Libro N° 6263. El Desierto De Atacama. Rojas D, Matías.
© Libro N° 6263.
El Desierto De Atacama. Rojas D, Matías. Emancipación. Julio 27 de 2019.
Título
original: © El Desierto De Atacama. Matías Rojas D.
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EL DESIERTO DE ATACAMA
Matías Rojas D.
CONTENIDO
Dedicatoria
El
desierto de Atacama
Salitreras
chilenas
Concesiones
de salitreras
Creación
de nuevos departamentos
Ferrocarriles
de Salinas
El
ferrocarril de Salinas y el tráfico público
Adhesión
de los vecinos de Antofagasta al proyecto del señor Lastarria
Contestación
del señor Lastarria
Contestación
del señor Espiga
Contestación
del senador don Manuel A. Matta
Informe
sobre las salitreras de Aguas Blancas
La
compañía de salitres en 1872
Informe
sobre los establecimientos de los señores Melbourne, Clark y Cía., pasado por
la comisión nombrada por la Municipalidad de Antofagasta.
Nuestros
propósitos
Impuesto
al salitre
Esperemos
La
prensa del sur
La
nueva provincia
Derechos
diferenciales
La
minería y la agricultura
Creación
de una nueva provincia
El
horizonte se despeja
¡Hasta
cuándo!
Quién
precipitó la guerra (Documentos importantes)
En
nombre de la ley
Recompensas
28
de agosto
Discusión
de la prórroga
Subdelegación
de Caracoles
Servicio
Público
Cuestión
de impuestos
El
impuesto al salitre
Recapacitemos
Las
contemplaciones
18
de septiembre
¿Qué
ha sido Antofagasta? ¿Qué es? ¿Qué puede ser?
Lo
que debemos esperar
Representación
en el Congreso
Esperanzas
Representación
en el congreso
Código
de minería
El
último cartucho
Diputación
de Antofagasta
¡Hosanna!
El
porvenir de Caracoles
Organización
de este territorio
14
de febrero
El
golpe de gracia
Ferrocarril
al interior
18
de septiembre
Una
visita a Cachinal
14
de febrero
Apuntes
sobre la historia de Aguas Blancas
Nuestras
esperanzas
Paz
con España
Documentos
varios: Datos para la historia de Antofagasta
Dedicatoria
Antofagasta,
junio 15 de 1883
Sr.
José Victorino Lastarria
SANTIAGO
Estimado
señor:
Como
una prueba de que los hombres del norte saben hacer justicia a los hombres
públicos que han tendido una mano protectora a la industria de la cual viven
estos pueblos, le dedico esta colección de artículos, cuyo único mérito
consiste en pretender hacer conocer lo que puede la minería y lo que el país
debe esperar del desarrollo de este importante Departamento, entregado hoy a su
propia suerte y amenazado de muerte con el impuesto del salitre que concluirá
con los centros industriales a los cuales usted, como ministro del Interior,
prometió franquicias y protección de toda clase. Espero que aceptará usted
benévolamente este recuerdo, y que impuesto de nuestras necesidades influirá
para que se nos escuche y se nos haga justicia.
El
autor
§1.
El
desierto de Atacama
I
Un
estudio de lo que ha sido y de lo que es el desierto de Atacama, estudio
efectuado tomando en cuenta lo que la ciencia enseña y lo que los hechos
prácticos señalan, sería de incalculables resultados para la industria minera y
para el mundo comercial.
No
tenemos la petulancia de considerarnos con las fuerzas suficientes para
arrostrar con facilidad y con acierto tamaña empresa; pero sí, deseosos de
alentar a los exploradores de esta región, nos vamos a permitir abordar la
cuestión, señalando lo que de él conocemos y la fe que tenemos de que
exploraciones bien dirigidas pueden dar por consecuencia el descubrimiento de
sustancias metálicas, cuya explotación venga a salvar la situación de crisis
por que atraviesa nuestro mercado, íntimamente ligado en su alza o baja con los
productos de la minería.
Por
inducción se colige que este vasto desierto debe encerrar aún en sus montañas
grandes riquezas, que permanecen ocultas a la ambición del hombre. Diversas
expediciones más o menos importantes se han ocupado en distintas ocasiones de
practicar cateos, que si por lo pronto no han dado resultados positivos, por lo
menos han servido para constatar el hecho de que las formaciones de sus cerros
indican que deben contener sustancias útiles para la industria. Aunque la
práctica en las minas ha sido el único conocimiento que han tenido los
expedicionarios, se comprende que si hubiesen poseído algunos rudimentos de la
geología, ciencia que se va desarrollando cada día más, esas investigaciones
habrían sido más fecundas. Una fuente luminosa donde se han inspirado los
hombres que se han lanzado al interior del desierto, sacrificando muchas veces
su vida en medio de esas inmensas soledades, desprovistos de todo recurso, ha
sido su historia; historia que les demuestra que la fortuna podría cambiar no
sólo su suerte, sino influir sobre los des tinos de su patria; historia fecunda
en descubrimientos de tal importancia que han llamado la atención del mundo;
historia de pocas páginas, pero de resultados más positivos en el adelanto de
muchos pueblos, que las muy abundantes de la de su política.
Esta
historia manifiesta que el desierto mirado con horror y con espanto por los
seres humanos en el siglo pasado, hoy, gracias a la minería, se encuentra como
en clavado en medio de poblaciones y puertos provistos de toda clase de
elementos que lo hacen accesible a las expediciones, que lo que ayer no más era
un inmenso arenal donde muy rara vez la planta del hombre podía pisar, hoy se
ha convertido en puertos donde la industria y el comercio crecen y se
desarrollan.
Esta
historia demuestra que no sólo Chile, república que posee la mayor parte de
este territorio, por causa de los descubrimientos practicados en él, vino a
salvar la crisis por que atravesaba, sino que la ciencia de la minería ha
tomado un gran vuelo, ya estableciéndose sistemas de explotación económicos, ya
modificándose los sistemas de beneficio, llegando en este terreno hasta el
máximo del adelantamiento.
A
pesar de la fecunda enseñanza que puede suministrar esta historia, ella ha sido
descuidada y sólo muy pocos la conocen. Vamos a ensayar trazarla a grandes
rasgos en nuestros próximos números, por no permitirnos la estrechez de
nuestras columnas ser tan extensos como lo deseáramos. Con ello creemos que
podemos hacer un bien a la minería, pues no dudamos que ella dará más fe a los
que se dediquen a explorar el desierto; permitiéndonos después agregar algunas
observaciones de la ciencia, las que vienen a completar la idea que abrigamos
de que el desierto de Atacama debe contener aún muchas riquezas. Aumentaremos
después nuestro trabajo con algunas ideas generales sobre los diferentes
minerales descubiertos en su seno.
(Editorial
de El Caracolino, mayo 20 de 1876)
II
Cuando
los ejércitos del inca Yupanqui atravesaron el desierto de Atacama con el fin
de conquistar la región del sur, abriendo el camino que lleva su nombre, no se
imaginaron que sobre la misma vía que trazaban se encontraban tesoros de gran
importancia.
Cuando
don Diego de Almagro, amargado por las decepciones sufridas con su compañero
Pizarro, abandonaba Perú y se dirigía también al sur tomando el ca mino de la
cordillera por ser el más corto, haciendo sufrir a sus compañeros de expedición
las más grandes penalidades, con el fin de encontrar abundantes depósitos de
oro, muy lejos estuvo de su mente la idea de creer que el desierto que
contemplaba con horror, a causa de ver diezmarse a sus compañeros, era
precisamente el que encerraba lo que ansiaba su desmedida ambición.
Cuando
Pedro de Valdivia, más cauto que Almagro, atravesaba el mismo desierto por el
camino del Inca y con sus huestes cansadas llegaba a los valles de Chile,
huyendo de esas vastas soledades que sólo temor y espanto podían causarle,
tampoco columbró que podía encontrar en el desierto lo que hacía arrostrar con
serenidad y arrojo toda clase de penalidades a estos conquistadores del siglo
XVI.
Mientras
que la minería de los siglos XVII y XVIII tomaba gran desarrollo en Bolivia, a
consecuencia de las incalculables riquezas producidas por Potosí y otros
minerales, en Chile se encontraba sumamente atrasada y daba sólo señales de
vida con la explotación de algunos lavaderos de oro y los minerales de plata de
Chanchoquin, y uno que otro mineral de cobre. La metalurgia del cobre y el
beneficio de los metales de plata estaban en un estado naciente. Los metales
fríos eran mirados con indiferencia, ignorándose el modo de aprovecharlos para
sacar la plata. Los metales de color de cobre eran los únicos que se fundían,
abandonando los bronces que los mineros consideraban en las minas como señal de
agotamiento, produciéndose para ellos el llamado broceo.
El
siglo XIX viene a formar época en los anales de la minería de Chile. En mayo de
1832 se descubre el mineral de Chañarcillo. El nombre de Juan Godoy, hijo de
una pobre pastora, Flora Normilla, se hace inmortal. Su descubrimiento es
origen de una revolución en el mundo comercial y minero. De todas partes corren
presurosos los deseosos de merecer los favores de la fortuna al nuevo Potosí
que se levanta. Muy pronto nuevas vetas son descubiertas en el mismo cerro, las
que rivalizan con la Descubridora. El comercio se multiplica. La industria
comienza a desarrollarse. Se levantan muy pronto establecimientos de
amalgamación, los que se apresuran en hacer conocer al mundo financiero las
barras de plata de este nuevo mineral. La exportación que el año anterior se
elevaba sólo como a 6.000 marcos, sube en 1834 a 165.000. La agricultura que
recién empezaba a robustecerse, toma un nuevo impulso y se desarrolla
rápidamente. El Estado que recién comenzaba a organizar sus finanzas, las
cuales estaban muy lejos de ser florecientes, viene a cimentarse sólidamente y
desde este momento el crédito de Chile se afianza en el exterior. Pasan algunos
años y la desconfianza viene a apoderarse de los mineros. Las minas llegan a
una región donde las vetas se hacen estériles. La fe existe sólo en unos pocos.
Éstos avanzan en sus trabajos a fin de arrancar sus secretos a la naturaleza.
Al fin la Descubridora, la misma que había dado a conocer al mundo minero la
existencia de Chañarcillo, es también quien da nuevo aliento a los mineros. Alcanza
la segunda región en metales fríos. El rosicler, el plomo ronco aparece
deslumbrante con sus magníficas cristalizaciones. Muy pronto las demás minas
llegan a esta región. El faro no los había engañado. Han arribado al puerto
seguro de la abundancia de los más ricos metales.
La
cuestión que se presentaba era el beneficio de esta clase de metales. Aquí
entra la ciencia a trabajar por resolver el problema. Mientras tanto se exporta
esta clase de metales con destino a Europa.
Descubierto
Chañarcillo, la fiebre de descubrimientos se apodera de los habitantes de
Atacama. Numerosísimas expediciones se reparten por el desierto. Unos cuentan
con el conocimiento que tienen de Chañarcillo para buscar terrenos parecidos
con el fin de efectuar sus investigaciones; otros se guían por los derroteros,
antiguas tradiciones que se conservaban entre los indios de puntos donde se
encontraban depósitos abundantes de plata.
Los
unos descubren muy pronto a Cabeza de Vaca, mineral que ha producido las
mejores muestras de plata blanca; Lomas Bayas, cuyos metales contienen gran
cantidad de oro, Garín, Bandurrias, etc. Los otros se encuentran con el mineral
de Tres Puntas el año 1848, con la circunstancia especial de que el derrotero
viene a corresponder perfectamente con el lugar donde fue encontrado y que una
de las minas fue descubierta precisamente sobre el camino del Inca.
Nuevos
descubrimientos se suceden. Luego aparece Garín Nuevo produciendo al sol gran
cantidad de marcos y agotándose poco tiempo después, ladrillos y otros
minerales de menor importancia.
El
mineral de Tres Puntas viene a ser un punto avanzado en el interior del
desierto. El deseo de nuevos descubrimientos impulsa a muchos a lanzarse más al
centro en busca de nuevos veneros, aprovechándose de algunos derroteros que aún
existen. Entre éstos, el principal es el llamado de la Ola. Inútil han sido
todas estas investigaciones. Las murallas de plata de que habla la tradición no
han aparecido aún.
En
cambio, estas expediciones han encontrado depósitos inmensos de bórax que
comenzó a explotarse hace como tres años por una sociedad con grandes
capitales, y salitreras bien importantes que aún no se explotan y de las cuales
nos ocuparemos después, y que han hecho más accesible el desierto abriendo
numerosas aguadas.
Decíamos
anteriormente que el desierto se encontraba como enclavado en medio de
poblaciones. Efectivamente, el descubrimiento de Chañarcillo y demás minerales
trajo por consecuencia la creación de un nuevo puerto que sirviese para la
extracción de los productos de la minería y, como el espíritu de empresa había
tomado cuerpo entre los mineros transformados en capitalistas, se procedió a
unir a Caldera (el nuevo puerto) con Copiapó, aldea en 1832, población de
primer orden en 1851, época a que hacemos referencia.
Más
o menos en el mismo tiempo se habilitaba el puerto de Chañaral para exportación
del mineral de cobre de las Ánimas. Poco después el intrépido minero señor J.A.
Moreno por instigaciones del hombre más conocedor del desierto, explorador
infatigable de él, don Diego Almeida, venciendo toda clase de contratiempos y
contrariedades logra formar establecimientos de importancia y dar a conocer
nuevos minerales de cobre que han producido inmensas cantidades de metal, las
cuales se exportan por los puertos de Taltal, Paposo y El Cobre.
Por
otra parte, descubiertas desde años atrás las guaneras de Mejillones se forma
una población en este puerto, pudiéndose trabajar algunos minerales de cobre
como Cerro Gordo.
Se
ve, pues, que del lado de la costa el desierto se encontraba atacado por
diversos puntos. Pero entre El Cobre y Mejillones quedaba una distancia notable
que las separaba. Las investigaciones no cesan. El descubrimiento de las
salitreras del salar del Carmen efectuado por una expedición salida de Cobija,
viene a abrir al comercio al nuevo puerto de Antofagasta; al mismo tiempo que
alucinados algunos con las minas llamadas del Coloso inician su explotación.
El
desierto quedaba flanqueado por la costa. Los puntos de partida para cualquier
empresa cateadora ya se habían multiplicado, desapareciendo el temor que
dominaba a los expedicionarios. Mas la línea central del desierto quedaba
desconocida, puede decirse, desde Tres Puntas hasta el grado 22.
Por
fin, después de algunos años perdidos en inútiles cateos se descubre en 1871 el
rico mineral de Caracoles, situado en la línea central del desierto. Se
comprende que las dificultades para la exportación se hicieron sentir desde el
primer momento. Carestía de víveres, jornales sumamente altos, transporte
excesivamente caro. Se necesitaba gran energía para vencer estos contratiempos.
La riqueza del mineral vino a superarlos muy pronto y Caracoles se ha
desarrollado y explota hoy metales de una ley que se consideraba como imposible
de aprovechar.
Como
debemos después ocuparnos detenidamente de este mineral, nos abstenemos por
ahora de consignar algunos datos importantes y las consecuencias de su
descubrimiento. Nos limitaremos, por ahora, a decir que al principio del
descubrimiento cuatro puertos se disputaron el derecho de ser los únicos
destinados a servir a Caracoles: Cobija, capital del departamento, que vivía a
impulso del comercio de importación para el sur de Bolivia; Tocopilla, que
contaba con las minas de los alrededores para su existencia; Mejillones con sus
guaneras y minas de cobre; y Antofagasta, que se abría al comercio para la
exportación de salitres. El gobierno protegió por todos los medios que estaban
a su alcance a Mejillones, alucinando con la idea de hacerlo el primer puerto
de la república. Los mineros sostuvieron a Antofagasta, por las mayores
facilidades para el transporte. El interés comercial y minero triunfó en esta
lucha, viniendo a ser Antofagasta el puerto de hecho de Caracoles; y por
consecuencia el más importante del litoral de Bolivia.
Con
el descubrimiento de Caracoles la zona en que pueden aún encontrarse ricos
depósitos metalíferos se ha reducido notablemente. Tres Puntas por el sur,
Caracoles por el norte. Estos puntos extremos auxiliados por los de la costa y
los que hemos señalado en el interior hacen más fáciles los cateos. Los hombres
de empresa no tienen por qué amedrentarse: los recursos no pueden faltar. La
provisión de ellos se ha hecho sumamente fácil.
Una
sociedad bien organizada formada en el pueblo minero por excelencia, Copiapó,
se introdujo hace dos años en el desierto. Descubrió un mineral de plata y
cobre que tal vez es importante, y en el cual no se efectuaron las
investigaciones necesarias. Esta sociedad fracasó en su objeto, quizás porque
los encargados de las expediciones no tenían los conocimientos necesarios.
Nada
de extraño habría sido que siguiendo esas vetas más al sur se hubiera obtenido
el objeto deseado. Otras sociedades en menor escala se ocupan actualmente de
exploraciones, también en el interior del desierto. Muy pronto sabremos el
resultado.
Por
la rápida ojeada que hemos echado al desierto, se comprende que esas
exploraciones tienen tarde o temprano que dar resultados positivos. La historia
indica que deben existir encerradas u ocultas en ese territorio riquezas de
importancia. La ciencia también se encargará de probar que lo que la historia
señala, ella lo comprueba.
Si
no fuese posible descubrir minas de plata, las habrá de cobre, de níquel, etc.,
o nuevos depósitos de salitre, bórax u otras sustancias útiles.
Deber
es, pues, de los hombres dedicados a la minería proseguir las exploraciones en
el desierto. Es necesario que el espíritu de empresa se desarrolle y nuevas
expediciones se dediquen a arrancar sus secretos a la naturaleza.
De
la existencia de la segunda región se dudaba en Chañarcillo. Igual cosa ha su
cedido en Caracoles. Sin embargo, en el primero apareció brillante, espléndida.
Ayer no más ha aparecido en el segundo. El entusiasmo se ha apoderado de todos
y las minas se trabajan con constancia, con tesón, para llegar a esa tierra
prometida. Pocos creían que en el desierto estuviese oculto un mineral tan rico
como Chañarcillo. Caracoles surgió un medio de él, no sólo rivalizando sino
haciéndose superior a aquél.
(Editorial
de El Caracolino, junio 3 de 1876)
III
Trazada
a grandes rasgos la historia del desierto de Atacama, habiendo tenido que ser
demasiado concisos en varios puntos, necesario se hace volver sobre algunos de
ellos.
La
minería de cobre ha contribuido en gran manera al desarrollo de la industria de
la Provincia de Atacama. Es actualmente la base sobre que descansa su riqueza,
estando quizá cimentada en ella la mayor parte de su porvenir.
Muy
pobre en su principio; reducida, como hemos dicho, a la explotación de los
metales de color, sólo se trabajaban muy pocas minas. Cuando ya la ciencia se
puso al alcance de los mineros, esta explotación se hizo más abundante y luego
surgieron los minerales de Ladrillos, Ojancos, Punta del Cobre, Cerro Blanco,
etc., alrededor de Copiapó; Carrizal cerca de Freirina, y Chañaral, Taltal y El
Cobre en el norte.
El
deseo de enriquecimiento pronto, inmediato, ha sido el motivo porque muchos
mineros se hayan dedicado casi exclusivamente a buscar en el desierto veneros
de plata, sin tomar en cuenta los millones que han producido minas como las de
Carrizalillo, Las Ánimas, El Cobre, Paposo, Taltal, y Carrizal, etcétera.
Según
todos los datos que tenemos, en la región del norte hay depósitos metalíferos
de importancia que darían resultados muy favorables, pero que no se explotan a
causa de los inconvenientes que se presentan para los especuladores, por
sostenerse una especie de monopolio en los puertos entre Antofagasta y
Chañaral, pero una vez abiertos al comercio por medio de la arribada periódica
de algunos vapores de las compañías que hacen el comercio de cabotaje, esta
industria tomaría gran vuelo y se desarrollaría rápidamente, pudiendo entonces
descubrirse depósitos nuevos de cobre o por lo menos explotarse muchos otros
descubiertos, que no se trabajan por las causas que hemos señalado.
Ya
los mineros no consideran como broceo la región de los bronces. Al contrario,
la miran como la riqueza más importante.
La
metalurgia ha avanzado de una manera tan rápida en la Provincia de Atacama que
en los mismos minerales se levantan importantes establecimientos de fundición,
los que combinando los metales de color con los bronces exportan ejes de ley
subida para el extranjero. La fundición de metales exclusivos de color se
encuentra abandonada, obteniéndose de los metales la casi totalidad de su
contenido.
Esta
industria que quizá era mirada con indiferencia, se ha elevado a tal altura,
que para salvar los inconvenientes del transporte caro y tardío, se han
construido ferrocarriles propios, como los de Carrizal, Cerro Blanco y
Chañaral; ha formado puertos de la importancia del primero y últimamente
citados, y ha sido tal vez la fuente más poderosa de entradas del ferrocarril
de Copiapó.
El
trabajo de las minas se hace según las reglas que indica la ciencia en cuanto
al orden de ellas y a la economía. Basta visitar a Carrizal, Las Ánimas,
Carrizalillo y otros minerales para convencerse del grado de adelantamiento a
que se ha llegado, debido a la competencia de los directores y a lo que ha
avanzado Chile en este orden, porque si por un lado el gobierno no ha prestado
a tan importante industria lo mismo que a la de plata toda la protección debida
con los gravámenes que ha soportado, en cambio con una previsión que lo honra,
se apresuró a abrir cursos de minería como los de Copiapó, La Serena y
Santiago, los cuales bajo la dirección de hombres del talento y capacidad del
señor Domeyko (que se ha hecho una celebridad universal), han formado hábiles
Ingenieros de Minas, que son honra para su patria y significan el adelanto que
se nota en la minería.
Poco
a poco ha ido desapareciendo el trabajo brutal del apir. Hoy las máquinas a
vapor efectúan el trabajo encargado a la fuerza del hombre. La economía no está
basada en la estrechez de los laboreos, al contrario, éstos son anchos y
espaciosos. Los caminos son cómodos y prestan la suficiente garantía a los que
trafican por ellos. El triste candil o velero ha cedido su puesto a la cómoda
lámpara de aceite. Las comunicaciones, piques, lumbreras no son dirigidas o
llevadas al azar; los instrumentos son los encargados de hacer estos trabajos
con exactitud matemática. Las reglas enseñadas por la ciencia son aplicadas en
cuanto al laboreo de las minas, con un sistema fijo y arreglado a las
circunstancias especiales del criadero. Ya en las mensuras no desempeña ningún
papel el célebre Agujón, que colocado en el suelo servía para señalar las
pertenencias mineras, instrumentos a los cuales se les hacia marcar muchas
veces direcciones falsas, y es reemplazado por brújulas precisas y teodolitos
manejados por hombres de profesión y no por cualquier advenedizo con un nombre
pomposo. El cordel tendido, origen de tantos pleitos en las minas antiguas, es
sustituido por la proyección horizontal, base fija que sirve en todo tiempo
para rectificar las mesuras. Por fin, el tipo especial del minero con su traje
peculiar ha desaparecido enteramente, siendo hoy un ciudadano con los hábitos
del trabajo y la ambición de la fortuna.
El
mundo marcha, ha dicho Pelletan, siguiendo la ley del progreso. Nosotros
podemos decir que en ninguna parte hemos visto un progreso más rápido como en
el de la minería en la región de que tratamos. Este progreso no se ha reducido
puramente a lo que es en sí el laboreo de las minas, sino también al adelanto
de la ciencia en toda una República, a la transformación en el carácter de los
individuos y a los hábitos de independencia y de trabajo adquiridos por la
gente minera. Debiendo tratar más detenidamente este asunto en un artículo
aparte, volveremos a indicar que todos los datos que poseemos nos inducen a
creer en la existencia de depósitos importantes de cobre, a más de los
descubrimientos en la región comprendida entre Antofagasta y Chañaral, y que depende
sólo del gobierno de Chile el fomentar estos trabajos por los medios que hemos
indicado.
Ayer
no más no se trabajaba ninguna mina en Antofagasta y Mejillones. El Cerro del
Coloso y Cerro Gordo se hallaban desamparados. La compañía chilena que trabajó
el primero con grandes sacrificios, lo mismo que una compañía inglesa, el
segundo lo habían abandonado. Hoy Antofagasta produce del primer mineral y
otros a su alrededor una abundante cantidad de metal de color; Mejillones
también del segundo mineral y otros que lo rodean, exporta gran cantidad de
bronce y metal de color. La industria del cobre se va desarrollando cada vez
más como lo manifiestan los datos estadísticos, ocupándose en ella bastantes
brazos, lo que sirve para el progreso del comercio en estos puertos.
Justo
y de provecho es que las expediciones cateadoras que se internan en el desierto
no se dediquen puramente al hallazgo de veneros de plata. Los de cobre pueden
también abrirles un brillante porvenir.
(Editorial
de El Caracolino, junio 10 de 1876)
IV
Necesario
se hace dar a conocer los progresos alcanzados por la metalurgia en estos
últimos tiempos, ocasionados por el desarrollo de la industria minera.
No
estará de más indicar que antes del descubrimiento de Chañarcillo el beneficio
de los metales de plata estaba en un estado naciente y que sólo muy pocos
conocían los sistemas, que con una práctica admirable se habían logrado ensayar
con buenos resultados en Bolivia, que necesitaba urgentemente obtener la plata
de los abundantes metales producidos por el rico Potosí y otros minerales. No
es extraña esta admiración cuando se sepa que los amalgamadores bolivianos no
tenían sino muy escasos o casi ningún conocimiento de la química, atribuyendo
el estado de combinación de la plata con otros componentes a enfermedades, las
que se necesitaba combatir de una manera seria para dejar el metal en su estado
de pureza, siendo para ellos el azogue una panacea universal, cuando el mal no
había avanzado y en los otros casos en compañía de otros ingredientes y
valiéndose del modo de decir de uno de esos sabios por intuición, que en lo
inanimado no hay cosa más viva, ni en lo pesado cosa más ligera, dicho
espiritual, se caracteriza el oficio de este metal en el beneficio.
En
los tiempos a que nos referimos, el beneficio por patio consistía en moler a
polvo impalpable los metales valiéndose para esto de nuestros antiguos y
legendarios trapiches (y diremos de paso el mejor método hasta nuestros días
para este objeto), continuando después con el sistema este beneficio de patio
como se llamaba entonces y como hasta hoy se denomina, la rendición del
beneficio hecho por la frotación del metal molido y hecho barro con el pie del
hombre después del uso del azogue de la pirita de hierro, sal y plomo, tomando
algunas veces para esta operación 10, 15 y hasta veinte y tantos días.
También
se beneficiaban algunos metales por medio de tuesta; es decir, que, molidos
éstos, se tostaban en callanas u ollas de arcilla a fuego lento, para después
someterlos al ya dicho beneficio de patio. Más tarde se trató de hacer el mismo
beneficio en mayor escala y en lugar de emplear hombres se empleó el uso de
caballos, particularmente cuando los metales eran arsenicales, y se encontró
con que los animales perdían los cascos o uñas y se procedió a retobar éstos
con cueros cosidos en las mismas patas de los animales y cubiertas hasta una
altura que los metales en estado de barro no alcanzasen a tocarles el cuero.
Enseguida el adelanto en el beneficio o amalgamación de los metales encontró
que los que hasta entonces se consideraban de difícil beneficio, se prestaban a
éste con más facilidad preparándolos en barros con sulfato de cobre unas veces,
otras con pirita de hierro y sal y dejándolos expuestos a la acción de la
intemperie por algunos días, dando por resultado que la acción del Sol operaba
de una manera eficaz en ellos para el beneficio de patio, hasta entonces único
medio de extraer la plata de los metales que se explotaban en nuestras minas.
Pero
he aquí que repentinamente se presenta en Chile el escocés Stevenson pidiendo
un exclusivo para el beneficio de metales por medio de tinas, efectuándose éste
en siete u ocho horas. Hechos los experimentos del caso, se encontró que este
nuevo sistema era el más breve y económico, y el exclusivo solicitado se le
concedió a Stevenson por toda su vida, la que duró bien poco, y el minero
chileno se aprovechó inmediatamente del invento y se llenó toda la provincia de
Atacama en Chile de esas máquinas, que han durado como único y mejor sistema de
beneficio por una serie de años y que se diferenciaba muy poco del sistema
empleado con el mismo objeto en Freyberg.
Mientras
tanto la Química había hecho progresos bien positivos, y lo que antes era
considerado en los metales como malezas o enfermedades ahora tenía su
explicación. Ya no se obraba al azar. Cada ingrediente tenía cierto oficio
determinado por las reacciones químicas. No es éste el lugar adecuado para
entrar a exponer ese método ni las bases en que reposa. Nos bastará sólo decir
que siempre los relaves que se obtenían tenían una ley notable de plata,
existiendo en cada uno de los establecimientos cantidades considerables de
ellos.
Aquí
entró la ciencia a inquirir el modo de obtener la casi totalidad en beneficio y
el aprovechamiento de esa gran cantidad de relaves. Una serie de experimentos
se organizó en los establecimientos de Copiapó; habiendo aun venido de Europa
algunos individuos expresamente con ese objetivo, los cuales después de
desperdiciar muchos capitales lograron obtener la plata, pero por un
procedimiento tan excesivamente caro, que no convenía al beneficio.
Por
fin en 1865 se presentó el señor Bertoldo Krhonke al gobierno de Chile
solicitando privilegio exclusivo para el beneficio por un método de su
invención y que venía a resolver el problema, aprovechando casi la totalidad de
la plata, lo que hasta ese momento se consideraba imposible obtener de los
titulados metales fríos. Este sistema descubierto por el señor Krhonke después
de una serie no interrumpida de experimentos vino a efectuar una verdadera
revolución en el mundo minero, revolución de inmensas ventajas para la
explotación de los minerales. Los metales de ley despreciable anteriormente
tuvieron su precio y los desmontes de las minas fueron aprovechados; los
relaves que existían en muy grandes cantidades se beneficiaron todos con
magníficos resultados, dando de esta suerte al mundo comercial algunos miles de
marcos que se consideraban enteramente perdidos.
Tan
pronto como el citado inventor puso en práctica su método, algunos ingenieros
chilenos se pusieron a la obra, obteniendo también buenos resultados, y ya el
sistema de tinas fue sustituido por el de barriles de rotación, efectuándose
una reforma radical en todos los establecimientos.
El
señor Krhonke, beneficiándose a sí mismo, ha hecho bienes positivos a toda la
industria minera, dándole nuevos elementos de vida y de prosperidad.
El
descubrimiento de Caracoles proporcionó un nuevo elemento en que pudiera
plantearse en más grande escala este sistema de beneficio.
Habiéndose
comenzado a exportar para Europa los metales de ley alta, muy pronto se formó
una sociedad de las casas compradoras de Antofagasta y el señor Krhonke, para
instalar el establecimiento que todos los viajeros admiran, planteado en este
puerto, establecimiento que puede considerarse como el primero en su género en
América.
Más
tarde esa sociedad fue convertida en anónima, bajo el nombre de Sociedad
Beneficiadora de Metales, y procedió a la compra de la mayor parte de los
establecimientos de amalgamación de Copiapó, de modo que puede decirse se ha
hecho la exclusiva en la compra de metales.
Los
resultados no se han hecho esperar de esta negociación, pues el primer
dividendo repartido entre los socios ha sido del 38% del capital nominal.
Existe
en Puquios un establecimiento por cuenta de los socios de la mina Buena
Esperanza de Tres Puntas, en el cual se emplea el método Krhonke y se
benefician metales de una ley sumamente baja, habiéndose de esta suerte
aprovechado todos los desmontes de esta mina.
El
privilegio del inventor ha terminado en Chile y se conocen todos sus
fundamentos; pero en Bolivia lo posee la Sociedad Beneficiadora por un tiempo
aún respetable. Ya que hablamos de privilegios, debemos hacer constar que se ha
pedido uno al gobierno de Bolivia por el señor Ernesto O. Ruck sumamente
ingenioso y por el cual teóricamente deben obtenerse magníficos resultados.
Este sistema aún no se ha puesto en práctica.
Por
la reseña que hemos hecho se comprende que por grados se ha ido mejorando el
beneficio de los metales hasta llegar al estado de adelantamiento que hemos
señalado.
El
señor Krhonke ha hecho conocer detalladamente su método al mundo civilizado en
la exposición internacional de Chile. Estas mismas máquinas serán exhibidas en
la exposición que se ha abierto ya en Filadelfia. El mundo minero verá con
sorpresa que ha sido en Chile donde se ha llegado al non plus ultra del
perfeccionamiento en el beneficio de los metales de plata y que los aparatos
que se exhiben son reducidos en pequeña escala, iguales a los que se emplean en
Antofagasta para el beneficio.
(Editorial
de El Caracolino, junio 21 de 1876)
§2.
Salitreras
chilenas
No
pensábamos abordar tan pronto esta cuestión. Consecuentes con nuestros
propósitos, íbamos a dar a conocer los principales minerales del desierto de
Atacama para después ocuparnos de las salitreras que éste encierra. Hoy
abandonamos esa idea en vista de los datos erróneos que algunos poseen sobre
estos depósitos, o la ignorancia que otros tienen sobre ellos.
El
Deber, ocupándose del contrato celebrado por el gobierno de Bolivia y el señor
Meiggs respecto a las salitreras del Toco, que considera ruinoso para la
industria en esta importante república, llama la atención de los hombres de
empresa para que se ocupen de buscar en territorio chileno esta sustancia, que
se ha hecho de un consumo considerable en el mundo mercantil. Al emitir esta
idea El Deber parece desconocer absolutamente el descubrimiento de importantes
depósitos de caliche a tres o cuatro millas al sur del paralelo 24; depósitos
que a juicio de un ingeniero, que las visitó el año 1873 son de una importancia
tal, que rivalizan con ventaja a las que se han estado explotando hasta hoy en
el litoral boliviano.
Descubiertas
estas salitreras cuando la crisis comenzó a desarrollarse en Chile, y sobre
todo cuando el crédito de las sociedades anónimas había perecido, a con
secuencia del engaño de algunos, de la ignorancia de otros, y en general con
motivo de dar a los negocios mineros el carácter de negocio de bolsa, expuesto
a la baja y alza sin motivos justificados, nada pudieron hacer los dueños para
formar una sociedad que pudiese trabajarlas como convenía a sus intereses. El
menos inteligente comprende que en todo caso se necesita de un gran capital
para explotar convenientemente depósitos de este género.
Hoy
más que nunca es necesario que los capitalistas y comerciantes chilenos se
fijen en las riquezas que tienen en su territorio, para empeñarse en invertir
sus capitales de una manera conveniente. Las razones que tenemos para decir que
hoy más que nunca se encuentran las salitreras chilenas en mejores condiciones
que otras para su explotación, y que es deber de los chilenos fijarse en ellas,
son las que pasamos a exponer.
Parece
ya fuera de duda que el contrato celebrado por el gobierno de la República de
Bolivia y el señor Meiggs no tiene otro móvil que paralizar enteramente el
trabajo de las salitreras del Toco, que podían y debían haber hecho una
competencia ruinosa al salitre peruano. Con esta medida ha creído el gobierno
peruano quedarse sin rivales en el mundo mercantil e imponer a éste su precio;
y el gobierno de Bolivia con el contrato Meiggs ha secundado sus planes,
cegando una de las fuentes más poderosas para el desarrollo de la industria y
el incremento del comercio en esta sección del litoral boliviano.
Últimamente,
queriendo el gobierno de Perú concluir definitivamente con la industria
salitrera en mano de particulares, ha hecho sancionar por una de las Cámaras un
proyecto de ley para imponer una contribución de un peso veinticinco centavos
por cada quintal de salitre que se exporte. El gobierno peruano será, pues, en
adelante el único dueño de los terrenos salitrales y el único productor en
Tarapacá. La industria particular ha sido estrangulada por quien debía
precisamente mirar como su más decidido protector. Se sigue, por consiguiente,
que los únicos competidores que pueden tener están en las salitreras de los
señores Moreno y Manterola a que hemos hecho referencia, y las de la Compañía
de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta.
Todos
estamos de acuerdo en que el alza en el cambio sobre Europa, no previene de
otra cosa que de la falta de retornos para cubrir nuestra importación, que en
los últimos tiempos ha sido considerable. Este cambio muy lejos de detenerse en
la baja, continúa en su camino y puede traer serias complicaciones en el
comercio. Ya lo estamos palpando por la medida inconsulta de los bancos que han
elevado la tasa de interés hasta el doce por ciento. Hoy se presenta un campo
inmenso de especulación para los hombres de empresa, buscando ese retorno en el
salitre que en grandes cantidades se encuentra en el desierto, y no bajo las
condiciones de pobreza en que las supone El Deber, sino con una ley de más de
40% en término medio, ley que es igual a la de las salitreras del Toco, como
podemos asegurarlo en vista de los interesantes datos que sobre estas últimas
se ha encargado de proporcionarnos el señor Rivera, en el interesante artículo
que hemos publicado en nuestro número anterior.
El
detallado informe que en marzo de 1873 pasó el ingeniero señor Matías Rojas se
encarga de añadir más fuerza a nuestra manera de pensar. De este informe
tomamos los párrafos siguientes que podrán llevar la luz a todos aquellos que
aún no conocen estos depósitos.
"Para
llegar a su establecimiento (que sea dicho de paso, está bien montado para los
fines de un reconocimiento), salí de este puerto por la quebrada de Mateo, y
dejando después de un trayecto de quince millas los terraplenes del ferrocarril
que actualmente está en construcción, continué con una gradiente suave y por un
camino que puede ser traficado por carretas sin ninguna dificultad, hasta unas
quince leguas, más o menos, de esta población. De manera que calculé en quince
o dieciocho leguas la mayor distancia de Antofagasta hasta los depósitos de
salitre. Aquí encontré que a primera vista no sólo el aspecto general sino aun
la misma topografía del terreno, es enteramente análoga al salar del Carmen, de
propiedad de la Compañía de Salitres Ferrocarril de Antofagasta, lo cual
inclinó mi ánimo, desde luego, para juzgar de gran importancia los indicados
depósitos.
Los
trabajos de reconocimiento que usted ha emprendido están ya bastante avanzados,
de tal suerte que he podido hacer mis investigaciones en todo sentido.
Los
pozos son anchos y algunos tienen hasta metro y medio de profundidad, lo cual
ha servido para que mis datos sean exactos, pues de esta manera he podido
constatar la potencia de las capas, tomar muestras de arriba y de abajo,
examinar la formación, composición, etc., trabajos que practiqué con suma
prolijidad, lo que no habría sido posible hacer sin la manifestación de dichos
pozos, aunque hubiese empleado el sondaje.
Saqué
muestras de cada pozo, tomándolas de diversas honduras y de los diferentes
caliches que existen, pues, debo hacer notar que hay de todas clases que
conocen los mineros, a saber: blanco, blanco poroso y achancacado, teñidos los
primeros con un color amarillo, lo que revela la presencia de yoduros.
Para
su mejor inteligencia, he hecho una división de la vasta extensión del terreno
de que hablamos:
1º.
La parte del terreno cubierto con costras de sal, afectando formas caprichosas
y exflorecientes; y
2º.
La parte cubierta con una capa de arena, es decir, encapada.
La
primera, que se encuentra al norte y que se extiende también bastante al es te
y oeste, se manifiesta en este lado cubierta con una costra de sal de tan poco
grueso que en muchas partes aparece caliche de color blanco en la superficie;
esta capa o costra aumenta a medida que se avanza hacia el este.
El
caliche disminuye de espesor marchando también en esta dirección, siendo su
grueso desde treinta centímetros en la parte mayor hasta veinte en la menor.
La
superposición de las diversas capas se encuentra bien definida. En la
superficie, salijema, más abajo el caliche y después una capa de greda.
En
esta sección se encuentra el caliche blanco poroso y el achancacado en poca
cantidad, siendo los primeros blandos y de muy fácil extracción.
La
segunda sección del terreno, esto es, el encapado podemos decir que se
encuentra notablemente en dos partes principales y se presenta bajo diversas
condiciones. Por consiguiente, haremos especial mención de cada una de ellas.
En
la parte sur encontramos en la superficie una capa de arena gruesa como de un
decímetro de espesor, después otra delgada de una toba caliza, a continuación
la capa de caliche, en término medio, como de (0,30) treinta centímetros de
grueso hacia el oeste, disminuyendo de potencia en sentido contrario, enseguida
una capa de greda y por fin viene en cascajo o aluvión. Aquí ya se encuentra el
caliche achancacado y también el blanco; y teniendo el primero cierta dureza,
se hace necesario para su explotación el empleo de la pólvora.
Con
referencia a la parte oeste, el encapamiento es mayor; tendrá bien dos
decímetros, después se encuentra una capa gruesa de un hermoso caliche blanco
sombreado de un color amarillo, que sigue para abajo en la misma forma y hasta
donde yo pude llevar mi investigación.
Séame
lícito indicarle la conveniencia de dirigir los otros reconocimientos a la
parte de la falda de los cerros del sur, donde es más que probable que estas
capas de caliche aumenten de espesor, y por fuerza de la inducción, es decir,
por lo que he observado en el Salar del Carmen, no vacilo en aconsejar a usted
que no profundice los trabajos a más de metro y medio, puesto que en esta
hondura se prestan los caliches a una abundante explotación, como sucede en el
citado salar y en otros lugares que he tenido ocasión de reconocer; sin que
esto obste a que pueda existir caliche aún más encapado y por consiguiente a
mayor hondura.
Para
efectuar los ensayos he hecho comunes prolijos de las cuatro secciones,
dividiendo la primera en dos números: 1º Parte cubierta con costra gruesa de
sal, y la otra, Nº 2, en que el caliche aparece en la superficie. Practicados
estos ensayes por uno de los métodos más exactos, he llegado a los resultados
siguientes:
Común
N° 1 Ley -44%
Común
N° 2 Ley -43%
Común
del sur Ley –42,7 %
Común
del oeste Ley –41%
Estas
leyes han superado lo que yo esperaba, pues ellas arrojan un resultado muy
superior a la ley media del Salar del Carmen, las que varían de treinta a
cuarenta por ciento.
En
cuanto a la extensión del terreno en el cual se han practicado reconocimientos
por los operarios que usted tiene allí, puede evaluarse en una superficie de
seis a ocho millones de metros cuadrados, cantidad que puede aumentarse
dirigiendo las investigaciones al sur u oeste.
No
creo de ninguna manera aventurado ni exagerado afirmar que en la extensión
indicada puedan sacarse tres, cuatro y más millones de quintales de salitre.
Más
atrás he dicho que la distancia es de quince a dieciocho leguas, computadas de
este puerto; pero esta distancia puede aminorarse haciendo las exportaciones
por la caleta de Bolfin situada al sur de Antofagasta, la cual es accesible
fácilmente hasta el litoral por una quebrada que parte de la de San Mateo. Pero
sería preferible en todo caso y a poca costa abrir un camino más recto que
descendiese al manso y abrigado puerto del Cobre, que en varios puntos de su
quebrada cuenta con pozos de agua potable.
Hay
una especialidad en el salitral o establecimiento de usted y que había olvidado
señalarle y la cual interesa vivamente a su porvenir en la elaboración y
purificación del salitre, tal es la buena calidad del agua que allí se
encuentra. Ésta es agradable al paladar y contiene una muy corta cantidad de
sustancias extrañas. Se señala esta particularidad porque usted debe conocer
los grandes inconvenientes con que han luchado los del Salar del Carmen para
beneficiar el salitre, a causa de contener su agua como diez o doce por ciento
de materias insolubles"[1]
Por
los datos que dejamos consignados se verá que tenemos sobrado fundamento para
llamar la atención del comercio sobre las salitreras chilenas, las cuales se
encuentran en magníficas condiciones para ser explotadas.
Los
nuevos sistemas de beneficio últimamente implantados por los cuales con menos
gastos se aprovecha más cantidad de salitre y otros que se han descubierto y
que tal vez muy pronto se vean puestos en práctica, son un motivo más poderoso
para que ellas puedan ser trabajadas bajo auspicios más lisonjeros que las
explotadas hasta hoy, y en las cuales se han gastado ingentes sumas en ensayos
de sistemas más económicos y sencillos.
Fuerza
es también que el gobierno de la República de Chile preste a esta industria una
decidida protección, dándole toda clase de franquicias y sobre todo re formando
la ley del 2 de enero de 1873 sobre sustancias inorgánicas, que a nuestro
juicio es absurda y dictada sin tener verdadero conocimiento de lo que es un
depósito de caliche, como tendremos ocasión de probarlo en un artículo aparte.
Creemos
por consiguiente como El Deber, que explotadas las salitreras chilenas bajo
condiciones sumamente más ventajosas que las que él señala, podrá producir se
salitre a buen precio, rompiendo el monopolio que de este artículo quiere hacer
el gobierno de Perú; abriendo una fuente poderosa donde puedan ocuparse muchos
brazos que actualmente buscan en suelo extranjero el pan para su familias;
encontrando un lugar de consumo para los productos agrícolas que la misma
república produce; y por fin, influyendo poderosamente para que el estado de
crisis por que actualmente atravesamos detenga el incremento que ha tomado, sin
poder imaginarnos aún las consecuencias que ella pueda producir en el estado
financiero no sólo de Chile, sino también de las repúblicas limítrofes.
(Editorial
de El Caracolino, julio 21 de 1876)
§3.
Concesiones
de salitreras
Los
países americanos, poseyendo inmensos territorios completamente despoblados,
que si son inútiles para la agricultura pueden ser un emporio de riquezas por
las sustancias útiles para la industria que encierran, necesitan leyes
especiales, las que no deben basarse en las de los países europeos, que se
encuentran en condiciones enteramente distintas.
No
recordando las situaciones especiales en que se hallan los depósitos de salitre
en Bolivia y Chile, los legisladores de ambos países han dictado decretos
absurdos sobre la concesión de ellos, viniendo de esta manera a hacer un
verdadero perjuicio tanto a la nación como a los particulares.
Si
examinamos el decreto boliviano, nos encontramos con que cada estaca se compone
de una inmensa cantidad de terreno (2.560.000 metros cuadrados), pudiendo
poseer varias un solo individuo. El monopolio en manos de una sola persona está
estatuido por medio de esta disposición. Muy serias dificultades habrían tenido
que tocarse en la adjudicación de las salitreras del Toco, si cada interesado
hubiese sostenido sus pretensiones, pero debido al buen sentido de ellos, pudo
arreglarse una cuestión que debió ser causa de interminables dificultades; y
todo debido al poco conocimiento que los legisladores han tenido de estas
localidades y al prurito muy desarrollado en los países americanos de conceder
a los abogados injerencia en asuntos que son absolutamente ajenos a su
competencia.
El
decreto dictado por el gobierno de Chile contiene también disposiciones que de
hecho vienen a herir de muerte a esta importante industria, que puede y debe
ser una base de su engrandecimiento y prosperidad. Así como las concesiones
bolivianas son de una amplitud tal, que han podido perjudicar a los interesados
por las cuestiones que han debido surgir, las chilenas adolecen del efecto
contrario. Una extensión de terreno de 480.000 metros cuadrados no es una base
sólida para que una empresa se lance a desembolsar los grandes capitales que se
necesitan para la instalación de un establecimiento, y el descubridor muy lejos
de ver compensados los sacrificios que ha hecho para llegar a dar al país una
fuente de riqueza se vería obligado a abandonarlas por una pequeña suma, o a
comprar la parte que tendrían los estacados para formar la base de una
negociación. En una palabra, la concesión, que indica la ley, no puede ser base
de una especulación, y debe notarse una extensión más palpable; se concede esa
extensión una vez que el informe de un ingeniero venga a colocarlo en una
situación sumamente desfavorable, dejando esta apreciación a la conciencia del
diputado de minas o gobernador.
Francamente
no comprendemos lo que haya querido el gobierno de Chile al dictar este
decreto, ni menos calcular los móviles que lo hayan guiado para poner trabas a
una industria que era su deber fomentar con todos sus esfuerzos.
Pensamos
que uno tiene conocimiento de un informe oficial elevado a la Intendencia de
Atacama por el ingeniero señor Matías Rojas el año de 1873, quien fue el
primero que tuvo ocasión de palpar los inconvenientes que presentaba el decreto
de 2 de enero del mismo año.
Para
dar más fuerza a nuestra opinión citamos los siguientes párrafos en los cuales
de una manera indirecta hacía conocer estos defectos.
"Entro
ahora a tratar de la cuestión más difícil en un informe, por ser en sí la
materia algo complicada, a causa de la latitud del decreto de US. En efecto,
para poder avaluar el costo de las máquinas y de los caminos se necesita partir
de ciertas bases a que no hace ninguna referencia el decreto del 2 de enero,
pues el valor de las máquinas dependerá naturalmente de la cantidad de salitre
que quiera elaborarse, y los caminos importarán también cantidades muy diversas
según el punto a que quieran sacarse, y según la clase del que se quiera
construir. Sin embargo, a fin de llenar mi cometido a satisfacción de la
Diputación de Minas, partiré de ciertas bases, debiendo antes decir que en la
producción influye la ley del caliche, pues una máquina que produce 800
quintales con caliche de 60 o 70% sólo producirá 500 con uno de 40%.
Suponiendo
que el empresario quisiera producir 500 quintales, con su caliche, que tiene de
ley en término medio, según los diferentes ensayes que he practicado, como
35-44% –pues los primeros ensayos que verifiqué dieron hasta 50%–, el costo de
las máquinas colocadas en las mismas calicheras no bajaría de $100.000, según
los datos precisos que he podido proporcionarme.
Ahora,
en cuanto a los caminos, su costo variará según el que se desee abrir, o
construir, pues estando las salitreras situadas a la distancia que ya he
indicado –y como a 18 leguas de este puerto de Antofagasta, distancia que se
recorre por caminos planos y posibles para tráfico de carretas–, puede decirse
que por medio de un ferrocarril de ligera construcción se haría muy económica
la explotación del caliche, ya que el mayor costo depende de su transporte a
este puerto
Y
como US. bien comprenderá, los gastos serían fuertes, toda vez que no se
planteasen las máquinas de elaboración en el mismo calichal. Mas no entraré de
ninguna manera en cálculos precisos sobre este punto, que lo considero fuera de
la órbita de mis atribuciones. Me limitaré por consiguiente a indicar que para
habilitar un buen camino carretero bastaría la suma de $2.000. Me refiero a la
compostura que demandaría, para el expedito tráfico de carretas, el camino
sobre terreno plano que sale de este puerto y llega hasta el mismo depósito de
salitres.
Con
el establecimiento que debe plantearse para recibir los salitres y elaborados y
en actitud de embarcarlos para el extranjero, creo que los capitales que se
necesitan para verificar la explotación y elaboración de esa sustancia no
subirán de 200.000.
Después
de mi vuelta a los expresados depósitos, adonde me dirigí por la quebrada que
se llama de Mateo, se me ha dicho por personas que se tiene por conocedoras de
estos lugares, que con 15 o 20 mil pesos de gasto podría sacarse un camino
carretero que iría a desembocar a la caleta de Chaucaca, un poco más al sur del
puerto de El Cobre.
Séame
permitido, antes de concluir, llamar la atención del Supremo Gobierno, por el
respetable órgano de US., sobre la conveniencia para el país de estimular y
fomentar por todos medios posibles y sin poner ninguna clase de trabas, a la
empresa de los señores Moreno y Manterola, que está llamada a dar grandes
resultados en el porvenir, pues con la instalación de un establecimiento de
este género se tendrá un punto avanzado en medio del desierto, lo que permitirá
se hagan de él exploraciones más fáciles, y que puedan trabajarse otros
depósitos, u otras nuevas fuentes de industria metalíferas, que aún permanecen
desconocidas, a causa de las grandes dificultades que presenta el desierto para
su investigación.
Por
último, haré presente que las salitreras, que he examinado, tienen agua pura y
en abundancia, que han sido sacadas por medio de pozos abiertos en la misma
cuesta que baja del norte hacia el sudeste".
Hemos
esperado durante mucho tiempo que pensando el gobierno de Chile como debiera,
modificará su decreto del 2 de febrero, en el sentido de conceder más amplitud
a las pertenencias, sobre todo cuando el año de 1872 se hizo una concesión
demasiado extensa a los descubridores del bórax en la Ola; ahora nuestras
esperanzas se han defraudado por completo, al tener conocimiento del decreto
dictado por el Ministerio de Hacienda en fecha 12 de junio, en el cual se
insiste en los mismos errores que el de enero de 1873.
Creemos
que nunca mejor que ahora, en que el país necesita con verdadera urgencia
encontrar retornos que mandar al extranjero para salvar en parte la crisis que
desgraciadamente lo va arrastrando en su terrible vorágine, es tiempo de que el
gobierno de Chile, estudiando un poco más el asunto, y sirviéndose de informes
verídicos de personas competentes en la materia, reforme el decreto citado
haciendo concesiones más arregladas a la justicia y a la equidad; concesiones
que pueden servir de base de especulación a los hombres de empresa, y que
pueden dar por resultado la explotación de esas riquezas, que aún permanecen en
estado virgen y por consiguiente desconocidas del mundo mercantil e industrial.
El
decreto a que aludimos es el siguiente:
MINISTERIO
DE HACIENDA
Santiago,
junio 18 de 1876
Vista
la nota que precede y mientras se dicten los reglamentos de que habla el
artículo 3º del Código de Minería relativo a las concesiones que pueden hacerse
a los particulares para la explotación de ciertas sustancias que se encuentran
en terrenos eriales de propiedad del Estado, decreto:
1º.
Para conceder la posesión y ordenar la mensura de las mercedes de minas o
depósitos de salitre, bórax, sal, gema, sulfato de magnesio, de sosa y de
alúmina, los Gobernadores departamentales oirán previamente el informe del
ingeniero del respectivo distrito, y en donde no hubiera ingeniero nombrado,
del que el mismo Gobernador nombre al efecto.
2º.
El Gobernador, en vista de este informe, expresará en el decreto que ordena la
mensura, la extensión que se concede, previniendo que se fijen deslindes de
terminados y sólidos en el mismo terreno, y el ingeniero ejecutará la mensura y
dará la posesión, señalando la dirección, número de metros por cada lado y
demás detalles de la pertenencia.
3º.
La diligencia de las mensuras y de la posesión será suscrita por el ingeniero,
el interesado o su representante y dos testigos. De ellas se harán dos copias,
de las cuales una se remitirá a la gobernación o intendencia y la otra se
archivará en la oficina por la cual se hubiere hecho el denuncio.
4º.
En ningún caso podrá exceder la extensión que se concede de cuatrocientos
ochenta mil metros cuadrados superficiales al descubridor, y la tercera parte
de esta extensión a los otros denunciantes. Las pertenencias podrán ser
continuas o interrumpidas
Tómese
razón, comuníquese y publíquese. –Errázuriz. –R. Barros Luco.
(Editorial
de El Caracolino, julio 19 de 1876)
§4.
Creación
de nuevos departamentos
Cualquiera
que registrase los diarios mineros del norte se sorprenderá que muy lejos de
dedicarse ellos a hacer conocer al país en general y especialmente al gobierno
de Chile, la gran necesidad de que preste todo su apoyo a la industria minera,
que desde hace tiempo viene languideciendo poco a poco, contribuyendo
poderosamente a la crisis que se ha desarrollado en el comercio de Chile, y que
viene a influir directamente también en el litoral de Bolivia, se ocupa
exclusivamente de política, ya sea local o general del país.
Ilustrados
escritores tiene esa prensa a que aludimos, que podían tratar con ti no, con
conocimiento de causa y con talento tan importantes cuestiones. La luz muy
pronto penetraría en las regiones oficiales, que muy pocas ideas poseen de lo
que es en sí la minería, y sobre la manera de darle vida, animación, y hacerla
volver al estado de auge en que se encontraba hace pocos años.
No
es con economías ficticias y pasajeras como se salva la situación de crisis por
que atraviesan las finanzas de un país. Protéjase el comercio, foméntese el
desarrollo de las industrias principales, ábranse nuevas fuentes de riquezas, y
entonces y sólo entonces se podrá entonar el himno del triunfo. Lo demás es
estrangularse poco a poco con cordones de sedas suaves y elegantes, pero que
siempre producen la muerte.
El
Caracolino desde hace tiempo se ha ocupado en largos artículos de hacer conocer
a los hombres de empresa cuáles son las riquezas que posee en su seno el
extenso territorio del desierto de Atacama; las probabilidades de encontrar
nuevos minerales que deben rivalizar con los ya descubiertos y en explotación;
y la infinidad de depósitos de metales de cobre que se encuentran sin
aprovecharse a causa de las pocas facilidades en las vías de transporte, y por
estar, se puede decir, cerrados al comercio muchos de los puertos de la costa,
en los que hace sus exportaciones una sola empresa. Esto El Caracolino lo ha
repetido y aun ha sugerido los medios, que a su juicio pueden hacer cesar un
monopolio, que es ruina para todo el comercio de Chile y aun de este litoral
Los
hombres de gobierno muy poco o ningún conocimiento parece que tienen aún sobre
el desierto. De aquí su negligencia fatal que puede ser de consecuencias serias
para el país.
Sin
embargo hoy, un hombre que ha luchado con el desierto, que ha sufrido sus
privaciones y soportado las contingencias y azares de las minas; que con los
vastos conocimientos que posee de geología ha podido formar verdadero juicio
sobre lo que puede ser para Chile el desierto de Atacama, el hábil
jurisconsulto don José Victorino Lastarria, ha presentado al Senado de Chile un
vasto proyecto que viene en apoyo de nuestras opiniones y que con ligeras
reformas debe ser aceptado por el Congreso.
La
habilitación de un puerto en El Cobre o cerca de él importaría por el momento
la explotación de muchos minerales que hoy se encuentran en despueble, por la
causa que hemos a la ligera expresado.
Fomentándose
de la manera que indica el autor del proyecto y contratando con las compañías
de vapores su arribo periódico a ese puerto, abriéndolo en una palabra al
comercio de todos por las facilidades y franquicias que se le otorguen, muy
pronto veríamos desarrollarse la industria minera no sólo de cobre sino de
plata, y elaborarse los inmensos depósitos de sustancias útiles para la
industria que se encuentran en estas regiones y de las que ya tienen
conocimiento nuestros lectores. El país contaría al mismo tiempo con un puerto
floreciente que habría surgido con una rapidez asombrosa en medio de las arenas
del desierto.
Impulsados
los trabajos en ese primer puerto, muy pronto se sucederían las empresas de
explotación más al sur, y toda esta costa sería entregada al trabajo del mundo
comercial y minero.
Ahora
si se toma en cuenta que la parte administrativa estaría perfectamente
atendida, elevándose a la categoría de departamento a estos territorios, que
hoy se encuentran despoblados, esto sería un motivo más para su progreso. Una
administración inteligente y trabajadora estaría dando cuenta oportunamente de
todas las medidas necesarias para fomentar y desarrollar estos nuevos
planteles, que se encargarían de dar a conocer la cosecha abundante que se
recoge de los capitales empleados con acierto e inteligencia.
Es
de sorprenderse que los agricultores del sur, interesados vivamente en el
incremento de la industria que ha sido la base de su engrandecimiento, hoy que
van perdiendo los mercados seguros con que antes contaban, poseídos de un
egoísmo que no comprendemos, no sean los más sostenedores del proyecto del
señor Lastarria, viniendo éste a proporcionarles nuevos mercados, y al país un
lugar donde ocupar los abundantes brazos que hoy pululan en el extranjero.
Necesario
se hace, pues, que los legisladores chilenos estudien detenidamente tan
importante cuestión con datos positivos como el autor del proyecto, y que la
prensa minera del norte, dejando a un lado la política local que sólo
sinsabores puede dejar, la dilucide, con su contingente de datos y de razones
sólidas que puedan llevar el convencimiento a los conductores de la nave del
Estado.
Lo
que dejamos consignado basta por ahora.
Mientras
tanto, he aquí el proyecto del honorable senador por Coquimbo:
Moción
presentada al Senado en Sesión de 7 de agosto de 1876
Es
incuestionable la necesidad en que el país se encuentra de fomentar sus
antiguas industrias y de facilitarles nuevos desarrollos para aumentar su
producción, y saldar con ella el valor de las importaciones, o excederlo, si es
posible, a fin de evitar los conflictos que nacen de consumir más de lo que se
produce, o de las contingencias de la demanda extranjera de algunos de los
artículos de nuestra industria.
La
industria minera, que hace poco tiempo concurría con las seis séptimas partes
de nuestras exportaciones, apenas concurre hoy con la mitad; y esta decadencia
nos ha traído, entre otros perniciosos resultados, la pérdida de más de
cincuenta y ocho mil obreros de la minería que, según la noticia preliminar del
último censo de la república, han ido a buscar trabajo en las costas de Bolivia
y de Perú, sin embargo, de que tenemos la principal porción del desierto de
Atacama, con iguales sino mayores riquezas que las que posee aquel litoral.
A
llenar en parte aquella necesidad está destinado el siguiente proyecto de ley,
que tengo el honor de presentar, y los datos fidedignos que me he
proporcionado, a fin de levantar de su postración nuestra industria minera y de
reponerla en la posesión de una valiosa producción, que últimamente ha perdido,
por haberla bus cado en otro centro.
Art.
1º. Se erigen dos nuevos departamentos en el territorio del norte de la
provincia de Atacama.
El
primero, que se denominará departamento del Púlar, se extiende en toda la parte
del territorio chileno comprendido entre el paralelo 24 de latitud sur, que
corre a dos y medio kilómetros al norte del volcán apagado del Púlar, y una
línea que girará desde Punta Grande, en la costa, hasta el límite oriental de
la república.
El
segundo, que se denominará departamento de Chañaral, se extiende desde la línea
de Punta Grande hasta otra línea al sur que correrá desde la Punta de Infieles,
en la costa, hasta el mismo límite oriental, quedando separado por esta línea
de los departamentos de Caldera y Copiapó.
Art.
2º. El gobernador del departamento del Púlar tendrá un sueldo anual de cuatro
mil pesos, y el del departamento de Chañaral el de dos mil quinientos pesos.
Art.
3º. La capital del departamento del Púlar será una población que se fundará en
la caleta del Cobre, o en el pasaje más inmediato al paralelo 24, en que se
halle un embarcadero, y que tenga acceso fácil al territorio interior.
La
capital del departamento de Chañaral será el pueblo de este nombre, situando su
embarcadero en Playa Blanca.
Ambas
capitales serán puertos mayores.
Art.
4º. Son libres de todo derecho de importación los instrumentos y sustancias
químicas, las máquinas y herramientas, el acero, fierro, madera, ladrillos,
baldosas y cimientos que se introduzcan por ambos puertos con destino a la
explotación y a la elaboración de productos de las minas, salitreras, depósitos
de bórax y otros boratos y de todas las materias que se enumeran en los
artículos 2º y 3º del Código de Minería.
Igualmente
serán libres de todo impuesto nacional en su exportación los productos en bruto
o elaborados de todas estas explotaciones que se extraigan por los mencionados
puertos.
Sin
embargo, estos productos serán gravados, al tiempo de su salida, con 5 centavos
por cada quintal métrico, a beneficio de los fondos municipales del respectivo
departamento, sin que mientras subsista este impuesto puedan gravar se con
ninguno de los artículos de bastimento de las poblaciones urbanas y mineras.
Art. 5º. Se autoriza al Presidente de la República por el término de tres años
para que invierta hasta trescientos mil pesos en muelles marítimos y edificios
fiscales en ambos puertos; y para que auxilie a los pobladores que durante el
primer año se sitúen en la capital del Púlar con maderas y clavazón para
construir sus habitaciones y con agua potable, y para todo conforme a un plano
y reglamento que se publicarán al fundar la población.
Art.
6º. Las sustancias enumeradas en el art. 3º del Código de Minería, que se
encuentren en el territorio de los dos departamentos pertenecen a la
municipalidad respectiva, la cual podrá concederlas a particulares, en la
extensión y bajo las condiciones que se determinen en contratos celebrados al
efecto, sin necesidad de aprobación superior.
Mientras
no exista municipalidad, estos contratos serán celebrados por la comisión de
alcaldes que haga sus veces, según las reglas que dicte el ejecutivo.
Las
guaneras y las hulleras que se encuentren en el mismo territorio pertenecen al
Estado, y él podrá concederlas en la misma forma, con arreglo a las leyes.
Art.
7º. Los depósitos de salitres, de bórax y otros boratos que existen en el mismo
territorio son denunciables, y su registro, su posesión y propiedad se regirán
por las disposiciones del código de minería, salvo la modificación del artículo
siguiente.
Art.
8º. Cada pertenencia de los depósitos dichos constará de sesenta hectáreas y se
concederán a los descubridores las que les correspondan con arreglo al art. 26
del citado código, entendiéndose que el descubrimiento está en un criadero
regular en capa o manto, y trazándose las pertenencias en la forma determinada
por el art. 84 del mismo código, sin embargo, de que éstos podrán tener una
longitud de más de trescientos metros.
Verificada
la mensura, la pertenencia no incurrirá en despueble, y si se obtuviere un
plazo improrrogable para establecer máquinas de beneficio concediéndolo el juez
competente con conocimiento de causa; y cumplido que sea, la explotación se
hará con arreglo al código, aunque no se beneficien los productos por cuenta de
su dueño.
Art.
9º. Los habitantes de todos los minerales y los de las nuevas poblaciones que
se funden en los departamentos gozarán de la exención de diezmos, alcabalas, y
patentes, que concede el art. 4º de la ley de 18 de noviembre de 1845.
El
Presidente de la República prestará a estos últimos los auxilios que, conforme
a la citada ley, pueden facilitar su establecimiento en las poblaciones; y
dictará además las medidas necesarias al cumplimiento de la presente, y las que
fueren conducentes a mantener allí la seguridad, y la fácil comunicación entre
todos los centros habilitados en los departamentos, así como la de éstos con la
capital de la provincia y con el resto de la república.
Santiago,
7 de agosto de 1876.
JOSÉ
VICTORINO LASTARRIA
(Editorial
de El Caracolino, agosto 16 de 1876)
Tanto
los hombres de Estado como la prensa de Chile, preocupados de la situación de
crisis por que atraviesa el comercio y el erario nacional, se ocupan de
estudiar la manera de salvarla de una manera conveniente.
La
cuestión capital, a nuestro juicio, no es evitar momentáneamente las
dificultades por que se atraviesa en la actualidad. Ya éste o aquel expediente
bastarían para el objeto. El asunto serio, el que debe llamar la atención y
estudio constante de todos es consolidar el crédito, abriendo nuevas fuentes
que sustituyan las que poco a poco se han cegado por imprevisión, aumentando la
producción de tal manera que sobrepuje al consumo, en una palabra afianzando el
porvenir, cuyo horizonte se manifiesta sombrío y aterrador.
Para
nadie es un misterio que la minería ha sido la base principal del crédito de
Chile en el extranjero, desde el año 1833 en que comenzó a desarrollarse de una
manera extraordinaria; que en esa misma época sirvió para que sus finanzas
pudieran levantarse del estado de postración en que se encontraban; que al
aumento progresivo de las entradas nacionales ha contribuido en su mayor parte;
que la misma agricultura, que languidecía, fue poco a poco elevándose a
impulsos de aquélla, debiéndole el estado de prosperidad a que ha llegado; y en
fin, que en lugar de prestarle el gobierno toda su protección ha sido la que
siempre se ha encontrado más gravada.
Hoy
después de una lucha constante de la inteligencia y del capital en contra de
los secretos de la naturaleza, lucha más atrevida que la del agricultor que va
con la seguridad de la ganancia, esta importante industria se encuentra
abatida, habiendo disminuido la producción de una manera extraordinaria.
Para
nosotros la crisis no proviene de otra causa e irá en aumento, mientras en más
decadencia continúe la minería. No creemos de ninguna manera que la agricultura
en el estado en que se encuentra, pueda ser el áncora de salvación. Los
mercados poco a poco se irán perdiendo por la competencia que con ventaja
podrán hacerle otros países, y tarde o temprano perderá más terreno, si no se
dedica a la producción de otros artículos, que sean base para el desarrollo de
nuevas industrias. Pero mientras esto pasa, mientras las ideas de reforma
vienen a posesionarse de los agricultores, la única posibilidad de llegar a un
resultado positivo es proteger la minería de una manera seria, aunque ello
importe un gravamen para la nación. Necesario se hace arriesgar algunas
cantidades que pueden ser motivo para que veamos desarrollarse esta industria.
Preciso es que los hombres de Estado abandonen las ideas prácticas de los
agricultores que van a ganancia segura y tengan la ilusión fundada de los
mineros. Menester es recordar que la minería crea en un momento poblaciones que
sólo después de largos años consigue la agricultura. Fuerza es buscar trabajo
fecundo a la infinidad de compatriotas que hoy van a buscar el pan al
extranjero, cuyos brazos contribuirán poderosamente al aumento de producción.
Muy
de censurar sería que abandonando estas ideas, teniendo puede decirse a la mano
una inmensa zona de territorio que, una vez accesible a los especuladores, se
tomaría como una fuente de trabajo seguro y abundante, con inmensas cantidades
de metales de cobre, caliche, etc., por ahorrar unos cuantos pesos, se le
dejase en el estado en que actualmente se encuentra.
Desde
hace mucho tiempo hemos abrigado la convicción de que el desierto contiene aún
en su seno riquezas que todavía no se han descubierto a causa de los
inconvenientes que hoy se presentan para las exploraciones; y hemos llamado la
atención de los hombres de empresa, así como tenemos la certidumbre de que en
la actualidad con los minerales descubiertos y que no se trabajan por las
dificultades que se presentan para la provisión de víveres y exportación de
metales, hay lo suficiente para que puedan abrirse muy importantes centros
mineros.
Por
esta razón tan pronto como llegó a nuestras manos el proyecto del honorable
senador señor Lastarria, conocedor de estas localidades, no pudimos por menos
que aplaudir su pensamiento dedicándole un editorial en el que expresamos que
debía ser aceptado inmediatamente con algunas modificaciones; pero
modificaciones en el sentido de que se buscasen más facilidades aún para los
especuladores, y entre ellas citábamos la de subvencionar a una de las
compañías de vapores para que arribasen periódicamente a uno de los puertos
entre Chañaral y el límite norte. Por lo demás el proyecto merecía toda nuestra
aprobación, como la de todas las personas inteligentes que consultamos.
Hemos
esperado con impaciencia el informe de la comisión que creíamos ven dría a dar
a los mineros las franquicias que esperábamos. Desgraciadamente nuestras
esperanzas han salido del todo fallidas. Los señores Vicuña Mackenna y Zañartu
aceptaron en general el proyecto del señor Lastarria y, abundando en las mismas
ideas de dar toda clase de facilidades a los que pueblen el desierto, han
presentado un nuevo proyecto cuyo resultado práctico es dejar a esta zona del
territorio en el estado en que actualmente se encuentra, con la diferencia de
tener en lugar de un subdelegado, un gobernador. La jerarquía administrativa se
ha elevado de rango; pero la industria minera, que no vive de la categoría de
sus gobernantes, no gana absolutamente nada.
Los
miembros de esta comisión, sin conocer los antecedentes del proyecto, sin tener
a la mano datos exactos sobre estas localidades que están colocadas en una
situación excepcional; sin haberse ocupado de estudiar a fondo una cuestión de
vital importancia para el país, y pecando muchas veces hasta por ignorancia en
el mismo informe, no han hecho otra cosa que presentar un proyecto absurdo bajo
todo concepto, y que destruye por su esencia los benéficos resultados que
podían esperarse del presentado por el señor Lastarria.
Vamos
a examinar a la ligera el informe, pero antes de pasar más adelante para que no
se crea que lanzamos la acusación de ignorancia a los señores de la co misión
sin tener fundamento para ello, nos bastará decirles que están muy equivocados
al aseverar que
"dos
depósitos argentíferos de Caracoles están sólo a cinco o seis leguas al norte
de la frontera chilena y que se juzga con acierto que la zona metálica llamada
'Tercer Caracoles' yace en nuestro territorio".
Según
el tratado de límites de Bolivia y Chile, como más adelante se encargan los
mismos autores de aseverarlo en la demarcación del territorio, los límites son
el paralelo 24 y no puede encontrarse Caracoles a seis leguas cuando está
situado en el paralelo 23. Esto nos inclina a creer que los señores Vicuña y
Zañartu han procedido con mucha ligereza al estudiar el proyecto y que sin
saberlo han querido arrastrar al Senado en sus errores.
Pero
hay otra equivocación notable en el informe. Se dice que las estacas chilenas
de salitre tienen una extensión ya bastante grande, pues las de Bolivia que
miden poco más del doble se consideran excesivas (84 hectáreas) y han causado
el mal evidente de acumular en una o dos manos la explotación de las salitreras
descubiertas. Error y error muy grande. Entre los que han criticado la gran
extensión de las salitreras bolivianas como la demasiada pequeñez de las
chilenas, nos hemos encontrado en primera línea, pero no ha sido porque cuenten
de superficie las primeras la cantidad señalada, extensión que consideramos
equitativa, sino porque en lugar de abrazar 84 hectáreas miden doscientas
cincuenta y seis, acumulando en una sola persona un inmenso territorio. Ésta
fue la causa por las que al darse las mensuras se redujeron las concesiones a
la mitad de acuerdo con las partes interesadas, resultando que tuvieron opción
a ellas todos los que tenían sus pedimentos y que no bajaron de quince.
Rectificados
estos errores de gravedad y que muy bien pudieran pesar en el ánimo de los
legisladores al tomar una resolución sobre tan importante punto, nos
contraeremos al proyecto en su base, para probar que, aunque aparentemente se
diferencia sólo en la forma del presentado por el señor Lastarria, viene a
destruirlo de una manera tan completa, que sólo significaría un statu quo de la
situación actual con un aumento inútil de gastos para el erario nacional.
Cualquiera
que haya recorrido a la ligera el territorio comprendido entre Chañaral y el
paralelo 24 no habrá podido por menos que sorprenderse de las riquezas que
encierra y que se encuentran en estado virgen o con muy pequeñas exploraciones.
Cualquiera que encuentre minas en beneficio y sin ningún trabajo y haya
interrogado a algún minero le habrá dicho que en ellas se han gastado algunos
capitales y que se han visto obligados a abandonarlas por no contar con los
elementos necesarios para abrir puertos y habilitar un establecimiento adecuado
para la explotación. Cualquiera que al azar tenga que penetrar en esa zona y
que se encuentre con depósitos de valor de metales de cobre, sabrá que le es
imposible poder dedicarse a su explotación, pues para ello se necesitan
ingentes capitales que pocas veces están al alcance del minero, y sobre todo
del minero de cobre. No es uno solo sino muchos mineros, los que, guiados por
un espíritu de empresa, se han lanzado a trabajos de este género; pero han
tenido que luchar con una casa poderosa que ha convertido en feudo de su
exclusivo señorío lo que debía ser del dominio de todos. Esos mismos individuos
podrán relatar la hostilidad constante que han tenido que soportar, los
inconvenientes para proveerse de víveres, la interrupción de los caminos y
cuanto obstáculo es posible para negar el acceso a otros industriales.
Cualquier reclamo ante las autoridades ha durado demasiado y el especulador
pobre tenía que sucumbir ante los golpes rudos del poderoso. No se crea por
esto que increpamos la conducta de la empresa que se ha ocupado de la
explotación de estas riquezas. Ella es lógica y natural.
Ésta
es la historia de esa zona casi inaccesible para la minería, bosquejada a
grandes rasgos.
Muy
distinta es la situación de Chañaral y los minerales de las cercanías. Ellos se
encuentran en condiciones económicas muy diferentes. El monopolio no existe. De
aquí que sus minerales se hayan desarrollado de una manera notable, y que se
encuentren minas de gran valía y renombre. Las facilidades para la exportación
e importación son iguales a las que pueden encontrarse en cualquier puerto
accesible al comercio.
La
cuestión capital –la cuestión única– es abrir a la industria los puertos de Pa
poso, Taltal y El Cobre, situados a gran distancia de Chañaral, dándoles toda
clase de franquicias; y matando la hidra del exclusivismo, que ha sido la ruina
de estas comarcas, fomentando el incremento de estas poblaciones; colocando a
su frente a un gobernante laborioso y minero que pueda ser un guía y apoyo de
éstos; poniéndolos en contacto inmediato con los demás puertos por medio del
arribo de vapores que faciliten el comercio; y si fuese posible, abriendo
establecimientos comerciales donde el minero encontrase los artículos de
consumo a un precio moderado.
Ésta
es la manera de levantar poblaciones, de elevar a la industria a la altura en
que debe colocarse. Los demás son términos medios que a nada conducen.
Formar
un territorio de colonización teniendo el gobernante su asiento en Chañaral, lo
repetimos, es dejar las cosas en el mismo estado. Por más laborioso y decidido
a trabajar por el bien de estas localidades, el individuo que fuese elegido
nada podría hacer. Las distancias son considerables para viajar continuamente,
y estos viajes tienen el inconveniente de que no se hacen por ferrocarriles ni
por medio de valles floridos.
Es
necesario, y sobre todo en los primeros tiempos, desplegar una gran actividad
para llegar a un resultado práctico. Es forzoso que el mandatario esté
incesante vigilando y tomando prontamente todas aquellas medidas urgentes que
se necesitan para fomentar los trabajos; y para ello es menester conocer y
estudiar sobre el terreno todas esas decisiones. Aquí la labor no es de
gabinete: es de observación en los propios lugares en que los sucesos se van
desarrollando.
El
asiento de una gobernación en el puerto de Chañaral sería de buenos resultados
para esta sección, pero tanto más necesaria se hace la creación de otra en los
del Cobre o Paposo, siendo de preferir la primera localidad por el gran impulso
que podría tomar con la explotación de las salitreras situadas a tres leguas
del paralelo 24.
El
hecho de que hoy no existan poblaciones diseminadas en suficiente número para
que puedan enviar un representante al Congreso no es un argumento serio.
Concédanse las franquicias que ha indicado el señor Lastarria y las que nos
hemos permitido agregar, y no está muy lejos el día en que la mayor parte de la
emigración chilena vuelva a su suelo natal a emplear su inteligencia en bien de
la nación, y gran parte de esos 50 o 60 mil chilenos, que son trabajo
productivo y progreso de la industria, sabrán también enviar representantes que
conociendo sus intereses aboguen con conocimiento de causa por la industria
minera.
Con
lo dicho creemos dejar demostrado que muy lejos de consultarse los intereses de
la minería y los deseos de proteger su desarrollo, se le deja entregada a sus
propios esfuerzos, aceptando el proyecto de los señores senadores informantes.
El
único modo práctico de salvar la situación es aprobando las ideas emitidas por
el señor Lastarria, y si admiten modificaciones deben ser en el sentido de dar
aun, si es posible, mayores garantías y franquicias a los especuladores.
Esperamos
que tanto el autor del proyecto como otros señores senadores y principalmente
el representante de Atacama, que suponemos abriga las mismas ideas, harán la
luz en el Senado y obtendrán su aprobación, logrando de esta manera el
incremento de la industria a quien el país le ha debido su engrandecimiento,
consiguiendo sino por el momento en pocos años obtener el equilibrio entre la
producción y el consumo, causa de la crisis por que atravesamos.
La
aprobación del proyecto del señor Lastarria importa, a nuestro juicio, no sólo
el fomento de la minería sino la repatriación de la infinidad de chilenos que
hoy en el extranjero son capital, industria, inteligencia y trabajo productivo.
El
proyecto de los señores Vicuña y Zañartu importa el statu quo actual.
Abrigamos
la esperanza de que los legisladores de Chile dedicarán a este asunto una
atención especial, solucionándole en el sentido de dar protección a la
industria minera que languidece, no fijándose en el gasto de algunas sumas que
más tarde darán resultados bien positivos tanto para el comercio como para la
nación. Copiamos enseguida el informe de la comisión:
"Honorable
Senado:
Vuestra
comisión de Gobierno ha tomado en consideración el importante proyecto que
precede, y después de prestar a su examen la atención que su naturaleza exigía,
no puede menos de reconocer que su autor ha prestado un verdadero servicio a la
República al someter al conocimiento del Senado un asunto tan interesante como
oportuno.
En
la presente condición financiera e industrial del país, el espíritu público
comenzará a preocuparse de encontrar una solución que tienda a equilibrar de
una manera más o menos regular y permanente nuestro comercio exterior y nuestro
consumo, proporcionando a aquél los cambios que el último hace indispensables,
y como está ya probado que nuestra agricultura no podrá bastar por sí sola para
alcanzar esos resultados, forzoso es que el legislador se esfuerce por
encontrar en la minería, que es nuestra segunda y más activa industria, las
compensaciones que aquélla ya no puede proporcionar por sí sola.
En
este sentido, el proyecto de dar al opulento y desconocido territorio de
Atacama ciertas franquicias comerciales e industriales y a otorgarle los
beneficios de una administración medianamente organizada, en reemplazo del
estado acéfalo e indefinido en que puede decirse se halla, está llamado a
encontrar una acogida favorable, y de ésta ha dado una prueba anticipada el
Senado sancionándolo en general casi por la unanimidad de sus votos.
El
Senado no podía echar en el olvido que esa importantísima porción de nuestro
territorio había dependido exclusivamente hasta ahora del esfuerzo generoso de
algunos beneméritos ciudadanos y de unos pocos capitalistas extranjeros, tan
inteligentes como perseverantes. El Estado no había hecho nada o casi nada por
su progreso.
Mas,
¿es posible realizar en toda su extensión los propósitos que consulta el
estudio que analizamos? ¿Es cuerdo en las presentes circunstancias emprender
obras tan costosas, por más que sean útiles, como las que aconseja el artículo
5º del proyecto? ¿Existen poblaciones estables o diseminadas en suficiente
número para autorizar la creación de dos departamentos como lo propone el autor
del proyecto? ¿Podrán siquiera ambos departamentos reunidos enviar un
representante al Congreso? ¿Se llegará a fijar con mediana precisión los
límites de uno y otro y aun a ubicar en un terreno dado la futura capital del
que ocuparía la parte más septentrional de nuestro territorio, junto al grado
24?
He
aquí cuestiones que están resueltas por sí mismas en la actualidad y que,
aceptándolas desde ese punto de vista, la comisión que suscribe no puede menos
que sentar como otros tantos problemas que sólo el porvenir podrá resolver.
Por
esto, limitando su acción a una esfera puramente práctica y de aplicación
fácil, inmediata y poco costosa creemos que el proyecto del honorable señor
Lastarria puede modificarse con ventaja en algunos puntos sustanciales, y en
con secuencia dejarlo en actitud de ser convertido en ley por ambas ramas del
poder legislativo en el transcurso del presente año.
Las
principales de esas modificaciones serían las siguientes:
1ª.
Crear en lugar de los dos departamentos administrativos que establecen los
artículos 1º, 2º y 3º del proyecto un vasto territorio de colonización,
conforme a las prescripciones y reglas estatuidas en la ley de 18 de noviembre
de 1845, que de hecho declaró ya en época tan apartada sujetos a esa ley los
terrenos baldíos situados al norte del río Copiapó.
2ª.
Suprimir todos los gastos y mejoras locales que se consultan en el artículo 5º
hasta por la cantidad de 300.000 pesos.
3ª.
La conservación de la cavida (Sic) actual de las estacas que el Código de
Minería otorga para la explotación de los salitres, boratos y demás sustancias
fósiles, que es de 48 hectáreas, y no acceder al aumento de 12 hectáreas que
señala el proyecto
Es cierto que la estaca peruana de cien metros
cuadrados es demasiado reducida; pero esto no ha sido obstáculo para el
desarrollo floreciente de esa industria en la provincia de Tarapacá y otros
despoblados, por la sencilla razón que se permita la acumulación por compra o
por denuncio de un considerable número de estacas.
Así,
por ejemplo, la más vasta salitrera de Iquique comprada recientemente por el
gobierno peruano y que con el nombre de Compañía Salitrera de Tarapacá poseía
la conocida casa de Antonio Gibbs y C., disfruta 1.682 estacas vendidas en
1.250.000 pesos, y la próxima en extensión e importancia de don Juan
Gildemeister, aunque sólo poseía 261 estacas, fue adquirida por el mismo
gobierno por el mismo precio de la anterior.
La
comisión se había inclinado al aumento de la cavida propuesta por el honorable
señor Lastarria; considerando más detenidamente el asunto ha temido que
concesiones tan latas podrían dar lugar a monopolios perjudiciales de los
lechos no siempre abundantes en que existen aquellas preciosas sustancias. La
comisión se ha fijado además en que la cavidad boliviana, que es el doble mayor
que la chilena, 84 hectáreas, ha sido justamente censurada por su excesiva
extensión y ha causado ya el mal evidente de acumular en una o dos manos la
explotación de salitreras recién descubiertas en ese país.
Fuera
de estas alteraciones sustanciales y atendiendo sólo a principios de equidad y
protección, la comisión juzga acertada la liberación de los productos de las
nuevas industrias que están llamadas a nacer y desarrollarse en la parte
chilena del desierto, como ha sucedido en la zona boliviana y aun en la de Perú
contigua a ésta. El Senado no puede ignorar que los depósitos argentíferos de
Caracoles están sólo a cinco o seis leguas al norte de la frontera chilena, y
que se juzga con acierto que la zona metalúrgica llamada 'Tercer Caracoles'
yace dentro de nuestro territorio. Es preciso por tanto dar amplio campo al
nacimiento y vitalidad posterior de esas creaciones en la parte todavía virgen
e inexplorada del desierto. En cuanto a los valores que el Estado perdería por
esta medida en la parte ya explorada, como es el reducido núcleo de minas que
alimenta hoy el pueblo de Chañaral, las 'Ánimas', el 'Salar', 'Cerro Negro' y
la 'Florida', son de tan corta cantidad que no habría daño alguno en
desprenderse de ellos en obsequio de los municipios que hubieren de encontrar
más tarde asiento en el desierto. Esos derechos no alcanzaron en 1874 sino a
3.955 pesos 85 centavos percibidos por la Aduana de Chañaral, de los cuales
2.905 pesos 50 centavos eran por derechos de importación, 308 pesos 50 centavos
de importación, 8 pesos 25 centavos de almacenaje, 1.753 pesos 95 centavos de
diversas procedencias.
Esos
productos, según los últimos datos recibidos, han subido el doble en 1875, pero
siempre en una cantidad que no infiere daño visible a la renta general.
En
el mismo sentido consideramos el gasto de 7.200 pesos que importa la
organización administrativa del territorio de Atacama con su Gobernador agente
de colonización que disfrutaría el sueldo de 4.000 pesos, un secretario y
encargado de la estadística y un oficial de pluma con el de 1.200 pesos, todo
lo cual producirá una economía de consideración sobre la plata de dos
departamentos que establecía el proyecto original.
Debemos
agregar que en la asignación de sueldos superiores a los demás departamentos de
la república, la comisión informante no se ha fijado únicamente en la mayor
carestía de la vida y aumento de privaciones que el gobierno de aquellas
regiones impone, sino especialmente en la idoneidad de los ciudadanos que se
designasen para ocupar puestos en que el patriotismo debiera darse siempre la
mano con la probidad, la ciencia y el espíritu de investigación y progreso.
Una
dificultad quedaba por salvar a la comisión y era la de fijar límites definidos
por la parte del sur al dilatado territorio que ocupa el desierto, pero esta
vaguedad es inevitable al tratarse de designación de límites.
Habría
querido la comisión señalar, por ejemplo, el lecho del río Salado como límite
meridional entre el territorio de colonización y los departamentos de Copiapó y
Caldera, pero esto habría traído por resultado, además de lo incierto, el dejar
el importante mineral de las Ánimas fuera del territorio de Atacama y sujeto al
de Caldera, sin embargo, de estar situado aquél a dos pasos de Chañaral,
capital indispensable del nuevo territorio. Por esto la comisión se ha
resignado a aceptar por ahora la vaguedad de la línea imaginaria propuesta por
el autor del proyecto, aceptando, empero, el mismo procedimiento que siguió
para fijar a seis leguas de la playa del mar el límite oriental del
departamento de Caldera".
(Editorial
de El Caracolino, septiembre 3 de 1876)
Intencionalmente
hemos dejado pasar algunos días antes de contestar a El Copiapino, que
abundando en nuestras mismas ideas sobre el proyecto del señor Lastarria,
discrepa en la manera que hemos tenido de apreciar a la prensa minera del
norte.
Hemos
esperado creyendo encontrar en ella artículos que se ocupasen de la cuestión
capital del día en esa república, salvar la crisis que se presenta con
caracteres tan alarmantes que llama con justicia la atención de los hombres de
Estado y de negocios.
Esperábamos
de la ilustración y conocimientos especiales de los directores de los diarios
con que cuenta la provincia de Atacama artículos de fondo, que tratasen del
proyecto del señor Lastarria, llevando su contingente de luces a los
legisladores que van a resolver un asunto de tan vital importancia para el
país, y sobre el cual hemos tenido la certidumbre que sólo conocen a la ligera,
por los errores capitales en que ha incurrido la comisión.
Desgraciadamente,
a pesar de nuestro vivo anhelo, hemos visto que sólo El Copiapino ha tratado la
cuestión en general, y que los demás diarios sólo se ocupan de política local o
general del país.
Esto
que antes hemos sostenido, hoy lo vemos confirmado.
Al
hablar de política, de ninguna manera tomamos la palabra en el sentido que El
Copiapino indica. Conocemos lo que estrictamente hablando se entiende por
política. Nos referimos a la política militante del país o de la localidad;
aquella política que muy lejos de producir bienes sólo deja sinsabores; de
ninguna manera a la que trata del arte de gobernar y mejorar las instituciones.
Por
consiguiente, aceptamos todas las ideas que emite el colega y celebramos verlo
tomar con cierto calor la defensa de ciertas reformas. Mas si celebramos
aplaudir y abatir palmas a esta conducta, no podemos por menos que censurar los
di mes y diretes de las otras prensas, los que no sientan bien en diarios
serios y sobre todo mineros, que debían dedicar su especial atención al modo de
mejorar y desarrollar la industria minera en estas comarcas.
No
es, pues, justa la protesta que hace El Copiapino en nombre de la prensa del
norte.
Cuando
se discuten en la Cámara los grandes intereses de la minería; cuando se trata
nada menos que de salvar la nación de la crisis que poco a poco se va
desarrollando de una manera bien alarmante; cuando los chilenos tienen que
emigrar de su patria para ir a buscar al extranjero el sustento de sus
familias; cuando los legisladores necesitan del conocimiento de todos, para
hacer una obra que sea una base positiva de salvación, no puede por menos que
censurarse la conducta indiferente de la prensa de que hablamos, ocupada de
nimiedades que muy lejos de traerle prestigio, burla los fines para que ha sido
creada y protegida.
El
proyecto del señor Lastarria ha recibido tan buena acogida entre los chilenos
residentes en el extranjero, que muy pronto sabemos que se mandarán actas de
adhesión a él, y rechazando el de la comisión informante por importar la
subsistencia del estado actual.
Nosotros
que vivimos, puede decirse, a las puertas de ese territorio y que podemos bien
calcular su importancia para la minería, hemos consignado ya nuestras ideas y
procuraremos, en cuanto nuestras fuerzas nos lo permitan, llevar si es posible
un mayor contingente de datos y razones a la discusión.
Esperamos
que el decano de la prensa del norte llame la atención de sus colegas, y no
dudamos que una vez atendida esta petición, cada cual sabrá tratar la cuestión
con el caudal de conocimientos prácticos que poseen sus redactores.
Así
se habrán cumplido nuestros deseos, y tanto el país como la minería recibirán
un verdadero servicio.
(Editorial
de El Caracolino, septiembre 7 de 1876)
Hemos
hablado en general sobre el proyecto del señor Lastarria, prestándole nuestra
aprobación con modificaciones que signifiquen nuevas franquicias para el
desarrollo de las poblaciones que desea crear a impulsos de la minería.
Estas
consideraciones han sido también las que nos han movido a diferir completamente
del nuevo proyecto de la comisión que, partiendo de bases falsas, ha llegado a
resultados opuestos a lo que la industria necesita para crearse y tomar cuerpo
en la rica región comprendida entre el paralelo 24 y el puerto de Chañaral.
Inútil
nos parece volver a entrar en la cuestión de las causas que han traído el
estado de crisis, que todos se apresurarán a salvar. Ya parece un hecho
indudable que ella tiene por razón principal la decadencia de la industria
minera. La estadística publicada últimamente en Copiapó ha venido a arrojar
gran luz en medio de esta discusión, y a traer el convencimiento a aquéllos que
se atrevían aun a poner en duda esta verdad.
La
provincia de Atacama, especialmente, que ha debido su engrandecimiento a sus
propios esfuerzos y que ha llevado la abundancia y la prosperidad a las otras
provincias; que ha contribuido poderosamente al crédito del país y al aumento
de las entradas del erario nacional; que ha sido la primera en introducir los
nuevos inventos de la ciencia, sin que los gobernantes tratasen de sostenerla y
aliviarla de la pesada carga de contribuciones exorbitantes; hoy, a pesar de su
decadencia, señala a éstos una nueva sección de su territorio, mirada antes con
indiferencia, encerrando en su seno abundantes minerales que, explotados,
pueden llegar a hacer equilibrio a lo que se ha perdido por haberse agotado.
Pero
no es sólo lo conocido lo que puede dar trabajo para mucho tiempo, para muchos
capitales y para muchos brazos, lo que debe llamar la atención de los
legisladores hacia esta región. No son sólo las minas de cobre que abundan a
cada paso, las minas de plata y los depósitos de salitre y que no se explotan
por las dificultades que hoy se presentan, lo que debe hacerles formar
conciencia en este asunto, sino que gastándose unos cuantos miles de pesos se
abre paso a exploraciones que no pueden hoy efectuarse por los gastos inmensos
que ellas acarrean.
Es
tiempo ya de que el gobierno no sólo por la conveniencia del país en general
sino como una deuda de gratitud sacrifique cantidades que si pueden ser un
gravamen serio por el momento para el erario nacional, mañana serán también su
salvación.
Dejando
aparte estas consideraciones que antes hemos desarrollado y que con un criterio
que honra a los señores redactores ha dilucidado El Deber, único órgano de la
prensa del centro de Chile que se ha ocupado de tan importante cuestión,
entraremos a examinar el proyecto de la comisión, en lo que se refiere a las
concesiones de salitreras.
Como
decíamos en nuestro artículo anterior, los señores senadores, a pesar del
estudio serio del proyecto han incurrido en errores de tal magnitud, que ellos
naturalmente han sido origen de que las conclusiones a que han llegado hayan
sido absurdas.
La
ley de salitres del gobierno de Bolivia, que justamente ha merecido la censura
por su gran extensión, fue dictada inspirándose en los deseos de dar
facilidades al desarrollo de la industria salitrera, y a que pudiese
encontrarse una base poderosa a fin de que los especuladores no tuviesen
inconveniente alguno para entrar a explotarlas.
La
estaca boliviana mide de superficie, como lo hemos dicho, 256 hectáreas; pero a
los descubridores en compañía se les concede catorce de estas estacas; de modo
que la extensión de territorio suma entonces la inmensa cantidad de tres mil
quinientos ochenta y cuatrohectáreas. Enorme extensión para caer en poder de
sólo dos personas. De aquí nace el absurdo de la concesión; de aquí que se
limitara el número de estacas cuando se dio la mesura de ellas, y que se
convencieran los mismos peticionarios de que el gobierno por ser demasiado
liberal había llegado al punto de herir los intereses de ellos mismos, puesto
que no habría habido extensión que hubiese bastado para todos; y que se
conformaran con la limitación.
Es
de advertir que las salitreras del Toco a que hacemos referencia tienen una
potencia considerablemente mayor que las conocidas ya en Chile, y que las
diversas combinaciones para llegar a explotarlas fuesen poco a poco fracasando,
hasta llegar al extremo de que una negociación basada sobre una superficie de
tres mil trescientas treinta y ocho hectáreas no encontrase capitales en el
mundo mercantil que acometiese la empresa de su explotación, hasta que por fin
se vendieron al señor Meiggs, arrendador de las salitreras del fisco, por la
exigua suma de ocho mil pesos cada estaca de 256 hectáreas. Y no debe olvidarse
que sólo en gastos de habilitación se habían invertido como tres mil pesos.
Ésta
es la historia verídica de las salitreras cuya extensión (equivocada en la
cantidad de tres mil quinientas hectáreas) se ha tomado para apoyar el informe
de
la comisión informante, debiendo advertir que estas salitreras se encontraban
en situación muy favorable para su explotación, por tener el puerto habilitado
de Tocopilla donde arriban semanalmente los vapores, la mayor parte del camino
arreglado y el río Loa a sus inmediaciones.
Las
salitreras chilenas no se encuentran en estas condiciones y, sin embargo, se
pretende darles una extensión tan pequeña que jamás pueda ser base de
negociación, lo que hará que los mineros no se tomen gran trabajo por hacer,
descubrimientos que de ninguna manera compensarán sus sacrificios y fatigas.
No
comprendemos la argumentación que se hace en contra de las concesiones
extensas, fundándose en que el descubridor de salitreras puede hacer peticiones
por mano de tercero para después hacer una sola pertenencia y entonces
ofrecerla al mundo mercantil. ¿Para qué, decimos nosotros, se mantiene una
traba que puede ser burlada fácilmente por ese expediente y que en muchos casos
llegaría a perjudicar al descubridor? ¿No tenemos ejemplos de pleitos entre
compañeros de sacrificios que viéndose con la esperanza de fortuna llegan hasta
negarse la parte que les corresponde? Si no se obtiene ningún resultado
práctico con la limitación que propone la comisión, como ella misma se encarga
de probarlo con los ejemplos que cita, concédase la superficie necesaria para que
se puede especular con expectativas de ganancia, y hoy que se ha hecho de suma
urgencia buscar retornos para el extranjero, el comercio se apresurará a
facilitar los capitales necesarios para la empresa.
No
consideramos, en consecuencia, de lo expuesto y de los datos que dejamos
apuntados, que la base presentada por el señor Lastarria sea excesiva; más bien
nos inclinamos a considerarla reducida; pero ya que se mantiene el derecho de
tres estacas al descubridor encontramos que debe aceptarse como un mínimo,
aunque seríamos de parecer que se extendiesen a cien hectáreas por estaca,
cantidad que no llega ni a la exageración por exceso en que ha incurrido la ley
de Bolivia ni por defecto la de Chile.
Complacidos
quedaremos con que estos datos puedan servir para ilustrar esta cuestión en la
que, a pesar del empeño o buena voluntad de los señores senadores informantes,
se han deslizado errores que pueden ser un mal de gran trascendencia para una
industria que recién trata de crearse y desarrollarse en el norte de Chile.
(Editorial
de El Caracolino, septiembre 14 de 1876)
§5.
Ferrocarriles
de Salinas
El
departamento litoral está de plácemes. El primer ferrocarril construido en la
república se encuentra ya terminado. Muy pronto un gran establecimiento que
contribuirá grandemente al desarrollo y prosperidad del comercio se levantará
en Antofagasta para beneficiar el caliche. La exportación de este importante
artículo de consumo se aumentará considerablemente. Numerosos brazos
encontrarán trabajo fácil y abundante. La industria salitrera se colocará muy
pronto en un pie brillante. El ferrocarril, debido a la empresa fundadora de
este puerto y la que poderosamente ha contribuido al desarrollo de su
importancia comercial, nos pone ya en comunicación casi diaria con el mineral
de Caracoles, al que antes ha prestado importantes servicios.
Ahora
esos servicios pueden ser más eficaces, más positivos. Si ayer Caracoles pudo
mirar con indiferencia la riqueza de sus metales, hoy cualquier disminución es
para el mineral una cuestión de gravísimos resultados. La minería se encuentra
decaída. Los metales ricos están casi agotados. Los de baja ley son los que
actualmente están en explotación. El minero no puede mirar con sangre fría el
porvenir que le está reservado siguiendo la situación actual. Justo y muy justo
es que trate de aprovechar toda ocasión de obtener alguna economía, no sólo en
el laboreo sino, también, en el precio de transporte, cuestión que afecta
inmensamente su vitalidad. No es posible que se deje maniatar y morir de
laxitud.
He
aquí la razón por la que viendo que el ferrocarril a Salinas puede venir a
salvarlo de la situación crítica por qué atraviesa, ha reunido a su vecindario
y elevado una solicitud bien fundada al supremo gobierno, pidiendo que se
conceda permiso a esa empresa para conducir carga y pasajeros hasta Salinas,
mientras que el ferrocarril del Estado llegue a Caracoles y pueda venir a
desempeñar las funciones que las circunstancias apremiantes reclaman del de
Antofagasta.
Cualquiera
que estudie esta cuestión con un poco de calma, inspirándose puramente en los
intereses generales del departamento, no podrá por menos que convenir que es de
absoluta necesidad que todos traten de ayudar a Caracoles para salir del estado
penoso en que se encuentra actualmente, habiéndose reagravado últimamente con
el incendio, que ha consumido su placilla y que viene aun a dificultar más su
explotación.
Es
necesario convencerse de que una vez cegada la fuente de la cual viven estas
poblaciones tendrán ellas que abandonarse; y por intereses del momento, por un
egoísmo injustificable, veremos desaparecer o quedar en un estado de desolación
pueblos que debían haber continuado desarrollándose, creciendo y siendo base de
la riqueza general.
Es
necesario convenir en que la producción crecerá tanto más cuanto más
facilidades se den al minero, aumentándose el consumo y dando al mundo
comercial más salida de sus productos y, por consiguiente, mayor retorno.
Es
necesario que el supremo gobierno vea que las entradas fiscales pueden
aumentarse al doble o triple de lo que son en la actualidad.
Éstas
son las razones que nos mueven a creer que Antofagasta, apoyando con una nueva
solicitud a los mineros de Caracoles, no hace otra cosa que abogar por sus
propios intereses, dejando a un lado todo pensamiento egoísta y fijándose en su
porvenir estable.
Se
comprende perfectamente que el ferrocarril, cuya especulación de ninguna manera
ha sido basada sobre el carguío de Caracoles, ofrece ventajas positivas a los
mineros para obtenerse un flete módico que satisfaga sus aspiraciones.
El
gobierno al acceder a la solicitud a que hemos hecho referencia, aprobará las
tarifas que le sean presentadas por la Compañía, y abrigamos la plena seguridad
de que ellas serán arregladas a lo que el público desea, a lo que la minería
espera. Lo demás sería partir de suposiciones antojadizas y que no tienen razón
de ser.
Esas
tarifas de ninguna manera podrán alterarse en sentido desventajoso para el
comerciante y minero; y de este modo tendremos normalizado el carguío, sin
experimentar los contratiempos que últimamente hemos estado notando.
Una
compañía que pone su ferrocarril al público tiene por obligación servir los
intereses de éste, antes que los suyos propios, y es natural que se provea del
material necesario para atender ese servicio de una manera conveniente.
Las
objeciones en este sentido de algunos pesimistas desaparecen por la lógica y la
razón.
La
cuestión única, la verdadera cuestión, mirada con imparcialidad y con los
sentimientos de verdadero patriotismo y del deseo del bien general, debe
reducirse única y exclusivamente a ayudar a fomentar el mineral de Caracoles, a
cuyo impulso se ha debido y se debe el desarrollo de estos puertos. No cerremos
las fuentes que nos dan la vida, que nos alimentan y que son la base de nuestra
estabilidad. No nos ceguemos hasta tal punto que no divisemos la luz que nos
alumbra.
No
hagamos del ferrocarril que se ha levantado por la industria y que puede servir
para elevarla a su engrandecimiento, que sea mirado como Moisés contemplaba
desde lejos la tierra de promisión cubierta de productos ricos y donde debía
encontrarse la ventura de los pueblos. No seamos los Tántalos del progreso.
Que
el ferrocarril como en todas partes signifique industria, trabajo, inteligencia
y adelanto.
Estamos
seguros que todos los que piensan con madurez aceptarán la solicitud del
vecindario de Antofagasta, que quizás con más fundadas razones que nosotros
hace comprender la necesidad y conveniencia de obtener semejante concesión.
El
mundo marcha, y es necesario que marchemos.
(El
Caracolino del 24 de agosto de 1876)
§6.
El
ferrocarril de Salinas y el tráfico público
Las
buenas ideas parece que hacen, cada día que pasa, mayor número de prosélitos.
La luz se esparce por doquiera, a pesar del empeño que se ha puesto por
ofuscarla. La ley del progreso y de adelanto que rige los destinos de la
humanidad se abre paso atropellando los diques que le oponen los hombres de
retroceso. No es posible detener al torrente de los que descendiendo desde las
cumbres de la ciencia se esparce por todas partes, destruyendo la ignorancia,
aniquilando las preocupaciones, y difundiendo las ideas de adelanto y de
civilización.
Cualquiera
reforma, ya sea política o industrial que haya surgido en el mundo ha contado
siempre con enemigos implacables que le han hecho una guerra cruda, tenaz y sin
cuartel. El tiempo ha pasado y aquellos pesimistas han tenido que convencerse
por la evidencia de los hechos y cantar la palinodia.
No
es pues extraño que en Antofagasta, al tratar de elevarse una solicitud al
supremo gobierno pidiendo permiso para que el ferrocarril pueda conducir carga
a Salinas, hayan aparecido algunos enemigos de la idea sentando por principio
que los ferrocarriles influyen directamente en el retroceso del pueblo, en la
muerte de su comercio y de su industria. No seremos nosotros los que nos
ocuparemos de refutar cargos que una vez formulados no pueden ser tomados a lo
serio por los hombres de progreso.
Esto
no se discute, no se comenta.
No
son, pues, estos enemigos, que se baten con sus propias armas, los que tratamos
de combatir llevándolos al buen sendero; no. No son aquéllos que embozadamente
hacen observaciones o indicaciones que tienden a poner obstáculos a una
petición que ellos mismos califican de justa y necesaria.
Es
preciso tratar estas cuestiones de vital importancia para estas localidades sin
cortapisas, sin ambages de ningún género. Tráiganse el contingente de buenos
razonamientos, de argumentaciones sólidas al terreno de la discusión, pero no
busquemos sofismas que sólo pueden paralogizar a aquellos que no se toman el
trabajo de estudiar las cuestiones y se dejan arrastrar por la impresión del
instante, sin medir las consecuencias de una conducta que si por el momento no
puede acarrearles perjuicios, más tarde puede ser motivo de un desengaño bien
amargo.
Nos
hemos propuesto tratar la cuestión del ferrocarril con toda calma, con toda
circunspección inspirándonos puramente en el patriotismo de que nos vemos
animados, en el espíritu público y amor al suelo que pisamos. Lejos de nosotros
todo pensamiento egoísta.
Decíamos
en nuestro artículo anterior que abrigamos plena seguridad de que las tarifas
por que debía regirse el ferrocarril no debían ni podían ser sino muy módicas,
atendidas las condiciones económicas de la empresa.
Y al
expresarnos de esta manera nos fundábamos en el hecho de que habiendo sido éste
construido en circunstancias en que no podía obtener la carga de Caracoles,
tenía en sí mismo las condiciones de su existencia; contaba con la fuente que
debía sostenerlo y alimentarlo. Las tarifas de cualquier otro ferrocarril que
hubiera basado su especulación en los productos del mineral de Caracoles,
tendría naturalmente que estar en relación con la carga que hubiese podido
proporcionar se. Lógico y natural es pensar que ellas habrían tenido que
aumentarse hasta llegar a conseguirse un interés proporcional a la suma
invertida. El ferrocarril de Salinas se encuentra en muy distinta situación.
Cualquier ganancia por pequeña que fuese sería una entrada extraordinaria que redundaría
en bien de la empresa y que justo es que no se desperdicie, viniendo de esta
suerte a ser un beneficio para la Compañía y en una escala mucho mayor para la
minería que actualmente está languideciendo.
Desde
largo tiempo todos los mineros han estado pendientes de la construcción del
ferrocarril de Mejillones, esperando que llegase al mineral en el momento
oportuno, cuando hubiese necesidad ya de tomarlo en cuenta, de no despreciar
los metales de baja ley, que tarde o temprano debían ser los que sostuviesen a
la minería, como ha sucedido en otros distritos mineros. A causa de las
dificultades con que se ha tropezado, y que no es necesario dar a conocer en
estos momentos, este ferrocarril no se ha construido. Pero si se toma en cuenta
el contrato, las esperanzas que se han dado al público, el mineral debía estar
unido por medio de una línea férrea a Mejillones en condiciones más gravosas
que las que ahora se proporcionan al minero y comerciante. Se nos permitirá
preguntar a los señores interesados, si este hecho hubiese tenido lugar, si
entonces se les habría ocurrido entrar a ver:
1º
La diferencia de fletes sobre mercaderías y metales que resultaría a favor del
minero por el empleo de ferrocarril.
2º
Qué cantidad mayor o menor de metales de baja ley podría explotarse mediante la
rebaja de flete, los cuales quedan detenidos hoy día en el mineral, porque
dichos fletes importan tanto o más que su valor y
3º
Cuánto importarían los derechos de exportación sobre la plata barra producida
por la explotación de los metales pobres.
A la
verdad que nos encontramos perplejos al ver formuladas proposiciones que sólo
puede sugerirlas una imaginación muy acalorada o muy idealista. Francamente no
podemos divisar el modo de obtener datos que sólo la experiencia puede dar en
un tiempo dado. Nos referimos a las proposiciones 2ª y 3ª, en cuanto a la 1ª,
aunque no nos consideramos a la altura de los señores interesados en materias
económicas, nos imaginamos que de toda suerte el flete por ferrocarril de
mercaderías y metales tiene que ser menor que el por carretones. Y al decir
esto nos fundamos en lo que pasa en todo el mundo civilizado; y muy raro sería
que sólo el ferrocarril de Antofagasta, que se encuentra en condiciones
superiores a cualquier otro, viniera a ser el único que diera un resultado
diametralmente opuesto a lo que se ve en todas partes.
Muy
lejos habrían estado los señores interesados de formular pretensiones que no
tienen razón de ser en el momento, y habrían tenido que aceptar con desagrado
las tarifas que hubiese impuesto el ferrocarril a que hacemos referencia. Ahora
si éstas hubiesen sido demasiado gravosas al minero, le quedaba a éste el
recurso de bajar sus metales en carretones, aunque creemos que un caso de este
género jamás hubiera podido llegar.
Es
necesario no adelantarse a los acontecimientos, los cuales tienen que seguir su
curso natural.
Cuando
los vecinos de Caracoles secundados noblemente por los de Antofagasta vienen
con una solicitud a pedir la salvación de su suerte futura; cuando se trata de
conseguir un permiso para una compañía, que si algo puede ganar como es justo,
no necesita tampoco absolutamente de esas entradas para su existencia, permiso
que redunda en beneficio directo de la minería y de la industria, no es posible
imponerle que antes de obtener el permiso correspondiente se le obligue a dar
sus tarifas y demás datos que se le piden. El gobierno, inspirándose en el
deseo vehemente que abriga por conseguir el adelanto de los pueblos del litoral
al acceder a esta petición, cuidará muy bien de obtener en cambio franquicias
para el comercio y minería, tomará los datos necesarios y pedirá sus tarifas a
la Compañía. Esto es lo lógico, lo racional.
Creemos,
como los señores interesados, que nunca la Compañía de Salitres podrá ser un
obstáculo para obtener lo que el comercio o industria minera solicitan. Al
creerlo así, no tenemos los mismos fundamentos que los señores interesados,
pues si la Compañía ha obtenido las concesiones de sus estacas de salitre en la
latitud exagerada que indican, ha sido porque en justicia le correspondía,
desde que su privilegio primitivo abrazaba una concesión mucho más alta y que
se le ha ido restringiendo poco a poco; porque el gobierno apreciando como
debía los ingentes gastos que ella tuvo que efectuar, para instalar un
establecimiento de primer orden en una playa desierta, y las razones de
conveniencia para el crédito del país, no pudo hacer otra cosa que adjudicarles
la extensión que hoy poseen. Como ya hemos dicho, esta empresa en todo tiempo,
aun en el descubrimiento de Caracoles, fue siempre la que ayudó con más
eficacia a los mineros que se internaron por este puerto, y a quien se debe su
fundación.
No
son los sentimientos de gratitud a que se hace referencia lo que nos mueve a
esperar que esas tarifas, caballo de batalla de nuestros contradictores, sean
reducidas. La gratitud en materia de negocios no es conocida en el mundo
comercial. Son las razones de economía, las condiciones de existencia de este
ferrocarril que ya hemos señalado.
No
entramos, pues, en las demás proposiciones porque las encontramos demasiado
anticipadas. No hagamos andar el buque antes de tener el casco construido, no
tratemos de aferrar las velas antes que la tempestad llegue. No adelantemos
juicios. No seamos pesimistas. Dejemos que la aurora del progreso ilumine
también con sus reflejos a Caracoles, salvándolo de la situación por la que
atraviesa. Volvemos a repetirlo: no ceguemos la fuente que nos da el agua, de
la cual hemos vivido, y vivimos. No pongamos obstáculos a una idea salvadora
del estado por que pasamos.
No
contribuyamos a que muerto el mineral a causa de nuestro egoísmo, tengamos en
un día no muy distante que hacer nuestras maletas, maldiciendo nuestra falta de
patriotismo y nuestra imprevisión.
Caracoles
y Antofagasta tienen que desarrollarse y vivir de la misma savia; la obra de
Caracoles debe ser secundada por Antofagasta, y a pesar de los obstáculos que
se opongan por algunos, el supremo gobierno perfectamente iluminado sabrá
acceder a lo que la población culta de ambos vecindarios le pide.
Los
dos pueblos viven del trabajo, de la industria, del comercio. Fomentemos la
minería, impulsemos el carro de su progreso haciendo que cuente con toda clase
de franquicias, y el porvenir de todo el departamento estará asegurado. He aquí
lo que ordena la razón, la lógica y el buen sentido.
(El
Caracolino de 27 agosto de 1876)
Copiamos
enseguida la solicitud a que se refieren los dos artículos anteriores.
SEÑOR
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA
Piden
que se les otorgue las concesiones que indican
Los
abajo suscritos vecinos del puerto de Antofagasta ante los respetos de usted
nos presentamos y decimos: que la conclusión de la línea férrea entre este
puerto y el lugar denominado "Salinitas" nos ha puesto en
comunicación casi diaria con el mineral de Caracoles, fuente poderosa de la
cual se ha estado alimentando no sólo este puerto sino también la mayor parte
del departamento, y contribuyendo a su progreso rápido, que es gloria y honra
para la nación.
Desgraciadamente
la conclusión de esta línea, la primera llevada a cabo en la república por la
iniciativa particular, que debía ser recibida con júbilo por los habitantes de
este puerto y del mineral, pues como en todas partes debía ser la base del
adelanto de la industria, del desarrollo del comercio y de la riqueza general,
es mirada más bien con marcadas señales de tristeza, porque en lugar de servir
a los intereses generales del departamento, íntimamente relacionados con el
progreso de Caracoles, a consecuencia de la limitación que se ha impuesto a la
Compañía de Salitres, vendrá a beneficiar exclusiva y puramente a esta empresa,
pudiendo y debiendo ser la palanca poderosa que viniera a salvar la situación
crítica por que atraviesa actualmente el mineral. No es posible que teniendo a
nuestro alcance los medios de mejorar la situación se nos obligue a
desecharlos, cuando motivos bien justificados son los que abogan en nuestro
favor.
La
industria minera, quizá como ninguna otra, cuenta como base de su existencia la
economía en el transporte: ésta ha sido la razón por la cual los minerales
importantes han tratado siempre de ligarse con los lugares de mercado por medio
de líneas férreas. Los mismos mineros de Caracoles desde el descubrimiento han
considerado como de absoluta necesidad esta unión con la costa, y el mismo
gobierno, penetrado de esta necesidad urgente, concedió el respectivo
privilegio al ferrocarril de Mejillones. Si al principio Caracoles podía
conformarse con los precios de transporte elevados, esto se explica por la
abundancia de materiales ricos en los cuales no se hacía sensible este mayor
valor; pero hoy que estos metales no sólo escasean sino que la mayor parte de la
explotación se reduce a metales de baja ley han comprendido prácticamente que
para que esta industria pueda surgir se hace necesario buscar fletes más
módicos. De otro modo la minería aparece arrastrando en su ruina a las
poblaciones que viven de ella, tocando a Antofagasta la peor parte. Mientras el
ferrocarril de Mejillones sea una mera expectativa, mientras no tienda sus
rieles avanzando en el desierto, justo es que el supremo gobierno atendiendo a
la situación poco halagüeña del mineral, reagravada con el siniestro que ha
convertido en cenizas la mayor parte de su población y con el alza de fletes
últimamente implantada, lo que contribuirá a que se haga más difícil su re
nacimiento, atienda una petición basada única y exclusivamente en bien del
comercio y de la industria en general.
Como
decíamos, el ferrocarril de la Compañía de Salitres está recién terminando. La
inauguración ha sido marcada por el hecho bien notable de haber servido para
socorrer oportunamente a Caracoles en los momentos de su mayor desgracia. El
desierto se ha salvado. Las comunicaciones se han hecho fáciles, rápidas y
cómodas. Una empresa que tiene su razón de existencia, que cuenta como base de
su negocio la explotación de sus salitreras, es la llamada por su situación
económica a salvarnos del estado de crisis y de angustia por que atravesamos.
La carga que puede proporcionárseles es un elemento accesorio con el cual la
compañía no ha contado, de modo que podemos contar con un flete tan módico que
satisfará las aspiraciones de todos. Esto es lo que la minería necesita para su
desarrollo, para su engrandecimiento, para su estabilidad. El comercio, cuya
existencia depende de esta industria, se ensanchará y tomará tanto más vuelo;
mientras que cegada la fuente, éste perecerá arrastrando con ello la pérdida de
poblaciones ya bien florecientes como Antofagasta, y el gobierno perdería una
parte sólida de entradas nacionales.
Las
razones que dejamos apuntadas, las que con tanta lucidez han expuesto los
vecinos de Caracoles y las otras muchas que no se escaparán a la penetración y
tino político del señor Presidente son motivos más que poderosos para esperar
obtener una solución que satisfaga los intereses de estos pueblos y el supremo
gobierno.
De
ninguna manera por esta petición queremos desvirtuar las ventajas que pueda
traer para el país el ferrocarril de Mejillones. Muy lejos de nosotros
semejantes pretensiones, y éste es el motivo por qué sólo deseamos que se
conceda el permiso necesario a la Compañía de Salitres para conducir carga y
pasajeros hasta Salinas, mientras la otra empresa no llegue con su ferrocarril
al mineral.
Los
vecinos de este puerto reunidos en meeting y firmantes de esta solicitud
esperan fundadamente que su clamor sea escuchado por el actual mandatario del
país, que ha prometido toda clase de franquicias a la industria y al comercio.
Por
las razones expuestas:
A
usted pedimos se sirva conceder a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta el permiso necesario para que pueda conducir carga y pasajeros
hasta el lugar denominado Salinas.
Es
justicia.
R.
Briones Sepúlveda, Nicasio Cruz, Braulio García, Gavino Echiburú Walker y Cía.,
Rafael Sutil, José Tomás Peña, José Salto, Regino Meza, Nicolás A. Tirado, S.
Reyes y Cía., Benito Soto, Salvador Reyes, Pedro L. Fabricius, J. Rescinsky y
Cía., J. Francisco de la Ossa, D. Barrios, F. Albarracín, A. Vogelstrom y Cía.,
José G. Toledo, Manuel I. Alvarado, Cornelio Aranda, Eladio Elgueta, Tomás
Gameson, Pedro Oliveros, Tristán Ojeda, Juan Hidalgo, A. Cattaaben, P.
Machefert, Bernardo Varas, León Le Fort, Manuel Castro, V. Manuel A. Chaves,
Marcelino Sánchez, Jacinto Pérez, Juan Marín Barca, José Ponce, Desiderio Gana,
Pedro Nolasco Gálvez, Juan M. Zúñiga, Juan de D. Guerra, V. Malbrade, S.
Stanfield, Juan Ramos, Germán Siegler, Bernardo Eisemann, Domingo Varela,
Rodolfo Meyer, H.R. Stea venson, Juan Mac Nicoll. E. Villarino, Hugo de Voss,
Antonio Toro, Valerio Silva, Santiago Imrie.
Siguen
las firmas.
(El
Caracolino, del 24 de agosto de 1876)
§7.
Adhesión
de los vecinos de Antofagasta al proyecto del señor Lastarria
SOLICITUD
AL H. CONGRESO NACIONAL
Soberano
señor:
Es
indudable el estado de decadencia de la industria minera en el norte de Chile y
los datos estadísticos que recientemente se han publicado de la provincia de
Atacama y que arrojan un aumento de producción en el año 1875, de más de
200.000 pesos sobre el año de 1874 y que, por consiguiente, desmienten
aparentemente la afirmación de que al período del progreso ha sucedido un
período de postración, afirmación que se halla en todas las conciencias y que
confirma la de presión del valor de la propiedad y la vitalidad enervada, nos
mueven como chilenos a dirigirnos desde extrañas playas a vuestra soberanía.
Es,
pues, soberano señor, en nombre de la minería que ha sido de treinta años a
esta parte la fuerza industrial más generosa y expansiva, es en nombre de esa
minería cuyos nobles productos han sido nuestro más poderoso y más constante
elemento de cambio con el extranjero, la fuente más activa de nuestra
prosperidad y la causa más incontrovertible de nuestros progresos; es, en fin,
a nombre de la nación cuyo crédito la minería ha contribuido tan poderosamente
a colocar en altura tan envidiada por los países mejor organizados, que nos
dirigimos respetuosamente a vuestra soberanía para que prestéis todo vuestro
apoyo al proyecto de ley que ha sido presentado por el honorable senador don
José Victorino Lastarria, desechando el de vuestra comisión que, modificando el
proyecto original se aleja evidentemente del fin que se propuso su ilustrado y
competente autor, y que visiblemente no pudo ser otro que el de devolver a la
minería del norte la energía perdida de su profundo poder de producción y a la
audaz exploración que reemplaza las fuentes agotadas con la apertura de nuevas
fuentes, la fe, la esperanza y las condiciones de éxito que le han arrebatado
las dificultades casi insuperables de la distancia y, sobre todo, los costos
ruinosos que preceden a esa exploración y consecutivamente al reconocimiento y
primera explotación de las minas de esa zona apartada del desierto.
En
efecto, soberano señor, es de notoriedad pública que existen grandes riquezas
entre los paralelos 24º y 25º sur, esto es, en la parte del desierto que
deslinda con Bolivia, pero no es menos notorio, por desgracia, de que es casi
inaccesible y que cuantos han penetrado en él, o han agotado la mayor parte de
sus recursos por medio de enormes consumos infecundos reclamados por una ley
eterna y anterior a todas las leyes –la de la propia conservación— o por el
abandono de estos desolados parajes antes de ver naufragar, sin compensación
alguna, su pequeño capital o sus economías. Los honorables senadores, señores
Vicuña y Zañartu, cuyo elevado patriotismo todos conocen, y ante cuyas luces
somos los primeros en inclinarnos, no conocen, estamos seguros, esa parte del
desierto ni los obstáculos casi invencibles que opone a su acceso, y por eso
es, sin duda, que los autores del proyecto de la comisión colocan el punto
central de inmigración o de colonización en Chañaral, ignorando, sin duda, que
con la elección de ese puerto en nada se disminuyen las dificultades y los
enormes costos de exploración, desde que tanto valdría a una compañía de cateo
o a unos simples cateadores arrancar sus primeros recursos de Caldera, del
Huasco, de Coquimbo o de Valparaíso.
Antofagasta
mismo, considerado desde el punto de vista económico y relativamente bajo el de
las facilidades ofrece ventajas incontestables para la exploración de la zona
citada y, sin embargo, el espíritu de empresa más atrevido retrocede ante
estériles sacrificios.
Es
en el Púlar o en el Cobre situados en el grado 24, soberano señor, que debe
establecerse un foco de emigrantes exploradores para el interior de esa parte
del desierto y es ahí y sólo ahí donde el explotador y los primeros
exploradores, por vía de reconocimiento, tienen que acudir casi sin peligro
para su capital, su salud y sus vidas.
Afirmamos
más aún, soberano señor, y es que, cerrando los ojos ante los obstáculos y
desoyendo la voz de la prudencia y de la experiencia que recordaría los
peligros, poco o ningún minero explorador o explotador acudiría en demanda de
recursos o de su renovación a Chañaral; en todo caso Antofagasta sería puerto
preferido.
Soberano
señor, la economía para el Estado, de trescientos mil pesos, es, sin duda, una
de las causas que ha debido pesar poderosamente en el ánimo de los autores del
proyecto de la comisión para negar la nueva jurisdicción pedida en el proyecto
original, ella pesará acaso también en el ánimo de vuestra soberanía, como pasa
en el nuestro, en vista de la situación por que atraviesa Chile, nuestra
patria; pero, soberano señor, hay economías ruinosas y gastos fecundos,
aquéllos suelen postrar pueblos o fuerzas económicas dadas, éstos suelen
levantarlos; la economía que se os propone no tendrá otro fin que el que está
por cierto muy distante del espíritu de los señores senadores Zañartu y Vicuña
Mackenna, esto es, de impedir la apertura de nuevas fuentes de riqueza para el
país; los gastos que os pide el señor senador Lastarria no tienen otro objeto
que abrirlas.
Soberano
señor, el rudo obrero del desierto, el infatigable explorador, el abnegado
minero, el ciudadano empobrecido y desterrado, no os piden por la voz
autorizada del senador por Coquimbo un auxilio del tesoro para hacer alamedas,
construir palacios o disiparlos en fiestas, ellos os lo piden para arrancar a
la roca un poco de agua que apague su devoradora sed, ellos os lo piden para
tener un albergue en sus horas de fatigas y de decepción, ellos os lo piden a
fin de prolongar la fecundidad de su sudor hasta la hora del éxito que lo será
ante todo para la patria.
Daréis
uno, Soberano Señor, en nombre de la nación, y la minería, como ha
acostumbrado, os volverá cien.
Antofagasta,
septiembre 18 de 1876.
Salvador
Reyes, Matías Rojas D, Pedro Machefert, A. Masnata, S. Toro, F. Albarracín, G.
Echiburú, Juan Basterrica, R. Sutil, G. Baz, J.T. Peña, A. Toro, H. Tajan,
A. Cattaaben, D.S. Martínez, B. Garín,
J. Basterrica H., M.C. Moreno, D. Barrios, Luis C. Carvallo, M. Muñoz, Juan 2º
Poyanco, José E. Meri, Andrés A. Willes, José P. Carrera, C. Varela, M.M.
Figueroa, G.M. Arancibia, Marcos A. Correa, Jerónimo Makuid, S. Verbal, V.J.F.
Ossa, F.W. Miranda, J.R. Meza, J. Villa nueva G, P. Ponce E., N. Correa de Saa,
M. Verbal, P.A. Fabricias. Siguen quinientas firmas más hasta ahora.
Antofagasta,
septiembre 10 de 1876.
Señor
don José Victorino Lastarria.
Santiago.
Señor
de nuestros respetos:
Los
que suscriben, profundamente convencidos del celo e interés de usted a favor de
la minería del norte de Chile y creyendo hacerse órgano de la colonia chilena
en este puerto, suplican a usted aceptar la presente como la más viva expresión
de aplausos que manifiestan por el importante proyecto que tuvo a bien
presentar a la honorable Cámara de Senadores el 7 de agosto próximo pasado.
Aseguramos
a usted señor, que con él no sólo se ha labrado usted un pedestal de gloria
ante la industria y ante la patria, sino que también ha sembrado en sus
corazones la fecunda semilla de imperecedera gratitud.
Así
pues, haciendo votos por que usted prosiga en su gran tarea a pesar de los
obstáculos que pueda encontrar en su camino, lo hacen también porque realizando
sus benéficos y laudables fines, y obteniendo de ellos su sanción práctica, les
abra las puertas de la industria en esa querida patria.
Reiteran
a usted su manifestación de consideración y respeto sus muy atentos servidores.
(Esta carta está suscrita por los mismos firmantes de la solicitud anterior.)
(El
Caracolino, del 18 de septiembre de 1876)
§8.
CONTESTACIÓN
DEL SEÑOR LASTARRIA
Señores
M. Rojas, P. Machefert, S. Reyes, A. Masnata, etcétera.
Santiago,
septiembre 19 de 1876.
Mis
señores:
Con
verdadero reconocimiento acuso recibo de la carta que ustedes se han servido
dirigirme con fecha 10 del corriente, expresándome su aplauso por el proyecto
de ley que para fomentar la industria minera en el desierto he presentado en el
Senado. No duden ustedes de que persistiré en mi idea animado por el apoyo que
ustedes me prestan; y me lisonjeo con la esperanza de realizarla porque el
gobierno de Chile, del cual formo parte, también la acepta. Me es grato
reiterar a ustedes mi gratitud, suscribiéndome a ustedes A.S.S.
J.
V. LASTARRIA.
A
los señores Manuel A. Matta, Abdón Garín, Telésforo Espiga, Tomás G. Gallo y
Manuel Cortés. Copiapó.
Antofagasta,
septiembre 30 de 1876.
Señores:
Los
chilenos residentes en este puerto, apreciando cuánto importa para el
desarrollo de la industria minera en la provincia de Atacama la aprobación en
general del proyecto, presentado por el honorable senador don José Victorino
Lastarria, han suscrito una carta para prestarle un voto de adhesión, acta que
todos se han apresurado a suscribir.
Inútil
nos parece desarrollar las razones poderosísimas que militan a favor de este
proyecto. Los hombres que como usted conocen estas localidades están penetra
dos de las ventajas inmensas que resultarían para el comercio y minería de las
franquicias que se dan para la explotación de las riquezas que contiene en su
seno el desierto de Atacama, y el aprovechamiento de los abundantes brazos que
hoy buscan en el extranjero el pan para sus familias.
Obtener
la aprobación de este proyecto para la fácil y continua comunicación de esta
región con el resto de la república, significaría el levantamiento de nuevas
poblaciones en su territorio y la apertura de nuevas fuentes de industria.
Éste
ha sido el móvil poderoso que nos ha guiado al apoyar con todo nuestro
contingente el proyecto ya citado; pero para darle, incluso, un apoyo más
decidido y sólido, necesario se hace que todos los mineros en especial y los
hombres que se interesan por el porvenir de la patria en general se nos unan y
den más fuerza a nuestra petición. Y es por esto que esperamos que ustedes se
sirvan invitar a los residentes en esa ciudad a hacer una manifestación análoga
a la nuestra.
No
dudamos del celo y patriotismo de ustedes, que nos ayudarán en una tarea que
será de grandes resultados para el porvenir de la república.
Adjuntamos
a usted un número de El Caracolino en el que aparece el acta a que hacemos
referencia.
Con
tan plausible motivo tenemos el honor de suscribirnos de ustedes SS.SS.
Salvador Reyes, Matías Rojas, Rafael Sutil, Francisco Bascuñán A., P.
Machefert, A. Masnata.
(El
Caracolino del 1 octubre de 1881
§9.
Contestación
del señor Espiga
Señores:
He
tenido el honor de recibir la importante nota de ustedes de fecha 30 de
septiembre último, la que por sucesos harto dolorosos que han tenido lugar en
mi casa, no he podido contestar antes, ni ver a los demás señores a quienes
ustedes han dirigido igual nota a la que dejo citada.
En
ella ustedes se sirven a su nombre y al de los demás compatriotas residentes en
ese pueblo, invitar a los señores Manuel A. Matta, Tomás G. Gallo, Abdón Garín,
Manuel Cortés y al que suscribe, para que invitemos a los industriales mineros
y a todos aquellos sujetos que se interesen por el bien de la patria,
residentes en Copiapó, con el fin de hacer una manifestación análoga a la hecha
por ustedes y demás compatriotas según aparecen en los números 298 y 300 de El
Caracolino en apoyo y adhesión al importante proyecto presentado al Senado de
este país, por el señor José Victorino Lastarria, tendiente a la creación de
dos departamentos en la parte norte de la provincia de Atacama.
Por
lo que a mí toca acepto tan honrosa invitación, uniéndome a ustedes en su
interés y entusiasmo para trabajar porque ese proyecto obtenga la aprobación
del Congreso y la sanción suprema.
No
sé qué opinión tenga el pueblo de Copiapó y la de los demás señores invitados,
con respecto al citado proyecto; pero los veré y si prestan su cooperación creo
no sería difícil conseguir llevar a efecto una representación como la de
ustedes. Al menos yo haré cuanto el estado de la opinión y mis pocas fuerzas me
permitan para satisfacer los deseos de ustedes.
Con
lo expuesto dejo contestada su nota y aprovechando la ocasión que ésta me
proporciona para tener el honor de suscribirme de ustedes obsecuente y SS. S.
TELÉSFORO
ESPIGA.
A
los señores Matías Rojas, Salvador Reyes, Francisco Bascuñán, A. Masnata, P.
Machefert, R. Sutil.
§10.
Contestación
del senador don Manuel A. Matta
Copiapó,
octubre 10 de 1876.
Señores:
He
tenido el honor de recibir el oficio de ustedes en el cual me piden que, en
unión de los señores Tomás G. Gallo, Abdón Garín, Telésforo Espiga, Manuel
Cortés in vite a los residentes de Copiapó con el fin de que hagan una
manifestación análoga a ustedes para apoyar el proyecto del señor senador por
Coquimbo don José Victorino Lastarria, relacionada con la formación de nuevos
departamentos y el fomento de la industria minera en el norte de la provincia
de Atacama.
No
habiéndome puesto al habla con los señores a quienes ustedes se refieren,
algunos de los cuales están ausentes, no sé cómo ellos piensen, pero sí debo
decir a ustedes, correspondiendo con sinceridad al honor que ustedes me han
hecho, que yo no abrigo una opinión que me induzca a hacer lo que ustedes me
piden. Veo, en otros caminos y en otros medios que los indicados en el proyecto
del honorable senador por Coquimbo, un resorte nuevo y eficaz para el fomento
de la industria minera; y eso me aconseja, como lo comprenderán ustedes,
abstenerme de manifestaciones como la que ustedes desean.
Hoy
mismo, por si no hubiese llegado igual oficio al señor Tomás G. Gallo, le
transmitiré el que yo he recibido y tengo ahora la honra de contestar. Deseando
a ustedes prosperidad me suscribo SS. S.
M.
A. MATTA.
A
los señores Matías Rojas, Salvador Reyes, Rafael Sutil, P. Machefert, A.
Masnata, F. Bascuñán.
§11.
Informe
sobre las salitreras de Aguas Blancas
Señor
Intendente: Aunque con fecha 20 de mayo de 1873 tuve el honor de informar a esa
intendencia sobre la importancia, condiciones y calidad del descubrimiento de
salitres hecho por los señores Emeterio Moreno y J. Martín Manterola, asociados
ahora bajo la razón de "E. Moreno y Cía.", sin embargo, a fin de
satisfacer por completo las exigencias del decreto últimamente dictado por el
supremo gobierno, ampliaré más el mencionado informe de tal suerte que,
juzgándose estos depósitos con acierto, se llegue a calcular los resultados que
de su explotación pueden obtenerse para la implantación de esta nueva industria
en nuestro territorio.
Estudiando
la formación de estos depósitos, su situación topográfica y demás caracteres,
se puede llegar a comprender que los situados en Aguas Blancas no pueden ser
sino la continuación de los de Tarapacá, Toco y Salinitas, cuya importancia no
es para nadie desconocida. Aunque la potencia de las capas no es poderosa, pues
en la parte reconocida por medio de pozos de un metro de profundidad tiene un
término medio de 20 centímetros de espesor, sin embargo, la ley de comunes
tomados en diferentes puntos variando de treinta y cinco a cuarenta y cuatro
por ciento, hace colocar estas calicheras a la altura de los depósitos
conocidos.
Las
expresadas salitreras situadas al noroeste del lugar denominado Aguas Blancas,
contiene el caliche de dos diversas maneras, ya encapado como en los
descubrimientos del NO y SE, ya constituyendo un inmenso salar como en el
centro, que viene a separar a las otras, siendo el encapamiento más o menos
grueso, llegando en la parte delgada a ser de un decímetro de espesor; pero
generalmente muy blando, lo que constituye una ventaja poderosa para su
explotación, aun cuando fuera necesario emplear la pólvora. En el vasto salar
el caliche llega hasta la superficie.
La
distancia del puerto de Antofagasta es más o menos de dieciocho leguas, siendo
el camino natural para el transporte de estos productos a la costa, pues el
viaje en coche se hace fácilmente en la actualidad.
Los
tres descubrimientos de E. Moreno y Cía. se encuentran a distancia uno de otro
de cinco a seis kilómetros, llegando a unirse entre sí por medio de las
estacas, y abrazando entre las pertenencias de los descubridores y las de los
estacados como cincuenta millones de metros cuadrados. En todos ellos se han
hecho las catas necesarias para poder formarse una idea de su importancia.
Siendo
la calidad del agua que debe emplearse en la elaboración del salitre una
condición ventajosa, he podido asegurarme de que el agua de los pozos que
existen en las mismas calicheras no sólo es abundante sino tan pura como se
necesita.
La
importancia del descubrimiento de estos depósitos en medio del desierto es de
todo punto manifiesta, no sólo porque ellos pueden permitir el establecimiento
de una industria nueva en el país y en la que se puede emplear una infinidad de
brazos sino, también, porque será un punto avanzado en el desierto que aún no
está del todo explorado a consecuencia de las dificultades que hoy se presentan
a los héroes del trabajo.
Una
vez que se dé inicio a la explotación y elaboración de esta sustancia, inútil
por demás será bosquejar el desarrollo que tomaría la industria salitrera en
esta región, pues abrigo la confianza de que más al sur se encuentran
calicheras de tanto valor como las de que me ocupo.
Creyendo
que el ánimo del supremo gobierno, al exigir un informe del ingeniero que
efectúe las mensuras, sea conocer su situación, las condiciones económicas en
que se encuentran los depósitos, su formación y su situación geográfica, para
poder apreciar la mayor o menor utilidad que pueda reportar al país una
industria de esta naturaleza, creo innecesario entrar en consideración de otro
género que no se escaparán a la penetración del supremo gobierno y que deben
partir de él, como son franquicias para su desarrollo y fomento.
Las
mensuras se han dado conforme a los decretos expedidos sobre la materia, sin
tropiezos de ningún género, cuyas actas tengo el honor de adjuntar con este
informe para que VS. determine lo que creyera conveniente.
De
desear es, señor Intendente, que los capitalistas chilenos que han visto
fracasar sus especulaciones de este género en países extraños, se aperciban de
lo que tienen en su suelo, con garantías hoy, y con franquicias quizá mañana; y
que posesionándose de la importancia de las salitreras de Aguas Blancas,
inviertan mejor sus capitales, trayendo al país una era de adelantos positivos,
tanto comerciales como industriales.
Antofagasta,
enero 20 de 1877.
(Firmado)
MATÍAS ROJAS D.
INGENIERO
EN MINAS.
Carta
dirigida al Rector de El Diario Oficial pidiendo rectificación por errores de
hecho en la publicación anterior.
Antofagasta,
abril 9 de 1877
Señor
Ricardo Becerra.
Santiago.
Muy
señor mío:
He
leído en los diarios que se publican, tanto en esa capital como en Valparaíso,
el informe sobre las salitreras de Aguas Blancas que con fecha 20 de enero
elevé a la intendencia de Atacama; informe que supongo han copiado de El Diario
Oficial que usted dirige. Como en él he encontrado errores que no pueden tener
otro origen que una equivocación de transcripción y que vienen a desvirtuar una
de mis opiniones, por un cambio de palabras, ruego a usted se sirva hacer una
nueva publicación que sea conforme con lo que he pensado; pues de otra suerte
redundará en perjuicio de los propietarios de las salitreras y en desdoro de las garantías con que se ha
contado siempre en Chile.
Usted
que conoce los países de la costa del Pacífico, y que ha estudiado su
movimiento comercial, sabe que los capitales extranjeros han encontrado, por
des gracia, más de una vez, motivos no sólo para retirarlos de la industria a
que estaban dedicados, sino también que han sufrido quebranto notable, trayendo
por consecuencia un estado de crisis en el mercado. En general la propiedad no
ha estado suficientemente garantida, ya sea por combinaciones financieras de
los gobiernos, ya por movimientos políticos.
Felizmente
Chile no se encuentra en este estado. La paz está sólidamente afianzada y el
mejoramiento de sus finanzas está basado en la protección de nuevas industrias,
que sean riquezas para sus habitantes y por consiguiente para la nación.
Abrigando estas ideas, no sería yo, ingeniero chileno, quien viniese no digo
aponer en duda las garantías con que cuentan los salitreros de Aguas Blancas,
sino a sentar el hecho de que no cuentan con ellas, haciéndome decir sin
garantías hoy, con franquicias quizás mañana, en vez de con garantías hoy,
etc... Las garantías existen; las franquicias están consignadas en general en
el proyecto del señor ministro del Interior don José Victorino Lastarria, y que
con entusiasmo ven los mineros ponerse en ejecución con la expedición del señor
A. Pissis.
En
el mismo acápite se me hace decir: que de la inversión de capitales en el
desierto resultará para el país una era de adelantos positivos, tanto
comerciales como individuales; en vez de, "tanto comerciales como
industriales".
Hay
un error de situación que espero también se servirá usted rectificar. En el
tercer acápite se dice: "que los caliches se encuentran en dos diversas
maneras ya encapado como los descubrimientos del NO y SO", debiendo decir
del NO y SE.
Al
hacer estas rectificaciones, como se lo he indicado al principio de esta carta,
mi ánimo ha sido únicamente evitar el mal efecto que pueda producir en los
capitalistas un informe que sienta como un hecho la falta de garantías, y el
mal que pueda resultar para los descubridores que, después de sacrificios sin
cuento, vienen a dar a su país una industria nueva que puede ser una base de
prosperidad.
Esperando,
señor director, que usted accederá a mi justa solicitud, me es grato tener esta
oportunidad para ofrecerme de usted como seguro servidor.
MATÍAS
ROJAS D.
Los
decretos sobre el salitre a que se refieren los artículos e informes publicados
anteriormente son los siguientes:
POSESIONES
Y MENSURAS DE MINAS O DEPÓSITOS DE SALITRE, BORAX, ETCÉTERA
Santiago,
junio 27 de 1876
(121)–Vista
la nota que precede y mientras se dictan los reglamentos de que habla el
artículo 3º del Código de Minería, relativos a las concesiones que pueden
hacerse a los particulares para la explotación de ciertas sustancias que se
encuentran en terrenos eriales de propiedad del Estado, decreto:
1º.
Para conceder la posesión y ordenar la mensura de las mercedes de minas o
depósitos de salitre, bórax, sal jemma, sulfato de magnesia, de sosa y de
alúmina, los gobernadores departamentales oirán previamente el informe del
ingeniero del respectivo distrito y, en donde no hubiera ingeniero nombrado, el
del que el mismo Gobernador nombre al efecto.
2º.
El Gobernador, en vista de este informe, expresará en el decreto que ordene la
mensura, la extensión que se concede, previniendo que se fijen deslindes de
terminados y sólidos en el mismo terreno, el ingeniero ejecutará la mensura y
dará la posesión señalando la dirección, número de metros por cada lado y demás
detalles de la pertenencia.
3º.
La diligencia de la mensura y de la posesión será suscrita por el ingeniero, el
interesado o su representante y dos testigos.
De
ella se harán dos copias, de las cuales una se remitirá a las gobernaciones o
intendencias y la otra se archivará en la oficina por la cual se hubiera hecho
el de nuncio.
4º. En ningún caso podrá exceder la estación
que se conceda, de 480.000 metros cuadrados superficiales al descubridor y la
tercera parte de esta extensión a los otros denunciantes. Las pertenencias
podrán ser continuas o interrumpidas.
Tómese
razón, comuníquese y publíquese.
ERRÁZURIZ
– Ramón Barros Luco
ACLARACIÓN
ACERCA DEL DECRETO DE 27 DE JUNIO DE 1876
Santiago,
septiembre 11 de 1876
Vista
la solicitud que precede, decreto:
1º.
Las extensiones a que se refiere el artículo 4º del decreto de 27 de junio
último, esto es, cuatrocientos ochenta mil metros cuadrados al descubridor y la
tercera parte a los otros denunciantes, deben entenderse como la cabida y
dimensiones fijas de cada pertenencia minera de salitre, bórax, sal jemma,
sulfato de magnesia, de sosa y de alúmina.
2º.
Las respectivas pertenencias de los descubridores y denunciantes se medirán
según el orden legal de preferencia, de modo que se guarde en la mensura la
debida antelación de las mercedes.
Tómese
razón, comuníquese y publíquese.
ERRÁZURIZ
– Ramón Barros Luco.
EXTENSIONES
QUE DEBEN CONCEDERSE A LOS DESCUBRIDORES DE SALITRE, BÓRAX, ETC., Y A LOS OTROS
DENUNCIANTES.
Septiembre
12 de 1876
Habiendo
resultado deficientes en la práctica las extensiones de terrenos concedidos por
decreto de 27 de junio último a los descubridores o denunciantes de minas o
depósitos de salitre, bórax, sal jemma, sulfato de magnesia, de sosa y de
alúmina.
Decreto:
1º.
Las extensiones que se concedan a los descubridores de dichas sustancias serán
de trescientas hectáreas cuadradas y de cien a los otros denunciantes.
2º.
En ningún caso una misma persona o sociedad podrá reunir más de diez per
tenencias. Tómese razón, comuníquese y publíquese.
ERRÁZURIZ
– Ramón Barros Luco
INFORME
PARA CONCEDER MERCEDES DE MINAS. DE SALITRES. BÓRAX, ETCÉTERA
Octubre
24 de 1876
He
acordado y decreto:
1º.
El informe previo a que se refiere el artículo 10 del decreto de 27 de junio
para conceder las mercedes de minas de salitre, bórax, etc., puede omitirse
siempre que el peticionario determine con precisión el lugar del
descubrimiento.
2º.
El ingeniero que se nombre para hacer las mensuras y dar la posesión de las
mercedes debe presentar un informe detallado de la extensión y condiciones del
descubrimiento. Tómese razón, comuníquese y publíquese.
PINTO
– Rafael Sotomayor.
§12.
La
Compañía de Salitres en 1872
Los
que no conocen los antecedentes anteriores al impuesto del mínimo de los 10
centavos que nos condujo a la guerra con Bolivia y Perú, creerán quizá que ésta
fue la única tentativa para hacerse este país exclusivo dueño de los salitres
de la costa del Pacífico. Ya en 1872 se emprendía una cruzada contra los
establecimientos del salar del Carmen pertenecientes entonces a los señores
Melbourne, Clark y Cía., y el gobierno boliviano buscaba un pretexto para
abolir el privilegio concedido por la administración del general Melgarejo. Con
este motivo se dirigió a la municipalidad de Antofagasta de reciente creación,
la cual por una disposición sumamente liberal que ojalá alguna vez viéramos
consignada en nuestras leyes, era compuesta de extranjeros, solicitando un
informe que le diera a conocer la importancia de esos establecimientos y si al
país le reportaba alguna ventaja con respetar el citado privilegio. Esa
municipalidad, elegida en un comicio popular y provista de facultades
excepcionales, y que estaba compuesta de los señores Francisco Errázuriz, Félix
García Videla, Emeterio Moreno, Matías Rojas D., Ernesto Volckmar, Luis
Lichtenstein, Juan Vargas Cañas, Eduardo Foster, a fin de prestar el informe
pedido nombró una comisión compuesta del señor Lichtenstein y Rojas, el que
debía serle presentado en su primera sesión. Trasladándose este último a los
establecimientos, redactó el informe que publicamos a continuación, el cual fue
suscrito por su compañero y que habiendo sido aceptado por la mayoría de la Municipalidad
fue elevado al supremo gobierno, sirviendo para echar por tierra los proyectos
hostiles a que nos hemos referido.
§13.
Informe
sobre los establecimientos de los señores Melbourne, Clark y Cía., pasado por
la comisión nombrada por la Municipalidad de Antofagasta.
I
Comisionados
por la honorable Municipalidad para informar respecto a la importancia de los
establecimientos de los señores Melbourne, Clark y Cía., su estado actual, las
ventajas que resultan para el comercio de la explotación de sus salitreras y la
conveniencia de que el privilegio exclusivo que se les concedió en septiembre 5
de 1868 subsista, hemos estudiado la cuestión con toda la atención y juicio que
ella merece, por los grandes intereses que encierra tanto para sus poseedores
como para el desarrollo de la industria en estas comarcas y sobre todo para el
crédito del supremo gobierno. Éste ha sido el motivo que hemos tenido para
visitar con toda atención estos establecimientos, fijarnos en la explotación y
elaboración del salitre y proveernos de todos los documentos necesarios para
poder dar un informe que sólo tendrá el mérito de haber querido proyectar luz
sobre un asunto de tanta trascendencia para el país y que interesa directamente
a la localidad. No se crea, pues, que somos superfluos si entramos en cuanto
detalle nos sea posible y que a primera vista parezcan ser inútiles, pero que
creemos pueden influir grandemente en la decisión del supremo gobierno.
II
Comencemos
con este objeto por tender una vista al paso y veamos en qué bases de seguridad
reposaba el establecimiento al tiempo de su fundación.
En
septiembre 5 de 1868 se expidió un decreto por el Ministerio del ramo que
literalmente dice:
"Se
concede a la Sociedad Explotadora del desierto de Atacama el privilegio
exclusivo de 15 años para la explotación del salitre en el desierto de Atacama,
en conformidad a los términos y bases de la propuesta, debiendo el ocurrente
poner, en el día antes, a disposición del director de la Caja Central el valor
de diez mil pesos".
Antes,
en septiembre 18 de 1866, la legación boliviana cuyo Ministro era don Mariano
D. Muñoz, premunido de todos los poderes que le había dado el gobierno de la
nación, concedió a la misma sociedad cuatro leguas de terreno en la quebrada de
San Mateo y cinco en el punto que los peticionarios designasen.
El 5
de septiembre de 1868 también se les concedió un privilegio de quince años para
el uso de un camino de sangre, que actualmente presta grandes servicios.
Por
los documentos mencionados se ve que la sociedad al establecerse en estas
comarcas, contaba con todos los títulos y seguridades necesarias a su juicio
para no ser molestada en la prosecución de los trabajos tan costosos que iba a
emprender. Cualquiera comprendería las dificultades que tuvo que vencer la
sociedad para la plantación de un establecimiento de este género. En lugares
enteramente desiertos y desconocidos, sin ningún elemento necesario para la
vida del hombre, teniendo que empezar por proveerse de agua, abriendo caminos
difíciles y costosos, transportando los trabajadores desde inmensas distancias,
se necesita una voluntad a toda prueba y la inversión de un gran capital para
llegar a formar planteles, en los cuales puede decirse que se ve desarrollada
la inteligencia del hombre en todo su esplendor.
Una
vez instalado el establecimiento, desde un comienzo comenzó a prestar gran des
servicios a estas localidades antes enteramente abandonadas. Desde luego abrió
un camino cómodo que puso a esta población en comunicación inmediata con la
República Argentina; para ello se tuvo que atravesar un desierto inmenso antes
imposible de atravesar por la falta de agua, y recursos tan necesarios como las
postas y casas que la sociedad construyó a sus expensas, cediendo después este
ca mino al gobierno para que lo entregaran al uso público: esto sin
remuneración alguna. De este modo solamente ha podido obtenerse el resultado
práctico de nuestras relaciones comerciales con la vecina república.
A
poco tiempo de plantearse los establecimientos tuvo lugar el portentoso
descubrimiento de Caracoles, el cual trajo a estos puertos una infinidad de
mineros que escasos muchos de ellos de recursos querían obtener los favores de
la fortuna, y se lanzaban a catear desprovistos aun de lo más necesario. En
este puerto encontraron siempre un albergue seguro en la casa inglesa y todos
los víveres que deseaban a un precio moderado, sin que jamás la compañía
tratase de explotarlos. A más las lanchas de su exclusiva propiedad estuvieron
siempre a disposición de todos. De lo que dejamos consignado es testigo todo
minero que se haya desembarcado en este puerto para efectuar sus expediciones.
El
agua, elemento el más indispensable para la vida, ha sido vendida siempre a un
precio moderado de veinticinco centavos por arroba, aun ahora que tiene
competidores, no subiéndola de precio actualmente en que los especuladores se
hacen pagar cuarenta centavos. Llegó un día en que el agua no bastó para la
bebida de los animales; la compañía se desprendió de su aguada de San Mateo y
la puso a disposición de muchos empresarios, disminuyendo de esta manera la
falta de ella.
Se
trabajó un mineral de cobre que se creía importante al sur de este puerto, y
siempre los especuladores en este ramo de industria contaron con la buena
voluntad de la empresa para proveerse de víveres y de los artículos de primera
necesidad.
Desde
el principio la Compañía mantuvo en este puerto a más de trescientos operarios
con sus familias, las que vivían con toda holgura y comodidad.
Tal
ha sido el desprendimiento de la Compañía que más de una vez ha surtido de
víveres al puerto de Mejillones, que en ese tiempo padecía sus necesidades.
A
más de haber construido la empresa un muelle para el uso del Estado, ha pagado
diez mil pesos a la Compañía de Vapores del Pacífico a fin de que toquen en
este puerto, haciendo de esta manera conocida del mundo comercial una bahía
antes enteramente ignorada de todos. El camino hacia Caracoles también lo tenía
bastante avanzado la compañía, y esto, agregado al buen trato y cordial acogida
que merecían de los directores del establecimiento, decidió a los mineros y
comerciantes a morar en esta localidad, siendo de advertir que ésta es la causa
verdadera del desarrollo asombroso de este puerto, y decimos asombroso porque
en menos de un año de un puerto ignorado enteramente, se ha hecho uno tan
importante que no lo igualan ninguno de los situados al sur hasta Valparaíso,
pues ya cuenta con una población de más de cuatro mil habitantes y con todos
los elementos necesarios para hacer la vida cómoda y confortable. Este
establecimiento, pues, ha contribuido en gran parte a este desarrollo
inesperado. Ahora en cuanto a la protección que han merecido los nacionales,
ésta no es dudosa, pues siempre han tenido trabajo bien remunerado muchos
criollos del Peine y de Atacama.
III
Ya
que hemos indicado en general los servicios que ha prestado la compañía,
echemos una ojeada ligera a los establecimientos.
Aunque
el gobierno tiene detalles de todo lo que ellos encierran por el informe de una
comisión nombrada al efecto, y compuesta de los señores Nolberto Lanza y
Lisandro Taborga, y cuyo trabajo hemos tenido ocasión de leer; sin embargo,
como han avanzado notablemente especificaremos lo principal de cada uno de
ellos.
El
establecimiento de la Chimba tiene dos buenas casas de habitación para los
empleados superiores, espaciosas bodegas, canchas hermosas donde se deposita el
salitre, línea férrea con sus correspondientes carros para el embarque que se
hace por un muelle sólido, seis lanchas y tres botes, una magnífica máquina de
destilación con cuatro calderos que producen seis mil galones de agua,
corrales, y una botica. Además tiene el establecimiento un médico que es el
único que sirve para atender a los enfermos de la población.
A
nueve millas al interior se encuentra el otro establecimiento del salar del
Carmen que además de una magnífica casa principal para los empleados superiores
tiene otra también bastante valiosa para el ingeniero, un salón de lectura muy
espacioso y bien arreglado con una biblioteca para el uso de todos los
empleados, difundiéndose la moralidad y los conocimientos entre ellos; un buen
laboratorio, un despacho surtido de todo lo necesario para los trabajadores,
setenta y cinco piezas de habitación sólidamente construidas, un corral para
animales, otro para venta de agua, seis pozos, una línea férrea y un inmenso
taller de elaboración. Aquí se emplean más de cien trabajadores.
A
dos millas más al interior se encuentra el establecimiento de las calicheras
que tiene un despacho y como veinte casas para los trabajadores. Alrededor se
encuentran establecidos los trabajos de explotación.
Más
al interior, y que no hemos visitado por la larga distancia, se encuentran
según nuestros datos y los del informe de la comisión ya citada, cuatro postas
que se han dado al uso público según la cesión que hizo la compañía al
gobierno, aceptado por éste y legalizado en el Ministerio de Relaciones
Exteriores en Oruro a septiembre 2 de 1870.
Además
de estas postas en el camino hacia Caracoles tiene la compañía el
establecimiento de las Salinas, donde existen dos casas bajo el cuidado de
cateadores. Desde el principio la sociedad ha mantenido distintas expediciones
de cateo en el interior del desierto y aun antes del descubrimiento de
Caracoles tenía cateadores a distancia de sólo quince leguas del mineral, y en
ese tiempo se descubrieron depósitos muy importantes de caliches en este punto
(las Salinas), razón por la cual lo habilitaron con las casas de habitación ya
citadas.
IV
El
caliche de donde se extrae el salitre se encuentra en capas cubiertas de sal,
las que rara vez pasan de un pie de espesor, de modo que la primera operación
que se efectúa es sacar a pico la sal, entonces la capa de caliche queda
despejada y en estado de extraerse. En la parte de la pampa, el caliche se
explota por medio de la pólvora a causa de ser algo duro, y en la parte del
salar puramente a pico. Su ley es de poco más o menos de 35% y 65 de materias
extrañas y esto hace que su elaboración sea difícil y costosa. Este impedimento
ha ofrecido, como es natural, dificultades serias a la compañía, llegándose a
perder gran parte del salitre en las borras, las que forman un desmonte de más
de 150 metros de largo por 5 o 6 de altura. Después de largas experiencias y no
pequeñas de cantidad de capital invertido se ha logrado utilizar la mitad del
salitre contenido en caliche. Este inconveniente ha hecho que la sociedad esté
aún distante de reembolsarse del capital invertido en esta especulación. Una
vez sacado el caliche es transportado al establecimiento principal del salar en
carros a propósito, de sólida construcción, los que ruedan en una línea férrea
bien construida sobre durmientes y terraplenes. Los carros son tirados por
mulas actualmente, aunque son construidas para ser arrastradas por una
locomotora y no dudamos que ésta haya sido la idea de los directores de la
empresa. La línea férrea tiene poco más o menos en distintas direcciones como
unas cinco millas de longitud.
En
la explotación del caliche se emplean como cien trabajadores, repartidos en las
diversas faenas y ganan un jornal de 40 a 45 pesos mensuales.
V
Por
causa de la mala calidad del caliche, como lo hemos hecho notar, varios métodos
han sido empleados en su elaboración, aunque actualmente se encuentran en uso
solamente dos: por esta razón el gran taller está dividido en dos partes
principales.
Tanto
el primero como el segundo método son sencillos; y si damos su explicación es
porque creemos que no está de más en un documento de este género.
Chancado
el caliche en máquina de Blake, pasa a unos estanques a los que llega el agua
condensada y caliente a efectuar la cocción. Una vez esto practicado pasa por
tubos a otros estanques donde se asienta la borra, que contiene todas las
partes extrañas y el salitre en parte, el agua llevando en disolución la otra
parte pasa a unas bateas donde cristaliza el salitre por enfriamiento. Se
recogen esas aguas sobrantes para aprovecharlas nuevamente, y el salitre se
deja expuesto por tres o cuatro días al sol para que se seque. Después de seco
se transporta al establecimiento del puerto. La ley es entonces de 95 a 97%.
La
maquinaria empleada consiste en seis grandes calderos alimentados por el agua
producida por varios pozos, los cuales describiremos después; 60 bateas para la
cristalización, ocho estanques donde se asienta la borra, 3 para cocción, 3
para el agua vieja, 6 para la borra, 4 carros para éstas, 4 casos para el ripio
y dos cigüeñas movibles.
Uno
de los más graves inconvenientes con que ha tenido que luchar la sociedad es la
mala calidad del agua que contiene como 10% de materias extrañas sólidas, lo
que destruye con rapidez los calderos, pudiendo ocasionar males de
consideración si no se tiene sumo cuidado con su limpieza. A causa de esto se
han hecho cuatro estanques de nueve mil galones cada uno para purificar el agua
por medio de cierto procedimiento antes de usarla en los calderos.
Todos
los aparatos de que hemos hablado anteriormente para la cocción, etc., están
colocados en una plataforma de 22 pies de altura, a donde se hace subir el
caliche por un terraplén en el que se mueven los carros tirados por un cable de
alambre que se enrolla en un tambor movido por la máquina a vapor. Esta misma
máquina se usa para las bombas y todo lo necesario.
Pasando
a la segunda parte de este inmenso taller, nos encontramos con una máquina a
vapor de 16 caballos. Aquí se emplea el 2º método, el de evaporación, que
consiste en extraer el salitre por medio de evaporación de caldos débiles
llevados a los evaporadores por medio de cañones de hierro. Hay, con este fin,
12 evaporadores de hierro y 5 bateas de cristalización, dos calderos y otro que
está en construcción y un pozo con una bomba movida por la máquina.
La
dificultad para proveerse de agua ha hecho que la empresa abra seis pozos de
algún costo. El primero tiene 145 pies de profundidad, también varios socavones
a diversas honduras, y con más de 200 pies de longitud. El descenso a él se
hace por medio de escaleras de hierro.
El
segundo pozo que se encuentra en la segunda parte del taller tiene 200 pies
verticales, un taladro de sonda con 56 pies y dos socavones de 45 pies de
longitud. Los otros pozos están diseminados a diferentes distancias y tienen
diversas honduras. Estos pozos apenas bastan para las necesidades del
establecimiento.
A
más en el gran taller se encuentran fraguas, carpinterías y demás maestranzas
que necesita una empresa de esta magnitud.
El
establecimiento produce más o menos quinientos a seiscientos quintales de
salitre, y si no fuese por la mala calidad del caliche estamos seguros que con
esta planta podrían elaborarse 1.500 quintales diarios. El costo al día en los
trabajos es de seiscientos pesos según los datos que hemos recogido, y en su
construcción total la sociedad ha invertido cerca de un millón de pesos.
Los
salitres una vez refinados son transportados al establecimiento de la Chimba en
carretas de varias clases, conducidas por mulas y bueyes. El camino es bastante
bueno sin haber tenido la compañía que gastar grandemente en él; pero
actualmente que el tráfico ha aumentado prodigiosamente, pues no transitan
menos de cuatrocientas carretas, tendrá que dedicarse algunas sumas para
mantenerlo en buen estado.
Los
terrenos que la sociedad posee en la Chimba fueron vendidos por el gobierno a
don Manuel Antonio de Lama con fecha 2 de diciembre de 1869, y según la
escritura respectiva debía tener mil metros de longitud por trescientos de
ancho en la entonces denominada caleta de Peña Blanca, creyendo necesitar tanto
espacio para establecer otro taller de elaboración de salitres; pero fijándose
en que de esta manera tomaba posesión de la mejor parte de la playa ocupó sólo
setecientos cincuenta metros. La tercera parte está ya cercada con planchas de
zinc de 9 pies de altura y el resto con un cerco de palos parados. Esta última
parte se nos ha hecho entender que queda destinada a una estación de
ferrocarril, oficina de elaboración o para cualquier otro uso que la compañía
crea necesario.
VI
Hemos
ya dado una idea de lo que son los establecimientos como obra industrial;
pasamos ahora a dar una idea de la importancia que ellos encierran para la
localidad y para el progreso del país. A nadie, por más obtuso que sea, se
oculta la importancia de empresas que proporcionan trabajo a más de trescientas
personas; establecimientos que prestan a la industria del país, en un estado
todavía naciente, todo su concurso material; especulaciones que atraen otras
nuevas a establecerse en este centro de vida comercial con grandes capitales;
compañías que muy lejos de querer ahogar bajo su peso a otras industrias le
prestan su protección, enteramente desinteresada. Esto precisamente sucede con
los establecimientos de los señores Melbourne, Clark y Cía., que muy lejos de
tiranizar al pueblo vende los artículos de primera necesidad como el agua a un
precio cerca de la mitad de las demás máquinas de destilación, que siendo de su
absoluta propiedad toda la ribera principal de la bahía la cede el gobierno
para el bien general, y que en cuanta ocasión ha sido necesario no se ha fijado
en pequeñeces, llegando hasta proporcionar sus muebles, sus aguadas y aun
alojamiento a los individuos que lo han necesitado.
La
Sociedad por sí sola, sin ayuda de ningún género, ha hecho conocer el puerto, y
ha llamado a establecerse en él a los inmigrantes de todas partes ofreciéndoles
todas las comodidades apetecibles; de tal manera que ha hecho de un desierto
árido y sin vida alguna, una colonia floreciente y llena de vida propia. No
dudamos, por consiguiente, que en el porvenir ella sea la base de empresas
colosales que honren al país y al gobierno.
Y no
se diga que un establecimiento de este género no ha necesitado pasar por todas
las fases, cálculos y contratiempos de un invento; porque, si bien es cierto
que un invento rara vez llega del primer golpe a una forma inmediatamente
aceptable y práctica, sino que es necesario ensayar, completar y modificar las
diversas experiencias, en las cuales se ha tropezado con contratiempos
inesperados, para llegar a un resultado provechoso y concluyente, también un
descubrimiento como el de las salitreras, en que para llegar a él se tiene que
luchar frente a frente contra la naturaleza, con la escasez de recursos,
arriesgando quizá lo más grato y querido para el hombre, la vida, se necesita
conocer los secretos de la ciencia para calcular su importancia, el cerebro
tiene que trabajar y meditar, y en la realización o explotación de él se tiene
que luchar sin descanso con las mil contrariedades que se presentan en su
camino, como lo hemos dejado indicado anteriormente, para hacer que marche en
su desarrollo y prosperidad, necesitando para llegar a este resultado a más de
los capitales que se comprometen, la lucha de la inteligencia contra las
dificultades. Descubrimientos de este género merecen muchas veces más honor y
reportan más utilidades al progreso de un país, a su industria y a su adelanto,
que el invento en el cual se ha sacrificado la vida de una serie de sabios. Y
si no temiéramos alargarnos demasiado apelaríamos a la historia y ella nos
suministraría infinitos ejemplos que no han hecho nada menos que cambiar la faz
del universo.ren al país y al gobierno.
VII
Aunque
ya hemos hablado del privilegio, no está de más volver sobre él, para juzgarlo
con toda conciencia y rectitud. Según los documentos que hemos tenido
presentes, resulta que don Manuel T. Tovar en nombre del señor Ossa,
descubridor de las salitreras, en junio 11 de 1868 se presentó al Ministerio
respectivo solicitando un privilegio de quince años, no tratando de eludir el
decreto de 1858, y para que se vea la sinceridad con que hablaba copiamos a
continuación la siguiente parte de su escrito:
"Ningún
descubrimiento con más razón que éste merece la preferente atención del
gobierno, puesto que es debido a los más enérgicos y perseverantes esfuerzos de
la voluntad del hombre en lucha con la naturaleza más ingrata y con el poder
más formidable como es el desierto de Atacama. Ningún descubrimiento de la
ciencia ni del arte debido sólo a los esfuerzos del cálculo, sobre principios
inmutables y en la tranquilidad del gabinete o laboratorio, puede ser
comparable con el que es debido al triunfo del poder del hombre sobre los
elementos de la naturaleza más rigurosa, habiendo empleado en esta campaña los
años más floridos de la vida, tal vez el patrimonio y porvenir de su familia.
Es necesario, excelentísimo señor, internarse veinte o treinta leguas solamente
en ese Sahara de Bolivia en lugares donde la planta del hombre no había
penetrado nunca, donde no hay recursos para la alimentación, donde no se
encuentra una gota de agua con que aplacar la sed, ni un árbol ni una gruta que
haga sombra, donde el espíritu del
hombre más animoso se llena de espanto ante la formidable naturaleza que
le rodea, es necesario tomar en consideración todo esto para valorizar
debidamente los sacrificios y desembolsos que ha debido hacer el hombre que se
ha propuesto descubrir para nuestra patria un valioso artículo de exploración
en sus entrañas, venciendo todas las dificultades, afrontando todos los
peligros y haciendo varias veces abnegación de su vida misma en persecución de
su ideal".
Habiéndose
hecho pasar esta solicitud por el trámite legal de la vista del Fiscal, éste
con fecha 31 de julio de 1868 apoyó la solicitud en todas sus partes y pidió en
consecuencia la aceptación del gobierno.
Poco
después el mismo señor Tovar a nombre de la Sociedad, con fecha 29 de agosto
presentó una nueva solicitud en la que hacía presente que, aunque la primera
estaba basada en la más estricta justicia y apoyada por el señor Fiscal,
deseando que el fisco fuese remunerado de algún modo por las franquicias que
pedía, la Sociedad tenía a bien ofrecer al gobierno la suma de diez mil pesos.
El
gobierno con fecha 5 de septiembre del mismo año no tuvo inconveniente alguno
en conceder el privilegio solicitado, imponiendo la obligación a la Sociedad de
enterar en arcas Fiscales la suma ya indicada, como lo hizo ésta inmediatamente
pagando los diez mil pesos en la administración del tesoro de Cobija.
Confiada
en estos documentos y la garantía que ellos le prestaban, la Sociedad se lanzó
con toda fe a la ejecución de los trabajos, los que han dado lugar a la
plantación del establecimiento que actualmente admiramos, tanto por el buen
sistema de explotación como por el orden que reina en él y el adelanto
instructivo en que se hallan sus empleados.
VIII
Hemos
hablado del privilegio, ahora nos toca examinar cuáles serían las consecuencias
de su cesación.
Cuando
se ve que una sociedad como la de los señores Melbourne, Clark y Cía. invierte
inmensos capitales en negocios que dan vida y animación a toda una costa y
alimenta a una infinidad de pobladores, confiada en que sus títulos son
legales, estando sus intereses de esta suerte garantidos para el porvenir; y de
un momento a otro sus derechos son negados por un gobierno de distintas
opiniones al concesionario, no hay duda que esto hará que empresas tan
importantes como la de que tratamos no se atreverán a invertir sus capitales en
especulaciones que en el instante menos pensado puede dárseles un golpe de
muerte, abatiendo las franquicias que un gobierno les había dado. Una nación
como la de Bolivia necesita actualmente que capitales extranjeros vengan a impulsar
el carro de su prosperidad por la vía del adelanto y el progreso, introduciendo
nuevos ramos de industria, propagando el comercio y poniéndola al habla con el
mundo comercial y científico. Mas para llegar a este resultado sería necesario
que el gobierno lejos de negar derechos adquiridos, impulsase los negocios
manejando una sola palanca, la de la protección a toda empresa industrial. De
este modo muy pronto todo el litoral se convertiría en una comarca que nada
tendría que envidiar a las demás del continente americano.
Por
otra parte, actualmente que se ventilan cuestiones de tan alta importancia como
la del ferrocarril, ¿qué garantías podría prestar a una empresa un privilegio
que la favoreciese, si podía caducar al cabo de cierto tiempo por un trastorno
político en el país? No hay duda que los capitales serían difíciles de
encontrar si se viese por el mundo comercial que se anulaba el privilegio a una
compañía que aún está muy lejos de resarcirse de los gastos que ha hecho en sus
establecimientos, y no hay duda que esto sería una gran pérdida efectiva para
el adelanto material y moral del país.
A
más la sociedad de Melbourne, Clark y Cía. pronto quizá verá agotados los
productos que actualmente explota, y se vería paralizado un establecimiento que
presta grandes servicios a la localidad y a la nación.
El
término fijado por el privilegio es un término equitativo y durante el cual la
compañía puede reembolsarse, si no del todo, de la mayor parte de sus
capitales, y entonces el gobierno podía tener una buena fuente de entradas,
imponiendo derechos sobre una industria que entonces podrá haber tomado grandes
proporciones.
Privilegios
de ese género se han visto en todas partes y no es Bolivia quien da el primer
ejemplo. Sin ir más allá, en Chile se ha concedido un privilegio para la
explotación de la turba, sin que a nadie haya molestado esta concesión,
advirtiéndose que ella es de un uso inmediato en el país sin que suceda lo
mismo con el salitre.
IX
Después
de hecho este bosquejo de lo que son los establecimientos, su importancia, sus
privilegios y los inconvenientes de su cesación, no es difícil averiguar cuál
será la opinión de la comisión nombrada para informar sobre este asunto.
Ella,
interesada vivamente en el adelanto del país, como que es la aspiración de la
municipalidad de que forma parte, ha deseado llevar la luz a los consejos del
gobierno que quizá se halla a ciegas sobre el asunto, por las grandes
distancias que lo separan de estas localidades, y es ésta la razón porque se ha
tomado la prolijidad de hacer un trabajo largo y concienzudo, pero que no
considera inútil, y después de maduras reflexiones, de largas discusiones y a
la vista de todos los datos que ha tenido a la mano, no puede por menos que
opinar en el sentido de que el gobierno debe respetar la concesión hecha por la
administración pasada a los señores Melbourne, Clark y Cía.
En
ello no obrará sino con estricta justicia, pues esta Sociedad a más de los
servicios importantes que presta a la localidad, ha cumplido fielmente los
compromisos que contrajo con el gobierno.
En
conclusión, concedido ya el privilegio por la administración pasada, la actual,
valiéndose de la palabra de un célebre economista, para obrar con toda razón no
necesita deliberar para saber si se hará o no volver un río hacia su fuente;
pero sí prever los derrames de este río, dirigir sus aberturas y aprovechar el
beneficio de sus aguas. He aquí lo que la comisión ha creído conveniente
informar a la Municipalidad, dejando de esta manera cumplido su cometido.
La
Chimba, marzo 11 de 1872.
MATÍAS
ROJAS D.
Luis
Lichtenstein
§14.
Nuestros
propósitos
Cuando
se tiende una mirada al pasado, contrista al alma observar que debiendo haber
ido en progreso las franquicias con que debían contar estos pueblos para su
engrandecimiento y prosperidad, parece, por el contrario, que el gobierno
quiere arrastrarlos precipitadamente a la ruina, cegando fuentes que
contribuyen poderosas y enérgicamente al aumento de la riqueza nacional.
Hicimos
la guerra, porque el fisco boliviano quería concluir con la industria salitrera
imponiéndole gabelas que aumentadas a su capricho de día en día habrían
producido su muerte, y con ella la pérdida no sólo de los capitales chilenos
invertidos en esta empresa sino, también, el sustento de muchas familias que
vivían bajo su sombra.
Hicimos
la guerra en nombre de la justicia y del derecho, y en auxilio y protección de
los ciudadanos que habitaban esta región, los cuales, animados del espíritu
patriótico, prestaron todo su contingente para el buen éxito de ella, no
ahorrando sacrificios de ningún género.
Y
hoy, en presencia de lo que pasa nos preguntamos: ¿qué es lo que hemos
obtenido?
Hablemos
con franqueza. Cansados estamos ya de guardar silencio.
La
industria minera languidece con motivo del alza en sus artículos de consumo,
que actualmente pagan derechos de los cuales estaban exentos antes de la
ocupación.
La
industria salitrera de Antofagasta y Toco se verá obligada a paralizar sus
trabajos tan pronto como el cambio suba, por serle imposible pagar el impuesto
con que hoy se la grava.
La
de Aguas Blancas y Taltal que se desarrolló confiada en las promesas de
franquicias que el gobierno le dejó vislumbrar en todos sus documentos
públicos, morirá indudablemente tan pronto como se le quiera hacer efectivo el
impuesto, es decir, en septiembre próximo.
Y el
comercio, que vive de ambas industrias, ¡tiembla por la suerte que le es pera!
Da tristeza el pensar cómo nuestros hombres públicos sin conocimiento alguno de
lo que pasa, a pesar de habérseles pedido que nombren una comisión para que
estudie este asunto, toma medidas o resoluciones que vienen a comprometer la
existencia de pueblos que se han levantado mediante la inteligencia, el trabajo
no interrumpido de diez años y de inmensos capitales invertidos.
No
puede ser más dura la condición en que se nos ha colocado.
La
ley del vencido, el voe victis, ha sido aplicada estrictamente en estos
lugares. ¡No les ha cabido tan mala fortuna a los países conquistados!
¿Cuándo
se han acordado de nosotros los hombres de gobierno?
Cuando
se ha tratado de imponernos contribuciones como la del salitre, impuesto
mobiliario, patentes, etcétera.
Y
han permanecido y permanecen mudos cuando se trata de llenar alguna de nuestras
necesidades.
¿Cuándo
las autoridades superiores han sido escuchadas en sus justos reclamos? Llenos
están los ministerios de las solicitudes que se han elevado a fin de llenar el
servicio público, sin que hayan merecido ni una ojeada de los señores
ministros. Nos equivocamos. Después de insistir hasta el cansancio, el
territorio reivindicado ha logrado por fin obtener de sus gobernantes un
auxilio de cuatro mil pesos para el hospital.
Y
desde el día de la ocupación, vergüenza da decirlo, ni el escritorio en que
nuestro jefe político firma el despacho diario pertenece a la gobernación.
No
ha sido igual la suerte que le ha cabido al territorio de Tarapacá, ocupado
militarmente. Allí se ha gastado el dinero con profusión; se ha hecho gala de
dotar a los empleados con sueldos espléndidos.
Ninguna
subdelegación de ese territorio ha presenciado el raro espectáculo de que el
subdelegado se vea en la forzosa necesidad de gastar de su peculio para atender
al servicio público; que el pago de sus cuentas sea demorado seis, ocho meses,
por no dedicar el señor Ministro del ramo un cuarto de hora al examen de esas
cuentas.
Esto
es necesario que tenga su término.
Deseamos
y queremos, pues, llamar la atención del gobierno hacia nosotros. Deseamos y
queremos que nuestros asuntos preocupen a los hombres que son dueños de
nuestros destinos. Deseamos y queremos que se nos escuche y, por fin, queremos
y exigimos que se nos dé lo que tenemos derecho de pedir.
No
estamos dispuestos a que se nos esquilme sin consideración alguna, ni menos que
se nos mate por ignorancia o incuria.
Con
este fin hemos fundado El Industrial, y tenemos fe de que ayudados por todos
los hombres de buena voluntad lograremos hacernos escuchar de aquéllos que no
nos conocen.
(Editorial
de El Industrial, agosto 1 de 1881)
§15.
Impuesto
al salitre
Decíamos
en nuestro editorial de ayer que los establecimientos de Aguas Blancas y Taltal
se habían levantado alentados los industriales por las promesas que el gobierno
les había dejado vislumbrar en todos sus documentos públicos, de
proporcionarles las mayores franquicias posibles.
Como
de ninguna manera queremos que se nos crea bajo la fe de nuestra palabra, y a
fin de que los hombres que representan al país en el seno de la Asamblea
Nacional obren con entero conocimiento de causa en asuntos de tan vital
importancia, recordaremos el proyecto presentado al Senado en 7 de agosto de
1876 por el senador don José Victorino Lastarria, cuyo preámbulo y artículo 4º
dicen como sigue:
"Es
incuestionable la necesidad en que el país se encuentra de fomentar sus
antiguas industrias y de facilitarles nuevos desarrollos para aumentar su
producción, y saldar con ella el valor de las importaciones, o excederlo si es
posible a fin de evitar los conflictos que nacen de consumir más de lo que se
produce, o de las contingencias de la demanda extranjera de algunos de los
artículos de nuestra industria.
La
industria minera, que hace poco tiempo concurría con las seis séptimas partes
de nuestras exportaciones, apenas concurre hoy con la mitad; y esta decadencia
nos ha traído, entre otros perniciosos resultados, la pérdida de más de
cincuenta y ocho mil obreros de la minería que, según la noticia preliminar del
último censo de la República, han ido a buscar trabajo en las costas de Bolivia
y de Perú, a pesar de que tenemos la principal porción del desierto de Atacama,
con iguales si no mayores riquezas que las que posee aquel litoral.
A
llenar en parte aquella necesidad está destinado el siguiente proyecto de ley,
que tengo el honor de presentar, y los datos fidedignos que me he
proporcionado, a fin de levantar de su postración nuestra industria minera y de
reponerla en la posesión de una valiosa producción, que últimamente ha perdido,
por haberla buscado en otro centro.
Art.
4º. Son libres de todo derecho de importación los instrumentos y sustancias
químicas, las máquinas y herramientas, el acero, fierro, madera, ladrillo,
baldosas y cimientos que se introduzcan por ambos puertos con destino a la
explotación y a la elaboración de productos de las minas, salitreras, depósitos
de bórax y otros boratos y de todas las materias que se enumeran en los
artículos 2º y 3º del Código de Minería.
Igualmente
serán libres de todo impuesto nacional en su exportación los productos en bruto
o elaborados de todas estas explotaciones que se extraigan por los mencionados
puertos.
Sin
embrago, estos productos serán gravados, al tiempo de su salida, con 5 centavos
en cada quintal métrico, a beneficio de los fondos municipales del respectivo
departamento, sin que, mientras subsista este impuesto, puedan gravarse con
ninguno los artículos de bastimento de las poblaciones urbanas o mineras".
Este
proyecto fue pasado en informe a una comisión compuesta de los señores Benjamín
Vicuña Mackenna y Javier Luis de Zañartu. Ésta, a pesar de no manifestar en el
informe respectivo gran conocimiento del desierto y de lo que podía encerrar en
su seno, sin embargo, en el fondo, es decir, en cuanto al otorgamiento de toda
clase de liberación estuvo de acuerdo con el autor del proyecto y el Senado lo
aprobó en general.
Poco
tiempo después el señor Lastarria subía al Ministerio, y ordenaba que el vapor
de guerra Abtao, a bordo del cual se embarcaron los ingenieros señores
Plazolles y Sierralta, hicieran un reconocimiento para averiguar qué puerto al
mismo tiempo de tener un buen fondeadero pudiese proporcionar un camino fácil
al interior, con el fin de unir las salitreras con el mar. Después de un
estudio prolijo de las localidades se opinó por la habilitación de la caleta de
Remiendos, la cual con un gasto no muy crecido podía cumplir con la condición
ya enunciada. De aquí surgió la apertura al comercio del puerto de Blanco
Encalada, haciéndose un contrato para que los vapores arribasen periódicamente,
puerto destinado a la exportación del salitre de Aguas Blancas, el cual era
mirado con cierta desconfianza por el gobierno de Bolivia.
Con
los antecedentes que dejamos apuntados los peticionarios de estacas de salitre
se apresuraron a medir sus pertenencias, y entre ellos podemos contar a los
señores Moreno y Manterola, que procedieron a efectuar esta operación en
diciembre de 1876, y entablaron trabajos de reconocimiento más extensos que los
anteriores.
A
pesar de las franquicias que se otorgaban a los salitreros se hacía entonces
aún muy difícil encontrar los capitales necesarios para instalar un
establecimiento de elaboración. No encontrándose sino iniciado el camino de
Blanco Encalada, se temía con razón que exportando el salitre por Antofagasta,
que era el camino natural, el gobierno de Bolivia le impusiese fuertes derechos
de tránsito.
Todas
estas dudas, todas estas vacilaciones, cesaron tan pronto como tuvo lugar la
ocupación de este territorio por nuestras armas.
Los
capitales abundaron, se instalaron en poco tiempo siete oficinas que
actualmente producen como cincuenta mil quintales mensuales de salitre, sin
creer jamás ni por un solo momento que sus derechos adquiridos vinieran a ser
desconocidos y negados, como se pretende actualmente.
Damos
estos antecedentes para que lleguen a conocimiento de aquéllos que los ignoran,
y proyecten un poco de luz en las discusiones de una cuestión que tiene
preocupados a los habitantes de una gran zona de territorio que viven casi
exclusivamente de esta industria.
(Editorial
de El Industrial, agosto 2 de 1881)
§16.
Esperemos
El
telégrafo con su asombrosa rapidez nos ha hecho conocer el rechazo que la
comisión de Hacienda de la Cámara de Diputados ha hecho a la justa solicitud de
los salitreros de Aguas Blancas y Taltal.
Ningún
detalle se tiene sobre los fundamentos que hayan servido de base a esta
comisión, para opinar desfavorablemente.
Si
ellos fueran de la misma naturaleza que el que "cuando las salitreras del
norte hayan explotado sus mejores zonas, les llegará su turno a las del sur y
sin violencia harán la fortuna de sus dueños", no temeríamos por el voto
de la Cámara.
Razones
tan absurdas y ridículas no pueden hacer eco en el seno de la representación
nacional.
No
creemos por el momento que debamos alarmarnos. Lo que sí debemos pensar y hacer
es trabajar por el logro de la idea que perseguimos.
Que
no se mate la industria de la cual viven centenares de familias ya directa o
indirectamente, por ignorancia de la materia de que se trata.
Corramos,
pero corramos todos a la prensa, al meeting, y haciendo conocer la justicia que
nos asiste, los compromisos que la nación ha contraído con nosotros, exijamos a
nuestros representantes que nos la hagan cumplida y recta.
Hagámosles
comprender que viviendo en territorio que la república, desde que nació a la
vida independiente, declaró como propio, tenemos más derecho a ser respetados
que los que habitan terrenos conquistados con la potencia de nuestro brazo.
Que
el interés particular de unos pocos no se sobreponga al bien general.
Que
pudiendo alumbrar el Sol para todos, ¿por qué se le quiere eclipsar y privar de
él a los hijos primogénitos?
No
nos encerremos en un estúpido egoísmo.
Aún
es tiempo de hacernos escuchar.
Y
escuchándosenos, estamos seguros de que la solicitud de los salitreros de
Taltal y Aguas Blancas, o sea, la vida del desierto, será atendida y despachada
favorablemente.
No
desesperemos en una causa en que todo está en nuestro abono. Moralidad,
justicia, equidad. Obremos y esperemos.
(Editorial
de El Industrial agosto 9 de 1881)
§17.
La
prensa del Sur
En
medio de la situación azarosa por que atravesamos; cuando nuestros destinos
dependen de la última palabra que pronuncie el Congreso sobre el impuesto al
salitre, admira verdaderamente que la prensa del sur no trate de llevar la luz
en tan delicado asunto a nuestros representantes.
¿Acaso
el impuesto del salitre no es una cuestión grave que afecta los intereses
nacionales?
¿No
vemos diariamente a los grandes diarios engolfarse en cuestiones pequeñas, y
hasta cierto punto triviales?
¿Por
qué ese tiempo no lo dedican a pedir al gobierno que nos escuche, debatiendo
nuestras importantes cuestiones, llevando la convicción y la luz allí donde
reinan la duda y las tinieblas?
¿Tan
poco les preocupa nuestro estado anómalo e irregular, y tan poco trabajo se
toman por estos pueblos que tantos millones dan a la nación, que en vano hemos
buscado en nuestras colecciones el informe de la Comisión de Hacienda en la
petición de los industriales y comerciantes de Taltal, Aguas Blancas y
Antofagasta? El pueblo origen de nuestras victorias, el que ha dado a conocer
el poder de nuestro brazo, el caudal de patriotismo que se encierra en el
corazón de los chilenos y nuestra virilidad como nación; que nos ha hecho
respetar en América y nos ha hecho conocer en Europa; el pueblo que fue cuna de
nuestro brillante ejército y el único puerto chileno que resistió las balas
enemigas, ¿no merece siquiera una atención, un recuerdo de los que se llaman representantes
de la opinión pública? ¿Por qué ha callado el decano de la prensa, El Mercurio,
que con tanta agudeza como ingenio nos defendió cuando sufríamos alguna
vejación del gobierno de Bolivia?
Y La
Patria, digna compañera de El Mercurio, ¿por qué no levanta hoy la voz en
defensa de nuestra existencia hoy amenazada por nuestros propios gobernantes?
Y El
Ferrocarril, Independiente y Heraldo, ¿verán consumarse nuestra ruina, concluir
nuestra vida de pueblo industrial y comercial, sin elevar ni la más ligera
protesta, sin siquiera transmitir nuestras justas quejas?
No
nos dirigimos a otro gran diario cuyo director nos excomulgó en plena Cámara
por el gran delito de haber venido a estos territorios a buscar el pan de
nuestras familias beneficiando a la nación, pues tanto nuestros productos como
nuestros consumos pertenecen a ese querido Chile, por cuya incorporación
suspirábamos, y que hoy nos quiere pagar tanto buen deseo y tanto patriotismo
con el más grande y solemne bofetón, bofetón que puede causarnos la muerte.
¡Ea!
¡Señores de la prensa del sur! –A su puesto. No les suplicamos. Les exigimos
que nos escuchen, que hagan al país conocer lo que somos, lo que valemos, lo
que esperamos. Si enmudecéis no habréis cumplido con vuestro deber.
Decid
a los honorables diputados y senadores que estamos ya hartos de sufrir y que
tenemos hambre y sed de justicia.
(Editorial
de El Industrial, agosto 11 de 1881)
§18.
La
nueva provincia
Desde
el momento en que tuvo lugar la ocupación, desde que pudo decirse que estaba
afianzada nuestra dominación en este territorio estuvo en la mente de todos la
idea de la creación de una nueva provincia, que comprendiese también en su seno
al distrito salitrero de Aguas Blancas.
Tan
es así que la nueva gobernación, siendo gobernador el señor Nicanor Zenteno,
formuló un proyecto que elevó al conocimiento del supremo gobierno, y que
duerme como tantos otros proyectos el sueño de los justos en el Ministerio
correspondiente. Cuando en el seno de la comisión conservadora uno de sus
miembros llegó a significar que deseaba conocer lo que el Ministerio había
hecho en cuanto a la organización de estos territorios, no faltó mano amiga que
indicara al jefe del gabinete la necesidad de la creación de esta provincia,
que contaba en esa fecha con más elementos de que formarse.
Entonces
hubo gran actividad para proporcionarse datos. Ya se dirigieron a esta
autoridad, ya a esta otra, ya a este vecino a quien se le creía conocedor de
las lo calidades, ya a aquél.
Después
de una verdadera fiebre creadora, sin esperar aún todos los antecedentes, se
formó un plan de división y portelégrafo se pidió al Gobernador las
subdivisiones de las subdelegaciones.
Se
reunió el Congreso. Las interpelaciones tuvieron lugar y por desgracia no se le
ocurrió a ningún senador ni a ningún diputado acordarse de la organización de
este territorio y el Ministro, creyendo haber salido del paso, relegó al olvido
lo que en un momento dado tanto le preocupó, entregando la resolución de tan
importante asunto a una comisión compuesta de personas que conocen tanto estos
lugares como nosotros al Japón.
Así
es como se trataron los asuntos que atañen a los pueblos del norte.
Se
busca precisamente la manera de no hacer nada que sea conveniente para éstos.
¿Acaso
no hay gente capaz en este territorio de formular un proyecto como el que se
trata?
¿O
se nos cree enteramente ineptos por todo y para todo?
¿Cuándo
variará este modo de pensar acerca de nosotros?
Lo
veremos.
(Editorial
de El Industrial, agosto 12 de 1881)
§19.
Derechos
diferenciales
Demos
tregua al sentimiento de indignación que se levanta en cada industrial, cuando
piensa que por la ligereza, capricho o ignorancia se puede venir a herir de
muerte a una industria que se ha levantado en medio del desierto, a virtud del
espíritu de empresa que anima a la gente del norte, y estudiemos con calma la
cuestión impuesta a la vista de antecedentes que puedan llevar el conocimiento
a nuestros representantes en el Congreso.
¿Qué
causales tan poderosas pueden influir en el seno de la comisión de Hacienda
para rechazar la idea de hacer una diferencia para el impuesto en las distintas
zonas salitreras?
¿No
están, puede decirse, demarcadas por la naturaleza y aun por la geografía de
América antes de la guerra, estas diversas secciones?
¿Las
condiciones económicas por otra parte no están perfectamente marcadas y
definidas respecto a esas zonas?
Los
capitales crecidos empleados en estas especulaciones, ¿no se encuentran
colocados también en diferentes circunstancias?
Vamos
a contestar, aunque sea a la ligera estas observaciones.
Aunque
parezcamos cansados insistimos y volvemos a repetir que los establecimientos de
Aguas Blancas y Taltal, situados en territorio chileno propiamente dicho, se
levantaron contando con la liberalidad con que el gobierno trataba de implantar
esta industria, para contar con este nuevo centro de producción, que podía ser
causa de paralizar la crisis que se desarrollaba ya en el país y que amenazaba
arrastrarlo todo en su terrible vorágine.
Los
industriales no sólo han contado con la exención de todo impuesto sino,
también, con franquicias como las consignadas en el proyecto Lastarria, y con
ánimo resuelto, sin jamás dudar del éxito en la empresa, invirtieron capitales
que se elevaron a un grueso número de millones, y crearon establecimientos que
dan vida a infinidad de pobladores y pueden ser origen de descubrimientos que
vengan a dar holgura a nuestra hacienda gravada hoy enormemente con los gastos
de la guerra. Tanto las salitreras de Aguas Blancas como las de Taltal se
encuentran en muy distintas condiciones económicas de las de Antofagasta y
Tarapacá. Éstas cuentan para el acarreo con líneas férreas que reducen el
transporte, punto el más estudiado en la minería, a su más ínfimo precio, y los
gastos de instalación de máquinas se encuentran ya pagados, puesto que estos
establecimientos han gozado de exenciones que les han importado esa ganancia, y
un interés módico sobre el capital invertido es un verdadero negocio.
Mientras
tanto, aquéllas se encuentran en muy distinta situación. Las ganancias que han
podido obtener a la sombra de la exención de que hoy gozan, están muy distantes
de pagar el capital invertido, y el transporte es excesivamente caro
absorbiendo una parte considerable del producto.
Es
necesario tener presente que trabajos verdaderamente serios en Aguas Blancas y
Taltal han comenzado, puede decirse, junto con el decreto de prórroga que va a
vencerse. Y esto ha sucedido porque los empresarios han estado convencidos de
que el impuesto vendría solamente a regir cuando los distintos centros
salitreros se encontraran colocados más o menos en la misma situación
económica. Y los industriales han tenido demasiada razón. La fe pública de un
gobierno es sagrada; por consiguiente, partían de bases enteramente sólidas
cuando se escudaban en prerrogativas que creían les eran propias y de las
cuales no podían dudar.
No
encontramos, pues, las razones que puedan alegarse para concluir con la
industria salitrera en nuestro suelo, implantada en nombre del esplendor y
crédito de Chile.
Si
pasamos del territorio chileno propiamente dicho al reivindicado por nuestras
armas, nos encontramos con que si se encuentra en condiciones económicas muy
superiores a éste, lo está en un estado muy inferior a las del territorio de
Tarapacá, que era peruano; donde estando implantada esta industria desde hace
largos años, se cuenta con vías más fáciles y menos costosas y con caliches muy
superiores en ley con calidades especiales, que hacen su elaboración mucho
menos costosa que en Antofagasta, y por consiguiente enormemente menos que en
el territorio al sur del paralelo 24.
Si
el supremo gobierno hubiese nombrado la comisión, que con tanta insistencia en
diversas solicitudes le han hecho los habitantes de estas regiones,
matemáticamente se habría convencido de la exactitud de estas observaciones; se
habría podido persuadir de la distinta condición en que se encuentran colocadas
las tres zonas a que hemos hecho referencia.
La
nación necesita actualmente de nuevas fuentes de entradas para atender a sus
gastos. El ministro de Finanzas debe buscar el medio equitativo de hacer el
reparto de la carga que debe pesar sobre las diversas industrias implantadas en
el país; y ya que la minería es la que desde tiempo inmemorial se halla
condenada a ser aquélla sobre la cual pesa la parte más gravosa, trátese
siquiera de que se reparta según la condición en que se encuentra colocada en
el territorio. Si las salitreras de Tarapacá pueden con ventaja soportar el
impuesto actual, si las de Antofagasta también pueden cargar con otro un poco
menor, si Aguas Blancas y Taltal también después de acercarse al grado de
economía que las otras tienen y que hayan logrado resarcirse de los inmensos gastos
efectuados pueden continuar sus trabajos con un impuesto módico, ¿por qué no
dejar que todas vivan, que todas contribuyan al fomento de la riqueza nacional,
la cual no consiste solamente en lo que el fisco percibe de los derechos de
exportación sino, también, en el bienestar de cada uno de sus habitantes que
consumen y producen, y que la riqueza privada constituye y es la base de la
riqueza general? Cuando nuestro país tenga a cada uno de sus moradores
encontrando en el suelo natal su bienestar, la emigración se suspenderá; y no
contemplaremos el triste cuadro de ver morir a millares de nuestros
conciudadanos como sucedió en los ferrocarriles de Perú, por no encontrar en su
casa trabajo productivo y abundante.
¿A
qué debe Francia su inmensa riqueza pública, riqueza deseada por todos los
pueblos, sino a la riqueza privada, la cual yendo en aumento la colocará en la
categoría de primera nación europea?
¡Cuidado!
¡Mucho cuidado!, cegar estas fuentes de progreso minero es contribuir a que la
agricultura dé un paso hacia el retroceso. La minería, nos dice muy bien
nuestra misma historia, ha sido la palanca poderosa que ha impulsado a nuestra
agricultura y la ha hecho elevarse al estado floreciente en que se encuentra
actualmente.
Fíjese,
pues, bien la Cámara en lo que va a resolver. La comisión de Hacienda
paralogizada quizá, o por falta de estudio y conocimiento del asunto tan serio
de que se trata, queriendo tal vez llenar puramente las exigencias del erario
nacional, creyendo que con la explotación de Tarapacá se obtenía la
contribución que éste necesita, ha hecho una operación aritmética y opinado sin
fijarse en los inmensos males que pueden resultar de un informe hecho sin
conocimiento de causa, sin tomar en cuenta que a la sombra de la industria de
que se trata prosperan muchas otras a las cuales está vinculado el porvenir de
la nación.
Estúdiese
con calma, con datos acopiados si es posible en el mismo terreno de que se
trata, y se convencerá que solucionada la cuestión en el sentido de establecer
los derechos diferenciales, como dejamos expuesto, se consulta la equidad, la
justicia y los intereses bien entendidos del país.
(Editorial
de El Industrial, agosto 16 de 1881)
§20.
La
minería y la agricultura
Hoy
que están ventilándose intereses de tanta valía para uno de los ramos de la
industria minera, como son las que se refieren al impuesto del salitre, creemos
que no está de más hacer una especie de paralelo entre los bienes que ha
reportado al país esta última y la agricultura.
Desde
luego sentaremos como un hecho enteramente indiscutible, pues nuestra historia
lo atestigua, que antes del famoso descubrimiento de Chañarcillo, Chile era un
pobre país con un escaso comercio, con su agricultura en estado naciente, sin
un mercado donde colocar sus escasos productos, y con su erario en bancarrota,
no encontrando el gobierno cómo salvar la situación difícil por que atravesaba.
Llega
el año de 1832. El famoso mineral se descubre y como por encanto la situación
general del país cambió por completo. El comercio se extendió
considerablemente, la agricultura encontrando capitales y centros de
consumidores, comenzó a desarrollarse rápidamente, y el erario a encontrarse en
una situación más holgada.
Siguiendo
el curso del tiempo y apoderándose de todos el espíritu de empresa, se
descubrieron nuevos minerales de plata, y los que no fueron afortunados en este
ramo, buscaron la suerte en la explotación del cobre, encontrándose en el
transcurso de pocos años enteramente sitiado el desierto y abiertos al comercio
los puertos de Caldera, Chañaral, Taltal, El Cobre, etcétera.
La
riqueza privada de esta suerte fue aumentando y, por consiguiente, la riqueza
pública, pudiendo el pobre país de 1832 emprender a los cincuenta y tantos años
una guerra colosal, que todos creyeron superior a sus fuerzas.
La
base primordial de este engrandecimiento ha sido la minería, a cuya sombra han
florecido la agricultura y, por consecuencia, el comercio que vive de ambos.
Y
tanto depende y ha dependido el porvenir de Chile de la industria citada, que
cada vez que ella ha estado en decadencia, el país ha tenido que soportar
crisis demasiado serias, crisis que jamás han podido ser salvadas por la
agricultura como lo manifestó claramente en 1870, época en que los salitres de
Antofagasta y la plata de Caracoles pudieron contenerla, formándole diques con
su producción.
Y
siendo esto así, el gobierno se ha acordado de ella solamente cuando ha sido
necesario imponerle nuevos gravámenes, con el único objeto de libertar a los
agricultores de cualquier gabela, y duro es decirlo, pero es preciso hablar con
franqueza: nuestros congresos han sido integrados siempre en su gran mayoría
por estos últimos.
¿Cuándo
el gobierno se ha ocupado de abrir y habilitar caminos y de construir
ferrocarriles que vengan a ayudar, o favorecer la industria minera?
El
único camino iniciado que conozcamos es el de Blanco Encalada al interior del
desierto.
El
primer ferrocarril de América del Sur fue debido a la iniciativa particular.
Nos referimos al de Copiapó y Caldera. Las provincias mineras de Atacama y
Coquimbo si poseen estos elementos de progreso, lo deben al espíritu de empresa
de sus habitantes sin que jamás el gobierno las haya ayudado absolutamente en
nada.
Los
presupuestos consignan anualmente una enorme suma para compostura de caminos;
pero toda ella se absorbe en el centro y sur de la república.
Si
es verdad que actualmente la agricultura contribuye poderosamente al aumento de
nuestras entradas, también es cierto que se la atiende especialmente, con
sacrificio de la minería. Se olvidan nuestros gobernantes de lo que es capaz
esta última industria. La minería crea poblaciones en unos cuantos meses, lo
que sólo consigue la agricultura después de un número crecido de años.
¿Qué
población del sur auxiliada por ferrocarriles que importan al Estado muchos
millones de pesos, se ha elevado en corto tiempo de existencia a la altura de
Antofagasta y Taltal?
¿Dónde
se encuentra el trabajo del hombre mejor remunerado, y dónde se desarrollan
mejor las dotes de su inteligencia? Ya es tiempo, pues, de emprender un trabajo
de reparación.
Si
nuestros gobernantes han sido antes hostiles a la minería, se ven hoy en la
obligación de ser justos y ya que un ramo de ella se ve amenazado por el
impuesto, ¿por qué elevándose a la altura correspondiente no se la fomenta y se
le dan las franquicias que exige para su desarrollo, no olvidando que pesa
sobre ella la obligación de atender a sus necesidades, abriéndose caminos y
costeando su servicio público?
¿Hasta
cuándo somos, pues, los hijos desheredados de la fortuna?
¿Por
qué se nos olvida y no se atiende a ninguna de nuestras más urgentes
necesidades?
¿Por
qué se nos trata así?
¿Cuál
es el delito que hemos cometido?
¿Será,
por ventura, haber ansiado durante ocho años formar parte integrante de la
república?
¿Será
haber puesto todo lo que éramos y valíamos a disposición de la patria cuando
emprendió la guerra que tantas glorias nos ha dado?
Medítese
en lo que aún puede esperar el país de la industria minera, que poco a poco va
enseñoreándose del desierto, el cual encierra todavía en su seno riquezas que
pueden darnos aún más bienestar y prosperidad.
Mas
para ello es necesario no concluir con los establecimientos que están
implantados en medio del desierto, y que sirven de puntos de partida para las
exploraciones, y libertar, si es posible, por algún tiempo a los mineros de
Caracoles y otros centros de producción como éste de los gravámenes que después
de la ocupación han tenido y tienen que soportar en sus artículos principales
de consumo. Los agricultores, si piensan debidamente en el porvenir,
contribuirán a aceptar estas indicaciones que redundan en su beneficio, e
influirán para que no se mate a pueblos con los cuales están íntimamente
ligados sus intereses.
(Editorial
de El Industrial, agosto, 17 de 1881)
§21.
Creación
de una nueva provincia
Trabajo
enteramente inútil sería entrar a probar o manifestar la conveniencia de
organizar en provincia este territorio, cercenando también una parte a la de
Atacama.
Esto
está en la conciencia de todos, como así mismo del supremo gobierno. Como ya lo
hemos manifestado cuando se indicó en la comisión conservadora que podía ser
base de interpelaciones el modo cómo estaba organizado este territorio,
entonces se desplegó por el señor ministro Recabarren un lujo de actividad que
nos hizo creer que en un mes o dos ya estaría presentado el proyecto respectivo
al Congreso Nacional.
Equivocados
hemos estado, y ya que este asunto se ha relegado al olvido no estará de más
recordarlo, llamando la atención sobre él de los hombres de gobierno. Entre los
trabajos que entonces se efectuaron tenemos a la mano el que publicamos a
continuación, y que fue entregado a una comisión que, según dicen, se ocupa de
este asunto:
Antofagasta,
mayo 27 de 1881
Señor
R. Rivera Jofré.
Santiago.
Estimado
amigo:
Cuando
después de algunos estudios me preparaba para redactar el informe oficial
pedido por el señor Ministro del ramo respecto a la división de la nueva
Provincia de Antofagasta, me informó nuestro amigo Reyes que el gobierno había
tomado ya una resolución y ejecutado esa división.
Aunque
mi proyecto ha quedado pues por esta disposición sin lugar, sin embargo, me voy
a permitir explicárselo al correr de la pluma, pues tiene en su apoyo
consideraciones que quizá no han sido tomadas en cuenta al aceptar
definitivamente el proyecto que se va a llevar a efecto, y ojalá que ellas
puedan in fluir en su modificación, si usted tiene a bien elevarlas al
conocimiento del gobierno.
Límites
de la Provincia de Antofagasta
Al
norte por la provincia de Tarapacá, o sea, por el río Loa, siguiendo su curso
hasta el punto denominado Calate, de donde parte una línea imaginaria hacia el
este, línea que pasará por Vizcachillas; al este por la cordillera en su
divortium aquarum; al sur por la provincia de Atacama y al oeste por el
Pacífico.
División
territorial
Esta
provincia se divide en tres departamentos, los cuales bastan para llenar todas
las necesidades del servicio: Antofagasta, Caracoles y Tocopilla.
Departamento
de Tocopilla
Los
límites serían al noroeste por el río Loa hasta un punto que pasa a diez
cuadras de Chacance, desde donde parte una línea imaginaria que va rectamente
hacia el sur hasta encontrar el paralelo 23; al sur el paralelo citado, cuya
línea se encuentra ya bien conocida, y al oeste el Pacífico.
En
este departamento se incluye el pueblecito de Quillagua y sus alrededores que
se encuentra poblado en ambos márgenes del Loa, y estaría dividido en las
subdelegaciones del Toco y Cobija y su capital sería Tocopilla.
Este
departamento puede decirse que forma la sección cobrera de la provincia, pues
cuenta en su territorio con infinidad de minas de cobre que son de gran
importancia y de las cuales han vivido desde hace mucho tiempo estas
poblaciones. Al hablar de la subdelegación de Cobija no se debe olvidar que el
subdelegado debe ser remunerado convenientemente, pues el buen servicio y la
importancia de la población así lo exigen.
Departamento
de Caracoles
Este
departamento tendría por límite oeste el departamento de Tocopilla hasta llegar
al paralelo 23 y deslindando por este lado con el departamento de Antofagasta
por la continuación de la línea del norte a sur, imaginaria, que la separa des
de Tocopilla hasta el paralelo 2340, línea que pasa a dos leguas de Salinas. Al
norte por la provincia de Tarapacá, es decir, la línea que se ha fijado como
límite norte de la provincia. Al este el mismo de la provincia. Al sur el
departamento de Antofagasta, del cual está separado por una línea imaginaria
que es el paralelo 2340 desde el límite por el oeste con Antofagasta. En este
departamento se encuentran comprendidos todos los minerales de plata de la
provincia, pudiendo decirse que es el departamento minero platoso.
Contaría
este departamento con las subdelegaciones de Atacama y Calama, teniendo por
jefe político un subdelegado rentado convenientemente. Calama ten dría como
distrito a Chiu-Chiu, el mineral del Inca y el establecimiento de Chacance. El
mineral de Sierra Gorda que va adquiriendo alguna importancia sería un distrito
de Caracoles y dependiente de una de sus subdelegaciones.
Si
es verdad que este departamento abraza una inmensa cantidad de territorio, en
cambio la importancia de las poblaciones que encierra es hasta cierto punto
insignificante, y de tal suerte que no sabría qué papel iría a representar un
gobernador en Atacama, triste aldea en medio del desierto.
Departamento
de Antofagasta
Sus
límites, al norte el departamento de Tocopilla y el de Caracoles, en la parte
al sur del paralelo 2340, al este por el departamento de Caracoles y la
cordillera, al sur por la provincia de Atacama, en el paralelo 2430 o sea la
quebrada de Botija y al oeste por el Pacífico.
Al
asignar a este departamento la parte comprendida por la cordillera, el paralelo
2340 y la línea que viene de norte a sur desde Chacance, he tomado en cuenta
que minerales de la Sierra del Plomo que exportan sus metales por el camino de
Aguas Blancas y otros minerales que hay descubiertos y que en tiempo no lejano
se trabajarán, necesitan encontrarse en la jurisdicción de Antofagasta para
todos sus asuntos judiciales, siendo el punto de donde deben depender
naturalmente y no de Caracoles, que si pudiera encontrarse en algún caso a
menos distancia, no tiene las facilidades de movilización que Antofagasta.
Antofagasta
contaría con las subdelegaciones de Salinas, Aguas Blancas y Mejillones,
considerándose los puertos de Blanco Encalada y El Cobre como distritos de
Antofagasta.
Este
departamento vendría a ser en consecuencia el departamento salitrero, pues a
más de las salitreras de la Compañía de Salitres, tendría en su jurisdicción
las de Aguas Blancas, cuyo surtimiento se hace por este puerto y de donde sus
productos son exportados al extranjero, contando con minerales de plata que
recién se abren a su explotación y que pueden contribuir a la industria y al
desarrollo del departamento.
Consideraciones
generales
La
división que indico al mismo tiempo que consulta el buen servicio
administrativo y judicial en la nueva provincia, es económico y por medio de
líneas regulares divide regularmente el terreno.
Si
tiene el efecto de usar para los deslindes líneas imaginarias, éstas con el
tiempo quedan determinadas, como sucedía antes respecto al paralelo 23 y con el
24 límite de Chile y Bolivia que todos conocían perfectamente. En el desierto
no es posible, por otra parte designar puntos fijos, porque hablar del cerro de
Varas como punto de referencia es lo mismo que designar a la ciudad de Santiago
como un punto, y mayor error puede haber siguiendo este sistema que fijando las
divisiones por líneas imaginarias.
Necesario
se hace también atender a las facilidades de los industriales para la
expedición en todos sus asuntos, dando al mismo tiempo a cada gobernación una
suma de trabajo más o menos igual, y esto está consultado en la división
anotada; mientras que el proyecto aprobado por el supremo gobierno divide las
cargas desigualmente, dejando la gobernación llamada de Atacama en condiciones
de que su gobernante no tendría ningún trabajo comparado con el de sus colegas.
Es preciso no fijarse en la cantidad de territorio sino en la importancia de
las poblaciones que encierra.
Por
otra parte, agregando no sólo a la gobernación a que acabo de referirme sino,
también, el mineral del Inca y Chacance a la de Caracoles, como creo que debe
establecerse un juzgado de letras en la capital, se consultaría la conveniencia
de que los asuntos más serios, que son los que se refieren a las minas de
plata, estarían bajo su jurisdicción, lo que redundaría en beneficio de la
minería, pues las resoluciones tomadas en un mineral serían las mismas que
rigiesen en otros.
El
sistema de subdelegaciones rentadas en Calama, Cobija y Atacama llena
perfectamente los propósitos que pueda tener el gobierno del incremento y
desarrollo de estas poblaciones pues de otra manera sería muy difícil encontrar
en esas poblaciones, personas adecuadas al objeto.
El
plano que le adjunto le demostrará más claramente las divisiones que he
proyectado.
No
entro en detalles de las subdivisiones, de las subdelegaciones y distritos,
puesto que en caso de reformarse el proyecto del gobierno, éste tiene los
suficientes datos para efectuarlas, suministrados por la gobernación.
Si
la provincia de Antofagasta debiese contar con cuatro departamentos, el otro no
podría ser sino el de Taltal, el cual limitaría al norte con el de Antofagasta
y al sur con la quebrada de Pan de Azúcar. Vendría a ser pues Antofagasta la
provincia salitrera y minera al sur del río Loa. Cualquiera comprende que
Taltal ten dría muchas más facilidades en todo sentido dependiendo de esta
provincia y no de Copiapó. Las comunicaciones con este puerto, puede decirse,
son diarias, mientras que con la capital de Atacama son tardías. No insisto en
la conveniencia de esta modificación por ser ya idea del supremo gobierno dar
por límite sur a Antofagasta el paralelo 2430.
Se
me ocurre preguntar a usted, volviendo a mi tema de la inutilidad de la
creación del departamento de Atacama, ¿con qué individuos formaría usted en esa
población una municipalidad, cuando es difícil encontrar un habitante,
ciudadano chileno, que sea subdelegado o juez de subdelegación?
Esta
carta toma más dimensiones de las que creía al principio y se hace necesario
terminarla; pero antes no dejaré de insistir con usted, que tantas simpatías ha
manifestado por este pueblo, que trabaje por la modificación del proyecto del
supremo gobierno en el sentido que indico, haciendo de esta manera un bien
positivo a estas localidades.
Matías
Rojas D.
(El
Industrial del 20 agosto de 1881)
§22.
El
horizonte se despeja
La
buena causa cuenta cada día que pasa con nuevos adalides que batallarán por la
existencia de las poblaciones salitreras situadas en el territorio, al cual
hemos llamado chileno propiamente dicho.
La
propaganda emprendida para hacer conocer la justicia con que abogamos por que
se concediese la prórroga, no ha sido infructuosa. Nuestros congresales de uno
en uno se han tomado el trabajo de estudiar la cuestión y no hay duda que
conociendo los antecedentes, se han declarado unos por la prórroga, otros por
un gravamen módico hasta que se construya un ferrocarril.
Necesario
se hace, en caso de que llegase a aprobarse la prórroga hasta el tiempo que se
indica en un párrafo de carta de persona autorizada que tenemos a la vista (que
hasta la terminación del ferrocarril se cobre un impuesto de 60 centavos los
100 kilogramos), que se haga una declaración expresa por lo que toca a Aguas
Blancas. El ferrocarril de Taltal se encuentra ya en construcción, mientras que
el de Antofagasta a Aguas Blancas está todavía solamente en proyecto.
El
horizonte se despeja un tanto para nuestros industriales. Defensores
inteligentes y de prestigio se encargarán en el Congreso Nacional de patrocinar
la solicitud que se les ha elevado, y hacer preponderar la justicia y
conveniencia de acceder a ella. Publicamos a continuación el párrafo de carta
que hacemos referencia:
"El
comité del Parlamento accedió el 31 de diciembre la liberación completa de
derechos. El Ministro apoya esta manera de pensar.
Otros
opinan por reducir el impuesto a sesenta centavos los cien kilogramos hasta que
se entregue la línea férrea al tráfico.
Se
trabaja activamente por conseguir la completa liberación hasta el 31 de marzo.
Hay buena disposición y algunos diputados de prestigio, que antes eran enemigos
de la prórroga y que se han convencido de nuestra justicia, patrocinan nuestra
causa".
(Editorial
de El Industrial, agosto 22 de 1881)
§23.
¡Hasta
cuándo!
Lo
que pasa a los habitantes de este departamento ya se hace increíble.
Estamos
y hemos estado en la situación más original del mundo.
Estamos
incorporados legítimamente al territorio de la república para todo aquello que
significa gabelas, inconvenientes y contrariedades.
No
lo estamos para todo aquello que significa garantías, franquicias para la
industria y el comercio, ejercicio de los derechos del ciudadano.
Y
esta diferencia que antes hemos hecho notar en gran escala se hace extensiva
aun a asuntos pequeños.
Citaremos
de paso el que se refiere al derecho del hospital. Según la ley de navegación
todo buque procedente del extranjero debe pagar en el primer puerto de su
arribo donde haya hospital un derecho de 5 centavos por tonelada. Incorporado
este territorio a la república el primer puerto chileno situado más al norte
que tenga hospital es Antofagasta; sin embargo, la Aduana de Iquique, puerto
ocupado militarmente, cobró al principio del presente año el derecho que
dejamos indicado. Habiéndose reclamado por el señor Gobernador al Ministerio
por el abuso co metido, éste pidió informe al superintendente de Aduana, y este
señor opinó que aquel puerto es chileno, y el señor Ministro sin observar la
inconsecuencia que se cometía, adhirió a la opinión del Superintendente de
Aduana, y el hospital de Antofagasta se vio defraudado de una gruesa suma.
Esto
viene a corroborar lo que hemos expuesto al principio; todo aquello que
significa algo que beneficia a este pueblo se desoye, mas no así en todo lo que
signifique gravámenes o inconvenientes.
Pero
hoy hay un hecho serio por el cual llamamos la atención del señor Gobernador a
fin de que se sirva ponerle remedio, pues viene a redundar en perjuicio directo
del comercio.
Como
se sabe, este territorio se organizó en un departamento y por un capricho bien
original del Director General de Correos se ordenó a las oficinas que cobrasen
cinco centavos por las cartas que giraban en el nuevo territorio. Este abuso se
ha tolerado hasta la fecha y seguirá quien sabe hasta cuándo, debiendo
prevenirse que el fisco no paga sino en parte muy reducida el transporte de la
correspondencia.
Hoy
nos encontramos en otra situación aún más original. Se nos quiere hacer purgar
pecados ajenos sin haber contribuido nosotros en lo más mínimo a crear
semejante situación.
Dice
un aviso puesto en la oficina de correos:
"Habiéndose
agotado en este puerto las estampillas de 10, 5 y 1 centavos, habrá sin embargo
necesidad de multar la correspondencia que se remita sin estampillas, porque
así lo ha dispuesto la dirección".
¿Y
por qué no hay estampillas en este puerto?
¿Es
acaso culpa del comercio que no las haya en la oficina correspondiente? ¿Y por
el descuido que suponemos viene de arriba va a perjudicarse a aquéllos que no
tienen más delito que ser siempre contribuyentes?
¿Porque
la Dirección de Correos lo ordena nos vamos a someter a sus órdenes? ¿Qué dice
el artículo 138 de la ley respectiva?
"La
expedición de las estampas correrá a cargo de la Factoría General del Estanco o
de las oficinas fiscales que el gobierno designe a este efecto; la Dirección
General les remitirá oportunamente el número de dichas estampas que según la
clase exija el consumo".
Si
la dirección no ha cumplido con esta disposición, ¿por qué se quiere obligarnos
a soportar una pena que no nos hemos acarreado? Nada le importaría al comercio
este recargo en cambio de los perjuicios que recibe de otra manera.
No
sabe la dirección que hay casas en Valparaíso donde existe la costumbre de no
sacar del correo ninguna carta que se encuentre multada.
Quiere
decir que toda correspondencia queda cortada, y todo el mundo se verá
perjudicado por la precipitación con que se resuelven asuntos de tanta valía.
Esta
situación no podemos aceptarla y la gobernación encargada de velar por los
intereses públicos, debe también rechazarla, ordenando al administrador de
correos que admita la correspondencia aceptando en dinero el importe del
franqueo.
Y el
público aplaudirá al señor Gobernador.
Cesemos
de estar en peores condiciones que los países conquistados. ¿Hasta cuándo
esperaremos que se atienda a nuestras necesidades?
(Editorial
de El Industrial, agosto 23 de 1881)
§24.
Quién
precipitó la guerra
(Documentos
importantes)
Una
parte de la prensa extranjera, valiéndose de los datos falsos que le
proporcionó la peruana, ha sostenido que cuando las fuerzas chilenas tomaron
posesión de Antofagasta el gobierno de Chile se encontraba preparado para la
guerra.
Hasta
hoy no se han publicado los documentos oficiales que manifiestan enteramente lo
contrario, pues tanto la actitud del Cónsul en Antofagasta, como del Ministro
en La Paz no ha podido ser más asequible a un advenimiento, conducta ordenada
así por el Ministerio de Relaciones Exteriores.
Mientras
tanto cada indicación que partía de nuestros representantes, tendiente a
conciliar los asuntos tan serios de que se trataba, era no sólo desoída por las
autoridades bolivianas sino, también, rechazada en absoluto, con imperio y
hasta con insolencia.
Esos
documentos revelan de una manera evidente que los gobiernos de Bolivia y Perú
se habían ya entendido para despojar a la Compañía de Salitres de sus
propiedades, y no aceptar de ninguna manera la intervención de Chile en la
cuestión.
Ambas
aliadas consideraban un absurdo que este país pudiese emprender la guerra
colosal que llevó a su mismo territorio, y que ha terminado por el completo
aniquilamiento de Perú.
Nos
consideraban demasiado pequeños y demasiado débiles. De ahí nacía el orgullo y
hasta cierto punto la tirantez que imprimían a las relaciones oficiales.
En
posesión de los documentos que se refieren a lo que pasó en Antofagasta, vamos
a publicarlos para conocimiento de nuestros lectores, y para que se convenza el
mundo entero de la mesura con que obraban los encargados de representarnos.
(Editorial
de El Industrial, agosto 24 de 1881)
Datos
para la historia de Antofagasta
Consulado
General de Chile
Antofagasta,
octubre 4 de 1878.
Señor
Prefecto:
Tengo
el honor de poner en conocimiento de usted que el señor Jorge Hicks, gerente
administrador de la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta, se
encuentra en mi casa y ha solicitado mi protección por encontrarse víctima de
atropellos injustificables por parte del presidente de la municipalidad, lo que
comunico a usted para los fines consiguientes.
Este
motivo me proporciona el gusto de suscribirme de usted atento y seguro
servidor.
S.
REYES
Prefectura
del Departamento de Cobija
Antofagasta,
octubre 24 de 1878 Nº 12
Señor:
Tengo la honra de acusar a usted recibo de su estimable comunicación del día de
hoy en la que se sirve usted expresar que ha prestado ese consulado protección
a don Jorge Hicks, que se halla perseguido por el municipio de este puerto. Con
sentimientos de especial consideración, me suscribo de usted afectísimo y
obsecuente servidor.
SEVERINO
ZAPATA
Al
señor Cónsul de Chile en Antofagasta
Prefectura
del Departamento de Cobija
Antofagasta,
octubre 25 de 1878
Al
señor Cónsul general de la República de Chile
Señor:
El
día de ayer tuve la honra de recibir el oficio de usted en el que se sirvió
anunciarme que el señor Jorge Hicks, gerente de la Compañía Chilena de Salitres
y Ferrocarril, se había trasladado a ese consulado pidiendo protección, por
encontrarse víctima de atropellos de parte del señor presidente de la
municipalidad[2] siendo la hora muy avanzada, me limité a acusar el
correspondiente recibo. Debo decirle hoy por la presente nota: que deploro muy
de veras la odiosa controversia que se ha suscitado entre la municipalidad y el
señor Hicks, quien ha creído necesario buscar asilo en ese consulado, para
evitar el cumplimiento de las órdenes dictadas contra él, por el presidente de
aquella corporación, a consecuencia de haberse negado a satisfacer el impuesto
para alumbrado público. Sin entrar a calificar la justicia que tanto la
municipalidad como el señor Hicks pretenden dar, aquélla a su providencia y
éste a la opinión que ha formalizado, debo limitarme a decir a usted con no
poco sentimiento, que no puedo mirar como legal el derecho de
extraterritorialidad que pretende asumir ese consulado para proteger al señor
Hicks. Aceptar este precedente que menoscaba los derechos de la soberanía
nacional, y que es contrario a los principios y prácticas del Derecho Internacional,
importaría reconocer al señor Cónsul derechos y privilegios que no tiene en su
carácter de tal, y que corresponde exclusivamente a los ministros públicos o
agentes diplomáticos, en la acepción limitada de esta palabra. Si en las
repúblicas del continente se ha tolerado alguna vez el asilo en los consulados
sin que esté reconocido como regla de derecho ha sido sólo, como muy bien sabe
el señor Cónsul, tratándose de delitos o persecuciones políticas que son actos
que invisten un carácter especial; pero jamás se ha creído autorizado el asilo
de los consulados para ponerse a cubierto de las providencias de la justicia
ordinaria y menos en materia civil.
Las
reflexiones que me permito dirigir al señor Cónsul no tienen el objeto especial
ni determinado de privar al señor Hicks de la protección a que se ha acogido, y
sí a manifestar que el consulado no puede ejercer legalmente el privilegio que
pretende. Como las providencias de las municipalidades se han dictado en un
juicio coactivo, por la mínima cantidad de 150 pesos, que el señor Hicks
pretende no deber pagar, parece manifiesto que la cuestión es de simple
capricho y que no debería preocupar tan seriamente ni a la municipalidad ni al
opositor. La prefectura no le da, pues, gran importancia ni puede mirar como
hecho grave y significativo el del asilo, que se ha escogitado como medio de
seguridad, y como su política es de paz, de concordia, de perfecta conciliación
entre todas las autoridades y vecinos de este puerto, lejos de iniciar una
cuestión delicada y trascendental sobre competencias de jurisdicción con ese
consulado, se limita a declarar por el presente que no le es dado reconocer el
privilegio de extraterritorialidad que se pretende. Aviso al propio tiempo, al
señor Cónsul, que por el próximo vapor me dirigiré al gobierno nacional,
poniendo en su conocimiento lo ocurrido, para que por los medios respectivos se
deslinden para lo sucesivo, los derechos e inmunidades que corresponden a los
cónsules chilenos en el territorio de la república. Con sentimientos de
especial consideración me repito de usted atento y seguro servidor.
SEVERINO
ZAPATA
Consulado
General de Chile
Nº
12
Antofagasta,
octubre 26 de 1878
Señor:
Me
he impuesto del contenido del oficio de usted de fecha de ayer, ampliando la
contestación dada a mi nota fecha 24, por medio de la cual cumpliendo con un
deber de cortesía y respeto, puse en conocimiento de usted que el señor Jorge
Hicks se había presentado a este consulado solicitando su protección, por
encontrarse víctima de atropellos injustificables de parte del presidente de la
municipalidad, ampliación que habría considerado perfectamente justificada y
oportuna en el caso que como Cónsul General hubiese pretendido arrogarme
atribuciones y facultades que de derecho no me corresponden. Afortunadamente
debo declarar al señor Prefecto que, aunque el expresado señor es gerente de la
Compañía Chilena de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, no ha pasado por la
mente del suscrito ni por un solo momento sustraer al señor Hicks de la acción
de los tribunales del país. Lo único que he deseado y a lo que he propendido es
que una cuestión que se presentaba con cierto carácter odioso terminase de una
manera equitativa para ambos contendientes. Verdad es, señor Prefecto, que el
señor Hicks ha permanecido en mi casa desde el momento en que tuve el honor de
comunicarlo a usted como primera autoridad del departamento, con el fin
exclusivo y único de que las demás autoridades tuviesen conocimiento del lugar
en que se encontraba, y no oculto o prófugo como podía pensarse. Tanto no he
pretendido escudarlo bajo la bandera del consulado, que todas las diligencias
judiciales se han practicado en mi casa.
He
querido entrar en estos detalles para que el señor Prefecto se convenza de que
los principios de derecho internacional y la práctica de las naciones
americanas respecto al derecho de asilo, que invoca en su estimable oficio, no
deben tomarse en consideración en el caso presente. Creyendo que el señor
Prefecto quedará satisfecho con las explicaciones que he tenido el agrado de
darle, habría terminado la presente nota si un deber indeclinable no me
obligase a llamar seriamente la atención de usted, hacia el origen de la
cuestión suscitada entre la honorable municipalidad y el señor Hicks y que
entraña nada menos que el desconocimiento del tratado de límites entre las
repúblicas de Bolivia y Chile. El artículo 4º de ese tratado dice textualmente:
"y
las personas, industria y capitales chilenos no quedarán sujetos a más
contribuciones, de cualquier clase que sean, que a las que al presente
existen";
y la
honorable municipalidad en el año de 1878, tres años después de la ratificación
de este solemne pacto internacional, impone una contribución de alumbrado. No
entraré de ninguna manera en el terreno de averiguar si este impuesto es justo
o no: examino la cuestión desde el punto de vista de si es una infracción del
tratado vigente y por consiguiente ilegal.
El
21 de julio de 1875 el Presidente de esta misma corporación[3], empeñado en
dejar a salvo el derecho de las juntas que le sucedieran para imponer esta
contribución, elevó al concejo departamental un proyecto sobre la materia y
esta corporación no le dio la aprobación debida, debiendo prevenir a usted que
aquél en su nota hace hincapié de que se apruebe antes de la ratificación de
los tratados. Y a la verdad, señor Prefecto, es tan terminante el artículo que
he citado que no deja lugar a dudas ni interpretaciones. Creo, pues, que la
contribución de alumbrado establecida hoy por la municipalidad es la infracción
más clara y terminante del tratado, y es por esta razón que llamo la atención
de usted sobre este asunto. En el próximo correo me dirigiré al señor Ministro
residente en La Paz para que, si lo tiene a bien, interponga el debido reclamo
ante la ilustración y rectitud del gobierno nacional. Grato me es señor
Prefecto, aprovechar esta oportunidad para ofrecer a usted mis consideraciones
de aprecio y respeto con que me suscribo atento y seguro servidor.
S.
REYES
Al
señor Prefecto del departamento. Presente.
Consulado
General de Chile
Nº
12
Antofagasta,
octubre 29 de 1878
Señor
Prefecto:
Habiendo
asistido el día de hoy al tribunal correccional que juzga a los señores
Adamson, Garriga y Clemenson, he oído con profundo desagrado la lectura de un
documento en el cual se me imputa un cargo que no puedo menos que rechazar
enérgicamente por contrario a la verdad. Si este documento hubiese sido
suscrito por un empleado que no fuese de graduación lo habría dejado relegado
al olvido. Desgraciadamente está firmado por el intendente de policía teniente
coronel don Deterlino Echazú. No habría creído, si mis oídos no lo hubiesen
escuchado, que una autoridad elevada a esta categoría pudiese gratuitamente
herir sin el más leve motivo a un funcionario de una república hermana.
Después
de lo expuesto muy reconocido quedaría al señor Prefecto si pudiese
proporcionarme una copia del citado documento para los fines que me convengan.
Este motivo me proporciona la ocasión de reiterar a usted mis consideraciones
de aprecio con que me suscribo S.S.S.
S.
REYES
Al
señor Prefecto del departamento.
Presente.
Prefectura
y Superintendencia de Hacienda y Minas del Departamento del Litoral Nº 13
Antofagasta,
octubre 30 de 1878
Señor:
En
contestación a su estimable oficio número 12 de 29 del mes que corre tengo la
honra de manifestar a usted que, no pudiendo esta prefectura inmiscuirse
absolutamente en los asuntos judiciales que se tramitan conforme a ley, se ve
obligada a no poder cumplir con el deseo expresado por ese consulado.
El
documento cuya copia legalizada solicita usted probablemente debe correr en
juicio y es al juez de la causa a quien debe el señor Cónsul pedirle
directamente certificado de él.
Sintiendo
sinceramente no poder acceder a su demanda, me repito de usted atento y
obsecuente servidor.
SEVERINO
ZAPATA
Al
señor cónsul general de la República de Chile. Presente.
Consulado
General de Chile
Nº
12
Antofagasta,
octubre 27 de 1878
Señor
Ministro:
Con
no poco sentimiento tengo que comunicar a usted que la nueva contribución de
alumbrado llevada a efecto por la municipalidad de este puerto ha dado origen a
cuestiones demasiado enojosas, habiendo tenido que soportar la tormenta el
gerente de la Compañía de Salitres y Ferrocarril, señor Jorge Hicks. Los
obrados a este respecto, que en copia acompaño, manifestarán a US. las medidas
violentas tomadas por esa corporación para hacer efectivo el nuevo impuesto.
A mi
juicio, la letra y espíritu del tratado no pueden ser más claros y terminantes.
Lo que se ha querido es que mientras dure aquél, bajo ningún pretexto las
industrias, personas o capitales chilenos sean gravados con ninguna
contribución nueva, désele el nombre que se quiera. Y, duro es decirlo, ya
tenemos tres casos en que se ha infringido este pacto internacional:
1º
derecho adicional en el gremio de jornaleros,
2º
Ordenanza sobre lastre y
3º
la contribución de que me estoy ocupando.
En
la nota que en copia acompaño, dirigida en contestación a la de la prefectura,
en la cual se trata del derecho de asilo, cuestión que intencionalmente he
reunido, SS. verá que he reclamado contra la contribución de alumbrado,
esperando que si SS. encuentra justo este reclamo, lo entable de la manera que
crea conveniente.
Debo
prevenir a US. que en este puerto ha existido y existe la contribución de
patentes sobre los diversos establecimientos de industria y comercio, que las
anteriores municipalidades han aplicado al servicio del alumbrado, contribución
que no existe en otras localidades del interior de la república.
También
acompaño a SS. copia de la nota del presidente de esta municipalidad, de fecha
21 de julio de 1875 y lo que, respecto a esta contribución, decía en 1 de enero
de 1876 en la respectiva memoria.
En
el diario El Litoral, que adjunto, verá US. la resolución del señor ministro de
Hacienda en este asunto y la nota de la prefectura a este consulado, a que me
he referido antes. Creyendo que todos estos datos bastarán para que SS. forme
juicio en el asunto de que se trata, me es grato suscribirme de US. atento y
S.S.
S.
REYES
Al
señor encargado de negocios de Chile - La Paz.
He
aquí los documentos a que se refiere el señor cónsul de Chile en su nota número
12, de 27 de octubre de 1878.
Párrafo
de la Memoria Municipal
"Estando
por aprobarse el tratado de límites con Chile y queriendo este municipio dejar
a salvo el derecho de las juntas que le sucedan para imponer una contribución
sobre el alumbrado que creo muy justo que el vecindario pague, elevó con este
motivo un proyecto al Consejo Departamental por el cual se imponía un gravamen
de 3% sobre la renta a cada propiedad avaluada por una comisión especial
nombrada al principio de cada año por la municipalidad. No sabemos qué suerte
le haya toca do a esta medida de precaución para el porvenir; y la llamo de
preocupación, pues bien pudiera suceder que desarrollándose este pueblo, el
municipio tuviera que cruzarse de brazos, y no atender a las necesidades
públicas por no tener el derecho de establecer contribuciones absolutamente
necesarias como la de que hablo. Otro móvil que guió al municipio al acordar
esta contribución fue hacer más equitativos los impuestos, pues actualmente
mucha parte de la población no paga contribución alguna".
Antofagasta,
julio 21 de 1875
Al
señor presidente del honorable Consejo Departamental
Señor:
Tomando
en cuenta esta municipalidad que ratificándose los tratados celebrados entre
esta república y la de Chile, no podrá imponerse en adelante contribuciones de
ningún género y que es de suma urgencia para el porvenir que esta junta pueda
contar, en adelante, con entradas que le permitan sufragar los gastos
necesarios para el desarrollo y adelanto del pueblo, ha acordado en sesión de
anoche establecer una contribución de alumbrado público, basándose el impuesto
sobre la renta de cada propiedad y gravándosela con un tres por ciento mensual
sobre ella. Para llevarla a efecto esta municipalidad al principio de cada año
nombrará una comisión que haga el avalúo correspondiente de las propiedades y
otra para que oiga los reclamos del caso. Espera esta junta que ese honorable
concejo dé su aprobación a esta resolución y se sirva elevarla al Consejo de
Estado lo más pronto posible con el objeto de que sea considerada en tiempo.
Con sentimiento de alta consideración y respeto, me suscribo del señor
presidente del Consejo. Atento y obsecuente servidor.
(Firmado)
Matías Rojas D.
Presidente
Legación
de Chile en Bolivia
Nº
13
La
Paz, noviembre 7 de 1878
Ha
llegado a mi poder su nota núm. 12 de 27 del mes próximo pasado con las piezas
adjuntas que usted me acompaña. Impuesto de su contenido he lamentado el giro
que se ha dado a un asunto meramente local y municipal. Sin entrar a calificar
la conducta del señor gerente de la Compañía de Salitres y Ferrocarril en su
oposición al pago de una contribución, que en su forma externa era
perfectamente legal, lamento que usted haya tomado intervención oficial,
iniciándola por medio de una comunicación al señor Prefecto del departamento,
registrada en un número de El Litoral que me incluye, en la que usted pone en
su conocimiento que el señor Jorge Hicks, gerente de la Compañía Chilena de
Salitres y Ferrocarril, se ha presentado ante usted pidiendo la protección de ese
consulado por encontrarse víctima de atropellos injustificables de parte del
presidente de la municipalidad.
Desconozco
el alcance de esa nota y de su objeto práctico, desde que usted mismo así lo
manifiesta. Y tal vez hubiera sido más conveniente que usted no hubiera
terciado en un incidente que debía seguir su curso legal.
Sin
entrar al fondo de la cuestión, me llaman la atención los fundamentos de la
resolución del señor ministro de Hacienda que a primera vista no es
incompatible con el tratado de 1874. Tanto en este asunto como en el impuesto
del lastre aguardaré el regreso del señor ministro de Hacienda para arribar a
un acuerdo conveniente como lo estipulamos antes de su partida al litoral, y
tendré ocasión de comunicar a usted el resultado.
Desde
luego le anticipo que a mi juicio no es conciliable con la justicia y
reciprocidad, que a virtud del tratado de 1874, y apoyados en su letra,
tratemos de cerrar el paso a la iniciativa local de las municipalidades para
que puedan cumplir por su parte con los deberes más indeclinables de su
cometido, dando garantías a las personas y propiedades con las medidas de
seguridad, policía, aseo, que si imponen desembolsos son en pago de servicios y
en obsequio y beneficio de los mismos vecinos. Interpretaciones restrictivas y
estrechas son siempre odiosas y producen resultados contrarios a los que uno
mismo se propone.
Dios
guarde a usted.
P.
N. VIDELA
Al
señor Cónsul General en Antofagasta, señor don Salvador Reyes.
Consulado
General de Chile
Antofagasta,
octubre 13 de 1878
Señor
Ministro:
Adjunto
en copia una protesta que el gerente de la Compañía de Salitres y Ferrocarril
de Antofagasta ha presentado hoy a este consulado referente a la contribución
de alumbrado que ha impuesto la municipalidad de este puerto. Se habla con
insistencia de que en el vapor llegado el día de ayer ha venido orden del
gobierno para hacer efectivo el impuesto sobre exportación de salitres; pero
hasta este momento no se ha hecho notificación ninguna al gerente de la
compañía. Dios guarde a US.
S.
REYES
Al
señor ministro de Chile en La Paz.
Legación
de Chile en Bolivia
La
Paz, noviembre 14 de 1878
Señor:
Acuso
a usted recibido de su oficio número 13 de 3 del corriente mes con la protesta
en copia adjunta que el gerente de la
Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta ha presentado a ese
consulado referente a la contribución de alumbrado que ha impuesto la
municipalidad de ese puerto. Respecto a lo que usted me comunica que se decía
haber llegado en uno de los vapores la orden de este gobierno para hacer
efectivo el impuesto sobre exportación del salitre, puedo asegurarle que carece
de todo fundamento. Dios guarde a usted.
P.
N. VIDELA
Al
señor cónsul general de Chile en Antofagasta.
Consulado
General de Chile en Antofagasta
Nº
15
Antofagasta,
noviembre 30 de 1878
Señor
Ministro:
Tengo
el agrado de contestar el oficio de SS. de fecha 7 del presente.
Respecto
a la conducta observada por el suscrito en la cuestión suscitada entre la
municipalidad y el gerente de la Compañía de Salitres, la cual da a entender en
su citado oficio no era la más conveniente en la circunstancia de que se trata,
debo decir a SS. que ella ha sido lo más prudente y la que motivó el arreglo de
la cuestión que se presentaba por desgracia con aspecto bastante odioso.
Creo,
como he creído y creeré, que una nueva contribución de cualquiera clase que
ella sea, viene a infringir el tratado celebrado entre ambas repúblicas, y esta
convicción me la he formado estudiando desde su origen la cuestión de límites
con Bolivia, que quedó terminada con el tratado que rige actualmente. Bastante
claro he dicho en mi oficio dirigido a la prefectura que no examinaba la
contribución bajo el punto de la equidad y la justicia y sólo la consideré
desde el punto de vista legal, como un desconocimiento del pacto internacional
que nos liga. La cuestión para este consulado ha sido salvar el principio, pues
eludida una vez esa ley, más tarde bajo cualquier pretexto podría ser
perjudicado el comercio por cuyos intereses estoy llamado a velar. "Interpretaciones
restrictivas y estrechas son siempre odiosas y producen resultados contrarios a
los que uno mismo se propone", dice SS. En ello encuentro demasiada razón
a su SS. Pero yo no he tenido la idea de interpretar, sino he creído atenerme a
lo expresado textualmente en el artículo 4º del tratado. Para terminar acompaño
a SS. copia de la nota que el señor ministro de Relaciones Exteriores me ha
dirigido respecto a este mismo asunto.
Dios
guarde a SS.
S.
REYES.
Al
señor encargado de negocios de Chile en La Paz.
Consulado
General de Chile en Antofagasta
Nº
16
Antofagasta,
diciembre 1 de 1878
Señor
Ministro:
Tengo
el honor de acusar recibo del oficio de VS. de fecha 14 del pasado por el cual
me avisa haber recibido la protesta en copia que el gerente de la Compañía de
Salitres presentó a este Consulado.
Quedo
impuesto también de que carece de fundamento la noticia de quererse llevar a
cabo la contribución sobre exportación de salitres.
El
vapor llegado ayer es portador de la orden terminante del gobierno para llevar
a cabo este impuesto y sólo se espera el regreso del señor ministro de Hacienda
para dejarlo establecido.
Dios
guarde a VS.
S.
REYES
Al
señor encargado de negocios de Chile en La Paz.
Consulado
General de Chile en Antofagasta
Nº
23
Antofagasta,
octubre 23 de 1878
Señor
Ministro:
Cumplo
con el deber de poner en conocimiento de US. que la municipalidad de este
puerto ha establecido un nuevo impuesto por demás oneroso, puesto que tiene por
base el 3% de la renta mensual sobre todo edificio o establecimiento, cuya
renta es calculada a juicio de la misma municipalidad. Esta nueva contribución
es rechazada por la mayoría de la población por ser ella una infracción
flagrante de lo estipulado en el artículo 4º del tratado entre Chile y Bolivia.
Por
otra parte, ella ha dado origen a sucesos muy desagradables, como US. podrá
informarse por los obrados que en copia acompaño, entre la Compañía de Salitres
y Ferrocarril y la municipalidad, que apoyada en todo por las autoridades
políticas ha asumido una actitud la más agresiva hacia los que resisten el pago
de este nuevo impuesto.
El
señor ministro de Hacienda se encuentra en ésta con el carácter de delegado del
gobierno, y a fin de evitar los atropellos que la municipalidad está cometiendo
tuve ayer con él una entrevista y en ella me manifestó que abrigaba dudas sobre
la interpretación del tratado, que en su concepto la municipalidad estaba en su
perfecto derecho para establecer las contribuciones que creyera necesarias sin
que por esto se infringiera el tratado, sin obtener la esperanza siquiera de
que se dictara una medida que contuviera a la municipalidad en el camino
violento en que se ha lanzado.
Se
hace muy necesario, señor Ministro, que nuestros nacionales conozcan la opinión
que a este respecto abriga nuestro gobierno para evitar dificultades que se
suscitan con frecuencia.
También
debo hacer presente a US. que en el transcurso de este año ésta es la tercera
contribución que se establece con el carácter de municipal y que siguiendo el
municipio este camino vendría por fin a hacer ilusorio lo estipulado en el
tratado en su artículo 4º.
Por
el correo próximo pondré en conocimiento del señor Videla los sucesos que
tienen lugar actualmente en ésta, por si él tiene a bien hacer alguna gestión
ante el gobierno.
Dios
guarde a US.
S.
REYES
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile. Santiago.
Consulado
General de Chile
Nº
24.
Antofagasta,
octubre 31 de 1878
Señor
Ministro:
Incluyo
dos números del diario El Litoral en que vienen publicados todos los
antecedentes relativos a la cuestión contribución de alumbrado impuesto por
esta municipalidad a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta,
como, asimismo, las notas cambiadas entre el Prefecto y este Consulado a
consecuencia de haber ocurrido a él el jefe de dicha compañía solicitando
protección.
Debo
prevenir a US. que en este asunto si he intervenido ha sido solamente en mi
carácter particular y a fin de que las dificultades que se presentaban tuvieran
una solución conveniente, como al fin sucedió, y no se cometieran las tropelías
que había empeño en realizar. De todo lo ocurrido he dado cuenta ya al señor
Ministro en La Paz.
Dios
guarde a US.
S.
REYES
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile.
República
de Chile
Ministerio
de Relaciones Exteriores
Nº
11
Santiago,
noviembre 14 de 1878
Se
ha recibido el oficio de usted número 23 de fecha 25 de octubre último en que
me da cuenta del establecimiento en ese puerto de una contribución municipal
con el nombre de alumbrado, de los desagradables sucesos a que ha dado lugar, y
del resultado de la entrevista tenida por usted con el señor ministro de
Hacienda de Bolivia para evitar los atropellos que la municipalidad está
cometiendo con los que resisten el pago de dicho impuesto.
Asimismo,
se han recibido los documentos en copia a que se refiere el citado oficio de
usted.
Este
Ministro considera que esta contribución municipal así como las anteriores del
mismo origen son contrarias al espíritu y letra del artículo 4º del tratado que
nos liga con esa república, y en consecuencia ha oficiado con fecha 8 del
corriente a nuestra legación en La Paz para que exija de ese gobierno la
suspensión definitiva de toda contribución nueva o aumento gravoso de los
existentes con relación a la fecha de la vigencia del tratado.
El
resultado de estas gestiones será dado a conocer a usted oportunamente.
Dios
guarde a Usted.
ALEJANDRO
FIERRO
Consulado
General de Chile
Nº
26
Antofagasta,
noviembre 29 de 1878
Señor
Ministro:
Acuso
recibo a sus dos oficios número 9 y 10 de fecha 9 y 12 del corriente con los
despachos rogatorios adjuntos, a los que se les ha dado la tramitación de
estilo. También se ha recibido en este consulado el estimable oficio de US. de
fecha 14 del presente referente a los nuevos impuestos municipales establecidos
en este puerto. Muy satisfactorio es para el suscrito haber interpretado tan
fielmente las opiniones de US. a este respecto.
Dios
guarde a US.
S.
Reyes
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile. –Santiago.
Consulado
General de Chile en Bolivia
Antofagasta,
enero 8 de 1879
Señor
Prefecto:
Se
ha puesto en conocimiento de este Consulado por el gerente de la Compañía de
Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, que el día de ayer se le ha notificado
una orden de pago y embargo dictada por esa prefectura, por la suma de noventa
mil y más pesos en el término de tres días, suma proveniente de derechos de
exportación de salitre.
El
señor Prefecto sabe que el señor ministro de Chile en La Paz gestionaba para
que se suspendiese la ejecución de la ley de 14 de febrero de 1878 y que mi
gobierno cree está en abierta oposición al tratado de 1874, vigente entre ambas
repúblicas, el que asegura por el término de 25 años la exención de toda
contribución a las personas, industrias y capitales chilenos.
Por
otra parte, debo comunicar al señor Prefecto que mi gobierno oportunamente ha
dado instrucciones al ministro señor Videla, a fin de que reclame la suspensión
de la ley citada, y abriga la firme esperanza de que el de Bolivia no desoirá
el llamamiento que le hace a la conciliación y a la discusión tranquila de esta
cuestión, y que se apresurará a ordenar la suspensión de la mencionada ley, la
cual una vez ejecutada por medios violentos traería una situación gravísima
para ambas repúblicas.
Dados
estos datos y antecedentes, usted comprende señor Prefecto que es deber de
todos propender por cuantos medios sean posibles al término fácil y expedito de
esta cuestión, y presentar una situación llana y abordable en todo tiempo, de
tal suerte que no haya motivo alguno para que todo termine tranquilamente y a
satisfacción de ambos gobiernos.
Deber
mío es apelar a la ilustrada inteligencia y recto criterio del señor Prefecto,
a fin de que mirando el asunto de que se trata con toda calma, e inspirándose
en los sentimientos de elevado patriotismo que le caracterizan, dé tiempo a que
el gobierno de la república conociendo las razones que se alegan por el mío
para que no se lleve a efecto la ley de 14 de febrero, resuelva definitiva y
perentoriamente. La suspensión por unos cuantos días en el cobro de la
contribución aludida no puede ofrecer dificultad alguna, ni compromete la
responsabilidad del jefe político que la autorice, pues ella no vendría sino a
buscar un medio conciliatorio para el arreglo sencillo y fácil del asunto.
Después
de lo expuesto, apelo, una vez más, señor Prefecto, a los sentimientos que
antes he invocado, a fin de que mirando con tranquilidad este asunto, se sirva
ordenar la suspensión del juicio iniciado contra la Compañía de Salitres y
Ferrocarril de Antofagasta, mientras que el ilustrado gobierno de la nación,
oyendo los reclamos del mío, resuelva lo que crea conveniente.
Con
sentimientos de distinguida consideración, tengo el honor de ofrecerme de usted
atento servidor.
S.
REYES
Al
señor Prefecto del departamento. Presente.
Prefectura
y Superintendencia de Hacienda y Minas del Departamento de Cobija
Nº 1
Antofagasta,
enero 9 de 1879
Señor:
Se
halla en mis manos su apreciable oficio, de 8 del corriente, número 1, en el
que se sirve usted solicitar que esta prefectura suspenda los efectos de la
orden suprema, del 17 de diciembre último, apoyando su petición en que el señor
encargado de negocios en Chile aún reclama, acerca de mi gobierno, la
suspensión definitiva de la ley de 14 de febrero del año próximo pasado,
sancionada por la Asamblea Constituyente reunida en noviembre del 77.
En
respuesta tengo a bien decir al señor Cónsul que, como Prefecto del
departamento, mis atribuciones se reducen, en este orden, a hacer cumplir las
resoluciones supremas, cuando ellas, como ahora, no se oponen a la Constitución
y demás leyes del Estado. En este sentido me es sensible manifestar que no
puedo acceder a la solicitud del señor Cónsul sin dejar de cumplir las
prescripciones que mi deber me impone.
No
quiero, señor Cónsul, expresar que la cuestión que nos ocupa ha sido ya
suficientemente discutida y que la resolución de mi gobierno ha sido expedida
después de las notas cambiadas entre el señor Ministro de Relaciones Exteriores
y el señor encargado de negocios de Chile.
Con
sentimiento de particular aprecio soy del señor Cónsul. Atento servidor.
SEVERINO
ZAPATA
Al
señor cónsul general de Chile en Antofagasta
§25.
En
nombre de la ley
El
ciudadano Severino Zapata, prefecto y superintendente de Hacienda y Minas del
departamento.
Ordena
y manda: que el diligenciero de Hacienda José Félix Valda apremie y conduzca a
la cárcel pública a Jorge Hicks, gerente y representante de la Compañía de
Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, deudor al fisco de la cantidad de
noventa mil ochocientos cuarenta y ocho bolivianos, trece centavos.
Asimismo,
trabará embargo de los bienes de dicha compañía, suficientes a cubrir la
cantidad adeudada, depositando en persona abonada y fiable por derecho; pues
que así se tiene mandado por decreto fecha 6 de los corrientes.
Requiere
a todos los depósitos de la fuerza pública, presten los auxilios necesarios
para la ejecución de este mandamiento.
Antofagasta,
enero 11 de 1879.
SEVERINO
ZAPATA
En
el puerto de Antofagasta a horas doce del día once de enero de mil ochocientos
setenta y nueve, yo Diligenciero de Hacienda, en cumplimiento del mandamiento
anterior, trabé embargo de los bienes de la Compañía de Salitres y Ferrocarril
de Antofagasta consistentes en un terreno colindante por el sur con la calle
Bolívar, por el norte con establecimiento de la Sociedad Beneficiadora de
Metales, por el poniente con la calle de Colón y por el naciente con terrenos
vacantes. Trabé igualmente embargo de nueve casas edificadas dentro del
establecimiento, y de dos gran des depósitos de salitre elaborado, los que se
pusieron a cargo del depositario don Eulogio Alcalde, quien fue nombrado para
el efecto, siendo persona abonada y solvente que aceptando el nombramiento
firma en comprobante.
No
pude apremiar la persona de don Jorge Hicks, por no ser habido, y lo que siento
por diligencia, firmando el depositario y dos testigos de que certifico.
E.
Alcalde. Pedro Caballero. Matías Irigoyen. José Félix Valda, Diligenciero de
Hacienda.
Ministerio
de Relaciones Exteriores
Legación
de Chile en Bolivia
Nº
40.
La
Paz, diciembre 18 de 1878
Señor
Ministro:
Acaba
de recibir esta legación el oficio de V.E. de fecha de hoy y, vista su
importancia, me apresuro a acusar a V.E. el correspondiente recibo.
Me
anuncia V.E. que considerados los perjuicios que recibiría el país si se
prolongase todavía la suspensión transitoria del impuesto sobre los salitres
que exporta la Compañía de Antofagasta, con esta misma fecha el ministro de
Hacienda ha ordenado a las autoridades del litoral que hagan efectivo dicho
impuesto en conformidad a la ley de 14 de febrero del año que termina.
V.E.
me permitirá manifestarle la extrañeza con que he tomado conocimiento de esta
determinación que de una manera tan violenta viene a poner término a la
discusión aún pendiente a que había dado origen el reclamo formulado por esta
legación con fecha dos de julio del corriente año. Hace sólo cuatro días que he
tenido el honor de recibir la contestación oficial de V.E. a ese reclamo y
antes de que yo haya podido remitirla a mi gobierno, el de V.E. toma una medida
de grave trascendencia y que desvanece toda esperanza de arreglo.
No
niego el derecho que el gobierno de V.E. tiene para dar las órdenes que estime
convenientes; pero me sorprende que desde luego se ordene poner en vigencia un
impuesto sobre el que hay un reclamo pendiente y cuando la discusión, lejos de
estar agotada, acaba de ser tranquilamente iniciada. Ni mi gobierno ni el de
V.E. han podido apreciar los fundamentos en que sus recíprocas exigencias se
apoyan, y sin embargo hoy ha dictado el Ministerio de Hacienda una orden que
hace ya imposible esa necesaria apreciación, para la cual eran indispensables
mucho tiempo y mucho estudio.
He
recibido también la nota en que V.E. contesta mi reclamo sobre los impuestos
municipales de Antofagasta, haciéndome saber que, para tomar una resolución,
espera los informes del señor ministro de Hacienda doctor Medina, que se
encuentra en el litoral.
A
este respecto me permito recordar a V.E. que yo debía esperar de parte del
gobierno de V.E. un procedimiento análogo tratándose del reclamo sobre el
impuesto del salitre. V.E. sabe, y lo sabe también el señor Ministro de
Hacienda interino, doctor Reyes Ortiz, que el señor Medina había convenido
conmigo en respetar el statu quo, es decir, la suspensión temporal del impuesto
hasta que la discusión no estuviese enteramente agotada, lo que no podría
suceder sino de su regreso de Chile, donde él trataría de arribar a algún
arreglo.
La
comunicación de V.E. que voy contestando destruye todas las expectativas de una
solución tranquila y conciliadora; cierra el paso a toda discusión. Por mi
parte, señor Ministro, dejo testimonio de que en la gestión de este asunto,
descansando en la evidente justicia del reclamo que he hecho en nombre de mi
gobierno, no he perdonado esfuerzo para arribar a un desenlace prudente y
tranquilo.
Agotados
estos medios y en presencia del oficio de V.E., fecha de hoy, que tengo a la
vista, cumplo con el solemne y doloroso deber de declarar a V.E. a nombre de mi
gobierno, que la ejecución de la ley que grava con un impuesto a la Compañía de
Salitres y Ferrocarril de Antofagasta importa la ruptura del tratado de límites
de 6 de agosto de 1874, hoy vigente entre Chile y Bolivia, y que las
consecuencias de esta declaración serán de la exclusiva responsabilidad del
gobierno de Bolivia. Reiterando a V.E. las consideraciones de mi estimación y
aprecio, me suscribo de V.E. atento y seguro servidor.
P.
N. VIDELA
Al
Excmo. Señor ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia.
Ministerio
de Relaciones exteriores
La
Paz, diciembre 26 de 1878
Señor:
Al
acusar a US. recibo de mi oficio de 18 del corriente, en el que satisfaciendo
al deseo que US. me expresó en nota anterior, de saber si la orden de hacer
efectivo el impuesto de 10 centavos sobre los salitres que exporta la Compañía
de Antofagasta había sido ya dada por mi gobierno o, bien, si éste, para
expedirla esperaría a que el de Chile tomase conocimiento de dicha
determinación, a lo que tuve el honor de responder que se había ya dado la
orden mencionada por el Ministerio de Hacienda, US. se sirve manifestarme la
extrañeza con que ha tomado conocimiento de esa resolución que, a su juicio,
termina de una manera violenta la discusión aún pendiente a que dio origen el
reclamo formulado por esa legación, cuyos fundamentos considera US. que deberán
ser apreciados en mucho tiempo y con mucho estudio; que esperando mi gobierno
los informes del señor ministro de Hacienda doctor Medina, respecto de la
reclamación de US. sobre los impuestos municipales de Antofagasta, debía
también adoptar un procedimiento análogo tratándose del impuesto sobre
salitres; que mi última contestación destruye todas las expectativas de una
solución tranquila y conciliadora y cierra el paso a toda discusión, y que en
consecuencia, cumple US. con el deber de declarar, a nombre de su gobierno, que
la ejecución de la ley que grava con un impuesto a la Compañía de Salitres y
Ferrocarril de Antofagasta importa la ruptura del tratado de límites de 6 de
agosto de 1874 hoy vigente entre Chile y Bolivia, y que las consecuencias de
esta declaración serán de la exclusiva responsabilidad del gobierno de Bolivia.
Por
la contestación que he tenido el honor de dar a US. en oficio de 18 del mes
actual, acompañando el informe respectivo del señor ministro de Hacienda, sobre
la naturaleza del impuesto creado por la ley de 14 de febrero del año
corriente, US. ha debido apreciar los motivos particulares que han obligado a
mi gobierno a poner en ejecución la citada ley, motivos entre los cuales se
hace notable el de que el impuesto reclamado por US. es sólo procedente de un
contrato privado entre la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta y
mi gobierno, no pudiendo él por lo tanto y como cláusula de transacción privada
afectar al tratado de Chile y Bolivia, que debe ser ajeno a toda convención
particular.
Expuestos
dichos motivos, en satisfacción al reclamo de US. y no pudiendo quedar por
mucho tiempo sin ejecución la ley citada de la Asamblea Nacional, que sólo fue
suspendida transitoriamente a causa de la reclamación de US. y por deferencia
al Excmo. gobierno de Chile, comprenderá US. que mi gobierno no ha hecho más
que cumplir con un deber constitucional al decretar la vigencia de la ley
mencionada, sin que esto importe, como supone US., el término de toda
discusión, ni menos una ruptura del tratado de 6 de agosto de 1874, puesto que
US. olvida que, aun para el caso de que se susciten cuestiones sobre su
inteligencia y ejecución, el artículo 2º del tratado complementario abre, en
beneficio de parte de ambas naciones, el recurso arbitral.
Con
respecto al último reclamo de US. sobre los impuestos municipales de
Antofagasta, deseoso mi gobierno de que las cuestiones a que han dado lugar
esos impuestos se arreglen de un modo amigable y conciliador, no ha tenido
inconveniente en deferir a la insinuación de US., esperando, para tomar una
resolución conveniente, los informes del señor ministro de Hacienda doctor
Medina, por manera que debo por mi parte manifestar a US. la extrañeza con que
he recibido la declaración que US. se sirve hacer respecto de ruptura del
tratado de 1874, a nombre del Excmo. gobierno de Chile, en el oficio a que
tengo el honor de contestar. Rogando a US. que, al elevar al conocimiento de su
gobierno los antecedentes de la cuestión que nos ocupa, se sirva también
acompañar a ellos el presente oficio, tengo el honor de renovar a US. las
expresiones de distinguida consideración con que soy de US. atento y seguro
servidor.
Martín
Lanza
Al
señor encargado de negocios de Chile. Presente.
Consulado
General de Chile en Antofagasta
Enero
12 de 1879
Señor
Prefecto:
Original
tengo a la vista una comunicación que el señor Jorge Hicks, representante legal
de la Compañía Chilena de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, ha dirigido al
comandante del blindado Blanco Encalada solicitando asilo a bordo de su buque
para su persona, por haber llegado a su conocimiento que durante su corta
ausencia del puerto, el día de ayer, se había procedido al embargo de los
bienes de la compañía que administra, acompañando este acto con el apremio
sobre su persona. Este Consulado ha tratado de adquirir la verdad de tal aserto
y siendo notorio y de dominio público que el citado embargo se ha llevado a
cabo, aunque los empleados de la compañía aludida no tienen conocimiento
judicial de semejante acto, según ellos mismos me han informado, me veo en la
imprescindible necesidad de recurrir a usted a fin de que, si fuese positivo lo
que dejo expuesto, se sirva ordenar se me dé a la brevedad posible una copia
legalizada de todo lo actuado, para elevarlo al conocimiento de mi gobierno y
para los fines a que este procedimiento pueda dar lugar.
Con
sentimiento de distinguida consideración, tengo el honor de suscribirme de
usted atento y seguro servidor.
S.
REYES
Al
señor Prefecto del departamento.
Prefectura
y Superintendencia de Hacienda y Minas del Departamento
Nº
2Antofagasta, a 12 de enero de 1879
Señor:
He
recibido su estimable oficio de la fecha, en el que se sirve usted poner en mi
conocimiento que don Jorge Hicks, representante legal de la Compañía de
Salitres y Ferrocarril de Antofagasta ha dirigido al comandante del blindado
Blanco Encalada una comunicación solicitando asilo para su persona, sobre la
que hay mandamiento de apremio, pidiendo, además, copia legalizada de todo lo
actuado en el asunto para elevar a conocimiento de su gobierno, para lo que
hubiera lugar.
Extraño
me es, señor Cónsul, que pretenda usted inmiscuirse en asuntos judiciales en
los que cónsul ni nación alguna puede intervenir ni de un modo indirecto
siquiera. Usted comprende que los actos de la soberanía interna no están
sujetos al juicio de otras naciones; comprende usted también que juicios de la
naturaleza del que se organiza al deudor moroso don Jorge Hicks tienen su
tramitación que debe seguirse sin hacer languidecer sus prescripciones.
He
cumplido mi deber y lo cumpliré siempre sin que nada pueda sobreponerse a él,
sin admitir consideración alguna.
Si
solicita, el señor Cónsul, copia de todo lo actuado, puede hacerlo sin investir
se del carácter de cónsul, puede pedirla como particular y se proveerá a su
demanda. Además, todos los documentos a los que hace usted referencia se
publicarán por la prensa.
Repito
al señor Cónsul mis consideraciones de respeto. Dios guarde a usted.
SEVERINO
ZAPATA
Al
señor cónsul general de Chile en Antofagasta. Presente.
Consulado
General de Chile en Antofagasta
Nº 3
Enero
12 de 1879
Señor
Prefecto:
Tengo
el honor de transcribir a usted el siguiente oficio que he recibido en el
vapor, del señor gobernador de Caldera:
"Caldera,
enero 10 de 1879
El
señor Ministro de Relaciones Exteriores me dice en telegrama de ayer tarde:
Transmita al señor Cónsul de Antofagasta el siguiente telegrama: Notas
oficiales de La Paz participan gobierno boliviano propone arbitraje sobre
impuestos salitre. Esto supone suspensión cobro hasta sentencia. Participe esto
Prefecto para evitar que el cobro sea obstáculo a esta negociación.
(Firmado)
ALEJANDRO FIERRO
Lo
que transcribo a usted en cumplimiento de lo ordenado por el señor Ministro.
Dios guarde a usted (Firmado).GERMÄN DE LA PIEDRA"
Lo
que pongo en conocimiento de usted en cumplimiento de mi deber.
De
usted señor Prefecto, su atento y seguro servidor.
S.
REYES
Al
señor Prefecto del departamento.
Prefectura
y Superintendencia de Hacienda y Minas del Departamento
Nº 2
Antofagasta,
a 12 de enero de 1879
Señor:
Acuso
a usted recibo de su estimable oficio número 3 del día de la fecha en el que se
sirve usted transcribirme su nota pasada al señor gobernador de Caldera por el
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile relativas a prevenir que
habiendo mi gobierno propuesto el arbitraje en la cuestión imposición sobre el
salitre, se suspenda el cobro de los derechos con los que se le ha graba do.
En
contestación tengo a bien expresar a usted que mientras no tenga conocimiento
oficial de lo que usted me transcribe, por comunicación dirigida por mi
gobierno no podré suspender los efectos de la orden que se me ha impartido.
Con
sentimiento de especial consideración, soy de usted atento servidor.
SEVERINO
ZAPATA
Al
señor cónsul general de Chile
Consulado
General de Chile en Antofagasta
Nº 4
Enero
13 de 1879
Señor
Prefecto:
Tengo
el honor de contestar el oficio de usted fecha de ayer, en el cual la
prefectura, autoridad que entiende en el juicio coactivo que se sigue a la
Compañía de Salitres y Ferrocarril a fin de obligarla a pagar la suma de
noventa y más mil pesos, niega a este consulado el derecho que tiene para pedir
copia de ciertos obrados en el asunto, lo cual de ninguna manera venía a
perturbar la tramitación que debía seguirse, ni menos a hacer languidecer sus
prescripciones.
Si
extrañeza ha causado al señor Prefecto mi justa demanda, tanto mayor debe haber
sido la causada al infrascrito al ver la negativa del señor Prefecto y las
razones en que la apoya, pues que lo que no se niega al individuo particular se
niega categóricamente al Cónsul General, en asuntos sobre los cuales se está
gestionando y sobre actos emanados de la autoridad, a los cuales se les dio
cumplimiento de una manera incorrecta y sigilosa y que afecta cuantiosos
intereses chilenos que es de mi deber proteger. Que no ha sido de ninguna
manera pretensión exagerada de este consulado se encarga de probarlo su misma
contestación y los documentos publicados por la prensa, que usted me anuncia,
en los que nadie puede encontrar nada que pueda justificar lo que usted me
insinúa de que sea inmiscuirse en los asuntos judiciales de la nación.
Ha
sido práctica constante en todos los países del mundo y también en la
república, dirigirse a la primera autoridad los agentes consulares pidiéndoles
todos aquellos datos necesarios para poner al corriente a su gobierno de los
juicios seguidos a sus nacionales, y esta misma prefectura siempre los ha
atendido con oportunidad.
Por
esta razón no puedo ni debo aceptar el rechazo que el señor Prefecto ha hecho a
mi justa demanda, ni menos la declaración que me hace de que "está siempre
dispuesto a cumplir con su deber sin que nada pueda sobreponerse a él, sin
admitir consideración alguna", puesto que jamás he pretendido nada que no
sea justo y equitativo y por conseguir nada que pueda apartar a la autoridad
del cumplimiento de su deber. En consecuencia, por mi parte y en cumplimiento
del mío, repito al señor Prefecto que no acepto el rechazo que ha hecho a mi
solicitud y protesto contra semejante negativa.
Con
sentimientos se distinguida consideración y aprecio, me suscribió de usted
atento y seguro servidor.
S.
REYES
Al
señor Prefecto del departamento
Prefectura
y Superintendencia de Hacienda y Minas del Departamento
Nº 4
Antofagasta,
14 de enero de 1879
Señor:
He
recibido su oficio fecha de ayer número 4. Al contestarlo y haciéndolo con
estudiada reflexión para evitar que nazcan de la prefectura o ese consulado
cuestiones enojosas que nada útil puedan traernos, he venido en expresar a
usted que suponiendo que sean necesarios al gobierno chileno los documentos por
usted solicitados en copia legalizada, no creo de mi deber otorgarlos en la
forma que usted insinuó.
La
publicidad de los juicios está en Bolivia reconocida, y por ese hecho he
ordenado que todos los documentos más importantes sean publicados por la
prensa.
Allá
puede su gobierno estudiar el asunto, si el señor Cónsul no solicita testimonio
de otra manera.
Si
de este incidente surgen cuestiones diplomáticas, tanto el señor Cónsul como el
infrascrito Prefecto no pueden tratarlas sin atribuirse prerrogativas de que no
gozan.
Dios
guarde a usted.
SEVERINO
ZAPATA
Al
señor Cónsul General de Chile en Antofagasta.
Señor
Prefecto del departamento
Pide
se le permita el embarque que indica, bajo la fianza que expresa:
David
Sim, administrador accidental de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta, por ausencia de su gerente el señor Jorge Hicks, antes US.
respetuosamente me presento y digo: que hallándose fondeado en esta bahía el
buque Maida, con objeto de cargar salitre, y habiéndose interrumpido su trabajo
por orden de esa prefectura que prohíbe el embarque de salitres, lo que
indudablemente ocasionaría gravísimos perjuicios, tanto al expresado buque que
con una demora inesperada faltaría a sus compromisos en Europa o llegaría en
una estación en que su artículo sea inútil, cuanto a la compañía que tiene que
cumplir un contrato anteriormente estipulado para el despacho del expresado
buque y sería responsable de cualquier demora o atraso, a fin de evitar estos
perjuicios me veo pues en el caso de ocurrir ante US. suplicándole se sirva
permitir el embarque de 5.000 quintales más o menos de salitres, hasta que se
complete la carga del expresado Maida, ofreciendo yo para el efecto, a nombre
de la Compañía, la fianza de resultas en la abonada persona del gerente del
Banco Consolidado de Chile, señor don Pedro Wessel que firma conmigo el
presente escrito. La expresada fianza tendrá por objeto garantizar los derechos
de exportación del salitre que se embarque, mientras se resuelva el reclamo
pendiente entre el supremo gobierno de la república, y el de la de Chile.
Como
el salitre que existe en los depósitos es más que bastante para responder al
pago de la cantidad por la que han sido éstos embargados, creo necesario
también señor Prefecto, expresar a US. que el embarque solicitado en este
escrito es del salitre existente en esos depósitos, los cuales también
recibirán un aumento con el salitre que se sigue elaborando.
En
mérito de lo expuesto a US. pido se sirva permitirme el embarque solicitado
bajo la fianza ofrecida, por ser de estricta justicia.
Antofagasta,
enero 14 de 1879.
P.M.
WESSEL DAVID SIM
Prefectura
del Departamento
Antofagasta,
enero 14 de 1879
Vista
al señor fiscal del partido
ZAPATA
Señor
Coronel Prefecto
Responde:
Como
los procedimientos que se están practicando sobre la empresa de salitre de este
puerto no tienen por objeto causar perjuicios inútiles y de trascendencia, sino
únicamente asegurar y hacer efectivo el cobro de una imposición legal, y
habiendo ofrecido esta seguridad bajo la garantía que indica el ocurrente, para
que se le permita embarcar 5.000 quintales de salitre para salvar su compromiso
en Europa, la justificación de US. puede permitir este embarque, previa la
escritura de responsabilidad, por los derechos y reconocimiento de la cantidad
que se embarque, sin que esto sirva de regla para lo sucesivo, por ser esta
concesión más bien equitativa que necesaria, en atención a las circunstancias
muy especiales que la motivan.
Antofagasta,
enero 14 de 1879.
MOLINA
Prefectura
del Departamento de Cobija
Antofagasta,
enero 14 de 1879
Con
lo expuesto por el señor fiscal de partido, y en atención a las consideraciones
que se han hecho presentes, se concede al gerente de la Compañía de Salitres de
Antofagasta por sólo esta vez, el permiso para embarcar únicamente los 5.000
quintales de salitre de que necesita para salvar el compromiso que tiene
manifestado, previa extensión de la escritura de fianza por los derechos que le
corresponden, y con conocimiento de la Aduana, cuyo administrador tomará razón
de la cantidad y peso del salitre, para su oportuna liquidación y cobro del
resultado, y con notificación al depositario de los intereses secuestrados.
ZAPATA
Señor
Prefecto:
Con
la fianza que ofrece pide su libertad provisional.
Jorge
Hicks, gerente de la Compañía de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta, ante US.
respetuosamente me presento y digo: que teniendo conocimiento de que la
prefectura ha librado orden de apremio contra mi persona, en el juicio co
activo que se sigue contra la compañía, por el cobro del impuesto de diez
centavos por exportación de salitre sin que obste para ello el embargo de los
bienes de la compañía suficientes a cubrir el pago de la cantidad ejecutada, y
como además mi permanencia en la cárcel pública sin influir en nada en el
juicio que se sigue, sólo ocasionaría perjuicios a la compañía cuyos derechos
ejercito y una inútil privación del derecho de mi libertad, ocurro pues ante la
justificación de US. para que en consideración a las razones que ligeramente
dejo indicadas y aceptando la fianza de la persona abonada que firma conmigo
este escrito, se sirva concederme la libertad provisional que solicito. Es lo
que a US. pido por ser justicia.
Antofagasta,
enero 14 de 1879.
Jorge
Hicks. Napoleón Peró
Prefectura
del Departamento de Cobija
Antofagasta,
enero 14 de 1879
Vista
al señor fiscal del partido.
ZAPATA
Señor
Coronel Prefecto:
Responde:
El
que suscribe con vista de la presente solicitud dice: que, sin embargo, de que
la ley es muy severa en esta clase de juicios, el suscrito se inclina a que la
justificación de US. puede acceder a la presente solicitud en consideración ya
a las razones en ella expuestas y ya a la naturaleza grave de los intereses que
se atraviesan. Como se trata del cobro de un impuesto sobre salitres no sólo
explotados y elaborados, sino también de los que se están elaborando, tal vez
estos trabajos sufrirían algún detrimento que refluyese en perjuicio de los
derechos fiscales sin la presencia del gerente de la casa, sea que se
ausentase, o sea que fuese apremiado. Por estos motivos y otros especiales, que
serían largo expresar, el suscrito cree que la prefectura puede otorgar al
ocurrente la libertad provisional que solicita bajo la garantía que ofrece.
Antofagasta,
enero 14 de 1879.
MOLINA
Prefectura
del Departamento de Cobija
Antofagasta,
enero 14 de 1879
Con
lo expuesto por el señor fiscal del partido, se concede equitativamente la
libertad provisional que solicita el ocurrente, previas las formalidades de
ley.
SEVERINO
ZAPATA
Nº
1, Fº 1. R 179
Don
Jorge Hicks, administrador de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta, protesta contra el embargo de salitre e inmuebles de dicha
compañía, apremio corporal de su persona ordenados por la prefectura del
departamento.
En
el salar del Carmen, República de Bolivia, a horas dos de la tarde del día 13
de enero de 1879 años: Ante mí el ciudadano José Calisto Paz, notario público
en la jurisdicción de este partido judicial, con residencia en el puerto de
Antofagasta, y transitoriamente en este lugar, fue presente con sus testigos
instrumentales el señor don Jorge Hicks, inglés, mayor de edad, soltero,
comerciante vecino de la ciudad de Antofagasta y de tránsito en este lugar,
hábil en derecho, a quien conozco, doy fe y dijo que reduce a escritura pública
la minuta que copio y cuyo tenor literal dice:
Antofagasta,
enero 14 de 1879 Señor notario don Calisto Paz.
Sírvase
extender en el registro de escrituras públicas que corre a su cargo, una por la
que conste la protesta formal que yo, Jorge Hicks, representante legal de la
Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, otorgo en la forma que voy a
expresar.
Con
fecha 28 del mes y año presente extendí por escritura pública una protesta ante
usted contra la ley de 23 de febrero de 1878 y la orden suprema de 17 de
diciembre último que imponían a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de este
puerto el derecho de 10 centavos por exportación de cada quintal de salitre, de
la cual se me notificó por primera vez, el mismo día en que fue anotada mi
dicha protesta; como la prefectura del departamento, según tengo conocimiento
extrajudicial, ha ordenado el apremio de mi persona y el embargo, de los bienes
de la compañía para hacer efectivo ese impuesto y el embargo, se pretende
haberlo practicado por el notario de Hacienda, durante mi corta ausencia de
este puerto sin dar forma ni cumplimiento legal al acto, según he sabido
extrajudicialmente, poniendo en depósito en poder del señor Eulogio Alcalde
ciertas casas, depósitos de salitre y terrenos de la compañía; no pudiendo pues
consentir ni reconocer por un solo momento en ese atentado ilegal que trata de
vulnerar los derechos de mis representados, protesto a nombre y en
representación de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta,
enérgicamente y como en derecho me sea permitido contra el embargo, la forma
ilegal con que se ha efectuado y todas las órdenes y procedimientos de las
autoridades que hubieran intervenido en él, reservando la plenitud de sus
derechos a la compañía que represento y refiriéndome y reproduciendo en todas
sus partes y antecedentes a la protesta que tengo indicada. Usted, señor
notario, se servirá agregar las demás cláusulas que sean necesarias para la
mayor validez y fuerza de la presente escritura.
JORGE
HICKS
Presente
el otorgante, aprobó y ratificó en todas sus partes el tenor literal de la
minuta insertada, otorgó y firmó con los testigos instrumentales, señores
Manuel Felipe Serrano y Roberto Montoña, ambos mayores de edad, solteros,
comerciantes, el primero residente en este lugar y el segundo en Antofagasta,
ante quienes y el otorgante se leyó de principio a fin, doy fe Jorge Hicks.
Manuel F. Serrano. Roberto Montoña; Lugar del sello, ante mí José Calisto Paz.
Notario público. Pasó ante mí y en fe de ello signo y firmo.
Lugar
del sello (firmado)
JOSÉ
CALISTO PAZ
Notario
Público
Copia
Autorizada de los documentos relativos a la suspensión de embarque de salitre
por El Maida
Testimonio
Antofagasta,
enero 13 de 1879
Señor
Capitán de Puerto y Comandante de resguardo don Exequiel Apodaca. Presente.
David
Sim, en representación del señor Hicks, ausente accidentalmente del
establecimiento de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, hago
presente que se ha impedido hoy el embarque de salitre en el buque Maida por
orden de usted y necesitando copia de esa orden que justifique la suspensión
del embarque y no acarree a la compañía los perjuicios de estadía, pido a usted
se sirva darme la copia autorizada de la orden de suspensión (firmado) David
Sim. –Capitán del puerto de Antofagasta–Bolivia. Comandancia del resguardo –a
trece de enero de 1879. Teniendo orden por escrito el jefe del resguardo que
suscribe, del administrador de esta Aduana para no permitir el embarque de un
solo quintal de salitre por estar éste embargado y depositado, por adeudar los
derechos de exportación, ocurra el representante por el certificado que
solicita, ante el administrador de Aduana, de quien emana la orden. –Apodaca.
–Un sello, a trece de enero de 1879. –El oficial primero de la oficina pondrá
copia a continuación de la orden que la Prefectura pasó a la Aduana, ordenando
se prohíba el embarque de que se hace mención en el escrito que precede. –La
Riva– (copia) – prefectura del departamento de Cobija. –Antofagasta, enero 11
de 1879 –Nº3– Al señor administrador de la Aduana–Señor–En el día de la fecha
se han embargado los bienes de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta, suficientes a cubrir la cantidad que adeuda al fisco por derechos
de exportación de salitre comprendido entre éstos los depósitos de aquella
sustancia. Lo participo a usted para que imparta las órdenes necesarias al
objeto de impedir el embarque de salitre, solicitando en caso de transgresión
de esta orden la fuerza pública que sea
precisa para hacerla cumplir. –Dios guarde a usted. –Severino Zapata. –Está
conforme –El oficial primero–Severino Paz –Antofagasta, enero 15 de 1879 –Señor
juez instructor –Para los usos que me convenga suplico a usted se sirva ordenar
que el notario don Calisto Paz me dé un testimonio de los obrados que acompaño
y hechos se me devuelvan. –Será justicia, etcétera. –Jorge Hicks. –Antofagasta,
enero 15 de 1879. –Franquéese el testimonio que se solicita, previa citación
del señor fiscal. –Montero –ante mí. –Antonio Rodríguez. –Actuario. –En la
misma fecha, hice saber el decreto que precede al señor Hicks y firma; doy fe
Jorge Hicks. –Rodríguez. –Otra diligencia hice con el señor fiscal y firmo y
doy fe. –Molina –Rodríguez–Enseguida practiqué otra con el señor notario Paz y
firma –doy fe –José Calisto Paz. –Rodríguez.
Es
conforme con los originales de su referencia a los que en caso necesario me
remito, dando este testimonio a don Jorge Hicks por orden judicial. En
Antofagasta a los 15 días del mes de enero de 1879 años, doy fe.
Hay
un sello.
JOSÉ
CALISTO PAZ,
Notario
Público
Nº 2
Fº 3: R. DE 1879
El
señor Jorge Hicks, administrador de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta protesta contra la orden expedida por el capitán de aquel puerto
prohibiendo el embarque de salitres pertenecientes a dicha compañía.
En
el salar del Carmen, república boliviana, a las cinco de la tarde del día 13 de
enero de 1879 años, ante mí el ciudadano José Calisto Paz, notario público de
la jurisdicción de este partido judicial, con residencia fija en Antofagasta y
transitoriamente en este establecimiento de elaboración de salitres, fue
presente con sus testigos instrumentales cuyos nombres se expresarán al final,
don Jorge Hicks, inglés, mayor de edad, soltero, comerciante, vecino y
residente en Antofagasta y de tránsito en ésta, hábil en derecho a quien de que
conozco doy fe, y dijo: que reduce a escritura pública la minuta que copio a
continuación y que dice, salar del Carmen, enero 13 de 1879 –Señor notario don
Calisto Paz: sírvase usted extender en el registro de escrituras públicas que
corre a su cargo una por la que conste que yo, Jorge Hicks, administrador de la
Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta, a nombre y en representación
de ella y de su directorio radicado en Valparaíso, otorgo la protesta que paso
a exponer: refiriéndome en todo a los precedentes sentados en mi protesta que
elevó usted a escritura pública el 28 del mes y año próximo pasado, y en la de
hoy celebrada a horas dos de la tarde y conforme con lo expresado en ella
protesto hoy nuevamente con toda la energía posible conforme y cuantas veces el
derecho me lo permita contra la orden dictada por el capitán de este puerto
prohibiendo en lo absoluto el embarque de salitre, sin razón ni pretexto alguno
justificables; y reservo a la compañía que represento y a mi directorio de
Valparaíso la plenitud de sus derechos para que los haga valer ante quien crea
conveniente para reparar los perjuicios que le ocasiona tan arbitrario e
inusitado proceder. Como la orden anteriormente expresada puede dar lugar a
reclamo de parte de los dueños o contratistas del buque Maida, ocasionando con
ello un grave perjuicio a la compañía con pagos que no debiera hacerlo, hago
constar en la presente protesta que la orden aludida del capitán de puerto,
impide a la compañía con fuerza mayor el despacho del expresado buque para que
así queden a salvo los derechos de la compañía y el directorio que represento.
Usted señor notario se servirá aumentar las demás cláusulas que den mayor
fuerza y valor legal a la presente escritura de protesta –Jorge Hicks –Presente
el otorgante aprobó y ratificó en todas sus partes el tenor de la minuta
inserta. Con lo cual quedó consumada esta escritura. La otorgó y firmó con los
testigos José Santos Gandarillas, casado, artesano, y José Segundo Jiménez, soltero,
comerciante, ambos mayores de edad y vecinos del lugar ante quienes y el
otorgante se leyó de principio a fin; doy fe –Jorge Hicks –José Segundo Jiménez
–José Santos Gandarillas, –lugar del sello –Ante mí, José Calisto Paz, notario
público.
Pasó
ante mí y en fe de ello, signo y firmo.
Hay
un sello.
JOSÉ
CALISTO PAZ
Notario
Público
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Notas
cambiadas entre el Consulado General de Chile en el Litoral Y el Ministro de
Relaciones Exteriores
Nº 4
Antofagasta,
diciembre 31 de 1878
Señor
Gobernador:
Sírvase
avisar al señor ministro de Relaciones Exteriores que el día 28 del presente se
ha puesto en vigencia la ley que grava la exportación de salitres, exigiendo el
pago correspondiente a lo exportado desde el 25 de febrero adelante. Dios
guarde a US.
S.
REYES
Al
señor gobernador de Caldera.
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Nº
17
Antofagasta,
diciembre 31 de 1878
Señor:
Cumpliendo
con instrucciones que he recibido del señor Ministro en La Paz tengo el honor
de poner en conocimiento de US. que el 28 del presente se ha puesto en vigencia
la ley que grava a la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta con
diez centavos por cada quintal de salitre que exporte, haciendo efectivo el
gravamen al salitre exportado por la compañía desde el día que se promulgó la
ley. Con este motivo el gerente de la compañía ha sido notificado para el pago
de más de noventa mil pesos, como verá US. por el escrito que en copia acompaño
dirigido al señor Prefecto.
También
adjunto copia de la escritura protesta que el mismo señor gerente ha extendido
ante un notario público. La orden de pago aún no ha sido cumplida y no preveo
cuál pueda ser el resultado, ni los sucesos a que pueda dar origen.
Con
fecha 27 me dirigí a la legación en La Paz avisando haberse puesto en vigencia
la ley ya citada.
Dios
guarde a US.
S.
REYES
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile. Santiago
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Santiago,
enero 3 de 1879
El
gobierno tiene conocimiento de que la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
Antofagasta ha sido requerida para que pague el impuesto de diez centavos por
quintal de salitre, establecido en la ley boliviana de 14 de febrero de 1878.
Cree
mi gobierno que esa ley está en abierta oposición con el tratado de 1874,
vigente entre ambas repúblicas, que asegura por el término de 25 años la
exención de toda contribución a las personas, propiedades y capitales chilenos.
Por
el presente vapor se imparten a nuestro Ministro en La Paz las instrucciones
necesarias para que recabe eficaz y perentoriamente del gobierno boliviano la
suspensión de la ley de 14 de febrero, y le haga presente al mismo tiempo que
su negativa a acceder a nuestra justa demanda sería mirada como una ruptura
deliberada e injustificable del tratado de 1874, que pondría a Chile en la
dolorosa necesidad de acudir a medidas que repugnan a sus sentimientos
amistosos; pero que serán reclamadas por el deber que tiene de defender los
intereses y derechos de la república.
Mi
gobierno abriga la firme esperanza de que el de Bolivia no desoirá el
llamamiento que le hace a la conciliación y a la discusión tranquila de esta
cuestión, y que se apresurará a ordenar la suspensión de la mencionada ley, la
cual una vez ejecutada por medios violentos crearía una situación gravísima
entre ambas repúblicas.
Chile
está dispuesto a discutir esta cuestión, y a someterla en último término al
fallo de un árbitro, tal como está previsto en el tratado de 1874; pero para
ello exige que Bolivia no resuelva por sí solo la cuestión, dictando y poniendo
en ejecución medidas que no podemos aceptar porque son agraviantes a nuestra
dignidad y perjudiciales a nuestros intereses.
En
esta situación, usted procurará obtener del Prefecto de ese departamento que
difiera el cobro del impuesto sólo el tiempo necesario para que vuelva la
contestación que el gobierno de Bolivia habrá de dar a la demanda de Chile. Al
ilustrado Prefecto de ese departamento no puede ocultarse que la petición de
Chile no tiene otro propósito que el de evitar la consumación de actos que
serían un obstáculo, acaso insuperable, para llegar a una solución tranquila,
como corresponde al interés bien entendido de ambos países.
La
dilación de unos cuantos días en el cobro de la contribución aludida no puede
ofrecer dificultad alguna, ni comprometería, a mi juicio, la responsabilidad
del jefe político que la autorice, porque la compañía está dispuesta a dar
fianza para el caso que estimo improbable de que el gobierno de Bolivia insista
nuevamente en el cobro del impuesto. Usted tocará todos los recursos que le
sugiera su sagacidad para inclinar el ánimo del señor Prefecto en un sentido
que asegure los derechos de todos y que no haga imposible la paz entre las dos
naciones.
Esto
se obtendría en nuestro sentir, si las autoridades de Antofagasta, inspirándose
en consideraciones de elevado patriotismo, acordasen, como lo espera mi
gobierno, la suspensión temporal del cobro, en vista de las graves razones que
lo aconsejan. Como la actitud que ha asumido el gobierno de Bolivia nos hace
temer el desarrollo de sucesos desagradables, mi gobierno ha ordenado la
inmediata salida para Antofagasta del blindado Blanco Encalada, el cual se hizo
a la vela de Lota ayer temprano.
El
comandante de esa nave destinada a servir de amparo a las personas o intereses
chilenos lleva encargo de proceder de acuerdo con usted en todas las cosas que
reclamen su intervención.
A
este respecto cree mi gobierno que debe procederse por ahora con reposada
cautela, porque le asiste aún la convicción de que el gobierno de Bolivia
modificará la determinación de 14 de febrero y no desea mi gobierno que surjan
entre tanto nuevos elementos de complicación.
Si
contra nuestras fundadas expectativas el gobierno de Bolivia persistiera en la
violación del tratado de 1874, habría llegado la oportunidad de acudir a
nuestras naves para exigir que los derechos de Chile sean debidamente
respetados.
Para
esta emergencia, usted y el comandante del buque de guerra serán provistos de
las instrucciones necesarias.
Sus
esfuerzos por ahora, lo repito, deben encaminarse asiduamente a obtener que las
autoridades de Antofagasta suspendan la ejecución violenta de una medida que
entraña peligrosas consecuencias para la paz de las dos naciones.
Téngame
usted al corriente del curso que sigan estos sucesos.
Dios
guarde a usted.
ALEJANDRO
FIERRO
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Nº
28
Antofagasta,
enero 7 de 1879
Señor
Ministro:
Tengo
el honor de poner en conocimiento de US. que en la mañana de hoy ha fondeado en
este puerto el blindado Blanco Encalada. También debo comunicarle que a las
tres de la tarde de hoy ha sido notificada al gerente de la Compañía de
Salitres una orden de apremio dictada por la prefectura para que pague en el
término de tres días la suma de noventa y más mil pesos bajo apercibimiento de
embargo de los bienes de la compañía; dicha suma es proveniente de derechos de
exportación del salitre desde la fecha en que se dictó la ley.
S.
REYES
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile. Santiago.
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Santiago,
enero 16 de 1879
Se
ha recibido en este Ministerio el oficio de US. número 28 de fecha 7 del
corriente en que usted me comunica el arribo a ese puerto del blindado Blanco
Encalada y en que también me da cuenta de que se ha notificado al gerente de la
Compañía de Salitres para que pague ciertos derechos de exportación que se
cobran a esa sociedad. Dios guarde a usted.
ALEJANDRO
FIERRO
Al
señor don Salvador Reyes, cónsul de Chile en Antofagasta.
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Nº 2
Enero
12 de 1879
Señor
Gobernador: Sírvase transmitir por telégrafo al señor ministro de Relaciones
Exteriores lo siguiente:
"Señor
Ministro: En cumplimiento de sus instrucciones he dado todos los pasos, en el
sentido que US. me indica ante la autoridad, y todo ha sido infructuoso. –Notas
cambiadas van por el correo. Ayer venció el término dado a la Compañía de
Salitre para el pago de más de noventa mil pesos y hoy procederán al embargo
del establecimiento. No he recibido comunicación alguna de la legación. Dios
guarde a US.
S.REYES".
Al
señor gobernador de Caldera
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Nº 4
Enero
14 de 1879
Señor
Ministro:
Por
los impresos que acompaño verá US el giro que toma la cuestión salitres. No se
han omitido esfuerzos a fin de inclinar a la autoridad a tomar un temperamento
conciliatorio; pero todo ha sido inútil. En copia remito a US. mi última nota
al Prefecto.
El
señor administrador de la Compañía no ha sido preso porque con tiempo se
trasladó al establecimiento de Carmen Alto, en donde aún se encuentra. La
situación señor Ministro no puede ser más tirante, y si se llega a pretender
rematar los bienes embargados a la compañía, es imposible prever las
consecuencias que semejante proceder puede ocasionar.
El
vapor me toma de sorpresa con su arribo anticipado y no me da tiempo para
entrar en consideraciones. Dios guarde a US.
S.
REYES
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores
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Nº 3
Antofagasta,
enero 14 de 1879
He
recibido su oficio de fecha 11 del corriente en el que me transmite un
telegrama del señor ministro de Relaciones Exteriores. Ruego al señor
Gobernador se sirva transmitir por telégrafo al mismo señor Ministro lo
siguiente:
Señor
Ministro:
El
día 11 embargo de las propiedades Compañía de Salitres con orden de apremio.
–Comuniqué Prefecto telegrama de US. –Contestación negativa –Orden no permitir
embarque de salitres. Situación tirante y difícil.
Dios
guarde a US.
S.
REYES
Al
señor gobernador de Caldera
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Nº
28
Antofagasta,
enero 10 de 1879
Señor
Ministro:
Cumpliendo
con las instrucciones de US. contenidas en su nota de fecha 3 del corriente,
tuve el día 8 una conferencia con el señor Prefecto y no habiendo obtenido
resultado favorable le dirigí la nota de la misma fecha que en copia acompaño,
obteniendo la misma negativa que en mi conferencia privada. También incluyo
copia de la contestación que el señor Prefecto dio a mi citada nota.
Debo
también poner en conocimiento de US. que el señor Evaristo A. Soublette,
representante de la Compañía de Salitres, ha agotado todos los medios de
conciliación posibles hasta ofrecer la consignación de la cantidad que se
cobre, y que nada ha obtenido, pues parece que hay una obstinación ciega de
parte de las autoridades para agriar este asunto, a tal punto que hoy trataron
de impedir con órdenes verbales se continuara cargando un buque con salitre.
Hoy
a las 3 y ½ P.M. expiró el término para el pago de los noventa y tantos mil
pesos, y mañana probablemente procederán al embargo del establecimiento, a no
ser que vinieran de La Paz órdenes en contrario.
No
es posible, señor Ministro, prever los acontecimientos que puedan sobrevenir en
una situación tan tirante como la presente, y si la Compañía de Salitres no
obrara con suma prudencia y sacrificando en parte sus intereses, manteniendo
todos sus trabajos con la misma actividad que antes, es indudable que nos
veríamos envueltos en conflictos muy serios.
Dios
guarde a US.
S.
REYES
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores
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Nº 4
Antofagasta,
febrero 6 de 1879
Sírvase
US. transmitir al señor ministro de Relaciones Exteriores el telegrama adjunto,
si estuviese expedita la línea. Si al contrario estuviera interrumpida
transmitirá por el cable sólo la parte entre comillas, es decir, telegrama de
Iquique. Si consultado por US. el señor Ministro deseara conocer algunos
detalles, comunicará US. como mejor halle por conveniente, lo que paso a
relatar. El martes 4 llegó para el Prefecto por el vapor de ese día un
telegrama sin duda de La Paz. Dicho telegrama nos es desconocido. El miércoles
5 fondeó aquí el vapor Limarí chileno, y fue despachado por la autoridad sin
darles sus papeles en debida forma y sin legalizarse por el Consulado. Cuando
quise mandar correspondencia supe con sorpresa que el vapor había salido sin cumplir
en el Consulado las diligencias que le ordena la ley. El vapor Ayacucho en
viaje para el norte fue también despachado temprano. A la hora de salir el
vapor para el norte, se notificó a la compañía de remate, previo justiprecio de
los bienes embargados. No tengo duda de que se quiso evitar el que yo
comunicaría este acto, que coincide con el telegrama. Este remate que debió
notificarse hace más de veinte días estaba en suspenso, y se notifica cuando
nuestro representante en La Paz está quizá por arribar a un arreglo. Ahora
mismo se trata de embarazar la salida del vapor Matías Cousiño que lleva esta
correspondencia, con pretextos injustificados. Como todavía no sé lo que vaya a
suceder con el despacho del expresado vapor, el capitán de él dará a US. relación
verbal de lo que sucede.
Los
rumores de que viene tropa boliviana, creo son corridos por los mismos
bolivianos. He tomado todas las precauciones necesarias, para saberlo con
anticipación, y tengo fundado motivo para creerlos falsos. Estos rumores
mantienen en el pueblo una excitación grande.
Si
el vapor que lleva esta correspondencia pasase hasta Valparaíso, puede remitir
al señor Ministro original esta nota para que se imponga de estos pormenores.
Dios
guarde a US.
NICANOR
ZENTENO
Al
señor gobernador de Caldera
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Nº 4
Antofagasta,
febrero 7 de 1879
Señor
Ministro:
El
día 5 del presente a las 4 P.M. fue notificado el administrador del
establecimiento de salitres de un decreto de la prefectura, ordenando el remate
de los bienes embargados a la compañía previo justiprecio.
Las
circunstancias que precedieron a este acto le dan una significación bastante
grave para que yo me apresurara a toda costa a ponerlo en conocimiento de ese
Ministerio. Dichas circunstancias son: el haber recibido el Prefecto el día 4,
por el vapor venido del norte ese día, un telegrama que no conozco, pero que
tengo motivos fundados para creer procedente de La Paz, conteniendo órdenes del
gobierno; tener el decreto de remate fecha de ese mismo día; y haber sido
notificado el 5 a la hora indicada, después de la salida de los vapores del sur
y del norte. Hubo a mi juicio el propósito de retardar lo menos tres días el
aviso que por medio de los vapores podía yo dar a mi gobierno, haciendo uso del
cable en Iquique o Caldera.
La
circunstancia, por otra parte, de haberse cambiado entre nuestras legaciones y
el gobierno de La Paz proposiciones de arbitraje que llevan envuelta la
condición previa de suspender los efectos de la ley del impuesto al salitre, da
al mencionado acto de remate un significado poco tranquilizador, sobre todo si
se considera que ha sido dictado en el mismo día del recibo de aquel telegrama,
y después de una suspensión de más de veinte días de los procedimientos del
juicio.
Estas
consideraciones obligaron al gerente de la compañía a enviar un propio a
Mejillones, para que alcanzando el vapor, entregase un parte que debía ser
transmitido desde Iquique y que ya supongo en conocimiento de US.
Desde
que se notificó a la compañía, la situación ha cambiado notablemente. A esa
tranquilidad aparente y expectante a que daba lugar la suspensión de los
procedimientos ejecutivos, ha sucedido un estado de sorda agitación. Reina la
alarma y la inquietud en el pueblo, y en el comercio un marcado malestar. Temo
sobre todo que llegue el momento del remate, porque si la compañía ha sufrido
resignada los graves perjuicios que le acarrea esta situación que ya se
prolonga demasiado, no sé hasta qué punto presencien impasibles este acto
depredatorio su gran número de empleados y sus 2.000 trabajadores.
No
he creído conveniente solicitar desde luego la suspensión de una medida tan
seria; pero lo haré en momentos más oportunos y en que mi intervención puede
ser más eficaz, tratando de obviar los inconvenientes del espíritu de polémica
que domina a estas autoridades.
A
estos motivos de excitación ha venido a juntarse el rumor de que se aproximaban
fuerzas bolivianas a Caracoles: este rumor es enteramente falso. Y tengo
tomadas mis medidas para tener noticias muy anticipadas, si llegase a ser
efectivo.
La
alarma ha sido tal que el gerente de la compañía ha llegado a abrigar serios
temores, y accediendo a sus deseos, he concedido de acuerdo con el comandante
del Blanco Encalada en algunas medidas preventivas para el caso de que sus
valiosos intereses fuesen atacados.
Acompaño
a US. una copia autorizada de la protesta formulada por el administrador señor
J. Hicks, con motivo de la notificación de remate.
Dios
guarde a US.
NICANOR
ZENTENO
Al
señor ministro de Relaciones Exteriores de Chile.
§26.
Recompensas
Ya
que el Congreso Nacional se ocupa de recompensas a las corporaciones que hayan
prestado servicios al país mientras ha durado la guerra colosal en que hemos
estado empeñados, justo es que esas recompensas no alcancen solamente a las que
residen en la capital y Valparaíso, como hemos visto en el proyecto que se ha
presentado por el Ministerio de la Guerra.
El
señor ministro de Guerra quizá mejor que ninguno conoce que en Antofagasta
encontró el ejército la más espléndida acogida, como asimismo también se le
proporcionó toda clase de facilidades, llevadas hasta el desprendimiento más
generoso.
Y si
esto pasó durante el tiempo que permaneció ese glorioso ejército en medio de
nosotros; después, Antofagasta dio ejemplo de filantropía y abnegación
recibiendo a los heridos de Tacna, Chorrillos y Miraflores.
Pero
para no extendernos demasiado, a la ligera vamos a señalar algunas personas y
corporaciones que merecen bien de la patria. ¿Quién ignora que los cuerpos
cívicos de esta plaza hicieron el servicio de guarnición los días 25, 26 y 27
de mayo de 1879, mientras que el ejército tomaba las posiciones convenientes?
¿Quién no los vio a las órdenes del General en Jefe el 28 de agosto de 1879?
¿No se recuerda que estuvieron listos para salir a campaña cuando se creyó que
el general Campero invadía este territorio?
¿No
se sabe que el Batallón Cívico de Caracoles estuvo sobre las armas y que dos
compañías hicieron el servicio de guarnición en Atacama y Calama?
¿La
Junta de Beneficencia de este puerto no puso a disposición del ejército el
hospital que corría a su cargo, el cual fue ocupado por un número crecido de
enfermos, y en marzo de 1879 no entregó al estado mayor dos magníficas salas
recién construidas, que sirvieron de base para fundar el hospital militar? ¿No
cedió también gratis al ejército el uso del cementerio?
El
Cuerpo de Bomberos, lo mismo que las instituciones de igual género de Santiago
y Valparaíso, ¿no sirvió para la recepción de los heridos que venían a
encontrar un alivio a sus dolencias en nuestro hospital?
¿Dónde
se reunieron las primeras suscripciones para atender a las viudas y huérfanos
del glorioso combate de Iquique, cuyo importe se mandó a Valparaíso y fue
puesto por el señor Altamirano a disposición de la sociedad protectora que
recién se fundaba?
¿No
hubo una comisión de caballeros que tenía por objeto atender no sólo a los
heridos que arribaban a este puerto, sino también a los que pasaban en una
triste condición en los transportes, comisión que no funcionó por un capricho
del comandante de armas señor Arriagada?
¿No
ha dado un ejemplo de patriotismo el subdelegado de Caracoles don Enrique
Villegas que ha desempeñado no sólo este puesto sino el de comandante de armas
sin retribución ninguna, y ha pagado hasta ahora el servicio público con dinero
de su peculio, puesto que hasta hoy el gobierno no decreta su pago?
¿Y
cuántas personas hay en Antofagasta que han prestado tantos servicios al país y
cuyos nombres silenciamos por no ofender su modestia?
Necesario
se hace que ya que se trata de recompensar a unos, se premie también a los que
han hecho iguales o superiores sacrificios en obsequio del país.
La
ley debe ser pareja.
No
porque las personas de Santiago y Valparaíso estén más en contacto con los
congresales se olvide a los que viven en estos pueblos, que mucho antes de la
guerra estaban prestando servicios positivos a la nación, y que desde el primer
momento ofrecieron la vida y todo lo que valían para que el país saliese airoso
de la empresa inmensa que se veía obligado a emprender.
(Editorial
de El Industrial, agosto 25 de 1881)
§27.
28
de agosto
Cuando
se recorren las páginas de nuestra historia pasada, no se sabe qué admirar más,
si la audacia de nuestros marinos o el valor de nuestro glorioso ejército.
En
la jornada del 28 de agosto de 1879 nuestro orgullo nacional quedó enteramente
satisfecho.
Sánchez,
Latorre, y los jefes de las baterías de tierra supieron cumplir con su deber.
El Huáscar, acostumbrado a huir delante de nuestros blindados y a cebarse
cobardemente en buques débiles, creyó poder entrar a Antofagasta, y dando un
paseo triunfal retirarse a la vista del Abtao, que estaba enteramente inútil y
de la corbeta Magallanes, con el fin de anunciar al pueblo de Perú el gran
triunfo moral obtenido.
El
pueblo todo enteramente indignado, con el corazón latiendo y el aliento sus
pendido, esperaba anhelante que nuestros bravos nos salvasen de esta afrenta.
El
ejército tenía que contemplar cómo el marino chileno sabe defender a su patria.
El Huáscar parecía comprender que no podía salir ileso si quedaba más tiempo en
el puerto y comenzó a retirarse.
El
digno jefe del Abtao, notando que la distancia aumentaba y no pudiendo ya
soportar por más tiempo la indignación que cabía en su pecho, lanzó sus tres
cañones sobre el cobarde victimario de la Esmeralda, cuyo eco fue contestado
con un inmenso ¡Viva Chile!, lanzado por todo Antofagasta.
El
honor nacional estaba salvado.
El
combate se empeñó en la forma que indica la relación que copiamos más adelante.
El honor de esta jornada le cupo por completo al comandante Sánchez, y doloroso
es decirlo, tan buen defensor del país aún no obtiene el premio a que se hizo
acreedor.
Nuestro
ejército, inspirándose en tan heroicos ejemplos, supo después hacer morder el
polvo en todas partes a nuestros enemigos y Grau volvió a conocer lo que valía
la marina de Chile.
Saludamos
pues al 28 de agosto como uno de los días más gloriosos que consignan los
anales de nuestra guerra con Perú y Bolivia, y deseamos que se haga justicia a
los que supieron cumplir como buenos con su deber.
Vamos
a recordar ahora las peripecias de aquel combate. A las 11½ A.M. el vigía
avistó el humo de un vapor que se dirigía a toda fuerza de máquina sobre un
buque de vela. Momentos después se reconoció ser el Huáscar.
Como
a las 5 millas el buque enemigo se detuvo y púsose en observación.
A la
1½ el Abtao rompió sus fuegos sobre la nave enemiga, siguiéndole inmediatamente
la Magallanes y las baterías de tierra.
El
primer cañonazo fue saludado con un hurra a Chile, lanzado por un pueblo que
loco de entusiasmo había invadido las azoteas y miradores de la población.
El
Huáscar después de un largo rato, disparó. Este fue el momento en que comenzó
la lucha con tenacidad hasta las 3 P.M., hora en que el Huáscar emprendió la
fuga, colocándose fuera del alcance de nuestros cañones.
A
las 4 P.M. el Huáscar avanzó y nuestros buques y fuertes rompieron nuevamente
sus fuegos contra la nave enemiga.
De
nuevo el Huáscar tomó la precaución de alejarse hasta ser imposible todo
combate. Eran las 5¼.
El
número de cañonazos disparados por el Huáscar sobre nuestros buques y baterías
ascendió a 28 y los nuestros a 97.
Dos
de las granadas disparadas por el enemigo dieron en el Abtao, ocasionan do las
bajas de los gloriosos muertos cuyos nombres daremos a conocer más adelante.
Los
heridos de la gloriosa nave fueron desembarcados con el mar muy agitado y
durante lo más recio del combate, comisión que fue desempeñada con patriótica
abnegación por los señores don Benjamín Fariña Espejo, hoy capitán de puerto,
don Marcial Gatica y don José Ramón Silva, Comandante del Resguardo.
En
tierra no hubo desgracia alguna.
La
población tampoco sufrió con los proyectiles del enemigo.
Ni
la Magallanes ni los transportes anclados en la bahía sufrieron nada.
Con
las solemnidades a que eran acreedores fueron inhumados los restos de los nueve
combatientes que sucumbieron a bordo del Abtao.
La
ceremonia fue tierna y conmovedora.
Hicieron
los honores de ordenanza un piquete de cada cuerpo del ejército.
Para
honrar la memoria de los que sacrificaron su vida combatiendo por la patria se
celebraron unos suntuosos funerales el 3 de septiembre.
A
ese acto concurrieron al templo los compañeros de los finados, numerosos
militares del ejército y un considerable número de paisanos, todos actores y
testigos del combate contra el monitor peruano.
Antofagasta
entero, representado en todas sus clases y jerarquías sociales, se apresuró a
renovar sus juramentos de guerra al enemigo traidor, tomando como testigos de
su resolución para combatir hasta el último extremo, los manes de esos
valientes. Ese juramento ha sido fielmente cumplido en Angamos, San Francisco,
Tarapacá, Iquique, Ángeles, Tacna y Arica, que simbolizan las más gloriosas
epopeyas de la patria.
Esas
muertes no fueron prematuras para que las lloremos con ánimo afligido. El
hombre debe sucumbir aunque sea en su primera juventud cuando realiza un acto
de verdadera abnegación y ninguno hay más sorprendente que combatir por la
patria, como lo verificaron los que dieron el último suspiro a bordo del Abtao.
Esos gloriosos difuntos cuyos nombres son:
-
Ingeniero 1º, don Juan Mary
-
Capitán de altos, Pedro Escanilla
-
Marinero 1º, Antonio Villarreal
-
Fogonero 2º, Samuel Bálsena
-
Fogonero 2º, Augusto Espinosa
-
Carbonero, Ricardo Briones
-
Grumete, Manuel Hudson
-
Grumete, Pedro N. Contreras
-
Grumete, Juan de Dios Arriagada
si
bien han dejado un vacío en el afecto de sus compatriotas y deudos, viven y
vivirán en el eterno corazón de la patria agradecida, como símbolo de valor, de
lealtad y de deber.
La
austeridad y sencillez del adorno del templo no fue lo que menos llamó la
atención.
El
catafalco se levantó en el medio de la nave principal.
Además
de la concurrencia compuesta de lo más respetable de nuestra sociedad, se vio
allí a los jefes más distinguidos del ejército y los marinos elevando sus
preces al Hacedor Supremo.
En
representación del ejército, según se ordenó en la orden del día, concurrieron
25 hombres al mando de un oficial de cada uno de los regimientos y batallones y
la tripulación del Abtao.
La
oración fúnebre fue encomendada al presbítero Fontecilla.
Así
fue como se cumplió con el deber para con los héroes que combatieron por la
patria sucumbiendo por conservar inmaculada nuestra bandera.
(Editorial
de El Industrial, agosto 27 de 1881)
§28.
Discusión
de la prórroga
Hoy
se está debatiendo en la Cámara de Diputados la solicitud de los salitreros de
Taltal y Aguas Blancas.
Los
datos que nos llegan no pueden ser más satisfactorios.
La
justicia que encierra esa solicitud no ha podido ser desconocida por nuestros
congresales, y ella no tenemos duda será aprobada por una inmensa mayoría.
Tenemos, pues, que tanto el comercio e industriales de Antofagasta y Taltal muy
pronto deben estar de plácemes, lo mismo que los habitantes que viven a la
sombra de esta industria.
Sin
embargo, debemos esperar aún más. Si es verdad que con esta prórroga se
consigue dar vida por algún tiempo más a las salitreras de Aguas Blancas,
también es cierto que mientras no se establezca un impuesto moderado al salitre
que se produzca en este centro industrial, no podrán formarse nuevas empresas
que tienen vasto campo para instalarse y que no sabiendo a qué atenerse
respecto al impuesto, no se atreven a arriesgar capitales sin garantías en el
porvenir.
Ya
que el Congreso se ha compenetrado de la conveniencia de acceder a la solicitud
que hoy se le presenta, un poco más tarde dedicando un corto tiempo al estudio
de esta cuestión, estamos casi seguros que se convencerá de que es equitativo
establecer derechos diferenciales, lo que contribuirá poderosamente al
desarrollo de la riqueza pública.
Hoy
que los hombres de poder han tenido que dedicar todo su tiempo a la política,
puesto que se trataba del cambio presidencial, debemos conformarnos con el
despacho de la prórroga, y continuar trabajando por llevar un caudal de datos
para manifestar la conveniencia de solucionar definitivamente la cuestión de
impuestos, de un modo tal, que todos los que se han ocupado y se ocupen en
adelante de la explotación de esta industria encuentren sus sacrificios
enteramente compensados. No desmayen pues, los industriales en el sentido
indicado y obtendremos el resultado que deseamos.
(Editorial
de El Industrial, agosto 29 de 1881)
§29.
Subdelegación
de Caracoles
Poco
hemos hablado aún sobre el estado de abandono a que tienen entregado los
hombres del poder a los habitantes de este territorio, digno por todos
conceptos de mejor suerte.
Quizá
alguien haya podido tacharnos de ser exagerados en nuestras quejas; tal vez más
de uno habrá podido imaginarse que nuestras jeremiadas eran hijas de alguna
alucinación.
Desgraciadamente
no es así. Tenemos muchas necesidades que llenar, muchas exigencias que
satisfacer.
Nuestra
situación por lo extraordinaria llega a hacerse increíble.
Ni
la luz que nos permite transitar por nuestras calles nos pertenece.
Pero
detengamos nuestra pluma en este punto y llamemos exclusivamente hoy la
atención sobre la subdelegación de Caracoles.
Largos
meses hace que las cuentas de gastos verificadas en el servicio público de esa
localidad duermen el sueño de los justos en el Ministerio del Interior.
En
vano se ha reclamado su pago por diversos órganos.
La
contaduría mayor, el eterno cuco de los empleados públicos, tiene una gran
participación también en la demora de su despacho.
En
todo aquello que puede perjudicar el buen servicio público estamos sometidos a
las leyes patrias y se exigen autorizaciones, decretos especiales, y cuanta
traba es imaginable, sin recordar que atravesamos por una situación enteramente
anómala y excepcional
¿Por
qué se pretende que nuestros empleados de Hacienda sean verdaderas máquinas y
no se les deja resolver muchos asuntos según su buen sentido?
¿Cómo
se pretende obrar de la misma manera en una situación extraordinaria que en una
anormal?
Ayer
publicamos un cuadro que manifestaba los egresos de la subdelegación nombrada,
desde el día de la ocupación hasta el 30 de junio del presente año.
Los
egresos suman la cantidad de $61.611,48 y los ingresos $29.062,87, dejando un
saldo en contra de $32.588,61.
Es
decir, que el fisco ha gastado en el término de 29 meses la suma de $32.588,61
en el servicio de ese importante centro mineral, de la que debe al sub delegado
señor Villegas más de catorce mil pesos, los cuales, como antes hemos dicho no
se sabe aún cuándo serán pagados.
Caracoles,
que durante la administración boliviana era considerado como pueblo de los más
importantes, que tenía por autoridades un subdelegado Prefecto, un juez
instructor, un tribunal de partido, su policía perfectamente arreglada, etc.,
todo lo cual importaba una gruesa suma al Erario Nacional, se encuentra hoy
obligado a vivir de prestado.
Caracoles,
que durante los 29 meses a que hemos hecho referencia ha producido como
cuatrocientos y tantos mil marcos de plata y por consiguiente como doscientos
mil pesos en derechos de exportación; Caracoles, que contribuye al aumento de
las entradas aduaneras con su consumo de mercaderías extranjeras, cantidad que
no nos es posible calcular por el momento.
Caracoles,
mineral del cual tiene aún mucho que esperar el país, se encuentra enteramente
abandonado, y sin el patriotismo y la abnegación de su subdelegado se vería hoy
privado de la policía, alumbrado y demás ramos del servicio público.
No
es posible continuar en tan triste estado por más largo tiempo.
¿Es
justo, es equitativo, es por fin decoroso para el país, que nos encontremos en
situación sumamente más desfavorable que en el régimen anterior?
¿Se
pretende acaso que reneguemos del día en que imperaron en este territorio
nuestras sabias leyes?
¿Por
qué se nos mantiene en condiciones más desfavorables que los pueblos ocupados
militarmente, donde todo es atendido debidamente?
Justo
era guardar silencio cuando esperábamos el fin de la campaña, pero hoy tenemos
derecho de exigir que se nos escuche.
Unas
cuantas horas de trabajo bastan para que nuestras exigencias sean satisfechas.
A la
obra, pues, señores del Ministerio.
Caracoles
espera alguna vez la justicia y atención que se merece.
(Editorial
de El Industrial, agosto 31 de 1881)
§30.
Servicio
público
Poco
a poco nuestros clamores van siendo escuchados por la prensa del sur. Aunque
los grandes diarios de la capital y Valparaíso hayan permanecido sordos a
nuestros llamados, nos consuela que los de provincias se ocupen de nuestra
suerte, de nuestro porvenir.
Poco
nos importa que en vez de reproducir nuestros artículos que, si no son una obra
acabada de composición literaria, expresan con ruda franqueza lo que
necesitamos y lo que hay obligación de suministrarnos, prodigue sus grandes
tijeras para proporcionar a su gran vientre el nutritivo alimento del estado de
nuestra atmósfera, de la braveza de nuestra bahía, de la riña de dos de
nuestros habitantes, etcétera.
Todo
ello poco nos significa. Estamos dispuestos a no cansarnos en la pesada tarea
que hemos emprendido y no nos cansaremos.
Día
a día la luz se irá haciendo y por fin tendremos la satisfacción de que se nos
oiga.
Y
tenemos esta fe, porque no pedimos si no lo estrictamente justo.
Hace
dos días hablábamos de la negligencia y mala voluntad que ha habido para
atender al servicio público de Caracoles, el cual habría terminado mucho tiempo
sin la abnegación de su subdelegado.
Hoy
tenemos que acordarnos de nosotros, y examinar cómo este servicio ha sido
atendido en Antofagasta.
Si
es verdad que se nombró una comisión de alcaldes para atender al servicio
municipal, también es cierto que habiéndose puesto este territorio bajo el
imperio de las leyes chilenas, cesaron de cobrarse las contribuciones con que
durante el régimen anterior se cubrían los gastos de la localidad.
Comprendiéndose
que no se podía marchar de esta manera, la junta de alcaldes, a la cual se ha
tachado injustamente de negligente, dirigió diversos memoriales al supremo
gobierno, ya para que las propiedades y rentas de la municipalidad anterior se
le adjudicasen, ya estableciendo contribuciones equitativas que pudiesen bastar
para el servicio público.
Como
ha sucedido en todo, el supremo gobierno, inexorable, no ha resuelto ninguno de
los asuntos sometidos a su consideración.
Sin
rentas propias, se ha necesitado de una fuerza de voluntad inquebrantable y una
economía la más estricta, para poder llegar hasta hoy haciendo frente a
nuestras necesidades. Mas ya este estado de cosas se hace insostenible. La caja
municipal se encuentra en bancarrota. La paciencia de los acreedores ha
terminado. La comisión de alcaldes ha resuelto convocar al vecindario
solicitando que voluntariamente se obligue a mantener una de las exigencias más
necesarias, como es el alumbrado público, pues no hay con qué pagarlo. Y muy
pronto quizá tendrá que apelar también a él pidiéndole que pague la policía
urbana.
Y si
el vecindario que no ha visto satisfechas ninguna de sus justas aspiraciones se
niega, tendremos que vernos obligados a colocar un farol en la puerta de
nuestra casa, y armarnos de un revólver paras asegurar nuestra vida, y quizá
emigrar, pues no habiendo policía de aseo es más que seguro que en el verano se
desarrolle alguna epidemia.
¿Y
podemos con calma mirar el porvenir que nos espera?
¿Se
pretende todavía que guardemos silencio?
Antofagasta,
que produce más de millón y medio de pesos anuales, y al cual ahora mismo matan
en el seno del Congreso ¿es posible que se encuentre tan abandonado que no
tenga ni con qué pagar el servicio de la localidad?
Y
mientras tenemos que soportar este lamentable estado de cosas, en el Congreso
se ocupan de crear provincias en el sur, y no se acuerdan de despachar asuntos
tan sencillos y que importan la vida de infinidad de ciudadanos, los que tienen
más derechos que los demás para ser oídos y atendidos.
Volvemos
a repetir, estamos ya hartos de sufrir y tenemos hambre y sed de justicia.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 2 de 1881)
§31.
Cuestión
de impuestos
Las
noticias que nos llegan del sur no pueden ser más desconsoladoras para los que
esperaban justicia y equidad del Congreso Nacional.
Los
representantes del país no han querido estudiar tan grave cuestión, a la vista
de documentos que comprueban la verdad de las aseveraciones que contenía la
solicitud de los salitreros de Aguas Blancas y Taltal.
No
han querido o no quieren convencerse del inmenso error económico en que
incurren, al decretar la muerte de esta industria en estas regiones.
¡Por
favorecer a unos no se debe perjudicar a otros!, exclama un diputado en el seno
de la representación nacional; y nosotros decimos ¡por perjudicar a unos y con
detrimento grave del Erario Nacional y de infinidad de pobladores, no debe
favorecerse a otros!
Tal
es la lógica de semejante argumentación.
¿Se
reunirá el Congreso Nacional para solucionar este grave asunto?
Se
quiere hacer apurar poco a poco las heces de la amargura, a los que ven su
porvenir enteramente perdido, a los que confiados en la palabra honrada de un
gobierno se lanzaron en estas empresas.
Se
pretende agregar a los perjuicios que trae positivamente la delegación de la
solicitud, los que se originan del estado de incertidumbre en que ha dejado a
los salitreros, el hecho de cerrarse el Congreso sin resolver nada
definitivamente.
¿No
se piensa acaso en los graves inconvenientes que trae el estado incierto en que
se encuentran actualmente estos industriales?
Es
preciso terminar esta cuestión; y si la inequidad se ha de llevar a efecto, que
se consuma lo más antes posible.
Muy
oportunos han andado los salitreros de Aguas Blancas al dirigir a S.E. el
Presidente por cable la siguiente solicitud.
Antofagasta,
septiembre 5 de 1881
Excelentísimo
señor Presidente de la República.
Santiago.
La
circunstancia de que en seis días más termina la prórroga de exención de
derechos sobre salitres de Aguas Blancas, nos tiene colocados en una condición
de incertidumbre muy crítica y alarmante por no haber el soberano Congreso
acordado solución alguna a la petición que le tenemos elevada.
Como
la continuación o suspensión de nuestros trabajos pende de aquella solución,
rogamos encarecidamente a V.E. se sirva incluir entre los asuntos de que de be
ocuparse el Congreso en sus sesiones extraordinarias, la solicitud de nuestra
referencia.
Los
perjuicios que deseamos evitarnos serán mayores a medida que vaya prolongándose
el tiempo en que el Congreso resuelva esta cuestión.
En
vista de esto es que nos apresuramos a invocar la atención de V.E. para obtener
cuanto antes dicha resolución.
Salitreros
de Aguas Blancas
Al
mismo tiempo han dirigido al señor Santa María, al elegido por el voto casi
unánime del país, este otro cablegrama:
Antofagasta,
septiembre 5 de 1881
Señor
Domingo Santa María.
Santiago.
Los
suscritos salitreros de Aguas Blancas ruegan a usted se sirva interponer su
influencia ante S. E. el Presidente de la República para que se incluya en los
asuntos del Congreso extraordinario nuestra solicitud pendiente.
Necesitamos,
señor, cuanto antes la solución de nuestra solicitud, para suspender o
continuar nuestros trabajos, porque en caso adverso la continuación de ellos
duplicará nuestros perjuicios.
Esperando
que acceda benévolamente a este pedido, saludan a usted respetuosamente.
Salitreros
de Aguas Blancas
¿Se
atenderá a esta solicitud?
¡Dios
lo quiera!
Y
quiera también que a última hora, pensando nuestros representantes en el bien
entendido interés del país, despachen favorablemente la solicitud cuya
resolución ha quedado pendiente.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 5 de 1881)
§32.
El
impuesto al salitre
Hoy,
que en el seno de la Cámara de Diputados no han faltado representantes que
tomando el trabajo de estudiar esta cuestión, han levantado su voz para hacer
conocer la justicia que asiste a los industriales de Taltal y Aguas Blancas al
presentar su solicitud de prórroga, haciendo conocer que la fe y la palabra del
gobierno se encuentran empeñadas, por las promesas que les hizo antes de
plantear sus establecimientos, no estará de más hacer conocer otros
antecedentes que quizá se encuentran relegados al olvido.
Nos
referimos a la conciencia que todos abrigaban respecto a las concesiones que el
gobierno haría a una industria que iba a implantarse en su suelo, trayendo
bienes positivos a la nación.
No
se ignora de ninguna manera el estado de crisis por que atravesaba Chile el año
1876, cuando el senador don José Victorino Lastarria presentó al Senado el
proyecto que ya hemos publicado, mereciendo la aprobación de este alto poder
del Estado. Todos también saben que cuando este distinguido hombre de Estado
subió al Ministerio, envió a bordo del Abtao una comisión científica para
estudiar la manera de comunicar nuestra costa con las salitreras del interior,
y que esto dio motivo a la apertura del puerto Blanco Encalada.
Ahora
nos permitimos transcribir parte de un editorial de El Caracolino, diario
boliviano de fecha 22 de noviembre de 1876, que refiriéndose a estos trabajos
decía:
"El
desierto acaba de ser vencido en uno de sus últimos atrincheramientos, pues de
aquí en adelante el grado 25, sobre todo su parte sur y la parte norte del
grado 26, no podrán escapar a las exploraciones y luego sin duda, a la
explotación de sus riquezas.
Y
que la existencia de esas riquezas es un hecho, casi no es permitido dudarlo;
ahí están las salitreras del señor don Emeterio Moreno descubiertas con
anticipación; ahí están nuevos lechos salitreros cuatro leguas más al sur y que
han dado lugar ya a cerca de veinte pedimentos presentados al Consulado de
Chile para obtener el cargo del que se deduce la prioridad de los denuncios;
ahí están, según se nos asegura, otros depósitos situados más a la costa y cuyo
descubridor no ha creído aún conveniente señalar al capital y a la
especulación, pero que pronto, según entendemos, vendrá a aumentar el caudal de
los descubrimientos que hasta ahora se han ocultado.
Y si
tomamos en consideración las salitreras encontradas cerca de Chañaral y las que
se dice haber hallado al este de Taltal, por cierto que, lejos de ser
aventurada la idea de una solución de continuidad de una capa de esa sustancia
en todo el desierto, la lógica lo afirma dentro de la razón y también de la
experiencia.
Ahora,
en cuanto a minerales, sabido es que ellos existen, en plata, cobre y galenas
argentíferas en la parte norte del grado 25, semi explorado y que no hay
razonablemente motivo de pensar que en la parte sur inexplorada no las
contenga, desde que se sabe que en Paposo y Taltal los filones de cobre, sobre
todo, se hallan en gran abundancia y ricos en potencia y en ley.
El
desierto, pues, viene a colaborar con el ministro de Hacienda chileno y a
ofrecerse como un elemento virtual de destrucción de las causas originales que
han producido la crisis comercial y los embarazos del erario, en otros
términos, el grado 25 se ofrece para restablecer el equilibrio entre la
producción y el consumo.
La
cuestión es sólo de tiempo.
Pero
si tomamos en consideración la buena voluntad del gobierno de abrir un ancho
cauce de garantías a la industria minera de esa parte del desierto, su deseo
formulado en un proyecto de ley de uno de los Ministros más autorizados, de
proveer gratuitamente de agua a los pobladores, de abrir vías de comunicación
al interior, de liberar de todo gravamen –pues que cinco centavos por quintal,
y a beneficio de la municipalidad son insignificantes– los productos de la
minería, por demás es prever la suma de actividades que deberán desarrollarse
bajo la influencia de ese inteligente celo y la suma de confianza que
disposiciones tan acertadas y liberales inspiran al capital bajo todas sus
formas, esto es, a los escudos y al trabajo material e intelectual.
He
aquí una nueva prueba y una prueba elocuentísima de que los hombres, cual quiera que sea su capacidad, no pueden
someter las leyes económicas a sus caprichos o a las existencias de necesidades
que los engañan, conduciéndolos fuera de los rieles por donde, locomotores
inteligentes y previsores, deberían conducir el tren que lleva el porvenir de
una nación.
El
gobierno de Perú, en efecto, creyó de buena fe hallar en el estanco del salitre
de Tarapacá, y luego en un monopolio mal disimulado, la salvación de la
situación y sobre todo del erario, olvidándose que todo monopolio mata la
producción libre, única fuente de donde mana la prosperidad de una nación y por
tanto la mayor riqueza del erario, y olvidándose ante todo de que la
competencia que se quería destruir, en obsequio del mayor valor del producto,
debía al contrario nacer de los efectos del monopolio, siempre que ese aumento
de precio viniera a habilitar productos heridos de impotencia por la libre
producción. Esto es lo que debía natural y lógicamente suceder, puesto que
aumentar el valor de los productos ricos es aumentar también el valor de los
productos pobres, y habilitar para la competencia los que en tiempo de
producciones normales se hallasen reducidos a figurar negativamente.
Las
leyes económicas son inexorables, el error no halla ante ellas absolución ni la
menor tolerancia; ellas conducen a todas las naciones y a todos los intereses
por el mismo camino y arrojan fuera de la vía a todo lo que se opone a su
marcha.
A
las medidas tomadas por el gobierno de Perú sobre las salitreras de Tarapacá y
a su intervención disfrazada en las salitreras del Toco para limitar la
producción, deberá Chile el valor que vienen a tener hoy sus depósitos más
pobres de salitres, a ellas deberá en parte el interés que el minero ha tenido
para descubrir nuevos lechos de esa sustancia y, lo que es peor todavía, para
el monopolio peruano, lechos de salitres que en todo tiempo quizá podrán
desafiar los productos de Perú en los mercados extranjeros.
Triste,
pero lógico resultado de todo monopolio".
Por
otra parte, El Litoral, otro diario boliviano con fecha 7 de enero de 1879, es
decir, pocos días antes de la ocupación de este territorio por nuestras armas,
se expresaba de la siguiente manera refiriéndose a la implantación de trabajos
en Aguas Blancas:
"Los
empresarios han hecho llevar ya algunos calderos y demás útiles, para dar
principio a la elaboración, y esperamos que bien pronto el salitre de Aguas
Blancas nos muestre la realidad de aquella riqueza, en la que hasta hoy pocos
han creído. Antofagasta no puede menos que recibir los mejores impulsos de
progreso, adelanto y bienestar si la empresa de Aguas Blancas llega a
desarrollarse como lo creemos; porque además de ser éste el puerto que más
ventajas ofrece a la exportación de aquellos salitres, ellos tienen que darse
salida por aquí, animados además con las franquicias que las leyes de nuestro
país les ofrecen, librándolos de todo derecho de exportación y tránsito.
Ya
que el mineral de Caracoles se encuentra en un estado tan decadente, y que las
infinitas minas de cobre que hay en toda nuestra cordillera no pueden
trabajarse con éxito, necesario e indispensable es, pues, para la vida de estas
poblaciones, que una industrias nueva venga a sustentarlas, dándoles trabajo y
animación siquiera mientras pasa la crisis; hasta la perseverancia en caso
contrario cuando todas las industria decaen a la vez, es imposible. Ojalá pues
la industria salitrera desarrollada en su más vasta escala, sea la que sostenga
y vivifique el espíritu de trabajo e industria de las poblaciones de nuestra
costa".
Después
de lo que se acaba de leer, nos permitimos preguntar: ¿tenían o no derecho los
industriales para creerse enteramente garantidos, cuando se lanzaron en la gran
empresa de producir salitre en Aguas Blancas, venciendo dificultades sin
cuento, por medio de la constancia y de los inmensos capitales invertidos?
(Editorial
de El Industrial, septiembre 6 de 1881)
§33.
Recapacitemos
Cuando
se debaten cuestiones de gran significación para el porvenir industrial del
país, se hace necesario recapacitar y no precipitarse para alabar o reprobar la
conducta de los altos poderes del Estado.
Hemos
sido de los primeros en manifestar y dar a conocer documentos que comprometen
la buena fe y palabra del gobierno de Chile, para solucionar la cuestión de los
impuestos de una manera favorable para los intereses que se encuentran
radicados en Aguas Blancas y Taltal.
Hemos
dejado probado que la prórroga es equitativa, justa y hasta cierto punto
indispensable.
Hemos
indicado que terminada la prórroga a que hemos hecho referencia, deben
establecerse los derechos tomando en cuenta la situación económica de cada zona
salitrera, zonas que están perfectamente diseñadas por la nacionalidad que
tenían antes de la guerra.
Por
fin, hemos evidenciado la necesidad de estudiar por una comisión este estado de
cosas para darle una solución que haga que todas estas industrias vivan y den
impulso a nuestra riqueza pública.
Si
la política ha impulsado al actual Presidente de la República a dejar a los
salitreros en la más cruel de las incertidumbres, justo es esperar que el señor
Santa María no mantenga este statu quo por largo tiempo, y satisfaga las
exigencias de los industriales de una manera equitativa para ellos y para el
país.
En
el seno del Congreso mismo se han levantado impugnadores a la solicitud en
debate, impugnadores que reconocen la equidad en la rebaja del impuesto.
Y
recapacitando, y estudiando este asunto con toda calma, preguntamos: ¿no sería
quizá más conveniente que el Congreso se pronunciase desde luego en el sentido
de los derechos diferenciales, es decir, atendiéndose a la situación económica
de cada sección, y fijase un impuesto que todos pudiesen soportar?
¿No
se tendría de esta manera un porvenir enteramente demarcado que permitiese el
incremento de esta industria viniendo nuevas empresas a fomentarla?
Pensamos
que la prórroga de Aguas Blancas y Taltal por lo menos debe extenderse hasta el
día que el Congreso sancione una ley en el sentido que hemos indicado.
Y
creemos que de esta manera se llega sin perjudicar a nadie a salvar una
situación en la cual hay tantos intereses comprometidos, y de la que depende el
por venir de pueblos que se han levantado y viven de esta industria.
El
gobierno por otra parte debe tener en cuenta los derechos adquiridos por los
salitreros de Antofagasta y Taltal, para resolver esta grave cuestión en un
sentido como el que indicamos.
El
señor Santa María, que tantas pruebas ha dado en su vida pública de su
sagacidad y tino político, esperamos confiadamente que aspirará a satisfacer
estas exigencias que no son otra cosa que las del país.
Luchemos
por conseguir este resultado. No desmayemos. Llevemos nuestro contingente de
datos y observaciones, y la justicia que nos asiste brillará en el seno de la
representación nacional.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 9 de 1881)
§34.
Las
contemplaciones
Los
acontecimientos que se desarrollan actualmente en Perú manifiestan
evidentemente que el sistema de las contemplaciones observado en la presente
guerra puede conducirnos a un verdadero precipicio.
La
guerra lleva envuelta en sí misma la guerra a la civilización, y será tanto
menos duradera cuanto más se le imprima el carácter de barbarie.
Desde
el inicio de la lucha en que nos vemos envueltos; desde el mismo día de la
ocupación de este puerto por nuestras armas, se pudo notar el espíritu
quijotesco que debíamos desarrollar en el curso de la campaña.
Se
pretendió por el jefe de la plaza que las fuerzas bolivianas saliesen con sus
armas en dirección a Cobija, y el jefe de nuestras fuerzas habría accedido a
tan exagerada pretensión si no se le observa los males que podría traer esta
condescendencia. ¡Quién sabe cuántas vidas más habría costado la toma de
Calama!
¿Y
qué otra cosa ha pasado en Moquegua, Tacna y Lima?
¿No
hemos proporcionado a Piérola todos los elementos de guerra que ha necesitado
para organizarse debidamente? En lugar de traer los prisioneros a Talcahuano
para utilizar sus trabajos en obras públicas, ¿no los hemos puesto en libertad
en número crecido sirviendo todos esos soldados para formar los cuadros del
nuevo ejército peruano?
Se
ha tenido la candidez de creer que nuestros indignos enemigos podían tener la
fe del caballero para no tomar parte en la contienda, y los ejemplos de Suárez,
Murguía y otros vienen a echar por tierra semejante creencia.
Hoy
mismo la traición peruana se encuentra de manifiesto. Los rifles y cañones
encontrados demuestran claramente que a la sombra del ridículo gobierno de
García Calderón se ha estado traicionando a nuestro gobierno, y quizá
preparando un golpe de mano sobre nuestro ejército.
¿Quién
nos asegura que ese gobierno no haya estado de acuerdo en todo y por todo con
Montero y Piérola, y que este fantasmón debía desaparecer en el momento que
éstos los quisieren?
¿Quién
nos garantiza que las deserciones de las fuerzas llamadas constitucionales no
sean todas obra de combinación de Piérola y Calderón?
¡Basta,
pues, de contemplaciones!
Hagamos
la guerra, y habiendo sabido aprender por la experiencia adquirida la clase de
enemigos con que tratamos, hagámosla de forma enérgica, de tal manera que los
aliados se vean obligados a implorar nuestra clemencia.
De
otra manera esta contienda puede tomar proporciones que quizá no calculamos.
Obliguemos por medio del rigor a hacer que el enemigo solicite e implore la
paz.
Si
para esto es necesario ir a Arequipa, vamos allá. Si es necesario ir a La Paz y
al Cuzco, dirijamos nuestras legiones en ese sentido, y hagamos nuevamente
aprender a nuestros enemigos la pujanza de los que anidan en su seno un corazón
chileno.
La
cuestión es que la guerra termine pronto y para ello es necesario aniquilar al
enemigo.
¡Nada
de debilidades ni condescendencias!
¡Basta
ya de contemplaciones!
(Editorial
de El Industrial, septiembre 14 de 1881)
§35.
18
de septiembre
El
mundo de Colón contempla hoy con asombro el progreso alcanzado por nuestra
patria en tan cortos años de existencia política.
La
pobre colonia de 1810, mediante un trabajo constante y de una labor asidua, ha
podido hacer frente a todas las contrariedades y alzarse potente y viril, cuan
do dos naciones tituladas hermanas trataron de infringir un pacto sagrado.
Las
artimañas de los cobardes han tenido que estrellarse contra el muro de acero
con que se escudan los hombres de valor y de patriotismo.
Si
la lucha para garantizar a Chile su existencia política fue larga, costándonos
grandes sacrificios pues luchábamos con un pueblo poderoso y valiente, la
guerra a que hemos sido provocados ha venido a manifestar que las esperanzas y
propósitos que se propusieron esos grandes hombres han sido realizados, y que
las labores de la paz y la estabilidad de las instituciones hacen a los pueblos
grandes y felices.
Hoy
el orbe entero no sólo nos conoce sino que nos admira y aplaude.
Las
glorias de nuestros actuales guerreros iniciadas con el sublime sacrificio de
Arturo Prat corresponden a toda la humanidad.
Cuando
las generaciones que nos sucedan puedan por un momento sentir debilitado su
espíritu para defender sus derechos de nación, tomarán ejemplo de las acciones
heroicas de nuestros antepasados, que han visto reproducidas en la lucha
presente. Nobleza obliga. Los laureles de la victoria que coronaron a nuestro
pabellón en la campaña de 1810 a 1825 han revivido igualmente gloriosos en la
empresa colosal de 1879 a 1881.
Lo
que no pudimos obtener de nuestros aleves enemigos por medio de la razón nos
hemos visto obligados a imponerlo por medio de la fuerza.
Nuestro
invicto ejército, después de encontrar en cada campo de batalla una espléndida
victoria, vivaquea hoy en la ciudad de los reyes y es dueño de la suerte de
Perú.
La
(sic) doblez y felonía peruanas han tenido su merecido.
Pronto,
muy pronto, nuestros enemigos se verán obligados a aceptar las condiciones de
paz que nuestros sacrificios exigen.
El
tiempo de las condescendencias y contemplaciones ha pasado.
Hoy,
en medio de la alegría general, se hace cargo de la magistratura de la
república el elegido por la voluntad espontánea del país, don Domingo Santa
María, hombre de trabajo y de acción, que ha tomado una parte activa en la
guerra presente y que sabrá llevarnos a la solución que conviene a nuestros
intereses.
Al
mismo tiempo atenderá al progreso del país, tratando de consolidar la obra
emprendida por su antecesor.
Este
territorio, que desde el primer momento de la titánica lucha fue incorporado a
la república, hoy abre sus brazos a la esperanza, teniendo fe en que el nuevo
Mandatario se ocupará en organizarlo como merece, dando al mismo tiempo
franquicias a la industria y protegiendo el desarrollo del comercio.
A
los momentos de desaliento y de desesperación por que hemos tenido la desgracia
de atravesar deben suceder los de la convicción de que el nuevo mandatario, que
hoy es aclamado con alborozo en la capital, nos mirará benignamente, y pensando
en nuestro porvenir hará justicia a nuestros deseos y a nuestras esperanzas.
Tengamos
fe y confiemos.
Deber
nuestro es saludar el aniversario de nuestra independencia con toda la alegría
de pechos republicanos que saben respetar y hacerse respetar cuando es
necesario.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 18 de 1881)
§36.
¿Qué
ha sido Antofagasta? ¿Qué es? ¿Qué puede ser?
He
aquí cuestiones que si fueran estudiadas con la detención que merecen, por las
personas que tienen sobre sus hombros los destinos de este territorio,
Antofagasta llegaría a ser casi semejante a Valparaíso.
Hace
once años que este puerto era el más solitario desierto. La planta del hombre
era hasta cierto punto desconocida. Apenas se notaba la débil huella que dejaba
uno que otro intrépido minero, que venía a disfrutar esta naturaleza muda y
dormida como en sueño eterno. Pero todavía el osado Díaz Gana y el no menos
denodado don José Santos Ossa, anunciaron que allí en sierras distantes había
minerales ricos de plata y detrás de estos cerros los nitratos esperaban la
mano del hombre para formar una industria, cuando el nombre de Antofagasta
apareció para los hombres de trabajo, como en otros tiempos aparecieran Perú,
Potosí, California. Todos los ojos de tres naciones tendieron sus miradas hacia
estas regiones y en poco tiempo disputaban, los hombres de diversas
nacionalidades, los abundantes yacimientos que pródiga la naturaleza ha
depositado en el interior.
Empezaron
las faenas. El pujante barretero hizo resonar el combo sobre el barreno que
sacaba plata donde quiera que fuese clavado; más allá el industrial cambiaba al
minero los ricos minerales que sacaba, ya por mil variadas mercancías; acuyá,
el calderero montaba maquinarias para el beneficio del salitre y en este puerto
el artesano levantaba tiendas en una parte y, en otras, se dedicaba a los mil
quehaceres que trae consigo la vida de un pueblo rico y civilizado.
En
breve Antofagasta se encontró pobladísimo, con un comercio que aventajaba en
mucho a sus vecinos más antiguos. En una palabra, Antofagasta no tuvo infancia:
nació grande y cada día crecía más como empujada por el vapor y la
electricidad. Así pasó algunos años. Vinieron las intrigas, nacidas ya de
algunos despechados de la fortuna, ya por otros chasqueados en las
negociaciones; y ya, por fin, y era lo principal, por un pésimo régimen
administrativo.
Antofagasta
empezó a decaer; el virus de la desconfianza se impregnó en los capitales, y
éstos, ariscos a las epidemias monetarias, huyeron, quedando uno que otro
atrevido emprendedor.
Apareció
la crisis. Pero sus hijos adoptivos que valientes y denodados habían sabido
lidiar con las penurias del desierto y con cuanto terrible elemento ha creado
la naturaleza, no desmayaron por esto, y en guerra defensiva se mantuvieron
aquí impávidos, sin dejar de buscar el remedio al mal en otra parte.
En
este estado Bolivia, perezosa por naturaleza, creó envidia por la constancia
que los hijos de Chile desplegaron aun en tiempo de crisis; y, creyendo sin
duda que no les convenía tener a sus puertas hombres de este temple, pensó en
matar de un golpe la industria.
De
este conflicto nació el impuesto de los diez centavos, impuesto que apareció
como el lobo bajo la piel del manso cordero. Chile, que había cedido a Bolivia
este territorio nada más que por vivir tranquilo en el trabajo y por no
aparecer ambicioso, le puso, sin embargo, la condición de que dejara vivir las
industrias sin más gravámenes que los que hasta esa fecha tenían; y como viere
que Bolivia faltase, recuperó lo suyo y castigó la perfidia.
Antofagasta
tuvo días de goce. La confianza volvió a los ánimos y los capitales poco a poco
fueron apareciendo. Este puerto iba a encumbrarse a igual altura que sus
hermanos más grandes. En poco tiempo las caravanas de cateadores se sucedieron,
los hallazgos no se hicieron esperar y la industria salitrera apareció grande,
poderosa. Los buques de vela y vapores que hacían el tráfico al norte se
hicieron pocos para conducir la abundante carga que este puerto producía.
Este
nuevo empuje de la industria hizo crecer aún más la población de Antofagasta.
En este estado de cosas nace una fantasma, y con su anuncio sólo eclipsó el Sol
a cuyo abrigo estaba viviendo la industria naciente. Los capitales se fugan, y
oficina por oficina empiezan a agonizar.
Había
nacido el impuesto.
Llega,
por fin, el once de septiembre, y el bullicio, el movimiento y la esperanza
desaparecen.
Antofagasta
está triste, cual una familia en días de duelo.
Los
pobladores desaparecen y los vapores son ya pocos para contener a los
emigrantes que huyen despavoridos antes que el hambre y la desolación vengan a
acosarlos.
Hasta
aquí tenemos lo que ha sido y lo que es el pueblo de Antofagasta. Veamos qué
puede ser. Este territorio ha vivido por el salitre y por las minas. Minas y
salitres existentes en abundancia. ¿Y por qué no siguen viviendo? La solución
es muy fácil.
–
Caracoles fue desacreditado cuando apenas se estaba formando, y por esto no
llegaron nuevos capitales a dar impulso a la minería; faltándole el impulso la
industria decayó y en este estado se encuentra hoy.
–
Sin embargo, la constancia de algunos mineros que trabajaban una que otra mina
que en los primeros momentos sólo se picaban, ha sido premiado con bastante
usura. Si a Caracoles vinieran capitales el minero se levantaría grande y
opulento; preciso es comprender que sólo ha sido cavado por encima.
Por
otra parte, si el gobierno fijase su atención en este territorio; si protegiese
de algún modo la industria minera dando franquicias y reformando alguno de los
artículos del código del ramo; si gravara los salitres con un impuesto moderado
y de una manera estable y duradera, Antofagasta y sus dependencias serían para
Chile un manantial perenne de riqueza y una fuente inagotable de entradas que
serviría para elevar más y más el engrandecimiento de nuestra patria.
Muchos
creemos, confiados en la cordura que ha guiado siempre a nuestros hombres de
estado, que pronto debe terminar este estado de cosas, para dar lugar a una
nueva era de progreso y de prosperidad. La guerra ha absorbido al gobierno todo
en su tiempo y es por ello que le disculpamos hasta hoy; pero si el remedio no
viene pronto, entonces encontraremos justas las quejas que se levantan.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 27 de 1881)
§37.
Lo
que debemos esperar
Con
grata complacencia ha sido recibida en todo el país la noticia de haber asumido
el mando presidencial el eminente magistrado don Domingo Santa María. Su primer
acto en la administración pública, la elección de gobierno, da a conocer
manifiestamente los elevados propósitos que le animan y la marcha liberal y
progresiva que seguirá en la dirección de los asuntos gubernativos.
Conocedor
de los hombres y de la política del país, el señor Santa María se ha rodeado de
las personas más competentes en cada una de las ramas de administración que en
la formación del Ministerio les ha correspondido, nombrando como Secretario de
Estado al laborioso e inteligente ciudadano, y que por tantos títulos se ha
hecho digno de la gratitud nacional, don José Francisco Vergara.
Los
nombres de Santa María y Vergara significan para Chile libertad, progreso y
patriotismo probados, y ahora más que nunca necesita el país de sabios
mandatarios para dar solución a las grandes cuestiones que se presentan y
aprovechar los beneficios que nos ofrece la adquisición de los territorios
ganados al precio de la sangre y del valor chilenos.
Antofagasta,
sitio de las primeras glorias de nuestro ejército y armada y donde se abrió la
primera página de la grandiosa epopeya de 1879, tiene más derecho que ningún
otro de los territorios adquiridos a las atenciones y al decidido apoyo del
supremo gobierno.
Muy
pronto abrirá sus sesiones el Congreso y es de suponer que en sus tareas se dé
una atención preferente al establecimiento bajo bases sólidas y estables de la
administración civil y judicial en estos territorios, haciendo cesar las
anomalías existentes y las competencias que en el estado actual se originan.
Multitud
de proyectos cuya aprobación es de estricta necesidad y relativos a mejoras en
nuestra administración, han sido elevados al conocimiento del supremo gobierno
por las autoridades de este pueblo, y debemos abrigar la confianza de que ellos
serán tomados en consideración y llevados a efecto tan pronto como sea posible,
atendidos el celo y laboriosidad de nuestros actuales mandatarios.
El
principal de los proyectos, cuya realización esperamos, es la creación en
provincia del territorio comprendido entre los grados 22 y 24, respecto del
cual se han pedido los datos convenientes y se ha hecho la demarcación de los
departamentos, señalándose como capital de ellos a Antofagasta y teniendo el
mismo nombre la provincia.
Realizado
el proyecto, reportará a este territorio inmensas ventajas.
Antofagasta
como provincia adquirirá suma importancia y, establecida su autonomía, se
deslindarán las atribuciones que corresponden a cada una de sus autoridades y
se consolidará eficazmente y para siempre el imperio de nuestras leyes.
Si
hoy carece de rentas municipales y no le es posible atender siquiera a las más
primordiales necesidades del servicio público, su situación cambiará en ese
sentido. Se podrán establecer las construcciones de alumbrado y sereno y demás
municipalidades que formarán el tesoro municipal, que hoy no existe, y con el
que se atenderá a las necesidades generales de la ciudad y demás concernientes.
Muchas otras consideraciones podríamos aducir a ese respecto, como asimismo con
relación a los beneficios que nos traerá la aprobación de los demás proyectos
que penden del conocimiento del gobierno; pero creemos inútil entrar en
detalles hallándonos todos convencidos de su importancia y del deseo de que
sean pronto llevados a término por el cuerpo legislativo.
El
nuevo Presidente y el señor Vergara, que han podido apreciar personalmente la
necesidad de una reglamentación administrativa en estos territorios, y el
provecho que reportaría a Chile el mejoramiento económico y comercial de estos
centros de trabajo y de riqueza futura, serán los primeros, lo esperamos, en
hacerse cargo de nuestras pretensiones convirtiendo nuestros deseos en sabias y
provechosas leyes. Tengamos, pues, plena confianza en que el nuevo período
gubernativo será de progreso y libertad para el país y de que se realizarán muy
en breve nuestras legítimas aspiraciones.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 28 de 1881)
§38.
Representación
en el Congreso
Mucho
hemos insistido sobre la manera que ha tenido el supremo gobierno para tratar
todos los asuntos que conciernen a este territorio, haciendo notar que hemos
sido recordados para todo aquello que significa gabelas, dificultades para el
desarrollo de la industria, impedimentos para todo lo que puede propender al
progreso de estas localidades, y jamás se nos ha tenido presentes para
concedernos ni lo que tienen y de lo que gozan los demás pueblos de la
república.
Pesan
sobre nosotros todas las contribuciones que mandan nuestras leyes, y hasta este
momento no se ha pensado siquiera en concedernos la representación en el
Congreso, que ningún pueblo necesita más que Antofagasta, abandonado a su
propia suerte desde hace tanto tiempo.
Justo
era guardar silencio cuando veíamos al gobierno ocupado de asuntos de los
cuales dependía nuestro porvenir; mas hoy tenemos derecho a exigir que se nos
atienda y que se dé lugar a nuestras justas exigencias.
Insistir
nuevamente sobre la conveniencia y necesidad en que nos encontramos de ser
representados en el Congreso Nacional sería una tarea enteramente inútil desde
que ésta se halla en la conciencia de todos los habitantes de este litoral, y
aun creemos que ante los hombres de gobierno.
Toda
la cuestión está basada en que el ministro del Interior señor Vergara presente
un proyecto en este sentido, para que el Congreso se apresure a prestar su
aprobación.
Al
pedir lo que dejamos expuesto vamos en muy buena compañía. La opinión del
actual Presidente de la República nos acompaña.
El señor Santa María, en una conferencia que
tuvo en este puerto con algunos vecinos respetables que reclamaron sobre la
imposición en este territorio de la contribución de patentes y mobiliaria,
manifestó en 1879 que mientras este litoral no estuviese incorporado legalmente
a la república, para lo cual era necesario llegar a un tratado de paz, no
debían cobrarse esas contribuciones.
Hoy
uno de los primeros actos de su administración que se refiere a este
departamento ha sido prorrogar el plazo para obtener las patentes, de donde se
deduce que el señor Presidente considera ya incorporado este territorio a la
república, y que para ser lógico, es justo, natural y equitativo que se le
concedan las prerrogativas de que gozan los demás miembros de la familia
chilena.
Ya
que en el Congreso venidero van a tratarse cuestiones de grave interés para
estos pueblos, es necesario que tengamos representantes que lleven su
contingente de luces a su seno, para que en vez de perjudicarnos como ha
sucedido hasta el presente, llamen la atención del gobierno y del país a este
emporio de riqueza que todavía no adquiere todo su desarrollo, debido a las
trabas que se le han puesto en su marcha, o a la indiferencia con que se nos
mira.
Es
preciso que se nos escuche y se nos dé el lugar que nos corresponde entre los
demás departamentos de la República.
(Editorial
de El Industrial, octubre 12 de 1881)
§39.
Esperanzas
Si
en el negocio de bolsa hay sus bajas y alzas, en el asunto del impuesto al
salitre de Aguas Blancas, éstas varían casi cotidianamente, con perjuicio de
los intereses que están comprometidos en estas empresas.
Fundadas
y muy fundadas esperanzas creían tener los salitreros en el gobierno anterior,
y a última hora éstas se desvanecieron, con motivo de que la Cámara dejó
pendiente la discusión. Más claro: el ex Presidente manejó esta cuestión de tal
manera que diese por resultado su aplazamiento hasta terminar su período.
El
actual Presidente se presentaba a los industriales como el salvador que les
había deparado la providencia en medio de sus dolores y angustias. La esperanza
renació en todos los espíritus. El señor Santa María, sabio hombre de Estado,
no podría ni consentiría que estos pueblos, que pueden ser el engrandecimiento
de la nación, murieran por no trabajar para imponerse del estado en que se
encuentra esta industria, y tomaría un partido que traduciéndose ya sea en
prórroga o en derechos diferenciales, permitiera a cada cual hacer negocio con
lo que le pertenece y que ha formado mediante su inteligencia y sus capitales.
¿Cuándo
será convocado el Congreso a sesiones extraordinarias?
He
aquí la pregunta de todos, no dudando nadie que se terminase por fin este
asunto que embarga la atención de pueblos enteros, incluyéndose en la
convocatoria la discusión de la solicitud de los salitreros.
Se
avisa que el Congreso es llamado a funcionar.
La
ansiedad es general.
Un
telegrama anuncia: "la solicitud salitreros no se incluye en la
convocatoria".
El
desaliento, la tristeza, la desesperación se apodera de los industriales, de
los comerciantes, del pueblo en general. Todos más o menos están pendientes de
que se nos haga justicia o en cambio llevemos una vida lánguida, que poco a
poco irá extinguiéndose, produciendo no sólo la ruina de este pueblo y de
Taltal, sino también la paralización de muchos negocios de Valparaíso y la
inmediata baja de los productos agrícolas.
Pregúntese
a los comerciantes de este último puerto, sobre la influencia en el mercado de
la suspensión de los trabajos indicados, y todos estarán acordes en que el
comercio tiene que sufrir serios contratiempos y paralizaciones.
Los
de Antofagasta también pueden informar que el día en que se cerraron las
Cámaras sin tomar una resolución, los precios de la plaza bajaron enormemente.
Anteayer, el mismo medio de transmisión nos anuncia que a petición del diputado
señor Tagle el señor ministro de Hacienda prometió incluir entre los asuntos de
la convocatoria el que se refiere al impuesto del salitre.
Nuevamente
se comienza a columbrar que el gobierno puede hacer algo en beneficio de esta
industria y abriéndose campo a la esperanza de que por fin se nos oiga y
escuche.
Es
necesario ya terminar este asunto, como hemos dicho, traduciéndose ya sea en
prórroga o en disminución de impuestos, tomando en cuenta las condiciones
económicas de cada zona; pero es preciso que se piense en el porvenir del país
y no en el interés egoísta de unos pocos; es preciso que se dé vida a estas
poblaciones, vida a la cual están ligados muchos intereses y que sólo por
ignorancia pueden desconocerse.
No
perdamos la esperanza. Aún es tiempo de que se haga la luz.
(Editorial
de El Industrial, octubre 22 de 1881)
§40.
Representación
en el Congreso
Antofagasta
no puede ser más desgraciado en sus peticiones. Cada vez que ha levantado su
voz para hacer oír una queja, un gemido, ha recibido por respuesta si no el
desdén, por lo menos la indiferencia o la postergación de la discusión de sus
intereses.
Esta
situación cada día que pasa se va haciendo más insostenible, no sabiendo qué
suerte tengamos luego que correr.
¿Es
justo, es equitativo que el pueblo que produce millones a la nación, se
encuentre abandonado hasta tal punto que no tiene con qué llenar las
necesidades del servicio público?
¿Es
posible que hoy que se está matando la industria salitrera en Aguas Blancas,
pues ya es un hecho que todas las oficinas están paralizando sus trabajos por
no poder soportar el impuesto, se nos niegue el derecho de representación en el
Congreso, donde podríamos levantar nuestra voz a fin de hacernos conocer y, por
consiguiente, que se atienda a nuestras necesidades y se comprendan nuestros
intereses que son los del país entero?
Muy
duro ha sido para todos los habitantes de este territorio considerar que la
palabra del señor Vergara, ministro del Interior, hombre que ha vivido en medio
de nosotros y que creíamos sería nuestro más decidido defensor, pues que ya
bien nos conocía, haya servido o pueda servir para engañar al Congreso, desde
que ha partido de antecedentes enteramente falsos para informarlo sobre este
territorio.
Y
ésta es una razón para insistir en la absoluta necesidad y conveniencia de ser
representados en el Congreso, puesto que si hubiéramos tenido un diputado
conocedor de estas localidades, éste inmediatamente habría probado al honorable
señor Vergara el grave error en que se encontraba.
Se
dice que Antofagasta no tiene límites determinados. ¿Acaso los paralelos 23 por
el norte y 24 por el sur, lo mismo que la cordillera y el mar por la parte
oriental y occidental han sido borrados del mapa de América? ¿No es éste el que
el coronel Sotomayor ocupó a título de reivindicación el 14 de febrero de 1879,
habiendo solamente avanzado más al norte el día que se tuvo conocimiento de la
declaración de guerra del gobierno de Bolivia?
¿No
tenemos límites determinados, y las contribuciones de patentes y mobiliaria
sólo rigen del paralelo 23 al sur, quedando enteramente libres los que tienen
la felicidad de acercarse más a nuestros enemigos?
¿Acaso
se olvida que este departamento no está ocupado militarmente y dependiendo
directamente de S.E. el Presidente de la República?
¿No
se sabe que en la jurisdicción del juzgado las causas que son del paralelo 23
al sur se apelan al tribunal de La Serena, y que por disposición de la
autoridad militar las que son del territorio más al norte del paralelo 23 son
apelables ante la corte de Iquique, establecida también militarmente?
Y
después de este acopio de datos a los cuales podemos agregar muchos otros, ¿se
puede poner en duda la existencia de límites reconocidos por el gobierno y el
Congreso Nacional en documentos y actos públicos?
Otra
argumentación que se hace para negarnos representación en el Congreso, derecho
que tiene el último pueblo de la república a la cual estamos incorporados, es
la falta de población de estos centros industriales.
Francamente
no encontramos qué pensar cuando escuchamos semejante suposición. Esto viene a
manifestarnos la ignorancia en que se vive en la capital de lo que somos y
valemos y de la ligereza con que se toman en cuenta todos los asuntos que se
relacionan con nosotros.
El
señor ministro Vergara, que ha vivido en Antofagasta, no sabemos cómo haya
podido equivocarse de una manera tal, que llegamos a dudar que sea él quien ha
vertido esas aseveraciones en el seno de la representación nacional.
¿No
recuerda el señor Ministro que el general Arteaga viendo el estado en que se
encontraban los batallones número 1 y 2 de guardias nacionales, que tenían 600
plazas cada uno, decretó la formación de dos batallones más de infantería, el 3
y 4, una brigada de artillería y un escuadrón de caballería, al mismo tiempo
que se adiestraban en el manejo de armas los batallones de Caracoles y Carmen
Alto y que sumadas todas estas fuerzas alcanzaban a cuatro mil hombres?
Y ya
que aquel ilustre General pecó por el error de creer que una población como
ésta podía suministrar lo que la capital jamás ha tenido, el señor Vergara ha
caído en un error diametralmente opuesto.
Sépase
que el departamento litoral de Bolivia mandaba cuatro representantes a la
Asamblea Nacional. Éstos eran los de Antofagasta, Caracoles, Atacama y
Tocopilla. Entrar a decir que el departamento cuyos límites hemos dejado
determinados no tiene la población necesaria es desconocer que Antofagasta
solamente no puede bajar de nueve mil habitantes y que a este importante puerto
hay que agregar las poblaciones del salar del Carmen, Salinas, Carmen Alto,
Caracoles y Mejillones, cuyo total se puede estimar en no menos de veinte mil
habitantes.
Llegamos,
pues, a manifestar que el señor Vergara no ha tenido razón al afirmar con tanta
convicción que este departamento no tiene ni límites ni población. Esperamos,
pues, que convencidos de su error retirará su indicación y, en unión con el
diputado señor Montt, sea el más decidido en sostener los fueros de la
justicia.
No
es la primera vez que el honorable señor Ministro sacrifica su amor propio por
hacer un servicio a su patria y no dudamos que en el caso presente lo hará,
atrayéndose la buena voluntad de un pueblo como Antofagasta, que tanto ha
esperado y aún tiene el atrevimiento de esperar de sus actuales gobernantes.
Este
pueblo, que ha sido causa de que se haya hecho brillar a tanta inteligencia,
necesita también darse a conocer y obtener lo que desea para su felicidad.
(Editorial
de El Industrial, noviembre 2 de 1881)
§41.
Código
de minería
No
es de ninguna manera nuestro ánimo hacer ver los graves errores de que adolece
el Código que actualmente nos rige. Es una tarea de largo aliento que no puede
ser debatida en artículos de la prensa. Vamos solamente a tocar lo que se
relaciona con la reglamentación del Cuerpo de Ingenieros a que se refiere el
mismo Código y que hasta ahora no ha llamado la atención del gobierno,
perjudicando con esta indiferencia no solamente a la minería en general sino,
también, a los mismos ingenieros que desempeñan tan delicado puesto.
Pretender
que los ingenieros de distrito, que aún no están rentados por el gobierno, se
sometan para cobrar sus honorarios al arancel que se incluye en las
contribuciones que autoriza el Congreso a cobrar, es tan absurdo como creer que
ésa haya sido la mente de los legisladores.
Lo
que éstos han querido es que cada ingeniero rentado convenientemente según las
localidades, vigile los trabajos que se hacen en las minas, para que éstos se
lleven con sujeción a las reglas del arte y, en consecuencia, que sean
seguridad para los operarios y arreglo y orden en las explotaciones y que cada
operación de mensura o informe se sujeten a un arancel que esté en relación con
el trabajo que tienen que efectuar.
Exigir
que el ingeniero del Estado en pueblos como los del norte, se sujete al
arancel, que como muy bien lo dice El Ferrocarril no se ha puesto en vigencia
en la república, es querer que no exista un representante de los intereses
generales llamado a desempeñar tan importantes funciones.
¿Hay
alguno que piense, por ejemplo, que en Caracoles un empleado de esta categoría
que debe ser en todo caso rectitud, independencia, honorabilidad, puede vivir
con los emolumentos que le daría ese puesto, aplicando en sus trabajos el
arancel a que tanto se apela algunas veces?
La
minería necesita para su desarrollo e incremento las mayores garantías y
franquicias posibles; pero éstas no deben obtenerse sino en el terreno de lo
justo y de lo equitativo. Deber nuestro, pues, es pedir la inmediata
organización del Cuerpo de Ingenieros de Minas y que éstos, rentados en
proporciones a los gastos de cada localidad, se rijan en sus trabajos
extraordinarios para cobrar sus honorarios por un arancel el más bajo posible,
dando con esto facilidades que hoy no tiene el minero. De la manera que
proponemos se salvan los intereses de la minería, como también los de los que
se dedican a tan noble profesión.
Nómbrese
una comisión de personas competentes para la reglamentación que pide El
Ferrocarril, y se satisfarán las exigencias de todos, dejando salvadas las
dificultades que hoy se presentan. Mientras tanto, he aquí el artículo a que
hacemos referencia, sobre cuya materia volveremos en otra ocasión.
"Cuando
tuvo lugar el siniestro de las minas de carbón de Puchoco que, por una feliz
casualidad, no produjo la muerte de un gran número de trabajadores, se dijo que
ese siniestro era resultado de la mala dirección de los trabajos. Sea de esto
lo que fuere, el hecho es que basta recorrer las sentencias pronunciadas por
los tribunales de las provincias mineras del norte, para persuadirse de los
innumerables procesos a que dan lugar las muertes y heridas causadas por
derrumbamientos u otros accidentes en las minas, por falta de la debida
vigilancia. Con ingenieros del Estado, que visitaran periódicamente las
labores, podría ponerse remedio al mal o reducirlo a muy cortas proporciones.
El
Código de Minería, vigente desde el 1 de marzo de 1875, en previsión de esta
necesidad, establece:
Art.
114. Las minas deben labrarse y explotarse conforme a las reglas del arte y a
las disposiciones de seguridad y policía que prescriban los reglamentos que
dicte el Presidente de la República.
Art.
144. Para el servicio administrativo de las minas habrá en cada distrito minero
un ingeniero del Estado, por cuyo medio se vigile sobre el cumplimiento de esta
ley en lo relativo a la seguridad, orden y arreglo de las explotaciones, y se
promueva el adelanto y progreso de la minería.
Art.
147. La organización del Cuerpo de Ingenieros, sus atribuciones y deberes serán
reglamentados por unaordenanza que deberá dictar el Presidente de la
República".
En
casi siete años que lleva de vida el nuevo Código de Minería, no se han dictado
todavía ni los reglamentos ni la ordenanza que reclama la seguridad y policía
de las labores mineras.
Se
han fijado los límites y extensión de los distritos mineros y se ha nombrado
los ingenieros de Estado; pero estos funcionarios no saben a qué atenerse en el
desempeño de su cargo, por falta de aquella ordenanza.
Esos
reglamentos y ordenanzas tienen el importantísimo objeto de completar la ley y
facilitar su ejecución, de modo que su falta importa la inejecución del Código.
De ahí nace el total abandono en que se encuentra al presente lo relativo a la
seguridad, orden y arreglo de las explotaciones, que el Estado debe vigilar por
medio de los ingenieros. Tal estado de cosas es ocasionado a las más
deplorables consecuencias.
Hace
cuatro años se pensó seriamente en remediar esa necesidad; pero las atenciones
excepcionales de la guerra interrumpieron probablemente la prosecución de la
tarea.
El
1878 publicó el Diario Oficial, con fecha 8 y 9 de febrero, un proyecto de
reglamento provisorio del Cuerpo de Ingenieros de Minas del Estado y otro de
arancel de Ingenieros de Minas formados por el ministro de la Corte de
Apelaciones de La Serena, señor Floridor Rojas.
En
el primero de esos proyectos no sólo se designan las atribuciones y deberes de
los ingenieros sino que se establecen varias disposiciones de seguridad y
policía para la explotación de las minas.
Los
mineros de Freirina, uno de los departamentos más importantes de la república
en ese ramo, en una solicitud elevada al gobierno y que se publicó en ese
diario el 14 de mayo de 1878, apreciaban el proyecto del señor Rojas diciendo:
"Hemos
examinado con gran interés el proyecto de reglamento provisorio del Cuerpo de
Ingenieros de Minas del Estado publicado en el Diario Oficial de 8 de febrero
del presente año, y asimismo el proyecto de arancel publicado en el número
siguiente.e remedio al mal o reducirlo a muy cortas proporciAnte todo,
Excelentísimo Señor, debemos hacer presente que, a nuestro juicio, el proyecto
de reglamento provisorio viene simplemente a complementar de una manera
generalmente satisfactoria los preceptos del Código de Minería, de manera que
por el momento nada podemos objetarle, encontrándonos en presencia de una
legislación positiva vigente que no es posible alterar en un reglamento que de
ella misma se deriva".
¿Por
qué este proyecto tan favorablemente juzgado por los hombres de la profesión no
se tomaría como base para el estudio de una comisión que formulara un
reglamento definitivo?
La
presencia del señor Rojas actualmente en esta capital sería oportunidad
favorable para que el gobierno apresurara la realización de esta tarea. Sus
trabajos de 1878 revelan el estudio y preparación que se necesitan para llenar
en esta parte el vacío de que adolece nuestra legislación.
Parece
que en 1878 hubo cuestión acerca de cuál de los ministerios es el competente
para dictar esta ordenanza, pues en este punto la ley y la práctica han andado
en discordia.
Según
el supremo decreto de 1 de febrero de 1837 que reglamentó las cuatro primitivas
secretarías del Estado, corresponde al Ministerio de Hacienda (artículo 4º;
número 15) todo lo relativo a la minería.
Sin
embargo por el Ministerio de Justicia se han dictado muchas disposiciones
referentes a la minería, como por ejemplo:
La
ley de 25 de octubre de 1854 que organizó un cuerpo de ingenieros de minas que
jamás llegó a existir;
El
decreto de 7 de abril de 1857 que designó distritos mineros en las provincias
de Atacama y Coquimbo;
El
decreto de 11 de abril del mismo año que estableció los aranceles de los
Ingenieros de Minas;
El
decreto de 11 de junio de 1833 que incorporó en nuestra legislación la
ordenanza del Cuerpo de Minería de Nueva España;
El
decreto de 17 de noviembre de 1817, que mandó a los dueños de fundos no
embarazar la explotación de los salitrales;
El
decreto de 31 de octubre de 1834 que declaró denunciables las minas de carbón;
La ley de 25 de octubre de 1854 que declaró no denunciables las minas de azufre
y cal;
Y
finalmente el Código de Minería, que es todo lo que hay de más relativo a la
minería.
Siguiendo
esta práctica, más conforme a la naturaleza de las cosas, ¿quién podrá
realizarla con más acierto que el actual ministro de Justicia, cuya competencia
y versación administrativa son tan reconocidas?
En
cuanto al arancel de ingenieros de minas, parece que el señor Rojas reprodujo
lo decretado en 1857 con algunas modificaciones que han aconsejado tal vez la
circunstancia de no percibir sueldo del Estado los actuales ingenieros y las
mayores exigencias de la vida en la época presente respecto del año de 1857.
Entretanto,
es incuestionable la necesidad de dictar un nuevo arancel. El del año 57 está
derogado, como lo está la ley de 25 octubre de 1854 que autorizó su formación y
creó un cuerpo de ingenieros de minas que jamás existió.
El
artículo 212º del Código de Minería dice:
"El
presente Código comenzará a regir el 1 de marzo de 1875; y en esa fecha
quedarán derogadas, aun en la parte que no fuere contraria a él, las leyes u
ordenanzas especiales preexistentes sobre minería.
La
ley de aranceles judiciales vigente contiene también una disposición
derogatoria de esos aranceles de Ingenieros de Minas de 1857.
Verdad
es que la ley de contribuciones promulgada este año menciona esos aran celes,
refiriéndose a la ley del año 1854 y al decreto de 1857; pero esta ley no crea
ninguna contribución, limitándose a autorizar el cobro de las establecidas
anteriormente, remitiéndose a la ley del caso.
Los
tribunales no aplican tampoco los aranceles de 1857.
Pero
los aranceles de ingenieros no pueden ser materia de un decreto. No constituyen
propiamente una contribución, pues los dineros que en su virtud se cobran no
ingresan en arcas Fiscales; pero imponen una verdadera exacción a que ciertas
personas están forzosamente sujetas, y tales exacciones no pueden ser sino
materia de ley.
El
proyecto de arancel del señor Rojas fue materia de observaciones para los
mineros de Freirina, que podrían tomarse en cuenta por la comisión encargada
del estudio de este asunto.
Los
mineros están interesados en la ejecución de este trabajo.
Actualmente
los Ingenieros de Minas cobran crecidas sumas por cualquiera diligencia que se
les encomiende, pues no están sujetos a un arancel. Regularmente, se nos
informa, por una operación de mediana importancia piden más de trescientos
pesos, a fin de que, si no se les paga, pueda tener dos instancias la cobranza
que entablan.
Tan
urgente es fijar las atribuciones y deberes del Cuerpo de Ingenieros de Minas,
para proveer a la seguridad y perfección de las explotaciones, como establecen
los derechos a que esos funcionarios deben ceñirse, en obsequio a los mismos
mineros.
Sólo
así puede regularizarse el servicio minero y prevenir la repetición de
accidentes desgraciados como los que acredita la experiencia. La catástrofe de
Puchoco es una advertencia que conviene utilizar".
(Editorial
de El Industrial, noviembre 9 de 1881
§42.
El
último cartucho
La
atmósfera nebulosa que no dejaba ver claro a nuestros hombres públicos en
asuntos tan serios como son los que se refieren a estos pueblos, parece que
poco a poco va disipándose, dejando comprender que es deber atenderlos y
prodigarles las concesiones que tienen derecho a esperar.
El
Congreso Nacional a invitación del Ejecutivo ha tratado en sus últimas sesiones
del ferrocarril de Aguas Blancas y del proyecto de creación de contribuciones
en este territorio que le permitan colocarse en el rol de los demás de la
república.
Por
otra parte, el diputado señor Montt ha llamado la atención del gobierno hacia
la necesidad de que tengamos representantes en el Congreso, que sean defensa y
luz en los asuntos que nos conciernen.
Poco
a poco la cruzada emprendida en nuestro obsequio para hacer conocer nuestras
necesidades, y lo que somos y valemos, tendría que obtener resultados
prácticos.
El
cuadro que presenta actualmente Antofagasta no puede ser más desconsolador.
Parece que el soplo helado de la muerte se hubiese cernido sobre su cabeza.
La
paralización de los negocios no puede hacerse sentir de una manera más notable.
Aguas
Blancas, que nos daba vida y animación, puede decirse que ha terminado. Los
establecimientos en su casi totalidad han suspendido todas sus faenas, de tal
manera que en una de las principales oficinas que ocupaba 400 hombres, hoy se
encuentran solamente tres cuidadores.
Cansados
estamos de llamar la atención del país hacia la injusticia que se cometía
atacando la existencia de esta industria, ataque que tenía que influir en
contra de los agricultores y del comercio en general.
Hasta
el cansancio hemos pedido a la prensa del sur que tome a su cargo el debate de
tan importante asunto, que es de interés nacional, llevando un contingente de
luz y de datos para manifestar evidentemente la injusticia que se cometía
decretando la muerte de unos en obsequio de la mayor vida de otros, que no
tienen derecho a las consideraciones que se les guarda.
Todo,
todo ha ido a estrellarse contra la indiferencia de unos, la mala voluntad de
otros y con la ignorancia en general del asunto de que se trata.
Las
solicitudes repetidas de los industriales de Aguas Blancas no han podido ser
más justas ni menos exigentes. Sin embargo, ellas han sido relegadas al olvido,
obteniéndose como consecuencia el estancamiento de fuentes como Taltal y Aguas
Blancas, que son y tienen que ser contingente poderoso para la riqueza pública.
Jamás se han imaginado esos industriales que el Congreso se hiciese sordo a sus
peticiones. Han tenido fe y confianza en que al fin y al cabo se convencerán de
que no han hecho negocios en la gran empresa en que se lanzaron, y que al
contrario tienen comprometidos gruesos capitales en esta especulación, sin
esperanza de reembolsarse de ellos, si se persistiese en dejar regir la ley de
octubre de 1879.
Y
hoy más que nunca creen ser escuchados. El gobierno del señor Santa María
promete hacer justicia a todos, y estamos seguros que tratará de solucionar
este asunto en el sentido de que por lo menos salven, los comprometidos en esa
obra industrial, parte de su haber.
Lo
demás sería un capricho, que no tendría más razón que la de querer hacer
desaparecer poblaciones que se han levantado bajo la benéfica influencia de la
industria salitrera, que, como hemos dicho, improvisa poblaciones en un
momento, lo que la agricultura consigue en centenares de años. Prueba de lo que
decimos es Taltal, que presenta ciudadanos con derecho de sufragio tantos como
el resto del departamento de Copiapó.
Los
industriales de Aguas Blancas, a pesar de las contrariedades experimentadas, no
desmayan y se han presentado nuevamente al Congreso con una solicitud
perfectamente bien fundada y que tiene que ser escuchada con benignidad por los
representantes de la nación.
Y
que cuenta con simpatías del gobierno no hay duda, desde que se ha logrado que
sea incluida en los asuntos de que debe ocuparse el Congreso en sus sesiones
extraordinarias.
Esperemos
la solución que se dará a esta solicitud enteramente confiados en que se nos
hará completa justicia y, haciéndola, el país será el que verdaderamente se
beneficiará.
Los
salitreros queman hoy el último cartucho, y quemándolo creemos que salvan su
porvenir de industriales.
La nación tiene que escucharlos.
Mientras
tanto he aquí la solicitud:
"Honorable
Cámara:
En
virtud de haber sometido el supremo gobierno a la consideración del Congreso en
sus actuales sesiones extraordinarias los asuntos concernientes a Aguas
Blancas, los abajo firmados, industriales salitreros del nombrado distrito, nos
presentamos con el debido respeto, implorando se suspendan los efectos de la
ley de impuestos de exportación sobre el salitre que elaboramos, para dejar con
vida nuestra industria naciente y esencialmente nacional, iniciada bajo
auspicios de protección gubernativa.
Muchos
y muy grandes han sido los inconvenientes que hemos tenido que vencer para
formar nuestros establecimientos en medio del desierto y ponerlos en estado de
producción; inmensos sacrificios nos ha costado imprimirles una marcha
progresiva, que solamente se ha conseguido en los últimos seis meses,
desgraciadamente demasiado tarde para haber podido aprovechar los precios altos
del año pasado. Si el honorable Congreso en sus sesiones de octubre de 1879
juzgó necesario concedernos la exención de derechos por dos años, respecto del
impuesto de cuarenta centavos moneda corriente por cien kilogramos para que
pudiéramos dar impulso y desarrollo a nuestras empresas, fue porque apareció en
su verdadero sentido la protección que nos prometiera el supremo gobierno y lo
hizo para estimularnos no solamente a seguir, sino también a emprender nuevos
trabajos. No se ocultará a la penetración de la honorable Cámara, que el plazo
de exención concedido ha sido insuficiente por haber transcurrido durante la
guerra que nos imposibilitó materialmente desarrollar nuestros trabajos.
Si
en octubre de 1879 no se creía justo ni equitativo gravar el salitre elaborado
en Aguas Blancas con derecho de exportación de cuarenta centavos, tomando en
consideración el estado embrionario de nuestra industria, menos lo puede ser
que después de dos años que han pasado sin haber podido aprovechar debidamente
esa exención por motivo del estado de guerra, se nos aplique una ley que
quintuplica el impuesto. Si la Providencia ha protegido visiblemente los
destinos de la nación, obteniendo la posesión de las Provincias salitreras de
Perú y Bolivia, no debíamos ser nosotros las víctimas ni sufrir las
consecuencias; lógico sería cambiar en hechos y realidad las promesas de
protección para fortalecer la industria salitrera nacional y que ésta sea un
porvenir halagüeño para todo el país.
Para
demostrar que sólo en el presente año tomó vuelo la producción, veamos los
datos estadísticos de la Aduana, que dan las cifras siguientes:
1879 937.368 kilogramos
1880 3.288.668 kilogramos
1881 8.274.067 kilogramos
en el 1er semestre
1881 10.272.360 kilogramos
de julio a octubre
22.772.463 kilogramos
Como
esta producción corresponde a siete establecimientos que han costado más de un
millón trescientos mil pesos, fácil es deducir que el capital que queda aún
comprometido pasa de ochocientos mil pesos, suma de consideración que se
perdería en perjuicio de la riqueza nacional, sin provecho para nadie.
Confiados
en que se sometería nuestra solicitud presentada en agosto próximo pasado a la
discusión en las presentes sesiones extraordinarias y que obtuvieran un
resultado favorable, habíamos seguido los trabajos hasta fines de octubre,
limitándonos ahora sólo a las existencias de caliche explotado. Cuatro de las
siete oficinas han suspendido por completo todos sus trabajos. Como la causa
principal del mayor costo del salitre que elaboramos es el flete caro de
carretones, por la gran distancia que separa nuestras oficinas del puerto de
embarque, la realización del Proyecto Ferrocarril nos pondría en condiciones
parecidas de costo de producción con los otros centros salitreros y, por
consiguiente, en la posibilidad de pagar iguales cargas.
No
sólo el comercio de Antofagasta sufre ya la paralización de nuestras oficinas,
sino que en Valparaíso se nota la influencia que ejerce en el movimiento
general la suspensión parcial de los trabajos salitreros de Aguas Blancas;
motivo suficiente para que merezca llamar la atención del supremo gobierno y
del cuerpo legislativo.
Considerando
todo lo expuesto, suplicamos a la honorable Cámara se nos conceda por gracia:
1º.
Prórroga de exención de derechos de exportación hasta el treinta y uno de marzo
próximo, para exportar salitre elaborado por nuestras oficinas liquidando las
existencias.
2º.
Rebaja de cincuenta por ciento de los derechos de exportación sobre el salitre
por elaborar en Aguas Blancas hasta la conclusión del ferrocarril proyectado,
cuya rebaja en ningún caso pasaría del plazo fijado en la concesión para
entregar la línea al tráfico.
Es
justicia.
Döll
y Cía.
Napoleón
Peró
(Siguen
las firmas)
(Editorial
de El Industrial, diciembre 1 de 1881
§43.
Diputación
de Antofagasta
Estamos
de desgracia.
El
telegrama que se registra en la sección respectiva nos viene a manifestar una
vez más la ignorancia en que se vive en la capital de todo lo que se relaciona
con estos pueblos.
No
se niega el derecho de elección; pero no se nos concede.
Este
territorio incluyendo también a Taltal, ¡no tiene doce mil habitantes!
Y
por este error manifiesto que cualquiera que hubiera visitado estos lugares
podría haber desmentido con documentos fehacientes, se nos obliga a que se
discutan nuestros intereses sin que haya en el seno de la representación
nacional una voz que conociéndonos nos defienda y nos haga conocer.
No
comprendemos francamente cómo el honorable ministro del Interior haya podido
incurrir en un error tan grave, error que afecta a tantos intereses y a la
solución de muchas cuestiones que pueden basarse en esta falsa apreciación.
Entrar
a probar el error en que se encuentra el señor Ministro sería abusar de la
paciencia de nuestros lectores, puesto que lo que está a la vista, lo que es
evidente, no se demuestra.
¿Quién
que haya recorrido estas poblaciones solamente hasta Carmen Alto puede creer
que se haya podido sostener en el Congreso que no tenemos población suficiente
para tener un diputado?
Y
Taltal que acaba de manifestar su potencia electoral inscribiendo en sus
registros casi la mitad de los ciudadanos hábiles en los dos departamentos de
Copiapó y de Caldera, ¿no tiene en unión de Antofagasta el número de pobladores
necesarios para enviar un representante que sepa defender sus intereses y su
porvenir?
¿Por
qué si se abriga dudas no se manda levantar un censo de estas poblaciones y se
llegará al convencimiento de que es deber concedernos lo que tenemos derecho de
exigir?
Nos
hemos dedicado desde la fundación de nuestro diario a hacer que se nos conozca;
pero hemos predicado en el desierto y si no fuera por la fe que tenemos en el
porvenir ya habríamos desistido de continuar en una tarea que se hace hasta hoy
enteramente infructuosa, porque se tiene el capricho de no querer oír.
Necesitamos,
pues, que nos empeñemos porque algún representante de otro departamento se tome
el trabajo de conocernos y pueda rechazar apreciaciones como las que el señor
Vergara ha lanzando en la Cámara, defraudando nuestras legítimas esperanzas.
Estamos
en la brecha; es necesario trabajar sin descanso hasta que se nos escuche y se
satisfagan todas nuestras exigencias que no pueden ser más justas.
Mientras
tanto, quedamos notificados de que no se quiere que un diputado por
Antofagasta, el pueblo que dio origen a la guerra colosal que hemos emprendido
con brillante éxito, levante la voz en el seno del Congreso Nacional.
(Editorial
de El Industrial, diciembre 3 de 1881)
§44.
¡Hosanna!
Antofagasta
está de plácemes. El Congreso Nacional y el gobierno por fin le han hecho
justicia.
La
última solicitud de los salitreros, el último cartucho quemado en defensa de
los derechos de los industriales, ha conseguido la victoria en el campo de la
razón y del convencimiento.
Fe
teníamos en nuestros hombres; confianza nos inspiraban los antecedentes de la
cuestión que defendíamos, y nos era muy duro persuadirnos de que la luz fuese
oscurecida hasta el punto de sacrificar los intereses generales de la nación en
beneficio de unos pocos.
Esta
solución la esperábamos y aun esperamos que una vez más conocido el asunto de
que se trata, se vaya de concesión en concesión hasta lograr obtener lo que es
justo y equitativo.
El
Industrial ha estado a toda hora, a cada momento, en la brecha proporcionando
ya este dato, ya dando aquel antecedente; haciendo conocer documentos que
estaban quizá ignorados y llevando por donde le era posible una razón, una idea
para que el asunto del que dependía la vida holgada de muchas familias, sin
olvidar los serios intereses nacionales comprometidos, llegase a obtener una
resolución que permitiese que el mismo sol alumbrase a todos los industriales.
El
Congreso ha hecho justicia a Antofagasta. La constancia de algunos buenos
vecinos en no abandonar la empresa de llevar el convencimiento a nuestros
hombres públicos ha obtenido su merecido. A ellos les será este pueblo
industrioso deudor de este inmenso beneficio.
¡Loor
a los que han logrado tan benéficos resultados!
Ya
pueden, pues, el industrial, el comerciante, el obrero, el pueblo todo, iniciar
nuevamente sus tareas, seguros de encontrar el premio de sus trabajos.
Antofagasta, que ayer mostraba al viajero un pueblo sin vida y animación, que
lo hacía renegar de su presente recordando su pasado, hoy abre sus alas a la
esperanza y espera confiado en los destinos que le reserva la providencia.
Podemos
ya entonar el "hosanna" de los pueblos que son felices y que lo deben
todo a su trabajo e inteligencia.
Ya
sabe este pueblo viril y trabajador que el supremo gobierno se preocupa de sus
destinos, y que si hasta ayer permanecía olvidado en las regiones oficiales,
hoy es mirado con estimación y cariño y que no tardará el gobierno del señor
Santa María en llenar todas las necesidades que hoy sentimos y cuya reparación
tanto de seamos.
Por
el momento, conformémonos con lo que se nos concede y tengamos fe en que en
poco tiempo más este rico territorio gozará de las garantías y beneficios que
nos conceden nuestras sabias leyes.
(Editorial
de El Industrial, diciembre 14 de 1881)
§45.
El
porvenir de Caracoles
Muchas
son las causas que han tenido al importante mineral de Caracoles en un estado
tal de postración que su vida era hasta cierto punto forzada y ficticia. Cuando
nos preparábamos a señalarla para buscar el medio de que volviese a los tiempos
de bonanza y de riqueza, nos ha llegado la noticia de alcance de la Deseada,
que viene a dar solución a un problema que ya parecía difícil resolver. Para
nadie es desconocido que la cuestión de la segunda región en Caracoles ha sido
debatida largamente a la luz de la ciencia y de la práctica, y que a pesar de
las opiniones contrarias, los que han tenido, puede decirse, mayor fe en su
existencia han sido tanto el presidente del directorio como el administrador
general de las minas Descubridoras, trabajando cada cual en su puesto por
llegar a obtener el resultado que hoy ya parece alcanzado.
Un
nuevo y brillante porvenir se abre, pues hoy al mineral de Caracoles. Los datos
que todos conocen indican que a la hondura señalada (192 metros) hay plomo
ronco y rosicler; por consiguiente, una segunda región de metales fríos se
presenta a los ojos ávidos del minero, que no tardará en disfrutarla
convenientemente. Terminada la riqueza del panizo cálido, los trabajos de las
minas de Chañarcillo se habían terminando casi por completo, pues se
consideraba ya concluido este gran centro de producción, cuando la fe de los
dueños de la mina Descubridora vino a manifestar a los mineros asombrados que
la segunda región se presentaba aún más rica que la primera. Y entonces nuevos
trabajos se emprendieron y todos dieron por resultado encontrar un nuevo
manantial de riqueza que lanzó muchos millones a la circulación, desarrollando
el comercio e impulsando el progreso general del país.
La
Deseada en pocos días más puede quizá decir a todo el mundo lo que vale el
trabajo y la constancia unidos a la inteligencia del hombre.
Una
verdadera revolución en nuestro modo de ser puede introducir el alcance de que
venimos hablando, pues si la guía que se cortó se ensancha o se cortan nuevos
ramos de vetas en beneficio, de la manera como se encuentran organizados los
trabajos, ya permiten con toda facilidad hacer la explotación y la producción
puede llegar a ser muy superior a la que se extrajo en su tiempo de mayor auge.
La
opinión que emitimos la basamos en los siguientes datos que arroja la memoria
pasada al directorio por el señor administrador general en el semestre que
acaba de pasar:
"En
el semestre anterior anuncié que se había tomado (en una cortada a 400 metros
verticales de hondura, y a 50 metros al poniente del pique) un cuerpo de veta
con cachi, galena, blenda y pirita de fierro, y un cuerpo más al poniente de
éste en masas porfídicas con manchas de carbonato de cal y quijo (sílice)
teniendo como pecas carbón mineral (antracita), pirita de fierro, y de cuando
en cuando chispitas de blenda y galenas; dicha cortada se ha prolongado más, al
poniente, y al terminar el semestre se había recorrido una longitud de 24
metros, presentándose bajo el mismo aspecto. Por este mismo cuerpo pegado al
primero indicado, se ha seguido un frontón al norte, que ha recorrido 40 metros
con rumbo 15º N.E., presentándose lo mismo que antes, y encontrándose de cuando
en cuando cuerpos de crucero con masas de cachi de cal, cachi de barita y quijo
con pecas de galena. A partir de donde se cortó el primer cuerpo se ha seguido
un chiflón al sur; y después de revuelta que va a comunicar a 450 metros; en su
trayecto, las masas tomadas son mazacotes negros, apareciendo algunas veces
ojos de cachi de cal con carbón, y otros ojos de galena con blenda y pirita y
bronce, teniendo una ley de 4 diez milésimos de plata; pero estas galenas son
ojos que aparecen y desaparecen sin afirmarse.
A
450 metros, a partir de la cancha del pique, se ha seguido una cortada con
rumbo 70º N.O. y después de un trayecto de 40 metros, por puro pórfido se ha
cortado la veta a los 400 metros verticales. Se tomó primero un ramo de cachi
de cal mezclado con cachi de barita y quijo, como de un pie de espesor,
teniendo algunas chispitas de galena. Después se cortó un cuerpo porfídico como
de 3 metros de espesor, teniendo ojos de cachi con chispitas de galena y mucha
pirita de fierro. Enseguida se tomó un cuerpo blanco con mucha sílice, y
después un cuerpo negruzco en mazacotes, con guías de cachi, y enseguida el
cuerpo porfídico, con el mismo aspecto que se tomó a 400 metros.
A
500 metros se ha seguido otra cortada rumbo 70º N.O. y se tomaron los mismos
ramos ya dichos, y a 6 metros de distancia del pique, en el cuerpo blanco
arcilloso, han aparecido manchas de cachi con ojos de bronce amarillo, siendo
éstos en muy pequeña cantidad. Ensayado el bronce puro, dio una ley de 8% de
cobre. Más al poniente de este cuerpo aparece el mismo porfídico, con ojos de
cachi y quijo, tomado a 400 y 450 metros de hondura.
Tanto
a la vertical de 400 metros, como a 450 y 500 metros, donde se toma el cuerpo
porfídico que está más al poniente de la veta de cachi con galena, aparece el
agua, y en la hondura de 50 metros produce de 200 a 300 litros de agua en las
24 horas del día".
Mientras
se siguen los laboreos convenientes se necesita tener paciencia para ver la
importancia de este alcance.
Una
vez que éste se afirme el porvenir de Caracoles está asegurado como lo estará
la existencia de este puerto.
Esperemos,
pues, con toda confianza el resultado, prometiéndonos que él desde luego es
bien satisfactorio.
(Editorial
de El Industrial, diciembre 23 de 1881)
§46.
Organización
de este territorio
Cada
día que pasa nos manifiesta más de lleno la necesidad de organizar
convenientemente este territorio, llamado a desempeñar tan importante rol en la
República.
Cuando
los asuntos de la guerra embargaban la atención constante del gobierno estaba
bien en que se mirase como de un orden secundario lo que se refería a
organizarnos y a concedernos todas las franquicias y derechos de que gozan los
demás pueblos de la república; pero ya el tiempo pasa y pasa de una manera
demasiado pesada para nosotros que a dosis homeopáticas vamos recibiendo los
beneficios de nuestras sabias leyes y en cantidades enormes las gabelas y
contribuciones que ayudarán a matar industrias, con cuyo progreso el país se ha
enriquecido y prosperado.
Hace
poco tiempo se insinuaba en el seno de la comisión conservadora la idea de
interpelar al gobierno sobre la organización de este territorio y el ministro
señor Recabarren se apresuraba a llamar la atención de todos los habitantes del
litoral sobre este asunto, pidiéndoles su concurso. Varios proyectos de
división se confeccionaron y se mandaron al Ministerio. ¿Qué sucedió? Ningún
diputado interpeló al señor Ministro y los informes duermen, hasta que puedan
servir a algún hombre público que quiera contar con la gratitud y buena
voluntad de los que desgraciadamente vivimos en estos pueblos dignos de mejor
suerte.
El
señor Vergara subía poco después a ocupar los sillones ministeriales y los que
conocemos su actividad y buena voluntad y que sabemos que residió por algún
tiempo en medio de nosotros, esperamos con sobrado fundamento que oyese
nuestras quejas y atendiese a nuestras necesidades.
Sufrimos
un error.
Se
propone en la Cámara que se nos dé la representación a que tenemos derecho en
el seno del Congreso Nacional y contesta el señor Vergara que juntos con Taltal
no contamos con doce mil habitantes. Se levanta el censo. Se comprueba que los
padrones suman dieciséis mil habitantes y se alegan razones sin razón, para no
darnos lo que tenemos derecho a exigir.
¿Por
qué tanta ojeriza con nosotros? No conocemos, no podemos adivinar la causa. De
la desorganización en que nos encontramos resulta una serie de males que es
difícil evitar a tiempo.
Con
un poco de atención la municipalidad no se habría visto obligada a suspender
sus servicios y a dejar a la población sin alumbrado y sin policía.
Debemos
aquí hacer constar que nuestra situación habría sido bien insostenible si el
mismo ministro del Interior, convencido de los males que se nos había acarreado
por descuido, negligencia, indiferencia, llámese como se quiera, no hubiese
venido en nuestro auxilio decretando que el servicio municipal fuese pagado con
fondos fiscales. Antofagasta es deudor al señor Ministro de esta medida que lo
ha salvado de cosas que quizá no pensamos en el momento.
¿Durará
este estado de cosas? Creemos que no.
Ya
parece que el gobierno va abriendo los ojos sobre la importancia de atendernos
y ha comenzado por nombrar un gobernador a Tocopilla con una asignación que si
no es todavía la suficiente, sin embargo manifiesta que se estudia un poco más
la condición en que deben encontrarse los empleados en un territorio don de la
vida es incómoda y cara.
Por
el momento sabemos que la jurisdicción del señor Zañartu es la subdelegación de
Tocopilla; pero que puede modificarse, según él mismo lo crea conveniente.
Creemos que desde luego debe crearse la gobernación de Tocopilla que debe tener
en su jurisdicción al Toco y Cobija, dejando los pueblos del interior, por su
distancia, dependiente de Caracoles que también tiene derecho a elevarse a la
categoría de gobernación.
Hoy
más que nunca el gobierno necesita organizar definitivamente este territorio.
El subdelegado señor Enrique Villegas, que con un patriotismo que le honra
altamente no sólo ha rechazado el sueldo que se le asignó sino que ha atendido
al servicio público con dinero propio, ha hecho renuncia del puesto.
Se
necesita nombrar una persona íntegra, independiente, seria, y esta clase de
hombres no se obtiene con 1.800 pesos de sueldo.
Elévese
a Caracoles al rango de gobernación, de la cual dependan Atacama, Calama y el
Inca; asígnese a su jefe cuatro mil pesos y se tendrá una persona que se ocupe
del servicio público, tratando de imponer al gobierno de las necesidades
urgentes del servicio público.
Suprímase
la Comandancia General de Armas que no tiene objeto en estas circunstancias y
utilícense los servicios de su encargado en este puerto de un modo positivo,
alejando las divisiones que son naturales cuando se reparten con profusión los
puestos y éstos muchas veces no se desempeñan por gente circunspecta y seria,
sucediendo que pueden ser el palo blanco de las maquinaciones de otros, y así
se tendrá una verdadera economía.
No
hay que hacer economías por sueldos en territorios que dan tan pingües entradas
a la nación.
Lejos,
muy lejos las tacañerías. Ancho campo a la justicia.
De
la manera que indicamos por el momento podrá salvarse la situación, mientras se
estudia cualquiera de los proyectos que están encarpetados en el Ministerio y
que estamos seguros nos harán mejorar de situación.
(Editorial
de El Industrial, febrero 9 de 1882)
§47.
14
de febrero
Ayer
Antofagasta se adornaba con sus mejores galas para saludar el aniversario de su
incorporación a la república, a la cual estaban vinculados sus destinos.
Antofagasta población boliviana era un absurdo. Los capitales, las industrias y
los brazos que daban vida y empuje a su progreso y bienestar pertenecían en su
mayor parte a Chile, y estaba decretado que debía pertenecernos.
Nuestros
propios enemigos nos proporcionaron los medios de que fuese nuestra, llevando a
efecto la ley de la Asamblea Nacional de fecha 14 de febrero de 1878, que
gravaba a la industria salitrera no con el impuesto de diez centavos por
quintal como se cree por la generalidad, sino imponiendo esta cantidad como
mínimo.
A
pesar del descuido en que nos han mantenido nuestros gobernantes, a pesar de la
indiferencia que ha existido para atender a nuestras necesidades; a pesar de
que las contribuciones que hoy gravan a nuestras principales industrias están
ter minando la vida de este pueblo industrioso y viril; a pesar, por fin, de
que el porvenir no se nos presenta muy halagüeño, sin embargo, los corazones
patriotas han manifestado su entusiasmo y contento, porque recuerdan que el 14
de febrero ha abierto a nuestra patria el camino para ser una gran nación,
manifestando al orbe entero lo que somos y lo que valemos como pueblo educado
en la vida independiente del trabajo y del respeto a las instituciones.
Antofagasta
punto de partida de las brillantes glorias de nuestro ejército, espera aún y
confía en que los nuevos hombres de gobierno sabrán hacerle la justicia
cumplida ordenando que terminen las contribuciones que hoy lo tienen agobiado,
sin fuerzas para vivir por largo tiempo.
Tengamos
fe todavía y hagamos votos por que al celebrar el 4º aniversario de nuestra
reivindicación nos encontremos con la industria de la cual vivimos, libres de
las gabelas que hoy prometen ahogarla. Antofagasta prosperará, y con la
prosperidad de Antofagasta la república se reembolsará de los dineros que por
el momento dejase de percibir en arcas nacionales, teniendo un puerto que le
servirá para sus relaciones comerciales con Bolivia y la República Argentina.
(Editorial
de El Industrial, febrero 15 de 1882)
§48.
El
golpe de gracia
La
tempestad que se había desencadenado con toda furia sobre este desventurado
pueblo y que ya parecía un tanto calmada, vuelve a arreciar, prometiendo hacer
zozobrar todas nuestras esperanzas, todas nuestras ilusiones. El esquife hace
ya agua y no falta un director imprudente que quiera sumergirlo en el abismo de
ceguedad en que se encuentran nuestros hombres públicos de lo que somos y
valemos.
Antofagasta,
pueblo llamado por el destino a ocupar un puesto de distinción entre los demás
de la república, se ve atacado a cada momento en su misma existencia. Ayer no
más trabajábamos y luchábamos por impedir que se llevase adelante el impuesto
del salitre, porque teníamos la conciencia de que con él se iba a matar una
industria que nos pertenecía de derecho, pues la debemos únicamente a nuestros
esfuerzos y a los capitales empleados, y de ninguna manera al apoyo que es de
obligación presten los gobiernos a los pueblos trabajadores e industriosos.
Y
trabajábamos con demasiada razón, puesto que todo el mundo ha podido
cerciorarse de que nuestros razonamientos y nuestras previsiones estaban de
acuerdo con lo que los hechos se han encargado después de demostrar.
El
gran centro industrial de Aguas Blancas que daba vida y animación al comercio
de este puerto ya puede decirse que no existe, y su no existencia explica la
decadencia de Antofagasta.
Acostumbrados
a los reveses de la fortuna y a ser siempre sacrificados en aras de intereses
egoístas, con ánimo levantado y apelando a nuestro modo de ser emprendedor,
estancada esta fuente de industria nos lazaremos en busca de otras de trabajo y
de riqueza para el país.
Los
brazos desocupados de Aguas Blancas y de la gran Compañía de Salitres que con
grandes esfuerzos aún pueden mantenerse en pie, se ocupaban de hacer
productivos los centros mineros como Sierra Gorda, Inca, Atahualpa, etc., fuera
de numerosas expediciones de cateo, ya que el mineral predilecto, Caracoles, no
se desenvuelve como debiera del círculo de hierro que lo oprime y ahoga por el
egoísmo de muchos que se encuentran en la obligación de fomentarlo y ayudarlo.
Nuestra
triste condición no nos parecía tan dura. La costumbre también hace ley y nos
habíamos ya conformado al vernos cargados de todas clases de contribuciones, y
sin ninguna de las garantías y derechos de que gozan, no diremos los demás
pueblos de la república sino también los territorios ocupados militarmente.
Mas
hoy ya nuestra situación se hace insostenible. Nuestra paciencia sin límites
tiene que agotarse. No podemos guardar silencio cuando el decreto de
organización de los Tribunales de Justicia de Tarapacá viene a darnos el golpe
de gracia.
La
minería y el comercio se encuentran de tal manera afectados que todo augura una
seria perturbación en todas las negociaciones.
¿Y
todo por qué? Por la ignorancia en que se encuentran muchos de nuestros hombres
de Estado no solamente de lo que son y valen estos pueblos sino, aun, de la
misma topografía del terreno sobre el cual legislan.
¿Acaso
este pueblo origen de la guerra que nos ha dado a conocer ante el orbe entero
como una nación de hombres de trabajo y de patriotismo, no merece más
consideraciones que el territorio que hemos tenido que conquistar con el
esfuerzo de nuestros heroicos soldados?
¿Por
qué se defraudan las esperanzas de garantías que creían encontrar estos
habitantes bajo el amparo de nuestra bandera, que ha sido siempre símbolo de
libertad y progreso?
¿Por
ventura un departamento que produce al erario nacional pingües entradas no
merece siquiera que se estudien sus necesidades o por lo menos que no se le
arrebate por un decreto inconsulto una administración de justicia pronta y
expedita? ¿Cuál es la causa por la que se desmiembra el territorio que fue
boliviano, que como es natural tiene que ser uno en administración de justicia
y administración política, para en poco tiempo más volver a unificarlo?
Antofagasta,
que fue la capital de todo este territorio viendo agrupadas en su asiento a
todas las autoridades superiores, ya se ve en el caso de someter sus cuestiones
de litigio a pocos metros al norte del paralelo 23 al juez de Iquique, teniendo
que soportar para ello ingentes gastos.
¿Son
éstas las garantías y el amparo de nuestras sabias y justas leyes bajo las
cuales nos prometía que quedaríamos el primer jefe chileno que ocupó este
territorio el 14 de febrero de 1879?
Si
esto no es absurdo, raya en lo inverosímil.
Por
eso el meeting que el pueblo de Antofagasta ha celebrado era necesario y
conveniente.
Sí.
Es preciso levantar nuestra voz para hacernos oír y una vez que se nos es cuche
tenemos la seguridad de que se comprenderá que el decreto de que nos ocupamos
no es otra cosa que el golpe de gracia con que se nos quiere ultimar.
(Editorial
de El Industrial, marzo 28 de 1882
§49.
Ferrocarril
al interior
Desde
hace largo tiempo tanto la prensa argentina como la boliviana se ocupan de
llamar la atención de ambos países hacia la conveniencia de estrechar sus
relaciones comerciales, hasta obtener por completo la cesación de éstas con
nosotros.
Felizmente
esos escritores tienen que luchar con serios inconvenientes para llegar a
probar lo que los hechos, lo mismo que la naturaleza, se encargan de negar.
Hemos
publicado en diversas ocasiones datos interesantísimos que manifiestan la
importancia del comercio del sur y centro de Bolivia, tanto en importación como
exportación.
Antes
de la declaración de guerra se sostenían sesenta carretas y una gran cantidad
de tropas entre este litoral y Huanchaca, que conducían mercaderías y nos
traían de retorno metales y barra de este gran centro minero y otros productos
para exportar al extranjero. Calama y Chiu-Chiu vivían de este movimiento.
El
camino natural, fácil, expedito y corto y sin ningún inconveniente para el sur
de esa república es nuestro litoral, de modo que es en vano que el gran
ferrocarril central argentino avance rápidamente hacia el norte, si nuestros
hombres públicos fijan su atención en este importante asunto.
El
ferrocarril de la Compañía de Salitres es el llamado a servir de base para una
solución de conveniencias importantes tanto para la empresa como para el país.
Salvado el desierto por la prolongación de éste hasta Chiu-Chiu y concedidas
por el gobierno todas las franquicias convenientes para el comercio en
tránsito, tenemos por fuerza que imponernos y obtener que los comerciantes
tomen nuestra ruta, que forzosamente tiene que serles más ligera y más barata.
Mas
este ferrocarril no sólo servirá para atraer el comercio boliviano sino,
también, para fomentar la industria minera en Atahualpa, Conchi, Aralar, Inca,
etc., y a explotar con ventaja las borateras de Ascotán y otros minerales que
pronto podrán descubrirse.
Ingenieros
de la Compañía de Salitres han hecho algunos estudios sobre esta línea y
creemos que si el directorio le presta apoyo, el gobierno se encuentra en el
caso de garantir un buen interés a la empresa para que cuanto antes lleve a
efecto esta gran obra que servirá de base para continuarlo en poco tiempo más
al interior, dejando burlados los proyectos de los utopistas bolivianos y
argentinos.
Esta
cuestión es de interés general para todo el país. En consecuencia, llamamos
seriamente la atención de la prensa del sur para que estudiándola convenza a
nuestros hombres públicos de la conveniencia de darle pronta solución.
Es
necesario recordar que Bolivia es un mercado que puede concluir para el con
sumo de nuestros productos nada más que por poca previsión y negligencia, que
con gastos no muy crecidos podemos asegurarlo y hacer la prosperidad también de
esta comarca.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 5 de 1882)
§50.
18
de septiembre
Mientras
más hacemos la vida de nación independiente y soberana, más nos con vencemos de
lo que puede avanzar un pueblo moral y laborioso en el ca mino del progreso.
Chile,
que por su situación geográfica, lo diminuto de su suelo y la poca abundancia
de riquezas naturales, estaba llamado a pesar muy poco en los destinos del
continente americano, gracias a un trabajo constante, a una administración
seria y a una paz inalterable ha conseguido no sólo afianzar completamente su
porvenir sino, también, ser árbitro de la suerte de dos naciones poderosas, las
cuales separadamente podían haber competido con él, teniendo otra organización.
Chile
ha progresado porque sus instituciones han dado garantías a los extranjeros,
los cuales, constituyendo un hogar en nuestro seno, han formado una familia
cuyos hijos han inmortalizado el nombre de sus progenitores.
Chile
ha avanzado y ha sabido hacerse respetar porque la instrucción se ha esparcido
por todas partes, porque cada soldado sabía que peleaba por su patria, por su
honra y por su dignidad.
Emprendimos
contra nuestra voluntad una guerra colosal, y unidos en el sentimiento del más
puro patriotismo hemos vencido en todas las partes en que nos hemos presentado,
llevando nuestras armas hasta el corazón del territorio de nuestros enemigos; y
cuando nos hemos encontrado en el caso de luchar con un número incomparable,
hemos sabido sucumbir como héroes, tanto en Iquique como en Concepción.
Como
buenos adversarios hemos vivido confiados en la lealtad de nuestros enemigos y
les hemos dejado la libertad necesaria para que puedan llegar a una paz
honrosa, guardándoles toda clase de consideraciones. Durante largo tiempo nos
han estado engañando miserablemente, conspirando en secreto contra la vida de
sus generosos vencedores.
La
hora del castigo ha llegado.
En
este mismo día hace un año decíamos: basta de contemplaciones, hagamos la
guerra que nos traiga una pronta paz.
Hoy
con más razón decimos: La paz debemos imponerla cueste lo que cueste.
Otra
cosa es amparar los proyectos de nuestro aleve enemigo.
Nosotros
entendemos y comprendemos la guerra tal como la hicieron los que nos
proporcionaron la libertad, a costa de sus cautiverios en las casas de matas
del Callao, en los destierros de Juan Fernández, de su sangre en los campos de
batalla. No aceptamos la guerra de las contemplaciones, de los banquetes y de
los paseos con los que están dispuestos a clavarnos el puñal por la espalda.
Nadie
tiene el derecho de llamarnos crueles. La guerra es la negación absoluta de la
civilización, por esto la más rápida es la mejor.
Inglaterra
lo comprende así. Por esta razón la hemos visto proceder con energía en la que
sostuvo con los zulúes lo mismo que está haciendo en la de Egipto. El país en
general saluda el día de hoy con regocijo. Cada cual hace un cuadro de nuestros
progresos celebrando que hayamos podido imponernos a nuestros enemigos,
hacernos respetar en el extranjero y aspirar a una solución de la guerra que
satisfaga nuestro amor propio nacional.
Por
lo que atañe a este litoral, llamado a atraer con preferencia la atención del
gobierno, sentimos decirlo, nuestras aspiraciones respecto a su adelanto y
bienestar no se han cumplido como lo deseábamos.
En
vez de mejorar hemos empeorado de condición. La industria salitrera pasa por un
momento de crisis, la minería en decadencia, sin representación en el Congreso,
negada la acción municipal por la voluntad de un simple gobernador y por fin
sin organización administrativa.
Abrigábamos
la esperanza de que el ilustrado gobierno del señor Santa María nos hubiese
atendido y proporcionado todas las franquicias para nuestro desarrollo; pero
tenemos fe de que se nos otorgará lo que sea necesario para asegurar nuestro
porvenir.
Terminamos
haciendo votos por que le quepa al gobierno actual la gloria de pactar con el
enemigo una paz honrosa que asegure nuestra tranquilidad futura y haga la
felicidad del país.
(Editorial
de El Industrial, septiembre 18 de 1882)
§51.
Una
visita a CachinalI
I
Las
grandes transacciones mineras verificadas en Santiago y Valparaíso con
propiedades ubicadas en Cachinal han llamado con muy justa razón la atención de
todo el país a este centro minero, estando cada cual ansioso de conocer la
importancia que alcanza.
Ocupados
desde hace años, en cada ocasión que se nos ha presentado, en llamar la
atención de los hombres de capital hacia la necesidad de explorar el desierto,
seguros de encontrar sus sacrificios y desembolsos enteramente compensados con
el descubrimiento de ricos depósitos metalíferos, sentimos una verdadera
satisfacción al ver cumplidos nuestros vaticinios de una manera tal que pueden
influir poderosamente en el desarrollo e incremento de la industria minera.
Creemos
conveniente recordar aquí que no eran utopías las del ministro de Estado don
José Victorino Lastarria cuando proponía a la Cámara la creación de nuevos
departamentos en la provincia de Atacama, proporcionando toda clase de
franquicias a los que aventurasen sus capitales en demanda de nuevas riquezas
para el país. No eran elucubraciones de una mente acalorada las de abrir
puertos al comercio facilitando la exploración de ese desierto, que desde hace
largos años en toda su costa ha estado manifestando su importancia y todo lo
que la nación puede esperar de su reconocimiento.
Lo
que el año 78 era calificado de ilusión hoy se ve que no era más que lo
natural, lo lógico. La explotación en gran escala de las salitreras de Taltal
que ha levantado en unos cuantos meses un gran puerto, ha venido a probar que
de la minería puede todo esperarlo el país, pues aunque no quieran convencerse
los agricultores, Chile será grande por esta sola industria. A su sombra se
improvisan poblaciones, viene la abundancia, se benefician la agricultura y el
comercio, por consiguiente, la riqueza privada y con mayor razón la riqueza
pública.
Desgraciadamente
esta industria que se inició fiada en las promesas de la palabra del gobierno,
cuando recién empezaba a desarrollarse ha sido muerta por un odioso fiscalismo,
por una inconsecuencia que no nos atrevemos a calificar.
Hoy
esa industria que jamás ha pedido a la nación ni lo necesario para la
compostura de un camino, que ha rendido pingües rentas al erario nacional, que
con la habilitación del desierto ha proporcionado elementos para su
exploración, está en estado de consunción esperando de un momento a otro que se
concluya por darle el golpe fatal cobrándose la misma contribución vigente,
colocando el territorio propio en las mismas condiciones del enemigo.
El
ardor incesante de los habitantes del norte les ha hecho buscar un medio de
salvar la situación de decaimiento que los amenazaba, con nuevos centros de
producción que sean base de prosperidad en el futuro.
Felizmente
cuando Taltal parecía que iba a morir por falta de elementos de vitalidad, ha
renacido de sus cenizas como el fénix de la fábula, y Cachinal le hace dibujar
un horizonte claro en el porvenir que antes se le mostraba sombrío.
Pero
sin más digresiones diremos que, entusiasmados como tantos otros con la riqueza
fenomenal que se decía existía en esta nueva Sierra Nevada, quisimos
contemplarle desde cerca y abandonamos Antofagasta en la tarde del 24 de
septiembre, embarcándonos a bordo del vapor Itata y recalando al puerto de
Taltal en la mañana del 25 después de una corta y buena navegación.
II
Aquí
nos esperaban dos diligentes amigos que nos hicieron desembarcar con toda
presteza, pues el tren para el interior debía partir a las 8 A.M. y teníamos
todavía que obtener licencia del contratista señor Stevenson para poder
continuar nuestro viaje, pues se había prohibido de orden superior el tráfico
de pasajeros por el ferrocarril absolutamente con motivo de ciertas desgracias
ocurridas anteriormente. Con cortesía exquisita el señor Stevenson nos aceptó
en el carácter de empleados, y a la hora indicada salíamos de la estación.
Con
motivo de las reclamaciones que habían llegado a nuestros oídos del mal estado
de la línea férrea, de su pésima construcción y de la medida acertada que se
había tomado prohibiendo el tráfico, nos propusimos estudiar, aunque un poco a
la ligera o a vuelo de pájaros estas observaciones, y hemos podido cerciorarnos
de que con la modificación de algunas curvas, el mejor lastramiento de la vía,
la reforma de las palancas en los carros de carga que son de todo punto
defectuosas, como también el encargo de mejores locomotoras quedaría este
ferrocarril a la altura de cualquier otro de la república. Hay otras reformas
que efectuar aún, pero éstas tendrán que hacerse cuando la compañía se reciba
de la línea; como ser el mayor número de depósitos de agua, el aumento de
empleados en las estaciones, la organización de cuadrillas de camineros, etc.
En una palabra, mejorando especialmente el material rodante, y modificando en
algunas partes la línea que es de tres y medio pies de ancho, se tendrá
salvadas las dificultades de hoy.
Los
inconvenientes de una línea no entregada al público y en la cual se podía
viajar solamente como una generosa concesión nos hizo hacer un viaje penoso y
largo. La locomotora por falta de agua tuvo en dos ocasiones que dejarnos en el
camino, para proveerse de ella a alguna distancia; en las estaciones no había
empleados listos que proveyesen de carbón a la máquina y por fin el mayor
número de carros de los que podía arrastrar hacía dilatar nuestro viaje y
solamente debido a la buena voluntad y energía del maquinista Mr. James Clark,
que determinó no llevar más que un carro de carga y las volandas en que íbamos,
pudimos llegar al término de la línea férrea a las 6 de la tarde de ese día.
El
Refresco, que así se llama el punto a donde llega el ferrocarril, cuenta con
una buena estación, alrededor de la cual se ha formado una pequeña población
como de 100 habitantes.
Instalado
en un pequeño hotel, al cual se trata de dar mayores comodidades que las del
presente, nos repusimos de las fatigas del camino y a las 8 de la noche
emprendimos viaje en un coche con dirección al establecimiento de amalgamación
de Cachinal, donde creíamos llegar temprano, pero nuestro vehículo no avanzaba
con la velocidad que deseábamos, y solamente a las 2 y media de la mañana
llegamos al citado lugar, donde fuimos recibidos con amabilidad característica
por el señor Busenius, administrador del citado establecimiento.
III
Después
de dedicar algunas horas al sueño, antes de partir pudimos visitar todas las
partes de que se compone la máquina de Cachinal. El terreno claustrado ocupa un
área de 280 metros de longitud por 140 de latitud. Para la toma de muestras y
depósitos de metales está en construcción una bodega de 50 metros por 20.
Tiene
3 pozos para relave de 11 metros por 10, tres para depósito de agua, 4
trapiches y 4 barriles.
A
cargo de la colocación de los trapiches y barriles está el inteligente
ingeniero mecánico don Juan Tonkin, que por mucho tiempo fue empleado de la
Beneficiadora de Antofagasta, y ocupado de los experimentos de beneficio don
Segundo Vieira, que antes era beneficiador de Puquios.
El
agua que se emplea proviene de los depósitos naturales o vegas que hay en este
punto, en las cuales llega el agua hasta la superficie como en Aguas Blancas.
Dados
estos datos se comprende fácilmente que en este establecimiento no podrán
beneficiarse más de 12 a 15 mil quintales de metal mensualmente, cantidad
pequeña si se atiende al desarrollo que puede tomar el mineral, lo que hace
presumir que la exportación para Antofagasta seguirá en la misma escala que
hasta el presente.
Actualmente
se ocupan en los trabajos de la máquina como 170 trabajadores, que dan vida y
alimento a la población que se ha levantado en las inmediaciones y que cuenta
con 350 habitantes.
Se
nos olvidaba decir que el plano de la máquina es debido al diligente ingeniero
don Clemente Castro, plano que se exhibe en las piezas del administrador. A las
12 emprendimos viaje con dirección al mineral y a los dos horas ya lo
divisábamos con sus casas diseminadas aquí y allá, y a las 3 llegábamos a la
mina jefe, a la descubridora, a la Arturo Prat.
IV
Nuestra
primera idea después de un momento de descanso fue averiguar la manera cómo se
había llegado a efectuar este descubrimiento, y nuestros deseos se vieron muy
pronto satisfechos.,
Don
Pedro Serruys, administrador accidental de esta mina y antiguo empleado de don
Rafael Barazarte, nos decía que este señor había tenido constantemente
cateadores en el desierto y que con el trabajo de su oficina salitrera José
Antonio Moreno estas exploraciones en los últimos años eran más frecuentes por
las mayores facilidades que había para proveerse de toda clase de recursos.
Don
J. Peñafiel y don S. Figueroa se habían dedicado a catear en el portezuelo del
Viento, y estando de regreso en la aguada de Cachinal y cuando pensaban ya en
regresar a Paposo se le ocurrió al primero no retirarse hasta hacer una extensa
investigación en las sierras que tenía al frente, por parecerle éstas de un
bonito panizo para plata. Después de dos o tres días descubrieron varias vetas
de las cuales se apresuraron a tomar muestras, pero a las que no dieron gran
importancia, pues el aspecto no indicaba tener ley conveniente de plata.
Regresaron,
pues, desanimados a Paposo y entregaron las piedras a nuestro amigo don Vicente
Basaure, quien habiéndolas ensayado, obtuvo solamente de una de ellas una ley
de 203 marcos, siendo las otras de una ley que no podía estimarse.
Inmediatamente se telegrafió a don Rafael Barazarte a Taltal para que hiciese
los pedimentos respectivos.
Una
vez iniciados los trabajos que se hicieron sin tener gran fe en los resultados,
hubo de camorrearse muy luego la veta, a unos dieciocho metros de hondura en el
terreno de acarreo por el que ésta atravesaba; pero a indicación del señor
Serruys se dio una revuelta en el chiflón hacia el lado sur y se encontró muy
pronto un beneficio de 50 marcos, el que fue aumentando gradualmente hasta
llegar a presentarse una mina de cuya importancia se ocupa hoy medio mundo
minero.
Poco
tiempo después el descubridor Figueroa vendía las dos barras que le
correspondían en dos mil pesos, y el señor Peñafiel entraba con 3½ barras en
negocios mercantiles con don Francisco B. Bustos, quien negociaba hacía 2 meses
esta parte de mina y otras con la sociedad anónima formada por los señores Juan
y Joaquín Walker, en la suma de ciento ochenta y cinco mil pesos.
Las
dos barras del señor Serruys y otras propiedades del mismo señor se venden en
$70.000, siendo la sociedad cuyas acciones se cotizan a más alto precio en el
mercado.
He
aquí bosquejada la historia del descubrimiento de la Arturo Prat, que ha dado
nombre a Cachinal de la Sierra, mina a la cual le dedicaremos lo mismo que a la
Francisco Vergara una sección especial en esta revista, la que iniciaremos por
las minas de menor importancia relativa a las que consideramos, como todos los
demás, las jefes, y a las cuales por el momento está ligado el porvenir del
mineral.
V
Primer
grupo
Al
sur sobre la misma veta está la Fresia con 250 metros de longitud y 200 metros
de aspas. El trabajo empezó hace 6 meses cuando se supo que la Arturo Prat
mejoraba. El terreno de acarreo tiene 15 a 16 metros de grueso. Se siguió un
chiflón por este terreno y encontrando la roca firme hicieron una cortada al
poniente con lo cual tomaron la veta a corta distancia en un metro y medio de
ancho y con rumbo N. 60º O y el recuesto 70º al este.
La
hondura máxima es de 40 metros y la formación es la misma que la Arturo Prat el
mismo panizo y criadero.
El
administrador es don Máximo Campaña. Esta mina se trabaja con 20 operarios. La
otra pertenencia al sur se llama Julia sin mensurarse todavía por no haberse
encontrado la veta, teniendo aquí el terreno de acarreo más de veinte metros.
Esta pertenencia se considera bien importante, pues la veta Arturo debe pasar
precisamente por ella y la zona de beneficio se extiende indudablemente en esta
dirección.
Carolina
tampoco tenía encontrada la veta como la anterior.
Las
demás estacas son terrenos para explorar que aún no tiene veta y que es más que
probable que en ellas aumente el espesor del terreno de acarreo.
La
Justa es la primera estaca al norte de la Arturo Prat y tiene veta que se nos
aseguró estaba en broceo, creyendo algunos que no es la Arturo.
La
Delirio se considera como 2ª estaca; tiene un pique 15 a 20 metros más al
naciente de donde debe pasar la veta si continúa con el rumbo de la Arturo y
tiene 12 a 15 metros de hondura vertical, y ya encuentran terreno firme para
dar su cortada.
Siguen
después San Blas y Siempre Viva y Carmen Bajo, que se nos aseguró, al partir,
había hecho un alcance de importancia en veta de la Arturo.
A
continuación está la Juan José Latorre, la Juana y José Francisco Vergara.
Esta
última se pidió como descubridora, y fue descubierta por don J. Saavedra.
Al
norte de la Francisco Vergara se encuentra su primera estaca actualmente en
pleito y la Fresia 2ª, Jueves y un poco más distante la Eleuterio Ramírez,
todas las cuales tienen trabajo.
Al
naciente de la Francisco Vergara como a 500 metros está situada la Patricio
Lynch a la cual se atribuye importancia, tanto por la anchura de la veta como
por la ley de los metales que se estaban explotando. Esta mina no se encuentra
mensurada todavía y pertenece en su mayoría a don Emeterio Moreno.
Sobre
las aspas al naciente de la Arturo está la Amelia y otras que siguen al sur y
norte su trabajo.
A
100 metros al poniente de la Arturo está la corrida de la Emma, siendo ésta la
única que se trabaja, aunque hay muchas pertenencias pedidas.
La
veta tiene medio metro de ancho y el pique se ha puesto en un punto en que se
cruzan dos vetas: una tiene NS 60º al poniente y la otra NS 15º al oeste. En
este punto se encuentra la veta rica, mejor que la Arturo, y se midió sobre la
veta de 45º y su longitud es de 500 metros.
Parece
que en hondura la veta que se manifiesta en beneficio es la de los 45º. Su
recuesto es 80º al E, su hondura es de 45 metros verticales. Los trabajos
horizontales de reconocimiento son más extensos que en las otras minas, de lo
que proviene su poca hondura.
El
metal es más ferruginoso, pero en general es más o menos igual al de la Arturo,
encontrándose la parte mejor pegada a la caja naciente. Los cruceros abundan en
esta mina.
Las
estacas pedidas al norte y sur de esta pertenencia no se encuentran medidas y
no tienen trabajo de importancia.
Más
al norte se encuentran las minas Caracoles y Caracolina, de cuya importancia no
podemos juzgar.
Otra
corrida es la de la Valparaíso, que se encuentra como 400 metros al poniente de
la Arturo.
La
Valparaíso, que le da su nombre, se ha trabajado más que cualquiera otra por
haber dado metal hasta de 30 marcos en la superficie. La parte sur se ha
trabajado más que la norte y tiene una hondura de 40 metros verticales. Su
rumbo es de NS, 22º al poniente, su recuesto 80º al E. El trabajo empieza con
chiflones, pero hoy sigue con piques y frontones.
El
metal hasta 30 metros tenía mucha galena, pero ahora sale carbonato de plomo,
yeso y carbonato de cal y aparecen a manchitas, que es la peculiaridad de esta
corrida, y en planes hay una especie de caolina. Hay una cortada corta a los 20
metros de hondura; han encontrado una guía a 2 metros de distancia y a 4 metros
una veta bastante ancha con el mismo rumbo de la veta principal, sin recuesto.
El metal se encuentra al lado de la caja naciente.
Más
al sur está la Veta Larga que tiene un chiflón de 20 metros. La veta debe ser
la de la Valparaíso o la que corre al lado, siendo el rumbo y manteo el mismo.
El
Morro de Arica, situada más al sur de esta veta, tiene también un chiflón de 20
metros de hondura.
Las
tres minas anteriores están a cargo de don Antonio Vallejo.
Buena
Esperanza está más al poniente y se le ha medido sobre una veta paralela a la
Valparaíso.
Más
al norte de la Valparaíso está Las dos Naciones, medida sobre un crucero que
tiene NS 60º al O, pero que parece cambiar su rumbo en hondura 50º al O y
recuesto al NE 80º, teniendo la veta un ancho de metro y medio y es tan grande
que al cruzarse con la Valparaíso la llega a hacer desaparecer. La mina tiene
solamente veinte metros de chiflón.
Más
al norte está la Custodia, mina medida sobre la veta Valparaíso. Recuesto y
rumbo lo mismo que la de ésta.
Se
descubrió esta mina con mucha suerte, pues ha tenido solamente 5 metros de
terreno de acarreo. El trabajo consiste en un chiflón; en planes se encontró
metal, como lo manifiestan los que hay en cancha y hoy se proponen seguir un
pique que tiene actualmente como 8 metros.
La
veta tiene metro y medio de ancho, pero se abre en dos ramos.
Al
norte hay algunas estacas.
La
Herminia se encuentra al sur del Morro de Arica, tiene rumbo de naciente a
poniente, y está tomando importancia lo mismo que la Rosa, que recién se
trabaja con interés.
Segundo
grupo
El
panizo de este grupo es enteramente diferente del primero, pues es un pórfido
muy descompuesto cerca de las vetas. Las minas se encuentran como a media legua
de la Arturo Prat, siendo las más importantes la Occidente, Berta, Poniente,
sobre una corrida, y la Diana sobre otra.
La
primera corrida es de naciente a poniente con un recuesto de 80º al sur. El
ancho no pasa de 30 centímetros, pasando la Occidente por un terreno muy
ferruginoso a una hondura de 5 metros y después un panizo negro poroso; tiene
esta mina 30 metros de hondura más o menos; las otras, 10.
La
Diana iniciaba sus trabajos.
Tercer
grupo
Este
grupo se llama de los Soldados y está a una legua al NE del segundo y por el
momento se ignora su importancia.
Cuarto
grupo
Se
encuentra a dos leguas y media más al norte de la Arturo Prat, tiene minas que
han dado algunos quintales de metal, siendo la principal la Arturo Soto, que
tiene una veta de metro y medio de ancho, dirección NS 5º al naciente, recuesto
70º al oeste.
El
metal aparece como en bolsas cuando la veta es atravesada por cruceros, siendo
la galena la que más se encuentra y en una de ellas a 40 metros dio metal de
120 marcos.
El
panizo de este grupo es pórfido cuarzoso. En la misma pertenencia hay otra veta
más al poniente que tiene recuesto al naciente, de modo que deben encontrarse
en hondura.
La
Occidente se encuentra a 300 metros más al oeste de la Arturo Soto con rumbo NS
5º al O, recuesto 60º al naciente, ancho medio metro, tiene como trabajo un
chiflón de 20 metros verticales: más al norte está la Merceditas, que debe
haber sido trabajada hace algún tiempo, tiene hasta 30 metros, rumbo de NS 20º
O, recuesto 55º al naciente. Hoy comienzan sus trabajos.
Al
naciente se encuentran la María y Huanaca siendo las dos vetas muy galenosas,
con rumbo NS, habiendo dado la segunda algunos ojos de buen metal.
Hay
varias más como la Dominga y otras.
En
este cuadro general pueden haberse escapado varias pertenencias, pero esto se
debe a la ligereza de esta rápida ojeada, como también a que los trabajos se
puede decir empiezan en Cachinal.
VI
La
Aturo Prat se encuentra situada sobre un pequeño cerrillito que se eleva 50
metros sobre el nivel más bajo del llano, en el que está la generalidad de las
minas de Cachinal.
Como
pertenencia descubridora se le midieron 750 metros de longitud y por aspas
veinte metros en contra del recuesto y 180 a este lado, variando éste desde la
superficie hacia hondura, pues iniciando con 60 grados ya en planes mide
ochenta de inclinación.
En
todo el llano hay terreno de acero cuyo espesor varía entre cinco y 23 metros,
encontrándose en medio de él también algunas manchas de pórfido. Este en
capamiento hace muy difícil seguir el rumbo de las vetas y los trabajos para
encontrarlas tienen que ser bien dispendiosos.
Observando
el panizo hasta 80 metros se ve que se compone de diorita y las vetas, que
varían de un metro a tres de ancho, pueden considerarse como grandes
inyecciones de pórfido que han atravesado este terreno. Este pórfido soporta,
diremos así, por el muro superior la veta verdadera que es una cuarcita con
ancho más o menos variable, la cual contiene un metal de buena ley que se
compone de cloruro y sulfuro de plata, carbonato y sulfuro de plomo y plata
gris, la que des componiéndose hace ver los verdiones que se observan en la
veta, llevando también el pórfido beneficio variable.
Como
se encuentra perfectamente definida la separación del pórfido de la cuarcita,
se llega a opinar por algunos que ésta es una formación de dos vetas
enteramente distintas, siendo esta última mucho más joven habiendo logrado
abrirse paso por medio del pórfido y colocarse generalmente en la caja
naciente, aunque en algunas partes aparece en medio de este último.
La
veta de la Arturo tiene 2 metros de ancho en la superficie, disminuyendo en
hondura. El rumbo es de 45º NO y como hemos dicho de recuesto muy variable.
El
metal que se obtuvo en el trabajo de la superficie fue al principio de 20 a 30
marcos que no convenía mandar a la costa; pero tan pronto se hizo el alcance de
que hemos hablado, su ley aumentó notablemente y empezó a remitirse a
Antofagasta de 80 a 100 marcos. Existe cerca del pique del malacate un gran
rajo que se extendió en buen beneficio hasta 45 metros, desde donde hasta
planes se ha estado sacando solamente metales de labor, dejando los puentes
respectivos, los que han venido a manifestar o dar una idea de la importancia
de la mina.
El
trabajo que se sigue es de piques y frontones, teniendo los primeros cinco
metros de hondura y distando entre sí desde 15 hasta 30 metros. Los macizos que
se forman de esta manera son demasiado delgados, a nuestro juicio, y
modificándolos en el sentido de un mayor grueso creemos que se consultarían
tanto los deseos de los directores del trabajo como también los intereses de
los dueños. Por otra parte, creemos también que debe variarse el escaleraje
actual que presta muy poca comodidad y seguridad a los operarios.
Una
observación atenta nos permitió constatar que a más de tener la mina muchos
cruceros cuyo espesor varía entre 1 centímetro y 3 decímetros, une la gran
ventaja de la no existencia de chorros, que pueden dislocar la veta o hacerla
sufrir cualquier accidente serio, ya de dirección, ya de otro género, lo que
permite augurar que marche uniforme y con regularidad a mayor hondura.
Con
el fin de averiguar la importancia de otros veneros que pudieran correr en la
misma pertenencia, se ha dado una cortada a 22 metros de hondura al lado
naciente, la cual tenía ya 75 metros de longitud, habiéndose cortado a
distancia de 45 metros de la veta principal, otra angosta a 56 metros, otra
poderosa de metro y medio de espesor, un poco más allá dos guías, y aun se cree
cortar otra más que aparece en la superficie a 80 metros de distancia.
Esta
pálida reseña del interior de la Arturo Prat no se encuentra aún terminada,
pues cuenta esta mina con otro trabajo que no está comunicado con éste y que se
encuentra distante como 250 metros al sur del malacate. Este trabajo llamado
San Antonio, y que corre bajo una administración enteramente diferente de la ya
tantas veces nombrada, cuenta con un pique de 22 metros de hondura y con un
chiflón que se encuentra a 40 metros más al norte de este pique.
Desde
la hondura de 15 metros se tomó beneficio en esta mina, el cual ha continuado y
continúa hasta el presente. En esta sección el recuesto de la veta es mayor y
los metales contienen un poco más de galena. Esto hace presumir que el
beneficio se extiende con mayor preferencia hacia el sur.
Hemos
terminado nuestra revista interior, y justo es que hablemos de los trabajos
exteriores.
Las
canchas formadas para el depósito de metales no pueden ser más estrechas e
insuficientes y es de absoluta necesidad proceder a la construcción de unas que
a la mayor superficie unan la seguridad. Aquí se encuentra colocada una
chancadora Blake para la realización de los metales; otra igual hay planteada
en la mina San Antonio.
Las
casas que sirven para la vivienda del administrador y empleados no merecen el
nombre de tales y creemos que muy pronto se procederá a la construcción de
edificios cómodos, dignos de una mina como la Arturo.
Para
la extracción de las sacas se cuenta con un buen malacate que presta magníficos
servicios.
La
mina tiene un despacho bien surtido, pero en el que notamos que los precios por
los artículos de consumo son excesivos. Hasta ahora no comprendemos a qué
conduce un sistema que consideramos pernicioso, del cual no se obtienen las
ventajas que a primera vista deslumbran al negociante. El trabajador que ve la
manera cómo se le arrebata el fruto de su trabajo, pues su sueldo pasa a ser
nominal, trabaja mal, y en la primera ocasión que se le presenta se resarce con
ventaja del partido que se ha creído obtener de él. Y esto es tanto menos
aceptable en minas de plata que necesitan un trabajo activo y que deben
alimentar y fomentar el comercio.
Habiendo
vendido don Rafael Barazarte a una gran sociedad la parte que tenía en esta
mina y perteneciéndole sus productos hasta el 1 de octubre, se notaba una gran
actividad en la explotación.
En
las canchas había como 7.000 quintales de una ley de 60 a 70 marcos y un gran
desmonte como de 20.000 quintales que se nos aseguró que su ley no bajaría de
25.
Por
datos que nos merecen completa fe podemos decir que la mina desde su
descubrimiento hasta la fecha ya citada, ha producido 170.000 marcos que mal
avaluados a $5,50 como producto líquido dan la gran suma de novecientos treinta
y cinco mil pesos.
Por
otra parte también sabemos que en el trimestre pasado ha entregado a la
beneficiadora como 200.000 pesos; 1.000 en metales cuya ley no ha bajado de 100
diez milésimos.
Administrador
de la Arturo Prat hasta el 30 de septiembre ha sido don Ramón Quezada,
remplazándolo interinamente don Antonio Vallejo; y de la San Antonio don Juan
de la Cruz Saavedra.
VII
La
José Francisco Vergara fue descubierta en marzo del presente año por don Juan
Saavedra Lira, jefe de una expedición de cateo organizada por don Emeterio
Moreno en Aguas Blancas, habiéndose ocupado anteriormente en exploraciones de
igual género y sin resultado alguno con don Benjamín Fisher.
Cansado
ya de catear al norte de Cachinal llegó al punto llamado del Soldado; desde ahí
divisó el panizo donde se encuentra la mina, ordenando varias veces a un
compañero que fijase su atención sobre este punto sin ser obedecido, hasta que
personalmente se dirigió a este sitio; muy pronto descubrió un pequeño rodado
en una quebrada y pocos momentos después la veta de donde provenía. Este metal
no tendría más de 25 a 30 marcos, pero el filón era muy potente y tenía que ser
de gran importancia; siguiendo su exploración encontró otra veta que es la que
hoy se denomina Patricio Lynch.
Descubiertas
las vetas citadas emprendió inmediato viaje a Antofagasta, donde no habiendo
encontrado al habilitador señor Moreno, y no teniendo los recursos necesarios
para trasladarse a Copiapó, vendió en doscientos pesos a don Benjamín Fisher
seis barras en cada una de las pertenencias.
En
esta mina se han hecho los trabajos de reconocimiento por medio de un pique;
siguiendo la pendiente de la veta y atravesando 23 metros de terreno de acarreo
se ha obtenido un regular beneficio, existiendo en cancha metales de buena ley.
Éstos
presentan el mismo aspecto o caracteres de los de la veta Arturo Prat, así como
también la potencia, dirección e inclinación tienen mucho de análogo e igual,
razón por lo que muchos se inclinan a creer que sea la misma, habiendo otros
que con muy fundadas razones opinan que es diferente.
Muy
de desear es que tengan razón los últimos, pues de esta manera adquiere mayor
importancia el mineral, sabiéndose que hay dos vetas potentes que tienen buen
beneficio; y las pertenencias colocadas entre la Arturo y ésta tienen un
brillante porvenir.
Serios
desembolsos han costado a sus propietarios los trabajos de reconocimiento y
ojalá pronto vean espléndidamente compensados sus sacrificios.
Esta
pertenencia no tiene los 500 metros de longitud que le corresponden por ley,
pues se midieron 250 metros al norte y para el sur 131, hasta estrecharse con
la mina Juana.
El
administrador de esta mina lo es su descubridor don Juan Saavedra Lira, quien
con toda buena voluntad nos proporcionó los datos que a la ligera consignamos.
Esta mina se encuentra a una altura un poco menos que la Arturo que está a
9.650 pies sobre el nivel del mar.
La
formación del terreno es enteramente igual al que hemos señalado en la veta
principal, de modo que creemos inútil volver a repetirlo tratándose de ésta. Lo
único que tenemos que agregar es que los cerrillos del mineral son dioríticos.
VIII
La
placilla se encuentra situada al lado norte de la Arturo Prat trabajándose en
ella con gran actividad almacenes, hoteles, etc. La planta de la formación no
puede ser mejor, pues siendo el terreno sin ningún accidente se han podido
formar calles espaciosas y rectas.
Se
notaba gran actividad en el comercio, a pesar de que las casas vendedoras puede
decirse que recién comenzaban a surtirse convenientemente.
A
poca distancia hacia el oriente de la descubridora se estaba terminando una
casa, en la cual se instalará un gran almacén de los señores Manuel Quezada y
Alfredo Ovalle, que tendrá todos los artículos propios para las minas.
Se
nos aseguró que en esa fecha había como 2.000 habitantes en el mineral.
El
inteligente ingeniero de minas don Enrique Cavada, administrador de las minas
en que tiene parte el activo industrial don Manuel Vicuña, se ocupaba en la
nivelación de la corrida de la Arturo Prat y terminando este trabajo se iba a
dedicar al levantamiento del plano general de este centro minero, trabajo
importantísimo y que llevará mucha luz a todos los mineros para sus
investigaciones. Ojalá que lo termine lo más pronto posible.
La
nivelación hacia el sur tenía por objeto determinar la diferencia de altura
entre la Arturo y una pertenencia de don Pedro Serruys situada como a 2.500
metros al sur, con el fin de averiguar el punto por donde debe pasar la veta en
caso de que no varíe de dirección; y hacia el norte para tener más datos que
vengan a aclarar la cuestión de si la Francisco Vergara es o no la misma que la
descubridora del mineral.
Las
minas cuentan con un médico, el señor Vega, que atiende a los trabajadores
mediante la retribución de un peso mensual y obligado a darles medicina.
Muy
difícil era en el momento en que nos encontramos en ese importante centro
minero, llegar a ninguna negociación, pues alucinados con la gran negociación
del señor Barazarte, los dueños de minas con o sin razón pedían precios
exorbitantes por sus propiedades, de modo que nuestro papel se limitó a
observar y tomar la mayor cantidad de datos posibles.
IX
Terminadas
nuestras observaciones en el mineral y dando las debidas gracias a los señores
Vallejo y Serruys por su generosa hospitalidad, emprendimos viaje de regreso
partiendo a las 4 A.M. hacia el Refresco, teniendo con este motivo ocasión de
examinar el hermoso cometa de que se ocupa en el día especialmente el mundo
científico.
Nuestro
viaje, que lo hicimos en unión del ingeniero francés don Carlos Vattier, nos
proporcionó la ocasión de comprobar que nuestras observaciones respecto al
mineral en general estaban más o menos de acuerdo con las efectuadas por él.
Al
llegar al establecimiento de amalgamación de Cachinal tuvimos ocasión de ver
que se había aprovechado para la economía en el trabajo el descanso natural del
terreno y que estaba en construcción un gran edificio que proporcionará buenas
comodidades al administrador y empleados superiores.
Llegando
al término de nuestro viaje en coche, nos pusimos en comunicación con el señor
Stevenson a fin de obtener pasajes en el tren que ese día sábado debía llegar
del puerto.
Por
respuesta obtuvimos una orden para que fuésemos conducidos con nuestros
equipajes como sus empleados y que le llevásemos los informes pedidos.
A
las 4½ llegaba la máquina conducida por nuestro antiguo conocido Mr. Clark, con
quien teníamos seguridad de hacer un buen viaje.
A
las 5½ salíamos de esta estación y llegábamos a las 8 al puerto de Taltal,
adonde nos esperaban amigos obsequiosos.
Tanto
en nuestro viaje en coche como en el ferrocarril no pudimos contemplar sin pena
cómo el fiscalismo ha llegado a hacer la muerte y el vacío donde hace pocos
meses reinaba la actividad humana. Atravesamos por oficinas perfectamente
instaladas que, ¡hoy se encuentran a cargo de un cuidador! Pudimos observar que
hay todavía hombres de ánimo, como don Daniel Oliva y don J. Vitriarius, que
alimentando una vaga esperanza, aún sostienen trabajos cuyo producto va a pasar
a arcas fiscales. Sin embargo, parece que si en poco tiempo más no llegan a
convencer a nuestros pilotos de la imposibilidad de continuar bajo las actuales
condiciones económicas, se verán obligados a reducir los trabajos o a
paralizarlos por completo. No es posible ser administrador de bienes fiscales
sin ganancia o renta alguna.
Y ya
que hablamos del señor Vitriarius, diremos que lo encontramos en viaje para
Cachinal a donde era llevado por la comisión que se le había dado de recibirse
de la Arturo Prat el 1 de octubre, y administrarla mientras se nombra el
propietario. Este distinguido ingeniero no puede continuar en este empleo por
estar comprometido a hacerse cargo el 1 de enero próximo de las grandes minas
de Huanchaca.
Al
llegar al puerto supimos que nuestro viaje había dado origen a una cuestión en
la prensa de la localidad, en la cual ambos redactores tuvieron la galantería
de manifestarnos su estimación.
Al
día siguiente, después de despedirnos de los buenos amigos de ese puerto, nos
embarcamos en el vapor Serena en el cual llegamos a este puerto el lunes 2 de
octubre, después de convencernos de que es el vapor de la compañía en el cual
los pasajeros son perfectamente atendidos, debido al cuidado del capitán Steel.
X
La
primera noticia que tuvimos a nuestra llegada fue la de un gran descubrimiento
entre Cachinal y Aguas Blancas, motivo por el cual habían salido muchos
cateadores de este puerto y que de Taltal habían hecho otro tanto más de
trescientas personas. Nada habíamos oído en Taltal y desde luego pronosticamos
a nuestros amigos el mal éxito de las expediciones al lugar citado.
Sin
embargo, no podemos dejar de mirar con complacencia el espíritu de asociación
que se ha apoderado de nuestros industriales y la organización de caravanas de
cateos, pues creemos que tarde o temprano tienen que dar resultados prácticos.
Pero no siendo Antofagasta el lugar en que se encuentran fortunas, creemos que
los capitales deben buscarse en el sur, para dar cima a grandes especulaciones
mineras de un carácter seguro.
Caracoles
perece de inacción porque no hay quién arriesgue un solo centavo en arrancarle
sus secretos. Este gran centro minero tiene importantes minas en las cuales no
han podido hacerse los reconocimientos necesarios por falta de capitales y va
directamente a la ruina con el trabajo de pirquén de que hoy vive.
Importantísimas minas hay que se encuentran en su primer broceo y con un
porvenir lisonjero.
El
señor J. Stewart Jackson, que ha comprendido la importancia de este mineral, ha
emprendido últimamente dos grandes trabajos, la Nueva Deseada y la Julia, que
tienen que dar un resultado positivo. Y así como estas minas hay tantas otras
que, contando con los recursos necesarios, tendrían que llegar a probar la
bondad y riqueza del mineral.
Caracoles
ha tenido la desgracia de ser muy calumniado. Caracoles ha sido un gran
negocio, toda sociedad que tuvo base de existencia ha producido pingües
ganancias, como lo manifiestan todas las formadas con barras de las minas
Descubridora. ¿Por qué se hace pesar la mala fe de muchos sobre el mineral para
ponerlo en la picota del descrédito?
No
se culpe a Caracoles de las vergonzosas especulaciones de 1872 a 1873. Cúlpese
a la ignorancia y a la avidez de rápida fortuna que se apoderó en ese entonces
de la gente de Valparaíso y la capital. Por muy rico que sea un mineral no
faltará quienes quieran explotar la avaricia o la ignorancia de algunos,
proponiéndoles y haciéndoles aceptar negocios que no tienen base en qué
apoyarse, y la culpa de esas estafas de ninguna manera debe aplicársele al
mineral cuyo nombre se toma con ese objetivo.
Perdónensenos
estas digresiones que tienen su razón de ser, pues todos debemos pensar en el
medio de mejorar la condición por que atravesamos señalando las causas de
nuestra decadencia.
(El
Industrial, octubre 21 de 1882)
§52.
14
de febrero
El
14 de febrero de 1879 el pueblo de Antofagasta recibía la nueva de que el
gobierno de Chile comprendiendo la felonía y doblez de la diplomacia boliviana,
que a toda costa quería anular lo que con toda buena fe en un pacto
internacional había sido estipulado, se decidía a hacerse respetar ocupando
este territorio.
En
vano la prensa y gobierno bolivianos han tratado de manifestar al mundo
civilizado la injusticia con que este territorio fue ocupado militarmente y que
Chile estaba preparado para la guerra. Las notas cambiadas entre el consulado y
el prefecto del departamento revelan el grado de orgullo y de resistencia de
los agentes del Ejecutivo para dar a este negociado una solución equitativa,
sin comprometer en nada el buen crédito de ambos países.
Conociendo
el gobierno de Bolivia por el último viaje a Chile del ministro de Hacienda, el
estado de desarme en que nos encontrábamos como lo manifestaba lo reducido de
nuestro ejército y el mal estado de nuestra armada, y teniendo a su retaguardia
el pérfido tratado de 1873, se manifestó a toda hora intransigente y hasta
descomedido con nuestra cancillería, sin presentarse a ningún arreglo que
salvaguardase los grandes intereses que capitales chilenos tenían comprometidos
en este territorio. No creyó jamás que Chile se levantase pujante y poderoso y
que fuese capaz con el sin igual patriotismo de sus hijos, de arriesgar todo su
porvenir de nación por salvar su honor y su dignidad.
La
ocupación de este territorio por nuestras armas en la alborada del 14 de
febrero no significó otra cosa que el reto de la justicia y del derecho del
débil contra la fuerza bruta; la protesta de la razón contra la mala fe y los
manejos torcidos; el desagravio de los vejámenes que desde hacía mucho tiempo
eran desoídos por nuestro gobierno; en fin, el imperio de la ley y del derecho
en este territorio.
El
pueblo de Antofagasta se mostró grande y magnánimo en este día de grandes
recuerdos. Los que desde ese día pasaron a ser nuestros enemigos fueron
tratados con toda clase de consideraciones, siendo respetados en todo y por
todo. Se llegó hasta ahogar generosamente el sentimiento de legítimo contento y
alegría.
La
organización tanto política como militar sucedió inmediatamente con una gran
actividad, debida a los esfuerzos de celosos mandatarios como el señor Nicanor
Zenteno y de inteligentes militares como el coronel Sotomayor, continuando los
trabajos como si no hubiese existido un cambio radical en las instituciones.
Antofagasta pudo recibir en su regazo con todo cariño las brillantes legiones
que los pueblos de la república mandaron a organizarse para afrontar ya no
solamente las iras del gobierno boliviano sino, también, la de su desleal
aliado, el de Perú, que por medio de una política artera y falaz lanzó en este
charco al primero, con el fin de llevar a efecto su pretendida dominación en el
Pacífico.
Dieu
et mon droit dice el lema de una de las naciones más civilizadas del mundo, y
Chile con el de POR LA RAZÓN O LA FUERZA, ha manifestado que las buenas causas
tienen siempre un resultado favorable. Con ejemplos de abnegación llevados
hasta la sublimidad del sacrificio, y con el empuje de sus gloriosos soldados,
se ha hecho el árbitro de los destinos de su solapado enemigo, que hoy
dividido, arruinado y desorganizado sólo espera que la conmiseración sea el
áncora en que pueda anclar el bajel en el que conduce sus vicios, y que ojalá
se conviertan en las virtudes de la honradez y del trabajo que lleva a los
pueblos a la ventura y prosperidad. Antofagasta tiene motivos justos para
enorgullecerse del importante papel que le ha cabido en esta guerra que ha manifestado
nuestro patriotismo, el grado de nuestra cultura, la virilidad de la nación, y
lo que puede la organización y la paz en el progreso de los pueblos.
Hoy,
aunque no con el entusiasmo de otros años, se muestra engalanada para saludar
este gran día. Y tiene razón.
Hemos
hecho manifestaciones justas y bien fundadas para que se nos atienda como
merecemos; hemos manifestado las necesidades que es preciso servir; hemos hecho
comprender lo que valemos como pueblo trabajador e industrioso; y por fin hemos
soportado todos los gravámenes sin que se nos concedan las franquicias que
tienen derecho a esperar los hombres de industrias y labor constante, que
luchan por dar pingües entradas a la nación.
Este
trabajo, por causas que por el momento no alcanzamos a comprender, ha sido
infructuoso. Estamos en las mismas condiciones que hace dos años manifestamos
en una petición dirigida a S.E. el Presidente de la República y que
reproducimos en otra sección.
Mas
es preciso no desmayar. Si realmente no se nos conoce, elevemos nuevamente
nuestra voz hasta las regiones del poder, manifestemos lo que somos y valemos,
y una vez que positivamente se convenzan de nuestras necesidades, estamos
seguros que seremos escuchados y que se nos hará justicia. Con violencia y
despecho nada podremos obtener.
Saludemos
este glorioso día con los sentimientos de verdadero patriotismo, y hagamos
votos por que el gobierno ilustrado de la república, comprendiendo los
verdaderos intereses del país, atienda preferentemente a la organización de
este territorio dándonos una administración digna del papel que nos corresponde
entre los demás pueblos de la república.
(Editorial
de El Industrial, febrero 14 de 1883
§53.
Apuntes
sobre la historia de Aguas Blancas
I
Absolutamente
necesario se hace en las circunstancias presentes dar una rápida ojeada a la
historia de este importante centro industrial que aún espera confiado en que el
supremo gobierno, comprendiendo su verdadera situación, lo fomente y lo impulse
no defraudando las esperanzas de sus intrépidos empresarios, que siempre han
vivido confiados en que por fin se les dará las franquicias con que tanto se
les halagó.
Desde
tiempo inmemorial, puede decirse, era conocida la aguada de Aguas Blancas,
sitio donde recalaban constantemente los infatigables exploradores del
desierto, los cuales han marcado sus huellas con algún descubrimiento que ha si
do riqueza positiva para la nación. Pero hasta el año 1872 nadie había fijado
su atención en los depósitos inmensos de caliche que tenía en sus alrededores.
A mediados del año citado salía de este puerto don Emeterio Moreno con esa
dirección por el camino del salar del Carmen y dos leguas más o menos al
noroeste de la aguada nombrada en un extenso salar encontraba caliche que una
vez ensayado daba una ley notable de nitrato de soda.
Inmediatamente
de conocer tan buen resultado hizo los pedimentos respectivos asociado del
abogado don José Martín Manterola ante la intendencia de Atacama, y don Justo
Peña, entusiasta cateador del desierto, presentó análogas solicitudes en
terrenos situados al sur de Aguas Blancas.
Antes
de emprender ninguna negociación ni entablar máquinas de elaboración era
necesario cerciorarse de la calidad del descubrimiento que acababa de
efectuarse y que abría un brillante horizonte para la industria del país. El
señor Moreno emprendió trabajos de reconocimiento en el gran salar
especialmente y creyendo tener éstos lo suficientemente avanzados para poder
formarse una idea más o menos cabal de la importación de estos depósitos, se
acompañaba en marzo de 1873 del ingeniero de minas don Matías Rojas Delgado a
fin de cumplir con una de las disposiciones de la ley sobre sustancias
inorgánicas que regía en ese tiempo, y que, sea dicho de paso, dejaba mucho que
desear.
Cumpliendo
con ese mandato el ingeniero citado después de un reconocimiento prolijo de
esta sección dio un informe favorable y llamó la atención del gobierno hacía
las riquezas de gran importancia que teníamos ocultas en nuestro territorio.
A
pesar de este informe, no faltaban pesimistas o interesados que pretendieran
negar hasta la existencia del caliche, causando el mal inmediato de que sus
descubridores encontraran serios inconvenientes para proporcionarse los
capitales indispensables para iniciar los trabajos de la elaboración.
Aun
la comisión científica nombrada por el señor ministro don José Victorino
Lastarria, y a cuya cabeza estaba el señor Pissis, no dio la importancia
merecida a estos depósitos, emitiendo un informe que puede calificarse hasta de
ligero.
Pero
la fe jamás faltó a los descubridores y a otras personas que hicieron también
peticiones de pertenencias.
El
señor Moreno continuó sus trabajos de reconocimiento más al sureste del salar y
se encontró con que el caliche estaba mucho más encapado que el salar; pero que
en cambio éste aumentaba de espesor; y habiéndose reformado la ley en un
sentido mucho más equitativo, solicitó por fin en 1876 las mensuras respectivas
de la intendencia de Atacama y otro tanto hicieron don Justo Peña y don Domingo
Fraga. En diciembre de este año el ingeniero ya citado procedía a dar las
primeras mensuras en este gran centro industrial, adjudicando a estacados y
descubridores sesenta y tantas pertenencias, y pasando en enero de 1877 los
correspondientes informes a la intendencia de Atacama, los que fueron
publicados en el Diario Oficial. Habiéndose desvanecido las luchas por medio de
estos informes de la riqueza descubierta, las peticiones se sucedieron y los
comerciantes y mineros instalaron sus trabajos de reconocimiento para una vez
terminados éstos poder adquirir su título definitivo.
A
pesar de las gestiones multiplicadas que hacían tanto el señor Moreno como su
socio Manterola para proporcionarse los fondos necesarios para instalar las
máquinas de la elaboración, pasó largo tiempo para que llegase en pequeña parte
a ver satisfechas sus aspiraciones.
II
Por
fin en el mes de octubre de 1878 se concertaban las bases para dar forma a la
explotación de los salitres.
El
desarrollo que por el momento se quería dar a estos negocios era relativamente
muy reducido, pues los industriales que iban a dar vida a esa parte del
desierto tenían mucho entusiasmo, mucha fe y gran confianza en la protección
que nuestro gobierno había prometido, pero tenían muy pocos capitales; era
preciso que a éstos los sustituyera la gran abnegación de los empresarios de
tan gran empresa; empresa que muy pronto había de hacer cambiar la faz de
desiertas regiones y la vida del expirante pueblo de Antofagasta.
Se
mandaron por dos carretas, alquiladas entre las que hacían el tráfico en el
pueblo de Antofagasta, los víveres y recursos más indispensables para los
trabajadores, que las mismas carretas llevaban, y al mismo tiempo que se
continuaban los trabajos de reconocimiento en las capas salitrosas se echaban
los cimientos de la primera oficina de beneficio, que por el momento debía
componerse de tres paradas, o sea, tres vasijas de forma cónica, de unos 3 pies
de altura por otros 3 pies de diámetro en su superficie. Así empiezan las más
grandes empresas, cuando éstas tienen que luchar con todas las contrariedades
de lo desconocido para la generalidad. Esta mísera oficina, sin nombre, que tan
rústicamente se inauguraba en la época citada, había de ser andando algunos
meses, la oficina Esmeralda, que pronto había de dar tono a empresas de gran
vida.
Los
reconocimientos de los terrenos iban ensanchándose y cada día iba demostrándose
más y más, que los informes del ingeniero señor Matías Rojas Delgado eran una
verdad; que existía caliche en la región de Aguas Blancas y que existía en
proporciones bastantes para dar al país un elemento de vida de que hasta
entonces carecía. En corroboración de esto están los nuevos pedimentos que
hicieron don Julián González Alegre, don Francisco Bascuñán A., don Hernán
Puelma y don Secundino Corbalán por sí y de acuerdo con otros con el objetivo
de emprender la explotación de los salitres. Se pidió la mensura de unas
sesenta estacas o pertenencias, y el intendente de Copiapó nombró para
practicar esta diligencia a los ingenieros don Juan de D. García y don J.A.
Aris, los que se trasladaron a Aguas Blancas para llenar su cometido.
Digamos
algo sobre los iniciadores de la empresa que nos ocupa. Don Emeterio Moreno
poseía como queda dicho desde el año 73, unas 54 pertenencias mensuradas por el
ingeniero señor Rojas Delgado. Después de hechos los primeros reconocimientos
de la sustancia salitrosa, el señor Moreno tuvo que suspender sus trabajos por
falta de los recursos necesarios en una época en que el bajo precio del
salitre, por un lado, y la duda generalmente arraigada de que en Aguas Blancas
y demás territorios de Chile no había caliches, por otro, le impedían
proporcionarse los capitales necesarios para tal empresa. Transcurrieron los
años y un día del mes de octubre de 1878, F. Bascuñán A. proporcionaba una
entrevista entre el señor Moreno, don Julián González Alegre y él mismo. Todos
eran antiguos conocedores del desierto, como mineros y comerciantes. En la
entrevista quedó convenido que el señor Alegre habilitaría al señor Moreno
hasta la suma de 2.000 pesos para concluir ciertos reconocimientos, y en cambio
se le facilitaría la ocasión de adquirir nuevas pertenencias para establecer el
beneficio de la elaboración del salitre, el que proporcionaría a todos buenos
resultados, puesto que tendrían la garantía de la protección que el gobierno de
Chile dispensaba a la industria, enfrente de la situación precaria y ruinosa
que el gobierno de Perú había creado de igual industria en la provincia de
Tarapacá.
La
perspectiva era brillante, y entre industriales y comerciantes las resoluciones
se hacen pronto.
Se
invirtieron los 2.000 pesos muy pronto; los resultados de los reconocimientos
eran buenos, las leyes de los caliches arrojaban desde 20 a 60% de nitrato de
soda, las capas tenían desde 1 a 3 pies de caliche; era por consecuencia lo más
lógico hacer la competencia a Perú, a pesar de lo mejor de sus caliches, de su
práctica, que les había permitido en el espacio de 20 años tener todos los
recursos necesarios, la protección del gobierno de Chile, la libertad
industrial de que el país disfrutaba, el premio ofrecido al que primero
embarcara un cargamento de salitre, la seguridad de no tener que pagar derechos
de exportación; todo esto eran más que motivos suficientes para aumentar la
habilitación de la empresa de Aguas Blancas y proporcionarse capitales con que
llevarla a cabo. Y la habilitación aumentó y el señor Alegre con sus recursos y
ayudado especialmente por don Aquiles Moraga, vecino de Valparaíso, facilitó
nuevos capitales para la naciente industria, que tantos recursos habían de
necesitar.
III
Había
un punto negro en el horizonte de este negocio. El puerto de Antofagasta era
boliviano, y era el único punto practicable para la extracción de los salitres
de Aguas Blancas. El gobierno de Bolivia había prometido por 5 años la
extracción libre por su puerto. ¿Concedería esta libertad para siempre?, y si
no la concedía, ¿haría pagar más de un centavo en quintal por este derecho
aunque fuera municipal? Es cierto que en caso de una exigencia grande de
Bolivia quedaba el recurso del puerto de Remiendos, que después se llamó Blanco
Encalada, pero era preferible hacer por Antofagasta el tráfico a pesar de las
23 leguas que le separan de Aguas Blancas, pues el camino es sin disputa mejor.
Llegamos
al punto en que estos temores desaparecen. El amanecer del día 15 de febrero de
1879 es señalado en Aguas Blancas por un acontecimiento fausto. Son las 4 de la
mañana. En una misma habitación reposan de las fatigas inherentes a los
habitantes del desierto, los ingenieros Aris y García, que han ido a mensurar
aquellos terrenos según decíamos antes, don Emeterio Moreno, don Julián G.
Alegre, don Hernán Puelma, don F. Bascuñán A. y otros. Fuertes golpes dados a
la puerta les hacen despertar sobresaltados; es un propio que llega de
Antofagasta trayendo la noticia de que las armas de Chile han tomado posesión
el día anterior a las 8 de la mañana del puerto de Antofagasta. Antofagasta es,
pues, chileno; las cartas que nuestros intrépidos industriales reciben
contienen plácemes de todo género por el éxito feliz que va a coronar la
epopeya de su empresa. Ya todo es Chile; el gobierno de Chile será el único
árbitro de todo el territorio en que las empresas de salitres se van a
desarrollar. La confianza renace, y una hora después empiezan las mensuras de
aquellos abrasadores terrenos donde jamás hay una sombra para guarecerse.
¡Quién
había de decir a aquellos intrépidos exploradores del desierto, que aquella
nueva tan fausta, había de ser la ruina de unos y la esterilidad del trabajo de
otros, dos años después!
La
ocupación del territorio de Antofagasta por nuestras armas naturalmente había
de abrir nuevos horizontes a nuestro comercio y a nuestra industria. Los
caliches chilenos habían de atraer la atención de otros capitalistas que
querían fundar sus empresas en territorio nacional. De aquí que los terrenos
salitrosos de Aguas Blancas fueran bien pronto visitados por muchos
santiaguinos y porteños, que habían visto al poco tiempo en Antofagasta los
primeros salitres que el señor Alegre recibía como primera producción de la
pequeña oficina establecida en los terrenos del señor Moreno. Ya era evidente
lo que tanto se había dudado. Había salitre en Aguas Blancas. Más tarde la
goleta Elisa, propiedad de los señores Döll y Cía., embarcaba un pequeño
cargamento de 3.000 quintales que estos señores habían comprado a los primeros
productores de esa región. La elaboración continuaba con grandes dificultades,
pero continuaba. A los calderos muy medianos, de forma vertical, colocados por
el momento para producir el vapor indispensable a la elaboración, instituyó un
caldero, fabricado en Valparaíso por los mecánicos señores Hurper y M. Kilum;
este caldero, de excelente calidad, y de proporciones muy regulares, 28 pies
ingleses de largo por 7½ de diámetro, que fue conducido en piezas y armado en
la oficina, empezó a mejorar notablemente las condiciones de la fabricación del
salitre, al mismo tiempo que economizaba mucho combustible.
IV
A
pesar del estado embrionario en que se hacía la producción del salitre a
principios del año 1879 en la oficina de los señores Moreno y Manterola, de las
grandes dificultades materiales de que la empresa estaba rodeada, una nueva
oficina titulada Central, de propiedad de don Julián G. Alegre, se iba
montando, y el 25 de mayo de este año bajaban 2 carretas con los primeros
salitres producidos en la misma. Ya contaba Aguas Blancas con dos oficinas en
producción.
Una
de las grandes dificultades con que tropezaba la industria salitrera, como
todas las industrias del país por esa época, era la falta de brazos por los
reclutamientos de gente que se hacían para el ejército. Por otra parte, la
inseguridad que había en el mar para los buques que salían de nuestros puertos
del norte, y sobre todo de Antofagasta, a causa de las correrías del Huáscar,
hacían reacios a todos los capitalistas que intentaban dar impulsos a la
naciente industria salitrera.
Pero
llega el día 8 de octubre de 1879, aquel día que la famosa nave, el Huáscar,
cae prisionero de la escuadra chilena.
Este
acontecimiento lleva la tranquilidad a los ánimos; los horizontes de la
industria y del comercio se despejan, y bien pronto (en aquel mismo mes) se
forma una sociedad salitrera entre los señores Döll y Cía., y don Julián G.
Alegre y don Francisco Bascuñán A., que lleva por título Florencia, nombre que
toma de un cerro cerca del cual están los terrenos salitreros objeto de esta
sociedad. Con los recursos que ella cuenta, la industria de Aguas Blancas va a
entrar en el buen camino, y pronto un buen número de carretas hacen el tráfico
de transporte de los primeros útiles necesarios para su instalación.
A
esta sociedad se sucede otra pocos meses después, entre los señores don Rafael
Peró y don Julián G. Alegre, que se denominará Encarnación.
Las
bases de estas dos sociedades son idénticas y sientan, por decirlo así, el
principio en estas regiones, de unir la propiedad con el capital para que
juntos den el fruto apetecido del desarrollo en la industria. La constitución
de estas sociedades es la siguiente: los capitalistas adquieren la mitad más o
menos de la propiedad poseída por los industriales con la obligación de
invertir una cantidad de dinero, que se considera necesaria para la plantación
de maquinaria y demás elementos necesarios a la producción del salitre, y la
utilidad líquida de esta industria se divide proporcionalmente entre el capital
y la propiedad, con lo cual resulta que el capital se hace propietario y la
propiedad capitalista, y ambos industriales y beneficiosos al país.
Muy
pronto, siguiendo este ejemplo, se formaron las sociedades María Teresa de
propiedad de los señores don Hernán Puelma como industrial, y don Ruperto
Echeverría como capitalista. Otra denominada Oriente, formada por don Benjamín
Fisher y otros, y por fin otra denominada Santa Rosa de propiedad de don
Edmundo Eastman, capitalista, y los señores Carrasco hermanos y otros como
socios industriales.
He
aquí el costo, en números redondos, de las oficinas que se montaron en Aguas
Blancas, y que extractamos de El Industrial de Antofagasta, de fecha 4 de
octubre de 1881:
Esmeralda $250.000
Oriente $190.000
Florencia $300.000
Central $200.000
Encarnación $160.000
María
Teresa $150.000
Santa
Rosa $130.000
$1.380.000
V
Las
maquinarias de estas oficinas fueron construidas en Valparaíso en su mayor
parte por los señores Balfour, Lyon y Cía., y sea por las dificultades que
ofrecía la construcción simultánea de maquinarias que debían ser primero
transportadas en piezas, por vapor hasta el puerto de Antofagasta, y desde
dicho puerto en carretas hasta Aguas Blancas donde eran armadas y colocadas,
transcurrió bastante tiempo hasta su instalación definitiva, esto sin tomar en
cuenta el crecido precio que alcanzaron estas maquinarias a causa del cambio y
de la acumulación de trabajo con motivo de la guerra. Hay que agregar a estos
inconvenientes el muy respetable que presentaba en los primeros tiempos la
falta de agua suficiente para la producción del salitre. Este elemento tenían
los salitreros que proporcionárselo haciendo pozos profundos, que en algunas
oficinas han tenido que alcanzar la hondura de 100 metros. Momentos muy
angustiosos han sufrido los salitreros cuando han visto en diferentes ocasiones
agotarse el agua en sus piques; otras veces ha ocurrido el caso de no tener
agua ni para dar a los animales empleados en los carretones que transportan el
caliche desde los yacimientos, o sea calicheras, hasta las máquinas de
beneficio. Cuando estas faltas de agua ocurrían, claro es que no se podía
beneficiar, y los industriales tenían que sufragar los gastos que demandan 300
trabajadores y los correspondientes empleados, además de la carísima mantención
de las mulas empleadas en la faena, sin que ningún producto recompensara tantos
sacrificios. Pero aún había más; la falta de producción de salitre traía tras
sí las pérdidas enormes que sufrían las carretas que transportan los salitres a
Antofagasta. Estas carretas han pasado del número de 200, que cobrando 1,60
centavos por cada quintal español, tenían que sufrir una pérdida real y
efectiva de 36 pesos cada viaje que hacían de vacío; y como hacían cinco viajes
cada mes, representaba una pérdida de más de 36.000 pesos por cada mes que
faltaba la carga. Estas carretas eran de propiedad de los salitreros y de
particulares; por eso éstos veían su ruina sin poder remediarla y
necesariamente tenían que correr la suerte de aquéllos.
Pero
todos estos contratiempos, todas las penalidades sufridas por los iniciadores
de la empresa de Aguas Blancas y sus continuadores, eran sobrellevadas con la
resignación de los caracteres fuertes, y que tienen fe en sus empresas. El mes
de junio de 1881 habían conseguido nuestros industriales producir unos
cincuenta mil quintales de salitre entre los siete establecimientos citados: la
zona de Aguas Blancas no hubiera permitido establecer más, y faltaba solamente
perfeccionar los planteados para que la producción de cada uno se elevase a
alguna cifra más; tal vez hubieran considerado que sus aspiraciones estaban
satisfechas si entre todos los establecimientos alcanzaban a producir 100.000
quintales al mes. El pueblo de Antofagasta se daba la enhorabuena porque veía
que la situación precaria en que la decadencia de Caracoles la había sumido
había desaparecido, pues el tráfico de las carretas de Aguas Blancas, los mil
quinientos trabajadores que estas oficinas podían sostener, eran elementos
bastantes para dar nueva vida a la población. Y todo se hubiera realizado; las
aspiraciones de todos hubieran sido satisfechas; el erario nacional hubiera
visto aumentarse las entradas de Aduana, y hoy se vería constituido, por
decirlo así, un pueblo con vida propia.
VI
Pero
todo en vano; un decreto de muerte pendía, cual espada de Damocles, sobre la
vida de la industria y del comercio de estas regiones. Este decreto debía regir
el 11 de septiembre de 1881. Desde esta fecha, los salitres que se exportasen
de Aguas Blancas, de ese territorio indisputablemente chileno, debían pagar 1
peso 60 centavos por cada quintal métrico de derechos de exportación,
asimilándose, por consecuencia, al mismo producto que se elaboraba en Perú, en
ese país a quien estábamos haciendo la guerra, y que era causa del estado
excepcional en que se encontraba la nación. La industria naciente de nuestro
país, que tenía que luchar con todos los graves inconvenientes que hemos
apuntado, y con el más grave aún, de la inferioridad de clase de los caliches
chilenos, era asimilada en el tributo a la industria de igual clase del
territorio peruano, industria la cual venía practicándose hacía más de 25 años,
que contaba, además, de la excelente bondad de sus criaderos de nitrato, con el
mejor perfeccionamiento en sus maquinarias y aparatos de beneficio conocidos,
con ferrocarriles a los puertos de embarque y entre sus oficinas. Los
primitivos capitales empleados habían sido ya diferentes veces reembolsados,
los trabajadores retribuidos con la mitad de lo que tenían que pagar los
industriales de Aguas Blancas.
¿Qué
había de suceder? ¿Era verosímil que la industria salitrera, en embrión en
Aguas Blancas, pudiera soportar impuesto tan monstruoso; impuesto que equivale
a dar al salitre que produzca un precio de más de 3 pesos por quintal español,
cuando la misma sustancia se vende en Valparaíso a 2 pesos 50 centavos
producida en Tarapacá?
Pronto
se tocaron las consecuencias de esto. Una tras otra, tuvieron que suspender las
oficinas sus trabajos, centenares de familias perdieron el pan cotidiano.
Centenares de carretas tuvieron que suspender sus viajes y emigrar a otros
países, y no pocos propietarios de éstas tuvieron que hacer matar las mulas por
no tener con qué mantenerlas. Algunas oficinas por la ley imperiosa de la
necesidad fueron destruidas y sus máquinas vendidas por hierro viejo, habiendo
visto producir 5 y 6.000 pesos por lo que había costado doscientos mil. Aguas
Blancas se convirtió en una hecatombe de la industria.
En
vano hacían los industriales representaciones al gobierno, en vano los
periódicos del litoral y muy particularmente El Industrial de Antofagasta
publicaban artículos pintando con los colores más sombríos tantas desdichas. La
crueldad de los mandatarios no se ablandaba, era preciso dar muerte a una
provincia sin que por esto se diera vida a nadie.
Pasaron
algunos meses, al cabo de los cuales las Cámaras concedieron una reducción del
impuesto hasta la mitad de los primeramente decretados. Esta reducción tendrá
de límite el 30 de junio de 1883. Pero las Cámaras no quieren considerar que
los inmensos perjuicios que originó la paralización de los trabajos por causa
del impuesto de 11 de septiembre de 1881, eran insubsanables y que la concesión
que hacía de la rebaja en la mitad del impuesto por un tiempo tan corto de
ningún modo equivale a sufragar los gastos ocasionados por la reinstalación de
los trabajos en las oficinas, que pudieron hacerlo por motivo de ser sus socios
capitalistas personas que podían aventurar algunos miles de pesos más en la
expectativa de que las pérdidas se disminuyeran un tanto.
Las
Cámaras han galvanizado un cadáver por algunos meses; el 30 de junio próximo
tendrá que exclamar la industria salitrera de Aguas Blancas como el Dante en su
Divina comedia: "¡¡Aquí concluye toda esperanza!!".
VII
Hemos
llegado al fin de esta ligera reseña. Aguas Blancas cuenta actualmente con sólo
tres oficinas en actividad. La Esmeralda y Florencia de los señores Döll y
Cía.,
y la
Encarnación de los señores Peró y Cía. Todas las otras que hemos nombrado no
pudiendo soportar el impuesto decretado por la ley de septiembre de 1881
suspendieron sus trabajos definitivamente, confiados en que pasado algún tiempo
al fin se haría justicia, aunque sin desesperar de que algún día tengan un
valor real y positivo.
Los
señores Döll y Cía. han tenido fe ciega de que por fin llegará el reinado de la
equidad y que los caliches chilenos propiamente dichos merecerán una protección
decidida del supremo gobierno, tal cual les fue ofrecida tantas veces por sus
hombres públicos. Y tan es así que el año 82 compraban la parte que le
correspondía en la Esmeralda a don Emeterio Moreno por un valor correspondiente
a más de ciento setenta mil pesos.
Hoy
las oficinas nombradas producen mensualmente cerca de cincuenta mil quintales
de salitre dando al erario nacional como veinte mil pesos de derechos de
exportación. Ellas mismas sostienen 160 carretas que dan buen mercado a
nuestros agricultores, manteniendo cerca de 1.500 habitantes que indirectamente
dan entradas a las aduanas, y por fin fomentan el movimiento y actividad que se
nota en este puerto.
Como
es muy natural, estos industriales y los comerciantes viven actualmente
preocupados de la suerte que tiene que correr en poco tiempo más este gran
centro industrial. En junio próximo se termina la prórroga que se les ha
concedido para elaborar salitres con rebaja de 50% de los derechos aduaneros, y
todos están plenamente convencidos por los datos fijos, pues son matemáticos,
de que si la prórroga no continúa hasta la construcción de un ferrocarril, lo
que hoy es un campo de gran actividad, de fomento de la industria minera que
ahí encuentra un punto de refugio para sus exploraciones, tendrá que rendir su
tributo de muerte a un odioso fiscalismo.
Pero
habrá, no hay duda, justicia. Los empresarios del ferrocarril concedido por el
supremo gobierno, a pesar de sus esfuerzos, solamente en estos momentos han
conseguido encontrar los capitales necesarios en Europa para su construcción y
sólo se espera el informe de ingenieros que vienen en comisión para dar cima a
la colosal empresa.
¿Por
qué de la misma manera que se concedió prórroga a las salitreras de Taltal
hasta terminar la construcción del ferrocarril, no se ha de hacer igual cosa
con las de Aguas Blancas, que necesitan mantener en actividad sus oficinas
hasta ese término?
No
podemos conformarnos con la idea de que el supremo gobierno y los congresales
puedan con la conciencia tranquila decretar la paralización de trabajos que hoy
son producto para nuestro erario, trabajo abundante y seguro para nuestros
pobladores, consumo importante para la agricultura y fuente de recursos para
exploraciones en el desierto, que pueden dar por resultado descubrimientos que
den holgura a nuestras finanzas.
Terminamos
estos apuntes, que no han tenido otro objetivo sino el de llamar la atención a
lo que ha sido, es y puede ser ese gran centro industrial, a la injusticia
manifiesta que se cometería, olvidando las promesas ofrecidas, haciendo regir
el
impuesto
en su totalidad, comprometiendo, tanto el porvenir de los industriales como el
de esta importante población, cuna puede decirse, de nuestra gloria.
(El
Industrial, marzo 30 de 1883)
§54.
Nuestras
esperanzas
El
rico y floreciente porvenir que divisamos en el horizonte de nuestra vida
industrial, si por un momento los conductores de nuestra nave fijasen su
atención en este territorio llamado a ser riqueza positiva para la nación, hace
abrir campo a la esperanza, y de aquí resulta que nos formemos gratas
ilusiones, sueños de ventura, y que a pesar de nuestras convicciones queramos
engañarnos a nosotros mismos.
Los
hombres de trabajo, los que palpamos nuestra situación presente, no queremos
convencernos a pesar de la evidencia de que se nos entrega a nuestra propia
suerte, y se pretende arrancar la última savia a la industria minera que es
vida de nuestro departamento.
Nuestro
colega El Orden, participando de estas opiniones con un brillante colorido, nos
manifiesta el halagador porvenir que nos espera, diseñándonos a grandes rasgos
las industrias que pueden fructificar y rendir al país el provecho que se
obtiene de los pueblos trabajadores e industriosos.
Goza
contemplando el magnífico cuadro que nos dibuja, en el cual aparecen
bosquejadas las riquezas hoy encerradas en los centros salitreros de Aguas
Blancas y Pampa Central; en las borateras de Ascotán; en los distritos mineros
de Caracoles, Sierra Gorda, Chuquicamata, San Bartolo, Inca, Conchi, etcétera.
Sonríe
complaciente al recordar a sus lectores que una comisión de ingenieros viene en
camino desde Europa, para hacernos un ferrocarril que permita trabajar
económicamente los salitres de Aguas Blancas.
Divisa
con satisfacción la locomotora recorriendo el gran desierto y llegando con los
silbidos de la civilización hasta Huanchaca, dando vida y animación a comarcas
hoy abandonadas.
Y
como consecuencia justa y lógica aparece Antofagasta siendo un gran centro
comercial e industrial.
Hermoso
cuadro y aún más hermosa su magnífica perspectiva.
Desgraciadamente
no todo debe mirarse con color de rosa. En ese cuadro no se ha diseñado el
fondo oscuro que muy pronto tendremos que observar, si aunando nuestras fuerzas
no trabajamos constantemente por la reducción del impuesto del salitre, que
tiene que ser el ataúd en que vengan a enterrarse todas nuestras aspiraciones,
todas nuestras esperanzas y, por consiguiente, todo el brillante porvenir de un
pueblo a que alude nuestro colega.
Se
hace necesario comprender que la situación holgada que aparentemente tiene el
país no es positiva, que una seria crisis nos amenaza, y que ella tendrá que
venir si el gobierno, despertando de su letargo, no toma medidas que se
traduzcan en protección seria y decidida para la industria minera, única capaz
de salvar su situación.
Todos
conocemos que hasta hoy este departamento no ha merecido ni la más ligera
atención del supremo gobierno, y que siempre hemos estado esperando que al fin
y al cabo se nos haga justicia.
Todos
sabemos que los mineros se encuentran gravados con fuertes derechos sobre sus
artículos de consumo, y que los salitreros soportan un impuesto llamado a
terminar con sus importantes trabajos.
La
Compañía de Salitre, colosal empresa que lo ha debido todo a sus propios
esfuerzos con el gasto de ingentes sumas, se encuentra hoy en una situación
sumamente crítica, y no es difícil calcular que si el precio del salitre llega
a bajar un poco más en el mercado, se verá en la dolorosa necesidad de
suspender sus grandes trabajos y, por consiguiente, lanzar a la calle infinidad
de trabajadores que hoy tienen una vida holgada.
Si
es verdad que esta compañía prolongando su ferrocarril a Bolivia puede tener un
poderoso apoyo para su sostenimiento, haciendo desarrollar todos los gran des
centros productores por donde tiene que cruzar, también es cierto que esa
empresa costará serios desembolsos y que mientras esa hora llega, puede verse
obligada a suspender sus operaciones como elaboradora de salitres.
Por
otra parte, Aguas Blancas espera solamente el cumplimiento de la prórroga que
vence el 30 de junio próximo para suspender definitivamente sus trabajos, que
hoy permiten acrecer las rentas nacionales con más de veinte mil pesos
mensuales por derechos de exportación, sin tomar en cuenta los artículos
extranjeros que consumen 600 trabajadores a cuyo amparo viven numerosas
familias, y los pro ductos de la agricultura que se gastan hoy en las 160
carretas que hacen el tráfico entre este puerto y ese centro industrial.
Si
ésta es nuestra verdadera situación, ¿por qué forjarnos ilusiones?, ¿para qué
vivir de esperanzas? Desgraciadamente éstas no se cotizan en el mercado.
Trabajemos
incesantemente por llevar el conocimiento a los que son dueños de nuestros
destinos, de nuestro Estado y de la necesidad urgente que se hace sentir de
ayudar y fomentar a estas poblaciones; de la equidad manifiesta que hay en
disminuir los derechos de exportación a la Compañía de Salitres, de ampliar la
prórroga que se tiene concedida a los salitreros de Aguas Blancas hasta que la
línea ferrocarril que hoy, puede decirse, es un hecho, llegue hasta ese centro
industrial; de atender debidamente a todos los ramos de la administración
pública, de gastar los fondos que hoy se dedican a ferrocarriles solamente
agricultores en la construcción del que puede atraernos todo el comercio del
sur de Bolivia y el desarrollo de los centros de producción que tenemos en el
interior.
Unamos
todas nuestras fuerzas, todas nuestras voluntades y dejando a un lado el
egoísmo, que mata todo sentimiento generoso, luchemos por alcanzar lo que puede
traer la prosperidad de este departamento y con ella la del país en general.
Demos
a cuestiones de tan gran importancia las soluciones prácticas que nos lleven al
cumplimiento de nuestras esperanzas que puede basarse en el fomento y
desarrollo de riquezas que tenemos, y que hoy se encuentran no solamente
descuidadas y sin merecer la protección que tienen derecho a exigir, sino por
el contrario hostilizadas y amenazadas de muerte con el verdadero tributo con
que hoy se las esquilma.
(Editorial
de El Industrial, marzo 31 de 1883)
§55.
Paz
con España
Después
de setenta años de vida independiente podemos, olvidando las pasiones que se
apoderan del alma en el momento de la lucha, con la debida circunspección y
toda la serenidad de espíritu necesaria, declarar que no hay motivos por los
cuales pueda existir rencor profundo entre España y sus descendientes en
América. Cualquiera que haga un estudio serio y detenido entre el sistema del
coloniaje español y el de otras naciones europeas, no podrá por menos que
convencerse que éste fue el más suave y benigno, y que si es verdad que pudimos
heredar preocupaciones que están en pugna con el adelanto del siglo, también
nos han quedado impresos en nuestro modo de ser, infiltrados, puede decirse, en
nuestras venas los sentimientos de hidalguía y nobleza de alma, peculiares en
la raza española.
¿Por
qué razón, no teniendo motivos especiales de odio, ni de rencor, nos lanzamos a
la guerra de 1865 y 1866, con una nación que nos había reconocido hacía veinte
años como enteramente independientes?
Indignación
se siente al recordarlo.
El
amor propio nacional herido por la declaración del almirante español, el
patriotismo exaltado, y la generosidad propia de nuestra alma, herencia de
nuestros mayores, el sentimiento de unión americano pregonado por nuestros
hombres públicos, que hoy hemos visto cómo era comprendido por nuestros
hermanos de Perú, nos hizo lanzarnos a esa guerra, de la cual obtuvimos por
resultado práctico: el bloqueo de nuestros principales puertos, el bombardeo de
Valparaíso, el gasto de una suma crecida de millones de pesos y la interdicción
comercial con la paz de hecho y la guerra de derecho.
¿Cómo
este acto de desprendimiento y de generosidad que nos trajo tantos sacrificios
nos fue correspondido por Perú?
Pactando
con Bolivia pocos años después un tratado secreto con el objeto de hacernos
desaparecer del mapa de América si era posible, y buscando la alianza de la
República Argentina para llevar a cabo más fácilmente su inicua trama. Yendo
hace poco cobardemente como triste mendicante, a solicitar la paz de la misma
España, con el fin de herirnos por la espalda solicitando el permiso
correspondiente para proveerse de buques y armas para hacernos la guerra, sin
recordar que la caballerosidad la obligaba a pactar con el acuerdo de su ex
aliada.
Pero
la villanía y el crimen tienen su merecido. Proceder tan ruin fue rechazado por
el hidalgo gobierno español, y hoy a la faz del mundo entero, España,
comprendiendo que hay en América quiénes son sus dignos herederos por la
nobleza de carácter y por el valor con que saben defender el honor de su
bandera, no ha podido sino llegar a un avenimiento con nuestro país.
Pronto
un buque español vendrá al Pacífico y saludará a Valparaíso, víctima inocente
inmolada por el delito de ayudar a un nido de traidores y de cobardes.
Nos
congratulamos, pues, de que en el pacto celebrado haya quedado a salvo el honor
de ambas naciones y aspiramos a que muy pronto un tratado comercial venga a
facilitar nuestras relaciones, poniéndonos en contacto íntimo con la antigua
metrópoli.
Ambos
países deben felicitarse de haber llegado a un arreglo pacífico, manteniendo
muy en alto su honra y dignidad.
La
colonia española que es numerosa en Chile también debe estar complacida, pues
hoy le es dado tener sus representantes en un país donde, a pesar de las malas
relaciones internacionales, han encontrado siempre la más cordial acogida, como
también garantías para sus personas e intereses.
Quiera
el cielo que podamos celebrar espléndidamente nuestro aniversario teniendo la
paz firmada con España y la República de Argentina.
Y
entonces con calma podremos entregarnos a las labores de la industria y el
comercio, que hace la felicidad de las naciones.
(Editorial
de El Industrial, agosto 18 de 1881)
§56.
Documentos
varios: datos para la historia de Antofagasta
Instalación
de la primera municipalidad
En
el puerto de Antofagasta a veinticinco días del mes de enero de mil ochocientos
setenta y dos, previa invitación del señor Subprefecto de este departamento
doctor don Manuel Buitrago, se reunieron los vecinos de este pueblo en número
de ciento cincuenta más o menos, y habiéndoles manifestado dicho señor
Subprefecto que el objetivo de la reunión era: que en vista de los muchos
desórdenes y crímenes cometidos desde hace algún tiempo, y no teniendo el
Intendente de Policía la fuerza suficiente para guardar el orden en esta
población, pedía a los vecinos le propusiesen las medidas más conducentes al
objeto de evitarlos en lo posible desde ahora.
En
consecuencia y con aprobación del señor Subprefecto, se procedió a nombrar un
cuerpo de agentes municipales de nueve miembros, habiendo sido elegidos por
aclamación los siguientes señores:
Errázuriz,
don Francisco
Foster,
don Eduardo
García
Videla, don Félix
Lichtenstein,
don Luis
Moreno,
don Emeterio
Reyes,
don Salvador
Rojas,
don Matías
Vargas,
don Juan
Volckmardon
Ernesto
A
esta corporación manifestó el señor Subprefecto tener él la facultad de
extenderles sus respectivos nombramientos, autorizándolos a imponer las
contribuciones necesarias para con su producto mantener la fuerza de policía,
procurar el alumbrado público y hacer todos los gastos que exigiere el orden de
este pueblo, igualmente lo autoriza para que en circunstancias extraordinarias
y apreciando los hechos, nombre un jurado, del cual formará parte el Intendente
de policía y el que podrá enjuiciar y sentenciar reos y hará ejecutar sus
fallos. Enseguida se procedió a formar una guardia de orden y de seguridad de
vecinos armados, la cual es regida por sí misma y cuyo jefe en casos
extraordinarios obrará de acuerdo con los agentes municipales.
De
este cuerpo y por sus miembros fueron elegidos:
Comandante,
don Domingo J. Machado.
Teniente
ayudante, don Benjamín Vargas.
Subteniente,
don Abelino Lascano.
ubteniente,
don Manuel Díaz Gana.
Se
disolvió la reunión a las tres de la tarde.
MANUEL
BUITRAGO
Luis
Lichtenstein
Secretario
ad hoc.
Lo
que era Antofagasta en 1875
Municipalidad
de Antofagasta, septiembre 1 de 1875
Al
señor inspector de instrucción primaria de Cochabamba
Señor:
Habiendo
sido el más constante empeño de esta junta la difusión de las luces en la
sección que le está encomendada, como asimismo dar a conocer en el extranjero
la importancia de este puerto, manifestando el número de sus pobladores y los
capitales invertidos en construcciones, con anterioridad al recibo de su
estimada nota del 30 de julio había llevado a cabo el levantamiento del censo
real y personal, llenando también de este modo uno de los deberes que le están
impuestos por la ley.
No
desconoce esta junta cuán importante será para la geografía del país reunir
todos los datos que usted le pide, y convencida de ello ha procurado reunirlos
de la manera más exacta posible, y le es muy grato poder comunicárselos, no
dudando que usted sabrá darlos a conocer en ese departamento y ojalá que en
toda la república y en el exterior, llevando a efecto la obra a que usted hace
referencia. Paso a satisfacer los diferentes puntos a que se refiere su oficio.
1º
La población actual de Antofagasta, tomando en cuenta sólo los nombres anotados
en los registros, sube a 5.384 habitantes; pero tomando en cuenta el cálculo
general de 10% sobre el total que deja de anotarse, por causas que no es
necesario apuntar, y calculando que sólo cincuenta operarios hayan en las minas
de los alrededores, tendremos que la población total será de 5.972 habitantes.
Hay una particularidad que debo hacer notar a usted respecto a la nacionalidad
de los habitantes, y es que sobre el total de 5.384, existen en este puerto
4.530 chilenos. Habiéndose formado un cuadro aparte de los nacionales, resulta
de él que el total es de 419, siendo de éstos, niños nacidos en este puerto
260.
Sobre
el total ya anotado respecto a sexos el censo arroja el siguiente resultado:
hombres 3.028, mujeres 2.356.
2º
Las observaciones hechas por una comisión especial del vapor Abtao de la marina
de Chile, que han sido transmitidas oficialmente por el señor Comandante a esta
municipalidad, dan a conocer que este puerto se halla situado a 23º41'44''
latitud sur y 70º25'2'' longitud oeste de Greenwich, estando situado el punto
de observación a 260 metros del muelle principal en dirección N 19º E
(magnético).
3º
En un puerto de reciente creación no pueden encontrarse monumentos u obras
públicas que llamen la atención; sin embargo, puede indicarse que cuenta con
una iglesia que si no es de lujo, satisface perfectamente las necesidades de la
población, iglesia construida casi exclusivamente con las erogaciones del
vecindario; una aduana, que llena las necesidades del comercio, a pesar de su
estrechez a causa de que todas las mercaderías son de despacho forzoso; un
hospital y lazareto perfectamente atendidos por la Junta de Beneficencia; un
cementerio que fue declarado en su origen laico por esta municipalidad salvando
así el derecho de todos a este último asilo en el que no deben reconocerse
privilegios ni exclusiones ciñéndose en esto a la ley fundamental que consagra
el culto libre en las colonias. Existe
también en este puerto un edificio dedicado a recova, que no es de propiedad
municipal, y un matadero público.
El
teatro también es un establecimiento que llama la atención si no por su solidez
a lo menos por su sencillez y elegancia, a lo que se agrega su comodidad.
Por
lo que respecta a obras públicas, Antofagasta cuenta con veredas perfectamente
arregladas. La plaza tiene una reja elegante de madera y hoy se está colocando
otra en su centro, con el fin de formar un jardín; para hermosearla aún más se
tiene una pila que en pocos días más quedará co lo cada, debiendo ser surtida
de agua potable. La población cuenta con 60 faroles de gas portátil que sirven
perfectamente al objeto a que están destinados.
El
muelle no es de la mejor construcción, y sirve sólo para el desembarque de
pasajeros, pero existe el proyecto de construir otro que llene las verdaderas
necesidades del comercio.
Como
establecimientos particulares que llaman la atención se cuentan dos; la máquina
de amalgamación perteneciente a la Sociedad Beneficiadora, que en su género
puede considerarse como el primero de América del Sur, habiendo gastado en su
instalación ingentes sumas; y el del salar del Carmen, perteneciente a la
Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, que está unido a este
puerto por un ferrocarril de 22 millas de extensión, el que se está continuando
hasta Salinas, lugar donde existen grandes depósitos de salitre.
Existen
también en este puerto dos clubes sociales y un cuerpo de bomberos.
4º
En cuanto a establecimientos de instrucción pública hay dos, uno para cada
sexo; éstos corren bajo la vigilancia inmediata de la municipalidad, y cuenta
el de hombres con 150 alumnos y el de mujeres con 80 o 90. Además, hay un
colegio particular de mujeres que tiene como 20 alumnas.
5º
Según datos proporcionados por el señor cura párroco el número de nacidos en el
primer semestre del presente año; varones 48, mujeres 41, total 89.
Los
matrimonios celebrados en el mismo tiempo alcanzaron a 13.
Los
libros del tesorero de la Junta de Beneficencia respecto al número de muertos
en el primer semestre de 1875 señalan: hombres 14, mujeres 14, niños 83, total
111.
Creo,
señor Inspector, dejar satisfechos los deseos de usted y abrigo la esperanza de
que esta comunicación sea un motivo para que conociendo los pueblos del
interior lo que ha podido efectuar en este puerto de origen tan naciente, el
espíritu público de sus pobladores les sirva de aliento para avanzar en el
camino del progreso y para que nuestros hombres públicos presten a este pueblo
su constante atención, otorgándole toda clase de garantías para el desarrollo
libre y espontáneo de sus facultades, el acrecentamiento de sus capitales y la
extensión de su crédito, bases sobre la que descansa el porvenir de los pueblos
modernos.
Ojalá
que usted pueda terminar luego la obra que ha emprendido, pues también ella
vendrá a llenar un vacío que se deja sentir en la instrucción del pueblo, que
actualmente tiene que recurrir a Chile por sus textos de enseñanza.
Por
más datos respecto al censo me refiero a la Gaceta Municipal que le acompaño.
Con sentimiento de alta consideración y de respeto me es grato suscribirme de
usted atento y seguro servidor.
MATIAS
ROJAS D
Presidente
Cementerio
laico
(importantes
documentos)
Municipalidad
de Antofagasta, julio 23 de 1875
Al
señor cura de la parroquia, presente.
Señor:
El
supremo decreto del 1 de marzo de 1872 aplicó a las municipalidades el cinco
por ciento del fondo de fábrica de las iglesias parroquiales asignado al
interesante objeto de fomentar la instrucción primaria en los centros de
población y en todas las clases sociales por el art. 30 de la ley de 19 de
noviembre de 1846.
Desde
la fundación de la iglesia de este puerto hasta el presente nada ha percibido
la municipalidad de ese fondo ni se le han pasado los balances previstos por el
art. 20 de aquel decreto.
En
este concepto deseando la corporación, que tengo el honor de presidir, atender
debidamente al importante objeto a que se han aplicado, y no contando por otra
parte con mucho desahogo en sus recursos, me ha encargado dirigir a usted la
presente suplicándole se sirva tomar las medidas necesarias a fin de que usted
trate se depositen en el tesoro municipal.
Con
este motivo me es grato reiterar a usted mis sentimientos de aprecio con que me
suscribo su seguro servidor.
MATÍAS
ROJAS D.
Presidente
separador.jpg
La
Chimba, julio 30 de 1875
Al
señor presidente de la I. Junta Municipal de este puerto.
Señor:
He
recibido su apreciable nota de usted de fecha 23 del presente, que tiene por
objetivo hacer se deposite en tesoro municipal el 5% del fondo de fábrica, que
el supremo decreto de 1 de mayo aplicó al interesante ramo de instrucción
primaria. Sin dejar de apreciar debidamente el interés y celo que anima a esa
I. corporación, por el fomento de la instrucción primaria, debo manifestar mi
extrañeza, al ver que aquélla, con pleno conocimiento de que esta iglesia no
tiene fondos de ninguna especie, puesto que los únicos que podría contar, del
ramo de entierro, los ha hecho suyos, para adjudicarlos a la beneficencia,
desde la creación de este cementerio, hubiese demandado el empozamiento de la
mencionada contribución, impuesta por el citado decreto.
No
obstante, franco, leal y amigable en mis relaciones con esa I. corporación, voy
a contestar a este cargo, y conviene hacerlo así con el doble objetivo de darle
una explicación satisfactoria, y esclarecer al mismo tiempo un punto importante
de derecho eclesiástico que entraña esta cuestión. No necesito esforzarme en
combinar razonamientos para ello; será el hecho el que demuestre la verdad:
serán las cosas las que pongan en evidencia lo que voy a aseverar.
Según
el arancel vigente de esta arquidiócesis, son derechos pertenecientes al ramo
de fábrica: las observaciones voluntarias –el remanente de las fiestas,
deducidos los derechos parroquiales por vísperas, misa y procesión, etc. –, las
limosnas de las banderas, en la cantidad que excediere al estipendio de la misa
y oficios que pidieren los interesados y, últimamente, los rasgos de sepultura.
Respecto
a los primeros, en nombre del honor, declaro que, fuera de la colecta iniciada
por mí, para la obra de esta iglesia, y entregada en depósito al señor Jorge
Hicks, jamás he percibido oblación alguna hecha a beneficio de aquélla.
En
orden a las fiestas, lejos de producir ellas emolumento alguno, ni para la
fábrica ni para el párroco, no se celebra principalmente en esta iglesia, sino
a costa de éste, pasando inadvertidamente a los ojos del público este servicio
gratuito.
Las
limosnas procedentes de las banderas son absolutamente desconocidas en esta
parroquia. Lo son igualmente los cabos de año y otras oblaciones que existen en
las demás parroquias de la república; y es excusado por lo tanto hablar de
ellas.
En
cuanto a los derechos de fábrica y parroquiales procedentes del ramo de
entierros, se puede decir que son nominales en esta localidad, por la razón que
voy a exponer; y a excepción de un solo caso, es decir, en la inhumación
solemne de los restos mortales de un señor José Salamanca, que falleció el mes
de mayo último, no he percibido nunca derecho alguno; y hasta hoy todos los
gastos del culto gravitan únicamente sobre mi haber.
El
cura en su parroquia y el Obispo en su diócesis, son los pastores de todos sean
cuales fuesen las opiniones religiosas de cada uno; ser bueno y caritativo para
con todos los fieles confiados a sus cuidados, es la primera de sus
obligaciones; mantener con las autoridades y corporaciones constituidas las
relaciones prescritas por las conveniencias sociales y por los intereses
espirituales de su rebaño, es, además, una parte muy esencial de su gran
misión, pero es preciso que haya dignidad en todos sus actos, y que diga
siempre la verdad, sin atención a cualquier respeto humano, toda vez que la
religión y la conciencia les imponga este deber. En este caso me encuentro yo
al presente.
Esa
I. corporación, deslumbrada honrosamente, con la brillantez de un mérito
relevante, ha podido creer a veces, por contemplarse demasiado a sí misma, que
estaba investida de facultades omnímodas, y olvidando las instituciones que
deslindan los poderes del Estado, cuyos límites no le es dado traspasar
impunemente a corporación alguna, llegó hasta el punto de cometer un atentado,
constituyéndose en legisladora, y declarando laico el cementerio de este
puerto; el cementerio que se halla al abrigo de todo acto arbitrario, y que
protegido a la vez por una legislación soberana y una opinión invencible, sólo
la ley podía disponer de él, y no una ley cualquiera, sino aquélla que vive en
una magistratura independiente de todos. Indudablemente éste fue un error; pero
el error debe destruirse en cualquier tiempo que se conozca. La opinión no es
el derecho, son las leyes y los principios, es la justicia formulada, y jamás
es tarde establecer su imperio. Yo abogo por esa justicia santa, emanada del
derecho reconocido.
Y
aquí, señor, conviene tomar nota de este hecho fenomenal. Cada uno puede
empeñarse en hacer prosélitos y trabajar en favor de la religión en que ha
nacido, y al hacerlo cumple con su deber, como creyente y como ciudadano. Así
es que, si los disidentes avecindados en este puerto, aunque no son sino un
puñado de hombres comparativamente con el número de católicos que lo pueblan,
hubieran levantado aquí un cementerio para los cadáveres de sus
correligionarios, en virtud de la autorización que tienen para ello, creo que
tenían derecho perfecto para hacerlo, y nada me habría sido más grato que
aplaudir este hecho. Pero que una municipalidad católica, en lugar de construir
un cementerio católico para una población católica, con dinero en su mayor
parte de católicos, hubiera trabajado uno y escudádolo con el nombre
desconocido en Bolivia, de laico, es cosa que ciertamente no se puede concebir.
Yo quisiera, señor presidente, por amor a la dignidad, al honor, al buen nombre
de esa corporación, que jamás hubiera tenido lugar un atentado semejante.
Después
de la protesta que dirigí contra este acto a esa corporación, por conducto del
ex vice párroco don Romualdo Barsi, hasta aquí yo había guardado silencio, sin
fatigar a nadie con mis reclamaciones, tanto por temor de alarmar la conciencia
del pueblo. Con una manifestación pública, conociendo que, aunque éste guste de
la novedad y se aficione fácilmente a impiedades burlonas, tiene fe, y ellas no
penetran en el arca santa que guarda ese precioso tesoro, cuando pasa el
período de la embriaguez la reacción cristiana es forzosa e inevitable; como
por respeto a ciertas conveniencias de que jamás se ha hecho caso, también
creyendo candorosamente que esa corporación, convencida de su error,
devolvería, por su propia espontaneidad el derecho y prerrogativa de que tan
desacordadamente había privado a la Iglesia. Mas no por eso dejé de tentar los
medios convenientes para arribar a un arreglo, que conciliase la dignidad y los
intereses bien entendidos de ambas autoridades, apelando unas veces al influjo
de los miembros de la misma corporación, y valiéndome en otras de personas
respetables, como el señor Salvador Reyes, que se prestó gustoso a este
servicio, y me dio por contestación a nombre de aquélla que dirigiese mi
reclamo por escrito.
Pero
las complacencias y deferencias tienen el límite que prescribe el deber; y yo
no estoy dispuesto a traicionar el mío. Faltaría a él gravemente hoy, si no
reclamase de nuevo contra esta medida, insistiendo en mi primera protesta, pues
no me es lícito callar por más tiempo en un asunto que va produciendo tan
funestas consecuencias, porque mi silencio en esta parte se interpretaría como
un acto de ciega obediencia a un hecho altamente ilegal y arbitrario, y se
miraría como una tolerancia dañosa de incalculables e irreparables resultados.
Así es que, en nombre de la justicia y de la libertad religiosa, deslealmente
vulneradas, protesto contra la usurpación que se consuma en daño de la Iglesia
y del mismo Estado, y cargo sobre la conciencia de esta corporación las fatales
consecuencias que resultan de ella.
Y
después de esto, después de haber truncado, digámoslo así, la importante misión
del parroquiado, hasta el punto de hacer una completa abstracción de su
autoridad, para la sepultación de los cadáveres, lo mismo que para llevar el
registro mortuorio que mandan las leyes, con gran detrimento de los intereses
sociales, ¿no parece por cierto una cruel ironía, una mofa indigna, pedirle
enseguida cuenta de unos ingresos de que esa misma corporación le ha despojado
de hecho, haciendo laico el cementerio? Es imposible que en el fondo de la
conciencia de todos y de cada uno de los miembros de esa corporación no se
levante el sentimiento de la justicia a decir al oído de su alma: esto es
verdad.
Seguramente
que la intención de ella no ha sido desfavorable al dirigirme la nota que
motiva esta contestación, pero tales consideraciones se desprenden de ella. Sin
embargo, por los principios que profeso y en justo homenaje de respeto hacia
esa corporación, prefiero y preferiré siempre un acomodamiento pacífico a un
rompimiento ruidoso y, por tanto, porque sin mayores y más trascendentales
perjuicios para la Iglesia y para el Estado, no puede mantenerse por más tiempo
una situación tan indefinible y azarosa, como la que existe hasta hoy, suplico
a usted, señor presidente, se sirva darme una pronta, franca y explícita
contestación sobre las intenciones que abriga esa H. Junta respecto al
cementerio en cuestión. Sería ofender la ilustración de ella ocuparme en
demostrar, con más amplitud, la justicia y conveniencia de esta demanda, pues
demasiado se comprenden y se explican. Debo sí volver a insinuar a usted, que
el no haber solicitado antes estas explicaciones ha sido por las razones arriba
expuestas, y después porque no creyera que yo trataba de crearle nuevas
dificultades a esa corporación, que la veía empeñada en serias y deplorables
contiendas entre los propios miembros que componían la antigua y la presente.
No
dudo que ésta sabrá apreciar debidamente los motivos que dan lugar a esta
comunicación, y que yo tendré el honor de obtener una pronta respuesta. Ésta o
el silencio; caso que quiera guardarlo, lo que ciertamente no espero, me
servirán de norma para mi conducta ulterior.
Reitero
a usted, señor presidente, las consideraciones de mi distinguido aprecio y
profundo respeto, con los que soy su atento y seguro servidor. Dios guarde a
usted.
(Firmado)
J.J. PIZARRO MENDOZA
separador.jpg
La
Chimba, agosto 11 de 1875
Al
señor párroco de la parroquia de Lamar
Señor:
He
recibido su apreciable oficio de 30 del mes pasado, contestando al que con
fecha 23 del mismo tuve el honor de dirigirle, reclamando el depósito de 5% de
los derechos de fábrica, perteneciente al ramo de instrucción primaria.
Impuesta la corporación, que tengo la honra de presidir, del tenor de aquel
oficio, me ha en cargado contestarlo en los dos puntos principalmente que
contiene; lo que paso a hacer con el mayor agrado.
Ciertamente,
señor, que esta Junta, al dirigir a usted el reclamo que ha motivado su
contestación, no ha tenido otros móviles que los que usted no ha podido dejar
de apreciar; cumplir por una parte los delicados deberes que pesan sobre ella
como representante de los intereses de la localidad: y atender por otra,
debidamente, al interesante ramo de la instrucción primaria, a la que no puede
por menos que prestar preferentemente su atención y celo convencida como está
de que es la base primordial para la ventura y prosperidad de un pueblo y la
condición esencial de su misma existencia. En este concepto no creyó, señor,
afectar tan vivamente la delicadeza de usted como parece del tenor de su
oficio, por un reclamo que tiene no diré el derecho, sino también el
indeclinable deber de hacerlo; tanto más, cuanto que no se refiere a un ramo
determinado de los fondos de fábrica, como el de rasgos de sepultura u otros,
sino a su totalidad, cuyo estado no podía conocer esta Junta por falta de datos
y antecedentes que no posee, e ignorando que ese derecho hubiera sido
improductivo en todos esos ramos hasta el presente.
En
la actualidad esta corporación, confiando plenamente en la honorabilidad de su
palabra, queda convencida de que los distintos ramos del fondo de fábrica a que
usted se refiere no han dejado emolumento alguno y me encarga manifestárselo
así, agradeciendo a la vez los sentimientos que le animan en sus relaciones con
ella, y proponiéndole en obsequio de ellos tomar, para lo sucesivo, las medidas
indicadas por la ley, tanto para precautelar la percepción de esos fondos en
beneficio de la Iglesia y de la instrucción, cuanto para evitar a usted
enojosos reclamos y ajenas responsabilidades.
Paso
a contestar la reclamación que contiene su respetable oficio en cuanto al
cementerio de esta población y desde luego, señor párroco, me es grato asegurar
a usted que este municipio aprecia en su verdadero valor y aplaude unánimemente
la elevada idea que se ha formado usted de su ministerio como pastor de la
Iglesia Católica y el celo e interés que manifiesta al reclamar y sostener como
tal las que cree son sus prerrogativas peculiares. Pero al mismo tiempo me es
sensible expresarle la extrañeza que en esta corporación ha producido al ver
que usted en su ilustración, sensatez y elevado espíritu de tolerancia y
humanidad, haya querido calificar como un atentado sin ejemplo, exigiendo su
reparación, un hecho enteramente natural y sencillo, realizado con miras
altamente humanitarias y desinteresadas, que no han tenido más objeto que el
bien de la localidad y cuyos benéficos resultados han quedado comprobados por
el tiempo, cual es el haberse declarado laico el cementerio, poniéndolo al
servicio de toda la comunidad sin excepción ni restricciones, que no son ni
pueden ser aceptables en lugares en que los habitantes pertenecen a distintas
sectas religiosas y en que por la ley fundamental tienen asegurada la libertad
de su conciencia y de su culto.
Al
formar el cementerio de que se trata con recursos suministrados por la masa del
pueblo sin distinción de clase ni religión alguna, en una época en que era de
absoluta necesidad y en que ninguna secta religiosa se había establecido
públicamente ni podía por tanto, reclamar para sí sola el uso de ese
cementerio, el municipio no tuvo más pensamiento ni objeto que proporcionar ese
asilo para todos sin exclusión alguna, cumpliendo así una obra de humanidad y
de verdadera religión; y por eso lo declaró de uso común dándole el nombre de
laico, y no católico, protestante o cualquiera otra denominación que encerrara
en sí alguna exclusión, que el municipio no podía ni quería hacer, porque, como
he dicho, no se proponía otra cosa que cumplir un fin humanitario y de caridad,
proporcionando un enterratorio general a la población. Hoy no podría, señor, el
municipio, poner el cementerio bajo el dominio exclusivo de la Iglesia
Católica, sin desconocer sus antecedentes y defender los derechos adquiridos
del pueblo, pues que ésta por sus propias instituciones no podría por menos que
cerrar las puertas del último asilo del mortal a todo el que muriere fuera de
su seno, exclusión que recaería sobre una parte considerable del pueblo.
Por
otra parte, creo conveniente observar que establecido el cementerio bajo las
condiciones en que ella se halla, se ha procurado un positivo alivio a la gran
mayoría del pueblo, a las clases más menesterosas y desgraciadas, no
exigiéndose por cada cadáver que se introduce en el cementerio más que un
simple donativo de 10 centavos a favor de la Junta de Beneficencia; medida que
se ha tomado no en vista de los provechos que pudieran obtenerse, que son por
cierto insignificantes, sino solamente como un medio de procurarse una
constancia de los entierros para el registro que se lleva.
Por
lo demás, animada esta corporación de los mejores propósitos, cree que después
de las explicaciones dadas quedará el señor párroco persuadido de que las
intenciones de la municipalidad al pedirle cuenta del fondo de fábricas no son
ni han podido ser las que parece atribuirle en el oficio a que contesto, hacer
una mofa indigna, una cruel ironía de un asunto grave por su naturaleza y en el
que no abriga sino las más puras y rectas intenciones.
Últimamente
abundando esta corporación en los mismos sentimientos de justicia y de respeto
profundo a la libertad religiosa que usted manifiesta, y deseosa de guardar la
más perfecta armonía con la Iglesia y atender en lo que le sea dable sus
intereses, me encarga ofrecer a usted, ya que se presta a un arreglo pacífico y
equitativo, toda su cooperación y auxilio para el establecimiento de un
cementerio puramente católico, concediéndole para el efecto el terreno que
juzgue más a propósito.
Con
lo expuesto creo, señor párroco, haber satisfecho en todas sus partes su
apreciable nota a que contesto, y con tal motivo me es grato reiterar a usted
las consideraciones de mi distinguido aprecio y profundo respeto con que me
suscribo a usted atento y seguro servidor.
Dios
guarde a usted.
MATÍAS
ROJAS D.
Presidente
Infracción
del tratado con Chile
(Reclamo
del Cónsul de la República Argentina)
Prefectura
del departamento de Cobija
Antofagasta,
octubre 1 de 1877
Señor
presidente del Concejo Municipal. Presente
Señor:
Adjunto
a este oficio recibirá usted el reclamo hecho ante esta prefectura por el señor
cónsul de la República Argentina, el que me permito remitirle, para que en
cumplimiento del decreto que le ha cabido se sirva prestar su informe el
honorable concejo que usted dignamente preside.
Dios
guarde a usted
MANUEL
OTMON JOFRÉ
Consulado
de la República de Argentina
separador.jpg
Antofagasta,
septiembre 28 de 1877
Señor
Prefecto:
Cumplo
con el deber imprescindible de dirigirme a usted, a fin de que tomando en
cuenta los antecedentes que paso a poner en su conocimiento, se sirva aplicar
remedio a un abuso que se está cometiendo por el jefe del gremio de jornaleros,
gravando al comercio ilegalmente con una contribución que no es indiferente.
Llamado, por el puesto que ocupo, a solicitar de la primera autoridad política
del departamento el cumplimiento de los pactos comerciales contraídos por la
nación, espero del recto juicio de usted, que ordene y se dé cumplimiento
estricto a la ley.
Según
el tratado de límites con la República de Chile, las personas, industrias y
capitales chilenos no quedaron sujetos a más contribuciones de cualquiera clase
que sean que las existentes en esa fecha y el gobierno de la república
inspirándose en los sentimientos de la equidad y de la justicia hizo extensiva
esta concesión a todos los extranjeros sin distinción de nacionalidad.
El
gremio de jornaleros creado para el servicio y garantía del comercio y del
fisco como lo indica el mismo reglamento, sirve hoy de pretexto para el
establecimiento de una contribución que grava al importador con treinta y hasta
sesenta por ciento, a virtud de una disposición municipal.
Si
es verdad que por el artículo 6º de la aprobación suprema del gobierno faculta
a la municipalidad local para la reforma de la tarifa, y del mismo reglamento
se comprende a primera vista tanto por su texto como por su espíritu, que ella
no puede tener sino en beneficio del mismo gremio y de los intereses bien
entendidos del comercio, y de ninguna manera alzando la tarifa enormemente para
que los productos de este recargo sean destinados a instituciones, que, si bien
son acreedoras a que se las fomente y se las impulse, no deben buscar su
bienestar por medios ilegales, hiriendo los intereses de aquéllos que hasta hoy
han sido sus más decididos sostenedores.
Si
por un momento, señor Prefecto, se pudiese dudar de que este nuevo gravamen
viene a ser una infracción terminante del tratado celebrado con la República de
Chile, del desvirtuamiento del espíritu de la asociación a que hago referencia,
la ilegalidad se encuentra clara y evidente observando que se ha infringido al
artículo 6º del decreto de septiembre de 1874, poniendo en vigencia la nueva
tarifa sin esperar la aprobación del gobierno supremo, el que no habría podido
por menos que rechazar la nueva contribución por envolver el desconocimiento de
un pacto internacional que favorece al comercio y a la industria.
A
fin de que usted pueda cerciorarse del aumento a que me refiero le acompaño dos
cuentas que se me han pasado por el gremio en las cuales está anotada la nueva
contribución.
Al
mismo tiempo, debo hacerle presente que los importadores son obligados
coercitivamente a su pago.
No
entraré en la apreciación del recargo que este gravamen ocasiona a los
comerciantes del interior entre los cuales se encuentran muchos nacionales
argentinos, que se han creído garantidos en los derechos adquiridos por la
concesión generosa del gobierno ilustrado de la república. Creo que lo
anteriormente manifestado concisamente bastará para que la prefectura tome una
resolución que sea una garantía para el comercio, que necesita de franquicias
para su desarrollo e incremento.
Con
sentimientos de la más distinguida consideración tengo el honor de suscribirme
del señor Prefecto como su atento y seguro servidor.
MATÍAS
ROJAS D.
Al
señor Prefecto del departamento. Presente
Prefectura
del departamento.
Antofagasta,
octubre 1 de 1877
Informe
del Concejo Municipal
Jofré
Nota:
Este informe no fue despachado.
Reglamento
conforme al cual debe concederse a los particulares la explotación de los
depósitos de salitre y borato que existen en los terrenos eriales del estado.
Santiago,
julio 28 de 1877
(219)Considerando
que los recientes e importantes descubrimientos efectuados en la provincia de
Atacama hacen necesario determinar las reglas bajo las cuales debe concederse a
los particulares la explotación de los depósitos de salitre y boratos que existen
en los terrenos eriales del Estado, y en uso de la facultad que me confiere el
artículo 3º del Código de Minería,
Decreto:
Art.
1º. Se concede a los particulares o a las compañías que cumplan con las
condiciones del presente reglamento, el permiso de explorar y explotar los
depósitos de salitre y de boratos que se encuentran en terrenos eriales del
Estado. Los concesionarios podrán también explorar y explotar cualesquiera
otras materias salinas que hallaren dentro de los límites de su pertenencia,
pero no las vetas metalíferas, sin cumplir con los requisitos que establece el
Código de Minería, ni los yacimientos de guano, cuya explotación se rige por
las leyes especiales.
Art.
2º. Dichos depósitos son denunciables ante el Intendente de la provincia y su
registro, posesión y propiedad se regirán por las disposiciones del Código de
Minería, salvo las modificaciones de los artículos siguientes.
Art.
3º. Se considera como descubrimiento un depósito virgen, que se halle a
distancia de diez kilómetros a lo menos de algún depósito que haya sido
explorado y explotado o se halle en actual estado de explotación.
Al
que denuncie como descubridor un depósito de salitre o borato se otorgará
primero una concesión de registro, esto es, de exploración, por seis meses, del
terreno denunciado, en una extensión que no debe pasar del triple de la que en
virtud de este reglamento corresponde a la pertenencia de un descubridor.
Art.
4º. Dentro del plazo de seis meses concedidos al descubridor para la
exploración de los depósitos denunciados, éste deberá verificar a lo menos diez
excavaciones, en los puntos que elija, para poner de manifiesto la potencia e
importancia del criadero.
Concluido
dicho término se le concederá un nuevo plazo de seis meses para que se
verifique por el respectivo ingeniero la mensura y se le dé la posesión.
Art.
5º. Cada pertenencia de estos depósitos constará de cien hectáreas y se
concederá a los descubridores tres pertenencias, continuas o discontinuas.
La
forma de la pertenencia podrá ser un polígono irregular que tenga cien
hectáreas de superficie, limitado por líneas rectas.
Art.
6º. Registrado un descubrimiento, no se podrá solicitar una pertenencia a sus
inmediaciones, sino después que el descubridor haya mensurado la suya y tomado
posesión de ella.
En
este caso, cada uno de los estacados no puede tener sino una pertenencia,
aunque sea una compañía quien la solicite.
Art.
7º. El ingeniero del distrito o el que se nombre para hacer la mensura o dar la
posesión, deberá examinar previamente los trabajos ejecutados por el
descubridor para el reconocimiento del depósito y efectuará dicha mensura por
dentro de las líneas que el descubridor solicite en la parte explorada del
terreno, no excediendo de la extensión que le corresponde a sus pertenencias.
Si
el ingeniero hallase que los trabajos de exploración ejecutados por el
descubridor no dan idea alguna del depósito, ni en hondura ni en la superficie,
aplazará la mensura y dará cuenta al Intendente de la provincia.
En
este caso la concesión de exploración quedará anulada, si dicho funcionario no
concede un plazo improrrogable de tres meses para que el interesado ejecute los
trabajos que, a juicio del ingeniero, sean necesarios para manifestar el
descubrimiento.
Art.
8º. El título de mensura y de posesión que dé el ingeniero debe expresar todos
los linderos que ha colocado en los ángulos del polígono, agregando un croquis
que represente la forma de la pertenencia con las señales más explicativas.
Art.
9º. Practicada la mensura y dada la posesión al descubridor, el ingeniero
pasará al Intendente de la provincia un informe detallado de la extensión y
condiciones del descubrimiento. Este informe será remitido al Ministerio de
Hacienda para su publicación en el Diario Oficial.
Art.
10º. El título de mensura y de posesión de una pertenencia da el derecho de
explotación; pero el concesionario queda obligado a poner trabajos conducentes
al aprovechamiento del depósito. Estos trabajos consistirán a lo menos en la
extracción de cien quintales métricos de minerales por mes o, bien, en la
inversión del capital equivalente al valor de dichos minerales en la
construcción de edificios y aparatos necesarios, en la apertura de vías de
comunicación, en aguadas u otros análogos.
El
registrador tendrá derecho a que se le conceda por el Intendente de la
provincia el plazo improrrogable de un año para establecer máquinas de
beneficios, y dentro de este plazo se considerará amparada su pertenencia,
aunque no ejecute los trabajos a que se refiere el inciso anterior.
Art.
11º. El poseedor de varias pertenencias podrá ampararlas aun sin efectuar en
cada una de ellas el mínimo de trabajo a que se refiere el artículo 10 siempre
que efectúe en una o más, todas las que corresponderían a dichas pertenencias.
Art.
12º. Las pertenencias caerán en despueble y podrán ser abandonadas conforme a
las disposiciones del Código de Minería y de este reglamento; pero el
Intendente de la provincia podrá otorgar permiso, por una sola vez, para
suspender los trabajos hasta por seis meses, con justa causa, previo el informe
del ingeniero del distrito. El decreto que concede la prórroga se publicará en
uno de los periódicos de la provincia.
Art.
13º. El ingeniero del distrito o el que, en su defecto, nombre el Intendente de
la provincia, practicará anualmente una visita a todas las pertenencias
concedidas, ya sea que estén en exploración, ya con derecho a explotación, y
pasará un informe prolijo y detallado sobre la marcha y actividad de los
trabajos y particularmente sobre las pertenencias desamparadas o abandonadas
por sus dueños.
Art.
14º. El propietario de una pertenencia no tendrá derecho a las aguadas situadas
dentro de su pertenencia, que existan de antemano y sirvan a los transeúntes;
ni podrá abrir otras nuevas para su uso exclusivo a menos de un kilómetro de
las aguadas de uso público. Podrá, sin embargo, denunciar y abrir para su uso
exclusivo pozos y aguadas, aun fuera de su pertenencia, a más de un kilómetro
de distancia de las de uso público.
Art.
15º. Los que quisieran establecer máquinas de beneficio deberán ponerlo en
conocimiento de la autoridad local, la que cuidará que se establezcan de modo
que no perjudiquen a las aguas públicas.
Artículo
transitorio. Este reglamento comenzará a regir treinta días después de su
publicación en el Diario Oficial, sin perjuicio de las mercedes y plazos
concedidos por el intendente de Atacama para las explotaciones de pertenencias
registradas o mensuradas.
Los
registradores que hayan tomado posesión de sus pertenencias, sin que hayan
gozado del plazo de exploración a que se refiere el inciso 2º del artículo 3º,
tendrán el término de un año, contado desde la toma de posesión, para poner
trabajos de explotación, siempre que comprueben ante el Intendente que han
hecho los trabajos de reconocimiento que exige el artículo 4º.
Tómese
razón y publíquese.
PINTO
Rafael
Sotomayor
Nota:
éste es el reglamento que rige actualmente.
El
primer quintal de salitre de Aguas Blancas
Aguas
Blancas, febrero 19 de 1879
Señor
don Matías Rojas D. ingeniero. Antofagasta
Estimado
amigo:
Como
un deber de amistad y de justicia remito a usted con el portador de la presente
carta un quintal métrico de salitre elaborado en la oficina provisional
establecida por el amigo don Emeterio Moreno.
Esta
porción de salitre que remito a usted es producto del primer beneficio hecho en
las pampas de Aguas Blancas, y espero que haga un análisis de él, cuyo
resultado tendrá usted la bondad de decirme a nuestra vista que será en pocos
días más. Digo más arriba que es un deber de justicia el que usted posea el
primer salitre elaborado que salga de estas pampas, porque no puedo menos de
recordar, como recuerdan muchos, que la opinión emitida y publicada por usted
en oposición a la opinión de otros ingenieros, viene a demostrar, con pruebas
tan irrecusables, que usted estaba en lo cierto, y que las pertenencias que
usted mensuró hace años lo mismo que las adyacentes, son depósitos de salitres
que darán valor positivo a esta porción del desierto de Atacama.
Con
afectuosos recuerdos de los amigos Moreno y Bascuñán, me repito suyo y seguro
servidor.
JULIÁN
G. ALEGRE
Fragmento
del informe del ingeniero don José A. Vadillo, sobre la importancia de las
salitreras de Aguas Blancas
"Con
respecto a estas salitreras, que por primera vez he visitado, y teniendo a la
vista los informes dados sobre ellas por los señores Matías Rojas D. y Augusto
Villanueva, no podría hacer otra cosa que corroborar la opinión que dichos
señores han emitido acerca de su importancia, extensión, calidad del caliche,
etc. Me limitaré, por lo tanto, a dar cuenta de las mensuras practicadas por mí
en el mes de marzo último, las que, con excepción de una descubridora, han sido
medidas como pertenencias de 100 hectáreas de superficie a continuación de per
tenencias mensuradas en épocas anteriores, por los ingenieros señores Juan de
D. García y José Antonio Aris.
He
medido, pues, como lo indican las actas y croquis que he entregado a la in
tendencia, 31 pertenencias de 100 hectáreas cada una, y una descubridora con
superficie de 300 hectáreas.
Los
reconocimientos hechos en la descubridora para poner de manifiesto la capa de
salitre eran suficientes para poder apreciar esas circunstancias, teniendo la
capa un espesor variable, desde cuarenta a cincuenta centímetros hasta un
metro. El aspecto y demás condiciones del terreno son análogos a la de los
otros terrenos explorados y sobre los cuales otros ingenieros han informado en
varias ocasiones. Los trabajos instalados actualmente en Aguas Blancas o que
están en actual instalación son los siguientes:
El
de los señores Moreno y Manterola, que desde hace meses empezó su elaboración y
que según datos que recibí ha producido hasta ahora de 40 a 50.000 quintales.
Actualmente se trabaja en la instalación de una nueva maquinaria que permita
una explotación de 1.000 quintales diarios.
'La
Sociedad Central' tiene ya montada su maquinaria para una elaboración de 400
quintales diarios y a la fecha ya debe haber empezado a producir.
'La
Sociedad Florencia' se ocupa de la colocación de una maquinaria que dé una
producción de 600 quintales diarios, y espera tenerla montada en poco tiempo
más.
Éstos
son los trabajos que se emprenden en la actualidad en Aguas Blancas. Sé que
otros empresarios se preparan para establecer trabajos en terrenos que tienen
ya reconocidos. Es de esperar que en todo el presente año se emprendan otros
muchos trabajos en estas salitreras con la concurrencia de algunos capitalistas
que están próximos a entablar trabajos de salitres".
Nota
de la gobernación al ministro del interior sobre medidas tomadas al principio
de la ocupación de Antofagasta
Gobernación
del litoral del norte
Antofagasta,
febrero 25 de 1879
Señor
Ministro:
Por
las diversas comunicaciones que he dirigido al Ministerio de Relaciones
Exteriores antes de saber que dependía inmediatamente de US., se habrá impuesto
de la organización provisional que he dado al territorio de mi mando.
Mediante
la atención decidida y pronta que se ha prestado a los diversos ramos del
servicio, han podido estas industriosas poblaciones pasar por una transición
tan violenta, sin que se haya hecho sentir ningún orden de intereses. Lejos de
haber alarma en el comercio, se nota bastante animación y las industrias y
trabajos siguen su marcha normal.
Algunas
de las medidas que he dictado pueden quizá ser poco legales; pero en situación
excepcional creada por la reciente ocupación eran de imprescindible necesidad,
so pena de dañar intereses de todo género. La Aduana, por ejemplo, en un puerto
de tanto movimiento comercial diario, no habría podido permanecer suspendida
sin irrogar a la industria, comercio y personas, muchísimos perjuicios, aparte
del desaliento que esa medida habría producido en medio de un estado de cosas
de suyo alarmante. Las pequeñas dificultades que surgen no son de
trascendencia; y para resolver algunas he pedido instrucciones por telégrafo.
Tales son:
La
moneda boliviana: He dejado libre su exportación (que antes pagaba 6%)
permitiendo su circulación hasta que haya resolución suprema, y se admiten en
Tesorería hasta 30 y 50% de los derechos que se pagan. Lo contrario hubiera
ocasionado una verdadera crisis, siendo, como son, muy escasos los billetes
nacionales.
Los
créditos de la Aduana contra comerciantes y de éstos contra la Aduana al tiempo
de la ocupación: he suspendido hasta resolución suprema el pago por la Aduana.
Se reciben los pagos de comerciantes que lo hacen sin objeción, y se reservan
los que son reclamados.
Por
los metales provenientes de Huanchaca; que antes se exportaban libres por tener
cierto contrato la empresa con el gobierno boliviano, hoy se exige un pagaré
cobrable por los derechos cuando haya resolución suprema.
Las
barras de plata, sea que vayan al extranjero, sea que vayan a Valparaíso, pagan
el mismo derecho que antes, teniendo su derecho a salvo para reclamar la
devolución, si el supremo gobierno resuelve otra cosa.
La
administración de justicia de menor cuantía reclamaba un servicio urgente. No
sin algunas dudas, he nombrado un juez de primera instancia que haga las veces
de alcalde y de donde se derivan los nombramientos de jueces de subdelegaciones
y distrito, que son indispensables.
En
Caracoles, Mejillones y Salinas se ha atendido con igual solicitud al servicio
urgente y tengo notas de los respectivos subdelegados que me aseguran una
marcha regular del orden público.
En
carta especial que dirigí al señor ministro de Relaciones Exteriores expuse mi
opinión respecto a la política económica que conviene adoptar en este
territorio, y cada día no encuentro sino nuevas razones que me afirman en esta
opinión, y sobre lo que llamo muy especialmente la atención de US. que continúe
lo mismo que antes el comercio despachado y de Aduana para este puerto que
sería mayor, y el de Mejillones menor, y no alterar en lo posible los derechos
de internación.
El
presupuesto de la administración boliviana de este departamento de Cobija
asciende como a 380.000 pesos, siendo la producción de esta Aduana de
Antofagasta de trescientos cincuenta mil (350.000) más o menos. Bajo la
administración de Chile, ya sea por la buena reglamentación y pureza en el
manejo del tesoro, ya por el probable incremento comercial e industrial, esa
producción se elevará a mucho más de un tercio; y el presupuesto de
administración, una vez siendo provincia, sería cuando más la mitad de aquélla.
Esto dejando los derechos de importancia tales como están. Pero alterándolos o
elevándolos a la tarifa y ordenanza chilenas quizá se daría un golpe a la
industria minera y se restringiría la producción y el progreso, causando igual
daño a la renta nacional.
El
entusiasmo de las poblaciones se mantiene vivo. Cada desembarco de fuerzas
chilenas es una fiesta de frenético entusiasmo, y estas escenas se repiten en
Caracoles con igual viveza. La oficialidad del Batallón Cívico número 2 está ya
completa con lo más escogido de esta juventud y no pasará de cuatro días sin
que el cuerpo esté completamente organizado. En Caracoles se forma un cuerpo de
voluntarios costeado por los mismos iniciadores; a más del Batallón Cívico que
se ha creado y al cual ingresaron 40 hombres de la mina Deseada, con sus
respectivos rifles.
Seguiré
dando a US. todos los datos que puedan servir a la organización estable de este
territorio.
Dios
guarde a US.
NICANOR
ZENTENO.
Al
señor ministro del Interior
Representación
de los chilenos de Caracoles al Presidente de la República
Caracoles,
febrero 16 de 1879
Excelentísimo
Señor:
El
pueblo chileno residente en el nuevo pueblo litoral del norte os saluda,
Excelentísimo Señor, y en vuestra persona a las elevadas y patrióticas
inteligencias que han devuelto a Chile una parte preciosa de su territorio, que
jamás debió haberse abandonado como hija proscrita de la madre común.
Pero,
¡ay!, Excelentísimo Señor, si indecoroso y desagradable fue desprenderse de un
rico girón de la tierra que nos legaron nuestros padres, nada fue más cruel y
doloroso que entregarlo al despotismo inconsciente y retrógrado de una nación,
sujeta todavía, para su desgracia, al caudillaje y a la consiguiente barbarie
de los febles.
Hemos
sufrido todas las humillaciones, todas las injusticias, todos los latigazos con
que martirizaban los antiguos bárbaros a sus esclavos.
¿Volveremos
a dejarnos amoldar al yugo del vencido?
(Siguen
muchas firmas)
Certifico
que la representación que antecede consta de trece fojas foliadas y rubricadas
por el infrascrito.
R.
ESPECH
Subdelegado
del litoral
(CONTESTACIÓN)
MINISTERIO
DE RELACIONES EXTERIORES
Santiago,
febrero 25 de 1879
Señores:
La
sentida y elocuente manifestación dirigida por ustedes desde Caracoles a S.E.
el Presidente de la República ha conmovido y agitado sus sentimientos de
magistrado y de chileno.
Sabía
mi gobierno los dolores y sentimientos de la colonia chilena que había llevado
a esos territorios sus capitales, su esperanza y un trabajo inteligente y
fecundo hasta conseguir transformar el desierto; llevar ahí la luz de la
civilización y convertirlo en pueblos y en establecimientos industriales y
comerciales.
Conocía
mi gobierno que el régimen establecido por Bolivia no ofrecía garantías a las
personas y a los intereses de los chilenos allí residentes; pero estaban en el
deber, en la imprescindible obligación de cumplir estrictamente con los
preceptos del pacto que tenía ajustado con esa república.
Violada
esa convención por el gabinete de La Paz, desoídas nuestras legítimas
reclamaciones, correspondía que la acción del gabinete de Santiago fuera pronta
y enérgica y que reivindicáramos los territorios que en 1866 cedimos
condicionalmente con notable generosidad e inducidos por las altas ideas de
americanismo y confraternidad que Bolivia no ha sabido apreciar.
Las
leyes chilenas que han empezado a regir en esos lugares darán siempre garantías
eficaces a las personas e intereses allí radicados.
Tengo
el honor de ofrecer a ustedes los sentimientos de alta y distinguida
consideración con que soy de ustedes atento y seguro servidor.
ALEJANDRO
FIERRO
A
los miembros de la Comisión Municipal de Caracoles, señores Marcio Delgado,
Juan Rosa Meza, J. M. Peña, Luis C. Carvallo y José Rojas Casanova.
Manifestación
de la colonia extranjera de Antofagasta
Gobernación
del litoral del norte
Antofagasta,
marzo 1 de 1879
La
colonia extranjera, espontáneamente movida y con una circunspección y altura
que le hace honor, envía también sus plácemes a la república.
Hoy
se ha presentado a esta gobernación una comisión de extranjeros de diversas
nacionalidades, compuestas de los señores Jorge Hicks, E.W. Foster, Emilio Puyó
y Julián G. Alegre, poniendo en mis manos, para hacerla llegar al supremo
gobierno, la adjunta manifestación firmada por los extranjeros más
caracterizados de este puerto.
Ruego
a US. se digne ponerla en conocimiento de S.E. el Presidente de la República.
Dios
guarde a US.
NICANOR
ZENTENO
Al
señor Ministro del Interior
MANIFESTACIÓN
La
colonia extranjera residente en Antofagasta se complace en reconocer que desde
el día de la ocupación de este puerto por las fuerzas de mar y tierra de la
República de Chile, ha gozado de la más completa seguridad y garantía en sus
personas, comercio e industria; y al encontrarse de este modo bajo el imperio
de las leyes chilenas, cree poder felicitarse y felicitar al gobierno de Chile,
sin romper la neutralidad que le corresponde en esta emergencia.
Antofagasta,
febrero 22 de 1879
(Siguen
setenta y ocho firmas)
Felicitación
al Presidente de la República
(Por
el cable submarino recién inaugurado)
Antofagasta,
marzo 24 de 1879
Excelentísimo
Presidente de la República: al abrirse hoy la era del progreso bajo
administración chilena, vecindario de Antofagasta os saluda haciendo votos por
felicidad de Chile y vuestra.
Salvador
Reyes, Matías Rojas, Miguel Serrano, Tesanos Pinto, Samuel Verbal, Ramón
Garriga, Eugenio Espinoza, Alejandro González, C. Mahotiere, Benjamín Barrios,
José Labarca, Carlos Moreno, Francisco Bascuñán, Agustín Palazuelos, Juan
Nicolás Mujica, Clodomiro Vargas, Víctor Pretot, Belisario Salinas, Jorge
Hicks, Augusto Villanueva, Cruz Muñoz, Benito Soto, José Blake, Tomás Peña,
Francisco Cortés, Mateo Concha, Segundo Meri, Francisco Albarracín, Marcio
Delgado, Hernán Puelma, Federico Arnao, Javier Molina.
(CONTESTACIÓN)
Moneda
23. Valparaíso, 24 de 1879
(A
las 10:05 A.M.)
Señor
don Nicanor Zenteno:
Su
excelencia agradece felicitación. Contesta por correo.
J.
BLEST GANA
Incidente
a propósito del impuesto al salitre
Iquique,
marzo 17 de 1879
Señor
don Jorge Hicks
Muy
señor mío:
Por
varias comunicaciones que se han recibido en esta ciudad de ese puerto, se dice
que exclusivamente tiene la culpa el general Manuel Othon Jofré, actual
ministro de Guerra de Bolivia, para que el reclamo del impuesto de 10 centavos
a la extracción de salitre haya llegado a un pie tan serio como se encuentra en
la actualidad, y otros aseguran que son invenciones; por consiguiente, deseoso
el suscrito de que no se extravíe la opinión pública y se diga lo que
verdaderamente haya acontecido entre usted y el general Jofré, me permito
dirigirle la presente rogándole que en contestación se digne decirme si la
copia adjunta está conforme con el brindis que pronunció usted en un banquete.
Pidiéndole
encarecidamente me suscribo de usted atento y seguro servidor.
JUAN
BALSA
(Copia)
En Antofagasta ha habido un banquete, y se refiere que en un brindis, Hicks
manifestó sentimiento por el sesgo que había tomado el asunto salitres, y entre
otras cosas, descartándose, dijo que él no tenía la culpa, ni había tenido
jamás intención de llevar el asunto al terreno de las reclamaciones
diplomáticas; que luego que por primera vez llegó la ley del impuesto de diez
centavos en quintal de salitre, se le apersonó el general Jofré con la ley en
una mano y con el tratado en la otra, manifestándole, indignado, que se faltaba
a este último; que ofreciéndole gestionar a este respecto, convinieron en darle
diez mil libras, si impedía la ejecución de la ley, como la suspendió, y colocó
a su hijo en la casa como abogado de ella; y que a insinuaciones de él dio a la
cuestión el giro diplomático, habiendo sido él quien le hizo la primera
protesta o reclamo ante el gobierno. Terminó Hicks culpando exclusivamente a
Othon Jofré. Bien se decía entonces, como recordará usted, que había algo de
prima; cierto, pues el General había recibido diez mil libras. ¡Qué infame! Ahí
tiene usted el autor de todo. Es conforme a su original.
JUAN
BALSA
Iquique,
marzo 17 de 1879
Señor
don Jorge Hicks.
Mi
estimado señor:
Confiado
en la amistad que usted me ha dispensado, le dirijo a usted la presente,
deseándole salud completa, quedando en ésta a sus órdenes.
En
ésta, el furor general, tanto compatriotas míos como peruanos, es contra la
persona de usted exclusivamente, porque lo señalan autor de las actuales
circunstancias políticas entre Chile y Bolivia; esto sería aceptable para
aquellas personas que no estando enteradas de la conducta conciliadora que
siempre ha tratado usted de observar con las autoridades bolivianas, y siempre
han sido frustrados sus sentimientos, y aun parece que hubiesen tratado de
engañar a la casa de que usted es gerente como es el general Jofré, quien es en
la actualidad el más entusiasta y empecinado en venir con fuerza sobre el
litoral y atacar a los chilenos y que la casa que sea el pato de la boda será
primeramente la que representa usted, de lo cual yo sentiré mucho y en especial
por usted.
Aquí
corren, sin embargo, rumores de que ya usted lo ha echado al público, algún
secreto que he podido conservar respecto al general Jofré, hasta la fecha en
brindis que usted pronunció en un banquete en ésa, como es el haber tenido
Jofré exclusivamente y ser responsable de las actuales circunstancias
chileno-bolivianas, por haber recibido diez mil libras. ¿Qué hay sobre esto?
¡Dígnese decirme!
Sin
más, deseándole salud completa se despide de usted muy atento y seguro
servidor.
MARCOS
ORTAUD
Antofagasta,
marzo 19 de 1879
Señor
don Juan Balsa, vicecónsul de Bolivia. Iquique
Muy
señor mío.
El
vapor de ayer me trajo su nota y oficio pidiéndome datos respecto a un rumor
que circula en Iquique sobre que yo he asegurado en un banquete, que el señor
general Manuel Othon Jofré suspendió la ejecución de la ley que ordenaba el
impuesto de diez centavos sobre cada quintal de salitre exportado y que el
señor
Jofré
había llevado a cabo esta suspensión por haberlo nada menos que comprado por
diez mil libras esterlinas y la colocación de su hijo como abogado de la
compañía.
Francamente,
señor Vicecónsul, me admira sobremanera ver una autoridad boliviana haciendo
uso de su sello para autorizar chisme de tan baja ley; si no fuera porque se
ataca la reputación del señor Jofré, no me ocuparía de contestar semejante
superchería. Los tantos paisanos de usted actualmente en Iquique, y que por
tantos años se ocuparon aquí de bribonadas y de prostituir la justicia y leyes
de su país, son los que mejor pueden a usted asegurar que los gringos prefieren
"fregarse" (fórmula de su Presidente) a comprar a las autoridades y
como muchos de ellos recibieron su desengaño a este respecto, tratan de cebarse
en la reputación del señor Jofré.
Si
yo creí conveniente ocupar al hijo del señor Jofré como abogado para defender
los derechos de la compañía contra tanta ave de rapiña, los documentos
publicados y nuestra defensa prueban que entre tanto tinterillo supe elegir un
abogado quien por su talento ha merecido el sueldo de 3.000 pesos que le
pagaba.
Es
cierto que el señor Jofré como también el Presidente de la República por medio
del prefecto Zapata, me aseguraron que nunca se pondría en vigencia la tal ley.
Déjese usted, señor Vicecónsul, de estos cuiquismos en momentos tan serios y en
lugar de chismear a sus primeros mandatarios, póngase la espada y venga para
acá donde usted verá que no estamos ocupados de banquetes ni brindis. De usted
su seguro servidor.
JORG
E HICKS
Banquete
dado por el comandante y oficiales del Batallón Cívico nº 2 en honor del
comandante de la Covadonga y sus oficiales
Antofagasta,
junio 3 de 1879
Vamos
a pedir permiso a los lectores del Pueblo Chileno, para ocupar una parte
principal de la sección destinada a los trabajos de la redacción, con la
descripción del espléndido banquete con que el jefe y oficiales del Batallón
Cívico número 2 de este pueblo obsequiaron al comandante de la Covadonga y a
sus oficiales, a esos héroes del deber y del patriotismo.
Dos
objetivos nos proponemos en ello: hacer conocer la significativa y entusiasta
ovación de que han sido objeto los bravos marinos que manifestaron el valor más
heroico ante la fuerza bruta, en el combate de Iquique, y el patriotismo más
puro y acendrado ante la maquinación más cobarde del enemigo, y hacer constar
que los pueblos no son jamás ingratos con los héroes que, como el comandante
Condell y sus compañeros, saben cumplir con su deber dando a la patria días
inmortales.
Esta
fiesta, por su carácter, por las personas que en ella tomaron parte, por los
discursos que la amenizaron y por las tendencias que ha tenido hará eterno
honor al pueblo de Antofagasta representado por el Batallón Cívico número 2,
así como podrá figurarse en el libro de la vida de Condell y sus compañeros de
gloria, como una de sus más bellas páginas.
El
iniciador del banquete, señor comandante don Matías Rojas y la digna
oficialidad del batallón número 2 invitaron a varias personas notables del
lugar para que se asociasen a esta demostración y en un momento más de sesenta
personas llenaron la lista de los convidados.
El
local en que tuvo lugar esta patriótica fiesta fue en el hermoso club
Antofagasta, el más elegante sin disputa de cuantos existen en este pueblo por
su comodidad.
El
salón principal había sido completamente arreglado con hermosos trofeos y
banderas. En la testera principal se leía esta inscripción:
Al
comandante Carlos Condell y oficiales de La Covadonga,
21
de mayo de 1879
Al
frente se leía este simpático nombre:M. Joaquín Orella.
En
los costados del salón, entre guirnaldas y flores, se leían los nombres de
Emilio Cuevas, Eduardo Valenzuela, Miguel Sanz, Estanislao Lynch, Enrique
Reynols, Demetrio Eusquiza, Protacio Castillo, que fueron los que escribieron
la página del heroísmo más sublime, la epopeya más grandiosa de que tienen
memoria los anales navales del mundo. En las paredes del gran salón se
destacaban, como hemos dicho, trofeos de bandera. En una de las paredes se veía
el escudo nacional grandiosamente colocado entre banderas y ramas de laureles.
Las cortinas de las puertas y ventanas estaban formadas de los colores
nacionales, brillando esplendorosa la estrella de nuestra bandera.
La
mesa formaba un semicírculo.
Una
vista fantástica presentaba esa mesa al penetrar en el salón.
Los
candeleros y lámparas que despedían rayos de luz, daban a la mesa un aspecto
digno de ser trazado por una pluma más poética.
En
la lista de las exquisitas viandas y delicados vinos y frutas que se sirvieron
se encontraba esta dedicatoria:
Lunch
obsequiado
al comandante de la Covadonga Carlos Condell y a sus oficiales por El Batallón
Numero 2 de Antofagasta,
Junio
1 de 1879
En
el centro de la mesa, por la parte exterior, se sentó el comandante del
batallón número 2 de cívicos don Matías Rojas, a la derecha el comandante de la
gloriosa Covadonga, señor Condell, a la izquierda nuestro General en jefe,
señor don Justo Arteaga; ocupaban enseguida sus asientos el señor gobernador
Zenteno, los generales Escala y Villagrán, el teniente Joaquín Orella, los
demás oficiales de la Covadonga, jefes del ejército, señor Donoso, secretario
del señor Arteaga, capitán Arteaga, hijo del ilustre general, E. Lillo, Feliú,
señor González, secretario de la gobernación, señor Mujica, redactor del Pueblo
Chileno, señor Puelma, los distinguidos jefes y oficiales del Estado Mayor
General, toda la oficialidad del batallón número 2 de cívicos y varias otras
personas que ocupan un lugar distinguido en nuestra sociedad. El arreglo de la
mesa era de un gusto exquisito. El servicio no dejó nada que desear.
El
contento y la alegría se aumentaron por instantes. Entonces comenzaron los
brindis. A partir de este momento, en que la alegría y el contento eran
grandes, la mesa se convirtió en una verdadera cátedra de elocuencia, en la que
los sentimientos más puros, el patriotismo más ardiente y sincero y las
afecciones más tiernas tenían ecos entusiastas y conmovedores.
El
General en jefe, gloria viva de nuestra historia contemporánea, Lillo, el
inspirado poeta, Feliú, orador de palabra fácil y conmovedora, señor Donoso,
Arteaga, hijo, Condell, Mujica, González P., Puelma, Villagrán, Sarratea,
Orella, Lynch, y tantos otros improvisaron discursos llenos de fuego y
patriotismo que arrancaron no sólo aplausos sino, también, lágrimas de
entusiasmo.
Dos
bandas de música, la de Buin y Navales, contribuían, por otra parte, a darle
mayor animación a aquella ovación tributada a los héroes de la marina nacional,
que tan alto han colocado nuestro glorioso tricolor.
El
primero que se puso de pie fue el señor comandante don Matías Rojas y se
expresó en estos términos:
Señores:
En
el libro de nuestra gloriosa historia tenemos que agregar una página más para
consignar de lo que es capaz el valor y el patriotismo. La escuadra que ha sido
honra y gloria para Chile, hoy es ejemplo de heroicidad y abnegación. Nuestros
valientes marinos educados en la escuela del deber han sabido llevarlo hasta el
sacrificio.
El
combate de Iquique no se describe; ni los labios, ni la pluma pueden hacer
sentir lo que solamente el corazón siente.
El
batallón número 2 de Guardias Nacionales, que representa en esta campaña una
parte del pueblo de Antofagasta, ha creído cumplir con un deber al invitarnos a
este lunch en obsequio y honor del valiente comandante Condell y distinguida
oficialidad del Covadonga. El señor comandante Condell se puso inmediatamente
de pie y vivamente impresionado agradeció a su nombre y al de su oficialidad
con palabras de exquisita cultura, las manifestaciones de aprecio que se hacían
en su favor.
El
entusiasmo y la admiración al comandante Condell se tradujo por las más
sinceras y las más tiernas manifestaciones al que con tanta heroicidad rindió a
la poderosa blindada Independencia.
El
señor general en jefe, don Justo Arteaga, dijo, poco más o menos, lo siguiente:
Señores:
cumplo con el grato deber de dar las gracias a los señores oficiales del
batallón número 2 de Guardias Nacionales por la invitación con que me han
favorecido, y al mismo tiempo aprovecho la ocasión presente para expresar mi
reconocimiento al pueblo de Antofagasta por la acogida tan benévola con que me
han dispensado.
La
hora actual, sin duda, hora de prueba para el país, se presta, señores, a muy
serias y detenidas meditaciones.
¿Qué
somos? ¿A dónde vamos? Lo que somos lo han probado ya con hechos de heroísmo
legendario los valientes marinos de la Esmeralda y de la Covadonga en el
glorioso combate de Iquique.
¿A
dónde vamos? Vamos a una contienda de honra con dos naciones que, en momento
desgraciado, creyeron que Chile se sentiría débil para combatirlas y,
¡vencerlas!
Señores:
la humanidad entera está sujeta a inevitables calamidades, la guerra y la
peste, entre ellas y contra las cuales la voluntad del hombre es impotente para
dominarlas o contenerlas. Afortunadamente todas tienen su compensación.
La
última, la peste, en los pueblos civilizados hace aparecer, abre camino a esas
almas sublimes que sacrifican vida y fortuna en alivio de los afligidos, y que
son la compensación del mal, por cuanto enaltecen al hombre y honran al pueblo
en que nacieron.
Otra
calamidad es, sin duda, la guerra; pero a la vez que impone grandes sacrificios
y obliga a grandes tributos de abnegación y patriotismo, trae, en cambio,
hechos tan heroicos como el combate de la Esmeralda y de la Covadonga; hechos
que, con su resplandor de gloria, han iluminado el cielo de la patria y
producirán, de cierto, la admiración del mundo todo.
Ese
combate, asombroso por la desproporción de los medios, ha oscurecido a Lepanto,
a Abouquir, a Trafalgar, e irradia sobre nosotros nueva gloria cuando la acción
destructora del tiempo extinguía casi por completo las de nuestra
Independencia.
Señores:
¡si no podemos vivar por los que no existen, por Prat, Serrano, y sus
compañeros, admiremos de paso su gran valor, desde el fondo del alma,
agradezcámosles ese legado de gloria y de honor que dejan!
Que
en cuanto a los héroes de la Covadonga, a quienes se dedica esta manifestación,
ellos han merecido bien de la patria tanto cuanto hasta ahora otros no lo
habían alcanzado. ¡Condell, Lynch, Orella, Reynolds y demás compañeros, pasaron
a la historia orlada la sien con el laurel del vencedor.
Bebamos,
pues, por estos ilustres marinos que nunca admiraremos lo bastante (aplausos).
El
señor gobernador Zenteno. Señores: las grandes emociones que producen la
admiración, sólo se expresan por un grito espontáneo y prolongado que se
arranca del alma, la que pugna en vano por hallar una forma digna del
sentimiento que la agita.
Ese
grito repercute hoy en toda la república, haciendo brotar, de todos los
pueblos, manifestaciones más o menos magníficas que llevan al corazón de los
héroes de Iquique el perfume exquisito de la gloria. A su vez, la municipalidad
de Antofagasta quiere pagar a los jóvenes héroes de la Covadonga, en la cabeza
de su digno Comandante, el tributo de su admiración y de la especial gratitud
que les de be, ¡por haber impedido que llegase hasta aquí el terrible blindado
Independencia...! (Aplausos).
¡Ahí
queda el gigante sepultado bajo las ondas; roto el costado y la frente hendida
con la piedra vergonzosa del deshonor!
Miembros
distinguidos de la municipalidad que tengo la honra de representar, y que se
hallan aquí presentes, han resuelto bautizar una de sus principales calles con
el nombre ilustre de Condell (aplausos), borrando de ella el de Santa Cruz, que
ha llevado hasta ahora. (Aplausos).
Mientras
la república, iluminada por la augusta sonrisa del más legítimo orgullo,
extiende su mano llevando a la sien de los héroes la corona de laurel, la
localidad de Antofagasta os ofrece, jóvenes, una hoja de esa corona, que va
humedecida por algunas lágrimas... ¡Oh!, el pensamiento no se atreve aún a
fijar su mirada en las víctimas del sangriento drama de Iquique. El alma no osa
llevar su mano a la herida dolorosa y reciente... dejemos correr dulces y
tranquilas nuestras lágrimas.
Mas,
ya veo destacarse del bronce el resalto épico de la gloria, y a su frente la
república de pie, embellecida por la palidez de la emoción, coger el buril
diamantino de la historia y trazar en honda huella los nombres venerados y
queridos de los héroes de la Esmeralda...(Aplausos).
El
señor Arteaga (don Benjamín). Señores: estamos delante de los bravos
tripulantes de la Covadonga y su presencia nos trae al corazón el pesar, lleno
de noble orgullo, que nos dejaron tras de sí los que tan heroicamente supieron
morir defendiendo el pabellón sagrado de la patria en la gloriosa Esmeralda. El
arribo de la Covadonga a este puerto nos hace recordar a Eneas llegando a las
playas de la antigua Italia. Aquél traía la civilización, después de una
gloriosa derrota, y el bravo comandante Condell y sus dignos oficiales nos han
traído la estela luminosa del valor, que nuestro digno ejército sabrá seguir,
sin apartarse un solo instante el día cercano de su prueba. Pido, pues, una
copa a la Covadonga y al ejército (aplausos). El señor Donoso (don Pedro
Nolasco). Señores: los diarios de Santiago llegados hoy, registran ya en sus
columnas la justicia que Chile hace a los héroes de Iquique. ¡Honor a Chile!
Señores, que de pie como un solo hombre, saluda a los valientes de la Esmeralda
y de la Covadonga enviándoles, al propio tiempo que los elogios de su
admiración, el premio que ha decretado su heroísmo...De hoy en adelante, el
camino de la gloria está más expedito todavía para los bravos de nuestra marina
y los bravos de nuestro ejército. Unos y otros, los primeros con la bandera
izada al palo de mesana, y los segundos cobijados por sus hermosos estandartes
irán a la victoria seguros de que sus mujeres y sus hijos encontrarán, después
de ellos, no la orfandad ni la miseria, sino el santo y tierno regazo de la
patria para derramar sus lágrimas, y ciertos del siguiente día, vivir
eternamente en el recuerdo y el amor de los que amaron...
Señores:
a Chile, a su marina y a su ejército, que en presencia de la justicia de hoy,
podrá decir como los galos de Breno: ¡Sólo tememos a la caída del cielo sobre
nuestras cabezas! (Aplausos).
El
señor general Arteaga, en un segundo brindis, propuso a los concurrentes le
acompañaran a beber una copa por la salud del Presidente de la República,
brindis que fue aceptado con aplauso general.
Si
tuviéramos espacio a pesar de la debilidad de nuestra memoria, haríamos un
ligero extracto de todos y cada uno de esos brindis en que se les tributaban
las manifestaciones más patrióticas a los bravos marinos de la Covadonga y los
más tiernos y sentidos recuerdos a los héroes de la Esmeralda. Todas fueron
palabras de patriotismo y de gratitud a nuestros marinos que la concurrencia
aplaudió con delirante entusiasmo.
Se
recordaron todas las glorias marítimas de Chile y del mundo entero; pero las de
Iquique han eclipsado a todas aquéllas que figuran en la historia antigua y
moderna de las naciones, como dignas de ser imitadas.
Concluida
esta magnífica fiesta en que todo fue obsequio, expansión, fraternidad y
patriotismo; en la que se hicieron los más fervientes votos por la felicidad de
nuestros marinos, y siendo ya la hora avanzada, los concurrentes, con una banda
de música a la cabeza que en esos momentos entonaban el himno de Yungay,
acompañaron a su casa a nuestro general en jefe y al comandante Condell, donde
fueron atendidos con las más finas atenciones.
Las
manifestaciones hechas por el Comandante y oficialidad del Batallón Cívico
número 2, fueron, puede decirse, una digna y merecida ovación a los que como
Condell, Orella, Lynch y demás compañeros han colocado nuestra bandera a la
altura de su gloriosa tradición.
Proclamas
a la salida del ejército chileno el 28 de octubre de 1879.
Recibo
de S.E. el Presidente de la República el honroso encargo de dirigiros a su
nombre la palabra en la hora solemne de la partida.
Testigo
presencial de vuestra constancia en el trabajo y de vuestro comportamiento
ejemplar en el campo de instrucción, experimento íntima satisfacción al
desempeñar el mandato de Jefe del Estado.
¡Soldados!
Millares
de ojos de madres, esposas, hijos y amigos se hallan a esta hora fijos en
vosotros.
Millares
de brazos se levantan para enviaros saludos cariñosos.
Millares
de corazones palpitan, de un extremo al otro de la patria chilena, al
pensamiento de la gloriosa tarea que os aguarda en el territorio de nuestros
enemigos.
La
confianza que en vosotros tiene depositada la nación no será burlada hoy, como
no lo fue jamás.
Volveréis
con la frente ceñida de laureles a recibir las justas recompensas que sabrá
otorgar la república a vuestro heroísmo y a vuestros esfuerzos. Volveréis,
sobre todo, con la conciencia de haber levantado el nombre y la honra de Chile
a una altura a que no alcanzará el soplo del odio y la calumnia, de haber
escarmentado para siempre a sus gratuitos enemigos y de haber abierto una era
de la historia nacional, colocando la paz, la industria y la prosperidad de la
patria sobre ancha e incontrastable base.
¡Soldados!
El ejército nunca vencido de Chile; el ejército que cooperó a la independencia
peruana, después de afianzar la propia; el ejército que, en 1838, impuso la ley
a la primera Confederación Perú-Boliviana, parte hoy a desbaratar y destrozar
esa alianza formada de nuevo en hora tenebrosa. Este ejército lleva la victoria
en pos de su bandera. Su vigor, su pericia y su nobleza van a dar muestra
espléndida de la cultura y la pujanza del país.
Salud,
valiente y pundonoroso ejército de Chile.
A
nombre de S.E. El ministro de la Guerra en campaña.
RAFAEL
SOTOMAYOR
Antofagasta,
octubre 27 de 1879
EL
GENERAL EN JEFE AL EJÉRCITO DEL NORTE
Soldados:
Ha
llegado por fin la hora por tanto tiempo anhelada de ir a buscar a nuestros
enemigos en su propio suelo. Tres veces las huestes de Chile lo han pisado como
libertadoras; hoy vamos a pisarlo como castigadores de una negra alevosía.
Tomando por debilidad nuestro espíritu benévolo y conciliador; creyendo que
nuestra fecunda y larga paz, sólo interrumpida para proteger su existencia de
pueblo independiente, hubiera enervado nuestro brazo, el ingrato Perú se ligaba
tenebrosamente para atentar a nuestros derechos y seguridad.
¡Soldados!
Que los que nos han obligado a soltar los instrumentos de trabajo para empuñar
el sable y el fusil conozcan luego que, si nuestro brazo tiene suficiente poder
para arrancar los tesoros a las entrañas de la tierra y dar vida a los
desiertos, lo tiene mucho más aún para batir a los enemigos de Chile.
Marchemos
a llevar la guerra y sus tremendas consecuencias a los violadores de nuestro
derecho; a los confiscadores de las propiedades de nuestros conciudadanos; a
los que han expulsado y maltratado a los enérgicos e inteligentes trabajadores
que daban vida a sus ciudades y existencia a sus industrias; a los despiadados
perseguidores de las mujeres y niños porque tenían la gloria de ser chilenos.
¡Qué caiga sobre ellos el castigo que merecen!
¡Soldados!
La hora de los combates ha sonado. Vuestros varoniles pechos palpitarán pronto
con las grandes emociones de los guerreros cuando se ven frente a frente de los
enemigos de su patria. Sé bien lo que puedo esperar de vosotros, que, con
admirable constancia, moralidad y disciplina, habéis soportado los rigores de
la enseñanza militar; sé bien que no necesito recomendaros el valor y el
sacrificio, porque conozco que la divisa de nuestra patria "vencer o
morir" está esculpida en vuestros corazones.
¡Soldados!
¡A los combates! Que vuestros hechos engrandezcan el nombre de Chile y lo hagan
temido de sus enemigos.
Vuestro
General.
ERASMO
ESCALA
El
pueblo de Antofagasta al ejército
El
pueblo de Antofagasta, por el órgano de su representación local, saluda en la
partida al brillante ejército de Chile.
En
este momento solemne en que toda la república contempla conmovida a sus hijos
predilectos hacerse al mar en demanda de la victoria, este pueblo, testigo
inmediato y más afortunado, cree tener un doble título para dirigiros una
palabra de simpatía: Antofagasta, que no dejó jamás de ser chileno, reúne en sí
todos los motivos, todas las facetas, todas las afecciones y caracteres que
distinguen a Chile en la presente guerra.
Este
pueblo dando vida al desierto parece haber concentrado la sabia del genio
emprendedor chileno. Benévolo y justo ha sido en estas playas el digno
representante del carácter nacional.
Jamás
pueblo alguno dio una prueba mayor de acata miento a la soberanía de otra
nación como el que durante ocho años ha sufrido, obedeciendo y respetando el
despotismo odioso y despreciable de un puñado de dominadores, porque mediaba
para ello el compromiso sagrado de un pacto. Sobre su cabeza iba dirigido el
golpe de codicia que al fin puso la espada en manos de la república.
Él
saludó la alborada del 14 de febrero, cuando abordasteis esta tierra chilena,
de que Chile se había desprendido en aras de una fraternal cordialidad.
Él
os ha hospedado en su seno, os ha visto hacer el aprendizaje de las armas, sien
do testigo de vuestra moralidad, disciplina y cultura.
Ha
engrosado vuestras filas, compartiendo alguna vez con vosotros los peligros y
entusiasmo de la lucha.
Por
último, ha aprendido a amaros, viéndoos partir, siente la necesidad de
dirigiros una palabra salida de su corazón.
¡Salud!
¡Hermosas legiones de la patria!
La
república en sus mejores días, en sus luchas gigantes jamás vio sobre su suelo
ni sobre sus bajeles un ejército más numeroso, más imponente, más brillante que
el que ahora lleva entre su mano aprisionada la victoria, como lleva en su
pecho el profundo sentimiento de la justicia de su causa. A su cabeza van la
ciencia y el talento, el valor y la abnegación.
El
grandioso espectáculo de su marcha, su resuelta apostura y hasta la alegría que
anima los juveniles rostros de sus soldados, tienen una elocuencia irresistible
que parece decir:
¡Atrás,
odio salvaje!
¡Atrás,
pérfida acechanza!
¡Atrás,
insensatos provocadores!
¡Dad
paso al trabajo, al derecho, a la civilización!
¡Nobles
soldados del ejército de Chile!
Recibid
los votos del pueblo que al veros partir, el aliento suspenso y el alma
enternecida os bendice y saluda batiendo en alto el hermoso tricolor chileno.
Que
mantengáis inmaculada la blanca estrella de la república y tornéis pronto
ceñidos de laureles a vuestros hogares, son los votos ardientes del pueblo de
Antofagasta.
NICANOR
ZENTENO, GOBERNADOR
Matías
Rojas D. Telésforo Mandiola. Nicanor Correa de Saa.
Alcaldes
municipales.
Recepción
de los heridos en Antofagasta
El
Comandante de Armas, Coronel Maro Aurelio Arriagada, no permite que la Junta
Popular cumpla con su noble cometido de la Junta Popular de Socorros para los
heridos
Como
se verá por la nota que más abajo se copia, esta comisión no ha podido llevar a
término los nobles propósitos del vecindario de Antofagasta por óbices que le
ha puesto el señor comandante general de armas del litoral, don Marcos A.
Arriagada.
No
queriendo omitir ningún medio que nos permitiese satisfacer los buenos deseos
del vecindario, hemos dirigido la ya referida nota al señor Comandante de
Armas. No habiendo tenido ésta los honores de ser contestada, nos hemos
persuadido de que no debíamos abrigar ni la más remota esperanza de que la
autoridad militar de este litoral permitiese a los vecinos de Antofagasta
cumplir con el más sagrado y patriótico de sus deberes; dar un testimonio de
gratitud y admiración a los militares que tan alto han colocado el tricolor
chileno.
En
consecuencia, la comisión ha determinado que los fondos ya colectados y que
constan de la lista que también se publica, sean devueltos a los señores
erogantes, para lo cual pueden acudir todos los días de la presente semana de
una a tres de la tarde al escritorio de don Matías Rojas D., entendiéndose que
los que no lo hagan hasta el sábado próximo dedican el valor de su suscripción
a beneficio del hospital del Salvador de este puerto.
Antofagasta,
junio 16 de 1880
MATÍAS
ROJAS D.
Presidente
Félix
Garmendia
Secretario
Antonio
Toro
Vicepresidente
Benjamín
Fisher
Tesorero
Antofagasta,
junio 14 de 1880
Señor
Comandante de Armas:
Como
US. tiene conocimiento, se ha organizado entre el vecindario de este pueblo una
comisión para colectar fondos que se dedicarían al socorro de los heridos que
próximamente deben llegar del norte.
Esta
comisión, que inició sus trabajos desde que llegó la noticia de la toma de
Tacna y que los ha continuado con un éxito notablemente satisfactorio, hubo de
paralizarlos ayer a consecuencia de la conferencia que una delegación de esta
comisión tuvo con US., pues dicha delegación cree que US. le negó el derecho
que teníamos de ir en auxilio de nuestros desgraciados hermanos, siempre que no
lo hicieran de consuno y bajo la dirección de la comisión de recepción que
usted ha tenido a bien nombrar.
Como
no es posible defraudar los patrióticos deseos de este pueblo, privando al
mismo tiempo de un oportuno auxilio a los héroes de Tacna y Arica, rogamos a
usted se sirva comunicarnos si le es o no permitido al vecindario de
Antofagasta prestar socorro y auxiliar a los heridos que próximamente llegarán
del norte, obrando independientemente de la comisión oficial, como US. la
llama.
Dios
guarda a US.
MATÍAS
ROJAS D.
Presidente
Antonio
Toro
Vicepresidente
Félix
Garmendia
Secretario
Benjamín
Fishe
Tesorero
Nota:
Estas suscripciones sumaban en el momento que se suspendieron los trabajos, más
de 1.300, habiéndose recorrido solamente la 3ª parte del pueblo
La
guardia nacional en Antofagasta
Renuncia
del Comandante del Regimiento Antofagasta
Regimiento
Cívico de Antofagasta
Antofagasta,
abril 21 de 1880
He
recibido hoy la nota de SS. en la que me comunica la resolución suprema del 12
del actual, disponiendo que se reduzca a batallón de 600 plazas el Regimiento
Cívico Antofagasta; y en contestación a ella me permito elevar al conocimiento
del supremo gobierno por conducto de SS. la renuncia del cargo de Comandante
del expresado cuerpo.
Dios
guarde a SS.
MATÍAS
ROJAS
Señor
Presidente de la República
Excmo.
Señor:
Cuando
pocos días después de la ocupación de este territorio por nuestras armas se me
llamó para ocupar el puesto de comandante del batallón número 2 de Guardias
Nacionales, no vacilé un instante en aceptarlo. Entre mis intereses personales
y las de mi patria, estuve por ésta que podía necesitar inmediatamente de
nuestros servicios.
Durante
un largo año he luchado contra toda clase de contrariedades, alentado en esta
empresa por mi deber de chileno, así como por el entusiasmo de la digna
oficialidad del cuerpo y del patriotismo de los individuos de tropa.
No
debo de ninguna manera entrar en la reseña de estas contrariedades por no ser
los momentos oportunos para ello, pudiendo hacer perder un tiempo precioso a
V.E. Bástele saber a V.E. que si hubiese existido un espíritu preconcebido para
que la Guardia Nacional no surgiese en este puerto, no se habrían puesto más
dificultades para su desarrollo.
Más
de una vez he tenido que sacrificar el amor propio en aras de la causa que
defendemos; más de una vez también he visto con pesar comprometida la dignidad
del puesto que ocupo, sin que esto me arredrase, sino que siempre he estado
decidido a cooperar para que esta institución pudiese prestar servicios
positivos, como tuvo ocasión de probarlo.
El
supremo gobierno a fines de enero de este año decretó la formación del
regimiento Antofagasta sobre la base del batallón que tenía el honor de mandar.
El entusiasmo un tanto decaído volvió a dejarse sentir. La tarea de
organización se emprendió. Las propuestas de oficiales marcharon a la capital.
Mientras
tanto los documentos que en copia acompaño manifestarán a V.E. las dificultades
con que he tropezado, dificultades que tienen que agravarse cada día más.
Hoy
se me transcribe un nuevo decreto por el cual se declara que el regimiento
quedará en la categoría de batallón.
Veo
que mi presencia se hace difícil si no imposible en el cuerpo. Puedo sacrificar
todo en bien de mi patria; pero no me es posible atropellar los principios de
la justicia y de la equidad.
Por
las razones expuestas y otras que no se escaparán a la alta penetración de V.E.
A V.E. suplico se sirva aceptar la renuncia formal que hago del puesto de
Comandante que actualmente desempeño. Excmo. Señor.
(Firmado)
MATÍAS ROJAS D.
Antofagasta,
febrero 5 de 1880
Nº
360. Con fecha 27 del mes próximo pasado me dice el señor ministro de la Guerra
lo que copio:
"S.E.
ha decretado lo que sigue:
Vista
la nota que precede decreto:
Elévese
a regimiento de mil doscientas plazas el Batallón Cívico de infantería número 2
de Antofagasta.
Disuélvanse
los batallones de infantería números 1, 3 y 4 y el Escuadrón Cívico de
Caballería mandados organizar en la expresada plaza en el año próximo pasado.
Los
individuos alistados en los cuerpos disueltos entrarán a formar parte del
Regimiento Cívico de Infantería de Antofagasta. Dicho cuerpo gozará de una
asignación de doscientos cincuenta pesos mensuales.
Tómese
razón y comuníquese.
Lo
transcribo a VS. para los fines consiguientes".
Y yo
a usted con igual objeto. Dios guarde a usted.
M.
AURELIO ARRIAGADA
Al
señor Comandante del Batallón Cívico número 2
Comandancia
General de Armas
Antofagasta,
febrero 22 de 1880
Nº
360. Con motivo de un reclamo interpuesto por el gerente de la Compañía de
Salitres y Ferrocarril de este territorio, digo a usted: que todos los ocupados
en dicho ferrocarril sin excluir a los palanqueros, no pueden ser enrolados en
el regimiento de su mando.
Dios
guarde a usted.
M.
AURELIO ARRIAGADA
Al
Comandante del Regimiento Cívico de Antofagasta
Comandancia
General de Armas de Antofagasta
Antofagasta,
febrero 27 de 1880
Nº
367. Esta comandancia con fecha de hoy ha decretado lo que sigue:
Vista
la representación del administrador de la Compañía de Salitres y Ferrocarril de
este puerto en la que pide la exención del servicio de la Guardia Nacional de
los individuos que constan de la lista adjunta.
Decreto:
Nº 711. Los individuos que figuran en la lista nominal acompañada, quedan
exentos por la ley, del servicio de la Guardia Cívica, por ser sus ocupaciones
incompatibles con el servicio militar, previniéndose que aquellos que cesaren
en las ocupaciones que ahora tienen en el expresado establecimiento deberán ser
filiados por el Regimiento Cívico de esta plaza, eximiéndose a la vez a los
reemplazantes; para cuyo efecto pasará una nómina el administrador de dicha
Compañía de Salitres y Ferrocarril al Comandante del cuerpo cívico con el fin
indicado. Anótese y comuníquese a quienes corresponda con una inclusión de las
referidas listas.
Lo
que comunico a usted para su cumplimiento.
Dios
guarde a usted.
M.
AURELIO ARRIAGADA
Al
Comandante del Regimiento de esta plaza.
Regimiento
Antofagasta
Antofagasta,
marzo 3 de 1880
He
recibido el oficio de SS. número 397 de fecha 27 del mes pasado, en el cual me
transcribe el decreto por el cual se declara exentos del servicio de la Guardia
Nacional a doscientos veintidós empleados de la Compañía de Salitres y
Ferrocarril por ser sus funciones incompatibles con este servicio.
Ya
antes habría tenido el honor de manifestar a S.S. que un reclamo interpuesto
por el gerente de la Compañía de Salitres no tenía razón de ser, puesto que no
se había presentado un caso de molestar a empleados de esa empresa.
Había
guardado completo silencio y acatado respetuosamente el decreto de S.S. si
poderosas razones, que voy a exponer, no me obligaran a hacer luz en un asunto
que puede comprometer en su esencia a una institución llamada a prestar tan
útiles e importantes servicios en la lucha presente.
Callar,
señores, no es posible, pues faltaría a mi deber, en el cumplimiento del cual
me han visto constantemente los ciudadanos que en el momento presente y antes
he tenido el honor de mandar.
En
consecuencia, me permito hacer a S.S. las siguientes observaciones, las que
S.S. estimará en lo que valen y resolverá lo que crea conveniente.
La
historia de la Guardia Nacional en Antofagasta es corta y me voy a permitir
resumirla en pocas palabras.
Entusiasmo
sin igual al principio de la guerra, inconvenientes a cada paso en su
organización poco después, y formación a mediados del año pasado, puede
decirse, de dos batallones, el número 1 y número 2, el primero compuesto en su
mayor parte, si no en su totalidad, de empleados de la Compañía de Salitres y
Ferrocarril y el otro de gente de la población. Cuando ya éstos podían
funcionar regularmente se mandó organizar los batallones números 3 y 4,
caballería y artillería. Poco tiempo después los batallones números 1 y 2, iban
decayendo, aquél por causas que me son desconocidas y éste por habérsele
arrebatado los elementos de existencia con que contaba. Sin embargo, motivos
tan poderosos no bastaron para hacer desmayar los sentimientos patrióticos de
esta entusiasta oficialidad, a pesar de que día a día se veía que podíamos
morir de consunción. El número 1 en noviembre se declaraba en receso, los
números 3 y 4 no alcanzaron a organizarse, lo mismo que la caballería y la
artillería no daba señales de vida.
S.S.
con una rápida ojeada comprendió la situación e informando al supremo gobierno
obtuvo la formación del regimiento Antofagasta, declarándose disueltos los
otros batallones y escuadrón de caballería y que los individuos alistados en
los cuerpos disueltos entraran a formar parte del regimiento, quedando
subsistente sólo la brigada de artillería.
Con
gran entusiasmo se inició la tarea de organización del regimiento, estando ya
divididas las compañías y todos poseídos del mayor entusiasmo para contribuir
con todo su contingente a la creación del primer Regimiento Cívico, cuando ha
llegado el decreto de S.S. a destruir todas las esperanzas, todas las
ilusiones, pues la Guardia Nacional quedará en peores condiciones que en su
origen, y llevará la marcha lánguida con que ha marchado hasta el presente.
Ha
sido mi creencia, señor Comandante, como he tenido el honor de manifestarlo a
S.S., que el decreto sobre exenciones debe tomarse en cuenta en circunstancias
normales y en otros pueblos de la república; pero en Antofagasta, que es uno de
los centros del ejército y de donde deben partir los elementos para batir al
enemigo en caso que pretenda atacar el departamento, de ninguna manera puede
hacerse valer este derecho.
¿Cuáles
serían los resultados prácticos del citado decreto si olvidando todos los
ciudadanos los deberes que el patriotismo impone, se asilasen en el decreto de
8 de noviembre de 1869?
Ipso
facto quedaría disuelto el Batallón Cívico de Caracoles compuesto de mineros
que están exentos por la ley, batallón que nadie ignora ha prestado y está
llamado a prestar grandes servicios al país. Los empleados de la Sociedad
Beneficiadora de Metales, del establecimiento de fundición, de las imprentas,
subdelegado e inspector se ampararían bajo ese decreto y el regimiento no
podría existir; pero en obsequio de la verdad y en su honor, a nadie se le ha
ocurrido ni siquiera recordarlo.
Ya
ve S.S. las consecuencias a que nos llevaría la aplicación absoluta del decreto
del supremo gobierno a que hago referencia. Pero dejando a un lado las razones
poderosísimas que existen para hacer uso de esa disposición, con toda
prudencia, me voy a permitir observar a S.S. que el gerente de la compañía ha
sido demasiado exigente en su solicitud y que ha ido mucho más allá de lo que
el decreto tantas veces citado le concede.
No
entraré a estudiar en detalle las listas que se me han pasado, ni me fijaré en
que aparecen en ellas empleados de maestranzas y peones que hacen guardia cada
seis horas; pero en general puedo garantizar a S.S. por datos que poseo, que la
compañía cuando más necesita el día domingo, que es el día de ejercicio
general, setenta individuos, los cuales no habría inconveniente alguno para
eximirlos, porque todo el mundo comprende que establecimientos industriales tan
importantes y que producen pingües beneficios al país, no deben de ninguna
manera ser hostilizados, sino proporcionarles todas las franquicias que estén
al alcance de las autoridades. Mas si abrigo estas ideas respecto a la Compañía
de Salitres, también creo que cuando se hace una obra patriótica, que a ella
misma beneficia, no debe pedirse más de lo que se debe, pues de otra manera se
crean divisiones en el pueblo que de ninguna manera deben existir. La igualdad
hace el progreso de estas instituciones llamadas a dar resultados tan positivos
en bien de la patria.
¿Y
no parece, señor una burla mandar al regimiento los individuos que el señor
gerente dé de baja en el establecimiento y exima igual número de reemplazantes
que naturalmente deben pertenecer al cuerpo? De esta manera es imposible poder
organizar un cuerpo que vendría a servir a propósitos que no alcanzo a
comprender. Tan dispuesto me encuentro, señor Comandante, a ceder en todo lo
que considero justo y equitativo que a pesar de poseer los datos que he
manifestado a S.S. siguiendo el camino más conciliatorio, no tendría
inconveniente para que S.S. eximiera cien individuos, que equivaldrían a mucho
más, puesto que no debe olvidar que esa compañía tiene a su servicio gran
cantidad de extranjeros y que el batallón número 1 estaba formado por los
empleados de ellos, los cuales deben pasar a prestar sus servicios a este
cuerpo, como lo dispone el decreto de creación del regimiento.
Concluyo
manifestando a S.S. que si no fuese por la convicción profunda que tengo de que
estas exenciones perjudican seriamente a la organización del regimiento que se
me ha encomendado mandar, y que debe basarse el servicio en la igualdad, no me
habría atrevido a hacer las observaciones presentes.
Quiera
el cielo que encontrando justas y equitativas mis observaciones arregle S.S.
este asunto de una manera conveniente para los intereses de la república, que
tanto necesita hoy del concurso de todos sus hijos.
Dios
guarde a S.S.
MATÍAS
ROJAS D.
Comandancia
del Batallón Cívico
Antofagasta,
abril 24 de 1880
Tengo
el honor de poner en conocimiento de usted que en la mañana de hoy he sido
sorprendido por la extracción, que se hace del cuartel del batallón de mi
mando, del armamento, vestuario y enseres del expresado cuerpo. Como V.S. debe
suponer, impedí la extracción clandestina a que me refiero. Inmediatamente
procedí a hacer las averiguaciones del caso, de las que resultó que el capitán
instructor don Manuel P. Cruzat era la persona que había impartido esta orden.
Llamé al referido señor capitán, y éste me asegura haber obrado por orden de
V.S.
Siendo
yo el responsable del armamento, vestuario, etc., perteneciente al batallón, me
ha extrañado sobremanera que la Comandancia General haya impartido la orden de
que hace mérito el señor capitán Cruzat, sin que esta comandancia tenga noticia
alguna.
Todo
lo que pongo en conocimiento de V.S. tanto para salvar la responsabilidad que,
como jefe del batallón, pueda caberme, cuanto para que V.S. se sirva ponerme al
corriente de lo que ocurre. Dios guarde a V.S.
MATÍAS
ROJAS D.
Nota:
El cuartel fue desalojado y el armamento y demás enseres fueron trasladados a
otro local por orden del señor Arriagada.
Presentación
que los vecinos de Antofagasta dirigieron a S.E. el Presidente de la República
el 14 de febrero de 1881
Excmo.
Señor:
Comprometido
nuestro país en una guerra colosal no era posible distraer la atención del
supremo gobierno hacia las necesidades apremiantes de esta sección del
territorio. Se necesitaba dedicar a aquélla todos los esfuerzos, todas las
voluntades. Nuestro deber era callar y cooperar, como lo hemos hecho, a tan
gran obra.
Pero
hoy que el ejército ha logrado por medio de su potente esfuerzo y su sin igual
patriotismo vencer completamente al enemigo, sin quedar a éste otro recurso que
buscar la paz, justo es que exijamos que nuestra voz sea escuchada y que
llamemos sobre nosotros la atención de V.E.
Sin
tratar de hacer comparaciones no estará de más manifestar a V.E. el estado en
que se encontraba este territorio el 14 de febrero, día en que nuestras armas
se apoderaron de él para hacer respetar los sagrados compromisos que Bolivia
rompió de una manera inusitada.
El
territorio comprendido entre el paralelo 24º sur y el río Loa estaba gobernado
por un prefecto con residencia en Antofagasta y con subprefectos en Tocopilla,
Calama, Caracoles, Atacama y Cobija. La administración de justicia estaba
encargada a dos cortes supremas residentes en Cobija y Antofagasta, y a jueces
instructores residentes en Caracoles, Calama, Cobija y Tocopilla, con más
jueces de partido en este puerto y Caracoles.
La
Aduana para la percepción de derechos se regía por el arancel peruano
disminuido en su tercera parte, que da una diferencia considerable con el
chileno; tanto más si se atiende a que todos los artículos de consumo para la
minería se encontraban exentos de derecho, lo mismo que los de necesidad
general, como también los que servían exclusivamente a la Compañía de Salitres.
Las
oficinas de Correos hacían un servicio regular, habiendo correos diarios a
Caracoles y demás puntos del interior.
El
servicio municipal estaba confiado a juntas municipales que gozaban de suma
independencia, las que impulsaban a estas poblaciones y las hicieron en corto
tiempo avanzar rápidamente, bastándose con sus entradas para llenar su
presupuesto.
El
hospital de Antofagasta gozaba de una asignación del supremo gobierno, lo que
hizo se sostuviese perfectamente hasta el día de la ocupación.
La
policía era pagada por el fisco y remunerada convenientemente.
¿Cuál
es hoy nuestra situación?
La
parte administrativa está confiada a un gobernador cuya jurisdicción no se
encuentra perfectamente definida, pues alcanza a Tocopilla según algunas
determinaciones y el resto al norte del paralelo 23 se encuentra sometido a la
Comandancia General de Armas, resultando de esta manera conflictos que no
tendrían razón de ser si se hubiese creado una situación clara. Además las
poblaciones de Caracoles, Cobija, Tocopilla, Calama y Atacama cuentan con un
subdelegado dependiente, como se ha dicho, de la Gobernación y Comandancia de
Armas.
La
administración de justicia está confiada a un solo juez residente en este
puerto, cuyos fallos son apelables ante la corte de Iquique para los asuntos
del paralelo 23 al norte y la de Coquimbo al sur.
La
Aduana desde pocos días después de la ocupación se rige por nuestro arancel, el
cual aumentando los derechos ha hecho subir considerablemente los artículos de
consumo, esto sin tomar en cuenta el cambio y que los derechos de exportación
de metales se han aumentado, creando de esta manera una situación difícil a la
minería que se encuentra actualmente en una postración lamentable. Cuenta
también con las entradas pingües que le produce la contribución de salitres
impuestas por el soberano Congreso, que amenaza con la baja del cambio a
concluir con tan importante industria, además con la que paga por sus artículos
de consumo, no siendo exagerado decir que las aduanas producen a la nación la
suma de dos millones de pesos anuales. Le toca, pues, a la minería (pues en
ella incluimos la industria del salitre) pagar sólo acá cuarenta veces más que
toda la agricultura en Chile si se calcula los capitales que representa cada
ramo.
Las
oficinas de Correos, a pesar de la buena voluntad de sus administradores, no
pueden prestar buenos servicios a causa de que no cuentan con los elementos
necesarios, y hoy mismo no tendríamos correspondencia diaria con Caracoles si
los vecinos de este mineral no se hubiesen visto obligados a pagar una
subvención al portador de la correspondencia, y con Calama, Atacama y demás
pueblos del interior no hay comunicación sino tardía. Y no se debe olvidar que
por una resolución caprichosa de la dirección general se nos obliga a pagar
cinco centavos por la correspondencia que gira en el mismo departamento.
El
servicio municipal está confiado en Antofagasta a una junta de alcaldes lo
mismo que en Tocopilla, juntas a las cuales no se les ha dado ni el carácter de
municipio. Refiriéndonos a la primera podemos decir que de ninguna manera puede
atender a Caracoles, población que necesita constituirse como anteriormente, y
que si ha trabajado en todo lo que estaba al alcance de sus fuerzas, sus
indicaciones han sido desatendidas, y hoy se encuentra en una situación difícil
para atender a las necesidades del pueblo, tanto porque el impuesto de patentes
de que antes gozaba ha pasado a ser fiscal, cuanto porque los proyectos de
contribución penden aún ante la consideración del supremo gobierno.
El
hospital de Antofagasta que corre a cargo de una junta de beneficencia se ve
amagado en su existencia, pues la Aduana de Iquique le arrebata hoy una de sus
entradas principales como es el derecho de tonelaje, interpretando absurdamente
la ley que rige sobre la materia y declarando un territorio reivindicado en la
misma condición del ocupado militarmente por nuestras armas, y en el
presupuesto no se ha consignado ninguna suma para subvencionarlo, cosa con que
contaba durante la administración anterior.
Por
esta breve exposición calculará S.E. los gravámenes que pesan sobre nosotros
sin contar con la contribución mobiliaria y de patentes que se han hecho
efectivas solamente del paralelo 23 al sur, infringiendo una disposición
constitucional.
Debe
recordar también V.E. que toda la exportación de la industria salitrera de
Aguas Blancas se hace por este puerto, y que el honorable señor ministro de
Estado don José Victorino Lastarria trató de fomentar y ayudar a la
implantación de trabajos en esa sección, para lo cual presentó al Senado
proyectos de creación de nuevos departamentos en la provincia de Atacama y
procedió a la apertura del puerto de Blanco Encalada, el cual perdió la
importancia que debió tener por la ocupación de este territorio. Con las
franquicias y garantías tácitas que les ofreció el supremo gobierno los
industriales se lanzaron a esta gran empresa invirtiendo capitales inmensos en
esas salitreras, y hoy se ven amagados con el impuesto, no pudiendo
reembolsarse ni del capital invertido en esa especulación. Por consiguiente,
Antofagasta está, pues, hoy amagada por todas partes en su existencia.
Este
puerto vive esencialmente de Caracoles y también de la explotación de los
salitres que son de propiedad de la Compañía de Salitres, y los de Aguas
Blancas. Caracoles languidece a causa del alza inmensa de los artículos que
consume por las razones que hemos expresado. La Compañía de Salitres paralizará
sus trabajos cuando el cambio baje, y con tanto más razón Aguas Blancas, que se
encuentra en peores condiciones económicas. Esto es lo que debemos evitar, pues
a más de estar comprometido el porvenir de los habitantes que viven en este
territorio también lo están los intereses generales de la nación, se comprende
de que no habiendo tenido el honor de ser representados en el Congreso por
personas que conozcan nuestras necesidades y estén impuestos de nuestra
situación, no se haya podido formar conciencia de lo que pasa en esta región.
Por esa razón una de nuestras primeras necesidades es que se nos dé esa
representación, y mientras tanto que V.E. nombre un delegado que imponiéndose
de todo lleve al seno del gobierno un contingente de luces para organizar
convenientemente este territorio con la urgencia que el caso reclame.
Pero
adelantándonos, resumiremos nuestros deseos después de lo expuesto:
1º
Necesitamos en general que los empleados públicos se encuentren mejor
remunerados de lo que están al presente, pues la vida es demasiado cara en
estos parajes, a fin de tener personas que a la honorabilidad reconocida reúnan
la competencia necesaria.
2º
La organización conveniente del servicio municipal asignándole a cada localidad
las rentas correspondientes, a fin de que no se suspenda el servicio público
amenazado actualmente de paralización por falta de recursos.
3º
Protección a la industria minera en general por medio de medidas económicas, lo
que será al mismo tiempo que un poderoso concurso para los industriales un
beneficio para el erario nacional.
4º
Ya que estamos bajo el peso de los gravámenes que hemos expresado, se atienda
preferentemente al servicio de este territorio formando los presupuestos
respectivos para los gastos, a fin de que su pago no sufra, como hoy, retardos
perjudiciales al buen servicio.
Excmo.
Señor:
En
lo anteriormente expuesto se encuentran a la ligera condensadas, si así podemos
decir, las aspiraciones de los firmantes industriales de Caracoles, Aguas
Blancas y Antofagasta.
Atended
nuestra justa petición, Excmo. Señor, y al mismo tiempo de hacer un bien
positivo a la nación empeñaréis la gratitud de los suscritos que en el día de
hoy 14 de febrero os saludan y os felicitan por la gran obra que emprendisteis
y habéis realizado con la ocupación de este territorio, poniéndonos bajo el
amparo de nuestras justas y sabias leyes, cuya benéfica influencia, sentimos
decirlo a V.E., aún no se ha hecho sentir en medio de nosotros como debiera.
Excmo.
Señor: Antonino Toro, M. Rojas D., José J. Gaete, S. Reyes, Santiago M.
Moruaga, Manuel I. López, Benjamín Navarrete, J.M. Serrano U., H. Ramírez C.,
Benjamín Fisher, Manuel Fernández G., Eugenio Arnao, Alfredo H. Walker, Carlos
Moreno H., Alejandro C. Cueto, Hernán Puelma, R.A. Carrasco, Ruperto
Echeverría, Arturo Bustamante, Regino Meza, A. Olivos V., Tomás W. Miranda,
Víctor Menares, Francisco Martínez G., W. Cavada, L. Oyanadel, Mateo Concha
Moreno, Felipe Aceituno, L.A. Aceituno, Samuel Verbal, Antonio Silva W., J.F.
Campaña, E. Villegas, Tomás Chadwick, Enrique Cavada, José T. 2º Cortés,
Domingo Cortés R., Miguel Quezada, J.M. Campusano, P. Hameau P., Luciano
Aranda, Félix Pardo, Sergio Garmendia, J.M. Peña, Ramón 2º Borcoski, Juan B.
Moreno, José T. Vega, J.R. Meza, F.G. Vilches, Wenceslao Navarro, Enrique
Thomas, Guillermo E. Meyer, Pedro Reyes, Nemecio A. Cruz, Felipe Callejas I.,
J.H. Mac Nicol, W.R. Watson, Tomás Asthon, P.J. Vega, Alejandro Granado, Víctor
Delgado, Eliecer Iglesias, Matías Romero, R. Sierralta.
(Siguen
400 firmas más)
Primera
acta de la inauguración del cuerpo de bomberos
En
Antofagasta a 4 de abril de mil ochocientos setenta y cinco, reunidos los
vecinos de este puerto en el local del teatro bajo la presidencia del señor
Francisco Errázuriz, Superintendente, el señor Abdón S. Ondarza, dio cuenta de
las erogaciones voluntarias recolectadas en unión de los señores P. Machefert,
Cruz Muñoz y Benito Fernández, ascendente a la suma de $1.045, dando igual
cuenta el señor Luis Dorado de lo recogido por él hasta la cantidad de $450.
Enseguida
se procedió por votación al nombramiento de capitanes, tenientes, secretarios y
tesoreros, que se efectuó de la manera siguiente:
Compañía
guardia de propiedad
Capitán Sr. Salvador Reyes.
Teniente
1º Sr. Alejandro Masnata
Teniente
2º Sr. Regino Meza
Teniente
3º Sr. Juan M. de Oliveira
Secretario Sr. B. Campusano
Tesorero. Sr. I. de Tesanos Pinto
Compañía
de hachas, ganchos y escaleras
Capitán Sr. Luis Lichtenstein
Teniente
1º Sr. César A. del Río
Teniente
2º Sr. Luis Carvallo
Teniente
3º Sr. Hernán Puelma
Tesorero Sr. B. Soto
Secretario Sr. E. Contreras
Acto
continuo se procedió, por votación, al nombramiento de seis delegados, para que
éstos eligieran un directorio permanente que recayó entre los señores Francisco
Errázuriz, Luis Dorado, Abdón S. Ondarza, César A. del Río, Luis Carvallo y
Hernán Puelma, quienes llenaron su contenido organizando dicho directorio en la
forma siguiente:
Superintendente
propietario Sr. Jorge Hicks
Superintendente
interino Sr. Francisco Errázuriz
Comandante Sr. Francisco Bascuñán A.
Vicecomandante Sr. H. R. Stevenson
Tesorero
general Sr. M. Franklin Alvarado
Secretario
general Sr. Belisario Campusano
Es
conforme.
B.
CAMPUSANO
Secretario
general
Solicitud
de fondos para el Cuerpo de Bomberos
La
Chimba, abril 27 de 1875
Al
señor presidente de la Junta Municipal
Señor:
Para
el sostenimiento del Cuerpo de Bomberos tan eficazmente instalado el día 4 de
los corrientes se hace indispensable la creación de fondos que pudieran sub
venir sus necesidades urgentes.
El
señor presidente no desconoce los beneficios que una institución tan necesaria
como indispensable debe prestar más tarde, salvando la propiedad y la vida de
los individuos.
Con
este objetivo el directorio que tengo la honra de presidir ha tenido a bien
acordar que sea el intérprete de ellos para manifestarle se sirva asignar a
dicha institución una renta anual de 200 Bs. para llenar el fin que se le tiene
comunicado. No dudo, señor presidente, que la Junta Municipal que tan
dignamente usted preside, será como siempre la veladora y protectora constante
de una asociación a la que tenemos la honra de pertenecer.
Con
sentimientos de mi más alta consideración y aprecio, soy de usted atento y
seguro servidor.
JORGE
HICK S.
B.
Campusano
Secretario
general
Antofagasta,
abril 20 de 1875
Al
señor superintendente del Cuerpo de Bomberos
Señor:
Ha
llegado a conocimientos de esta junta por su estimable nota que contesto, la
creación del Cuerpo de Bomberos, mediante el patriotismo y entusiasmo que
caracteriza a todos los pobladores de este puerto, como asimismo de la elección
de su directorio el cual se complace esta junta en reconocer muy digno de estar
a la cabeza de una institución tan noble por su objeto.
Esta
municipalidad haciéndose eco del pueblo que tiene el honor de representar no
puede por menos que tributar sus felicitaciones y enviar un voto de
reconocimiento a todas las personas que han tomado parte en el Cuerpo de
Bomberos y hacer presente al señor Superintendente que siempre y en todo caso
debe contar con el apoyo decidido y entusiasta de esta junta.
Con
este motivo, tengo el honor de suscribirme de usted, señor Superintendente, su
atento y seguro servidor.
MATÍAS
ROJAS D.
Presidente
Presentación
que los industriales y comerciantes de Antofagasta dirigieron al Presidente de
la República el 3 de mayo de 1880, con motivo del informe de la comisión que
gravaba los salitres chilenos.
Excmo.
Señor:
La
comisión nombrada para informar sobre la complicada cuestión de explotación de
las salitreras de Tarapacá ha puesto fin a sus trabajos, acordando re comendar
a V.E. el establecimiento de un impuesto general de $2,20 por quintal métrico y
extensivo a las diferentes zonas salitreras comprendidas desde Pisagua hasta
Taltal. Ignoramos Excmo. Señor, las razones de este acuerdo, pero por muy
fundadas que ellas sean, no alcanzarán, lo esperamos, a llevar al ánimo de V.E.
el convencimiento para la adopción de tal medida. Ni V.E. ni el Soberano
Congreso podrá decretar mañana la muerte de las industrias a que ayer no más
daban, con solícito interés, vida y progreso.
Al
amparo de sabias garantías, el desierto es hoy conquista del trabajo que, con
el capital, arranca ya a la tierra sus tesoros y abren a la industria y al
comercio, que prosperan, nuevos y dilatados horizontes.
Y
este hermoso porvenir es el que el proyecto de la honorable comisión destruirá
si, aprobado por el Congreso, fuera sancionado por V.E.
En
tanto que los intereses bien entendidos de la industria y del comercio, de la
minería y del país en general aconsejan eximir a la industria salitrera de los
establecimientos ubicados al sur del paralelo 23, de todo impuesto, la
honorable co misión, buscando una base igual, establece una general para todos
los establecimientos que hay o habrá en las zonas indicadas.
Por
manera, Excmo. Señor, que el impuesto va a pesar indistintamente sobre todos
los establecimientos elaboradores, sin distinguir ni tomar en cuenta los costos
de producción de cada uno de ellos, que son bien diferentes, según las
condiciones naturales de las diversas zonas; y que pueden reducirse a tres:
1º
Naturaleza y ley del salitre. Los ricos depósitos de Tarapacá varían desde 50%
hasta 70, los caliches de Antofagasta tienen una ley que varían entre 18% y 30,
y entre 25 y 40 en Aguas Blancas.
2º
Distancia y vías de comunicación de las oficinas a la costa. Las oficinas de
Aguas Blancas distan del puerto de embarque veinticuatro leguas, cuya distancia
salvan pagando un peso por quintal de subida y setenta centavos de bajada; en
tanto que en Tarapacá una red de ferrocarriles facilita el ínfimo precio de un
centavo por quintal, en cada milla, la bajada del salitre a los diversos puntos
de la costa.
3º
La calidad y abundancia de aguas. Que establece notables diferencias a favor de
la industria de Tarapacá.< br> Fuera de estas ventajas naturales, que
favorecen a Tarapacá, hay otras que apuntamos brevemente.
Al
fundarse las oficinas de Antofagasta, Aguas Blancas y Taltal se tomaron in
dudablemente en cuenta varias circunstancias que, aumentando el costo de
producción en la elaboración del salitre de Tarapacá, tendían si no a nivelar,
a aproximar, por lo menos, los gastos de producción entre aquellas localidades.
Así
V.E. no ignora que todos los artículos de consumo que se introducían de Chile a
Tarapacá estaban gravados con derechos aduaneros de 35%, habiendo artículos,
como la harina, que pagaba derechos más subidos. Hoy que Chile ocupa aquella
provincia, esos derechos no se pagan y los gastos de producción se disminuyen,
por consiguiente, en esa parte.
No
olvide todavía V.E. que las oficinas de Aguas Blancas y Taltal son recién
establecidas, que por lo mismo llevan un progreso lento; y en lucha porfiada y
constante con las dificultades que embarazan notablemente su marcha.
El
número 3º del artículo 12 de la Constitución Política del Estado asegura a los
habitantes de la república la igual repartición de los impuestos y
contribuciones a proporción de sus haberes.
Si
para la fijación del impuesto agrícola se ha tomado como base el valor que se
asigna a cada fundo, según las condiciones naturales de producción; si los
derechos aduaneros se cobran con arreglo al justo precio de la tarifa de
avalúos, si, por fin, el impuesto de patentes descansa también sobre la base de
proporcionalidad, ¿por qué, Excmo. Señor, en el establecimiento de impuestos
sobre el salitre, se habría de proceder contra la ley y la justicia?
Lo
expuesto nos manifiesta que la igualdad que persigue la honorable comisión no
es en último término sino una verdadera diferencia y no se dejarían esperar las
consecuencias, si se aceptase el proyecto por ella formulado.
Desde
luego, se habría protegido a dos que
menos lo necesitan y, a las ventajas naturales del terreno, los productos de
Tarapacá habrían agregado las franquicias del gobierno y la condición desigual
en que el impuesto colocaría a la industria de
la
zona del sur; y la honorable comisión habrá dado vida y forma al monopolio que
ella misma ha tratado de destruir.
Como
resultado necesario Aguas Blancas, Antofagasta y Taltal cerrarían sus
establecimientos. Muerta la industria, desaparecería el comercio y con él las
poblaciones que, como Antofagasta, y esa fuente inagotable de producción
denominada Caracoles, viven a su amparo.
Por
el contrario, la liberación absoluta de impuestos para aquellas localidades
influiría de una manera prodigiosa en el progreso de la industria y el
comercio. Asegurado el porvenir de las salitreras de estos puntos en los
términos indicados, prosperarían las industrias establecidas; y nuevos
capitales serían invitados a idénticas especulaciones. Trabajos y capitales
atraerían al desierto una fuerte inmigración que daría lugar al desarrollo de
otras industrias y al descubrimiento de nuevos minerales.
El
comercio prosperaría de un modo halagador con los grandes centros de trabajo y
de consumo y se habría deparado a la agricultura de las provincias del sur de
Chile, tan postrada hoy día, importantes mercados que le traerían
necesariamente un inmenso desarrollo en sus diversos ramos.
Y
las poblaciones, hoy amenazadas con la muerte, seguirán abasteciendo de hombres
a la industria; y sus habitantes no irían a mendigar trabajo en la tierra en
que no han nacido, regada hoy con la sangre de sus hermanos.
Por
otra parte sería muy de desear que el supremo gobierno tuviese a bien tomar en
cuenta la existencia legal de la contribución sobre los haberes. Matando la
industria de las salitreras del sur las arcas fiscales se quedarían sin
contribución indirecta que forzosamente debería pesar sobre la fortuna de los
productores.
Conclusión
Creemos
tener derecho de pedir y quién sabe si de exigir, del supremo gobierno, se
sirva prestar honrada y benévola atención a la circunstancia más seria que debe
pesar en su ánimo al imponer gravámenes que, no por ser estrictamente
necesarios, dejan de asumir un carácter odioso. Los establecimientos salitreros
de Antofagasta, Aguas Blancas y Taltal se han inaugurado bajo el amparo de
leyes protectoras que había razón para esperar no fuesen alteradas por más que
la reivindicación envuelva ese derecho. Por otra parte, las armas chilenas han
tomado posesión de la provincia de Tarapacá, cuya industria salitrera estaba
gravada con un impuesto que permitía a los industriales del sur neutralizar el
monopolio; y creíamos tener derecho a esperar que, mientras subsista la simple
ocupación militar de Tarapacá el gobierno de Chile, subrogándose en los
derechos del gobierno peruano, no introduciría modificaciones en el valor y
forma de la contribución existente.
En
consecuencia, los infrascritos ejercitando el derecho que les recuerda el
número 6, inciso 4º, artículo 12 de la Constitución del Estado, ocurriremos
respetuosamente.
A
V.E. para que en mérito a las consideraciones expuestas se sirva nombrar una
comisión que, trasladándose a estas localidades, estudie las circunstancias
especiales de ellas, e informe a V.E. sobre la conveniencia de que continúen
eximidas del impuesto, desde septiembre del año próximo venidero, en que
termina el plazo primitivo; dignándose al mismo tiempo comunicar esta solicitud
al soberano Congreso, para que se sirva tenerla presente por su parte, al
tiempo de resolver lo relativo a esta contribución.
Es
gracia, Excmo. Señor.
Antofagasta,
mayo 23 de 1880
Benjamín
Navarrete, Salvador Reyes, Pedro J. Godoy, Antonio Urízar Garfias, Manuel A.
Prieto, Benjamín Echeverría, Félix Garmendia. Mateo Concha Moreno, Juan
Balarín, Julio Chebrox, Cruz Muñoz, Anastasio Ahumada, Marcos Celada, Fulgencio
Camus, Ventura Quevedo, Gabriel Valenzuela, I. Sampelayo, Juan Rabasa, Manuel
Mateo Villanueva, Pedro Sampelayo, Matías Rojas D., Jorge Barnett, Ganter
Hermanos, Felipe Aceituno, Manuel M. Oliveira, F. Foster, Rafael La tulleri,
Cipriano Caviedes, José M. Álvarez, José Salto, R. Salto, José Joaquín González
y González.
(Siguen
300 firmas más)
Ocupación
de Antofagasta
Parte
Oficial
Señor
gobernador de Caldera
Antofagasta,
febrero 14
Muy
señor mío:
A
las seis fondeamos hoy en ésta; a las ocho y media hice mi desembarco con 200
hombres de tropa.
El
prefecto señor Zapata me entregó las armas. Yo le he dado toda clase de
garantías. Nada ha ocurrido. El pueblo se ha mostrado generoso y no ha cometido
acto alguno vituperable. Sírvase indicarlo al gobierno, diciéndole que imperan
las autoridades chilenas, siendo hoy proclamado Gobernador el señor Zenteno.
Los
buques Blanco Encalada y O'Higgins marcharán el primero a Tocopilla y Cobija en
protección de los chilenos, y el segundo a Mejillones. De usted seguro servidor
Emilio
Sotomayor
Comandancia
en Jefe de las Fuerzas de Operaciones sobre el litoral de Bolivia
Antofagasta,
febrero 14 de 1879
Señor
Ministro:
A
las seis de la mañana de hoy fondeamos en esta bahía con el blindado Almirante
Cochrane. Acto continuo pasé al señor Prefecto de este litoral, don Severino
Zapata, una nota, en la que le hacía presente que en virtud de considerar roto
el tratado de 6 de agosto de 1874 por parte de Bolivia, tenía orden de mi
gobierno de tomar posesión de los territorios comprendidos entre el grado 23,
cuya operación estaba dispuesto a practicar en el acto.
A
las ocho y media de la mañana ordené el desembarco de 100 hombres del batallón
de marina, al mando del sargento mayor don José Ramón Vidaurre, y 100
artilleros a las órdenes del capitán don Exequiel Fuentes, mandado el todo por
el que suscribe y sus ayudantes don Javier Molinas y capitán don José Manuel
Borgoño L.
Posesionado
de la ciudad, recibí contestación a mi nota dirigida al señor Zapata, en la
cual protestaba a nombre de su gobierno, por la ocupación de este territorio.
Después de varias comunicaciones con este señor, pedí entregara las armas en el
cuartel al señor Vidaurre, pudiendo contar con todas las garantías necesarias
compatibles con las circunstancias.
Llenado
mi objetivo, procedí a promulgar un bando dando a reconocer como Gobernador de
este departamento y de Caracoles al señor don Nicanor Zenteno. Instalado este
señor en su puesto, procedimos al nombramiento de las demás autoridades
administrativas, a fin de dejar establecido el orden gubernativo conforme a
nuestras instrucciones.
Para
dar unidad al mando del señor Zenteno, hice marchar a Caracoles y salar del
Carmen al capitán don Francisco Carvallo con 70 individuos de tropa, por ser el
lugar más peligroso en caso de un ataque por parte de Bolivia.
La
corbeta O'Higgins zarpará mañana para Mejillones y el Blanco Encalada para
Tocopilla y Cobija, a fin de dar protección a nuestros compatriotas y vigilar
el litoral. Tengo el gusto de comunicar a US. que todas estas operaciones se
han verificado sin accidente alguno desgraciado, mostrándose los chilenos aquí
residentes con la mayor cordura y moderación para los bolivianos. Mañana
procederé a la organización de la Guardia Nacional en esta ciudad y Caracoles,
ocupando en ello parte del armamento que se embarcó a bordo de la O'Higgins.
Al
capitán de corbeta don Javier Molinas lo he nombrado gobernador marítimo, con
jurisdicción a los grados 23 y 24, comprendidos entre Mejillones y el puerto de
Blanco Encalada, y Capitán de Puerto y jefe del resguardo de Antofagasta.
Lo
expuesto es lo que por ahora tengo el honor de comunicar a US. para su
conocimiento.
Dios
guarde a US.
Emilio
Sotomayor
Al
señor ministro de Guerra y Marina
Ocupación
de Caracoles
Nota
pasada al Gobernador del Departamento
Subdelegación
de Caracoles, febrero 17 de 1879
Pongo
en conocimiento de US. que ayer domingo a las doce del día hizo su entrada a
este mineral y fue ocupada la placilla por las fuerzas expedicionarias sobre
Caracoles al mando del capitán don Francisco Carvallo. Las autoridades
bolivianas así como la guarnición evacuaron la placilla en la noche anterior,
dejando abandonada la población después de dar libertad a los presos.
Un
inmenso gentío, en su totalidad chileno, ocupaba el edificio de la ex
subprefectura, la plaza y calles adyacentes; en varios edificios se veía
flamear el tricolor chileno y una banda de música improvisada salió a encontrar
al Comandante de la expedición que acompañada del infrascrito y cerca de
cincuenta personas de lo más respetable de este vecindario, se adelantó a la
tropa para entrar a la población. A la entrada del pueblo la banda nos acompañó
tocando la canción nacional hasta la casa de gobierno, donde algunos chilenos
habían izado ya el pabellón nacional. Llegado a la plaza y tomando posesiones
del pueblo, se levantó el acta que en copia acompaño; poco después entró la
tropa, que hice acuartelar provisionalmente en el piso bajo de la casa de gobierno,
donde queda instalada la subdelegación.
Desde
que tomé posesión de mi cargo hice que se publicase por bando el decreto de US.
que nombra subdelegado propietario y sustituto y el acta de posesión; y procedí
a tomar las medidas del caso para la seguridad y orden público.
He
nombrado comandante de policía a don Claudio Martínez Ramos, quien tomó
inmediatamente posesión de su cargo y procedió a organizar el cuerpo de su
mando; he nombrado siete inspectores en las personas de los señores: don Pedro
José Vega, don Daniel González, don Daniel Escobar, don Manuel Calvo, don
Máximo Meléndez, don José Miguel Pinto y don Flavio Saavedra, a los cuales he
señalado jurisdicciones provisorias hasta que se haga la división de esta
sección en los distritos correspondientes.
Con
el fin de poner en seguridad los protocolos de las notarías y archivos de los
juzgados, he nombrado una comisión compuesta de los señores Benjamín Navarrete
y Pedro Godoy, para que los recojan y depositen en poder de don Marcio Delgado,
hasta que US. me dé las instrucciones del caso.
Con
idéntico objetivo he nombrado una comisión compuesta de los señores Marcio
Delgado, Luis Carvallo, José Rojas Casanova, Juan Rosa Meza y Juan Manuel Peña,
para que se haga cargo y administre los fondos municipales bajo la presidencia
del infrascrito, mientras el supremo gobierno determina lo conveniente.
De
todas estas piezas acompaño copia.
El
orden público no ha sido alterado en lo menor y el comportamiento del pueblo
digno del mayor elogio. Todas las faenas siguen su curso normal y me complazco
en comunicar a US. que ningún incidente, ni aun de policía, ha turbado el
entusiasmo y alegría sin límites que reina en todo el vecindario.
Hoy
a las 11 del día se celebrará en el templo de la placilla una misa de gracia y
Te Deum por la feliz ocupación de este territorio.
Para
terminar, debo decir a US. que en el acto de haber abandonado el pueblo las
autoridades bolivianas, el vecindario más respetable organizó una guardia de
seguridad, que fue la que vigiló la población e hizo mantener el orden hasta la
llegada de la fuerza expedicionaria.
Dios
guarde a US.
(Firmado)
E. VILLEGAS.
Al
señor Gobernador del departamento
Gran
meeting popular celebrado en Antofagasta el 20 de febrero de 1879
El
18 de febrero de 1879 circulaba en Antofagasta la siguiente invitación.
Los
abajo suscritos invitan al pueblo todo de Antofagasta a un gran meeting que
tendrá lugar en el teatro el jueves 20 del presente, a las 3 P.M., con el fin
de manifestar al gobierno de Chile las simpatías ardientes a que se ha hecho
acreedor por el espíritu de elevado patriotismo que ha manifestado ocupando
este territorio, salvando de esta manera la honra nacional.
Antofagasta,
18 de febrero de 1879. Matías Rojas D., Telésforo Mandiola, José T. Peña,
Regino Meza, F. Arnao, J.M. Serrano, Augusto Villanueva G., Antonino Toro,
Marco A. Andrade.
He
aquí la relación que de esta imponente reunión hacía el diario Catorce de
Febrero.
Sentimos
no poder disponer del espacio suficiente para describir con todos sus detalles
la importante y patriótica manifestación de anoche. Jamás hemos visto en
Antofagasta reunión más numerosa ni reunida con fin más noble:
"jurar
que el litoral hoy ocupado no volverá a ser boliviano".
Damos
enseguida las conclusiones del meeting y algunos de los discursos que hemos
podido proporcionarnos.
El
pueblo de Antofagasta reunido en meeting para manifestar al gobierno sus
aspiraciones y sentimientos con motivo de la ocupación de este territorio por
fuerzas chilenas.
Acuerda:
1º
Tributar al gobierno un voto de aplauso y de reconocimiento por la patriótica y
justa resolución de declarar rotos los tratados con Bolivia y decretar la
ocupación de este territorio, salvando de esta manera la honra nacional.
2º
Pedirle que continúe y lleve a cabo la obra de reparación empezada el 14 de
febrero con toda la energía y actividad necesarias.
3º
Declarar que los habitantes de este territorio están dispuestos a hacer el
sacrificio de sus vidas en apoyo del gobierno para que éste pueda hacer valer y
afianzar los derechos que Chile tenía antes del tratado de 1866.
Don
Matías Rojas D. dijo más o menos lo siguiente:
Señores:
con el alma henchida de placer hemos aprendido a saludar el 18 de septiembre,
aniversario de nuestra emancipación política. Recordamos en ese día glorioso
los sacrificios sin cuento que hicieron nuestros padres para libertarnos del
tutelaje a que nos tenía condenada la nación española, sacrificios que dieron
por resultado nuestra independencia (aplausos).
Cualquiera
que hubiese vivido por algunos años en estos pueblos, que con un ánimo
tranquilo y sereno estudie ese coloniaje y tome en cuenta las circunstancias y
los tiempos en que dominaba, lo encontrará suave y sobre todo lógico, comparado
con la verdadera opresión que sufríamos en un pueblo que es nuestro por su modo
de ser, por su historia, por su población y por sus capitales. Y esto en pleno
siglo XIX. Aquí, nuestro ha sido hasta el progreso de la localidad.
La
obra de los mandatarios no ha sido otra que la de los abusos, la negación de
todo derecho y vejámenes continuos para los chilenos que venían a fecundar este
suelo con su trabajo y su inteligencia (aplausos).
El
14 de febrero, día de la ocupación de este territorio por nuestras fuerzas,
será recordado en este pueblo con tanto júbilo como el 18 de septiembre, pues
si en éste conmemoramos nuestra libertad política, en aquél haremos memoria de
nuestra libertad industrial y de las garantías que se obtienen al amparo de
nuestras benignas leyes.
Nuestro
gobierno que ha llevado toda sus cuestiones internacionales inspirado en los
sentimientos más puros de americanismo, espíritu que no se ha sabido comprender
y del cual se ha abusado hasta tal punto que Bolivia se ha considerado con el
derecho de contestar a nuestras gestiones de una manera charivaresca, ha
comprendido lo que le tocaba hacer en resguardo de la honra nacional, y el 14
de febrero hará ver a su gobierno que no se juega impunemente con naciones que
se respetan y que están dispuestas a todo sacrificio en defensa de los
intereses de sus conciudadanos.
Chile
ha tomado posesión de lo que legítimamente le correspondía. La situación por
que atravesamos no tenía razón de ser. Eran en contra de la justicia y de la
razón. Una población industrial y laboriosa expuesta a los caprichos de
mandones elevados a impulsos de la soldadesca. En una palabra, un coloniaje
ignorante y avaro introducido en nuestro mismo territorio.
Hoy
nuestra situación es enteramente definida. Somos chilenos y estamos en nuestro
territorio, gozando de toda clase de garantías.
Mas,
estas ventajas positivas nos imponen también serias obligaciones que tenemos y
debemos cumplir con abnegación.
Necesario
se hace comprender que hoy nuestros intereses están enteramente vinculados a la
suerte de nuestras armas, suerte que jamás nos ha sido adversa. Es preciso que
el pueblo comprenda que en esta situación no hay términos medios. Todos los
chilenos deben mostrarse de frente, con la energía del patriota, ayudan
do a
nuestras fuerzas con todo su contingente. Es necesario saber que el que no está
en el puesto del deber es por miedo, por intereses mezquinos o por jugar al
equilibrio, y en Antofagasta jamás ha existido semejante clase de hombres.
¡Gloria,
señores, a Antofagasta, al pueblo chileno viril y patriota!
Presentémonos,
pues, todos unidos como un solo hombre y manifestemos a nuestro gobierno que no
por haber vivido durante largo tiempo bajo un régimen despótico dejamos de ser
dignos de los que nos dieron patria y libertad, y que dispuestos estamos al
sacrificio antes que consentir en volver a ser siervos de gobiernos bolivianos.
Digámosle que esta obra ya iniciada debe ser sostenida por todas las fuerzas
del país y que debe ser consumada olvidando las teorías del americanismo que
nos había hecho ceder este territorio.
Por
fin, señores, tributemos al gobierno de Chile y a sus dignos consejeros un voto
de aplauso ardiente por la actitud asumida en esta cuestión, lo mismo que a la
prensa y a los oradores populares de la república (estruendosos aplausos).
El
señor M.A. Andrade se expresó en los siguientes términos:
Vengo,
señores, a llenar un deber imperioso de mi conciencia, a manifestar las
impresiones de mi corazón de republicano y de chileno, en el lenguaje de ruda
franqueza que es necesario emplear en las presentes circunstancias.
El
que habla ha combatido en la prensa y en el meeting la política del actual
gobierno, porque su conducta en el manejo de las cuestiones internacionales la
juzgaba depresiva de la honra nacional. ¡Con cuánto placer, señores, puedo
levantarme en medio de un pueblo varonil como vosotros, para pedir un voto de
aplauso para mis enemigos de ayer!
¡Con
cuánto entusiasmo hemos saludado la alborada de nuestra redención. Con cuánta
alegría palpitan nuestros corazones desde el 14 de febrero, fecha memorable que
nuestros eminentes publicistas escribirán con caracteres de oro en nuestra
historia! Si pretendiéramos hacer un pequeño estudio de los diversos actos de
infamia de la dominación boliviana en este litoral, me vería precisado a hacer
dolorosos recuerdos, que vendrían a entristecer nuestras almas en estos días de
general regocijo.
Estudiemos
por un momento nuestra situación, lo que hemos sido, lo que somos y lo que
debemos ser.
En
1866 celebramos un pacto dando soberanía a Bolivia en parajes donde Chile había
predominado sin contrapeso. ¿Por qué dimos semejante paso y cedimos la mitad de
los derechos aduaneros a nuestro malévolo adversario?
Estábamos
en guerra con España y un noble sentimiento de americanismo nos obligó a
suscribir una convención que jamás supieron respetar los estadistas bolivianos.
Se abre nuevamente la discusión diplomática y en 1874 se ejecutó el tratado
Walker Martínez-Baptista, que liberaba a las industrias chilenas de toda
contribución por 25 años.
Una
especie de vértigo se apodera del gobierno boliviano: las contribuciones
desfilan a nuestra vista en confuso tropel.
Se
inician reclamaciones diplomáticas y la cancillería de La Paz responde que
suspenderá la ley de 14 de febrero, pero que reivindica para sí las salitreras.
¡Torpe y abominable burla que merecía pronto y enérgico castigo!
Hoy,
que hemos vuelto a recuperar el litoral, es necesario que no olvidemos los
imperiosos deberes que la situación nos impone. ¡Que no falte patriotismo en
nuestras almas, que no haya un instante solo de vacilación de parte del pueblo
ni del gobierno!
Vosotros,
nobles soldados del trabajo, que habéis vencido el desierto, que horadáis la
roca para arrancarle tesoros con que formaros un porvenir y engrandecer a
nuestra patria, jurad al pie de esta bandera, emblema de civilización y de
victoria, que no permitiréis jamás dominación extranjera en este litoral, que
el capital, la inteligencia y el trabajo de 20.000 chilenos ha formado en ocho
años de cruel y aciaga tiranía.
Sentimos
no publicar el discurso del señor Antonino Toro, que fue el primero en hacer
uso de la palabra; pero mientras nos proporcionamos el original, nos es grato
declarar que el señor Toro ha sabido conquistarse su puesto de tribuno popular.
El
señor Villanueva (don A.), en su improvisación, supo arrancar entusiastas
aplausos.
Felicitamos
al señor Becerra por su discurso de anoche; es una obra que merece los honores
de la publicidad.
El
señor González tuvo buenos momentos de improvisación. Más lo hubiéramos
aplaudido si en lugar de manifestarse tan americano hubiese hecho votos por que
los chilenos dejen de pensar en irrealizables utopías.
Las
conclusiones del meeting, suscritas por un número considerable de personas,
serán enviadas original al gobierno de Chile.
CONTESTACIÓN
República
de Chile. Ministerio de Relaciones Exteriores
Valparaíso,
febrero 21 de 1879
Acuso
a V.S. el recibo de su telegrama del 19 del corriente, por el cual me
manifiesta que el orden público se mantiene inalterable en ese puerto y me
transmite para S.E. el Presidente de la República las felicitaciones de todos
los chilenos allí residentes.
S.E.
en cuyo conocimiento he puesto esa felicitación me encarga decir a V.S. que
manifieste a ese pueblo su agradecimiento y que le exprese la satisfacción con
que ha visto su noble y generosa conducta en el momento de la ocupación del
territorio por nuestras armas.
ALEJANDRO
FIERRO
Al
Gobernador del litoral del norte
Bendición
del estandarte del Batallón Atacama
El
26 de octubre de 1879 tuvo lugar la bendición del estandarte del batallón
Atacama. He aquí la reseña que de ese acto hacía El Pueblo Chileno:
Formados
en batalla al frente de la iglesia parroquial, teniendo a su retaguardia los
demás cuerpos del ejército el subteniente abanderado don Juan G. Matta, hijo
del Intendente de la provincia de Atacama, puso en manos de los padrinos
designados de antemano, señores coronel Sotomayor, jefe de estado mayor en
representación del señor Guillermo Matta, y de los comandantes de la Brigada
Cívica de artillería y batallón número 2 de Guardia Nacional y alcaldes
municipales de este departamento señores Telésforo Mandiola y Matías Rojas como
hijos de esa importante provincia, el estandarte trabajado con todo entusiasmo
y patriotismo por las señoras de Copiapó.
El
señor canónigo Saavedra lo bendijo con las formalidades de estilo y conducido
por los padrinos fue presentado al batallón que lo esperaba con las armas
presentadas. El señor comandante don Juan Martínez dirigió una breve alusión al
cuerpo, recordándole los deberes santos que se imponía de defender la enseña
que debía conducirlo a la victoria, terminada la cual el batallón hizo una
lucida descarga. Poco más tarde el mismo batallón recibía orden de embarcarse y
lo hizo con la mayor ligereza y compostura, mereciendo el aplauso de los jefes
superiores.
Hemos
descrito a la ligera este importante acto y hemos llamado la atención sobre la
pericia de estos soldados para manifestar que el país tiene mucho que esperar
de la Guardia Nacional en la defensa de su autonomía.
Aquí
mismo el ejército ha sacado un poderoso contingente de soldados que había
formado en los batallones cívicos y aun a última hora estos dignos ciudadanos
han corrido a aumentar las filas de nuestros valientes ejércitos, listos ya a
dar el golpe de muerte a nuestros gratuitos y alevosos enemigos.
Necesario
se hace en la hora presente atender de una manera preferente a los guardias
nacionales de Antofagasta, llamados en el porvenir a ser los centinelas de
avanzada para sostener nuestros derechos
en estas comarcas.
Preciso
es recordar el entusiasmo y decisión que han manifestado estos cuerpos en
prestar sus servicios en esta campaña y, por consiguiente, es deber prestarles
todo el contingente de recursos para elevarlos a la altura que les corresponde
y una vez perfectamente organizados tendrán derecho para exigir que se les
lleve a compartir las glorias que va a adquirir nuestro brillante ejército.
Comandancia
del Batallón atacama
Nº
200
Antofagasta,
octubre 24 de 1879
Distinguido
Señor:
El
batallón Atacama cuenta con una hermosa bandera, valioso obsequio de las
señoritas de Copiapó, quienes con un patriotismo y entusiasmo a toda prueba
dedicaron sus mejores horas en labrarla, no omitiendo sacrificios de ninguna
especie a fin de que los que se iban al campo de la pelea en el nombre de la
patria, y muy particularmente, en representación de la heroica provincia cuyo
nombre llevan, tuviese una enseña que les recordara el hogar querido de donde
salieron y el sagrado compromiso de luchar hasta morir por su defensa y por su
honra.
No
dudo por un instante, señor, que tan noble acto de las señoritas copiapinas
encuentre en su corazón la admiración y el aplauso, sentimientos tanto más
naturales y espontáneos en usted, cuanto que tiene la honra de contarse entre
uno de los más dignos hijos de ese pueblo, cuyas tradicionales glorias todos
reconocemos y respetamos.
Conforme,
pues, con lo que dispone la ley militar he pensado en dar los pasos
consiguientes a fin de realizar el acto solemne de la bendición y de la entrega
oficial de la bandera al cuerpo de mi mando, y para el objeto, me he fijado en
usted esperando que se servirá honrarnos, haciendo de padrino juntamente con el
señor coronel Sotomayor y el señor Telésforo Mandiola.
En
caso de que usted nos favorezca con su aceptación, como lo espero, tengo el
placer de anunciarle que el acto debe tener lugar el domingo 26 del presente a
las 8½ A.M.
Con
este motivo aprovecho la oportunidad para suscribirme de usted obsecuente y
atento servidor.
J.
MARTÍNEZ
Al
señor Matías Rojas
Antofagasta,
octubre 25 de 1879
En
contestación a la muy estimada nota de usted, de fecha de ayer, debo decirle
que acepto con el mayor gusto el honroso puesto que se me ha designado en la
bendición del estandarte del batallón Atacama que usted tan dignamente comanda.
Ese
precioso estandarte bordado con todo entusiasmo y patriotismo por las señoritas
de Copiapó y el cual ustedes mañana jurarán defender, no dudo que se llenará de
gloria en la campaña, grabando en él muy pronto la fecha memorable de la
derrota de nuestros injustos y gratuitos enemigos.
Sírvase,
señor Comandante, aceptar mis agradecimientos, significando a ese cuerpo el
orgullo con que miro el adelanto y pericia que manifiestan los hijos de la
provincia de Atacama, y las consideraciones de estimación con que me suscribo
de usted su atento y seguro servidor.
MATÍAS
ROJAS D
Al
señor Comandante del Batallón Atacama don J. Martínez
Antofagasta,
octubre 25 de 1879
Considerándome
muy honrado con la distinción que usted ha tenido a bien dispensarme, al
designar los padrinos de la bendición de la bandera que debe llevar a la
victoria a los entusiastas y valientes que forman el batallón Atacama,
concurriré gustoso a la hora designada para tan importante acto.
Tengo
el honor de suscribirme de usted su muy atento y S.S.
TELÉSFORO
MANDIOLA
Renuncia
de la Junta de Beneficencia
Antofagasta,
mayo 5 de 1882
En
sesión de 4 del presente los señores Matías Rojas D., Salvador Reyes y Rodrigo
A. Neves hicieron ante la junta renuncia
como miembros de dicha junta y por lo tanto de los cargos del presidente y
vicepresidente que respectivamente desempeñaban el primero y el segundo
nombrados.
Los
señores Rojas y Reyes fundaban su renuncia en razones personales que excusaron
expresarlas y en la conveniencia que reportaría la junta con la separación de
ellos.
El
señor Neves reitera la suya pues a un año más o menos la había presentado con
carácter de indeclinable y fundándola se refirió al largo tiempo que había sido
miembro y desempeñado la tesorería que al presente, tanto por sus multiplicadas
ocupaciones cuanto por su edad, no podía continuar en el carácter de miembro.
En
sesión del día siguiente, tomándose en consideración estas renuncias, se
observó el origen ilegal de esta junta y los inconvenientes que de ellos pueden
sobrevivir con perjuicio de los establecimientos que administra.
Nótese
que en tiempo de la dominación boliviana, esta junta era anualmente elegida por
la municipalidad y que en el último año de su dominación se dejó de elegirla
sólo por la falta de instalación de dicha municipalidad y que por, último,
alguno de los miembros actuales tenían el carácter de tal por la elección
antigua y otros por un nombramiento que había hecho el Gobernador del litoral
en la presente ocupación.
Este
proceder irregular y contrario a las disposiciones legales vigentes en Chile,
no puede por más tiempo subsistir y se hace preciso que cuanto antes el supremo
gobierno organice la sociedad de beneficencia conforme a esas disposiciones.
Por
las razones expuestas, los suscritos vienen en declarar que ha cesado en sus
funciones la actual Junta de Beneficencia, expresando que desde de esta fecha
no se consideran miembros de ella.
La
gobernación puede, en consecuencia, tomar posesión de los establecimientos de
la junta y hospital del Salvador, lazareto, cementerio, tesorería y secretaría.
El administrador de los primeros tiene ya conocimiento de los expuesto y los
segundos orden de tener a disposición de US. la caja y archivo.
Dios
guarde a US.
Matías
Rojas D., S. Reyes, Rodrigo A. Neves, N. Peró, Telésforo Mandiola, Luis
Bischoff, Hernán Puelma, M.J. Serrano U., Víctor Menare, Braulio A. Bravo.
Organización
provisoria del servicio administrativo y judicial del territorio comprendido
entre los paralelos 23 y 24
Santiago,
mayo 2 de 1879
(96)
Por cuanto el Congreso Nacional ha aprobado el siguiente
PROYECTO
DE LEY:
Art.
1º. Mientras el Congreso dicta la correspondiente ley, se autoriza al
Presidente de la República para que proceda a nombrar los empleados que ejerzan
las funciones gubernativas, judiciales y de hacienda, en el territorio
comprendido entre los paralelos 23 y 24 de latitud sur.
Art.
2º. Las autoridades gubernativas y de hacienda, a que se refiere el artículo
anterior, dependerán directamente del Presidente de la República, y las
judiciales de la Corte de Apelaciones de La Serena.
Y
por cuanto, oído el Consejo de Estado, he tenido a bien aprobarlo y sancionado;
por tanto, promúlguese y llévese a efecto como ley de la república.
ANÍBAL
PINTO
Antonio
Varas
Comisión
de alcaldes del territorio de Antofagasta
Santiago,
julio 10 de 1879
(190)
En virtud de la autorización que me confiere la ley de 2 de mayo del presente
año, relativa a la organización del servicio público en el litoral del norte de
la República; y teniendo presente la necesidad de que haya en aquel territorio
quien ejerza las funciones que la ley encarga a las municipalidades y en tanto
que se elija esta corporación en la forma mandada por la ley.
Decreto:
Se
establece en el territorio de Antofagasta la comisión de alcaldes que prescribe
la ley de municipalidades; y mientras no haya municipalidad elegida conforme a
la ley, ejercerá las funciones a que se refiere el tít. IV de la ley de 8 de
noviembre de 1854.
Tómese
razón y comuníquese.
PINTO
Antonio
Varas
F I
N
Notas:
[1]
Carta a don E. Moreno
[2]
El presidente lo era don Hernán Puelma.
[3]
Lo era don Matías Rojas D.


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