Libro N° 8867. Sobre La Consciencia. Rubia Vila, Francisco J..
© Libro N° 8867. Sobre La Consciencia. Rubia Vila, Francisco J.. Emancipación. Julio 24 de 2021.
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Sobre La Consciencia. Francisco J. Rubia Vila
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Francisco
J. Rubia Vila
Sobre La Consciencia
Francisco J. Rubia Vila
Sobre La Consciencia
Francisco J. Rubia Vila
Conferencia pronunciada por el Prof. F. J. Rubia en la Real Academia
Nacional de Medicina el 12 de enero de 2010, con motivo de la inauguración del
curso académico. Este texto se publicó originalmente en el blog Neurociencias del autor en Tendencias21. Francisco J. Rubia Vila es Catedrático
de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, y también
lo fue de la Universidad Ludwig Maximillian de Munich, así como Consejero
Científico de dicha Universidad.
Estamos lejos de comprender el salto cualitativo que supone pasar de la
actividad neuronal del cerebro a la experiencia consciente
La consciencia no es un fenómeno todo-o-nada, sino que existen diversos
niveles de consciencia. Y la transición de la inconsciencia a la consciencia no
es simplemente un cambio de una inactividad a una actividad neuronal, sino que
supone un cambio en lo que hacen las neuronas, cambio que hoy por hoy es
desconocido. El dualismo que subyace a algunas de las teorías sobre la
consciencia plantea la cuestión de cómo superarlo, ya que este dualismo no ha
podido aclarar cómo es posible que un ente inmaterial pueda interaccionar con
la materia que es el cerebro. Estamos lejos de comprender el salto cualitativo
que supone pasar de la actividad neuronal del cerebro a la experiencia
subjetiva de la consciencia. Por Francisco J. Rubia.
La consciencia es un enigma, probablemente el mayor enigma tanto en
filosofía como en ciencia. Las cuestiones fundamentales que plantea son: ¿qué
es la consciencia? ¿de dónde procede? y ¿para qué sirve?
El filósofo australiano David J. Chalmers distingue entre los “problemas
fáciles” y el “problema duro o difícil” (hard problem) de la consciencia. Los
problemas fáciles tratan la consciencia como una facultad mental más y analizan
temas como la discriminación entre estímulos sensoriales, la integración de la
información para guiar el comportamiento o la verbalización de estados
internos, cómo se integran los datos sensoriales con la experiencia del pasado,
cómo focalizamos la atención o lo que distingue el estado de vigilia del sueño.
Pero el “problema difícil” de la consciencia es saber cómo los procesos físicos
cerebrales dan lugar a la consciencia, cómo las descargas de millones de
neuronas pueden producir la experiencia consciente, la experiencia subjetiva.
Si ser consciente implica la existencia de un “yo” y este yo, como nos
dice la neurociencia, es una ficción, ¿qué consecuencias tendría este hecho
para la consciencia? Por otra parte, ¿existe un solo yo? El psicólogo
estadounidense William James planteó la existencia de al menos tres yos
diferentes: un yo material, otro social y un tercero espiritual. Además, los
enfermos con cerebro escindido han mostrado que pueden surgir tras la
separación del cuerpo calloso dos yos distintos.
El psicólogo californiano Michael Gazzaniga dice que el hemisferio
izquierdo es dominante para la mayoría de las funciones cognoscitivas, como la
resolución de problemas, mientras que el hemisferio derecho es muy deficiente
para resolver problemas difíciles. El resultado de muchos años de investigación
sobre el cerebro hendido le hace concluir que el hemisferio derecho tiene una
experiencia consciente muy diferente de la exacta y literal del hemisferio
izquierdo.
Aunque ambos son conscientes, la consciencia del cerebro izquierdo
supera con mucho a la del derecho. ¿Cuál sería pues el sustrato neuronal que
hace surgir estos dos tipos de consciencia en los hemisferios cerebrales?
Existe un “vacío explicativo”, como dice el filósofo de Harvard, Joseph Levine,
entre las funciones cerebrales y la experiencia subjetiva.
La cuestión fundamental es, pues: ¿cómo podemos superar el abismo que
separa lo objetivo y lo subjetivo, el cerebro y la experiencia consciente? Es
un planteamiento muy parecido al planteamiento tradicional cuerpo/alma o
mente/cerebro, que han discutido los filósofos desde hace más de 2.000 años. Y
aún siguen discutiendo.
Otra cuestión que se plantea es la siguiente: si un sistema, como el
cerebro, puede resolver problemas y procesar información de manera
inconsciente, ¿para qué sirve la consciencia?
Algunos filósofos afirman que cuando comprendamos suficientemente bien
el funcionamiento del cerebro, el concepto de consciencia se disipará del mismo
modo que se disipó el concepto del flogisto una vez que se comprendió el
proceso de la oxidación. El flogisto era un hipotético constituyente volátil de
todas las sustancias combustibles que, según se creía, se liberaba en forma de
llama durante la combustión.
Sir Charles Sherrington, premio Nobel de Medicina y Fisiología del año
1932, era de la opinión que la consciencia era científicamente inexplicable. Y
el psicólogo Stephen Pinker, de la Universidad de Harvard, piensa que puede que
podamos entender la mayoría de los detalles de cómo funciona la mente, pero la
consciencia puede permanecer oculta. También el filósofo británico Colin McGinn
opina que el problema es demasiado difícil para nuestras mentes limitadas,
añadiendo que estamos cerrados cognoscitivamente ante ese problema.
Afortunadamente, no todos los científicos y filósofos piensan lo mismo.
Definición de consciencia
La consciencia es un concepto que entendemos intuitivamente, pero que es
difícil o imposible de describir adecuadamente en palabras. Se puede decir que
consciencia es el estado subjetivo de apercibir algo, sea dentro o fuera de
nosotros mismos.
No existe ninguna definición consensuada de la consciencia. Pero
consciencia significa experiencia subjetiva, o sea, lo opuesto a objetividad.
En algunos escritos la consciencia es considerada sinónimo de mente. Pero la
mente incluye procesos mentales inconscientes, y puede definirse como el
funcionamiento del cerebro para procesar información y controlar la acción de
manera flexible y adaptativa.
La consciencia tiene contenidos, pero aunque pueda tener una enorme
variedad de contenidos no puede tener muchos al mismo tiempo. La consciencia no
es un fenómeno pasivo como respuesta a estímulos, sino un proceso activo de
interpretación y construcción de datos externos y de la memoria relacionándolos
entre sí.
Se ha equiparado la consciencia a la vigilia, pero estar despierto no es
lo mismo que ser consciente de algo en el sentido de apercibirse de algo. En el
sueño podemos apercibir imágenes mentales visuales o auditivas.
Los actos voluntarios y la toma de decisiones son aspectos importantes
de la experiencia consciente. Por ello, uno de los significados más comunes de
consciencia es que es un sistema de control ejecutivo que supervisa y coordina
las actividades del organismo.
Para el profesor de psicología de la Universidad de Princeton, Philip
Johnson-Laird, el cerebro es un sistema organizado jerárquicamente que procesa
información en paralelo y cuyo nivel más alto que controla la conducta
corresponde a la consciencia, aunque interacciona con varios subsistemas
inconscientes.
Se ha considerado a la consciencia íntimamente relacionada con la
memoria operativa, la atención y el procesamiento controlado. La memoria
operativa es importante para la solución de problemas, la toma de decisiones y
la iniciación de la acción. La relación con la atención es clara: prestar
atención a algo es ser consciente de ese algo. El ejemplo más clásico de
atención selectiva es el conocido como “efecto cocktail party”, por el que
seleccionamos información interesante en medio de un gran ruido de fondo.
También se ha considerado la consciencia como sinónimo de
auto-consciencia. Pero como se puede ser consciente de muchas cosas que no son
la propia persona, hoy se estima que la auto-consciencia es una forma especial
de la consciencia.
Todo el mundo sabe lo que es consciencia, dicen el fallecido premio
Nobel Francis Crick y su colaborador alemán Christof Koch, pero mientras
sepamos tan poco de ella, lo mejor es no dar ninguna definición que pueda
inducir a errores o que sea restrictiva, o ambas cosas a la vez.
En la bibliografía anglosajona se utilizan dos palabras distintas que en
español se suelen traducir por consciencia. La primera es “awareness”, que yo
traduzco por apercepción; la segunda es “consciousness” que se traduce por
consciencia. Esta diferenciación es importante, ya que existe la expresión en
inglés “unconscious awareness” que se traduciría por “apercepción
inconsciente”, lo que sería imposible si la palabra “awareness” se tradujese
por consciencia, como suele hacerse.
Algunos autores definen la apercepción como un estado en el que tenemos
acceso a cierta información que puede usarse para controlar la conducta. La
consciencia está siempre acompañada de apercepción, pero la apercepción no
tiene por qué estar acompañada por consciencia.
Se pueden distinguir dos tipos de consciencia. La consciencia primaria,
que es la experiencia directa de percepciones, sensaciones, pensamientos y
contenidos de la memoria, así como imágenes, ensueños y sueños diurnos. La
consciencia reflexiva es la experiencia consciente per se. Este tipo de
consciencia es necesaria para la auto-consciencia, que implica darse cuenta de
ser un individuo único, separado de los demás, con una historia y un futuro
personales. La consciencia reflexiva incluye el proceso de integración, o sea,
de observar la propia mente y sus funciones; con otras palabras: conocer que se
conoce. En realidad, la experiencia consciente en el humano adulto normal
implica tanto la consciencia primaria como la consciencia reflexiva.
Características de la consciencia
William James, padre de la psicología norteamericana, en sus Principios
de Psicología describió cinco características de alto nivel de la consciencia
que aún siguen vigentes. Son las siguientes:
1) Subjetividad: Todos los pensamientos son subjetivos, pertenecen a un
individuo y son sólo conocidos por ese individuo
2) Cambio: Dentro de la consciencia de cada persona, el pensamiento está
siempre cambiando
3) Intencionalidad: La consciencia es siempre de algo, apunta siempre a algo
4) Continuidad: James utilizó siempre la expresión “curso de la consciencia”
para dar a entender que la consciencia parece ser siempre algo continuo
5) Selectividad: Aquí James se refirió a la presencia de la atención selectiva,
o sea que en cada momento somos conscientes de sólo una parte de todos los
estímulos
A pesar de la enorme variedad de percepciones y pensamientos de
naturaleza siempre cambiante, tenemos la impresión de que nuestra consciencia
es algo unificado y continuo. Esta sensación de unidad de la consciencia
algunos autores la consideran una ilusión.
Algunas teorías sobre la consciencia
Al igual que entre los filósofos post-cartesianos había diversas
teorías, como la teoría del doble aspecto de Spinoza, el ocasionalismo de
Malebranche, el paralelismo de Leibniz y su doctrina de la armonía
preestablecida, hoy existen diversas teorías de la consciencia.
La teoría “clásica” ha sido la postulada por el psicólogo norteamericano
William James en el siglo XIX. Para James, la consciencia es una secuencia de
estados mentales conscientes, siendo cada uno de estos estados la experiencia
de algún contenido concreto. James pensaba también que la consciencia tiene que
haber tenido un propósito evolutivo, por lo que trataba la consciencia como una
función y no como una entidad.
En el siglo XVIII el biólogo suizo Charles Bonnet intentó resolver el
dilema introduciendo el llamado “epifenomenalismo”, una idea que después asumió
también el biólogo británico Thomas Huxley. El epifenomenalismo acepta que la
mente y el cuerpo están hechos de diferentes sustancias, pero la mente no tiene
influencia sobre el cuerpo, aunque está causada por el cerebro. Los sucesos
mentales son productos accesorios de los sucesos materiales.
La teoría basada en un dualismo cartesiano postula que la mente, alma o
espíritu es inmaterial y la autoconsciencia, como propiedad de esa mente, está
separada del cerebro que es físico e inconsciente. Esta teoría ha sido
mantenida por Karl Popper y John Eccles; con este último yo colaboré en la
Universidad del Estado de Nueva York en Buffalo en su periodo tardío de
laboratorio en 1975. El problema que plantea esta teoría es que no explica cómo
se produce la experiencia subjetiva, ni tampoco cómo funciona la interacción
entre un ente inmaterial y otro material.
Otra teoría es la sostenida por Stuart Hameroff y Roger Penrose que
supone que los microtúbulos, que se encuentran en toda célula nerviosa, están
designados para permitir la coherencia cuántica y las conexiones cuánticas en
todo el cerebro. La dificultad es que no explica cómo surge la experiencia
subjetiva por lo que muchos autores concluyen que la teoría cuántica de la
consciencia sustituye un misterio por otro. Penrose es también de la opinión
que el fenómeno de la vida mental requiere un conocimiento de la física que aún
no tenemos.
Superveniencia
El filósofo coreano Jaegwon Kim utiliza el término “superveniencia”
(supervenience) para expresar el hecho de que un ámbito o dominio está
determinado por otro. Por ejemplo, las propiedades biológicas supervienen o son
supervenientes a las propiedades físicas, porque las propiedades biológicas de
un sistema están determinadas por sus propiedades físicas. En una tabla de
madera, por ejemplo, la madera superviene a las moléculas y las moléculas
supervienen a los átomos. Lo mental sería, pues, superveniente a lo físico. La
mente sería al cerebro como el rayo a las partículas cargadas eléctricamente.
Los electrones tienen masa y rotación, pero la electricidad tiene
potencial e intensidad. Los componentes químicos tienen densidad y
conductividad, mientras que los organismos biológicos tienen crecimiento y
reproducción. A cada nivel hay propiedades distintas, propiedades “emergentes”.
Sin embargo, la superveniencia no explica por qué y cómo la mente emerge del
cerebro.
Los neurobiólogos Gerald Edelman, premio Nobel de Fisiología y Medicina
de 1972 por sus trabajos sobre el sistema inmunológico, y Giulio Tononi,
proponen que la consciencia emerge cuando grandes grupos de neuronas forman un
núcleo dinámico en el cerebro con conexiones que forman bucles entre la corteza
y el tálamo. A estas conexiones Edelman les llama “mapas de reentrada”,
parecido a lo que el psicólogo británico Nicholas Humphrey denomina “bucles de
realimentación reverberantes sensoriales”. La idea en ambos es que el cerebro
se refiere a sí mismo y esto es lo que desencadena la consciencia.
La alternativa al dualismo es el monismo que plantea que el cuerpo y la
mente están hechos de la misma sustancia. Los idealistas piensan que todo es
mental, los materialistas que todo es material. El filósofo Spinoza pensaba que
sólo existía una sustancia y que la sustancia tenía dos propiedades: que era
consciente y que tenía extensión.
Un ejemplo típico de la postura materialista es la sostenida por el
filósofo francés Julien Offroy de LaMettrie que en su obra L’Homme machine (El
hombre máquina) decía que la mente es una máquina hecha de materia y que el
pensamiento era un proceso material.
Y el filósofo británico Bertrand Russell pensaba que lo mental y lo
físico son diferentes formas de conocer la misma cosa, la primera por la
consciencia y la segunda por los sentidos. La consciencia nos da un
conocimiento directo, inmediato, de lo que hay en el cerebro, mientras que los
sentidos pueden observar (posiblemente ayudado por instrumentos) lo que hay en
el cerebro. La consciencia es, básicamente, otro sentido, un sentido que, en
vez de percibir colores, olores o sonidos, percibe la verdadera naturaleza del
cerebro.
Dudas sobre lo mental
El materialismo eliminativo es la doctrina que postula que los estados
mentales no existen, o, al menos, que la terminología es equivocada y debería
abandonarse. Tanto el filósofo alemán Paul Feyerabend como el filósofo
norteamericano Richard Rorty niegan la existencia de lo mental. Lo mental no es
más que un mito. Y el neurocientífico norteamericano Paul Churchland dice que
lo mental es el sujeto de la “psicología popular”, y la psicología popular no
es una ciencia. Adscribimos estados mentales a los individuos, pero en realidad
sólo existen procesos cerebrales.
El filósofo estadounidense John Searle piensa que la consciencia no
puede reducirse a los procesos neuronales que la causan, pero que la
consciencia es una característica biológica del cerebro. Searle ataca tanto al
dualismo como al materialismo diciendo que la división del mundo en materia y
mente es arbitraria y contraproducente. En su opinión tenemos que tener en
cuenta que la consciencia está causada por procesos cerebrales, pero no puede
ser reducida a esos procesos porque es un fenómeno de “primera persona”, o
subjetivo, mientras que los procesos cerebrales son fenómenos de “tercera
persona”, es decir objetivos.
El psicólogo norteamericano Julian Jaynes estudió los documentos
históricos, arqueológicos y biológicos de civilizaciones antiguas, llegando a
la conclusión que hace unos 3000 años los humanos no tenían aún consciencia.
Dependían aún, como otros primates, de reacciones aprendidas. Los individuos de
civilizaciones desarrolladas antes de los 1000 años a.C. (en Asiria, Babilonia,
Mesopotamia, Egipto) no eran verdaderamente conscientes. Libros antiguos, como
la Ilíada o la Biblia fueron compuestos por personas no conscientes que no
distinguían entre los sucesos reales y los imaginarios. Los personajes de esos
libros actuaban inconscientemente tomando decisiones confiando en voces, en
alucinaciones. Según este psicólogo la consciencia apareció en la Odisea y en
las partes más recientes de la Biblia, hará unos 3000 años. Lógicamente, estas
afirmaciones han sido muy discutidas.
El antropólogo británico Kenneth Oakley planteó que existirían tres
niveles de consciencia que corresponderían a tres capas evolutivas del cerebro:
la apercepción, controlada por las regiones más antiguas del cerebro y
relacionada sólo con el condicionamiento; la consciencia, controlada por la
corteza cerebral y el hipocampo y relacionada con la representación interna del
mundo; y, finalmente, la auto-consciencia, dependiente de las regiones más
modernas de la corteza cerebral y relacionada con la representación interna de
la propia representación interna.
El lingüista sueco Peter Gardenfors ve en el lenguaje el último estadio
en el proceso que lleva a la consciencia humana. Piensa que primero estuvieron
las sensaciones, luego la atención, las emociones, la memoria, los
pensamientos, la planificación, el yo, el libre albedrío y, finalmente, el
lenguaje. La mayoría de estas facultades no son únicas en los humanos, ya que
la mayoría de los mamíferos tienen emociones e incluso pensamientos. Los
chimpancés llegan hasta la planificación, pero sólo los humanos tienen
consciencia de sí mismos y lenguaje. Todos los animales tienen un cierto grado
de consciencia, pero sólo mamíferos y aves tienen corteza que les permite
representaciones separadas de la realidad por lo que pueden adivinar y
planificar. Los pensamientos son representaciones internas del mundo, lo que
permite a los animales que los tienen separarse del mundo inmediato, pudiendo
crear más de un curso posible de acción.
Red de funciones cognitivas
El yo sería para Gardenfors un fenómeno emergente, una propiedad que
surge de una red de funciones cognoscitivas relacionadas entre sí. El lenguaje,
como último estadio en el ser humano requiere una representación interna
sofisticada, que son los símbolos. Las representaciones de otros animales no
están suficientemente separadas de la realidad exterior.
Nicholas Humphrey dice que ser consciente es tener sensaciones, como
algo opuesto a las percepciones. Los animales desarrollaron dos formas de
representación de la interacción entre el cuerpo y el entorno: unas cargadas de
afecto que son las sensaciones y otras neutrales con respecto a los afectos que
son las percepciones. Para Humphrey tenemos un “ojo interior” que se comporta
como cualquier otro sentido, menos en el hecho de que su objeto es el propio
cerebro. La consciencia me permite percibir el estado de mi cerebro.
El neurofisiólogo norteamericano William Calvin propuso la teoría
llamada “darwinismo mental”. Según esta teoría, lo mismo que el sistema
inmunológico y la evolución de las especies están impulsados por la selección
natural, la vida mental también lo está. Los pensamientos se producen
inconscientemente y el proceso darwiniano elige los mejores. Para Calvin, lo
que pensamos está siempre en función de la acción; los pensamientos son sólo
movimientos que no han sido aún realizados.
El psicólogo estadounidense Marcel Kinsbourne cree que la consciencia no
es un producto de la actividad neural, sino la actividad neural misma. El
cerebro no genera consciencia, sino que es consciente, por lo que no es
necesario buscar una región que genere consciencia; no es la región lo que
importa, sino el estado del circuito; cualquier región del cerebro puede ser
consciente si sus circuitos están en un estado apropiado.
El matemático danés Tor Norretranders piensa que la consciencia no
contiene casi ninguna información. La mayoría de los procesos mentales nunca
alcanzan la consciencia. El cerebro descarta cantidades ingentes de información
antes de que tenga lugar la consciencia, aunque esta información descartada
tenga influencia sobre nuestra conducta. Esto significa que la consciencia
trata sobre todo de lo que ocurre dentro de nosotros y no fuera. Los datos
sensoriales se procesan de acuerdo con estructuras cerebrales y se comparan con
los contenidos de la memoria, volviendo a ser procesados, y luego surge una
sensación consciente. En esta sensación poco queda de los datos sensoriales
originales. Nunca podemos experimentar los datos sensoriales originales, sino
que experimentamos sólo los productos terminados. Con otras palabras: nuestro
cerebro conoce mucho más de lo que conoce la consciencia.
Con esto no agotamos todas las teorías existentes sobre la consciencia,
pero he elegido las que me parecieron más relevantes. Como vemos, hay opiniones
para todos los gustos.
Origen y evolución de la consciencia
¿Cómo surge la consciencia en un individuo y cómo surgió en la
evolución? Todos creemos que los humanos no nacen con consciencia y que la
vida, como fenómeno natural no fue originalmente consciente. Existe, pues, un
problema ontogenético, de cuándo surge la consciencia en un individuo, y un
problema filogenético, de cuándo surgió la consciencia de la materia, si fue
repentinamente en una especie determinada o por el desarrollo de ciertas
estructuras cerebrales. La auto-consciencia surge en el niño en la segunda
mitad del segundo año de vida, y depende de la memoria episódica y de la
capacidad para la consciencia reflexiva.
Ya mencionamos que el psicólogo norteamericano Julian Jaynes piensa que
surgió muy recientemente en el ser humano, en la época homérica. Por el
contrario el neurofisiólogo australiano John Eccles pensaba que surgió con el
neocórtex de los mamíferos y la bióloga norteamericana Lynn Margulis es de la
opinión que la consciencia es una propiedad tan antigua como la vida de
organismos unicelulares simples, hace miles de millones de años. Otros
científicos piensan que la consciencia surgió por la necesidad de comunicación
con otros individuos, es decir, que fue cercana al lenguaje. El filósofo
austriaco Karl Popper decía que la consciencia emerge con el lenguaje, tanto
ontogenética como filogenéticamente.
El psicólogo británico Nicholas Humphrey coincide con la opinión de que
la función de la consciencia es la de interacción social con otras
consciencias. La consciencia aporta a los humanos un modelo explicativo de su
propia conducta y esta facultad es útil para la supervivencia; con otras
palabras: los mejores psicólogos son los que mejor sobreviven. Al entender la
propia mente, entienden también la mente de los demás y eso supone una ventaja
evolutiva importante.
Sin embargo, la consciencia difícilmente contribuye a la supervivencia.
Muchas veces nos deprimimos cuando pensamos en cosas futuras, como la vejez o
la muerte. La consciencia muy a menudo resulta en una menor determinación y
perseverancia. Visto así, no parece que sea el producto de una evolución
darwiniana porque realmente lo que hace es debilitar nuestro sistema de
supervivencia en esos casos.
El lingüista estadounidense Merlin Donald planteó que la mente moderna
con pensamiento simbólico surgió de una forma de inteligencia no simbólica por
absorción gradual de sistemas nuevos de representación. La mente humana se
desarrolló en cuatro estadios que coinciden con los estadios de crecimiento
cognoscitivo en humanos modernos. Los homínidos más antiguos estaban limitados
a representaciones episódicas del conocimiento. La memoria episódica era útil
para aprender asociaciones estímulo-respuesta, pero no podía recuperar memorias
independientemente de las señales del entorno, es decir, no podía pensar. Estos
seres episódicos vivían sus vidas totalmente en el presente.
El Homo erectus desarrolló un sistema “mimético” de representación. La
mente podía recuperar memorias independientemente del entorno y era capaz de
re-describir la experiencia. La mente tiene una representación del mundo y es
capaz de adaptarse continuamente a los nuevos conocimientos. Estas
representaciones permitían al individuo comunicar sus intenciones y deseos. En
este estadio existía una especie de memoria colectiva. En el tercer estadio, el
Homo sapiens adquirió el lenguaje y, por consiguiente, la capacidad de
construir relatos y formar mitos que representan modelos integrados del mundo
por los que los individuos podían generalizar y predecir acontecimientos. El
lenguaje permitió contar historias en grupo.
Hace unos 50.000 años los humanos comenzaron a almacenar contenidos de
memoria en el mundo exterior en vez de en sus cerebros (pinturas rupestres,
figuras, calendarios, etc.). Finalmente, con la escritura, hará unos 10.000
años, los humanos modernos alcanzaron capacidades representativas simbólicas y
la lógica. Es la mente “teórica”.
En otro orden de cosas se estima que existen unos 10.000 millones de
células corticales en el hombre moderno, de los que 1.000 millones estarían en
relación con el cuerpo. Así que 8.900 millones se utilizarían para procesos
internos y para las conexiones con otras neuronas del sistema. Se estima que el
cerebro del Australopiteco tendría 3.500 millones de neuronas por encima de las
relacionadas con el cuerpo, comparadas con los 2.000 millones del gorila y los
2.400 millones del chimpancé.
El Homo habilis tendría unos 4.500 millones de interneuronas y el Homo
erectus 7.000. Respecto al volumen, el Australopiteco tenía un cerebro de 500
c.c. frente a los 450 c.c. del gorila. El Homo habilis tenía unos 700 c.c., el
Homo erectus unos 950-1050 c.c. y el Homo sapiens 1.350 c.c. Sin embargo,
parece que el número de células no es determinante. El lingüista y neurólogo
alemán Eric Lenneberg dice que el cambio más importante durante la expansión
cerebral fue la interconexión entre las células.
Conciencia compartida
Aparte de nuestras experiencias cotidianas existen informes procedentes
de estadios cognoscitivos que sugieren que los seres humanos no somos los
únicos animales que tienen consciencia. Quizá seamos los únicos que somos
conscientes de que somos conscientes, y, desde luego, los únicos que podemos
informar de nuestro estado consciente mediante el lenguaje sintáctico.
Parece evidente que la consciencia surge sobre el sustrato biológico del
sistema nervioso y, por tanto, es un estado adquirido a lo largo de la
evolución. Se suele distinguir entre una consciencia sensorial, llamada también
“consciencia primaria”, probablemente común a muchos animales, y una
consciencia llamada metacognición o “consciencia de nivel superior”, única en
el hombre.
Desde luego, si reconocerse en un espejo es señal de auto-consciencia,
las ballenas, los delfines, los elefantes, los chimpancés, los gorilas, los
orangutanes y los tamarinos poseen autoconsciencia. A favor de la presencia de
consciencia en los mamíferos está el hecho de que todos poseen un sistema
tálamo-cortical altamente desarrollado.
Informes sobre rendimientos considerables de la memoria en algunas aves,
el aprendizaje vocal y la reproducción de lo aprendido, así como la
discriminación en tareas difíciles, hace pensar que la consciencia surge en las
aves, probablemente de manera independiente de los mamíferos. En la solución de
problemas que parecen requerir habilidades cognoscitivas de alto nivel destacan
también los cuervos que son capaces de utilizar herramientas de distinto tamaño
y longitud de acuerdo con la dificultad de la tarea para obtener alimentos.
Se ha llegado incluso a plantear niveles muy simples de consciencia en
cefalópodos, tales como los pulpos y las sepias a los que se le reconoce una
capacidad cognoscitiva muy elevada en la discriminación de objetos, en atención
y en memoria.
¿Cuándo surge, pues, la consciencia? El problema cuando intentamos saber
si otros animales son conscientes es que los organismos no humanos no pueden
hablar. Estamos convencidos de que pueden sentir placer y dolor, pero no
podemos saber si son conscientes de esos sentimientos. Entre los humanos
también los niños pequeños no pueden hablar, aunque también estamos convencidos
de que pueden tener sentimientos como nosotros.
No obstante, ha habido controversias sobre si los bebés son capaces de
sentir como los adultos. La circunsición suele realizarse sin anestesia y
generalmente a los bebés se les prescribe dosis post-operativas de analgésicos
inferiores a las que se utilizan para el adulto. Se les puede preguntar cuando
se hacen mayores, pero existe lo que Freud llamó la amnesia infantil, algo que
según él se producía porque los contenidos de la memoria estaban reprimidos.
Explorando esa amnesia se ha podido comprobar que los bebés tienen una buena
memoria a largo plazo y que esa información no sufre en la transición entre la
vida pre-verbal y la verbal. Pero no podemos saber si en la vida pre-verbal el
bebé tiene consciencia de esa memoria, ya que el recuerdo utiliza el lenguaje.
Por todo ello se ha sugerido que los bebés que aún no han aprendido a
hablar no tienen recuerdos conscientes, mientras que los bebés parlantes sí los
tienen. Que el lenguaje juegue un papel crítico en este proceso lo indica que
las niñas, que suelen aprender antes a hablar que los niños, tienen recuerdos
más antiguos de su niñez.
Se ha propuesto la existencia de dos tipos de memoria. El primer sistema
operaría a lo largo de toda la vida y no puede accederse a él intencionalmente;
el segundo sistema dependería del lenguaje y puede accederse a él
intencionalmente. Otros autores han planteado que la memoria autobiográfica se
desarrolla cuando lo hace el concepto del yo o de sí mismo. Los niños comienzan
a utilizar la palabra ‘yo’ y ‘mi’ poco antes de los dos años de edad y ‘tú’ uno
o dos meses después. Se calcula que el concepto del yo surge, pues entre los 18
y los 24 meses de edad. En resumen: que el acceso consciente al sistema
autobiográfico que depende del hipocampo coincide con el desarrollo del
lenguaje y con el desarrollo del concepto de sí mismo.
Correlatos neurales de la consciencia
Cuerpo y cerebro son observables por terceros. Pero la mente sólo es
accesible por el que la posee. Los pesimistas niegan la posibilidad de salvar
esa distancia. Sólo podremos describir los correlatos de estados mentales, pero
no cómo esos correlatos generan la consciencia, el sentido del yo. Otros
argumentan que es absurdo llevar a cabo una investigación sobre la mente que es
el instrumento que se emplea en la búsqueda de la solución del problema.
Algunos científicos han abordado la prometedora tarea de buscar los
correlatos neuronales específicos de la consciencia. Los diversos autores
proponen diferentes estructuras del cerebro para el asiento de la consciencia,
estructuras como los núcleos talámicos intralaminares, el núcleo reticular, la
formación reticular mesencefálica, la red intracortical tangencial de las capas
I y II y los bucles tálamo-corticales.
Para Francis Crick y Christof Koch la mejor manera de abordar el tema de
la consciencia es concentrarse en encontrar sus correlatos neuronales y las
funciones cerebrales que dan lugar a las experiencias conscientes.
Edelman y Tononi piensan que el sustrato neuronal de la consciencia
comprende grandes poblaciones de neuronas – en especial las del sistema
tálamo-cortical – que se encuentran ampliamente distribuidas por todo el
cerebro. Por otro lado, ningún área concreta y única del cerebro es responsable
de la experiencia consciente.
Las únicas lesiones cerebrales localizadas que tienen como resultado la
pérdida de la consciencia son las que suelen afectar al llamado sistema
reticular de activación, situado en las porciones superiores del tronco
cerebral (las regiones superiores de la protuberancia y el mesencéfalo) hasta
el hipotálamo posterior, los llamados núcleos talámicos intralaminares y
reticulares y el cerebro basal anterior. Su actividad es esencial para el
mantenimiento del estado de la consciencia. Se supone que no genera consciencia
por sí mismo.
En seres humanos se han identificado varios correlatos de la
consciencia, como el bucle tálamo-cortical, un EEG característico de ondas
frecuentes y de baja amplitud que va de 12-70 Hz y la formación reticular
mesencefálica. Se ha propuesto que la descarga sincrónica de neuronas
corticales, con una frecuencia de 40 Hz, también conocida como oscilación
gamma, sea el correlato neural de la consciencia y sirva para unir la actividad
de diversas áreas corticales, en relación con un mismo objeto. Pero estudios recientes
en sujetos anestesiados han podido mostrar que la frecuencia de 40 Hz puede
existir sin consciencia.
Se ha postulado que las células piramidales de la capa V y VI de la
corteza, cuyos axones proyectan fuera de la corteza, serían responsables de la
consciencia visual.
Los neurocientíficos británicos Karl Friston y Richard Frackowiak
mostraron que las áreas que disminuyeron su actividad cuando una actividad
motriz es aprendida son la corteza prefrontal y el área motriz suplementaria,
lo que puede indicar que estas regiones cerebrales están implicadas en la
producción de consciencia. La corteza prefrontal se sabe que está implicada en
la toma de decisiones y el AMS es uno de los lugares implicados en la
iniciación de la acción. Las regiones que participan en el control inconsciente
de la actividad motriz son probablemente la corteza parietal posterior y el
cerebelo. Es sorprendente la cantidad de corteza cerebral que puede perderse
sin que el individuo pierda la consciencia.
El neurocirujano norteamericano Joseph Bogen tenía dos pacientes que
tras una operación habían conservado sólo el hemisferio derecho. Perdieron las
funciones sensoriales y motoras de la parte derecha del cuerpo y casi toda la
capacidad de hablar, pero los sujetos estaban conscientes y respondían
apropiadamente a los estímulos.
Consciencia ocasional
El nivel de consciencia se regula por el Sistema Activador Reticular
Ascendente, descubierto por Moruzzi y Magoun en 1949 y que es la formación
reticular que se extiende por el bulbo, la protuberancia y el mesencéfalo. Las
neuronas necesitan mantener un nivel de actividad determinado. La formación
reticular actúa no sólo modificando el nivel de actividad, sino también
modulando las entradas y salidas, sobre todo las que salen de la médula
espinal. Podemos modular los niveles de consciencia alterando la actividad de
la formación reticular probablemente desde la corteza prefrontal. Estas
estructuras son necesarias, pero no suficientes para la consciencia. Se
necesita también la actividad de neuronas corticales.
El núcleo reticular del tálamo funciona como un interruptor para la
consciencia. Cuando el nivel de activación del tronco del encéfalo disminuye,
los circuitos tálamo-corticales comienzan a oscilar. Este ritmo sincrónico
contribuye a la pérdida global de consciencia como ocurre en el sueño no REM.
En el EEG se ven los husos característicos del sueño y las ondas lentas. A este
fenómeno se le ha llamado “sincronización del EEG”.
Cuatro neurotransmisores juegan un papel en la función cerebral: el
sistema noradrenérgico del locus coeruleus, el sistema serotoninérgico de los
núcleos del rafe, el sistema dopaminérgico del mesencéfalo y el sistema
histaminérgico del hipotálamo. La noradrenalina y la histamina están implicadas
en la vigilia, la alerta y la atención; la serotonina en frenar la acción
motora, ayudándola para que sea estímulo- y situación- específica; la dopamina
apoyando y facilitando el movimiento, la emoción positiva y el pensamiento.
En la visión hay una vía que va desde la retina a la corteza visual
primaria, pasando por el núcleo geniculado lateral. Esa vía no implica
consciencia. En la corteza visual primaria, la información se dirige luego a
las áreas corticales donde está representado el movimiento y a otras donde se
representa el color; de ahí pasa la información a células que reconocen los
objetos en la corteza asociativa temporal inferior, donde la información se
hace consciente.
La cuestión es: ¿cómo se explica que unas descargas neuronales de una
región asociativa de la corteza pueda ir acompañadas de consciencia y otras no?
Gerald Edelman piensa que esa pregunta puede contestarse con lo que él llama
“darwinismo neural”, que trata sobre la cooperación y competición entre grandes
grupos de neuronas; las que salen triunfantes de esta competición serían las
que van acompañadas de consciencia. A esto Edelman le llamó la “hipótesis del
núcleo dinámico”.
Se sabe asimismo que la vía visual dorsal, que va desde el área visual
primaria hacia la corteza asociativa parietal, también llamada la vía del
“dónde”, que es capaz de localizar los objetos en el espacio, es inconsciente,
mientras que la vía ventral que se dirige a las áreas asociativas temporales,
llamada vía del “qué” es consciente. Las proyecciones de la corteza parietal a
las áreas premotoras son inconscientes, mientras que las proyecciones de
corteza parietal a la corteza prefrontal están relacionadas con la consciencia.
Experimentos realizados por Benjamín Libet mostraron que era necesario
estimular la corteza somestésica con un tren de impulsos de al menos medio
segundo para producir una experiencia consciente. Libet llamó a este fenómeno
la “adecuación neural para la consciencia”. Este hecho significa que la
consciencia tiene que estar mucho más atrás en el tiempo que los sucesos del
mundo real y, por tanto, tiene que ser inútil para responder a un mundo que se
mueve rápidamente.
La consciencia no es un fenómeno todo-o-nada, sino que existen diversos
niveles de consciencia. Y la transición de la inconsciencia a la consciencia no
es simplemente un cambio de una inactividad a una actividad neuronal, sino que
supone un cambio en lo que hacen las neuronas, cambio que hoy por hoy es
desconocido.
Todos estos resultados indican que la consciencia es un producto de la
actividad cerebral, pero que muchas de las actividades de las neuronas
cerebrales no van acompañadas de consciencia.
¿Máquinas con consciencia?
¿Puede crearse consciencia en una máquina? Los ordenadores pueden
resolver problemas que los humanos encuentran difíciles, como la comprobación
de teoremas, pero tienen enormes dificultades en tareas fáciles para los
humanos, como el reconocimiento de objetos y la manipulación de los mismos.
En 1997 el mejor jugador del mundo de ajedrez, Gary Kasparov fue vencido
por “Deep Blue”, un ordenador IBM. El ordenador era capaz de calcular 200
millones de posiciones de las fichas del ajedrez por segundo, mientras que
Kasparov sólo podía procesar tres o cuatro posiciones. Además, el ordenador no
estaba sometido a emociones o a estrés. La pregunta que se plantea es la
siguiente: si Kasparov es considerado un ser inteligente, ¿por qué no podemos
darle a Deep Blue la misma consideración?
Uno de los ataques más relevantes a la idea de que la IA podría
desarrollar una mente ha sido la llamada Habitación China del filósofo
estadounidense John Searle, un “Gedankenexperiment” en el que una persona en
una habitación recibe caracteres chinos, los procesa siguiendo una serie de
reglas, saca los resultados correctos sin entender lo que significan.
Aunque muchas actividades y acciones complejas pueden realizarse de
manera inconsciente, actividades más dinámicas e interactivas, como el diálogo
interpersonal, sólo puede llevarse a cabo de manera consciente.
Ahora mismo, en Internet, hay unidos cientos de millones de ordenadores,
y el ancho de banda de las conexiones crece cada año. Algunas personas afirman
que si Internet sigue creciendo llegará a un tamaño en el que inevitablemente
se volverá consciente.
En los últimos 50 años la densidad de empaquetamiento de transistores en
los circuitos integrados se dobla aproximadamente cada dos años. Esta tasa de
crecimiento exponencial, llamada la ley de Moore, se espera que continúe
durante una década o dos, lo que supone un aumento del rendimiento y una
disminución de los costes. Se ha calculado que en el año 2019 un ordenador
típico de mesa tendrá la capacidad del cerebro humano y costará sólo unos 1000
dólares. Y se calcula que el año 2029 se podrá construir una máquina que pase
el test de Touring.
En 1950 Alan Touring planteó la respuesta a la pregunta: “¿Pueden pensar
las máquinas?”. El test que lleva su nombre se aprobaría si durante 5 minutos
la máquina podría responder de tal manera que el interrogador no pudiese
distinguirla de un ser humano. Supongo que se necesitará más que pasar el test
de Touring para que una máquina genere consciencia.
Conclusiones
El dualismo que subyace a algunas de las teorías sobre la consciencia
plantea una cuestión importante, a saber cómo superarlo, ya que a lo largo de
la historia de la filosofía este dualismo no ha podido aclarar cómo es posible
que un ente inmaterial pueda interaccionar con la materia que es el cerebro.
Por tanto, entiendo que la superación de esta visión dualista ha ayudado mucho
a la neurociencia para plantearse el estudio de las funciones mentales,
considerando éstas como el producto de la actividad cerebral.
Ahora bien, la cuestión no es tan fácil, ya que considero imposible
liberarse completamente del pensamiento o la visión dualista. Y pienso que es
imposible porque supongo que esta forma de pensamiento en antinomias o
antítesis podría bien ser una categoría más de nuestra mente con la que
analizamos el mundo. Estoy convencido de que nuestro pensamiento
lógico-analista es dualista, nos hace ver el mundo en antinomias o conceptos
contrarios.
Todos tenemos la impresión de que nuestra experiencia consciente
subjetiva es algo distinto del mundo físico que nos rodea y, si el cerebro
pertenece a ese mundo físico, como es el caso, nos resulta muy sencillo separar
la actividad cerebral de las experiencias subjetivas. De ahí que el pensamiento
dualista sea común a mitos y religiones, a la filosofía y a la ciencia.
Me hace pensar en una predisposición genética que denomino “pensamiento
dualista”, aunque ya previamente el psiquiatra de Pensilvania Eugene D’Aquili,
fallecido en 1998, lo llamó “operador binario”, una estructura, módulo o
dispositivo neural que estaría localizado en el lóbulo parietal inferior
izquierdo. El neuropsicólogo ruso Alejandro Luria tuvo un paciente con una
lesión en esa región cerebral y el sujeto no podía ya distinguir entre los
conceptos contradictorios, como arriba/abajo, delante/detrás o antes y después.
Había perdido la visión dualista del mundo que nos caracteriza.
Si esto es cierto, entonces el dualismo que parecemos percibir en la
naturaleza no es tal, sino simplemente que nuestro cerebro lo percibe así, pero
que no existe en la naturaleza, en el mundo exterior.
A mi entender, esta manera de ver el problema de la consciencia
dificulta enormemente su solución. En otro lugar he argumentado que la
experiencia mística, producida no sólo espontáneamente, sino provocada
experimentalmente por estimulación de ciertas regiones del cerebro, es una
experiencia en la que una de sus características es la anulación de la visión
dualista, o sea, la desaparición del yo frente al mundo, uniéndose el sujeto
con la naturaleza, el vacío o Dios.
Este hecho nos está diciendo, en mi opinión, que la visión dualista no
es la única posible con la que el cerebro se enfrenta a la realidad exterior.
Pero también nos dice que el cerebro es capaz de generar experiencias
espirituales, es decir, que considerar a este órgano como materia, simplemente,
no sería correcto. Más bien habría que hablar de algo así como “espiriteria”, o
sea la contracción de espíritu y materia.
Esto quiere decir que los conceptos “materialismo”, “espiritualismo”, no
son otra cosa que “dualismos cojos” en el sentido que de la partición dualista
de una totalidad eligen solamente una parte.
En cualquier caso, espero que haya quedado claro que estamos aún lejos
de comprender el salto cualitativo que supone pasar de la actividad neuronal
del cerebro a la experiencia subjetiva de la consciencia. Aquellos que opinan
que este es un enigma insoluble y que nunca llegaremos a encontrar una solución
deberían considerar los enormes avances que ha experimentado la neurociencia,
sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado, y deberían asimismo pensar que
en ciencia la palabra “nunca” no debe utilizarse. Por mi parte, considero que
es posible que sea el resultado de una visión dualista que habría que superar.
_______________
Conferencia pronunciada por el Prof. F. J. Rubia en la Real Academia
Nacional de Medicina el 12 de enero de 2010, con motivo de la inauguración del
curso académico. Este texto se publicó originalmente en el blog Neurociencias del autor en
Tendencias21. Francisco J. Rubia Vila es Catedrático de la Facultad de Medicina
de la Universidad Complutense de Madrid, y también lo fue de la Universidad
Ludwig Maximillian de Munich, así como Consejero Científico de dicha
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