© Libro 14261. La Princesa Perdida De Oz. Baum, L. Frank. Emancipación. Septiembre 13 de 2025
Título Original: © La Princesa Perdida de OzL. Frank Baum
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Fuente:
Obra original: La princesa perdida de Oz
Autor: L. Frank Baum
Año: 1917
Idioma original: Inglés
Traducción: Adaptación al español para circulación libre
Nota: Texto basado en obra de dominio público.
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LA PRINCESA PERDIDA DE OZ
L. Frank Baum
La Princesa Perdida de Oz
L. Frank Baum
CAPÍTULO 1
El misterio comienza
En la maravillosa Tierra de Oz reinaba la paz, y todos sus habitantes vivían felices bajo el gobierno de la princesa Ozma, quien era amada por todos.
Pero una mañana ocurrió algo extraordinario.
Ozma había desaparecido.
Nadie sabía cómo ni cuándo. Sus sirvientes no la habían visto salir de sus aposentos, y ninguna puerta o ventana mostraba señales de haber sido abierta. Era como si se hubiese desvanecido en el aire.
Dorothy, que vivía en el palacio, fue una de las primeras en enterarse.
—¡Esto es terrible! —exclamó—. ¡Debemos encontrarla de inmediato!
El Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde acudieron al llamado. Todos estaban profundamente preocupados, pues Ozma no solo era su gobernante, sino también su amiga.
—Sin Ozma, Oz no es el mismo —dijo el Hombre de Hojalata con voz temblorosa—.
El Mago de Oz también fue convocado. Tras examinar la situación, frunció el ceño.
—Esto no es obra común —dijo—. Solo alguien con gran poder mágico podría haber hecho desaparecer a Ozma sin dejar rastro.
Mientras tanto, algo aún más inquietante sucedía.
Los objetos mágicos del reino comenzaron a fallar.
El famoso Cinturón Mágico no respondía. El Cuadro Viviente estaba inmóvil. Incluso la magia del propio Mago parecía debilitada.
—Esto confirma mis sospechas —añadió—. Quienquiera que haya hecho esto ha robado también la magia de Oz.
Dorothy apretó los puños con determinación.
—Entonces no hay tiempo que perder. Vamos a buscarla.
Y así comenzó una de las aventuras más peligrosas en la historia de Oz.
CAPÍTULO 2
La desaparición de la magia
La noticia de la desaparición de Ozma se extendió rápidamente por toda la Ciudad Esmeralda. En cada rincón del palacio se respiraba inquietud, y en las calles la gente comenzaba a murmurar con preocupación.
Dorothy no perdió tiempo. Acompañada por el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata y el León Cobarde, se dirigió a ver al Mago de Oz.
—Debemos hacer algo —insistió Dorothy—. No podemos quedarnos esperando.
El Mago asintió con gravedad.
—He intentado utilizar mis hechizos para localizar a Ozma —dijo—, pero algo los bloquea. Es como si una fuerza invisible estuviera interfiriendo con toda la magia de Oz.
—¿Toda la magia? —preguntó el Espantapájaros, alarmado.
—Toda —respondió el Mago—. Y eso es lo más preocupante.
En ese momento llegó Glinda la Buena, la poderosa hechicera del Sur. Su presencia siempre traía calma, pero esta vez su rostro reflejaba preocupación.
—He venido en cuanto sentí la perturbación —dijo—. Algo muy grave ha ocurrido.
—¿Puedes encontrar a Ozma? —preguntó Dorothy con esperanza.
Glinda negó lentamente.
—No —respondió—. Mi magia tampoco funciona correctamente. Es como si alguien hubiera levantado un velo sobre Oz, ocultando todo lo que necesitamos ver.
El León Cobarde dejó escapar un leve gemido.
—No me gusta nada esto —dijo—. Nada en absoluto.
—Debemos actuar sin depender de la magia —intervino el Hombre de Hojalata—. Buscar con nuestros propios medios.
—Tiene razón —dijo Dorothy—. Saldremos a recorrer Oz si es necesario.
Glinda los observó con atención.
—Es peligroso —advirtió—. Pero también es necesario. Si alguien puede lograrlo, son ustedes.
El Mago suspiró.
—Entonces debemos prepararnos —añadió—. Este viaje no será como los anteriores.
Y así, con la incertidumbre pesando sobre todos, comenzó a tomar forma la expedición que intentaría resolver el misterio.
CAPÍTULO 3
Cayke la galleta
Lejos de la Ciudad Esmeralda, en una parte tranquila del país de los Munchkins, vivía una mujer llamada Cayke la Galletera.
Cayke era conocida por sus deliciosas galletas, que horneaba con gran cuidado en su pequeña cocina. Pero lo que hacía especiales a sus creaciones no era solo su sabor.
Cayke poseía una fuente mágica.
Era una hermosa fuente de porcelana que podía producir galletas de todo tipo con solo pedirlas. Gracias a ella, nunca le faltaban dulces, y siempre tenía algo que ofrecer a sus vecinos.
Una mañana, Cayke despertó con la intención de preparar algunas galletas nuevas.
Pero al entrar en su cocina, se detuvo en seco.
La fuente había desaparecido.
—¡Oh, cielos! —exclamó, llevándose las manos a la cabeza—. ¡Mi fuente!
Buscó por toda la casa, revisó cada rincón, pero no encontró nada.
La puerta estaba cerrada. Las ventanas intactas. No había señales de robo.
—Esto no puede ser —murmuró—. ¡Alguien se la ha llevado!
Desesperada, Cayke decidió pedir ayuda.
No muy lejos de allí vivía una criatura peculiar: una rana parlante llamada Ugu.
Ugu era conocido por su inteligencia… y también por su ambición.
Cuando Cayke llegó a su casa y le explicó lo ocurrido, Ugu escuchó con atención.
—Interesante —dijo finalmente—. Muy interesante.
—¿Puedes ayudarme a recuperarla? —preguntó Cayke.
Ugu entrecerró los ojos.
—Tal vez —respondió—. Pero necesitaré investigar.
Cayke asintió con urgencia.
—Haré lo que sea —dijo—. Esa fuente es todo para mí.
Ugu sonrió levemente.
—Entonces comencemos —dijo—. Porque tengo la sospecha de que este robo no es un hecho aislado.
CAPÍTULO 4
Ugu el zapatero
Aunque Cayke lo conocía simplemente como Ugu, lo cierto es que aquella rana tenía una historia particular.
Ugu había sido aprendiz de zapatero antes de convertirse en lo que era ahora: un hechicero autodidacta, curioso y extremadamente ambicioso.
Había aprendido magia por su cuenta, estudiando libros antiguos y experimentando con hechizos que a menudo rozaban lo peligroso.
Su casa estaba llena de objetos extraños: frascos con líquidos brillantes, herramientas poco comunes y libros de magia apilados en cada rincón.
—Si alguien ha robado tu fuente —dijo Ugu—, debe tener conocimientos mágicos.
—¿Crees que fue un mago? —preguntó Cayke, nerviosa.
—No solo un mago —respondió Ugu—. Un mago inteligente.
Ugu comenzó a caminar de un lado a otro, pensativo.
—Últimamente han ocurrido cosas extrañas —añadió—. He sentido cambios en la magia… como si algo la estuviera drenando.
Cayke lo miró con preocupación.
—¿Está relacionado con mi fuente?
Ugu se detuvo.
—Estoy casi seguro de que sí.
Entonces, sin previo aviso, se acercó a una mesa cubierta de objetos mágicos y tomó un pequeño espejo.
Intentó usarlo para ver lo ocurrido, pero el espejo permaneció oscuro.
—Como sospechaba —murmuró—. La magia está siendo bloqueada.
Cayke sintió un escalofrío.
—Entonces… ¿qué haremos?
Ugu sonrió con determinación.
—Usaremos algo mejor que la magia —dijo—. Usaremos la inteligencia.
Y aunque sus palabras parecían tranquilizadoras, había en su mirada un brillo extraño… como si aquel misterio despertara en él algo más que simple interés.
CAPÍTULO 5
La partida
En la Ciudad Esmeralda, los preparativos avanzaban con rapidez. Dorothy estaba decidida a no perder ni un momento.
—Cuanto antes salgamos, mejor —dijo—. No sabemos cuánto tiempo lleva Ozma desaparecida.
El Espantapájaros, que ahora gobernaba temporalmente en ausencia de la princesa, organizó lo necesario para el viaje.
—No podemos llevar un gran ejército —explicó—. Sería lento y llamaría demasiado la atención.
—Además —añadió el Hombre de Hojalata—, este parece un asunto que requiere más ingenio que fuerza.
Finalmente, el grupo quedó formado por Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Hojalata, el León Cobarde y algunos compañeros cercanos.
Antes de partir, Glinda se acercó a Dorothy.
—Recuerda —le dijo—: aunque la magia no responda como antes, no ha desaparecido por completo. Solo está… oculta.
Dorothy asintió.
—La encontraremos —respondió con firmeza—. A Ozma y la causa de todo esto.
El Mago de Oz les entregó algunos objetos que podrían resultar útiles, aunque no estaba seguro de que funcionaran correctamente.
—Úsenlos con cuidado —advirtió—. No sabemos qué esperar.
Con todo listo, el pequeño grupo abandonó la Ciudad Esmeralda.
Y así comenzó su viaje hacia lo desconocido.
CAPÍTULO 6
Un camino incierto
El grupo avanzó por los caminos de Oz, que normalmente eran seguros y tranquilos. Pero esta vez, todo parecía distinto.
Había una sensación extraña en el aire.
—¿Lo sienten? —preguntó el León Cobarde en voz baja—. Es como si algo estuviera mal.
—Lo está —respondió el Espantapájaros—. Y no solo por la desaparición de Ozma.
Mientras caminaban, intentaron usar algunos de los objetos mágicos que llevaban consigo.
Ninguno funcionó.
—Esto confirma lo que dijo Glinda —dijo el Hombre de Hojalata—. La magia está siendo interferida.
Dorothy miró a su alrededor con atención.
—Entonces tendremos que confiar en nosotros mismos —dijo—. Como antes.
A medida que avanzaban, encontraron a varios habitantes de Oz que también estaban preocupados.
Algunos hablaban de objetos desaparecidos. Otros mencionaban fallos extraños en encantamientos que antes eran fiables.
—No es un caso aislado —concluyó el Espantapájaros—. Es algo que afecta a todo Oz.
El grupo decidió seguir adelante, atentos a cualquier pista.
Sin saber que, en algún lugar, alguien observaba… y esperaba.
CAPÍTULO 7
El hilo de la sospecha
Mientras Dorothy y sus amigos avanzaban, Ugu continuaba investigando el robo de la fuente de Cayke.
—Hay un patrón —decía, revisando sus notas—. Objetos mágicos que desaparecen… magia que deja de funcionar…
Cayke lo escuchaba con creciente inquietud.
—¿Crees que es la misma persona? —preguntó.
—No lo creo —respondió Ugu—. Estoy seguro.
Ugu había comenzado a reunir información de distintas regiones de Oz. Aunque la magia fallaba, aún podía confiar en métodos más… tradicionales.
—Alguien está recolectando magia —añadió—. Y no por casualidad.
Cayke apretó las manos.
—Pero… ¿para qué?
Ugu la miró fijamente.
—Para volverse más poderoso que nadie en Oz.
Un silencio pesado llenó la habitación.
—Eso es terrible —susurró Cayke.
Ugu asintió.
—Sí. Y si no lo detenemos, pronto será imposible hacerlo.
Entonces tomó una decisión.
—Debemos seguir el rastro —dijo—. Encontrar quién está detrás de esto.
—¿Y si es peligroso? —preguntó Cayke.
Ugu sonrió con una mezcla de confianza y misterio.
—Entonces será interesante.
Pero mientras hablaba, en su interior crecía una idea que aún no compartía.
Porque Ugu no solo quería resolver el misterio.
También quería comprender ese poder… y tal vez, hacerlo suyo.
CAPÍTULO 8
Una pista inesperada
El grupo de Dorothy continuó su avance, atento a cualquier señal que pudiera conducirlos hacia Ozma.
Al caer la tarde, llegaron a una pequeña aldea donde los habitantes parecían especialmente inquietos.
—Algo no anda bien aquí —susurró el León Cobarde.
Dorothy se acercó a uno de los aldeanos.
—¿Ha ocurrido algo extraño? —preguntó.
El hombre asintió con rapidez.
—¡Sí! —respondió—. Han desaparecido varias cosas… objetos valiosos, pero no por su oro o belleza… sino por su magia.
El Espantapájaros intercambió una mirada con el Hombre de Hojalata.
—Es lo mismo que hemos visto —dijo.
—¿Notaron algo más? —preguntó Dorothy.
El aldeano dudó un momento.
—Algunos dicen haber visto una figura extraña… moviéndose de noche.
—¿Qué tipo de figura? —insistió Dorothy.
—No lo sé —respondió—. Nadie la vio claramente… pero no parecía humana.
El León Cobarde dio un pequeño salto.
—Eso no me gusta nada.
—A mí tampoco —admitió Dorothy—. Pero es una pista.
El grupo decidió pasar la noche en la aldea y continuar al amanecer.
Había algo más en juego de lo que habían imaginado.
CAPÍTULO 9
El rastro se estrecha
A la mañana siguiente, el grupo retomó el camino con renovada determinación.
—Si esa figura es responsable —dijo el Hombre de Hojalata—, debemos seguir su rastro.
El Espantapájaros examinaba el terreno con atención.
—Aquí —dijo de pronto—. Miren esto.
En el suelo había marcas poco comunes, como huellas irregulares que no correspondían a ningún animal conocido.
—Definitivamente no es humano —añadió.
Dorothy se agachó para observarlas mejor.
—Entonces vamos en la dirección correcta.
Siguieron las huellas durante horas, atravesando campos y pequeños bosques.
El León Cobarde caminaba con cautela, mirando constantemente a su alrededor.
—Siento que nos acercamos a algo —dijo en voz baja.
Finalmente, el rastro los condujo hasta una zona más apartada, donde el paisaje se volvía más agreste.
—Sea lo que sea —dijo Dorothy—, está cerca.
Y en ese momento, un sonido lejano rompió el silencio.
No era un rugido ni un grito.
Era… una risa.
CAPÍTULO 10
La ambición de Ugu
Mientras tanto, Ugu y Cayke también habían iniciado su propio viaje siguiendo pistas similares.
—No estamos solos en esto —dijo Ugu—. Otros también buscan respuestas.
Cayke parecía cada vez más nerviosa.
—No me gusta la idea de acercarnos a quien hizo esto.
—Ni a mí —respondió Ugu—. Pero quiero entenderlo.
Se detuvieron en un claro mientras Ugu revisaba algunos de sus instrumentos.
—La magia sigue bloqueada —murmuró—. Pero hay algo más…
—¿Qué cosa? —preguntó Cayke.
Ugu levantó la mirada.
—Residuos —dijo—. Como si alguien estuviera acumulando poder en un solo lugar.
Cayke tragó saliva.
—¿Eso es posible?
Ugu sonrió.
—Todo es posible en Oz.
Pero esta vez su tono era distinto.
Más intenso.
Más… interesado.
—Si alguien ha logrado reunir tanta magia —continuó—, entonces ha superado límites que nadie más ha cruzado.
—¿Y eso no te preocupa? —preguntó Cayke.
Ugu la miró fijamente.
—Me fascina.
Cayke sintió un escalofrío.
Porque empezaba a comprender que el mayor peligro quizá no era solo quien había robado la magia…
Sino lo que ese poder podía despertar en quienes lo perseguían.
CAPÍTULO 11
El encuentro en la sombra
El sonido de aquella risa seguía resonando en la mente de Dorothy y sus compañeros.
—No era una risa normal —dijo el León Cobarde—. Era… inquietante.
—Definitivamente alguien nos observa —añadió el Hombre de Hojalata.
El grupo avanzó con cautela hasta llegar a una zona cubierta por árboles retorcidos, donde la luz apenas lograba filtrarse.
—Aquí —susurró el Espantapájaros—. Siento que estamos cerca.
De pronto, una sombra se movió entre los árboles.
Dorothy dio un paso al frente.
—¡Muéstrate! —exclamó con firmeza.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Luego, lentamente, una figura emergió de la oscuridad.
No era completamente visible, pero su presencia era innegable.
—Han venido lejos —dijo una voz extraña—. Más de lo que deberían.
El León Cobarde se escondió parcialmente detrás del Hombre de Hojalata.
—No me gusta —murmuró.
—¿Quién eres? —preguntó Dorothy.
La figura no respondió de inmediato.
—Alguien que comprende el valor de lo que ustedes aún no entienden —dijo finalmente.
El Espantapájaros frunció el ceño.
—¿Tiene que ver con la desaparición de Ozma?
Hubo una breve pausa.
—Tal vez —respondió la voz.
Y entonces, sin previo aviso, la figura desapareció.
Como si nunca hubiera estado allí.
CAPÍTULO 12
Se cruzan los caminos
Mientras tanto, Ugu y Cayke continuaban su viaje, guiados por las mismas señales extrañas.
—Estamos cerca —dijo Ugu—. Puedo sentirlo.
Cayke miraba a su alrededor con inquietud.
—No me gusta este lugar.
Avanzaron unos metros más… y de pronto se detuvieron.
Frente a ellos estaban Dorothy y sus amigos.
Durante un instante, ambos grupos se observaron en silencio.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Dorothy.
Ugu dio un paso al frente.
—Buscamos respuestas —respondió—. Y creo que ustedes también.
El Espantapájaros analizó rápidamente la situación.
—Eso parece evidente.
Cayke intervino con timidez.
—Nos robaron algo muy importante —explicó—. Una fuente mágica.
—Y a nosotros nos robaron algo aún más importante —dijo Dorothy—. A nuestra amiga.
Ugu inclinó la cabeza.
—Entonces nuestros caminos están conectados.
El Hombre de Hojalata asintió.
—Tiene sentido. Todo apunta a lo mismo.
Tras una breve conversación, decidieron unir fuerzas.
—Cuantos más seamos, mejor —dijo Dorothy.
Ugu sonrió levemente.
—Estoy de acuerdo.
Pero en su mirada aún persistía aquel brillo extraño.
CAPÍTULO 13
El plan oculto
Esa noche, el grupo acampó en las afueras del bosque.
Mientras todos descansaban, Ugu permanecía despierto, reflexionando.
—Algo no encaja —murmuraba para sí mismo.
Sabía que quien estaba detrás de todo aquello poseía un conocimiento mágico extraordinario.
Pero también sabía que ese tipo de poder no aparecía de la nada.
—Debe haber un punto central —pensó—. Un lugar donde se concentra toda la magia robada.
Mientras tanto, Dorothy hablaba con el Espantapájaros.
—No confío del todo en Ugu —admitió en voz baja.
—Yo tampoco —respondió él—. Pero puede sernos útil.
El León Cobarde, que fingía dormir, abrió un ojo.
—Yo definitivamente no confío —susurró.
A la mañana siguiente, el grupo decidió continuar juntos.
—Seguiremos el rastro hasta el final —dijo Dorothy.
Ugu asintió.
—Y cuando encontremos a quien hizo esto —añadió—, veremos de qué es capaz realmente.
Pero en lo más profundo de su mente, Ugu ya había tomado una decisión.
Si encontraba ese poder…
No lo dejaría escapar.
CAPÍTULO 14
El valle oculto
El grupo avanzó durante varias horas hasta que el paisaje comenzó a cambiar.
Los árboles se hicieron más densos y el terreno descendía suavemente hacia un valle cubierto por una extraña neblina.
—Este lugar… —dijo el León Cobarde— no me da buena espina.
—A mí tampoco —añadió el Hombre de Hojalata—. Pero parece importante.
Ugu observó con atención.
—Aquí es donde converge la energía —afirmó—. Estoy seguro.
Dorothy frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
—Que todo lo que ha sido robado… está cerca —respondió Ugu.
El Espantapájaros miró el valle.
—Entonces ese es nuestro destino.
A medida que descendían, la sensación de extrañeza aumentaba. El aire parecía más pesado, como si algo invisible lo llenara.
Cayke se aferró a su delantal.
—No deberíamos estar aquí —susurró.
Pero ya era tarde para retroceder.
CAPÍTULO 15
La fortaleza invisible
En el centro del valle encontraron algo inesperado.
No había castillo, ni torre, ni murallas visibles.
—¿Dónde está? —preguntó Dorothy.
Ugu sonrió levemente.
—Ahí mismo —dijo, señalando al frente.
—No veo nada —respondió el León Cobarde.
Ugu avanzó unos pasos y extendió la mano.
De pronto, su palma se detuvo en el aire, como si hubiera chocado contra una superficie sólida.
—Una barrera mágica —explicó.
El Espantapájaros se acercó.
—Ingenioso —dijo—. Oculta todo lo que hay detrás.
—Y mantiene a todos fuera —añadió el Hombre de Hojalata.
Dorothy observó la barrera.
—Entonces tendremos que encontrar la forma de atravesarla.
Ugu parecía pensativo.
—Tal vez no sea necesario romperla —dijo—. Tal vez podamos… engañarla.
Cayke lo miró con inquietud.
—¿Eso es seguro?
Ugu no respondió de inmediato.
—No —dijo finalmente—. Pero es la única opción.
CAPÍTULO 16
El umbral
Tras varios intentos fallidos, Ugu encontró un punto débil en la barrera.
—Aquí —dijo—. Hay una fluctuación.
Dorothy se acercó.
—¿Puedes abrirla?
Ugu respiró hondo.
—No con magia… pero sí con precisión.
Con cuidado, comenzó a manipular el espacio frente a él, como si trabajara con algo invisible.
Durante unos segundos no ocurrió nada.
Luego, un leve resplandor apareció.
—¡Lo está logrando! —exclamó el León Cobarde.
La barrera vibró… y finalmente se abrió lo suficiente para permitir el paso.
—Rápido —dijo Ugu—. No durará mucho.
Uno a uno, cruzaron al otro lado.
Y lo que vieron los dejó sin palabras.
Ante ellos se extendía una fortaleza oculta, llena de objetos brillantes, artefactos mágicos… y una energía que parecía latir en el aire.
—Todo está aquí —susurró Dorothy.
—Todo lo que fue robado —añadió el Espantapájaros.
Pero no estaban solos.
En lo alto de la fortaleza, una figura los observaba.
Inmóvil.
Esperando.
CAPÍTULO 17
El dueño del poder
La figura descendió lentamente desde lo alto de la fortaleza.
Ahora podía verse con claridad.
Era… Ugu.
O al menos, alguien idéntico a él.
El grupo quedó en silencio.
Cayke fue la primera en reaccionar.
—¿Qué… qué significa esto?
El Ugu que estaba junto a ellos dio un paso adelante.
—No es posible… —murmuró.
La figura frente a ellos sonrió.
—Oh, sí lo es —respondió—. Porque soy yo… como debería ser.
Dorothy frunció el ceño.
—Explícate.
El segundo Ugu levantó las manos, y la energía mágica del lugar pareció intensificarse.
—Yo reuní este poder —dijo—. Yo tomé los objetos. Yo silencie la magia de Oz.
El León Cobarde retrocedió.
—¡Lo sabía! ¡No me gustaba ese tipo!
Cayke miró al Ugu que los acompañaba.
—¿Entonces tú…?
—No —respondió él con firmeza—. No soy él.
El Espantapájaros intervino.
—Entonces explícanos qué está pasando.
El Ugu de la fortaleza habló con calma.
—No todos los caminos se recorren una sola vez —dijo—. A veces… se bifurcan.
Nadie entendía completamente, pero una cosa era clara:
El enemigo tenía el mismo rostro que su aliado.
CAPÍTULO 18
El primer enfrentamiento
—No importa quién seas —dijo Dorothy—. Has hecho daño a Oz, y vamos a detenerte.
El Ugu de la fortaleza soltó una leve risa.
—¿Detenerme? —repitió—. Con la magia inutilizada… y sin comprender lo que enfrentan…
Extendió la mano.
Al instante, varios objetos mágicos flotaron en el aire, girando a su alrededor.
—Este poder… ahora me pertenece.
El Hombre de Hojalata avanzó.
—El poder no justifica lo que hiciste.
—No —respondió el Ugu oscuro—. Pero lo hace posible.
Sin previo aviso, una onda de energía se expandió desde él.
El grupo fue empujado hacia atrás.
El León Cobarde cayó al suelo.
—¡Esto es demasiado! —gritó.
Dorothy se levantó con esfuerzo.
—¡No nos rendiremos!
El Espantapájaros ayudó a levantarse al Hombre de Hojalata.
—Tenemos que pensar —dijo—. No podemos enfrentarlo directamente.
Mientras tanto, el Ugu que los acompañaba observaba en silencio.
Analizando.
Midiendo.
CAPÍTULO 19
La verdad fragmentada
—Hay algo que no comprenden —dijo el Ugu oscuro—. Esto no es solo poder.
Caminó lentamente frente a ellos.
—Es evolución.
Dorothy negó con la cabeza.
—Es robo.
—Es progreso —corrigió él—. Oz estaba limitado. Dependía de reglas… de equilibrio…
Se detuvo.
—Yo rompí ese equilibrio.
El Espantapájaros respondió:
—Y con eso pusiste todo en peligro.
El Ugu oscuro sonrió.
—Solo para quienes no saben adaptarse.
Entonces, el otro Ugu habló por primera vez con fuerza.
—Eso no es verdad.
Todos se giraron hacia él.
—El poder sin control destruye —dijo—. Lo sabes.
El Ugu oscuro lo miró fijamente.
—Eres débil —respondió—. Una versión incompleta.
Cayke retrocedió.
—¿Versión…?
El Espantapájaros comenzó a entender.
—Son el mismo… pero no exactamente.
—Correcto —dijo el Ugu oscuro—. Él es lo que fui.
—Y tú —añadió el otro— eres lo que podría haber sido.
Un silencio pesado cayó sobre el grupo.
Porque ahora la amenaza no era solo externa.
Era el reflejo de una elección.
CAPÍTULO 20
Pensar en lugar de luchar
El impacto del poder del Ugu oscuro había dejado claro que enfrentarlo directamente era inútil.
Dorothy se reunió rápidamente con sus compañeros.
—No podemos vencerlo con fuerza —dijo—. Ni siquiera con magia.
—Entonces tenemos que usar la cabeza —añadió el Espantapájaros.
El Hombre de Hojalata asintió.
—Ese siempre ha sido nuestro mejor recurso.
Mientras tanto, el Ugu oscuro observaba con aparente calma.
—¿Ya terminaron de deliberar? —preguntó con ironía.
Dorothy no respondió. Miró al otro Ugu.
—Tú lo entiendes mejor que nadie —dijo—. ¿Cuál es su punto débil?
Ugu guardó silencio unos segundos.
—El control —respondió finalmente—. Está acumulando demasiada magia… más de la que puede manejar de forma estable.
El Espantapájaros se inclinó hacia adelante.
—¿Quieres decir que… podría fallar?
—No fallar —corrigió Ugu—. Colapsar.
El León Cobarde tragó saliva.
—Eso suena… peligroso.
—Lo es —respondió Ugu—. Para todos.
Dorothy respiró hondo.
—Entonces tenemos que empujarlo a ese límite.
CAPÍTULO 21
El punto de ruptura
El plan era arriesgado.
Demasiado.
Pero no tenían otra opción.
—Tenemos que obligarlo a usar más poder —explicó el Espantapájaros—. Hacer que pierda el control.
El Hombre de Hojalata añadió:
—Distracciones, movimientos constantes… no darle tiempo para estabilizarse.
Dorothy asintió.
—Y mantenernos juntos.
El grupo se dispersó ligeramente, comenzando a moverse en diferentes direcciones.
—¿Eso es todo? —se burló el Ugu oscuro—. ¿Correr?
Pero empezó a responder.
Cada movimiento del grupo provocaba una reacción.
Más objetos mágicos se elevaban.
Más energía se liberaba.
El aire comenzó a vibrar.
—Está aumentando —dijo Ugu—. Lo está haciendo.
El León Cobarde gritó:
—¡Creo que está funcionando… pero no me gusta!
El Ugu oscuro frunció el ceño.
—¿Qué están haciendo…?
Por primera vez, su voz mostraba duda.
La energía a su alrededor comenzó a volverse inestable.
Destellos irregulares.
Oscilaciones.
—Un poco más —dijo Dorothy—. Solo un poco más.
CAPÍTULO 22
La elección de Ugu
La situación llegó al límite.
La energía acumulada alrededor del Ugu oscuro se volvió caótica.
—¡Deténganse! —gritó—. ¡No entienden lo que están provocando!
Pero ya era tarde.
El poder comenzaba a desbordarse.
El suelo temblaba.
Los objetos mágicos vibraban sin control.
Entonces, el otro Ugu dio un paso al frente.
—Sí lo entendemos —dijo—. Y tú también.
El Ugu oscuro lo miró con furia.
—No puedes detenerme.
—No —respondió—. Pero puedo elegir.
Cayke lo miró con sorpresa.
—¿Elegir qué?
Ugu respiró profundamente.
—No convertirme en él.
Avanzó hacia el centro del caos.
—¡Ugu, no! —gritó Dorothy.
Pero él continuó.
—Este poder… no es para poseerlo —dijo—. Es para equilibrarlo.
El Ugu oscuro intentó detenerlo, pero la inestabilidad ya lo afectaba.
Ugu extendió las manos.
No para controlar la magia.
Sino para dispersarla.
Una luz intensa llenó la fortaleza.
El poder acumulado comenzó a fragmentarse.
A liberarse.
A desaparecer.
El Ugu oscuro gritó mientras la energía se deshacía a su alrededor.
Y en medio de todo, una figura comenzó a hacerse visible…
CAPÍTULO 23
El regreso de Ozma
La luz que llenaba la fortaleza comenzó a disiparse lentamente.
La energía acumulada se fragmentó en incontables destellos que desaparecieron en el aire, como si nunca hubieran existido.
Y entonces… apareció.
En el centro de la sala, una figura tomó forma.
—¡Ozma! —gritó Dorothy, corriendo hacia ella.
La princesa abrió los ojos, confundida al principio, pero ilesa.
—Dorothy… —dijo con suavidad—. Sabía que vendrías.
El León Cobarde dejó escapar un suspiro de alivio.
—¡Estamos salvados!
El Hombre de Hojalata inclinó la cabeza con respeto.
—Su ausencia nos había dejado incompletos.
El Espantapájaros sonrió.
—Y su regreso lo arregla todo.
Ozma miró a su alrededor, comprendiendo poco a poco lo ocurrido.
—La magia… —murmuró—. Estaba siendo retenida.
Dorothy asintió.
—Pero ya no.
Ugu, aún en el centro, bajó lentamente las manos.
El proceso había terminado.
La magia comenzaba a fluir nuevamente.
CAPÍTULO 24
La caída del poder
El Ugu oscuro cayó de rodillas.
Sin la energía acumulada, ya no parecía imponente.
—No… —murmuró—. Esto no puede terminar así…
El otro Ugu lo observó en silencio.
—No termina —dijo—. Solo vuelve a su lugar.
El Ugu oscuro levantó la mirada.
—Yo… pude haber sido más…
—Y aún puedes elegir —respondió.
Por un momento, pareció que el Ugu oscuro iba a responder.
Pero su forma comenzó a desvanecerse.
Como si nunca hubiera sido completamente real.
Como si hubiera sido una posibilidad… ahora descartada.
En cuestión de segundos, desapareció.
El León Cobarde parpadeó.
—No estoy seguro de haber entendido eso… pero me alegra que haya terminado.
Cayke corrió hacia Ugu.
—¿Estás bien?
Ugu asintió, visiblemente agotado.
—Sí… creo que sí.
Dorothy lo miró con atención.
—Tomaste la decisión correcta.
Ugu no respondió de inmediato.
Pero esta vez, su mirada era distinta.
Más tranquila.
CAPÍTULO 25
El equilibrio restaurado
Con la magia liberada, los objetos comenzaron a regresar a sus lugares.
La fortaleza misma empezó a desvanecerse.
—No era un lugar real —observó el Espantapájaros—. Solo una concentración de poder.
—Y ahora se ha disipado —añadió el Hombre de Hojalata.
Ozma dio un paso adelante.
—Oz ha sido restaurado —dijo—. Pero debemos recordar lo ocurrido.
Dorothy sonrió.
—Que la magia no lo es todo.
—Y que el poder sin control es peligroso —añadió el Espantapájaros.
El León Cobarde asintió con entusiasmo.
—Y que es mejor no meterse en problemas… si se puede evitar.
Todos rieron suavemente.
Cayke recuperó su fuente mágica, que apareció intacta entre los objetos restaurados.
—¡Mi fuente! —exclamó con alegría.
Ugu la observó.
—Parece que todo ha vuelto a su lugar.
Dorothy miró a sus amigos.
—Y nosotros también deberíamos hacerlo.
CAPÍTULO FINAL
De regreso a casa
El viaje de regreso a la Ciudad Esmeralda fue muy distinto al de ida.
La tensión había desaparecido.
La magia volvía a sentirse en el aire.
Al llegar, fueron recibidos con alegría por todos los habitantes de Oz.
—¡Ozma ha vuelto! —se escuchaba por todas partes.
El palacio recuperó su vida habitual.
Y la paz volvió a establecerse.
En una de las últimas tardes antes de despedirse, Dorothy se reunió con sus amigos.
—Siempre hay algo nuevo que aprender —dijo.
El Espantapájaros asintió.
—Incluso en los momentos difíciles.
El Hombre de Hojalata añadió:
—Especialmente en ellos.
El León Cobarde sonrió.
—Yo aprendí que fui más valiente de lo que creía.
Ozma se acercó.
—Y yo aprendí que nunca estoy sola.
Dorothy miró a todos con cariño.
—Eso es lo más importante.
Y así, una vez más, la Tierra de Oz volvió a ser un lugar de armonía, donde la amistad, la inteligencia y el valor demostraron ser más fuertes que cualquier poder.
FIN

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