Libro N° 6264. Todo Y Mas. Foster Wallace, David.
© Libro N° 6264.
Todo Y Mas. Foster Wallace, David. Emancipación. Julio 27 de
2019.
Título
original: © Todo Y Mas. David Foster Wallace
Versión Original: © Todo Y Mas. David Foster Wallace
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
TODO Y MAS
David Foster Wallace
CONTENIDO
Prólogo
breve pero necesario
Capítulo
Uno
Capítulo
Dos
Capítulo
Tres
Capítulo
Cuatro
Capítulo
Cinco
Capítulo
Seis
Capítulo
Siete
Agradecimientos
Bibliografía
Prólogo
breve pero necesario
Desafortunadamente
este es un prólogo que hay que leer —y en primer lugar— para entender ciertas
características estructurales del texto principal y algunas partes que casi
parecen un código. De estas, la más frecuente es la abreviatura SEI en
negrita. Para su información, no se trata de un tic o un error tipográfico,
sino que sustituye la expresión «Si está interesado», que, de tanto usarla en
los primeros borradores, finalmente, por pura repetición, evolucionó de ser una
frase normal, utilizada para introducir algún párrafo, hasta convertirse en un
signo abstracto extratextual — SEI— que ahora sirve para clasificar
ciertos fragmentos de texto de un modo particular. De qué modo lo hace es algo
que ahora quedará justificado y explicado.
Todo y más es una obra de divulgación científica. Aborda un conjunto de logros
matemáticos extremadamente abstractos y técnicos, aunque enormemente profundos
e interesantes, y también hermosos. El objetivo es hablar de esos logros de tal
manera que resulten atractivos y comprensibles para lectores que no tengan
preparación técnica de nivel profesional ni sean expertos en la materia. Hacer
las matemáticas bonitas, o por lo menos conseguir que el lector entienda que
alguien pueda considerarlas así. Todo esto, por supuesto, suena muy bien, pero
hay una pega: ¿cómo de técnica puede llegar a ser la presentación sin que el
lector se pierda o sin enterrarle en un sinfín de pequeñas definiciones y
aclaraciones aparte? Además, si se asume, como parece plausible, que algunos
lectores tienen mucha más preparación técnica que otros, ¿qué tono debe tener
la explicación para que sea accesible al neófito sin ser aburrida o irritante
para alguien que ha practicado muchas matemáticas en el instituto?
A
partir de este punto, SEI en negrita señala partes del
material a las que se puede echar un vistazo, leerlas por encima u omitirlas
por completo si el lector lo desea. Es decir, se pueden ignorar sin perderse
nada importante. Probablemente, más de la mitad de las notas son SEI,
así como varios párrafos, e incluso un par de subsecciones del texto principal.
Algunos de los fragmentos opcionales son divagaciones o efemérides históricas;[1] algunos
son definiciones o explicaciones en los que un lector ducho en matemáticas no
tendrá que perder el tiempo. Pero la mayoría de los fragmentos SEI están
pensados para lectores con gran preparación técnica, o un interés poco usual en
las verdaderas matemáticas, o una paciencia sobrenatural, o las tres cosas;
dichos fragmentos proporcionan una mirada más detallada a asuntos que la
explicación principal pasa por alto o deja de lado.
Hay
otras abreviaturas en el libro. Algunas solo están para ahorrar espacio. Otras
son consecuencia de un peculiar problema de estilo que se da en la escritura
técnica, que consiste es que con frecuencia tenemos que utilizar las mismas
palabras una y otra vez de un modo que se hace terriblemente pesado —la
cuestión es que algunas palabras técnicas tienen significados muy específicos
que ningún sinónimo puede captar—. Así, especialmente en el caso de ciertos
términos de alta tecnología, la abreviatura es el único modo de conseguir un
poco de variedad. En realidad, nada de esto es un problema. Todas las
abreviaturas del libro están contextualizadas de tal modo que debería quedar
totalmente claro qué significan. Sin embargo, por si hubiera errores del autor
o confusiones innecesarias, aquí presentamos una lista de las principales
abreviaturas que puede consultar en caso de necesidad:
|
A. C. P. |
= |
Axioma del conjunto potencia |
|
A. E. |
= |
Axioma de elección |
|
C1-1 |
= |
Correspondencia uno a uno |
|
«C y n. i.» |
= |
«Continuidad y números irracionales» de Dedekind |
|
CV |
= |
Círculo vicioso |
|
D. en D. |
= |
Demostración en diagonal |
|
D. Η. P. |
= |
Divina Hermandad de Pitágoras |
|
DNC |
= |
Dos nuevas ciencias de Galileo |
|
E. D. |
= |
Ecuación diferencial |
|
E. O. |
= |
Ecuación de onda |
|
G. E. |
= |
GLOSARIO DE EMERGENCIA |
|
H. C. |
= |
Hipótesis del continuo |
|
LTE |
= |
Ley del tercero excluido |
|
N. & L. |
= |
Newton y Leibniz |
|
P. A. I. |
= |
Principio de abstracción ilimitada |
|
P. A. L. |
= |
Principio de abstracción limitada |
|
P. C. |
= |
Producto cartesiano |
|
P. C. G. S. F. |
= |
Problema de convergencia general de las series de Fourier |
|
P. C. V. |
= |
Problema de la cuerda vibrante |
|
P. del I. |
= |
Paradojas del infinito de Bolzano |
|
P. I. |
= |
Principio de inducción |
|
P. Z. |
= |
Paradojas de Zenón |
|
RIV |
= |
Regresión infinita viciosa |
|
R. N. |
= |
Recta numérica |
|
R. R. |
= |
Recta real |
|
T. A. C. |
= |
Teoría axiomática de conjuntos |
|
TAC |
= |
Teoría analítica del calor de Fourier |
|
T. B. |
= |
Teorema del binomio |
|
Τ. Β. W. |
= |
Teorema de Bolzano-Weierstrass |
|
Τ. Ε C. |
= |
Teorema fundamental del cálculo |
|
Τ. I. C. |
= |
Teoría informal de conjuntos |
|
Τ. Ρ. |
= |
Teorema de Pitágoras |
|
T. U. |
= |
Teorema de unicidad |
|
Τ. V. Ε. |
= |
Teorema de los valores extremos de Weierstrass |
|
U. S. Μ. |
= |
Argumento Uno Sobre Muchos de Platón |
|
VNB |
= |
Sistema de axiomas para la teoría de conjuntos de Von Neumann
y Bernays |
|
ZFS |
= |
Sistema de axiomas para la teoría de conjuntos de
Zermelo-Fraenkel-Skolem |
Capítulo
Uno
§ 1ª
Existe
algo así como un historiador de las matemáticas. Aquí está, a modo de apertura,
una cita de tal historiador en la década de 1930:
Una
conclusión parece ser ineludible: sin una teoría consistente del infinito
matemático no hay teoría de los irracionales. Sin una teoría de los
irracionales no hay análisis matemático de ninguna forma remotamente parecida a
lo que tenemos ahora. Y finalmente, sin el análisis, la mayor parte de las
matemáticas —incluyendo la geometría y la mayor parte de las matemáticas
aplicadas— tal como existe actualmente, dejaría de existir. Por lo tanto, la
tarea más importante a la que tienen que hacer frente los matemáticos debería
ser la construcción de una teoría satisfactoria del infinito. Cantor lo
intentó; con qué éxito es algo que se verá después (Bell, págs. 521-522).
Los excitantes términos matemáticos no importan por ahora. El Cantor de la
última línea es el profesor Georg F. L. P. Cantor, nacido en 1845, naturalizado
alemán, perteneciente a una familia de comerciantes y reconocido padre de la
teoría abstracta de conjuntos y de las matemáticas transfinitas. Algunos
historiadores han debatido en un tira y afloja la cuestión de si era judío.
Cantor en latín significa «cantante».
Georg F. L. P. Cantor es el matemático más importante del siglo XIX y una
figura de gran complejidad y sufrimiento. Estuvo entrando y saliendo de
hospitales mentales buena parte de su madurez tardía y murió en un sanatorio en
Halle[2]en 1918.
Curiosamente, Kurt Gödel, el matemático más importante del siglo XX, también
murió como resultado de una enfermedad mental. Ludwig Boltzmann, el físico
matemático más importante del siglo XIX, se suicidó. Y así sucesivamente. Los
historiadores y los estudiosos de la cultura pop tienden a dedicar mucho tiempo
a los problemas psiquiátricos de Cantor y a si estaban relacionados, y de qué
modo, con su trabajo sobre las matemáticas del ∞.
En
el año 1900 se celebró en París el 2º Congreso Internacional de Matemáticos. El
profesor David Hilbert, por aquel entonces el matemático nº 1 del mundo,
describió los números transfinitos de Georg Cantor como «el mejor producto del
genio matemático» y «una de las más bellas realizaciones de la actividad humana
en el dominio de lo puramente inteligible» (Hilbert, «Über das Unendliche»
[«Sobre el infinito»], pág. 197).
He aquí una cita de Gilbert K. Chesterton: «Los poetas no enloquecen, pero los
jugadores de ajedrez sí. Los matemáticos se vuelven locos, y los cajeros, pero
los artistas creativos no suelen hacerlo. No estoy atacando la lógica: solo
digo que este peligro yace en la lógica, no en la imaginación» (Chesterton,
citado por Barrow, pág. 171). Y aquí está un fragmento del texto de la solapa
de una reciente biografía divulgativa de Cantor: «A finales del siglo XIX, un
matemático extraordinario languidecía en un sanatorio […] Cuanto más se
acercaba a las respuestas que buscaba, más lejanas parecían. A la larga, ello
le condujo a la locura, igual que a otros matemáticos antes que a él» (Amir D.
Aczel, The Mystery of the Aleph: Mathematics, the Kabbalah, and the Search for
Infinity, Four Walls Eight Windows, 2000).
Los casos de grandes matemáticos con enfermedades mentales tienen enorme
resonancia para los escritores y cineastas de la época pop. Esto tiene que ver
principalmente con las ideas preconcebidas y las sensibilidades de esos mismos
escritores/cineastas, y a su vez dichas ideas están en función de lo que se
podría llamar el molde arquetípico particular de nuestra época. No hace falta
decir que dichos moldes cambian con el tiempo. Hoy, el Matemático Mentalmente
Enfermo parece ser de algún modo lo que el Caballero Errante, el Santo
Mortificado, el Artista Atormentado y el Científico Loco fueron en otras
épocas: algo así como nuestro Prometeo, el que va a lugares prohibidos y vuelve
con regalos que todos podemos aprovechar pero cuyo precio solo paga él. Esto es
probablemente un poco exagerado, por lo menos en la mayoría de los casos.[3] Pero
Cantor encaja en el molde mejor que la mayoría. Y las razones para ello son
mucho más interesantes que cualesquiera fueran sus problemas y síntomas.[4]
Pero saber algo sobre los logros de Cantor no es lo mismo que valorarlos, lo
cual constituye nuestro objetivo e implica ver las matemáticas transfinitas
como una especie de árbol, con sus raíces en las paradojas de la Antigua Grecia
acerca de la continuidad y la inconmensurabilidad, y sus ramas enredadas en la
crisis moderna sobre los fundamentos de las matemáticas: Brouwer y Hilbert y
Russell y Frege y Zermelo y Gödel y Cohen y sus colegas. Los nombres ahora
mismo son menos importantes que el árbol, siendo este una especie de esquema
general que conviene recordar.
§ 1b.
Pero
Chesterton se equivocaba respecto a una cosa. O era por lo menos impreciso. El
peligro que intentaba concretar no es la lógica. La lógica es solo un método, y
los métodos no pueden desquiciar a las personas. De lo que en realidad intenta
hablar Chesterton es de una de las principales características de la lógica, y
de las matemáticas. Su cualidad de abstractas. La abstracción.
Vale la pena esclarecer el significado de abstracción. Puede que sea el término
más importante para apreciar el trabajo de Cantor y el contexto que lo hizo
posible. Gramáticamente, la raíz viene de un adjetivo, del latín abstractus
(«apartado»). El Oxford English Dictionary contiene nueve definiciones
importantes del adjetivo, de las cuales la más pertinente es la 4.a.:
«Apartado
o separado de la materia, de la corporeidad material, de la práctica, o de los
ejemplos particulares. Opuesto a concreto».
También
resultan de interés las definiciones 4.b., «Ideal, destilado hasta su
esencia», y 4.c., «Abstruso».
He aquí una cita de Carl B. Boyer, que es más o menos el Gibbon de la historia
de las matemáticas[5]: «Pero ¿qué
son, después de todo, los enteros? Todo el mundo cree saber qué es el número
tres, hasta que intenta definirlo o explicarlo» (Boyer, pág. 596). Por ello,
resulta instructivo hablar con los profesores de matemáticas de preescolar e
informarse acerca de cómo se enseñan realmente los números enteros a los niños.
Cómo se les enseña, por ejemplo, lo que es el número cinco. Primero se les dan,
por ejemplo, cinco naranjas. Algo que puedan tocar o sostener. Se les pide que
las cuenten. Luego se les da una foto de cinco naranjas. Después, una foto que
combina las cinco naranjas con el numeral «5», de modo que asocien ambas cosas.
Luego, una imagen con solo el numeral «5» y sin las naranjas. Entonces los
niños comienzan con ejercicios verbales en los que empiezan a hablar sobre el
entero 5 per se, como un objeto en sí mismo, aparte de las cinco naranjas. En
otras palabras, son sistemáticamente engañados, o inducidos, para que traten a
los números como cosas en lugar de como símbolos de las cosas. Entonces se les
puede enseñar aritmética, la cual contiene relaciones elementales entre
números. (El lector notará el paralelismo con el modo en que se nos enseña a
usar el lenguaje. Pronto aprendemos que el nombre «cinco» significa, simboliza,
el entero 5, etc.).
A
veces un chaval tiene dificultades, dicen los profesores. Algunos niños
entienden que la palabra «cinco» significa 5, pero siguen queriendo saber ¿5
qué? ¿5 naranjas? ¿5 céntimos? ¿5 puntos? Esos niños, que no tienen ningún
problema para sumar o restar naranjas o monedas, a pesar de todo tendrán malos
resultados en las pruebas de aritmética. No pueden tratar el 5 como un objeto
per se. A menudo son enviados a grupos de Educación Matemática Especial, donde
todo se enseña en términos de grupos o conjuntos de objetos reales en lugar de
números «separados de ejemplos particulares»[6].
La cuestión clave es que la definición básica de «abstracto» para nuestros
propósitos va a ser algo combinada: «apartado o más allá de la particularidad
concreta, de la experiencia sensorial». Usado solo de este modo, «abstracto» es
un término de la metafísica. De hecho, en todas las teorías matemáticas está
implícito algún tipo de postura metafísica. El padre de la abstracción en las
matemáticas fue Pitágoras. El padre de la abstracción en la metafísica, Platón.
Pero
las otras definiciones del Oxford English Dictionary no son irrelevantes. No
solo porque las matemáticas modernas son abstractas en el sentido de ser
extremadamente abstrusas. Para las matemáticas también es esencial abstraer en
el sentido de reducir algo a su esencia absoluta, a su esqueleto, como en el
resumen de un artículo o de un libro[7]. Como tal, su
significado puede ser pensar profundamente en cosas en las que la mayoría de la
gente no puede pensar profundamente, porque se pone como loca.
Todo esto es solo una especie de calentamiento. No será todo igual. Aquí están
dos citas más de figuras prominentes. Morris Kline:
«Una
de las grandes contribuciones griegas al concepto mismo de matemáticas fue el
reconocimiento consciente y el énfasis en el hecho de que las entidades
matemáticas son abstracciones, ideas sostenidas por la mente y claramente
diferenciadas de los objetos físicos o las imágenes» (Kline, pág. 29).
Ferdinand de Saussure: «Lo que se les ha pasado por alto a los filósofos y a
los lógicos es que desde el momento en que un sistema de símbolos se vuelve
independiente de los objetos designados, él mismo está sujeto a sufrir cambios
que son incalculables para el lógico» (Saussure, pág. 23).
La
abstracción lleva incluidos todo tipo de problemas y quebraderos de cabeza, eso
lo sabemos todos. Parte del riesgo es cómo usamos los nombres. Pensamos en los
significados de los nombres en términos de denotaciones. Los nombres sustituyen
cosas: hombre, mesa, pluma, David, cabeza, aspirina. Se da un tipo especial de
comicidad cuando hay confusión respecto a lo que es un nombre de verdad, como
en «¿Quién va primero?» o en aquellas bromas de Alicia en el país de las
maravillas: «¿Qué puedes ver en el camino?». «Nada». «¡Qué vista más buena!
¿Qué aspecto tiene nada?». Pero la comicidad tiende a desvanecerse cuando los
nombres denotan abstracciones, en el sentido de conceptos generales divorciados
de ejemplos concretos. Muchas de estas abstracciones-nombres tienen su raíz en
un verbo. «Movimiento» es un nombre, y también «existencia». Usamos palabras
como estas continuamente. La confusión viene cuando intentamos pensar en qué
significan exactamente. Es como la observación de Boyer acerca de los enteros.
¿Qué denotan exactamente «movimiento» y «existencia»? Sabemos que existen cosas
concretas y particulares, y que a veces se mueven. ¿Existe el movimiento per
se? ¿De qué manera? ¿De qué manera existen las abstracciones?
Por supuesto, esta última cuestión es en sí misma muy abstracta. Ahora
probablemente usted comienza a sentir dolor de cabeza. Hay una especie de
incomodidad o impaciencia ante este tipo de cosas. Surgen preguntas como: «¿Qué
es exactamente la existencia?» o «¿Qué queremos decir exactamente cuando hablamos
del movimiento?». La incomodidad es muy distintiva y aparece solo en cierto
nivel del proceso de abstracción, porque la abstracción funciona por niveles,
igual que los exponentes o las dimensiones. Digamos que «hombre» refiriéndose a
un hombre en particular es el Nivel Uno. «Hombre» refiriéndose a la especie es
el Nivel Dos. Algo así como «humanidad» es el Nivel Tres: ahora estamos
hablando de los criterios abstractos para que algo pueda ser calificado de
humano. Y así sucesivamente. Pero pensar de ese modo puede ser peligroso,
extraño. Pensar con suficiente abstracción sobre cualquier cosa… Seguramente
todos hemos tenido la experiencia de pensar en una palabra, por ejemplo,
«pluma», y en algo así como repetirla para nuestros adentros una y otra vez,
hasta que deja de significar nada. La misma extrañeza de llamar «pluma» a algo
empieza a meterse en la conciencia de un modo inquietante, como los síntomas de
un inminente ataque epiléptico.
Como probablemente sabe el lector, buena parte de lo que ahora llamamos
filosofía analítica está relacionado con cuestiones como estas, del Nivel Tres
o incluso del Cuatro. Como en la epistemología = «¿Qué es exactamente el
conocimiento?»; la metafísica = «¿Cuáles son exactamente las relaciones entre
los constructos mentales y los objetos del mundo real?», etc.[8]. Podría ser
que los filósofos y los matemáticos, que pasan mucho tiempo pensando (a) en
abstracto (b) sobre abstracciones o (c) ambas cosas, tengan eo ipso propensión
a las enfermedades mentales. O podría ser simplemente que las personas
susceptibles de padecer una enfermedad mental tengan mayor propensión a pensar
en este tipo de cosas. Es como la cuestión del huevo y la gallina. Pero algo es
seguro. Es un mito total que el hombre sea curioso por naturaleza y que esté
ávido de la verdad, y que desee, por encima de todo, conocer[9]. Admitiendo
ciertos significados de «conocer», hay en realidad una gran cantidad de cosas
que no queremos conocer. Evidencia de ello son los abundantes asuntos y
problemas acerca de los cuales no nos gusta pensar en abstracto.
Veamos
un poco de teoría. Los temores y peligros del pensamiento abstracto constituyen
grandes motivos para que ahora a todos nos guste estar todo el día muy ocupados
y bombardeados por estímulos. El pensamiento abstracto tiende más bien a
asaltarnos en momentos de tranquilo reposo. Por ejemplo, a primera hora de la
mañana, especialmente si usted se despierta antes de que suene el despertador,
de repente y sin ningún motivo puede comenzar a pensar que ha estado
levantándose de la cama cada mañana sin la más mínima duda de que el suelo le
sostendría. Mientras yace ahí considerando el asunto, parece por lo menos
teóricamente posible que algún defecto en la construcción del suelo o en su
integridad molecular podría hacer que este se combara, o incluso que usted lo
atravesara limpiamente por algún aberrante fenómeno cuántico o algo parecido.
En cierto sentido, no es algo que parezca una imposibilidad lógica o algo así.
No es que usted tenga realmente miedo de que el suelo se venga abajo justo en
el momento en que se levante.
Es
solo que ciertos estados mentales y líneas de pensamiento son más abstractos, y
no están centrados en ninguna necesidad u obligación que vaya usted a atender
cuando se levante. Esto es solo un ejemplo. La cuestión abstracta que está
usted considerando desde la cama es si su confianza en el suelo está
verdaderamente justificada. La respuesta inicial, que es afirmativa, se basa en
el hecho de que usted se ha levantado por la mañana miles, en realidad bastante
más de diez mil veces hasta ahora, y el suelo le ha sostenido cada vez. Es la
misma manera de justificar que saldrá el sol, que su esposa recordará cómo se
llama usted, que cuando tiene ciertas sensaciones eso significa que está a
punto de estornudar, etc. Porque han sucedido una y otra vez anteriormente. El
principio involucrado es realmente el único modo de predecir cualquiera de los
fenómenos con los que contamos automáticamente sin tener que pensar en ellos. Y
la inmensa mayoría de los hechos cotidianos son fenómenos de este tipo, y sin
esta confianza basada en experiencias anteriores nos volveríamos todos locos, o
por lo menos seríamos incapaces de hacer nada porque tendríamos que detenernos
y deliberar acerca de la más mínima cosa. Es un hecho: la vida tal como la
conocemos sería imposible sin esta confianza. Pero aun así, esta confianza
¿está verdaderamente justificada o es solo extremadamente conveniente?
Esto es pensar en abstracto, con su característico perfil escalonado, y ahora
usted se encuentra varios escalones hacia arriba. Ya no está pensando solo en
el suelo y en su peso, ni en su confianza ni en cuán necesaria parece ser ese
tipo de confianza para la supervivencia básica. Ahora está usted pensando en
una regla, ley o principio mucho más general por el que esta confianza
rutinaria, con toda su miríada de formas e intensidades, está de hecho
justificada en lugar de ser solo una serie de extraños reflejos clónicos que le
impulsan a lo largo del día. Otra señal clara de que se trata de pensamiento
abstracto: usted todavía está quieto. Parece que está gastando una tremenda
energía y aún no se ha movido. Todo está ocurriendo en su mente. Es
extremadamente raro. No es nada sorprendente que a la mayoría de la gente no le
guste. De repente tiene sentido que a menudo se represente a los locos poniéndose
las manos en la cabeza o golpeándola contra algo. Pero si recibió buenas
lecciones en la escuela, puede que ahora recuerde que la regla o principio que
usted intuye ya existe: su nombre oficial es principio de inducción (P. I.). Es
el precepto fundamental de la ciencia moderna. Sin el principio de inducción,
los experimentos no podrían confirmar las hipótesis, y nada en el universo
físico podría predecirse con un mínimo de confianza. No podría haber leyes
naturales o verdades científicas.
El
P. I. afirma que si algo, x, ha sucedido en ciertas circunstancias particulares
n veces en el pasado, tenemos justificación para creer que las mismas
circunstancias darán lugar a x en la ocasión n + 1. El P. I. es totalmente
respetable y fidedigno, y parece una salida inteligente para librarse del
problema. Es decir, hasta que le asalte (como solo puede suceder en estados
mentales muy abstractos o cuando falta más de la cuenta para que suene el
despertador) la idea de que el propio P. I. no es más que una abstracción a
partir de la experiencia… Así que, ahora ¿qué justifica exactamente nuestra
confianza en el P. I.? Este último pensamiento puede estar o no acompañado de
cierto recuerdo de la infancia, por ejemplo, de varias semanas pasadas en la
granja de un pariente (es una larga historia). Veamos, en un corral con
alambrada, al lado del garaje, había cuatro pollos, el más listo de los cuales
se llamaba señor Pollo. Cada mañana, cuando el empleado de la granja llegaba al
corral con cierto saco de arpillera, el señor Pollo se excitaba y empezaba a
dar picotazos anticipados en el suelo, porque sabía que era la hora de comer.
Era
cada mañana a la misma hora h, y el señor Pollo se había dado cuenta de que
h(empleado + saco) = comida, y así estaba confiadamente dando sus picotazos por
adelantado aquella última mañana de domingo cuando el empleado de repente
extendió el brazo, cogió al señor Pollo estrujándole el cuello, lo metió en el
saco de arpillera y se lo llevó a la cocina. Recuerdos como este tienden a
mantenerse bastante vivos, si se tienen. Pero la idea que sale de aquí es que
de acuerdo con el principio de inducción parece que el señor Pollo estuviera en
lo cierto, al no esperar otra cosa que la comida tras la aparición (n + 1) del
empleado + el saco a la hora h. Pero el hecho de que el señor Pollo no solo no
sospechara nada sino que su falta de desconfianza parece completamente
justificada, resulta sin duda inquietante. Hallar alguna justificación a un
nivel más alto para nuestra confianza en el P. I. parece mucho más urgente
cuando nos damos cuenta de que, sin dicha justificación, nuestra propia
situación es indistinguible de la del señor Pollo. Pero la conclusión, por
abstracta que sea, parece ineludible: lo que justifica nuestra confianza en el
principio de inducción es que haya funcionado tan bien en el pasado, por lo
menos hasta ahora. Eso significa que nuestra única verdadera justificación para
el principio de inducción es el principio de inducción, lo cual parece poco
firme y cuestionable en extremo.
Tras esta última conclusión, la única alternativa a la posibilidad de quedarse
paralizado en la cama de por vida es hacer más indagaciones abstractas acerca
de lo que significa exactamente «justificación» y averiguar si es verdad que
las únicas justificaciones válidas para ciertas creencias y principios son
racionales y no circulares. Por ejemplo, sabemos que en cierto número de casos
cada año hay coches que de repente invaden el carril contrario y chocan
frontalmente, matando a personas que conducían sin esperar un accidente. Y así
también sabemos, en cierta medida, que sea cual sea la confianza que nos
permite conducir en carreteras de doble sentido, esta confianza no está en un
100% justificada racionalmente por las leyes de la probabilidad y la
estadística. Y aun así, «justificación racional» podría no ser aplicable en
este caso. Podría tratarse más bien de que si usted no pudiera creer que su
coche no va a chocar de repente, simplemente no sería capaz de conducir, y así
su necesidad o deseo de conducir funciona como una especie de «justificación»
de su confianza[10].
Entonces sería mejor no empezar a analizar las diversas «justificaciones»
aparentes para su necesidad o deseo de conducir un coche: en algún punto usted
se da cuenta de que el proceso de justificación abstracta puede, por lo menos
en principio, seguir para siempre. La capacidad para detener una línea de
pensamiento abstracto tan pronto como se ve que no termina nunca es parte de lo
que habitualmente distingue a las personas sanas y funcionales, las que cuando
finalmente suena el despertador pueden pisar el suelo sin inquietudes y entrar
en los asuntos concretos del mundo real, de las personas desquiciadas.
Interpolación
La
razón táctica para usar a veces el símbolo ∞ en lugar de «infinito» en este
libro es que la parpadeante extrañeza de ∞ sirve como recordatorio de que no
está nada claro de qué hablamos siquiera. Todavía no. Por ejemplo, evite pensar
que ∞ es solo un número increíblemente, inverosímilmente enorme. Por supuesto,
hay muchos números como esos, especialmente en la física y la astronomía, por
ejemplo, si en la física un ultranano-instante de 5 × 10−44segundos
se admite generalmente como el intervalo de tiempo más pequeño al que se puede
aplicar el concepto normal de tiempo continuo (que lo es), los datos
astronómicos indican que ha habido aproximadamente 6 × 1060 ultranano-instantes
de esos desde el Big Bang. O sea, un 6 seguido de 60 ceros. Todos hemos oído
hablar de tales números, y habitualmente imaginamos que solo se pueden tratar y
manipular mediante ordenadores muy avanzados y super-refrigerados o algo así.
La verdad es que hay muchos números demasiado grandes para que los procese un
ordenador real o incluso teórico. El límite de Bremermann es el término
relevante en este caso.
Dados
los límites impuestos por la teoría cuántica básica, un tal Hans-Joachim
Bremermann demostró en 1962 que «Ningún sistema de procesamiento de datos,
artificial o viviente, puede procesar más de 2 × 1047 bits por
segundo por cada gramo de su masa» (Klir y Yuan, págs. 2-3), lo que significa
que un superordenador hipotético del tamaño de la tierra (= 6 × 1027 gramos
aproximadamente) funcionando durante tanto tiempo como la tierra ha existido (=
1010 años aproximadamente, con cerca de 3,14 × 107 segundos/año)
puede haber procesado a lo sumo 2,56 × 1092 bits, número que se
conoce como límite de Bremermann. Los cálculos que involucran números mayores
que 2,56 × 1092se llaman problemas transcomputacionales, en el
sentido de que no son teóricamente viables siquiera. Y hay abundantes problemas
de este tipo en la física estadística, la teoría de la complejidad, la teoría
de fractales, etc. Todo esto resulta excitante pero no muy pertinente. Lo
pertinente es esto: considere algún número transcomputacional, imagínese que es
un grano de arena, piense en una playa entera, o en un desierto, o en un
planeta, o incluso en una galaxia llena de esa arena, y no solo un 1 seguido de
ese número de ceros será < ∞, sino que su cuadrado será < ∞, y si
llamamos x al número,
será
< ∞, y así sucesivamente. Y en realidad ni siquiera es correcto comparar 10xe
∞ aritméticamente de ese modo porque ni siquiera están en la misma área de
codificación matemática ni incluso, de algún modo, en la misma dimensión. Y,
sin embargo, también es verdad que algunos ∞ son mayores que otros, como en las
comparaciones aritméticas. Hablaremos de todo esto. Por ahora la cuestión es
que solo después de Richard Dedekind y George Cantor ha sido posible hablar de
cantidades infinitas y su aritmética de un modo coherente y significativo. De
ahí el uso del símbolo ∞.
SEI. El propio símbolo ∞ tiene el nombre técnico lemniscata (al
parecer viene de «cinta» en griego) y fue introducido en las matemáticas por
John Wallis en su obra de 1655 Arithmetica Infinitorum, que fue uno de los
antecedentes importantes del cálculo de Newton[11]. Thomas
Hobbes, contemporáneo de Wallis y algo así como un matemático excéntrico, se
quejó en una reseña de que la Arithmetica Infinitorum tenía un grado de
abstracción demasiado exagerado como para intentar leerla, definiéndola como
«una costra de símbolos», hablando así en nombre de futuras generaciones de
estudiantes. Entre otras denominaciones de la lemniscata están «el nudo del
amor» y «la curva del plano cartesiano que satisface la ecuación»
(x2 +
y2)2 = a2(x2 − y2)
Por
otro lado, si se trata trigonométricamente, se define como «la curva que
satisface la ecuación en coordenadas polares»
r2 = a cos
2θ
y se
conoce también como lemniscata de Bernoulli.
Fin
de la interpolación
§
1c.
Respecto a todo el asunto de la abstracción y los significados de los términos,
hay un síndrome que es o bien una abstracción de alto nivel o algún tipo de
extraña mutación nominal. «Caballo» puede significar este caballo de aquí, o
puede significar el concepto abstracto, como al decir «Caballo: mamífero con
pezuñas de la familia Equidae». Lo mismo ocurre con la palabra «cuerno», y con
«frente». Todos los términos pueden abstraerse de entes particulares, pero aun
así sabemos que provienen de ellos. Pero ¿qué pasa con un unicornio, el cual
parece resultar de la combinación de los conceptos «caballo», «cuerno» y
«frente», de forma que se origina completamente por la concatenación de
abstracciones? O sea, podemos juntar y manipular abstracciones para formar
entes con un nombre que no denota nada en absoluto. Aquí el gran problema
resulta ser: ¿cómo podemos decir que un unicornio existe, y que sea de una
manera fundamentalmente diferente, menos real, de la manera en que existen
abstracciones como humanidad, cuerno o número entero? O dicho de otra forma:
¿de qué modo existen las entidades abstractas?, ¿existen solo como ideas en la
mente humana, es decir, son ficciones metafísicas? Este tipo de cuestión
también puede mantenerle todo el día en la cama. Y pende sobre las matemáticas
desde el principio: ¿cuál es el estatus ontológico de las entidades y
relaciones matemáticas? Las realidades matemáticas, ¿son descubiertas o
meramente creadas, o de algún modo ambas cosas? He aquí de nuevo a Morris
Kline: «Las doctrinas filosóficas de los griegos limitaron las matemáticas de
otro modo. Durante el período clásico creían que el hombre no crea los hechos
matemáticos: estos son preexistentes. El hombre se limita a establecerlos y
registrarlos» (Kline, pág. 175).
Y aquí está otra cita de David Hilbert, el gran primer defensor de los
transfinitos de Cantor:
El
infinito no se halla en ninguna parte de la realidad, sin importar qué
experiencias, observaciones o conocimientos se invoquen. ¿Puede el pensamiento
acerca de las cosas ser tan diferente de las cosas? ¿Pueden los procesos de
pensamiento ser tan distintos del proceso real de las cosas? En definitiva,
¿puede el pensamiento estar tan apartado de la realidad? (Hilbert, pág. 191).
Y es
verdad, no hay nada más abstracto que el infinito. Por lo menos en el sentido
de nuestro concepto de ∞ difuso, intuitivo y expresado en «lenguaje natural».
Es algo así como el más definitivo alejamiento de la experiencia real.
Considérese la característica única más ubicua y opresiva del mundo de lo
concreto, es decir, que todo llega a un fin, es limitado, termina, y luego
concíbase, en abstracto, algo sin esa característica. Son obvias las analogías
con ciertas ideas de Dios. La abstracción de todas las limitaciones es una
manera de explicar el impulso religioso en términos laicos, lo cual también se
conoce como antropología de la religión. Un ser perfecto puede entenderse como
uno desprovisto de todas las imperfecciones que percibimos en nosotros mismos y
en el mundo, uno omnipotente, es decir sin limitaciones a su voluntad, etc. El
hecho de que sea una manera bastante seca y triste de hablar de la religión no
tiene importancia. La cuestión es que exactamente el mismo tipo de explicación
puede darse acerca de cómo llegamos al concepto de ∞ y qué queremos decir en
definitiva con todas las formas de la palabra «infinito» que barajamos. Pero si
se trata realmente de la explicación correcta es algo relacionado con los
compromisos que adquirimos. En un sentido metafísico. ¿Queremos decir realmente
que el ∞ existe solo del modo en que existen los unicornios, que todo es
cuestión de manipular abstracciones hasta que la palabra «infinito» no tenga
ningún referente real? ¿Qué hay del conjunto de todos los números enteros?
Empiece a contar 1, 2, 3, y así sucesivamente, y dese cuenta de que nunca se
detendrá, ni sus hijos cuando usted muera, ni los hijos de sus hijos, etc. Los
enteros nunca se detienen. No hay fin. El conjunto de todos los enteros,
¿constituye un ∞ real? ¿O los enteros mismos no son reales sino solo
abstracciones? Además, ¿qué es exactamente un conjunto?, y ¿los conjuntos son
reales o solo instrumentos conceptuales, etc.? O ¿son quizá los enteros y/o los
conjuntos solo «matemáticamente reales» y no «realmente reales»?, y ¿cuál es
exactamente la diferencia?, y ¿podríamos desear conceder al ∞ cierta realidad
matemática pero no del otro tipo (suponiendo que no haya todavía más tipos)? Y
¿en qué punto las cuestiones se vuelven tan abstractas y las distinciones tan
sutiles y el dolor de cabeza tan terrible que simplemente ya no podemos pensar
más en nada de ello?
Es en áreas como las matemáticas y la metafísica donde encontramos una de las
cualidades más extrañas de la mente humana media. Es la habilidad de concebir
cosas que, estrictamente hablando, no podemos concebir. Podemos concebir de un
modo aproximado qué es la omnipotencia, por ejemplo. Por lo menos podemos usar
la palabra «omnipotencia» con bastante seguridad de saber de qué estamos
hablando. Y, aun así, incluso la antinomia de un escolar como «¿Puede un ser
omnipotente crear algo tan pesado que ni él mismo podría levantarlo?» pone de
relieve serios fallos en nuestra comprensión cotidiana de la omnipotencia. Así
que hay más de un tipo de abstracción que resulta relevante aquí. Este tipo es
más psicológico, y muy moderno.
Un dato evidente: nunca antes ha habido tantos abismos entre lo que el mundo
parece ser y lo que la ciencia nos dice que es. Para nosotros, la gente de la
calle, es como si un millón de revoluciones copernicanas tuvieran lugar al
mismo tiempo. Es decir, por ejemplo, sabemos, como alumnos de instituto y
lectores de Newsweek que somos, que el tiempo es relativo, que las partículas
cuánticas pueden estar ahí y a la vez no estarlo, que el espacio es curvo, que
los colores no son inherentes a los objetos mismos, que las singularidades
astronómicas tienen densidad infinita, que nuestro amor por nuestros hijos está
preprogramado por la evolución, que hay un punto ciego en el centro de nuestra
visión que nuestro cerebro rellena automáticamente. Sabemos también que
nuestros pensamientos y sentimientos en realidad solo son transferencias
químicas en 1,5 kg de masa electrificada. Que estamos hechos en nuestra mayor
parte de agua, que el agua es fundamentalmente hidrógeno, y el hidrógeno es
inflamable, y, sin embargo, nosotros no somos inflamables. «Sabemos» una casi
infinidad de verdades que contradicen nuestra experiencia inmediata y de
sentido común acerca del mundo. Y aun así tenemos que vivir y funcionar en el
mundo. Así que abstraemos, compartimentamos: hay cosas que sabemos, y cosas que
«sabemos». «Sé» que mi amor por mi hijo está en función de la selección
natural, pero sé que le quiero, y siento y actúo según lo que sé. Vista
objetivamente, toda esta cuestión es bastante esquizoide, pero el hecho
importante es que, como gente subjetiva de la calle, raramente notamos el
conflicto. Porque, naturalmente, nuestra vida es en un 99,99% concretamente
operativa, y operamos en concreto según lo que sabemos, no según lo que
«sabemos».
De nuevo, hablamos de gente de la calle como usted y yo, no de los gigantes de
la filosofía y las matemáticas, muchos de los cuales tuvieron famosas
dificultades para navegar por el mundo real. Einstein saliendo de su casa en
pijama, Gödel incapaz de alimentarse, etc. Para valorar cómo es la vida
interior de los grandes científicos/matemáticos/metafísicos, solo necesitamos
tumbarnos e intentar formarnos una idea verdaderamente rigurosa y coherente, en
contraste con una idea difusa como las que se exponen en Newsweek, acerca de
qué significa en realidad «omnipotente», «número entero» o «ilimitable», o
«finito pero ilimitado». Intentar llevar a cabo un poco de pensamiento
abstracto disciplinado o dirigido[12].
Hay una tensión, como la de una fuga musical, muy definida pero inarticulable
involucrada en este tipo de pensamiento, una sensación de la que aquella
repetición epiléptica de «pluma, pluma» una y otra vez es solo un pálido
reflejo. Uno de los caminos más rápidos hacia esa sensación (por experiencia
personal madrugadora) es intentar pensar profundamente en la dimensión. Hay
algo que «sé», y es que las dimensiones espaciales más allá del Gran 3 existen.
Incluso puedo construir un teseracto o hipercubo con cartón. Un teseracto, un
extraño tipo de cubo dentro de un cubo es una proyección 3D de un objeto 4D,
del mismo modo en que «
Con respecto a «saber» en contraste con saber de un modo concreto y material,
el segundo tipo es lo que Descartes quería decir con «una clara y distinta
aprehensión» y lo que en lenguaje moderno se llama «entender» o «captar». Es de
nuevo el estado epistoesquizoide de la mente moderna media: sentimos que
«sabemos» cosas que el aparato conceptual de nuestra mente en realidad no puede
captar. A menudo son objetos y conceptos en los más lejanos límites de la
abstracción, cosas que literalmente no podemos imaginar: espacios con D > 3,
coreografía cuántica, conjuntos fractales, materia oscura, raíces cuadradas de
números negativos, botellas de Klein y cajas de Freemish y escalinatas de
Penrose. E ∞. A menudo, este tipo de cosas se caracterizan como dotadas de una
existencia únicamente «intelectual» o «matemática». De nuevo, están muy lejos
de tener un significado claro, aunque usar estos términos constituye un juego
de niños.
Obsérvese, por favor, que esta habilidad común de dividir nuestra atención y
«saber» cosas que no podemos captar es un rasgo distintivo moderno. Los
antiguos griegos, por ejemplo, no podían hacerlo. O no querían. Necesitaban las
cosas claras, y creían que no se puede saber algo a menos que se entienda
realmente[13]. No es un
accidente que sus matemáticas no incluyeran ni el 0 ni el ∞. Su palabra para
infinito también significaba «lío».
El espíritu griego ha dado forma a la filosofía y a la práctica de las
matemáticas desde el principio. Las verdades matemáticas se establecen mediante
demostraciones lógicas y son extremadamente claras y nítidas. Es precisamente
esto lo que exime a las matemáticas de problemas laberínticos al estilo de cómo
justificar con exactitud el principio de inducción: las relaciones y demostraciones
matemáticas no son inductivas sino deductivas, formales. Las matemáticas, en
otras palabras, son un sistema formal, donde «formal» significa forma pura,
100% abstracta. La idea central es que las verdades matemáticas son ciertas y
universales precisamente porque no tienen nada que ver con el mundo. Si esto
resulta algo opaco, he aquí un pasaje de Godfrey H. Hardy en su Apología de un
matemático, la obra inglesa en prosa más lúcida jamás escrita sobre
matemáticas:
«La
certidumbre de las matemáticas —dice [Alfred N.] Whitehead— depende de su
completa generalidad abstracta».
Cuando
afirmamos que
2 +
3 = 5
afirmamos
una relación entre tres grupos de «cosas», y esas cosas no son manzanas ni
peniques, o cosas de uno u otro tipo en particular, sino solamente cosas,
«cosas cualesquiera». El significado de la afirmación es completamente
independiente de las individualidades de los miembros de los grupos. Todos los
«objetos» matemáticos o «entidades» o «relaciones», como «2», «3», «5», «+» o
«=», y todas las proposiciones matemáticas en las que aparecen, son
completamente generales en el sentido de ser completamente abstractas.
Realmente una de las palabras de Whitehead es superflua, porque la generalidad,
en este sentido, es abstracción (Hardy, Apology, pág. 106).
Observe el lector que en esta cita «generalidad» se refiere no solo a la
abstracción de términos y referentes individuales, sino a la universalidad
completamente abstracta de las verdades afirmadas. Esta es la diferencia entre
una mera curiosidad matemática y un teorema matemático. Un famoso ejemplo de
esa diferencia (famoso para los alumnos del doctor Goris, en cualquier caso) es
que
1. «La
suma de la serie (1 + 3 + 5 + 7 + 9) = 52» es una curiosidad,
mientras que
2. «Para
cualquier x, la suma de los primeros x enteros impares = x2» es un
teorema, es decir, matemáticas de verdad.
Lo
que viene a continuación está pensado principalmente como recordatorio de cosas
que usted ya conoce por encima o vio en la escuela. Si su familiaridad con los
sistemas formales es menos superficial, reconocerá los siguientes tres párrafos
como extremadamente burdos y simplistas y está invitado a tratarlos como SEI y
omitirlos o echarles una ojeada. Un sistema formal de demostración requiere
axiomas y reglas de inferencia. Los axiomas son proposiciones básicas tan
obvias que pueden afirmarse sin demostración. Recuerde, por ejemplo, los
axiomas de Euclides o los postulados de Peano. Las reglas de inferencia, a
veces llamadas leyes del pensamiento, son los principios lógicos que justifican
la obtención de verdades a partir de otras verdades.[14]
Algunas de las reglas de inferencia son tan simples como la ley de identidad,
la cual básicamente sostiene que si algo es P, entonces es P. Otras son más
elaboradas. Para nuestros propósitos son especialmente importantes dos reglas
de inferencia. La primera es conocida como ley del tercero excluido (LTE). Por
la LTE, una proposición matemática tiene que ser o bien verdadera o bien, si no
lo es, falsa[15].
La otra gran regla de inferencia involucra la relación lógica de implicación,
con el significado «Si… entonces» y se representa a menudo con el símbolo «→».
La regla de implicación más obvia es que (1) «P → Q» y (2) «P es verdadera»
permiten obtener la conclusión «Q es verdadera». La que vamos a usar con
frecuencia es la complementaria de esta regla, llamada habitualmente modus
tollens. Puede sostenerse que (1) «P → Q» y (2) «Q es falsa» permiten afirmar
que (3) «P es falsa».[16]
Una razón por la que la LTE y el modus tollens son importantes para las
matemáticas es que hacen posible el método de demostración indirecta, también
conocido como demostración por reductio ad absurdum o a veces solo reductio. He
aquí cómo funciona. Supongamos que quiere demostrar P. Lo que hace es suponer
lo contrario, no-P, y entonces demostrar que no-P implica lógicamente una
contradicción como, por ejemplo, «Q y no-Q». (Por la LTE, nada puede ser
verdadero y falso a la vez, de modo que la conjunción «Q y no-Q» será siempre
falsa). Por el modus tollens, si (1) no-P → (Q y no-Q) y (2) (Q y no-Q) es
falsa, entonces (3) no-P es falsa. Y, por la LTE,[17] si no-P
es falsa, entonces P tiene que ser verdadera.
Muchas de las demostraciones más importantes y conocidas de la historia de las
matemáticas han sido de este tipo. Aquí está un ejemplo. Es la demostración de
Euclides de la Proposición 20 en el Libro IX de los Elementos. La Proposición
20 trata de los números primos, es decir —como probablemente recuerda de la
escuela—, de los números enteros que no pueden dividirse por enteros más
pequeños sin que quede resto. La Proposición 20 afirma básicamente que no
existe un último número primo. (Lo que esto significa, por supuesto, es que la
cantidad de números primos es en realidad infinita, pero Euclides le da vueltas
a la cuestión, y con toda seguridad nunca dice «infinito»). Aquí está la
demostración. Supóngase que de hecho existe el último número primo. Llamémosle
Pn. Esto significa que la secuencia de números primos (2, 3, 5, 7,
11,…, Pn) es exhaustiva y finita: (2, 3, 5, 7, 11, …, Pn)
son todos los primos que existen.[18] Ahora
considérese el número R, que definimos como el número que se obtiene
multiplicando todos los primos hasta Pn y sumando 1 al
resultado. R es obviamente mayor que Pn. Pero ¿es R primo? Si lo es,
tenemos una contradicción inmediata, porque ya habíamos supuesto que Pn era
el mayor número primo posible. Pero si R no es primo, ¿por qué número se puede
dividir? Obviamente no se puede dividir por ninguno de los números primos de la
secuencia (2, 3, 5,…, Pn), porque dividir R por cualquiera de ellos
daría resto 1. Pero dicha secuencia contiene todos los números primos que
existen, y estos son en definitiva los únicos números por los que se puede
dividir un número que no sea primo. Así que si R no es primo, y si ninguno de
los primos (2, 3, 5,…, Pn) puede ser divisor suyo, tiene que haber
algún otro primo por el que R se pueda dividir. Pero esto contradice la
suposición de que (2, 3, 5, …, Pn) es una lista exhaustiva de todos
los números primos. De uno u otro modo, tenemos una contradicción clara. Y como
la suposición de que hay un último número primo implica una contradicción, el
modus tollens dicta que la suposición es necesariamente falsa, lo cual por la
LTE[19] significa
que la negación de la suposición es necesariamente verdadera, es decir, que
ningún número primo es el último. Q. E. D.
Observe, por favor, que la primalidad no tiene nada que ver con el mundo.
Concierne solo a relaciones entre números. Los griegos fueron los verdaderos
inventores de lo que llamamos matemáticas, porque —en eso también— fueron los
primeros en tratar los números y sus relaciones como abstracciones más que como
propiedades de colecciones de objetos reales. Es importante ver hasta qué punto
esto fue un salto. Ya desde registros muy antiguos, es fácil ver que las
matemáticas tuvieron su matriz en lo concreto. En lo inmediatamente concreto.
Considérense hechos como que las cifras también se llaman «dígitos» y que la
mayoría de los sistemas de numeración —no solo el nuestro en base 10 sino
también los de base 5 y base 20 de la Europa prehistórica— están claramente
pensados a partir de los dedos de la mano y los dedos de los pies. O que aún
hablamos de «cuerdas» de círculos o de «caras» de poliedros, o que «cálculo»
proviene de la palabra griega que significa «piedrecita», etc. Es bien conocido
que hubo civilizaciones anteriores a la griega, como los babilonios y los
egipcios, con un grado considerable de sofisticación matemática, pero las suyas
eran unas matemáticas extremadamente prácticas, usadas para la agrimensura, el
comercio y las finanzas, la navegación, etc. Los babilonios y los egipcios, en
otras palabras, estaban más interesados en las cinco naranjas que en el 5.
Fueron los griegos los que convirtieron las matemáticas en un sistema
abstracto, un lenguaje simbólico especial que permite a las personas no solo
describir el mundo, sino explicar sus más profundas leyes y pautas. Se lo
debemos todo.[20] Hasta
el punto de que los logros de Weierstrass, Cantor y Dedekind en la teoría de
conjuntos y la teoría de números modernas son imposibles de valorar sin
entender el salto hiperdimensional entre las matemáticas como una abstracción
práctica de propiedades del mundo real y las matemáticas, como diría Ferdinand
de Saussure, como un «sistema de símbolos […] independiente de los objetos
designados». Ni tampoco se pueden valorar verdaderamente sin considerar también
los consiguientes «cambios incalculables…», porque las matemáticas abstractas
que han desterrado la superstición y la ignorancia y la sinrazón y han dado a
luz al mundo moderno son también las matemáticas abstractas atravesadas por la
sinrazón y la paradoja y el enigma, y que han estado intentando, en cierto
modo, atarse los zapatos sobre la marcha desde el momento mismo en que
adquirieron el estatus de lenguaje verdadero. Por favor, tenga presente que un
lenguaje es a la vez un mapa del mundo y su propio mundo, con sus propias zonas
de penumbra y sus grietas, lugares donde enunciados que parecen obedecer todas
las reglas del lenguaje son, a pesar de todo, imposibles de tratar.
Podemos suponer que el «lenguaje natural» es un territorio familiar, pero solo
como recordatorio considere la distancia y la diferencia entre usar «árbol» y
«roca» para designar auténticos árboles y rocas y la vergonzosa semántica de
Clinton hablando de «inhalar» o «contacto sexual». O explore la conocida
paradoja «Estoy mintiendo» (también un invento griego). O medite sobre frases
como «"'No tiene sentido, no tiene sentido" no tiene sentido» o
«"Produce falsedad cuando es precedida por su cita" produce falsedad
cuando es precedida por su cita». Se dará cuenta de que estas tres últimas,
como la mayoría de las fisuras paradójicas, involucran la autorreferencia o la
regresión, dos demonios que han afligido el lenguaje desde hace tanto tiempo
como queramos retroceder.
Las matemáticas no están exentas. Y, por supuesto, como las matemáticas son un
lenguaje totalmente abstracto, y se supone que extremadamente «higiénico»
debido a su falta de referentes específicos del mundo real, sus paradojas y
enigmas son mucho más problemáticos. Es decir, que las matemáticas tienen que
afrontarlos realmente en lugar de ponerlos sin más en la trastienda del
pensamiento cuando suena el despertador. Algunos dilemas pueden tratarse con un
enfoque «legalista», por así decirlo, mediante definiciones y estipulaciones.[21]Analicemos un
ejemplo fácil del álgebra escolar: a partir del hecho indiscutible de que en
una igualdad entre dos fracciones los denominadores son iguales si los
numeradores lo son, es decir, si
entonces
y = z, podría parecer que si
entonces
(x −
4) = (x − 3),
o
sea 4 = 3, lo que evidentemente no tiene sentido, ya que presenta una «fisura».
Esto se resuelve decretando que la única solución posible de
) es
x = 5 (pues 0 dividido por cualquier cosa da otra vez 0, lo cual, obviamente,
no implica 4 = 3) y estipulando que el teorema
solo
es válido si x ≠ 0.
Veamos un caso difícil. Todos conocemos los decimales periódicos, como 2/3 =
0,666… Resulta posible demostrar que 0,999… es igual a 1,0 con solo un par de
movimientos totalmente «legales»: si x = 0,999…, entonces 10x =
9,999…, y ahora restemos x de 10x:
9,999…
− 0,999…
y
obtenemos
9x =
9,0
y
por lo tanto x = 1.
¿Es engañoso o no? Depende de cómo tratemos la secuencia infinita «0,999…» y de
si decidimos postular la existencia de algún número mayor que 0,999… pero menor
que 1,0. Un número así involucraría un infinitésimo, es decir, un ente
matemático de pequeñez literalmente infinita. Puede que recuerde los
infinitésimos de las matemáticas del instituto.
Pero puede que no recuerde —probablemente porque no se lo explicaron— que a
causa de los infinitésimos los fundamentos del cálculo fueron extremadamente
controvertibles y poco firmes durante doscientos años, ni que más o menos por
el mismo motivo las matemáticas transfinitas de Cantor fueron recibidas con
acalorado escepticismo a finales del siglo XIX: nada ha causado más problemas
—históricamente, metodológicamente, metafísicamente— que las cantidades
infinitas. En muchos sentidos, la historia de esos problemas relacionados con
el ∞ es la propia historia de las matemáticas.
§ 1d.
Esta introducción es muy rápida e imprecisa, por supuesto. Ahora tenemos que
hacer algunas distinciones al aproximarnos al ∞ como tema histórico. La primera
es la distinción obvia entre lo infinitamente grande (= transfinito) y lo
infinitamente pequeño (= infinitesimal = 1/∞)
La segunda gran diferencia es entre el ∞ como característica del mundo físico
—por ejemplo, al preguntarnos si el universo es infinito, si la materia es
infinitamente divisible, si el tiempo tiene un principio y un fin— y el ∞ como
ente matemático abstracto o concepto, en la misma línea que las funciones, los
números, la primalidad, y demás.
También ha habido algo de introducción a la ontología de las abstracciones
analizando si existen realmente los objetos matemáticos y cómo existen,
cuestiones acerca de las cuales, por supuesto, aún quedan cavilaciones para
llenar una biblioteca. Lo que debe quedar claro es que los problemas y
controversias sobre el ∞ de los que nos vamos a ocupar aquí se centran en la
cuestión de si las cantidades infinitas pueden existir realmente como entes
matemáticos.
La tercera distinción puede empezar pareciendo nimia. Concierne a palabras
relacionadas con el ∞ como «cantidad» y «número». Estas tienen un extraño y
confuso doble sentido, del mismo modo en que lo tienen «longitud» o «gramo». Un
trozo de cuerda tiene cierta longitud, por ejemplo, en metros, pero también
decimos cosas como «unos metros de cuerda» o «longitud de onda». Una cierta
cantidad de fármaco que pesa un gramo también se llama «un gramo de fármaco».
Asimismo, «cantidad» o «número» pueden funcionar predicativamente —es decir,
respondiendo a las preguntas «¿cuántas?» o «¿cuánto?» de algo— y también como
nombres comunes que denotan el ente descrito. Por lo tanto, puede resultar
ambiguo, cuando se usa un término como «número infinito», si se está usando
predicativamente («Hay una cantidad infinita de números primos») o
nominativamente («El primer número infinito de Cantor es ℵ0»).
Y la diferencia es importante, porque el uso predicativo de «∞» puede ser
difuso y puede significar solo «indefinidamente grande» o «muy muy grande»,
mientras que, tras Dedekind y Cantor, el uso nominativo tiene una denotación
muy específica, aunque abstracta.
En cierto sentido, el poder y quizás incluso toda la raison d'être del
lenguaje de las matemáticas es que está diseñado para ser tan claro y sin
connotaciones que evite justamente este tipo de ambigüedades. Intentar expresar
cantidades y relaciones numéricas en lenguaje natural, como traducir
proposiciones matemáticas al castellano y viceversa, a menudo causa problemas.[22]
Un ejemplo favorito del doctor Goris era la vieja historia sobre tres hombres
que llegan a un motel tarde por la noche. Solo queda una habitación libre, y
cuesta 30 €. Los huéspedes deciden poner 10 € cada uno y compartirla, pero
cuando llegan a la habitación se dan cuenta de que está hecha un desastre
—parece que, por alguna confusión, nadie había hecho la limpieza tras irse los
anteriores ocupantes— y comprensiblemente los tres hombres llaman al
recepcionista para quejarse. Aquí pueden omitirse unos cuantos detalles y
florituras. La cuestión es que se hace tarde, las personas de la limpieza ya no
están, y no hay ninguna habitación más, de modo que, tras un poco de regateo,
el recepcionista acepta rebajar 5 € el precio de la habitación y repartir
sábanas limpias. Manda al botones a la habitación con sábanas, toallas y el
reintegro de 5 € en forma de cinco monedas de 1 €…etc., etc., donde lo
importante es que hay cinco monedas de 1 € y tres individuos, de modo que estos
(misteriosamente ablandados) se quedan 1 € cada uno y dejan que el botones se
quede los 2 € restantes como propina. Así, cada hombre ha empezado pagando 10 €
y ha recuperado 1 €, de modo que cada uno ha pagado 9 €, y los tres juntos, 27
€. El botones tiene los otros 2 €, lo que suma 29 €, así que ¿dónde está el
euro restante?
En este problema, la cuestión es que la verborrea (de la que había
considerablemente más en la versión del doctor Goris: incluía un relato épico
que duraba todo el curso sobre esos tres hombres y sus diversas biografías y
peripecias y los diferentes enigmas matemáticos con que se topaban siempre) le
confunde para que intente calcular (30 − 3) + 2 en lugar de la pertinente (30 −
5) + (3 + 2), dando como resultado mayor confusión y diversión y posibles
puntos extra.
Existen varios tipos de provocaciones interlingüísticas como esta. Las que no
se pueden resolver se convierten en verdaderas paradojas, algunas de las cuales
son profundas. No debería sorprender, dado que el ∞ es la abstracción
definitiva y a la vez arraigadamente difuso, que este figure en muchas de esas
paradojas. Tome, por ejemplo, la idea de que no hay un último entero, o un
entero mayor que todos los demás, y de que el tiempo se extiende hacia adelante
infinitamente. Ahora imagine una lámpara de larga duración perfectamente
construida con un gran botón rojo de Apagada/Encendida, e imagine que esta
mañana la lámpara está apagada pero a las 16:30 alguien la encenderá, a la
misma hora del día siguiente alguien la apagará, a la misma hora del día
siguiente alguien la encenderá de nuevo, y así sucesivamente, cada día, por el
resto del tiempo. Y ahora considere si, tras un número infinito de días, la
lámpara estará apagada o encendida. Puede que recuerde de las matemáticas del
instituto[23] que en
realidad este problema está relacionado con algo llamado una serie infinita
divergente, más específicamente la serie de Grandi,
1 −
1 + 1 − 1 + 1 − 1 + 1…,
serie
que suma 0 si la calculamos según
(1 −
1) + (1 − 1) + (1 − 1) +…
pero
que suma 1 si la calculamos según
1 +
(−1 + 1) + (−1 + 1) + (−1 + 1)…,
y la
traca final es que, como ambos cálculos son matemáticamente lícitos, la suma
«real» de la serie parece ser a la vez 1 y no -1, lo cual por la LTE es
imposible. Sin embargo, tal vez recuerde[24] que la
serie de Grandi resulta ser de un subtipo particular de serie infinita
divergente conocida como serie oscilante, y que como tal es un ejemplo
aleccionador de estipulación de sumas parciales (denotadas por sn),
siendo el simbolismo relevante algo parecido a
«donde sn =
0 para n par y sn = −1 para n impar»,
simbolismo que parece tan legislativamente críptico y pesado precisamente
porque tiene que estar diseñado para evitar fisuras como la paradoja de la
lámpara.
También hay antinomias que giran alrededor del ∞ no como un concepto del
lenguaje natural o un terrain vague numérico sino simplemente
como un rasgo de la geometría, de tal forma que pueden representarse mediante
figuras simples, y no basta con meras estipulaciones. Considérense los puntos y
las rectas. Está claro que cualquier recta contiene una infinidad de puntos. Un
punto, recuerde, es «un elemento de la geometría que tiene posición pero no
extensión» (Nelson, pág. 330), en el sentido de que un punto es una
abstracción, pura posición. Pero si una recta se compone únicamente de puntos,
y los puntos no tienen extensión, ¿cómo puede tener extensión una recta? Por
definición, todas las rectas la tienen. La respuesta parece tener algo que ver
con el ∞, pero ¿cómo puede ∞ × 0 ser igual a algo que no sea 0?
Aquí está otra peor. Todo lo que necesita es a Euclides y una regla. Dibuje una
línea como esta:
donde
el segmento de recta PQ es tres veces más largo que el
segmento QR. Como los segmentos de recta están compuestos por
puntos, parece razonable la idea de que debería haber tres veces más puntos
en PQ que en QR. Pero resulta que hay exactamente
la misma cantidad en ambos. Puede verlo. Convierta los segmentos en el
triángulo recto QPR girando PQ hacia arriba y
continuando la rotación hasta que P esté justo encima de R,
y después dibuje el segmento PR:
Después
recuerde que, por el axioma de las paralelas de Euclides,[25] por
cada punto del segmento PQ pasará exactamente una recta
paralela al segmento PR:
y
que esta recta cortará al segmento QR exactamente en un punto. Lo mismo es
cierto para cada punto individual de PQ; simplemente dibuje una recta paralela
a PR que corte a PQ en dicho punto, y la recta cortará a QR en un único punto:
sin
duplicaciones y sin que falten puntos, de modo que a cada punto de PQ le
corresponde un punto de QR, es decir, que hay exactamente tantos
puntos en QRcomo en PQ, aunque PQ = 3(QR).
Puede usted generar una paradoja similar creando un par de círculos
concéntricos tales que el radio del círculo mayor mida el doble que el radio
del círculo interior.[26] Como la
circunferencia de cualquier círculo es una función directa de su radio, la
circunferencia del círculo mayor mide el doble que la del círculo menor. Y una
circunferencia también es una línea (curva), de modo que debería haber dos
veces más puntos en la circunferencia del círculo mayor. Pero no: como ambos
círculos tienen un centro común, el simple trazo de algunos radios permite
establecer que cualquier radio que corte al círculo grande en un punto N cortará
al círculo pequeño en un único punto correspondiente N1,
sin redundancias ni ausencias:
demostrando
así que el número de puntos en las circunferencias de ambos círculos es el
mismo.
Estos son verdaderos problemas, no solo tediosos o antiintuitivos sino
matemáticamente profundos. Georg F. L. P. Cantor los resolvió todos, más o
menos. Pero, por supuesto, la expresión coloquial «resolver» puede significar
distintas cosas.
Como se ha mencionado, en matemáticas un modo de tratar con los problemas
desestabilizantes es decretar su inexistencia, desterrando ciertos tipos de
entes matemáticos y/o cargando los teoremas de estipulaciones y exclusiones
diseñadas para evitar resultados extraños. Antes de la invención de las
matemáticas transfinitas, esta era la manera de tratar la mayor parte de las
paradojas del ∞.
Se «resolvían» empezando por difuminar la distinción entre una paradoja y una
contradicción, y luego aplicando una especie de reducción al absurdo
metafísica: si admitir cantidades infinitas, como el número de puntos de una
recta o el conjunto de todos los enteros, conduce a conclusiones paradójicas,
tiene que haber algo inherentemente erróneo o sin sentido en las cantidades
infinitas, y así las entidades relacionadas con el ∞ no podrían «existir»
realmente en un sentido matemático. Este fue esencialmente el argumento
desplegado, por ejemplo, contra la famosa paradoja de Galileo en el siglo
XVII.
Aquí está la paradoja de Galileo. El quinto axioma de Euclides dicta que «el
todo es siempre mayor que la parte», lo cual parece bastante irrefutable.
También resulta obvio que todo cuadrado perfecto (por ejemplo, 1, 4, 9, 16,
25…) es un número entero, mientras que no todo número entero es un cuadrado
perfecto. En otras palabras, el conjunto de todos los cuadrados perfectos no es
más que una parte del conjunto de todos los números enteros, por lo que en
virtud del quinto axioma de Euclides es más pequeño. El problema es que el
mismo tipo de igualdad, mediante-correspondencia que vimos con PQ/QR y
los dos círculos también se puede establecer en este caso.
Porque aunque no es cierto que cada número entero sea un cuadrado perfecto, sí
es cierto que cada número entero es la raíz cuadrada de un cuadrado perfecto: 2
de 4, 3 de 9, 4 de 16, 912 de 831.744, y así sucesivamente. Visualmente, se
pueden alinear los dos conjuntos y demostrar una perfecta e inagotable
correspondencia de uno a uno entre sus miembros:[27]
Así
pues, la conclusión de la paradoja de Galileo es que el quinto axioma de
Euclides, una parte indispensable de las matemáticas básicas, y una verdad
obvia que podemos comprobar con cualquier tipo de conjunto que seamos capaces
de ver o contar, queda contradicho por los conjuntos infinitos de todos los
números enteros y todos los cuadrados perfectos. Ante esta situación, hay dos
caminos posibles. El estándar, como se ha mencionado, es declarar que los
conjuntos infinitos son el equivalente matemático de los unicornios o la «nada»
que Alicia ve en el camino.[28] El
otro, que es revolucionario tanto intelectual como psicológicamente, es tratar
la equivalencia paradójica de Galileo no como una contradicción sino como la
descripción de cierto nuevo tipo de ente matemático que es tan abstracto y
extraño que no se ciñe a las reglas normales de las matemáticas y requiere un
tratamiento especial. Es decir, consiste en indicar (como hizo adivine quién)
que
«El
fallo fundamental de todas las así llamadas demostraciones de la imposibilidad
de los números infinitos es que atribuyen a dichos números todas las
propiedades de los números finitos, mientras que los números infinitos […]
constituyen una clase completamente nueva de número, un tipo cuya naturaleza
debería ser objeto de investigación y no de prejuicios arbitrarios» (Cantor,
«Über die verschiedenen Standpunkte in bezug auf das aktuelle Unendliche», en
Gessamelte Abhandlungen. Traducción editada de un extracto de Dauben, Georg
Cantor, pág. 125).
Pero,
por otro lado, dicha actitud podría no ser revolucionaria, sino sencillamente
una locura.[29] Como
considerar el hecho de que nunca nadie ha visto un unicornio ni una sola vez y
afirmar que esto no es una indicación de que los unicornios no existen
realmente, sino más bien un indicio de que los unicornios constituyen un nuevo
tipo de animal con la singular propiedad de ser invisibles. Está claro que aquí
encontramos la sutil diferencia entre genio y locura de la que se alimentan
escritores y cineastas modernos. La verdad es que toda clase de entes extraños
y no directamente observables como el 0, los enteros negativos, los números
irracionales, etc., se introdujeron originalmente en las matemáticas con el
mismo tipo de aura de locura/incoherencia pero, a día de hoy, están totalmente
aceptados y son incluso esenciales. Al mismo tiempo, ha habido muchas otras
innovaciones que eran realmente insensatas o intratables y fueron expulsadas
entre risas de la ciudad, matemáticamente hablando, y nosotros, la gente de la
calle, jamás oímos hablar de ellas.
Sin embargo, que algo sea una sutil distinción no significa que no sea una
distinción. El pensamiento matemático es abstracto, pero también minucioso y
pragmático y muy enfocado a la obtención de resultados. La diferencia entre una
teoría matemática revolucionaria y brillante y otra «chiflada» está, por lo tanto,
en lo que se pueda hacer con ella, en si da o no da resultados significativos.
He aquí a Hardy explicando lo que considera «resultados significativos»:
Podríamos
decir, en cierto modo, que una idea matemática es «significativa» si se puede
relacionar, de una manera natural y reveladora, con un gran complejo de otras
ideas matemáticas. Así, un teorema matemático serio, un teorema que conecte
ideas significativas, es probable que conduzca a importantes avances en las
propias matemáticas e incluso en otras ciencias (Hardy, Apology, pág. 89).
Las
teorías de Cantor sobre los conjuntos infinitos y los números transfinitos
acaban resultando significativas precisamente de esta manera. La razón de ello
es, en parte, que Cantor era un excelente matemático profesional y aportó
demostraciones ingeniosas de las características formales importantes, que
hicieron de sus ideas verdaderas teorías y no solo hipótesis atrevidas. Pero
también hay otras razones. El mismo Galileo había planteado la hipótesis de que
la verdadera conclusión de su paradoja era que «los atributos
"igual", "mayor" y "menor" no son aplicables al
infinito, sino solo a cantidades finitas» (Galileo Galilei, pág. 32).
Pero nadie se tomó esto en serio, y no por estupidez: las matemáticas no
tienden a estar llenas de gente estúpida o de mente cerrada. Realmente, el
momento no era el adecuado para la sugerencia de Galileo, ni existían todavía
las herramientas matemáticas adecuadas para convertirla en una verdadera teoría
incluso si Galileo hubiera querido… lo cual no fue así, hecho del que sería
equivocado concluir que él no era tan perspicaz o brillante como Georg Cantor.
Como la mayoría de los gigantes que revolucionan las matemáticas o la ciencia,
Cantor era en un 100% un hombre de su tiempo y lugar, y sus logros fueron la
habitual conjunción de un talento personal y un coraje extraordinarios[30] con el
contexto adecuado de problemas y condiciones generales que, en retrospectiva,
tienden a hacer que los avances intelectuales parezcan inevitables, y sus
autores, casi incidentales.
Para expresarlo de otro modo, las matemáticas son piramidales. Cantor no surgió
súbitamente de la nada. Por lo tanto, una verdadera valoración requiere una
comprensión de los conceptos y problemas que dieron lugar a la teoría de
conjuntos e hicieron que las matemáticas transfinitas fueran significativas en
el sentido de Hardy. Esto necesita tiempo, pero como la explicación es también
piramidal podemos proceder de un modo más o menos ordenado, y no será todo tan
abstracto y discursivo como esta introducción.
§
2a.
Ahora estamos empezando de verdad. Hay dos maneras de investigar el contexto de
la teoría de conjuntos cantoriana.
La primera es hablar de la intrincada y abstracta danza del infinito y los
límites a lo largo de la evolución de las matemáticas.
La segunda es examinar el esfuerzo histórico de las matemáticas para
representar la continuidad, es decir, el suave fluir y/o los aspectos
densamente sucesivos del movimiento y los procesos del mundo real.
Cualquiera que tenga incluso los más vagos recuerdos de las matemáticas del
instituto recordará que la continuidad y el ∞/límite son esencialmente el
fundamento del cálculo, y podría recordar también que, en términos generales,
tienen su origen en la metafísica de los antiguos griegos y su matriz
particular en Zenón de Elea (hacia 490-435 a. C., quien murió con sus dientes
literalmente aún en la oreja del despótico gobernante de Elea, Nearco I; es una
larga historia), cuyas epónimas paradojas lo desencadenaron todo.
Unos cuantos hechos procedentes de Ática, para empezar.
En primer lugar, las matemáticas griegas eran abstractas, ciertamente, pero
estaban profundamente arraigadas en los métodos de los babilonios y los
egipcios. Para los griegos no hay una diferencia real entre los entes
aritméticos y las figuras geométricas, por ejemplo, entre el número 5 y un
segmento de cinco unidades de longitud.
En segundo lugar, para ellos tampoco hay unas distinciones claras entre las
matemáticas, la metafísica y la religión: en muchos sentidos eran todas la
misma cosa.
En tercer lugar, el desagrado propio de nuestra época y cultura respecto a los
límites —por ejemplo, al decir «un hombre limitado» o «SI SU
VOCABULARIO ES LIMITADO, SUS POSIBILIDADES DE ÉXITO SON LIMITADAS», etc.—
habría sido incomprensible para los antiguos griegos. Baste decir que los
límites les gustaban mucho, y una consecuencia directa de ello es su
antipatía/desconfianza respecto al ∞. El término helénico to apeiron significa
no solo infinitamente largo/grande, sino también indefinible, complejo sin
remedio, aquello-que-no-puede-ser-tratado.[31]
To apeiron también hacía referencia al caos ilimitado y sin
naturaleza propia del que surgió la creación. Anaximandro (610-545 a. C.), el
primero de los presocráticos que usó el término en su metafísica, lo define
esencialmente como «el sustrato ilimitado del que provino el mundo» (Edwards,
v. 3, p. 190).
Y aquí «ilimitado» significa no solo sin fin e inagotable, sino informe,
desprovisto de cualquier frontera, distinción o cualidad específica. Algo así
como el vacío, pero de lo que está desprovisto inicialmente es de forma.[32]
Y esto, para los griegos, no es nada bueno. Aquí está una cita definitiva de
Aristóteles, esa fuente de citas definitivas:
«La
esencia del infinito es la privación, no la perfección sino la ausencia de
límite» (Física, III, 7, 208a).
La
cuestión es que al abstraer todas las limitaciones para obtener el ∞, también
se elimina lo más importante: sin límite implica sin forma, y eso significa el
caos, la fealdad, un lío. Téngase, pues, presente el hecho ático cuatro: el
ubicuo y esencial esteticismo del intelecto griego. El desorden y la fealdad
eran el malum in se definitivo, la señal segura de que algo
iba mal con un concepto, del mismo modo en que la desproporción y el desorden
eran inaceptables en el arte griego.[33]
Pitágoras de Samos (570-500 a. C.) es crucial en todos los sentidos para la
historia del ∞. (En realidad, es más exacto decir «la Divina Hermandad de
Pitágoras» o por lo menos «los pitagóricos», porque en relación con
el ∞ no es tan importante el hombre como la secta). Fue la metafísica
pitagórica la que combinó explícitamente el to apeiron de
Anaximandro con el principio de límite (peras en griego) que otorga
estructura y orden —la posibilidad de forma— al vacío primigenio. La Divina
Hermandad de Pitágoras (D. H. P.), que, como es bien sabido, fundó una religión
entera del número, postuló este límite como matemático, geométrico.
Es la acción del peras sobre to apeiron la
que da lugar a las dimensiones geométricas del mundo concreto: to
apeiron limitado una vez da lugar al punto geométrico, limitado dos
veces da lugar a la recta, tres veces da lugar al plano, y así
sucesivamente.
Por extraño o primitivo que esto pueda parecer, era extremadamente importante,
y también lo eran los pitagóricos. Su cosmología basada en el peras implicaba
que la génesis de los números era la génesis del mundo. Sí, la excentricidad de
la D. H. P. es legendaria, igual que sus reglas estacionales para el sexo o el
odio patológico de Pitágoras hacia las legumbres. Pero fueron las primeras personas
que consideraron, y adoraron, los números como abstracciones. El puesto central
del número 10 en su religión, por ejemplo, no estaba relacionado con los dedos,
sino con el estatus del número 10 como la suma perfecta de
1 +
2 + 3 + 4.
Los
miembros de la D. H. P. fueron también los primeros filósofos que trataron de
forma explícita la relación metafísica entre las realidades matemáticas
abstractas y las realidades empíricas concretas. Su postura fundamental era que
la realidad matemática y el mundo concreto eran lo mismo, o más bien que la
realidad empírica era una especie de sombra o proyección de las matemáticas
abstractas.[34] Además,
muchos de sus argumentos a favor de la primacía del número se basaban en el
hecho observado de que las relaciones matemáticas puramente formales tenían
sorprendentes consecuencias para los fenómenos del mundo real. Un famoso
ejemplo es cómo la D. H. P. obtuvo la razón áurea
(cuya
solución es aproximadamente 55/34), de las conchas marinas y los troncos de
algunos árboles y estableció su uso en la arquitectura.
Como se ha mencionado, algunas de estas conexiones fueron conocidas por
culturas anteriores como los egipcios, o quizás «usadas» sería mejor, pues los
egipcios tenían un interés nulo en conocer cuáles eran realmente las
conexiones, o en qué significaban.
Un par más de ejemplos. En la práctica, los egipcios habían usado lo que ahora
llamamos el teorema de Pitágoras en ingeniería y agrimensura a lo largo del
Nilo, pero fue Pitágoras quien lo convirtió en un auténtico teorema, y lo
demostró. Muchas culturas pregriegas también tocaban música, pero fue la D. Η.
P. la que descubrió los conceptos de octava, de quinta perfecta, etc.,
observando que ciertos intervalos musicales siempre se correspondían con
ciertas razones entre las longitudes de las cuerdas pulsadas: de 2 a 1, de 3 a
2, y así sucesivamente.
Como las cuerdas eran rectas y las rectas eran entes geométricos/matemáticos,[35] las
razones entre las longitudes de las cuerdas eran lo mismo que razones entre
números enteros, o sea números racionales, que resultan ser los entes
fundamentales de la metafísica pitagórica.
Etcétera, siendo lo importante que los intentos de la D. Η. P. para articular
las conexiones entre la realidad matemática y el mundo físico eran parte del
proyecto, más amplio, de la filosofía presocrática, el cual era básicamente dar
una explicación racional, no mitopoiética, de lo que era real y de su origen.
Quizás incluso más importante que la D. Η. P., en relación con el ∞, es el
protomístico Parménides de Elea (hacia el 515-? a. C.), no solo porque su
distinción entre «Vía de Verdad» y «Vía de Apariencia» delimitó los términos de
la metafísica griega y (también) influyó en Platón, sino porque el discípulo y
defensor nº 1 de Parménides fue el antes mencionado Zenón, el más
endiabladamente listo e irritante de todos los filósofos griegos (al que se
puede ver dándole un palizón a Sócrates, argumentativamente hablando, en el
Parménides de Platón).
Los argumentos de Zenón a favor de la metafísica de Parménides tomaron la forma
—como también se ha mencionado— de algunas de las más profundas y enrevesadas
paradojas de la historia del mundo. A favor de la relevancia de estos
rompecabezas para nuestro propósito general, he aquí otra bonita cita de
Bertrand Russell:
En
este mundo caprichoso, nada es más caprichoso que la fama póstuma. Uno de los
más notables ejemplos de la falta de juicio de la posteridad es el eleático
Zenón […], que puede ser considerado el fundador de la filosofía del infinito.
Inventó cuatro argumentaciones, todas inconmensurablemente sutiles y profundas,
para demostrar que el movimiento es imposible, que Aquiles nunca puede alcanzar
a la tortuga, y que una flecha en pleno vuelo está realmente en reposo. Tras
ser refutadas por Aristóteles, y por todos los filósofos posteriores desde
entonces hasta nuestros días, dichas argumentaciones fueron reformuladas, y
constituyeron la base de un renacimiento matemático, por parte de un profesor
alemán, quien probablemente nunca soñó en ninguna conexión entre él mismo y
Zenón (Russell, Mysticism and Logic, pág. 76).
Dicho
sea de paso, la metafísica de Parménides —que es incluso más aventurada que la
de la D. H. P., y que en retrospectiva se parece más a la religión oriental que
a la filosofía occidental— se puede describir como una especie de monismo
estático,[36] y las
paradojas de Zenón (que en realidad son más de cuatro) están, conforme a ello,
dirigidas contra la realidad de
1. la
pluralidad y
2. la
continuidad.
Por
ahora nos interesa (2), que para Zenón toma la forma, como menciona Russell,
del movimiento físico tal como lo conocemos habitualmente.
El argumento básico de Zenón contra la realidad del movimiento se conoce como
la dicotomía. Parece muy simple y se desarrolla en dos de sus más famosas
paradojas: «El Estadio» y «Aquiles contra la Tortuga». La
dicotomía es usada y analizada posteriormente, con todo tipo de presentaciones
e intenciones, por Platón, Aristóteles, Agripa, Plotino, santo Tomás de Aquino,
Leibniz, John Stuart Mill, Francis Herbert Bradley y William James (sin olvidar
a Douglas Hofstadter en Gödel, Escher, Bach). Veamos cómo funciona.[37] Usted
está en una esquina, el semáforo cambia e intenta cruzar la calle. Observe la
maniobra al usar el término «intenta». Porque antes de que usted pueda cruzar
toda la calle, obviamente tiene que hacer la mitad del recorrido. Y antes de
hacer la mitad del recorrido, debe hacer la mitad de la mitad del recorrido.
Esto no es más que sentido común. Y antes de hacer la mitad de la mitad del
recorrido, debe hacer la mitad de la mitad de la mitad del recorrido, y así
sucesivamente. Y más. Expresado de un modo más excitante, la paradoja es que un
peatón no puede desplazarse del punto A al punto B sin cruzar todos los
subintervalos sucesivos de AB, cada uno de los cuales tiene una longitud
donde
los valores de n forman la secuencia (1, 2, 3, 4, 5, 6, …), y
donde los puntos suspensivos significan, por supuesto, que la secuencia no
termina nunca. Continúa para siempre. Este es el temido regressus in
infinitum, también conocido como regresión infinita viciosa o RIV.
Lo que la convierte en «viciosa» en este caso es que le pide a usted que
realice un número infinito de acciones antes de alcanzar su objetivo, lo cual
—como «infinito» consiste precisamente en que la cantidad de dichas acciones no
tiene fin— convierte al objetivo en algo lógicamente imposible. O sea, que
usted no puede cruzar la calle.
La manera estándar de esquematizar la dicotomía es habitualmente:
1. Para
cruzar el intervalo AB primero tiene que cruzar todos los subintervalos
2. Hay
una cantidad infinita de tales subintervalos.
3. Es
imposible cruzar una cantidad infinita de subintervalos en una cantidad finita
de tiempo.
4. Por
lo tanto, es imposible cruzar AB.
No
hace falta decir que el intervalo AB no tiene por qué ser una calle muy ancha,
ni siquiera una calle. La dicotomía se aplica a cualquier tipo de movimiento
continuo. En clase, al doctor Goris le gustaba presentar la argumentación en
términos del movimiento del dedo desde la falda hasta la punta de la nariz. Y,
por supuesto, como sabe cualquiera que haya logrado alguna vez cruzar una calle
o tocarse la nariz, tiene que haber algo sospechoso en el argumento de Zenón.
Hallar y articular esa sospecha es un asunto muy distinto. Tenemos que ir con
cuidado, también: hay más de una manera de equivocarse.
Si estudió usted algo de matemáticas de bachillerato, por ejemplo, puede ser
tentador decir que el paso (2) de la dicotomía esconde una simple falacia,
concretamente la de suponer que la suma de una serie infinita tiene que ser a
su vez infinita.
Posiblemente recuerde que el
del
paso (1) es simplemente otra manera de representar la serie geométrica
y
que la fórmula correcta para hallar la suma de esta serie geométrica es
donde a es
el primer término de la serie y r es su razón, y que aquí
ambos valen ½, y que
por
lo que en este caso parece que las calles se pueden cruzar y las narices se
pueden tocar sin ningún problema, así que la dicotomía en realidad es solo un
truco con las palabras y no una paradoja en absoluto, excepto tal vez para
civilizaciones demasiado primitivas y poco ilustradas como para conocer la
fórmula de la suma de una serie geométrica.
Solo que esta respuesta no servirá. De momento dejemos a un lado la cuestión de
si es técnicamente correcta. Lo que importa es que es trivial: representa lo
que los filósofos llamarían una visión empobrecida del problema de Zenón.
Pues ¿de dónde sale exactamente
como
fórmula para sumar esta serie geométrica? Es decir, dicha fórmula ¿es solo un
poco de palabreo «legalista» para evitar que existan ciertas paradojas, o es
matemáticamente «significativa» en el sentido de Hardy? Y ¿cómo determinamos
cuál es?
Curiosamente, cuanto más estándar fuera la lección de matemáticas que recibió,
más difícil será evitar responder de una manera demasiado pobre. Como, por
ejemplo, justificar
indicando,
en la mejor tradición del 2º curso de cálculo,[38] que la
serie geométrica relevante en este caso es un subtipo particular de serie
infinita convergente, y que la suma de tal serie se define como el límite de la
sucesión de sus sumas parciales (es decir, si la sucesión s1, s2, s3,
…, sn, … de las sumas parciales de una serie tiende a un
límite S, entonces S es la suma de la serie), y
que podemos afirmar con seguridad, respecto a dicha serie, que
así
que
funciona
perfectamente… en cuyo caso usted habrá respondido una vez más a la dicotomía
de Zenón de un modo que es complejo, formalmente excitante, técnicamente
correcto y profundamente trivial. En la línea de responder «Porque es ilegal»
como respuesta a «¿Por qué está mal matar?».
El problema con las clases de matemáticas de bachillerato —las cuales consisten
casi completamente en la ingestión y la regurgitación rítmicas de información
abstracta, y cuyo ritmo es tal que maximiza este flujo de datos recíproco— es
que su misma dificultad superficial puede hacernos creer que realmente sabemos
algo cuando todo lo que «sabemos» realmente son fórmulas abstractas y reglas
para su aplicación. En las clases de matemáticas raramente aprendemos si cierta
fórmula es verdaderamente significativa, o por qué, o de dónde salió, o qué
dependía de ella.[39] Hay
claramente una diferencia entre ser capaz de usar una fórmula de forma correcta
y saber realmente cómo resolver un problema, saber por qué un problema es un
problema matemático de verdad y no un simple ejercicio. Respecto a esto véase
un pasaje más de Russell sobre Zenón,[40] esta
vez destacando algunas partes:
Zenón
se preocupó, de hecho, acerca de tres problemas, cada uno planteado por el
movimiento pero cada uno más abstracto que el movimiento, y susceptible de un
tratamiento puramente aritmético. Esos son los problemas de lo infinitesimal,
lo infinito y la continuidad. Enunciar claramente las dificultades involucradas
quizás era lograr la parte más dura de la tarea del filósofo (Russell,
Mysticism and Logic, pág. 77).
Además,
no
consigue aclarar las dificultades en vueltas, pues le falta contexto y no
aporta motivación. Poner en claro dichas dificultades es, de hecho, la
verdadera dificultad con la que nos encontramos aquí (y si usted empieza a
sentir cierta incomodidad/dolor de cabeza, sabrá que estamos en el auténtico
territorio de Zenón).
En primer lugar, para ahorrarnos por lo menos 103 palabras,
eche un vistazo de tipo recordatorio a las dos siguientes gráficas
esquemáticas, una de la sucesión divergente[41] correspondiente
a 2n y la otra de la sucesión convergente expresada por
Una
de las auténticas dificultades contextuales que rodeaban la dicotomía era que
los griegos no tenían ni usaban el 0 en sus matemáticas (el 0 había sido una
invención babilonia muy tardía, puramente práctica y actuarial, hacia el año
300 a. C.). Por lo tanto, se podría decir que al no haber número/cantidad
reconocido/a hacia donde pueda converger la sucesión convergente
(véase
la Figura 2a(2)), las matemáticas griegas carecían de equipamiento conceptual
para comprender la convergencia, los límites, las sumas parciales, etc. Esto
sería verdad en cierto sentido,[42] y no
completamente trivial.
Aún
menos trivial es el mencionado temor griego de to apeiron. Zenón
fue el primer filósofo en usar ese agujero negro de la lógica que viene a ser
el ∞ como una auténtica herramienta argumentativa, es decir, la regresión
infinita viciosa (RIV), que incluso actualmente se usa en argumentaciones
lógicas como un método de demostración en la línea de la reducción al absurdo.
Ejemplo: en epistemología, la RIV es la manera más fácil de refutar la
afirmación habitual de que para saber realmente algo hay que saber que se sabe.
Como en la mayoría de las demostraciones por RIV hay algo maliciosamente
divertido en esta. Sea x una variable con la cual denotaremos cualquier hecho o
estado de cosas que pueda ser precedido por el término «que» y reformulemos la
afirmación original como (1) «Para saber que x, tiene que saber que
sabe que x». Como la frase entera «que sabe que x» también es un
hecho o estado de cosas, en el siguiente paso de la demostración puede
simplemente sustituir x por [sabe que x] dentro de
la afirmación original y, mutatis mutandis, el resultado es (2) «Para saber que
[sabe que x], tiene que saber que sabe que [sabe que x]»,
la siguiente y totalmente válida extensión de la cual es (3) «Para saber que
[sabe que sabe que x], tiene que saber que sabe que [sabe que sabe
que x]», y así sucesivamente, ad infinitum, exigiéndole que
satisfaga una cantidad sin fin de precondiciones para saber cualquier cosa.
[SEI La
RIV es una herramienta tan poderosa que puede usted usarla fácilmente para
irritar competidores profesionales o enfurecer a su pareja en conflictos
domésticos, o (aún peor) para volverse loco usted mismo en la cama por la
mañana pensando, por decir algo, en cualquier tipo de relación entre dos cosas
o términos, como cuando decimos que 2 y 4 están relacionados por la función y =
x2, o que si las nubes provocan la lluvia, entonces las nubes y la lluvia
tienen una relación causal. Si usted considera la idea en abstracto y pregunta,
respecto a cualquier relación, si dicha relación está ella misma relacionada
con los dos términos que relaciona, la respuesta es ineludiblemente sí (pues es
imposible ver cómo una relación puede conectar dos términos a menos que tenga
su propia relación con cada uno, del modo en que un puente entre dos orillas
tiene que estar conectado con cada orilla), en cuyo caso la relación entre,
digamos, las nubes y la lluvia en realidad implica dos relaciones más —o sea,
aquellas entre (1) las nubes y la relación y (2) la lluvia y la relación—, cada
una de las cuales obviamente implica dos más, y así sucesivamente, ad
infinitum…, lo cual no resulta ser en absoluto un camino abstracto divertido ni
productivo para seguir a tempranas horas de la mañana, especialmente porque la
serie geométrica de relaciones en este caso es más bien divergente y no
convergente, y como tal está relacionada con todo tipo de series divergentes
modernas y especialmente temibles, como el aumento exponencial del cáncer, la
fisión nuclear, la epidemiología, etc. También vale la pena observar que las
horribles RIV divergentes, como las que acabamos de ver, siempre involucran la
metafísica de las abstracciones, tales como «relación» o «conocimiento». Es
como si siempre se abriera algún tipo de rendija o fisura en el desplazamiento
de los casos particulares de conocimiento/relación al conocimiento/relación in
abstractus].
Zenón
mismo está casi fetichísticamente atado a la RIV divergente y la usa en varias
de sus paradojas menos conocidas. Aquí está una P. Z.[43] específicamente
antipitagórica contra la idea de que cualquier cosa puede estar en algún sitio
en particular, lo que se puede esquematizar de la siguiente forma simplificada:
1. Todo
lo que existe está en alguna ubicación.
2. Por
lo tanto, la ubicación existe.
3. Pero
por (1) y (2), la ubicación tiene que estar en una ubicación, y
4. Por
(1)-(3), la ubicación de la ubicación tiene que estar ella misma en una
ubicación, y…
5. así
sucesivamente ad infinitum.
A
esta es fácil verle los engranajes, pues aquí la verdadera dificultad
russelliana es cierta imprecisión respecto a «existir». En realidad, como los
antiguos griegos ni siquiera tenían un verbo específico para la existencia, el
infinitivo relevante es el aún más impreciso «estar». Desde un punto de vista
puramente gramatical, el argumento de Zenón puede ser acusado de la clásica
falacia de la equivocación,[44] pues
«estar» puede tener todo tipo de significados distintos, por ejemplo, «Estoy
asustado» en comparación con «Está lloviendo» o «Estar ahí». Pero puede usted
ver que continuar en esta línea conducirá (una vez más) a las cuestiones más
profundas de la paradoja, las cuales son (otra vez de nuevo) metafísicas: ¿qué
significan exactamente estos diferentes sentidos de «estar»?, y en particular,
¿qué significa el sentido más especializado de «existir»?, es decir, ¿qué tipo
de cosas existen realmente?, y ¿de qué maneras?, y ¿hay diferentes tipos de
existencia para diferentes tipos de cosas?, y entonces, ¿algunos tipos de
existencia son más básicos o sustanciales que otros? Etcétera.
Se habrá dado cuenta de que ya nos hemos topado con este tipo de cuestiones una
docena de veces y todavía estamos a más de dos mil años de Georg Cantor. Son la
verdadera oveja negra en la historia del ∞ y no hay manera de evitarlas si
queremos algo más que un montón de clases vomitadas de matemáticas abstractas
sobre teoría de conjuntos transfinita. Trato hecho. Ahora es el momento de
trazar un esbozo del argumento de Platón del Uno Sobre Muchos (U. S. M.), que
es precisamente el tratamiento clásico de este tipo de cuestiones al aplicarlas
al asunto de la predicación.
Puede que también recuerde el U. S. M. del instituto. En ese caso relájese
porque esto no durará mucho. Para Platón, si dos individuos tienen algún
atributo común y, por lo tanto, pueden ser descritos[45] por el
mismo predicado —«Tom es un hombre», «Dick es un hombre»—, entonces hay algo en
virtud de lo cual Tom y Dick (junto a todos los demás referentes del predicado
nominativo «hombre») tienen ese atributo en común. Ese algo es la «forma» ideal
hombre, forma que es lo que realmente, definitivamente existe, mientras que los
hombres individuales son solo manifestaciones temporales de la forma, con una
especie de existencia prestada o derivada, como las sombras o las imágenes
proyectadas. Esta es una versión muy simplificada, pero no distorsionada, del
U. S. M., e incluso a este nivel no debería ser difícil ver las influencias de
Pitágoras y Parménides en la teoría ontológica de Platón sobre las «formas», de
la cual el U. S. M. es obviamente una parte.
Aquí es donde la verdad se vuelve un poco complicada. Como parece suceder a
menudo, la complicación involucra a Aristóteles. Es cierto que la primera
mención del U. S. M. está en el Parménides de Platón, pero de hecho lo que hizo
famoso al argumento fue la Metafísica de Aristóteles,[46] que
intenta demolerlo en una extensa discusión. El contexto podría llenar varias
estanterías pero podemos omitir la mayor parte.[47] Lo
extraño (por razones que están al caer) es que el argumento más conocido de
Aristóteles contra la teoría de las formas de Platón es virtualmente el Zenón
de los libros de texto. Ese argumento, habitualmente llamado del Tercer Hombre,
es a todos los efectos una reducción al absurdo de tipo RIV divergente aplicada
al U. S. M. Tras observar que tanto los hombres individuales como la forma
hombre obviamente comparten alguna cualidad o atributo predicativo, Aristóteles
indica que entonces tiene que haber otra forma metafísica —digamos hombre'— que
incluye ese atributo común, lo cual implica aún otra forma, hombre'', para
incluir lo predicativamente común a hombre' y [hombre + hombre], etc., ad
infinitum.
Le parezca o no válido el argumento del Tercer Hombre como refutación del U. S.
M. puede muy bien haberse dado cuenta de que la teoría de las formas de Platón[48] tiene
sus propios problemas, como, por ejemplo, una conspicua ridiculez cuando el U.
S. M. se aplica a ciertos predicados: ¿hay una forma ideal del hecho de ser
zurdo?, ¿de la estupidez?, ¿de la porquería? Pero observe que la teoría de
Platón tiene mucha más potencia y plausibilidad cuando se aplica a cualquier
tipo de sistema que depende de relaciones formales entre abstracciones. Como,
por ejemplo, a las matemáticas. El desplazamiento conceptual de «cinco
naranjas» y «cinco céntimos» a la cantidad cinco y el número entero 5 es
precisamente el desplazamiento de Platón de «hombre» y «hombres» a Hombre.
Recuerde, después de todo, la conclusión de Hardy en § 1c: cuando usamos una
expresión como
«2 +
3 = 5»
lo
que estamos expresando es una verdad general cuya generalidad depende de la
abstracción total de los términos involucrados. En realidad estamos diciendo
que dos cosas cualesquiera más tres cosas cualesquiera son igual a cinco cosas
cualesquiera.
Solo que realmente nunca decimos eso. En cambio, hablamos del número 2 y del
número 5, y sobre relaciones entre esos números. Vale la pena «una vez más»
indicar que esto podría ser solo una maniobra semántica, o metafísica, o ambas
cosas. Y vale la pena recordar aquellas dos cosas del § 1d sobre los sentidos
predicativo y nominativo de «longitud» y «gramo», y los diferentes tipos de
afirmaciones de existencia envueltas en «No veo nada en el camino» y «El hombre
es curioso por naturaleza» y «Está lloviendo».
Y entonces considerar, cuidadosamente, las afirmaciones de existencia que
suscribimos cuando hablamos de números. ¿Es el «5» solo algún tipo de
abreviatura intelectual para todos los conjuntos quíntuples del mundo real?[49]Parece
bastante claro que no lo es, o por lo menos que esto no es todo lo que «5» es,
pues hay montones de cosas acerca del 5 (por ejemplo, que 5 es primo, que la
raíz cuadrada de 5 es 2,236…) que no tienen nada que ver con conjuntos de
objetos reales, pero sí tienen que ver con cierto tipo de entidad llamada
números y con sus cualidades y relaciones.
La existencia real, aunque extraña, de los números es también sugerida por el
modo en que muchas de esas cualidades y relaciones —como, por ejemplo, que √5 no
se puede expresar ni como un decimal finito ni como una razón de números
enteros— parece que en realidad son descubiertas en lugar de ser inventadas o
propuestas y después defendidas. La mayoría de nosotros nos sentiríamos
inclinados a decir que √5 es un número irracional incluso si nunca nadie
demostrara realmente que lo es, o por lo menos resulta que para negarlo habría
que comprometerse con una teoría muy compleja y de aspecto extraño acerca de
qué son los números. Todo este asunto es, por supuesto, increíblemente complejo
(lo cual es una de las razones por las que hablamos de él solo a pequeños
pedazos contextuales), porque no solo la cuestión es abstracta, sino que todo a
lo que se refiere es una abstracción: existencia, realidad, número…
Pero considere también por un momento cuántos niveles de abstracción
intervienen en las propias matemáticas. En la aritmética está la abstracción
del número. Y luego está el álgebra, donde una variable es un símbolo aún más
abstracto de algún número o números y una función es una precisa pero abstracta
relación entre dominios de variables. Y luego, por supuesto, están las
matemáticas de bachillerato y sus derivadas e integrales de funciones, y luego,
ecuaciones integrales que involucran funciones desconocidas, y familias de
funciones en el caso de las ecuaciones diferenciales, y funciones compuestas
(que son funciones de funciones), e integrales definidas calculadas como la
diferencia entre dos integrales, y así sucesivamente hacia arriba a través de
la topología y el análisis tensorial y los números complejos y el plano
complejo y los complejos conjugados de matrices, etc., con lo que toda la
aventura se convierte en una especie de torre de pasteles con abstracciones de
abstracciones de abstracciones que bien vale la pena suponer que todo lo que se
está manipulando es algo real y tangible, o si no uno se queda tan abstraído
que no puede ni sacar punta al lápiz y mucho menos hacer cálculos.
Los aspectos más relevantes respecto a todo esto son que la cuestión de la
realidad última de los entes matemáticos no es solo enojosa, sino también
controvertida, y que, de hecho, fueron las teorías de Cantor sobre el ∞ las que
pusieron dicha controversia en primer plano dentro de las matemáticas modernas.
Y que en esta controversia, los matemáticos que tienden a considerar las
cantidades y relaciones matemáticas como metafísicamente reales se llaman
platónicos,[50] y por
lo menos ahora está claro el porqué, y el término podrá reaparecer más
adelante.
§ 2b.
El primer no platónico realmente serio es Aristóteles. Sin embargo, lo que
resulta extraño e irónico de la RIV al estilo de Zenón que Aristóteles usa
contra la metafísica de Platón es que Aristóteles también realiza el primer y
más importante intento griego de refutar las paradojas de Zenón. Esto está
principalmente en los Libros III, V y VIII de la Física y en el Libro IX de la
Metafísica, cuyas discusiones sobre Zenón acabarán teniendo un efecto
pernicioso sobre la manera en que las matemáticas tratarán el ∞ durante los dos
milenios siguientes.
Al mismo tiempo, Aristóteles sí logra articular las dificultades clave en por
lo menos algunas de las paradojas de Zenón, así como plantear claramente y por
primera vez algunas cuestiones realmente vitales relacionadas con el ∞ que
nadie intentará siquiera responder de un modo riguroso hasta el siglo XIX. Por
ejemplo:
«¿Qué
significa exactamente decir que algo es infinito?» y «¿De qué tipo de cosa
podemos siquiera preguntar coherentemente si es infinita o no?» (semiextractado
de Edwards, v. 3, pág. 183).
Respecto
a esas cuestiones centrales, puede que recuerde la famosa predilección de
Aristóteles por la división y la clasificación; literalmente le puso
«analítica» a la filosofía analítica. Véase, por ejemplo, este fragmento de la
discusión de la dicotomía en el Libro VI de la Física: «Pues hay dos sentidos
en los que la longitud y el tiempo y en general cualquier cosa continua se
llaman "infinitos": se llaman así o bien respecto a su divisibilidad,
o bien respecto a sus extremidades [= tamaño]» (VI, 2, 233a), la cual resulta
ser la primera ocasión en la que alguien indica que «infinito» tiene más de un
significado. Aristóteles quiere principalmente distinguir entre un sentido
fuerte o cuantitativo, al significar literalmente infinito en tamaño, longitud
o duración, y un sentido más débil correspondiente a la divisibilidad infinita
de una longitud finita.
La distinción realmente crucial, afirma, involucra el tiempo: «Así, mientras
que en un tiempo finito una cosa no puede entrar en contacto con cosas cuantitativamente
infinitas, puede entrar en contacto con cosas infinitas respecto a la
divisibilidad: pues en este sentido el tiempo mismo es infinito» (ibíd.).
Ambas citas precedentes provienen de dos de los principales argumentos de
Aristóteles contra la dicotomía de Zenón, tal como se ha esquematizado en las
págs. 57-58. El objetivo de este argumento en particular es la expresión de la
premisa (3) «en una cantidad finita de tiempo». La conclusión de Aristóteles es
que si Zenón puede representar el intervalo AB como la suma de un número
infinito de subintervalos, el tiempo adjudicado para cruzar AB debería
representarse del mismo modo: digamos
|
t/2 |
para recorrer |
|
|
t/4 |
para recorrer |
|
|
t/8 |
para recorrer |
|
Pero este argumento no es de gran ayuda, pues tener una cantidad infinita de
tiempo para cruzar la calle no es menos contradictorio que la propia dicotomía
original respecto a nuestra experiencia cuando cruzamos la calle en diez
segundos. Además, es fácil construir versiones de las P. Z. que no requieren
explícitamente acción o tiempo transcurrido. (Por ejemplo, imagine un queso
cuya primera porción es = a la mitad del queso entero, y la siguiente porción,
= la mitad de la primera porción y puntos suspensivos ad infinitum: ¿hay una
última porción de queso o no?). La cuestión: los contraargumentos relacionados
con el tiempo secuencial o con subintervalos o incluso movimientos humanos
reales siempre acabarán empobreciendo la dicotomía y no lograrán subrayar las
verdaderas dificultades involucradas. Porque Zenón puede corregir su
presentación y simplemente decir que estar en A y luego estar
en B requiere que usted ocupe los infinitos puntos
correspondientes a la secuencia
o,
peor, que llegar a B en absoluto implica que usted haya
ocupado ya una secuencia infinita de puntos. Y esto parece contradecir bastante
claramente la idea de una secuencia infinita: si «∞» significa realmente «sin
fin», entonces una secuencia infinita es una secuencia donde, sin importar
cuántos términos se tomen, todavía quedan términos restantes. O sea, que
podemos olvidarnos de cruzar calles o tocarnos la nariz. Zenón puede hacer
girar su molinillo en términos de secuencias abstractas y de que hay algo
inherentemente contradictorio o paradójico en la idea de que una secuencia
infinita jamás pueda completarse.
Contra esta segunda versión más abstracta y dañina de la dicotomía, Aristóteles
lanza su argumento más influyente. Este depende de la semántica de «infinito»,
también, pero es diferente, y se centra en el mismo tipo de cuestiones
predicativas que surgen en el U. S. M. y en la paradoja de la ubicación de
Zenón. Tanto en la Física como en la Metafísica, Aristóteles traza una
distinción entre dos cosas distintas que podemos querer decir en realidad
cuando usamos «haber» + ∞ en una oración predicativa como «Hay un número
infinito de puntos que deben ser ocupados entre A y B».
La distinción es solo superficialmente gramatical; en realidad, es una
distinción metafísica entre dos afirmaciones de existencia radicalmente
diferentes implícitos en el «hay» de la oración. La dicotomía parece depender
de que no veamos esto. La distinción es entre realidad y potencialidad como
cualidades predicativas, y la argumentación general de Aristóteles es que el ∞
es un tipo especial de cosa que existe potencialmente pero no realmente, y que
los predicados con la palabra «infinito» deben aplicarse a las cosas de un modo
correspondiente, como demuestra la confusión de la dicotomía. De manera
específica, Aristóteles afirma que ninguna extensión espacial (por ejemplo, el
intervalo AB) es «realmente infinita», pero que cualquiera de tales
extensiones es «potencialmente infinita» en el sentido de ser infinitamente
divisible.
Todo esto se vuelve muy elaborado y complejo, por supuesto: se dedican carreras
enteras a estudiar de manera sesuda las definiciones de Aristóteles. Baste
decir aquí que la cuestión de la existencia-real-o-potencial-del-∞ es vital
para nuestro relato general aunque reconozcamos su dificultad. No ayuda mucho
que las propias explicaciones y ejemplos de Aristóteles…
Es como el que está construyendo respecto al que tiene la capacidad de
construir, o el despierto respecto al dormido, o el que está viendo respecto al
que tiene los ojos cerrados pero puede ver. Definamos la realidad mediante uno
de los miembros de esta antítesis, y la potencialidad mediante el otro. Pero no
afirmamos que todas las cosas tengan existencia real en el mismo sentido, sino
solo por analogía, como A en B o respecto
a B, C en D o respecto a D,
pues algunas son como el movimiento respecto a la potencia, y las otras como la
sustancia respecto a algún tipo de materia… (Metafísica, IX, 6, 1048a-b)
… no son exactamente prodigios de claridad. Lo que quiere decir con «potencial»
es, póngase énfasis en esto, no el tipo de potencialidad por el cual una niña
es potencialmente una mujer o una bellota es un roble en potencia. Es más bien
como el extraño y abstracto tipo de potencialidad por el cual una copia
perfecta de la Pietà[51] de
Miguel Ángel existe potencialmente en un bloque de mármol intacto. O,
hablando del ∞, el modo en que cualquier cosa que suceda cíclicamente (o, en
términos de A., «sucesivamente») —como, por ejemplo, que sean las
6:54, lo cual ocurre cada día puntualmente— para Aristóteles es potencialmente
infinita en el sentido de que es posible una recurrencia periódica sin fin de
que sean las 6:54, aunque el conjunto de todos los momentos 6:54 no puede ser
realmente infinito porque nunca coexistirán todos los 6:54: el ciclo periódico
nunca será «completado».[52]
Probablemente pueda usted ver cómo va a desarrollarse todo esto en relación con
la dicotomía. Pero también tiene su truco. Las analogías de la estatua y de las
6:54 aquí no van a funcionar demasiado bien. Cierto, el intervalo AB y/o el
conjunto de todos los subintervalos o puntos entre A y B no
es «realmente infinito» sino solo «potencialmente infinito». Pero aquí el
sentido en el que Aristóteles quiere decir que «AB es
potencialmente infinito» es más cercano a la idea, digamos, de precisión
infinita en la medición. Lo cual se puede ilustrar del siguiente modo. La
altura actual de mi sobrina mayor, que es de unos 97,9 cm, puede precisarse
hasta 97,87 cm, y con un entorno más controlado y equipamiento sofisticado sin
duda alguna podría precisarse todavía más y más, hasta tres, once o n
decimales, donde n es, potencialmente, ∞; pero solo potencialmente ∞, porque es
obvio que en el mundo real nunca habrá ninguna manera de lograr una precisión
verdaderamente infinita, aunque sea posible «en principio». De esta manera,
para Aristóteles, AB es «en principio» infinitamente
divisible, aunque esta división infinita nunca se puede llevar a cabo con toda
verdad en el mundo real.
SEI Un
poco de complicación final: En su mayor parte, lo que Aristóteles llama
«número» (en el sentido de las cantidades matemáticas en general) aparentemente
es potencialmente infinito no en el modo en que la medición es potencialmente
infinita, sino en el modo en que el conjunto de todos los instantes 6:54 es
potencialmente infinito. Por ejemplo, el conjunto de todos los enteros es
potencialmente infinito en el sentido de que no hay un número entero mayor que
los demás («En la dirección del tamaño siempre es posible pensar en un número
de tamaño mayor» [Aristóteles, Física, III, 6, 207b]), pero no es realmente
infinito porque el conjunto no existe como una entidad completa. En otras
palabras, para Aristóteles los números forman un continuo sucesivo: hay una
cantidad infinita pero nunca coexisten («Se puede tomar una cosa tras otra sin
fin» [ibíd., 206b]).
Como
refutación de la dicotomía de Zenón, la distinción
∞-potencial-respecto-a-∞-real no es demasiado persuasiva, evidentemente ni
siquiera para Aristóteles, cuya regresión del Tercer Hombre parece que se
podría descartar como solo potencialmente infinita. Pero la distinción acaba
resultando enormemente importante para la teoría y la práctica de las
matemáticas. En resumen, relegar el ∞ al estatus de potencialidad permitió que
las matemáticas occidentales, o bien descartaran las cantidades infinitas, o bien
justificaran su uso, o a veces ambas cosas, dependiendo de las intenciones. Es
todo muy extraño. Por un lado, el argumento de Aristóteles dio credibilidad al
rechazo griego del ∞ y de la «realidad» de las series infinitas, y fue una
razón importante por la que los griegos no desarrollaron lo que ahora conocemos
como cálculo. Por otro lado, otorgar a las cantidades infinitas por lo menos
una existencia abstracta o teórica permitió que algunos matemáticos griegos las
usaran en técnicas que eran extraordinariamente parecidas al cálculo
diferencial e integral; tan parecidas que, en retrospectiva, es sorprendente
que el cálculo tardara mil setecientos años en ser inventado. Pero, volviendo
al primer punto, una gran razón por la que tardó tantos años fue la penumbra
metafísica a la que Aristóteles, con su concepto de potencialidad, había
desterrado el ∞, y que servía para legitimar la alergia de las matemáticas a un
concepto que de todos modos nunca podría tratar.
Excepto que —volviendo al segundo punto o ya en un tercer punto[53]—cuando
Leibniz y Newton introducen realmente el cálculo hacia 1700, es esencialmente
la metafísica de Aristóteles la que justifica su despliegue de infinitesimales,
o sea dx en la infame
de
las matemáticas de primer año en la universidad. Recuerde, por favor, o sepa,
que una cantidad infinitesimal de algún modo está lo bastante cerca de 0 para
ser despreciable en una suma, es decir x + dx = x,
y lo bastante lejos de 0 para servir como divisor en fórmulas como la que
acabamos de ver. De nuevo, muy brevemente, tratar los infinitesimales como
cantidades potencialmente/teóricamente existentes permitió que los matemáticos
las usaran en cálculos que tenían extraordinarias aplicaciones en el mundo
real, pues eran capaces de abstraer y describir justamente los tipos de
fenómenos suavemente continuos que el mundo contenía.
Estos infinitesimales resultan ser muy importantes. Sin ellos puede usted caer
en grietas como la cuestión de 0,999… = 1,0 a la que hemos echado un vistazo en
§ 1c.
Como prometimos entonces, la salida más rápida en este caso es permitir
que xrepresente no 0,999…, sino 1 menos cierto infinitesimal, al
que llamaremos 1/∞ , tal que
1
> (1 - 1/∞) > 0,999…
Entonces
se pueden hacer las mismas operaciones que antes:
en
cuyo caso x todavía da (1 - 1/∞) y
no hay ninguna fea confabulación con 1,0.
Excepto, claro está, que la cuestión es si tiene sentido metafísico o
matemático postular la existencia, ya sea real o potencial, de cierta cantidad
que es < 1 pero a la vez excede el decimal infinito 0,999… El problema es
doblemente abstracto, porque no solo 0,999… no es una cantidad del tipo de las
del mundo real, sino que es algo que ni siquiera podemos concebir como un ente
matemático: sea cual sea la relación entre 0,999… y (1 - 1/∞)
existe[54] más
allá del decimal n-ésimo, un lugar al que nada ni nadie puede llegar nunca, ni
siquiera en teoría. Así que no queda claro si no estamos simplemente cambiando
un tipo de grieta paradójica por otro. Este es un tipo más de cuestión de las
que fueron totalmente polémicas hasta que llegaron Weierstrass, Dedekind y
Cantor en el siglo XIX.
Piense lo que piense usted de la ontología de tipo potencial de Aristóteles
para el ∞, observe que por lo menos estuvo muy acertado en el uso de palabras
como «punto» y «existen» en la oración no predicativa «Hay [= existen] un
número infinito de puntos intermedios entre A y B».
Igual que en la paradoja de la ubicación de Zenón, obviamente aquí hay alguna
imprecisión semántica. En la dicotomía revisada, la imprecisión se halla en la
correspondencia implícita entre un ente matemático abstracto —en este caso una
serie geométrica— y el espacio físico real. Pero no está claro que «existir»
sea el blanco más vulnerable: hay una ambigüedad bastante más obvia en la
semántica de «punto». Si A y B son los dos
lados de una calle del mundo real, entonces la expresión «el número infinito de
puntos entre A y B» está usando «punto» para denotar una ubicación precisa en
el espacio físico. Pero en la expresión «el número infinito de puntos
intermedios designado por AB/2n »,
«punto» se refiere a una abstracción matemática, un ente sin dimensión, con
«posición pero no magnitud». Para ahorrarnos varias páginas de concienzudo
análisis que puede usted hacer en su tiempo libre,[55] aquí
observaremos simplemente que cruzar un número infinito de puntos matemáticos
sin dimensión no es obviamente paradójico del modo en que lo es cruzar un
número infinito de puntos del espacio físico. Respecto a esto, el argumento de
Zenón puede parecerse más bien al rompecabezas de los tres-hombres-en-un-motel
del § 1: la traducción de una situación esencialmente matemática al lenguaje
natural nos lleva a olvidar que las palabras normales pueden tener significados
y referentes enormemente distintos. Observe, una vez más, que el simbolismo
abstracto y el esquematismo de las matemáticas puras están diseñados para
evitar precisamente este problema, y que este es el motivo por el que las
definiciones matemáticas técnicas a menudo son tan soporíferamente densas y
complejas. No debe caber ninguna ambigüedad o equivocación. Las matemáticas,
como medir la altura de los niños, son una actividad consagrada al ideal de la
precisión.
Lo cual suena todo muy bien, excepto que resulta que también hay una inmensa
ambigüedad —formal, lógica, metafísica— en muchos de los términos y conceptos
básicos de las matemáticas mismas. De hecho, los conceptos matemáticos más
fundamentales habitualmente son los más difíciles de definir. Esto en sí mismo
es una característica de los sistemas formales. La mayor parte de las
definiciones matemáticas están construidas a partir de otras definiciones. Son
las cosas realmente básicas las que tienen que definirse a partir de casi nada.
Con un poco de suerte, y por razones que ya se han analizado, esas cosas
básicas tendrán algo que ver con el mundo en el que realmente vivimos todos.
§ 2c.
Volvamos por un momento al tema de Zenón-y-la-semántica-de-«punto». La relación
entre un ente matemático (por ejemplo, una serie, un punto geométrico) y el
espacio físico real es también la relación de lo discreto con lo continuo.
Piense en un camino adoquinado en contraste con una carretera recién asfaltada.
Como lo que la dicotomía intenta hacer es descomponer un proceso físico
continuo en una serie infinita de pasos discretos, puede verse como el primer
intento en la historia de representar la continuidad matemáticamente. No
importa que Zenón en realidad estuviera intentando demostrar que la continuidad
era imposible; igualmente fue el primero. También fue el primero en reconocer[56]que hay más
de un tipo de ∞. El to apeiron de la cosmología griega es pura
extensión, tamaño infinito, y la serie de enteros 1, 2, 3… asciende y se aleja
hacia ese mismo tipo de Gran ∞. Mientras que por otro lado el Pequeño ∞ de
Zenón parece estar como anidado, en medio de los enteros ordinarios, y esto
último es naturalmente difícil de concebir.
Resulta que la manera más clara de representar estos dos tipos diferentes de ∞
es con la buena y vieja recta numérica (R. N.), componente habitual de las
aulas escolares.[57] La
recta numérica es otro legado de los griegos, que, como recordará, trataban los
números y las formas geométricas casi del mismo modo. (Euclides, por ejemplo,
rechazaba cualquier razonamiento matemático que no pudiera ser «construido», es
decir, demostrado conforme a la geometría.)[58]
Lo que debemos valorar de la recta numérica y su modesto matrimonio de
matemáticas y geometría es que también se trata de la perfecta unión entre
forma y contenido. Porque cada número corresponde a un punto, y como la recta
numérica a la vez contiene todos los puntos y determina su orden, los números
pueden definirse completamente según su posición en la R. N. en relación con
las posiciones de otros números. Por ejemplo, 5 es el entero inmediatamente a
la derecha de 4 y a la izquierda de 6, y decir que 5 + 2 = 7 es como decir que
7 está dos posiciones a la izquierda de 5; es decir, la «distancia» matemática
entre dos números distintos puede ser representada e incluso calculada de forma
gráfica. Incluso sin el cero o enteros negativos[59], y con la
definición más bien difusa de «punto» dada por Euclides como «aquello que no
tiene parte», la recta numérica es una herramienta inmensamente poderosa.
También resulta ser la perfecta esquematización de un continuo, en el sentido
de «ente o sustancia cuya estructura o distribución es continua e
ininterrumpida», y como tal la R. N. encarna perfectamente la antinomia de la
continuidad que Zenón propuso y nadie hasta Dedekind pudo resolver. Pues en la
R. N. se cumplen las dos cosas siguientes:
1. Cada
punto está próximo a otro punto,
2. Entre
dos puntos cualesquiera siempre hay otro punto.
Aunque
todo el mundo sabe qué aspecto tiene, la recta numérica[60] se
reproduce aquí, empezando por el 0 que los griegos, por motivos que ahora no
importan, no tenían:
Si
el Gran ∞, el infinito en extensión, está a la derecha interminable de la recta
numérica, el Pequeño ∞ que Zenón explota se halla en el intervalo de aspecto
totalmente finito entre 0 y 1. Zenón revela que dicho intervalo contiene un
número infinito de puntos intermedios, como la secuencia
Lo
que es más (por decirlo así), está claro que este infinito de 1/2n no
agota realmente los puntos entre 0 y 1, pues omite no solo sucesiones infinitas
convergentes como
sino
otro conjunto infinito de fracciones 1/x donde x es
un número impar.
Y al considerar que cada una de dichas fracciones corresponderá a su propia
sucesión geométrica infinita a través del desarrollo de1/xn —por
ejemplo,
parece
que el intervalo finito 0 - 1 de la R. N. en realidad aloja una infinidad de
infinitos. Lo cual es, por decirlo con suavidad, metafísicamente confuso y a la
vez matemáticamente ambiguo: ¿será ∞2, ∞∞, o qué?
Solo que la cosa empeora, o mejora. Porque todos los números recién mencionados
son racionales. Probablemente ya sabe que ese adjetivo proviene de «razón» y
que la expresión «los números racionales» se refiere a todos los números
expresables como enteros o como razones de dos enteros (o sea, fracciones).
Esto es solo un recordatorio, pero es importante. El descubrimiento de que no
todos los números son racionales fue por lo menos tan duro para la visión
griega del mundo como las paradojas de Zenón. Y fue especialmente enojoso para
la Divina Hermandad de Pitágoras. Recuerde las convicciones pitagóricas de que
todo es una cantidad o razón matemática y de que nada infinito puede existir
realmente en el mundo (pues «peras→ forma» es lo que hace posible la
existencia para empezar).
Luego recuerde el teorema de Pitágoras. Como se ha mencionado, una curiosidad
interesante es que los de la D. Η. P. no fueron los verdaderos descubridores de
ese teorema. En realidad aparece en tablillas de la Antigua Babilonia tan
tempranas como del 2000 a. C. Una razón por la que se llama teorema de
Pitágoras es que permitió que la D. Η. P. descubriera las «magnitudes
inconmensurables», también llamadas números irracionales.[61]
Dichos números, que resultan ser inexpresables como cantidades finitas, eran
tan letales para la metafísica pitagórica que su descubrimiento fue como la
versión griega del caso Watergate. Recordará de la infancia que el teorema de
Pitágoras no causa problemas con figuras como el triángulo rectángulo de lados
3, 4 y 5 que aparece en las introducciones a la geometría, donde la suma de los
cuadrados de 3 y 4 es un número cuya propia raíz cuadrada es racional. Pero
comprenda que eso de los «cuadrados» era literal para los griegos. Es decir, en
un triángulo de lados 3, 4 y 5 trataban cada lado también como el lado de un
cuadrado: y entonces sumaban las áreas de los cuadrados. Hay dos razones por
las que esto merece comentarse. La primera ya se ha mencionado antes: aunque
ahora jugamos con exponentes y raíces in abstractus, para los griegos los
problemas de matemáticas siempre se formulaban, y resolvían, geométricamente.
Un número racional era una razón literal de las longitudes de dos segmentos.
Elevar
al cuadrado era construir un cuadrado y tomar su área. La otra razón es que
según la mayoría de los relatos fue un simple y humilde cuadrado el que empezó
todo el embrollo. Considérese específicamente el familiar cuadrado unidad, de
lado 1, e incluso más en concreto el triángulo rectángulo isósceles cuya
hipotenusa es la diagonal del cuadrado unidad:
De
lo que se dio cuenta la D. Η. P. (probablemente a través de mediciones reales y
cada vez más frenéticas) es que por pequeña que sea la unidad de medida usada,
el lado del cuadrado unidad es inconmensurable con la diagonal, es decir, no es
medible con la diagonal.
Esto significa que no hay ningún número racional p/q tal
que D/S = p/q. La cantidad D/S era
algo que la D. Η. P. acabó llamando arratos, «lo que no tiene
razón», o —como logos podía significar a la vez palabra y proporción— alogos,
que por lo tanto significaba a la vez «lo que no tiene proporción» y «lo
que no puede ser dicho».
La demostración de la inconmensurabilidad de D/S es
otro famoso caso de demostración por reducción al absurdo, y una especialmente
bonita porque es muy simple y solo requiere matemáticas elementales. Veamos. En
primer lugar, para los propósitos de la reducción al absurdo, supóngase
que D y S son conmensurables. Esto significa
que D/S es igual a alguna razón p/q donde
p y q son enteros sin ningún factor común aparte de 1. Sabemos por el teorema
de Pitágoras que
D2 = S2 + S2,
o D2 = 2S2,
lo
cual si D/S = p/q significa
que p2 = 2q2.
También sabemos que el cuadrado de cualquier número impar será impar y el
cuadrado de cualquier número par será par (puede comprobarlo usted mismo).
Además, sabemos que el doble de cualquier número entero es un número par. Esa
es toda la artillería que necesitamos. Por la LTE, o bien p es
impar, o bien pes par. Si (1) p es impar, hay una
contradicción inmediata, pues 2q2 tiene que ser impar.
Pero si (2) p es par, eso significa que es igual al doble de
algún número, digamos 2r, así que introduciendo dicha equivalencia en la
ecuación original p2 = 2q2 se
obtiene 4r2 = 2q2, lo cual se reduce a
2r2 = q2, lo que significa
que q2 es par, lo que evidencia que q es
par, lo cual quiere decir que p y q son ambos
pares, en cuyo caso tienen un factor común distinto de 1, lo cual de nuevo es
una contradicción, (1) Arroja una contradicción, (2) arroja una contradicción,
y no hay (3). Así que D y S son
inconmensurables. Fin de la demostración.[62]
El hecho de que los números racionales no pudieran expresar algo tan cotidiano
como la diagonal de un cuadrado —por no mencionar otros irracionales
hipotenoides fáciles de construir como √5, √8, etc.— obviamente era
desestabilizante para toda la cosmogonía de los pitagóricos. Al parecer, el
golpe de gracia fue el descubrimiento de que su amada razón áurea era también
irracional, resultando ser
Hay
todo tipo de espeluznantes relatos apócrifos acerca de los extremos a los que
llegó la D. Η. P. para mantener en secreto la existencia[63] de los
irracionales, algo que nos podemos saltar porque son mucho más importantes,
histórica y matemáticamente, los propios números irracionales. Son importantes
por lo menos por tres razones.
1. Matemáticamente,
los números irracionales son una consecuencia directa de la abstracción. Están
un nivel entero por encima de las 5 naranjas o el ½ queso. No se encuentran
números irracionales hasta que se empiezan a generar teoremas abstractos como
el T. P. Y observe, por favor, que en realidad solo son una grieta para las
matemáticas puras. Los egipcios y otros pueblos se habían encontrado con
números irracionales en la agrimensura y la ingeniería, pero como solo les
importaban las aplicaciones prácticas no tenían ningún problema en tratar la √2
como 1,4 ó 7/5
2. El
descubrimiento de los irracionales señaló la primera verdadera divergencia
entre las matemáticas y la geometría, pues los matemáticos podían entonces
crear números que los geómetras no podían medir realmente.
3. Resulta
que los irracionales, como los 1/2n de Zenón, son una
consecuencia de intentar expresar y explicar la continuidad con respecto a la
recta numérica. Los números irracionales son el motivo por el que la recta
numérica no es técnicamente continua. Como la RIV de la dicotomía, los irracionales
representan huecos o agujeros en la recta numérica, intersticios a través de
los cuales el caos ilimitado del ∞ podía entrar y provocar un lío en las
pulcras matemáticas de la Ática.
Y no
es solo un problema griego. Porque lo importante de los números irracionales es
que no pueden ser representados por fracciones; y, además, si usted intenta
expresar irracionales en notación decimal,[64] entonces
la secuencia de dígitos tras la coma no será ni finita (como en el caso de los
decimales racionales 2,0 o 5,74) ni periódica (lo que significa una repetición
según alguna pauta, como en el caso de los racionales 0,333… = 1/3,
1,181818… = 13/11 , etc.).[65]
Esto significa que, por ejemplo, la expresión decimal de √3 puede desarrollarse
hasta 1,732, o 1,73205, o 1,7320508, o, literalmente, hasta donde usted quiera…
o más lejos. Y a su vez esto significa que cierto punto definido de la recta
numérica —o sea, el punto correspondiente al intervalo que, multiplicado por sí
mismo, corresponde al punto-entero 3— no puede ser nombrado ni expresado de
modo finito.[66]
Así, el intervalo finito 0-1 de la recta numérica está aún más
inconcebiblemente poblado. No solo hay una cantidad infinita de secuencias
infinitas de fracciones, sino también una cantidad infinita de irracionales,[67] cada
uno de los cuales es a su vez numéricamente inexpresable excepto como una
secuencia infinita de decimales no periódicos. Hagamos una pausa para
considerar los vertiginosos grados de abstracción involucrados en esto. Si la
CPU humana no puede aprehender o incluso concebir siquiera el ∞, parece que
ahora se le pide dar cuenta de una infinidad de ∞, de la cual una cantidad
infinita de miembros individuales son a su vez inexpresables con finitud, y
todos en un intervalo tan finito y de aspecto tan inocente que se usa en la
clase de los niños pequeños. Todo lo cual suena muy extraño.
Desde luego, hay tantas maneras de tratar esa extrañeza como connotaciones
tiene «tratar». Los griegos, (ver § 2d.)* por ejemplo, simplemente rehusaron
tratar los irracionales como números. O bien los incluían en la categoría de
longitudes/áreas puramente geométricas y no los usaban nunca en sus matemáticas
per se, o bien racionalizaban literalmente el uso de irracionales manipulando
su aritmética (ejemplo: los pitagóricos usaron el truco de escribir 2 como
49/25 de modo que pudieran tratar la √2 como 7/5 ).[68]
Si su rechazo a reconocer la existencia de números dados por su propio
razonamiento matemático parece algo peculiar, sepa que hasta el siglo XVIII
prácticamente todos los grandes matemáticos europeos hicieron lo mismo,[69]incluso
cuando la legendaria revolución científica estaba empezando a dar todo tipo de
resultados que requerían una aritmética de los irracionales. Hasta finales del
siglo XIX, (ver § 2d.)* de hecho, nadie (ver § 2d.)* daría con una teoría
rigurosa o incluso una definición de los irracionales. La mejor definición
vendría de Richard Dedekind, (ver § 2d.)* mientras que el tratado más
exhaustivo del estatus de los números reales en la recta sería el de Georg
Cantor.
§ 2d.
*
Interpolación inevitable pero al fin y al cabo de tipo
SEI Omita
las siguientes páginas si lo desea, pero los asteriscos en el párrafo
precedente marcan cosas que históricamente hablando no son 100% verdad. A
saber: un estudiante y protegido de Platón conocido como Eudoxo de Cnidos
(408-354 a. C.) en realidad se aproximó mucho a una definición rigurosa de los
irracionales, que luego Euclides incluyó como Definición 5 en el Libro V de los
Elementos. La definición de Eudoxo incluye proporciones y razones geométricas,
lo cual no es nada sorprendente dado que las matemáticas griegas se habían
visto confrontadas con los irracionales en forma de ciertas proporciones
geométricas que no podían expresarse como razones. Tras la debacle de la D. Η.
P., esas magnitudes inconmensurables parecían estar por todas partes. Por
ejemplo, considérese un rectángulo en el que dos de los lados son iguales a la
diagonal del cuadrado unidad: ¿cómo se supone que debe calcularse su área? Y lo
que es más importante: ¿cómo podían los griegos distinguir los casos de
inconmensurabilidad de tipo irracional de los casos donde simplemente se tienen
magnitudes de especies diferentes que no se pueden comparar mediante razones,
como una longitud respecto a un área, o un área respecto a un volumen 3D? En
realidad, Eudoxo fue el primer griego que intentó definir «razón» de forma
matemática:
Se
dice que unas magnitudes tienen la misma razón, la primera respecto a la
segunda y la tercera respecto a la cuarta, cuando, si cualesquiera
equimúltiples se tomen de la primera y de la tercera, y cualesquiera
equimúltiples de la segunda y de la cuarta, los primeros equimúltiples a la vez
exceden, a la vez igualan, o a la vez son inferiores a los segundos
equimúltiples tomados en el orden correspondiente (Euclides en Heath, v. 2,
pág. 114).
… la
opacidad de lo cual puede mitigarse traduciendo algunas partes del teorema de
lenguaje natural a símbolos matemáticos básicos. La definición de Eudoxo afirma
que, dados p/q, r/s, y los enteros a y b, p/q= r/s si
y solo si
·
(ap < bq) → (ar < bs) y
·
(ap = bq) → (ar = bs) y
·
(ap > bq) → (ar > bs).
A
primera vista, esto puede parecer obvio o trivial;[70] véase,
por ejemplo, cuánto se parece a la regla que aprendimos en la escuela para
multiplicar fracciones en cruz. Pero en realidad no es nada trivial. Aunque
Eudoxo solo pretendía aplicarla a magnitudes geométricas más que a números per
se, la definición funciona perfectamente para identificar y distinguir números
racionales de números irracionales y de cantidades geométricas inmisciblemente
diferentes, etc. Además, observe, por favor, el modo en que la definición de
Eudoxo resulta efectiva para operar en un conjunto infinito completo, por
ejemplo, el de los números racionales.[71] Lo que
Eudoxo hace es usar enteros arbitrarios para especificar una división[72] del
conjunto de todos los racionales en dos subconjuntos: el conjunto de todos los
racionales para los cuales ap ≤ bq y el
conjunto de todos los racionales para los cuales ap > bq.
El suyo es, pues, el primer teorema capaz de referirse, exhaustiva y
específicamente,[73] a una
colección infinita completa. Desde este punto de vista se le podría llamar el
primer resultado significativo en teoría de conjuntos, unos dos mil trescientos
años antes de la invención de la teoría de conjuntos.
También vale la pena señalar que en las matemáticas probablemente no hay
mejores ejemplos del dicho de Russell sobre los caprichos de la fama
intelectual que Eudoxo y su colaborador póstumo Arquímedes (287-212 a. C.). El
segundo, está claro, es famoso anecdóticamente por su «¡Eureka!», pero a la
vista de nuestros propósitos generales sería injusto no reconocer que él y
Eudoxo, en cierta medida, inventaron las matemáticas modernas, las cuales
tuvieron que ser reinventadas varios siglos después porque nadie se había
preocupado de prestar atención a las consecuencias de sus resultados.
Probablemente, su invento más importante es la conocida propiedad de
exhaustación, que Eudoxo descubrió y Arquímedes refinó. Era un modo de calcular
las áreas y volúmenes de superficies y figuras curvadas, algo con lo que la
geometría griega, obviamente, tenía muchos problemas (pues es respecto a las
curvas donde se encuentran la mayor parte de los problemas de la continuidad y
los irracionales). Los geómetras anteriores a Eudoxo habían tenido la idea de
aproximar el área de una figura curva comparándola con polígonos regulares[74]cuyas áreas
podían calcular con exactitud. Como ejemplo, véase cómo el mayor cuadrado que
puede caber dentro de un círculo funciona como una burda aproximación del área
del círculo:
mientras
que, digamos, el mayor octágono que cabe dentro será una aproximación algo
mejor:
y
así sucesivamente, siendo lo importante que cuantos más lados tenga el polígono
inscrito, más próxima será su área a la del propio círculo. La razón por la que
el método nunca funcionó realmente es que se necesitaría un polígono de ∞
número de lados para acertar el área del círculo, e incluso si este ∞ era solo
uno de los ∞ potenciales de Aristóteles, los griegos todavía estaban
estancados, por la misma razón mencionada respecto a la dicotomía: no tenían el
concepto de convergencia hacia un límite. Eudoxo dio a las matemáticas
justamente este concepto con su introducción de la propiedad de exhaustación,
que aparece como la Propiedad 1 en el Libro X de los Elementos:
Si
de cualquier magnitud se sustrae una parte no menor que su mitad, y si del
resto se sustrae otra vez no menos que su mitad, y si este proceso de
sustracción se continúa, finalmente quedará una magnitud menor que cualquier
magnitud preasignada del mismo tipo (Euclides en Boyer, pág. 91).
En
notación moderna, esto es equivalente a decir que si p es una
magnitud dada y r una razón tal que 1/2 ≤ r < 1, entonces
el límite de p(1 − r)n es 0
cuando n tiende a ∞; es decir,
Esto
permite aproximar de forma arbitraria un polígono de una infinidad de lados, o
un número infinito de rectángulos bajo una curva, siendo cada lado/rectángulo
arbitrariamente (= infinitesimalmente) pequeño, y luego sumar los lados o las
áreas mediante la inversa del mismo proceso por el que se han obtenido. El
método de exhaustación es, a todos los efectos, el bueno y antiguo cálculo
integral. Con él, Eudoxo fue capaz de demostrar, por ejemplo, que la razón de
las áreas de dos círculos cualesquiera es igual a la razón de los cuadrados de
sus radios, que el volumen de un cono es 1/3 del volumen del cilindro con la
misma base y altura, etc. Y la obra de Arquímedes Medición de un círculo usa la
exhaustación para obtener una aproximación sin precedentes de π, según 223/71 <
π < 22/77.
Obsérvese también la precaución metafísica de las entidades abstractas de la
exhaustación. El método de Eudoxo para conseguir que lados o figuras
infinitamente pequeños entren en las ecuaciones no hace afirmaciones acerca de
la existencia de magnitudes infinitamente pequeñas. Fíjese en el lenguaje suave
de la citada Proposición 1 de los Elementos. El «menor que cualquier magnitud
preasignada» es particularmente brillante y sorprendentemente similar al
«arbitrariamente grande/pequeño» del análisis moderno.[75]Básicamente,
supone decir que, para propósitos matemáticos, se pueden alcanzar magnitudes
tan pequeñas como se quiera, y trabajar con ellas. Es esta preocupación por el
método y los resultados más que por la ontología lo que hace a Eudoxo y a
Arquímedes tan misteriosamente modernos. El modo en que sus «magnitudes menores
que cualesquiera magnitudes preasignadas» son creadas y desplegadas en la
exhaustación viene a ser idéntico al modo en que los infinitesimales serán
tratados en el cálculo temprano.
Por qué, entonces, Europa tuvo que esperar diecinueve siglos hasta el verdadero
cálculo, la geometría diferencial y el análisis constituye una muy larga
historia, que esencialmente explica el mencionado dicho de Russell. Una causa
es la misma razón por la que nadie pensó en aplicar la exhaustación a la
dicotomía de Zenón: a los griegos solo les importaba la geometría, y entonces
nadie pensaba en el movimiento y la continuidad como abstraíbles en la
geometría de la recta numérica. Otra razón es Roma, la Imperial, cuyo saqueo de
Siracusa y asesinato de Arquímedes hacia el 212 a. C. puso fin bruscamente a la
matemática helénica,[76] y cuya
hegemonía durante los siglos posteriores conllevó que gran parte de la
sustancia y el impulso de las matemáticas griegas se perdiera durante mucho
tiempo. La causa más eficiente, sin embargo, fue Aristóteles, cuya influencia,
por supuesto, no solo sobrevivió a Roma sino que alcanzó nuevas cimas con la
expansión del cristianismo y la Iglesia en el período 500-1300 d. C.,
aproximadamente. Resumiendo: la doctrina aristotélica se convirtió en dogma de
la Iglesia, y parte de la doctrina aristotélica era la consideración del ∞ como
solo potencial, una ficción abstracta y origen de confusión, to apeiron,
territorio reservado solo a Dios, etc. Esta visión predominó fundamentalmente
hasta la era isabelina.
Fin
de la interpolación
§
2e.
(Continuación
de § 2c desde el párrafo con asteriscos de interpolación).
Aquí
están, a modo de aperitivo, algunas de las cosas que Cantor[77] acabó
descubriendo sobre los ∞ anidados de Zenón y Eudoxo. Aquí «descubierto» no
quiere decir simplemente encontrado, sino realmente demostrado. La recta
numérica es, obviamente, infinitamente larga y contiene una infinidad de
puntos. Incluso hay tantos puntos en el intervalo 0-1 como en la recta numérica
entera.
De hecho, hay tantos puntos en el intervalo 0,0000000001-0,0000000002 como en
toda la R. N. También resulta que hay tantos puntos en el mencionado
microintervalo (o en uno un cuatrillón de veces más pequeño, si usted quiere)
como en el plano 2D —incluso si este plano es infinitamente grande— o en
cualquier forma 3D, o en la totalidad del propio espacio 3D infinito.
Es más, sabemos que hay una infinidad de números racionales en la recta
numérica infinita, y (por cortesía de Zenón) que dichos racionales son tan
infinitamente densos en la recta que literalmente ningún número racional dado
tiene un siguiente; es decir, entre dos números racionales cualesquiera de la
R. N. siempre se puede encontrar un tercero. Un hecho del cual aquí tenemos una
breve demostración. Tomemos dos racionales distintos p y q.
Como son diferentes, p ≠ q, lo cual implica que
uno es mayor que el otro. Digamos que es p> q. Esto
significa que en la recta numérica hay por lo menos alguna distancia medible,
por pequeña que sea, entre q y p. Tomemos esa
distancia, dividámosla por algún número (2 es el más fácil), y añadamos el
cociente al número más pequeño q. Tenemos un nuevo número racional
entre p y q.
Y como el número de números simplemente enteros por los cuales podemos dividir
(p − q) antes de añadir el cociente a q es infinito, en
realidad hay una infinidad de puntos racionales entre cualesquiera p y q.
Dejemos que esto vaya calando, y entonces tengamos en cuenta que incluso dada
la densidad infinita de la cantidad infinita de números racionales en la recta
numérica, puede demostrarse que el porcentaje total de espacio de la R. N.
ocupado por la totalidad de los infinitamente infinitos números racionales es:
ninguno. Es decir, o, nulo, nada. La versión técnica de la demostración es de
Cantor, y observe qué espíritu más eudoxiano-exhaustivo tiene, incluso en la
siguiente forma en lenguaje natural, que requiere un poco de visualización
creativa.
Imagine que puede ver la recta numérica entera y cada uno de los infinitos
puntos individuales que contiene. Imagine que quiere una manera rápida y fácil
de distinguir los puntos correspondientes a números racionales de los
correspondientes a irracionales. Lo que va a hacer es identificar los puntos
racionales envolviendo cada uno de ellos en un pañuelo rojo.[78] De este
modo destacarán. Como técnicamente los puntos geométricos carecen de dimensión,
no sabemos qué aspecto tienen, pero lo que sí sabemos es que no se necesitará
un pañuelo muy grande para cubrir uno de ellos. En este caso, el pañuelo rojo
puede ser arbitrariamente pequeño, por ejemplo de 0,00000001 unidades, o la
mitad de ese tamaño, o la mitad de la mitad, …, etc. En realidad, incluso el
más pequeño de los pañuelos será innecesariamente grande, pero para nuestros
propósitos podemos decir que el pañuelo es básicamente infinitamente pequeño:
llamemos φ a ese tamaño. Así, un pañuelo de tamaño φ cubre el primer punto
racional de la R. N. Entonces, como, por supuesto, el pañuelo puede ser tan
pequeño como queramos, digamos que usted usa solo un pañuelo de tamaño φ/2 para
envolver el siguiente punto racional. Y digamos que usted continúa de ese modo,
siendo el tamaño de cada pañuelo rojo exactamente ½ del tamaño del anterior,
para todos los números racionales, hasta que todos están envueltos y cubiertos.
Ahora, para hallar el porcentaje total de espacio que todos los números
racionales ocupan en la recta numérica, todo lo que tiene que hacer es sumar
los tamaños de todos los pañuelos rojos. Por supuesto, hay una infinidad de
pañuelos, pero respecto al tamaño se traducen como términos de una serie
infinita, específicamente la serie geométrica al estilo de Zenón
y,
dada la buena y vieja fórmula
para
sumar tal serie, la suma del tamaño total de los infinitos pañuelos resulta ser
2φ. Pero φ es infinitesimalmente pequeño, siendo los infinitesimales (como se
mencionó en § 2b) tan increíblemente próximos a o que al multiplicarlos por
cualquier cosa el resultado es también un infinitesimal, por lo cual 2φ es
también infinitesimalmente pequeño, lo que significa que todos los infinitos
números racionales combinados ocupan solo una porción infinitesimalmente
pequeña de la R. N. —o sea, básicamente ninguna en absoluto—,[79]lo que a su
vez es como decir que la inmensa, inmensa mayoría de los puntos en cualquier
tipo de recta continua corresponderán a números irracionales, y así, a pesar de
que la antes mencionada recta real es realmente una recta, la recta numérica
formada solo por racionales, aunque pueda parecer infinitamente densa, en
realidad es en un 99,999…% espacio vacío, como un helado muy poroso o el
universo mismo.
Dejemos que cada uno haga una pausa en privado para intentar imaginar por un
momento qué aspecto podía tener el interior de la cabeza del profesor Georg F.
L. P. Cantor cuando está demostrando este tipo de cosas.
Un lector atento puede objetar aquí que hay algún truco como los de Zenón en la
anterior demostración, y preguntar por qué no se podría aplicar un
procedimiento similar con pañuelos y series a los números irracionales para
demostrar que el porcentaje total de espacio recto ocupado por los irracionales
es también 2φ. La razón de que tal demostración no pueda funcionar es que, por
infinitamente o incluso ∞∞mente numerosos que sean los pañuelos
rojos, siempre habrá más números irracionales que pañuelos. Como siempre, esto
también lo demostró Cantor.
§
3a.
Llegados a este punto resulta justificado ahorrarse cualquier pretensión de
continuidad narrativa y hacer un barrido de varios siglos en una especie de
cronología esquemática que va de, digamos, el 476 d. C. (caída de Roma) hasta
la década de 1660 (preliminares del cálculo). Por supuesto, en la cronología
destaca lo relacionado con el ∞ y/o la situación general de las matemáticas
cuando Dedekind y Cantor entraron en escena. Y quedando las desventajas de la
abstracción esquemática en cierto modo superadas por las ventajas del ahorro de
espacio, pues por lo menos uno de nosotros está empezando a darse cuenta que el
espacio disponible va a ser un problema. Así pues, aquí en § 3, el objetivo es
simplemente resumir ciertos desarrollos que ayudan a sacar a la luz las
eventuales condiciones necesarias/suficientes para las matemáticas
transfinitas.[80]
Aproximadamente del 500 al 1200 d. C. Sin demasiados progresos en las
matemáticas occidentales gracias a Roma, Aristóteles, el neoplatonismo, la
Iglesia, etc., la verdadera actividad está ahora en Asia y el mundo islámico.
Como muy tarde hacia el 900 d. C., las matemáticas de la India han introducido
el cero como «décimo numeral» y lo representan mediante el símbolo con el que
estamos familiarizados,[81] han
desarrollado un sistema decimal de notación posicional que es básicamente el
nuestro, y han codificado los fundamentos de cómo funciona el 0 en aritmética
(0 + x = x, 0/x = 0, no es válido dividir por 0,
etc.)· Los matemáticos indios y árabes, libres de cualquier geomefilia griega,
son capaces de trabajar y lograr resultados significativos con los enteros
negativos, el antes mencionado o, las raíces irracionales, y variables para
representar números arbitrarios y así enunciar propiedades generales.[82] La
mayoría de las innovaciones indo-árabes regresaron a Europa más tarde, gracias
principalmente a las conquistas islámicas (p. ej., de la India, cuyas
matemáticas los árabes asimilaron, en el siglo VII, llegando incluso a España
en 711, etc.).
Hacia 1260. Los argumentos guía de santo Tomás de Aquino a favor de la
existencia de Dios[83] constituyen
la fusión oficial de la metafísica de Aristóteles y la doctrina de la Iglesia.
La base de la argumentación de santo Tomás es que, como en el mundo todo tiene
una causa y esas causas, a su vez, tienen causas, y así sucesivamente, en algún
punto de la cadena tiene que haber una «causa original» sin causa, es decir,
Dios. Observe que este es esencialmente el mismo argumento que el famoso
«primer motor», al que nada mueve, de Aristóteles en el Libro VIII de su
Metafísica. El argumento del primer motor es adoptado tanto por san Agustín
como por Maimónides también en demostraciones de Dios. Lo que es más
importante, véase que para que el argumento de santo Tomás funcione tiene que
aceptarse la premisa tácita de que una cadena transitiva infinita de causas y
efectos es imposible o incoherente. En otras palabras, tiene que considerarse
como axiomática la imposibilidad del ∞ como característica real del tiempo o
del universo, lo cual básicamente significa aceptar el destierro aristotélico
del ∞ al mismo extraño estatus puramente potencial de El pensador de Rodin en
todas las masas de bronce.
Sin embargo, en otra parte de la Summa Theologiae, santo Tomás
introduce un argumento más original:
La
existencia de una multitud infinita real es imposible. Pues cualquier conjunto
de cosas que uno considere tiene que ser un conjunto específico. Y los
conjuntos de cosas están especificados por el número de cosas en ellos. Ahora,
ningún número es infinito, pues el número resulta de contar a lo largo de un
conjunto en unidades. Así, ningún conjunto de cosas puede ser inherentemente
ilimitado, ni puede ocurrir que sea ilimitado (Summa Theologiae, I.a., 7.4.
Traducción semiextractada, y editada, de Rucker, Infinity and the Mind, pág.
52).
Este
pasaje es citado por el propio Cantor en su «Mitteilungen zur Lehre vom
Transfiniten»,[84] donde
lo califica de la única objeción realmente significativa, en toda la historia,
a la existencia de un ∞ real. Para nuestros propósitos, hay dos cosas
significativas acerca del argumento de santo Tomás:
1. Trata
el ∞ en términos de «conjuntos de cosas», que es lo que Cantor y Dedekind harán
seiscientos años después (además, la tercera frase de santo Tomás es casi
exactamente la manera en que Cantor definirá el cardinal de un conjunto).
2. Todavía
más importante, reduce todas las distinciones y complicaciones metafísicas de
Aristóteles a la cuestión de si existen números infinitos.
Es
fácil ver que aquí lo que realmente le gusta a Cantor es el punto (2), que
convierte el argumento en una especie de reto a medida, pues la única y
verdaderamente plausible refutación a santo Tomás consistirá en que alguien dé
una teoría rigurosa y coherente de los números infinitos y sus propiedades.
Hacia 1350 + Breve salto temporal. Tres personajes de mediana
importancia respecto a la continuidad y las series infinitas: Nicole Oresme,
Ricardus «el Calculador» Suiseth y Francesco Luigi Grandi. Oresme inventa en
1350 un método «latitudinal» para representar de forma gráfica el movimiento y
la aceleración uniforme.[85] Entre
otras cosas, ello permite la primera indicación de que la velocidad relativa (=
recta inclinada) y el área relativa (= área bajo la recta inclinada) son dos
aspectos de la misma cosa. Coincidiendo más o menos en el tiempo, Suiseth
resuelve un problema latitudinal particular que equivale a demostrar que la
serie infinita
tiene
una suma finita, concretamente 2. (N. B.: nadie piensa todavía en aplicar este
método a la dicotomía).
Entonces, Oresme responde demostrando que otra serie infinita
alias
la «serie armónica», no da una suma finita a pesar de que la sucesión de
términos individuales parece aproximarse claramente a 0. (SEI La
demostración de Oresme es ingeniosamente simple. Agrupando los términos de la
serie de tal modo que el primer término = el primer grupo, el segundo y tercer
términos = el segundo grupo, los términos del cuarto al séptimo = el tercer
grupo, etc., de manera que el grupo n-ésimo contenga 2n−1 términos,
demuestra que al final tenemos un número infinito de grupos cada uno de los
cuales tiene una suma parcial ≥½, dando lugar a una suma infinita para la
serie).
Las series de Suiseth y de Oresme son, por supuesto, ejemplos respectivos de
convergencia y divergencia, pero durante siglos nadie sabrá cómo nombrar o
tratar los distintos tipos de series infinitas.[86]
Incluso en la era poscálculo, cuando las series se convirtieron en la manera
obvia de representar funciones complicadas para la diferenciación y la
integración, algunos avatares de Zenón continuaron reapareciendo con paradojas
que confundieron varios intentos de sistematizar la convergencia y la
divergencia. Una de las más diabólicas era la buena y vieja serie oscilante 1 −
1 + 1− 1 + 1 − 1 + 1… de § 1d, que el matemático católico Grandi gustaba de
usar para atormentar a los hermanos Bernoulli, famosos colegas de Leibniz que
habían demostrado la divergencia de la serie armónica de Oresme en la década de
1690. Recuerde que el truco de la serie de Grandi es que según cómo se agrupen
los términos acaba resultando igual a 0 y a 1 a la vez…; o, poniendo x = 1 en
la fórmula protologarítmica
se obtiene la igualdad ½ = 1 − 1 + 1 − 1 + 1 − 1 + 1 …, la cual, jocosamente
Grandi, sugirió que era la forma en que Dios había creado algo½ del vacío (0).
[SEI
Si recuerda usted algo del álgebra del instituto, también vale la pena echar un
vistazo a una horrible pequeña serie divergente que en la década de 1730 puso
en apuros a Leonhard Euler (1707-1783, icono del análisis temprano). Recordará
que según las reglas de división de polinomios,
que,
sustituyendo x = 2 se convierte en la desafortunada igualdad
−1 =
1 + 2 + 4 + 8 +…
O
puede obtenerse de nuevo la serie de Grandi sustituyendo x = −1 en la misma
expansión.
O, si su formación matemática es sólida, puede divertirse expandiendo
mediante
el teorema del binomio para obtener
y
viendo (al igual que Newton, Mercator y Wallis) que cuando x = 2, la serie
tiene una suma infinita pero también debería ser igual a log 3. Hay un sinfín
de rompecabezas de este tipo]. Hacia 1425-1435. El arquitecto florentino
Filippo Brunelleschi inventa la técnica de la perspectiva lineal en la pintura.
La obra de Leon B. Alberti Della pictura es el primer tratado publicado sobre
cómo funciona. Probablemente todos sabemos que antes del Renacimiento los
cuadros parecían planos y muertos y extrañamente desproporcionados.
Brunelleschi aplica la geometría al espacio pictórico, hallando un modo de
representar un «plano-base» horizontal 3D en un «plano-pintura»
vertical 2D.
La técnica se ve muy fácilmente en las representaciones de cuadrados
horizontales (por ejemplo, el embaldosado del Baptisterio de Florencia) como
paralelogramos (en numerosos cuadros del mismo) que se vuelven más estrechos y
agudos a medida que el suelo se desliza hacia el fondo del cuadro.
Brunelleschi/Alberti consideran a todos los efectos una pintura como una
ventana abierta interpuesta entre una escena y el espectador, y observan que
todas y cada una de las «ortogonales», o rectas paralelas que se alejan en el
espacio a 90° respecto a dicha ventana, parecerán converger hacia un punto de
fuga a la altura de los ojos del espectador (Honour y Fleming, págs. 319-320).
Este punto de fuga se concibe, geométricamente, como un punto a distancia
infinita del espectador. Casi todo el mundo sabe lo que Masaccio, Durero, Da
Vinci y otros colegas fueron capaces de hacer con este descubrimiento.
Matemáticamente, el concepto de punto-en-el-∞ es usado más
tarde por Johannes Kepler en el principio de continuidad que establece para
secciones cónicas y que luego emplea para sus leyes del movimiento planetario
(véase más adelante), y también es de importancia central para Gérard Desargues
y su invención, hacia 1640, de la geometría proyectiva, e incluso más adelante
para la topología, la geometría riemanniana, el análisis tensorial (sin el
cual, a su vez, no habría relatividad general), etc.
Año 1593. La obra Varia Responsa de
François Viète (un abogado/criptógrafo francés) incluye la primera fórmula para
sumar una serie geométrica infinita,[87]que es
terriblemente parecida a la antes mencionada
de
las matemáticas elementales. Aunque no es demasiado bonita, Viète es también el
primero en dar una expresión numérica precisa de π, concretamente como un
producto infinito expresable así
[SEI
La finalidad de destacar puntos como los dos últimos es establecer que el ∞, en
varias manifestaciones y contextos, está adquiriendo cada vez más interés en
aplicaciones fructíferas incluso aunque continúe siendo metafísicamente
sospechoso y nadie tenga ni idea de cómo tratarlo matemáticamente].
Año
1637. La géometrie de René Descartes introduce el ahora
omnipresente plano coordenado cartesiano, el cual permite que las figuras
geométricas se representen aritmética/algebraicamente.
Aproximadamente entre 1585 y 1638. Tres personajes importantes, de los cuales
dos son extremadamente famosos: Simon Stevin, Johannes Kepler y Galileo
Galilei.
En la década de 1580, Stevin (un ingeniero flamenco) resucita la propiedad de
exhaustación de Eudoxo al derivar fórmulas para características relacionadas
con el peso de diferentes figuras geométricas. Por ejemplo, en su obra Estática(1586),
Stevin demuestra que el centro de gravedad de un triángulo se halla sobre su
mediana, y lo hace inscribiendo un número ilimitado de paralelogramos
arbitrariamente pequeños en el triángulo y demostrando cosas acerca de los
centros de gravedad de las figuras inscritas resultantes. Stevin, también
conocido como el Arquímedes holandés, merece más fama de la que consiguió. Aquí
está una cita descontextualizada pero pertinente de Carl Boyer:
«Fueron
en gran manera las modificaciones resultantes de los antiguos métodos
infinitesimales las que acabaron conduciendo al cálculo, y Stevin fue uno de
los primeros en sugerir tales cambios» (Boyer, pág. 322).
Tal
como se explica en la obra de Kepler Astronomia nova (1609),
la 2ª ley del movimiento planetario depende de que se conciba el área
circunscrita por un vector radial que une un planeta orbitando con el Sol como
compuesta (es decir, el área está compuesta) de infinitos triángulos
infinitamente delgados, cada uno con el vértice A en el Sol y
los vértices B y C infinitesimalmente
próximos a lo largo de la trayectoria orbital. La suma efectuada por Kepler de
las áreas de esta infinidad de infinitesimales era, setenta años antes de
Leibniz, cálculo aplicado.[88]
Años 1636-1638. Galileo Galilei, puesto por la Inquisición
bajo arresto domiciliario en Florencia, escribe Dos nuevas ciencias,
un diálogo al estilo de Platón sobre la mecánica/dinámica. En este libro hay un
montón de cosas relacionadas con el ∞. Un ejemplo es el modo en que Galileo
aplica las técnicas de representación latitudinal de Oresme al movimiento de
proyectiles y demuestra que la curva descrita por la trayectoria de un
proyectil es una parábola.
Tras dos mil años de estudio matemático de las secciones cónicas, la elipse
orbital de Kepler y la parábola de los proyectiles de Galileo son las primeras
aplicaciones reales de las cónicas a las ciencias físicas. La obra menos
conocida de Kepler, Ad Vitellionemparalipomena,[89] ya
había demostrado que las elipses, las hipérbolas, las parábolas y las
circunferencias son todas productos de una extraña y armónica danza entre dos
focos. La parábola se explica como lo que le ocurre a una hipérbola cuando la
posición de un foco respecto al otro alcanza el ∞. De un modo nada accidental,
toda la teoría de Kepler sobre las interrelaciones de las cónicas se conoce
como el principio de continuidad.
La obra Dos nuevas ciencias de Galileo era en cierto sentido
una larga «pedorreta» a la Inquisición, que lo trató de forma infame. Parte de
su proyecto era que el hombre normal del diálogo actuara como portavoz de la
metafísica aristotélica y del credo de la Iglesia, y que su compañero algo más
ilustrado le fuera dando bofetones intelectuales. Una de las dianas principales
es la división ontológica por Aristóteles del ∞ en real y potencial, que la
Iglesia básicamente había transformado en la doctrina de que solo Dios es
realmente infinito y nada más en su creación puede serlo. Ejemplo: Galileo ridiculiza
la idea de que el número de partes en el que se puede dividir cualquier
segmento sea solo «potencialmente» (o sea, no realmente) infinito demostrando
que si usted dobla el segmento hasta que sea una circunferencia —el cual, según
Nicolás de Cusa,[90] se
define como un polígono regular con un ∞ número de lados—, usted ha «reducido a
realidad ese número infinito de partes que pretendía, mientras era recto, que
estaban contenidas en él solo potencialmente» (ibíd., pág. 329).
El portavoz de Galileo también dedica mucho tiempo a los infinitesimales,
principalmente por su utilidad en los resultados de Stevin y Kepler. Galileo es
el primero en distinguir entre diferentes «órdenes» de infinitesimales,
principalmente a través de un elaborado argumento sobre por qué, si la Tierra
gira, los objetos no son arrojados hacia fuera según varias tangentes a la
curva de giro, lo cual es una larga historia, pero lo importante es que dos
infinitesimales son de distinto orden si su razón tiende o bien a 0, o bien a ∞
y son del mismo orden si su razón es finita. Esto es relevante porque
1. la
idea de que los infinitesimales de orden más alto son tan increíblemente
pequeños y evanescentes que se pueden descartar de una ecuación porque no
tendrán ningún efecto sobre el resultado acabaría siendo vital para el cálculo
clásico, y
2. la
distinción de Galileo anticipa algunos de los propios descubrimientos de Cantor
sobre la extraña aritmética de las cantidades infinitas, es decir, que no todos
los ∞ tienen el mismo tamaño pero que las diferencias entre ellos no son
realmente aritméticas (por ejemplo, sumar n a ∞ no lo incrementa, ni sumar ∞ a
∞ o multiplicar ∞ por ∞) sino, en cierto modo, geométricas.[91]
La
extremada extrañeza matemática del ∞, que Galileo dedica mucho tiempo a
ejemplificar en las DNC, es bastante lúcidamente atribuida a la epistemología y
no a la metafísica. Las paradojas surgen, según el portavoz de Galileo, solo
«cuando
intentamos, con nuestra mente finita, discutir el infinito, asignándole
aquellas propiedades que otorgamos a lo finito y limitado» (Galileo Galilei,
pág. 31).
La
gran ilustración de ello es la paradoja de Galileo que hemos visto en § 1, en
la cual recuerde que podía establecer una correspondencia de uno a uno entre
todos los enteros y todos los cuadrados perfectos incluso aunque sea evidente
que hay muchos más enteros que cuadrados perfectos.[92] De este
rompecabezas, Galileo concluye que «debemos decir que hay tantos cuadrados como
números», y así (otra vez) que «los atributos "igual",
"mayor" y "menor" no son aplicables a las cantidades
infinitas, sino solo a las finitas» (ibíd., pág. 32). Aunque esta última
conclusión acabe resultando equivocada, las de DNC todavía es la primera
actitud verdaderamente moderna hacia los infinitos reales como entes
matemáticos. Obsérvese, por ejemplo, que Galileo no recurre a la vieja
reducción al absurdo aristotélica para concluir, a partir del comportamiento
paradójico de los conjuntos infinitos, que no se puede razonar acerca del
∞.
En cambio, se las arregla de algún modo para anticiparse tanto a Kant
(atribuyendo las paradojas del ∞ a las arraigadas restricciones de las «mentes
finitas» y no a cualquier realidad exterior a la mente) como a Cantor (usando
la correspondencia de uno a uno como medida comparativa de los conjuntos,
argumentando que las cantidades infinitas obedecen a un tipo de aritmética
diferente al de las cantidades finitas, etc.).
Hechos conocidos: el siglo XVII, con su Contra-Contra-Reforma y
su revolución científica, vio la primera auténtica explosión de progreso
filo-matemático desde el apogeo helenístico. Este es el siglo en el que
Descartes inventa la geometría con coordenadas (así como la duda radical),
Desargues inventa la geometría proyectiva; Locke, el empirismo; Newton y
Leibniz, las matemáticas superiores.
Nada de eso habría sido posible sin aflojar el estrangulamiento aristotélico
del pensamiento occidental. Las DNC de Galileo están al mismo nivel que
el Discurso del método de Descartes y el Novum Organum de
Bacon en términos de ruptura liberadora, y no es en absoluto accidental que
dedique tanto tiempo al De entre montones de citas pertinentemente favorables,
véase la del profesor Danzig:
«Cuando,
tras un estupor de mil años, el pensamiento europeo se deshizo del efecto de
las pócimas adormecedoras tan hábilmente administradas por los Padres
Cristianos, el problema del infinito fue uno de los primeros en ser revivido»
(Tobías Danzig, Number: the Language of Science, extractado de Seife, pág.
106).
El
otro motivo por el que Dos nuevas ciencias es importante es
por su sostenido y original uso de la función. Sin duda recordará usted lo que
es una función matemática y por qué es difícil definirla claramente (como, por
ejemplo, «Una relación entre variables», «Una regla para establecer la imagen
de un dominio», «Una correspondencia»). Una función está por lo menos un nivel
de abstracción por encima de las variables, siendo básicamente una regla para
emparejar elementos de un conjunto con elementos de otro conjunto.
Por ahora supongamos que todos sabemos bastante bien qué es una función, o más
bien qué hace, pues una función en realidad es una especie de procedimiento,
aunque un simbolismo como
tiende
a hacer que parezca una cosa. Por lo menos gráficamente, la idea de una función
había estado ahí desde Oresme en el siglo XIV, aunque este había usado
terminología escolástica y llamaba a esa técnica una latitud de formas, siendo
«forma» el término aristotélico para características o calidades, de las que se
consideraba que incluían cosas como la velocidad de un cuerpo en movimiento. No
fue hasta Galileo que la gente entendió que la velocidad no es una cualidad de
la cosa que se mueve, sino más bien un proceso abstracto representable por la
función elemental
igual
que (un nivel de abstracción más hacia arriba) fue Galileo quien determinó que
la aceleración actúa como la función
Dos
nuevas ciencias es el primer libro de matemáticas en usar funciones de forma
extensiva y no gráfica, aunque estas son descritas verbalmente y a menudo (como
los griegos) en términos de proporciones y razones. Lo que es sorprendente es
la velocidad con que la noción/teoría de las funciones ganó aceptación una vez
alcanzada cierta masa crítica de necesidades y permisos.[93]La mayor
parte de esas necesidades involucraban la continuidad. Lo principal aquí es que
la astronomía de Kepler y los estudios del movimiento de Galileo —motivados en
gran parte por la necesidad de mejorar la medición del tiempo en la navegación
(otra vez, una larga historia)— generaron el impulso para un estudio riguroso
de las curvas, que el plano coordenado cartesiano permitía expresar de forma
algebraica, es decir, en términos de funciones como y = x2, y =
sen x, y así sucesivamente.
Las importantes distinciones entre funciones polinómicas, algebraicas y
trascendentes[94] se
obtenían fácilmente a partir de la clasificación de las curvas por Descartes, y
también a partir de las representaciones explícitas como funciones mediante
diferentes tipos de series algo más tarde (1670 aprox.). La propia palabra
«función», a propósito, viene de Gottfried W. Leibniz.[95] Lo
cual, por supuesto, no es para nada un accidente, pues Leibniz ayudó a inventar
el cálculo, y una de sus características más poderosas es el uso de funciones
para representar procesos. Tras Leibniz, el concepto plagado de fisuras de
«fenómeno continuo» es reemplazado en las matemáticas por la función continua y
la serie infinita… y, de hecho, las exploraciones del ∞ por Cantor acabarán
surgiendo de una aplicación particular de dichas herramientas a cierto conjunto
de problemas acerca del calor. Lo cual es obviamente una historia muy larga que
ahora no vamos a desarrollar.
Aquí, dicho sea de paso, está una cita de David Berlinski: «Es el contraste
entre lo continuo y lo discreto lo que constituye el gran motor generador por
el cual los números reales son construidos y el cálculo creado» (Berlinski,
pág. 130). Para recordar dónde estamos en el bosque general, esta sección es
solo de árboles.
Aproximadamente 1647-1665. Tres personajes medianamente importantes, que si
esto hubiera sido doscientos años antes ahora serían todos extremadamente
famosos: Gregory de St. Vincent, John Wallis y James Gregory.
Hacia 1647: Gregory de St. Vincent propone una solución a la dicotomía de Zenón
que menciona de manera explícita la suma de una serie geométrica.[96] Es
también el primer matemático en postular que una serie infinita representa una
verdadera magnitud o suma, la cual también es el primero en postular cómo el
límite de la serie, que él llama el «terminus de la progresión» y
describe en términos bastante eudoxianos como un extremo «al que la progresión
no llega, aunque continúe hacia el infinito, pero al que puede acercarse más
próximamente que por cualquier intervalo dado» (Gregory of St. Vincent, Opus
Geometricum, extractado de Kline, pág. 437).
Año 1655: Wallis, el segundo matemático británico más grande del siglo, publica
su antes mencionada obra Arithmetica infinitorum, cuyo título es 0% casual.
Este es el primer trabajo importante sobre la aplicación de las series
infinitas a la aritmetización de la geometría, y será indispensable para la
versión newtoniana del cálculo[97] un par
de décadas después. Entre los resultados importantes de la Arithmetica
infinitorum: las primeras definiciones generales correctas del límite de
una sucesión infinita y de la suma de una serie infinita, el uso de un producto
infinito para representar el seno y el coseno, la demostración de que
(compárese
con la
de
Leibniz unos cuantos años después), y, por supuesto, el primer uso de «∞» como
símbolo para ∞.
Año 1665: James Gregory (un escocés) define «función», insta a que se considere
la aproximación a un límite como la sexta función básica del álgebra, y expande
varias funciones trigonométricas y trigonométricas inversas como series
infinitas, por ejemplo, demostrando que
se
cumple para −1 ≤ x ≤ 1. En esta época se llevó a cabo mucho
trabajo sobre expansiones en serie, principalmente porque los navegantes,
ingenieros, etc., necesitaban una trigonometría mucho más detallada y precisa,
y tablas de logaritmos, y las expansiones de funciones en serie infinita eran
la mejor manera de interpolar los valores de las tablas.
[SEI
también en 1665 aprox. El teorema del binomio, es decir, la fórmula para
desarrollar (p + q)n, es liberado de la dependencia de (p + q)n−1 y del
triángulo de Pascal por Newton. Se cree que la expansión es infinita para n
fraccionarias o negativas, pero nadie puede demostrar nada realmente sobre el
T. B. o la convergencia/divergencia de las series en general hasta
Jean-Baptiste Fourier hacia 1820.]
§
3b.
Tal como, por lo menos, se ha sugerido y ahora será explicado, el consenso
histórico-matemático es que el siglo XVII tardío marca el inicio de una Edad de
Oro moderna en la cual hay muchos más avances matemáticos significativos que en
cualquier otra época de la historia mundial. Ahora las cosas empiezan a moverse
realmente deprisa, y no podemos hacer mucho más que intentar construir una
especie de camino señalizado desde los primeros trabajos sobre funciones hasta
Cantor y su «infinicopia».
Subrayemos rápidamente dos cambios a gran escala en el mundo matemático. El
primero tiene que ver con la abstracción. La mayor parte de las matemáticas
desde los griegos hasta Galileo tiene una base empírica: los conceptos
matemáticos son abstracciones directas a partir de la experiencia del mundo
real. Esta es una razón por la que la geometría (junto a Aristóteles) dominó el
razonamiento matemático durante tanto tiempo. La moderna transición del
razonamiento geométrico al algebraico[98] constituye
un síntoma en sí mismo de un cambio mayor. Hacia 1600, entidades como el cero,
los enteros negativos y los irracionales se usan de forma rutinaria. Ahora
empiece a añadir en las décadas subsiguientes las introducciones de los números
complejos, los logaritmos neperianos, los polinomios de grado alto y los
coeficientes literales en el álgebra —y también más adelante, por supuesto, las
derivadas 1ª y 2ª y la integral— y está claro que desde la pre-Ilustración
hasta aquí las matemáticas se han alejado tanto de cualquier tipo de
observación del mundo real que podemos decir junto a Saussure que ahora son,
como sistema de símbolos, «independientes de los objetos designados», es decir,
que ahora las matemáticas se ocupan mucho más de las relaciones lógicas entre
conceptos abstractos que de cualquier correspondencia particular entre esos
conceptos y la realidad física. La cuestión es que en el siglo XVII las
matemáticas se convierten principalmente en un sistema de abstracciones a
partir de otras abstracciones y no a partir del mundo.
Lo cual hace que el segundo gran cambio parezca paradójico: la nueva
hiperabstracción de las matemáticas resulta funcionar increíblemente bien en
las aplicaciones al mundo real. En la ciencia, la ingeniería, la física, etc.
Tome, como ejemplo obvio, el cálculo, que es exponencialmente más abstracto que
cualquier tipo de matemáticas «prácticas» anteriores (por ejemplo, ¿a partir de
qué observación del mundo real sueña uno la idea de que la velocidad de un
objeto y el área bajo una curva tienen algo que ver entre sí?), y a pesar de
todo tienen un acierto sin precedentes al representar/explicar el movimiento y
la aceleración, la gravedad, los movimientos planetarios, el calor: todo lo que
la ciencia nos dice que es real del mundo real. No es por nada que David
Berlinski llamara al cálculo «el primer relato que este mundo se contó a sí
mismo al convertirse en el mundo moderno» (Berlinski, pág. xi). Porque de lo
que va el mundo moderno, lo que es, es la ciencia. Y es en el siglo XVII cuando
se consuma el matrimonio entre las matemáticas y la ciencia, siendo la
revolución científica a la vez la causa y el efecto de la «explosión
matemática» porque la ciencia —cada vez más liberada de sus encuentros
aristotélicos con la sustancia respecto a materia y potencialidad respecto a
realidad— ahora se convierte esencialmente en una actividad matemática[99] en la
que la fuerza, el movimiento, la masa, y la ley-como-fórmula constituyen la
nueva plantilla para entender cómo funciona la realidad. Hacia finales del
siglo XVII, las matemáticas serias son parte de la astronomía, la mecánica, la
geografía, la ingeniería civil, la planificación urbana, la marmolería, la
carpintería, la metalurgia, la química, la hidráulica, la hidrostática, la
óptica, el pulido de lentes, la estrategia militar, el diseño de pistolas y
cañones, la elaboración de vinos, la arquitectura, la música, la construcción
de barcos, la medición del tiempo, los calendarios, todo.
Y la influencia práctica actúa en ambos sentidos. Aquí está una cita definitiva
de Kline:
«A
la vez que la ciencia empezó a apoyarse más y más en las matemáticas para
obtener sus conclusiones físicas, las matemáticas empezaron a apoyarse más y
más en los resultados científicos para justificar sus propios procedimientos»
(Kline, pág. 395).
Y,
como se verá de sobras en los § 4 y 5, esta unión resulta fructífera pero
también está llena de riesgos. En pocas palabras, todo tipo de cantidades y
procedimientos antes dudosos ahora son aceptados en las matemáticas por su
eficacia práctica, lo que significa que si las matemáticas quieren mantener su
rigor deductivo tendrán que ser rigurosamente «teorizadas» y basadas en el
esquema axiomático de las matemáticas. Adivine en qué ejemplos de estos
conceptos largamente cuestionables estamos interesados aquí. Eche otro vistazo
al translúcido Kline, ahora en un capítulo de su Pensamiento matemático
titulado «Las matemáticas en 1700»:
«Las
cantidades infinitamente grandes, que los griegos habían evitado
estudiadamente, y las infinitamente pequeñas, que los griegos habían esquivado
hábilmente, [ahora] tenían que ser afrontadas» (Ibíd., pág. 393).
§
3c.
Así pues, una vez la historia del ∞ llega a finales del siglo XVII, ahora vamos
disparados a una velocidad irreversible hacia Cantor y sus colegas, y las
matemáticas se vuelven mucho más abstractas y técnicas. Y el «Alto Mando» ha
decidido que en puntos seleccionados deberá usted someterse a pequeños y
rápidos glosarios de emergencia (G. E.) en los cuales ciertos
términos/conceptos inevitables se definen de modo que luego puedan usarse sin
tener que parar constantemente y hacer sesudas búsquedas in medias acerca de lo
que significan. Algunos serán nuevos, otros ya han sido mencionados o pueden
parecer algo obvios, pero son lo bastante importantes para que ellos y algunos
de sus subtérminos asociados se aseguren al 100%.
N. B.: El siguiente primer GLOSARIO DE EMERGENCIA puede resultar un poco seco
debido simplemente a la compresión. Y aunque era tentador designarlo como SEI para
lectores con fuerte formación matemática, el hecho es que muchas de las
definiciones están tan radicalmente reducidas y simplificadas que probablemente
le valga la pena dedicar algo de su tiempo por lo menos a hojear este G. E. I
para tener claras las maneras específicas en las que vamos a utilizar los
términos. Para los lectores que no sepan demasiadas matemáticas superiores, por
otro lado, lo que sigue es todo lo que necesitan para continuar por lo menos
durante unos cuantos § más.
Glosario
de emergencia I,
con un salto temporal narrativo asociado
·
Recta real. Como
se ha mencionado, es esencialmente una recta numérica ampliada, en el sentido
de una recta geométrica con una graduación fija y densa de modo que cada número
real corresponde a un único punto en la recta. Para nuestros propósitos, la
recta real es un «espacio topológico», lo cual aquí significa que la recta y el
conjunto de todos los números reales que representa pueden usarse sin
distinción para referirse a la misma cosa abstracta,[100] la
cual, también se ha mencionado, se llama de manera habitual «el continuo»,
donde este término significa exactamente lo que aparenta significar: el origen
y la manifestación de la continuidad combinados.
·
Función. Ya
bastante tratado en § 3a, o eche un vistazo a esta maravillosa definición
directa de una clase de matemáticas escolares: «Una relación entre dos cosas
donde el valor de una está determinado por el valor de la otra». Recordará del
álgebra básica que en una función típica como y = f(x), x es
la variable independiente e y es la variable dependiente, en
el sentido de que los cambios en x producen cambios en y según las reglas
de f. El conjunto[101] de
todos los valores posibles que la variable independiente puede adquirir se
llama el dominio de la función. El conjunto de todos los valores posibles de y
es el recorrido de la función.
·
Función real. Una
función cuyos dominio y recorrido son conjuntos de números reales.
·
Función continua (a). La
función y = f(x) es continua si cambios muy
pequeños en x dan solo cambios muy pequeños en y:
no hay grandes saltos ni interrupciones ni cosas extrañas. Si una función es
discontinua, habitualmente es discontinua para cierto valor de la variable
independiente, por ejemplo,
es
discontinua en x = 1.[102] (Para
su información, resulta que hay todo tipo de discontinuidades, cada una con su
comportamiento, gráfica y nombre técnico característicos, «discontinuidad de
salto», «discontinuidad evitable», «discontinuidad asintótica», pero mejor no
nos vamos a liar con esas distinciones).
·
Intervalo. El
espacio en la recta real entre dos puntos, digamos p y q,
que es equivalente al conjunto de todos los números reales entre p y q.
Aquí, p y q se llaman los extremos del
intervalo. El intervalo cerrado [p, q] contiene los
extremos, el intervalo abierto (p, q) no. Observe los
corchetes en el caso de los intervalos cerrados y los paréntesis en el caso de
los intervalos abiertos; así es como se simboliza la diferencia.
·
Entorno. En
la recta real, el entorno de un punto p es el intervalo abierto (p− a, p + a)
donde a > 0. Otra manera de expresar eso es decir que el
a-entorno de p es el conjunto de todos los puntos cuya distancia a p es
menor que a.
·
Función continua (b) Las
funciones se califican a menudo de continuas/discontinuas en o sobre ciertos
intervalos. Una función f(x) es continua en el intervalo
abierto (p, q) si es continua en cada punto de (p, q).
Para que sea continua en el intervalo cerrado [p, q], tiene
que cumplirse lo siguiente:
que,
por supuesto, solo tendrán sentido si está usted familiarizado con los límites.
Límites. O
quizá más bien límites y cotas, pues estos están relacionados pero también son
crucialmente diferentes. La distinción es probablemente más fácil de ver
respecto a las sucesiones. ¡Uy!
·
Sucesión. Cualquier
secuencia de términos formada mediante alguna regla, por ejemplo, la sucesión
geométrica 1, 2, 4, 8, 16,…, 2n−1,…
·
Límites y cotas (a-d) La
técnica memorística informal que el doctor G. siempre sugería era que límite
involucra las expresiones «tiende a» o «se aproxima a», mientras que cota se
califica de «superior» o «inferior»,
a. El
límite de una sucesión es el gran concepto tácito tras la dicotomía de Zenón y
está implícito en la exhaustación de Eudoxo, la volumétrica de Kepler, etc.
Respecto a las sucesiones, «límite» se refiere al número al que nunca llegamos
realmente pero al que nos aproximamos más y más y más, a medida que aumenta el
número de términos de la sucesión. Expresado de un modo algo más excitante, el
límite L de una sucesión infinita p1, p2, p3,
…, pn, … es el número al que la sucesión se aproxima (o
al que «tiende») cuando n se aproxima a donde esta última
aproximación se simboliza mediante una pequeña «→» bajo la línea de texto,
siendo la expresión completa:
b. El
límite de una función es básicamente el valor al que se aproxima la variable
dependiente cuando la variable independiente se aproxima a algún otro valor. Un
ejemplo frecuente de las clases de cálculo es
donde f(x)
se aproxima a 0 cuando x tiende a ∞, expresado según[103]
c. Una
cota de una función es un «espécimen» totalmente distinto. Es una restricción
de algún tipo (o de algunos tipos) sobre el recorrido de la función. Un ejemplo
clásico de la trigonometría es f(x) = sen x,
donde todos los valores de f(x) van a estar entre −1 y 1.
Más importante para nuestros propósitos es que las funciones pueden tener cotas
superiores (M) y/o cotas inferiores (L) tales que f(x)
≤ M y/o f(x) ≥ L, para
toda xdel dominio de la función. Incluso más importantes son las
todavía más restringidas mínima cota superior y máxima cota inferior de una
función, donde M1 es la mínima cota superior de f(x)
si cualquier otra cota superior Mn es ≥ M1,
y L1 es la máxima cota inferior de f(x)
si es ≥ que cualquier otra cota inferior Ln.
d. Las
sucesiones pueden tener cotas de modo muy parecido al de las funciones. La
sucesión infinita de enteros positivos 1, 2, 3,… obviamente tiene una cota
inferior en 0, que también será la cota superior de −1, −2, −3,… Una sucesión
acotada es una que tiene cota superior y cota inferior: por ejemplo, si x ≥
1, es fácil ver que la secuencia generada al desarrollar[104]
·
Series. Definibles
como sucesiones cuyos términos están sumados los unos a los otros, como en la
serie geométrica
1 +
2 + 4 + 8 + 16 +… + 2n−1 +…
La
relación íntima de las series con las sucesiones significa que comparten la
mayoría de las cualidades y predicados asociados, con una gran excepción: donde
las sucesiones tienen límites, las series tienen límites y sumas. Puede que
recuerde la infame sigma mayúscula de las matemáticas superiores, que le
permite designar la suma incluso de series con un número infinito de términos:
porque resulta que todas las series interesantes son infinitas. La suma de la
serie infinita p1 + p2 + p3 +
… + pn … se escribe
donde
los pequeños y antipodales «∞» y «n = 1» indican los límites (en el
sentido del intervalo de posibles valores de n) de la serie.[107] Las
series infinitas son convergentes si convergen hacia una suma finita (véase,
por ejemplo, cómo la zenoide
converge
hacia la suma 2) y divergentes si no lo hacen (como la serie 1 + 2 + 3 + 4 +
…). Pero ambos tipos de series tienen por lo menos sumas abstractas[108] que
se pueden simbolizar mediante ∑ y tratadas como cantidades en cálculos
posteriores.
·
Producto infinito. Algo
así como una serie infinita excepto que los términos se multiplican.[109] Muchas
cosas en trigonometría, de π a las funciones seno y coseno, pueden
representarse como productos infinitos, dependiendo de cómo se traten los
desarrollos.
·
Desarrollo o expansión. Esto
significa expresar algo matemático en forma de sucesión/serie/producto (estamos
especialmente interesados en desarrollos en serie). Su funcionamiento depende
de lo que esté usted desarrollando. El desarrollo de una expresión matemática
habitualmente es bastante directo. Recuerde todas las operaciones mecánicas de
las matemáticas de bachillerato, como
(x + y)2→x2 +
2xy + y2
(respecto
a las cuales recordará también que cualesquiera constantes haya delante de las
variables de los términos se conocen como los coeficientes de la serie). Las
funciones, por otro lado, son más interesantes y, por lo tanto, más
complicadas. Ni siquiera todas son desarrollables, para empezar. Para que una
función sea representable como una serie, el desarrollo en serie de la función,
o bien
1.
tiene que ser finito, o bien
2.
si es infinito tiene que converger hacia la función para todos
los valores de las variables.
Ejemplo:
la función trigonométrica cos x es representable por la serie
de potencias convergente[110]
·
Serie de potencias. Un
tipo particular de serie que incluye exponentes (o sea, potencias), siendo la
forma genérica de una serie de potencias
p0 + p1x + p2x2 + p3x3 +
… + pnxn + …
donde
los valores de x son números reales y las p son
coeficientes.
Curiosidad:
el desarrollo de todas las funciones básicas (seno, coseno, elípticas,
hiperbólicas, logarítmicas y exponenciales) son todas series de potencias (como
también lo es la dicotomía de Zenón).
·
Series de Fourier,
que son algo así como la suma de dos series de potencias; se estudian en
matemáticas superiores[111] y
pueden constituir verdaderos quebraderos de cabeza, pero son vitales para el
contexto de la matemática transfinita y merecen por lo menos una explicación
general. Para nuestros propósitos, las series de Fourier se pueden ver como
desarrollos de funciones periódicas, respecto a las cuales todo lo que necesita
saber es que son maneras de representar varios tipos de ondas, por lo que a
veces también se llaman funciones de onda. Las funciones de onda fundamentales
son las trigonométricas sen x y cos x, y la serie
de Fourier elemental es el desarrollo de una función periódica f(x)
como —prepárese—[112]
donde
a y b son lo que se conoce como coeficientes de Fourier, los cuales son tan
peliagudos conceptualmente que nuestro plan es evitarlos casi a cualquier
precio.
·
Cuadratura. Este
es el término del siglo XVII para cierto tipo de problema que condujo al
cálculo integral. Técnicamente, se refiere a construir un cuadrado cuya área =
el área delimitada por una curva cerrada. Una versión moderna temprana del
viejo problema de la cuadratura del círculo, en otras palabras. Nos preocupamos
de definir la «cuadratura» porque se usa más adelante en ciertos contextos
históricos donde sería erróneo decir «integración» en su lugar, porque la
integración, estrictamente hablando, no existía todavía.
Derivada (n). El McGuffin del cálculo diferencial. Es una
expresión del ritmo de variación de una función respecto a su variable
independiente.[113] Como
puede traer recuerdos de las clases de matemáticas, añadamos que la derivada de
una función f(x) en cierto punto p puede
entenderse como la pendiente de la tangente a la curva dada por y = f(x)
en p, aunque esto no nos va a resultar demasiado útil. Una
curiosidad importante como propina: el proceso de hallar la derivada de una
función dada se llama diferenciación.
·
Integral (n). Esta
es la inversa de la derivada, es decir, la función que tiene una derivada dada,
esto es, la función de la que se deriva la derivada, es decir, si f(x)
es la derivada de g(x), entonces g(x) es
la integral de f(x). Encontraremos mucho más sobre esto, en
un contexto moderno, en § 4. (N. B. El proceso de hallar la integral de una
función dada se llama integración, que es lo que los matemáticos hacen a menudo
cuando están atascados en un problema y no saben cómo continuar. De ahí el
eslogan que puede verse en las habitaciones de muchos estudiantes
universitarios: no te sientes a esperar: integra).
·
Análisis. Otro
término altamente abstracto que no podemos ni embellecer ni evitar. Hay una
definición muy formal que incluye el modo en que ciertos tipos de funciones
varían en el entorno de un punto en una superficie, que dados nuestros
objetivos generales podemos omitir en favor de la idea de que el análisis es la
rama de las matemáticas que estudia cualquier cosa relacionada con los límites
o los «procesos límite», o sea, el cálculo, las funciones de variables reales o
complejas, la topología de la recta real, las sucesiones y las series
infinitas, etc. En los libros y las clases suelen hallarse referencias al
análisis como «las matemáticas de la continuidad». Lo cual puede despistar un
poco, porque a la mayoría nos enseñan que la continuidad es la jurisdicción del
cálculo, y hay algunas áreas completamente fuera del cálculo que siguen siendo
análisis, y de las cuales un par son especialmente relevantes. El álgebra, de
algún modo, se mezcla con el análisis a través del teorema del binomio[114] cuando n es
< o y el desarrollo de (p + q)n se
convierte en la infame serie binomial. De modo parecido, trigonometría →
análisis cuando, por ejemplo, las funciones seno y coseno se desarrollan en sus
respectivas series de potencias.
Una
complicación adicional es que para las matemáticas modernas «análisis» también
puede tener como connotación un tipo particular de espíritu metodológico propio
de las disciplinas recién mencionadas. Véase, por ejemplo, lo siguiente, del
Oxford Concise Dictionary of Mathematics: «El término "análisis" ha
llegado a usarse para indicar un enfoque bastante más riguroso de los temas del
cálculo y de los fundamentos del sistema de los números reales» (Clapham, pág.
6), donde la última frase = el ámbito de Dedekind y Cantor, y las razones por
las que los temas del cálculo debían haber necesitado «un enfoque más riguroso»
constituyen la verdadera causa motivadora de su trabajo. En pocas palabras,
toda la cuestión de rigor-y-fundamentos era parte de la gran emergencia
filosófica de las matemáticas poscálculo, una profunda división acerca del modo
en que los entes matemáticos debían ser considerados, y los teoremas,
demostrados. Y esta división es a su vez el contexto profundo tras las
controversias respecto a las matemáticas transfinitas de Cantor. Todo lo cual
será analizado mientras avancemos.
Otro aspecto implícito en la cita del diccionario Oxford son las viejas
oposiciones entre discreto y continuo y entre geometría y matemáticas puras.
Resulta que todos los grandes nombres tras el cálculo temprano estaban
preocupados por las funciones continuas y magnitudes que eran o bien
directamente geométricas (rectas, curvas, áreas, volúmenes) o representables
geométricamente (fuerza, velocidad, aceleración). Pero ahora tenga en cuenta
que una de las mayores preocupaciones de las matemáticas en el siglo anterior a
Cantor y Dedekind será la aritmetización del análisis, que esencialmente
significa obtener teoremas sobre funciones continuas usando solo números, no
curvas o áreas. Esa aritmetización acaba llevando el análisis más hacia los
territorios del álgebra y la teoría de números, campos que hasta entonces se
habían dedicado a entes matemáticos y fenómenos 100% discretos. Lo que ocurre
en el análisis del siglo XIX será una separación de la geometría similar a la
de las matemáticas griegas tras el descubrimiento de los irracionales por la D.
H. P.
Estamos de nuevo algo adelantados, cronológicamente hablando. La principal
cuestión relacionada con el ∞ que debe tenerse en cuenta a lo largo del
siguiente par de § s será por qué exactamente el cálculo debía haber requerido
el rigor adicional mencionado antes en el Glosario de emergencia (en
el cual más o menos ya no estamos). También vale la pena subrayar, de nuevo
para su futuro uso, que la distinción más importante entre los fenómenos
discretos y continuos en las matemáticas es que los primeros se pueden
caracterizar simplemente mediante números racionales, mientras que la
continuidad requiere todos los números reales, incluyendo los irracionales.
Resulta que una figura importante tanto en la aritmetización del análisis como
en las matemáticas del ∞ Bernard P. Bolzano (1781-1848) de la Universidad de
Praga. Por diversas razones este es el lugar adecuado para hablar de él, aunque
para hacerlo tendremos que entrar brevemente en el siglo XIX y luego saltar de
nuevo hacia atrás en el próximo § . En términos de aritmetización, el padre
Bolzano es el menos conocido de un cuarteto de matemáticos que fueron pioneros
de lo que se acabó conociendo como «análisis riguroso» a principios del siglo
XIX, siendo los otros tres Augustin-Louis Cauchy, Niels Abel, y Peter Gustav
Lojeune Dirichlet. Cauchy tiende a recibir mayor reconocimiento gracias,
principalmente, a su Cours d'Analyse (1821), que durante ciento cincuenta años
fue el libro de texto estándar de matemáticas superiores en Europa. A grandes
rasgos, el proyecto de Cauchy implica intentar rescatar el cálculo de sus
dificultades metafísicas[115] definiendo
los infinitesimales rigurosamente en términos de límites, pero buena parte del
análisis de Cauchy todavía está ligado a la geometría de modos que acaban
causando problemas. Es en realidad Bolzano, en su obra de 1817 Rein
analytischer Beweis desLehrsatzes…,[116] quien
da la primera demostración puramente aritmética de un teorema que involucra
funciones continuas.[117] En
este mismo libro proporciona lo que ahora se considera la definición matemática
correcta de la continuidad: f(x) es continua en el
intervalo A si en cualquier punto a de A la
diferencia f(a + δ) − f(a) puede
hacerse tan pequeña como se quiera haciendo que δ sea arbitrariamente pequeña.
En realidad, Bolzano representa otra clara manifestación de los caprichos de la
fama matemática. Algo de esto resultará aquí descontextualizado y ante rem,
pero para su información, por ejemplo, su método para determinar si una serie
es continua todavía se usa hoy, y se atribuye a Cauchy. O que Bolzano fue el
primer matemático en obtener una función que es continua pero no diferenciable
(es decir, sin derivada), un resultado que derribó la suposición del cálculo
temprano de que la continuidad y la diferenciación iban de la mano, y fue
completamente ignorado. La construcción por Karl Weierstrass de una función
similar, treinta años más tarde, fue celebrada como su «descubrimiento».[118]
Todo esto acabará siendo más importante de lo que parece ahora mismo, en
particular la idea de la continuidad como una propiedad aritmética. Pero es el
trabajo posterior de Bolzano sobre cantidades infinitas[119] lo
que resulta pertinente aquí, aunque solo sea porque es la conexión histórica
más importante entre las Dos nuevas ciencias de Galileo y el trabajo de
Dedekind/Cantor. Por lo menos, Bolzano, que era una especie de hereje, tanto
matemática como religiosamente (por ejemplo, fue finalmente expulsado de la
Universidad de Praga por sus sermones contra la guerra), es el primer
matemático desde Galileo en tratar de manera explícita la distinción entre los
infinitos real y potencial de Aristóteles. Como las DNC, la obra de Bolzano Las
paradojas del infinito es profundamente anti-aristotélica, aunque también hay
diferencias importantes: los argumentos de Bolzano son mucho más matemáticos
que los de Galileo, y también su motivación. Para mencionar otra vez algunas
cosas que después se desarrollarán con más detalle, lo que impulsa las P. del
I. tiene que ver con ciertas dificultades metafísicas relacionadas con el
despliegue de cantidades e incrementos de tipo ∞ en el cálculo. Prácticamente,
todos los matemáticos poscálculo habían intentado esquivar u ofuscar esas
dificultades invocando vagamente a Aristóteles y suponiendo que todos los ∞ que
estaban manejando eran solo potenciales o «incompletos» (esta era la idea
básica tras los límites cauchianos). Que Bolzano intentara abrir grandes
hendiduras en dicha suposición es una razón por la que su trabajo recibió tan
poca atención. También por ello, el profesor Cantor, que tiende a ser
uniformemente vitriólico hacia la mayor parte de los tratamientos históricos
del ∞, a menudo destaca a Bolzano con especial aprobación.[120]
P. del I. es la consecuencia de los intereses combinados de Bolzano por las
funciones, las colecciones infinitas y la recta real. Resulta que a este libro
solo le faltan algunos conceptos para inventar la teoría de conjuntos moderna:
«moderna» en el sentido de ser capaz de tratar conjuntos infinitos.[121] Una
de las importantes maneras en que anticipa el trabajo de Cantor es que expresa
abiertamente algo que solo estaba implícito en la paradoja de Galileo, es
decir, la idea de la correspondencia uno a uno como un modo de establecer la
equivalencia de dos conjuntos. El enfoque de Bolzano respecto a la paradoja de
Galileo es puramente abstracto, y cantoriano. Consiste en tomar algo que
Galileo había atribuido a las limitaciones de la mente humana y considerarlo
como una propiedad intrínseca de los conjuntos infinitos; o sea, el hecho de
que un subconjunto de un conjunto infinito puede tener tantos elementos como el
conjunto mismo. Como vamos a ver, tras Georg Cantor (cuyo propio trabajo fue
controvertido pero para nada ignorado), los matemáticos entendieron que esa
propiedad era, de hecho, la característica distintiva de los conjuntos
infinitos, y la definición matemática formal de conjunto infinito se basa ahora
en esta extraña equivalencia.
Observe también que la versión de Galileo de la equivalencia implicaba solo los
grandes ∞ de todos los enteros y todos los cuadrados perfectos. Es Bolzano
quien formula por primera vez la equivalencia entre los densos, zenoicos
pequeños ∞ de la recta real. Lo hace en P. del I. examinando el conjunto de
todos los números reales entre 0 y 1, es decir, el conjunto de todos los puntos
en el intervalo cerrado [0, 1] de la recta real. Bolzano considera la función
elemental[122]y =
2xy observa que si los valores de x de su dominio son
todos los puntos de [0, 1], la función asignará a cada x un
único valor de y en el intervalo cerrado más largo [0, 2]. De modo que 0,26
corresponderá a 0,52; 0,74, a 1,48; 0,624134021…, a 1,248268042…, y así
sucesivamente. En otras palabras, una perfecta correspondencia uno a uno: hay
exactamente tantos puntos de la recta real en [0, 1] como los hay en [0, 2]. Y
(como ahora parece obvio, pero Bolzano fue el primero en señalar) simplemente
cambiando el coeficiente de x en la función por cualquier otro
entero, y = 5x,y = 6,517x puede usted
demostrar que hay exactamente tantos números reales entre 0 y 1 como entre 0 y
cualquier otro número finito en el que pueda pensar.*
*Interpolación
de tipo SEI
En
realidad, como ya vimos en § 2e, el número de puntos en [0, 1] es igual a la de
puntos en toda la recta real extendiéndose infinitamente en ambas direcciones.
Aunque la demostración formal de esto es bastante elaborada,[123] una
demostración de la equivalencia está dentro de las capacidades del escolar
medio. Tome el segmento de la recta real correspondiente a [0, 1] y suspéndalo
por encima de la recta real entera, luego sitúe la punta de un compás en el
punto medio exacto del segmento y trace la mitad inferior de un círculo C cuyo
diámetro es 1,[124] y
dispóngalo de ese modo:
Tome
cualquier punto de la recta real y trace una recta L desde este punto hasta el
centro de C, es decir, hasta el punto medio del diámetro. Sea cual sea el punto
de intersección con la semicircunferencia inferior, trace una recta vertical
desde dicho punto hasta que corte al diámetro [0, 1], de nuevo como se indica:
Así,
cualquier punto de la recta real puede, mediante una L1, L2,
L3, …, Ln, ser puesto en correspondencia uno a uno con un
punto de [0, 1]. Q .E. D.
Fin
de la interpolación
Premoniciones
técnicas aparte, Las paradojas del infinito es también notable por sus
intenciones metafísicas. En esto, también, se parece a las DNC y a parte del
trabajo posterior de Cantor. La postura básica de Bolzano es desautorizar la
cadena aristo-escolástica del ser. Cree que el universo creado es a la vez
infinito en extensión e infinitamente divisible. La «Eternidad» es simplemente
un ∞ temporal. Como la mayoría de los matemáticos religiosos desde Pitágoras
hasta Gödel,[125] Bolzano
cree que las matemáticas son el lenguaje de Dios y que se pueden obtener y
demostrar matemáticamente profundas verdades metafísicas. Lo que le falta, en
términos de ampliar sus inspiraciones sobre tamaños ∞, densidades y
equivalencias a verdaderos teoremas, son los conceptos de teoría de conjuntos
acerca de la cardinalidad, ordinalidad y potencia tal como se aplican a
colecciones de puntos.[126] Puede
establecer y demostrar la extraña equivalencia de conjuntos/subconjuntos
infinitos, y puede vislumbrar que su relación no es contradictoria, sino
paradigmática. Pero no tiene manera de convertir sus demostraciones en una
auténtica teoría de los conjuntos infinitos y sus relaciones, comportamientos,
etc. La principal razón de ello —por extraño que pueda parecer ahora— es que en
la era de Bolzano todavía no hay ninguna teoría coherente del sistema de los
números reales, ninguna definición rigurosa de número irracional.
§
4a.
El consenso académico es que ha habido tres grandes períodos de crisis en los
fundamentos de las matemáticas occidentales. El primero fueron los
inconmensurables pitagóricos. El tercero es la era (en la que se puede
argumentar que estamos todavía) tras las demostraciones de incompletitud de
Gödel y el derrumbe de la teoría de conjuntos cantoriana.[127] La
segunda gran crisis envolvió el desarrollo del cálculo.
Ahora la idea va a ser trazar de forma resumida cómo las matemáticas
transfinitas evolucionan gradualmente a partir de ciertas técnicas y problemas
asociados con el cálculo/análisis. En otras palabras, construir un andamiaje
conceptual para contemplar y valorar los logros de Georg Cantor.[128] Como
se ha mencionado, esto significa ir diacrónicamente hacia atrás, hacia donde
estaba la línea temporal original al final de § 3a.
O sea, que ahora estamos cerca del fin del siglo XVII, la época de la
Restauración y el sitio de Viena, de pelucas altas como torres y pañuelos
perfumados, etc. Sin duda, ya sabe que el cálculo fue el descubrimiento
matemático más importante desde Euclides. Un avance fundamental en la capacidad
de las matemáticas para representar la continuidad y el cambio y los procesos
del mundo real. Ya se ha hablado de algo de esto. Probablemente también sabe
que a Isaac Newton y/o Gottfried Wilhelm Leibniz se les suele atribuir su
descubrimiento.[129]
También podría saber —o por lo menos ser capaz de anticipar a partir de la
cronología de § 3a— que la idea de una atribución exclusiva o incluso dual es
absurda, como lo es la noción de que lo que ahora llamamos cálculo corresponda
a cualquier invención individual. Incluso, según el más simple de los
recuentos, la autoría tendría que ser compartida por al menos una docena de
matemáticos en Inglaterra, Francia, Italia y Alemania que estaban todos
ocupadísimos ramificando el trabajo de Kepler y de Galileo sobre funciones,
series infinitas y las propiedades de las curvas, motivados (es decir que lo
estaban, como ya se ha mencionado) por ciertos problemas científicos urgentes
que también eran, o bien problemas matemáticos, o abordables como tales.
Estos eran algunos de los problemas motivadores más urgentes: calcular la
velocidad y la aceleración instantáneas (física, dinámica), hallar la tangente
a una curva (óptica, astronomía), hallar la longitud de una curva, el área
delimitada por una curva, el volumen delimitado por una superficie (astronomía,
ingeniería), hallar el valor máximo/mínimo de una función (ciencia militar,
esp. artillería). Probablemente había algunas más. Ahora sabemos que todos
estos problemas están estrechamente relacionados: todos son aspectos del
cálculo. Pero los matemáticos que trabajaban en ellos en el siglo XVII no lo
sabían, y Newton y Leibniz sí merecen un enorme reconocimiento por ver y
conceptualizar las relaciones entre, por ejemplo, la velocidad instantánea de
un punto y el área delimitada por la curva que describe su movimiento, o la
tasa de variación de una función y el área dada por una función cuya tasa de
variación conocemos. Fueron Newton y Leibniz los primeros en ver el bosque —o
sea, el teorema fundamental de que la diferenciación y la integración son
inversas mutuas— y fueron capaces de obtener un método general que funcionaba
con todos los problemas de los tipos mencionados. Sobre el propio misterio de
la continuidad. Aunque no sin tener que dar rodeos para evitar algunas horribles
grietas en este bosque, y ciertamente no sin todo tipo de árboles preliminares
en forma de resultados y descubrimientos de otras personas. Además de los ya
mencionados en la cronología, están, por ejemplo:
·
1629 - Pierre de Fermat y su método para hallar los valores
máximo y mínimo de una curva polinómica;
·
hacia 1635 - Gilles Personne de Roberval y su descubrimiento de
que la tangente a una curva se podía expresar como una función de la velocidad
de un punto móvil cuya trayectoria da la curva;[130]
·
1635 - Francesco Bonaventura Cavalieri y su método de los
indivisibles para calcular áreas bajo curvas;
·
1644 - Isaac Barrow y su método de las tangentes geométrico.
Además,
hacia 1668, hay un párrafo muy premonitorio en el prefacio a la obra de James
Gregory Geometriae Pars Universalis cuyo punto destacado es
que la división realmente importante de las matemáticas no es en geométricas y
aritméticas, sino en universales y particulares. Motivo por el que es
premonitorio: varios matemáticos desde Eudoxo hasta Fermat habían inventado y
puesto en práctica métodos propios del cálculo, pero siempre geométricamente y
siempre en relación con problemas específicos. Son Newton y Leibniz quienes
combinan los diversos métodos de las latitudes y los indivisibles y demás en
una única técnica aritmética cuya amplitud y generalidad (es decir, su
abstracción) son su gran fuerza.[131] Pero
sus formaciones y enfoques son diferentes. Newton llega al cálculo a través del
método de las tangentes de Barrow, el teorema del binomio y el trabajo de
Wallis sobre series infinitas. La ruta de Leibniz incluye funciones, pautas
numéricas llamadas «sucesiones de sumas y sucesiones de diferencias», y una
distintiva metafísica[132] según
la cual una curva podía ser tratada como una sucesión ordenada de puntos
separados por una distancia literalmente infinitesimal. (En pocas palabras,
para Leibniz las curvas son generadas por ecuaciones, mientras que las
cantidades que varían a lo largo de una curva son dadas por funciones;
seguramente hemos mencionado que tiene derechos de autor sobre el término
«función»).
No vamos a entrar demasiado en el asunto de Newton contra Leibniz, pero las
diferencias metafísicas en su manera de contemplar las cantidades
infinitesimales son muy relevantes.[133] Newton,
en el fondo un físico que pensaba en términos de velocidad y tasa de variación,
usó incrementos infinitamente pequeños en los valores de sus variables como
herramientas desechables al llegar a la derivada de una función. La derivada de
Newton era básicamente un límite de tipo eudoxiano de las razones de dichos
incrementos cuando se volvían arbitrariamente pequeños. Leibniz, un
abogado/diplomático/cortesano/filósofo para quien las matemáticas eran una
especie de pasatiempo colateral,[134] tenía
una ya mencionada metafísica idiosincrática que involucraba ciertos extraños,
fundamentales, infinitamente pequeños constituyentes de toda la realidad,[135] y se
puede decir que construyó su cálculo alrededor de las relaciones entre ellos.
Esas diferencias tenían implicaciones metodológicas, obviamente, con Newton
viéndolo todo en términos de tasas de cambio y el teorema del binomio, y, por
lo tanto, tendiendo a representar las funciones[136] como
series infinitas, y Leibniz prefiriendo lo que se conoce como «formas
cerradas», evitando las series y usando sumas y funciones tal cual, incluyendo
funciones trascendentes cuando las algebraicas no daban resultado. Algunas de
esas diferencias eran solo de gusto: por ejemplo, los dos usaron notaciones y
vocabularios totalmente diferentes, aunque Leibniz era mejor y en términos
generales ganó.[137] Para
nosotros, lo importante es que las versiones del cálculo de ambos hombres
causaron serios problemas a las matemáticas como disciplina deductiva,
lógicamente rigurosa, y fueron vigorosamente atacadas al mismo tiempo que
hacían posible todo tipo de resultados increíbles en las matemáticas y la
ciencia. La causa de la debilidad en los fundamentos debería ser fácil de ver,
tanto si el problema es metodológico (en el caso de Newton) como metafísico
(caso de Leibniz). Como se ha mencionado en § 2b y probablemente en alguna otra
parte (y es de todos modos bien conocido), el problema concierne a los
infinitesimales, que una vez más a finales del siglo XVII obligan a todos a
intentar tratar con las matemáticas del ∞.
La mejor manera de hablar de esos problemas es resumir de qué modo funciona el
cálculo temprano. Vamos a hacer una deducción no muy estándar de tipo
cuadratura que consigue ilustrar varios aspectos de la técnica de una sola vez,
de manera que no tenga usted que aburrirse con un montón de casos distintos.
También vamos a mezclar en cierto modo los diferentes métodos y terminologías
de Newton y Leibniz, pues la finalidad aquí no es la exactitud histórica, sino
la claridad en la ilustración. Por la misma razón, vamos a evitar los casos de
cómo-hallar-la-tangente y
cómo-llegar-de-la-velocidad-media-a-la-velocidad-instantánea que usan la
mayoría de los libros de texto.[138]
Primero, tome como referencia la que vamos a llamar Figura 4a, la cual, por
favor, observe que ni siquiera está remotamente a escala, pero tiene la ventaja
de hacer que las cosas resulten fáciles de ver. Por la misma razón, la «curva»
relevante en la Figura 4a es una recta, el tipo más simple de curva, respecto a
la cual los cálculos no son nada complejos.[139] La
curva de la Figura 4a puede contemplarse, o bien como un conjunto de puntos
dado por una función continua en un intervalo cerrado, o bien como la
trayectoria de un punto en movimiento en el espacio 2D. Para este último caso,
el newtoniano (que parece ser el preferido en la mayoría de las clases de
matemáticas superiores), observe que aquí el eje vertical indica la posición y
el eje horizontal es el tiempo (por una larga historia y buenas razones,
podrían estar intercambia dos, o no estarlo, respecto a los ejes de las
gráficas de movimiento que usted debió de ver en la escuela). Por lo tanto:
En
primer lugar, pongamos que A, el área bajo la curva, es igual
a x2. (Esto puede parecer extraño porque la curva de la
Figura es una línea recta, así que parece como si A en
realidad debiera ser xy/2, pero para la mayoría de las curvas
dibujadas exactamente a escala x2 funcionará; o
sea, que aquí sígame la corriente y suponga que y es
exactamente igual a x). Esto significa que formalmente suponemos lo
siguiente:
1. A = x2.
Luego pongamos que x se incrementa en una cantidad
infinitesimalmente pequeña t,[140] con
el área bajo la curva incrementándose consecuentemente en tz. Dado
esto, y dada la igualdad en (1), obtenemos:
2. A + tz =
(x + t)2. Desarrollando el binomio,
obtenemos:
3. A + tz − x2 +
2xt + t2. Y, como, por (1), A = x2 podemos
reducir (3) a:
4. tz =
2xt + t2. Ahora mire atentamente. Tomamos
(4) y dividimos por tobteniendo:
5. z =
2x + t. Mire de nuevo: al estar t definida como
infinitesimalmente pequeña, 2x + t es equivalente,
en términos finitos, a 2x, de modo que la ecuación relevante se
convierte en:
6. z =
2x. Y punto final. En un momento veremos qué demuestra esto (Lavine,
págs. 16-17).
Probablemente
se habrá dado cuenta de algún cambio serio en el tratamiento que hace esta
deducción de la cantidad infinitesimal t. En el paso de (4) a
(5), t es suficientemente > 0 para ser un divisor válido.
En el paso de (5) a (6), sin embargo, t parece ser = 0,
pues t sumada a 2x da 2x. En otras
palabras, t se trata como o cuando conviene y como > 0
cuando conviene,[141] lo
cual parece dar lugar a la contradicción (t = 0) y (t ≠ 0), lo cual
—como recordará de la anterior discusión sobre demostraciones por reducción al
absurdo— parece una amplia base argumental para volver atrás y decir que debe
de haber algún error en el uso de cantidades infinitesimales como t. Por lo
menos, esa t parece un truco de notación, alguna versión matemática de la
«contabilidad creativa» en economía.[142]
Excepto por lo siguiente. Si pasa usted por alto la contradicción aparente, o
por lo menos aplaza la reducción al absurdo, una deducción como la de la Figura
4a (la cual, a pesar de su parecido con el triángulo característico de Leibniz,
es en realidad una versión simplificada del proceso que Newton usa en De
Analysi)[143]resulta ser
una pieza de artillería matemática realmente notable, que arroja por lo menos
dos resultados cruciales. El resultado nº 1 es que se puede demostrar que la
tasa de cambio de x2 es 2x si se acepta el cálculo
como
representación del cambio de x durante el «instante» t.[144] El
resultado nº 2 es que se puede demostrar que la tasa de cambio del área A es la
«curva» (o sea, la y de la Figura 4a; recuerde que una recta es un tipo de
curva) que delimita A. Para verlo, calcule
y
simplifique para obtener , luego divida por la sospechosamente
conveniente tpara obtener z, la cual, recuerde, es solo
«infinitesimalmente mayor» que y, y por lo tanto aquí se puede
considerar como = y.[145]
Acaba usted obteniendo y = 2x, la que resulta ser la
función que da la curva de la Figura 4a. Lo cual significa que el
resultado y = 2x lleva empaquetado el principio
básico del cálculo integral: la tasa de cambio del área delimitada por una
curva no es más que esa misma curva. Lo que, a su vez, significa que la
integral de una función que tiene una derivada dada es la propia función, lo
cual resulta ser el teorema fundamental del cálculo (T. F. C.);[146] o
sea, que la diferenciación y la integración son recíprocas[147] del
mismo modo en que lo son la multiplicación y la división o las potencias y las
raíces, lo cual es el motivo de que el cálculo sea tan poderoso y de que Newton
y Leibniz merezcan tanto reconocimiento: el T. F. C. combina ambas técnicas en
un paquete de gran calibre (… mientras se acepten los posibles malentendidos
acerca de si t = 0).
Sin embargo, la mayoría de nosotros no aprendimos esto así en la escuela. Si
estudió usted un primer curso de cálculo es probable que aprendiera, mediante
gráficos de velocidad-y-aceleración, a tomar el límite de Δx, o que
donde dy/dx es
la notación de Leibniz y el concepto de límite es el modo en que el análisis
poscálculo embelleció a posteriori todo el problema de los infinitesimales.
Puede que recuerde o que sepa, por ejemplo, que en la mayoría de los libros de
texto modernos un infinitesimal se define como «una cantidad que da o tras la
aplicación de un proceso límite». Si usted es un auténtico superviviente de
primer curso de cálculo, seguramente también puede recordar cuán brutalmente
abstracto y antiintuitivo resulta intentar aprender esa cosa de los límites:
casi nadie explica a los estudiantes de carrera los porqués del método,[148] ni
menciona que hay una manera más fácil o por lo menos más intuitiva de
entender dx y Δx y t, concretamente como
órdenes de 1/∞. La mayoría de los profesores, en cambio, intentan distraer a
los estudiantes con vistosos ejemplos de la capacidad del cálculo para resolver
todo tipo de complejos problemas del mundo real: desde la velocidad y aceleración
instantáneas como la 1ª y la 2ª derivadas, a las órbitas elípticas de Kepler y
la
de
Newton, los movimientos de muelles disparados y bolas rebotando, las penumbras
de los eclipses, o la intensidad de un sonido como función de la rotación del
regulador de volumen, sin olvidar el panorama trigonométrico que se abre al
aprender que d(sen x) = cos x y d(cos x)
= − sen x, que la tangente es el límite de la secante, etc. Todo
esto se presenta de manera habitual como preparación para dominar el concepto
de límite, un concepto que en realidad no es menos abstracto o doloroso que
intentar solo concebir dx o t como cantidades
increíblemente, alucinantemente pequeñas.
A partir de todo lo dicho, queda claro que el verdadero motivo tras el enfoque
del cálculo basado en los límites era que las cantidades infinitesimales de
Newton y Leibniz, y sus juegos de manos con la notación, habían abierto algunas
horribles hendiduras en los fundamentos de las matemáticas, dado que la
proposición «(x= 0) y (x ≠ 0)» viola todo tipo de axiomas básicos de
tipo LTE. Dado nuestro relato hasta ahora, lo más fácil de decir parece ser que
la mayoría de dichos presuntos problemas en realidad estaban causados por la
incapacidad de las matemáticas para tratar con cantidades infinitas, es decir,
que, como en el caso de la dicotomía de Zenón y la paradoja de Galileo, la
auténtica dificultad era que nadie entendía todavía la aritmética del ∞. No
sería exactamente un error decir esto, pero para nuestros propósitos resultaría
por lo menos algo pobre.[149]Como todo
lo demás acerca de las matemáticas tras el cálculo, las verdaderas dificultades
y las cosas que están en juego aquí son más complejas.
§ 4b.
Recapitulemos y reformulemos un poco las cosas. La propia potencia del cálculo
y su relevancia provocaron en las matemáticas de la modernidad temprana el
mismo tipo de crisis que la dicotomía de Zenón había planteado a los griegos.
Solo que de algún modo era peor. Las paradojas de Zenón no habían resuelto
ningún problema matemático existente, mientras que las herramientas del cálculo
sí lo habían hecho. La panoplia de resultados acerca del mundo real que
permitió el cálculo ya se ha detallado, así como su extraordinaria pertinencia
en aquel momento: todas las ciencias aplicadas se estaban dando de bruces con
los problemas de los fenómenos continuos justamente cuando Newton y Leibniz y
sus respectivas teorías dieron con una explicación matemática de la
continuidad.[150] Una
que funcionaba. Una que condujo directamente a la gran decodificación moderna
de las leyes físicas como ecuaciones diferenciales.
Solo que desde el punto de vista de los fundamentos es un desastre. Es todo un
castillo en el aire. Los leibnizianos[151] no
podían explicar u obtener cantidades que fueran verdaderamente distintas de o
pero a la vez infinitamente próximas a o. Los newtonianos,[152] que
afirmaban que el cálculo no dependía realmente de cantidades infinitesimales
sino más bien de las «fluxiones» —donde fluxión significa la tasa de cambio de
una variable dependiente del tiempo—, se basaban en el requisito de que los
cocientes de dichas fluxiones se tomen justo cuando se desvanecen o surgen de
0, en el sentido del primer o último instante infinitesimal en el que son >
0, lo cual, por supuesto, no es más que sustituir cantidades infinitamente
pequeñas por instantes infinitamente breves. Y los newtonianos no tenían una
explicación mejor de esos cocientes instantáneos que la que tenían los
leibnizianos de las cantidades infinitesimales.[153] La
única verdadera ventaja de la versión de Newton (para todo el mundo excepto
para los estudiantes de primer curso de cálculo) es que ya tiene el concepto de
límite implícito de algún modo en la idea de un primer/último instante que se
desvanece de tan pequeño: serían principalmente Agustin-Louis Cauchy y luego
Karl Weierstrass quienes desarrollaron todo esto. (Weierstrass, dicho sea de
paso, fue profesor de Cantor).
A propósito de la continuidad, los infinitesimales y el cálculo, vale la pena
echar un rápido vistazo a otra de las paradojas de Zenón contra el movimiento.
Esta se llama habitualmente la paradoja de la flecha, porque analiza el
intervalo de tiempo durante el cual una flecha está viajando desde su arco
hasta la diana.[154]Zenón
observa que en cualquier instante específico de ese intervalo, la flecha ocupa
«un espacio igual a sí misma», y dice que esto es lo mismo que estar «en
reposo». La cuestión es que la flecha no puede estar realmente moviéndose en un
instante, porque el movimiento requiere un intervalo de tiempo, y aquí un
instante no es un intervalo: es la unidad de tiempo más pequeña imaginable, y
no tiene duración, del mismo modo en que un punto geométrico no tiene
dimensión. Y si en todos y cada uno de los instantes la flecha está en reposo,
entonces la flecha no se mueve jamás. De hecho, nada se mueve en ningún caso,
realmente, pues en cualquier instante dado todo está en reposo.
Hay por lo menos una premisa implícita en el argumento de Zenón, que puede
ponerse en evidencia mediante un esquema:
1. En
todos y cada uno de los instantes, la flecha está en reposo.
2. Cualquier
intervalo de tiempo está compuesto de instantes.
3. Por
lo tanto, durante cualquier intervalo de tiempo la flecha no se está moviendo.
La
premisa encubierta es (2), que es justamente lo que Aristóteles ataca en la
Física, descartando todas las P. Z. sobre la base de que «… el tiempo
no está compuesto de instantes indivisibles»,[155] es
decir, que la misma noción de que algo esté o bien en movimiento o bien en
reposo en un instante es incoherente. Obsérvese, sin embargo, que es
precisamente a esa idea del movimiento en un instante a la que el cálculo de
Newton y Leibniz es capaz de hallarle sentido matemáticamente, y no solo el
movimiento en general sino la precisa velocidad instantánea, sin olvidar la
tasa-de-cambio-de-la-velocidad instantánea (= aceleración, 2ª derivada), la
tasa-de-cambio-de-la-aceleración instantánea (= 3ª derivada), etc.
En relación con la paradoja de la flecha, el hecho de que el cálculo clásico
sea capaz de tratar precisamente lo que Aristóteles dice que no puede ser
tratado no es una coincidencia. Para empezar, eche otro vistazo a lo del
instante «sin duración» de hace dos párrafos, y observe que este término es
algo ambiguo. Resulta que el tipo de instante del que habla Zenón es, por lo
menos matemáticamente, no algo de duración o, sino un infinitésimo. Tiene que
serlo. Considere de nuevo la vieja fórmula escolar para el movimiento,
Velocidad
× Tiempo = Distancia, o v = d/t.
Una
flecha en reposo tiene una v de 0 y cubre una distancia 0d, obviamente.
Pero si en términos de tiempo un instante = 0, entonces desde el punto de vista
de Zenón se acaba postulando que 0 es el divisor en v = d/t, lo
cual es matemáticamente ilegal/falaz del mismo modo que todo el asunto de
«0 = 0/0» es ilegal/falaz.
Solo que aquí tenemos que ir de nuevo con cuidado, y también con las demás P.
Z. Como ya se ha mencionado en todo tipo de diferentes contextos, no es lo
mismo «tratar» algo que tratarlo realmente. Incluso si admitimos que el
instante de Zenón es infinitesimal y, por lo tanto, apto para el tratamiento
mediante fluxiones de Newton o el dx de Leibniz, probablemente ya puede ver que
una «solución», al estilo del cálculo clásico, de la flecha de Zenón puede
resultar trivial en el mismo sentido en que
es
trivial respecto a la dicotomía. Es decir, la flecha es realmente una paradoja
metafísica, y es precisamente una explicación metafísica de los infinitesimales
lo que el cálculo no tiene. Sin tal explicación, todo lo que podemos hacer es
aplicar a la flecha alguna fórmula de aspecto excitante que dependerá de los
mismos infinitesimales misteriosos y de aspecto paradójico que Zenón usa desde
el principio. Además, aún quedará la inquietante cuestión de cómo llega
realmente una flecha a la diana tras un intervalo que contiene una infinidad de
instantes de tamaño 1/∞.[156]
El problema es que, siendo la flecha metafísica, también es extremadamente
sutil y abstracta. Considere por ejemplo otra premisa encubierta, o quizás un
tipo de subpremisa que está implícita en la parte (1) del argumento de Zenón:
¿es realmente verdad que algo tiene que estar o bien en movimiento o bien en
reposo? Al principio parece ciertamente verdadero, suponiendo que tomemos «en
reposo» como sinónimo de «no moviéndose». Recuerde la LTE, después de todo. Es
seguro que, en cualquier instante dado t, algo o bien se está
moviendo o bien no se está moviendo, en el sentido de que en el instante t tiene
o bien una velocidad > 0 o una velocidad = 0.
Que en realidad esta disyuntiva no es válida —que aquí la LTE no se puede
aplicar realmente— puede verse examinando la diferencia entre el número 0 y la
palabra abstracta «nada». Es una diferencia sutil, pero importante. La
incapacidad de los griegos para verla fue probablemente lo que les impidió ser
capaces de usar el 0 en sus matemáticas, lo cual fue un gran inconveniente.
Pero 0 o nada es una de esas distinciones abstractas de las que es casi
imposible hablar directamente: más bien tiene que hacerse mediante ejemplos.
Imagine una clase de matemáticas, y que en esa clase hay un examen
diabólicamente difícil que se puntúa sobre 100, e imagine que ni usted ni yo
obtenemos ni un solo punto. Pero hay una diferencia: usted no está en la clase
y ni siquiera hizo el examen, mientras que yo sí estoy, y lo hice. El hecho de
que usted obtuviera o puntos de ese examen es, pues, irrelevante —su 0
significa Información No Disponible, nada—, mientras que mi 0 es un cero de
verdad. O, si no le gusta esta, imagine que usted y yo somos, respectivamente,
mujer y hombre, ambos sanos y con una edad de entre veinte y cuarenta años, y que
ambos estamos en la consulta de un médico, y que ninguno de los dos ha tenido
la regla en las últimas diez semanas, en cuyo caso mi número total de reglas no
es nada, mientras que el suyo es 0, y, por lo tanto, significativo. Fin de los
ejemplos.
Así que simplemente no es verdad que algo siempre tenga que ser o bien 0 o bien
no-0: también podría ser nada, Información No Disponible.[157] En
cuyo caso hay una respuesta no trivial a la premisa de Zenón (1), a saber: el
hecho de que la flecha no se esté moviendo en t no significa que su v en t sea
o, sino más bien que su v en t no es nada. Que esta imprecisión en la premisa
(1) no se capte enseguida se debe en parte a la cuestión del 0 o nada y en
parte a la vertiginosa abstracción, de Cuarto Nivel, de palabras como
«desplazamiento» y «movimiento». El término «movimiento», por ejemplo, es
especialmente engañoso porque no parece para nada abstracto: parece denotar
llanamente algo o algún proceso, mientras que, si piensa usted en ello,[158] incluso
el tipo más simple de movimiento es en realidad una complicada relación entre
a. un
objeto,
b. más
de un lugar, y
c. más
de un instante.
Punto
a destacar: la falacia de la flecha está en la suposición que Zenón hace de que
la pregunta «¿Está o no está en movimiento la flecha en el instante t?» es más
coherente que «¿Qué nota obtuvo usted en ese curso que no hizo?» o «Un punto
geométrico, ¿es curvo o recto?». La respuesta correcta a las tres es:
Información No Disponible.[159]
Admitámoslo, esta respuesta al problema de la flecha es, estrictamente
hablando, más filosófica que matemática. Del mismo modo que una solución como
la dada por el cálculo clásico será filosófica, también, en el sentido de que
tiene que hacer afirmaciones metafísicas sobre los infinitesimales. La manera
que tiene el análisis moderno de tratar esta P. Z. es muy diferente, y
puramente técnica. Si alguna vez estudió el problema de la flecha en las
matemáticas de bachillerato, probablemente aprendió que la premisa engañosa de
Zenón es (1), pero no oyó nada[160] sobre
los instantes como infinitesimales. Esto (de nuevo) es porque el análisis ha
hallado el modo de esquivar tanto los infinitesimales como el problema del
o-como-divisor en sus representaciones de la continuidad. Así, en una clase
moderna de matemáticas, la premisa (i) es declarada falsa porque la v-en-el-instante-t de
la flecha se puede calcular como «el límite de v medias
respecto a una sucesión de intervalos anidados que convergen a 0 y siempre
contienen t», o algo muy parecido. Para su información, el lenguaje de
esta solución[161] es
weierstrassiano: es su refinado concepto de límite[162] lo
que permitirá que el cálculo trate con los problemas, relacionados entre sí, de
los infinitesimales y la divisibilidad infinita al estilo de Zenón.
Las relaciones específicas entre estos problemas son intrincadas y abstractas,
pero para nosotros son totalmente oportunas. Por muy extraños o corrosivos para
los fundamentos que sean los infinitesimales, resulta que su descalificación
matemática/metafísica también da lugar a algunas pequeñas y perversas grietas.
Ejemplo: sin los infinitesimales, aparentemente no tiene sentido hablar del
«siguiente instante» o de la «fracción de segundo inmediatamente posterior»,
pues dos instantes no pueden ser sucesivos. Explicación: sin infinitesimales,
admitiendo cualesquiera dos instantes supuestamente sucesivos t1 y t2,
hay solo dos opciones: o bien no hay ningún (o sea, 0) intervalo de tiempo
entre t1 y t2, o hay algún
intervalo de tiempo > 0 entre ellos. Si el intervalo es 0, entonces t1 y t2 son
claramente no sucesivos, porque entonces son exactamente el mismo instante.
Pero si hay algún intervalo de tiempo entre ellos, entonces siempre hay otros
instantes, a intervalos más pequeños, entre t1 y t2,
porque cualquier intervalo de tiempo finito siempre se puede subdividir más y
más, igual que las distancias en la recta numérica.[163] Es
decir, que nunca va a haber un t2inmediatamente después
de t1. De hecho, mientras los infinitesimales sean non
grata, siempre tiene que haber un número infinito de instantes entre t1 y t2.
Esto es así porque si solo hubiera un número finito de tales casos intermedios,
entonces uno de ellos, tx, sería por definición el
primero, lo cual implicaría que txes el instante más
próximo a t1, es decir, que tx es
el instante inmediatamente posterior a t1, lo cual ya
hemos visto que es imposible (porque, claro, ¿qué pasa con el instante (tx- t1)/2?
Si ahora está usted notando cierto parecido familiar entre estos problemas de
instantes no sucesivos, las paradojas de Zenón, y algunos de los rompecabezas
de la recta real descritos en § 2c y e, sepa que no es ninguna coincidencia.
Todos son aspectos del gran enigma de la continuidad en matemáticas, el cual es
que los entes relacionados con el aparentemente no pueden manejarse ni
eliminarse. En ningún caso resulta esto más evidente que en el de los 1/x.
Están llenos de paradojas y es imposible definirlos, pero si se destierran de
las matemáticas al final hay que postular que cualquier intervalo tiene una
densidad infinita,[164] por
lo cual la idea de sucesión no tiene sentido y ninguna ordenación de los puntos
del intervalo puede completarse jamás, pues entre dos puntos cualesquiera habrá
no solo algunos puntos más, sino toda una infinidad de ellos.
Conclusión general: por muy bueno que sea el cálculo para cuantificar el
movimiento y el cambio, no puede hacer nada para resolver las verdaderas
paradojas de la continuidad. En cualquier caso, no sin una teoría coherente del
∞.
§
5a.
La tarea de las dos secciones siguientes es mostrar cómo las innovaciones de
Dedekind y de Cantor surgieron más o menos del mismo modo que el cálculo; a
saber, como maneras de tratar ciertos problemas que se habían hecho tan
urgentes que las matemáticas no podían avanzar realmente sin afrontarlos. La
idea de § 5 es trazar un esquema de los particulares desarrollos y
controversias poscálculo que crearon un entorno en el cual las matemáticas
transfinitas se hicieron posibles, lo cual es también decir necesarias. Por
favor, obsérvese también el uso de la expresión «trazar un esquema». No hay
modo de hacer una cronología, incluso burda, del período 1700-1850. Ocurren
demasiadas cosas demasiado rápido.
En general, la situación de las matemáticas tras el año 1700 resulta
enormemente extraña, y gran parte de esta extrañeza tiene que ver de nuevo con
las relaciones entre la realidad empírica y la abstracción conceptual.[165]Como puede
atestiguar cualquiera que haya pasado de las matemáticas de bachillerato a las
de primer curso de carrera, el análisis es exponencialmente más abstracto y
difícil que cualquier otra cosa anterior.[166] Al
mismo tiempo, su poder explicativo no tiene precedentes y sus aplicaciones
prácticas se disparan. Esto se debe principalmente a la capacidad del análisis
para cuantificar el movimiento y el proceso y el cambio, y por el gran aumento
en la generalidad de las leyes físicas expresadas como ecuaciones diferenciales
y/o series trigonométricas. Al mismo mismo tiempo, igual que con el desarrollo
del cálculo clásico, buena parte del progreso matemático desde 1700 hasta por
lo menos 1830 responde a problemas científicos: de nuevo, algunos de ellos ya
han sido mencionados. La cuestión es aquí todavía más empática que en § 3b: en
cualquier campo, desde la astronomía hasta la ingeniería, la navegación, la
tecnología de guerra, etc., las herramientas del análisis funcionaban
realmente. El resultado fue lo que el bueno y viejo Morris Kline llama «una
fusión virtual de las matemáticas y vastas áreas de la ciencia» (Kline, pág.
395).
Las ventajas de esa fusión son más obvias que sus peligros. Recuérdese una vez
más que, supuestamente, una característica de incalculable valor que tienen las
matemáticas es la verdad a priori, y deductiva, de sus teoremas. Las verdades
científicas se establecen empíricamente. Son verdades inductivas, y como tales
están sujetas a todas las incertidumbres abstractas de madrugada detalladas en
§ 1. La inducción, desde un punto de vista lógico, no tiene fundamento,
mientras que las verdades matemáticas están construidas sobre el granito de los
axiomas y las reglas de inferencia. Todo esto se ha analizado ya, así como las
conexiones entre fundamentos y rigor, además de la parte del glosario de
emergencia en § 3c acerca del análisis y su (eventual) intento de inyectar más
rigor en el cálculo.
Conclusión: no es suficiente que las teorías matemáticas funcionen. También se
supone que deben estar rigurosamente definidas y demostradas de un modo que se
ajuste al gran estándar deductivo griego. Pero esto no es lo que ocurrió
durante la mayor parte del siglo XVIII. Fue más bien como una burbuja
financiera. Y durante un tiempo pareció estupenda. La «fusión virtual» por la
que los descubrimientos matemáticos hicieron posible avances científicos que a
su vez motivaron más descubrimientos matemáticos[167] dio
lugar a una situación parecida a la de un árbol[168] de
espectaculares ramas y abundantes hojas pero sin auténticas raíces. Todavía no
existían definiciones rigurosas y fundamentadas de la diferencial, la derivada,
la integral, el límite, o las series convergentes/divergentes. Ni siquiera de
la función. Había constantes controversias, y, sin embargo, al mismo tiempo
parecía que no le importaba a nadie.[169] El
hecho de que los infinitesimales del cálculo (y/o ahora los límites de tipo ∞
hacia los que las cantidades podían «tender» sin llegar nunca realmente)
funcionaran tan bien sin ninguna fundamentación coherente, de algún modo
infectó todo el espíritu del análisis. Sin que nadie lo dijera de forma
explícita, las matemáticas empezaron a operar inductivamente.
Fue en los terrenos de las funciones, las ecuaciones diferenciales y las series
trigonométricas donde surgieron muchos de los avances más significativos del
siglo XVIII y muchas de sus más abominables confusiones. En relación con
nuestro relato, va a ser importante examinar algunos de los problemas
matemáticos y científicos específicos en los que se usaron dichos conceptos.
Esto a su vez requerirá otro glosario de emergencia relevante (aunque algo más
duro)[170], al cual
está usted de nuevo invitado a dedicar exactamente el tiempo o la atención que
sus conocimientos o su interés merezcan (pero que probablemente debería por lo
menos hojear y dejar a punto para consultas posteriores si las dificultades in
situ lo requieren), etc.
Glosario
de emergencia II
Derivada
(n) y Diferencial (n) Deben
distinguirse aunque están tan estrechamente relacionadas que una derivada a
veces se llama un «coeficiente diferencial». Recuerde del G. E. I que una
derivada es la tasa de cambio de una función respecto a la variable
independiente. En el caso de una simple función como y = f(x),[171] la
derivada es dy/dx . Pero aquí los dx y dy
individuales son diferenciales. En algo como y = f(x),
donde x es la variable independiente, la diferencial de x (es
decir, dx) es cualquier cambio arbitrario en el valor de x,
en cuyo caso dy se puede definir mediante dy = f'(x)dx,
donde f'(x) es la derivada de f(x). (¿Le
parece que tiene sentido? Si f'(x) = dy/dx, entonces dy
es bastante claramente f'(x)dx).
Una manera fácil de aclarar ambos términos es recordar que una derivada es
literalmente el cociente de dos diferenciales, que es como muchos leibnizianos
definían en realidad la derivada para empezar.
Derivada parcial y diferencial total es la
distinción correspondiente en el caso de «funciones de varias variables»,[172] es
decir, las que tienen más de una variable independiente. Una derivada parcial
es la tasa de cambio de una función multivariable respecto a una de las
variables relevantes, tomando las demás como constantes. Así, en general una
función tendrá tantas derivadas parciales como variables independientes. Para
las derivadas parciales se usa un símbolo especial que el doctor Goris llamaba
el «6 disléxico». Por ejemplo, las derivadas parciales de la función que da el
volumen de un cilindro recto, V = πr2h,
son
Una
diferencial total, por otro lado, es la diferencial de una función con más de
una variable independiente, lo cual habitualmente equivale a decir que es la
diferencial de la variable dependiente. Los ∂s también se usan
en las diferenciales totales. En el caso de una función multivariable
como z = f(x, y), la
diferencial total de z, dz, será
Estas
dos primeras definiciones pueden parecer excesivamente sutiles pero, de hecho,
son necesarias para entender las
Ecuaciones diferenciales (a-c [siendo (b) bastante extensa]), que
son la herramienta matemática nº 1 para resolver problemas de física,
ingeniería, telemetría, automática y todo tipo de disciplinas científicas.
Habitualmente se empieza a flirtear con las E. D. al final de las matemáticas
de primer curso de carrera. Y en el tercer curso de cálculo se empieza a
descubrir cuán ubicuas y difíciles son realmente.
En un sentido amplio, las ecuaciones diferenciales involucran relaciones entre
una x independiente, una y dependiente, y por lo menos una de las derivadas
de yrespecto a x. Las E. D. pueden considerarse o bien
cálculo integral combinado con algún tipo de alucinógeno de clase IV o bien
(mejor[173]) como
«metafunciones», en el sentido de hallarse un nivel de abstracción por encima
de las funciones normales; a su vez esto significa que si una función ordinaria
es una especie de máquina en la que se introducen ciertos números y de la que
salen otros números,[174] una
ecuación diferencial es otra especie de máquina en la que se introducen ciertas
funciones y de la que salen otras funciones. Entonces, la solución de una
ecuación diferencial concreta es siempre alguna función, específicamente una
que se puede poner en el lugar de la variable dependiente de la E. D. para dar
lugar a lo que se conoce como una «identidad», que es básicamente una
tautología matemática.
Puede que esto no haya sido de mucha ayuda. En términos más concretos,[175]una simple
ecuación diferencial como
tiene
como solución aquella función cuya derivada es 3x2 − 1.
Esto significa que ahora se necesita la integración, es decir, hallar por lo
menos una función equivalente a ∫(3x2 − 1)dx.
Si recuerda algo de las matemáticas de primero de carrera, probablemente verá
que
(donde
C es la infame constante de integración),[176] ecuación
que es lo mismo que y = x3 − x + C,
que al fin resulta ser la solución general de la ecuación diferencial dy/dx =
3x2 − 1. Las soluciones particulares de dicha E. D.
serán aquellas funciones en las que C toma algún valor
específico, como, por ejemplo, y= x3 − x +
2 (semisemiextractado a partir de Berlinski, págs. 230-231).
Gráficamente, a causa de C y la cuestión de lo
particular/general, las ecuaciones diferenciales tienden a dar «familias de
curvas» como soluciones. Los desarrollos de las ecuaciones, por otro lado,
normalmente dan secuencias de funciones, y sepa que el cambio en el análisis de
las sucesiones/series de cantidades a las sucesiones/series de funciones acaba
resultando crucial para la historia del ∞. Desde el punto de vista histórico,
este cambio caracteriza la transición de las matemáticas desde el análisis del
siglo XVIII al estilo de Euler al de principios y mediados del siglo XIX más al
estilo de Cauchy. Como se mencionó brevemente en § 3, al barón Agustin-Louis
Cauchy se le atribuye el primer intento real de dar rigor al análisis. Propuso
un concepto de límite más sofisticado, basado en la convergencia, y fue capaz
de definir la continuidad, los infinitesimales, e incluso del ∞ en términos de
dicho concepto.[177]
También fue Cauchy el primero que trabajó seriamente en las series de
funciones, en las cuales los problemas realmente cruciales también involucran
la convergencia.
Interpolación
rápida incrustada en (b)
Las
E. D. de (b) van a complicarse. Además de estar invitado a consultar el G. E. I
cuando sea apropiado, debe usted conocer dos hechos relacionados: (1) La
convergencia es (o por lo menos parece) muy diferente en el caso de las
sucesiones/series de funciones que en el caso de las sucesiones/series de
cantidades. Por ejemplo, una serie convergente de funciones tiende hacia una
cierta función… o más bien es más preciso decir que la suma de una serie
convergente de funciones siempre convergerá a una función.[178] (2)
Hay un montón de conexiones entre los conceptos de continuidad para funciones y
de convergencia para series de funciones. Afortunadamente, solo unas pocas de
ellas nos importan, pero en conjunto dichas conexiones llegan hasta el mismo
agitado corazón del análisis del siglo XIX, y algunas cosas se hacen
extremadamente complicadas. Un ejemplo es un famoso error que cometió Cauchy,
que se presenta aquí solo como una indicación de lo estrechamente ligadas que
están la continuidad y la convergencia respecto a las funciones. Cauchy
sostenía que si la suma de una sucesión de funciones continuas c0, c1, c2,…
converge en todas partes de un cierto intervalo hacia una función C, entonces
la propia función C es continua en ese intervalo. Por qué eso era importante, y
erróneo, quedará claro, con un poco de suerte, en un par de §.
Fin
de la interpolación. Regreso al párrafo 2 de (b), en curso
Como
no podemos hacer sumas parciales con las series de funciones, resulta
importante pensar en comprobaciones generales de la convergencia de dichas
series/sucesiones. Una comprobación general pionera llamada condición de
convergencia de Cauchy (o «3C») de la década de 1820 sostiene que una secuencia
infinita a0, a1, a2,
…, an, … converge (es decir, tiene límite) si y solo si
el valor absoluto de (an+r − an)
es inferior a cualquier cantidad especificada para todo valor de r,
suponiendo que n sea suficientemente grande.[179]
Un hecho final respecto a las funciones y la convergencia (que probablemente se
tendría que haber incluido en la anterior interpolación): para demostrar que
una función F es representable (= desarrollable) como una serie infinita, debe
ser posible verificar que la serie converge en todos los puntos hacia F. Lo
cual, obviamente, no puede hacerse sumando un número infinito de términos: se
necesita una demostración abstracta. Esto también será importante cuando
lleguemos a los primeros trabajos de Cantor sobre análisis.
Una de las razones por las que las ecuaciones diferenciales son tan difíciles
para los estudiantes es que existen muchos tipos y subtipos distintos,
especificados por toda clase de nomenclatura sofisticada: «orden», «grado»,
«separabilidad», «homogeneidad», «linealidad», «factor de crecimiento», «factor
de decrecimiento», etc. Para nosotros, la distinción más importante es entre
una ecuación diferencial ordinaria y una ecuación diferencial parcial. Una E.
D. parcial involucra más de una variable independiente, y, por lo tanto,
derivadas parciales (de aquí el nombre), mientras que una E. D. ordinaria no
contiene derivadas parciales. Como la mayoría de los fenómenos físicos son lo
bastante complicados para requerir funciones multivariable y derivadas
parciales, no es sorprendente que las ecuaciones diferenciales verdaderamente
útiles y significativas sean las parciales. Un par más de términos sobre E. D.
que debe conocer son condiciones de frontera y condiciones iniciales, los
cuales tienen que ver con especificar valores permitidos de la función y/o
cualesquiera constantes que intervengan en la ecuación. Esos términos son
pertinentes porque hay importantes conexiones entre dichas condiciones y la
especificación de ciertos intervalos de la recta real en los cuales una función
puede adquirir valores, lo cual después resultará crítico para el análisis
weierstrassiano de mediados del siglo XIX del que hablaremos en § 5e.
La ecuación de onda. Se trata de una E. D. parcial especialmente
famosa y poderosa. De enorme influencia tanto en las matemáticas puras como en
las aplicadas, sobre todo en la física y en la ingeniería.[180] Para
nuestros propósitos, la forma relevante de la ecuación de onda es la iD o «no
laplaciana», la cual (SEI) tiene este aspecto:
Series
trigonométricas, que probablemente tendrían que haber sido tratadas en el G. E.
I, son básicamente series cuyos términos se escriben como los senos y los
cosenos[181] de
varios ángulos. La forma genérica es habitualmente algo parecido a
Las
series trigonométricas tienen un papel importante en nuestro relato, no solo
porque contienen las series de Fourier como subtipo,[182] sino
también porque ciertas funciones muy importantes pueden representarse a la vez
mediante series trigonométricas y mediante ecuaciones diferenciales parciales.
Resulta que las conexiones entre E. D. parciales y series trigonométricas
llegan directamente a la raíz de lo que es una función. Y, de hecho, la
definición matemática moderna de función —que difiere de la definición ad hoc
del G. E. I pues especifica que la asociación entre cada x y
su f(x) puede ser 100% arbitraria, sin requerir ninguna
regla ni siquiera explicación[183]— es el
resultado de un trabajo exhaustivo sobre las relaciones entre las funciones y
sus representaciones como series.
Convergencia uniforme y secretos asociados (a-e). Estos
términos incluyen las definiciones del G. E. I de intervalo y función continua
así como el material sobre la convergencia de series y funciones según Cauchy
en el apartado anterior Ecuaciones diferenciales (b). Además de ser necesaria
para entender ciertos resultados precantorianos importantes en posteriores §,
esta definición le dará alguna idea de la abstracción realmente vertiginosa del
análisis del siglo XIX.
a. Definición
central: una serie de funciones continuas de x en un intervalo
(p, q) es uniformemente convergente si converge para cada
valor de x entre p y q. También
hay detalles que podemos omitir sobre la pequeñez arbitraria de los «residuos»[184] de
las series. Lo crucial es que la suma de una serie uniformemente convergente
será también una función continua de x en el intervalo (p, q).
b. Así
como no todas las series son convergentes, no todas las series convergentes son
uniformemente convergentes. Ni todas las series convergentes son monótonas, lo
cual esencialmente significa que cambian siempre en el mismo sentido. Ejemplo
de serie monótona decreciente: la dicotómica[185]
c. Algo
que tiene relación con la convergencia de las series en un intervalo dado (p,
q) es el asunto de si una función f(x) es seccionalmente continua en un
intervalo dado (p, q), lo que ocurre cuando (p, q) se puede dividir en un
número finito de subintervalos, siendo f(x) continua en cada subintervalo y
teniendo un límite finito en cada extremo inferior (= p) y superior (= q).
(Observe aquí que «seccional» también puede modificar/especificar la monotonía[186], es decir,
que algunas series son seccionalmente monótonas, un pequeño recordatorio que
necesitará tener a mano en algún punto de § 5d).
d. Por
razones complicadas, si una función es seccionalmente continua, tendrá solo un
número finito de discontinuidades en su intervalo (p, q)
relevante. He aquí un término fácil de entender: una discontinuidad es
simplemente un punto[187] en el
cual la función f(x) no es continua. Ejemplo: la
semifourieriana
tendrá
claramente discontinuidades en los valores de x que hagan cos(x −
α) igual a 1. Hay muchas subespecies diferentes de discontinuidades, hecho que
en su mayor parte vamos a pasar por alto.
Gráficamente, una discontinuidad es un punto en el cual una curva no es suave,
es decir, donde salta, o cae bruscamente, o incluso tiene un agujero. Véase
también un poco de sutileza semántica: como la palabra discontinuidad también
puede referirse, con abstracción de 2º nivel, a la condición general de que
algo sea no continuo, el término punto excepcional se usa a veces para
referirse a un punto específico en el cual hay una discontinuidad. Aquí el
meollo de la cuestión es que el análisis tiende a usar «discontinuidad» y
«punto excepcional» de modo intercambiable.
Finalmente: un término engañosamente parecido a «convergencia uniforme» es
convergencia absoluta, que matemáticamente es algo totalmente diferente. Una
serie convergente infinita S puede tener términos negativos
(por ejemplo, la serie de Grandi de § 3a). Si todos los términos negativos
de S se convierten en positivos (es decir, si solo se admiten
los valores absolutos de los términos) y Sconverge todavía,
entonces es absolutamente convergente. Si no, es condicionalmente convergente.
Fin
del g. E. II
Lo principal de § 5 hasta ahora: desprovistas de amarre durante el siglo XVIII,
pero cruciales, flotan en el ambiente ideas sobre funciones, funciones
continuas, funciones convergentes, etc., con todas sus distintas definiciones
respectivas y propiedades en constante evolución y refinamiento al abordar el
análisis varios problemas. Como se ha mencionado, e igual que en el siglo XVII,
muchos de esos problemas eran científicos/físicos. He aquí algunos de los
grandes problemas del siglo XVIII: el comportamiento de cadenas flexibles
suspendidas de dos puntos (también conocidos como «problemas de catenarias»),
los movimientos de un punto a lo largo de curvas descendientes (=«la
braquistócrona»), las barras elásticas bajo tensión, los movimientos de un
péndulo en medios que presentan resistencia, las formas adquiridas por una vela
bajo la presión del viento (=«velaria»), las órbitas de los planetas los unos
respecto a los otros, las curvas cáusticas en óptica, y los movimientos de
rumbo fijo (respecto a la brújula) en una esfera (la Tierra) o problema de la
«loxodrómica». Para nuestros propósitos, el más importante de todos es el
infame problema de la cuerda vibrante (P. C. V.), que en algunos sentidos se
remonta a los descubrimientos de Pitágoras acerca de la escala diatónica en §
2a. El P. C. V. general es: dadas la longitud, la posición inicial y tensión de
una cuerda de la que se tira verticalmente, calcular sus movimientos cuando se
la libera y empieza a vibrar. Esos movimientos serán curvas, lo cual es decir
lo mismo que funciones.
La razón por la que el P. C. V. es, a menudo, un pilar de las matemáticas de
segundo curso de carrera es que marca la primera aplicación real de las
ecuaciones diferenciales parciales a un problema físico. He aquí un poco de
historia. En la década de 1740, Jean le Rond D'Alembert propone lo que es
básicamente la ecuación de onda 1D como la representación correcta del P. C.
V., dando[188] la
solución general
y = f(x + ct)
+ g(x − ct)
donde x es
un punto de una cuerda de longitud π, y es el desplazamiento
transversal de x en el tiempo t, c es
una constante,[189] y f y g son
funciones determinadas por las condiciones iniciales. Donde las cosas se ponen
controvertidas es en el alcance que se puede permitir a f y g.
Resulta que la solución de D'Alembert solo funciona si la «curva inicial»
de la cuerda (es decir, el modo en que se la tensa al principio) es ella misma
una función periódica. Esto impone una gran restricción al modo de tensarla,
mientras que, por supuesto, en las matemáticas y en la ciencia se desean
soluciones lo más generales posible. Y así, jugadores de primera línea como
Leonard Euler, Daniel Bernoulli, Joseph Louis LaGrange, Pierre Simon de Laplace
y D'Alembert[190] empiezan
a discutir acaloradamente unos con otros sobre si dejar que la tensión inicial
de la cuerda sea cualquier tipo de curva/función, sobre cómo hacerlo y
conseguir que la ecuación de onda siga siendo aplicable. En pocas palabras, el
consenso que al final sale de todo ello es que independientemente de la forma
inicial de la cuerda, sus curvas vibracionales van a ser funciones periódicas,
específicamente ondas senoidales. De lo cual, por complicadas razones, se sigue
que sin importar cómo se tense la cuerda al principio —es decir, que puede
seguir cualquier curva continua—, la curva vibracional se podrá representar
mediante una serie trigonométrica.
En pocas palabras, muchísimos descubrimientos importantes sobre la naturaleza y
las relaciones de las funciones, las ecuaciones diferenciales y las series
trigonométricas surgen de la ópera del desacuerdo acerca del P. C. V. Lo que
resulta crucial para nuestro relato es esa idea de que cualquier función
continua[191] puede
ser representada como una serie trigonométrica. En primer lugar, Euler, luego
D'Alembert, LaGrange, y el ya mencionado y quijotesco Clairaut empiezan a
desarrollar métodos para representar «funciones arbitrarias» como series
trigonométricas. El problema es que esos métodos siempre se obtienen y aplican
con respecto a algún problema físico particular, y luego se afirma que la
solución de dicho problema es la justificación del método. Nadie es capaz de
zanjar el asunto de la función → serie trigonométrica mediante un teorema
abstracto. Eso es todo lo que está ocurriendo hacia finales del siglo XVIII.
Ahora es el principio del siglo XIX, tiempo durante el cual Cauchy y el noruego
Niels Henrik Abel[192] empiezan
a hacer un trabajo significativo sobre la convergencia de las series, trabajo
que acaba resultando incluso más significativo en 1822. Ese año, el barón
francés Jean-Baptiste Joseph Fourier[193] (1768-1830),
trabajando en problemas sobre la conducción del calor en metales, demuestra en
su obra Teoría analítica del calor (TAC) que la representabilidad mediante una
serie trigonométrica en realidad podía establecerse tanto para funciones continuas
como para funciones discontinuas,[194] incluso
para curvas «libremente dibujadas» (Lavine, pág. 30). La demostración de
Fourier en la TAC es demasiado técnica para entrar mucho en ella, pero
básicamente lo que hace es explotar la relación entre la suma de una serie y la
integral de una función: se da cuenta de que la representabilidad mediante una
serie para funciones completamente arbitrarias requiere ignorar el T. F. C. y
definir la integración geométricamente[195] y no
simplemente como la recíproca de la diferenciación.
Como en muchas clases se enseñan las series de Fourier sin explicar de dónde
vienen las matemáticas, vale la pena por lo menos mencionar que Fourier empieza
con una ecuación diferencial parcial de 2º orden para la difusión del calor en
un cuerpo 1D,[196]
donde
y es la temperatura de un punto x en el instante t, tras lo cual
usa una técnica estándar de E. D. llamada «separación de variables», y la
condición inicial de que y = f(x), para
obtener esa muy especial serie trigonométrica conocida actualmente como serie
de Fourier, cuya forma relevante se muestra aquí como Figura 5b:
donde
0 ≤ x ≤π
Resulta que esta serie de Fourier es en realidad muy parecida a lo que
Bernoulli había propuesto como solución al P. C. V. hacia 1750, excepto que
Fourier es capaz de calcular los coeficientes de la serie[197] para
cada valor entre 0 y 2π. En el caso de bn, por ejemplo,
es
decir, si se integra término a término, los coeficientes bn serán
1/π veces el área bajo la curva (f(u) sen nu) en el intervalo
entre u = 0 y u = 2π. Los cálculos para a0 y an son
similares.
Se canse o no su vista, la cuestión es que, mediante la fórmula de esos
coeficientes de Fourier, toda función de una variable que se pueda concebir,
algebraica, trascendente, continua e incluso discontinua,[198] se
vuelve representable según una serie trigonométrica de tipo Fourier en el
intervalo [0, 2π]. Hay todo tipo de maravillosos puntos fuertes y ventajas en
esa técnica (la cual Fourier desarrolló principalmente para dar una solución
general a la ecuación de difusión; y en verdad lo logró). Un ejemplo: entender
la integración geométricamente, y concebir una función en términos de sus
valores y no como una mera expresión analítica,[199] le
permite a Fourier considerar la posibilidad de representar como series
funciones sobre intervalos finitos, lo que para el análisis del siglo XIX
constituye un importante avance en flexibilidad.
Sin embargo, al mismo tiempo, las series de Fourier son como una repetición del
cálculo temprano en términos del contraste entre eficacia práctica y rigor
deductivo. Especialmente con el refinamiento por Siméon Denis Poisson hacia
1820, las series de Fourier se convierten en la manera nº 1 de resolver
ecuaciones diferenciales parciales —que son, como se ha mencionado, las llaves
de oro para la física matemática, la dinámica, la astronomía, etc.— y como
tales se puede decir que revolucionan las matemáticas y la ciencia una vez más.
Pero también carecen de fundamento: no hay nada parecido a una teoría rigurosa
de las series de Fourier. En palabras de un historiador de las matemáticas, las
técnicas de Fourier «suscitaron más preguntas de las que él estaba
interesado en contestar o era capaz de resolver» (Dauben, Georg Cantor, pág.
7).Lo cual es a la vez delicado y cierto: la TAC de Fourier afirma que una
función «completamente arbitraria» puede ser representada por una serie como la
de la Figura 5b, pero no lo demuestra. Tampoco detalla qué condiciones
específicas debe satisfacer una función para ser representable de ese modo. Aún
más importante, Fourier afirma que sus epónimas series son siempre convergentes
en un intervalo independientemente de cuál sea la función o incluso de que sea
expresable como una única «y = f(x)», y aunque
esto tiene implicaciones importantes para la teoría de las funciones, la
afirmación acerca del 100% de convergencia no está demostrada ni comprobada
siquiera.
[SEI
Había un problema parecido que involucraba las integrales de Fourier, sobre las
cuales todo lo que debemos saber es que son tipos especiales de expresiones
«cerradas» que dan soluciones de ecuaciones diferenciales parciales, las
cuales, una vez más, Fourier afirma que funcionan para cualesquiera funciones
arbitrarias, y que ciertamente parecen hacerlo —es decir, funcionar— siendo
especialmente buenas para problemas de física. Pero ni Fourier ni nadie más a
principios de la década de 1820 puede demostrar que las integrales de Fourier
funcionen para todas las f(x), en parte porque todavía hay una profunda
confusión en las matemáticas acerca de cómo definir la integral…, pero, de
todos modos, la razón por la que estamos mencionando el problema de las integrales
de Fourier es que el trabajo de Augustin-Louis Cauchy sobre él le conduce a la
mayor parte de la «rigorización» del análisis por la que se le da
reconocimiento. Parte de ese rigor incluye definir la integral como «el límite
de una suma», pero la mayor parte (= la mayor parte del rigor) concierne a los
problemas de convergencia mencionados en (b) y en su pequeña interpolación del
apartado Ecuaciones diferenciales del G. E. II, específicamente al pertenecer
dichos problemas al ámbito de las series de Fourier].[200]
Hay
otra manera de enunciar la dificultad general. Fourier (en la línea de Leibniz
y Bolzano) tiene un modo esencialmente geométrico de entender las cosas, y una
inclinación hacia las demostraciones geométricas más que hacia las
demostraciones formales. En muchos aspectos, esto es un remanente del cálculo
clásico y de la mentalidad los-resultados-importan-más-que-las-demostraciones
del siglo XVIII. Pero tal enfoque ahora es cada vez más insostenible. También
en la década de 1820 se descubren las primeras geometrías no euclidianas
(basadas principalmente en el descubrimiento de que el axioma de las paralelas
de los elementos[201] era
prescindible), y la idea de que la geometría podría ser cualquier tipo de
fundamento fijo e inequívoco para cualquier cosa se convierte en oficialmente
absurda. Un problema relacionado es que los matemáticos desde Newton a Euler y
siguiendo hasta Gauss se habían encontrado con muchos problemas de paradojas al
usar series sin considerar su convergencia o divergencia,[202] y el
énfasis de Fourier y Cauchy en la convergencia a intervalos ahora ayuda a
revelar cuán impreciso había sido el análisis respecto a las series. El
resultado general es el arranque de una rectificación en la «burbuja
financiera» del análisis o, tal como lo expresa Morris Kline, «[Los]
matemáticos empezaron a preocuparse de las imprecisiones en los conceptos y
demostraciones de vastas ramas del análisis» (Kline, pág. 947). Es en la década
de 1820 cuando empezamos a ver pronunciamientos como el de Cauchy: «Sería un
serio error pensar que uno solo puede hallar la certidumbre en demostraciones
geométricas o en el testimonio de los sentidos» (Cauchy, Introducción al Cours,
traducción extractada de Kline, ibíd. algo editada) y el de Abel: «Hay muy
pocos teoremas en el análisis avanzado que hayan sido demostrados de un modo
lógicamente sensato. En todas partes uno se encuentra con ese precario método
de concluir lo general a partir de lo especial» (Abel, págs. 263-264),[203] convirtiéndose
este último en tan representativo del atrincheramiento del siglo XIX como el
«Simplemente siga adelante» de D'Alembert lo había sido del laissez faire del
siglo XVIII.
Conclusión general: junto a la caída de Euclides, son las series de Fourier y
sus problemas de convergencia y de representación de funciones arbitrarias lo
que provoca que los matemáticos de la época se den cuenta de que los conceptos
atómicos como «derivada», «integral», «límite», «función», «continuo» y
«convergente» necesitaban definiciones rigurosas, donde «riguroso» significa
basar el análisis en demostraciones formales y el razonamiento aritmético y no
en la geometría, la intuición o la inducción a partir de problemas específicos.
Excepto que a su vez «aritmético» significaba el sistema de los números reales,
que en ese momento también era todavía un lío sin fundamentar. Por ejemplo,
había terribles problemas con los números negativos: Euler estaba convencido de
que en realidad eran > ∞, es decir, que deberían estar muy lejos hacia la
derecha en la recta numérica, y tan tardíamente como en la década de 1840,
Augustus De Morgan sostenía que los números negativos eran simplemente tan
«imaginarios» como √−1. Y no olvidemos el caos respecto a los números
complejos. Sin embargo, el peor problema era que el concepto raíz de «número
real» a su vez no estaba claro porque los irracionales aún estaban indefinidos.
Si no se pueden definir de manera coherente números como √2 o √3, no se puede
demostrar ninguna de las leyes aritméticas básicas acerca de ellos, por
ejemplo, que √2 × √3 = √2 × 3.[204] Esto
no es bueno, en términos de rigor. En este período hay cierta cantidad de
valioso trabajo colateral sobre los irracionales trascendentes y algebraicos,[205] pero
en su mayor parte el propio sistema de los números reales, sobre el cual está
trabajando todo el mundo para fundamentar el análisis, está colgando en el
aire, lógicamente hablando.
§ 5c.
Interpolación
de tono ligero, situada aquí ante rem porque este es el último lugar donde
hacerlo sin perturbar el imparable impulso del contexto matemático precantor
Se
conservan varias fotos de Georg F. L. P. Cantor en los libros, una de las
cuales, con un poco de suerte, será apropiada y se podrá reproducir aquí en
alguna parte. Es un burgués alemán de aspecto completamente corriente de la era
de los cuellos almidonados y las barbas inflamables. (Observe, en las fotos de
familia, el chaleco de cuero y el reloj de bolsillo con una muy visible
leontina, las trenzas y el miriñaque de su mujer, la expresión austeramente
serena o abstraída del hombre victoriano estándar. En Estados Unidos habría
llevado sombrero).
Hacia 1940, ciertos historiadores de las matemáticas nacionalsocialistas
«descubrieron» que Cantor había sido encontrado, poco después de nacer y sin
que se supiera nada de sus padres, en un barco alemán rumbo al puerto de San
Petersburgo. Lo cual es pura ficción. Aparentemente, el Reich estaba preocupado
por la posibilidad de que Cantor hubiera sido judío: por aquel entonces era
considerado uno de los más grandes intelectuales alemanes de todos los tiempos.
La historia del barco todavía circula a veces; también se ajusta a algunos de
nuestros moldes, no solo al de los nazis.
Otra
mentira de las gordas es que Cantor dedujo varias de sus más famosas
demostraciones sobre el ∞ estando en un sanatorio, lo cual también es una
tontería. La primera hospitalización de Cantor fue en 1884, cuando tenía
treinta y nueve años; la mayor parte de su importante obra ya estaba hecha por
aquel entonces. No volvió a ser hospitalizado hasta el año 1899. Fue en los
últimos veinte años de su vida cuando le estuvieron dando de alta y de baja
constantemente. Murió en la Nervenklinik de Halle el 6 de enero
de 1918.
En esta foto faltan las trenzas y el reloj de bolsillo con leontina, pero puede
hacerse la idea.
El hogar de la familia Cantor en Händelstrasse fue, por lo menos, brevemente
ocupado durante la Segunda Guerra Mundial. No hay indicios de que los nazis
supieran de quién había sido la casa. En todo caso, parece evidente que la
mayor parte del patrimonio literario de Cantor se perdió o se quemó. La mayor
parte de lo que se conserva está en la Akademie der Wissenschaften en Gotinga y
puede examinarse tras un cristal. Cartas familiares, árboles genealógicos, etc.
También se conservan todavía algunos de los cuadernos que Cantor utilizaba,
como era habitual en aquella época entre las personas instruidas, para hacer
borradores de cartas antes de pasarlas a limpio y enviarlas. Además había otros
matemáticos a los que escribía y que conservaron sus cartas. Estas son las
fuentes principales.
He aquí una cita de Joseph W. Dauben, que en Estados Unidos es el decano de los
eruditos cantorianos: «Se ha conservado demasiado poca información para que se
pueda hacer una valoración detallada de la personalidad de Cantor, lo que deja
al historiador en la situación o bien de no decir nada sobre el tema, o bien de
hacer conjeturas tan bien como pueda» (Dauben, GC, pág. 288). Buena parte de
las conjeturas publicadas son acerca del padre de Cantor, el señor Georg W.
Cantor, siendo la gran cuestión moderna si «Georg Woldemar tuvo un efecto
completamente nocivo y ruinoso sobre la salud psicológica de su hijo» (Bell,
parafraseado por Dauben [que aborrece absolutamente a Bell], GC, pág. 278)[206] o si
Georg W. Cantor fue en realidad «un hombre dotado y sensible, que amaba
profundamente a sus hijos y quería que vivieran vidas felices, exitosas y
gratificantes» (Dauben, ibíd.). De uno u otro modo, es seguro que hubo
exactamente dos hombres de negocios que tuvieron un profundo efecto en la vida
de Georg F. L. P. Cantor, siendo uno de ellos su padre, y el otro, el profesor
Leopold Kronecker, que empieza a estar muy presente en § 6.
Aquí está el esbozo a lápiz al que nos referimos en el siguiente
párrafo.
El
señor y la señora Georg W. tienen seis hijos. Georg Jr. es el primero. Toda la
familia, en sentido amplio, es artística y muestra mucho talento: varios
parientes son violinistas clásicos o pintores que realizan exposiciones. Un
tataratío había sido director del Conservatorio de Viena y profesor del
virtuoso Joseph Joachim, un tío abuelo había sido el profesor de derecho de
Tolstoi en la Universidad de Kazan. La fecha de nacimiento de Georg F. L. P.
Cantor es el 3 de marzo de 1845. Un piscis. Algo parecido a un prodigio del
violín en su infancia. Nadie sabe por qué lo dejó, pero tras un cuarteto
clásico en el instituto no hay más mención del violín. También era un buen
dibujante naturalista. Un dibujo a lápiz de su niñez, bastante extraordinario,
ha sobrevivido. Es famoso por una «proclama» escrita con doble sentido e
indiscutiblemente escalofriante que Georg W. puso en él. La proclama misma ha
sobrevivido porque (también de modo escalofriante) Georg Jr. la guardó consigo
toda su vida:
Aunque Georg Ferd. Louis Phil. Cantor no ha dedicado años al estudio del dibujo
según los antiguos cánones, y aunque este es su primer trabajo y en este
difícil arte una técnica perfeccionada solo se consigue tras una gran
diligencia, y aunque además hasta ahora él ha descuidado mucho este bello arte,
la gratitud de la nación —quiero decir de la familia— es unánimemente acordada
para él por este primer esfuerzo, el cual da muestras ya de una gran promesa
(Dauben, GC, pág. 278).
Todas las fuentes están de acuerdo en que Georg W. supervisaba personalmente el
desarrollo religioso de sus hijos de un modo bastante autoritario. Dese cuenta
de lo fácil que es, desde un punto de vista moderno, ver esto como algo
opresivo o neurogénico cuando en realidad podría haber sido simplemente lo
habitual en su tiempo y lugar. Es difícil de decir. Lo mismo ocurre con el
hecho de que Cantor padre «se tomaba un interés especial en la educación [de
Georg] y se preocupaba de dirigir su desarrollo personal e intelectual» (ibíd.,
pág. 277).
La familia se muda de San Petersburgo a Alemania occidental cuando Georg tiene
once años. La razón, según los historiadores, es la «mala salud»
(Grattan-Guinness, «Towards a Biography» pág. 352) de Georg W., lo cual en 1850
era otra manera de decir tuberculosis. Viven principalmente en Fráncfort, en el
Rin. Georg asiste a escuelas preparatorias en Darmstadt y en Wiesbaden. Como
parece ocurrir con la mayoría de los grandes matemáticos, el genio analítico de
Cantor es descubierto en su adolescencia temprana. En la Akademie aún pueden
verse cartas extasiadas de sus profesores de matemáticas. La versión estándar
de la historia es que Georg. W. quiere que los dones de Georg Jr. se dediquen a
usos prácticos e intenta obligar al chico a hacer ingeniería, que Georg desea
ardientemente estudiar matemáticas puras y tiene que insistir y suplicar, etc.,
y que cuando finalmente Georg W. accede, lo hace presionando mucho a su frágil
hijo para que alcance el éxito y la excelencia. Tampoco está muy claro si esto
era cierto o hasta qué punto se trataba de algo singular en su gestalt
padre-hijo.[207]
Cantor estudia la carrera en Zúrich y luego obtiene un título superior en
ciencias y el equivalente alemán de un doctorado en la Universidad de Berlín,
que en aquella época es la vanguardia europea de la ciencia (algo así como lo
que representa hoy el Massachusetts Institute of Technology en Estados Unidos).
Entre sus profesores están Ernest Eduard Kummer, Leopold Kronecker y Karl
Weierstrass. Kronecker es el director de tesis de Cantor y su verdadero mentor
y defensor en el departamento. La ironía de esto también empezará a aparecer en
§ 6.
§
5d.
Ahora hemos vuelto a 1820 con Fourier y las series trigonométricas y todos los
retos y oportunidades que allí aguardan. Si la discusión de § 5b acerca de las
series de Fourier y el apartado Ecuaciones diferenciales del G. E. II con su
material interpolado sobre las conexiones entre la continuidad y la
convergencia resultaron medianamente claros, no le sorprenderá saber que en la
TAC Fourier proporciona la primera definición moderna de convergencia, y
también introduce la vital idea de convergencia en un intervalo. Pero que (de
nuevo) Fourier no llega a dar una demostración rigurosa, o incluso a
especificar criterios de convergencia que hicieran posible dicha demostración.
Así, de lo que estamos hablando ahora es de la convergencia.
Fueron Bolzano[208] y,
más célebremente, Cauchy quienes hicieron el primer trabajo destacado sobre
condiciones/pruebas de convergencia. Como se ha mencionado ya en un par de
ocasiones, muchos de los resultados de Cauchy eran valiosos, pero también
cometió errores extraños que causaron más problemas. Aunque gran parte de su
trabajo era sobre series de funciones, por ejemplo, Cauchy optó por definir
«límite» en términos de variables y no de funciones. O un ejemplo incluso mejor
en este caso es el modo en que intentó establecer una identidad total entre la
convergencia y la continuidad en términos de sucesiones/series de funciones.
Recuerde[209] que
la afirmación de Cauchy es que si una sucesión de funciones continuas converge
en el intervalo I hacia una función C, entonces la propia C es continua en I,
lo cual resulta que no es cierto a menos que la sucesión convergente sea
uniformemente convergente. Lo que ocurre en este caso es que Niels Abel, al
demostrar que Cauchy se equivoca[210]y refinar
el teorema, desarrolla lo que ahora se conoce como prueba de convergencia
uniforme de Abel,[211] a la
vez que toda clase de criterios y condiciones para varios tipos de convergencia
de varios tipos de series trigonométricas y polinómicas también están siendo
desarrollados por varios matemáticos del siglo XIX al esforzarse estos en
enmendar los errores de otros matemáticos y/o resolver los problemas con
mejores métodos.
Uno de los más importantes matemáticos enmendadores de la época fue Peter
Gustav Lejeune Dirichlet (1805-1859), un amigo de Fourier cuya obra de 1829 «Sur
la convergence des séries trigonométriques» hizo mucho para clarificar y
rigorizar lo que llegó a conocerse como el problema de la convergencia general
de las series de Fourier (P. C. G. S. F). Hay varios avances importantes en
este artículo, por ejemplo, que Dirichlet es el primero en descubrir y
distinguir la convergencia absoluta y la convergencia condicional. Además,
desmiente la afirmación de Cauchy de que una serie monótona decreciente es lo
mismo que una serie convergente. Pero más importante es que en «Sur la
convergence» Dirichlet establece y demuestra la validez del primer conjunto de
condiciones suficientes[212] para
que una serie de Fourier converja hacia su f(x) original.
Este último resultado es pertinente y merece algo de detalle. Dirichlet usa
una f(x) periódica en el intervalo [−π, π] y básicamente
demuestra que si (1) su serie de Fourier es seccionalmente continua y, por lo
tanto, solo tiene un número finito de discontinuidades[213] en el
intervalo, y si (2) la serie es seccionalmente monótona, entonces (3) la serie
convergerá siempre hacia la función f(x), incluso si esa función requiere más
de una expresión de tipo «y = f(x)» para
representarla en el intervalo.
Hay un requisito adicional, que Dirichlet demuestra también. La función f(x)
tiene que ser integrable, es decir,
tiene
que ser finita, básicamente porque los coeficientes relevantes de la serie de
Fourier se calculan como integrales y estas tienen que estar «bien definidas»
(larga historia). Como ejemplo de una función que no es integrable y, por lo
tanto, no puede ser representada por una serie de Fourier bien definida,
Dirichlet se inventa una f(x) patológica cuyos valores son
iguales a una constante c cuando x es
racional pero iguales a una constante d (con d ≠ c)
cuando x es irracional, función que ciertamente no es
integrable. A grandes rasgos, es esa f(x) patológica lo que
conduce a Dirichlet, ocho años más tarde,[214] a dar
la definición de «función» que se usa todavía en las matemáticas modernas: «y es
una función de x cuando a cada valor de x en
un intervalo dado le corresponde un único valor de y» (Dirichlet,
«Über die Darstellung…», traducción extractada de Kline, pág. 950).
Lo importante es que la correspondencia puede ser completamente arbitraria. No
importa si la dependencia de y respecto a x sigue
alguna regla en particular, o incluso si puede expresarse matemáticamente.[215] Por
extraño que pueda sonar, en realidad es 100% rigurosa para propósitos
matemáticos, pues la arbitrariedad da máxima generalidad, o sea abstracción.
(La definición de Dirichlet también resulta estar muy próxima a la idea
bolzano-cantoriana de la correspondencia uno a uno entre dos conjuntos de
números reales, excepto que por supuesto ni «conjunto» ni «número real» han
sido definidos aún en las matemáticas).
En su artículo de 1837, Dirichlet es también capaz de demostrar que se puede
prescindir del requisito acerca de la monotonía (2) e incluso permitir un
número mayor de discontinuidades (1) en su demostración de 1829 y aun así
garantizar la convergencia de la serie de Fourier hacia su f(x)
integrable… siempre que el número de discontinuidades en (1) permanezca finito.
Sin embargo, esto todavía no es lo mismo que demostrar la convergencia de las
series de Fourier para cualquier f(x) arbitraria,
especialmente si se intenta fourierizar las complejas funciones y a menudo
salvajemente discontinuas del análisis puro y la teoría de números.[216] Respecto
a esas funciones complejas, la cuestión que Dirichlet no llega a responder es
si el criterio (1) de su demostración se podría debilitar para permitir una
infinidad[217] de
discontinuidades en el intervalo y constituir aún una condición suficiente de
convergencia.
Ahora entra en escena Georg Friederich Bernhard Riemann (1826-1866, ese coloso
de las matemáticas puras que lo revolucionó todo desde las funciones y la
teoría de números hasta la geometría,[218] y es
el único rival serio de Cantor para el título de Matemático del Siglo), aunque
la intervención de Riemann es breve y con un papel de transición. Veinte años
mayor que Cantor, Riemann es alumno de Dirichlet en la Universidad de Berlín, y
también amigo de Dedekind.[219] En un
artículo fundacional de 1854,[220] Riemann
ataca el problema de la convergencia general de las series de Fourier de un
modo completamente nuevo. Centrándose en la suposición de que una f(x)
tiene que ser integrable para ser representable como una serie de Fourier,
deduce condiciones generales que cualquier función debe satisfacer para tener
una integral, condiciones que acaban resultando importantes tanto para la
teoría de la integración en análisis como para la convergencia de las series.
Esencialmente, las «condiciones generales que cualquier función debe
satisfacer» significa condiciones necesarias, mientras que recordará usted que
la demostración de Dirichlet de 1829 había involucrado condiciones suficientes.
Entonces, al darle la vuelta al enfoque de su profesor y al concentrarse en las
condiciones necesarias de convergencia, Riemann resuelve el gran problema de
Dirichlet: construye una función que tiene una infinidad de discontinuidades en
cada intervalo pero a pesar de todo es integrable y 100% convergente en cada
punto.[221] Una
consecuencia de este resultado es algo conocido como teorema de localización de
Riemann, el cual afirma que la convergencia de una serie trigonométrica en un
punto depende completa y exclusivamente del comportamiento de su f(x) relevante
en un entorno arbitrariamente pequeño[222] de
dicho punto. Y lo del «entorno arbitrariamente pequeño» es lo que finalmente da
validez a las afirmaciones de Fourier y Dirichlet acerca de las series que
representan funciones completamente arbitrarias: mediante el teorema de
localización, incluso funciones altamente discontinuas y patológicas pueden ser
representadas por series trigonométricas, y, si son integrables, por series de
Fourier.
Sin embargo, como es ya habitual, a la vez que el trabajo de Riemann está
resolviendo antiguas preguntas también está planteando otras nuevas. Y en
definitiva son esas cuestiones las que dan tanta importancia a su artículo de
1854. Ejemplo: una consecuencia del teorema de localización es que dos
funciones integrables diferentes pueden representarse mediante la misma serie
trigonométrica incluso aunque difieran en una cantidad grande pero finita de
puntos. ¿Hay alguna manera de obtener el mismo resultado para dos funciones que
difieran en una infinidad de puntos? Otros ejemplos importantes: ¿Exactamente
qué propiedades de las series trigonométricas les permiten ser convergentes
incluso con ∞ puntos excepcionales en cada intervalo?, y ¿Cómo están
relacionados exactamente los conceptos de f(x)-continuidad,
intervalos y entornos con la teoría de las series trigonométricas?, y ¿Es toda
serie trigonométrica una serie de Fourier? (es decir, ¿converge toda serie
trigonométrica hacia una función integrable?), y ¿Si más de una función puede
ser representada por la misma serie trigonométrica, es cierto el recíproco, o
cada f(x) única tiene una sola y única representación como
serie trigonométrica?[223]
Tras el artículo de Riemann, el siguiente gran asunto en las matemáticas puras
es afrontar las técnicas necesarias para resolver los problemas que este había
planteado, siendo especialmente desafiante la cuestión de basar dichas técnicas
en fundamentos rigurosos en lugar de la intuición inductiva o basada en la fe
que había marcado buena parte del análisis en el pasado. N. B. el énfasis en el
rigor/fundamento se debe en parte a que las funciones totalmente abstractas de
Riemann finalmente han desplazado las series de Fourier del reino de la física
y las matemáticas aplicadas al de las matemáticas puras per se. Pero además,
por supuesto, ahora estamos en 1850, y la necesidad de rigor (tal como se ha
discutido en relación con la década de 1820 en § 5b) es todavía más urgente y
general. En tiempo real ha tardado varias décadas, pero el boom de la
justificación-por-resultados ahora está dando paso completamente a la economía
más contraccionista, del demuestre-mientras-avanza, de lo que los historiadores
de las matemáticas llamarán la aritmetización del análisis.
§
5e.
La figura crucial en este punto es Karl Weierstrass (1815-1897), a quien ahora
podemos revelar dramáticamente como uno de los héroes de lo referido en § 2a
acerca de Bertrand Russell y las paradojas de Zenón. Aquí está el resto de
aquella cita:[224]
Desde Zenón hasta nuestros días, los mejores intelectos de cada generación han
atacado por turnos los problemas, pero a grandes rasgos no han conseguido nada.
En nuestro propio tiempo, sin embargo, tres hombres —Weierstrass, Dedekind y
Cantor— no solo han logrado avances en los problemas, sino que los han resuelto
completamente. Las soluciones, para aquellos familiarizados con las
matemáticas, son tan claras que ya no cabe la menor duda o dificultad […] De
los tres problemas, el de los infinitesimales fue resuelto por Weierstrass; la
solución de los otros dos fue empezada por Dedekind y definitivamente
conseguida por Cantor (Russell, Mysticism and Logic, pág. 77).
Weierstrass no está directamente en la fila de eruditos formada por
Fourier-Cauchy-Dirichlet-Riemann: hasta sus cuarenta años, es un desconocido en
el mismo sentido en que lo fue Bolzano. Su carrera temprana está dedicada a dar
clases de bachillerato en Prusia Oriental (no exactamente un centro de poder),[225] y se
dice que era literalmente demasiado pobre para pagar el envío de sus trabajos a
las revistas. Finalmente, empieza a publicar a finales de la década de 1850, y
causa un revuelo en las matemáticas, y es contratado como profesor por la
prestigiosa Universidad de Berlín: es toda una historia, larga y algo
romántica. (SEI Weierstrass es también conocido entre los
matemáticos por ser físicamente corpulento, un atleta dotado, un fiestero
empedernido que se escaqueaba en el instituto, indiferente a la música —los
matemáticos suelen ser fanáticos de la música—, y un compañero jovial,
gregario, nada neurótico, buenazo y muy querido. También es generalmente
considerado el mejor profesor de matemáticas del siglo, aunque nunca publicó
sus lecciones y ni siquiera dejaba que sus alumnos tomaran apuntes).[226]
La razón específica por la que estamos hablando de Weierstrass es que son
principalmente sus descubrimientos los que permiten a las matemáticas atacar
las cuestiones planteadas por los trabajos de Dirichlet y Riemann acerca del P.
C. G. S. F. Véase en este sentido la siguiente cita del historiador de las
matemáticas I. Grattan-Guinness: «[L]a historia del análisis matemático durante
el último tercio del siglo XIX es en notable medida la historia de los
matemáticos aplicando técnicas weierstrassianas a problemas riemannianos»
(Grattan-Guinness, From the Calculus to Set Theory [«Del cálculo a la teoría de
conjuntos»], pág. 132). La verdadera inspiración tras esas técnicas no es
Fourier o de Riemann, sino el tangencialmente mencionado Niels Henrik Abel
(siendo Weierstrass un enorme fan de Abel), específicamente una innovación
llamada funciones elípticas que Abel había obtenido hacia 1825 a partir de la
integrales elípticas, las cuales, más tarde, para abreviar, surgen al calcular
la longitud de arco de una elipse y son un asunto importante tanto en las
matemáticas puras como en las aplicadas.[227] El
primer trabajo significativo de Weierstrass (aún en Prusia, a la luz de una
vela, entre cuestionarios de examen) incluye los desarrollos en serie de
potencias de las funciones elípticas, lo cual le conduce a problemas acerca de
la convergencia de las series de potencias,[228] y
luego a la convergencia, la continuidad y las funciones en general.
La razón por la que Russell le alaba respecto al problema de los
infinitesimales es la misma razón por la que Weierstrass recibe el máximo
reconocimiento por la aritmetización del análisis. Es el primero en dar una
teoría de los límites totalmente rigurosa y metafísicamente impoluta. Como es
importante, y está detrás del modo en que ahora la mayoría de nosotros
aprendemos cálculo en el instituto, por lo menos observemos rápidamente que la
definición de los límites de Weierstrass sustituye los términos en lenguaje
natural usados por Abel/Bolzano/Cauchy, expresiones como «se aproxima a un
límite» y «se hace menor que cualquier cantidad dada», por las épsilon y delta
minúsculas y los delimitadores «| |» del valor absoluto. Un gran beneficio
colateral de la teoría de Weierstrass es que caracteriza el límite y la
continuidad de tal modo que cualquiera de los dos puede ser definido en
términos del otro. Véase, por ejemplo, esta definición de función continua, que
ciento cincuenta años después sigue siendo todavía el «estándar de la
industria»:[229]f(x) es
continua en un punto xn si y solo si, para
cualquier número positivo ε, existe un δ positivo tal que para cualquier x del
intervalo
|x − xn|
< δ, |f(x) − f(xn)| < ε*
(semiextractado
de Kline, pág. 952).
*Interpolación
rápida incrustada semi- SEI
Por
favor, omita los siguientes tres párrafos si y solo si la definición de
Weierstrass ya le parece perfectamente clara.
Como la definición recién mencionada no es SEI, debemos considerar
la posibilidad de que quizás esté < 100% claro por qué es tan importante.
Podríamos hablar de cómo la definición es específicamente una rigorización de
la que aparece en el Cours d'Analyse de Cauchy, «f(x)será una función
continua de la variable si el valor numérico de la diferencia f(x +
α) − f(x) decrece indefinidamente con el de a» (Cauchy, Cours,
pág. 35): el gran acierto de Weierstrass es que da con un sustituto riguroso,
totalmente aritmético, del nebuloso «decrece indefinidamente». Pero nada de eso
va a significar mucho si no podemos ver cómo funciona realmente la nueva
definición de Weierstrass, lo cual a su vez requiere examinar la densa sintaxis
técnica en la que está expresada para los matemáticos. Su lenguaje
hiperabstracto puede hacer que la definición parezca o bien totalmente trivial
(por ejemplo, como ε y δ no tienen relación entre sí en la definición, ¿no es
obvio que se puede tomar una δ por cada ε que se quiera?), o bien totalmente
incomprensible (por ejemplo, ¿cómo se puede determinar a qué equivale |x
− xn| si no se sabe qué es x?). O por lo menos estas eran
las quejas iniciales de nuestra clase al doctor Goris, quien las trataba a su
manera habitual e inolvidable, más o menos como sigue:[230]
En primer lugar, recordemos del G. E. I que función continua significa que
cambios muy pequeños en la variable independiente de la función (x)
producen solo cambios muy pequeños en la variable dependiente (f(x),
alias y). Lo de los «cambios muy pequeños» es lo que realmente
importa aquí: nos da la pista de que diferencias como |x − xn|
de la definición se van a considerar realmente pequeñas. Respecto a xn y x: xn es
un punto en particular, concretamente el punto para el cual vamos a evaluar la
continuidad de la función, y x es, técnicamente, cualquier
punto en el intervalo de la función, aunque dado lo que función continua
significa es mejor pensar en x como cualquier punto que sea «suficientemente
próximo» a xn. Esto es así porque lo más importante de
la definición de Weierstrass es que nos permita verificar que una diminuta
diferencia entre x y xn dará solo
una diminuta diferencia entre f(x) y f(xn).
El motor de esa verificación son los números positivos ε y δ, y la manera fácil
de entender esos dos números y su relación es en términos de un juego. Aquí
está el juego: usted escoge cualquier positivo que desee, no importa lo pequeño
que sea, y yo intento encontrar un positivo que haga verdadera la conjunción (|x − xn|
< δ) y (|f(x) − f(xn)| < ε):[231] y si
puedo encontrar tal para cada positivo que usted escoja, entonces la f(x) es
continua, mientras que si no puedo, entonces no lo es.
Como hacía el doctor Goris, veamos un ejemplo con una función que no sea
continua, de modo que podamos ver que no cualquier δ servirá para un ε dado. La
función se define así: f(x) = 1 si x ≠ 0,
y f(x) = 0 si x = 0. Vamos a evaluar la
continuidad de esa f(x) en el punto xn donde xn =
0. El juego es que usted puede escoger cualquier valor positivo que desee para
ε, y supongamos que escoge ε = ½. Así que ahora yo tengo que encontrar un
positivo tal que (|x − xn| < δ) y (|f(x) − f(xn)|
< ½) sea cierto. Pero ahora, por favor, retroceda hasta, o recuerde, la nota
14 de § 1c y su regla de que una conjunción lógica es verdadera solo cuando sus
dos términos, tanto el pre-«y» como el post-«y», son verdaderos. Y ahora mire
nuestro término «post», «|f(x) − f(xn)|
< ½|».
Por la definición de nuestra función, sabemos que f(xn)
= 0, y por la misma definición, sabemos que cualquier otro x que
no sea xn da un f(x) igual a 1
(porque xn es el único punto en el cual x =
0). Por lo tanto, si xn = 0, |f(x) − f(xn)|
siempre será igual a 1, el cual es obviamente mayor que ½. No importa qué pueda
yo escoger para que |x − xn| sea menor que
él, |f(x) − f(xn)| jamás será < ½
cuando xn = 0. Como el segundo término será siempre
falso, la conjunción (|x − xn| < δ) y (|f(x) − f(xn)|
< ½) será falsa independientemente del valor de δ. Aquí lo importante es que
no hay un δ positivo para ε = ½, de modo que el criterio de la definición,
«para cualquier número positivo, existe un positivo tal que…» no se satisface.
Por lo tanto, la función no es continua en xn (cosa
que ya sabíamos para empezar, pero aquí se trataba de aplicar la definición de
Weierstrass a un caso claro). El juego ha terminado.
Fin
de la interpolación semi- SEI.
Regreso
a la discusión principal de § 5e, en curso
Un retazo de posible perplejidad no cubierto en la interpolación: lo que
Weierstrass ha definido aquí arriba es solo la continuidad en un punto, pero
como usted puede escoger cualquier punto en un intervalo dado para que
sea xn, una f(x) puede obviamente
definirse como continua en un intervalo si es continua en todos y cada uno de
los xn del intervalo. Así, una definición general
de continuidad para funciones sale directamente de la definición inicial. Y —eso
es lo que sacudió el mundo matemático— también sale la definición de límite: si
se toma la definición original de Weierstrass, entonces se puede decir
que f(x) tiene límite L en si se sustituye f(xn)
por L y todavía se puede encontrar un δ para cada ε de modo que (|x − xn|
< δ) y (|f(x) − L| < ε) sea cierto.
Hay una razón por la que todo esto parece tan horriblemente abstracto: es
horriblemente abstracto. Sin embargo, por esa misma abstracción, la de
Weierstrass es la teoría más limpia y clara que se ha formulado jamás sobre los
límites y la continuidad.[232] No
hay líos con el lenguaje natural: la definición no usa nada más que números
reales y operadores elementales como − y <. Como es tan limpia y abstracta y
aritmética, la teoría también permite a Weierstrass definir la convergencia, la
convergencia uniforme y la convergencia absoluta rigurosamente, proporcionar
pruebas fiables para todas ellas,[233] y
demostrar una serie de cosas acerca de la continuidad y la convergencia de las
series trigonométricas que nadie había sido capaz de esclarecer. Los ejemplos
relevantes aquí incluyen (1) su demostración de que una serie de funciones
continuas[234] puede
converger hacia una función discontinua, y (2) su ya mencionado desmentido de
la teoría según la cual continuidad = diferenciabilidad, lo cual desmiente
dando una función de la que demuestra que es 100% continua pero no tiene
derivada en ningún punto. Si tiene usted curiosidad, esta es la f(x) dada
por
donde
a es impar, 0 < b < 1, y 2ab > 2 + 3π, y,
dicho sea de paso, si usted representa gráficamente esta f(x) obtiene
una curva sin ninguna tangente. Recordará de § 3c que Bernhard P. Bolzano ya
había dado una función parecida (de la que no hay indicios que Weierstrass
supiera nada), pero hay una diferencia crucial. Bolzano simplemente había
presentado su ejemplo, mientras que gracias a sus definiciones puramente
formales Weierstrass tiene munición para demostrar realmente que su
propia f(x) es a la vez continua y no diferenciable. Otro
avance importante: en el análisis weierstrassiano, el ejemplo concreto siempre
es coincidente con la demostración general abstracta.
Como también se ha mencionado en § 3c, a Bolzano y a Weierstrass conjuntamente
se les reconoce un gran teorema sobre los límites de una función continua,[235] un
teorema que es pertinente aquí en parte porque considera una sucesión/serie
infinita de números reales como un conjunto infinito de puntos de la recta real
(y los primeros tipos de conjuntos infinitos que interesarán a Georg Cantor
serán esos conjuntos de puntos). Aquí probablemente quiera usted recordar las
definiciones de intervalo, límites y cotas del G. E. I. Formalmente hablando,
el teorema de Bolzano-Weierstrass sostiene que todo conjunto de puntos infinito
y acotado contiene por lo menos un punto límite, que es un punto xn,
tal que todo intervalo que lo contiene también contiene ∞ miembros del conjunto
(semiextractado de Lavine, pág. 38).[236] Puede
no parecerlo de inmediato, pero el T. B. W. es una auténtica bomba. Por
ejemplo, resulta que da un potente antídoto, y sin infinitesimales, a la
paradoja del sin-instante-siguiente de § 4b (rompecabezas que en sí mismo es
consecuente con la alucinante densidad de los ∞ puntos de la recta real).
Si le interesa esto, he aquí cómo funciona. El T. B. W. en realidad contiene
dos teoremas, uno de los cuales es de Bolzano, hacia 1830, y afirma que, dado
un intervalo cerrado [a, b], una función continua f(x) en
[a, b] que sea positiva para algún valor de x y negativa
para algún otro valor de x tiene que ser igual a 0 para algún valor de x.[237] Geométricamente,
podemos entender esto viendo que una curva continua que vaya de algún lugar por
encima del eje x a algún lugar por debajo del eje x en realidad tiene que
cortar el eje x en algún punto. En términos de rigor, el problema de Bolzano era
que para demostrar este teorema tenía que demostrar que todo conjunto acotado
de valores/puntos debe tener una mínima cota superior,[238] demostración
que se iba a pique por la ausencia de teorías coherentes sobre los límites y
los números reales. De modo que, una vez más, en realidad Bolzano solo pudo
proponer su teorema y demostrar geométricamente que era cierto. No pudo
demostrarlo formalmente. Sin embargo, veinte años más tarde, Karl Weierstrass
usa su teoría rigurosa de los límites para demostrar el «lema de la mínima cota
superior» de Bolzano como parte de su propio teorema de los valores extremos
(T. V. E.), que es la otra gran parte del T. B. W. Es este teorema de los
valores extremos (= si una f(x) es continua en [a, b],
entonces tiene que haber por lo menos un punto en [a, b]
donde f(x) tiene su valor máximo, M, y otro punto
en [a, b] donde f(x) tiene su valor
mínimo, m), junto a la muy poderosa definición de continuidad de
Weierstrass, lo que proporciona una salida matemática de la grieta del
sin-instante-siguiente. A saber: como el tiempo es claramente una función que
fluye continuamente,[239] podemos
suponer que hay un intervalo finito [t1, t2]
de longitud > 0 entre dos instantes cualesquiera t1y t2,
y ahora, gracias al T. V. E., demostramos que hay un punto en [t1, t2]
donde la función tiempo tiene su valor mínimo m, y, por lo tanto,
que ese tm será, matemáticamente hablando, el
instante inmediatamente posterior a t1.
A partir de este resultado, probablemente pueda usted ver cómo el teorema de
los valores extremos se podría utilizar contra la dicotomía de Zenón misma
(pues 1/2nes una función continua prototípica). En el
análisis weierstrassiano estricto, sin embargo, el T. V. E. ni siquiera es
necesario, pues la teoría aritmética de los límites nos permite explicar —con
pleno sentido— por qué la serie convergente
tiene
suma 1.
§
5e(1)
Interpolación
sobre el análisis weierstrassiano y Zenón
Recordará
que ya hemos intentado invocar
y
otras diversas soluciones predecibles de la dicotomía, solo para descubrir que
no «enuncian claramente las dificultades involucradas», y aún menos explican
cómo podemos llegar a cruzar la calle. Ahora se pueden ignorar, más o menos,
todos esos intentos anteriores, aunque no hará ningún daño recordar o revisar
la nota 35 de § 2c y su explicación acerca de cómo los decimales son
representaciones de series convergentes. Además de, por supuesto, las últimas
páginas del § 5e justo anterior. Así pues, aquí está una respuesta a la
dicotomía según el análisis weierstrassiano.[240]
De lo que habla realmente la dicotomía es de cierto número racional s (= la
anchura de la calle, la longitud de arco desde la falda hasta la punta de la
nariz), número que Zenón nos invita a aproximar mediante una serie de potencias
convergente de otros números racionales sn, donde n
representa por sí mismo la sucesión infinita 1, 2, 3,… Esto puede parecer opaco
en lo abstracto, pero muchos números racionales se pueden aproximar del mismo
modo. El racional s2/3, por ejemplo, se puede
aproximar mediante la siguiente serie convergente
La
dicotomía es solo un poco más engañosa que lo de 2/3,
y parte de ese engaño se puede mitigar hablando de la dicotomía «revisada» y
más abstracta de § 2b, donde no hay tiempo ni longitud, sino simplemente cierta
cantidad s de la que se toma la mitad, de esta se toma la
mitad, y de esta, la mitad, etc., hasta que las porciones más pequeñas empiezan
a igualar 1/2ndonde n es arbitrariamente grande.[241] Sumar
las porciones obtenidas de este modo nos da el sn de
la dicotomía como la siguiente serie de potencias convergente:
Y lo
que hay que ver aquí es que ese sn es una aproximación de 1 del
mismo modo que 0,999… es una aproximación de 1. Es decir, la suma de sn difiere
de 1 solo en 1/2n, y esa diferencia se hará arbitrariamente pequeña
al aumentar n indefinidamente.
Se admite que esos «arbitrariamente» e «indefinidamente» cauchyescos aquí
parecen vagos e insatisfactorios, y Zenón quiere que lo sean: quiere que
quedemos apabullados por el hecho de que hay un número infinito de términos en
y
que en el mundo real nunca podemos acabar de sumarlos todos, en cuyo caso ahora
viene Weierstrass al rescate.
Un par de preliminares harán más fácil ver cómo funciona esto. En primer lugar,
sepa que el índice n también funciona como un número ordinal[242] de
cualquier término dado de la serie sn, es decir, que 1/21 es
el 1er término, 1/24 es el 4º término, 1/247 es
el 47º término, etc.
Observe, también, que la diferencia entre dos términos sucesivos cualesquiera
de sn se hace más y más pequeña al alejarnos cada
vez más en la serie. Donde la «diferencia» de esta última frase se puede
representar como una distancia en la recta numérica. Es decir, que estamos
hablando de intervalos.
O sea, que allá vamos. Sabemos que la suma de la sn de
la dicotomía diferirá de 1 solo en 1/2n donde n = 1, 2,
3,… Para demostrar que 1 es realmente la suma de sn,
tenemos que demostrar que 1 es el límite de la función 1 - 1/2n donde n =
1, 2, 3, …[243]
Lo demostramos mediante el planteamiento de Weierstrass «f(x) tiene
límite L en un punto xn si y solo
si, para cualquier número positivo ε, existe un número positivo δ tal que para
cualquier x del intervalo |x − xn|
< δ, |f(x) − f(xn)| < ε».
Aquí L y xn son ambas 1, f(x) es
(1 - 1/2n), y x puede ser
cualquiera: la manera más simple de hacer la demostración es dejar que x = el
punto 1/2n. Y recuerde (suponiendo que leyó la interpolación
de § 5e) que la extraña sintaxis de la definición en realidad significa que
tenemos que ser capaces de hallar un δ para cada ε de modo que la conjunción
lógica (|x − xn| < δ) & (|f(x) − L|
< ε) sea cierta.
Luego, el único otro preliminar es asegurarnos de que recordamos qué significan
los símbolos de valor absoluto: |1 − 10| y |10 − 1|, ambos = 9, y que |f(x) − L|
y |L − f(x)| también son equivalentes. Weierstrass usa
valores absolutos porque hablamos de intervalos en la recta numérica, es decir,
de la distancia numérica entre diferentes puntos, que es la misma desde
cualquier dirección.
Aquí, lo que los «| |» nos permiten hacer es, a efectos prácticos, intercambiar
ambos términos de sustracción, lo cual hará que los auténticos intervalos de la
R. N. de los que estamos hablando sean más fáciles de representar claramente.
Perdón por toda la verborrea: estamos haciendo que suene menos fácil de lo que
es realmente. Así, para demostrar que 1 es el límite de la función dicotómica
(1 - 1/2n) , tenemos que hallar, para cualquier
número positivo ε tal que el intervalo entre 1 y (1 - 1/2n)
es < ε, un positivo δ tal que
sea
cierta. Lo cual resulta que no es difícil de hacer. Respecto a ε y al segundo
término de la conjunción, la situación es de algún modo la contraria que en el
ejemplo de la interpolación:
nunca
será falso, sin importar qué valor positivo escoja usted para ε. Por ejemplo,
supongamos que decide que ε = 0,001. Entonces puede hacer que
sea
cierto haciendo que n sea igual a 10 (tal como lo será en el décimo término
de sn), en cuyo caso 1/2n =
1/1024, en cuyo caso (1 - 1/2n) = 1023/1024, en
cuyo caso
(1 -
(1 - 1/2n)) = 1024/1024 - 1023/1024 = 1/1024
lo
cual es lo mismo que 0,0009765, que es ciertamente < 0,001. La cuestión es
que sin importar qué diminuto ε se escoja, se puede ajustar el valor de n de
tal modo que (1 - (1 - 1/2n)) acabe siendo
inferior a ε.
Así, el segundo término de la conjunción siempre va a ser cierto. Ahora todo de
lo que debemos preocuparnos es el primer término y encontrar un δ que haga
((1 - 1/2n) < δ) cierto para un ε dado.
Obviamente, no tenemos la misma carte blanche para escoger δ que teníamos para
escoger ε, porque nuestra elección de ε determina el valor que asignamos a n y,
por lo tanto, a 1/2n, y es (1 - 1/2n)
que δ tiene que superar. Pero resulta que la relación de dependencia entre
escoger δ y ε simplifica la tarea de hallar una δ relevante. Veamos de nuevo el
ejemplo donde ε = 0,001 y así n = 10 y 1/2n = 1/1024.
Aquí necesitamos un δ positivo tal que (1 - 1/1024)
< δ.
En este caso particular, δ = 1 funcionará perfectamente… y, de hecho, resulta
que δ = 1 funcionará para cualquier valor posible de ε. Probablemente puede ver
por qué. Es porque todos los valores posibles de los ε deben, por definición,
ser positivos. Aunque ε se puede hacer más y más pequeño, y cuanto más pequeño,
mayor tiene que ser n para hacer que (1 - (1 - 1/2n))
sea inferior a ε, y cuanto mayor sea n, más próximo a 1 será
(1 - 1/2n).
De todos modos, el requisito de que ε sea > 0 asegura que (1 - 1/2n)
será siempre < 1. Y como, sin importar que ε escoja usted, δ = 1 asegura que
la conjunción (1 - (1 - 1/2n) < 1) y (1 -
(1 - 1/2n) < ε) será cierta, entonces el
criterio principal de la definición: «para cualquier número positivo ε, existe
un positivo δ», se satisface.
Por lo tanto,
por
consiguiente, 1 es la suma de sn. Por lo tanto, usted
puede realmente cruzar la calle.
La confusión central de la dicotomía queda ahora al desnudo: la tarea de
desplazarse del punto A al punto B no
involucra subtareas necesarias, sino más bien una sola tarea cuyo «1» puede ser
aproximado con validez mediante una serie infinita convergente. Es la mecánica
de esa aproximación lo que el análisis weierstrassiano es capaz de explicar, es
decir, explicar realmente, 100% aritméticamente, sin infinitesimales,
analogías, o cualesquiera ambigüedades del lenguaje natural de las que buscaba
Zenón. No resulta nada pobre decir que, tras Weierstrass, la dicotomía se
convierte simplemente en un problema de definición más.
Pero hay algo más. La demostración que acabamos de ver es inusualmente
detallada. En una clase de nivel intermedio, las demostraciones de que
raramente
entran en los intervalos de Weierstrass o los ε/δ. Han pasado a ser de algún
modo los cimientos ocultos de los conceptos de límite, su justificación
deductiva. El concepto mismo sigue siendo expresado en términos del lenguaje
natural como «indefinidamente» y «tiende a». Lo cual probablemente es bueno. En
lugar de un tocho más acerca de respuestas técnicas o genuinas, observemos
simplemente que en una clase de matemáticas estándar una solución de la
dicotomía se detendrá básicamente tras el 2º párrafo de § 5e(1). Es decir, en
una clase de matemáticas se expondrá la serie convergente
se
indicará que la diferencia entre sn y 1 es 1/2n,
se demostrará que esta diferencia se vuelve arbitrariamente pequeña al
aumentar n indefinidamente, y se enseñará que el modo adecuado
de manejar una serie como esta es «diciendo que la suma snse
aproxima al límite 1 cuando n tiende a infinito, y escribiendo
(Courant
y Robbins, pág. 64)». Lo que está entre comillas es de un auténtico libro de
texto, edición revisada © 1996, cursiva sic. El mismo texto continúa:
Esta
«ecuación» no significa que realmente tengamos que sumar infinitos términos; es
solo una expresión abreviada del hecho de que 1 es el límite de la suma
finita sn cuando n tiende a
infinito (en ningún caso es infinito). El infinito aparece solo en el
procedimiento sin fin y no como una cantidad real (ibíd).
Dejemos
claro, de una manera muy calmada y discreta, que si usted piensa que puede
detectar un tufillo aristotélico en todas esas urgentes garantías de que el ∞
no tiene que ser tratado «como una cantidad real» en problemas como la
dicotomía, no está imaginando cosas.
Ni tampoco es cuestión del modo prefabricado en que las matemáticas se enseñan
hoy a los estudiantes universitarios. Es más profundo que todo eso, y más
antiguo. Algo notable acerca del análisis y la teoría de funciones del siglo
XIX es que cuanto más sofisticados se volvían, más asombrosamente iba
pareciéndose su tratamiento del ∞ al viejo y canoso concepto aristotélico de
«potencialidad». Y la cima de dicha sofisticación, y de ese parecido, es el
análisis weierstrassiano.
Si, a pesar de todo, por algún azar adicional se ha dado usted cuenta de que la
dicotomía y sus pretendidas soluciones de aula y pizarra involucran solo
números racionales y la recta numérica —sin olvidar que los ε y δ
ejemplarizantes de nuestra propia demostración en § 5e también han sido todos
racionales— entonces está usted en situación de valorar una especie de
encantadora ironía.
§
6a.
En definitiva, más importante que cualquier resultado específico es el espíritu
según el cual Weierstrass redefine los límites y las funciones continuas. Es
decir, su compromiso con el rigor fundacional, la higiene apodíctica, etc. Su
propia aritmetización del análisis es 100% literal. Apunta no solo a eliminar
los conceptos geométricos y la intuición inductiva de las demostraciones, sino
también a basar todas las matemáticas poscálculo en el sistema de los números
reales del mismo modo en que lo está la aritmética. Pero el sistema de los
números reales significa la recta real, que como hemos visto no está
exactamente desprovista de grietas de tipo ∞.
Los historiadores de las matemáticas expresan esto de varias maneras, por
ejemplo, Kline: «Fue Weierstrass el primero en indicar que para establecer
cuidadosamente las propiedades de las funciones continuas necesitaba la teoría
del continuo aritmético» (Kline, pág. 979), o Bell: «Los irracionales que nos
dan los conceptos de los límites y la continuidad, de los cuales surge el
análisis, deben referirse de nuevo a los enteros mediante un firme
razonamiento» (Bell, pág. 419). Lo destacado es la ironía prometida al final de
§ 5: el concepto riguroso de límite dado por Weierstrass, que parecía final y
coherentemente haber eliminado del análisis la necesidad de cantidades de tipo
y 1/∞, resulta que a su vez necesita una teoría rigurosa y clara de los números
reales, es decir, de los irracionales y el continuo de la recta real. Con
respecto a lo cual véase la frase del filósofo matemático Shaughan Lavine:
«Y
esa teoría prontamente reintrodujo el infinito en el análisis. El viejo
infinito de las cantidades infinitesimales e infinitas fue simplemente
sustituido por el nuevo infinito de las colecciones infinitamente grandes»
(Lavine, pág. 38).
La
verdad es que hay varias razones diferentes e interrelacionadas por las que los
números irracionales/reales se convierten ahora en un problema puntero y
apremiante. Uno de ellos, como se acaba de mencionar, es fundacional. Otro
tiene que ver con las aplicaciones: resulta que los ε y δ weierstrassianos que
aparecen en los límites de problemas del mundo real son a menudo irracionales,
haciendo que la cuestión de los ε y δ sea mucho más difícil de establecer.
Además, están el antes mencionado P. C. G. S. F., la pérdida de fe en los
axiomas de Euclides, etc. También está el hecho de que el nuevo énfasis de las
matemáticas en el rigor y la coherencia formal pone de relieve un problema
lógico en el modo de tratar los irracionales ya desde que la Divina Hermandad
los descubriera por primera vez en § 2c. Ese descubrimiento, como vimos, fue
geométrico —lo cual significa magnitudes inconmensurables, √2, cocientes
eudoxianos, etc.— y las definiciones de los irracionales utilizadas en
matemáticas han sido geométricas desde entonces. Esa práctica era, en los
translúcidos términos de Bertrand Russell,
altamente ilógica, pues si la aplicación de números al espacio [geométrico]
debe dar algo más que tautologías, los números aplicados deben definirse
independientemente, y si no fuera posible nada más que una definición
geométrica, no habría, hablando con propiedad, tales entes aritméticos como la
definición pretende definir (Russell, Principles of Mathematics, pág. 278).
Argumento que costaría demasiado tiempo examinar en detalle, pero puede verse
la tendencia general.
Así que lo que ocurre es que en las décadas de 1860 y 1870 varios matemáticos
empiezan a intentar obtener teorías rigurosas de los irracionales/reales. Aquí
los grandes nombres incluyen a William Rowan Hamilton, H. Kossak, Karl
Weierstrass, Ferdinand Lindemann, H. C. R. Méray, Georg Cantor, Η. E. Heine, y
Richard Dedekind. Adivine en cuáles estamos interesados.
En primer lugar, trabajando aparentemente a partir de ideas que había
bosquejado en sus clases en la Universidad de Berlín, algunos de los alumnos y
seguidores de Weierstrass intentan usar sus definiciones clave para intentar
definir un número irracional como, esencialmente, el límite de un tipo
particular de series infinitas de números racionales. La técnica de las
definiciones es convulsivamente técnica, pero por fortuna ni siquiera tenemos
que entrar en ello porque resulta que la teoría no funciona: es circular.[244] Esto
es así porque el límite irracional de Weierstrass no puede existir, lógicamente
hablando, hasta que haya una definición de los números irracionales. Aquí
«existir» significa precisamente lo que Russell quiere decir justo antes cuando
dice que «no habría tales entes geométricos como la definición [geométrica]
pretende definir». No se puede usar coherentemente el concepto de número
irracional en la definición de «número irracional» como no se puede definir
coherentemente «negro» como «el color de un perro negro». Así, en pocas
palabras, los esfuerzos de los weierstrassianos en realidad nunca llegaron a
ninguna parte.
La teoría del propio Cantor acerca de los números reales surge en el contexto
de su trabajo sobre algo llamado el teorema de unicidad (T. U.) para series
trigonométricas, y hay buenas razones para esperar un poco a hablar de él.
El plan más potente, significativo y extraño para definir los irracionales es
el de Julius W. R. «Richard» Dedekind, 1831-1916, que es una docena de años más
joven que Weierstrass pero muy parecido a él. Una persona afable y equilibrada
que dedica su vida principalmente a dar clases en Hochschulen, técnicas en
Brunswick y Zurich. Un soltero empedernido[245] que
vive con su hermana. Dedekind vive hasta una edad tan avanzada y es tan
apreciado por los demás que aparece en todas las matemáticas modernas: alumno
de Dirichlet y Gauss en Göttingen, editor de la Zahlentheorie de Dirichlet,
amigo de toda la vida de Riemann, semiweierstrassiano, colaborador temprano con
Leopold Kronecker en geometría algebraica, colaborador y amigo de Georg Cantor;
y no era fácil ser amigo de Cantor. Una historia favorita entre los matemáticos
es que Dedekind fue tan increíblemente longevo que en el famoso Calendario
Matemático de Teubner figuró durante un tiempo que había muerto cierto día de
1899, hasta que, finalmente, un año Dedekind le escribió al editor que estaba
vivo y que además había pasado el día en cuestión «en estimulante conversación
sobre "sistema y teoría" con mi invitado del almuerzo y honrado amigo
Georg Cantor de Halle» (traducción extractada, y algo editada, de Bell, pág.
519).
La fecha de publicación de la famosa obra de Dedekind «Continuidad y números
irracionales»[246] es
1872. En parte es una respuesta a la propia definición de Cantor de los
irracionales, que había aparecido como parte de un extenso artículo sobre el
teorema de unicidad ese mismo año. Pero resulta evidente que Dedekind tenía su
teoría básica a punto tan tempranamente como en 1860. Como Weierstrass (y a
diferencia de Cantor), no es muy ambicioso respecto a publicar sus materiales.
La motivación de Dedekind, de nuevo como la de Weierstrass, venía de enseñar
cálculo en la universidad: se había sentido cada vez más incómodo con el uso de
conceptos geométricos indefinidos para definir los límites y la continuidad.
Pero en vez de centrarse en la aritmetización de los límites, Dedekind en
cierto modo profundiza más, va al problema raíz que había preocupado a Zenón,
la D. H. P., Eudoxo, Aristóteles y Bolzano, y había acechado al análisis desde
el teorema fundamental. El problema: cómo obtener una teoría 100% aritmética de
lo que se supone que el cálculo se ocupa —continuidad pura, como la del
movimiento y constructos geométricos continuos como líneas y áreas y volúmenes—[247]pero nunca
había definido con suficiente claridad y rigor para hacer que sus
demostraciones tuvieran realmente sentido.
La entidad que Dedekind elige como emblema de la continuidad aritmética es la
buena y vieja recta real, la cual técnicamente aún deberíamos llamar la recta
numérica, pues solo tras el establecimiento de lo que se llama el axioma de
Cantor-Dedekind se convierte en rigurosamente correcto hablar de la recta real.
Llamémosla, pues, la recta numérica (Dedekind simplemente la llama L), y
recuérdese de § 2c que es ordenada e infinitamente densa y extensa, y que puede
usarse para representar los números racionales asignando a cada número racional
un punto único de la recta. Y, sin embargo, que toda la razón por la que el
análisis necesita algo más que los números racionales es que la recta numérica,
como todas las rectas, es continua de un modo en que el conjunto de todos los
racionales no lo es. La manera que tiene Dedekind de expresar esto se remonta
directamente a los griegos: «Sin embargo, es de la máxima importancia el hecho
de que en la recta L hay infinitos puntos que no corresponden a ningún número
racional» (Dedekind, pág. 8), y cita como ejemplo la buena y vieja diagonal del
cuadrado unidad. De modo que su estrategia es simplemente explicar qué tiene L
que la haga continua y sin huecos mientras que el conjunto infinitamente denso
de los números racionales no lo es. Por supuesto, sabemos, como él y todos los
demás por aquel entonces, que son los números irracionales, pero nadie ha sido
capaz de definirlos directamente. Así que Dedekind aquí va a hacer de Sócrates
y a actuar como si nunca hubiera oído hablar siquiera de los irracionales y
simplemente preguntara: ¿En qué reside exactamente la continuidad de L?[248] Es su
respuesta a esta cuestión lo que convierte a la recta real en una realidad
matemática y establece, junto a Cantor, que el conjunto de todos los números
reales compone el continuo.
§
6b.
Interpolación
Conocido
hoy como corte de Dedekind, el recurso de R. D. para construir la recta real es
extremadamente ingenioso y extraño, y antes de que sucumbamos a sus
complejidades vale la pena indicar que en un sentido profundo es la voluntad de
Dedekind de tratar el infinito real lo que permite que su demostración siga
adelante. Como se ha mencionado en § 5 y en otras partes, una de las razones
por las que el concepto de límite fue tan bien recibido en el análisis era que
se ajustaba bien a la vieja idea del infinito potencial: la idea de que el ∞ es
algo a lo que nos podemos «aproximar» sin tener que llegar nunca realmente
hasta él parece sacada directamente de la Metafísica. La aceptación tácita por
las matemáticas de la distinción aristotélica se hace explícita en una frase
muy citada de Karl Friedrich Gauss (sí: el Gauss de Dedekind) hacia 1830:
Protesto por el uso de una cantidad infinita como un ente real; esto no se
admite nunca en matemáticas. El infinito es solo una manera de hablar, en la
cual uno habla propiamente de límites hacia los cuales ciertas razones pueden
aproximarse tanto como se desee, mientras que a otras se les permite aumentar
sin restricciones (Gauss, extractado por Kline, pág. 993).
Y así, por supuesto, es irónico que solo un par de décadas después de que
Weierstrass despoje a los límites de las últimas sombras del ∞ empecemos a ver
matemáticos de primera fila que no solo aceptan el infinito real, sino que lo
usan en las demostraciones. Dedekind es uno de ellos. Y no es que quede
persuadido por Cantor o por Bolzano o por nadie más de la coherencia de los
conjuntos infinitos. Dedekind es, tal como se definió el término en § 2a, un
platónico. Cree claramente que la realidad matemática no es tan empírica como
cognitiva:
Al hablar de la aritmética (el álgebra, el análisis) como una parte de la
lógica, mi intención es dar a entender que considero el concepto de número
completamente independiente de las nociones o intuiciones del espacio y el
tiempo, que lo considero un resultado inmediato de las leyes del pensamiento
(Dedekind, pág. 31).
O quizá sea mejor llamarle un fenomenólogo, pues la distinción acerca de si las
realidades matemáticas son creaciones o descubrimientos no parece importarle
mucho a Dedekind: «Los números son creaciones libres de la mente humana; sirven
como medio para aprehender más fácilmente y más nítidamente la diferencia entre
las cosas» (ibíd.).
O mire esto. En un ensayo complementario a «Continuidad y números irracionales»
que se traduce habitualmente como «El significado y la naturaleza de los
números»,[249] Dedekind
desarrolla una notable demostración de su «Teorema 66. Existen sistemas
infinitos» que consiste en lo siguiente: «Mi propio reino de pensamientos,[250] es
decir, la totalidad S de todas las cosas que pueden ser objetos de mi
pensamiento, es infinito. Pues si s significa un elemento de S, entonces el
pensamiento s', que s puede ser un objeto de mi pensamiento, es él mismo un
elemento de S,…» (ibíd., pág. 64, ligeramente editado) y así sucesivamente, de
modo que la serie infinita ([s] + [s es un objeto del pensamiento] + [«s es un
objeto del pensamiento» es un objeto del pensamiento] +…) existe en el
Gedankenwelt, lo cual implica que el Gedankenwelt mismo es infinito. Respecto a
esta demostración, observe (a) su gran parecido con varias RIV al estilo de
Zenón que habíamos visto en § 2a, y (b) cuán fácilmente podríamos objetar que
la demostración solo establece que el Gedankenwelt de Dedekind es «potencialmente
infinito» (y en el preciso sentido aristotélico del término), pues nadie podrá
jamás sentarse y pensar realmente en una serie infinita completa de
pensamientos del tipo (s + s' + s''), es decir, la serie es una abstracción
total.
La cuestión es que la demostración de Dedekind en «El significado y naturaleza
de los números» no va a convencer a nadie que no esté ya dispuesto a admitir la
existencia[251] de
sistemas/series/conjuntos… realmente infinitos, y tanto Dedekind como Cantor lo
están. Al 100%. Sin embargo, a diferencia de Dedekind, Cantor tiende a
representarse a sí mismo como si le hubieran arrastrado gritando y pataleando
hacia el ∞ real. Por ejemplo:
La
idea de considerar lo infinitamente grande no solo en la forma de la magnitud
ilimitadamente creciente y en la forma estrechamente relacionada de las series
infinitas convergentes […] sino también fijarla matemáticamente mediante
números en la forma definida del infinito completado me sobrevino como una
obligación lógica, casi contra mi voluntad, pues era contraria a unas
tradiciones que había llegado a considerar muy valiosas en el curso de varios
años de esfuerzo científico e investigaciones (Cantor, «Foundations of the
Theory of Manifolds», págs. 75-76).
Una
parte de esa diferencia en la presentación es que Georg Cantor era un retórico
más hábil que Richard Dedekind, y otra parte es que tenía que serlo: Cantor
estaba en el frente de la guerra por el ∞ de un modo en que Dedekind nunca lo
estuvo.
Otra cosa a tener en cuenta, sin embargo, es que las matemáticas transfinitas
de Cantor acabarán socavando totalmente las objeciones aristotélicas, como la
anterior (b), a la demostración de Dedekind, pues la teoría de Cantor
constituirá una evidencia directa de que los conjuntos realmente infinitos
pueden ser entendidos y manipulados, verdaderamente tratados por el intelecto
humano, igual que la velocidad y la aceleración son tratados por el cálculo.
Así, algo a valorar desde el principio es que, por muy abstractos que puedan
ser los sistemas infinitos, después de Cantor está claro que no son abstractos
del modo real/irreal en que lo son los unicornios.
Fin
de la interpolación
§
6c.
Volvamos a la táctica inicial de Dedekind de preguntar qué distingue la
continuidad de la recta numérica L. Resulta que tanto Galileo como Leibniz y
Bolzano habían intentado postular que la continuidad de L se basaba realmente
en la densidad infinita de sus puntos constituyentes, es decir, en el hecho de
que entre dos puntos cualesquiera de la R. N. siempre se puede hallar un tercer
punto. Como hemos visto, sin embargo, la misma característica vale para todos
los racionales de la forma p/q,[252] y
como (1) todo número racional se puede expresar en la forma p/q,[253] y (2)
ya sabemos que el conjunto de todos los racionales no es continuo, Dedekind
descarta la idea de que la continuidad de L resida en algún tipo de densidad o
«estrecha vecindad»: «Mediante vagos comentarios acerca de la conexión
ininterrumpida de las más pequeñas partes [de L] obviamente no se gana nada; el
problema es indicar una característica precisa de la continuidad que pueda
servir como base para deducciones válidas» (Dedekind, págs. 10-11).
El golpe de efecto de Dedekind es situar esta «característica precisa» no en la
densidad o la cohesión de L, sino más bien en una propiedad contraria, la
separabilidad, a su vez una consecuencia del hecho de que la recta numérica sea
ordenada y sucesiva, es decir, que cada punto de la R. N. está a la derecha de
todos los puntos correspondientes a números inferiores y a la izquierda de
todos los puntos correspondientes a números superiores. Esto significa que en
cualquier punto en particular podemos, en cierto modo, cortar[254] la
recta numérica en dos partes, dos conjuntos infinitos mutuamente exclusivos,[255]A a
la derecha y Ba la izquierda, donde todo número racional de B es
mayor que todo número racional de A. Respecto a esto, «Continuidad
y números irracionales» (que es, como se ha mencionado, el nombre informal para
un artículo matemático técnico) tiene un aparte del tamaño de un párrafo donde
Dedekind en cierto modo da un puntapié en el suelo y pretende disculparse por
lo poco convincente y obvio que lo del schnitt debe de parecer, por ejemplo:
«[L]a mayoría de mis lectores quedarán muy decepcionados al saber que es
mediante ese comentario banal que el secreto de la continuidad será revelado»
(ibíd., pág. 11). El comentario al que se refiere es el recíproco lógico de la
afirmación anterior acerca de la separabilidad, es decir:
Si todos los puntos de la recta caben en dos categorías tales que todo punto de
la primera categoría se halla a la izquierda de todo punto de la segunda
categoría, entonces existe un punto, y solo uno, que da lugar a esta división
de todos los puntos en dos categorías, dividiendo la recta en dos porciones
(ibíd.).
Lo que esto significa es que al definir los miembros y las cotas de los
conjuntos Ay B, se puede definir el valor del punto en
el cual se corta L en las partes A y B. Y, como
usted recordará de § 2c, definir un punto es definir un número.
Solo que, como la recta en cuestión es la recta numérica y representa solo los
números racionales, es justo preguntar cómo va a ser posible que el schnitt
ayude a definir los números irracionales, los cuales, por supuesto, son el
verdadero «secreto de la continuidad». Que cada número racional corresponderá a
un schnitt pero no cada schnitt corresponderá a un número racional podría
parecer simplemente otro modo de formular la aseveración según la cual no
podemos definir irracionales en términos de racionales. La respuesta es que
Dedekind puede construir literalmente la definición de cada número irracional a
partir de las características de los dos conjuntos en los que divide la recta.
El método funciona como sigue.
Considere un schnitt en la R. N. que divide toda la ∞ de números racionales en
dos conjuntos A y B tales que todos los
elementos b de B son mayores que todos los
elementos a de A. De forma más específica,
considere si estos A y B pueden tener
elementos máximos/mínimos.[256] Dependiendo
de dónde y de cómo se defina el schnitt, hay solo tres posibilidades, de las
cuales solo una puede ser cierta. Posibilidad 1 = El conjunto A tiene
un elemento máximo a' (como en el caso, por ejemplo, en que el
corte A contiene todos los números racionales ≤ 2 y B contiene
todos los números racionales > 2). Posibilidad 2 = El conjunto B tiene
un elemento mínimo b' (como en el caso, por ejemplo, en que el
corte A contiene todos los números racionales < 2).
Posibilidad 3 = No hay un elemento máximo de A ni un elemento
mínimo de B.*
*Miniinterpolación
Respecto
a que estas sean las únicas tres opciones, probablemente ya puede usted ver que
no hay ningún modo en que el conjunto B pueda tener jamás un elemento máximo,
porque B lo contiene todo desde el schnitt hasta el ∞. Y la L de Dedekind es la
recta real y también incluye todos los racionales extendiéndose hacia la
izquierda desde 0, así que Alo contiene todo desde −∞ hasta el
schnitt y no puede tener un miembro mínimo. Pero en caso de que se esté
preguntando por qué no puede haber una Posibilidad 4 en la cual haya a la vez
un miembro máximo a' de A y un miembro
mínimo b' de B, hay una manera fácil de demostrar
que esto no es posible. Es una demostración por reducción al absurdo, así que
vamos a suponer que existe un a' máximo y también un b' mínimo.
Pero esto significa que existirá cierto número racional, igual a (a' + b')/2,
que es a la vez mayor que a' y menor que b', y,
por lo tanto, no puede ser miembro ni de A ni de B.
Pero A y B han sido definidos de tal modo que
juntos contienen todos los números racionales. Por lo tanto, la Posibilidad 4
es contradictoria.
Pero entonces, ¿por qué la Posibilidad 3 no es contradictoria de la misma
manera?
Dramático
final de la miniinterpolación
Enunciado
informalmente, el ejemplo de Dedekind para la Posibilidad 3 es un schnitt cuyo
conjunto A contiene todos los números racionales negativos y
todos los racionales positivos x tales que x2 < 2, y cuyo
conjunto B contiene todos los racionales positivos x tales que
x2 > 2. Si se puede demostrar que ningún número racional
corresponde a este schnitt, habremos definido cierto número irracional, en este
caso el milenariamente inconmensurable √2.[257]
Ya hemos visto, en § 2c, una demostración de que √2 no es racional.[258]Podríamos
dormirnos en estos laureles. Pero Dedekind no lo hace, y proporciona su propia
demostración específica de que el schnitt del ejemplo de la Posibilidad 3 no
corresponde a ningún número racional. Vamos a verla. Puede que todos queramos
respirar a fondo un momento y relajarnos y estar muy atentos. La de Dedekind es
una demostración por reducción al absurdo y, por lo tanto, empieza suponiendo
que sí existe un racional x correspondiente al schnitt de la
Posibilidad 3. Si ese x existe, entonces, por la definición del conjunto A,
o bien x es el elemento máximo de A, o bien es mayor que cualquier
elemento de A (o sea, que está en B).
En todo caso, cualquier número que sea mayor que x (llamémosle x+)
por definición va a pertenecer con absoluta seguridad a B, lo cual
significa que (x+)2debe ser > 2. Entonces, si
para cierto x podemos dar un x+ mayor que x de
tal modo que (x+)2 < 2, la suposición
inicial de que x es racional quedará contradicha.
De modo que aceptemos las anteriores especificaciones de x y x+,
y definamos cierto número positivo p como igual a (2 − x2),
y definamos x+ como igual a (x + p/4).
Esta última definición puede parecer un poco extraña, pero puede usted
verificar fácilmente que dadas las especificaciones originales y el valor
de p, (x + p/4) será
mayor que x, de modo que se mantiene la crucial relación x+ > x.
Ahora lo que queda de la demostración son solo buenos y viejos cálculos
escolares:
(x+)2 =
(x + p/4)2
(x + p/4)2 = x2 + xp/2
+ p2/1
Como x es
por definición mayor que 1, x2 > x,
de modo que
x2p/2
> xp/2
y
así
x2 + xp/2
+ p2/16 < x2 + x2p/2
+ p2/16
Haciendo
que 16 sea el denominador común, se obtiene
(16x2 +
8x2p + p2)/16
Como,
por definición, p = (2 − x2), entonces
claramente x2 = (2 − p); así que por
sustitución la cantidad de (4) se convierte en
(16(2
- p) + 8(2 - p)p + p2)/16
que
tras multiplicar constantes se convierte en
(32
- 16p) + (16 - 8p)p + p2)/16
que
tras desarrollar el paréntesis del 2º término da
(32
- 16p) + 16p - 8p2 + p2)/16
lo
cual bastante obviamente se reduce a
(32-7p2)/16
lo
cual es lo mismo que
2 -
(7/16)p2
cantidad
que, al ser p > 0 por definición, siempre va a ser < 2.
Así, mediante los pasos (1)-(9) (destacando en particular los pasos (1), (3) y
(9)), hemos determinado que
(x+)2 <
2 - (7/16)p2 < 2
lo
cual, por la ley básica de la transitividad, significa que
(x+)2 <
2
que
es precisamente lo que necesitábamos para contradecir la suposición inicial de
que el schnitt correspondía a un racional x. Y esto quiere decir que no
corresponde a ningún racional x. Q. E. D.
Dedekind, justo tras la demostración: «En esa propiedad de que no todos los
cortes son producidos por números racionales consiste lo incompleto o la
discontinuidad del dominio de todos los números racionales» (ibíd., pág. 15,
editado).
Pero esto no es ni la mitad del asunto. El truco del schnitt permite que los números
irracionales se definan completamente en términos de los racionales, que es el
único modo de elaborar una teoría deductiva y 100% rigurosa de los números
reales. La definición, en lenguaje asequible, es que un número irracional es el
valor de un punto en el cual un schnitt divide la R. N. en dos conjuntos A y B
bilateralmente exhaustivos que respectivamente no tienen elemento máximo o
elemento mínimo.[259] Es
esta definición la que crea el continuo —es decir, el conjunto de todos los
números reales— y transforma la recta numérica en la recta real.[260] Lo
que es especialmente genial e ingenioso es que la técnica de Dedekind usa
justamente lo que había hecho tan misteriosos a los irracionales —su
correspondencia a puntos innominables de la recta numérica— como parte de su
definición rigurosa.
§
6d.
Por supuesto, la teoría de Dedekind también presupone la existencia de
conjuntos realmente infinitos. Más que presuponer: mediante el truco del
schnitt, la definición formal de un número real se convierte en «Cierto par de
conjuntos infinitos con ciertas características particulares». Hay cierto
número de potenciales rarezas de las que nos podemos dar cuenta en este punto.
En primer lugar, dada la larga y muy documentada alergia de las matemáticas a
los ∞ reales, la teoría de Dedekind bien podría verse simplemente como la
sustitución de una cantidad de tipo indefinible por otra, es decir, como
invocar, para fundamentar y definir los irracionales, la idea oculta de no uno
sino dos conjuntos inimaginablemente enormes y, aun así, precisamente
ordenados, cada uno de ellos infinito de algún modo pero a la vez limitado muy
específicamente. Lo cual podría chocarle una vez más como algo demasiado
parecido a Zenón. Si es así, guárdese esa idea.
Segunda rareza: Si es usted inusualmente atento e inmune al aburrimiento, puede
que ya haya notado un sorprendente parecido entre la teoría de Dedekind y lo de
la conmensurabilidad geométrica de Eudoxo de Cnidos que vimos en § 2d. Con
respecto a lo cual, por favor, recuerde o revise § 2d y vea que el concepto de
schnitt ahora ayuda a hacer más claro cómo la definición por Eudoxo de «razón»
funciona para designar números irracionales: el número expresado por la
razón p/q es irracional (o sea, p y q son
inconmensurables) justo cuando, para cualquier número racional a/b ,
la disyunción (ap < bq) o (ap > bq)
es cierta,[261] o
sea ap ≠ bq. No hay aquí acusación alguna de que
Dedekind plagiara a Eudoxo o ni siquiera de que necesariamente supiera algo de
él. Véase, por ejemplo, el prefacio de «La naturaleza y significado de los
números», en el cual Dedekind cita la eudoxiana Definición 5 de los Elementos
sin ningún conocimiento evidente de dónde la obtuvo Euclides. Esta cita subraya
la gran diferencia entre Dedekind y Eudoxo, así como entre las matemáticas
griegas y el análisis moderno:
[S]i uno contempla el número irracional como la razón de dos cantidades
mensurables,[262] entonces
esta manera [= la del mismo Dedekind] de determinarlo está ya descrita de la
manera más clara posible[263] en la
celebrada definición que da Euclides de la igualdad de dos razones (Elementos,
V, 5) (ibíd., editado).
La diferencia está en la condición inicial «Si… cantidades mensurables». Eudoxo
y Euclides eran (otra vez) geómetras, y para ellos el problema de los
irracionales incluía magnitudes geométricas como rectas/áreas/volúmenes.
Mientras que el proyecto general de Dedekind (como, de nuevo, el de Weierstrass
mismo) es huir de la geometría y fundamentar el análisis totalmente en la
aritmética.[264]
Por esto, Dedekind dice una y otra vez que la R. N. y los puntos geométricos en
su teoría del schnitt son solo para entretenimiento. En realidad, su antes
mencionado prefacio contiene una de las declaraciones más conmovedoras jamás
escritas sobre la estética de la aritmetización, a saber: «Aún me parece más
bello que sin ninguna noción de cantidades mensurables y simplemente mediante
un sistema finito de sencillos pasos del pensamiento el hombre pueda avanzar
hacia la creación del dominio numérico continuo puro» (ibíd., pág. 38
[puntuación sic]).
Por otro lado, si resulta correcto decir que la intervención de conjuntos
realmente infinitos en una definición matemática involucra solo «un sistema
finito de pasos del pensamiento» es una cuestión justa, esto nos lleva de nuevo
al asunto que pusimos sobre la mesa hace dos párrafos. Si resulta que usted
presenta objeciones al uso de conjuntos infinitos en una definición rigurosa
porque le parece que tales conjuntos de tipo realmente ∞ son matemáticamente
irreales/ilícitos, entonces usted es, por supuesto, un aristotélico/gaussiano y
contará como su defensor nº 1 al profesor Leopold Kronecker (1823-1891), que
como se ha mencionado fue una vez el mentor de Georg Cantor y después su
archienemigo y la persona que algunos historiadores piensan que más o menos por
sí sola le condujo a la locura, y quien (= Kronecker) fue básicamente el primer
intuicionista de las matemáticas, y que creía que solo los enteros eran
matemáticamente reales porque solo ellos eran «claros a la intuición», lo cual
significaba que los decimales, los irracionales y ciertamente los conjuntos
infinitos eran todos unicornios matemáticos. En la historia de las matemáticas,
la figura de Kronecker a menudo se resume mediante su máxima «Solo los enteros son
una creación de Dios; todo lo demás es obra del hombre», del mismo modo en que
la figura de D'Alembert queda resumida por «Siga adelante y la fe vendrá», y la
de Arquímedes, por «¡Eureka!».[265] Veremos
más de lo que probablemente quiere usted oír acerca de Leopold Kronecker y el
intuicionismo dentro de unos §. Por ahora basta saber que así como Weierstrass,
Dedekind y algunos colegas quieren eliminar la geometría del análisis y basarlo
todo en el sistema de los números reales, Kronecker va incluso más allá y
quiere basar el análisis solo en los enteros y en los racionales expresados
como razones de enteros.
Así que volviendo ahora a la objeción específica
no-se-pueden-usar-conjuntos-infinitos-en-una-definición a la teoría de Dedekind
de los números reales. Hay por lo menos dos maneras no triviales de responder a
esto. La primera es decir (de acuerdo con la nota 21) que la teoría de Dedekind
en realidad no nos exige tratar conjuntos infinitos en el sentido especial de
«tratar» descrito en § 1. Estrictamente hablando, la técnica del schnitt no
presupone ∞ reales más de lo que lo hace
Lo
cual equivale a decir que los conjuntos infinitos A y B de la teoría de
Dedekind son completamente abstractos, hipotéticos: no tenemos que contarlos ni
representarlos o ni siquiera pensar en ellos más allá de saber que B > A y
decidir si existe un a' máximo, un b' mínimo
o ninguno.
Si esta respuesta no le emociona demasiado y todavía le parece que todo lo que
la definición supuestamente rigurosa de Dedekind está haciendo es sustituir la
imprecisión matemática de los números irracionales por la de los conjuntos
infinitos, entonces es oportuno indicar que coincidiendo con la aparición de
«Continuidad y números irracionales», Cantor está empezando a publicar trabajos
que dan precisión justo al tipo de conjuntos realmente infinitos que Dedekind
está postulando. Como se insinuó en los § 1 y 4, la aparición casi simultánea
de Cantor y Dedekind en las matemáticas es más o menos como lo de Newton y
Leibniz, una señal segura de que era el «momento adecuado» para los conjuntos
de tipo ∞. Igual de impresionante es la manera escheriana en que se superpone
la obra de ambos hombres.[266] Cantor
es capaz de definir y fundamentar los conceptos de «conjunto infinito» y
«número transfinito», y de establecer técnicas rigurosas para combinar y
comparar diferentes tipos de ∞, que es justamente donde la definición de
Dedekind de los irracionales necesita apuntalarse. Recíprocamente, la técnica
del schnitt demuestra que los conjuntos realmente infinitos pueden tener
verdadera utilidad en el análisis. En otras palabras, que por muy sensitiva y
cognitivamente abstractos que deban permanecer, los ∞ a pesar de todo pueden
funcionar en las matemáticas como abstracciones prácticas y no solo como
extraños divertimentos paradójicos.[267]
También la coincidencia en el tiempo es casi inquietante. Dedekind se entera
por primera vez de la existencia de Georg Cantor el mes de marzo de 1872,
cuando lee su obra «Über die Ausdehnung eines Satzes aus der Theorie der
trigonometrischen Reihen»[268] en
una importante revista mientras está dando los toques finales a «Continuidad y
números irracionales», en el último borrador del cual añade una cita de Cantor
y un «gracias de corazón» a «este ingenioso autor» cuyo artículo contiene una
teoría de los irracionales* que «… está de acuerdo, aparte de la forma de la
presentación, con lo que designo como la esencia de la continuidad» (Dedekind,
pág. 3, editado). Luego, más tarde ese mismo año se conocen, por casualidad,
cuando están de vacaciones en Suiza. Chocan el uno con el otro, literalmente.
Cantor es privatdozent en la Universidad de Halle, y Dedekind da clases de
bachillerato en Brunswick.[269] Congenian
inmediatamente y empiezan a cartearse, y muchos de los resultados más
significativos de Cantor se desarrollan en esas cartas. Pero nunca son
auténticos colaboradores, y aparentemente tienen un gran desacuerdo en 1880,
cuando Cantor se las arregla para conseguirle a Dedekind una plaza de profesor
en Halle y este la rechaza (aunque deben de haberlo resuelto con el tiempo si
en 1899 tienen largas sobremesas tras comer juntos). De nuevo, nos saltamos la
mayor parte de esas cosas personales.
§ 6e.
*Interpolación
semi- SEI<
La
teoría de los irracionales de Georg Cantor, que como se ha mencionado está
principalmente en el «Über […] Reihen» de 1872, es a la vez técnicamente
compleja y, en definitiva, menos relevante que el trabajo sobre teoría de
conjuntos del que forma parte,[270] y
dependiendo de su cociente general interés/fatiga puede
que usted no quiera hacer más que echarle una ojeada a la siguiente
explicación, que ocupa un complicado nicho retórico y ha sido clasificada como
SEMI-SEI.
Cantor
no está tan interesado en definir los irracionales per se como en desarrollar
una técnica mediante la cual pueda definir todos los números reales, racionales
e irracionales, del mismo modo. En realidad, Cantor es el primero que introduce
en las matemáticas la idea de un conjunto de todos los números reales que
comprenda tanto a los racionales como a los irracionales (a lo cual Dedekind,
por complicadas razones, se opone). Obviamente, la teoría del propio Cantor
también depende de los conjuntos infinitos, pero en este punto para Cantor
estos son más como conjuntos infinitos de sucesiones infinitas de números
racionales. De aquí viene, en parte, lo complejo de su teoría. Otra parte es
que Cantor quiere usar la idea weierstrassiana de los irracionales-como-límites
sin el problema de circularidad mencionado en § 6a, lo cual le conduce a usar
sucesiones convergentes en lugar de series.
En concreto, para evitar la circularidad de la definición de Weierstrass,
Cantor explota los hechos de que (1) todos los números reales pueden ser
representados por decimales infinitos (y los racionales tienen decimales que o
bien repiten infinitamente su período básico (como en la nota 10 de § 6c), o
bien acaban con una infinidad de o seguidos o 9 seguidos (los cuales, recuperando
el rastro de la nota 35 de § 2c, son equivalentes, como cuando veíamos que
0,999… = 1,000…), y que (2) los decimales infinitos funcionan como límites de
fracciones decimales. (En la escuela aprendió las fracciones decimales: son la
manera de hacer que los chavales entiendan los decimales en términos de
fracciones, por ejemplo
0,15
= 0/1 + 1/10 + 5/100
Aquí,
pues, tenemos otro caso en el cual el análisis superior resulta estar en el
fundamento de la aritmética infantil: la regla general es que cualquier decimal
infinito puede ser representado como la serie infinita convergente
a0100 + a110−1 + a210−2 + a310−3 +
… + an10−n + …,
serie
que converge hacia el decimal original, es decir, el decimal es el límite/suma
de la serie).[271] Entonces,
mediante un ingenioso ejercicio de semántica matemática, Cantor puede conseguir
todo el botín de los decimales observando, en la línea de § 5d, que el hecho de
que una sucesión cualquiera[272] de
números racionales converja equivale a que sea representable mediante un
decimal infinito, el cual está, pues, definido matemáticamente por la sucesión.
[SEI Si el anterior párrafo parece sospechoso o enrevesado, podemos
reducir el argumento a un simple silogismo: «Como (1) todos los números son
definibles mediante decimales y (2) todos los decimales son definibles mediante
sucesiones, (3) todos los números son definibles mediante secuencias», lo cual
resulta ser 100% válido].
En definitiva, la idea básica de Cantor es que una sucesión infinita de números
racionales define un número real si la sucesión converge en el sentido de que
para
cualquier m arbitraria (semiextractado de Kline, págs. 984-985),[273] es
decir, si la diferencia entre dos términos sucesivos cualesquiera tiende a 0[274] al
alejarnos más y más por la sucesión (que por supuesto es justo el modo en que
los decimales funcionan: en la posición decimal n-ésima, valores sucesivos
pueden diferir a lo sumo en 10−n). Cantor llama a las sucesiones que
se comportan de ese modo sucesiones fundamentales, y lo que se conoce como
teoría de los números reales de Cantor es que cada número real queda definido
mediante por lo menos una secuencia fundamental.
Un par de potenciales objeciones en este punto. Si a usted tal vez le choca
como algo circular o cuestionable que Cantor defina «número real» como
el-que-es-definido-por-una-sucesión-fundamental —algo parecido a definir
«perro» como el-que-es-definido-por-la-definición-de-«perro»— entonces tenemos
que aclarar qué significa exactamente «definir» en relación con la teoría de
Cantor. Básicamente significa «es» o «es igual a». Es decir, lo que permite que
la teoría evite la circularidad es que la sucesión fundamental relevante es el
número real, del mismo modo que 0,15 es lim(0(100), 1(10−1),
5(10−2)) y una función trigonométrica es su desarrollo en serie
convergente. Por otro lado, como los números reales incluyen tanto los
irracionales como los racionales, podría estar preguntándose si, y cómo, las
sucesiones fundamentales de racionales de Cantor también pueden definir números
racionales, o si la idea tiene sentido siquiera. La respuesta es que tiene
sentido y pueden hacerlo: la estipulación de Cantor es que cuando una sucesión
fundamental a0, …, an, … tiene
todos los términos posteriores a an iguales a x, la
sucesión define (= es) el número racional x.[275]
Para hacer verdaderamente viable su teoría, Cantor todavía tiene que demostrar
cómo deducir propiedades aritméticas y realizar operaciones básicas con sus
sucesiones fundamentales y los números reales que estas definen. A
continuación, veremos un par de ejemplos de las demostraciones de su artículo,
donde nuestros números reales relevantes son aquí x e y:
(A) Como resulta que se puede definir el mismo número real x mediante más de
una sucesión fundamental,[276] la
regla de Cantor es que dos sucesiones fundamentales a0, a1, a2,
… y b0, b1, b2,
… definen el mismo x si y solo si |an − bn|
se aproxima[277] a 0
cuando n tiende a ∞.
(B)Para demostrar que se pueden hacer las operaciones aritméticas básicas,
supongamos que an y bn son
sucesiones fundamentales que definen x e y,
respectivamente. Cantor demuestra (en una orgía de simbolismo ultratecnificado
que estamos omitiendo) que (an ± bn)
y (an × bn) son también
sucesiones fundamentales, definiendo así los números reales x ± y y x × y.
En su demostración de que bn/an es
una sucesión fundamental que define x/y, la única
restricción es que x obviamente no puede ser 0.
Por último, puede que haya visto usted otra objeción potencial. Una bastante
fea. Y quizás el aspecto más impresionante de la teoría de Cantor de los
reales-mediante-sucesiones-fundamentales —y por lo que Dedekind le llama
ingenioso— es el modo en que Cantor evita esa objeción, del tipo de las RIV
letales, ante la cual su teoría parece vulnerable al principio. Pues si
sucesiones fundamentales de números racionales definen números reales, ¿qué hay
de las sucesiones fundamentales de números reales (= tanto racionales como
irracionales)? Se pueden construir fácilmente sucesiones de números reales que
convergen según las especificaciones de Cantor: varios tipos de series
trigonométricas ya lo hacen. ¿Necesitamos crear toda una clase completamente
nueva de números para que funcionen como límites de esas sucesiones de números
reales? Si es así, entonces necesitaremos otra clase más para los límites de
sucesiones fundamentales de esos nuevos números, y luego otra más… y allá
vamos: será el Tercer Hombre de Aristóteles otra vez. Solo que Cantor lo elude
demostrando[278] el
siguiente teorema: si rn es una secuencia de números reales tal
que
para
un m arbitrario —es decir, si rn es
una sucesión fundamental de números reales bona fide— entonces existe un número
real único r, definido por una secuencia fundamental an de
números racionales, tal que
En
otras palabras, Cantor es capaz de demostrar que los propios números reales
pueden servir como límites de las sucesiones fundamentales de números reales,
de modo que su sistema de definiciones es autocontenido y a prueba de RIV.
§
6f.
Como se insinuó vagamente en § 6d, las teorías de Dedekind y Cantor entran en
conflicto con una más de las doctrinas kroneckerianas, a menudo conocida como
constructivismo, que se convertirá en una parte muy importante del
intuicionismo y de las controversias acerca de los fundamentos filosóficos de
las matemáticas desatadas por la teoría de conjuntos.[279] Todo
esto se vuelve muy pesado y complicado, pero es importante. Aquí están los
principios básicos del constructivismo tal como los practicó Kronecker y los
codificaron Jules-Henri Poincaré y Luitzen Egbertus Jan Brouwer y otras figuras
destacadas del intuicionismo: (1) Cualquier enunciado o teorema matemático que
sea más complicado o abstracto que la aritmética de los enteros de toda la vida
debe ser explícitamente derivado (es decir, «construido») de la aritmética de
los enteros mediante un número finito de pasos puramente deductivos. (2) Las
únicas demostraciones válidas en matemáticas son las constructivas, y aquí el
adjetivo significa que la demostración proporciona un método para encontrar (es
decir, «construir») cualesquiera entes matemáticos involucrados en ella.[280]
Respecto a la metafísica de las matemáticas, el constructivismo es, por lo
tanto, directamente opuesto al platonismo: con la excepción quizá de los
enteros, las verdades matemáticas no existen fuera de la mente humana. De
hecho, desde el punto de vista de Kronecker y sus seguidores, decir que cierto
ente matemático «existe» es decir literalmente que puede ser construido con
lápiz y papel por seres humanos reales durante el tiempo del que, siendo
mortales, pueden disponer.
Puede usted ver, entonces, que los constructivistas van a tener serios
problemas con los teoremas y las demostraciones que involucran el ∞, los
conjuntos infinitos, las sucesiones infinitas, etc., particularmente cuando
esas cantidades infinitas son explícitamente presentadas como reales. Respecto
a los schnitts de Dedekind, por ejemplo, los constructivistas obviamente van a
ponerse nerviosos desde el principio. No solo los irracionales no existen
realmente, y no solo Dedekind usa la reducción al absurdo para demostrar que
algunos schnitts no corresponden a números racionales. También está todo el
problema de definir un número en términos de conjuntos infinitos de otros
números. Por ejemplo, Dedekind ni siquiera especifica nunca las reglas
matemáticas mediante las cuales obtiene los conjuntos A y B.
Simplemente dice que si la recta numérica se puede dividir en A y B…,
sin dar ningún método o procedimiento mediante el cual uno pueda construir
realmente estos conjuntos (conjuntos que de todos modos no pueden construirse o
verificarse realmente), entonces son infinitos. Y ya que estamos, ¿qué es
exactamente un «conjunto», técnicamente hablando, y cuál es el procedimiento
para construir uno? Y así sucesivamente.
Esta última pregunta compuesta de los constructivistas (y admitamos que
Dedekind no la puede contestar)[281] nos
muestra un buen ejemplo del genio particular de Georg Cantor Jr. y de por qué
merece el título de padre de la teoría de conjuntos. Recuerde la mención en §
3c de cómo Cantor tomó lo que se había considerado como una característica
paradójica y totalmente intratable del ∞ —concretamente que un
conjunto/clase/agregado infinito puede ponerse en correspondencia uno a uno con
su propio subconjunto— y la transformó en la definición técnica de conjunto
infinito. Observe cómo hace lo mismo aquí, convirtiendo lo que parecían
devastadoras objeciones en criterios rigurosos, al definir un conjunto S como
cualquier agregado o colección de entes discretos que satisfaga dos
condiciones: (1) S puede ser considerado por la mente como un
agregado, y (2) Hay alguna regla o condición enunciada mediante la cual uno
puede determinar, para una entidad x cualquiera, si x es
0 no es un elemento de S.[282]
Esta definición no aparece de repente de la nada, está claro. Ahora resulta
apropiado recuperar cosas de § 5d sobre la convergencia y la representabilidad
de las series trigonométricas, el teorema de localización de Riemann, etc.,
para ver de dónde sale realmente el trabajo de Cantor sobre los irracionales y
los conjuntos.
§
7a.
Esta sección incluso tiene epígrafes:
La
teoría moderna del infinito evolucionó de un modo contiguo a partir de las
matemáticas que la precedieron.
SHAUGHAN LAVINE, pág. 41
Pero
los no iniciados pueden preguntarse cómo es posible tratar con un número que no
puede contarse.
BERTRAND RUSSELL, Mysticism and Logic, pág. 82
Pónganse
todos los cinturones por favor, porque estamos a punto de subir por una
pendiente muy pronunciada.
E. ROBERT GORIS
Por
razones que a estas alturas resultarán familiares, gran parte de lo que sigue
va a ir realmente rápido. También es algo duro al principio, pero, como ocurre
con buena parte de las matemáticas puras, se vuelve más fácil al profundizar.
Como ya se ha mencionado, Cantor estudia en Berlín bajo la responsabilidad de
Weierstrass y de Kronecker; sus primeros artículos publicados son trabajos
bastante estándares sobre ciertos problemas en teoría de números.[283] Obtenido
el doctorado, Cantor consigue un modesto trabajo como privatdozent (lo cual
parece ser un extraño tipo de asistente académico por libre)[284] en la
Universidad de Halle, y allí conoce a un tal Eduard Heinrich Heine (1821-1881),
un especialista en análisis aplicado que había hecho importantes trabajos sobre
el calor, particularmente sobre la ecuación de potencial.[285] En
todo caso, hacia 1870, Heine pertenece al gran grupo de matemáticos que
trabajan en las series de Fourier y los problemas planteados por el artículo de
Riemann «Sobre la representabilidad…», y aparentemente él (= Heine) consigue
que Cantor se interese por lo que se había llegado a conocer como el problema
de la unicidad: si cualquier f(x) dada puede ser representada
por una serie trigonométrica, ¿es dicha representación única, es decir, hay una
sola serie trigonométrica que puede hacerlo? El propio Heine había sido capaz
de demostrar la unicidad solo con la condición de que la serie trigonométrica
relevante fuera uniformemente convergente.[286] Lo
cual, claramente, no era suficientemente bueno, pues hay muchas series
trigonométricas e incluso series de Fourier que no son uniformemente
convergentes.
En 1872, el artículo de Cantor «Sobre la extensión de una proposición de la
teoría de series trigonométricas»[287] define
y demuestra un teorema de unicidad mucho más general que no solo no requiere la
convergencia uniforme, sino que permite excepciones a la convergencia en una
infinidad de puntos, suponiendo que esos puntos excepcionales[288] estén
distribuidos de un modo específico.
Como veremos, la forma precisa de esta distribución es bastante complicada,
como lo es el propio teorema de 1872, que en realidad Cantor ha desarrollado a
lo largo de varios artículos previos y apéndices publicados a los mismos, pues
su criterio de unicidad evolucionó gradualmente de requerir que la serie
trigonométrica dada fuera convergente para todos los valores de x, a permitir
un número finito de puntos excepcionales, hasta el teorema de unicidad
definitivo, en una forma 100% general. Lo interesante es que es el profesor
Leopold Kronecker quien ayuda a Cantor a refinar y simplificar varios aspectos
iniciales de su demostración. Al mismo tiempo, el enfoque de Cantor está
profundamente influido por el trabajo de Weierstrass sobre la continuidad y la
convergencia, por ejemplo, la observación de que una serie trigonométrica
general de la forma
debe
ser uniformemente convergente para ser integrable término a termino (que era el
modo en que Heine y todos los demás habían intentado atacar el problema de la
unicidad). Los historiadores han observado que las relaciones Cantor-Kronecker
se enfriaron y que las cartas de Kronecker se volvieron cada vez más críticas
cuando los refinamientos que hacía Cantor del teorema de unicidad empezaron a
admitir infinitos puntos en los cuales se podían permitir excepciones a la
representación de la f(x) dada o a la convergencia de la
serie.[289] En
cada sucesiva versión de la demostración, Kronecker básicamente veía a Cantor
alejarse de su propia postura algebraica constructivista de la teoría de
funciones hacia una más weierstrassiana. La apostasía fue completa cuando el
artículo definitivo de 1872 fue publicado y toda su primera parte estaba
dedicada a la teoría de los irracionales/reales detallada en § 6e.
Entender por qué precisamente necesitaba una teoría coherente de los
irracionales es una manera tan buena como cualquier otra de ver cómo el trabajo
de Cantor en el teorema de unicidad le llevó a estudiar los conjuntos infinitos
per se. La discusión, que se va complicando, requiere que usted recuerde la
regla del teorema de Bolzano-Weierstrass según la cual todo conjunto infinito y
acotado de puntos contiene por lo menos un punto límite, y, por lo tanto, claro
está, también qué es un punto límite.[290] Además,
debe tener en cuenta que los conceptos centrales de la demostración de la
unicidad se refieren todos a la recta real (es decir, cuando se usan términos
como «conjunto de puntos» o «punto excepcional» o «punto límite», en realidad
se refieren a puntos geométricos que corresponden a números).[291] Por
favor, observe también que los «conjuntos infinitos acotados de puntos» bajo
consideración tanto en el T. B. W. como en la demostración de Cantor son en
realidad sucesiones, que son también las entidades más sencillas respecto a las
cuales entender los puntos límite: por ejemplo, el conjunto infinito de puntos
de la recta numérica [292]
tiene
como punto límite el mismo ½ que es el límite de la sucesión infinita 0,
O
sea, que aquí vemos cómo Cantor consigue su resultado cada vez más general. Al
principio (1870) necesita una serie trigonométrica que no sea uniformemente
convergente[293] pero
que sea convergente en cualquier punto, o sea convergente para todos los
valores de x. En el siguiente paso (1871)[294] es
capaz de demostrar que si dos series trigonométricas aparentemente distintas
convergen hacia la misma función (arbitraria) en todas partes excepto en un
número finito de puntos, en realidad son la misma serie. Vamos a omitir esta
demostración porque lo realmente pertinente es lo siguiente, que es el
resultado de 1872 donde Cantor puede permitir un número infinito de puntos
excepcionales y, aun así, consigue demostrar que las dos series trigonométricas
representativas son en definitiva idénticas.[295] Su
manera de hacerlo es mediante la introducción del concepto de conjunto
derivado, cuya definición es básicamente: si P es un conjunto
de puntos (o sea, cualquier conjunto de puntos-números reales, aunque en lo que
obviamente está pensando Cantor es en el conjunto infinito de puntos
excepcionales entre las dos series trigonométricas), entonces el conjunto
derivado de P, llamado P', es el conjunto de todos los
puntos límite de P. O más bien deberíamos decir que P' es el primer conjunto
derivado de P, porque mientras los conjuntos de puntos relevantes
sean infinitos, el proceso entero es, en principio, indefinidamente iterable:
P'' es el conjunto derivado de P', P''' es el
conjunto derivado de P'', y así sucesivamente, hasta que tras (n −
1) iteraciones tendremos Pn como el n-ésimo
conjunto derivado de P. En la explicación del teorema de unicidad
dada anteriormente, en lo que se centra el criterio «suponiendo que estos
puntos excepcionales se distribuyen de cierto modo específico» es en este n-ésimo
conjunto derivado Pn, siendo la cuestión vital si Pnes
infinito o no.
Las verdaderas matemáticas que hay detrás de todo esto incluyen partes
extremadamente técnicas sobre el comportamiento de los puntos límite, pero
esencialmente aquí estamos viendo cómo funciona lo de la
distribución-de-puntos-excepcionales en el teorema de unicidad. Probablemente,
otra inspiración profunda no le vendría mal para afrontar lo que viene.[296] Postulemos
un conjunto infinito de puntos P tal que, para algún n finito, el (n −
1)-ésimo conjunto derivado de P, P(n−1) es
infinito mientras que su n-ésimo conjunto derivado Pn es
finito. Entonces, si dos series trigonométricas convergen a la misma f(x) excepto
en algunos o todos los puntos de P, son la serie equivalente: así,
la unicidad queda demostrada. Probablemente, esto no le ha resultado
cegadoramente claro y luminoso. La parte que resulta crucial desarrollar es el
requerimiento de que Pn sea finito. Y para explicar
eso tenemos que introducir otra distinción: cualquier conjunto P para
el cual su conjunto derivado Pn es finito para
algún n finito es lo que Cantor llama un conjunto de primera especie, mientras
que, si Pn no es finito para ningún valor finito
de n, entonces P es un conjunto de segunda
especie. (Por eso el proceso de obtener conjuntos derivados fue descrito antes
como «en principio» indefinido; son solo los conjuntos de segunda especie los
que nunca dan lugar a conjuntos derivados finitos y, por lo tanto, permiten ∞
iteraciones del proceso).
En definitiva, he aquí la razón por la cual Cantor, en su demostración del T.
U., necesita que el conjunto infinito de puntos excepcionales original P sea un
conjunto de primera especie, y, por lo tanto, que Pn sea
finito. Esto es así porque, mediante el teorema de los valores extremos de
Weierstrass, se puede demostrar con seguridad que si cualquier conjunto
derivado Pn es finito, entonces en algún
punto n + k más adelante el conjunto
derivado P(n+k) va a tomar su valor
mínimo absoluto m, que en este caso será 0, o ningún punto límite en absoluto.
Lo cual, en otras palabras, significa que tan pronto como la progresión P', P'', P''',
…, Pn, … llega a un conjunto derivado finito, sabemos
que todo el proceso iterativo va a detenerse en algún lugar: acabará llegándose
a un P(n+k) sin elementos. Y, por
supuesto, sabemos que los elementos de todos estos diversos P' y P'' son
puntos límite, y sabemos también, por el teorema de Bolzano-Weierstrass, que
cualquier conjunto infinito acotado tiene, por lo menos, un punto límite.
Si P(n+k) no tiene elementos,
entonces el conjunto del cual es el conjunto derivado no tiene punto límite, y,
por lo tanto, según el T. B. W. él mismo tiene que ser finito, y ahora por el
T. V. E. su número de elementos debe tomar en algún punto su propio valor
mínimo de o elementos, y en ese mismo punto el conjunto del cual este es el
conjunto derivado resulta que debe ser finito, y así sucesivamente hacia atrás
pasando por los P(n+k) y Pn y P(n−1) y P'…,
lo cual significa —simplificando mucho— que en algún momento puede demostrarse
que las dos series trigonométricas representativas se confunden en una sola
serie, estableciendo la unicidad.
Sin embargo, recordará de los § 5e y 6e, que para funcionar al 100% en todos
los casos el teorema de los valores extremos requiere una teoría de los números
reales, y que la versión weierstrassiana de tal teoría era (como Cantor mismo
demostró) muy precaria. Esta es una razón por la que la demostración de Cantor
de 1872 necesita su propia teoría de los números reales. La segunda razón,
relacionada con la primera, es que para usar el teorema de Bolzano-Weierstrass
más general para construir su teoría de conjuntos derivados y especies, Cantor
necesita reconciliar las propiedades geométricas de los puntos en el continuo
de una recta —en el sentido de conceptos como «punto límite», «intervalo»,
etc.— con el continuo aritmético de los números reales, ya que, por supuesto,
las entidades involucradas en el análisis son en realidad números y no puntos.[297]
Si observamos que los conjuntos derivados de Cantor se parecen a la idea
general de un subconjunto y que el hecho de que el valor mínimo del número de
elementos de P(n+k) = 0 es
esencialmente lo mismo que la definición del conjunto vacío, es posible
distinguir las semillas de lo que ahora se conoce como teoría de conjuntos[298] en la
demostración de la unicidad de Cantor. Los conjuntos derivados, el continuo de
la recta real/continuo de los números reales y el teorema de unicidad son
también los «progenitores» de las matemáticas transfinitas de Cantor, aunque de
un montón de maneras bastante complicadas. Acabamos de ver que el P'' del
teorema de unicidad requiere que n sea finito, es decir, que Cantor usa solo
iteraciones finitas del proceso conjunto-derivado-del-conjunto-derivado en su
demostración. Sin embargo, como ya hay tantos conjuntos infinitos flotando
alrededor de la demostración (por ejemplo: el P original es infinito, y todos
los P' y P'' y así hasta P(n−1) pueden
ser infinitos, y por supuesto las series trigonométricas relevantes son series
infinitas, sin olvidar que los puntos límite involucran un número infinito de
puntos intraintervalo, y que dichos intervalos pueden ser, ellos mismos,
infinitesimalmente pequeños), no debería sorprendernos que Cantor empiece a
considerar más de cerca las características de sus conjuntos derivados bajo
infinitas iteraciones (descaradamente extractado de Lavine, págs. 40-41).
En concreto, Cantor empieza a preguntarse si la infinitud de un conjunto
derivado de segunda especie infinitamente iterado P∞ podría
diferir de la infinitud del conjunto de primera especie finitamente iterado o
excederla de algún modo. Más específicamente aún, se da cuenta del gran
parecido de esas cuestiones con aquella otra acerca de las relativas
infinitudes de los números racionales de la R. N. y de los números reales de la
R. R. Esta última cuestión concierne al problema discutido hace mucho en § 2c.
A saber: mientras que los números racionales son a la vez infinitos e
infinitamente densos, no son continuos (es decir, la recta numérica está
plagada de huecos), mientras que, por supuesto, tanto Dedekind como Cantor
ahora han demostrado la continuidad del conjunto de todos los números reales
tal como se esquematizan en la R. R. Así, a Cantor —quien para el T. U. ya ha
desarrollado técnicas para examinar tanto los números reales como los
racionales y las propiedades de los conjuntos infinitos— le parece natural[299]preguntarse
si el conjunto infinito de todos los números reales es, en cierto modo, mayor
que el conjunto infinito de todos los números racionales. Pero ¿qué
significaría aquí «mayor»? Y lo mismo para «exceder» en la anterior cuestión
acerca de P∞ y P(n−1),
es decir, ¿cómo se pueden describir y explicar matemáticamente los tamaños
comparativos de diferentes ∞? Llegados a este punto, en las inmortales palabras
de Gleason…
Interpolación
administrativa
Ahora
hay un par de cuestiones de procedimiento que deben abordarse. Varios volúmenes
muy eruditos están enteramente dedicados a los logros de Cantor.[300] Puede
usted asistir a un curso de dos trimestres de teoría de conjuntos en un
departamento de Lógica, Matemáticas, Filosofía o Informática Teórica[301] y,
aun así, solo habrá rascado el barniz. Históricamente, las teorías y
demostraciones transfinitas de Cantor se extienden a lo largo de veinte años[302] y
docenas de diferentes artículos, a menudo con refinamientos sucesivos y
rectificaciones a materiales anteriores, de modo que a veces hay más de una
versión de la misma demostración. Está claro que aquí va a ser imposible
desarrollar completamente las matemáticas transfinitas o hacer verdadera
justicia a su evolución en las publicaciones de Cantor.[303] Por
otro lado, hay ciertos libros populares recientes que dan explicaciones tan
superficiales y reduccionistas de las demostraciones de Cantor (explicaciones
que, como se ha mencionado, suelen estar subordinadas a una narrativa
prometeica más amplia acerca de los problemas psíquicos de Cantor o su supuesta
afiliación mística) que las matemáticas quedan distorsionadas y su belleza
oscurecida, y obviamente tampoco queremos hacer esto.
Así que el Alto Mando decide: el compromiso de aquí en adelante será sacrificar
el orden cronológico y cierta meticulosidad en el desarrollo a favor de la
meticulosidad conceptual y la cohesión; es decir, presentar los conceptos,
teoremas y demostraciones de Cantor de un modo que subraye sus relaciones entre
ellos y con las matemáticas per se. Esto implicará no solo omitir algunas
cosas, sino a menudo no decir que se están omitiendo, o que a veces hay varias
versiones diferentes de una demostración dada y solo se explica la mejor, o
cuáles son las fechas exactas y los títulos, traducidos o no, de todos los
artículos relevantes,[304] etc.
También implica cierto glosario de emergencia III especial de teoría de
conjuntos, aunque este G. E. tendrá que administrarse gradualmente e in situ
porque parte del material es simplemente demasiado abstracto para introducirlo
de entrada sin contexto.
Fin
de la interpolación administrativa
§
7b.
Como debería ser evidente, algunas ideas muy importantes relacionadas con el ∞
salen de la demostración del T. U. general. Una de ellas concierne a los
tamaños relativos del conjunto de todos los números racionales y del conjunto
de todos los números reales. Otra es si la continuidad de la recta real está
relacionada de algún modo con el tamaño/composición de este último. Y otra idea
es el concepto de número transfinito, el cual Cantor obtiene a partir de las
mismas consideraciones que le llevaron a distinguir conjuntos infinitos de
primera y de segunda especie en la demostración de 1872.
Para ver cómo Cantor concibe y genera sus números transfinitos, en primer lugar
necesitamos asegurarnos de que algunos términos de teoría de conjuntos que
probablemente vio en la escuela están claros por lo menos al nivel de un G. E.[305] A
saber: el conjunto A es un subconjunto del conjunto B si
y solo si no hay ningún elemento de A que no sea elemento
de B. La unión de dos conjuntos A y Bes
el conjunto de todos los elementos de A y todos los elementos
de B, mientras que la intersección de A y B es
el conjunto de solo aquellos elementos de A que también son elementos de B.
La unión y la intersección se representan normalmente mediante ∪ y ∩, respectivamente. Por último, el
conjunto vacío de toda la vida, cuyo símbolo habitual es ∅, es un conjunto sin elementos. Y sepa
que, en virtud de lo que a primera vista parece solo una rareza de la
definición de subconjunto, en cualquier circunstancia todo conjunto siempre
tendrá ∅
como subconjunto. Fin del primer fragmento in situ del G. E. III. Además, ahora
debe usted recordar lo de los conjuntos de puntos de primera y segunda especie
del anterior § . En realidad también hay algunos tecnicismos relacionados con
los criterios para distinguir conjuntos «densos» y «densos en cualquier punto»
que estamos omitiendo, pero esencialmente el modo en que Cantor concibe y
genera los números transfinitos es este:[306]
Supongamos que P es un conjunto de puntos infinito de segunda
especie. Cantor demuestra que el primer conjunto derivado, P',
puede «descomponerse»[307] en la
unión de dos subconjuntos diferentes, Q y R,
donde Q es el conjunto de todos los puntos pertenecientes a
conjuntos derivados de P' de primera especie, y R es
el conjunto de los puntos que pertenecen a todo conjunto derivado de es
decir, Res el conjunto de aquellos puntos que todos los conjuntos
derivados de P' tienen en común. Por qué no detenerse un segundo y leer esa
última frase de nuevo.[308]R es
la parte importante, y es en realidad como Cantor define por primera vez la
«intersección» de conjuntos, aquí mediante la sucesión infinita de conjuntos
derivados P', P'', P''', … (siendo la
sucesión infinita porque P es un conjunto de segunda especie).
A diferencia de nuestro ∩, el símbolo de Cantor para la intersección es un
extraño Đ ultracursivo. (De nuevo, no vamos a hacerlo todo con tanto detalle).
Así, la definición oficial de R es: R = Đ (P'P'', P''', …),
que, junto a la definición de «conjunto de segunda especie», permite decir que
las siguientes dos afirmaciones son ciertas:
(1)R
= Đ (P(2), P(3), P(4), P(5), …)…
(2)R
= Đ (P(n), P(n+1), P(n+2), P(n+3),
…).[309]
Miniinterpolación
incrustada
Las
afirmaciones (1) y (2) juntas constituyen en realidad un tipo de demostración,
tan famosa como la reducción al absurdo. Esta se llama inducción matemática.
Para demostrar algún enunciado Cn para todos (n =
∞) los casos mediante inducción matemática, primero (a) se demuestra que C1 es
cierto en el primer caso n = 1, luego (b) se supone que Ck es
cierto en los primeros k casos (usted no sabe qué número
es k, pero a partir del paso (a) sabe que existe: por lo menos es
1), y entonces (c) se demuestra que Ck+1 es
cierto en los primeros (k + 1) casos. Por extraño que parezca, los
pasos (a)-(c) nos aseguran que Cn será cierto
independientemente del valor de n, es decir, que C es un auténtico
teorema.
Fin
de la miniinterpolación
Lo
que las afirmaciones (1) y (2) de Cantor le permiten hacer es definir R,
obtenido a partir de P, como: R = P∞;
es decir, R es el ∞-ésimo conjunto derivado de P.
Y como (otra vez) P es un conjunto de segunda especie, no hay
ninguna posibilidad de que P∞ = ∅, lo cual significa que el propio P∞ dará
el conjunto derivado P∞+1, este último dará el conjunto
derivado P∞+2, y así sucesivamente, solo que aquí «y así
sucesivamente» significa que podemos seguir generando conjuntos derivados
infinitos de la forma abstracta[310]p(n0∞v +n1∞v−1
+ … + nv). Y como la n y
la v de esta fórmula son variables, Cantor puede construir la
siguiente sucesión infinita de conjuntos infinitos: P(n∞∞), P(∞∞+1), P(∞∞+n), P(∞n∞), P(∞∞n), P(∞∞∞),
… De esta sucesión dice: «Vemos aquí una generación dialéctica de conceptos,
que lleva más y más lejos, y así se mantiene necesaria en sí misma y libre de
arbitrariedades»… (Cantor, Gessamelte Abhandlungen, pág. 148, traducción
extractada de Grattan-Guinness, From Calc to S.T., pág. 191) mediante lo cual
quiere decir que dichos «conceptos» son entes matemáticos reales —números
transfinitos— rigurosamente establecidos por el teorema de Bolzano-Weierstrass,
las propias definiciones de Cantor de «número real», «conjunto derivado» e
«intersección», y la inducción matemática.
Si objeta usted (como hicimos algunos de nosotros al doctor Goris) que los
números transfinitos de Cantor no son realmente números en absoluto sino más
bien conjuntos, entonces dese cuenta de que, por ejemplo, «P(∞∞+n)»
es realmente un símbolo del número de elementos de un conjunto dado, del mismo
modo en que «3» es un símbolo del número de elementos del conjunto {1, 2, 3}. Y
como los transfinitos son demostrablemente distintos e, igual que los enteros,
forman una sucesión ordenada infinita,[311] son
realmente números, simbolizables (por ahora) mediante el bien conocido sistema
de Cantor de los alephs o ℵ.[312] Y,
como verdaderos números, los transfinitos resulta que están sujetos a los
mismos tipos de relaciones y operaciones aritméticas que los números normales,
aunque, tal como ocurre con el 0, las reglas de dichas operaciones son muy
diferentes en el caso de los ℵs y tienen que establecerse y demostrarse
independientemente.
[SEI No
haremos mucho con ellos, pero si tiene usted curiosidad, aquí están algunos de
los teoremas estándar para la suma, la multiplicación y la exponenciación de
números transfinitos, todos obtenidos o sugeridos por Cantor. (Observe, por
favor, que las sumas y/o los productos de una cantidad infinita de términos no
tienen nada que ver con las sumas/límites de series infinitas en el análisis,
series ahora consideradas, pos-Cantor, cuasi-infinitas). Supongamos que n es
cualquier entero finito, y que tenemos dos números transfinitos distintos,
designados por ℵ0 y ℵ1, siendo ℵ1 >
ℵ0,[313] en
cuyo caso las siguientes afirmaciones son todas verdaderas:
1. 1+ 2
+ 3 + 4 + … + n + … = ℵ0
2. ℵ0 +
n = ℵ0
3. ℵ0 ×
n = ℵ0
li>ℵ0 +
ℵ0 + ℵ0 + … = ℵ0 × ℵ0 =
(ℵ0)2 = ℵ0
4. ℵ1 +
n = ℵ1 + ℵ0 = ℵ1
5. ℵ1 ×
n = ℵ1 × ℵ0 = ℵ1
6. ℵ1 +
ℵ1 + ℵ1 + … = ℵ1 × ℵ0 =
ℵ1
7. ℵ1 ×
ℵ1 = (ℵ1)2 = (ℵ1)n =
(ℵ1)ℵ0 = ℵ1 (semiextractado
de Edwards, ν. 7, pág. 422)
NB.
La sustracción y la división solo son posibles en ciertos casos híbridos, por
ejemplo, para un n finito, ℵ0 − n = ℵ0;
ℵ0/n = ℵ0, no entre los transfinitos per se. [De
nuevo, esto no es muy diferente de lo que ocurre con la aritmética del 0].
Observe también que el caso de los exponentes transfinitos como 2ℵ0,
2ℵ1, etc., es especial y se discute en detalle más
adelante.
Fin
de SEI].
En
caso de que se esté preguntando qué tiene que ver todo esto con las otras
grandes cuestiones relacionadas con el ∞, concretamente los infinitos
comparativos de los números racionales y los números reales, y el papel de los
irracionales en la continuidad de la recta real, sepa que uno de los argumentos
favoritos de Cantor a favor de la realidad de los números transfinitos[314] es su
similitud matemática/metafísica con los irracionales, los cuales ya han sido
definidos con éxito por Dedekind en términos de conjuntos infinitos. Como dice
Cantor:
Los
propios números transfinitos son en cierto sentido nuevos irracionales, y de
hecho pienso que la mejor manera de definir los números irracionales finitos es
enteramente similar;[315] podría
incluso decir que en principio es lo mismo que mi método para introducir los
números transfinitos. Uno puede aseverar absolutamente: los números
transfinitos tienen la misma aceptabilidad que los números irracionales
finitos; son parecidos en su naturaleza más intrínseca; pues tanto los unos
como los otros son formas definidas y delineadas o modificaciones del infinito
real (Cantor, Gessamelte Ab., págs. 395-396, traducción extractada de Dauben,
GC, pág. 128, editado. Todas las cursivas sic).
Lo
que resulta interesante es que esta declaración clara e inequívoca aparece en
el mismo «Contribuciones al estudio de los transfinitos» donde hace mucho, en §
3a, vimos que Cantor citaba a santo Tomás de Aquino y le atribuía la objeción a
los números infinitos en cuanto conjuntos infinitos. Sin embargo, el argumento
nº 1 del propio Cantor a favor de los números transfinitos —un argumento
repetido en varias formas desde 1874 hasta finales de la década de 1890— es que
«su existencia se confirma directamente mediante la abstracción a partir de la
existencia de conjuntos infinitos» (Cantor resumido por Dauben, GC, pág. 127).[316] Así,
el objetivo fundamental del trabajo de Cantor entre 1874 y 1884 es desarrollar
una teoría coherente y consistente de los conjuntos infinitos, y observe, por
favor, el plural «conjuntos», porque para que tal teoría no sea trivial tiene
que haber más de un tipo de conjunto (en el sentido de tipo matemático, que se
refiere básicamente al tamaño)[317] y
algún conjunto de reglas para evaluarlos y compararlos.
§
7c.
Esto obviamente se confunde con la cuestión de si la continuidad de la recta
real significa que el conjunto infinito de todos los números reales es de algún
modo > el conjunto infinito de todos los números racionales. Para abreviar
una historia muy larga, el trabajo de Cantor en este problema avanza más o
menos simultáneamente a su desarrollo del material acerca de los conjuntos
derivados y los números transfinitos.[318]
Veamos. Al intentar hallar algún modo de comparar los tamaños de dos conjuntos
que son ambos infinitamente grandes, Cantor da con el mismo concepto que ahora
se utiliza en la escuela para definir la igualdad entre dos conjuntos,
concretamente la correspondencia uno a uno, o «C1-1». (En realidad «da con» no
es muy correcto, pues hemos visto tanto a Galileo como a Bolzano usar la
correspondencia uno a uno para establecer sus respectivas paradojas; aunque
tras la teoría de Cantor ya no serían paradojas). La correspondencia uno a uno
es, como puede que usted ya sepa, el modo de establecer si dos colecciones son
iguales sin necesidad de contarlas. Los libros de texto usan todo tipo de
diferentes situaciones para ilustrar cómo funciona el emparejamiento C1-1, por
ejemplo, los dedos en su mano derecha y de su mano izquierda, el número de
asistentes y de asientos en un teatro lleno, los platillos y las tazas de café
de un restaurante. El doctor Goris tenía su propia analogía (hecha claramente a
medida de su audiencia), que incluía el número de chicos y de chicas en un
baile. Todos buscan pareja para bailar y la cuestión es si alguien se queda
solo y afligido, de pie, apoyado en la pared. Ya coge la idea. Un par de
definiciones formales: hay una correspondencia uno a uno entre los
conjuntos A y B si y solo si existe un método
(que, desde un punto de vista técnico, no necesariamente tenemos que conocer
explícitamente) para emparejar los elementos de A con los
elementos de B de modo que cada elemento de A esté
emparejado con exactamente un elemento de B, y viceversa. Entonces,
por definición, los conjuntos A y B tienen el
mismo número cardinal (o cardinalidad) si y solo si hay realmente una C1-1
entre ellos.[319]
Ahora, para la siguiente definición recuerde, por favor, cómo Galileo generó su
epónima paradoja en § 1d. También ayudaría recordar la definición formal de
subconjunto del § anterior. Un conjunto A es un subconjunto
propio de B si y solo si A es un subconjunto
de B y existe por lo menos un elemento de B que
no es elemento de A.[320] Así,
por definición, todo conjunto es subconjunto de sí mismo, pero ningún conjunto
es subconjunto propio de sí mismo. ¿Tiene sentido? Debería tenerlo, por lo
menos para conjuntos con un número finito de elementos.
Pero lo que Georg Cantor postula como característica formal definitoria de un
conjunto infinito es que tal conjunto se pueda poner en C1-1 con al menos uno
de sus subconjuntos propios. Lo que equivale a decir que un conjunto infinito
puede tener el mismo número cardinal que un subconjunto propio suyo, como en el
caso descrito por Galileo del conjunto infinito de todos los enteros positivos
y el conjunto de todos los cuadrados perfectos, el cual es subconjunto propio
de aquel y también un conjunto infinito.
Esta característica hace que toda la idea de comparar los «tamaños» de
conjuntos infinitos parezca muy rara, pues, por definición, un conjunto
infinito puede tener el mismo tamaño (o cardinalidad) que un conjunto que por
definición es más pequeño. Lo que Cantor hace aquí[321] es
tomar otro ingrediente distinto de la paradoja de Galileo y convertirlo en una
herramienta extremadamente poderosa e importante para comparar conjuntos de
tipo ∞. Este es, si quiere seguir la pista, su primer golpe de increíble,
escalofriante genio, aunque al principio pueda no parecer gran cosa. Es la idea
de correspondencia uno a uno con el conjunto de todos los enteros positivos, o
sea {1, 2, 3,…}. La razón por la que esto es crítico es que el conjunto de
todos los enteros positivos puede, en principio, ser contado,[322] o sea
que es posible decir «Aquí está el primer elemento 1, y el siguiente es 2, y
…», etc., aunque en la práctica el proceso nunca termine. En todo caso, de aquí
el concepto de Cantor de numerabilidad: un conjunto infinito A es numerable si
y solo si hay una C1-1 entre A y el conjunto de todos los
enteros positivos.[323]
El conjunto de todos los enteros positivos también establece una especie de
número cardinal base para conjuntos infinitos. Es la cardinalidad de este
conjunto lo que Cantor simboliza con su famoso «ℵ0».[324] La
idea es que las cardinalidades de otros conjuntos infinitos se pueden evaluar
mediante ese cardinal base, es decir, se pueden comparar con ℵ0 viendo
si se pueden poner en correspondencia uno a uno con los enteros positivos. Aquí
está un ejemplo (no es de Cantor per se, pero es un buen precalentamiento):
Considérese si el conjunto C de todos los enteros positivos y
el conjunto D de todos los enteros (incluyendo el 0 y los
negativos) tienen la misma cardinalidad. El problema es que hay una diferencia
crucial entre estos dos conjuntos: C tiene un primerísimo
elemento (es decir, uno más pequeño que todos los demás), concretamente 1,
mientras que D (que es básicamente el conjunto
{…,
−n, …, 0, …, n, …})
no
lo tiene. E inicialmente es difícil ver cómo podemos comprobar si hay una C1-1
entre dos conjuntos si uno de ellos no tiene un primer elemento.
Afortunadamente, de lo que estamos hablando aquí es de la cardinalidad, la cual
no tiene nada que ver con el orden específico de los elementos del conjunto.[325]Así que
podemos jugar un poco con el orden del conjunto D de tal modo
que a pesar de no tener un elemento mínimo sí tenga un primer elemento,
pongamos por caso el 0. Y este pequeño juego nos permite establecer, y
representar esquemáticamente, una perfecta correspondencia C1-1
(Bunch,
pág. 115, sustancialmente editado) que demuestra que C y D tienen
la misma cardinalidad. Observe que a pesar de que nunca pueda finalizarse
literalmente el proceso de emparejamiento con conjuntos infinitos, mientras se
pueda establecer un procedimiento para una correspondencia uno a uno que
funcione para los casos primeros, n-ésimo y (n +
1)-ésimo, se habrá demostrado por inducción matemática que la correspondencia
funcionará en toda la extensión de ambos conjuntos. En el ejemplo anterior
hemos demostrado que el conjunto de todos los enteros es numerable aunque sea
imposible contar la totalidad de sus elementos.[326] El
método de demostración es © Cantor, y lo importante que debe verse es que una
vez más es capaz de tomar una característica implícita de algo, aquí la
capacidad de la inducción matemática para abstraer un ∞ de posibles casos a
partir de un número finito de resultados, y hacerla explícita, rigurosamente
aplicable a conjuntos infinitos.
Entonces, ahora está claro cómo Cantor puede hacer una comparación de tamaños
de los conjuntos infinitos de todos los números racionales y de todos los
números reales:[327] puede
mirar si uno de ellos es numerable, o si lo son ambos. Lo que sigue es una
serie de demostraciones muy famosas, la mayoría desarrolladas en la
correspondencia con Richard Dedekind, publicadas en la década de 1870, y luego
revisadas y ampliadas a principios de la década de 1890. Primero los
racionales.[328] Cuando
se considera la densidad infinita que Zenón había explotado meramente en los
racionales geométricos entre 0 y 1, parece como si el conjunto de todos los
números racionales jamás pudiera ser numerado. No solo carece de un elemento
mínimo, sino que ni siquiera hay un siguiente elemento tras ningún racional
dado (algo de lo que hemos visto dos demostraciones distintas). Sin embargo, de
lo que se da cuenta Cantor es de que ignorando las «relaciones de magnitud»
(extractada de Courant y Robbins, pág. 79) entre miembros sucesivos, en
realidad podemos disponer el conjunto de todos los racionales en una fila, algo
así como la fila de todos los enteros positivos, y en esa fila habrá un primer
elemento r1, un segundo elemento r2,
y así sucesivamente. Resulta que el término técnico que denota esto, colocar un
conjunto en fila de ese modo, es dar una numeración del conjunto, y la fila
misma se llama la numeración del conjunto, en el sentido de que aquí la
construcción válida de una fila ordenada constituirá una demostración de que el
conjunto de todos los racionales realmente es numerable (es decir, que se puede
poner en C1-1 con el conjunto de todos los enteros, y, por lo tanto, tiene la
misma cardinalidad que este). La construcción de Cantor, a veces llamada incorrectamente
su «demostración en diagonal»,[329] funciona
más o menos así:
Como vimos en § 6c, todos los números racionales se pueden escribir como el
cociente de dos enteros p/q. Así que creamos una tabla 2D de
esos p/q, donde la fila horizontal superior contiene todos
los racionales de la forma p/1 (es decir, los enteros),
y la primera columna vertical contiene todos los racionales de la forma 1/q,
y un racional dado p/q estará situado en la q-ésima
fila y la p-ésima columna, del siguiente modo:
Está
claro que una tabla 2D no es lo mismo que la sucesión/fila única y ordenada de
una verdadera numeración, pero Cantor se las ingenia para hallar un orden en
los racionales de la tabla mediante una única línea continua en zigzag, del
siguiente modo: empiece en 1 y vaya una posición hacia el este hasta 2; luego
en diagonal hacia el sudoeste hasta ½; luego, hacia el sur hasta 1/3;
luego, otra vez en diagonal hacia el nordeste a la primera fila de nuevo hasta
3; luego, al este hasta 4; luego, al sudoeste todo el camino hasta 1/4;
al sur hasta 1/5; nordeste hasta 5, y así
sucesivamente, como en:
Los puntos en la línea anterior formarán la secuencia
1,
2, 1/2, 1/3, 2/2,
3, 4, 3/2, 2/3, 1/4, 1/5, 2/4, 3/3, 4/2,
5, 6, 5/2, 4/3, 3/4, 2/5, 1/6, 1/7, 2/6,…
de
la que podemos eliminar con legitimidad todos los cocientes donde p y qtienen
un factor común, de modo que cada número racional diferente aparezca solo una
vez en su forma más básica. Este proceso de eliminación/reducción entonces da
la sucesión lineal
1,
2, 1/2, 3, 4, 3/2, 2/3, 1/4, 1/5,
5, 6, 5/2, 4/3, 3/4, 2/5, 1/6, 1/7,…p/q,
…, 1/3
sucesión
que constituye la fila ordenada necesaria para la numeración,[330] lo
cual significa que el conjunto de todos los racionales es, en efecto, numerable
y, por lo tanto, tiene la misma cardinalidad que el conjunto de los enteros, o
sea, el bueno y viejo ℵ0.
La verdadera demostración en diagonal aparece en la respuesta de Cantor a la
cuestión de si el conjunto de todos los números reales es > el conjunto de
todos los racionales. Ahora debería ser obvio que la demostración de Cantor
involucrará la numerabilidad de los números reales, es decir, si los reales son
numerables, entonces su cardinalidad = la de los racionales, y si no lo son,
entonces los reales son > los racionales. A grandes rasgos, la demostración
es una reducción al absurdo, y su método de diagonalización se considera ahora
como una de las técnicas de demostración más importantes en toda la teoría de
conjuntos. Aquí deben observarse dos cuestiones preliminares. (1) La primera
demostración de Cantor, en 1873-1874 y con influencia de Dedekind, de la no
numerabilidad de los reales involucraba límites de sucesiones respecto a
«intervalos anidados» en la recta real y resultaba enormemente compleja. Las
demostraciones que estamos haciendo aquí son las versiones revisadas de Cantor,
de hacia 1890: son a la vez más simples y más significativas que la primera.
(2) Observe una vez más en la siguiente explicación cómo Cantor usa la forma
decimal de los números reales y explota el hecho, visto en § 2c, de que 0,999…
= 1 para representar no solo los irracionales sino todos los números reales
como decimales que no terminan nunca: por ejemplo, como en 0,5 = 0,4999…, 13,1
= 13,0999…, etc. Esta estrategia (que en realidad sugirió Dedekind) asegura que
hay solo una representación lícita de cada decimal; enseguida veremos por qué
Cantor necesita disponer los números reales de ese modo.
Veamos la demostración. Como es una reducción al absurdo, empezamos suponiendo
que el conjunto de todos los números reales es, de hecho, numerable; es decir,
que se puede disponer como una sucesión o fila ordenada.[331] Esta
sucesión consistirá en una tabla infinita de decimales infinitos, de la cual
podemos mostrar por lo menos el principio del siguiente modo:
1º
Real = X1, a1a2a3a4a5a6a7…
2º Real = X2, b1b2b3b4b5b6b7…
3º Real = X3, c1c2c3c4c5c6c7…
4º Real = X4, d1d2d3d4d5d6d7…
5º Real = X5, e1e2e3e4e5e6e7…
6º Real = X6, f1f2f3f4f5f6f7…
…
Y
así sucesivamente…
En esta tabla, las X denotan cualesquiera partes enteras anteriores a las comas
decimales, y las a, b, etc., representan las infinitas
sucesiones de dígitos tras las comas decimales. Y la suposición de la
demostración es que la versión infinita de tal tabla será exhaustiva de todos
los números reales. Esto significa que la contradicción deseada para conseguir
la reducción al absurdo requiere demostrar que dicha tabla en realidad no agota
el conjunto de todos los reales, lo cual requiere hallar un número real que no
esté —no pueda estar— en la tabla.
Lo que la demostración en diagonal de Cantor hace es generar justamente tal
número, al que podemos llamar R. La demostración es a la vez
ingeniosa y bella: una total confirmación de la presencia del arte en las
matemáticas puras. En primer lugar, eche otro vistazo a la tabla. Podemos dejar
que la parte entera de R sea cualquier X que queramos, no tiene importancia.
Pero ahora mire la primerísima fila de la tabla. Vamos a asegurarnos de que la
primera cifra decimal de R, a, es diferente a la a1 de
la tabla. Es fácil hacerlo incluso sin saber qué número particular es a1:
especifiquemos que a = (a1 − 1) a menos
que a1 resulte ser 0, en cuyo caso a =
9. Ahora mire la segunda fila de la tabla, porque vamos a hacer lo mismo con la
segunda cifra de R, o sea b: b = (b2 −
1), o b = 9 si b2 = 0. Así es como
funciona. Seguimos el mismo procedimiento con la tercera cifra de R, c,
y la cifra c3 de la tabla, con d y d4,
con e y e5, y así sucesivamente, ad
infinitum. Aunque no podemos construir R en su totalidad (del mismo modo que no
podemos finalizar toda la tabla infinita), aún podemos ver que este número
real R = X,abcdefghi… va a ser demostrablemente
diferente de cualquier número real de la tabla. Diferirá del 1.er número real
en su primera cifra decimal, del 2.0 número real en su segunda cifra decimal,
del 3.er número real en su tercera cifra… y, dado el método diagonal,[332] diferirá
del n-ésimo número real de la tabla en su n-ésima cifra. Ergo R no
está —no puede estar— incluido en la tabla infinita anterior; ergo, la tabla
infinita no es exhaustiva de todos los números reales; ergo (por las reglas de
la reducción al absurdo), la suposición inicial es rebatida y el conjunto de
todos los números reales no es numerable, es decir, no se puede poner en C1-1
con el conjunto de los enteros. Y como el conjunto de todos los números
racionales sí se puede poner en C1-1 con los enteros, la cardinalidad del
conjunto de todos los reales tiene que ser mayor que la cardinalidad del
conjunto de todos los racionales. Q. E. D.*
*Interpolación
rápida de bosque y árbol
Demos
un paso atrás y reflexionemos solo por un segundo acerca de lo
estratosféricamente abstracto que es todo esto. Y de por qué la teoría de
conjuntos, de la que se puede decir que es la parte más fundamental de las
matemáticas modernas, es también la más alucinante. La teoría de conjuntos es
100% trivial mientras tratemos con conjuntos finitos, porque todas las
relaciones entre dichos conjuntos se pueden determinar de manera empírica,
basta contar sus elementos. En la teoría de conjuntos de números reales,
estamos tratando con agregados abstractos de entes abstractos tan numerosos que
jamás podrán ser contados ni completados ni comprendidos siquiera… y, sin
embargo, estamos demostrando, deductivamente y, por lo tanto, de forma
definitiva, verdades sobre la disposición y las relaciones de tales cosas. En
el fragor de todas estas demostraciones y explicaciones, es fácil perder de
vista la absoluta rareza de los conjuntos infinitos, una rareza que no queda
para nada disminuida por el hecho de que Cantor y Dedekind demostraran que esos
∞ yacen en la misma raíz de las matemáticas y son necesarios para tratar algo
tan básico como una recta. A propósito de dicha rareza, he aquí una bonita cita
de los filósofos Benacerraf y Putnam:
Están los conjuntos; bellos, perennes, multitudinarios, intrincadamente
conectados. No trabajan ni hilan. Ni tampoco, y ahí está el problema,
interaccionan con nosotros de ningún modo. Así que, ¿cómo se supone que debemos
tener acceso epistemológico a ellos? Responder: «por intuición», es
difícilmente satisfactorio. Necesitamos alguna explicación de cómo podemos
tener conocimiento de esas criaturas (Benacerraf y Putnam, pág. 410).
Y una del duro intuicionista Jules-Henri Poincaré:
Una realidad completamente independiente del espíritu que la concibe, la ve, o
la siente, es una imposibilidad. Un mundo tan externo como este, incluso si
existiera, nos sería inaccesible para siempre (Poincaré extractado por Barrow,
pág. 276).
Y una refutación bastante deliciosa del platonista Kurt Gödel:
A pesar de su remota lejanía de la experiencia de los sentidos, tenemos algo
parecido a una percepción también de los objetos de la teoría de conjuntos,
como se ve por el hecho de que los axiomas nos obligan a reconocerlos como
ciertos. No veo ninguna razón por la que deberíamos tener menos confianza en
este tipo de percepción, es decir, en la intuición matemática, que en la
percepción sensorial, la cual nos induce a construir teorías físicas y a
esperar que las percepciones sensoriales futuras se ajusten a ellas… (Gödel,
«What is Cantor's Continuum Problem?», pág. 270).
Fin
de la interpolación y regreso a § 7c en el párrafo de la pág. 236 con asterisco
al final
Algunas
cosas más respecto a esas dos primeras demostraciones.
1. Como
el número cardinal de los conjuntos numerables es ℵ0, parece como si
tuviera sentido denotar la cardinalidad del conjunto de todos los números
reales mediante «ℵ1», pero, por complicadas razones, Cantor llama al
cardinal de este conjunto c, o también «la potencia del continuo», pues resulta
ser la no numerabilidad de los reales lo que explica la continuidad de la recta
real. Lo que esto significa es que la infinidad de puntos involucrados en la
continuidad es mayor que la infinidad de puntos comprendidos por cualquier tipo
de sucesión discreta, incluso una infinitamente densa.
2. Mediante
su demostración en diagonal de que c > ℵ0,
Cantor ha logrado caracterizar la continuidad aritmética íntegramente en
términos de orden, conjuntos, numerabilidad, etc. Es decir, la ha caracterizado
100% de manera abstracta, sin referencia alguna a tiempo, movimiento, calles,
narices, quesos, o cualquier otra característica del mundo físico, y por este
motivo Russell le atribuye el haber «resuelto definitivamente» los profundos
problemas tras la dicotomía.[333]
3. La D.
en D. también explica, respecto a la demostración del doctor Goris
que vimos en § 2e, por qué habrá siempre más números reales que pañuelos rojos.
Y nos ayuda a entender por qué los números racionales en definitiva ocupan un
espacio o en la recta real,[334] pues
son obviamente los números irracionales los que hacen que el conjunto de todos
los números reales sea no numerable.
4. Una
ampliación de la demostración de Cantor ayuda a confirmar la demostración de
Joseph Liouville, en 1851, de que hay un número infinito de irracionales
trascendentales en cualquier intervalo de la recta real. (Esto es bastante
interesante. Recordará de la nota 15 de § 3a que de los dos tipos de
irracionales, los transcendentes, como π y e, son los que no pueden ser raíces
de polinomios con coeficientes enteros. La demostración de Cantor de que el ∞
de los reales sobrepasa al de los racionales se puede modificar para demostrar
que son en realidad los irracionales trascendentes los que son no numerables y
que el conjunto de todos los irracionales algebraicos tiene la misma
cardinalidad que los racionales,[335] lo
cual establece que, en definitiva, son los reales-irracionales-trascendentes
los que explican la continuidad de la R. R.).
5. Dado
que la D. en D. es una demostración por reducción al absurdo y que sus
cantidades no se pueden construir de ningún modo, no debería sorprendernos que
al profesor Leopold Kronecker y a otros proto-constructivistas no les gustara
en absoluto (más respecto a esto en un par de § ). Según todos los testigos, la
campaña pública de Kronecker contra Cantor empezó en serio con los artículos
acerca de c.
§
7d.
Matemáticamente, es probable que pueda usted ver cuál es el siguiente
movimiento importante de Cantor. Una vez demostrado mediante c que hay una
potencia de ∞ mayor que ℵ0, empieza a buscar conjuntos infinitos
cuya cardinalidad podría ser mayor que c. Su siguiente paso importante (que,
como podrá observar, todavía involucra conjuntos de puntos) es un intento de
demostrar que el plano 2D contiene una infinidad de puntos que es mayor que el
c de la recta real 1D, del mismo modo en que c es mayor que el ℵ0 de
la recta numérica. Esta es la demostración acerca de cuyo resultado final
Cantor le escribió la frase célebre a Dedekind «Je le vois, mais je'n le crois
pas» en 1877.[336] Se
conoce a veces como su demostración de la dimensión. La idea general es
demostrar que los números reales no se pueden poner en C1-1 con el conjunto de
puntos en un espacio n-dimensional, en este caso un plano, y, por lo tanto, que
la cardinalidad del conjunto de puntos del plano es > la cardinalidad del
conjunto de todos los reales. Los casos específicos de la demostración son el
cuadrado unidad pitagórico de toda la vida y el intervalo [0, 1] de la recta
real. (Recordará de § 3 que las P. del I. de Bolzano ya habían sugerido en 1850
que [0, 1] contenía tantos puntos como la recta real, equivalencia que ahora
Cantor demuestra formalmente en su artículo de la dimensión. Como ya hemos
visto una demostración gráfica de la equivalencia en § 3c, omitiremos esta
demostración excepto para poner de relieve lo que seguramente puede anticipar:
Cantor demuestra que cualquier tipo de diagonalización que se use para crear un
nuevo número real que sea > 1 puede duplicarse para crear un nuevo número
real en [0, 1]).
Para la demostración de la dimensión, la principal del artículo, tiene que
visualizarse de algún modo el cuadrado unidad como una cuadrícula o malla
cartesiana, con coordenadas numéricas correspondientes a todos y cada uno de
los puntos del plano al que pertenece. La estrategia de Cantor es usar la
diagonalización para demostrar que hay números correspondientes a esas
coordenadas 2D que no se pueden hallar en el conjunto de todos los reales. Como
resulta claro en sus cartas a Dedekind, al principio Cantor está seguro de que
tales números se pueden generar, pues todo geómetra desde Riemann había
trabajado bajo la suposición de que la dimensión de cualquier espacio (por
ejemplo, 1D, 2D, 3D) estaba determinada de manera única por el número de
coordenadas necesarias para identificar un punto en dicho espacio
(semiextractado de Grattan-Guinness, From Calc to S.T., pág. 188).
Solo que la suposición resulta ser errónea, tal como descubre Cantor en su
intento de construir sucesiones decimales de coordenadas 2D que permitan
comparar puntos del plano con decimales de números reales. Lo peliagudo es,
obviamente, que los puntos del plano se especifican mediante pares de números
reales, y los puntos de la recta, mediante números reales solos, de modo que
(con ecos de Pitágoras y Eudoxo) Cantor tiene que pensar una manera de hacer
conmensurables ambos conjuntos de puntos. Le cuesta tres años imaginar cómo
hacerlo. Una vez más, representemos todos los números relevantes mediante
sucesiones infinitas de decimales. Tomemos cualquier punto (x, y) del cuadrado
unidad. Estas coordenadas se pueden escribir así:
x =
0,a1a2a3a4a5a6a7…
y =
0,b1b2b3b4b5b6b7…
las
cuales se combinan para dar lugar a la representación decimal única[337] del
punto (x, y):
0,a1b1a2b2a3b3a4b4a5b5a6b6a7b7…
Y a
este punto le corresponderá claramente un punto z único en el intervalo [0, 1]
de la R. R., concretamente el correspondiente al número real
0,a1b1a2b2a3b3a4b4a5b5a6b6a7b7…[338]
Así,
mediante ese mismo procedimiento y por extrapolación directa a partir del
cuadrado unidad y [0, 1], cada punto de un plano 2D se puede poner en C1-1 con
un punto de la R. R., y viceversa. Además, el método (relativamente simple) de
Cantor de combinar las coordenadas en un único número real implica que la misma
técnica general se puede usar para demostrar que un cubo 3D, un hipercubo 4D, o
en realidad el conjunto total de puntos de cualquier figura n-dimensional tiene
la misma cardinalidad que el conjunto de números reales de la R. R.,
concretamente c. Este es un resultado extraordinario, y por eso Cantor no quedó
decepcionado al no poder demostrar su premisa original: había descubierto una
increíble profundidad y riqueza en el continuo, y su demostración revelaba (tal
como le escribió a Dedekind) «qué maravillosa potencia albergan los números
reales, puesto que uno está en situación de determinar de manera única, con una
sola coordenada, los elementos de un espacio continuo n-dimensional» (Cantor in
Cavaillès, pág. 234. Traducción editada semiextractada de Dauben, GC, págs.
55-56, sustituyendo la variable «ρ» original de Cantor por «n»).
El descubrimiento de Cantor de que las rectas, los planos, los cubos y los
politopos[339] eran
todos equivalentes como conjuntos de puntos llega bastante lejos a la hora de
explicar por qué la teoría de conjuntos constituye un desarrollo tan
revolucionario para las matemáticas: revolucionario en teoría y también en la
práctica. En parte, esto se remonta al problema de conmensurabilidad de los
griegos y la relación ambivalente del cálculo clásico con la geometría. La
incomodidad acerca de utilizar cantidades como x2 y x3 en
la misma ecuación (pues los cuadrados implicaban áreas 2D y los cubos → volúmenes
3D) había persistido durante siglos, y el énfasis del siglo XIX en el rigor
hacía que las ambigüedades geométricas fueran todavía más indigestas. Para
abreviar una larga historia, la teoría de conjuntos cantoriana ayuda a unificar
y a clarificar las matemáticas en el sentido de que todos los entes matemáticos
ahora se pueden entender fundamentalmente como el mismo tipo de cosa: un
conjunto. Además, en las nuevas geometrías no euclidianas,[340] el
descubrimiento de Cantor de que todos los conjuntos de puntos geométricos son
transfinitamente equivalentes (es decir, que todos tenían la cardinalidad c) es
de gran importancia, en particular en la idea de dimensión, tal como Cantor le
comenta también a Dedekind:
Esta visión [= la de G. C.] parece opuesta a la que prevalece generalmente, en
particular entre los defensores de la nueva geometría, pues hablan de dominios
infinitos de una, dos, tres,… n dimensiones. A veces uno incluso encontrará la
idea de que la infinidad de puntos de una superficie [2D] se puede obtener, por
así decirlo, elevando al cuadrado la infinidad de puntos de una recta, y la de
un sólido elevándola al cubo (ibíd.).
No hace falta decir, sin embargo, que nuestras expresiones «desarrollo
revolucionario» y «de gran importancia» son en retrospectiva. Como ya se ha
insinuado claramente, no se dio el caso de que las matemáticas predominantes en
la época se arrodillaran inmediatamente para dar la bienvenida a las
demostraciones de Cantor posteorema de unicidad. Particularmente, en relación a
la demostración de la dimensión, matemáticos de casi todas las tendencias se
alinearon para denostarla. Además de las objeciones generales en § 7c, los
constructivistas odiaban en especial la idea de crear, de algún modo,
irracionales 1D a partir de combinaciones 2D de otros irracionales, así como la
«correspondencia no continua» que daba la demostración de la dimensión entre
puntos de la recta y puntos del plano.[341] Y fue
en realidad el artículo de la demostración de la dimensión[342] el
primero contra el que Kronecker intrigó para conseguir que fuera rechazado por
una revista en cuyo comité editorial estaba, algo acerca de lo cual Cantor
escribió muchas cartas descargando su cólera. Pero no eran solo los
constructivistas o los fundamentalistas. Véanse, para poner solo un ejemplo,
las siguientes líneas de Paul Du Bois-Reymond, que no era un kroneckeriano,
sino un analista destacado, en la tradición aristotélico-gaussiana de los ∞
solo potenciales, comentando la demostración de la dimensión:
Parece absolutamente repugnante al sentido común. El hecho simple es que este
es el resultado de un tipo de razonamiento que permite a ficciones idealistas
[= platónicas] asumir el papel de genuinas cantidades aunque no sean ni
siquiera verdaderos límites de representaciones de cantidades (Du Bois-Reymond,
de la traducción al francés de Die allgemeine Funktiontheorie, fragmentos
semiextractados de Kline, pág. 998).[343]
§ 7e.
En todo caso, hasta aquí hemos establecido por lo menos y quizás a lo sumo dos
órdenes distintos de conjuntos infinitos, ℵ0 y c,[344] y
ahora resulta apropiado preguntarse qué tienen que ver exactamente esos números
cardinales con los números transfinitos que vimos a Cantor fabricar a partir de
R y Đ y lo de los conjuntos derivados de conjuntos derivados en § 7b. Siendo la
gran cuestión específica si se puede demostrar que la sucesión infinita de
conjuntos infinitos P(n∞∞), P(∞∞+1), P(∞∞+n),
etc., corresponde a una jerarquía infinita de números cardinales cada vez
mayores, o si ℵ0y c son los únicos cardinales infinitos y no hay
reales más allá de la potencia transdimensional del continuo.
El siguiente gran descubrimiento de Cantor es que se puede construir de manera
válida una sucesión infinita de con juntos infinitos con números cardinales
cada vez mayores sin usar nada más que las propiedades formales de los
conjuntos.[345] Dichas
propiedades involucran los conceptos de subconjunto y de conjunto potencia, el
segundo de los cuales se define aquí mismo, para algún conjunto A,
como simplemente el conjunto de todos los subconjuntos de A. Es
decir, que todo elemento de P(A) es algún subconjunto
de A. Esto resulta ser peor de lo que parece. Todo conjunto, finito
o no, tiene un conjunto potencia,[346] pero
lo que Cantor es capaz de demostrar es que incluso si el conjunto A es
infinito, su conjunto potencia P(A) siempre tendrá un
número cardinal mayor que A. Más específicamente, puede demostrar que el número
cardinal de P(A) siempre será igual a 2A.[347] Y esa
cosa de A→ 2a acaba resultando crucial para navegar
por lo transfinito, en cuyo reino resulta que uno en cierto modo salta, como
cuánticamente, de una clase de números a la siguiente, sin nada en medio: 2ℵ0 =
ℵ1, 2ℵ1 = ℵ2, y así
sucesivamente (en cierto modo).
Las demostraciones de Cantor acerca del conjunto potencia son extremadamente
intrincadas, y tenemos que prepararnos para ellas de alguna manera. Y como no
hay duda de que para todos nosotros la escuela elemental queda muy lejana,
conviene que, por si no lo hemos dicho antes, explicitemos que la manera formal
de designar un conjunto es poner a sus elementos entre {llaves}, así, y que el
simbolismo para decir que «a es un elemento de A» es «a∈A».
Recordemos también que «subconjunto» es por definición más inclusivo que
«subconjunto propio», y que entre los subconjuntos de cualquier conjunto A estarán
(1) el mismo A y (2) el conjunto vacío, simbolizado por «∅» o, a veces, por «{ }».[348]Por lo
tanto, como cualquier conjunto tiene por lo menos algunos subconjuntos, se
sigue que cualquier conjunto tiene un conjunto potencia. Para ver de manera
informal que el número de elementos del conjunto potencia de A siempre es igual
a 2(Número de elementos de a), sea A el conjunto de
tres elementos {1, 2, 3}. Los subconjuntos de A son:
{ },
{1}, {2}, {3}, {1, 2}, {1, 3}, {2, 3}, {1, 2, 3},
de
los que hay exactamente 8 o 23. Una manera más rigurosa de demostrar
que P(A) = 2A es por inducción
matemática, que técnicamente no es como lo hace Cantor pero está por lo menos
implícito en su demostración. Además, es comparativamente sencilla. Por favor,
repase o rememore lo visto en § 7b sobre los tres pasos de una demostración por
inducción matemática, que aquí irán del siguiente modo:
(a)Demostrar que la cardinalidad de P(A) es igual a 2A para
un conjunto A con solo un elemento. Tal A tiene
como subconjuntos los siguientes: ∅ y A mismo, lo que significa que su P(A) tiene
dos elementos, lo cual es 21 elementos, es decir, es 2A elementos,
o sea que ¡bingo![349].
(b)Supongamos que es cierto que si A tiene k elementos,
el número cardinal de P(A) = 2k.
(c)Demostrar que si A tiene (k + 1)
elementos, P(A) = 2(k+1).
A partir del paso (b) sabemos que los primeros k elementos de A dan
2ksubconjuntos de A. Ahora tomamos cada uno de
esos 2k subconjuntos y formamos un subconjunto nuevo que
también contiene el último de los (k + 1) elementos de A (es
decir, el nuevo elemento extra designado por el «+ 1»). Podemos formar
exactamente 2k subconjuntos nuevos de ese tipo con «1
elemento +»: uno para cada uno de los subconjuntos originales. Así que ahora
tenemos los 2k subconjuntos originales que no contienen
al nuevo elemento, y tenemos 2k nuevos subconjuntos que
sí lo contienen. Esto son (2k + 2k)
subconjuntos, lo cual es equivalente a (2 × 2k) subconjuntos,
que es igual a 2(k+1) subconjuntos. Así que (c) también
está demostrado. Podemos estar lo bastante seguros de que P(A) =
2A.
Para nuestros propósitos, Cantor tiene dos demostraciones principales respecto
al conjunto potencia. En ninguna de las dos se preocupa todavía por lo de 2A:
su preocupación básica es demostrar que incluso para un conjunto infinito A, P(A) > A.[350] La
primera versión, hacia 1891, es importante principalmente porque exhibe el
poder de la técnica de diagonalización como arma de reducción al absurdo. Se
puede considerar una demostración de que el conjunto de todos los subconjuntos
del conjunto de los enteros no es numerable,[351] lo
cual, como Cantor ya ha demostrado que el conjunto de los enteros es numerable,
significará, obviamente, que su conjunto potencia tiene un número cardinal
mayor que ℵ0.
Aquí está la demostración. Llamemos £ al conjunto de todos los enteros, y P(E) a
su conjunto potencia. Sabemos de § 7c que para que P(E) sea
numerable, debe ser posible establecer una correspondencia uno a uno
entre P(E) y E. La presente demostración es
una reducción al absurdo, o sea que supongamos que sí es posible tal C1-1
entre P(E) y E. Esto (como también sabemos
por las demostraciones en diagonal de § 7c) significa que la C1-1 se puede
representar en una tabla como en el siguiente ejemplo parcial, con los
elementos de E en la izquierda, y los subconjuntos de E (que
también son los elementos de P(E), y pueden estar en
cualquier tipo de orden arbitrario que queramos), en la derecha (parecido
razonable con Hunter, págs. 22-23):
Resulta
que podemos modificar esta tabla explotando una propiedad de su C1-1 que quizás
usted ya ha notado si ha dedicado algún tiempo a pensar por qué exactamente la
relación entre los conjuntos y sus conjuntos potencia es siempre 2ª y no 3ª ni
ningún otro xA. La respuesta de fondo es que el «2» de
2ª refleja un tipo particular de procedimiento de decisión. Para cada
subconjunto s de un conjunto A, hay exactamente dos elecciones
respecto a cada elemento a de A: o bien a es un elemento de s, o
bien no lo es. Esta última frase probablemente necesita más de una lectura. Es
difícil expresarlo de manera clara en lenguaje natural, pero la idea misma no
es tan complicada. A es un conjunto, a es algún elemento en particular de A, s
es algún subconjunto en particular de A. Preguntémonos si resulta que a es un
elemento de s. Pues, o bien lo es, o bien no lo es. Agotamos todas las
posibilidades respecto a la pertenencia de a al conjunto s si una vez incluimos
a en s y otra vez lo excluimos, dando lugar así al dúo de subconjuntos s y s'
respecto a cada a.
(SEMI- SEI Este es uno de los puntos de los que es simplemente
imposible saber si lo que se acaba de decir tendrá sentido para el lector no
experto. Si lo del abstracto a-es-elemento-de-s-o-no es lo bastante claro para
que usted entienda por qué explica por sí solo que un conjunto A de tres
elementos tenga 23subconjuntos, puede omitir libremente el resto de
este párrafo. Por si no lo es, vamos a ver un ejemplo concreto. Pongamos que A
es el mismo conjunto {1, 2, 3} que hemos visto en la pág. 246, donde hicimos la
lista de los subconjuntos de A: { }, {1}, {2}, {3}, {1, 2}, {1, 3}, {2, 3}, {1,
2, 3}. Eche un vistazo a esos subconjuntos y vea cuántas veces un elemento
particular de A —digamos el elemento 1— pertenece a alguno de los ocho
subconjuntos. Podrá ver que pertenece a cuatro de ellos y está ausente de
cuatro. Si se fija en el elemento 2, podrá ver qué sucede lo mismo: 2 está
presente en cuatro y ausente de cuatro. Lo mismo con el 3. ¿Puede ver por qué?
Hay ocho subconjuntos en total: la mitad de ellos contienen cualquier elemento
en particular de A, y la otra mitad no. En realidad, puede construir el
conjunto de todos los subconjuntos de A de ese modo. Tome cualquier elemento de
A. Si su primer subconjunto s no contiene el elemento, su siguiente s' lo
contendrá. O recíprocamente. Es decir, para todo elemento y subconjunto en
particular, hay dos elecciones, y en el conjunto de todos los conjuntos estarán
ambas. Dos posibilidades para cada elemento. Por lo tanto, el número de
subconjuntos de {1, 2, 3} será 2 × 2 × 2, o 23. Si esto aún no
consigue aclararle la idea básica, le pedimos que simplemente se la trague (la
idea) porque no podemos hacer nada mejor).
Bien, entonces esto significa que podemos tomar la Tabla nº 1 y ampliarla por
un lado preguntándonos, para cada entero del conjunto E, si realmente es parte
de su correspondiente subconjunto de la columna P(E). Ponemos «Sí» si el entero
está en ese subconjunto en particular, y «No» si no lo está. Así:
Y
una vez hemos elaborado esta Tabla nº 2, podemos demostrar fácilmente que la
supuesta correspondencia entre E y P(E) no
es exhaustiva y, por lo tanto, no es una C1-1 válida. Lo hacemos usando la
buena y vieja diagonalización para construir un subconjunto de E que nunca
jamás aparecerá en la correspondencia E↔P(E) de
la tabla. Es el subconjunto definido empezando por la casilla que está
completamente al noroeste de la Tabla nº 2 y desplazándose diagonalmente hacia
el sudeste, cambiando «Sí» por «No» y viceversa en todo el recorrido, así:
Todo
lo que sabemos sobre este nuevo subconjunto es que incluye 1, 4, 6 y 7, y que
difiere por lo menos en un elemento de cada subconjunto (o sea cada elemento
de P(E)) de la C1-1 original. Naturalmente, nuestra Tabla nº
3 es solo un fragmento, pero continuando el simple proceso de intercambio
«Sí»-«No» a lo largo de la diagonal podemos garantizar que el nuevo subconjunto
generado de ese modo diferirá de todos los subconjuntos de la C1-1 sin importar
lo lejos que lleguemos en los emparejamientos. Por lo tanto, una verdadera C1-1
entre E y P(E) es imposible. Lo cual
significa que P(E) es no numerable,[352] y eso
quiere decir que su cardinalidad es mayor que ℵ0. Q. E. D.
Aunque hay buenas razones por las que hemos repasado esta demostración tan
gráfica y detalladamente, sepa que no es así como lo hace Cantor. La verdad es
que nunca presenta de manera explícita la demostración en diagonal para P(E)
> E y, por lo tanto, para P(A) > A:
simplemente hace alusión a ella como una «extensión natural» de su demostración
en diagonal de la no numerabilidad de los números reales.[353] El
argumento que da para P(A) > A es
un poco rompecabezas, pero acaba jugando un papel clave en el desenlace de
nuestro relato y, por lo tanto, es necesario detallarlo. Esta demostración es
completamente abstracta y no específica, diseñada solo para demostrar que a
partir de cualquier conjunto infinito A se puede construir
algún conjunto infinito B cuyo número cardinal supera al de A.
Quizá sería bueno que se preparase usted, emocionalmente, para tener que leer
lo siguiente más de una vez.
A es un conjunto infinito. B es el conjunto de
todos los subconjuntos de A[354]. Como
todos los conjuntos son por definición subconjuntos de sí mismos, A es un
subconjunto de A, es decir que A es un elemento de B.
Así que, definitivamente, es posible establecer una C1-1 entre todos los
elementos de A y, por lo menos, los de un elemento de B.
No es posible, sin embargo, establecer una C1-1 entre todos los elementos
de A y todos los elementos de B. Vamos a demostrar
esto mediante reducción al absurdo, por lo que vamos a adoptar la postura
habitual y suponer que tal C1-1 está en efecto construida y agota ambos
conjuntos infinitos. Ahora, sea a un elemento cualquiera de A y b un
elemento cualquiera de B (o sea, que b es un subconjunto
cualquiera de A). Como vimos antes con la Tabla nº 2, la C1-1
entre A y B puede ser completamente aleatoria
en el sentido de que, en cualquier correspondencia individual a↔b, a puede
ser o no ser un elemento del b con el que está emparejado. Por ejemplo, allí el
entero 3 estaba emparejado con {Todos los enteros impares} y él mismo es un
entero impar, mientras que 6 estaba emparejado con {Todos los cuadrados
perfectos} pero no es un cuadrado perfecto. Será lo mismo con nuestra C1-1
actual y sus infinitos emparejamientos a ↔ b: a veces a será un elemento del
subconjunto b con el que está emparejado, y a veces no lo será. Hasta aquí es
todo bastante sencillo y directo. Sin embargo, ahora considere la totalidad de
todos los a en la C1-1 que no son elementos de los b con los que están
emparejados. Sea φ el conjunto de todos los a con esa característica. Por
supuesto, φ es un subconjunto de A, lo cual significa que φ es un
elemento de B, y aun así se puede demostrar que φ no se puede
incluir en la C1-1 supuestamente exhaustiva entre A y B.
Pues si φ está incluido, entonces está emparejado con algún a, y como hemos
visto solo hay dos opciones: o bien este a es él mismo un elemento de φ, o bien
no lo es. Si a es un elemento de φ… pero no puede serlo, pues esto contradice
la definición de φ. Pero si a no es un elemento de φ, entonces es, por
definición, un elemento de φ… lo cual no puede ser, o sea que debe serlo, pero
entonces no puede serlo… y así, de un modo u otro, ya tiene usted una
contradicción de tipo LTE. Por lo tanto, una verdadera C1-1 entre A y B no
es posible; luego, la cardinalidad de B es > la
cardinalidad de A. Quod erat dem*.
§ 7f
*Semiinterpolativo
Por
favor, observe el parecido entre esta última demostración y la paradoja de los
antiguos griegos «Estoy mintiendo»,[355] donde
si la afirmación es verdadera entonces es falsa y si es falsa entonces es
verdadera. Lo cual significa que ahora hemos entrado en el territorio abismal
de la autorreferencia. Este es el verdadero motivo por el que nos acabamos de
arrastrar por la demostración de Cantor de que B > A:
abre un tipo completamente nuevo de grieta en las matemáticas modernas.
Aunque no es estrictamente nuestro ámbito, sepa que en la década de 1930 el
profesor Kurt Gödel[356] usará
algo muy parecido al truco de Cantor «(a∉ φ) → (a∈ φ)»
para demostrar sus devastadores teoremas de incompletitud. (Dicho burdamente,
Gödel demostrará que ciertas proposiciones matemáticas bien formadas son
verdaderas, y aun así indemostrables, mediante la deducción de «Proposición P:
la Proposición P es indemostrable» como un teorema). Más importante para
nuestros propósitos es esta idea de que los conjuntos pueden tener otros
conjuntos como elementos, que es esencial para el concepto de conjuntos potencia
y, por supuesto, parece bastante inocente…, solo que tras la demostración de
Cantor resulta ser una auténtica caída en picado por la grieta de la
autorreferencia. Ejemplo: considere el teorema que Cantor acaba de demostrar,
que el conjunto de todos los subconjuntos del conjunto A siempre
contendrá más elementos que el mismo A. Pero ahora suponga que A se
define como «el conjunto de todos los conjuntos». Por definición, este A contendrá
todos sus subconjuntos, pues dichos subconjuntos son conjuntos, o sea que en
este caso P(A) > A no es posible en
modo alguno. Conclusión: el mismo principio de los conjuntos-de-conjuntos que
Cantor necesita para construir una jerarquía de conjuntos infinitos da lugar a
una paradoja casi inmediatamente.
La evidencia histórica indica que Cantor conocía la paradoja del
conjunto-de-todos-los-conjuntos hacia 1895,[357] aunque
jamás la mencionó ni una sola vez en sus trabajos publicados. A pesar de todo
ahora se la conoce como la paradoja de Cantor. También se considera como la
base de la paradoja más famosa de toda la teoría de conjuntos, habitualmente
conocida como la antinomia de Russell porque el ubicuo Bertrand Russell la usó
para torpedear la obra de Frege Fundamentos de la aritmética en 1901.[358] Podemos
esbozar la antinomia de Russell muy rápida y fácilmente porque casi todo el
mundo ha oído hablar de ella en alguna ocasión. Aunque se desprende
directamente de la demostración abstracta de Cantor sobre el conjunto potencia,
la antinomia también causa estragos en el criterio principal de la definición
de «conjunto» que da Cantor, que es (como recordará de la nota 16 de § 7a) que
siempre hay un procedimiento por el que dado un elemento cualquiera se puede
determinar si es un elemento de un conjunto dado.[359] O
sea, que aquí está la antinomia de Russell. Como hemos visto, algunos conjuntos
son elementos de sí mismos y algunos no lo son. En realidad, la mayoría no lo
son; por ejemplo, el conjunto de todas las sillas no es una silla, el conjunto
de todos los entes que pueden anudar el pedúnculo de una cereza con su lengua
no puede hacer lo mismo, etc. Pero algunos conjuntos sí se contienen a sí
mismos como elementos; por ejemplo, el conjunto de todos los conjuntos, el
conjunto de todas las abstracciones, el conjunto de todos los entes que no
pueden anudar el pedúnculo de una cereza. Russell llama a los conjuntos que no
son elementos de sí mismos conjuntos normales, y a los autocontenidos,
anormales. Así pues, considere ahora el conjunto N de todos los conjuntos normales:
¿es N un conjunto normal?[360] Bien,
si N es un conjunto normal, entonces por definición no es un
elemento de sí mismo. Pero N es el conjunto de todos los
conjuntos que no son elementos de sí mismos, de modo que N es
un elemento de sí mismo si no es un elemento de sí mismo. Aunque entonces
si N realmente es un elemento de sí mismo, entonces no puede
ser un elemento del conjunto de todos los conjuntos que no son elementos de sí
mismos, de modo que en realidad N no es un elemento de sí
mismo, en cuyo caso lo es… y así una y otra vez ad infinitum.
Este tipo de paradoja, como el rompecabezas «(a∉ φ) → (a∈ φ)» en la reducción al absurdo de
Cantor, se conoce oficialmente como un círculo vicioso (CV). Aquí «vicioso»
significa más o menos lo mismo que en la RIV de § 2a, es decir, que se
convierte en lógicamente imposible hacer algo que estamos lógicamente obligados
a hacer. En las paradojas de tipo CV, como las de Russell y Cantor, lo que no
podemos hacer es determinar si algo es o no es un elemento de un conjunto, lo
cual viola tanto la definición formal de «conjunto» como (mucho peor) la LTE. O
sea, que dichos problemas no son minucias.
Llegados a este punto es casi seguro que ha captado usted la dinámica general
de la historia del en virtud de la cual ciertas paradojas dan lugar a avances
conceptuales que pueden abordar esas paradojas originales, pero a su vez dan
lugar a nuevas paradojas, que entonces generan otros avances conceptuales, y
así sucesivamente. Si es usted uno de los lectores que se preocupan de las
notas al pie SEI, ya ha visto algo sobre un tipo de solución
técnica a la antinomia de Russell, que es la sustitución por Zermelo y otros
colegas del principio de abstracción ilimitada por el P. A. Limitada. Otro tipo
de solución es la prohibición de definiciones impredicativas, defendida por Jules-Henri
Poincaré (1854-1912), una figura clave de la topología que además fue, tras la
muerte de Kronecker en 1891, el oponente nº 1 de las matemáticas transfinitas.[361] La
definición de Poincaré de impredicativo es algo sospechosa, pero en esencia
implica definir un objeto en términos de todo un grupo de objetos del cual es
parte. Aún más esencialmente, una definición impredicativa depende de
propiedades y descripciones autorreferentes, y «El conjunto de todos los
conjuntos que no son elementos de sí mismos» es un ejemplo perfecto de dicha
definición (como lo son «El conjunto de todos los conjuntos» y la definición de
Cantor del conjunto φ en la anterior demostración de B > A).
Todo esto se complica bastante, pero la táctica general de Poincaré es
caracterizar las definiciones impredicativas en términos de los resultados
paradójicos que pueden arrojar,[362] lo
cual entonces constituye el argumento lógico para rechazarlas. Es algo así como
el modo en que la división por o quedó proscrita. Desafortunadamente, las
definiciones formales de todo tipo de términos y conceptos en el análisis,
desde «sucesión» y «serie» hasta «punto límite» y «cota inferior», también son
impredicativas —y además se puede hacer que el mismo concepto de
impredicatividad genere algunos CV muy feos—[363]de modo que
la solución de Poincaré nunca cuajó realmente.
La propuesta de Russell para evitar las epónimas paradojas de Cantor y de él
mismo es la teoría de los tipos, que, para abreviar una muy larga historia, es
parte del programa fundacional de Russell para intentar demostrar que todas las
matemáticas son reducibles a lógica simbólica. La teoría de los tipos es una
especie de gramática de la abstracción que rechaza ciertas clases de
proposiciones en las cuales entidades de tipos diferentes se tratan como
equivalentes. En el sentido, esencialmente, de metafísicamente equivalentes.[364] La
idea es que los conjuntos de individuos no son el mismo tipo de entidad que los
individuos mismos, y los conjuntos de conjuntos no son del mismo tipo que los
conjuntos de individuos, y así sucesivamente. Y el tipo de una entidad en
particular es función directamente de cuán abstracta es dicha entidad, de modo
que se llega a una jerarquía de conjuntos que se parece a los niveles de
abstracción informales de los que hablamos en § 1b: el tipo de Russell 1 =
individuos, tipo 2 = conjuntos, tipo 3 = conjuntos de conjuntos, tipo 4 =
conjuntos de conjuntos de conjuntos, etc.[365] Lo
que permite que la teoría evite los círculos viciosos es que la misma clase de
jerarquía se puede aplicar a las proposiciones; por ejemplo, tipo x; = alguna
entidad de algún tipo particular, tipo (x + 1) = alguna proposición
sobre esa entidad, tipo (x + 2) = alguna proposición sobre la
proposición sobre la entidad, y así sucesivamente. (N. B. Para Russell
«proposición» puede significar o bien una frase en lenguaje natural o bien una
aseveración formal/matemática como «a∈A»).[366] Y la
gran regla es que, suponiendo que m y n son enteros, una proposición o conjunto
de tipo n no se puede aplicar a otra proposición u otro conjunto de tipo n,
sino solo a una proposición o un conjunto de tipo m donde m < n.
Por lo que respecta a nuestro relato, la teoría de tipos viene a ser un ejemplo
perfecto de cómo se halla una salida legal de una paradoja. Ciertamente, la
teoría ofrece una «solución» a los rompecabezas de Russell y Cantor —es decir,
da una explicación de cuál es el paso «ilegítimo» de la paradoja— pero también
es increíblemente críptica e inmanejable, y en definitiva tan dañina para las
matemáticas como lo de Poincaré y la impredicatividad. Veamos un rápido
ejemplo: como los números racionales se definen como razones de enteros, y los
irracionales como conjuntos/sucesiones de racionales, los tres tipos de números
son de diferentes tipos, y según las reglas de la teoría no podríamos hacer
predicados en común acerca de los tres sin un sinfín de diferentes
demostraciones y niveles y salvedades. Para su información, Russell intentó
solventar algunas de esas dificultades mediante lo que él llamó axiomas de
reducibilidad, pero estos eran incluso más complicados y artificiosos y…
básicamente toda su tipología se vuelve muy etérea y ahora solo es de interés
histórico.[367]
Si es necesario decir una vez más que solo estamos echando una ojeada a una
superficie turbulenta, considérese dicho. Medidas antiparadoja específicas como
las de Russell y Poincaré son parte de una crisis mucho más amplia y profunda,
una que precede a Cantor pero llega a hacerse apremiante a través de sus
teorías del ∞. Lo destacado, a grandes rasgos: las paradojas de la teoría de
conjuntos, emparejadas con las preocupaciones respecto a los fundamentos que
empiezan con Abel y Cauchy y llegan al clímax con Frege y Peano, conducen
directamente a las grandes controversias formalismo-contra-intuicionismo de
principios del siglo XX. De nuevo, solo podemos esbozarlas de manera
esquemática. Respecto a los conjuntos infinitos, por ejemplo, el intuicionismo
es rabiosamente anti-Cantor, y el formalismo, incondicionalmente pro-Cantor, a
pesar de que tanto el formalismo como el intuicionismo son anti-Platón y Cantor
es un platónico irreductible. Lo cual, con dolor de cabeza o sin él, significa
que volvemos de nuevo a la metafísica: la riña moderna respecto a los
procedimientos de las matemáticas es, en definitiva, una disputa acerca del
estatus ontológico de los entes matemáticos.
Ya tuvimos una introducción al intuicionismo en las discusiones de § 6 acerca
del constructivismo. El formalismo es harina de otro costal. Quizá la mejor
aproximación sea volver a la cuestión en la que hemos insistido anteriormente,
a saber: las paradojas de la teoría de conjuntos son parte del problema más
amplio de la consistencia de las matemáticas, que Hilbert propuso como Problema
Importante nº 2 [368]en el mismo
Congreso de París donde se le pudo ver hablando de Cantor con entusiasmo en §
1a. El programa del propio Hilbert para reconstruir las matemáticas de tal modo
que los teoremas no arrojen paradojas es el formalismo, el cual busca hacer que
la abstracción de las matemáticas sea a la vez total y primaria. La idea básica
del formalismo es separar totalmente las matemáticas del mundo y convertirlas
en un juego. Literalmente. Este juego involucra la manipulación de ciertos
símbolos según ciertas reglas que permiten construir secuencias de símbolos a
partir de otras secuencias de símbolos. Es 100% formal: de aquí el nombre. Lo
que los símbolos de ese juego matemático significan, o si significan algo, no
tiene nada que ver con el juego. Y decir que un ente matemático «existe» es
simplemente decir que no causa una contradicción.[369] Lo
que importa son las reglas, y el proyecto entero del formalismo es una teoría
de la demostración: el objetivo es construir un conjunto de axiomas y reglas de
inferencia[370] de
donde se puedan deducir todas las matemáticas, de modo que todo sea deductivo y
riguroso y limpio, o sea, como un juego autocontenido.
Si tiene usted algún tipo de conocimientos de lógica o de filosofía de las
matemáticas, reconocerá que esta es una descripción radicalmente simplificada
del formalismo. (Por decir algo más, el programa de Hilbert también implica
descomponer las matemáticas en niveles de razonamiento algo parecidos a los
tipos de Russell, de nuevo sin permitir proposiciones inter-nivel). Probablemente,
también sabrá que dicho movimiento empieza a tener serios problemas mucho antes
de las ya mencionadas demostraciones de Gödel de que un sistema formal no puede
ser a la vez completo y consistente:[371] por
ejemplo, los formalistas ni siquiera podían conseguir que la aritmética básica
fuera completa y consistente si incluía la multiplicación como una operación
«legal», lo cual, obviamente, es un serio problema. Así que no necesitamos
hablar del empobrecimiento filosófico o de la absoluta extrañeza de un juego
matemático sin referentes, porque el formalismo ni siquiera podía tener éxito
según sus propias reglas.
Las respuestas más coherentes y exitosas a las paradojas de tipo CV vienen de
dentro de la misma teoría de conjuntos (la cual, hacia 1900, es un campo en
plena ebullición tanto en las matemáticas como en la lógica, gracias a adivine
quién), y son encabezadas por el seguidor y sistematizador nº 1 de Cantor, el
profesor Zermelo.[372] Un
resultado de dichas respuestas es la separación de la teoría de conjuntos
abstracta en dos subtipos, la teoría informal de conjuntos y la teoría
axiomática de conjuntos. La T. I. C. es simplemente la teoría de conjuntos de
Cantor normal con todas sus miserias y grandezas, incluyendo su susceptibilidad
a las paradojas.[373] La
teoría axiomática de conjuntos es un intento de obtener una versión más
rigurosa, fundacionalmente segura de la teoría de conjuntos que tenga toda la
potencia conceptual de la T. I. C. pero organizada de tal modo que evite
paradojas graves. El programa de la T. A. C. es algo formalista en espíritu y
euclidiano: consiste en hacer que la teoría de conjuntos sea un sistema formal
independiente[374] con
un conjunto propio de axiomas que proporcione máxima consistencia y
completitud. Como ya se ha mencionado en alguna parte, el sistema axiomático
más conocido se llama habitualmente ZFS (de Zermelo, Fraenkel, y Skolem).
También hay el sistema, más restrictivo, de von Neumann-Bernays (VNB), y
algunos más, con varios embellecimientos metateóricos, diseñados por eminencias
como Tarski, Quine, Ramsey, y otros colegas.
Resulta que la teoría axiomática de conjuntos y su correspondiente lógica han
tenido aplicaciones fructíferas en muchos campos, como la teoría matemática de
las funciones reales, el análisis y la topología, la gramática generativa y los
estudios sintácticos en lingüística, y la teoría de la decisión, algoritmos,
circuitería lógica, problemas de detención/«estudios-Ω», inteligencia
artificial y procesamiento combinatorio en ciencias de la computación. Por lo
tanto, a pesar de tener cada vez menos espacio, vale la pena incluir por lo
menos un resumen rápido de la axiomatización básica de la que todos los
sistemas principales son variantes, con explicaciones ajustadas y directamente
relevantes donde sea necesario, y por supuesto, en este punto tardío, toda esta
parte es omitible/ojeable a su discreción SEI, como sigue.
Concepto primitivo: la relación de pertenencia ∈, donde «s∈S»
significa que el objeto s es un miembro o elemento del conjunto S.
Αx. 1.Dos conjuntos son iguales si contienen los mismos elementos. (Observe que
no es «si y solo si…»; esto se debe a que los conjuntos infinitos y sus
subconjuntos propios también pueden ser iguales).
Αx. 2.Sia y b son objetos o conjuntos, entonces {a, b} es un conjunto.
Αx. 3.Hay dos variantes en este caso. 1ª variante: Para un conjunto S y un
«predicado definido»[375]P, existe
el conjunto Sp que contiene solo aquellos x∈S[376] que
tienen la propiedad designada por P. 2ª variante: Existe un conjunto S con las
siguientes características: (a) ∅∈S, y (b) Para cada x, si x∈S, entonces {x} ∈S.
(Estas son dos versiones técnicamente distintas del principio de abstracción
limitada mencionado antes. Ambas versiones hacen dos cosas importantes. En
primer lugar, establecer que el conjunto vacío existe. En segundo lugar,
definir y validar el método de la teoría de conjuntos de la inducción
transfinita y, mediante dicho método, establecer la existencia de un conjunto S
infinito numerable cuyos elementos son ∅, {∅},
{{∅}},
{{{∅}}},
…[377] Con
lo cual si, en este conjunto, ∅ se
toma como 1 y, para cada x, {x} es igual a (x + 1), entonces S se convierte en
el conjunto ordenado de todos los enteros positivos; lo cual resulta ser muy
parecido al modo en que los postulados de Peano[378] generan
los enteros).
Αx. 4.La unión de un conjunto de conjuntos es también un conjunto. (Esto sirve
como definición técnica de «unión», a partir de la cual «intersección»,
«producto cartesiano»,[379] etc.,
se pueden obtener mediante manipulación lógica; algo no muy distinto a definir
completamente la conectiva lógica «y» en términos de «no» y «o»).
Αx. 5. El famoso axioma del conjunto potencia: Para cualquier conjunto S,
existe el conjunto potencia P(S) de S. (Aquí se establece la jerarquía infinita
de los conjuntos infinitos. Recuerde de § 7b y siguientes que toda la teoría de
conjuntos es trivial en el caso de los conjuntos finitos, donde «trivial»
significa que se puede comprobar la veracidad de cualquier proposición de
teoría de conjuntos simplemente mirando los elementos de los conjuntos
relevantes. Toda la relevancia de estos axiomas está en la posibilidad de
demostrar teoremas que sean trans-experienciales, 100% abstractos: como él
mismo).
Αx. 6.El famoso e infame axioma de elección (A. E.). En la nomenclatura de la
teoría de conjuntos, el A. E. es: «Si S es un conjunto de conjuntos no vacíos
disjuntos dos a dos, el producto cartesiano de los elementos de S[380] es no
vacío; cada elemento de este producto cartesiano se designa como un conjunto
selección de S'» (semiextractado de Edwards, v. 7, pág. 425, editado). En
lenguaje natural, es que a partir de cualquier S se puede construir un
subconjunto S' con alguna propiedad particular incluso si no se puede
especificar un procedimiento para elegir los elementos individuales de S'
[Zermelo propuso el axioma de elección a principios del siglo XX. Es demasiado
técnico para intentar desarrollarlo aquí,[381] pero
una consecuencia importante del A. E. es el principio del buen orden, o sea que
cualquier subconjunto S' de cualquier conjunto S se puede elegir y disponer de
tal modo que S' tenga un primer elemento. Ya hemos visto la importancia de este
principio en las demostraciones con C1-1, por ejemplo, la primerísima acerca de
que {Todos los enteros} y {Todos los enteros positivos} tienen la misma
cardinalidad. El principio del buen orden es también crucial para las
demostraciones de Cantor de que c > ℵ0 y P(E) > E, pues
las diversas tablas de esas demostraciones obviamente debían tener todas un
primer elemento. Pero el axioma de elección fue también terriblemente
controvertido (por ejemplo, puede usted entender por qué los intuicionistas y
los constructivistas odiaban la idea de que se pudiera designar un subconjunto
sin ningún tipo de procedimiento para elegir sus elementos), y se mantuvo como
una de las grandes polémicas de la teoría de conjuntos hasta que (1) Kurt Gödel
en 1940 demostró la consistencia lógica del A. E. con los demás axiomas de la
teoría de conjuntos, y luego (2) el profesor Paul Cohen[382] en
1963 demostró la independencia lógica del A. E. (es decir, la consistencia de
su negación) respecto a los demás axiomas de la teoría de conjuntos,
demostraciones que, juntas, se puede decir que resolvieron el lío del axioma].[383]
Αx. 7.Este suele conocerse como el axioma de regularidad (A. R.). También tiene
varias versiones. La más simple es que si x es un objeto o un conjunto, x∉x. Una formulación más subida de tono
es: «Todo conjunto no vacío S contiene un elemento x tal que S y x no tienen
ningún elemento en común» (semiextractado de Edwards, v. 7, pág. 426, editado).[384] (El
axioma de regularidad de algún modo encierra las objeciones de Poincaré y
Russell a la autorreferencia, o en todo caso es este axioma el que elimina la
antinomia de Russell. También evita formulaciones como «el conjunto de todos
los conjuntos» y «el conjunto de todos los números ordinales» y así evita la
paradoja de Cantor y la paradoja, que explicaremos enseguida, de Burali-Forti.
Observe que también rechaza la demostración de Cantor, basada en φ, de que P(A)
> A en § 7e. Este es el motivo de que exista, separadamente, el axioma del
conjunto potencia que hemos visto antes, del cual se puede deducir P(A) > A
sin ningún tipo de demostración que viole el axioma de regularidad. Pero, por
favor, sepa que incluso con el A. R., axiomáticas como la de ZFS aún pueden
estar sujetas a ciertas paradojas de la teoría de modelos,[385] de
modo que ahora, digamos en las cercanías del año 2000, hay toda una jerarquía
de axiomatizaciones de la teoría de conjuntos, cada una con su propia inmunidad
especial a las paradojas, conocida entre los especialistas como fuerza de
consistencia. Si está interesado —y porque por lo menos sus nombres son
divertidos—, los sistemas principales de hoy, en orden creciente de fuerza de
consistencia, son: los postulados de Peano, analítico, ZFS, Mahlo, VNB,
quiniano, débilmente compacto, hiper-Mahlo, inefable, Ramsey, supercompacto, y
n-enorme).
Fin
de § 7f s.-1.
§
7g.
Sin duda habrá notado que hace un buen rato que Georg Cantor même no ha sido
mencionado y quizá se haya preguntado dónde está en toda la turbulencia
fundacional de § 7f. Las profilaxis de Poincaré y de Russell, las
axiomatizaciones de Zermelo, etc., son todas de principios del siglo XX, tiempo
en el cual Cantor ya ha realizado sus mejores trabajos y casi ha abandonado las
matemáticas en favor de las preocupaciones obsesivas que consumieron sus
últimos años.[386] También
es en esta época cuando entra y sale de hospitales continuamente. La dolorosa
ironía es que es justamente cuando la obra de Cantor está ganando amplia
aceptación y la teoría de conjuntos está floreciendo en las matemáticas y la
lógica, cuando su enfermedad se pone realmente fea, y hay todo tipo de
congresos especiales y entregas de premios a las que no puede asistir porque
está demasiado indispuesto.
Más directamente relevante es que incluso cuando Cantor se encontró por primera
vez con sus paradojas en la década (probablemente) de 1880, no se preocupó
demasiado acerca de ellas, o más bien no podía, porque tenía otros problemas
más apremiantes. De matemáticas. Uno de los más importantes es lo que ahora se
conoce como la hipótesis del continuo.[387] La H.
C. se caracteriza de toda clase de formas —«¿Es la potencia del continuo
equivalente a la de la segunda clase de números?»; «¿Son los números reales el
conjunto potencia de los números racionales?»; «¿Es c lo mismo que 2ℵ0?»;
«Es c = ℵ1?»— pero todas ponen el dedo en la llaga. Cantor ya ha
demostrado que hay una jerarquía infinita de conjuntos infinitos, así como sus
conjuntos potencia, y ha demostrado que P(A) = 2A y 2A >
A son teoremas para conjuntos infinitos. Pero todavía no ha demostrado cómo se
relacionan exactamente esos distintos resultados. La cuestión central es si lo
de 2A > A constituye una ley exhaustiva acerca de cómo se
dispone la jerarquía transfinita —es decir, si para cada conjunto infinito A el
siguiente conjunto mayor es siempre 2A, sin ∞ intermedios entre
ellos— y, por lo tanto, si este proceso de —exponenciación binaria— es la
manera de ir de un conjunto infinito al siguiente, del mismo modo en que la
suma permite ir de un número entero al siguiente. Un sí a esta larga pregunta es
la hipótesis del continuo. Lo que se considera ahora como la forma general de
la H. C. es 2ℵn = ℵn+1,[388] pero
la versión original de Cantor es más específica. Sabemos que ha demostrado la
existencia y cuáles son las cardinalidades de dos conjuntos infinitos
distintos, concretamente el conjunto de todos los
enteros/racionales/algebraicos (= ℵ0) y el de todos los
reales/trascendentes, equivalente también a los intervalos y espacios continuos
(= c); y ha demostrado que c > ℵ0. Su propia hipótesis del
continuo es que c = 2ℵ0, es decir, que c es en realidad ℵ1,
el conjunto infinito que sigue inmediatamente a ℵ0, sin nada en
medio.[389]
Los intentos de Cantor de demostrar la H. C. se produjeron a lo largo de las
décadas de 1880 y 1890, y hay algunas conmovedoras cartas en las que anunciaba
con excitación a Dedekind una demostración y entonces un par de días más tarde
descubría un error y tenía que echarse atrás. Nunca la demostró ni demostró que
fuera falsa, y algunos historiadores de la tendencia pop piensan que la H. C.
es lo que realmente desquició a Cantor.
Matemáticamente hablando, la verdad acerca de la hipótesis del continuo es más
complicada de lo que los escritores pop dejan traslucir, porque en realidad
Cantor llega a los diversos problemas de la H. C. a través de su trabajo sobre
números ordinales, cuyas relaciones son más o menos como la de «R = Đ (P',
P'', P''', …)» en § 7b, y que, a pesar de nuestras mejores intenciones, ahora
tenemos que esquematizar muy brevemente.[390] En
primer lugar, para ahorrar tiempo, por favor recuerde o relea la nota 78 de §
5e(1) y su manual básico sobre enteros ordinales y cardinales. Ahora estamos
interesados en los números ordinales en la teoría de conjuntos, que son un poco
diferentes, e involucran el concepto de tipos de orden de los conjuntos.
Explicación simple: sabemos que si los conjuntos A y B tienen el mismo número
cardinal, se pueden poner en C1-1. Si esta C1-1 se puede hacer de tal modo que
el orden de los elementos de A y B quede sin modificar, entonces A y B son del
mismo tipo de orden. (Un ejemplo sencillo y directo de dos conjuntos con la
misma cardinalidad pero diferentes tipos de orden era {Todos los enteros
positivos y Todos los enteros} en § 7c. Recuerde que tuvimos que apañar el
orden de este último para que tuviera un primer elemento que se pudiera
emparejar con el 1 de los enteros positivos).
Puede ver por qué esto va a ser más complicado que los cardinales: ahora nos
preocupamos no solo de la cantidad de elementos de un conjunto, sino también de
su disposición. O más bien disposiciones, porque las posibles permutaciones de
dichas disposiciones son buena parte del meollo de la teoría de ordinales.
Meollo al que vamos a echar un vistazo, aunque debería usted tener en cuenta que
hay gran cantidad de términos técnicos y distinciones —«ordenado», «bien
ordenado», «parcialmente ordenado», «denso por doquier», «número de relación»,
«teorema de numeración», y así sucesivamente— de las que vamos a ignorar la
mayoría.[391] Algunos
hechos básicos: para conjuntos finitos, cardinalidad = tipo de orden; es decir,
dos conjuntos finitos con el mismo número cardinal tendrán de manera automática
el mismo tipo de orden. Esto se debe a que hay exactamente un tipo de orden
para todos los conjuntos de un elemento, un tipo de orden para todos los
conjuntos de dos elementos, y así sucesivamente.[392] El
número total de posibles tipos de orden para conjuntos finitos es, de hecho, lo
mismo que el número cardinal del conjunto de los enteros positivos, o sea, ℵ0.
Pero con los conjuntos infinitos, los tipos de orden se complican. Lo cual no
debería sorprendernos. Tómese el recién mencionado conjunto infinito numerable
de todos los enteros positivos: {1, 2, 3, 4,…} tiene más de un tipo de orden.
Esto no significa solo intercambiar algunas tiras de números en la sucesión
infinita, pues el conjunto todavía se podrá poner en C1-1 con el conjunto
original de los enteros positivos, incluso si la correspondencia es algo
parecido a
Pero
si toma usted uno de los elementos del conjunto de los enteros y lo pone en
último lugar, como en {1, 3, 4, 5, 6, 7,…, 2}, ahora tiene un tipo de orden
totalmente diferente. El conjunto {1, 3, 4, 5, 6, 7,…, 2} ya no se puede poner
en C1-1 con un conjunto ℵ0 normalmente ordenado que no tiene
último elemento y, por lo tanto, no le da ningún modo de llegar a nada que se
pueda emparejar con el 2. Además, observe que en el nuevo tipo de orden, 2 se
convierte en un número ordinal diferente: ya no es el 2º elemento de un
conjunto sino ahora más bien el último elemento, y no tiene ningún número en
concreto inmediatamente antes que él. De aquí la definición de número ordinal:
es un número que identifica dónde aparece cierto elemento de un conjunto en
cierto tipo de orden.[393]
En la teoría de conjuntos cantoriana hay dos reglas principales para generar
números ordinales, (1) Dado cualquier número ordinal n, siempre se puede
obtener el siguiente ordinal, que es n + 1. (2) Dado cualquier conjunto N de n
ordinales ordenado en sucesión creciente (por ejemplo, el conjunto de los
enteros positivos), siempre se puede obtener un último ordinal mayor que todos
los demás n. Este ordinal final técnicamente funciona como el límite de la
sucesión de N y se puede expresar como «Lim(N)».[394] Esas
reglas no tienen mal aspecto, pero las cosas empiezan a complicarse cuando
consideramos no solo conjuntos de números ordinales, sino números ordinales
como conjuntos, lo cual podemos hacer porque un principio básico de la teoría
de conjuntos es que todos los entes matemáticos se pueden representar como
conjuntos (por ejemplo, el cardinal transfinito «ℵ0» es el conjunto
de números cardinales {1, 2, 3, 4,…}; además, recuerde la observación ante rem
en § 2a de que «5» es literalmente el conjunto de todos los quíntuplos). Pero
así, entonces, un número ordinal n, ¿qué conjunto es? La respuesta es la
tercera gran regla de Cantor: para cada ordinal n, n = el conjunto de todos los
ordinales menores que n; es decir, n se identifica simplemente con el conjunto
de ordinales del cual es el límite.[395] O, en
términos formales,[396]n =
(∀x)x < n).
Se puede generar toda la secuencia de los enteros normales (ya sea como
cardinales o como ordinales) de este modo: 0 = (∀x)x < 0} = ∅; 1
= (∀x)x
< 1} = {0}; 2 = (∀x)x
< 2} = {0,1}; y así sucesivamente. El número ordinal de todo el conjunto
infinito numerable {0, 1, 2, 3, 4, …} es simbolizado por omega minúscula, ω.
Este ordinal transfinito es el límite de la sucesión de elementos del conjunto;
es decir, es el más pequeño de los números mayores que todos los enteros
finitos. Otra manera, más común, de describir ω es como el número ordinal de
aquel conjunto del cual ℵ0 es el número cardinal.[397]
Interpolación SEI
Por
duro que pudiera parecer el último párrafo, casi todo lo que va más lejos en la
teoría de ordinales es tan brutalmente abstruso y técnico que solo podemos
hacer algunas observaciones generales. Una es que la aritmética de los
ordinales transfinitos es distinta a la de los cardinales transfinitos, pero no
menos extraña; por ejemplo (1 + ω) = ω, pero (ω + 1) > ω, ya que por
definición (ω + 1) es el ordinal inmediatamente posterior a ω. Otra es que,
como en el caso de los ℵ cardinales, se puede generar una jerarquía infinita de
ordinales transfinitos de conjuntos infinitos de ordinales (puede que usted
quiera leer esta última frase otra vez), aunque en este caso es un proceso muy
diferente a lo de 2ℵn = ℵn+1. La
jerarquía transfinita-ordinal está asociada con entes abstractos llamados
números épsilon y con una operación aritmética llamada tetración. No hablaremos
de los primeros excepto para decir que esencialmente son una clase de números
tales que ωε= ε.[398] Pero
la tetración es más simple, y puede que ya esté familiarizado con ella si
estudió muchas matemáticas en primeros cursos de carrera o tuvo asignaturas
como teoría de cuerpos o combinatoria. Básicamente es una exponenciación
delirante. La 4ª tetración de 3 se expresa como «43» y significa 3333,
que es = 339, que es = 319.683, un valor cuyo cálculo
puede usted aceptar como desafío. La relación técnica entre la tetración, los
ordinales transfinitos y los números épsilon es el hecho de que ε0 = ωω,
que no es tan importante. Pero si puede usted concebir, en abstracto, una
progresión como ω, ((ω + 1), (ω + 2), …, (ω + ω)), ω2, ωω, ωω, ωωω,
…, entonces puede usted hacerse una idea —o en todo caso una «idea»— de la
jerarquía y de las impensables alturas de los números ordinales de conjuntos
infinitos de conjuntos infinitos de ordinales de conjuntos infinitos que
involucra (sospechoso parecido con Rucker, Infinity and the Mind, págs. 74-75).
Fin de las observaciones generales.
Fin
de la interpolación SEI
Muy
bien, o sea que el modo específico en que Cantor se topa con la hipótesis del
continuo concierne a los ordinales y los tipos de orden. Hemos visto que hay
más de un tipo de orden para los conjuntos infinitos, como en el caso de {1, 2,
3, 4, …} y {1, 3, 4, 5, 6, 7, …, 2}, no hace muchos párrafos. Hay, de hecho,
una infinidad de tipos de orden distintos para cualquier conjunto infinito, y
lo que Cantor demuestra[399] es
que el conjunto de posibles tipos de orden para un conjunto infinito numerable
es, en cambio, no numerable. Esto significa que hay una manera más de generar
una jerarquía infinita de conjuntos infinitos: si S es un conjunto infinito
numerable, entonces Z es el conjunto infinito no numerable de posibles tipos de
orden de S, y Z' será el conjunto de posibles tipos de orden de Z, y…, y allá
vamos. (En realidad, decir que los distintos procesos para obtener jerarquías
del ∞ son «distintos» es un poco engañoso, porque la verdad es que están
relacionados de todo tipo de formas. Las matemáticas de esas relaciones están
más allá del alcance técnico de este libro y no las trataremos aquí, pero puede
por lo menos hacerse una idea de ellas a partir de la definición técnica que da
Cantor del conjunto Z [teniendo en cuenta que «clase numérica» en realidad se
refiere a conjuntos de ordinales], a saber: «La segunda clase numérica Z(ℵ0)
es la totalidad {α} de todos los tipos de orden α de conjuntos bien ordenados
de cardinalidad ℵ0») (Cantor, pág. 44).
Pero no se necesita profundizar tanto. Dejando fuera los ordinales transfinitos
como ω, todavía podemos ver una marcada similitud, con seguridad no casual,
entre: (1) c como conjunto de todos los números reales (y no de todos los
racionales, que es ℵ0); (2) ℵ1 como conjunto
potencia de ℵ0, es decir, como 2ℵ0; (3) Z como
el conjunto de todos los tipos de orden de ℵ0. El auténtico problema
es que Cantor no puede demostrar cierta relación crucial entre estas tres
identidades. Recordará de hace un par de páginas que la H. C. original de
Cantor es que (1) y (2) son lo mismo, que c = 2ℵ0 =
ℵ1, y que no hay ningún tipo de ∞ intermedio entre ℵ0 y
c. Ahora estamos preparados para entender por lo menos a grandes rasgos cómo
interviene aquí la relación (3). En los últimos § de «Contribuciones… Números»
—a través de un proceso de profundo razonamiento técnico, imposible de
resumir—, Cantor logra deducir dos grandes cuestiones: (a) que de ningún modo c
puede ser > ℵ0, y (b) que en caso de que sí exista algún conjunto
infinito que sea mayor que ℵ0 pero menor que c, este conjunto
tiene que ser el conjunto no numerable Z, o sea la segunda clase numérica. Es
la cuestión (b) la que inspira su principal ataque a la H. C., el cual consiste
en un intento de demostrar que las anteriores relaciones (2) y (3) son en
realidad la misma; es decir, si Cantor puede demostrar que Z = 2ℵ0,
entonces por (b) se podrá demostrar que no existe ningún conjunto intermedio
entre ℵ0 y c, lo cual implicará que c = ℵ1.
Específicamente es Z = 2ℵ0 lo que no pudo demostrar.
Jamás. Pese a años de estrujarse los sesos de manera inimaginable. Si fue o no
fue esto lo que le desquició es una pregunta imposible de contestar, pero es
cierto que su incapacidad de demostrar la H. C. le dolió el resto de su vida:
lo consideraba su gran fracaso. Esto también resulta triste en retrospectiva,
porque ahora los matemáticos profesionales saben exactamente por qué Cantor no
pudo ni demostrar ni desmentir la H. C. Las razones son profundas e importantes
y llegan de manera corrosiva hasta la raíz de la consistencia formal de la
teoría axiomática de conjuntos, de modo bastante parecido a como las
demostraciones de incompletitud de Kurt Gödel desarraigan todas las matemáticas
como sistema formal. Una vez más, los problemas correspondientes solo los
podemos esbozar o sintetizar.
La hipótesis del continuo y el antes mencionado axioma de elección son los dos
grandes problemas acuciantes de la teoría de conjuntos temprana.
Particularmente respecto a la primera, es importante distinguir entre dos
cuestiones diferentes. Una, metafísica, es si la H. C. es verdadera o falsa. La
otra es si la H. C. se puede demostrar formalmente, o desmentir, a partir de
los axiomas de la teoría de conjuntos estándar.[400] Es la
segunda cuestión la que ha sido contestada definitivamente, a lo largo de un
período de varias décadas, por Kurt Gödel y Paul Cohen, a saber:
1938 Gödel demuestra formalmente que la forma general de la hipótesis del
continuo es consistente con los axiomas de ZFS; es decir, que si la H. C. misma
se trata como un axioma y se añade a los de la teoría de conjuntos, entonces no
puede resultar ninguna contradicción lógica.
1963 En uno de esos coups d'éclat salidos de la nada que tanto gustan a los
eruditos de la cultura pop y a los cineastas, un joven profesor de Stanford
llamado Paul J. Cohen demuestra que la negación de la H. C. general también se
puede añadir a los axiomas de ZFS sin contradicción.[401]
Estos dos resultados juntos establecen lo que ahora se conoce como la
independencia de la hipótesis del continuo, lo cual significa que la H. C.
ocupa un lugar bastante parecido al del axioma de las paralelas[402] respecto
al resto de la geometría de Euclides: no se puede demostrar ni contradecir a
partir de los axiomas estándar de la teoría de conjuntos.[403] Además,
recordará del § anterior que Gödel y Cohen pueden obtener un resultado parecido
para el axioma de elección, tan vital para las diversas demostraciones en
diagonal de Cantor; Gödel demuestra que el axioma no se puede contradecir
dentro de ZFS/VNB; Cohen, que no es demostrable en ZFS/VNB.[404] Existen,
como se ha mencionado, sistemas axiomáticos alternativos en los cuales la H. C.
y el A. E.: son demostrables/indemostrables (por ejemplo, la teoría de
conjuntos de Quine está construida de tal modo que el axioma de elección es
contradictorio prima facie), aunque muchos de esos sistemas de consistencia
enriquecida usan el término «conjunto» de modos que son terriblemente
diferentes respecto a las definiciones originales de Cantor.
La hipótesis del continuo permanece viva de otras maneras. Es, por ejemplo, la
causa motivadora tras varias axiomatizaciones teóricas y extensiones de modelos
de la teoría de conjuntos en las cuales la H. C. y diversos equivalentes se
suponen[405] demostradas
o contradichas. Esos sistemas especulativos están entre los constructos más
hiperabstractos de las matemáticas modernas, e involucran enrarecidos términos
como «universos cantónanos o de 1.er orden», «conjuntos
construibles o no construibles», «cardinales medibles», «ordinales
inaccesibles», «recursión transfinita», «super-completación» y muchos otros
cuya pronunciación resulta divertida incluso si no se tiene una idea clara de
lo que se supone que significan.[406] Para
terminar, lo más importante que debemos considerar es cómo repercute la
indemostrabilidad de la H. C. en la otra gran cuestión: si la hipótesis es de
hecho verdadera. No es ninguna sorpresa que haya n posibles visiones diferentes
acerca de esto. Un tipo de enfoque formalista es que las distintas
axiomatizaciones tienen distintas ventajas e inconvenientes, que la H. C. será
demostrable/desmentible en algunas e indecidible en otras, y que el sistema a
adoptar dependerá del propósito particular que se tenga. Otra respuesta, más
estrictamente hilbertiana, será que, en realidad, en este contexto, «verdadero»
no puede significar nada excepto «demostrable en ZFS», y, por lo tanto, que la
independencia lógica de la H. C. respecto a ZFS significa literalmente que no
es ni verdadera ni falsa.[407] Un
intuicionista puro será propenso a ver todo el lío de la teoría de conjuntos
con las paradojas y la indemostrabilidad como la consecuencia natural de
admitir dentro de las matemáticas conceptos difusos y no constructivos como los
de conjunto, subconjunto, ordinal, y, por supuesto, ∞ de tipo real.[408]
Pero son los platónicos matemáticos (a veces también conocidos como realistas,
cantorianos y/o transfinitistas) los más preocupados por la indecidibilidad, lo
cual es interesante, puesto que los dos platónicos modernos más famosos son
Georg Cantor y Kurt Gödel, quienes son conjuntamente responsables de, por lo
menos, dos tercios de todo el desconcierto. La postura platónica en este caso
queda resumida con precisión por Gödel, en un escrito acerca de su demostración
y la de Cohen respecto a la independencia de la H. C.:
Solo alguien que (como el intuicionista) niegue que los conceptos y axiomas de
la teoría de conjuntos clásica tengan significado alguno podría estar
satisfecho con tal solución, no quien crea que describen una realidad bien
determinada. Pues en realidad la conjetura de Cantor debe de ser o bien
verdadera o bien falsa, y su indecidibilidad a partir de los axiomas tal como
se conocen hoy solo puede significar que dichos axiomas no contienen una
descripción completa de la realidad (Gödel, «¿En qué […] Cantor?», pág. 268.
Versión editada semiextractada a partir de Barrow, pág. 264).
Es decir, para un platónico matemático, lo que las demostraciones acerca de la
H. C. demuestran realmente es que la teoría de conjuntos necesita hallar un
conjunto mejor de axiomas clave que el ZFS clásico, o por lo menos necesitará
añadir algunos postulados más que sean —como el axioma de elección— a la vez
«evidentes por sí mismos» y consistentes con los axiomas clásicos. Si está
usted interesado, la visión personal del propio Gödel era que la hipótesis del
continuo es falsa, que en realidad hay toda una infinidad de ∞ al estilo de
Zenón anidados entre ℵ0 y c, y que tarde o temprano debería
hallarse un principio que lo demostrara. Hasta ahora no se ha hallado jamás tal
principio. Gödel y Cantor murieron ambos en el confinamiento,[409][410]legándonos
un mundo sin confines finitos. Uno que gira, ahora, en una nueva especie de
vacío de lo formal. Las matemáticas continúan levantándose de la cama.
Mi
agradecido reconocimiento a las siguientes personas por su ayuda: Classena
Bell, Jesse Cohen, Mimi Bailey Davis, Jon Franzen, Bob Goris y la jefa de
departamento, Rochelle Hartmann, Rich Morris, Erica Neely, Joe Sears, Stephen
Stern, John Tarter, Jim Wallace, Sally Wallace y Bob Wengert.
No hace falta decir que el autor es el único responsable de cualesquiera
errores o imprecisiones que usted pueda detectar en este manuscrito.
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Notas:
[1]SEI Aquí
tenemos un buen ejemplo de curiosidad SEI. El autor, aquí presente, es alguien
con un interés de aficionado medio-alto en las matemáticas y los sistemas
formales. También es alguien a quien se le atravesaron las matemáticas en todos
los cursos a los que asistió, excepto uno, que ni siquiera fue en la
universidad, pero que estaba impartido por uno de esos raros especialistas que
pueden hacer que lo abstracto resulte vivo y llamativo, y que te hablan
realmente cuando dan la lección, y de quien todo lo que pueda ser bueno de este
librito es un pálido y bienintencionado reflejo.
[2]SEI Halle,
una mina de sal río arriba cerca de Leipzig, más conocida como el lugar de
nacimiento de Händel.
[3]SEI aunque
también lo es el otro estereotipo, en las antípodas de este, de los matemáticos
como pequeñas criaturas empollonas con pajarita. En la arquetipología
contemporánea, ambos estereotipos parecen combinarse de maneras importantes.
[4] En
términos médicos modernos, resulta bastante claro que Georg F. L. P. Cantor
padecía un trastorno maníaco-depresivo en una época en la que nadie sabía lo
que era, y que sus ciclos bipolares se vieron agravados por tensiones
profesionales y decepciones, las cuales a Cantor no le faltaron. Por supuesto,
esto no da un titular tan interesante como Genio Enloquecido por Intentar
Lidiar con el ∞. La verdad, sin embargo, es que el trabajo de Cantor y su
contexto son tan interesantes y bellos que no hay necesidad de convertir la
vida de este pobre tipo en una vacía alegoría prometeica. La verdadera ironía
es que la visión del ∞ como una zona prohibida o camino a la locura —visión muy
antigua y poderosa que acechó a las matemáticas durante más de dos mil años— es
precisamente lo que la obra de Cantor derribó. Decir que el ∞ enloqueció a
Cantor es como lamentar la derrota de san Jorge ante el dragón: no solo es
falso, sino insultante.
[5]SEI Boyer
comparte únicamente con el profesor Morris Kline la cima de la «cadena
alimentaria» de los historiadores de las matemáticas. Las obras principales de
Boyer y Kline son respectivamente Historia de las matemáticas y El pensamiento
matemático de la Antigüedad a nuestros días. Ambos libros son excelentes y
extraordinariamente completos, por lo que los citaremos con frecuencia.
[6] Respecto
a esto, Bertrand Russell tiene un párrafo interesante sobre las matemáticas de
nivel intermedio, donde suele darse el siguiente gran salto de abstracción tras
la aritmética: «Al empezar álgebra, incluso el muchacho más inteligente se
encuentra, por regla general, con grandes dificultades. El uso de letras es un
misterio, que parece no tener otro propósito que la mistificación. Es casi
imposible, al principio, no pensar que cada letra representa algún número en
particular, y que solamente el profesor nos revelará qué número representa. El
hecho es que en el álgebra la mente aprende por primera vez a considerar
verdades generales, verdades que no se afirman solo de esta o aquella cosa en
particular, sino de cualquiera de un grupo entero de cosas.
Es en el poder de entender y descubrir tales verdades donde reside el dominio
del intelecto sobre todo el mundo de las cosas reales y posibles; y la
capacidad de tratar con lo general en sí es uno de los dones que una educación
matemática debería otorgar (Russell, Mysticism and Logic, pág. 60)»
[7] En
inglés el resumen de un artículo académico suele llamarse abstract. (N. del t.)
[8]SEI Según
la mayoría de las fuentes, Cantor no era únicamente un matemático: tenía una
auténtica filosofía del infinito. Era extraña y casi religiosa y, nada
sorprendentemente, abstracta. En cierto momento, Cantor intentó cambiar su
puesto de trabajo en la Universidad de Halle del Departamento de Matemáticas al
de Filosofía; la petición fue denegada. Cabe reconocer que este no fue uno de
sus períodos más estables.
[9]SEI La
fuente de este pernicioso mito es Aristóteles, quien desde cierto punto de
vista es el villano de todo nuestro relato.
[10] Una
analogía aquí casi obligada es el hecho de que la mayoría de nosotros vamos en
avión a pesar de saber que cada año un determinado porcentaje de aviones de
pasajeros se estrellan. Pero esto tiene que ver con las distintas maneras de
saber o «saber» (véase § 1c más adelante). También está relacionado con la
urbanidad, pues los viajes en avión son públicos y entra en juego algo así como
la confianza en el grupo. Por ello, dirigirse a la persona del asiento de al
lado para informarle de la probabilidad estadísticamente calculada de que aquel
avión se estrelle no es incurrir en falsedad, sino en crueldad: sería meterse
con la delicada infraestructura psicológica de su justificación para volar. SEI
Dependiendo del estado de ánimo o del momento del día, podría resultarle a
usted curioso y parecerle interesante que de las personas que no pueden reunir
esa extraña fe en principios que no se pueden justificar racionalmente, y, por
lo tanto, no pueden volar, se diga que tienen un «miedo irracional» a volar.
[11]SEI Resulta
que lo único que impidió a Wallis inventar el cálculo diferencial en
Arithmetica Infinitorum fue su ignorancia del teorema del binomio, el cual es
esencial para trabajar con infinitesimales. Véase esp. § 4 más adelante.
[12] El
singular e imponente doctor E. Robert Goris, profesor de matemáticas en el
instituto, solía referirse a esto como «mentalidad de sector privado», en el
sentido de que se esperaban resultados productivos reales.
[13]SEI Por
ello, la mayor parte de la obra de Platón (y casi toda la de Aristóteles) es
acerca de la conceptualización y la sistematización de lo abstracto.
[14] N.
B. Independientemente del significado, una verdad demostrada en un sistema
formal se conoce técnicamente como un teorema, de aquí el teorema de Pitágoras,
etc.
[15] Esta
parte se requiere en la lógica formal a causa de ciertas propiedades del
operador disyuntivo «o». Entraremos lo menos posible en esas cosas tan
crípticas. (Solo que, ya que estamos, confesemos que estamos usando la «LTE» de
un modo informal que también incluye el principio de bivalencia. Dejar que la
«LTE» connote todo el edificio de la lógica bivaluada está bien para nuestros
propósitos, pero sepa que no es 100% riguroso).
[16] Modus
tollens (= «método de negación» en latín) podría no parecer una regla universal
a menos que tenga en cuenta que la implicación, como relación lógica, no tiene
que ver con la causa sino con la certeza. En lógica aplicada, los términos son
condiciones necesarias y suficientes. Si, por ejemplo, P representa el
enunciado «mide 1,65 m de altura» y Q representa «mide por lo menos 1,55 metros
de altura», entonces el significado puramente lógico de «P → Q» se hace
evidente: en realidad significa que «Si P es verdadera, Q no puede ser falsa en
modo alguno». Modus-tollenizar esto como «no Q → no P» es simplemente decir que
si alguien no llega a los 1,55 m de altura, entonces no es posible que mida
1,65 m. Dicho sea de paso, otra relación lógica importante que veremos bastante
más adelante, en § 5e, podemos mencionarla ya aquí. Es la relación de
conjunción, que significa «y» y se representa habitualmente mediante «&» o
«∧».
La regla de oro es que «P & Q» es verdadera solo cuando P y Q son ambas
verdaderas. Si cualquiera de ellas es falsa, toda la conjunción es falsa.
[17]SEI Bueno,
técnicamente, esto no es tanto por la LTE como por la definición de la
conectiva lógica «no», cuya definición, sin embargo, o bien se obtiene a partir
de la LTE o (como argumentan algunos) es lo mismo que la LTE. N. B. Algunos
sistemas formales incluyen toda la transacción de la reducción al absurdo como
un axioma, a veces llamado ley de absurdidad.
[18] Recordará
del instituto que los puntos suspensivos dentro de una sucesión o serie
significan «todos los términos relevantes en medio». Si están al final
significan «y así sucesivamente sin fin». Esta es una abreviatura que se usa
mucho en las matemáticas puras.
[19] De
nuevo, estrictamente hablando es algo más complicado pero, para nuestros
propósitos, la LTE servirá.
[20]SEI incluyendo
nuestra esquizofrenia de la abstracción y, en definitiva, el ser esclavos de la
tecnología y la razón científica.
[21] Una
de las razones por las que los textos de matemáticas son tan abstrusos y
técnicos es por todas las especificaciones y condiciones que deben ponerse en
los teoremas para evitar las fisuras. En este sentido son como documentos
legales, y a menudo su lectura es igual de divertida.
[22] Recordará
de las clases de matemáticas lo especialmente desagradables que resultaban las
dificultades para definir las cosas. [Aquí el autor se refiere específicamente
a los problemas donde un enunciado erróneamente formulado induce a confusión.
(N. del t.)].
[23]SEI Quede
claro desde el principio que «puede que recuerde usted» y «no hace falta decir»
y demás no son tics, sino tácticas retóricas cuyo objetivo es reducir las
molestias de aquellos lectores que ya están familiarizados con lo que sea que
se está discutiendo. En realidad, no se necesita ninguna experiencia en
particular ni recordar las matemáticas superiores para leer este libro, pero
parece por lo menos razonable suponer que algunos lectores tendrán una buena
preparación matemática, y simplemente lo educado es admitirlo de vez en cuando.
Como se mencionó brevemente en el Prólogo, la retórica de la escritura técnica
está cargada de incertidumbres acerca de los niveles de experiencia de los
distintos lectores y sus curvas de confusión-enojo. Nada de esto es su
problema, claro, por lo menos no directamente.
[24] Lo
que viene a continuación no es demasiado SEI, pero para seguirlo con detalle
probablemente necesitaría haber estudiado algo de matemáticas superiores, y si
no es así no se preocupe de nada más, excepto de cómo el simbolismo tiene que
cargarse de salvedades. ( SEI Y si estudió usted los primeros cursos de cálculo
y se da cuenta de que nuestro simbolismo es algo no estándar, tampoco se
inquiete por eso; más que nada porque todavía no se ha definido ninguno de los
símbolos relevantes).
[25]SEI =
Definición 23 en el Libro I de los Elementos.
[26]SEI Esta
está relacionada con una cosa llamada la rueda de Aristóteles, que es una
historia en sí misma.
[27]SEI Como
veremos en § 7, que exista una correspondencia uno a uno entre sus miembros en
realidad ahora es la definición de igualdad entre dos conjuntos.
[28]SEI Esto
es un poco burdo. El auténtico modo en que las matemáticas neutralizaron el ∞
se basaba en cierta distinción metafísica trazada por Aristóteles para refutar
a Zenón, a todo lo cual llegaremos.
[29] No
es nada injusto mencionar que Cantor se prodigó bastante en declaraciones
extravagantes durante la controversia sobre los conjuntos infinitos, muchas con
un tono religioso exageradamente grandilocuente, por ejemplo: «No albergo duda
alguna respecto a la verdad de los transfinitos, a los que he identificado con
la ayuda de Dios». (Cantor en la obra de Dauben «Georg Cantor and Pope Leo
XIII», pág. 106) o «El miedo al infinito es una forma de miopía que destruye la
posibilidad de ver el infinito real, a pesar de que este en su forma más alta
nos ha creado y nos sostiene» (Cantor, Gessamelte Abhandlungen, pág. 374.
Traducción editada de un extracto de Rucker, Infinity and the Mind, pág. 46).
[30] Naturalmente,
se necesita tiempo para obtener los resultados significativos que dan
legitimidad a una teoría matemática, e incluso más tiempo para que sea
plenamente aceptada, y, por supuesto, durante ese tiempo la cuestión
locura-o-genio permanece sin resolver, probablemente incluso para el propio
matemático, de modo que este desarrolla su teoría y elabora sus demostraciones
en unas condiciones de enormes tensiones y dudas personales, y a veces ni
siquiera es reivindicado en vida, etc.
[31]SEI Parece
ser que el término to apeiron se originó en la tragedia griega, donde se
refería a vestimentas o ataduras «en las cuales uno se queda enredado, sin
escape».
[32]SEI Probablemente
valga la pena destacar aquí que la descripción del Génesis 1:2: «La tierra era
caos y confusión», es una manera plenamente griega de caracterizar la
pre-Creación.
[33] N.
B. Este esteticismo helénico nunca ha desaparecido de las matemáticas, como se
puede constatar por el hecho de que una buena demostración o un buen método se
dice que son «elegantes» o por la frase, muy citada, de la Apología de Hardy:
«La belleza es la primera prueba; no hay lugar permanente en el mundo para las
matemáticas feas» (Hardy, Apology, pág. 85).
[34]SEI En
caso de que usted haya notado que esta descripción suena bastante platónica,
sepa que, a pesar de que Platón vivió un siglo más tarde que Pitágoras, hay
buenos indicios de que entró en estrecho contacto con sus sucesores, miembros
de la D. Η. P., durante sus viajes por la Magna Grecia (actualmente el sur de
Italia, territorio entonces colonizado por los griegos), y que su metafísica de
las matemáticas subyace a la teoría de las «formas» del propio Platón, respecto
a lo cual véase lo que sigue.
[35] El
concepto de «recta» de los egipcios, por otro lado, era solo una cuerda tensa,
usada para delimitar el terreno de alguien.
[36] =
a grandes rasgos «Todo es Uno» + «Nada cambia».
[37] Lo
que sigue no debería clasificarse como SEI aunque usted ya conozca la
dicotomía, pues esta discusión está hecha más bien a medida.
[38] Lo
cual quiere decir, otra vez, que lo siguiente solo tendrá sentido al 100% si ha
estudiado usted las matemáticas relevantes, y, una vez más, no se preocupe si
no lo hizo: lo importante es la forma general del razonamiento, que puede usted
captar sin conocer los símbolos/términos específicos. (SEIDe hecho,
todos los términos/símbolos en juego se definirán más adelante, pero no hasta
que los necesitemos).
[39] Y,
por supuesto, los estudiantes raramente lo preguntan: las fórmulas por sí solas
son tan difíciles de «entender» (es decir, de usar para resolver problemas
correctamente), que a veces no nos damos cuenta de que no las entendemos en
absoluto. Que acabemos sin saber siquiera todo lo que ignoramos es la parte
realmente insidiosa de la mayoría de las clases de matemáticas.
[40] SEI
Aquí se cita tanto a Russell porque su prosa sobre todo esto es extremadamente
lúcida y acertada. Además, observe el modo en que, como los griegos, no hace
ninguna distinción real entre matemáticas y filosofía.
[41]SEI en
el sentido de que no tiene un límite finito. Puede que la convergencia y la
divergencia no adquieran pleno sentido hasta que hablemos de los límites en §
3c. Todo lo que usted necesita en este punto es una idea aproximada de la
diferencia entre la una y la otra, lo cual pretenden ilustrar los gráficos.
[42]SEI Los
modos en los que eso no es 100% cierto involucran a Eudoxo de Cnidos, del cual
tiende a hablarse incluso menos que de Zenón. Véase § 2d más adelante.
[43]SEI Todo
lo que se sabe de las paradojas de Zenón proviene de fuentes secundarias, pues
o bien Zenón no escribió nada, o bien todo se perdió. La paradoja anterior
aparece célebremente en el § 209a de la Física de Aristóteles, y observe cómo
esta también gira alrededor de cuestiones sobre la ontología de las
abstracciones, particularmente en la transición del paso (1) al paso (2).
Además, si es usted el tipo de persona que puede mantener cosas aparentemente
irrelevantes en su cabeza durante varias páginas, fíjese en que exactamente la
misma imprecisión metafísica de esta P. Z. reaparecerá respecto a la dicotomía
en cuestiones acerca de qué es exactamente un punto matemático, como, por
ejemplo, si un punto es una abstracción geométrica, una ubicación física real o
ambas cosas.
[44] Por
ejemplo: 1) La curiosidad mató al gato. 2) La bola de cordel más grande del
mundo es una curiosidad. 3) Por lo tanto, la bola de cordel más grande del
mundo mató al gato.
[45] Mediante
la forma predicativa (o «copulativa») de «ser», a causa de la cual aquí la
predicación es problemática.
[46]SEI en
el Libro I, caps. 6 y 9. Además, el término metafísica proviene del título de
este libro, por supuesto. Originalmente solo quería decir que era el siguiente
tratado de Aristóteles tras la Física.
[47] Una
o dos curiosidades. Platón, nacido Aristocles, vive entre el 427 a. C. y 347 a.
C. aprox.; Aristóteles vive entre el 384 a. C. y 322 a. C. aprox. (compárese
con Sócrates, 470 a. C.-399 a. C. aprox., y Zenón, 490 a. C.- 435 a. C.
aprox.). Aristóteles había sido un alumno estrella de la Academia de Platón,
encima de cuyo portal curiosamente estaba inscrito el lema QUE NO ENTRE AQUÍ
NADIE QUE SEA IGNORANTE EN GEOMETRÍA.
[48] O
por lo menos nuestra versión simplificada de ella.
[49]SEI Esto
es un poco esotérico, pero es para evitar posibles objeciones a lo que sigue:
Sí, en cierto sentido, si «5» se entiende como una referencia o indicación del
conjunto de todos los quíntuplos, entonces por los postulados de Peano lo
anterior es exactamente lo que «5» es, aunque tanto «conjunto» como los
postulados de Peano son dependientes de Cantor, o sea que nos estamos
adelantando literalmente dos mil años.
[50]SEI Véase,
por ejemplo, esta afirmación platónica clásica de Charles Hermite (1822-1901,
figura muy destacada en teoría de números): «Creo que los números y las
funciones del análisis no son el producto arbitrario de nuestros espíritus:
creo que existen fuera de nosotros con el mismo carácter de necesidad que los
objetos de la realidad objetiva; y los descubrimos y los estudiamos como hacen
físicos, químicos y zoólogos (Hermite en Barrow, pág. 259)». Como irá saliendo
probablemente en diversos contextos a continuación, Bernhard P. Bolzano,
Richard Dedekind, y Kurt Gödel son todos platónicos, y Georg F. L. P. Cantor es
por lo menos un platónico en el armario.
[51] Así
como, claro está, cualquier otra estatua jamás hecha, o imaginada, o incluso no
imaginada…
[52]SEI Como
tantas cosas de Aristóteles, esto no resulta fácil de entender. La cuestión
aquí es que coexistir significa básicamente «existir todos al mismo tiempo», lo
cual es imposible a causa del lapso de 23 horas y 59 minutos entre cada
repetición de las 6:54 (estando dichos lapsos incluidos en la misma definición
de «6:54»). En esencia, esta cuestión de la Sucesión → No completación es
también el argumento de Aristóteles a favor de que el Tiempo con mayúscula es
potencialmente pero no realmente infinito, lo cual a su vez evita ciertas
paradojas de tipo Lámpara sobre la eternidad y los momentos primero y último.
[53]SEI y
para anticipar algunas cosas que se discutirán en detalle en § 4.
[54] por
así decirlo.
[55] Solo
como propuesta de reflexión: no es trivial observar que los antiguos griegos no
tenían un verdadero concepto de punto sin dimensión, algo de extensión cero,
pues no tenían 0. Y quizá por lo tanto que, en cierto sentido, la dicotomía era
solo un síntoma del verdadero problema de los griegos, que era intentar hacer
matemáticas abstractas usando solo cantidades concretas.
[56]SEI en
todo caso, el primero en la práctica, el Libro VI de la Física se lleva el
mérito de hacerlo explícito.
[57]SEI En
las escuelas estadounidenses, la representación de la recta numérica solía
situarse encima de la pizarra (o en la parte superior de la pared de atrás en
las aulas que tenían retratos de los presidentes de EE. UU. encima de la
pizarra) y parecía algo así como un termómetro tumbado.
[58]SEI Más
adelante, en § 6f, veremos la importancia de un criterio completamente
diferente de «constructibilidad» para teoremas.
[59] Los
griegos también carecían de estos últimos.
[60] Por
excitantes razones técnicas, a las que llegaremos, la recta numérica es más
apropiadamente llamada recta real si también representa los números
irracionales. Es decir, la «recta real» de todos los números reales. Observe,
por cierto, que otro término matemático para designar tanto el conjunto de los
números reales como a la recta real resulta ser: el continuo. Probablemente
algo de todo esto será mencionado en el texto, pero en algún punto deberá
resumirse la cuestión de la recta numérica y la recta real, y este es un lugar
tan bueno como cualquier otro. Sepa que las matemáticas y la metafísica de
ambos tipos de recta son sin duda difíciles. Comparten tres características
cruciales, y la recta real tiene una cuarta característica. Ambos tipos de
recta son por definición infinitamente extensos, ambos son infinitamente densos
(= entre dos puntos cualesquiera siempre hay otro punto), y ambos son
«sucesivos» u «ordenados» (lo cual básicamente significa que para cualquier
punto n (n − 1) < n < (n + 1)). La recta real, además, tiene la propiedad
de ser continua, lo cual en este caso quiere decir que no tiene huecos o
agujeros. Tenga en cuenta, para más adelante, que es la continuidad de la recta
real en este sentido lo que acaba abriendo una grieta en las matemáticas
modernas. Sin embargo, como se ha mencionado justo antes en el texto principal,
la dicotomía de Zenón no necesita nada más que la densidad de la recta numérica
para crear la paradoja. Por esta razón, la dicotomía se puede reformular tan
fácilmente para eliminar el tiempo/movimiento: su RIV involucra cruzar no un
espacio real, sino solo el intervalo 0-1 de la recta numérica. Es este segundo
tipo en particular de ∞, denso e inter-numérico, que Aristóteles quiere
descartar calificándolo de meramente «potencial». Finalmente, observe, por
favor, que en ciertos apartados a partir de ahora y hasta § 6 vamos a hablar
como si la recta numérica y la recta real fueran la misma cosa, o como si la
recta numérica también pudiera representar números irracionales. Esto se debe a
complicadas razones que involucran la traducción de complejas demostraciones al
lenguaje natural, pero no se preocupe por ello, solo le conviene recordar el
estatus especial de la recta real hasta dentro de varios § s, cuando resultará
importante.
[61]SEI El
término anglosajón surd era el preferido del doctor Goris porque sostenía que
su pronunciación era mucho más divertida. Si alguien decía «número irracional»,
él hacía como si no pudiera oírle, lo cual, si conoce usted la etimología de
surd, verá que también era una especie de broma entre él y nosotros. [La
etimología a la cual se refiere el autor es la raíz latina surdus, la misma de
la cual proviene «sordo». Hay una interesante relación histórica, etimológica y
conceptual entre «irracional» y «sordo», que se remonta al griego alogos, que
podía significar «sin razón» o «sin habla». (N. del t.)].
[62]SEI Por
supuesto, esto también funciona como una demostración de que la √2 es
irracional, y así lo presentó en clase por primera vez el doctor Goris.
[63] Por
así decirlo.
[64]SEI Lo
cual es una invención del siglo XVI.
[65] También
es importante recordar que los decimales son solo numerales, en el sentido de
representaciones de números y no números en sí mismos. Y que los decimales
también resultan ser representaciones de series por convergentes, ejemplo
0,999… es equivalente a 0/100 + 9/101 + 9/102 +
9/103 + …
Si puede usted ver por qué la suma de esta serie infinita en particular es 1,0,
probablemente se le ocurrirá que en realidad la paradoja antes mencionada de
0,999… = 1,0 no es una paradoja en absoluto, sino una mera consecuencia del
hecho de que siempre hay más de una manera de representar cualquier número dado
en notación decimal. En este caso, la cantidad 1 se puede expresar, o bien como
«1,000…», o bien como «0,999…». Ambas representaciones son válidas, aunque se necesita
algo de matemáticas superiores para ver el porqué. ( SEI Una vez más, si puede
usted recordar las cosas durante mucho tiempo y muchas páginas, sepa ahora que
en los § 6 y 7, Georg Cantor va a hacer un uso ingenioso de esa equivalencia
técnica entre 1,0 y 0,999… en un par de sus más famosas demostraciones)
[66]SEI En
todo caso, no numéricamente. Otras maneras de decir lo mismo: en la
nomenclatura, digna de un dentista, de las matemáticas de bachillerato, no se
puede extraer completamente la raíz de 3; en términos gráficos, una recta con
una pendiente irracional que parta del origen nunca alcanzará ningún punto
correspondiente a unas coordenadas cartesianas racionales.
[67] Para
ver de forma intuitiva que hay (por lo menos) un número infinito de puntos
irracionales entre 0 y 1, considere el conjunto de todos los puntos
correspondientes a 1/n, donde n es irracional.
[68]SEI En
el fondo esto explica por qué la trigonometría y la astronomía griegas eran tan
complejas: intentaban cuantificar curvas continuas y áreas bajo curvas solo con
números racionales.
[69] Véase
esta muy apropiada cita del algebrista alemán Michael Stiefel, hacia 1544:
«Pues, al hacer demostraciones geométricas, cuando los números racionales nos
fallan, los números irracionales se ponen en su lugar y demuestran exactamente
aquellas cosas que los números racionales no podían demostrar, nos vemos
obligados a aseverar que son verdaderamente números. Por otro lado, otras
consideraciones nos obligan a negar que los números irracionales sean números
en absoluto. A saber, cuando buscamos someterlos a [representación decimal],
nos encontramos con que se escabullen de manera perpetua, de modo que ninguno
de ellos puede ser precisamente aprehendido en sí mismo. Ahora, esto no puede
llamarse un verdadero número, si es de tal naturaleza que carece de precisión.
Por lo tanto, así como un número infinito no es un número, asimismo un número
irracional no es un verdadero número, sino que permanece oculto en una especie
de nube de infinito (Michael Stifel, Arithmetica Integra, 1544, extractado a
partir de Kline, pág. 251)».
[70]SEI Si
no es así, entonces sepa/recuerde que, según las reglas de la lógica formal,
una implicación como «(ap < bq) → (ar < bs)»
será falsa solo cuando el primer término sea verdadero, y el segundo, falso. A
la vista de esto, si quiere puede usted asignar valores, por ejemplo, p =
1, q = 2, r = 2, s =
4, a = 2, y b = 1, y comprobar casos
particulares de la implicación. Verá que no hay ningún caso en el cual el
primer término sea verdadero, y el segundo, falso; es decir, que 1/2 realmente
es igual a 2/4.
[71]SEI Esto
se hará mucho más relevante cuando lleguemos a la teoría de los números reales
de Dedekind en § 6.
[72]SEI Que
en la teoría de Dedekind se llamará un corte.
[73] La
especificidad reside en la elección de los valores de a y b.
[74]SEI =
los que tienen todos los lados de la misma longitud.
[75]SEI Es,
en verdad, casi increíblemente parecido al modo en que Cauchy acabará
definiendo los infinitesimales en términos de límites para evitar las varias
fisuras asociadas con las cantidades infinitamente pequeñas, de todo lo cual se
habla más adelante en § 5.
[76] Una
pequeña broma entre los historiadores de las matemáticas es que lo único
matemáticamente significativo que hicieron los romanos fue matar a Arquímedes.
[77]SEI Como
veremos, tras unos cuantos machetazos simplificadores por parte de Bolzano y
Dedekind.
[78]SEI Hay
todo tipo de procedimientos y objetos diferentes para ilustrar esta
demostración. Resulta que el doctor Goris solía llevar/sonarse con/desplegar de
forma ilustrativa un gran pañuelo rojo, al que durante más de veinticinco años
de clases se refirió como al «pañuelito de la muerte».
[79]SEI De
hecho, se puede demostrar matemáticamente que la probabilidad de que alguien
acierte un punto racional de la recta numérica con un dedo puesto al azar, un
dardo o un protón lanzados de manera aleatoria, o lo que sea, es en todo caso:
0%. [El autor omite aquí la observación de que los susodichos dedo, dardo y
protón deberían tomarse como puntos matemáticamente ideales para que la
afirmación tenga sentido. (N. del t.)].
[80] El
único otro objetivo general de § 3 es lograr cierto grado de reducción y
simplificación que sea lógicamente < absurdo.
[81] Si
en la escuela aprendió que el símbolo viene de la letra griega ómicron (ο), le
mintieron.
[82] Reconocerá
esto último como una definición de álgebra, palabra que es en realidad una
deformación de Al-jabra, un tratado del matemático de Bagdad al-Khwarizmi (m.
< 850 d. C.).
[83]SEI en
la Summa Theologiae y De Potentia Dei (donde, SEI2, que significa
«razonar retroactivamente de los efectos a las causas»).
[84] =
«Contribuciones al estudio de lo transfinito» (1887), que es uno de los
artículos más importantes de Cantor y aparece en las págs. 378-440 de su
Gessamelte Abhandlungen mathematischen und philosophischen Inhalts (= Obras
completas). Lo citamos de un modo tan horriblemente detallado para que de ahora
en adelante entienda por qué no indicamos detalladas citas polisilábicas y
traducciones-de-citas de hasta el último pequeño extracto relacionado con
Cantor. Prácticamente todo lo cantoriano se puede encontrar en Gessamelte
Abhandlungen, obra que recogemos en la Bibliografía.
[85]SEI =
un cálculo primitivo, precartesiano y prenewtoniano, de tipo cien por cien
geométrico. Las epónimas latitudes del método son pequeños segmentos verticales
cuyas longitudes representan la velocidad en un instante (los instantes eran
las «longitudes» de la gráfica). No estoy seguro de si todo esto explica el
nombre de la técnica o solo lo hace más confuso.
[86] Adivine
quién lo consigue.
[87]SEI Viète
no usó las palabras «suma», «serie» o «geométrica», pero eso es lo que eran a
todos los efectos.
[88]SEI Disculpas
por la críptica prosa matemática. Si puede soportarlo, consulte también la obra
de Kepler de 1615 Stereometria doliorum (= Medición del volumen de barriles
[larga historia, donde intervienen el emperador Rodolfo II y la industria
vinícola austriaca]). El método «volumétrico» del libro para determinar
áreas/volúmenes de figuras creadas por curvas en rotación implica tratar los
sólidos como si estuvieran compuestos de n figuras infinitesimales cuyas
extensiones se pueden sumar —de nuevo, mucho antes que Newton y Leibniz—.
[89]SEI Es
verdad, todos los títulos matemáticos de la modernidad temprana suenan como
horribles enfermedades.
[90]SEI hacia
1401-1464, aprox., matemático y cardenal de la Iglesia católica; larga
historia.
[91]SEI Todo
esto se desarrolla con mucho más detalle más adelante, en el clímax de § 7.
[92]SEI De
hecho, la propia razón tiende a ∞ al alejarnos más y más por la
secuencia.
[93] James
Gregory (véase el texto principal justo a continuación) da la primera
definición ampliamente aceptada de función en un libro sobre problemas de
cuadratura solo treinta años después de DNC.
[94] De
las diferencias entre estos tipos de funciones expliquemos solo que las
trascendentes son las realmente complejas: trigonométricas, exponenciales,
logarítmicas, etc. Lo que no podemos dejar sin aclarar es la distinción entre
números algebraicos y trascendentes, que es parte de la amplia taxonomía en la
cual, por supuesto, los enteros + las fracciones son los números racionales,
los racionales + los irracionales son los números reales, un número real más un
número imaginario como √−1 constituye un número complejo, y así sucesivamente.
Dado nuestro objetivo general, no necesitamos tratar con nada más que números
reales, afortunadamente. Pero tenga en cuenta que el componente irracional de
los números reales se compone, a su vez, de dos tipos de números diferentes, o
más bien la distinción racional o irracional se superpone en cierto modo con
otra distinción, entre números algebraicos y trascendentes. La diferencia se
vuelve importante cuando llegamos a las demostraciones de Cantor sobre los
diferentes tamaños de los ∞ de diferentes «clases numéricas». Así pues, un
número es algebraico si es raíz de un polinomio con coeficientes enteros. Por
ejemplo, √8 es un número algebraico porque es la solución de la ecuación 1 x 2
− 8 = 0. (En realidad, los números enteros, los racionales, e incluso los
complejos también pueden ser algebraicos, por ejemplo, las respectivas
soluciones de 2x − 14 = 0, 2x − 7 = 0, y 3 x 2 − 2x + 1 = 0, pero en términos
de Cantor/Dedekind/continuidad solo tenemos que esclarecer la cuestión de los
irracionales). Los números trascendentes, pues, son aquellos que no son
algebraicos, es decir, que no pueden ser raíces de polinomios con coeficientes
enteros; π es un irracional trascendente, y también el número e, la base del
logaritmo natural/hiperbólico (no se preocupe si el término no le resulta
familiar).
[95]SEI «Función»
era la alternativa de Leibniz al extraño «fluxión» de Newton. Y, como ocurrió
en muchos otros casos con la terminología, el término de Leibniz se convirtió
en el favorito. Curiosidad: Leibniz también introdujo «constante» y «variable».
[96]SEI La
solución presentada es en realidad para la paradoja de Aquiles y la tortuga,
pero viene a ser lo mismo.
[97]SEI Esta
es la razón por la cual el cálculo anglicano depende en gran medida de las
series infinitas y del teorema del binomio. Véase § 4a más adelante.
[98]SEI Este
cambio queda simbolizado por la evolución de la trigonometría, pasando de los
grados y las formas geométricas a los radianes y las funciones trigonométricas.
[99]SEI Aquí
el coloso dominante es, obviamente, Newton…
[100] N.
B. Tenga en cuenta, especialmente para después, que las teorías de Weierstrass,
Dedekind y Cantor sobre los números reales y la continuidad suelen conocerse en
los libros de texto como la topología de la recta real.
[101]SEI por
supuesto, estrictamente hablando los conjuntos son entes poscantorianos, pero
qué le vamos a hacer…
[102]SEI Es
decir, si usted representa
[103]SEI Lo
de la «aproximación» en realidad es técnicamente erróneo, tal como se explicará
con algo de detalle cuando empecemos a hablar del análisis weierstrassiano en §
5e. La idea, aquí en G. E. I, es explicar los límites de un modo intuitivamente
claro, no matemáticamente riguroso.
[104] ¡Uy!
2: véase Desarrollo más adelante.
[105]SEI o
sea, por un 0 inferiormente y por un 1 superiormente, para comprobar lo cual
está usted invitado a dar valores a x.
[106] N.
B. Observe, por favor, que, a grandes rasgos, las cotas y el ser no acotado
funcionan del mismo modo para los conjuntos y para las sucesiones. Esto
empezará a ser importante en § 7, momento en el que probablemente se le pedirá
que retroceda aquí y repase esta misma nota.
[107]SEI Más
materiales para futura recuperación: en caso de que se le haya ocurrido
preguntarse si el ∞ que corona la suma denota un límite real o un final o, de
hecho, más bien la ausencia de cualquier límite/final, sepa que esta cuestión
es altamente significativa y llega hasta el corazón de lo que
Weierstrass/Dedekind/Cantor fueron capaces de hacer por el análisis (respecto a
lo cual no se pierda el apartado Análisis). Si, por otro lado, se está
preguntando qué visión tenían en realidad los matemáticos anteriores a
Weierstrass de estos ∞ a los que sus x y sus n se «aproximaban», la respuesta
básica es que relegaron esas cantidades infinitamente grandes/pequeñas a la
misma existencia vaga, nebulosa, del infinito potencial de Aristóteles. La idea
es que el verdadero estatus matemático/metafísico de los infinitos de los
límites nunca tiene que considerarse, porque en realidad nada llega jamás allí.
Si esto le choca como algo sospechoso, entonces ya se encuentra en situación de
comprender por qué Weierstrass pensaba que debía ponerse rigor a todo el
asunto.
[108] Maldición.
Muy bien. La verdad estricta es más complicada que eso, e involucra los límites
de sucesiones de sumas parciales, donde una suma parcial = la suma de un número
finito de términos consecutivos de una serie. La idea básica es que si la sucesión
infinita de sus sumas parciales tiende a algún límite S, entonces una serie
infinita es convergente y su suma es S. Y que una serie divergente es una cuya
sucesión de sumas parciales no se aproxima a un límite, y por lo tanto no tiene
una suma finita. Todo lo cual resulta demasiado abstracto en este punto, pero
con un poco de suerte tendrá más sentido hacia el final de § 5.
[109]SEI No
nos vamos a preocupar de términos asociados como producto continuo y producto
oscilante.
[110] SEI donde
el factorial 2! significa 2 × 1, 4! significa 4 × 3 × 2 × 1, etc.
[111]SEI estudiadas
habitualmente con la denominación de análisis armónico.
[112]SEI Si
por casualidad está usted volviendo a este apartado desde § 5b y dándose cuenta
de que esta serie de Fourier no se parece a la original de Fourier vista en la
presentación, sepa que ambas son realmente la misma. Es solo que la forma
anterior clarifica cómo la serie de Fourier contiene y combina dos series
trigonométricas diferentes, las cuales —si no estaba usted regresando— serán a
su vez más comprensibles cuando se definan las series trigonométricas en G. E.
II. Nos disculpamos si esto resulta confuso: lo estamos haciendo lo mejor que
podemos.
[113]SEI Si
no tiene usted conocimientos de matemáticas superiores, esta definición tendrá
más sentido cuando veamos el cálculo clásico en § 4a.
[114]SEI Que
fue definido de facto justo al final de § 3a.
[115]SEI Respecto
a lo cual, de nuevo, véase lo que viene inmediatamente después y § 4 algo
después.
[116]SEI =
«Demostración Puramente Analítica…». El título entero tiene una longitud de
veintidós palabras y usted no quiere verlo.
[117] La
demostración específica es que los polinomios algebraicos son continuos, lo
cual es menos relevante que las conexiones entre el hecho de que una función
sea continua en un intervalo y que una serie/sucesión de funciones sea
convergente en un intervalo. Estas conexiones empiezan a volverse realmente
importantes en § 5.
[118] Para
adelantarnos todavía más: en § 5e se analizará con cierta extensión una
importante hipótesis de Bolzano acerca de sucesiones infinitas y puntos límite,
una hipótesis que Weierstrass también redescubrió y demostró, aunque respecto a
esto la historia fue amable con Bernard Bolzano y nombró este resultado teorema
de Bolzano-Weierstrass, el cual resulta ser importante para la teoría de
Dedekind de los números irracionales. (Para su información, no hay ninguna
indicación de que Weierstrass plagiara a Bolzano ni nada parecido. Este tipo de
descubrimientos paralelos se producen a menudo en las matemáticas).
[119] Concretamente
su Paradoxien des Unendlichen de 1851, que ni siquiera estuvo disponible en
inglés (como Paradoxes of the Infinite) hasta 1950.
[120]SEI Véase,
por ejemplo, la versión inglesa de la obra de Cantor «Foundations of the Theory
of Manifolds», que está en la Bibliografía en el apartado de Artículos y
Ensayos.
[121] Como
veremos en § 7, la mayor parte de la teoría formal de conjuntos es trivial si
se supone que solo existen los conjuntos finitos.
[122] Como
Cantor, Bolzano tiene un don para elaborar demostraciones simples, y con
imágenes convincentes, de proposiciones muy abstractas.
[123]SEI Véase
§ 7d, o, si está regresando desde § 7d, ahora puede ver por qué aquí entramos
con tanto detalle en esta equivalencia.
[124] Es
decir; que el diámetro es el propio intervalo [0, 1]. (SEI La
longitud del arco hemisférico será obviamente, pero esto no nos preocupa
realmente).
[125] Esto
incluye a Cantor en algunas de sus declaraciones menos cautelosas o
equilibradas.
[126]SEI Una
vez más, todo eso se define y analiza en § 7.
[127] Decisión
del Alto Mando: vamos a dejar de decir «véase más adelante» todo el rato y a
suponer simplemente que de aquí en adelante resultará obvio cuándo es oportuno.
[128]SEI Como
se ha mencionado, aquí el objetivo retórico es preparar la discusión para que
no sea grotescamente reduccionista pero a la vez sea lo bastante clara y simple
para que se pueda seguir incluso si usted no estudió matemáticas superiores. Es
cierto que estaría bien si las hubiera estudiado, pero, por favor, tenga por
seguro que se han hecho considerables esfuerzos y se ha pasado por muchas
fatigas para que no sea necesario.
[129] De
hecho hubo una gran disputa en las matemáticas europeas acerca del verdadero
inventor; en concreto, acerca de si Leibniz, cuyo primer artículo relacionado
con el cálculo es de 1674, había plagiado a Newton, cuyo De analysi per
aequationes numero terminorum infinitas circulaba privadamente en 1669.
[130] Disculpas
por esta terrible sintaxis: no hay una manera fina de comprimir a Roberval.
[131] Por
ello, intentar resolver la cuestión de la autoría diciendo que Newton inventó
el cálculo diferencial, y Leibniz, el cálculo integral (como a algunos
profesores de matemáticas les gusta hacer), lleva a confusión y es erróneo. Lo
importante es que Newton y Leibniz entendieron que el problema de las tangentes
(= velocidad instantánea) y el problema de las cuadraturas (= áreas bajo
curvas) eran dos aspectos de un mismo problema más amplio (= el de la
continuidad) y, por lo tanto, se podían tratar mediante el mismo método
general. La única razón por la que Newton y Leibniz son inmortales de las
matemáticas es que no separaron el cálculo del modo en que lo hacen los cursos
introductorios. [Esta última afirmación del autor es quizás exagerada, puesto
que Newton y Leibniz hicieron otras importantes contribuciones a la ciencia, la
técnica y la filosofía, las cuales eran más que suficientes para garantizar la
inmortalidad a ambos. Véase sin ir más lejos la nota siguiente. (N. del t.)].
[132] Siendo
por supuesto Leibniz, como Descartes, un importante filósofo, de cuya ontología
puede haber oído términos como «sustancia individual», «transcreación»,
«identidad de indiscernibles» y «mónada sin ventanas».
[133]SEI Algo
de lo que sigue puede enturbiar un poco la vista de tan abstracto, pero será
más fácil de entender dentro de poco, cuando veamos un ejemplo sencillo.
[134] Seguramente
todos detestamos ese tipo de personas.
[135]SEI O
sea, las mónadas mencionadas tres notas al pie antes.
[136]SEI Incluso
funciones involucradas en problemas de áreas.
[137]SEI Entre
otros leibnizismos están «cálculo diferencial», «cálculo integral», «dx» y el
signo integral de toda la vida, «∫», del cual podemos decir (curiosidad
gorisiana) que originalmente Leibniz quería que fuera una S alargada para
denotar «la suma de las [coordenadas y] bajo una curva» = (Boyer, pág. 403).
[138] N.
B. sobre posible SEI: si tiene mucha preparación matemática, puede
omitir la siguiente presentación y sus correspondientes comentarios, puede que
las simplificaciones no valgan la pena.
[139]SEI Para
lectores con mucha preparación que a pesar de todo no han omitido todo esto
pero ya se están dando cuenta de que la Figura 4a se parece a una ilustración
muy simplificada del «cociente de diferencias» de Leibniz, y quizá se están
preguntando por qué no seguimos adelante sin más y hacemos su famoso triángulo
característico, la respuesta es que usar el T. C. haría que la explicación del
problema se comiera más de SEIs páginas y sometiera a todos a un
exceso de detalle de cálculo que al final no resultaría importante.
[140] De
nuevo, si la Figura 4a se trata como un problema de tasa de cambio, t es un
instante infinitesimal. (SEI Si se ha encontrado usted con el
término algo pasado de moda cálculo infinitesimal en relación con el cálculo
clásico, ahora puede ver que el término proviene de la infinita pequeñez de
cantidades/duraciones como t).
[141] N.
B. Según Leibniz, eso es precisamente lo que son los infinitesimales: criaturas
extrañas con las que podemos hacer esto. Véase, por ejemplo, este extracto de
una carta a John Wallis hacia 1690: «Es útil considerar cantidades
infinitamente pequeñas tales que cuando se busca su razón, puedan no ser
consideradas cero pero que sean despreciadas tan pronto como se presenten
acompañadas de cantidades incomparablemente mayores. Así, si tenemos x + [t],
[t] es despreciado. Pero eso es distinto si buscamos la diferencia entre x +
[t] y x…» (Leibniz extractado a partir de Kline, pág. 384).
[142] Una
analogía incluso mejor podría ser el caso de un científico experimental que
amañara sus datos para confirmar la hipótesis que desea confirmar.
[143]SEI Los
ejemplos de Newton en D. A. eran más liosos y dependían más del teorema del
binomio, donde una equivalencia como z = r x n (donde r es
una constante y la n puede ser una fracción o incluso
negativa) se puede desarrollar para demostrar que la tasa de cambio de r x n siempre
será = nr x n−1. Esto es lo que permite la cadena
teóricamente infinita de derivadas sucesivas en las matemáticas superiores. Por
ejemplo, la 1ª derivada de, por ejemplo, y = x4 es 4 x 3; la 2ª
derivada es 12 x 2, y así sucesivamente, de modo que se puede hallar cualquier
derivada n-ésima mediante la razón, aunque en el cálculo básico
habitualmente no se va mucho más allá de la 2ª derivada.
[144] Observe,
sin embargo, que se tienen que usar el mismo tipo de prácticas dudosas en este
cálculo: (1) = (2), que es = (3), punto en el que se supone que t ≠
0 y se divide para obtener: (4) 2x+ t, donde se supone
que t = 0 y se desprecia para obtener: (5) 2x.
[145] O
se puede obtener el mismo resultado tratando z como equivalente a todos los
efectos a y en la ecuación (6) de la deducción original.
[146]SEI Tal
como lo articuló Leibniz por primera vez en 1686.
[147]SEI Por
esto, los silabófilos llaman a la integración antidiferenciación.
[148] En
este contexto, realmente el método de los límites es un truco de contabilidad
metafísica que convierte la infinitud/infinitesimalidad en una característica
del proceso de cálculo más que de las cantidades calculadas. Como debería ser
evidente a estas alturas, las leyes normales de la aritmética no funcionan con
cantidades de tipo ∞ o infinitésimo, pero al restringirse básicamente a sumas
parciales durante el 99% de las operaciones, el cálculo basado en límites
permite aplicar esas reglas. Luego, una vez el cálculo básico se ha completado,
se «toma el límite» y se deja que t o dx o lo que sea «se aproxime a 0», y se
extrapola el resultado. En términos pedagógicos, al estudiante de matemáticas
se le pide que suponga que ciertas cantidades son finitas y estables para los
propósitos del cálculo, pero luego transformables y pequeñas hasta desvanecerse
en la etapa de los verdaderos resultados. Esta contorsión intelectual hace que
el cálculo no solo parezca difícil, sino extraña e innecesariamente difícil, lo
cual es una de las razones por las que el cálculo es una asignatura tan temida.
[149]SEI (y
quizá no sea buena idea mencionarlo). Hay, de hecho, una manera no trivial de
decir lo mismo, pero involucra el análisis no estándar, inventado por un tal
Abraham Robinson en la década de 1970 y pretende dar rigor a los
infinitesimales en el análisis mediante el uso de los números hiperreales, los
cuales a su vez básicamente combinan los números reales y los transfinitos
cantónanos. Esto significa que es todo extremadamente teórico-conjuntista y
Cantor-dependiente, además de controvertido, y salvajemente técnico, y mucho
más allá de los límites de esta discusión… pero parece que para ser rigurosos
debemos por lo menos mencionarlo, y quizá recomendar, atendiendo a cualquier
ardiente interés por parte de usted, la obra del profesor Abraham Robinson Nonstandard
Analysis, Princeton U. Press, 1996.
[150] Esto
probablemente necesita ser explicado en lugar de solo repetido una y otra vez.
En el cálculo clásico, la continuidad es tratada esencialmente como una
propiedad de las funciones: una función es continua en algún punto p si y solo
si es diferenciable en p. Por ello será tan importante el hallazgo de Bolzano y
Weierstrass en el siglo XIX de aquellas funciones continuas pero no
diferenciables, y por esta razón la teoría de la continuidad en el análisis
moderno es ahora mucho más complicada.
[151]SEI Esto
quiere decir principalmente los dos J. Bernoulli y el hijo de J. D., además de
Guillaume Fraçois Antoine, marqués de l'Hôpital, que fue mecenas de uno de los
J. (es difícil no hacerse un lío con los Bernoulli), todos los cuales
florecieron más o menos a principios del siglo XVIII.
[152]SEI =
principalmente los británicos Edmund Halley, Brook Taylor y Colins MacLaurin,
también a principios del siglo XVIII.
[153]SEI Resulta
que el obispo George Berkeley (1685-1753, importante filósofo empirista y
apologeta cristiano; y un destacado adicto al pleonasmo) hizo una famosa
crítica del cálculo clásico justo en esta línea en un tratado del siglo XVIII
cuyo título de 64 (sí, 64) palabras empieza con «El Analista…». Sigue un
extracto representativo: «Nada es más fácil que concebir expresiones o
notaciones para las fluxiones e infinitesimales […] Pero si quitamos el velo y
miramos debajo, si, dejando a un lado las expresiones, nos ponemos atentamente
a considerar las cosas mismas que se supone que son expresadas o indicadas de
ese modo, vamos a descubrir mucha vacuidad, oscuridad y confusión; es más, si
no yerro, imposibilidades y contradicciones directas». La invectiva de Berkeley
es en cierto modo la revancha del cristianismo contra Galileo y la ciencia
moderna (y en realidad es muy divertido de leer con sus excentricidades, aunque
esto no tiene nada que ver). Su argumento general es que las matemáticas del
siglo XVIII, a pesar de sus pretensiones deductivas, en realidad descansan
sobre la fe no menos que la religión, es decir, que «[A]quel que puede asimilar
una segunda o tercera fluxión, una segunda o tercera [derivada], no necesita, a
mi parecer, ser remilgado con aspecto alguno de la divinidad» (Berkeley en
Works, v. 4, págs. 68-69)• Por otro lado, Jean le Rond d'Alembert (1717-1783,
gran matemático poscálculo e intelectual todoterreno, y además uno de los
primeros proponentes de la idea según la cual «la verdadera metafísica del
cálculo debe hallarse en la idea de límite») objeta a los infinitesimales, en
los términos estrictamente lógicos de la LTE, en su famosa Encyclopédie que
coeditó con Diderot en la década de 1760, como en, por ejemplo: «Una cantidad
es algo o nada; si es algo, todavía no se ha desvanecido; si no es nada, se ha
desvanecido literalmente. La suposición de que hay un estado intermedio entre
esos dos es una quimera» (D'Alembert, Encyclopédie. Traducción semiextractada y
editada a partir de Boyer, pág. 450).
[154] La
paradoja de la flecha, como la dicotomía, se discute en el Libro VI de la
Física de Aristóteles; también aparece en forma fragmentaria en Vidas y
opiniones de Diógenes Laercio.
[155]SEI No
hace falta decir que es algo dudosa la compatibilidad de esta afirmación con
las objeciones de Aristóteles a la dicotomía, basadas en series temporales, que
vimos en § 2b. Hay modos de reconciliar los dos argumentos de Aristóteles, pero
son muy complicados, y < 100% convincentes; y de todos modos se trata de
duros asuntos de erudición aristotélica muy lejos de nuestro recorrido.
[156]SEI Puede
revisar la llamada de atención de § 2a sobre la diferencia entre aplicar
fórmulas y resolver verdaderamente los problemas, que aquí es plenamente
oportuna.
[157]SEI Respecto
a la objeción de D'Alembert a los infinitesimales en la reciente nota 27, es
precisamente esta tercera posibilidad lo que resta solidez a su argumento.
[158]SEI Este
es un bonito ejemplo de un caso en que un poco de pensamiento abstracto
madrugador horizontal realmente da buen resultado. Una vez estamos levantados y
usando nuestras palabras, es casi imposible pensar acerca de lo que significan
realmente.
[159]SEI Observe,
por favor, que no es en absoluto lo mismo que la objeción de Aristóteles a
«¿Está la flecha […] instante t?». Lo que él piensa que es realmente
incoherente es la idea de la premisa (2) de que el tiempo puede estar compuesto
de instantes infinitesimales, que es un argumento sobre la continuidad
temporal, bajo cuya interpretación la paradoja de la flecha se puede resolver
con una simple fórmula de cálculo. Como probablemente ha empezado a ver,
Aristóteles consigue de algún modo estar grandiosa y sobrecogedoramente
equivocado, siempre y en todas partes, cuando se trata del ∞.
[160] (no
0)
[161] Solución
que, aunque 100% técnica, por lo menos tiene la ventaja de reconocer que el
movimiento-en-un-instante es un concepto que siempre involucra más de un
instante (poco más que una ligera reformulación de Sainsbury, pág. 21).
[162]SEI Como
veremos en § 5, básicamente lo que hace Weierstrass es hallar una manera de
definir los límites de un modo que elimine lo de «tiende a» o «se aproxima
gradualmente». Se había demostrado que expresiones como esas eran vulnerables a
confusiones, al estilo de Zenón, acerca del espacio y el tiempo (por ejemplo,
«¿se aproxima desde dónde?», «¿cuán rápido?», etc.), además de ser, en general,
rebuscadas.
[163] Este
es el problema, y el motivo por el que la relación entre los infinitesimales y
la divisibilidad al estilo de Zenón es de algún modo como la relación entre la
quimioterapia y el cáncer. La dificultad con cantidades que son menores que
1/2, 1/4, 1/8, 1/16, 1/32, 1/n, pero, aun así, mayores que o es que no
se puede llegar a ellas dividiendo una y otra vez, del mismo modo que no se
puede llegar a un número transfinito sumando o multiplicando números finitos. ∞
y 1/∞ están exentos de todas las paradojas de subdivisión infinita y expansión…
aunque, en cierto sentido, son la misma encarnación de dichas paradojas. O sea,
que todo el asunto es pero que muy raro.
[164] En
el sentido de intervalo en el tiempo, en el espacio o en la recta real; los
tres son terreno de la continuidad.
[165] Si
pegamos «pero más» detrás de cada predicado, los últimos tres párrafos de § 3 b
también se pueden aplicar aquí bastante acertadamente.
[166]SEI Esta
dificultad, a pesar de lo que suelen pensar los que han estudiado humanidades,
no es a causa de toda la notación de aspecto pesado que puede intimidarnos
cuando hojeamos un libro de matemáticas superiores. La notación especial del
análisis en realidad solo es una manera muy muy compacta de representar
información. No hay tantos símbolos distintos, y en comparación con el lenguaje
natural es ridículamente fácil de aprender. El problema no es la notación: es
la extrema abstracción y generalidad de la información representada por el
simbolismo lo que hace tan difíciles las matemáticas superiores. Con un poco de
suerte esto se entenderá, porque es cien por cien cierto.
[167]SEI Es
decir, nuevos resultados no solo en las matemáticas ya establecidas, sino en
áreas completamente nuevas de la era poscálculo, incluyendo las ecuaciones
diferenciales, varios tipos de series infinitas, geometría diferencial, teoría
de números, teoría de funciones, geometría proyectiva, cálculo de variaciones,
fracciones continuas, y así sucesivamente.
[168]SEI Observe
que hemos vuelto a lo del árbol.
[169] Véase
en este caso no solo la famosa racionalización de D'Alembert por no tener una
definición rigurosa del concepto de límite, «Simplemente siga adelante, y la fe
vendrá», sino también esta declaración, hacia 1740, de Alexis-Claude Clairaut
(1713-1765, gran fisicomatemático): «[Solía ocurrir que] la geometría, igual
que la lógica, debía basarse en el razonamiento formal para rebatir a los
quisquillosos. Pero ahora es al revés. Todo razonamiento concerniente a lo que
el sentido común conoce de antemano, sirve solo para ocultar la verdad y cansar
al lector y actualmente se desprecia» (Clairaut extractado y editado a partir
de Kline, págs. 618-619).
[170] El
Alto Mando reconoce: francamente, algunas partes del G. E. II van a ser
brutales, y en conjunto esa podría ser la parte más dura de todo el libro, y
aquí mismo expresamos nuestro arrepentimiento. Pero en realidad es mejor
hacerlo todo aquí en un pasaje denso y sin contexto que tener que ir
deteniéndose y dando pequeñas definiciones sin fin, y explicaciones que
interrumpan la descripción del verdadero trabajo de las personas. Se intentó de
las dos maneras, y Mal1 < Mal2.
[171]SEI Este
simbolismo universal para funciones es cortesía del antes mencionado Leonhard
Euler, la gran figura predominante de las matemáticas del siglo XVIII.
[172] =
lo que se conoce académicamente como cálculo multivariable, es decir,
esencialmente las matemáticas de las superficies en el espacio de 3
dimensiones, f(x, y), o de los sólidos en el espacio de 4 dimensiones, f(x, y,
z), etc.
[173]SEI Lo
que sigue era la manera que tenía el doctor Goris de explicar las ecuaciones
diferenciales, que resultaba más clara y significativa que la manera llena de
fórmulas en que suelen presentarse en los cursos de matemáticas superiores.
[174]SEI Curiosidad
gorisiana: el ideograma japonés original para función significaba,
literalmente, «caja para números».
[175] Por
así decirlo.
[176] Larga
historia: por favor, recuerde simplemente que existe algo así.
[177] Todo
esto se puede encontrar en el primer capítulo de la famosa obra de Cauchy
Course d'analyse, por ejemplo, para 1/∞ y ∞: «Una cantidad variable se hace
infinitamente pequeña cuando su valor numérico decrece de forma indefinida de
tal manera que converge al límite 0» (Cauchy, Cours d'analyse algébrique.
Traducción extractada, algo editada, a partir de Kline, pág. 951) y «Una
cantidad variable se hace infinitamente grande cuando su valor numérico crece
de forma indefinida de tal manera que converge al límite ∞» (pero donde, como
indica Kline «∞ significa no una cantidad fija, sino algo indefinidamente
grande»).
[178] Otra
ventaja de pensar en las ecuaciones diferenciales como metafunciones es que,
como las sucesiones/series de funciones son el resultado del desarrollo de las
E. D., en cierto modo tiene sentido suponer que lo que surja de tales
sucesiones/series será una función.
[179]SEI Puede
saber o recordar de las matemáticas superiores que esto no se parece en nada a
la prueba de convergencia general que se enseña hoy. La razón es otra
semiequivocación de Cauchy: resulta que se puede demostrar rigurosamente que su
3C original solo es una condición necesaria de convergencia. Una prueba fiable
de convergencia también debe proporcionar condiciones suficientes (véase la
nota [1.14] y su explicación acerca de condiciones necesarias y suficientes),
para lo cual resulta que se necesita una teoría de los números reales, que no
estará disponible hasta la década de 1870.
[180]SEI Respecto
a las dos últimas, o en clase de astronomía, puede que haya aprendido algo de
la ecuación de onda y de su relación con las funciones de Bessel, que son
soluciones particulares de la ecuación de onda expresadas en un tipo especial
de sistema de coordenadas 3D.
[181] que
por supuesto son, estrictamente hablando, funciones trigonométricas, de modo
que puede usted ver por qué las series trigonométricas son un caso clásico del
tema de series de funciones analizado antes en el apartado Ecuaciones
diferenciales (b).
[182] En
realidad no hará ningún daño volver al G. E. I y repasar el apartado Series de
Fourier otra vez, especialmente lo de las series de Fourier como desarrollos de
funciones periódicas. Por ello, las propias series trigonométricas tienden a
ser periódicas, en el sentido de que básicamente repiten una y otra vez la
misma onda, donde «período» se refiere al tiempo requerido para una oscilación
completa, e y = sen x (alias onda senoidal)
es una función periódica prototípica. (SEI Si resulta que usted
recuerda el término serie oscilante, esa es una cosa totalmente distinta que no
tiene nada que ver, y debería eliminarse de la memoria durante el resto de este
libro).
[183] Larga
historia, que se desarrolla más o menos a lo largo de los siguientes § .
[184] No
pregunte.
[185]SEI Una
función monótona, por otro lado, es una función cuya primera derivada no cambia
de signo +/−, independientemente de si la derivada es continua o no. (Es
bastante seguro que no vamos a tener que tratar con funciones monótonas, aunque
el análisis weierstrassiano tiende a necesitarlo casi todo).
[186]SEI La
forma nominativa inglesa se traduciría directamente como «monotonicidad»
[aunque en español suele usarse simplemente el término «monotonía». (N. del
t.)].
[187] Aquí
quiere decir un punto en el dominio de f(x).
[188] Los
detalles siguientes son SEI.
[189]SEI Esta
es la misma c de la ecuación de onda: se define como «la velocidad de
propagación de la onda» o algo parecido
[190]SEI Por
alguna razón, este es un período de la historia en el que casi todos los
matemáticos importantes son franceses o suizos. El siguiente siglo lo van a
dominar los alemanes. No hay una buena explicación de esto en la literatura.
Quizá las matemáticas son como la geopolítica o los deportes profesionales, con
distintas dinámicas que siempre están desarrollándose y decayendo.
[191] Lo
cual (otra vez, y como el doctor Goris en persona solía repetir y enfatizar
porque decía que si no captábamos esto nunca entenderíamos cómo se relacionaban
el P. C. V. y la ecuación de onda con las series trigonométricas) es lo mismo
que una curva.
[192]SEI 1802-1829;
él y Évariste Galois son los dos grandes prodigios trágicos del siglo; larga,
triste historia; ejerció (Abel) una influencia póstuma especialmente fértil en
Karl Weierstrass.
[193]SEI Curioso
añadido al misterio de la nota 26. Muchos matemáticos franceses preeminentes de
esta época también eran nobles: Laplace un marqués, LaGrange un conde, Cauchy
un barón, y así sucesivamente. Algunos de estos títulos fueron concedidos por
Napoleón I. En todo caso, el de Fourier lo fue: su padre era sastre.
[194] Breve
versión de la historia tras la f(x) discontinua de Fourier: aparentemente,
cuando un cuerpo adquiere calor, su temperatura se distribuye no de manera
uniforme, en el sentido de que partes distintas tienen temperaturas distintas
en momentos distintos. Es en la distribución del calor en lo que Fourier está
realmente interesado.
[195] Es
decir, como área o suma de áreas.
[196] Esta
E. D. parcial se conoce comúnmente como la ecuación de difusión, la cual, como
usted puede observar, se parece a la ecuación de onda. Es precisamente dicho
parecido lo que las series de Fourier pueden explicar, matemáticamente
hablando.
[197] Puesto
que en el G. E. I prometimos apartarnos de los coeficientes de Fourier, las
cinco siguientes líneas de texto están clasificadas como SEI.
[198] Aquí
es mejor pensar en las funciones discontinuas como funciones que no pueden ser
expresadas mediante una única ecuación de tipo «y = f(x)». Véase un
párrafo más adelante en el texto principal.
[199] Expresión
analítica significa básicamente lo de «y = f(x)». Otra manera de
enunciar lo que dice el texto principal es que Fourier interpreta una función
denotativamente, es decir, como un conjunto de correspondencias específicas
entre valores, más que connotativamente como el nombre de la regla que genera
la correspondencia. Lo cual, como veremos en el siguiente §, es una manera muy
moderna de pensar en las funciones.
[200] Realmente
no hay nada que se pueda hacer respecto a la frase anterior excepto
disculparse.
[201]SEI Véase
§ 1d.
[202]SEI Recuerde,
por ejemplo, el truco de Euler con en § 3a, o ya puestos todo el
asunto de la serie de Grandi.
[203] Observación
importante: la última frase de Abel es solo un rodeo para decir «inducción».
[204]SEI Ni
tampoco se puede demostrar dicha equivalencia mediante cálculos, ya que, por
supuesto, tanto √2 como √3 representan decimales infinitos. En la nomenclatura
del análisis, no se puede demostrar que el producto de las sumas de las series
infinitas de esos dos decimales converja hacia la suma correspondiente a √6.
[205]SEI Dicho
trabajo es de Joseph Liouville y de Charles Hermite (más franceses). Respecto a
todo el asunto de algebraico-o-irracional-trascendente, véase o recuérdese la
nota de § 3a. También hay algo más acerca de la demostración de Liouville más
adelante en § 7c.
[206] Otra
cita ejemplar en esa línea es de Eric Temple Bell: «Si Cantor hubiera sido
educado como un ser humano independiente, nunca habría adquirido la tímida
deferencia respecto a los hombres de reputación establecida que hizo desdichada
su vida» (Bell, pág. 560).
[207]SEI Se
cita a menudo otro intercambio de cartas, con todas las rarezas y cursivas sic:
Georg W. → Georg Jr.: «… Acabo con estas palabras: tu padre, o más bien tus
padres y todos los demás miembros de la familia tanto en Alemania como en Rusia
y en Dinamarca tienen sus ojos puestos en ti como el mayor, y esperan que seas
nada menos que un Theodor Schaffer [profesor de G. C. Jr.] y, Dios mediante,
después quizás una brillante estrella en el horizonte de la ciencia». Georg Jr.
→ Georg W.: «… Ahora soy feliz de ver que ya no va a disgustaros que siga mis
propios sentimientos en esta decisión. Tengo la esperanza de que estaréis
orgullosos de mi algún día, querido padre, pues mi alma, todo mi ser vive por
mi vocación; sea lo que sea lo que uno quiere y es capaz de hacer, sea lo que
sea hacia lo que una voz secreta, desconocida [?!] le llama, aquello será lo
que llevará a cabo con éxito! (Dauben, GC, págs. 275-277)».
[208]SEI
Baste decir que las definiciones y resultados de Bolzano acerca de la
continuidad que vimos en §3c se pueden extender, sin más que unos pequeños
ajustes, al concepto de convergencia de una serie.
[209] SEI
del G. E. II, apartado E. D. (b), interpolación.
[210] SEI
Esto es 1826. El contraejemplo específico de Abels es la serie
[211]SEI Prueba
que todavía se usa en la actualidad, y puede que la haya estudiado. Si no lo
hizo, aquí está para que pueda ver el verdadero aspecto de una de esas cosas:
supongamos que cn(x) es una sucesión de funciones en algún intervalo
[a, b]. Si (1) la sucesión se puede reescribir en la forma cn(x) = anfn(x),
y si (2) la serie ∑an es uniformemente convergente, y si (3) fn(x)
es una sucesión monótona decreciente tal que fn−1(x) ≤ fn(x)
para todo n, y si (4) fn(x) es acotada en [a, b], entonces (5) para
todo x en [a, b], la serie ∑cn es uniformemente convergente.
[Si el requisito (2) de que ∑an sea uniformemente convergente
le parece extraño/circular, sepa que un truco habitual de las matemáticas puras
es tomar una propiedad de algo en un caso simple o fácil de demostrar (siendo
∑an la parte más simple, con mucho, de la descomposición de cn(x)
en (1)) y usarlo para demostrar que la misma propiedad se cumple para un ente
mucho más complicado. De hecho, ese mismo truco es clave para la inducción
matemática, una técnica de demostración 100% respetable que hará su aparición
en § 7].
[212]SEI Por
favor, vea o recuerde la nota 15 de §5a.
[213]SEI De
nuevo, también conocidas como puntos excepcionales.
[214]SEI =
1837, en un artículo cuyo encantador título es: «Über die Darstellung ganz
willkürlicher Functionen durch Sinus und Cosinusreihen», cuya traducción viene
a ser «Sobre la representación de funciones completamente arbitrarias mediante
series de senos y cosenos». (Es impresionante cómo los matemáticos de esta
época parece que saben escribir tanto en francés como en alemán, según la
revista a la que envían el artículo).
[215] En
el sentido de que ahora, en el análisis, una función en realidad no es ni una
cosa ni un procedimiento, sino más bien solo una correspondencia entre dos
conjuntos, llamados dominio y recorrido.
[216] Deberíamos
mencionar que Fourier, Cauchy y Dirichlet trabajaban de manera habitual con
funciones de la física matemática, que tienden a ser comparativamente simples y
de buen comportamiento.
[217]SEI Justo
aquí se vislumbra de verdad, por primera vez, cómo el análisis avanzado da
lugar a las matemáticas transfinitas.
[218] Uno
duda de si entrar en esto, pero, de hecho, la versión riemanniana de la
geometría no euclídea —a veces conocida como «geometría diferencial general», y
que se remonta a 1854 (un excelente año para Riemann)— constituye un vector de
explicación completamente distinto de por qué en el siglo XIX se hacen
necesarias las teorías rigurosas sobre los números reales y el ∞. Es
ligeramente tangencial, y brutalmente abstracto, y será mayoritariamente
omitido excepto aquí. De forma muy simplificada, la geometría de Riemann
involucra (a) el plano complejo de Gauss (es decir, una malla cartesiana que
tiene números reales en un eje y números imaginarios en el otro eje) y (b) algo
llamado una esfera de Riemann, que se puede concebir básicamente como un plano
euclidiano 2D curvado en forma de bola y puesto encima del plano complejo. Esta
nota no es técnicamente SEI, pero puede usted detenerse en
cualquier momento. Lo que relaciona la geometría de Riemann con la antes
mencionada geometría proyectiva de Desargues es que cada punto de la esfera de
Riemann tiene una «sombra» en el plano complejo, y las relaciones
trigonométricas creadas por esas sombras resultan ser terriblemente fecundas,
en términos de Por ejemplo, una recta en el plano complejo es la sombra de algo
llamado un círculo máximo en la esfera de Riemann, es decir, un círculo cuya
circunferencia pasa por el polo norte de la esfera de Riemann, polo definido,
literalmente, como «punto del ∞». De hecho, la propia esfera de Riemann se
puede definir como «el plano complejo con un punto en el ∞», algo conocido
también como plano complejo ampliado. El 0 es el polo sur de la esfera de
Riemann, e ∞ y 0, en términos geométrico-diferenciales, son inversos el uno del
otro (porque tomar el inverso de un número en el plano complejo es equivalente
a darle la vuelta a la esfera de Riemann: larga historia). Así que en la
geometría de Riemann, «0 = 1/∞» y «∞ = 1/0» no solo son legales: son teoremas.
Detendremos aquí la discusión específica y esperaremos que tenga sentido a
grandes rasgos. Algo importante que conviene saber: no es ningún accidente que
el símbolo del plano complejo ampliado sea «C∞» mientras que el
símbolo más famoso de Cantor para el conjunto de todos los números reales
(alias el continuo, que como veremos es básicamente el 2º orden matemático de
∞) es «c». Hay todo tipo de conexiones fascinantes entre la geometría
riemanniana y la teoría de conjuntos cantoriana, la mayor parte de las cuales
están desafortunadamente más allá de lo que nos hemos propuesto explicar.
[219]SEI En
esta época, todos los participantes de primera línea en la creación de las
matemáticas transfinitas están vivos, y la mayoría matemáticamente en activo.
En 1854, Riemann tiene veintiocho años; Dedekind, veintitrés; Weierstrass tiene
treinta y nueve; y L. Kronecker, treinta y uno. El todavía no mencionado Heine
tiene treinta y tres. Cantor tiene nueve años y está tocando el violín ante la
atenta mirada de Georg W.
[220]SEI El
largo título de este artículo empieza con «Über die Darstellbarkeit…» (=«Sobre
la representabilidad…»). En realidad era más como una segunda tesis doctoral
que una monografía profesional (larga historia), y los manuscritos circularon
entre los matemáticos hasta que finalmente Dedekind hizo posible su publicación
tras la muerte de Riemann.
[221]SEI Para
los incondicionales y/o con fuerte preparación, o quizá si solo quiere usted
recrearse algo más en la simbología del análisis: Riemann deduce su f(x) tomando
una serie trigonométrica estándar e integrando cada término dos veces, dando:
y
logra demostrar que esta serie trigonométrica es convergente siempre y cuando
se
comporte en cierto modo especial (modo del cual, una vez más, no podemos hablar
por carecer de las herramientas conceptuales adecuadas, pero no son dudosas ni
extrañas, solo muy técnicas).
[222]SEI como
se ha definido en G. E. I.
[223]SEI Más
premoniciones: la primera y la última de estas cuestiones serán lo que el
trabajo temprano del propio Cantor intente contestar, y es dicho trabajo lo que
le lleva al ∞ per se.
[224]SEI Las
partes precedentes aparecen en las págs. 55 y 59.
[225]SEI N.
B. Tenga en cuenta, sin embargo, que las Hochschulen técnicas alemanas eran
instituciones extremadamente autoritarias desde el punto de vista actual, y que
el cálculo y el análisis básico eran asignaturas obligatorias. (Pero los
salarios de los profesores eran legendariamente bajos).
[226] El
estudiante que sí tomó notas a escondidas y a quien se debe principalmente que
ciertas teorías de Weierstrass sobre funciones fueran conocidas fue un tal
Gösta Mittag-Leffler (1846-1927), quien más tarde puso en marcha la famosa
revista especializada Acta Mathematica y publicó el trabajo de Cantor sobre el
∞ cuando la mayoría de las revistas de matemáticas todavía lo consideraban una
locura. Históricamente, Mittag-Leffler es considerado como el segundo
matemático que más correspondencia mantuvo con Cantor, después de Dedekind.
[227]SEI Principalmente,
las integrales elípticas son generalizaciones de funciones trigonométricas
inversas. Tienden a aparecer en todo tipo de problemas físicos, del
electromagnetismo a la gravedad. Si las ve usted en una clase de matemáticas,
habitualmente es en conjunción con Adrien Marie Legendre (otro de los franceses
de principios del siglo XIX), que fue para las integrales elípticas lo que
Fourier para las series trigonométricas, y desarrolló las «integrales elípticas
de Legendre de 1ª, 2ª y 3ª especie». (SEI2 Si,
casualmente, sabe que Riemann también trabajó mucho con las I. E. y ciertas
integrales asociadas en el cálculo de variaciones, sepa que no vamos a entrar
en nada de esto).
[228] Es
casi seguro que en el G. E. I se mencionó que las series de Fourier se pueden
entender como sumas de series de potencias.
[229] Por
razones que se harán evidentes, esta definición tan tecnificada no es SEI.
[230] El
Alto Mando reconoce: lo que sigue va a ser mucho menos formal/riguroso que la
explicación del propio doctor Goris acerca de la definición. Buscamos una
explicación que resulte comprensible al máximo en términos del vocabulario y
los conceptos desarrollados hasta ahora en el libro.
[231] Hablando
100% técnicamente, la definición de Weierstrass «para cada … existe … tal que»
en realidad está formulando una relación de implicación en el cálculo de
predicados de primer orden, que es una lógica de un tipo más elaborado que usa
cuantificadores como ∀ y ∃. Excepto por uno o dos comentarios en §
7, sin embargo, este libro no entra en el cálculo de predicados, de modo que
aquí estamos simbolizando la relación entre los ε y δ de la definición como una
conjunción lógica. Para nuestros propósitos de dar demostraciones ilustrativas
eso será suficiente: los valores «cierto»/«falso» relevantes resultan ser los
mismos.
[232]SEI Curiosidad:
esta técnica de Weierstrass resulta tan significativa que una gran cantidad de
demostraciones posteriores en el análisis y la teoría de números usan la
formulación «Para cada ε, existe un…», para la cual el llamativo término (en
inglés) es epsilontic proof («demostración epsilóntica»).
[233]SEI Su
prueba de convergencia uniforme, conocida como prueba M de Weierstrass, todavía
se enseña en las clases de análisis.
[234] Por
ejemplo, una serie de Fourier.
[235]SEI Curiosidad
histórica: la contribución de Weierstrass a este teorema en realidad es parte
de su intento infructuoso de definir los números irracionales: véase § 6a más
adelante.
[236] Esencialmente,
esto consiste en reformular el concepto de convergencia hacia un límite en
términos de conjuntos de puntos e intervalos de la R. R. Ejemplo de Shaughan
Lavine: «1 es un punto límite del conjunto {0, ½, 3/4, 7/8,
K}. Intuitivamente uno ve que los elementos del conjunto se aglomeran junto a
1» (semiextractado de Lavine, pág. 38). Admitimos que no es una definición
totalmente rigurosa de punto límite, pero ciertamente es lo relevante. Observe
aquí también que el punto límite de una sucesión infinita es un punto tal que
cada intervalo a su alrededor contiene un número infinito de términos de la
sucesión: o sea, que funciona más o menos del mismo modo, lo cual resultará
relevante en § 7a.
[237]SEI Una
consecuencia directa del teorema de Bolzano es algo habitualmente llamado el
teorema de los valores intermedios (T. V. I.), que es una pieza básica de la
teoría de funciones y dice esencialmente que si una f(x) es
continua en [a, b] y tal que f(a) = A y f(b) =
B, entonces f(x) toma todos los valores posibles
entre A y B. Si definimos la función continua
como f(x) = 2x, [a, b] como [0, 1] y [A, B]
como [0, 2], entonces puede usted ver que un primer ejemplo del T. V. I. es la
demostración de Bolzano en § 3c acerca de la correspondencia uno a uno entre
[0, 1] y [0, 2]. A su vez, esto podría aclarar por qué el teorema de Bolzano
requiere una teoría de los números reales, pues «todos los posibles valores
entre A y B» no van a ser una cantidad que podamos verificar contando.
[238]SEI También
en lo del G. E. I acerca de Límites y cotas.
[239]SEI Ciertamente,
en lo que respecta al mundo real, es el paradigma de una función.
[240] Lo
que sigue es, de nuevo, muy informal, y hecho a medida para trabajar con los
conceptos de lógica y matemáticas que hemos preparado hasta ahora. (SEI Una
respuesta 100% rigurosa pondría en práctica la definición weierstrassiana del
límite de una sucesión infinita, que es una forma algo diferente de
demostración epsilóntica, y hemos decidido no dedicar otra interpolación a
desarrollar eso. Para lo que pretendemos hacer, la definición del límite de una
función funcionará perfectamente).
[241] En
el sentido de que n «va hacia» el ∞ igual que la sucesión de enteros 1, 2, 3,…
(SEI ¿Hemos mencionado antes en § 2 el asombroso parecido entre la
dicotomía revisada y la propiedad de exhaustación de Eudoxo?)
[242] Como
quizá ya sabe, este adjetivo viene de «orden», y número ordinal significa el
1.er número, el 2º número, el 3er número, etc., a diferencia de
los números cardinales 1, 2, 3, etc. En otras palabras, la ordinalidad
concierne a dónde está el número en una secuencia dada más que a qué es. La
distinción cardinal-ordinal resulta tener una mastodóntica importancia en la
teoría de conjuntos cantoriana, respecto a lo cual véase como pequeño adelanto
lo que dice Russell: «En su teoría [del ∞], es necesario tratar de manera
separada los cardinales y los ordinales, los cuales son mucho más distintos en
sus propiedades cuando son transfinitos que cuando son finitos» (Russell,
Principies of Mathematics, pág. 304).
[243]SEI Esto,
por supuesto, es lo mismo que demostrar que 0 es el límite de 1/2n
cuando n = 1, 2, 3,… Usamos la función 1 - 1/2n para
una máxima claridad respecto a la dicotomía.
[244] El
primer matemático en indicar esto: el profesor Georg Cantor.
[245]SEI Extraña
curiosidad: casi todos tos grandes filósofos de la historia fueron solteros
toda su vida. Heidegger es la única verdadera excepción. En el caso de tos
grandes matemáticos hay más o menos un 50% de casados, aún por debajo de la
media de la población. No hay registro de una explicación concienzuda: puede
elaborar usted sus hipótesis.
[246]SEI =
«Stetigkeit und irrationale Zahlen», cuya traducción al inglés está en la obra
de Dedekind Essays on the Theory of Numbers. Véase la Bibliografía. (Observemos
también aquí que, a pesar de su profundidad, el artículo de Dedekind es claro y
accesible y raramente requiere nada más que matemáticas de bachillerato. En
esto no es como tos materiales de Cantor, que tienden a ser casi medusianos en
su lenguaje y simbolismo).
[247] Weierstrass,
por otro lado, estaba interesado principalmente en la continuidad desde la
perspectiva de las funciones, la cual en definitiva depende de la continuidad
aritmética (como indica Kline al principio de § 6a) pero sigue siendo harina de
otro costal.
[248] En
caso de que parezca circular o cuestionable que Dedekind use la recta numérica
geométrica para una teoría no geométrica de la continuidad, sepa que la R. N.
es soto un recurso ilustrativo, y que más adelante, en Continuidad y números
irracionales, lo abandonará y hablará de «cualquier sistema ordenado» de
números. Incluso al introducir la recta, Dedekind subraya que: «[S]erá
necesario indicar claramente las propiedades puramente aritméticas
correspondientes para evitar incluso la apariencia de que la aritmética esté
necesitada de ideas ajenas a ella» Dedekind, pág. 5 (sintaxis sic).
[249]SEI Este
artículo, aparecido en la década de 1880, consiste íntegramente en 171 teoremas
y demostraciones + 1 «Comentario Final». Aquí mismo le ahorramos el título en
alemán. La versión inglesa es la otra mitad del libro Essays mencionado en la
nota 3 anterior.
[250] =
del alemán Gedankenwelt, literalmente «mundo del pensamiento».
[251] En
el sentido matemático, aunque en la demostración no está claro si el «sistema
infinito» S de Dedekind está representado como un ente estrictamente matemático
o como un ente más general del tipo de una «forma» platónica, lo cual es otro
problema de este argumento.
[252]SEI Quizá
recuerde que la demostración de § 2e, basada en q + ½(p - q),
para ver que entre dos puntos racionales siempre hay un tercero, involucraba
distancias en la recta numérica, lo cual podría parecer un poco circular en el
presente contexto. En este caso, aquí está una fórmula 100% aritmética para
encontrar el valor medio. Tome dos números racionales expresados como
fracciones con denominador común y numeradores sucesivos, por ejemplo, 41/77 y 42/77,
y doble los cuatro números que intervienen. Así se crea automáticamente espacio
para un número entero entre los nuevos numeradores, puesto que ahora
tenemos 82/154 y 84/154,
de modo que podemos insertar el valor medio 83/154.
[253]SEI Un
algoritmo que encontrarán divertido las personas que encuentran divertido este
tipo de cosas: cualquier número racional expresado en forma decimal finita o
periódica se puede poner en forma fraccionaria p/q mediante
(a) la multiplicación del decimal por 10n, donde n = el
número de dígitos en el período del decimal (por ejemplo, el período de
0,111111… tiene un solo dígito y es 1; el período de 876,9567567567567… tiene
tres dígitos y son 567), después (b) la sustracción del decimal original de la
cantidad obtenida en (a), después (c) la división del resultado por (10"−
1), y después (d) la simplificación del resultado eliminando los posibles
factores comunes. Ejemplo: x = 1,24242424…, luego n − 2; luego
10n = 100.
Así, x =
123/99, que simplificando da: x = 41/33.
[254] El
verbo que usa aquí el propio Dedekind es geschnitten (n. = schnitt), que parece
poder denotar cualquier cosa desde rebanar hasta partir: una palabra muy
concreta y física, y bastante más divertida de pronunciar que «corte».
[255]SEI La
traducción al inglés de «Continuidad y números irracionales» usa «classes»
(esp. «clases»), que era el término matemático original para los conjuntos.
Cantor, Russell y demás tienden a decir «clase», aunque en realidad Cantor a
veces también usa palabras que se pueden traducir como «multiplicidad»,
«variedad» o «agregado». Decisión del Alto Mando: de aquí en adelante solo
vamos a usar «conjunto».
[256]SEI Si
está regresando desde capítulos posteriores, observe lo mucho que se parece
esto al material cantoriano, en § 7c y posteriores, acerca de los órdenes de
los conjuntos infinitos.
[257]SEI El
verdadero ejemplo de Dedekind en «C. y N. I.» es más abstracto y usa el hecho
de que si D es un entero positivo que no es el cuadrado de ningún entero,
entonces existe un entero positivo λ tal que λ2 < D < (λ
+ 1)2, lo cual ahora resulta ser un teorema básico de la teoría de
números. Dedekind quiere una demostración totalmente abstracta y general porque
su verdadero objetivo es: «demostrar que existe una infinidad de cortes no
producidos por números racionales». Su propia demostración, sin embargo,
resulta demasiado compleja y con demasiada teoría de números para nuestros
propósitos, así que solo usaremos √2 y le pediremos que confíe en que este
resultado se puede ampliar para cubrir todos los irracionales (que puede).
[258]SEI Vea
o recuerde la demostración de la incomensurabilidad de D/S
[259]SEI De
aquí la definición de número irracional que daba el doctor Goris en clase:
«schnitt sandwich», que obviamente tenía mucho éxito entre los adolescentes.
[260] Respecto
a la pág. 191: que los puntos de la recta real pueden ponerse en
correspondencia uno a uno con el conjunto de todos los números reales es lo que
ahora se conoce como el axioma de Cantor-Dedekind.
[261]SEI En
el lenguaje de la lógica, una disyunción es verdadera si por lo menos uno de
sus términos es verdadero.
[262] Este
es el término de Dedekind para las magnitudes geométricas.
[263] glups
[264]SEI Una
diferencia, relacionada con esto, entre Eudoxo y Dedekind es la concepción que
tienen de los conjuntos infinitos de sus respectivas teorías. Recuerde de § 2d
que la propiedad de exhaustación de Eudoxo involucra conjuntos infinitos en el
sentido de secuencias infinitas de restos-de-sustracciones, excepto, por
supuesto, que aquí las sustracciones son a partir de magnitudes geométricas y
el ∞ es solo potencial. Recuerde, por ejemplo, de la pág. 88, la Propiedad I
del Libro X de los Elementos:
[265] El
otro gran relato apócrifo sobre Kronecker concierne a su reacción cuando
Ferdinand Lindemann demostró en 1882 que π era un irracional trascendente
(demostración que finalmente clavó una estaca en el corazón del viejo problema
griego de la cuadratura del círculo). Según el relato, en un congreso,
Kronecker se dirigió espontáneamente a Lindemann y dijo, muy seriamente: «¿De
qué sirve su adorable demostración sobre π? ¿Por qué malgastar su tiempo con
problemas como este, si los irracionales ni siquiera existen?» (semiextractado
de Kline, pág. 1.198). No hay constancia de la reacción de Lindemann. Perfil
rápido de Leopold Kronecker l'homme: fechas de nacimiento y muerte ya dadas.
Uno de los muy escasos matemáticos de primera fila que también fue un gran hombre
de negocios. Kronecker hace tal fortuna en operaciones bancarias que a la edad
de treinta años puede retirarse y dedicar su vida a las matemáticas puras. Se
convierte en profesor en la Universidad de Berlín, el Harvard de Alemania,
donde también había sido un alumno estrella. Desde el punto de vista de su
investigación, es principalmente un algebrista, siendo su especialidad los
cuerpos de números algebraicos, que son una larga historia. También lo es su
más famoso descubrimiento, la función delta de Kronecker, que en cierto modo
anticipa las matemáticas binarias de la digitalización moderna. Un buen
gimnasta y alpinista, Kronecker no mide más de 1,65 m, es ágil y muscular,
siempre inmaculadamente peinado, vestido y arreglado. Lo de los 1,65 m no es broma.
De modales corteses, aparentemente, aunque es una verdadera piraña en las
matemáticas y la política académica. Muy activo y bien relacionado en toda la
comunidad matemática, el tipo de colega que más vale no tener como enemigo
porque está en todos los comités y consejos editoriales posibles. Principal
aliado: el teórico de números Erns Eduard Kummer. Principal enemigo pre-Cantor:
el antes mencionado, alto, arrugado, flegmático Karl Weierstrass. Las
descripciones de los debates entre Kronecker y Weierstrass a menudo evocan la
imagen de un chihuahua rabioso persiguiendo a un dogo. Motivos de la antipatía:
(1) La especialidad de Weierstrass son las funciones continuas, que Kronecker
considera ilusorias y perversas; (2) Kronecker cree que el programa de Weierstrass
de aritmetización del análisis se queda muy corto. Gran sueño de Kronecker:
basar todo el análisis en los enteros. La ontología matemática
ultraconservadora de Kronecker se considera ahora como la precursora del
intuicionismo y el constructivismo, aunque no tuvo otros adherentes hasta
Poincaré y Brouwer, todo lo cual se desarrolla extensamente en § 7.
[266]SEI Al
doctor Goris le gustaba decir que Weierstrass, Dedekind y Cantor formaban su
propia serie convergente especial, donde por turnos cada uno proporcionaba a
los demás justo lo que necesitaban para que sus avances fueran viables.
[267] Hay,
no hace falta decirlo, matemáticos de finales del siglo XIX para los que nada
de esto resulta convincente. Kronecker es solo uno de ellos.
[268] =
algo así como «Sobre la extensión de una proposición de la teoría de series
trigonométricas», que es el primer artículo importante de Cantor y ocupará
buena parte de los dos siguientes § .
[269]SEI Curiosidad
gorisiana: Brunswick es más conocido por su inexplicablemente popular sándwich
Braunschweiger, que es un poco como paté que se ha dejado solidificar en la
punta del pie de una vieja zapatilla de gimnasia. En nuestra clase (para
obtener puntos extra), durante la lección sobre Dedekind y Cantor, todo el
mundo estaba invitado a probar un poco, encima de una galleta salada.
[270] Algo
más relevante para nosotros es que la teoría de Cantor de los irracionales
simplemente no es tan buena como la de Dedekind. Esta última es más simple y
más elegante y (bastante irónicamente) hace mejor uso de los conjuntos de tipo.
[271]SEI Probablemente
notará algunas notables similitudes entre el material sobre fracciones
decimales y lo explicado en § 5e(1) sobre la aproximación de números racionales
mediante series de potencias convergentes de otros racionales. En cualquier
caso, concedamos una vez más que si buscáramos el rigor técnico más que la
comprensión general, todos estos tipos de conexiones se seguirían/discutirían a
fondo, aunque, por supuesto, entonces el libro entero sería mucho más largo y
difícil, y el nivel requerido de preparación-y-paciencia-del-lector, mucho más
alto. O sea, que es una serie continua de compromisos.
[272]SEI Seguramente
es innecesario insistir una vez más en que una serie es solo un tipo particular
de sucesión.
[273]SEI Si
ha notado el parecido de esto con la condición de convergencia de Cauchy de §
5a (véase G. E. II, Ecuaciones diferenciales (b)), puede entender por qué
Cantor no dice que la secuencia de a define un número real si y solo si
converge de esa manera, sino meramente si converge.
[274] Naturalmente,
esto solo es cuestión de notación. En el verdadero «Über […] Reihen», Cantor
sigue el programa de Weierstrass y evita «tiende a»/«se aproxima a»,
prefiriendo el bueno y viejo pequeño épsilon; así, técnicamente, el límite de
la secuencia se define mediante la regla de que para cualquier ε dado, no más
de un número finito de términos sucesivos de la sucesión pueden dejar de
diferir entre sí en un valor m tal que m < ε.
[275]SEI Es
decir, si la sucesión tiene un comportamiento constante a partir de cierto
punto, y a partir de entonces todos sus términos tienen exactamente el mismo
valor, la sucesión define dicho valor.
[276] Infinitas,
de hecho, aunque la demostración es demasiado elaborada para que entremos en
ella.
[277] De
nuevo, cuestión de notación. Lo mismo respecto al final de la frase.
[278] de
nuevo, fuera de cuadro: desarrollarlo costaría varias páginas y otro glosario
de emergencia entero. Vamos a dedicar un tiempo más que suficiente a las
demostraciones formales de Cantor sobre ∞ en § 7, de todos modos.
[279]SEI Algunos
historiadores de las matemáticas usan «constructivismo» para referirse también
al intuicionismo, o viceversa, y a veces, operacionalismo para referirse a
ambos —además está el convencionalismo, que es a la vez similar y algo
distinto—, es decir, que puede resultar todo extremadamente complicado y
desagradable. Por ello, de aquí en adelante, vamos a clasificar las diversas
escuelas e ideologías de la manera más simple que sea posible. (Por favor,
observe también que de toda la controversia intuicionista no vamos a discutir
nada más que lo directamente relevante para nuestra misión. Para los lectores
especialmente interesados en el debate metamatemático que empieza con Kronecker
y termina con las demoliciones de fundamentos por Gödel en la década de 1930,
nos complace recomendar la obra editada por Paolo Mancuso From Brouwer to
Hilbert, también Introduction to Metamathematics de Stephen C. Kleene, y/o
Philosophy of Mathematics and Natural Science de Hermann Weyl; todos ellos
están en la Bibliografía).
[280] Aquí
hay una interesante coincidencia lingüística en la idea kroneckeroide de
demostración constructiva. Aparte de tener connotaciones literales como «que
involucra una construcción real», la palabra «constructivo» puede significar
«no destructivo». Como algo positivo más que negativo, edificante más que
rupturista. El principal tipo de demostración destructiva resulta ser la
reducción al absurdo; y, ciertamente, el constructivismo no considera la
reducción al absurdo como un procedimiento de demostración válido. La verdadera
razón, sin embargo, es que la reducción al absurdo depende en términos lógicos
de la ley del tercero excluido, en virtud de la cual (como recordará de § 1c)
toda proposición de tipo matemático es, formalmente hablando, o bien verdadera,
o bien falsa. Los constructivistas (en especial el seco y extremadamente
excéntrico Luitzen Brouwer) rechazan la LTE como un axioma formal,
principalmente porque la LTE no se puede demostrar constructivamente; es decir,
no existe formulación alguna de un procedimiento de decisión mediante el cual
se pueda verificar, para cualquier proposición P, si P es verdadera o falsa.
Además, hay todo tipo de hipótesis matemáticas importantes —por ejemplo, la
conjetura de Goldbach, la irracionalidad de la constante de Euler, y la
hipótesis del continuo del propio Cantor— que o bien no se pueden demostrar
todavía, o bien se puede demostrar que son indemostrables sin la LTE. Etc.
[Observe, SEI, que por estrafalario o fundamentalista que pueda
sonar el constructivismo, no está desprovisto de influencia y valor. El énfasis
de dicho movimiento en los procedimientos de decisión fue importante para el
advenimiento de la lógica matemática y el diseño de ordenadores, y su rechazo
de la LTE es en parte motivo de que el intuicionismo se considere como el
antecedente de la lógica multivaluada, incluyendo la lógica difusa hoy tan
vital para la inteligencia artificial, la genética, los sistemas no lineales,
etc. (SE muy I respecto a esto último, los lectores con cierta hipertrofia de preparación
matemática y mucho tiempo disponible deberían ver la obra de Klir y Yuan Fuzzy
Sets and Fuzzy Logic: Theory and Applications, cuyos datos también están en la
Bibliografía)].
[281] Aunque,
para ser justos, en realidad no es su terreno.
[282]SEI Hay
más detalle/contexto acerca de esa definición más adelante, en § 7a. Por ahora,
un buen ejemplo de un conjunto sería el conjunto de todos los números
irracionales, especialmente tras ver a Dedekind explicar un procedimiento muy
definido para determinar si cualquier número dado es irracional o no.
[283]SEI Más
específicamente en ecuaciones indeterminadas y formas ternarias, temas de
teoría de números algebraica en los que Kronecker está interesado. (¿Hemos
mencionado que Kronecker fue el director de tesis de Cantor? ¿Y que es habitual
que los jóvenes matemáticos trabajen en problemas propuestos por su director de
tesis? Véase también la inminente explicación sobre la continuación por Cantor
de la demostración de Heine).
[284]SEI El
sistema académico alemán del siglo XIX es bastante indescifrable.
[285]SEI =
un tipo particular de ecuación diferencial parcial que quizá recuerde de las
matemáticas de segundo curso de carrera, probablemente en el contexto del
teorema de Green.
[286] Lo
cual, como quizá recuerde del G. E. II, de su apartado Convergencia Uniforme y
secretos asociados, significa que la f(x) que la serie representa (= suma)
tiene que ser continua. ( SEI La verdadera demostración de
Heine requiere que la serie y la función sean uniformemente convergentes y
continuas «casi en cualquier punto», lo cual implica distinciones tan finas que
podemos ignorarlas sin distorsión alguna).
[287]SEI Es
decir, el mismo artículo en el que, como vimos en § 6e, presenta su teoría de
los números reales (y cuyo título probablemente ahora resultará más
comprensible).
[288]SEI Véase
el apartado Convergencia uniforme y los secretos asociados, del G. E. II,
sección (d) en lo que respecta a puntos excepcionales, los cuales, recuerde por
favor otra vez, también pueden llamarse «discontinuidades». (N. B.: En algunas
clases de matemáticas también se usa el término singularidad, lo cual es a la
vez confuso e intrigante, pues dicho término también se refiere a los agujeros
negros, que en cierto sentido es lo que las discontinuidades son).
[289] Es
importante recordar, en toda esta sección, que para nosotros son la misma cosa.
[290] Véase
§ 5e, el texto de la pág. 178 y la nota 72.
[291] C.f.
Cantor, justo al principio de «Sobre la extensión […] series» afirma: «A todo
número le corresponde un determinado punto de la recta, cuya coordenada es
igual a ese número» (Cantor, Gessamelte Abhandlungen, p. 97. Traducción
extractada a partir de Dauben, GC, pág. 40).
[292] ¿Hemos
indicado ya en algún lugar que esas extrañas llaves que parecen el contorno de
una persona, { }, son lo que se pone alrededor de las cosas para indicar que
forman un conjunto matemático?
[293] Es
decir, que no es integrable término a término de tal modo que el resultado sea
convergente.
[294]SEI Evidentemente
aquí es donde Kronecker fue especialmente de ayuda.
[295] Y
claramente, si una representación en serie acaba resultando demostrablemente
idéntica a la serie representativa original de la f(x), entonces esa serie
original es la representación única de la función. Así es básicamente como
funciona el teorema de unicidad: no es que solo haya una serie que represente
una función dada, sino más bien que todas las series que sí la representan son
demostrablemente equivalentes.
[296]SEI Si
el siguiente par de párrafos le resultan muy difíciles, por favor, no se
desanime. La verdad es que la ruta de Cantor hacia la teoría del ∞ es mucho más
dura, matemáticamente, que la teoría misma. Todo lo que necesita adquirir usted
en realidad es una cierta comprensión de cómo el teorema de unicidad conduce a
Cantor a las matemáticas transfinitas. La parte más compleja terminará
enseguida.
[297] Véase,
por ejemplo, Joseph W. Dauben sobre la demostración de 1872: «Cantor subrayó,
sin embargo, que los números en esos varios dominios [conjuntos derivados] se
mantenían enteramente independientes de esta identificación geométrica, y el
isomorfismo servía, en realidad, como una ayuda para pensar en los números
mismos» (ibíd.). Se dará cuenta de que esta actitud es más o menos idéntica a
la de Dedekind en «Continuidad y números irracionales».
[298] Una
cuestión previa: necesitamos trazar una distinción entre dos diferentes tipos
de teoría de conjuntos de los que podría usted saber algo. Lo que se llama
teoría de conjuntos de puntos se refiere a conjuntos cuyos elementos son
números, puntos espaciales o de la recta real, o varios grupos/sistemas de
estos mismos. La teoría de conjuntos de puntos es hoy muy importante para, por
ejemplo, la teoría de funciones y topología analítica. Por otro lado, la teoría
de conjuntos abstracta se denomina así porque la naturaleza y/o los elementos
de sus conjuntos no están especificados. Es decir, que concierne a conjuntos de
prácticamente cualquier cosa; es totalmente general y no específica: por eso se
llama «abstracta». De aquí en adelante, «teoría de conjuntos» se referirá a la
teoría de conjuntos abstracta, a menos que se indique lo contrario. Lo
complicado es que Cantor, cuya fama se debe realmente a ser el autor de la
teoría de conjuntos abstracta, obviamente puso en marcha (y básicamente
inventó) el tipo de conjunto de puntos. En realidad, hasta la década de 1890 no
proporciona la definición de conjunto que ahora caracteriza la teoría de
conjuntos abstracta: «Una colección, como un todo, de objetos distintos y
definidos de nuestra intuición o pensamiento, [los cuales] se llaman los
elementos del conjunto» (traducción extractada a partir de Edwards, v. 7, pág.
420), pero todos sus resultados significativos en las décadas de 1870 y 1880
sobre conjuntos de puntos también son válidos para la teoría de conjuntos abstracta.
Además, por favor, observe finalmente, respecto a la anterior definición de
Cantor en comparación con lo que vimos en § 6f, que su «definido» significa que
para algún conjunto S y cualquier objeto x, es por lo menos, en principio,
posible determinar si x es un miembro de S (si ha estudiado mucha lógica, quizá
recuerde que esa característica de los sistemas formales se llama
decidibilidad). En cambio, el «distinto» de su definición significa que para
dos elementos cualesquiera x e y de S, x ≠ y, lo cual sirve formalmente para
distinguir un conjunto de una sucesión, puesto que en las sucesiones un mismo
término puede aparecer una y otra vez.
[299] No
hace falta decir que todo esto está muy condensado; no es que estuviera en su
despacho y en un momento dado tuviera una singular epifanía en la que se lo
ocurrieran todas esas cosas.
[300]SEI Algunas
obras académicas de primera categoría (en inglés) son The Theory of Sets and
Transfinite Arithmetic de Alexander Abian, Cantonan Set Theory and Limitation
of Size de Michael Hallett, y Georg Cantor: His Mathematics and Philosophy of
the Infinite de Joseph W. Dauben, todos los cuales figuran en la Bibliografía.
La salvedad, sin embargo, es que en este caso «académico» significa
despiadadamente denso y técnico. En particular, el libro de Dauben requiere
tantos conocimientos de matemáticas puras que es difícil imaginar que cualquier
lector capaz de disfrutarlo pierda su tiempo con el librito que tiene en sus
manos… por lo cual esta misma nota tiende a autoanularse, ya que en cierto modo
carece de interés.
[301]SEI Estas
últimas en relación con la lógica extensional de George Boole (1815-1864), del
cual es una vergüenza que no vayamos a hablar.
[302]SEI Es
más exacto decir que la parte más importante de su trabajo original lo realiza
entre 1874 y 1884, y que los artículos de la siguiente década son
principalmente ampliaciones y revisiones de demostraciones previas, así como
réplicas a objeciones de otros matemáticos.
[303] Por
favor, tenga en cuenta que mientras inventaba estas cosas Cantor no procedía
axiomáticamente: basó la mayor parte de ello en lo que llamaba «imágenes», o
conceptos en bruto. Además, a pesar del uso masivo de símbolos, la mayoría de
sus argumentaciones eran en lenguaje natural, y no precisamente en un lenguaje
rígidamente claro de calibre russelliano, tampoco. Lo importante es que el
trabajo original de Cantor es algo más difuso y complicado que las matemáticas
transfinitas que vamos a discutir, que usan axiomatizaciones y codificaciones
aportadas por teóricos de conjuntos poscantorianos como Ernst Zermelo, Abraham
A. Fraenkel y Thoralf Skolem (no es que los nombres importen mucho aún en este
§ ).
[304]SEI Aunque
obviamente todo se puede encontrar en las publicaciones de Cantor indicadas en
la Bibliografía.
[305]SEI Especialmente
si tiene usted la edad adecuada para que le sometieran a las nuevas
matemáticas.
[306]SEI Las
disculpas y garantías de la nota 14 también son pertinentes para el siguiente
párrafo del texto principal.
[307]SEI =
término usado por Cantor. Por lo que parece, en alemán no tiene las
connotaciones postmortem que tiene para nosotros.
[308]SEI La
demostración de Cantor de que P' = Q ∪ R es enormemente compleja pero totalmente válida; por favor,
haga un acto de fe.
[309]SEI Observe
que la sucesión de (1) también tiene puntos suspensivos exteriores al
paréntesis, lo cual significa que la sucesión continúa más allá de la
progresión con superíndices finitos. Los puntos suspensivos de (2) son 100%
intraparentéticos porque n misma es infinita. ¿Se entiende?
[310] La
notación que sigue es, por supuesto, SEI, pero por lo menos es
bastante bonita.
[311]SEI En
verdad hay una analogía de los números transfinitos mucho mejor que los
enteros, o sea algún otro tipo de número que en realidad no se puede nombrar ni
contar pero que a pesar de todo se puede generar de forma abstracta, por
ejemplo, dibujando la diagonal del cuadrado unidad, o tomando la raíz cuadrada
de 5, o describiendo unos A y B particulares
dedekindianos y un schnitt intersticial. Respecto a todo lo cual, por favor,
vea o espere la discusión dos párrafos después.
[312]SEI Que
aleph sea una letra hebrea a veces es muy aprovechado por algunos historiadores
en relación a los supuestos orígenes o estudios cabalísticos de Cantor.
Explicaciones más plausibles de que Cantor eligiera ℵ son que (1) quería un
símbolo completamente nuevo para un tipo de número completamente nuevo, y/o,
(2) las letras griegas de toda la vida ya estaban todas ocupadas.
[313]SEI Las
demostraciones de lo cual llegarán a partir de § 7c.
[314]SEI Matemáticamente
hablando.
[315] Aquí
está hablando del método del schnitt de Dedekind, el cual, tras un tiempo
trabajando en el Cantor, prefirió a su propio enfoque, por razones bastante
obvias.
[316] Por
consideraciones de espacio no vamos a entretenernos demasiado en esto, pero
subrayemos una vez más aquí que Cantor es, como Dedekind, un platónico
matemático, es decir, cree que tanto los conjuntos infinitos como los números
transfinitos existen realmente, en un sentido metafísico, y que se «reflejan»
en auténticos infinitos del mundo real, aunque su teoría acerca de esto último
involucra las mónadas leibnizianas y es mejor no entrar en ella. Resulta que
Cantor también desarrolla todo tipo de planteamientos y argumentos teológicos
respecto a algunos concienzudos y poderosos, y otros meramente excéntricos. Aun
así, como matemático y rétorico, Cantor es lo bastante listo para argumentar
que no se necesita aceptar ninguna premisa metafísica particular para admitir a
los conjuntos infinitos o sus números abstractos en el dominio de los conceptos
matemáticos legítimos. Véase, por ejemplo, este pasaje de la obra de Cantor
antes mencionada «Contribuciones…»: «En particular, al introducir nuevos
números, las matemáticas solo están obligadas a dar definiciones de ellos,
mediante las cuales se les confiera tal precisión y, si las circunstancias lo
permiten, tal relación con los antiguos números que, dados los casos, se puedan
distinguir definitivamente los unos de los otros. Tan pronto como un número
satisface todas esas condiciones, puede y debe ser contemplado como existente y
real en matemáticas. Aquí percibo la razón por la que debe considerarse que los
números racionales, irracionales y complejos son tan existentes como los
enteros positivos finitos» (Cantor, Gessamelte Ab., pág. 182). Esta última
frase tan clara es un pequeño guiño a Kronecker. Como el resto es bastante
críptico, Dauben lo resume así: «Para los matemáticos, solo se necesitaba una
prueba: tan pronto como se veía que los elementos de una teoría matemática
cualquiera eran consistentes, entonces eran matemáticamente aceptables. No se
necesitaba nada más» (Dauben, GC, pág. 182).
[317]SEI Aquí
el mejor apoyo es del seguidor de Cantor Abraham A. Fraenkel: «El concepto de
magnitud transfinita es insignificante mientras solo se conozca la existencia
de una única magnitud de ese tipo» (Fraenkel en Edwards, v. 2, págs. 20-21).
[318]SEI En
realidad, más «en conjunción» que «simultáneamente», pues al final resulta que
ambos proyectos tienen todo tipo de relaciones de alto nivel.
[319]SEI Si
alguna vez se ha encontrado con referencias a los cardinales transfinitos de
Cantor, eso es lo que son: los números cardinales de conjuntos infinitos.
[320]SEI La
paradoja de Galileo se sustenta de modo directo aunque encubierto en esta
definición. Véase, por ejemplo, § 1d, pág. 47: «Es también obvio que mientras
todo cuadrado perfecto (o sea 1, 4, 9, 16, 25, …) es un entero, no todo entero
es un cuadrado perfecto».
[321]SEI «Aquí»
= principalmente dos artículos fundacionales en 1874 y 1878, aunque también
dedica mucho tiempo a concretar la idea en sus artículos posteriores, más
discursivos. Si quiere saber el título de la monografía de 1874, es «Über eine
Eigenschaft des Inbegriffes aller reellen algebraischen Zahlen». La traducción
sería algo así como «Sobre una característica del conjunto de todos los números
reales algebraicos».
[322]SEI En
esto, de hecho, consiste contar una colección cualquiera de n cosas: es poner
las cosas en una correspondencia uno a uno con el conjunto de enteros {1, 2,
3,…, n}. La equivalencia de contar y poner en C1-1 con {todos los enteros} es
lo que convirtió a la teoría de conjuntos en la base para enseñar aritmética a
los niños, de acuerdo con las nuevas matemáticas.
[323]SEI N.
B. En la teoría de conjuntos cantoriana numerable está relacionado con contable
pero no es sinónimo. Definición: un conjunto es contable si y solo si es o bien
(a) finito, o bien (b) numerable.
[324] Esto
se llama tradicionalmente aleph-cero.
[325]SEI El
orden solo empieza a ser importante con los ordinales transfinitos de Cantor,
que hacen su aparición en § 7g.
[326]SEI Observe
que estamos empezando a ser capaces de responder a la epigráfica cuestión de
Russell al principio de § 7.
[327] Decisión
del Alto Mando: de aquí en adelante, cuando hablemos de «todos los números»
trataremos solo con valores positivos. Esto incluye a los enteros, pues al fin
y al cabo acabamos de demostrar que la cardinalidad del conjunto de todos los
enteros = la del conjunto de todos los enteros positivos. Además, debería ser
obvio que las demostraciones de Cantor para todos los racionales positivos,
todos los reales positivos, etc., seguirán siendo válidas si los conjuntos
infinitos relevantes se doblan para incluir los valores negativos. Si tiene
dudas, entonces observe que doblar algo es lo mismo que multiplicarlo por 2, y
que 2 es finito, y que —por los teoremas transfinitos (3) y (6) de § 7b—
cualquier ℵ multiplicado por un n finito seguirá siendo = ℵ.
[328]SEI De
nuevo, tenga en cuenta, por favor, que estamos haciendo estas demostraciones en
el orden que facilita una exposición más clara y lógica. N. B. Tenga en cuenta
también que hay algunas distinciones entre cardinales y ordinales que de
momento vamos a eludir.
[329]SEI Lo
que Cantor llama realmente «diagonalización» es su método para demostrar la no
numerabilidad de los reales, que como veremos es bastante diferente.
[330]SEI Si
esta definición esquemática le parece insuficiente y quiere usted una verdadera
C1-1 entre los conjuntos de los racionales y de los enteros, entonces tome
simplemente la fila ordenada que hemos visto y empareje su primer elemento con
1, su segundo elemento con 2, …, y así sucesivamente.
[331]SEI Aquí
quizá pueda usted anticipar algunas complicaciones familiares respecto a cuál
podría ser el primerísimo número real de la sucesión, y para ver por qué
ninguna de las anteriores manipulaciones con los órdenes de las filas
funcionará con los números reales. En este caso, para su tranquilidad, le
informamos ahora de que el famoso axioma de elección (otro lío enmarañado,
véase § 7f) de la teoría de conjuntos, del profesor Zermelo, asegura que
siempre podemos construir un conjunto ordenado de números reales de tal modo
que tenga un auténtico primer elemento. Sería interesante que de momento
simplemente se creyera esto.
[332] Así
que el motivo de que se llame «diagonal» es por lo del primer dígito en la
primera fila, el segundo dígito en la segunda fila, y la construcción de R en
un ángulo de 45°.
[333]SEI Véase
el principio de § 5e.
[334]SEI La
demostración de esta extraña curiosidad, véanse las págs. 91-93 de § 2e, está
claro que ahora se puede liberar del requisito de que todos los pañuelos y
medios pañuelos y mitades de medios pañuelos sean infinitesimalmente pequeños;
solo invocamos la demostración de Weierstrass en § 5e(i) de que
[335]SEI Desde
un punto de vista histórico, el primer resultado acerca de la no numerabilidad
que Cantor pudo realmente demostrar fue que el conjunto de todos los números
trascendentes era no numerable y que el conjunto total de todos los números
racionales + todos los irracionales algebraicos tenía la misma cardinalidad que
el de los racionales. Véase la nota 39 anterior, y el título del artículo de
Cantor de 1874, que ahora debería resultar más comprensible.
[336]SEI =
«Lo veo, pero no me lo creo» (lo cual es un retazo muy conciso, aunque
involuntario, de antiempirismo). No está claro por qué le escribe esto en
francés a un destinatario que también era alemán; podría haber sido un modo de
subrayar la emoción. El alemán académico de Cantor, también, a menudo cambia al
francés o al griego por ninguna razón discernible. Quizás era habitual en su
contexto.
[337] Esta
unicidad es crítica. No se pueden permitir dos expresiones decimales distintas
para representar un mismo punto, porque la idea principal es ver si a cada
punto en particular del cuadrado unidad le corresponde un punto en particular
en el intervalo [o, 1] de la R. R. Ahora debería quedar 100% claro por qué
Cantor necesita estipular que números como deberán ser designados
solo por 0,4999…, y así sucesivamente. Si recuerda que mencionamos esta
estipulación en § 7c, ahora sepa que Dedekind se la sugirió a Cantor en
relación a esta demostración de la dimensión, indicando que la «correspondencia
única» (que era el término original de Dedekind y de Cantor para la C1-1)
quedaría destruida si se permitían a la vez 0,4999… y 0,5000…
[338] INTERPOLACIÓN
TAN SEI QUE NI SIQUIERA ESTÁ EN el texto principal
Técnicamente es algo más complicado, pero no mucho más. La demostración de la
dimensión original de Cantor es, en cierto modo, innecesariamente intrincada.
Supone definir la representación decimal de un punto (x, y) como la serie
convergente β1 + β2 + β3
+… + βn +…, y entonces «separar los términos [de esta
serie]» de modo que para cada miembro se forme una sucesión de «ρ variables
independientes» (Cantor resumido por Dauben, GC, pág. 55) en [0, 1], designadas
por α1 α2 α3, α4, …, αρ.
La «separación» y la subsiguiente correspondencia (así como la operación
recíproca, de modo que la correspondencia α ↔ β funcione en ambos sentidos) se
consigue mediante cuatro ecuaciones, de las cuales la primera tiene este
aspecto: «α1,n = β(n−1)ρ+1». Lo cual puede hacer que la
C1-1 no sea demasiado obvia. El problema de la verdadera demostración (como
explicó en 1979 el imponente doctor Goris) es que la descripción «a1a2a3b1b2b3»
de las coordenadas (x, y) del plano que hemos dado antes resulta un poco simple
porque parece que a y b sean dígitos individuales. Lo que hace realmente la
técnica de Cantor es subdividir x e y en pequeñas tiras de cifras decimales; la
regla es que cada tira termina en la primera cifra distinta de cero que se
encuentre (otro motivo, más técnico, por el que Cantor no puede permitir que
los enteros y los racionales terminen en 0,000…). Así que digamos, por ejemplo,
que x = 0,020093089… y que y = 0,702064101…, en cuyo caso se subdividen en: x =
0,02 009 3 08 9… y = 0,7 02 06 4 1 01… Son estas tiras las que se combinan con
alternadamente para dar la representación decimal única del punto
(x,
y) = 0,02 7 009 02 3 06 08 4 …
Y
aquí los espacios extra son solo a efectos ilustrativos; la auténtica
representación decimal de (x, y) es 0,02700902306084… Por supuesto, esto
también es un número real, concretamente el punto z de [0, 1] que es igual a
0,02700902306084… Y lo ingenioso de jugar con las tiras de este modo es que si
hay algún z' que difiere de z en una sola cifra n posiciones tras la coma (de
los que por supuesto habrá: ∞ z, de hecho), entonces el (x, y) relevante
también será diferente en la tira que contenga esa n-ésima cifra, de modo que
la correspondencia relevante es biunívoca: eso quiere decir que para cada z hay
un único (x, y), y viceversa, o sea que se trata de una genuina C1-1.
[339]SEI (incluida
a insistencia del editor) = el lascivo término para poliedros en 4 o más
dimensiones.
[340]SEI como
se ha mencionado en los § 5b y 5d. (Y en § 5d, por lo menos se habló un poco
del uso en la geometría riemanniana del ∞ y de puntos relacionados con el ∞).
[341] Esto
entra en un área bastante especializada de la teoría de funciones, pero
básicamente correspondencia no continua significa que si usted se mueve
continuamente a lo largo de los puntos de [0, 1] en la R. R., los puntos
correspondientes en el cuadrado unidad no formarán una curva continua, sino que
quedarán esparcidos por todas partes. ( SEI Respecto al
segundo párrafo de § 7d un poco antes, resulta que la suposición de Riemann et
al. estaba equivocada de un modo interesante: la dimensión de un conjunto dado
de puntos depende no solo de cuántas coordenadas por punto hay, ni tampoco de
la cardinalidad de todo el conjunto de puntos, sino también del modo particular
en que los puntos están distribuidos. Esto último es una cuestión de la
topología de conjuntos de puntos, respecto a la cual todo lo que estamos en
situación de decir en este libro es que es otra rama más de las matemáticas que
no existiría sin el trabajo de Cantor sobre el ∞).
[342]SEI fecha
= 1878; título = «Ein Beitrag zur Mannigfaltigkeitslehre», o algo así como «Una
contribución a la teoría de multiplicidades/agregados/conjuntos».
[343]SEI Probablemente
resulta obvio que aquí las «ficciones» de Du Bois-Reymond son específicamente
las representaciones decimales compuestas de (x, y); pero en el contexto más
amplio de su escrito también está hablando de los conjuntos infinitos de puntos
de la R. R. y del C. U. que los decimales representan. (N. B. Exactamente la
misma acusación se podría haber lanzado contra los A y B de la teoría del
schnitt de Dedekind; por alguna razón, Dedekind nunca atrajo la misma
hostilidad que Cantor).
[344] Cantor
a menudo se refiere a esto como la primera clase numérica y la segunda clase
numérica, respectivamente.
[345]SEI Los
libros de texto a menudo formulan esto como un teorema abstracto, por ejemplo,
«Dado cualquier conjunto infinito S, es posible construir otro conjunto
infinito S' con un número cardinal mayor».
[346]SEI Este
principio se conoce en la teoría de conjuntos como el axioma del conjunto
potencia (A.C.P.). Una razón por la que es un axioma es que depende
directamente de las definiciones de «subconjunto» y «conjunto vacío», tal como
resultará evidente enseguida en el texto principal. Sin embargo, hay problemas
con el A.C.P.: véase el § 7f interpolativo más adelante.
[347]SEI Técnicamente,
esto debería escribirse «P(A) = 2A», donde A representa el número cardinal de
A. Habiendo declarado esto para que quede constancia, a partir de ahora lo
escribiremos informalmente, sin más.
[348]SEI Una
vez más, técnicamente sería mejor decir que «∅» es el símbolo de { }, el cual es el conjunto vacío… pero ya se
entiende.
[349]SEI Puede
demostrar que P(A) = 20 también en el caso del conjunto vacío. Si A = ∅, tiene o elementos. Sin embargo, tiene
un subconjunto, o sea ∅,
pues el conjunto vacío es un subconjunto de todo conjunto. O sea, que en este
caso P(A) = 1, que es 20.
[350] Entenderá
esto si recuerda que el contexto general de estas demostraciones es el intento
por parte de Cantor de obtener conjuntos infinitos (también conocidos como
clases numéricas) cuya cardinalidad excediera c.
[351]SEI De
hecho, la de 1891 es en realidad una demostración de que este conjunto potencia
es no contable. Pero recuerde que para que un conjunto sea contable debe ser o
finito o numerable, y es fácil ver que en este caso el conjunto relevante no es
finito. Como el conjunto de todos los enteros {1, 2, 3, 4, 5,…} es, él mismo,
infinito, basta tomar cada elemento individual, ponerlo entre llaves, y darse
cuenta de que {1}, {2), {3), etc., son todos subconjuntos del conjunto de todos
los enteros. Así que el conjunto de todos los subconjuntos no puede ser finito
en modo alguno. O sea, que la verdadera cuestión es si el conjunto potencia es
numerable.
[352]SEI EXTRACTO
DE LA CARTA DEL EDITOR CON PETICIONES ACERCA DE LA VERSIÓN MANUSCRITA DEL
LIBRO: «pág. 250, párrafo tras gráfica de la "Tabla n.º 3"; o sea
que, en otras palabras, sin importar cuántos subconjuntos de E podamos obtener,
¿siempre podemos crear otros nuevos? Si es así, ¿quiere usted que lo digamos
tal cual, soltarlo sin más?», de la respuesta del autor: «No, no queremos decir
algo así, porque sería erróneo. Lo que muestra la Tabla n.º 3 es que sin
importar cuántos infinitos o subconjuntos de E pongamos en la lista, es
demostrable que siempre habrá algunos subconjuntos que no están en la lista.
Esto es, recuerde, lo que "no numerable" significa: que no puede ser
exhaustivamente listado/puesto en fila/puesto en una tabla (y, de nuevo, es por
lo que siempre habrá más irracionales que pañuelos de la muerte en la
demostración del doctor Goris en § 2e: los pañuelos, como los enteros y los
racionales, solo pueden formar un ∞ numerable). Además, la parte de
"siempre podemos crear otros nuevos" es profunda y seriamente,
errónea: no estamos creando nuevos subconjuntos; estamos demostrando que
existen y siempre existirán algunos subconjuntos que ninguna lista o C1-1 con
los enteros podrá capturar. Respecto a "existir", cabe reconocer que
necesita un "en cierto modo" o "sea lo que sea que esto
significa" o algo parecido, pero el lector tendría que ser un
fundamentalista-radical kroneckeriano para creer que lo que estamos haciendo en
esta demostración es realmente crear esos nuevos subconjuntos».
[353]SEI Esto
saca a relucir una cuestión importante. Puede muy bien haber notado el gran
parecido entre la demostración en diagonal de la no numerabilidad de P(E) y la
demostración en diagonal de la no numerabilidad de {todos los números reales}
en § 7c. Y ahora, dado que tanto P(E) como {todos los reales} tienen
cardinalidades > ℵ0, puede muy bien estar preguntándose si el número
cardinal de P(E) es c igual que lo es el de {todos los números reales}. En cuyo
caso, usted habrá formulado, por sí mismo, una versión de uno de los problemas
más profundos de la teoría de conjuntos cantoriana, el cual se analiza
extensamente en § 7g. Lo importante es que está 100% acertado al preguntarse
sobre la relación entre P(E) y c, pero espere.
[354]SEI, es
decir, que B es también P(A), pero para esta demostración es más fácil si
olvida usted todo el asunto del conjunto potencia.
[355]SEI a
veces conocida también como la paradoja de Euclides para distinguirla de la
variante de Epiménides «Todos los cretenses son mentirosos» —larga historia—.
[356]SEI 1906-1978,
el absoluto Príncipe de las Tinieblas de las matemáticas modernas, ya se ha
hecho referencia a él en § 1a y en otras partes.
[357]SEI Sabemos,
por ejemplo, que se la explicó a David Hilbert, y se menciona por lo menos en
una de las cartas de Cantor a Dedekind. Observe ahora, de cara a más adelante,
que hay otra paradoja con la que también se encontró y tampoco publicó, que hoy
se conoce como la paradoja de Burali-Forti y tiene que ver con los ordinales
transfinitos, que como se ha mencionado también están al llegar.
[358]SEI Lo
de Frege y Russell es una historia larga pero muy apreciada por los
historiadores de las matemáticas, y muy fácil de encontrar en otra parte. (N.
B. La antinomia de Russell también se conoce como la paradoja de Russell, pero
resulta cansino decir «paradoja» una y otra vez).
[359]SEI Una
vez más, es algo más complicado. Lo que la antinomia de Russell explota
realmente es un axioma poco sólido de la teoría de conjuntos temprana llamado
(no es broma) el principio de abstracción ilimitada (P. A. I.), que a todos los
efectos afirma que toda característica/condición concebible determina un
conjunto; es decir, que dada cualquier propiedad concebible, existe un conjunto
de todas las entidades que poseen dicha propiedad. Tres rápidos comentarios
acerca del P. A. I. (1) Observe su intrigante parecido con el argumento de
Platón del Uno Sobre Muchos de § 2a. (2) Pronto debería ser evidente en el
texto principal por qué el P. A. I. es defectuoso y da lugar a la antinomia de
Russell. (3) Por favor, retenga neocorticalmente durante solo unas páginas el
hecho de que el sistema de axiomas de Zermelo-Fraenkel-Skolem para la teoría de
conjuntos enmienda el P. A. I. con el principio de abstracción limitada (P. A.
L.), el cual sostiene que dada cualquier propiedad p y un conjunto S, podemos
formar el conjunto de todos los elementos de S que tienen p.
[360]SEI El
resto del texto principal de este párrafo lo puede omitir usted si ya puede ver
cómo funciona la paradoja simplemente a partir de «¿Es N un conjunto normal?».
(SEI2 Russell también tiene una manera famosa de
presentar su antinomia en lenguaje natural, a saber: imagine un barbero que
solo afeita a los que no se afeitan a sí mismos; entonces, ¿se afeita el
barbero a sí mismo?).
[361]SEI En
esta oposición a Poincaré se le asocia a menudo con los especialistas en
conjuntos de puntos finitos Félix Édouard Borel y Henri Léon Lebesgue, y así en
la metafísica de las matemáticas este trío es a veces conocido como la Escuela
antiplatónica.
[362] Algo
muy parecido a la caracterización griega del ∞ como to apeiron.
[363]SEI Aquí
está uno que quizá ya haya usted anticipado: si alguna propiedad es
impredicativa si se aplica a sí misma —digamos, por ejemplo, la propiedad de
ser expresable en lenguaje natural, o correctamente deletreado, o abstracto—
entonces podemos llamar a una propiedad «predicativa» si no se aplica a sí
misma. Pero entonces, esa propiedad de ser predicativa, ¿es predicativa o
impredicativa?
[364]SEI Sí:
ahora estamos volviendo de nuevo a las cuestiones de existencia abstracta y
denotación planteadas en § 1.
[365]SEI Si
cree que puede ver al fantasma del Tercer Hombre de Aristóteles flotando encima
de la teoría de tipos, no se equivoca. Muchos de los problemas fundacionales de
la teoría de conjuntos acaban remontándose a la metafísica griega.
[366]SEI N.
B. Observe también que los argumentos de Russell respecto a la conexión entre
la tipología metafísica de entidades/abstracciones y la tipología semántica de
entidades/enunciados/metaenunciados son largos y complejos, pero están allí: no
es que lo postule todo a partir de la nada.
[367]SEI Las
subsiguientes extensiones y modificaciones de la teoría de tipos russelliana,
por lógicos como Ramsey y Tarski, son tan horripilantemente complicadas y
confusas que, si saca usted el tema, la mayoría de los matemáticos harán como
si ni siquiera le oyeran.
[368]SEI Es
decir, el segundo de los 10 Principales Problemas no Resueltos que Hilbert
presentó en el 2.º C. I. M. en el año 1900 como problemas cruciales para las
matemáticas que debían resolverse durante el inminente siglo; otra muy larga
historia que puede encontrar en cualquier buen compendio de historia de las
matemáticas. (SEI2 Si le enseñaron o ha leído que en
realidad había 23 Problemas de Hilbert, la verdad es que Hilbert presentó una
lista del 1 al 10 en su discurso de París y del 1 al 23 en la versión escrita
publicada en 1902).
[369] Compare
esta ontología formalista con la visión del intuicionismo de que: «[L]os
objetos matemáticos son entidades mentales que no existen de manera
independiente de nuestra capacidad para proporcionar una demostración de su
existencia en un número finito de pasos» (Nelson, pág. 229). Puede ver que
ambas visiones no son para nada disímiles, especialmente en su rechazo de la
idea de que las matemáticas tengan algo que ver con la realidad extramental,
aunque tras el criterio intuicionista del «número finito de pasos» está la
intención específica de proscribir entidades como los irracionales y los
conjuntos infinitos con los que Poincaré y Brouwer, igual que Kronecker antes
de ellos, tenían problemas metafísicos (no solo de procedimiento). (SEI La
manera del doctor Goris de contrastar ambas escuelas era decir que el
intuicionismo era taimado mientras que el formalismo era más bien simplemente
excéntrico).
[370]SEI véase
§ 1c.
[371] Estos
improperios ya deberían estar en un G. E. III a estas alturas. Son términos de
lógica, de la teoría de modelos. Un sistema es completo si y solo si todas y
cada una de las proposiciones verdaderas se pueden deducir como un teorema; es
consistente si no incluye ni implica contradicción alguna. Hay también un
tercer criterio, antes brevemente mencionado, llamado decidibilidad, que
concierne a si hay un procedimiento/algoritmo para determinar, para cualquier
proposición bien formada del sistema, si es o no verdadera (es decir, si es un
teorema). Los tres criterios están obviamente interconectados, pero también
tienen diferencias importantes, y un sistema formal deductivamente inmaculado
se supone que satisface las tres… respecto a lo cual, a grandes rasgos, Gödel
demostró que ningún sistema significativamente potente podía, por lo cual se le
conoce como el Príncipe Tenebroso, y por ello las matemáticas han estado en el
aire durante los últimos setenta años.
[372]SEI Fechas:
1871-1953. Artículo principal: «Investigaciones de los fundamentos de la teoría
de conjuntos» (1908). Principal colaborador: Abraham Fraenkel, quien es también
el primer biógrafo de Cantor.
[373] Paradojas
de las que ahora muchos matemáticos profesionales no se preocupan demasiado
durante su trabajo del día a día; no mucho más de lo que nosotros nos
preocupamos de si el suelo se hundirá bajo nuestros pies cuando nos levantemos
de la cama.
[374] Probablemente
más que «independiente» sería mejor decir «conceptualmente anterior a» o
«subyacente» a las matemáticas per se. La idea tras la T. A. C. es que como la
teoría de conjuntos es la rama más abstracta y primitiva de las matemáticas,
sirve como fundamento para los conceptos matemáticos más básicos, como
«número», «función», «orden», etc. Aunque toda la cuestión se complica mucho
—particularmente las cuestiones acerca de la relación de la teoría de conjuntos
con la lógica simbólica y sobre cuál es el verdadero fundamento de las
matemáticas— es, sin embargo, cierto que tanto Gottlob Frege como Giuseppe
Peano, las dos figuras más importantes en la fundamentación de la aritmética,
definen los números y las operaciones matemáticas básicas en términos de la
teoría de conjuntos.
[375]SEI =
o bien una función o algún predicado en lenguaje natural que tenga sentido para
todos los elementos de S (donde «que tenga sentido» significa básicamente que
el predicado es algo definitivamente verificable como cierto o falso para
cualquier elemento del conjunto, como «es azul» o «pesa más de 28,7 gramos» en
contraste con «es adorable» o «tiene gusto de pollo»).
[376] Usar
este símbolo en una frase así, tal cual, es la manera llamativa de decir
«elemento de S»
[377] Así,
un corolario obvio del P. A. I. es: los conjuntos infinitos existen.
[378]SEI Este
es otro punto donde no está claro exactamente qué lectores sabrán o recordarán
lo que se está omitiendo. Si no está familiarizado con los postulados de Peano
y le gustaría estarlo, invierta 45 segundos en lo siguiente: los postulados de
Peano son los cinco axiomas básicos de la teoría de números; permiten deducir
toda la sucesión infinita de los enteros positivos a partir de solo dos
conceptos primitivos, que son (a) «es un entero», y (b) «es sucesor de». En
lenguaje natural, los postulados son: (1) 1 es un entero; (2) Si x es un
entero, el sucesor de x es un entero; (3) 1 no es sucesor de ningún entero; (4)
Si los sucesores de dos números x e y son iguales, entonces x = y; (5) Si un
conjunto E contiene 1, y si, para cualquier entero x de E, el sucesor de x está
en E, entonces todo entero está en E. Por qué exactamente el postulado (5) es
la autoridad axiomática tras la demostración por inducción matemática es algo
que queda claro mediante una formulación alternativa, que sería más o menos
así: (5) Si P es cierta propiedad, y si 1 tiene P, y si cuando un entero x
tiene P, el sucesor de x tiene P, entonces todos los enteros tienen P. (SEI2 Curiosidad
gorisiana: Aunque Peano merece un 100% de reconocimiento por introducir todo
tipo de cosas importantes en la teoría de números y en la teoría de conjuntos
(como los símbolos estándar ∈, ∩
y ∪),
sus epónimos postulados son un caso claro de los caprichos de la fama
matemática, pues axiomas equivalentes a los postulados (1)-(5) habían aparecido
en la obra de Dedekind Naturaleza y significado de los números por lo menos dos
años antes que en la obra de Peano Arithmetices Principia Nova Methode
Expósita)
[379]SEI No
nos preocuparemos mucho de los productos cartesianos (P. C.) excepto para decir
(1) que son un tipo específico de unión inter-conjuntos que involucra «pares
ordenados», los cuales en sí mismos son toda una saga; y (2) que los P. C. son
un ejemplo del importante principio de preservación de la homogeneidad, en el
sentido de que si dos conjuntos A y B comparten ciertas características
especiales, su producto cartesiano (A × B) también tendrá dichas
características (por ejemplo, si A y B son conjuntos de puntos y comparten la
característica de ser un espacio topológico, su P. C. también será un espacio
topológico).
[380]SEI Aquí
«producto cartesiano» específicamente significa (inspiración profunda) «el
conjunto de solo aquellos subconjuntos de la unión de todos los elementos de S
tal que cada uno (= cada subconjunto) contiene exactamente un elemento de cada
conjunto de S». Este tipo de cosa es solo para que tenga una muestra del
embriagador aroma de la auténtica T. A. C.
[381]SEI Cualquier
libro decente sobre lógica matemática o teoría de conjuntos incluye un capítulo
entero sobre el A. E. y su relación con otros seductores conceptos como el
axioma multiplicativo de Russell, el lema de Zorn, el principio de tricotomía,
el principio maximal de Hausdorff y (no es broma) el lema del elemento máximo
de Teichmüller-Tukey.
[382]SEI un
americano (!) al cual estamos a punto de ver en acción respecto al tema de la
hipótesis del continuo, justo a continuación.
[383]SEI El
historial de demostraciones relacionadas con el A. E. es —sorpresa— una muy
larga historia; lo importante queda resumido en el siguiente extracto de la
obra de Mendelson de 1979 Introduction to Mathematical Logic (y donde la
segunda frase es de un tono muy acalorado para tratarse de un lógico): «El
estatus del axioma de elección se ha hecho menos controvertido en años
recientes. Para la mayoría de los matemáticos parece bastante plausible y tiene
tantas aplicaciones importantes en prácticamente todas las ramas de las
matemáticas que no aceptarlo parecería restringir deliberadamente la actividad
práctica del matemático (Mendelson, pág. 213)».
[384]SEI Si
quiere ver el axioma de regularidad simbólicamente desnudo al 100%, es (∀S)[(S ≠ ∅→ (∃x)((x
∈ S)
& (x ∩ S = ∅))],
en el cual los únicos símbolos no familiares podrían ser los cuantificadores
del cálculo de predicados «∀S»
(que significa «Para todo S…») y «∃x» (que significa «Existe por lo menos un x tal que…»; donde el
significado de «existe» es matemático/teórico-conjuntista [donde, claro está,
se supone que este tipo de existencia es distinto de otro(s) tipo(s)])
(extractado de Mendelson, pág. 213, con modificaciones menores en el
simbolismo).
[385] Estas
tienen que ver principalmente con cuantas interpretaciones válidas diferentes
puede tener un sistema de axiomas (siendo modelo el término elegante para
designar una interpretación específica de qué representan en realidad las
fórmulas y los símbolos abstractos). Resulta que la mayoría de los axiomáticas
razonablemente completas tienen ∞ modelos válidos —a veces incluso un ∞ no
numerable—, lo cual implica enormes dolores de cabeza, pues sistemas como ZFS o
los postulados de Peano se han elaborado pensando en modelos bastante
específicos, y no es difícil ver que, con un ∞ real de posibles modelos,
algunos van a contradecir los que se buscaban.
[386]SEI Las
dos principales eran la paternidad real (biológica) de Jesús, y si fue Bacon el
verdadero autor de las obras atribuidas a Shakespeare. No se necesita mucha
psicología: se trata de obsesiones acerca de hechos incomprobables y que
comportan descrédito. Dada la hostilidad y la desconfianza que tuvo que
soportar Cantor en su vida profesional, que se centrara en tales obsesiones
parece comprensible y, a la vez, triste.
[387]SEI En
algunos textos se llama a esto el problema del continuo.
[388] Los
matemáticos que lo llaman el problema del continuo enuncian la forma general
como: «¿Existe un conjunto con una cardinalidad más alta que la de ℵn pero más
baja que la de P(ℵn)?» (semiextractado de Edwards, v. 2, pág. 208).
[389]SEI Es
el hecho de que Cantor se centrara específicamente en c lo que le dio este
nombre a la hipótesis del continuo.
[390]SEI N.
B. Tenga en cuenta que lo que viene ahora es, incluso para nuestro rasero, un
resumen deplorablemente simplificado de la teoría de los ordinales de Cantor
—una teoría que es incluso más compleja y ramificatoria que la de los números
cardinales— y la única razón por la que pasamos el dedo siquiera es que aún
sería más deplorable pretender que la H. C. solo tiene que ver con la jerarquía
de los cardinales transfinitos.
[391]SEI La
teoría horripilantemente técnica de Cantor acerca de los ordinales y los tipos
de orden de los conjuntos se desarrolla principalmente en dos artículos:
«Principios de una teoría de los tipos de orden» (1885) y «Contribuciones a la
fundamentación de la teoría de los números transfinitos» (1895).
[392] La
razón por la que esto podría resultar confuso al principio es la misma por la
que la frase de nuestra explicación inicial «de tal modo que el orden de los
elementos de A y B permanezca inalterado» era simplista: el tipo de orden no es
lo mismo que mera ordenación, {a, b} y {b, a} tienen el mismo tipo de orden,
por ejemplo.
[393]SEI Otra
metáfora a medida del doctor Goris era que los números cardinales eran como los
personajes en una de las obras de teatro de la escuela y los números ordinales
eran los lugares que tenían que ocupar en una escena. Algo así como el guión de
la obra por un lado, y sus acotaciones por otro.
[394]SEI Podemos
ver aquí algunas claras afinidades con la teoría de Cantor sobre los
irracionales como límites de sucesiones de números (en § 6e). Esta teoría
anterior fue, en ciertos sentidos, el origen de su trabajo sobre los ordinales.
[395]SEI La
todavía sin definir paradoja de Burali-Forti sale directamente de esta
definición. Considérese el conjunto de todos los números ordinales. Todos
ellos. Ahora considere el número ordinal de este mismo conjunto, el cual por
definición será mayor que cualquier ordinal en el conjunto; solo que este
conjunto se ha definido como uno que contiene todos los ordinales. O sea, que
de uno u otro modo hay una contradicción. Esta es muy fea, y es el verdadero
motivo «profiláctico» que hay tras el axioma de regularidad.
[396] Pero
véase la nota 102 de § 7f respecto a lo que significa el inminente «∀x», lo cual en retrospectiva significa
que la nota 102 no se debería haber clasificado como SEI.
[397] DEFINITIVAMENTE SEI No
estoy seguro de que sea muy inteligente mencionar esto, pero por lo menos
algunas veces Cantor usó «ℵ0» para designar el primer ordinal transfinito y «ω»
para designar el primer cardinal transfinito. La verdad estricta es que fue en
realidad el conjunto de todos los ordinales finitos (que es lo que él realmente
llamaba la «primera clase numérica») lo que Cantor usó para obtener el primer
cardinal transfinito, cosa que hizo básicamente porque en su teoría los números
cardinales también eran definibles como ordinales límite, concepto que no vamos
a discutir porque requiere un grado de detalle teórico-conjuntista sobre las
relaciones entre números cardinales y ordinales para el que este librito no
está equipado. Estamos usando lo que ha llegado a ser actualmente el simbolismo
estándar, o sea «ℵ»s para los cardinales transfinitos y «ω» para los ordinales
transfinitos; el razonamiento para justificarlo es que este simbolismo es el
que tiene más posibilidades de resultar familiar por lo menos a algunos
lectores. (N. B. Tenga en cuenta que todas las matemáticas cantorianas con
todos sus intríngulis y sin rebajar excrecencias están disponibles en varios
excelentes libros técnicos, incluyendo las antes mencionadas Georg Cantor, de
Dauben, Theory of Sets, de Abian, y The Continuum and Other Types of Serial
Order, with an Introduction to Cantor's Transfinite Numbers de Huntington
—véase la Bibliografía—).
[398]SEI y
que están relacionados con las épsilons weierstrassianas de § 5e solo en el
sentido de que son creadas por una definición de tipo «existe… tal que»
similar; por ejemplo, el primer número ordinal k tal que ωk = k se designa
«épsilon 0» o «ε0».
[399]SEI en
§ 15 de la antes mencionada «Contribuciones… números».
[400] Estas
dos cuestiones se colapsan en una solamente si o bien (1) la teoría formal de
conjuntos es una representación o reflejo fidedigno de la verdadera realidad
del ∞ y de los conjuntos de tipo ∞, o bien (2) la teoría formal de conjuntos es
esa verdadera realidad, en el sentido de que la «existencia» de un conjunto
infinito dado es única y exclusivamente una cuestión de su compatibilidad
lógica con los axiomas de la teoría. Observe, por favor, que estas son
precisamente las cuestiones sobre el estatus metafísico de los entes abstractos
que han afligido a las matemáticas desde los griegos.
[401]SEI Si
la teoría de conjuntos y la teoría de la demostración no fueran tan
increíblemente esotéricas, ya se habría hecho una película de gran presupuesto
sobre la demostración de Cohen y los relatos que la rodean, relatos que los
historiadores de las matemáticas adoran y que se pueden encontrar en una
miríada de fuentes bibliográficas. Lo que es pertinente para nosotros son
algunos inquietantes paralelismos con Cantor. Para empezar, Cohen proviene del
análisis funcional y el análisis armónico, áreas que involucran tanto
ecuaciones diferenciales como series de Fourier; es decir, que él también llega
a la teoría de conjuntos desde el análisis puro. La cosa se vuelve todavía más
inquietante. La tesis doctoral de Cohen (Universidad de Chicago, 1958) se
titula Temas de la teoría de unicidad de las series trigonométricas. Además,
así como Cantor había inventado demostraciones teórico-conjuntistas de tipo «φ»
y diagonal completamente nuevas, asimismo Cohen inventa una técnica de
demostración completamente nueva conocida como forcing, que es prohibitivamente
hiper-tecnificada, pero en ciertos aspectos se parece a una especie de
inducción matemática maniquea donde se pide que los casos «n = 1» y «k» tomen
uno de solo dos valores posibles… Lo cual quizá no se entienda pero no es para
nada vital ahora mismo: lo que es hollywoodiense es que Cohen se pasa a la
teoría de conjuntos, inventa y refina su método de demostración, y demuestra la
independencia de la H. C., todo en un solo año.
[402]SEI Véanse
§ 1d y 5b.
[403] Este
tipo de independencia (que también se puede llamar indecidible) sin duda es
importante. Por lo menos demuestra que los resultados de Gödel acerca de la
incompletitud (así como la demostración de Church en 1936 de que la lógica de
predicados de 1.er orden también es indecidible) no están describiendo solo
posibilidades teóricas, que existen realmente auténticos teoremas
significativos en las matemáticas que no se pueden demostrar ni contradecir
(extractado de Bunch, pág. 158). Lo cual a su vez significa que incluso unas
matemáticas maximalmente abstractas, generales, completamente formales no van a
ser capaces de representar (o, dependiendo de sus convicciones metafísicas,
contener) todas las verdades matemáticas del mundo real. Es este quebrantamiento
de la creencia de que 100% abstracción = 100% verdad de lo que las matemáticas
puras aún no se han recuperado, ni tampoco está claro qué significaría aquí
«recuperación».
[404]SEI Además,
en otra demostración de 1963, Cohen pudo demostrar que incluso si el axioma de
elección se añade a los axiomas de ZFS, la hipótesis del continuo en su forma
general sigue sin ser demostrable. Así se establece que el A. E. y la H. C.
también son independientes mutuamente, algo que impactó de nuevo al mundo
matemático.
[405] Aquí
«supuesto» = de un modo especulativo, preguntándose «¿y si?» ( SEI Curiosidad
acerca de los «diversos equivalentes» de la misma frase: la obra de Waclaw
Sierpinski en 1934 Hypothèse du Continu da una lista de más de ochenta
proposiciones matemáticas que son equivalentes o reducibles a la H. C. en su
forma general).
[406]SEI Buena
parte de la teoría de conjuntos contemporánea parece incluir discusiones acerca
de qué significan esos términos técnicos y exactamente cuándo y por qué lo
hacen (= significar lo que significan, si significan algo (y, si no significan
nada, entonces qué podría significar ese nada, y así sucesivamente)).
[407]SEI De
nuevo puede ver cómo esta visión formalista incorpora elementos del
intuicionismo, el más obvio de los cuales es la voluntad de olvidar la LTE.
[408]SEI La
declaración de Luitzen E. J. Brouwer acerca de toda la cuestión de la
consistencia y la indecidibilidad en teoría de conjuntos suena muy
aristotélica: «Nada que tenga valor matemático se conseguirá de ese modo; una
teoría falsa que no es detenida por una contradicción es igualmente falsa, del
mismo modo en que una negligencia criminal no reprendida en un juicio sigue
siendo igualmente criminal» (Brouwer extractado por Barrow, pág. 217).
[409]SEI Hilbert
tampoco tuvo un final fácil. Brouwer y Russell, por otro lado, resultaron ser
tan longevos que prácticamente tuvieron que echarlos a garrotazos.
[410]SEI En
el momento de escribir este libro Paul J. Cohen era el Marjorie Mhoon Fair
Professor de ciencia cuantitativa en Stanford.


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