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Libro N° 12681. Clausewitz, Mao Y El Maoísmo. Derbent, T. Emancipación. Junio 29 de 2024
Título original: © Clausewitz, Mao Y El Maoísmo. T. Derbent
Versión Original: © Clausewitz, Mao Y El Maoísmo. T. Derbent
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
T.
Derbent
Clausewitz, Mao Y El Maoísmo
T. Derbent
T. Derbent
Clausewitz, Mao y el maoísmo
(traducción de Odio de Clase)
“Clausewitz,
uno de los más célebres escritores de filosofía e historia de
las guerras (...) un
escritor que ha estudiado la historia de las guerras y sacado las enseñanzas
filosóficas de esta historia inmediatamente después de la época de las guerras
napoleónicas. Este escritor, cuyos pensamientos fundamentales son en la
actualidad patrimonio imprescindible de todo hombre que piense”
Lenin, La guerra y la Revolución1
1. Prefacio
"A un prefacio se le podría dar el título
de
‘pararrayos’.”
Georg Christoph
Lichtenberg
La publicación de
mi Clausewitz y la guerra popular en
2004 dejaba abiertos, debido a la falta de documentación, diversos campos de
investigación. El más importante se refería a la posible influencia de
Clausewitz sobre Mao Tse Tung así como sobre otros teóricos y practicantes de
la guerra popular prolongada de tipo maoísta2. El presente estudio pretende llenar ese
vacío. En 2008-2009, tras una crítica de mi ensayo, me embarque en una polémica
sobre las relaciones entre Mao y Clausewitz. Debo admitir, sin vergüenza, la
conclusión errónea a que había llegado: “debo
señalar que he visto tres veces afirmar que Mao había leído a Clausewitz3. En primer lugar, en el Diccionario de estrategia de Thierry de
Montbrial y Jean Klein; más tarde, en un estudio de R. Lynn Rylander; y,
finalmente, en un artículo mucho más ligero de Arthur Conte. En ninguno de los
casos hay indicio positivo alguno que sirva de apoyo a semejante afirmación.
Rylander mismo sólo puede “deducir” la lectura de Clausewitz por Mao mediante
una comparación de los análisis. Pero el argumento de que las mismas
situaciones dictan análisis semejantes es moderadamente convincente. Rylander
evoca, entre las tesis que Mao habría ido a “buscar” en Clausewitz, el vínculo
entre la guerra y su matriz social, la primacía del hombre, la primacía de la
política y el método dialéctico, pero,
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1. Ver
Obras Completas, París-Moscú, 1961,
vol. 24, pp. 408-409. Salvo indicación en otro sentido, todas las notas son del
autor.
2. Solamente
se pudo abordar desde entonces el estudio sobre las relaciones entre Clausewitz
y Giap, en 2006, gracias a la publicación en 2005 de las Memorias del general Giap.
3. Mi
ensayo fue duramente criticado por el Partido Comunista
Marxista-Leninista-Maoísta (Francia), en ¿Clausewitz
o Mao Tse Tung? (publicado en Révolution
n° 4, diciembre de 2008) y en “El papel
de la Francia napoleónica en la génesis del nazismo (para terminar con
Clausewitz)” (publicado en Révolution
n° 10, abril de 2009).
realmente, Mao Tse Tung no necesitaba leer a
Clausewitz para concebir y desarrollar todo esto, y la proximidad de las
fórmulas no es convincente. Sigo creyendo que la doctrina de guerra popular
prolongada se forjó con independencia de cualquier influencia directa del
pensamiento de Clausewitz. Mao no tenía de Clausewitz más que un vago
conocimiento de segunda mano. La influencia de Clausewitz en el leninismo fue
el modo en que Mao recibió su influencia.”4 De hecho, como veremos en las páginas que siguen, la influencia
directa de Clausewitz en Mao ha quedado firme y definitivamente demostrada. Así
que debo pedir disculpas a mis escasos lectores –en especial a aquellos, más
escasos aún, que me hicieron el honor de creerme.
2.
Clausewitz y Mao Tse Tung
2.1.
Introducción
Durante decenios,
la discusión sobre la eventual lectura de Clausewitz por Mao se basó
exclusivamente en el estudio comparado de las ideas. Las más altas autoridades
clausewitzianas, como Werner Hahlweg y Raymond Aron, se ciñeron a este método
hipotético y especulativo. Con ocasión de la polémica de 2008 -2009, yo mismo
me limité a este método. Sin embargo, ya en 1995, en una tesis en filosofía
presentada en Alemania, un investigador de la República Popular, Zhang Yuan Lin5, había demostrado de hecho
que Mao había leído a Clausewitz. La única excusa de mi ignorancia es que esta
tesis había sido publicada confidencialmente, en alemán por supuesto, por la
Universidad de Mannheim. El trabajo de Zhang Yuan Lin es relativamente tardío
porque los documentos que arrojan luz sobre la cuestión sólo se hicieron
públicos en China a finales de los años 806.
Lejos de limitarse
a inventariar las referencias y a enumerar su contenido, Zhang Yuan Lin se
consagró al estudio de las ideas y llevó a cabo el análisis por el que abogaba
Raymond Aron desde los años 707: la identificación de las citas de Clausewitz
en los textos de Mao, comparándolas con las ediciones chinas de Vom Kriege. El presente artículo –el
lector ya se lo habrá imaginado- bebe en gran
medida de la tesis de Mannheim. Los nombres de personas se transcriben en chino
pinyin (Mao Zedong y no de Mao Tse Tung) [En la traducción castellana de ODC
usaremos “Mao Tse Tung”, por ser más familiar a la tradición hispano parlante.
Nota de ODC] y los topónimos en pinyin romanizado (Pekín y no Beijing); en caso
de confusión, a la versión empleada le seguirá la otra entre corchetes; las
citas se reproducirán en su propia transcripción.
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4. En
mi descargo, la tesis de mis oponentes eran aún peor, al rechazar cualquier
comunidad de ideas entre Clausewitz y Mao.
5. Mao Zedong und Carl von Clausewitz: Theorien
des Krieges, Beziehung, Darstellung und Vergleich. Inauguraldissertation zur
Erlangung des akademischen Grades eines Doktors der Philosophie der Universität
Mannheim. Mannheim, 1995.
6. En
1988, Zhang Yuan Lin publicó en Pekín un estudio sobre la influencia de
Clausewitz en China en los Anales de
ciencias militares.
7. “No sé si Mao Tse Tung leyó o estudió a
Clausewitz (...) habría que remitirse a los caracteres chinos para ver si se
corresponden con los que utilizan o habrían utilizado los traductores de
Clausewitz”. Raymond Aron, Clausewitz
– Livre deux: L’âge planétaire. NRF, Biblioteca de ciencias humanas,
Ediciones Gallimard, París, 1976, página 103.
2.2. Mao,
lector de Clausewitz
En 1986 aparece en
chino, en Pekín, la selección de textos Lecturas
de Mao Tse Tung8. En este libro, el antiguo secretario de Mao,
Gao Lu, evoca la lectura de Clausewitz
por Mao mencionando un documento que se publicará en su totalidad –siempre en
chino- en 1988 en las Notas de Mao Tse
Tung para los trabajos filosóficos9: la agenda en que Mao relacionaba sus
lecturas.
Mao escribió en
ella que había comenzado Vom Kriege
en 18 de marzo de 1938. Lee unas pocas decenas de páginas al día (señal de una
lectura atenta): el 1 de abril, última página que tenemos de dicha agenda, está
en la página 168.
La minuciosa investigación de Zhang Yuan Lin
ha permitido identificar la edición China de Vom Kriege (entre las cuatro posibles) que leyó Mao en 1938. Se
trata de la de Liu Jo Shui publicada en dos volúmenes, en 1934, en Shanghai por
la editora Xinken. Ahora bien, esta traducción no se realizó a partir del texto
alemán sino de la edición japonesa de Vom
Kriege. Es fácil entender que el filtro de las sucesivas traducciones pudo
desdibujar las referencias puesto que, para rematar la situación, si los dos
primeros volúmenes de la edición japonesa fueron traducidos del original
alemán, los seis últimos lo fueron a partir de... la traducción francesa.
Para Zhang Yuan
Lin, no cabe la menor duda de que esta lectura prosiguió y llegó a su fin,
sobre todo porque, poco después, Mao organizó y dirigió un seminario en Yenan
sobre Vom Kriege10. Entre los participantes en
dicho seminario, que se reunían una vez a la semana en la vivienda de Mao, se
encontraban varios de los principales responsables político-militares del
Ejército Rojo, como Xiao Jinguang11 o Luo Ruiqinq12.
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8. Jiong
Yuzhi, Jiang Xiaozhi y Shi Zhongquiuan, Lecturas
de Mao Tse Tung, Ediciones Sanlian, Pekín, 1986.
9. Obra
publicada por la Oficina de investigación del Comité Central del Partido
Comunista chino.
10. Mao
impartió, por lo menos, dos cursos a los estudiantes del “Instituto de
investigación para la Guerra de Resistencia contra el Japón”, en 1938: este
seminario sobre Vom Kriege y un
seminario sobre cuestiones filosóficas. Numerosos escritos de Mao son el
resultado de estas conferencias. Para el seminario sobre Vom Kriege, además de la ya citada edición de Shanghai de 1934, Mao
habría utilizado como material pedagógico una publicación de 1937 de la
Academia militar del Kuomintang que contenía la traducción de Clausewitz del
profesor Sijing, que había estudiado en Alemania.
11. Miembro
del PCCh en 1922, estudió en la Universidad de Oriente de Moscú; oficial del
Ejército Nacional Revolucionario, participó en la Expedición del Norte; volvió
a la Unión Soviética entre 1927 y 1930 para estudiar temas militares. Asumió
las más altas responsabilidades militares en el Ejército Rojo, participando en
la Larga Marcha y comandando durante la guerra antijaponesa el 8º Ejército de
Ruta. Contra el Kuomintang, liberó Pekín y China central. De 1949 a 1979,
dirigió la marina china.
12. Miembro del
PCCh en 1928. Asumió diversas funciones dirigentes en el Ejército Rojo,
incluida, en especial, la formación de cuadros. Después de 1948, fue nombrado
Ministro de Seguridad Pública y miembro de la Comisión Militar Central.
Participó en la guerra de Corea. Fue nombrado jefe del estado mayor general del
EPL, pero fue apartado de esta función en 1965 a raíz de un desacuerdo con Mao
y Lin Piao. Criticado violentamente durante la Revolución Cultural, intentó
suicidarse. Rehabilitado por Mao en una reunión de la Comisión Militar Central
en 1975, volvió a desempeñar altas funciones.
Al
principio de la guerra antijaponesa, Zhu En Lai había llamado a Fu Daqing13 para que ejerciera de
intérprete de los asesores militares soviéticos. Viendo que Mao se lamentaba de
no disponer de una buena traducción de Vom
Kriege, Fu se propuso traducirla del ruso al chino. Su trabajo fue
considerado como “la mejor traducción del
texto en China” por Chu Te, que había estudiado en Alemania y era jefe del estado mayor general del Ejército Rojo.
Varios capítulos, como el Punto
culminante de la victoria (capítulo V, libro VII) o La guerra es un instrumento de la política (capítulo 6B, libro
VIII), se publicaron previamente en
la revista Masas Populares y, entre
julio de 1939 y agosto de 1941, la prensa político-militar comunista publicó
artículos y folletos sobre Clausewitz y Vom
Kriege, documentos de los que Zhang Yuan Lin hace un impresionante
inventario.
Antes de su
lectura de 1938, Mao se había sido enfrentado a Clausewitz de varias maneras.
En primer lugar por lo bien que de él hablaba Lenin. Luego, por los estudios
militares chinos modernos, directamente influidos por Clausewitz. Jiang Jieshi
[Chiang Kai-shek] se reclamaba clausewitziano14, al igual que Jiang Baili, que había dirigido
la Academia militar de Huangpu15. Los asesores militares alemanes que dirigían
el ejército del Kuomintang estaban familiarizados con Clausewitz, los había
incluso fervientes clausewitzianos, empezando por su jefe, el coronel general
Hans von Seeckt. De todo ello se derivaba una profunda huella de las tesis de
Clausewitz en las formaciones y reglamentos militares del Kuomintang... que
eran estudiados con todo detalle por los cuadros del Ejército Rojo. Los
comunistas que habían estudiado en Europa y en la Unión Soviética también
habían podido tener conocimiento de Clausewitz, sin olvidar el caso de Otto
Braun, consejero militar de la Internacional Comunista ante el PCCh, que era un
gran clausewitziano: tras la guerra escribió un buen estudio sobre la
influencia de Clausewitz en Lenin16.
Zhang Yuan Lin
cree encontrar una influencia de las tesis de Clausewitz en el ensayo de 1936
titulado Problemas estratégicos de la
guerra revolucionaria en China. En una conferencia dada el 13 de marzo de
1961 en Cantón, Mao dijo que, para
este ensayo, que es su primer gran escrito militar, había estudiado la ciencia
militar burguesa. En el capítulo sobre Defensiva
estratégica se
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13. Miembro
del PCCh en 1924. Estudió en la Universidad de Oriente de Moscú y trabajó para
el gobierno de Sun Yat Sen en Cantón como traductor de Mijail Borodin. Miembro
de la Academia militar de Huangpu, participó en la Expedición del Norte.
Después de una estancia en el extranjero, participó en la guerra antijaponesa
en el 8º Ejército de Ruta. En junio de 1941, fue enviado por el Comité Central
del PCCh en misión a Pekín. Detenido por la policía militar japonesa, fue
ejecutado.
14. Jiang
Jieshi [Chiang Kai-shek] escribió un artículo sobre Clausewitz en que reconocía
que Vom Kriege había sido una de sus
principales influencias e instaba a todos los cuadros del Kuomintang a
estudiarlo. Clausewitz habría influido sobre la línea militar del Kuomintang en
la guerra contra Japón (retirada a lo más profundo del territorio, etc.).
15. La
Academia militar de Huangpu fue fundada por Sun Yat Sen en 1924 cerca de
Cantón. Miles de
estudiantes
siguieron las enseñanzas impartidas, sobre todo, por asesores soviéticos y
constituyeron los cuadros del Ejército Nacional Revolucionario, que dirigió la
Expedición del Norte. Muchos cuadros militares comunistas, empezando por Lin
Piao, se formaron allí. Tras la ruptura entre el Kuomintang y el PCCh, la
escuela se trasladó a Nankín.
16. Este
estudio se publicó como prefacio a las notas de Lenin sobre Clausewitz: W. I. Lenin, Clausewitz’ Werk “Vom Kriege”
- Auszüge und Randglossen - Mit Vorwart und Anmerkungen von Otto Braun - Verlag des Ministeriums für Nationale
Verteidigung, Berlín, 1957. El facsímil de este folleto fue publicado como
anexo a la edición alemana de Clausewitz
y la guerra popular (Clausewitz und der Volkskrieg, Zambon Verlag,
Frankfurt, 2013).
encuentra este
pasaje: “Ningún teórico o práctico
militar del pasado ha negado jamás que es éste el principio que en la etapa
inicial de la guerra debe adoptar un ejército débil en sus operaciones contra
un ejército fuerte. Un experto militar extranjero ha dicho que en las operaciones
estratégicamente defensivas, por regla general, se evita al comienzo la batalla
decisiva en condiciones desfavorables y se la busca sólo cuando las condiciones
se han vuelto favorables. Esto es totalmente correcto, y nada tenemos que
agregar.” 17 Se trata de una tesis
típicamente clausewitziana contra el culto a la ofensiva que reinaba por todas
partes, que aparece expuesta en el capítulo Retirada
hacia el interior del país18. El famoso “experto militar
extranjero” es pues, si no Clausewitz,
al menos uno de sus discípulos. Zhang Yuan Lin señala igualmente otras
correspondencias de ideas o de expresión que podrían indicar una influencia de
Clausewitz en Mao antes de la lectura de Vom
Kriege en 1938. No nos referiremos aquí a todas ellas, limitándonos a
remitir al lector a la tesis de Mannheim19.
2.3.
Clausewitz en De la guerra prolongada
Poco tiempo después de haber estudiado Vom Kriege y organizado el seminario
sobre Clausewitz, Mao escribió, aún en Yenan, del 26 de mayo al 03 de junio de
1938, un ciclo de conferencias que se convertió en mayo de 1938 en un texto
clásico de la política militar marxista-leninista: Sobre la guerra prolongada.
El capítulo Guerra y Política se abre, en el punto
63, con una cita de la que no se menciona el autor: “La guerra es la continuación de la política”20. La cita es, por supuesto, de Clausewitz21 pero esta alusión nunca fue suficiente hasta la fecha para demostrar
la lectura de Clausewitz por Mao al haber sido evocada ya antes por Lenin22. La cita se menciona de
nuevo, más completa, en el punto 64: “La
guerra es la continuación de la política por otros medios” 23.
En el mismo capítulo, Mao escribe: “la guerra no puede separarse ni un solo
instante de la política. Toda tendencia entre los militares antijaponeses a
menospreciar la política, aislando la guerra de ella y abogando por la idea de
que la guerra es algo absoluto, es errónea y debe ser corregida.”24 La crítica de la concepción de “la guerra como algo absoluto” es una fórmula de
Clausewitz. No se trata sólo de una comunidad de ideas, sino también de una
comunidad de expresiones, de redacción, según el análisis de Zhang Yuan Lin.
En el capítulo Objetivo de la guerra25 escribe Mao: “El objetivo de la
guerra no es otro que “conservar las fuerzas propias y destruir las del
enemigo” (destruir las fuerzas enemigas significa desarmarlas o “privarlas de
su capacidad de resistencia”, y no significa aniquilarlas a todas físicamente)
(...) Hay que
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17. Problemas estratégicos de la guerra
revolucionaria en China, en Escritos
militares de Mao Tse Tung, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1964,
página 124.
18. De la guerra, libro IV, capítulo 25,
Ediciones Gérard Lebovici, París, 1989, páginas 655-669.
19. Zhang
Yuan Lin, Mao Zedong und Carl von
Clausewitz, op. cit. Páginas 30-33.
20. Sobre la guerra prolongada en Escritos militares de Mao Tse Tung,
Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1964, página 259. [N. del E.: también
publicado en Clarté Rouge n° 3
(noviembre de 2012), página 56].
21. De la guerra, libro I, capítulo 1,
página 51.
22. El colapso de la Segunda Internacional,
Ediciones sociales, Ediciones du Progrès, París-Moscú, 1971, p. 23.
23. Sobre la guerra prolongada, página 260.
[N. del E.: Clarté Rouge n° 3, página
56].
24. Sobre la guerra prolongada, página 260.
[N. del E.: Clarté Rouge n° 3, página
56].
25. Sobre la guerra prolongada, página 263.
[N. del E.: Clarté Rouge n° 3, página
58].
señalar que, dentro del objetivo de la guerra,
la destrucción de las fuerzas enemigas es lo principal, y la conservación de
las fuerzas propias, lo secundario, porque sólo se puede conservar eficazmente
las fuerzas propias destruyendo en gran número las del enemigo.” Este pasaje contiene dos citas sin referencia
y la diferencia de redacción (acentuada aquí por la pantalla adicional de la
traducción francesa) ha impedido la identificación durante mucho tiempo. Por la
comparación del texto de Mao con la redacción de la traducción de Vom Kriege llevada a cabo por Liu Jo
Shui, Zhang Yuan Lin ha podido demostrar que Mao citaba directamente a
Clausewitz: “Se debe destruir la fuerza armada del enemigo, es decir –y
entiéndase en este sentido siempre que empleemos esta expresión-, que se le
debe reducir a una situación tal que no pueda continuar la lucha. (…) la
conservación de la fuerza armada de que disponemos constituye, naturalmente, el
corolario de la destrucción de la fuerza armada del enemigo”26 [Retraducción
de ODC. Nota de ODC]. De este modo, sobre la cuestión de los objetivos de la
guerra (que son objetivos políticos), Clausewitz y Mao están muy próximos:
destruir las fuerzas enemigas y conservar las propias, objetivos
intrínsecamente vinculados, de los que el primero es el principal y el segundo
secundario. En cuanto al fondo, sin embargo, le parece a Zhang Yuan Lin que Mao
insiste más en la conservación de sus [propias] fuerzas. No obstante, el
abandono de la República soviética china de Kiang-si [Jiangxi] para emprender
la Larga Marcha, decisión tomada antes de que Mao dirigiese el PCCh, se
encuentra descrita de antemano en un análisis de Clausewitz que Zhang Yuan Lin
no ha señalado: “Mi idea es que se debe
sacrificar totalmente un Estado que se no
puede defender, con el fin de salvar su ejército. Por eso, entre las tropas que
ese Estado pueda poner en pie, selecciono un ejército bien organizado de
cincuenta a sesenta mil hombres cuya conservación durante toda la guerra será
mi preocupación dominante, un ejército que representará para mí el reino que
haya perdido y que, si es capaz de mantener cierta fuerza hasta el final de la
guerra, será siempre para mí una letra de cambio bien garantizada, que podré
presentar contra la restitución de mi reino, de modo tanto más completo cuanto
más formidable sea ese ejército.”27 [Retraducción de ODC. Nota de ODC].
Otra influencia
directa de Vom Kriege en Sobre la guerra prolongada es el hecho
de resaltar el concepto de “probabilidad”. Mao: “Admitimos que el fenómeno de la guerra es más inasible y ofrece menos
certidumbre que cualquier otro fenómeno social, en otras palabras, que es en
mayor grado una cuestión de “probabilidad”28. Mao pone el término
“probabilidad” entre comillas y el
término que utiliza es el de la traducción de Liu Jo Shui. Tanto el término
como el concepto aparecen en el discurso de Mao por primera vez en este momento
–justo después de su lectura de Vom
Kriege. Su aplicación en el ámbito de la teoría militar era nueva y
llamativa para China, lo cual explica su uso entre comillas. Clausewitz
escribía: “no se puede basar en el
pretendido rigor absoluto de cálculos matemáticos la dirección de una guerra;
además, una vez comenzada, ésta se desarrolla a través de una red de
contingencias,
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26. De la guerra, libro I, capítulo 2,
páginas 55-56 y 68.
27. Extracto
de una memoria escrita probablemente entre noviembre de 1807 y marzo de 1808,
véase Clausewitz, De la revolución a la
restauración - Escritos y cartas, edición de Marie-Louise Steinhauser, NRF
Gallimard, París, 1976, página 241. También fue ésta la decisión tomada por
Tito cuando evacuó la República soviética de Užice en 1941.
28. Sobre la guerra prolongada, página 273.
[N. del E.: Clarté Rouge n° 3, página
63].
probabilidades, de buena y mala suerte, que extiende sus mallas por
todas partes”29 [Retraducción de ODC. Nota de
ODC].
Este concepto de probabilidad es importante.
Clausewitz y Mao sobresalen ambos en la dialéctica entre el desarrollo teórico,
guía de una acción decidida y razonada, y la parte que se le reconoce a lo
imprevisible, al azar, a la “bruma de la
guerra”. A través de sus rigurosos trabajos teóricos, se oponen a los subjetivistas y los empíricos; pero
teniendo en cuenta la imprevisibilidad, se oponen a los dogmáticos alejados de
la realidad viva (Clausewitz contra Bülow, Mao contra los “28 bolcheviques”).
La invocación del
azar en la teoría de la guerra de Clausewitz fue caricaturizada burdamente como
confesión de ignorancia del pensamiento burgués. Así, en la URSS, se escribía: “Son muchos los teóricos militares burgueses
–incluido Clausewitz- que han negado la existencia de leyes objetivas de la
guerra y del arte militar, alegando que es el azar de las fuerzas elementales
el que opera en este ámbito.”30 Ahora bien, ante un cierto grado de complejidad y de falta de información, afirmar que una decisión
debe basarse en las probabilidades no es en absoluto antimarxista.
Un mando que debe luchar contra un mando
enemigo sabe que una parte de las reflexiones de éste se le escapan. Ahora
bien, estas reflexiones determinarán su reacción y prever la probable reacción
del enemigo es importante. La parte de incertidumbre no se limita a las
reacciones del mando enemigo, se extiende a muchos otros factores, tales como
la combatividad de las unidades (amigas y enemigas). A esto se suman todos los
pequeños azares inseparables de la batalla, como una orden que no llega a su
destinatario.
Algunos elementos pueden preverse casi con
total seguridad, otros pueden aclararse por medio de las probabilidades, otros
están, a falta de información suficiente, fuera del alcance de un análisis
predictivo. La comparación de Clausewitz entre la guerra y el juego de cartas
es clara: el estratega debe tomar decisiones sobre la base de un triple haz de
informaciones conocidas (sus propias cartas, por ejemplo), deducidas (el modo
en que juega el rival, por ejemplo) e ignoradas (el orden de las cartas en el
montón, por ejemplo). El ejercicio concreto de la estrategia y la táctica pasa
por medir la parte de incertidumbre (tras haberla reducido al máximo por medio
del estudio y la información) y prever márgenes de maniobra para precaverse
contra ella. Al señalar la parte de incertidumbre, Clausewitz no niega la
existencia de leyes, por el contrario: formula una que Mao supo entender.
Otra referencia
directa de Mao a Clausewitz, oculta hasta ahora por las libertades que se tomó
Liu Jo Shui en su traducción, se encuentra en el capítulo La iniciativa, la flexibilidad y el plan de acción. Donde
Clausewitz escribió “en un ámbito tan
peligroso como la guerra, los errores nacidos de los buenos sentimientos son
los peores”31, Liu Jo Shui traduce y
adapta: “en las cosas peligrosas como la
guerra, los errores que, como el del príncipe Siang de Sung, surgen de la
amabilidad, son sencillamente los peores.” El ejemplo del príncipe Siang de Sung es por supuesto un
añadido de Liu Jo Shui. Y Mao escribe: “No
somos el príncipe Siangkung del Estado de Sung y no nos interesa su estúpida
ética...”32 [Todas las citas de este
párrafo, excepto la última son retraducciones de ODC. Nota de ODC].
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29. De la guerra, libro I, capítulo 1,
página 48.
30. Lenin y la ciencia militar, obra
colectiva escrita bajo la dirección de V. Zakharov, Editorial Progreso, Moscú,
1967, páginas 195-196.
31. De la guerra, libro I, capítulo 1,
página 34.
La profunda
influencia de Clausewitz sobre Mao Tse Tung está indiscutiblemente demostrada
por las investigaciones de Zhang Yuan Lin, quien sólo ha examinado (ciertamente
de modo sistemático) los documentos disponibles.
Ahora bien, muchos telegramas, cartas, discursos, notas, etc., de Mao no han sido publicados todavía. En
el futuro podrían, por lo tanto, surgir nuevas informaciones sobre la relación
de Mao con Clausewitz.
2.4.
Clausewitz, Mao y la filosofía
Según Jean-Paul
Charnay, la influencia de la filosofía sobre la estrategia puede ejercerse en
función de cuatro modalidades:
“- Por simple calco de un esquema de
evolución: Gamelin al aplicar al arte de la guerra la ley de los tres estados
(teológico y militar, metafísico y legalista, positivo e industrial) de Auguste
Comte;
-
Por aplicación al conflicto de un sistema de
evolución generalizador: teoría cíclica de los imperios y civilizaciones (Ibn
Jaldún, Bossuet, Hegel, Toynbee...), darwinismo, materialismo histórico y
materialismo dialéctico;
-
Como consecuencia de la dinámica de una
filosofía en tanto que principio explicativo de la estructura y del
funcionamiento de la guerra: la concepción kantiana del universo para
Clausewitz (implícitamente); la dialéctica hegeliana para Willisen;
-
Por referencias generales a la
“atmósfera” [emanada] de la filosofía dominante en el enunciado de una doctrina
estratégica: racionalismo de las Luces para Guibert, idealismo francés para
Foch, concepto nietzscheano de superhombre y pangermanismo para el Tercer
Reich... Incluso: Campanella y Galileo para Montecuccoli...”33
Charnay señala a
continuación que es necesario distinguir entre aquellos casos en que la
filosofía es inspiradora de la estrategia y aquellos en que la filosofía sirve
tan sólo para legitimar a posteriori este o aquel enunciado estratégico. Al
examinar los procedimientos de elaboración estratégica empleados por Clausewitz
y Mao Tse Tung nos percatamos de que ambos son ejemplo del primero de los
casos, al haber fundamentado su teoría de la guerra y su doctrina estratégica
sobre una base y un método filosóficos.
En una nota escrita en 1816, Clausewitz
afirmaba haber tenido presente, en la redacción de Vom Kriege, el modo en que había procedido Montesquieu en El espíritu de las leyes. De él no sólo
conserva el modelo expositivo, en capítulos
cortos, (lo que nos permitiría añadir una quinta modalidad de influencia a
las propuestas por Charnay: la influencia puramente formal), sino también y
sobre todo el método, la voluntad de permanecer dentro de los límites del
conocimiento positivo, de tratar los fenómenos a la vez en la verdad de su
propia naturaleza y de sus diversas manifestaciones históricas.
De este modo,
Clausewitz procura ante todo elaborar conceptos y formular definiciones. Y es
de manera filosófica como critica las definiciones de la táctica y la
estrategia de su tiempo. Para Bülow, competen a la táctica los movimientos que
se sitúan en el campo visual del enemigo y a la estrategia los que quedan
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32. Sobre la guerra prolongada, página 276.
[N. del E.: Clarté Rouge n° 3, página
65]. Aquí de nuevo, debo señalar que las traducciones francesas añaden una
doble pantalla entre la redacción de Vom
Kriege y la de Sobre la guerra prolongada.
33. Jean-Paul
Charnay, Critique de la stratégie,
L’Herne, Collection Classique de la stratégie, París, 1990, páginas 70-71.
fuera de ese campo, lo cual supone basarse en
lo sensible y no en lo conceptual. Ahora bien, Clausewitz no estima fundadas
más que aquellas diferenciaciones [“différenciations” en el original en
francés. Nota de ODC] que competen a la estructura interna de la cosa
estudiada. Para captar estas diferenciaciones, estudia cada fenómeno allí donde
se manifiesta con mayor nitidez, donde roza la perfección, en sus extremos.
Clausewitz practicó a lo largo de su vida este método de investigación de los
extremos como punto de partida de la actividad conceptual. No se le escapa que
el caso concreto se sitúa en algún punto entre los extremos ideales y sólo lo
caracteriza un extremo en la medida en que está más próximo que del extremo
opuesto. Es esta distinción entre concepto y realidad lo que permite la
actividad teórica.
La cuestión de si
Clausewitz había leído a Hegel –Lenin así lo pensaba- o si sus razonamientos
dialécticos eran fruto de su concepción de la realidad ha sido discutida desde
hace mucho. Clausewitz enseñaba en la Escuela de Guerra en los tiempos en que
Hegel reinaba en la Universidad de Berlín. Es posible que Clausewitz recibiese
simplemente las mismas influencias que Hegel: las de Kant y Fichte. Vom Kriege no justifica nunca la guerra
–como ordenaría una estricta ortodoxia hegeliana- en tanto que medio de acción
legítimo para el Estado que encarna el progreso histórico. Lo que es seguro es
que la dialéctica clausewitziana difiere de la dialéctica hegeliana –y por ahí
de la dialéctica marxista34. Clausewitz aborda los problemas mediante la
oposición de contrarios, pero estos contrarios no se resuelven en un tercer
término superior a los dos dados. Sin embargo, Mao no pudo dejar de captar
(como hizo Lenin en sus notas a las lecturas de Vom Kriege) la “concepción de la realidad” dialéctica de
Clausewitz. Ya Engels, en una carta a Marx, se refería a esta singularidad
filosófica de Clausewitz: “Leo en este
momento, entre otros, a Clausewitz, De la guerra. Extraña manera de filosofar, pero excelente en cuanto al fondo”35 [Retraducción de ODC. Nota de
ODC].
A principios del
siglo XIX, el pensamiento militar prusiano, estimulado por el deseo de una
revancha próxima, se rebeló contra las antiguas doctrinas estratégicas, restos
de un racionalismo denunciado como contrario al genio alemán. Clausewitz no fue
una excepción al fijar a la razón unos límites en el campo de la guerra.
Encontramos en él, pues, la influencia directa del kantismo y la afirmación del
irracionalismo alemán, que es una reacción contra el racionalismo francés del
siglo XVIII. [A pesar de que] esta influencia del kantismo en Clausewitz está
fuera de toda discusión, hay diferencias claras entre sus pensamientos y la
innegable influencia de Kant no hizo de Clausewitz un kantiano. Lenin subrayó
que Clausewitz había seguido los cursos del filósofo kantiano Kiesewetter.
Estos cursos que Clausewitz siguió en 1801 en la Escuela de Guerra versaban
fundamentalmente sobre la lógica. Influyeron notablemente en Clausewitz.
Kiesewetter era kantiano pero tenía, como divulgador, un enfoque particular de
las tesis de Kant, hasta el punto de que éste le acuso a la vez de plagio y de
traición. Los cursos de Kiesewetter (y, por tanto, hasta cierto punto el
kantismo) formaron el pensamiento de Clausewitz, predispuesto de
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34. Raymond Aron: “la filosofía de la historia, que permite determinar a un tiempo la
significación concreta de una guerra y la justicia de una causa me parece ajena
al oficial prusiano” [Retraducción de ODC. Nota de ODC], Clausewitz – Livre deux: L’âge planétaire.
NRF, op. cit., página 76.
35. Carta de
Engels (desde Manchester) a Marx (en Londres) de 7 de enero de 1858. La
respuesta de Marx (carta de 11 de enero de 1858) es un poco menos entusiasta: “A propósito de Blücher, algo he hojeado a
Clausewitz. El tipo tiene una sensatez que llega al alma” [Retraducción de
ODC. Nota de ODC]. Marx-Engels, Correspondencia. Éditions Sociales, París,
1972. Volumen 5 (julio-diciembre de 1857-1858).
modo natural a la
reflexión filosófica. Se puede considerar que las primeras bases metodológicas
de Vom Kriege se encuentran en las
enseñanzas de Kiesewetter.
Mao estratega se
basó en el legado marxista-leninista/clausewitziano y en la crítica de la
aplicación mecanicista de la herencia leninista, causa del fracaso de las
insurrecciones de Cantón, Nachang y Wuhan en diciembre de 1927. Bebió también
del legado revolucionario de las insurrecciones campesinas, especialmente de la
gran Rebelión Taiping 36, a veces a través de los clásicos de la
cultura china como Al borde del agua,
su obra literaria preferida37. Este legado, que se remontaba a los tiempos
pretéritos de la antigüedad, conservaba toda su vigencia en los años de
formación de Mao: de 1901 a 1910 casi mil levantamientos en que participaron
decenas de millones de campesinos habían inflamado China. Por último, Mao pudo
beber de la riquísima cultura estratégica china: entre la dinastía Qin (221-206
a.C.) y la dinastía de Qing (1644-1912), se publicaron más de 2.000 obras
militares importantes en China. Mao cita a menudo a estos historiadores
militares y a los estrategas clásicos, empezando por el más famoso de ellos:
Sun Tzu. En Problemas estratégicos de la
guerra revolucionaria de China38, Mao cita a Sun Tzu en tres ocasiones 39. La sección
3 del capítulo V está repleta de referencias: la inevitable mención de la
novela Al borde del agua; la mención de la guerra entre los principados de Lu y
Chi, con una larga cita del historiador antiguo Tsuochiu Ming; la mención, a
título de ejemplo, de la batalla de Chengkao entre los Chu y los Jan, de la
batalla de Kunyang entre los Sin y los Jan, de la batalla de Kuantu entre Yuan
Shao y Tsao Tsao, de la batalla de Chipi entre los Wu y los Wei, de la batalla
de Yiling entre el Wu y los Shu, de la batalla de Feishui entre los Chin y los
Tsin40.
La filosofía
clásica china tiene una pretensión macroscópica y universal, de modo que cada
ciencia, cada arte, no es sino su aplicación a un ámbito concreto. Como los
tratados de filosofía china pretenden interpretar la realidad concreta, tienen,
como el Libro de las Mutaciones, un
alcance directamente militar. De esta suerte, desde la dinastía Tang (618-907
a.C.), el Daodejing [Tao Te Ching] de Lao Zi [Lao Tse] fue
utilizado por los estrategas, y los clásicos del arte de la guerra chinos
tienen la particularidad de deducirse de la filosofía: transponen la filosofía
al ámbito militar41.
Y así, el término Xu que tiene el
significado general
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36. Movimiento insurreccional que, desde
1851 a 1864, levantó a las masas campesinas contra la dinastía Qing. El
movimiento Taiping, que contó en sus filas con entre un millón y tres millones
de soldados, abolió la propiedad de la tierra y la esclavitud y estableció la
igualdad entre hombres y mujeres. El movimiento se apoderó de Nankín, que
convirtió en su capital, pero fracasó al intentar tomar Pekín y fue ahogado en
sangre.
37. Se trata de antiguas epopeyas, al modo
de la Ilíada, basadas en hechos reales que tuvieron lugar durante la dinastía
de los Song del Norte (siglo XII). Al
borde del agua cuenta la historia de 108 personas (bandoleros, notables,
camorristas, intelectuales, etc.) que no toleran la injusticia ni la
arbitrariedad. Se levantan contra el emperador y llegan a ser tan poderosos que
este último debe satisfacer sus exigencias. Se conserva el rastro histórico de
estos forajidos que desafiaron a la autoridad imperial y que finalmente fueron
ejecutados. Estos relatos se recogieron por escrito en el siglo XIV.
38. En Escritos
militares de Mao Tse Tung, op. cit., páginas 83 y siguientes.
39. En Escritos
militares de Mao Tse Tung, op. cit., páginas 96 y 127. Sun Tzu está
transcrito Suentse.
40. Jiang Jieshi [Chiang Kai-check] también
había leído a estos clásicos: reconocía que la “estrategia de los blocaos” que
obligó al Ejército Rojo a abandonar Kiang-sii (Jiangxi) y a emprender la Larga
Marcha le fue inspirada por un general chino que la había utilizado para
aplastar una rebelión campesina en el siglo XIX.
de débil, malo, falso, vacío, adquiere el
significado militar particular de posición mal defendida.
El ideal
estratégico, por lo tanto, coincide con el ideal filosófico. Como explica Jean
Lévi: “en el sistema de representaciones
chinas, de lo amorfo [“sans-forme” en el original en francés. Nota de ODC] surge lo que tiene forma
[“l’ayant-forme” en el original en francés. Nota de ODC], lo puede dominar y controlar. La forma suprema de una formación
consistirá, para no presentar blanco al enemigo, en no presentarle ninguna
forma, como el agua, que se amolda a las formas sin agotar jamás su capacidad
de transformación. El vocabulario opera a un doble nivel, figurado y literal a
un tiempo, designa configuraciones reales que pueden adoptar los batallones.
Pien (transformación, inversión) se aplica en la literatura a la habilidad de
maniobra de una fuerza militar que ofrece al enemigo un cuerpo en perpetuo
movimiento, como el agua que proporciona la transposición de la terrible
eficacia del Tao, en el ámbito de las formas.”42
Tanto es así que
cuando Sun Tzu escribe: “La suprema
habilidad en la disposición de las tropas consiste en no presentar una forma
susceptible de ser definida con claridad. En este caso te librarás de las
indiscreciones de los espías más perspicaces y los espíritus más sagaces no
podrán fraguar planes contra ti.”43, transpone en el ámbito miliar las fórmulas
del Daodejing [Tao Te Ching]: “Aquello que miramos y no podemos ver es lo simple./ Lo que escuchamos
sin oír, lo tenue./ Lo que tentamos sin asir, lo mínimo./ (…) Es la forma de lo
que carece de forma,/ Y la imagen de la no-existencia;/ Es llamado el
misterio./ Ve a su encuentro, mas no verás su rostro;/ Síguelo, mas no lograrás
ver su espalda./ Si no abandonas el Tao del pasado,/ Serás dueño de la
existencia presente”. Un rasgo esencial de este pensamiento clásico chino es su carácter dialéctico. Se basa en
pares conceptuales que interactúan, tales como “dar” y “recibir”, “fuerza” y
“debilidad” o “apariencia” y “realidad”.
El tránsito permanente de la generalización
filosófica a la aplicación concreta, a menudo militar, que es un rasgo de la
cultura china, se encuentra hasta en los escritos filosóficos de Mao, como Sobre la práctica o Sobre la contradicción . En ellos, Mao recurre frecuentemente a
ejemplos y parábolas militares. Así, por ejemplo, cuando se trata de la
primacía de las causas internas sobre las causas externas: “Cuando dos ejércitos traban combate y uno resulta vencedor y el otro,
vencido, tanto la victoria del uno como la derrota del otro son determinadas
por causas internas. Uno es el vencedor gracias a su poderío o a la corrección
de su mando, y el otro sale derrotado sea por su debilidad o por los errores de
su mando; las causas externas actúan a través de las causas internas.”44
Este carácter de
la cultura china, este pensamiento filosófico dialéctico como punto de partida
de toda reflexión concreta, se encuentra depurado, gracias al marxismo, en Mao,
de todas sus dimensiones místicas y reaccionarias.
La proximidad de
las tesis de Mao y de Clausewitz no se deriva, por lo tanto, únicamente de la
lectura del segundo por el primero.
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41. Se trata de una diferencia fundamental
con el arte de la guerra occidental, que no se deduce de la filosofía sino de
la historia militar, siendo Clausewtiz, en gran medida, una excepción.
42. Jean Lévi es traductor y comentarista
de Sun Tzu. Véase Sun Tzu: El arte de la
guerra, Hachette Littératures, París, 2000, página 38.
43. Sun Tzu: El arte de la guerra, op. cit., página 68.
44.
Sobre la contradicción, Obras escogidas de Mao Tse Tung, tomo I, Pekín,
página 351.
Mao
y Clausewitz desarrollaron tesis próximas porque tenían un método de pensar y
de teorizar cercano. La herencia hegeliano-kiezewetteriana de Clausewitz y el
marxismo desarrollado en el ámbito de la cultura clásica china de Mao, les
llevaron a abordar dialécticamente problemáticas que la cultura militar
occidental trataba unilateralmente. De este modo, tanto Mao como Clausewitz, en
lugar de oponer defensiva y ofensiva, sostienen que la primera (la forma de
guerra más fuerte) debe crear las condiciones de la segunda (la forma de guerra
más determinante). Raymond Aron ya se había percatado de ello: a pesar de que
afirmaba ignorar si Mao había leído a Clausewitz, decía: “La teoría maoísta de la guerra prolongada y de la defensa estratégica
se saca tanto del libro VI [de Vom Kriege] como de la “invencibilidad” de la defensa. La oscilación, la
complementariedad entre los términos opuestos, la verdad en el nivel superior
que se convertiría en error en el nivel inferior, toda esta dialéctica
clauzewitziana, no la reconoce en Mao Tse Tung tan sólo quien no haya leído al
teórico alemán.” 45
2.5.
Convergencias y divergencias
Mao y Clausewitz
basaron pues, uno y otro, una teoría de la guerra y una doctrina estratégica
sobre una base filosófica. Pero también, tanto el uno como el otro habían:
-
estudiado
profundamente la historia general y la historia de la guerra en particular
(¡Clausewitz estudió en detalle 130 campañas!);
- vivido activamente un periodo de grandes
agitaciones, tomando parte en unas luchas que marcaron;
- combatido a los invasores de su país.
Estas semejanzas explican también que se
encuentren muchas tesis muy próximas en ambos. Tanto para uno como para el
otro,
- la praxis es el criterio decisivo para una
teoría verdadera, ambos combatieron el formalismo y el dogmatismo. La práctica
prima sobre el “sistema”;
-
La guerra
no es una cosa independiente: forma parte de un todo, a saber, la política; no
tiene una naturaleza: su naturaleza es la naturaleza de la política; no tiene
una lógica: su lógica es la de la política. Antes de Clausewitz y a fortiori
antes de Mao, había habido diversas opiniones e hipótesis sobre la naturaleza
de la guerra (expresión de la naturaleza humana, de un grado “no filosófico” de
civilización, de la voluntad divina, etc.). Algunos habían allanado el camino
de la relación científica entre la guerra y la política –empezando por
Maquiavelo-pero fue Clausewitz quien la estableció definitivamente. La guerra
es un acto político, un instrumento político, pero no es totalmente idéntica a
la política: tiene sus propias leyes, diferentes de las de la política,
resultantes de la aplicación de la fuerza militar. Para Clausewitz como para
Mao, por último, guerra y paz no son contrarios absolutos, sino diferentes
manifestaciones de las relaciones políticas.
Ahí termina la
comparación. Mao es un revolucionario, dirige una guerra en que a la liberación
nacional se une la revolución social, mientras que Clausewitz es un militar
que, a pesar de sus reservas y sus críticas, está en consonancia con el orden
establecido. La diferencia entre los conceptos de “política” en Clausewitz y en
Mao es importante. Según Clausewitz, la política representa los intereses de la
sociedad en su conjunto y un gobierno digno de ese nombre debe unir y ![]()
________________________________
45.
Raymond Aron, Clausewitz – Livre deux:
L’âge planétaire, op. cit., página 115.
conciliar los intereses particulares.
Clausewitz sabía que la política podía no representar al conjunto de esos
intereses y no ser más que el resultado de la coalición de ambiciones y de
interés particulares (con creces había denunciado a Napoleón en este sentido),
pero no va más lejos. En su teoría, la política es la política del Estado. Para
Mao, siguiendo a Lenin, la política es la política de tal o cual clase, detente
o no el poder del Estado. De hecho, Mao es un político que hubo de hacer la
guerra como “continuación de la política” y Clausewitz un militar que se
preocupó de la política como determinante principal de la guerra. Clausewitz
dirigió sólo una guerra de liberación nacional, aun cuando ésta tomó una
dimensión popular. Cuando habla de “guerra popular”, habla de todos los casos en que la lucha armada
está dirigida no por un ejército regular, que hace la guerra de movimientos y
la guerra de posiciones, sino por el pueblo insurrecto que lucha en partidas
más o menos organizadas allí donde se encuentre. Muy bien puede tratarse de una
guerra popular contrarrevolucionaria, a imagen de la sublevación de los
chuanes. Mao Tse Tung estudió la guerra popular como guerra revolucionaria: en
tal caso se añade el carácter político, el de la finalidad política de la
guerra, es decir, los intereses históricos de las masas populares obreras y
campesinas. Clausewitz no concebía más guerra popular que la resistencia a la
invasión, y como tal, su fuerza debía combinarse con las del Estado, según los
modelos español y ruso. Al pueblo, la guerrilla y la insurrección; al ejército,
las batallas campales. El carácter político y revolucionario de la guerra
popular en Mao hace de ésta no un complemente a las fuerzas armadas regulares
del Estado, sino un poder independiente que lucha solo y crea él mismo y de él
mismo, llegado el momento, sus fuerzas regulares.
Por último, si Mao
alude a las leyes de guerra “en general”, toca por encima esta cuestión para
concentrarse extensamente en las especificidades de la guerra revolucionaria en
China. Por el contrario, Clausewitz dedicó Vom Kriege a las leyes de guerra “en
general”.
2.6.
Clausewitz, Stalin y Mao
En su momento me
ocupé de la crítica que de Clausewitz hizo Stalin en 1946, en su carta al
coronel Razin46. A éste, profesor e historiador militar
soviético, sobre la base de la estima que Lenin profesaba a Clausewitz, le
sorprendía la tendencia de los círculos militares soviéticos a asimilar el
pensamiento de Clausewitz al de los estados mayores hitlerianos: “Para la ciencia militar soviética más de
vanguardia en general y para nuestra ciencia militar histórica en particular,
la cuestión esencial es la de la actitud ante la herencia teórica del pasado.
En los clásicos del marxismo-leninismo disponemos a este respecto de
directrices claras y precisas: asimilación completa de todo lo que produjo la
ciencia pasada, valoración crítica de todo lo creado por el pensamiento humano,
verificación en la práctica. […] Esto se aplica asimismo a la cultura militar.
Como resultado, no rechazamos los logros de la cultura burguesa, por ejemplo,
porque los fascistas, como sabemos, hayan aprovechado dichos logros con el
objetivo de la barbarie más salvaje. Emplearemos los logros de la cultura
burguesa para la construcción socialista, para la edificación de la sociedad
comunista. Pero no asimilamos mecánicamente la totalidad de los ![]()
__________________________________
46. Clausewitz
et la guerre populaire, Editorial Aden, Bruselas 2004, páginas 105 y
siguientes.
conocimientos de la ciencia burguesa, les
damos forma de manera crítica y, sobre bases socio-económicas y políticas
nuevas, hacemos avanzar la ciencia. “Hay dos formas probadas de crítica básica:
la forma inferior, investigación de alteraciones, de idealismo, de miras
mecanicistas y reaccionarias, etc., y el rechazo de todo, en conjunto; y la
forma superior, evaluación crítica, investigación de los núcleos de contenido
positivo tras una forma errónea, manteniéndolos y desarrollándolos.”47 [Retraducción de ODC. Nota de ODC]. Stalin salió a la palestra y
argumentó así: “[Lenin] alababa a Clausewitz ante todo porque, el no marxista Clausewitz,
autoridad de su tiempo en la materia como experto en asuntos militares,
confirmaba en sus trabajos la famosa tesis marxista de que entre guerra y
política existe una relación directa, que la política engendra la guerra, que
la guerra es la continuación de la política por medios violentos. La referencia
a Clausewitz le era necesaria aquí a Lenin una vez más para probar el
socialchovinismo, el socialimperialismo, de Plejanov, Kautsky y otros.
Luego alababa a Clausewitz porque Clausewitz confirmaba en sus
trabajos la tesis justa desde el punto de vista del marxismo de que la retirada
en determinadas condiciones desfavorables es, de igual modo, tan legítima en el
combate como la ofensiva. La referencia a Clausewitz le era necesaria aquí a
Lenin una vez más para persuadir a los comunistas de “izquierdas”, que no
reconocían en la retirada una forma legítima de lucha.
En consecuencia, Lenin enfocaba las obras de Clausewitz no como
militar, sino como político (...)
¿Debemos
criticar a fondo la doctrina militar de Clausewitz?
Sí, debemos. Estamos obligados desde el punto de vista de los
intereses de nuestra causa y de la ciencia militar de nuestro tiempo, a
criticar profundamente no sólo a Clausewitz, sino también a Moltke, Schlieffen,
Ludendorff, Keitel y otros portadores de la ideología militar alemana48. En los últimos treinta años,
Alemania ha impuesto por dos veces al mundo la guerra más sangrienta, y en
ambas ocasiones ha resultado derrotada. ¿Ha sido así por casualidad? Obviamente
no. ¿Acaso no significa esto que no sólo Alemania en su conjunto, sino también
su ideología militar, no han resistido la prueba? Esto es precisamente lo que
significa. Todo el mundo sabe cuánto respeto testimoniaban los militares de
todo el mundo, y entre ellos nuestros militares rusos, a las eminencias
militares de Alemania. ¿Debemos acabar con ese respeto inmerecido? Es necesario
acabar con él. Y para ello se necesita la crítica, sobre todo de nuestro lado,
del lado de los vencedores de Alemania.
En lo que respecta, en particular, a
Clausewitz, evidentemente ha envejecido como eminencia militar. Clausewitz era,
en el fondo, un representante de la guerra de la época manufacturera. Pero
ahora estamos en la época de la
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47. La
carta del coronel Razin se publicó en nota en el volumen XVI de las Obras de Stalin, Nouveau Bureau
d’Edition, París, 1975, nota 48, página 453. La carta del coronel Razin fue
publicada, con la respuesta de Stalin, en la revista teórica Bolchevik n° 3 en 1947.
48. La
traducción del mismo texto citado por Paul Rossel (Karl von Clausewitz y la théorie de la guerre, Les Temps Modernes
n° 77, marzo de 1952) propone “la ideología militar alemana” en vez de “la ideología militar en Alemania”. Es
probable que esté más cercana [esa traducción] al espíritu de la intervención
de Stalin e incluso a sus motivaciones...
guerra mecanizada. Es evidente que la época del maquinismo requiere
nuevos ideólogos militares. Resulta chocante tomar ahora lecciones de
Clausewitz. No se puede avanzar y hacer avanzar la ciencia sin someter a examen
crítico los viejos enunciados y tesis de las eminencias reconocidas. Lo cual
afecta no sólo a las eminencias de la ciencia militar, sino también a los
clásicos del marxismo.”49 [Retraducción de ODC. Nota de ODC].
Esta condena de
Clausewitz por Stalin se convirtió en la posición oficial del movimiento
comunista internacional. Así, por ejemplo, en la revista teórica del PCB, de la
que era redactor en jefe, Bob Claessens publicó una introducción a la carta al
coronel Razin que seguía fielmente, y acentuaba incluso, la posición de Stalin50.
Mao atacó
frontalmente esta posición dando la razón al coronel Razin en un discurso
pronunciado en enero de 1957 en una conferencia a los cuadros del PCCh:
“[Marx, Engels y
Lenin] estudiaron e investigaron con
ahínco las más variadas cosas de su tiempo y de la historia y, además,
enseñaron a la gente a obrar así. Las tres partes integrantes del marxismo
nacieron en el proceso del estudio de teorías burguesas: la filosofía clásica alemana,
la economía política clásica inglesa y el socialismo utópico francés, y de la
lucha contra ellas. Stalin fue un poco débil en este sentido. En su tiempo, la
filosofía idealista clásica de Alemania fue considerada como una reacción de la
nobleza alemana contra la revolución francesa. Con semejante conclusión se la
descalificó a toda ella en bloque. Stalin negó la ciencia militar alemana al
afirmar que, como los alemanes habían sido derrotados, ya no tenía validez su
ciencia militar y no había para que leer los trabajos de Clausewitz.
En Stalin hubo mucho de metafísica; además, él enseñó a mucha gente a
ponerla en práctica. (…)
La cuarta edición del Diccionario filosófico abreviado, redactado en
la Unión Soviética, refleja en su definición de la “identidad” este punto de
vista de Stalin. El diccionario dice: “Fenómenos tales como la guerra y la paz,
la burguesía y el proletariado, la vida y la muerte, no pueden ser idénticos,
porque son radicalmente contrarios y se excluyen mutuamente.” Esto quiere decir
que tales fenómenos radicalmente contrarios, en vez de tener una identidad
marxista, sólo se excluyen entre sí, no están mutuamente vinculados ni pueden,
en determinadas condiciones, transformarse el uno en el otro. Tal afirmación es
por completo errónea.
Según la opinión de ellos, la guerra es la
guerra y la paz, la paz, sin que entre una y otra haya conexión alguna sino
simple exclusión mutua; la guerra no puede transformarse en paz, ni viceversa.
Lenin citó una vez las siguientes palabras de Clausewitz: “La guerra es la
continuación de la política por otros medios”. La lucha en los tiempos de paz
es política, y lo es también la guerra,
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49. Stalin, Obras, volumen XVI, op. cit., págs. 201-204.
50. Bob Claessens,
Introducción a la Carta de Stalin al
Coronel Razin sobre las tesis de Clausewitz, en el n° 4 (serie nueva) de
abril de 1947 de Rénovation, “Revista
de doctrina y acción del Partido Comunista de Bélgica”. Páginas 227 y
siguientes.
aunque valiéndose de medios especiales. La guerra y la paz se excluyen
mutuamente y al mismo tiempo están interconectadas; además, en determinadas
condiciones, la una se transforma en la otra. Si la guerra no se incubara en
los tiempos de paz, ¿cómo podría estallar de repente? Y, si durante la guerra
no se incubara la paz, ¿cómo podría ésta llegar súbitamente? (…)
A Stalin se le escapó la conexión existente
entre la lucha y la unidad de los contrarios. La mentalidad de ciertas personas
en la Unión Soviética es metafísica”51
3.
Clausewitz en el legado maoísta
3.1. Giap52
(...) Giap dirigía desde hacía varios años el
Ejército popular cuando leyó a Clausewitz. Durante meses, el Secretario General
del Partido Comunista indochino, Truong Chinh, había conminado a todos los
cuadros militares a leer Vom Kriege
pero Giap, según confesaba, sólo se había interesado por él en vísperas del estallido de la
resistencia armada: "Antes de aquel
día, pensaba que Clausewitz se había ocupado de la guerra del siglo pasado y no
estaba del todo de acuerdo con su opinión de que “la guerra popular debe
disponer de amplios espacios que no existen en ningún país de Europa excepto en
Rusia”.”
53 [Retraducción de ODC. Nota de
ODC].
De hecho, hablando de la capacidad de la
guerra popular “para forzar al invasor a
evacuar el suelo de la patria, so pena de encontrar en él su tumba”, Clausewitz había añadido esta
importante restricción: “Que una simple
guerra del pueblo pueda producir esa crisis presupone o bien que la extensión
superficial del estado invadido excede la de cualquier país de Europa, excepto
Rusia, o bien que existe una desproporción entre la fuerza del ejército invasor
y la extensión del país, que nunca se presenta en la realidad. Por lo tanto,
para evitar aferrarnos a una cuestión irreal, debemos imaginar siempre una
guerra del pueblo en combinación con una llevada a cabo por un ejército
regular, y que ambas se realicen de acuerdo con un plan que abarque las
operaciones del conjunto.” 54
En su base de Viet
Bac, Giap se hizo leer por su secretario particular y su esposa ciertos pasajes
de Vom Kriege. “Al escucharlos, a menudo tenía la impresión de que Clausewitz estaba
sentado frente a mí para disertar sobre los acontecimientos en curso.
Clausewitz tenía un conocimiento profundo de la naturaleza extremadamente
compleja y cambiante de la guerra. Esta última
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51.
Discursos en una conferencia de secretarios de comités provinciales,
municipales y de región autónoma, (discurso del 27 de enero de 1957). Obras escogidas, volumen V. Ediciones en
lenguas extranjeras, Pekín, 1977, páginas 398-401.
52. Nota del Editor: en la original de Clausewitz, Mao et le maoïsme, T.
Derbent escribe bajo este epígrafe: “remito
al lector que lo desee, respecto a las relaciones entre Giap y Clausewitz, al
trabajo que ya presenté sobre este tema y bajo este mismo título, trabajo
accesible en Internet”. Para este número de Clarté Rouge, hemos empleado amplios extractos del trabajo en
cuestión.
53. General Vo Nguyen Giap, Memorias -
volumen 1: La Résistance encerclée,
Ediciones Anako, colección Grandes
Testigos, Fontenay-sous-Bois, 2003, páginas 105-106. Se cita a Clausewitz
en la traducción de Denise Naville (De la
guerra, Ediciones de Minuit, París, 1955, página 552).
54. De
la guerra, libro VI, capítulo 26,
página 672.
comporta, en efecto, muchos elementos azarosos
hasta el punto de que [el propio Clausewitz] la comparaba a un juego. Según
Clausewitz, “ninguna actividad humana depende tan completa y universalmente del
azar como la guerra (...) la guerra se convierte en un juego tanto por su
naturaleza subjetiva como por su naturaleza objetiva”55. Me gustaba especialmente el capítulo titulado “El armamento del
pueblo”, un capítulo relativamente corto. Me preguntaba constantemente: ¿Cómo
pudo un oficial del Imperio prusiano tener semejante opinión sobre esta forma
popular de lucha armada? Ésta se debía sin duda a su profundo amor a su patria
y a su rechazo a vivir como un esclavo. Su teoría coincidía singularmente con
lo que preconizaban nuestros abuelos: enfrentarse con los propios medios a un
enemigo superior en armas y en número. Algunos autores militares han tratado de
la “pequeña guerra” (por oposición a la “gran guerra”) en la que se emplean
pequeñas unidades que pueden ir por todas partes, abastecerse ellas mismas sin
dificultad, mantener el secreto, moverse rápidamente y replegarse del mismo
modo, incluso en ausencia de caminos, etc. ¿No se parecía, en parte, todo lo
que hacíamos por entonces a la “pequeña guerra”?56 [Retraducción de ODC. Nota de ODC].
La cultura militar
de Giap es de carácter autodidacta. Estudió las campañas del Imperio con mucha
más profundidad de la exigida por las clases de historia que daba, en 1938, en
una escuela de Hanoi. También por aquella época leyó a T. E. Lawrence, pero las
principales fuentes de su formación fueron los escritos de Engels y Lenin sobre
la insurrección, los documentos sobre la lucha de Mao Tse Tung y de Chu Te que
llegaban a Indochina y la tradición de guerra nacional vietnamita. (…) En 1942,
Giap efectuó una corta estancia en China, en la escuela política y militar del
Partido Comunista chino de Kangta, en Yenan57. En aquella época Giap sólo conocía a
Clausewitz por las opiniones intercambiadas a principios de los años 40, cuando
los colonialistas franceses proyectaban, en caso de agresión japonesa, una
retirada hacia el interior del país para levantar una guerrilla a imagen de la
china. Este proyecto había sido duramente criticado apelando a la autoridad de
Clausewitz, para quien, como hemos visto, era necesaria una enorme extensión de
territorio para [asegurar] la victoria guerrillera.
Por lo demás, fue
en estos términos como se reanudó el debate en el seno del Vietminh, y fue un
debate reñido, como pone de manifiesto Giap: “Cuando nuestro Partido optó por la guerrilla, recibió el apoyo de todo
el pueblo. (…) Sin embargo, entre nuestros comandantes, algunos se preguntaban:
“nuestro país es pequeño y el teatro de operaciones reducido, ¿es posible,
pues, levantar una guerrilla victoriosa?” Se organizaron discusiones en
profundidad, dentro de un círculo restringido, sin que llegáramos a una identidad
de puntos de vista, ni a una conclusión unánime, pero sin cuestionar nunca la
política del Partido.” 58 [Retraducción de ODC. Nota de
ODC]. De hecho, Vietnam es un país poco
extenso, el enemigo ya estaba presente en él en diversos lugares y sus
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55. Según
la traducción de Naville, páginas 64-65; en la edición de Lebovici: página 48.
56. Giap afirma en sus memorias (volumen 1,
página 105) que leyó Vom Kriege en su
momento en la traducción de Denise Naville que se llevó de Hanoi en 1947, pero
debe tratarse de un error ya que esta traducción no se publicó hasta 1955.
57. Ya
en mayo de 1940, Ho Chi Minh había animado a Giap y a Pham Van Dong a completar
su formación política y militar en China, en las filas del Ejército rojo chino.
Ni Dong ni Giap llegaron a su destino pues la noticia de la caída de París
obligó a Ho Chi Minh a llamarles a Vietnam. El propio Ho Chi Minh había vivido
más de un año, en 1938-39, en el Ejército rojo.
58. Giap,
Memorias, volumen 1, op. cit., página
173.
modernos medios militares habían reducido el
espacio. Las bases más remotas de la resistencia estaban a apenas una jornada
de camino del enemigo en vehículos a motor (o a media hora de vuelo). En esta
guerra contra los franceses, el Vietminh no podía contar con retaguardias
seguras donde disfrutar de una tranquilidad absoluta. Sus repliegues no podían
ser sino cambios cíclicos de acantonamiento, algo parecido a un continuo juego
del escondite. (…)
Giap aplicó o
reinventó punto por punto la doctrina clausewitziana en el marco particular de
la guerra revolucionaria. (…) Giap dominaba a la perfección la dialéctica entre
la defensiva y la ofensiva. Claro está que el paso de una forma a la otra no
siempre se hizo sin dificultades. El fracaso de las tres ofensivas de 1951
contra el delta del río Rojo, el de la ofensiva del Tet en 196859 y el de la ofensiva de Pascua de 1972, se explican por un paso
prematuro de una forma de guerra a otra. Una vuelta a una defensiva activa
permitió transformar los pequeños progresos cuantitativos del Ejército popular
en un cambio global de la relación de fuerzas, lo que permitió abordar
victoriosamente el paso a la ofensiva (toma de Dien Bien Phu en 1954, de Saigón
en 1975).
(…) Dien Bien Phu constituye un ejemplo
deslumbrante del modo en que Giap puso en práctica el concepto clausewitziano
de “batalla decisiva”. Fue tras leer
a Clausewitz cuando Giap abordó esta batalla. Además, puso en relación el
problema que planteaba Dien Bien Phu con el capítulo de Vom Kriege titulado Defensa
de las montañas: “Queda claro que un
pequeño puesto en terreno montañoso en una posición elegida con criterio
adquiere por eso mismo un poder de resistencia extraordinario. (…) Nos inclinamos a creer que dando una mayor
fuerza individual a puestos de este tipo y estableciendo una cantidad
suficiente de ellos, unos juntos a otros, se habría de formar un frente
extraordinariamente fuerte, en cierto modo inexpugnable, y que, desde ese
momento, ya no se trataría más que de protegerse contra un movimiento
envolvente desplegándose de la misma manera a derecha e izquierda, hasta
encontrar un punto de apoyo realmente suficiente en cada ala, o hasta poder
fiarse del propio despliegue de la línea y tenerla por imbatible.”60 [Retraducción de ODC. Nota de ODC]. La concepción de Dien Bien Phu
corresponde a este análisis, con la salvedad de que los ocho centros de
resistencia no formaban una línea defensiva sino un complejo defensivo
circular.
Dien Bien Phu es
el tipo de “gran batalla clausewitziana”. Giap esperaba la ocasión de dar un
golpe decisivo al Cuerpo Expedicionario francés, un golpe que aniquilara a un
tiempo a las fuerzas armadas enemigas, le abriera la posibilidad de controlar
el territorio y quebrara la voluntad de combate del enemigo. (…)
3.2.
Gonzalo
Abimael Guzmán
Reynoso, el “Presidente Gonzalo” del Partido Comunista del Perú (PCP), es sin
duda la segunda gran figura histórica del maoísmo después del propio Mao. Al
enrumbar y dirigir el PCP, al que condujo cerca de la victoria, por la senda de
la guerra popular, Gonzalo contribuyó decisivamente a la revalorización de la
estrategia maoísta de guerra popular prolongada. La
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59. Estas
ofensivas, que tuvieron efectos positivos, fueron fracasos en la medida no
alcanzaron el objetivo fijado.
60. De la guerra, libro VI, capítulo 15,
página 574. En la página 111 del volumen 3 de sus Memorias Giap se refiere a este análisis de Clausewitz.
formación militar de Gonzalo
se produjo en 1965, en el marco de una formación política y militar integral en
la China popular, en Nanjing.
En su entrevista de 1988 al
periódico El Diario, concedida cuando
el PCP estaba en la cima de su poder, Gonzalo menciona a Clausewitz en dos
ocasiones. Primero cuando denuncia a Gorbachov:
“[Gorbachov] dice esto: “el aforismo de Clausewitz, de que ‘la guerra es una continuación de la
política, sólo que con diferentes medios’, que fue clásico en su tiempo,
resulta ahora cada vez más desesperadamente anticuado. Está destinado a las
bibliotecas”. Pero ésta es tesis sostenida por Lenin y reiterada por el
Presidente Mao en este siglo y es clave en la teoría militar del proletariado,
y a ella nos atenemos en la guerra popular. Así, Gorbachov choca abiertamente
con Lenin, como chocó Kruschev”61
A continuación,
Gonzalo trata la fase de la guerra en que las fuerzas armadas se propusieron
aniquilar el PCP usando todo tipo de medios de guerra sucia: torturas,
escuadrones de la muerte, desapariciones y milicias de civiles armados (las rondas ). El 22 de marzo de 1983, una de
esas milicias mató a un cuadro maoísta. El 3 de abril, una columna guerrillera
reunió en el pueblo de Santiago de Lucanamarca a 69 milicianos, oficiales y
personas cercanas a éstos, antes de masacrarlos con especial crueldad (a machetazos
y pedradas). Lucanamarca tiene de singular que se trata a un tiempo de la
expresión de rabia vengativa de los campesinos miembros de la guerrilla contra
los milicianos y de una medida terrorista fríamente decida al más alto nivel
del PCP.
Gonzalo lo explica
y lo asume: “Frente al uso de mesnadas y
la acción militar
reaccionaria respondimos contundentemente con
una acción: Lucanamarca, ni ellos ni nosotros la olvidamos, claro, porque ahí
vieron una respuesta que no se imaginaron, ahí fueron aniquilados más de 80,
eso es lo real; y lo decimos, ahí hubo exceso, como se analizara en el año 83,
pero toda cosa en la vida tiene dos aspectos: nuestro problema era un golpe
contundente para sofrenarlos, para hacerles comprender que la cosa no era tan
fácil; en algunas ocasiones, como en ésa, fue la propia Dirección Central la que
planificó la acción y dispuso las cosas, así ha sido. Ahí lo principal es que
les dimos un golpe contundente y los sofrenamos y entendieron que estaban con
otro tipo de combatientes del pueblo, que no éramos los que ellos antes habían
combatido62, eso es lo que entendieron;
el exceso es el aspecto negativo. Entendiendo la guerra y basándonos en lo que
dice Lenin, teniendo en cuenta a Clausewitz, en la guerra la masa en el combate
puede rebasar y expresar todo su odio, el profundo sentimiento de odio de
clase, de repudio, de condena que tiene, ésa fue la raíz; esto ha sido
explicado por Lenin, bien claramente explicado. Pueden cometerse excesos, el
problema es llegar hasta un punto y no pasarlo porque si lo sobrepasas te
desvías; es como un ángulo, hasta cierto grado puede abrirse, más allá no. Si a
las masas les vamos a dar un conjunto
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61. Curiosamente, la edición francesa de la
Entrevista del Presidente Gonzalo con El
Diario, (la del Movimiento Popular Perú de Francia, marzo de 1989) omite la
referencia a Clausewitz. En lugar para estar traducido, el pasaje está
reescrito en los siguientes términos: “[Gorbachov]
dice que una parte de esta nueva forma de
pensar consiste en comprender que la guerra no es la continuación de la
política por medio de las armas. Dice: ya no podemos avanzar con formas de
pensamiento del pasado siglo. ¡¿Qué siglo pasado?! Es la tesis de Lenin, Lenin
es de este siglo y Lenin nos enseñó que la guerra es la continuación de la
política por otros medios, por medio de las armas. Pero Gorbachov dice que esto
está superado.”, página 96. Desconozco los motivos de esta reescritura.
62. Gonzalo
alude a la guerrilla guevarista del MIR (Movimiento de Izquierda
Revolucionaria) de 1965-1966, que fue rápidamente aniquilada por el ejército.
de restricciones, exigencias y prohibiciones, en el fondo no queremos
que las aguas se desborden; y lo que necesitábamos era que las aguas se
desbordaran, que el huayco entrara, seguros de que cuando entra arrasa pero
luego vuelve a su cauce. Reitero, esto está explicado por Lenin perfectamente;
y así es cómo entendemos ese exceso. Pero, insisto, ahí lo principal fue
hacerles entender que éramos un hueso duro de roer, y que estábamos dispuestos
a todo, a todo.”63 La tesis de Clausewitz mencionada por Gonzalo
es doble; en primer lugar, en la lucha, se desarrolla un sentimiento de
hostilidad aunque éste no existiera en un principio; en segundo lugar, este
sentimiento de hostilidad presente en el pueblo y entre los combatientes es una
de las tres partes constitutivas de la guerra, junto a la actividad intelectual
del comandante militar, que debe hacer frente a la interrelación de
probabilidades de la guerra, y a la autoridad política, que hace de la guerra
un instrumento de sus proyectos.
Clausewitz: “(…) el combate es la
expresión de un sentimiento hostil, pero en nuestros grandes combates,
que llamamos guerras, ese sentimiento hostil se convierte, a menudo, en
simplemente una intención hostil, y, al menos en términos generales, no
existe sentimiento hostil de un individuo contra otro. Mucho menos por ello, el
combate no se produce nunca sin que actúen tales sentimientos. (…) Pero en el caso de que éste falte o bien no
exista la animosidad al comienzo, el combate mismo será el que prenda la llama
del sentimiento hostil. Si por orden de su superior alguien realizara un acto
de violencia contra nosotros, excitaría nuestro deseo de desquitarnos y de
vengarnos antes del ejecutor que del poder superior bajo cuyo mando ese acto
fue realizado.”64
“La guerra no es, pues, no sólo un verdadero camaleón, por el hecho de
que en cada caso concreto cambia de carácter, sino que constituye también una
singular trinidad, si se la considera como un todo, en relación con las
tendencias que predominan en ella. Esta trinidad está integrada tanto por el
odio, la enemistad y la violencia primigenia de su esencia, elementos que deben
ser considerados como un ciego impulso natural, como por el juego del
azar y de las probabilidades, que hacen de ella una actividad desprovista de
emociones , y por el carácter subordinado de instrumento político, que la
inducen a pertenecer al ámbito del mero entendimiento. El primero de
estos tres aspectos interesa especialmente al pueblo; el segundo, al comandante
en jefe y a su ejército, y el tercero, solamente al gobierno.” 65
En Lucanamarca, la
autoridad político-militar desencadenó deliberadamente el sentimiento de
hostilidad de los combatientes, que fueron más allá de lo que aquélla había
imaginado; no obstante, el contenido de la acción, su dirección y, finalmente,
sus efectos fueron los que se buscaban.
Lenin abordó
repetidamente esta problemática: “No
hemos sabido hasta el día de hoy en el Comité Central que en Petrogrado los
obreros querían responder al asesinato de Volodarsky [redactor en jefe de
la Krasnaya Gazeta bolchevique] por medios del Terror de masas que vosotros
[el liderazgo del partido de la ciudad] habéis
frenado. ¡Protesto enérgicamente contra esta acción! (...) El momento es de una extrema gravedad. Hay
que fomentar la
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63. Entrevista del Presidente Gonzalo con El Diario, op. cit. páginas 50-51. [Nota
del Editor: Clarté Rouge, nº 2,
página 74].
64. De la guerra, libro II, capítulo 2,
página 125.
65. De la guerra, libro I, capítulo 1,
página 53.
energía y el carácter masivo del terror contra los
contrarrevolucionarios, especialmente en Petrogrado, donde el ejemplo debe
resultar decisivo.” 66
“La unidad de la voluntad no puede ser una
frase, un símbolo. La exigimos en la práctica. Se expresaba así en el tiempo de
la guerra: quienquiera que antepusiera sus propios intereses (los de su aldea,
los de su grupo) a los intereses comunes era considerado un especulador y
fusilado; estas ejecuciones quedaban justificadas en la clase obrera por su
voluntad consciente de vencer. Hablábamos bien claro de estas ejecuciones, no
ocultábamos la violencia, porque sabíamos que no podríamos salir de la vieja sociedad
sin ejercer la coacción sobre los elementos retrasados del proletariado.” 67 [Retraducción de ODC. Nota de ODC].
“Sabemos que la resistencia exasperada de la
burguesía contra la revolución socialista es inevitable en todos los países y
que dicha resistencia aumentará en la medida en que se desarrolle esa
revolución. El proletariado vencerá esa resistencia, y durante la propia lucha
contra la resistencia de la burguesía adquirirá la madurez necesaria para
triunfar y ejercer el poder. La venal prensa burguesa puede gritar a los cuatro
vientos siempre que nuestra revolución incurra en una falta. No tenemos miedo a
nuestras faltas. Los hombres no se han vuelto santos por el hecho de que haya
comenzado la revolución. Las clases trabajadoras, oprimidas y engañadas durante
siglos, condenadas a vivir por fuerza en la miseria, en la ignorancia y el
embrutecimiento, no pueden hacer la revolución sin incurrir en faltas.” 68
Contrariamente a
lo que escribió Gonzalo, Lenin jamás mencionó a Clausewitz sobre esta cuestión.
Pero este pequeño error muestra de hecho hasta qué punto Gonzalo era lector
cuidadoso de Clausewitz y Lenin: las notas de lectura de Lenin sobre Vom Kriege muestran un vivo interés por
la forma en que Clausewitz había tratado esta cuestión. Lenin recopió los
pasajes sobre la correlación entre el desencadenamiento de la violencia y la
profundidad del carácter político de la guerra69, sobre el sentimiento de hostilidad en el
pueblo en tanto que componente de la “trinidad” clausewitziana de la guerra70 y sobre el desarrollo de este sentimiento de hostilidad71.
3.3. La
U.C.I. (Sarbedaran)
El 25 de enero de 1982, la Unión de los
Comunistas de Irán (Sarbedaran), hoy Partido Comunista de Irán
(Marxista-Leninista-Maoísta), que practicaba la guerra de guerrillas contra el
régimen islámico, agrupó sus fuerzas en los bosques de los alrededores de la
ciudad de Amol, cerca del mar Caspio, y las lanzó contra la ciudad. La ofensiva
aprovechó el levantamiento de la ciudad, que fue liberada durante dos días.
Pero la insurrección no pudo extenderse y fue aplastada. Muchos cuadros y
militantes de la UCI (S) murieron en combate o en la oleada represiva que
siguió.
En octubre de
1993, la corriente liquidacionista del PCP hizo público un documento titulado Asumir - Combatir por la Nueva Decisión y
Nueva
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66. Telegrama
a G. Zinoviev, O.C. op. cit., volumen 35, página 342.
67.
Discurso al Tercer Congreso de sindicatos de Rusia, O. C. op. cit., volumen
30, página 523.
68.
Carta a los trabajadores americanos, O. C. op. cit., volumen 28, página 67.
69. Notas de Lenin publicadas en anexo a Clausewitz et la guerre populaire, op.
cit., págs. 133-134.
70. Notas
de Lenin, op. cit.; págs. 135-136.
71. Notas
de Lenin, op. cit.; pág. 137.
Definición, favorable
a un acuerdo de paz con el Estado peruano, destinado a proporcionar una base
teórica, política y estratégica a las “cartas de paz”, atribuidas al Presidente
Gonzalo preso, y que una gran parte del PCP denunció como falsas. En el seno
del movimiento maoísta internacional, la respuesta más argumentada a Asumir fue la redactada por la UCI (S).
En este extenso documento (más de 40 páginas) titulado El marxismo consiste en miles de verdades, pero todas se reducen a una frase: ¡Es justo rebelarse!72 [Retraducción de ODC. Nota de ODC],
se cita a Clausewitz tres veces:
“Asumir y el artículo de la prisión [las “cartas
de paz”] abordan la cuestión de la guerra
como si se tratara de un juego. ¡Por supuesto que no es así! Sobre todo porque
debido a su contenido social, una guerra revolucionaria es una guerra
apasionada y violenta. Como ha señalado el camarada Gonzalo, “Marx nos ha enseñado: no se juega a la
insurrección, no se juega a la revolución; pero cuando uno enarbola la
insurrección, cuando uno toma las armas, no arría la bandera, la mantiene
victoriosa hasta el triunfo, sin arriarla jamás; así nos enseñó ¡y no importa
cuánto nos cueste!” (Presidente Gonzalo,
entrevista con El Diario, 1988). Nuestra guerra debe juzgarse por su contenido
social. El punto clave de todas las guerras es “preservar las propias fuerzas y
destruir las fuerzas del enemigo”. Pero estas leyes funcionan en interacción
con un contenido social y el contexto en el que se hace la guerra. “Cuanto
más intensos y poderosos sean los
motivos y las tensiones que justifiquen la guerra, más estrecha relación guardará
ésta con su concepción abstracta. Cuanto más encaminada se halle a la
destrucción del enemigo, tanto más coincidirán el propósito militar y el
objetivo político, y la guerra aparecerá más como puramente militar y menos
como política. Pero cuanto más débiles sean las motivaciones y las tensiones,
la tendencia natural del elemento militar, o sea la tendencia a la violencia,
coincidirá menos con las directrices políticas; por tanto, cuanto más se aparte
la guerra de su trascendencia natural, mayor será la diferencia que separa el
objetivo político del propósito de una guerra ideal, y mayor apariencia tendrá
la guerra de ser política.”73 (Clausewitz, De la guerra). Por ejemplo, cuando los imperialistas luchan entre sí, no se aniquilan
porque ello no es parte de los intereses de su base de producción capitalista.
Imponen sólo la capitulación para obtener concesiones. Pero, cuando se trata de
la guerra popular, no descansarán hasta la aniquilación y sus actividades en
ese sentido no concluirán hasta que sean derrotados y su poder sobre el Estado
haya desparecido. Y mientras el Estado proletario no esté firmemente asentado,
los imperialistas intentarán derrocarlo. “Cuando decimos que “el imperialismo es feroz”, queremos decir
que su naturaleza nunca cambiará, que los imperialistas nunca dejarán de lado
sus cuchillas de carnicero ni se convertirán jamás en Budas, y así hasta su
ruina.” (Mao, Pequeño Libro Rojo, “Guerra
y Paz” )74.
(...) Precisamente debido a la naturaleza de
la guerra revolucionaria, una vez desencadenada dicha guerra, ya no se puede
volver a la lucha fundamentalmente pacífica. Sin embargo, esto es algo que los
revisionistas armados y las fuerzas nacionalistas burguesas hacen a menudo.
¿Por qué y cómo es posible para ellos y no para nosotros? Debido a la
naturaleza reformista de su “guerra”, porque su estrategia no es destruir el
viejo Estado, sino hacerse un hueco en él. Esto no es más que una especie de
lucha armada o,
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72. Este
texto es inédito en francés.
73. De la guerra, libro I, capítulo 1,
página 51.
74. Citas
del Presidente Mao Tse-Tung, Pekín, 1966, página 78.
en el mejor de los casos, una “guerra mínima o limitada”, que consiste
simplemente en amenazar al enemigo, con un ojo puesto en las negociaciones, que
se mantienen como opción de reserva. Desde el momento en que no hay intereses
vitales en juego, no hay más que concesiones y trapicheos. Clausewitz se
percató de este fenómeno y lo explicó: “la idea política que preside la guerra también ejerce una gran
autoridad sobre el modo de dirigirla. Cuando el sacrificio que se desea exigir
del enemigo no es considerable, basta con apoderarse de un objeto de valor
equivalente, lo cual se espera conseguir con poco esfuerzo. El oponente hace
generalmente un razonamiento similar” (Clausewitz,
De la guerra)75.
(...) El enemigo también aprende. Es de ilusos
esperar que renuncie a emplear toda su inteligencia y todas sus reservas
materiales para destruir una guerra maoísta. Para ellos, emprender
negociaciones de paz forma parte de su estrategia militar de aniquilación de
los revolucionarios y de los revolucionarios potenciales (la base de masas). En
la medida que puedan aplicarán el principio básico de la guerra en sentido
estricto contra una guerra revolucionaria dirigida por los maoístas. Esto es
así porque el propósito político de la guerra revolucionaria es destruir el
viejo Estado y aniquilar para siempre el reinado de las clases explotadoras [aquí una nota al pie remite
a la siguiente cita]: “Sometida así a la política, la guerra adopta
necesariamente su carácter. Cuanto más fuerte y poderosa sea la primera, más
enérgica será la segunda. No hay límites a este respecto y la guerra puede llegar
así a su forma absoluta.” (Clausewitz, De
la guerra)76 [Todas las citas de este
epígrafe salvo la primera de Clausewitz son retraducciones. Nota de ODC].
Estas tres citas
se encuentran en diferentes ubicaciones en el documento de la UCI (S),
provienen de diferentes capítulos de Vom
Kriege, pero todas versan sobre la misma tesis de Clausewitz: una guerra
ilimitada y sin ley revela una disputa política fundamental.
3.4. Pasang
Nanda Kishor Pun, “Pasang”, fue el principal
dirigente militar de la guerra popular en Nepal. Apodado “El Giap nepalí”,
participó en casi todas las grandes operaciones militares del Ejército Popular
de Liberación (EPL). Pasang comenzó su militancia en el movimiento estudiantil
y fue detenido y torturado en dos ocasiones. Durante el periodo de preparación
de la guerra popular, presidía la Liga de Jóvenes Comunistas y dirigía la
formación militar de los cuadros del Partido Comunista de Nepal (Maoísta). Pasang
estudió en profundidad a Clausewitz, Sun Tzu, Marx, Lenin, Mao y Giap, las
publicaciones militares contemporáneas y las epopeyas hindúes Ramayan y
Mahabharat. Se convirtió en el comandante de la primera unidad guerrillera, en
el comandante del destacamento de fuerzas de la guerrilla en 1999 y,
finalmente, en el comandante en jefe del Ejército popular.
Pasang creó la
Fundación del EPL dedicada a popularizar las enseñanzas estratégicas y
militares de la guerra popular. Además de la publicación de manuales y relatos
sobre los combates en Nepal, la Fundación ha traducido y publicado media docena
de libros considerados importantes, entre los que se encuentran Guerra popular, Ejército popular, de
Giap, y De la guerra, de ![]()
75. De la guerra, libro VIII, capítulo VIA, página
852.
76. De la guerra, libro VIII, capítulo VIB,
página 856.
Clausewitz; éste
último fue, según Pasang, “cuidadosamente traducido” en cinco meses antes de
ser distribuido a todas las secciones del EPL. Aunque la influencia de
Clausewitz, como las de Giap y Mao, son abiertamente reivindicadas por Pasang,
es difícil determinar cuál fue la influencia de las tesis clausewitzianas en
él, puesto que los únicos escritos de Pasang traducidos al inglés son
entrevistas y declaraciones generales, así como relatos de operaciones77.
Miembro del Comité
Central y del Buró Político, Pasang pertenece a la corriente prachandista, que
detuvo la guerra popular en favor de los acuerdos de paz para integrarse en el
sistema. Aprobó el desarme del EPL, la desmovilización de una parte de los combatientes
del EPL y la integración de la otra parte en el Ejército “nacional”. De esta
manera, Pasang contribuyó a la destrucción del EPL que él había contribuido a
construir y que había dirigido de victoria en victoria...
4.
Conclusión polémica
“Son muchos los que de la guerra hablan, pocos
lo que la hacen.” Proverbio malinké
Es sorprendente la
comparación entre la importancia de Clausewitz para Lenin, Mao, Giap y Gonzalo,
y el poco caso que le prestan algunas organizaciones maoístas, como las que
criticaron mi trabajo78.
Uno está tentado
de encontrar un sentido al hecho de que los partidos maoístas que han
practicado la guerra popular hayan reivindicado a Clausewitz, mientras que los
que no han pegado un tiro desde su fundación, diez o veinte años atrás, le
encuentren todos los defectos del mundo...
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77. Véase Pasang (Nanda Kishor Pun): Red Strides of the History, Agnipariksha
Janaprakashan Griha Putalisadak, Katmandú, 2008.
78. No
sólo el Partido Comunista Marxista-Leninista-Maoísta (Francia) en los artículos
ya citados, sino también el (nuovo) Partido Comunista Italiano en la Carta
abierta a la redacción de “Clarté” de
mayo de 2007.

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