y la
gente respirará tranqui-la. Aparentemente.
Porque este libro habla de eso y no habla de eso.
El tema de las
llamadas “habilidades sociales”, con su de-rivado, la asertividad, está cada
vez más a la orden del día, hasta estar convirtiéndose, sobre todo en el mundo
empresa-rial, en una “moda”. Parece como si, de pronto, a todo el mundo se le
hubiera ocurrido que posee pocas habilidades sociales y quisiera mejorarlas; y
también parece que, si no se desarrollan al máximo estas habilidades, nunca
conseguire-
11
mos vender correctamente un producto
o tener éxito en nues-tra profesión.
El concepto de
“asertividad” conlleva un peligro. Los lec-tores que hayan acudido a uno de los
llamados “cursos de asertividad” o hayan leído ciertos libros sobre el tema,
pueden estar algo asustados (o excesivamente entusiasmados) ante la supuesta
pretensión que se persigue con ellos: estar por enci-ma de los demás, no
dejarse apabullar en ningún caso y ser, en definitiva, siempre el “que gana”.
Pues bien, la
asertividad, así como la trataremos en este li-bro, no es eso. Aquí vamos a
intentar situarla muy cerca a la autoestima, como una habilidad que está
estrechamente liga-da al respeto y cariño por uno mismo y, por ende, a los
demás.
Quien busque en este libro la clave
para ganar siempre o para quedar indiscutiblemente por encima del otro, hará
me-jor en no leerlo, ya que se sentirá rápidamente frustrado. No encontrará
ningún “truco” que le lleve a ser el mejor.
Pero quien busque aumentar el respeto
por sí mismo y por los demás, mejorar sus relaciones y, en último extremo,
contri-buir a aumentar su autoestima, tiene en sus manos un libro que le quiere
ayudar a ello.
A lo largo del
libro, el lector se irá encontrando con pro-puestas de ejercicios, la mayoría
para realizar solo, algunos en pareja o en grupo. Os invito a realizar estos
ejercicios, cada uno con vuestros temas particulares, para así poder participar
de forma activa en la lectura del libro y sacar más provecho de ello.
Para facilitar la localización de
estos ejercicios, los señalare-mos siempre con el carácter: ☺
Alguien, todavía,
puede pensar: “¿pero a quién va dirigido exactamente este libro? ¿A psicólogos,
a expertos en el tema, o
12
a personas ‘de la calle’ que quieran
saber más?”. La respuesta es muy clara: a todos. No es, desde luego, un libro
“profesio-nal” escrito para iniciados en la materia; es, o pretende ser, al-go
escrito desde una experiencia clínica para todo aquél que quiera saber más
sobre relaciones humanas, aprender para su propia experiencia o acercarse a
alguna dificultad que tenga en esta materia.
Citando al gran Rabinranath Tagore,
¿quién no ha tenido alguna vez sentimientos parecidos y ha deseado poder actuar
de otra forma?:
“Quería decirte las palabras más
hondas que te tengo que decir, pero no me atrevo, no vayas tú a reírte. Por eso
me río de mi mismo y desahogo en bromas mi secreto. Si, me estoy burlando de mi
dolor, para que no te burles tú.
Quería decirte las
palabras más verdaderas que tengo que decirte, pero no me atrevo, no vayas a no
creerme. Por eso las disfrazo de mentira y te digo lo contrario de lo que te
quisiera decir. Si, hago absurdo mi dolor, no vayas a hacerlo tú.
Quisiera decirte las palabras más
ricas que guardo para ti, pero no me atrevo, porque no vas a pagarme con las
mejores tuyas. Por eso te nombro duramente y hago alarde despiada-do de osadía.
Si, te maltrato, de miedo a que no comprendas mi dolor (...)”.
Lancémonos, pues, a mejorar la
calidad de nuestras rela-ciones.
13
LAS INCÓGNITAS DE
UNA
PSICÓLOGA
A veces, en medio
de mi práctica cotidiana como psicóloga clínica, tengo necesidad de hacer un
parón. Me reclino ante mi mesa, repleta de papeles, historias clínicas, libros
de consulta, y miro a mi alrededor por el despacho que desde hace años acoge y
escucha a las personas que acuden a explicar su pro-blema. ¡Qué no habrán
escuchado estas paredes, qué peso no habrá soportado el viejo sofá negro, que
tan pronto sirve de asiento, como de colchón para relajarse, como de banco de
una estación en un improvisado role-playing! 1
Una consulta psicológica es como la
otra cara de la vida: allá fuera nos sonríen brillantes hombres de negocios,
triunfa-dores profesionales, dicharacheras amas de casa y divertidos
estudiantes a los que nunca parece preocuparles nada. Aquí dentro, salen a la
luz los niños tímidos, los adolescentes ex-cluidos de su grupo, los hijos que
se sentían rechazados, no queridos, solos...
1. Role playing:
técnica terapéutica utilizada sobre todo en terapia cogni-tivo-conductual, que
consiste en escenificar, siguiendo unas pautas, las situaciones que causan
problema a la persona.
15
A lo largo de estos
años de consulta, me han ido surgiendo una serie de cuestiones, difíciles de
contestar, pero que, pien-so, son de vital importancia para comprender la
naturaleza humana, como puede ser la tremenda importancia que tienen en la vida
los padres (¿Cómo es posible que un hombre hecho y derecho de cuarenta años
tiemble de terror ante su padre, anciano e inválido? ¿Qué ha pasado para que
una chica gua-pa, inteligente y culta vea su vida oscurecida por la
culpabili-dad que siente respecto a su madre?) o la religión y la moral, hasta
el punto de destruir internamente a una persona a fuer-za de hacerla sentirse
culpable y mala.
Otra de estas cuestiones, a la que
últimamente doy más vueltas, se refiere al concepto de “respeto”: ¿Qué hace
real-mente que se respete a una persona? ¿Por qué hay personas ante las que se
tiene un natural respeto, de las que no se burla nadie, a las que nadie levanta
la voz, y personas que suscitan en los demás la burla, el desprecio; hombres y
mujeres a las que se pisa y humilla?
Cuando vienen a
consulta personas que se consideran tí-midas, faltas de habilidades sociales,
torpes o solitarias, cho-camos una y otra vez con este tema: no se sienten
respetadas, parece que los demás les pasan por alto, les rechazan o les
ex-cluyen. ¿Por qué? ¿Son todos ellos personas feas, bajitas, débi-les,
patosas? ¿Tienen algún defecto físico que pueda hacer que alguien les considere
“inferiores”? No, en absoluto. Es más, hay muchas personas feas, bajitas,
débiles, con defectos físicos, que sí son respetadas. Y personas guapas,
fuertes y altas que son sistemáticamente ignoradas por los demás.
¿Será la capacidad
de defenderse, de contestar a los demás la que marca la diferencia? También
aquí nos encontramos que
16
LAS INCÓGNITAS DE UNA PSICÓLOGA
no necesariamente. Hay personas que,
efectivamente, se de-fienden, piden que se les deje en paz, o tratan de no
contestar o de hacer oídos sordos ante faltas de respeto e imprecacio-nes...
pero hay algo en su forma de decirlo que hace que no se les tome en serio, que
su palabra quede invalidada o ignorada por los demás.
Suelen ser personas
inseguras, desde luego. ¿Será pues, la inseguridad el factor determinante?
Pudiera parecer que sí, pero si lo pensamos bien, veremos que tampoco es eso
sola-mente. El mundo está lleno de personas inseguras, y yo diría que, si
pudiéramos hacer una encuesta, el 90% de la gente se considera insegura en
algún campo interpersonal de su vida. Unos temen no saber qué decir, otros no
soportan las reunio-nes informales, otros tiemblan ante la idea de hablar en
públi-co... sí, pero no todos son burlados sistemáticamente. Es más, muchos de
los “respetados”, incluso gente que aparentemente “pisa” a los demás, está en
su fuero interno tremendamente insegura... Tampoco parece ser ésta la causa
determinante pa-ra que se respete a una persona.
En donde mejor se
pueden observar todas estas conductas es en un grupo de niños, en los que
todavía no existen las nor-mas sociales que tenemos impuestas los adultos y en
donde surge con mucha más claridad el afecto, pero también la crueldad que
todos llevamos dentro. Si observamos a un gru-po de niños o recordamos nuestra
infancia, veremos que siempre había un “tonto de la clase”, aquél que siempre
me-tía la pata, el que ejercía de payaso de la clase. A veces, esta persona era
gorda o llevaba gafas de “culo de vaso”... pero también recordaremos a
compañeros y compañeras gordas y con gafas que no tenían ese papel. A esas
personas burladas las tenemos ahora, de adultos, en las consultas psicológicas,
y
17
vemos que son personas normales, con
sus intereses, temores, afectos. Son personas con su inteligencia y cultura, ni
mayor ni menor que la de muchos otros, pero que han sufrido y su-fren la falta
de respeto.
Pero sálgamos de la consulta
psicológica y observemos nuestra vida cotidiana, las relaciones que tenemos,
las situa-ciones en las que nos movemos. Constantemente, estamos in-teractuando
con otras personas, con diferentes niveles de confianza. A veces, nos sentimos
satisfechos, otras no tanto. Hay personas concretas con las que nos sentimos
más inse-guros o situaciones que nos hacen sentir mal, sin aparente ra-zón.
☺ Aquí te pediría que
hicieras un pequeño parón en tu lectura y reflexionases un poco: ¿qué
situaciones de tu vida te hacen sentir inseguro? ¿Hay personas con las que te
sien-tes mal, “cortado”, retraído? Si quieres, puedes hacer un pe-queño
listado, con el que luego, a lo largo del libro, irás tra-bajando. ¡Seguro que
si te paras a pensar salen más situacio-nes de las que hubieras dicho en un
principio!
¿Qué producen estas
situaciones o personas en nosotros? Normalmente, nos sentimos mal porque
estamos frustrados, enfadados, infravalorados, desatendidos. Excusamos nuestro
estado de ánimo culpando al otro, a la situación, al momento, pero, en el
fondo, sentimos que no se nos considera como nos gustaría, o que no somos
capaces de mostrarnos tal y como so-mos y por consiguiente... ¡no nos sentimos
respetados!
A todos nos pasan estas cosas en
mayor o menor medida:
todos somos “tímidos” en alguna
situación y, como decíamos
18
LAS INCÓGNITAS DE UNA PSICÓLOGA
antes, por muy resueltos que creamos
ser, de pronto, nos en-contramos con una situación que “se nos hace grande”.
Hay personas que lo ven como un
problema general, que afecta a muchas facetas de su vida (personas con fobia
social o pánico ante las interacciones), otros lo notan sólo en momen-tos
puntuales. De la angustia que ello produzca depende tal vez el que una persona
acuda a una consulta psicológica o no, pero todos nos podríamos considerar
“pacientes potenciales” porque siempre hay un área de nuestra vida con la que
no po-demos enfrentarnos.
Ya sea, pues, como
problema general (personas que siem-pre se sienten rechazadas o inferiores) o
puntual, el caso es que sigue estando ahí el misterio del respeto y la falta
del mis-mo. Y si, como hemos visto, no es ni el aspecto físico exclusi-vamente,
ni la capacidad de protestar, ni la seguridad la que hace que a uno se le
respete y a otro no, ¿qué es entonces esa cosa extraña, cómo se le puede llamar
a ese “algo” que hace que unos se sientan bien con los demás y otros mal, que a
unos se les respete más y a otros menos?
Tras mucho reflexionar, pienso que la
respuesta no es úni-ca, aunque sí se puede resumir en un término.
No es única, porque para hacerse respetar hacen falta
varios de los elementos descritos
anteriormente: hace falta sentirse seguro de sí mismo, y, a la vez, ser capaz
de autoafir-marse, de responder correctamente a los demás, de no ser “torpe”
socialmente.
Y todo esto se resume en una palabra,
se trata de la ASERTI-
VIDAD.
En resumen, diríamos que:
19
El que una
interacción nos resulte satisfactoria depende de que nos sintamos valorados y
respetados, y esto, a su vez, no depende tanto del otro, sino de que poseamos
una serie de habilidades para responder correctamente y una serie de
con-vicciones o esquemas mentales que nos hagan sentirnos bien con nosotros
mismos.
Si alguien duda de este
planteamiento, que se imagine la siguiente situación: dos personas se
encuentran en una fiesta. Una le dice a la otra: “Vaya, contigo quería hablar.
¿A qué viene eso de ir diciendo por ahí que soy un vago y un mal-queda?”.
Tanto si es cierto como si no, la
situación es, cuando me-nos, algo intimidante. ¿Depende del que ha hecho la
interpe-lación el que la situación sea penosa para el otro? No, porque una
persona segura de sí misma y de sus habilidades, res-ponderá de forma airosa
(“Pues no, te has equivocado” o “Sí, pero me gustaría explicártelo”), y no le
dará mayor impor-tancia al episodio, mientras que la persona más insegura en
ambos aspectos responderá consiguientemente (“Nnnoo… no... de verdad, yo noo…”
o “Pu… pues, bueno... no sé, qui-zás dije algo, pero...”) y, lo que es peor, se
sentirá mal para el resto de la noche.
Las personas que
tienen la suerte de poseer estas habili-dades son las llamadas personas asertivas.
Las personas que presentan algún problema en su forma de relacionarse, tie-nen
una falta de asertividad. Esto último se puede entender de dos
formas: poco asertivas son las personas consideradas tímidas, prestas a
sentirse pisadas y no respetadas, pero también lo son los que se sitúan en el
polo opuesto: la per-sona agresiva, que pisa a los demás y no tiene en cuenta
las
20
LAS INCÓGNITAS DE UNA PSICÓLOGA
necesidades del otro. Ambos tienen
problemas de relación y ambos son considerados, pues, faltas de asertividad,
aunque el tratamiento tenga que ser forzosamente diferente en cada caso.
Llegados a este
punto y antes de introducirnos de lleno en el tema de la asertividad, tenemos
que hacer una advertencia: tal vez algunos de vosotros hayáis oído hablar de
este tema, incluso puede que hayáis leído libros al respecto. Quizás os hayan
parecido excesivamente “americanos”, es decir, avoca-dos a convertir al lector
en triunfador de la vida, en un bri-llante yuppie que sale airoso de todas las
situaciones que se le presentan. Aquí pretendemos dar un concepto algo
dife-rente al tema de la asertividad, más humilde, pero quizás también más
realista: pretendemos que la asertividad sea un camino hacia la autoestima,
hacia la capacidad de relacionar-se con los demás de igual a igual, ni estando
por encima ni por debajo. Sólo quien posee una alta autoestima, quien se
aprecia y valora a sí mismo, podrá relacionarse con los demás en el mismo
plano, reconociendo a los que son mejores en al-guna habilidad, pero no
sintiéndose inferior ni superior a otros. Dicho al revés, la persona no
asertiva, tanto si es retra-ída como si es agresiva, no puede tener una
autoestima muy alta, por cuanto siente la necesidad imperiosa de ser valora-da
por los demás.
21
¿SOY ASERTIVO?
Teóricamente, ¿qué es la asertividad?
Definiciones de la asertividad hay muchas. Una de las más clásicas es ésta:
La asertividad es
la capacidad de autoafirmar los propios derechos, sin dejarse manipular y sin
manipular a los demás.
Esta frase suena muy bien y
seguramente más adelante, cuando sepamos más sobre el tema, nos significará
mucho. Pero ahora mismo, quizás no es muy ilustrativa para la perso-na que
quiera introducirse en este tema. Para comprender me-jor en qué consiste esto
de la asertividad, permitidme poner unos ejemplos de personas con problemas de
asertividad que acudieron a consulta.
Aquí, quisiera
resaltar que los problemas de asertividad o de habilidades sociales no siempre
son el motivo de consulta de la persona que acude a una terapia. A no ser que
la proble-mática asertiva sea muy acuciante, las personas suelen co-menzar
explicando problemas de ansiedad, timidez, culpabili-dad y muchas veces es el
psicólogo el que, tras una serie de
23
análisis, detecta una carencia de
habilidades sociales como parte de la problemática por la que ha acudido la
persona. Así ocurrió también en el caso de estas dos personas:
1. Juana
Juana es secretaria y tenía 36 años
cuando acudió a consul-ta. Estaba separada de su marido.
La exploración psicológica se
desarrolló a diversos niveles de profundidad, a medida que se iba analizando el
material y la entrevista que realizamos a Juana.
Análisis 1:
Como “motivo de consulta” reseñamos
que vino lloran-do, diciendo tener una “crisis de identidad”. Una relación
simultánea con dos hombres le había hecho plantearse mu-chas cosas de su vida,
llegando a la conclusión de que no sabía lo que quería, a quién quería ni cómo
iba a desarro-llarse su futuro afectivo.
Se definía a sí misma como obsesiva y
puntillosa, y de-cía no poder dejar de darle vueltas constantemente a todo
cuanto de importancia le acontecía.
Análisis 2:
Poco a poco, la problemática con sus
dos hombres fue quedando en un segundo plano, para extenderse a más personas.
Progresivamente, fue saliendo que tenía proble-mas en casi todas las
situaciones de interacción: trabajo, Universidad, amigos.
Se sentía explotada, pensaba que los
demás se aprove-chaban de ella y adivinaba intenciones en su contra en casi
todo el mundo.
24
La explicación que daba a tal
problemática con la gente era que ella tenía más empuje y energía que el resto
de las personas que la rodeaban. Se quejaba de que, si ella no ti-raba de la
gente y tenía la iniciativa, las cosas no funciona-ban.
Análisis 3:
Por medio de autorregistros1 y entrevistas, llegamos a la
conclusión de que su conducta era extremadamente agresi-va: muy frecuentemente,
contestaba con brusquedad a pre-guntas banales, por creer haber adivinado
segundas inten-ciones en ello.
No dejaba explicarse a la gente y
enseguida les etiqueta-ba públicamente.
En el trabajo y la Universidad, cada
vez que veía corri-llos de gente u oía hablar a más de dos personas entre sí,
profería frases del estilo: “si queréis hablar de mí, hacedlo en alto”.
Al conocer a alguien nuevo, dejaba
muy claro quién era ella y qué conductas le gustaban y cuáles le molestaban,
“para que no haya malentendidos”.
2. Elena
Elena también tenía 36 años cuando
acudió a consulta y tra-bajaba asimismo como secretaria, pero su problemática
era bien diferente.
Era soltera y vivía
con su madre y sus dos hermanos, todos adultos con edades comprendidas entre
los 23 y los 36 años.
1. Autorregistro:
método de obtención de información típico de la terapia cognitivo-conductual,
que consiste en que la persona apunte en una ho-ja una serie de datos
preestablecidos, cada vez que siente malestar.
25
Análisis 1:
El motivo de consulta fue muy difícil
de saber; en prin-cipio, se quejaba de tener problemas familiares porque
“siempre estamos de bronca”, ejerciendo ella de concilia-dora. Su impresión era
que, si no mediaba ella, aquello se podía convertir en un infierno. Su madre,
decía, era depre-siva y también era Elena la que la cuidaba y protegía de
tensiones.
Aún con eso, fue muy difícil extraer
más información y llegamos a tardar casi un año en profundizar más.
Análisis 2:
Muy lentamente y
con gran dificultad, fue saliendo que su principal problema era la relación con
su madre, que los manipulaba y dominaba a todos, provocando las tensiones y
broncas que había en la casa. De hecho, se pudo comprobar que ésta tenía a los
tres hijos completamente “atados” a ella, llegando a no permitirles salir los
fines de semana, tener amigos y mucho menos, una pareja. De ahí se derivaba que
los tres tenían grandes dificultades de relación con los de-más. Concretamente
Elena, no salía nunca, no tenía amigos, y, por lo tanto, carecía por completo
de habilidades sociales.
Análisis 2:
Al final se
delimitaron dos problemas principales: 1. la falta de asertividad: jamás
llevaba a cabo deseos propios, nunca se negaba a nada, ni en el trabajo ni en
casa, no sabía enfrentarse ni enfadarse, mostraba un excesivo autocontrol, con
tal de no demostrar nunca disgusto. 2. Una gran culpa-bilidad, inculcada por su
madre (si no cumplía con sus ór-denes era “mala”) que la hacía justificar
siempre a los de-
26
más y nunca a sí
misma. (En este caso, se trató primero el tema más “interno”, el de la
culpabilidad y luego el exter-no, las técnicas de asertividad y habilidades
sociales).
Juana y Elena nos van a acompañar a
lo largo de este libro. Iremos viendo registros y escritos suyos, analizando su
pro-blemática y observando cómo se fueron resolviendo sus res-pectivos
problemas.
2.1. Características de la sumisión de la agresividad y de la
asertividad
Veamos ahora, en abstracto, cuáles
son las principales ca-racterísticas de la “personalidad” de las personas
sumisas, agresivas y, finalmente, asertivas.
Por supuesto, nadie es puramente
agresivo, ni sumiso, ni siquiera asertivo. Las personas tenemos tendencias
hacia al-guna de estas conductas, más o menos acentuadas, pero no existen los
“tipos puros”. Por lo mismo, podemos exhibir al-gunas de las conductas
descritas en ciertas situaciones que nos causan dificultades, mientras que en
otras podemos reaccio-nar de forma completamente diferente. Depende de la
proble-mática de cada uno y de la importancia que tenga ésta para la persona.
A lo largo del
libro, observaréis que utilizamos repetidas veces la palabra “conducta”. Cuando
hablamos de “conducta” no nos referimos solamente a “comportamiento externo”.
Como psicólogos cognitivo- conductuales, denominamos “conducta” a todo el
conjunto de comportamientos, emocio-nes, pensamientos, etc. que posee una
persona en las situacio-nes a las que se enfrenta.
27
Así, para delimitar
las características que presenta cada es-tilo de conducta, (sumiso, agresivo y
asertivo) describiremos cómo funcionan en cada caso los tres patrones de
conducta:
- Comportamiento externo
- Patrones de pensamiento
- Sentimientos y emociones
2.1.1. La persona sumisa
Si estamos muy pendientes de no herir
a nadie en ninguna circuns-tancia, acabaremos lastimándonos a nosotros mismos y
a los demás
(P. Jakubowski)
La persona sumisa no defiende los derechos e intereses per-sonales.
Respeta a los demás, pero no a sí mismo.
Comportamiento externo:
• Volumen de voz
bajo/ habla poco fluida/ bloqueos/ tarta-mudeos/ vacilaciones/ silencios/
muletillas (estoo... ¿no?)
• Huida del contacto ocular/ mirada
baja/ cara tensa/ dientes apretados o labios temblorosos/ manos nervio-sas/
onicofagia2/ postura tensa,
incómoda
• Inseguridad para saber qué hacer y decir
• Frecuentes quejas a terceros (“X no me comprende”, “Y es un egoísta y se
aprovecha de mí”...).
Patrones de pensamiento:
• Consideran que así evitan molestar u ofender a los de-más. Son personas
“sacrificadas”.
• “Lo que yo sienta, piense o desee, no importa. Importa lo que tú
sientas, pienses o desees”.
2. Onicofagia: hábito de morderse las
uñas.
28
• Su creencia principal es: “Es necesario ser querido y apre-ciado por
todo el mundo”.
• Constante sensación de ser incomprendido, manipulado, no tenido en
cuenta.
Sentimientos/emociones:
• impotencia/ mucha energía mental,
poca externa/ fre-cuentes sentimientos de culpabilidad/ baja autoestima/
deshonestidad emocional (pueden sentirse agresivos, hostiles, etc. pero no lo
manifiestan y a veces, no lo reco-nocen ni ante sí mismos)/ ansiedad/
frustración.
Este tipo de
conductas tiene unas lógicas repercusiones en las personas que les rodean, el
ambiente en el que se suelen mo-ver, etc. Estas son las principales
consecuencias que, a la larga, tiene la conducta sumisa en la persona
que la realiza:
• pérdida de
autoestima/ pérdida del aprecio de las demás personas (a veces) /falta de
respeto de los demás.
La persona sumisa hace sentirse a los
demás culpables o su-periores: depende de cómo sea el otro, tendrá la constante
sen-sación de estar en deuda con la persona sumisa (“es que es tan buena...”),
o se sentirá superior a ella y con capacidad de “aprovecharse” de su “bondad”.
Las personas
sumisas presentan a veces problemas somáti-cos (es una forma de manifestar las
grandes tensiones que su-fren por no exteriorizar su opinión ni sus
preferencias).
Otras veces, estas
personas tienen repentinos estallidos des-mesurados de agresividad. Estos
estallidos suelen ser bastante incontrolados, ya que son fruto de una
acumulación de tensio-nes y hostilidad y no son manifestados con habilidad
social.
29
2.1.2. La persona agresiva
Defiende en exceso los derechos e
intereses personales, sin tener en cuenta los de los demás: a veces, no los
tiene real-mente en cuenta, otras, carece de habilidades para afrontar ciertas
situaciones.
Comportamiento externo:
• volumen de voz elevado/ a veces:
habla poco fluida por ser demasiado precipitada/ habla tajante/
interrupcio-nes/ utilización de insultos y amenazas
• contacto ocular retador/ cara tensa/ manos tensas/ pos-tura que invade
el espacio del otro/
• tendencia al contraataque.
Patrones de pensamiento:
• “Ahora sólo yo importo. Lo que tú pienses o sientas no me interesa”
• piensan que si no se comportan de esta forma, son exce-sivamente
vulnerables
• lo sitúan todo en términos de ganar-perder
• pueden darse las creencias: “hay
gente mala y vil que me-rece ser castigada” y/o “es horrible que las cosas no
sal-gan como a mí me gustaría que saliesen”.
Emociones/ sentimientos:
• ansiedad creciente
• soledad/ sensación de incomprensión/ culpa/ frustra-ción
• baja autoestima (si no, no se defenderían tanto)
30
• sensación de falta de control
• enfado cada vez más constante y que se extiende a cada vez más personas
y situaciones
• honestidad emocional: expresan lo que sienten y “no en-gañan a nadie”.
Como en el caso de
las personas sumisas, los agresivos su-fren una serie de consecuencias de
su forma de comportarse:
• generalmente, rechazo o huída por parte de los demás
• conducta de “círculo vicioso” por
forzar a los demás a ser cada vez más hostiles y así aumentar ellos cada vez
más su agresividad.
No todas las personas agresivas lo
son realmente en su in-terior: la conducta agresiva y desafiante es muchas
veces (yo diría que la mayoría) una defensa por sentirse excesivamente
vulnerables ante los “ataques” de los demás o bien es una fal-ta de habilidad
para afrontar situaciones tensas. Otras veces sí que responde a un patrón de
pensamiento rígido o unas con-vicciones muy radicales (dividir el mundo en
buenos y malos), pero son las menos.
Muy común es también el estilo
pasivo-agresivo: la persona callada y sumisa en su comportamiento externo,
pero con grandes dosis de resentimiento en sus pensamientos y creen-cias.
Frecuentemente utilizan la manipulación y el chataje afectivo para conseguir
ser tenidos en cuenta. Obviamente, es-to se debe a una falta de habilidad para
afrontar las situacio-nes de otra forma.
Vamos a presentarte
un escrito de una persona con proble-mas de asertividad. El contenido está
plasmado tal cual lo pu-so esta persona. ¿A qué estilo crees que corresponde el
perfil
31
de esta persona? Cuidado con equivocarte, se puede prestar a
interpretaciones erróneas:
“Siempre que estoy
en el trabajo me fijo en Álvaro. Cada cosa que le oigo decir me repatea. Es un
estúpido, y dice las mayores idioteces con una seguridad pasmosa. Le odio.
Suelo estar muy
tenso. Sé que no debo dejar que esto afec-te al resto de mis relaciones fuera
del trabajo, pero ayer, por ejemplo, sentados cada uno en su mesa, Álvaro
comentó: “qué poco les queda a algunos para irse de vacaciones”, en clara
alusión a mí. Le contesté, bastante tenso, que diez días eran mucho tiempo aún.
Me dijo que a él le quedaba mes y medio, y le contesté que cuando le quedaran
10 días como a mí ya me diría cómo estaba. El contestó algo en voz baja. Yo
estaba de espaldas a él, en el ordenador, y no le miré ni le pre-gunté. Estaba
ya tan tenso que pensaba que iba a estallar. Fui incapaz de articular más
palabras.
Tengo mucho miedo a
contestarle. Estoy tan tenso que pienso que mi voz va a salir quebrada. Le odio
totalmente. No le soporto, me siento tan inseguro y él está tan tranquilo. Creo
que dijo aquello (lo de las vacaciones), para hacerme re-accionar y yo he caído
como un estúpido.
El siempre tiene
razón y yo no. Me supera, es mejor que yo. Con Ana me va a pasar lo mismo.
¿Cómo puedo pensar en salir con ella? Duraríamos una semana.
Cada vez que tengo
que hablar con alguien del trabajo, me entra una tensión horrible, me bloqueo y
me sale una voz afectada. Eso me deja completamente abatido”.3
.3 La persona es del estilo
pasivo-.agresivo
32
☺ ¿Qué tipo de respuesta sueles tener
tú? Seguramente, variarás tu conducta dependiendo del tipo de situación, las
personas con las que estés, etc.
Consulta el listado
de situaciones que te hiciste al princi-pio. ¿De qué forma respondes a cada una
de las situaciones? ¿Eres asertiva en unas, sumisa en otras y agresiva en otras
o sueles mostrar un mismo tipo de comportamiento?
2.1.3. Formas típicas de respuesta no asertiva
Hemos descrito en general, los
comportamientos, los pen-samientos y los sentimientos más comunes a las
personas con problemas de asertividad, pero ¿cómo reacciona una persona con
problemas de asertividad en una situación concreta de tensión?
Imaginemos una situación que conlleva
algo de tensión: Carlos, que es poco asertivo, tiene prestado un libro de Juan
desde hace más de un mes. Juan está cansado de reclamarlo una y otra vez, pero
a Carlos siempre se le olvida. Por fin, un día, éste le devuelve su libro.
Juan, molesto desde hace un tiempo, le dice con ironía: “Hombre, pues muchas
gracias. Me gustan las personas que devuelven rápidamente lo pres-tado”.
Carlos se siente muy “cortado”, y no
es asertivo, pero tiene que afrontar la situación de alguna manera. (Afrontar
signifi-ca “salir airosamente”, no enfrentarse. En este caso, si Juan tie-ne
razón, no hay por qué intentar quitársela).
Estas son cuatro de las típicas
formas erróneas de respon-der que podría esgrimir Carlos con su problema de
asertivi-dad:
33
1. BLOQUEO
Conducta: ninguna, “quedarse paralizado”.
Pensamiento: a veces, no hay un pensamiento claro, la per-sona tiene “la mente en
blanco”.
Otras, la persona se va enviando
automensajes ansiógenos y repetitivos: “tengo que decir algo”, “esto cada vez
es peor”, “Dios mío, ¿y ahora qué hago?”, etc.
Generalmente, esta forma de respuesta
causa una gran an-siedad en la persona y es vivida como algo terrible e
insupe-rable.
En este caso, Carlos, simplemente, se
quedaría “de piedra” y no diría ni haría nada. Esta conducta permite que el
interlo-cutor, al no disponer de datos, interprete la reacción según sea su
estilo de pensamiento. Depende de cómo sea Juan, éste po-drá pensar: “pues vaya
caradura, encima se me queda miran-do y no se excusa” o “vaya, parece que ha
reconocido su falta. Quien calla, otorga...”.
2. SOBREADAPTACIÓN
Conducta: el sujeto responde según crea que
es el deseo del otro.
Pensamiento: atención centrada
en lo que la otra persona pueda estar esperando: “tengo que sonreírle”, “si le
digo mi opinión, se va a enfadar”, “¿querrá que le de la razón?”.
Esta es una de las respuestas más
comunes de las personas sumisas.
Carlos, de responder así,
simplemente, se reiría nerviosa-mente, haciendo como si el “chiste” de Juan
tuviera mucha gracia. No daría ninguna explicación respecto a su demora en
devolver los apuntes.
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3. ANSIEDAD
Conducta: tartamudeo, sudor, retorcimiento de
manos, movimientos estereotipados, etc.
Pensamiento: “me ha pillado”, “¿y ahora qué
digo?”, “ten-go que justificarme”, etc. La persona se da rápidas ins-trucciones
respecto a cómo comportarse, pero éstas sue-len llevar una gran carga de
ansiedad.
Otras veces, la ansiedad es parte de
un bloqueo. En estos casos, la persona no puede pensar nada porque está
bloquea-da, y generalmente, tampoco emite otra respuesta encamina-da a afrontar
la situación.
Esta forma de comportamiento tiene
grados. Puede ir desde una respuesta correcta, que afronta la situación,
aun-que con nerviosismo interno o externo, hasta el descrito blo-queo, en el
que la persona no emite más respuesta que la an-siedad.
Carlos tal vez sí respondería, pero
con ansiedad: “Bueno, es que yoo..., pues sí, je, je, tienes razón, pero yo no
quería, es de-cir, en fin, vaya, que sí, que tienes razón”, a la vez, que se
re-torcería nerviosamente las manos o se pasaría la mano una y otra vez por el
pelo, riendo nerviosamente.
4. AGRESIVIDAD
Conducta: elevación de la voz, portazos, insultos, etc.
Pensamiento: “ya no aguanto más”, “esto es
insoportable”, “tengo que decirle algo como sea”, “a ver si se cree que soy
idiota”.
Esta conducta, a
veces, sigue a la de ansiedad. La persona se siente tan ansiosa, que tiene
necesidad de estallar, con la idea, además, de tener que salir airoso de la
situación.
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Carlos podría esgrimir cualquier
frase desafiante del esti-lo: “pues tú tampoco eres manco, ¿eh?”, “pues no sé a
qué viene eso”, o peor aún: “oye, a ti nadie te ha pedido la opi-nión”.
2.1.4. La persona asertiva
Vistas ya las dos
conductas que indican falta de asertivi-dad, veamos, por fin, cómo se comporta,
qué piensa y siente la persona que sí es asertiva. Lógicamente, rara vez se
hallará una persona tan maravillosa que reúna todas las característi-cas; al
igual que ocurre con los tipos descritos de sumisión y agresividad, los rasgos
que ahora presentamos son abstraccio-nes. Todo lo más, podremos encontrar a
personas que se ase-mejen al “ideal” de persona asertiva, y podremos intentar,
por medio de las técnicas adecuadas, acercarnos lo máximo posi-ble a este
modelo, pero jamás tendremos el perfil completo, ya que nadie es perfecto.
Las personas asertivas conocen sus
propios derechos y los defienden, respetando a los demás, es decir, no van a
“ganar”, sino a “llegar a un acuerdo”.
Comportamiento externo:
• habla fluida/ segura/ sin bloqueos ni
muletillas/ contac-to ocular directo, pero no desafiante/ relajación corpo-ral/
comodidad postural.
• expresión de sentimientos tanto
positivos y negativos/ defensa sin agresión/ honestidad/ capacidad de hablar de
propios gustos e intereses/ capacidad de discrepar abiertamente/ capacidad de
pedir aclaraciones/ decir “no”/ saber aceptar errores.
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Patrones de pensamiento:
• conocen y creen en unos derechos para sí y para los de-más.
• sus convicciones son en su mayoría “racionales” (esto se explicará más
adelante).
Sentimientos/emociones :
• buena autoestima/ no se sienten
inferiores ni superiores a los demás/ satisfacción en las relaciones/ respeto
por uno mismo.
• sensación de control emocional.
También en este caso, la conducta asertiva tendrá unas con-secuencias en
el entorno y la conducta de los demás:
• frenarán o desarmarán a la persona que les ataque
• aclaran equívocos
• los demás se sienten respetados y valorados
• la persona asertiva suele ser considerada “buena”, pero no “tonta”.
Acordémonos de nuevo del ejemplo
antes descrito sobre una conversación entre Juan y Carlos, en la que Juan
repro-chaba de forma irónica a Carlos el que éste hubiera tardado mucho en
devolverle un libro. Si Carlos, en este caso, es una persona asertiva, cuenta
con una serie de habilidades para sa-lir medianamente airoso de la
situación, aunque esto incluya te-ner que admitir su error. Estas
son las habilidades de las que dis-pone Carlos:
37
LA PERSONA ASERTIVA
1. Sabe decir “no” o mostrar su postura hacia algo
1.1. Manifiesta su propia postura ante un tema, peti-ción, demanda
1.2. Expresa un razonamiento para
explicar/justificar su postura, sentimientos, petición
1.3. Expresa comprensión hacia las posturas, sentimien-tos, demandas del
otro
2. Sabe pedir favores y reaccionar ante un ataque
2.1. Expresa la presencia de un problema que le parezca debe ser
modificado (cuando lo haya)
2.2. Sabe pedir cuando es necesario
2.3. Pide clarificaciones si hay algo que no tenga claro
3. Sabe expresar sentimientos
3.1. Expresa gratitud, afecto, admiración...
3.2. Expresa insatisfacción, dolor, desconcierto...
¿Qué podría haber
dicho Carlos en este caso? Si considera que el reproche es razonable, no cabe
negar la evidencia, con lo cual, lo más que puede hacer es decir algo así:
“Tienes ra-zón, tendría que habértelo devuelto antes, pero es que soy un
despistado. Te prometo que la próxima vez me esforzaré en devolvértelo más
pronto”. Pero también puede no estar de acuerdo con lo que se le reprocha. En
este caso, podría res-ponder: “cuando te lo pedí, te dije que tendría que
leerlo ente-ro y no he podido leerlo en menos tiempo”. También, si le ha
molestado el tono de la increpación: “Bueno, es verdad, pero me molesta un poco
el tono irónico con que me has hablado. Intentaré no tardar tanto la próxima
vez, pero tú no me hables
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así, ¿vale?”. Por supuesto, éstas son
frases “standard” que sue-nan algo artificiales. Carlos tendría que adaptarlas
a su len-guaje y forma de expresión.
2.2. Cómo nos delatamos: Componentes no verbales de la comunicación
asertiva
En Escocia puede
ser difícil hacer hablar a un individuo. En España, lo espinoso es conseguir
que se calle.
(J.A. Vallejo-Nágera)
Es esta una parte
algo más teórica, pero, a mi entender, in-teresante, ya que hace hincapié en un
tipo de respuesta que muchas veces pasamos por alto, y que sin embargo, nos
está condicionando constantemente: la conducta no verbal, es de-cir, los
gestos, miradas, posturas que emitimos mientras esta-mos comunicándonos.
Remitimos al lector al estudio de los in-teresantes libros que se han escrito
al respecto (véase Biblio-grafía) y nos limitamos aquí a describir la parte de
la comuni-cación que afecta directamente a la asertividad.
La comunicación no
verbal, por mucho que se quiera elu-dir, es inevitable en presencia de otras
personas. Un individuo puede decidir no hablar, o ser incapaz de comunicarse
verbal-mente, pero todavía sigue emitiendo mensajes acerca de sí mismo a través
de su cara y su cuerpo. Los mensajes no ver-bales a menudo son también
recibidos de forma medio cons-ciente: la gente se forma impresiones de los
demás a partir de su conducta no verbal, sin saber identificar exactamente qué
es lo agradable o irritante de cada persona en cuestión.
Para que un mensaje
se considere transmitido de forma so-cialmente habilidosa (asertiva), las
señales no verbales tienen
39
que ser congruentes
con el contenido verbal. Muchas veces nos hemos encontrado con individuos que,
aparentemente, emiten mensajes verbales correctos, pero que no consiguen que
los demás les respeten o consideren interlocutores válidos. Las personas sumisas
carecen a menudo de la habilidad para dominar los componentes verbales y no
verbales apropiados de la conducta, y de aplicarlos conjuntamente, sin
incon-gruencias. En un estudio realizado por Romano y Bellack, a la hora de
evaluar una conducta asertiva, eran la postura, la ex-presión facial y la
entonación las conductas no verbales que más altamente se relacionaban con el
mensaje verbal.
Analicemos uno a uno los principales
componentes no ver-bales que contiene todo mensaje que emitimos:
LA MIRADA
Ha sido uno de los elementos más
estudiados en la litera-tura sobre habilidades sociales y aserción.
Casi todas las
interacciones de los seres humanos depen-den de miradas recíprocas. Pensemos
solamente en cómo nos sentimos si hablamos con alguien y éste no nos está
mirando; o, al contrario, si alguien nos observa fijamente sin apartar la
mirada de nosotros. La cantidad y tipo de mirada comunican actitudes interpersonales,
de tal forma que la conclusión más común que una persona extrae cuando alguien
no le mira a los ojos es que está nervioso y le falta confianza en sí mismo
(que algunas veces, por nuestra propia inseguridad, la persona que no nos está
mirando a los ojos nos “contagie” el nerviosismo es otra historia...).
Los sujetos asertivos miran más
mientras hablan que los sujetos poco asertivos.
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De esto se desprende que la
utilización asertiva de la mira-da como componente no verbal de la comunicación
implica una reciprocidad equilibrada entre el emisor y el receptor, va-riando
la fijación de la mirada según se esté hablando (40%) o escuchando (75%).
LA EXPRESIÓN FACIAL
La expresión facial juega varios
papeles en la interacción social humana:
– muestra el estado emocional de una persona, aunque és-ta pueda tratar
de ocultarlo
– proporciona una información continua sobre si se está comprendiendo el
mensaje, si se está sorprendido, de acuerdo, en contra, etc. de lo que se está
diciendo
– indica actitudes hacia las otras personas.
Las emociones:
alegría, sorpresa, ira, tristeza, miedo, se ex-presan a través de tres regiones
fundamentales de la cara; la frente/cejas, ojos/párpados y la parte inferior de
la cara.
La gente,
normalmente, manipula sus rasgos faciales adop-tando expresiones según el
estado de ánimo o comportamien-to que le interese transmitir. También se puede
intentar no transmitir o no dejar traslucir estado de ánimo alguno,(la lla-mada
“cara de póker”) pero, en cualquier caso, la persona es-tá manipulando sus
rasgos faciales.
La persona asertiva
adoptará una expresión facial que esté de acuerdo con el mensaje que quiere
transmitir. Es decir, no adoptará una expresión facial que sea contradictoria o no
se adapte a lo que quiere decir. La persona sumisa, por ejemplo, frecuentemente
está “cociendo” por dentro cuando se le da una orden injusta, pero su expresión
facial muestra amabilidad.
41
LA POSTURA CORPORAL
La posición del
cuerpo y de los miembros, la forma cómo se sienta la persona, cómo está de pie
y cómo se pasea, refleja las actitudes y conceptos que tiene de sí misma y su
ánimo res-pecto a los demás. Existen cuatro tipos básicos de posturas:
– postura de acercamiento: indica atención, que puede in-terpretarse de
manera positiva (simpatía) o negativa (in-vasión) hacia el receptor
– postura de retirada: suele interpretarse como rechazo, re-pulsa o
frialdad
– postura erecta: indica seguridad, firmeza, pero también puede reflejar
orgullo, arrogancia o desprecio
– postura contraída: suele interpretarse como depresión, ti-midez y
abatimiento físico o psíquico.
La persona asertiva
adoptará generalmente una postura cercana y erecta, mirando de frente a la otra
persona.
LOS GESTOS
Los gestos son básicamente
culturales. Las manos y, en un grado menor, la cabeza y los pies, pueden
producir una am-plia variedad de gestos que se usan, bien para amplificar y
apoyar la actividad verbal o bien para contradecir, tratando de ocultar los verdaderos
sentimientos.
Comparados un grupo de sujetos
asertivos con otro que no lo era, se halló que mientras que el primero
gesticulaba un 10% del tiempo total de interacción, el segundo grupo sólo lo
hacía el 4%.
Los gestos asertivos son movimientos
desinhibidos. Su-gieren franqueza, seguridad en uno mismo y espontaneidad por
parte del que habla.
42
COMPONENTES PARALINGÜÍSTICOS
El área paralingüística o vocal hace
referencia a “cómo” se transmite el mensaje, frente al área propiamente
lingüística o habla, en la que se estudia “lo que” se dice. Las señales
voca-les paralingüísticas incluyen:
– Volumen: en una
conversación asertiva, éste tiene que es-tar en consonancia con el mensaje que
se quiere transmi-tir. Un volumen de voz demasiado bajo, por ejemplo, puede
comunicar inseguridad o temor, mientras que si es muy elevado transmitirá
agresividad y prepotencia.
– Tono: puede ser fundamentalmente agudo o resonante. Un
tono insípido y monótono puede producir sensación de inseguridad o
agarrotamiento, con muy pocas garantí-as de convencer a la persona con la que
se está hablando. El tono asertivo debe de ser uniforme y bien modulado, sin
intimidar a la otra persona, pero basándose en una se-guridad.
– Fluidez-perturbaciones del habla: excesivas vacilacio-nes,
repeticiones, etc. pueden causar una impresión de in-seguridad, inapetencia o
ansiedad, dependiendo de cómo lo interprete el interlocutor. Estas
perturbaciones pueden estar presentes en una conversación asertiva siempre y
cuando estén dentro de los límites normales y estén apo-yados por otras
componentes paralingüísticos apropia-dos.
– Claridad
y velocidad: el emisor de un mensaje asertivo debe hablar con una claridad
tal, que el receptor pueda comprender el mensaje sin tener que sobreinterpretar
o recurrir a otras señales alternativas. La velocidad no debe ser ni muy lenta
ni muy rápida en un contexto comunica-
43
tivo normal, ya que ambas anomalías pueden distorsio-nar la
comunicación.
COMPONENTES VERBALES
Separándonos del área no verbal,
vamos a analizar muy brevemente aquellos elementos verbales que influyen
decisi-vamente en que una comunicación sea interpretada como asertiva o no.
El habla se emplea para una variedad
de propósitos: co-municar ideas, describir sentimientos, razonar, argumentar...
Las palabras que se empleen cada vez
dependerán de la situa-ción en la que se encuentre la persona, su papel en esa
situa-ción y lo que está intentando conseguir.
Investigaciones en
este campo han encontrado una serie de elementos del contenido verbal que
diferencian a las personas asertivas de las que no lo son: utilización de temas
de interés para el otro, interés por uno mismo, expresión emocional, etc.
Asimismo se ha encontrado que la no condescendencia y las expresiones de afecto
positivo ocurren con mayor frecuencia en personas socialmente habilidosas.
La conversación es el instrumento
verbal por excelencia del que nos servimos para transmitir información y
mantener unas relaciones sociales adecuadas. Implica un grado de inte-gración
compleja entre las señales verbales y las no verbales, tanto emitidas como las
recibidas. Elementos importantes de toda conversación son:
– Duración
del habla: la duración del habla está directamen-te relacionada con la
asertividad, la capacidad de enfrentar-se a situaciones y el nivel de ansiedad
social. En líneas ge-nerales, a mayor duración del habla, más asertiva se puede
44
considerar a la
persona, si bien, en ocasiones, el hablar du-rante mucho rato puede ser un
indicativo de una excesiva ansiedad. De hecho, hay personas a las que les
resulta más fácil hablar que tener que escuchar. En este último caso, la
persona, al estar “pasiva”, tiene que mostrar muchas más conductas no verbales
que la persona que está hablando.
– Retroalimentación (feed back): cuando alguien está
ha-blando, necesita información intermitente y regular de cómo están
reaccionando los demás, de modo que pueda modificar sus verbalizaciones en
función de ello. Necesita saber si los que le escuchan le comprenden, le creen,
es-tán sorprendidos, aburridos, etc.
Los errores más frecuentes en el
empleo de la retroali-mentación consisten en dar poca y no hacer preguntas y
comentarios directamente relacionados con la otra perso-na. Una
retroalimentación asertiva consistirá en un inter-cambio mutuo de señales de
atención y comprensión, de-pendiendo, claro está, del tema de conversación y de
los propósitos de la misma.
– Preguntas: son esenciales para mantener la conversación,
obtener información y mostrar interés por lo que la otra persona está diciendo.
El no utilizar preguntas puede provocar cortes en la conversación y una
sensación de de-sinterés.
☺ Te proponemos un
ejercicio para realizar con otras dos personas. No hace falta que sean de mucha
confianza, ya que no es necesario conocerse para realizarlo.
Dos personas se situarán frente a
frente y conversarán so-bre un tema previamente establecido. La tercera hará de
ob-
45
servador y anotará
lo que le parezca importante de la con-ducta no-verbal de ambos interlocutores.
Tras 5 minutos de conversación, el observador dará un feed-back, es decir,
re-flejará a ambos interlocutores lo que le haya parecido co-rrecto e
incorrecto de su conducta. Estos reanudarán la con-versación, procurando
modificar sus conductas en base a lo que les haya reflejado la tercera persona.
Tras otros 5 minu-tos, se intercambiarán los papeles.
Para facilitar el registro del
observador, sugerimos un mo-delo fácilmente utilizable:
46
REGISTRO DE CONDUCTAS VERBALES Y NO
VERBALES PERSONA A PERSONA B
MIRADA ______________________
EXPRESIÓN FACIAL:
Frente/Cejas ________________
Ojos/Párpados ______________
Boca ________________________
POSTURA CORPORAL:
Acercamiento ________________
Retirada ____________________
Expansión __________________
Contracción ________________
GESTOS:
Manos ______________________
Cabeza ____________________
Pies ________________________
VOLUMEN ____________________
TONO ________________________
FLUIDEZ:
Vacilaciones ________________
Repeticiones ________________
Tartamudeos ________________
CLARIDAD ____________________
VELOCIDAD __________________
47
¿POR QUÉ NO SOY
ASERTIVO? PRINCIPALES CAUSAS DE LA FALTA DE ASERTIVIDAD
Si echo mi misma
sombra en mi camino, es porque hay una lámpara en mí que no ha sido encendida
(R. Tagore)
¿Por qué hay personas a las que,
aparentemente, les re-sulta tan fácil tener una respuesta adecuada, “quedar
bien” y salir dignos de las situaciones y personas para las que lo mis-mo
significa un mundo? ¿Qué ocurre o ha ocurrido en la vi-da de unos y otros?
Veamos las principales causas por las que una persona puede tener problemas de
asertividad:
a) LA PERSONA NO HA APRENDIDO A SER ASERTIVA O LA HA APREN-DIDO DE FORMA INADECUADA
Las conductas o habilidades para ser
o no ser asertivo se aprenden: son hábitos o patrones de conducta, como fumar o
beber.
49
No existe una “personalidad innata”
asertiva o no aserti-va, ni se heredan características de asertividad. La
conducta asertiva se va aprendiendo por imitación y refuerzo, es de-cir, por lo
que nos han transmitido como modelos de com-portamiento y como dispensadores de
premios y castigos nuestros padres, maestros, amigos, medios de comunica-ción,
etc.
Ocurre a veces, que la persona no
asertiva no da con la solución a su problema, porque la busca sin salirse de su
pa-trón de conducta y pensamiento. Por ejemplo: Elena, la per-sona sumisa
descrita anteriormente, era considerada la “buena” de la familia, el “apoyo de
su madre”. Eso la refor-zaba mucho, la hacía sentirse realizada como persona,
entre otras cosas, porque no recibía ningún otro refuerzo de otro lado. Al
planteársele un cambio hacia una conducta más asertiva, Elena reaccionó muy en
contra, pese a estar dese-ándolo en teoría, porque temía volverse
“revolucionaria” y perder así el afecto y el único refuerzo que tenía en su
vida: su madre.
En la historia de aprendizaje de la
persona no asertiva pueden haber ocurrido las siguientes cosas:
• Castigo1 sistemático a
las conductas asertivas: enten-diendo por castigo no necesariamente el
físico, sino todo tipo de recriminaciones, desprecios o prohibiciones.
• Falta de refuerzo1 suficiente a
las conductas asertivas: puede ocurrir que la conducta asertiva no haya
sido sis-temáticamente castigada, pero tampoco suficientemente
1. Para mayor comprensión de los
conceptos “refuerzo” y “castigo” ver ca-pítulo 7.1.
50
reforzada. La persona, en este caso, no ha aprendido a valorar este tipo
de conducta como algo positivo.
• La persona no ha aprendido a valorar
el refuerzo so-cial: si a una persona le son indiferentes las sonrisas, ala-banzas,
simpatías y muestras de cariño de los demás, no esgrimirá ninguna conducta que
vaya encaminada a ob-tenerlos.
• La persona obtiene
más refuerzo por conductas sumi-sas o agresivas: este es el caso
de la persona tímida, in-defensa, a la que siempre hay que estar ayudando o
apo-yando. El refuerzo que obtiene (la atención) es muy po-deroso. En el caso
de la persona agresiva, a veces, el re-fuerzo (por ejemplo, “ganar” en una
discusión o conse-guir lo que se quiere) llega más rápidamente, a corto pla-zo,
si se es agresivo que si se intenta ser asertivo.
• La persona no sabe discriminar
adecuadamente las si-tuaciones en las que debe emitir una respuesta concre-ta: la persona a la que los demás
consideran “plasta, pe-sado” está en este caso. Esta persona no sabe ver cuándo
su presencia es aceptada y cuándo no, o en qué casos se puede insistir mucho en
un tema y en cuáles no. También está en este caso la persona “patosa”
social-mente, que, por ejemplo, se ríe cuando hay que estar se-rios o hace un
chiste inadecuado.
b) LA PERSONA CONOCE LA CONDUCTA APROPIADA, PERO SIENTE TANTA ANSIEDAD QUE LA EMITE DE
FORMA PARCIAL
En este caso, la
persona con problemas de asertividad ha tenido experiencias altamente aversivas
(de hecho o por lo que ha interpretado) que han quedado unidas a situaciones
51
concretas. En Psicología se denomina
a este fenómeno “con-dicionamiento” o “generalización”. Dichas experiencias
pue-den haber sido objetivamente ansiógenas, como en el caso de un inmigrante
al que se discrimina, o subjetivas, es decir, na-cidas en la mente de la
persona. Por ejemplo, alguien se pue-de haber sentido muy diferente y externo a
un grupo en el que se ha visto obligado a estar (niño nuevo en una clase),
aunque quizás el grupo no lo sentía así.
Situaciones de este estilo pueden
dejar en la persona un poso de ansiedad tan grande, que a partir de ese momento
su respuesta asertiva se ve mermada. Si la persona tiende a ge-neralizar a
otras situaciones, pronto todas sus respuestas asertivas sufrirán con esta
ansiedad; si no, por lo menos las que se parezcan o tengan algo que ver con la
situación inicial suscitarán reacciones de ansiedad.
c) LA PERSONA NO CONOCE O RECHAZA SUS DERECHOS
La educación
tradicional nos ha pretendido hacer sumi-sos. Algunos más, otros menos, todos
hemos recibido mensa-jes del estilo “obediencia a la autoridad”, estar callados
cuan-do hable una persona mayor, no expresar la opinión propia ante padres,
maestros, etc. Si bien esto responde a un mode-lo educativo más antiguo,
sorprende ver cómo personas jó-venes relatan historiales llenos de reproches,
padres autorita-rios, prohibiciones para ser ellos mismos, etc.
Por supuesto que lo anteriormente
dicho, tomado en su justa medida, es una sana aplicación pedagógica para que el
niño aprenda a respetar a los demás y a ser educado, pero ¡cuántas veces se
exageran estas normas en nombre de una “buena educación”!
52
Existen una serie
de suposiciones tradicionales que a pri-mera vista parecen “normales”, pero
que, recibidas de forma autoritaria e insistente, pueden hacer mucho daño a la
per-sona, haciéndola sentirse inferior a los demás y sin capacidad para
cambiar. Estas “suposiciones tradicionales” pueden ser, por ejemplo: “Es ser
egoísta anteponer las necesidades pro-pias a las de los demás”. Según y como
entendamos esta má-xima, puede ser una sana declaración de principios o, por el
contrario, algo que hunde a la persona que lo tome demasia-do al pie de la
letra. Porque algunas veces, tenemos el dere-cho de ser los primeros. Otra cosa
que nos han transmitido a casi todos es: “hay que ser siempre lógico y
consecuente”, es más, la persona que, por ejemplo, tiene claro desde pequeño la
carrera que va a elegir, el trabajo al que se piensa dedicar, pasa por ser una
persona seria, congruente y valorable. Pero ¿no tenemos derecho, de vez en
cuando, a cambiar de línea de acción o de idea? Una tercera máxima, muy
extendida, es la que indica que “es vergonzoso cometer errores. Hay que tener
una respuesta adecuada siempre, no hay que interrum-pir, no hacer demasiadas
preguntas”. Sin embargo, todos te-nemos derecho, en un momento dado, a cometer
errores, a pedir aclaraciones, a quedar como ignorante si algo no se sa-be
realmente.
Últimamente, tal
vez se prodiga menos este modelo sumi-so en el niño. A cambio, medios de
comunicación y agentes sociales bombardean con otro mensaje: hay que ser
agresivo, subir por encima de los demás, ser “más” que otros.
En el fondo, ambos
modelos no están tan diferenciados en-tre sí como pueda parecer: ambos
supeditan a la persona a la opinión de los demás o la imagen que den al
exterior, en vez de centrar la autoestima en los propios logros y respecto a
53
uno mismo. Ambos clasifican el mundo
en ganadores y per-dedores, en estar “por encima” o “por debajo”, en vez de
con-templar a los demás como iguales a uno mismo. En suma, ambos pasan por alto
los derechos que todos tenemos y que nos harían ser personas asertivas.
¿Qué son los Derechos Asertivos? Son
unos derechos no escritos, que todos poseemos, pero que muchas veces olvida-mos
a costa de nuestra autoestima. No sirven para “pisar” al otro, pero sí para
considerarnos a la misma altura que todos los demás.
En la siguiente página, te
presentamos la lista de los prin-cipales derechos asertivos que todos poseemos.
Si te los lees, seguramente pensarás: “ya, claro, eso ya lo sabía yo”, pero
párate a reflexionar un momento. ¿Realmente haces uso de tus derechos, te
acuerdas de ellos en momentos puntuales? Como dice P. Jakubowski:
“Si sacrificamos
nuestros derechos con frecuencia, estamos enseñan-do a los demás a aprovecharse
de nosotros”.
☺ En este punto, saca la lista de
situaciones que te cau-san dificultad, que apuntaste antes, y, para cada una de
ellas, plantéate: ¿qué derecho me estoy saltando y no estoy teniendo en cuenta?
54
TABLA DE DERECHOS ASERTIVOS
1. El derecho a ser tratado con respeto y dignidad
2. El derecho a tener y expresar los propios sentimientos y opiniones
3. El derecho a ser escuchado y tomado en serio
4. El derecho a juzgar mis necesidades, establecer mis prioridades y tomar
mis propias decisiones
5. El derecho a decir “NO” sin sentir culpa
6. El derecho a pedir
lo que quiero, dándome cuenta de que también mi interlocutor tiene derecho a
decir “no”.
7. El derecho a cambiar
8. El derecho a cometer errores
9. El derecho a pedir información y ser informado
10. El derecho a obtener aquello por lo que pagué
11. El derecho a
decidir no ser asertivo
12. El derecho a ser independiente
13. El derecho a decidir qué hacer con
mis propiedades, cuerpo, tiempo, etc., mientras no se violen los derechos de
otras personas
14. El derecho a tener éxito
15. El derecho a gozar y disfrutar
16. El derecho a mi descanso, aislamiento, siendo asertivo
17. El derecho a superarme, aún superando a los demás
d) LA PERSONA POSEE UNOS PATRONES IRRACIONALES DE PENSA-MIENTO QUE LE IMPIDEN ACTUAR DE FORMA
ASERTIVA
Al describir las
principales características de la persona su-misa, agresiva y asertiva,
reflejábamos las típicas creencias y es-quemas mentales que tiene cada uno de
ellos. Así, recordaremos que la persona sumisa suele guiarse principalmente por
este es-quema mental: “Es necesario ser querido y apreciado por todo el
55
mundo”, mientras
que la agresiva puede tener este: “Es horrible que las cosas no salgan como a
mí me gustaría que saliesen”.
Estas “creencias” o
esquemas mentales, así expresadas, son parte de una lista de 10 “Ideas
Irracionales” que Albert Ellis ideó hace ya unos años. Vamos a explicar, de
manera rápida y algo “sui géneris”, en qué consisten estas Ideas Irracionales.
Se supone que todos tenemos, desde
pequeños, una serie de “convicciones” o “creencias”. Éstas están tan arraigadas
dentro de nosotros, que no hace falta que, en cada situación, nos las volvamos
a plantear para decidir cómo actuar o pen-sar. Es más, suelen salir en forma de
“pensamientos automáti-cos”, tan rápidamente que, a no ser que hagamos un
esfuerzo consciente por retenerlas, casi no nos daremos cuenta de que nos hemos
dicho eso.
☺ Te propongo un
experimento: elige una situación que te resulte difícil afrontar, de la lista
que hiciste al principio. Divide esta situación en tres momentos: el momento
antes de entrar en ella; cuando estés en medio; y después, cuando ya hayas
salido de ella. Para cada uno de estos momentos, re-flexiona: ¿qué te sueles
decir normalmente? ¿Te alientas, te echas hacia atrás, te reprochas o te vas
felicitando sobre tu actuación? Seguramente, en estos automensajes irán metidas
gran parte de tus creencias y convicciones y de ellos depen-de el que tengas el
ánimo de afrontar airosamente la situa-ción o el que la encares como un perdedor.
Una típica
convicción puede ser la de que necesitamos sen-tirnos apoyados o queridos para
sentirnos a gusto. Otra po-dría ser la necesidad de sentirnos competentes en
algún área de nuestra vida para tener la autoestima medianamente alta.
56
Albert Ellis, psicólogo de los años
50, delimitó 10 de estas convicciones, que todos poseemos en mayor o menor
medida. Están reflejadas en la siguiente página. Ellis las llamó
“irracio-nales” ya que, según él, no responden a una lógica ni son ob-jetivas.
En efecto, tomadas al pie de la letra, nadie realmente “necesita” ser amado
para sobrevivir, ni “necesita” ser compe-tente para tener la autoestima alta.
LISTA DE IDEAS IRRACIONALES DE ELLIS
1. Es necesario para un ser humano ser querido y acepta-do por todo el
mundo
2. Uno tiene que ser muy competente y saber resolverlo todo si quiere
considerarse necesario y útil
3. Hay gente mala y despreciable que debe de recibir su merecido
4. Es horrible que las cosas no salgan de la misma forma que a uno le
gustaría
5. La desgracia humana es debida a
causas externas y la gente no tiene ninguna o muy pocas posibilidades de
controlar sus disgustos y trastornos
6. Si algo es o puede ser peligroso o
atemorizante, hay que preocuparse mucho al respecto y recrearse constante-mente
en la posibilidad de que ocurra
7. Es más fácil evitar que hacer frente a algunas dificulta-des o
responsabilidades personales
8. Siempre se necesita de alguien más fuerte que uno mis-mo en quien poder
confiar
9. Un suceso pasado es un importante
determinante de la conducta presente, porque si algo nos afectó mucho,
continuará afectándonos indefinidamente
10. Uno debe de estar permanentemente preocupado por los problemas de los
demás
57
Pero dado que no
somos máquinas y que, por suerte o por desgracia, amamos, odiamos, estamos
tristes y somos felices, no se puede pedir a nadie que no posea estas ideas,
por lo me-nos en algún grado. Por lo tanto, yo traduciría la teoría de Ellis en
lo siguiente: todos poseemos estas ideas en algún grado. Por supuesto que casi
todos nos sentimos mejor si contamos con un apoyo, si nos sentimos queridos;
por supuesto que, pa-ra tener una buena autoestima se requiere, entre otras
cosas, considerarse competente y saber mucho de algo.
El problema
comienza cuando una o varias de estas creen-cias se hacen tan importantes para
nosotros, que supeditamos nuestras acciones y convicciones a su cumplimiento.
Por ejem-plo: la persona para la cual es absolutamente vital recibir el afecto
de los demás, buscará este apoyo en todo lo que haga, es decir, intentará
gustar a todo el mundo, estará constante-mente temerosa de “fallarles” a los
demás, interpretará gestos y palabras como “ya no me quieren”, etc.
Lo mismo le ocurre
a la persona que necesita ser competen-te y hacerlo todo bien para sentir que
vale algo. Esta persona pronto se convertirá en un perfeccionista, que nunca
estará sa-tisfecho con lo que haga, que se autorreproche y culpabilice an-te
cualquier error y que tenga puesto su listón tan alto que di-fícilmente pueda
llegar a él. Cualquier exageración de una de estas creencias o convicciones
puede proporcionar un conside-rable sufrimiento a la persona que las vive de
esta forma, y sue-le traducirse en alguna conducta disfuncional. Así, la
persona que tenga como necesidad suprema la Idea nº 1 (“Es necesario ser amado
o aceptado por todo el mundo”), no puede ser aser-tiva, ya que, para ella, es
intolerable no caer bien a los demás y una excesiva asertividad le parecería
peligrosa para cumplir este objetivo. A la persona agresiva le ocurrirá lo
mismo, pero
58
al revés: la
asertividad le parecerá demasiado amenazante por-que puede quedar como
excesivamente “blanda” ante los de-más, sobre todo si tiene muy arraigada la
Idea Irracional nº 3 (“Hay gente mala, despreciable, que debe ser castigada por
ello”), y también si su Idea es la nº 4 (“Es horrible que las cosas no salgan
como a mí me gustaría que salieran”), ya que la con-ducta asertiva implica
ceder de vez en cuando y obtener las co-sas con paciencia y consenso, cosas
incompatibles con la rigi-dez mental que sugiere esta última creencia
irracional.
La persona, normalmente, no tiene la
“culpa” de poseer es-tas convicciones. La mayoría de las veces, éstas se van
for-mando a lo largo de la educación y, si no se hace nada en con-tra u ocurre
algo muy fuerte, se van afianzando y reforzando cada vez más.
Muy frecuentemente,
se trata de máximas que van circu-lando por la sociedad y que se dan por hechos
asumidos. Como decíamos antes, hace un tiempo se nos transmitía un patrón de
conducta sumisa, ahora, el patrón de conducta tien-de más hacia la agresividad,
pero siempre se nos transmite una conducta defensiva. Las creencias que
circulan por la so-ciedad desde tiempo inmemorial son del estilo: “tengo que
de-fenderme de los demás; si no, me hacen daño”; “es peligroso mostrarse débil,
se pueden aprovechar de ti”; “no puedo mos-trar mis verdaderos sentimientos. Es
peligroso lo que puedan pensar los demás de mí”, etc.
Repasa una a una
las Ideas Irracionales de Ellis e intenta pen-sar qué patrones de conducta
sumisa puede desencadenar cada una de ellas si se poseen como una “necesidad
imperiosa”.2
2. La solución la
tienes en el capítulo 5, “Aplicación de la Reestructuración Cognitiva a
problemas de Asertividad”.
59
TRABAJANDO CON LA
ASERTIVIDAD:
IDENTIFICACION DE LAS
CONDUCTAS ERRÓNEAS
Dado que los tipos
“sumiso”, “agresivo” y hasta el “aserti-vo”, tal y como los describíamos en el
capítulo precedente, no existen como “tipos puros”, puede resultar difícil
saber cuán-do una persona comparte con el común de los mortales algu-nas
dificultades para comunicarse asertivamente y cuándo es-tas dificultades se
están convirtiendo en “problema psicológi-co”. Desde el punto de vista
cognitivo-conductual, un “pro-blema” no es tal porque figure en los libros con
una serie de síntomas descritos, sino porque una persona (y, en algunos ca-sos,
las personas cercanas) siente que las dificultades que tie-ne son para ella un
“problema”. Es decir, si alguien es absolu-tamente asocial, solitario e
introvertido, pero está satisfecho con esa forma de ser y no molesta a
nadie que le sea cercano (y aún en este último caso habría que
analizar dónde y en quién está el problema), esta persona no tiene un
problema y no hay que obligarle a cambiar si él/ella no quiere. En el
momento en el que esa forma de ser le traiga dificultades o le resulte mo-lesta
para la consecución de algún fin, será la propia persona
61
la que defina sus
dificultades como “problema”. El que em-prenda pasos para mejorar es otro tema
más complicado (exis-ten muchas “defensas”, autoengaños, etc.) que ahora no
ven-dría al caso. El hecho es que existen muchas personas que su-fren con sus
dificultades de comunicación y que existen diver-sas técnicas encaminadas a
paliar estas dificultades.
Para ello, lo mejor
es comenzar por saber exactamente qué problemas se tienen y dónde, cuándo y
cómo ocurren, cosa que, frecuentemente, no se sabe con precisión. Seguramente,
las per-sonas que estéis leyendo este libro pensaréis: “pues yo sí que sé qué problemas
de asertividad tengo y en qué situaciones”; es cierto, pero de “saber” a
delimitar exactamente las circunstan-cias que hacen que se tenga esa
dificultad, hay un paso. ¿Sabéis, por ejemplo, de qué dependen vuestras
dificultades? ¿Habéis observado si ocurren en presencia de una persona
concreta, de una situación específica, o si dependen de lo que os decís en
ca-da momento? ¿Tenéis claro cuáles son las convicciones irracio-nales que
están condicionando vuestra conducta?
Es sumamente importante poder
responder a estas pregun-tas si se quiere hacer algo por solucionar un problema
de aser-tividad. Si no se delimita exactamente el problema, no podrá
solucionarse nunca.
La primera regla para entresacar la
intrincada red de cir-cunstancias que rodean una conducta es pensar: ¡no sé
nada respecto a esta conducta! Es así como podremos saber real-mente qué está
ocurriendo, sin dejarnos influir por pensa-mientos como “esto ya lo sé”, “no me
hace falta analizar si ya me conozco”, etc.
El segundo paso
será poner en práctica una serie de méto-dos de observación que nos permitan
conocer mejor nuestra
62
conducta-problema y las
circunstancias por las que se ve in-fluida, a fin de poder enfocar
correctamente los pasos que nos van a llevar a modificarla.
Veamos, pues, qué es lo que se
necesita para saber exacta-mente qué ocurre con nuestra conducta-problema y
cómo po-demos afrontarla:
1. Una correcta formulación del problema
2. Una observación precisa y exhaustiva sobre las circuns-tancias que
rodean la conducta-problema
3. Un análisis
detallado de los datos que se hayan sacado, a fin de detectar qué está
manteniendo la conducta (por qué no desaparece) y cómo podemos modificarla.
4.1. Formulación correcta del problema
Saber cuál es la conducta que nos
causa problemas no basta para poder afrontarla adecuadamente. Hace falta que
nos la formulemos a nosotros mismos de forma precisa y ob-jetiva.
Así, por ejemplo, Elena y Juana, las
personas con proble-mas de asertividad (Elena sumisa y Juana agresiva) que
des-cribíamos al principio, relataron su problema en la primera en-trevista de
la siguiente forma:
Elena:
“Tengo muchos problemas a la hora de
hablar con la gente. Nunca sé qué decir y las conversaciones se terminan
ensegui-da. Creo que es porque tengo tanto miedo a meter la pata que prefiero
no decir nada”.
63
Juana:
“No sé qué me pasa con la gente. Yo
creo que están acos-tumbrados a que siempre haya alguien que les saque las
cas-tañas del fuego y, si les fallo en ese sentido, ya les caigo mal y me ponen
malas caras”.
Parece que digan mucho, pero, en el
fondo, con estas pala-bras no nos han dicho nada. No podríamos empezar a
traba-jar basándonos solamente en este párrafo.
Necesitamos tener contestadas una
serie de cuestiones pa-ra poder centrarnos y saber en qué consiste realmente el
pro-blema. Estas son:
– con quién ocurre (jefes,
compañeros, hombres, mujeres, niños; alguna persona o personas sueltas, etc.)
– cuándo ocurre (momento y lugar) (en el trabajo, con
los amigos, en reuniones, en actos sociales, con mi pa-reja...)
– qué es lo que me preocupa de la situación (lo que
pien-san los demás, lo que pienso yo, quedar mal, hacer el ridí-culo, parecer
tonto, etc.)
– cómo lo suelo afrontar normalmente (evito las
situacio-nes problemáticas, me “pego” a alguien, no digo nada, in-tento a toda
costa decir algo, etc.)
– por qué no soy asertivo/a con esta conducta concreta; di-cho
de otra forma: qué temo que ocurra si me mostrara asertivo (no se me
acepte, se me considere un jefe duro, no se me quiera, etc.)
– cuál es el objetivo que persigo al querer cambiar mi conducta (que
se me estime profesionalmente, que se me tenga afecto, que no me
tomen más el pelo, etc.)
64
Veamos cómo cambia la formulación de
Elena si intenta contestar a las preguntas citadas anteriormente:
“En las reuniones
informales, por ejemplo, en una boda o en fiestas del trabajo (no me muevo en
otros ambientes), me cuesta mucho conversar con la gente. Nunca me acerco a
gru-pos ni a personas sueltas y cuando se acercan a mi, contesto con
monosílabos y no aporto nada por mi parte. Intento pen-sar rápidamente en algo
que decir, pero me quedo bloqueada. Mi mayor temor es que pueda decir algo que
moleste a los de-más. Con sólo poder conversar de manera fluida cuando al-guien
se acerque a mí me conformaría”.
Si Juana contestara las preguntas
anteriores, podría decir:
“En mi trabajo y en la Facultad (con
mis amigos íntimos no), tengo dificultades para relacionarme con la gente, ya
que siempre parece haber problemas de poder entre ellos y yo. Creo que me
tienen para sacarles las castañas del fuego. El caso es que me siento mal
cuando veo corrillos de gente cuchicheando y riéndose, porque pienso que están
hablando de mí. Cuando veo esto, me encaro directamente con ellos, para que no
crean que soy tonta y no me doy cuenta de las cosas. Si me mostrara más
‘blanda’, me tomarían por el pito del sereno. Lo único que pretendo es que me
dejen vivir tran-quila”.
Esto ya comienza a
parecerse a un instrumento de trabajo y aún así, a un psicólogo no le bastaría.
Hace falta más, mucho más, para saber qué condiciona exactamente la conducta y
cuáles son los pasos a emprender para evitarlo.
☺ Elige de tu lista 2
o 3 situaciones que más te preocu-pen. Intenta describírtelas en un párrafo,
sin pensar mucho,
65
tal y como se las
describirías a otra persona. ¿Es suficiente información para comenzar a
trabajar sobre ello?
Intenta, ahora, describir la misma
situación dando res-puesta a las preguntas formuladas arriba. ¿Aprecias alguna
diferencia respecto a la anterior descripción? ¿Podrías co-menzar a trabajar
sobre ello?
4.2. Observación precisa
En terapia, invertimos unas cuatro
sesiones en realizar una exhaustiva entrevista a la persona. En ella, nos
informamos de lo que ocurre alrededor y en el interior de la persona cada vez
que ocurre el problema.
Por supuesto, aquí no podemos plasmar
las cuatro sesiones de entrevista que realizamos a las personas, pero sí un
resu-men de las cuestiones principales.
Normalmente, se divide la conducta en
las tres áreas cog-nitiva, motórica (o comportamiento externo) y
emocional. A partir de ahí, se plantean preguntas que respondan
a las si-guientes cuestiones:
ÁREA COGNITIVA
– ¿Qué pienso exactamente antes de enfrentarme a una
si-tuación que temo?
– ¿Qué pienso o qué me digo durante la situación,
mientras estoy actuando y/o actúan los demás?
– ¿Qué pienso después de finalizada la situación
temida, cuando saco conclusiones sobre lo ocurrido?
66
ÁREA MOTÓRICA
– ¿Qué hago exactamente en las situaciones temidas? ¿Me quedo callado,
contesto agresivamente, huyo de la situa-ción...?
– ¿Qué habilidades sociales poseo de hecho? Esto lo sabré si me observo
en situaciones sociales en las que no estoy tenso o lo estoy menos. En estos
casos ¿tengo la misma conducta que en las situaciones temidas? ¿cuál es la
dife-rencia?
ÁREA EMOCIONAL
– ¿Cómo me siento en las situaciones
que me cuesta afrontar?
– ¿Qué síntomas físicos experimento durante la situación: taquicardia,
sudoración, pérdida de visión momentánea, mareos, tartamudeo... ¿En cuánto me
influyen a la hora de actuar?
También es importante explorar y observar las situaciones
concretas que nos causan temor:
– ¿Qué personas o tipo de personas
suelen estar presentes?
– ¿Tienen algo en común las situaciones que temo, por ejem-plo: mismo
lugar, mismo tipo de situación (formal, infor-mal, fiestas, reuniones...),
mismas personas...?
– ¿Qué hace que me tranquilice, me
sienta más seguro me tense, me sienta ansioso/a? ¿Influye en ello alguna
perso-na, alguna reacción hacia mí, algún gesto o comentario?
Por supuesto, estas
preguntas no son suficientes de cara a iniciar una terapia, pero pueden servir
a las personas que es-téis leyendo este libro para comenzar a explorarse y
adquirir una nueva actitud hacia los problemas de asertividad.
67
☺ Intenta contestar a
estas preguntas con las 2 o 3 situa-ciones de tu listado que hayas elegido.
Seguramente, al con-testarlas se te aclararán algunas cosas que no habías
tenido en cuenta hasta ahora, pero necesitas observarte todavía más para poder
trabajar contigo mismo/a.
La clave para poder contestar
correctamente a estas pre-guntas es observar atentamente cuándo, cómo, en qué
cir-cunstancias ocurre la conducta y qué sucede a la vez en el in-terior de la
cabeza de la persona que la está emitiendo. En te-rapia, como ya hemos dicho,
utilizamos para ello unas cuatro sesiones y damos “deberes” (autorregistros) a
la persona, pa-ra que ésta se autoobserve durante la semana. En estas pági-nas,
no pretendemos plasmar un manual completo de auto-observación. Daremos,
simplemente, unas cuantas pautas por si algún lector quiere practicar la
autoobservación y mostrare-mos unos registros realizados por personas que hemos
tenido en consulta.
4.3. Cómo autoobservarme correctamente
Para poder
contestar mejor a preguntas del tipo de las ex-puestas anteriormente, es
necesario realizar una precisa auto-observación que nos
permita detectar exactamente cuándo, cómo, con quién y en qué
circunstancias emitimos una con-ducta problemática; con qué frecuencia la
emitimos y si la in-tensidad (más o menos fuerte) de la conducta depende de los
factores anteriormente dichos. Observar cómo afrontas las si-tuaciones es esencial,
ya que te permite saber cómo reaccionas en el presente, pero también cómo vas
progresando y qué tie-
68
nes que hacer para cambiar tu
conducta. Observar y anotar tu comportamiento te será de ayuda inmediata, ya
que irás ad-quiriendo más y más conciencia del mismo. Además, así dis-pondrás
de un instrumento de evaluación objetivo del cambio que se produce a lo largo
del tiempo en el comportamiento so-metido a observación.
A veces ocurre que
el mero hecho de autoobservarte hace que modifiques tus conductas; es la
llamada “reactividad” de la observación. A veces, esta reactividad es negativa:
hace que la persona se obsesione más con su conducta, al tener que es-tar
pendiente de ella. Pero en la mayoría de los casos, si se re-aliza
correctamente, esto no ocurrirá y la posible alteración po-sitiva del
comportamiento que tenemos habitualmente, desa-parecerá pronto, en cuanto nos
hayamos habituado a este tipo de observación. Por ello, la autoobservación por
sí sola no bas-ta para modificar nuestra conducta. Es sólo el primer paso de
toda una serie de estrategias encaminadas a modificar una conducta que nos
causa problema, pero en ningún caso nos bastará sólo con observar.
Hay que tomarse un tiempo, por lo
general, de tres sema-nas a un mes, durante el cual estaremos observando
nuestra conducta externa e interna. Un período de tiempo menor no nos daría una
información lo suficientemente precisa como para poder saber exactamente qué
nos ocurre y podríamos in-currir en sacar conclusiones precipitadas sobre la
causa de nuestro problema. Esto nos llevaría a intentar modificar nues-tra
conducta de forma errónea o a continuar en la misma línea que seguíamos hasta
ahora. Ambos casos no nos resolverían el problema y, en el peor de los casos,
nos darían una sensación de frustración y de irremediabilidad respecto a
nuestro pro-blema.
69
Existen dos tipos de instrumentos que
nos pueden ayudar a observar mejor nuestra conducta: las escalas y
los autorre-gistros.
Bajo el término “escalas” se
engloban todo tipo de tests, cuestionarios e inventarios que exploran de forma
objetiva da-tos tales como los principales síntomas de un problema, su
fre-cuencia, las circunstancias que lo rodean, etc. Para el tema de la
Asertividad existen muchos cuestionarios. Entre ellos, los más utilizados son:
– Inventario de Asertividad de Rathus
– Cuestionario de Asertividad de
Sharon y Gordon Bowers
– Inventario de Aserción de Fensterheim, adaptado de Rathus, Lazarus,
Troy y Wolpe
Recientemente ha aparecido una escala
que mide la aserti-vidad en español, realizada por Elena Gismero. Se trata de
la Escala de Habilidades Sociales (EHS) y está editada por TEA en el año 2000.
También puede ser interesante
explorar el grado y tipo de tensión que se experimenta ante las situaciones que
más difi-cultades causan. Entre otros, están los inventarios:
– Inventario de Tensión de Fensterheim y Baer
– Cuestionario de Temores, de Wolpe
Pero lo que
verdaderamente nos va a dar la clave, si lo sa-bemos analizar bien, de nuestras
dificultades, son los autorre-gistros. Un autorregistro es una hoja
de papel en la que se apuntan, a medida que van ocurriendo, las
conductas proble-máticas, los factores que intervienen en ellas, las
circunstan-cias que las rodean, etc. Se utiliza tanto para realizar una
ob-servación inicial, a lo largo de tres o cuatro semanas, como pa-
70
ra ir viendo los progresos que se
realizan una vez iniciado un tratamiento del problema. Igualmente, puede servir
para ana-lizar posibles fracasos y ver qué se puede hacer la siguiente vez.
No existe un modelo estándar de
autorregistro. Lo impor-tante es tener en cuenta que el autorregistro es un
método pa-ra observar y registrar tanto la conducta manifiesta (pública) como
la encubierta (pensamientos y sentimientos). Al final del capítulo os
presentamos varios modelos de autorregistro. Como veréis, pueden variar los
factores a registrar, depen-diendo de lo que se busca, de si estamos
registrando nuestra conducta antes de haberla modificado, durante o después,
etc. Sin embargo, hay algunos determinantes que siempre se de-ben de registrar:
– la frecuencia de
aparición de la conducta problema. Es de-cir: ¿cuántas veces ocurre al
día/semana/mes? ¿Ocurre en todas las ocasiones o sólo a veces? ¿De qué depende?
Normalmente, esto se recuenta
apuntando simplemente el día y la hora en que sucedió la conducta a observar y
la si-tuación y las circunstancias que la precipitaron.
– La intensidad o “gravedad” que para cada uno tenga la
conducta. Interesa lo que la persona entienda como “gra-ve”, no lo que
objetivamente “debería” de ser grave o le-ve. Esto es así, porque lo que la
persona interprete como “grave” estará influyendo en sus pensamientos y,
consi-guientemente, en sus sentimientos y conducta.
Para apuntar mejor la intensidad, se
puede establecer un sistema de números (1-5), que vayan de menor a mayor
gravedad, o poner, simplemente, “grave” - “intermedio” - “leve”.
71
– La conducta concreta que se haya
realizado, entendiendo bajo conducta tanto la interna como la externa, es
decir, lo que se ha hecho, lo que se ha pensado al respecto y lo que se ha
sentido física o anímicamente.
Otros datos a poner podrían ser la
repercusión (también interna o externa) que la conducta haya tenido en uno
mismo o los demás, la idea irracional subyacente, las posibles cosas a
modificar, etc.
Una de las ventajas
de los autorregistros frente a otras for-mas de medir las conductas
problemáticas consiste en que la persona no tiene que recordar situaciones
pasadas para llegar a conclusiones sobre su problema, con la consiguiente
distor-sión que esto conlleva, sino que va anotando los episodios en el momento
en el que ocurren (o, como muy tarde, la misma noche en que han sucedido), con
lo cual, el grado de fiabili-dad de la información es mucho mayor. Pero para
ello, es ne-cesario llevar un registro exacto. Es imperativo que éste sea
escrito y que la persona se comprometa a rellenarlo todos los días o en todas
las ocasiones en las que ocurre algo relaciona-do con el problema. Llevando así
una hoja de datos diaria, se tendrá evidencia objetiva sobre los cambios que se
van expe-rimentando. Si no se realizan las anotaciones regularmente, se tendrá
que confiar en la memoria y ésta es un método de au-toobservación muy inexacto,
tal y como han demostrado múl-tiples investigaciones.
Aún con todo lo
dicho, a veces, la conducta registrada se hace de forma inexacta. Los mensajes
irracionales que nos mandamos suelen ser muy poderosos y distorsionan a menu-do
las cosas que vemos, sobre todo, si algo nos está afectando y entronca directamente
con alguna creencia irracional. Así,
72
por ejemplo, una persona que tema
mucho quedar en ridícu-lo o que está continuamente pendiente de lo que piensan
los demás de él, anotará quizás “se dieron cuenta de que estaba nervioso”,
“todos me miraron con cara extrañada” y hasta “me puse colorado”, sin evidencia
de que esto haya ocurrido realmente. La propia conducta se ensombrece, la
persona só-lo se fija en los aspectos negativos y al cabo de un tiempo de estar
registrando, se sentirá muy desalentada.
Lo ideal sería que,
paralelamente al autorregistro, otra per-sona de confianza le relate al
interesado cómo “ha quedado”, visto desde fuera. Evidentemente, esta persona no
puede se-guirle a todas partes para observarle. Pero basta una muestra de
situaciones en las que ambos puedan contrastar sus pun-tos de vista sobre la
actuación en cuestión para que la perso-na interesada sepa si tiene tendencia a
filtrar la realidad o si contempla las cosas de forma objetiva y realista. Por
ello, con-vendría que la persona elegida fuera alguien que compartie-ra con el
interesado situaciones de diversa índole, es decir, que fuera su pareja, sus
padres o hermanos o algún amigo de mucha confianza.
Estos son algunos ejemplos de
posibles autorregistros. Están rellenados por personas que mostraban
dificultades de asertividad y que acudieron a nuestra consulta.
73
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74 |
AUTORREGISTRO Nº 1
FECHA: 16 - 4 - 94
SITUACIÓN: Haciendo cola
ante una farmacia de guardia. Un chico, que al principio me había preguntado si
yo era la última (lo era), se coló delante de un señor que había delante de mi,
diciéndole al farmacéutico que sólo quería dos insulinas y que traía el dinero
justo. A nosotros ni nos miró.
PENSAMIENTOS ANTES: Este tío me está
mosqueando. No se está poniendo detrás de mí, seguro que se quiere co-lar. Voy
a pegarme al que tengo delante, para que no se pueda poner en medio.
PENSAMIENTOS DURANTE: Debería de
decirle algo. Todo el mundo está tan normal que no me atrevo... Quizás no es
tan raro que haga eso, como de hecho no está haciendo perder tiempo a nadie...
Pero si todo el mundo hiciera como él no nos tocaría nunca. Tengo que actuar...
PENSAMIENTOS DESPUÉS: He sido una
idiota. Debería de haberle dicho algo. Los demás estaban tan cortados co-mo yo,
pero eso no es excusa. Así los tíos que tienen morro cada vez tendrán más.
GRADO Y TIPO DE MALESTAR: Alto. Sensación
de ridícula y de tonta durante todo el rato.
CONSECUENCIAS: Estuve bastante
rato después dándole vueltas al asunto y reprochándome haber sido tonta una vez
más. A lo largo del día, de pronto, me acordaba de la situación y me sentía mal
conmigo misma.
(En este registro, se rellena una
hoja por situación, mientras que en los otros que presentamos, se pueden poner
varias situaciones en una misma hoja).
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LA ASERTIVIDAD |
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AUTORREGISTRO Nº 2 |
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TRABAJANDO |
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SITUACIÓN |
CONDUCTA |
PENSAMIENTO |
SENTIMIENTO |
REPERCUSIÓN |
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Saliendo de un bar |
Le respondí de muy |
¿Qué se han creído |
Rabia. |
El |
chico parecía |
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enfrente a un cuar |
malas maneras que |
estos militares, que |
|
muy |
trastornado. |
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75 |
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tel, un soldado me |
ellos no tenían que |
pueden mandar lo |
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Después me dio pe- |
LACON |
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dijo que allí no se |
decirme |
dónde |
que quieran? |
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na por él. |
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podía aparcar. |
aparcar. |
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ASERTIVIDAD |
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Conduciendo en un |
Bajé la ventanilla y |
Aquí todos tenemos |
Mucha ira y ganas |
El otro siguió a su |
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atasco, un “listo” |
le grité bastantes ta- |
prisa….: ¿Será gili- |
de ir a por él. |
aire y le perdí de |
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me adelantó por la |
cos. También le hice |
pollas? |
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vista. |
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derecha y se coló |
gestos obscenos. |
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delante de mí. |
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AUTORREGISTRO Nº 3: |
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FECHA |
SITUACIÓN |
CONDUCTA |
ASPECTOS SATIS- |
ASPECTOS DE LA |
EVALUACIÓN GLO- |
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FACTORIOS DE LA |
EJECUCIÓN QUE NE- |
BAL: BUENO-REGU- |
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EJECUCIÓN |
CESITAN MEJORARSE |
LAR-POBRE |
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11.Junio |
Claustro de pro- |
Intervine algu- |
Pude hablar sin |
En todo |
mo- |
Regular. |
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fesores. |
nas veces. |
bloqueos en lo |
mento me |
sentí |
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LA |
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que me interesa- |
mal por dentro: |
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ASERTIVIDAD |
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ba decir. |
taquicardias, su- |
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dores. |
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3 Septiembre |
Examen de sep- |
Pillé a uno co- |
Me mantuve en |
Me temblaba la |
Bueno. |
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tiembre . |
piando y protes- |
mi lugar, supe |
voz y creo |
que |
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tó. |
contestarle bien. |
se notó. |
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☺ Elige una situación
problemática de las 2 o 3 que ha-bías entresacado de tu lista. Este va a ser
“tu” problema, con el que vas a trabajar a partir de ahora. Constrúyete un
mo-delo de autorregistro a tu medida o, si lo prefieres, utiliza al-guno de los
presentados arriba y dedica unas tres-cuatro se-manas a apuntar lo que ocurre
cada vez que tiene lugar la si-tuación que has elegido. La única manera que
esto tenga efecto es si te dedicas seriamente a hacerlo y apuntas, real-mente,
todo cada vez.
Para ilustrar aún más este importante
capítulo, mostramos unos ejemplos de autorregistros de las dos personas con
pro-blemas de asertividad (Juana y Elena) que describíamos al principio del
libro. ¿Cuál crees que es de Juana y cuál de Elena?
77
|
78 |
AUTORREGISTRO Nº 1
SITUACIÓN: Copa con todos
los compañeros del trabajo
PENSAMIENTOS ANTES: Ojalá pudiera no
ir, pero si digo que no me apetece, intentarán convencerme y no quiero que
sospechen que estoy huyendo, que soy una cortada. Estoy segura de que lo voy a
pasar mal. A lo mejor, si bebo me animo un poco. Quiero estar suelta, graciosa,
moverme y hablar con todo el mundo, pero temo estar agarro-tada y no encontrar
temas de conversación.
PENSAMIENTOS DURANTE: Estoy sosa,
parada. Soy incapaz siquiera de moverme para picar algo. Aquí, pegada como una
lapa a una compañera que no para de hablar. Tengo que sonreír, mostrar que
estoy tan alegre como casi to-dos. Se están dando cuenta de que estoy siguiendo
a Esther por toda la sala. Si ella se va, verán que me quedo sola. Les
inspiraré lástima. ¡Qué termine esto! A ver si se hace la hora para hacer mutis
por la puerta.
PENSAMIENTOS DESPUÉS: Ha sido más de lo
mismo. Lo que me suele pasar casi siempre. Toda una fiesta es mucho pa-ra mí.
Espero que caiga en saco roto y se olviden, aunque seguro que ya me conocen
como “la sosa” y nunca po-dré cambiar esa imagen.
GRADO Y TIPO DE
MALESTAR: Durante toda la fiesta, náuseas y tensión. Bloqueo cada vez que tenía
que decir algo. Grado de malestar muy alto.
CONSECUENCIAS: Nadie me trató de
modo especial al día siguiente. Como siempre.
AUTORREGISTRO Nº 2
SITUACIÓN: Al salir de
clase, Mª Cruz no me ofrece su coche para volver a casa.
CONDUCTA: No digo nada,
pero dejo bien claro que me ha molestado. Pongo expresamente mala cara, no le
contesto cuando me dice algo, al final le pego un portazo delante de las
narices.
PENSAMIENTO: Me joroba la
gente. Ellos pueden contar contigo, tú no. Deberías de acordarte: no te des
tanto y no es-perarás de nadie. Lo que tengo que hacer es pasar de todos y que
se vayan a la mierda ellos solos.
SENTIMIENTO: Inmenso cabreo,
se me pasan las ganas de comer.
REPERCUSIÓN: Lo dicho: no como
prácticamente nada.
El registro nº 1 corresponde a Elena
y el nº 2 a Juana
|
LA ASERTIVIDAD |
MEJORANDO MI
ASERTIVIDAD:
TÉCNICAS PARA SER
MÁS ASERTIVO
Sea usted mismo,
incluso con sus defectos. No pretenda representar ningún papel, no finja: sea
usted mismo... un poquito mejorado, pero manteniendo su identidad.
(J.A. Vallejo- Nágera)
A la hora de
comenzar a entrenar una conducta asertiva, hay que volver a tener en cuenta los
tres niveles de funciona-miento (cognitivo, emocional y motórico) que,
decíamos, son la estructura de toda conducta. Tras haber analizado de forma
precisa la conducta-problema observada, sabremos si el pro-blema proviene
principalmente de los esquemas mentales que tiene la persona y que le
transmiten unas ideas que hacen que su conducta sea poco asertiva; si, por el
contrario, la fuente principal del problema está en una falta de habilidades
para comunicarse correctamente o si es una excesiva ansiedad la que frena la
correcta emisión de la conducta.
En la mayoría de
los casos, se tratará de una mezcla de las tres cosas, si bien siempre hay un
factor predominante al que
79
hay que dar mayor énfasis a la hora
de afrontar el problema. Normalmente, será por este factor principal por el que
se co-mience a entrenar la asertividad.
Existen pues, tres tipos de técnicas
(o paquetes de técnicas)
para cada uno de los niveles de funcionamiento:
– Técnicas de Reestructuración Cognitiva
– Entrenamiento en Habilidades Sociales
– Técnicas de Reducción de Ansiedad
Frecuentemente, como complemento a
las técnicas que se utilicen, se añaden otro tipo de técnicas:
– Técnicas de Resolución de Problemas,
que necesitan, para poder ser
llevadas a cabo, de un domi-nio de técnicas cognitivas, conductuales y de
reducción de an-siedad. Por tratarse de una técnica complementaria, ésta no se
describirá en este libro.
5.1. Técnicas de Reestructuración Cognitiva
Este tipo de
técnicas no se utilizan exclusivamente para el entrenamiento de la asertividad.
Normalmente, en cualquier proceso terapéutico, sea cual fuere la problemática
que mues-tre la persona, se realizará una Reestructuración Cognitiva.
Esta consiste en
a) concienciarse de la
importancia que tienen las creencias en no-sotros, creencias la
mayoría de las veces muy arraigadas en cada uno de nosotros desde la infancia,
y que, cuando son irracionales, “saltan” en forma de pensamientos auto-máticos
ante cualquier estímulo problemático y nos hacen sentir mal. En el capítulo 3
hablábamos de lo que son las
80
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
“creencias” o esquemas mentales y exponíamos la lista de Ideas
Irracionales de Ellis.
Por supuesto, no todas las creencias
son irracionales. “La amistad es un valor muy importante y hay que cuidarla” es
una creencia perfectamente racional y como ésta, hay miles de ellas. En una
misma persona “conviven” muchas creencias ra-cionales y una o dos irracionales.
En esta fase, se
suele plantear frecuentemente la clásica pre-gunta: ¿qué viene antes, los
pensamientos o los sentimientos? O dicho de otra forma: ¿son los pensamientos
los que nos hacen sentirnos mal o son los sentimientos los que hacen que
pense-mos de forma errónea? La mayoría de las personas tiende a op-tar por la segunda
alternativa. Sin embargo, según la Psicología Cognitiva, esto no es así: son
las creencias profundamente arrai-gadas en nosotros las que hacen que
contemplemos la realidad de una forma u otra (más optimista, más pesimista, más
derro-tista, etc.), y eso es lo que hará que ante los acontecimientos que nos
ocurran reaccionemos con unos sentimientos u otros.
b) Hacer conscientes,
por medio de autorregistros, los pensamien-tos que va
teniendo la persona a lo largo de un tiempo es-tablecido (unas tres semanas)
cada vez que se siente mal. Parece difícil, pero no lo es. Aunque, ahora mismo,
no nos veamos capaces de decir exactamente qué pensamos en ciertas situaciones,
con un poco de práctica, fácilmente lle-garemos a separar lo esencial del flujo
de frases, palabras, ideas, que nos van asaltando continuamente. Hay que te-ner
en cuenta que no buscamos “ideas correctamente for-muladas”; frecuentemente, un
pensamiento automático es lo que muchos definirían por “sensación”. Por
ejemplo: “malestar porque me sentí ridícula” puede ser un pensa-
81
miento automático:
la persona está interpretando, acerta-damente o no, que está haciendo el
ridículo y, seguramen-te, esto conlleva una serie de temores a lo que pensarán
los demás, a cómo es la imagen que se está dando, etc.
c) Analizar estos
pensamientos para detectar a qué idea irracional corresponde cada uno de ellos. Normalmente, una
persona suele tener 2-3 creencias irracionales afincadas dentro de sí, que
luego salen en forma de los citados pensamientos automáticos. Observando varios
de estos pensamientos automáticos, se sacan las principales ideas irracionales
que posee la persona. Se analiza también en qué medida le están dañando,
haciéndole sacar conclusiones erróneas y muchas veces dolorosas y, por último,
se discute la lógi-ca (o la falta de lógica) que tienen esas creencias
irraciona-les y en qué medida podrían ser sustituidas por otras ideas, más
adaptadas a la realidad.
Esta fase es la más
importante, la más larga y, normalmen-te, requiere de la ayuda de un terapeuta,
ya que, si bien es fácil que cualquier persona mínimamente inteligente cap-te
la lógica o la falta de ella que subyace a sus pensamien-tos, es difícil que la
persona se lo llegue a “creer”. Muchas veces, las personas que inician un
proceso de Reestructu-ración Cognitiva relatan que comprenden lo que se les
di-ce “con la cabeza”, pero no desde su interior.
d) Elegir pensamientos
alternativos a los irracionales, es decir, ar-gumentos que se
contrapongan a los que normalmente ha-cen daño a la persona y que sean lógicos
y racionales. Aquí es donde hay que hallar, normalmente con ayuda de un
te-rapeuta, aquellos argumentos racionales que le sirvan a cada persona individualmente.
A cada uno le convencerá
82
MEJORANDO MI
ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
un tipo de
pensamiento alternativo y no sirve para nada repetirse argumentos muy generales
y muy racionales que la persona no se está creyendo o que le suenan fríos y
dis-tantes. No vale, por ejemplo, decir simplemente el contra-rio a lo que se
está pensando: de “seguro que todos pien-san que soy un idiota” no nos podemos
ir a “seguro que todos me están admirando”, porque la persona no se lo creería
en ningún caso. Tampoco vale el ser positivos por-que sí. No nos podemos pasar
de “esto es un asco, no le-vantaré cabeza nunca” a “no tienes derecho a
quejarte. La vida es bonita en sí, tienes mucha suerte en el fondo”.
La cuestión no es que los
pensamientos alternativos a los irracionales y dolorosos se conviertan en
positivos, sino en más realistas. A veces, habrá que reconocerse
que se ha actuado de forma errónea en una situación, pero se inten-tará no
sacar de quicio las consecuencias de esta mala ac-ción, o no culpabilizarse
gratuitamente.
Esta fase puede durar semanas, ya que
hay que ir proban-do argumentos, reflexionando sobre el porqué no han ser-vido
algunos e ir puliendo poco a poco todos ellos hasta tener un “listado” más o
menos amplio de argumentos que convencen a la persona y que ésta puede aplicar
cuan-do se encuentre mal.
e) Esta es la última
fase de la Reestructuración Cognitiva y la más tediosa, ya que hay que llevar
a la práctica los argumen-tos racionales elegidos. Esto implica
necesariamente una in-sistencia, ya que la persona está muy habituada a pensar
de forma ilógica y los argumentos irracionales saltarán de forma automática,
sin que la persona se haya dado casi cuenta. Debe de insistirse una y otra vez
con los argumen-
83
tos racionales, al
principio después de ocurrida la situación dolorosa, a modo de repaso de lo que
se “podría haber” di-cho, y más adelante, cuando las ideas racionales ya estén
más afincadas, a lo largo de las situaciones dolorosas.
Normalmente, en
terapia se suelen proporcionar técnicas que ayudan a la persona a afianzar sus
nuevas ideas ra-cionales, como son la imaginación, la visualización, etc.
Obviamente, todo
este proceso no es ninguna forma de “la-vado de cerebro”, como algunos clientes
temen al principio, si-no simplemente, una transformación de las propias ideas
en más racionales y realistas, para que no nos hagan daño.
5.1.1. Aplicación de la
Reestructuración Cognitiva a pro-blemas de asertividad
Como ya dijimos, la Reestructuración
Cognitiva es aplica-ble a múltiples disfunciones y problemas de la conducta y
por ello, hemos explicado su proceso de forma general. Para ha-cernos una idea
sobre cómo se aplicaría esto en un problema de asertividad, veamos un ejemplo
real y cómo se han segui-do los cinco pasos descritos con su problema. Se trata
de Elena, la persona con problemas de asertividad (su conducta era sumisa) que
describíamos al principio del libro:
a) Concienciación de la importancia que tienen las creen-cias:
este paso se suele
realizar en forma de exposición teórica, aportando esquemas y gráficos para
facilitarle a la persona la comprensión de lo que se le quiere transmitir. Como
le ocurre a muchas personas, Elena tenía una duda: ¿esos “nuevos” es-quemas que
se supone que debo aprender no harán que cam-bie de personalidad, que ya no sea
“yo”? La respuesta es cla-
84
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
ra: no. Los nuevos
esquemas son simplemente una sustitución de los automensajes irracionales, pero
continúan en la “misma línea”. No se les cambia el contenido, sino la forma de
expre-sarlos. Por decirlo de otra forma, se les elimina la “broza” que hacía
que estos automensajes dañaran a la persona.
b) Concienciación de los propios pensamientos:
Como ya dijimos,
esta fase se realiza mediante Autorregis-tros, que se comentan cada semana en
terapia, para ver cómo la persona va siendo paulatinamente más consciente de lo
que pasa por su cabeza cada vez que se siente mal. La pregunta clave que tiene
que hacerse la persona es: “¿me estoy sintien-do mal, triste, enfadada?”. Si es
así, habrá que rellenar el re-gistro. Mostramos dos extractos de registros
realizados por Elena en esta primera fase:
|
SITUACIÓN |
|
CONDUCTA |
PENSAMIENTO |
SÍNTOMA FÍSICO |
|||||||||
|
Reunión |
de |
di- |
Intento hacerlo |
No puedo hacer |
Dolor de cabeza |
||||||||
|
rectivos, |
yo |
te- |
lo mejor |
posi- |
nada |
mal |
por- |
creciente. |
|||||
|
nía |
que |
tomar |
ble, |
pero |
estoy |
que |
|
todos |
me |
Temblor |
en la |
||
|
notas, hacer |
el |
todo el rato pen- |
están |
mirando. |
mano. |
|
|||||||
|
acta, etc. |
|
|
diente de |
si lo |
Me |
|
está |
tem- |
|
|
|||
|
|
|
|
|
hago |
bien. Les |
blando la mano |
|
|
|||||
|
|
|
|
|
miro |
constante- |
y lo están notan- |
|
|
|||||
|
|
|
|
|
mente de reojo. |
do. Sería |
horri- |
|
|
|||||
|
|
|
|
|
|
|
|
ble si... |
|
|
|
|
||
|
Al llegar a casa |
Hago lo que me |
No |
quiero |
se- |
En el momento, |
||||||||
|
del |
trabajo. Es- |
dicen sin que se |
guir en esta ca- |
nada. Después, |
|||||||||
|
toy |
agotada |
y |
me note lo que |
sa. |
No |
tengo |
en mi |
cuarto, |
|||||
|
mi madre me pi- |
estoy pensando. |
fuerza para ne- |
gran llorera, de- |
||||||||||
|
de a gritos que |
|
|
|
garme a hacer lo |
sesperación. |
||||||||
|
le traslade una |
|
|
|
que |
|
me |
dicen. |
|
|
||||
|
estantería de un |
|
|
|
Me |
|
presionan |
|
|
|||||
|
sitio a otro. |
|
|
|
|
constantemente, |
|
|
||||||
|
|
|
|
|
|
|
|
no puedo más. |
|
|
||||
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
85
c) Identificación de la Ideas
Irracionales que subyacen a los automensajes y análisis de su “lógica” o de la
falta de ella.
Estando Elena ya
familiarizada con las diez “Ideas Irracio-nales” de Ellis, se le propusieron
una serie de autorregistros en los que ella misma tenía que identificar la Idea
Irracional que subyacía al pensamiento que estaba teniendo. Elena intentó
realizar este análisis lo más cercano temporalmente al mo-mento en el que se
producía su malestar, para así ir acostum-brándose a analizar sus pensamientos
en el momento en el que se producían. Tras varios registros de este tipo:
|
SITUACIÓN |
PENSAMIENTO |
IDEA RRACIONAL |
|
Mis hermanos se en- |
No debo de estar ha- |
“Si algo es o puede ser |
|
frentan con dureza a |
ciéndolo bien, porque |
peligroso...” (Idea nº |
|
mi madre. Yo intento |
no voy a ninguna par- |
6) y “Un suceso pasa- |
|
mediar, sin ningún |
te. Soy así desde siem- |
do...” (Idea 9). |
|
éxito. |
pre y nada me va a |
|
|
|
hacer cambiar, ni la te- |
|
|
|
rapia ni nada. |
|
|
|
|
|
se llegó a la
conclusión que Elena tenía dos Ideas Irracionales fuertemente arraigadas
(consultar la lista de Ideas Irracionales expuesta en el capítulo 3): la nº 4
(“Es horrible que las cosas no salgan como a uno le gustaría”) y la nº 6 (“Si
algo es o puede ser peligroso o amenazante, hay que preocuparse mucho al
respecto y recrearse constantemente en la posibilidad de que ocurra”). Se
analizaron todos los registros apuntados hasta el momento desde este nuevo
punto de vista: ¿cómo están re-percutiendo “mis” Ideas Irracionales en los
automensajes y pensamientos que voy teniendo y que me producen malestar?
También se analizó la lógica o el realismo que tenían sus pen-samientos. Por
ejemplo: “el que me diga a mí misma que esto
86
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
nunca se solucionará, ¿es realista?
¿Cómo sé yo que realmen-te ‘nunca’ se solucionará? El pensar eso, cuando en
verdad no lo sé, ¿me está sirviendo de algo o sólo me hace sentirme peor y
frenarme para buscar alternativas?”.
También apuntó y
analizó en registros estas cuestiones de la “lógica” o racionalidad que podían
tener sus pensamientos. Lo importante era que, después de haberlo hecho varias
veces en terapia, Elena lo hiciera por sí sola, sin ayuda externa:
|
SITUACIÓN |
PENSAMIENTO |
¿ES IRRACIONAL? |
|
TIPO DE |
|||||||
|
PENSAMIENTO |
|||||||||||
|
En una |
“copa” |
Nunca |
voy |
a |
Es |
irracional, |
“Es |
necesario |
|||
|
ofrecida |
por el |
poder hablar en |
porque este tipo |
ser querido...” |
|||||||
|
Gerente |
(Navi- |
público. |
Me |
de gente no se |
(Nº 1) |
|
|||||
|
dad) |
|
pongo demasia- |
para |
a analizar |
“Si |
algo |
es o |
||||
|
|
|
do |
nerviosa. |
si lo |
que |
digo |
puede ser |
peli- |
|||
|
|
|
Voy |
a meter |
la |
está bien o mal. |
groso...” |
|
||||
|
|
|
pata y dirán que |
Además, |
no sé |
(Idea nº 6). |
|
|||||
|
|
|
soy una inculta. |
si |
realmente |
|
|
|
||||
|
|
|
|
|
|
|
“nunca” |
cam- |
|
|
|
|
|
|
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|
|
|
|
biaré. |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
d) Elección de
pensamientos alternativos a los irracionales
Como decíamos,
aunque esta fase parece la más difícil, es en realidad bastante fácil de
superar. Solamente hay que ela-borar pensamientos alternativos, siguiendo unos
patrones de “racionalidad” y elegir los que más le sirvan a cada persona. En
esta fase, no se pretende que los pensamientos alternativos se elaboren lo más
seguido posible a los pensamientos espon-táneos, sino que se pueden y deben
idear en calma, en casa. Es esta una fase de búsqueda de pensamientos válidos
para la persona, no de aprendizaje y habituación a ellos. Así, en el ca-so de
Elena, en una situación de reunión con las demás secre-tarias de su empresa, y
pensando en un primer momento:
87
“Nunca podré
expresar en público lo que opino. ¿Por qué to-do lo que intento decir me tiene
que salir de forma rara y rígi-da?”, ella elaboró los siguientes pensamientos
alternativos:
“Me esfuerzo, pero aún no consigo los
resultados que me gustarían. He conseguido superar la tensión en pequeñas
si-tuaciones, pero tengo que seguir trabajando las situaciones más difíciles”.
Estos pensamientos
suenan muy racionales y lógicos, pero cualquier terapeuta con experiencia se
daría cuenta de que no suenan auténticos. Son, por así decirlo, excesivamente
“de li-bro”. Cuando se le dijo esto a Elena, reconoció que, efectiva-mente, lo
había escrito para “quedar bien” y demostrar que sa-bía hacer las tareas, pero
que estos automensajes no la conven-cían en absoluto. Tras repetírsele de nuevo
que los pensamien-tos alternativos no tienen que ser “bonitos”, sino eficaces
para cada persona en particular, Elena elaboró estos automensajes para la misma
situación anterior, que sí le convencían más:
“Esta vez no he
podido decir lo que pensaba, pero última-mente lo había conseguido algunas
veces. No tiene sentido sentirme culpable por no hacer las cosas bien. Además,
los de-más no se dedican a analizar lo que yo digo”.
Esta fase es algo
pesada para la persona, ya que se trata de rellenar registros y más registros1, analizando los
pensamien-tos que causan malestar y elaborando pensamientos alternati-vos, que
luego se dividen en “eficaces” e “ineficaces”. Al cabo de un tiempo, la persona
se va dando cuenta de cuál es el “to-nillo” que más le convence o qué tipo de
automensajes racio-
1. En terapia
cognitivo-conductual se trabaja mucho con Autorregistros como instrumento de
información y trabajo. Es por ello que aparecen en todas las fases de
Reestructuración Cognitiva.
88
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
nales le
tranquilizan más. Elena, por ejemplo, se sentía mejor si evocaba situaciones en
las que sí había actuado correcta-mente, en contraste con la situación dolorosa
que acababa de pasar. También le servía analizar si lo que estaba temiendo era
objetivo y realista, o si era más bien fruto de sus temores. Por ejemplo, este
tipo de pensamiento resultó ser eficaz:
Ante la situación
“ha venido mi vecina a casa a reclamar por una inundación, y yo no he sido
capaz de decir nada. Me ha da-do miedo por si me salía ‘raro’”, la tendencia
primera de Elena era pensar “soy una cobarde. Jamás seré capaz de enfrentarme a
situaciones como ésta. Seguro que ya me ha clasificado como la ‘rara’ de la
casa”. Su pensamiento alternativo, que elaboró posteriormente, meditándolo con
calma, fue: “por un lado, la vecina, en el fondo, no me importa tanto. Tampoco
nos conoce-mos tanto como para que ya me haya etiquetado, todavía ten-go
posibilidades de cambiar mi imagen. La próxima vez, me prepararé bien la
actitud a tomar y me intentaré relajar más”.
e) Aplicación de los pensamientos alternativos elegidos en la vida
cotidiana
Tras muchos
autorregistros, se pretendía que Elena ya no tuviera que meditar y elaborar
lentamente sus pensamientos alternativos, sino que los automatizara y pudiera
decírselos los más cercanamente posible a la aparición de los mensajes dañinos
e irracionales. Por ello, los autorregistros que tuvo que rellenar en esta fase
ya no incluían el contenido de sus pensamientos, sino sólo sus resultados:
89
|
|
ASPECTOS |
|
ASPECTOS DE LA |
EVALUACIÓN |
||
|
SITUACIÓN |
SATISFACTORIOS |
EJECUCIÓN QUE |
GLOBAL BUENA- |
|||
|
|
DE LA EJECUCIÓN |
NECESITAN |
REGULAR-POBRE |
|||
|
|
|
|
|
|
MEJORARSE |
|
|
|
|
|
|
|||
|
En casa, con tíos |
He hablado con |
Me ha costado |
Regular |
|||
|
y primos. |
todos. |
Me |
he |
arrancar, por- |
|
|
|
(Cumpleaños) |
acercado a |
va- |
que constante- |
|
||
|
|
rios |
grupos |
y |
mente pensaba |
|
|
|
|
luego he habla- |
que iba a meter |
|
|||
|
|
do con personas |
la pata. |
|
|||
|
|
sueltas. |
|
|
|
|
|
|
He hablado con |
He dicho frases |
A veces me des- |
Buena |
|||
|
otros compañe- |
cortas de vez en |
cubría demasia- |
|
|||
|
ros. (Café) |
cuando |
y |
he |
do pendiente de |
|
|
|
|
apoyado distin- |
las miradas y |
|
|||
|
|
tas |
opiniones |
me ha dado mu- |
|
||
|
|
con |
monosíla- |
cha rabia. |
|
||
|
|
bos |
y |
gestos |
|
|
|
|
|
afirmativos. |
|
|
|
||
|
|
|
|
|
|
|
|
Obviamente, como habréis podido
adivinar a raíz de este último registro, a Elena se le enseñaron simultáneamente a
la Reestructuración Cognitiva, habilidades sociales muy concre-tas para mejorar
su conducta asertiva. Sin éstas, hubiera sido difícil que Elena hubiera
mejorado, ya que, como todo el mun-do, necesitaba ver algún éxito propio para
poder elaborar pen-samientos alentadores.
A continuación, aún
insistiendo en que es la persona la que tiene que encontrar sus propias ideas
alternativas, presenta-mos, como sugerencia, unos cuantos pensamientos
racionales que pueden ser alternativa a las ideas irracionales que apare-cen
con mayor frecuencia en los problemas de asertividad:
90
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
1. PROBLEMAS DE
SUMISIÓN
Ideas Irracionales más frecuentes:
Idea Irracional nº 1: Es necesario
obtener la aprobación y el cariño de todas las personas relevantes para mí
Comportamientos típicos:
• no expresar opiniones y deseos personales
• evitar conflictos
aunque otras personas violen sus derechos
• gastar mucha
energía para lograr la aprobación de otros
• refrenar sentimientos (positivos y/o negativos).
Alternativas racionales:
• No puedo gustar a todo el mundo.
Igual que a mí me gus-tan unas personas más que otras, así también les ocurre a
los demás respecto a mí.
• En el caso de que alguna persona que
me importa no apruebe algo de mi comportamiento, puedo decidir si lo quiero
cambiar, en vez de estar lamentándome de mi ma-la suerte.
• Intentando gustar a todo el mundo, no
hago más que gas-tar excesiva energía y no siempre obtengo el resultado
deseado. Puedo determinar lo que yo quiero hacer, más que adaptarme o
reaccionar a lo que pienso que las otras personas quieren.
• Tengo que
determinar si el rechazo es real o si estoy in-terpretando precipitadamente
reacciones de los demás; y si este rechazo fuera real, debo de ver si se basa
en una conducta inapropiada por mi parte o no. En el caso de que no fuera
inapropiada, puedo encontrar a otras perso-nas con las que sí pueda exhibir
esta conducta.
91
Idea irracional nº
2: Hay que ser totalmente competente en todo lo que se emprenda y no permitirse
el más mínimo error
(esta idea no la habíamos citado
hasta ahora como ligada a la falta de asertividad, pero hemos apreciado que,
normal-mente, las personas sumisas suelen tenerla también fuerte-mente
arraigada. También se podría resumir como “perfeccio-nismo”).
Comportamientos típicos:
• Excesiva ansiedad en las situaciones en las que se debe de “dar la
talla”
• Evitación de las interacciones sociales por miedo a no te-ner nada
interesante o digno de decir
• Evitar la práctica de actividades sociales placenteras por miedo al
fracaso
• Conducta callada, aparentemente pasiva, cerrada, por preferir ésta a
“meter la pata”.
Alternativas racionales:
• Me gustaría ser perfecto para esta situación, pero no ne-cesito serlo
• Mi valía personal no tiene nada que
ver con el resultado de mis conductas. No por hacer algo mejor o peor soy más o
menos persona.
• Intentando hacer las cosas
perfectamente no llegaré a ser feliz nunca y me sentiré siempre presionado.
Intentaré sustituir el hacer las cosas “perfectamente” por “adecua-damente”.
• No hay nadie que sea perfecto ni competente en todo.
¿Por qué me exijo un imposible?
92
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
2. PROBLEMAS DE
AGRESIVIDAD
Ideas Irracionales más frecuentes:
Idea Irracional nº 3: Hay personas
malvadas y viles que deben de ser seriamente castigadas por sus villanías
Comportamientos típicos:
• Actuar agresivamente con otras
personas, de forma abier-ta: críticas por la incompetencia, maldad o falta de
sensi-bilidad de los otros
• Cuestionar casi siempre los motivos que tienen los demás para obrar como
obran
• Clalsificar a los demás en “buenos” y “malos”
• Tratar a los demás como individuos
sin valor, que mere-cen ser condenados porque han cometido errores
imper-donables.
Alternativas racionales:
• Puede que me sienta
herido o irritado por algo que me ha-yan hecho, pero eso no significa que la
persona sea mala.
• Cuando castigo a alguien, gasto mucha
energía en balde, sobre todo porque rara vez mi castigo induce a la perso-na a
cambiar.
• El hecho de que una persona haya
actuado de forma in-justa, equivocada, etc. no significa que siempre sea así,
ni que tenga una personalidad mala. No debo confundir “hacer” con “ser”.
• No porque piense que algo está mal
quiere decir que real-mente esté mal. Una cosa son mis pensamientos y otra, la
realidad.
93
Idea Irracional nº 4: Es horrible que las cosas no salgan como a mí me
gustaría que saliesen
Comportamientos típicos:
• Grandes enfados ante cosas nimias
• Actuar lamentándose o con constantes quejas sobre los demás
• Actitud intolerante hacia lo que ocurre, sobre todo, ante los cambios
• Hablar con gran amargura acerca de la vida, las personas, la suerte...
Alternativas racionales:
• Esto no me ha salido bien, pero no es una catástrofe. Puedo sobrevivir a
ello.
• Si esta situación no me gusta, voy a
intentar pensar cómo cambiarla, en vez de estallar en agresiones que no me
lle-van a ninguna parte.
• Comportándome de forma agresiva sólo
gasto excesiva energía que, finalmente, irá en contra de mí, más que en contra
de las circunstancias que ataco.
• Si no se puede
cambiar la situación, debo pensar que sien-do agresivo tampoco voy a cambiarla.
Ser agresivo/a me puede proporcionar un alivio a corto plazo, pero a la lar-ga,
es mejor que acepte las circunstancias tal y como son.
Una forma muy
habitual de aplicar la Reestructuración Cognitiva a la práctica de la
asertividad es transformando las ideas racionales aprendidas en los
llamados automensajes. Esta técnica sigue las pautas de
Meichenbaum, inventor de un excelente método para combatir dificultades llamado
“Inocu-
94
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
lación del Stress”, del que la
técnica de los automensajes es só-lo una pequeña parte.
Como ya decíamos
antes, estamos constantemente pen-sando, sacando conclusiones, adaptando
esquemas mentales a la situación concreta, en un caudal de pensamientos que
só-lo si hacemos un esfuerzo consciente, podemos parar y anali-zar. Pues bien,
en una situación cualquiera, ya sea entrar en un bar y pedir una copa,
solicitar la revisión del sueldo o sa-lir con la pareja a cenar (por poner
situaciones “asertivas”), se pueden delimitar cuatro fases en las que los
pensamientos que tengamos en ese momento cobran especial importancia:
– Antes de comenzar la situación, cuando todavía no
he-mos entrado en ella, pero ya estamos preparándonos mentalmente para
afrontarla (tanto si nos cuesta afron-tarla como si no: siempre hacemos una
pequeña “prepa-ración” mental). Por ejemplo: antes de salir de casa hacia una
reunión.
– Al comenzar la situación, es decir, nada más entrar
en el bar, o después de entrar en el despacho del director o al dar los
primeros pasos tras saludar a la pareja. Es cuan-do, de alguna forma, todos los
estímulos, los temidos, los ansiados y los neutros, se “nos vienen encima”,
recor-dándonos situaciones parecidas, ya hayan sido exitosas o un fracaso.
– En un
momento tenso. Esto no siempre tiene que ocurrir: puede que la situación
transcurra con toda calma y nor-malidad. Pero si existe este momento, será muy
importan-te para la persona que lo está viviendo, ya que le condi-cionará los
posteriores momentos. En esta fase es cuando se disparan las respuestas de
ansiedad, cuando salen las
95
más profundas convicciones
irracionales y, seguramente, también se distorsionarán las conductas
habituales.
– Después de acabada la situación, cuando, igual que al
prin-cipio, independientemente de que hayamos estado tensos o tranquilos,
extraemos nuestras conclusiones sobre lo ocurrido.
Lo que nos digamos
(o las “sensaciones” que tengamos) en cada uno de estos cuatro momentos
determinará de forma ab-soluta nuestra conducta y nuestros sentimientos de esa
situa-ción y de las siguientes. Los cuatro son igual de importantes, y no se
puede decir que haya alguno de ellos que marque me-nos que los otros, con la
salvedad de que el momento tercero (“El momento tenso”) no siempre tiene que
darse.
¿Por qué son tan importantes estos cuatro momentos?
Lo que nos
decimos antes suele ser una mezcla de lo que vi-vimos en
experiencias anteriores o en situaciones similares, una evaluación sobre
nuestros recursos para afrontar la nueva situación y conjeturas sobre los que
creemos nos espera y que determinará la facilidad o dificultad que tiene la
situación pa-ra nosotros. De estos pensamientos anteriores dependerá casi en un
75% el ánimo con el que afrontemos la situación y, se-guramente, nuestra
conducta. Si nos tememos lo peor, nos de-cimos a nosotros mismos que no somos
capaces de salir airo-sos o estamos excesivamente pendientes de personas o
ele-mentos que nos dan inseguridad, iremos hacia la situación co-mo si fuéramos
al matadero y esto se reflejará también en nuestra actitud y conducta.
Lo que nos
decimos al comenzar la situación es igualmente importante. En
ese momento es cuando buscamos elementos que nos confirmen o contradigan lo que
pensábamos antes de
96
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
entrar en ella. Si
la persona temerosa ve (¡o cree!) confirmados sus temores, observando, por
ejemplo, que X, a quien tanto te-me, está presente o que su pareja llega con
mala cara, comen-zará a tener, a partir de aquí, una cadena de pensamientos, en
su mayoría irracionales y por lo tanto perniciosos, que muy probablemente
desembocarán en un momento de gran tensión y malestar. Resumiendo, al comenzar
la situación, la persona realiza una evaluación de la situación de la que
dependerá su posterior conducta y actitudes.
Si se da el momento
tenso, los pensamientos suelen aparecer de forma bastante disparada y la
ansiedad ocupa toda la aten-ción de la persona. Este momento es importante no
sólo por el lógico malestar que produce, sino también porque influirá mucho en
las posteriores actuaciones de la persona, tanto den-tro de la misma situación
como en situaciones posteriores. Más importante que la tensión que sienta la
persona es la sen-sación que haya tenido respecto a ella. De nuevo, la
evalua-ción que haga la persona de este momento y su capacidad de dominarlo es
lo que determinará los siguientes momentos.
Y finalmente, lo
que nos digamos después, una vez pasada la situación, marcará las
experiencias siguientes de forma con-tundente. Se podría decir que el “después”
de una situación es el “antes” de la siguiente. Si después de vivida una
situación de interacción, concluimos que una vez más hemos fracasado, que no
tenemos remedio y analizamos hasta el más mínimo detalle para sacar
conclusiones casi siempre negativas, afron-taremos las situaciones similares (y
hasta las no similares) con sensación de fracaso e inseguridad, lo que, de
nuevo, determi-nará nuestra conducta y sentimientos para con esa nueva
si-tuación.
97
Al realizar una
Reestructuración Cognitiva y aplicarla al campo de la asertividad, se analizan,
mediante autorregistros, los automensajes que repetidamente se lanza la persona
en es-tos cuatro momentos. Una vez entresacados los principales automensajes,
se busca la irracionalidad en ellos y se analiza de qué forma están influyendo
en la conducta y los recursos de la persona. Después, se sustituyen por otro
tipo de mensa-jes, más racionales y realistas, que tranquilicen a la persona y
la alienten a aplicar los recursos que tenga para afrontar airo-samente la
situación. Estos mensajes, que deberán de ser no más de 4-5 para cada uno de
los cuatro momentos, tendrán que ser aprendidos por la persona casi de memoria
y ser in-troducidos (pensados) al principio de forma forzada y artifi-cial,
para posteriormente, a base de repetirlos una y otra vez, convertirse en
automáticos y habituales. También los pensa-mientos negativos fueron
instaurados de esta forma, repitién-dolos una y otra vez, por lo tanto, nada
dice que no se puedan sustituir por otros más tranquilizadores. Pero para ello,
la per-sona tiene que estar convencida de ellos y “creérselos”, por lo menos,
en teoría. Para facilitar las cosas, existen unas pautas generales sobre qué
tipo de contenidos deberían de tener los pensamientos en cada uno de los cuatro
momentos. A partir de estas pautas, la persona tiene que encontrar los
automen-sajes que mejor le vengan. Estas pautas son las siguientes:
1º. AUTOMENSAJES “ANTES”:
• Mensajes que combatan el pensamiento
temeroso (“Pen-sando esto me estoy causando malestar. Es mi pensa-miento el que
me hace sentir mal”)
• Mensajes que
centren a la persona en lo que tiene que ha-cer y le alejen de cualquier otro
pensamiento (“Vamos a
98
MEJORANDO MI
ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
ver: ¿a qué me tengo que enfrentar exactamente? ¿Cómo voy a hacerlo esta
vez concreta?”)
• Mensajes que recuerden la decisión de
afrontamiento (“Sé que puedo afrontarlo. Tengo recursos para ello. Sólo es mi
pensamiento el que me paraliza”).
2º. AUTOMENSAJES “AL COMENZAR”:
• Mensajes que
recuerden las estrategias de afrontamiento (“Ahora es el momento de aplicar lo
que sé: voy a relajar-me, a decirme cosas tranquilizadoras...”)
• Mensajes que hagan que la persona se
centre en lo que es-tá haciendo en ese momento (“No voy a irme a otras
si-tuaciones. Me voy a fijar sólo en lo que estoy haciendo ahora mismo”)
• Mensajes que refuercen la propia
capacidad de afronta-miento (“Otras veces lo he superado. ¿Por qué esta vez no
voy a hacerlo?”).
3º. AUTOMENSAJES “EN UN MOMENTO TENSO”:
• Mensajes que insten a soportar la
situación hasta que ha-ya pasado (“Ahora estoy mal, pero puedo recuperar-me”)
• Mensajes que frenen los pensamientos
derrotistas (“Voy a observarme fríamente, como desde fuera. No me voy a dejar
llevar por mis pensamientos”)
• Mensajes de afrontamiento (“¿Qué
tengo que hacer? Puedo relajarme y respirar, responder o comportarme de tal
forma...”)
99
4º. AUTOMENSAJES “DESPUÉS”:
• Mensajes que
evalúen el intento de forma positiva, ya ha-ya sido un éxito o un fracaso
(“Bueno, lo he intentado y eso ya es algo. ¿Qué puedo aprender para la próxima
vez?”)
• Mensajes que valoren cada pequeño
paso que se haya da-do (“He avanzado algo respecto a otras veces. He dado estos
pasos:...”)
• Mensajes que eliminen cualquier
autorreproche (“Si me regaño o culpabilizo, sólo me condiciono para que la
pró-xima vez esté más inseguro. Autorreprocharme no me sir-ve de nada”).
A modo de ejemplo,
veamos los automensajes que se pue-de enviar, en cada uno de los cuatro
momentos, una persona no asertiva y con qué otros automensajes transformados
pue-de combatirlos. Lo veremos con el ejemplo de Elena, la perso-na sumisa que
describíamos al principio:
Elena iba a quedar con unas antiguas
compañeras de estu-dios, a las que hacía mucho tiempo que no veía, para ir al
cine y tomar algo.
ANTES de enfrentarse a la situación, es decir,
cuando toda-vía estaba en casa reflexionando sobre la tarde que le espera-ba,
se decía a sí misma:
“Van a estar
hablando todas y no voy a saber cuándo me-terme en la conversación. Si ya sé
que no sirvo para estas co-sas, ¿por qué voy? Además, si está Puri, me muero;
con lo cor-tante que es. No diré ni palabra. ¿A mí quién me manda ir con éstas
al cine? Estaría más tranquila en casa”.
Al ser preguntada
sobre el efecto que causaban estas frases en su estado de ánimo, contestó: “me
dan ansiedad: se me po-
100
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
ne mal el estómago nada más pensar en
ello. Ya voy con mie-do y me siento paralizada nada más comenzar la
conversa-ción. Como todo el rato voy pensando lo mismo, soy incapaz de decirme
nada más”.
AL COMENZAR la situación,
es decir, al encontrarse con las compañeras e iniciar las salutaciones,
esperando que llegaran to-das, Elena, según su propio relato, observaba la
situación y siem-pre encontraba algo que le daba miedo. Se decía algo parecido
a:
“Efectivamente,
está Puri. ¿Y ahora qué hago?” o “Como me temía, ya están todas en grupo, ¿cómo
me meto?”, y conti-nuaba: “Dios mío, ¿y ahora con quién hablo? Voy a estar como
una idiota, toda la tarde sin decir ni mu, qué vergüenza”.
El efecto que estos pensamientos
causaban en ella está muy claro: “Me bloquean y paralizan. Cuando alguien se
acerca a mí, estoy completamente en blanco”.
En UN MOMENTO TENSO, que podía ser, por ejemplo, cuando
alguien le preguntaba una cosa y todas se giraban hacia ella, esperando la
respuesta, Elena se solía quedar completamente en blanco y bloqueada, sin
llegar siquiera a pensar algo, o pen-saba lo siguiente:
“Vamos, venga, di algo, tienes que
decir algo. ¿Pero qué me ha preguntado? ¡Tengo que decir algo!”.
“Me están mirando, se están dando
cuenta de que soy rara.
Yo me voy de aquí”.
Y, finalmente, DESPUÉS de la
situación, es decir, ya en casa, pensando sobre lo ocurrido por la tarde, Elena
se decía:
“Sabía que iba a pasar esto, lo
sabía, siempre me pasa igual. He hecho un ridículo espantoso, he vuelto a hacer
la idiota, no tengo remedio. La próxima vez no voy, eso está claro, me in-vento
una excusa y no voy”.
101
También aquí está
claro el efecto que tales pensamientos causaban en Elena: “logran su propósito
claramente: cada vez evito más este tipo de situaciones y me siento
horriblemente fracasada y frustrada respecto a mis relaciones sociales”.
¿Qué se podía decir Elena en vez de
todas esas frases para-lizadoras?
En primer lugar,
tuvo que ser consciente de que se estaba diciendo tales afirmaciones y del daño
que le estaban hacien-do. Seguidamente, se le presentó la lista de pensamientos
al-ternativos “standard” para que, inspirándose en ellos, elabo-rara sus propios
pensamientos alternativos, que a ella y sólo a ella, le convencieran.
Analizando sus pensamientos negativos habíamos llegado a la conclusión de que
los autorreproches le bloqueaban todavía más, por lo tanto, los pensamientos
alter-nativos debían de tener un tono cariñoso y conciliador consi-go misma.
Así los apuntó ella misma:
Pensamientos alternativos “antes de”:
– Es tu pensamiento el que te juega
malas pasadas. Pensan-do que te vas a bloquear, te vas a bloquear de verdad.
– En vez de pensar en lo terrible que puede ser, voy a pen-sar los pasos
que tengo que dar, desde que me acerco a ellas hasta el final: ...
– Si pienso que no tengo por qué hablar y que dispongo de otros
recursos, no puedo ponerme mal.
Pensamientos alternativos “en un primer momento”:
– En vez de observar qué es lo que me da miedo, observaré dónde hay una
persona o grupo con la que me sienta algo más segura.
102
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
– Voy a centrarme
sólo en este momento y no pensar nada más: me relajo, respiro hondo, escucho
las conversaciones, sonrío...
– Otras veces me ha salido. Esta vez
también me puede salir.
Pensamientos alternativos “en un momento tenso”:
– Esto pasará. Me relajaré, respiraré hondo y esperaré a que pase.
– No me voy a ir. No pasa nada por
tener un momento malo.
– Ya sabía que podía pasar esto y estoy preparada. Diré la excusa que
tenía pensada (“perdona, hoy estoy un poco ida”) y me dedicaré a escuchar lo
que dicen los demás hasta que me sienta más tranquila.
Pensamientos alternativos “después”:
– Los autorreproches no me sirven de
nada. No voy a repa-sar la situación para encontrar lo que he hecho mal.
– Puedo aprender de los fracasos: ¿qué me han enseñado para cuando tenga
una situación parecida?
– He avanzado un poco respecto a otras veces. Estos son los pasos que he
dado esta vez: ...
Como vemos en este
ejemplo, los automensajes no se que-dan en simples declaraciones de
intenciones, sino que siempre van acompañados de estrategias concretas para
afrontar la si-tuación. Si se quedaran sólo en el pensamiento, no servirían de
mucho. Así, por ejemplo, “en un primer momento”, los auto-mensajes invitan a
respirar, a relajarse y a desarrollar una se-rie de estrategias personalizadas (que
le sirven a esa persona en concreto) para salir airoso de la situación:
sonreír, escuchar, sa-ludar, etc. Los pensamientos “en un momento tenso”
invitan a desarrollar estrategias como decir una frase-comodín que la
103
persona tiene que tener preparada
previamente y que contri-buya a dar un cariz de “normalidad” al posible bloqueo
(“per-dona, es que hoy estoy un poco ida”).
☺ Piensa tú ahora en una situación de
interacción que, repetidamente, te cause malestar e inseguridad. Con ella,
re-llena el siguiente cuestionario:
EJEMPLOS DE AUTOMENSAJES NEGATIVOS Y
POSITIVOS
1) ANTES de
enfrentarte a una situación temida, cuando uno se prepara mentalmente para lo
que pueda ocurrir, tú te dices:
...................................................
¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas
frases?
Deberías de decirte mensajes que:
- combatieran el pensamiento temeroso
- te centraran en lo que vas a hacer y nada más
- te recordaran la decisión de afrontamiento Ejemplos:
“Pensando esto estoy creándome angustia. Es mi pensamiento el que me
hace sentir mal”.
“Vamos a ver: ¿a qué me tengo que
enfrentar exacta-mente? ¿cómo voy a hacerlo esta vez concreta?”.
“Sé que puedo afrontarlo. Tengo recursos para ello.
Sólo es mi pensamiento el que me paraliza”.
Tus mensajes:
...................................................
104
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
2) AL COMENZAR la situación
temida, cuando corres el peligro de interpretar tus reacciones de stress,
tú te dices:
...................................................
y te sientes:
...................................................
¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas
frases?
Deberías de decirte mensajes que:
- te recordaran estrategias de afrontamiento
- te centraran en lo que estás haciendo en ese mo-mento
- te reforzaran tu capacidad de enfrentarte a la situa-ción
Ejemplos:
“Ahora es el momento de aplicar lo
que sé: voy a re-lajarme, luego me diré automensajes tranquilizado-res, etc.”.
“No debo generalizar a otras
situaciones. Me voy a centrar en lo que está ocurriendo ahora mismo”.
“Otras veces lo he superado. ¿Por qué
no voy a ha-cerlo esta vez?”.
Tus mensajes:
...................................................
105
3) EN UN MOMENTO TENSO, cuando te encuentras desespera-da/o
y temes lo peor,
tú te dices:
...................................................
y te sientes:
...................................................
¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas
frases?
Deberías de decirte mensajes que:
- te instaran a aguantar la situación hasta que pase, sin huir de ella
- te centraran en el momento presente
- te prepararan para el afrontamiento
Ejemplos:
“Sé que esta situación pasa. Esperaré
hasta que me haya tranquilizado”.
“Voy a observar mis reacciones como
si estuviera fue-ra de mí. No me voy a dejar llevar por mis pensa-mientos”.
“¿Qué tengo que hacer? Puedo
relajarme, respirar, responder o comportarme de tal forma, etc.”.
Tus mensajes:
...................................................
106
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
4) DESPUÉS de la
situación, cuando sacas conclusiones sobre lo ocurrido,
tú te dices:
...................................................
tú te sientes:
...................................................
¿Qué efecto crees que causan en ti (en tus temores y con-ducta) estas
frases?
Deberías de decirte mensajes que:
- te hicieran evaluar el intento de forma constructiva (ya haya sido un
éxito o un fracaso)
- te hicieran valorar cada pequeño paso que hayas dado
- eliminaran cualquier autorreproche
Ejemplos:
“Bueno, lo he intentado y eso ya es
algo. ¿Qué puedo aprender para la próxima vez?”.
“He avanzado algo respecto a la
última vez. He dado estos pasos: ...”.
“Si me regaño o culpabilizo, sólo me
condiciono para que la próxima vez esté más inseguro. Autorrepro-charme no me
sirve de nada”.
Tus mensajes:
...................................................
107
5.2. Entrenamiento en habilidades sociales
Este tipo de
entrenamiento está enfocado a desarrollar ex-clusivamente los déficits
conductuales del sujeto, es decir, to-do lo referido al comportamiento externo
que exhiba la per-sona con problemas de asertividad. Rara vez se requerirá
só-lo este tipo de entrenamiento: la mayoría de las veces, por no decir todas,
hay que realizar primeramente una intervención en el terreno cognitivo, para
luego pasar a enseñar estas habi-lidades conductuales. Pero también es cierto
que, casi siem-pre, la persona que muestra unos pensamientos racionalmen-te
erróneos se comporta de forma inadecuada, ya sea “pecan-do” por exceso o por
déficit de respuesta asertiva.
Lo primero que debe de saber una
persona que quiera en-trenarse en habilidades asertivas adecuadas es qué
conductas concretas puede exhibir. Hay grandes listados de “trucos” asertivos
que se pueden utilizar para diversas situaciones de aprieto, compromiso,
aclaración de dudas o malentendidos, etc. Dependerá del tipo o tipos de
situación en el que la per-sona tenga mayores dificultades el que se entrene un
tipo u otro de conducta. Conviene, sin embargo, en cualquier caso, tener
conocimiento de lo común de las respuestas asertivas, para hacerse una idea de
sobre qué versan estos tipos de con-ducta. Veamos entonces, primeramente, en
líneas muy gene-rales, las formas básicas de comportamiento asertivo que
existen:
108
MEJORANDO MI
ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
5.2.1. Tipos de respuesta asertiva
1. ASERTIVIDAD POSITIVA
Expresión adecuada de lo bueno y
valioso que se ve en las otras personas.
Es tal vez la conducta asertiva más
fácil de realizar, ya que el sujeto no se tiene que implicar directamente ni
debe de de-fenderse ante algo. La iniciativa parte del sujeto, es decir, no es
una respuesta a algo que emita otra persona, con lo cual, no se presta a tener
que improvisar.
La asertividad
positiva consiste simplemente en expresar, con frases adecuadas y en el momento
preciso, algo positivo de otra persona. Esto abarca desde “te sienta bien tu
nuevo peinado” hasta “me gustó mucho lo que dijiste el otro día”.
Frecuentemente nos olvidamos de
expresar halagos y elo-gios a las demás personas, porque damos por hecho que lo
positivo es lo normal. Sin embargo, a la hora de criticar, ya sea interna
(autocrítica) o externamente, no ahorramos palabras. Pero, como recalca J. V.
Bonet: “No tenemos derecho a criticar si no estamos dispuestos a elogiar”. Por
medio del aprendi-zaje de la asertividad, podemos ser más conscientes de este
déficit y modificarlo.
2. RESPUESTA ASERTIVA
ELEMENTAL
Expresión llana y simple de los
propios intereses y de-rechos.
Las típicas
situaciones en las que es necesario utilizar esta forma básica de respuesta
asertiva son interrupciones, desca-lificaciones, desvalorizaciones, etc.
Siempre que nos sinta-mos, de alguna manera, “pisados” por otro u otros y a la
más
109
mínima que creamos que no se nos
respeta, debemos expre-sar nuestros derechos sin dejar pasar la situación.
Cada persona deberá
encontrar el tipo de frases con las que se sienta más cómodo para expresar que
no tolera ser pasado por alto y que tiene unos derechos. Lo importante es que
lo que se di-ga se haga en un tono de voz firme y claro, pero no agresivo.
Típicos ejemplos de respuesta
elemental serían: “No he terminado de hablar y quisiera hacerlo”; “por favor,
no insis-tas, te he dicho que no puedo”; “¿me permites hablar un mo-mento? No
lo he hecho hasta ahora”; “no me grites, yo tam-poco lo estoy haciendo”, etc.
3. RESPUESTA ASERTIVA ASCENDIENTE (O ASERTIVIDAD ESCALO-NADA)
Elevación gradual de la firmeza de la
respuesta asertiva.
Más que una forma de respuesta es una
pauta de compor-tamiento.
Cuando la otra
persona no se da por aludida ante nuestros intentos de asertividad e intenta
una y otra vez ignorarnos a nosotros y nuestros derechos, se hace necesario no
achantarnos y ceder terreno “por no insistir”; sino aumentar escalonada-mente y
con paciencia la firmeza de nuestra respuesta inicial, sin caer por ello en una
respuesta agresiva.
Por ejemplo: “por favor, no me
interrumpas” - ... - “Te pedí antes que no me interrumpieras. Me gustaría
terminar lo que quería decir” - ... - “Mira, ¿podrías no interrumpirme? ¡No
puedo hablar!” -...- “Vamos a ver ¿puedo terminar de hablar o no me vas a
dejar?, etc.
En este punto
conviene aclarar una duda que mucha gente se plantea: ¿qué ocurre si nos
encontramos con una persona
110
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
que, por muy
asertivo que uno sea, no responde a nuestros in-tentos de asertividad y nos
pisa constantemente o es agresivo? La respuesta es muy clara: nosotros sólo
podemos influir en la conducta de los demás hasta un cierto límite. Más allá de
ese límite, el problema ya no es nuestro, sino del otro. Si un loco me ataca
con un cuchillo por la calle, yo podré ser la persona más equilibrada del
mundo, que no podré evitar el ataque. Igual ocurre con la asertividad: por muy
asertiva que sea una persona, si su interlocutor no le deja serlo, poco le
valdrán las técnicas que aplique. Lo que le tiene que quedar es la concien-cia
tranquila de haber obrado correctamente por su parte. El resto de la
responsabilidad recaerá sobre la otra persona.
4. RESPUESTA ASERTIVA
CON CONOCIMIENTO (O ASERTIVIDAD EM-PÁTICA)
Planteamiento
inicial que transmite el reconocimiento hacia la otra persona y un
planteamiento posterior sobre nuestros derechos e intereses.
Este tipo de
respuesta se suele utilizar cuando, por la razón que sea, nos interesa
especialmente que la otra persona no se sienta herida, pero tampoco queremos
ser pasados por alto nosotros. Es una buena forma de comenzar a ejercer la
aserti-vidad, ya que lo que hacemos es ponernos primero en el lugar del otro,
“comprendiéndole” a él y sus razones, para, después, reivindicar que nosotros
también tenemos derechos.
La respuesta sigue el esquema:
“Entiendo que tú hagas..., y tienes derecho a ello, pero...”.
Ejemplos serían:
“entiendo que andes mal de tiempo y no me puedas devolver mis apuntes, pero es
que los necesito ur-gentemente para mañana”; “comprendo perfectamente tus ra-
111
zones, y desde tu
punto de vista tienes razón, pero ponte en mi piel e intenta entenderme”;
“entiendo que ahora no quieras acompañarme a la fiesta y, por lo que me dices,
tienes derecho a ello, pero yo lo tenía ya todo preparado para ir”, etc.
5. ASERTIVIDAD
SUBJETIVA
1. Descripción, sin condenar, del comportamiento del otro
2. Descripción objetiva del efecto del comportamiento del otro
3. Descripción de los propios sentimientos
4. Expresión de los que se quiere del otro
Este tipo de
respuesta se utiliza en los casos en los que te-nemos claro que el otro no ha
querido agredirnos consciente-mente. Es un tipo de respuesta muy hábil, ya que,
bien aplica-da, la persona a quien le digamos dicha respuesta no podrá decir
nunca que la hemos agredido. Es mucho más efectivo ex-poner cómo algo que hace
otra persona nos afecta, que atacar al otro y echarle la culpa de lo que nos
hace. Esta forma de res-puesta asertiva se presta a ser aplicada en situaciones
de pare-ja, ante contrariedades por parte de algún amigo, etc. Se utili-za,
sobre todo, para aclarar situaciones que se vienen repitien-do desde hace un
tiempo.
El esquema de respuesta sería:
1. “Cuando tú haces...”
2. “Entonces, yo me siento...”
3. “Por eso, me comporto...”
4. “Preferiría...”
112
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
6. RESPUESTA ASERTIVA
FRENTE A LA SUMISIÓN O LA AGRESIVIDAD
1. Hacerle ver a la
otra persona cómo se está comportando
2. Mostrarle cómo
podría comportarse asertivamente.
Esta respuesta se utiliza, sobre
todo, como defensa ante ata-ques agresivos, pero también se puede aplicar para
aclarar du-das ante una persona que no es asertiva.
Consiste,
simplemente, en salirnos del contenido de lo que estamos hablando, y reflejar a
la otra persona cómo se está com-portando y cómo su conducta está frenando una
comunicación asertiva. Ejemplos podrían ser: “Veo que estás enfadado y no me
escuchas. ¿Por qué no te paras un momento y oyes lo que te quiero decir?”; “Así
no estamos llegando a ninguna parte. Yo creo que deberíamos hacer turnos para
hablar, pero sin atacar-nos”; “Como no me dices nada, me siento un poco
confundida. ¿No podrías aclararme un poco lo que quieres decir?”, etc.
Veamos un ejemplo
de respuestas asertivas típicas. De nue-vo lo haremos con Elena, la persona
sumisa que tenía proble-mas de falta de asertividad debido a la influencia de
una ma-dre dominante. Elena aplicó, en la fase de entrenamiento, una serie de
técnicas de asertividad ante los ataques de su madre. Lo que sigue es un
ejemplo condensado de las muchas con-versaciones que ella describió, intentando
aplicar las recién adquiridas técnicas de asertividad.
Hay que recordar que Elena es una
persona adulta y, por lo tanto, tiene derecho a opinar sobre asuntos que
conciernen a la casa. Por otro lado, la madre tenía gran tendencia a gas-tar el
dinero inútilmente, haciendo grandes inversiones o re-alizando constantemente
reformas en la casa, que, ante la fal-ta de recursos económicos, tenían que ser
solventadas por los hijos.
113
Te retamos a que identifiques los tipos de respuesta aserti-va que está
utilizando Elena:
1. Madre: - Oye, Elena, hay que hacer
reformas en la casa, y he decidido que tú te encargues de buscar a los
albañiles. Pero tienes que elegir varios y pedirles presupuesto, no nos vayan a
timar.
2. Elena: - A mí me gustaría hablarlo
antes de tomar decisio-nes. Creo que no es necesario hacer reformas y, además,
ahora mismo no tenemos dinero.
3. Madre: - Pues no sé porqué, está muy
claro: vamos a ha-cer reformas y tú te encargas de buscar los albañiles. Yo ya
decidiré luego cuál elegimos.
4. Elena: - Sí, pero
de todas maneras, creo que deberíamos de pensarlo bien antes. Te repito que no
tenemos dinero y que no creo que hagan falta reformas ahora.
5. Madre: - ¿Qué pasa, que no te fías de mis criterios, como siempre?
6. Elena: - Comprendo que mi actitud
parezca falta de con-fianza hacia ti, pero yo también tengo derecho a exponer
mis opiniones.
7. Madre: - Ya, ya, pero en el fondo
siempre es lo mismo: en esta casa nunca se me ha hecho caso, no se confía en
mí, y lo demás son tonterías.
8. Elena: - Ya te he dicho antes que no
se trata de falta de confianza, sino de que yo también tengo mis propias
opi-niones y me gustaría exponerlas.
9. Madre: - Pues no entiendo lo que me planteas. ¿Vamos a hacer las
reformas o no?
114
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
10. Elena: - Es que si tú me lo planteas como lo has
hecho al principio, me siento avasallada porque no me das oportu-nidad de
opinar. ¿No sería mejor hablarlo y llegar a una conclusión entre las dos?
11.Madre: - Bueno, alabado sea Dios, pues lo hablamos...
12. Elena: - Eso está
muy bien, por lo menos eres comprensi-va... 2
Normalmente, para
que la persona adquiera mejor los há-bitos generales de respuesta asertiva
descritos, en terapia se realiza un Ensayo de conducta o
role-playing, que le hará ima-ginarse mejor las situaciones que le cuesta
trabajo afrontar:
primeramente, hay
que elegir las situaciones que a la perso-na en concreto le
cuesten. No valen situaciones generales que, por sentido común,
puedan parecer difíciles. Cada persona deberá proporcionar una lista detallada
de aquellas interac-ciones que más trabajo le cuesta llevar a cabo.
Sólo en el caso de que la persona no
sepa discernir situa-ciones peores o mejores, o en casos de grandes problemas
so-ciales en los que cualquier interacción parece imposible de afrontar, se le
proporciona a la persona un listado de situacio-nes típicas, para que elija
unas cuantas para ensayar. Un lista-do “tipo” podría ser como éste:
LISTADO DE SITUACIONES QUE REQUIEREN
ASERTIVIDAD
1. Alguien te pide que
le prestes algo (un libro, disco, dine-ro...) y no deseas hacerlo.
tividad .positiva
ca; nº 8: asertividad ascendente; nº
10: asertividad subjetiva; nº 12: aser-
vidad elemental; nº 4: asertividad
ascendente; nº 6: asertividad empáti-
.2 Tipos de respuesta asertiva
utilizadas por Elena: Respuesta nº 2: aserti-
115
2. Alguien te pide un
favor que no quieres hacer, por ejem-plo, que le acompañes a algún sitio,
hables por él/ella, etc.
3. Alguien te regala
algo que no estás dispuesto/a a aceptar, por ejemplo, un abrigo de pieles, algo
demasiado caro, etc.
4. Un profesor te
llama la atención durante la clase de forma injusta y agresiva.
5. Tus padres insisten en darte consejos sobre lo que
debes o no debes hacer y tú consideras que debes tomar tus pro-pias decisiones.
6. Debes negociar la
retribución económica que te corres-ponde y tu jefe no parece muy dispuesto a
ello.
7. Estás en una
situación de trabajo y tu inmediato superior opina de forma diferente a la
tuya.
8. Estás en una reunión y cuando es tu turno de
palabra, un compañero no te permite hablar, te interrumpe constante-mente.
9. Alguien con quien estás conversando te da una
opinión que tú consideras inadecuada, por ejemplo, respecto al ra-cismo,
ecología, machismo, etc.
10. Observas que tu pareja da muestras (gestos,
posturas, ca-ras...) de estar enfadada o preocupada, pero no te dice na-da.
11. Estás en la barra
de un bar. El barman está distraído char-lando con otro cliente y no te
atiende.
12. Tu jefe se muestra excesivamente crítico con tu
labor, sin embargo, manifiesta pocas razones objetivas y muchas
in-terpretaciones erróneas.
116
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
☺ Analiza: ¿Hay alguna situación de tu
vida parecida a las descritas? Si no, elige alguna situación de las que
descri-biste al principio del libro.
¿Cómo suele ser? Describe todos los detalles.
¿Qué tipo de respuesta asertiva
podrías utilizar para cada caso?
¿Cómo podría ser,
exactamente, tu respuesta asertiva, con las palabras y frases que más cómodas
te resultan?
Una vez definidas
las situaciones que la persona quiere en-sayar, en una terapia se procedería,
normalmente, a realizar el role-playing o ensayo de conducta. Este consiste en
escenificar repetidas veces la situación, utilizando para ello al terapeuta, al
propio cliente, (que haría de sí mismo, y/o a otros coadyu-vantes, que ayudarán
a dar mayor realismo a la escena. El cliente representará el papel que suele
tener normalmente, in-troduciendo las recién adquiridas técnicas asertivas;
terapeuta y coadyuvantes escenificarán a las personas con las que el cliente se
suele relacionar y que le pueden causar problemas de asertividad. El cliente
tiene que haber informado específi-camente cómo se comportan esas personas, qué
suelen decir, cómo suelen “cortarle”, etc., para que la escena adquiera el
máximo realismo posible. Normalmente, el role-playing se re-pite varias veces,
ya que terapeuta o coadyuvantes irán dando feed-back (informándole cómo lo ha
hecho) a la persona sobre su conducta y ésta tendrá que ir perfeccionándola a
medida que se repiten las escenas.
Muy importante para
afianzar bien las respuestas asertivas es analizar exactamente qué conducta
no verbal tiene que ma-
117
nifestarse en cada
caso. En el caso de realizarse un role-pla-ying es donde mejor se puede
comprobar y corregir el factor no verbal. Como decíamos en el capítulo 2, la
conducta no ver-bal (forma de mirar, expresión facial, gestos, etc.) es tan
im-portante, si no más, como la verbal y es causa de muchas difi-cultades de
asertividad. Conviene pues, considerarla en cual-quier entrenamiento y no
menospreciar su importancia.
Otra forma de
afianzar mejor las respuestas asertivas es imaginando, de la forma más realista
posible, las situaciones que causan temor e imaginarse a sí mismo, a la vez,
respon-diendo de forma correcta ante esas situaciones. También aquí se tendrán
en cuenta las respuestas verbales y las no verbales. Para ello, existen varias
técnicas, que tienen entre sí sutiles di-ferencias formales que ahora no
entraremos a describir. Son las denominadas “desensibilización sistemática” si
se trata de una verdadera fobia social; “aserción encubierta”, “refuerzo
encubierto”, ideadas por eminentes autores como Cautela, Meichenbaum, etc.
En cualquier caso, no basta con
aprender “en teoría” las di-versas técnicas y tipos de respuesta asertiva que
existen. Con ello no se consigue más que frustrarse, porque seguramente, a la
hora de ponerlas en la práctica, serán un fracaso completo. Siempre hay que
realizar ensayos previos, ya sea escenifican-do o imaginando la(s)
situación(es) que están causando pro-blemas a la persona.
☺ Elige una situación que te cause
problemas.
Estudia los tipos de respuesta
asertiva descritos en la pá-gina anterior y las técnicas de comunicación
asertiva que re-lataremos a lo largo del libro.
118
MEJORANDO MI
ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
Elige la o las respuestas asertivas
que más apropiadas te parezcan para tu problemática y con las que más cómodo/a
te sientas.
Ahora, cierra los
ojos y trata de imaginarte una típica es-cena problemática para ti. Intenta
imaginarte: todas las per-sonas participantes, el contexto en el que suele
tener lugar la escena: lugar, ruidos, olores..., la hora del día, la
oscuridad-claridad, la decoración, etc. Lo importante es que logres ima-ginarte
la escena lo más exactamente posible.
Imagínate, ahora, a
ti actuando con una de las técnicas asertivas que has elegido. Trata de verlo,
también, de la ma-nera más realista posible: qué dirías exactamente, qué gestos
tendrías, qué expresión de la cara, etc.
Si ves que te sientes cómodo en tu
“papel”, repítete la es-cena unas cuantas veces más e intenta aplicar lo
imaginado en un ensayo lo más realista posible. Si te atreves, lánzate a
ensayar en la vida real.
Si no te sientes
“tú” interpretando esa respuesta asertiva, puede deberse a que tienes que
elegir otra respuesta o mo-dificar ligeramente la que habías elegido. Intenta
encontrar otra que te vaya mejor. También puede deberse a que la an-siedad que
sientes es tan fuerte que no te permite exhibir, ni siquiera mentalmente, la
respuesta asertiva. En este caso, de-berías de ensayar unas técnicas de
relajación.
Lo importante es
que encuentres una respuesta asertiva con la que te sientas bien, que no te
suponga hacer o decir cosas que no van contigo ni te haga sentir excesivamente
forzado.
119
Hemos visto antes
formas generales de respuesta asertiva. Como decíamos, existen, a partir de
éstas, muchos otros tipos de respuesta asertiva, adecuadas a diversas
situaciones. Hay respuestas más o menos “estereotipadas” para afrontar las
crí-ticas, para defenderse ante ataques, para discutir de forma constructiva,
para criticar correctamente, para reclamar per-juicios que nos hayan hecho,
para realizar peticiones y hasta para comunicar correctamente los sentimientos.
Ejemplos de estas respuestas se pueden encontrar en los muchos libros y
artículos que se han escrito sobre el tema.
A modo de ejemplo, vamos a describir
a continuación un paquete de técnicas que van encaminadas a llevar una
discu-sión de forma asertiva:
5.2.2. Técnicas de asertividad para discusiones
1. Técnica del disco roto
Esta es la técnica más extendida, y
la que aparece en todos los libros que se han escrito al respecto.
Consiste en repetir el propio punto
de vista una y otra vez, con tranquilidad, sin entrar en discusiones ni
provocaciones que pueda hacer la otra persona.
Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de
que llegáramos tarde, como siempre– (Disco roto:) –Tenía que terminar un
trabajo y no tenía otro momento. –Pero es que siempre llegamos tarde a todas
partes y estoy harto. (D.R.:) –Es verdad, pero en este ca-so, sabes que no
podía hacer el trabajo en otro momento. –Pero es que siempre, por una causa u
otra, eres tú la que nos hace llegar tarde. (D.R.:) –Será verdad, pero te
repito que esta vez no tuve otro remedio que terminar el trabajo que tenía
pen-diente–, etc.
120
MEJORANDO MI
ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
Como se ve, la técnica del disco roto
no ataca a la otra per-sona; es más, hasta le da la razón en ciertos aspectos,
pero in-siste en repetir su argumento una y otra vez hasta que la otra persona
queda convencida o, por lo menos, se da cuenta de que no va a lograr nada más
con sus ataques.
2. Banco de niebla
Esta es otra de las técnicas que
están más extendidas. Tam-bién se la llama “técnica de la claudicación
simulada”.
Consiste en dar la
razón a la persona en lo que se conside-re puede haber de cierto en sus
críticas, pero negándose, a la vez, a entrar en mayores discusiones. Así, se
dará un aparente ceder el terreno, sin cederlo realmente, ya que, en el fondo,
se deja claro que no se va a cambiar de postura.
Por ejemplo: –Tú
tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Banco de niebla:) –Sí,
es posible que tengas ra-zón. –Claro, como siempre, tienes otras cosas que
hacer antes de quedar. (B.N.:) –Pues sí, casi siempre tengo otras cosas que
hacer antes. –Pues estoy harto de que por tu culpa siempre lle-guemos tarde.
(B.N.:) –Ya, es verdad, siempre llegamos tarde.
La persona está demostrando que
cambiará si lo estima conveniente, pero no porque el otro se empeñe en ello.
Para esta técnica,
es muy importante controlar el tono de voz en el que se emite la respuesta, ya
que si se dice de forma dura y tajante o excesivamente despreciativa, puede
suscitar agresividad en el interlocutor. El tono debe de ser tranquilo y hasta
ligeramente reflexivo, como meditando las palabras que nos dice el otro. (De
hecho, quizás conviene realmente medi-tar sobre si la persona está teniendo
razón con su crítica).
121
3. Aplazamiento asertivo
Esta respuesta es muy útil para
personas indecisas y que no tienen una rápida respuesta a mano o para momentos
en que nos sentimos abrumados por la situación y no nos sentimos capaces de
responder con claridad.
Consiste en aplazar la respuesta que
vayamos a dar a la persona que nos ha criticado, hasta que nos sintamos más
tranquilos y capaces de responder correctamente.
Por ejemplo: –Tú
tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Aplazamiento asertivo:)
–Mira, es un tema muy polémico entre nosotros. Si te parece, lo dejamos ahora,
que tengo trabajo y lo hablamos con calma mañana ¿vale?
Si la persona insistiera, nosotros
debemos insistir por nues-tra parte, al estilo del disco roto, en nuestra
postura. Si uno no quiere discutir, no hay discusión posible.
4. Técnica para procesar el cambio
Esta técnica es una de mis favoritas.
Considero que es muy útil, ya que no suscita agresividad en la otra persona ni
incita a defenderse a nadie y ayuda tanto a la persona que la emite como a la
que la recibe.
Consiste en desplazar el foco de
discusión hacia el análisis de lo que está ocurriendo entre las dos personas.
Es como si nos saliéramos del contenido de lo que estamos hablando y nos
viéramos “desde fuera”.
Por ejemplo: –Tú
tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. –Pues no sé porqué lo
dices. Llegamos tarde porque tú te empeñaste en grabar el partido de fútbol en
ví-deo. –¡Pero qué cara tienes! Yo me puse a grabar el partido porque vi que
estabas pintándote y no acabas nunca. Además,
122
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
tú sabes muy bien
quién es el que siempre está esperando en la puerta y quién es la que, en el
último momento, tiene 400 co-sas importantes que hacer (etc.). (Procesamiento
del cambio:) –Mira, nos estamos saliendo de la cuestión. Nos vamos a des-viar
del tema y empezaremos a sacar trapos sucios. O –Esta-mos los dos muy cansados.
Quizás esta discusión no tiene tan-ta importancia como le estamos dando ¿no
crees?
Quizás lo más
difícil en una discusión es precisamente lo que propugna esta técnica: ser
capaces de mantenernos fríos y darnos cuenta de lo que está ocurriendo. No
meternos a saco en contenidos que no nos llevan a ninguna parte, no dejarnos
provocar por incitaciones ante las que creemos necesario de-fendernos. Es mucho
más efectivo reflejar objetivamente qué es lo que está ocurriendo y reconocer
nuestra parte de culpa (“estamos cansados los dos”), que defender a capa y
espada cualquier pequeño ataque que nos envíen.
5. Técnica de ignorar
Esta técnica es
parecida a la anterior, aunque en este caso, la responsabilidad recae en la
otra persona solamente. Es apli-cable cuando vemos a nuestro interlocutor
sulfurado e iracun-do y tememos que sus críticas terminen en una salva de
insul-tos, sin llegar a tener nosotros la oportunidad de defendernos.
Por ejemplo: –¡Tú tienes la culpa de
que llegáramos tarde, como siempre! (Ignorar:) –Me parece que estás muy
enfadado, así que creo que es mejor hablar de eso luego.
Como en la técnica
del Banco de Niebla, en ésta también es muy importante controlar el tono de voz
con el que se emite. Un tono despectivo o brusco sólo suscitaría mayor
agresivi-dad en el otro, ya de por sí enfadado, porque lo interpretaría como
una provocación. Lo mejor es adoptar un tono especial-
123
mente amable y comprensivo,
respetuoso con el enfado de la persona.
6. Técnica del acuerdo asertivo
Esta técnica se parece algo a la del
Banco de Niebla, pero va un poco más allá, ya que no se queda en ceder terreno
sin ma-yores comentarios, sino que deja claro, además, de que una co-sa es el
error cometido y otra, el hecho de ser buena o mala persona. Es útil en
situaciones en las que reconocemos que la otra persona tiene razón al estar
enojado, pero no admitimos la forma de decírnoslo.
Por ejemplo: –Tú tienes la culpa de
que llegáramos tarde, como siempre. (Acuerdo asertivo:) –Tienes razón, llegamos
tarde por mi culpa. Pero sabes que, normalmente, no suelo ser impuntual.
Esta técnica logra
“apaciguar” al interlocutor al admitir el error (si realmente se ha cometido
¿por qué no admitirlo?), pe-ro separa claramente el “hacer” del “ser”. Si
aplicamos varias veces esta respuesta con personas que tienden a generalizar,
podremos evitar el ser etiquetados en el futuro. No hay cosa más difícil que
quitar una etiqueta que alguien nos haya pues-to. Esta técnica va encaminada a
prevenir que esto ocurra.
7. Técnica de la pregunta asertiva
Esta técnica es muy antigua; de hecho
responde al dicho de “convertir al enemigo en aliado” y es muy útil por eso.
Consiste en “pensar
bien” de la persona que nos critica y dar por hecho que su crítica es
bienintencionada (indepen-dientemente de que realmente lo sea). Como de todo se
puede aprender, obligaremos a la persona a que nos dé más informa-ción acerca
de sus argumentos, para así tener claro a qué se re-
124
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
fiere y en qué quiere que cambiemos.
(Luego dependerá de nosotros el que cambiemos de hecho o no).
Por ejemplo: –Tú
tienes la culpa de que llegáramos tarde, como siempre. (Pregunta asertiva:)
–¿Qué es exactamente lo que te molesta de mi forma de actuar? O –¿Cómo sugieres
que cambie para que no se vuelva a repetir?
Si la persona da
respuestas vagas, la obligaremos, por me-dio de nuestras preguntas, a
especificar más. Cuando la críti-ca es malintencionada y está lanzada al vuelo,
sin pensar, la persona pronto se quedará sin argumentos. Mientras que si es-tá
fundada en una reflexión, puede que realmente, con sus da-tos, nos ayude a
modificar algo de nuestra conducta. En cual-quier caso, esta respuesta rompe
los esquemas de nuestro in-terlocutor, ya que ni nos defendemos ni respondemos
con agresividad a su crítica (y, de momento, tampoco cedemos, ya que sólo nos
limitamos a preguntar).
En cualquier caso, además de aplicar
con soltura las diver-sas técnicas asertivas para discutir adecuadamente, se
hace ne-cesario acordarnos de la recomendación de R. Lombardi: “Si (...)
sientes la urgencia de criticar a alguien motivado por el odio o el
resentimiento, cierra el pico hasta que tus sentimien-tos se serenen y te
permitan criticar afirmativamente, si toda-vía lo consideras oportuno”.
5.3. Técnicas de reducción de ansiedad
Determinadas
situaciones de interacción social provocan en las personas poco asertivas
reacciones o respuestas con un nivel muy elevado de ansiedad, de tal manera que
en ocasio-nes pueden incapacitar total o parcialmente al sujeto para emi-
125
tir la conducta
adecuada, por muy aprendidas que tenga las técnicas y muy asimilados los
pensamientos alternativos ra-cionales. Si bien rara vez los problemas de
asertividad provie-nen exclusivamente de la ansiedad, cuando la respuesta de
tensión es muy elevada, –la persona se queda bloqueada y no puede actuar o bien
tiene somatizaciones muy intensas– es preciso trabajar aisladamente esta
respuesta antes de que co-mience a poner en práctica otro tipo de habilidades.
Para reducir la ansiedad de forma
física, existen fundamen-talmente dos técnicas, complementarias entre sí: la
relajación y la respiración.
5.3.1. La relajación
Existen básicamente
dos tipos de relajación: la Relajación Progresiva (muscular) de Jacobson y el
Entrenamiento Autó-geno de Schulz. Aquí solamente pasaremos a describir la
téc-nica de Jacobson. Esta se basa en que relajando diversos gru-pos musculares
se logra relajar también la mente.
La mayoría de la
gente desconoce cuáles de sus músculos están habitualmente tensos. Por medio de
esta técnica se aprende a identificar los músculos que están más tensos y a
distinguir entre la sensación de tensión y relajación profunda.
Si bien no vamos a
presentar aquí un manual de relajación, sí describiremos brevemente los grupos
musculares que se tra-bajan en una relajación progresiva. Los cuatro
principales son:
– Músculos de la mano, antebrazo y bíceps
– Músculos de la
cabeza, cara, cuello. Se presta especial aten-ción a los de la cabeza (cuero
cabelludo, orejas, sienes, fren-te), ya que la mayoría de los músculos
implicados en las emociones que crean la ansiedad se encuentran en esta zona.
126
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
– Músculos del tórax, región lumbar, estómago y abdomen. El
estómago-abdomen es otra zona de importante acumu-lación de tensiones.
– Músculos de los muslos, nalgas, pantorrillas y pies.
La relajación de Jacobson consta de dos fases:
– Durante la 1ª fase, la persona aprende a discriminar entre un músculo
tenso y el mismo músculo, relajado. Para ello, colocándose tumbado o sentado en
una silla, va tensando un músculo específico y, tras 3 o 4 segundos, lo relaja
pro-gresivamente para apreciar la diferencia entre la sensa-ción de tensión y
la de relajación. Durante esta fase, se aprende a discriminar y localizar
aquellos músculos del cuerpo que tiendan a tensarse más en la vida diaria de
ca-da uno.
– En la 2ª fase la persona ya discrimina perfectamente cuán-do un
músculo está tenso. Sabiendo relajarlo, por lo tanto, no necesitará tensarlo
para relajarse, sino que practicará directamente la relajación inducida,
sin tensión previa de los distintos músculos.
Aunque pueda parecer muy sencillo, la
técnica de la relaja-ción requiere mucha práctica e insistencia hasta tenerla
com-pletamente dominada. Remitimos a los lectores a las numero-sas cintas y
textos que sobre este tema se venden en librerías y centros especializados.
5.3.2. La respiración
Es ésta una técnica muy importante
para reducir la ansie-dad. Está muy estrechamente ligada a la relajación.
Los resultados de
un ejercicio de respiración se aprecian de forma inmediata, pero los efectos
profundos no se pondrán de
127
manifiesto hasta después de varios
meses de práctica persis-tente.
Existen muchos
tipos de ejercicios respiratorios: desde con-centrarse simplemente en sentir el
aire que entra y sale, lenta-mente, de nuestros pulmones, hasta ejercicios más
sofisticados en los que se va respirando alternativamente por una fosa na-sal y
por la otra. Uno de los ejercicios más utilizados, que es, a su vez, base para
otros tipos de respiración, es la llamada res-piración abdominal.
Consiste ésta en utilizar el diafragma en vez de los músculos del
tórax para mover el aire que entra y sale de nuestro cuerpo. Para hacernos una
idea más precisa, presentamos un ejercicio de inicio a la respiración
abdominal:
– Tumbarse en el suelo, doblar las rodillas sin separar las plantas de
los pies del suelo y separar los pies unos 20 cm, dirigiéndolos suavemente
hacia afuera.
– Explorar el cuerpo en busca de signos de tensión.
– Colocar una mano sobre el abdomen y
otra sobre el tórax.
– Tomar aire lenta y profundamente
por la nariz, haciéndo-lo llegar hasta el abdomen, levantando la mano que
esta-ba colocada sobre él. El tórax se moverá sólo un poco a la vez que el
abdomen. Si se quiere, para ser más consciente del proceso, se puede, a la vez,
oprimir un poco el tórax con la mano que está sobre él.
– Al expulsar el aire, realizar el movimiento contrario: opri-mir
ligeramente el abdomen y levantar la mano que está colocada sobre el tórax.
– Después de unas
cuantas veces realizando el ejercicio de este modo, se puede intentar hacerlo
sin colocar las ma-nos. Los movimientos respiratorios deberían de ser: aire
entra - abdomen se hincha - aire sale - abdomen se con-
128
MEJORANDO MI ASERTIVIDAD: TÉCNICAS PARA SER MÁS ASERTIVO
trae. El tórax
debería de permanecer durante este tiempo lo más inerte posible, aunque puede
moverse ligeramen-te. Las respiraciones deben de ser largas, lentas y
profun-das, si bien cada persona tiene su propio ritmo y no es bueno intentar
adaptarse a tiempos previamente fijados.
– Cuando se haya conseguido una regularidad de movi-mientos
respiratorios sin colocar las manos en tórax y ab-domen, hay que pasar a
inhalar el aire por la nariz y ex-pulsarlo por la boca, con lo cual se
relajarán también boca y lengua.
Lo mejor para que estos ejercicios
sean efectivos es que se ensayen durante 5-10 minutos una o dos veces al día a
lo lar-go de unas cuantas semanas.
Los ejercicios de respiración y los
de relajación se pueden aplicar juntos, intercalando la respiración en medio
del ejerci-cio de relajación, o por separado. Normalmente, no se realiza una
relajación sin respiración, pero sí es válido y efectivo una respiración sin
relajación, si bien lo más completo es aplicarlo de forma combinada.
Es muy importante
que los ejercicios de respiración y rela-jación se ensayen en ambientes y
posturas diversas. Es decir, si siempre los practicamos tumbados, en un
ambiente tran-quilo y sin ruidos, no sabremos extrapolarlos a situaciones en
las que estemos tensos y los necesitemos. Un error que se co-mete muchas veces
es el de creer que realizando ejercicios de relajación/respiración todos los
días durante 20 minutos es suficiente para estar relajados en todo momento.
Esto es ro-tundamente falso. Notaremos los beneficios de una relajación o una
respiración si las sabemos aplicar in situ, en el momen-to en el que estemos
tensos, es decir, en medio de una con-
129
versación, en una reunión, una
fiesta, etc. Por lo tanto, es ne-cesario ensayar la relajación (que,
obviamente, deberá de ser muy breve, cosa que sólo se logra con mucho
entrenamiento) y la respiración sentados, de pie, andando; en el autobús o en
el metro, solos o en compañía, etc. Así, también ensayaremos el relajarnos y respirar
de forma disimulada, sin que los de-más lo noten.
130
APLICACIÓN DE LO
APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
Todas las estrategias descritas hasta
el momento son con-ductas asertivas generales, que en principio se pueden
aplicar a cualquier tipo de situación con sólo adaptar un poco la es-trategia a
la situación que causa problemas.
Sin embargo, hay
veces en las que es necesario reforzar las habilidades aprendidas con técnicas
más específicas. Hay si-tuaciones, como puede ser la de pareja, que requieren
toda una gama de técnicas ideadas especialmente para ello; otras veces, puede
ocurrir que el desconocimiento en materia aser-tiva de la persona sea tal, que
ésta necesite contar con unas téc-nicas muy específicas para las tres o cuatro
situaciones con-cretas que más le cuestan. En cualquier caso, siempre es bue-no
reforzar las pautas generales con algunos “trucos” específi-cos que ayuden a
salvar mejor las situaciones que más difíci-les resultan.
Como dijimos
anteriormente, existen amplios listados de técnicas en numerosos libros y
artículos, casi diríamos que tantos como situaciones conflictivas pueda haber.
En el capí-
131
tulo 5 describíamos, a modo de
ejemplo, las principales técni-cas para poder discutir de forma asertiva. Aquí
presentamos las habilidades específicas para cuatro tipo de situaciones que
resultan difíciles para muchas personas:
• asertividad en la pareja
• respuesta ante críticas
• realización de peticiones
• expresión de sentimientos.
6.1. Asertividad en la pareja
Muchas parejas
tienen serios problemas de funcionamiento porque uno o ambos miembros se
comportan siguiendo mo-delos agresivos o sumisos que provocan en el otro
respuestas inadecuadas, dando lugar al consiguiente desajuste personal y
emocional de uno o ambos.
La comunicación es
uno de los pilares básicos en los que se apoya la relación de pareja, y por lo
tanto, donde más clara-mente se ponen de manifiesto los comportamientos
asertivos o no asertivos. Sorprende ver cuántas parejas carecen de habi-lidades
y estrategias para comunicarse de forma adecuada y cómo esta carencia de
habilidad se interpreta muchas veces como “falta de ganas”, “desmotivación”,
“incomprensión”, etc. Repetimos que la educación tradicional nos ha enseñado a
ser poco asertivos, y, por lo tanto, muchas personas descono-cen por completo
cómo manifestar correctamente sus senti-mientos, enfados, peticiones, al otro
miembro de la pareja con el que, supuestamente, se tiene “tanta” confianza.
Así, un error típico y básico de las parejas es pretender que el otro “adivine”
qué nos falta, qué esperamos de él. Se supone que
132
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
con el amor, uno se convierte en
clarividente y si no es así, no se está realmente pendiente y enamorado del
otro. Pero, como bien titula Beck uno de sus libros, “con el amor no basta”.
Hay que comunicarle al otro nuestros deseos, peticiones, deman-das de cariño, y
hacerlo de forma que lo comprenda y no es-perando que lo “sobreentienda” con
nuestros gestos y muecas de disgusto.
Todos conocemos y podríamos citar en
teoría cuáles son los principios básicos para lograr una correcta
comunicación afectiva, pero, tal vez por sonar a perogrullo,
frecuentemente nos olvi-damos de ellos. Vale la pena volver a repasar algunos
para po-der empezar a modificar nuestra conducta asertiva con la pa-reja:
1. Es más apropiado
hacer una petición que una demanda. Las primeras demuestran respeto por
el otro y mejoran la comunicación. Es muy distinto escuchar: “¿puedes apa-gar
la tele mientras hablamos?” que “¡cuando estamos ha-blando, quiero que apagues
la tele!”.
2. Es mejor hacer preguntas que
acusaciones. Las acusacio-nes
sólo desencadenan defensa y no llevarán, por lo tan-to, a ningún lado. Es
diferente, aunque signifique lo mis-mo, decir: “¿me estás escuchando?” que
“¡otra vez no me estás escuchando!”.
3. Al criticar a la
otra persona, hablar de lo que hace, no de lo que es. Las etiquetas no
ayudan a que la persona cam-bie, sino que refuerzan sus defensas. Hablar de lo
que es una persona sería: “te has vuelto a olvidar de sacar la ba-sura. Eres un
desastre”; mientras que hablar de lo que ha-ce sería: “te has vuelto a olvidar
de sacar la basura. Últi-mamente te olvidas mucho de las cosas”.
133
4. No ir acumulando emociones negativas
sin comunicar-las, ya que producirían un estallido que conduciría a una hostilidad
destructiva.
5. Discutir los temas de uno en uno, no “aprovechar” que se está
discutiendo sobre la impuntualidad de la pareja para reprocharle de paso que es
un despistado, un olvi-dadizo y que no es cariñoso.
6. Evitar las generalizaciones. Los términos “siempre” y “nunca”
raras veces son ciertos y tienden a formar eti-quetas. Es diferente decir:
“últimamente te veo algo au-sente” que “siempre estás en las nubes”.
7. No guiarse por una
excesiva sinceridad en la pareja. Al-gunas cosas deben de pensarse
antes de decirse, si las consecuencias no van a ser positivas. “Últimamente me
noto más frío respecto a ti. No sé si todavía me gustas” puede ser muy sincero,
pero habría que esperar antes de echarle a la pareja ese jarro de agua fría.
Quizás sólo es un sentimiento pasajero sin ninguna importancia. Si real-mente
no lo es, siempre se está a tiempo de plantearlo.
8. La comunicación verbal debe de ir
acorde con la no ver-bal. Decir “ya sabes que te quiero” con cara de fastidio dejará a la
otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.
Muchas personas, al leer esto,
pensarán: esto es muy boni-to, pero ¿cómo llevar a la práctica estos principios
tan loables? Y tienen razón; una pareja necesita saber cómo traducir estos
principios en conductas y actitudes concretas. Aquí ya entra en juego la
asertividad, porque no hay mejor forma de plas-mar los principios descritos que
mediante técnicas y estrate-gias asertivas.
134
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
Una persona asertiva desarrollará con su pareja las si-guientes habilidades
de comunicación:
1. Dar gratificaciones: tanto verbales como materiales. Hay
que explorar qué es lo que gratifica concretamente a nues-tra pareja y no dar
por hecho que le gusta “lo que a todo el mundo”.
2. Agradecer
gratificaciones: a veces, se da por supuesto que el otro debe llevar a cabo
determinados comportamientos positivos y que no tenemos porqué agradecérselo.
Mos-trar abiertamente que nos alegramos le servirá de refuer-zo para repetirlo
otra vez y de información para saber que va por buen camino respecto a
nosotros.
3. Pedir gratificaciones: normalmente, se piensa que no hay
que pedir las cosas porque es artificial y que el otro debe de saber lo que
queremos y dárnoslo. Como decíamos an-tes, nadie, por muy enamorado que esté,
es clarividente y necesitamos saber exactamente qué le gusta a la otra per-sona
para poder dárselo a su gusto. Hay que desterrar la idea de que pedir es
rebajarnos y comunicar abiertamen-te qué y cuánto nos gustaría que hiciera la
otra persona por nosotros.
4. Expresar
sentimientos negativos: es necesario que una pare-ja se comunique sentimientos de tristeza,
enojo, malestar, frustración, etc., pero haciéndolo de una manera asertiva,
para no terminar, como ocurre muy frecuentemente, en peleas y acusaciones. Para
ello, hay que:
– hablar del tema conflictivo de una forma muy directa, sin
“sobreentendidos”
– expresarlo en el
momento y no cuando ya haya pasado el tiempo y el otro no sepa de qué le
estamos hablando
135
– expresarlo de forma activa, no como víctimas (“yo me siento...” en vez
de “tú me haces sentir...”)
– describir nuestra propia conducta y la del otro sin acu-sar. “Mientras
yo friego, tú te pones a ver la tele y eso me parece injusto”, en vez de “eres
un caradura, me tie-nes como una esclava a tu servicio”.
5. Empatizar:
desgraciadamente, esta es una de las conduc-
tas que menos
aparecen en las parejas: la capacidad de po-nerse en el lugar del otro y ver
los problemas desde su punto de vista. Convendría, de vez en cuando, realizar
una inversión de roles en la pareja, para que ambos se die-ran cuenta cómo ve
las cosas el otro.
6. Intercambiar afecto físico: muy
importante y frecuente-mente olvidado “al cabo de los años”, ya que se confunde
muchas veces con intercambio sexual.
7. Enfrentarse a la
hostilidad inesperada o al mal humor: no todo son rosas en una pareja y, con
mucha frecuencia, uno de los dos llega cansado, malhumorado o irritado. Mu-chas
veces descargará su mal humor en el otro miembro de la pareja, sin que éste
tenga nada que ver con el asun-to. La persona asertiva puede reaccionar de dos
formas:
– con asertividad repetida: el miembro no hostil de la pa-reja responde
a la cólera o irritabilidad del otro me-diante la repetición de una negativa
para admitir la cul-pa o una parte del sufrimiento del compañero. La técni-ca
es la del “disco rayado”: “yo no voy a estropear una noche porque tú estés de
mal humor” o “yo no tengo nada que ver con tu mal humor”, etc.
– con asertividad empática: se
empieza por empatizar con el otro poniéndose en su lugar: “parece que estás
136
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
muy enfadado/a esta noche”, y a
continuación, se utili-za una frase asertiva que exprese una postura
construc-tiva y firme: “pero creo que ese enfado viene de otras personas y yo
no soy responsable de ello”.
ACEPTACIÓN Y OPOSICIÓN EN LA PAREJA
Por último, vamos a describir cómo
traduce la persona asertiva en conductas concretas los términos de “aceptación”
y “oposición” en la pareja, es decir, cómo comunicarle al otro sentimientos
positivos y negativos.
- ACEPTACIÓN ASERTIVA:
a) Elementos no verbales que deben de comunicarse en cualquier caso:
– contacto visual con el interlocutor
– tono emocional cálido y cordial
– volumen de voz audible y claro
– presencia de sonrisas y gestos de acercamiento
b) Para transmitir el mensaje positivo, se puede seguir este orden:
b.1: Expresión
de elogio/aprecio: conducta verbal de acepta-ción en respuesta al
comportamiento positivo del otro.
b.2: Expresión de
sentimientos positivos: transmitir a la otra persona información sobre los
propios sentimientos producidos por la conducta del otro.
b.3: Conducta
positiva recíproca: ofrecimiento de conducta positiva para corresponder a
lo que el otro ha hecho.
- OPOSICIÓN ASERTIVA:
a) Elementos no verbales que deben de comunicarse en cualquier caso:
137
– contacto visual con el interlocutor
– tono emocional firme, convincente y apropiado a la si-tuación
conflictiva (¡no agresivo!)
– volumen de voz audible y claro
– movimientos de manos y brazos sueltos y acompañan-do la verbalización.
b) Para transmitir el mensaje negativo, se puede seguir es-te orden:
b.4: Expresión de
entendimiento o expresión del problema: em-pezar la exposición del problema
por comprender el punto de vista del otro o por la descripción del pro-blema o
situación conflictiva.
b.5.: Mostrar
el desacuerdo : verbalizar que la conducta de la otra persona no nos
satisface, pero hacerlo de forma no acusadora, siempre desde la repercusión que
la conducta del otro está causando en nosotros.
b.6: Petición
de cambio de conducta o propuesta de solución: no se puede dejar una
discusión sin este último punto, ya que si no, la otra persona no sabrá cómo
llevar a cabo el cambio de conducta que le estamos pidiendo.
Veamos un ejemplo de ambos casos:
Juan le quiere
decir a su pareja cuánto la aprecia, ya que la ve decaída y se da cuenta de que
desde hace mucho tiempo no se dicen nada positivo. Lo hace de la siguiente
forma: eli-ge un momento relajado, sentados en la mesa, cenando. Apaga la
televisión, para que el momento adquiera mayor importancia y dice: “Laura, la
verdad es que hace mucho tiempo que sólo hablamos del trabajo y no de nosotros.
Sólo te quiero decir que, aunque no lo parezca, me fijo mucho en
138
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
cómo te esfuerzas por hacerme las
cenas agradables cuando llego cansado a casa y eso hace que te sienta muy
cercana (punto b.1). Créeme, cuando estoy en el trabajo me acuerdo mucho de ti
y tengo ganas de volver a casa para verte y co-mentar contigo todo lo que me ha
pasado (punto b.2). Quizás deberíamos de salir más. He pensado que podríamos
volver a ir a aquellas terrazas que tanto te gustaban, los domingos por la
mañana (punto b.3)”.
En otro momento,
Laura, que también es muy asertiva, se encuentra a disgusto con Juan, ya que
éste llega muy tarde a casa por quedarse a veces a tomar algo con los
compañeros de trabajo: “Mira, Juan, quería comentarte una cosa. Yo en-tiendo
que cuando sales del trabajo, estás tan saturado que te apetece despejarte y
tomar algo con tu gente. Me lo has razo-nado muchas veces y lo entiendo (b.4) .
Pero muchas veces tengo preparada la cena, se enfría y yo me siento como una
tonta esperándote. Sinceramente, me parece exagerado que tengas que salir todas
las tardes a tomar algo (b.5). ¿Por qué no intentamos arreglarlo para que
ninguno de los dos pierda? No sé, podrías intentar llegar más tarde en días
fijos, que yo ya sepa de antemano, o avisarme con tiempo, para que no prepare
nada. ¿Qué te parece? (b.6)”.
☺ Intenta hacer lo
mismo que hemos hecho en estos ejemplos. Ya tengas pareja o no (el aprecio y la
oposición no sólo se expresan en la pareja), piensa cómo comunicas tu
aceptación y tu oposición y compara con los consejos que he-mos dicho. ¿Te
parece que te falta o sobra algo? ¿Cómo sería, concretamente, una intervención
tuya, si tienes en cuenta los aspectos que hemos descrito? Imagínatelo de forma
muy es-
139
pecífica, es decir, desde cómo sería
tu conducta no verbal hasta qué dirías exactamente.
6.2. Responder correctamente a las críticas
¿Qué hacer cuando
alguien nos critica agresivamente? Ya sea justa o injusta la crítica, cuando
menos la situación es inti-midante, a no ser que estemos muy seguros de
nosotros mis-mos y dominemos buenas estrategias de respuesta.
Para aprender este tipo de conductas,
es necesario que, pre-viamente, la persona tenga claras una serie de cosas, y,
caso de no tenerlas, debería de instaurarlas por medio de una Rees-tructuración
Cognitiva:
– la persona tiene que saber interpretar correctamente
(obje-tivamente) una situación en la que le parezca que está siendo criticada.
Tiene que saber discriminar lo que es ver-dadera crítica y lo que es mera
interpretación suya, dis-torsionada por sus pensamientos irracionales. ¡Hay
mu-chos comentarios inocentemente sarcásticos que son inter-pretados como
crítica feroz!
– también tiene que saber evaluar cuándo una crítica
está siendo emitida con mala voluntad (en cuyo caso tendría que saber
defenderse asertivamente) y cuándo se trata de una “crítica constructiva” (en
cuyo caso la reacción iría más encaminada a evaluar si la otra persona tiene
razón y/o cómo responder a ello).
Lo que es muy
importante a la hora de responder correcta-mente a una crítica es el tono en
que se emita la respuesta aser-tiva, ya que la persona que está criticando no
tiene que sentir-se agredida. Si esto ocurre, la conversación germinaría en una
140
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
discusión o una competición de
agresiones mutuas, que no lle-varía a ninguna parte. El tono de la respuesta a
una crítica tie-ne que ser, pues, lo más neutro y aséptico posible.
Veamos, concretamente, las
estrategias más comunes que existen para responder a las críticas:
a) Si te parece que la crítica es
justificada, pero no deseas continuar hablando sobre el tema (¡hay “críticos”
muy pesados!):
– Reconocer (Tienes razón)
– Repetir (Tendría que haber hecho...)
– Explicar (No lo hice porque...)
No hay que pedir nunca excesivas
disculpas. El dar dema-siadas explicaciones es signo de inseguridad. Con una
frase explicativa basta.
b) Si quieres convertir al otro en un aliado (no se lo espera-rá), en vez
de un crítico, pregunta:
–“¡¿Qué crees que debería de hacer?!”
Pide clarificación y no admitas
respuestas vagas o negativas:
(Crítico): –“No me gusta que hagas...”
(TÚ): –“Bien, pero ¿qué quieres que haga exactamente?” c) En cualquier
caso:
no permitas que el otro generalice su crítica a otras situa-ciones o a
otras facetas de tu personalidad.
Utiliza el acuerdo asertivo:
–“Si, debería de haber hecho..., pero eso no significa que yo sea...”
o el banco de niebla: sólo asentir a lo que consideramos
vá-lido, lo otro ni lo mencionamos:
141
(Crítico): –“Comes demasiado poco. No te estás cuidando lo suficiente y
te vas a debilitar”
(Tú): –“Si, puede que coma poco”
Esta última forma de actuar no
significa que estés cedien-do, ya que en todo momento pones el “quizás...”,
sino que no quieres seguir discutiendo.
Si la persona sigue insistiendo
(suele sentar muy mal este tipo de respuestas), puedes utilizar el aplazamiento
asertivo, es decir, aplazar la discusión para más adelante:
–“¿Te parece que lo hablemos en otro
momento?”.
6.3. Realizar peticiones
En este apartado
hablamos de peticiones no improvisadas, es decir, aquellas para las que la
persona puede prepararse previamente un guión o modelo de actuación: por
ejemplo, desde pedir un aumento de sueldo, una revisión de examen o pedir
aclarar con una persona algún “asunto pendiente” (con-flictivo), hasta declarar
el amor a una persona.
Lo más importante
es que, previamente, la persona se “pre-pare” para la situación, teniendo claro
qué es lo que quiere, cómo lo quiere, etc. y evaluando cuál es el mejor momento
pa-ra sí mismo y para el otro. A esto se refieren los puntos a) y b) de las estrategias
que describimos a continuación. El punto c) se refiere ya a la actuación en sí,
que en consulta se ensayaría por medio de role-playing, por ejemplo, antes de
enfrentarse la persona a la situación en vivo.
Veamos, entonces, las estrategias que
más se utilizan para realizar correctamente peticiones:
142
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
a) Clarifícate tú sobre qué es lo que quieres exactamente, cuál es tu
demanda:
Pido ayuda de ............
Quiero ............
Cuándo lo quiero ............
Dónde lo quiero ............
b) Señala el momento y
un lugar para discutir el problema que te concierne. No esperes a que la
situación sea propi-cia, porque corres peligro de no considerar nunca
“ade-cuada” la situación. Decide tú cuándo vas a realizar la pe-tición,
eligiendo el momento, lugar, hora, etc. que, según tus conocimientos de la
situación, sean más propicios.
Si te parece conveniente, anuncia a
la persona en cues-tión que quieres hablar con ella y decide con ella el
mo-mento adecuado.
c) Al realizar tu petición, ten en cuenta los siguientes pa-sos:
• Caracteriza la situación problema lo más detalladamente posible
• Exprésate por medio de los
llamados “mensajes-yo”, es decir, presenta en tu demanda tus
pensamientos, senti-mientos y tus deseos:
–“(Cuando tú...), yo creo... y me siento... Por lo tanto, quiero...”
Este mensaje variará según la situación que lo requiera.
Sobre todo, no culpes o ataques a la persona, ya que así só-lo
obtendrías una respuesta defensiva.
Enfócalo siempre
desde tu punto de vista (me siento..., pien-so...), no interpretes acciones o
intenciones de la otra persona:
143
Erróneo: “Eres un vago. Tú tan
tranquilo viendo la tele mientras yo me lío a fregar como un idiota”.
Correcto: “Cuando te veo mirando la
tele mientras yo frie-go, me da la impresión de que no me tienes en cuenta y me
siento como un idiota. ¿Por qué no me echas una mano y evitamos una bronca?”.
• Limita mediante una o dos frases claras cuál es tu objeti-vo. ¡Sé
concreto y firme!
• Acentúa la posibilidad de que ambos
os beneficieis si cuentas con la cooperación de la otra persona. Si es
nece-sario, expresa las consecuencias negativas que traerá su falta de
cooperación.
Veamos un ejemplo:
Antonio está
molesto con su compañero de piso José Ma-nuel, ya que éste no tiene en cuenta
los turnos establecidos pa-ra fregar, limpiar, etc. y le deja siempre todo
“empantanado” a Antonio. Este decide hablarlo con José Manuel, ya que la
si-tuación se va haciendo insostenible para él.
En primer lugar,
Antonio tiene que decidir cuál es el mejor momento para ambos para hablar del
tema. No es, desde lue-go, al volver José Manuel a casa por la tarde, ya que
suele es-tar cansado y de mal humor. Tampoco por la mañana, ya que Antonio es
de los que tardan mucho en despertarse y no esta-ría muy centrado para expresar
su demanda. El mejor mo-mento es un domingo después de comer, cuando ambos
están tomando un café frente a la televisión.
Antonio ensaya lo
que va a decir delante del espejo, ya que la situación le da temor por los
estallidos de agresividad que suele mostrar José Manuel. A nivel no verbal,
observa que tie-ne la tendencia a decir las cosas que le cuestan con una cierta
144
APLICACIÓN DE LO APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
risita, lo cual quita contundencia a
sus mensajes. Con ayuda del espejo, logra quitarse este tic molesto. En cuanto
al conte-nido verbal, ensaya las siguientes frases:
“José Manuel, quería decirte una
cosa. Cuando llego a casa cansado, me suelo encontrar que queda todo lo del
mediodía por fregar y las camas sin hacer. ¿Te acuerdas que decidimos que tú te
ocuparías de esas cosas? Como yo sí suelo cumplir con lo que me toca, me siento
tratado injustamente y me pon-go de muy mal humor.
Me gustaría que
pudiéramos solucionar este problema, ha-blando tranquilamente. Si quieres,
revisamos las tareas y tú coges las que te sean más cómodas. Creo que si
logramos cam-biar la situación, tendremos menos broncas, ya que yo ya no estaré
de tan mal humor. De lo contrario, tendré que buscarme otro compañero de piso,
porque así no me siento nada bien”.
6.4. Expresar sentimientos
No permitir que los
demás sepan lo que pensamos es tan poco consi-derado como no escuchar los
pensamientos y sentimientos de los otros (P. Jakubowski)
Igual de importante
que es saber defenderse, demandar y reclamar, así también es de vital
importancia el expresar senti-mientos. Este tema cuesta a muchas más personas
de las que se cree y aquél que lo haga estará demostrando que posee real-mente
una sana autoestima. En cualquier caso, se puede co-menzar aplicando estos
sencillos trucos que describimos a continuación. Muchas veces, el comprobar que
estamos com-portándonos bien hace que también nos vayamos sintiendo
progresivamente mejor con nosotros mismos.
145
Si te cuesta expresar honestamente tus sentimientos, pue-den serte
útiles los siguientes puntos:
a) Acostúmbrate a formar frases que
comiencen por: “quiero”... o “me gusta...”, “no me gusta...”, “me sien-to...”,
etc. Trata de incluirlas en tu conversación habitual, hasta que ya no te
resulte extraño utilizarlas.
b) Intenta comprobar el significado o los sentimientos que subyacen a los
comentarios del otro:
“¿Sentías que te criticaba cuando dije...?”.
c) No dejes pasar situaciones confusas
sin clarificarlas. Si algo te ha “mosqueado”, sorprendido, alarmado, etc., pide
aclaración inmediatamente. Es más fácil expresar tu malestar en el momento, que
si tienes tiempo para darle vueltas.
d) Acostúmbrate a utilizar frases
reforzantes para el otro. Si algo te ha gustado, házselo saber; si le aprecias,
inten-ta comunicárselo. A veces es más difícil expresar frases positivas que
negativas.
e) Como alternativa a estallar en ira ante una controversia, apréndete de
memoria esta fórmula:
1. “Estoy enfadado porque......”
2. “Me gustaría que......”
f) Si te cuesta mucho
expresar sentimientos, fíjate, mien-tras lo estés haciendo, en tu conducta
externa: cómo mo-dulas la voz, intentando hablar lentamente; cómo respi-ras
(puedes realizar una inspiración profunda antes de comenzar cada frase. Te
saldrán más fácilmente las pa-labras); qué postura adoptas y qué haces con tus
manos, etc. Intenta mantenerte relajado/a.
146
APLICACIÓN DE LO
APRENDIDO A SITUACIONES CONCRETAS
El fijarte en tu conducta externa
hace que no estés tan pendiente de lo que tienes que decir, y, a la vez, que lo
digas de forma más adecuada.
g) Una buena expresión
de los propios sentimientos debe-ría de incluir: tus necesidades, tus deseos,
tus derechos y cómo repercuten las distintas situaciones en ti. No de-bería de
incluir excesivos reproches, un deseo de herir y autocompasión. Estas últimas
enmascaran tus senti-mientos y hacen que la otra persona te entienda mal.
147
EDUCAR PARA LA
ASERTIVIDAD
Vosotros sois el arco desde el que
vuestros hijos, como flechas vivientes, son impulsados hacia lo lejos
(Khalil Gibran)
Todo lo que hemos expuesto hasta
ahora quiere ser una ayuda para el lector adulto e independiente, que, por las
razo-nes que sean, haya decidido aprender más sobre las relaciones humanas y la
asertividad.
Pero nuestro libro
no quedaría completo si solamente nos dirigiéramos a este público adulto.
Existen alrededor de noso-tros unos personajillos pequeños, pero importantes
que nos recuerdan constantemente nuestra propia infancia. Nos re-cuerdan
también que no están formados en la vida y que están aprendiendo de nosotros,
chupando todo lo que ven y oyen y formando las bases para lo que más adelante
serán de adultos. Son nuestros hijos, alumnos, sobrinos, amigos.
Muchos adultos se
arrepienten de no haber aprendido “a tiempo” ciertas habilidades, se lamentan
de que no se les en-
149
señara adecuadamente esa destreza tan
importante, o esa ca-pacidad... E igual ocurre con la asertividad. En un
capítulo an-terior comentábamos que gran parte de la “culpa” de que no seamos
asertivos está en la educación, en los mensajes que nos transmitieron de
pequeños.
Ahora que somos
adultos sanos, que hemos aprendido, tal vez a posteriori, a ser asertivos,
podemos y tenemos la obliga-ción de conseguir que a nuestros niños no les
ocurra lo mismo que a nosotros. Permitámosles vivir el placer de aprender, a la
vez que crecen y casi sin darse cuenta, a relacionarse adecua-damente con los
demás, a no considerarse ni más ni menos que los otros niños y adultos que les
rodean.
Como ya
comentábamos en otro momento, la capacidad de ser asertivo o socialmente
competente, no se hereda, no es al-go innato e inamovible, sino que se va
aprendiendo a lo largo de la vida. Las habilidades sociales sólo se aprenden
con la práctica. Los niños van aprendiendo a compartir, a
ceder turno, a cooperar y negociar. No es cierto, como a veces se dice, que
Fulanito “tenga dentro” el ser agresivo o a Menganito “le ven-ga de familia”
comportarse como un trozo de pan. Si son así es porque en su familia, en el
colegio, con sus amigos están aprendiendo a comportarse agresiva o
bondadosamente. Cla-ro que a Menganito “le viene de familia”, pero esto no
signifi-ca que lo haya heredado, sino que está “chupando” día a día una actitud
de bondad en su familia.
El aprendizaje que
el niño haga depende en gran parte de nosotros, los adultos. Tanto si somos
padres como profesores o tutores de niños, tenemos la obligación moral de
enseñarles a manejarse bien con las demás personas. La asertividad, que forma
parte de la autoestima, es un escudo que protegerá al
150
niño de por vida.
Más adelante describiremos estrategias puntuales para aplicar con nuestros
niños. Pero independien-temente de las técnicas puntuales, hay que mostrar y
trans-mitir en todo momento una actitud de apertura hacia el con-tacto social.
Unos padres concienciados de esto, invitarán fre-cuentemente a amigos de sus
hijos a casa o en pequeñas sali-das y excursiones. También permitirán que sus
hijos vayan a casa de otros compañeros y que se queden a dormir, si así lo
desean (hay muchos padres a los que no les gusta esto!). Un profesor que quiera
fomentar las habilidades sociales en su clase, estimulará el trabajo en equipo
y encarará directamen-te cuantos problemas de enemistad, agresividad, liderazgo
surjan en el grupo.
Es importante
enseñar al niño a ser asertivo tanto con com-pañeros de su edad, como con niños
menores, como con el adulto. Hemos de tener en cuenta que el niño tiene una
doble tarea: no sólo debe aprender a relacionarse con personas que son iguales
que él, sino también con personas superiores, los adultos, a los que debe
guardar un respeto y hacer caso, pero frente a los que también puede y debe
autoafirmarse. ¿Qué sig-nifica que el niño sea asertivo con el adulto? Desde
luego que no se pretende que se convierta en un repelente, que todo lo sa-be
mejor que el adulto, ni en alguien desobediente y contestón. El niño asertivo
con el adulto es amable cuando le preguntan, levanta la vista, mira a los ojos
y tiene un habla clara. También pide aclaraciones si no entiende algo y no
interrumpe. Este ni-ño tan “modélico” que reflejamos aquí se parece mucho a lo
que piden los cánones de buena educación; la diferencia es que desde aquí
pretendemos que el niño se comporte de esta forma no porque deba hacerlo, sino
porque “le sale de dentro”, por-que no tiene miedo pero sí respeto hacia el
adulto.
151
Bien, estaréis pensando muchos de los
que leáis esto, todo suena muy bien, pero ¿qué tenemos que hacer,
concretamen-te? ¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos, alumnos, etc. a ser más
asertivos?
Vamos a explicar muy brevemente los
principios básicos de la teoría del aprendizaje.
7.1. Principios básicos del aprendizaje de la asertividad
Como hemos dicho
ya, las conductas asertivas y, en gene-ral, todas las conductas, no se heredan,
sino que se aprenden.
Si bajo conducta se entiende: hacer,
sentir y pensar, también se aprenderán:
a) las emociones, como el miedo, el vergüenza, la ira…
b) las conductas problemáticas como la desobediencia, la agresividad, la
timidez, etc.
¿Cómo se aprende todo esto?
Un niño se va desarrollando en
estrecha interrelación con el ambiente que le rodea. Dependiendo de cómo sea el
ambiente (familia, escuela, sociedad) que rodea al niño, éste aprenderá a
comportarse de una manera u otra:
Todos buscamos, por
encima de todo, llamar la atención y sentirnos valorados (ser
“alguien” para los demás). Desde niños, la principal motivación que
nos mueve por la vida es ésta. En el niño, ser “alguien” para los demás es de
vital importancia, ya que en eso se basará su autoestima. El niño que se haya
sen-tido adecuadamente querido y respaldado, desarrollará una sana autoestima y
una seguridad en sí mismo. Más adelante, deberá dejar de estar pendiente de la
opinión de los demás pa-
152
ra dejar paso a sus propios
criterios. Por desgracia, hay mu-chos adultos que todavía continúan esperando
obtener la “re-compensa” a sus acciones por parte de los demás.
Para conseguir
sentirse valorado, el niño (¡y también el adulto!) utilizará todos los métodos
que estén a su alcance, in-dependientemente de su valor moral.
Según cómo le responda el ambiente, continuará exhibiendo un
comportamiento y aban-donará otro. Por ejemplo, si un niño consigue llamar la
aten-ción portándose bien, atendiendo en clase y siendo buen com-pañero, y esta
conducta es valorada por parte del profesor y/o sus padres y compañeros,
continuará con ella, ya que le apor-ta beneficios.
Si, por el
contrario, otro niño ve que consigue llamar la atención molestando, haciendo
reír o mostrando conductas agresivas, también continuará comportándose de esta
manera. En este caso, sus profesores y padres seguramente no le alaba-rán, pero
él puede sentirse valorado por ellos: es “alguien” pa-ra los demás, los
compañeros seguramente le reirán las gracias y ser regañado es una forma de
llamar la atención y ser im-portante. Seguramente, si nadie le muestra que
existen otras conductas con las que puede obtener igual beneficio, este niño
continuará con su conducta disruptiva.
El mecanismo que están siguiendo los
niños es el mismo en ambos casos.
7.1.1. ¿De qué depende el aprendizaje de la
asertividad?
El que un niño
aprenda una conducta u otra y concluya que ésta puede serle más beneficiosa que
aquella depende princi-palmente de tres factores: de lo que ocurra
inmediatamente después de exhibir esa conducta (simplificando mucho: si es
153
premiado o castigado), de lo que pase
antes (los llamados “es-tímulos discriminativos”) y de los modelos que tenga el
niño para imitar. Vamos a describir los dos que más nos interesan: los
consecuentes y los modelos a imitar.
1- CONSECUENTES:
(lo que ocurre inmediatamente después de una conducta)
Cualquier
comportamiento va siempre seguido de una reacción del exterior. Muchas veces
las reacciones son tan mí-nimas que no son dignas de resaltar, pero otras, y
sobre todo para un niño que está muy pendiente de lo que le llegue de fuera,
son completamente marcantes. Obviamente, si alaba-mos o mostramos satisfacción
ante una conducta una sola vez, no servirá de nada. El niño llegará a la
conclusión de que vale la pena continuar con esa conducta después de que se la
haya valorado varias veces y, si es posible, por varias personas im-portantes
para él.
Existen dos tipos básicos de
consecuencias o reacciones an-te una conducta:
A: Refuerzo positivo
El llamado refuerzo positivo es
cualquier respuesta agra-dable que nos llegue del exterior y que nos haga
pensar que la conducta que acabamos de emitir es deseable.
Los refuerzos
pueden ser materiales: premios; sociales: elo-gios, miradas, atención;
simbólicos: dinero, puntos; y, en el adulto, pueden ser sus propios
pensamientos y automensajes los que le refuercen (autorrefuerzos). El refuerzo
social, es de-cir, la atención y valoración verbal y no verbal que recibamos,
es el más poderoso y tiene un efecto mucho mayor que cual-quier premio material
que demos a la persona.
154
Los refuerzos positivos aumentarán la
probabilidad de que se vuelva a producir la conducta. De esta forma, se puede
afir-mar que si algo está ocurriendo regularmente, lo más seguro es que esté
siendo reforzado, y eso vale para las conductas co-rrectas y las incorrectas.
Una conducta que no
reciba una respuesta valiosa durante un tiempo prolongado, se irá debilitando
hasta desaparecer: si no alabamos nunca a un niño por portarse bien, buscará
otras formas de llamar la atención; si no hacemos caso a un niño que llora, terminará
por buscar otras formas de conseguir lo que quiere. Como vemos, este mecanismo,
que se denomina extin-ción, puede ser beneficioso o perjudicial para la
persona.
B: Castigo
Como castigo entendemos cualquier
respuesta no gratifi-cante, desde regañinas hasta castigo físico, pasando por
el des-precio, la burla, la agresión verbal.
En contra de lo que
se pueda pensar, este método suele ser muy efectivo en un primer momento, pero
a la larga no hace que se cambie la conducta de raíz. Puede cambiar la conducta
res-pecto a la persona que dispensa el castigo (se la evita o uno “no se deja
pillar”), pero no la actitud de la persona castigada. Suele:
– provocar la imitación (un niño pegado, pegará con mayor frecuencia)
– distanciar al castigador del castigado
– crear sentimientos de depresión y baja autoestima en la persona que
recibe castigo sistemáticamente.
Por desgracia, hay un tipo de castigo
que, aplicado regu-larmente, sí tiene efecto a largo plazo: el castigo
social (ver-güenza, deshonra, burla).
155
Igual que ocurre con el refuerzo, el
castigo es subjetivo: unos se sienten castigados por algo que a otros no les
signifi-ca nada.
Existen otros tipos
de consecuentes, aunque el refuerzo y el castigo sean los principales. Para
nuestro tema de la asertividad interesa conocer el llamado refuerzo
negativo. Esto significa que la consecuencia que la persona recibe tras su
conducta no es algo positivo ni negativo, sino que es el cese de una situación
desa-gradable. Este concepto, algo difícil de entender, es, sin embargo, la
explicación a muchas conductas de huída o evitación de situa-ciones. Una
actitud callada, apocada, puede ser una búsqueda de este tipo de refuerzo. La
persona piensa: si no llamo la atención, si no digo nada, me dejarán en paz,
cesará una situación desa-gradable para mí en la que me siento muy mal porque
no sé có-mo comportarme. De forma mucho más clara, el niño que no se atreve a
enfrentarse a otro y sale huyendo, se está rigiendo por la búsqueda de un
refuerzo negativo. Este mecanismo habrá que tenerlo muy en cuenta a la hora de
ayudar a un niño que tenga algún problema de asertividad. A veces, se resistirá
a cambiar o aprender otra conducta, ya que el beneficio que obtiene con su
huída es mucho mayor que un posible refuerzo positivo que le estamos
proponiendo (sentirse bien por haber conseguido en-frentarse adecuadamente a
otro), pero que no conoce.
¿Cómo se pueden formar, a partir de
lo dicho, conductas agresivas, sumisas, problemáticas en general?
Refuerzo de
conductas inadecuadas: a la persona se le dispen-sa atención por una
conducta no correcta, que hace que la per-sona se sienta importante: regañar y
no reforzar otra conduc-ta correcta a cambio; “reír las gracias (“niños
payaso”), aten-der a quejas, atender sólo a conductas agresivas, alabar mucho
156
una conducta callada, cuando en
realidad puede ser una falta de asertividad, etc.
Si sólo prestamos atención a las
conductas inadecuadas y nos callamos las adecuadas, dándolas por hecho, éstas
se ex-tinguirán y continuarán las inadecuadas.
Actitud impaciente: hacer algo que
debería de hacer la otra persona, para acelerar el ritmo: en el caso de la
asertividad, se trataría de la madre que va a hablar con los “malos”
compa-ñeros de su hijo para disuadirles de que le maltraten. El niño jamás
aprenderá a defenderse por sí solo y tendrá la impresión de que tiene que
depender de alguien que le ayude.
Consecuencias contradictorias: si bien nunca se puede dar una
regularidad completa, sí se puede confundir mucho al niño si, por ejemplo,
actuamos con él según estemos de humor, o los padres y maestros que no se ponen
de acuerdo y cada uno ac-túa de forma distinta ante mismas situaciones, o si
pretende-mos que el niño haga una cosa y luego no la hacemos nosotros mismos.
Estas actitudes
crean en el niño sentimientos de inseguri-dad y pueden llevarle a realizar
conductas extrañas, sin orden ni regularidad o a guiarse exclusivamente según
su propio cri-terio, cosa que en un niño no siempre es lo más adecuado.
2- LOS MODELOS A IMITAR
De todos es sabido que los niños
imitan constantemente a los adultos. Lo que no suele estar tan claro es que
esta con-ducta imitativa puede ser causante tanto de conductas correc-tas y
socialmente deseables como al revés.
Nos solemos fijar
más en aquello que vemos u oímos que en aquello que nos dicen o leemos. Si
vemos a una persona re-
157
cibir una recompensa por una acción
que a nosotros nos pare-ce importante, tenderemos a querer imitarla.
Es importante saber que un niño no
imita indiscriminada-mente a cualquier adulto o compañero, sino que se tienen
que dar una serie de requisitos que hagan que, para ese niño, la persona sea
“digna de ser imitada”. Estos son:
– que la persona “a imitar” esté recibiendo un refuerzo por su conducta
que sea deseable para el niño
– que, por lo que sea, la persona “a imitar” le llame la aten-ción al
niño
– que sea un modelo válido para el niño (el “empollón” de la clase o la
“cursi” no suelen serlo).
Resumiendo todo lo dicho: los
padres y los profesores son im-portantísimos para el niño como reforzadores y
como modelos a imi-tar. Ellos son los que van a hacer que el niño se vea a
sí mismo como competente-incompetente, indigno de cariño-estimable,
etc.
7.2. Educar para la asertividad
7.2.1 Actitudes generales a tener con nuestros
niños
Hay algunas actitudes generales a
tener en cuenta a la ho-ra de educar a un niño para la asertividad. Por
supuesto, son normas que no solamente tienen cabida para el tema de la
asertividad, sino que cumplen numerosas otras funciones educativas, sobre todo,
la de desarrollar la autoestima. Incluso pueden sonar a perogrullo, pero hemos
preferido exponerlas antes que pasarlas por alto.
Regla nº 1: ¡Cuidado con
las proyecciones!
158
Muchas veces,
tendemos a proyectar nuestros propios te-mores y experiencias negativas en
nuestros hijos. El padre del que se han burlado mucho de pequeño, tenderá a
querer “pro-teger” a su hijo de esta experiencia, insistiéndole en la
descon-fianza hacia los demás e intentando que se anticipe a los “ata-ques” de
los otros, atacando él antes. No siempre expresará to-do esto con palabras,
pero basta que el niño vea en su padre esta actitud o que se fije en pequeños
comentarios del padre para que llegue a la conclusión: “parece que el mundo es
peli-groso. Tendré que ir con mucho cuidado”.
La madre que está
continuamente pendiente de lo que piensen los demás de ella, que tras haber
estado su hija en ca-sa de unos amigos le acribilla a preguntas sobre su
comporta-miento, sobre si se portó bien para que los otros se hayan lle-vado
una buena opinión de la niña, está proyectando su temor en ésta y logrará
pronto que la hija esté igualmente pendiente de lo que los demás opinen de
ella.
Es difícil, pero hay que intentar de
todas las formas que el hijo o alumno no se vea “predestinado” a cumplir las
expecta-tivas que tienen sus padres respecto a él, a curar sus frustra-ciones o
a cumplir sus esperanzas.
Por supuesto que
todo educador que lea esto, pensará: “pe-ro yo quiero lo mejor para el niño” y
la actitud que propone-mos, que es la de aceptar al niño con sus ideas
y actitudes y dejar-le tener las experiencias a él, es igualmente sabida
como difícil de realizar. Nuestra propuesta es: analizar las
propias ideas y te-mores y reflexionar si hay alguna que pueda ser
“irracional”, fruto de alguna experiencia dolorosa que el niño no tiene por qué
pasar. Esa idea es la que no tenemos derecho a intentar “colar” al niño sin que
él nos lo haya pedido ni sus experien-
159
cias nos lo hayan hecho necesario
transmitir. Sí podemos, por supuesto, darle consejos o contarle nuestras
experiencias, pe-ro nunca de forma categórica ni estableciendo reglas (“todo el
mundo es así”, “nadie te va a ayudar”, “no te fíes de nadie”, etc.)
Regla nº 2: No confundir
un error puntual con una caracte-rística de la personalidad.
Un método muy
poderoso para no permitir que se desarro-lle la autoestima es tachar al niño de
“malo”, “vago” o “deso-bediente” cuando ha hecho algo mal. En este caso, se
está con-fundiendo una conducta puntual con toda la personalidad del niño.
Aunque el adulto tenga claro que un niño no es “malo”, estrictamente hablando,
por el hecho de haber pegado a un compañero, el propio niño no lo tiene tan
claro. Si oye una y otra vez “eres malo” ante cada acto agresivo que cometa,
lle-gará a la conclusión de que él es, efectivamente, una mala per-sona y,
sobre todo, que no tiene remedio. Una persona que desde siempre piense que “es
mala” no podrá desarrollar una sana autoestima, porque está convencida de que
eso es ina-movible y de que no hay nada que hacer con él. Todos sus ac-tos
estarán marcados por el hecho de “ser malo”. Sabiendo que todos los niños
quieren, en el fondo, ser “buenos” ¿qué hará el niño al que se le ha hecho
sentir que es intrínsecamen-te malo? Tiene varias opciones, pero ninguna
encaminada a desarrollar una autoestima sana ni, por supuesto, una con-ducta
asertiva correcta.
Lo mismo ocurre con
un niño que una y otra vez oye que es “cobarde” o “tonto”. Es muy diferente
decirle “hoy no te has defendido bien cuando aquél niño se burló de ti” que
“eres un tonto. Todo el mundo te toma el pelo”. Seguramente, además,
160
este niño comenzará
pronto a actuar según le están diciendo que es, y de forma cada vez más
sistemática. Lejos de enseñar-le conductas concretas que podría modificar, se
le seguirá ta-chando de “tonto”, entrando así en un círculo vicioso del que es
difícil salir y que al niño no le aporta ningún beneficio.
Regla nº 3: Asegurarse de
que las expectativas que se tie-nen respecto al niño son razonables y adecuadas
a su nivel y edad.
Un niño no es igual de asertivo a los
5 que a los 9 años, lo mismo que tampoco es igual de sociable o de creativo. A
cada edad le corresponden unas pautas de conducta que, antes o después,
estarían desfasadas.
El problema que
tienen muchos niños es que se les exigen cosas para las que todavía no están
preparados. Así, a veces, se les piden ciertas “responsabilidades” cuando el
niño toda-vía no es lo suficientemente maduro como para captar la si-tuación en
su totalidad. Pedirle a un niño de 10 años que es-tudie porque es bueno para su
futuro seguramente no servirá más que para que odie la asignatura. Todavía no
se da cuenta de la importancia del estudio y habrá que encontrar otros
ele-mentos que le motiven a estudiar.
Lo mismo ocurre con
la asertividad: muchas veces se espe-ra que un niño pequeño reaccione de forma
mucho más “va-liente” ante ataques y regañinas de lo que todavía es capaz.
Estas expectativas se traducen luego en grandes regañinas si el niño no se ha
comportado como “debería”. Un ejemplo son los niños “llorones”, (hablamos de un
margen de edad entre los 5 y los 8 años) que ante un ataque o una situación que
les pon-ga inseguros rompen a llorar o se refugian en el adulto que más
confianza les dé. Si a este niño se le tacha de “cobarde”,
161
se le recuerda que
debe de sentir “vergüenza” ante los demás o se le regaña porque debería de
haberse enfrentado a la si-tuación, no se hace más que agravar el problema: el
niño ten-drá cada vez más ansiedad porque nadie le está explicando realmente
cuál es la conducta adecuada y, además, no se le de-ja tiempo para que pueda
experimentar otras conductas. Hemos visto en consulta muchos niños
completamente aterro-rizados ante lo que puedan decirles sus padres después de
ha-ber “vuelto a llorar en el cole”.
Otro ejemplo sería la tendencia, por
suerte cada vez menos extendida, de no permitir que un niño (varón) llore o se
mues-tre débil, ya que “los hombres no lloran”.
Para este tema no
se pueden establecer reglas generales: no hay una edad en la que el niño ya no
“debería” de ser cobarde o débil. Cada niño madura a su ritmo y en su momento y
te-nemos que permitir que nuestro hijo o alumno se tome el tiem-po que él necesita
para aprender a ser asertivo. Por supuesto que podemos ayudarle, y de eso trata
el capítulo siguiente, pe-ro de ninguna forma coartarle en su desarrollo a base
de me-terle miedo o someterle a presión.
7.2.2. El niño no es asertivo, ¿qué hacer?
En todas las
escuelas hay niños más atrevidos y seguros y niños más apocados y “cobardes”.
En casi todas las clases exis-te “el tonto de la clase” que puede ser el típico
payasín que busca gustar a los demás con sus tonterías, o el niño del que todos
se ríen o un ser anónimo que está sentado en la última fila y que,
aparentemente, no se entera de nada. Exceptuando los problemas de aprendizaje
que puedan tener, la mayoría de estos niños tendrán problemas de asertividad.
162
¿Qué puede hacer un
profesor si observa conductas de este estilo en alguno de sus alumnos? ¿Y qué
puede hacer un pa-dre si ve que su hijo se está convirtiendo en ese “tonto de
la clase”? Las actitudes que ambos deben de tomar son diferen-tes ya que las responsabilidades,
el tiempo de dedicación y muchos otros factores son muy distintos. Sin embargo,
vamos a atrevernos a dar unas pautas generales, para que cada uno las adapte a
su realidad y las pueda aplicar como mejor se ajuste a su contexto con el niño.
Antes de aplicar
cualquier tipo de estrategia debemos de plantearnos muy seriamente una
pregunta: ¿sabemos exacta-mente qué le pasa a nuestro hijo o alumno? ¿podríamos
describir con precisión qué es lo que le está afectando y en qué medida?
Al igual que ocurre cuando nos
intentamos “tratar” a no-sotros mismos, antes de decidir qué hacer para paliar
un pro-blema hay que haberlo observado durante un tiempo con la mayor
objetividad posible. Esto significa hacer todo lo que describíamos en el capítulo
4, pero también añadir un detalle muy importante: escuchar al niño.
Y escuchar no
significa “oír” lo que cuenta a la hora de la comida o en una excursión, sino:
dedicarle tiempo, dejarle cla-ro que nos interesa lo que nos cuenta, pero que
no nos angus-tia, ser activos al escucharle (hacerle preguntas, pedirle
aclara-ciones, etc.), ser empáticos, es decir, ponernos en su lugar y ver el
problema desde su punto de vista, etc.
Muchas veces el
niño no acude espontáneamente a contar cosas, quizás porque el tema que le
preocupa es demasiado duro para él, quizás también porque, simplemente, no está
acostumbrado a explicar sus problemas. En cualquier caso, ha-bría que invitarle
(no obligarle!) a que nos contara. Y eso sig-
163
nifica que hay que
estar preparado y descansado, para que él no vea signos de fatiga o
aburrimiento en nosotros y se frustre en sus intentos de explicar. También, por
supuesto, nos tiene que ver con los cinco sentidos puestos en él, sin
distraernos (es decir: no estar viendo la tele de reojo o vigilando a otros
niños a la vez que le estamos escuchando).
Si sabemos escuchar
lo que nuestro niño nos quiere decir, evitaremos sacar conclusiones arbitrarias
que, como he podi-do observar repetidamente en mi consulta, no hacen más que
enturbiar el asunto y angustiar o aislar al niño.
En todo momento,
sobre todo si vemos que el niño co-mienza a tener dificultades de relación,
conviene hacerle cons-ciente del tema de sus “derechos”. Es éste un concepto
que, co-mo decíamos en otro capítulo, no se suele enseñar a los niños y tenemos
que aprenderlo siendo ya mayores.
Unos padres conscientes de este tema
podrían introducir en sus conversaciones diarias, sobre todo si el niño está
pre-sente y atento, alusiones a los propios derechos. Ya sea co-mentando
noticias o anécdotas que cuenten unos y otros o aplicando este tema a las
propias discusiones y conversacio-nes, la cuestión es que se repitan muchas
frases del estilo: “lo que le han dicho a tu amigo es injusto, porque él tenía
derecho a decir lo que pensaba”; “este señor de la tele está pisando el derecho
del otro a expresar lo que quiere”; “por favor, deja que diga mi opinión antes
de decir que son tonterías. Tengo dere-cho a ello”; “tu hermana tiene derecho a
hablar, es su turno. Luego hablarás tú”, etc.
De esta forma, el
niño irá incorporando a sus conocimien-tos el de la existencia de unos derechos
que él tiene que respe-tar, pero que también han de respetarle a él.
164
La asertividad se puede enseñar de
forma directa o indi-recta. Cuando hablamos de “forma directa” nos referimos a
técnicas concretas a aplicar con un niño que muestra dificulta-des de
asertividad, hablándolo con él e incluso ensayando si-tuaciones que le causan
problema. Y la “forma indirecta” es to-do lo que podemos modificar en el niño
sin que éste se de realmente cuenta, como puede ser reforzarle conductas
co-rrectas o hacer de modelo con él. Veamos ambas formas de ayudar al niño:
FORMAS INDIRECTAS DE
ENSEÑAR ASERTIVIDAD
Cuando veamos que
el niño comienza a tener conductas que más adelante le pueden causar problemas,
podemos apli-car un programa de “modificación de conducta”. Esto consiste
simplemente en estar muy atentos a sus manifestaciones y comportamientos
y reforzar, por medio de halagos, atención es-pecial o juegos
conjuntos, aquellas conductas que se aproximen a la correcta. De la misma
forma, deberíamos de ignorar siste-máticamente toda expresión
de sumisión o agresividad. Sobre todo para este último caso, esta técnica es
muy efectiva.
Si lo hacemos bien,
el niño no tiene por qué darse cuenta conscientemente de que le estamos
“enseñando” a comportar-se de una forma concreta. Nuestra labor consiste
solamente en hacer consciente al niño de las muestras de capacidad asertiva que
pueda dar en un momento. Por ejemplo: ante un niño que tiende a ser muy
agresivo con los demás, la actitud sería de ig-norar “descaradamente” cualquier
manifestación de agresivi-dad. Tan pronto como exprese algún deseo de pegar o
gritar, debería de retirársele la atención y dedicarnos a otros niños o
menesteres. Si se ha portado muy mal podemos castigarle, por supuesto, pero no
de forma que él vea que nos exaspera, sino
165
lo más fríamente
posible. A cambio, debemos de estar muy atentos ante manifestaciones de no
agresión. Esto es más difí-cil de lo que parece, ya que las conductas “buenas”
las damos por supuesto, mientras que las “malas” nos llaman la atención
enseguida. Pero al igual que debemos de enseñar al niño que, si quiere nuestra
atención, debe de comportarse correctamen-te, también nosotros tenemos que
realizar un cambio de men-talidad, estando atentos a cuando es o dice algo
“pacífico” y amable a otros, para reforzarle de inmediato con atención,
ha-lagos (“muy bien, te has defendido sin tener que pelearte con Juan”; “eso de
defender a un niño pequeño está muy bien. No todo el mundo se atreve”, etc.) o
hasta algún pequeño premio, aunque él, aparentemente, no sepa a qué viene ese
regalo re-pentino (“como hoy has sido muy bueno, nos vamos a comer a una
hamburguesería”).
Una buena idea es reforzar
capacidades. Ante una conduc-ta correcta (por ejemplo, haberse enfrentado
correctamente a un compañero que se burlaba del niño, en el caso de una
su-misión; o no haber atacado a otro niño, ante una agresividad), tiene mucho
efecto dirigir el halago hacia la totalidad de la persona: “esto demuestra que
eres capaz de cortar a Enrique si se pone bruto contigo” o “muy bien, está
claro que tienes ca-pacidad para darte cuenta de que no puedes pegar a niños
más pequeños”, etc.
Tenemos también que darle al niño la
oportunidad de mos-trar su capacidad, por muy mínima que ésta nos parezca:
ha-cerle partícipe en discusiones y enseñarle mediante refuerzos a conversar
correctamente; cuando veamos que tiende a evitar pequeñas situaciones que
sabemos que puede afrontar, ayu-darle a hacerlo, etc.
166
Por otra parte, los
halagos hay que dispensarlos con cuida-do, ya que el elogio excesivo incomoda a
los niños. La cuestión no es pasarnos el día entero alabando al niño por
cualquier co-sa que haga, sino dirigir nuestra atención a lo que queremos
modificar y esperar cualquier mínima manifestación de la con-ducta correcta
para reforzarla. Cuando veamos que una con-ducta ya está instaurada, podemos
pasar a reforzar conductas más difíciles o elaboradas.
Por último, un detalle que muchas
veces se nos escapa es el de nuestro lenguaje. A oídos de un niño, es muy
diferente es-cuchar: “no deberías de haber hecho esto” a “la próxima vez hazlo
mejor”. Es decir, debemos de reflexionar si nos estamos dirigiendo a nuestros
niños de forma positiva y constructiva o negativa y destructiva. Un lenguaje
positivo implica expresar-se de forma afirmativa y fijarse en lo positivo de
una situación o, cuando menos, en cómo puede solucionarse una próxima vez. Un
lenguaje negativo hará énfasis en lo erróneo de la si-tuación y caerá en
argumentos reiterativos del estilo: “otra vez...”, “siempre haces...”, etc.
FORMAS DIRECTAS DE
ENSEÑAR ASERTIVIDAD
Muchos problemas, tanto de adultos
como de niños, se mantienen no porque la persona no sea consciente de ellos,
si-no porque no sabe la forma de combatirlos. La persona sabe qué debería
de hacer, pero no sabe cómo hacerlo. El saber cuál debería
de ser la conducta correcta no significa que sepamos las maneras exactas de
aplicarla y esto es la razón de que mu-chas personas se autorreprochen y
desesperen consigo mis-mas por no solucionar su problema. Están confundiendo el
“qué” con el “cómo”.
167
En general siempre,
pero particularmente si el niño mues-tra grandes dificultades o está muy
angustiado con su proble-ma, no bastará con decirle: “pues si Pedro se ha reído
de ti, le pegas un corte y ya está”, porque esto es seguramente lo que más
fervientemente está deseando poder hacer el niño. El pro-blema es que no sabe
cómo hacerlo. Frases del estilo: “tú no te dejes achantar. Si te pegan,
devuélvesela” o, al revés, “deja ya de pegar a tu hermano. Tienes que aprender
a conversar con él”, sólo pueden angustiar al niño al ver éste que se le está
pi-diendo repetidamente una conducta que, ya que no se le ex-plica, parece
obvio que “debería” de saber.
Cuando un niño nos
haya relatado su preocupación res-pecto a su conducta no asertiva y/o hayamos
observado que, efectivamente, tiene bastantes problemas en su relación con los
demás, podemos iniciar una especie de “trabajo en equipo” con él. Es decir, aparte
de las formas de corrección indirectas que describíamos antes y que no hay que
dejar nunca, pode-mos hacer consciente al niño de que tiene unas dificultades y
que existen unos métodos para mejorarlas. Para ello, debemos de ser nosotros
los primeros en creernos que, efectivamente, hay solución y que, además, está
en manos del niño, con nues-tra ayuda. Si nosotros dudamos o estamos muy
angustiados, el niño lo captará enseguida, también si tenemos mucha prisa en
que mejore y nos desesperamos si va demasiado lento a nuestro entender. Si se
da alguno de estos casos, es mejor que el niño acuda a un profesional
(psicólogo), que evaluará y tra-tará el problema de forma mucho más objetiva y
racional.
Imaginemos a
Daniel: un niño tímido y callado de 8 años, tendente al llanto cuando algo no
le sale bien. Aunque tiene la misma edad que los demás niños de su clase,
parece más pe-queño, ya que siempre está pendiente de lo que propongan los
168
demás, sin aportar
nunca nada él. Habla en susurros y con la mirada baja y cuando no sabe hacer
algo, se retira o se echa a llorar y, por supuesto, no sabe defenderse en
absoluto ante los ataques físicos y psicológicos a los que le somete Iván, una
es-pecie de “matón” que hay en la clase de al lado.
El padre de Daniel, ante este
problema, debería primero de escucharle, valorar su problema como algo a tomar
en serio (repetimos: sin angustia) y encaminarle hacia el afrontamien-to. Debe
de repasar con Daniel sus derechos, traduciéndolos a un lenguaje que entienda
el niño y le sea cercano, por medio de ejemplos propios de su edad.
También debería de
clarificar metas, definiendo muy con-cretamente qué es lo que quiere cambiar.
Como ya describía-mos en el capítulo 4, no vale con decir “quiero ser como
Juan”, sino “quiero que no me quiten mis cosas; quiero que no se rían de mí;
quiero que me dejen jugar al fútbol con ellos”, etc.
En un momento en el
que ambos tuvieran ganas, podría en-sayar conductas asertivas que podría
exhibir Daniel respecto a Iván. El padre asumiría el papel de Iván (previa
descripción de su comportamiento y respuestas por parte de Daniel) y Daniel el
que hace normalmente. Ambos analizarían qué es lo inco-rrecto de la conducta de
Daniel o qué es lo que provoca a Iván a burlarse de éste. Luego, el padre puede
sugerirle varias al-ternativas de conducta, previa consulta de las técnicas
expli-cadas en capítulos precedentes (5 y 6). Estas estrategias están descritas
para ser aplicadas por una persona adulta, pero son muy fácilmente
transformables al lenguaje infantil. Daniel po-dría, por ejemplo, tener
preparados automensajes alentadores, que le faciliten la no huída. Por ejemplo:
“cuando vea que se acerca Iván, no saldré corriendo. Seguiré con lo que estaba
ha-
169
ciendo”; “si me llama: ‘Daniel, cara
de tortel’, le diré que me deje en paz, pero sin llorar”; “si tengo ganas de
llorar, respira-ré hondo y pensaré en la película de esta tarde”.
Debería de tener
preparadas unas estrategias de conducta particulares para cuando Iván se burle
de él (por ejemplo, no huir ni llorar ni mostrar miedo, pero tampoco intentar
en-frentarse a él. Pedirle firmemente que le deje en paz) y otras generales
para su comportamiento habitual en clase (de nue-vo: no llorar, utilizando la
respiración; no refugiarse en la pro-fesora, sino intentar resolver los
problemas por sí solo, etc.).
Todo ello debe de
ensayarse varias veces por medio del en-sayo o role-playing y/o haciendo que
Daniel se imagine situa-ciones peligrosas e intente afrontarlas en la
imaginación.
Es importante ofrecer al niño varias
alternativas de con-ducta. Por un lado, esto fomenta su capacidad de decisión,
ya que será él el que elija cuál estrategia le gusta más; y por otro lado, si
la técnica elegida le falla, siempre podrá contar con otras alternativas.
Es bueno ilustrarle
el problema contándole una historia so-bre otra persona que vivió situaciones
similares, también pa-sándolo mal. Si se quiere, se puede utilizar un ejemplo
propio, ya sea real o inventado, ya que esto le animará mucho más a cambiar (“a
mí me pasaba algo parecido con un chico mayor que siempre me perseguía. No
sabía cómo quitármelo de enci-ma y me lo pasaba fatal. Hasta que un día
decidí...”, etc.).
Por muy efectiva que sea la
estrategia elegida, nunca se so-lucionará el problema del niño de un golpe.
Conviene tener presente que siempre hay que ir paso a paso. Ni los
padres ni el niño deben de pretender que, de un golpe, el niño se haga
asertivo.
170
Esto es conveniente
tenerlo muy presente para prevenir si-tuaciones de fracaso. ¡Cuidado con crear
falsas expectativas! El niño tiene que tener muy claro que no va a haber un
cam-bio radical a la primera intentona. Por nuestra parte, debemos de tener claro
que lo “reforzable”, por lo que vamos a alabar y premiar al niño, va a ser el
desafío, el intento de superación, no el éxito, ya que éste puede tardar mucho
en aparecer.
Hay que ayudarle a sentirse bien
consigo mismo aún en si-tuaciones de derrota porque si no, el niño no querrá
volver a repetir la experiencia de afrontamiento ni intentar ninguna otra
estrategia. Ante una derrota se puede, por ejemplo, anali-zar qué puede haber
habido de positivo en la actuación, qué se puede haber aprendido para otra vez
o, simplemente, resaltar otras buenas cualidades que el niño puede haber
mostrado en clase.
En el caso de que
el niño muestre su conducta no asertiva delante de nosotros, (por ejemplo: el
padre de Daniel le va a recoger al colegio y observa que se están metiendo con
él y que él se echa a llorar y sale corriendo; o nos damos cuenta de que nuestro
hijo está pegando a un niño más pequeño) se le puede hacer consciente del error
que está cometiendo e intentar co-rregirle sobre la marcha. La forma de hacerlo
debería de seguir aproximadamente esta fórmula:
• Descripción de la conducta: “he visto cómo se burlaban de ti y
tú llorabas y te ibas corriendo” o “has pegado a Carlitos hasta hacerle
llorar”.
• Una razón para el cambio: “así se están creyendo que son más
que tú y continuarán riéndose de ti” o “Carlitos es más débil que tú y no se
puede defender”.
171
• Reconocimiento de los sentimientos
del niño: “debes de
sentirte fatal cuando te ocurre esto “ o “ya sé que quieres que los demás vean
que eres muy fuerte”.
• Una formulación
clara de lo que se espera del niño: “¿Recuerdas lo que ensayábamos en
casa? ¿Por qué no pasas delante de Iván y, si se mete contigo, continúas co-mo
si tal cosa?” o “demuéstrales que eres el más fuerte ju-gando al fútbol, seguro
que te admirarán más”.
En general, no se debe rechazar,
generalizar (“siempre estás igual”) ni insultar y evitar asimismo los silencios
y las mani-festaciones despreciativas, las amenazas vagas o las violentas: todo
ello sólo estanca al niño en su problema.
Hemos descrito
estas pautas dirigiéndonos especialmente a los padres, ya que comprendemos que
un profesor difícilmen-te puede ocuparse de un alumno individualmente, hasta el
punto de lograr un cambio de conducta en él. Ni es ni debe ser su trabajo. Pero
sí puede, sobre todo si observa algún proble-ma de esta índole en algún alumno,
actuar deliberadamente para fomentar en él conductas asertivas, por ejemplo:
fomen-tando debates y discusiones en clase y haciéndole ser partíci-pe,
reforzando cualquier manifestación asertiva que exhiba el niño. Otra estrategia
que puede adoptar es colocarle junto a alumnos que le refuercen de alguna
manera, por ser especial-mente amables o pacíficos y no meterse con él. A la
hora de formar grupos de trabajo, debería de colocarse al niño con pro-blemas
de asertividad con aquellos alumnos que le permitan expresarse y no se burlen
de él. Hasta podría hablar con algu-no de ellos y pedirle una pequeña
colaboración. Estas actitu-des no fomentan la huída de las situaciones
peligrosas, como podría entenderse, porque a la vez que hace esto, el profesor
172
debería de hablar seriamente con los
padres del niño no aser-tivo y exponerles las observaciones que ha hecho.
En cualquier caso, conviene recordar,
a modo de conclu-sión, dos cosas importantes: todo, absolutamente todo lo
refe-rido a asertividad es mejorable, ya sea a base de aplicar méto-dos
indirectos de corrección, métodos directos o acudiendo a un psicólogo. La
segunda cosa a recordar es que hay que ser paciente con los progresos de un
niño. Este puede necesitar un tiempo para conocer un nuevo entorno, por
ejemplo, o para saber exactamente cómo debe de comportarse y atreverse a
hacerlo.
173
BIBLIOGRAFIA
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3. Comprendiendo cómo
somos. Dimensiones de la personalidad. A. GIMENO-BAYÓN. (5ª ed.)
4. Aprendiendo a
vivir. Manual contra el aburrimiento y la prisa. ESPERANZA BORÚS. (5ª ed.)
5. ¿Qué es el
narcisismo? JOSÉ LUIS TRECHERA. (2ª ed.)
6. Manual práctico de
P.N.L. Programación neurolingüística. RAMIRO J. ÁLVAREZ. (5ª ed.)
7. El cuerpo
vivenciado y analizado. CARLOS ALEMANY Y VÍCTOR GARCÍA (EDS.)
8. Manual de Terapia
Infantil Gestáltica. LORETTA ZAIRA CORNEJO PAROLINI. (5ª ed.)
9. Viajes hacia uno
mismo. Diario de un psicoterapeuta en la postmodernidad. FERNANDO
JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN. (2ª ed.)
10. Cuerpo y
Psicoanálisis. Por un psicoanálisis más activo. JEAN SARKISSOFF. (2ª ed.)
11. Dinámica de grupos.
Cincuenta años después. LUIS LÓPEZ-YARTO ELIZALDE. (7ª ed.)
12. El eneagrama de
nuestras relaciones. MARIA-ANNE GALLEN - HANS NEIDHARDT. (5ª ed.)
13. ¿Por qué me
culpabilizo tanto? Un análisis psicológico de los sentimientos de culpa.
LUIS ZABALEGUI. (3ª ed.)
14. La relación de
ayuda: De Rogers a Carkhuff. BRUNO GIORDANI. (3ª ed.)
15. La fantasía como
terapia de la personalidad. F. JIMÉNEZ HERNÁNDEZ-PINZÓN. (2ª ed.)
16. La homosexualidad:
un debate abierto. JAVIER GAFO (ED.). (3ª ed.)
17. Diario de un
asombro. ANTONIO GARCÍA RUBIO. (3ª ed.)
18. Descubre tu perfil
de personalidad en el eneagrama. DON RICHARD RISO. (6ª ed.)
19. El manantial
escondido. La dimensión espiritual de la terapia. THOMAS HART.
20. Treinta palabras
para la madurez. JOSÉ ANTONIO GARCÍA-MONGE. (11ª ed.)
21. Terapia Zen. DAVID BRAZIER. (2ª ed.)
22. Sencillamente
cuerdo. La espiritualidad de la salud mental. GERALD MAY.
23. Aprender de
Oriente: Lo cotidiano, lo lento y lo callado. JUAN MASIÁ CLAVEL.
24. Pensamientos del
caminante. M. SCOTT PECK.
25. Cuando el problema
es la solución. Aproximación al enfoque estratégico. RAMIRO J. ÁLVAREZ. (2ª ed.)
26. Cómo llegar a ser
un adulto. Manual sobre la integración psicológica y espiritual. DAVID RICHO. (3ª ed.)
27. El acompañante
desconocido. De cómo lo masculino y lo femenino que hay en cada uno de nosotros
afecta a nuestras relaciones. JOHN A. SANFORD.
28. Vivir la propia
muerte. STANLEY KELEMAN.
29. El ciclo de la
vida: Una visión sistémica de la familia.
ASCENSIÓN BELART - MARÍA FERRER. (3ª ed.)
30. Yo, limitado.
Pistas para descubrir y comprender nuestras minusvalías.
MIGUEL ÁNGEL CONESA FERRER.
31. Lograr buenas notas
con apenas ansiedad. Guía básica para sobrevivir a los exámenes. KEVIN FLANAGAN.
32. Alí Babá y los
cuarenta ladrones. Cómo volverse verdaderamente rico. VERENA KAST.
33. Cuando el amor se
encuentra con el miedo. DAVID RICHO. (3ª ed.)
34. Anhelos del
corazón. Integración psicológica y espiritualidad. WILKIE AU - NOREEN CANNON. (2ª ed.)
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conscientemente. IOSU CABODEVILLA. (4ª ed.)
36. Para comprender la
adicción al juego. MARÍA PRIETO URSÚA.
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psicodramática individual. TEODORO HERRANZ CASTILLO.
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intimidad. Guía para mejorar las relaciones interpersonales.
JOHN AMODEO - KRIS WENTWORTH. (2ª ed.)
40. Diario de una
maestra y de sus cuarenta alumnos. ISABEL AGÜERA ESPEJO-SAAVEDRA.
41. Valórate por la
felicidad que alcances. XAVIER MORENO LARA.
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Guía práctica para asomarse a la realidad. RAMIRO J. ÁLVAREZ.
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vida con sentido. Mª. ÁNGELES NOBLEJAS. (2ª ed.)
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ser asertivo? OLGA CASTANYER Y ESTELA ORTEGA. (5ª ed.)
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buceando hacia el yo profundo. JOSÉ-VICENTE BONET, S.J. (2ª ed.)
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sapienciales de Oriente. JUAN MASIÁ.
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y el miedo. Un programa paso a paso. PEDRO MORENO. (7ª ed.)
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desafío. Destrezas para vivirlo en plenitud. KATHLEEN R. FISCHER y
THOMAS N. HART.
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la magia de las coincidencias. Práctica de la sincronicidad mediante los
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Pensamientos de autoliberación. PEDRO MIGUEL LAMET.
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sonrisa perdida. La psicoterapia y la revelación del ser.
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de Alzheimer. Pistas para cuidadores y familiares. MARGA NIETO CARRERO. (2ª ed.)
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Luego existo. Una historia de encuentros y desencuentros. JESÚS DE LA
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¿Qué nos deshumaniza? Ensayo de una ética desde la psicolo-gía. RAMÓN ROSAL CORTÉS.
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82. La terapia centrada
en la persona hoy. Nuevos avances en la teoría y en la práctica.
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enemigo... ¡...Cuando puedes ser tu mejor amigo! ANN-M. MCMAHON.
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felicidad con redes pequeñas. IGNACIO BERCIANO PÉREZ. CON LA COLABORA-
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Una aproximación desde el enfoque centrado en la persona.
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no es tan difícil. Para quienes no saben qué hacer con sus hijos, o con sus
alumnos. MANUEL SEGURA MORALES. (8ª ed.)
107. Encrucijada
emocional. Miedo (ansiedad), tristeza (depresión), rabia (violencia), alegría
(euforia). KARMELO BIZKARRA. (3ª ed.)
108. Vencer la
depresión. Técnicas psicológicas que te ayudarán. MARISA BOSQUED.
109. Cuando me encuentro
con el capitán Garfio... (no) me engancho. La práctica en psico-terapia
gestalt. ÁNGELES MARTÍN Y CARMEN VÁZQUEZ.
110. La mente o la vida.
Una aproximación a la Terapia de Aceptación y Compromiso.
JORGE BARRACA MAIRAL. (2ª ed.)
111. ¡Deja de
controlarme! Qué hacer cuando la persona a la que queremos ejerce un do-minio
excesivo sobre nosotros. RICHARD J. STENACK.
112. Responde a tu
llamada. Una guía para la realización de nuestro objetivo vital más pro-fundo. JOHN P. SCHUSTER.
113. Terapia meditativa.
Un proceso de curación desde nuestro interior. MICHAEL L. EMMONS, PH.D. Y JANET EMMONS, M.S.
114. El espíritu de
organizarse. Destrezas para encontrar el significado a sus tareas. PAMELA
KRISTAN.
115. Adelgazar: el
esfuerzo posible. Un sistema gradual para superar la obesidad. AGUSTÍN
CÓZAR.
116. Crecer en la
crisis. Cómo recuperar el equilibrio perdido. ALEJANDRO ROCAMORA. (2ª ed.)
117. Rabia sana. Cómo
ayudar a niños y adolescentes a manejar su rabia. BERNARD GOLDEN, PH. D.
118. Manipuladores
cotidianos. Manual de supervivencia. JUAN CARLOS VICENTE CASADO.
119. Manejar y superar
el estrés. Cómo alcanzar una vida más equilibrada. ANN WILLIAMSON.
120. La integración de
la terapia experiencial y la terapia breve. Un manual para terapeutas y
consejeros. BALA JAISON.
121. Este no es un libro
de autoayuda. Tratado de la suerte, el amor y la felicidad. LUIS
RAIMUNDO GUERRA.
122. Psiquiatría para el
no iniciado.RAFA EUBA.
123. El poder curativo
del ayuno. Recuperando un camino olvidado hacia la salud. KARMELO BIZKARRA. (2ª ed.)
124. Vivir lo que somos.
Cuatro actitudes y un camino. ENRIQUE MARTÍNEZ LOZANO. (3ª ed.)
125. La espiritualidad
en el final de la vida. Una inmersión en las fronteras de la ciencia.
IOSU CABODEVILLA ERASO.
126. Regreso a la
conciencia. AMADO RAMÍREZ.
127. Las constelaciones
familiares. En resonancia con la vida. PETER BOURQUIN. (3ª ed.)
128. El libro del éxito
para vagos. Descubra lo que realmente quiere y cómo conseguirlo sin estrés. THOMAS HOHENSEE.
129. Yo no valgo menos.
Sugerencias cognitivo- humanistas para afrontar la culpa y la ver-güenza. OLGA CASTANYER.
130. Manual de Terapia
Gestáltica aplicada a los adolescentes. LORETTA CORNEJO. (2ª ed.)
131. ¿Para qué sirve el
cerebro? Manual para principiantes. JAVIER TIRAPU.
132. Esos seres
inquietos. Claves para combatir la ansiedad y las obsesiones. AMADO
RAMÍREZ VILLAFÁÑEZ.
1. Anatomía Emocional.
La estructura de la experiencia somática STANLEY KELEMAN. (6ª ed.)
2. La experiencia
somática. Formación de un yo personal. STANLEY KELEMAN. (2ª ed.)
3. Psicoanálisis y
análisis corporal de la relación. ANDRÉ LAPIERRE.
4. Psicodrama. Teoría
y práctica. JOSÉ AGUSTÍN RAMÍREZ. (3ª ed.)
5. 14 Aprendizajes
vitales. CARLOS ALEMANY (ED.). (11ª ed.)
6. Psique y Soma.
Terapia bioenergética. JOSÉ AGUSTÍN RAMÍREZ.
7. Crecer bebiendo del
propio pozo.Taller de crecimiento personal.
CARLOS RAFAEL CABARRÚS, S.J. (11ª ed.)
8. Las voces del
cuerpo. Respiración, sonido y movimiento en el proceso terapéutico.
CAROLYN J. BRADDOCK.
9. Para ser uno mismo.
De la opacidad a la transparencia. JUAN MASIÁ CLAVEL
10. Vivencias desde el
Enneagrama. MAITE MELENDO. (3ª ed.)
11. Codependencia. La
dependencia controladora. La depencencia sumisa. DOROTHY MAY.
12. Cuaderno de
Bitácora, para acompañar caminantes. Guía psico-histórico-espiritual.
CARLOS RAFAEL CABARRÚS. (4ª ed.)
13. Del ¡viva los
novios! al ¡ya no te aguanto! Para el comienzo de una relación en pareja y una
convivencia más inteligente. EUSEBIO LÓPEZ. (2ª ed.)
14. La vida maestra. El
cotidiano como proceso de realización personal. JOSÉ MARÍA TORO.
15. Los registros del
deseo. Del afecto, el amor y otras pasiones. CARLOS DOMÍNGUEZ MORANO. (2ª ed.)
16. Psicoterapia
integradora humanista. Manual para el tratamiento de 33 problemas
psicosensoriales, cognitivos y emocionales. ANA GIMENO-BAYÓN Y RAMÓN ROSAL.
17. Deja que tu cuerpo
interprete tus sueños. EUGENE T. GENDLIN.
18. Cómo afrontar los
desafíos de la vida. CHRIS L. KLEINKE.
19. El valor
terapéutico del humor. ÁNGEL RZ. IDÍGORAS (ED.). (3ª ed.)
20. Aumenta tu
creatividad mental en ocho días. RON DALRYMPLE, PH.D., F.R.C.
21. El hombre, la razón
y el instinto. JOSÉ Mª PORTA TOVAR.
22. Guía práctica del
trastorno obsesivo compulsivo (TOC). Pistas para su liberación.
BRUCE M. HYMAN Y CHERRY PEDRICK.
23. La comunidad
terapéutica y las adicciones Teoría, Modelo y Método. GEORGE DE LEON.
24. El humor y el
bienestar en las intervenciones clínicas. WALEED A. SALAMEH Y WILLIAM F. FRY.
25. El manejo de la
agresividad. Manual de tratamiento completo para profesionales.
HOWARD KASSINOVE Y RAYMOND CHIP TAFRATE.
26. Agujeros negros de
la mente. Claves de salud psíquica. JOSÉ L. TRECHERA.
27. Cuerpo, cultura y
educación. JORDI PLANELLA RIBERA.
28. Reír y aprender. 95
técnicas para emplear el humor en la formación. DONI TAMBLYN.
29. Manual práctico de
psicoterapia gestalt. ÁNGELES MARTÍN. (4ª ed.)
30. Más magia de la
metáfora. Relatos de sabiduría para aquellas personas que tengan a su cargo la
tarea de Liderar, Influenciar y Motivar. NICK OWEN
31. Pensar bien -
Sentirse bien. Manual práctico de terapia cognitivo-conductual para niños y
adolescentes. PAUL STALLARD.
32. Ansiedad y
sobreactivación. Guía práctica de entrenamiento en control respiratorio.
PABLO RODRÍGUEZ CORREA.
Este libro se
terminó
de imprimir
en los talleres de
RGM, S.A., en Bilbao,
el 25 de abril de 2008.
C O L E C C I Ó N
Directora: Olga Castanyer
La Asertividad:
para unos, un método para hacer valer los propios derechos; para otros una
forma de no dejarse pisar. En cualquier caso, una manera de aumentar las
propias Habilidades Sociales. En este libro se le aña-de otro cariz al tema: la
asertividad unida a la autoestima, como camino para aumentar ésta.
Si nos queremos y
respetamos, seremos ca-paces de querer y respetar al otro. Y la única forma de
hacerlo es desarrollando una sana autoestima que nos permita estar seguros de
nuestra valía única y personal y nos ayude a hacer valer nuestros derechos sin pisar
los del otro. Pero ¿cómo hacerlo? ¿Cómo lograr tener respeto ante uno mismo?
Por medio de
ejemplos y ejercicios, este libro pretende dar respuesta a las cuestiones

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