Libro N° 6061. El Volcán Latino-Americano. Izquierdas, Movimientos Sociales Y Neoliberalismo Al Sur Del Río Bravo. Balance De Una Década De Luchas: 1999-2009. Gaudichaud, Franck (dir.)
© Libro N° 6061.
El Volcán Latino-Americano. Izquierdas, Movimientos Sociales Y Neoliberalismo
Al Sur Del Río Bravo. Balance De Una Década De Luchas: 1999-2009. Gaudichaud, Franck
(dir.). Emancipación. Junio 1 de 2019.
Título
original: © El Volcán Latino-Americano. Izquierdas, Movimientos
Sociales Y Neoliberalismo Al Sur Del Río Bravo. Balance De Una Década De
Luchas: 1999-2009. Franck Gaudichaud (dir.)
Versión Original: © EL VOLCÁN LATINO-AMERICANO. Izquierdas,
Movimientos Sociales Y Neoliberalismo Al Sur Del Río Bravo. Balance De Una
Década De Luchas: 1999-2009. Franck Gaudichaud (dir.)
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EL VOLCÁN LATINO-AMERICANO
Izquierdas, Movimientos Sociales Y Neoliberalismo Al Sur Del Río
Bravo
Balance De Una Década De Luchas: 1999-2009
Franck Gaudichaud (dir.)
2010 © Franck Gaudichaud
1
Nota sobre derechos
Este libro colectivo es la versión en español, corregida,
ampliada y actualizada de una publicación editada en Francia (Edición Textuel -
Paris - 2008)
Foto de portada: Mural en Caracas © Franck Gaudichaud
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Editores
o colectivos: en caso de proyecto de una edicion papel de dicho libro, gracias
por contactar: franck.gaudichaud@u-grenoble3.fr
2
“No
queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser
creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro
propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una
generación nueva”
José
Carlos Mariategui, 1928
Dedico
este libro colectivo a Daniel Bensaïd, centinela herética de nuestros tiempos y
pensador a contrapelo del capital ventrílocuo
Agradecimientos
Queremos
agradecer aquí calurosamente a las y los autores que contribuyeron a este
trabajo colectivo, de una y otra parte del Atlántico y también al equipo de
traductores, participantes de la diversidad lingüística
Gracias
también a l@s compañeros de www.rebelion.org con quien comparto rebeldía y
trabajo de información alternativa desde ya años; a la asociación de
solidaridad internacional “France Amérique Latine”
(www.franceameriquelatine.org). Besos a “mi gota de Rocio” con quien comparto
noches y días, sueños, penas y luchas.
Por
fin, gracias a tod@s l@s que su movilizan por “otro mundo posible”, por un
mundo ecosocialista autogestionario y democrático…
FG
3
Mapa de la « patria grande »
Fuente:
www.americas-fr.com/geographie/cartes/carte_amerique_latine.html
4
Sumario
Presentación
América
Latina en movimiento por Franck Gaudichaud
Primera
parte ¿La “Patria Grande “? Acercamiento problemático continental
Las
nuevas formas del Imperio. Estados Unidos y América Latina en tiempos de Obama
por James Petras
Las
multinacionales en América Latina: expansión, impacto y resistencias por Cédric
Durand y Alexis Saludjian
ALBA
contre ALCA. ¿Hacia una nueva vía para la integración regional? por Thomas
Fritz
Movimientos
indígenas en América Latina. Entre rebeliones y poderes por Bernard Duterme
Un
análisis del movimiento feminista latino-americano y caribeño en la
mundialización por Jules Falquet
Las
reformas agrarias: ¿un desafío actual de las luchas sociales campesinas? por
Hélène Roux
Segunda
parte Izquierdas latino-americanas y movimientos sociales. Un mosaico de
experiencias
Venezuela
y el proceso bolivariano por Pablo Navarrete y Edgardo Lander
La
“revolución” de Evo Morales o los caminos sinuosos de la refundación de Bolivia
por Hervé Do Alto
La
reestructuración de la izquierda en Ecuador. Del movimiento indígena hasta
Rafael Correa Por Matthieu Le Quang
El
socialismo cubano en búsqueda de renovación por Janette Habel
La
“mosca azul” del poder y el social-liberalismo. Un primer balance del gobierno
de Lula en Brasil por Michael Löwy
La
Argentina de los Kirchner: sobre continuidades y dobles discursos por
Maristella Svampa
5
El
Chile de Michelle Bachelet: un país modelo por Franck Gaudichaud
México
2006, un año ejemplar. Crisis política, elecciones y resistencias por Arturo
Anguiano
El
rompecabezas colombiano. Neoliberalismo, autoritarismo, guerra y salida
democrática por Jairo Estrada Álvarez
Tercera
parte. Crisis del capitalismo,
democracia y alternativas en América Latina
¿Democratizar
la democracia? Reinvención democrática, neoliberalismo y movimientos
sociales por Atilio Borón
América
latina y la crisis global por Claudio
Katz
Crisis
mundial y retorno de las alternativas en América latina por Eric Toussaint
Construyendo
la integración desde abajo de los pueblo Carta de los Movimientos Sociales de
las Américas
América
latina: ¿hacia el socialismo del siglo XXI? Por Claudio Katz
Presentación
Una América Latina en movimiento
Por
Franck Gaudichaud
Traducido
del francés por Rocio Gajardo (Universidad Grenoble 3 – Francia)
Franck
Gaudichaud es doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Universidad
Grenoble 3, miembro del colectivo editorial de rebelion.org, de la revista
Contretemps (Paris) y de la asociación “France Amérique Latine”
(www.franceameriquelatine.org). Es autor de Poder Popular y Cordones
industriales. Testimonios sobre la dinámica del movimiento popular urbano en
Chile (1970–1973), LOM, Santiago de Chile, 2004 y de Operación Cóndor. Notas
sobre el terrorismo de Estado en el Cono Sur, Sepha, Madrid, 2005
(franck.gaudichaud@u- grenoble3.fr).
¿Una
“edad de oro” latinoamericana?
“América
Latina vive una primavera democrática”, aseguraba en una entrevista a fines del
2007, el teólogo de la liberación brasileño Frei Betto1. “América Latina conoce
una especie de edad de oro política, insistía este mismo año el editorialista
del periódico Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet. En el curso de su trágica
historia, desde el inicio del siglo XIX, esta región jamás ha vivido un periodo
de paz tan largo (sólo un conflicto subsiste, en Colombia) de prosperidad y,
sobre todo de consolidación democrática2”. En el mismo sentido el politólogo
francés Olivier Dabène afirmaba: “América Latina; esta vez, ha partido bien”.
Según él, “este inicio de siglo XXI marca una verdadera ruptura. Por primera
vez, en doscientos años de historia, América Latina se caracteriza por una
mancomunidad de valores y de prácticas democráticas”, pero agregaba: “sin
embargo, la visión que tenemos sobre América Latina no debe ser sesgada. Es muy
difícil para la región el salir del subdesarrollo y evitar los disfunccionamientos
que caracterizan el sistema capitalista a escala mundial. Le es difícil,
también, el romper con siglos de prácticas sociales desiguales y de desprecio
hacia las culturas indígenas. Tampoco le es fácil afirmarse en la escena
internacional, ya que conserva rasgos de dependencia económica3”. No cabe duda,
desde más de una década, las esperanzas y las utopías recorren de nuevo la
“Patria Grande” de Mariategui o de José Martí y múltiples evoluciones dejan
pensar que el horizonte está abierto para nuevas experiencias democráticas, ya
que esta región del mundo constituye, desde el punto de vista de las
movilizaciones colectivas y de la búsqueda de alternativas políticas, un
espacio en plena efervescencia. Con Emir Sader podemos pensar que América
Latina constituye un eslabón débil del neoliberalismo y del imperialismo: “El
nuevo siglo arranca en América Latina con un inicio sorprendente. El
continente, que había sido un territorio privilegiado para el neoliberalismo y
donde primero fue aplicado –en Chile y Bolivia–, se ha convertido rápidamente
en el área privilegiada no sólo de resistencia sino de construcción de
alternativas al mismo. Se trata de dos caras de la misma moneda: precisamente
por haber sido el laboratorio de los experimentos neoliberales, América Latina
se está enfrentando ahora a sus consecuencias”4. Por cierto, si elegimos
titular este libro “El Volcán latinoamericano” no es con la intención de
retomar un cliché gastado, eurocéntrico o “exótico”, sino para graficar este
magma de resistencias que incuba bajo el relieve del modelo neoliberal y cuya
ebullición podría desembocar en un nuevo ciclo de erupciones colectivas de una
1
Carlos Rivera Lugo, “América Latina vive una primavera democrática”, Claridad,
noviembre 2007.
2
“Amérique latine rebelle”, Manière de voir, Le Monde diplomatique, N° 90, enero
2007, p. 4.
3 O.
Dabène (dir.), Atlas de l’Amérique latine. Violences, démocratie participative
et promesses de développement, Autrement, Paris, 2006, p. 72.
4 Emir Sader, “América Latina, ¿el eslabón más débil?”, New Left Review, octubre 2008
(www.newleftreview.es/?issue=52).
mayor
amplitud. Sin embargo es necesario evitar erigir un panorama idílico o una
imagen mítica de una América Latina unánimemente rebelde. Además desde 2008 se
acumulan las “nubes en el horizonte”: crisis económica mundial, golpe de Estado
en Honduras, represión sangrienta en la amazonía peruana, presencia militar
reforzada de Estados Unidos, baja de la actividad de los movimientos sociales,
etc… Entonces, ¿cuál es el balance socio-político de estos últimos años en
América latina y qué perspectiva?
¿El
fin del intervencionismo del “Tío Sam” y del imperialismo?
Entre
los factores interesantes y que pueden empujarnos hacia el optimismo, se
encuentra antes que todo esta impresión de una nueva independencia con respecto
al gigante del norte. En junio del 2009, el Presidente boliviano Evo Morales
proclamaba, durante el “desfile militar-indígena” que se realizó en la plaza
Gualberto Villarroel de la ciudad de La Paz con la presencia de representantes
de los movimientos sociales de Bolivia, Perú, Ecuador, Paraguay y Venezuela:
“América Latina vive un nuevo milenio que servirá para acabar con la dominación
a la que fueron sometidos los pueblos y
no depender más de las imposiciones de los imperios”. Con este discurso
apuntaba en particular (pero no solamente) a la política imperialista de los
Estados Unidos de América, que, desde el siglo XIX, proclamaron que América
Latina era su patio trasero (con la famosa Doctrina Monroe). Entonces, luego de
un siglo de intervencionismo (notablemente en América Central y el Caribe),
luego de su apoyo a múltiples dictaduras en nombre de la “doctrina de la
seguridad nacional” (como en Chile en 1973) y de la lucha contra el comunismo:
¿habrán terminado con su ingerencia en la región?, ¿habrá terminado el
imperialismo militarista? Desde el fin de la guerra fría, el coto privado de
caza latinoamericano ya no está entre las prioridades inmediatas de Washington.
“Durante los años 90, los Estados Unidos aparecían como la única súper
potencia, sus adversarios se habían esfumado: la izquierda radical había sido
aplastada o neutralizada durante las dictaduras o las guerras civiles; Cuba
estaba empantanada en su “periodo especial” y su crisis económica luego de la deserción de la URSS; América no plateaba
ningún riesgo geopolítico. Sólo subsistían, en el rango de las amenazas no
convencionales, la delincuencia, el tráfico de drogas y las migraciones5”.
Desde la guerra del Golfo de 1991, y sobre todo desde el 11 de septiembre del
2001, el Pentágono tiene los ojos puestos en el petróleo de Próximo y Medio
Oriente, como en Europa central. La importancia de los recursos humanos,
militares y las centenas de millones de dólares movilizados en los “Vietnam” iraquí y afgano acentúan
innegablemente esta tendencia de la geoestrategia estadounidense.
Paralelamente,
poco a poco la forma de dominación imperial se fue adornando de atributos de
defensa de la democracia y mercado, alineándose bajo los preceptos del
“Consenso de Washington” instruidos por el ultraliberal John Williamson:
liberalización, privatización, desregulación y respeto de la propiedad
privada6. George Bush padre, durante una conferencia del consejo de las
Américas, el 2 de mayo de 1989, declaraba: “el compromiso por la democracia es
tan sólo un elemento en la nueva asociación que preveo para las naciones de las
Américas. Esta debe tener por objetivo la garantía de que la economía de
mercado subsista, prospere y prevalezca”. Esta ha sido la línea seguida desde
entonces: en vez de las intervenciones militares muy vistosas se prefiere una
hegemonía económica y el despliegue de todo un arsenal ideológico e
institucional (como la Agencia Americana para el Desarrollo Internacional –
USAID) vestida con los oropeles de la democracia y del “derecho de ingerencia
humanitario”. De esta forma hay que responder de forma prudente a la pregunta:
¿Washington perdió América Latina7? Sin ninguna duda, los proyectos de
5
JP. Marthoz (dir.), Où va l'Amérique Latine ? Tour d'Horizon d'un continent en
pleine mutation, GRIP/Complexe, Bruselas, 2007, p. 39.
6 J.
Williamson (dir.), Latin American adjustment: how much has happened, Institute
for international economics, Washington, 1990.
7 J.
Habel, “¿Washington perdió a América Latina?” en Le Monde Diplomatique
(Francia) y Rebelión (trad. Rocio
Gajardo)
in http://www.rebelion.org/noticia.php?id=60522, diciembre 2007.
Estados
Unidos han sido obstruidos y criticados por los pueblos del sur del Río Bravo.
Además de la aparición, en estos últimos años, de gobiernos con acentos
nacionalistas o antiimperialistas, el proyecto de una Zona de Libre Comercio de
las Américas (ALCA) lanzada por Bill Clinton en 1994, luego del Acuerdo de
Libre Comercio de América del Norte (ALENA) ha fracasado. Este vasto mercado,
bajo el control militar y político del Tío Sam, que debía entrar en vigor en el
2005, se enfrentó a la resistencia de los movimientos sociales (campaña
continental contra el ALCA) pero también a las reticencias de las burguesías de
los países más grandes del MERCOSUR y al rechazo de Bolivia y de la Venezuela
bolivariana.
El
gobierno de Estados Unidos (ya sea demócrata o republicano) ha continuado su
política económica neocolonial, gracias a la multiplicación de los tratados
bilaterales de libre comercio (TLC), con América Central, República Dominicana,
Colombia (en discusión), Nicaragua, Perú y antes con Chile. Como lo explica el
sociólogo James Petras, “una comparación entre el periodo actual 2003-2006 y el
de 1960- 1975, muestra que los Estados Unidos han sin duda reforzado su
posición en América Latina a través de todas las formas posibles: regímenes
neoliberales reemplazaron a los regímenes socialistas y nacionalistas en la
región. El “nacionalismo” o el “socialismo” de hoy en América Latina no tiene
nada que ver con los regímenes precedentes; ninguna expropiación importante de
la propiedad estadounidense se ha realizado. Ningún régimen de centro-izquierda
ha nuevamente nacionalizado las firmas extranjeras, incluso las que habían sido
privatizadas en dudosas condiciones”8. ¿Y ahora, qué pasará con el presidente
Obama? Indudablemente, más allá del símbolo –real- que representa su elección,
es necesario analizar la realpolitik que tendrá que asumir el nuevo presidente
estadounidense. No es G. W Bush, por supuesto: es mucho más culto e inteligente
y se apoya en un aparato partidario diferente dentro del sistema político
hegemónico de la potencia del norte. Un punto importante que hay que incorporar
al análisis es también que el poder en Estados Unidos viene con un importante
proceso de fisuras internas, configurándose dos sectores parcialmente
delimitados, uno más progresista entorno a Obama y un ala de los demócratas y
otro cercano a los neoconservadores del Partido Republicano, el
ultrafundamentalismo cristiano y al ala derecha del partido demócrata
("los halcones demócratas") entre los cuales se encuentra Hillary
Clinton. Esas fisuras en la política interna de EE. UU. se expresan en el campo
internacional y frente a cómo actuar en Honduras, hacia Irán, Afganistán,
etc... Pero mas allá de esa realidad, los intereses norteamericanos existentes
en América Latina son demasiado importantes como para abandonarlos y la
administración Obama no se puede permitir sacrificarlos, como representante
orgánico de la clase dominante de Estados Unidos. La política de extensión de
la presencia militar estadounidense y su apoyo a un fiel aliado, Uribe en
Colombia, es una prueba clara de ello. “Colombia se ha convertido en pieza
clave de la estrategia norteamericana para América Latina. Las siete nuevas
bases militares en su territorio estarán orientadas a labores de inteligencia y
contrainsurgencia con sofisticado apoyo aéreo y naval y equipamiento
electrónico de última generación. Colombia, que dispone de las fuerzas armadas
más grandes del continente (400 mil efectivos), fortalece con las bases
norteamericanas su posición geopolítica y amenaza cada vez más a sus vecinos,
Venezuela y Ecuador, y “jaquea” la frontera brasileña”9. Desde un punto de
vista militar, la presencia “yanqui”, se ha diversificado, modernizado y
adaptado al nuevo periodo, luego del cierre de las bases de Panamá, Puerto Rico
y Ecuador (base de Manta) y mantiene 14 bases en la región. Han logrado, desde
agosto 2009, el derecho de utilizar nuevas bases aéreas y marítimas en
Colombia, que entran a funcionar dentro de la lógica de los acuerdos del Plan
Colombia y del Plan Patriota, planes justificados por el llamado a luchar
contra las drogas y contra el “Terrorismo”. Esta nueva etapa de fortalecimiento
militar norteamericano ha sido criticada no sólo por los movimientos sociales
colombianos, sino por la comunidad latinoamericana de Estados que se ha sentido
agredida y se han manifestado hondas preocupaciones en el seno de la Unión de
Naciones Suramericanas (Unasur). La geoestrategia
8 J.
Petras,
9 M.
Cabieses, “¿Hasta cuándo, Obama, abusas de la paciencia nuestra?”, Editorial de
Punto Final, Santiago, agosto 2009.
político-militar
de EEUU pasa también por el proyecto de creación de una “fuerza militar
sudamericana” influenciada por el Pentágono (especie de ALCA militar), por la
influencia omnipresente del Comando Sur del ejército de los Estados Unidos, hoy
en día con base en Miami y por el regreso funesto de la “Cuarta flota”10. El
ogro del Norte participa activamente en la carrera armamentista de algunos
países, entre los que se encuentran prioritariamente sus dos principales
aliados estratégicos: Chile y Colombia. Como lo explica Jairo Estrada Álvarez,
Colombia ocupa un sitio privilegiado en este dispositivo, en tanto que cuarto
destinatario de la ayuda militar de los Estados Unidos a nivel mundial: “esta
estrategia ha tomado sucesivas formas perfectamente articuladas: el plan
Colombia, una guerra “contra insurreccional” disimulada en “guerra contra la
droga”; el plan Puebla Panamá, con megaproyectos de infraestructura para unir,
a través de corredores logísticos y biológicos, México y América Central; y la
“Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Sudamericana” (IIRSA).
Por otra parte, la permanencia de las veleidades intervencionistas de los
EE.UU. ha sido ampliamente confirmada luego de la tentativa de golpe de Estado,
en abril 2002, contra el gobierno de Hugo Chávez11. Y, en Honduras, el golpe
del 28 de junio 2009 en contra del presidente Zelaya sirve ahora de “test” para
toda la región: intimidar a otros países centroamericanos y del Caribe que se
han salido de la órbita de Estados Unidos y se
han unido a los programas de integración económica encabezados por
Venezuela, presionar a los gobiernos progresistas, mantener poder de control en
una de sus áreas estratégicas históricas, amenazar a los movimientos sociales.
Es cierto que este golpe es un golpe, antes de todo, de la oligarquía hondureña
contra su pueblo y para deponer a Zelaya, a incluso es posible que Obama haya
sido, en parte, pasado a llevar por el Pentágono y la CIA en este caso. Pero
basta con recordar la influencia aplastante de EE.UU. en Honduras desde hace
décadas (en particular durante la guerra contra la revolución nicaragüense) y
constatar que Obama condenó el derrocamiento del presidente legitimo para…
negociar con el “nuevo presidente” Michelleti para entender, como lo señala
James Petras (ver su articulo en este libro) que “la estrategia por parte de
Obama de hacer retroceder a regímenes electos críticos para imponer clientes
acomodaticios encuentra otra expresión en el reciente golpe militar en
Honduras. El “uso” del alto mando del ejército de Honduras y de los viejos
vínculos de Washington con la oligarquía local, que controla el Congreso y el
Tribunal Supremo, facilitó el proceso y obvió la necesidad de una intervención
directa estadounidense —como fue el caso en otras recientes campañas golpistas.
A diferencia de Haití donde hace sólo una década intervinieron los marines
estadounidenses para derrocar al democráticamente elegido Bertrand Aristide y
respaldaron abiertamente el fallido golpe contra el presidente Chávez en 2002
y, más recientemente, financiaron el chapucero golpe contra el presidente
electo Evo Morales en septiembre de 2008, las circunstancias de la implicación
estadounidense en Honduras fueron más discretas para posibilitar un ‘desmentido
creíble’”12. Hay que destacar también una diferencia clave con periodos
anteriores: la inmensa mayoría de los países del mundo condenaron formalmente
el golpe, todos los países de la OEA retiraron a sus embajadores (salvo Estados
Unidos) y los gobiernos latino-americanos, incluso de derecha, reafirmaron su
adhesión a regimenes constitucionales. Esta tendencia reafirma por una parte la
afirmación de autonomía creciente de grandes países como Brasil frente a EEUU y
por otra parte, la adhesión masiva de las elites de la región a diversas formas
de democracia liberal, mientas tanto estas no ponen en jaque sus intereses
esenciales y modo de producción. La capacidad o no del gobierno estadounidense
y de la derecha hondureña de estabilizar el gobierno de facto de Micheletti -y
al final “legitimar” el golpe- pasa precisamente por la organización de
elecciones, con el apoyo de la OEA y la Unión Europea, a pesar de la
importantes movilizaciones populares13.
10
La flota había sido desactivada luego del final de la Segunda Guerra Mundial.
La flota está basado en el estado de Florida, y responde al Comando Sur que
dirige a todas las fuerzas militares de EEUU en América Latina.
11
Eva Golinger, El Código Chávez, Fondo Editorial Question, Caracas, 2005.
12
J. Petras, « Honduras, Iran, Pakistan, Afganistán (y el efecto boomerang) »,
Rebelion, julio 2009 (www.rebelion.org/noticia.php?id=88575).
13
Ver el apartado especial “Golpe en Honduras” en Rebelión:
www.rebelion.org/apartado.php?id=326 y el N° 447 de
América
Latina en Movimiento, agosto 2009, http://alainet.org/publica/447.phtml.
Por
último, el texto de los economistas Cédric Durand y Alexis Saludjian subrayan
con toda razón, que el periodo neoliberal está marcado por una expansión
espectacular de la presencia de las multinacionales en América Latina y cómo
esas firmas controlan en la actualidad una parte sustancial de las economías,
contribuyendo a incrementar la integración de estos países en las cadenas
productivas y financieras mundiales. Esto concierne evidentemente a las
empresas estadounidenses, que han invertido no menos de 353 mil millones de
dólares en América Latina y emplean un millón seiscientas mil personas14. Pero
no debemos olvidar la política expansionista de la Unión Europea, primer
inversor extranjero en América Latina (sobrepasando a los EE.UU.) e importante
actor en los procesos de privatización-transnacionalización del sistema financiero
o los intentos de privatización del “oro azul” (el agua)15. Esta expansión del
capital transnacional tiene consecuencias no solamente sobre los sistemas
políticos de la región, sino también efectos de destrucción ecológica y de
desestructuración social inéditos por su amplitud.
El
tiempo de la democracia… neoliberal
Efectivamente,
los años de plomo de los Estados militares terroristas parecen pertenecer
al pasado16. Y luego del asesinato de
decenas de miles de personas, de centenas de miles de personas torturadas y de
millones de exiliados políticos, no se trata de un simple progreso “formal” o
de una evolución despreciable. Los recuerdos del aplastamiento de la revolución
chilena (Chile-1973); del “Che” Guevara asesinado hace 40 años, con sus
compañeros guerrilleros en Bolivia; los golpes de Estado contra los gobiernos
democráticos (Arbenz en Guatemala 1954, el general Torres en Bolivia 1971 o
Joao Goulart en Brasil 1964); de la guerra contrarrevolucionaria en Nicaragua
(años 80), siguen estando presentes en la memoria colectiva latinoamericana. Ya
que significaron una ola de terror de Estado y de coordinación de las
dictaduras, apoyada por los EE.UU., en su caza a los oponentes17.
Este
periodo oscuro todavía tiene consecuencias profundas en el espacio público ya
que trastornó completamente les relaciones de fuerzas sociales, políticas y
culturales anteriores. Las dictaduras de América del Sur, las guerras civiles
de América Central y la represión y el clientelismo institucionalizados en
Venezuela o en México permitieron a las elites locales (y a Washington)
debilitar el espectro revolucionario que apareció en el continente luego de la
Revolución Cubana de 1959. Sólo esta última ha sobrevivido en un contexto
hostil, aislada políticamente, asfixiada por el bloqueo económico más largo de
la historia contemporánea, y presa de ataques permanentes, como también de sus
contradicciones internas. Desde este punto de vista, a 50 años de la entrada de
Fidel y sus “barbudos” en La Habana, después del derrumbe de su aliado
soviético y de los “socialismos” burocráticos, y frente a las dificultades en
la vida cotidiana en la isla, la actual transición cubana y su búsqueda de un
socialismo cubano redinamizado marca ciertamente el comienzo de otra época para
toda América Latina (ver el artículo de Janette Habel).
Desde
finales de los años 80, el conjunto del subcontinente ha visto instalarse
regímenes constitucionales, favorecidos por el cambio del contexto
internacional, la amplitud de la oposición y la crisis económica. Estas oleadas
sucesivas de “transiciones democráticas” han engendrado, la mayoría de las
veces, democracias llamadas de “baja intensidad”, resultados de un pacto entre
las clases dirigentes y las fuerzas militares. Regímenes civiles basados en,
por una parte, la
14
Cifra extraída de J. Habel, “¿Washington perdió a América Latina?”, Op. Cit.
15
B. Mauro, “Les intérêts européens en Amérique latine” en “L'Amérique latine
rebelle: contre l'ordre impérial”,
Contretemps,
Textuel, N° 10, Paris, 2004, pp. 75-85 y “Mythe et réalité du libre-échange:
Amérique latine – Union européenne”, France Amérique Latine Magazine, N° 90,
Paris, 2007.
16
Si bien, a priori, nada garantiza que las fuerzas armadas vayan a permanecer
definitivamente en sus cuarteles. Para ser exactos, las fuerzas armadas todavía
tienen un rol importante y, siguiendo lógicas ideológicas completamente
opuestas,
las encontramos en un primer plano del campo político en Colombia, Cuba y en
Venezuela.
17
F. Gaudichaud, Operación Cóndor. Notas sobre el terrorismo de Estado en el Cono
Sur, Sepha, Madrid, 2005.
profundización
del modelo neoliberal, y por otra, en la más amplia amnistía a favor de los
responsables de las violaciones de derechos humanos. Además, estas transiciones
son las del “decenio perdido” y de la crisis de la deuda externa18, durante la
cual el Fondo Monetario Internacional (FMI) impuso a los Estados
latinoamericanos los famosos “ajustes estructurales” (privatizaciones en
cascada, falta de compromiso del Estado en las políticas públicas,
restricciones salariales, etc.). Esta ofensiva del capital se acentúa en los
años 90, ya que si bien las economías del subcontinente controlan una inflación
permanente, lo hacen pagando el precio de una fuerte regresión social y de un
incremento de la asimetría en las relaciones Norte-Sur. Según el economista argentino Claudio Katz, “entre
1980 y el 2003, el desempleo oficial pasó de un 7,2% a un 11%, el salario
mínimo disminuyó en una media de un 25% y el trabajo informal creció entre un
36% a un 46%”. Paralelamente, la pérdida de posiciones de los capitalistas
latinoamericanos en la escena internacional se ha confirmado, salvo algunas
excepciones como Chile. Este retroceso se puede verificar en el estancamiento
del PIB per capita, la caída de las inversiones extranjeras (en particular si
se compara con China y el Sudeste asiático) y la aceleración del endeudamiento.
En estas condiciones las fases de prosperidad cíclicas dependen cada vez más de
la coyuntura financiera o comercial internacional19”. Este análisis del año
2003, se confirma por el hecho de que esta mejoría que vivió durante los
últimos años20, América Latina está ampliamente determinada, no por un
desarrollo autocentrado, sino por el claro aumento de los precios de ciertas
materias primas en el mercado mundial (cobre chileno, petróleo venezolano o agrocombustibles
brasileros y colombianos). Y la actual y profunda crísis de la economía mundial
y de los grandes centros del sistema-mundo impacta fuertemente a los países
latino-americanos provocando más desempleo y trabajo informal, más desigualdad
y violencia social, fugas de capitales y contracción del crédito, caída del
precio de las materias primas y de las exportaciones, retracción del consumo
interno y de los intercambios regionales, regreso del espectro de las deudas
externas, crisis de sobreproducción en las ramas industriales exportadoras,
etc. (ver los artículos de Eric Toussaint y Claudio Katz en la tercera parte).
En
la actualidad el sistema parlamentario y electoral es considerado por la
mayoría de las elites como una forma de gobierno bastante funcional para
rechazar la idea de recurrir a las Fuerzas Armadas. Sin embargo, como lo
subraya el politólogo Atilio Borón, las democracias latinoamericanas aparecen a
menudo como instituciones puestas al servicio de una minoría privilegiada y del
mundo financiero internacional (ver su artículo). A pesar de la utilización de
todo un arsenal de léxico sobre la “buena gobernanza” y el respeto de la
“gobernabilidad democrática”, una proporción importante de los ciudadanos se
sienten engañados por gobiernos considerados como poco legítimos, cuando no son
directamente denominados como regímenes nepóticos y corruptos (el caso por ejemplo
de Arístides en Haití o de Menem en Argentina21). Esta contradicción entre
neoliberalismo y democracia es central en la actual América Latina y constituye
el hilo conductor de esta obra colectiva. Por cierto esta tensión ha sido
públicamente reconocida por el Programa de las Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) en un informe muy bien documentado sobre “la democracia en
América Latina” (2004): la tesis central que es defendida, es la de una
evolución globalmente positiva de la región gracias a la existencia de
“democracias electorales”, que responden a las normas internacionales. Sin
embargo, este balance lamenta la ausencia de “democracias ciudadanas” y pone en
duda la “calidad de la democracia” marcada por la
18
Deudas que para muchos, desde un punto de vista jurídico, pueden ser
consideradas como « odiosas », ya que fueron contraídas durante dictaduras, por
lo tanto por regimenes no electos. La deuda externa de América central y del
Caribe era de 32 mil millones de dólares en 1970, de 257 mil millones en 1980 y
esta sobrepasaba los 780 mil millones en el 2002. entre tanto, América Latina
ha reembolsado 91 veces el monto que debía en 1970…
19
C. Katz en « L'Amérique latine rebelle : contre l'ordre impérial »,
Contretemps, Textuel, N° 10, Paris, 2004, p. 27.
20
Desde 2002, las economías latino-americanas han tenido una progresión de su
PIB, que fue de más de un 5% en 2006. 21 La decepción de los latinoamericanos
frente a sus sistemas políticos e institucionales es regularmente confirmada
por los sondeos de opinión del Latinobarometro: www.latinobarometro.org.
debilidad
de la participación electoral y múltiples déficit de cohesión social y
étnica22. En su informe sobre la “gobernabilidad en América Latina” (2005) la
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) realiza una constatación
similar, lamentando las disparidades estructurales, en la distribución de los
ingresos, la permanencia de altos niveles de corrupción y el aumento permanente
de la violencia. La FLACSO subraya que América Latina es la región del mundo
donde la tasa de homicidios por armas de fuego es la más elevada23 y describe
incluso la formación de Estados a la deriva o “colapsados” (failed states) que
han perdido el monopolio de la violencia legitima frente a la multiplicación de
redes criminales y del narcotráfico: donde la multiplicación de “espacios sin
ley” donde reina solamente la ley del más fuerte24. Jean Paul Marthoz, del
grupo de Investigaciones sobre la Paz y la Seguridad (Bélgica), resalta la
dimensión del problema: “basta con hojear el informe de Amnistía Internacional
o de Human Rights Watch para recordar que algunos países del continente poseen
serios problemas de respeto de los derechos humanos. Cada año, periodistas,
sindicalistas, defensores del medioambiente son asesinados. El Estado de
Derecho dista mucho de ser respetado. La corrupción causa estragos socavando el
contrato democrático y los grandes equilibrios económicos. La impunidad por los
crímenes cometidos en la época de las dictaduras militares y de las guerras
civiles es casi total. (…) la violación de los derechos humanos se ha
privatizado cada vez más. Dos fenómenos carcomen al continente: el
paramilitarismo y la delincuencia de derecho común25”.
Lo
que igualmente preocupa a las instituciones es la permanencia de la
“ingobernabilidad”, luego de las nueve
crisis político-institucionales que han afectado a la zona entre 1995 y 2005,
durante las cuales presidentes electos han debido renunciar o han sido
destituidos. Estas crisis constituyen, según ellos, “el factor que erosiona la
democracia, profundiza las diferencias económicas y sociales, contribuye a la
discriminación de diversos sectores e, incluso, pone en peligro la cohabitación
con los países vecinos26”. Aquí abordamos uno de los límites de la visión
tecnocrática de la democracia en su versión onusiana (en relación a la ONU),
incapaz de identificar los orígenes de tales ataques de “ingobernabilidad”.
Como los que se desarrollaron en Ecuador en 2005, en Bolivia en el 2003 y 2005,
o en Argentina en el 2001, estos tambaleos institucionales son de hecho el
resultado de la exasperación popular frente a un modelo económico y al abandono
de la clase dirigente. De esta forma se produjeron la “guerra del agua” y la
“guerra del gas” en Bolivia, y posteriormente la destitución del presidente
Sánchez de Lozada, llevadas a cabo por el movimiento indígena, campesino y
minero (ver el articulo de Hervé Do Alto). Al vincular automáticamente,
democracia y aceptación de las reglas del mercado, al negarse a cuestionar, de
fondo, el modelo neoliberal, estos análisis consideran como una “erosión de la
democracia” la destitución de regimenes corruptos o toda irrupción de las
movilizaciones colectivas en la lógica de apropiación privada de las riquezas
nacionales.
Ya
que para comprender esta ebullición sociopolítica, es necesario recordar que la
región es, por excelencia, la de los antagonismos de clase, de género,
socio-étnicas. Si ciertamente el subcontinente no es el más miserable de los
países del Sur, es sin lugar a dudas el más injusto (con casos extremos como
Brasil o Chile). La parte de las riquezas captada por el 10% de la población
más rica está en constante aumento desde los años 80 y sus ingresos son 34
veces superiores a los del 10% de los más pobres. Los gobiernos actuales se
muestran incapaces de luchar eficazmente contra este mal endémico: de 120
millones de personas que vivían bajo el nivel de pobreza en el año 1980, se ha
pasado a 225 millones en la actualidad (43% de la población), mientras que casi
100
22
Pnud, La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y
ciudadanos, 2004 en http://democracia.undp.org.
23
Es decir más de 16 homicidios por año, provocados por armas de fuego ligeras y
100.000 personas en promedio.
24
Flacso, La gobernabilidad en América Latina. Balance reciente y las tendencias
a futuro, 2005 en www.flacso.org/informesecretario.html.
25 J
P. Marthoz (dir.), Op. Cit.
26
Flacso, Op. Cit., p. 10.
millones
de estos viven con menos de un dólar por día. ¿Qué significa en este contexto
hablar de “gobernabilidad democrática” para un habitante de las favelas de Río
de Janeiro, para un haitiano cuyo ingreso promedio oficial es de 300 dólares
anuales, para los sin tierra del nordeste brasileño, para un indígena mapuche,
para la obrera de la maquiladora, el jornalero de una plantación en América
Central o para un niño de la calle boliviano?
Si
la observación puede parecer de una banalidad desoladora, esta debe llevarnos a
reflexionar sobre el fracaso total del modelo de desarrollo capitalista
“democrático-liberal” aplicado por las clases dirigentes latinoamericanas. Las
desigualdades son tales que constituyen un elemento importante, pero no el
único, de explicación de las resistencias continentales y del desplazamiento de
los electorados hacia la izquierda. “Si las frustraciones nacidas de la
democratización estrictamente formal del subcontinente, la pérdida de
legitimidad de las formas tradicionales de representación política y el
agotamiento de las recetas neoliberales no agotan la explicación de las causas
que, encadenadas, van a llevar a importantes sectores de la población
latinoamericana a movilizarse en las calles y en las urnas por el cambio, el
conjunto indica de todos modos un contexto común para prácticamente todos los
países de América Latina y favorable a la emergencia de manifestaciones de
insatisfacción”27.
Las
izquierdas latinoamericanas y el nuevo ciclo político regional
Desde
1998, y la elección de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela, esta dinámica
social se ha traducido en el plano
electoral a través de la multiplicación de poderes ejecutivos ganados por las
organizaciones políticas que se reivindican de la izquierda o de centro
izquierda. Destaquemos que esta etapa parece en parte confirmada por el “largo
ciclo electoral”, que se extendió desde noviembre 2005 a enero 2007, con una
serie de 12 elecciones presidenciales28. Recordemos que, además de la
reelección de Hugo Chávez en Venezuela, se observó -durante este periodo- la
reconducción en el gobierno del ex sindicalista Lula (Luís Inacio da Silva) en
Brasil, las elecciones de Tabaré Vásquez (líder del frente amplio uruguayo),
del líder campesino Evo Morales en Bolivia, la victoria y reelección de Rafael
Correa en Ecuador, Cristina Kirchner en Argentina (que sucede a su marido) y
para terminar, la victoria de Fernando Lugo en Paraguay. Esta tendencia se
confirmó después en Nicaragua (Victoria de Daniel Ortega en base a un
sandinismo “renovado”) y en Salvador (con el FMLN). En Honduras, el liberal
Zelaya conoció una evolución hacia el centro, se acercó al ALBA de Hugo Chávez
e implementó medidas de asistencia para los más pobres. Sin ninguna duda, si
podemos hablar de “viraje a la izquierda” es para observar que varias de estas
elecciones se oponen a la unanimidad de derecha o conservadora de los años 90,
mientras que las movilizaciones imponen al poder el dar una mayor importancia a
las desigualdades sociales y el “izquierdizar” su discurso (el caso de Kirchner
en Argentina es muy claro en este sentido – ver el artículo de Maristella
Svampa) sin embargo, no hay que olvidar que varios países importantes todavía
son gobernados por la derecha. Es el caso de México con Felipe Calderón, donde
las elecciones del 2006 tomaron un aspecto reaccionario: “Luego de haber apenas
ensayado procesos democráticos luego de décadas de régimen autoritario, en
México parece llegar la hora del quiebre temprano de las ilusiones democráticas,
con el fracaso incuestionable del autollamado gobierno del cambio de Vicente
Fox Quesada y de la restauración de los peores atributos y vicios del añejo
régimen identificado con el Partido Revolucionario Institucional (PRI),
pretendidamente derrotado en el 2000” (ver el artículo de Arturo Anguiano).
Perú confirma su anclaje derechista e represor en mano del aprista Alan Garcia
(aunque que formalmente pertenece a la segunda internacional…), es también el
caso en Panamá. Y el “rompecabezas colombiano” con la reelección de Uribe Vélez
(en el gobierno desde el 2002) ratifica “un empeoramiento de los rasgos
autoritarios del régimen político con el proyecto de “seguridad democrática”,
una intensificación de la guerra contra
27
B. Duterme (coord.), Mouvements et pouvoirs de gauche en Amérique latine.
Points de vue latino-américains, Editions Syllepse - Centre Tricontinental,
vol. XII, n° 2, Paris, 2005, p. 11.
28
Emir Sader, “El largo ciclo electoral latinoamericano”, Agência Carta Mayor,
diciembre 2006.
insurreccional
bajo la forma de una intervención acrecentada del imperialismo estadounidense y
una consolidación del proyecto económico neoliberal” (ver el artículo de Jairo
Estrada Álvarez). Por fin, hay que subrayar un hecho destacable del último
periodo: al favor de la crisis económica, el ciclo del “giro a la izquierda” no
aparece tan homogéneo, ni solidó o perenne como algunos lo pensaban. Sobre todo
cuando los gobiernos “progresistas” no rompen fundamentalmente con el
neoliberalismo, enuncian propuestas “alternativas” pero que se reducen a
discursos muy radicales, vacíos de contenido concreto y, al final, no tienen
gran capacidad/voluntad política de yugularlas las dramáticas consecuencias
sociales de la crisis para las clases populares. Hasta tal punto que algunos
observadores pronostican ya el fin del ciclo anterior (que había sido marcado
por levantamientos populares, gobiernos de centro-izquierda y crisis parcial de
la hegemonía neoliberal), hacia un periodo de repliegue, de desmovilización
diferenciada de los movimientos sociales y regreso de las derechas: “Las
derechas latinoamericanas han aprendido de errores y fracasos del pasado
reciente, están adecuando nuevas tácticas y preparan ofensivas que pretenden
retrotraer la situación del continente al periodo anterior a los triunfos
populares de comienzos de este siglo. Aspiran a instalar gobiernos
conservadores, quitar de enmedio algunos aspectos molestos para la dominación
de las elites y dejar el camino libre para cercar y aniquilar a sus verdaderos
enemigos: los movimientos sociales populares”29. Esto cuando se avecinan de
nuevo una impresionante sucesión de importantes elecciones municipales y
presidenciales (entre 2010 y 2012) en varios países de la región….
Un
dato esencial, más allá del campo electoral: de forma mayoritaria, ya sean de
derecha o izquierda, los últimos gobiernos elegidos se han mantenido en una
gestión económica respetuosa de la economía de mercado, de la propiedad privada
de los medios de producción y de los inversionistas y en continuidad con la
política de sus predecesores: no existe en la región de política audaz de
redistribución de riqueza, al contrario la acumulación de capital se concentra
cada vez más en manos de la elite. Por lo tanto es preciso, como lo hacen la
mayoría de los especialistas desde hace un tiempo, moderar la imagen del
“viraje a la izquierda” y discutir de qué izquierda estamos hablando30. No
obstante, un análisis general de los resultados confirma la erosión del campo
conservador, como así también la apertura relativa del espacio
político-electoral para los outsider. De esta forma, en el Perú Lourdes Flores
(dirigente del Partido Popular Cristiano) no logró pasar a la segunda vuelta
desplazada por el nacionalista Ollanta Humala. En términos de geografía
electoral, no es anodino que los votos de la izquierda se superpongan con las
zonas más desfavorecidas: es el caso en el Perú con el voto masivo para Humala
en los Andes; Lula en su segundo mandato fue ampliamente apoyado por el
miserable nordeste brasileño (que fue beneficiado por el programa de asistencia
“hambre cero”) y López Obrador, candidato social- demócrata desafortunado a la
presidencia mexicana, dobló sus votos en los estados indígenas y pobres del
Sur. Estos votos están más enraizados en los países donde la elección
presidencial ha sido el resultado de años de rebeliones populares. Candidatos
como el multimillonario Novoa en Ecuador fueron excluidos luego de las masivas
acciones anti-TLC; los Kirchner lograron captar las consecuencias de la inmensa
crisis de diciembre del 2001 y del “Que se vayan todos”; Evo Morales en Bolivia
es el producto puro del Movimiento al Socialismo (MAS) que se proclama
“instrumento político” y a la vez “movimiento social”. No existe una verdadera
homogeneidad en este proceso regional y es necesario hablar más bien de
diversos sobresaltos frente a un modelo hegemónico en crisis, con la aparición
de gobiernos de “izquierda”, que van desde el rosa deslavado a un
antiliberalismo reivindicado plenamente, desde una izquierda social-liberal a
fuerzas nacionalistas o antiimperialistas más radicales.
Así,
frente a esta diversidad, por qué no refutar la idea de que existirían sólo
“dos izquierdas”: una “moderna” o “reformista y social-liberal” (según los
puntos de vista) que acompaña el
29
R. Zibechi, “Progresismo y neoliberalismo”, La Jornada, 17 de julio de 2009.
30
Ver : « Amérique Latine, le tournant à gauche ? », revue Mouvements, La
Découverte, N°47-48, Paris, 2006 y
«
Amérique latine, en bas à gauche », Vacarme, N°35, Paris, 2006. Ver los libros
de Katz (2008), Jairo Estrada (2008) y Natanson (2008) citados en bibliografía.
neoliberalismo,
como en Chile, Costa Rica, Uruguay y Brasil, y otra “populista y arcaica” o
“radical antiimperialista”, encabezada por la Venezuela bolivariana, Ecuador y
Bolivia31. Marc Saint Upéry en una obra estimulante sobre “el sueño de Bolívar”
propone abandonar el mito de las “dos izquierdas” propugnando más bien la
lectura de las “mil izquierdas”: “no solamente éstas reflejan las diferentes
realidades nacionales, sino que éstas se manifiestan a menudo en el seno de un
mismo movimiento, de un mismo partido y de un mismo gobierno. Este carácter
proteiforme justifica a veces los diagnósticos más contradictorios, desde la
percepción de una ola revolucionaria en gestación hasta la constatación de una
normalización democrática hecha de pragmatismo y de moderación”32. En efecto,
es indispensable resistir a los espejismos del reduccionismo analítico y a la
tentación de un molde eurocéntrico erróneo, como el del sociólogo Alain
Touraine, que llega a la conclusión de una América Latina condenada a debatirse
entre el neoliberalismo y el populismo, ya que “incapaz de obtener lo que Gran
Bretaña y otros países, incluyendo los Estados Unidos y Francia, han podido
crear: algo que va mas allá de la democracia política, pero que no la destruye
y que incluso la fortalece, es decir una democracia social fundada en el
reconocimiento, por la ley y la negociación colectiva, de los derechos de los
trabajadores”33.
Según
el politólogo Steve Ellner, existirían tres grandes estrategias en el seno de
la izquierda latinoamericana y que atravesarían a las mismas organizaciones34.
La primera es la de la “tercera vía”, social liberal, cuyo horizonte ya no
sobrepasa el modelo económico capitalista existente. Esta opción actuó como un
canto de sirenas en la mayoría de los partidos de izquierda que llegaron al
gobierno en los últimos años. La segunda estrategia defiende la formación de
“frentes anti- neoliberales” y una táctica de acumulación de fuerzas por la vía
indirecta de los gobiernos locales (municipal, regional) y centrado en diversas
estrategias electorales. Es la idea que defienden varios partidos comunistas
latinoamericanos (y a nivel más teórico la socióloga Marta Harnecker) así como
por el Frente amplio uruguayo o el PT brasileño (cuando se encontraba en la
oposición). El objetivo anunciado es constituir un “bloque social” amplio, que
incluya además de los sectores populares, la pequeña y mediana burguesía35. Por
último, esta constituye la última estrategia, otros reivindican todavía la
finalidad del socialismo y una política rupturista, anticapitalista y
antiimperialista, que nace, antes de todo, de las luchas sociales. Esta
voluntad es compartida en Brasil por el novísimo Partido Socialismo y Libertad
(PSOL), que es dirigido por militantes excluidos del PT, por el Movimiento del
Pueblo y de los trabajadores (MPT) en Chile (una -todavía frágil- federación de
organizaciones políticas extra-parlamentarias) o por los militantes de Marea
Socialista en Venezuela (quienes integraron el Partido socialista unido del
presidente Chávez – PSUV) ; como así también en el resto del continente por una
multitud de militantes sociales, ecologistas, feministas, indígenas o
sindicalistas “clasistas”.
Indiscutiblemente,
los principales partidos institucionales de izquierda son, en la actualidad,
mayoritariamente centristas y han abandonado sus referencias revolucionarias o
marxistas. Desde 1990, varias organizaciones entraron en un claro proceso de social-liberalización,
lo que algunos considerarán como una demostración de madurez, desembocando
finalmente en Nicaragua en lo que es hoy en día el gobierno “sandinista” de
Daniel Ortega o la candidatura presidencial del ex-
31
Para ver la interpretación liberal y conservadora de las dos izquierdas: Jorge
Castañeda, « Latin America’s left turn », Foreign Affairs, New York, mayo-junio
2006 ; para ver un análisis marxista: François Sabado, « Lula et Chávez en
Amérique latine ; la polarisation », 10 marzo 2005 in
http://risal.collectifs.net/spip.php?article1280.
32
M. Saint-Upéry, Le rêve de Bolivar. Le défi des gauches sud-américaines, La
Découverte, Paris, 2007, p. 9 y p. 291- 297 (edición en español en editorial
Paidos – Madrid, 2008).
33
A. Touraine, “¿Entre Bachelet y Morales existe una izquierda en América
Latina?”, Envío, diciembre 2006 (in www.rebelion.org). Ver la respuesta de Raul
Zibechi: “El irresistible encanto de lo simple. Intelectuales del Norte
opinando
sobre el Sur”, ALAI, abril 2007 (in http://alainet.org).
34
S. Ellner, B. Carry, The Latin American left : from the fall of Allende to
Perestroika, Westview Press, 1993 y J. Petras, "La izquierda devuelve el
golpe", abril 1997 (in www.rebelion.org/petras/petrasindice.htm).
35
M. Harnecker, “Sobre la estrategia de la izquierda en América latina”, octubre
2004 (in
www.rebelion.org/docs/5771.pdf)izyqLuaierda
después de Seattle, Madrid, Siglo XXI, 2001.
guerrillero
José Mujica en Uruguay. Esta nueva vía ha encontrado su traducción lógica en el
“Foro de Sao Paulo”, que reagrupa a los partidos que se reconocen en esta
estrategia36. Uno de los paradigmas de este fenómeno -visible a escala
planetaria- son los 18 años de gobierno neoliberal de la “Concertación” en
Chile, tendencia ampliamente confirmada por el mandato de Michelle Bachelet y
orientación que condujo a la victoria de una derecha patronal agresiva en 2010
(ver nuestro artículo sobre este tema). Lo que Atilio Borón llama “la maldición
del posibilismo conservador”37 ha atacado incluso a uno de los partidos obreros
más importantes del planeta: el Partido de los Trabajadores brasileño (PT).
Presentado por Washington, durante un tiempo, como un peligroso activista
debido a su pasado de sindicalista anticapitalista, el presidente Lula se ha
convertido en el preferido de los medios financieros y del agronegocio. Al
parecer “la mosca azul del poder” que nos describe Michael Löwy, en su
artículo, logró exitosamente su trabajo de desgaste. Incontestablemente, esta
deriva es producto de una lenta transformación del PT, que se ha extendido por
más de 20 años, y si en este país continente, novena economía planetaria, la
izquierda se muestra incapaz de poner en marcha alternativas, no es demasiado
sorprendente apreciar que se repite el mismo escenario en otros pequeños
países. Fue el caso en Ecuador con Lucio Gutiérrez, que ilusionó al movimiento
indígena, hasta que fue depuesto por una rebelión de las capas medias empobrecidas:
al parecer el gobierno de Rafael Correo parece haber sacado lecciones de esta
experiencia, aunque no sin múltiples vacilaciones en cuanto al modelo de
desarrollo “extractivista” y minero (ver el artículo de Matthieu Le Quang). En
Argentina, los Kirchner, calificados a menudo de “centro-izquierda”,
desarrollaron una gestión conservadora disfrazada (ver el artículo de
Maristella Svampa). En Uruguay, el Frente Amplio ha mostrado signos agudos de
“lulización”, mientras que áreas esenciales como la reconquista del agua
potable, en tanto que bien público, han sido abandonadas poco a poco en
beneficio de las grandes multinacionales. Son estas constataciones las que
hicieron escribir a un periodista del Wall Street Journal, que si la izquierda
está nuevamente en ascenso en América Latina, es a menudo con “nuevos ropajes
conservadores”38. El ex presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti, afirma
claramente que “en lugar de un viraje hacia la izquierda, de hecho asistimos a
un desplazamiento laborioso, contradictorio, resignado, hacia el centro”39.
La
única forma de comprender a los gobiernos actuales es pasarlos por el tamiz de
la crítica con, más allá de los discursos, el único criterio de sus prácticas
reales. Es conveniente descifrar su base y composición social, su relación con
las clases dominantes y con el imperialismo. Según Immanuel Wallerstein,
actualmente existen tres cuestiones cruciales que permiten diferenciar a los
ejecutivos “progresistas”, además del carácter de su relación con Washington40.
Para comenzar, la cuestión de la reforma agraria y de la guerra al latifundio.
Como lo recuerda Hélène Roux en este libro, se trata de una importante
problemática en el momento actual de explosión del mercado de los
agrocombustibles, de una reactivación de las luchas campesinas y de la
necesidad de la puesta en marcha de políticas audaces que permitan la
participación de los productores en la organización de la producción y la
consolidación de la soberanía alimenticia. Enfrentado a la cuestión el gobierno
de Lula renegó de sus promesas de llevar acabo una distribución importante de
tierras. En consecuencia, el poderoso Movimiento de los Sin Tierra (MST) ha ido
tomando progresivamente sus distancias respecto al Partido de los Trabajadores,
renovando al mismo tiempo su voto a Lula, que es considerado como un mal menor
frente a una derecha arrogante. Segundo tema esencial, el control de los
recursos naturales (petróleo, gas, minas y también el agua y la biodiversidad)
y las relaciones con las empresas multinacionales. Las actuales políticas de
los gobiernos venezolanos, ecuatorianos y boliviano en estos ámbitos son mucho
más consecuentes que las de sus vecinos, pero
36
Encontramos entre otros a: los sandinistas, el FMLN, el PT de Brasil, el Frente
Amplio de Uruguay, la Causa R de Venezuela, el Partido Revolucionario
Democrático mexicano.
37
A. Borón, “La izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XXI”, OSAL, Nº
13, agosto 2004.
38
D. Luhnow, “Latin America’s left takes pragmatic tack”, Wall Street Journal, 3
febrero 2005.
39
Citado por JP Mathoz, Op. cit., p. 29.
40 I. Wallerstein, “How Has Latin America Moved Left?” diciembre 2006 in
http://www.alterinfos.org/spip.php?article708.
permaneciendo
al mismo tiempo conformes a la ley del mercado y bastantes moderadas con
respecto a las nacionalizaciones antiimperialistas de los años 70: todos estos
gobiernos practican nacionalizaciones con indemnizaciones al capital extranjero
o local. Por último, la cuestión de los derechos de los pueblos indígenas.
Efectivamente se puede constatar un nuevo “color del poder” en la región y
verdaderos avances democráticos en la materia, ya sea en el plano institucional
o del status social. Gracias a movimientos pioneros como la confederación de
naciones indígenas de Ecuador (CONAIE), las relaciones coloniales y
etnosociales tradicionales han sido cuestionadas en beneficio de una
dignificación y el reconocimiento del rol protagónico de los pueblos indígenas
por parte del Estado41. En este caso, basta con comparar la criminalización
sistemática de las luchas del pueblo mapuche llevada a cabo por la “socialista”
Bachelet, las dificultades de la izquierda mexicana para entenderse con los
zapatistas o los avances históricos en Bolivia, Venezuela y Ecuador, para
entender la diversidad relativa de las izquierdas en el gobierno. Otro factor
que hay que tomar en cuenta es la relación con las luchas sociales, tema que
veremos más adelante, pero no cabe duda que en estos tres últimos países la
adopción de nuevas constituciones en base a asambleas constituyentes
democráticas (tema también en discusión en Honduras), abiertas a los
movimientos sociales, la politización, el “empowerment” (empoderamiento) y la
institucionalización de nuevas formas de participación popular son conquistas
mayores en el contexto de la mundialización neoliberal autoritaria y después de
la larga noche de las dictaduras.
Una
vez hecho este breve análisis, y si queremos esquematizar un poco, se evidencia
la existencia de tres variantes de gobiernos latinoamericanos en este inicio de
siglo XXI. Al lado de la alternativa conservadora neoliberal y
pro-estadounidense defendida por Uribe en Colombia, encontramos un segundo tipo
de gobiernos que no coinciden plenamente con los Estados Unidos (como Brasil,
Uruguay y Argentina) que defienden algunas posiciones de autonomía parcial de
su burguesía local y están más bien orientados hacia la centro-izquierda y que
podemos calificar de socio-liberales. Y finalmente, un último bloque aparece,
que oscila entre progresismo radical, neo-desarrollismo y reformas
plurinacionales, con poderes que se oponen en múltiples puntos pero parcialmente
al imperialismo y a importantes sectores de la oligarquía local y,
característica fundamental, que están conferidos de importantes niveles de
participación popular, fomentando la movilización del pueblo (esencialmente
Venezuela, Ecuador y Bolivia42). Sin embargo, entre estas tres variantes de
regímenes, las posiciones de los gobiernos frente a diversos temas puede
fluctuar en función de la relación de fuerzas a nivel internacional e interna:
el gobierno chileno o peruano aparecen sobre varios aspectos más cercanos al
primer grupo que del segundo, el gobierno de Evo Morales a veces tiende a
acercarse más al centro izquierda que al nacionalismo radical o el gobierno
bolivariano respecto a la deuda externa es más conservador que la
administración de Rafael Correa y su anti- imperialismo de acomoda de
importantes acuerdos con grandes multinacionales petroleras. Por otra parte,
frente a las presiones externas e internas, podemos ver tensiones que es
expresan entre la voluntad de cambio social “desde abajo”, de creación de poder
popular constituyente y las tentaciones por parte de los gobiernos progresistas
de canalizar los luchas según los ritmos de su propia agenda institucional, sin
romper con el modelo económico heredado. Incluso, en el ultimo periodo, se ha
asistido a una oposición creciente entre movimientos indígenas y gobiernos
progresistas en torno al modelo de desarrollo y a la explotación de recursos
naturales (como es el caso en Bolivia y Ecuador).
Luchas
sociales, regreso de las utopías emancipadoras y “socialismo del siglo XXI”43.
41
M. Saint-Upéry, Op. Cit., pp. 191-248.
42
Ver « Luttes sociales et perspective politiques en Amérique latine » in «
L'Amérique latine en lutte. Hier et
aujourd'hui
», Actuel Marx, PUF, N°42, Paris, 2007, pp. 10-24 y C. Katz, « Gobiernos y
regímenes en América Latina », 23 marzo 2007 in
http://lahaine.org/index.php?p=21498.
43
Esta parte retoma algunas ideas expuestas en: F. Gaudichaud, “El volcán
latinoamericano. Apuntes y realidades de las izquierdas al sur del río Bravo”,
agosto 2005 in http://rebelion.org/noticia.php?id=20451
Desde
la caída del muro de Berlín, el derrumbe de la mayoría de los regímenes
comunistas autoritarios y el fracaso de varias experiencias revolucionarias,
varios políticos e intelectuales incluso enterraron la idea de una posible
transformación radical de las sociedades latinoamericanas, para ellos el
horizonte de la democracia liberal se habría convertido en algo infranqueable.
Sin embargo, el mismo año en que Jorge Castañeda publicaba su obra “La utopía
desarmada44”, el grito
¡ya
basta!” de los neozapatistas de Chiapas resonaba en la selva lacandona,
anunciando su oposición a la integración
neoliberal del ALENA y apostaban por una renovación de las resistencias que
debía conjugar democracia social y política, igualdad y diversidad con el fin
de construir “un mundo donde quepan todos los mundos”. Se trata, según las
palabras del subcomandante Marcos, de rechazar la uniformidad de la
mercantilización globalizada, respetar las identidades indígenas, sin olvidar
el internacionalismo45. Sobre la marcha, la región se convirtió en un faro
del movimiento altermundialista con la
organización de los primeros Foros Sociales Mundiales, contra cumbres que se
alzan frente a los poderosos del foro económico de Davos46. Nuevamente América
Latina pone en marcha varios laboratorios de experiencias democráticas,
esencialmente a nivel local, desde comedores populares autogestionados,
empresas bajo control obrero hasta ensayos parciales de presupuesto participativo
municipal (particularmente en Porto Alegre). Retomando la esperanzadora
expresión de Pierre Mouterde, para una parte de los militantes latinoamericanos
“la utopía no se deja vencer” y el fin de la historia no será mañana. Existen
en la actualidad importantes movimientos que se abocan, contra viento y marea,
a reinventar lo posible e insisten sobre el hecho que sólo las batallas
perdidas por adelantado son las que no se dan47… No obstante, en este caso
también hay que cuidarse de las falsas apariencias, ya que las diferentes caras
del autoritarismo latinoamericano siguen estando presentes: bajo la forma de
una criminalización de los movimientos sociales (por ejemplo el sindicalismo en
Colombia o los indígenas de la amazonia peruana), de una profundización del
paradigma neoliberal en algunos países (América Central), una tendencia al
cierre del espacio publico en nombre de la “seguridad ciudadana” (Chile y
México entre otros) y a través de una militarización de múltiples territorios o
practica de terrorismo de Estado (en Oaxaca o Atenco en México, en Colombia, en
el sur chileno en contra de los Mapuche, en las maquiladoras y diariamente en
toda la región para reprimir las practicas huelguistas de los trabajadores
urbanos o las marchas estudiantiles, etc.). Estas limitaciones no han logrado
impedir la expresión de radicalidad de las movilizaciones colectivas, lo que,
combinado a los llamados al “socialismo del siglo XXI” hechos por dirigentes
como Hugo Chávez, inquietan de manera particular a las elites locales y al
mismo tiempo a Washington.
Las
grandes revueltas populares en Argentina, Ecuador, Bolivia y Panamá, la
inestabilidad crónica de los gobiernos neoliberales, la multiplicación de las
luchas contra las privatizaciones, contra la degradación del medioambiente,
contra la expansión de las transnacionales o los TLC, los medios de
comunicación comunitarios venezolanos, el Movimiento de los Sin Tierra en
Brasil o la rica historia de los Consejos de buen gobierno zapatistas (los
“caracoles”) han abierto una larga onda de luchas de clase48. Es interesante
observar que este despertar es común al conjunto de los países del Sur y que
este acompaña una dinamización de las sociedades civiles a nivel mundial49. En
Latinoamérica es un verdadero mar de fondo que se ha extendido sobre la región:
un verdadero “movimiento de movimientos” y de forma particular bajo la forma de
“nuevos movimientos sociales”. Entre estos actores hay que considerar al
movimiento feminista, que busca reorganizarse luego de un periodo de fuerte
crecimiento e institucionalización. “Es un hecho que el endurecimiento y la
reorganización de las relaciones sociales de sexo, de “raza” y de clase,
obligan
44
J. Castañeda, Utopia Unarmed, Vintage Books, 1994.
45
Gloria Muñoz Ramírez, EZLN: el fuego y la palabra, Tinta y Limón ediciones,
Argentina, 2004.
46
Sobre la historia de los foros sociales mundiales: C. Whitaker, El desafío del
Foro Social Mundial: un modo de ver, Icaria editorial, Barcelona, 2006.
47
P. Mouterde, Quand l’utopie ne désarme pas, Ecosociété, Montréal, 2002.
48
Ver los trabajos del Observatorio Social de América Latina:
www.clacso.org.ar/difusion/secciones/osal.
49
F. Polet (coord.), Etat des résistances dans le Sud – 2008, Editions Syllepse -
Centre Tricontinental, vol. XIV, n° 4, Paris, 2007.
a
profundizar continuamente el análisis y a proponer nuevas estrategias de
organización. Las reflexiones y las luchas de muchas latinoamericanas y
caribeñas, a pesar de las dificultades que deben afrontar, son particularmente
útiles para analizar la mundialización neoliberal y contemplar alternativas
radicales” (ver artículo de la socióloga Jules Falquet). Otro agente colectivo
que se ha convertido en ineludible: el movimiento indígena. La historia social
de América Latina de estos últimos 20 años ha estado marcada por la emergencia
y la persistencia de las movilizaciones indígenas en el primer plano del
escenario sociopolítico de la región. Según el texto de Bernard Duterme: “los
nuevos actores contestatarios indígenas reivindican una democratización profunda
(descolonización) de los Estados y estigmatizan el sistema económico dominante.
Si la justicia social sigue siendo la finalidad última, a partir de ahora, su
búsqueda se fundamenta en la responsabilización del poder, el reconocimiento de
las diversidades y la revalorización de la participación. Estos movimientos
manifiestan, por parte de la gente que les da vida, una voluntad de
emancipación, de apropiación y de manejo de la modernidad”.
Con
este libro colectivo, invitamos al lector a intentar comprender estas fuerzas
que han emergido y que han hecho nacer una crítica renovada del capitalismo,
como así también, nuevas formas de organización. De hecho, los repertorios de
acción colectiva utilizados son particularmente interesantes, con un énfasis
especial sobre la autonomía, la horizontalidad y a veces la autogestión y la
auto-organización. Podemos tomar el ejemplo de las organizaciones barriales de
El Alto en las alturas de la capital boliviana, La Paz50, la increíble
combatividad de la comuna de Oaxaca en México o la de múltiples Consejos
Comunales de Caracas, que llaman a un reforzamiento del “poder popular” y al
“mandar obedeciendo”, negándose, al mismo tiempo, al control burocrático de sus
actividades por parte del Estado. Citemos también la enorme cantidad de
cooperativas de producción o incluso la centena de empresas recuperadas por sus
trabajadores en una decena de países: la empresa de aluminio ALCASA o la
siderúrgica SIDOR en Venezuela o la fábrica de cerámicas Zanon en Argentina.
Ésta última ha sobrepasado los límites de la cogestión impulsando el control obrero, la estatización en
paralelo a la multiplicación de las formas de participación con la comunidad de
la provincia de Neuquén51.
No
obstante, para nosotros, la idea de un movimiento social ideal y completamente
nuevo, es remota. En primer lugar porque los diferentes procesos de
movilización están atravesados por múltiples divisiones, ya sea en sus lógicas
y sus resultados. Incluso algunos se orientan más bien hacia el corporativismo
y el clientelismo que hacia el progresismo. En la mayoría de los casos las
posiciones “antisistémicas” son, por otro lado, minoritarias52. Y cuando estas
logran llegar a niveles de movilización histórica, son frecuentemente empujadas
al fracaso por las instituciones: en Costa Rica, a pesar de un movimiento
ciudadano sin precedentes, el referendo de octubre 2007 logró una mínima
mayoría a favor de un desastroso tratado de libre comercio de América Central
(CAFTA). Ya que esta dinámica es el resultado de una articulación entre un
pasado de movilizaciones (esencialmente las del movimiento sindical en crisis)
y un presente, donde el origen común de las resistencias es, como lo fue ayer
“el conflicto directo e indirecto, con la materialidad de las relaciones de
poder y dominación53”. Por último, a contrapelo de las teorías
“movimientistas”, una de las interrogantes que se plantea (no siempre asumida)
sigue siendo la de las relaciones, algunas veces conflictivas, entre el espacio
de los movimientos sociales y el campo político. Evidentemente este vínculo
plantea el problema de la cooptación política de los movimientos, el del
acompañamiento consciente o inconsciente, el de las agendas institucionales y
gubernamentales
50
Sobre este tema ver el excelente estudio de terreno: Franck Poupeau, Carnets
boliviens (1999-2007). Un goût de poussière, éditions Aux lieux d'être, Paris,
2008.
51Fernando
Aiziczon, Zanón. Una experiencia de lucha obrera, Ediciones Herramienta y
Editorial El Fracaso, Buenos Aires, 2009.
52
Según Immanuel Wallerstein, “un movimiento es antisistémico porque constata que
ni la libertad ni la igualdad pueden ser una realidad en el sistema existente y
que es necesario transformar el mundo para que estas lo sean” (Le
Grand
tumulte ? Les mouvements sociaux dans l’économie-monde, Paris, La Découverte,
1991, p. 36).
53
Hernán Ouviña en Mouvements et pouvoirs de gauche en Amérique latine, Op. Cit.
(Cf.
Las relaciones ambiguas del gobierno brasileño con los militantes del PT
provenientes del movimiento social). En un continente donde la historia está
marcada a fuego por los caudillismos, los caciquismos y otros “populismos”,
esta reflexión sigue siendo vigente. En este sentido, reflexionar sobre el
populismo y el “neopopulismo” significaría entrar en el debate, inacabado por
cierto, de su definición. Ya que, según los diversos autores, en esta
definición caben gobiernos radicalmente diferentes como el de Hugo Chávez, el
de Lula o el de Álvaro Uribe. Sólo podemos constatar que este adjetivo es
utilizado sobretodo en los medios de comunicación dominantes y en los medios
académicos como una palabra “mágica” o un nuevo “demonio”, destinado a
desacreditar, a través de un escaso esfuerzo intelectual, todo lo que pudiese
menoscabar el orden establecido o lo que pueda significar un cierto grado de
radicalidad política. Marc Saint Upéry, frente a la confusión que rodea esta
noción, ¡incluso ha llamado a una moratoria internacional para la palabra
“populismo”!. Otros autores, al contrario, la reivindican bajo una perspectiva
más bien positiva frente a los tormentos del neoliberalismo. Es el caso del
politólogo Ernest Laclau, para quien la “razón populista” pondría en juego “el
verdadero desafío para el futuro democrático de las sociedades
latinoamericanas: crear Estados viables, que pueden serlo sólo si el momento
vertical y el momento horizontal de la política llegan a un cierto punto de
integración y equilibrio”. Al contrario de numerosas opiniones, Laclau piensa
que la ruptura populista puede significar también democratización, cuando esta
permite el reemplazo de “la canalización puramente individual de las demandas
sociales” (según él, el caso del proceso venezolano). Sin embargo, una
interrogante legítima es “saber si no hay un momento de tensión entre el
momento de la participación popular y el momento del líder, si el predominio de
este último no puede llevar a la limitación de la primera54”. Además, en un contexto
regional donde la tradición presidencialista de los regimenes se refuerza, el
elogio al populismo evacua la interrogante sobre el respeto de la autonomía de
los movimientos sociales y se reivindica de la noción que dice todo y nada de
“pueblo”, que diluye los antagonismos sociales en curso, pero “explicitar el
universo de clase es vital en la actual coyuntura latinoamericana porque los
diferentes proyectos que están en debate, el neoliberal, neodesarrollista y
radical antiimperialista, expresan intereses de clase que deben ser aclarados.
Cada una de estas ideas sostienen proyectos muy diferentes de renovación de las
plutocracias actuales o de construcción de un nuevo sistema político55”.
La
última parte de este libro invita precisamente a reflexionar sobre las
alternativas posibles en el momento donde la cuestión estratégica del
“socialismo del siglo XXI” se encuentra nuevamente en discusión y donde los
intelectuales orgánicos del neoliberalismo ya no gozan de una dominación casi
absoluta de las mentes. Tanto la crisis electoral mexicana como la insurrección
argentina del 2001, han confirmado que, ni la rebelión sin proyecto político,
ni la simple táctica electoral han sabido constituirse en una respuesta a los
desafíos neoliberales. De ahí la importancia de los debates en torno a la
problemática del “poder”. Algunos integrantes de la izquierda social,
inspirados por el neozapatismo, las teorías de Tony Negri y en parte por el
movimiento altermundialista, piensan que se puede “cambiar el mundo sin tomar
el poder”. Es también lo que proclama el intelectual inglés John Holloway56.
Privilegiando los contra-poderes provenientes de la sociedad civil y rechazando
toda forma de delegación, de pertenencia partidaria o de participación
institucional, esta teoría genera polémica. Si bien es cierto que se trata de
una reacción comprensible contra las actitudes a menudo verticalistas o
autoritarias de los partidos tradicionales. Pero, ¿cómo se puede pretender
cambiar el mundo sin organizarse políticamente y eludiendo la cuestión crucial
del Estado? Si bien existe de forma clara y evidente una distancia entre el
campo de lo político y el espacio de los movimientos sociales, precisamente,
¿no sería la articulación entre los dos que estimularía la edificación de
alternativas? Por cierto, luego de veinte años de construcción de una autonomía
54
Ernesto Laclau, “La deriva populista y la centroizquierda latinoamericana” in
Nueva Sociedad, Nº 205, Caracas, septiembre/octubre 2006 in
http://www.nuso.org/upload/articulos/3381_1.pdf. Ver también: La razón
populista, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005.
55
C. Katz, “Estrategias socialistas en América Latina”, Revista Viento Sur, N°
94, España, enero 2007.
56
J. Holloway, Cambiar el mundo sin tomar el poder, Viejo Topo, Madrid, 2002.
indígena
ejemplar, pero también frente al aislamiento y a la represión del poder
central, la Sexta declaración del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional
(2005) reconoce la necesidad de una unión de los indígenas “con los
trabajadores de las ciudades y del campo” y llaman a la elaboración “de un
programa nacional de lucha, claramente a izquierda, verdaderamente
anticapitalista y verdaderamente antiliberal”.
En
esta discusión, que en el momento actual es continental, la revolución cubana
sigue siendo un símbolo incontestable frente a los ojos de muchos
latinoamericanos, ya que el régimen cubano ha sido, durante decenios, el único
poder que ha continuado reivindicando el socialismo y que ha conservado una
herencia que hoy en día renace. No obstante, las realidades del socialismo en
la isla parecen bien lejanas del ideal inicial, y la necesidad de reinventar la
democracia conservando al mismo tiempo las conquistas sociales es urgente (Cf.
artículo de Janette Habel). En cuanto al proceso bolivariano venezolano, este
ha ido acumulando originalidades: “al principio de su gobierno, Chávez hablaba
de la necesidad de combatir el “neoliberalismo salvaje” y de construir un
capitalismo humano; una “tercera vía venezolana”, como solución a la profunda
crisis socioeconómica que atravesaba el país. Sin embargo la fuerte reacción
provocada por las medidas de su gobierno al interior de la burguesía nacional y
de sus aliados en los Estados Unidos radicalizó el proceso venezolano a tal
punto que a inicios del 2005, Chávez expreso su rechazo del capitalismo como
modelo para Venezuela y habló de la necesidad de crear un “socialismo del siglo
XXI” (artículo de Edgardo Lander y Pablo Navarrete). A falta de un poderoso
movimiento obrero organizado, el presidente de Venezuela se ha apoyado en
algunos sectores de las Fuerzas Armadas y una fracción de las clases pobres. A
pesar de las maniobras de Washington, el gobierno ha acumulado los triunfos
electorales y un programa de urgencia social que ha dado sus frutos. No
obstante, el fracaso del referendo del 2 de diciembre del 2007, las tendencias
“bonapartistas” o de hiper-leadership del chavismo, la entropía burocrática del
Estado venezolano permiten constatar que el pueblo dio prueba de autonomía y
capacidad para manifestar, a través de la abstención, “hacer sonar la alarma,
sin por ello pasar a la oposición o poner en peligro el proyecto de cambios”
(idem). En Ecuador y Bolivia, los procesos constituyentes de 2007-2008
permitieron hacer avanzar la democratización en curso, a pesar de las
dificultades como la polarización social y la presencia de oligarquías listas
para fomentar la secesión territorial y etnosocial. Hervé Do Alto, gracias a un
largo trabajo de terreno, nos explica esta ardua refundación de Bolivia y la
aparición de una compleja arquitectura del poder, “entre participación y
caudillismo”.
Como
en Ecuador o en Venezuela, estos procesos están confrontados a opciones
contradictorias y algunos autores hablan de proceso en “disputa”. Para resumir:
la primera opción, neodesarrollista, postula una especie de keynesianismo
latinoamericano actualizado, proyectos nacional-populares y formas de
capitalismo de Estado (llamado “capitalismo amazónico-andino” por el
vicepresidente boliviano Álvaro García Linera) como una reanudación con las
antiguas perspectivas “etapistas” de la izquierda latinoamericana57. La
segunda, de un socialismo democrático, llama a dar la prioridad al movimiento
popular en la definición de las políticas económicas y sociales,
radicalizándose en un proceso anticapitalista permanente, producto de la
movilización desde la base, donde se intentan experiencias de redistribución
real del ingreso (no sólo de las rentas o políticas asistencialistas), de
representación institucional democrática combinada con órganos de decisión
popular directa, de expropiación-socialización de los principales medios de
producción, distribución y de comunicación, etc. : es decir la construcción de
un poscapitalismo para el siglo XXI58. Esta ruptura, en América Latina, podría
-tal vez- inspirarse de las enseñazas de Mariategui y orientarse tanto hacia el
“buen vivir” indígena como hacia el socialismo dentro de proyectos endógenos
sustentables, es decir “ecosocialista” e “indo-americano”.
57
La teoría “etapista”, defendida por los partidos comunistas, postulaba el
desarrollo de una revolución por etapas, con una primera fase de alianza con la
(mal) llamada “burguesía nacional” y el desarrollo del capitalismo, que luego
conduciría hacia una etapa socialista.
58
Claudio Katz, El porvenir del socialismo, Imago Mundi /Herramienta, Buenos
Aires, 2004.
Estos
vaivenes, esta disputa, se ven en la radicalidad de los discursos de las
izquierdas, no siempre en relación con la práctica concreta de los gobiernos,
muy pragmática; se ven también en las demandas y las críticas de múltiples
colectivos militantes, sean políticos o sociales que nutren estos procesos de
cambios. En los años 60 y 70, en América Latina, se hablaba de “revolución”, de
“huelga general insurreccional”, de “cambios estructurales” o de “guerra
popular prolongada”. En estas últimas décadas cambiaron el panorama mundial y
cambiaron las izquierdas. Actualmente, no hay procesos revolucionarios stricto
sensu en la región (con experiencias de poder dual), pero lucha prolongada por
la hegemonía: se abrieron nuevos caminos para el cambio social y por eso es,
sin lugar a duda, muy útil tener una lectura gramsciana de la época, como lo
hace Massimo Modonesi59. Existen
interesantes tentativas democratizadoras (de corte nacional-popular) que
todavía se inscriben dentro de la economía dependiente de mercado y coyunturas
políticas- institucionales abiertas a la expresión y a las reivindicaciones de
la movilización popular. Lo que llama la atención de este periodo es sobre todo
este ímpetu vital hacia una descolonialidad del poder, hacia una construcción
post-colonial y hacia un multiculturalismo integrador, después de más de 500
años de dominación y explotación de los pueblos originarios. Este movimiento es
esencial para pensar una ruptura con el modelo capitalista-productivista
occidental (ver el llamado de los movimientos sociales en la tercera parte).
Como lo dijo Evo Morales en Leganés (España - septiembre 2009), en Bolivia
donde esta tentativa es la más honda, se vive “una lucha permanente por la
igualdad entre indígenas y mestizos y criollos en aquellos tiempos, por una
nueva forma de vida, de igualdad en la dignidad, pero también una lucha
permanente por el respeto a nuestros derechos, el derecho sobre todo de los
pueblos indígenas, el sector más vilipendiado de la historia boliviana y la
historia de Latinoamérica” y eso representa “una dura resistencia, una rebelión
a un Estado colonial, una rebelión de los pueblos contra el saqueo de nuestros
recursos naturales, una rebelión permanente contra las formas de sometimiento.
Y esas luchas, quiero decirles, hermanas y hermanos de Bolivia, no han sido en
vano, de una lucha sindical, de una lucha social, de una lucha comunal pasamos
a una lucha electoral”.
Pero,
el tiempo en política no es extensible ad eternum y en esta “guerra de
posición” (Gramsci), las clases dominantes tienen muchos recursos… Como lo
constata Raúl Zibechi, con la crisis económica mundial y el peso del
social-liberalismo en la región, los movimientos sociales están cada vez más a
la defensiva, después de años de ofensiva: “La debilidad por la que atraviesan
los movimientos no permite concluir que ahora sean los gobiernos la punta de
lanza contra el neoliberalismo o los hacedores del cambio social. Es cierto que
el progresismo ha reforzado el papel del Estado en la economía, frenó las
privatizaciones cuando ya queda poco por privatizar, promueve políticas
sociales más ambiciosas y busca regular algunos aspectos de la actividad
económica. Pero en modo alguno puede decirse que se esté procesando una ruptura
con el modelo, quizá con la excepción de Bolivia. Pese a estos cambios, la
"acumulación por desposesión", que es el núcleo del neoliberalismo,
sigue intacta como lo demuestran la creciente concentración de riqueza y la
depredación del medio ambiente. Será imposible salir del modelo sin mediar una
profunda crisis política, ya que las fuerzas interesadas en mantenerlo han
acumulado mucho poder material y mediático y cuentan con amplios apoyos
sociales que abarcan capas nada despreciables de los asalariados”60.
Este
dilema sobre las alternativas posibles tiene numerosas implicaciones en
términos de geopolítica regional. Con el previo rechazo del ALCA (Área de libre
Comercio de las Américas) y por lo tanto del proyecto de competencia neoliberal
bajo la égida de los Estados Unidos, la discusión sobre la integración
latinoamericana encuentra un notable auge. La nueva situación
59
M. Modonesi, “Crisis hegemónica y movimientos antagonistas en América Latina”,
Rebelión, septiembre 2008, www.rebelion.org/noticia.php?id=73350.
60
R. Zibechi, « Los ciclos de los movimientos sociales”, ALAI, marzo 2009,
http://alainet.org/active/29286&lang=es.
sociopolítica
ha dado nacimiento a un eje Caracas – La Habana – La Paz, al mismo tiempo que
se acentúan las líneas de fracturas políticas en toda América Latina. En
diciembre 2004, Fidel Castro y Hugo
Chávez firmaron un acuerdo que promueve un importante intercambio de recursos
entre los dos países. Este acuerdo se inscribe en el marco de la “Alternativa
Bolivariana para las Américas” (ALBA), destinada a extenderse hacia otros
países. Esta política internacional no solamente da una bocanada de oxigeno al
pueblo cubano. Venezuela, con un liderazgo en incremento y gracias a una
petro-diplomacia ofensiva, intenta de esta forma tomar su distancia con los
Estados Unidos, establecer lazos de Sur a Sur (en especial con Brasil y
Argentina) y favorecer el gran sueño bolivariano de una integración
latinoamericana. Es lo que detalla el investigador Thomas Fritz, quien recuerda
que el alejamiento del dogma neoliberal se confirma también por los “Tratados
de comercio de los Pueblos”, introducidos por Bolivia. Sin embargo, si bien
este último país y Venezuela han rechazado los tratados de libre comercio con
los EE.UU., estos dos países negocian, al mismo tiempo, con la Unión Europea
(en el marco de su pertenencia a la CAN y el MERCOSUR) tratados, en los cuales
los principios de competencia están en abierta contradicción con las ideas del
ALBA. Podemos percibir las tensiones al momento de fundar un gran Banco del
Sur. Eric Toussaint, reconocido especialista de la cuestión, señala que en un
primer momento “la relativa abundancia de reservas de intercambio de las que
disponen los gobiernos de la región y el impasse en la utilización actual de
estas, benefició al presidente Hugo Chávez, quien proponía desde 2006 la creación de un Banco del Sur”.
En febrero 2007, Argentina y Venezuela anunciaron el lanzamiento de este
organismo financiero de nuevo tipo. Rápidamente se les aliaron Bolivia,
Ecuador, Paraguay, Brasil, Bolivia, y en un corto plazo, Uruguay. Esta banca
tendrá por función financiar el desarrollo en la región, prescindir del FMI
creando un fondo monetario de estabilización y tal vez, una moneda única,
herramientas esenciales para enfrentar la crisis. Pero, por el momento, con el peso del Brasil, el
proyecto parece más cercano a la óptica del Mercado Común del Sur que del ALBA
(por cierto, la iniciativa no incluye a Cuba). Esto a pesar de que el problema
de la deuda pública parece lejos de estar resuelto.
Finalmente,
el panorama de esta América Latina en movimiento nos devela todo un abanico de
enriquecedoras experiencias de lo “posible”, pero a la vez salpicadas de
tropiezos y contradicciones. Chico Whitaker, cofundador del Foro Social
Mundial, insiste sobre la riqueza de la ebullición colectiva que atraviesa al
subcontinente, pero también sobre el camino que queda por recorrer: “estas
iniciativas, que componen un mosaico abigarrado de muestras de lo que podría
ser la sociedad por la que luchamos, todavía no han adquirido una visibilidad o
un peso suficiente en la sociedad. Vistas en su conjunto, estas no son
suficientemente conocidas por la mayoría, a la cual no tocan directamente y que
no logra creer que otro mundo es posible”61. El objetivo de este libro
colectivo es, precisamente, otorgar al público un acercamiento claro y
sintético del estado de las resistencias al neoliberalismo en América Latina,
pero también una explicación de los principales desafíos actuales e igualmente
elementos de reflexión sobre la construcción de alternativas posibles al
capitalismo neoliberal. Así, se trata de dar la palabra a universitarios e
intelectuales “críticos”, provenientes de diversos campos científicos y
corrientes de pensamiento, ya sea latinoamericanos, europeos o estadounidenses.
El lector encontrará en las siguientes páginas el análisis de veinte autores de
diez nacionalidades diferentes y que viven de los dos lados del Atlántico. En
este conjunto pluridisciplinario, hemos deseado combinar lecturas transversales,
continentales con enfoques país por país, acompañados de una orientación
bibliográfica “para poder ir más allá”. De esta forma nos proponemos pensar
colectivamente a América Latina en este inicio del siglo XXI, con la ambición
de ayudar a comprender el presente y descifrar los procesos sociales y
políticos que se avecinan.
(Grenoble,
Francia, 2009)
61
Entrevista con Chico Whitaker, Contretemps, Textuel, N° 10, Paris, 2004, p.
191.
Para
comprender mejor la América Latina actual:
• ALAI, América Latina: Riqueza privada, pobreza
pública, Quito, enero 2009 ( http://alainet.org/publica/riqueza/).
• Broederlijk Denle, ALAI, Territorios y recursos
naturales: el saqueo versus el buen vivir,
2008,
Quito (http://alainet.org/publica/rrnn/).
• Claudio Katz, Las disyuntivas de las
izquierdas, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008
• José Natanson, La Nueva Izquierda, Debate,
Madrid, 2008.
• Marc Saint-Upéry, El sueño de Bolívar: el
desafío de las izquierdas sudamericanas, Paidós, Barcelona, 2008.
• Emir Sader (dir.), Enciclopedia Contemporánea
de América Latina y el Caribe, AKAL / CLACSO, Madrid, 2009
• José Seoane (coord.), Movimientos sociales y
conflictos en América Latina, CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales, Programa OSAL, Buenos Aires, 2003.
• Jairo Estrada Álvarez (Comp.), Izquierda y
socialismo en América Latina, Marx Vive, Universidad Nacional de Colombia,
2008, (www.espaciocritico.com).
• Agencia de información Fray Tito para América
Latina (ADITAL) : www.adital.com.br
• América Latina en Movimiento (ALAI -
multilingüe) : http://alainet.org
• Difusión de información sobre América Latina
(Dial / Alterinfo) : www.alterinfos.org
• Observatorio Social de América Latina (OSAL) :
www.clacso.org.ar/difusion/secciones/osal
• Observatorio Político de América Latina y el
Caribes (OPALC – Multilingüe) : www.opalc.org
• Portal de información sobre América Latina.
Proyecto del Gran Instituto Teresa Lozano de Estudios Latinoamericanos de la
Universidad de Texas (multilingue): http://lanic.utexas.edu
• Rebelión, sitio de información alternativa:
www.rebelion.org
• Red de información y de investigación sobre
América Latina (REDIAL-multilingüe): www.reseau-amerique-latine.fr
• Sección “América Latina” de la revista Contretemps (en francés):
http://contretemps.eu/amerique-latine
Primera parte
¿La “Patria Grande”?
Acercamiento
problemático continental
Las
nuevas formas del Imperio
Estados
Unidos y América Latina en tiempos de Obama
por
James Petras
Traducción
del inglés (usamericano) por Manuel Talens
El
escritor usamericano James Petras es profesor emérito jubilado de Sociología en
la Binghamton University, (Nueva York). Entre los temas de su producción
intelectual, especializada en la problemática latinoamericana, se destacan tres
temas: el imperialismo, el repliegue de los intelectuales críticos, y las
contradicciones del socialismo de mercado. Petras es autor de numerosos libros,
entre los cuales: Social Movements and State Power: Argentina, Brazil, Bolivia,
Ecuador (con Henry Veltmeyer), Pluto Press, 2005 y The Rulers and the Ruled in
the US Empire, Clarity Press, 2007.
El
escritor y traductor español Manuel Talens es miembro de Tlaxcala.es, la red de
traductores por la diversidad lingüística, y del colectivo de Rebelión.org.
Introducción
Uno
de los aspectos más sorprendentes de las relaciones contemporáneas entre
Usamérica y Latinoamérica es la profunda divergencia que existe entre, por un
lado, las esperanzas, las expectativas y la positiva imagen que de sí mismo
ofrece el gobierno de Obama y, por el otro, las políticas, estrategias y
prácticas que lleva a cabo en el mundo real. Muchos de los comentaristas
usamericanos y no pocos escritores latinoamericanos han decidido ignorar los
rasgos más elementales de la política exterior de Washington para centrarse
exclusivamente en su falsa retórica de “cambio” y “nuevo comienzo”. Para
comprender en su justa medida la política exterior usamericana con respecto a
Latinoamérica se necesita un análisis de los principales objetivos del gobierno
de Obama, a saber, de las prioridades planetarias de la política imperial en
estos tiempos de guerras múltiples y crisis generalizada. Las tácticas y la
estrategia usamericanas con respecto a la región del continente situada al sur
del Río Bravo salen a la luz únicamente si se tienen en cuenta los recientes
cambios históricos, económicos y políticos en Latinoamérica, así como los
variables alineamientos políticos. Una evaluación realista de la política de
Usamérica requiere que se vaya más allá de las declaraciones y de la
“proyección del poder” de Washington para proceder a un análisis de sus
actuales capacidades y de los recursos disponibles para llevar a cabo el
programa de Obama en Latinoamérica. Con vistas a evaluar la política de
Washington, se debe analizar su coherencia y su viabilidad a la luz de su
diagnóstico político de Latinoamérica, lo cual ofrece una base para determinar
la compatibilidad o el conflicto de intereses entre ambas regiones. Surge
entonces una cuestión básica: ¿De qué manera las políticas, los objetivos y los
recursos disponibles del gobierno de Obama cuadran con las necesidades de
desarrollo de los diferentes países latinoamericanos en estos tiempos de crisis
económica global?
La
respuesta a esta pregunta requiere que examinemos las políticas recientes y los
alineamientos políticos en Latinoamérica. Sería absurdo sobreestimar o
subestimar el grado de la “hegemonía” usamericana o de la “autonomía”
latinoamericana, sobre todo si se consideran los importantes cambios en las
relaciones de poder que tuvieron lugar durante las dos últimas décadas y
todavía siguen teniendo lugar hoy en día. Las relaciones de Latinoamérica con
Usamérica están
ampliamente
influenciadas por los acontecimientos externos, entre ellos los conflictos de
clase, que determinan la correlación de fuerzas políticas, y también por los
acontecimientos externos, tales como la intervención usamericana y su expansión
externa y las condiciones de los mercados mundiales. Los cambios en las
relaciones político-económicas de Latinoamérica se pueden dividir en períodos
distintos, que ofrecen una visión general de su grado relativo de hegemonía y
autonomía con respecto al imperio.
Los
cambiantes contornos de las relaciones entre Usamérica y Latinoamérica
(1990-2009)
Cualquier
“análisis general” de las relaciones entre Usamérica y Latinoamérica está
sujeto a excepciones y variaciones según sean las experiencias particulares de
los países, incluso si existen “tendencias dominantes” en la región. Las
primeras dos décadas, desde 1980 a 2000, establecen ciertos parámetros para
políticas recientes, en particular los conflictos y las divergencias de
interés. El período desde 1980 a 1999 fue definido por Washington y Wall Street
como la “Edad de oro” de las relaciones entre Usamérica y Latinoamérica. Los
regímenes aceptaron y promocionaron la hegemonía usamericana, de acuerdo con
los términos dictados por el FMI, el Consenso de Washington y el modelo de
acumulación capitalista. Esto incluía la eliminación de las barreras arancelarias,
la privatización de compañías públicas (entre ellas bancos, pozos petrolíferos,
minas, fábricas y compañías de telecomunicaciones) y su posterior
desnacionalización o transferencia a corporaciones multinacionales usamericanas
y europeas. Tanto Usamérica como la Unión Europea se apoderaron de esas
compañías públicas a precios y condiciones excepcionalmente favorables, lo cual
condujo a la transferencia masiva de los beneficios, los intereses y los pagos
en concepto de alquiler a las multinacionales, lo que les proporcionó una
amplia influencia sobre el sistema financiero y crediticio, así como el acceso
a los ahorros locales en los países latinoamericanos.
En
el ámbito político, tales países aceptaron y promovieron la ideología
usamericana del libre mercado, conocida como neoliberalismo, y apoyaron la
intervención diplomática y política del imperio en la región, así como en otras
partes del planeta. El saqueo de los tesoros públicos y de los ahorros privados
por parte de las multinacionales y la concentración resultante de la riqueza y
del poder político polarizaron la sociedad y precipitaron grandes crisis
políticas y económicas, lo cual condujo a levantamientos populares en la mayor
parte de la región entre los años 2000 y 2004. Latinoamérica fue testigo de la
sustitución de varios gobiernos clientelistas de Usamérica, de un
cuestionamiento generalizado de la ideología del libre mercado y de un
creciente potencial de cambios estructurales radicales. Como consecuencia de la
nueva relación de fuerzas, el poder político usamericano disminuyó y su
influencia se vio ampliamente limitada a las elites políticas y económicas
situadas en los márgenes del gobierno, asediado por movimientos activos y
electorados desafectos. El “tercer período” fue testigo de “regímenes
inhibidos”, que respondieron a las exigencias populistas y a las críticas del
neoliberalismo (estructuras y políticas económicas centradas en el imperio),
pero sin eliminar ninguno de los impopulares legados estructurales y de la
propiedad impuestos por los gobiernos clientelistas anteriores. El auge y la
consolidación de un amplio abanico de “gobiernos de centroizquierda”, altamente
diferenciados, se benefició de las condiciones económicas mundiales, en
especial de los elevados precios de los bienes de consumo, que facilitaron
programas de bienestar social y la recuperación económica, así como el
“declive” relativo del poder político usamericano. Este declive se intensificó
a causa de la implicación de Washington en una serie de guerras prolongadas en
Oriente Próximo y en el sudeste asiático, así como de su “guerra global contra
el terror”. El “tercer período” se caracterizó por un aumento de la relativa
autonomía de Latinoamérica, ayudado por enormes e imprevistos beneficios
debidos a precios excepcionales y a mercados asiáticos en expansión, así como a
las iniciativas político- económicas regionales del gobierno de Hugo Chávez en
Venezuela.
El
final del boom de los bienes de consumo y el inicio de una depresión de ámbito
mundial marca el comienzo del cuarto período. Dos fenómenos contradictorios
impactaron las relaciones entre Usamérica y Latinoamérica. Dado que la primara
era el epicentro de la crisis económica mundial y
sus
instituciones financieras y de inversión se volvieron insolventes, la
financiación y la inversión desaparecieron o fueron repatriadas, lo cual
debilitó la presencia usamericana en Latinoamérica y su influencia económica en
la región con grandes reservas extranjeras. En segundo lugar, el incremento de
las fuerzas militares usamericanas en otras regiones (Oriente
Próximo/Asia/Europa del Este) disminuyó su capacidad de intervención militar en
Latinoamérica. Mientras que los acontecimientos de la situación económica y
militar mundial ofrecieron oportunidades para ejercer una mayor autonomía
latinoamericana, el declive en los mercados de la exportación, la contracción
de los mercados del crédito y de los ingresos en concepto de capital extranjero
sacaron a la luz la vulnerabilidad de los regímenes de “centroizquierda”, muy
dependientes de las “estrategias de exportación”. Los rasgos contradictorios
del “cuarto período” dieron forma al marco actual de las relaciones
contemporáneas entre Usamérica y Latinoamérica y definen algunos de las
cuestiones clave a las que se enfrentan los dirigentes latinoamericanos y el
gobierno del presidente Obama.
Aumento
del militarismo, proteccionismo financiero y disminución del comercio
Las
políticas de Obama en Latinoamérica están negativamente presididas por estas
tres prioridades. En política exterior, el nuevo presidente prosigue los
designios militares imperiales de sus predecesores. Contrariamente a las
esperanzas de paz de muchos de sus defensores progresistas e izquierdistas,
Obama se ha rodeado de militaristas comprometidos, de sionistas y de fríos
señores de la guerra. Las principales diferencias entre Bush y Obama estriban
en el lenguaje diplomático que acompaña al designio imperial y en el alcance y
la profundidad de la actividad militar. Obama ha asumido una retórica de
“reconciliación”, “negociación” y “cambio”, muy distinta de la abiertamente
belicosa y confrontacional de Bush, pero ello no le ha impedido acelerar y
extender las actividades militares más allá de las de Bush. Un análisis
sistemático de las políticas de Obama revela su insistencia primordial en
proyectar el poderío militar como instrumento principal para el mantenimiento
del imperio en todo el mundo. Para poder descifrar el contenido real de la
política de Obama con respecto a Latinoamérica es preciso observar sus
prioridades de política exterior, su reparto de los recursos financieros y sus
compromisos de política pública, así como hacer caso omiso de su insignificante
retórica diplomática. La primera declaración importante, de acuerdo con sus
políticas militares mundiales, fue la militarización de la frontera con México,
que recibió una asignación de casi quinientos millones de dólares en ayuda
militar para el derechista Calderón. La política de la Casa Blanca con respecto
al problema del narcotráfico y la violencia en México y Colombia es de orden
militar e ignora sus raíces socioeconómicas estructurales:
Millones
de jóvenes campesinos y pequeños agricultores mexicanos han sido conducidos a
la quiebra, el desempleo y la pobreza a causa del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLC), lo cual ha creado una enorme bolsa de posibles
traficantes. La expulsión de cientos de miles de trabajadores mexicanos
inmigrantes y las nuevas fronteras militarizadas han cerrado la puerta de
salida con la que contaban los campesinos mexicanos para huir de la miseria y
el crimen. Contrariamente a lo sucedido en la Unión Europea, que entregó miles
de millones a los países menos competitivos en el momento de su incorporación,
como España, Grecia, Portugal y Polonia, Washington no ha puesto a la
disposición de México ningunos fondos compensatorios para que incremente su competitividad
productiva y cree empleo para su población. El militarizado régimen colombiano,
conocido por sus violaciones de los derechos humanos, es en la actualidad el
mayor receptor de ayuda militar de Usamérica en Latinoamérica. A través del
Plan Colombia de contrainsurgencia, Bogotá ha recibido más de 5 mil millones
dólares, la tecnología militar más avanzada y miles de consejeros militares
usamericanos y mercenarios subcontratados. El apoyo de Obama al ultraderechista
Estado colombiano es su respuesta a los gobiernos populares y radicales
elegidos democráticamente en Ecuador y Venezuela.
Las
políticas de Obama con respecto a Latinoamérica son la continuación de las
prioridades militares y de defensa del gobierno de Bush, incluidos el embargo
económico de Cuba y su violenta hostilidad frente al nacionalismo venezolano.
No hay ninguna nueva iniciativa económica. Más allá del apoyo retórico al libre
comercio, Obama mantiene los cupos y los aranceles anteriores sobre
importaciones más competitivas de Brasil y añade nuevas medidas proteccionistas
contra camiones
y
camioneros mexicanos. Incluso en estos tiempos de grave crisis económica
nacional, la incesante continuación del crecimiento militar imperial constituye
la base sobre la cual se asienta la relación de Washington con Latinoamérica.
El enfoque militar con respecto a Latinoamérica se refleja en su ineptitud o
falta de predisposición para asignar recursos económicos y subraya su
preocupación por sostener a dos clientes muy importantes de Usamérica, Colombia
y México, con programas de ayuda militar. El escaso interés y todavía peor
compromiso económico de la Casa Blanca con Latinoamérica son la prueba de que
no la tiene entre sus prioridades. De hecho, está en quinto lugar después de la
crisis económica, el Oriente Próximo y las guerras del sudeste asiático, la
coordinación de las políticas económicas con la Unión Europea y las estrategias
económicas y las relaciones militares con Rusia y China. Con tales prioridades
sobre la mesa, Obama carece de tiempo, interés u ofertas programáticas para
ayudar a Latinoamérica en su lucha contra la crisis económica.
En
lo básico, Obama está siguiendo una triple estrategia: (1) conserva el apoyo de
gobiernos derechistas (Colombia, México y Perú); (2) incrementa su influencia
sobre gobiernos “centristas” (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay) y
(3) aísla y quita fuerza a gobiernos izquierdistas y populistas (Cuba,
Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua). Lo que más sorprende de la
supuestamente “progresista” política latinoamericana de Obama es su continuidad
con respecto al gobierno reaccionario de Bush en casi todas áreas estratégicas,
entre las que se encuentran las siguientes:
(1) La misma baja prioridad de Latinoamérica
en la política planetaria del imperio;
(2) La insistencia en colaborar militarmente
en la lucha contra las drogas (léase la “seguridad”) sin preocuparse de la
pobreza socioeconómica ni de la puesta en marcha de programas de tratamiento de
las toxicomanías;
(3) Su estrecha colaboración con los
regímenes más derechistas de la región (México y Colombia);
(4) La continuación del embargo económico de
Cuba, a pesar de haber perdido a sus últimos dos valedores latinoamericanos;
(5) El doble discurso de preconizar el libre
mercado mientras que practica el proteccionismo;
(6) La financiación y reforzamiento del papel
del IMF como instrumento de la expansión imperial;
(7) La política usamericana de meter una cuña
entre “gobiernos centristas” (Lula en Brasil, Fernández en Argentina, Vásquez
en Uruguay y Bachelet en Chile) y “gobiernos nacionalistas de izquierda y
centro” (Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia, Correa en Ecuador y Ortega en
Nicaragua) y
(8) Su apoyo a las actividades separatistas
de elites regionales que buscan la desestabilización de gobiernos de centro
izquierda a partir de sus tradicionales bases
de extrema derecha en Santa Cruz (Bolivia), Guayaquil (Ecuador) y
Maracaibo (Venezuela).
En
otras palabras, Obama ha adoptado el programa estratégico del gobierno de Bush,
esencialmente intacto salvo por algunos cambios menores, forzados por la
decadencia del poderío usamericano. El Departamento de Estado utiliza un
lenguaje diplomático menos polémico y ha buscado un claro acercamiento con
regímenes centristas, como pudo observarse en las reuniones que tuvieron lugar
en la Casa Blanca con el presidente de Lula da Silva (en marzo de 2009) y con
el vicepresidente Biden en Chile (los días 27 y 28 de marzo de 2009). El
recurso de Obama al “guante de seda en una mano de hierro”, que no se acompaña
de ninguna iniciativa económica y que continúa las políticas básicas de su
predecesor, no le ha aportado nuevos aliados. Sin embargo, hay una serie de “cambios”
que dependen directa e indirectamente de la crisis financiera y del gigantesco
déficit de
Usamérica
y tienen un impacto muy negativo sobre la recuperación económica de
Latinoamérica. Obama está absorbiendo la mayor parte del crédito del hemisferio
para el rescate financiero en su país. Esta política hace muy difícil que los
exportadores latinoamericanos financien sus ventas. Además, Obama exige al
sector financiero que amplíe sus reservas de capital y concentre su concesión
de préstamos en el mercado nacional, lo cual ha llevado a que los bancos
repatríen capital al país desde sus filiales latinoamericanas, a expensas de
los prestatarios latinoamericanos, todo lo cual prolonga y hace más profunda la
recesión en Latinoamérica. Los cambios diplomáticos y retóricos y el apoyo al
libre comercio de Obama tienen poca sustancia: la Casa Blanca continúa con su
doble discurso de alabanzas al “libre comercio” mientras que apoya un nuevo y
más virulento proteccionismo financiero. Además de los veinte mil millones de
dólares en subsidios para las exportaciones agrícolas, los demócratas han
favorecido las provisiones del “compre productos del país” en la política
federal de adquisiciones y en los subsidios multimillonarios acordados a la
industria del automóvil. Latinoamérica se enfrenta una creciente oleada de
proteccionismo en Usamérica mientras que Obama reacciona frente a la crisis
económica nacional forzando a Latinoamérica a que busque nuevos socios
comerciales, a que proteja sus mercados internos y a que busque nuevas fuentes
para el comercio y el crédito.
Honduras,
el último ejemplo de la política usamericana en Latinoamérica62
La
[estrategia] por parte de Obama de hacer retroceder a regímenes electos
críticos para imponer clientes acomodaticios encuentra otra expresión en el
reciente golpe militar en Honduras. El uso del alto mando del ejército de
Honduras y de los viejos vínculos de Washington con la oligarquía local, que
controla el Congreso y el Tribunal Supremo, facilitó el proceso y obvió la
necesidad de una intervención directa estadounidense, como fue el caso en otras
recientes campañas golpistas. A diferencia de Haití, donde hace sólo una década
intervinieron los marines usamericanos para derrocar al democráticamente
elegido Bertrand Aristide y respaldaron abiertamente el fallido golpe contra el
presidente Chávez en 2002 y, más recientemente, financiaron el chapucero golpe
contra el presidente electo Evo Morales en septiembre de 2008, las
circunstancias de la implicación usamericana en Honduras fueron más discretas
para posibilitar un “desmentido creíble”. La “presencia estructural” y los
motivos de Usamérica en relación al derrocado presidente Zelaya son fácilmente
identificables. Históricamente, Washington ha adiestrado y ha tratado con
prácticamente todo el cuerpo de oficiales de Honduras y ha mantenido una
profunda penetración en todos los altos niveles gracias a consultas diarias y a
una planificación estratégica común. A través de su base militar en Honduras
los agentes de la inteligencia militar del Pentágono mantienen estrechos
contactos, tanto para llevar a cabo las políticas como para seguir la pista de
todos los movimientos políticos por parte de todos los actores políticos. Como
Honduras está tan fuertemente militarizada, ha servido de importante base para
la intervención militar usamericana en la región: en 1954 se lanzó desde
Honduras el golpe con éxito respaldado por Usamérica contra el presidente
guatemalteco elegido democráticamente. En 1960 se lanzó desde Honduras la
invasión del exilio cubano orquestada por Washington. Desde 1981 a 1989 el
imperio ha financiado y adiestrado a más de 20.000 mercenarios de la “contra”
en Honduras, que integraban el ejército de escuadrones de la muerte para atacar
al gobierno sandinista nicaragüense elegido democráticamente. Durante los
primeros siete años del gobierno de Chávez los regímenes hondureños se aliaron
incondicionalmente con Washington en contra del régimen popular de Caracas. Es
obvio que nunca ha habido o podría haber un golpe militar contra ningún régimen
títere de Washington en Honduras. La clave del cambio de la política
usamericana con relación a Honduras se produjo en 2007-2008, cuando el
presidente liberal Zelaya decidió mejorar las relaciones con Venezuela para
asegurar el generoso subsidio de petróleo y la ayuda exterior de Caracas.
Posteriormente, Zelaya entró en Petro-Caribe, una asociación del Caribe y Centroamérica
organizada por Venezuela para suministrar petróleo y gas a largo plazo y bajo
coste con el fin de satisfacer las necesidades de los países miembros. Más
recientemente, Zelaya se unió al ALBA, una organización de integración
62
Este apartado ha sido traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales
Bastos y Loles Oliván: extracto de J Petras, “Honduras, Iran, Pakistan,
Afganistán (y el efecto boomerang)”,
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=88575.
regional
patrocinada por el presidente Chávez para promocionar más intercambios
comerciales e inversiones entre sus países miembros en oposición al pacto de
libre mercado promovido por el imperio, conocido como el ALCA. Dado que
Washington considera a Venezuela una amenaza y una alternativa a su hegemonía
en Latinoamérica, el alineamiento de Zelaya con Chávez en cuestiones económicas
y su postura crítica con respecto a la intervención usamericana lo convirtieron
en un objetivo probable de los planificadores de golpes yanquis deseosos de
convertir a Zelaya en un ejemplo y preocupados por su acceso a las bases
militares hondureñas, tradicional punto de lanzamiento de su intervención en la
región.
Washington
asumió equivocadamente que un golpe en una pequeña república bananera’ (de
hecho, la república bananera original) en Centroamérica no provocaría ninguna
protesta importante. Creyó ue el retroceso centroamericano serviría de
advertencia a otros regímenes con mentalidad independiente en la región del
Caribe y Centroamérica de lo que les espera si se alienan con Venezuela. La
mecánica del golpe es bien conocida y pública: el ejército hondureño secuestró
al presidente Zelaya y lo “exilió” a Costa Rica y los oligarcas nombraron
“presidente” a uno de los suyos en el Congreso, mientras sus colegas de la
Corte Suprema proporcionaban un falaz
argumento legal. Los gobiernos de Latinoamérica, desde la izquierda a la
derecha, condenaron el golpe y reclamaron el restablecimiento del presidente
legalmente elegido. El presidente Obama y la secretaria de Estado, Hillary
Clinton, que no estaban dispuestos a renegar de sus clientes, condenaron la
violencia sin más especificaciones y pidieron negociaciones entre los poderosos
usurpadores y el debilitado presidente en el exilio, un claro reconocimiento
del papel legítimo de los generales hondureños como interlocutores.
Una
vez que la Asamblea General de Naciones Unidas condenó el golpe y que la
Organización de Estados Americanos (OEA) exigió la restitución de Zelaya, Obama
y la secretaria Clinton condenaron finalmente el derrocamiento de Zelaya,
aunque se negaron a llamarlo “golpe”, lo cual, de acuerdo con la legislación de
Usamérica, habría dado lugar automáticamente a una suspensión total de su
paquete anual de ayuda militar y económica (80 millones de dólares) a Honduras.
Mientras que Zelaya se reunió con todos los jefes de Estado latinoamericanos,
el presidente Obama y la secretaria Clinton lo remitieron a un funcionario de
rango menor a fin de no debilitar a sus aliados de la Junta de Honduras. Todos
los países de la OEA retiraron a sus embajadores, salvo Washington, cuya
embajada comenzó a negociar con la Junta para ver cómo se podría salvar la
situación en la que ambos se encontraban cada vez más aislados, especialmente
ante el hecho de la expulsión de Honduras de la OEA. Que Zelaya regrese por fin
a su puesto o que la Junta respaldada por Washington continúe en el cargo
durante un periodo prolongado de tiempo, mientras Obama y Clinton sabotean su
regreso inmediato a través de prolongadas negociaciones, la cuestión clave de
la estrategia de retroceso promovida por el imperio ha sido extremadamente
costosa desde el punto de vista diplomático y político. El golpe en Honduras,
respaldado por Washington, demuestra que, a diferencia de la década de los
ochenta, cuando el presidente Ronald Reagan invadió Granada y el presidente
George Bush (padre) invadió Panamá, la situación y el perfil político de
Latinoamérica (y del resto del mundo) han cambiado drásticamente. Entonces, los
militares y los regímenes proyanquis de la región aprobaron en general las
intervenciones de Usamérica y colaboraron; algunos protestaron ligeramente. Hoy
en día, el centro izquierda, e incluso los regímenes electorales de la derecha,
se oponen a los golpes militares en cualquier parte [porque los ven] como una
amenaza potencial para su propio futuro. Es igualmente importante que, habida
cuenta de la grave crisis económica y del aumento de la polarización social, lo
último que desean los correspondientes regímenes es un sangrante malestar
interno estimulado por crudas intervenciones imperiales de Washington. Por
último, las clases capitalistas de los países latinoamericanos de centro
izquierda quieren estabilidad, porque pueden cambiar el equilibrio de poder a
través de las elecciones (como en los recientes casos de Panamá y Argentina) y
los regímenes militares favorables al imperio pueden alterar sus crecientes
lazos comerciales con China, Oriente Próximo y Venezuela/Bolivia.
Latinoamérica
frente a la crisis mundial
En
toda Latinoamérica la crisis económica está haciendo estragos en la economía,
el mercado laboral, el comercio, el crédito y la inversión. Los principales
países de la región van camino del crecimiento negativo, con tasas de dos
dígitos en el desempleo, incremento de la pobreza y protestas masivas. En Brasil, a finales de
marzo y principios de abril, una coalición de sindicatos, movimientos sociales
urbanos y trabajadores del movimiento de los sin tierra convocaron
manifestaciones a gran escala, y en ellas participó la confederación sindical
CUT, que generalmente suele aliarse con el Partido dos Trabalhadores de Lula.
Las tasas de desempleo en Brasil han aumentado bruscamente y ya sobrepasan el
10%, conforme aumentan los despidos en las industrias del automóvil y otros
sectores metalúrgicos. En Argentina, Colombia, Perú y Ecuador, las huelgas y
las manifestaciones han empezado a extenderse en protesta por el desempleo y el
aumento de las quiebras entre exportadores, que se enfrentan al declive de la
demanda mundial y a la imposible financiación. Los países latinoamericanos más
industrializados, cuyas economías están más integradas en los mercados
mundiales y que han seguido una estrategia exportadora de crecimiento, son los
más afectados por la crisis mundial. Esto incluye a Brasil, Argentina, Colombia
y México. Además, los países que dependen de los envíos de divisas desde el
extranjero y del turismo, como Ecuador, Centroamérica y los países del Caribe,
e incluso México, con sus economías “abiertas”, son los más afectados por la
recesión mundial.
Mientras
que el colapso financiero usamericano no tuvo un enorme impacto inmediato en
Latinoamérica, en gran medida porque los anteriores colapsos financieros en
Argentina, México, Ecuador y Chile habían llevado a sus gobiernos a imponer
límites a la especulación, los resultados indirectos, sobre todo en lo relativo
a la congelación del crédito y a la disminución del comercio mundial, han
destruido sectores productivos. A mediados de 2009, las industrias
manufactureras, la minería, los servicios y la agricultura, tanto en los
sectores privado como público, estaban ya afectadas por la recesión. La
vulnerabilidad de Latinoamérica ante las crisis mundiales es el resultado
directo de la estructura de producción y de las estrategias de desarrollo
adoptadas en la zona. Tras la “reestructuración” neoliberal o supeditada al
imperio de las economías, que tuvo lugar entre mediados de los años setenta y
noventa, el perfil económico de Latinoamérica se caracterizó por un débil
sector estatal a causa de las privatizaciones en todos los sectores productivos
clave. La desnacionalización de los sectores estratégicos financiero,
crediticio, comercial y minero aumentó
la vulnerabilidad, y lo mismo sucedió en la muy concentrada propiedad de
los ingresos y del inmobiliario, en manos de una pequeña elite nacional y
extranjera. Estas características se vieron exacerbadas por el boom de los
bienes primarios, que tuvo lugar desde principios de 2003 hasta mediados de
2008. El cambio de las políticas gubernamentales hacia una estrategia de
exportación basada en materias primas sentó las bases de la catástrofe. Como
resultado de su estructura económica, Latinoamérica era enormemente vulnerable
a la decisión de los políticos usamericanos y europeos encargados de los
sectores económicos clave. La desnacionalización negó al Estado las palancas
necesarias para controlar la crisis mediante un cambio de dirección en la
economía.
Los
cambios estructurales impuestos por el Fondo Monetario Internacional / Banco
Mundial y sus socios locales de la clase neoliberal gobernante “abrieron” los
países al estallido de la crisis mundial a causa del desmantelamiento de las
instituciones estatales que podrían haber protegido la economía o, al menos,
evitado los peores efectos de la crisis. La privatización llevó a la
concentración de la renta, disminuyó la demanda local y aumentó la dependencia
en los mercados de la exportación mientras que, al mismo tiempo, privaba al
Estado de las palancas necesarias para controlar las inversiones y el ahorro,
que podrían haber contrarrestado el declive de la entrada de capital extranjero
y el colapso de sus mercados en el exterior. La desnacionalización facilitó el
flujo de capital, especialmente en el sector financiero, profundizó las crisis
del crédito y afectó de forma adversa la balanza de pagos. La propiedad
extranjera sometió a los países latinoamericanos a decisiones económicas
estratégicas controladas por elites económicas del exterior, más preocupadas
por los costos y beneficios de sus imperios económicos. Por ejemplo, en Brasil,
tanto el cierre de fábricas de automóviles pertenecientes a capital usamericano
como los despidos masivos de trabajadores se deben a los cálculos de los costos
en el mercado mundial, algo totalmente ajeno a las
necesidades
del mercado laboral brasileño. La “estrategia de la exportación” dependía de
los subsidios estatales a la expansión de plantaciones agroalimentarias, que
producían alimentos básicos para el mercado de la exportación, lo cual se hacía
a expensas de pequeños agricultores, campesinos sin tierra y trabajadores
rurales, y debilitaba el mercado interior como posible alternativa a los
mercados exteriores en proceso de colapso, aumentando la dependencia de
alimentos importados y afectando la seguridad de los alimentos.
Los
gobiernos de centroizquierda reunidos en Santiago no mencionaron ningún plan
para aumentar la demanda interna mediante la intervención en el mercado
laboral, impidiendo que los propietarios despidan a los trabajadores. No
mencionaron ningún aumento del salario mínimo. Evitaron cualquier discusión
sobre el aumento de la demanda en zonas rurales mediante reformas agrarias
generadoras de salarios. No consideraron el establecimiento de una
industrialización que sustituya las importaciones financiadas con fondos
públicos, la cual podría generar empleo para los trabajadores despedidos en los
sectores de la exportación. Mientras que evitan cualquier cambio estructural
interno que pudiese favorecer a los trabajadores desempleados, campesinos,
funcionarios públicos y pequeñas empresas, persisten en seguir las políticas
que favorecen a banqueros, elites de la exportación y compañías
multinacionales. El principal objetivo económico de los regímenes
latinoamericanos de centroizquierda no es la reforma interna, sino la búsqueda
de inversionistas y nuevos mercados exteriores. El único país que brilló por su
ausencia en la reunión de gobiernos de centroizquierda en Santiago de Chile fue
Venezuela, en parte debido a que el presidente Chávez prosigue una estrategia
económica alternativa para enfrentarse a la crisis mundial. Chávez está
utilizando un radical programa keynesiano que depende de inversiones públicas a
gran escala para expandir el mercado doméstico y de subvenciones sociales
dirigidas a una amplia franja de las clases más humildes. Su política de
inversiones estatales se basa en la “cooperación” del todavía dominante sector
privado, en especial las finanzas, la construcción, la agrominería y las
manufactureras, ya sea mediante incentivos económicos y contratos estatales o
mediante amenazas de intervención o nacionalización. Las reformas estructurales
internas de Chávez se complementan con la promoción de pactos
politicoeconómicos regionales como Petrocaribe y el ALBA, con Bolivia, Cuba,
Nicaragua y varios estados caribeños y de América Central. Cuenta con los
crecientes acuerdos financieros y de inversión con China, Oriente Próximo
–sobre todo Irán– y Rusia, en particular mediante empresas conjuntas en los
sectores del petróleo y la minería.
La
participación de algunos países latinoamericanos importantes en la reunión del
G20 en Londres, que tuvo lugar el 2 de abril de 2009, y los acuerdos
posteriores revelan la bancarrota política de la actual dirigencia política. La
declaración de un importante programa de nuevos “estímulos” ocultó el hecho de
que la mayoría de los fondos citados (1,1 billones de dólares) ya estaban
asignados antes de la reunión y no tendrían efecto alguno. La cantidad real de
nuevos fondos fue sólo una fracción de este desembolso (250.000 millones de
dólares), la mayor parte de ellos destinada a rescatar al sector financiero. El
solemne acuerdo del G-20 para oponerse al proteccionismo se vio falseado por un
informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE), según el cual 17 de los 20 países han adoptado recientemente medidas
protectoras de sus industrias locales y limitaciones a la financiación
exterior. El más beneficiado en el G-20 fue el Fondo Monetario Internacional,
que ha prometido 500.000 millones de dólares adicionales en líneas de crédito y
financiación. Dado el dominio usamericano y europeo en el interior del FMI y la
historia reciente de imposiciones de condiciones restrictivas a favor de los
países imperiales, su fortalecimiento plantea un obstáculo importante a la
recuperación de cualquier gobierno latinoamericano progresista. Las grandes
expectativas que tenían los gobiernos de centroizquierda y de derecha en
Latinoamérica de que el G-20 los favoreciese con estímulos significativos quedaron
defraudadas. A la izquierda, Fidel Castro y sus aliados latinoamericanos
dirigen su mirada a China como mercado alternativo y socio inversionista. Pero
las inversiones exteriores de China casi siempre se dirigen a los sectores de
la extracción (minerales, petróleo) y, en menor grado, a la agricultura. Por
eso, las inversiones chinas en Latinoamérica han creado pocos empleos mientras
que favorecen a los sectores que contaminan el medio ambiente. El perfil
exportador de
Latinoamérica
con China se reduce a un monocultivo de materias primas altamente vulnerable a
las fluctuaciones de los precios mundiales. Más aún, los acuerdos comerciales
de China con Latinoamérica incluyen la importación de bienes manufacturados
chinos producidos por trabajadores no sindicados y altamente explotados, lo
cual socava cualquier recuperación del sector manufacturero latinoamericano.
Los
dirigentes latinoamericanos, que confían en que China los saque de la crisis,
están inmersos en un estilo neocolonial de recuperación basado en un modelo
exportador de materias primas. De la misma manera, tampoco la perspectiva de
Rusia como nuevo mercado y estímulo económico mejora las cosas, y ello debido a
que la economía rusa es muy dependiente del petróleo y del gas, carece de
industrias competitivas y, por encima de todo, está inmersa en una gran crisis
con una caída de la economía que sobrepasa el 7% en 2009. La búsqueda de nuevos
paquetes de estímulos provenientes de Usamérica y de la Unión Europea o de
nuevas alternativas comerciales con China y Rusia es un esfuerzo desesperado de
los dirigentes latinoamericanos para salvar el desfalleciente modelo exportador
de sus elites. La idea promovida por Brasil de que los países imperiales
deberían ofrecer una solución a la crisis mundial, puesto que fueron ellos
quienes la provocaron, es un desatinado brindis al sol, sobre todo a la luz de
la manifiesta incapacidad que están demostrando para estimular sus propias
economías. La promoción usamericana del FMI busca entorpecer cualquier política
progresista latinoamericana y el florecimiento de regímenes independientes, de
ninguna manera ayudarlos a recuperarse de la crisis.
Conclusión
A
causa de la profunda y costosa implicación del gobierno de Obama con el
complejo militar del imperio y de la multibillonaria financiación de su sector
bancario interno (mientras que al mismo tiempo apoya el proteccionismo
crediticio), las clases dominantes latinoamericanas no pueden esperar ninguna
medida de estímulo económico proveniente de Usamérica. Las profundas divisiones
políticas entre Washington y Latinoamérica (y entre las propias clases de ésta
última), así como las divergentes estrategias nacionales y de clase, impiden
cualquier estrategia regional. Incluso entre los gobiernos nacionalistas de
izquierda, aparte de algunas limitadas iniciativas complementarias entre los
países del ALBA, no existe ningún plan regional. En este sentido, es un grave
error escribir o hablar de “iniciativa o problema latinoamericano”. Lo que hoy
podemos observar es una caída generalizada del modelo de las exportaciones y
respuestas sociales divergentes entre las políticas proteccionistas salariales
de Venezuela y las políticas que subvencionan la exportación en Brasil,
Argentina, Chile, Perú y Colombia. Durante la recesión, estos gobiernos de
centroizquierda, han demostrado un algo grado de rigidez estructural, ya que no
han realizado esfuerzo alguno para profundizar y expandir el mercado interno y
la inversión pública, por no hablar de nacionalizar las compañías en estado de
quiebra. La crisis subraya el proceso de desglobalización neoliberal y el auge
de la importancia del Estado-nación.
La
galopante crisis económica afecta negativamente a los actuales gobiernos, ya
sean de centroizquierda o de derecha, y fortalece a sus oposiciones
respectivas. En Argentina, la derecha y la extrema derecha han controlado las
calles con un creciente poder interior entre la elite agraria del país y la
clase media bonaerense. El sindicato progresista CTA [Central de los
Trabajadores Argentinos], que ha organizado huelgas y protestas, no está
vinculado a ninguna nueva organización
política de izquierda alternativa. Brasil ha sido testigo de protestas
similares por parte de movimientos sociales y sindicatos contra un aumento del
10% del desempleo y la decadencia del sector exportador. No obstante, el
principal beneficiario político de la caída de popularidad del autodenominado
Partido dos Trabalhadores de Lula es la derecha. Por el contrario, el
centroizquierda se va a beneficiar en los países en que el poder está en manos
de la derecha, entre ellos México, Colombia y Perú. Pero, al igual que en otros
lugares, los movimientos de masas carecen de capacidad de respuesta política
organizada ante un capitalismo en pleno colapso. Además, ni Cuba ni Venezuela,
ofrecen un “modelo” al resto de Latinoamérica. La primera es muy
dependiente
de una vulnerable economía basada en el turismo, mientras que la segunda es una
economía dependiente del petróleo. Dado el colapso sistémico del capitalismo,
estos países necesitarán hacer reformas a la carta, tales como las subvenciones
alimentarias de Chávez, así como nacionalizaciones personalizadas, o tender a
la socialización de los sectores financiero, comercial y manufacturero. Las
protestas masivas, las huelgas generales y otras formas de rebeldía social
están empezando a surgir en todo el continente. Sin duda, el imperio
intensificará su apoyo a los movimientos derechistas de la oposición y a sus
clientes actuales, también derechistas, que están en el poder. La hegemonía
imperial sobre la elite latinoamericana sigue siendo fuerte, incluso si es
prácticamente inexistente entre las organizaciones de la sociedad civil. Dada
la posición militarista y proteccionista del gobierno de Obama, es de esperar
una intervención del imperio bajo la forma
de operaciones encubiertas, conforme la lucha de clases se incrementa y
se dirige hacia una transformación socialista.
(New
York, 2009)
Para
saber más sobre Estados Unidos y América Latina:
• M. Casadro, L. Vasopollo, J. Petras, H.
Veltmeyer, Competizione Globale: Imperialismi e Movimienti di Resistencia, Jaca
Editoriale, Milano, 2004.
• Morris Morley, Imperial State and Revolution,
Cambridge University Press, New York, 1987.
• James Petras; Henry Veltmeyer, Juicio a las
Multinacionales: Inversión extranjera e imperialismo, Editorial Popular,
Madrid, 2007.
• John Saxe-Fernandez, Terror e Imperio, Random
House Mondadori, México, 2006.
• James Petras; Henry Veltmeyer, Las dos caras
del Imperialismo: Vasallos y Guerreros, Lumen, México 2004.
• James Petras y Henry Veltmeyer, Imperio con
Imperialismo, Siglo XXI, México, 2006.
• Revista América Latina en Movimiento, “¿Qué
esperar del gobierno Obama?”, No 438-439 noviembre 2008,
http://alainet.org/images/alai438w.pdf.
• VVAA, Washington contra el mundo, Foca, Madrid,
2003.
• Site web de James Petras:
http://petras.lahaine.org
• Sección Estados-Unidos de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=15
• Sección América Latina de Rebelión:
http://www.rebelion.org/seccion.php?id=35
Las multinacionales en América Latina: expansión,
impacto y resistencias
Por
Cédric Durand y Alexis Saludjian
Traducido
del francés por Caty R.
Cédric
Durand es economista, investigador del CEMI-EHESS y CEPN-Paris13
(cdurand@ehess.fr). Alexis Saludjian es Doctor en Economía, miembro del SEPLA,
OID y GREITD y autor de: Hacia otra integración sudamericana. Críticas al
Mercosur neoliberal, Libros del Zorzal, Buenos Aires, 2006
(alex_saludj@yahoo.fr).
Caty
R. pertenece a los colectivos de Rebelión.org, Cubadebate.cu y Tlaxcala.es.
Nota
del editor: este estudio ha sido escrito en 2008 antes de la crisis financiera
mundial, pero sus conclusiones sobre la expansión creciente de las
multinacionales siguen siendo un dato esencial del contexto económico regional
y explican el control actual de los países del norte sobre gran parte de las
economías latinoamericanas y sus recursos naturales
Introducción
El
período neoliberal está marcado por una expansión espectacular de las
multinacionales en América Latina. Consecuentemente, esas firmas controlan en
la actualidad una parte sustancial de las economías latinoamericanas y
contribuyen a incrementar la integración de esos países en las cadenas
productivas y financieras mundiales. ¿Cuáles son los efectos de esa presencia
creciente en los países latinoamericanos? ¿Cuál es el contenido efectivo de las
políticas emergentes que pretenden acabar con el juego de las multinacionales
en Venezuela, Bolivia y también, en cierta medida, en Argentina y Ecuador?
Estos son los principales problemas que vamos a abordar en este artículo.
Después de indicar las características de la entrada masiva de las
multinacionales del centro en América Latina, presentamos las políticas que la
favorecieron. La tercera sección describe el impacto macroeconómico y social de
las inversiones directas extranjeras (IDE) (1) en los principales países.
También señalamos los ejemplos de resistencia a dicha intrusión de las
multinacionales y los estragos sociales y ecológicos que éstas originan.
Finalmente, la cuarta sección presenta las medidas tomadas por los gobiernos
venezolano, boliviano y argentino, y trata de la amplitud de la ruptura que dichos
gobiernos representan en relación con la lógica neoliberal de
«dejar
hacer» a las multinacionales.
Por
qué las multinacionales del centro invierten masivamente en América Latina
1. Un
desarrollo espectacular de las IDE en América Latina
La
explosión de las IDE es uno de los aspectos más espectaculares de la
globalización neoliberal (2). Entre 1980 y 2005, el stock de IDE en el mundo se
ha multiplicado por 18, ¡y por 24 en América Latina! En términos de stocks, en
2005 América Latina representaban alrededor del 10% del total mundial (frente
al 5% en 1990). Además de los paraísos fiscales del Caribe, lo esencial de la
actividad de las multinacionales en América Latina se concentra en México,
Brasil y, en menor medida, en Chile, Argentina, Venezuela y Colombia.
Gráfico
1: Evolución del stock de IDE en América Latina (CNUCED, 2006)
Esencialmente,
las inversiones en los países en desarrollo provienen de los países ricos. Así,
el stock de IDE en América Latina en 2002 procedían, un 27% de Estados Unidos y
el 40% de países europeos. La amplitud y la rapidez de la progresión de las inversiones
españolas a finales de la década de los 90 son especialmente impresionantes,
hasta el punto de recordar una reconquista (3). Se comprueba también un
incremento de los flujos sur-sur de IDE, pero éstos se manifiestan en América
Latina sobre todo por los flujos intrarregionales dominados por Brasil, México
y Argentina; las inversiones chinas en la región son limitadas, al menos hasta
2005. El control de los recursos naturales es uno de los principales motivos de
la presencia de las multinacionales en América Latina. En relación con las
estrategias de la conquista del mercado, antaño dominado por sectores como la
industria agroalimentaria y la automoción, el giro de los años 90 se manifiesta
por la explosión de las inversiones en los servicios, que representan en la
actualidad la mitad del stock de las IDE. Se desarrollan especialmente en las
actividades de infraestructuras (distribución de agua, electricidad y gas y
telecomunicaciones), en las actividades bancarias y financieras y en el
comercio. Finalmente, las denominadas «estrategias eficientes» son importantes
con el desarrollo de las maquiladoras (textil, ensamblaje...) y otros sectores
de exportación, como la automoción en México, y un principio de desarrollo de
exportaciones de servicios deslocalizados (centros de llamadas, tratamiento de
datos, industria logística…).
2. Un contexto favorable a las IDE
Las
políticas derivadas del consenso de Washington han desempeñado un papel crucial
en el auge de las IDE. En primer lugar, las políticas presupuestarias y
monetarias restrictivas se percibieron en los medios de negocios
internacionales como una garantía de estabilidad macroeconómica, y sobre todo
como una limitación a la progresión de los salarios. Por otra parte, la
liberalización de los intercambios comerciales permite a las multinacionales
utilizar plenamente las ventajas
relacionadas con su implantación en los diferentes países, especialmente
al facilitar la conexión internacional de las cadenas productivas. Finalmente,
las políticas de privatizaciones masivas de los monopolios públicos en la
segunda mitad de los años 90 ofrecieron a las multinacionales extraordinarias
oportunidades de hacer negocios. La pacificación de los conflictos
sociopolíticos es otro elemento apreciado por los inversores: el fin de las
dictaduras aportó, al menos por un tiempo, una legitimación democrática de las
reglas favorables al mercado adoptadas por los nuevos equipos gubernamentales
formados esencialmente en Estados Unidos (4).
Liberalización
de los regímenes de las IDE y refuerzo de las garantías internacionales.
Al
contrario de lo que ocurría en el período anterior, las clases dirigentes
consideran las inversiones de las multinacionales un mecanismo imprescindible
para el desarrollo. Un síntoma evidente de ese
viraje
es que las expropiaciones, muy frecuentes hasta entonces, desaparecieron
totalmente a principios de la década de los 80. Inducidos por las instituciones
internacionales, los gobiernos de los países de la periferia se comprometieron
en decenas de acuerdos comerciales multilaterales, regionales o bilaterales que
incluían cláusulas que garantizaban los derechos de los inversores. Se
desarrolló la noción jurídica de expropiación indirecta; movilizada
especialmente en los acuerdos de inversión con Estados Unidos, esta categoría
jurídica particularmente perniciosa permite que las firmas extranjeras
«lesionadas» por una modificación de las condiciones de la actividad económica
¡obtengan
compensaciones! (5) La evolución jurídica supranacional a favor de las IDE se
dobla con la liberalización interna de las leyes sobre las inversiones
extranjeras. Los gobiernos levantaron la mayoría de las restricciones cuando
entraron las multinacionales y adoptaron disposiciones que reforzaban los
derechos de propiedad. Así, desde principios de los años 90, lo esencial de las
modificaciones de la reglamentación sobre las IDE se ha hecho a favor de los
inversores. En 2005, aparece un comienzo de movimiento contrario debido a las
dinámicas políticas surgidas en América Latina: mientras que el 80% de las
modificaciones relativas a la regulación de las IDE efectuadas en el mundo ese
año eran favorables a las multinacionales, en América Latina es al contrario,
2/3 de los nuevos elementos introducidos van en el sentido de un mayor control
o una mayor restricción de las IDE.
La
carrera de los inversores
Los
países y los estados de los países federales también se lanzaron a una
competición entre ellos para atraer a los inversores extranjeros: exenciones
fiscales, construcción de infraestructuras ad hoc, adaptación de la legislación
a sus peticiones… nada era demasiado para los inversores extranjeros. La
instalación de Renault en el estado brasileño de Paraná a finales de los años
90 se acompañó de considerables ventajas concedidas por el gobierno local:
construcción de infraestructuras adecuadas, terrenos equipados entregados
gratuitamente, financiaciones a precios reducidos, diversas exenciones fiscales
¡De hasta 10 años! (6). Esas ventajas concedidas al capital productivo
extranjero, obviamente tenían un coste: cuantas más se acumulaban más se
esfumaban los beneficios netos que podían esperar los países receptores. Aunque
no todos los países tienen una actitud tan ingenua: China, por ejemplo, que
puede presionar con la inmensidad de su mercado, ha conseguido en numerosos
casos imponerse a las multinacionales que transfieren las tecnologías. Sin
embargo en América Latina, por regla general, existe una actitud de atracción
pasiva que ha resultado desastrosa en muchos aspectos.
El
impacto de las multinacionales
1. El impacto socioeconómico a nivel macro
Si
creemos a ciertos economistas y centros de decisiones políticas, América Latina
estaría iniciando un nuevo ciclo estable de crecimiento económico. La
recuperación de la economía argentina, del orden del 8% de crecimiento anual
del PIB desde 2003, sería el mejor ejemplo. Brasil y México, a menor escala,
esperarían respectivamente el 3,8 y 3,7 de crecimiento desde 2004. Leyendo esos
resultados, resulta difícil creer que cinco años antes toda la región se
tambaleaba a raíz de la debacle argentina. Sin anticipar el futuro, es cierto
que la década de los 90 y principios de los 2000 estuvieron marcados por un
desarrollo económico relativamente lento y por la persistencia de problemas
sociales enormes. El desempleo masivo en primer lugar, puesto que la tasa de
paro, ya elevada en relación con las décadas anteriores, pasó del 5,8% en 1990
al 11% en 2000 antes de descender tímidamente al 8,6% en 2006 (7) . Esta cifra,
sin embargo, no deja de ser aproximada, puesto que el trabajo informal en todas
sus formas afecta casi al 50% de la población activa latinoamericana. Los datos
relativos a la pobreza completan el cuadro. A pesar de que han experimentado un
ligero retroceso con respecto a los años precedentes, la pobreza y la
indigencia
todavía
afectan al 40% de la población del subcontinente, es decir, ¡más o menos la
misma proporción que en 1980!
Gráfico
2. Pobreza e indigencia en América Latina (en % de la población y millones de
habitantes) 1980-2006.
Fuente:
CEPAL, Panorama social de América Latina, 2007.
Más
de 205 millones de pobres y 79 millones de indigentes es la realidad de América
Latina después de veinte años de apertura total a las multinacionales. Además
es la región menos igualitaria del mundo.
2. Las venas (siempre) abiertas de América
Latina (8)
Más
allá del impacto macroeconómico, algunos casos emblemáticos a nivel micro
ilustran los problemas específicos que plantean la llegada de las
multinacionales: explotación de la ventaja competitiva de esas firmas a
expensas de sus competidores locales, sus proveedores, los salarios y los
consumidores; alianzas con los sectores más reaccionarios de la sociedad;
precarización de la relación laboral a raíz de la privatización de actividades
correspondientes a servicios públicos; contaminación permanente del medio
ambiente y desestructuración de las comunidades indígenas… el libro negro de la
actividad de las multinacionales ya es muy gordo y sigue escribiéndose.
El
saqueo de la distribución y los bancos de México
¡Pobre
México, en primera línea para recibir la expansión de las multinacionales de
Estados Unidos! El gigante Wal-Mart cruzó el Río Grande a principios de los
años 90. Desafiando resistencias populares como las que se dirigieron a impedir
la construcción de un supermercado en las proximidades de la excavación
arqueológica de Teotihuacan, esta multinacional se ha convertido en la
distribuidora número uno y ha marginado a sus competidores locales. Esta
intrusión brutal y poderosa en el corazón de la economía mexicana se ha
traducido en un doble perjuicio para la economía (9): en primer lugar una
disminución del 20% en los salarios del sector entre 1994 y 2000, es decir, una evolución peor que la de
todos los demás sectores; y por otra parte, una fuerte subida de las
importaciones y un control creciente sobre los productores locales que ha
desembocado en un debilitamiento del tejido productivo nacional.
El
sector bancario mexicano constituye otro caso «de manual». A lo largo de los
años 90, la liberalización de las IDE permitió a los bancos extranjeros,
principalmente españoles (BBVA,
Bancomer,
Santander), británicos (HSBC) y estadounidenses (Citi group), acaparar la
mayoría de los bancos locales mexicanos: desde el año 2002, más del 90% de los
activos bancarios están controlados por firmas extranjeras, mientras que ¡no
había ningún banco extranjero en 1994! El resultado es ilustrativo: durante
casi diez años los créditos a la economía han sido muy escasos, lo que ha
influido negativamente en el desarrollo de la economía; los precios de los
servicios bancarios cobrados a los
consumidores mexicanos (costes de cartas bancarias, comisiones, etc.) son
varias veces superiores a las que aplican los bancos en sus países de origen;
finalmente, aunque los bancos consiguen beneficios récord, la situación de los
empleados se deteriora. Así, en abril de 2007, Banamex (ex banco público
absorbido por Citi Bank), anunció un plan de reestructuración mientras que
acababa de declarar un resultado récord de casi 2.000 millones de dólares de
beneficios en 2006; ese plan incluye 4.000 despidos y la «filialización» de
31.000 personas con pérdidas salariales de hasta el 30% y recorte de las
garantías sociales (10).
Precarización
e irresponsabilidad social
Telefónica
se ha convertido en 2006 en la primera empresa mundial de telecomunicaciones en
términos de beneficios (6.200 millones de euros) El carácter espectacular de su
expansión en América Latina es incomparable con el carácter antisocial de sus
prácticas salariales: diez años después de lanzar un programa de formación para
los jóvenes previstos como futuros representantes de Telefónica, la empresa
mantiene a sus jóvenes promesas con contratos precarios, horas extraordinarias
ilegales sistemáticas, salarios muy escasos y represión sindical frente a los
intentos de reivindicar los derechos (11). En primera línea para beneficiarse
de las privatizaciones, la multinacional también está la primera en cuanto al
desmantelamiento de las garantías sociales mínimas que existían en los antiguos
servicios públicos. Otra fuente de estragos sociales es la asimetría
fundamental entre las firmas que operan a escala global y los trabajadores y
sus comunidades que están enraizadas en un territorio. Esta asimetría reside en
la facultad de las multinacionales para salir de una manera abrupta del negocio
donde se encuentran sin hacer caso de las poblaciones, de los trabajadores y a
veces sin respetar la legislación vigente. El caso del cierre ilegal de la
fábrica de neumáticos Euskadi de Jalisco, en México, por la empresa alemana
Continental, es una ilustración de esta lógica. El 16 de diciembre de 2001, la
dirección de Continental cerró la fábrica sin respetar ninguno de los convenios
internos de la empresa ni la legislación laboral mexicana. Durante más de tres
años, los asalariados lucharon sin conseguir nada: huelgas, viajes a Europa
para hacer presión en la casa central, llamamientos a la solidaridad
internacional de los movimientos sociales. Finalmente, en febrero de 2005, los
trabajadores ganaron la causa y pudieron relanzar la empresa con un control
cooperativo mayoritario (12).
Destrucción
ecológica y desestructuración social en los proyectos mineros
Las
industrias mineras son uno de los sectores primordiales de la inserción de las
economías latinoamericanas en las redes económicas controladas por las
multinacionales. Eso no es nada nuevo: el saqueo que siguió a la conquista ya
tenía como objetivo principal la extracción y exportación de oro y plata. Dicho
saqueo constituyó un robo masivo de riquezas y además un terrible proceso de
destrucción ecológica y humana que continúa en la actualidad (13). Uno de los
conflictos actuales más emblemáticos concierne al depósito de cobre de Río
Blanco, uno de los yacimientos de cobre más importantes todavía no explotado en
el planeta, en el norte de Perú (14). La empresa británica Monterrico Metals,
¡cuyo director general actual no es otro que el ex embajador de Gran Bretaña en
Perú! (15), pretende apropiarse ilegalmente de tierras de las comunidades
indígenas. Escarmentados por la triste suerte de las ciudades mineras de Oroya
(16) y Yanacocha (17), estos indios temen la contaminación de sus aguas y sus
tierras, las consecuencias para la salud y el efecto destructor de la cohesión
de sus comunidades: desigualdades, aniquilación de proyectos autónomos,
corrupción.
Apoyo
a los paramilitares colombianos
Colombia
ostenta la siniestra particularidad de ser el país en el que se concentran el
90% de los asesinatos de sindicalistas del mundo: ¡Al menos 2.245 han sido
asesinados por los paramilitares desde 1991! (18). Muchos de ellos fueron
líderes sindicales en empresas alimentarias multinacionales (Coca cola,
Bavaria, Nestlé), automovilísticas (Hyundai), compañías mineras (Drummond y
AngloGold Ashanti) y grandes sociedades bananeras (Chiquita, Dole y Del Monte)
(19). Protegida por el mutismo de la justicia colombiana, la complicidad de
esas firmas con los paramilitares de extrema derecha está actualmente en el
centro de varios procesos judiciales en curso en Estados Unidos. En marzo de
2007, compareció Chiquita (la ex United Fruits) y confesó que había pagado 1,7
millones de dólares por servicios de «seguridad» (sic) a las milicias de
extrema derecha (20).
Las
maquiladoras de México y América central: la sobreexplotación laboral
El
desarrollo de México a partir de las fábricas de montaje (maquiladoras) se ha
presentado como una solución económica para el país en el momento de la entrada
en el TLCAN en 1994. El número de fábricas de este tipo, que empleaba una mano
de obra poco cualificada y ampliamente femenina, creció rápidamente en la
frontera entre México y Estados Unidos. El fenómeno ha permitido desarrollar
las exportaciones pero no ha tenido efecto de arrastre sobre el desarrollo del
aparato productivo del país; al contrario, ha contribuido a incrementar la
polarización económica y social. La subida de la competencia de China y de los
países de América central en este tipo de actividad ha demostrado el carácter
efímero de esta especialización. Y México ya se está viendo obligado a ofrecer
todavía más ventajas a los inversores para intentar atraer las maquiladoras de
segunda generación, correspondientes a actividades más sofisticadas (21). En
última instancia, son los trabajadores quienes pagan el precio de esta
competencia entre los territorios puesto que establece una carrera a la baja en
términos de condiciones de trabajo y salarios.
4.
Avances y límites de las políticas de ruptura con el neoliberalismo
1. Venezuela: reconquista de las riquezas
energéticas y difusión de la revolución bolivariana
Comprometida
en la vía del «Socialismo del siglo XXI», la revolución bolivariana conoció un
giro significativo en 2007 con la nacionalización de una serie de activos
extranjeros estratégicos: la principal empresa de telecomunicaciones y la
compañía Electricidad de Caracas, controladas respectivamente por las compañías
estadounidenses Verizon y AES (22). Pero el gran negocio del país son los
hidrocarburos. Así, desde 2005, el gobierno emprendió la modificación de
la legislación petrolera. No sólo ha
incrementado el porcentaje de los ingresos petroleros que revierten al Estado,
sino que además ha obligado a las empresas a modificar los acuerdos de
repartición de la producción firmados en los años 90 por medio de sociedades
conjuntas, en las cuales el Estado ya tiene una participación mayoritaria (23).
En mayo de 2007, este planteamiento se extendió a los proyectos de explotación
del campo petrolero del Orinoco; la sociedad PDVSA ha vuelto a comprar las
acciones de las sociedades extranjeras hasta llegar al menos al 60%. Esos
proyectos sobre el petróleo pesado son tan prometedores que la mayoría de las
compañías extranjeras han aceptado las nuevas exigencias del gobierno
venezolano, excepto las estadounidenses ConocoPhilipps y ExxonMobil (24).
Con
su propuesta de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), Venezuela
desempeña un papel considerable. Ese proyecto pretende construir, a escala
regional, modalidades de integración económica que rompen con la subordinación
a los países capitalistas del centro y a sus grandes firmas. Así, se ha dado un
paso significativo con el anuncio de la retirada de Bolivia, Venezuela y
Nicaragua del organismo internacional de arbitraje del Banco Mundial –el Centro
Internacional
de Reglamento de las diferencias relativas a las inversiones (CIADI)- durante
el quinto encuentro presidencial del ALBA en abril de 2007 (25). En la misma
cumbre, a la que asistieron los presidentes Hugo Chávez (Venezuela), Evo
Morales (Bolivia), Daniel Ortega (Nicaragua) y Carlos Lage (vicepresidente de
Cuba), así como los observadores de Haití y Ecuador, se firmó un tratado
energético que garantiza el acceso compartido a ciertas reservas venezolanas
para los 25 próximos años y prepara el desarrollo de capacidades de explotación
y refinería de los hidrocarburos en cada uno de los países. Con el fin de
coordinar según los principios de
«solidaridad
y complementariedad» el conjunto de las políticas y acciones emprendidas en el
terreno de la energía, se creará una empresa «gran nacional» que reagrupará las
empresas públicas binacionales ya constituidas y se pondrá en marcha un consejo
energético que reúna a los ministros de Energía de cada uno de los países
mencionados. Estas propuestas están pendientes de ponerse en marcha (26).
2. Difícil paso de las resistencias a la
alternativa en Bolivia
La
aproximación de Bolivia a Venezuela desde la elección de Evo Morales forma
parte del formidable auge de los movimientos populares bolivianos desde hace un
decenio que resultó, en gran medida, del enfrentamiento victorioso contra las
multinacionales del agua y los hidrocarburos. Pero aunque se han conseguido
claramente victorias sociales y políticas de las movilizaciones, dichas
victorias todavía no se han concretado totalmente.
Las
guerras del agua
En
el año 2000, diferentes sectores sociales de Cochabamba organizados en la
«Coordinadora de Defensa del Agua y de la Vida» se movilizaron como reacción a
una espectacular subida de los precios del agua que siguió a la firma de un
contrato de concesión por 40 años a la multinacional estadounidense Betchel.
Después de 6 meses de luchas ferozmente reprimidas –costaron un muerto y 76
heridos-, el movimiento ganó «la guerra del agua»: el gobernador Banzer rompió
el contrato de concesión y abolió la ley que permitía la mercantilización del
agua. 6 años después, sin recibir ninguna indemnización, Betchel abandonó la
acción emprendida ante el CIADI contra el gobierno boliviano (27). Betchel se
fue sin indemnización, sin embargo están lejos de resolverse todos los
problemas: en desafío a la puesta en marcha de formas de gestión participativa,
a finales de 2006 la mitad más pobre de la población sigue sin conectar a la
red y se ve obligada a pagar altos precios por el agua transportada en camiones
cisternas (28).
En
enero de 2005 se desencadenó una segunda guerra del agua en El Alto, la meseta
que sobresale de La Paz, contra la filial de Suez Aguas del Illimani, debido a
las escasas inversiones y a la subida de las tarifas mientras la firma se
embolsaba beneficios del 13% (29). Sin embargo, la anunciada salida de Suez no
sería efectiva hasta el 3 de enero de 2007 y sólo después de que el gobierno de
Evo Morales asumiera las deudas contraídas por la empresa y pagase una
compensación como reconocimiento de las inversiones (30). Más allá de esos
casos emblemáticos, el nuevo gobierno boliviano ha emprendido la labor de sacar
el agua del mercado no sólo en su propia legislación, sino además llevando la
ofensiva a nivel internacional (31).
La
nacionalización inconclusa de los hidrocarburos
Con
las duras movilizaciones de 2003 (67 personas resultaron muertas) y después en
2005 (32), la cuestión del gas ha hecho caer a dos presidentes y constituye el
último plan de la ascensión al poder de Evo Morales: prometida y cumplida, la
nacionalización del gas se anunció el 1 de mayo de 2006. Como resume Evo
Morales «Bolivia ya no tiene amos, sino socios» (33). Al no estar Bolivia
dotada para explotar por sí misma los campos de gas, esta medida de
nacionalización ha llevado a una nueva negociación de los contratos con las
multinacionales (Petrobras de Brasil, Repsol de España,
Total
de Francia y British Gaz) que ha hecho que los impuestos revertidos al Estado
hayan pasado del 50% al 82%. Las compañías han pasado del estatuto de
concesionarias de los recursos al de prestatarias de servicios para la empresa
pública Y PFB ( Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos). En realidad, la
puesta en marcha de esta nacionalización ha puesto en evidencia la debilidad
técnico-política del gobierno: nada menos que cuatro presidentes se han
sucedido a la cabeza de la compañía nacional desde la llegada de Morales al
poder. Además se han cometido diversos fallos en las negociaciones de los
contratos y en muchos aspectos siguen siendo favorables para las
multinacionales y no constituyen una ruptura fundamental con respecto a la
situación anterior (34). Sin embargo, se está superando una etapa importante
con la recuperación por parte del Estado de las dos refinerías más importantes
del país controladas hasta ahora con Petrobras. Hicieron falta un año de
difíciles negociaciones con Brasil –que en este asunto ocupaba una posición de
subimperialismo- y 112 millones de dólares para llegar a un acuerdo. Pero los
problemas de reorganización del sector y los retrasos de inversiones dirigidas
a la satisfacción de la demanda interna son tales que los problemas de
aprovisionamiento del mercado interior durarán
¡por
lo menos 3 años! (35) Las dificultades que ha encontrado el equipo de Morales
muestran claramente la ambivalencia del proceso en curso. Por un lado debe
transigir con las multinacionales para explotar los recursos, ya que Bolivia no
dispone de medios técnicos ni financieros para operar por sí misma. Así, en
julio de 2007 el gobierno firmó un nuevo acuerdo concerniente a la explotación
de una mina de hierro que representa el mayor compromiso de inversión
extranjera que se ha consentido nunca en el país (36). Por otra parte,
siguiendo una voluntad expresa de romper con el neoliberalismo y con la
dominación del capital extranjero, el Estado efectúa un movimiento
significativo de recuperación del control de su economía. Así, mientras que en
2005 el Estado sólo controlaba el 8% del PIB, en enero de 2007 llegó al 18% y
tiene el objetivo del 25% de aquí a finales de este año (37). Para conseguirlo
está en marcha una nueva serie de nacionalizaciones, especialmente en el campo
de la metalurgia (38), las telecomunicaciones y la electricidad (39).
3. Argentina: los derechos de los
inversores cuestionados puntualmente para hacer frente a la crisis
Leal
al presidente Menem durante toda la década de los 90, Néstor Kirchner se
convirtió en presidente y se vio obligado a modificar significativamente las
políticas económicas para hacer frente a la crisis. La presión sobre las
multinacionales como Shell o Aguas Argentinas, propiedad de Suez, que
pretendían incrementar sus tarifas, pone de manifiesto, sobre todo, un juego
político. Otras decisiones tuvieron un impacto económico más sustancial: la
nueva negociación de la deuda, la revisión de los acuerdos con el FMI y las
tarifas de las empresas privatizadas en la época de Menem o el compromiso en el
proceso de creación de una organización latinoamericana pública de los
hidrocarburos, con Venezuela y Bolivia, para oponerse a la influencia de
Yacimientos Petrolíferos Fiscales, vendido a Repsol en 1999. Los sobresaltos de
la economía y la sociedad argentina a principios del milenio ponen de
manifiesto el carácter depredador de las multinacionales. La «pesificación», en
enero de 2002, reconocía la moneda nacional como sola y única moneda en
circulación y uso; convertía las deudas en dólares a la tasa de 1 a 1, el
ahorro de los particulares a la tasa de 1 dólar por 1,4 pesos, e hizo que la
moneda argentina dejase de fluctuar. Esa medida puso fin a 10 años de Ley de
Convertibilidad entre el dólar estadounidense y el peso argentino a la tasa de
1 a 1. Muchas de las empresas multinacionales que habían comprado las empresas
públicas de servicios, sólo obtuvieron las tarifas que estaban alineadas sobre
el dólar (a la tasa en vigor de la época, es decir 1 a 1). La «pesificación»
deterioró fuertemente los resultados de dichas empresas multinacionales. A
pesar de los considerables beneficios conseguidos durante la década de los 90,
no aceptaban las pérdidas (40). Así, France Telecom, Suez o EDF vendieron sus
activos en beneficio de los grandes grupos argentinos, con lo que contribuyeron
a devolver la solidez al capitalismo nacional argentino. Frente a la crisis
económica, los movimientos sociales no se quedaron parados. Surgieron
recuperaciones de fábricas y empresas (41). Algunas de las fábricas
recuperadas, en 2007 continuaban con la experiencia de la autogestión, en
muchos casos a pesar de
los
obstáculos que ponía el gobierno Kirchner. En efecto, inmediatamente después de
la crisis, el gobierno generalmente apoyaba esas iniciativas pero tras la
recuperación pretendía poner en orden el capitalismo argentino, lo que
implicaba la ruptura de la dinámica autogestionaria.
Conclusión:
para otro régimen de inserción internacional de los países de la periferia
Después
de veinte años de una enorme expansión de los inversores directos extranjeros,
las multinacionales se han aprovechado de un contexto político muy favorable
para tomar el control de una gran parte de las economías latinoamericanas: más
allá de los tradicionales productos mineros, hidrocarburos y productos
agrícolas, las multinacionales organizan una gran parte del tejido industrial y
a menudo desempeñan un papel dominante en los servicios, especialmente en la
banca, en los servicios de infraestructuras (electricidad, telecomunicaciones)
y en la distribución. Esta presencia creciente ha modificado la faz de las
ciudades latinoamericanas, pero no ha conducido a una dinámica de desarrollo:
el crecimiento económico sigue a un nivel débil, aunque parece que se inicia
una recuperación en los últimos años; sobre todo las desigualdades sociales, el
desempleo y la pobreza permanecen en cotas muy elevadas.
Si
las multinacionales contribuyen a la polarización económica y social de los
países latinoamericanos, en el ámbito de la microeconomía se comportan como
auténticos depredadores. Operan para incrementar permanentemente los
beneficios, situándolos a niveles muy elevados, y desprecian cualquier otra
consideración: salarios de miseria, precarización de los estatutos, destrucción
del medio ambiente, apoyo a los sectores más reaccionarios, competición a la
baja entre los territorios… Frente a esta ofensiva, las resistencias se han
desarrollado de forma importante. Parten de tres lógicas: En primer lugar de
una reacción parcial del gobierno bajo la presión de una catástrofe económica y
las fuertes movilizaciones sociales, como en el caso de la Argentina de Kirchner.
Después, las movilizaciones concretas contra las multinacionales (guerras del
agua y guerra del gas en Bolivia, movilización contra los proyectos mineros…).
Y finalmente, la llegada al poder de gobernantes comprometidos en políticas que
rompen explícitamente con el neoliberalismo en favor del «Socialismo del siglo
XX» en Bolivia, Venezuela y más recientemente en Ecuador. Estos nuevos equipos
han conseguido, con más o menos ventajas, recuperar el control del flujo de las
riquezas controladas por las multinacionales. Las nacionalizaciones se han
llevado a cabo sin romper la legalidad, es decir, a través de negociaciones
conducentes a un acuerdo sobre las indemnizaciones o a un proceso de arbitraje
internacional. Esta recuperación se ha dirigido a mejorar el nivel de vida de
la población por medio de políticas de redistribución y de lanzamiento de
inversiones productivas o de capital humano (sanidad y educación). Sin embargo,
en cierto número de casos los gobiernos se ven obligados a ponerse de acuerdo
con las multinacionales, ya que éstas poseen efectivamente la capacidad
tecnológica, el capital o las redes distribuidoras que los países no pueden
saltarse bajo pena de renunciar a los pagos inmediatos cruelmente necesarios.
Esta
limitación para la emancipación de los países latinoamericanos frente al
capital extranjero puede ser contrarrestada en parte, a medio plazo, por una
dinámica de integración regional: el proyecto de Chávez y sus aliados dirigido
exactamente a poner a disposición mutuamente a nivel regional los medios
(capitales, tecnologías, redes…) y la puesta en marcha de una integración
política que ampliará los márgenes de maniobra. Es en esta vía en la que el
subcontinente en conjunto avanzará en la orientación de la utilización de los
recursos para satisfacer las necesidades de sus poblaciones en vez de alimentar
el apetito inextinguible de beneficios de la finanza internacional (42). Sin
embargo, permanecen dos problemas importantes. Por un lado, la reconquista de
una forma de soberanía nacional o regional frente a las multinacionales sigue
siendo frágil y no aportará una auténtica ruptura si se apoya en las burguesías
locales: América Latina ya conoció un movimiento de este tipo entre los años 40
y 80 que permitió realmente un cierto desarrollo pero no quebró la lógica
capitalista ni redujo de forma permanente la polarización socioeconómica de los
países. Por otra parte, dado que la interdependencia entre las economías es
más
fuerte que nunca, el enfrentamiento con las multinacionales no puede ser de la
incumbencia de un solo grupo de países, con más razón si se trata de países de
la periferia. Establecer alianzas entre las fuerzas políticas y los movimientos
sociales del norte y el sur para oponerse a las multinacionales y a las
políticas que éstas inspiran continúa siendo una labor obligatoria para avanzar
hacia una integración internacional solidaria.
(Paris/Buenos
Aires, 2008)
Notas:
(1) La inversión directa extranjera (IDE) es
una inversión que implica una relación a largo plazo y pone de manifiesto el
interés permanente de una entidad residente en un país. Es diferente de la
inversión financiera. A través de las inversiones extranjeras es como una
empresa puede desarrollar su actividad en diferentes países y de esa forma
convertirse en una multinacional.
(2) Los datos que se presentan en este
párrafo se han sacado de diversos informes de la CNUCED. www.unctad.org .
(3) Anthony Faiola, «Spanish Firms Revive
Latin America Conquest», The Washington Post, 14 de febrero de 2000 Usher, «New
World Conquests», Time, 5 de junio de 2000. Ver también el artículo de Luís
Miguel Busto Mauleon, «El nuevo colonialismo español», http://www.revistapueblos.org/spip.php?article304
(noviembre de 2005).
(4) Y. Delazay, y B. Garth, La mondialisation
des guerres de palais, Seuil, coll. «Liber», París, 504 p.
(5) Yannaca-Small, C. (2004), «Indirect
expropriation and the right to regulate in international investment law», OCDE
Working papers on international Investment, abril de 2004, 22 p.; UNCTAD
(2005), «Investor-State disputes arising from investment treaties: a review»,
UNCTAD Series on International Investment Policies for Development, 106 p.
(6) Jelson Oliveira, «Brésil - Renault et la
réforme agraire», Diffusion d'Informations sur l'Amérique Latine - DIAL, 2558,
16 de mayo de 2002, http://www.alterinfos.org/spip.php?article1349
(7) C EPAL, Estudio Económico, 2002, 2003,
2005 y 2007.
(8) Referencia al clásico de Eduardo Galeano
(1971), Las venas abiertas de América Latina, sexagésima séptima edición, Ed.
Siglo XXI, México.
(9) C. Durand (2006), «Institutions et impact
des IDE dans les pays en développement: le secteur de la grande distribution au
Mexique», Institutions, développement économique et transition, Séptimas
jornadas científicas de la red «Analyse Economique et Développement de l'AUF»,
París, Francia, http://halshs.archives-ouvertes.fr/halshs-00135918/en.
(10) «Despidos masivos en Banamex, pese a altas
ganancias en el país», La Jornada, 30 de abril de 2007.
(11) CIOSL, «Perú: Carta de CIOSL a la ministra
de Trabajo», 19 de Septiembre de 2006,
www.cioslorit.net/espanol/noticia1.asp?id=204
(12) Erika Arriaga, «Reabre operaciones planta
de Euzkadi en Jalisco», La Jornada, México, 26 de febrero de 2005; Carolina
Gómez Mena, «Festeja el sindicato de Euzkadi 72 años de existencia», La Jornada, México, 22 de julio de 2007.
(13) Consultar el sitio dedicado a la actualidad
de las luchas concernientes a las minas:
http://www.conflictosmineros.net./al/html/index.php
(14) Recopilación de despachos sobre este caso
disponibles en el sitio: www.ccdhal.koumbit.org/spip.php?mot=33.
(15) Información publicada en el sitio de la
compañía: www.monterrico.co.uk.
(16) Ver el sitio dedicado a la situación en
esta ciudad: http://www.todosobrelaoroya.org./
(17) Ver el sitio de Friends of the Earth:
http://www.foei.org/fr/publications/link/mining/22.html .
(18) Amnistía Internacional, Colombia:
Homicidios, detenciones arbitrarias y amenazas de muerte: la realidad del
sindicalismo en Colombia, informe AMR 23/001/2007, 3 de Julio de 2007,
http://www.amnesty.org/en/library/asset/AMR23/001/2007/en/dom-AMR230012007es.html.
(19) Benito Pérez, «Ces syndicalistes assassinés
qui hantent les multinationales », Le Courrier, Ginebra, 28 de julio de 2007.
(20) Christina Kearney, «Colombians sue banana
producer for funding guerrillas», Reuters, 19 de Julio de 2007.
(21) Ver el World Investment Report de la CNUCED
de 2004 y 2007.
(22) Salim Lamrani, «Nacionalizaciones: se abre
una nueva era en Venezuela», Rebelión, 27 de febrero de 2007,
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=47248.
(23) Elisabeth Studer, «Chavez: nationalisation
de tout le secteur de l'énergie», Le Blog Finance , 15 de enero de 2007,
www.leblogfinance.com/2007/01/chavez_national.html; Agencia Bolivariana de
Noticias , «Venezuela recupera soberanía petrolera sobre convenios en Faja del
Orinoco», 25 abril de 2007,
http://www.abn.info.ve/go_news5.php?articulo=89832&lee=3; Jens Gould,
«Venezuela
tightens oil grip», The Christian Science Monitor , 14 de abril de 2006,
www.csmonitor.com/2006/0414/p06s01-woam.html; Mark Weisbrot, «A New
Assertiveness for Latin American Governments», International Business Times ,
11 de junio de 2007.
(24) Steven Bodzin y José Enrique Arrioja,
«Conoco, Exxon Mobil to Quit Venezuela, Ramirez Says», Bloomberg, 26 de junio de 2007,
www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601086&sid=aezzzCuHIpvQ&refer=news.
(25) «Bolivia, Venezuela and Nicaragua withdraw
together from the ICSID», CADTM , 2 de mayo de 2007,
www.cadtm.org/spip.php?article2618
(26) Tratado energético del ALBA, Tintorero -
Estado Lara, 29 de abril de 2007: www.alternativabolivariana.org; Eduardo
Gudynas, «La diplomatie de l’énergie et l’intégration sud- américaine à la
croisée des chemins», IRC Programa de las Américas: www.ircamericas.org , 20 de
junio de 2007.
(27) Environment News Service, «Bechtel Drops
$50 Million Claim to Settle Bolivian Water Dispute», 19 de enero de 2006,
www.ens-newswire.com/ens/jan2006/2006-01-19-04.asp .
(28) Ver «Bolivie: la longue lutte pour l'eau»,
mayo de 2006, www.secours- catholique.asso.fr/actualiteinternational_873.htm;
Juan Diego Restrepo, «Cochabamba: la guerre de l'eau inachevée» RISAL/ALAI, 20
octubre de 2006, http://risal.collectifs.net/spip.php?article2183.
(29) Eric Toussaint, «Sous la pression
populaire, le président bolivien met fin à la présence de Suez en Bolivie», CADTM, 17 de febrero de 2005,
http://www.cadtm.org/spip.php?article1156&var_recherche=suez%20bolivie.
(30) Marjolaine Normier, «Bye bye Suez», Le
jouet enragé, París, febrero de 2007.
(31) Louis Jean et Jean-Philippe Catellier,
Alternatives, 2 de marzo de 2007, http://www.alternatives.ca/article2816.html .
(32) Walter Chavez, « Mobilisations sociales
pour la nationalisation des hydrocarbures et démission du président », RISAL, 8 de junio de 2005,
http://risal.collectifs.net/spip.php?article1396&var_recherche=guerre%20du%20gaz%20bolivie.
(33) Benito Pérez, «La Bolivie n'a plus de
maîtres mais des partenaires», Le Courrier, Ginebra, 30 de junio de 2007.
(34) Franz Chávez, «Petroleo-Bolivia:
Nacionalización en duda», IPS , abril de 2007,
http://ipsenespanol.net/nota.asp?idnews=40581; «Contratos petroleros: los
costos recuperables devuelven todo a las petroleras», Alerta Laboral , n° 49,
Abril de 2007, www.cedla.org/boletin/boletin.php?id_bol=64.
835)
Pablo Ortiz, «Bolivia ya controla sus refinerías», Pagina/12, 27 de junio de
2007, http://www.marceloelias.com/opinion754.html
(36) La compañía siderúrgica india Jindian Steel
an Power ha obtenido el derecho de explotar el 50% de la mina El Mutún, el
mayor yacimiento de mineral de hierro sin explotar del mundo . Hal Weitzman,
«Bolivia lands deal to exploit iron ore deposit» Financial Times, 20 de julio
de 2007.
(37) «Entrevista con Álvaro García Linera
Vicepresidente de la República». El Deber, Bolivia, 21 de enero de 2007.
(38) Heather Walsh, «Bolivia Seeks More Revenue
From Glencore After Nationalization», Bloomberg, 14 de febrero de 2007,
http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601013&sid=aafc1GJIBsD0&refer=emergingmarket
s.
(39) Benito Pérez, «Evo Morales reprend le
téléphone avant de nationaliser l’électricité», Le Courrier, Ginebra, 10 de
abril de 2007.
(40) En la primera época de E. Duhalde después
de N. Kirchner, quienes afirmaban que querían pasar la página del «menemismo»
que sin embargo habían apoyado al más alto nivel (como vicepresidente y
gobernador respectivamente).
(41) Ver el dossier de OSAL (Observatorio Social
de América Latina) de la CLACSO específica sobre los conflictos sociales:
www.clacso.org.ar/difusion/secciones/osal
(42) A. Saludjian, Hacia otra integración
sudamericana. Críticas al Mercosur neoliberal, Libros del Zorzal, Buenos Aires,
2006.
Para saber más sobre las multinacionales
en América Latina:
• OMAL, “Multinacionales en América Latina:
impactos y resistencias”, 10 paneles temáticos con videos en línea, 2008
(www.omal.info/www/article.php3?id_article=18799).
• Erika González, Kristina Sáez y Jorge Lago,
Atlas de la energía en América Latina y Caribe, OMAL, 2008
(www.omal.info/www/article.php3?id_article=1843)
• CEPAL, La inversión extranjera en América
Latina y el Caribe, 2009 (Publicación anual en www.eclac.org).
• OMAL, “Las empresas transnacionales en la globalización”, 2007, (www.omal.info/www/article.php3?id_article=1339).
• VVAA, Centroamérica encendida. Transnacionales
y reformas en el sector eléctrico, Icaria
-
Paz con Dignidad, Barcelona, 2005.
• CEDIB, Monopolios Petroleros en América Latina
y Bolivia: Repsol y otras transnacionales europeas, 2007
(http://www.cedib.org/pdocumentos/RRNN/diagramamemoria.pdf)
• Graciela Rodríguez, “Impactos de las
multinacionales sobre las mujeres y resistencias en América Latina” Conferencia
en linea, OMAL/Instituto Equit – Brasil,
www.omal.info/www/article.php3?id_article=1826
• Enlazando Alternativas, Red Birregional Europa, América Latina y Caribe: www.enlazandoalternativas.org
• Plataforma de seguimiento a las industrias
extractivas: www.extractivas.org
• Observatorio de Multinacionales en América
Latina: www.omal.info
ALBA contra ALCA
Una nueva vía para la integración regional en Latinoamérica
Por
Thomas Fritz
Traducción
del alemán por Jan Stehle
Thomas
Fritz es investigador del Centro de Investigación y Documentación Chile –
Latinoamérica, Berlín, http://fdcl-berlin.de
El
paisaje político de la integración latinoamericana está cambiando
profundamente. El proyecto de construir una zona de libre comercio
panamericana, ALCA, un proyecto neoliberal basado en la competencia y liderado
por los Estados Unidos, está estancado. Al mismo tiempo la discusión sobre la
integración latinoamericana se está intensificando, empujada por iniciativas
concretas de gobiernos de izquierda, que apuestan a relaciones solidarias en
vez de competitivas. El alejamiento más evidente del dogma liberal lo están
llevando a cabo el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas, bautizada
desde junio del 2009: Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América),
iniciado por Venezuela, y el concepto de contratos de comercio alternativos TCP
(Tratado de Comercio de los Pueblos), promovido por Bolivia. Bajo el techo de
ALBA el gobierno venezolano no sólo ha desarrollado una visión ambiciosa de una
integración latinoamericana solidaria, sino también ha llevado adelante un gran
número de cooperaciones interestatales, especialmente en el sector energético.
Las expresiones más claras de estas actividades han sido el acuerdo sobre la
entrega preferencial de petróleo, Petrocaribe, y el contrato de cooperación
entre Venezuela, Cuba y Bolivia, ALBA-TCP. Además de eso, Venezuela ha
integrado a otros países en su “Alternativa Bolivariana para las Américas” a
través de proyectos conjuntos. Este nuevo enfoque ha despertado un gran interés
en todo el subcontinente y representa un enriquecimiento valioso del revitalizado
debate latinoamericano sobre integración regional. ALBA sirve como ejemplo para
ilustrar los márgenes de acción de gobiernos, que intentan dar pasos concretos
para salir del callejón sin salida neoliberal. Sin embargo, como cualquier
proyecto realista de transformación, el ALBA está sujeto a contradicciones que
una y otra vez llevan a conflictos con sus propias aspiraciones. Al mismo
tiempo, se han podido constatar una serie de logros que han abierto el paso
hacia una integración socialy solidaria.
La
siguiente discusión del ALBA va a considerar ambos aspectos. Los avances y las
contradicciones de esta vía alternativa de integración serán discutidos
mediante el análisis de las iniciativas más importantes del ALBA. Punto central
serán los tratados entre Venezuela, Cuba y Bolivia, además de las iniciativas
energéticas. Los protagonistas del ALBA justamente le otorgan una gran
importancia a la integración energética, por lo cual el análisis de
aspiraciones y realidades de la Alternativa Bolivariana en el ámbito energético
también será objeto de este estudio. El interés por estos nuevos enfoques
integracionistas, sin embargo, no se limita a América Latina. También en Europa
lentamente está comenzando una discusión más intensiva sobre el ALBA, el TCP y
otras alternativas. Después del fracaso del Tratado Constitucional movimientos
progresistas de la Unión Europea están desarrollando modelos de una integración
social, con equidad entre los estados. En este sentido los modelos
latinoamericanos pueden también estimular la discusión en Europa.
Vientos
de cambio en la integración latinoamericana
A
finales del 2005 en la Cumbre de las Américas en Mar del Plata (Argentina) una
parte importante de los estados sudamericanos rehusó seguir el liderazgo de
Estados Unidos. Especialmente los gobiernos de Argentina, Brasil y Venezuela se
negaron a retomar las negociaciones estancadas sobre el ALCA. Desde entonces,
este proyecto central del gobierno estadounidense está congelado. Este éxito se
hizo posible gracias a una amplia campaña de los movimientos sociales. Desde el
inicio oficial de las negociaciones sobre el ALCA en 1994 especialmente la red
Alianza Social Continental (ASC) ha logrado ampliar y unificar la resistencia
en contra del área de libre comercio. La cumbre de Mar del Plata, por lo tanto,
marcó un giro importante en la política latinoamericana contemporánea. La
Alianza Social Continental ve un “nuevo escenario”. Mientras hasta ese entonces
había centrado sus acciones defensivas en impedir el ALCA, en adelante se
podrán desarrollar nuevos modelos propios de integración y revisar críticamente
los ya existentes63.
En
ese marco los dos bloques económicos regionales sudamericanos – la Comunidad
Andina (CAN) y el MERCOSUR – han entrado en movimiento, lo cual también se
debe, en parte, a los EEUU. Especialmente la Comunidad Andina está inmersa en
un proceso de erosión debido a graves diferencias políticas. Colombia, Ecuador,
Perú y Bolivia forman parte de la CAN. Venezuela se retiró del bloque en abril
del 2006, después de que Colombia y Perú acordasen la firma de tratados
bilaterales de libre comercio con los Estados Unidos. Los tratados bilaterales
se consideran una respuesta de los EEUU ante el bloqueo del ALCA. De hecho,
entrañan un factor explosivo frente a los bloques regionales existentes. El
economista argentino Claudio Katz, al respecto, habla de una estrategia
norteamericana de “balcanización comercial”64. Venezuela mientras tanto, al
poco tiempo de su retiro de la CAN, fue admitida como miembro pleno del
MERCOSUR. Este área de libre comercio fue creado por Argentina, Brasil, Uruguay
y Paraguay en 1991. Bolivia es miembro asociado del MERCOSUR y está aspirando a
ser miembro pleno. De la misma manera el presidente de izquierda de Ecuador,
Rafael Correa, ha expresado su interés por entrar al MERCOSUR. Sin embargo, a
pesar de este interés intensivo por el bloque, el MERCOSUR sigue siendo marcado
por conflictos internos. Entre los motivos de disputa se encuentran el
predominio del gigante económico Brasil, la competencia fuerte entre Argentina
y Brasil, y la marginalización de los dos miembros pequeños Uruguay y Paraguay.
Estos últimos incluso amenazaron hace poco con firmar acuerdos de libre
comercio bilaterales con los Estados Unidos. La disputa entre Uruguay y
Argentina por la instalación de una papelera contaminante en Uruguay es otro
ejemplo de la deficiente capacidad de resolución de disputas internas del
MERCOSUR.
ALBA:
la respuesta venezolana
Al
mismo tiempo de su entrada al MERCOSUR, Venezuela lanzó el ALBA, un proyecto de
integración basado en principios completamente distintos a los de la CAN o el
MERCOSUR65. El MERCOSUR ha apostado a un regionalismo abierto hacia el exterior
y basado en las exportaciones, un concepto que predomina desde finales de los
ochenta. Este “regionalismo abierto” acabó con la protección estatal de la
economía nacional, que había sido practicado durante la era de la sustitución
de importaciones. El modelo basado en las exportaciones requería un
desmantelamiento de barreras arancelarias, para poder importar insumos
necesarios a bajo costo. Desde entonces, la integración regional ha servido
sobre todo como paso intermedio hacia la integración al mercado mundial. Prometía
una reducción de costos en base a la reducción de barreras comerciales y debido
a los efectos de escala y de especialización en la producción para la
exportación. En vez de satisfacer la demanda regional ahora la meta es la
demanda mundial. El estado se ha retirado ampliamente como actor económico,
siendo reemplazado por la iniciativa privada y la mera regulación de los
63
Alianza Social Continental, “Algunos Puntos para el Debate sobre Integración
Regional”, Documento de Trabajo, 10 de agosto de 2006.
64
Claudio Katz, “El torbelino de la integración”, 25 de julio de 2006,
www.cadtm.org
65
Véase el texto base: “¿Qué es el ALBA?”, www.alternativabolivariana.org. En
este sitio web se pueden encontrar una serie de documentos oficiales
del
ALBA.
mercados.
El regionalismo abierto postula la liberalización de todos los sectores
económicos y la “reciprocidad” en la apertura de mercados, en conformidad con
las exigencias de la OMC.
Por
el contrario, la propuesta ALBA propone “cooperación”, “complementariedad” y
“solidaridad”. Se consideran los diferentes niveles de desarrollo, los puntos
fuertes y las debilidades de las economías participantes y los intereses
específicos de los estados por proteger a determinados sectores. Bajo este
concepto tienen prioridad los proyectos de cooperación en beneficio mutuo,
especialmente los que se dan entre empresas estatales. Además se resaltan las
transacciones compensatorias que no requieren recurrir al gasto de divisas. Los
objetivos centrales del ALBA son el combate a la pobreza y el desarrollo
social. La visión de una integración
latinoamericana solidaria que representa el ALBA se materializa en
tratados de cooperación concretos. Después de que Venezuela y Cuba firmaran el
tratado del ALBA en diciembre del 2004, Bolivia firmó su ingreso en abril del
2006. A mediados de enero del 2007 el presidente recién electo de Nicaragua,
Daniel Ortega, declaró el ingreso de su país al ALBA. En el 2008, se ha extendido
a Honduras y a la isla Dominica y en el
2009 a Ecuador y a San Vicente y las Granadinas. Aparte de este núcleo de
países, Venezuela en junio del 2005 firmó un tratado de cooperación energética
con 13 países, « Petrocaribe ». Los países caribeños firmantes se comprometen a
coordinar su política energética, mientras que Venezuela entrega petróleo a
condiciones preferenciales. Es evidente que la riqueza en petróleo de Venezuela
sirve como un lubricante importante de la integración. Por medio de cooperaciones
bilaterales, Venezuela está intentando incluir a países como Argentina, Brasil
y Uruguay. La propuesta ALBA, por lo tanto, no solamente representa una
alternativa real al proyecto de la zona de libre comercio ALCA, dominada por
los EEUU, sino también se puede entender como una crítica a los bloques
económicos existentes, MERCOSUR y CAN. El ingreso de Venezuela al MERCOSUR, sin
embargo, demuestra que al parecer ni el propio gobierno venezolano espera una
pronta expansión del ALBA por el subcontinente. Más bien el ALBA serviría como
especie de proyecto referencial. El presidente venezolano Hugo Chávez ha
expresado su intención de tematizar los principios del ALBA en el MERCOSUR.
Antes de ser ratificado Venezuela como miembro pleno, exigió reiteradamente que
a futuro el bloque debería darle prioridad al desarrollo social. “Solidaridad,
cooperación y complementariedad” deberían constituir las bases del MERCOSUR, no
“la competencia económica”66. No se sabe si el propio Chávez considera realista
un desarrollo de tales características. El impacto en las discusiones a nivel
regional, sin embargo, parece ser una función importante del ALBA.
Cooperación
venezolana-cubana
Con
el acuerdo entre Venezuela y Cuba de diciembre del 2004 y el ingreso de Bolivia
al ALBA el 29 de abril del 2006, se ha dado comienzo a la materialización de
los principios de la Alternativa Bolivariana de las Américas. Ambas partes
acordaron pasos concretos de liberalización así como una serie de proyectos de
cooperación económicos y sociales67. El intercambio de bienes y mercancías
puede llevarse a cabo en forma de un negocio de compensación, si esto es de
utilidad mutua. Cuba elimina a todos sus aranceles y sus barreras no tarifarías
para productos venezolanos, mientras que Venezuela elimina barreras no
tarifarías para mercancías y servicios cubanos68. Inversiones de empresas
estatales y mixtas estarán liberadas del pago de impuestos a las utilidades,
hasta amortizarse la inversión. Cuba renuncia a su participación en filiales
cubanas de empresas estatales venezolanas, es decir le concede a los
venezolanos una propiedad del cien por ciento. En cuanto a los proyectos de
cooperación, un aporte central cubano está en los sectores de servicios de
66
“Presidente Chávez: Mercosur debe priorizar la agenda social”, Ministerio de
Estado para la Integración y el Comercio Exterior, Comunicado de Prensa,
Carácas, 20 de abril de 2006.
67
Acuerdo entre el Presidente de la República Bolivariana de Venezuela y el
Presidente del Consejo de Estado de Cuba, para la Aplicación de la Alternativa
Bolivariana para las Américas, La Habana, 14 de diciembre de 2004.
68
Por sus obligaciones en el marco de su membresía en la Comunidad Andina (CAN) y
su futura membresía en el
MERCOSUR,
entre otros, Venezuela no pudo acordar una eliminación unilateral de sus
barreras arancelarias hacia Cuba. Por eso se acordó una ampliación de las
preferencias arancelarias existentes a 104 grupos de productos y un plan para
reducir los aranceles. Véase: Declaración Final de la Primera Reunión
Cuba-Venezuela para la Aplicación de la Alternativa Bolivariana para las
Américas, La Habana, 28 de abril de 2005.
la
salud y de la educación. Venezuela, en cambio, ofrece transferencias de
tecnología y financiamiento en los sectores de energía y de infraestructura.
Además, le provee a Cuba de petróleo a términos preferenciales. Estos, sin
embargo, forman parte de otros tratados (por ejemplo de la iniciativa
Petrocaribe). El apoyo cubano a las "misiones" de los sectores de la
salud y de la educación le confirió un alto significado simbólico al tratado.
En el marco de la estrategia conjunta para la implementación del ALBA, acordada
en abril del 2005, Cuba se comprometió a enviar hasta
30.000
profesionales de la salud a la misión "Barrio Adentro" que brinda
atención primaria en salud. En el marco de la misión „Ribas“, 10.000
estudiantes reciben una beca para estudiar carreras médicas en Cuba. Y se
acordó tratar en Cuba a hasta 100.000 venezolanos con enfermedades de la vista
durante el 2005. Además, el gobierno de Castro apoya a la misión “Robinsón” en
la alfabetización y educación escolar. Venezuela, en cambio, se comprometió a
brindar cursos deformación a 45.000 médicos cubanos y ofreció una serie de
becas. Ambos países acordaron también
trabajar conjuntamente en programas de salud y de alfabetización en
terceros países69. Para Cuba la alianza
ALBA es de especial importancia. Desde los años sesenta la isla socialista
sufre un embargo comercial por parte de los EEUU. La suspensión de la ayuda
soviética en los noventa llevó a una profunda crisis económica, de la que sólo
ha podido recuperarse lentamente. Venezuela, en cambio, ha expresado
inequívocamente con esta alianza, que el ALBA representa una alternativa explícita a todos los
tratados de libre comercio estadounidenses.
El
ingreso de Bolivia: un Tratado de Comercio de los Pueblos
El
ingreso de Bolivia al ALBA mostró la capacidad expansiva de la Alternativa
Bolivariana – un proceso que continuó con la afiliación de Nicaragua y
posiblemente proseguirá con el ingreso de Ecuador. Con el concepto del Tratado
de Comercio de los Pueblos (TCP) el presidente boliviano además ha aportado
bases ideológicas propias a la alianza, que también se reflejan a nivel formal.
El tratado tripartito ahora prevé la aplicación tanto de la Alternativa
Bolivariana como del Tratado de Comercio de los Pueblos70. La propuesta TCP es
bastante similar a los principios del ALBA, sin embargo se basa más fuertemente
en una crítica al modelo neoliberal de desarrollo, al cual se contraponen
modalidades de producción cooperativistas e indígenas. El comercio debería servir
para “el fortalecimiento de los pequeños productores, microempresarios,
cooperativas y empresas comunitarias”. Por lo tanto, habría que limitar los
derechos de los inversores. A fin de defender a la “cultura indígena”, el
Tratado de Comercio de los Pueblos postula “la complementariedad frente a la
competencia; la convivencia con la naturaleza en contraposición con la
explotación irracional de recursos; la defensa de la propiedad social frente a
la privatización extrema; el fomento de la diversidad cultural frente a la
monocultura y la uniformización del mercado que homogeneiza los patrones de
consumo”. Con el TCP se quiere lograr una integración que “trascienda los
campos comercial y económico” y que lleve a un “desarrollo endógeno justo y
sustentable en base a principios comunitarios.”71. Algunas de esas exigencias
son consideradas en el tratado ALBA-
TCP. El tratado sobre todo refleja las asimetrías entre los tres
partidos. Así, los aportes bolivianos son bastante modestos comparado con los
de Cuba o Venezuela. Cuba le ofrece a Bolivia el establecimiento de seis
centros oftalmológicos, incluyendo el equipamiento y el gasto del personal
cubano. Además construirá 20 hospitales de campaña y pone a disposición 600 médicos
y enfermeros. A estudiantes bolivianos se les ofrecerán 5000 becas para
estudiar medicina en Cuba, y Cuba apoyará a la campaña boliviana de
alfabetización con tecnología y material didáctico. Venezuela suministra
petróleo, combustible y asfalto, y parte de la cuenta podrá ser pagada con productos
bolivianos. Además le ofrece cooperación y ayuda tecnológica a las dos empresas
estatales bolivianas de los sectores petróleo y minero, YPFB y Comibol. Además,
provee a un
69
Declaración Final de la Primera Reunión Cuba-Venezuela para la Aplicación de la
Alternativa Bolivariana ara las Américas, La Habana, 28 de abril de 2005.
70
Acuerdo para la Aplicación de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de
Nuestra América y el Tratado de comercio de los Pueblos, La Habana, 29 de abril
de 2006.
71
“TCP: la propuesta boliviana para un comercio justo entre los pueblos”,
Movimiento Boliviano por la Soberanía y la
Integración
solidaria de los pueblos, 13 de abril de 2006.
fondo
boliviano que financia a inversiones productivas con 100 millones de dólares y
dona 30 millones de dólares para fines sociales.
Consideración
de las asimetrías
El
aporte material boliviano es mucho menos evidente. Sus exportaciones de
minerales y productos agrícolas aportarían al tratado ALBA-TCP, según se
afirma. Su industria petrolera promovería la “seguridad energética” de los
países miembros. Además, ofrece sus experiencias para el estudio conjunto de
los pueblos indígenas, la medicina natural y la biodiversidad. La modestia del
aporte boliviano se pone en evidencia en la industria petrolera: De hecho,
Bolivia no exporta su gas ni a Venezuela ni a Cuba. Cuba y Venezuela,
entretanto, están expandiendo sus concesiones
comerciales mutuas a Bolivia. Las exportaciones bolivianas a esos dos
países se benefician de liberalizaciones de aranceles y de medidas
no-tarifarías acordadas previamente por Venezuela y Cuba72. Bolivia, en cambio,
no se ha comprometido a bajar sus aranceles. Aquí se refleja también la
reocupación por la asimetría entre las tres partes. La única obligación de
liberalizar en forma no- tarifaría que ha asumido Bolivia se refiere a
preferencias impositivas para inversiones de empresas estatales cubanas y
venezolanas en Bolivia. Estas empresas estarán exentas de impuestos a las
ganancias hasta amortizarse la inversión. Una obligación similar ha sido
adquirida por Venezuela y Cuba. Además de eso, Cuba y Venezuela hacen otra
concesión comercial: garantizan comprar los productos de exportación bolivianos
cuyos mercados de destino desaparecen por efecto de tratados de libre comercio
de EEUU o la UE con estados vecinos de Bolivia. Esto representa una reacción
directa a la firma de tratados de libre comercio con EEUU por parte de Colombia
y Perú. Hasta ahora (2008) Bolivia ha exportado alrededor de un tercio de su
producción de soja estos dos países. Con la firma del tratado con los EEUU
estos, sin embargo, se comprometen a abrir sus mercados agrícolas sucesivamente
hacia el agrobusiness estadounidense, que es altamente subvencionado. Como la
soja boliviana no puede competir con la soja barata de los EEUU, se espera que
Bolivia pierda una parte de sus mercados andinos73. Cuba y Venezuela ahora se
comprometen a compensar estas pérdidas comprando las respectivas cantidades de
soja boliviana. Venezuela hoy en día ya compra la mitad de las exportaciones
bolivianas de soja.
Comunidad
Sudamericana de Naciones/UNASUR: la respuesta brasileña
A la
par con la fundación del ALBA y en el marco de su tercera cumbre en Cuzco
(Perú) en diciembre del 2004, los 12 jefes de estado de Sudamérica dieron
nacimiento a un nuevo ente político: La Comunidad Sudamericana de Naciones
(CSN). En la primera cumbre energética sudamericana, el 16de abril del 2007 en
Venezuela, los jefes de estado participantes acordaron rebautizarla y le
pusieron el nombre Unión Suramericana de Naciones (UNASUR). Con la excepción de
la Guayana Francesa, la totalidad de los estados sudamericanos forman parte de
la CSN/UNASUR. Esta iniciativa se remonta al gobierno brasileño de Fernando
Henrique Cardoso, que ya con la primera cumbre sudamericana en el año 2000
perseguía el objetivo de promover la convergencia de los bloques comerciales
CAN y MERCOSUR y de mejorar la competitividad mediante proyectos conjuntos de
infraestructura. Bajo el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva se agregó el
interés por crear un contrapeso a los EEUU y su proyecto ALCA. Presumiblemente
se debe a ese motivo que la declaración fundacional de la CSN se diferencie –
al menos retóricamente
– del dogmatismo de libre comercio neoliberal.
Partiendo de valores comunes como la democracia, los derechos humanos y la
justicia social, los estados miembros de la CSN declaran que el desarrollo
económico y social “no puede reducirse sólo a políticas de crecimiento
sostenido de la economía.” Más bien habría que reconocer las “asimetrías” entre
los países y asegurar “una más justa y equitativa distribución del ingreso, el
acceso a la educación, la cohesión y la
inclusión
72
Cuba exime a productos venezolanos de aranceles, Venezuela sin embargo por sus
obligaciones en el marco de CAN y del MERCOSUR solo puede brindar preferencias
limitadas.
73
Una parte de las exportaciones de soja bolivianas a Venezuela, Colombia y Perú
sin embargo proviene ilegalmente de Brasil y Paraguay. Esta soja es ingresada a
Bolivia para exportarla a países de la Comunidad Andina, para así obtener
preferencias arancelarias que Bolivia tiene como miembro de la CAN.
social,
así como la preservación del medio ambiente”74. Además dice que los jefes de
estado con la fundación de la Comunidad de naciones siguen el ejemplo de los
próceres de la unidad de “la gran Patria Americana“, Bolívar, Sucre y San
Martín. Los países miembros de la UNASUR firmaron el tratado constitutivo en
mayo de 2008 en Brasilia donde se estructuró y oficializó la Unión. Durante
esta cumbre, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, fue elegida presidenta
pro tempore de la organización, hasta el 10 de Agosto de 2009, fecha en la que
fue sucedida por el presidente ecuatoriano Rafael Correa. A pesar del poco
compromiso formal, la CSN/UNASUR ha ganado importancia por el programa conjunto
de infraestructura que viene de mucho antes. Ya durante su primera cumbre en
2000 los gobiernos sudamericanos acordaron llevar adelante la Iniciativa para
la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Esta
iniciativa prevé amplias inversiones en la infraestructura transfronteriza en
materias de transporte, energía y telecomunicaciones. Organizaciones no
gubernamentales, sin embargo, critican que una gran parte de proyectos en el
marco de IIRSA no cuadren con las palabras bonitas de la Declaración de Cuzco.
A pesar de constatar la deficiente infraestructura que une a los países, se
critica la “economía de puertos” de IIRSA, que tiene por objetivo seguir con la
explotación de recursos naturales del continente en beneficio de empresas
transnacionales. La diferencia sería, que esos megaproyectos convencionales
ahora se presentan como elemento de una integración regional autónoma. Además,
la CSN solamente buscaría incorporar las normas de libre comercio de MERCOSUR y
CAN para unificar y perfeccionarlas, sin querer superarlas teniendo como
perspectiva una alternativa social75.
Escepticismo:
la respuesta de la sociedad civil
La
crítica de las organizaciones no-gubernamentales se basa en el escepticismo de
la sociedad civil frente a las iniciativas integracionistas actuales. El
sociólogo venezolano Edgardo Lander, por ejemplo, advierte que la “retórica
latinoamericanista”, es decir el hecho que la integración sea por iniciativa
latina- o sudamericana, no garantiza por si una utilidad para la población en
general. Aboga por revisar los modelos de cada pacto: “¿Quiénes lo impulsan?
¿Para qué? ¿Para quién? ¿En función de qué intereses y de qué valores se
diseña?”76 Es también lo que reafirmó la carta de los movimientos sociales de
las Américas durante el foro social mundial de Belem (2009), llamando a
construir la integración desde “abajo”: “Este proceso de integración de
movimientos y organizaciones sociales, impulsa los principios del ALBA, y a su
vez quiere promover diversos mecanismos y potencialidades que ofrece el ALBA,
para potenciar la integración latinoamericana desde los pueblos”. Esta carta
rechaza así “las políticas, planes y leyes mineras, de hidrocarburos,
agronegocios, agrocombustibles, megaproyectos, a las iniciativas de
infraestructura del IIRSA, que destruyen a las comunidades, desconocen sus
derechos fundamentales, eliminan la diversidad cultural, destruyen los ecosistemas
y el ambiente”77. Dependería de la respuesta a cada una de esas preguntas si
las iniciativas integracionistas refuerzan los modelos de dominación existentes
o si pueden servir para superarlos. Mientras que las políticas nacionales
acepten la división social y privilegien a intereses del capital transnacional,
la integración no cambiará nada. Que el ALCA haya sido frenado, a fin de
cuentas también es resultado del hecho de que Argentina y Brasil no han podido
obtener concesiones suficientes para su agroindustria exportadora. En este
sentido, según el académico y activista mexicano Alberto Arroyo, no debería ser
tarea de los movimientos sociales el “escoger entre alguna de las propuestas
que vienen de los gobiernos progresistas del Mercosur, de Venezuela o de
Bolivia“. Más bien el desafío sería el de someter a la discusión modelos de
integración propios. Para lograr ese fin “el movimiento social debe mantener su
autonomía frente a cualquier gobierno, aún frente a aquellos que son fruto de
la propia lucha social“. Esto no excluiría
74
Declaración del Cusco sobre la Comunidad Sudamericana de Naciones, III Cumbre
Presidencial Sudamericana, Cusco, 8 de diciembre de 2004.
75
Judith Valencia, “¡Comunidad suramericana no puede ser un camino al ALCA!”. En:
América Latina en movimiento, número 414-415, año 30, 4 de diciembre de 2006,
Integración: Nuevas rutas, p. 5-7.
76
Edgardo Lander, “¿Modelos alternativos de integración? Proyectos neoliberales y
resistencias populares”. En: OSAL,
año
V, número 15, septiembre/octubre 2004, p. 45-56.
77
Ver la carta integra al final de este volumen.
un
apoyo mutuo en caso de concordancias. La elaboración de modelos propios, sin
embargo, sería imprescindible: “Sólo el pueblo salva al pueblo”78. Arroyo aduce
además la diversidad entre los gobiernos latinoamericanos, de los cuales sólo
algunos, y en distinta medida, rechazaron someterse al proyecto estadounidense.
Otros, en cambio, han firmado tratados de libre comercio con los EE.UU: México
desde 1994 es miembro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte
(NAFTA); Chile firmó un acuerdo bilateral con los EEUU en 2002; los países
centroamericanos Costa Rica, Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y
República Dominicana le siguieron en el 2004 con el tratado CAFTA; y
últimamente Colombia y Perú han seguido a esta tendencia. Por eso habría que considerar
las distintas dinámicas en la discusión sobre una integración alternativa en
Latinoamérica.
Tratados
de libre comercio: la respuesta europea y estadounidense
Según
Alberto Arroyo, mientras que algunos estados firmen o planifiquen
individualmente acuerdos de libre comercio neoliberales con los EEUU u otros
países industrializados, es imposible llegar a cualquier forma de integración
alternativa con ellos. Los acuerdos de libre comercio impiden el fomento de
industrias propias y la defensa del sector agrícola en contra de productos
dumping altamente subvencionados por el Norte. Por el contrario obligan a
brindar un acceso a mercados sin discriminación, al tratamiento igualitario de
empresas nacionales y extranjeras y a la protección de inversiones extranjeras
y de propiedad intelectual. Con esto obstruyen la posibilidad de transitar por
caminos propios de desarrollo hacia zonas de integración de la periferia. La Unión
Europea también está echando sus redes en Latinoamérica. Su instrumento son los
acuerdos de asociación bilaterales con los tres pilares: diálogo político,
cooperación para el desarrollo y libre comercio. Con México y Chile ya se han
firmado acuerdos bilaterales de asociación. Con el MERCOSUR desde 1999 se están
teniendo conversaciones acaloradas, con la Comunidad centroamericana de
integración SICA hay negociaciones desde mayo del 2006 y con la Comunidad
Andina se inicio negociaciones en enero del 2007. Al mismo tiempo hay
conversaciones con el grupo caribeño CARICOM sobre un controvertido “acuerdo de
asociación económica” en el marco de la reorganización de las relaciones
comerciales con los estados del Grupo Asia Caribe Pacifico (ACP). El pilar "libre
comercio" claramente domina a los acuerdos de asociación de la UE y sigue
el mismo esquema que los tratados estadounidenses. Aparte de reducir aranceles
para casi todas las mercancías, la UE exige la liberalización de servicios,
inversiones y compras gubernamentales. El MERCOSUR es de alto interés
estratégico para la UE, ya que – a Hugo Chávez mencionó la idea del ALBA por
primera vez en el 2001 en una
conferencia de estados caribeños. Sin embargo, se materializó recién después
que su gobierno lograse superar a las ofensivas de desestabilización de la
oposición conservadora: el golpe de estado de dos días contra Chávez en abril
del 2002, la huelga en la empresa estatal de petróleo, PDVSA, iniciada el mismo
año por la derecha, así como el referendo sobre la destitución de Chávez, que
fracasó en agosto del 2004. El ALBA, por lo tanto, también es reflejo de la
consolidación de la “Revolución Bolivariana”, proclamada por Venezuela. La
propuesta en sí no contiene un programa detallado ni un “plan maestro” de la integración
latinoamericana. Más bien diferencia que en el resto de América Latina – en el
MERCOSUR empresas europeas han podido conquistar cuotas de mercado similares a
sus competidores de EEUU en los áreas de comercio e inversión directa. En este
sentido las negociaciones de libre comercio de la Unión Europea con
Latinoamérica arrojan más luz sobre las contradicciones de las nuevas
pretensiones integradoras. Ya que los
miembros del ALBA Bolivia y Venezuela rechazan rotundamente los tratados de
libre comercio de los EEUU, sin embargo a la vez negocian, en el marco de su
respectiva afiliación en CAN y MERCOSUR, con la UE acuerdos de asociación
basados en principios de competencia, que contradicen completamente a las ideas
del ALBA y del TCP. Lo mismo vale para la entrada de Venezuela - y a futuro
también de Bolivia79 - al MERCOSUR. Ni Venezuela ni Bolivia están a la altura
de la competitividad de la economía brasileña. Hasta ahora, sin embargo, el
MERCOSUR no
78
Alberto Arroyo, “Reflexiones ante la Cumbre de Cochabamba”. En: América Latina
en movimiento, número 414- 415, año 30, 4 de diciembre de 2006, Integración:
Nuevas rutas, p. 22-24.
79 A
fines de 2006, Bolivia formalizó su pedido de admisión como miembro pleno del
Mercosur.
dispone
de ningún mecanismo satisfactorio que atienda a las asimetrías existentes entre
sus miembros. Además, es incierto si la exigencia de Hugo Chávez de un MERCOSUR
"social" y "solidario" se pueda materializar a mediano
plazo.
Conclusión:
Avances y contradicciones
Los
avances y las contradicciones del ALBA, sin embargo, no solamente se pueden
estudiar mirando el ejemplo de las políticas energéticas, sino también mediante
el estudio de las otras iniciativas, sean los acuerdos comerciales, las
propuestas de política financiera o la inclusión propuesta de los movimientos
sociales.
Entre
solidaridad y libre comercio
Al
contrario de los acuerdos comerciales tradicionales el tratado ALBA-TCP
considera la asimetría entre los socios, su nivel de desarrollo desigual.
Bolivia, por ejemplo, beneficia en forma amplia del tratado, pero no es instada
a una liberalización amplia de sus mercados. Las tres partes se conceden
mutuamente un trato especial. El énfasis está en cooperaciones en beneficio
mutuo. Las inversiones en las áreas de salud y educación demuestran el enfoque
del tratado hacia el combate a la pobreza. Su utilidad inmediata para grandes
partes de la población es indiscutible. A la vez, sin embargo, Bolivia y
Venezuela, en el marco de sus participaciones en la CAN y el MERCOSUR
respectivamente, están negociando acuerdos de asociación con un contenido
completamente opuesto a los principios del ALBA y del TCP. Así por ejemplo, la
UE no solamente exige rebajas arancelarias para casi todos los grupos de
productos, sino también la liberalización de servicios, inversiones y compras
gubernamentales. Bolivia ha presentado un catálogo amplio de criterios en el
inicio de negociaciones entre la Comunidad Andina y la Unión Europea, que exige
la consideración de las asimetrías entre las partes. Sin embargo, es poco
realista pensar que esto se pueda cumplir. Las demandas bolivianas se
contraponen a los intereses económicos centrales de la Unión Europea. Además,
en el ámbito del marco negociador de la Comisión Europea, son prácticamente
incumplidles. Además, hace solo pocos meses la Comisión ha acordado una nueva
estrategia comercial, que prevé demandas liberalizadoras aún más estrictas en
beneficio de las empresas europeas80. La afiliación de Venezuela al MERCOSUR y
la afiliación potencial de Bolivia al
mismo pacto plantea aún más preguntas sobre la consistencia del proyecto ALBA.
Aquella unión arancelaria no satisface los principios centrales del ALBA-TCP,
ni pueden estos dos países resistir a la competencia brasileña o argentina. Un
estudio del instituto de investigación social ILDIS llega a la conclusión de
que, a excepción de las industrias de petróleo y de acero, numerosos sectores
venezolanos no estarían preparados para una rebaja arancelaria en el marco del
MERCOSUR. Esto sería sobre todo el caso de toda la industria alimentaría. En
total 1,9 millones de puestos de trabajo peligrarían, directa o indirectamente,
por la entrada al MERCOSUR81. El Instituto Boliviano de Comercio Exterior
(IBCE) también advierte sobre los impactos de este paso. Sin considerar las
exportaciones de gas a Argentina y Brasil, Bolivia cuenta con un déficit
comercial con el MERCOSUR de 613 millones de dólares. Este déficit es
especialmente marcado en el sector de productos agrarios. El IBCE deduce, que
el MERCOSUR sería una “amenaza real” para los sectores agrario e industrial
“por su cercanía geográfica y los menores costos de producción y transporte”.
Además, si Bolivia acepta la reglamentación arancelaria del MERCOSUR, pondría
en peligro su participación en la Comunidad Andina82.
Entre
autonomía y pago de la deuda
Dudas
similares sobre la consistencia del ALBA surgen al observar las propuestas de
política financiera. Así, la creación de un Banco del Sur podría posibilitar el
otorgamiento de créditos sin el
80
“Global Europe Competing in the World”, European Commission, External Trade,
Bruselas 2006.
81
Osvaldo Alonso, “Incorporación al MERCOSUR: efectos potenciales sobre la fuerza
de trabajo en Venezuela”, Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales
(Ildis), Caracas, octubre de 2005.
82
IBCE desaconseja ingreso pleno de Bolivia al MERCOSUR’, Instituto Boliviano de
Comercio Exterior (IBCE), 19 de
diciembre
de 2006.
condicionamiento
de realizar ajustes estructurales al estilo Banco Mundial y FMI. Si esto, sin
embargo, constituye un avance, va a depender de los tipos de proyectos en que
invertiría el banco sudamericano finalmente. Si, por ejemplo, los gobiernos
participantes acordasen considerar al mega-gasoducto empujado por Venezuela
como un proyecto integrador digno de financiar, entonces habría que dudar del
potencial progresista de un banco de esa índole. Claudio Katz además crítica,
que la compra de bonos argentinos por parte de Venezuela, finalmente le
posibilitó a Argentina pagar su deuda con el Fondo Monetario Internacional. Si
el Banco del Sur seguiría ese ejemplo y posibilitaría el pago de la deuda
frente a los acreedores del Norte, esto sería contraproductivo, ya que las
causas del endeudamiento seguirían sin ser cuestionados. “El reciclaje de los
pagos choca, además, con la perspectiva de un frente común de deudores que
pondría fin al drenaje de divisas, advierte Katz. Como lo anota Eric Toussaint,
“Después de un ruidoso y prometedor arranque en el 2007, las iniciativas
anunciadas en materia de integración latinoamericana parecen haberse frenado en
el 2008. En cuanto al lanzamiento del Banco del Sur, éste lleva mucho retraso.
Las discusiones no se profundizan. Hay que salir de la confusión y dar un
contenido claramente progresista a esta nueva institución, cuya creación fue
decidida en diciembre del 2007 por siete países de América del Sur. El Banco
del Sur tiene que ser una institución democrática (un país, un voto) y
transparente (auditoría externa). Antes que financiar con dinero público
grandes proyectos de infraestructura, poco respetuosos del ambiente, realizados
por empresas privadas, cuyo objetivo es obtener el máximo beneficio, debe
apoyar los esfuerzos de los poderes públicos para promover políticas tales como
la soberanía alimentaria, la reforma agraria, el desarrollo de la investigación
en el campo de la salud y la implantación de una industria farmacéutica que
produzca medicamentos genéricos de alta calidad. Y también la recuperación del
transporte colectivo ferroviario; la utilización de energías alternativas para
limitar el agotamiento de los recursos naturales; la protección del ambiente;
el desarrollo de la integración de los sistemas de enseñanza...” 83.
El
desafío democrático
El
mayor desafío, sin embargo, parece ser el de la participación ciudadana. A
pesar de que el ALBA se presenta abierto a propuestas desde los movimientos
sociales, todas las decisiones relevantes hasta ahora se han tomado por el lado
de los gobiernos. El tratado ALBA-TCP surgió sin participación de la sociedad
civil que haya sido reconocible. Proyectos energéticos como el gasoducto son
llevados hacia adelante sin participación pública. Si se recogen propuestas de
los movimientos sociales, como en el caso de la creación de una red regional de
empresas recuperadas, es porque no conllevan potencial conflictivo. ALBA, por
lo tanto, aún atiende demasiado poco a la pluralidad de la sociedad civil.
Existen diferentes visiones sobre modelos alternativos de integración. Con una
mayor apertura al debate sobre modelos diferentes de integración el ALBA sólo
podría ganar. Los movimientos sociales, en cambio, pueden ejercer la mayor
influencia posible sobre el ALBA y los demás bloques regionales desarrollando
modelos de integración propios. Las contradicciones del ALBA confirman la
advertencia de Alberto Arroyo, de que no es cuestión sólo de escoger “entre las
propuestas que vienen de los gobiernos progresistas del Mercosur, de Venezuela
o de Bolivia”84. Más bien se requiere desarrollar modelos propios, para desde
esa base desafiar o apoyar a las iniciativas gubernamentales. El ALBA, sin
duda, ha hecho un aporte importante a la discusión sobre alternativas de
integración regional. A pesar de todas sus contradicciones y de la crisis
económica mundial, la Alternativa Bolivariana de las Américas ha comprobado,
que los márgenes de acción para una integración social y solidaria son mucho
más amplios de lo que afirman muchos gobiernos.
(Berlín,
2009)
Para saber más sobre el ALBA y la
integración regional en América latina:
83
Véase Eric Tousssaint, Banco del Sur y nueva crisis internacional, editorial El
Viejo Topo, Mataró, enero 2008.
84
Alberto Arroyo, Op. Cit.
• Alexis Saludjian, Hacia otra integración
sudamericana. Criticas al Mercosur neoliberal, Libros Del Zorzal, Buenos Aires,
2005.
• Rafael Correa Flores (Coord), Construyendo el
ALBA. Nuestro norte es el sur, Parlamento latinoamericano, Caracas, 2005.
• Revista América Latina en Movimiento, “El
horizonte integracionista”, No 442, marzo 2009,
http://alainet.org/images/alai442w.pdf.
• Revista América Latina en Movimiento,
“Integración: Nuevas rutas”, Nº 414-415
Diciembre 2006, http://alainet.org/publica/alai414-5-1106.pdf.
• Pavel Isa-Contreras y Lázaro Peña (eds.),
Anuario de la Integración Regional de América Latina y el Gran Caribe,
Araquara/Buenos Aires, CRIES, 2009, www.cries.org/anuario-
integracion-2008-2009.pdf.
• Bruno Podestá, Manuel Gonzalez Galán y Francine
Jácome (coord.), Ciudadanía y mundialización. La sociedad civil ante la
integración regional, Madrid, CIDEAL/CEFIR/INVESP, 2000.
• Eric Tousssaint, Banco del Sur y nueva crisis
internacional, El Viejo Topo, Mataró, 2008
• Sitio oficial del ALBA:
www.alternativabolivariana.org
• Sitio oficial del ALCA:
www.ftaa-alca.org/alca_s.asp
• Iniciativa para integraciones alternativas “desde los pueblos”: www.alternative-
regionalisms.org
Movimientos indígenas en América Latina. Entre rebeliones y
poderes
Por
Bernard Duterme
Traducido
del francés por Francisca Ligueros (Universidad Grenoble 3)
Bernard
Duterme es sociólogo, director del Centro Tricontinental (CETRI,
Louvain-la-Neuve, Bélgica, www.cetri.be), autor o coordinador de varias obras
sobre los movimientos sociales y las relaciones Norte-Sur de las cuales se
destaca Indiens et zapatistes, mythes et réalité d’une rébellion en sursis,
Ediciones Luc Pire, Bruselas, 1998 y Mouvements et pouvoirs de gauche en
Amérique latine. Points de vue latino-américains, Ediciones Syllepse - Centro
Tricontinental vol. XII, n°2, París, 2005.
Es
ahora indiscutible que la historia social de América Latina de los últimos
veinte años ha sido marcada por la emergencia y la persistencia de movimientos
indígenas en el centro de las escenas sociopolíticas de la región. Del sur al
norte del subcontinente – desde el Chile austral de los mapuches al Chiapas
mexicano de los tzeltales y tzotziles, pasando por los Andes de los aymaras y
quechuas, el Chocó colombiano de los emberas, las comarcas panameñas de los
kunas, los altiplanos guatemaltecos de los mayas, etc. –, la tendencia de fondo
ha sido y seguirá siendo suficientemente original – y frágil – como para volver
a ella. Original, ya que el perfil de los movimientos populares indígenas que
saltaron a los titulares contrasta resueltamente con las organizaciones
revolucionarias de antaño y las crispaciones identitarias de hoy. Frágil,
puesto que si las dinámicas indígenas, más afirmativas que destructivas, tienen
la oportunidad de seducir, éstas no se encuentran al margen de un
estancamiento, una desviación o recuperación cualquiera. Sin embargo, antes de
detallar su caracterización, balance y perspectivas, no resulta inútil
deshacerse de entrada de las lecturas que, de este lado del Atlántico,
dominaron y continúan absorbiendo lo esencial de la cobertura periodística,
política, e incluso turística atribuida a estas luchas indígenas del Nuevo
Mundo... Al menos tres tipos de enfoque – casi tres escuelas caricaturescas –
se pelean el mercado de la imagen de las dinámicas indígenas: el exotismo, el
escepticismo y el angelismo. Unas breves
palabras sobre cada uno de estos enfoques ayudarán a distinguir lo que se
remite más bien a la identidad del locutor, a los ojos del observador que a las
realidades mencionadas.
Exotismo,
escepticismo, angelismo
La
primera, la lectura exótica, es en primer lugar obra de los grandes medios de
comunicación, que cuentan con una gran audiencia pero con un tiempo de palabra
limitado. Abordar el tema en dos minutos, tres fotografías, cuatro titulares,
cinco columnas implica, inevitablemente, una simplificación. Se habla entonces,
seriamente, del “despertar de los indígenas”, se privilegia la estética tipo
tarjeta postal (el “amazónico” en taparrabos y con plumas), se personaliza a
ultranza (el “primer presidente indígena” Evo Morales, su “poncho” y su pelo
“negro azabache”; Rigoberta Menchú, su Nobel y su ropa “tradicional”; el
cacique Raoni, su disco en el labio y su gira junto a Sting…), los viejos
clichés son reemplazados didácticamente por nuevos (“Ya no recurren al método
de los tambores o el humo para comunicar. Ahora están conectados entre ellos y
con el resto del mundo gracias a los teléfonos móviles e Internet”85), en
resumen, persiste una emoción paternal por “la revancha de los olvidados por la
modernidad” o se presenta su perfil “misterioso” y “desconfiado”. Estamos pues
muy cerca del registro turístico, del exotismo fascinante y de la
“autenticidad” barata.
85
Visao, Portugal, mayo de 2007.
La
segunda lectura, el enfoque escéptico, es menos superficial y más política,
como la tercera. Es el resultado de corrientes de opinión conservadoras que
rechazan toda forma de simpatía “irresponsable” y otras a priori positivas que
las movilizaciones y reivindicaciones de los indígenas de América Latina pueden
beneficiar a través del mundo. Encolerizado por “el entusiasmo de la izquierda
boba” elevado a “extremos orgásmicos” por la gira europea del presidente
boliviano Evo Morales, Mario Vargas Llosa, famoso escritor peruano, estigmatiza
de esta manera la indiferencia de estos “demagogos” que “plantean el problema
latinoamericano en términos raciales” y que, de este modo, “están dando derecho
de ciudad a formas renovadas de racismo (…) contra los blancos” (Vargas Llosa,
2007). De la misma manera, muchos intelectuales latinoamericanos y europeos
advierten unas veces contra el “peligro étnico fundamentalista”, “el
resurgimiento del mesianismo indígena”, las amenazas de “balcanización”
comunitarista tendencialmente autoritaria de las sociedades andinas, y otras
contra los “efectos perversos” potenciales de la “venganza histórica de los
particularismos” (citados por Saint-Upéry, 2007). Se entiende que la tesis, más
bien demonizadora, no es aquella, beata, del “buen salvaje”, sino aquella,
igual de mítica, del “mal salvaje” de la que hay que desconfiar a priori. En
cambio, la tercera lectura, el punto de vista angélico, es el resultado de los
incondicionales, en todas sus variantes, de esta “rebelión de la dignidad” a
escala continental. Con “cinco siglos de opresión como herencia”, impregnados
de una “sabiduría milenaria”, poseedores de un modo de vida harmonioso,
igualitario y en “osmosis con la Madre Naturaleza”, los rebeldes indígenas son
ingenuamente investidos con tantas virtudes y son objeto de tantas proyecciones
que aparecen, ante los ojos de una masa de “ciudadanos del mundo”, en búsqueda
de causas legítimas, como “la única buena noticia desde hace tiempo”86. Los más
culturalistas ven en ello el regreso de las identidades; los más socialistas,
el levantamiento de los condenados; los más ecologistas, la conciencia de los
equilibrios; los más demócratas, el triunfo de la participación; etc. Del
“tenemos tanto que aprender de ellos” a “el nuevo ‘tema histórico’ está en
marcha”, de la idealización hipócrita a la militancia reencantada, el abanico
de reacciones simpatizantes puede ser tan amplio como acrítico, y más allá,
favorecer la adaptación estratégica del indígena real a la caricatura del
indígena reinventado…
Sin
duda estas tres categorías de lectura contienen al margen de sus
extrapolaciones respectivas elementos de realidad que ayudan a comprender lo
que está en juego en América Latina, pero que, decididamente, no son
suficientes para dar cuenta tanto de la complejidad como de la gran diversidad
de situaciones. Ya que, efectivamente, aunque hayamos experimentado una ola de
movilizaciones indígenas estos últimos años en casi todo el subcontinente, la
trama de fondo no gana con ser simplificada y la pluralidad de sus formas y
salidas no debe subestimarse. Sin embargo, evitando crear cualquier
generalización forzada, algunos rasgos comunes al conjunto de países
considerados merecen ser destacados. Primero en materia contextual. ¿Cuáles
fueron las condiciones, internas y externas, favorables a la emergencia de
estos movimientos?
Ambivalencia
de la globalización
Como
el resto de la izquierda social renovada que agita América Latina desde
mediados de los años noventa, las movilizaciones indígenas no surgen de la
nada. El doble proceso de liberalización política y económica que ha atravesado
el continente en los últimos veinte a treinta años no es desconocido. No agota
desde luego la explicitación de las cadenas de causalidad que llevaron a la
aparición de “nuevos” actores de la protesta y no dice mucho todavía sobre las
formas y las opciones que han tomado. Sin embargo, indica un contexto común a
prácticamente todos los países de la región, y favorable a la irrupción de
manifestaciones de insatisfacción. El fracaso, en términos sociales y
medioambientales, de veinticinco años de neoliberalismo más o menos ortodoxo según
los Estados, es patente: la concentración de las riquezas en manos de una
minoría es, en América Latina, la más alta de todo el planeta: 230 millones de
latinoamericanos – el 44% de la población total – viven bajo el umbral de la
pobreza; el coeficiente de Gini que mide el grado de desigualdad alcanzó la
cifra récord de 0,57 (por 0,29 en Europa y 0,34 en los Estados Unidos). A la
extrema
86
Expresión utilizada por Joani Hocquenghem respecto a la rebelión zapatista de
Chiapas, en “Le stade aztèque”
(Payot,
1994).
polarización
social de la que son víctimas los indígenas, sin importar el país, se suman la
lasitud y las frustraciones procedentes de una democratización estrictamente
formal de los Estados de la región: según un amplio estudio del PNUD efectuado
en 2004, más de la mitad de los latinoamericanos estarían dispuestos a
renunciar a la democracia, a aceptar un gobierno autoritario, si éste fuese
capaz de resolver sus problemas socioeconómicos...
Si
la pérdida de legitimidad de los formatos tradicionales de representación
política y el estancamiento de los ingresos del “consenso de Washington” –
liberalización, privatización, desregulación – constituyen uno de los
ingredientes clave de las manifestaciones de descontento, la apertura política
y económica del continente a las corrientes dominantes de la globalización
significará también otras evoluciones para las poblaciones indígenas.
Aprovechando, paradójicamente, los nuevos espacios políticos y las nuevas
formas de exclusión generadas por la liberalización de los Estados y la
evolución de las estructuras socioeconómicas (Ouviña, 2004), la “cuestión
indígena” ganará visibilidad. Tanto la penetración de empresas multinacionales
más allá de las antiguas fronteras, sectoriales y geográficas, del capitalismo,
como las facilidades ofrecidas por el desarrollo de las comunicaciones jugarán
de lleno a favor de la afirmación de estas poblaciones marginadas87 y de la
articulación de sus organizaciones y reivindicaciones. En el plano interno,
estas movilizaciones nacientes echarán mano a la vez de las dinámicas
singulares, provocadas especialmente por la modernización de las comunidades
rurales de las que son originarias (conflictos generacionales, emergencia de
jóvenes élites innovadoras, ruptura de unanimismos tradicionales…), y de las
múltiples influencias culturales y políticas cuyos actores de dichas
movilizaciones fueron el objeto estas últimas décadas: ya sea en el plano
religioso, de corrientes inspiradas por las teologías de la liberación, o en un
plano más sociopolítico, de organizaciones campesinas, sindicales, incluso
revolucionarias. Si la “globalización” se ha revelado, en varios aspectos,
desastrosa para estas poblaciones, ha creado también las condiciones de su
emergencia como actores sociales identitarios. Ya se ha visto en otros lugares,
la aceleración de la globalización lleva en sí misma los orígenes de las
reafirmaciones culturales, locales o regionales. La fuerza disgregadora de la
lógica económica liberal entabla las solidaridades nacionales e induce una
fragmentación de los principales actores sociales y de las identidades
colectivas. En América Latina como en otros continentes, la tendencia se
acompaña de un desarrollo de movimientos identitarios de carácter religioso,
nacional o étnico.
Movimientos
identitarios, revolucionarios y demócratas
Como
parte de la originalidad del contexto latinoamericano, los movimientos
indígenas que emergieron se han mostrado con frecuencia portadores de una
agenda a la vez identitaria, revolucionaria y democrática. Frágiles, desde
luego, y no siempre emancipados de tendencias reaccionarias o de liderazgos
populistas, surgieron, en el mejor de los casos, como una combinación hasta
entonces inédita de elementos a menudo opuestos o ausentes en la historia de
las luchas; como actores que articulan continuidades y rupturas y que asumirían
sus filiaciones pasadas sin reducirse a ellas. Y esto, en el plano de los
objetivos y las aspiraciones, en el de las identidades movilizadas, y finalmente, en el de los modos de acción y
formas de organización: las tres principales dimensiones constitutivas de un
movimiento social.
Reconocimiento
y redistribución
En
términos de objetivos, hemos asistido, efectivamente, a movilizaciones que,
desde los primeros sobresaltos de los años ochenta en Ecuador hasta el acceso
de Evo Morales a la presidencia de Bolivia en 2006, pasando por la rebelión
zapatista del 1 de enero de 1994 en México, han logrado articular una doble
dimensión cultural y social en su lucha eminentemente política. Sus
aspiraciones abarcan tanto el respeto de los derechos de los indígenas como la
repartición de las riquezas
87
Caracterizadas hasta ahora esencialmente por las relaciones de dominación,
explotación o discriminación de las que fueron objeto desde la época de la
colonización, por mucho tiempo relegadas a un estatus de “pueblos-objeto”, las
poblaciones indígenas se presentan ahora como “sujetos”, actores potenciales de
un proceso de afirmación inédito. Afirmación cultural, social y política
(Alternatives Sud, 2000).
nacionales
y tienen desde ya como objetivo la reconciliación de los principios de
diversidad y de igualdad, o, para parafrasear a Nancy Fraser, de las agendas
del “reconocimiento” y de la “redistribución” (Fraser et al., 2003). Los nuevos
actores contestatarios indígenas reivindican una democratización en profundidad
(“descolonización”) de los Estados y estigmatizan el sistema económico
dominante. Si la justicia social sigue siendo el objetivo a alcanzar, su
búsqueda se basa ahora en la responsabilización del poder, el reconocimiento de
las diversidades y la revalorización de la participación. Estos movimientos
manifiestan, por parte de las poblaciones que los alientan, una voluntad de
emancipación, apropiación y control de la modernidad. Aspiran a una integración
sin asimilación y, contrariamente a ciertas élites del norte de México, del
este de Bolivia o de Ecuador (“separatismo de los ricos”), a una autonomía sin
separación. A la ola uniformizadora de la globalización y al indigenismo
integracionista de las autoridades nacionales, las organizaciones indígenas
respondieron con un indigenismo respetuoso de las identidades. “Ser reconocidos
iguales y diferentes”, latinoamericanos e indígenas. El alcance utópico de
estos “nuevos radicalismos” (Ouviña, 2004) es considerable. Éstos surgen como
tentativas de renovar y conciliar una pluralidad de aspiraciones sacadas de los
anales de las movilizaciones. Si se encuentra en Cochabamba como en Totonicapán
la aspiración “republicana” a la democracia política y a la ciudadanía,
conjugada con la búsqueda “socialista” y “tercermundista” de igualdad entre los
grupos sociales y entre los pueblos, la nueva perspectiva emancipadora actual
se ha enriquecido de acentos más inesperados: la preocupación por el sujeto,
por el estatus del individuo en el colectivo y su emancipación; el llamado al
reconocimiento de las diversidades y las identidades culturales; la conciencia
ecológica de los límites del progreso; la reivindicación de la igualdad entre
hombres y mujeres; el estrecho vínculo entre problemas locales y realidades
mundiales; la cultura experimental y participativa, etc.
Etnia,
clase, género, nación, mundo…
En
términos de identidades movilizadas, allí también, en el mejor de los casos,
los movimientos indígenas se desmarcaron de sus predecesores, estructurando sus
movilizaciones en torno a referencias identitarias plurales y en tensión. El
militante de base es a veces campesino, otras de tal etnia o territorio, hombre
o mujer, ecuatoriano o latinoamericano... En ese sentido, dichos movimientos
parecen haber aprendido de los antagonismos de ayer entre sindicatos campesinos
y organizaciones indígenas. Mientras los primeros, de perfil “clasista”, daban
prioridad en sus análisis y reivindicaciones a las relaciones sociales y la
posición social de su base, estas últimas, más culturalistas, tendían a
privilegiar opciones identitarias de recuperación de las tradiciones, incluso
de restauración de órdenes antiguas, aunque fueran injustas en el plano social.
Las rivalidades entre los líderes de las dos tendencias no eran menores en
estas divisiones del movimiento popular, campesino e indígena, y terminaban por
radicalizar y polarizar las posiciones respectivas. Identitarias sin ser
reaccionarias, abiertas sin ser desencarnadas, estas rebeliones a la vez
indígenas y campesinas multiplican los arraigamientos – a nivel local, nacional
y mundial– sin oponerse a ellos. Combinan pertenencia étnica, protesta étnica y
acciones sociales y políticas. Asumen una inscripción en las luchas
territoriales (en contra de una implantación –extractiva, turística...– que los
desposee), nacionales (para fundar una nueva Constitución), mundiales (contra
la deuda ilegítima). Si su “cosmopolitismo” es evidentemente atenuado por un
fuerte arraigamiento, su apego al territorio, a las costumbres y las
tradiciones es también más relativo que lo que una concepción estereotipada
deja suponer. De hecho, hay una “mezcla de marcos de referencias identitarias”.
Como lo explica hábilmente Marc Saint-Upéry, el nuevo “prestigio de la
indianidad ‘política’ no debe ocultar la diversidad y la maleabilidad de la
indianidad ‘social’. El hábito no hace al monje. (…) El indianismo es una
realidad con ‘geometría variable’, mucho más versátil que el discurso oficial
que sus intelectuales orgánicos y sus turiferarios ingenuos dan a entender”. La
observación indica que las normas comunitarias muy a menudo “son bastante incapaces
de regular toda la gama de ires y venires complejos entre el ámbito local,
nacional y global, el área rural y urbana, la economía de subsistencia y la
participación en los intercambios comerciales, que constituyen la identidad
indígena moderna” (Saint-Upéry, 2007), más fluida y opcional que la figura
fantasiosa del indígena auténtico.
Horizontalismo
y… verticalismo
En
lo que se refiere a los modos de acción y las formas de organización
privilegiadas por los movimientos indígenas, existen las mismas tensiones, el
mismo tipo de combinaciones entre posturas clásicas o más innovadoras, entre,
por un lado, democracia directa y horizontalidad, y por otro, conductas
verticalistas y jerárquicas; entre asociación participativa o reticular y
funcionamiento centralizador; entre radicalismo y apertura, intransigencia y
conciliación… El neozapatismo de los indígenas del sureste mexicano declaraba,
desde mediados de los años noventa, basar su legitimidad en sus intentos por
sobrepasar el autoritarismo, el vanguardismo, el dogmatismo y el militarismo
(Duterme, 2004). Sin embargo, en la práctica, reconocía que predominaba una
tensión entre reflejos verticalistas y prácticas más participativas. Los modos
de movilización mismos – simbólicos, pacíficos, expresivos, mediáticos, pero
también físicos y masivos – así como los discursos – más o menos normativos –
se adaptan a las circunstancias y emplean registros a veces antinómicos. Se
percibe, ya sea en materia de reivindicaciones, de identidades movilizadas o de
repertorios de acción, las luchas indígenas han planteado y seguirán planteando
importantes desafíos para los actores tradicionales de la izquierda política.
Sin embargo, con el riesgo de que se repita, su originalidad no se debe
esencializar ni idealizar, debe relativizarse o más bien situarse en la
articulación de nuevas formas con las formas antiguas; las aspiraciones
igualitarias a la redistribución de las riquezas, las reivindicaciones
estrictamente socioeconómicas, las identidades de clase, los comportamientos
autoritarios, “la acción colectiva forzada” y los modos de expresión clásicos siguen siendo
apremiantes en estos movimientos y coexisten con actitudes, posicionamientos y
estrategias menos convencionales.
Relación
con el poder y vías de cambio social
Dos
cuestiones fundamentales deben completar todavía esta rápida caracterización de
los movimientos indígenas. Sin extenderse aquí en las respuestas y estrategias
aplicadas frente a estas movilizaciones por parte de los Estados y poderes en
cuestión – que clásicamente han ido de la represión a la cooptación, pasando
por maniobras más o menos larvadas de un empeoramiento de las situaciones, de
fragmentación de los actores, de institucionalización de las
reivindicaciones…–, dos problemáticas de mucha importancia merecen
efectivamente mencionarse: la relación de estos actores con lo político y su
potencial transformador. Una alusión a los pesados debates que estas temáticas
suscitan en América Latina ayuda a relativizar o situar mejor el alcance des
estas fuerzas indígenas. Debates que enfrentan dos tradiciones ya antiguas de
la acción política y de las vías del cambio social. La primera, de inspiración
anarcosindical y libertaria, que en sus formas más extremas rechaza toda idea
de delegación del poder y de representación institucional, privilegia el
desarrollo, la “territorialización” y la generalización de prácticas de
autogestión, de contrapoderes civiles “desde abajo”, en nombre de una cierta
idolatría de la “pureza de lo social”. John Holloway y su obra Change the World
without taking power (2002) que se inscribe en la veta libertaria actualizada
por Michael Hardt, y Antonio Negri en Empire, han encontrado en la praxis de
los zapatistas de Chiapas especialmente, los elementos de una teoría
revolucionaria sin toma del poder, formulada a costa de un distanciamiento
asumido de la historia y lo real… La segunda tradición, de inspiración
socialdemócrata, jacobina o marxista leninista, más centralizadora y que tiende
a reproducir una relación jerárquica entre partidos políticos (arriba) y
movimientos sociales (abajo), es claramente menos reticente a la idea de
expresiones partidarias de luchas, de traducción política de las
reivindicaciones del movimiento. Es incluso la condición misma de la eficacia
política de las movilizaciones sociales. Cabe destacar que en ambos casos, el
propósito puede ser más o menos radical (antisistémico), más o menos
conciliador (reformador).
En
la realidad, los rebeldes indígenas de las últimas dos décadas tuvieron
tendencia a combinar los acentos más complementarios de estas dos tradiciones
(primacía de lo social vs primacía de lo político) con suertes diversas y según
modalidades particulares muy dependientes de las configuraciones sociopolíticas
nacionales. Debieron adaptarse a contextos sociales variados en los cuales los
“sectores populares organizados”, cualquiera sea su vigencia, son a menudo
minoritarios
dentro
de su propia clase social y donde las movilizaciones populares más grandes no
son necesariamente “de izquierda” o contestatarias (Stefanoni, 2004;
Saint-Upéry, 2004). En la escena política, cuando no han presentado sus propios
candidatos o partidos88, más o menos acostumbrados al juego de las coaliciones
pre o post electorales, los movimientos indígenas han podido optar también por
un partido o un candidato ajeno a estas mismas89, o incluso intentar imponer a
las autoridades su propia agenda, aunque rechazando comprometerse en el juego
político90. En todo caso, cualquiera sea la estrategia elegida o condicionada
por las circunstancias, la cuestión eminentemente política del mejor medio para
producir un cambio social se encuentra al centro de las consideraciones. Los
resultados obtenidos – desenlace de las reivindicaciones, recuperación,
neutralización…– y los efectos sobre la dinámica de los movimientos – pérdida o
consolidación de la autonomía, rivalidades y diferenciación social internas,
agotamiento...– son plurales también.
Impacto
del “giro hacia la izquierda” y perspectivas
El
impacto de la llegada al poder de diferentes fórmulas de izquierda en los
gobiernos nacionales latinoamericanos sobre los movimientos indígenas difiere
necesariamente de un Estado a otro, más aún cuando, paradójicamente, cuatro de
los seis países con mayor población indígena del continente han conservado,
hasta la fecha, un poder de derecha: México, Perú, Guatemala y Colombia. Las
configuraciones políticas específicas, la variabilidad del peso relativo de los
actores indígenas dentro de la izquierda y la sociedad en su conjunto, su
autonomía más o menos consolidada, se abren a una pluralidad de escenarios
posibles. Allí donde las organizaciones indígenas han jugado un papel central
(Bolivia), ambiguo (Ecuador) o prácticamente inexistente (Venezuela, Brasil,
Argentina…) respecto al cambio hacia la izquierda del poder nacional, el
destino de estos movimientos no debe inscribirse necesariamente en las mismas
tendencias. Si globalmente la reafirmación del papel del Estado en el manejo de
la economía y la sociedad por un lado, y el cuestionamiento de la hegemonía
estadounidense por otro – los dos puntos comunes de las diferentes izquierdas
gubernamentales – implican sin duda un cierto retroceso de las izquierdas
sociales y las movilizaciones indígenas al fin escuchadas por las urnas, la
verdad es menos mecánica cuando se observa a nivel nacional (Biekart, 2005). El
respeto de las promesas electorales, la
naturaleza de las políticas sociales implementadas y las formas de integración
o de instrumentalización de las demandas sociales y de las sociedades civiles
por el Estado son determinantes sobre la dinámica de los movimientos. Más allá,
los márgenes de maniobra realmente existentes (gobierno de coalición o no,
lealtad de la oposición, dependencias externas del país), la voluntad política,
la transparencia de las orientaciones, el arraigamiento social y el cimiento
popular variable de los diferentes poderes elegidos acaban por complicar el
panorama (Duterme, 2007).
En
esta medida, se entienden fácilmente las variaciones entre las situaciones
nacionales, que el poder gubernamental haya pasado a la izquierda o continúe a
la derecha: en Bolivia, la confianza que Evo Morales goza todavía entre los
movimientos indígenas, populares y sindicales que lo llevaron a la presidencia
del país sin duda no equivale a un cheque en blanco (Stefanoni y Do Alto,
2006); en Ecuador, el presidente de izquierda, Rafael Correa, electo en 2006,
representante de las reivindicaciones de los movimientos sin que por ello se le
vincule orgánicamente, podría ocasionar un retroceso de las movilizaciones, o
al contrario, apoyarse en ellas para defender su mandato; en México, para la
opción zapatista, por mucho tiempo justificada pero aislada, el no apoyar al
candidato social-demócrata López Obrador en la elección presidencial de 2006 le
costó quizá la victoria, que se perdió por muy poco… con un escrutinio
considerado fraudulento de fondo. En
88
El Movimiento al Socialismo (MAS) del presidente boliviano Evo Morales es
literalmente el “instrumento político” creado por los sindicatos cocaleros.
89
El movimiento indígena ecuatoriano Pachakutik, brazo político de la CONAIE
(Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, creada en 1986), al no
poder ponerse de acuerdo sobre su propio candidato a la presidencia del
país
en 2002, decidió apoyar al coronel Gutiérrez (electo y luego destituido dos
años más tarde...) y en 2006, participó en filas divididas en la elección
presidencial del “sin partido” Rafael Correa.
90
Los zapatistas mexicanos, más allá de la autonomización de una treintena de
municipalidades en Chiapas (Gabriel, 2007), han multiplicado las tentativas de
articulación de la izquierda social a escala internacional desde 1994. Última
tentativa vigente: “La Otra Campaña”.
Guatemala,
las secuelas y la memoria viva de la larga y sangrienta guerra entre militares
y guerrilla, de la que los mayas fueron las primeras víctimas, contribuyen
todavía a la fragmentación del movimiento indígena y a la ausencia de una
izquierda política representativa; en el Perú, donde la población de origen
indígena es proporcionalmente una de las más grandes del continente, un
conjunto de factores históricos (emigración rural masiva, descentralización
territorial…) explica hasta este día la inexistencia de un verdadero movimiento
indígena, que no oculta la participación en la segunda vuelta de la elección
presidencial de 2006 del nacionalista Ollanta Humala, de fibra étnica más
declarativa que orgánica; en Colombia, en un clima deletéreo de violencia,
autoritarismo y neoliberalismo, el activismo indígena en toda su diversidad y a
pesar de una población autóctona muy minoritaria pretende contribuir a la
emergencia de una izquierda social y una política democrática (Archila, 2006).
Estos
pocos ejemplos lo confirman: si las rebeliones indígenas que precedieron el
“giro hacia la izquierda” latinoamericano, cuando no lo provocaron ellas
mismas, atraviesan inevitablemente una fase de redefinición, reconfiguración y
removilización, durante la cual la autonomía respecto a los poderes
progresistas que las representan más o menos se impone como el desafío
principal, los actores indígenas de los países dominados por la derecha tienen
mucho que hacer para que, más allá de experiencias comunitarias alternativas,
se defiendan sus derechos y se repartan las riquezas en las escenas políticas nacionales. Para
lograrlo, la declaración final de la “III Cumbre Continental de Pueblos y
Nacionalidades Indígenas de Abya Yala”, que tuvo lugar en Guatemala en marzo de
2007, hace un llamado una vez más a “la articulación de organizaciones
indígenas y de movimientos sociales contra las políticas neoliberales y toda
forma de opresión”… Dos décadas después del inicio de la ola, las
potencialidades de las dinámicas sociopolíticas indígenas siguen siendo
grandes. Sin embargo, la intensificación de una u otra de sus dimensiones, en
detrimento de sus demás características, podría ser fatal. Crispaciones
culturalistas o etnicistas surgen aquí y allá, o incluso huidas hacia delante
populistas cuando los líderes sucumben ante una demagogia simplificadora. La
participación en el poder político del Estado así como el rechazo irrevocable
de participar en él tienden a desmovilizar a los militantes de base
especialmente cuando sus vidas cotidianas no mejoran (Alternatives Sud, 2005).
En cualquier caso, el destino más o menos afortunado de estos movimientos
depende sobre todo de las respuestas estructurales que han logrado o que lograrán obtener, de la
capacidad de las sociedades latinoamericanas para redistribuir la riqueza y
asumir la diversidad, en resumen, para democratizarse de verdad. Gracias a
ellos, las formas de integración social y de unidad nacional en un continente
abierto a la globalización constituyen el desafío de los principales conflictos
sociales.
(Bruxelles,
2008)
Para
saber más sobre los movimientos indígenas en América Latina:
• Alternatives Sud, L’avenir des peuples
autochtones, vol.VII, n°2, Louvain-la- Neuve-París, Cetri-L’Harmattan, 2000.
• Alternatives Sud, Mouvements et pouvoirs de
gauche en Amérique latine, vol. XII, n°2, Louvain-la-Neuve - París,
Cetri-Syllepse, 2005.
• Pablo Davalos, Movimientos Indígenas en América
Latina: el derecho a la palabra, CLACSO, Buenos Aires, 2004:
• Mauricio Archila, “Colombie : démocratiser la
démocratie”, en Etat des résistances dans le Sud – 2007, Louvain-la-Neuve -
París, Cetri-Syllepse, 2006.
• Kees Biekart, “Seven theses on Latin American
social movements and political change”, The European Review of Latin American
and Caribbean Studies, octubre, 2005.
• Bernard Duterme, “Diez años de zapatismo en
Chiapas”, Le Monde diplomatique, enero 2004
(www.insumisos.com/diplo/NODE/1217.HTM).
• Bernard Duterme, “Les mouvements sociaux du
‘virage à gauche’” en Marthoz J.-P. (dir.), Où va l’Amérique latine ? Tour
d’horizon d’un continent en pleine mutation, Bruselas, Complexe-Grip, 2007.
• Nancy Fraser, Redistribution or Recognition: a
Philosophical Exchange, Nueva York, Verso, 2003.
• Leo Gabriel (dir.), Autonomies multiculturelles
en Amérique latine, París, L’Harmattan, 2007.
• Holloway, John, Change the World without taking
Power, Londres, Pluto Press, 2002.
• Yvon Le Bot, “Le renversement historique de la
question indienne en Amérique latine”, Les Cahiers ALHIM, n°10, 2004.
• Hernan Ouviña, “Zapatistas, piqueteros y sin
tierra – Nuevas radicalidades políticas en América latina”, Cuadernos del Sur,
n°37, 2004 (http://docs.google.com/Doc?id=dxqcxw9_6hq9wvhdn).
• Pnud, La democracia en América latina, Buenos Aires, 2004 (www.democracia.undp.org).
• Marc Saint-Upéry, “La mitificación de ‘lo
social’”, Barataria, n°1, 2004.
• Marc Saint-Upéry, El sueño de Bolivar, Madrid,
Paidos, 2008.
• Pablo Stefanoni, “Reponer una agenda de
cambio”, Barataria, n°1, 2004.
• Pablo Stefanoni, y Hervé Do Alto, Evo Morales:
de la coca al Palacio, La Paz, Malatesta, 2006.
• Vargas Llosa, Mario, “Le racisme à l’envers ne
résoudra rien !”, Courrier international, numero especial, julio, 2007.
Análisis del movimiento feminista latinoamericano y del Caribe
frente a la globalización
Por
Jules Falquet
Traducido
del francés por Francisca Ligueros (Universidad Grenoble 3)
Jules
Falquet es profesora de sociología en la universidad Paris Diderot, responsable
del Centro para la documentación, la investigación y los estudios feministas
(CEDREF). Analiza en una perspectiva feminista los movimientos sociales
progresistas en América Latina y el Caribe, las resistencias a la globalización
y la articulación de las relaciones sociales de género, clase y “raza”. Ha
coordinado recientemente varios números de revistas sobre este tema y
publicado: De gré ou de force. Les femmes dans la mondialisation, La Dispute,
Paris, 200891.
El
movimiento feminista posee una historia antigua en América Latina y el Caribe,
así lo demuestran los grupos anarcofeministas argentinos de finales del siglo
XIX (Molyneux, 2000) o las luchas sufragistas de los años diez en México (CIR,
2004). Hoy en día, el feminismo procedente de la “segunda ola” que se inició en
los años sesenta, después de un período de gran crecimiento y de
institucionalización, se ve confrontado a la necesidad de transformarse para
poder afrontar los desafíos que implica el avance del neoliberalismo. En
efecto, el endurecimiento y la reorganización de las relaciones sociales de
género, “raza” y clase obligan a profundizar el análisis sin cesar y a proponer
nuevas estrategias de organización. Veremos aquí que las reflexiones y luchas
de muchas latinoamericanas y caribeñas, a pesar de las dificultades a las que
se enfrentan, son especialmente útiles para analizar la globalización
neoliberal y considerar alternativas radicales. Presentaremos en primer lugar
un panorama histórico general del movimiento, con el fin de hacer un balance
sobre su situación actual. A continuación, plantearemos algunas pistas de
reflexión sobre los principales desafíos a los que se enfrentan actualmente el
feminismo y las mujeres, y las respuestas proporcionadas. Todo esto a fin de
que sus análisis nos ayuden a comprender y teorizar la imbricación de las
relaciones sociales de género, “raza” y clase, así como los efectos de la
globalización neoliberal en esta imbricación.
¿Cuál
es el balance de treinta años de feminismo?
Evidentemente,
el movimiento feminista latinoamericano y del Caribe, así como el movimiento de
mujeres, al que está íntimamente relacionado pero con el que no se confunde, da
muestras de una gran diversidad. Fruto de historias nacionales diversas y habiéndose
desarrollado a ritmos diferentes, está compuesto de corrientes variadas, a
veces, incluso opuestas92. Sin embargo, tal como lo veremos, da pruebas de una
sólida articulación y una real unidad continental. Presentaremos aquí los
grandes períodos de su historia y sus características destacadas hoy en día.
91
Este texto constituye una versión adaptada de un artículo publicada en la
revista Actuel Marx (Paris, 2009).
92
La realidad del movimiento es infinitamente más compleja, más rica y
contradictoria de lo que podemos presentarla aquí. Entre las principales
publicaciones recientes escritas por feministas de la región sobre su
movimiento, se
encuentran
varias antologías: Femenías (2002, 2005 y 2007), Gaviola Artígas, González
Martínez (2001); ensayos: Gargallo (2004), Ungo Montenegro (2000); y tesis:
Fischer (1995). En lo que se refiere más precisamente a la corriente autónoma,
dos libros de textos fundadores: Bedregal et Al. (1993), Collectif (1997).
Sobre el movimiento lésbico continental, veremos la obra precursora de
Mogrovejo (2000).
Crecimiento
e institucionalización, entre progresos y recuperación
En
los años sesenta, inaugurados por la revolución cubana y marcados por las
esperanzas de 1968, surgieron las primeras organizaciones feministas de la
segunda ola, que se formaron primero desde abajo, en las capitales de los
países más grandes (México, Argentina, Brasil). Se trataba principalmente de
grupos de toma de conciencia, dirigidos por mujeres jóvenes “blancas93” de
clase media alta, que comenzaban a tener acceso a los estudios superiores.
Durante la década de los setenta, el desarrollo por una parte, de proyectos
revolucionarios influenciados por la Teología de la liberación, el
marxismo-leninismo y el maoísmo, y por otra, de dictaduras militares,
impulsaron a toda una generación a la lucha. Las mujeres estaban muy presentes
en los partidos, los sindicatos e incluso en las guerrillas, al igual que en la
resistencia civil a la dictadura. Las “madres” del comité Eureka después de la
represión de octubre de 1968 en México, las de la Plaza de Mayo en Argentina, o
bien las Comadres del Salvador a partir de 1979, fueron las primeras y por
mucho tiempo las únicas en atreverse a oponerse abiertamente a los regímenes
militares. En cambio, acusado de “dividir la lucha popular” por los
“revolucionarios” de los años setenta, el feminismo se organizó con cierta
discreción. El año internacional de “la Mujer”, celebrado en la ciudad de
México en 1975, dio sin embargo a algunas la oportunidad de manifestarse
públicamente contra este intento de
“recuperación” por parte de la ONU, mientras que las lesbianas aprovecharon la
tribuna para dar a conocer su existencia94. Diversos proyectos de investigación
y de reformas a favor de las mujeres salieron a la luz a medida que el
movimiento crecía. Los años ochenta fueron
la “década perdida” de la crisis económica, el período de las dictaduras
en el Cono sur y las guerrillas en América Central. El feminismo tomó entonces
vuelo y se desarrolló de manera espectacular, principalmente gracias a tres
estrategias: (1) la autonomización con relación a los partidos de izquierda,
que provocó numerosos debates entre las “feministas” y las “políticas”, si
retomamos los términos de la feminista chilena Julieta Kirkwood (1987) (2) la
creación de encuentros feministas continentales y (3) la invención del
“feminismo de los sectores populares”. En efecto, el gusto por la estrategia
política y la construcción de relaciones de fuerza mediante la organización y
la “masificación” de los movimientos caracterizan el legado político de muchas
militantes latinoamericanas y caribeñas, provenientes de la izquierda y/o de la
Iglesia progresista.
Los
encuentros feministas continentales permitieron construir el movimiento a
escala latinoamericana y del Caribe y consolidar progresivamente la autonomía
del movimiento feminista
–en
particular ante los partidos de izquierda y las organizaciones ‘femeninas’ del
‘movimiento popular’ en sus diferentes expresiones. El primero tuvo lugar en
1981 en Bogotá (Colombia) y reunió a 200 mujeres: marcó la llegada de un
feminismo que ya no temía mostrarse en público
como tal y que decidió organizarse por su propia cuenta. Las feministas
del continente se pusieron de acuerdo sobre un día común de iniciativas contra
la violencia hacia las mujeres: el 25 de noviembre, que se convirtió
rápidamente en una fecha tan importante como el 8 de marzo. Durante la década,
la frecuentación de estos encuentros no dejó de crecer: 500 participantes en
1985 en el tercer encuentro en Brasil, más de 2.000 en el quinto en 1990
realizado en Argentina (Falquet, 1998; Saporta et Al., 1992). Los encuentros
permitieron afirmar progresivamente los cuatro
criterios que definen el feminismo continental: (1) reivindicar el
feminismo, (2) combatir la violencia contra las mujeres, (3) luchar por la
maternidad libre y voluntaria y (4) defender la “libre opción” sexual.
Simultáneamente, se desarrolló una corriente dirigida principalmente por las
antiguas “doble militantes”, que buscaba unir las cuestiones de género y de
clases para crear un verdadero “feminismo de los sectores populares”. Pretendía
a la vez responder a las necesidades de las mujeres pobres y ampliar la base
social del movimiento feminista; a plazo, ellas aspiraban a
93
La “blancura”, al ser producida por relaciones sociales, es evidentemente
variable y relativa. En el presente caso, muchas de estas “Blancas” eran
mestizas.
94
Los dos primeros grupos homosexuales, mixtos, aparecieron a partir de 1971,
bajo el (mismo) nombre de Frente de Liberación Homosexual, en la ciudad de
México y Buenos Aires (Mogrovejo, 2000).
participar
en el ejercicio del poder, a favor de las mujeres95. Concretamente, se trataba
de salir al encuentro de las mujeres de los sectores populares (principalmente
urbanas) y de sensibilizarlas sobre el feminismo partiendo de sus necesidades
concretas, exacerbadas por la crisis económica. El medio utilizado fue la
organización de talleres de formación relacionados con proyectos de
“desarrollo”, de creación de ingresos o, más directamente, de simple
subsistencia. Dos grupos encarnan especialmente bien esta corriente: CIDHAL, el
grupo feminista más antiguo de México, que trabajó junto a las mujeres del
movimiento urbano popular (MUP) tras el terremoto de 1985, en particular con el
Sindicato de Costureras 19 de septiembre, y el grupo Flora Tristán, en Perú,
que apoya los Comedores populares y los Comités del vaso de leche en los
barrios populares de Lima, sobre todo en la inmensa “barriada” de Villa El
Salvador (Falquet y Le Doaré, 1994).
Durante
la década de los ochenta, el feminismo se desarrolló y diversificó
considerablemente. Simultáneamente, se alejó de su primera perspectiva global
(cambiar el mundo, acabar con la opresión), para especializarse en diferentes
temas particulares. La existencia de importantes financiamientos
internacionales contribuyó mucho también a la formación de redes temáticas
(despenalización del aborto, lucha contra la violencia, participación política,
etc.), en torno a las cuales el movimiento se reestructuró progresivamente. Los
años noventa se vieron marcados por una clase de crisis de crecimiento: las
tensiones se concretaron entre feministas de hueso colorado, las más críticas
con los partidos y las prácticas políticas de la izquierda, a las que a veces
se les reprochaba un cierto elitismo y/o radicalismo, y las defensoras del
feminismo de los sectores populares, a veces calificadas de populistas y
maternalistas. Se cristalizaron dos grandes tendencias, en un contexto de
profesionalización-institucionalización-recuperación del movimiento y de
pérdida de referencias ideológicas. La caída del Muro de Berlín provocó un
desconcierto político mayor, mientras abría paso a amplias recomposiciones
ideológicas. La ONU, que intentaba forjarse una imagen neutra y condescendiente
de actor al margen del conflicto, llevó a toda una parte del movimiento
feminista a participar en los preparativos de su IV Conferencia internacional
sobre las mujeres de Pekín, y sobre todo en la “buena gobernabilidad” (Falquet,
2003). Los financiamientos, provenientes principalmente de Instituciones
internacionales, Estados Unidos y la socialdemocracia europea, se volvieron
cada vez más numerosos. Hartos de la marginalización, muchos grupos se
profesionalizaron y se institucionalizaron. Progresivamente, el movimiento se
transformó en un conjunto de universitarias, empleadas de agencias
gubernamentales, asalariadas de ONGs, contables, telefonistas y otras “expertas
en género”. Los más críticos incluso llegaron a denunciar la aparición de
verdaderas “femócratas”.
Múltiples
oposiciones emergieron a partir del sexto EFLAC en El Salvador en 1993
(Falquet, 1994) y sobre todo del séptimo en Chile en 1996 (Falquet, 1998)96:
¿Cómo aceptar el dinero neoliberal y neocolonial del Norte (especialmente de la
AIF)? ¿En qué quedó entonces la propuesta de transformación social radical del
feminismo? El profundo conflicto entre las “autónomas” y las
“institucionalizadas” creó divisiones durables que hoy en día siguen sin ser
resueltas. Pero lo cierto es que las autónomas tienen el mérito de haber sido
las primeras en plantear, de manera colectiva, el tema de la
institucionalización y de la “oenegización” del feminismo, de las relaciones
Sur-Norte que implicaban financiamientos internacionales y del neoimperialismo
liberal subyacente a las políticas de las instituciones internacionales
(Bedregal, 1993; Mujeres Creando, 2005). Los años noventa fueron también los de
la consolidación de otros sectores críticos al interior mismo del feminismo.
Una parte de las lesbianas se opusieron abiertamente a partir de ese entonces
al heterosexismo del movimiento. Sin dejar de participar en los encuentros
feministas, organizaron sus propios encuentros continentales desde 1987. Las
feministas afrodescendientes de todo el continente, desde su primer encuentro
en República Dominicana en 1993 y tras las actividades contra los 500 años de
colonización, no han dejado de organizarse contra el racismo, incluso en el
95
Este aggiornamiento fue propuesto durante el encuentro continental de 1987 en
México, en el texto-manifiesto “Del amor a la necesidad”, firmado por diez
feministas “históricas” del movimiento, que aborda directamente la cuestión del
poder.
96
J. Falquet, “De l’institutionnalisation du féminisme latino-américain et des
Caraïbes”, Cahiers du GEDEISST, n°20, 1998, p. 131-147.
seno
mismo del feminismo (Carneiro, 2005; Curiel, 1999, 2002; Werneck, 2005). Las
indígenas también, aunque menos organizadas en el feminismo, se unieron a estos
replanteamientos y contribuyeron a “re-radicalizar” el movimiento (Sánchez
Nestor, 2005).
¿Un
movimiento en crisis?
Con
la profundización de las transformaciones neoliberales, los años 2000 están
marcados por un empobrecimiento brutal de la mayoría de la población. El
movimiento feminista parece debilitado y reducido a su componente institucional
(estructuras gubernamentales, ONGs, universidades) y a algunas independientes
free-lance que buscan desesperadamente ganarse la vida en el embrollo de
proyectos e informes a redactar. Las autónomas apenas han logrado unirse,
aunque continúan planteando importantes cuestiones. Simultáneamente,
decepcionadas en particular por una cierta retirada de la ONU después de Pekín
y sobre todo después de Pekín + 5, y una disminución de los financiamientos,
muchas institucionalizadas buscan una nueva inspiración en el discurso de las
autónomas. Es poco común salir a la calle, aún más si no se trata de encuentros
catalogados oficiales, a menudo “acaparados y recuperados” por el gobierno (8
de marzo, 25 de noviembre) o los bares (manifestaciones del orgullo lésbico y
gay que hoy se han convertido en “desfiles LGBTQ”). Sin embargo, en 2003 en la
ciudad de México, lesbianas cercanas a la corriente autónoma organizaron una
marcha únicamente lésbica-feminista, no comercial y no mixta. Eligieron el día
de la primavera y un recorrido original para marcar la diferencia. La marcha
fue repetida en 2004 (Cardoza, 2005). El espíritu rebelde, irreverente y
radical se mantiene también en Bolivia en torno al grupo Mujeres Creando, en
Argentina en torno a la revista Brujas y la Lesbian Band, en México con el grupo
Lesbianas feministas en colectivo. Estos grupos otorgan a menudo un lugar
importante al arte como elemento subversivo y eminentemente político,
intentando hacer política de una manera diferente. La mayoría no recibe ni pide
financiamientos internacionales ni gubernamentales. El séptimo encuentro
lésbico-feminista continental, que tuvo lugar en Chile en febrero de 2007, puso
de manifiesto el movimiento lésbico-feminista como una de las tendencias más
radicales del feminismo, en la medida en que se declara decidido a luchar con
mucha firmeza no sólo contra el heterosexismo y el sistema patriarcal, sino
también contra el racismo y el capitalismo.
¿Qué
balance se puede hacer hoy sobre el movimiento? La unidad relativa que ha
sabido mantener es uno de sus logros innegables. A pesar de los conflictos, los
encuentros continentales permiten continuar la reflexión colectiva. El
pragmatismo y la voluntad de construcción local, nacional y continental que
caracterizan una buena parte del feminismo del continente, le han dado una
visibilidad, una durabilidad y una naturaleza masiva probablemente más
importante que en Europa, ligado también a un carácter más pluriclasista y
multiétnico97. Los financiamientos internacionales para las mujeres,
especialmente en el marco del “desarrollo”, aunque sólo representan un ínfimo
porcentaje de las sumas en juego en la cooperación internacional, permitieron
establecer estructuras y acciones que muchas europeas nunca habrían imaginado.
Pero la institucionalización y la “oenegización” del movimiento son el precio.
El feminismo se trivializó a causa de la ola “onusina” del “género”, en su
sentido más despolitizado, que significa únicamente trabajar con o “para” las
mujeres desde una perspectiva a menudo naturalista. En la encrucijada del
feminismo de los sectores populares, las prácticas de “desarrollo” y el
clientelismo gubernamental, muchos proyectos tienen como objetivo las mujeres
en calidad de madres y/o en torno a los roles femeninos más tradicionales (la
alimentación de los niños, el bienestar del barrio, la costura, etc.). Las
feministas autónomas, por su parte, son más bien influenciadas por el feminismo
“de la diferencia” de la Librería de Milán, de Celia Amorós o, para las más
jóvenes, por las teorías queer más difundidas. Domina lo que Nancy Fraser
(1997) llama la política de la identidad (femenina, lésbica y/o negra o
indígena), y se encuentran pocas verdaderas corrientes antiesencialistas.
97
Las diferencias se explican también en parte por el hecho de que las sociedades
europeas, latinoamericanas y caribeñas poseen estructuras de clase y de racismo
diferentes.
¿Cuáles
nuevas alianzas frente a un endurecimiento de las relaciones de género, clase y
“raza”?
La
situación actual del continente se caracteriza ante todo por un incremento muy
fuerte de la pobreza y la miseria, sobre todo para las mujeres de los sectores
populares y/o racializadas bajo el efecto de las reformas neoliberales. La
desilusión, el desarrollo del fundamentalismo religioso (sectas neoprotestantes
y regreso del catolicismo más reaccionario), el conservadurismo y la atonía
política acompañan con frecuencia esta crisis económica institucionalizada.
Muchas sociedades permanecen muy militarizadas, la violencia armada en las
calles se ha vuelto considerable en América Central, en Colombia y en una parte
del Caribe y de Brasil especialmente, la brutalidad policial y/o militar son la
norma. Allí donde existía, el Estado de derecho está en casi todas partes en
decadencia y la corrupción se exacerba. La impunidad de ex dictadores, ex
torturadores y criminales de guerra, no está para curar los traumatismos
individuales y sociales que hipotecan profundamente el futuro de muchos países.
Por mucho que alguno(a)s sigan creyendo en un proceso de progresiva
“democratización”, la situación general es a pesar de todo bastante poco
alentadora. Desde una perspectiva feminista, algunas ven el advenimiento de una
nueva forma de patriarcado, que la chilena Margarita Pisano llama de manera
lapidaria “el triunfo de la masculinidad” (2001).
Miseria,
migración y aumento de la violencia
Globalmente,
la explotación aumenta. En el campo, el monocultivo de exportación proletariza
y expulsa inexorablemente a las mujeres rurales. La destrucción del medio
ambiente (sequías, saqueo de los bosques, contaminación) y la privatización de
la tierra y los bienes comunales (transformados en reservas naturales de
biodiversidad ecoturística, puertos deportivos, campos de golf o zonas urbanas)
obligan cada vez más a las mujeres a partir. Las fábricas de ensamblaje de las
zonas francas desgastan prematuramente la salud de las mujeres muy jóvenes que
emplean algunos años antes de rechazarlas. En las zonas turísticas, las
ciudades y las inmediaciones de las fronteras se desarrollan la prostitución,
la mendicidad (principalmente de mujeres mayores) y las mujeres tienen que
arreglárselas a base de “microcréditos” y de giros provenientes del Norte.
Finalmente, el estado de guerra de “baja intensidad” que persiste en numerosas
regiones en su mayoría indígenas y negras (en Colombia, en el Sur de México y
hasta hace poco, en Perú y en América Central) transformó a muchas mujeres en
refugiadas interiores, generalmente no reconocidas como tales, despojadas de
sus escasos bienes, privadas de derechos, e incluso a menudo, sin ninguna
existencia legal a causa de la incapacidad del estado civil en sus regiones de
origen. Su situación presenta impresionantes semejanzas con la de las
emigrantes indocumentadas en Europa y constituye un verdadero desafío para el
movimiento feminista, que tiene mucho por hacer en la lucha contra la pobreza y
la explotación. La migración internacional de las mujeres, que se desarrolla
considerablemente en el interior del continente y hacia el “Norte”, constituye
un segundo desafío de peso. Sus condiciones son cada vez más duras, debido a
leyes migratorias cada vez más restrictivas y a un creciente racismo
antiemigrantes -sobre todo si esto(a)s emigrantes son negro(a)s o indígenas.
Millones de ellas viven de manera provisoria o duradera en Estados Unidos,
Canadá y Europa. Sin embargo, el movimiento feminista ha trabajado
relativamente poco este tema y parece tener pocos vínculos (a parte de
individuales y/o informales) con las latinas y caribeñas instaladas en los
países del Norte, aunque éstas realizan un trabajo político y teórico de gran
importancia. Por ejemplo, en Estados Unidos, Cherrie Moraga, Gloria Anzaldúa y
Norma Alarcón fueron pioneras del feminismo chicano, Jacqui Alexander,
originaria de Trinidad, es una teórica postcolonial muy destacada -sin hablar
de Audre Lorde, cuyos padres venían directamente del Caribe. Esta cesura
resulta perjudicial para ambas partes.
Por
último y correlativamente al empobrecimiento y a la movilidad creciente de las
mujeres pobres, la violencia bruta, lo que Danièle Kergoat denominó el “odio de
género” (pero también de clase y de “raza”) parece haber alcanzado un grado
superior. Las feministas mexicanas conceptualizaron efectivamente como
“feminicidio” la ola de violaciones particularmente salvajes y los asesinatos
de mujeres (más de 400 hasta la fecha) que comenzó hacia 1993 en Ciudad Juárez
(Washington Valdez, 2005), ciudad fronteriza y de fábricas de ensamblaje del
Norte de México dónde llegan
muchas
jóvenes rurales, pobres y racializadas, en búsqueda de una vida mejor. Bajo
formas ligeramente diferentes, esta ola de asesinatos impunes de mujeres parece
haberse extendido en los últimos años a Chiapas y Guatemala98. La negligencia
total de los poderes públicos y la impunidad escandalosa que acompañan estos
crímenes parecen no tener objeción alguna y corroborar un endurecimiento muy
preocupante de las relaciones sociales de género, clase y “raza”.
El
resurgimiento de las luchas de las mujeres pobres y “racializadas”
Las
feministas desde luego no se quedan de brazos cruzados. Frente a la
persistencia de la violencia y sus nuevas formas, se encuentran en el
continente iniciativas particularmente interesantes, como la Ruta pacífica, organización feminista
colombiana que marca el tono de las movilizaciones de mujeres contra la guerra
y sobre todo, de la invención de una cultura de paz. En eso se une a otras
feministas que siguen luchando por un mundo profundamente diferente. Entre
ellas, numerosas autónomas, que no han cedido ante el “realismo político”.
Algunas, con tonos a veces esencialistas, a veces radicales, desean de todo
corazón una cultura femenina y/o ajena a las lógicas del patriarcado (Bedregal
et Al., 1993; Pisano, 2001). Otras, cercanas al anarquismo, rechazan también
obstinadamente tomar el Estado como interlocutor, pero participan activamente
en los movimientos populares antineoliberales, como Mujeres creando de Bolivia.
Entre las iniciativas feministas, hay que señalar también la Marcha mundial de
las mujeres, inaugurada en Quebec en 1995, y cuya edición del año 2000 permitió
movilizar cientos de grupos de mujeres y feministas en muchos países del
continente. De manera general, frente al neoliberalismo triunfante, numerosas
mujeres, que reivindican o no el feminismo, levantan la cabeza y se involucran
en movimientos mixtos. Participan de manera decidida en los movimientos
campesinos, indígenas y negros (movimiento zapatista en México, MST en Brasil,
Cocaler@s en Bolivia, movimiento Mapuche en Chile), en las luchas populares
(chavistas en Venezuela, obreras y piqueteras en Argentina, levantamiento civil
en el Estado de Oaxaca en México), “sindicales” (en las zonas francas, el
trabajo doméstico o el trabajo sexual) y
en las luchas anti o alterglobalización (foros sociales mundiales en Brasil,
foros regionales y acciones en contra de las reuniones de la OMC o del Área de
Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Las
mujeres pobres y racializadas conducen hoy luchas particularmente importantes y
las indígenas se destacan especialmente por su determinación y su creciente
visibilidad. En la vía abierta principalmente por la boliviana Domitila
Chungarra (1982), luego por la guatemalteca Rigoberta Menchú (1983), las
indígenas participan en las luchas en Colombia y Ecuador, actualmente en
Bolivia, sobre todo durante la “guerra del agua” y la “guerra del gas”. La ex
presidenta de la Federación Latinoamericana de Trabajadoras del Hogar, Casimira
Rodríguez Romero, indígena y trabajadora del hogar ella misma, fue nombrada
Ministra de Justicia del gobierno de Evo Morales. En México, fue también una
antigua trabajadora del hogar indígena, la comandante Ana María, quien dirigió
la toma de San Cristóbal a comienzos del movimiento zapatista en 1994. La
comandante Ramona, fallecida desde ese entonces, fue uno de los símbolos del
movimiento. Por último, la comandante Ester pronunció el discurso principal de
los zapatistas ante la Asamblea Nacional y ante todo el país en 2001. Más
recientemente, en 2005, unas indígenas Mazahuas de los alrededores de la ciudad
de México aparecieron armadas y con la cara cubierta por un paliacate, para
exigir una mejor repartición del agua (las instalaciones hidráulicas que
abastecen la inmensa capital del país pasan por sus tierras pero ellas tienen
muchas dificultades para acceder al agua). Otras mujeres están presentes en el
Consejo Nacional Indígena (CNI), principal coordinación indígena autónoma del país,
con un discurso muy crítico sobre las relaciones sociales de género, tanto a
nivel del movimiento y de las comunidades indígenas como en la sociedad global.
Sin embargo, estos movimientos mixtos, donde participan una gran cantidad de
mujeres y feministas, por muy progresistas que se declaren, reproducen a menudo
una división sexual del trabajo, modelos familiares e “identidades culturales”
más bien tradicionales del punto de vista de las relaciones sociales de género
(Falquet, 2005). Muy concretamente, aunque recurran con frecuencia
98
Entre 2001 y marzo de 2006, más de 1.900 mujeres y muchachas guatemaltecas
fueron asesinadas, en muchos casos con una crueldad excepcional acompañada de
abusos sexuales (AI, 2006).
a
las mujeres y se declaren generalmente pro feministas, estos movimientos no han
presentado casi nunca proyectos precisos para transformar las relaciones
sociales de género. La amplia alianza anti y alterglobalizada ganaría si se
hiciera preguntas al respecto.
¿Hacia
nuevas alianzas?
Así
pues, tras de un periodo de fuerte desarrollo en los años ochenta, luego de
crisis de crecimiento en los años noventa, el movimiento feminista
latinoamericano y del Caribe obtuvo avances innegables en términos
institucionales, legales, así como una importante visibilidad e incluso una
cierta legitimidad, bajo la denominación “perspectiva de género”. Algunas
indígenas son ministras, mujeres afro son diputadas, la nueva presidenta de
Chile afirma preocuparse por la situación de las mujeres, la unión civil entre
lesbianas es posible en algunas ciudades de Brasil, y acaba de ser aprobada,
así como el aborto, en el Estado de México, donde viven por lo menos 20
millones de personas. Sin embargo, la situación global de las mujeres,
principalmente material, empeoró, sobre todo para las mujeres de sectores
populares urbanos, las mujeres rurales y las mujeres racializadas en su
conjunto. Explotación brutal, violencia física, sexual, malnutrición, hambre y
la baja de la esperanza de vida están a la orden del día para la gran mayoría.
La movilidad interna o internacional constituye la respuesta para muchas
mujeres, pero no una solución, ya que las condiciones de migración son cada vez
más duras. Las resistencias locales se desarrollan asimismo, y las mujeres
participan decididamente. Hay que esperar pues que el movimiento feminista
ponga un término al período de recomposición que está atravesando desde hace
unos diez años, y se reorganice en torno a los nuevos (y los antiguos) sueños y
necesidades de las mujeres, que enfrentan hoy en día un endurecimiento
conjugado de las relaciones de género, “raza” y clase. Publicado al mismo
tiempo en francés y en español en 2005, el número titulado “Feminismos
disidentes en América latina y el Caribe” de la revista Nouvelles Questions
Féministes ofrece pistas para establecer nuevas alianzas en el movimiento, en
torno a un proyecto incluyente y radical. En efecto, la crítica muy prometedora
de la corriente autónoma se debilitó y fue en parte recuperada por las
instituciones que dominan hoy en día el feminismo del continente. Sin embargo,
aún conserva toda su validez teórica, pero ganaría si se incorporaran por
completo las nuevas luchas y análisis que desarrollan otras mujeres. Más
precisamente, habría que desarrollar las convergencias entre las feministas que
luchan contra el racismo (especialmente las indígenas y afrodescendientes, pero
no únicamente), aquellas que combaten la explotación neoliberal
(particularmente las sindicalistas de las zonas francas, las trabajadoras del
hogar, las prostitutas organizadas y las campesinas, con las indígenas
zapatistas a la cabeza), aquellas que cuestionan profundamente el pensamiento
straight y la lógica hetero-familiar (principalmente lesbianas, anarquistas y
antinaturalistas convencidas) y las otras autónomas que siguen deseando un
“mundo distinto”. Concretamente, estas tendencias son de las más activas y
creativas del movimiento. Podrían perfectamente rediseñar, en el futuro, un
proyecto político global contra el neoliberalismo, que haga frente simultáneamente
al sexismo, al racismo, a la explotación de clase y a la heterosexualidad como
sistema. Una pista y unos análisis que muchos otros movimientos sociales
progresistas del mundo deberían seguir, si desean proponer una alternativa
verdaderamente creíble.
(Paris,
2009)
Para saber más sobre los movimientos
feministas en América Latina:
• Amnesty International, Arrêtez les tueries de femmes, 2006
(http://www.amnestyusa.org/countries/guatemala/document.do?id=280F8FE94B2826C480
25701C00330145)
• Ximena Bedregal,; Margarita Pisano, Francesca
Gargallo, Amalia Fisher, Edda Gabiola, Feminismos cómplices, gestos para una
cultura tendenciosamente diferente, Correa feminista, México-Santiago de Chile,
1993.
• Elizabeth Burgos (ed.), Moi, Rigoberta Menchu,
Gallimard, Collection Témoins, París, 1983.
• Melisa Cardoza, “Vue d’un balcon lesbien”,
Nouvelles Questions Féministes, Féminismes dissidents en Amérique latine et aux
Caraïbes, Vol. 24, n° 2, 2005.
• Sueli Carneiro, “Noircir le féminisme”,
Nouvelles Questions Féministes, Féminismes dissidents en Amérique latine et aux
Caraïbes, Vol. 24, n° 2, 2005.
• Centro de Investigación Regional, 2004
(http://www.uady.mx/~biomedic/regen/articulos.html)
• Ochy Curiel, “La lutte politique des femmes
face aux nouvelles formes de racisme. Vers une analyse de nos stratégies”,
Nouvelles Questions Féministes, Vol. 21, n°3, 2002.
• Ochy Curiel, “Pour un féminisme qui articule
race, classe, sexe et sexualité”, Nouvelles Questions Féministes, Vol. 20, n°3,
1999.
• Jules Falquet, “Trois questions aux mouvements
sociaux “progressistes”. Apports de la théorie féministe à l’analyse des
mouvements sociaux”, Nouvelles Questions Féministes, Vol. 24, n°3, 2005.
• Jules Falquet, “Femmes, féminisme et
“développement”: une analyse critique des politiques des institutions
internationales” en Jeanne Bisilliat (coord.), Regards de femmes sur la
globalisation. Approches critiques, Karthala, París, 2003.
• Jules Falquet, “De l'institutionnalisation du
féminisme latino-américain et des Caraïbes”,
Cahiers
du GEDISST, n°20, 1998.
• Jules Falquet, “Panorama du mouvement après la
Sixième rencontre féministe latino- américaine et des Caraïbes, novembre 1993”,
Cahiers du GEDISST, n° 9-10, IRESCO- CNRS, París, 1994.
• Jules Falquet, Hélène Le Doaré, “Le mouvement
des femmes en Amérique latine: un questionnement exogène”, Amérique latine:
démocratie et exclusion, l'Harmattan, París, 1994.
• María Luisa Femenías (comp.), Perfiles del
feminismo iberoamericano, Catálogos, Buenos Aires, 3 volúmenes, 2002, 2005,
2007.
• P. Fischer, E. Amalia, Feministas
latinoamericanas: las nuevas brujas y sus aquelarres,
Tesis
de Maestría en Ciencias de la comunicación, UNAM, México, 1995.
• FraNsearn,cy
Justice
interruptus: critical reflections on the “postsocialist” condition,
Routledge,
Londres, 1997.
• Francesca Gargallo, Ideas feministas
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su nombre, Plaza y Valdés, México, 2000.
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International Perspective: Latin American and Beyond, Palgrave MacMillan, 2000.
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masculinidad, Surada, Santiago de Chile, 2001.
• Casimira Rodríguez Romero, “La lutte des
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Nouvelles Questions Féministes, Féminismes dissidents en Amérique latine
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Navarro-Aranguren, Patricia Chuchryk, Sonia E. Álvarez, “Feminisms in Latin
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• Urania Atenea Ungo Montenegro, Para cambiar la
vida: política y pensamiento del feminismo en América Latina, Instituto de la
Mujer-Universidad de Panamá, Panamá, 2000.
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parole. La vie d'une femme de la mine bolivienne, Maspéro, París, 1982.
• Diana Washington Valdez, Cosecha de mujeres.
Safari en el desierto mexicano, Océano, México, 2005.
• Jurema Werneck, “Ialodês et féministes.
Réflexions sur l’action politique des femmes noires en Amérique latine et aux
Caraïbes”, Nouvelles Questions Féministes, Féminismes dissidents en Amérique
latine et aux Caraïbes, Vol. 24, n° 2, 2005.
Las reformas agrarias: ¿un desafío actual de las luchas sociales
campesinas?
Por
Hélène Roux
Hélène
Roux es periodista y socióloga francesa, especialista de las problemáticas
agrarias en América central
¿Puede
hablarse hoy en día de reformas agrarias en América Latina?
Para
intentar responder a esta pregunta, hay que tomarse un momento para saber lo
que esta expresión esconde en términos de estrategia, ya que en la mayoría de
los casos, según el contexto histórico, geográfico, político, social o
cultural, las reformas agrarias (o los intentos de realizarlas) no han tenido
ni los mismos objetivos, ni los mismos métodos de aplicación ni, por supuesto,
los mismos efectos a mediano y largo plazo.
Conviene
entonces distinguir brevemente las características que en diferentes épocas han
motivado la puesta en marcha de reformas agrarias, subrayando que deben
entenderse como estrategia política, respuesta del Estado frente a las
reivindicaciones del mundo campesino. Entre las reformas agrarias « clásicas »,
pueden distinguirse las que surgen directamente de un proceso revolucionario,
inaugurado por México a inicios del siglo XX, seguido por la Bolivia de los
años 50 y Cuba en los
60. Ultima del siglo realizada en ese
contexto, la reforma agraria nicaragüense iniciada en el marco de la Revolución
Sandinista en el curso de los años 80 se inscribe igualmente en otra categoría,
que corresponde a una reestructuración de los modos de producción con la
intención de adaptarlos a los objetivos de modernización y de desarrollo de la
agricultura. Los procesos de reforma agraria de los años 60 a los años 80 son
indisociables de la «revolución verde” y deben ser analizadas en ese contexto.
Ese es particularmente el caso de Honduras, Venezuela, Chile y Brasil. En Otros
países, como Colombia y Guatemala (después de la caída del gobierno de Jacobo
Arbenz en 1954) no nunca se ha dado reforma agraria alguna. Al respecto, Es
significativo que esos dos países experimentaron los conflictos armados más
largos y más crueles de toda América Latina. La siguiente generación de
reformas agrarias abre otra época muy distinta. Ellas se llevan a cabo (o
continúan) en el marco de la resolución de los conflictos armados (El Salvador,
Nicaragua) y sus protagonistas son en gran parte excombatientes. Pero en el
contexto de la globalización creciente de las economías, ellas sirven
igualmente al « reordenamiento » del territorio en función des los intereses
del mercado. Aunque formalmente a cargo de las instituciones gubernamentales,
pueden definirse como “reformas agrarias asistidas por el mercado”.
Finalmente,
aunque estén todavía en sus pinitos, las reformas agrarias impulsadas tras la
llegada al poder de gobiernos progresistas en Venezuela y Bolivia (¿y en
Brasil?) pretenden aportar una alternativa a las soluciones recomendadas
durante los periodos precedentes. Sin embargo, parece obvio que las
expectativas no son las mismas para Venezuela, cuyos ingresos agrícolas
representan a penas el 14% del PIB, que para Bolivia, donde el porcentaje de
productos de exportación provenientes de la agricultura es considerablemente
mas elevado. De hecho, el análisis de una reforma agraria no puede limitarse al
examen de sus objetivos políticos— por importantes que sean. Mas allá de su
vocación declarada de redistribución de la tierra, debemos interesarnos en
primer lugar a los modos de producción que ella conlleva y al tipo de actores
que ella implica a largo plazo. Hay entonces que considerar las reformas
agrarias pasadas y presentes en una óptica de « reordenamiento » territorial
que guía las decisiones estratégicas de los países que las implementan.
Reformas
agrarias y revolución verde: convergencias y divergencias.
En
América Latina durante las últimas décadas se ha hablado de «reformas agrarias”
pero también de «revolución verde”. El hecho de poner estos dos términos en
paralelo podría hacer creer que representan dos opciones diferentes de una
misma medida y que en dos palabras, la comparación solo concerniría el método.
Es por ello que hay que precisar desde ahora lo que constituye la diferencia
fundamental entre una y otra: mientras que la vocación primera de una reforma
agraria es la redistribución de la tierra, es decir, en principio, un cambio
drástico de las estructuras de tenencia de la tierra; la «revolución verde”,
por su parte, solo tenia como pretensión la de mejorar el rendimiento de los
cultivos en tierras cuya propiedad ya estaba establecida/determinada y no
cuestionada. Sin embargo, si el concepto de «revolución verde” se inscribe de
forma marcada en el contexto de los años 60, nada permite afirmar que éste sea
a relegar definitivamente entre los vestigios de experiencias del pasado. Al
contrario, las lecciones de ese modelo parecen hoy más actuales que nunca, en
los albores de una redefinición radical de los modos y lugares de producción,
en los que no solamente la agricultura se basa en la utilización de nuevas
tecnologías sino también destinada a servirles de materia prima, como en el
caso de los agrocombustibles
En
l’histoire des agricultures du monde99, Marcel Mazoyer y Laurence Roudart
describen la revolución verde como «una variante de la revolución agrícola
contemporánea carente de gran motorización – mecanización”. Iniciada en los
años 60, principalmente en los países en vía e desarrollo, se basó en técnicas
concebidas por investigadores de grandes fundaciones estadounidenses (Ford,
Rockefeller) cuyo objetivo era el mejoramiento de las variedades de cultivos de
fuerte rendimiento potencial (trigo, arroz, maíz, soya). Al exigir el uso de
fertilizantes químicos y la instalación
de infraestructuras de irrigación, la «revolución verde” estaba destinada a una
categoría de agricultores capaces de adquirir esos útiles de producción. Además
de eso, ella se aplicó sobre todo en regiones ya privilegiadas, es decir, las
de más fácil acceso, las más fáciles a irrigar y cuyas condiciones prometían la
mejor rentabilidad esperada de esas técnicas de intensificación de la
producción agrícola. Acompañando un esfuerzo de sustitución de las
importaciones, la «revolución verde” se inscribía en esa época dentro del marco
de los proyectos nacionales. Buscaba utilizar la producción agrícola como apoyo
para la industria nacional por medio de
la transformación pero también como fuente de divisas a través del desarrollo
de los productos de exportación. Ese esfuerzo por tanto se ha beneficiado de la
ayuda de los poderes públicos, particularmente mediante el apoyo a los precios
agrícolas, subvención a insumos y facilidades de crédito e inversión para la
instalación de infraestructuras. En esa medida, la realización de reformas
agrarias por los diferentes gobiernos puede considerarse una medida
complementaria destinada a crear las condiciones para el aumento de la
capacidad productiva a través del fomento de una categoría de agricultores
capaces de responder al desafío de la competitividad. Ese es el caso de
Venezuela, donde la reforma agraria impulsada en los años 60 beneficio del
apoyo de la « Alianza para el progreso » promovida por el gobierno de Kennedy.
En la misma época, en América Central,
ese mismo programa contribuyó a la reorganización de la producción regional en
países en que los cultivos eran relativamente similares, favoreciendo una especialización
de la producción cuyos efectos son todavía perceptibles. Mientras que a
Nicaragua y sus vastas y fértiles llanuras del Pacifico se le pronosticaba para
la agricultura intensiva de exportación (azúcar y algodón) y la región central
del país, para la ganadería; Honduras, producía madera, plátano y aceite de
palma; Guatemala se dedicaba a la producción bananera, al cultivo del café y al
turismo mientras que El Salvador, pobre en grandes espacios, estaba destinado
para el papel de “país industrializado” de la región.
“Entre
los objetivos de la Alianza” recalca la revista nicaragüense ENVIO « estaba
promover un crecimiento sostenido, capaz de cerrar la brecha entre los países
latinoamericanos y los países industrializados. Se hablaba explícitamente de
una distribución más equitativa del ingreso nacional, de la diversificación de
las estructuras económicas, de la aceleración del proceso de industrialización,
de precios justos para las exportaciones latinoamericanas. Y en primer lugar,
se
99
Marcel Mazoyer, Laurence Roudart, Histoire des agricultures du monde – Du
Néolithique à la crise contemporaine.
Ed.
du Seuil – Points Histoire, 1997.
hablaba
de la reforma agraria »100. A nivel político, uno de los principales objetivos
de la Alianza para el Progreso era impedir el contagio que la revolución cubana
amenazaba con provocar en toda América Latina. « La Alianza insistía en que el
desarrollo económico sería imposible sin una mejoría simultánea de las
condiciones sociales y hacía hincapié en la necesidad de "dar rápida y
duradera solución al grave problema que representan para los países de América
Latina las variaciones excesivas de los precios de sus productos de
exportación". Se insistía en la necesidad de disminuir la dependencia de
la monoproducción y de ampliar el mercado interno de nuestras naciones. Y
aunque Robert Kennedy reconocía que la ampliación de los mercados podría lograrse
reduciendo barreras arancelarias y promoviendo la integración, advertía
claramente que el problema no era de barreras entre los países, sino una
"cuestión de clases dentro de los países". Es notable esta advertencia, que hoy, desde luego, sería
tomada como una ilusa afirmación y como una propuesta fuera de moda »101.
Sin
embardo, desde 1964, esas veleidades de transformación se desvanecieron en
beneficio de políticas basadas en el desarrollo de la agroexportación. En
Brasil, el golpe de estado militar puso fin a un esbozo de reforma agraria. En
América Central, el mercado común centroamericano creado a la sombra de la
Alianza para el Progreso ha acentuado las migraciones, la proletarización de
los campesinos y consolidado los latifundios.102 La transformación de los modos
de producción exigía, entonces, una reestructuración de la propiedad de la
tierra. Sin embargo, siguiendo la voluntad de los intereses económicos y de la
orientación política de los gobiernos nacionales, « revolución verde
» y
reformas agrarias se conjugaron, superpusieron o sustituyeron una a otra y los
cambios operados han obedecido a la aplicación de estrategias que buscaban
objetivos distintos. En el caso de gobiernos catalogados como
nacional-reformistas103 como México, Bolivia, Perú y Chile (de los años 70), se
trataba de acabar con el sistema tradicional latifundista de producción
(trabajo forzado, colonato*104) y de poner las grandes plantaciones bajo
control del Estado o de cooperativas de producción.
No
obstante, el fin de las reformas agrarias realizadas en esa época— pero la
afirmación puede ser generalizada en el tiempo como en el espacio (a la
excepción notoria de Cuba) — nunca fue el de abolir la propiedad privada y las
estructuras de poder que han siempre estado ligadas a ella. Muy al contrario,
Nicaragua y Honduras de los años 60 muestran, entre otros ejemplos, como las
transformaciones en las estructuras de propiedad han contribuido a disminuir la
presión ejercida por los campesinos sobre los grandes propietarios. En la
Nicaragua de la época, la atribución de llamadas « tierras nacionales »
incentivó la migración de miles de campesinos hacia las regiones atlánticas
(norte y sur) y permitió a los grandes propietarios aliados a la dictadura que
consolidaran su dominio sobre las tierras fértiles del Pacifico para dedicarse
especialmente al cultivo intensivo de algodón. En Honduras, la reforma agraria
ha afectado menos las grandes propiedades que las tierras nacionales o las
plantaciones bananeras abandonadas por las compañías norteamericanas. El Estado
apoyó luego la formación de cooperativas y de empresas bajo su control,
favoreciendo muy particularmente las que se dedicaban a la producción de aceite
de palma y a los cultivos de exportación. Así, ni en un caso ni en el otro, la
producción de alimentos constituyeron una prioridad para el Estado.
La
distribución de tierras se basó en un mecanismo de colonización interna que
llevó a modificar los límites de la frontera agrícola105. Ese mismo fenómeno se
produjo en el sur de México, donde
100
“Cumbre de Miami: sólo ventaja para USA”, revista Envio, enero 1995.
101
Ídem
102
ASOCODE, febrero 1998
103
Definición utilizada por Eduardo Baumeister, investigador nicaragüense del
Centro de desarrollo rural de San José,
Costa
Rica, en « Iniciativas campesinas y la sostenibilidad de los resultados de las
reformas agrarias », Popular Coalition, UNRISD Monograph, 1999.
104
Sistema de explotación en el cual los trabajadores están adscritos a la
propiedad y pagan con tiempo de trabajo el
«
derecho » de residir en las tierras del patrón.
105
La frontera agrícola delimita los espacios aptos para el cultivo y los espacios
forestales, considerados como inaptos pues la fertilidad de los suelos es
frágil y se agota rápidamente. Eso lleva a los campesinos a internarse cada vez
más lejos para cultivar y asegurar su subsistencia.
los
campesinos indígenas de los Altos y de la Zona Norte de Chiapas fueron
incitados a colonizar la Selva Lacandona para evitar afectar a los ganaderos y
a los terratenientes. El concepto de « tierras nacionales » se superpuso
alegremente sobre el de territorios ancestrales de las comunidades indígenas.
Eso provocó conflictos a veces violentos entre indígenas y pequeños productores
mestizos, en los que cada grupo buscaba hacer valer sus derechos en detrimento
del otro, en ausencia de políticas institucionales para un desarrollo rural
efectivamente orientado hacia el interior, es decir, hacia la mayoría de los
pequeños y medianos productores, indígenas o mestizos. El balance conjugado de
la « revolución verde » y de las reformas agrarias promovidas en los años 60 y
70, que apuntaba a fomentar la emergencia de una clase de « farmers » copiada
del modelo estadounidense; dejó secuelas que se ven hoy instrumentalizadas en
un nuevo marco, el del “reordenamiento” del territorio promotor de « reformas
agrarias asistidas* por el mercado ».
¿A
quiénes están destinadas las reformas agrarias?
Las
reformas agrarias promovidas a partir de los años 60 y hasta los años 80 se
caracterizaron por una política de redistribución fuertemente controlada por
los Estados y fundamentalmente no han cuestionado/transformado/cambiado las
estructuras de tenencia de la tierra centradas sobre las grandes explotaciones
en la medida en que ese modelo era considerado mas apto que las pequeñas
explotaciones para cumplir con los objetivos de crecimiento basados en los
cultivos de agroexportación.
En
este sentido, el ejemplo de la Nicaragua Sandinista es un caso emblemático. Las
ocupaciones espontáneas de tierras de inicios de los años 80 fueron rápidamente
canalizadas por el poder bajo la forma de gigantescos complejos (fincas de
Estado o UPE106) o de cooperativas de producción. Las autoridades justificaban
esa decisión por la necesidad de enfrentar el bloqueo económico impuesto por
los Estados Unidos, apostando a un control de la producción agrícola destinado,
por una parte, a garantizar una fuente de divisas (a través de la exportación),
y por otra parte a asegurar los alimentos básicos para la población (de las
ciudades). Efectivamente, los precios subsidiados de los productos agrícolas
beneficiaron en primer lugar a los consumidores y no a los productores. Deben
por supuesto, subrayarse las medidas sociales que acompañaron la reforma
agraria Sandinista, en particular el mejoramiento de la vida cotidiana de los
obreros agrícolas. Sin embargo, a posteriori, es un hecho/consta que, aunque
designados como los protagonistas principales de la reforma agraria, los
obreros agrícolas no se convirtieron en sujetos autogestionarios de sus fincas
de Estado, así como tampoco los pequeños campesinos organizados en cooperativas
se convirtieran en productores autónomos de sus propios medios de subsistencia.
En
un estudio comparativo de las reformas agrarias en América Central (Honduras,
Nicaragua, El Salvador), Eduardo Baumeister107 establece una relación directa
entre los conflictos armados y la lucha por el acceso a la tierra y señala que
es bajo la presión de las luchas campesinas que tanto el gobierno conservador
salvadoreño como el régimen sandinista fueron obligados a flexibilizar sus
posiciones: regularización de aparceros* y granjeros en El Salvador y
flexibilización del sistema colectivista de acceso a la tierra hacia mediados
de los años 80 en Nicaragua. Poco analizadas por los políticos y por ello
mismo, mal conocidas, incluso de los progresistas y hasta de los
revolucionarios, las dinámicas complejas de los modos de organización del mundo
rural suscitaron desconfianza de los gobiernos hacia los campesinos, los cuales
lo que es de mas decir, generalmente les pagaron con la misma moneda. Si se
limita a la historia de América Latina, de Sandino a Zapata, pasando por los «
bandidos de honor » de Brasil o los movimientos armados de campesinos peruanos,
sobran los ejemplos que contradicen la imagen del campesino sumiso y
reaccionario, refractario a la organización y movido exclusivamente por
intereses personales mezquinos.
Y
sin embargo, se han aprendido pocas lecciones de esas experiencias; y la
Revolución Mexicana— primera del continente, sin duda la única en estar tan
profundamente anclada en las luchas agrarias— parece haber inspirado poco los
espíritus de los promotores mas radicales de las reformas agrarias, que mas
bien se orientaron hacia un modelo que apostaba en la conducta iluminada de la vanguardia
proletaria. Después de que su fracaso fuera consumado, los prejuicios
ideológicos, que rayaban con el menosprecio abierto y que tendían a considerar
a los campesinos no como actores sino como sujetos potenciales de una
transformación revolucionaria, prepararon el terreno para todas las tentativas
de recuperación.
106
Unidad de Producción Estatal.
107
Eduardo Baumeister, Op. Cit.
Poco
a poco, se produjo un espectacular giro. Proveniente a veces de los propios
ideólogos susmencionados, apareció un nuevo tipo de discurso que elogiaba el
«
espíritu campesino », por esencia rebelde al poder del Estado y entonces, según
la lógica de sus detractores, inevitablemente favorable a su supuesto
contrario: el interés privado regulado por la sola ley del mercado. Insumisos
frente al poder del Estado, ¿las luchas campesinas son solubles en el mercado?
La pregunta merece atención pues actualmente, los movimientos campesinos son
los que se levantan con mayor vigor no solamente contra el control de los
Estados sino también contra los intereses económicos impuestos a nivel mundial
por el orden neoliberal. Esas resistencias se inscriben, en primer lugar, en la
construcción de un proceso de autonomía y en la recuperación de espacios en la
que se reivindica la gestión propia de los recursos y en la que la organización
política se elabora en función de la práctica definida por los propios
interesados.
¿Reforma
agraria asistida por el mercado o contrarreforma agraria?
Para
desmenuzar las tendencias que reinan actualmente en materia de políticas
agrarias, tómese la misma formula precedentemente aplicada -a saber, la
adaptación de los modos de producción a los esquemas económicos dominantes- y
sustráese el factor proyecto-país -intervencionismo de Estado- se obtiene entonces la ecuación:
reordenamiento de las formas de tenencia de la tierra (regulada) por la ley de
la oferta y la demanda. El resultado esperado es el control de los flujos de la
producción agrícola mundial en una lógica de empresa, la eliminación del
concepto de soberanía alimentaría y la reducción drástica del número de
campesinos. La incógnita restante: ¿qué hacer con los que sobran?
De
la misma manera que las necesidades de la economía mundial condicionaron la
revolución verde y las condiciones de aplicación de las reformas agrarias hasta
los años 80, los intereses geoeconómicos actuales influyen directamente sobre
los modos de producción y las políticas de reordenamiento territorial
necesarias para la realización de nuevos objetivos.
Fragilizados
por una situación en la que el dominio del Estado frecuentemente se confundía
con seguridad en la tenencia de la tierra, los campesinos se hallaron
desposeídos cuando la brisa neoliberal comenzó a quitar y poner el sol en
tierras latinoamericanas. El movimiento zapatista en Chiapas fue sin duda el
primero en reaccionar a los ramalazos de ese vendaval. La ocupación masiva de
tierras en los primeros meses que siguieron el levantamiento armado de 1994
constituía una respuesta a la reforma del artículo 27 de la constitución
mexicana. La reforma adoptada en 1992, como preparación para la firma del
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ponía de hecho fin al
sistema de reparto y de dotación agraria heredado de la revolución mexicana. Es
revelador que la reacción más pronta/rápida se haya producido precisamente en
uno de los estados de México en el que la reforma agraria ha sido prácticamente
inexistente. En todo caso, el fin de la política de atribución de tierras no
iba de par con la reducción de la demanda. Por ello, los conflictos agrarios y
los enfrentamientos provocados por grupos paramilitares— instrumentalizados por
el poder para fines de contrainsurgencia— que ensangrientan el estado de
Chiapas, son el resultado previsible de esa situación. Si la actividad
paramilitar se alimenta de la injusticia en materia de acceso a la tierra, es
al mismo tiempo la causa de los desplazamientos de la población que a menudo no
tiene otra opción que llevar aun mas lejos la frontera agrícola e ir cada vez
mas adentro de las regiones inhóspitas, muchas veces inapropiadas para la
agricultura de autosubsistencia. Pero, mientras que hace algunas décadas, el
gobierno mexicano había más o menos alentado la colonización de la Selva
Lacandona, sus funcionarios encargados del medio ambiente, segundados por el
lobby conservacionista, partisano de la naturaleza vacía de sus habitantes,
ejercen hoy fuertes presiones para mostrar como ilegitimas las reivindicaciones
campesinas e indígenas de acceso a la tierra y de administración de los
recursos presentes en sus territorios. Algo similar se puede constatar en
Brasil, donde el éxodo de miles de familias desfavorecidas al asalto de la
selva amazónica ya no constituye siquiera la ilusoria escapatoria que
alguna
vez pareció ser. Con la construcción de carreteras, los ganaderos se lanzaron
tras esos pioneros que, a fin de cuentas, solo sirvieron para abrir camino e
hicieron el trabajo por cuenta de los ganaderos. Así, la amplitud que tomaron
las ocupaciones de tierras organizadas por el Movimiento de los Sin Tierra
(MST) no tiene nada de sorprendente.
Si
en los dos ejemplos precedentes los protagonistas tenían unos la opción de las
armas y los otros el peso del número, no fue igual en países de América
Central. Al inscribirse en un contexto post- conflicto armado (en Nicaragua en
1990, en El Salvador en 1992 y en Guatemala a finales de 1996), los gobiernos
debidamente aconsejados por las instituciones financieras internacionales así
como por las agencias de cooperación para el desarrollo, optaron por inscribir
la cuestión agraria, por una parte en el marco de programas de desmovilización,
y por el otro, en el de políticas de ajuste estructural destinadas a llevar a
países económicamente exangües a las vías del crecimiento. Fue así que con el
auspicio del Banco Mundial se concibió el principio de reforma agraria asistida
por el mercado. Ella tendría, entre otras virtudes, la de regular los precios
al apostar por un mercado de tierras regido por la oferta y la demanda. Ello
partía de la constatación de que las reformas agrarias asistidas por el Estado,
basándose principalmente en la demanda habían acarreado una sobreevaluación de
los precios de la tierra (especialmente en razón de las políticas de indemnización de los propietarios afectados
por la reforma). Ella permitiría igualmente corregir la ineficacia de los
sistemas de producción subsidiados al incitar a los productores a rentabilizar
su producción108 (por ejemplo, privilegiando los cultivos de exportación en
detrimento del cultivo de autosubsistencia o de granos básicos); finalmente, la
ley del dinero pondría punto final a complicados conflictos jurídicos, en
ciertos casos, reforzados por años de conflicto armado.
Ahora
bien, ninguna de las recetas recomendadas dio los resultados anunciados: un
estudio realizado en Brasil y Colombia109 muestra que aunque en el primer caso
se haya puesto el acento en la oferta (Brasil), y en el segundo, más bien sobre
la demanda (Colombia), los precios de la tierra no bajaron. Varios factores
explican esta situación: por una parte, las tierras ofrecidas a menudos eran
marginales, es decir, de difícil acceso y exigían una inversión elevada que los
beneficiarios no podían cubrir con el monto de los subsidios utilizado casi
enteramente en la compra de la tierra. Por otra parte, en esos casos como en
otros, los mecanismos de titularización incompletos o retardados permitían
difícilmente que los productores obtuvieran créditos a la producción en bancos
privados. Efectivamente, una de las características de la reforma agraria
asistida por el mercado reside en hipotecar la tierra para garantizar los
préstamos obtenidos. Eso dio lugar a importantes manifestaciones especulativas.
En América Central, y en Nicaragua en particular, ese factor aunado a la baja
cíclica de los precios del café (principal producto de exportación del país) en
2000, condujo a una gigantesca reconcentración agraria en beneficio de la banca
privada.
Un
fenómeno similar se produjo en Honduras, donde numerosas cooperativas fueron
compradas por empresas comerciales. Finalmente, en El Salvador, la
titularización de tierras productivas despierta el apetito de consorcios que
desean adquirirlas para destinarlas a actividades no agrícolas, en particular
la construcción inmobiliaria o la implantación de complejos industriales. En
esa medida, los objetivos de rentabilización de la producción aconsejados por
los expertos no han tenido éxito, pues los campesinos privilegian en esas
condiciones precarias los cultivos de autosubsistencia a los de exportación.
Uno de los efectos colaterales que esta situación ha traído es una
recrudescencia del éxodo rural, ya sea en dirección de las ciudades, de los
Estados Unidos o de Costa Rica (en el caso de los nicaragüenses) o en dirección
de la frontera agrícola, con los mismos efectos descritos precedentemente en el
caso de Chiapas. Así pues, paradójicamente, una medida destinada a asegurar la seguridad jurídica de la tierra, ha
contribuido de hecho a aumentar fuertemente la movilidad rural y los conflictos
por el acceso a la tierra.
Esto
lleva a preguntarse si el objetivo real de la titularización en el marco de la
reforma agraria asistida por el mercado era resolver de forma duradera el
problema de la pobreza rural. El
108
Ver : Juan Borras, « La réforme agraire assistée par les marché » : les cas du
Brésil, de l’Afrique du Sud et de la Colombie et leurs implications sur les
Philippine en Alternatives sud, Question agraire et mondialisation,
L’Harmattan, Paris, 2002.
109
Idem.
argumento
que enfatizaba que, en un marco restrictivo e intervencionista, el mercado de
la tierra se desarrollaba de manera informal y que por consiguiente convenía
poner orden, se reveló ser una terrible trampa. El control de la tierra y,
entonces, de la producción pasó de la tutela del Estado a la de las
instituciones financieras y de los consorcios comerciales privados. Una vez
mas, el ejemplo de Nicaragua es particularmente ilustrativo de esta situación:
el proceso iniciado tras la derrota del Frente Sandinista en las elecciones de
1990 conjugó la devolución a los antiguos propietarios de las tierras
confiscadas por la revolución, la distribución a los combatientes
desmovilizados (de la Contra, del Ejército Popular Sandinista y de la
Policía110); la privatización de las fincas estatales* (APP111) y de la
redefinición del estatuto de las cooperativas de producción (CAS112). Presas de
querellas jurídicas, muchas de estas últimas prefirieron ser desmanteladas.
Contaban con evitar así que los antiguos propietarios recuperaran el conjunto
de la tierra, apostando por el hecho que sería más difícil iniciar procesos
contra cada uno de los beneficiarios. Por otra parte, en razón de la extrema
lentitud y los obstáculos puestos a la entrega efectiva de títulos de propiedad,
numerosos desmovilizados no pudieron conseguir créditos a la producción y al
momento de la obtención del título no tuvieron otra opción que vender la
tierra.
Esta
situación es, por supuesto, especifica pero la misma tendencia es visible bajo
formas un poco diferentes en la mayoría de los países del continente. A tal
punto que se puede avanzar la hipótesis de una política concertada destinada a
redefinir las estructuras agrarias y así, incluso el papel y el número de
campesinos, para adaptarlos a un sistema de producción orientado hacia el
exterior en proporciones, hasta ahora, nunca experimentadas. Así, de la misma
manera que se pudo establecer una correlación entre revolución verde y reformas
agrarias, conviene establecer un vínculo entre los grandes proyectos de
desarrollo regionales actualmente aplicados en el continente— especialmente el
Plan Puebla-Panamá (PPP), el IIRSA, el Corredor Biológico Mesoamericano (CBM),
a los cuales se suman los programas de reducción de la pobreza promovidos con
diversas siglas por los organismos internacionales y los tratados de libre
comercio regionales o bilaterales— y los programas de titularización individual
de tierras que florecen con diversas apelaciones (PROCEDE113, en México;
Projeto Cédula da Terra, en Brasil, entre otros…).
Los
objetivos del PROCEDE constituyen una embestida particularmente explícita en
contra del sistema del Ejido (dotación agraria colectiva) que rige una gran
parte del sistema de producción agraria en México. Constituye por tanto más un
permiso para facilitar la venta de la tierra que una seguridad para los
campesinos, incitados enérgicamente a adherir/adscribirse a él. Muchos
refractarios han denunciado haber sido víctimas de presiones en forma de
amenazas de verse retirar los créditos y subsidios o la exclusión de los
programas de ayuda gubernamental a la comercialización. Tampoco es casualidad
que un centro de estudios como el CESPEDES114, voz de la posición del sector
privado mexicano, haya consagrado varios documentos a analizar el futuro del
sector agrícola y evaluar, en el contexto del TLCAN y del Plan Puebla-Panamá,
la factibilidad de reducir el número de agricultores mexicanos de 27 a 3
millones115. El razonamiento parte del principio que en una economía en la que
27% de la población solo produce el 5% del ingreso nacional simplemente no es
viable y por tanto, destinada a desaparecer. La evolución es notable entre los
postulados de otrora que apuntaban a la modernización de la producción mediante
el mejoramiento de las infraestructuras productivas (aún selectiva) y los de
hoy, que se cuestionan sobre un reordenamiento que exige la desaparición pura y
dura de una fracción de la población.
110
Es decir un total que oscila entre los 80000 y los 120000 desmovilizados para
una población de poco menos de 4 millones de habitantes en esa época
(1990-1993).
111
Área Propiedad del Pueblo, que se transformó parcialmente en Área Propiedad de
los Trabajadores (APT) tras los acuerdos de privatización a favor de los
trabajadores de las antiguas fincas de Estado (a la altura del 25%, el resto
dividido
en las mismas proporciones entre los antiguos propietarios, los desmovilizados
y los inversores privados), según la modalidad de explotación con opción
preferente de compra.
112
Cooperativas Agrícolas Sandinistas.
113 Programa de Certificación de Derechos Ejidales y Titulación de Solares Urbanos,
http://www.pa.gob.mx/publica/pa070113.htm.
114
Consejo de Estudios del Sector Privado por el Desarrollo Sustentable
115
Gabriel Quadri de la Torre, El campo a largo plazo, Para El Economista, 2003.
Uno
de los elementos más sintomáticos del Plan Puebla-Panamá en el asunto que nos
ocupa reside en la concepción de polos de desarrollo, destinados a paliar la
dispersión de la población rural, quien en la era de las privatizaciones ya no
podrá razonablemente reclamar la extensión, hasta zonas remotas, de los
servicios de base (electricidad, teléfono, centros médicos, escuelas pero
también servicios bancarios, acceso a las redes de comunicación y
comercialización). Según esta lógica, se debería incluso considerar la
valorización de las regiones basándose en las ventajas comparativas ofrecidas
por otras, con tal de controlar los medios de transporte del sitio de
producción hasta los sitios y circuitos de comercialización116. Ya que
efectivamente, los planes de desarrollo regional como el PPP (recientemente
reactualizado, después de un aparente estancamiento desde 2004), constituyen
por excelencia instrumentos de reordenamiento territorial a la escala del
continente entero. El principio reside en la optimización de la producción
tomando en cuenta tres factores: la intensificación de los cultivos
(plantaciones, grandes propiedades), el precio de la mano de obra (como
elemento de las ventajas comparativas de una región) y la localización
geográfica en el seno de la cadena productiva (en particular el acceso a los
circuitos de transporte). En ese caso, según ese esquema, el pequeño
campesinado se hallaría entre dos opciones a largo plazo: sobrevivir encajonado
entre las fincas de vocación agroexportadora que carcomen inexorablemente sus
tierras, empujándolos a los linderos de las zonas, igualmente controladas por
intereses privados, delimitadas para la explotación de la biodiversidad, o
dedicarse a actividades conexas (turismo, servicios, actividad asalariada
temporal).
¿O
resistir?
Puede
temerse que la importancia creciente del mercado de los agrocarburantes no
contribuye a revertir el proceso de reconquista de las tierras campesinas para
transformarlas en desiertos apenas buenos para alimentar la industria de las
semillas y agroexportadora. Incluso si algunos analistas del desarrollo rural, particularmente en
México, estiman ilusoria y poco creíble, una reconversión energética basada en
los agrocarburantes, las transformaciones que las acompañan tendrán, no
obstante, efectos duraderos (y por ello, insostenibles) sobre las estructuras
agrarias, especialmente las más frágiles.
Efectivamente,
son cosas del pasado los sistemas de enclaves practicados en la primera mitad
del siglo XX por las compañías agroexportadoras como la United Fruit Company
que poseía en ese entonces desde la tierra, las vías del ferrocarril, las
instalaciones portuarias necesarias para el transporte de los productos hasta
las tiendas de rayas destinadas para los trabajadores agrícolas. A la hora en
que la tierra se reduce a su valor especulativo, las inversiones privadas
adquieren un carácter cada vez más volátil mas adaptado a una producción de
tipo extractivo, para la cual las concesiones a término se calculan en función
de la duración prevista hasta el agotamiento de los recursos. Es en esta óptica
que debe comprenderse el papel de los Estados en la promoción de megaproyectos
de desarrollo: facilitar a las empresas el acceso a los recursos a través de la
construcción de infraestructuras financiadas con la ayuda de créditos, que
ahora vienen a aumentar el peso de la deuda externa.
Esta
estrategia condujo a países como Colombia, Argentina, Brasil, Ecuador o México
a desarrollar políticas publicas de promoción de ese tipo de agronegocios
mediante susidios, exenciones fiscales, prestamos contratados ante organismos
nacionales e internacionales. Eso trae consigo la flexibilización o la erosión
de los derechos colectivos sobre el territorio y la destrucción de la
biodiversidad. Las « alianzas estratégicas » que se establecen por ese hecho
entre talamontes, productores de palma, de arroz perennizan nuevas formas de
relaciones de trabajo que violan las garantías y los derechos de los
trabajadores y utilizan la violencia de Estado para asegurar el control del
territorio, tal es el caso en Ecuador y en Colombia117.
116
Santiago Levy, Georgina Kessel y Enrique Dávila, El Sur también existe. Un
ensayo sobre el desarrollo regional de México,
http://www.economiamexicana.cide.edu/num_anteriores/XI-2/01_ENRIQUE_DAVILA.pdf.
Este documento es considerado como el texto de referencia en la elaboración del
PPP.
117
Reporte de la organización colombiana Justicia y Paz (julio de 2007).
Frente
a esa amenaza, el papel de los movimientos campesinos es determinante para
hacer presión hacia una reforma agraria realmente orientada hacia el interior,
que permita a los productores participar efectivamente en la organización de la
producción y contribuir a la consolidación de la soberanía alimentaría. La
lucha por obtener los medios materiales (el acceso a la tierra) y financieros
(el acceso a créditos a la producción y la protección de los precios agrícolas)
para desarrollar sistemas de producción capaces de representar una alternativa
a los mecanismos de dependencia generados por la elección de una agricultura
orientada hacia el exterior sigue siendo un desafío importante para los
campesinos, incluso en países que actualmente cuentan con gobiernos
progresistas, o considerados como tales. Efectivamente, como lo muestran muchos
ejemplos mencionados precedentemente, los Estados tienden a menudo a confundir
la tarea de redistribución de bienes y servicios al conjunto de los ciudadanos,
la que constituye su vocación social, con la del control de la tierra y de los
medios de producción y por ello tienden a optar por la producción extensiva,
según ellos la única capaz de generar los recursos destinados a un
abastecimiento masivo. Hoy se ve claramente que esa es la opción escogida por
el gobierno brasileño. En ese marco, la noción de campesinado se hace obsoleta
y la reforma agraria, inútil. ¿La Venezuela de Hugo Chávez, cuya economía
depende del petróleo -y que importa actualmente el 80% de sus alimentos- o la
Bolivia de Evo Morales, con carácter mas netamente agrícola, sabrán responder
al desafío de confiar la tierra y la gestión de sus recursos al conjunto de los
que la hacen fructificar?
(Paris,
2008)
Para saber más sobre Reformas agrarias y
movimientos campesinos en América Latina:
• E. Baumeister, Estructura y reforma agraria en
Nicaragua (1979-1989), Ediciones Centro de Estudios para el desarrollo rural,
Managua, 1998.
• L. Hernandez Navarro, “Venezuela: Paradojas de
una reforma agraria”, Maiosare, N°388, Mayo 2005
(www.aporrea.org/actualidad/a14406.html).
• “Cumbre de Miami: sólo ventaja para USA”, Revista Envío, noviembre 1995 (www.envio.org.ni/articulo/106).
• H.Roux, Contre réforme agraire au Nicaragua,
instrument de la reconquête du pouvoir, Mémoire de DEA, Université Paris VIII,
2001.
• Miguel Alonzo Macias, La capital de la
contrareforma agraria : El bajo Aguán de Honduras, Editorial Guaymuras,
Tegucigalpa, 2001.
• Sinforiano Caceres, Lo agrario y los TLC –Caja
de Pandora en el movimiento rural, Ediciones Anama, Managua, 2003.
• Luciano Concheiro Borquez, Maria Tarrio Garcia
(coord.), Privatización en el mundo rural
–
las historias de un desencuentro, UNAM Xochimilco, Mexico, 1998.
• Asociación para contribuir a mejorar la
gobernanza de la Tierra, el Agua y los Recursos naturales: www.agter.asso.fr
• Foro Tierra territorio y dignidad:
www.movimientos.org/cloc/fororeformagraria/masdocs.php?lang=Espanol
• Centro Latinoamericano de Ecología social
(CLAES): www.ambiental.net/claes/
• Asociacion mexicnana de estudios rurales:
www.amer.org.mx
• Foro Mundial por la reforma Agraria:
www.fmra.org
• Ecoportal: www.ecoportal.net
Segunda parte
Izquierdas latino-americanas y movimientos sociales Un mosaico
de experiencias
Venezuela y el proceso
Bolivariano
Por
Edgardo Lander y Pablo Navarrete
Edgardo
Lander es sociólogo y profesor titular de la Universidad Central de Venezuela.
Entre sus publicaciones tenemos: Neoliberalismo, sociedad civil y democracia.
Ensayos sobre América Latina y Venezuela, 1995 y La colonialidad del saber:
Eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas (compilador),
2000. Pablo Navarrete es investigador, periodista independiente especializado
en América Latina y editor de http://redpepper.blogs.com.
Introducción
Durante
las tres ultimas décadas, en América latina, como en la mayoría de países de
bajos y mediano ingreso, el capitalismo neoliberal produjo una significativa
desaceleración en la tasa de crecimiento económico y una reducción en el
progreso de indicadores sociales (Weisbrot et al, 2005). Esto contribuyó a un
extenso rechazo a las políticas neoliberales en muchos países de la región. De
estos países, es en Venezuela, en donde primero se iniciaron erupciones
sociales en contra del neoliberalismo, las cuales eventualmente llevaron a la
elección del presidente Hugo Chávez en 1998. Al comienzo de su gobierno, Chávez
habló de la necesidad de combatir el “neoliberalismo salvaje” y buscar un
capitalismo humano; una “tercera vía venezolana”, como solución a la severa
crisis socio-económica que enfrentaba el país. Sin embargo, en el momento que
el gobierno anunció las primeras medidas que apuntaban en dirección a dicho
cambio, se produjo una profunda reacción por parte de los sectores
empresariales, la oposición política venezolana y sus aliados en el extranjero,
especialmente el gobierno de los Estados Unidos. Las confrontaciones políticas
de los años 2002 y 2003 tuvieron como una de sus consecuencias la
radicalización del proceso Venezolano al punto que, a comienzos de 2005, Chávez
plantea un rechazo frontal al capitalismo como modelo para Venezuela y habla de
la necesidad de crear un socialismo para el siglo XXI.
Durante
este periodo se puede identificar cuatro fases que han marcado coyunturas
críticas en la gestión del gobierno hasta ahora. La primera se refiere al
periodo comprendido entre la llegada de Chávez a la presidencia en febrero de
1999 y la aprobación en noviembre 2001 de las ‘Leyes Habilitantes’, las que
contienen una serie de medidas que anuncian una transformación profunda de la
economía venezolana y que producen la unión de intereses heterogéneos opuestos
al proyecto bolivariano. Como consecuencia, empieza una segunda fase que dura
hasta el primer trimestre de 2003 y que está caracterizada como una batalla por
el control del Estado, durante la cual el sector mayoritario de la oposición
utilizó una gama de políticas de carácter insurgente que culminaron con el
golpe de Estado de abril de 2002 y el paro/sabotaje empresarial-petrolero de
2002-2003 y su posterior derrota por los sectores sociales afines al gobierno.
Una tercera fase empieza en el primer semestre de 2003 con la implementación de
las políticas sociales gubernamentales conocidas como las ‘Misiones’, y se
caracteriza por un intento por parte del gobierno de crear los mecanismos para
facilitar cambios estructurales en la economía venezolana. Tras la contundente
victoria en las elecciones presidenciales realizadas el 3 de diciembre de 2006,
Chávez es reelecto como presidente y empieza una cuarta fase, en donde Chávez
asegura que se consolidara la etapa de la “Venezuela socialista.” A partir de
esta fecha, la radicalización en el programa de Gobierno causa fisuras en su
coalición, que junto con la incapacidad para hacer frente a la escasez de
alimentos, la delincuencia y la corrupción, impacta sobre el nivel del apoyo
del gobierno. Esto se refleja el 2 de diciembre del 2007, cuando una serie de
controversiales cambios constitucionales propuestos por Chávez y la
Asamblea
Nacional son derrotadas por un escaso margen en un referendo nacional.118
Chávez y gran parte de la oposición reconocieron los resultados y a partir de
la derrota de la propuesta constitucional se abre una fase de reflexión dentro
del chavismo que lleva a Chávez, a fines de diciembre de 2007, a llamar tanto a
su gabinete, como a si mismo y al pueblo venezolano a cumplir con lo que
denomina “las tres erres”: revisión, rectificación y reimpulso.
Durante
el 2008 las tensiones internas y contradicciones en la estrategia del gobierno
para la transformación de Venezuela de un estado rentista petrolero a una
economía sostenible en un era post-petróleo se agudizan. No obstante, en
elecciones regionales y municipales realizadas el 23 de noviembre de 2008, el
PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), constituido el 8 de marzo de 2008
tras un año largo proceso de formación, junto a sus aliados ganan 17 de 22
gobernaciones y mas de 80% de las alcaldías, con un total de alrededor de 5,6
millones votos.119 Esto se compara con
alrededor de 4,5 millones de votos para los partidos de oposición.
Significativamente, la alianza opositora gana la Alcaldía Mayor de Caracas, el
municipio de Sucre en Caracas, de población mayoritariamente popular, y Zulia,
Miranda y Carabobo, los tres estados más poblados del país. A una semana de
estas últimas elecciones Chávez propone una enmienda del Artículo 230 de la
Constitución para permitir la reelección presidencial indefinida. Esta enmienda
ya había formado parte de la propuesta constitucional derrotada en el referendo
de 2007 pero, de acuerdo con articulo 340 de la constitución, el articulo se
podía someter a referendo publico nuevamente, tras su pedido por no menos de 15%
de votantes registrados o por ser aprobado por la Asamblea Nacional, tal como
se ha decidido hacerlo. Se plantea que el referendo sobre esta enmienda se
realizará en febrero o marzo de 2009. Así se abre un nuevo panorama de
confrontación electoral entre el gobierno y una oposición revigorizada. Este
artículo plantea explorar tres temas que han sido prominentes en el proceso
venezolano hasta ahora: la insistencia en la democracia participativa sobre la
democracia representativa; la economía social y el desarrollo endógeno; y la
integración latinoamericana y multipolaridad. Para concluir, se hará unas
observaciones sobre la viabilidad del proceso venezolano como proyecto contra
hegemónico y de construcción de una democracia radical.120
Democracia
representativa y democracia participativa
El
eje principal del planteamiento político del chavismo es la idea de la
democracia participativa. Se reivindica la noción de otra democracia, diferente
a la democracia liberal, que considera agotada. De acuerdo con Chávez, no se
trata sólo de la crisis del régimen bipartidista o de las formas específicas
que adquirió la democracia en Venezuela: “Lo que ellos llaman sistema
democrático en estos últimos años, no se diferencia en lo sustancial, de lo que
llaman, por ejemplo, la dictadura de Marcos Pérez Jiménez […] Creo que en el
fondo es esencialmente el mismo esquema de dominación con otra cara bien sea un
general Gómez o un doctor Rafael Caldera. Pero detrás de esa figura, ese
caudillo, con gorra o sin gorra […] está el mismo esquema dominante en lo económico,
en lo político, la misma negación de los derechos humanos, del derecho de los
pueblos para protagonizar su destino. (Blanco Muñoz, 1998, 120)”. “… en cuanto
al concepto de esta democracia liberal, creo que pasó su tiempo y es un
fenómeno que se presenta en unos países con unos picos
118
El 50.9% de los electores votaron en contra de las reformas (No), 49.1% votaron
a favor (Si), con una abstención del 44.4%.118 El hecho que un sector
importante del Chavismo se abstuvo de votar a favor de la reforma, y no que la
oposición haya incrementado significativamente su apoyo, fue la principal causa
de la primera derrota electoral de Chávez desde que gano las elecciones
presidenciales en 1998. Ver Lander (2007a) para un análisis sobre la propuesta
constitucional; Ver Biardeau (2007) para un análisis de porque “ganó la
absention”.
119
Ver Lander (2007b) y (2007c) para una discussion sobre el PSUV.
120
Por razones de espacio no es posible una discusión sobre la desintegración del
Puntofijismo, el pacto de
gobernabilidad
creado entre los dos principales partidos políticos del país –Acción
Democrática (socialdemócrata) y COPEI (demócrata cristiano)- a partir del
derrocamiento de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez en 1958. Ver
Lander (2008) y Lander y Navarrete (2007) para una discusión sobre el
Puntofijismo y la izquierda y un resumen de los principales aspectos del
sistema político venezolano desde 1958 hasta el triunfo electoral de Chávez.
más
altos que otros. Creo que es el fin también, de un paradigma, la democracia
liberal y su época (Blanco Muñoz, 1998, 121)”. La propuesta más
consistentemente reiterada por el chavismo, antes y durante el proceso
electoral presidencial de 1998, fue la necesidad de convocar un proceso
constituyente para “refundar al país”, reemplazar la Cuarta República por la
Quinta República y sustituir el modelo de democracia liberal representativa por
un modelo político de democracia participativa que tuviera al pueblo como
protagonista. El primer acto de gobierno de Chávez como presidente de la
República, en febrero de 1999, fue el decreto mediante el cual se convoca a un
referendo consultivo en torno a si debe o no convocarse una Asamblea Nacional
Constituyente. A pesar de la firme oposición de la vieja clase política, la
Corte Suprema de Justicia avala la constitucionalidad de dicha consulta y ésta
se realiza en abril del mismo año. Chávez logra el respaldo del 87,8% de los
votos válidos, pero con un 62,4% de abstención. Obtiene igualmente un elevado
porcentaje de apoyo para sus candidatos en las elecciones que seleccionaron los
integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente, y logra en ésta una
abrumadora mayoría. Esto le da al gobierno la posibilidad de diseñar un modelo
constitucional sin necesidad de mayores negociaciones con la oposición. En el
“Preámbulo” del texto se afirma que se decreta dicha Constitución: “… con el
fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática,
participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un Estado de
justicia, federal y descentralizado, que consolide los valores de la libertad,
la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad
territorial, la convivencia y el imperio de la ley para ésta y las futuras
generaciones; asegure el derecho a la vida, al trabajo, a la cultura, a la
educación, a la justicia social y a la igualdad sin discriminación ni
subordinación alguna; promueva la cooperación pacífica entre las naciones e impulse
y consolide la integración latinoamericana de acuerdo con el principio de no
intervención y autodeterminación de los pueblos, la garantía universal e
indivisible de los derechos humanos, la democratización de la sociedad
internacional, el desarme nuclear, el equilibrio ecológico y los bienes
jurídicos ambientales como patrimonio común e irrenunciable de la humanidad
(MCT, 2007).”
A
pesar de la crítica radical a la democracia liberal y representativa y de la
insistencia en la necesidad de su sustitución por una democracia participativa
y protagónica, y del relieve que tuvo este tema en el debate constituyente, el
nuevo modelo político no reemplaza a la democracia representativa, sino que la
complementa con diversas modalidades de participación. Los mecanismos de
elección y atribuciones de la mayor parte de los cargos públicos preservan el
carácter representativo. Se conserva igualmente la separación de poderes de la
tradición democrática liberal, pero se agregan a los tres tradicionales
(Ejecutivo, Legislativo y Judicial) dos nuevos poderes: el Poder Ciudadano
(constituido por el defensor o defensora del pueblo, el fiscal o la fiscal
general, y el contralor o la contraloría general de la República) y el Poder
Electoral. Se refuerza el poder del presidente en asuntos críticos, como los
ascensos militares; se aumenta el período presidencial a seis años, y se
introduce la reelección inmediata. Son importantes y diversos los mecanismos de
participación incluidos en el nuevo texto constitucional. De acuerdo con el
artículo 62: “Todos los ciudadanos y ciudadanas tienen el derecho de participar
libremente en los asuntos públicos, directamente o por medio de sus
representantes elegidos o elegidas. La participación del pueblo en la
formación, ejecución y control de la gestión pública es el medio necesario para
lograr el protagonismo que garantice su completo desarrollo, tanto individual
como colectivo. Es obligación del Estado y deber de la sociedad facilitar la
generación de las condiciones más favorables para su práctica (ibid).”
La
amplia gama de modalidades de la participación y el protagonismo tanto político
como económico están establecidos en el artículo 70: “Son medios de
participación y protagonismo del pueblo en ejercicio de su soberanía, en lo
político: la elección de cargos públicos, el referendo, la consulta popular, la
revocación del mandato, las iniciativas legislativa, constitucional y
constituyente, el cabildo abierto y la asamblea de ciudadanos y ciudadanas
cuyas decisiones serán de carácter vinculante, entre otros; y en lo social y
económico: las instancias de atención ciudadana,
la
autogestión, la cogestión, las cooperativas en todas sus formas incluyendo las
de carácter financiero, las cajas de ahorro, la empresa comunitaria y demás
formas asociativas guiadas por los valores de la mutua cooperación y la
solidaridad (ibid).” Se establecen referendos populares de carácter consultivo
en todos los ámbitos de la organización política, desde la parroquia hasta el
territorio nacional (artículo 71). Todos los cargos de elección popular están
sujetos a revocatoria de mandato (artículo 72). Podrán ser igualmente sometidos
a referendo proyectos de ley en discusión por la Asamblea Nacional y tratados y
convenios internacionales (artículo 73). Por vía de un referendo popular podrán
igualmente ser abrogadas total o parcialmente leyes nacionales o decretos
presidenciales con fuerza de ley (artículo 74). Las comunidades organizadas
forman parte de los Consejos Locales de Planificación Pública en el ámbito
municipal (artículo 182), de los Consejos de Planificación y Coordinación de
Políticas Públicas en cada uno de los estados (artículo 166) y del Consejo
Federal de Gobierno, en la esfera nacional (artículo 185). De acuerdo con el
artículo 118, el Estado reconoce el
derecho de trabajadores y trabajadoras y a las comunidades a desarrollar
asociaciones de carácter social y participativo como las cooperativas: “El
Estado promoverá y protegerá estas asociaciones destinadas a mejorar la
economía popular y alternativa”. Los derechos políticos, culturales, lingüísticos,
económicos y territoriales de los pueblos indígenas están ampliamente
protegidos (artículos 9 y 119-125). A partir del principio de la progresividad,
los derechos humanos son caracterizados como irrenunciables, indivisibles e
interdependientes (artículo 19). Hay un amplio reconocimiento tanto de los
derechos civiles y políticos como de los derechos económicos, sociales y
culturales. El Estado debe garantizar el acceso gratuito a la educación, la
salud y la seguridad social.
Desde
el punto de vista de las metas de la democracia participativa y el control de
la gestión pública, una norma legal importante que se aprueba es la Ley de los
Consejos Locales de Planificación Pública de 2002. Esta ley regula la
participación del pueblo en la formulación, ejecución y control de la gestión
pública, pues fue concebida como parte de un sistema nacional de planificación
participativa que integra los ámbitos nacional, estatal, municipal, parroquial
y comunal. A diferencia de otras experiencias de participación local en América
Latina, como el presupuesto participativo en Porto Alegre, en las cuales las
normas legales fueron sistematizando la experiencia acumulada, en el caso
venezolano estas normas –de obligatorio cumplimiento para todos los municipios
del país anteceden a la experiencia, porque son expresión de mandatos
constitucionales y de la voluntad política de impulsarlos. Su puesta en
práctica ha sido muy desigual con experiencias propiamente exitosas sólo en
algunos municipios del país. Las Mesas Técnicas de Agua y los Consejos
Comunitarios de Agua son quizá las experiencias más ricas y sistemáticas de un
modelo de gestión pública participativa. Estos son instrumentos organizativos
mediante los cuales las empresas hidrológicas (públicas) del país, por vía de
sus gestiones comunitarias, estimulan los procesos organizativos en las
comunidades, con el fin de convertirlas en empresas plenamente públicas, esto
es, controladas y supervisadas por sus dueños, las comunidades a las cuales sirven.
Por razones de espacio no es posible una discusión más detallada sobre las más
recientes iniciativas relacionada a la democracia participativa, tal como las
misiones121 y la creación de los consejos comunales.122
La
economía social y el desarrollo endógeno
La
expresión económica de la democracia participativa en el proceso bolivariano ha
tomado su forma más coherente en lo que se ha denominado la economía social y
desarrollo endógeno. Tras la derrota del paro petrolero a comienzos del 2003 y
la recuperación del control político de PDVSA,
121
Las misiones son una gama de programas extraordinarios que se inician en el
2003 y que, haciendo un by-pass parcial de la burocracia estatal, busca
responder a cada uno de los principales problemas sociales que, luego de
haberse identificados como críticos, requieren respuestas urgentes. Ver ILDIS
(2006) para una evaluación compresiva de algunas de las principales misiones
gubernamentales.
122
Ver López-Maya (2007) para una perspectiva critica de la ley de consejos
comunales.
el
gobierno tomó la decisión de acelerar los cambios económicos y sociales. Como
medida no sólo de corto plazo (la influencia política inmediata de la
generación de empleo), sino como opción que se asume de modo estratégico, se
impulsa un modelo de desarrollo que se define como endógeno123 y basado en la
prioridad de la “economía social”.124 Tras el rechazo publico del capitalismo y
la declaración de Chávez en favor de un “socialismo del siglo XXI” para
Venezuela, a comienzos de 2005 empieza un periodo en donde se aceleran las
iniciativas referentes a la economía social y el desarrollo endógeno. Estas
iniciativas se construyen sobre la base de una serie de medidas existentes en
este sector. En marzo de 2004 se había creado la Misión Vuelvan Caras con el fin
de combatir la pobreza y generar empleo permanente mediante la capacitación
para el trabajo,125 la formación sociocultural126 y la creación de Núcleos de
Desarrollo Endógeno (NUDE)127 en - turismo, agricultura, infraestructura,
servicios e industria. Pero más que un simple programa de empleo la Misión
Vuelvan Caras se plantea ser: “el instrumento de vanguardia para la
transformación social y económica y la lucha contra la pobreza. Se orienta a
promover la transición hacia el nuevo modelo de desarrollo endógeno,
sustentable y solidario, a partir de la transformación cultural de las
relaciones sociales y de producción y por medio de la capacitación para el
trabajo y la promoción de la asociación en cooperativas de los sectores pobres
y excluidos, y su plena inclusión en los procesos socio-productivos locales
(MINEP, 2006).”
En
septiembre de 2004 se había creado el Ministerio para la Economía Popular
(MINEP) para coordinar la transición de un modelo económico capitalista “a una
economía social y sostenible” (MINEP, 2006)128. En particular, el MINEP tiene
como responsabilidad institucionalizar la Misión Vuelvan Caras y coordinar el
trabajo de las existentes y nuevas instituciones micro-financieras.129 Además,
el MINEP se encarga de coordinar y crear políticas que promuevan las
microempresas, cooperativas, y otras formas de unidades productivas sostenibles
que contribuyan al bien colectivo y que dignifiquen el trabajo productivo; y de
proporcionar asistencia técnica, infraestructura, y créditos para las
cooperativas y las microempresas. Estas medidas han contribuido a un crecimiento
en el número de cooperativas registradas en el país, proceso que viene cobrando
fuerza desde el 2003. En 1998 había 877 cooperativas registradas en la
Superintendencia Nacional de Cooperativas (SUNACOOP). En el 2001 este número
subió a 1.154 y en el 2002 a 2.280. Para septiembre de 2006 habían 158.917
cooperativas registradas en el país. No obstante el significativo aumento
oficial del número de cooperativas en el país muchas de estas cooperativas no
han tenido continuidad y ha habido una alta tasa de mortalidad. Respecto a las
relaciones de producción dentro de estas formas productivas asociativas y su
relación con el sector Estatal y privado, el gobierno ha
123
Los lineamientos principales de ésta, con raíces en el desarrollismo cepalino,
caracterizada como proyecto de “desarrollo endógeno”, están contenidas en MPC,
s. f.
124
De acuerdo con el equipo que trabajo esta propuesta en el Ministerio de
Planificación y Desarrollo, la “economía social” “es una economía alternativa”,
donde “priman las prácticas democráticas y autogestionarias” (MPD, 2004). Para
una discusión más amplia del sentido de la economía social dentro del proyecto
de cambio en Venezuela, véase Vila Planes (2003).
125
Los lanceros (el nombre dado a participantes en el programa), en su gran
mayoría graduados recientes de las misiones educativas, reciben una beca
gubernamental y entrenamiento en una variedad de oficios en el área de la
producción y de los servicios, con un énfasis en el trabajo dentro de
cooperativas.
126
Elementos esenciales del aspecto ideológico del programa incluyen: atacar la
división entre los que piensan y los que hacen, rechazar el trabajo asalariado
como tal y promover la propiedad colectiva.
127
Los NUDE son “áreas o localidades con potencial de desarrollo endógeno de
acuerdo a sus propias características
históricas
y culturales” y para conformarlas “se convoca a los habitantes de las
localidades cercanas a la formación técnico-productiva y sociopolítica,
orientadas al posterior desarrollo de una actividad cogestionaria o
autogestionaria en el objetivo de desarrollo” (MINEP, 2005, 30-31).
128
Con la creación del MINEP se reemplazo el Ministerio de Economía Social, que
fue creado en el 2002. En el 2007 el MINEP pasó a llamarse el Ministerio para
la Economía Comunal (MINEC).
129
La mayoría de estas nuevas instituciones financieras, como Banmujer y el Fondo
de Desarrollo Microfinanciero
(Fondemi),
fueron creadas en el 2001 como resultado de las Leyes Habilitantes de 2001.
promovido
el concepto de cogestión. Esta práctica, que también ha sido una de las
demandas de la nueva federación sindical creada en abril 2003, la Unión
Nacional de Trabajadores (UNT), se ha impulsado en varias empresas del Estado,
tales como las de distribución de electricidad CADAFE y CADELA y la empresa de
producción de aluminio ALCASA. La cogestión también se ha implementado en
algunas pocas empresas expropiadas por el gobierno después de haber sido
abandonadas por sus dueños. Estas empresas han sido relanzadas con el 51% de la
empresa propiedad del Estado y el 49% en manos de cooperativas de trabajadores.
En coordinación con la UNT, en el 2006 el gobierno estaba evaluando otras 700
instalaciones de producción que no estaban activas y que también podrían ser
expropiadas y entregadas a sus ex-trabajadores para hacerlas funcionar
(Wilpert, 2006). El gobierno ha promovido otra modalidad de cogestión en el
sector privado industrial de la economía mediante la concesión de créditos
subsidiados y otros incentivos bajo el programa Fabrica Adentro. Fabrica
Adentro se creo en mayo de 2005 y hasta diciembre 2006 se habían sumado 856
empresas al Acuerdo Marco de Corresponsabilidad para la Transformación
Industrial, el cual forma parte de Fabrica Adentro. Para asegurar que las
empresas cooperativas, cogestionadas y gestionadas por el Estado fueran guiadas
por una nueva serie de principios, en julio del 2005 el Presidente Chávez
propuso la creación de un nuevo tipo de unidad económica de producción conocida
con el nombre de Empresa de Producción Social (EPS).130 En noviembre de 2005,
Chávez definió las EPS de la siguiente manera: “aquellas entidades económicas
dedicadas a la producción de bienes o servicios, en las cuales el trabajo tiene
significado propio, no alienado, auténtico; en las cuales no existe
discriminación social en el trabajo y de ningún tipo de trabajo, no existen
privilegios en el trabajo asociados a la posición jerárquica. Aquellas
entidades económicas con igualdad sustantiva entre sus integrantes, basada en
una planificación participativa y protagónica, y bajo régimen de propiedad
estatal, propiedad colectiva o la combinación de ambas (MINCI, 2005).131”
En
suma, en lo referente a la economía social, el gobierno ha profundizado en sus
intentos de expandir formas asociativas de propiedad y control, como por
ejemplo las cooperativas y la cogestión. Estas formas productivas asociativas
se han impulsado a través de diversas modalidades de micro y pequeños créditos
otorgados por entes financieros del Estado. A la vez se le ha dado un
extraordinario impulso a las compras y a la contratación de servicios y obras
de todo el sector público para generar capacidad productiva. Estas iniciativas
que se enmarcan dentro del la búsqueda del desarrollo endógeno y a partir del
2005 del ‘socialismo del siglo XXI’ han venido cada vez más a definir las
nuevas estrategias y el carácter socialista del proceso bolivariano.
Integración
latinoamericana y multipolaridad
La
ofensiva gubernamental tras el fracaso del paro petrolero también tuvo
implicaciones para el carácter de la inserción internacional de Venezuela,
tanto en el contexto regional como en el internacional. Aunque desde el
comienzo de su gestión el gobierno habló de la multipolaridad y de su deseo de
promover los procesos de integración latinoamericanos y del Caribe, fue sólo
con la recuperación del control político del Estado sobre PDVSA cuando se
vieron logros substanciales en este ámbito. Cuando Chávez llegó a la
Presidencia, en 1999, se encontraba profundamente aislado en un contexto
latinoamericano donde casi todos los gobiernos podían ser caracterizados como
neoliberales y sumisos a las políticas del gobierno de Estados Unidos. Si ese
contexto hubiera permanecido inalterable, habrían sido pocas las posibilidades
de éxito de este experimento de
130
La concepción de las EPS esta en gran medida influenciada por el libro Mas allá
de Capital del filosofo húngaro István Mészáros (Lebowitz, 2006),
131
Para ser calificadas de EPS y obtener trato preferencial para obtener créditos
de bajo interés y contratos estatales, las
empresas
deben cumplir una serie de requisitos tales como “privilegiar los valores de la
solidaridad, cooperación, complementariedad, reciprocidad, equidad y
sustentabilidad, antes que el valor de la rentabilidad” (Wilpert, 2006). La
propuesta de las EPS esta expuesta en forma mas sistemática en el libro
Empresas de Producción Social: Instrumento para el socialismo del siglo XXI (El
Troudi y Mondero, 2006).
cambio.
Sin embargo, mucho ha acontecido en el continente y en el mundo desde las
luchas contra la OMC en Seattle en 1999.132 Sin duda el principal factor que ha
condicionado el comportamiento del gobierno venezolano en el ámbito
internacional es su relación con el gobierno de los Estados Unidos,
especialmente tras la elección de Bush en el 2000.133 La mayor autonomía
asumida por el gobierno de Chávez, primero en la política petrolera (en la
recuperación de precios, en la recuperación de la OPEP etc.), en las relaciones
con los otros países miembros de la OPEP, (algunos de los cuales son
calificados por los Estados Unidos como parte del eje del mal), fueron motivo
de confrontaciones iniciales.134 Posteriormente ocupó un lugar central la
ingerencia directa del gobierno de Estados Unidos en los intentos de
desestabilización del gobierno venezolano, su apoyo al golpe de Estado de abril
del 2002, el financiamiento de la oposición, así como la repetición de los
mecanismos utilizados primero en Nicaragua y posteriormente en las llamadas
revoluciones anaranjadas, que fomentaron los Estados Unidos en Europa del
Este.135
La
primera victoria significativa de Venezuela en contra de los planes del
gobierno Norteamericano para América ocurre en abril 2003 y es en torno a las
negociaciones del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).136 En la
reunión del Comité de Negociaciones Comerciales del ALCA realizada en abril
2003 en Puebla el gobierno venezolano hace una crítica frontal al ALCA y esto
fortalece las ya consolidadas redes de movimientos sociales dentro de la región
opuestas al ALCA.137 Se desarrolla la propuesta del ALBA (Alternativa
Bolivariana para las Américas), como opción de integración de los pueblos
enfrentada a la lógica del ALCA y de los tratados de libre comercio. En
diciembre del 2004 Cuba y Venezuela firman una declaración (que contiene 12
principios orientadores) y el primer convenio dentro del marco del ALBA. En
abril del 2006 el
132
El avance y el fortalecimiento de los movimientos de resistencia a la
globalización neoliberal han tenido claras expresiones en los Foros Mundiales
realizados desde su inicio en Porto Alegre en 2001 hasta los realizados en
Bamako, Karachi y Caracas en el 2006. Los movimientos de oposición a las
políticas de ajuste estructural, y en particular a las privatizaciones, han
cosechado importes éxitos en el continente, como es el caso de la Guerra del
Agua en Cochabamba en el 2000. Igualmente importante, desde el punto de vista
del contexto geopolítico continental en el cual opera el gobierno venezolano,
han sido las victorias electorales de candidatos y partidos considerados como
“progresistas” o de izquierda en buena parte de América del Sur en los últimos años.
133
Los gobiernos de AD y COPEI, desde el principio de la democracia de Punto Fijo,
habían sido gobiernos muy incondicionales de los Estados Unidos.
134
Siendo Venezuela un país petrolero en el que las exportaciones petroleras
representan aproximadamente el 80% del
valor
de las exportaciones y cerca de la mitad del ingreso fiscal, la política
petrolera es el punto de partida necesario para toda evaluación de la política
económica del país. Esta dependencia se ha incrementado durante el gobierno de
Chávez, en el año 2008 el petróleo representó 94% del valor total de las
exportaciones del país. Para una discusión detallada de estas reorientaciones
de la política petrolera venezolana, ver los textos incluidos en “La reforma
petrolera en Venezuela” (Tema central)(Revista Venezolana de Economía y
Ciencias Sociales, 2002; y Mommer, 2003.
135
Por falta de espacio no es posible tratar los sucesos de los días referentes al
golpe de estado de abril 2002 con más detalle. Para mas información respecto
los sucesos, especialmente el rol de de los medios privados de comunicación ver
el
documental Irlandés The Revolution Will Not Be Televised (Bartley y O’Briain,
2003). Respecto el papel de los Estados Unidos en apoyar al golpe ver Golinger,
2005; 2006.
136
Durante los primeros años del gobierno de Chávez, como en muchas áreas, no hubo
una visión clara de lo que
ocurría
en las negociaciones del ALCA, la Organización Mundial de Comercio (OMC), o los
tratados de libre comercio en general. Es a partir de la III Cumbre de las
Américas realizada en Québec en abril 2001, cuando el gobierno venezolano
reserva su posición sobre la definición de la democracia como exclusivamente
“democracia representativa” y sobre el cronograma de la negociaciones, que
Venezuela empieza un cuestionamiento sistemático del ALCA como un proyecto que
favorece a las TNCs de Estados Unidos en detrimento del desarrollo de los
países latinoamericanos y de las condiciones de vida de la mayor parte de la
población de todo el continente.
137
En la quinta reunión ministerial de la OMC realizada en Septiembre 2003 en
Cancún el documento de posición del gobierno venezolano que se circula antes de
la reunión se destacan los siguientes puntos. Primero, la prioridad acordada
al
combate a la pobreza y exclusión social. Segundo, se critica el sesgo
ideológico en favor del mercado sobre la acción estatal. Se promueve un proceso
de negociaciones participativo y se da prioridad a los derechos humanos sobre
los del comercio. Por ultimo se defiende la obligación del Estado para proveer
servicios estratégicos (Embajada de Venezuela en Estados Unidos, 2003). Lo
importante de este documento, que de su tono podría haber fácilmente haber sido
escrito por grupos del llamado “movimiento antiglobalizador”, es que critica
las bases teóricas en cual se basan las reglas del juego en el comercio
internacional. Después de la reunión de Cancún la posición de otros gobiernos
Latinoamericanos respecto el ALCA se pone más critica.
gobierno
boliviano de Evo Morales se une al acuerdo y tras su victoria electoral en
Nicaragua Daniel Ortega anuncia la incorporación de Nicaragua al ALBA en enero
2007.138 Uno de los 12 principios orientadores de ALBA, el proyecto
comunicacional Televisora del Sur (TELESUR) es creada en julio 2005 por los
gobiernos de Argentina, Cuba, Uruguay y Venezuela.139 TELESUR busca responder a
un asunto crítico: el monopolio casi total de los medios de comunicación
corporativos norteamericanos como fuente de información en el continente. Tras
la IV Cumbre de las Américas realizada en Mar del Plata en noviembre de 2005 el
ALCA muere definitivamente. En abril de 2006 el gobierno decide retirarse de la
Comunidad Andina (CAN)140 citando la decisión de los gobiernos de Colombia y
Perú de negociar acuerdos de libre comercio con los Estados Unidos. En mayo de
2006 Venezuela se retira del Grupo de Tres (G-3), una asociación comercial
formada hacía 11 años con Colombia y México. Como alternativa a la integración
latinoamericana Venezuela apuesta hacia MERCOSUR y en junio del 2006 es
admitida como miembro de pleno derecho, junto a Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay.141 Además, durante este periodo
Venezuela firma una multiplicidad de acuerdos políticos, económicos y
energéticos como los con los países de CARICOM (Petrocaribe), con países
sudamericanos, y con otros países (Ej. China, Rusia etc.). Pese al continuado
deterioro en las relaciones políticas entre Venezuela y Estados Unidos y los
intentos por parte de Venezuela de contrarrestar y de formular alternativas a
las iniciativas de libre comercio para América impulsadas desde Washington, el
balance comercial entre ambos países parecería más robusto que nunca. De
acuerdo a cifras de la Cámara Venezolano- Americana de Comercio e Industria
(Venamcham) en el 2005 el comercio total entre Venezuela y Estados Unidos fue
de US$40.373 millones, un aumento de 146,4% desde 1998. Sin embargo, el Banco
Central de Venezuela estima que éste, que tradicionalmente ha representado la
mitad del comercio total de Venezuela con el resto del mundo, será de 48,2% en
el 2006. Con la consolidación de los acuerdos comerciales entre Venezuela y los
países ya indicados lo más probable es que esta proporción tienda a caer.
Balance
General
Después
de 10 años de gobierno bolivariano está claro que Venezuela ha pasado por un
proceso de cambios políticos y sociales profundos. Durante este tiempo ha
habido avances importantes materiales para la gran mayoría de venezolanos, por
ejemplo en el ámbito de la educación y la salud.142Arriba hemos explorado tres
áreas de la política gubernamental donde se han manifestado estas
transformaciones. Pero los cambios más importantes ocurridos en Venezuela en
los últimos años son los cambios de la cultura política de los sectores
populares del país, de la mayoría del país. Venezuela, como toda América Latina
venía de una historia de exclusión, propiamente colonial y racializada de la
mayoría de la población pobre del país. Ante todo, Chávez ha logrado darle voz
y sentido de rumbo a un extendido malestar popular. Los arraigados niveles de
apatía, los sentidos de exclusión, se han transformado en poco tiempo en
sentidos de pertenencia, sentidos de ser. La palabra ‘protagónico’ en la
Venezuela de estos años no ha sido simplemente un discurso político vacío, sino
que efectivamente expresa un sentimiento de los sectores populares de tener, de
alguna manera, un control creciente sobre su propio destino. Esto ha sido
señalado como una transformación sólo en el imaginario, como si eso fuese poca
cosa. En realidad esa transformación en los imaginarios colectivos es casi una
precondición para seguir adelante en estos procesos de democratización, de
participación y de organización de los sectores más excluidos de la sociedad. A
partir de la victoria de Chávez en la elecciones presidenciales de diciembre
2006 ha habido una
138
Los gobiernos de Rafael Correa (Ecuador) y René Preval (Haiti) estan examinando
la posibilidad de unirse al ALBA.
139
El gobierno venezolano es el accionario mayoritario en TELESUR proporcionando
el 51% del financiamiento.
140
En ese momento la CAN estaba compuesto por Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, y
Venezuela.
141
Dado la demora en ratificar la admisión de Venezuela a Mercosur en los
parlamentos de Paraguay y Brasil, en Julio
de
2007 Chávez advirtió que Venezuela se retiraría de Mercosur al no ratificarse
su entrada. A comienzos de septiembre 2007 Chávez anuncia que existe la
posibilidad que Venezuela se reintegre al CAN.
142
Ver Lander y Navarrete, 2007 y Weisbrot y Sandoval, 2007 para una discusión más
profunda sobre los avances socio-económicos bajo el gobierno de Chávez.
clara
radicalización del proceso venezolano que ha resultado controversial, tanto
dentro de la oposición domestica y extranjera como en algunos partidos,
organizaciones sociales e individuos simpatizantes del proceso. Esta nueva fase
ya ha indicado que la profundización en el discurso y las políticas del
gobierno respecto a la caracterización del socialismo venezolano ira acompañado
por múltiples fuentes de tensiones, la mas significativa quizás, la tensión
entre la democracia y el autoritarismo.143 Si bien es cierto que la oposición
venezolana todavía no tiene resuelto cuál de
estas caracterizará sus intentos de reemplazar a Chávez, más
significativamente, el debate dentro del
Chavismo sobre si la construcción de una democracia radical será o no en base a
estructuras y procesos radicalmente democráticos no se ha resuelto en forma
definitiva.144 Mas, algunas de las recientes iniciativas gubernamentales
anunciadas por Chávez, como los procedimientos mediante los cuales se ha
decidido la conformación del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV),
parecerían apuntar en una dirección centralista con connotaciones autoritaria,
la cual pone en riesgo las potencialidades democratizadoras de la sociedad
estimuladas por el proceso venezolano hasta ahora. Toda posibilidad de formular
como proyecto de futuro la construcción de una sociedad democrática alternativa
al orden capitalista concebida como el Socialismo del Siglo XXI tiene que
iniciarse, necesariamente, con un debate profundo sobre la experiencia histórica
del socialismo del Siglo XX, especialmente del socialismo que realmente existió
en lo que fue su expresión hegemónica, el socialismo soviético. Si se plantea
la idea del socialismo del siglo XXI como una experiencia histórica nueva,
radicalmente democrática, que incorpore y celebre la diversidad de la
experiencia cultural humana y tenga capacidad de armonía con el conjunto de las
formas de vida existentes en el planeta, se requiere una crítica profunda de
esa experiencia histórica. Sin un diagnóstico crudo de las razones por las
cuales el modelo de partido-Estado soviético condujo al establecimiento del
orden autoritario que tuvo su máxima expresión en el estalinismo, se carece de
herramientas que eviten la amenaza de su repetición. Sin un cuestionamiento radical
de la filosofía de la historia eurocéntrica que predominó en el
socialismo-marxismo de los siglos XIX y XX, no es posible incorporar una de las
conquistas más formidables de las luchas de los pueblos de todo el planeta en
las últimas décadas, la reivindicación de la inmensa pluralidad de la
experiencia histórico cultural humana y el derecho de los pueblos a la
preservación de sus identidades, sus modos de pensar, de conocer, de sentir, de
vivir. Sin una crítica a los supuestos básicos del modelo científico-
tecnológico de la sociedad industrial occidental, aún los proyectos de cambio
que se presenten como más radicalmente
anti-capitalistas no podrán -como ya lo han hecho en el pasado- sino acentuar
los patrones autoritarios y destructivos de esta sociedad.
En
Venezuela, hasta el momento, el debate público en torno al Socialismo del Siglo
XXI no ha siquiera comenzado a abordar sistemáticamente estos asuntos. De no
abrirse y profundizarse este debate, se corre el riesgo de que la idea del
socialismo del siglo XXI se convierta en una consigna hueca, o que se confunda
la capacidad de enunciar un nombre, “El Socialismo del siglo XXI”, con el saber
en realidad de qué es lo que se habla. Es este caso, el enunciado lejos de
contribuir a aclarar ideas, sólo puede contribuir a ocultar la ausencia de
reflexión colectiva y construir una falsa noción de consenso -el consenso del
no debate- sobre un asunto tan crítico para el futuro del país. Ahora, es
importante reconocer que los principales logros del proceso venezolano se han
realizados en un contexto donde la oposición nacional al gobierno ha
sistemáticamente utilizado políticas de carácter insurgente - como el golpe de
Estado de abril de 2002 – en sus intentos de terminar con el gobierno de
Chávez. Y por supuesto los intentos de algunos gobiernos extranjeros,
principalmente el de los Estados Unidos, de desprestigiar internacionalmente y
apoyar a los sectores opositores nacionales ha contribuido a que el proceso
venezolano desarrolle un carácter tan polémico y confrontacional. Sin embargo,
las raíces de la controversia del proceso venezolano se encuentran en el hecho
de que el actual proceso político venezolano es parte de la lucha continental y
mundial en contra de la dinámica destructora de la globalización neoliberal militarizada.
Su profundización, e incluso su
143
Otra tensión importante reside en el modelo económico y el hecho que la
continua dependencia de la economia en el petróleo no permite construir a
mediano plazo un modelo sustentable y ecológico.
144
Por ejemplo, ver Biardeau (2007) y Lander (2007c).
sobrevivencia,
se juegan en el interior de este enfrentamiento global. Por eso, el curso que
tomen los procesos de integración
latinoamericanos, no sólo económica, sino política y cultural, será en este
sentido decisivo. Se trata de un proceso abierto que está generando muchas
expectativas. En la resolución de las tensiones dentro del chavismo, tanto en
como proceden los procesos en favor y en contra del proceso venezolano es que
se definirá la sobrevivencia del proceso venezolano y su viabilidad como proyecto
contra hegemónico y de construcción de una democracia radical.
(Caracas/Gran
Bretaña, 2009)
Para saber más sobre el proceso
bolivariano en Venezuela:
• Kim Bartley y Donnacha O’Briain, The Revolution
Will Not Be Televised, Power Pictures, Dublin, Ireland, 2003.
• Javier Biardeau, ¿Por qué ganó la abstención?, 2007, http://www.aporrea.org/ideologia/a46047.html.
• Agustín Blanco Muñoz, Habla el comandante Hugo
Chávez Frías, Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1998.
• Haiman El Troudi y Juan Carlos Monedero,
Empresas de Producción Social: Instrumento para el socialismo del siglo XXI,
Caracas, Centro Internacional Miranda, 2006.
• Embajada de Venezuela en Estados Unidos,
Posición de Venezuela ante la Organización Mundial de Comercio, 2003,
www.embavenez-us.org/news.spanish/venezuela_OMC.htm.
• Eva Golinger, Bush vs Chávez: La guerra de
Washington contra Venezuela, Monte Ávila Editores, Caracas, 2006.
• Eva Golinger, El Codigo Chávez, Monte Ávila
Editores, Caracas, 2005.
• Instituto Latinoamericano de Investigaciones
Sociales, Las Misiones Sociales en Venezuela: Una aproximación a su comprensión
y análisis, Caracas, Venezuela, 2006.
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sobre la propuesta de Reforma Constitucional en Venezuela, 2007,
www.tni.org/detail_page.phtml?act_id=17348&username=guest@tni.org&password=9999
&publish=Y.
• Edgardo Lander (b), El Tribunal Disciplinario
del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y la construcción de la
democracia, 8 de septiembre, 2007, www.rebelion.org/noticia.php?id=56117.
• Edgardo Lander (c), Creación del partido único,
¿aborto del debate sobre el Socialismo del Siglo XXI?, 25 de diciembre, 2007,
www.aporrea.org/ideologia/a28743.html.
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alternativas al neoliberalismo en Venezuela” en César A. Rodríguez Garavito,
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www.tni.org/detail_pub.phtml?&lang=sp&page=report_venezuelaeconomicpolicy&lang_he
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http://www.cepr.net/index.php?option=com_content&task=view&id=301&Itemid=163.
• Sección Venezuela de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=19
La revolución de Evo Morales o las sinuosas vías de la
refundación de Bolivia
Por
Hervé Do Alto
Traducido
del francés por Arturo Anguiano
Hervé
Do Alto es doctorando en ciencia política en el IEP de Aix-en-Provence (CHERPA)
y realiza una tesis sobre el MAS boliviano. Coautor, con Pablo Stefanoni, del
libro La revolución de Evo Morales, de
la coca al Palacio (Buenos Aires, Capital Intelectual, 2006). Reside en Bolivia
desde 2005, donde colabora puntualmente con organizaciones campesinas e
indígenas145.
El
triunfo de Evo Morales y su partido, el Movimiento al Socialismo-Instrumento
Político por la Soberanía de los Pueblos (MAS-IPSP), en las elecciones
generales del 18 de diciembre de 2005 marcó un giro del electorado boliviano
hacia la izquierda, confirmado seis meses más tarde por el éxito alcanzado en
la elección de la Asamblea Constituyente146. Pero ¿de qué izquierda se trata?
Está claro que la victoria del MAS puede y debe analizarse como la expresión
local de un rechazo a los efectos de las políticas económicas neoliberales,
común en el conjunto de Sudamérica. Al igual que un buen número de sus vecinos,
el gobierno de Evo Morales ha exhumado una retórica nacionalista y
desarrollista que veinte años de ajuste estructural y privatizaciones habían
vuelto obsoleta, atreviéndose a romper con la tradicional sumisión a los
designios provenientes de Washington, a los cuales se sometían voluntariamente
las administraciones precedentes. Cualquier comparación más profunda sería sin
embargo arriesgada, ya que lo que vive Bolivia se distingue significativamente
de las experiencias que tienen lugar en el resto del subcontinente.
Profundamente
enraizado en la historia boliviana, ese proceso combina la herencia de tres
“memorias” de luchas: la “memoria larga” de la resistencia indígena de los
siglos XVII y XIX contra el Imperio colonial español, luego contra la
República, expresada en nuestros días a través de la voluntad de los
movimientos rurales convocantes de la Asamblea Constituyente; la “memoria
intermedia” de la Revolución nacional de 1952, que contribuyó a modernizar al
Estado boliviano con la nacionalización de las minas, la reforma agraria y el
sufragio universal; y finalmente la “memoria corta” de un ciclo de
movilizaciones antiliberales surgido a fines de los años noventa, entre las que
la destacan la “guerra del agua” de Cochabamba (2000) y la “guerra del gas” en
El Alto (2003), que permitieron a los movimientos sociales imponer al gobierno
Morales una hoja de ruta marcada por reivindicaciones como la nacionalización
de los hidrocarburos147. Lejos de los referentes marxistas que en otro tiempo
dominaron el paisaje político nacional de la izquierda, esta “revolución
democrática y cultural” deja ver una “Bolivia insurrecta” con múltiples
rostros, nacida de los escombros de un movimiento obrero pulverizado por la
“terapia de choque” puesta en obra
145
El autor agradece a Pablo Stefanoni por sus comentarios y sugerencias.
146
El MAS ganó las elecciones generales de 2005 obteniendo 1.544.374 de votos, o
sea el 53,7% de los sufragios, por delante de la coalición de derecha PODEMOS
(Poder Democrático y Social), con el 28,6% de los votos. El 2 de julio de
2006,
se impuso de nuevo, esta vez con el 50,7% (1.322.656 votos), relegando esta vez
muy atrás a PODEMOS, con solamente 15,3%.
147
Silvia Rivera Cusicanqui, Oprimidos pero no vencidos; Luchas del campesinado
aymara y qhechwa 1900-1980, La Paz, Aruwuyiri/Yachaywasi, 2003 [1984].
desde
1985 por un gobierno convertido entonces a las virtudes del free market. El
sincretismo ideológico del MAS, hecho de nacionalismo, indianismo y
anticapitalismo, resulta en gran parte de la articulación contingente de esas
diferentes herencias de lucha, encontrándose al mismo tiempo en el origen de
innumerables tensiones que atraviesan ese proceso. Restituir esas tensiones en
toda su complejidad constituye así una condición necesaria a fin de comprender
por qué la Bolivia de Morales se impone hoy como un auténtico laboratorio de
emancipación social.
Entre
participación y “caudillismo”, una compleja arquitectura del poder
En
1995, luego de un congreso realizado en Santa Cruz, se creó la Asamblea por la
Soberanía de los Pueblos (ASP), que devino en 1998 Instrumento Político para la
Soberanía de los Pueblos (IPSP). Un nombre al cual se añadió en 1999 la sigla
de un pequeño partido obrero, el Movimiento al Socialismo (MAS), con el
propósito de superar los procedimientos de inscripción en el registro de la Corte Nacional Electoral. Los militantes
que forman parte de esta empresa buscaban romper con la “forma partido” en
provecho de lo que llaman un “instrumento” al servicio de las organizaciones
sociales, encargado de favorecer su participación directa en el campo político.
Los años noventa corresponden así a una época de acumulación de luchas en torno
a la defensa de la coca en la región de producción del Chapare, y el
reconocimiento de los pueblos indígenas y originarios en el conjunto del mundo
rural.
Este
“Instrumento Político” asegura entonces una representación “orgánica” de
militantes sindicales mediante la adhesión de sus organizaciones, como son,
entre otras, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de
Bolivia (CSUTCB), la Federación Nacional de Mujeres Campesinas “Bartolina Sisa”
(FNMCB–“BS”) y la Confederación Sindical de Colonizadores de Bolivia (CSCB). La
“organización de base” deviene la única estructura militante, no existiendo las
habituales corrientes, tendencias y fracciones comunes a los otros partidos.
Esta configuración tiene por efecto moldear la relación entre las
organizaciones sociales y el Instrumento de manera singular durante el periodo
1995-2006, generando a la vez una ausencia de politización partidaria (en otros
términos, lo “sindical” prevalece sobre lo “político”) y la introducción de
relaciones clientelistas: el MAS se percibe de hecho como una ventana de acceso
a recursos materiales y simbólicos para el sindicato.
La
ausencia de aparato tiene por lo demás un efecto inesperado cuando el MAS se
lanza a los centros urbanos –una iniciativa alentada por la participación
creciente en el juego institucional, particularmente con las elecciones
generales de 2002, que permiten a Evo Morales alcanzar sorpresivamente un
segundo lugar con más del 20% de votos. Sin otra estructura para acogerlos que
el grupo parlamentario, los intelectuales de izquierda así como personalidades
procedentes de ONGs que colaboran con el movimiento campesino desde los años
ochenta, llegados en masa por invitación personal de Morales, ocupan un lugar
importante en el Instrumento, en desfase con su reciente adhesión a la
organización. Poco a poco, los congresistas rurales no parecen superar el
sentimiento de despojo del poder político dentro de su propio partido hasta
que, por razones estratégicas o retos propios de la esfera sindical, las
organizaciones sociales que dirigen son empujadas a movilizarse.
Paralelamente,
Evo Morales se impone como el líder incuestionable del MAS, tanto por su
posición de articulador del conjunto de los miembros del Instrumento Político,
como gracias a las legitimaciones plurales de las que dispone como presidente
del partido, dirigente sindical, y hoy presidente de la República.
Paradójicamente, a pesar de este fenómeno de concentración de poder, la cuasi
ausencia de aparato partidario permite igualmente a las organizaciones sociales
mitigar este liderazgo y conservar un lugar central en el seno del Instrumento.
Las secciones de base del MAS, en su mayoría sindicales, presentan en efecto
una sensibilidad acrecentada hacia lo que pasa en el “espacio de los
movimientos sociales”148, mostrando así una fuerte propensión a movilizarse si
los retos propios de este espacio lo impulsan a ello. En un país sumergido en
un ciclo intenso y continuo de luchas sociales desde finales de los años
noventa, la nebulosa sindical y social que
148
Lilian Mathieu, Comment lutter ? Sociologie et mouvements sociaux, París,
Textuel, 2004.
constituye
el MAS no ha dejado de manifestar su autonomía respecto a su dirección. Durante
la “guerra del gas” de octubre de 2003, en El Alto, contra los proyectos de
exportación del gas hacia Estados Unidos, los militantes se implicaron muy
pronto en la movilización, con frecuencia en virtud de su pertenencia a un
sindicato o a una junta de vecinos, cuando incluso Morales hacía llamados a la
prudencia. De aquí se puede deducir que esta misma sensibilidad del Instrumento
respecto al espacio de los movimientos sociales al nivel de los sindicatos, es
la que les permite a éstos, en definitiva, influir directamente en las
decisiones de su dirección.
Desde
la óptica de la trayectoria socio-histórica particular del MAS, ¿se puede
sostener la idea de que el gobierno de Morales es “un gobierno de los
movimientos sociales”, como a sus miembros les gusta presumir desde la victoria
de 2005? Es verdad que los movimientos sociales que llevaron al poder al
dirigente cocalero están lejos de ser marginados en el proceso actual, al punto
que se puede hablar de una auténtica “revolución política” marcada por una
profunda renovación de las elites políticas bolivianas, que beneficia a las
clases sociales históricamente relegadas en el seno de la sociedad a una
posición de subalternidad. Pero a despecho de una representación en el seno
mismo del gabinete149, su papel se restringe con frecuencia a la movilización
en apoyo a las iniciativas gubernamentales. Así, las organizaciones sociales
populares fueron llamadas en diversas ocasiones por el gobierno para asegurar
en la ciudad de Sucre el buen desarrollo de las sesiones de la Asamblea
Constituyente de agosto de 2006 a diciembre de 2007, asumiendo así una suerte
de papel de “garante” del proceso.
Sin
embargo, si el gobierno ha tenido una dificultad crónica para integrar la
participación popular como un elemento de pleno derecho en su estrategia de
ejercicio del poder, debe igualmente enfrentar a las tendencias más
conservadoras que actúan en el seno de esos mismos movimientos sociales. Entre
las que se encuentra la voluntad de buen número de ellos de sacar cada vez más
beneficios de su presencia en la cabeza del Estado a través del MAS, expresando
así una suerte de repliegue corporativo centrado en la satisfacción de las
exigencias inmediatas de sus bases. De esa manera puede interpretarse, por
ejemplo, la crisis de Huanuni, del 5 y 6 de octubre de 2006, cuando los mineros
cooperativistas tomaron por asalto la parte de la mina explotada por los mineros
del Estado150 para apropiársela por la fuerza, luego del fracaso de las
negociaciones para compartir su explotación. La ofensiva de los cooperativistas
derivó en tragedia con enfrentamientos de una increíble violencia, que causaron
no menos de 16 víctimas fatales. Ahora bien, el ataque fue planificado por las
cooperativas mineras con la complicidad del ministro de Minas, Walter
Villarroel, dirigente a la vez del sector cooperativista, que jamás advirtió
sobre aquello al resto del gabinete. Si el esquema de “correa de transmisión”
entre partido y sindicatos se muestra poco operativo, en el caso del MAS, al
momento de analizar las interacciones entre esas diferentes entidades, el
ejemplo de Huanuni incita también a considerar la importancia de las lógicas de
acción propias al campo del poder en el seno del cual evolucionan gobierno,
partido y organizaciones sociales.
No
se puede negar que resulta deseable, desde un punto de vista político, la
autonomía de acción de los movimientos sociales, en tanto preserva su capacidad
de elaborar –y luchar por– reivindicaciones propias, independientemente de los
retos del campo político. Sin embargo, el episodio de Huanuni prueba que la
autonomía no garantiza, por sí misma, una influencia “progresista” de los
movimientos (en muchos casos término que incluye prácticas más
institucionalizadas como sindicatos y juntas de vecinos) sobre el gobierno.
Fuera de eso, ese trágico acontecimiento ilustra la dificultad del movimiento
popular boliviano para construir un programa capaz de articular las
aspiraciones, a veces contradictorias, de grupos sociales distintos alrededor
de la redefinición de un “interés general”. Es, pues, esta “cara sombría” de
las organizaciones sociales
149
El ejemplo más notable, la presencia de la dirigenta campesina Celima Torrico a
la cabeza del ministerio de la Justicia.
150
Sobre el movimiento minero boliviano, Pascale Absi, Les ministres du diable –
Le travail et ses représentations dans les mines de Potosí, Bolivie, París,
L’Harmattan, 2003.
bolivianas
–resultado del contexto de pobreza a veces extrema en el cual actúan151– que
permite igualmente comprender la relación de desconfianza que mantiene Morales
respecto a su propio partido y sus diferentes componentes. Y es, entonces,
cuando la Asamblea Constituyente da lugar al enfrentamiento con una derecha
lista a entregarse a una política del boicot para echar abajo una “revolución”
potencialmente contraria a sus intereses.
La
Asamblea Constituyente: una “refundación” contra vientos y mareas…
Inaugurada
el 6 de agosto de 2006, la Asamblea Constituyente se pensó, desde el Poder
Ejecutivo, como la herramienta de la “refundación” del Estado boliviano,
mediante el reconocimiento en su seno de poblaciones indígenas y originarias, y
del mundo rural en general. Sobre todo, se concebía como la elaboración y
escenificación de un nuevo “pacto social” dirigido a unir no solamente a los
grupos sociales que dieron origen a la “agenda de octubre” de 2003
(nacionalización del gas y Constituyente), sino también a las elites económicas
de la media luna152 que, desde 2005, buscan imponer su propio programa: la
“agenda de enero”. Resumida esencialmente en la reivindicación de un estatuto
de autonomía inspirado en el catalán en el seno del Estado español, esta agenda
es promovida principalmente por el Comité Pro Santa Cruz –conocido como “el
comité cívico”–, que agrupa a las organizaciones patronales y sindicales del
conjunto del departamento153, y que se encarga de coordinar y estructurar sus
“satélites” en las otras regiones de la media luna. Dispone, por lo demás, de
una auténtica “tropa de choque” con la Unión Juvenil Cruceñista (UJC), conocida
por sus agresiones regulares a militantes campesinos en la ciudad de Santa
Cruz. A partir de enero de 2005, fecha de las primeras movilizaciones contra el
aumento del precio de los carburantes decretado por el gobierno de Carlos Mesa
(2003-2005), las elites del oriente boliviano han buscado crear las condiciones
de una autonomización económica y política respecto a un Estado central juzgado
de “andinocentrista”154. Para esas regiones que concentran el gas y las
principales empresas agro-industriales, los retos no son menores.
Desde
diciembre de 2005, bajo el efecto de la elección de los prefectos que tuvo
lugar paralelamente a las elecciones generales155, el campo político boliviano
ofrece una situación a priori
paradójica. Si el proyecto nacional-popular del MAS se impone en el conjunto
del país, más allá de las fracturas occidente/oriente o ciudad/campo156, esta
hegemonía será acompañada, sin embargo, por la emergencia de un amplio consenso
en las ciudades del oriente sobre la necesidad de una descentralización
profunda, que legitimará la reivindicación autonomista incluso en el seno de
los sectores populares locales (cargada, como el indianismo occidental, de
elementos identitarios). Una reivindicación reforzada por el referéndum sobre
las autonomías departamentales, realizado paralelamente a la elección de la
Asamblea Constituyente en julio de 2006, luego del cual cuatro departamentos
aprobaron de facto un estatuto sin que esta misma asamblea haya definido el
alcance de estas autonomías (Beni, Pando, Santa Cruz y Tarija)157. Es, pues, en
ese contexto por lo menos ambiguo que debutan en el mes de agosto 2006 las
sesiones de la Constituyente, en el seno de la
151
65% de los bolivianos y las bolivianas viven por debajo de la línea de la
pobreza en nuestros días. En el campo, la cifra alcanza el 85%.
152
Así se designa a los departamentos orientales (Santa Cruz, Beni, Pando) y
sureños (Chuquisaca y Tarija) que forman una media luna frente a la cadena
andina.
153
En Santa Cruz, son mayoritarias y hegemónicas las organizaciones patronales.
Para muchos cruceños en ruptura con
el
Estado central, el Comité funciona como un verdadero “gobierno moral”.
154
Las luchas autonomistas cruceñas tienen una larga trayectoria histórica, en
tanto se encuentran en el corazón de la
afirmación
de identidad del departamento a lo largo de la formación del Estado boliviano.
Algunas de ellas se distinguieron por su carácter progresista, como en el curso
del siglo XIX lo ilustra el Club de la Igualdad fundado por el abogado Andrés
Ibáñez, quien postulaba un modelo federal para Bolivia. Véase: Andrey
Schelchkov, Andrés Ibáñez, la revolución de la igualdad en Santa Cruz, La Paz,
Le Monde diplomatique – edición boliviana, 2008.
155
Durante el año 2005, Carlos Mesa concede la elección por sufragio universal
directo, reclamada por las regiones orientales, de los prefectos
departamentales, hasta entonces nombrados por el Presidente en calidad de
representantes del Poder Ejecutivo.
156
Luego de la elección de la Asamblea Constituyente, el MAS se convierte en el
primer partido en siete de los nueve
departamentos
del país.
157
El “No” a las autonomías ganó, sin embargo, a nivel nacional con el 58% de los
votos.
cual
el MAS no disponía de los dos tercios de miembros necesarios para la adopción
final del texto
–potenciando
asimismo a la derecha con un derecho de veto inesperado, dados sus delgados
resultados electorales (vid supra nota 1).
Desde
muy distintos puntos de vista, no carecen de ambición los proyectos de
constitución adelantados, por una parte, por el MAS, y por otra, por las
organizaciones sociales rurales reunidas en un Pacto de Unidad dotado de una
relativa autonomía respecto al Instrumento Político. Para muchos de sus
miembros –y las ONGs que los asesoran–, uno de los principales objetivos es
utilizar la Constituyente para “amarrar” el proceso de nacionalización de los
recursos naturales, tales como los hidrocarburos o el agua, realizado por el
gobierno desde 2006. Un objetivo importante, que simboliza las premisas de
ruptura con el modelo económico neoliberal. Sin embargo, no es sobre este punto
que la derecha muestra la mayor resistencia. Los proyectos relativos a las
autonomías y la tierra le parecen en efecto mucho más peligrosos. Si el MAS
decide respectar los sufragios favorables a la puesta en práctica de las
autonomías en los departamentos concernidos, desea, no obstante, introducir en
el texto constitucional nuevos niveles de autonomía (“indígena originaria
campesinas”, municipales, regionales) susceptibles de debilitar profundamente
el proyecto cruceño en una arquitectura administrativa compleja y
potencialmente generadora de conflictos de competencias. En cuanto a la tierra,
el proyecto constitucional contempla la reducción significativa de la
superficie máxima autorizada para las propiedades agrícolas, y reforzar el
control sobre su “función económico-social” (figura ya existente en las leyes
de los 90, pero de laxo cumplimiento), siendo la productividad de la tierra el
principal criterio para evaluar una posible reversión al Estado. Con un poder
político sustentado en gran medida en su relación con la tierra, resulta casi
lógico que la gran mayoría de la derecha haya optado por la política del boicot
durante todo el año y medio de existencia de la Asamblea. Si el MAS no está
exento de reproches en cuanto a su incapacidad a veces crónica para sellar
alianzas duraderas dirigidas a llevar a término sus proyectos, la oposición,
por su parte, y por así decirlo, intentó todo para desacreditar esta instancia:
bloqueo durante la discusión del reglamento interno, incentivo a las elites de
Sucre para que reclamen el regreso a su seno de los poderes Ejecutivo y
Legislativo158, intimidaciones físicas contra los constituyentes,
“movilizaciones de papel”159 en las ciudades orientales a fin de denunciar la
existencia de un gobierno despótico y totalitario, etc. A medida que se
acumulaban varias semanas de suspensión de las sesiones, la tensión extrema que
se fue instaurando poco a poco condujo a dos trágicos enfrentamientos entre
citadinos y campesinos, marcados por un racismo exacerbado contra éstos
últimos; primero en Cochabamba, el 11 de enero de 2007, donde un estudiante y
un cocalero encontraron la muerte cuando los campesinos pedían la renuncia del
prefecto opositor Manfred Reyes Villa –aliado a la “media luna”–, luego en
Sucre, los días 24 y 25 de noviembre del mismo año, cuando la confrontación
causó tres nuevas víctimas. Estos últimos hechos violentos decidieron el
traslado de la Constituyente hacia la ciudad de Oruro, una región andina
claramente favorable al gobierno, donde sus miembros lograron finalmente
concluir sus trabajos el 9 de diciembre de 2007. En lo esencial, el texto
constitucional adoptado entonces por la Asamblea retoma las grandes líneas del
proyecto del MAS, entre otras el rechazo a toda privatización futura de
recursos naturales. Por lo demás, prevé
la figura del referéndum revocatorio, convocado por iniciativa ciudadana, así
como el establecimiento de un abanico importante de derechos individuales en
materia de educación y salud (renta de vejez, seguridad social…) y derechos
colectivos para los pueblos identificados como “pueblos y naciones indígena
originario campesinos” –de hecho, desaparece el Estado-nación republicano
“monocultural” para dar paso a un “Estado Plurinacional”. Pero, sin duda, lo
que incita a la oposición a jugar sus últimas cartas es la conservación de las
disposiciones relativas a la tierra y el régimen autonómico: desde el 15 de
diciembre, los prefectos de las regiones orientales proclaman
158
Luego de la Guerra Federal de 1899, los poderes Ejecutivo y Legislativo fueron
transferidos hacia la ciudad de La Paz, que no dejó a Sucre sino un estatuto de
capital puramente simbólico. De todos modos, Sucre fue una sede bastante
simbólica del Poder Ejecutivo: durante el siglo XIX, la sede de Gobierno tenía
un carácter bastante “nómade” y ya los gobernantes pasaban bastante tiempo en
el Palacio Quemado de La Paz.
159
Patrick Champagne, Faire l’opinion. Le nouveau jeu politique, París, Minuit,
1990.
estatutos
autonómicos que amenazan aplicar de facto160, y declaran nula la nueva
Constitución. Todo en un clima de intimidación permanente y de racismo
anticampesino, en particular en Sucre y Santa Cruz donde, al mismo tiempo,
aparecen en paredes y postes de luz de estas ciudades listas de “enemigos”.
Del
“golpe cívico-prefectural” a la consolidación del “evismo”
De
todo esto se deriva un período largo de crisis política, cuyo primer efecto es
el estancamiento del proceso constituyente. En su afán de legitimar sus
flamantes estatutos, los comités cívicos y prefectos de oposición llaman a
nuevos referéndums para su respectiva aprobación entre mayo y junio de 2008161.
Más allá de los resultados de estos escrutinios, caracterizados por cifras
arrolladoras a favor de la aprobación de los estatutos, así como porcentajes de
participación elevados considerando su evidente ilegalidad162, su principal
consecuencia es la propia regionalización del poder electoral. Si bien la Corte
Nacional Electoral confirma el carácter ilegal de las consultas el 7 de marzo
de 2008163, los vocales de las cortes departamentales orientales deciden
desconocer esa resolución y resuelven llevar a cabo los escrutinios,
consolidando asimismo un bloque regionalista que el oficialismo intenta
estigmatizar, con un éxito limitado al Occidente, como “separatista”. Por eso,
la posibilidad de quiebres dentro de la Corte Nacional Electoral constituye
entonces una clara amenaza a la realización de un eventual referéndum
constitucional, ya que los grupos de poder orientales llaman explícitamente al
boicot de una nueva constitución “manchada de sangre” –culpando asimismo el
gobierno por los enfrentamientos de Cochabamba y Sucre, cuando, irónicamente,
la responsabilidad de la oposición en aquellos no era menor.
A
inicios de mayo de 2008, la situación parece más embarrada que nunca para el
gobierno: a pesar de la falta de reconocimiento de la consulta por parte de la
comunidad internacional, el referéndum sobre los estatutos autonómicos de Santa
Cruz no deja de ser un triunfo para el Comité cívico; mientras tanto, la
convocatoria del referéndum constitucional aparece cada vez menos viable. Y sin
embargo, es precisamente cuando la configuración se parece a un callejón sin
salida para el oficialismo que se produce un inesperado y súbito cambio de
escenario: el 8 de mayo, el partido de oposición PODEMOS, mayoritario en el
Senado, decide viabilizar un referéndum revocatorio para el presidente y los
prefectos, al exhumar un proyecto de decreto presentado por el propio Morales
en diciembre de 2007164. Oficialmente, se trata de postergar la eventualidad de
un referéndum constitucional; en los pasillos, los motivos aparecen menos
evidentes: frente a la consolidación de un bloque autonómico representado por
el CONALDE165, y la posibilidad de que se convoquen elecciones generales en un
plazo relativamente corto, el líder de PODEMOS, el ex presidente Jorge “Tuto”
Quiroga, esperaba reconstruir una derecha nacional frente a la regionalización
de la oposición.
No
obstante, la iniciativa desemboca en un tremendo fracaso: el 10 de agosto de
2008, la oposición pierde a dos de sus prefectos en los departamentos
occidentales –Manfred Reyes Villa en Cochabamba y José Luis Paredes en La Paz–,
mientras Morales logra su ratificación con el 67,4% de los votos. La ruptura
entre la “vieja derecha nacional” encarnada por PODEMOS, y el “autonomismo
regional” aparece entonces evidente, la segunda responsabilizando a la primera
por
160
Estos estatutos prevén ampliar las prerrogativas del gobernador departamental
en una suerte de estado federal. Santa Cruz y Beni presentan los estatutos más
“radicales” e incluyen, por ejemplo, a la política de tierras entre las
facultades exclusivas de las regiones y cobros de impuestos por un órgano
departamental. Los estatutos de Pando y Tarija son más moderados en sus
disposiciones.
161
Los referéndums autonómicos se llevaron a cabo el 4 de mayo en Santa Cruz, el 1
de junio en Beni y en Pando, y el 22 de junio en Tarija.
162
El “Sí” a los estatutos alcanzó el 85% de los votos en Santa Cruz y Pando, y el
80% en Beni y Tarija. La
participación
llegó al 65% en Beni y Tarija, 60% en Santa Cruz, y 55% en Pando.
163
Al no haber resultado de una ley de convocatoria por parte del Congreso
Nacional, los referéndums padecían de vacíos legales y resultaban claramente
inconstitucionales.
164
El decreto de convocatoria fue entonces propuesto por Morales como una salida
democrática a la crisis generada por el rechazo por los cívicos al texto
constitucional aprobado en Oruro.
165
Creado en el transcurso del año 2007, el CONALDE (Consejo Nacional Democrático)
agrupa a los prefectos y
cívicos
que apoyan la causa autonómica y se oponen al gobierno nacional.
haber
contribuido a la absoluta relegitimación tanto del gobierno como de “su”
proyecto constitucional. Frente a este escenario, y a pesar de la invitación
por parte del gobierno de volver a discutir del alcance de las autonomías
departamentales en la futura constitución, la franja más radical del CONALDE,
no sin desesperación, determina llevar a cabo una serie de actos de protesta
cada vez más radicales: de los primeros bloqueos y paros cívicos a mediados de
agosto, se llega rápidamente a actos deliberadamente delincuenciales con el
sabotaje, el 2 de septiembre, de instalaciones de gas y petróleo en la región
del Chaco, la toma, el 9 de septiembre, de instituciones estatales
(aeropuertos, medios de comunicación…), el ataque contra sedes de
organizaciones sociales y ONGs afines al gobierno, junto al saqueo de tiendas y
negocios por miembros de la Unión Juvenil Crunceñista y sus organizaciones
satélite fuera de Santa Cruz. El 11 de septiembre, en un contexto de tensión
extrema, estalla en el departamento norteño de Pando un enfrentamiento entre un
grupo de campesinos camino hacia un ampliado en la ciudad capital de Cobija, y
funcionarios de la prefectura y dirigentes cívicos vinculados al prefecto,
Leopoldo Fernández, dispuestos a impedirles el paso. La confrontación derivaría
pronto en una masacre en la cual unos 15 campesinos encontrarían la muerte –lo
que conduciría posteriormente al encarcelamiento del prefecto Fernández, y a la
instauración de un estado de sitio en todo el departamento.
Lo
que se recuerda hoy, desde el oficialismo, como el “golpe cívico-prefectural”
suena retrospectivamente como la última etapa de desagregación de una oposición
desprovista de un programa alternativo a la orientación nacionalista y
desarrollista del gobierno del MAS, de un líder capaz de superar el carácter
contradictorio de las aspiraciones que se expresan en su seno, y de cualquier
credibilidad luego de la contundente condena por la comunidad internacional de
su actuación durante los hechos de septiembre 2008 –en particular por los
países vecinos de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR). Y no solamente
contribuyó a dividir profundamente una derecha hoy atomizada como nunca;
también ha alimentado una dinámica de fortalecimiento de un bloque nacional-popular
articulado en torno a la figura de Evo Morales –lo que el propio MAS nunca
había logrado de por sí a lo largo de su corta existencia, a pesar de
innumerables intentos. Asimismo, todos los protagonistas del ayer conflictivo
espacio de los movimientos sociales boliviano, desde el movimiento campesino
hasta la tradicional Central Obrera Boliviana (COB), progresivamente han
resuelto dejar de lado sus diferencias para cerrar filas frente al temor cada
vez más fuerte de un golpe de Estado, mediante la consolidación de la CONALCAM
(Coordinadora Nacional por el Cambio) como un actor de primer plano –en ese
contexto se dieron el cerco a Santa Cruz a mediados de septiembre de 2008, como
medida preventiva frente a los disturbios que perturbaban la ciudad, así como
la marcha Caracollo/La Paz, del 13 al 21 de octubre, con el fin de garantizar
la aprobación de la Ley de Convocatoria a Referéndum Constitucional.
En
ese contexto, no hubo mayores obstáculos a la aprobación, el 25 de enero de
2009, de la nueva Constitución Política del Estado, con el 61,4% de los votos.
La campaña de la derecha, limitada a una serie de denuncias a supuestas
amenazas derivadas del texto constitucional en relación a la propiedad privada,
las libertades religiosas o la instauración de una doble ciudadanía que
favorecería a los campesinos e indígenas, apenas permitió limitar la amplitud
del triunfo de Morales. El presidente boliviano, sin duda, se encuentra hoy en
un escenario extremadamente favorable desde un punto de vista estrictamente
político, que convierte su reelección en los
comicios del 6 de diciembre de 2009 casi en un hecho cierto. Además, por
ahora, sigue contando con el apoyo de las Fuerzas Armadas, cuya lealtad ha sido
particularmente puesta a prueba, no sin tensiones internas, durante las
jornadas de septiembre166. No obstante, no es más que el movimiento popular,
especialmente campesino, que el Poder Ejecutivo cuenta como firme base de apoyo
político-social. Un movimiento para el cual, sin duda ninguna, la adopción del
texto constitucional constituye un avance decisivo, en tanto que permite el
reconocimiento de nuevos derechos políticos, económicos, sociales y culturales,
en un nuevo escenario institucional donde se da rango estatal a la
166
Los días 9 y 10 de septiembre de 2008, los grupos de choque vinculados al
Comité Pro Santa Cruz atacaron resguardos policiales y militares, sacando
provecho de las instrucciones del gobierno de no usar sus armas de fuego frente
a la población civil, bajo cualquier circunstancia.
diversidad
étnico-cultural que caracteriza el país, y que queda todavía por consolidar
mediante decretos y leyes, para avanzar hacia la materialización del Estado
Plurinacional.
Pero,
para llevar a cabo semejante tarea, el gobierno y el propio Evo Morales tendrán
que repensar su articulación con el movimiento popular, ya que el fenómeno de
su gradual unificación ha ido de la mano con una tendencia a la concentración
del poder político en las manos del presidente. Asimismo, en una suerte de
reactualización boliviana del mito del “rey que no sabe”, se fue cimentando en
el seno del oficialismo la idea de que las falencias del gabinete son, en gran
medida, el fruto de las decisiones equivocadas del entorno, en este caso
“blancoide” –intelectuales, políticos “reciclados” y oenegeístas–, ajeno a las
bases de las cuales surge el presidente. Pero también existe otro problema cada
vez más agudo: el afán por las “pegas” (empleos públicos) entre los militantes
del MAS, que ha ido generando una cierta frustración debida a las reducidas
posibilidades de acceder a cargos estatales sin la preparación adecuada167 –una
situación a menudo analizada por las bases como el resultado de la presencia de
los mismísimos “blancoides”. Ese creciente rechazo al MAS como otra fuente más
de disfunciones en la acción del presidente ha llevado a que se vaya
consolidando una nueva identidad política, la de “evista”, que,
paradójicamente, va legitimando a su vez el proceso, real, de concentración y
personificación del poder político condensado en la figura de Morales.
Posliberalismo
e ilusión desarrollista
Para
muchos analistas, el inicio del mandato de Morales dejaba en la atmósfera una
gran incertidumbre en cuanto a su capacidad de mantener a flote a la economía.
El fantasma estaba allí: el último gobierno de izquierda, dirigido por la
Unidad Democrática Popular (1982-1985), había sucumbido a una inflación
galopante que justificaría enseguida la puesta en práctica de las políticas
neoliberales que se encuentran en el origen de un vuelco en la correlación de
fuerzas políticas y sociales en contra del movimiento popular. Manifiestamente,
esta inquietud había ganado las filas del equipo de Morales que, en el curso de
estos tres años, condujo una política económica caracterizada por su prudencia.
Una ambivalencia cuando se conoce la tendencia del presidente boliviano a
acusar regularmente al sistema capitalista de ser el “peor enemigo de la
humanidad”.
¿Sería
éste el signo de que el gobierno boliviano, a imagen de algunos de sus vecinos,
habría cedido ya a las sirenas del “posibilismo conservador”, ese “hijo querido
del pensamiento único”168, que postula la imposibilidad de salir del modelo
económico impuesto en 1985?
Sin
duda la mejor ilustración del curso actual de la política económica del
gobierno sigue siendo los dichos del vicepresidente boliviano, el sociólogo
Álvaro García Linera, interrogado sobre una eventual orientación “posliberal”:
“El Estado boliviano ha pasado de un control del Producto Interno Bruto de
alrededor de 6 a 7 % a 19% actualmente. Nuestro objetivo es alcanzar el
30%”169. Esta definición del posliberalismo se asemeja y corre el riesgo de
confundirse con una rehabilitación tout
court del capitalismo de Estado de los años cincuenta. El objetivo es, en
definitiva, (re)construir una economía piloteada por el Estado, que tendría a
su cargo la coordinación de tres principales “plataformas productivas” sobre
las cuales se apoyaría: los enclaves
productivos “modernos” que son las grandes empresas, la economía familiar
(pequeño comercio, artesanado…) y la economía campesina y comunitaria, un
sistema que el vicepresidente ha bautizado como “capitalismo
andino-amazónico”170.
167
En una entrevista publicada en Le Monde diplomatique – edición boliviana, en
agosto de 2009, el vicepresidente Álvaro García Linera asumía que sólo el 20%
de los cargos públicos había dado lugar a una renovación de personal: “En
tiempos de MIR, ADN, MNR, ni los porteros ni las cortinas de los despachos se
salvaban del barrido partidario. Entonces, para nosotros, no es una
preocupación que haya muchos militantes y pocos cargos; al contra-río: eres
militante, entonces no tienes cargo”.
168
Atilio Borón, “La izquierda latinomericana a comienzos del siglo XXI: nuevas
realidades y urgentes desafíos”, en
Observatorio
Social de América Latina, nº 13, 2004.
169
Maristella Svampa y Pablo Stefanoni, “Entrevista con Álvaro García Linera,
vicepresidente de Bolivia”, en Karin Monasterios, Pablo Stefanoni y Hervé Do
Alto (ed.), Reinventando la nación en Bolivia, La Paz, Clacso/Plural, 2007. 170
Ibid.
Es
en ese cuadro general que se inscribe la medida económica de mayor envergadura
implementada por el gobierno de Morales desde su llegada al poder: la
nacionalización de los hidrocarburos. Una nacionalización “sin expropiación”
que, desde varios puntos de vista, simboliza esta tensión permanente entre la
radicalidad de la retórica y la moderación pragmática de los actos. Inscrita en
la continuidad de la Ley nº 3.058, adoptada durante la presidencia de Carlos
Mesa luego del referéndum sobre el gas de junio de 2004, el proceso de
nacionalización se conjuga en dos tiempos. Primero, la firma del Decreto
Supremo 28.701, el primero de mayo de 2006. Son drásticas las condiciones a las
que se sujetan las compañías: ninguna expropiación, en efecto, pero el 82% de los
beneficios reportados al Estado sobre los campos petrolíferos “grandes”, y el
50% sobre los otros campos de explotación, mientras que los hidrocarburos
regresan a la propiedad del Estado, tanto bajo tierra como en la superficie.
Las compañías son obligadas sobre todo a una renegociación de los contratos
cuya firma, el 28 de octubre de 2006, constituye la segunda etapa. Reducen
significativamente la parte de los beneficios previstos por la Ley de
Hidrocarburos para el Estado, a favor de una fórmula que condiciona el acceso
del dicho Estado a la renta –por encima de una base fiscal de 50% que le
corresponde siempre– a que la compañía privada amortice sus costos de operación
y de capital171. Paralelamente, los mismos contratos prevén, como en el pasado,
una “distribución de los riesgos” entre el Estado boliviano y esas compañías en
cuanto a las inversiones operadas por éstas últimas.
Si
es correcto percibir esas disposiciones como retrocesos por parte del gobierno
boliviano sobre el expediente de los hidrocarburos, esta situación muestra muy
claramente la amplitud de los dilemas que se le plantean. Los principales retos
de esta “nacionalización”, que se resume finalmente a una renegociación de
contratos, son al mismo tiempo el regreso del Estado a la producción y la
comercialización vía la reactivación de la empresa petrolera pública, YPFB
(Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos), y el crecimiento de los
ingresos de dinero en las arcas del Estado. Tantos más objetivos a alcanzar en
un contexto hostil caracterizado por la resistencia de las compañías
extranjeras Petrobras (Brasil), Repsol-YPF (España/Argentina) y Total
(Francia), la presión ejercida por los Estados que actúan en nombre de los
intereses de esas mismas compañías, y la imposibilidad para el gobierno de
poder contar con un cuerpo sustancial de técnicos y profesionales susceptibles
de participar en la reconstrucción de YPFB. Resulta fácil, entonces, entender
los virajes “pragmáticos” operados por el Poder Ejecutivo respecto a las
presiones que pesan sobre él, más todavía en un país en el que el gas ha sido
objeto de movilizaciones reprimidas sangrientamente, y donde la exigencia de
resultados en términos de aumento de los ingresos para el Estado es elevado.
Así, la transferencia parcial del Impuesto Directo sobre los Hidrocarburos a
las instituciones públicas, regiones, universidades, organismos de seguridad,
etc., está en el origen, desde su creación en 2005, de la movilización regular
de un amplio abanico de sectores sociales deseosos de disponer de una parte de
ese “botín”.
Pero
las dificultades enfrentadas por el gobierno también son, en gran parte,
debidas a las dinámicas internas al MAS, como lo ilustró el primer escándalo de
corrupción de importancia en el seno del equipo de Morales: el “affaire Santos
Ramírez”, que involucró nada menos que al entonces presidente de YPFB, fundador
y dirigente histórico del Instrumento Político, surgido de las filas del
sindicalismo. Aparte de haber recurrido a prácticas clientelistas para colocar
masivamente a sus seguidores mediante una estructura conocida como
“MAS-Petrol”, Ramírez tejió una red de corrupción de la cual se beneficiaba
conjuntamente con algunos familiares. El asesinato de un ingeniero involucrado
en esa red llevaría el caso a la luz pública, a fines de enero 2009, generando
asimismo el primer escándalo de amplitud durante la gestión de Evo Morales
–mientras se procedía al encarcelamiento de Santos Ramírez.
Esas
muy fuertes presiones y límites ilustran cuánto la política conducida por el
gobierno se parece a una búsqueda permanente entre el mantenimiento de los
grandes equilibrios económicos y la
171
George Gray Molina, “El reto posneoliberal en Bolivia”, en Nueva Sociedad, nº
209, 2007.
experimentación
de políticas alternativas susceptibles de esbozar un horizonte emancipador, en
un país dependiente marcado por niveles de pobreza extremos. El fantasma de la
inflación, que pasó de 4 a 12% durante 2007, para mantenerse a ese nivel en
2008, se encuentra en el origen de la política por lo menos moderada de
redistribución de la riqueza, a despecho de una economía con “buena salud”,
como lo testimonia un PIB que logró rebasar la barra simbólica de 10 mil
millones de dólares en 2006, gracias al aporte de 2 mil millones de las
exportaciones de productos petroleros172
–con
una tendencia a un significativo crecimiento en los años posteriores, y
reservas internacionales récord que Morales no se cansa de destacar. Los logros
de una política social que privilegia todavía los programas de “asistencia”,
pero que apunta claramente hacia la creación de derechos (como lo ilustra la
Constitución) se mantienen todavía frágiles, en efecto, respecto a las
necesidades de la mayoría de la población.
Por
el momento, “la otra política posible” debe buscarse, primero, en algunas
iniciativas gubernamentales de reposición del papel del Estado en la economía,
como la creación de EMAPA (Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos) en
agosto de 2007. EMAPA fue asumiendo tareas cada vez más importantes en la
coordinación de pequeños y medianos productores, en el apoyo a la producción y
la comercialización de productos de base (arroz, trigo, maíz…), y en la lucha
contra la especulación en relación a productos como la carne de res o el
aceite. De cierta manera, EMAPA contribuye a una erosión del complejo
político-financiero en manos de los grupos de poder orientales, a medida que va
extendiendo su capacidad en incidir en el nivel de los precios, mediante una mayor
presencia en la cadena productiva. Otra política gubernamental que parece
traducir aspiraciones al cambio es la política extranjera, y especialmente las
alianzas internacionales anudadas por Bolivia: el gobierno Morales ha jugado
así un papel primordial en el esbozo de un bloque continental opuesto a los
proyectos promovidos por Washington, fundados principalmente en la aceptación
del libre comercio como premisa de todo diálogo. Así, el 15 de marzo de 2006,
Morales anunciaba su intención de no firmar el Tratado de Libre Comercio (TLC)
con Estados Unidos, proponiendo crear de manera alternativa un Tratado de
Comercio de los Pueblos (TCP) devenido desde entonces el instrumento de
negociación entre países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de
Nuestra América (ALBA)173. Es verdad que ese bloque emergente se encuentra
actualmente limitado a una serie de acuerdos de cooperación coordinados por
Caracas y La Habana (sobre todo con el envío de médicos cubanos al campo
boliviano, y la petrodiplomacia venezolana, que financia el programa “Evo
cumple”, de obras en los municipios), sin un real proyecto de integración
económica. El ALBA se consolida sin embargo como una alternativa al
neoliberalismo en el subcontinente, particularmente al tomar medidas que
rebasan el cuadro de lo “simbólico”. Así, a propuesta de Bolivia, el 29 abril
de 2007, los cuatro países miembros decidieron abandonar el CIADI, la corte de
arbitraje ligada al Banco Mundial174.
Los
retos de una “revolución” en consolidación
El
filósofo y militante comunista italiano Antonio Gramsci propuso el concepto de
“revolución pasiva” para describir las etapas históricas a través de las cuales
las clases dominantes intentan dividir a las clases populares retomando una
parte de sus reivindicaciones, incluso “cediéndoles” el poder político a
condición de que no afecten el resto, en particular el poder económico. Un
concepto tristemente actualizado en América Latina por Lula da Silva en Brasil
y Tabaré Vázquez en Uruguay, cuando éstos, en tanto candidatos, se
comprometieron en no cuestionar las relaciones mantenidas por sus países con
las instituciones internacionales, en primera fila de las cuales está el Fondo
Monetario Internacional. Bolivia, como Venezuela, se impuso por el contrario como
un
172
George Gray Molina, art. cit.
173
Creado el ALBA por Venezuela y Cuba en 2004, luego se unieron Bolivia (2006),
Nicaragua (2007), Honduras, Dominica (2008), Ecuador, Antigua y Barbuda, y San
Vicente y las Granadinas (2009).
174
No obstante, Bolivia es hasta el momento el único país que oficializó su salida
del CIADI (Centro Internacional de
Arreglo
de Diferencias Relativas a Inversiones), el 2 de mayo de 2007.
contra-ejemplo
mayor. “¡No quieren soltar la mamadera!”, dice con frecuencia Morales
refiriéndose a las elites bolivianas que, hasta ahora, han mantenido una
voluntad feroz, rascando a veces lo irracional, de no ceder nada al MAS,
dejando al descubierto la violencia de las relaciones sociales que estructuran
la sociedad boliviana. En este sentido, la victoria de un partido con raíces
rurales e indígenas constituye por sí misma un avance democrático mayor para el
movimiento popular. Y la oposición, al contestar la legitimidad de este proceso
a menudo burda y violentamente, contribuye plenamente hoy, a su manera, a que
se consolide la hegemonía creciente de lo que se identifica como el “evismo”
–la propia figura de Evo Morales imponiéndose con cada vez más fuerza a medida
que se va complejizando la configuración político-social sobre la cual se
asienta el poder del actual gobierno.
Fuera
de eso, lo que sin embargo se mantiene incierto es el propio porvenir de ese
proceso de transformación social. Si se puede fácilmente hablar de un
nacionalismo “indígena” y “plebeyo” como matriz ideológica de esta
“revolución”175, la situación política actual podría sin embargo conducir a sus
dirigentes a tomar otras vías si entienden defender hasta lo último el proyecto
de “refundación” que encarna el MAS. Aquí se encuentra por lo demás la paradoja
de la situación boliviana: a pesar de la ausencia casi total de debate sobre el
“socialismo del siglo XXI”, y más generalmente, de una falta de discusión
política y de reflexión en el seno del proceso, es en Bolivia donde la
polarización entre clases sociales, atravesada por antagonismos étnicos y
regionales, es la más aguda de toda América Latina. En ese sentido, el
ambivalente capitalismo de Estado promovido por el vicepresidente boliviano
choca con una dificultad objetiva representada por la resistencia de las elites
económicas del oriente.
Su
propuesta de “capitalismo andino-amazónico”, erigida en una insoslayable etapa
transitoria hacia horizontes supuestamente más ambiciosos, implica toda una
serie de problemas políticos –en sí ilustrativas de las fuertes ambigüedades
que caracterizan este proceso: primero sobre el lugar central que reserva a las
economías “premodernas”, en tanto corre el riesgo de asimilarse a una
exaltación de formas “salvajes” de explotación de la fuerza de trabajo y
acumulación de capital. Consagra igualmente, de hecho, una dualidad económica
que deja a los sectores más pobres el “privilegio” de autoorganizarse al margen
de los principales flujos económicos. En fin, esta propuesta hace de una
economía no dependiente una finalidad en sí misma. Pero si ésta constituye innegablemente
la base material de un proyecto de emancipación social, no resulta de ninguna
manera sinónimo de ella. Es por lo que las decisiones que operará el gobierno
en el futuro, y la prioridad que le conceda al movimiento popular en la
definición de sus políticas económicas y sociales, conducirán sin duda ese
proceso a optar entre dos opciones antagónicas. Ya sea instalándose en un
proyecto esencialmente nacionalista, donde el “capitalismo andino-amazónico”
sería el pilar económico. O bien avanzar a tanteos hacia una refundación que
contemplaría el “posliberalismo” como un modelo de desarrollo alternativo, en
ruptura con la lógica de rehabilitación tout court del capitalismo de Estado, y
que lograría traducir la potencialidad democrática de los movimientos sociales
en Bolivia en una nueva institucionalidad, radical y participativa. Aquí
estaría el reto de los próximos años para las organizaciones sociales
populares de ese país, en el marco de
una nueva etapa, que consistiría en construir el futuro Estado Plurinacional,
dándo sustancia a los principios emancipatorios que constituyen los ejes
fundamentales de la nueva Constitución.
(La
Paz, 2009)
Para saber más sobre Bolivia:
175
La actual producción discursiva de carácter nacionalista en el seno del
movimiento popular boliviano hace en lo sucesivo de los pueblos indígenas y los
movimientos sociales, los principales protagonistas del ciclo de protesta
antiliberal de los años 2000, en tanto que depositarios de los intereses de la
nación.
• Hervé Do Alto y Pablo Stefanoni, La revolución
de Evo Morales, de la coca al Palacio,
Buenos
Aires, Capital Intelectual, 2006.
• Álvaro García Linera, Marxa Chávez León y
Patricia Costas Monje, Sociología de los movimientos sociales en Bolivia, La
Paz, Diakonia/Oxfam, 2004.
• Jean-Pierre Lavaud, El embrollo boliviano;
Turbulencias sociales y desplazamientos políticos, 1952-1982, La Paz/Lima,
IFEA/CESU/Hisbol, 1998.
• Franck Poupeau, Carnets boliviens (1999-2007),
París, Aux lieux d’être, 2008.
• Denis Rolland y Joëlle Chassin (ed.), Pour
comprendre la Bolivie d’Evo Morales, París, L’Harmattan, 2007.
• Silvia Rivera Cusicanqui, Oprimidos pero no
vencidos; Luchas del campesinado aymara y qhechwa 1900-1980, La Paz,
Aruwuyiri/Yachaywasi, 2003 [1984].
• Alison Spedding, Kawsachun coca, Economía
campesina cocalera en los Yungas y el Chapare, La Paz, PIEB, 2005.
• Sección Bolivia de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=10
La reestructuración de la izquierda en Ecuador. Del movimiento
indígena hasta Rafael Correa
Por
Matthieu Le Quang
Matthieu
Le Luang es candidato al doctorado en ciencia política en el Instituto de
Estudios Políticos de Aix-en-Provence e Investigador asociado a la FLACSO, sede
Ecuador176
La
llegada al poder de Rafael Correa trastornó el foro político ecuatoriano, el
cual ya no es comparable con lo que era desde el retorno a la democracia en
1979. Desde las presidenciales de 2006, ha ganado todas las elecciones que han
tenido lugar: el referéndum sobre la instauración de una Asamblea Nacional
Constituyente (ANC), que fue un plebiscito a favor de Correa con más del 80% de
los ecuatorianos que lo sostuvieron en su enfoque; las elecciones para la ANC
donde, haciendo la suma de los escaños ganados por su movimiento Alianza País y
los partidos minoritarios de la izquierda del campo político177, Rafael Correa
pudo contar con una mayoría confortable con 90 de los 130 escaños de la ANC; el
referéndum constitucional del 28 de septiembre de 2008 con el 63% de los votos
aprobando la nueva Constitución; y por fin las últimas elecciones
presidenciales, legislativas y locales en las cuales su movimiento político
ganó importantes victorias.
Sin
embargo, el sistema político ecuatoriano es uno de los más inestables de
América Latina. El retorno a la democracia de este pequeño país andino se hizo
en un relativo consenso, ya que las dictaduras militares fueron menos
represivas que en los países del Cono Sur o en América central. Desde 1979, se
instaló un sistema de partidos estable con cuatro partidos políticos que
compartieron el poder hasta 1996: tres que estaban situados a la derecha del
campo político, el PRE (Partido Roldosista Ecuatoriano), el PSC (Partido Social
Cristiano) y la DP (Democracia Popular), y uno de centro-izquierda, la ID
(Izquierda Democrática). Ellos cohabitan con otros pequeños grupos políticos
que aspiraban a obtener alguna representación en el Congreso y en las
instituciones locales. Estábamos en presencia de mucha inestabilidad política
con un sistema de partidos fragmentado pero que estaba dominado por cuatro
partidos que tenían el poder cada uno por turno, que captaban gran parte de los
votos y cuyo porcentaje agregado era casi el mismo hasta el 2006.
Estos
partidos pusieron en marcha las reformas neoliberales preconizadas por el
Consenso de Washington y en particular por el Fondo Monetario Internacional
(FMI). El Estado se endeudó mucho, la liberalización de los bancos condujo a
una crisis bancaria sin precedente al final de los años 1990. Jamil Mahuad, que
fue presidente durante este periodo, decidió dolarizar la economía, con lo que
el dólar se volvió la monedad oficial del país. A eso se adjuntó la
liberalización de las tierras, la privatización y la explotación de los
recursos naturales (sobre todo el petróleo) por firmas multinacionales
extranjeras, la pauperización de los campesinos y de gran parte de la
población, en particular las clases medias que vieron los precios subir con la
llegada del dólar. Pero todo eso no se efectuó sin una fuerte reacción de la
población.
La
contestación frente a esas reformas hizo surgir un nuevo actor en la escena
nacional, al nivel social al principio, en 1990, y después como movimiento
político: el movimiento indígena. Este
176
El autor quiere agradecer a Franklin Ramírez Gallegos y Pablo Ospina Peralta
por todas las informaciones que me dieron y a Lydia Andrés por sus comentarios.
177
Las otras fuerzas progresistas presentes en la ANC eran el Movimiento
Pachakutik (PK), el Movimiento Popular Democrático (MPD) e Izquierda
Democrática (ID). Éstas ganaron un total de 10 escaños.
último
se organizó poco a poco desde los años 1960 y la creación de la primera
organización indígena en la Amazonía en 1964: la Federación de los Centros
Shuar. Los años 1970 y 1980 marcaron la emergencia de organizaciones indígenas
que se diferenciaron poco a poco de los sindicatos y organizaciones campesinas,
partiendo de las comunidades y organizándose a nivel cantonal, provincial y
regional para conducir a la creación de la CONAIE a nivel nacional en 1986. La
CONAIE llevaba reivindicaciones típicamente indígenas, poniendo en el primer
plano la etnicidad y las especificidades de ésta, como veremos más tarde. Así,
los años 1990 fueron una década de movilizaciones sociales sin precedentes en
el país y encabezadas por el movimiento indígena. Las consecuencias fueron la
destitución de tres presidentes de la República en diez años (Abdalá Bucaram,
Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez), la llegada de outsiders políticos como Lucio
Gutiérrez o Rafael Correa, la puesta en la agenda de nuevas reivindicaciones
como el reconocimiento de los derechos indígenas, la multiculturalidad, la
nacionalización de los recursos naturales, la defensa de la soberanía nacional
(principalmente contra el dólar), y también la renovación del sistema de
partidos. Desde 1996, el Ecuador ha conocido una gran inestabilidad política
con seis Presidentes, dos Constituciones y un golpe de Estado. Fue en este
contexto y con una desconfianza total de los ecuatorianos hacia los partidos
políticos y el Congreso que apareció Rafael Correa. Como una gran esperanza
para los diferentes movimientos sociales e igual para el más importante de
ellos, el movimiento indígena, el presidente Correa no tardó en decepcionar a
buena parte de ellos. En este artículo, vamos a estudiar la reestructuración de
la izquierda en el Ecuador desde la aparición en la escena política nacional
del movimiento indígena hasta la llegada de Correa al poder. Veremos que Rafael
Correa aprovechó los cambios traídos por el movimiento indígena y su trabajo
como movimiento social y político. Pero las relaciones entre Correa y los
movimientos sociales no son tan fáciles como lo hubiéramos podido esperar al
principio.
El
movimiento indígena: del movimiento social a la participación política
En
Ecuador, la historia del movimiento indígena da cuenta de un proceso de
construcción de un sujeto social que busca constituirse en sujeto político.178
A partir de 1990 y de su emergencia a
nivel nacional, la CONAIE179 se ha convertido en un referente
ineluctable en el seno de los movimientos sociales ecuatorianos, y los
diferentes levantamientos indígenas han demostrado su capacidad de movilización
social. Durante los años 1990 apareció la cuestión de la participación en el
poder y de la toma de responsabilidad política por parte de las diferentes
organizaciones indígenas. En Ecuador, aunque existe numerosos debates en cuanto
a los repertorios de acciones colectivas y en cuanto a las reivindicaciones,
particularmente con una diferenciación a nivel geográfico (la Sierra, la
Amazonía y la Costa), las organizaciones indígenas hicieron un esfuerzo por ser
reconocidas como un nuevo actor político capaz de proponer un proyecto
político, al principio para la población indígena, y después para toda la
sociedad ecuatoriana. Eso fue posible con la creación del movimiento
Pachakutik, partido indigenista, verdadero brazo político de la CONAIE.
El
MUPP-NP (Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik-Nuevo País) se
constituyó en la coyuntura electoral de 1996 y fue integrado por la CONAIE, la
CMS (Coordinadora de Movimientos Sociales), los trabajadores petroleros, el
Movimiento Ciudadano Nuevo País y algunos grupos de izquierda. Los principios
fundamentales del Movimiento Pachakutik han sido la plurinacionalidad del
Estado, los derechos colectivos para los pueblos indígenas, la defensa del
medio ambiente y del territorio, la transformación de la economía poniendo la
producción al servicio del bienestar de los pueblos, y la democracia
participativa180. La trayectoria de Pachakutik
178
Larrea Maldonado (Ana María), “El Movimiento Indígena Ecuatoriano:
participación y resistencia”, OSAL, n°13, enero-abril 2004, p.67.
179
Confederación Nacional de los Indígenas del Ecuador.
180
Ver Massal (Julie), Les mouvements indiens en Equateur. Mobilisations
protestataires et démocratie, Paris,
Karthala, 2005.
(PK)
se fundó en postulados que ampliaron el discurso tradicional de la izquierda en
el país. Como vemos, la diversidad étnica y cultural, la politización de la
etnicidad, se articularon con demandas redistributivas sobre todo durante los
años de confrontación del movimiento indígena con las políticas neoliberales.
Esta articulación se ha mantenido durante la vida de PK y se ha reflejado en la
defensa de los recursos naturales y de los derechos colectivos de los pueblos,
en la reivindicación del Estado plurinacional. Desde su primera participación
electoral en 1996, el espacio político que ha ocupado Pachakutik ha sido el de
la izquierda que no encontraba respuestas en los partidos tradicionales de esta
tendencia y que, hasta las últimas elecciones, estaban dispersos en diferentes
partidos. La capacidad de articulación del movimiento indígena demostrada
durante los años 1990 se reveló en las características de su votación a la vez
indígena y mestiza, sus candidatos a nivel nacional siendo en su mayoría mestizos.
Antes
de ver su evolución política, es importante mostrar que el movimiento indígena
no es homogéneo. Siempre han estado presentes numerosos debates, con cuestiones
importantes: ¿se debe o no participar en las elecciones y en el sistema
político? ¿Son necesarias las alianzas con organizaciones mestizas que nunca
dieron mucha importancia a las cuestiones étnicas? Si es necesario, ¿con quién
puede aliarse el movimiento indígena? Es particularmente a esas dos preguntas
que el movimiento indígena tuvo que contestar a partir de los años 1990 ya que
al convertirse en un instrumento político se volvió un tema importante con el
fin de llevar reivindicaciones olvidadas por las otras formaciones políticas
que participaban en las elecciones. El sociólogo Franklin Ramírez Gallegos
diferencia cuatro “sensibilidades”181 en el movimiento indígena que se perciben
en el Movimiento Pachakutik. Las dos principales son los “etno- pragmáticos” y
los “etno-doctrinarios”. Los primeros “ponían por delante de su relación con el
Estado su particular diferencia y esperaban de él, fundamentalmente, un acceso
corporativo a recursos institucionales y económicos. Sus principales
representantes llegaban con una larga experiencia en la gestión de programas de
desarrollo con ONG’s, empresas petroleras (las amazónicas), y las mismas
instancias estatales. Ahí el manejo estratégico de la identidad facilita el
acceso a recursos externos. Poco rígidas ideológicamente, sus alianzas
políticas han tenido un amplio margen de discrecionalidad y pragmatismo.” Los
segundos tienen exigencias de cambio social con una doble visión indígena y
pobre: quieren a la vez un reconocimiento identitario y una justicia
redistributiva. Las dos otras sensibilidades son minoritarias: los
“etno-radicales” cuyo carácter racista preconiza la lucha de los pueblos
indígenas contra los no-indígenas con la recuperación de América como
territorio indio y la instauración de la indianidad como proyecto civilizador;
y los “neo-leninistas indigenizados” que adoptan las tesis marxistas-leninistas
en las cuales predominan los problemas económicos y que proponen una
transformación revolucionaria de la sociedad pero dejando de lado las
problemáticas étnicas. Para resumir, según Franklin Ramírez Gallegos, los
“pragmáticos” consiguieron controlar las organizaciones provinciales y a veces
la CONAIE, y los “progresistas” controlaron PK de 1996 hasta 2003.
A
partir de esas diferentes corrientes, podemos analizar la evolución de las
fuerzas en el movimiento indígena y cómo eran percibidos los acontecimientos
políticos importantes desde el 2000. El “Golpe de Estado” del 21 de enero de
2000 no provocó una respuesta unánime en el movimiento indígena lo que dio como
resultado una débil movilización. El sector “etno- progresista” consideraba que
“haber ido “más allá” de las instituciones políticas ponía en riesgo el
prestigio del movimiento como fuerza democratizadora y bloqueaba su política de
articulación social”.182 Otras, como los “neo-leninistas” y la izquierda
radical, veían en ello el camino real para tomar el poder. Y es que sí estamos
en el viejo debate que atraviesa a la izquierda latino-americana desde hace
décadas: ¿se debe construir el poder desde la base o se debe tomarlo
cualesquiera que
181
Ramirez Gallegos (Franklin), “Le mouvement indigène et la reconstruction de la
gauche en Equateur. Le cas du Mouvement d’Unité Plurinationale Pachakutik –
Nouveau Pays” in Gabriel Vommaro (coord.), 2008, La “Carte rouge ” de l’Amérique latine, Paris,
Editions du Croquant, p. 87-88
182
Ramírez Gallegos (Franklin), art.cit., p. 91.
sean
los medios empleados? Las movilizaciones de febrero de 2001 representaron un
momento de unidad en el movimiento indígena e igual en el mundo indígena en
general. Esta nueva movilización, en contra del gobierno de Noboa que quería
aumentar los precios de los transportes públicos, de la gasolina y del gas, era
eminentemente indígena, y la CONAIE consiguió reunificar alrededor de sus
reivindicaciones a todas las organizaciones campesinas e indígenas del país, en
particular la FENOCIN y la FEINE183. Los indígenas marcaron sus distancias con
relación a sus antiguos aliados de los movimientos sociales pero reuniéndose
alrededor del lema “Nada solo para los indios” que tiene una tonalidad clasista
dirigida hacia las clases medias urbanas y los sectores mestizos de la
población. Las otras características de esta movilización son la presencia de
los alcaldes y prefectos indígenas elegidos en el 2000, al contrario del “golpe
de Estado” de enero de 2000, y la fuerte represión del Estado que hizo siete
muertos lo que era nuevo comparado con las movilizaciones anteriores.
La
participación en el gobierno de Gutiérrez en el 2003 fue un evento crucial
porque era la primera vez que los indígenas participaban en un gobierno como
representantes del movimiento indígena. Éste había decidido durante las
elecciones presidenciales de 2002 que no presentaría a su propio candidato si
no que haría una alianza electoral con el Partido Sociedad Patriótica (PSP),
partido recientemente creado por Lucio Gutiérrez. Los principales puntos de
acuerdo del programa político entre PK y el PSP se presentaban sobre todo
alrededor de grandes principios: la lucha contra la corrupción, la reforma del
Estado y principalmente del Congreso y del sistema de administración de
justicia, la recuperación de la producción nacional, la reafirmación de la
soberanía del país en sus negociaciones con los organismos internacionales, la
consolidación de la participación de los indígenas en las instituciones
públicas con el objetivo de democratizar el Estado y en el plano exterior, la
independencia con relación al plan Colombia y la oposición contra toda forma de
intervención militar en la región.
El
problema fue que la CONAIE fue sorprendida por este triunfo y se vio obligada a
participar en el gobierno, lo que, según algunos observadores, llegaba
demasiado temprano en la maturación política del movimiento indígena. Faltaba
un verdadero programa político que querían construir a partir de las bases.
Pero no tuvo tiempo de fortalecer sus bases ni sus principios de cambio social.
“Sea lo que sea, la CONAIE fue muy criticada por su falta de madurez y de
clarividencia políticas y por su compromiso prematuro en el gobierno, lo que le
había impedido que empezara toda acción positiva a favor de los indígenas.”184
A pesar de importantes ministerios, los dirigentes indígenas se dieron cuenta
que no disponían de un importante margen de decisión y decidieron demitir
algunos meses más tarde, ante el cambio de rumbo político de Lucio Gutiérrez,
quien, a pesar de sus promesas, aplicó una política neoliberal. Después de la
salida del gobierno de Gutiérrez en julio de 2003, numerosas
tensiones aparecieron entre indígenas
y mestizos, entre
“pragmáticos” y “progresistas” y
entre organizaciones de la Sierra y organizaciones de la Amazonía. Esas
tensiones eran fortalecidas por las prácticas clientelares del poder. Las
numerosas alianzas concluidas por PK durante las elecciones y en el seno mismo
del Congreso, cambiaron la imagen del movimiento indígena que luchaba contra la
partidocracia en la calle pero que se aliaba con algunos de sus representantes
más notorios (DP, PSC, ID) en las instituciones políticas. El movimiento
Pachakutik que rechazaba la etiqueta de partido político sufrió a causa de este
pragmatismo y las divisiones internas al movimiento indígena se hicieron más
profundas y dejaron espacio para un repliegue étnico.
183
La FENOCIN (Federación Nacional de Organizaciones Campesinas e Indígenas y
Negras del Ecuador) es una organización principalmente clasista defendiendo las
minorias étnicas. La FEINE (Federación Ecuatoriana de Indígenas Evangélicos)
representa a los indígenas evangélicos.
184
Rudel (Christian), Réveils amérindiens. Du Mexique à la Patagonie, Paris,
Karthala, Les Terrains du siècle, 2009, p.172
La
movilización de abril de 2005 que puso fin a Gutiérrez, porque los
manifestantes percibían una intervención clara de los intereses de los partidos
en la institución judicial a causa de la destitución de la mayoría de los
jueces de la Corte Suprema de Justicia en diciembre de 2004, fue marcada por la
ausencia visible y notoria del movimiento indígena de las calles y de los
espacios de contestación. Además, esta
movilización con formas de contestación muy diferentes de las de los indígenas
(manifestación con cacerolas, cantos, asambleas populares en algunos barrios,
etc.) representaba un primer signo de decadencia del movimiento indígena a
pesar de mantener cierta capacidad de movilización. Pero el campo progresista
mostró que podía movilizarse sin la presencia del movimiento indígena por
primera vez desde los años 1990. Desde 2005, el movimiento indígena ya no
encontró la influencia que tenía al nivel social. En lo que concierne al campo
político, antes de la fundación de PK, las poblaciones indígenas estaban
representadas por los partidos tradicionales a través de la cooptación de sus
líderes y la práctica de mecanismos clientelares. Sin embargo, aquellos
partidos no integraban reivindicaciones indígenas en su programa. Con
Pachakutik, el movimiento indígena disponía así de un instrumento político que
le permitió que accedieran a puestos políticos importantes y también a
participar en algunos gobiernos como el de Gutiérrez. Sin embargo, “las
opciones indias parecen atravesar un periodo de retroceso en Ecuador […],
retroceso debido en gran parte a las divisiones internas que afectan a las
organizaciones y los movimientos indios en [este] país”185. Este largo camino
recorrido por el movimiento indígena desde su emergencia en la escena política
en los años 1990 no pudo (o no supo) contestar a una pregunta esencial en lo
referente al movimiento Pachakutik: ¿nuevo movimiento político de izquierda o
brazo político de un movimiento social que es la CONAIE? “Esta ambigüedad
constitutiva […] restringió el margen de maniobra de PK en su trabajo de
articulación política y de acción parlamentaria, toda vez que debía pasar
siempre por los filtros del movimiento social.”186
No
obstante, el debilitamiento y las divisiones a nivel nacional no impiden el
desarrollo de políticas de participación ciudadana y el mantenimiento de una
base electoral importante a nivel local. Además, durante el proceso
constitucional, la CONAIE intentó hacer oír sus reivindicaciones a través de
una propuesta de Constitución que dieron en manos propias a Alberto Acosta, el
presidente de la ANC, después de una gran marcha en Quito el 11 de marzo de
2008. La principal reivindicación, con el control del territorio, era la de un
Estado plurinacional y fue integrada a la Constitución así como el
reconocimiento del kichwa (idioma mayoritario de la población indígena del país
principalmente hablado en la Sierra) y del Shuar (idioma de una población de la
Amazonía) como “idiomas oficiales de relación intercultural”, y el español el
único idioma oficial del país. “Los demás idiomas ancestrales son de uso
oficial para los pueblos indígenas en las zonas donde habitan y en los términos
que fija la ley.”187 Eso constituye un progreso en el reconocimiento de los
derechos de las nacionalidades y pueblos indígenas en el Ecuador. Pero los
resultados de las últimas elecciones en abril de 2009 mostraron, una vez más,
que el movimiento Pachakutik está en retroceso tanto a nivel nacional como a
nivel local. No presentó ningún candidato para las elecciones presidenciales y
tampoco hizo una alianza con otro partido lo cual sucede por primera vez desde
su creación en 1996. El movimiento indígena salió muy débil de su participación
en el gobierno de Gutiérrez, y la opción de presentar su propio candidato para
las elecciones presidenciales de 2006, con Luis Macas, líder histórico del
movimiento, mientras Rafael Correa les proponía el puesto de vice-presidencia
de la República, fue un gran error político. En efecto, el estudio del espacio
político ecuatoriano demuestra que Pachakutik ya no está solo para representar
a la izquierda. Rafael Correa y el movimiento político que lidera, Alianza
País, supieron re-apropiarse de los argumentos anti-sistémicos,
anti-neoliberales, ecologistas, etc., para afirmarse como los
185
Laurent (Virginie), “ Indianité et politique en Amérique latine. Variations
andines autour d’un phénomène continental ”, en Transcontinentales, Sociétés,
idéologies, système mondial, Amérique latine, n°4, 1er semestre 2007, p.74
186
Ramírez Gallegos (Franklin), art.cit., p. 77
187
Artículo 2 de la Constitución del Ecuador.
representantes
legítimos de una izquierda que no era descreditada al participar en el sistema
político ecuatoriano.
La
llegada del outsider Rafael Correa: reestructuración del espacio político de la
izquierda ecuatoriana
Muchos
sistemas políticos en América Latina dejan un espacio importante para la
“emergencia de partidos con una vida efímera y líderes populistas
independientes, a menudo outsiders que adoptan discursos anti-partidos.” 188
Ese es el caso en Ecuador desde el retorno a la democracia pero sobre todo en
los años 1990 con la creación de Pachakutik, y culmina con el acceso al poder
de Rafael Correa que reafirmaba su condición de outsider como un elemento
central de su candidatura. La creación de PK marcó una profunda reconfiguración
de la izquierda en Ecuador que nunca había logrado calar en el espacio
político. Su creación da origen a la ampliación del discurso marxista
tradicional de la izquierda hacia cuestiones étnicas y de diferencias
culturales.
Ocupó
solo durante diez años este espacio político vacante a causa del debilitamiento
de los partidos de izquierda desde el retorno a la democracia en beneficio de
los partidos de derecha, del centro o populistas. Al lado de temas como la
plurinacionalidad y la interculturalidad, PK decidió que no debería estar
constituido solo de indígenas o por los indígenas si no que más bien debería
intentar integrar a diferentes sectores sociales y culturales. Los constantes
enfrentamientos con el modelo neoliberal y las movilizaciones de la CONAIE
demostraron concepciones de la soberanía frente a las empresas petroleras
extranjeras así como su fuerte oposición al Tratado de Libre Comercio con los
Estados Unidos. Sin embargo, el debilitamiento electoral de PK dejaba un
espacio en el espacio político para la llegada de otro actor político que fue
encarnado por Rafael Correa y después por el movimiento político Alianza País.
Las reivindicaciones de PK siguen estando presentes durante las elecciones y
fueron asumidas por el actual gobierno de Rafael Correa lo que le condujo a
dirigir el actual proceso político.
La
noción de outsider que caracteriza a Correa puede designar a “un candidato con
una trayectoria política mínima o inexistente que construye su plataforma
electoral por oposición al orden establecido, pero sin necesariamente ofrecer
una alternativa ideológica concreta o sin contar con el apoyo de un partido
político establecido”189. Esa definición se aplica perfectamente a Correa cuya
trayectoria política se resume solo a una corta experiencia de tres meses como
ministro de Economía durante el gobierno de Palacio, de abril hasta junio de
2005. Sus actividades públicas se limitaban a su presencia en los medios de
comunicación, como invitado para realizar análisis y para comentar la situación
económica del país y como profesor de una universidad de Quito. Se presenta
como un “humanista de izquierda cristiana”. Eligió una opción peligrosa porque,
al mismo tiempo que su candidatura a las elecciones presidenciales de 2006, el
movimiento político Alianza País (AP) no presentó candidatos para las
elecciones legislativas que tuvieron lugar el mismo día. Esa decisión prefiguró
la posición política que va a tener Rafael Correa, es decir una estrategia de
cambio
político radical.190 Así iba al encuentro de un electorado profundamente hostil
hacia los
188
Alcántara Sáez (Manuel), García Díez (Fátima) (coord.), Elecciones y política
en América Latina, México, Instituto Electoral del Estado de México, 2008,
p.13.
189
Mejía Acosta (Andrés), Machado Puertas (Juan Carlos), “Las democracias
asfixiadas en los Andes Altos: elecciones e inestabilidad en Bolivia, Ecuador y
Perú”, in Alcántara Sáez (Manuel), García Díez (Fátima) (coord.), op.cit.,
2008, p. 190-191.
190
El politólogo Simón Pachano piensa que el hecho de no presentar candidatos a
las elecciones legislativas no era una
estrategia
si no una decisión pragmática marcada por una dificultad: “[…] Rafael Correa no
presentó candidatos para las legislativas por la dificultad para estructurarlas
y no por un simple cálculo. Si es así, esto reforzaría la condición de outsider
del ganador y eso sería una prueba más del carácter flexible y flojo del
sistema político ecuatoriano. ” Pachano (Simón), “Renovación, agonía y muerte
del sistema de partidos de Ecuador”, in Alcántara Sáez (Manuel), Fátima García
Díez (coord.), op.cit., p. 151.
partidos
políticos. En efecto, esas elecciones tuvieron lugar en un contexto de
deterioración de los partidos políticos y de una tendencia creciente de
actitudes hostiles hacia ellos.
Además,
según Franklin Ramírez Gallegos, eso “definía un rasgo estructural del proyecto
político correísta: su carácter marcado anti-sistémico”191. Esa posición
política es muy importante para entender los discursos de Correa pero también
su increíble popularidad desde su llegada al poder. No basta tener un discurso
anti-partido porque el análisis de la primera vuelta de las elecciones
presidenciales de 2006 muestra que los cuatro primeros eran personajes que no
promovían partidos políticos tradicionales. La diferencia entre Rafael Correa y
los demás es que desarrolla ese discurso anti-sistémico con grandes esperanzas
de cambios. La primera prueba se encuentra en el llamamiento al voto nulo
durante las elecciones legislativas para desacreditar un Congreso gangrenado
por la partidocracia.192 Era también una manera de deslegitimarlo porque éste,
sin duda, iba a estar controlado por la oposición e iba a pronunciarse contra
la instalación de una asamblea constituyente que constituía el núcleo principal
del programa del gobierno de Correa por el cual había votado la población. Es
una de las características de los outsiders: deben hacer un llamamiento al
pueblo para impulsar su agenda de reformas radicales ya que no se apoyan en un
partido político y no reconocen las instituciones de representación popular
(congreso, partidos políticos). La apuesta de Correa que hubiera podido
conducirlo a un impasse institucional con el Congreso, funcionó sobre todo
gracias a la debilidad de la derecha que tuvo que aceptar un referéndum sobre
la instauración de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Ese fue un
plebiscito para Correa con más del 80% de los ecuatorianos que lo aprobaron. La
estrategia anti- sistémica permitió también el triunfo de Correa y de AP
simbolizado por la victoria en las elecciones para la ANC con 80 de los 130
escaños. Fue así que Correa pasó, en solo nueve meses, de un gobierno muy
minoritario, con ningún representante en el Congreso, a una situación en la
cual poseía una gran mayoría en una ANC que tenía los plenos poderes. Era la
primera vez que una formación política tenía la mayoría absoluta desde el
retorno a la democracia en 1979, poniendo en cuestión la distribución
territorial tradicional de los votos y las divisiones Costa/Sierra y
Guayaquil/Quito. Estos resultados y estas tendencias siguen verificándose en
las elecciones posteriores de 2008 y 2009.
Desde
entonces, Correa ocupa todo el espacio político nacional. Eso es aún más cierto
cuando la ANC con los plenos poderes representaba para Correa un espacio
político esencial a fin de viabilizar un proyecto de cambio radical de la
sociedad pero también de recomposición de las fuerzas políticas a nivel
institucional. Le permitió disolver el Congreso nacional donde la oposición
ocupaba una gran mayoría de los escaños. Se apoyó particularmente en una fuerte
polarización social y política pero también en una personalización de la vida
política en la cual Correa es la figura central. Fue él quien motivó el
referéndum del 15 de abril de 2007 y las elecciones por la ANC el 30 de
septiembre de 2007. Fue alrededor de su persona que se desarrollaron esas
elecciones y las otras que siguieron, dejando poco espacio a otras
personalidades o a la oposición. Claro, no hay que olvidar el contexto de esas
elecciones con un fuerte rechazo por parte de la población hacia los partidos
políticos y las instituciones que las encarnaban. Correa supo vender la idea
según la cual la nueva Constitución era necesaria para acabar con este sistema
corrupto y para desarrollar su programa político de la Revolución ciudadana.
Las
difíciles relaciones entre Rafael Correa y los movimientos sociales
La
emergencia de Rafael Correa y su dominio sobre el espacio político nacional
constituyen diferentes problemas para los otros actores que desean
posicionarse. El presidente no duda en tener discursos en los cuales él fustiga
a las personas o a las organizaciones que lo contradicen: o están por Correa y
las reformas que pone en marcha, o están en contra y se exponen a la furia del
191
Ramírez Gallegos (Franklin), “Voto crucial en Ecuador. Las antinomias de la
revolución ciudadana”, El Mundo diplomático (edición chilena), septiembre de
2008.
192
El voto nulo pasó del 16,1% en 2002 al 26,3% en 2006. Ver Pachano (Simón),
art.cit., p. 157.
presidente,
particularmente en su programa de radio semanal. El movimiento indígena lo
experimentó numerosas veces sobre todo a partir de marzo de 2008, momento en
que la CONAIE amenazaba con hacer grandes manifestaciones, y hasta un
levantamiento, si su principal reivindicación, el Estado plurinacional, no era
adoptada en la Constitución que se estaba preparando. La reacción de Rafael
Correa fue muy seca, o hasta insultante según las organizaciones indígenas que
no dudan en decir que era digna de las palabras racistas que se escuchaban en
la clase política antes de los años 1990.193 Además, la cooptación de numerosos
líderes de los movimientos sociales y sobre todo del movimiento indígena
debilita la oposición social. El carisma y la popularidad de Correa dejan poco
espacio para las otras organizaciones, igual para los movimientos sociales o
para los partidos políticos de izquierda que no pertenecen al partido en el
poder. La retórica presidencial anti-sistémica impide el desarrollo de una
oposición de izquierda: si todas las organizaciones no sostienen los cambios
preconizados por Alianza País, toman el riesgo de volver al antiguo sistema, a
la partidocracia o de ver el retorno de la derecha, y entonces del
neoliberalismo, al poder. Los actores políticos y sociales deben hacer frente a
una polarización de lo que está en juego alrededor de la persona de Rafael
Correa. Y el movimiento Pachakutik no escapa de esos debates.
Sin
embargo, sería prematuro, y también erróneo, hablar de una puesta en tela de
juicio de la democracia como algunos autores lo proclaman194. En el interior
mismo del movimiento político que apoya a Correa, AP, numerosos debates tienen
lugar, algunas discrepancias se hacen escuchar, etc. AP es muy heterogéneo, con
corrientes políticas que van del centro-derecha hasta la extrema- izquierda
pasando por los ecologistas, las corrientes indigenistas, feministas, de
jóvenes, etc. A pesar de esto, representan un sólido bloque de representaciones
y de discursos sociales cuya formación tuvo lugar antes de la llegada al poder
de Correa y que legitimó al mismo tiempo todos los ataques del Presidente
contra los partidos políticos y el Congreso nacional. Su gobierno es también
sintomático de esa voluntad de luchar contra el personal político existente así
como contra la partidocracia. El gabinete de Correa está compuesto
mayoritariamente por independientes: solo cinco tenían relaciones con partidos
políticos o una trayectoria política; la mayoría venía del mundo académico, de
las ONG’s, de los sindicatos o de los movimientos sociales.195 También es por
eso que es tan difícil para los movimientos sociales el posicionarse en
relación con la figura de Correa. En Ecuador, nos encontramos en una situación
particular. Los movimientos sociales eran fuertes en los años 1990 y al
principio de los años 2000, y en primer lugar el movimiento indígena.
Estuvieron en el origen de todas las movilizaciones, de las caídas de muchos
gobiernos y finalmente de la llegada al poder de un gobierno de izquierda
conducido por un movimiento político que agrupa a muchos movimientos sociales,
a líderes sociales, etc. Pero desde el 2006, asistimos al final de un ciclo de
movilización que coincidió con el principio del gobierno de Correa. Además de
eso, la cooptación de muchos líderes sociales y la voluntad de otros de
trabajar por este gobierno acabam de debilitar a los movimientos sociales. Así,
estos últimos no juegan su papel de contrapoder para que el gobierno siga
teniendo sus promesas de cambios sociales. Por el momento, se ha desplegado una
diversidad de conflictos sociales alrededor de distintos ejes pero sin
contactos entre ellos.
El
conflicto más importante y que pueda ser peligroso para el gobierno de Correa
es el que tiene con el movimiento indígena alrededor de la minería y de la
voluntad de Correa de explotar los recursos naturales sin consultar a los
pueblos indígenas que están en estos territorios. Las organizaciones de la
Amazonía piden al gobierno que respete los tratados internacionales firmados
por el Ecuador y particularmente la Declaración de la Asamblea general de la
ONU de septiembre de 2007 en lo que
193
Rafael Correa, en su programa de radio, no dudó en decir que los indígenas solo
representaban el 2% del electorado (en referencia al porcentaje obtenido por
Luis Macas en las elecciones presidenciales) y en hacer cantar al público
presente: “¡Que se vayan todos!”.
194
Ver, entre otros, Machado Puertas (Juan Carlos), “Ecuador: … hasta que se
fueron todos”, Revista de Ciencia Política, Santiago de Chili, 28, 1, 2008, p.
189-215 o algunos artículos de Simón Pachano.
195
Machado Puertas (Juan Carlos), art. cit, p. 203
concierne
a los derechos de los pueblos autóctonos. Lo más peligroso para Correa sería la
multiplicación de los conflictos locales con las comunidades que querrán
defender su territorio. Correa no quiere que lo que ocurrió en junio de 2009 en
Perú se reproduzca en la Amazonía ecuatoriana. Es por eso que intenta calmar
sus relaciones con el movimiento indígena y negociar con algunos líderes que
estarían dispuestos a ello. Como lo dijo al principio de junio de 2009, no
pueden estar de acuerdo con todo pero coinciden con el 80% de los objetivos del
gobierno. Esa es la tarea de todos los movimientos sociales: “coincidir con el
gobierno en lo que haya que coincidir y construir una alternativa propia que no
se confunda ni por casualidad con las oposiciones de las derechas”196.
El
mejor ejemplo de esa dificultad fue la campaña por el referéndum para la
aprobación de la nueva Constitución. Después de la entrega del texto el 25 de
julio de 2008, una de las cuestiones importantes era saber si los movimientos
sociales y los sectores progresistas de la población iban a hacer campaña por
el sí. Más precisamente, se trataba, para el gobierno, de convencer a los
diferentes movimientos sociales de hacer campaña por el sí. En efecto, muchas
organizaciones pensaban que a la Asamblea Constituyente le faltaron ambiciones
en algunos temas, por ejemplo en lo relativo al reconocimiento de los derechos
de los pueblos indígenas, el aborto, las uniones entre homosexuales, etc. Sin
embargo, a pesar de algunos resentimientos de los movimientos sociales, Rafael
Correa y Alianza País insistían sobre el hecho de que si el no ganaba, sería un
retorno al sistema anterior, con el antiguo Congreso y entonces el juego de la
partidocracia. Aunque muchas organizaciones de izquierda, ecologistas,
indígenas o feministas amenazaron con llamar a votar no si sus reivindicaciones
no eran tomadas en cuenta, una vez que el texto de la nueva Constitución fue
finalizado, se pronunciaron por el sí. Lo que estaba en juego para ellas era
hacer una campaña por el sí diferente e independiente de la de Rafael Correa.
Este último es cada vez menos sostenido por los movimientos sociales que son
críticos en cuanto a su acción política: piensan que no aplica las reformas
económicas y sociales prometidas durante su campaña presidencial para poner fin
a lo que Correa llama la “larga noche neoliberal”.
Pero,
a pesar de la creciente contestación, el proyecto constitucional contenía gran
parte de las reivindicaciones de diferentes organizaciones sociales. Entonces,
estas últimas (organizaciones campesinas, indígenas, feministas, ecologistas,
religiosas, defensores de los derechos humanos, movimientos de jóvenes,
representantes de medios de comunicación alternativos, etc.) decidieron
reunirse en el frente “Unidos/as por el SÍ y el cambio”197. Fue así que
numerosas reuniones tuvieron lugar con, a veces, la presencia de antiguos
miembros de la Asamblea Constituyente pertenecientes
a la
izquierda de Alianza
País198, para socializar
la Constitución. Con
esta campaña, querían
demostrar
su apoyo al proyecto de “Revolución ciudadana” y su oposición a la política del
gobierno que contribuyeron a llevar al poder.
Elementos
de conclusión
Este
es un buen ejemplo de las relaciones entre los movimientos sociales y el
gobierno que son una mezcla de apoyo y de contestación: amenazan con bajar a
las calles o con hacer un levantamiento para negociar mejor, pero sabiendo que
la solución no es la caída del gobierno tal como el Ecuador ha conocido por
numerosos años. Sin embargo, la legitimidad “popular” no está dada al gobierno,
si no a un proyecto político que Correa debe respetar. Desde la últimas
elecciones del 26 de abril de
196
Unda (Mario), La Asamblea en el centro; el referéndum en la mira (la
conflictividad sociopolítica en el Ecuador), Quito, informe de coyuntura, mayo
y junio de 2008, p.10.
197
Ver el artículo de Eduardo Tamayo, “ Organizaciones sociales se unen por el SI
a la nueva Constitución ”, 12 de septiembre de 2008,
www.cetri.be/spip.php?article831
198
Fue particularmente el caso de Alberto Acosta, antiguo Presidente de la ANC, o
de Mónica Chuji que salió desde
entonces
de Alianza País para oponerse a la política del gobierno de Correa, así como
otros diputados de la corriente indigenista y ecologista dirigida por Acosta.
2009,
Correa tiene todos los elementos para cumplir sus promesas de cambios: una de
las Constituciones más progresistas del mundo; una gran popularidad que le hizo
ganar las elecciones presidenciales con casi el 52% de los votos; tener casi la
mayoría absoluta en el Congreso199; una base electoral amplia que le permitió
ganar en algunas provincias (10 de las 22), muchos cantones200 y algunas ciudades importantes
como Quito (con Augusto Barrera), Cuenca (Paul Granda), Ambato (Fernando
Callejas Barona), Ibarra (Jorge Martínez Vásquez), Latacunga (Rodrigo Espín
Villamarín), etc.
Hay
mucho en juego para el gobierno. Correa no podrá seguir gobernando mucho tiempo
únicamente con su alta popularidad y su carisma. Su actitud hacia los
movimientos sociales debe cambiar y particularmente con el movimiento indígena.
El gobierno de Correa tiene todo para establecer una política progresista,
objetivo de la nueva Constitución. Para eso, habrá que encontrar de nuevo la
confianza de los diferentes movimientos sociales. Además de apoyarse en estos
últimos, Correa tendrá que fortalecer su partido, Alianza País, para que sea
una fuerza de proposiciones y no sólo una cámara de grabación de las decisiones
de su buró político. Según Alberto Acosta, Alianza País debe convertirse en un
ejemplo de democracia para el país. Sin esto, el movimiento heterogéneo que es
Alianza País verá su base electoral y su argumento anti-partido caer. El
Ecuador entraría en una nueva fase de inestabilidad política desde la cual
tendría mucha dificultad para levantarse.
(Quito,
2009)
Para saber más sobre Ecuador:
• Revista La Tendencia:
www.fes.ec/public/titleList.do?categoryCode=23
• Fernando García Serrano, « De movimiento social
a partido político: el caso del movimiento de unidad plurinacional
Pachakutik-Ecuador », Sao Paulo, Fundación Rosa Luxembourg, noviembre de 2005,
www.rls.org.br/publique/media/PartAL_Garcia.pdf
• Jorge León et al., Participación política,
democracia y movimientos indígenas en los Andes, La Paz, IFEA-PIEB-Ambassade de
France en Bolivie, 2005.
• Pablo Ospina Peralta (coord.), En las fisuras
del poder. Movimiento indígena, cambio social y gobiernos locales, Quito, IEE,
CLACSO, 2006.
• Pablo Ospina Peralta, Olaf Kaltmeier, Christian
Büschges (ed.), Los andes en movimiento. Identidad y poder en el nuevo paisaje
político, Quito, Universidad Andina Simón Bolivar, Universidad de Bielefeld,
2009.
• Sección Ecuador de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=34
199
Al momento de escribir este artículo, los resultados no eran oficiales, a causa
de todas las denuncias. Pero lo que es cierto es que Alianza País no va a tener
la mayoría absoluta en el Congreso. Tendrá que hacer alianzas con otros grupos
como Pachakutik.
200
Alianza País ha ganado en algunos cantones que antes estaban en manos del
movimiento Pachakutik: Otavalo (Mario Conejo que viene de Pachakutik),
Cotacachi (Alberto Anrango que ha ganado contra el antiguo alcalde Auki
Tituaña) o Saquisilí (donde hubo una división dentro de Pachakutik).
El socialismo cubano en búsqueda de renovación
Por
Janette Habel
Janette
Habel es especialista del sistema político cubano, investigadora en el
Instituto de Altos Estudios de América Latina (Paris), colaboradora de Le Monde
Diplomatique e integrante del Consejo científico de ATTAC-Francia. En los años
sesenta realizó tareas solidarias en Cuba, manteniendo luego una constante
relación con la isla, participó en diversos eventos en La Habana y continuó
analizando la evolución del proceso revolucionario. Es autora de: Rupturas en Cuba. El castrismo en crisis,
México, Multimedio Universidad Veracruzana, 1994.
Traducción
del francés por Aldo Casas (revista Herramienta - www.herramienta.com.ar)
Singular
historia la cubana. Luego de cuatro siglos de dominación colonial española, más
de cincuenta años de República marcados por dos dictaduras y medio siglo de
Revolución, la isla está de nuevo ante un viraje de su historia. Redefinir un
proyecto de desarrollo viable en condiciones históricas y geopolíticas nuevas,
garantizar la estabilidad del país, organizar el traspaso del timón de los
viejos cuadros históricos a las nuevas generaciones, entablar negociaciones con
la administración de Obama: esta es la misión de Raúl Castro. “Todo es
negociable, salvo la soberanía”, ha declarado el nuevo presidente cubano.
Reconociendo públicamente que el sistema funciona mal, que los salarios son
insuficientes, que se necesitan “cambios estructurales y conceptuales”, Raúl
Castro despertó muchas esperanzas. Pero los anunciados cambios avanzan
lentamente. “Pese a nuestros deseos de arreglar todos los problemas, no podemos
gastar más de lo que tenemos”, precisó el nuevo ejecutivo recordando la
gravedad de la crisis mundial y decepcionando a quienes esperaban soluciones
mas rápidas. ¿Un frenazo? ¿Cambio de rumbo o prudencia? Más de una decena de
ministros Fueron separados –entre ellos el ex vicepresidente Carlos Lage y el
ex jefe de la diplomacia Felipe Pérez Roque- y se anunció la fusión de
ministerios relacionados con la producción procurando hacer más “funcional” un
aparato estatal hiper- centralizado y muy burocratizado. En realidad, estas
purgas son indicadores de graves tensiones políticas en la cúpula del aparato
estatal.
¿Cómo
caracterizar lo que algunos en Cuba llaman el “raulismo”? La elección (el 24 de
febrero de 2008) del hermano menor de Fidel Castro para la presidencia del
Consejo de Estado y del Consejo de Ministros no es sinónimo de transición
sistémica. Los dirigentes cubanos aprendieron de la experiencia soviética y de
Europa del Este. Después de cincuenta años de “fidelismo” y dos años de poder
interino, el hermano de Fidel Castro tiene la misión de garantizar la
continuidad y estabilidad del régimen impulsando al mismo tiempo reformas
consideradas indispensables. Raul Castro, con 78 años, dispone de un tiempo
limitado para hacerlo. Pero el ritmo de los cambios aplicados revela un
gradualismo prudente para limitar el costo social de las reformas y no abrir
una caja de Pandora con incalculables consecuencias. El desafío es “salir del
caos sin caer en la ley de la selva”, sostiene el sociólogo cubano Aurelio
Alonso. Pero hay impaciencia en la población.
¿Por
qué los anunciados cambios se hacen esperar? Hay diversas razones. La primera
tiene que ver con el agravamiento de la situación económica. La segunda es
política. Hay que adaptar las instituciones del régimen para que perdure tras
la desaparición de Fidel Castro, en el poder desde hace 50 años. La tercera
resulta de una nueva coyuntura: la emergencia de una sociedad civil y de una
juventud mucho menos receptiva a los discursos oficiales. La cuarta es
internacional: ¿Cómo tratar con la administración Obama al tiempo que se
mantienen las relaciones privilegiadas de La Habana con Hugo Chávez? La
ecuación es difícil; el acercamiento con el presidente Lula podría
permitir
re-equilibrar las alianzas y facilitar las negociaciones con el nuevo
presidente norteamericano.
¿Cual
es la dinámica de reformas?
La
sucesión apenas iniciada se tropieza con una imprevista coincidencia de
dificultades coyunturales (alza en los precios de las materias primas, la
gravedad de los desastres provocados por tres ciclones consecutivos,
consecuencias de la crisis económica y financiera internacional, disminución
del ritmo de crecimiento cubano) y estructurales (fuerte dependencia de las
importaciones, débil productividad, dualidad monetaria, hiper-centralización
burocrática). Los márgenes de maniobra económicos para el éxito de las reformas
son estrechos. Según algunos economistas cubanos la hoja de ruta –vale decir la
estrategia de las reformas- ya está definida. “El menú está listo. Sólo falta
fijar una fecha, al menos en lo concerniente a las medidas iniciales”, declara
el economista Omar Everleny Pérez, sub-director del Centro de Estudios de la
Economía Cubana (CECEC).201 Resta hacerlo aprobar en el próximo congreso del
Partido Comunista Cubano (PCC) previsto para el otoño de 2009 y ponerlo en
marcha. Por ahora el gobierno actúa poco a poco pero se adoptaron algunas
medidas puntuales de austeridad impopulares. Se pasó la edad de jubilación para
las mujeres de 55 a 60 años y para los hombres de 60 a 65. Se reformó el
sistema salarial y se generalizó su aplicación desde el 2009, con lo cual ya no
hay techo para los salarios en el sector publico y los mismos pueden variar
según el rendimiento y los resultados. “Para ganar más hay que producir mas”,
puede leerse en los carteles oficiales. Los viajes al extranjero de funcionarios
y cuadros de las empresas se redujeron a la mitad, los premios concedidos a los
trabajadores de mayor rendimiento y algunas subvenciones fueron suprimidas. El
ministro de Finanzas subrayó ante la Asamblea Nacional202 la necesidad de
modificar “la política fiscal existente”, anunciando la progresiva eliminación
de “gratuidades indebidas y altamente subvencionadas muy por encima de las
posibilidades actuales del país”. La dinámica subyacente a las primeras medidas
está signada por una orientación de mercado.
Además
Raúl Castro reafirmo la prioridad dada a la agricultura. Desde 2008 se tomaron
una serie de medidas destinadas a
estimular la producción agrícola con el propósito de disminuir importaciones de
alimentos cada vez más costosas. En efecto, algunos productos básicos de la
alimentación cubana (arroz, frijoles, trigo) dependen de las importaciones.
Pero la situación en la agricultura es muy alarmante. Según la Oficina Nacional
de Estadísticas (ONE) en el 2007 la tasa de utilización de tierras agrícolas apenas
era de 45% contra un 55% de tierras sin cultivar. Está disminuyendo la
producción de algunos géneros alimenticios. El aporte del sector agrícola en la
obtención de divisas cayó: en el 2007 representaba el 16% de las exportaciones
(en contraste con el 88% de 1990, cuando el azúcar constituía el 80% del total
de las exportaciones).203 Hoy el sector estatal es poco productivo, a
diferencia del sector privado que trabaja aproximadamente un 30 % de las
tierras cultivadas y asegura más de la mitad de la producción nacional. Para
corregir esta situación Raúl Castro anunció una serie de reformas a fin de
estimular la producción de alimentos, declarada objetivo prioritario de
“seguridad nacional” por el nuevo ejecutivo. Las tierras no cultivadas fueron
distribuidas en usufructo a productores privados (7,5% de la superficie útil
fue repartida en enero 2009). El gobierno afirma haber dado en usufructo cerca
de 660.000 hectáreas de tierra en barbecho. El usufructo es intransferible pero
renovable por períodos de 10 años y todas las tierras afectadas serán
imponibles. El precio de compra pagado a los campesinos fue aumentado para
determinados productos. Se adoptaron medidas descentralizadoras. Las 169
delegaciones municipales de agricultura que fueron creadas tienen la misión de
explotar todas las tierras y mejorar mecanismos de comercialización muy
ineficaces. Algunas empresas públicas fueron desmanteladas pasando a ser
prestatarias de servicios y su personal fue afectado a la producción.
201
La Jornada, 17/3/2008 “Cuba requiere soltar todas las fuerzas productivas”.
202
La Habana, Asamblea Nacional Popular 24-27/12/2008.
203
La Carta de La Habana, nº 90, febrero 2009, B. Gazon.
Pero
la situación económica y social demanda medidas más importantes. Pasados ya
veinte años, no se recuperó aún el nivel de vida de 1989. Pese al aumento
nominal de los salarios en 2005, el economista Carmelo Mesa-Lago estima que los
salarios reales (ajustados según la inflación) seguían siendo en 2007 un 76%
más bajo que los de 1989.204 Juicio confirmado por Raúl Castro que reconoció en un discurso205 que “los
salarios son claramente insuficientes para satisfacer las necesidades”. A pesar
del aumento en las jubilaciones dispuesto en 2005, su nivel medio real en 2006
es un 61% inferior al de 1989.206 Hay desnutrición en algunos hogares muy
pobres.207 El sistema de salud y la educación se han deteriorado con la crisis.
Los cuadros, los profesionales muy calificados, los docentes, a falta de
remuneraciones suficientes se dedican a otras actividades. Se montó un sistema
acelerado de formación de docentes para mitigar la falta de profesores, pero el
mal desempeño de los maestros emergentes provocó protestas de la población. En
cuanto a salud, la transferencia de decenas de miles de médicos cubanos al
exterior, sobre todo a Venezuela, ha provocado una penuria de profesionales de
la salud y algunos establecimientos hospitalarios ya no tienen el personal
necesario.208
Para
algunos economistas cubanos el sistema económico está en un impasse y no puede
ser punto de partida para el desarrollo. Pedro Monreal habla de
“descarrilamiento” de la economía y “la dura realidad de un país invadido por
el marabú” que requiere “una refundación económica, social y política”.209 Para
Omar Everleny Pérez es preciso “liberar todas las fuerzas productivas,
desarrollar el mercado, impulsar las inversiones extranjeras y relanzar las PME
entre otras medidas capaces de dinamizar una economía tan improductiva”.210
“Hace falta una profunda transformación estructural incluyendo formas de
propiedad no estatal no solamente en la agricultura sino también en el sector
manufacturero y en los servicios”.211 La mayor de las preocupaciones es pues la
economía. Es significativo que Carlos Lage –actualmente purgado, pero
anteriormente responsable gubernamental del seguimiento de la evolución
económica- haya cuestionado la corrupción y la incompetencia administrativa,
constando que la recuperación no se correspondía con la magnitud de los
recursos distribuidos. Pero dado que las reformas de mercado aplicadas durante
la crisis que siguió a la caída de la Unión Soviética (el “Período especial”)
desestabilizaron el anterior equilibrio social, cuando se trata de ir mas lejos
se impone la prudencia, tanto mas cuanto que hay opiniones divergentes sobre
los “cambios estructurales” a realizar.
Cuba
después de Fidel: institucionalizar y estabilizar el régimen
El
desafío es también político. Está cuestionada la funcionalidad de un sistema
preparado para operar en otro contexto histórico. El escenario de la sucesión
es imprevisto. El traspaso de poderes perfectamente controlado en 2006
preparaba a la población para la ausencia de Fidel Castro, gravemente enfermo.
Su vida peligraba. Renunciando a sus cargos (excepto al del Secretariado del
Partido Comunista Cubano) Fidel Castro parecía retirarse. Pero con sus 83 años
no sólo sigue estando presente sino que parece mejorar y “reflexiona” casi
cotidianamente en las columnas del diario Granma o en Internet. A veces sus
“reflexiones” son leídas íntegramente por la televisión. Y sus escritos no
siempre coinciden con las decisiones adoptadas por el gobierno de Raúl Castro
(como pudo verse a propósito de los mensajes referidos a las relaciones con la
Unión Europea o con algunos gobiernos latinoamericanos). ¿Significa esto que
hay divergencias entre los “raulistas” y los “fidelistas”? Los desacuerdos
entre ambos hermanos son invisibles. Se pueden advertir estilos de
204
Carmelo Mesa-Lago “The Cuban economy al the crossroads: Fidel Castro’s legacy,
debate over change and Raul Castro’s options”. Documento de trabajo, Real
Instituto Elcano, 2008, Madrid.
205
El 26 de julio 2008.
206
Ibid, pag. 157.
207
Omar Everleny Pérez “La economía en Cuba: un balance necesario”, Nueva Sociedad
nº 216 (2008), Buenos Aires.
208
Julie M. Feinsilver “Médicos por petróleo”, Nueva Sociedad nº 216, julio-agosto
2008, pag. 119.
209
Espacio Laical, La Habana, 2/2008.
210
La Jornada, 17/3/2008 “Cuba requiere soltar todas sus fuerzas productivas”.
211
Omar Everleny Pérez, ob. cit.
trabajos
diferentes, los primeros con mayor pragmatismo y un funcionamiento más
organizado en el marco de las instituciones existentes, sobre todo el ejército,
y en los segundos un voluntarismo que no vacila antes las dificultades y
frecuentemente toma atajos. Pero más allá de estos rasgos, es difícil
identificar corrientes políticas organizadas en el aparato estatal. El sistema
político de partido único es opaco y no permite la expresión pública de las
diferencias a pesar que el PCC es muy heterogéneo. La prensa oficial está
dominado por la “lengua de madera” y el black out sería casi total sin Radio
Bemba, una transmisión de boca a oreja generalmente bien informada. El
investigador cubano Haroldo Dilla212 identifica tres sectores en la elite
política.213 En primer lugar las personalidades históricas en actividad (entre
las que Raúl Castro es la figura clave) generalmente volcadas a las actividades
financieras y comerciales, favorables a una amplia apertura económica y
partidarias de un reforzado control político garantizado por las Fuerzas
Armadas. Un segundo sector sería, según Dilla, el integrado por políticos más
jóvenes relacionados con dirigentes económicos y con algunos centros de
investigación; partidarios de una mayor flexibilidad política, estarían en
contacto con dirigentes latinoamericanos y en particular con el presidente
venezolano Hugo Chávez. La personalidad
mas representativa sería el vicepresidente hoy purgado Carlos Lage, el ministro
de cultura y miembro del Buró Político Abel Prieto aún en funciones, y tal vez
el también purgado ministro de Relaciona Exteriores Felipe Pérez Roque.
Finalmente, un tercer sector muy conservador y con una visión dogmática de la
política aceptaría reformas a condición de controlarlas y preservar las
prerrogativas de la burocracia del PCC. El primer vicepresidente José Ramón
Machado Ventura (78 años) sería su figura prominente. Controla el aparato del
PCC que incluye varios cientos de miles de funcionarios. Son los pilares
políticos de la administración; su suerte está ligada al mantenimiento de un
Estado muy centralizado y temen ser desestabilizados por “cambios
estructurales” que podrían aparejar reivindicaciones políticas.
Cuando
se esperaba la promoción de Carlos Lage como número dos, ante la sorpresa
general, quien fue promovido en 2008 primer vice-presidente del Consejo de
Estado fue Machado Ventura, lo que en caso de fallecimiento de Raúl Castro lo
convierte en sucesor oficial, de acuerdo a la Constitución cubana. Esta
decisión imprevista preanunciaba el desplazamiento de Carlos Lage. Esta alianza
entre la alta nomenklatura del PCC y los militares “históricos” constituye hoy
el núcleo duro de la dirección del país. En el marco del proceso de sucesión
que está en curso, el desplazamiento de C. Lage y de F. Pérez Roque permite a
Raúl Castro consolidar su poder y colocar a su gente. Según su concepción el
Partido Comunista Cubano representa la vanguardia de la Nación. Sin embargo,
siendo partido único, el PCC está lejos de ser homogéneo. En vísperas de
importantes acontecimientos el nuevo presidente quiere “trabajar en el
perfeccionamiento de las instituciones” en alianza con las Fuerzas Armadas
(FAR) de las que fue ministro durante casi medio siglo. Estas han adquirido un
considerable peso económico. Son el vector de numerosas transformaciones
económicas y pesan a favor de reformas que den mas espacio al mercado y a la
disciplina a fin de hacer competitiva una producción que no lo es. Los
empresarios de las FAR aplican desde hace mucho “el perfeccionamiento de las
empresas”, como se denomina a un sistema
de gestión aplicado en las
empresas cubanas con métodos marcados por la búsqueda de la perfomance y la
rentabilidad. La aplicación de mecanismos de organización y de dirección
utilizados por las empresas privadas que funcionan en una economía capitalista
implica una mayor autonomía de decisión para los dirigentes incluyendo la
facultad de reducir personal, y de aplicar un sistema de pagos y remuneraciones
ligados a los resultados de la producción. En agosto de 2007, 797 empresas sobre un total de 2732 (la mayor
parte de las empresas son públicas) aplicaban las normas del “perfeccionamiento”.214
Ellas inspiran la nueva política salarial nacional que se aplica desde el
segundo semestre de 2008. A partir de ahora todos los trabajadores serán
pagados de acuerdo al rendimiento, su salario básico será fijado con
independencia de de las tablas salariales nacionales y
212
Haroldo Dilla es sociólogo y fue uno de los investigadores del prestigioso
Centro de Estudios sobre América (CEA) cuyos responsables fueron reprimidos por
Raul Castro en 1996. Actualmente vive en la República Dominicana.
213
Haroldo Dilla “La dirección y los límites de los cambios” Nueva Sociedad Nº
216, julio/agosto 2008, Buenos Aires.
214
La carta de La Habana nº 82 junio 2008.
en
una misma empresa podrán coexistir sistemas de remuneración diferenciados,
práctica que anteriormente estaba prohibida.
El
nuevo presidente ha puesto el acento en la regularidad de un funcionamiento
institucional frecuentemente alterado por su hermano mayor. El abandono de la
“batalla de ideas” (una estructura paralela extremadamente costosa montada por
Fidel Castro para impulsar sus propios planes económicos y sociales) y el
desplazamiento de cierto número de “talibanes” (sobrenombre dado a los jóvenes
incondicionales del líder máximo cuyo activismo frecuentemente cortocircuitaba
la legalidad administrativa) confirma la voluntad de “colegialidad” -y
disciplina- ejemplificada en la organización de las Fuerzas Armadas. En este
aspecto es en lo que el “raulismo” se diferencia del “fidelismo”, sin que ello
signifique mayor preocupación por la participación democrática. Pero el
desorden institucional mantenido por Fidel Castro se había hecho inaceptable. A
partir de ahora es preciso reformar, reorganizar, sin desestabilizar: difícil
operación que por el momento deja poco o ningún lugar a las nuevas
generaciones. Es sorprendente ver que ni Fidel ni Raúl Castro han tenido la
suficiente confianza en la siguiente generación como para transmitirle –aunque
sea bajo su control- la responsabilidad gubernamental, habiendo algunos
experimentados dirigentes cuadragenarios o quincuagenarios en funciones desde
hace mucho tiempo. Era el caso de Carlos Lage (57 años) y de Felipe Pérez Roque
(43 años). Así pues, con algunas pocas excepciones, el poder se mantiene en la
vieja generación histórica215 que así afirma que quiere ser la única que decida
las reformas que se pondrán en marcha.
Para
esta vieja guardia la situación no es sencilla. ¿Cómo reemplazar el arbitraje
ejercido hasta entonces por Fidel Castro, líder carismático “irremplazable”
según Raúl Castro, logrando evitar la división de los círculos dirigentes?
¿Cómo “construir el consenso” sabiendo que cualquier ruptura en la cúpula
amenazaría al conjunto del sistema? En el credo castrista la unidad es un
principio sagrado, y la división de las elites el peor de los peligros. Pero
las repentinas destituciones de altos responsables producidas en marzo 2009 son
una buena muestra de las dificultades. ¿Cómo manejar las divergencias sin tener
que recurrir a la represión o a la calumnia? Los métodos utilizados contra
reconocidos dirigentes políticos, acusados de haberse burlado de la edad y
capacidades del núcleo dirigente delante de extranjeros, traicionando así la
confianza en ellos depositada por Fidel y Raúl Castro, recuerdan
lamentablemente los procedimientos usuales en la ex URSS. La nota oficial
anunciando su desplazamiento fue seguida por una “reflexión” de Fidel Castro
bajo la forma de una aclaración que no solamente expresaba su pleno acuerdo con
las decisiones sino, factor agravante, denunciaba las ambiciones de sus
antiguos colaboradores “que los llevaron a jugar un rol indigno”. Sin embargo,
las destituciones del vicepresidente Carlos Lage (considerado una figura ligada
a los “reformadores”) y de Felipe Roque Pérez (que dirigía la diplomacia desde
1999) fueron interpretadas como signo de un reagrupamiento alrededor de los
hombres ligados a Raúl Castro, en desmedro de los más próximos al antiguo
“líder máximo”. ¿Cómo explicar entonces el acusador desmentido de Fidel Castro
hacia sus antiguos subordinados corriendo el riesgo de ser desmentido? Carlos
Lage es un hombre con una reputación de integridad jamás desmentida
anteriormente. Y cuando Felipe Pérez Roque se retiró del ministerio de
Relaciones Exteriores fue saludado por aplausos. Dudas, interrogantes y
críticas provenientes de personalidades cercanas al régimen fueron expresados públicamente
objetando las acusaciones oficiales.216 Fue entonces cuando se produjo un nuevo
incidente con el arresto de un hombre de negocios español amigo de Carlos Lage.
Acusado de ser un agente español, Hernández fue interceptado en el aeropuerto
de La Habana. Serían sus conversaciones con Carlos Lage y Felipe Pérez Roque,
escuchadas y registradas a espaldas de ellos, las que habrían provocado las
destituciones. En Cuba se han presentado a los dirigentes políticos y
215
Sobre 23 miembros de Buró Político 6 son militares. Los comandantes y generales
representan el 26% del Consejo de Estado. Además del ascenso de varios
militares en el curso de la reorganización ministerial de marzo 2009 el coronel
Armando Emilio Pérez, uno de los encargados del “perfeccionamiento de las
empresas” fue nombrado en abril vice- ministro de Economía.
216
Ver el sitio Kaosenlared y también el sitio Rebelión, más próximo al gobierno
cubano.
militares
del país videos que reproducen sus palabras cuestionando la edad de Fidel
Castro y las capacidades de su hermano.217 ¿Estas palabras irrespetuosas sobre
la vieja generación que no se decide a ceder el lugar ocultan desacuerdos más
políticos? No es posible excluirlo.
¿Cual
es, en este contexto, el verdadero rol de Fidel Castro? ¿Qué lugar ocupa hoy
día? “Disminuí las Reflexiones tal como me lo hacia propuesto para este año,
para no interferir o molestar a los compañeros del Partido y del Estado en las
decisiones que deben tomar” ante la crisis mundial, había escrito el ex
presidente cubano en una declaración publicada en el sitio Internet oficial
Cubadebate. Cabe decir, como mínimo, que ese compromiso no se mantuvo.218
Contrariamente a lo declarado no se retiró. Ya no tiene responsabilidades
oficiales pero su autoridad no depende de títulos y sus múltiples “reflexiones”
siguen pesando en las decisiones políticas. Esto se pudo ver cuando, tras la
visita de la presidente chilena Michelle Bachelet a La Habana, casi provoca un
incidente diplomático evocando un litigio histórico como la necesidad de salida
al mar para Bolivia. Líder carismático, Fidel Castro arbitraba y decidía, pese
a que su carisma a lo largo de los años se había “rutinisado” (Max Weber). Hoy
la enfermedad le impide ocupar el primer plano de la escena pero no por eso
está menos activo. La cuestión que muchos cubanos se plantean es si las purgas
se deben a una creciente preocupación frente a los cambios en la política
norteamericana hacia Cuba o si anuncian la implementación de decisiones
impopulares en momentos en que las dificultades económicas y sociales provocan
pesimismo y un alarmante malestar en la opinión. “Ya estamos contra el reloj,
la pared o el abismo” escribe el antiguo diplomático Pedro Campos219. La
hipótesis según la cual los dos hermanos Castro harían opciones geopolíticas
diferentes (Fidel Castro, desconfiando del nuevo presidente norteamericano
defendería el mantenimiento de relaciones privilegiadas con Hugo Chávez, Raúl
Castro preferiría aproximarse al presidente Lula en la perspectiva de una gran
negociación con la administración Obama) tiene credibilidad.220 Carlos Lage y
Felipe Pérez Roque tenían contacto frecuente con el presidente venezolano. En
lugar de apoyarse ante todo en un frente latinoamericano construido alrededor
de Hugo Chávez, Raúl Castro cuenta con el presidente brasileño para
diversificar sus alianzas, limitar la dependencia cubana con respecto a
Venezuela y facilitar la negociación con Washington. La débil delegación cubana
que se hizo presente en el Foro Social de Belén (Brasil) en enero 2009
testimonia las prioridades del presidente cubano, incluso cuando estaban
presentes los presidentes ecuatoriano, boliviano, paraguayo, venezolano y
brasileño. Pero cabe también preguntarse: ¿no se trata de una distribución de
roles? ¿Ambos hermanos no tienen mantienen un doble juego? De hecho en lo
inmediato nada puede reemplazar el intercambio privilegiado con Caracas.
Una
sociedad civil emergente
Además
del contexto político, una tercera razón hace más peligrosa la aplicación de
las reformas. Desde los años 1990 ha emergido una sociedad civil. Con la
enfermedad de Fidel Castro esta dinámica social embrionaria se reforzó221.
Algunas medidas impopulares despertaron protestas, tal como ocurrió en enero de
2008 cuando los empleados cubanos de empresas extranjeras se opusieron a una
resolución que apuntaba a aplicar impuestos a sus salarios. El aumento de la
edad para la jubilación también provocó reclamos. Este malestar social es
todavía limitado pero tiene ecos y esto explica la prudencia de las
autoridades. Además hay círculos intelectuales o militantes que también se
expresan, sobre todo en Internet. En 2007 durante un incidente conocido como
“guerra de los e- mails” centenares de intelectuales y artistas protestaron en
contra de un programa de televisión complaciente hacia algunos ex censores
culturales. Los balances muy críticos de los años de plomo
217
El País 23 mayo 2009.
218
AFP 23 enero 2009.
219
Autor de un proyecto de tesis sometido al próximo congreso del PCC, este ex
funcionario del ministerio del interior colabora regularmente en el sitio
Kaosenlared.
220
Esto fue señalado en un texto anónimo titulado “material de trabajo” que
circulo en Internet así como por el escritor Richard Gott en “A freesh breeze
in Havanna”.
221
Ver Alexander Gray y Antoni Kapcia The Changing dynamic of Cuban civil society,
University Press of Florida,
2008.
(la
“década gris” de los años 1970), el recordatorio de las derivas del “socialismo
real” durante el Congreso de la Unión de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC)
en abril 2008, fueron los primeros indicios de este despertar. En el curso de
las 5.000 asambleas realizadas en centros de trabajo en 2007, las diferencias
de ingresos, el desigual acceso a las divisas, las dificultades de los
transportes públicos, la falta de maestros y su formación deficiente, la
disminución del número de médicos, la carestía de los servicios, la
incompetencia de los administradores y la pequeña corrupción rampante fueron
denunciados. Se expresó la exigencia de una mayor participación popular en las
decisiones. Las autoridades habían alentado estas críticas: “así es como se puede
avanzar” se decía en el Partido. En diciembre 2007 Raúl Castro comentó
sobriamente estos debates en la Asamblea Nacional: “no se necesitamos que nos
digan cuáles son los problemas”. ¿Era preciso que “la boca se abriera” para
conocer el estado de ánimo de la población? Luego, se sucedieron otros
incidentes significativos. La interpelación pública al presidente de la
Asamblea Nacional Ricardo Alarcón por un joven estudiante, la difusión en el
sitio de Internet Kaosenlared de varias contribuciones o proposiciones
alternativas en el marco de la preparación del Congreso del PCC de 2009, así
como los debates muy abiertos organizados por la revista TEMAS testimonian el
mismo fenómeno.
Se
constata una gran distancia entre el discurso oficial y la sensibilidad de las
generaciones nacidas a fin del siglo XX, un desfase que acentúa el deterioro
del clima político. “Yo tengo 25 años” declaró en 2007 Carlos Lage Codorniu222,
presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios e hijo de Carlos
Lage, “mi vida fue marcada por los años de crisis, período durante el cual se
ha visto como algunos valores se degeneraron en Cuba” [... ]“hay un debate en
curso entre generaciones, entre lo que cree la generación de nuestros padres y
la nuestra que quiere proponer ideas nuevas. Incluso los jóvenes más ortodoxos
tienen maneras de pensar diferentes y de asumir no solamente la revolución sino
la vida en sociedad” [...] “hay que presionar para reforzar el peso de la joven
generación, pero aunque algunos lo comprenden otros son mucho más reticentes”.
Ésta diferencia generacional es indudablemente uno de los elementos más
inquietantes para la dirección del país. Con el correr de los años el marxismo
soviético enseñado en la Universidad con la etiqueta de “socialismo científico”
ha sido percibido por algunos jóvenes como un dogma esclerosado.
Ciertamente,
no es la primera vez que se producen iniciativas surgidas de la “sociedad
civil”. Muchas asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales que
intentaron ofrecer alternativas a las dificultades de la población sufrieron
del boicot burocrático. Cuando los proyectos de una ONG pasaban los límites
fijados, el estado intervenía casi siempre con consecuencias negativas223. Éste
fue el caso de Hábitat-Cuba (una ONG cubana224) cuando las experiencias de
“arquitectura participativa” habían sin embargo permitido mejorar el hábitat de
la población facilitando los arreglos o la reconstrucción de viviendas con
ayuda de profesionales. Porque el Estado cubano puede explicar que trata de
proteger su soberanía nacional denunciando las tentativas de injerencia de
algunas ONG norteamericanas, pero resulta absurdo que imponga límites y
controles a organizaciones que habían rechazado cualquier injerencia
internacional y adhieren a los objetivos declarados del proyecto
revolucionario. Es una constante del poder castrista: aunque sea de izquierda o
revolucionaria, no se tolera ninguna expresión de autonomía social con
dimensión política. “La burocracia sigue dialogando consigo misma e imponiendo
acuerdos desiguales a la gente bajo formas de coacción o cooptación,
reproduciendo la asimetría entre lo estatal y lo social” constata el profesor
Armando Chaguaceda225. Pero ahora estas prácticas son criticadas y la exigencia
de una democracia más participativa o incluso más autogestionaria se expresa en
revistas (entre ellas TEMAS), en Internet, en círculos militantes, en la
Universidad o en estructuras
222
Hijo de Carlos Lage, en TEMAS nº 50/51, abril-septiembre 2007. Economista y
presidente de la FEU, luego fue desplazado.
223
Ver nota 21.
224
Dirigida por la arquitecta Selma Díaz ex responsable de urbanización
territorial. Habitat-Cuba fue disuelta.
225
Universidad de La Habana. “Sus cumbres borrascosas, nuestras agendas
pendientes”, 26/4/2009, www.kaosenlared.
asociativas.
Incluso antes de la destitución de su padre el joven presidente de la FEU
Carlos Lage Codorniu constataba “la ausencia de una verdadera cultura de
debates”, el hecho de que “los espacios de participación han perdido su
credibilidad porque los estudiantes ya
no identifican a las instituciones ni a sus dirigentes como una vía de
comunicación con la revolución”... “hay gente muy buena pero no ocupa puestos
de dirección porque estos están ocupados por camaradas que son posiblemente muy
disciplinados, muy correctos, acordes con los imperativos del pasado, pero que
hoy ya no responden a las necesidades de los cubanos”. Premonitoriamente
agregaba: “a veces se excluye a gente acusada de no ser revolucionaria porque
tienen opiniones diferentes... estas políticas erróneas son luego identificadas
con la revolución”. El filósofo Jorge Luís Acanda confirma: “hace falta que el
socialismo cubano sea menos estatal, a fin de impulsar la democratización del
poder y de la propiedad”.
La
vía vietnamita: ¿una alternativa?
¿Hasta
dónde puede y quiere ir Raúl Castro? Está ahí para perpetuar el sistema
político reformándolo que en el plano económico. Pero si se descarta cualquier
terapia de choque, la idea de una transición gradual sin costo social es poco
creíble. La polarización y la fragmentación social engendrada por la crisis
luego del hundimiento de la URSS ya tuvieron efectos disgregadores226. Los que
denuncian los riesgos de la vía china para Cuba subrayan el peligro que
representaría para el sistema. Es el caso del ex ministro de economía José Luís
Rodríguez, hoy destituido. El había declarado en 2007 que Cuba no cambiaría su
modelo económico para seguir el de China o el de Vietnam, que sólo se trataba
de hacer a la economía más eficaz sin que esto implicara la diversificación de
las formas de propiedad. Para él la propiedad estatal debía por lo tanto seguir
siendo preponderante, y el desarrollo de pequeñas empresas no estaba en el
orden del día. ¿Este punto de vista tuvo algo que ver con su despido? Sobre
esto no pueden hacerse más que especulaciones. Pero estas tomas de posición son
parte del debate interno en curso. Y Fidel Castro nunca ocultó sus reservas con
respecto a esos “mecanismos capitalistas” cuyas consecuencias políticas teme.
A
corto término la continuidad del castrismo no parece amenazada. ¿Pero puede
reformarse un poder carismático? Es verdad que el esquema vietnamita (observado
con atención por el nuevo ejecutivo) muestra que la transición de una economía
de comando (centralmente planificada) hacia una “economía socialista de
mercado” (tal como la califican los dirigentes vietnamitas) no es sinónimo de
democratización. En Vietnam, el proceso de renovación (doi moi) impulsado por
el Partido Comunista Vietnamita en 1986 permitió pasar de una economía ineficaz
sometida a la irresponsabilidad burocrática y dependiente de la ayuda
extranjera, a una economía de mercado cuyas tasas de crecimiento han pasado del
8% en los últimos años. Los éxitos vietnamitas fascinan a los dirigentes
cubano, como lo testimonian la gran cantidad de intercambios, viajes y
publicaciones entre ambos países227. La prioridad dada a la agricultura y la
asignación de tierras productivas a los campesinos, las inversiones extranjeras
(que acaban de ser autorizadas en Cuba para el azúcar), los reajustes previstos
de las tasas de cambio para terminar con la dualidad monetaria, se inspiran en
la experiencia vietnamita. Pero Cuba no es comparable a China o a Vietnam. Ni
por la situación geopolítica, ni por el tamaño, ni por los recursos económicos,
ni por su historia y cultura. El “socialismo de mercado” significa en realidad
el “capitalismo salvaje” protegido por el Estado y el Partido, subrayan algunos
dirigentes. El comportamiento de las empresas chinas es tan predador como el de
las Trasnacionales del Norte, y a veces peor. La aplicación de este “modelo”
podría tener graves consecuencias.
226
Léase sobre esto los notables trabajos de la socióloga cubana Mayra Espina
“Viejas y nuevas desigualdades en Cuba”. Nueva Sociedad nº 216 julio-agosto
2008.
227
Cuba y Vietnam: un nuevo análisis de las reformas económicas. Ed. Rosario
Domingo, Ruben Tansini. Ministerio de Economía Y Planificación de Cuba,
Ministerio de Planificación e Inversiones de Vietnam, 2007, Uruguay.
Tanto
más que el traspaso de timón difícilmente podrá realizarse en el marco de una
continuidad institucional que fue construida por y para Fidel Castro. El
Partido Comunista Cubano no tiene la misma coherencia histórica que el Partido
Comunista Vietnamita. Un “capitalismo del partido” es problemático por razones
sociales y políticas. Las desigualdades (desocupación, déficit sanitario y
escolar...) más o menos tolerados hasta ahora en Pekín o en Hanoi correrían el
riesgo de ser mal recibidas en Cuba donde la cultura igualitaria y
redistributiva es fuerte. Finalmente la economía de mercado bajo control del
partido del estado no deja ningún lugar a una democracia participativa y
autogestionaria que reclaman muchos cubanos. ¿Cómo articular las reformas
económicas de mercado sin cambiar el paradigma sociopolítico, protegiendo al
mismo tiempo las prerrogativas de la burocracia? Esta es la ecuación que Raúl
Castro debe resolver en la perspectiva del Congreso del Partido Comunista
cubano previsto para el otoño de 2009.
Novedades
en las Américas
En
tanto que la administración del presidente Obama comenzó a suavizar un embargo
casi quincuagenario al liberalizar los viajes y las transferencias de divisas
drásticamente limitadas por George Bush, La Habana ya no está aislada en el
tablero internacional. Las grandes potencias se anticipan a los cambio por
venir. La visita del Comisario europeo para el desarrollo Louis Michely, el
levantamiento de las sanciones de la Unión Europea que se aplicaban desde el
2003, precedieron la visita del presidente chino Hu Jintao. Una decena de
acuerdos bilaterales (incluyendo la compra de azúcar y de níquel cubano” fueron
establecidos y la deuda comercial fue reestructurada con 5 a
10
años suplementarios228. China es el segundo socio comercial de La Habana,
después de Venezuela. Para Pekín, Cuba es una buena puerta de entrada para
acceder a las preciosas materias primas de América Latina. El jefe del Kremlin,
Dimitri Medvedev, también estuvo en la isla en 2008 mientras Rusia participa
con Venezuela, principal aliado cubano, en maniobras militares en los caribes.
Para Moscú desarrollar lazos con Caracas y La Habana permite dar una respuesta
al proyecto norteamericano de instalación de un escudo antimisilístico en
Polonia y la República Checa. Rusia modernizará el equipamiento militar cubano
de origen soviético devenido obsoleto y grupos petrolíferos rusos quieren
explotar la zona económica exclusiva de Cuba. Moscú parecería dispuesto a
“olvidar” la deuda de su antiguo aliado.
Raúl
Castro dispone también de importantes respaldos en América Latina. De Hugo
Chávez por supuesto pero también del presidente brasileño Lula y de otros
dirigentes latinoamericanos que aprovechan el fin de la hegemonía
estadounidense para tomar distancia de Washington. El 16 de diciembre 2008
durante una reunión en Brasil, Cuba fue integrada al Grupo de Rió y 33 naciones
latinoamericanas y caribeñas reafirmaron su condena a las sanciones
norteamericanas contra la isla. Tras el viaje del presidente brasileño Lula en
2008, los presidentes de Argentina, de Chile, de Ecuador, de Guatemala,
Honduras, República Dominicana, de Venezuela fueron recibidos en La Habana. En
2009 el presidente mexicano Calderón anunció que iría. Estas visitas son un
homenaje “a la resistencia del país desde hace 50 años” declaró Raúl Castro. En
la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Trinidad y Tobago en abril 2009, en
presencia de Barack Obama, los gobernantes latinoamericanos enviaron un mensaje
al presidente norteamericano: la normalización de las relaciones de Washington
con Cuba es insoslayable. Pero la declaración final no tuvo consenso, fue
rechazada por los países del Alba por qué no mencionaba el embargo. Los otros
gobiernos latinoamericanos la adoptaron... sin firmarla. Con un nuevo viraje
Washington constatando sin duda que “hacen falta dos para bailar la rumba”229
anunció la apertura de conversaciones exploratorias “informales” con La Habana.
El partido de ping pong ha comenzado, y será largo puesto que son importantes
los obstáculos legislativos y políticos en los Estados Unidos. Del otro lado
del estrecho de la Florida, Fidel Castro ya ha sostenido que Obama había “mal
interpretado” las declaraciones de Raúl Castro230. Éste había declarado estar
dispuesto a discutir de todo, incluyendo de “prisioneros
228
La Carta de La Habana nº 89, enero 2009.
229
The Economist 18 abril 2009.
230
El Pais, 23 abril 2009.
políticos”,
una terminología siempre rechazada por Fidel Castro. En la isla, las relaciones
con Washington amenazan con transformarse en una cuestión de política interior.
“El lobo está llegando, pero en lugar de pistola, trae fajos de dólares”
escribe Pedro Campos llamando a hacer los cambios necesarios para
enfrentarlo231. ¿Cómo administrar el pasaje de medio siglo de conflictos y de confrontación a una fase de
normalización de relacione? Encontrar un modus vivendi con la administración
norteamericana que permita salvaguardar la independencia y las principales
conquistas sociales logradas en 50 años y al mismo tiempo realizar las
“reformas estructurales” no resulta fácil de visualizar.
Finalmente,
en ausencia de un debate político organizado y libertad de prensa es difícil
advertir la evolución de las diferentes corrientes políticas que atraviesan la
sociedad cubana. Más allá de los disidentes, cuyo impacto es muy débil, es
posible reconocer tres corrientes que en realidad se cruzan de distinta manera según de qué se
trate. Se puede esquemáticamente distinguir los “pragmáticos”, que se reclaman
de Raúl Castro y que están a la búsqueda de una versión cubana del “modelo”
vietnamita. A mitad de camino entre Chávez y Lula desean poner fin al conflicto
con el gran vecino del norte. En segundo lugar los “ortodoxos” que desconfían
de los “cambios estructurales” y de sus consecuencias socio-política en tanto
que el régimen está conducido a negociar con la administración Obama. Fidel
Castro a pesar de su edad y de su enfermedad sigue siendo el garante de la
intransigencia frente al imperialismo. Exige antes de cualquier concesión el
levantamiento del embargo y mantiene su visión homogénea de la sociedad unida
tras el jefe para enfrentar al enemigo. Estos diferentes posicionamientos
tienen en común la voluntad de preservar un régimen autoritario fundado en el
partido único. Otra orientación más abierta está presente entre intelectuales,
estudiantes, algunos sectores del Partido que expresan las aspiraciones de
amplias capas de la sociedad. Lo mostró el debate popular organizado en 2007.
Éstos demandan cambios sin desear por ahora una ruptura. Reclaman a la vez más
democracia política y una mayor libertad económica para los trabajadores
independientes, campesinos comerciantes y artesanos. Pero quiere mantener el
control del estado sobre los sectores estratégicos y preservar las conquistas
sociales. Esta tendencia es heterogénea, ella comprende partidarios de la
democracia participativa y la autogestión, defensores “de una efectiva
pluralidad emancipadora de las izquierdas” 232 y partidarios de la economía
mixta. Sea como sea, es la primera vez que parece insinuarse una corriente de
pensamiento distinta a las dos variantes tradicionales del castrismo, la
carismática “fidelista” y la pragmática “raulista”. El fin del embargo sería la
condición de su desarrollo.
(Paris,
2009)
Para saber más sobre Cuba:
• Y. Bovy y E. Toussaint (coord.), Le Pas
suspendu de la Révolution. Approche critique de la réalité cubaine, Éditions du
Cerisier, Mons, 2001.
• Heinz Dieterich, El futuro de la revolución
cubana, Popular, Madrid, 2006
• R. Gott, Cuba: a New History, Yale University
Press, New Haven, 2004.
• Ramonet, Fidel Castro. Biografía a dos voces,
Debate, Madrid, 2006.
• Sección Cuba de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=14
• Sección Cuba de Kaosenlared:
www.kaosenlared.net/cuba
• Dossier Cuba de Le Monde Diplomatique (en francés): www.monde- diplomatique.fr/index/pays/cuba
231
“Las trampas de Obama”, 26 abril 2009 www.kaoeslared.net
232
Armando Chaguaceda “Nada cubano me es ajeno: notas sobre la condición
ciudadana”, TEMAS nº 50-51 2007.
La “Mosca azul” del poder y el social-liberalismo.
Un primer balance del gobierno de Lula en Brasil
Por
Michael Löwy
Traducido
del francés por Roberto Merino (Universidad Arcis – Chile)
Michael
Löwy es sociólogo de origen brasileño. Director benemérito de investigación del
Centro nacional de investigación científica en Francia (CNRS) y profesor en el
EHESS (Ecole de hautes études en sciences sociales), autor de numerosas obras,
entre otras, Che Guevara, une braise qui brûle encore, Paris, Mille une nuits,
2007 (co-escrita con Olivier Besancenot), Guerra de Dioses. Religión y Política
en América Latina, México DF, Siglo XXI, 1999 y El Marxismo en América Latina,
del 1909 hasta hoy, Santiago de Chile, Ediciones Lom, 2007.
Brasil,
el país del apartheid social
Brasil
es un país inmenso por su población (180 millones de habitantes), por su
superficie (casi la mitad de América latina) y por sus riquezas. Sin embargo,
es un país donde la mayoría de la población vive en la pobreza más grande. En
efecto, en una reciente clasificación internacional de Naciones Unidas, Brasil
aparece como uno de los países mas desiguales del planeta, donde la separación
entre la minoría privilegiada y la mayoría empobrecida es una de las más
grandes. Según algunos observadores, Brasil es una suerte de “Suizindia”: los
ricos viven como en Suiza, los pobres como en India…
Esta
desigualdad es particularmente más profunda en el campo, donde un puñado de
grandes propietarios rurales monopoliza la mayoría de las tierras, mientras que
la masa de campesinos posee minúsculos pedazos de tierra, o prácticamente nada.
Con el desarrollo del capitalismo en el campo
y el reemplazo de cultivos alimenticios o cerealeros por la crianza
extensiva de bovinos –destinados a la exportación, en parte para las cadenas
MacDonald - los campesinos son expulsados de las tierras por los pistoleiros, banda
de hombres armados al servicio de los propietarios agrícolas. Con la agravación
de las condiciones de vida en las zonas rurales, fundamentalmente en el Noreste
brasileño, millones de campesinos emigran hacia las grandes ciudades, las
grandes megapolis brasileñas como Río de Janeiro y Sao Paulo. Algunos
encuentran trabajo en la industria o en los servicios, pero la tasa de cesantía
es bastante elevada, la mayoría son excluidos, y se amontonan en las favelas,
las miserables villas miserias o callampas de las periferias de las ciudades,
donde no tienen electricidad, agua potable, ni alcantarillados, y donde se
sobrevive gracias a las actividades marginales como el comercio ambulante o
ilegales, como el trafico de droga y la prostitución. Existe también un
verdadero apartheid social en el país, que se traduce en las grandes ciudades
por una separación física de las casas y de los barrios ricos, rodeadas de
muros y de alambradas electrificadas, y custodiadas por vigilantes privados,
que controlan cuidadosamente todas las entradas y las salidas. Una
discriminación social que tiene también una dimensión racial implícita, en la
medida que la gran mayoría de los pobres son negros o mestizos (J. Picard,
2003).
Después
de 20 años de dictadura militar, Brasil ha conocido, después de 1985, un
retorno a la democracia y a gobiernos civiles. Este progreso político innegable
no ha sido seguido de un cambio
social
efectivo. Todos los gobiernos, de derecha o de centro que se han sucedido desde
1985, no han hecho mas que aplicar las políticas neoliberales “de ajuste
estructural” exigidas por el Fondo Monetario internacional (FMI): privatización
de los servicios públicos, reducción de los gastos en salud y en educación, y
sobretodo, pago de la deuda externa, que alcanza cifras astronómicas y absorbe
todos los excedentes de las exportaciones. Este ha sido particularmente el caso
del gobierno de centro- derecha, en el poder durante ocho años, presidido por
Fernando Henrique Cardoso, un antiguo intelectual de izquierda convertido al
dogma neoliberal y transformado en uno de los mejores alumnos del FMI en
América latina. Con Cardoso, las ultimas empresas publicas existentes, como la Compañía de Electricidad,
fueron privatizadas y vendidas a las empresas extranjeras; estas no habiendo
realizado las inversiones necesarias, asistimos desde hace algún tiempo en
Brasil a los apagoes, cortes abruptos de electricidad que sumergen a las
ciudades o a regiones enteras en la oscuridad…
Sin
embargo, la democratización ha permitido el surgimiento en todo el país de un
nuevo movimiento obrero, campesino y popular, que ha sabido organizar el
combate de los pobres por sus derechos y contra las políticas neoliberales del
gobierno. Hacen parte de este movimiento el nuevo sindicalismo de clase e
independiente, nacido a finales de los años 1970, y que reagrupa en el seno de
la CUT (la Central Única de Trabajadores) alrededor de 10 millones de
asalariados; el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), que
moviliza millones de campesinos por la reforma agraria, tomando la iniciativa
de ocupar las tierras no explotadas de los grandes propietarios agrícolas; y,
por ultimo, el Partido de los Trabajadores (PT).
La
larga marcha del PT
¿Como
nació el PT? Desde 1978, año de las grandes huelgas obreras de los suburbios de
Sao Paulo, varios dirigentes sindicales “auténticos” comienzan a agitar la idea
de un partido autónomo de los trabajadores, probablemente producto de una
reflexión sobre la experiencia de la huelga misma, de su enfrentamiento con el
aparato policial o militar del Estado, y por algunos, a partir de un primer
balance de las luchas sociales de la historia reciente del país, después de
1964 (S. Salles, 2005).
En
octubre 1979 tuvo lugar el primer Encuentro Nacional del PT, en Sao Bernardo do
Campo, bastión proletario del sindicato de la metalurgia, dirigido por Luis
Inacio da Silva, “Lula”; es concretamente el momento de la fundación del nuevo
partido y la elección de su primera dirección provisoria. Una breve declaración
política es aprobada durante esta conferencia, que afirma claramente el
objetivo del Partido de los Trabajadores: “El PT lucha por que todo el poder
económico y político sea directamente ejercido por los trabajadores. Es la
única manera de poner fin a la explotación y a la opresión” (Revue Inprecor,
1990 y 2003). Al mismo tiempo, el documento llamaba a “todas las fuerzas
democráticas para que se constituya un amplio frente de masas contra el régimen
dictatorial”. El PT se propone también luchar por la formación de una Central
Única de Trabajadores, señalando que “su construcción pasa, necesariamente, por
el derrocamiento de la actual estructura sindical sometida al Estado” (Ibidem).
En
abril-mayo 1980 estalla la gran huelga de los 250.000 metalúrgicos de Sao
Bernardo. Del hecho de la represión estatal –detención de los principales
dirigentes, intervención militar en el sindicato – el movimiento fue
paralizado, pero revelo por su dureza excepcional (42 días) y su capacidad de
auto-organización masiva (con mítines cotidianos de de decenas de miles de
trabajadores), la fuerza sorprendente del nuevo sindicalismo, en que la
vanguardia fue parte en la formación del PT. En mayo-junio de ese año se reúne
una nueva Conferencia Nacional del PT, con los delegados de 22 Estados de
Brasil, representando aproximadamente 30.000 miembros del partido. Un
Manifiesto y un Programa son aprobados. Ellos definen el PT como “la expresión
política real de todos los explotados por el sistema capitalista” y como un
partido de masas, amplio, abierto y democrático. No obstante, el PT esta aun
lejos de tener una “doctrina” elaborada: demasiadas preguntas y
definiciones
programáticas son deliberadamente dejadas abiertas para permitir un más amplio
debate y una “maduración” progresiva del conjunto de los militantes.
Al
momento de su séptimo Encuentro Nacional en 1990, el PT aprueba un documento
que junta y sistematiza, después de un largo debate interno, su concepción del
socialismo: “El socialismo que nosotros queremos construir no se realizara que
si el no instaura una verdadera democracia económica. Deberá organizarse en
torno a la propiedad social de los medios de producción –que no debe ser
confundida con la propiedad del Estado- que tomara las formas escogidas
democráticamente por la sociedad. […] Esta democracia económica debe traspasar
la lógica perversa del mercado capitalista como aquella del comando autocrático
del Estado a que son sometidas numerosas economías denominadas “socialistas”,
sus prioridades y sus objetivos deberán estar sometidos a la voluntad social y
no a los supuestos “intereses estratégicos” del Estado. […] Nuestro compromiso
con la democracia hace de nosotros militantes anti-capitalistas – esta elección
ha marcado profundamente nuestra lucha por la democracia. El descubrimiento
(empírico, antes de ser teórico, para muchos de nosotros) de la perversidad
estructural del capitalismo ha constituido, para la mayoría de los militantes
del PT, un fuerte estimulante para la organización en un partido político.
Nosotros hemos representado –y hemos representado siempre- una respuesta
indignada al sufrimiento inútil de millones de individuos que se desprende de
la lógica de la barbarie capitalista. Nuestra experiencia histórica concreta
–el reverso de la medalla del “milagro brasileño” y de numerosas situaciones
trágicas nacionales o internacionales- nos ha enseñado que el capitalismo,
cualquiera sea su fuerza material, es injusta por naturaleza, marginaliza a
millones de individuos y se opone a la repartición fraternal de la riqueza
social, resorte de toda democracia real” (Revue Inprecor, 1990 y 2003).
El
candidato del PT, Luis Inacio da Silva, perdió las elecciones presidenciales de
los años 1988, 1994 y 1998, derrotado por los candidatos de la burguesía
neoliberal (Collor de Mello, y luego Fernando Henrique Cardoso). A pesar de
estas derrotas, el PT gano varias municipalidades importantes del país, e
incluso algunos gobiernos de los Estados de la federación. El PT pone en
practica, en las localidades que el dirige, formas de democracia de base, como
el celebre “presupuesto participativo” (Gret, Sintomer, 2003). Sin embargo,
asistimos paralelamente a una institucionalización del partido, y a mediados de
los años 1990, a la acentuación de una tendencia al pragmatismo, cada vez más
pronunciada en la corriente mayoritaria de la dirección del PT, se agrega la
“desradicalización” política y programática. El programa socialista de 1990
será guardado en los armarios, y progresivamente la dirección del partido se
vinculara a la social democracia, a pesar de la oposición de las corrientes de
izquierda, principalmente “Democracia Socialista” una tendencia del PT afiliada
a la Cuarta Internacional, dirigida por Raúl Pont, el alcalde de Porto Alegre.
Las derrotas electorales han convencido progresivamente a Lula de cambiar su
estrategia. En 2002, va a imponer a un PT reticente, una amplia política de
alianzas con las fuerzas burguesas, tomando como compañero y candidato a la
vice- presidencia a un industrial, José Alentar, dirigente del Partido Liberal
(de derecha). Lula será elegido en la segunda vuelta, con más del 61% de los
votos, contra José Serra, candidato del Partido de la social democracia
brasileña (PSDB – centro- derecha) apoyado por F.H. Cardoso.
Varios
años de social-liberalismo
La
victoria de Lula en las elecciones de 2002 ha provocado, entre los oprimidos y
las clases populares de Brasil, una inmensa esperanza de cambios. Ahora bien,
seis años más tarde, lo menos que podemos decir es que el resultado es bien
decepcionante: según nosotros, se trata de un balance globalmente negativo… Una
anécdota recorre las calles de Sao Paulo: el primer mandato de F. H. Cardoso
fue un logro, el segundo fue una derrota, y el tercero (el de Lula de hecho)
¡es bastante mediocre! En otros términos, más que un gran cambio, el gobierno
del PT ha encarnado la continuidad con las políticas económicas anteriores. Por
cierto, todo no es negativo en el mandato de Lula. Con el programa “Hambre
Cero” y otros programas sociales, millones de dólares han sido
destinados
a los mas desfavorecidos bajo formas de ayudas diversas (ayudas alimenticias,
becas escolares, etc.). Pero en lo esencial, es decir, las políticas
macro-económicas neoliberales, no hemos salido del marco establecido por sus
predecesores. El símbolo de esta continuidad es el presidente del poderoso
Banco Central que determina la tasa de interés y la política monetaria del
país. Se trata de Henrique Meirelles, senador del partido de F. H. Cardoso (el
PSDB) y antiguo director del Boston Bank. Es el hombre de confianza del capital
financiero internacional, y goza del apoyo irrestricto del Presidente, que ha
impuesto una “medida provisoria” que recibe el estatuto de Ministro y escapa
así de algunas investigaciones de la administración de justicia por
malversaciones financieras.
Esta
ortodoxa neoliberal se traduce en la practica por la subordinación a las
exigencias del FMI, estableciendo un excedente fiscal enorme permitiendo de
pagar la deuda externa, una tasa de interés elevada para atraer las inversiones
flotantes, una reforma liberal del sistema de pensiones, una subvención masiva
a la agribusiness dirigida hacia la exportación en desmedro de la agricultura
familiar, una apertura del país a los OMG de multinacionales como Monsanto. Sin
hablar de los diversos escándalos de corrupción que implican a miembros del
gobierno y a los dirigentes del PT, en que el último (en 2006) ha suscitado la
indignación de la opinión (con ocasión del affaire denominado los “sangsues” en
el cual un gran numero de parlamentarios habrían obtenido una comisión por la
venta de ambulancias, excesivamente caras, al Ministerio Federal de la Salud).
Podemos
definir la política de Lula y de su gobierno como social-liberal. El
social-liberalismo no es idéntico al neoliberalismo: mantiene ciertas
preocupaciones sociales, intenta de mejorar algo la suerte de los pobres, y
prefiere dialogar con los movimientos sociales – o cooptarlos- en lugar de
reprimirlos. Pero en los fundamentos esenciales de la política económica, hay
pocas diferencias substanciales. Y en ciertas cuestiones – las pensiones por
ejemplo – es capaz de imponer políticas neoliberales que la derecha no había
logrado imponer a causa de la oposición… del PT. Un ejemplo ilustra la lógica
del social-liberalismo: el 10% del presupuesto de ayuda a la agricultura ha
sido distribuida a millones de familias de la pequeña producción campesina
(responsable de la mayoría de los cultivos alimenticios del país) mientras que
el 90% ha caído en los bolsillos de un puñado de grandes propietarios de la
agribusiness capitalista, produciendo para las exportaciones (soya, maíz,
ganado bovino) (J. Picard, 2003).
En
2003, tres diputados así como la senadora Heloisa Helena han sido expulsados
del PT por haber votado contra la reforma neoliberal de las pensiones. Fueron
así llevados a formar un nuevo Partido, el P-SOL (Partido del Socialismo y de
la Libertad233), que se reclama del programa desde sus origines, socialista y
democrático, del PT. El P-SOL ha recibido la adhesión de grupos de origen
trotskista, de militantes socialistas cristianos – como Plinio de Arruda
Sampaio, uno de los intelectuales cristianos mas conocido del país, autor de un
proyecto de reforma agraria apoyado por el Movimiento de los sin tierra – de un
cierto numero de sindicalistas y de intelectuales de izquierda como Carlos
Nelson Coutinho, Leandro Konder, Chico de Oliveira y de Ricardo Antunez. Los
militantes del P-SOL en lo esencial han surgido de las corrientes de izquierda
del PT, pero la mayoría de los partidarios de estas tendencias –principalmente
la corriente “Democracia Socialista”- han permanecido en el PT y en el
gobierno. Ellos critican, hasta un cierto punto, la política neoliberal de
Lula, pero permanecen prisioneros de la solidaridad gubernamental.
Decir
que el gobierno de Lula es social-liberal significa también que él no ha tocado
a la “fractura social”, a la gigantesca diferencia que separa en este país a la
oligarquía poseedora de la masa de desheredados. El Presidente y la mayoría de
sus Ministros, del PT o de los otros partidos de la coalición mayoritaria,
comparten la convicción que no existe política económica alternativa al status
quo neoliberal, es decir, a los preceptos del “Consenso de Washington”. Por
cierto, al comienzo, algunos Ministros y altos funcionarios han adoptado una
orientación mas autónoma,
233
La palabra « sol » significa « sol » en português.
orientada
hacia el desarrollo nacional, el mercado interno, la defensa de la industria
brasileña; sin embargo, el principal representante de esta tendencia, Carlos
Lessa, director del importante Banco BNDES (Banco Nacional de Desarrollo
Económico y Social), ha sido “renunciado”. Entre aquellos que han salido del
gobierno, encontramos también a Frei Betto, el teólogo de la liberación, que
era uno de los animadores del programa “Hambre Cero”. El se explica a este
respecto en una interesante obra titulada La mosca azul. Reflexiones sobre el
poder (2006) en el que realiza un balance lucido de su experiencia y del
gobierno mismo.
Religioso
dominicano, encarcelado durante cinco años (1969-1974) bajo la dictadura
militar – por haber ayudado a militantes revolucionarios a esconderse- Frei
Betto ha devenido posteriormente uno de los principales animadores de las
pastorales obreras y de las comunidades eclesiásticas de base. Amigo personal
de Lula desde el final de los años 1970, cuando el sindicalista de Sao Bernardo
organizaba las grandes huelgas que hicieron estremecer al régimen militar, él
será un fiel “compañero de ruta” del Partido de los Trabajadores. Si yo no he
adherido, explica con ironía, es porque yo creía que los partidos no
reproducían los vicios de las Iglesias… Durante sus primeros años, el PT tenía,
recuerda él con una punzante nostalgia, una coherencia ideológica y principios
éticos, como también un objetivo estratégico: los trabajadores al poder y la
construcción del socialismo. Yo he conocido aun, se recuerda, el PT del trabajo
de base, el sueño socialista, del orgullo de ser de izquierda, de la lucha por
la reforma agraria y contra el pago de la deuda externa” (F. Betto, 2006).
Insensiblemente,
en el curso de los años 1990, estos colores vivos iniciales han perdido su
estallido y el Partido se ha distanciado a la vez de los movimientos sociales y
de sus objetivos iniciales, con el fin de privilegiar las posiciones de poder
institucional. Betto atribuye este cambio en gran parte a la caída del muro de
Berlin, que habría obscurecido el horizonte utópico del PT y su perspectiva
socialista. Es el único argumento que me parece discutible en el libro. De
hecho, la mayoría de los cuadros del PT, en sus diferentes sensibilidades, no
tenían por referencia ideológica central los países del pretendido “socialismo
real”. Por otra parte, al momento de su Congreso en 1990, un año después de la
caída del muro de Berlin, el PT aprobaba un documento titulado “El socialismo
petista” que reafirma de la forma mas categórica, el compromiso anticapitalista
del Partido. En todo caso, Frei Betto como la gran mayoría de la población
brasileña, y los militantes y simpatizantes del PT en particular, han recibido
con un gran entusiasmo la victoria de Lula en las elecciones de 2002. Es en
este contexto que acepta animar, con otro amigo de Lula, Oded Grajew, la
movilización social en el marco de la
iniciativa faro del nuevo gobierno: el programa “Hambre Cero”. Dos años mas
tarde, desencantado, renuncia: “cuando me di cuenta, escribe, que el barco iba
en la dirección no prevista, sino en sentido contrario, yo no tuve otra
elección que dejar mis maletas y tirarme al agua… (F. Betto, 2006). Es cierto,
este gobierno ha esbozado algunas políticas sociales innovadoras y
progresistas; pero en lo esencial, ha sido rehén de las elites dominantes y de
los mercados financieros. Betto no quiere agobiar a Lula, él se limita a una
constatación: si en su sindicato había demostrado que podemos insertarnos en
una estructura viciada sin dejarse cooptar, no lo logro –o no quiso lograrlo- esta apuesta una vez en el
gobierno. Poco después de la partida de Betto del gobierno estallaba el escándalo
de los financiamientos ocultos del PT. De allí esta constatación: “un pequeño
núcleo de dirigentes del PT ha logrado en pocos años lo que la derecha no había
podido lograr en varios decenios, incluso en los años sombríos de la dictadura:
desmoralizar a la izquierda”. Pero para
Betto, peor aun que la corrupción, fue ver el miedo frente a los dictados del
mercado financiero vencer la esperanza.
¿Que
es lo que ha pasado? La sed de poder –la mosca azul- del titulo de su libro, en
que la picadura es peligrosa –y la adaptación a la religión del mercado han
conducido a una perdida de perspectiva estratégica y el derrumbamiento del
horizonte histórico frente a la mística liberal. El poder ha cesado de ser un
instrumento de cambio social para devenir –como lo había previsto el sociólogo
Robert
Michels en su estudio clásico sobre los partidos de masas234- un fin en si. Y
los dirigentes políticos arrimados al poder, han devenido amnésicos, huyendo de
sus propias palabras anteriores como el diablo y la cruz. En uno de los
comentarios mas pertinentes del libro, Betto observa: “La política deviene
mezquina cuando ella pierde el horizonte utópico” (F. Betto, 2006). ¿Que paso
al momento de las elecciones presidenciales de 2006? Después del primer
mandato, la decepción popular impidió que Luis Inacio da Silva sea elegido en
la primera vuelta, Lula “izquierdizó” un poco en su discurso, denunciando los
proyectos privatizadores de sus adversarios (ver la revista Problèmes
d’Amérique latine, 2002). Finalmente fue reelegido confortablemente en la segunda
vuelta, con alrededor del 61% de los votos, contra 39% para el candidato de la
coalición de derecha (formada por el Partido social-demócrata brasileño – PSDB
y el Partido Liberal – PFL). Mas que una adhesión entusiasta, su éxito resulta
del miedo que suscitaba su adversario, Geraldo Alckmin, un representante de la
derecha neoliberal dura, cercano al Opus Dei, conocido por sus posiciones
favorables a los Estados Unidos, su política represiva de criminalización de
los movimientos sociales y su adhesión a una política de privatización de las
empresas publicas.
La
candidata del P-SOL, Heloisa Helena, apoyada por una coalición de izquierda
incluyendo al Partido Comunista Brasileño y el PSTU, Partido Socialista de los
Trabajadores Unificado (trotskista), recibió un poco menos del 7% de los votos
(un poco mas de 6 millones de electores) y su partido eligió a tres diputados
en el Parlamento Federal. Un resultado por cierto limitado pero esta lejos de
ser insignificante. El P-SOL rehusó tomar posición en la segunda vuelta, pero
algunos de sus dirigentes llamaron a votar Lula para cerrarle el camino a la
derecha reaccionaria representada por Alkmin. El voto critico en contra de Lula
era igualmente la posición asumida por el MST, el Movimiento de los campesinos
sin tierra –el más importante movimiento social de Brasil-, a pesar de su
profunda decepción frente a un gobierno que no ha cumplido su promesa de
realizar una verdadera reforma agraria. (J. Pedro Stedile, B. Mançano
Fernández, 2000).
Perspectivas
¿Que
balance se puede hacer del segundo mandato de Lula? Las esperanzas, esta vez,
eran bastantes inferiores a aquellas de 2002. Escasos son los observadores que
creían que la política económica, favorable al gran capital financiero, sea
substancialmente modificada. El discurso de Lula y de sus consejeros económicos
proponen solamente una solución a los problemas sociales de Brasil: el
crecimiento del PIB… De esta manera, ha hecho aprobar un “Pacto de
crecimiento”, en que el objetivo seria de relanzar la producción con la ayuda
del Estado. Permaneció débil los últimos años
–alrededor
del 2,5%- ¿El crecimiento podría alcanzar el 5%? Nada es seguro, se trata de
una aproximación bastante estrecha de las cuestiones económicas y sociales,
fundadas sobre un dogma liberal bien conocido: es necesario primero agrandar la
torta, antes de soñar a su repartición… La actual crisis financiera
internacional hace muy poco creíble esta perspectiva de expansión capitalista.
El resultado de las elecciones municipales del 2008 exprime, aun si de manera
deformada, la actitud contradictoria de la opinión publica: por un lado el PT
reforzó sus posiciones en muchas ciudades, pero por el otro perdió frente a
candidatos de la derecha, en dos grandes capitales que había gobernado en el
pasado: Sao Paulo y Porto Alegre. En otras ciudades importantes, como Rio de
Janeiro y Belo Horizonte, el PT no se presentó sino que apoyo candidatos
“oficialistas” del centro o centro-derecha.
Algunos
sectores del gobierno, con el apoyo de la derecha y del capital, les encantaría
hacer pasar nuevas reformas neoliberales en la legislación del trabajo y la
seguridad social. Pero esto no esta aun decidido. Podemos esperar que Lula
rehusara privatizar Petrobas –Compañía Petrolera Nacional – como se comprometió
durante la campaña; continuara también, probablemente en privilegiar el Mercado
Común Sudamericano (MERCOSUR) en lugar del ALCA, el tratado de libre comercio
para las Ameritas propuesto por Georges W. Bush. Entre los gobiernos de
izquierda o de
234 Robert Michels, Les partis politiques.
Essaie sur les tendances oligarchiques des démocraties, Flammarion, Paris,
1914.
centro
izquierda de América latina, Lula es mas cercano al polo moderado, representado
por Tabaré Vasquez en Uruguay y Michele Bachelet en Chile, que del polo
anti-imperialista, encarnado por Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia)
o Rafael Correa (Ecuador). Esto incluso si el rechaza, contrariamente a la
presidenta chilena, de firmar un Tratado de Libre-Cambio con los Estados
Unidos. Es necesario sin embargo destacar un cierto acercamiento con el
gobierno de Bush, en torno al proyecto de reemplazar el petróleo por los
“bio-combustibles”, principalmente el etanol, producido a partir del alcohol de
caña. Se trata de un proyecto peligroso, que conduciría a reemplazar el cultivo
de productos alimenticios por el de la caña de azúcar, con las consecuencias
desastrosas para la alimentación de las capas populares y la soberanía
alimenticia del país - así como para el medio ambiente. Es una de las razones
de la dimisión de la popular Ministra del Medio Ambiente, Marina Silva.
Asistimos,
después de los primeros años del nuevo gobierno –donde los Ministros elegidos
en los partidos de centro o de la derecha ocupan un lugar aun más determinante
que antes- con una toma de distancia creciente de los movimientos sociales en
relación a Lula. No solamente la izquierda radical (el P-SOL, PSTU) y el MST,
sino también la izquierda sindical y, con mucha prudencia, la dirección de la
CUT y otros movimientos sociales se movilizan cada día más para protestar
contra la política gubernamental. El futuro dependerá esencialmente de la
capacidad de esta coalición de la izquierda social y política de organizar y
movilizar a las victimas del apartheid social brasileño.
Esta
movilización se hará seguramente en torno a algunos ejes centrales. En primer
lugar, la reforma agraria que constituye una cuestión central para el futuro de
la sociedad brasileña (Lemoine, 2001). Según el MST, el gobierno de Lula, que
se había comprometido a distribuir las tierras a 450.000 familias campesinas,
no lo ha hecho más que para 150.000 de entre ellas. Ahora bien, son millones de
trabajadores rurales que esperan, en las condiciones sociales cada vez más
precarias, una verdadera reforma, que ataque los privilegios insolentes de la
oligarquía capitalista rural. El MST continuara negociando con el gobierno,
pero esta muy decidido a privilegiar la movilización de los campesinos, y
organizar, a gran escala las ocupaciones de tierras: es solamente con la lucha,
piensan ellos, que podremos imponer algunas concesiones a este gobierno,
denominado de “centro izquierda”.
Otra
campaña importante, con el apoyo de los movimientos campesinos, sindicatos,
intelectuales, corrientes de la izquierda critica como también de la Iglesia
católica (a través de su Conferencia de Arzobispos), fue aquella a favor de la
anulación de la privatización de la Compañía do Vale do Río Doce, una de las
mas grandes empresas mineras del planeta. Esta venta, luego de una escandalosa
puesta a remate organizada por el gobierno de Cardoso, ha permitido la cesión
por un precio irrisorio de la empresa publica la mas prospera del país a los
intereses capitalistas privados, en gran parte extranjeros (sus acciones se
negocian ahora en la Bolsa de Nueva York). Los organizadores de la campaña
exigen del gobierno la organización de un referéndum, y, en caso de rechazo, se
preparan a realizar ellos mismos, como fue el caso del referéndum sobre el
ALCA, que conoció un gran éxito y contribuyo a impedir veleidad gubernamental
de adhesión a este tratado. Sin ilusiones sobre esta segunda gestión del
gobierno de Lula, ni sobre el proximo gobierno PT si gana la sucesora del Lula,
las organizaciones que representan a los trabajadores de las ciudades y el
campo, la juventud, las mujeres y los precarios, el “pobretariado” saben que
solamente la organización en la base y la lucha sin concesiones podrán cambiar
alguna cosa.
(Paris,
2009)
Para
saber más sobre el Brasil de Lula:
• Frei Betto, A mosca azul. Reflexâo sobre o
poder, Editora Rocco, Río de Janeiro, 2006.
• “Dossier élections au Brésil”, Problèmes
d’Amérique latine, n° 46-47, Paris, automne-hiver, 2002.
• Marion Gret, Yves Sintomer, Porto Alegre: la
Esperanza de otra democracia, Madrid, Debate, 2003.
• Maurice Lemoine, La dette. Roman de la
paysannerie brésilienne. Editions de l’Atalante, Nantes, 2001.
• « Le socialisme pétiste », Inprecor, n° 317,
Montreuil, octobre-novembre 1990.
• « Le Parti des Travailleurs à l’épreuve du
gouvernement », Inprecor, n° 479, Montreuil, février 2003.
• Jacky Picard (dir.), Le Brésil de Lula. Les
défis d’un socialisme démocratique à la périphérie du capitalisme, Karthala,
coll. Lusotopie, Paris, 2003.
• Severo Salles, Dictature et lutte pour la
démocratie (1964-1985), L’Harmattan, Paris, 2005.
• Joâo Pedro Stedile, Bernardo Mançano Fernandes,
Brava Gente: la trayectoria del MST y de la lucha por la tierra en el Brasil,
Ediciones Barbaroja, Buenos Aires, 2000.
• Sección Brasil de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=11
Continuidades y rupturas en el gobierno de “los Kirchner”
Por
Maristella Svampa
Maristella
Svampa es socióloga e investigadora independiente del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas - Conicet. Entre sus libros más
recientes se encuentran Entre la ruta y el barrio. La experiencia de las
organizaciones piqueteras (2003) y La sociedad excluyente. La Argentina bajo el
signo del neoliberalismo (2005) y Cambio de época (2008) 235
La
caracterización del gobierno de N. Kirchner, así como el de su esposa y
sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, no es una tarea sencilla, pues
requiere tomar nota de los elementos de ruptura que se refieren a los logros
económicos, a significación positiva de ciertos gestos políticos y los nuevos
aires ideológicos que surcan la región latinoamericana, así como de los
elementos de fuerte continuidad que dicho gobierno ofrece en términos de
régimen de dominación, dinámica de precariedad y políticas redistributivas. En
este sentido, aunque la gestión de N. Kirchner (2003- 2007) está lejos de
constituir una refundación política, como sostienen fervorosamente sus
defensores, tampoco puede ser interpretada sin más en términos de continuidad
lineal respecto de los años ´90, como afirman ciertos críticos del mismo. En el
presente artículo proponemos hacer un análisis de algunas de las dimensiones
del gobierno de Néstor Kirchner, con el fin de evaluar las rupturas y
continuidades. Una serie de preguntas guían así nuestra presentación: ¿ha
habido cambios en la política social respecto del mundo de los excluidos? ¿Cuál
es la política laboral del gobierno en relación con el multiplicado mundo de
los trabajadores precarios? ¿Cuáles las orientaciones centrales frente a las
empresas privatizadas, cuales las opciones en términos de modelo productivo,
sobre todo vinculadas a la explotación de los recursos naturales? ¿Qué cambios
internos ha traído la política “latinoamericanista” emprendida en el nuevo
contexto regional? En fin, tampoco podían estar ausentes los interrogantes
acerca de las fronteras de la política, dadas las fuertes divisiones existentes
entre política institucional y no institucional, así como aquellos sobre el
marco general en el cual se inserta la nueva gestión que en diciembre de 2007
inició Cristina Fernández de Kirchner.
Entre
la demanda de normalidad y la productividad del peronismo
Mucho
se ha hablado de los éxitos políticos y económicos que marcaron la gestión del
gobierno de
N. Kirchner. Entre ellos, se destaca la
salida de la gran crisis de 2001-2002, que sacudió los cimientos de la sociedad
argentina. Sin embargo, los indicadores de los últimos meses de 2003 ya
mostraban una recuperación del crecimiento. Al final de su gestión, Kirchner
pudo exhibir logros económicos importantes respecto de la gran crisis de 2002,
cuando la devaluación produjo una caída
del PIB del 16%, la tasa de desocupación llegó a alcanzar el 21% y el salario
real disminuyó un 24%. Entre 2003 y 2007, el PIB alcanzó un crecimiento anual
de alrededor del 9%, mientras que la desocupación fue descendiendo de 17,3% en
2003 a 8, 5%, en 2007 (ver cuadro 1).236 En gran medida, las altas tasas de
crecimiento económico y el superávit fiscal se deben a la recuperación de
235
El presente trabajo es una versión actualizada y modificada de un artículo
publicado en M.Svampa, Cambio de época. Movimientos sociales y poder político,
Buenos Aires, siglo XXI, 2008.
236
Statistical Yearbook for Latin America and the Caribbean, 2007. www.cepal.orgo.
SAlcalaram tasa de desempleo no incluye los beneficiarios de planes sociales.
En caso de incluirlos, para el año 2007 éste sería de 9,8% Fuente: INDEC.
la
industria, post-devaluación, así como a la alta rentabilidad del modelo
extractivo-exportador, basado en la agroindustria (semillas transgénicas a
través de la siembra directa).
Cuadro
1
Evolución
del PBI y desocupación 1991-2006
|
Años |
Evolución PBI |
Desocupación |
|
|
1991 |
10,6 |
6,0 |
|
|
1995 |
-2,9 |
17,5 |
|
|
2000 |
-0,8 |
15,1 |
|
|
2001 |
-4,4 |
17,4 |
|
|
2002 |
-10,8 |
19,7 |
|
|
2003 |
8,8 |
17,3 |
8,4 |
|
2004 |
9,0 |
13,6 |
|
|
2005 |
9,2 |
11,6 |
|
|
2006 |
8,5 |
10,4 |
|
|
2007 |
8,6 |
|
|
|
|
|
|
|
Anuario
estadístico de la CEPAL (Evolución del PBI en porcentajes sobre la base de
valores a precios de 1995 y tasa de desocupación)
En
este sentido, cabe recordar que la crisis de 2001-2002, caracterizada por
fuertes movilizaciones sociales, estuvo recorrida por demandas ambivalentes y
contradictorias. Por un lado, había un llamado a la solidaridad y a la
autoorganización social, lo cual desembocó en la conformación de un rico campo
multiorganizacional de carácter antineoliberal; por otro lado, la crisis
expresaba también un fuerte llamado al orden y al retorno a la normalidad
frente a lo que podía considerarse como una amenaza de disolución social. Así,
durante 2002, la Argentina se convirtió en un laboratorio de nuevas formas de
acción colectiva, visibles en las movilizaciones de los desocupados, el
surgimiento de asambleas barriales, la recuperación de fábricas quebradas por
sus propios trabajadores y la multiplicación de colectivos culturales. Durante
un tiempo, en este escenario de efervescencia y de cruces sociales inéditos,
tendió a imponerse la demanda de solidaridad. Sin embargo, a principios de
2003, el declive de las nuevas movilizaciones así como la fragmentación de las
organizaciones de desocupados, fueron diluyendo la expectativa de una
recomposición política “desde abajo”, para dar paso a una fuerte demanda de
orden y “normalidad”. En este sentido, Kirchner se hizo eco de este mensaje
social, en la medida en que apuntó a encarnar la exigencia creciente de
normalidad, tal como aparecía ilustrado en su consigna “Por un país en serio, por un país normal”. En segundo lugar,
los primeros gestos políticos de Kirchner mostraron una vez más la
productividad política del peronismo. Entre ellos se destaca el descabezamiento
de la cúpula militar y el recambio de la
Corte Suprema de Justicia, ésta última estrechamente asociada al régimen de los
´90. Asimismo, éste asumió como política de Estado la condena de la violación
de los derechos humanos realizadas durante la última dictadura militar
(1976-1983), lo cual contribuyó a echar
por tierra la “teoría de los dos demonios”237 que habían avalado los gobiernos
anteriores, así como a impulsar una política de la memoria; dos demandas
intrínsecamente ligadas a la larga lucha de las organizaciones de derechos
humanos en Argentina. En tercer
lugar, el gobierno de Kirchner se
instaló en un espacio de crítica al neoliberalismo, que había sido la nota
común de las grandes movilizaciones de 2002. De este modo, su llegada se vio
favorecida por la
237
La teoría de los dos demonios, difundida durante los años 80, sostiene que en
los ´70 existió un contexto de violencia política generado por dos extremos,
igualmente responsables: la guerrilla y las Fuerzas Armadas. La teoría
posibilitaba defender una visión “neutra” acerca del conflicto (la oposición
entre dos demonios), a partir de la cual el resto de la sociedad aparecía como
una “víctima”, sin complicidad con el régimen dictatorial. La posterior
caracterización de los delitos cometidos por las Fuerzas Armadas desde el
aparato del Estado como crímenes de lesa humanidad, terminaron por dar por
tierra con tal hipótesis.
emergencia
de un nuevo polo latinoamericano, visible en el surgimiento de gobiernos de
“centro- izquierda”, como el de Lula en Brasil y Chávez en Venezuela. Este
cambio de clima ideológico, se expresaría en la retórica antineoliberal que
Kirchner asumiría desde mediados del año 2003, y que apuntaría a ciertos
agentes económicos nacionales (en especial, los productores del campo), así
como algunas empresas privatizadas en manos de consorcios multinacionales.
Por
otro lado, la salida del défault fue considerada un éxito, sobre todo si se
tiene en cuenta que ésta fue realizada sin el apoyo del FMI. Asimismo, el
gobierno de Kirchner llevó a cabo el canje de la deuda con los acreedores
privados, logrando una fuerte quita, un alargamiento del programa de pagos y la
reducción de la tasa de interés. Al igual que Brasil, en 2005, gracias al
superávit fiscal, se decidió cancelar la deuda que el país tenía con el FMI, un
total de 9.500 millones de dólares, que constituye solo un 9% del total de la
deuda externa. Según datos oficiales, en el 2002 la deuda externa correspondía
a un 138% del PBI, mientras que en el 2006 era de 59,4%. 238 Sin embargo, el
nuevo cronograma de servicios de la deuda sigue siendo muy oneroso y compromete
la necesidad de disponer de un elevado superávit fiscal primario por largos
años. Ahora bien, pese a los buenos índices macroeconómicos, el crecimiento fue
muy desigual, puesto que las brechas económicas y sociales abiertas en los ´90,
y reforzadas luego de la salida desordenada de la convertibilidad entre el peso
y el dólar, se han consolidado. Así, si en la década anterior, el 10% más rico
ganaba 20 veces más que el 10% más pobre, en la actualidad, la brecha es un 35%
más amplia: supera 27 veces. Cierto es que la pobreza, que al comienzo de la
gestión de Kirchner alcanzaba el 57%, se redujo al 34%. Pero en los noventa la
brecha era del 24%239, lo cual todo hace pensar que la crisis de 2002 instaló
un nuevo umbral desde el cual pensar las desigualdades.
Las
fronteras de la exclusión: organizaciones de desocupados y políticas sociales
Durante
los años ´90 la frontera de la exclusión fue delineada básicamente por la
problemática de la desocupación. En un contexto de empobrecimiento y de
descolectivización de las clases populares, surgieron las grandes
organizaciones de desocupados (piqueteros), cuyos ejes centrales serían la
acción directa (el corte de ruta o piquete), el trabajo comunitario en el
barrio (la acción territorial) y la democracia asamblearia (en sus diferentes
niveles).Desde sus orígenes (1996/97), los movimientos piqueteros estuvieron
atravesados por diferentes corrientes político-ideológicas, desde el populismo
nacionalista hasta la izquierda anticapitalista, vinculadas a organizaciones
autónomas o a partidos de izquierda. Su historia conoce diferentes momentos o
etapas: las primeras organizaciones surgieron en las provincias petroleras
(Neuquén y Salta), así como en ciertos distritos del Gran Buenos Aires, muy
afectado por la desocupación. Estas últimas organizaciones fueron las
que aportaron modelos
organizacionales, masividad y
proyección a escala nacional, entablando una relación conflictiva con el
gobierno peronista de C. Menem, desarrollando un vertiginosa autonomía durante
el gobierno de la Alianza (1999-2001), para instalarse, desde 2002, a partir de
su ingreso a los espacios tradicionales de la política y su expansión por todo
el país, como un actor político reconocido y un indiscutible factor de presión
para los diferentes gobiernos240 Aunque la demanda central de los piqueteros
siempre fue por trabajo, los diferentes gobiernos desarrollaron una política de
contención del conflicto a través del otorgamiento de subsidios (planes
sociales). Desde el comienzo, las organizaciones piqueteras vivieron con
ambivalencia esta dependencia respecto del Estado, que las insertaba en los
marcos de un modelo asistencial, al tiempo que subrayaban que estos recursos
eran necesarios para paliar las urgencias de la población e impulsar el desarrollo de formas de
organización alternativa y nuevos espacios de politización.
238
Véase el sitio oficial, www.casarosada.gov.ar
239
C.Lozano, “Comportamiento de los sectores dominantes. Pobreza, distribución del
ingreso y crecimiento en
Argentina”,
ponencia presentada en el encuentro “Plan Fénix, en víspera del segundo
centenario”, Buenos Aires, septiembre de 2005, y “La Argentina desigual”, en
Moreno número 179, 7 de diciembre de 2006.
240
En 2003, se estimaban que unas 150 mil personas componían el novedoso espacio
piquetero, nucleadas en torno a
una
treintena de organizaciones. Resulta difícil medir el impacto del proceso de
fragmentación de los últimos años, pero muy probablemente existan en la
actualidad más de doscientas agrupaciones. Sin embargo, un factor importante
para establecer una tipología es detectar la matriz ideológica de las mismas.
Para el tema véase M.Svampa y S.Pereyra, (2003) Entre la ruta y el barrio. La
experiencias de las organizaciones piqueteras, Buenos Aires, Biblos.
Esta
combinación exitosa entre urgencia y radicalización política tuvo su pico entre
2000 y 2004, años en los cuáles las organizaciones piqueteras alcanzaron
centralidad política, pese a los constantes hechos de represión y la política
de criminalización desatada desde los sucesivos gobiernos. Sin embargo, en
medio de la gran crisis, durante el gobierno provisorio de Duhalde (2002-2003)
los subsidios a desempleados desbordaron el universo piquetero, aumentando de
700 mil a casi 2 millones, a partir de la instalación del Plan Jefas y Jefes de
Hogar (PJJHD). Esta política de masificación de la ayuda social se continuó con
Kirchner, quien retomó la iniciativa de “recuperar” el espacio perdido por el
peronismo en manos de las nuevas organizaciones de tipo territorial. Así, la
política asistencial fue la punta de lanza para demonizar a las organizaciones
piqueteras, apuntando a su flanco más débil (la dependencia respecto del
Estado), acusadas de supuestos manejos clientelares y manipulación política.
Los PJJHD conllevaron un fortalecimiento de la matriz asistencial y ello, por
varias razones, entre las cuales se destaca su carácter no universalista, así
como los manejos abiertamente discrecionales que los gobiernos (en sus
diferentes niveles) realizaron en los distritos más pobres del país. Asimismo,
pese a su carácter paliativo durante la crisis de 2002 (50$US por mes), la
inflación de los últimos años licuó completamente sus efectos compensatorios.
Finalmente, en los últimos tiempos la intención del gobierno de Kirchner ha
sido la de desactivar paulatinamente dichos planes. En algunos casos, los
beneficiarios fueron incorporados al mercado de trabajo, pero aquellas personas
consideradas “inempleables” tienden a ser transferidas a otros programas
asistenciales, entre ellas al “Plan Familias”, cuya lógica de funcionamiento es
similar, aunque está destinado únicamente a las madres con hijo/as a cargo y
mujeres embarazadas.241
Por
otro lado, la política de Kirchner apuntó a encapsular a las organizaciones
piqueteras críticas, reorientando los recursos hacia las organizaciones
piqueteras “amigas”. La apropiación que éste hizo del discurso crítico
interpeló fuertemente al conjunto del espacio militante que venía luchando
contra las políticas neoliberales. Esto derivó en la institucionalización de
varias organizaciones piqueteras y la incorporación de sus dirigentes al
gobierno, sobre todo en organismos ligadas a la acción social y comunitaria,
así como en la Cancillería. En no pocos casos, éstos pasaron a compartir
espacios de poder con funcionarios antes ligados al menemismo o a lo más rancio
del aparato del justicialismo, sectores con los cuales consideran que han
entablado una “disputa de poder”. Sin embargo, en 2007, en ocasión de las
elecciones generales, el matrimonio Kirchner terminó de sellar la alianza
política con los sectores mas conservadores del peronismo así como con los
llamados “radicales K”,242 echando por tierra una vez más la ilusión populista
de aquellas organizaciones sociales antineoliberales que habían apostado a una
suerte de cambio político “desde adentro”. A su vez, entre 2003 y 2005 este
proceso fue acompañado por una contienda entre las organizaciones críticas y
antisistémicas movilizadas y el gobierno. El escenario mayor de esta
confrontación fue la ciudad de Buenos Aires: en efecto, fue en sus calles, en
sus plazas, en sus edificios públicos, dónde tuvo máxima expresión y corolario
esta contienda desigual entre aquellos que llamaban a la institucionalización y
exigían el repliegue de las fuerzas movilizadas (la demanda de lo instituido) y
los diferentes actores movilizados, en especial, las organizaciones de
desocupados (la demanda de los excluidos). El resultado fue el avance de la
judicialización en el
241
Según cifras oficiales (Indec), a principios de 2007, el Plan Jefas y Jefes de
Hogar Desocupados (PJJHD) contaba con 1.028.770 beneficiarios; el Plan de
Pensiones asistenciales, con 530.000; el de Familias para la Inclusión Social,
con 410.000; Manos a la Obra, con 575.000, y el Seguro de Capacitación y
Empleo, con 32.000. Para el mismo año, la tasa de desempleo abierta era de
8,5%, y de 9,5%, incluyendo los planes sociales. Para una mirada general sobre
la política social, véase el Documento n 59, Lineamientos para el debate de una
estrategia de política económica y social para la Argentina, A.Barbeito et
all., Buenos Aires, diciembre de 2007, www.ciepp.gov.ar.
242
Nacido a fines del siglo XIX, la UCR es el partido político más antiguo de la
Argentina, y junto con el peronismo han
disputado históricamente el electorado argentino. La renuncia de De La Rúa
(2001), el último presidente radical,
proveniente
de los sectores de centroderecha, conllevó una severa crisis del partido,
acentuada por la crisis de representación política. En virtud de ello, varios
dirigentes radicales crearon nuevos partidos políticos y algunos otros, se
acercaron al gobierno de Kirchner. El vicepresidente electo en diciembre de
2007, Julio Cobos, proviene de esta última vertiente, denominada “radicales K”.
tratamiento
de los conflictos sociales y la instalación de un fuerte consenso
antipiquetero, sostenido y avalado por amplias franjas de la opinión pública.
Por
su parte, los movimientos piqueteros también contribuyeron a esta situación de
aislamiento y deslegitimación, especialmente los partidos de origen trostkista,
ligados a las organizaciones de desocupados, quienes tuvieron serias
dificultades para reconocer el cambio de oportunidades políticas así como la
productividad política del peronismo, frente a lo cual diagnosticaron que
Kirchner representaba una pura continuidad respecto de los gobiernos
anteriores. En consecuencia, tendieron a impulsar la movilización callejera,
multiplicando los focos de conflicto y, en última instancia, olvidando la gran
asimetría de fuerzas y recursos existentes, así como la vulnerabilidad del
sector movilizado. En suma, la inflexión fue triple. Por un lado, la crisis del
2001 otorgó al peronismo una nueva oportunidad histórica, permitiéndole dar un
enorme salto a partir de la masificación de los planes asistenciales. Así, en
un contexto de penuria y exclusión, los dispositivos del clientelismo afectivo
se potenciaron, asegurando tanto la posibilidad de la reproducción del
peronismo “desde abajo” como el cierre de la brecha disrruptiva abierta por las
organizaciones piqueteras. Por otro lado, la política social, basada en la
fragmentación y la focalización de la ayuda social, terminó por consolidar la
matriz asistencial. Por último, en el marco de un crecimiento económico sin
redistribución, el conflicto social sufrió un corrimiento efectivo. Así,
mientras la política gubernamental tendía a sellar las fronteras de la
exclusión, gracias a la masificación de la política asistencial, el
disciplinamiento y demonización de los movimientos piqueteros, las fronteras de
la precariedad comenzaron a mostrarse más flexibles y porosas, mostrando un
mayor protagonismo del extenso mundo de trabajadores precarios, así como el
surgimiento de nuevas luchas sociales.
Las
fronteras de la precariedad
Gobierno,
conflicto social y dinámica de precariedad
En
los ´90, en el marco del capitalismo flexible y neoliberal, la precariedad
amplió sus fronteras y cobró un impulso exacerbado. Acompañada por el aumento
del desempleo, erigido en mecanismo disciplinador, la precariedad implicó un
cambio notorio en las relaciones de fuerza, instalando una asimetría mayor
entre capital y trabajo. La institucionalización de la precariedad produjo una
reestructuración del mercado de trabajo, reflejada en la multiplicación de las
formas de contratación (empleo autónomo, tercerización, subcontratación,
trabajos temporarios), así como a la calidad del empleo (deterioro de las
condiciones de trabajo). 243 En este contexto, la conflictividad laboral
conoció mutaciones importantes, afectando sobre todo el sector de los
trabajadores industriales y de las empresas públicas privatizadas. En razón de
ello, durante los ´90, el conflicto sindical tendió a concentrarse en el sector
público, donde se sostuvieron niveles de conflictividad similares a los años 80, con un incremento de las acciones de
carácter defensivo en los sectores de salud y educación. Asimismo, durante 2002
y 2003, en medio de la crisis, la conflictividad sindical siguió siendo baja,
pese al contexto de efervescencia colectiva y a excepción de los trabajadores
de las fábricas recuperadas. En este marco, la política laboral del gobierno de
N. Kirchner se insertó en un contexto caracterizado por una fuerte dinámica (y
naturalización) de precariedad y desempleo. Sin embargo, a partir 2004, la
recuperación de la economía revela tanto a la persistencia de una desigual
distribución de los ingresos como una acentuación de la precariedad. Esta
última obedece a varios factores, entre ellos, el aumento del trabajo no
registrado, la expansión del sector moderno de servicios (call centers,
marketing, transportes, entre otros) favorecidos por la devaluación, así como
la persistencia de la planta temporaria en los trabajadores del Estado
(contratados y pasantes). En
243
Según estadísticas oficiales del Ministerio de Trabajo, en la década del 90 el
costo laboral bajó un 62%. Esto fue ciertamente acompañado por un notorio
aumento del empleo no registrado, que pasó del 25,2% en 1990 y alcanzaba el
38,5% en el 2001 (Fuentes: Indec).
efecto,
entre 2003 y 2005, con tasas entre el 8 y 9% de crecimiento anual, se crearon
2.532.976 puestos de trabajo asalariados. De éstos, 1.752.588 eran asalariados
no registrados, es decir el 70% de los puestos creados. 244 En fin, a mediados
de 2007, según datos del Indec, el trabajo no registrado alcanzaba el 43,2%.245
En este rubro hay que incluir la expansión del último eslabón de la cadena de la precariedad, el “trabajo
clandestino o esclavo”, sobre todo en la construcción y la industria textil,
que emplean mano de obra proveniente de países limítrofes.246
En
un contexto de crecimiento económico y aumento de la inflación (que en los
últimos años ha sido aproximadamente del 20% anual), las expectativas de
mejoramiento y recomposición salarial se incrementaron notoriamente, al tiempo
que ha ido operándose una desnaturalización de la precariedad. En consecuencia,
los conflictos sindicales volvieron a la orden del día. El año 2005, con 824
conflictos sindicales, fue el más conflictivo desde 1990, cuando se lanzaron
las reformas neoliberales. Aunque la mayoría de los conflictos fueron en
demanda de una recomposición salarial, no son pocos los que apuntan contra las
consecuencias de la precariedad, buscando reducir las disparidades salariales
entre los trabajadores de un mismo sector, fomentadas por el tercerismo y la
política de flexibilidad salarial. Cabe agregar que, según una encuesta del
Ministerio de Trabajo, en la actualidad solo el 12% de las empresas cuenta con
delegados gremiales. La conflictividad sindical marcó el retorno de la CGT,
luego de una década de consolidación de las estructuras burocráticas y de una
reorientación hacia un sindicalismo de tipo empresarial. Desde 2004 ésta se
encuentra nuevamente unificada bajo el liderazgo de Hugo Moyano, jefe de los
camioneros, quien durante los años 90 encabezó el MTA (Movimiento de
Trabajadores Argentinos),un nucleamiento sindical peronista que osciló
constantemente entre la crítica a la CGT oficialista (los llamados “Gordos”) y
la colaboración con la CTA. Durante estos años, en un escenario más bien
segmentado y fuertemente corporativista, el vínculo entre el gobierno de
Kirchner y la CGT se desarrolló en el marco del estilo peronista: a saber,
entre la dependencia política y la apelación a la capacidad de presión.
Por
su parte, la CTA, que en los ´90 jugó un rol aglutinador y contestatario, se ha
visto muy desdibujada, debido a las diferencias internas, que incluye conocidos
dirigentes que simpatizan con la política oficial, entre ellos el nuevo
secretario general, procedente del gremio docente. Dicha central, nacida en
1994, que nuclea sobre todo trabajadores del sector público, presenta un modelo
organizativo distinto al de la CGT, basado en la democracia interna y la
afiliación directa. En abril de 2005, la CTA sufrió un duro revés, cuando el
gobierno le negó la personería gremial, cuyo monopolio continúa en manos de la
CGT. En líneas generales, a partir de 2005 comenzó a registrarse una
recomposición salarial, que ha beneficiado sobre todo el sector privado formal,
aun si estos aumentos aparecen retrasados con relación a los niveles de
ingresos anteriores a la crisis de 2001-2002. Por su parte, desde el Congreso
Nacional, diputados oficialistas se propusieron introducir modificaciones a la
legislación laboral en beneficio del trabajador, entre ellas, la eliminación
del tope de indemnización por despido y la ley que posibilita a un empleado
accionar ante la Justicia cuando sus condiciones de trabajo sean modificadas de
manera unilateral por parte del empleador. Conviene resaltar que no son pocos
los conflictos protagonizados por comisiones internas, en ciertos casos por
fuera de la dirigencia de los sindicatos o de las centrales reconocidas, entre
los cuáles se destacan aquellos del sector de servicios y transporte (empresas
de call-center, subterráneos de Buenos Aires). Otros conflictos resonantes
tuvieron como protagonistas el sector público (educación y salud). Desde las
huelgas de los hospitales públicos, amenazados por el desguace, hasta los
persistentes paros del sector docente (enseñanza primaria y secundaria), dichos
conflictos ponen de manifiesto el deterioro salarial y la ampliación de las
fronteras de la
244
“Clandestinidad y precarización laboral en la Argentina de 2006”, CTA, IDEP,
Claudio Lozano et all. www.cta.gov.ar
245
Fuente Indec, Clarín, 14/06/07.
246
En marzo de 2006, un incendio ocurrido en un barrio porteño que terminó con la
vida de seis inmigrantes bolivianos (la mayoría menores) fue el disparador de
la denuncia de este tipo de talleres clandestinos, que emplean
aproximadamente
4.000 ciudadanos bolivianos en la ciudad de Buenos Aires. Recordemos que el
51,1 % de los extranjeros de países limítrofes residentes en Argentina son de
origen boliviano (La Nación, 24/06/06).
precariedad,
en una época de prosperidad económica. El asesinato de un docente en la
provincia patagónica de Neuquén (abril de 2007) a manos de la policía
provincial, y las constantes pujas en otras provincias, revelaron la ausencia
de propuestas integradoras en torno a la recuperación y revaloración de lo
público, así como la dificultad de los propios sindicatos de nacionalizar los
conflictos.
Asimismo,
recordemos que en Argentina existe un importante movimiento de fábricas
recuperadas y autogestionadas por los trabajadores, que involucran unas 12 mil
personas, en su gran mayoría pertenecientes a pequeñas unidades, localizadas en
diferentes provincias, aún si una gran parte se encuentra en la provincia de
Buenos Aires y la ciudad capital. Como afirma J. Rebón, “el gobierno de
Kirchner intervino en algunos casos puntuales, pero nunca incorporó la
recuperación como una política de Estado, en especial, en lo que se refiere a
la cuestión de la propiedad. Las expropiaciones temporarias (sólo en la ciudad
capital y en la provincia de Buenos Aires existen algunas expropiaciones
definitivas), se debieron a legislaciones provinciales y/o locales"247.Por
esta razón, varias fábricas recuperadas continúan amenazadas de desalojo, una
vez pasado el período de cesión o comodato. Tal es el caso de los trabajadores
de FASINPAT (Fábrica sin patrones, ex Zanón), ubicada en el norte de la
Patagonia, la experiencia más resonante –por su carácter antagonista-, del
movimiento de fábricas recuperadas, con múltiples lazos con el resto del campo
militante.
Neodesarrollismo,
empresas privatizadas y conflictos socio-ambientales
En
los últimos veinte años, en América Latina el impulso del capitalismo
neoliberal conoció diferentes etapas: podemos ubicar un primer momento, en los
90, marcado tanto por la desregulación económica, el ajuste fiscal, la política
de privatizaciones (de los servicios públicos y de los hidrocarburos), como por
la introducción de los agronegocios. Ello contribuyó a consolidar un modelo
económico basado en la reprimarización de la economía, altamente dependiente de
los mercados externos. En el presente, asistimos a un segundo momento,
caracterizado por la generalización de un modelo extractivo-exportador, que
apunta a consolidar y ampliar aún más las brechas sociales entre los países del
norte y del sur, en base a la extracción de recursos naturales no renovables,
la extensión del monocultivo, la contaminación y la pérdida de biodiversidad.
La minería a cielo abierto, las mega-represas, los proyectos previstos por el
IIRSA248 y prontamente los
agrocombustibles ilustran esta nueva división del trabajo en el contexto del
capitalismo actual.
Cabe
preguntarse ahora cuál ha sido la posición del gobierno argentino tanto frente
a los servicios públicos privatizados como a la expansión del modelo
extractivo-exportador y la agroindustria. Con respecto a lo primero, la
política de N. Kirchner se orientó a subsidiar económicamente a las empresas
privatizadas, con el objeto de impedir un incremento de las tarifas, en el
marco de una sociedad tan proclive a la impugnación a través de la acción
directa. Por otro lado, debió afrontar conflictos puntuales con las empresas
privatizadas, frente al incumplimiento de los contratos, lo cual desembocó, en
determinados casos en la ruptura y posterior pase de las empresas al Estado,
como sucedió con el servicio de aguas y cloacas, en manos del grupo Suez, el
Correo Argentino, el ferrocarril San Martín y el espacio radioeléctrico. En
este aspecto, el tema continúa siendo una asignatura pendiente, aun si Cristina
Fernández impulsó un incremento de las tarifas de los servicios (transporte y
energía, entre un 20% y 30%) y en julio de 2008, en medio de la crisis de la
compañía, decidió la renacionalización de la línea área de bandera, Aerolíneas
Argentinas.249
247
Véase de J.Rebón La empresa de la autonomía. Trabajadores recuperando la
producción Buenos Aires, Colectivo ediciones Picaso, 2007.
248
Cartera de proyectos de infraestructura de transporte, energía y comunicaciones
consensuada por varios gobiernos latinoamericanos en el marco de la Iniciativa
para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana
(IIRSA).
249
La privatización de Aerolíneas Argentinas fue una de las más cuestionadas
durante los años 90. La compañía, que
era una de las más exitosas empresas nacionales, fue vendida a una
sociedad anónima, encabezada por Iberia por 560
millones
de dólares. En 2001, se presentó a convocatoria de acreedores con una deuda de
900 millones de dólares. Recientemente el Congreso Nacional avaló la propuesta
de renacionalización de la presidenta.
La
política de continuidad, así como los dobles discursos se advierten respecto de
una temática tan sensible como es el control y explotación de los recursos
naturales y la protección del medioambiente (minería, gas y petróleo). En esta
línea, uno de los hechos más notorios del período es la expansión de numerosos
proyectos de megaminería a cielo abierto, a cargo de empresas transnacionales.
Sin embargo, pocos argentinos conocen que la actividad minera involucra directa
e indirectamente quince de las veinticuatro provincias, y que los mismos
cuentan con la resistencia explícita de las poblaciones afectadas, unas setenta
asambleas de autoconvocados, reunidos en la Unión de Asambleas Ciudadanas
(UAC).250 La experiencia que tuvo el mérito de colocar en la agenda pública la
nueva cuestión socio-ambiental, a nivel nacional, fue Gualeguaychú, entre 2005
y 2006, a raíz del conflicto por la instalación de las pasteras, sobre el río
Uruguay, que trajo como correlato un enfrentamiento entre el gobierno argentino
y el de la república del Uruguay. Hacia 2006, este conflicto fue considerado
por el entonces presidente Néstor Kirchner como una “causa nacional”, pese a
que luego, a inicios de 2009, Cristina Fernández de Kirchner impulsaría
activamente el cuestionamiento y hasta la demonización de la Asamblea
Ambientalista de Gualeguaychú, con el objetivoo de que éstos levantaran el
corte al puente internacional que une la Argentina con el Uruguay, luego de
casi dos años de bloqueo. Por paradójico que pueda parecer, la instalación de
la agenda socio-ambiental, capitalizada políticamente por el gobierno de
los Kirchner, lejos estuvo de servir a
la apertura de la discusión de otras causas socio-ambientales; antes bien, sirvió para el ocultamiento y la
denegación de otros conflictos que ya comenzaban a recorrer a diferentes
provincias argentinas, a raíz de la vertiginosa introducción del modelo minero.
Además, la intervención del ex presidente N. Kirchner, en apoyo a los
asambleístas de Gualeguaychú, y la respuesta no menos virulenta de su par
uruguayo, Tabaré Vásquez, sirvieron para reactivar la vieja oposición entre
“país grande” y “país pequeño”, que recorre la relación entre ambos países,
instalando el conflicto en un registro de difícil solución: el de la
exacerbación de las lógicas nacionalistas, antes que el de la discusión de los
diferentes modelos de desarrollo.
Por
último, desde fines de los ´90, la introducción de un nuevo modelo agrario,
caracterizado por el uso de las nuevas tecnologías, de acuerdo a estándares
internacionales (semillas transgénicas a través de la siembra directa), colocó
a la Argentina como uno de los grandes exportadores mundiales de cultivos
transgénicos. Su vertiginoso desarrollo implicó una restructuración global del
sistema agrario tradicional, que ya arrastraba una fuerte crisis, agravada por
la política excluyente de los años ´90. Este modelo agrario se extendió no sólo
en la región pampeana, sino también en las llamadas áreas marginales, esto es,
en el norte y litoral del país, ocupando en la actualidad 18.800 millones de
hectáreas, de las cuales el 90% está dedicado a la soja transgénica. Su éxito
inicial no sólo está relacionado con el agotamiento del modelo anterior, sino
también con su capacidad relativa por articular diferentes actores económicos,
pese a la evidente concentración económica: mientras que en el sector semillero
se destacan las grandes empresas multinacionales (como Monsanto y Cargill) y
unos pocos grandes grupos económicos locales, en el circuito de producción
surgieron otros actores económicos, entre ellos los “terceristas” (los que
cuentan con el equipamiento tecnológico), los “contratistas”, suerte de
“productores sin tierra” (entre las cuales se incluyen los pooles de siembra y
los fondos de inversión), y por supuesto, los pequeños y medianos propietarios,
muchos de los cuales se han convertido en rentistas, alquilando sus propiedades
para el cultivo de la soja. La rentabilidad del sector agroalimentario se vio
favorecida por la salida de la convertibilidad (el dólar alto respecto de la
moneda local), así como por la estampida de los precios internacionales de productos
primarios.
La
contracara de dicho proceso ha sido la emergencia de nuevas problemáticas
económicas, sociales y ambientales. Así, entre 1988 y 2002, desaparecieron
103.405 establecimientos agrarios en el nivel nacional, mientras que se
incrementó el tamaño de la superficie media, que en los últimos 20 años pasó de
243 a 538 hectáreas. Según el Grupo de Estudios Rurales251, las técnicas de
siembra directa
250
Para el tema véase M.Svampa y M. Antonelli (eds.), Minería transnacional,
narrativas del desarrollo y Resistencias sociales, Buenos Aires, Biblos, 2009.
251
GER, “17 de Abril: Día Internacional de la Lucha Campesina. Desalojos y
arrinconamientos de campesinos y de comunidades indígenas en la Argentina”,
Realidad Económica, Buenos Aires, 2004, p.112.
disminuyeron
entre un 28 y un 37% el uso de mano de obra, lo que generó un fuerte éxodo de
la población rural. Por otro lado, el aumento de la rentabilidad y la tendencia
al monocultivo, viene acompañado por el avance de la desforestación y el uso
masivo de agrotóxicos. A esto tenemos que sumar lo que supone la sojización del
modelo productivo en términos de renuncia de la soberanía alimentaria o, en
otro nivel, de posibilidades de independencia y desarrollo tecnológico, vista
la tendencia a exportar sólo commodities y no productos con mayor valor
agregado. En resumen, aún si la gestión de N. Kirchner implicó una
reorientación parcial del modelo económico, vía la reactivación de la
industria, desde 2003 hasta el presente, sus estrategias se encaminaron a la
profundización del modelo extractivo-exportador, tanto en lo que se refiere a
la minería e hidrocarburos, como al sector de agronegocios, con una fuerte
tendencia al monocultivo. Como veremos, en el marco de la expansión de dicho
modelo y ante la suba internacional de los productos agrarios, tocaría a su
esposa, Cristina Fernández, afrontar un grave conflicto con el conjunto de los
sectores agrarios.
Las
fronteras de la política institucional
Como
en otros países de América Latina, las reformas neoliberales se tradujeron por
una mayor concentración de poder en el líder o jefe presidencial. En Argentina,
este giro decisionista fue facilitado por la convergencia entre una tradición
hiperpresidencialista y una visión populista del liderazgo. De esta manera, el
decisionismo fue la clave de bóveda del nuevo modelo de dominación, visible en
la tendencia a gobernar a través de decretos de necesidad y urgencia, así como
a disciplinar y/o cooptar las voces disidentes mediante un estilo de liderazgo
de tipo peronista, caracterizado por la subordinación de los actores sociales y
políticos al líder. En fin, esta situación fue promovida por la misma tendencia
del propio Partido Justicialista a devenir, tal como afirma Juan Carlos Torre,
“un sistema político en sí mismo”, convirtiéndose al mismo tiempo en
oficialismo y oposición.252
En
esta línea, la política de Kirchner postula una fuerte continuidad respecto de
sus predecesores, al tiempo que instala ciertas rupturas. En efecto, en primer
lugar, Kirchner tendió a fortalecer aún más el lugar de la soberanía
presidencial. Sin embargo, a diferencia de Menem (y de F. De la Rúa), el
espacio de la soberanía presidencial, fue utilizado –al menos en un primer
momento– con el propósito de redefinir y otorgar mayor variabilidad a la
relación entre economía y política, en un contexto de semidefault de la
economía argentina. En cierto modo, el nuevo gobierno se vio “favorecido” por
una situación de crisis económico-financiera, lo cual amplió el margen de
acción; algo que hábilmente Kirchner supo capitalizar. En razón de ello, sus
primeros gestos también fueron leídos como una suerte de “recuperación de la
política”, en comparación con la subordinación dramática de la política a los
mandatos de los organismos multilaterales, así como al alineamiento automático
con los Estados Unidos durante los ´90.
Por
otro lado, el reforzamiento de la política asistencial fue acompañado por el
aumento de los dispositivos clientelares, sistemáticamente potenciados en época
de campaña electoral. Este retorno del clientelismo, en sus formas más
obscenas, se registró en varias provincias y muy especialmente en el Conurbano
Bonaerense, donde reside un cuarto de la población del país (más de 9 millones,
de un total de 37 millones de argentinos), entre ellos, los más pobres. En
2005, el presidente y su esposa Cristina Fernández (entonces senadora) llevaron
a cabo la ruptura oficial con el sector del peronismo comandado por el
expresidente Duhalde, desatando una verdadera guerra interna, que conmovió el
aparato peronista. En esa ocasión, el Conurbano Bonaerense, símbolo de todos
los males del país, fue testigo tanto de la cooptación masiva de intendentes
identificados con los sectores más rancios del peronismo, así como de una
intensa batalla clientelar, expresada en las entregas masivas de
electrodomésticos y de subsidios en hogares pobres. Así, la reivindicación de
una “nueva política” y la apropiación del discurso crítico han coexistido con
la potenciación de los dispositivos clientelares y la perpetuación prácticas
políticas, funcionarios y gobernadores,
252
J.C. Torre, “Los desafíos de la oposición en un gobierno peronista”, en Juan
Carlos Torre et al., Entre el abismo y la ilusión. Peronismo, democracia y
mercado, Buenos Aires, Norma, 1999.
vinculados
a la década del ´90. Estos hechos fueron acompañados, empero, por rupturas
políticas que tuvieron un gran impacto en la opinión pública. En primer lugar,
como ya hemos señalado, se destaca el descabezamiento de la Corte Suprema de
Justicia y el nombramiento de magistrados reconocidos por su idoneidad
profesional e integridad política. Esta política que apunta al fortalecimiento
de la independencia del poder judicial sufrió empero un duro embate, en
diciembre de 2005, con la aprobación de la ley que autoriza la reducción de los
miembros del Consejo de Magistratura, un organismo multisectorial introducido
por la reforma constitucional de 1994, cuya actividad más importante es la
selección, sanción y remoción de jueces. La reforma aumentó la representación
política —eliminando la participación de las minorías— y limitó la
participación de jueces, académicos y abogados.
En
segundo lugar, hubo un giro radical en la política de derechos humanos. En este
aspecto, N.Kirchner sentó una gran diferencia respecto de administraciones
anteriores, llegando al punto de solicitar perdón a la sociedad en nombre del
Estado argentino, por la situación de impunidad registrada a lo largo de dos
décadas de gobierno institucional respecto de las violaciones de derechos
humanos durante aquella trágica época. Así, entre 2003 y 2005 fueron anuladas
las “leyes de la impunidad”, dictadas bajo los gobiernos anteriores253 y
reactivados los juicios a los militares, responsables de delitos de lesa
humanidad. Esta política tuvo como correlato la institucionalización de las
organizaciones de derechos humanos “históricas”, lo cual produjo mayor fragmentación
y conflicto dentro del campo militante, a partir de las diferencias que se
instalaron entre éstas y los nuevos movimientos de lucha contra la impunidad,
que critican la actual política económica y social del gobierno. Sin embargo,
dicha política sufrió un fuerte golpe con la desaparición de Julio López, en
septiembre de 2006, un ex detenido-desaparecido que fue testigo en el juicio
que condenó a perpetuidad a un conocido ex comisario de la última dictadura. El
hecho volvió a poner al descubierto la relación de perturbadora continuidad
entre aparato represivo dictatorial y las actuales fuerzas de seguridad, al
tiempo que plantea interrogantes acerca de la viabilidad de los próximos
juicios a militares. Por otro lado, en junio de 2007, bajo la presión del gobierno
de Estados Unidos, el gobierno argentino sancionó una ley antiterrorista,254
muy cuestionada por la totalidad de las organizaciones de derechos humanos.
En
otro orden, hay que recordar que, a diferencia de otros países
latinoamericanos, la Argentina posee un diseño institucional que contempla
escasamente la introducción de mecanismos de participación ciudadana, a través
de formas de democracia directa y participativa. Así, aunque la reforma
constitucional de 1994 incorporó la figura de la consulta popular, esta no
posee un carácter vinculante. El tema no es menor, si tenemos en cuenta que los
movimientos socioambientales (sobre todo, los que se oponen a la megaminería a
cielo abierto), reclaman la activación de este mecanismo de consulta, a nivel
local y provincial, a fin de detener la prosecución de los proyectos que
consideran perjudiciales para la población. De este modo, pese a la integración
de numerosas organizaciones sociales, lo que sigue ausente en la agenda del
gobierno es el desafío de pensar la vinculación entre la democracia
representativa y las nuevas formas de democracia directa y participativa, por
fuera de los moldes del régimen de dominación instituido en los ´90.
La
herencia de la nueva presidenta: del doble discurso al “doble comando”
El
gobierno de Kirchner tuvo tres fronteras mayores, que fueron delimitando los
límites de su gestión. En primer lugar, frente a la ausencia de programas
verdaderamente inclusivos respecto del mundo de los excluidos, en un contexto
de naturalización de las desigualdades sociales, se fue
253
Avalando una decisión del Congreso, la Corte Suprema de Justicia derogó en 2005
las leyes que habían puesto punto final al juzgamiento de los militares,
culpables de delito de lesa humanidad.
254
En los últimos años, bajo la presión directa de Estados Unidos, y en el marco
de la llamada “guerra contra el
terrorismo”,
ha habido en America Latina un avance de leyes antiterroristas (o su
reforzamiento, ahí donde las había). En Argentina, como en otros países de la
región donde no se registran conflictos armados, la ley aparece como un
instrumento ideal para criminalizar el conflicto social y poder penalizar a
discreción una acción popular, bajo la amplia tipificación de “asociación
ilícita terrorista”.
operando
un cierre de la frontera de la exclusión. En segundo lugar, frente a la
debilidad y oscilaciones de las políticas laborales en su combate contra la
dinámica flexibilizadota, la profundización de la segmentación del mercado de
trabajo y de las disparidades salariales, así como la ausencia de estrategias
redistributivas frente a las grandes asimetrías económicas-sociales, se fueron
consolidando las fronteras de la precariedad. En tercer lugar, las fronteras de
la política institucional siguen claramente marcadas, hacia adentro, por la
consolidación del modelo decisionista y la democracia delegativa; hacia fuera,
en relación con la política extra-institucional, por la absorción y pérdida de
autonomía de las organizaciones sociales oficialistas o, en su defecto, por la
exterioridad estigmatizante de las organizaciones opositoras.
En
definitiva, si bien el escenario político presenta importantes modificaciones
respecto del pasado reciente, tanto en lo que se refiere a la proliferación de
nuevas prácticas de resistencia como a la circulación de discursos políticos
críticos, el llamado modelo neoliberal –y el régimen de dominación que acompañó
su instalación- sigue gozando de buena salud. Todo esto sucede, empero, en un
contexto ideológico diferente al de la década del ´90, como bien puede
advertirse a través de la retórica antineoliberal del propio Kirchner, en
afinidad con otros gobiernos latinoamericanos, y en el marco de un sostenido
crecimiento económico, visible en la expansión vertiginosa del modelo de
agronegocios y la industria extractiva, así como en la recuperación de la industria
nacional. En 2007, el presidente N. Kirchner sorprendió a todos al imponer como
candidata a la presidencia a su esposa, Cristina Fernández, quien lejos de ser
una recién llegada, cuenta con una larga carrera política, cimentada sobre todo
en su experiencia como legisladora nacional. De haber mediado elecciones
internas, difícilmente Cristina Fernández hubiese podido ser la primera mujer
en llegar a la jefatura del Estado argentino255, pero pese al innegable
carácter nepotista que adquirió la sucesión, ante los ojos de la sociedad, la
nueva presidente era considerada como una figura política importante y un
“cuadro político” del peronismo. Luego de una campaña electoral apática y como
producto tanto de las lealtades partidarias así como del legado de una gestión
exitosa, llevada adelante por su marido, Cristina Fernández obtuvo el 45% de
los votos. La victoria electoral reflejó una fuerte correlación entre votos
oficialistas e índices de pobreza, dado que la presidenta electa arrasó en los
distritos urbanos donde los índices de pobreza son mayores, y obtuvo una baja
votación en aquellos donde la pobreza es menor (como en las ciudades de Buenos
Aires, Córdoba y Santa Fe). Las clases medias urbanas, cuya volatilidad
política suele ser mayor que la de otros sectores sociales, y pese al actual
auge del consumo, le habrían dado la espalda. Quizá por ello uno de los
primeros pasos de Néstor Kirchner fue el de asumir la conducción del Partido
Justicialista (mayo de 2008), él mismo que en nombre de la “nueva política” y
frente a la imposibilidad de dirimir un candidato único, había sido relegado y
criticado desde 2003. El anuncio significó un nuevo golpe para las
organizaciones sociales antineoliberales que apoyaron a Kirchner y cifraron sus
expectativas de cambio en la construcción de una suerte de “transversalidad”,
más allá de la estructura rígida del partido.
La
política de la nueva presidente se ha caracterizado por una marcada continuidad
respecto de la gestión de su marido, que incluyó la permanencia de la casi
totalidad del gabinete ministerial, durante los primeros seis meses de
gobierno. Sin embargo, el conflicto que se abrió en marzo de 2008 con los
productores agrarios significó un punto de inflexión para el nuevo gobierno. A
fines de 2007, la nueva presidenta
Cristina Fernández de Kirchner aumentó las retenciones256 de las
255
Cabe aclarar dos cosas: primero, que ninguno de los partidos que presentaron
candidatos a la presidencia en 2007 realizó elecciones internas (primarias);
segundo, que si bien hubo otra mujer a cargo de la jefatura del país, Maria
Estela Martínez de Perón, ésta fue elegida como vicepresidente en 1973,
acompañando a su marido, Juan Domingo Perón, líder y fundador del partido
Justicialista. A la muerte de éste, acaecida en 1974, su mujer asumió la
presidencia. Poco capacitada para la gestión y en medio de un clima de
violencia en donde abundaba la acción paramilitar fomentada desde el mismo
gobierno, ésta fue derrocada en marzo de 1976, cuando se instauró la dictadura
militar más sangrienta de la Argentina contemporánea.
256
Las retenciones (tasas) a las exportaciones agrícolas-ganaderas es un
instrumento del Estado que existe desde los años ´50, y sólo fueron suspendidas
bajo el gobierno de Carlos Menem, para ser reestablecidas por Eduardo Duhalde,
en 2002, en medio de la crisis argentina y en un contexto de gran rentabilidad
para los sectores exportadores. El aumento
exportaciones,
entre ellas, a los productos agrícolas, elevándolo a un 35%. Poco después, en
marzo de 2008, fijó retenciones móviles (dependientes de los precios
internacionales), y anunció de 44%, sin discriminar entre pequeños y grandes
productores. Dichas medidas, poco explicadas a la población, generaron un crudo
enfrentamiento entre el gobierno y los diferentes sectores organizados del
campo. De manera inédita, el frente agrario sumó a las grandes organizaciones
rurales (entre ellas, la tradicional Sociedad Rural Argentina, que nuclea a los
grandes propietarios), y a los representantes de los pequeños y medianos
productores (Federación Agraria Argentina). Durante cuatro meses, los sectores
agrarios llevaron a cabo una serie de bloqueos de rutas, que dejaron al país al
borde del desabastecimiento, en un conflicto que polarizó a la sociedad
argentina. Las clases medias urbanas aportaron nuevas dimensiones políticas al
conflicto, a través de los numerosas protestas (“cacerolazos”) realizadas en
apoyo a los reclamos agrarios, en los cuáles no estuvieron exentos ni las
cuestiones de orden racista y clasista (el rechazo visceral al peronismo,
asociado tradicionalmente a los sectores populares), ni tampoco las demandas
institucionales (la distribución del poder político, concentrado en el
matrimonio presidencial y un pequeño grupo de colaboradores). La escalada
vertiginosa del conflicto mostró la escasa flexibilidad y apertura del nuevo
gobierno, lo cual se tradujo en una inesperada licuación del capital político y
simbólico acumulado por el kirchnerismo desde la salida de la crisis y, por
ende, en una importante pérdida de prestigio de la autoridad presidencial. En
este contexto, el ex presidente Néstor Kirchner asumió nuevamente un fuerte
protagonismo, dando origen a la hipótesis del “doble comando” en el poder.
Asimismo, los sectores aliados al oficialismo no dudaron en leer el conflicto
en clave latinoamericana, esta es, en el marco de una supuesta polarización
entre la derecha oligárquica y un gobierno nacional-popular. En realidad, el
matrimonio presidencial ha venido apoyando con diferentes medidas a los
sectores más concentrados de la agro-industria, haciendo gala una vez mas de un
doble discurso, pese a que, a medida que el conflicto se agravaba, tendieron a
enfatizar el carácter popular de la resolución, asociando las retenciones no
sólo a la necesidad de la contención de los precios internos, sino también a la
posibilidad misma de una política de redistribución económica. Asimismo, el
conflicto abrió una ventana de oportunidad política para hablar de la situación
de los excluidos del modelo sojero, esto es, de los movimientos campesinos e
indígenas, que desde hace años vienen sufriendo el desplazamiento y despojo de
sus tierras, a causa de los desmontes y plantaciones de cultivos transgénicos,
en especial, en el norte argentino. A fines de junio de 2008, en un contexto de
agravamiento de la crisis, la presidenta Cristina F. De Kirchner, debió
transferir al Parlamento la difícil tarea de decidir acerca del futuro de las
retenciones móviles al agro. Finalmente, la resolución fue rechazada desde la
Cámara Alta, gracias al quiebre del bloque de senadores oficialistas, y al
decisivo voto negativo del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos. El
desenlace inesperado de la crisis terminó por fijar ciertos límites políticos
que muy probablemente señalen el final de “la era K”, al menos en la
configuración que ésta había adoptado desde 2003 en adelante, basada en la
exacerbada concentración de poder y la instrumentalización de los aliados, aún
dentro del propio bloque oficialista.
Elementos
de conclusión
El
conflicto entre el gobierno y los sectores agrarios dejó un saldo negativo para
el gobierno, al tiempo que abrió las puertas a grandes debates. En efecto, el
desenlace fijó un nuevo umbral desde el cual pensar la política gubernamental,
asentada en los dobles discursos y en un férreo ejercicio de la autoridad
presidencial. Asimismo, la puja entre el “campo” y el “gobierno” contribuyo a
difundir los cambios experimentados en el mundo agrario, generando un
incipiente debate sobre las diferentes implicaciones del nuevo paradigma
productivo, que a no dudarlo, engloba mucho más que a los productores
agrícolas, supera la discusión acerca del tamaño de la unidad productiva o el
de
las retenciones agrícolas, por parte de Cristina F. de Kirchner, tenía entre
sus objetivos el de frenar la inflación, neutralizando el posible acoplamiento
entre los precios internacionales de los alimentos y los precios del mercado
interno. Recordemos que la inflación del último año ha sido alrededor del 20%.
porcentaje
de retenciones y pone en tela de juicio la actual visión productivista y lineal
del desarrollo, que predomina tanto en el gobierno como en el conjunto de los
actores involucrados en el nuevo modelo. En fin, la crisis activó el debate
acerca de la redistribución de la riqueza y la persistencia de las
desigualdades, algo inimaginable poco tiempo atrás, involucrando al conjunto de
la sociedad y sus diferentes voceros (partidos políticos, movimientos sociales,
intelectuales, universidades, actores corporativos).
Por
último, el giro inesperado que adoptaron las movilizaciones agrarias,
sostenidas por los pequeños productores, plantean ciertos cuestionamientos
acerca de las lógicas políticas y las formas de auto-organización, en la medida
en que éstas favorecieron un proceso de acumulación política de los sectores
más concentrados y conservadores de la sociedad. En este marco de licuación del
poder político construido por el kirchnerismo en los últimos años, la
posibilidad de vislumbrar nuevas alternativas contrahegemónicas aparece ligada
tanto a la superación de las conductas corporativas y la fragmentación
organizacional, así como a la necesidad de repensar los cambios recientes
operados en el heterogéneo mundo de las clases subalternas y, de manera más
general, en la estructura productiva, en un país donde los movimientos sociales
y las izquierdas antisistémicas han tenido siempre enormes dificultades para
articular políticas conjuntas y convertirse por ende en grandes movimientos
políticos.
(Buenos
Aires, 2009)
Para saber más sobre Argentina:
• E. Basualdo, Sistema político y Modelo de
acumulación en la Argentina, UnQui-Flacso- Idep, Buenos Aires, 2002.
• J.C. Torre, El proceso político de las reformas
en América Latina, Paidós, Buenos Aires, 1998.
• F. Schuster et all. Tomar la palabra Estudios
sobre protesta social y acción colectiva en Argentina, Prometeo, Buenos Aires,
2005.
• M. Svampa, La sociedad excluyente. Argentina
bajo el signo del neoliberalismo, Taurus, Buenos Aires, 2005.
• M. Svampa, Argentine : Gauches et mouvements
sociaux in ww.risal.collectifs.net, 31 mai 2006.
• -Entretien par Marc Saint-Upéry : M. Svampa, «
Argentine : le retour a la normale », Revue Mouvement, 47/48, Dossier Amérique
Latine : le tournant a gauche ?, La Découverte, septembre-décembre 2006.
• Sitio Web de M. Svampa :
www.maristellasvampa.net
• Taller “Estudios Laborales” : www.tel.org.ar
• Informacion sobre movimientos sociales:
www.prensadelfrente.org
• Educacion popular y movimiento social:
www.panuelosenrebeldia.com.ar
• Observatorio social de América Latina - CLACSO :
www.clacso.org.ar/difusion/secciones/osal
Estrategia del shock y regreso de los Chicago boys
por
Franck Gaudichaud
Franck
Gaudichaud es doctor en Ciencias Políticas y profesor en la Universidad
Grenoble 3, miembro del colectivo editorial del periódico rebelion.org, de la
revista Contretemps (Paris) y de la asociación “France Amérique Latine”
(www.franceameriquelatine.org). Es autor de Poder Popular y Cordones
industriales. Testimonios sobre la dinámica del movimiento popular urbano en
Chile (1970–1973), LOM, Santiago de Chile, 2004 y de Operación Cóndor. Notas
sobre el terrorismo de Estado en el Cono Sur, Sepha, Madrid, 2005
(franck.gaudichaud@u- grenoble3.fr).
Traducido
del francés por Alberto Nadal para la Revista Viento Sur (Estado Español):
http://www.vientosur.info/
El
jueves 11 de marzo, el millonario Sebastián Piñera sucedió oficialmente a la
presidenta socialista Michelle Bachelet. Elegido jefe de Estado en enero, el
dirigente de Renovación Nacional (RN) conquista la primera magistratura en
nombre de la coalición Alianza por el Cambio (que reagrupa a neoliberales y
ultraconservadores). Es un giro histórico y político: el último presidente de
derechas había sido Jorge Alessandri en… 1958. Refiriéndose a la transición
democrática que puso fin a la dictadura del general Augusto Pinochet
(1973-1989), algunos analistas no dudan en hablar de una "segunda
transición".
Tras
diecisiete años de un terrorismo de Estado contrarrevolucionario que puso fin a
la experiencia de la Unidad Popular de Salvador Allende -y a dos decenios de
una democracia bajo tutela establecida en una "transición pactada",
conducida por la Concertación de los Partidos por la Democracia, coalición
entre el Partido Socialista (PS) y el Partido Demócrata Cristiano (DC)-, el
pueblo chileno conocería en adelante las alegrías de la alternancia /1. Frente
al apagado ex presidente Eduardo Frei (DC), el mediático Piñera
--"Berlusconi chileno" con un bronceado permanente y dientes
resplandecientes- ha prometido maravillas a golpe de ingeniería de marketing y
televisual: crecimiento sostenido del 6% destinado a hacer olvidar la crisis
capitalista internacional, creación de un millón de empleos, combate contra la
pobreza… todo ello acompañado de un fuerte discurso en materia de seguridad
ciudadana” y el “fin de la delincuencia” (al menos la de las clases populares;
es seguro que los de “cuellos blancos” no se alarmarán …).
Una
derrota que viene de lejos
La
derrota es amarga para la Concertación, que aún creía poder aprovechar la
lógica del "voto útil" frente a los fantasmas de una derecha marcada
a fuego por su apoyo a la dictadura. Pero Piñera, afirmándose como
"humanista", ha sabido recordar que había votado No a Pinochet en
1988, sin por ello poder distanciarse de
su pasado de nuevo rico salido del régimen militar, ni de su alianza con la
Unión Democrática Independiente (UDI), derecha reaccionaria
"pinochetista" (cercana al Opus Dei y primera fuerza del Congreso).
Los diputados de centroizquierda esperaban que la imponente popularidad de la
presidenta Bachelet y sus recientes reformas a favor de los más pobres podrían
hacer olvidar el pasivo de decenios de social-liberalismo: justicia para las
víctimas de la dictadura "en la medida de lo posible", permanencia de
la ley de amnistía de 1978 y la muerte de Pinochet sin haber sido juzgado;
"economía social de mercado" en la que lo social sirve para hacer
aceptar un proyecto macroeconómico fundamentalmente al servicio del gran
capital; ausencia de voluntad política para poner definitivamente fin a la
Constitución autoritaria de 1980; acuerdos múltiples con la derecha en el
Parlamento; política medioambiental desastrosa sometida a los
designios
de las transnacionales; represión no desmentida de las reivindicaciones
históricas del pueblo mapuche y autismo frente a las reivindicaciones
estudiantiles y salariales…/2.
A
este ritmo, ¿cómo extrañarse de que haya cada vez más ciudadanos que se alejen
de las urnas y de los grandes partidos institucionales (el 31% de los chilenos
en edad de votar, es decir 3,8 millones de personas, ni siquiera están
inscritos en los registros electorales) y que quienes se desplazan para poner
una papeleta de voto en la urna hayan elegido mayoritariamente "el
original" (un patrón millonario ambicioso) frente a "la copia"
(un senador DC cuya presidencia no ha dejado buenos recuerdos a las clases
populares y a los organismos de defensa de los derechos humanos)? Frei ha
intentado agitar un trapo rojo entre las dos vueltas: "Durante la campaña,
nuestros adversarios han dicho siempre que la Concertación está agotada por
haber gobernado ya durante 20 años. Pero ellos mismos han estado en el poder
durante 17 años y Chile ha ido mucho mejor con la Concertación que durante sus
años (de dictadura, se entiende)". Esto no ha bastado, como tampoco el
apoyo recibido del Partido Comunista y de su coalición, Juntos Podemos.
El
último día de Bachelet. ¿Privatizar el litoral del Mar Austral?
Y si
fuera preciso intentar explicar por qué la Concertación es odiada por toda una
parte del movimiento social y criticada por numerosos militantes de izquierdas
(incluso del Partido Socialista); si hubiera que intentar mostrar qué
representa el social-liberalismo en Chile, se podría ir al último día de la
presidencia de Bachelet. Ese 10 de marzo de 2010, se ha rubricado la reforma de
la Ley General de Pesca y de Agricultura con la aprobación del último ejecutivo
de la Concertación.
¿El
objetivo? Sencillamente, acudir en ayuda de las transnacionales del salmón de
piscifactoría que han invadido las costas del sur del país desde hace años y
que ahora tienen graves dificultades. Crisis sanitaria en primer lugar,
consecuencia de un modo de producción aberrante que ha devastado una parte del
litoral a golpe de colorantes, hormonas, antibióticos, sobrepesca (¡para
alimentar a los salmones!). Crisis económica después. Cuando se suponía que
esta industria iba a ser uno de los motores de la economía, se ha desarrollado
sobre la base de una rentabilidad a cualquier precio, basada en una exportación
masiva a los cuatro rincones del planeta (Japón, Estados Unidos, Unión
Europea). El desarrollo exponencial de un virus (virus ISA) ha afectado a toda
la cadena, y ese modelo de crianza intensiva enteramente dependiente del
mercado mundial se ha agotado violentamente /3. Esta "agonía del
salmón" ha provocado una caída de la producción de más del 30% entre 2007
y 2008 y el despido de miles de trabajadores (más de 15.000) /4.
Durante
veinte años, gracias a las ventajosas condiciones ofrecidas, los capitales han
afluido de todas partes, comenzando por la transnacional holandesa Nutreco (la
mayor productora mundial) pero también empresas noruegas, japonesas,
canadienses y españolas. La patronal chilena no se quedó atrás, puesto que
tiene el 55% del ramo. Aunque esto no guste a los ecologistas y a los
pescadores artesanales (cuya vida ha sido arruinada), Chile se ha convertido en
el segundo productor del planeta, con más de 650.000 toneladas de salmón en
2007, el 4º puesto de la exportación nacional en valor /5. Rápidamente ha hecho
aparición un verdadero lobby del salmón en el seno de las instituciones y de la
sociedad civil. Así, mientras el sector reconocía ya una deuda de dos mil
millones de dólares, la proposición del gobierno Bachelet ha sido garantizar el
desbloqueo de un fondo público de 450 millones de dólares. Ante la desconfianza
de los bancos, el proyecto de ley prevé también una modificación de las reglas
de producción, un mejor confinamiento de los peces, una rotación regular de los
lugares de cultivo y… la concesión de miles de hectáreas de mar y de tierra
firme ¡ofrecida como garantía hipotecaria ante los bancos! Como recordaban los
responsables de la campaña "Salvemos el mar chileno", "Jamás en
la historia ningún país había permitido hipotecar el mar. No es s ó lo un
escándalo, es también la renuncia de nuestro país a la soberanía sobre su
territorio" /6. En lugar de seguir tras la huella de Allende, que había
expropiado a las grandes compañías de cobre ("el salario de Chile"),
el gobierno de Bachelet se habrá mostrado mucho menos glorioso a ojos de la
historia…/7.
Los
primeros días de Piñera. El regreso de los Chicago boys
"Se
van los capataces y vuelve el patrón"… /8. Éste es el sentimiento de una
parte de los ciudadanos tras las
elecciones. En efecto, la mayor parte del personal político de la Concertación
no había salido de los medios de negocios, aunque sus miembros dirigentes se
hayan acercado rápidamente a ellos gracias al contacto con el poder. ¿Por otra
parte, el presidente socialista Ricardo Lagos no había sido proclamado, al
final de su mandato, como uno de los mejores políticos del siglo XX por el sindicalismo patronal
chileno? Sin embargo, la llegada de Piñera representa el fin de una mediación
política: en adelante, es un capitalista sin complejos el que tiene las riendas
del país. Ciertamente, lo que algunos sociólogos llaman la democracia "de
los compromisos" o también "del consenso" /9 va a proseguir, con
sus diversos acuerdos entre derecha e izquierda, mientras la Alianza por el
Cambio no posea mayoría absoluta en el parlamento /10. A pesar de ello, este
gran patrón cuenta con gobernar para los suyos. A la cabeza de una fortuna de
más de un millardo de dólares y situado en el puesto 701 de la clasificación
Forbes de las personas más ricas del mundo,
su grupo está presente en la televisión (Chilevisión), la banca, la salud,
la gran distribución, la energía, el transporte aéreo (Lan Chile) e incluso el
fútbol con un club muy popular (Colo Colo)
/11.
Gran admirador del presidente francés Sarkozy, Piñera pretende administrar el
Estado como gestiona sus empresas, cuya cotización en bolsa ha conocido una
subida notable desde el anuncio de su elección. Si se observa quienes son los
actuales ministros /12, es interesante notar que el nuevo presidente ha elegido
mimar ante todo a las elites económicas más que a la derecha política. Pablo
Longueira, fundador de la UDI, se ha enfadado por ello, lo que podría augurar
tensiones entre neoliberales y ultraconservadores en un futuro cercano. En
efecto, ¡el nuevo gabinete ministerial se parece en algunos aspectos a un
verdadero consejo de administración del país! El presidente había insistido
mucho en su voluntad de formar un "gobierno de los mejores"… 13 de
los 22 ministros no son militantes. Esto no quiere decir que no tengan
convicciones políticas, sino al menos que no han hecho de ello su profesión. En
fin , el político más aguerrido es probablemente Jaime Ravinet, antiguo de la
Concertación (DC) que se convierte en ministro de Defensa de la derecha .
Si
no son políticos profesionales, ¿de dónde provienen los nuevos ministros?
Principalmente del sector privado y del mundo universitario. “Si este gobierno
no encarna la "transversalidad" anunciada, en el sentido de la
representación de diferentes sensibilidades políticas, está por el contrario
generosamente 'equilibrado' desde el punto de vista de la representación de los
grupos y familias que tienen peso en la economía chilena” /13 . Alfredo Moreno,
miembro del directorio de Falabella (gran distribución) y de Penta (banca), se
convierte así en ministro de Asuntos Exteriores. Su experiencia en materia de
diplomacia está basada sobre todo en su papel en la expansión internacional de
su empresa, particularmente hacia Perú. Laurence Goldborne, antiguo director
general de un competidor directo en la gran distribución (Cencosud), obtiene el
ministerio de Minas, sector clave en el país primer productor mundial de cobre.
Magdalena Matte, de una prestigiosa familia conocida por su oposición al
gobierno de Allende, ocupará la cartera de la Vivienda. En el Sernam (Servicio
Nacional de la Mujer), estará Carolina Schmidt, calificada en el pasado por una
revista del mundo de los negocios como "primera dama de los Luksic",
familia que aparece en el 76º lugar de la lista Forbes. Los demás responsables
de carteras son universitarios (seis de ellos son titulares de un doctorado).
Dieciséis miembros del gobierno han estudiado en las aulas de la muy
conservadora Universidad Católica y una mayoría exhibe orgullosamente diplomas
de universidades estadounidenses, particularmente de Harvard y de Chicago. Se
asiste a una especie de vuelta de una nueva generación de "Chicago
boys" dispuesta a perfeccionar el modelo comenzado en la dictadura por sus
predecesores, alimentado en los años 1970 con el biberón de los economistas
Milton Friedman y Arnold Harberger, pioneros del neoliberalismo /14. El mejor
representante de los ideólogos de combate es sin duda alguna Juan Andrés
Fontaine, nombrado ministro de Economía. Director del Centro de Estudios
Políticos (CEP), uno de los principales centros de ideas de la derecha liberal.
Fontaine está ligado al grupo Matte y es miembro de la dirección de varias
grandes empresas. Este gobierno está así formado por una mayoría de hombres,
sin
casi ninguna experiencia política pero que representan de maravilla la
dimensión de clase que se proponen defender.
Estrategia
del choque neoliberal contra reconstrucción democrática y solidaria
¡Se
podría creer que los propios dioses se estremecen de cólera! Piñera ha debido
asumir sus primeros momentos de gobierno en un país parcialmente destruido y
una población consternada por un seísmo (y después, un tsunami) de una magnitud
excepcional. La derecha no ha podido festejar demasiado abiertamente su
victoria. Como subrayaba la periodista Claire Martin: "Ni cotillones ni
celebraciones. La toma del poder de Sebastián Piñera será este jueves 11 de
marzo de una sobriedad ejemplar". La tragedia que ha hecho más de 800
muertos y aterrorizado a los habitantes de la región del Maule y Bío-Bío ha
cambiado de arriba a abajo la agenda del presidente que ha llamado a
"secarse las lágrimas" y a ponerse a trabajar.
En
primer lugar, el ejecutivo ha hecho todo lo posible para poner sordina a la
completa ineficiencia de la ONEMI, organismo ligado al ministerio del Interior
y a la Marina que está encargado de organizar las evacuaciones en caso de
peligro de tsunami. Sin embargo, las familias de los centenares de
desaparecidos y ahogados denuncian el escándalo de la incompetencia de la
administración y la arrogancia del almirante Edmundo González que es su
responsable /15. Según ciertas estimaciones, no menos de treinta mil millones
de dólares deberán ser invertidos durante los próximos años para reconstruir
las infraestructuras y la derecha podría aprovecharse de ello para avanzar una
lógica de "estrategia de choque". Tanto más cuanto que tiene
experiencia en la materia. Naomi Klein ha recordado hasta qué punto en los
momentos de gran vulnerabilidad, de desorganización como consecuencia de
catástrofes naturales o de golpes de Estado, las personas y las sociedades
pueden ser más fácilmente sometidos a terapias de choque económico o formas
crecientes de autoritarismo /16. Desplegando más de 10.000 militares en el sur
del país, y declarando el estado de sitio en ciertas regiones en nombre de la
lucha contra los "saqueos", con gran apoyo de reportajes televisivos,
la señal es clara. La prioridad fue una intervención dura de “seguridad
ciudadana” en defensa de la gran propiedad privada, particularmente la de las
cadenas de distribución (como Líder, que
pertenece a Wal-Mart), mientras en numerosas zonas afectadas, a menudo muy pobres,
no se desarrollaba ninguna acción pública de emergencia y los servicios básicos
(como el agua potable o la electricidad) seguían sin restablecerse. El caos,
una asistencia defectuosa, producto del modelo semipúblico chileno, las
carencias de reavituallamiento y la especulación de ciertos comerciantes poco
escrupulosos no podían dejar de favorecer las reacciones de angustia, o incluso
de violencia. Pero ciertas escenas de pillaje o de compra compulsiva, incluso
en el gran Santiago (sin embargo poco afectado por el seísmo), han mostrado
también ciertos comportamientos colectivos marcados por el "cada cual para
sí" de una sociedad rota y deprimida, cuyo abono está compuesto por una
mezcla tóxica de valores ultraindividualistas, de llamamientos al consumo
permanente (pero a crédito) combinados con una brutal fractura social y un
pasado autoritario, siempre presente en filigrana /17. Sin duda alguna, será
preciso en los meses que vienen tomar más tiempo para descifrar lo que ha
ocurrido durante estas jornadas, pero no es exagerado afirmar que, una vez más,
el mito del "jaguar" de América del Sur, el del país rico y
"desarrollado", ha sido desnudado en todas sus inmensas
contradicciones: Chile sigue siendo uno de los diez países con más desigualdades
del planeta /18.
En
este contexto, Piñera se apresta a aplicar una política de "capitalismo
del desastre", según la expresión de Naomi Klein, en la que los discursos
de "unión nacional" están al servicio de una perspectiva de
reconstrucción que se hará en beneficio de la burguesía /19. Ya han comenzado
las grandes maniobras. En el seno del círculo próximo al poder se encuentran
varios personajes clave de las empresas de construcción del país. Algunos de
ellos llevaron a cabo en el pasado iniciativas inmobiliarias importantes con el
grupo del actual presidente, como el intendente (gobernador) de la región Maule
(una de las más afectadas por la catástrofe), el ministro de Economía y el
gobernador
de
Santiago. Por otra parte, Fernando Echeverría ha pasado directamente de la
Cámara chilena de la construcción (sindicato patronal) ¡al gobierno de la
región metropolitana! Para los especuladores inmobiliarios más conocidos (entre
ellos el amigo de infancia de Piñera, Carlos Alberto Délano) los próximos años
se anuncian jugosos a más no poder, incluso si por "mala suerte" su
responsabilidad penal está actualmente comprometida debido a la mala calidad de
los edificios construidos (que han resistido mal al terremoto). Por todas
partes florecen proyectos y se agudizan los apetitos, como en el histórico
barrio Brasil de Santiago. El Ministerio de Obras Públicas (MOP) está por su
parte en manos del lobby de la Asociación de concesionarios de obras y de
infraestructuras públicas (COPSA). "Queremos hablar un poco con el nuevo
ministro y con el presidente Piñera para que todas sus carreteras, pero también
sus escuelas, hospitales, prisiones y edificios públicos que se han hundido,
sea transformados en concesiones" ha declarado el dirigente de la COPSA (y
primo de Piñera). A lo que respondía al día siguiente el ministro del MOP:
"El proceso de concesiones ha ayudado al desarrollo del país y creo que
podría ayudar en adelante a la reconstrucción" /20. En un Chile en el que
prácticamente todos los campos sociales están ya dominados por el sector
privado y las lógicas de rentabilidad inmediatas, estas declaraciones marean.
Reconstruir
las alternativas
Frente
a este escenario de lo peor, en el que la catástrofe geofísica retroalimenta el
terremoto político, apuntan varios destellos de esperanza. Ciertamente, el
movimiento obrero, la Central Unitaria de los Trabajadores, la izquierda
radical, las asociaciones de barrio no son más que la sombra de lo que eran
antes del golpe de estado de 1973. Sin embargo, desde el comienzo de los años
2000, la "resaca" de la transición pactada parece alejarse y una
nueva generación de militantes se moviliza y renueva los repertorios de la
acción colectiva, en relación con la experiencia de los más veteranos.
Múltiples iniciativas de solidaridad activa recorren el país, bien lejos del
show televisado de la "Teletón ", patrocinado por las mismas empresas
que piensan enriquecerse gracias al seísmo. Sindicatos, colectivos de
estudiantes, asociaciones de mujeres o indígenas, militantes de izquierdas
intentan, a contra corriente, mostrar que la noción de solidaridad es aún
posible frente a la morgue del "todo mercado" /21. Como declara
Carlos Gajardo, dirigente social de la comuna de La Florida (Santiago),
"Cuando se habla de reconstrucción es el momento de la reflexión.
¿Queremos
reconstruir un país en el que predominan las decisiones de algunos, el empleo
precario, el clientelismo, la corrupción? ¿O bien hacer lo que corresponde a un
pueblo digno: exigir la reconstrucción del país sobre las bases de la
solidaridad, la justicia social y la soberanía nacional?"
/22.
La alternativa se plantea efectivamente en estos términos: choque neoliberal
por arriba o reconstrucción solidaria por abajo. Sin embargo, para que la
vuelta estruendosa de la derecha no sea más que un mal recuerdo y que no
anuncie un regreso de mayor amplitud del “bastón” en el plano regional, este
gobierno y sus aliados deberán ser combatidos en su terreno: el de la lucha de
clases.
Será
preciso así plantear la cuestión de la reconstrucción política de una izquierda
popular y combativa: una "política del oprimido" (según la bella
fórmula de Daniel Bensaïd), que no renuncie a su independencia ante la
Concertación y que sepa romper la fatalidad de la fragmentación proponiendo
alternativas concretas. No hay duda de que un gobierno progresista habría
podido poner en marcha un proyecto diferente de reconstrucción, financiado
particularmente por una tasa inmediata (royalty) sobre las empresas mineras
transnacionales, que explotan las múltiples concesiones sin dejar prácticamente
nada para el país. Una fiscalidad, incluso muy moderada, aportaría como poco la
cifra de 2,5 mil millones de dólares anuales /23. Más en general, debería
decidirse, como medida de urgencia social y nacional, una verdadera
renacionalización del cobre y de los servicios básicos (agua, electricidad,
comunicación, transportes…) bajo el control de los trabajadores. Una nueva
organización de sanidad pública financiada con impuestos sobre las rentas de
las transnacionales, de las clases acomodadas y apoyada en la movilización del
movimiento social y sindical. Esta dinámica bastaría para iniciar una
reconstrucción gestionada por medio de un organismo público ad hoc, bajo control
de las poblaciones afectadas y favoreciendo las múltiples iniciativas de
autoorganización que ha surgido aquí y allá. En estas condiciones, la dura
prueba que está atravesando el pueblo chileno sería una oportunidad de
refundación democrática y, para las izquierdas sociales y políticas, la ocasión
de retomar el camino de las y los trabajadores de los cordones industriales
cuando clamaban durante la Unidad Popular: “¡Crear, crear, poder
popular!".
(Grenoble,
Francia, 2010)
Notas
1/
Ver un análisis de las elecciones en: F. Gaudichaud, “Un entrepreneur
multimillionnaire à la tête du Chili”, Le Monde Diplomatique, 19 de enero de
2010, www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010- 01-19-Chili. Ver también para más
informaciones la selección de artículos que he realizado, junto con Mario
Amorós, para rebelion.org: “Elecciones Presidenciales 2009-2010”,
www.rebelion.org/apartado.php?id=313.
2/
Ver “Le Chili. Un pays modèle ?” en F. Gaudichaud (dir.), Le Volcan
latino-américain. Gauches, mouvements sociaux et néolibéralisme en Amérique
latine, Paris, Textuel, 2008, pp. 315-336.
3/
Ver el dossier “ Industria salmonera en Chile” del OLCA ( Observatorio
Latinoamericano de Conflictos Ambientales ),
www.olca.cl/oca/chile/region11/salmoneras.htm.
4/
Darío Zambra B., “La agonía del salmón”, La Nación Domingo, 15/3/2009.
5/
Arnaldo Pérez Guerra, “Chile: Salmoneras, crecimiento a cualquier costo”,
28/8/2003, www.ecoportal.net/content/view/full/21441
6/
Esta ley podría ser declarada constitucional ya que se ha presentado un recurso
contra ella ante el Tribunal Constitucional firmado por 34 diputados y 12
senadores.
7/
Incluso algunos periodistas y militantes han tenido el «mal gusto» de hacer un
paralelo con el general Pinochet que, también la víspera de su marcha, hizo
aprobar sigilosamente (y en dictadura) una ley leonina en favor de los
intereses de la educación privada en el sistema educativo del país.
8/
M. Bercerra, “Se van los capataces y vuelve el patrón”,
www.elciudadano.cl/2010/01/18/se-van- los-capataces-y-vuelve-el-patron/.
9/
M. A. Garretón, Alfredo Alejandro Gugliano (coord.), Democracia en las
Américas: desafíos, peligros, expectativas, Editora Universidad Católica de
Pelotas, Brasil, 2003.
10/
La derecha obtuvo 55 diputados de 120 y 17 senadores de 38:
http://especiales.americaeconomia.com/elecciones_chile_2009/composicion_del_congreso.html
11/
Piñera ha anunciado que pensaba separarse de las propiedades que pudieran
representar un conflicto de intereses con su función de presidente de la
República, empezando por sus acciones en Lan Chile. Un anuncio que merece ser
seguido de cerca…
12/
Para ver la composición completa del gobierno:
www.elciudadano.cl/2010/02/09/pinera- anuncio-su-gabinete/
13/
A. Maillet, “Nouveau gouvernement chilien : le monde des affaires au pouvoir
?”, www.opalc.org , 1572/2010. Ver también C. Rivas Arenas, “Asesor de A.
Edwards y ejecutivo de Falabella es el nuevo canciller», El Mostrador.cl,
10/2/2010.
14/
F. Marin, “El regreso de los Chicago Boys”,
www.elciudadano.cl/2010/02/21/el-regreso-de-los- chicago-boys/. Más de un
decenio antes del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, algunas decenas
de estudiantes de la Universidad Católica fueron seleccionados para formarse en
la Universidad de Chicago, dirigida por Milton Friedman. Poco tiempo después
del golpe de Estado, estos brillantes economistas pudieron comenzar a aplicar
de forma pionera el modelo neoliberal, un proyecto que había sido preparado
desde marzo de 1973, por medio de un informe conocido como “el ladrillo”. Ese
largo texto anunciaba la mayor parte de las reformas económicas de la dictadura
militar. Ver: J. G. Valdés, Pinochet's economists: the Chicago school in Chile,
Cambridge University Press, 1995.
15/
T. Tricot, “El criminal 'error' de la Armada”, Barómetro Internacional,
18/3/2010. 16/ N. Klein, La doctrina del shock, Madrid, Paidós, 2007.
17/
J. Meneses, “Anatomía de un desastre”, 16/3/2010,
www.rebelion.org/noticia.php?id=102253. Sobre el modelo de sociedad de consumo
propuesto a los chilenos, ver el ensayo del sociólogo Tomas Moulian: El consumo
me consume, LOM, Santiago, 1999.
18/
Ver los textos que he reunido con Mario Amorós sobre este tema para
rebelion.org: “Un terremoto destruye el mito chileno”,
www.rebelion.org/mostrar.php?tipo=1&id=341.
19/
“La tempestad social que se aproxima”, Editorial de la revista Punto Final,
edición Nº 705, 1973/2010 ; V. Haya de la Fuente, “ Que el terremoto no sea
excusa” , Le Monde diplomatique (Chili), N° 106, abril 2010 ; A Cornejo
Figueroa, “ Los planes de Piñera contra los intereses del pueblo chileno ”,
www.rebelion.org/noticia.php?id=104372&titular=los-planes-de-pi%F1era-
contra-los-intereses-del-pueblo-chileno-.
20/
F. Skoknic y JP Figueroa “Los hombres del Presidente. Los vínculos de Piñera
con las empresas de los edificios dañados”, CIPER Chile, 18/3/2010.
21/
Citemos, entre muchas otras, las iniciativas en favor de la reconstrucción de
los locales de los sindicatos portuarios, en especial en el puerto de
Talcahuano, muy afectado por el tsunami, que ha llevado a la creación del
Reagrupamiento de los Sindicatos para la Reconstrucción de Talcahuano (ver
también la iniciativa lanzada por la ONG Plataforma Nexos:
www.plataforma-nexos.cl).
22/
Carlos Gajardo Álvarez, “A reconstruir un Chile solidario”, 25/3/2010,
www.rebelion.org/noticia.php?id=102828.
23/
C Cademartori, “El royalty de la minería del cobre debe financiar la
reconstrucción”, 25/3/2010, www.rebelion.org/noticia.php?id=102812
Para saber más sobre el Chile actual:
• R. Agacino, Hegemonía y contra hegemonía en una
contrarrevolución neoliberal madura. La izquierda desconfiada en el Chile
post-Pinochet, ponencia presentada en el “Grupo de Trabajo Hegemonías y
emancipaciones” de CLACSO, 30-31 enero de 2006, Caracas (www.redem.buap.mx/acrobat/agacino17.pdf).
• A. García Castro, La mort lente des disparus au
Chili sous la négociation civils-militaires (1973-2002), Maisonneuve &
Larose, Paris, 2002.
• M. A. Garretón, “Reflexiones sobre la
democratización política chilena” en Brasil y Chile. Una mirada hacia América
Latina, Ril Editores, Santiago, 2006 (www.manuelantoniogarreton.cl/).
• H. Fazio (y varios autores), Gobierno de Lagos:
balance crítico, LOM, Santiago, 2005.
• S. Lefranc, Politiques du pardon, PUF, Paris,
2002.
• T. Moulian, Chile Actual: Anatomía de un mito,
LOM, Santiago, 1997.
• T. Moulian, El Consumo me Consume, LOM,
Santiago, 1998.
• J. Del Pozo, Chili contemporain: quelle
démocratie?, Nota bene, Montréal, 2000.
• F. Portales, Chile. Una Democracia Tutelada,
Sudamericana, Santiago, 2000.
• P. Winn (ed.), Victims of the Chilean Miracle:
workers and neoliberalism in the Pinochet Era, 1973-2002, Durham and London,
Duke University Press, 2004.
• Sección Chile de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=12
• Periódico El Ciudadano: www.elciudadano.cl
• Periódico Punto Final: www.puntofinal.cl
• Periódico El Clarín: www.elclarin.cl
• Periódico Azkintuwe: www.azkintuwe.org
México 2006: un año ejemplar. Crisis política, elecciones y
resistencias
por
Arturo Anguiano
Arturo
Anguiano es profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana
(UNAM). Es autor de El ocaso interminable. Política y sociedad en el México de
los cambios rotos (2009) y ha coordinado: La modernización de México,
UNAM-Xochimilco, México, 1990.
Desconcierto
y descomposición político-social
Un
clima de división, desconcierto y descomposición político-social ha sido el
resultado más notable de las elecciones mexicanas de 2006. Apenas ensayando
procesos democráticos luego de décadas de régimen autoritario, en México parece
sonar la hora de la quiebra temprana de las ilusiones democráticas, con el
fracaso incuestionable del autollamado gobierno del cambio de Vicente Fox
Quesada y de la restauración de los peores atributos y vicios del añejo régimen
identificado con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), pretendidamente
derrotado en el 2000. Las campañas, las elecciones y sus resultados de nuevo
son cuestionables, violentados por la inequidad, la ilegalidad, el fraude y la
conducta arbitraria de los actores institucionales. El PRI en retirada,
debilitado y dividido, se develó a la postre, paradójicamente, fortificado, a
pesar de sus campañas sin eco y de haber sido relegado al tercer lugar en una
campaña en la que solamente contaron el Partido Acción Nacional (PAN) y el
Partido de la Revolución Democrática (PRD). Eso se explica porque tras la nueva
derrota en las urnas del PRI emerge su auténtica victoria cultural, en tanto
que rasgos, concepciones y prácticas políticas que lo caracterizaron perduran y
no dejan de reproducirse de manera ampliada por el conjunto de los partidos y
demás actores institucionales, esto es por la denominada clase política y el
resto de los actores que hacen la política estatal.
Forjada
durante décadas, ésa cultura política nacional se reforzó con la eclosión y
disgregación del presidencialismo omnipotente. Asimilados en una clase política
ampliada, todos los partidos registrados se han convertido en parte del Estado
(ya no intermediarios entre éste y la sociedad), se distribuyen el poder
institucional (los cargos de representación, los puestos públicos
gubernamentales de los municipios al gobierno nacional, el control de los
aparatos partidarios) y el torrente de dinero público con que se financia a los
actores de la política estatal. Sus representantes partidarios o con cargos
públicos forman la clase política encargada de asegurar el sometimiento de la
sociedad a sus reglas y políticas, a la dominación del capital, asumiendo todos
con denuedo, aunque no sin matices, la función de reproducir el orden
conservador realmente existente.
De
esta forma, el viejo régimen supuestamente derrotado en el 2000 se restaura por
todas partes y revalida su legado antidemocrático y autoritario, lo mismo que
las políticas estatales en vigor desde el viraje neoliberal de 1982. El
gobierno de Vicente Fox y el PAN reprodujo en realidad el mismo sistema y
relaciones de dominación, actuó bajo las reglas de la vieja cultura política
autoritaria y continuó poniendo en práctica el conjunto de las políticas
económicas y sociales fabricadas a nivel mundial por el neoliberalismo que
impuso el Consenso de Washington. A ellos les correspondió asegurar una mayor
sumisión a las políticas del gobierno imperial estadounidense y a los intereses
de las grandes empresas mundializadas. Su aporte distintivo se cifró en la redención
de las fuerzas conservadoras más extremistas, potenciándolas con fondos
públicos y la protección del aparato de Estado, reconstituyendo la influencia
ancestral de la Iglesia católica en la vida social, política y económica de
México. La transición democrática quedó en el limbo, la crisis política no
encuentra salidas.
Elecciones
bajo control
Aunque
las elecciones del 2 de julio de 2006 ofrecieron resultados inesperados, en
realidad fueron largamente preparadas no sólo por quienes controlan el poder
del Estado y del dinero, sino igualmente por quienes se autoproclamaron como
una alternativa de nación, de izquierda, que
nunca delinearon con trazos claros y precisos. Sobre todo a nivel de las
presidenciales, cuyo preámbulo arrancó prácticamente desde 2003, luego de las
elecciones intermedias y de que el propio Fox abriera prematuramente la campaña
presidencial al evidenciar el vacío de poder y un gobierno a la deriva causados
por su incompetencia.
Desde
entonces se estrechó la alianza entre el PRI y el PAN. 2004 inició con los
videos escándalos dirigidos a desprestigiar a Andrés Manuel López Obrador
(AMLO), jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien desde el inicio de su
gestión (2000) fue preparando las condiciones para suceder a Vicente Fox257. Un
año después, el PAN y el PRI, junto con los tres poderes constitucionales (el
presidente, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el Congreso de la
Unión), emprendieron una ofensiva a fondo para inhabilitar a AMLO por medio del
desafuero y su salida del GDF, apoyados en un pretexto fútil: un supuesto
desacato a un mandato judicial ridículo, relacionado con la construcción de una
calle en un predio en litigio258. En ambos casos, se buscó judicializar la
política, lo que terminó por degradar la atmósfera nacional, evidenciando la
arbitrariedad de la procuración de justicia en el país y la ausencia de
independencia del Poder Judicial, supeditado al ejecutivo. Contaron para sus
fines con los medios de comunicación masiva que buscaron anular las
posibilidades de AMLO de competir por la Presidencia de la República. El poder
mediático apareció como vocero, cuando no líder, del poder del capital, del
cual forma parte y quien decide la trama de las políticas y la agenda
nacionales.
A
pesar de los recursos y medios de tan poderosa coalición de fuerzas
oligárquicas, las ofensivas desde la cima del poder no prosperaron y en cambio
terminaron por favorecer a AMLO. Mientras más desmesurados y furibundos eran
los ataques en su contra, más brotó y creció el rechazo de cada vez más amplios
sectores sociales contra el abuso de poder y la arbitrariedad que revelaban.
Esos
acontecimientos prepararon la campaña electoral de 2006 y le imprimieron su
sentido. Escándalos de todo tipo, negocios sucios inocultables de la clase
política toda y en especial de la familia presidencial; la corrupción del poder
público, del capital y la Iglesia (los poderes ancestrales), fueron todos
elementos que contaminaron la vida política nacional, sembrándola de disputas
sucias y contradicciones que la descompusieron. El régimen político mexicano
solamente se había renovado con ropajes pretendidamente democráticos que no
hicieron sino imprimirle un sentido unidimensional a la política, al ser
reservada a actores políticos profesionalizados y restringida al terreno del
Estado. Las reformas políticas que se sucedieron desde 1977 no hicieron sino
administrar la exclusiva de la participación política concedida a los partidos
legalizados. Titulares del monopolio de la acción política, los partidos venden
o alquilan entonces sus franquicias (su registro, su personalidad jurídica, sus
símbolos), atrayendo a todo tipo de individuos y grupos de poder. Con un
financiamiento público desmesurado, los partidos potenciaron su presencia
pública echando mano del marketing político y las relaciones clientelares, que
determinaron sus estrategias políticas. Organizan así, en cada momento,
combinaciones electorales cambiantes y movedizas dirigidas a ampliar su
influencia en el mercado político.
Para
las elecciones del 2006, el PRI y el PRD se presentaron en tanto Alianza por
México el primero (junto con el Partido Verde Ecologista de México) y el
segundo como Coalición por el Bien de Todos (CBT), aliado al Partido del
Trabajo y al Partido Convergencia. El PAN tuvo que presentarse sólo. Esas tres
“opciones”alistaron sus maquinarias electorales y sus candidatos,
particularmente los presidenciales, conforme al dictado de encuestas y estudios
de opinión. La campaña electoral sería básicamente una guerra en los medios.
Las numerosas campañas que se
257
Véase al respecto Jenaro Villamil, Julio Scherer Ibarra, La guerra sucia de
2006. Los medios y los jueces, Grijalbo, México, 2007, pp. 45 y ss.
258
Véase mi artículo “México. El desafuero
de López Obrador y la crisis política que no cesa”, Viento sur, Madrid, Año XIV, n° 81, Julio 2005. También fue
publicado bajo el título “El desafuero y la crisis política que no cesa”,
Rebeldía, México, n° 31, mayo 2005.
entrecruzaron
(estatales, municipales y nacionales) se condensaron evidentemente en las
presidenciales que condicionaron a las demás. De esta manera, Andrés Manuel
López Obrador, Felipe Calderón y Roberto Madrazo, candidatos presidenciales de
la CBT, el PAN y la Alianza por México, arrancaron la campaña oficial en
posiciones muy disparejas: AMLO con una ventaja de alrededor del 10 por ciento
respecto a Felipe Calderón y más respecto a Madrazo259. La última etapa de las campañas electorales no
solamente fue muy intensa y despiadada, sin reglas ni principios, sino que
también estuvo confrontada y puesta en entredicho por una nueva irrupción
política del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y por
movilizaciones y conflictos político-sociales que no dejarían de manifestarse e
incidir en los resultados.
Alerta
roja zapatista
Una
alerta roja del ELZN en las comunidades rebeldes de Chiapas interrumpió, en el
mes de junio de 2005, los soliloquios y las intrigas preelectorales de la clase
política y distrajo en particular a algunos medios intelectuales que se
interrogaron y especularon sobre las razones. Pero, en realidad, se trataba de
discutir en colectivo, respecto al balance de su organización y la situación
nacional, y decidir “un nuevo paso en la lucha”260. Acorralados en la Selva
Lacandona desde el regreso de la marcha del Color de la Tierra de 2001 luego
que los tres poderes (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) rechazaron la reforma
indígena, ignorados por los medios de comunicación, eludidos cuando no atacados
por innumerables conversos, los zapatistas en realidad pasaron a la ofensiva
aprobando y difundiendo la Sexta Declaración de la Selva Lacandona261. A ésta
le siguieron seis reuniones preparatorias y la asamblea nacional plenaria que
el EZLN llevó a cabo en agosto y septiembre de 2005 en distintas comunidades,
para preparar y organizar lo que denominó la otra campaña, que se fue
desarrollando a lo largo de 2006 como un proceso de reorganización y
movilización de largo aliento que muchos vieron contrapuesto a la campaña
electoral. De nuevo, el EZLN apareció como intruso que llegaba a perturbar los
procesos y los tiempos políticos oficiales devenidos una suerte de espectáculo
mediático.
En
una atmósfera política saturada por los escándalos y la mutuas
descalificaciones de las elites, donde prevalece la muy opaca intoxicación
mercadotécnica, sin programas ni propuestas de fondo, el EZLN resumió en la
Sexta Declaración de la Selva Lancadona la trayectoria de su lucha, su modo de
ver el mundo y el país, convocando a la sociedad, a los trabajadores del campo
y la ciudad, a los otros oprimidos, a reflexionar e intervenir directamente en
los asuntos que les competen, a fin de preparar una alternativa anticapitalista
al orden conservador prevaleciente (de abajo y a la izquierda) y dar curso a
otra forma de vivir la política. Ante la desmovilización, subordinación y
resignación que propician los de arriba, los zapatistas convocaron a organizar
la resistencia al neoliberalismo y la represión, a encontrar las vías de
continuidad y confluencia de movilizaciones autónomas dispersas por doquier que
bien podrían devenir caudaloso torrente.
El
EZLN brega por un reagrupamiento político-social sostenido en principios y
normas muy distintos a los que rigen en el ámbito de la política estatal,
supeditado a la lógica arrolladora del orden neoliberal; se propuso recorrer el
país para encontrar a gente muy diversa que lo habita, oír historias de
resistencia, conocer quejas y reivindicaciones, asimilar experiencias de lucha,
de organización, de gestión, de autogobierno; escuchar la voz de quienes no
tienen voz porque les confiscaron los medios de expresión, sus identidades, su
memoria o porque han sobrevivido en el abandono y la marginación, tras
fronteras y cercos que los segregan y los aíslan. Contribuir así a rehacer la
trama de lo colectivo desgarrado por el neoliberalismo y la política estatal y
apostar a la comunidad como el espacio de la política de abajo. El PRD y los
sectores o intelectuales vinculados
259
Sobre las encuestas, ver Villamil y Scherer, op. cit., pp. 37-38.
260Subcomandante
Insurgente Marcos, Comunicados del EZLN en el mes sexto del año 2005, Separata
de Rebeldía, México, n° 32, junio 2005.
261
Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN, Sexta
Declaración de la Selva
Lacandona,
Separata, Rebeldía, México, n° 33, junio 2005.
se
lanzaron duramente en contra de la Sexta y la otra campaña, porque ponían en
evidencia la fragilidad de un proyecto político que descansaba en un candidato
presidencial que solamente se diferenciaba de sus adversarios por el estilo
personal y las expectativas alimentadas en forma desmesurada entre la población
por una gestión en el GDF sostenida en políticas clientelares y
asistencialistas. Delegados zapatistas recorrieron el país al tiempo que
avanzaba y se descomponía la campaña electoral, sobre todo la presidencial.
Toda suerte de organizaciones, núcleos sociales, pueblos, individuos de
variados orígenes y ocupaciones fueron encontrándose, tejiendo la trama de lo
colectivo y convenciéndose de la necesidad vital de resistir superando
disgregaciones y desigualdades provocadas por el neoliberalismo, para avanzar
en la construcción de un movimiento político-social de gran alcance,
alternativo en concepciones y prácticas al capitalismo y su senda de
explotación, despojo, dominación y violencia. Más pronto que tarde, la mayoría
de los medios ignoraron los pasos de la otra campaña, al no encontrar en ella
elementos espectaculares que les permitieran alimentar los escándalos
mediáticos de la campaña electoral.
Polarización
política
La
polarización de la clase política y en general de todos los actores de la
política de arriba (partidos, empresarios, medios, asociaciones diversas, etc.)
involucrados en las campañas electorales, había sido anunciada y alimentada
desde hacía varios años y no dejó de empeorar durante el 2006. En lo
fundamental, fueron campañas realizadas a través de los medios de comunicación
masiva. Los topes de campaña legales fueron rebasados con creces, pero la ley
electoral sólo prevé sanciones monetarias que no se traducen sino en recortes
limitados de las subvenciones públicas de los propios partidos. Se trató de una
avasalladora compaña de propaganda sucia y calumniosa, incluso racista y
violenta, dirigida a desprestigiar y derrotar al candidato de la Coalición por
el Bien de Todos, la que acabó por descomponer la atmósfera política nacional,
causando no sólo miedo, parálisis, sino básicamente una polarización
político-social de grandes proporciones.
Pero
no fue una confrontación entre los actores partidarios en disputa por la
Presidencia del la República. Implicó la intervención de actores políticos
expresamente excluidos por las leyes electorales. En especial, el presidente
Vicente Fox, quien debería haberse mantenido alejado de la contienda en tanto
jefe de Estado y del gobierno, y que en cambio realizó desde siempre una
intensa y costosa campaña personal y mediática para detener a AMLO e impulsar
al candidato del PAN. Más todavía, los programas sociales a cargo del gobierno
federal se pusieron al servicio de la campaña de Felipe Calderón, como se
denunció recurrentemente. Toda la fuerza del Estado –como decían los priístas
en sus tiempos de gloria– se utilizó de nuevo contra el candidato perredista,
al igual que en los momentos de la ofensiva del desafuero.
Asimismo,
organismos empresariales impedidos legalmente a realizar propaganda electoral
en los medios y numerosas asociaciones civiles la mayor de las veces
fantasmales, difundieron muy agresivos e ignominiosos anuncios pagados en radio
y televisión en contra de López Obrador, haciéndose eco de la acusación de que
era un peligro para México. En los hechos dividieron clasistamente la campaña.
La Iglesia también hizo su aporte desde los púlpitos y los enlaces
confesionales. Se echó mano de todos los recursos, no sólo los mencionados,
sino igualmente del Internet, el correo electrónico (siete millones enviados
desde Los Pinos, residencia oficial del gobierno), los mensajes y llamadas
telefónicas inquietantes, los rumores262. Un clima de desasosiego, de recelo,
propicio al temor, la parálisis, la desconfianza y la incertidumbre orquestados
por el presidente Fox. La política, como nunca devino una auténtica pesadilla.
Salvo excepción, a pesar del escándalo público, de la degradación de la campaña
y de su ilegalidad, ni el IFE ni la FEPADE (Fiscalía especial para la atención
de los delitos electorales de la Procuraduría General de la República) ni los
tribunales intervinieron para detener y sancionar esas acciones violatorias de
la legalidad del proceso electoral. Sus actos y omisiones empeoraron la pérdida
de
262
El propio AMLO detalla los gastos y acciones gubernamentales al respecto. Véase
su libro La mafia nos robó la presidencia, Grijalbo, México, 2007, pp. 205 y
ss.
confiabilidad
y legitimidad de las instituciones estatales que deberían asegurar la
legalidad, equidad, transparencia y credibilidad del proceso electoral y la
confiabilidad de sus resultados.
La
coalición oligárquica recompuesta durante la campaña electoral impulsó en todos
los niveles y espacios la polarización política, social e ideológica como
estrategia de guerra contra la CBT, especialmente contra AMLO. Andrés Manuel
López Obrador y los partidos de la Coalición por el Bien de Todos no supieron
responder a esa acometida aplastante. López Obrador siempre, hasta el final,
actuó a la defensiva, sin formular ni armar la alternativa política que
pretendía, ni comprometerse con demandas sociales perseguidas por numerosos y
muy diversos núcleos sociales confrontados al poder que lo había condenado,
estuvo lastrado en cambio por su estado mayor de viejos priístas, cuyas
acciones fueron un fiasco, así como por un PRD paralizado por disputas internas
causadas por las ambiciones y los intereses contrapuestos de las bandas
mafiosas que lo integran. Las campañas estuvieron exentas de propuestas
políticas, de programas, de compromisos claros y precisos con la sociedad o al
menos algunos de sus sectores, particularmente los de abajo. Los discursos de
todos los partidos y candidatos se confundían y en suma partían todos, se
enmarcaban acomedidamente, dentro de los parámetros de las políticas
neoliberales todavía hegemónicas en el mundo.
El
escándalo ensordecedor de las campañas sucias no permitió reflexionar sobre la
casi nula diferenciación de las propuestas de todos los partidos y candidatos.
Había matices, tonos, estilos, pero dentro de una misma lógica y grandes
objetivos: la macroeconomía del neoliberalismo, el Estado acotado, la política
estatal (parlamentaria, gubernamental, electoral) restringida a los actores
institucionales (la política de las elites, la exclusividad participativa de la
clase política ampliada), el clientelismo y la regimentación de los de abajo,
más que su movilización, participación y autonomía. Exclusión económica,
despojo de recursos naturales y comunidades, precarización del trabajo,
confiscación y degradación de la política. En fin, partidos y candidatos refrendaron
en forma reiterativa su compromiso de actuar, con matices y modos particulares
pero con firmeza, dentro de los parámetros y coordenadas del capitalismo
neoliberal que, como sostienen los zapatistas, “se basa en la explotación, el
despojo, el desprecio y la represión”263.
Campañas
mediáticas avasalladoras, pero sin interlocución con la gente, con sus
preocupaciones, necesidades, aspiraciones y luchas. La sociedad concebida como
televidente, como radioescucha. Relaciones y promesas entabladas y ofertadas
solamente a las clientelas, por medio de personajes clave que aseguran los
votos, la lealtad e inclusive los mítines escenográficos sobre el terreno. En
la política profesional acondicionada por el régimen y la clase política toda,
ya no hacen falta las bases de apoyo masivas, sociales, diversas y clasistas
que se movilicen, que participen, que opinen, que comprometan su vida,
inviertan su experiencia. En su lugar se requieren espectadores que acepten los
mensajes partidarios, los desplantes de los actores ataviados de formas
indiferenciadas, muchedumbres fragmentadas devenidas audiencias pasivas, que
por consiguiente se resignen a que otros actúen y decidan por ellos, a que
otros hagan la política, los reemplacen, los representen, les arreglen en la
medida de lo posible la vida o al menos los colmen de promesas, de esperanzas
siempre fallidas, pero renovadas sin fin. Pueden cambiar de canal, de programa,
de personaje favorito; consumir escogiendo entre la variedad de productos que
se les ofrecen, pero no apagar la televisión o el radio ni cambiar de lógica y
menos perseguir otros derroteros independientes que labren su autonomía. Por
esto la otra campaña y el EZLN suscitaron tantos odios entre los actores
institucionales, quienes los lapidaron con su silencio mediático y su desprecio.
Luchas
sociales e inconformidad de los de abajo
La
polarización político social no se expresó solamente en el terreno de la
política estatal y de las elecciones en proceso. También estallaron conflictos
y luchas que alcanzaron repercusión nacional y hasta internacional y acabaron
por marcar y desenmascarar en forma definitiva al gobierno de Fox.
263
Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del Ejército
Zapatista de Liberación Nacional,
Sexta
Declaración…, cit., p. 10.
El
caso más notable fue la represión policíaca en Texcoco y Atenco, estado de
México, los días 3 y
4 de
mayo de 2006, donde gobernantes de todos los partidos y niveles
institucionales, de la presidencia municipal (PRD) al gobierno estatal (PRI),
hasta llegar a la presidencia de la República (PAN), pusieron una trampa contra
el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), participante destacado de
la otra campaña, que años atrás había impedido la construcción de un nuevo
aeropuerto internacional en sus tierras, precisamente el mayor proyecto del
entonces recién inaugurado gobierno del cambio264. Pero igualmente el caso del
estallido de la mina de Pasta de Conchos, Coahuila, en la madrugada del 19 de
febrero, donde 65 mineros resultaron muertos, así como el conflicto de la
Siderúrgica Lázaro Cárdenas Las Truchas (SICARTSA), donde la ocupación de los trabajadores
de la planta en defensa de su autonomía sindical ante la intromisión del
gobierno foxista, fue pretexto para que el 20 de abril fuerzas policíacas
realizaran un fallido intento de desalojo violento, asesinando a dos
trabajadores e hiriendo a 40 más. Los maestros de Oaxaca –en huelga desde el 22
de mayo–, mantenían un plantón permanente en el Zócalo de esa ciudad
difundiendo su movimiento, cuando, el 14 de junio, sufrieron el ataque de más
de 2000 policías que pretendieron desalojarlos fallidamente, casi en vísperas
de las elecciones, lo que politizó una lucha profesional, sindical; encontró
una respuesta insólita de los habitantes de esa región sur del país, quienes se
levantaron dando vida a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y suscitando
un conflicto político social de grandes proporciones que no cesa265.
La
Policía Federal Preventiva y las fuerzas policiales estatales –e incluso en
ocasiones del ejército y la marina– intervinieron en todas esas acciones
represivas con el aval y de los distintos niveles de gobierno, uniendo en la
complicidad represiva a los tres principales partidos: PAN, PRI, PRD.
Ante
esos casos, a los que se podrían añadir numerosas luchas y resistencias contra
el despojo, la explotación, la exclusión, el abuso y la represión que fueron
brotando a lo largo del trayecto de la otra campaña en toda la geografía
nacional, los distintos candidatos de ninguna manera intentaron acercarse a los
descontentos y agraviados, apoyar sus demandas, promoverlas, darles voz o al
menos comprenderlas. Al contrario, invariablemente y en forma generalizada, los
ignoraron o de plano condenaron los conflictos que perturbaban la
“tranquilidad” del proceso electoral y hasta algunos llamaron a ejercer la
represión para restaurar el orden, tratando de aparecer con “mano firme”;
candidatos y equipos de campaña se interesaron sólo cuando intuían que podían
mover las cifras de las encuestas. Todos esos conflictos revelaron el enojo, la
inconformidad y el rechazo de los de abajo a resignarse, enfrentando a las
fuerzas represivas en una situación desventajosa. Incidieron de una u otra
manera en las elecciones. Lo más evidente se dio en Oaxaca, pues se produjo un
voto de castigo al PRI que favoreció a AMLO y a la Coalición por el Bien de
Todos. Pero lo más importante es que se agravaron y pasaron a otra dimensión
netamente política, persisten sin solución, como en Oaxaca con la APPO que
lucha por la caída del gobernador Ulises Ruiz, o no han dejado de acarrear
movilizaciones nacionales e internacionales de indignación y solidaridad con
las víctimas de las violaciones y abusos policíacos como en el caso de Atenco y
Texcoco. Incluso, a contra corriente, acabaron por romper el cerco de silencio
de los medios e inquietaron a personajes de la clase política cuyas
complicidades quedaron al descubierto, y quienes pasaron de la condena y la
exigencia de dureza (“aplicación irrestricta de la ley”) al desconcierto. Más
todavía, derrotaron el intento de la clase política toda de imponer el miedo y
la parálisis entre la gente para que se resignara a someterse a la política de
arriba.
En
el fondo, la convergencia en los hechos de la otra campaña y esas
reivindicaciones ponen en evidencia la existencia de dos lógicas que se separan
y contradicen de más en más y que están dando lugar a procesos políticos muy
diversos, hasta encontrados. Por un lado, la lógica de la política estatal
excluyente que aparece como una pesadilla envolvente sostenida en el apremio
por disfrute perverso del poder, el que agudiza las contradicciones del Estado,
las reacciones intransigentes de todos sus actores (los gobiernos, los
partidos, la clase política, el capital), la
264
Vid. Edith E. Kuri, “Claves para decodificar un actor colectivo: el caso del
movimiento de San Salvador Atenco”,
Argumentos,
Estudios críticos de la sociedad, UAM-X/ DCSH, México, Nueva época, n° 51.
265
Vid. Nasrédine Hodja, “La batalla de Oaxaca”, La Guillotina, México, n° 56,
primavera 2007 y sobre todo Diego Enrique Osorno, Oaxaca sitiada. La primea
insurrección del siglo XXI, Grijalbo, México, 2007.
degradación
y la falta de legitimidad, la puesta a andar de la enorme maquinaria represiva.
Mientras que, por otro lado, sectores sensibles de los oprimidos y excluidos
impugnan los efectos excluyentes de esa política, resisten de mil maneras y
avanzan en la reorganización autónoma de sus pueblos y comunidades, de muy
variados sectores sociales y hasta tratan de encontrar otra forma de vivir la
política en colectivo y desde abajo, como en el caso de la otra campaña
impulsada por el EZLN y la experiencia reveladora de la APPO.
Confusión
e incertidumbre sobre el futuro de una democracia restringida
Si
bien se trató de una trama anunciada, los resultados electorales del 2 de julio
de 2006 sorprendieron, primero que a nadie a López Obrador, quien un año antes
ya se consideraba vencedor. El IFE actuó todo el tiempo con parcialidad,
omisión o torpeza y el día de la elección administró la información sobre las
votaciones de manera que apareciera todo el tiempo por arriba el candidato
presidencial del PAN. Durante varias semanas se polemizó sobre esta situación y
una buena parte de académicos, intelectuales e incluso medios de comunicación
afianzaron la idea de que se habían alterado los resultados a favor del
panista, dejando a López Obrador en el segundo lugar por sólo medio punto: 15
millones 284 votos (35.89%) contra 14 millones 756 mil 350 votos (35.31%), de
un total de 41 millones 791 mil 322, apenas el 58.55 % del total nominal,
incluyendo los votos de los mexicanos residentes en el extranjero. De ese
total, 904 mil 604 votos (2.16 %) fueron nulos. A pesar de la polarización y de
las largas y estruendosas campañas, la votación estuvo por debajo de la
alcanzada en el 2000, cuando participó con su voto el 63.97 % de los inscritos.
De esta forma, resultaron poco confiables y confrontadas en extremo las
primeras elecciones presidenciales efectuadas luego de la derrota, en el año
2000, del llamado régimen de partido de Estado. La alternancia democrática,
simbolizada por un presidente incompetente, con un gobierno a la deriva que
reprodujo en forma burda los peores vicios del régimen priísta, desembocó en la
renovación de la pérdida de confianza en los procesos institucionales, cuya
legitimidad queda de nuevo puesta en entredicho.
No
se trató de una contienda justa ni legal: dinero en exceso en las campañas para
nada regulado a pesar de los topes legales; uso corrupto de los fondos públicos
y los dineros privados, oscuros o no; abuso en la utilización arbitraria de los
medios electrónicos; restauración de los mecanismos clientelares y de las
trampas fraudulentas del viejo régimen, así como de las prácticas facciosas de
las instituciones. Ante las impugnaciones de la CBT y la exigencia de apertura
de los paquetes electorales y el recuento de las votaciones de la elección
presidencial (“voto por voto, casilla por casilla”), el Tribunal Electoral
(TEPJF), más conocido como TRIFE, ordenó que se volvieran a contar 11, 720
casillas, alrededor del 10 % del total. El resultado fue que se encontraron
alteraciones generalizadas como votos de más o de menos en las urnas respecto
al número de votos emitidos o de personas registradas en el padrón electoral,
así como votaciones disminuidas sobre todo de AMLO. Urnas embarazadas, saqueo
de votos, falsificación de actas de escrutinio, fueron fenómenos que se
soslayaron por parte de los partidarios del statu quo, sin importarles que
enturbiaran la pretendida transparencia de las votaciones y cancelaran la
certidumbre en los resultados electorales. Más tarde, el 5 de septiembre, el
TRIFE declararó la validez de la elección presidencial del 2 de julio y declaró
presidente electo al candidato del PAN Felipe Calderón266. Inconsistente,
contradictorio, irresponsable, reprobable, insostenible, ridículo, fueron algunos
de los adjetivos con los que se comentaron las más de 300 cuartillas de un
histórico Dictamen que reconoce manipuleos, violaciones, ilegalidades, abusos
de personajes como el Presidente Fox, destacando que violó la Constitución, la
ley electoral y puso en “riesgo… la validez de los comicios”; lo mismo de
organismos empresariales y civiles de relevancia o desconocidos. No obstante,
se declara incompetente el TRIFE para valorar el impacto que pudieran haber
tenido en el proceso y para nada se planteó la anulación de la elección
presidencial. Ni siquiera porque el cómputo definitivo redujo la ventaja de
0.58 a 0.56 % de votos.
266
Dictamen relativo al cómputo final de la elección de Presidente de los Estados
Unidos mexicano, declaración de validez de la elección y de presidente electo.
Comisión dictaminadora: magistrados Alfonsina Berta Navarro Hidalgo y Mauro
Miguel Reyes Zapata, México, 5 de septiembre del año dos mil seis.
Sí
se violó la ley, se actuó abusivamente, se difamó al adversario, se alteraron
las cifras, pero no parece que esto haya sido relevante ni que pudiera haber
incidido en las votaciones hasta cambiar su resultado… De esta forma, el largo
y conflictivo proceso electoral concluyó en la confusión, el descrédito y la
incertidumbre sobre el futuro de una democracia restringida ahora desgarrada,
distorsionada por prácticas ilegales e insolentes del poder y del dinero. El
régimen autoritario, reconstruido por el foxismo en alianza duradera con el
viejo priísmo, despoja a las instituciones estatales encargadas de los procesos
electorales y la justicia de la poca credibilidad que habían logrado en años
anteriores; la legalidad en México sigue siendo como siempre acomodaticia,
sometida al arbitrio del poder y el dinero. Empero, las relaciones de fuerza,
los cambios de bando, las conversiones de diferentes actores políticos y
personajes no dejan de producirse y dar forma a nuevos realineamientos y
propuestas políticas. Si bien los actores institucionales mantienen la misma
lógica estatal que los determina y somete a sus intereses específicos, la
frustración y el desencanto en núcleos sociales muy amplios puede derivar en
apatía, o en quiebra de ilusiones que pudieran desencadenar la búsqueda de
otras vías y medios de participación política, los que ya se ensayan en muchos
lugares.
El
desencanto ante el fraude y la imposición de Felipe Calderón pueden acelerar la
desilusión por la política estatal y cerrar la opción electoral como
posibilidad de recambio político. En un primer momento se logró cierta solución
de continuidad entre la movilización ciudadana contra el desafuero intentado
por el foxismo y el repudio al fraude electoral que impuso a Felipe Calderón
como presidente usurpador. Las respuestas de AMLO, sin embargo, fueron
inseguras, titubeantes y contradictorias, evidenciando su estupor por
resultados que jamás entraron en sus cálculos. El 30 de julio, en la Ciudad de
México, con simpatizantes de distintos estados de la República, el movimiento
de resistencia civil se declaró en asamblea permanente contra el fraude
electoral. Instaló entonces 47 campamentos a lo largo de los diez kilómetros
del corredor Reforma-Juárez- Madero-Zócalo, arteria citadina central que es al
mismo tiempo uno de los circuitos financieros principales del país. El 15 de
agosto, López Obrador convocó a realizar el 16 de septiembre la Convención
Nacional Democrática (CND), a fin de organizar la resistencia civil y pacífica
en caso de que se consumara la imposición del candidato de la derecha, así como
para decidir que hacer “ ante la actual circunstancia”.
Durante
los dos meses y medio que duraron el llamado megaplantón y la asamblea
permanente en el Zócalo, AMLO fue radicalizando su discurso, pero ni en los
plenos ni en las numerosas actividades que se realizaron en forma recurrente en
los plantones se admitieron posibles errores que pudieran haberse cometido
durante el proceso electoral, ni mucho menos se reflexionó sobre esa
circunstancia. Tal vez por esto se privilegiaron las actividades culturales y
artísticas para dar vida al plantón organizado en distintos campamentos. El
clima imperante fue de autoafirmación y rechazo a cualquier crítica,
reproduciendo la misma actitud defensiva que prevaleció durante la propia
campaña electoral. Muchos de los intelectuales y académicos, así como voceros
de los distintos partidos de la CBT, que pronto devino Frente Amplio
Progresista (FAP), legalmente registrado ante el descalificado IFE,
prosiguieron condenando a quienes no se sumaron a la campaña electoral desde la
izquierda. Se armó entonces una suerte de grupo de partidarios incondicionales
de AMLO, un “lopezobradorismo ilustrado”267 que alimentó una intolerancia
extrema que se revela como otra forma de la violencia. La CND del 16 de
septiembre, en realidad fue un mitin tumultuario que rebasó a la manifestación
del silencio contra el desafuero del entonces jefe de Gobierno del DF.
Desconoció como “usurpación” la presidencia de Felipe Calderón, proclamando
“presidente legítimo de México” a Andrés Manuel López Obrador. El plan de
acción de la CND se limitó a portar listones tricolores, no consumir productos
ni servicios de empresas que favorecieron a Calderón, no escuchar noticiarios
mentirosos y parciales, realizar cadenas humanas, jornadas de propaganda y
otras acciones de carácter propagandístico. Asimismo, acordó preparar acciones
para el 1 de diciembre ante la toma de posesión de Calderón y una nueva reunión
de la
267
Subcomandante Insurgente Marcos, “L@s zapatistas y la otra: peatones de la
historia”, Rebeldía, México, n° 46, octubre 2006.
CND
el 21 de marzo de 2007268; realizadas ambas sin pena ni gloria, aunque la
primera en medio de un escandaloso cerco militar.
La
reunión de la CND permitió a López Obrador y al FAP desmontar el megaplantón.
Éste, sin duda, fue muy distinto a cualquier otro organizado plebeyamente. Se
caracterizó por enormes recursos materiales, porque los campamentos
acuartelaron a muchos dirigentes, funcionarios, representantes y militantes
partidistas de numerosos lugares del país y de las direcciones nacionales,
locales y del Distrito Federal, lo mismo que miembros de la estructura de
cargos institucionales alcanzados por la coalición y sus clientelas, en su
mayoría del PRD. Pocas acciones se realizaron por fuera o al margen de los
campamentos. Más bien, se desplazaron delegaciones de militantes y
simpatizantes de diferentes lugares de la república, que llegaban en forma
rotativa a poblar el plantón y los mítines. El megaplantón congregó también de
manera significativa a incontables simpatizantes inorganizados, a gentes que
buscaron el medio y el momento para expresar su descontento y su rechazo a la
imposición fraudulenta del renovado viejo régimen autoritario, estimulando
actividades imaginativas que le imprimieron notoriedad.
Se
disolvieron en el aire muchas teorizaciones desmesuradas realizadas por parte
del lopezobradorismo ilustrado acerca de los sentidos y alcances de la llamada
CND, que iban desde el doble poder a la crisis revolucionaria. Lo que resulta
evidente es que AMLO –y en cierta medida la CND– expresaron y alimentaron
ilusiones y esperanzas entre quienes llenaron repetidamente el Zócalo y dieron
vida a los campamentos. El 20 de noviembre de 2006, con la multitudinaria
ceremonia de la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador como
“presidente legítimo”, se cerró prácticamente el ciclo de movilizaciones
poselectorales, ya anunciado desde el levantamiento de los campamentos en el
DF. En ningún momento se vinculó la resistencia civil lopezobradorista con las
movilizaciones sociales que se produjeron y que, sobre todo en Oaxaca, fueron
enfrentadas por el desfalleciente gobierno de Vicente Fox con la ocupación
militar de la ciudad de Oaxaca y el recrudecimiento de los asesinatos, la
represión y persecución. Los presos, reprimidos y violadas de Atenco y Texcoco
tampoco recibieron ninguna solidaridad efectiva. La farsa del gobierno y del
presidente legítimos solamente dejó manos libres a las mafias políticas de los
partidos del FAP, con un doble discurso que chocó con lo fundamental de sus
acciones políticas, determinadas por la pugna por la distribución de espacios
de poder y recursos en el Congreso de la Unión. AMLO se enredó en las
contradicciones de su pretendido discurso radical (“al diablo las
instituciones”) y su intervención en las campañas electorales estatales y la
persistencia de sus acuerdos con priístas, como Juan Sabines, quien se
convirtió en gobernador de Chiapas por el PRD, refrendando en este estado la
alianza del perredismo con paramilitares, agresores y promotores de la guerra
de baja intensidad contra las comunidades zapatistas. Se hicieron patentes el
lastre del equipo cercano a AMLO y las contradicciones insuperables de su
política. Sin autocrítica posible, López Obrador no acertó a definir las perspectivas
de su lucha y los posibles plazos de la misma, se limitó a ignorar al gobierno
de Calderón, que se sentiría aliviado sin la presión de un liderazgo y un
movimiento nacional que podrían haberlo acorralado. El PRD y demás partidos del
FAP cayeron en la fantasía de que las movilizaciones de la resistencia civil
poselectoral representaban el restablecimiento de sus vasos comunicantes con la
sociedad y con la intelectualidad. Pero la lógica de la sociedad, la lógica de
los movimientos sociales son muy distintas a la lógica de los aparatos
políticos. Más pronto que tarde, los aparatos del FAP se enfrascaron en
disputas que mostraron incapaces de darle continuidad a su alianza electoral en
las elecciones estatales del 2007, recayendo en el autismo social. En realidad,
la llamada CND y el “gobierno legítimo” condensan su estrategia en una sola
perspectiva: esperar el llamado de Andrés Manuel López Obrador.
Izquierda
de arriba e izquierda de abajo
Resulta
patente la centralidad de las elecciones en la coyuntura política mexicana de
2006, pero la irrupción de lo social no esperó los resultados electorales,
brotando por todos lados expresiones de inconformidad y resistencia que
desembocaron incluso en una auténtica rebelión popular en
268
La Jornada, 17 de septiembre de 2007 y “calendario de tareas de la CND”,
www.cnd.org.mx/calendario.php.
Oaxaca,
al sur del país. Si bien algunos núcleos sociales organizados, como los
sindicatos de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), se vincularon a la
campaña electoral sosteniendo al candidato de la CBT, otros más desdeñaron la
fiesta de los de arriba. Perseguidos y reprimidos, marginados en realidad de la
vida política devenida exclusivamente estatal, excluidos económicamente o
sometidos a la explotación y la precarización del trabajo, ignorados o
impedidos en sus expresiones culturales o modos de vida singulares,
comunidades, pueblos, asociaciones, colectivos o individuos no dejaron de
bregar en un sentido diverso al de los partidos, enfrascados en una lucha
electoral degradada.
La
irrupción incluso violenta de lo social en la coyuntura electoral introdujo
abruptamente otra lógica distinta a la estatal, la lógica de los oprimidos, no
sólo en resistencia, sino en busca de su propio proyecto alternativo. Como
queda dicho, el caso más significativo fue el de Oaxaca, donde un simple
plantón de maestros con fines salariales fue transformado por la represión
gubernamental en una lucha política que fue abarcando de más en más sectores
sociales hasta englobar a la mayoría de los oaxaqueños. Ante la agresión del 14
de junio, se fueron armando manifestaciones crecientemente masivas (150 mil,
250 mil, 500 mil, 800 mil participantes); la destrucción de la radio mediante la que los maestros difundían
sus demandas, llevó a los universitarios a tomar Radio Universidad; el 1 de
agosto mujeres rebeldes ocuparon las instalaciones de la radio y televisión
estatales y más tarde, cuando éstas fueron destruidas por la acción de
pistoleros del gobernador, la gente respondió tomando 14 radiodifusoras más. “La
radio se convirtió en el instrumento que
enlazó a los barrios organizados, convocó y movilizó a la población”269.
Las movilizaciones condensaron agravios y descontentos que venían de lejos y
asumieron una forma organizada en todo el estado y no solamente de la ciudad
capital: la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO). Ésta retomó las
tradiciones de organización y decisión, de autoorganización y autogobierno de
las comunidades indígenas. Autoorganización y movilización, toma de palacios
municipales por los pueblos, desaparición de facto de los poderes
institucionales del estado, fueron respondidos por parte del gobernador de
Oaxaca con la represión legal y extralegal: pistoleros, cuerpos paramilitares,
policías disfrazados, hostigando y atacando todos a los ciudadanos movilizados.
En respuesta, las barricadas no se hicieron esperar: brotaron por todas partes,
acentuando el carácter plebeyo de la rebelión. Cientos de ellas, controlaron
por completo la ciudad, convirtiéndose no solamente en una forma de defensa
ante los francotiradores y caravanas de la muerte, sino en verdaderas “verbenas
nocturnas”270, en sitios de encuentro, discusión y politización acelerada de
cientos y miles que jamás se habían movilizado o participado en política (sobre
todo jóvenes de los barrios más pobres y marginados). El gobierno de Vicente
Fox fue al rescate de Ulises Ruiz ocupando militarmente la ciudad de Oaxaca
(bajo el disfraz de la Policía Federal Preventiva). Muertos, desaparecidos,
golpeados, dirigentes arrestados, decenas de perseguidos por una justicia
convenenciera, resumieron una verdadera política del terror que preludió el
inicio del nuevo gobierno federal de Felipe Calderón. Otro escándalo de
violaciones burdas de los derechos humanos, ya característicos en México será
documentado por distintas instancias nacionales e internacionales. Ante toda
esa situación extraordinaria, nula respuesta del PRD, del FAP ni de AMLO,
quienes estaban en otra frecuencia, con la mira sólo puesta en el fraude
electoral y su desilusión respecto a las instituciones estatales en las que se
han participado y participan todavía. Solamente el EZLN y la otra campaña
impulsaron movilizaciones internacionales en más de treinta países y una
movilización nacional el 22 de diciembre de 2006 que tuvo su punto central en
Chiapas, donde las bases de apoyo zapatistas se manifestaron en solidaridad con
sus hermanos oaxaqueños.
En
carriles distintos pero convergentes, la otra campaña, por su lado, realizó y
mantiene su larga marcha por todos los rincones del país; no se oye ni se ve en
los medios de comunicación masivos que por lo demás la han ignorado
deliberadamente como una fuerza intrusa y subversiva. Pero durante más de un
año fue tejiendo rebeldías, compartiendo experiencias y formas de organización
269
Luis Hernández Navarro, “Oaxaca: un año después”, La Jornada, 19 de junio 2007.
270
Alejandro Moreno Corzo, “La batalla del 2 de noviembre. De la resistencia como
una de las bellas artes”, La Guillotina, México, n° 56, cit. y George Lapierre,
“La Comuna de Oaxaca: mito o realidad”, idem.
muy
diversas de muy distintos actores colectivos e individuales: comunidades,
pueblos, barrios, colectivos, asociaciones, medios alternativos, trabajadores,
mujeres, individuos de todos los orígenes y medios, etcétera. Esto es, actores
similares a los que protagonizaron la rebelión en Oaxaca. Abajo y a la
izquierda, como lo propuso el EZLN, coinciden en las resistencias al
neoliberalismo que los despoja, desprecia, explota y margina, asumiendo
concientemente una estrategia anticapitalista de largo plazo.
Coincidiendo
con la campaña electoral, la otra campaña asumió primero el carácter de una
búsqueda del diálogo, del reconocimiento, del reencuentro: compartir dolores,
agravios, desilusiones y resistencias. Pero enseguida se fue combinando con la
búsqueda de mecanismos e instancias de coordinación y organización duraderos,
de exploración de necesidades y sueños en vistas a la formulación del Plan
Nacional de Lucha que se quiere colectivo, nacional, brotando desde abajo,
entre los de abajo. Las propias condiciones impuestas por el Estado y la clase
política toda conducen a preparar las condiciones y el terreno para pasar de la
resistencia a la ofensiva y a la lucha franca.
Todos
los estados y regiones del país fueron visitados por los delegados zapatistas
(Subcomandante Insurgente Marcos, comandantes y comandantas) donde sin duda
vivieron experiencias y condiciones que les permiten un verdadero encuentro con
la nación, con los explotados y oprimidos de México. Se han estrechado como
nunca las relaciones e intercambios entre todos los muy diversos y numerosos
pueblos indios del país, pero igualmente con campesinos, trabajadores de
distintos sectores (especialmente maquiladoras), pescadores, jóvenes, mujeres,
todos los diferentes (homosexuales, lesbianas, transexuales), profesores y
universitarios que ven en la otra campaña la posibilidad de otra política
diferente a la estatal, acaparada por los partidos, excluyente y degradada. A
pesar de la alarma de la clase política, la otra campaña no se hizo contra la
campaña electoral ni para impulsar la no participación en las elecciones de
2006. Se trata de otra lógica que a veces choca con la lógica de la política
estatal, pero que en lo fundamental va a contracorriente, en carriles diferentes difíciles de encontrarse.
Por esto resulta absurdo cualquier eventual frente o alianza entre quienes
tienen intereses y objetivos que no solamente no coinciden sino que se
enfrentan y anulan mutuamente. La izquierda de arriba (en particular el PRD) ha
demostrado que sólo busca acomodarse y gestionar los espacios de poder sobre la
base de sus intereses, la mayoría de las veces facciosos. Mientras que la izquierda
que se construye abajo resiste incluso a los agravios de la primera y no
solamente del capitalismo neoliberal. La situación de los actores colectivos,
sus prácticas e intereses, en un contexto de agotamiento y ausencia de
resolución de la crisis del viejo-nuevo régimen político autoritario, agudizan
la crisis política nacional y abren la posibilidad de enfrentamientos que
podrán derivar en una crisis social de grandes proporciones. Las
contradicciones sociales irresueltas, las salidas represivas oficiales y la
ausencia de un gobierno legitimado socialmente, no apuntan sino a la
continuación de la descomposición de un régimen que no encuentra solución de
continuidad.
(Paris,
2008)
Para saber más sobre México:
• Arturo Anguiano, “México. El desafuero de López
Obrador y la crisis política que no cesa”,
Viento
sur, Año XIV, n° 81, Julio 2005, Madrid, 2005.
• Arturo Anguiano, “La degradación política”,
Rebeldía, n° 43, junio 2006, México, 2006.
• Óscar Camacho y Alejandro Almazán, La victoria
que no fue, Grijalbo, México, 2006.
• Comité Clandestino Revolucionario Indígena,
Comandancia General del EZLN, Sexta Declaración de la Selva Lacandona, Separata
de Rebeldía, n° 33, junio 2005, México, 2005.
• Andrés Manuel López Obrador, La mafia nos robó
la presidencia, Grijalbo, México, 2007.
• Diego Enrique Osorno, Oaxaca sitiada. La
primera insurrección del siglo XXI, Grijalbo, México, 2007.
• Elena Poniatowska, Amanecer en el Zócalo. Los
50 días que confrontaron a México, Planeta, México, 2007.
• Raúl Trejo Delarbre, Poderes salvajes.
Mediocracia sin contrapeso, Ediciones Cal y Arena, México, 2005.
• Subcomandante Insurgente Marcos, “La
(imposible) ¿geometría? del poder en México”,
Rebeldía,
Separata, n° 32, junio 2005, México, 2005.
• Subcomandante Insurgente Marcos, Comunicados
del EZLN en el mes sexto del año 2005, Separata de Rebeldía, n° 32, junio 2005,
México, 2005.
• Subcomandante Insurgente Marcos, “L@s
zapatistas y la otra: peatones de la historia”,
Rebeldía,
n° 46, octubre 2006, México, 2006.
• Jenaro Villamil, Julio Scherer Ibarra, La
guerra sucia de 2006. Los medios y los jueces, Grijalbo, México, 2007.
• Guillermo Zamora, El año de la izquierda en
México, Colibrí, México, 2006.
• Revista Contralínea : www.contralinea.com.mx
• Periódico La Jornada : www.jornada.unam.mx
• Revista Rebeldia : www.revistarebeldia.org
• Zapatismo : http://enlacezapatista.ezln.org.mx
El rompecabezas colombiano.
Neoliberalismo, autoritarismo, guerra y salida democrática
Por
Jairo Estrada Ávarez
Profesor
del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia;
director del Grupo interdisciplinario de estudios políticos y sociales;
coordinador del seminario internacional Marx vive; director de la Revista
virtual Espacio crítico, www.espaciocritico.com
A
diferencia de un número importante de países de América Latina, especialmente
de Suramérica, en los que la crisis de los proyectos neoliberales provocó una
nueva configuración del mapa político con la instalación de un amplio espectro
de gobiernos que han sido caracterizados de izquierda o de centroizquierda, el
caso colombiano hace parte del grupo de gobiernos que junto con México, Perú y
Chile ha persistido en la implantación de políticas neoliberales. En Colombia
se ha asistido a una profundización de los rasgos autoritarios del régimen
político con el proyecto político de la seguridad democrática que encarna el
presidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010)271; a una intensificación de la
guerra contrainsurgente en la búsqueda de una solución militar al conflicto
social y armado, que se ha acompañado de una estrategia de creciente
intervención imperialista norteamericana; y a una consolidación del proyecto
económico del neoliberalismo. Todo ello, al tiempo que se han desplegado los
componentes criminales y mafiosos del capitalismo y se ha observado un intento
de institucionalización del proyecto paramilitar.
No
obstante, bajo tales condiciones, de altísima complejidad, se adelanta una
importantísima y valerosa lucha social y política de resistencia, con
proyecciones de alternativa, a través de diversas formas, que se ha visto
alentada precisamente por los cambios políticos ocurridos en la región. Lo que
desde el exterior y aún desde el interior del país se aprecia como un proyecto
autoritario neoliberal, sólido y consistente, muestra –en sentido estricto-
claras tendencias de erosión y de descomposición, que abren un amplio juego de
posibilidades que van desde la reconstitución y reafirmación del régimen hasta
la generación del espacio para un proyecto político progresista, democrático y
popular. Dichas posibilidades han adquirido nuevas dimensiones al considerar el
impacto de la crisis capitalista mundial. En el presente trabajo, se abordan,
en primer lugar, las configuraciones más recientes del régimen político
colombiano y de la tendencia de la acumulación capitalista; seguidamente,
tomando ese referente contextual, se estudian las posibilidades actuales de los
sectores democráticos y de izquierda, teniendo en cuenta algunas expresiones de
la movilización social y popular, así como la experiencia de la organización
política Polo Democrático Alternativo.
Por último, se examinan algunos efectos de la crisis capitalista mundial
Las
piezas del rompecabezas colombiano
El
examen a la situación colombiana se asemeja a la armada de un rompecabezas.
Piezas sueltas, a veces ininteligibles (en apariencia), que cuando se van
articulando, adquieren sentido y muestran una imagen de la complejidad. La
imagen que aquí se intenta mostrar, es la de un proyecto capitalista neoliberal
que se expresa de manera descarnada y violenta, articulando el discurso de la
democracia liberal y el libre mercado, con una tendencia fuerte al
autoritarismo, el
271
Nota del editor: este texto ha sido escrito en 2008 y parcialmente actualizado
en 2009, es decir antes del último proceso electoral presidencial colombiano.
intervencionismo
norteamericano, la intensificación de la guerra y la consolidación de rasgos
mafiosos y criminales de la formación socioeconómica. La crisis capitalista
mundial no ha generado hasta el momento variaciones discursivas en tal
proyecto; más bien ha sido usada para reafirmarlo. Las configuraciones más
recientes indican un acelerado proceso de fujimorización.
Profundización
del proyecto neoliberal y creciente autoritarismo
En
lo corrido del nuevo siglo, contrariando la tendencia general reciente de
América Latina, en Colombia se ha asistido a una profundización del proyecto
neoliberal; se ha dado continuidad a las transformaciones capitalistas
iniciadas hace dos décadas durante el gobierno de César Gaviria Trujillo
(1990-1994). Desde entonces se han seguido los trazos (con algunos altibajos)
de las políticas del Consenso de Washington. Tales políticas fueron reforzadas
desde finales de la década de 1990 al pactarse –en forma sucesiva- tres
acuerdos con Fondo Monetario Internacional, en 1999, 2002 y 2004,
respectivamente. Las políticas de liberalización y desregulación económica, y
de reestructuración neoliberal del Estado habrían de producir un cambio
sustancial en las condiciones generales de la reproducción capitalista,
provocando una transformación estructural del mayor significado en el balance
entre los fondos de acumulación y los fondos sociales de consumo. La
precarización generalizada del trabajo y el deterioro sistemático de sus
condiciones de reproducción, se han visto acompañados de una nueva fase de
prosperidad que, en todo, caso, ha producido reacomodos entre las facciones
capitalistas: algunas inmersas en lógicas mundiales de acumulación; otras
afectadas por los procesos de reestructuración capitalista.
De
particular importancia para el cambio en el balance acumulación-consumo han
sido los rediseños institucionales, esto es, la juridización del proyecto
político y económico neoliberal, la incesante producción de normatividad para
imponer un verdadero cerrojo jurídico, con el que ha pretendido dar legitimidad
y legalidad a las transformaciones capitalistas. Los acuerdos con el Fondo
Monetario Internacional fueron, en sentido estricto, pactos de agendas
legislativas. Siguiendo la línea del Consenso de Washington, los desarrollos
legislativos y las tendencias de política económica se han caracterizado en los últimos años por
la profundización de la liberalización de
los mercados de trabajo, de bienes y servicios y de capitales, la
institucionalización de políticas de ajuste fiscal selectivo para garantizar a
futuro el pago del servicio de la deuda pública, la generación de nuevos y
mayores incentivos al gran capital, la creación de nuevos espacios para la
valorización capitalista, y la formulación de políticas asistencialistas
focalizadas en los sectores más pobres de la población, con las que se buscado
(y logrado) conformar una base social del proyecto neoliberal. Un punto culminante de la estrategia
neoliberal en Colombia ha sido la negociación y firma del Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos (sólo se encuentra pendiente la ratificación del
congreso norteamericano). Dicho tratado, al tiempo que acentuará aún más la
liberalización y la desregulación de la economía y la extenderá a nuevos campos
de la vida económica y social, posibilitará un mayor control económico y
político por parte del imperialismo norteamericano y sus trasnacionales. En esa
misma dirección se encamina la negociación de un tratado similar con la Unión
Europea que, de acuerdo con la agenda gubernamental, espera firmarse en el mes
de octubre de 2009.
Con
la llegada a la presidencia de Álvaro Uribe Vélez en el año 2002, se reforzó el
giro autoritario que venía produciéndose en los últimos años del gobierno de
Andrés Pastrana (1998-2002). El fracaso de las conversaciones entre éste último
y la guerrilla de las FARC-EP, estimuló la formación de un consenso político de
las élites dominantes por buscar una salida militar al conflicto social y
armado. Dicho consenso se construyó con el respaldo de los principales grupos
económicos, los gremios del capital, los principales medios de comunicación,
sectores de la iglesia, sectores mayoritarios del Congreso, las fuerzas
militares, y fue apoyado por la intelectualidad de derecha; su expresión sería
el proyecto de seguridad democrática de Uribe Vélez.
El
proyecto de seguridad democrática descansa sobre cuatro postulados:
1.-
En Colombia no hay un conflicto social y armado, sino una amenaza terrorista
contra la sociedad, que proviene esencialmente de unos grupos terroristas que
se lucran del negocio del narcotráfico.
2.-
La confrontación exitosa de la amenaza terrorista justifica la limitación de
derechos civiles y políticos, entre otras cosas, por cuanto parte de los apoyos
estratégicos de la subversión armada se encontrarían mimetizados dentro de la
población civil.
3.-
La solución de los principales problemas de la sociedad colombiana (de
inversión, crecimiento, empleo, distribución de ingreso y pobreza) se resuelven
con una decidida política de seguridad que derrote la amenaza terrorista.
4.-
La construcción de un Estado comunitario representa el proyecto alternativo a
esa amenaza terrorista. Se trataría de una variante corporativista de la
fórmula democracia liberal más libre mercado, en cuya base se encontraría la
política de seguridad.
Tal
proyecto supone igualmente la inclusión directa de sectores medios y pobres de
la población y pretende construirse eliminando las mediaciones de los partidos,
o conformando remedos de ellos, para seguir de manera irrestricta e
incondicional al Presidente. Este proyecto se fundamenta igualmente en una
incesante producción de comunicación y de opinión que muestra la figura
presidencial como una persona única, dotada con cualidades excepcionales, casi
mesiánicas; una especie de salvador del país. El proyecto de Uribe Vélez
representa en realidad la institucionalización de un régimen de excepcionalidad
permanente, que pretende el control sobre todos los poderes públicos y
ciudadanos. Y debe reconocerse que ha avanzado en ese propósito;
particularmente con la aprobación de la reforma constitucional que habilitó la
reelección presidencial y permitió su segundo mandato para el período
2004-2008. Y más recientemente con la sórdida aprobación de una nueva enmienda
constitucional que posibilitaría un tercer gobierno. Además del persistente
respaldo de las elites dominantes, de la incesante producción de comunicación a
su favor, Uribe Vélez ha sabido apelar a la cultura política de derecha,
conservadora y clerical, reaccionaria, que se encuentra arraigada en sectores
importantes de la sociedad colombiana.
Por
otra parte, no obstante, lo que aparenta ser un sólido y consistente proyecto
político de la derecha colombiana, ha empezado a mostrar signos notorios de
erosión y descomposición. Dentro del campo de opciones que se ha abierto
recientemente no debe descartarse un resguebrajamiento del régimen autoritario,
pese al control que tiene el Presidente sobre el Congreso, a la captura gradual
de las altas cortes, especialmente de la Corte Constitucional, y de los
organismos de control, así como del dominio pleno sobre la conducción política
de la economía. El acelerado proceso de fujimorización del proyecto político de
Uribe Vélez es precisamente un signo de su debilitamiento. Al tiempo que el
régimen autoritario ha tenido todas las posibilidades de despliegue, con el
apoyo irrestricto del imperialismo norteamericano y de las clases dominantes
tradicionales, es un hecho notorio que otro de sus principales soportes ha sido
su alianza con el narcoparamilitarismo. La figura del presidente, su equipo
asesor, familiares suyos, un número importante de congresistas y aliados
políticos, miembros del gabinete ministerial, políticos profesionales de
diverso nivel, integrantes de alta graduación de las fuerzas militares,
organismos de inteligencia, miembros de la administración de justicia, sectores
empresariales nacionales y transnacionales, entre otros, articulados con
narcotraficantes y paramilitares, aparecen cada vez más comprometidos con el
paraestado que se conformó en Colombia durante las últimas décadas. Hoy resulta
incontrovertible que ese paraestado, que ha tenido su máximo potencial de
desarrollo con el gobierno de Uribe Vélez, no es más que una de las variaciones
institucionalizadas de la dominación capitalista, alentadas desde el Estado
mismo, y que su andamiaje, puesto al servicio del proyecto de la seguridad
democrática, se constituye –al mismo tiempo- en uno de sus flancos débiles.
Junto con ello, hay otras manifestaciones de la descomposición del régimen. Se
trata como las
interceptaciones
ilegales a magistrados de la Corte Suprema de Justicia (que investigan a
parlamentarios comprometidos con el paramilitarismo), a periodistas y a
militantes de las fuerzas de oposición; de las ejecuciones extrajudiciales de
ciudadanos inermes que han sido presentados como miembros de grupos terroristas
caídos en combate y, más recientemente, del acelerado enriquecimiento de los
hijos del presidente merced al favorecimiento de que han sido objeto por parte
de instituciones del Estado en sus actividades de inversión.
Por
otra parte, la misma persistencia del conflicto social y armado y la
imposibilidad de su solución militar, el creciente descontento social y
popular, así como las importantísimas movilizaciones de masas de 2008, son
factores que muestran los límites del proyecto de la derecha colombiana.
Igualmente, los cambios en el balance político y de poder de América Latina,
especialmente en los países vecinos, que contribuyen a desatar nuevas
posibilidades para las fuerzas progresistas y revolucionarias. En igual sentido,
deben considerarse los efectos de la crisis capitalista mundial.
Intervencionismo
norteamericano e intensificación de la guerra contrainsurgente
Un
aspecto esencial para el entendimiento de la cuestión colombiana consiste en
considerar que este país se ha convertido en componente clave de la estrategia
geopolítica y de militarización de Estados Unidos en América latina. Con ella
se ha buscado garantizar la hegemonía y la dominación imperialista sobre la
región andino-amazónica; una región clave para las nuevas formas de acumulación
en la actual fase capitalista, dada su riqueza en recursos energéticos y de
biodiversidad, fuentes de agua, y otros recursos naturales; así mismo, teniendo
en cuenta las proyecciones de los negocios capitalistas en minerales,
biocomercio, agrocombustibles, y megaproyectos infraestructurales, entre otros.
En desarrollo de esa estrategia se han diseñado diversos planes que se
encuentran perfectamente articulados. El Plan Colombia, de guerra
contrainsurgente con la fachada de la guerra contra las drogas, el Plan Puebla
Panamá, un plan de megaproyectos infraestructurales para unir corredores
logísticos y biológicos de México con Centroamérica, y la Iniciativa para la
integración de la infraestructura sudamericana – Iirsa. El Plan Colombia es
expresivo de las pretensiones imperialistas y de sus aliados locales por
producir una salida militar al conflicto social y armado colombiano y debilitar
las fuerzas políticas, los movimientos sociales y las organizaciones sindicales
y populares, en suma, las fuerzas opositoras, consideradas como extensiones del
terrorismo. El imperialismo ha pretendido convertir a Colombia en una base de contención
de la avanzada del movimiento social y popular en América Latina y,
especialmente, de los proyectos políticos de los gobiernos nacional-populares,
en tanto ha apoyado y estimulado su gobierno autoritario de derecha. No hay
duda de que el gobierno de Uribe Vélez fue el principal aliado de Bush en la
región, absolutamente subordinado y plegado a los intereses norteamericanos. El
Plan convirtió a Colombia en el principal país receptor de la ayuda militar
estadounidense en América Latina. Entre 1999 y 2008, el país recibió más de
6.000 millones de dólares; la mayor parte de ellos, destinados a la
financiación de la guerra contrainsurgente y con grandes beneficios para las
empresas transnacionales norteamericanas relacionadas con el negocio de la
guerra en Colombia. En algunas zonas, el Plan terminó articulándose de manera
perversa con la estrategia narcoparamilitar de control territorial, agravó la
situación de violencia y desplazamiento forzado de población, que ha afectado a
más de cuatro millones de colombianos durante las últimas dos décadas.
La
intensificación de la guerra en Colombia no puede ser leída exclusivamente
desde la perspectiva de la estrategia imperialista para la región. El conflicto
social y armado colombiano posee su propia dinámica interna que se remite a más
de cuatro décadas del lucha insurgente, posee unas fuertes raíces sociales y se
encuentra anclado en las persistentes condiciones de desigualdad y pobreza que
afectan a la mayoría de la población colombiana. Las fuerzas insurgentes
continúan siendo un factor político para la transformación de la sociedad
colombiana. Su papel se tornó de mayor trascendencia dados su crecimiento
durante la década de 1990 y su presencia histórica, precisamente en regiones
estratégicas para las nuevas formas de la acumulación capitalista. Esta misma
circunstancia explica el significado de la sangrienta lucha por el territorio,
así como la emergencia del proyecto paramilitar. El Plan Colombia le ha
provocado a las FARC-EP bajas de
consideración
y la ha obligado a incorporar modificaciones en su táctica y en su estrategia
de guerra y ha incidido sobre sus planes militares iniciales. No obstante, las
tesis sobre la derrota militar de la guerrilla y el fin del conflicto, según lo
afirman las fuerzas militares e intelectuales y consultores de la derecha, no
son sostenibles. Si se consideran los tiempos que se había dado el gobierno de
Uribe para resolver el conflicto colombiano, la solución militar se encuentra
aún lejana. De dieciocho meses anunciados en 2002, a entre quince y veinte
años, según el nuevo “Comisionado para la paz”, Frank Pearl. La presidencia en
Obama en Estados Unidos y la crisis capitalista mundial introducen aspectos que
merecen ser tenidos en cuenta para efectos de un entendimiento de la
perspectiva de la guerra en Colombia. Aunque no deben esperarse cambios
sustanciales en el enfoque estratégico de Estados Unidos para América Latina,
si deben considerarse cambios de acento y nuevos énfasis en la política
exterior.
Capitalismo
criminal y organización mafiosa de la sociedad
El
rompecabezas colombiano se continúa armando cuando se consideran los rasgos
criminales y mafiosos de la formación socioeconómica. Se trata entre tanto de
componentes orgánicos, estructurales, de la actual fase capitalista; en momento
alguno de fenómenos episódicos. Dada su maduración, con el gobierno de Uribe
Vélez se ha asistido a un proceso de institucionalización. La articulación de
las formas legales con las formas ilegales de la acumulación capitalista se
remonta a la segunda mitad de la década del setenta y se inscribe dentro de la
transición del régimen de acumulación basado en la industrialización dirigida
por el Estado hacia el régimen actual de acumulación flexible y
financiarización del capital. Esa transición coincide con el surgimiento de un
nuevo empresariado vinculado a los circuitos transnacionales del capital: el
empresariado de la cocaína. Su papel económico ha sido indiscutible: la
pregonada estabilidad macroeconómica colombiana y la relativa excepcionalidad
frente a las profundas crisis económicas latinoamericanas han descansado en
parte sobre el colchón de los capitales ilegales; así mismo, la persistente
prosperidad de algunos negocios capitalistas privados en diversos sectores de
la actividad económica. Ese poderío económico tuvo también sus extensiones
hacia el campo de la política; su incidencia sobre las configuraciones del
régimen político y la organización del sistema político ha sido protuberante.
Todo ello habría de producir un fortalecimiento de los rasgos criminales de la formación
socioeconómica y particularmente de sus estructuras mafiosas, amparadas en
fuerzas paramilitares y en la creciente influencia sobre las instituciones del
Estado (todos los poderes públicos), incluidas las fuerza armadas, los partidos
políticos tradicionales y los políticos profesionales, y sectores de la
iglesia. Se constituiría así el paraestado hacia finales de la década de 1980.
Su función de acumulación no se limitó a la expansión del negocio de la cocaína
o a la articulación con negocios legales existentes. El paraestado ha
desempeñado dos funciones adicionales del mayor significado: a) ha contribuido
regionalmente con nuevos ciclos de acumulación de capital (por despojo),
mediante el acceso a dineros públicos, la expropiación violenta de tierras y su
revalorización (biodiversidad, recursos hídricos, minerales y energéticos), de
promoción de megaproyectos infraestructurales y energéticos, y de un nuevo tipo
de agricultura de plantación; y b) ha incidido sobre la flexibilización y
desregulación violenta del mundo del trabajo, con el exterminio de dirigentes
políticos y sindicales y el desplazamiento forzado de más de cuatro millones de
colombianos, que han engrosado las filas de la informalidad y contribuido a la
precarización del trabajo urbano.
La
función del paraestado no ha sido exclusivamente económica. El paraestado ha
influido sobre las configuraciones del régimen político. En la combinación de
los mecanismos democrático- formales con los represivos autoritarios, se
encuentra la explicación a la relativa estabilidad del régimen político
colombiano. El paraestado ha resuelto los problemas de estabilidad del régimen
que no pueden ser enfrentados por la vía democrático formal. La apelación a un
brazo armado paramilitar para exterminar fuerzas políticas opositoras, o
liquidar las más diversas formas de organización social y popular, se ha
constituido en componente clave de una estrategia de control social y político
para afianzar la dominación y la tendencia de la acumulación capitalista. El
paraestado necesitó ser reincorporado a la institucionalidad; perdía
funcionalidad por cuanto se
había
convertido en fuente de ilegitimidad y de inestabilidad política, y desentonaba
además con el lenguaje de la democracia liberal a nivel internacional. Una de
las tareas del gobierno de Uribe Vélez ha consistido precisamente en la
institucionalización del narcoparamiltarismo. Narcotraficantes, mafiosos y
paramilitares han pretendido ser convertidos en delincuentes políticos. Para
ello se contó con el irrestricto apoyo del gobierno de Bush y de
transnacionales estadounidenses, que se beneficiaron de esas configuraciones
particulares de la acumulación capitalista y del régimen político en Colombia,
e hicieron de la lucha contra el narcoterrorismo su mejor bandera de política
exterior. La institucionalización del narcoparamiltarismo ha ocurrido mediante un
proceso de “negociación” con las bandas denominadas Autodefensas Unidas de
Colombia. Su expresión jurídico-formal fue la llamada Ley de Justicia y paz,
verdadero monumento a la impunidad, de renuncia a la búsqueda de la verdad, a
la justicia y a la reparación a las víctimas de décadas de violencia estatal y
paramilitar. La presión internacional y la fuerte oposición interna han
obligado, en todo caso, al gobierno de Uribe a introducir matices y cambios de
acento en sus planes iniciales. Por otra parte, la “reinserción en la vida
civil” de los grupos paramilitares, se acompañó del surgimiento de otros,
reiterando la tesis sostenida en este texto de que el paramilitarismo es una
expresión organizada (estructural) de la tendencia de la acumulación capitalista
y de las configuraciones del régimen político en Colombia.
Posibilidades
de un proyecto progresista
La
complejidad del proceso político y económico en Colombia se amplía, por otra
parte, cuando se consideran las persistentes formas y expresiones de
organización, las diversas modalidades de resistencia y lucha social y popular,
así como los proyectos políticos emprendidos por las organizaciones
progresistas y de izquierda, dentro y fuera de la organización institucional
del Estado. Todo ello, pese al exterminio sistemático a que se han visto
sometidas. Del pasado reciente, particularmente durante 2008, deben destacarse
el paro de los trabajadores estatales vinculados al aparato judicial, la huelga
de los corteros de caña, y la minga indígena. Todas ellas acciones de masas,
que contaron con la solidaridad de importantes sectores de la población. Las
diversas expresiones de lucha no logran, en todo caso, aglutinarse en un gran
movimiento. En este trabajo solamente se explorarán las perspectivas actuales
de un proyecto progresista, teniendo en cuenta la experiencia del Polo
Democrático Alternativo
La
creación del Polo Democrático Alternativo en el año 2006 es uno de los hechos
políticos más importantes en la historia de la izquierda colombiana. Después de
décadas de división y fragmentación, el PDA logró aglutinar en un proyecto de
unidad de acción política a un amplio espectro de fuerzas políticas y sociales,
con diferentes trayectorias históricas y diversos programas políticos, así como
con variados entendimientos del significado de la izquierda y de las
alternativas al capitalismo en la actualidad. Ese espectro abarca fuerzas que
se mueven dentro la tradición comunista, socialista y anticapitalista, y otras
que se inscriben en las trayectorias de la socialdemocracia y de la tercera
vía, o en proyectos individualistas de marcado pragmatismo y oportunismo
político. Su trayectoria de desplazamiento va desde la izquierda hacia el
centro. Más allá de las diferencias, su gran significado consiste en la reserva
democrática que representa frente al fortalecimiento y la consolidación de los
rasgos autoritarios del régimen político colombiano. El proceso del PDA
permitió la definición de unos acuerdos programáticos mínimos, el Ideario de
unidad, la presentación de listas únicas a las elecciones parlamentarias y la
postulación de un candidato único a las elecciones presidenciales de 2006,
Carlos Gaviria Díaz, quién obtendría la más alta votación de la izquierda en su
historia (más de 2,6 millones; 23% del electorado).
El
PDA se declara, en el Ideario de unidad, como una fuerza política que defiende
la soberanía y la independencia, apoya los procesos de solidaridad e
integración latinoamericana y busca la construcción de un nuevo orden mundial;
así mismo, señala que aboga por hacer realidad el Estado social de derecho,
impulsar la reforma política democrática, propiciar un nuevo modelo económico
sustentado en la democracia económica, contrario al modelo neoliberal;
igualmente, establece que busca la universalización de los derechos económicos,
sociales y culturales en pro del bienestar de la población. El PDA afirma que
propugna por una solución política del conflicto armado y el desmonte del
paramilitarismo; repudia todas las formas de terror y de terrorismo de Estado;
se opone a la concepción de lucha antiterrorista de Bush; busca una política
soberana y autónoma contra los estupefacientes y su tráfico; apoya la lucha de
masas democrática. Los alcances limitados de estas definiciones programáticas
se comprenden mejor si se considera que se trata de un proyecto político
diseñado bajo las condiciones de un régimen político autoritario y de una
guerra contrainsurgente.
La
posibilidad de que el PDA logre consolidarse como una fuerza de izquierda con
opción de poder se encuentra en dependencia de algunas definiciones
fundamentales que aún no se han producido y cuyo desenlace dependerá en gran
medida no sólo de la dinámica interna de esta organización, sino de la misma
lucha social y política en Colombia. Un primer aspecto se refiere al carácter
del PDA. Mientras que los sectores moderados y de centro, lo conciben como una
agrupación electoral y parlamentaria; las fuerzas de izquierda propugnan por
una organización para la transformación social y política, democrática de
Colombia, con proyecciones de fuerza anticapitalista. Por lo pronto, como
ocurre en general en América Latina, lo que debe esperarse será una
cohabitación de esos entendimientos. Lo que está por definirse en este aspecto
es si el Polo es una organización para la alternancia electoral o si posee
aspiraciones de proyecto político alternativo, con vocación de poder. Un
segundo aspecto, estrechamente ligado con el anterior, tiene que ver con las
definiciones programáticas. Mientras que existen posiciones en las que se
presenta un cierto menosprecio por tales definiciones, pues se privilegia la
acción parlamentaria; hay otras en las que esas definiciones ocupan un lugar
central, en la medida en que se constituyen en norte de la organización y la
movilización del pueblo trabajador. El PDA se verá abocado en algún momento a
decisiones sobre la afectación de la (gran) propiedad privada capitalista y la
realización de una reforma agraria integral, asuntos por ahora ausentes en su
ideario.
En
tercer lugar, se encuentra la discusión sobre el tipo de organización que debe
tener el PDA. En este aspecto, el problema a resolver empieza por superar el
menosprecio por la construcción de una organización permanente. Seguidamente,
son varias las formas organizativas que se encuentran en discusión: a) Partido
en red; b) federación de partidos; c) partido de tendencias. Y ello, no es un
mero problema de ingeniería de partidos. Por lo pronto, todo pareciera indicar
que el tipo de organización que se viene construyendo en el PDA asume rasgos
similares a los de la experiencia del Frente Amplio uruguayo, aunque se trata
–sin duda- de una experiencia genuina colombiana. Un balance de la existencia
del PDA muestra que ha logrado constituirse –con altibajos- en la principal
fuerza opositora civil al proyecto de la seguridad democrática de Uribe Vélez.
Con matices y diversos niveles de compromiso por parte de las organizaciones
que lo integran, el PDA ha adelantado una importante acción parlamentaria,
acompañada de la movilización de masas, en la lucha contra el Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos y, en general, contra las políticas neoliberales
impulsadas por el gobierno. Así mismo, se ha erigido en factor clave de la
aceleración de las tendencias a la crisis del régimen político, mediante la
denuncia nacional e internacional de sus configuraciones mafiosas y criminales
(y paramilitares), exacerbadas y legalizadas durante el gobierno del presidente
Uribe Vélez. En lo inmediato, las posibilidades del PDA se encuentran ligadas a
su política frente a la crisis económica y, en 2010, a las elecciones
parlamentarias y presidenciales. La consolidación del PDA como fuerza política
alternativa de izquierda guarda una estrecha relación con la dinámica de la
guerra contrainsurgente en Colombia. Lo solución política negociada del
conflicto armado y la búsqueda de acuerdos humanitarios entre el Estado y la
insurgencia, que hacen parte del Ideario de unidad, son referentes ineludibles
de una política de izquierda en Colombia. Pero no son suficientes. De la misma
forma que en otros campos de la política, las miradas desde el PDA hacia la
insurgencia armada son disímiles: mientras que hay sectores que consideran que
su existencia y accionar afectan las posibilidades de organización y de lucha
democrática y civilista, e incluso exigen su condena; otros aprecian en las
fuerzas insurgentes un factor de cambio político democrático de gran
significado, anclado en un conflicto armado histórico, de carácter social y
político.
Consideraciones
finales: Algunos efectos de la crisis capitalista
La
crisis económica abre la posibilidad de un cambio de tendencia en las
configuraciones autoritarias, criminales y mafiosas del régimen político en
Colombia. El reciente crecimiento económico colombiano (2002-2007) se hizo
aparecer como el resultado de las políticas de seguridad democrática que, en
materia económica, se han acompañado de una profundización de las políticas
neoliberales. La crisis capitalista ha lanzado por la borda, no obstante, la
tesis de la mayor inversión y del crecimiento económico como producto de una
fórmula que ha combinado agresivos incentivos al capital con autoritarismo. Esa
tesis ya no se puede sostener. La crisis no lo permite. Por ello, los esfuerzos
gubernamentales se orientan a mostrar que la crisis obedece a una coyuntura
externa, para así salvar al actual gobierno de cualquier responsabilidad, y
sacar de ella más bien dividendos políticos, en el sentido de quienes han sido
corresponsables de la actual situación aparecen ahora con grandes
preocupaciones sobre sus eventuales impactos, y además tomando las medidas
políticamente correctas.
No
cabe duda, sin embargo, que la crisis es también una crisis de las políticas
neoliberales. El neoliberalismo reciente en Colombia logró esconderse tras las
políticas de seguridad democrática y los debates políticos que ellas generaron.
En la trasescena de los debates nacionales sobre las configuraciones
autoritarias, criminales y mafiosas del régimen político, se impusieron
importantes reformas económicas propias del proceso de neoliberalización
colombiano, tendientes a consolidar una nueva geografía de la acumulación
capitalista en el país. La seguridad democrática ha sido también un proyecto de
ampliación y profundización del proceso de mercantilización de la sociedad y de
la restauración y afianzamiento del poder de clase (dominante). La crisis genera
condiciones para el resquebrajamiento no sólo del régimen autoritario de Uribe
y de las políticas neoliberales en Colombia. Considerando que toda salida de la
crisis es esencialmente política, la crisis abre la posibilidad de una salida
democrática, política y económica (una salida de continuidad no es descartable,
en todo caso). Ello depende en buena medida de la movilización social y
popular, de la capacidad y potencia que pueda desplegar la acción política
organizada de los trabajadores, y del rol que en ese sentido puedan desempeñar
las fuerzas políticas opositoras, en sus diversas expresiones. La Colombia
actual no se caracteriza (aún) por una gran movilización social y por un nivel
generalizado de protesta.
La
fuerzas democráticas y de izquierda, agrupadas en el Polo Democrático han
distraído buena parte de sus esfuerzos
en desgastantes debates internos (propiciados por sectores minoritarios del
centro y la tercera vía), antes que en la organización del pueblo y en la
construcción de un proyecto para enfrentar la crisis y consolidar la
posibilidad de una salida democrática. Las posibilidades inmediatas del Polo
dependen en buena medida de la superación definitiva de esos debates y del
desarrollo de una agenda política que responda a las expectativas de cambio
político y social de importantes sectores de la población. La confrontación al
referendo reeleccionista y las elecciones parlamentarias y presidenciales de
2010 serán un importante indicador en ese sentido. Las fuerzas uribistas, por
su parte, que recogen las más variadas expresiones de la derecha colombiana, a
agrupaciones políticas y a políticos comprometidos con el paramilitarismo, el
clientelismo y la corrupción, avanzan en su pretensión de imponer un tercer
mandato presidencial de Álvaro Uribe. La crisis capitalista no es motivo de
discurso político alguno por parte de estas fuerzas, que se rigen
exclusivamente por los designios de su caudillo y el séquito más cercano de
colaboradores. El proyecto político del uribismo, además de su componente
autoritario, se sustenta en la distribución clientelista del empleo y del
presupuesto públicos, y en el programa asistencialista de Familias en acción,
de subsidios condicionados (precarios), con el que se ha logrado construir base
social dentro de los sectores más pobres de la sociedad (su cobertura esperada
en 2010 es de 3 millones de familias).
A
diferencia de 2006, cuando vino la reelección de Uribe, en esta ocasión no hay
consenso en el bloque de poder en torno a su nombre. Diversos sectores de la
derecha no uribista, del Partido Liberal, de la Iglesia y de los intelectuales
orgánicos del neoliberalismo ven con relativa preocupación un tercer mandato de
Uribe, por los peligros que este pueda representar para la consolidación de un
proyecto hegemónico de larga duración, dados la creciente concentración del
poder presidencial y el autoritarismo en aumento. La idea de un proyecto
político de derecha
moderna
que respeta las reglas de juego de la democracia liberal se fue desvaneciendo
para dar paso a la lógica del régimen autoritario que encarna Uribe. Solamente
en el campo de las políticas económicas de alcance estructural y en la política
macroeconómica, con matices, se mantienen algunas identidades. Del
desenvolvimiento de la crisis en el futuro inmediato, de la forma como ésta
impacte socialmente, de la dinámica que adquieran las luchas sociales y
políticas, y del mismo papel de las fuerzas democráticas y de izquierda,
dependerá en gran medida –como ya se dijo- la posibilidad de considerar una
salida democrática. La única forma de considerar una salida no neoliberal a la
crisis resultaría de un cambio político que derrotase el proyecto político económico
autoritario de la derecha en Colombia. Esa opción tiene posibilidades, pero
todavía muchas dificultades para perfilarse y consolidarse. Al menos, eso es lo
que indica el estado actual del movimiento. Por otra parte, una salida
anticapitalista no alcanza aún a situarse en la agenda, si se considera la
tendencia internacional y situación misma de las fuerzas populares y de
izquierda. Una salida no neoliberal colocaría a Colombia en sintonía con la
tendencia latinoamericana de gobiernos progresistas; generaría al mismo tiempo
otro tipo de debates que hacen parte de la discusión en esos países, los cuales
se mueven entre un nuevo consenso productivista posneoliberal y la opción
revolucionaria hacia el socialismo. Sectores de la tecnocracia colombiana vienen
tratando de copar el espacio de una salida no neoliberal; no es casual la toma
de distancia frente a la actual política económica del gobierno de Uribe.
(Bogotá,
2009)
Para saber más sobre Colombia:
• Archila Neira, Mauricio, Idas y venidas.
Vueltas y revueltas. Protestas sociales en Colombia 1958-2000, ICANH, CINEP,
Bogotá, 2005 et Varios autores, 25 años de luchas sociales en Colombia
1975-2000, CINEP, Bogotá, 2002.
• Barreda Marín, Andrés, « Los peligros del Plan
Puebla Panamá », in Estrada Álvarez, Jairo (comp.), Dominación, crisis y
resistencias en el nuevo orden capitalista, Universidad Nacional de Colombia,
Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Departamento de Ciencia
Política, Bogotá, 2003.
• Duque, Martha Alicia, « La agenda oculta
geoestratégica de la integración USA », in
Documentos
desde abajo, Bogotá, 2006.
• Estrada Álvarez, Jairo (éd.), Plan Colombia.
Ensayos críticos, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2001.
• Estrada Álvarez, Jairo (éd.), El Plan Colombia
y la intensificación de la guerra. Aspectos globales y locales, Universidad
Nacional de Colombia, Bogotá, 2002.
• Moncayo, Víctor Manuel, El Leviatán derrotado.
Reflexiones sobre teoría del Estado y el caso colombiano, Grupo Editorial
Norma, Bogotá, 2004.
• Palacio, Germán et Rojas, Fernando, «
Empresarios de la cocaína, parainstitucionalidad y flexibilidad del régimen
político colombiano: Narcotráfico y contrainsurgencia en Colombia », in Germán Palacio (comp.), La irrupción
del paraestado. Ensayos sobre la crisis colombiana, ILSA, CEREC, Bogotá, 1989.
• Sánchez Ángel, Ricardo, Bonapartismo
presidencial en Colombia. El gobierno de Álvaro Uribe Vélez, Uniediciones,
Bogotá, 2005.
• Sección Colombia de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=13
Tercera parte
Crisis del capitalismo, democracia y alternativas en América
Latina
¿Democratizar la
democracia? Reinvención democrática, neoliberalismo y movimientos sociales en
América latina
Por
Atilio Borón
Atilio
Boron es Profesor titular de teoría política y social, Facultad de Ciencias
Sociales, Universidad de Buenos Aires e investigador Superior del CONICET.
Director del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en
Ciencias Sociales) es autor de numerosos artículos y libros sobre la democracia
en América latina, entre los cuales: Estado, capitalismo y democracia en
América Latina, Ediciones Hiru, Euskal Herria, 2008 y Tras el búho de Minerva.
Mercado contra democracia en el capitalismo de fin de siglo, Buenos Aires,
Fondo de Cultura Económica/CLACSO, 2000.
Nuestra
región lleva más de un cuarto de siglo de procesos democratizadores. Tal como
se anticipaba en otros escritos, y en contra del optimismo del saber
convencional de las ciencias sociales, estas “transiciones hacia la democracia”
parecen no tener fin y ser de una lentitud exasperantes. Los cultores de la
“transitología” que a finales de los setentas y a lo largo de la década de los
ochentas del siglo pasado auguraban para nuestra región un futuro democrático
tan rápido y luminoso como el que en España naciera del Pacto de la Moncloa,
idealizando lo que verdaderamente ocurrió en ese país, han debido llamarse a
prudente silencio. Una mirada rigurosa a las llamadas democracias
latinoamericanas concluiría que salvo unos poquísimos casos, en el resto lo que
tenemos son regímenes oligárquicos vestidos con los ropajes externos de la
democracia. Oligárquicos porque, fiel a la definición aristotélica, son
“gobiernos de los pocos en beneficio de los ricos” que, como lo recuerda
Aristóteles, siempre son una minoría (Borón, 2006). El lenguaje político
contemporáneo, producto de la dominación cultural e ideológica del
imperialismo, intenta disimular tan flagrante traición a los ideales
democráticos mediante un ejercicio de prestidigitación gracias al cual una
democracia se define por su sensata “gobernanza”, eufemismo que con el que se
designan las artes, artificios y artimañas del político “prudente y
responsable” que gobierna en consonancia con los deseos de los mercados.
Este
articulo pretende aportar elementos en torno a una interrogante fundamental, no
sólo para los países de la periferia sino también para los del capitalismo
metropolitano, que suelen confundir prosperidad económica con democracia y
riqueza con felicidad: ¿será posible “democratizar la democracia” dentro del
capitalismo, es decir, sin que previamente se produzca la superación histórica
de un régimen social de producción cuyas lacras e injusticias congénitas son
tan evidentes como irreparables dentro de los parámetros del sistema? Esta
pregunta no ignora que hay diferencias entre los capitalismos democráticos del
Norte (Europa, Estados Unidos, Canadá, Japón) y los del Sur, pero los déficits
democráticos se encuentran tanto aquí como allá. Sorprende a quien esto escribe
la escasa repercusión que ha tenido en Europa –comparada con la que han sabido
gozar monumentales tonterías- el libro de Colin Crouch sugestivamente titulado
Post-democracy y en el cual el autor británico plantea un panorama realista, y
por eso mismo pesimista, acerca del funcionamiento efectivo de la democracia en
el mundo desarrollado. Dice en esa obra que en los capitalismos metropolitanos
“tuvimos nuestro momento democrático alrededor de mediados del siglo veinte”,
pero hoy vivimos en una época claramente “posdemocrática”. Ahora, “las elites
políticas han aprendido a manejar y manipular las demandas populares; (...) el
pueblo tiene que ser persuadido de votar en campañas publicitarias hechas desde
arriba” y las empresas globalizadas se han convertidos en actores indisputados
en los capitalismos democráticos. (Crouch, 2004: 7, 18-
19).
En un libro reciente Gianni Vattimo aporta nuevos elementos que fortalecen las
conclusiones a las que arribara Crouch. Vattimo, aboga por el desarrollo de una
línea de pensamiento que él denomina “catocomunismo”, una combinación creativa
y políticamente explosiva, al menos en países como los nuestros, entre un
catolicismo radical y el comunismo que cree necesario refundar para salir del
atolladero en que se encuentra la civilización contemporánea. La radical
gravedad del diagnóstico que se desprende de los textos de Crouch y Vattimo no
es novedosa para quienes desde el marxismo observan los procesos políticos del
capitalismo avanzado y la acentuación de sus rasgos cada vez más despóticos,
aunque estas desagradables novedades se traten de ocultar bajo las
formalidades, cada vez más vacías de contenido, de la democracia. Sin embargo,
para las corrientes dominantes en el mundo de las ciencias sociales tal
constatación aparece como una sorpresa, y como una rotunda refutación de las
rosadas imágenes difundidas por sus académicos. De ahí la pregunta que surge
como corolario (las más de las veces ignorado) de la preocupación de
sociólogos, politólogos y muchos científicos sociales: para “democratizar la
democracia”, ¿no será necesario que antes se produzca una revolución? Esto
puede ser expresado en otros términos para evitar la zozobra que esta
palabrota, “revolución”, provoca en el mundo de los “intelectuales
bienpensantes” cuyo incomparable cinismo retrató con tanta agudeza Alfonso
Sastre. Podría entonces decirse a la manera de Esopo, como recordaba Lenin: ¿no
habrá llegado la hora de hablar de un cambio sistémico, del imprescindible
advenimiento de una sociedad post-capitalista, como condición necesaria para
intentar con algunas probabilidades de éxito detener esta autoritaria regresión
hacia una pos-democracia e inventar una democracia post-liberal?
Para
tranquilizar a espíritus tal vez demasiado propensos a escandalizarse con este
argumento conviene recordar que, tal como lo estableciera definitivamente la
obra de un eminente catedrático de Harvard, Barrington Moore Jr., hace ya
varias décadas, ningún capitalismo democrático fue instaurado sin que
previamente se produjera lo que ese brillante teórico denominara “una ruptura
violenta con el pasado”. Esa ruptura, por supuesto, no era otra cosa que una
revolución. Moore examinó cuidadosamente las rutas hacia el mundo moderno del
capitalismo y la democracia liberal en un conjunto de países y llegó a la
siguiente conclusión: si esta última fue establecida y se arraigó profundamente
en países como Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos fue precisamente porque
en ellos hubo una revolución triunfante que sentó las bases para ese logro. Por
lo tanto, pocas razones tienen para tranquilizarse quienes sueñen que una
democracia digna de ese nombre sería el
resultado de una pacífica evolución desde las entrañas de una sociedad
como el capitalismo neoliberal. Si de algo podemos estar seguros es que un
avance democrático, por modesto que sea, es impensable al margen de una
intransigente oposición a la lógica sistémica del capitalismo, lo que sin duda
alguna suscitará las violentas reacciones del bloque dominante.
En
función de estas limitaciones un autor como Boaventura De Sousa Santos,
consciente de lo anterior, expuso la necesidad de fundar un nuevo modelo
democrático: la reinvención de la democracia, o la “democratización de la
democracia”. Esta convocatoria comparte el diagnóstico sobre la frustración del
proyecto democrático en el capitalismo. En palabras de Sousa Santos, “la
tensión entre capitalismo y democracia desapareció, porque la democracia empezó
a ser un régimen que en vez de producir redistribución social la destruye […].
Una democracia sin redistribución social no tiene ningún problema con el
capitalismo; al contrario, es el otro lado del capitalismo, es la forma más
legítima de un Estado débil.” (Santos, 2006: 75). Esta cita plantea de modo
convincente la razón fundamental por la cual el capitalismo -que combatió a la
democracia desde sus propios orígenes, en el Renacimiento italiano- terminó por
aceptarla. La democracia pagó un precio muy elevado por su respetabilidad: tuvo
que abandonar sus banderas igualitarias y liberadoras. Con toda razón le
conviene a esta clase de inocuos regímenes el nombre de “democracias de baja
intensidad” o, como dijéramos anteriormente “oligarquías”, debido a que son
gobiernos que pese a surgir del sufragio universal tienen como sus principales
beneficiarios a las minorías adineradas.
Apoyándose
en un enorme esfuerzo de investigación comparada sobre el funcionamiento de
experiencias “contrahegemónicas” de gestión democrática a nivel local y
regional, Santos concluye en la necesidad de promover la democracia
participativa a partir del fortalecimiento de tres ejes: a)
la
“demodiversidad”, es decir el reconocimiento y potenciación de las múltiples
formas que puede históricamente asumir el ideal democrático, negado por las
corrientes hegemónicas de las ciencias sociales para las cuales el único modelo
válido es el de la democracia liberal al estilo norteamericano; b) la
articulación contrahegemónica entre lo local y lo global, indispensable para
enfrentar los peligros del aislacionismo localista o los riesgos de un
internacionalismo abstracto; y
c)
la ampliación del llamado “experimentalismo democrático” y de la participación
de los más diversos grupos definidos en términos étnicos, culturales, de género
y de cualquier otro tipo (Santos, 2002:
77-78). El problema que subsiste a esta sugerente propuesta es que el crucial
tema de los límites que el capitalismo impone a cualquier proceso democrático
–y no sólo a aquel pautado según el modelo de la democracia liberal
anglosajona– queda eclipsado por la consideración de un conjunto de
experiencias innovadoras y fecundas pero que, aun así, no logran trascender las
rígidas fronteras que el capitalismo impone a toda forma de soberanía popular.
En efecto, cuál sería la clase dominante
de América Latina dispuesta a admitir pacíficamente la entronización de un modelo democrático post-liberal que
promueva el protagonismo de la ciudadanía; que sea participativo (en lugar de
representativo y delegativo); y que garantice la soberanía popular y el primado
del interés público sobre las conveniencias e intereses de los poderosos
actores privados. Si se tiene en cuenta, además, la íntima articulación entre
éstos y las clases dominantes del imperio (con representantes políticos como
los “halcones” republicanos), es fácil concluir que cualquier iniciativa de
profundización democrática desencadenará un abanico de respuestas represivas de
todo tipo.
Esta
apreciación se halla lúgubremente confirmada por los hechos. El prolijo examen
del asunto efectuado en un texto de reciente factura por Fernández Liria y
Alegre Zahonero demuestra inapelablemente que las tentativas de instaurar una
democracia que se aproximase a ese ideal costaron un millón de muertos en la
España republicana, y cuarenta años de dictadura fascista;
200.000
más en Guatemala y 50.000 desaparecidos, según informa la Comisión de
Esclarecimiento Histórico de ese país; 30.000 desaparecidos en la Argentina;
3.200 desaparecidos en Chile y miles de torturados y exiliados; 75.000 muertos
y desaparecidos durante la Guerra Civil en El Salvador en la década de los
ochentas; 88.000 muertos y desaparecidos en Nicaragua; otros 200.000 en Haití y
un baño de sangre interminable en Colombia, con más de 20.000 muertos por año
desde mediados de los años sesentas. Súmese a lo anterior el medio millón de
víctimas ocasionados por el Plan Jakarta, que en 1965 desplazó al líder
nacionalista Sukarno del poder, para comprender eso que muy apropiadamente Santiago Alba Rico
denomina “pedagogía del voto”. Si la democracia significa que la sociedad está
dispuesta a ensayar lo que en la década de los sesentas y setentas se
denominaba una “vía no-capitalista” la respuesta disciplinadora más probable es
un baño de sangre. Esta enumeración dista mucho de ser completa pero basta para
iluminar los obstáculos que se yerguen ante cualquier tentativa de fundar un
régimen democrático digno de ese nombre y “Democratizar la democracia”.
¿El
tiempo de los movimientos sociales?
Las
conocidas limitaciones de las democracias latinoamericanas y la crisis que, en
casi todos los países de la región, atraviesa a los partidos y los sistemas de
partidos explican en buena medida el creciente papel desempeñado por los
movimientos sociales en los procesos democráticos del área. La deslegitimación
de la política, la satanización del estado y la diatriba permanente en contra
de los partidos, objetivos estos largamente acariciados por el proyecto
neoliberal, tuvieron, sin embargo, un efecto inesperado al abrir un espacio al
indeseable protagonismo de “la calle” - amenazante metáfora que en las
democracias liberales se utiliza para designar al pueblo movilizado. Esta
imprevista presencia de las masas refleja la incapacidad de los dispositivos legales
e institucionales de las “democracias” latinoamericanas para responder a los
reclamos de la ciudadanía y resolver las crisis sociopolíticas dentro de los
procedimientos establecidos constitucionalmente. Reaparece así el fantasma de
un “país real” divorciado del “país legal”, no sólo ajeno al primero sino
incapaz siquiera de contener sus más elementales reivindicaciones. Debido a
esta escisión la vida política latinoamericana se mueve en una ambigua esfera
en donde
las
fronteras de lo legal y lo ilegal se diluyen peligrosamente. Pero la tolerada
ilegalidad de los “de arriba” se convierte en una afrenta intolerable cuando
son los “de abajo” los que salen a la calle a defender sus intereses, al margen
de las instituciones mal llamadas “representativas”. En tal caso no se ahorran
agravios para las “hordas insubordinadas”, mientras que la frágil y
antidemocrática legalidad de las instituciones se derrite al calor de la crisis
política permanente y el protagonismo de las masas. Fue a causa de esta
situación que revueltas populares derrocaron gobiernos reaccionarios en Ecuador
en 1997, 2000 y 2005; y que en Bolivia sublevaciones de grandes masas de
campesinos, indígenas y pobres urbanos hayan destronado a gobiernos derechistas
en 2003 y 2005, abriendo paso a la victoria electoral de Evo Morales a finales
del 2005. La dictadura “constitucional” de Alberto Fujimori en Perú fue
derrocada por una impresionante movilización colectiva durante el 2000, y el
año siguiente, el presidente de la supuesta “centroizquierda” de Argentina,
Fernando de la Rúa, que había
traicionado sus promesas electorales de abandonar las políticas neoliberales,
fue desalojado del poder por un levantamiento popular sin precedentes. Apenas
ayer, los jóvenes estudiantes de los liceos chilenos, los “pingüinos”, pusieron
en jaque al gobierno de la Concertación exigiendo cambios radicales en la
legislación heredada del régimen de Pinochet y que los sucesivos gobiernos “democráticos”
de Chile no se atrevieron a derogar.
Más
allá de la fragilidad del entramado institucional, lo que estas rebeliones
populares comprueban es que este largo período de gobiernos neoliberales, con
todo su bagaje de tensiones, exclusiones y degradación social, creó las
condiciones objetivas para la movilización política de grandes sectores de las
sociedades latinoamericanas. Cabe pues preguntarse: ¿son las revueltas plebeyas
arriba mencionadas meros episodios aislados y furia popular, o reflejan una
dialéctica histórica tendencialmente orientada hacia la reinvención de la
democracia? Una mirada sobria a la historia del período abierto a comienzos de
los años ochenta revela que no hay nada accidental en la creciente movilización
de las clases populares ni en el final tumultuoso de tantos gobiernos
supuestamente democráticos de la región. Es por eso que por lo menos dieciséis
presidentes -casi todos ellos obedientes clientes de Washington- tuvieron que
apartarse del poder antes de la expiración de sus mandatos legales, depuestos
por arrolladoras rebeliones populares. Como si lo anterior no bastara, los
plebiscitos convocados para legalizar la privatización de empresas estatales o
servicios públicos invariablemente defraudaron las expectativas neoliberales:
tal fue el caso de Uruguay (obras sanitarias y terminales portuarias) y los
convocados para resolver la cuestión del abastecimiento de agua en Bolivia y
Perú. También hubo grandes movilizaciones populares en diversos países para
oponerse al ALCA o a la firma de TLCs; para pedir la nacionalización del petróleo
y el gas en Bolivia; oponerse a políticas de privatización –del petróleo en
Ecuador, la compañía telefónica en Costa Rica y los sistemas de salud en varios
países; poner fin al saqueo de los bancos, principalmente extranjeros, como en
Argentina; y terminar con los programas de erradicación de coca en Bolivia y
Perú. En otras palabras: todas estas movilizaciones tenían un signo similar.
Esta tendencia es congruente con los resultados que periódicamente arrojan las
encuestas de opinión pública en América Latina, y que demuestran que apenas un
tercio de la población se declara satisfecha con el funcionamiento de la
economía de mercado.
Reinstalando
cuestiones olvidadas: organización, estrategia y conciencia de las fuerzas
sociales emergentes.
Hay
varias lecciones que se desprenden de este abrupto renacimiento de las
insurgencias populares en América Latina. En primer lugar, la necesidad que
tienen los partidos políticos animados por su afán de poner en práctica un
proyecto emancipador, de concebir e implementar una estrategia que trascienda
los estrechos límites de la mecánica electoral. La evidencia de estos años, y
no sólo en América Latina, enseña que no se puede pretender transformar
radicalmente un orden social estructuralmente injusto y predatorio con las
solas armas disponibles en la escena electoral. Subrayamos eso de “transformar
radicalmente” porque no hay que olvidar que nuestra región es la que presenta
la más injusta distribución de ingresos y rentas del planeta. Por lo tanto, no
será con las políticas tibias de la sedicente “centro-izquierda” como se
resolverá esta situación. La burguesía, por otro lado, jamás obra con tal
ingenuidad y nunca despliega una estrategia única y, para colmo,
en
un sólo escenario de lucha como el electoral. Es cierto que para desplegar una
estrategia tan omnicomprensiva como la que despliega ésta se requiere de una
serie de recursos –materiales, organizacionales y simbólicos- que ninguna
fuerza popular tiene a su disposición. Pero también es cierto que si los
partidos de izquierda quieren cambiar el mundo, y no sólo dar un lastimero
testimonio de su injusticia, tendrán que demostrar que son capaces de concebir
y aplicar estrategias más integrales que combinen, junto a la electoral, otras
formas y estrategias de lucha. Este es el precisamente el terreno en el cual
los movimientos sociales han demostrado una creatividad superior a la exhibida
por las organizaciones políticas. Los acontecimientos de los últimos años en la
región enseñan que aquéllos han adquirido una inédita capacidad para desalojar
del poder a gobiernos antipopulares, soslayando los mecanismos establecidos
constitucionalmente que no por casualidad se caracterizan por su fuerte
prejuicio elitista y por un ethos fuertemente “demofóbico”. Pero hay una
segunda lección que también es preciso llevar en cuenta y que nos enseña que
esta activación saludable de las masas fracasó a la hora de construir una
alternativa política que no sólo depusiera a gobiernos antipopulares sino que
también condujera a la inauguración de una etapa post-neoliberal. La
insurgencia de las clases subalternas adoleció de un talón de Aquiles fatal,
resultante de la convergencia de tres fenómenos fuertemente interrelacionados:
(a) la fragilidad organizativa; (b) la inmadurez de la conciencia política y,
(c) el predominio absoluto del espontaneísmo como modo normal de intervención
política.
(a) En efecto, la indiferencia suicida frente
a los problemas de la organización popular, la conciencia y la estrategia y
táctica de lucha plantea numerosos interrogantes. Para los clásicos del
marxismo -especialmente Lenin y Rosa Luxemburg, más allá de sus diferencias- la
cuestión de la organización era un asunto político de extraordinaria
importancia para el movimiento popular. El primero escribió más de una vez que
la organización “es la única arma de que dispone el proletariado.” Cabe
preguntarse, entonces: ¿Cuáles serían las formas organizativas más apropiadas
que requiere la lucha popular en el contexto de cada uno de nuestros países?
¿Cómo se articulan esas formas entre sí, para potenciar la eficacia de los
proyectos emancipadores? ¿Cuál es el papel que les cabe a los partidos, los
sindicatos, la gran diversidad de movimientos sociales, asambleas populares,
piquetes, “juntas de buen gobierno” zapatistas u otras formas precolombinas de
organización, importantes en países andinos como Bolivia, Ecuador y Perú ?
¿Cómo asegurar que las reivindicaciones canalizadas por estas diversas
estructuras organizativas se sinteticen, como aconsejaba Gramsci, en un
proyecto global que les otorgue coherencia y eficacia? Obviamente que es
imposible ofrecer una respuesta positiva desde la teoría. Lo que sí se puede
decir, en cambio, es que el “culto a la espontaneidad” verificado en algunas
situaciones nacionales, como la Argentina de las jornadas de diciembre de 2001,
y su consigna “¡Que se vayan todos!” demostró ser de una previsible
esterilidad. Luego de la fulminante irrupción de las masas (Zibechi, 2003), en
la noche del 19 de Diciembre, y de fieros combates escenificados sobre todo,
más no exclusivamente, en la ciudad de Buenos Aires, con un costo de treinta y
siete vidas humanas, poco tiempo después “las cosas volvieron a su lugar”: se
restableció el sistema de dominación, obra que demostró la consumada habilidad
para esa tarea del por entonces presidente Eduardo Duhalde; la clase política,
enterrada en las catacumbas durante los sucesos de Diciembre, comenzó a ensayar
un cauteloso pero irreversible retorno en los meses posteriores; y la política
económica prosiguió su curso, con leves modificaciones. Si antes del 2001 el
sistema partidario argentino giraba en torno a la bipolaridad
“peronismo-Alianza” y, antes aún, “peronismo-radicalismo”, después del 2001 el
sistema ha adquirido una fisonomía claramente unipolar que no es amenazada,
hasta hoy al menos, ni por izquierda ni por derecha. Si la revuelta popular
amagó por momentos hacer saltar por el aire al modelo neoliberal, con el paso
del tiempo esa expectativa demostró ser totalmente ilusoria. Vale aquí la
clásica observación de Lampedusa en El Gatopardo: “algo debía cambiar para que
todo siguiera igual.”
(b) En relación al tema de la conciencia
radical y emancipatoria, el problema que se plantea es el de como lograr que
los movimientos desarrollen un tipo de conciencia que les permita trascender
los
límites
que le impone la inmediatez espontaneísta. No está demás recordar, una vez más,
la vigencia del clásico dictum de Lenin cuando dijera que “sin teoría
revolucionaria no hay práctica revolucionaria.” Puede parecer demasiado
iluminista pero en ausencia de una tal teorización podrán haber protestas y
estallidos de rabia, pero difícilmente prácticas emancipatorias o
revolucionarias masivas. Por supuesto, tampoco aquí existen respuestas
rotundas. Si, como suele decirse, el modelo kautskiano de la conciencia radical
introducida “desde afuera” por intelectuales revolucionarios ha fracasado,
¿podría afirmarse que la estrategia gramsciana de construcción de
contrahegemonía desde las trincheras mismas de la sociedad civil ha triunfado?
Se trata, como puede verse, más que de certidumbres de preocupaciones abiertas
y grandes interrogantes cuyo tratamiento es imprescindible a la hora de encarar
un proyecto de refundación democrática. Este difícilmente podrá triunfar si es que antes no se
prevalece en aquello que Martí ha dado en llamar “la batalla de ideas.” En el
crepúsculo de su corta vida el intelectual cubano había dicho que “de
pensamiento es la guerra que se nos libra. Ganémosla a fuerza de pensamiento”.
En efecto, pese al resonante fracaso de
sus fórmulas económicas, la persistencia del neoliberalismo encuentra uno de
sus factores explicativos en la fenomenal victoria ideológica obtenida en los
ochentas y parte de los noventas del siglo pasado, cuyo impulso llega hasta
nuestros días. Victoria en “la batalla de ideas” que instaló en el imaginario
popular la convicción de que el Estado es fuente de todo tipo de ineficiencias
y corruptelas, que la gran empresa privada es un dechado de virtudes técnicas y
morales, y que la mejor manera de garantizar el progreso económico era
desmantelando al primero por la vía de las privatizaciones, la desregulación,
la apertura comercial, la reducción del tamaño y funciones del estado y
fortaleciendo, en cambio, a las fuerzas del mercado. El papel de los grandes
medios de comunicación, electrónicos e impresos, controlados casi absolutamente
por los bloques dominantes de nuestros países, fue de fundamental importancia
en consolidar la credibilidad del dogma neoliberal. Si a ello se le agrega la
confusión existente en las filas de la izquierda, oscilando entre una
reivindicación nostálgica del pasado y un derrotismo disfrazado de falso
“realismo” que conducía a la resignación política frente a los embates de la
globalización neoliberal, los resultados difícilmente podrían haber sido
mejores.
(c) Por último, en relación a la cuestión de
la estrategia y táctica, digamos que pese a la reconfiguración de los sujetos
sociales -producto, entre otras cosas, de las transformaciones sufridas por las
relaciones capitalistas de producción que pulverizaron y desorganizaron el
campo popular a la vez que homogeneizaron y organizaron a las clases
dominantes- la adopción de una estrategia y una táctica adecuadas sigue siendo
un asunto de primordial importancia. Esto divergencia entre lo ocurrido a “los
de arriba” y “los de abajo” puede sintetizarse, de manera muy esquemática, en
la contraposición entre el Foro Social Mundial (FSM) nacido en Porto Alegre y
el Foro Económico Mundial que se reúne anualmente en Davos. Mientras que el
primero exhibe toda la riqueza de las “diferencias” –de nacionalidades, género,
etnias, lenguas, ocupaciones y profesiones, religiones, educación, ideologías
políticas, formatos organizativos, etcétera- que constituyen la riqueza del
conglomerado popular mundial- la reunión en la pequeña ciudad de los Alpes
suizos hace de la uniformidad de posiciones y coherencia de perspectivas un
culto cuidadosamente preservado. Y mientras en el 2003 el FSM, por ejemplo, fue
incapaz de pronunciarse sobre algo tan elemental como la inminente agresión imperialista
que los Estados Unidos desencadenarían sobre Irak, la Cumbre de Davos seguía
convocando a gobernantes de todo el mundo para hacerles saber que los grandes
monopolios esperaban de su parte la profundización de las políticas del
Consenso de Washington. Por último, mientras que el Foro Social Mundial
rechazaba explícitamente cualquier tentativa de siquiera pensar en un modelo
organizativo que potenciara la gravitación de los movimientos populares en el
escenario internacional, el Foro Económico Mundial de Davos perfeccionaba sus
diagramas organizativos para reforzar aún más la gravitación de sus intereses a
lo ancho y largo del planeta.
En
otras palabras, en el campo de los movimientos sociales las cuestiones de la
estrategia y táctica no gozan del favor de la época pues son erróneamente
percibidas como asuntos que sólo revisten interés para algo tan anacrónico,
según ellos, como los partidos políticos. Esto se percibe con toda
nitidez
en el plano teórico si se examina la obra de Hardt y Negri, Imperio, que
supiera tener un momento de gloria (afortunadamente efímero) hace algunos años
atrás en las primeras versiones del FSM. En Imperio los movimientos sociales
son concebidos como expresiones infinitas de la multitud y esta, por su
carácter descentrado, desterritorializado, molecular y nomádico, es
radicalmente incompatible con cualquier planteamiento de estrategia y táctica.
Para Hardt y Negri tales preocupaciones corresponden a una forma de actuación
política perteneciente a una época históricamente superada. Por lo tanto, se
hace un culto a la supuesta rebeldía de las multitudes nómades, algo que
debería ser sometido a cierta forma de corroboración práctica o empírica, y se
abandona por completo toda preocupación por la organización, la estrategia y
las tácticas de lucha, con los resultados previsibles. Este tipo de
ensoñaciones es altamente funcional para el imperialismo pues contribuye a
postergar sine die la constitución del sujeto popular, plural pero integrado y
coherente. Lo mismo ocurre con la obra de John Holloway, que además nos invita
a dejar de lado toda pretensión de conquistar el poder. Hemos criticado en
otros lugares estas versiones contemporáneas del romanticismo político que
desembocan en la impotencia política y la resignación (Borón, 2002). Digamos
simplemente que contrariamente a estas teorizaciones de moda el problema de la
estrategia y táctica de las clases subalternas está indisolublemente unido a
las perspectivas de su propia emancipación. Esta no ocurrirá por una casualidad
histórica, o como una concesión graciosa de las clases dominantes. Por lo
tanto, se trata de una cuestión fundamental. Pero la victoria ideológica del
neoliberalismo, que también se ha sentido en las filas de la intelectualidad de
izquierda, ha suprimido todas estas cuestiones de la agenda de los partidos y
movimientos interesados en la emancipación social, dando origen a una serie
interminable de frustraciones.
Conclusión:
insuficiencias de las dos vías.
En
síntesis: los grandes movimientos sociales que coparon las calles de algunas
ciudades de América Latina cumplieron sólo una parte de la tarea que la
historia les había asignado. Mediante la vía insurreccional derrocaron a varios
gobiernos neoliberales, pero sólo para ser reemplazados por otros muy
parecidos. Hay dos excepciones, con todo, dignas de ser subrayadas: Bolivia y
Ecuador. En ambos países los movimientos lograron darse una organización
política, por elemental que haya sido, y trazarse una estrategia de poder que
potenciaba, en el terreno electoral, el impulso que habían adquirido en las
calles. El resultado fue que en ambos países esos movimientos llegaron al
gobierno, y tienen buenas posibilidades de comenzar a cambiar un escenario que
parecía condenado indefectiblemente al inmovilismo o a un improductivo ciclo de
estallidos populares inorgánicos seguidos de una astuta recomposición del
dominio burgués. Pero en la mayoría de los casos la imponente movilización
popular se esfumó en el aire poco después de consumado el desalojo del gobierno
y sin haber sido capaz de plasmar un nuevo sujeto político imbuido de los
atributos necesarios para consolidar la correlación de fuerzas existente y
evitar la recaída a situaciones anteriores.
No
obstante, si los movimientos sociales fracasaron en la construcción de una
alternativa nada distinto ocurrió con los gobiernos surgidos por la otra vía,
la ruta institucional de las elecciones. Lula en Brasil, Kirchner en Argentina,
Bachelet en Chile y Vázquez en Uruguay muestran claramente la impotencia de las
clases subalternas para imponer una agenda pos-neoliberal en gobiernos elegidos
por grandes mayorías populares y precisamente para ese fin. Claro está, empero,
que hay una importante diferencia: la gesta de los movimientos dejó profundas
(y dolorosas) enseñanzas para las clases populares, y les hizo barruntar las
potencialidades transformadoras que encierra su protagonismo. Aprendieron que
si se lo proponen pueden desembarazarse de gobiernos reaccionarios, lo que no
es poca cosa. Y los políticos derechistas también aprendieron la lección,
abandonando la impunidad con que se movían años atrás. En las experiencias de
recambios electorales, en cambio, a las masas sólo les quedó tan sólo el sabor
amargo de un nuevo engaño y una nueva frustración. La capacidad sin precedentes
de las clases y capas populares para derrocar gobiernos de derechas las
reintrodujo en la escena política como un nuevo factor. Antes de su insurgencia
los únicos sujetos de las “transiciones democráticas” eran los partidos. Ya no
más. La
importancia
de su papel ha quedado claramente demostrada en los casos más interesantes y
prometedores de la política sudamericana: Venezuela, Bolivia y Ecuador. En
Venezuela haciendo posible con su movilización la derrota del golpe de estado
fascista y profundizando, inmediatamente después, la radicalización de la
Revolución Bolivariana. En Bolivia y Ecuador demostrando la excepcional
productividad que pueden tener los movimientos cuando, sin dejar de serlos, son
al mismo tiempo capaces de darse una estrategia político-institucional que
combine la lucha en las calles con las urnas. Los cuatro únicos gobiernos de
izquierda que hay en América latina: Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador (por
orden de aparición) se enfrentan a formidables desafíos. El hostigamiento
abierto o encubierto de los Estados Unidos, los intentos golpistas, la
criminalización internacional, el sabotaje económico, la manipulación mediática
y las “campaña del terror” se combinan con las “condicionalidades” de las
instituciones financieras internacionales para tratar de ahogar en su cuna
cualquier proceso emancipatorio. Es preciso no hacerse ninguna ilusión en el
sentido de que los beneficiarios internos y externos de un status quo tan
injusto como el actual permanecerán de brazos cruzados ante los vientos de
cambio que hoy barren la escena latinoamericana. Es probable que el progreso de
un proceso genuino de democratización, no el simulacro que tenemos hoy, desate
la ferocidad represiva que durante tanto tiempo hemos padecido en la región.
Nuestra historia muestra que aún los proyectos reformistas más tímidos
desencadenaron rabiosas contrarrevoluciones. ¿Será diferente esta vez?
(Buenos
Aires, 2008)
Para
leer más sobre este tema
• Atilio Borón, Tras el búho de Minerva. Mercado
contra democracia en el capitalismo de fin de siglo, Fondo de Cultura
Económica, Buenos Aires, 2000.
• Atilio Borón, Imperio & Imperialismo. Una
lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri, CLACSO.
• Atilio Borón, « Crisis de las democracias y
movimientos sociales en América Latina. Notas para una discusión », Revista del
OSAL (Observatorio Social de América Latina), año VII, nº 20, mayo-agosto,
CLACSO, Buenos Aires, 2006.
• Giuseppe Cocco y Antonio Negri, Global.
Biopoder y luchas en una América Latina globalizada, Siglo XXI, Buenos Aires,
2006.
• Colin Crouch, Post-Democracy, Polity Press,
Cambridge, 2005.
• Boaventura De Sousa Santos, Renovar la teoría
crítica y reinventar la emancipación social, CLACSO / Instituto Gino Germani,
Buenos Aires, 2006.
• Carlos Fernández Liria, Luís Alegre Zahonero
(con un prologo de Santiago Alba Rico), Comprender Venezuela, pensar la
democracia. El colapso moral de los intelectuales occidentales, Hiru, Pays
basque, 2006.
• Michael Hardt, Antonio Negri, Empire, Harvard
University Press, Cambridge, 2000.
• John Holloway, Cómo cambiar el mundo sin tomar
el poder, Herramienta, Buenos Aires, 2002.
• Ellen Meiksins Wood, Democracia contra
capitalismo. Renovando el materialismo histórico, Siglo XXI Editores, Buenos
Aires, 1999.
• Barrington Jr. Moore, Social Origins of
Dictatorship and Democracy, Beacon Press,
Boston, 1966.
• Alfonso Sastre, La batalla de los
intelectuales, CLACSO, Buenos Aires, 2005.
• Gianni Vattimo, Ecce comu, Ciencias Sociales,
La Habana, 2006.
• Hilary Wainwright, Cómo ocupar el Estado.
Experiencias de democracia participativa, Icaria, Barcelona, 2005.
• Raúl Zibechi, Genealogía de la revuelta.
Argentina: la sociedad en movimiento, Letra Libre, La Plata, 2003.
América latina frente a la crisis global
por
Claudio Katz
Claudio
Katz es Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de
Izquierda), es autor de numeroso articulos y de Las disyuntivas de la izquierda
en América Latina, Ed Luxemburg, Buenos aires, 2008. Su página web es:
www.lahaine.org/katz
El
impacto de la crisis mundial sobre América Latina suscita tres tipos de
discusiones: la incidencia económica inmediata, los efectos políticos de largo
plazo y las medidas sociales requeridas para enfrentar el descalabro
financiero.
Especulaciones
pos-desacople
En
el terreno económico, la crisis ha producido un generalizado desplome de las
Bolsas y fugas capital, que han contraído el crédito. La depreciación de las
materias primas induce a la recesión, el desempleo se expande y se agota el
crecimiento con desigualdad que predominó en los últimos cinco años. También la
esperanza en un desacople se ha diluido y decae la expectativa de evitar el
temblor, por haberlo sufrido anticipadamente durante la década pasada. La
protección esperada de tres escudos -reservas sustanciales, menor deuda en
relación al PBI y superávit fiscal- ya resulta insuficiente. Esas barreras
probablemente habrían contrarrestado el desplome internacional acotado que
prevalecía hasta septiembre del 2008. Pero el desmoronamiento financiero asumió
una dimensión muy superior desde esa fecha. Esta vez América Latina es
receptora del tsunami. Soporta desde afuera la conmoción que protagonizó en
repetidas oportunidades. ¿Qué gravedad tendrá este golpe en comparación a otras
zonas de la periferia? Algunos economistas estiman que el efecto bursátil será
más agudo que en las economías centrales por la fragilidad local de los
mercados accionarios. Pero esperan una incidencia manejable en los bancos, que
han limpiado mayoritariamente sus balances durante los desplomes anteriores.
También evalúan que las entidades financieras se encuentran menos contaminadas
con títulos tóxicos (hipotecas) y operaciones especulativas (securitización,
derivados). La reducida gravitación del crédito en la zona redujo la envergadura
de esas transacciones272.
Otros
diagnósticos destacan que la situación fiscal luce mejor que en Europa
Oriental. También estiman que la retracción de las exportaciones será más
digerible que en África, aunque más impactante que en Asia. Atribuyen esta
adversidad a la gran concentración de ventas en una limitada canasta de
productos básicos273. Pero el principal problema de estas evaluaciones es su
carácter efímero. Irrumpen y desaparecen de la crónica periodística con
asombrosa velocidad. Un día se coloca a Latinoamérica fuera del vendaval y a la
jornada siguiente en el centro de la
tormenta. Algunas estimaciones presentan, además, un tono
sospechosamente sesgado. El FMI, por ejemplo, considera que Argentina,
Venezuela y Ecuador afrontan mayores amenazas de cesación de pagos que México,
Chile o Colombia. Esos mensajes están en realidad plagados de resentimiento
hacia los gobiernos contestatarios y los deudores incumplidores274. Ninguna
caracterización seria surge de esas especulaciones.
Tres efectos
272The
Economist-La Nación “América Latina se prepara para tiempos duros”, 22-1-09.
273The
Economist- La Nación, ¿“Emergentes: ¿caída o tropezón”?, 20-1-09.
274
The Wall Street Journal- La Nación, “La sequía del financiamiento comercial
pone en jaque a los mercados emergentes”, 22-12-08.
América
Latina recepta, en primer lugar, la crisis de sobre-acumulación global que
generó la aglomeración de capitales ficticios en la esfera financiera. Dado el
reducido alcance del endeudamiento personal en la región, este impacto no se
traduce por ahora en bancos corroídos por préstamos irrecuperables. Pero el
crack ha creado una necesidad de liquidez en las economías centrales, que
provoca fuertes sustracciones de fondos. Especialmente los bancos extranjeros
transfieren recursos desde América Latina hacia sus casas matrices. Estas
repatriaciones ya afectan a un cuarto del total de recursos manejados por esas
entidades en las economías emergentes. También los segmentos
internacionalizados de las finanzas regionales son vulnerables al desplome
global. Algunos fondos privados de pensión –enlazados al vaivén especulativo
mundial- acumulan pérdidas que amenazan su supervivencia (especialmente en
Chile). América Latina soporta, en segundo lugar, la sobreproducción de
mercancías, que caracteriza a la crisis actual. Este excedente fue
desencadenado por el modelo de competencia mundial en torno a salarios
descendentes, que generalizó el neoliberalismo. El efecto de este desequilibrio
se verifica particularmente en las ramas más globalizadas de la industria
regional. El sector automotor sufre, por ejemplo, la misma plétora de productos
que golpea a las economías metropolitanas275. Este sobrante es dramático en
México, que exporta vehículos ensamblados a Estados Unidos y en Brasil, que
soporta una destrucción de empleos equiparable al registrado en la primera
potencia. El panorama es igualmente problemático en Argentina, a pesar de la
extraordinaria rentabilidad que tuvieron las automotrices en los últimos años.
El ajuste industrial que sacude a Latinoamérica es impuesto por las empresas
transnacionales, que reorganizan su producción a escala mundial. En el sombrío
clima actual ya no se escuchan elogios a la globalización neoliberal, ni
alabanzas a cualquier tipo de inversión. Las terribles consecuencias de la
fabricación mundial integrada -bajo los principios de la competencia y el
beneficio- comienzan a salir a flote. Pero la mayor amenaza en ciernes para la
zona proviene de un tercer impacto mundial: la abrupta caída de los precios de
las materias primas. Este desmoronamiento revierte el crecimiento del último
quinquenio, que se apoyó en una significativa mejora de los términos de
intercambio (33% en comparación al promedio de la década precedente). Esa
coyuntura permitió incluso alcanzar volúmenes de exportación superiores a la
deuda externa en el 2006 y el 2007.
Pero
el cambio de tendencia afecta ahora las balanzas comerciales y los presupuestos
públicos. El crecimiento consecutivo al 5,5% anual desde el 2003 ha quedado
atrás. El PBI del 2008 se desaceleró a 3,3% y todas las estimaciones del 2009
se están ajustando hacia abajo. Muchos economistas sostienen que América Latina
podrá soportar igualmente el huracán, si adopta medidas audaces de reactivación
keynesiana. Estas iniciativas ya se están implementando para aumentar la
liquidez, expandir el crédito público y subvencionar la industria. Los debates
sobre su efectividad o suficiencia han ganado la primera plana276. Pero, en los
hechos, esa viabilidad depende de la magnitud de la crisis y no tanto del
acierto de los correctivos. Las políticas monetarias y fiscales anticíclicas
inciden dentro de ciertos límites. Pueden reanimar la demanda o detener la
caída de la producción en un cuadro recesivo, pero tienen poca influencia en
una depresión en picada. Por ahora el colapso financiero golpea con mayor furia
a las economías centrales, pero Estados Unidos, Europa Central y Japón cuentan
con recursos superiores para intentar un contrapeso. Pueden ensayar
reactivaciones con el sostén del Tesoro y emiten los dólares, euros y yenes que
utiliza América Latina. Además, incrementan el déficit fiscal, mientras la
región continúa atada a las normas del superávit. En síntesis, en la cambiante
coyuntura latinoamericana tiende a estrecharse el margen de las políticas
macroeconómicas que intentan frenar el vendaval.
¿Beneficio
de largo plazo?
275
Hemos analizado esta combinación de sobre-acumulación de capitales y
sobreproducción de mercancías en: Katz Claudio, “Codicia, regulación o
capitalismo”(30-12-08) y “Lección acelerada de capitalismo” (4-10-08),
http://katz.lahaine.org
276Por
ejemplo: Vanoli Alejandro. “Cómo inmunizar a la argentina en el casino global”,
Clarín, 16-8-07.
El
escenario que emergerá de la crisis dependerá de desenlaces políticos
imprevisibles y autónomos de la tormenta económico-financiera. Basta recordar
que la depresión del 30 fue zanjada con una guerra mundial y que la Unión
Soviética se desmoronó por la implosión de un régimen, para notar cuán
gravitante es la incidencia de los acontecimientos políticos. América Latina se
encuentra en un punto de cruce de tendencias geopolíticas contradictorias
determinadas por tres procesos: la autonomía regional, la postura de Estados
Unidos y el perfil de Brasil. En el primer terreno de independencia zonal,
algunos analistas estiman que la adversidad actual tendrá efectos favorables,
si se repite lo ocurrido en los años 30. Recuerdan que la debacle de
entre-guerra generó condiciones propicias para la gestación de los procesos
posteriores de industrialización277. Pero olvidan que el impacto inicial de la
gran depresión fue una dolorosa depreciación de las materias primas. La
sustitución de importaciones apareció sólo ulteriormente, como consecuencia del
proteccionismo y la guerra mundial y se instrumentó en una región, que pudo
mantenerse al margen de esa conflagración. La única comparación apropiada,
hasta el momento, es con el shock adverso que inicialmente generó la gran
depresión. Nadie puede predecir que sucederá posteriormente. Una eventual
reproducción del contexto de posguerra choca no sólo con la ausencia de
confrontaciones bélicas interimperialistas, sino también con la mayor
internacionalización de la economía. Es cierto que algunos rasgos de autonomía
regional ya aparecieron en Sudamérica antes del estallido actual, especialmente
en el plano financiero. En el último quinquenio de crecimiento se registraron
recompras de títulos públicos y reducciones del endeudamiento, que guardan
cierto paralelo con lo ocurrido luego de la gran depresión. Pero la continuidad
de esta atenuación de la carga financiera es un interrogante. Lo importante es
percibir que un desmoronamiento económico en el centro del capitalismo, no amplía
necesariamente los márgenes de acción de la periferia. La crisis de los 70
demostró que puede suceder lo contrario. Esa conmoción empalmó inicialmente con
un marco favorable para el Tercer Mundo. La derrota de Vietnam había recortado
la capacidad de intervención norteamericana y el encarecimiento de las materias
primas mejoraba los ingresos de la periferia, en el novedoso marco que rodeaba
a la OPEP. Un bloque de 77 a 125 países No Alineados proponía el
establecimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional. Promovía estabilidad
de precios para las materias primas, mayor acceso a los mercados desarrollados,
transferencias de recursos al Sur y participación de la periferia en las
decisiones de ONU.
Pero
este curso quedó abruptamente clausurado en los 80 con la ofensiva neoliberal.
Mediante aumentos de tasas de interés y recortes de la demanda de insumos que
provocaron la depreciación de los productos básicos, las grandes potencias
retomaron su control del Tercer Mundo. América Latina soportó el brusco aumento
de su endeudamiento -y en lugar de un desahogo post-30- padeció un desplome
equivalente a la gran depresión. El breve alivio de las desigualdades
internacionales quedó sustituido por una nueva etapa de polarización global,
que perduró hasta el fin del siglo XX. Este antecedente ilustra cuán acotado y
frágil puede resultar un período de autonomía periférica. Se pueden ponderar
las numerosas diferencias que distinguen la etapa actual de los años 70,
comparando por ejemplo el viejo rol de la Unión Soviética con el papel reciente
de China. Pero resulta imposible definir si estos cambios serán ventajosos o
desfavorables para la periferia. Más especulativo aún es presagiar un escenario
de nueva industrialización independiente para América Latina.
Multipolaridad
opresiva
La
apuesta a un beneficio latinoamericano de la crisis actual se apoya en la
previsión de un escenario multipolar. Muchos analistas estiman que la región
podría aprovechar la mutación del marco global, para adoptar políticas más
autónomas278. Ese período de mayor dispersión o equilibrio entre fuerzas
capitalistas del planeta es ciertamente una posibilidad. Pero resulta decisivo
277Esta
tesis plantea, por ejemplo, Cardoso Fernando Henrique, “Ante una reingeniería
de las finanzas mundiales”, Clarín, 15-10-08.
278Es
la tesis que presentan: Gresh Alain, “El consenso de Pekín”, Le Monde Diplo,
Buenos Aires, noviembre 2008, Sercovich Francisco. “Globalización: los nuevos
desencantados” Clarín, 19-8-07, Golub Philip, “Hacia un mundo descentralizado”,
Le Monde Diplo, Buenos Aires, noviembre 2008,.
subrayar
que no favorecería por sí mismo a las mayorías populares. Más bien fortalecería
a las clases dominantes locales vinculadas con las potencias hegemónicas. Esta
hipótesis es omitida por la tesis multipolar. El mayor ascenso geopolítico de
China, India o Rusia seguramente incluiría agudos conflictos con los
capitalistas del centro, pero tendería esencialmente a asentarse en la
asociación con esos sectores. Estas alianzas se forjaron durante las últimas
dos décadas y dieron lugar a llamativas compras de activos en las economías
avanzadas por parte de las multinacionales emergentes279.
Estas
mismas tendencias han persistido luego del estallido global y se verifican en
el financiamiento asiático del déficit norteamericano. La activa participación
oriental en el rescate de los bancos estadounidenses y el traspaso de empresas
quebradas a propietarios de ese origen forman parte de este mismo proceso280.
En las últimas décadas la dominación global estuvo en manos de una tríada de
potencias encabezadas por Estados Unidos. El imperialismo clásico -de países
que derrotan y subordinan a sus rivales por medio de la guerra- fue sustituido
por el imperialismo colectivo. Norteamérica ha liderado en las últimas décadas
un poder compartido con Europa y Japón. Un eventual escenario multipolar
surgiría de la incorporación de nuevos asociados a ese entramado. Remodelaría
la opresión y obstruiría la emancipación popular281.
La
crisis de dominación estadounidense
La
localización central de la crisis en la economía norteamericana agrava los
problemas que enfrenta la primera potencia en América Latina. Estas
dificultades derivan de fracasos políticos militares extra-regionales (Medio
Oriente) y rebeliones antiimperialistas en la zona. Desde el fallido proyecto
del ALCA se registra una pérdida de posiciones del gigante del Norte, que ha
dado lugar al estancamiento de los Tratados de Libre Comercio. Un afianzamiento
del giro proteccionista actual acotaría adicionalmente el alcance de esos
convenios. Cualquier aumento significativo de los aranceles en la principal
economía del continente haría trastabillar a los TLCs. La crisis actual
golpeará especialmente a los socios fronterizos de Estados Unidos. México
afronta el desplome del mercado que absorbe el 90 % de sus exportaciones, en un
explosivo contexto de retorno de emigrantes, deterioro social y crimen
organizado. El viejo idilio con el Nafta se ha transformado en una pesadilla.
También la expectativa estadounidense de capturar PEMEX ha decaído, junto al
desmoronamiento de varias multinacionales mexicanas dependientes de la economía
estadounidense282. Más grave es la situación de los pequeños países
centroamericanos atados a la afluencia de remesas. La escasa significación
pasada de los emigrantes latinos en la economía del Norte (1,7 millones en
1970) contrasta con su enorme gravitación actual (17, 4 millones en 2005). La
repatriación -que ya genera el desempleo masivo en la metrópoli- afectará
directamente las relaciones de Estados Unidos con estas naciones283.
El
contexto político que afronta el Departamento de Estado es más adverso en
Sudamérica. Como resultado de grandes conmociones políticas y sociales, gran
parte de los gobiernos han tomado
279Algunos
periodistas utilizaron el término NAN (Nuevas Naciones Adquisitivas) para
describir este proceso, que incluyó la transferencia de una parte de British
Petroleum a capitalistas chinos, así como de la canadiense Inco a empresarios
brasileños y de la norteamericana Asaco a potentados de la India. Cohen Roger.
“El mundo está al revés”, La Nación, 2-6-08.
280Los
países del sudeste asiático tienen en su poder la mitad de la deuda EEUU y
China jugó un papel directo en los
salvatajes
de Fanny Mae y Freddie Mac. Bular Martine, “El poder mundial se desplaza”, Le
Monde Diplo, noviembre 2008.
281El
concepto de imperialismo colectivo ha sido desarrollado por Amin Samir, “US
imperialism, Europe and the middle east”, Monthly Review, vol 56, n 6, November
2004.
282
Una empresa de este tipo -como Cementos mexicanos- se encuentra en un estado
crítico por la retracción de insumos que provocó el desplome del negocio
inmobiliario. The Wall Street Journal- La Nación, “Cemex, un símbolo de la
globalización ahora hace frente a su costado adverso”, 11-12-08.
283Un
detallado análisis de estos problemas presenta: Canales Alejandro. “Incluidos y
segregados”, Crisis de hegemonía de Estados Unidos, Siglo XXI, México, 2007.
distancia
de su vieja subordinación al Norte. Durante el año pasado Estados Unidos quedó
marginado de las negociaciones para enmendar dos conflictos claves: la
incursión militar de Colombia a territorio ecuatoriano y el frustrado golpe
derechista en Bolivia. Debió soportar, además, la inédita expulsión de dos
embajadores (Venezuela y Bolivia), que hasta ahora no retornado a sus cargos.
Algunos analistas estiman que este marco obligará a Estados Unidos a atenuar su
control sobre América Latina [. Consideran que el Departamento de Estado
adoptará una postura más condescendiente (o menos interesada) en el futuro del
continente. Suponen, especialmente, que Obama podría también deslizarse hacia
actitudes que “superen los vestigios de la guerra fría”284. Pero, en realidad,
el nuevo presidente no se dispone a introducir cambios significativos en el
área latinoamericana. Retirará los presos de Guantánamo, pero no devolverá el
enclave a Cuba, ni juzgará a Bush por las torturas. Aliviaría las restricciones
para viajar a la isla, pero sin levantar el embargo y buscará acercamientos
diplomáticos que eviten reconocer la derrota imperial. Habrá que ver si aligera
el encubrimiento al terrorismo de estado en Colombia y si atenúa el acoso sobre
Venezuela y Bolivia. La continuidad de políticas imperialistas consensuadas con
los republicanos ha sido la norma de todas las administraciones demócratas.
Seguramente Obama retomará una combinación de garrote y zanahoria, con más
incidencia diplomática (tradición de Clinton) que brutalidad descarada
(herencia de Bush) [este texto ha sido elaborado antes del Golpe de estado en
Honduras – NdE].
Los
virajes que el nuevo presidente debe encarar en el plano interno no se
proyectan a la política exterior. Un mandatario de color –que no representaba
inicialmente al establishment- enfrenta un terremoto social sin precedentes
desde Roosvelt, en un contexto de transformaciones democráticas inéditas desde
Kennedy. Este aluvión interno obliga a cambiar la agenda tradicional. Pero el
libreto para el Patio Trasero se mantiene sin variantes. Desde hace siglos los
gobiernos estadounidenses implementan estrategias de sujeción basadas en la
doctrina Monroe. Tarde o temprano la primera potencia encarará una
contraofensiva, cuyos anticipos ya se vislumbran en la reactivación de IV
flota. Con el pretexto del narcotráfico (o del terrorismo), el Comando Sur de
Miami gana terreno. Ya reúne más personal civil dedicado a la Latinoamérica que
todos los departamentos diplomáticos y comerciales de Washington. Las bases de
Colombia tienen extensiones en Perú y existe una novedosa hipótesis de
intervención militar a México285. La primera potencia perdió en la última
década cierta gravitación económica, frente a sus competidores europeos. Las
empresas del Viejo Continente desplazaron a las compañías norteamericanas en el
monto de las inversiones externas286. Pero la Unión Europea no aspira a
reemplazar a su rival y se ha limitado a ensayar tratados de libre comercio
calcados del ALCA. Habrá que ver, además, cómo la crisis global afecta al
artífice español de la avanzada europea. Las compañías ibéricas deben lidiar
con una montaña de pérdidas, que las obliga a retirarse y vender activos287. Es
cierto también que Estados Unidos ha debido tolerar la primera incursión
comercial china, la visita de la marina rusa a Cuba y los viajes de
284Es
la conducta que sugiere: Tokatlian Juan Gabriel, “Fin a la guerra fría en
América Latina”, Clarín, 20-1-09. Tokatlian Juan Gabriel. “Obama y el cambio”,
Pagina 12, 19-11-08. Tokatlian Juan Gabriel, “Un golpe a la hegemonía de EEUU”,
La Nación, 6-10-08.
285La
IV flota tiene previsto navegar por ríos interiores, con un equipamiento
equivalente a la V flota (Golfo Pérsico) o la VI flota (Mediterráneo).
Introducirá un complemento marítimo al control aéreo y territorial que Estados
Unidos
detenta
de la zona. Boron Atilio, “La IV flota destruyó a Imperio”, ALAI, 21-8-08.
Boron Atilio, “Gatopardismo imperial”, Página 12, 21-1-09. Dufour Jules. “El
regreso de la cuarta flota y el futuro de América Latina”,
www.Mondalisation.ca/, 28-8-08.
286
Cammack Paul. “Signos de los tiempos: capitalismo, competitividad y el nuevo
rostro del imperio en América Latina”. El imperio recargado, CLACSO, Buenos
Aires, 2005.
287Estas
empresas invirtieron en la región 165.000 millones de dólares (10% de PBI
español) y ahora predomina una oleada de ventas, visible en la salida del grupo
Marsans de Aerolíneas, la nacionalización de los fondos de pensión en
Argentina
(manejados por el BBVA) y la estatización venezolana de filiales locales del
Santander. También Repsol se desprende de sus participaciones en Venezuela,
Bolivia y Ecuador. The Wall Street Journal- La Nación, “Las inversiones en
América Latina les cuestan caro a las empresas a las empresas españolas”,
4-12-08.
funcionarios
iraníes a Venezuela. Pero estas presencias amenazan menos que Europa la
dominación tradicional norteamericana. Ningún dato corrobora, por lo tanto, las
tesis de la indiferencia (o la resignación) de Estados Unidos frente a
Latinoamérica.
¿Declinación
inexorable?
Ciertos
analistas atribuyen el futuro desahogo latinoamericano a una declinación
estructural e inevitable de Estados Unidos. Las versiones más vulgares de este
enfoque son habitualmente recogidas por los medios de comunicación. Han sido
enunciadas por futurólogos de instituciones próximas al Departamento de Estado
y auguran el liderazgo de Europa o Asia y el ascenso de nuevas potencias
(China, Rusia, India). Luego del fracaso neoconservador de Bush, algunos le han
puesto fecha al fin de la primacía norteamericana (año 2025)288. Esos
pronósticos contrastan con el deslumbramiento pro-norteamericano que prevalecía
en la década anterior y también con la euforia mediática que rodeó al ascenso
de Obama. Los mismos medios –que teorizan la agonía de Estados Unidos-
resaltaron los atributos del nuevo presidente para restaurar el sueño
americano. En este sube y baja, el fin del imperio y su resurrección se
alternan con sorprendente velocidad289. Otros teóricos de la decadencia
ponderan esta regresión. Estiman que permitirá superar las desventajas de la
dominación global en el terreno económico (menor productividad) y político
(creciente desprestigio). Con esta visión transmiten una idílica imagen de
renuncia estadounidense a sus prerrogativas290.
Pero
es bastante absurdo presentar al imperialismo norteamericano como víctima de
una supremacía indeseada. El Pentágono y el Departamento de Estado ejercen un
rol mundial opresivo a favor de empresas norteamericanas y custodian los
grandes lucros que genera esa dominación. Desde una óptica muy diferente, los
analistas serios han buscado aplicar la tesis de la declinación norteamericana
a Latinoamérica. Presentan datos significativos del retroceso tecnológico y
productivo de la primera potencia y evidencias de su debilitamiento para
ejercer la hegemonía frente a sus
rivales291. Pero este enfoque contiene un reconocimiento problemático: el
dominio militar estadounidense persiste sin rivales a la vista y es aceptado
por sus competidores. Esta ausencia de reemplazante bélico (europeo o asiático)
es particularmente decisiva, en el esquema de la escuela sistémica. Esta
corriente asocia cada etapa de la historia contemporánea con la existencia de
una potencia dominante o en curso de ejercer esa supremacía292. Como los
candidatos a ocupar ese liderazgo no pasaron la prueba de las últimas décadas
(Alemania en los 70, Japón en los 80, Unión Europa en los 90), habría que ser
más cauteloso con los pronósticos sobre China. La supremacía norteamericana
atraviesa por una crisis, cuyo desemboque final es una incógnita. No está
escrito en ningún lado que concluirá con el ascenso de un contrincante o con el
reciclaje del propio liderazgo. Resulta imposible determinar, por el momento,
si Estados Unidos atraviesa un retroceso acotado o definitivo. Pero el
trasfondo teórico de este problema es la controvertida noción de auge y
decadencia de los imperios. Esta tesis de reemplazos cíclicos de la supremacía
mundial presupone una filosofía de etapas predeterminadas de la historia. Es un
enfoque con razonamientos fatalistas, que choca con la asignación de
protagonismo a los sujetos sociales. La interpretación de la historia como un
devenir de la lucha de clases -en un marco de condiciones objetivas- es
incompatible con la regla de la dominación imperial sustitutiva.
El
nuevo perfil de Brasil
288Fukuyama
Francis. “Nuevos desafíos geopolíticos” Clarín, 29-9-08. Gray John, ¿Fin del
liderazgo estadounidense?”, Clarín, 1-10-08. Diament Mario, “Adiós a la era de
EEUU”, La Nación, 17-5-08.
289Con
la Obamania recuperaron terreno los que apuestan a un resurgimiento basado en
la capacidad norteamericana para absorber inmigrantes. Oppenheimer Andrés,
“EEUU y la era post-Bush” La Nación, 25-11-08.
290
Roubini Nouriel. “La decadencia del imperio americano” Global EconomMonitor,
9-08.
291Guillén
Arturo. “La declinación de la hegemonía estadounidense y sus implicaciones para
América Latina”. Ponencia al Segundo Coloquio de la SEPLA, Caracas, 14-16
noviembre de 2007.
292
Es el enfoque de Wallerstein Immanuel, Capitalismo histórico y movimientos
anti-sistémicos: un análisis de
sistemas
– mundo, 2004, Akal, Madrid, (cap 28).
La
actual discusión sobre la regresión estadounidense contrasta también con la
imagen de una superpotencia imponiendo sus prioridades a Latinoamérica, que
acompañó al debut del neoliberalismo. Este cambio indica una crisis del viejo
rol pretoriano del Pentágono, protegiendo a clases dominantes frágiles, estados
inestables y elites poco autónomas. Especialmente en Sudamérica no se verifica
actualmente el tipo de sujeción neo-colonial, que rige por ejemplo en varias
regiones de África. Es incorrecto observar a las principales clases dominantes
locales como títeres de un imperio. Actúan como grupos de explotadores con
intereses y estrategias propias, en un
escenario que difiere sustancialmente del marco semicolonial. Este cambio de
contexto es soslayado por muchos teóricos de la recolonización, que sólo
resaltan la reinserción subalterna de la región en el mercado mundial o la
reaparición de formas de sujeción prenacionales293. Con esta visión se pierde
de vista no solo el retroceso de la dominación norteamericana, sino también la
nueva gravitación de Brasil. No se registra que este país es el gran candidato
a comandar una multipolaridad opresiva en Sudamérica. A pesar del bajo
crecimiento de últimos años, las empresas transnacionales de ese origen se han
consolidado en toda la región. Se apoderaron del 50% de la principal actividad
económica uruguaya (industria de la carne), comprando tierras y controlando un
tercio de la faena. Capturaron varias firmas estratégicas de Argentina
(especialmente Pecom y Loma Negra) y ya
manejan el 95% de la soja exportada desde Paraguay. A principios de la década,
Petrobrás se apropió del 45% del gas, el 39% del petrolero y de toda refinación
de Bolivia. En Perú dos conglomerados brasileños controlan el grueso de las
minas de zinc y fosfato. En Ecuador gestionan varios yacimientos estratégicos y
administran los principales proyectos de obra pública.
La
expansión sudamericana de las multinacionales brasileñas se ha sostenido en la
financiación oficial (BNDES). Esos créditos han crecido más que los fondos
aportados a la región por el FMI o el Banco Mundial. Las compañías de Brasil
sustraen materias primas, dominan fuentes de energía y abastecen mercados de
consumo. Su principal núcleo -Petrobrás, Gerdau, VM, Oderbrecht, Friboi,
Marfrig, Vale- opera con elevados niveles de internacionalización294. El
principal proyecto de estas firmas es un conjunto de autopistas e hidrovías
programados en el IIRSA (Infraestructura regional sudamericana). Este plan
involucra a todos los países vecinos y se localiza prioritariamente en la
Amazonia. Apunta a explotar los gigantescos recursos naturales de esa
región295. La expansión multinacional brasileña se apoya también en la agresiva
diplomacia de negocios que desarrolla Itamaraty. Esta política ha provocado
numerosos conflictos. Petrobrás se opuso a las nacionalizaciones dispuestas por
Evo Morales y Lula buscó imponer términos leoninos a las indemnizaciones en
juego. También en Ecuador, Brasilia llamó inmediatamente a consultas a su
embajador ante los cuestionamientos oficiales que recibió la empresa
Oderbrecht, por represas construidas con fallas estructurales. Es probable que
el próximo conflicto involucre a Itaipú, ya que Paraguay tiene vedado el manejo
soberano de sus recursos hidroeléctricos. Debe vender la energía excedente a
una tarifa inferior al precio de mercado, para solventar una deuda odiosa con
el acreedor brasileño296.
Para
sostener la política de las corporaciones, Brasil se militariza con tecnología
francesa. Se construyen submarinos, aviones y helicópteros destinados a
custodiar los intereses de esas
293
Estos enfoques remarcan también la subordinación de las elites locales al
capital foráneo y la restauración de formas primitivas de acumulación basadas
en la depredación. Un debate sobre estos temas plantea por Sorans Miguel, “¿Hay
una recolonización mundial?”, Correspondencia Internacional, n 26, octubre-
diciembre 2008. Ver también: Salinas Figueredo Darío, “Las coordenadas de la
política estadounidense”, Crisis de
hegemonía de Estados Unidos, Siglo XXI,
México, 2007.
294
La proporción de las ventas externas en comparación a las internas es muy
significativo en todas estas compañías.
Un completo análisis de estas empresas presenta: Luce Mathias, “La
expansión del subimperialismo brasileño”, Patria Grande, n 9, diciembre 2008.
295Son
514 proyectos de energía, transporte y comunicaciones a desarrollar diagramados
concebidos para el período 2005-2010. Verdum Ricardo, “Financiamento a
megaproyectos: novos desaíos”, Contra Corriente, Janeiro 2009. Tautz Carlos “A
Amazonia como alvo principal”, Contra Corriente, Janeiro, 2009.
296Lamarque
Cecile, “El tratado entre Paraguay y Brasil: un escándalo que duró demasiado”,
www.cadtm.org/spip.php, 25-12-08.
compañías,
en las vastas regiones inexploradas del subcontinente. Este correlato militar
de la expansión multinacional no se limita al radio fronterizo. Desde el 2004
Brasil lidera las fuerzas de ocupación que reemplazaron a los marines en Haití.
Garantiza allí una política neoliberal, que agrava la tragedia de hambre,
pobreza y emigración, utilizando los métodos policiales que ensayó en las
favelas. Esas acciones han facilitado el ingreso de las firmas brasileñas al
Caribe. La estrategia geopolítica en curso apunta a lograr desde UNASUR, el
ambicionado asiento brasileño en el Consejo de Seguridad. Con este objetivo
Itamaraty amplía el radio de alianzas (ahora con México) y estimula el ingreso
de Cuba a Grupo Río.
Lula
repite la política de lobby que desarrolló Felipe González, para posicionar a
las empresas españolas en América latina. Como busca garantizar la estabilidad
de negocios arbitrados por la diplomacia brasileña, rechaza las pretensiones
separatistas de la extrema derecha sudamericana (Santa Cruz, Beni, Pando y
Tarija en Bolivia, Zulia en Venezuela, Guayas en Ecuador). Brasil subordina
incluso la continuidad del MERCOSUR a su liderazgo. Demorará la moneda común y
el parlamento regional hasta que tenga asegurada esa conducción. Tampoco
renuncia a estrategias unilaterales. En la última reunión de la OMC abandonó a
sus aliados del G 20, para buscar un compromiso directo con los países
desarrollados. Pero la dirección del bloque sudamericano requiere neutralizar
políticamente a Venezuela (dentro o fuera del MERCOSUR) y resolver los
conflictos comerciales con Argentina. Sólo fuertes beneficios geopolíticos
pueden atenuar las constantes quejas de los industriales de Sao Paulo hacia el
vecino del Sur. Todo indica, por lo tanto, que Brasil busca ocupar los espacios
creados por la crisis de dominación estadounidense. Pero aspira a cumplir este
rol sin chocar con la primera potencia. Tratará de saltar un escalón dentro de
la coordinación hegemónica que ha prevalecido desde la posguerra. Las clases
dominantes brasileñas pretenden jugar un rol más visible, pero al mismo tiempo
más integrado al imperialismo colectivo.
¿Cómo
responderá Estados Unidos? Hasta ahora predomina la indefinición. En el 2007
Bush suscribió un acuerdo estratégico con Lula para desenvolver una política
común de agro- combustibles. El abaratamiento del crudo y las disputas
aduaneras en torno al etanol amenazan ese convenio. Pero muchos opinan que
Obama podría retomar ese tratado, para asociar al principal país sudamericano a
la dominación global297.
En
su nuevo rol dominante Brasil tiende a jugar un rol subimperialista. Este papel
se está gestando bajo la cobertura de intereses regionales compartidos y no
resultará menos adverso para los pueblos, que la opresión tradicional ejercida
por el imperialismo estadounidense o europeo. El término de subimperialismo
surgió en los años 60 para retratar una expansión de Brasil conectada a las
prioridades del Departamento de Estado. Con el prefijo “sub”, Ruy Mauro Marini
indicaba el carácter tardío y periférico de la nueva potencia y su asociación
subordinada con Estados Unidos298. La denominación distinguía una acción
imperial emergente (Brasil) de una función ya dominante (Estados Unidos, Gran
Bretaña, Francia). También aludía a diferencias con imperialismos menores
(Suiza, Bélgica, España), extinguidos (otomano, austro-húngaro) o fallidos
(Rusia, Japón). La palabra subimperialismo podría erróneamente sugerir una
delegación del poder central a servidores de la periferia. Pero en el caso
brasileño siempre apuntó a resaltar el proceso opuesto de mayor autonomía de
las clases dominantes locales. La aplicación de ese concepto para la región
difiere, por ejemplo, de su uso para el caso de Israel (que actúa por mandato
del Pentágono) o de sub- potencias como Australia y Canadá, que actuaron
siempre adheridas al eje anglo-norteamericano. Una analogía más próxima a
Brasil sería el rol jugado por Sudáfrica, en la región austral del continente
negro. Hace cuarenta años el sub-imperialismo brasileño debutaba como gendarme anticomunista,
en acciones de una dictadura comprometida con la guerra fría. En la actualidad,
Brasil sostiene el orden capitalista por cuenta propia (ocupación de Haití), se
abastece con pertrechos de Francia y pone serios límites a la plataforma de los
marines en Colombia. El acierto más perdurable de los primeros teóricos del
subimperialismo fue captar la transformación de las viejas
297
Oppenheimer Andrés, “Una decisiva alianza energética”, La Nación, 20-1-09.
Pagni Carlos, “La estrategia latinoamericana de Barack Obama”, La Nación,
18-1-09
298
Marini Ruy Mauro, “La dialéctica del desarrollo capitalista en Brasil”,
Subdesarrollo y revolución, Siglo XXI, 1985 y Marini Ruy Mauro, Dialéctica de
la dependencia, ERA, México, 1985.
burguesías
nacionales (promotoras del mercado interno), en burguesías locales (que
priorizan la exportación y la asociación con empresas transnacionales). Marini
denominó “cooperación antagónica” al proceso de internacionalización del
capital local y polemizó con los autores que presentaban ese viraje, como un
acontecimiento favorable al desarrollo del país299.
Este
giro multinacional de las clases dominantes se ha consolidado en las últimas
dos décadas y se plasma actualmente en la expansión de las firmas brasileñas
hacia los países vecinos.
Marini
atribuía este despliegue foráneo a la estrechez de un mercado interno, afectado
por la fragilidad del poder adquisitivo. Estimaba, además, que los grandes
capitalistas brasileños acentuaban la compresión del poder de compra,
recurriendo a formas de superexplotación de los trabajadores. Los seguidores de
esta tesis han resaltado el agravamiento contemporáneo de estos desequilibrios,
en ausencia de un consumo de masas equiparable al fordismo de las economías
avanzadas300. Estas carencias impulsan a las multinacionales a invertir en el
exterior, los capitales sobrantes que genera la restrictiva acumulación
interna. Como resultado de esta contradicción
Brasil adopta conductas subimperiales, antes de haber alcanzado el
poderío que tuvieron las principales economías centrales en los siglos XIX y
XX. Esta asimetría ilustra las modalidades contemporáneas que adopta el
desarrollo desigual y combinado. La noción de sub-imperialismo contribuye a
superar el simplificado esquema de centro-periferia e indica la variedad de
relaciones que genera la polarización del mercado mundial. Retrata la
existencia de formaciones intermedias, que algunos pensadores han teorizado con
el concepto de semi-periferia. Este término alude a frecuentes situaciones
intermedias de la historia del capitalismo. Indica el surgimiento de potencias
desafiantes que alcanzaron liderazgos (EEUU, Japón, Alemania) o fallaron en el
logro de esa meta (Italia, España, Rusia)301. Las semi-periferias han sido
subimperialismos (o imperialismos) potenciales que prosperaron o abortaron. En
Sudamérica esta evolución se frustró en Argentina durante la primera mitad del
siglo XX, pero continúa abierta para Brasil. Múltiples razones económicas,
políticas y sociales explican esta evolución divergente. Las nociones de
semiperfiera y subimperialismo permiten captar el dinamismo contradictorio del
capitalismo. Este sistema periódicamente transforma las relaciones de fuerza en
el mercado mundial. Una fotografía congelada del centro y la periferia impide
registrar estos cambios. No permite captar, por ejemplo, mutaciones históricas
tan sorprendentes como el salto procesado por China en las últimas décadas. Los
dos conceptos intermedios también chocan con la estrecha clasificación de los
países latinoamericanos en colonias,
semicolonias y capitalistas dependientes. Este modelo es particularmente
insuficiente para una región –que a diferencia del resto de la periferia- logró
una emancipación temprana del yugo colonial. Por soslayar situaciones
semi-coloniales durante gran parte del siglo XX, Brasil tiende a saltar hacia
un estadio subimperial.
Estatismo
para los poderosos
Mientras
que el margen de autonomía, la reacción estadounidense y el rol multipolar de
Brasil son incógnitas abiertas, el severo impacto inmediato de la crisis ya
está a la vista. La preocupación central de toda la región es actuar frente a
un tsunami que augura desempleo y pobreza. Las medidas que se están adoptando
en las tres principales economías de la región socorren a los capitalistas, con
los recursos públicos que necesitan los desamparados. En México se dilapidan
reservas para contrarrestar una corrida contra la moneda nacional, que podría
frenarse instaurando un severo control de cambios. En Brasil, el Tesoro puso a
disposición de los banqueros 50.000 millones de dólares y los bancos públicos
ya anunciaron que absorberán las pérdidas de las entidades privadas. En
Argentina se decretó una moratoria de los capitales fugados que perdona la
evasión impositiva. La misma consideración oficial reciben los grandes
industriales. En México fueron incorporados a un mega-plan de inversiones
públicas. En Brasil obtuvieron reducciones de gravámenes y planes para sostener
la reactivación de las ventas. En Argentina son particularmente
299Marini
Ruy Mauro. “Razones del neo-desarrollismo”. Revista Mexicana de Sociología, año
XL, vol. XL, 1978.
300Osorio
Jaime, “Una cartografía para redescubrir América Latina”, Oikos, n 18, 2004.
301
Wallerstein Immanuel, Capitalismo histórico y movimientos anti-sistémicos: un
análisis de sistemas – mundo, 2004, Akal, Madrid, (cap 5).
agraciados
los empresarios de la construcción y los productores de bienes durables. Este
mismo auxilio al capital se verifica en Chile y en Colombia. Estas
orientaciones apuestan a una reacción positiva de los poderosos. Suponen que
los flujos gubernamentales de dinero inducirán a los capitalistas a mantener el
nivel de actividad. Pero olvidan que esa decisión depende de la dudosa
preservación de la rentabilidad. Los planes buscan sostener también el consumo,
pero sin medidas de redistribución del ingreso. Sólo intentan incentivar el
gasto de la alta clase media, induciendo compras que disuadan el ahorro en
divisas.
Por
ese camino se agrava la emergencia social, que ya generan las suspensiones, los
despidos y la desaceleración productiva. Como no se introduce un ingreso mínimo
equivalente a la canasta familiar, la crisis tiende a golpear frontalmente el
bolsillo popular. La protección del grueso de la población requería destinar
los fondos públicos a preservar salarios, ampliar el seguro al desempleo o
incrementar los gastos en salud, educación pública y vivienda. Pero el
intervencionismo actual favorece a las clases dominantes. En la instrumentación
de ese estatismo, actualmente convergen
los keynesianos y con los neoliberales. Especialmente los cultores de la
privatización han procesado un vertiginoso giro pragmático. Ahora cuestionan la
sabiduría del mercado y aplauden el gasto público. El viraje estatista
igualmente preserva la variedad de matices social-liberales (Tabaré, Lula) y neo-desarrollistas (Cristina
Kirchner), que ha prevalecido en los últimos años. La nacionalización de los
fondos de pensión que se dispuso en Argentina -para prevenir el colapso de las
jubilaciones y recaudar fondos para la reactivación- es un ejemplo de estas
diferencias. Las singularidades nacionales del intervencionismo obedecen
especialmente a la intensidad de la lucha social o al deterioro
económico-social precedente. Pero la tónica dominante es hacia una convergencia
de políticas económicas, que no implica coordinación. Hasta ahora cada gobierno
actúa por su cuenta, especialmente en el plano comercial. La política de
salvarse a costa del vecino es muy visible en las devaluaciones competitivas y
en los aumentos de aranceles. Si este tipo de reacciones ha puesto en peligro
la continuidad de la Unión Europea, también puede conducir al naufragio de la
integración sudamericana.
Experiencias
y alternativas
En
cualquier escenario próximo los pueblos sufrirán duros embates, si no logran
afianzar su resistencia al capital. Esta conclusión es la principal lección de
los colapsos financieros que padeció la región durante la década pasada. Esas
debacles desencadenaron rebeliones que permitieron acumular importantes
experiencias políticas y sociales. Los alzamientos revirtieron en Bolivia un
largo ciclo derechista, tumbaron en Ecuador a varios presidentes neoliberales,
suscitaron en Venezuela una acentuada polarización y condujeron en Argentina al
histórico levantamiento del 2001. También generalizaron la batalla por anular
privatizaciones, nacionalizar recursos naturales y democratizar la vida
política302. Los oprimidos de América Latina conocen las dramáticas consecuencias
del salvataje a los capitalistas y deben prepararse para enfrentar la agresión
social que acompañará al nuevo socorro de los banqueros. Frente a este
escenario los movimientos sociales, las organizaciones políticas comprometidas
con la lucha y los economistas radicales ya debaten propuestas alternativas. En
varios encuentros se han fijado las bases de esta plataforma (Caracas, Buenos
Aires, Pekín, Belem)303.
Estos
programas rechazan las medidas de regulación y control estatal que socializan
las pérdidas capitalistas. Llaman a la movilización para supervisar cómo se
utilizan los recursos públicos y denuncian las amenazas que afectan a los
derechos populares. Los planteos que se han esbozado priorizan el mantenimiento
del empleo, la prohibición del despido, el reparto de las horas de trabajo sin
modificar el salario y la nacionalización de las fábricas que cierren o
despidan. Estas medidas
302
Hemos analizado estas rebeliones en: Katz Claudio, Las disyuntivas de la
izquierda en América Latina. Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2008, (cap 1).
303Conferencia
Internacional de Economía Política, Respuestas del Sur a la crisis económica
mundial, Declaración Final, Caracas, 11-10 2008 ; “Salvar a los pueblos, no a
los bancos”, Declaración de la Sociedad de Economía Política
y
Pensamiento Crítico, Buenos Aires, 24, octubre 2008 ; “We won’t pay for the
crisis. The rich have to pay for it”, Declaration of the assembly of social
movements at the world social forum, Belem, January 2009.
son
necesarias frente a la complicidad gubernamental con los recortes empresarios
de puestos de trabajo. La intermediación estatal en negociaciones, para reducir
salarios a cambio de preservar el empleo, es otra cara del atropello social en
curso. Tres medidas en debate son particularmente acuciantes. En primer lugar,
la nacionalización sin ningún tipo de indemnización de los sistemas
financieros, para asegurar el control oficial del crédito en la explosiva
coyuntura actual. El rescate de los banqueros debe ser reemplazado por la
expropiación de sus bienes. Los estados deben recuperar el costo de mantener en
funcionamiento los bancos, absorbiendo las propiedades de sus accionistas y
administradores. La nueva Constitución de Ecuador –que prohíbe estatizar las
deudas privadas- brinda un fundamento para esta acción. Mientras se realiza un
catastro de las grandes fortunas hay que prevenir la fuga de capitales,
mediante estrictos controles de cambio y cierres de las sucursales off shore.
La apertura de los libros contables es también indispensable para conocer la
situación de cada entidad. Hay que anticiparse al agravamiento del colapso,
asegurando el funcionamiento del sector que articula toda la actividad
económica. La segunda medida impostergable es la suspensión, revisión y
anulación de las deudas públicas externas e internas. Mientras que la crisis
borra pasivos multimillonarios en las economías centrales, América Latina
continúa pagando. Las cláusulas de riesgo sistémico que se utilizan en Estados
Unidos para retasar el monto y los plazos de obligaciones, no se instrumentan
en la región.
Es
el momento de seguir el camino que inició Ecuador, al poner en marcha una
auditoria integral tendiente a deslindar los fraudes de los pasivos reales. La
Comisión que revisó los títulos emitidos entre 1976 a 2006, encontró un
escandaloso incremento del endeudamiento (de 240 millones de dólares en 1970 a
17.400 millones en el 2007). También descubrió ausencia de registros y
renegociaciones fraudulentas, que condujeron a pagar sumas superiores a lo
recibido304. Si se implementa en forma consecuente, esa suspensión del pago de
la deuda ilegal tendrá un enorme impacto sobre la región. Sustituirá el
repetido default, por una decisión soberana de colocar a los acreedores en el
banquillo de acusados. La tercera medida que impone la crisis es la
nacionalización del petróleo, el gas y la minería. Permitiría preservar los
recursos que América Latina necesita para protegerse del temblor global. Este
camino ya ha sido iniciado por Venezuela y Bolivia. Evo decidió recientemente
nacionalizar una petrolera (Chaco), que había incumplido con el traspaso de
acciones al estado dispuesto por el gobierno. Al denunciar el “carácter
electoralista” de esta iniciativa, la derecha transparenta la popularidad que
tiene este tipo de medidas. Pero las nacionalizaciones se adoptan con muchas
vacilaciones y recurriendo a erróneos pagos de indemnizaciones. En plena caída
de los precios de las materias primas estas erogaciones pueden resultar
fatales305.
El contexto político y los proyectos
anticapitalistas
La
crisis global modifica la percepción general que habitualmente existe de las
medidas drásticas. En medio de un colapso que ha resquebrajado la ideología
neoliberal, nadie se asusta con llamados a nacionalizar, estatizar o suspender
pagos de la deuda. Es el momento de aprovechar este contexto para resguardar a
la población latinoamericana, adoptando decisiones contundentes. ¿Pero hay
condiciones para implementar un viraje radical? Ciertos analistas estiman que
el contexto político se ha tornado
desfavorable desde que la derecha recuperó terreno electoral (Chile, México),
afianzó un régimen criminal (Colombia), obtuvo victorias sectoriales
(agro-sojeros de Argentina) y sepultó los atisbos reformistas de varios
gobiernos (Brasil, Uruguay). Ciertamente la derecha prepara contraofensivas en
todos los países. Pero hasta ahora ha perdido las grandes batallas. Fracasó con
el golpe de estado en Bolivia, falló con la provocación de Colombia sobre
Ecuador y no pudo consumar ningún ensayo de separatismo regional. Tampoco ha
podido restaurar la unanimidad derechista de los años 90, en un marco de
continuada gravitación de los avances logrados en la
304Tamayo
Eduardo. “Las deudas se pagan, las estafas no”, ALAI, 20-11-08.
305
La compra de acciones de la siderúrgica Sidor –perteneciente al grupo argentino
Techint- en Venezuela por 1650 millones de dólares es un ejemplo de estos
desaciertos. Actuando como representante directo de los capitalistas, el
gobierno de Cristina Kirchner presionó por acelerar esos pagos.
conciencia
antiliberal y antiimperialista306. Pero existen, además, varios gobiernos
nacionalistas radicales (Venezuela, Bolivia, Ecuador), que podrían tomar en sus
manos la implementación del programa popular frente a la crisis. Estos procesos
se distinguen de las administraciones centroizquierdistas (Tabaré, Cristina,
Lula, Bachelet) en tres planos: recurren a la movilización, chocan con el
imperialismo y las clases dominantes e intentan medidas de redistribución del
ingreso.
La
singularidad progresiva de estos gobiernos volvió a corroborarse frente a la
masacre de Gaza. Evo y Chávez adoptaron una actitud ejemplar de ruptura con
Israel, que contrastó con la neutralidad diplomática de sus colegas
sudamericanos. Su postura se diferenció también de la criminal complicidad que
caracterizó a casi todos los gobiernos árabes. En Ecuador, Bolivia y Venezuela
se han consagrado, además, importantes avances democráticos a través de nuevas
Constituciones, aprobadas al cabo de fuertes disputas electorales con la
derecha. En el Altiplano, por ejemplo, se reconoció el estado plurinacional, la
separación de la Iglesia del estado y la prohibición de bases militares
extranjeras. Pero los gobiernos nacionalistas radicales enfrentan grandes
disyuntivas. Mantienen el apoyo popular, pero las concesiones al capital y la
ausencia de medidas radicales tienden a generar fatiga. La crisis global abre
una oportunidad para superar ese desgaste con nuevos impulsos. La prioridad es
neutralizar el golpismo de la derecha e impedir el retorno de los
conservadores. Pero también es indispensable evitar un congelamiento de las
transformaciones sociales, que estabilice la capa de opresores que germina
dentro de los procesos populares.
En
Bolivia se han ganado nuevamente las elecciones con más del 60% de los votos,
pero la derecha mantiene su fuerza en las regiones adversas. En lugar de
aprovechar la derrota del putch secesionista, se optó por incorporar a la
Constitución varias demandas de la oligarquía (especialmente el carácter no
retroactivo de los límites a la propiedad agraria). En Venezuela persiste el
vigor de los programas sociales y se ha obtenido un contundente triunfo
electoral, que revierte los resultados más adversos de comicios anteriores.
Pero al mismo tiempo se afianza la “boliburguesía” asociada con el gobierno,
que recicla la desigualdad social y recrea la repudiada corrupción. También en
Ecuador se consolida la soberanía política, pero han aparecido fuertes
tensiones entre el gobierno y el movimiento indigenista, que legítimamente
protesta contra la entrega de áreas mineras a la explotación transnacional. Es
el momento de superar estas dificultades radicalizando los procesos
nacionalistas, reforzando un eje político-regional con Cuba y revitalizando el
ALBA. Esta asociación introdujo principios de intercambio solidario, reafirmó
criterios de acción antiimperialista y planteó reformas sociales. En los
últimos meses incentivó la implementación de un sistema de compensación
monetaria y multiplicó los acuerdos con la zona del Caribe. Pero muchas medidas
dependen de un financiamiento petrolero amenazado por la crisis. El ALBA podría
cumplir un papel más significativo en el nuevo contexto, como ámbito de
formulación y ensayo de las respuestas populares al tsunami económico. Una
decisión clave es el retiro del CIADI, que ya inicio Bolivia. Es vital también
la campaña por abandonar el FMI y el Banco Mundial, para sentar las bases de
nuevos organismos de cooperación y solidaridad. El ALBA ha buscado
contrarrestar el estancamiento que impuso Brasil al proyecto de Banco Sur y al
sistema monetario latinoamericano (SUCRE). Se han discutido mucho las normas de
funcionamiento de esa entidad (voto por país o proporcional al capital aportado),
así como el volumen o el destino de los fondos. Pero mientras persista la
tendencia de las clases dominantes a protegerse individualmente del colapso
financiero, estas iniciativas no prosperarán. Sólo los oprimidos -que actúan
sin la compulsión del beneficio y la competencia- pueden garantizar la unidad
regional. La crisis global crea nuevas condiciones para avanzar hacia esa meta.
América
Latina cumplió un papel de vanguardia en la resistencia contra el
neoliberalismo, pero la crisis actual plantea otro desafío: ocupar un rol de
avanzada en la batalla contra el capitalismo. Este sistema es el responsable de
los descalabros actuales y su continuidad exigirá mayores sufrimientos
populares. Sólo un camino de erradicación de la explotación, el desperdicio y
la desigualdad vigentes permitirá contrarrestar la miseria y el paro que augura
la debacle en curso. Este sendero
306Las
periódicas encuestas de Latinbarómetro indican fuerte apoyo popular a las
movilizaciones, crítica a las desigualdades sociales y cuestionamientos del
mercado (La Nación, 17-12-08).
exige
adoptar medidas antiliberales y anticapitalistas. Las respuestas serán
efectivas si facilitan una transición al socialismo, opuesta a todos los
proyectos de regular el capitalismo. El estatismo en boga tiende a recrear las
crisis, al cabo de penosos salvatajes solventados por la población. Dos
perspectivas históricas diferentes están en juego en todos los debates del
movimiento social. El Banco del Sur, por ejemplo, puede concebirse en ambos
sentidos. Mientras que un rumbo socialista exigiría utilizar los fondos de esa
entidad para financiar la reforma agraria, las mejoras populares y las
cooperativas, el modelo capitalista induciría a respaldar las empresas locales,
que disputan mercados con sus rivales extra-regionales. La misma disyuntiva
determina lineamientos diferentes para el Fondo Regional del Sur (sistema
monetario de compensación de pagos). Podría facilitar la redistribución del
ingreso o emular los mecanismos capitalistas de estabilización, que rigen en
Asia o la Unión Europea. El camino socialista requiere el retiro del FMI y del
Banco Mundial, mientras que el sendero capitalista apuntala la ilusión de
democratizar esos organismos.
Sólo
la perspectiva socialista permitirá organizar una economía al servicio de las
necesidades populares, con formas de planificación democrática que atenúen (y
eliminen posteriormente), las traumáticas turbulencias del ciclo capitalista.
El socialismo del futuro no guardará ninguna
conexión con las fracasadas experiencias de totalitarismo burocrático
del siglo XX. Pondrá en marcha la autogestión colectiva que se necesita para
forjar una sociedad igualitaria.
(Buenos
Aires, 2009)
Para
leer más sobre este tema
• Acosta Alberto, “Una propuesta múltiple desde
la utopía”, enero 2008.
• Arruda Sampaio Jr Plinio, Ofensiva neoliberal e
reversao neocolonial na América Latina. Pensamiento y acción por el socialismo,
FISIP-CLASO, Buenos Aires, 2006.
• Boron Atilio, “Prólogo”, Crisis de hegemonía de
Estados Unidos. Siglo XXI, México, 2007.
• Cockcroft James, América Latina y Estados
Unidos. Historia y política, Siglo XXI, 2001, México.
• -Gandásegui Marco, “Obama, crisis y América
Latina”, ALAI, 9-12-08.
• Guerrero Modesto, “Señales de un continente en
movimiento”, Página 12,8-11-08.
• Martins Carlos Eduardo, Crisis de hegemonía de
Estados Unidos, Siglo XXI, México, 2007.
• Montecino Jorge, “Obama y la región”, ALAI,
13-11-08.
• Petras James, “Repensar el desarrollo de
América Latina”, Memoria, n° 224, noviembre 2007.
• Revista América Latina en Movimiento, “Crisis
financiera: ¿a dónde vamos?”, No. 436, octubre 2008,
(http://alainet.org/publica/alai437w.pdf).
• Revista América Latina en Movimiento, “Más allá
de la crisis”, No 441, febrero 2009 (http://alainet.org/publica/441.phtml).
• Sader Emir, “América Latino no século XXI”,.
Revista de Osal, n° 9, enero 2003.
• Salama Pierre, “Argentine, Bresil, Méxique, face a la crise internacionale”, socio13.wordpress.com,
16-12-2008.
• Toussaint Eric, “¿Qué crisis? ¿Qué respuestas
puede dar el Sur?”, www.rebelion.org, 4-12- 2008
• Weisbrot Mark, “La recesión se puede evitar”,
Página 12, 16-11-08.
Crisis del capitalismo mundial y retorno de las alternativas en
América latina
Por
Eric Toussaint
Eric
Toussaint es doctor en Ciencias políticas de las Universidades de Liege
(Bélgica) y Paris VIII (Francia), presidente del Comité para la Abolición de la
Deuda del Tercer Mundo - Bélgica, www.cadtm.org, ha publicado entre otros: El
Banco del Sur y la nueva crisis internacional, El Viejo topo, Barcelona, 2008 y
La Bolsa o la Vida. Las finanzas contra los pueblos, Clacso, Buenos aires,
2004.
Traducción
del francés por Guillermo Parodi (Rebelión.org) con Griselda Pinero y Raúl
Quiroz
Las
crisis financiera, económica, alimentaria y climática tomaron un carácter
dramático a escala mundial en 2008. Los efectos serán de largo plazo. Las
respuestas dadas a las crisis en curso por las organizaciones internacionales y
la mayoría de los Gobiernos hicieron crecer sus propias crisis de legitimidad.
En efecto una gran parte de la opinión pública se da perfectamente cuenta de
que se procede al salvataje de los banqueros sin ninguna consideración por el
pueblo inocente. La conjunción de estas crisis muestra al pueblo la necesidad
de liberarse de la sociedad capitalista y su modelo productivista ya que
constituyen la raíz del problema.
El
pensamiento neoliberal desarrolla el concepto de ineluctabilidad: el sistema
que es, debe ser porque es; la mundialización/globalización tal como se
desarrolla es inevitable, todos y todas deben someterse. Se sumerge así en el
misticismo y el fatalismo. Con todo, una mirada atenta sobre la historia
demuestra la incongruencia de la idea «de irreversibilidad». Tomemos el ejemplo
del ámbito financiero. A principios del siglo XX, la libertad de los
movimientos de capitales garantizada por el patrón oro, la libertad de los
cambios garantizada por los Tratados sobre el comercio y la inversión parecían
irreversibles. La primera guerra mundial vino a trastornar todo eso. En los
años veinte, la omnipotencia de los mercados financieros parecía tan
irreversible como pretende serlo actualmente. La quiebra de 1929 y la larga
crisis que siguió obligaron a los gobiernos a supervisar estrechamente las
actividades bancarias y financieras. Al final de la segunda guerra mundial, los
gobiernos de los principales países capitalistas vencedores se pusieron de
acuerdo para dotarse de instrumentos de control financiero en el nivel
internacional. El FMI, en particular, tenía por objetivo velar por el este
control (el artículo VI de su estatuto lo estipula explícitamente). Varios gobiernos de Europa Occidental
emprendieron a partir de 1945 extensos programas de nacionalizaciones, incluso
de bancos, bajo la presión del mundo del trabajo. Las certezas teóricas
neoliberales enunciadas actualmente no valen mucho más que las de los liberales
o conservadores que estaban en el poder en los años veinte en vísperas de la
quiebra financiera. El fracaso económico y el desastre social causados por los
neoliberales de hoy podrían desembocar en nuevos grandes cambios políticos y
sociales. La globalización no es una aplanadora que destroza todo a su paso:
las fuerzas de resistencia están completamente presentes.
¿Por
qué, por lo tanto, excluir que el descontento social se exprese nuevamente
alrededor de proyectos de emancipación? No hay ni fatalidad económica ni
situación política que resista a la acción de las fuerzas sociales.
La
satisfacción de los derechos humanos fundamentales para el Sur
Sería
inútil esperar de la lógica del mercado que cubriera las necesidades
esenciales. 2.800 millones de personas que viven con menos de 2 dólares al día
no disponen del poder adquisitivo suficiente para que los mercados se interesen
por ellas. Sólo políticas públicas pueden garantizar, a todos y a todas, la
satisfacción de las necesidades humanas fundamentales. Esta es la razón por la
que es necesario que los poderes públicos dispongan de los medios políticos y
financieros que les permitan honrar sus compromisos y deberes con sus
conciudadanos. La aplicación de la Declaración Universal de los Derechos
Humanos (1948) y del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales
(1966) no se podrá obtener sino por la acción de un poderoso movimiento social y
ciudadano. Es necesario, en primer lugar, poner fin a la hemorragia de los
recursos que constituye el reembolso de la deuda. No es necesario esperar que
instituciones internacionales tomen por sí mismas la decisión de cancelar la
deuda de los PED (Países en Desarrollo). Es la acción decidida de un Estado o
de una coalición de Estados la que podrá conducir a tal medida. Los juristas
que se reunieron en Quito en julio de 2008 tienen perfectamente razón al
afirmar: «Sostenemos los actos soberanos de los Estados que, fundados en el
Derecho, declaren la nulidad de instrumentos ilícitos e ilegítimos de la deuda
pública, incluyendo la suspensión de los pagos.» 2 Una vez logrado este primer
paso, es esencial sustituir la economía de endeudamiento internacional actual
por un modelo de desarrollo social justo y ecológicamente sostenible,
independiente de las fluctuaciones de los mercados financieros y las
condicionalidades de los préstamos del FMI y el Banco Mundial. Para que una
anulación de deuda sea útil para el desarrollo humano es necesario que las
sumas destinadas hasta el momento de la
anulación al pago de la deuda, sean utilizadas en adelante para el desarrollo
humano. Las nuevas modalidades deben ser determinadas de manera democrática por
cada país en cuestión.
Poner
fin a los planes de ajuste estructural
Los
planes de ajuste estructural, que llevan este nombre o que las instituciones
financieras internacionales, predicando la liberalización total de las
economías del Sur, hayan rebautizado
«Cuadros
estratégicos de lucha contra la pobreza», tienen por consecuencia el
debilitamiento de los Estados, volviéndolos más dependientes de fluctuaciones
exteriores (evolución de los mercados mundiales, ataques especulativos, etc.) y
su sumisión a condicionalidades inaceptables impuestas por el tándem Banco
Mundial /FMI y, detrás, por los gobiernos de los países acreedores agrupados en
el Club de París. El balance humano de las políticas de ajuste estructural es
trágico. Éstas deben ser suprimidas y sustituidas por políticas que se destinen
con prioridad absoluta a la satisfacción de las necesidades humanas
fundamentales, orientadas hacia la soberanía y la seguridad alimentaria y la
búsqueda de complementariedades regionales. La Comisión de derechos humanos de
la ONU3 adoptó numerosas Resoluciones sobre la problemática de la deuda y del
ajuste estructural. En una ellas, adoptada en 1999, la Comisión afirma que «el
ejercicio de los derechos fundamentales de la población de los países
endeudados: a la alimentación, al alojamiento, a la vestimenta, al trabajo, a
la educación, a los servicios de salud y a un medio ambiente sano, no puede
supeditarse a la aplicación de políticas de ajuste estructural y a reformas
económicas generadas por la deuda»
(1999, Artículo 5).
Devolver
a los ciudadanos de los PED lo que les han robado
Riquezas
considerables, acumuladas ilícitamente por gobernantes y capitalistas locales,
se depositaron en los países más industrializados, con la complicidad de las
instituciones financieras privadas y la complacencia de los gobiernos del
Norte. La restitución de estas riquezas implica el resultado de procedimientos
judiciales iniciados a la vez en los países del Tercer Mundo y en los países
más industrializados. Tales investigaciones permitirían por otro lado no dejar
impunes a corruptos y corruptores: es la única manera de lograr, algún día,
poder ver a la democracia y a la
transparencia
superar la corrupción. Se trata también de exigir reparación por el saqueo al
cual el Tercer Mundo es sometido desde hace cinco siglos. Eso implica, en
particular, la restitución de bienes económicos y culturales robados a los
continentes asiático, africano y suramericano.
Instaurar
un impuesto excepcional a las grandes fortunas
En
su informe de 1995, la CNUCED propone efectuar una única exacción («one-shot»)
sobre el patrimonio de las grandes fortunas. Tal impuesto, aplicado a lo largo
y a lo ancho de todo el mundo, permitiría movilizar fondos considerables. Este
impuesto excepcional (diferente de un impuesto recurrente sobre el patrimonio,
tal como existe en algunos países del planeta) podría ser aplicado
alternativamente a escala nacional. Tal impuesto excepcional de solidaridad
podría generar recursos considerables. Según el World Wealth Report 20085
publicado por las sociedades Merrill Lynch y Capgemini, 10,1 millones de
personas en el mundo tienen más de 1 millón de dólares en activos y su riqueza
acumulada alcanza 40,7 billones de dólares, lo que representa 30 veces la deuda
exterior pública de todos los países en desarrollo… Por lo tanto, como ejemplo,
un impuesto del 10% excepcional sobre este patrimonio aportaría más de 4
billones de dólares sin por ello condenarlos a la miseria… Numerosas
indefiniciones subsisten. ¿Qué impuesto (tasa) imponer? ¿Una tasa única?
¿Una
tasa progresiva? ¿Qué parte de los fondos iría a proyectos mundiales? ¿A los
proyectos continentales? ¿Un fondo para la reforestación? ¿Un fondo para la
desnuclearización completa?
¿Qué
prioridades y qué proyectos? ¿Determinados por quien? ¿La Asamblea General de
la ONU precedida por los referéndums nacionales? ¿Continentales? ¿Qué parte
iría a proyectos locales? Pero algo es seguro: es necesario comprometerse en
esta vía, y en forma más generalizada, instaurar un sistema fiscal realmente
redistributivo, que dé a las autoridades públicas los medios para cumplir sus
obligaciones con sus ciudadano(a)s respecto a los derechos económicos, sociales
y culturales.
Redistribuir
equitativamente las riquezas a nivel planetario
Jamás
la riqueza ha estado tan desigualmente repartida en el mundo. Con el objeto de
luchar contra este crecimiento dramático de la desigualdad, es imprescindible
la instauración de impuestos (tasas) internacionales, que podrían tomar varias
formas: impuestos de tipo Tobin sobre la especulación financiera (como la
recomendada por la red ATTAC), un impuesto sobre los beneficios de las
sociedades transnacionales (en 2006, Total obtuvo el mayor beneficio anual de
la historia de la economía francesa, un valor de 12.585 millones de euros, una
tercera parte del cual se distribuyó entre su accionistas en forma de
dividendos…), un impuesto sobre las industrias contaminantes, etc. Esos
ingresos deben ser usados en la lucha contra la desigualdad, para la educación,
la salud pública, la soberanía alimentaria, la promoción de los bienes públicos
y para la protección del medio ambiente.
Llevar
la ayuda oficial al desarrollo (AOD) como mínimo al 0,7 % del PIB
La
AOD no cumple el papel que debería tener. No se compromete teniendo en cuenta
las necesidades al Sur, sino en función de los intereses geopolíticos,
comerciales y de propaganda mediática de los países donantes. Se trata como un
anuncio publicitario, solamente se seleccionan los proyectos visibles y
rentables, las empresas implicadas son en general las del país de donde viene
el dinero, demasiadas manipulaciones estadísticas tienen lugar y el contorno de
la AOD es borroso: incluye préstamos con una tasa reducida que se reembolsarán
hasta el último céntimo, las condonaciones de deuda, los gastos de enseñanza
(gastos de escolaridad de los estudiantes del Sur en los países en cuestión),
la recepción de los refugiados (y demasiado a menudo la vuelta por la fuerza a
su país de origen), los gastos de misiones de expertos que realizan peritajes
bien poco útiles, el salario de cooperadores que benefician raramente a las
poblaciones desamparadas… La parte de la AOD que llega in situ y es aprovechada
por los más pobres es ridícula. La triplicación de la AOD permitiría lograr
sumas sustanciales. Por fin, para hacerlo bien, la AOD debería pagarse
enteramente
en forma de subvenciones y, más que de hablar de ayuda o subvención, convendría
en adelante utilizar el término «reparación». Se trata, en efecto, de reparar
los daños causados por siglos de saqueo e intercambio desigual. En este
contexto, la Carta de los Derechos y Deberes Económicos de los Estados adoptada
por la ONU en 197411 es una contribución importante. El Capítulo 1 prescribe
que las relaciones entre Estados deberían ser reguladas por una serie de
principios entre los cuales figura en el acápite i) el de «Reparación de
injusticias que han sido impuestas por la fuerza y que privan a una nación de
los medios naturales necesarios para su desarrollo normal.» El artículo 17
prescribe la obligación general de los Estados de cooperar en el desarrollo de
los Estados más necesitados, concretamente afirma la necesidad: «de cooperar a
los esfuerzos de los países en vías de desarrollo para acelerar su progreso
económico y social garantizándoles condiciones exteriores favorables y
aportándoles una ayuda activa, conforme a sus necesidades y a sus objetivos en
cuanto a desarrollo, en cumplimiento riguroso de la igualdad soberana de los
Estados y sin condiciones que afectan a su soberanía.» Una obligación similar,
que incluye a todos los Estados, «de responder a las necesidades y objetivos de
desarrollo generalmente reconocidos o mutuamente aceptados de los países en
vías de desarrollo», figura en el artículo 2212.
Garantizar
la vuelta al ámbito público de los sectores estratégicos que se privatizaron
Las
reservas y la distribución de agua, la generación y distribución de
electricidad, las telecomunicaciones, el correo, los ferrocarriles, las
empresas de extracción y de transformación de bienes primarios, el sistema de
crédito, algunos sectores de la educación y de la salud… han sido
sistemáticamente privatizados o están en vías de serlo. Resulta conveniente
asegurar el retorno de esas empresas al dominio público.
Adoptar
modelos de desarrollo parcialmente autocentrados
Este
tipo de desarrollo supone la creación de zonas política y económicamente
integradas, la aparición de modelos de desarrollo endógenos, un refuerzo de los
mercados internos, la creación de un ahorro local para financiamientos locales
(mientras que en muchos países, las sumas colocadas en el extranjero por los
más ricos sobrepasan el importe de la deuda exterior del país), el desarrollo
de la educación y la salud ambas públicas y gratuitas, la instauración de un
impuesto progresivo y de mecanismos de redistribución de las riquezas, una
diversificación de las exportaciones, una reforma agraria que garantice un
acceso universal a la tierra a los campesinos, una reforma urbana que garantice
un acceso universal al alojamiento, etc. En la arquitectura mundial actual,
es necesario sustituir reagrupaciones
económicas regionales. Sólo tal desarrollo parcialmente autocentrado permitirá
la aparición de relaciones de complementariedad Sur-Sur, condición sine qua non
para el desarrollo económico de los PED. Si se quiere dar un contenido de
justicia social al proyecto de integración Sur-Sur, es necesario que las
autoridades públicas recuperen el control sobre los recursos naturales y sobre
los grandes medios de producción, crédito y comercialización. Es necesario nivelar
hacia arriba las conquistas sociales de los trabajadores y pequeños
productores, reduciendo al mismo tiempo las asimetrías entre las economías. Es
necesario sostener a los pequeños productores privados en numerosas
actividades: agricultura, artesanía, comercio, servicios. El proceso de
emancipación social que persigue el proyecto socialista del siglo XXI quiere
liberar a la sociedad de la soberanía capitalista apoyando las formas de
propiedad que tienen una función social positiva: pequeñas propiedades privadas,
propiedad pública, propiedad cooperativa, propiedad comunal y colectiva,
propiedad tradicional de los pueblos indígenas…
Actuar
sobre el comercio
Es
necesario reformar radicalmente las reglas del comercio. En lo que se refiere a
la agricultura, como lo reivindica el movimiento campesino Vía Campesina,
conviene reconocer el derecho de cada país (o grupo de países) a la soberanía
alimentaria y, en particular, a la autosuficiencia para los
productos
básicos. Las reglas del comercio mundial deben por otro lado supeditarse a
criterios ambientales, sociales y culturales estrictos. La salud, la educación,
el agua y la cultura deben excluirse del campo del comercio internacional. Los
servicios públicos deben ser los garantes y deben por tanto ser excluidos del
Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (AGCS), que prepara la
liberalización total de los servicios públicos. Conviene, por otra parte,
suprimir los Acuerdos sobre los derechos de propiedad intelectual relativos al
comercio (ADPIC) que impiden los países del Sur producir libremente bienes
(medicamentos, por ejemplo) destinados a la satisfacción de las necesidades de
sus poblaciones. Se trata de establecer mecanismos que garanticen una mejor
remuneración de la canasta de productos exportados al mercado mundial por los
PED (estabilizar el precio de las materias primas en un nivel satisfactorio
para los países productores, garantizar los beneficios de exportación,
constituir stocks reguladores —lo que implica el abandono de stock cero—,
etc.).
Para
ir hacia tales mecanismos concertados, conviene apoyar los esfuerzos de los PED
para constituir carteles de países productores. La Organización de Países
Exportadores de Petróleo (OPEP), a menudo es denigrada aunque desempeña en
varios aspectos un papel positivo13. La consecución de tales carteles podría
permitir a la vez una reducción de los volúmenes exportados (lo que, por una parte, limitaría el
agotamiento de los recursos naturales y, por la otra, permitiría el aumento de
las superficies utilizadas para los cultivos alimentarios) y un aumento de los
ingresos de exportación que deben volverse a invertir en el desarrollo por los
países beneficiarios. ¿Por qué no hay un cartel de los productores de cobre
(Chile no hace mucho tiempo representaba, él solo, el 30% de las exportaciones
mundiales)? ¿Un cartel del café? ¿Un cartel del té? Etc. Por otra parte, los
PED deben poder recurrir a medidas de protección de sus producciones locales,
en particular, como lo pide Vía Campesina, «la abolición de todo apoyo y
subsidio directos o indirectos a las exportaciones», «a la prohibición de la
producción y la comercialización de semillas y alimentos genéticamente
modificados» y «a la prohibición de la patente de lo vivo así como a la
apropiación privada del conocimiento relativo a la agricultura y a la
alimentación».
Adoptar
una nueva disciplina financiera
Las
crisis financieras de repetición de los años noventa y la crisis financiera
mundial que estalló en 2008 probaron, por el absurdo, que ningún desarrollo
sostenible podía alcanzarse sin un control estricto de los movimientos de
capitales y de la evasión fiscal. Varias medidas son pues necesarias para
llevar a los mercados financieros a la satisfacción de las necesidades humanas
fundamentales: volver a regular los mercados financieros, controlar los
movimientos de capitales, suprimir los paraísos fiscales y suprimir el secreto
bancario para luchar eficazmente contra la evasión fiscal, la malversación de
fondos públicos y la corrupción, adoptar normas garantizando la protección de
los países que recurren a la deuda externa. Es pues necesario implantar una arquitectura
financiera diferente, y la creación en diciembre de 2007 del Banco del Sur es
un paso en este sentido. Ante la crisis financiera, los gobiernos deberían
tomar el control de los bancos privados sin indemnización. En el caso de la
nacionalización de bancos privados al borde de la quiebra, es necesario que el
gobierno recupere el coste de la operación de rescate de los depósitos de los
ahorristas tomando esa suma del patrimonio de los grandes accionistas y de los
administradores. En vez de salvar a los banqueros, es necesario salvar el
ahorro y el crédito populares.
Suprimir
los paraísos fiscales y otras actividades offshore15
Estos
paraísos fiscales —y judiciales— tienen como efecto inflar la burbuja
financiera y debilitar las economías legales (anualmente se blanquean entre
500.000 millones y 1,500 billones de dólares). El centro offshore de la City de
Londres representa por sí solo un 40% del volumen de negocios realizado por los
paraísos fiscales. En la lista de los principales paraísos fiscales aparecen:
Suiza, Países Bajos, Irlanda, Gran Ducado de Luxemburgo, que representan
alrededor de un 30%.
El
30% restante pasa por unos sesenta destinos exóticos, como las islas Vírgenes,
las islas Caimán, las Bermudas… Es necesario suprimir los paraísos fiscales y
los centros offshore suprimiendo al mismo tiempo el secreto bancario para
luchar eficazmente contra la evasión fiscal, la malversación de fondos públicos
y la corrupción.
Asegurar
un control democrático de la política de endeudamiento
La
decisión de los Estados de contraer empréstitos y los términos en los que se
suscriben deben presentarse a la aprobación popular (debate y voto en el
Parlamento, control ciudadano). A este respecto, el proyecto de nueva
Constitución boliviana prevé que en adelante sea la Asamblea legislativa
plurinacional (se refiere a las varias naciones que se reconocen en el país,
NdT) que autoriza el recurso al empréstito16 . Del mismo modo, la Constitución
ecuatoriana coloca, de manera transparente, la decisión del endeudamiento en
las manos de los funcionarios electos por el pueblo.
Garantizar
a las personas el derecho de circulación y de radicación
Además
de que la libertad de circulación y de radicación constituye un derecho humano
elemental, es necesario tener en cuenta el hecho de que los envíos de los
emigrantes hacia su familia de origen, que vive en un PED, representan un
recurso considerable para decenas de millones de familias. Sólo en 2007, los
envíos de los emigrantes representaron la suma de 240.000 millones de dólares,
lo que representa cuatro veces más que la parte «subvención» del conjunto de la
ayuda pública al desarrollo. Obviamente, sobre la base de una verdadera mejora
de las condiciones de vida, que serán la consecuencia de la aplicación de las
medidas preconizadas más arriba, las presiones migratorias disminuirán mucho.
Es por ese ángulo por el que es necesario solucionar el problema, no por el del
cierre de las fronteras a los seres humanos.
Establecer
la igualdad hombre-mujer
Aunque
la expresión se puso de moda, esta igualdad es la clave absolutamente
indispensable para una alternativa real. Es importante precisar, a la hora de
las palabras ambiguas, que se trata efectivamente de «igualdad» que debe
establecerse y no de «equidad». Estas dos palabras a menudo se emplean
indiferentemente pero no cubren la misma necesidad ni la misma urgencia. El que
tiene 6 manzanas y decide darlos a dos personas puede considerar «equitativo»
dar 2 a uno y 4 al otro según criterios que le parezcan pertinentes. Lo mejor
posible, por ello las mujeres viven de equidad: según las posibilidades
objetivas, según los partidos en el poder, según la jerarquía de las urgencias…
A este nivel, es útil actualizar las ideologías que, incluso progresistas, dejaron
de lado la lucha por la emancipación de las mujeres. Las mujeres no son seres
humanos rebajados y, en todos los casos, deben beneficiarse del mismo
tratamiento que los hombres en todos los ámbitos. En primer lugar en la esfera
pública: los derechos civiles y políticos, los derechos económicos, sociales y
culturales. ¡Cada uno y cada una sus 3 manzanas! Y sobre todo en la esfera
privada: en las familias, los hogares, las comunidades. Ya que es en última
instancia allí es que el patriarcado se refugia cuando se logran avances en la
sociedad. Allí pueden subsistir los deseos de poder, allí es donde se producen
las compensaciones frente a las injusticias externas. ¡El que se siente esclavo
o explotado afuera, se convierte en potentado en su hogar por la gracia del
patriarcado! El feminismo, como instrumento de la emancipación de las mujeres y
de la lucha contra el patriarcado, es pues parte integral de la alternativa, no
es negociable.
Garantizar
el derecho de los pueblos indígenas a la autodeterminación
La
visión jerarquizada de la historia del mundo implica muy a menudo una visión
racista de las relaciones sociales. ¡Con qué condescendencia a menudo, incluso
en los textos mejor intencionados, se abordan los derechos de las «comunidades
indígenas»! A menudo minoritarias por la «fuerza» de
los
acontecimientos históricos, como las masacres y los saqueos de los colonos, los
pueblos nativos están en estado de alerta permanente para salvaguardar sus
derechos. E incluso, siempre que el pueblo nativo sea mayoritario con relación
a los descendientes de los colonos blancos, por ejemplo en varios países
andinos, el racismo invierte la jerarquía de los valores y da todos los
derechos a las minorías dominantes. La autonomía constituye pues un medio
político para llevar a hombros la pretensión de los derechos. Esta autonomía no
puede adquirirse, una vez más, sino por la creación de una relación de las
fuerzas: por ello, durante las últimas décadas, por todas partes en el mundo,
los pueblos indígenas rechazaron la oferta del modelo dominante y se plantaron
contra las multinacionales, contra los gobiernos, contra las instituciones
internacionales, para hacer valer su derecho, su elección de sociedad. Nuevas
Constituciones en Bolivia, Venezuela, Ecuador ratifican estas luchas y abren el
campo a una justa autonomía de los pueblos nativos, permitiéndoles vivir o
hacer revivir los hábitos, las tradiciones, el derecho, la concepción de la
política, la concepción de la democracia que son los suyos. ¿Es el mejor medio,
es la única vía que debe seguirse? La reflexión merece llevarse en las filas de
los movimientos sociales. Lo que queda claro, es que autonomía permitirá a los
pueblos beneficiarios probar el fundamento de sus elecciones y a las otras
comunidades de encontrarlos en pie de igualdad. En septiembre de 2007, y
después de más de veinte años de negociaciones, la Asamblea General de la ONU
adoptó una «Declaración sobre los derechos de los pueblos indígenas»18, que
reconoce, en particular, para las aproximadamente 370 millones de personas en
esa categoría: «el derecho a la autodeterminación» y «el derecho a definir y
elaborar prioridades y estrategias con el fin de ejercer su derecho al
desarrollo», con el fin de proteger sus culturas y la integridad de sus
tierras, sin ninguna forma de discriminación. Algunas reparaciones están
previstas incluso para los perjuicios sufridos: «El pueblo autóctono privado de
sus medios de subsistencia y desarrollo tiene derecho a una indemnización justa
y equitativa.» Aunque esta declaración no tiene el valor jurídico y vinculante
de un Tratado, es un paso adelante que es necesario saludar. Hay que indicar
que once países, entre ellos Rusia y Colombia, se abstuvieron, mientras que
otros cuatro (Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) votaron en
contra19 .
Proteger
los bienes comunes de la humanidad
La
reflexión sobre los bienes comunes de la humanidad está en el centro de los
debates altemundialistas. El nombre que se les da varía (bienes públicos,
patrimonio de la humanidad…) y el campo que cubren tiene tendencia a ampliarse.
Hacer una lista y una clasificación de los bienes comunes requiere pues una
extensa consulta democrática donde se reflejan historias y culturas diferentes.
El concepto «bien común» coincide con el concepto de «derecho» en muchos
aspectos. La protección de los bienes comunes quiere en efecto garantizar el
derecho y el acceso de todos: al agua, al aire puro, a la energía, a la comida,
al transporte, a la educación básica y también al conocimiento en sentido
amplio, al derecho al desarrollo, a la igualdad, a la libertad, al placer, en
resumen, el derecho a la vida. Se enunciaron magníficamente todos estos
derechos en las cartas y pactos de las Naciones Unidas.
A
escala planetaria, otros derechos deben garantizarse: el derecho universal a un
empleo digno por una reducción radical del tiempo de trabajo, que se opone a la
lógica actual en la que se ven desocupados (parados) coexistir con asalariados
agotados y corroídos por la tensión; el derecho universal a una renta de
ciudadanía; la defensa de los sistemas de jubilación por distribución, en
comparación con el sistema de jubilación por capitalización (la instauración de
un sistema por distribución allí donde no existe); la gratuidad de la educación
(nivel universitario incluido) y la salud; extensos programas de trabajos
públicos socialmente útiles y preservando el medio ambiente (por ejemplo,
construcción de alojamientos y adaptación urbana, renovación del hábitat
existente, infraestructura de transportes colectivos por ferrocarril…) ;
gratuidad del transporte públicos; campañas de alfabetización, vacunación,
asistencia sanitaria primaria, como fue el caso, con resultados
extraordinarios, en Nicaragua entre 1980 y 1983 o en Venezuela en 2003-2005.
La
cuestión de la democracia política es obviamente central. Sin la intervención
activa de los/las ciudadanos/as a todos los niveles de la decisión política, el
conjunto de las propuestas presentadas aquí no tiene verdaderamente sentido.
Construir
una nueva arquitectura internacional
Es
necesario optar por propuestas que redefinan radicalmente el fundamento de la
arquitectura internacional (misiones, funcionamiento…). Retomemos el caso de la
OMC, del FMI y del Banco Mundial, organizaciones que es necesario reemplazar.
La nueva OMC debería aspirar en el ámbito del comercio a garantizar el
cumplimiento de una serie de pactos internacionales fundamentales, comenzando
por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y todos los otros tratados
fundamentales en cuanto a derechos humanos (individuales o colectivos) y
ambientales. Su función sería supervisar y regular el comercio de tal modo que
se ajuste rigurosamente a las normas sociales (convenios de la Organización
Internacional del Trabajo - OIT) y ambientales. Esta definición se opone de
manera frontal a los objetivos actuales de la OMC. Esto implica obviamente una
estricta separación de los poderes: es inaceptable que la OMC, como, por otra
parte, cualquier otra organización, posea su propio tribunal. Es necesario pues
suprimir el Órgano de Resolución de Conflictos.
La
organización que sustituirá al Banco Mundial, que será una organización
fuertemente regionalizada (los Bancos del Sur podrían conectarse), tendría por
función proporcionar préstamos a tasas de interés muy bajas o nulas y
subvenciones que sólo podrían concederse a condición de utilizarse cumpliendo
rigurosamente las normas sociales y ambientales y, más generalmente, los
derechos humanos fundamentales. Contrariamente al Banco Mundial actual, el
nuevo banco, cuyo
«mundo»
tiene necesidades, no pretendería representar los intereses de los acreedores e
imponer a los deudores un comportamiento de oferta al mercado-rey, tendría por
misión prioritaria la defensa de los intereses de los pueblos que reciben los
préstamos y las subvenciones. El nuevo FMI, por su parte, debería reencontrar
una parte de su función original para garantizar la estabilidad de las monedas,
luchar contra la especulación, controlar los movimientos de capitales, actuar
para prohibir los paraísos fiscales y el fraude fiscal. Para lograr este
objetivo, podría colaborar con las autoridades nacionales y los fondos
monetarios regionales en el cobro de distintos impuestos internacionales. Todas
estas pistas requieren la elaboración de una arquitectura mundial coherente,
jerarquizada y dotada con una división de los poderes. La clave debería ser la
ONU, siempre que su Asamblea General se convierta en la verdadera instancia de
decisión —lo que implica suprimir el estatuto de miembro permanente del Consejo
de Seguridad (y el derecho de veto que le está vinculado)—. La Asamblea General
podría delegar misiones específicas a organismos ad hoc.
Creemos
en la posibilidad y en la necesidad de la reforma de la ONU por tres razones:
su carta es globalmente progresista y democrática; el principio de su
composición es democrático (un Estado = un voto) —incluso se debería completar,
tal como se ha sugerido más arriba, con un sistema de representación
proporcional y directa—; en los años 60 y 70, la Asamblea General adoptó
resoluciones y declaraciones claramente progresistas (que en principio aún no
han sido aplicadas) y estableció algunas instituciones útiles (la OIT, la
CNUCED, la OMS…). Otro tema al que aún no se dio la suficiente importancia es
el de un dispositivo internacional de derecho, de un poder judicial
internacional (independiente de las otras instancias de poder internacional),
que complete el dispositivo actual constituido principalmente por el Tribunal
Internacional de La Haya y por el joven Tribunal Penal Internacional. Con la
ofensiva neoliberal de los veinte últimos años, la ley del comercio dominó
progresivamente a la ley del derecho público. Instituciones internacionales no
democráticas como la OMC y el Banco Mundial funcionan con su propio órgano de
justicia: el Órgano de resolución de conflictos en la OMC y el CIADI cuyo papel
aumentó excesivamente. Algunos miembros permanentes violan regularmente la
carta de la ONU en su Consejo de Seguridad. Se crean algunos nuevos espacios de
no derecho (los presos sin derecho encarcelados en
Guantánamo
por Estados Unidos). Este país, después de haber desafiado al Tribunal
Internacional de La Haya (en el que ha sido condenado en 1985 por haber atacado
a Nicaragua), rechaza el Tribunal Penal Internacional. Todo eso es
extremadamente preocupante y requiere urgentemente iniciativas para completar
un dispositivo internacional de derecho.
Mientras
tanto, es necesario obligar a instituciones tales como el Banco Mundial y el
FMI a rendir cuentas a la justicia. En efecto, mientras que en principio están
sujetas del derecho internacional y, en particular, al conjunto de los Tratados
relativos a los derechos humanos, estas dos instituciones (a las cuales es
necesario añadir los bancos regionales de desarrollo) hacen caso omiso de
ellos. Por otra parte, estas instituciones sostuvieron (y sostienen aún)
activamente regímenes dictatoriales, y desestabilizaron (y desestabilizan aún
ahora) a gobiernos democráticos que llevan a cabo políticas que desagradan en
Washington y en otras capitales. La lista de sus fechorías es larga y los
delitos que cometieron y cometen aún son muy graves. Es necesario comenzar
pleitos en su contra en distintas instancias habilitadas a hacerlo, comenzando
por órganos jurisdiccionales nacionales21.
(Bruxelles,
2009)
Notas
2/
Ver el texto integral de la declaración final: www.cadtm.org/spip.php
?article3616. Para una ampliación detallada desde el punto de vista del derecho
internacional a favor de un acto soberano unilateral, ver Hugo Ruiz Díaz
Balbuena, « La décision souveraine de déclarer la nullité de la dette ou la
décision de non paiement de la dette : un droit de l’Etat » (La decisión
soberana de declarar la nulidad de la deuda o la decisión de no pago de la
deuda: un derecho del Estado), www.cadtm.org/spip.php?article3680
3/
Refiriéndose a las investigaciones de ponentes especiales, de grupos de trabajo
de expertos y del Secretario General de la ONU.
4/
Artículo 11, sección 2. Esta declaración fue adoptada en septiembre de 2007.
Ver más adelante. 5/ Disponible en www.ml.com/media/100472.pdf
6/
Estudio sobre el nuevo orden económico internacional y la protección de los
Derechos Humanos, E/CN.4/Sub.2/1983/24, par. 10.
7/
Carta de Jacques Chirac, presidente de la República, dirigida a Jean-Pierre
Landau, consejero financiero en la embajada de Francia en Londres y presidente
del grupo de trabajo sobre las nuevas contribuciones internacionales para el
financiamiento del desarrollo, 7 de noviembre de 2003, www.elysee.fr rúbrica
Archivos.
8/
Les nouvelles contributions financières internationales (Las nuevas
contribuciones financieras internacionales), Grupo de trabajo presidido por
Jean-Pierre Landau, La Documentation française, 2004.
9/
Ver www.unitaid.eu/index.php/fr/Un-mode-de-financement-innovant.html : «
Aujourd’hui, la taxe est déjà en place dans les pays suivants : France, Chili,
Côte d’Ivoire, Congo, République de Corée, Madagascar, Maurice, Niger. Pour sa
part, la Norvège affecte une partie de sa taxe sur le CO2 (kérosène) à
UNITAID.» (« Actualmente, la tasa está implantada en Francia, Chile, Costa de
Marfil, Congo, República de Corea. Madagascar, Mauricio, Niger. Por su lado,
Noruega afecta una parte de su tasa sobre el CO2 (kerosene) a UNITAID.»)
10/
En el sitio web de Unitaid, puede leerse: « En Francia, la tasa entró en
vigencia el 1º de julio de 2006 y no apareció ningún impacto negativo sobre la
industria del transporte aéreo. Air France publicó un resultado que muestra un
alza del 5 % sobre un año de su transporte de pasajeros en septiembre de 2007.»
11/
Resolución 3281 (XXIX) de la Asamblea General del 12 de diciembre de 1974. 12/
Ver Cetim, Quel développement? Quelle coopération internationale?, 2007.
13/
Por ejemplo, Venezuela, miembro de la OPEP, firmó acuerdos con unos quince
países del Caribe y de Latinoamérica por los que les vende el petróleo a precio
de «amigo», mucho más bajo que el precio de venta a Estados Unidos, del que es
uno de los principales proveedores.
14/
Vía Campesina, en Rafael Díaz-Salazar, Justicia Global. Las alternativas de los
movimientos del Foro de Porto Alegre, Icaria editorial - Intermón Oxfam, 2002,
p.87 y 90
15/
Un centro offshore o paraíso fiscal es un artificio contable, un espacio
ficticio de hecho, presente en las cuentas de las empresas (inversores
institucionales —zinzins—, transnacionales industriales y otras), que permite
que una transacción en un territorio preciso escape de toda forma de control y
de pago de impuestos en ese territorio por el hecho de que la transacción se
considera como producida en otro lugar en el plano jurídico.
16/
Ver especialmente el artículo 322.
17/
Artículo 8, sección 1. Declaración adoptada por la Asamblea General de la ONU
en su resolución 41/128 del 4 de diciembre de 1986. Texto integral reproducido
en Eric Toussaint, Banco Mundial: el Golpe de estado permanente, Centro
Internacional Miranda, Venezuela, 2006.
18/
Ver la declaración completa: www.un.org/esa/socdev/unpfii/es/drip.html
19/
Ver « Les Nations unies reconnaissent les droits des peuples indigènes » (« Las
Naciones Unidas reconocen los derechos de los pueblos indígenas »), Le Monde,
14 de septiembre de 2007.
20/
ONU, Comisión de los derechos del hombre, E/CN.4/2001/56, 18 enero 2001, p. 14.
21/
Para una argumentación detallada sobre este tema, ver Eric Toussaint, Banco
Mundial: el Golpe de estado permanente, Centro Internacional Miranda,
Venezuela, 2006, capítulos 22 a 24.4.
Para leer más sobre este tema:
• E. Toussaint, El Banco del Sur y la nueva
crisis internacional, El Viejo topo, Barcelona, 2008
• E. Toussaint, Banco Mundial: el Golpe de estado
permanente, Centro Internacional Miranda, Venezuela, 2006
• Revista América Latina en Movimiento, La agonía
de un mito: ¿Cómo reformular el "desarrollo"?, No 445, junio 2009
(http://alainet.org/images/alai445w.pdf).
• Samir Amin, Transiciones y alternativas en
debate, Revista América Latina en Movimiento, No 436, septiembre 2008,
(http://alainet.org/images/alai436w.pdf).
Frente a la crisis: Construyendo la integración desde abajo de
los pueblos
Carta
de los Movimientos Sociales de las Américas
Nota
del editor: Del 27 de enero al 1 de febrero de 2009 se desarrolló el Forum
social mundial en Belém do Para (Amazonia brasilera). Esta carta es uno de los
textos colectivo producto de este foro y de sus ricos debates.
El
capitalismo ha entrado en una crisis profunda, que intenta descargar sobre
nuestros pueblos.
El
capitalismo central está sacudido por una crisis estructural, que cuestiona los
paradigmas difundidos por el neoliberalismo, y que promueve su propia
deslegitimación. Es una crisis del sistema, que genera sobreproducción de
mercancías, sobreacumulación de capitales, y como contracara, el incremento
brutal de la pobreza, la desigualdad, la explotación y exclusión de los
pueblos, y el saqueo, contaminación y destrucción de la naturaleza. Los
capitalistas pretenden descargar con mayor violencia su crisis sobre los
trabajadores y trabajadoras, sobre los excluidos y excluidas, socializando las
pérdidas, socorriendo a los banqueros y subsidiando a las grandes empresas
trasnacionales con los fondos públicos. Al mismo tiempo se agravan las
políticas que en estos años de globalización mundial, han desarrollado un
silencioso genocidio de nuestras comunidades originarias, han promovido la
precarización de miles de hombres y mujeres - especialmente jóvenes y
ancian@s-, arrasando con los derechos humanos, laborales, sociales, destruyendo
las posibilidades de acceso a la educación, la salud, la tierra, el trabajo, la
vivienda. No es necesario describir las múltiples consecuencias sobre la vida
cotidiana de los pueblos de la ofensiva de las corporaciones trasnacionales,
que avanzaron en la recolonización de América Latina, considerada por las
mismas como un gran botín para sus negocios. Denunciamos en distintos foros
internacionales y nacionales que nuestras enormes riquezas naturales, y la creatividad cultural de nuestras comunidades,
están siendo arrasadas en nombre del “progreso”, la “civilización”, y el
“desarrollo” capitalista.
Las
fuerzas del capital trasnacional y de los grandes grupos económicos locales
-expresados por ejemplo en las denominadas multilatinas-, asociadas a una parte
considerable de los gobiernos de la región, bajo el mando de la hegemonía
norteamericana, desarrollan su ofensiva, y hoy promueven variaciones del ALCA,
a través de los TLCs con EE.UU. y Europa. Estas políticas han empujado a la
desaparición de poblaciones completas, arrasadas por los megaproyectos de las
industrias extractivas y agroexportadoras, y han condenado a los pueblos a una
difícil sobrevivencia, asfixiándonos con una deuda externa ilegítima y usurera,
desconociendo la soberanía popular y la soberanía nacional. Proyectos e
iniciativas como la IIIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura
Regional Sudamericana), esconden tras el desarrollo de interconexiones en
infraestructura, la apropiación trasnacional de los bienes de la naturaleza.
Para
imponer esta lógica, el capital refuerza la violencia y el control militar,
promoviendo guerras, invasiones, agresiones, así como el establecimiento de
bases militares, de ejercicios militares conjuntos, y la criminalización de los
movimientos populares, la persecución de los líderes, así como el desalojo de
poblaciones completas. Utilizan intensamente a los medios de comunicación de
masas para manipular el consenso de la opinión pública a las políticas
represivas, a la penalización judicial, e incluso los asesinatos de luchadores
y luchadoras populares. Con conceptos como los de
“ordenamiento
territorial”, o “seguridad democrática”, se utiliza la matriz de pobreza y
exclusión de nuestras sociedades, para el reclutamiento de ejércitos de
civiles, y la manipulación de las comunidades con un sentido contrainsurgente.
Es en este contexto que EE.UU. activó la IV Flota, como amenaza para los
procesos sociales transformadores en el continente, y que en muchos de nuestros
países los gobiernos y parlamentos copian los paquetes de leyes
“antiterroristas” que utilizan para combatir a los pueblos.
Esta
crisis representa una enorme amenaza para nuestros pueblos, pero también vemos
en ella una nueva oportunidad para promover alternativas populares al sistema,
avanzando hacia un cambio estructural, cuya vigencia y viabilidad se vuelven
incontestables.
Un
proyecto de vida de los pueblos, frente al proyecto del imperialismo
Los
movimientos populares percibimos que el continente está atravesando un nuevo
momento político y social, en el que se ha expresado de diferentes maneras, a
través de puebladas, manifestaciones multitudinarias, elecciones locales y
nacionales, luchas políticas y sociales, el cansancio frente a las políticas
neoliberales. Los movimientos sociales estamos en una nueva fase de estas
luchas, en el marco de un largo período de transición, recomposición y
acumulación de fuerzas, de confrontaciones con el capital, de construcción de
nuestras organizaciones, y de formación de militantes con capacidad para asumir
los nuevos desafíos. En esta fase vamos intensificando las acciones de
resistencia, pero también las experiencias alternativas, de poder popular, de
ejercicio de soberanía, e incluso de relación con algunos gobiernos que
expresan -de manera contradictoria- los intereses de las mayorías.
Los
movimientos populares enfrentamos las dificultades que surgen de varias décadas
de exterminio de nuestra población y de nuestras organizaciones, y las
debilidades que surgen de la confusión social sembrada por el neoliberalismo, a
través de sus poderosos medios de incomunicación y manipulación de la opinión
pública mundial, de sus políticas educativas monitoreadas por el Banco Mundial,
de sus políticas de control social y domesticación, a través del
asistencialismo, realizado como forma de reproducción de la exclusión, de la
propagación de formas de religiosidad
alienantes, de la criminalización de la pobreza, y de la judicialización y
represión de la protesta social.
Es
necesario construir colectivamente un proyecto popular de integración
latinoamericana, que replantee el concepto de “desarrollo”, sobre la base de la
defensa de los bienes comunes de la naturaleza y de la vida, que avance hacia
la creación de un modelo civilizatorio alternativo al proyecto depredador del
capitalismo, que asegure la soberanía latinoamericana frente a las políticas de
saqueo del imperialismo y de las trasnacionales, y que asuma el conjunto de las
dimensiones emancipatorias, enfrentando las múltiples opresiones generadas por
la explotación capitalista, la dominación colonial, y el patriarcado, que
refuerza la opresión sobre las mujeres. Los movimientos populares defendemos un
proyecto de vida, frente al proyecto de muerte, en el que la producción no sea
destrucción, sino parte de un proceso creativo, sustentable y con justicia
social. Estamos planteando la necesidad de poner en debate un nuevo ideal de
vida frente al neoliberalismo y a las órdenes del capital trasnacional y su
mando único, que siembra la muerte en guerras, invasiones, y el avasallamiento
de la soberanía de los pueblos y de las naciones en todos los continentes.
Nuestros
principios
La
integración de nuestros pueblos, desde abajo, partiendo de los movimientos
populares, e inspirados en las batallas anticoloniales, anticapitalistas,
antipatriarcales y antiimperialistas, que desde más de 500 años vienen
librándose en estas tierras, tiene como principios fundamentales:
- La solidaridad permanente entre los pueblos, a
través de acciones concretas, frente a cada una de las luchas contra la
dominación del capital, y contra todas las formas de opresión y dominación.
- El respeto a la autodeterminación de los
pueblos, a la soberanía nacional y popular.
- La defensa irrestricta de la soberanía en todos
los órdenes: política, económica, social, cultural, territorial, alimentaria,
energética.
- La integración tecnológica y productiva, de
acuerdo con un modelo sustentable, al servicio de los pueblos.
- La soberanía de las mujeres sobre sus cuerpos y
sobre sus vidas.
- La formación política de nuestros movimientos
populares y de nuestros pueblos, para volvernos sujetos concientes en la
creación histórica.
- La unidad dentro de la diversidad cultural,
social, y el respeto a las diferentes opciones sexuales que se expresan en
nuestro continente.
- La defensa de los derechos de los pueblos
indígenas sobre sus tierras y territorios. La demanda a los Estados de la
regularización con certeza jurídica de esas tierras en favor de las comunidades
y pueblos indígenas.
- La defensa del reconocimiento por parte de los
Estados, de derechos elementales de los pueblos indígenas, como formas de
organización propia, estructura organizacional, autoridades ancestrales,
sistemas jurídicos propios de los pueblos, etc.
- La inclusión social de la subjetividad de los
pueblos negros de las Américas.
- La defensa de los derechos humanos de los y las
migrantes.
- La defensa de la identidad, la cultura, y el
respeto por las formas propias de inclusión de la subjetividad de los pueblos
negros de las Américas.
- La plena autonomía de los movimientos populares
para definir sus objetivos, sus formas de organización y de lucha.
- La recreación de un nuevo internacionalismo de
pueblos en lucha, a través de una auténtica perspectiva de integración popular
que sea plural, horizontal, con una clara definición ideológica antineoliberal,
anticapitalista, antipatriarcal y antiimperialista.
Nuestros
objetivos
Este
proceso de integración de movimientos y organizaciones sociales, impulsa los
principios del ALBA, y a su vez quiere promover diversos mecanismos y
potencialidades que ofrece el ALBA, para potenciar la integración
latinoamericana desde los pueblos.
Son
nuestros objetivos:
- El rechazo a las políticas, planes y leyes
mineras, de hidrocarburos, agronegocios, agrocombustibles, megaproyectos, a las
iniciativas de infraestructura del IIRSA, que destruyen a las comunidades,
desconocen sus derechos fundamentales, eliminan la diversidad cultural,
destruyen los ecosistemas y el ambiente.
- La denuncia del modelo de agricultura de las
trasnacionales, que se apropian de la naturaleza, y transforman los alimentos
en mercancías, y la propuesta de apoyar un modelo de agricultura popular,
campesina, indígena, promoviendo la reforma agraria integral.
- El repudio al pago de las deudas ilegítimas y
el reimpulso a la lucha continental contra el pago de la deuda externa.
- La lucha por la anulación de los tratados de
libre comercio con Estados Unidos y Europa, como el TLCAN, con Centroamérica,
Chile, Perú; y por la no aprobación del tratado con Colombia.
- La defensa del derecho de las comunidades y
habitantes, por el derecho a la vivienda, la tierra, y por “cero desalojos”.
- Toda la propiedad tiene que tener una función
social colectiva.
- La defensa de los derechos de los desplazados y
desplazadas a regresar a sus tierras, y a tener acceso a todos los derechos
humanos y a condiciones de vida digna en donde se encuentren.
- La denuncia del papel de las instituciones
financieras internacionales, como instrumentos del capital.
- La denuncia del manejo que hace el sistema
capitalista de situaciones como el cambio climático, la crisis alimentaria,
energética, para promover la privatización y mercantilización de la naturaleza,
e imponer la liberalización del comercio dando mayor poder a las
trasnacionales.
- La defensa de nuestros territorios, contra la
mercantilización y privatización de la naturaleza.
- La defensa del derecho al trabajo, el
enfrentamiento a todas las medidas neoliberales de flexibilización y
precarización laboral, de deterioro del salario.
- La promoción en todos los espacios de la
paridad de género, y la lucha contra la violencia hacia las mujeres, así como
por la posibilidad de decidir sobre sus propias vidas.
- La erradicación de las diferentes formas de
trabajo esclavo.
- La denuncia de la explotación del trabajo
infantil, y la lucha por su erradicación.
Nuestras
prioridades
En
esta primera etapa de creación de una integración popular, analizamos como
prioridades:
- Elevar la movilización de masas contra el
capital trasnacional y los gobiernos que actúan como cómplices del saqueo. Es
la movilización de masas la que creará la fuerza necesaria para promover
transformaciones populares.
- Elevar el nivel cultural y educacional, y la
conciencia de la población.
- Avanzar en la formación política de l@s
militantes populares. Promover procesos de formación política de masas, e
impulsar el trabajo de educación popular en las bases.
- Promover un debate profundo sobre el modelo de
desarrollo capitalista, y sobre la necesidad de generar modelos alternativos en
todos los planos.
- Promover una batalla continental por la reforma
agraria, contra el uso de las semillas transgénicas, los agrocombustibles
industriales, y el agronegocio en todas sus fases.
- Visibilizar el aporte del trabajo no remunerado
de las mujeres a la economía, e incorporar esa mirada en las luchas y
propuestas políticas sobre la migración, la soberanía alimentaria y el modelo
de desarrollo.
- Desarrollar acciones prácticas de solidaridad
antiimperialista: frente a la represión, la militarización, tal como se
manifiesta en nuestro continente, a través por ejemplo de la implementación del
Plan Colombia, y de la ocupación de Haití por tropas de países
latinoamericanos, contra las bases militares norteamericanas en el continente,
la criminalización de los movimientos sociales, la lucha por la libertad de l@s
pres@s políticos.
- Impedir y rechazar los asesinatos y
desapariciones forzadas de líderes sociales y populares, y de sus allegados.
Que pare el método de imponer el lucro del gran capital y del latifundio, con
sangre del pueblo.
- Defender la libre circulación de las personas
en nuestro continente.
- Aportar a los planes de cooperación que existen
entre los gobiernos del ALBA, asegurando que beneficien a los sectores más
postergados de nuestros pueblos.
- Apoyar las iniciativas y desarrollar acciones
propias dirigidas a erradicar el analfabetismo en nuestro continente.
- Potenciar la comunicación entre los pueblos,
articulando sus redes existentes, y creando nuevas redes donde sea necesario.
- Aportar a que los y las jóvenes tengan un
espacio fundamental en este proyecto, participando desde sus propios objetivos,
intereses, conceptos y metodología de construcción.
- Promover la organización de los/as
trabajadores/as, impulsando prácticas que promuevan la democracia de base, y
una auténtica democracia sindical.
Metodología
Un
tema fundamental, para respetar los procesos colectivos de construcción de
nuestra integración, es definir una metodología que nos permita ir avanzando
hacia ese objetivo. En tal sentido, la propuesta que ponemos en discusión parte
de:
- Promover procesos de integración popular en
nuestros países. Promover reuniones nacionales para construir una agenda mínima
de trabajo con esta Carta. Este proceso de integración, buscará contar con
mecanismos concretos de unificación de las luchas, que favorezcan la
participación de los movimientos y organizaciones sociales.
- Organizar un gran debate de los movimientos
sociales en todos los niveles, partiendo y priorizando el trabajo de base.
- Definir planes de acción muy concretos, que
apunten a un ejercicio práctico de búsqueda de soluciones concretas para las
necesidades cotidianas de vida de las poblaciones.
- Hacer un diagnóstico que nos permita
identificar a nuestras propias fuerzas, y definir el espacio estratégico que
sería necesario potenciar.
- Crear una pedagogía de construcción del espacio
común.
- Sostener y reafirmar la autonomía de los
movimientos populares en relación a los gobiernos. Desde esa autonomía
establecer una relación desde los movimientos, con los gobiernos que promueven
el ALBA.
- Organizar el intercambio y el conocimiento
directo de nuestras experiencias de construcción de poder popular, así como la
coordinación continental de las reivindicaciones y demandas de nuestros
movimientos territoriales, sindicales, culturales, campesinos, y de
comunicación popular.
Avanzar
ahora
En
el nuevo contexto latinoamericano, hay numerosas oportunidades para ir gestando
una nueva ofensiva de los pueblos. Pero existen también muchas amenazas a los
procesos en curso. No hay manera de enfrentar las políticas del gran capital
trasnacional y del imperialismo, desde las resistencias dispersas de nuestros
pueblos. No es posible tampoco delegar los procesos de integración
latinoamericana en los gobiernos (por más que éstos tengan una responsabilidad
indiscutible en promoverla). Lo que se avance desde los gobiernos en esta
dirección, será un estímulo a la creación de lazos de cooperación solidarias,
que apoyaremos y sostendremos como parte de las luchas antiimperialistas. Pero
es imprescindible estimular procesos de integración, basados en un poder popular,
creado desde las raíces mismas de la lucha histórica de nuestro continente. Y
es necesario avanzar ahora, superando sectarismos, cálculos estrechos,
mezquindades. Es necesario avanzar ahora, para que preparemos la plataforma de
unidad que permita sostener y defender las luchas, por una nueva gesta de
independencia latinoamericana, de los pueblos y para los pueblos, por una
integración popular, por la vida, por la justicia, por la paz, por la
soberanía, por la identidad, por la igualdad, por la libertad de América
Latina, por una auténtica emancipación, que tenga en su horizonte el
socialismo.
“La
unidad e integración de Nuestra América, está en nuestro horizonte y es nuestro
camino.”
Para
leer más sobre este tema:
• Sitio Web del FSM:
www.forumsocialmundial.org.br
• Sección “Otro mundo es posible” de Rebelión:
www.rebelion.org/seccion.php?id=6
América latina: ¿hacia el socialismo del siglo XXI?
Por
Claudio Katz
Claudio
Katz es economista y miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Es autor de
numerosos artículos y de: El porvenir del socialismo, Editorial Herramienta e
Imago Mundi, Buenos Aires, 2004 y Las disyuntivas de la izquierda en América
Latina, Ed Luxemburg, Buenos aires, 2008. Su página web es:
www.lahaine.org/katz307
América
Latina se ha convertido en un escenario privilegiado para discutir el
socialismo. La región es el principal foco de resistencia internacional al
imperialismo y al neoliberalismo y varias sublevaciones condujeron en los
últimos años a la caída de presidentes neoliberales (Bolivia, Ecuador y
Argentina). Estas acciones afianzaron la contundente presencia de los
movimientos sociales. En un cuadro de luchas -que incluye reveses o represión
(Perú, Colombia) y también reflujo o decepción (Brasil, Uruguay)- nuevos
contingentes se han sumado a la protesta. Estos sectores aportan un renovado
basamento juvenil (Chile) y modalidades muy combativas de autoorganización
(México). Como el socialismo ofrece un propósito estratégico para estas
movilizaciones, su debate ha recuperando importancia en muchas organizaciones
populares.
Motivaciones
El
socialismo comienza a lograr cierta presencia callejera en Venezuela. Esta
difusión confirma una proximidad ideológica del proceso bolivariano con la
izquierda, que estuvo ausente en otras experiencias nacionalistas. En la época
de la Unión Soviética, algunos mandatarios del Tercer Mundo adoptaban la
identidad socialista con fines geopolíticos (contrarrestar las presiones
norteamericanas) o económicos (obtener subvenciones del gigante ruso). Como
este interés ha desaparecido, el rescate actual de un horizonte anticapitalista
tiene connotaciones más genuinas. El socialismo del siglo XXI se discute
también en Bolivia y está presente en Cuba, al cabo de 45 años de embargos y
agresiones imperialistas. Si el desmoronamiento que arrasó a los regímenes de
la URSS y a Europa Oriental se hubiera extendido a la isla, nadie postularía
actualmente un planteo no capitalista para América Latina. El impacto político
de esa regresión hubiera sido devastador. El socialismo es una bandera retomada
frente los presidentes de centroizquierda, que abandonaron cualquier alusión al
tema para congraciarse con las clases dominantes. Bachelet ni recuerda el
nombre de su partido cuándo preside la Concertación que recicla el modelo
neoliberal. Lula se ha olvidado su coqueteo juvenil con el socialismo al
estrechar relaciones con los banqueros y Tabaré Vázquez repite esta misma
conducta cuándo tantea los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos.
En
América Latina se insinúa un nuevo contexto económico que favorece el replanteo
de alternativas socialistas. Luego de un traumático período de concurrencia
extra-regional, desnacionalización del aparato productivo y pérdida de
competitividad internacional, en varios sectores de las clases dominantes
despunta un giro neo-desarrollista en desmedro de la ortodoxia neoliberal. Este
viraje tiene un alcance muy limitado, pero introduce serias grietas en los
dogmas económicos de la década pasada. Se está creando un nuevo espacio para
considerar alternativas populares que incluyan perspectivas no capitalistas. En
la región se verifica, además, una creciente tendencia a concebir programas
nacionales en términos regionales. Muchos agrupamientos populares perciben la
necesidad de formular sus reivindicaciones a escala zonal y esta postura
contribuye a desenvolver reformulaciones zonales del socialismo. Esta
contraposición se verifica en
307
Este texto constituye una versión reducida de los artículos “Estrategias
socialistas en América Latina” y “Socialismo o Neo-desarrollismo”, que se
pueden consultar -junto a toda la bibliografía y las referencias- en
www.lahaine.org/katz.
los
tres proyectos de integración en danza, que apuntan a relanzar el
neoliberalismo (ALCA), regular el capitalismo regional (MERCOSUR) o gestar
formas de cooperación solidaria que podrían resultar compatibles con el
socialismo (ALBA). El contexto latinoamericano actual incita, por lo tanto, a
retomar los programas anticapitalistas en varios terrenos y este impulso ya se
traduce en numerosas polémicas.
Recursos
Un
debate retoma la controversia clásica sobre la viabilidad de una transformación
anticapitalista, en una región periférica como Latinoamérica. ¿Son suficientes
los recursos, las tecnologías y las calificaciones existentes para inaugurar
este giro? Los países de la región están menos preparados- pero más urgidos que
las naciones desarrolladas- para encarar este cambio. Soportan desastres
alimenticios, educativos y sanitarios más intensos que las economías avanzadas,
pero cuentan con premisas materiales más endebles para resolver estos
problemas. Esta contradicción es
consecuencia del atraso agrario, la industrialización fragmentaria y la
dependencia financiera de la zona. En la izquierda existen dos respuestas
tradicionales frente a esta disyuntiva: promover una etapa de capitalismo en
alianza actual con el neo-desarrollismo o iniciar una transición socialista
adaptada a las insuficiencias regionales. La primera tesis estima que en la
región “no existen condiciones para una sociedad socialista”. Pero no aclara si
estas insuficiencias se verifican en el plano económico, tecnológico, cultural
o educativo.
América
Latina es una región dependiente, pero cuenta con sólidos recursos para
comenzar un proceso socialista. Estos cimientos son comprobables en distintos
terrenos: tierras fértiles, yacimientos minerales, cuencas hídricas, riquezas
energéticas, basamentos industriales. El gran problema de la zona es el
desaprovechamiento de estas potencialidades. No hay carencia de ahorro local,
sino exceso de transferencias hacia las economías centrales. El principal drama
latinoamericano no es la pobreza, sino la escandalosa desigualdad social que el
capitalismo recrea en todos los países. La hipótesis de la inmadurez económica
está desmentida por la coyuntura actual, que ha creado un gran dilema en torno
a quién se beneficiará del crecimiento en curso. Los neo-desarrollistas buscan
canalizar esta mejora a favor de los industriales y los neoliberales tratan de
preservar las ventajas de los bancos. En oposición a ambas opciones, los
socialistas deberían propugnar una redistribución radical de la riqueza, que
mejore inmediatamente el nivel de vida de los oprimidos y erradique la primacía
de la rentabilidad. Los recursos están disponibles. Hay un amplio margen para
instrumentar programas populares y no solo condiciones para implementar cursos
capitalistas. Es cierto que el marco objetivo que rodea a los distintos países
es muy desigual. Las ventajas que acumulan las economías medianas no son
compartidas por las naciones más pequeñas y empobrecidas. La situación de
Venezuela difiere de Bolivia y Brasil no carga con las restricciones que
agobian a Nicaragua. Pero ha perdido vigencia la evaluación de un cambio
socialista en términos exclusivamente nacionales. Si las clases dominantes
conciben sus estrategias a nivel zonal, también cabe imaginar un proyecto
popular a escala regional. Los opresores diagraman su horizonte en función de
la tasa de beneficio y los socialistas podrían formular su opción en términos
de cooperación y complementariedad económica. No existe ninguna limitación
objetiva para desenvolver este curso igualitarista. Es un error suponer que la
región deberá atravesar por las mismas etapas del desarrollo que recorrieron
los países centrales. La historia siempre ha transitado por senderos
inesperados que mixturan diversas temporalidades y este patrón tiende a perdurar.
Oportunidades
Otro
debate gira en torno a la conveniencia de promover un curso anticapitalista en
la coyuntura actual. América Latina transita por una fase de crecimiento y auge
de las exportaciones y algunos autores estiman que en estas condiciones, no se
avizora ningún colapso que justifique la transformación socialista. Pero este
proyecto difiere radicalmente del keynesianismo y no se limita a ofrecer un programa circunstancial para
remontar los ciclos recesivos. El socialismo aspira a superar la explotación y
la desigualdad, busca desterrar la pobreza y el desempleo, pretende
erradicar
los desastres ambientales, poner fin a las pesadillas bélicas y terminar con
los cataclismos financieros. Estos objetivos justifican la batalla por otro
régimen social en distintas coyunturas económicas. Las situaciones de colapso
no constituyen el único momento apto para erradicar el sistema. El giro
anticapitalista es una opción abierta para toda una época y puede iniciarse en
cualquier fase del ciclo. La experiencia del siglo XX confirma esta
factibilidad.
Ninguna
revolución socialista coincidió en el pasado con el cenit de una crisis
económica. En la mayoría de los casos irrumpió como consecuencia de la guerra,
la ocupación colonial o la opresión dictatorial. Se demostró que ningún
automatismo encadena el debut del socialismo con el desmoronamiento económico.
Las penurias que genera el capitalismo son suficientes para propugnar la
reversión de este modo de producción, en cualquier fase de sus fluctuaciones
periódicas. Otra objeción resalta los impedimentos creados por la
globalización. Plantea que la internacionalización del capital torna
impracticable un desafío anticapitalista en América Latina.
¿Pero
dónde radica exactamente ese obstáculo? La mundialización no constituye una
barrera para un proyecto de alcance universal como es el socialismo. El
desborde de las fronteras extiende los desequilibrios del capitalismo y crea
mayores basamentos objetivos para erradicar ese sistema. La presentación de la
globalización como una etapa que imposibilita modelos alternativos es
tributaria de la visión neoliberal. Si se descarta el socialismo recurriendo a
este razonamiento hay que desechar cualquier esquema de capitalismo keynesiano.
Es incongruente afirmar que el totalitarismo de la globalización ha sepultado
al proyecto anticapitalista, pero tolera modalidades intervencionistas de
acumulación. Si se han cerrado todas las opciones, tampoco quedan resquicios
para los ensayos neo-desarrollistas. En realidad la denominada globalización no
constituye el fin de la historia. Solo inauguró un nuevo período de
acumulación, basado en la recomposición de las ganancias a costa de los
oprimidos y en transferencias de grandes desequilibrios internacionales a las
economías más frágiles. Pero este curso regresivo lejos de alejar el horizonte
socialista actualiza la necesidad de gestar esta opción.
Comienzos
En
debate en curso no incluye la instauración plena del socialismo, ya que solo se
discute el debut de ese proyecto. Construir una sociedad de igualdad, justicia
y bienestar será una prolongada tarea histórica, que requerirá eliminar
progresivamente las normas de la competencia, la explotación y el beneficio. No
es una meta a realizar en poco tiempo. Especialmente en las regiones
periféricas este proceso presupondrá la maduración de ciertas premisas
económicas, que permitan mejorar cualitativamente el nivel de vida de la
población. Estos logros se desarrollarán junto a la expansión de la propiedad
pública y la consolidación de la auto-administración popular. Como esta
evolución exigirá varias generaciones, el debate inmediato está únicamente
referido a la posibilidad de iniciar este proceso. Comenzar la erección del
socialismo implicaría sustituir la preeminencia de un régimen sujeto a las
reglas del beneficio por otro regulado por la satisfacción de las necesidades
sociales. Desde el momento que un modelo económico y político -guiado por la
voluntad mayoritaria de la población- asuma estas características, empezaría a
regir una forma embrionaria de socialismo.
Este
debut es la condición para cualquier avance posterior. Una sociedad
post-capitalista no emergerá nunca, si el giro socialista no se concreta en
algún momento del presente. Los opresivos mecanismos de la ganancia y la
concurrencia deben quedar drásticamente neutralizados, para que una nueva forma
de civilización humana comience a despuntar. El punto de partida de esta
transición choca abiertamente con el modelo neo-desarrollista. Ambas
perspectivas son contrarias y no pueden conciliarse, ni desenvolverse en forma
simultánea. La competencia por el beneficio impide la gestación paulatina de
islotes colectivistas al interior del capitalismo. Los dos proyectos de
sociedad tampoco podrían convivir pacíficamente entre sí, hasta que uno
demostrara mayor eficiencia y aprobación general. Solo erradicando el
capitalismo podrán abrirse las puertas hacia
una emancipación social ¿Pero existen condiciones políticas en América
Latina para desenvolver este proceso?
Caracterizaciones
La
preeminencia de relaciones de fuerza favorables a los oprimidos es una
condición del cambio socialista. La mayoría popular no puede prevalecer sobre
sus antagonistas si afronta un balance de poder muy negativo. Este parámetro
está determinado en América Latina por las posiciones de tres sectores: las
clases capitalistas locales, la masa de oprimidos y el imperialismo
norteamericano. La situación de las clases dominantes se ha modificado
sustancialmente en comparación a la década pasada. Como resultado de las
grandes crisis financieras, este sector perdió posiciones económicas y autoridad política. Por esta razón, la
derecha ha quedado en minoría y los gobiernos centroizquierdistas reemplazaron
a muchos conservadores en el manejo del estado (especialmente en el Cono Sur).
Las elites capitalistas ya no fijan impunemente la agenda de toda la región. La
relación de fuerzas regional también ha sido modificada por grandes
sublevaciones populares, que en precipitaron la caída de varios mandatarios.
Los levantamientos en Bolivia, Ecuador, Argentina o Venezuela han repercutido
directamente sobre el conjunto de las clases dominantes. Desafiaron la
agresividad patronal e impusieron en muchos países cierta contemporización con
las masas.
El
impulso combativo es muy desigual. En ciertas naciones es visible el
protagonismo popular, en otras prevalece un reflujo y en ciertas zonas gravitan
negativamente los atropellos sociales o la hemorragia de emigrantes. La
correlación de fuerzas es muy variada, pero en el conjunto de América Latina se
afirma una tónica general de iniciativas populares. Al comienzo de los 90 el
imperialismo norteamericano estaba lanzado a la recolonización política de su
patio trasero a través del librecomercio y la instalación de bases militares.
También este panorama cambió. La versión original del ALCA fracasó por
conflictos entre firmas globalizadas y dependientes de los mercados internos,
por choques entre exportadores e industriales y por el extendido rechazo
popular. La contraofensiva de tratados bilaterales que ha lanzado el
Departamento de Estado no compensa este retroceso. El aislamiento internacional
de Bush (retroceso electoral, fracaso en Irak, pérdida de aliados en Europa) le
ha quitado espacio al unilateralismo e incentivó el resurgimiento de bloques
geopolíticos adversos a Estados Unidos (como los No Alineados). Este repliegue
norteamericano se refleja nítidamente en la ausencia de respuestas militares al
desafío de Venezuela. La correlación de fuerzas ha registrado, por lo tanto,
varios cambios significativos en América Latina. Las clases dominantes ya no
cuentan con la brújula estratégica neoliberal, el movimiento popular recuperó
presencia callejera y el imperialismo norteamericano perdió capacidad de intervención.
Actores
Los
sujetos de una transformación socialista son las víctimas de la dominación,
pero los protagonistas específicos de este proceso son muy diversos. En algunas
regiones las comunidades indígenas han ocupado un lugar dirigente en la
resistencia (Ecuador, Bolivia, México) y en otras zonas los campesinos
lideraron la resistencia (Brasil, Perú, Paraguay). En ciertos países los
protagonistas han sido asalariados urbanos (Argentina, Uruguay) o precarizados
(Venezuela, Caribe, Centroamérica). También es llamativo el nuevo rol de las
comunidades indígenas y el papel menos gravitante de los sindicatos fabriles.
Esta multiplicidad de sectores refleja la estructura social diferenciada y las
peculiaridades políticas de cada país. Los actores potenciales de un proceso socialista
son todos los explotados y oprimidos. Este rol les cabe este rol no solo a los
asalariados que generan directamente el beneficio patronal, sino a todos los
afectados por la desigualdad social. Lo esencial es la convergencia de estos
sectores en una batalla común, que se desenvuelve en torno a focos muy
cambiantes de rebeldía. La victoria depende de esta acción contra un enemigo
que domina dividiendo al campo popular. Pero la erradicación del capitalismo es
un proyecto dependiente no solo de la acción de los oprimidos, sino también de
su nivel de conciencia. Sólo estas convicciones pueden alimentar un proceso
anticapitalista, ya que no existe ningún devenir inevitable de la historia
hacia un desemboque socialista. Este sistema emergerá como una creación
voluntaria de las grandes mayorías o no surgirá nunca. Lo ocurrido bajo el
“socialismo real” ilustra cuán nefasto es sustituir la decisión popular por el
paternalismo de los funcionarios.
Pero
la conciencia de los oprimidos es una esfera sujeta a fuertes mutaciones,
condicionada por la experiencia de lucha e influida por el impacto de grandes
acontecimientos internacionales. Estos
hitos
se traducen en oleadas de entusiasmo y decepción hacia el proyecto
anticapitalista. La actual generación latinoamericana no creció como sus padres
bajo un contexto signado por grandes triunfos. Esta ausencia de un referente
anticapitalista exitoso -próximo a sus vivencias inmediatas- explica cierto
distanciamiento hacia el proyecto socialista. Las grandes diferencias entre el
período actual y la etapa de 1960-80 se ubican más en este plano de la
conciencia política, que en el terreno de las relaciones de fuerza o en el
cambio de los sujetos populares. No es la intensidad de los conflictos
sociales, la disposición de lucha de los oprimidos o la capacidad de control de
los opresores lo que ha cambiado sustancialmente, sino la visibilidad y
confianza en un modelo socialista. El derrumbe de la URSS provocó una crisis de
credibilidad internacional en ese proyecto que incidió significativamente sobre
la acción de la izquierda. América Latina no fue la excepción de este impacto,
pero su alcance efectivo ha sido más limitado en la región. La izquierda
latinoamericana ya había tomado gran distancia del modelo soviético antes del
colapso del “campo socialista” y su desánimo obedeció más a la herencia dejada
por las dictaduras, al fracaso del Sandinismo o el bloqueo sufrido por la
insurgencia centroamericana. En este plano también operó como contrapeso la
subsistencia de la revolución cubana. En cualquier caso el clima de decepción
ha quedado paulatinamente sustituido por un impulso a reconstruir el programa
emancipatorio. El avance de la conciencia antiliberal se comprueba en el
contundente rechazo a las privatizaciones y desregulaciones (muy superior al
observado en otras regiones, como Europa Oriental). También se verifica el
renacimiento de una conciencia antiimperialista sin los componentes regresivos
en el plano étnico o religioso que prevalecen en el mundo árabe. Pero el nexo
anticapitalista es el gran eslabón faltante, que debería construirse en el
debate sobre el socialismo del siglo XXI.
Contextos
La
izquierda latinoamericana enfrenta un problema estratégico relativamente
novedoso: la estabilización de regímenes constitucionales. Por primera vez en
la historia de la región las clases dominantes gestionan sus gobiernos a través
de instituciones no dictatoriales, en casi todos los países y al cabo de un
período significativo. Ni siquiera los colapsos económicos, los
desmoronamientos políticos o las insurrecciones populares modificaron este
patrón. El retorno de los militares es una carta mayoritariamente desechada por
las elites del hemisferio. En las situaciones más críticas los presidentes son
reemplazados por otros mandatarios con algún interregno cívico-militar. Lo que
está por ahora descartado es la reinstalación de dictaduras para lidiar con la disgregación
por arriba o la rebelión por abajo. Los regimenes actuales no son democracias
reales sino plutocracias al servicio de los capitalistas. Las instituciones de
este sistema han servido para consumar atropellos sociales que muchas
dictaduras ni siquiera se atrevieron a insinuar. Estas agresiones le quitaron
legitimidad al sistema, pero no condujeron a un rechazo popular al régimen
constitucional equivalente al padecido por las viejas tiranías.
Este
cambio en la norma en la dominación burguesa tiene efectos contradictorios
sobre la acción de la izquierda. Por un lado amplía las posibilidades de acción
política en un contexto de libertades públicas. Por otra parte, crea todas las
dificultades asociadas a la estabilización de parlamentos, partidos e
instituciones que perpetúan el status quo. Un sistema que recorta y al mismo
tiempo consolida el poder de los opresores representa un gran desafío para los
socialistas, especialmente cuando este régimen es mayoritariamente percibido
como el mecanismo natural de funcionamiento de cualquier sociedad moderna. Esta
última creencia es fomentada por la derecha –que ha captado la conveniencia de desenvolver su acción política
dentro del contexto constitucional- y por la centro-izquierda, que preserva el
régimen de opresión con mascaradas progresistas. Ambas vertientes fogonean
falsas polarizaciones electorales, para presentar la simple alternancia de
figuras en el manejo del poder como un cambio significativo.
El
ejemplo actual de esta complementariedad es la “izquierda moderna y civilizada”
que llegó al gobierno con Lula, Tabaré o Bachelet, para perpetuar la supremacía
de los capitalistas. Pero otras situaciones son más problemáticas porque se
quebró la continuidad institucional con el fraude (Calderón) o la dimisión
presidencial (Bolivia, Ecuador, Argentina). En ciertos desenlaces estas
convulsiones concluyeron con la reconstrucción del orden burgués (Kirchner),
pero en otros países
las
crisis desembocaron en el imprevisto acceso al gobierno de presidentes
nacionalistas o reformistas, que son rechazados por el establishment. Es el
caso de Chávez, Morales y Correa. En estos últimos procesos el terreno
electoral se ha perfilado como un área de lucha contra la reacción y un punto
de apoyo para encarar transformaciones radicales. Esta conclusión es vital para
la izquierda. Especialmente en Venezuela se ha verificado como los comicios
constituyen un campo para legitimar el proceso bolivariano y potenciar la
derrota propinada a la derecha en las calles. En la esfera electoral se
complementaron las victorias de la movilización.
El
cuadro constitucional prevaleciente en Latinoamérica altera significativamente
el marco de acción de la izquierda, que durante décadas se acostumbró a
confrontar con un enemigo dictatorial. La batalla dentro del nuevo contexto no
es sencilla, desde el momento que el institucionalismo funciona con
simulaciones permanentes para reproducir el orden vigente. Por eso se impone
combinar la acción directa con la participación electoral. Por esta vía se
compatibilizan los tiempos de surgimiento del poder popular -que requiere todo
proceso revolucionario- con la maduración de la conciencia socialista, que en
cierta medida se procesa a través de la arena constitucional. Este camino
incluye el logro de conquistas que permitan reforzar las posiciones de los
trabajadores, afianzar su gravitación política y fortalecer su presencia
organizativa. Pero estas reformas no se acumulan, ni son irreversibles. Tarde o
temprano su consolidación (o profundización) choca con la regla del beneficio y
obliga a respuestas populares contundentes para defender lo obtenido.
Quiénes convocan a “resolver primero los problemas inmediatos” para
“discutir posteriormente el socialismo” desconocen esta conexión y además
olvidan, que este futuro sería innecesario si el capitalismo pudiera satisfacer
estructuralmente las necesidades perentorias. Las reformas son conquistas
necesarias para preparar un giro anticapitalista, pero la revolución es un paso
indispensable para asegurar el alcance efectivo de estos logros. Registrar esta
complementariedad es importante para superar la esquemática separación entre
períodos conservadores (exclusivamente propicios para mejoras mínimas) y etapas
convulsivas (que solo permiten respuestas revolucionarias). La estrategia
socialista exige amalgamar iniciativas de reforma con un explícito horizonte
revolucionario.
Complementariedades
La
conciencia popular se traduce en organización, ya que sin organismos propios
los explotados no pueden gestar otro proyecto de sociedad. Las dos modalidades
de organización popular contemporánea son los movimientos y los partidos. Ambas
opciones cumplen un papel esencial para el desarrollo de las convicciones
socialistas. Afianzan la confianza en la auto-organización y procesan normas de
funcionamiento colectivo del futuro poder popular. Los movimientos sostienen la
lucha social inmediata y los partidos alimentan una actividad política más
elaborada. Ambas instancias son necesarias para facilitar la acción directa y
la participación electoral. Pero esta complementariedad es frecuentemente
cuestionada, por los impulsores excluyentes de los movimientos que proclaman la
obsolescencia de los partidos. Olvidan que estas organizaciones son
irremplazables para actuar en el plano político. Ningún proyecto emancipatorio
puede desenvolverse exclusivamente en el terreno social, ni prescindir de las
plataformas específicas, los enlaces entre reivindicaciones y las estrategias
de poder que aportan las organizaciones partidarias. Estos agrupamientos
contribuyen a superar las limitaciones de una rebelión espontánea. La
descalificación de los partidos es tan inadecuada como el vicio opuesto, que
todavía exhiben algunas organizaciones de izquierda. Mantienen la vieja
concepción vanguardista, actúan con férreo verticalismo y se gratifican con la
auto-proclamación permanente. Este culto a la propia organización conduce a prácticas
sectarias y a una búsqueda de hegemonía dentro de los movimientos sociales. Su
acción se alimenta de la tradición caudillista y expresa los resabios de una
cultura organizativa construida durante décadas de acción clandestina. En el
marco de libertades públicas y competencia partidaria actual salta a la vista
el carácter desubicado de estas conductas.
Actitudes
Postular
que el socialismo puede ser iniciado en un período contemporáneo conduce a
defender sin ocultamientos la identidad socialista. Favorecer, en cambio, una
etapa neo-desarrollista induce al titubeo en la lucha contra el capitalismo.
Para transitar por un camino en común con los industriales y los financistas
hay que adoptar un comportamiento moderado, demostrar responsabilidad frente a
los inversores y colocar todas las intenciones socialistas en un disimulado
segundo plano. El proyecto del socialismo del siglo XXI plantea también serios
problemas a los teóricos que gustan estudiar los desequilibrios del
capitalismo, sin preocuparse por avizorar algún camino hacia otra sociedad. El
socialismo es un tema molesto para quiénes interpretan el mundo sin tratar de
cambiarlo, ya que este objetivo sacude su contemplativa mirada del universo
circundante. La ausencia de proyectos socialistas en la izquierda es mucho más
nociva que cualquier desacierto en los diagnósticos del capitalismo
contemporáneo. Por eso resulta indispensable retomar el uso del término
socialismo, sin prevenciones, ni sustituciones. Este concepto no es un vago
sinónimo de “lo social”. Alude concretamente a un sistema emancipado de la
explotación y no a genéricos inconvenientes de cualquier agregación humana. No
bastan las difusas referencias al “post- capitalismo” para esclarecer cómo
debería construirse una sociedad futura. Hay que exponer programas
alternativos.
Algunos
analistas estiman que el socialismo no puede difundirse luego del colapso
sufrido por la URSS. Consideran que la noción cayó en desuso y perdió
prestigio. Pero el repentino resurgimiento del concepto en Latinoamérica
debería inducirlos a reconsiderar la validez del réquiem que han pronunciado.
Muchos términos sufrieron un manoseo semejante al padecido por el socialismo.
La democracia ha soportado por ejemplo distorsiones equivalentes. Fue el
estandarte de los peores atropellos imperialistas durante el último siglo y
esta deformación no indujo a su reemplazo por ninguna otra palabra. Nadie ha
postulado otro término para definir la soberanía popular, ya que para denotar
ciertos fenómenos hay nociones irreemplazables. La vigencia del socialismo debe
ser evaluada con cierta perspectiva histórica, tomando en cuenta que ha estado
sometida a un vaivén semejante al sufrido por la democracia. La invención
contemporánea de este último ideal se produjo en 1789, pero el principio de
igualdad política solo conquistó autoridad en el curso de un largo período
posterior. Al cabo de este tiempo fue aceptado como principio superador de
jerarquías medievales, que en el pasado eran identificadas con la propia
existencia humana. Con la invención del socialismo ocurrirá algo parecido. El
debut de 1917 quedará como un gran precedente de la gesta humana por alcanzar
la igualdad social y liberar al individuo de las cadenas del mercado. El
comienzo del siglo XXI permite empezar a plasmar ambos objetivos. La actual
coyuntura latinoamericana invita a renovar los debates estratégicos en la
izquierda en controversias francas, abiertas y respetuosas. Es el momento de
asumir logros y balancear las limitaciones con una actitud entusiasta y
crítica. Ambas posturas contribuyen a forjar el optimismo razonado que exige la
batalla por el socialismo.
(Buenos
Aires, 2008)
Para leer más sobre este tema:
• Heinz Dieterich, Hugo Chávez y el socialismo
del siglo XXI, Editorial Por los caminos de América, Caracas, 2005.
• Marta Harnecker, La izquierda en el umbral del
siglo XXI, Editorial Siglo Veintiuno, Madrid, 2000.
• Claudio Katz, Las disyuntivas de la izquierda
en América Latina, Ed Luxemburg, Buenos aires, 2008
• Claudio Katz, El rediseño de América Latina:
ALCA, MERCOSUR y ALBA, Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2006.
• Claudio Katz, El porvenir del socialismo,
Editorial Herramienta e Imago Mundi, Buenos Aires, 2004.
• Michael A. Lebowitz, El socialismo no cae del
cielo, Colección Ideas Claves, Caracas, 2006.
• Michael A. Lebowitz, Build It Now: Socialism
for the Twenty-First Century, Monthly Review Press, 2006.
• Fernando Martinez Heredia, “Movimientos
sociales, política y proyectos socialistas” in En el horno de los 90, Editorial
Ciencias Sociales, La Habana, 2005.
• James Petras y Henry Veltmeyer, Movimientos
sociales y poder estatal, Lumen, México, 2005.
• Luis Vitale, De Bolivar al Che, Cucaña
Ediciones, Buenos Aires, 2002.


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