/* ELIMINACIÓN DE TEXTOS RESIDUALES EN EL MENÚ */ .label-size, .label-name, .label-count, .cloud-label-widget-content, .label-wrapper, .label-item, .label-head, .label-list, .feed-link, .show-more, .status-msg-wrap { display: none !important; visibility: hidden !important; height: 0 !important; font-size: 0 !important; /* Mata el texto aunque el contenedor no cierre */ margin: 0 !important; padding: 0 !important; } /* SI ES PUBLICIDAD DE ADSENSE MAL UBICADA */ ins.adsbygoogle[data-ad-status="unfilled"], .google-auto-placed { display: none !important; } /* ====== FORMATO FIJO PARA ENTRADAS ====== */ /* Títulos */ h1 { font-size: 2.2em; font-weight: bold; text-align: center; margin: 25px 0; color: #d32f2f; } h2 { font-size: 1.8em; font-weight: bold; margin: 20px 0; color: #333333; } h3 { font-size: 1.4em; font-weight: bold; margin: 15px 0; color: #555555; } /* Texto */ p { margin-bottom: 15px !important; line-height: 1.6; } strong { font-weight: bold; color: #002060; } em { font-style: italic; color: #444444; } /* Imágenes */ img { max-width: 100%; height: auto; display: block; margin: 15px auto; border-radius: 5px; /* opcional */ }

Menú

Slider

Libros Más Recientes

EMANCIPACIÓN DE YOUTUBE, OTRA MANERA DE VER LA ACTUALIDAD

Libros Más Leídos

Libro N° 14774. Un Artista Del Trapecio. Kafka, Franz.


© Libro N° 14774. Un Artista Del Trapecio. Kafka, Franz. Emancipación. Enero 31 de 2026

 

Título Original: © Un Artista Del Trapecio. Franz Kafka

 

Versión Original: © Un Artista Del Trapecio. Franz Kafka

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://ciudadseva.com/texto/un-artista-del-trapecio/


 

Licencia Creative Commons:

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

 

Portada E.O. de:  

https://makemake.com.co/makemake/fichas/MM0358/art/portadaOptim.jpg 

 

 

 

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

UN ARTISTA DEL TRAPECIO

Franz Kafka


 

 

 

Un Artista Del Trapecio

Franz Kafka

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

 

 

Un artista del trapecio

Franz Kafka, un escritor atormentado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Un artista del trapecio -como se sabe, este arte que se practica en lo alto de las cúpulas de los grandes circos es uno de los más difíciles entre todos los gastar al hombre- había organizado su vida de tal manera -primero por afán profesional de perfección, después por costumbre que se había hecho tiránica- que, mientras trabajaba en la misma empresa, permanecía día y noche en el trapecio. Todas sus necesidades -por otra parte muy pequeñas- eran satisfechas por criados que se relevaban a intervalos y vigilaban debajo. Todo lo que arriba se necesitaba lo subían y bajaban en cestillos construidos para el caso.

De esta manera de vivir no se deducían para el trapecista dificultades con el resto del mundo. Sólo resultaba un poco molesto durante los demás números del programa, porque como no se podía ocultar que se había quedado allá arriba, aunque permanecía quieto, siempre alguna mirada del público se desviaba hacia él. Pero los directores se lo perdonaban, porque era un artista extraordinario, insustituible. Además era sabido que no vivía así por capricho y que sólo de aquella manera podía estar siempre entrenado y conservar la extrema perfección de su arte.

Además, allá arriba se estaba muy bien. Cuando, en los días cálidos del verano, se abrían las ventanas laterales que corrían alrededor de la cúpula y el sol y el aire irrumpían en el ámbito crepuscular del circo, era hasta bello. Su trato humano estaba muy limitado, naturalmente. Alguna vez trepaba por la cuerda de ascensión alguna colega de turné, se sentaba a su lado en el trapecio, apoyado uno en la cuerda de la derecha, otro en la de la izquierda, y charlaban largamente. O bien los obreros que reparaban la techumbre cambiaban con él algunas palabras por una de las claraboyas o el electricista que comprobaba las conducciones de luz, en la galería más alta, le gritaba alguna palabra respetuosa, si bien poco comprensible.

A no ser entonces, estaba siempre solitario. Alguna vez un empleado que erraba cansadamente a las horas de la siesta por el circo vacío, elevaba su mirada a la casi atrayente altura, donde el trapecista descansaba o se ejercitaba en su arte sin saber que era observado.

Así hubiera podido vivir tranquilo el artista del trapecio a no ser por los inevitables viajes de lugar en lugar, que lo molestaban en sumo grado. Cierto es que el empresario cuidaba de que este sufrimiento no se prolongara innecesariamente. El trapecista salía para la estación en un automóvil de carreras que corría, a la madrugada, por las calles desiertas, con la velocidad máxima; demasiado lento, sin embargo, para su nostalgia del trapecio.

En el tren, estaba dispuesto un departamento para él solo, en donde se encontraba, arriba, en la redecilla de los equipajes, una sustitución mezquina -pero en algún modo equivalente- de su manera de vivir.

En el sitio de destino ya estaba enarbolado el trapecio mucho antes de su llegada, cuando todavía no se habían cerrado las tablas ni colocadas las puertas. Pero para el empresario era el instante más placentero aquel en que el trapecista apoyaba el pie en la cuerda de subida y en un santiamén se encaramaba de nuevo sobre su trapecio. A pesar de todas estas precauciones, los viajes perturbaban gravemente los nervios del trapecista, de modo que, por muy afortunados que eran económicamente para el empresario, siempre le resultaban penosos.

Una vez que viajaban, el artista en la redecilla como soñando, y el empresario recostado en el rincón de la ventana, leyendo un libro, el hombre del trapecio le apostrofó suavemente. Y le dijo, mordiéndose los labios, que en lo sucesivo necesitaba para su vivir, no un trapecio, como hasta entonces, sino dos, dos trapecios, uno frente a otro.

El empresario accedió en seguida. Pero el trapecista, como si quisiera mostrar que la aceptación del empresario no tenía más importancia que su oposición, agregó que nunca más, en ninguna ocasión, trabajaría únicamente sobre un trapecio. Parecía horrorizarse ante la idea de que pudiera acontecerle alguna vez. El empresario, deteniéndose y observando a su artista, declaró nuevamente su absoluta conformidad. Dos trapecios son mejor que uno solo. Además, los nuevos trapecios serán más variados y vistosos.

Pero el artista se hizo eco de llorar de pronto. El empresario, profundamente conmovido, se levantó de un salto y le preguntó qué le ocurría, y como no recibiera ninguna respuesta, se subió al asiento, lo acarició y abrazó y estrechó su rostro contra el suyo, hasta sentir las lágrimas en su piel. Después de muchas preguntas y palabras cariñosas, el trapecista exclamó, sollozando:

-Sólo con una barra en las manos, ¡cómo podría yo vivir!

Entonces, ya fue muy fácil al empresario consolarlo. Le prometió que en la primera estación, en la primera parada y fonda, telegrafiaría para que instalasen el segundo trapecio, y se reprochó a sí mismo duramente la crueldad de haber dejado al artista trabajar tanto tiempo en un solo trapecio. En fin, le dio las gracias por haberle hecho observar al cabo aquella omisión imperdonable. De esta suerte, pudo el empresario tranquilizar al artista y volverse a su rincón.

En cambio, él no estaba tranquilo; con grave preocupación espiaba, a hurtadillas, por encima del libro, al trapecista. Si semejantes pensamientos habían comenzado a atormentarlo, ¿podrían ya cesar por completo? ¿No seguirían aumentando día por día? ¿No amenazarían su existencia? Y el empresario, alarmado, creyó ver en aquel sueño, aparentemente tranquilo, en que habían terminado los lloros, comenzando a dibujarse la primera arruga en la lisa frente infantil del artista del trapecio.

 

ALETA


“Erstes Leid”,
Genio , 1923

 

Franz Kafka, un escritor atormentado

 

Kafka plasmó sus más íntimos sentimientos en su obra, que fue prácticamente en su totalidad publicada póstumamente a pesar del deseo del escritor checo de verla destruida tras su muerte.

 

J. M. Sadurní

Especialista en actualidad histórica

Actualizado a 28 de mayo de 2024 · 09:26 · Lectura:6 min

·     

Al igual que Gregorio Samsa, el protagonista de La Metamorfosis, una de las obras más famosas del escritor checo Franz Kafka, este murió en el anonimato el 3 de junio de 1924 a causa de una tuberculosis.

A pesar de que su vida personal fue tan tormentosa como refleja su obra, Kafka fue en realidad un hombre agradable y de trato fácil. Poseía un sentido del humor que fascinaba a sus amigos, casi todos intelectuales judíos con los que asistía a conferencias en Praga. En una de ellas conoció al escritor Max Brod, quien a la postre se convertiría en su mejor amigo y, a su muerte, en un "traidor".

Agradable, pero incomprendido

Franz Kafka fue el mayor de seis hermanos y de él se esperaba que en un futuro se hiciera cargo del negocio familiar. Pero los planes del joven eran bien distintos, lo que provocó un violento enfrentamiento con su padre, un hombre dominante y de carácter irascible. Sintiéndose incomprendido, Kafka ocultó sus sentimientos reales en una especie de caparazón para que nadie lo tildara de "bicho raro". Tras abandonar el hogar familiar, plasmó sus emociones más íntimas en La metamorfosis, obra publicada en 1915.

Sintiéndose incomprendido, Kafka ocultó sus sentimientos reales en una especie de caparazón para que nadie lo tildara de "bicho raro".

Anteriormente había publicado La condena (1913), donde narra la historia de un padre ya viejo y aparentemente enfermo que logra recobrar de repente la vitalidad y su autoridad opresiva para maldecir a su hijo, que tan sólo deseaba vivir su propia vida. La particularidad de esta obra es que fue escrita de una tirada, desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana. Según cuenta Kafka en su diario personal, cuando la terminó temblaba y tenía las piernas entumecidas de estar tanto tiempo sentado; las pocas fuerzas que le quedaban las aprovechó para irse a la cama y dormir de un tirón.

Según cuenta Kafka en su diario personal, escribió su obra 'La condena' de una tirada, desde las diez de la noche hasta las seis de la mañana.

Otra de las grandes obras de Kafka es El proceso, libro que se publicó póstumamente en 1925 gracias a su amigo Max Brod. De no haber sido así, esta obra se hubiera perdido para siempre por expreso deseo del autor. La novela empieza con el arresto de Joseph K. en su casa acusado por por un desconocido de un crimen del que tampoco sabe nada. Desde ese momento, K. se adentra en una auténtica pesadilla. Ante unos jueces enigmáticos que aparentemente ignoran los detalles del caso, K. acaba repasando su vida en busca de algún hecho que sea merecedor de la denuncia y su posterior detención. La inaccesibilidad de las altas instancias de la justicia y del Estado atrapará al protagonista en un laberinto desmoralizante.

 

Foto: CC

Buscando el amor

Kafka nació en el antiguo gueto de Praga y a pesar de que su padre trató de alejarse de la comunidad judía y de que su familia fuera declarada oficialmente checa, Franz se interesó por un tipo concreto de judaísmo: el jasídico, que daba una especial importancia a lo místico y a lo sobrenatural. Aún así también estuvo abierto a otros movimientos como el sionismo, que defendía la creación de un Estado judío en Israel.

Aunque Kafka tuvo cuatro parejas, nunca consiguió tener una relación estable hasta conocer a Dora Diamant. Su primera novia se llamaba Felice Bauer y era hija de un comerciante berlinés; la joven deseaba casarse, pero Kafka no tenía clara la relación. Más tarde conoció a Julie Wohryzek, descendiente de un zapatero judío, lo que fue suficiente que el padre de Franz se opusiera al compromiso entre ambos y acabara forzando su ruptura. Su relación con la periodista checa Milena Jesenká fue prácticamente epistolar y sólo se vieron en dos ocasiones, motivo por cual su relación acabó diluyéndose. La última, Dora Diamant, era hija de un comerciante judío y le acompañaría hasta el final de sus días. Fue con Dora con quien seguramente el escritor pudo por fin entablar una auténtica relación de pareja. Gracias a ella se mudaron a Berlín, donde, a pesar de vivir de manera muy austera, fueron realmente felices. Uno de sus sueños era instalarse en Palestina y abrir un restaurante en el que ella sería la cocinera y él, camarero. Sueño que finalmente no pudieron cumplir.

Uno de los sueños de Kafka y Dora era instalarse en Palestina y abrir un restaurante en el que ella sería la cocinera y él, camarero.

A mediados de agosto de 1917, empezó para Kafka su peor pesadilla cuando se despertó en mitad de la noche vomitando sangre. Su diagnóstico de tuberculosis, una enfermedad bastante extendida por aquel entonces y que era prácticamente incurable, lo llevó de balneario en balneario. Según su biógrafo, Radek Malý, Kafka "luchó contra la tuberculosis durante los siguientes siete años, lo que cambió radicalmente su forma de vida".

Un final agónico

En una carta escrita por el propio Kafka a Milena Jesenká desde un sanatorio en el norte de Italia, le preguntaba: "Quién me soportará en el hotel si toso como ayer, de 9:45 a 11:00, ininterrumpidamente. Luego me duermo, y hacia las 12:00 doy vueltas y más vueltas en la cama y vuelvo a toser hasta la una". Mientras los pacientes tomaban el sol y seguían sus estrictas dietas, Kafka se dedicaba a la lectura y la correspondencia.

En un sanatorio en el norte de Italia, mientras los pacientes tomaban el sol y seguían sus estrictas dietas, Kafka se dedicaba a la lectura y la correspondencia.

Al salir del sanatorio, Franz se instaló en una casa que su hermana tenía en el campo y en la que escribió El castillo. Durante el mes de abril de 1924, la tuberculosis le obligó a ingresar de nuevo en un sanatorio, esta vez en el de Kierling, Austria, donde el 3 de junio de 1924, moría en brazos de su amada Dora. Según palabras de la propia Dora: "Un día vivido con Franz supera todo lo que jamás hubiera escrito".

El "albacea"

¿Pero alguien se imagina el mundo de la literatura sin la obra de Franz Kafka? Pues no la conoceríamos en su totalidad si su íntimo amigo, Max Brod, hubiera hecho caso del último deseo del autor: "Mi última petición. Todo lo que dejo atrás [...] en forma de cuadernos, manuscritos, cartas, borradores, etcétera, deberá incinerarse sin leerse y hasta la última página". Estas son las palabras que Brod halló escritas entre los archivos de casa del escritor. Durante su enfermedad, Kafka, no sabía si se recuperaría y le dijo a su amigo que los únicos libros que debían sobrevivirle eran La condena, El fogonero, La metamorfosis, En la colonia penal, Un médico rural y Un artista del hambre.

"Mi última petición. Todo lo que dejo atrás [...] en forma de cuadernos, manuscritos, cartas, borradores, etcétera, deberá incinerarse sin leerse y hasta la última página".

Kafka era incapaz de destruir su obra e hizo recaer dicha responsabilidad en la persona de su intimo amigo, Max Brod. Tras el entierro del escritor, su padre firmó un contrato por el que otorgaba a Brod el derecho a publicar póstumamente todas las obras de Franz Kafka. En palabras de Brod: "Debería haber designado a otro albacea si estaba total y completamente decidido a que se cumplieran sus instrucciones". Brod pasó el resto de su vida ensalzando la figura de su fallecido amigo, al cual calificó como: "El más profético (y perturbador) cronista del siglo XX".

 

Fuente:

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/franz-kafka-escritor-atormentado_15357



FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Suscripcion

📚 Biblioteca Emancipación

Accede y recibe automáticamente cada nuevo libro publicado

Suscríbete gratis

📩 Contacto: emancipacionbiblioteca@gmail.com