© Libro N° 14888. De Lo Abstracto A Lo Concreto (En defensa de Marx). Refutación a Manuel Sacristán. Umpiérrez, Francisco. Emancipación. Marzo 7 de 2026
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DE
LO ABSTRACTO A LO CONCRETO
(En
defensa de Marx)
Refutación
a Manuel Sacristán
Francisco
Umpiérrez
De Lo Abstracto A Lo Concreto
(En defensa de Marx)
Refutación a Manuel Sacristán
Francisco Umpiérrez
De lo abstracto a lo concreto (En defensa de Marx)
He estado estudiando dos capítulos del libro Sobre
dialéctica de Manuel Sacristán titulados La metodología de
Marx y ¿Qué es la dialéctica? También he leído su
reflexión sobre El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia. Mi
impresión general es que Sacristán habla del pensamiento de Marx y del
pensamiento de Hegel con un tono de superioridad que no se corresponde con lo
que después demuestra. En su texto el mundo en su concreción desaparece. Lo más
concreto de lo que habla es de un perro que se llama Boby. Pero este perro es
un perro abstracto, y lo pone como ejemplo de un movimiento teórico que va de
un perro individual al género mamífero. Sacristán no se percata que el ejemplo
que pone, el perro Boby es un mamífero, supone un cambio en el objeto del
conocimiento, su ejemplo pertenece a la lógica del juicio y no a la economía
política. Después detallaré mi crítica a este ejemplo.
Sacristán nos habla de El Capital, de los Grundrisse y
de Las teorías sobre la plusvalía. Pero no habla de un solo
capítulo ni de un solo concepto de esas obras teóricas de Marx. Solo nos dice
cuál es su impresión general. Pero eso no tiene nada de riguroso ni de
metódico. No podemos tomarnos como ciertas y válidas opiniones que no son
exhaustivas ni detalladas. Además, es muy dado a proporcionarnos juicios
aislados supuestamente de Marx y de Hegel. Pero en materia de proporcionar
citas de esos dos pensadores no es nada riguroso ni preciso. Y nos proporciona
la siguiente definición de método: “Por método normalmente entendemos un
conjunto de operaciones seriado, repetible, operaciones ordenadas y repetidas”.
Una definición extremadamente formal. Según Sacristán por método solo
entenderíamos el método de la Lógica matemática. Pero esto no es así. La lógica
y el comportamiento metódico están en todo. En todos los trabajos hay lógica y
método. En la captura de Maduro por parte del gobierno de EEUU hay lógica y método,
como lo hay en el juego de la Bolsa, en la guerra y en los intercambios
comerciales. No se puede pretender que la Lógica matemática sea el paradigma de
la teoría del conocimiento, del método y de la lógica. Métodos los hay de
muchos géneros; y, de todos modos, el estudio y análisis del método no es
suficiente para explicar cómo se elaboran las teorías.
Para que el lector no piense que este tema es muy complicado y que hay
que tener una mente especial o privilegiada para comprenderlo, le recomiendo
que sustituya los términos abstracto y concreto por los términos simple y
complejo, pues son más fáciles de entender. También le digo que lo abstracto no
es una cosa vacía e indeterminada, sino que lo abstracto también tiene
determinaciones. Pero hay más: lo que desde un punto de vista se presenta como
abstracto, bajo otro punto de vista se presenta como concreto. El presente
trabajo contiene un total de veintinueve secciones. No constituyen una unidad.
El concepto de valor de uso aparece en varias secciones. He preferido recurrir
siempre al concepto de valor de uso porque es más fácil de entender que el
concepto de valor. Trato con este trabajo que el lector conozca mejor el
pensamiento de Marx, Engels y Hegel, pero también el de Wittgenstein, Luria y
Einstein. Algunas citas son un poco extensas, pero no me ha quedado otro
remedio. Como dije antes, si queremos conocer relativamente bien el pensamiento
de los otros, es necesario ser exhaustivo y entrar en ciertos detalles.
Un edificio en construcción
Pongo este ejemplo analógico con el fin de que el lector no se pierda y
tenga una representación precisa de los conceptos “abstracto”, “simple”,
“concreto”, “complejo”, “relación unilateral abstracta” y “todo concreto y
vivo”. Cuando se hace un edificio se empieza por los cimientos y a continuación
se levantan las columnas. Las columnas podemos considerarlas como partes
abstractas o partes simples del todo edificado. Después se ponen las vigas, que
son también elementos simples. Pero como las vigas van enlazadas con las
columnas, su conjunto ya representa cierto grado de concreción. La concreción
debemos considerarla como un proceso. Concebir las cosas como procesos es un
rasgo fundamental del pensamiento dialéctico. Después se emplean bloques para
hacer el suelo y las paredes. Luego se ponen ventanas, puertas, desagües,
cañerías y el sistema eléctrico. Cada uno de estos factores es una parte
abstracta o un elemento simple. Supongamos, para no cansar al lector con más
detalles, que el edificio está ya acabado y listo para ser habitado. Cuando
llegan sus usuarios, ponen los muebles, y compran vestimenta, calzado,
productos de limpieza y alimentos. De manera que los usuarios entran en
contacto con los comercios de la zona, con supermercados, con restaurantes y
terrazas, con avenidas y calles. También haciendo uso de su automóvil se
trasladan al norte, centro y sur de la isla de Gran Canaria, por ejemplo. Y
también viajan entre islas mediante barcos (puertos) y a la península mediante
aviones (aeropuerto). De ahí que, siguiendo la categorización de Marx,
llamaremos al edificio un concreto de múltiples determinaciones y vivo.
Pero este edificio está interrelacionado con el todo urbano al que
pertenece, con el que mantiene una relación unilateral abstracta. Supongamos
que ese todo urbano sea Las Palmas de Gran Canaria. En dicha ciudad podemos
destacar los mojones o referencias principales: La playa de las canteras, el
auditorio Alfredo Kraus, el bulevar de Mesa y López, la Catedral de Santa Ana,
el barrio histórico de Vegueta y la calle comercial de Triana. En esta ciudad
seguramente habrá decenas de miles de inmuebles, y miles de kilómetros de
carreteras y aceras, además de plazas y parques. De ahí que nuestro edificio,
aquel del que detallamos su construcción, en relación con el todo urbano al que
pertenece sea un elemento simple o una parte abstracta. Así que el edificio en
relación con los elementos que lo constituyen es un concreto de múltiples
determinaciones, pero en relación al todo urbanístico al que pertenece es un
abstracto o un elemento simple. Ahora, en este último caso, el concreto es el
todo urbanístico, el municipio al que pertenece el edificio. De lo que
concluimos que la condición de abstracto o concreto no son formas lógicas
fijas, sino que depende de la posición en la que se encuentre un ente en
relación a las partes que lo constituyen o en relación a la totalidad a la que
pertenece. Y, por último, vemos que en el mundo de la construcción se va de lo
abstracto a lo concreto, o de lo simple a lo complejo. De manera que resulta de
lo más razonable que si este ocurre en el ámbito de la práctica, deba ocurrir
del mismo modo en el ámbito de la teoría.
Hegel y las ideas vagas según Sacristán
En su trabajo La metodología de Marx, Sacristán hace
estas dos afirmaciones sobre el pensamiento de Hegel: “Ahora bien, Hegel se
fija en que cuando empezamos a comprender un fenómeno empezamos con ideas
imprecisas, diría él”. A continuación, pone el ejemplo de cómo podríamos
conocer el Congo supuestamente según el proceder de Hegel. Y a este respecto
Sacristán afirma lo siguiente: “Esta descripción se puede admitir si uno admite
ya un prejuicio previo idealista, a saber, que lo general es vago”. Yo no sé de
dónde extrae Sacristán esta idea, pues tiene la costumbre de no citar, sino de
afirmar lo que él piensa sobre un determinado pensador, como es el caso de
Hegel, sin presentar la prueba documental correspondiente.
En su obra Fenomenología del espíritu, la más abstracta
de las obras de Hegel junto con la Ciencia de la Lógica, Hegel se expresa en
los siguientes términos: “El saber, que es ante todo o de modo inmediato
nuestro objeto, no puede ser sino aquello que es él mismo saber inmediato o de
lo que es. (.) El contenido concreto de la certeza sensible hace que este se
manifieste de un modo inmediato como el conocimiento más rico e incluso como un
conocimiento de riqueza infinita a la que no es posible encontrar límite si
vamos más allá en el espacio y en el tiempo en que se despliega, como si
tomásemos un fragmento de esta plenitud y penetrásemos en él mediante la
división. Este conocimiento se manifiesta, además, como el más verdadero, pues
aún no ha dejado a un lado nada del objeto, sino que lo tiene ante sí en toda
su plenitud”.
Aconsejo al lector que se suba a una loma y contemple su ciudad
portuaria y disfrute de todo lo que ve: edificios, parques, carreteras, raudos
automóviles, transeúntes, barcos atracados, una pequeña playa y sus bañistas, y
un mar y un cielo azules inmensos. Eso es la certeza sensible. Hegel toma como
punto de partida ese saber inmediato que usted tiene en la loma desde donde ve
la ciudad. Y con respecto a este saber, Hegel dice lo siguiente: “este saber es
inmediato, es un saber de riqueza infinita, y es lo más verdadero; pues como
todavía no ha puesto en marcha su pensamiento reflexivo, no ha dejado nada
atrás de la situación objetiva que contempla”.
Así que no es cierto lo que dice Sacristán. Hegel no inicia su Fenomenología
del espíritu, como ninguna de sus obras teóricas, a partir de ideas
imprecisas, como tampoco entiende lo general como conocimiento vago. Todo lo
contrario: empieza con el saber inmediato. Y si algunos de los seguidores de
Sacristán piensan que yo estoy equivocado, que nos digan en qué libro Hegel
hizo esas supuestas afirmaciones que le atribuye Sacristán. Hegel, estimados
lectores, es un pensador de un rigor y precisión máximos, y en sus ideas de sus
magnos libros no hay nunca vaguedad ni imprecisiones.
Alusión de Sacristán a Aristóteles
En su trabajo La metodología de Marx, refiriéndose a
Aristóteles, Sacristán se expresa en los siguientes términos: “En la física y
en la ontología aristotélica se explica que un cuerpo cambia diciendo que todo
ente, todo cuerpo finito, es un cuerpo de parejas de factores, materia-forma,
esencia-accidente, y también potencia y acto. Entonces que un cuerpo pase de un
estado A a un estado B consiste en que el estado B, que estaba en potencia en
él, actualiza A. ¿Qué valor explicativo tiene una conceptualización así?
Ninguno seguramente. Lo que sí hace es codificar en un lenguaje normal
experiencia cotidiana no científica, experiencia directa, vulgar, y eso da
lugar a metáforas como esta de potencia-acto o de materia y forma
aristotélica”.
Antes que nada, he de decir que me sorprende esta forma tan
despreciativa con la que habla Sacristán del pensamiento de Aristóteles, otro
de los grandes filósofos de todos los tiempos. Pero cuando Sacristán critica el
pensamiento de Aristóteles, no elabora argumento alguno, no elabora concepto
alguno, solo hace afirmaciones como las siguientes: las conceptualizaciones de
Aristóteles no tienen valor explicativo; y Aristóteles codifica en un lenguaje
normal experiencias cotidianas no científicas, y eso da lugar a metáforas como
potencia y acto y materia y forma. Pregunta: ¿Por qué la pareja
potencia-acto no tiene valor explicativo alguno y por qué es una metáfora?
Respuesta sencilla: porque Sacristán lo afirma. Sería importante saber por qué
ciertas experiencias que la ciencia todavía no ha estudiado se transforman en
metáforas. Lo de decir que ciertos pensamientos de grandes pensadores clásicos
son metáforas es una simple operación nominativa. Las teorías presuponen
ciertos conceptos básicos y ciertas premisas básicas, sobre los cuales
encadenar juicios y formar razonamientos, para, por último, extraer
conclusiones lógicas, pero Sacristán no hace nada de esto.
Qué diferente es la actitud de Marx cuando habla de Aristóteles. En la
sección dedicada a la forma de equivalente en El Capital, dice Marx
lo siguiente: “Las dos últimas particularidades de la forma de equivalente (que
el trabajo concreto se convierte en forma fenoménica de su opuesto,
trabajo humano abstracto; y que el trabajo privado devenga la forma de su
opuesto, trabajo en forma social directa) son aún más comprensibles si volvemos
al gran investigador que analizó por primera vez la forma del valor, igual que
tantas formas del pensamiento, sociales y naturales. Se trata de Aristóteles.
En primer lugar, Aristóteles dice claramente que la forma de dinero de
la mercancía no es más que la figura más desarrollada de la forma simple del
valor, o sea, de la expresión de valor de una mercancía en otra mercancía
cualquiera, pues escribe: “5 camas = 1 casa no se distingue de 5 camas = tanto
dinero”. Percibe, además, que la relación de valor supone, por su parte, que la
casa se equipara cualitativamente a la cama, y que estas cosas, sensiblemente
distintas, no pueden compararse entre sí como magnitudes conmensurables sin esa
igualdad de esencia El cambio, dice Arsitóteles, no puede suceder sin la
igualdad, ni la igualdad puede realizarse sin la conmensurabilidad”. Aquí Marx
defiende el pensamiento de Aristóteles con conceptos y argumentos, y por haber
sido el primero en investigar la forma de valor, incluso por haber descubierto
dos de las tres particularidades de la forma de valor equivalente de la
mercancía. Aquí, como en todos los aportes de Marx, aprendemos, y aprendemos en
profundidad tanto la naturaleza del mundo como la del pensamiento.
Vayamos ahora por la pareja de contrarios “en potencia” y “en acto”. En
el capítulo titulado I. El ciclo del capital monetario del
tomo I del libro II de El Capital, Marx se expresa en los
siguientes términos: “Cualesquiera que sean las formas sociales de la
producción, sus factores serán siempre los obreros y los medios de producción.
Pero tanto unos como otros solo lo son en potencia en su estado de mutua
separación. Para que en general de produzca, tienen que unirse. El modo
peculiar en que se realice esta unión es lo que distingue las diferentes épocas
económicas de la estructura social. En el caso presente, la separación del
obrero libre respecto de sus medios de producción constituye el punto de
partida dado, y ya hemos visto cómo y en qué condiciones se unen ambos en manos
del capitalista, a saber, como modo productivo de existencia del capital”. Todo
lo dicho aquí por Marx es una verdad científica que pertenece a una esfera de
saber determinada: la economía.
Pregunta: ¿El hecho de que Marx utilice de forma explícita el concepto
de “en potencia” y de forma implícita el concepto de “en acto” disminuye en
algo la naturaleza científica de esta verdad? Respuesta: no. Todo lo contrario:
enriquece y fortalece a esta verdad. Cuando las trabajadoras y trabajadores
están en paro, esto es, separados de los medios de producción, son solo
trabajadoras y trabajadores en potencia. Solo cuando las trabajadoras y
trabajadores son contratados y entran en contacto con los medios de producción,
las trabajadoras y los trabajadores son en acto. Por lo tanto, los conceptos en
potencia y en acto tienen un gran valor explicativo. Nos enriquecen, nos
proporcionan herramientas conceptuales para defender mejor nuestros intereses
de clase, y al menos en el terreno mental nos hacen más libres.
¿Por qué Sacristán considera que los conceptos en potencia y en acto
carecen de valor explicativo? La respuesta es clara y directa: en vez de poner
un ejemplo concreto donde apreciar y medir el valor explicativo de dichos
conceptos, como hace Marx, recurre a un medio formal y abstracto, y dice: “que
un cuerpo pase de un estado A a un estado B consiste en que el estado B, que
estaba en potencia en él, actualiza A”. Pero A y B son puros símbolos que no
dicen nada. No sabemos de qué habla Sacristán, mientras que sí sabemos de lo
que habla Marx: de la relación de las trabajadoras y trabajadores con los
medios de producción.
Vayamos ahora a por la pareja de contrarios materia y forma. En el
capítulo titulado El proceso de trabajo de la sección tercera
del tomo I del libro I de El Capital, Marx dice lo siguiente: “Al
final del proceso de trabajo se obtiene un resultado que existía ya al comienzo
del mismo en la imaginación del obrero en forma ideal. No solo es que efectúe
un cambio de forma en el elemento natural…”. En todo proceso de trabajo
manufacturero se produce un cambio de forma de la materia. El panadero pone en
la amasadora harina, levadura y sal. Luego la vuelca en una máquina que la
divide en piezas de 100 gramos, por ejemplo, y después la bolea. Ya se produce
un primer cambio de forma. Después una operaria le hace un pequeño corte en la
parte superior con una cuchilla. Ya se produce un segundo cambio de forma.
Luego, se pone en carros en la cámara de fermentación. Se produce un tercer
cambio de forma. Y, por último, los panes fermentados se ponen en el horno y se
cocinan. Se produce ahora el cuarto y último cambio de forma. Y esto que ocurre
en esta industria ocurre en todas las industrias y en todos los trabajos
artesanales: continuos cambios de forma de los materiales. Y esto es una verdad
económica, y no como dice Sacristán una metáfora. El error de Sacristán es que
no pone ejemplos concretos donde medir la validez de sus afirmaciones, sino que
se limita a formular juicios muy formales. Y cuando uno se vuelve muy formal,
los juicios se vacían de contenido.
Sobre el uso de la categoría “metáfora”
Sacristán cataloga como metáforas ciertos pensamientos de Marx, de
Engels y de Aristóteles, con el propósito de su descatalogación científica.
Pero si Sacristán quiso ser lógico y metódico, como continuamente anuncia,
debió haber elaborado previamente el concepto de metáfora antes de ponerlo en
circulación. Y esa elaboración debió realizarla en el ámbito de la Lingüística
y después, tal vez, en el ámbito de la Filosofía del Lenguaje. Pero no lo hizo.
Hay que saber que las metáforas es una especie del género “ejemplo analógico”.
Si hubiera indagado en la naturaleza de las metáforas y de los ejemplos
analógicos, hubiera comprobado que en ocasiones son necesarios y útiles.
También pudo haber reflexionado sobre los límites cognitivos de las metáforas.
Pero no hizo nada de eso. Según mi propia experiencia teórica, lo que Sacristán
cataloga como metáforas no lo son. De todos modos, y repito, no es lógico que
un teórico emplee una categoría sin haberla elaborado previamente, puesto que,
si no conocemos el contenido conceptual en sentido estricto y en sentido
desarrollado del concepto de “metáfora”, no sabremos si lo que Sacristán
cataloga como metáfora es en verdad una metáfora.
Ya que Sacristán hace tantas alusiones a la lógica, procedamos entonces
con lógica en esta materia. Por lo menos establezcamos las diferencias básicas.
En toda metaforización hay que distinguir dos cosas: el objeto metaforizado y
la metáfora. Pero Sacristán no nos habla para nada del objeto metaforizado,
solo de la metáfora. Y si no sabemos cuál es el objeto metaforizado, no
podremos saber, uno, si la metáfora es necesaria, y, dos, si la metáfora mejora
o empeora la representación que tenemos del objeto metaforizado. Dicho de forma
más corriente: si Sacristan dice que tal pensamiento o categoría son metáforas,
la pregunta es sencilla: ¿de qué son metáforas ese pensamiento y esa categoría?
Pero en su planteamiento aquello de lo que tal pensamiento o categoría son
metáforas, no es presentado. Y así no podemos saber si lo afirmado por
Sacristán es verdadero o falso.
Ahora les pondré un ejemplo de metáfora empleado en el mundo del fútbol
y dos ejemplos de analogías contenidos en El Capital. Mbappé
es un francés que juega de delantero centro en el Real Madrid. Tiene la
tendencia a escorarse a la izquierda, como si fuera extremo izquierdo y no
delantero centro. La causa está en que cuando jugaba en el Mónaco y otros
equipos franceses, siempre jugaba por el lado izquierdo de la delantera. Pues
bien, un comentarista, mientras narraba un partido de fútbol, dijo lo
siguiente: la cabra siempre tira al monte; y Mbappé siempre tiende a irse a la
izquierda. El objeto metaforizado es Mbappé jugando de delantero centro
escorándose a la izquierda, y la metáfora es “la cabra tira al monte”.
¿Beneficia o perjudica esta metáfora para representarnos mejor el
comportamiento futbolístico de Mbappé? Lo beneficia: fortalece la idea de que
Mbappé tiende a escorarse a la izquierda de forma natural, instintiva, como la
cabra de forma natural e instintiva tira al monte.
Vayamos a por el primer ejemplo de analogía. Marx afirma que cualquiera
que sea la relación de cambio, siempre se puede representar por medio de una
ecuación donde se equiparan dos mercancías. Por ejemplo: 1 metro de tela = 5
kilos de trigo. Marx se pregunta: ¿Qué nos dice esta ecuación? Y responde: que,
en dos cosas diferentes, 1 metro de tela y 5 kilos de trigo, existe algo de
común y de la misma magnitud. Por consiguiente, las dos son iguales a una
tercera, que, en y de por sí, no es la una ni la otra. Cada una de las dos debe
ser reducible, en cuanto valor de cambio, a la tercera. Y a continuación
recurre al ejemplo analógico: “Un simple ejemplo geométrico puede darnos una
idea de esto. Para determinar y comparar la superficie de todas las figuras
geométricas se las descompone en triángulos. Se reduce el triángulo mismo a una
expresión totalmente distinta de su figura visible, el semiproducto de su base
por la altura. De igual modo se pueden reducir los valores de cambio de las
mercancías, a algo común a ellos, y de lo cual representan una cantidad mayor o
menor”.
Donde en el ejemplo analógico tenemos las figuras geométricas visibles
unas distintas de otras, en el mundo de las mercancías tenemos sus valores de
uso distintos unos de otros; y donde en el ejemplo geométrico tenemos el
semiproducto de la base por la altura de los triángulos, en la relación de
cambio entre las mercancías tendremos el valor. Después Marx nos advierte que
lo que hay de común en la relación de cambio entre mercancías “no puede ser una
propiedad física, química o cualquier otra propiedad natural”. ¿Para qué sirve
el ejemplo analógico? Para demostrar que el problema con el que se enfrenta
Marx en el análisis de la naturaleza del valor, también se da en el mundo de la
geometría. Así enriquecemos nuestra representación y disponemos de un ejemplo
geométrico que ilustra a qué clase de problema teórico nos enfrentamos.
Vayamos ahora a por la segunda analogía. En la sección dedicada a la
forma de equivalente, en el tomo I del libro I de El Capital, Marx
dice lo siguiente: “La primera particularidad que resalta en la observación de
la forma de equivalente es esta: el valor de uso se convierte en forma
fenoménica de su opuesto, del valor”. Para que lector no tenga dificultad en
entender esta idea por causa de la expresión “fenoménica”, nos limitaremos a
decir que el valor de uso se presenta como forma del valor; quitamos la expresión
“fenoménica”. Los marxistas, guiados por Marx, concebimos las cosas como
proceso, de manera que cuando hablamos del dinero no hablamos del dinero tal y
como se presenta en la actualidad, como dinero papel, sino que hablamos del
dinero durante todo el proceso de gestación: desde que era una simple mercancía
hasta que se convirtió primero en dinero oro, y luego en dinero papel, signo de
valor.
Hasta los economistas convencionales cuando hablan del precio de una
mercancía, afirman que es la expresión del valor de dicha mercancía. No
entramos en discusión acerca de qué entiende por valor un economista
convencional y qué entiende un marxista. En la ecuación 1 traje = 20 kilos de
trigo podemos preguntar: ¿cuánto vale 1 traje? Y respondemos: 20 kilos de
trigo. Luego 20 kilos de trigo es el valor de 1 traje. Así que los 20 kilos de
trigo, que sensiblemente es una cantidad determinada del valor de uso trigo, se
presenta como valor. Esta es la primera particularidad de la forma de
equivalente: el valor de uso se convierte en forma del valor.
Ahora viene el ejemplo analógico: “Como cuerpo, un pan de azúcar es
pesado y tiene, por tanto, un peso, pero no se puede ver ni tocar el peso de
ningún pan de azúcar. (Del mismo modo 1 traje tiene un valor, pero no se puede
ver ni tocar el valor de 1 traje). Tomemos ahora diversos trozos de hierro,
cuyo peso se ha determinado previamente. La forma corpórea del
hierro es la forma de existencia de la gravedad, también lo es la del pan de
azúcar. Sin embargo, para expresar el pan de azúcar en términos de gravedad, lo
colocamos en una relación de peso con el hierro. (Para expresar el valor de 1
traje, lo ponemos relación de valor con 20 kilos de trigo. Ninguna mercancía
puede expresar su valor en sí misma, siempre tiene que hacerlo en otra
mercancía). Como valores, 1 traje y 20 kilos de trigo, son iguales, pero como
valores de uso son cualitativamente distintos. En esta relación el
hierro figura como cuerpo que no representa nada más que gravedad. (En esta
relación los 20 kilos de trigo no representan nada más que
valor). De ahí que las cantidades de hierro sirvan para medir el
peso del azúcar. (De ahí que los 20 kilos de trigo sirvan para medir el valor
de 1 traje)”. La analogía tiene más detalles. Lo puesto entre paréntesis en la
cita de Marx es mío. Lo hice para que el lector comprendiera mejor la analogía.
Lo que intenta Marx con esta analogía es que, con un ejemplo más corriente, más
al alcance de la experiencia de los antiguos vendedores de hace cuarenta años,
que usaban una balanza con dos platillos y unas pesas para medir el peso de las
mercancías que vendían, el lector mejore su representación y comprensión de la
relación de cambio entre las mercancías, y más específicamente la primera
particularidad de la forma equivalente del valor. Se trata de ampliar el
conocimiento y mejorar nuestra representación de los fenómenos mercantiles.
Solo dos últimas ideas que ya dije anteriormente: una, que las metáforas
son una especie del género de las analogías, y dos, que tanto las metáforas
como las analogías sirven para mejorar nuestras representaciones del objeto
metaforizado, en un caso, y del objeto analogizado, en el segundo caso.
Einstein: abstracción y representación
En su trabajo La metodología de Marx, Sacristán dice lo
siguiente: “En una ciencia muy teórica, la física, por ejemplo, repito o
insisto, estaríamos dispuesto a decir que lo real es lo contrario: conocer
consiste en pasar de lo concreto a lo cada vez más abstracto, de una
experiencia concreta, sensible, directa, a conceptos físicos que no tienen ni
siquiera correlato sensible”. Sacristán incurre en dos errores, el primero,
hablar de forma general sin concretar, y, segundo, pensar que todas las
ciencias proceden del mismo modo. Y no es así. Para demostrarlo recurriré a la
exposición que hace Einstein sobre el movimiento de un cuerpo, contenido en su
obra titulada Sobre la teoría especial y la teoría general de la
relatividad. Habla Einstein: “Me encuentro en la ventanilla de un vagón de
ferrocarril animado de un movimiento uniforme y dejo caer una piedra sobre el
terraplén, sin comunicar a aquella impulso alguno. Veré entonces (prescindiendo
de la influencia de la resistencia del aire) que la piedra cae en línea recta.
Un peatón que observa la fechoría desde la carretera nota que la piedra cae a
tierra según un arco de parábola. Pregunto ahora: las posiciones que
recorre la piedra, ¿se hallan en realidad sobre una recta o una parábola? ¿Qué
significa además aquí movimiento “en el espacio”? A partir de las
consideraciones hechas en la sección 2, la respuesta es evidente. En primer
lugar, dejamos a un lado la oscura palabra “espacio” y la sustituimos por
“movimiento con respecto a un cuerpo de referencia prácticamente rígido”. Si en
lugar de “cuerpo de referencia” introducimos el concepto de “sistemas de
coordenadas”, concepto útil con vistas a una descripción matemática, podemos
decir entonces: respecto a un sistema de coordenadas rígidamente unido al
vagón, la piedra describe una recta; respecto a un sistema de coordenadas
rígidamente unido al suelo, una parábola. En este ejemplo, se ve claro que no
existe ninguna trayectoria propiamente dicha, sino solo trayectorias con
relación a un cuerpo de referencia determinado”.
Analicemos estas ideas bajo el punto de vista de la teoría del
conocimiento. En su conceptualización teórica, Einstein no parte de la
percepción sensible, sino de la representación sensible, pero con muchos grados
de abstracción. (En la percepción el objeto o situación objetiva vienen dados,
mientras que en la representación la situación objetiva la pone el sujeto). No
sabemos cuántos vagones tiene el tren, no sabemos cuál es su velocidad, no
aparecen los pasajeros que están sentados al lado de la ventana, no sabemos en
qué municipio está el tren, no sabemos si en el terreno sobre el que el tren
circula hay árboles y plantas, insectos, pájaros y lagartijas. No sabemos si
hay niños jugando a la pelota. No sabemos cuántas personas caminan en los
alrededores del tren. El propio Einstein dice que hace abstracción del aíre,
pues puede modificar el movimiento ideal de la piedra, y un largo etcétera.
Luego en la representación de Einstein hay muchas abstracciones. El punto de
partida del conocimiento que elabora sobre el movimiento de los cuerpos incluye
como punto de partida abstracciones. Y hay en la representación de Einstein un
elemento que no pertenece a la representación sensible: el sistema de
coordenadas. Dicho de otra forma: la representación del movimiento que realiza
Einstein está mediado por conceptos, no es una representación sensible, no es
un saber inmediato de lo sensible, todo lo contrario, es un saber muy mediato
de lo sensible. Enumero los conceptos que median la representación de Einstein:
movimiento uniforme, impulso, línea recta, arco de parábola, movimiento con
respecto a un cuerpo de referencia prácticamente rígido y movimiento ideal de
la piedra. Así que en este caso deberíamos afirmar que nos encontramos ante una
representación conceptual.
El lector habrá comprobado, primero, que no se debe hablar, ni de la
práctica ni de la teoría, de forma general, que es necesario ser más exhaustivo
y entrar en detalles; segundo, que el método por sí solo no puede servir para
explicar cómo se construyen las teorías; y, tercero, que no existe un método
que sea válido para todas las ciencias. Sí es cierto que Einstein parte de lo
concreto, pero de lo concreto representado, donde hay muchas abstracciones y
mediaciones conceptuales. No nos movemos en el análisis de la relatividad
espacial, como dice Sacristán, de lo concreto a lo abstracto, sino que ya en lo
concreto encontramos abstracciones: una, por las cosas que no se ven o no se
tienen en cuenta, y dos, por la abstracción que suponen los propios conceptos. Y
como muy acertadamente dijo Hegel en la Fenomenología del espíritu:
el lenguaje nunca puede expresar el ser sensible que nosotros suponemos, puesto
que el lenguaje solo expresa lo universal que hay en los hechos. Y esto es lo
que ha hecho Einstein para demostrar que no existe ninguna trayectoria
propiamente dicha, sino solo trayectorias con relación a un cuerpo de
referencia determinado: expresar lo que hay de universal en los hechos que se
representan.
El método y la teoría del conocimiento
El conocimiento relativamente completo de una cosa transcurre en dos
etapas: etapa sensible, práctica o experimental y etapa lógica o teórica. Las
reflexiones de Marx sobre el método en la economía política, contenidas en
su Contribución a la crítica de la economía política, que es el
objeto de la reflexión crítica de Sacristán, pertenecen a la etapa lógica o
teórica del conocimiento. Pero el problema de cómo Marx elaboró El
Capital o cómo Adam Smith elaboró Una investigación sobre la
naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, no se resuelve
conociendo algunas ideas generales sobre el método. Solo hay que observar que
la exposición sobre el método de la Economía política de Marx no alcanza las
diez páginas, mientras que El Capital supera las tres mil
páginas.
Hay que distinguir entre la fase en que un concepto es elaborado de la
fase en que un concepto empieza a circular. Por ejemplo, Marx elabora el
concepto de valor de uso en los siguientes términos: cosa que por sus
propiedades puede ser útil o satisfacer necesidades humanas. Una vez elaborado
este concepto, Marx dice: los valores de uso, además de constituir el contenido
material de la riqueza, constituyen los portadores materiales del valor de
cambio. Y a partir de ahí empieza a elaborar el concepto de valor de
cambio. Lo más diáfano en el ámbito de la teoría es que todos los conceptos
estén elaborados. Pero esto es imposible: Los conceptos de propiedades y
satisfacción de necesidades humanas sirven para elaborar el concepto de valor
de uso, pero ellos mismos carecen de elaboración. Pues bien, resulta que los
conceptos de abstracto y concreto contenidos en El método de la
economía política de Marx no están elaborados. Tampoco lo hace
Sacristán. Para superar esta dificultad aconsejo al lector
que lea la sección titulada Lo abstracto y lo concreto en Hegel en
el presente trabajo, dado que allí puede encontrar una mínima elaboración de
esos conceptos.
No está de más transcribir unas palabras de Edmund Husserl contenidas en
la sección titulada La imperfección teorética de las ciencias
particulares de su magna obra Investigaciones Lógicas,
para aclararnos más sobre las dificultades a las que nos enfrentamos: “Ni
siquiera el matemático, el físico o astrónomo necesita llegar a la intelección
de las últimas raíces de su actividad, para llevar a cabo las producciones
científicas más importantes; y aunque los resultados obtenidos
posean para él y los demás la fuerza de una convicción racional, no puede el
científico tener la pretensión de haber probado siempre las últimas premisas de
sus conclusiones, ni de haber investigado los principios en que
descansa la eficacia de sus métodos. Pero esta es la causa del estado
imperfecto de todas las ciencias”.
Estas ideas son claves: todas las ciencias son imperfectas, no hace
falta llegar a las últimas raíces de su actividad para que los científicos
lleven a cabo su producción científica, nunca se prueban todas las premisas de
las conclusiones científicas, y nunca se investiga por completo los principios
en los que descansa la eficacia de los métodos de investigación experimental y
de elaboración teórica. De ahí la necesidad de la filosofía, que es la esfera
de saber que enfrenta esos problemas gnoseológicos. Enfrentar no es solucionar
los problemas ni acertar en los objetivos propuestos de la teoría del
conocimiento. En teoría del conocimiento todavía hay mucho por hacer. Y
pretender tener plena claridad gnoseológica en las elaboraciones teóricas es de
momento imposible, independientemente de la esfera de saber en la que te
muevas, incluida la Lógica matemática y la física.
Engels: sobre la sensoriedad abstracta
Después de afirmar que el verdadero padre del materialismo inglés es
Bacon, en su obra titulada Del socialismo utópico al socialismo
científico, Engels formula la siguiente conjetura: “En Bacon, como su
primer creador, el materialismo guarda todavía de un modo ingenuo los gérmenes
de un desarrollo multilateral. La materia sonríe con un destello poéticamente
sensorial a todo el hombre. En cambio, la doctrina aforística es todavía de por
sí un hervidero de inconsecuencias teológicas.
En su desarrollo ulterior, el materialismo se hace unilateral. Hobbes
sistematiza el materialismo de Bacon. La sensoriedad pierde su brillo y se
convierte en la sensoriedad abstracta del geómetra. El movimiento físico se
sacrifica al movimiento mecánico o matemático, la geometría es proclamada como
la ciencia fundamental. El materialismo se hace misántropo”.
De estas palabras de Engels extraemos una primera deducción: La
sensoriedad o conocimiento sensible no es la misma en todas las esferas del
saber. En la física y lógica matemática, la sensoriedad es abstracta y carece
de brillo, mientras que, en la economía, la sociología y la psicología la
sensoriedad es concreta y adquiere todo su brillo y esplendor. Por lo tanto, no
podemos pensar en elaborar una teoría del conocimiento que sea válida para
todas las esferas de saber. Y si la elaboramos, dicha teoría del conocimiento
tiene que ser muy general. Un ejemplo de esta teoría del conocimiento general
puede ser Sobre la práctica de Mao Zedong. Pero lo que es
evidente en todo caso es que habrá que distinguir la sensoriedad abstracta, que
predomina en la física y en la lógica matemática, de la sensoriedad concreta,
que predomina en las ciencias sociales y en el arte.
Engels: ciencias naturales y ciencias sociales
En su obra Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica
alemana, Engels formula la siguiente conjetura: “La historia del
desarrollo de la sociedad difiere sustancialmente, en un punto, de la historia
del desarrollo de la naturaleza. En esta, los factores que actúan los unos
sobre los otros y en cuyo juego mutuo se impone la ley general, son todos
agentes inconscientes y ciegos. (.) En cambio en la historia de la sociedad,
los agentes son todos hombres dotados de conciencia, que actúan movidos por la
reflexión o la pasión, persiguiendo determinados fines; aquí, nada acaece sin
una intención consciente, sin un fin deseado”. Aquí queda claro una cosa: si yo
elaboro una teoría del conocimiento basada en las ciencias naturales, no me
sirve para fundamentar una teoría del conocimiento que trate sobre las ciencias
sociales: la economía, la historia, la sociología y la psicología. ¿Por qué?
Porque los factores que actúan en las ciencias naturales son agentes que no
están dotados de conciencia y son ciegos, mientras que en las ciencias sociales
los agentes actuantes están dotados de conciencia. Así que una teoría del
conocimiento elaborada sobre la Lógica Matemática no me sirve para explicar
cómo el conocimiento actúa en el ámbito de la economía y de la historia. Por lo
tanto, la filosofía analítica no sirve para proporcionarle rigor a la teoría
del conocimiento marxista.
¿Qué ciencia debe desempeñar el papel de paradigma en la teoría
materialista del conocimiento?
Escuchemos a Engels en su obra Del socialismo utópico al
socialismo científico: “La concepción materialista de la historia parte de
la tesis de que la producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la
base de todo orden social; de que en todas las sociedades que han desfilado por
la historia, la distribución de los productos, y junto a ella la división de
los hombres en clases o estamentos, es determinada por lo que la sociedad
produce y cómo lo produce, y por el modo de cambiar sus productos. Según eso,
las últimas causas (no las únicas causas) de todos los cambios sociales no
deben buscarse en las cabezas de los hombres ni en la idea que ellos se forjen
de la verdad eterna y de la terna justicia, sino en las transformaciones
operadas en el modo de producción y de cambio; han de buscarse no en la
filosofía, sino en la economía de la época de que se trate”. (Lo que aparece
entre paréntesis es mío).
Si la distribución de la productos (modo en que se manifiesta el reparto
de la riqueza y de la pobreza entre los hombres), está determinado
por la economía; si la división de los hombres en clases o estamentos está
determinada por la economía; si la causa última de los cambios sociales debe
buscarse no en la filosofía, sino en la economía, entonces la ciencia que debe
servir de paradigma de la teoría del conocimiento materialista debe ser la
economía, y no la lógica matemática, la física o la filosofía
¿Por qué es científico el socialismo propuesto por Marx?
En el mismo texto referido anteriormente, Engels dice lo siguiente:
“Cuando nace en los seres humanos la conciencia de que las instituciones
sociales vigentes son irracionales e injustas, esto no es más que un indicio de
que en los métodos de producción y en las formas de cambio se han producido
calladamente transformaciones con las que ya no concuerda el orden social,
cortado por el patrón de condiciones económicas anteriores. Con lo cual dicho
está que en las nuevas relaciones de producción tienen forzosamente que
contenerse ya -más o menos desarrollados- los medios necesarios para poner
término a los males descubiertos. Y esos medios no han de sacarse de la cabeza
de nadie, sino que es la cabeza la que tiene que descubrirlos en los hechos
materiales de la producción, tal y como los ofrece la realidad”.
Que las instituciones sociales son irracionales e injustas es un hecho
que se ha producido muchísimas veces durante los últimos ochenta años. Que este
hecho es un indicio de que en los métodos de producción y en las formas de
cambio se han producido más o menos calladamente transformaciones es una
evidencia científica que, como en la actual fase de globalización, hasta los
propios liberales reformistas reconocen (Martin Wolf, por ejemplo). Y que la
sociedad socialista no debe buscarse en la cabeza de nadie sino en las propias
condiciones materiales de la economía es una posición materialista y científica
que nadie asistido de razón puede poner en duda. No otra cosa significa
socialismo científico: buscar en el seno del propio capitalismo los gérmenes
del socialismo.
Pero como Engels, como es habitual en este pensador, se expresa
preferentemente con conceptos sintéticos generales, les transcribiré unas
palabras de Marx contenidas en El Capital expresados con
conceptos analíticos concretos que se encuentran en el capítulo titulado El
papel del crédito en la producción capitalista: “III. Formación de
sociedades anónimas. De donde: 2) El capital que descansa de por sí sobre un
modo social de producción y presupone una concentración social de medios de
producción y fuerza de trabajo, adquiere aquí directamente, la forma de capital
social (capital de individuos directamente asociados) en contraste con el
capital privado; y sus empresas aparecen como empresas sociales en contraste
con las empresas privadas. (Presten atención a lo que dice Marx a
continuación). Es la supresión del capital como propiedad privada dentro de los
límites del propio modo capitalista de producción”.
A esto se llama encontrar en el propio capitalismo los gérmenes del
socialismo: las sociedades anónimas como transformación del capital privado en
capital social. (Banco Santander tiene más de tres millones de accionistas y
200.000 empleados, como ejemplo de sociedad anónima)
Sigamos escuchando a Marx: “3) Transformación del capitalista realmente
en funciones en un mero director, administrador de capital ajeno, y del
propietario del capital en mero propietario, en simple capitalista monetario.
(.) Las sociedades anónimas, la función está separada de la propiedad del
capital y, por tanto, también el trabajo está totalmente separado de la
propiedad sobre los medios de producción y sobre el plustrabajo. (Presten
atención a lo que dice Marx a continuación). Este resultado del máximo
desarrollo de la producción capitalista es un punto necesario de transición
hacia la reversión del capital a propiedad de los productores, pero ya no como
propiedad privada de productores aislados, sino como propiedad de éstos en
cuanto asociados, como propiedad social directa”.
No hay que decir más: no se trata de imaginar cómo puede ser una
sociedad socialista, sino de conocer el mundo mercantil y el mundo capitalista
en toda su complejidad y profundidad, y hallar en el propio capitalismo los
gérmenes del socialismo. Y no hay mejor obra teórica para lograr estos
objetivos que El Capital de Karl Marx. En la crisis financiera
de 2007 y durante la pandemia, todos los Estados capitalistas hicieron
socialismo. Así que los hechos demuestran que hasta el propio capitalismo
necesita del socialismo para sobrevivir.
Marx y el mercado
Afirma Sacristán en La Metodología de Marx, que Marx
rechazaba la economía de mercado. No sé de donde extrae Sacristán esta
idea. Hasta la propia expresión “rechazar” no es propia del
pensamiento de Marx. El mercado está presente en El Capital desde
el principio. Cómo no va estarlo si los valores de las mercancías se realizan
en el mercado. Cuando en la tercera página Marx analiza el valor de cambio, el
valor de cambio es el mercado en sus orígenes. En el libro primero Marx expone
y analiza el proceso de intercambio, y el proceso de intercambio es el mercado.
Cosa diferente es la crítica que Marx realiza a los conceptos de oferta y
demanda, que es el modo peculiar en que los teóricos del capitalismo se
representan el mercado. Pero a estos conceptos de oferta y demanda Marx les da
un contenido en el que integra su concepto de valor. Es decir, Marx no rechaza
la economía de mercado, sino que lo integra en su conceptualización. Hace
tiempo que he mantenido que la economía convencional está presente en El
Capital de Karl Marx. Quien esté familiarizado con la economía
convencional, sabrá que esta afirmación mía es acertada. Además, los conceptos
de capital, trabajo, salario, capital fijo, capital circulante, ganancia,
beneficio, interés y renta del suelo están presentes tanto en la economía
convencional como en El Capital, aunque con distintos
contenidos.
En el capítulo de El Capital titulado Nivelación
de la cuota general de ganancia por medio de la competencia. Precios de mercado
y valores de mercado, superganancia, Marx estudia algunas de las
peculiaridades del mercado, esto es, las leyes de la oferta y la demanda. Marx
dice lo siguiente: “Las necesidades sociales, es decir, lo que regula el
principio de la demanda, están esencialmente condicionadas por la relación de
las distintas clases entre sí y por su respectiva posición económica”. Idea
clara y metódica: el principio que regula la demanda son las necesidades
sociales. Pero estas necesidades sociales están determinadas por lo que gana
cada cual: lo que ganan los trabajadores en concepto de salario, y lo que ganan
los más diversos capitalistas en concepto de ganancia, interés, y renta del
suelo. De lo que concluye Marx: la relación entre la oferta y la demanda no
explica nada antes de desarrollar la base sobre la que descansa esta relación,
esto es, lo que ingresa cada clase social bajo las más diversas rúbricas.
Mas adelante dice Marx, otra vez de forma muy metódica: “Mientras
tratábamos únicamente de mercancías individuales, podíamos suponer que existía
la necesidad de esta determinada mercancía, sin preocuparnos más del volumen de
la necesidad que se ha de satisfacer. Mas este volumen se convierte
en un factor esencial tan pronto como aparece, de un lado, el producto de toda
una rama de producción y, de otro, la necesidad social”. En eso consiste el
método: Si estoy analizando las mercancías individuales debo suponer que existe
la necesidad de esta mercancía y no debo tener en cuenta el volumen de esta
necesidad presente en el mercado; pero si ahora considero toda una rama de
producción, debo tener en cuenta el volumen de esta necesidad social presente
en el mercado, es decir, ahora debo tener en cuenta la relación entre oferta y
demanda.
También añade Marx, refiriéndose a la oferta, lo siguiente: “…como en la
producción de mercancías se presupone la división del trabajo, la sociedad
compra estos artículos empleando en su producción una parte de su tiempo de
trabajo disponible, esto es, los compra mediante una determinada cantidad del
tiempo de trabajo de que puede disponer esta sociedad dada”. Eso es la oferta
en términos marxistas: la cantidad de trabajo que la sociedad emplea en
producir los medios para satisfacer las necesidades sociales.
Cuando Sacristán habla de que Marx estaba en contra de la economía de
mercado, en verdad los marxistas no nos expresamos así. Sabemos que una cosa es
la forma mercantil de la riqueza, que ya existía en las sociedades esclavistas,
y otra es la forma de capital de la riqueza, que solo se da en las sociedades
donde predomina el modo de producción capitalista. De modo que los marxistas no
hablamos de la economía de mercado, sino de la economía de mercado capitalista.
Son los liberales, tanto su ala reformista como su ala conservadora, quienes
hablan de economía de mercado a secas.
Marx insiste en diferenciar la necesidad de mercancías representada en
el mercado de la necesidad social real, y a este respecto se expresa en los
siguientes términos: “Los límites dentro de los cuales la necesidad de
mercancías representada en el mercado -la demanda- se distingue
cuantitativamente de la necesidad social real, es, naturalmente, muy diferente
para las distintas mercancías; me refiero a la diferencia entre la cantidad
demandada de mercancías y a la cantidad que se demandaría con otros precios
monetarios de la mercancía u otras condiciones monetarias o de vida de los
compradores”. Está claro: en la actualidad, en España, por ejemplo, la
necesidad social real exige que los precios de las viviendas sean más baratos y
que los salarios y las pensiones sean más altos. Lo que sucede es que la
economía de mercado capitalista solo tiene en cuenta la necesidad representada
en el mercado de acuerdo con los actuales precios de la vivienda y los actuales
salarios, y no la necesidad social real.
En suma, Marx no está en contra de la economía de mercado, todo lo
contrario: estudia y analiza en sus conexiones internas la economía de mercado
capitalista y descubre la necesidad del socialismo.
El movimiento del ser y la nada en Hegel
Sacristán emparenta a Marx con Hegel por medio del primer capítulo de la
lógica objetiva de la obra Ciencia de la Lógica de este último, donde se habla
del ser, la nada y el devenir, y lo presenta erróneamente como ejemplo del
movimiento que va de lo abstracto a lo concreto. En esa obra de Hegel todo es
abstracto. Pero oigamos primero lo que dice Sacristán al respecto en su
trabajo ¿Qué es la dialéctica?: “Hegel piensa que la historia de la
realidad es la historia de la idea, el pensamiento ha empezado con la idea
general de Ser, que es lo que al principio hubo, que el primer Ser es el Ser
como tal, sin mayor determinación, el Ser en abstracto y que la historia del
Ser, su evolución a través del tiempo, ha consistido en irse concretando.
Primero estaba la idea pura del Ser; luego esa idea pura del Ser hace emanar de
sí la Nada, luego sintetiza Ser y Nada, y el producto es el devenir”.
Sacristán habla de la concepción de Hegel sobre la historia de la
realidad, pero para dilucidar en este caso esa concepción de Hegel, Ciencia
de la lógica no es la obra teórica adecuada, sino Lecciones
sobre la filosofía de la historia universal. Y en el índice de esa obra de
Hegel, podemos ver que empieza con la idea (no con el ser), pero después sigue
con los medios de realización (la individualidad), y a continuación sigue con
el material de la realización (El Estado). Hay un capítulo decisivo que se titula: La
conexión de la naturaleza o los fundamentos geográficos de la historia
universal, que aconsejo al lector que la lea, y así observará el
materialismo de Hegel. Y a lo largo de ese libro, Hegel habla del
mundo oriental, del mundo griego, del mundo romano y del mundo germánico. Como
puede observarse por el índice, Hegel empieza con la idea, pero las páginas
dedicadas a la idea son veinte, el resto es materialismo, teñido por supuesto
de idealismo, pero muy rico en datos y categorías. A este respecto voy a
transcribirles unas palabras de Hegel sobre la revolución francesa en la obra
citada: “El primero son las leyes del contenido de la libertad, de la razón,
del derecho en sí, la libertad objetiva o libertad real; esta comprende la
libertad de la propiedad y la libertad de la persona. Termina toda la sujeción
del vínculo feudal; desaparecen todas las determinaciones procedentes del
derecho feudal, los diezmos y gabelas. La libertad real comprende además la
libertad del trabajo; que se permita al hombre emplear sus fuerzas como quiera
y el libre acceso a todos los cargos públicos”. Este es el núcleo racional,
materialista, del que hablaba Marx cuando se refería al pensamiento de Hegel.
Porque la clave del caso es siempre cuánto conoces tú los hechos y con qué
calidad. Y Hegel conoce la historia universal en un grado y con una calidad que
pocos marxistas, entre los que me incluyo, pueden estar a su altura.
Pero examinemos al detalle lo que dice Sacristán sobre el Ser y la Nada
de Hegel. El ser con el comienza la lógica Hegel, no es el ser en general ni el
ser abstracto, como dice Sacristán, sino el ser puro, un ser carente de
determinación, no hay nada en él que podamos percibir ni que podamos pensar. Si
hubiera en el ser puro algo que pudiéramos percibir o pensar, entonces no sería
un ser indeterminado sino un ser determinado. Y esto es absolutamente lógico,
aunque pueda aparentar ser muy especulativo.
Cuando Sacristán afirma que en Hegel el ser hace emanar de sí la nada,
eso no es cierto. Lo que afirma Hegel es que el ser carente de determinación es
igual a la nada. No es lo mismo afirmar, como hace Sacristán, que la nada emana
del ser, que afirmar que la nada es igual al ser puro. Y cuando Sacristán
afirma que Hegel “sintetiza Ser y Nada, y el producto es el devenir”, tampoco
es cierto. Los momentos del devenir son el nacer y el perecer, y tanto el nacer
como el perecer son unidades del ser y la nada, donde en el nacer la nada es lo
inmediato, y en el perecer lo inmediato es el ser.
Pero para no cansar al lector, escuchemos lo que dice Marx en su
obra La dialéctica y la filosofía hegeliana: “La lógica -el dinero
del espíritu, el valor discursivo, especulativo del hombre y la naturaleza-, su
esencia que se ha vuelto completamente indiferente a toda determinación real,
y, por tanto, irreal, el pensamiento enajenado y, por consiguiente, abstraído
de la naturaleza y del hombre real; el pensamiento abstracto”. Y si, de acuerdo
con Marx, la Lógica de Hegel representa el pensamiento enajenado, esto es, el
pensamiento abstraído de la naturaleza y del hombre real, es obvio que el
movimiento del ser a la nada en la Lógica de Hegel es pensamiento abstracto, de
ningún modo puede presentarse como un movimiento que va de lo abstracto a lo
concreto. Y repito: toda la lógica de Hegel es pensamiento
abstracto.
El proceso de abstracción en El Capital
En el prólogo de El Capital dice Marx que “para el
análisis de las formas económicas no sirven ni el microscopio ni los reactivos
económicos. Es la fuerza de abstracción la que tiene que sustituir a ambos.
Pero, para la sociedad burguesa, la forma económica celular la constituye la
forma de mercancía del producto del trabajo o la forma de valor de la
mercancía”. Y más adelante añade: “Por tanto, salvo la sección dedicada a la
forma de valor, nadie podrá acusar a este libro de ser difícil de entender. Me
imagino, naturalmente, a lectores que quieren aprender algo nuevo, esto es, que
también desean pensar por sí mismo”.
De ahí que me duela que Sacristán afirme, sin exponer ni analizar un
solo concepto, que los primeros capítulos de El Capital son
difíciles de entender, además de catalogarlos como pesados e inútiles, cuando
Marx le está advirtiendo de la dificultad: para analizar las formas económicas
es necesario e imprescindible el uso de la fuerza de abstracción. ¿Y cuál es el
pensador por antonomasia experto en el pensamiento abstracto? Respuesta: Hegel.
Pero Sacristán menosprecia a Hegel. De ahí que le resulte difícil leer los
primeros capítulos de El Capital. Y cuando Sacristán afirma que
esos capítulos son además pesados e inútiles, sencillamente me parece desprecio
y tener un comportamiento altanero. Máxime, como dije antes, cuando hace esa
afirmación sin exponer ni analizar un solo capítulo de El Capital.
Lo que es cierto es que la Filosofía analítica no se caracteriza justamente por
una filosofía donde se aprenda el ejercicio de la fuerza de abstracción,
circunstancia que demostraré más adelante analizando algunos textos de
Wittgenstein.
En esta sección Marx parte de una percepción, la relación de cambio
entre mercancías, y llega a un concepto: el valor. Luego aquí Marx se mueve de
lo concreto a lo abstracto. Sigamos: Marx afirma que el valor de cambio aparece
como la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambian por los de
otro. A continuación, nos muestra que 1 kilo de trigo, por ejemplo, tiene
múltiples valores de cambio, pues se cambia por otros valores de uso en las
proporciones más diversas. Añade que los valores de cambio son sustituibles
unos por otros. Y de ahí hace dos deducciones: uno, que los valores de cambio
expresan la misma cosa, y, dos, que el valor de cambio no puede se más que un
modo de expresión de un contenido distinguible de él. De ahí que la siguiente tarea
sea descubrir cuál es este contenido. (Si el lector quiere profundizar en la
naturaleza de los modos de expresión puede hacerlo estudiando mi trabajo
titulado Reflexiones sobre Semiótica que puede encontrar en mi
blog).
Más adelante dice Marx: “es precisamente la abstracción de sus valores
de uso lo que caracteriza evidentemente la relación de cambio de las
mercancías. Dentro de ella, un valor de cambio vale tanto como cualquier otro
solo si existe en la proporción suficiente”. Hay que observar aquí que la
abstracción del valor de uso en la relación de cambio entre las mercancías es
un hecho práctico, no una operación de la mente. Y a partir de aquí Marx inicia
el proceso de abstracción.
Si al cuerpo de las mercancías se le resta su valor de uso, solo le
queda una propiedad: ser producto del trabajo. Pero cuando al cuerpo de la
mercancía le restamos su valor de uso, le restamos las propiedades y utilidades
del valor de uso. Pero resulta que en la utilidad está representado el trabajo
útil, la actividad conforme a un fin. Así que también al cuerpo de la mercancía
le tenemos que restar el trabajo útil. ¿Qué nos queda? Gasto de fuerza de
trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto. Este es el abstracto
que se obtiene después del proceso de abstracción: el trabajo humano abstracto.
Pero hay que hacer una observación para entender bien la naturaleza del
pensamiento abstracto: si nos hablan de trabajo humano abstracto, no sabemos
que nos tenemos que representar, pero si decimos gasto de fuerza de trabajo sin
tener en cuenta la forma de su gasto, o gasto de nervios, músculos y cerebro,
sí sabemos que nos tenemos que representar. Lo abstracto no es algo que no se
pueda ver o representar. Lo abstracto siempre debe tener una determinación que
cuanto menos debe poder representarse. A partir de aquí Max expone la fuerza
productiva del trabajo y cómo repercute en el valor y queda determinado
socialmente.
No piense el lector que Marx solo se va a mover a partir de aquí en
puras abstracciones. Empezará analizando la forma simple del valor, luego la
forma desarrollada del valor y, por último, la forma general del valor, que nos
da la forma dinero. Después definirá la forma de precio. Y a continuación
expone el proceso de circulación. Y aquí hace la siguiente brillante
observación: “Lo que distingue al poseedor de mercancías de la mercancía misma
es ante todo la circunstancia de que, para ella, cualquier otra mercancía
figura solamente como forma fenoménica de su propio valor. Niveladora y cínica
por naturaleza está siempre a punto de cambiar no solo el alma sino también el
cuerpo con cualquier otra mercancía, aunque tenga más desencantos que
Maritornes. Ese sentido que le falta para apreciar lo concreto del cuerpo de la
mercancía lo suple su poseedor con sus cinco y más sentidos. Para él, su
mercancía carece de valor de uso inmediato. De otro modo no la llevaría al
mercado. Tiene valor de uso para otros. Para él, su único valor de uso
inmediato es la de ser portadora de valor de cambio y, así, medio de cambio.
Por eso quiera enajenarla por mercancías cuyo valor de uso le satisfaga. Todas
las mercancías son no-valores de uso para sus poseedore, y valores de uso para
sus no-poseedores. Por consiguiente, tienen que cambiar universalmente de
manos”.
Esto es una maravillosa exposición. A Marx no se le queda nada atrás.
Hasta el proceso de intercambio los seres humanos no habían aparecido en su
exposición. Recuerdan, apreciados lectores, que el valor de cambio suponía la
abstracción de los valores de uso. Pero eso no ha significado que el valor de
uso y su importancia práctica y teórica haya desaparecido de la teorización
llevada a cabo por Marx. Nos dice: las mercancías no saben apreciar lo concreto
del cuerpo de las mercancías y están dispuestas a cambiar su cuerpo por
cualquier otro cuerpo. Y añade: esto lo suple su poseedor con sus cinco y más
sentidos. El comprador sabe apreciar las propiedades, las utilidades e incluso
el trabajo útil invertido en ella.
También muestra Marx en esta exposición la naturaleza del pensamiento
dialéctico: movimiento y negación y riqueza de determinaciones: para su
poseedor, la mercancía carece de valor de uso inmediato, para su poseedor su
mercancía tiene como valor de uso inmediato ser medio de cambio; la mercancía
es no-valor de uso en manos de sus poseedores y es valor de uso en manos de sus
no-poseedores, y por eso tienen que cambiar universalmente de manos. Es muy
hegeliano la negación. Y aquí aparece en su dinamismo: ser valor de uso y no
ser valor de uso y ser poseedor y no ser poseedor. Y cómo en manos del
no-poseedor se vuelve valor de uso lo que no es valor de uso inmediato en manos
de su poseedor.
De lo concreto a lo abstracto en Hegel
Sacristán defiende la idea de que el método de la economía política que
va de lo abstracto a lo concreto es de Hegel. Pero esto no es así y lo
demostraré. En la Lógica subjetiva o doctrina del concepto, en el capítulo
dedicado al juicio, Hegel se expresa en los siguientes términos. Escogeremos el
ejemplo de Sacristán donde en forma de juicio podemos afirmar que el perro Boby
es un mamífero, en términos de Hegel: el sujeto es el predicado. Hegel afirma
que tanto el perro Boby, en calidad de sujeto, como mamífero, en calidad de
predicado, son totalidades, que el perro Boby figura como universal concreto, y
mamífero como universal abstracto. Pero después añade esta serie de ideas: “…el
predicado (mamífero) es una determinación aislada del sujeto (el perro Boby),
solo una de sus propiedades; pero el sujeto mismo (el perro Boby) es lo
concreto, la totalidad de múltiples determinaciones, tal como el predicado
contiene una sola de ellos (ser mamífero); es lo universal”. Aquí Hegel se
mueve en la dirección sujeto predicado, pero ahora se moverá en la dirección
predicado sujeto, y en este sentido afirma la siguiente serie de ideas: “Pero,
por otro lado, también el predicado es universalidad independiente, y viceversa
el sujeto (el perro Boby) es solo una determinación del él (mamífero). Por lo
tanto, el predicado subsume al sujeto; la individualidad y la particularidad
(el perro Boby) no existen por sí, sino que tienen su esencia y sustancia en lo
universal (mamífero)”. Y, por último, donde se demuestra que lo afirmado por
Sacristán no es cierto, dice Hegel lo siguiente: “Por lo tanto, se toma lo
individual como lo primero, inmediato, y esto se halla elevado, por medio del
juicio, a la universalidad, así como al contrario lo universal, que existe
solamente en sí, se halla rebajado en lo individual al ser determinado, o sea,
se convierte en un existente por sí”. Es evidente que Hegel afirma que lo
individual se eleva a lo universal, y que lo universal se halla rebajado en lo
individual al ser determinado. Cuando captamos al sujeto, el perro Boby,
ingresando en lo universal, mamífero, Hegel habla de subsunción; pero cuando
captamos a mamífero ingresando en lo individual, el perro Boby, Hegel habla de
inherencia. Esto es también dialéctico, el movimiento constante de los contrarios:
en este caso, inherencia y subsunción. Se observa en el pensamiento
de Hegel, como siempre, una enorme riqueza categorial, movimiento en las dos
direcciones, del sujeto al predicado y del predicado al sujeto, y matices,
siempre matices: no dice Hegel que lo universal se halla rebajado a lo
individual, sino que se halla rebajado en lo individual al ser determinado.
Pero Hegel es muy rico en términos expresivos, de manera que la misma
contradicción en la sección titulada El juicio de existencia, la
expresa en estos otros términos: “En el juicio subjetivo, suele verse un único
y el mismo objeto de manera doble, una vez en su realidad individual (el perro
Boby como el perro Boby), la otra en su identidad esencial, o sea,
en su concepto (el perro Boby como mamífero), lo individual elevado a su
universalidad, o lo que es igual, lo universal individualizado en su realidad (mamífero
se ha individualizado en la realidad que constituye el perro Boby). Repito: así
es el pensamiento de Hegel, no para en su movimiento, en su variación
expresiva, y siempre en la doble dirección: del sujeto al predicado y del
predicado al sujeto, de lo individual al concepto, y del concepto a lo
individual.
Pero la cosa no que ahí. Si ahora afirmamos que los mamíferos son
animales, mamífero se presenta como universal concreto, la totalidad de
múltiples determinaciones, y animal se presenta como universal abstracto. Es
decir, en el primer juicio, mamífero se presentaba como predicado, y bajo esa
condición era un universal abstracto; y en el otro juicio, mamífero se presenta
como sujeto, y bajo esa condición es un universal concreto. ¿Qué conclusión
extraemos de estos hechos lógicos? Que lo universal abstracto, lo abstracto, la
determinación simple, los conceptos simples, lo universal concreto y la
totalidad, no son formas lógicas adheridas de manera fija a las cosas o a los
conceptos, sino formas lógicas móviles, esto es, formas que varían dependiendo
de la posición que desempeñen en el juicio o en los discursos los objetos, los
sujetos, los conceptos y sus relaciones mutuas. Y esto es dialéctica: las
formas lógicas no se presentan como formas fijas, pensamiento metafísico, sino
como formas móviles y relativas, pensamiento dialéctico.
Epílogo a la segunda edición de El Capital de 1873
Antes que nada, he de decirle al lector que de un prólogo o de un
epílogo no se pueden extraer grandes cosas acerca de cómo un determinado autor,
en este caso Marx, elabora una teoría, en este caso El Capital. Se
pueden extraer algunas ideas generales o algunas ideas sin apenas desarrollo,
pero nada más. Como ya dije antes Sacristán no examina ni tan siquiera los
conceptos básicos de El Capital, como son el dinero y el capital, o
la diferencia entre capital constante y capital variable, o entre capital fijo
y capital circulante. También pretende Sacristán hacernos pasar la
Filosofía analítica como una gran filosofía, superior a la filosofía de Hegel y
a la filosofía de Marx, cuando en la realidad no es así. La Filosofía analítica
no ha tenido ninguna influencia destacada en el desarrollo de las ciencias
naturales, y en el ámbito de las ciencias sociales su influencia ha sido nula.
Sin embargo, la influencia de Hegel y de Marx en la historia de la filosofía y
en la historia del siglo XX no tiene parangón. Otro aspecto erróneo en el
proceder de Sacristán es que no transcribe las ideas de Marx tal y como este
las expuso y en todos sus detalles. Y, por último, otra cosa: el método no es
todo. Sólo por el método no puede explicarse una teoría
Escuchemos lo que dice Sacristán acerca del epílogo mencionado. Habla de
Marx: “Luego empieza una comparación entre su método y el de Hegel
completamente confuso, inútil, que demuestra que en mi opinión está defendiendo
su texto con escasa convicción. Recuerda el criterio de distinción
entre método y sistema en Hegel, el método vale para todo el mundo y el sistema
es solo idealista, que es una afirmación insostenible y el propio Hegel lo
sabía y, en mi opinión, es una excusa que Marx busca para engañarse a sí mismo
acerca de la combinación entre su hegelismo y su carácter científico, para
intentas armonizar las dos caras de su obra. Luego dice que lo que él hace es
invertir el método de Hegel, que es una metáfora que, en mi opinión es también
absurda. Un método no se puede invertir, no se sabe que quiere decir invertir
un método. Puedo pensar que quiere decir invertir un sistema de teoremas”.
Sacristán tacha de confuso a Marx, pero se equivoca. Así que les
transcribiré y comentaré las ideas de Marx en el mencionado epílogo. Dice Marx:
“Mi método dialéctico difiere del hegeliano no solo por su fundamento, sino que
es directamente su opuesto. Para Hegel el proceso de pensamiento, que incluso
transforma en sujeto independiente con el nombre de Idea, es el demiurgo de lo
real, que no constituye más que su fenómeno externo. Para mí, por el contrario,
lo ideal no es más que lo material transferido y traducido en el cerebro
humano”.
Comentemos estas ideas de Marx y demostremos que son totalmente claras y
útiles. La contradicción principal en filosofía es la existente entre ser y
pensamiento, entre realidad e idea, entre sensibilidad y pensamiento, entre
práctica y teoría. Para Hegel la realidad es la manifestación externa de la
idea, y para Marx, las ideas, los conceptos, el proceso del pensamiento, son la
manifestación interna de la realidad. Y a eso se llama inversión: donde en
Hegel está la idea, Marx pone la realidad; y donde en Hegel está la realidad,
Marx pone la idea (los conceptos). No hay nada oscuro en esto ni es inútil esta
distinción. Todo lo contrario: la lucha entre materialismo e idealismo ha
atravesado toda la historia del pensamiento, tanto en el ámbito de la ciencia como
en el ámbito de la filosofía. Quien haya estudiado la obra de Pavlov
titulada Actividad nerviosa superior, observará que dedica
vario artículos a luchar contra el idealismo en el campo de la fisiología,
incluido el dualismo de Descartes. Pero para que los lectores no se queden con
una idea rígida de esta contradicción, les transcribo unas palabras de Marx
contenidas en el capítulo de El Capital dedicado al proceso de
trabajo, y que demuestra de paso que un prólogo o un epílogo son insuficientes,
y más que insuficientes, para explicar cómo un determinado pensador o pensadora
elaboró su teoría: “Al final del proceso de trabajo se obtiene un resultado que
existía ya al comienzo del mismo en la imaginación del obrero en
forma ideal. No es que efectúe solamente un cambio de forma del elemento
natural, sino que, al mismo tiempo, realiza su fin en el elemento natural, pues
sabe que la modalidad de su acción rige como ley, y al cual tiene que supeditar
su voluntad”. Dicho de forma directa: no de forma absoluta lo real existe antes
que lo ideal, sino que en ocasiones lo ideal existe antes que lo real: “Al
final del proceso de trabajo se obtiene un resultado que existía ya al comienzo
del mismo en forma ideal”. Pero hay más: hay que observar cómo Marx detalla el
lado subjetivo de la cuestión y con extremada riqueza y rigor: realización del
fin, modalidad de la acción y supeditación de la voluntad a dicha modalidad de
la acción.
A este respecto Sacristán, en su trabajo titulado La metodología
de Marx, dice lo siguiente: “Es la idea de que como todo el Ser para Hegel
es de naturaleza ideal, entonces el pensamiento tiene la misma naturaleza que
el Ser”. Pero esto no es cierto. De acuerdo con Marx, en Hegel la realidad, el
ser, es el fenómeno externo del proceso de pensamiento. No es el mismo afirmar
que el ser tiene naturaleza ideal que afirmar que el ser es el fenómeno externo
de la idea. Le falta precisión a Sacristán.
Sigamos con la cita del epílogo de Marx: “Por eso me confieso
abiertamente discípulo de ese gran pensador (se refiere a Hegel), y en algunos
pasajes del capítulo sobre la teoría del valor coqueteo con su modo peculiar de
expresión. La mistificación que sufre la dialéctica en manos de Hegel no impide
en absoluto que fuese el primero en exponer ampliamente sus formas generales
del movimiento. En él se encuentra patas arriba. Sólo hay que darle la vuelta
para descubrir el núcleo racional en su envoltura mística”.
Comentemos estas ideas de Marx y demostremos que son claras y útiles.
Que Marx coquetee con el modo peculiar de expresarse Hegel no es una cosa mala
ni errónea. Hegel se expresaba muy bien y si Marx en ocasiones lo imitó, pues
alegrémonos, no nos disgustemos. Hegel era muy rico en términos léxicos y su
sintaxis es de alto nivel. Borges, que amaba a los filósofos por su
imaginación, hubiera alucinado con los textos de Hegel.
La otra cuestión es que Hegel expuso ampliamente las formas generales
del movimiento de la dialéctica, tanto las que afectan al ser como al
pensamiento. Y el aprendizaje de estas ideas fue básico para que Marx pudiera
hacer una obra de la envergadura filosófica de El Capital. Y cuando
Marx afirma que la dialéctica tiene en Hegel una envoltura mística y un núcleo
racional, afirma algo muy acertado. Y si Marx se quedó con su núcleo racional
desprendiéndose de su envoltura mística, y si para ello tuvo que darles la
vuelta a sus ideas, no hay nada de raro e imposible en eso. Afirmar que es un
absurdo porque a un método no se le da la vuelta, como dice Sacristán, es
sencillamente porque para Sacristán el método solo lo es en la Lógica
matemática.
Transcribamos lo último que dice Marx en su epílogo: “En su forma
mística, la dialéctica se convirtió en moda alemana, porque parecía
transfigurar el estado de cosas existente. En su forma racional, la dialéctica
es un escándalo y un horror para la burguesía y sus portavoces doctrinarios,
porque en la comprensión positiva del estado de cosas existente también incluye
al mismo tiempo la comprensión de su negación, de su necesaria caída, porque
considera toda forma devenida en el curso del movimiento también en su aspecto
transitorio, porque no se deja intimidar por nada, y porque en su esencia es
crítica y revolucionaria”.
Comentemos estas palabras de Marx. Ahora Marx, que es un pensador
flexible y plástico, en vez de hablarnos de envoltura y núcleo, nos habla de
forma mística y forma racional del pensamiento de Hegel; y de que su forma
mística servía para transfigurar, cambiar de aspecto, el estado de cosas
existentes en Alemania de aquel entonces, como hace la extrema derecha con el
mundo actual. Pero en su forma racional el pensamiento de Hegel no solo incluía
la comprensión positiva del estado de cosas existente, sino también la
comprensión de su negación, esto es, de su necesaria caída. (Eso es lo que
deseamos los marxistas con el actual sistema capitalista: su necesaria caída. Y
como es eso lo que queremos, tenemos una comprensión negativa del estado actual
del capitalismo mundial. La negación es un rasgo fundamental de la dialéctica,
tanto del pensamiento de Hegel como del pensamiento de Marx).
Y en el curso del movimiento de la historia de la sociedad capitalista
hay formas que devienen, como el predominio en la actualidad de las
tecnológicas en las bolsas, de los fondos de inversión y de los
supermillonarios que son la expresión positiva de la desigualdad; y son esas
formas devenidas las que tienen un carácter transitorio, esto es, están ahí
también para perecer, para que un Estado socialista acabe con su razón de ser,
y la propiedad pública triunfe de una vez por todas sobre la propiedad privada.
Y, por último, cuando Marx dice de Hegel que no se deja intimar por nada y que
en esencia su filosofía es crítica y revolucionaria, pues los marxistas
deberíamos hacernos hegelianos. Y también está claro que la Filosofía analítica
no es crítica ni revolucionaria con el mundo capitalista. Así que la Filosofía
analítica no es un gran aliado de los marxistas.
En suma, las ideas de Marx contenidas en el epílogo no son oscuras ni
inútiles, todo lo contrario, son grandiosas, vitales, profundas y
revolucionarias.
Algunas palabras sobre Wittgenstein
Ya que algunos marxistas afirman que la filosofía analítica es el no va
más del rigor, les transcribiré unas palabras contenidas en el Tractatus
Lógico-Philosophicus de Wittgenstein, para comprobar si aquello que se
anuncia es cierto. Al final de ese texto Wittgenstein se expresa en los
siguientes términos: “El verdadero método de la filosofía sería propiamente
éste: no decir nada, sino aquello que se puede decir; es decir, las
proposiciones de la ciencia natural -algo, pues, que no tiene nada que ver con
la filosofía-; y siempre que alguien quisiera decir algo de carácter
metafísico, demostrarle que no ha dado significado a ciertos signos en sus
proposiciones. Este método dejaría descontentos a los demás -pues no tendrían
el sentimiento de que estábamos enseñándoles filosofía-, pero sería el único
estrictamente correcto”. Antes que nada, quiero que el lector observe cómo
estos pensamientos tan superficiales, pobres y conservadores, quiere
Wittgenstein hacerlos pasar como el verdadero método de la filosofía.
Según Wittgenstein lo único que se puede decir son las proposiciones de
la ciencia natural. Las proposiciones de la economía, de la historia, de la
sociología y de la filosofía no se pueden decir. No puedo decir que la
inflación ha subido en 2025 en España el 3%, no puedo decir que ha subido el
precio del oro, no puedo decir que Rusia invadió Ucrania ni que Israel ha
asesinado a más de 70.000 gazatíes, no puedo decir que han muerto dos mil
africanos en el 2024 intentando llegar a las costas europeas, no puedo decir
que Trump ganó las últimas elecciones presidenciales en EEUU, no puedo decir
que EEUU ha realizado 400 incursiones militares e invadido 34 países en los
últimos 80 años, en suma, no puedo decir multitud de cosas que constituyen el
mundo de cada día. ¿Y por qué? Porque Wittgenstein lo dice, porque a su juicio
solo se pueden decir las proposiciones de las ciencias naturales. Tampoco puedo
decir que la manzana que está fuera del espejo está constituida por cuerpo de
manzana y apariencia cromática de manzana, mientras que la manzana que está en
el espejo tiene apariencia cromática de manzana, pero no cuerpo de manzana. Y
esta distinción filosófica, clara y evidente, entre el ser real y el ser ideal,
no puedo decirla. ¿Por qué? Porque es una afirmación que va más allá de lo
físico, esto es, porque es una afirmación metafísica. Y no sabemos quién nos
dirá que yo no le he dado significado a ciertos signos, de acuerdo con el
supuesto método filosófico de Wittgenstein. ¿Y por qué ese alguien que no
sabemos quién es, tendrá la capacidad para detectar que algunos de los signos
que he empleado carecen de significado? Porque Wittgenstein lo supone así. Si
ese alguien no tiene conocimientos sobre la naturaleza de los modos de
expresión, que es el caso de la relación de la manzana con el espejo, ¿cómo
puede saber que algunos de los signos que empleo carecen de significado? No
puede saberlo.
En el mundo de la metafísica, si entendemos por metafísica a la
filosofía y si sabemos que la producción de pensamientos filosóficos se produce
desde hace 2400 años, hay demasiadas cosas que saber y también hay muchas
verdades. Así que nadie que no tenga el conocimiento en la materia de la
filosofía de la que se trate, puede saber qué signos no tienen significado.
La forma de hablar de Wittgenstein es demasiado abstracta, abstracto en
el sentido de que el mundo real no se ve, y no sabemos hacia donde nos quiere
dirigir con su filosofía.
Escuchemos, solo para comparar, la primera tesis de Marx sobre
Feuerbach: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior -incluyendo
el de Feuerbach- es que solo concibe el objeto, la realidad, la sensoriedad,
bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial
humana, como práctica, no de un modo subjetivo. De aquí que el lado activo
fuese desarrollado por el idealismo, por oposición al materialismo, pero solo
de un modo abstracto”.
La primera lección que extraemos de aquí es que todos los materialismos
no son iguales: hay materialistas donde predomina el modo contemplativo y hay
materialistas donde predomina el modo subjetivo. Pero para que se dé esta
última condición es necesario que el materialista en cuestión conozca de modo
amplio y profundo la subjetividad. Y en este sentido seguirá habiendo
idealistas que conozcan mejor la subjetividad que muchos materialistas. De ahí
que no debamos dar por sentado nada y que siempre estemos dispuestos, a los
materialistas me refiero, a aprender de los idealistas. Es obvio también que
para el conocimiento de la subjetividad es necesario tener conocimientos
conceptuales de la psicología contemporánea.
Pero para ilustrar esta idea, les transcribo lo que dice Marx en El
Capital en la sección titulada El carácter doble del trabajo
representado en la mercancía: “Por un lado, todo trabajo es gasto de fuerza
de trabajo humana en sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano
constituye el valor de las mercancías. Por otro lado, todo trabajo es gasto de
fuerza de trabajo humana específica y determinado por su fin, y en esta calidad
de trabajo útil concreto produce valores de uso”. Un ejemplo: La mesa en la que
usted habitualmente come, atento lector, es obra del trabajo del carpintero,
una modalidad de la actividad sensorial humana. Y el trabajo del carpintero
está representado en la mesa de dos modos: como valor de uso, actividad
conforme a un fin, y como valor: gasto de fuerza de trabajo humana sin tener en
cuenta la forma de su gasto. Dicho de otra forma: el sujeto, el carpintero,
está en el objeto: la mesa. Y otra cosa: el propio trabajo es doble en sentido
filosófico: es abstracto y es concreto. Y ambos lados, el carácter abstracto y
el carácter concreto, se dan de forma simultánea en el proceso de producción de
la mesa. Esto es otro ejemplo de cómo la correlación entre lo abstracto y lo
concreto no se da solo como un movimiento cognitivo que va de lo abstracto a lo
concreto, sino que ambas determinaciones en el ámbito de la práctica productiva
se dan de forma conjunta.
Cuando leemos a Marx, el mundo se nos presenta una y otra vez en su
concreción, en su riqueza sensible; mientras que cuando leemos a Wittgenstein,
el mundo concreto, el mundo de la sensoriedad, desaparece por completo. Solo
tenemos abstracciones vacías y formales. Y Wittgenstein presenta sus palabras
como el verdadero método de la filosofía. Resulta sorprendente que la pobreza
conceptual y la falta de conocimiento del mundo, pues quien no sabe economía
poco puede decirnos del mundo en que vivimos, lo presente Wittgenstein, como el
verdadero método filosófico. Así que mejor quedarse con la rica y
revolucionaria filosofía marxista y no con la pobre y conservadora filosofía
analítica.
Wittgenstein y el sujeto
En sus Textos fundamentales, Wittgenstein dice lo siguiente
sobre el sujeto: “Si tomamos primero el mundo como espacio visual, es decir,
como aquello hacia donde miramos, hemos de constatar que, de principio, el
mundo nos es dado sin sujeto. El espacio visual, en efecto, no tiene esencialmente
dueño alguno y no tiene el menor rastro de un sujeto. Cuando vemos el espacio
visual, no vemos el ojo. Y nada en el campo visual permite concluir que sea
visto por un ojo”. Tome nota el lector de cómo Wittgenstein presenta al mundo:
como espacio visual. Lo normal en todas las personas es que después de
desayunar, lave la losa, barra el suelo y lo friegue, recoja todo lo que está
tirado en el salón y haga las camas. Después, bañarse, vestirse y salir a la
calle. Y toda esta riqueza mínima del mundo de cada día, Wittgenstein lo
presenta como espacio visual. Y cuando afirma que el espacio visual no tiene
esencialmente dueño alguno, es una idea totalmente disparatada, puesto que todo
lo hay en el espacio visual es de alguien: o es del Estado, los bienes
públicos, o es de particulares, los bienes privados.
Después añade estas otras ideas: “Uno de los modos de representación más
equívocos de nuestro lenguaje es el uso de la palabra “yo”, especialmente allí
donde representa a la vez la vivencia inmediata como en yo veo una mancha
roja”. “Si no encuentro el yo como sujeto cognoscente, ¿cómo entra entonces el
yo en la filosofía? A saber, porque el mundo es mi mundo y porque yo soy la
frontera, no una parte del mundo”. “Puesto que mi leguaje significa el mundo,
las fronteras de mi lenguaje son las fronteras de mi mundo”.
El mundo que nos retrata Wittgenstein no es un mundo real, es un mundo
abstracto, donde las personas, presentadas en calidad de yo, se dedican a ver
manchas rojas; y a no sentirse parte del mundo, sino la frontera del mundo; o
que las fronteras de mi lenguaje son las fronteras de mi mundo. ¡Qué cosas!
¡Qué forma tan extraña de estar en el mundo!
Francamente, no sé en qué mundo vivía Wittgenstein. Las personas no solo
tienen ojos, también tienen oídos, gusto, manos y piernas. Y cuando salimos a
la calle, vemos a muchos sujetos, vemos automóviles, guaguas y motos conducidos
por personas, vemos barrenderos limpiando las aceras, vemos terrazas con
personas desayunando, vemos calles peatonales con muchos sujetos paseando,
vemos sujetos comprando en las farmacias, en las tiendas de ropa y zapatería,
vemos a fontaneros cargando en sus camionetas tuberías. Vamos al mercado
central y vemos al carnicero cortando la carne, entregándosela al cliente y el
cliente pagando en efectivo o con tarjeta. Vemos a las personas en las
escaleras metálicas trasladándose a Mercadona. Vemos a los niños esperando la
guagua que los llevará al colegio. Vemos a grúas y camiones trasladar
materiales para la construcción de unos inmuebles conducidos por sujetos. Vemos
a gente correr. En suma, vemos al mundo tal y como es, con su enorme colorido,
movimiento y bullicio. Y si Wittgenstein no ve sujeto alguno en su campo
visual, será porque su pensamiento abstracto ha segado todos sus sentidos y su
vida locomotriz se habrá reducido a cero.
No entiendo cómo se puede presentar a Wittgenstein como un pensador
riguroso cuando su conocimiento del mundo es tan pobre y solo es capaz de
presentarlo de una forma tan abstracta y vacía. Y lo peor: me parece un total
desatino que algunos intelectuales afirmen que la Filosofía analítica serviría
para proporcionarle rigor al pensamiento de Marx. Todo es función del
conocimiento que se tenga del mundo: una eficaz inteligencia, una rica
percepción, y una voluntad de poder para transformar el desastroso capitalismo
en el que vivimos hoy. Pero con el conocimiento del mundo que nos aporta
Wittgenstein, nada podemos hacer. ¿Qué es el mundo según Wittgenstein?
Respuesta: el mundo. Y, ¿qué sucede en este mundo? Respuesta: ver una mancha
roja.
Wittgenstein y el mundo
En el capítulo titulado mundo, contenido
en Los textos fundamentales de Wittgenstein, Wittgenstein en el
apartado 24 dice lo siguiente: “Puedo considerar el mundo como un sistema
fundamental, y dentro de ese mundo como sistema fundamental puedo encontrar
sistemas particulares, es decir, mundos especiales”. Estas palabras de
Wittgenstein constituyen una pura abstracción. No sabemos nada de ese sistema
fundamental que constituye el mundo. En el mundo hay 195 naciones, y cada
nación tiene su propia historia y llena de vicisitudes y acontecimientos, y que
todos ellos constituyan un sistema fundamental, sin saber nada de ese contenido
fundamental, es más que cuestionable. Así que el mundo de que nos habla
Wittgenstein es un mundo vacío. Y después nos dice que la filosofía analítica
que encabeza, entre otros, Wittgenstein es rigurosa.
Pero sigamos. En el apartado 26, Wittgenstein dice lo siguiente: “Los
libros y las sillas de este cuarto, por ejemplo, son totalidades empíricas. Su
extensión depende de la experiencia. El sistema, por el contrario, depende del
principio que está a su base”. Vuelve Wittgenstein a hablarnos de forma
abstracta y vacía. Decir que la silla es una totalidad sin decir en que
consiste esa totalidad, es no decir nada o decir algo muy abstracto. Y decir
que su extensión depende de la experiencia sin darnos el menor detalle de esa
experiencia, pues igualmente: pensamiento abstracto y vacío.
Vamos a El Capital, al primer capítulo, que Sacristán
considera pesado e inútil, y escuchemos las primeras palabras de Marx: “En las
sociedades capitalistas la riqueza se presenta como inmensa acumulación de
mercancías, y la mercancía individual como su forma elemental. De ahí que
nuestra investigación comience con el análisis de la mercancía”.
Observen antes que nada el extremado rigor y precisión de Marx: nos
habla de la forma elemental de la riqueza y de la mercancía individual. Cuando
nos dice que la riqueza en las sociedades capitalistas se presenta como inmensa
acumulación de mercancías, nos habla de un rasgo del llamado abstractamente por
Wittgenstein como sistema fundamental. Para verificar este hecho perceptivo del
que nos habla Marx, solo tenemos que recordar las pasadas navidades para ver
que nuestro mundo estaba rodeado de mercancías: la propia decoración navideña,
los expositores de los comercios, el movimiento incesante de automóviles y
vehículos de transporte, los consumidores llevando las bolsas con regalos, los
restaurantes con una afluencia masiva de comensales, y un largo etcétera. Pero
si consideramos que cada año hay en el mundo un tráfico de 250 millones de
contenedores, se muestra con total evidencia que la riqueza se presenta como
inmensa acumulación de mercancías. Y esto es una evidencia, una percepción,
para los que viven sobre todo en las grandes ciudades y visitan los grandes
puertos de las ciudades costeras. Así que El Capital no
empieza con una abstracción, sino con una concreción pletórica de color y
viveza.
Observen hasta qué punto a Marx no se le escapa nada, que en la
sección titulada Instrumento de circulación de su
obra Contribución a la Crítica de la economía política, dice
lo siguiente: “En las calles más animadas de Londres, los establecimientos se
suceden unos a otros, y detrás de las lunas de sus escaparates se ofrecen
tentadoras todas las riquezas del Universo: chales de la India, revólveres
americanos, porcelanas chinas, corsés de Paris, pieles de Rusia, productos de
los trópicos; pero todas estas cosas mundanas ostentan debajo de ellas unas
fatales etiquetas blancas que llevan grabadas cifras árabes seguidas de los
caracteres lacónicos, libra, chelín. Así aparece la mercancía en la
circulación”.
Aquí demuestra Marx su conocimiento del mundo particular más inmediato,
con una gran riqueza de detalles, y un estilo literario de gran calidad. Y nos
presenta el carácter doble de la mercancía en su circulación: su valor de uso,
que se muestras tras las lunas de los escaparates y nos atrae con poderosa
fuerza, y su precio, que lo expresa en términos muy ilustrativos: fatales
etiquetas blancas, números, y el nombre de la moneda.
Sigamos. Después de presentarnos a la riqueza como mercancía, Marx
proporciona dos definiciones de valor de uso: cosa que por sus propiedades
puede satisfacer necesidades humanas; y conjunto de propiedades que por ellas
puede ser útil al ser humano en diversos aspectos. Después añade que es obra de
la historia descubrir estos diversos aspectos y, por tanto, los múltiples usos
de las cosas. Estos dos conceptos de valor de uso elaborados por Marx son
concretos y su asimilación no tiene dificultad alguna. Pero la cosa no queda
ahí, cuando Marx elabora el concepto de valor de cambio, y lleva a cabo un
proceso de abstracción, dice lo siguiente: “si se prescinde al valor de uso de
los cuerpos de las mercancías, no les queda todavía más que una propiedad, la
de ser productos del trabajo. Y luego examina el cuerpo de las mercancías como
producto del trabajo y llega a la conclusión de que el trabajo está
representado doblemente en la mercancía: como productor de valor de uso y como
creador de valor. Y con respecto al trabajo productor de valor de uso, Marx lo
ejemplifica en un traje, y afirma lo siguiente: “El traje es un valor de uso
que satisface una necesidad particular. Para producirlo se requiere un tipo
determinado de actividad productiva, Esta viene determinada por su fin, su modo
de operar, su objetivo, sus medios y su resultado”. Aquí también nos topamos
con un concepto concreto. No hay abstracciones oscuras ni hay dificultades
especiales para entender las afirmaciones de Marx.
Es obvio que Marx es absolutamente metódico y lógico: empieza
presentándonos la riqueza como mercancía, después elabora el concepto de valor
de uso, luego nos advierte que los valores de uso son los portadores materiales
del valor de cambio, y a continuación elabora el concepto de valor de cambio y
demuestra que es un modo de expresión. Después mediante un riguroso análisis de
abstracción da con el concepto de valor. Después analiza el carácter doble del
trabajo representado en las mercancías. Luego, retorna al valor de cambio para
analizar las formas del valor. Termina en el análisis de la forma general del
valor hasta llegar a la forma objetivamente social del valor, a la mercancía
general, al dinero. Decir, como hace Sacristán, de todo esto que es pesado e
inútil sin hablar en detalle de aquello que descalifica, no es serio, no es
riguroso, y tampoco es científico.
Y esta sección, la que va de la mercancía al dinero, es una parte del
mundo capitalista en particular y del mundo mercantil en general. Y en esa
exposición, como todos los textos de Marx, observamos una riqueza categorial
inmensa, que nos sobrepasa. Mientras que cuando leemos el capítulo Mundo de
la mano de Wittgenstein solo encontramos abstracciones vacías. La primera
condición de un filósofo es que conozca el mundo del que habla. Y lo que se
demuestra es que del mundo que nos habla Wittgenstein, no existe, no hay
concreción, lo más concreto que nos dice del mundo del que nos habla es que las
sillas y los libros son totalidades empíricas. Pero lo concreto como
insinuación está en los nombres “sillas” y “libros”, puesto que lo que se
predica de ellos, “totalidades empíricas”, es una pura abstracción.
Wittgenstein y la certeza
En el capítulo dedicado a la certeza, contenido en Los textos
fundamentales de Ludwig Wittgenstein, Wittgenstein dice lo siguiente: “El
que algo esté fuera de duda se muestra en el obrar. Tomemos, como ejemplo, una
acción en lo que algo puede ser puesto en duda y que es muy corriente: una
orden, por ejemplo, “tráeme un libro”. Puedo dudar de que aquello que traigo
sea realmente un libro. Pero tal cosa puedo comprobarla, por ejemplo,
consultando lo que significa (la palabra) “libro”. Si no sé exactamente lo que
es un libro, sí sé, sin embargo, lo que eso significa y lo que significa la
palabra, que encuentro en el diccionario, y cómo se usa. La superación de la
duda es, por tanto, un hecho de experiencia”. En esta cita lo puesto entre
paréntesis es mío.
Las experiencias o los hechos de experiencia sirven para analizarlos y
elaborar conceptos o hacer ciertas conjeturas conceptuales. Pero hay que ser
rigurosos y no arbitrarios al describir los hechos de experiencia. Pero
Wittgenstein siempre pone ejemplos triviales, y lo que es peor: mal razonados.
Nadie va a una librería y dice: “deme un libro”. Dirá, por ejemplo: “vengo en
busca del libro titulado Sobre la belleza y el gusto y cuyo
autor es Antonio Raphael Mengs. Y si estoy en mi casa, puedo decirle a mi hija:
“en la estantería de la derecha de mi cuarto de estudio hay un libro de
Sófocles, tráemelo, por favor”. O también puedo decir: “tráeme el libro que
está sobre la mesa de noche”. Sé que es un libro determinado, por
ejemplo: Las mil y una noches. Así que en la experiencia
nadie pide un libro de título y autor indeterminados.
Ahora viene la circunstancia supuesta, según Wittgenstein, de que mi
hija no sepa lo que es un libro, circunstancia que no es posible, primero,
porque en mi casa siempre ha habido libros, y, segundo, porque ella desde los
dos años ha tenido sus propios libros. Y esto ocurre en todas las casas del
mundo, con sus excepciones como en todo. Las experiencias que se toman de
ejemplos deben ser experiencias cuyo conocimiento sea universal y evidente. De
manera que si yo supongo que mi hija no sabe lo que es un libro, resulta una
suposición del todo extravagante y fantasiosa. Puesto que, obligado por la
arbitrariedad de Wittgenstein, estoy forzando la realidad para adecuarla a mis
conjeturas conceptuales. Pero aceptemos esa extravagancia y fantasía. De todos
modos, lo que resulta un verdadero absurdo es que mi hija tenga que comprobar
qué significa la palabra “libro” y que para ello recurra a un diccionario,
puesto que el diccionario es también un libro. Y supuestamente, según
Wittgenstein, mi hija no sabe lo que es un libro. Todo un absurdo.
Por lo tanto, Wittgenstein carece de rigor cuando presenta los hechos de
experiencia y pone un ejemplo que resulta caprichoso, arbitrario y fantasioso.
Además, es un ejemplo trivial. Así que no tiene sentido esperar de la filosofía
de Wittgenstein que proporcione rigor a la filosofía marxista.
Lo abstracto y lo concreto en Engels en alusión a Feuerbach y a Hegel
En su obra Ludwig Feuerbach y el fin la filosofía clásica
alemana, Engels dice lo siguiente: “Este Feuerbach que predica en cada
página el imperio de los sentidos, la sumersión en lo concreto, en la realidad,
se convierte, tan pronto como tiene que hablarnos de otras relaciones entre los
hombres que no sean las simples relaciones sexuales, en un pensador
completamente abstracto. Para él, estas relaciones solo tienen un aspecto: el
de la moral. Y aquí vuelve a sorprendernos la pobreza asombrosa de Feuerbach,
comparado con Hegel. En este, la ética o teoría de la moral es la filosofía del
Derecho y abarca: 1) El Derecho abstracto; 2) la moralidad; 3) la moral
práctica que, a su vez, engloba la familia, la sociedad civil y el Estado.
Aquí, todo lo que tiene de idealista la forma, lo tiene de realista el
contenido. En Feuerbach, es al revés. Por la forma, Feuerbach es realista,
arranca del hombre; pero, como no nos dice una palabra acerca del mundo en el
que vive, este hombre sigue siendo el mismo hombre abstracto que lleva la
batuta en la filosofía de la religión”.
Feuerbach se declara materialista porque defiende el imperio de los
sentidos o lo concreción, y Hegel puede catalogarse de idealista porque
defiende el imperio de las ideas o la abstracción. Pero con eso no basta para
evaluar a los filósofos. Hay que saber en qué grado y calidad
conocen el mundo. Y en este sentido Hegel es muy superior a Feuerbach. Así que,
por la forma, Feuerbach es materialista y Hegel es idealista, pero por el
contenido Feuerbach es idealista, esto es, abstracto, y Hegel es materialista,
esto es, concreto. (Los conceptos no deben usarse de manera rígida y como si
tuvieran un solo contenido y un solo sentido, carentes de movimiento y
desarrollo. De hecho, aquí “abstracto” significa idealista, y “concreto”,
materialista. No está de más aquí recordar las palabras de Lenin sobre Kuno
Fischer en sus Cuadernos Filosóficos: “Kuno Fischer no muestra al
lector cómo buscar la clave de las difíciles transiciones, matices, flujos y
reflujos de los conceptos abstractos de Hegel”. Así es como hay que tratar los
conceptos abstractos de Hegel: con sus transiciones, matices, flujos y
reflujos. Y esa tarea no es nada fácil).
El capital
En el capítulo titulado La metodología de Marx, de la
obra reseñada, Sacristán formula la siguiente serie de afirmaciones: “En El
capital mismo tiene unos tres tipos de literatura, por así decirlo, de
dificultad diferente. Unos primeros capítulos muy hegelianos, difíciles de
leer, pesados; en mi modesta opinión, en gran parte inútiles. Luego, capítulos
de tipo histórico, predominantemente históricos, muy lisos y buenos de leer;
por ejemplo, los capítulos sobre la historia de la jornada de trabajo. Por
último, un núcleo más teórico en el sentido moderno de la palabra, no
hegeliano, sino construido con las técnicas y los métodos habituales de la
ciencia”.
Sacristán no se comporta en términos filosóficos de manera profesional,
según le gusta expresarse a López Arnal. Primero, debería indicar dónde y cómo
se manifiesta la influencia de Hegel en los primeros capítulos de El
Capital; segundo, demostrar por qué esa influencia de Hegel perjudica la
representación científica de Marx sobre, por ejemplo, cómo se transforma la
mercancía en dinero y cómo se transforma el dinero en capital. Tercero: afirmar
que los primeros capítulos de El Capital son difíciles de
leer, pesados e inútiles, no dejan de ser una simple apreciación subjetiva que
no añade valor teórico alguno al estudio de la naturaleza del dinero y el
capital. Muchos marxistas, de entro ellos destacados economistas, no consideran
que El Capital sea difícil de leer, pesado e inútil. Y no sé
por qué deberíamos aceptar que Sacristán está en lo cierto y la mayoría de los
marxistas estamos equivocados.
Si Sacristán hubiera querido expresarse de forma profesional, pudo, por
ejemplo, exponer las ideas principales de Marx sobre la transformación de la
mercancía en dinero, después exponer las ideas principales de Adam Smith del
capítulo IV de su obra Una investigación sobre la naturaleza y causas
de las riquezas de las naciones titulado Del origen y uso del
dinero, o exponer la sección titulada el dinero: el lubricante del
intercambio del libro de Samuelson y Nordhaus titulado Economía. Y
una vez hecho eso, demostrar qué autor representó de modo más científico la
naturaleza del dinero. Pero no hizo nada eso, se limitó a esgrimir unas
afirmaciones sin pruebas documentales ni demostración razonada alguna. Yo creo
que Sacristán habla del pensamiento de Marx con unos aíres de suficiencia
improcedentes. Hay que ser más rigurosos, más exhaustivos y más precisos cuando
hablamos de estos temas, tan importantes para el pasado, el presente y futuro
de la humanidad.
Seguimos. Sacristán no nos dice de qué capítulos está hablando, solo
menciona el dedicado a la historia de la jornada de trabajo. Pero los aspectos
históricos están presentes a cada momento en el transcurso de la obra de Marx.
En la página undécima y para ilustrar que una cosa puede ser útil y producto
del trabajo sin ser mercancía, Marx dice lo siguiente: “El campesino medieval
producía el grano de tributo para el señor feudal, el grano de diezmo para los
curas. Más ni el grano del tributo ni el del diezmo devenían mercancías por
hecho de que se producía para otro”. Unas cuarenta y cinco páginas después, en
la sección dedicada al carácter fetichista de la mercancía y su secreto, Marx
se expresa en los siguientes términos: “Trasladémonos ahora desde la luminosa
isla de Robinsón a la oscura Edad Media europea. En vez del hombre
independiente hallamos que todo el mundo es dependiente, siervos y señores,
vasallos y señores feudales, laicos y clérigos. La dependencia personal
caracteriza tanto las relaciones sociales de la producción material como las
esferas de la vida edificadas sobre ella”. En el capítulo dedicado al proceso
de intercambio, Marx dice lo siguiente: “Los pueblos nómadas son los primeros
en desarrollar la forma de dinero porque sus bienes y pertenencias se
encuentran en forma móvil, esto es, inmediatamente enajenables, y porque su
modo de vida los pone constantemente en contacto con comunidades ajenas,
moviéndolos así al intercambio de productos. A menudo, los hombres incluso han
hecho de los hombres, en la forma de esclavos, el material originario del
dinero, pero nunca la tierra. Tal idea solo pudo surgir en la sociedad burguesa
ya constituida”. No sigo para no cansar al lector, pero solo vamos por las
primeras setenta páginas de El Capital. Lo cierto es que Marx
ilustra de continuo sus conceptos con hechos históricos, y los expone de forma
rigurosa y con un lenguaje admirable. Así que lo que afirma Sacristán no es
cierto.
Otra cosa más: cuando Sacristán afirma que los primeros capítulos
de El Capital son difíciles de leer, pesados e inútiles, yo
supongo que se referirá a los capítulos dedicados a la transformación de la
mercancía en dinero, o lo que es lo mismo, al análisis de la naturaleza del
dinero. Y aquí caben dos cosas: una, que hablar del dinero es inútil o lo es
cómo habla Marx, y, dos, la forma acertada y científica de hablar del dinero es
como lo hace la economía convencional, esto es, la economía que no explica en
parte alguna cómo surgió el dinero o que concibe el capital como una cosa y no
como una relación social. Si el capitalismo es por esencia la economía
mercantil en su máximo desarrollo, es obvio que será necesario conocer el mundo
mercantil, con todas sus formas y su forma más vistosa: el dinero. Pero
Sacristán no nos habla del dinero y, por consiguiente, tampoco nos habla del
concepto que tiene del mismo. Y después cuando dice, tras afirmar que los
primeros capítulos de El Capital son inútiles, “en mi
modesta opinión”, es obvio que su opinión no tiene nada de modesta.
En otro orden de cosas, la forma en que Sacristán divide El
Capital es arbitraria, no corresponde al contenido de esa magna obra
teórica. Así que enmendemos esa catalogación de Sacristán. En el capítulo
titulado I. Precio de costo y ganancia, del tomo I del libro III,
Marx dice lo siguiente: “En el libro I se analizaron los fenómenos que presenta
el proceso de producción capitalistas, considerado de por sí. Pero este proceso
directo de producción no agota el curso de vida del capital. En el mundo real
se completa mediante el proceso de circulación, y este constituye el objeto de
las indagaciones del libro II. Aquí, particularmente, en la sección tercera, al
observar el proceso de circulación como mediación del proceso social de
reproducción, se puso de manifiesto que el proceso capitalista de producción,
considerado en su totalidad, es la unidad del proceso de producción y del
proceso de circulación. Aquí, en el libro III, no se trata de formular
reflexiones generales sobre esta unidad. Más bien se trata de hallar
y exponer las formas concretas que brotan del proceso de movimiento del
capital, considerado como un todo. En su movimiento real, los capitales se
enfrentan bajo tales formas concretas, en las que tanto la figura del capital
en el proceso directo de producción como su aspecto en el proceso de
circulación no son más que momentos particulares. Las configuraciones del
capital, tal como se desarrollan en este libro, se van aproximando gradualmente
a la forma en que aparecen sobre la superficie de la sociedad, en la acción
recíproca de los distintos capitales, la competencia, y en la conciencia
habitual de los agentes de la producción”.
Resumiendo: En el primer libro se expone el proceso de producción, en el
segundo libro se expone el proceso de circulación, y en el tercer libro se
expone las formas concretas del proceso de movimiento del capital considerado
como un todo. Y en este tercer libro, tal y como dice Marx, las configuraciones
del capital se van aproximando gradualmente a la forma en que aparecen sobre la
superficie de la sociedad. Por lo tanto, esta es la forma correcta y rigurosa
en que hay que dividir El Capital, y no esa forma arbitraria y no
fundamentada en que lo hace Sacristán: una parte hegeliana inútil, una parte
histórica, y una parte con un núcleo teórico más moderno no hegeliano. Pero se
equivoca Sacristán: El Capital es una obra científica en sus
tres libros y en todos ellos está presente el pensamiento de Hegel.
Pero para que el lector tenga una representación más precisa de lo que
afirma Marx, expondré una serie de ideas que aclaren las siguientes
conceptualizaciones: “la acción recíproca de los distintos capitales”, “las
formas concretas que se presentan a la conciencia habitual de los agentes de la
producción”, y “la competencia”. Empecemos con la acción recíproca de los
distintos capitales: supongamos un capitalista que tiene una industria de
panadería que produce diariamente 1000 unidades de productos panificados. Los
proveedores, también capitalistas, le suministran la harina, la levadura, la
sal, otras materias primas y también la maquinaria y algunos utensilios. Y con
estos proveedores nuestro capitalista lucha por obtener los precios más bajos.
A su vez, nuestro capitalista vende sus productos panificados a otros
capitalistas, dueños de supermercados, hoteles y restaurante, e intenta vender
a los precios más altos. Así es como debemos entender la interacción entre los
distintos capitales.
Ahora vamos a por la explicación de las formas concretas que se forma en
la conciencia nuestro capitalista, como ejemplo de un agente práctico de la
producción. En el libro I Marx nos expone cómo el valor de la mercancía se
presenta con la siguiente fórmula: M= C + (V + P); valor de la
mercancía es igual al capital constante más (capital variable más plusvalía).
El proceso en pocas palabras es el siguiente: los trabajadores y las
trabajadoras transfieren el valor de los medios de producción (maquinaria y materia
prima) al producto final, y al mismo tiempo crean valor nuevo: sus propios
salarios y la plusvalía de la que se apropia el capitalista. Pero en la
superficie de la sociedad, las cosas no se presentan así, sino de este otro
modo. El valor de la mercancía se presenta para el capitalista de la siguiente
forma: M= Pc + g. Valor de la mercancía es igual al precio de costo (el capital
constante más el capital variable) más la ganancia. De este modo queda borrado
que la plusvalía brota del capital variable y se presenta como si brotase del
capital total. Esta es la forma concreta en que se presenta el valor mercantil
en la superficie de la sociedad.
Ahora vamos, por último, al tema de la competencia. Nuestro capitalista
no está solo en el mercado, hay otros industriales panaderos que buscando
aumentar su cuota de mercado, bajan los precios. Esto obliga a nuestro
capitalista también a bajar los precios, reduciendo su margen de ganancia.
Porque no tiene otra opción: o baja los precios o pierde el cliente. Ahora la
ganancia se le presenta a nuestro capitalista como la diferencia entre el
precio de venta y el precio de costo. Y esta es otra forma concreta en que se
presenta la plusvalía, transfigurada como ganancia, para la conciencia habitual
de nuestro capitalista.
Por último, señalaré las expresiones hegelianas presentes en este
pequeño fragmento de Marx y que tanto detesta Sacristán: “por sí”, “mediación”
y “momentos particulares” de una totalidad, y “superficie” y “fondo”. Y como
también les hablé antes de la ganancia, les transcribo esta expresión hegeliana
de Marx, doce páginas más adelante que la cita anteriormente reseñada: “Como en
un polo aparece el precio de la fuerza de trabajo bajo la forma transfigurada
de salario, en el polo opuesto se presenta la plusvalía bajo la forma
transfigurada de ganancia”. Con lo que se demuestra que el lenguaje de Hegel,
“forma transfigurada”, también está presente en el tercer libro de El
Capital. Pero estas formas de certificar la presencia del pensamiento de
Hegel en el pensamiento de Marx aludiendo al lenguaje me parecen superficiales.
La presencia del pensamiento de Hegel en el pensamiento de Marx afecta más al
fondo lógico de su discurso. Pero no quiero extenderme más para no agotar la
paciencia del lector.
La economía
Sacristán casi al inicio del trabajo de referencia dice lo siguiente:
“El conjunto de la obra de Marx no es economía pura en el sentido que incorpora
también, como la escuela histórica, factores políticos, culturales,
institucionales, históricos. Ese parentesco es evidente. Lo que ocurre es que
Marx nunca niega la existencia de un núcleo de economía pura, de tipo
deductivo, al modo de Smith y Ricardo, mientras que la escuela histórica niega
que ello tenga validez”.
Antes que nada, hay que decir que la economía pura no existe, sino la
economía política, que tiene una época clásica y otra época vulgar; y que a la
economía política actual suele llamársele economía convencional, y su base es
la de la economía vulgar y no la de la economía clásica. Y no es cierto la
distinción que establece Sacristán entre la economía clásica, la de Adam Smith,
y la economía marxista. Debe ser que Sacristán no leyó La riqueza de
las naciones de Adam Smith, pues esa obra económica incorpora
elementos políticos, culturales, institucionales e históricos. En su índice
podemos leer el título de los siguientes capítulos: “Desigualdades que derivan
de la naturaleza misma de los empleos, Desigualdades producidas por la política
de Europa, Del desaliento de la agricultura en la antigua Europa tras la caída
del Imperio Romano, De la aparición y desarrollo de ciudades y pueblos tras la
caída del Imperio Romano, De las colonias, Causas de la prosperidad de las
nuevas colonias, De las ventajas conseguidas por Europa con el descubrimiento
de América y el paso a las Indias Orientales por el Cabo de Buena Esperanza, De
los gastos de defensa, De los gastos de Justicia, De las obras públicas e
instituciones para facilitar el comercios de la sociedad, Del gasto de las
instituciones para la educación de la juventud, De las fuentes del ingreso
público general de la sociedad: Impuesto sobre la renta, impuestos sobre el
beneficio o ingreso originado por el capital, e impuestos sobre los salarios
del trabajo”. Como puede observarse en el índice de La naturaleza y
causas de la riqueza de las naciones, la economía de Adam Smith contiene,
al igual que la economía de Marx, componentes sociales, políticos,
institucionales, históricos y culturales. Otra cosa más: cuando se exponen los
componentes históricos, culturales, institucionales y políticos, también se
hacen deducciones. Esa distinción de Sacristán entre economía pura, donde reina
la deducción, y componentes políticos, institucionales, históricos y culturales
no es acertada; al igual que no sirve para distinguir la economía de Smith de
la economía de Marx. Tampoco una teoría puede reducirse a deducciones.
Sigamos. Estamos en una esfera de saber determinada: la
economía. La economía es una ciencia. Adam Smith está considerado el economista
más importante del siglo XVIII y Marx el economista más importante del siglo
XIX. Es indudable que Marx como economista, y de los grandes, es un científico.
La economía política es obra en lo fundamental de Adam Smith y de David Ricardo
y es el reflejo en lo teórico de la sociedad capitalista. De hecho, Marx
considera que la economía política es la ideología principal de la sociedad
capitalista como la religión lo es de la sociedad feudal. Mientras que la
economía que representa Smith y Ricardo representa, de acuerdo con Marx, la
economía clásica, los economistas que vinieron después representan la economía
vulgar. Pero ambas son economía política. Mientras que El Capital representa
el estudio del modo de producción capitalista y donde, además, se estudian los
gérmenes de la sociedad socialista. Y también representa El
Capital la crítica a la economía política.
Economía clásica y economía vulgar
Si leemos el índice de los dos primeros tomos de Teoría sobre la
plusvalía de Marx, veremos que dedica muchas páginas a las ideas de
los fisiócratas, Adam Smith y David Ricardo, y otros autores más. Y los temas
tratados son muchísimos: plusvalía y ganancia, precio de costo, trabajo
productivo, salario y ganancia, la renta de la tierra, etcétera. Lo que podemos
concluir solo leyendo algunos de los capítulos de esa obra teórica, son dos
cosas claves: una, que Marx en Teoría sobre la plusvalía y
en El Capital trata de las mismas materias y conceptos que los
economistas clásicos, y dos, que Marx somete a crítica los conceptos de la
economía clásica. Y El Capital representa en parte una crítica
a los conceptos de la economía política clásica. Lo que le sucede a Sacristán
es lo que le sucede con toda su crítica al pensamiento de Marx: no expone un
solo concepto o un solo capítulo de los tres gruesos tomos que
constituyen Teorías sobre la plusvalía. De ahí que las
valoraciones críticas de Sacristán sobre esta obra teórica carezcan de valor.
Y en el tercer tomo de esa misma obra, Marx somete a crítica los
conceptos de Malthus, Ramsay, Cherbuliez y Richard Jones, y termina con un
apéndice dedicado a la economía vulgar. Marx es tan prolífico que me desborda.
Es un pensador demasiado grande y demasiado profundo. Y señala una cantidad de
detalles y matices en su crítica que nunca ha dejado de sorprenderme y
sobrepasarme. Pues bien, en este tomo Marx establece las diferencias entre la
economía clásica y la economía vulgar. Y Marx cuando habla, es concreto, todo
lo presenta con sus múltiples determinaciones, nunca habla de forma insinuada,
aproximada o con pobreza de determinaciones.
Oigamos entonces sus sabias palabras en ese tercer tomo: “La economía
clásica trata de reducir a unidad interior, mediante el análisis, las
diferentes formas fijas de la riqueza, extrañas las unas a las otras,
despojándolas de la forma en que se mantienen indiferentes entre sí. Pretende
comprender la concatenación interna, a diferencia de la diversidad de la forma
de manifestarse. De ahí que reduzca la renta a ganancia extra, con la que
aquella deja de ser una forma especial, independiente, y es desglosada de su
aparente fuente, la tierra. Y despoja, a sí mismo, al interés de su forma
independiente, poniéndolo de manifiesto como una parte de la ganancia. Reduce,
así, a una sola forma, la de la ganancia, todas las formas de ingreso y todas
las figuras y títulos independientes bajo los que los no trabajadores
participan del valor de la mercancía”.
Enumeremos las categorías y pensamientos contenidas en esta cita.
Reducir a unidad interior las formas fijas de la riqueza (renta del suelo e
interés) y despojarlas de la forma en que se mantienen indiferentes entre sí.
Tal y como se presentan a la percepción y a la representación, la renta del
suelo y el interés, parecen formas independientes. Tal y como se presentan a la
conceptualización de Smith, la renta del suelo y el interés son lo mismo:
partes de la ganancia. Marx, filósofo inteligente como es, destaca la
diferencia entre la concatenación interna entre ganancia industrial y
comercial, renta del suelo e interés, y las formas diversas de manifestarse.:
distingue entre concatenación interna y manifestación externa o perceptiva.
Y ahora vamos a por la economía vulgar. Dice Marx: “fue solamente a
partir del momento en que la economía política hubo logrado cierto margen de
desarrollo y contó ya con formas fijas, cuando se desgajó en ella, como una
exposición aparte de la economía, el elemento en que la mera reproducción de
los fenómenos se hace pasar por la representación (científica) de ellos: el
elemento vulgar”. Aquí basta con distinguir la reproducción de los fenómenos en
los que viven inmersos los agentes prácticos de la producción, como hace la
economía vulgar, de su representación científica, como hace la economía
política clásica y la economía marxista. Y la representación científica de los
fenómenos que analizamos consiste en reducir a unidad interna la manifestación
externa de la ganancia: beneficio industrial y comercial, interés y renta del
suelo.
Para culminar la concepción de Marx sobre la economía vulgar, les
transcribiré unas palabras contenidas en Las rentas y sus fuentes del
libro III del tercer tomo de El Capital: “La economía vulgar no
hace en realidad más que traducir, sistematizar y defender doctrinalmente las
ideas de los agentes de producción cautivos de las relaciones de producción del
régimen burgués. Por eso no debe maravillarnos que la economía vulgar se
encuentre perfectamente a gusto precisamente bajo la manifestación extrañada de
las relaciones económicas, en las que estas aparecen prima facie como
contradicciones perfectas y absurdas -y toda ciencia sería superflua si la
forma de manifestarse y la esencia de las cosas coincidiesen directamente-, y
que estas relaciones aparezcan más evidentes cuanto más se oculta en ellas el
nexo interno, pero son más familiares a la concepción corriente. Por eso no
tiene la menor idea de que la trinidad de la que parte: tierra-renta,
capital-interés, trabajo-salario o precio del trabajo son tres composiciones
imposibles prima facie”. Después Marx demuestra por qué son
absurdas.
Esta trinidad sigue dominando hoy día en lo que denominamos economía
convencional, incluido el pensamiento económico de Keynes. Un
ejemplo para poner de manifiesto la contradicción entre esencia y forma de
manifestación, por si a alguien esto le suena a precientífico o piensa que es
una metáfora. Aparentemente el sol sale por el este y se pone por el oeste,
pero en esencia este movimiento aparente del sol lo produce el movimiento de
rotación de la Tierra sobre sí mismo. Este descubrimiento se lo debemos a Galileo
y a Copérnico.
De lo abstracto a lo concreto en la psicología contemporánea
En el texto referido, Manuel Sacristán formula la siguiente serie de
juicios: “En la “introducción” de 1857, Marx reproduce una idea de método
científico directamente hegeliana, la idea de que el método científico es un
método que asciende de los abstracto a lo concreto. En el uso corriente del
lenguaje es obvio que ninguno de nosotros dice esto. Mas bien decimos que se
asciende de lo concreto a lo abstracto. Es decir, nosotros consideramos que
cuando se pasa de la percepción de tal o cual perro a la idea de mamífero, se
asciende, pensamos que se sube de generalidad; no diríamos que se sube desde
mamífero hasta Boby, sino al contrario, diríamos que se baja. En cambio, para
un hegeliano se asciende de lo abstracto a lo concreto”.
Una primera cuestión preliminar: Marx no habla del método científico,
sino del método de la economía política. Y la economía política es una esfera
de saber determinada, no toda la ciencia. Y es obvio que todas las ciencias no
emplean el mismo método. Cuando hablamos de epistemología, esto es, de cómo las
personas conocemos el mundo, una ciencia fundamental a tener en cuenta es la
psicología del conocimiento. En esa cita Sacristán habla de la percepción y de
la idea, esto es, de dos funciones psicológicas superiores. Aunque, no está
demás decirlo, el término idea es bastante impreciso. En esta esfera de saber,
la psicología contemporánea, destacan grandes nombres: Leóntiev, dedicado al
estudio de la psicología del desarrollo y fundador de la teoría de la actividad,
Vygotsky, teórico de la psicología del desarrollo, fundador de la psicología
histórico cultural y precursor de la neuropsicología; Luria, fundador de la
neurociencia cognitiva y de la neuropsicología; y Jerome Bruner, estadounidense
y destacado representante de la psicología cognitiva y teoría del aprendizaje.
Yo utilizo el pensamiento de todos esos autores para lo que denomino psicología
del conocimiento, un conocimiento que es básico si queremos saber cómo los
seres humanos conocen el mundo.
Sacristán supone un hecho que en la realidad no se da: que se pasa de la
percepción de tal o cual perro a la idea de mamífero. Así que paso primero a
exponerles las ideas fundamentales de un texto de Luria titulado Lenguaje
y pensamiento. Hay dos formas de manifestación de la actividad intelectual:
las tareas constructivas prácticas y el pensamiento discursivo o lógico verbal.
Esta segunda forma constituye el medio fundamental de la actividad cognoscitiva
compleja del ser humano. Partimos de la base de que la palabra constituye la
unidad básica del lenguaje y en ella cabe destacar dos componentes
fundamentales: la catalogación objetiva o función designativa y el significado.
La catalogación objetiva debemos entenderla como el hecho de que cada palabra
designa cierto objeto, lo señala y suscita la imagen de una u otra cosa. Y el
significado debemos entenderlo como el medio que nos da la posibilidad de
analizar los objetos, destacar en ellos las propiedades esenciales y situarlos
en determinada categoría. La palabra es un medio de abstracción y síntesis,
refleja los nexos y relaciones profundas que hay tras los objetos del mundo
exterior. En este sentido la palabra entra en conexión con otras categorías
coordinadas, subordinadas y superiores.
Vayamos primero a deshacer el malentendido de Sacristán. Un niño,
enseñado por sus padres, llama perro a un perro individual, sea suyo o del
vecino. Progresivamente llamará perro a otros perros que ve por la calle. Así
el niño generaliza el uso de la palabra “perro”, haciendo abstracción del
tamaño, aspectos de la figura y del color del perro, y se queda con los rasgos
esenciales. Es decir, la generalización supone ir del perro individual a la
especie perro, pero no del perro individual al género mamífero. En segundo
lugar, aunque el niño haya realizado la generalización de la palabra perro y lo
use como nombre de todos los individuos de una especie, no por ello el niño
está capacitado para definir verbalmente el concepto de perro, y mucho menos el
de mamífero. Las definiciones verbales de los conceptos, y más especialmente la
de los conceptos científicos, se adquieren en la enseñanza educativa: en
primaria, en enseñanza media y en la universidad. Así que el concepto de
mamífero se adquiere de forma mediata y no por vía de un supuesto ascenso de lo
individual hasta la idea de mamífero.
Vayamos ahora al ascenso de lo abstracto a lo concreto en la psicología.
Les transcribo unas palabras de Luria en la obra referida: “Toda palabra
generaliza y es un medio formativo de conceptos; dicho, en otros términos, la
palabra extrae dicho objeto de la esfera de las imágenes sensoriales y lo
inserta en el sistema de categorías lógicas, lo que permite reflejar el mundo
más profundamente que lo hace nuestra percepción. …He ahí por qué la palabra no
solo designa la imagen, sino que inserta el objeto en el riquísimo sistema de
nexos y relaciones al que pertenece”. “Esta tesis, conocida en la filosofía
materialista como teoría del concepto concreto, indica que el tránsito de las
designaciones más directas (como “abedul”, “pino”) a los conceptos más generales
(como “árbol”, “vegetal”), no solo no empobrece, sino que enriquece
sustancialmente nuestras representaciones”. Y nos vamos ya por último al
movimiento de lo abstracto a lo concreto. A este respecto dice Luria lo
siguiente: “En el tránsito de la designación individual del objeto a la
designación del concepto abstracto, la filosofía marxista ve no un proceso de
empobrecimiento o de ascensión a lo abstracto, sino un proceso de
enriquecimiento o de auténtica ascensión a lo concreto, si entendemos por
“entidad concreta” la riqueza de conexiones en cuyo sistema dicho concepto
inserta el objeto dado”. Así que, de acuerdo con la psicología contemporánea,
el movimiento de la percepción o de la designación individual del objeto a la
designación del concepto abstracto es un movimiento que va de lo abstracto a lo
concreto, si, como dice Luria, entendemos por concreto la riqueza de conexiones
del objeto en el sistema o sistemas a los que pertenece. Así que Sacristán se
equivoca.
Lo simple y lo compuesto en Descartes
René Descartes, en su obra Discurso del método, después de
afirmar que en la lógica se encierra numerosos preceptos y que él se bastaba
con cuatro, en el tercero de los preceptos afirmó lo siguiente: “El tercero, en
conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objeto más simples
y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco como por grados,
hasta el conocimiento de los más compuestos”. Marx, en su exposición sobre el
método de la economía política, a lo abstracto también lo llama determinación
simple y habla igualmente de “las leyes del pensar abstracto que se eleva de lo
simple a lo complejo”. Por lo tanto, es obvio que también Descartes consideraba
que el pensamiento abstracto, esto es, el pensamiento teórico, debe ascender de
lo simple a lo compuesto, o en palabras de Marx: de lo simple a lo complejo, o
de lo abstracto a lo concreto. Y otro aspecto a mi juicio muy importante en el
quehacer teórico: hay que exponer los pensamientos ordenados, muy ordenados. Y
Sacristán no es un filósofo de pensamiento ordenado, como tampoco lo es de
ideas claras y distintas.
De lo abstracto a lo concreto en El Capital
Quien haya estudiado con cierto detenimiento El Capital,
sabe que el primer capítulo trata de la transformación de la mercancía en
dinero, y que es un movimiento teórico que va de una abstracción, el valor en
su forma natural, a una concreción, el valor en su forma objetivamente social:
el dinero. Pero resulta que todo el movimiento teórico de la transformación de
la mercancía en dinero no se presenta como un movimiento que va de lo abstracto
a lo concreto, sino también, por ejemplo, como un movimiento que, partiendo del
valor de cambio o mercado, esto es, de una percepción, llega a la forma general
del valor, esto es, un concepto. También sucede que solo en el primer tomo hay
capítulos que son muy concretos, como, por ejemplo, el proceso de intercambio y
el proceso de trabajo.
Cuando Marx expone las formas del valor lo divide en tres partes: forma
simple, individual o fortuita del valor (corresponde al periodo histórico donde
entre los puntos de contacto de comunidades extrañas se intercambiaban ciertos
excedentes y en las proporciones más variadas, y de forma excepcional); forma
desarrollada del valor, donde un valor de uso se cambiaba por muchos otros
valores de uso distintos (corresponde al periodo histórico donde los productos
se intercambian unos por otros en las mismas proporciones o con pocas
variaciones, y de forma más regular); y forma general del valor (que
corresponde al periodo histórico donde todas las mercancías excluyen a una de
ellas en la que expresan su valor). A este respecto dice Marx lo siguiente:
“Las mercancías presentan ahora sus valores 1) de una manera simple, porque lo
hacen en sola especie de mercancía; 2) unitariamente, porque lo hacen en la
misma mercancía. Su forma de valor es simple y común, es decir, general”.
Obsérvese la definición de general: lo que es simple y común. Y a partir de
este instante, todas las mercancías se presentan como mercancías particulares,
menos una de ellas, que se presenta como mercancía general: el dinero. Y es así
como ocurre en el día a día de nuestras compras: en los expositores de los
comercios están las mercancías particulares, y en nuestros bolsillos está la
mercancía general: el dinero. Y se produce el cambio de la mercancía general
con las mercancías particulares. Como se ve, no podemos tener ese conocimiento
rígido, de carácter lógico formal, donde desde lo particular se va a
lo general, sino que de forma simultánea se da lo particular junto a lo
general, y cada lado se transforma en lo contrario, lo particular en general y
lo general en particular, esto es, la mercancía particular, unos zapatillas
deportivas, se cambia por la mercancía general, sesenta euros; y la mercancía
general, sesenta euros, se cambia por la mercancía particular, unas zapatillas
deportivas. Y a esto se llama dialéctica: la transformación de un contrario en
otro.
También sucede que en el tomo II del libro I encontramos otros capítulos
también muy concretos: XI. Cooperación; XII. División del trabajo y
manufactura; y XIII. Maquinaria y gran industria. Y así sucede con todos los
tomos que constituyen los tres libros de El Capital.
Las alusiones a Hegel: la presencia del pensamiento de Hegel en el
pensamiento de Marx
En la sección dedicada al proceso de trabajo en El Capital,
Marx dice lo siguiente: “El proceso de trabajo se extingue en el producto. (.)
El trabajo se objetiva, y el objeto se elabora. Y lo que en el trabajador era
dinamismo, se presenta ahora en el producto como quietud, en la forma del ser”.
Mientras hacemos una tortilla todo en nosotros es dinamismo, pero después de
recoger la losa y poner la tortilla de papas en un plato sobre la mesa, dicho
dinamismo se presenta en la tortilla como quietud, en la forma del ser. Hegel,
en la sección dedicada a El eliminarse del devenir en la
Ciencia de la Lógica, dice lo siguiente: “El equilibrio en que se ponen el
nacer y el perecer, es ante todo el devenir mismo. Pero este se recoge también
en tranquila unidad. Ser y nada están en él solo como desapareciendo; pero el
devenir como tal existe solo por medio de la diversidad de ellos. Su
desaparecer significa por lo tanto el desaparecer del devenir. (.) El devenir
es una inquietud carente de firmeza, que cae en un resultado de reposo”. Es
obvio la presencia útil, más que útil, del pensamiento de Hegel en el
pensamiento de Marx: Lo que Marx enuncia como la extinción del
proceso de trabajo en el producto, es lo que Hegel enuncia como el desaparecer
del devenir (puesto que el proceso de trabajo es un devenir); y lo que Marx
enuncia como lo que era dinamismo en el proceso de trabajo se presenta en el
producto como quietud, es lo que Hegel enuncia del modo siguiente: el devenir
es una inquietud carente de firmeza (durante el proceso de elaboración de la
tortilla no paramos), que cae en un resultado de reposo (la tortilla depositada
en un plato llano sobre la mesa).
En la misma sección, Marx afirma lo siguiente sobre el medio de trabajo:
“El medio de trabajo es la cosa o complejo de cosas que el obrero interpone
entre él y el objeto de trabajo, y que le sirven para encausar su actividad
sobre este objeto. Utiliza las propiedades mecánicas, físicas y químicas de las
cosas para hacerlas actuar, conforme al fin perseguido, como instrumentos de
poder sobre otras cosas”. El propio Marx, a pie de página, transcribe estas
palabras de Hegel contenidas en su obra Enciclopedia: “La razón es
tan astuta como poderosa. La astucia estriba generalmente en la actividad
mediadora que, haciendo que los objetos actúen unos sobre otros de acuerdo con
su propia naturaleza y se desgasten recíprocamente, sin inmiscuirse
directamente en este proceso, no hace más que realizar su propio fin”. Estas
palabras de Hegel, como todas las suyas, son maravillosas, demuestra una
inteligencia fuera de lo normal, y hace gala siempre de una riqueza categorial
que muy pocos filósofos, por no decir ninguno, pueden imitarlo. Y es obvio que
la presencia del pensamiento de Hegel en el pensamiento de Marx es totalmente
beneficioso.
En la sección titulada Historia de La ideología
alemana, Marx y Engels se expresan en los siguientes términos: “…la primera
premisa de toda existencia humana y también, por tanto, de toda historia, es
que los hombres se hallen para hacer historia en condiciones de poder vivir.
Ahora bien, para vivir hacer falta comer, beber, alojarse bajo un techo,
vestirse y algunas cosas más. El primer hecho histórico es, por consiguiente,
la producción de los medios indispensables para la satisfacción de estas
necesidades…”. Pues bien, en la sección titulada El sistema de las
necesidades de Principios de la filosofía del derecho,
Hegel se expresa en los siguientes términos: “Hay ciertas necesidades
universales, tales como comer, beber, vestirse, etcétera, y el modo en que sean
satisfechas depende totalmente de circunstancias exteriores”. Y en la sección
titulada El modo de la necesidad y de la satisfacción, se expresa
de este otro modo: “El animal tiene un círculo limitado de medios y modos para
satisfacer sus necesidades igualmente limitadas. Incluso en esta dependencia el
hombre muestra al mismo tiempo que va más allá del animal y revela su
universalidad, en primer lugar, por la multiplicación de las necesidades y los
medios para su satisfacción, y luego por la descomposición y diferenciación de
las necesidades concretas en partes y aspectos singulares, que se transforman
de esta manera en distintas necesidades particularizadas y por lo tanto más
abstractas”.
En estas palabras de Hegel observamos, en primer lugar, el parentesco
con el pensamiento de Marx y Engels, en segundo lugar, una inteligencia de alto
nivel en el análisis de los hechos del mundo, y, en tercer lugar, cómo plantea
que lo concreto se descompone y se diferencia en partes más abstractas en el
ámbito de las necesidades humanas. De manera que no siempre el pensamiento de
Hegel se mueve de lo abstracto a lo concreto, sino, como en este caso, la
propia realidad, que él conoce muy bien, lo lleva a moverse de lo concreto a lo
abstracto. En sus palabras: las necesidades concretas se transforman en
necesidades particularizadas y por lo tanto más abstractas.
Hegel en los Grundrisse 1857-1858
En el capítulo dedicado al cambio y producción de valor
de cambio, esto es, la circulación de mercancías, Marx se expresa en
los siguientes términos: “En la circulación como realización de los valores de
cambio se contienen dos puntos: 1) que mi producto solo es producto en cuanto
lo es para otros; es, por tanto, algo individual superado, algo general; 2) que
solo es mi producto para mí en cuanto se enajena y se convierte en producto
para otros; 3) que solo es para otro en cuanto éste enajena su propio producto;
en lo que va ya implícito; 4) que la producción no se manifiesta para mí como
un fin en sí mismo, sino como medio. La circulación es el movimiento en que la
enajenación general aparece como apropiación general y la apropiación general
como enajenación general”.
Ideas contenidas en esta cita: los valores de cambio se realizan en la
circulación de mercancías (ser y realización); que algo es para mí en cuanto lo
es para otro; que mi producto es algo individual superado, esto es, general;
que mi producto solo es para mí en cuanto se enajena y es para otro; que mi
producto es solo para otro cuando el otro enajena su propio producto; que la
producción no es un fin en sí mismo sino un medio; la enajenación aparece como
apropiación y la apropiación aparece como enajenación (cada contrario aparece
como el otro contrario, cada contrario es por medio del otro contrario)”. (Lo
puesto entre paréntesis es mío) Esta serie de juicios son totalmente claros: Si
yo quiero vender una mercancía, tengo que encontrar un comprador que tenga en
su bolsillo el dinero que figura en la etiqueta de mi mercancía. Yo solo puedo
hacer de vendedor si otro hace de comprador; y el otro solo puede hacer de
comprador si yo hago de vendedor. De manera que cada extremo de la relación lo
es por medio del otro. (Esto es dialéctica). Y cuando yo enajeno mi mercancía
me apropio del dinero que me entrega el otro, y el otro se apropia de mi
mercancía cuando enajena su dinero. De manera que cada acto de la relación de
intercambio se convierte en su contrario: la enajenación en apropiación y la
apropiación en enajenación. Y esto es también dialéctica y de la fina.
En esta cita se ve a todas luces el pensamiento de Hegel en el
pensamiento de Marx y se observa la omnipresencia del pensamiento dialéctico,
donde todo es movimiento: cómo lo individual se presenta como superado, esto
es, no permanece en esta determinación y se convierte en general, y cómo cada
contrario presupone al otro contrario, cómo cada contrario se transforma en el
otro contrario y cómo cada contrario es por medio del otro contrario. Y todo
esto es un enorme festín para el pensamiento. Una gran victoria y liberación
para el pensamiento. Siempre lo he dicho: el pensamiento de Marx es el mejor
medio para conocer el virtuoso y maravilloso pensamiento de Hegel.
La filosofía de Hegel
En esta sección expondré un ejemplo de cómo piensa Hegel, tan denostado
erróneamente por Sacristán. Les transcribiré las palabras contenidas en
la Introducción a la Historia de la Filosofía, y haré algunos
leves comentarios. Creo que el lector quedará encantado con sus palabras, por
su poderío, por su riqueza y por su profundidad. Así que vamos a por ello: “La
historia de la filosofía despliega ante nosotros la sucesión de los nobles
espíritus, la galería de los héroes de la razón pensante, que, sostenidos por
la fuerza de esta razón, han sabido penetrar en la esencia de las cosas, de la
naturaleza y del espíritu, en la esencia de Dios, y que han ido acumulando con
su esfuerzo, para nosotros, el más grande de los tesoros, que es el del
conocimiento racional”. Aquí no hay nada que objetar, todo debe ser admiración.
Y si hay una categoría como la de espíritu que nos puede resultar idealista,
solo tenemos que darle un contenido materialista. Y llamaremos espíritu al
conjunto de las fuerzas de la subjetividad, y que solo una parte de ellas ha
sido tratada y representada científicamente por la psicología contemporánea:
atención y memoria, sensación y percepción, y pensamiento y leguaje. Pero hay
otras fuerzas de la subjetividad que son decisivas en la vida de las personas,
pero que todavía la psicología no ha podido indagar su naturaleza: voluntad,
decisión, ánimo, emoción, pasión, carácter, ilusión, entusiasmo y algunas más.
Seguimos escuchando a Hegel: “Las creaciones -se refiere a las
creaciones de los héroes de la razón pensante- son tanto mejores cuanto menos
imputables son, por sus méritos o responsabilidad, al carácter general del
hombre como tal hombre, cuanto más se ve tras ellas, como sujeto creador, al
pensamiento mismo, que no es patrimonio exclusivo de nadie”. Cuando Hegel habla
del pensamiento mismo, es justamente ese pensamiento que hemos adquirido en los
institutos, en la universidad y de forma autodidacta, es ese pensamiento que le
debemos a todos los que nos han precedido. Y cuando afirma que ese
pensamiento no es patrimonio exclusivo de nadie, sencillamente está afirmando
una premisa del socialismo en el terreno de la producción espiritual.
Habla de nuevo Hegel: “A primera vista, estas hazañas del pensamiento,
en cuanto históricas, parecen pertenecer al pasado y hallarse más allá de
nuestra realidad presente. Pero, bien mirada la cosa, se ve que lo que nosotros
somos hoy lo somos, al mismo tiempo, como un producto de la historia. O, dicho
en términos más exactos, que lo pasado no es más que uno de los aspectos de la
cosa. Por eso, lo común e imperecedero se halla inseparablemente unido a lo que
somos históricamente”. Aquí Hegel formula uno de los principios del
materialismo histórico: lo que somos los seres humanos, en todos los ámbitos de
la vida, es un producto histórico o está históricamente determinado. Nada
tenemos que objetar y sí mucho que agradecer a este pensamiento de Hegel.
Pero la cosa no queda ahí, ahora lo volveremos a escuchar y quedaremos
impresionados: “La razón consciente de sí misma que hoy consideramos patrimonio
nuestro y que forma parte del mundo actual no ha surgido de improviso,
directamente, como si brotase por sí sola del suelo del presente, sino que es
también, sustancialmente, una herencia y, más concretamente, el resultado del
trabajo de todas las anteriores generaciones del linaje humano. Del mismo modo
que las artes de la vida externa, la gran masa de recursos y aptitudes, de
instituciones y hábitos de la convivencia social y la vida política son el
resultado de las reflexiones, la inventiva, las necesidades, la pena y la
dicha, el ingenio, la voluntad y la creación de la historia anterior a nuestro
tiempo”. Esto es puro materialismo y es socialismo. Es una crítica fundamentada
a la meritocracia. Lo que somos los seres humanos en la actualidad, y en todos
los aspectos de la vida, lo somos en una parte importante por herencia. Cada
generación aporta lo suyo, pero siempre lo hace sobre la base de la herencia de
los esfuerzos de las generaciones anteriores.
Vayamos ahora al concepto de sustancia espiritual y escuchemos de nuevo
a Hegel: “Lo que cada generación crea en el campo de la ciencia y de la
producción espiritual es una herencia acumulada por los esfuerzos de todo el
mundo anterior, un santuario en el que todas las generaciones humanas han ido
colgando, con alegría y gratitud, cuanto les ha sido útil en la vida, lo que
han ido arrancando a las profundidades de la naturaleza y del espíritu. Este
heredar consiste a la vez en recibir la herencia y en trabajarla. Esta herencia
constituye el alma de cada nueva generación, su sustancia espiritual como algo
adquirido, sus principios, sus prejuicios, su riqueza”. ¿Qué es la sustancia
espiritual? Lo que heredamos de las generaciones anteriores. Nosotros añadimos
trabajo nuevo, creaciones nuevas, a esa herencia, pero, ¿cuánto nos corresponde
en materia de ingreso a nuestro propio trabajo y cuánto le corresponde a la
sociedad por esa herencia? El sistema capitalista se caracteriza justamente por
el hecho de que los grandes millonarios no pagan nada por esa herencia, sino
que se lo embolsan todo, lo que ellos aportan y lo que han aportado las
generaciones anteriores.
Linda Macquaig y Neil Brooks, en su libro El problema de los
supermillonarios tratan este problema. Les transcribiré algunas citas
de este texto. Primera cita: “John Stuart Mill señaló que era la sociedad, no
solo el esfuerzo o el trabajo individuales, lo que determinaba lo que una
persona era capaz de hacer o crear, y que la sociedad estaba moralmente
legitimada para recibir una compensación acorde a su contribución”. Segunda
cita (Presten atención a esta segunda cita porque coincide plenamente con la
idea de Hegel): “Una de las formas fundamentales que tiene la sociedad de
ayudar a los individuos en su capacidad para generar riqueza reside en el
legado de las generaciones anteriores. Esta herencia del pasado es tan enorme
que prácticamente escapa a cualquier posibilidad de cálculo. Abarca cada
aspecto de lo que se considera civilización y cada elemento del saber
científico y técnico del que nos servimos actualmente, y se remonta a los
comienzos del lenguaje humano y a la invención de la rueda”. Tercera cita:
“Alfred Kahn, experto en derechos de patentes, sostiene que ninguna invención
es producto del trabajo de un solo individuo, sino más bien de la suma de un
número casi infinito de unidades de invención individuales, cada una de las
cuales es la contribución de una persona concreta. Es poco menos absurdo llamar
invención a una de estas unidades interrelacionadas y creador a su inventor”.
Cuarta cita: “Thomas Paine, el renombrado escritor de la época de la Guerra de
la Independencia norteamericana, señaló que, si un individuo se separa de la
sociedad, aun teniendo un continente entero a su disposición, no puede adquirir
la propiedad personal de nada. No puede ser rico. Toda acumulación de propiedad
privada, más allá de lo que un hombre puede producir con sus propias manos,
procede del hecho de que vive en sociedad; y conforme a los principios
elementales de justicia, gratitud y civilización, debe a su vez devolver una
parte de dicha acumulación a la sociedad de donde todo provino”. Y quinta cita:
“Según Hobhouse, la verdadera función de los impuestos es asegurar a la
sociedad la parte de la riqueza que tiene origen social o, en un sentido
amplio, todo aquello que no debe su origen al esfuerzo de individuos
concretos”.
Lo primero que observamos en las palabras de Hegel es que su contenido
es materialista, y lo segundo que observamos es siempre lo mismo: tiene un gran
conocimiento del mundo y hace uso de una riqueza categorial casi inagotable.
Pero en este caso, hay más, su propuesta es socialista, puesto que por medio
del concepto de sustancia espiritual pone de manifiesto que el esfuerzo de las
generaciones anteriores constituye la base sobre las que las nuevas
generaciones hacen su trabajo. Y sus palabras tienen plena actualidad, más en
la época de los supermillonarios, donde Macquaig y Brooks demuestran que gran
parte de toda la riqueza acumulada y apropiada por los supermillonario es de
origen social. Y un revolucionario concepto sobre los impuestos: no es que el
Estado mediante los impuestos redistribuya la riqueza, sino que los individuos
devuelvan a la sociedad lo que han tomado de ella.
De lo abstracto a lo concreto en la Contribución a la Crítica de la
Economía política
Antes que nada, repetiré lo que dije anteriormente: la descripción del
método de la economía política, unas diez páginas, es insuficiente para
explicar cómo se elaboró El Capital, más de tres mil páginas.
Y en este caso le ocurre a Sacristán lo mismo que le ocurre con El
Capital y las Teorías sobre la plusvalía: no es nada
exhaustivo, expone solo ocho renglones del pensamiento de Marx, y de una manera
distinta a cómo se expresó Marx. Escuchemos entonces a Sacristán. Primera idea:
“En la introducción de 1857 Marx reproduce una idea de método científico que es
directamente hegeliana, la idea de que el método científico es un método que
asciende de lo abstracto a lo concreto. En el uso corriente del lenguaje es
obvio que ninguno de nosotros dice esto. Más bien decimos que se asciende de lo
concreto a lo abstracto. Es decir, nosotros consideramos que cuando se pasa de
la percepción de tal o cual perro a la idea de mamífero, se asciende, pensamos
que se sube de generalidad; no diríamos que se sube desde mamífero hasta Boby,
sino al contrario, diríamos que se baja. En cambio, para un hegeliano, se
asciende de lo abstracto a los concreto”. Algunas cosas previas:
Marx no habla del método científico, sino del método de la economía política;
no hay texto de Hegel donde se hable del ascenso de lo abstracto a lo concreto;
y, por último, ya que a Sacristán le gusta catalogar a ciertas ideas de Marx,
Hegel y Aristóteles de metáforas, es obvio que en estas reflexiones las
expresiones “ascender” y “bajar” son metáforas. Ya que nadie asciende en su
sentido literal cuando pasa del perro Boby al concepto de mamífero, como
tampoco baja cuando pasa del concepto de mamífero al perro
Boby. Pero también es obvio que estás metáforas son válidas y
útiles.
Segunda idea de Sacristán: “El punto de partida del conocimiento es lo
concreto real, pero de ese concreto-real el pensamiento consigue un abstracto,
y de ese abstracto, por acumulación de conocimiento y análisis, va consiguiendo
un concreto de pensamiento”. Y más adelante dice: “Pero, así y todo, para quien
no viene de la metafísica de Hegel, como es mi caso, la idea tiene, claro, un
punto débil, y es que identifica concepto general con concepto vago. Una cosa
es que al empezar a estudiar uno sepa muy poco, tenga una idea muy vaga, y otra
cosa son los conceptos generales, que pueden ser clarísimos, obtenidos sobre la
base de cierto conocimiento”. No sé dónde se ha sacado Sacristán esta idea de
que en Marx el concepto general es un concepto vago. Ya respondí en
parte a este error más arriba refiriéndome a Hegel.
Advierto al lector que aquí las citas serán un poco extensas, pero debe
ser así si queremos captar de modo fiel lo que dice Marx. Escuchemos entonces a
Marx: “Cuando estudiamos un país determinado desde el punto de vista de la
economía política, comenzamos por su población, la división de esta en clases,
sus establecimientos en las ciudades, en los campos, a orillas del mar; las
distintas ramas de la producción, la exportación y la importación, la
producción y consumo anuales, los precios de las mercancías, etc.”. Aquí vemos
a Marx hablando de forma concreta, de forma exhaustiva y de forma ordenada.
Marx, como Hegel, siempre es categorialmente muy rico cuando se expresa.
Sigamos con Marx: “Parece correcto comenzar por lo que hay de concreto y
real en los datos; así, pues, en la economía empezamos por la población, que es
base y sujeto de todo el acto social de producción. Pero, bien mirado, este
método sería falso. La población es una abstracción si dejo a un lado las
clases de las que se compone. Estas clases son, a su vez, una palabra sin
sentido si ignoro los elementos sobre los cuales reposan: el trabajo
asalariado, el capital, etc. Estos suponen el cambio, la división del trabajo,
los precios, etc. Si comenzase, pues, por la población, resultaría una
representación caótica del todo, y por medio de una determinación más estricta,
llegaría analíticamente siempre más lejos con conceptos más simples; de lo
concreto representado, llegaría a abstracciones más lejos con conceptos más
simples; de lo concreto representado llegaría a abstracciones más sutiles,
hasta alcanzar a las más simples determinaciones”.
Reflexionemos entonces sobre estas palabras de Marx. Supongamos que nos
encontramos en la ciudad de Madrid. Marquemos un horario: desde las seis hasta
las diez de la mañana. ¿Qué percibiremos y nos representaremos? Que en las
viviendas se encienden las luces a la primera hora de la mañana, que las
personas que habitan en esas viviendas se levantan, desayunan, se bañan y luego
se visten. Después los veremos en las calles en forma de multitud, vemos a los
niños acompañados de sus padres ir al colegio, a los jóvenes ir a los
institutos y universidades, vemos a las personas agolparse en la boca de los
metros y en las estaciones de los ferrocarriles; vemos a automóviles, camiones
y furgones surcar las carreteras, vemos aglomeraciones de personas caminando
por las calles, vemos cómo abren sus puertas los comercios y las cafeterías,
vemos a personas trabajando en las miles de empresa que hay en Madrid y en las
instituciones. Vemos a los turistas hacer cola ante las puertas de los museos y
paseando por el retiro. Vemos, en suma, un enorme ajetreo poblacional. Pero
como los miembros de la población pertenecen a clases y grupos sociales
diferentes, nos tendríamos que informar si viven en casa de alquiler o en casa
propia, cuánto dinero tienen ahorrado en sus cuentas corrientes, si tienen
planes de pensiones y planes de inversión, en qué zonas de la ciudad viven.
Veríamos además el movimiento constante de pacientes, médicos y enfermeros en
los centros médicos. Veríamos igualmente en las oficinas de negocio,
de abogados y en los tribunales personas que litigian y se ponen de acuerdo. E
iríamos al aeropuerto para comprobar también un enorme ajetreo de viajeros y a
los aviones despegando y aterrizando. Y estamos hablando de una sola
ciudad: Madrid. Pero si tuviéramos que hablar de la población española, como es
el caso, tendríamos que sumar el resto de ciudades y pueblos de España.
Ahora pensemos en las palabras de Marx. Nos habla de que la población,
en este caso la población española, es la base y sujeto social de la
producción. (En la producción hay que incluir la producción propiamente dicha,
la circulación y el consumo) Y si partimos de la población en el análisis de lo
economía capitalista, tomando como ejemplo lo que hemos dicho de Madrid, es
obvio que Marx tiene razón: tendríamos una representación caótica del todo. Lo
primero que debió hacer Sacristán es examinar, primero, si Marx tenía razón o
no tenía razón: si al partir de lo concreto, esto es, de la población, tenemos
una representación caótica o no la tenemos. Pero Sacristán tomó una decisión
ontológica con transcendentales consecuencias lógicas, filosóficas y metodológicas:
Donde Marx puso a la población, con toda la enorme complejidad de
determinaciones que constituye su ser, nos puso a un individuo, el perro Boby,
carente de complejidad y con una sola determinación: ser mamífero. Sacristán no
se percató que esa decisión ontológica no era procedente bajo el punto de vista
lógico y metódico.
Surge aquí una pregunta: ¿Por qué Marx habla de concreto representado y
no de concreto percibido? La respuesta, si pensamos un poco, es fácil: nosotros
podemos percibir un perro, una plazoleta y cualquier otro ente aislado, pero lo
que no podemos percibir es a la población de España en su conjunto: no somos
dioses y no podemos estar en todos los sitios a la vez. Luego la consecuencia
epistemológica es evidente: solo podemos representárnosla. Pero esta
representación será más rica o más pobre dependiendo de la riqueza perceptiva y
conceptual de la que disponga el sujeto cognoscente.
Sigamos. Si aceptamos como cierto que, tomando como punto de partida a
la población, tendríamos una representación caótica del todo, tiene razón Marx
cuando afirma: por medio de una determinación más estricta, llegaría
analíticamente siempre más lejos con conceptos más simples. Esa es la cuestión:
¿Cómo llego más lejos en el conocimiento de la economía capitalista? ¿Partiendo
de una representación caótica o partiendo de conceptos simples? Es clara la
respuesta: partiendo de conceptos simples. (Marx llamará después a los
conceptos simples con otros dos nombres más: “determinaciones simples” y
“abstractos”. Pero yo aconsejo al lector que se quede en principio con las
denominaciones “conceptos simples” o “determinaciones simples”. Son más fáciles
de representarse y entender. Después, poco a poco, le parecerá natural emplear
abstracto, pero ya tendrá una representación más precisa de ese concepto y no
una representación intuitiva y oscura.
Sigamos oyendo a Marx: “Llegados a este punto, habría que hacer el viaje
a la inversa, hasta dar de nuevo con la población, pero esta vez no con una
representación caótica de un todo, sino con una rica totalidad de
determinaciones y relaciones diversas”. Volvamos a nuestro ejemplo del edificio
en construcción. Cuál será el mejor modo de comprender su ser y esencia.
¿Partiendo del todo o partiendo de sus determinaciones simples? No cabe duda
que el mejor método es partir de sus determinaciones simples hasta dar con su
totalidad. En esta materia será el arquitecto y el jefe de obra quienes mejor
nos puedan mostrar este proceso. Pues igual sucede con el estudio de un país
bajo el punto de vista de la economía política: hay que partir de las
determinaciones simples para llegar a la totalidad.
Volvemos de nuevo con Marx: “Los economistas del siglo XVII, por
ejemplo, comienzan siempre por el conjunto vivo: la población, la nación, el
Estado, varios Estados, etc.; pero terminan siempre por descubrir mediante el
análisis cierto números de relaciones generales abstractas que son
determinantes, tales como la división del trabajo, el dinero, el valor, etc.
Una vez que han sido más o menos fijados o abstraídos estos momentos aislados,
comienzan los sistemas económicos que se elevan de lo simple, tal como trabajo,
división del trabajo, necesidad, valor de cambio, al mismo Estado, al cambio
entre naciones y el mercado universal. El último método es manifiestamente el
método científicamente correcto”.
Observemos el cambio en las nominaciones: donde antes Marx hablaba de
determinaciones simples y conceptos simples, ahora habla de relaciones
generales abstractas y de momentos aislados; y donde antes hablaba del todo y
de lo concreto representado, ahora habla de conjunto vivo. Esta riqueza
expresiva, esta plasticidad en el uso del lenguaje, Sacristán lo vuelve fijo e
inamovible: abstracto y concreto. Con el cambio de las nominaciones, no solo
nos enriquecemos en términos lingüísticos, sino que mejoramos la representación
que tenemos de los hechos. También habla Marx de que los momentos aislados han
sido abstraídos, esto es, son resultado de un proceso de abstracción. Así que
podemos afirmar que cuando de una determinación decimos que es un abstracto, lo
podemos decir porque es resultado de un proceso de abstracción. De este modo
tenemos una concepción dinámica de lo que es un abstracto o determinación
simple
Escuchemos de nuevo a Marx. “Lo concreto es concreto, porque es la
síntesis de muchas determinaciones, es decir, unidad de lo diverso. Por eso lo
concreto aparece en el pensamiento como proceso de síntesis, como resultado, y
no como punto de partida, aunque sea el verdadero punto de partida y, por
consiguiente, el punto de partida también de la percepción y de la
representación. En el primer método, el dominante entre los economistas del
siglo XVII, la representación plena se volatiza en abstracta determinación; en
el segundo, las determinaciones abstractas conducen a la representación de lo
concreto por la vía del pensamiento. Así es como Hegel dio en la
ilusión de concebir lo real como resultado del pensamiento que se mueve en sí,
del pensamiento que se abarca y se profundiza en sí mismo”.
Tenemos otras dos nuevas formas de definición de lo concreto: síntesis
de muchas determinaciones y unidad de lo diverso. Marx no para en el movimiento
del pensamiento y, por eso, los cambios en las categorías no cesan. Eso es un
rasgo del pensamiento dialéctico. Afirma Marx que lo concreto aparece en el
pensamiento como resultado y, sin embargo, es el verdadero punto de partida. Si
tenemos en cuenta el proceso de conocimiento en su conjunto, con su etapa
sensible y su etapa teórica, debemos afirmar que el punto de partida es lo
concreto, que es el punto de partida de la percepción y de la representación.
Pero si tenemos en cuenta solo la etapa lógica o teórica del conocimiento, el
punto de partida es el concepto y su resultado es lo concreto.
Sigamos con Marx: “La más simple categoría económica, pongamos por
ejemplo el valor de cambio, supone la población, una población que produce en
determinadas condiciones y también cierta clase de familias, comunidades o
Estado. Dicho valor no puede existir de otro modo que como relación unilateral
abstracta de un todo concreto y vivo ya determinado”. Aquí la clave está en ver
que las determinaciones simples, como la división del trabajo el valor de
cambio (el dinero) no tienen existencia independiente, sino que forma parte de
una totalidad. De manera que cada determinación simple solo puede existir como
relación unilateral abstracta (o parte) de un todo concreto y vivo. Les
recuerdo el ejemplo del edificio en construcción. Una de sus determinaciones
simples eran los bloques con que se hacían las paredes. Así que los bloques
solo pueden existir como una relación unilateral abstracta del edificio del que
forman parte. Lo mismo sucede con la división del trabajo y el dinero, solo
pueden existir como partes de un todo económico concreto y vivo. No se trata
solo de que con las partes abstractas (las determinaciones simples) construyo
lo concreto, sino que solo pueden existir como partes de lo concreto. Lo
abstracto solo es abstracto como parte de un concreto, y lo concreto es solo
concreto como unidad de partes abstractas. No se deben representar como partes
separadas. Si se las concibe como partes separadas, dejan de ser abstracto y
concreto. Esto sucede con todas las relaciones: esta mesa es objeto percibido porque
yo la percibo, y yo tengo esta percepción porque esta mesa es objeto percibido.
Cada extremo de la relación lo es por medio del otro. La mesa y yo, fuera de la
relación perceptiva, es un yo en general y una mesa en general.
Me queda solo por aclarar una cosa. Decíamos que los bloques con los que
hacíamos las paredes en el edificio en construcción, son determinaciones
simples o partes abstractas del todo que constituye el edificio. Pero esos
bloques han sido suministrados por una fábrica, que constituye por sí misma un
concreto, al igual que los bloques en el ámbito de la empresa productora
constituye una unida concreta. Los bloques están hechos con arena, cemento,
grava y agua. Ahora la arena, el cemento, la grava y el agua son las
determinaciones simples o las partes abstractas del todo que constituyen los
bloques. Igual sucede en el ámbito de la economía. La división del trabajo y el
dinero, por ejemplo, son determinaciones simples o partes abstractas del todo
económico, pero la división del trabajo y el dinero son en sí mismas también
concretos. En Una investigación sobre la naturaleza y causas de la
riqueza de las naciones, Adam Smith dedica tres capítulos a la
división del trabajo, y ocupa un total de 13 páginas. En dichas páginas expone,
entre otras cosas, cómo es la división del trabajo en una pequeña manufactura
de producción de alfileres. Y a este respecto dice lo siguiente: “Un hombre
estira el alambre, otro lo endereza, un tercero lo corta, un cuarto lo afila,
un quinto lo lima en un extremo para colocar la cabeza; el hacer la cabeza
requiere dos o tres operaciones distintas, … y así la producción de un alfiler
se divide en hasta dieciocho operaciones diferentes”. En la fábrica había diez
empleados y en un día fabricaban ocho mil alfileres. Lo que trataba de
demostrar Adam Smith es que la división del trabajo permitía tres cosas: la
especialización de los operarios en una o dos o tres operaciones, reducir los
tiempos muertos del trabajo, y aumentar la capacidad de trabajo o
productividad. ¿Qué observamos? Que la división del trabajo tal y como la
expone Smith es un concreto, compuesto al menos por tres determinaciones simples:
especialización, productividad y reducción del tiempo de trabajo improductivo.
También es importante señalar que el ejemplo de la manufactura de alfileres
supone la inclusión de lo particular en la exposición del todo conceptual. Los
conceptos necesitan ser ilustrados con ejemplos particulares para ser
comprendidos. Así que la división del trabajo en relación al todo
teórico elaborado por Smith es una determinación simple, pero en relación a sí
mismo es un concreto. De manera que vuelve a cumplirse aquí lo que dijimos
antes: lo abstracto y lo concreto, lo simple y lo complejo, no son formas fijas
de los factores de la economía, sino formas móviles, y también que una misma
cosa, en este caso la división del trabajo, puede ser dos cosas contrarias: abstracto
y concreto. Así que la dialéctica no nos abandona ni un solo momento.
Hay todavía muchísimas cosas que decir de la Contribución a la
Crítica de la economía política, solo he comentado dos páginas y son
un total de diez, pero con las dichas creo que bastan para
demostrar que la razón práctica y teórica asiste a Marx y no a Sacristán. No se
puede decir todo de una vez. Cuando pretendemos decirlo todo, generamos cierto
desorden y agotamos la paciencia de los lectores. Ya habrá más ocasiones.
FIN

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