© Libro N° 8868. ¿Crecimiento O Cáncer? La Economía En Tiempos Del
Cambio Climático. Elbers, Joerg. Emancipación. Julio 24 de 2021.
Título original: ©
¿Crecimiento O Cáncer? La Economía En Tiempos Del Cambio Climático. Joerg
Elbers
Versión Original: © ¿Crecimiento O Cáncer? La Economía En Tiempos Del Cambio Climático.
Joerg Elbers
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La
Economía En Tiempos Del Cambio Climático
Joerg
Elbers
¿Crecimiento O Cáncer?
La Economía En Tiempos Del Cambio Climático
Joerg Elbers
¿Crecimiento o cáncer? La economía en tiempos del cambio climático /
JOERG ELBERS
Fuente: LETRAS VERDES.
Joerg Elbers es Doctor en Geografía por la Universidad Heinrich Heine,
Düsseldorf. Actualmente es Oficial Senior del Programa Áreas Protegidas en la
Oficina Regional para América del Sur de la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (UICN) en Quito, Ecuador, y profesor asociado de
FLACSO-Ecuador. elbers.joerg@gmail.com
El alcohólico que sigue tomando, intenta mantener una apariencia normal,
y niega que exista algún problema. De igual manera, sociedades adictas al
crecimiento sin fin y al consumo ilimitado niegan que exista algún problema,
como si los límites de los recursos finitos pudieran ser pasados por alto, por
una creencia ciega e irracional en soluciones aún por imaginarse. Finalmente,
aparte de todo, la adicción nos obliga a vivir una mentira – a vivir en
autoengaño.
Marc Hathaway y Leonardo Boff (2009: 94-95)
En el año 1999, Ed Ayres, el entonces editor del World Watch
Magazine, describió con palabras imponentes lo que en la Tierra
ocurre cada minuto de cada día (citado en
Hathaway y Boff, 2009: 20):
·
Perdemos un área de bosques
tropicales equivalente a la zona de cincuenta campos de fútbol, sobre todo por
la quema.
·
Convertimos medio kilómetro
cuadrado de tierra en desierto.
·
Quemamos una cantidad de
energía de combustibles fósiles para cuya producción la Tierra requirió diez
mil minutos, a través de la captura de luz solar.
La explotación y destrucción de la Tierra tomó velocidad con la
Revolución Industrial, y se ha acelerado dramáticamente desde 1950. En este
período ultra corto en la historia de la vida de la Tierra (Hathaway y Boff,
2009: 5-6):
·
Destruimos más o menos la
mitad de los bosques del planeta.
·
Liberamos inmensas
cantidades de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero a la
atmósfera.
·
Creamos un hueco gigantesco
en la capa de ozono, la cubierta protectora del planeta que filtra la dañina
radiación ultravioleta.
·
Perdimos aproximadamente el
65% de los suelos fértiles, un 15% de la superficie terrestre del planeta se
está convirtiendo en desierto, y dos tercios de las tierras agrícolas están
amenazadas por procesos moderados a severos de erosión y salinización.
·
Liberamos decenas de miles
de sustancias químicas al aire, suelo y agua, muchas de ellas toxinas de larga
duración que están envenenando la vida.
·
Destruimos cientos de miles
de especies de plantas y animales. Cada año desaparecen unas 50 mil especies,
casi todas como resultado de la actividad humana. La tasa de extinción actual
se estima hasta 10 mil veces más alta que las ocurridas antes que el ser humano
habitara el planeta.
Esta destrucción masiva y cada vez más acelerada de las bases de nuestra
vida en la Tierra se nutre de la quema desenfrenada de combustibles fósiles. La
carga ambiental de esta combustión se evidencia no solamente en los niveles
crecientes de dióxido de carbono sino también en un trastorno de tipo
exponencial. Dianne Dumanoski (2009: 26-28) clasifica los peligros provenientes
de este crecimiento explosivo durante los últimos dos siglos en dos
categorías: muerte lenta y sorpresas.
Las amenazas de la muerte lenta son los problemas familiares, como la
desaparición de las especies, la erosión de la tierra, los suelos deteriorados,
el agotamiento y contaminación del agua dulce, la pérdida de los bosques, la
penetrante contaminación de las cadenas alimentarias y la carga acumulativa de
las actividades humanas sobre los sistemas naturales.
Un buen indicador que demuestra los límites del crecimiento es la huella
ecológica que desarrollaron William Rees y Mathis Wackernagel (1996) en la
década de 1990. La huella ecológica representa la demanda de recursos que tiene
la humanidad, contrastada con la biocapacidad del planeta, que indica la
disponibilidad de dichos recursos. En 1961 la humanidad utilizó el equivalente
de 0,6 planetas para sostener sus actividades, mientras en la década de 1970
pasó el punto en el cual la huella ecológica y la biocapacidad anual estaban
equiparadas, y en el año 2007 la humanidad utilizó el equivalente de 1,5
planetas para sostener sus actividades. En otras palabras: para regenerar la
cantidad de recursos que el ser humano utilizó en un año, el
planeta requiere un año y medio (WWF, 2010: 34-47).
Hasta aquí no hay nada nuevo. Es la demencia normal (business as
usual) de la destrucción de las bases de la vida en el planeta, pero nada
de lo cual un economista de la escuela neoclásica tendría que preocuparse.
Aparte de todas las amenazas de la muerte lenta -que en sí ya deberían
preocuparnos mucho-, existe otro peligro de una magnitud inmensa, las
sorpresas: cambios abruptos e imprevisibles que amenazan los fundamentales
procesos planetarios. El desarreglo más conocido es el cambio climático que
perturba el ciclo de carbono (Hansen, 2009; Lovelock, 2007, 2009), pero además
de eso estamos trastornando los ciclos del nitrógeno, fósforo y azufre a una
escala planetaria (Dumanoski, 2009: 28-30). Estos cambios pueden distorsionar
el sistema de la Tierra con consecuencias impredecibles. El Homo
economicus ha evolucionado de ser un miembro de la comunidad de la
vida a ser una fuerza planetaria capaz de amenazar todo el sistema.
La presión antropogénica sobre el sistema de la Tierra es también el
tema de un estudio de Johan Rockström et al. (2009) con el título “Límites
planetarios: Explorando el espacio de operación seguro para la humanidad”.
Según los autores, la actividad humana ha llegado a una escala en la cual el
cambio ambiental global abrupto ya no puede ser excluido. Ellos identifican
nueve límites planetarios y proponen cuantificaciones para siete: cambio
climático, acidificación de los océanos, ozono estratosférico, ciclos
biogeoquímicos de nitrógeno y fósforo, uso global de agua dulce, cambio del uso
de la tierra y tasa de pérdida de biodiversidad. Los otros dos límites, todavía
sin cuantificar, son la contaminación química y la carga atmosférica de
aerosoles. Las posibles consecuencias de transgredir uno o varios de los
límites planetarios califican desde deletéreo hasta catastrófico, debido al
riesgo de traspasar umbrales que puedan desencadenar cambios ambientales no
lineales y abruptos. Rockström et al. (2009) estiman que la humanidad ya
transgredió tres límites planetarios: el del cambio climático, la tasa de
pérdida de biodiversidad y los cambios del ciclo del nitrógeno (ver Gráfico N.
º 1).
Gráfico N. º 1 Estimación de la evolución cuantitativa de las variables
de control para siete límites planetarios de los niveles preindustriales hasta
el presente
Fuente: Rockström et al. (2009: 22).
El nonágono interior (en color verde) representa el espacio de
funcionamiento seguro, con los propuestos niveles límites representados por su
contorno exterior. El alcance de las cuñas de cada zona muestra la estimación
de la posición actual de la variable de control. Los puntos ilustran la
trayectoria estimada de tiempo reciente (1950 hasta el presente) de cada
variable de control. Por la pérdida de biodiversidad, el nivel estimado del
límite actual de >100 extinciones por cada millón de especies/año supera el
espacio disponible en el gráfico.
¿Cuál es la fuerza destructiva?
¿Cómo llegamos a destruir a nuestra Tierra al grado en el cual nos
encontramos ahora? Para decirlo con Stephan Harding (2006: 228), dos palabras
pueden resumir la situación ante la cual nos encontramos: crecimiento
económico.
Los abogados del crecimiento económico prácticamente siempre presentan
como argumento matador la elección entre dos opciones: o combatimos la pobreza
-mediante el crecimiento económico obviamente-, o protegemos la naturaleza.
Hathaway y Boff (2009: 22) responden lo siguiente “… esta idea de que o se
puede luchar contra la pobreza o proteger los ecosistemas
(pero no ambos) se revela como una mentira perpetuada por aquellos
que quieren seguir explotando tanto a la Tierra y a los más
pobres y más vulnerables de la humanidad. Las mismas patologías que empobrecen
a la gente también empobrecen a la Tierra”. Hathaway y Boff señalan seis
características clave de nuestro actual trastorno global producido por el
capitalismo de crecimiento industrial:
1. Adicción al crecimiento ilimitado.
2. Comprensión distorsionada de desarrollo.
3. Creciente sumisión al poder corporativo.
4. Dependencia de deuda y especulación como generadores clave de
ganancias.
5. Tendencia a monopolizar el conocimiento e imponer una cultura mundial
uniforme.
6. Confianza en el poder como dominación, incluyendo el poder militar y
la violencia (Hathaway y Boff, 2009: 22).
El crecimiento canceroso
El crecimiento económico lineal, cuantitativo e ilimitado que predican
los economistas y políticos no existe en la naturaleza y no puede existir en un
planeta finito. La vida es cíclica, a la fase del crecimiento rápido siempre
sigue el crecimiento lento, la maduración, el decrecimiento y por último la
descomposición, o en el caso de los ecosistemas, la sucesión. Cuando los
sistemas vivos maduran, los procesos cambian del crecimiento cuantitativo hacia
el cualitativo (Capra y Henderson, 2009; Hathaway y Boff, 2009).
Capra y Henderson (2009) desenmascaran el crecimiento económico
ilimitado:
Un ejemplo ilustrativo es el rápido crecimiento de las células
cancerosas, que no reconoce fronteras y no es sostenible porque las células
cancerosas mueren cuando el organismo huésped muere. Del mismo modo, el
crecimiento económico cuantitativo ilimitado en un planeta finito no puede ser
sostenible (Capra y Henderson, 2009).
Esta causalidad de la imposibilidad del crecimiento económico ilimitado
está muy bien demostrado en el corto video animado The Impossible Hamster presentado
por el think tank inglés the new economics foundation (nef, One
Hundred Months, Wake Up y Freak Out, 2010).
Los supuestos subyacentes del comportamiento humano
¿Cuáles son las fuerzas motrices que están detrás del comportamiento
del Homo economicus? David Korten resumió en 1995
algunos supuestos subyacentes de la ideología dominante:
1. Los seres humanos son fundamentalmente motivados por la codicia y el
egoísmo, particularmente expresado por el deseo de la ganancia monetaria.
2. El progreso humano y el bienestar son medidos por el aumento en el
consumo -es decir, nos damos cuenta de nuestra humanidad a través de la
búsqueda de la adquisición.
3. El comportamiento competitivo (y presumiblemente, el deseo de
dominar) es más ventajoso para la sociedad que la cooperación.
4. Las acciones que producen el máximo beneficio económico son aquellas
que resultan las más beneficiosas para la sociedad, y por tanto para la
comunidad de la vida en conjunto. La tendencia a la codicia y a la adquisición
conducirán, en última instancia, a un mundo óptimo (Korten, 1995 en Hathaway y
Boff, 2009: 57).
Estos supuestos se leen bastante rudos, no encajan con el pensamiento
ético o de los valores humanos de mucha gente. Pero estos supuestos reflejan
muy bien la irracionalidad del paradigma occidental imperante -el paradigma del
crecimiento económico ilimitado.
Seis principios de la ecología que sustentan la vidaEn su libro The Hidden Connections: A Science for Sustainable
Living, Fritjof Capra analiza los principios de la sostenibilidad
ecológica. Capra nos recuerda que si buscamos comunidades humanas sostenibles
no hace falta que inventemos nada, simplemente las podemos modelar con base en
los ecosistemas que están en la naturaleza: comunidades sostenibles de plantas,
animales y microorganismos. Capra explica que sostenibilidad no significa que
las cosas no cambian, más bien se entiende como un dinámico proceso de
coevolución. Para construir comunidades sostenibles, los humanos primero tienen
que volverse “ecológicamente alfabetizados”, es decir tienen que entender los
principios de organización comunes para todos los sistemas vivos. Basado en el
entendimiento sistémico de la vida, Capra formula un conjunto de principios de
organización que denomina como los principios básicos de la ecología. Estos
principios de la ecología que sustentan la vida y pueden guiar la construcción
de comunidades humanas sostenibles son: redes, ciclos, energía solar,
colaboración, diversidad y equilibrio dinámico (ver Tabla N. º 1) (Capra, 2002:
230).
Tabla N. º 1. Principios de la ecología de Fritjof Capra
|
Redes |
En todas las escalas de la naturaleza, encontramos los sistemas vivos
anidados dentro de otros sistemas vivos -redes dentro de redes. Sus límites
no son límites de separación, sino límites de identidad. Todos los sistemas
vivos se comunican entre sí y comparten recursos a través de los límites. |
|
Ciclos |
Todos los organismos vivos tienen que alimentarse de los flujos
continuos de materia y energía de su entorno para sobrevivir, y todos los
organismos vivos continuamente generan residuos. Sin embargo, un ecosistema
no genera basura neta, los residuos de una especie son los alimentos de otra
especie. Por lo tanto, la materia circula continuamente a través de la trama
de la vida. |
|
Energía solar |
La energía solar, transformada en energía química mediante la
fotosíntesis de las plantas verdes, empuja los ciclos ecológicos. |
|
Colaboración |
Los intercambios de energía y recursos en un ecosistema son sostenidos
por la cooperación penetrante. La vida no se apoderó del planeta por combate,
sino por cooperación, colaboración y trabajo en red. |
|
Diversidad |
Los ecosistemas logran estabilidad y resiliencia a través de la
riqueza y complejidad de sus redes ecológicas. Cuanto mayor sea su diversidad
biológica, más resilientes serán. |
|
Equilibrio dinámico |
Un ecosistema es una red flexible, siempre fluctuante. Su flexibilidad
es una consecuencia de múltiples circuitos de retroalimentación que mantienen
el sistema en un estado de equilibrio dinámico. Ninguna variable singular es
maximizada, todas las variables fluctúan en torno a sus valores óptimos. |
Fuente: Capra (2002: 231).
Capra explica que estos principios son muy relevantes para nuestra salud
y bienestar. Tenemos las necesidades vitales de respirar, comer y beber, y
todas forman parte de los procesos cíclicos de la naturaleza. La supervivencia
de la humanidad va a depender en las próximas décadas de nuestra alfabetización
ecológica, de nuestra capacidad de comprender los principios básicos de la
ecología y de vivir de acuerdo con ellos (Stone y Barlow, 2005). La
alfabetización ecológica, o “eco alfabetización” (ecoliteracy en
inglés) tiene que volverse una habilidad crítica para políticos, líderes
empresariales y profesionales en general, y tiene que formar parte de la
educación en todos los niveles. Para desarrollar un sistema de educación para
una vida sostenible, Fritjof Capra y sus colegas formaron elCenter for
Ecoliteracy (http://www.ecoliteracy.org/) en
Berkeley (Capra, 2002: 230-232), una iniciativa cuya difusión en América Latina
sería urgente y necesaria.
La economía del estado estacionario
Las famosas palabras “desarrollo sostenible” son un “oxímoron siempre
que ‘desarrollo’ implique incrementar las tasas de extracción de materias
primas de la naturaleza salvaje” (Harding, 2006: 232). En este sentido,
sostenibilidad y desarrollo son conceptos contradictorios y “desarrollo
sostenible” no es más que el crecimiento económico encubierto deliberadamente
con un término “ecológico”. Para ser realmente sostenible, el flujo de materia
por la economía global tiene que encogerse o entrar en un estado estacionario
(Harding, 2006: 232-233).
En junio de 2010 se llevó a cabo en Leeds, Inglaterra, la primera
Conferencia sobre la Economía del Estado Estacionario, bajo el lema “Suficiente
es Suficiente: Ideas para una Economía Sostenible en un Mundo de Recursos
Finitos”. En el informe de la conferencia se describe la economía del estado
estacionario de la siguiente manera:
La economía en estado estacionario representa una alternativa positiva a
la búsqueda del crecimiento económico sin fin. Es una economía que tiene como
objetivo mantener un nivel estable de consumo de recursos y una población
estable. Es una economía donde la energía y el uso de los recursos son
reducidos a niveles que están dentro de los límites ecológicos, y donde el
objetivo de maximizar la producción económica se sustituye por el objetivo de
maximizar la calidad de vida (O’Neill, Dietz y Jones, 2010: 11).
La economía del estado estacionario tiene cuatro características
fundamentales (O’Neill, Dietz y Jones, 2010: 11):
1. Escala sostenible: el tamaño de la economía se ajusta a la capacidad
de los ecosistemas de proporcionar recursos y absorber los desechos.
2. Distribución justa: las personas tienen igualdad de oportunidades
para obtener riqueza e ingreso, y los límites para la desigualdad evitan
brechas grandes entre ricos y pobres.
3. Asignación eficiente: el poder de los mercados se aprovecha
adecuadamente para asignar recursos entre usos competitivos.
4. Alta calidad de vida: el crecimiento económico está en un segundo
plano en referencia con los asuntos que realmente importan a la gente, tales
como: salud, bienestar, empleo seguro, tiempo de ocio, fortaleza de las
comunidades y estabilidad económica.
¿Hacia dónde vamos?
La alfabetización ecológica y la economía del estado estacionario son
dos ejemplos que nos muestran alternativas deseables -y más que necesarias- si
queremos darle un chance a nuestros hijos y nietos, de poder disfrutar de la
comunidad de la vida de Gaia, nuestra Tierra viva. La tarea de la transición es
titánica y los contrincantes son muy poderosos: el crecimiento económico y la
codicia. Plutarco, historiador griego que vivió hace más de 2 mil años, ya dijo
“La bebida apaga la sed, la comida satisface el hambre; pero el oro no apaga
jamás la avaricia”. También Mahatma Gandhi encontró palabras elocuentes sobre
este tema: “La Madre Tierra puede satisfacer bien a todas las criaturas que
habitan sobre ella, pero nunca puede satisfacer la codicia ni de una sola
persona”.
Fritjof Capra y Hazel Henderson (2009) terminan su ensayo sobre el
crecimiento cualitativo con las siguientes palabras: “Esta transición global
hacia la sostenibilidad ya no es un problema conceptual, ni un problema
técnico. Se trata de un problema de los valores y la voluntad política”. Las
últimas palabras las tiene Sulak Sivaraksa, uno de los líderes pensadores
sociales y activistas de Asia y Premio Nobel Alternativo, quien sobre el
desarrollo escribe lo siguiente: “El verdadero desarrollo debe estar en armonía
con las necesidades de las personas y los ritmos del mundo natural. Los seres
humanos son parte del universo, no sus patrones” (Sivaraksa, 2009:32).
Y la última cita no requiere de comentario alguno:
El capitalismo nos lava el cerebro a través de la publicidad y el sesgo
de prioridades, para pensar que tenemos que ser alguien distinto a nosotros
mismos para tener valor. Pero nunca podremos ser más que nosotros mismos al
rechazar lo que somos. Cuando estamos firmemente arraigados en el respeto
propio, podemos tomar decisiones saludables (Sivaraksa, 2009: 31).
Referencias citadas
Capra, Fritjof (2002). The Hidden Connections: A Science for
Sustainable Living. Nueva York: Anchor Books.
Capra, Fritjof y Hazel Henderson (2009). “Qualitative Growth: A
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Harding, Stephan (2006). Animate Earth: Science, Intuition and
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Lovelock, James (2009). The Vanishing Face of Gaia: A Final
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Sivaraksa, Sulak (2009). The wisdom of sustainability: Buddhist
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Stone, Michael K. y Zenobia Barlow (Eds.) (2005). Ecological
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Francisco: Sierra Club Books.
Wackernagel, Mathis y William Rees (1996). Our Ecological
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WWF (2010). Informe Planeta Vivo 2010. Gland: WWF.
Visita 12 de diciembre de 2010http://www.wwf.es/noticias/informes_y_publicaciones/informe_planeta_vivo_2010/


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