El certificado de nacimiento del comunismo científico
Después de la conclusión del segundo congreso de la Liga Comu-nista, Marx regresó a Bruselas en diciembre, y Engels a París. Su tarea —la elaboración conjunta del programa de la Liga— resultó
Friedrich Lessner: Antes y después de 1848. En Deutsche worte, Monats-hefte, Viena, marzo de 1898.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 106
obstaculizada por la distancia que los separaba. Así fue que Marx recibió un recordatorio de la dirección Central de Londres, a finales de enero de 1848, en el sentido de que debía enviar el manuscrito lo antes posible, pues de lo contrario "se tomarían nuevas medidas contra él".119 Pero precisamente en ese momento el precioso ma-nuscrito ya viajaba a Londres. Allí se imprimió en una pequeña imprenta de Bishopsgate, del 46 de la calle Liverpool. Friedrich Lessner tomó las medidas necesarias, Karl Schapper leyó las prue-bas, y a finales de febrero apareció el folletito, de aspecto nada im-presionante, de veintitrés páginas: Manifest der Kommunistischen Partei, Manifiesto del Partido Comunista. Sólo unos pocos cente-nares de ejemplares pudieron entregarse a las organizaciones de la Liga Comunista, para pasarlos de mano en mano. Sin embargo, con ese librito, Marx y Engels habían producido una obra que hizo his-toria, en el sentido verdadero y literal, como ninguna otra, una obra que mostró su vitalidad desde entonces, y que sigue mostrándola todos los días, en nuestra propia época.
¿Qué otorgaba a esa obrita tan grande importancia histórica?
El Manifiesto del Partido Comunista era el primer documento pro-gramático del comunismo científico. Marx y Engels formulaban en él, en lenguaje maestro, todo lo que habían absorbido en materia de conocimientos científicos y experiencias prácticas entre 1843 y 1848, incluidas las experiencias de toda la clase obrera. Presenta-ban en el Manifiesto una exposición sistemática, comprimida, de los fundamentos de su teoría: el materialismo dialéctico, la econo-mía política, las enseñanzas de la lucha de clases y el socialismo científico. En contradicción con los embustes y calumnias, los cuentos de hadas y las utopías sobre el comunismo, anunciaban con audacia y en público el papel histórico de la clase obrera, la direc-ción y la meta de sus luchas.
"Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una santa cruzada
119 Die Zentralbelörde an die Kreisbehörde Brüssel, 26 de enero de 1848. En Carlos Marx: Enthüllungen über den Kommunistenprozess zu Köln, Berlín, 1914, pág. 14.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 107
contra ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radi-cales franceses y la policía alemana...
"De este hecho surgen dos conclusiones.
"Las potencias europeas ya reconocen el comunismo como una fuerza.
"Ya es hora de que los comunistas publiquen abiertamente, frente al mundo entero, sus concepciones, sus objetivos, sus tendencias, y encaren ese cuento de hadas del Fantasma del Comunismo con un Manifiesto del partido mismo."120
Con estas impresionantes palabras, Marx y Engels iniciaban su tra-bajo programático.
En el primer capítulo del Manifiesto mostraban el papel decisivo, de empuje, de la lucha de clases en la historia humana. Mostraban que al comienzo el capitalismo trasformó la vida de la sociedad de manera revolucionaria, en la lucha contra el feudalismo; que co-menzó como una clase progresista, pero que ahora estaba destinada a convertirse cada vez más en un freno del desarrollo social. Las crisis económicas y las guerras, en las cuales las fuerzas producti-vas eran destruidas en masse, lo habían demostrado de manera convincente.
Analizaban luego la esencia de la esclavitud asalariada capitalista y las etapas de las luchas del proletariado contra la burguesía. Mos-traban que con el desarrollo de la industria capitalista el proletaria-do también crece, por fuerza, y se agudizan el antagonismo y la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía. Esta última, con férrea inevitabilidad, engendra sus propios enterradores. El proletariado se organiza en la lucha de clases. Se desarrolla en el plano político y adquiere conciencia del potencial y de la fuerza que residen en su unidad revolucionaria. Por último, el desarrollo de la lucha de clases conduce al hecho de que la guerra civil, que en la sociedad capitalista se encuentra más o menos oculta, "estalla
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 41.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 108
en revolución abierta... y el derrocamiento violento de la burguesía sienta las bases para el dominio del proletariado".121
De este modo mostraban a la clase obrera, en el Manifiesto, la inevitabilidad de la derrota del capitalismo. Pero ante todo mostra-ban que aquélla tenía la obligación de prepararse para la lucha re-volucionaria contra el capitalismo y para el derrocamiento de la burguesía. Describían el camino que debía seguirse y los métodos que tenía que utilizar la clase obrera en el establecimiento de su régimen y el cumplimiento de su misión como creadora de la so-ciedad socialista y comunista.
Marx y Engels enseñaban que ―el primer paso en la revolución, por la clase obrera, consiste en elevar al proletariado a la posición de clase dominante",122 lo cual significaba la conquista del poder polí-tico. Al mismo tiempo subrayaban el carácter auténticamente de-mocrático de esa "elevación del proletariado a la situación de clase gobernante" y la describían como la triunfadora en "la batalla de la democracia",123 como el régimen de las masas de la población trabajadora sobre una pequeña minoría de explotadores. Como es-cribió Lenin más tarde, Marx y Engels desarrollaron de ese modo "una de las más notables y más importantes ideas de marxismo so-bre el tema del Estado, a saber, la idea de la dictadura del proleta-riado".124
¿Pero con qué fin debía utilizar la clase obrera el poder del Estado? Marx y Engels declaraban con energía, en el Manifiesto: "El prole-tariado utilizará su supremacía política para arrancar, poco a poco, todo el capital a la burguesía, para centralizar todos los instrumen-tos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 63.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 79.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 79.
V. I. Lenin: El Estado y la revolución, en Obras escogidas, Editorial Pro-greso, Moscú, 1967, vol. 2, pág. 283.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 109
organizado como clase gobernante, y para acrecentar el total de las fuerzas productivas, con tanta rapidez como sea posible".125
Presentaban a los obreros, ante todo, la necesidad de usar el poder estatal con decisión, y de ofrecer un completo apoyo a las medidas de su Estado. Resultaba en especial importante prestar la máxima atención a las medidas en el terreno económico, pues eran decisi-vas para la consolidación del Estado proletario. La producción en la tierra y en la industria debía ser aumentada por todos los medios de que se dispusiera. Ello exigía una acción "en consonancia con un plan común".126
Al mismo tiempo, Marx y Engels advertían a la clase obrera que con la trasformación económica también debían producirse cam-bios revolucionarios en la vida cultural e ideológica de la sociedad. El proletariado tenía que abolir los privilegios educacionales de la clase gobernante, y vincular la educación de los niños con la parti-cipación en la producción material. "La revolución comunista — escribían los dos amigos— es la ruptura más radical respecto de las relaciones de propiedad tradicionales; no es extraño que su desarro-llo implique la ruptura radical con las ideas tradicionales."127
De tal manera, el Manifiesto del Partido Comunista planteaba a la clase obrera la gran misión de trasformar en sus fundamentos la vida material e intelectual de la sociedad, y construir el socialismo.
"En lugar de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y su an-tagonismo de clases —predecían Marx y Engels—, tendremos una asociación en la cual el libre desarrollo de cada uno sea, la condi-ción para el libre desarrollo de todos."128
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 79.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 81.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 79.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 76.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 110
Con el socialismo se inicia una nueva época para la humanidad, la época en que el ser humano puede ser, por primera vez, realmente humano.
Marx y Engels entendían esa época, en la cual el tono lo fija el ré-gimen de la clase obrera y de las masas laboriosas, como una nueva era para el desarrollo de los pueblos y las naciones. Con la conquis-ta del poder político, el proletariado se convierte en "clase nacio-nal".129 Ocupa la dirección de la nación, y se impregna de una perspectiva en todo sentido nueva, optimista. "En la medida en que desaparece un antagonismo entre las clases, en el seno de la nación, la hostilidad de una nación contra otra también toca a su fin."130 Sobre la base de su investigación científica del pasado y el presen-te, Marx y Engels predicen que en un mundo socialista no existirán guerras sanguinarias entre los pueblos, tales como las que provoca el capitalismo. La clase trabajadora dará una paz eterna a la huma-nidad. De tal forma, los comunistas demuestran que son verdaderos patriotas y verdaderos hijos de sus pueblos.
En el Manifiesto, Marx y Engels subrayaban el punto de vista que ya habían concretado en la práctica: el de que la clase trabajadora necesita un partido ideológicamente esclarecido, disciplinado y bien organizado, si quiere ponerse a la altura de su responsabilidad ante la historia de la nación. El partido es a su vez una parte de la clase obrera, pues los comunistas "no tienen intereses separados de los proletariados en conjunto".131 Pero el partido debe unir los me-jores elementos y cualidades de la clase obrera. Es la vanguardia organizada y consciente de las masas proletarias, que se encuentra a la cabeza de la lucha y dirige a la clase. El partido obrero revolu-cionario puede hacerlo porque tiene, "sobre la gran masa del prole-tariado, la ventaja de entender con claridad la orientación de la
129 Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Edito-rial Progreso Moscú, pág. 76.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 77.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 65.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 111
marcha, las condiciones y los resultados generales definitivos del movimiento proletario".132
Si el partido de la clase obrera desea dirigir al proletariado con éxi-to, jamás debe encerrarse en sí, de manera sectaria, sino que tiene que estar estrechamente unido a las masas, basarse en ellas y aprender de sus experiencias. Al mismo tiempo, el partido debe combatir la ideología burguesa y su influencia sobre la clase obre-ra. Por tal razón, el Manifiesto, con ingenio y sarcasmo, criticaba las distintas formas de la ideología burguesa y las anticuadas y an-ticientíficas "teorías" y "sistemas" socialistas y comunistas.
Los creadores del Manifiesto también mostraban que los trabajado-res de todos los países, enfrentados a la misma situación, y que por lo tanto comparten intereses y objetivos comunes, necesitan, de forma inevitable, una acción y una solidaridad comunes. Por lo tan-to el Manifiesto subrayaba que los comunistas, "en las luchas na-cionales de los proletarios de los distintos países... señalan y ponen en primer plano los intereses comunes de todo el proletariado, con independencia de cualquier nacionalidad".133 Con especial énfasis, Marx y Engels mostraban la necesidad de proteger la unidad del movimiento proletario, y de unir las tareas del proletariado de un país a los objetivos generales del movimiento obrero internacional. Por eso los comunistas luchan "por el logro de objetivos inmedia-tos, por la concreción de los intereses momentáneos de la clase obrera; pero en él movimiento del presente también representan y se ocupan del futuro de ese movimiento".134
Por último, Marx y Engels estudiaban, en el Manifiesto, los pro-blemas revolucionarios que debían solucionarse en Alemania. Sub-rayaban la obligación de los comunistas, de respaldar "todos los movimientos revolucionarios contra el orden de cosas social y
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 66.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. pág. 65.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 101.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 112
político existente".135
Escribían: "En Alemania luchan con la burguesía siempre que ac-túe en forma revolucionaria contra la monarquía absoluta, la aris-tocracia feudal y la pequeña burguesía. Pero nunca, ni por un solo momento, dejan de infundir en la clase trabajadora el más claro conocimiento posible del antagonismo hostil que existe entre la burguesía y el proletariado... para que, después de la caída de las clases reaccionarias en Alemania, pueda comenzar en seguida la lucha contra la propia burguesía".136
De tal manera, Marx y Engels ofrecían a la clase obrera alemana las líneas orientadoras para las inminentes luchas revolucionarias.
En todo momento entendieron la revolución alemana como parte del movimiento revolucionario general europeo. Abrigaban en esa época la esperanza de que estallara en Inglaterra una revolución de carácter proletario, y de que una oleada revolucionaria en Francia llevara de pronto al dominio de la clase obrera y de la clase media. En tales condiciones, esperaban que la cercana revolución burguesa en Alemania pudiera ser "el preludio a una revolución proletaria que siguiese poco después".137
Esta concepción resultó ser prematura, pues el nivel de desarrollo económico en 1848, como escribió Engels más tarde, "no estaba aún lo bastante maduro, ni con mucho", ni siquiera en los países europeos más avanzados, "para la abolición de la producción capi-talista.138 Ello no obstante, estos pensamientos teóricos de Marx y Engels fueron de valor permanente para la futura estrategia del movimiento obrero internacional.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 103.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 102.
Carlos Marx/Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso Moscú, pág. 103.
Federico Engels: Introducción a Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850, MEW, vol. 22, pág. 515.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 113
Cada una de las líneas del fascinador Manifiesto, de impresionante redacción, estaba impregnada de un partidismo abierto y de pasión revolucionaria. Las últimas frases de este programa de lucha eran como un toque de clarín:
"Que las clases gobernantes tiemblen ante una revolución comunis-ta. Los proletarios nada tienen que perder, salvo sus cadenas. Tie-
nen un mundo por ganar. ¡Trabajadores de todos los países, uní-os!"139
El Manifiesto del Partido Comunista fue el certificado de naci-miento del comunismo científico. Sus creadores fueron hijos del pueblo alemán. Marx y Engels habían absorbido los últimos descu-brimientos de la ciencia internacional en el campo de la filoso-fía, la economía política, la historiografía, así como del socialismo y el comunismo. Analizaron en forma crítica las ideas más avanza-das de esos terrenos, en términos de la historia y de la práctica so-cial contemporánea. Al mismo tiempo llevaron adelante las mejo-res tradiciones humanistas, científicas y revolucionarias del pueblo alemán. En ese proceso de avance del descubrimiento, desarrolla-ron concepciones que por primera vez crearon una base científica para las más variadas ramas del conocimiento. Por medio de exac-tas pruebas científicas, elevaron, al mismo tiempo, la teoría revolu-cionaria a un nivel nuevo en todo sentido. Estas concepciones transformadoras tuvieron su expresión clásica en el Manifiesto del Partido Comunista.
Carlos Marx / Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 103.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 114
CAPÍTULO III.
1848-1849
Estalla la revolución - El programa de acción nacional - Director en jefe del Neue Rheinische Zeitung - En la lucha frente a la contrarrevo-lución en avance - En la lucha por un partido obrero nacional - El úl-timo número rojo
Estalla la revolución
A finales de febrero de 1848, cuando los primeros ejemplares del Manifiesto del Partido Comunista comenzaban a salir de las pren-sas, la noticia del estallido de la revolución en París llegó a oídos de Marx, en Bruselas, y de los dirigentes de la Liga Comunista en Londres. Friedrich Lessner, uno de los precursores del movimiento obrero alemán, escribió, una década más tarde, acerca de ese día inolvidable: "No puedo describir el enorme impacto que ese infor-me ejerció sobre nosotros. Se apoderó de nosotros un frenesí de entusiasmo. Sólo un sentimiento, un único pensamiento nos hen-chía: ¡dedicar la vida y las posesiones a la emancipación de la hu-manidad!" 140
Lo mismo que en Londres, así también en Bruselas. También allí las noticias de que el proletariado había derribado al "rey de los banqueros", Luis Felipe, encendió las imaginaciones.
Las masas populares, a pesar de la gendarmería y de los militares, se habían adueñado de las calles y plazas. La gente gritaba Vive la
140 Friedrich Lessner: Vor 1848 un nachher. In Deutsche Worte, marzo de
1898, pág. 109.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 115
République, cantaba la Marsellesa, empujaba, tironeaba y era em-pujada‖,141 así escribía Engels, quien fue expulsado de París a fina-les de enero y que entonces se encontraba una vez más en Bruselas. Por fin había llegado el día —el día tan ansiado por Marx y sus camaradas— en que las masas populares decidían actuar y las co-lumnas de la reacción comenzaban a tambalearse.
Marx se precipitó sobre todos los periódicos que se encontraban al alcance de sus manos, siguió de cerca los últimos informes de Pa-rís, mantuvo correspondencia con las organizaciones de la Liga Comunista, consultó con ellas, lo mismo que con sus amigos de entre los demócratas burgueses. Estudió, con paciencia y expectati-va, cada uno de los informes que salían de Alemania o que se refe-rían a ella.
El estallido de la revolución no le sorprendió. Hacía tiempo que lo había profetizado, y se preparó para él junto con Engels. Pero ahora que llegaba se hizo claro, muy pronto, que el movimiento revolu-cionario tenía sus aspectos especiales en cada uno de los países, y que desdeñarlos resultaría catastrófico para la revolución.
En los principados italianos —casi siempre con armas en la mano—, el pueblo había podido arrancar constituciones liberal-burguesas a sus monarcas. En París, el pueblo logró la proclama-ción de una república en batallas armadas, en las barricadas.
Aunque los obreros franceses, henchidos de ilusiones, imaginaban que habían conseguido una "república social", en realidad no era más que una república burguesa, como muy pronto lo advertiría el proletariado parisiense. A finales de febrero el movimiento revo-lucionario también comenzó a hacer presa de los Estados del sur y centro de Alemania, Hungría, Bohemia y Polonia. En pocas sema-nas adquirió un carácter europeo.
Pero la reacción no descansaba. Marx lo aprendería a costa de su propio pellejo. En tanto que la burguesía belga negociaba con el rey, este último hizo que sus tropas rodeasen la capital y las envió,
141 Friedrich Lessner: Vor 1848 un nachher. In Deutsche Worte, marzo de
1898, pág. 109.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 116
con violencia armada, contra las masas populares. El gobierno tra-taba, en especial, de provocar a los extranjeros que vivían en Bru-selas, y ante todo a los trabajadores y emigrantes políticos alema-nes. Wilhelm Wolff fue arrestado sin motivo alguno, maltratado y expulsado.
A la luz de estos sucesos, los emigrantes alemanes en Bruselas, los comunistas tanto como los demócratas, comenzaron a estrechar fi-las con más firmeza aun, junto a los demócratas belgas, en accio-nes comunes. Marx, que unos pocos días antes había recibido por fin una importante suma de dinero como herencia de su padre, con-tribuyó con miles de francos para armar a los obreros de Bruselas. Lo hizo con pleno consentimiento de su esposa, quien ahora, luego de años de profunda pobreza, abrigaba por fin la esperanza de una seguridad material, pero que no vaciló en sacrificar sus intereses personales a las necesidades del movimiento revolucionario.
Junto con su actividad en la Asociación Democrática, el grueso de las energías de Marx lo exigía la Liga Comunista. El 27 de febrero recibió una comunicación del buró central de la Liga en Londres, en el sentido de que, en vista de los acontecimientos revoluciona-rios del continente, habían trasladado su autoridad a la dirección del distrito en Bruselas. De tal manera, al comienzo de la revolu-ción, Marx y Engels se encargaron de la jefatura directa de la Liga Comunista. En el acto Marx convocó a los miembros de la direc-ción, y consultó con ellos acerca de las medidas que era preciso adoptar.
Los sucesos se apiñaban uno tras otro. A comienzos de marzo, Marx recibió una respetuosa invitación del gobierno republicano provisional: "Valiente y recto Marx, el suelo de la República Fran-cesa es un Estado libre para todos los amigos de la libertad. El po-der tiránico te expulsó, la libre Francia te vuelve a abrir sus puer-tas".142 Marx aceptó la invitación, pues todo lo atraía hacia París, vitrina de exposición de la revolución.
El 3 de marzo, precisamente el día en que llegó la invitación de
Carlos Marx: Herr Vogt. MEW vol. 14, pág. 676.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 117
París, Marx recibió una orden de la policía belga, a última hora de la tarde, en el sentido de que debía abandonar el país en un plazo de 24 horas. Los miembros del buró central de la Liga Comunista, que se acababa de constituir, se reunieron en el acto en el hogar de Marx, le entregaron todos sus poderes y lo autorizaron a instalar un nuevo buró central en París. Cuando salían de la casa, la policía se introdujo en ella por la fuerza y arrestó a Marx. Los ultrajes poli-ciales que siguieron fueron descritos por Marx, unos días después, en un periódico francés:
"El 3 de marzo, después de recibir a las cinco de la tarde una orden de abandonar el reino belga en un plazo de 24 horas, y mientras me encontraba ocupado, esa misma noche, con los preparativos pa-ra mi viaje, un comisario de policía se introdujo por la fuerza en mi casa, acompañado por diez policías, saqueó todo mi hogar y luego me arrestó, so pretexto de que carecía de documentos...
"Inmediatamente después de mi arresto, mi esposa visitó al presi-dente de la Sociedad Democrática de Bélgica, Monsieur Jottrand, para pedirle que tomara las medidas necesarias. Con exquisita cor-tesía, declaró que ella no tenía más que seguirlo, si deseaba hablar con Herr Marx. Mi esposa aceptó la invitación de buena voluntad. Se la llevó al departamento central de policía, y allí el comisario declaró al comienzo que Herr Marx no se encontraba en ese lugar. Luego le preguntó con rudeza quién era, y qué tenía que ver Herr Jottrand, y si llevaba sus documentos encima... So pretexto de va-gabundaje, mi esposa fue llevada a la prisión del municipio y ence-rrada con prostitutas en una sala oscura. A las once de la mañana, a plena luz del día, se la condujo, con escolta de gendarmes, a la ofi-cina del juez investigador. Durante dos horas, a pesar de vehemen-tes protestas provenientes de todos los sectores, se la mantuvo ais-lada. Así permaneció a pesar del tiempo inclemente y de las grose-ras bromas de los gendarmes.
"Por último compareció ante el juez investigador, quien se mostró muy asombrado de que la policía, en su generosidad, no hubiese arrestado también a los niños pequeños. El interrogatorio no podía ser otra cosa que una farsa, y el resumen y sustancia del delito de
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 118
mi esposa consistían en que, a pesar de pertenecer a la aristocracia prusiana, compartía los puntos de vista democráticos de su esposo.
"No deseo entrar en todos los detalles de este escandaloso asunto. Sólo quiero mencionar que después de ponemos en libertad, las 24 horas habían expirado, y que tuvimos que partir sin poder llevamos ni siquiera los objetos necesarios."143
A su llegada a París, Marx buscó en seguida a sus amigos que vi-vían allí. Se vio más bien sorprendido ante la "embriaguez revolu-cionaria" que se había subido a la cabeza de algunos de ellos, y que los sedujo y arrastró a peligrosas posturas revolucionarias. Empu-jados por la impaciencia y la nostalgia del hogar, sentían que la re-volución en Alemania no avanzaba con la suficiente rapidez. Mu-chos obreros y artesanos alemanes respaldaban la actitud de demó-cratas pequeñoburgueses como Bornstedt y Herwegh, quienes lla-maban a los emigrantes a formar cuerpos de voluntarios y llevar la libertad a Alemania en la punta de sus bayonetas. Se unieron en una organización, la Sociedad Democrática Alemana, establecieron una Legión Alemana y se prepararon para una incursión militar en Alemania. Marx se opuso a estos planes aventureros, inclusive aunque algunos de ellos lo acusaron de cobardía. El 6 de marzo ha-bló al respecto ante una reunión de obreros alemanes. Sebastian Seiler, entonces miembro de la Liga Comunista y conocido de Marx, escribió más tarde:
"Los socialistas y comunistas hablaron con firmeza contra toda in-tervención armada, desde afuera, en favor de una república alema-na. Realizaron mítines abiertos en la Rue St. Denis, a los cuales concurrieron también algunos de los integrantes de los futuros cuerpos de voluntarios. En una de esas reuniones Marx, en una pro-longada intervención, desarrolló el tema de que la revolución de febrero sólo podía considerarse un preliminar del movimiento eu-ropeo. En poco tiempo estallaría allí, en París, la lucha abierta entre el proletariado y la burguesía, cosa que se confirmó en julio. La
Carlos Marx: Carta al director del periódico "La Réforme", MEW, vol. 4, páginas 537-538.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 119
derrota o victoria de la Europa revolucionaria dependerían del re-sultado de esa lucha."144 También en Alemania, Marx estaba segu-ro de ello, las contradicciones internas entre las clases hostiles con-ducirían a un levantamiento revolucionario del pueblo. Ese inmi-nente estallido revolucionario sólo sería puesto en peligro por una intrusión armada desde el exterior, pues la reacción alemana explo-taría en el acto esa intervención, con fines nacionalistas y para los intereses contrarrevolucionarios.
El 8 de marzo, por iniciativa de Marx, las cuatro filiales de París de la Liga Comunista decidieron organizar un Club de Obreros Ale-manes, público, como contrapeso de la Sociedad Democrática Ale-mana. El 9 de marzo Marx presentó un proyecto de estatutos del Club.
Entre tanto, Schapper, Moll y Heinrich Bauer llegaron de Londres, y Wilhelm Wolff y el tipógrafo Karl Wallau, de Bruselas. El 10 de marzo, junto con Marx y Engels, se constituyeron como nuevo bu-ró central de la Liga Comunista. Marx fue nombrado presidente, y Schapper secretario. Engels, quien aún se encontraba en Bruselas, fue designado miembro del buró central. El 21 de marzo llegó también a París.
Los miembros del buró central se reunían casi todos los días para discutir los pasos siguientes. Se dedicó gran atención a Alemania y a dos de sus mayores Estados: Prusia y Austria. Por fin llegaron las noticias: el 13 de marzo los trabajadores de Viena habían levantado barricadas. El odiado canciller Metternich había sido derribado y sólo salvó su vida con la fuga. El rey de los Habsburgo se vio obli-gado a nombrar un ministerio de liberales burgueses.
Las batallas revolucionarias llegaron a su culminación pocos días después, el 18 de marzo, en las calles de Berlín. Luego de encona-das luchas callejeras de 16 horas de duración, los obreros, artesa-nos, pequeñoburgueses y estudiantes berlineses triunfaron sobre "el gran ejército" del rey. Mostraron que las masas populares pueden
Sebastian Seiler: La conspiración del 13 de junio de 1849. Contribución a la historia contemporánea. Hamburgo, 1850, pág. 21.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 120
lograr cualquier cosa cuando están unidas y actúan con decisión.
Aunque el rey había lanzado al combate tropas de élite, los obreros, en especial, mostraron una valentía sin precedentes, y fueron ma-yoría entre los luchadores de las barricadas. Lanzaron muchos contraataques, superaron inclusive a los cañones y usaron la noche del 19 de marzo para fortalecer sus posiciones. La empecinada re-sistencia obligó en algunos casos, a los soldados, a negarse a obe-decer a sus oficiales. Firmes ante todos los esfuerzos de la Corte para engañarlos, los combatientes de las barricadas exigieron la retirada total de los militares de Berlín. Su decisión obligó al rey a retirar sus tropas de la ciudad, el 19 de marzo. Más aun, el mismo día el pueblo victorioso llevó sus muertos a los terrenos del pala-cio e impuso al rey, por lo general tan altanero, la obligación de inclinar la cabeza descubierta ante los luchadores caídos en las ba-rricadas. Era el símbolo de la gran derrota que la Prusia feudal ha-bía sufrido a manos de las masas revolucionarias.
Las batallas de las barricadas berlinesas del 18 de marzo fueron el apogeo de la revolución en Alemania. En pánico y terror, el rey Hohenzollern dijo que Prusia se disolvería en el seno de Alemania, y reiteró sus promesas anteriores de introducir reformas liberales. Antes de finales de enero se estableció un nuevo ministerio, enca-bezado por Camphausen y Hansemann, banqueros e industriales del Rin.
El programa de acción nacional
El tiempo era precioso para los revolucionarios alemanes empuja-dos al exilio. Creían que debía impedirse que la revolución se de-tuviera después de sus primeros éxitos. Todo —así veía Marx la situación— dependía de la medida en que pudiese llevarse hacia adelante el movimiento revolucionario. Mientras las tres docenas de príncipes feudales no fuesen derribados; mientras los grandes terratenientes no fueran expropiados; mientras no se eliminase la fragmentación territorial; mientras no se solucionaran las principa-les tareas de la revolución; mientras no surgiera la República Ale-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 121
mana democrática y unida... correrían peligro las otras conquistas de la Viena y Berlín revolucionarias, logradas con tantos sacrifi-cios.
Los primeros informes salidos de Berlín ya habían convencido a Marx de lo difundidas que estaban las ilusiones entre las capas in-feriores de la burguesía y los obreros, acerca de lo que ya habían logrado, en especial respecto del nuevo ministerio de la gran bur-guesía. Estas ilusiones eran tanto más peligrosas, ya que la gran burguesía, llevada al poder ante todo por las masas populares, se mostraba dispuesta a una inmediata transacción con el poder feu-dal, por temor a las mismas masas populares. La necesidad del momento era un programa que pudiese ponerse en manos de las masas revolucionarias, y en especial de los obreros con conciencia de clase, que empezaban a despertar, un programa que les diese un objetivo y un sentido de orientación en los acontecimientos que se agolpaban, en la confusa cascada de reformas y planes burgueses para el "mejoramiento mundial", y que los ayudase a distinguir a los amigos de los enemigos.
A finales de marzo, Marx y Engels se dedicaron a la tarea de redac-tar ese programa, las Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania. Lo basaron en las proposiciones estratégicas y tácticas que ya habían presentado ante los comunistas alemanes en el últi-mo capítulo del Manifiesto Comunista. Ahora era preciso aplicarlas a la nueva situación creada por la revolución. En sus declaraciones programáticas, la burguesía liberal sólo pedía una monarquía cons-titucional pangermana, con una Constitución burguesa, bajo la di-rección prusiana, y estaba dispuesta a permitir una amplia sobera-nía a los Estados y sus príncipes. Los demócratas pequeñoburgue-ses deseaban una república alemana, pero sólo en forma de una asociación de los distintos Estados. Marx y Engels, sin embargo, ponían a la cabeza del programa el lema: "Se declara que toda Alemania es una República única e indivisible".145 Esta reivindica-ción se dirigía ante todo contra los principales centros de poder de
Carlos Marx / Federico Engels: Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania. MEW, vol. 5, pág. 3.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 122
la reacción feudal en Alemania, Prusia y el Reich de los Habsbur-go, la tristemente célebre "cárcel del pueblo" de Europa.
En todas sus declaraciones, la burguesía liberal eludía las reivindi-caciones referentes a la destrucción total del poder de los grandes terratenientes reaccionarios, y buscaba un "acuerdo" pacífico con las autoridades feudales. En verdad, los demócratas pequeñobur-gueses exigían la libertad de prensa, una libertad de reunión sin trabas, el armamento del pueblo y la abolición de las relaciones feudales. Pero acerca de la manera en que estas relaciones y todas las prerrogativas feudales debían abolirse… respecto de estos pro-blemas no poseían una idea clara. En estos asuntos, sólo Marx y Engels ofrecieron una respuesta nítida, en sus amplias Reivindica-ciones del Partido Comunista de Alemania, de 17 puntos.
Describían las medidas que el pueblo debía adoptar para crear una república unida, democrática.
Entre ellas se contaban: el derecho irrestricto al voto; el derecho a ser elegido desde los 21 años en adelante, la compensación finan-ciera para los representantes del pueblo, de modo que los obreros también pudiesen integrar el Parlamento alemán, y ante todo, el armamento del pueblo para permitirle aplastar la contrarrevolución. Además, todos los alemanes debían gozar de garantías en cuanto a la posibilidad de obtener la misma educación, y de igualdad ante la ley, mediante la reconstrucción de los sistemas educacional y legal.
Todas estas reivindicaciones estaban destinadas a despojar del po-der político a las clases feudales. Pero ello sólo podía tener éxito cuando se arrancaran las raíces económicas del sistema feudal, en especial de la aristocracia Junker prusiana, base social y pilar más poderoso del Estado prusiano. Por lo tanto Marx y sus camaradas exigían, en los puntos 6 a 9 de su programa, la abolición, sin remu-neración, de todas las cargas feudales y la desposesión, sin com-pensación, de todos los grandes terratenientes. Con esta exigencia, los comunistas mostraban a los campesinos el camino de su eman-cipación de la explotación feudal, y al mismo tiempo se esforzaban por crear una estrecha alianza entre los trabajadores y los campesi-nos.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 123
Por último, Marx y los miembros de la Liga Comunista exigían que las minas, los bancos privados y todas las facilidades para el tras-porte fuesen convertidas en propiedad del Estado, es decir, que fue-sen puestos en manos del Estado revolucionario-democrático. Es-tas reivindicaciones se dirigían contra el "régimen de los hombres del dinero",146 los liberales de la gran burguesía que ya negociaban con la reacción feudal y comenzaban a frenar la revolución debido a su cobardía y a su espíritu de renegados.
Una preocupación especial de los comunistas era el mejoramiento de la situación social de la clase obrera. Con tal fin, exigían al Es-tado democrático "el establecimiento de fábricas nacionales", en las cuales "el Estado garantice la subsistencia de todos los obreros y se ocupe de los incapacitados para trabajar".147
Con estas 17 reivindicaciones, Marx y Engels buscaban una solu-ción democrática y revolucionaria a todas las tareas que tenía ante sí la revolución burguesa en Alemania. Las reivindicaciones refle-jaban los intereses de todas las clases progresistas que luchaban por el progreso del Estado burgués. El programa terminaba con las siguientes palabras: "Interesa al proletariado, a la pequeña burgue-sía y a los campesinos luchar con todas sus energías para la concre-ción de estas medidas. Sólo con su puesta en práctica, los millones de habitantes de Alemania que hasta hoy fueron explotados por unos pocos, y a quienes los mismos pocos tratan de mantener en la opresión, lograrán sus derechos y el poder que les corresponde co-mo productores de todas las riquezas".148 Con la concreción de las 17 reivindicaciones, la futura lucha del proletariado por su libera-ción de la explotación y opresión capitalistas se prepararía y facili-taría al mismo tiempo. Tal era, precisamente, la meta que buscaban Marx y Engels.
Carlos Marx / Federico Engels: Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania. MEW, vol. 5, pág. 4.
Carlos Marx / Federico Engels: Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania. MEW, vol. 5, pág. 4.
Carlos Marx / Federico Engels: Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania. MEW, vol. 5, págs. 4-5.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 124
Como voceros de la joven clase obrera, explicaban de esa manera por qué el destino y la prosperidad de la nación alemana dependían del desarrollo y consolidación de la democracia. Por medio de su claro programa y de su labor práctica, demostraron que los comu-nistas eran también los mejores y más firmes demócratas. Las 17 Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania muestran que los obreros con conciencia de clase, en su primera gran prueba his-tórica, lucharon por una política que servía, no sólo a los intereses de los obreros, sino a los de todo el pueblo, en tanto que la burgue-sía se reveló incapaz de dirigir a la nación.
Durante los afiebrados días en que Marx, apoyado por Engels, ela-boró las 17 reivindicaciones, también comenzó a preparar la publi-cación de un periódico en Alemania. Al mismo tiempo, con gran energía, organizaba el regreso a Alemania de los miembros de la Liga, y de los obreros y artesanos del Club de Trabajadores Ale-manes. En contraste con el proyecto aventurero de Bornstedt y Herwegh, Marx siguió un plan según el cual los obreros revolucio-narios volvían a Alemania de a uno por vez. Los sucesos posterio-res justificaron su posición. Las tropas voluntarias de Herwegh ca-yeron en una emboscada en cuanto cruzaron la frontera, y fueron barridas por una fuerza militar superior que las esperaba. Por otro lado, con el plan iniciado por Marx, en abril unos 300 a 400 obre-ros revolucionarios pudieron volver a su patria, sin tropiezos, y en-tre ellos la mayoría de los miembros de la Liga. Iban bien arma-dos... no con rifles o sables, sino con el Manifiesto Comunista, 1.000 ejemplares de la segunda edición del cual habían llegado a París, y con las 17 Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania, impresas como hoja volante.
Volvieron con instrucciones de Marx y los miembros del buró cen-tral, de fortalecer las filiales de la Liga ya existentes, organizar otras nuevas y establecer asociaciones políticas de obreros, junto a las ramas locales. En esta tarea debían actuar, no en la ilegalidad, como antes, sino abiertamente, en el sentido del Manifiesto Comu-nista y de las 17 reivindicaciones. Con esta táctica, el objetivo de Marx era utilizar las libertades recién conquistadas y unir a los mu-chos obreros locales en una sola organización política obrera de
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 125
toda Alemania. Esta organización obrera independiente tendría la tarea de unificarse en una alianza con la pequeña burguesía demo-crática y trabajar como fuerza impulsora del movimiento revolu-cionario. Ello fortalecería en inmensa medida el movimiento popu-lar democrático.
Después que se fueron la mayoría de los obreros revolucionarios, Marx y Engels también salieron de París. Se llevaron consigo a Ernst Dronke, un joven y talentoso publicista que, gracias a los es-critos de Marx y Engels, había llegado a conocer sus ideas y luego se incorporó a la Liga Comunista. El 7 de abril el grupo llegó a la ciudad alemana de Maguncia, donde existía una filial de la Liga y una Asociación Obrera, orientada por ésta. Consultaron con los miembros de la Liga en cuanto a la manera de ayudar en la funda-ción de otras asociaciones obreras en todos los rincones de Alema-nia. Pero Maguncia no se consideró adecuada para el lanzamiento del periódico que se planeaba editar. Por tal motivo, Marx y En-gels, y en apariencia también Dronke, siguieron viaje hacia Colo-nia.
La Alemania que se presentó ante ellos era un país presa de la re-volución. La gente respiraba con más facilidad. El pueblo sentía que era el vencedor. En todas partes se preparaba para la elección de una asamblea nacional alemana, que se reuniría en Francfort, en mayo. Esperaban que ese Parlamento de toda Alemania garantizara los derechos que ya habían conquistado en una sangrienta lucha revolucionaria.
La situación de Prusia era similar a la que reinaba en todo el país. Pero el ministerio de los liberales y los grandes burgueses de Camphausen y Hansemann coqueteaba con la revolución, en lugar de impulsarla hacia adelante. Se vio obligado a permitir que una convención prusiana produjese una Constitución, pero declaró que la única tarea de esa asamblea nacional prusiana consistiría en "negociar" una Constitución con el rey.
Marx y Engels vieron que el poder de la clase feudal reaccionaria
su representante monárquico había quedado debilitado; pero en modo alguno se engañaron en el sentido de que hubiese sido aplas-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 126
tado. Los ejércitos todavía seguían siendo un instrumento disponi-ble en manos de los príncipes. El aparato gubernamental se mante-nía intacto, sin cambios de importancia. Las propiedades y privi-legios de los potentados mayores y menores no habían sido toca-dos. Todo ello era posible porque la gran burguesía liberal conside-raba que había logrado sus objetivos con su participación en el po-der estatal. Ya establecía acuerdos, en forma abierta, con la clase feudal, y se volvía contra las fuerzas democráticas en avance.
Engels caracterizó los resultados de la revolución hasta ese mo-mento, en Prusia, en palabras que también regían para el conjunto de Alemania:
"Por un lado, el armamento del pueblo, el derecho de reunión, la sobe-ranía de facto del pueblo; por el otro, la conservación de la monarquía y el ministerio de Camphausen-Hansemann, es decir, el gobierno de los representantes de la gran burguesía. De tal modo, la revolución tuvo un doble resultado. El pueblo había triunfado, conquistado una libertad de naturaleza decisivamente democrática; pero el poder go-bernante pasó, no a sus manos, sino a las de la gran burguesía. En una palabra: la revolución no había terminado".149
Debía ser empujada hacia adelante hasta que el desarrollo demo-crático-burgués de la nación no sólo fuera ansiado por un lado o prometido por el otro, sino garantizado de manera irrevocable.
El 11 de abril de 1848 Marx y Engels llegaron a Colonia. Su elec-ción de la metrópolis del Rin no era accidental. La capital de la provincia renana más avanzada en el plano industrial se había con-vertido también en el centro del joven movimiento de la clase obrera. Marx ya había trabajado allí como director en jefe del Rhe-inische Zeitung. Podía contar allí con muchos amigos y camaradas que compartían sus puntos de vista. Además existía una fuerte or-ganización de la Liga Comunista, que el 3 de marzo ya había anun-ciado las reivindicaciones del proletariado en una gran demostra-ción obrera ante el municipio. Y lo más importante era que la pren-
Federico Engels: El debate de Berlín sobre la revolución. MEW, vol 5, págs. 64-65.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 127
sa de Renania tenía las mejores posibilidades de trabajo, gracias al progresista código civil burgués que regía en la provincia. Colonia, pues, ofrecía un ambiente en especial adecuado para la labor del buró central de la Liga, y para un periódico revolucionario.
Mientras Marx adoptaba sus medidas en Colonia, Jenny viajaba a la casa de su madre, en Tréveris, con los tres niños, para permane-cer allí hasta que su esposo obtuviera un permiso de residencia. Ba-jo la presión del movimiento revolucionario popular, el nuevo go-bierno prusiano de Camphausen-Hansemann tuvo que anular el de-creto de persecución y arresto de patriotas alemanes. El municipio de Colonia, le gustase o no, aprobó el pedido de Marx, de permiso para establecerse en la ciudad. Marx se ocupó entonces de que su familia se le uniese allí. Pero su solicitud de devolución de su ciu-dadanía prusiana fue demorada por los funcionarios guberna-mentales, con antiquísimas tretas burocráticas.
Marx dejó las cosas como estaban, por el momento, ya que se en-contraba muy ocupado con otros asuntos. Dos proyectos principa-les reclamaban su tiempo y atención. La organización del periódico y los esfuerzos, basados en la filial de la Liga Comunista, de crear un partido obrero alemán.
Para llevar adelante el segundo proyecto, el buró central envió a sus miembros más capaces a los distintos centros del movimiento obrero. De tal manera, Marx se separó durante algún tiempo de sus amigos más íntimos. Engels fue a Elberfeld, Schapper a Maguncia y Wiesbaden, Ofonke a Coblenza, Kassel, Francfort y otras locali-dades. Wilhelm Wolff ya había viajado a Breslau vía Maguncia, Colonia, Hannover y Berlín. Georg Weerth, quien se apresuró a regresar a Alemania después de la victoria de la revolución de mar-zo, permaneció en Colonia para ayudar a Marx a preparar la publi-cación del periódico.
Marx esperaba con ansiedad noticias de esos emisarios, para saber si los comunistas lograban éxito en lo referente a conquistar la di-rección política de las asociaciones obreras, que se habían desarro-llado con rapidez y en forma espontánea en muchos lugares, y en orientar a las diversas organizaciones legales a una unión nacional.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 128
Las cartas que llegaron, y los informes de los amigos que volvían, llevaron muy pronto a Marx a reconocer que estas esperanzas no se cumplirían. Los pocos centenares de miembros de la Liga se per-dían en el gran mar agitado de las masas populares. Los obreros de casi todas partes de Alemania trabajaban con energía en el movi-miento democrático, pero la gran mayoría de los proletarios alema-nes, el grueso de los cuales todavía eran artesanos, carecían aún de una suficiente conciencia política, y todavía eran demasiado inex-pertos y desorganizados para reconocer la necesidad de contar con su propia organización de clase, independiente de influencias bur-guesas. Por lo tanto, la acción abnegada de unos pocos comunistas no podía preparar, en tan poco tiempo, la base para una organiza-ción obrera que se extendiese a lo largo de toda Alemania.
En vista de esta situación, Marx tuvo que hacer frente a una difícil decisión. ¿En qué podían basarse ahora los miembros de la Liga y los proletarios con conciencia de clase? Si las condiciones para la construcción de una organización obrera amplia, nacional, políti-camente independiente, no habían madurado aún, entonces queda-ba una única alternativa, si no se quería que la Liga se aislara de la clase obrera y cayese en el sectarismo. La alternativa era: unirse al movimiento democrático existente, y a sus organizaciones, con su ala izquierda delineada con claridad. Sólo de ese modo sería posi-ble conquistar "los oídos de la clase obrera",150 cuya gran mayoría todavía se encontraba por entero bajo la influencia de los demócra-tas pequeñoburgueses. Sólo así sería posible construir un frente unido de todas las fuerzas antifeudales, frente a la contrarrevolu-ción.
Marx encontraría muy pronto que esta unidad de acción de todos los grupos democráticos, necesaria con tanta urgencia, era amena-zada desde el seno de la propia clase obrera. La Asociación de Obreros de Colonia, por ejemplo, fundada el 13 de abril, decidió no participar en las elecciones de mayo para la convención que debía elaborar una Constitución en Berlín, y para la Asamblea Nacional
Engels a Florence Kelley-Wischnewetzky, 27 de enero de 1887. SC, pág. 400.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 129
Alemana de Francfort. El promotor de esta decisión fue el presi-dente de la asociación, doctor Gottschalk.
Formuló el lema sectario, ultrarrevolucionario, de que los obreros debían boicotear las elecciones porque éstas se llevaban a cabo ba-jo un sistema de votación indirecta, antidemocrática. Es claro que los comunistas también se oponían al sistema de voto indirecto, pero reconocían que en circunstancia alguna debía abandonarse el campo a los reaccionarios. Los partidarios de Marx en la asocia-ción lucharon, pues, contra el punto de vista sectario del doctor Gottschalk, basado en que frenaba la lucha política de los obreros. En consonancia con su programa, los comunistas llamaron a parti-cipar en la votación y en la elección de candidatos democráticos, porque ello fortalecería el movimiento democrático en general.
El resultado fue que muchos obreros, a pesar del procedimiento de votación antidemocrático y limitado, no permitieron que se les im-pidiese participar en las elecciones de la Asamblea Nacional Ale-mana y la Asamblea Constituyente de Berlín, a comienzos de ma-yo, y entregar sus votos a los candidatos democráticos.
Marx reconoció entonces que el buró central no podría dirigir como correspondía a los comunistas que trabajaban en las distintas partes de Alemania, con los métodos usados hasta entonces, a saber, co-rresponsales secretos y emisarios individuales. Ello fortaleció su idea de que el periódico proyectado debía publicarse lo antes posi-ble. Estaba decidido a utilizar la libertad de prensa, tan duramente ganada, para incorporarse a la lucha de todas las fuerzas democrá-ticas por la completación de la revolución, con la ayuda del perió-dico, de modo de dar a esa lucha una meta y una orientación, y de dirigir a los miembros de la liga Comunista que trabajaban en dis-tintas regiones, y en condiciones diferentes desde todo punto de vista. En una palabra, el periódico tendría la tarea de difundir en el seno del pueblo el programa proletario para la revolución democrá-tica de Alemania, el problema esbozado en las 17 Reivindicacio-nes del Partido Comunista de Alemania.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 130
Director en jefe del Neue Rheinische Zeitung
La fundación del periódico tropezó con extraordinarias dificulta-des. Ante todo, no se disponía de suficiente dinero. De tal modo, los repre-sentantes del buró central de distintas partes de Alemania, dedicados a tareas organizativas, también tuvieron que reunir dine-ro para el periódico. Pero los obreros y los jornaleros proletarios carecían de dinero. ¿Y cuántos adinerados liberales burgueses esta-ban dispuestos a adelantar dinero al otrora director en jefe del Rhe-inische Zeitung, el autor de libros proletarios militantes, para un órgano democrático-revolucionario?
Inclusive Engels, que tenía muchos amigos y relaciones en Wup-pertal, sólo pudo anunciar un éxito limitado: ―Aquí podemos contar con una cantidad muy limitada de acciones —informó a Marx des-de Barmen, el 25 de abril—. En lo fundamental, el caso es que los radicales burgueses de Colonia también ven en nosotros a sus futu-ros enemigos mortales, y no tienen deseos de poner en nuestras manos armas que pronto volveríamos, contra ellos. A mi viejo, es imposible arrancarle nada... En lugar de 1.000 táleros, preferiría rociarnos con mil botes de metralla."151
El capital para el periódico debía ser de 30.000 táleros. Se lo reuni-ría por medio de acciones de 50 táleros cada una. Pero para finales de mayo sólo se habían reunido 13.000 táleros.
Marx trató de cerrar la brecha financiera por medio de la venta de suscripciones. Se redactaron listas de suscripciones en tabernas, y se recurrió en especial a obreros y artesanos. Grandes carteles mu-rales también difundían la noticia de la aparición del periódico. Pe-ro a la postre, una vez más, Marx tuvo que contribuir con una gran suma de su herencia, y por último resultó posible, a pesar de todas las dificultades, que él y Engels garantizaran la aparición del perió-dico.
En la noche del 31 de mayo los vendedores de periódicos de Colo-nia, reunidos en las oficinas editoriales de Hutmacher 17, recibie-
Engels a Marx, 25 de abril de 1848. MEW, vol. 27, pág. 125.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 131
ron el primer número del Neue Rheinische Zeitung. Un órgano de democracia, fechado el 1 de junio de 1848, y salieron corriendo con él, en dirección a la ciudad. Marx pudo respirar más libremen-te. Pero todavía quedaba mucho por hacer. Ante todo, era preciso conquistar un lugar respetado para el periódico en la vida políti-ca de Alemania, así como el reconocimiento y apoyo de todos los verdaderos revolucionarios. Ese era el tipo de lucha que Marx ado-raba: con "visera levantada" podía luchar ahora contra el enemigo del pueblo. Sin necesidad de mirar por encima del hombro, para no perder de vista al censor, podía llamar al pan pan, y al vino vino. Podía mostrar a las masas populares el camino por el cual llegarían a la conquista de sus aspiraciones.
Marx encabezó el equipo editorial como director en jefe. Sus cola-boradores eran los más capaces voceros del movimiento comunista, encabezado por Engels, colaborador de Marx en el directorio edi-torial, y de cuya pluma, en especial al comienzo, salieron la mayo-ría de los editoriales. Entre los otros se contaban el leal Wilhelm Wolff, quien trabajaba como secretario editorial y escribió muchos artículos, en particular sobre problemas agrícolas; Ernst Dronke, quien durante un tiempo informó, desde Francfort, sobre los deba-tes parlamentarios; Ferdinand Wolff, quien se dedicó a problemas exteriores, y Heinrich Bürgers. Entre los directores se encontraban también dos de los más importantes poetas alemanes revoluciona-rios: Georg Weert y —desde octubre de 1848— Ferdinand Frei-ligrath, quienes, en ese período de acontecimientos revolucionarios, y en última colaboración diaria con Marx, llegaron a la cúspide de su creatividad. Karl Schapper era corrector de pruebas.
Lo más asombroso de todo era su juventud. Marx acababa de cum-plir treinta años, Engels todavía no tenía veintiocho, y el mayor de ellos no había cumplido los treinta y nueve. Constituían un cuerpo de revolucionarios inteligentes, valientes, ya probados en muchas batallas políticas.
Marx era el alma de la junta editorial. Sus decisiones, como infor-maba Engels, eran "dadas por sentadas, indiscutidas", y "todos las aceptaban de muy bien grado". Engels agregaba: "Ante todo, su
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 132
clara visión y su firme orientación fueron lo que hizo del periódico el más famoso órgano alemán de los años revolucionarios".152 Marx elaboraba el plan de cada número, distribuía las tareas, tami-zaba los informes que llegaban, estimulaba contactos con otros pe-riódicos progresistas, revisaba gran parte de los manuscritos y ad-ministraba las finanzas. Pero más que eso, desarrolló las concep-ciones estratégicas y tácticas respecto de todos los problemas inter-nacionales y extranjeros, y de tal modo otorgó al Neue Rheinische Zeitung, desde la primera hasta la última página, la singular conci-sión e impacto revolucionario que lo elevaron por encima de todos los periódicos democráticos contemporáneos.
Había fundado el periódico como un "Órgano de la Democracia", pero luchó por una línea democrática, como decía Engels, "que destacase el carácter específicamente proletario de todo lo que aún no pudiese inscribir en sus banderas".153 Marx y Engels determina-ron en forma inequívoca el papel democrático-revolucionario del periódico: la destrucción de los Estados prusiano y austriaco como los baluartes más importantes de la reacción, para unir a toda Ale-mania en una república democrática. Este programa revolucionario expresaba el contenido y el espíritu del periódico, y su actualidad, su lenguaje diestro e impresionante, desde el editorial hasta la me-nor noticia e informe. Tal había sido la tradición de Rheinische Zeitung de 1842-1843, tradición establecida por Marx, que ningún otro periódico anterior había logrado, y que Marx llevó adelante en el primer diario del proletariado revolucionario.
El primer número golpeó al campo de la reacción como un rayo. Sobre la base de las sesiones de la Asamblea Nacional de Franc-fort, que había comenzado sus trabajos el 22 de mayo, Marx y En-gels exponían a la luz del día la desdichada timidez de los "repre-sentantes burgueses del pueblo", que convertían el Parlamento electo en una cámara de parloteos huecos. Un editorial del periódi-
152 Federico Engels: Marx en la "Neue Rheinische Zeitung", 1848-1849.
MEW, vol. 21, pág. 19.
153 Federico Engels: Marx en la "Neue Rheinische Zeitung", 1848-1849.
MEW, vol. 21, pág. 18.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 133
co lo decía de la siguiente manera:
"El pueblo alemán conquistó su soberanía en las calles de casi to-das las ciudades grandes y pequeñas del país, y en especial en las barricadas de Viena y Berlín. Ejerció esta soberanía en las eleccio-nes para la Asamblea Nacional. El primer acto de esta Asamblea Nacional habría debido ser el de proclamar esa soberanía del pue-blo alemán, en voz alta y en público. Su segundo acto habría tenido que ser la elaboración de la Constitución alemana sobre la base de la soberanía del pueblo, y eliminar, de la situación existente en Alemania, todo lo que contradiga la soberanía popular.
"Durante la sesión, habría debido adoptar las medidas necesarias para frustrar las conspiraciones de la reacción, para defender la ba-se revolucionaria sobre la cual se yergue, para consolidar la con-quista de la revolución —la soberanía popular— contra todos los ataques.
"La Asamblea Nacional Alemana ha realizado ya una docena de sesiones, y en todos estos asuntos no hizo absolutamente nada".154
Marx y Engels mostraron, sobre la base de numerosas ejemplos, de qué manera esta indecisión de la Asamblea Nacional, en la cual los demócratas eran una minoría y los obreros ni siquiera estaban re-presentados, estimulaba la contrarrevolución. Revelaron los objeti-vos secretos de la clase feudal, que ya reunía sus fuerzas en mu-chos lugares, en especial en Prusia, para liquidar las modestas con-quistas de la revolución con el apoyo de la gran burguesía.
Los artículos del primer número dieron en el blanco: la mitad de los accionistas burgueses abandonaron al periódico en el acto.
Neue Rheinische Zeitung concentró su fuego principal, desde el primero hasta el último número, contra el principal enemigo: la contrarrevolución feudal y sus secuaces de la gran burguesía. Al mismo tiempo, Marx no vaciló en decir unas cuantas verdades amargas a los demócratas pequeñoburgueses, cuando ello se hacía necesario. Y era necesario, para superar difundidas discusiones par-
Federico Engels: La asamblea de Francfort. MEW, vol. 5, pág. 14.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 134
lamentarias. El periódico fue el único que dijo a las masas popula-res que los levantamientos de marzo no eran el final, sino sólo el comienzo de la revolución alemana, que con la victoria de marzo la revolución misma no había triunfado, y que era necesario convertir la media revolución en una revolución total. Mientras siguiese en pie el aparato del antiguo régimen gobernante —el ejército, la poli-cía, la plétora de funcionarios—, todos los cuerpos parlamentarios serían impotentes, incapaces siquiera de promulgar una sola medi-da revolucionaria. "Una Asamblea Nacional Constituyente tiene que ser, ante todo, una asamblea en funcionamiento, activamente revolucionaria",155 escribía Marx.
De tal manera, el periódico llamaba la atención de las masas popu-lares hacia sus verdaderas tareas, hacia los problemas fundamenta-les de la revolución, que aún no habían sido solucionados. En su esfuerzo, Marx contó con una importantísima fuerza: la política práctica. Jamás disertaba frente a sus lectores, nunca les ofrecía principios abstractos, sino que les demostraba, sobre la base de su propia experiencia cotidiana, la manera en que la reacción, con su prohibición de mítines y manifestaciones, sus arrestos y ataques militares contra los demócratas, ya amenazaba con retomar por la fuerza las posiciones que había perdido en marzo.
Neue Rheinische Zeitung tenía apenas dos semanas de antigüedad cuando estalló en Berlín un conflicto armado, que en su desarrollo confirmó la advertencia de Marx. El 10 de junio la mayoría de los diputados de la Asamblea Nacional prusiana hablaron contra el re-conocimiento oficial de la revolución del 18 de marzo, declararon en términos inequívocos que la Asamblea sólo se había reunido con el fin de "convenir‖ con el rey la promulgación de una Constitu-ción, y de esa manera se pusieron en forma abierta, contra las reivindicaciones de las masas revolucionarias, y en especial de los obreros. Los trabajadores y la pequeña burguesía democrática ale-mana, que entre tanto se habían organizado en asociaciones obreras y en clubes democráticos, se mostraron sumamente indignados ante
Carlos Marx / Federico Engels: Programa del partido radical-democrático y la izquierda en Francfort. MEW, vol. 5, pág. 40.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 135
esta vergonzosa capitulación. Su desilusión respecto del gobierno y la burguesía liberal se ahondó aún más cuando, a pesar de sus pro-testas, los artesanos y los obreros fabriles fueron impedidos de in-gresar en la milicia establecida después del 18 de marzo. La tor-menta estalló en la noche del 14 de junio: los obreros berlineses atacaron el arsenal y se apoderaron de las armas que el rey y el ministerio de la gran burguesía les había negado. Pero la acción no estaba organizada, y fue derrotada por la milicia popular y las tro-pas leales al rey.
Neue Rheinische Zeitung saludó el levantamiento espontáneo de los obreros de Berlín como la primera señal de tormenta de las nuevas acciones revolucionarias de las masas. Al mismo tiempo denunció la despreciable tradición de la burguesía alemana —que llamaba al ejército de los Junkers para que la ayudase contra sus camaradas de armas de ayer— y criticó las vacilaciones de muchos demócratas pequeñoburgueses. Marx declaró que el pueblo tenía el derecho inalienable de ejercer presión moral sobre sus representantes par-lamentarios y obligarlos a actuar en forma revolucionaria. Sólo por medio de una decidida lucha de las masas populares contra los grandes terratenientes y dinastías feudales, contra los militares y las castas de funcionarios, con las armas en la mano, si era necesario, podía derrotarse decisivamente a la contrarrevolución. Sólo me-diante el decidido avance y terminación de la revolución podían las masas populares crear el "auténtico gobierno popular" 156 que hacía falta para trasformar su patria en un Estado nacional democrático, respetado por todos los pueblos y temido por ninguno. Estas con-cepciones recorren, como un hilo rojo, todos los números de Neue Rheinische Zeitung.
Marx y sus colaboradores también protestaban con amargura contra la traición a los campesinos, de la burguesía y sus representantes parlamentarios. En las primeras semanas de la revolución los cam-pesinos abolieron por sí mismos los impuestos feudales y los servi-cios forzados que tanto pesaban sobre ellos. Lo lograron en amplias regiones de Alemania. La burguesía sólo necesitaba confirmar por
Federico Engels: Política exterior alemana. MEW, 1 vol. 5, pág. 155.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 136
ley esta abolición de las cargas feudales, sin compensación. Pero la misma burguesía ya coqueteaba con la reacción feudal, para em-plearla como verdugo de la revolución, y no se atrevió a tocar las bases económicas de los Junkers. Ya en julio no vaciló en respaldar proyectos de ley de reclutamiento, según las cuales los campesinos, como desde tiempos inmemoriales, podían comprar su libertad y tierras a los Junkers y a los grandes terratenientes, sólo con grandes sumas de dinero. De esta manera, declaraba Marx, la burguesía apartaba a los campesinos de la revolución. Escribía:
"La burguesía francesa de 1789 no dejó ni por un momento a sus aliados, los campesinos, en la estacada. Entendió que la base de su régimen era la aniquilación del feudalismo en la tierra, el estable-cimiento de una clase campesina libre, dueña de sus tierras. La burguesía alemana de 1848, sin una sombra de decencia, traicionó a estos campesinos, que son sus aliados más naturales... y sin los cuales es impotente contra la aristocracia".157
Fiel al programa agrario de los comunistas, un mes más tarde el Neue Rheinische Zeitung exigía que las enormes sumas de dinero arrancadas a los campesinos por los señores feudales, a lo largo de los siglos, les fuesen devueltas hasta el último pfennig, en lugar de derramar ahora más millones sobre los Junkers.
Marx y Engels no se cansaban de explicar a las masas populares que la victoria o la derrota de la revolución también tenía estrecha vinculación con la lucha por la emancipación de los pueblos veci-nos. La revolución misma había difundido el lema: "Una nación no puede conquistar la libertad y al mismo tiempo seguir oprimiendo a otras naciones".158 En numerosos artículos sobre problemas exte-riores, respaldaron con ardor las luchas de liberación de los pueblos sojuzgados por Prusia, Austria y la Rusia zarista, a saber, los pola-cos, checos, húngaros e italianos.
Partían de la premisa de que la alianza sellada en 1815 entre el zar
157 Carlos Marx: Proyecto de ley sobre abolición de las cargas feudales.
MEW, vol. 5, pág. 283.
Federico Engels: Rede über Polen. MEW, vol. 4, pág. 417.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 137
ruso, el emperador austriaco y el rey de Prusia era el máximo obs-táculo para el movimiento revolucionario burgués y la liberación nacional de los pueblos dé Europa central y oriental.
En esa Santa Alianza, de nombre tan grotesco, Rusia, que entonces apenas había sido tocada por el desarrollo capitalista, desempeñaba el papel decisivo.
Marx prestó especial atención a la lucha por la libertad del pueblo polaco, cuyo Estado se habían partido entre sí las tres potencias feudales, Rusia, Prusia y Austria.
En la primavera de 1848, grandes sectores de la población polaca se habían levantado contra el odiado régimen extranjero de Prusia. Pero el liberal ministro de Prusia, perteneciente a la gran burguesía, respondió con metralla y matanzas a las exigencias de los polacos, de independencia estatal, y de unidad de su patria. Con este paso, la burguesía alemana no sólo se separó de sus más importantes alia-dos extranjeros, sino que estimuló a la reacción feudal a preparar sus filas para la ofensiva contra el movimiento revolucionario en el plano nacional.
Nadie reconoció la vinculación de estos acontecimientos con tanta claridad como Marx y Engels. Este último escribía:
"¿En que se basó desde 1815 el poder de la reacción, e inclusive, hasta cierto grado, aun desde la primera Revolución Francesa? En la Santa Alianza ruso-prusiano-austriaca. ¿Y qué mantiene unida a esta Santa Alianza? La división de Polonia, con la cual se han be-neficiado los tres aliados. La línea divisoria que las tres potencias trazaron a través de Polonia es la cadena que las une entre sí. El saqueo conjunto ha creado la solidaridad entre ellas".159 La libera-ción de Polonia y su independencia nacional "no era para nadie tan importante como, precisamente, para nosotros, los alemanes".160 Por lo tanto, como base para una política exterior revolucionaria, Marx y Engels proclamaban en el periódico: "El establecimiento de
Federico Engels: Die Polendebatte in Frankturt. MEW, vo1. 5, pág. 332.
Federico Engels: Die Polendebatte in Frankturt. MEW, vo1. 5, pág. 332.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 138
una Polonia democrática es el requisito previo para el estableci-miento de una Alemania democrática".161
Veían al mismo tiempo la liberación de Polonia como una tarea central para el movimiento revolucionario europeo en general. Si el éxito coronaba los esfuerzos realizados para movilizar a todos los pueblos de Europa para la liberación de Polonia, que se ubicaba en el mismo plano que la lucha contra la Santa Alianza, la destrucción del zarismo y sus satélites, las dinastías Hohenzollern y Habsburgo, también allanaría el camino para la victoria de la revolución bur-guesa en toda Europa. Ese enfrentamiento militar y revolucionario con la principal potencia de la Santa Alianza era tanto más necesa-rio, cuanto que el zar venía preparando la intervención armada con-tra el movimiento revolucionario europeo desde el verano de 1848, ofensiva que lanzó en la primavera de 1849 con la sojuzgación de la Hungría revolucionaria. En ese momento, la exigencia de Marx, de una guerra popular revolucionaria contra el zarismo, era, pues, de naturaleza progresista.
Como es natural, esta exigencia perdió por completo su justifica-ción cuando, décadas después, se desarrolló en la propia Rusia un poderoso movimiento revolucionario, y en especial después que el proletariado ruso derribó al zar. Pero no pocos plumíferos imperia-listas de la historia efectúan hoy la tentativa estúpida de exhumar la concepción claramente antizarista, pero no antirrusa, de Marx en 1848-1849, y usada para sus diatribas antisoviéticas de hoy.
Marx veía en la Rusia zarista a la protectora de la reacción europea, y en Prusia al principal pilar de la reacción alemana. Utilizó todas las oportunidades para mostrar a sus lectores de Neue Rheinische Zeitung que el sistema de gobierno prusiano privaba al pueblo de sus derechos políticos más elementales.
Al mismo tiempo demostró que el militarismo característico de Prusia, bajo el cual toda la vida social se encontraba subordinada a los intereses de los militares y la guerra, era una expresión de la política agresiva que los Junkers prusianos desarrollaban dentro y
Federico Engels: Die Polendebatte in Frankturt. MEW, vo1. 5, pág. 333.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 139
fuera del Estado. Ese militarismo prusiano hacía todo lo posible para mantener a las masas en la ignorancia, para obstaculizar la unificación democrática de la nación, para ampliar la extensión del poderío prusiano y perpetuar el régimen de la espada y el knut. Marx y Engels explicaron con paciencia, sobre la base de la histo-ria prusiana y la política del gobierno berlinés en ese momento, que el prusianismo era una fuente permanente de peligros para los pue-blos vecinos, para su seguridad e independencia nacional, y que, también en el mismo grado, era el enemigo más peligroso del pro-pio pueblo alemán. Consideraban que su primer deber de comunis-tas y patriotas era el de unir con firmeza a todas las fuerzas demo-cráticas contra los Junkers y militaristas prusianos, y contra su Es-tado reaccionario.
En tanto que Neue Rheinische Zeitung combatía con vigor a la gran burguesía liberal por su política contrarrevolucionaria, adoptó otra actitud frente a los demócratas pequeñoburgueses. En estos últi-mos, Marx y Engels veían a verdaderos aliados. La debilidad, inde-cisión e ilusiones parlamentarias de la pequeña burguesía urbana, los artesanos, los comerciantes e intelectuales, debían ser criticadas en forma implacable, por supuesto, en interés de la promoción de la revolución, pero siempre con el objetivo de unir a la clase obrera, el campesinado y la pequeña burguesía urbana en una sólida alian-za. De ese modo, los propios Marx y Engels ofrecieron un magnífi-co ejemplo de cómo se combina la flexibilidad táctica con la firme-za de los principios políticos en la lucha de clases, de una manera típica de la verdadera política de la clase obrera, y fiel a los propó-sitos esbozados en el Manifiesto Comunista. Así, además, ellos y sus amigos de la Liga Comunista daban forma práctica, con Neue Rheinische Zeitung, al papel independiente e impulsor de la clase obrera en el movimiento democrático general. Y de ese modo "dic-taban un programa de acción para el conjunto de la democracia".162
Inclusive en las discusiones sobre la fundación del periódico, Marx había formulado con vigor la concepción de que debía tener, no un
V. I. Lenin: ¿Qué hacer?, en Obras escogidas, Editorial Progreso, Moscú, 1967, pág. 164
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 140
carácter provincial, sino uno nacional, y que en verdad tenía que desarrollarse como órgano de la democracia europea. Gracias a la audacia y claridad con que descubrió y atacó los objetivos de la reacción feudal y de la gran burguesía, a la coherencia con que cri-ticó la falta de energía revolucionaria por parte de la oposición burguesa y pequeñoburguesa, conquistó muy pronto una gran in-fluencia sobre el público alemán. Los obreros avanzados y los de-mócratas firmes lo consideraban, con justicia, su órgano propio. Las organizaciones democráticas y obreras se suscribieron al pe-riódico de los comunistas alemanes. A pesar de todas las dificulta-des financieras, alcanzó una circulación de 5.000 ejemplares al ca-bo de tres meses y medio, que en esa época sólo superaban muy pocos periódicos alemanes. Otras publicaciones democráticas y obreras, dentro y fuera de Alemania, comenzaron a reproducir ar-tículos de Neue Rheinische Zeitung, o a basarse en sus opiniones. En el movimiento democrático de Alemania, el nombre de Marx se convirtió, cada vez más, en símbolo de una lucha sin conciliaciones contra la reacción militarista-feudal de abnegada actividad en favor de un futuro democrático y pacífico para el pueblo alemán.
Como director general, Marx sabía subordinar el contenido del pe-riódico a la tarea central: el impulso hacia adelante de la revolu-ción. Odiaba los artículos largos y abstractos en la sección política del periódico, tales como entonces estaban de moda en la mayoría de las publicaciones democráticas pequeñoburguesas. Publicaba hechos, y usaba la lógica, una clara argumentación y la capacidad persuasiva de sus ideas, para llevar al lector a la única conclusión posible. Dicha conclusión era: derrotar por completo al poder feu-dal sólo a medias vencido, con la alianza de todas las fuerzas de-mocráticas; ampliar los derechos democráticos ya conquistados, e imponer el establecimiento de la república democrática.
A la misma meta servían los amplios informes de los corresponsa-les, que se publicaban con regularidad, y que provenían del país y del exterior. La mano segura de Marx garantizaba que de la abun-dancia de hechos que llegaban se extrajese lo esencial, que todos los sucesos fuesen examinados desde el punto de vista de una firme posición democrática, que se intercambiaran experiencias y se ex-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 141
trajesen conclusiones para las medidas revolucionarias siguientes.
Y cosa de no menor importancia, Marx mostró qué gran papel polí-tico puede representar el folletín en la prensa democrática. Entre tales folletines, de los cuales era responsable Georg Weerth —y más tarde también Freiligrath—, se publicaron muchos de los me-jores poemas revolucionarios de Freiligrath, incluido Los muertos a los vivos, Wien y Blum. Las brillantes sátiras y poemas de Weerth se manifestaban de parte de la clase obrera, del partido revolucio-nario, y atacaban a los Junkers, a la gran burguesía, a los filisteos
tontos obtusos, con mordaz sarcasmo, como en su poema Esta mañana viajé a Düsseldorf:
En viaje a Düsseldorf, en el tren,
hoy la pasé muy divertido.
A nuestro Neue Rheinische maldijo un Herr consejero del gobierno.
"Los directores de este pasquín del diablo no muestran temor a Dios ni a nuestro fiscal Boggs
—dijo—; son perros salvajes.
"Para borrar del mundo la congoja y de la nación las penas quieren la república roja
y expropiación absoluta.
―El mundo será repartido
entre billones de esclavos.
A cada cual la tierra, y la arena,
y olas del ancho mar.
"Y todos tendrán una parte
y así podrán alegrarse,
para el Rheinische Zeitung,
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 142
champagne en lugar de cerveza.
"¡Y quieren nacionalizar a las mujeres, abolir casamientos y estaciones! En el dulce futuro, en adelante,
todos nos acostaremos juntos.
"Aspiran a poner cabeza abajo el mundo, estos groseros canallas modernos.
¿Y quién tendrá las mujeres más bellas? Quienes, en Rheinische Zeitung colaboran.
"Quieren destruirlo todo
¡oh herejes viles, feroces!
En adelante nadie tendrá nada,
ni propiedades, ni dioses.
Guardó silencio el caballero
cual si al final se rindiera.
"Es usted inteligente —le dije—,
para los tiempos que corren.
"Me alegra, mi digno Herr,
con usted hacer el viaje.
Resulta que soy director
del periódico de marras.
"Oh, viajar y llevar la fama
por todo nuestra país;
sólo un cerebro poderoso
puede entendemos tan bien."
Viaje, pues, mi digno Herr.
Le alzaré un monumento,
en nuestras mejores notas
lo aplastaré y lo haré trizas.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 143
No cualquiera ganar puede
un puntapié de nosotros,
Regierungsrat; me honra
dar mi mejor saludo.163
Bajo la guía de su director y jefe, los directores de Neue Rheinische Zeitung se esforzaron constantemente por imbuir a los trabajadores de la comprensión de su misión histórica, y de que debían preparar en forma sistemática una organización política nacional de la joven clase obrera alemana. Este objetivo era impulsado además por el hecho de que Marx aconsejaba todos los días a sus lectores proleta-rios que participasen de manera activa en la lucha revolucionaria, que no se dejaran aislar de ninguna manera del movimiento demo-crático por el sectarismo, sino que, por el contrario, conquistasen a los demócratas pequeñoburgueses para una política coherente. Ese era el único camino para crear las condiciones de la unificación in-dependiente del proletariado.
Para ello existían estimulantes posibilidades. La revolución había despertado a grandes cantidades de obreros y artesanos proletarios, llevándolos a intervenir en la vida política. No solo los arrastró a las luchas políticas; los convirtió en la fuerza principal del movi-miento democrático en lasciudades. Muchos de esos obreros se unieron a las asociaciones y clubes democráticos pequeñoburgue-ses, pero millares de ellos se organizaron además en grupos políti-cos. Al mismo tiempo, desde el comienzo de la revolución, la clase obrera se adelantó con sus propias reivindicaciones, destinadas a mejorar su situación social. Se desarrolló una gran oleada de huel-gas, en especial en abril y mayo. Aunque no todas las huelgas ter-minaron con éxito, condujeron, sin embargo, al establecimiento de muchas organizaciones sindicales, casi todas locales.Todos estos acontecimientos demostraban el impulso fundamental del proleta-riado hacia su propia organización.
Marx estimuló además la maduración política de la clase obrera
Georg Weerth: Obras escogidas, vol. 1, Berlín, 1956, páginas 266-268.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 144
con amplios informes sobre los movimientos obreros ingleses y franceses más avanzados, y las lecciones de sus luchas. Presentó con regularidad, ante sus lectores, las experiencias obtenidas por el proletariado en distintas partes de Alemania, en sus batallas eco-nómicas y políticas contra la burguesía, y sobre la base de dichas experiencias esbozó las tareas de la clase obrera en la lucha frente a la contrarrevolución.
La medida en que Neue Rheinische Zeitung era la voz de la demo-cracia proletaria coherente resultó evidente en especial con un acontecimiento, a finales de junio de 1848, que Marx ya había profetizado sobre la base de la revolución de febrero. Se trataba del levantamiento de barricadas del proletariado de París... ahora, por primera vez, en su propio interés de clase. Desilusionados con la supuesta "república social", y provocados por las clases poseedo-ras, los trabajadores de París se levantaron el 23 de junio. Lucharon como un solo hombre, con una tenacidad, una audacia y una abne-gación de los cuales sólo el proletariado es capaz, contra el ejército de la burguesía, que estaba muy bien armado y era el doble de fuer-te que los trabajadores.
Marx y Engels reconocieron en seguida que en París se desarrolla-ba un drama de importancia para toda Europa. En numerosos artículos e informes, hicieron conocer a los trabajadores alemanes los elementos de la lucha de 40.000 proletarios parisienses, y extra-jeron de ella una importante lección. A saber: que el socialismo sólo puede llevarse a la práctica cuando se termina con la domina-ción burguesa y el proletariado toma el poder en sus propias ma-nos.
Cuando los obreros fueron derrotados el 26 de junio, después de días enteros de sangrientos combates, y millares de proletarios fue-ron brutalmente asesinados por los soldados, y cuando los antiguos y los nuevos contrarrevolucionarios de todos los países calumnia-ron a los rebeldes en la forma más inescrupulosa, Neue Rheinische Zeitung siguió manteniendo en alto la bandera del proletariado de-rrotado.
Henchido de optimismo revolucionario, el 29 de marzo Marx con-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 145
memoró la heroica lucha "en uno de sus artículos más potentes",164 y lo terminó con un anuncio de próximas batallas de clases del pro-letariado, en su lucha constante por la emancipación social.
"Se nos preguntara —escribía— si no tenemos lagrimas, suspiros, palabras para quienes cayeron ante la ira del pueblo...
"El Estado se ocupará de sus viudas y huérfanos. Serán santificados con sendos decretos. Triunfantes cortejos funerarios los llevarán hasta sus tumbas. La prensa oficial los considerará inmortales. La reacción europea los elogiará desde el este hasta el oeste.
"Pero los plebeyos, desgarrados por el hambre, insultados por la prensa, abandonados por los doctores, difamados como ladrones por los respetables; y los vehementes, los galeotes cuyas esposas e hijos son empujados a una pobreza cada vez más profunda, cuyos mejores sobrevivientes son trasladados al otro lado del océano: co-locar la corona de laurel en sus frentes nubladas, ese es el privile-gio, esa es la obligación de la prensa democrática."165
Esta ardiente solidaridad con "los triunfantes derrotados" le cos-tó a Neue Rheinische Zeitung el resto de sus accionistas burgueses. Pero encendió la conciencia de clase de los obreros alemanes escla-recidos, en especial en Colonia y Berlín.
El artículo de Marx provocó una impresión tan duradera, que el comunista Friedrich Lessner escribió medio siglo después: "Toda-vía puedo recordar con vividez, hoy mismo, cómo releí el artículo de Marx sobre estos sucesos, en Neue Rheinische Zeitung, por lo menos veinte veces, porque expresaba con tanta exactitud nuestros sentimiento‖.166
Federico Engels: Marx en la "'Neue Rheinische Zeitung", 1818 a 1849, MEW, vol. 21, pág. 22.
Carlos Marx: La revolución de Junio. MEW, vol. 5, páginas 136-137.
Friedrich Lessner: Antes y después de 1848. En Deutsche Worte, marzo de 1898, pág. 111.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 146
En la lucha frente a la contrarrevolución en avance
Ocurrió lo que Marx había predicho en Neue Rheinische Zeitung: después de la batalla de junio en París, la reacción de toda Europa presintió que volvía a existir un cambio favorable en el ambiente, en especial en Prusia. Fortalecida por la traición de la burguesía, comenzó "a desprenderse inclusive de sus aliados temporarios, la burguesía, y a reimplantar las condiciones que habían existido en Alemania antes de los sucesos de marzo".167 Las provocaciones militares se multiplicaron. También se acrecentó el acoso contra Neue Rheinische Zeitung.
El 6 de julio de 1848 Marx fue citado para comparecer ante el juez investigador. Después de un prolongado interrogatorio, se lo acusó de haber insultado a funcionarios cívicos y policiales de Colonia. A continuación se llevó a cabo un registro de las oficinas de Neue Rheinische Zeitung. ¿Qué había ocurrido? Dos días antes, la policía lanzó un golpe sobre la Asociación de Obreros de Colonia y arrestó a dos de sus miembros dirigentes con un pretexto superficial. Du-rante la acción, los aporreadores policiales actuaron con extrema brutalidad, e inclusive maltrataron a una mujer en avanzado estado de embarazo. Esto, y ninguna otra cosa, fue lo que Neue Rheinische Zeitung condenó en su informe. Y por ello Marx fue arrastrado ante los tribunales. Su interrogatorio y el registro de su hogar, es cierto, ningún resultado dieron. Y sin embargo quedó en claro que su polí-tica de aguijonear a las autoridades provocaría, muy pronto, repre-salias más intensas.
La creciente contrarrevolución sólo podía ser frenada y derrotada por una decidida unificación de todas las fuerzas democráticas. Marx formuló esta concepción, una y otra vez, en el periódico. También era su principio orientador en la lucha política práctica. Aunque ya estaba ocupadísimo con su labor editorial, comenzó a trabajar con energía para unir a las distintas organizaciones demo-cráticas de Colonia con vistas a la acción conjunta. No pertenecía a
167 Federico Engels: Revolución y contrarrevolución en Alemania. MEW, vol. 8, pág. 58.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 147
la Asociación de Obreros de Colonia, pero era miembro dirigente de la Sociedad Democrática, que incluía entre sus filas a pequeño-burgueses, obreros, artesanos y algunos funcionarios con inclina-ciones democráticas. Varios de sus camaradas más íntimos, como Joseph Moll y Karl Schapper, trabajaban en la Asociación de Obre-ros de Colonia, que ya en junio tenía más de 6.000 afiliados. Ade-más, existía una asociación de otros obreros y empleadores, que también apoyaban los objetivos democráticos.
Conquistar a estos tres agrupamientos democráticos, con sus dife-rencias de estructura y también en materia de determinadas metas, para las acciones conjuntas, sin abandonar la independencia políti-ca de la clase obrera, no era fácil en manera alguna. Esa era la primera vez que Marx se veía frente a semejante tarea. Su obje-tivo resultó más dificultoso aun debido al hecho de que tenía que enfrentarse, por un lado, con tendencias sectarias que se oponían a todas las acciones conjuntas, y por otro lado con concepciones oportunistas basadas en una carencia de principios y en una actitud conciliadora. Pero por último los dirigentes de las tres organizacio-nes aceptaron emprender acciones políticas conjuntas, a la vez que continuaban en las organizaciones políticas del proletariado y la pequeña burguesía, y decidieron actuar unidas frente a la contrarre-volución. Se estableció una comisión compuesta por seis hombres, de las asociaciones democráticas de Colonia. A mediados de julio se convirtió en la jefatura de distrito de las organizaciones demo-cráticas renanas, y dirigió las acciones unidas.
El dirigente de esta comisión de acción —como delegado de la Sociedad Democrática— era Carlos Marx. De tal modo se encon-traba a la cabeza de las fuerzas democráticas organizadas de Colo-nia, y muy pronto, de las de toda la provincia del Rin. Por primera vez en la historia de Alemania, se ponía a prueba allí, en Renania, la unificación de los de- mócratas burgueses coherentes y los co-munistas en la lucha contra un enemigo común, la contrarrevolu-ción militar, y mostraba su valía.
Marx continuó con sinceridad su colaboración con los demócratas pequeñoburgueses. Concurrió a los mítines de la Sociedad Demo-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 148
crática, desempeñó un papel destacado en las discusiones del comi-té de acción, y no ahorró tiempo ni energías para convencer a los obreros y demócratas burgueses, en amplios debates, sobre la ne-cesidad de defender juntos los derechos y las libertades del pueblo.
La medida en que esta actividad personal de Marx, los esfuerzos de sus camaradas, y sobre todo el esclarecimiento político que llevaba a cabo Neue Rheinische Zeitung, influyeron sobre las decisiones políticas de los demócratas, quedó demostrada en el congreso de la provincia del Rin, de organizaciones obreras y democráticas, que se reunió en Colonia, del 13 al 15 de agosto. Marx participó en la reunión, y la ayudó a llevar adelante la colaboración de todas las fuerzas democráticas, incluidas las asociaciones y los periódicos. Los delegados adoptaron la importante decisión de fortalecer su propaganda entre los campesinos, y organizar mítines en masa en el campo, y de establecer asociaciones campesinas democráticas.
La reacción feudal y la policía se inquietaron ante la popularidad de que ahora gozaban Neue Rheinische Zeitung y su director gene-ral. Habrían prohibido con gran placer la publicación del órgano revolucionario, pero lo impedían las leyes existentes en la provin-cia del Rin. Además la reacción temía el estado de ánimo democrá-tico antiprusiario de las masas populares de la provincia. Por lo tan-to recurrió a métodos más indirectos.
A comienzos de agosto el director de policía de Colonia informó a Marx que las autoridades de la ciudad se habían negado a recono-cerlo como "súbdito prusiano". Ello significaba que se encontraría en la situación de "extranjero". Este plan de la contrarrevolución resultaba demasiado evidente. Sin despertar la ira del pueblo por medio de una acción abierta contra el periódico, el gobierno quería tener las manos libres, en el momento oportuno, para expulsar al director del país como "extranjero", y de esa manera silenciar a Neue Rheinische Zeitung.
Los comunistas desencadenaron un inmediato movimiento de pro-testa contra esta treta. La Asociación de Obreros de Colonia se lan-zó en apoyo de Marx. El 11 de agosto, en una reunión de la Socie-dad Democrática, Engels reveló lo que había detrás de esa malicio-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 149
sa conspiración. Los concurrentes decidieron enviar delegaciones al director de la policía y al presidente del gobierno, para protestar contra tan reaccionarias intrigas.
Marx dirigió entonces una punzante carta al ministro del Interior prusiano, en la cual hacía una lista de todas las venganzas que el gobierno había elaborado contra él desde el comienzo: expulsión de París,instigada por el gobierno prusiano; expulsión de Bruselas, con ayuda del gobierno prusiano; órdenes de arresto contra él, en cada cruce de frontera, emitidas por el gobierno prusiano. ¿De qué otra manera podía protegerse, si no por el abandono de esa ciuda-danía? Pero ahora, como resultado de la revolución, todos los refu-giados políticos que regresaban a su patria desde la emigración ha-bían recuperado sus derechos de ciudadanía. Sólo a él se le nega-ban. Era evidente que esa negativa ocultaba la esperanza —un error absoluto, era preciso decirlo— de que con tales maquinaciones pu-diera ponerse fin a su actividad política de demócrata... El ministro del Interior prusiano rechazó la queja.
Aumentaban los indicios de que la contrarrevolución se preparaba a tomar la ofensiva. Neue Rheinische Zeitung informaba todos los días acerca de depredaciones de la policía, de más prohibiciones de mítines, y de grandes preparativos militares por parte de la reac-ción. Marx veía con gran preocupación el hecho de que, frente a esta concentración sistemática y organizada de las fuerzas contra-rrevolucionarias, el movimiento revolucionario democrático toda-vía se encontraba muy dividido. Para mejor impulsar la tan necesa-ria colaboración de los obreros demócratas y progresistas, visitó en persona los principales centros de la revolución.
El 25 de agosto viajó a Berlín. Allí se encontró con el doctor y co-munista de Colonia Karl Ludwig d'Ester, quien actuaba como de-mócrata coherente en la Asamblea Constituyente de Berlín. Tam-bién se encontró con otros dirigentes del movimiento democrático pequeñoburgués y analizó con ellos la situación política. De Berlín se apresuró a viajar a Viena. Allí, unos días antes, la gran burguesía había lanzado sangrientas provocaciones contra los obreros. Marx buscó a los principales voceros de las organizaciones pequeñobur-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 150
guesas radicales y los instó a incorporarse en forma más decidida a un frente común contra la gran burguesía, basado en las organiza-ciones de los trabajadores.
El 28 de agosto participó en un mitin de los Clubes Democráticos de Viena. Después que los presentes decidieron por unanimidad exigir la renuncia del ministro de Trabajo —y si era necesario, in-clusive de todo el ministerio de la gran burguesía—, se desarrolló un animado debate sobre el tema: ¿a quién debía presentarse esa exigencia? Algunos querían enviar una delegación al káiser; otros exigían que la petición fuese presentada ante el Parlamento. Marx puso fin a esta inútil batalla de palabrasrespecto de la posibilidad de quejarse de la contrarrevolución ante los patronos de la reac-ción. Declaró que en Viena el problema era el mismo que la ante-rior batalla de junio en París: el ajuste de cuentas con la burguesía, convertida ahora en contrarrevolucionaria, por las masas revolu-cionarias populares, representadas ante todo por el proletariado. "Hasta ahora —dijo Marx—, sólo se han mencionado dos poderes supremos a quienes es preciso recurrir para la renuncia del minis-tro: el Reichstag y el Káiser. ¡Sin embargo, nos hemos olvidado de la más alta autoridad: a saber, el pueblo!"168
Dos días más tarde habló en un mitin de la Primera Asociación Obrera de Viena. Allí informó en detalle acerca de la situación po-lítica internacional, para esclarecer mejor las tareas del movimiento proletario y la gran responsabilidad de la clase obrera por la victo-ria de la democracia en Europa. Luego analizó para los obreros la forma en que eran explotados por el capital, y por qué sus intereses no sólo eran distintos de los de la burguesía ávida de ganancias, sino también antagónicos a ellos.
A comienzos de septiembre regresó a Berlín, desde Viena. Allí volvió a participar en numerosas reuniones con demócratas peque-ñoburgueses.
También les solicitó ayuda financiera para Neue Rheinische Zeitung, agobiado de problemas. Pero sus súplicas y pedidos caye-
Wiener Zeitung, 17 de setiembre de 1848.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 151
ron siempre en oídos sordos. Sólo los demócratas polacos mostra-ron solidaridad fraternal y le entregaron unos 2.000 táleros.
El 12 de septiembre volvió a Colonia, donde sus colaboradores lo aguardaban con impaciencia. Durante sus viajes, la situación en Alemania había empeorado. La relación de fuerzas entre la revolu-ción y la contrarrevolución permanecía estancada, como antes, pero resultaba claro para todos que la potencia feudal reaccionaria se preparaba a desprenderse de su aliado provisional, la burguesía, y volver a la situación existente antes de marzo.
A comienzos de septiembre se desarrolló una crisis en Prusia, entre la Asamblea Constituyente y el trono. La mayoría de los diputados exigieron que el ministro de Guerra expulsara en el acto, del ejérci-to, a todos los oficiales contrarrevolucionarios, y que las fuerzas armadas jurasen fidelidad, no al rey, sino a la Constitución. El mi-nistro de Guerra prusiano ni siquiera consideró necesario respon-der a los diputados. Entonces la mayoría de la Asamblea nacional prusiana retiró su apoyo al gobierno, y la administración de la gran burguesía renunció. Pero el rey prusiano volvió a sentirse lo bas-tante fuerte como para responder con la formación de un gobierno compuesto con exclusividad de oficiales y funcionarios reacciona-rios, bajo la jefatura del general von Pfuel. Esta era una descarada provocación contra la Asamblea Constituyente. En el acto, el nue-vo gobierno comenzó a organizar la contrarrevolución a la vista del público.
Al mismo tiempo se desarrollaba una prueba de fuerza entre los elementos democráticos y reaccionarios de Francfort. Tuvo sus orí-genes en la guerra vinculada con los ducados de Schleswig y Hols-tein, que había estallado en la primavera de 1848, cuando el rey de Dinamarca trató de anexar el ducado de Schleswig a Dinamarca. Los ciudadanos y campesinos de ambos ducados se levantaron en-tonces, establecieron un gobierno provisional y promulgaron una Constitución democrática. Cuando el gobierno provisional organi-zó cuerpos de voluntarios, hombres de mentalidad democrática afluyeron hacia el norte, desde todos los rincones de Alemania. El destino de los ducados se convirtió en preocupación principal de
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 152
las masas populares de toda Alemania.
Cuando Dinamarca envió tropas a Schleswig, Prusia fue autorizada por el Bund alemán a defender a Schleswig-Holstein. Pero los Jun-kers prusianos sólo fingieron dirigir la guerra. So pretexto de lu-char por la unidad alemana, el rey prusiano reorganizó sus tropas, derrotadas por el pueblo el 18 de marzo, y el 26 de agosto convino un vergonzoso cese del fuego con el rey dinamarqués. Gracias a esta tregua, Schleswig-Holstein fue traicionada y entregada a Di-namarca.
La reacción ante este acto autocrático y antinacional del rey pru-siano fue tan fuerte en toda Alemania, que la Asamblea Nacional de Francfort se vio obligada a adoptar una posición pública. Si apoyaba el cese del fuego, ello significaría una victoria de Prusia sobre el resto de Alemania, una victoria de la contrarrevolución, Si repudiaba el cese del fuego, ello equivaldría a dirigir la revolución a una nueva etapa, tal vez a una guerra popular revolucionaria con-tra los enemigos internos y exteriores de la unificación alemana. "Y precisamente ese tipo de guerra —escribía Engels el 10 de sep-tiembre, en Neue Rheinische Zeitung— es lo que necesita el movi-miento alemán, una guerra que ponga en peligro a la patria y de ese modo la salve, precisamente porque hará que la victoria de Alemania dependa de la victoria de la democracia." 169 La historia pocas veces mostró con tanta claridad de qué manera indisoluble los intereses vitales de la nación alemana se encuentran vinculados a la victoria de la democracia en Alemania.
El 12 de septiembre por la noche Marx participó en una reunión conjunta de representantes de la Asociación de Obreros de Colonia y la Sociedad Democrática. Se resolvió convocar a un mitin de ma-sas para el día siguiente. El mitin, preparado en muy pocas horas, superó todas las expectativas. De cinco a seis mil personas se reunieron al mediodía en la Frankenplatz. Los directores de Neue Rheinische Zeitung propusieron a los presentes que se eligiese una
Federico Engels: El armisticio prusiano-danés. MEW, vol. 5, 168 Wiener Zeitung, 17 de setiembre de 1848. pág. 397.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 153
comisión de seguridad para "representar a la porción del pueblo de Colonia no representada en el mundo oficial legalmente constitui-do".170 La comisión debía vigilar las conquistas revolucionarias del pueblo, obtenidas en sangrientas batallas, impedir la reducción de dichas conquistas o su abolición total. Los presentes apoyaron la proposición con tempestuosos aplausos y eligieron 30 miembros para formar la Comisión de Seguridad. Junto con Marx, se conta-ban entre ellos Engels, Wilhelm Wolff, Dronke, Moll, Schapper y Bürgers, así como demócratas burgueses y pequeñoburgueses.
Para fortalecer la influencia de la comisión sobre el pueblo, y para darle autoridad ante los organismos del Estado, Marx y sus cama-radas organizaron nuevos mítines, en las semanas siguientes. El mayor se llevó a cabo el 17 de septiembre, y casi 10.000 personas se reunieron en la Fühlinger Heide, en Worrington, no lejos de Co-lonia. Algunos llegaron a pie, otros a caballo o en coches abiertos, otros en botes del Rin, en los cuales flameaban banderas rojas. La gran asamblea dio su aprobación a una república democrática y so-cial alemana, y, por proposición de Engels, y por unanimidad, comprometieron su vida y sus posesiones en el combate frente a la contrarrevolución de los Junkers y la gran burguesía.171
Como en la provincia del Rin, la población de otras zonas de Ale-mania, en especial la de Francfort, también salió a la calle para ha-cer frente a la contrarrevolución cada vez más descarada. Pero en forma repetida e ignominiosa fue dejada en la estacada por las ma-yorías burguesas de la Asamblea Nacional de Francfort y la Asam-blea Constituyente de Berlín. La primera aprobó el cese del fuego con Dinamarca, por escasa mayoría. Neue Rheinische Zeitung es-cribía, a modo de advertencia: "No debemos engañarnos: el honor de Alemania se encuentra en malas manos‖.172
El cambio de gobierno en Berlín y el crecimiento de la contrarrevo-
Federico Engels: El armisticio prusiano-danés. MEW, vol. 5, 168 Wiener Zeitung, 17 de setiembre de 1848. pág. 397.
Neue Rheinische Zeitung, 15 setiembre de 1848. MEW, vol. 5, pág. 497.
Federico Engels: Ratificación del armisticio. MEW, vol. 5, pág. 408.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 154
lución prusiana incitaron en el acto a las autoridades de Colonia a emprender también nuevos actos de violencia. Se emitieron órde-nes de arresto contra Wilhelm Wolff, Joseph Moll, Karl Schapper, y se autorizaron investigaciones contra Engels, Dronke y otros. Pe-ro las acciones policiales fracasaron. Al alba del 25 de septiembre la policía pudo arrestar a Schapper, pero cuando trataron de hacer lo mismo con Moll, el presidente de la Asociación de Trabajadores, se le interpuso una pared de decididos proletarios. Moll escapó sin tropiezos. Wilhelm Wolff se refugió durante un tiempo en el Pala-tinado, en tanto que Engels, Dronke, Bürgers y Ferdinand Wolff viajaban al exterior para escapar a las persecuciones policiales.
En la tarde del 25 de septiembre Marx recorrió los salones de reuniones de la Asociación de Obreros y la Sociedad Democrática. Previno a los trabajadores que no debían dejarse engañar y lanzarse a un levantamiento armado prematuro, en una situación "en que ningún problema vital impulsa al pueblo entero a la lucha".173 Los obreros de Colonia debían ser contenidos, en cualesquiera circuns-tancias, para que no devolvieran el golpe antes que madurase el momento. La autoridad e influencia de Marx eran tan grandes, que el proletariado de Colonia prestó atención a su consejo: construyó barricadas para defenderse, pero a pesar de todas las provocaciones de los militares no se dejó arrastrar a un golpe sin esperanzas.
Al día siguiente el poder estatal reaccionario lanzó una nueva pro-vocación: puso a Colonia bajo estado de sitio. Todas las asociacio-nes democráticas fueron prohibidas, se anuló el derecho de reunión y Neue Rheinische Zeitung y otros periódicos democráticos fueron prohibidos. La dictadura de la espada continuó durante ocho días. Luego tuvo que llamarse a sosiego, pues el gobierno temía que una continuación del estado de sitio enfrentase contra él a toda la opo-sición democrática del país.
La consecuencia de ello fue que la reacción no logró su objetivo, con el estado de sitio en Colonia; por otro lado, el movimiento de-mocrático de la metrópolis renana sufrió un revés. El equipo edito-
Carlos Marx: La "revolución de Colonia". MEW, vol. 5, pág. 421.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 155
rial de Neue Rheinische Zeitung, en especial, recibió un duro golpe. Marx tuvo que adoptar las más enérgicas medidas para posibilitar otra vez la publicación. Georg Weerth era el único colaborador que le quedaba, junto con Ferdinand Freiligrath, quien se incorporó en-tonces a la comisión editorial. El peso del trabajo se acentuaba día tras día, las dificultades financieras eran cada vez mayores. Marx se vio obligado a tomar el periódico como su posesión personal. Pero esta "posesión" consistía en un cúmulo de deudas pendientes, de modo que tuvo que volver a sacrificar otra porción importante de su propio dinero. Lo hizo con el corazón pesado, pensando en su familia, pero sin vacilaciones, porque "era necesario, en cualquier circunstancia que fuere, defender la fortaleza y no abandonar la po-sición política".174
Algunos de los versos de Georg Weerth en ese período muestran en qué escasa medida las infamias de los enemigos y las dificultades consiguientes pudieron conmover el coraje combatiente de Marx y sus colaboradores, o embotar su sátira:
Nada mejor que los aullidos
del enemigo cuando lo muerdes,
o que tirar de la nariz a los tontos
con las sátiras que se merecen.
Así pensaba, y tomé la Pluma.
No había, contado, ay, con mi monarca. La fiesta ha terminado, santa Colonia con el estado de sitio es castigada. La ciudad se erizó de bayonetas
como un monstruoso puercoespín maldito; los ángeles prusianos andaban por las calles embriagados de éxito y de vino.
Y un oficial llegó hasta nuestra puerta
Marx a Engels, mediados de noviembre de 1848. MEW, vol. 27, pág. 129.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 156
¡qué tropas dirigía, tan marciales!
El tambor redobló, y vino la proclama:
Estos son de Rheinische Zeitung los funerales.175
Para el 11 de octubre, Marx y Weerth y sus amigos habían supera-do todas las dificultades. Neue Rheinische Zeitung volvía a publi-carse. Aunque Wilhelm Wolff, aún perseguido por la policía, vol-vió muy pronto a Colonia y ayudó a Marx en la dirección del pe-riódico, el peso del trabajo era increíble. Mítines públicos y comi-siones, discusiones con obreros ávidos de información, acalorados debates con individuos cobardes y confundidos, protestas a las au-toridades militares, interminable correspondencia: todo ello, más el trabajo editorial cotidiano, amenazas de acciones policiales contra Marx, y el conocimiento de que debía contar con su arresto en cualquier momento. Y sin embargo, a mediados de octubre aceptó ocupar la dirección de la Asociación de Obreros de Colonia, a pe-dido de una comisión de esa organización. "El gobierno y la bur-guesía —dijo— deben llegar a advertir que, a pesar de sus persecu-ciones, siempre se encontrarán personas dispuestas a servir a los trabajadores." 176 Después de la emigración forzada de Moll, con-sideró imposible dejar a la Asociación de Trabajadores en una si-tuación en que pudiera ser manipulada por elementos hostiles a la ideología y la táctica comunistas. Además, la asociación era, para Marx y sus camaradas, la base más importante desde la cual desa-rrollar la política por la cual luchaba Neue Rheinische Zeitung.
Marx consideraba que sus conversaciones con los trabajadores y sus discusiones con ellos eran un necesario complemento de su ac-tividad como director del periódico. Creía que la eficacia de éste dependía de la medida y manera en que encarase el problema que agitaba a los trabajadores en su vida diaria. Para conocer esos pro-blemas, era preciso ir hacia los obreros. Al mismo tiempo, al reco-
175 Georg Weerth: Nada hay mejor en el mundo, que morder al enemigo.
Sämtliche Werke, vol. 1, pág. 269.
Periódico de la Asociación de Trabajadores de Colonia. 22 de octubre de 1848. MEW, vol. 5, pág. 501.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 157
ger las reivindicaciones e ideas de los trabajadores, el periódico debía ayudar a sus lectores proletarios a reconocer los elementos fundamentales de la lucha de clase en medio de la plétora de acon-tecimientos políticos, así como a encontrar el camino para su solu-ción. Marx y sus amigos, pues, se aseguraron de que los trabajado-res de Colonia conocieran las opiniones de Neue Rheinische Zei-tung en cada oportunidad que se presentase. Los miembros de la Liga Comunista que trabajaban en Colonia y otros obreros con conciencia de clase distribuían el periódico en los talleres en que estaban empleados. Algunos de ellos, como escribía Friedrich Lessner refiriéndose a sí mismo, "leían con frecuencia nuestros ar-tículos durante los horarios de trabajo, y por lo general se los reci-bía con entusiasmo‖.177
La comisión directiva de la Asociación de Obreros, tal vez por su-gestión de Marx, decidió dedicar, el 16 de octubre, la primera hora de las futuras reuniones al análisis de la labor interna y exterior de la asociación, y la segunda a los problemas sociales y políticos. Ello ofreció la oportunidad para que las Reivindicaciones del Parti-do Comunista de Alemania fuesen analizadas de manera sistemáti-ca en la que entonces era la organización proletaria ideológicamen-te más madura. También facilitó la difusión de las ideas del pro-grama, tales como quedaban aclaradas en las discusiones, entre los obreros de Colonia y la población rural. Las discusiones eran ex-traordinariamente minuciosas. Cada uno de los aspectos del pro-grama se discutía por lo general en varias veladas, de modo que las tareas centrales del proletariado quedaban siempre vinculadas a la movilización de los obreros frente a la contrarrevolución. Bajo la dirección de Marx, y gracias, además, a la influencia de otros co-munistas, la Asociación de Obreros de Colonia surgió, en los meses siguientes, como el núcleo de un partido obrero alemán.
El editorial del primer número del periódico que Marx pudo publi-car después del estado de sitio en Colonia fue su "Revolución en Viena". El 6 de octubre los trabajadores revolucionarios, los estu-
Friedrich Lessner: Recuerdos de un obrero sobre Carlos Marx. En Mohr und General, pág. 182.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 158
diantes y artesanos de Viena habían iniciado un levantamiento ar-mado. Ocurrió cuando el káiser, en forma autocrática, ordenó a la guarnición de Viena que marchase contra Hungría y, al mando del contrarrevolucionario general JeIlachich, aplastara el movimiento de independencia. El pueblo triunfó y obligó al káiser a huir a Olmütz. Pero la revolución de Viena corría el peligro, como escri-bía Marx, "si no de fracasar por entero a consecuencia de la antipa-tía de la burguesía contra la clase obrera, por lo menos de quedar mutilada en su desarrollo".178 Marx tenía razón. La burguesía sem-bró la incertidumbre, la confusión y la división en el movimiento revolucionario de Viena, y los demócratas pequeñoburgueses del resto de Alemania se conformaron con la redacción de piadosos llamamientos de solidaridad con Viena. Sólo Neue Rheinische Zeitung, por intermedio de las palabras de Marx, pidió la única ayuda eficaz que aún era posible, a saber, "la derrota de la contra-rrevolución en nuestra propia casa".179 Y Freiligrath escribía: "Si aún pudiéramos arrodillarnos, estaríamos de rodillas; si pudiéramos rezar, rezaríamos por Viena". Pidió a los demócratas de Alemania que no mirasen hacia Viena, sino que la defendieran en Berlín, en Francfort, en Dresden.
No necesita peregrinos quien el temor no conoce.
¡Para salvar la causa de Wien, alcémonos aquí, aquí luchemos! Limpien la casa, levántense en el norte.
¡Para aplastar a Jellachich, a los tiranos aplasten! ¡Aplasten a los tiranos; ah, cuán fuerte, la embestida! Cuando caiga nuestro Olmütz, Olmütz estará perdida.180
Las tropas contrarrevolucionarias de los Habsburgo lanzaron una ofensiva general contra Viena el 23 de octubre. Después de ocho días de heroica resistencia por parte de los obreros y estudiantes, las tropas gubernamentales entraron en la ciudad. La revolución fue
Carlos Marx: Revolución en Viena. MEW, vol. 5, pág. 417.
Carlos Marx: Llamamiento del congreso democrático al pueblo ale-mán. MEW, vol. 5, pág. 447.
Neue Rheinische Zeitung, 5 de noviembre de 1848.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 159
anegada en sangre.
La caída de Viena se conoció en Colonia el 6 de noviembre. Esa misma noche, Marx analizó las razones de la derrota, en una reunión de la comisión de la Asociación de Obreros, como ya lo había hecho en su artículo para Neue Rheinische Zeitung. "Toda la historia —escribía— no muestra vileza tan vergonzosa como la de la burguesía alemana."181 Y agregaba, con tono de advertencia: "En Viena se ha desarrollado el segundo acto del drama, el primero del cual se representó en París bajo el título de 'Los Días de Ju-nio'... Pronto presenciaremos el tercer acto en Berlín".182
La profecía de Marx —resultado de su concepción científica de la historia— se confirmaría con demasiada rapidez. Apenas Viena cayó víctima de la reacción cuando la contrarrevolución prusiana decidió que también le había llegado la hora. Un vástago de los Hohenzollerns, el conde Brandenburg, tomó el gobierno el 8 de noviembre. El rey ordenó que la Asamblea Constituyente prusiana abandonase Berlín. Cuando sus miembros no cometieron el suici-dio político que se les exigía, entró en la ciudad un regimiento de la guardia al mando del Junker de Pomerania general Wrangel. Se derogaron los derechos democráticos. Se declaró el estado de sitio. Los obreros de Berlín estaban dispuestos a enfrentar el coup d’état, pero en esa situación la mayoría de la asamblea constituyente se negó a adoptar medidas decisivas contra el gobierno reaccionario, y rechazó el apoyo de los ciudadanos y obreros armados. En lugar de enfrentarse al rey y a su camarilla archirreaccionaria, en vez de ha-cer frente a la fuerza con la fuerza, sólo contestó con palabras, y al cabo permitió que la dispersaran los militares prusianos. Los dipu-tados democráticos pequeñoburgueses restantes decidieron, es cier-to, llamar al pueblo a negarse a pagar impuestos, pero no comple-mentaron ese llamamiento con acciones fuera del Parlamento. De tal manera, quedó atrás el momento decisivo para la revolución en Prusia.
Carlos Marx: Triunfo de la contrarrevolución en Viena. MEW, vol. 5, pág. 456.
Neue Rheinische Zeitung, 5 de noviembre de 1848.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 160
Sin embargo, Marx y Neue Rheinische Zeitung no aceptaron el avance de la contrarrevolución como un hecho irrevocable. Marx expresó la voluntad de las masas indignadas, cuando, en el número del 12 de noviembre del periódico, llamó al pueblo a rechazar los impuestos gubernamentales, ya que semejante acción golpearía al gobierno en una zona muy sensible. Dos días más tarde, en nombre del comité de acción de los demócratas renanos, convocó a la orga-nización de mítines en masa "para inspirar al pueblo de la provincia renana a negarse a pagar impuestos".183
La medida en que las masas revolucionarias consideraban a Marx como su vocero, como su fiel confidente, quedó demostrada de ma-nera convincente por un suceso acaecido el 14 de noviembre, cuando se lo convocó una vez más ante el juez examinador, para ser interrogado. Como el fiscal de Colonia informó al ministerio de Justicia prusiano, con gran ansiedad, fue "escoltado hasta el edifi-cio del tribunal por muchos centenares de personas... que, cuando volvió a salir, lo recibieron con atronadores aplausos, y no hicieron ningún secreto del hecho de que lo habrían liberado por la fuerza si se lo hubiese arrestado".184
Desde el 19 de noviembre hasta finales de diciembre, la primera plana de Neue Rheinische Zeitung exhibió un lema, en grandes letras, bajo el título: "¡¡¡No Más Impuestos!!!" El periódico publi-caba casi todos los días informes sobre acciones y llamamientos en la campaña, provenientes de todos los rincones de Alemania. A los obreros, campesinos y artesanos, Marx se dirigía como sigue:
"¿De qué manera puede derrotarse a la monarquía en forma cí-vica?
"Matándola de hambre.
"¿Y cómo es posible matarla de hambre?
"Negándose a pagar impuestos.
"¡Piénsenlo! Todos los príncipes de Prusia, todos los Branden-
Invitación de la comisión demócrata de distrito de la provincia del Rin. MEW, vol. 6, pág. 20.
Informe del procurador de Colonia y Prusia. Justizministerium, 15 de no-viembre de 1848, IML, ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 161
burgos y Wrangels no producen... pan en los cuarteles. Ustedes, ustedes mismos producen el pan para los cuarteles."185
Marx veía en el movimiento de "no más impuestos" un método pa-ra encender la energía revolucionaria de las masas, y para introdu-cir una nueva etapa en la revolución, por medio del paso gradual de la resistencia pasiva a la lucha. El 18 de noviembre, en nombre de la comisión de acción de demócratas del Rin, llamó a las organiza-ciones democráticas de la provincia a remplazar a los funcionarios gubernamentales contrarrevolucionarios, a movilizar a los cons-criptos contra los regimientos ubicados al este del Elba y leales al rey, a elegir comisiones de seguridad en todas las localidades y a enfrentar la fuerza con la fuerza. Este llamamiento encontró res-puesta en algunos lugares, pero en general el movimiento vaciló una vez más ante la cobardía de la burguesía y la timidez de la pe-queña burguesía. De tal manera, la contrarrevolución obtuvo una nueva victoria: el 5 de diciembre el rey anunció la disolución final de la Asamblea Constituyente prusiana y dictó una Constitución "por gracia del rey".
"La Asamblea Nacional —comentaba Marx con amargura, acerca del reaccionario coup d'état— cosecha ahora los frutos de su debilidad y cobardía crónicas. Ha permitido, con toda calma, que la conspiración contra el pueblo se desarrollase durante meses enteros, se fortaleciera y se hiciese poderosa, y ahora es su primera víctima."186
En la lucha por un partido obrero nacional
Marx contempló sin ilusiones el hecho de que la victoria de la con-trarrevolución en Viena y Berlín había modificado en forma signi-ficativa la relación de fuerzas, en favor de la reacción feudal. En
Carlos Marx: La contrarrevolución en Berlín. MEW, vol. 6, pág. 11.
Carlos Marx: Der Staatstreich der Kontrerevolution. MEW, vol. 6, pág. 101.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 162
Prusia y Austria, los dos Estados alemanes más importantes, los círculos gobernantes se dedicaban, "por la gracia de Dios", a resta-blecer la situación prerrevolucionaria. Pero a pesar de la gravedad de la situación, Marx y sus camaradas no tenían intención de aban-donar la batalla.
La contrarrevolución había inferido al pueblo sangrientas derrotas, pero al mismo tiempo le enseñó importantes lecciones. "El princi-pal resultado del movimiento revolucionario de 1848 no es lo que los pueblos ganaron, sino lo que perdieron: sus ilusiones." Así es-cribía Marx en Neue Rheinische Zeitung, y agregaba: "Junio, no-viembre, diciembre del año 1848: estos son los gigantescos jalones del desencanto y la experiencia de los pueblos europeos".187
La tarea de los comunistas, tal como la entendía Marx, consistía en extraer las lecciones adecuadas de las luchas recientes, explicarlas abiertamente al pueblo y aplicarlas a las nuevas luchas que ven-drían.
Así señaló Marx el camino. En una serie de artículos, La burguesía y la contrarrevolución, y en muchos otros que aparecieron en el periódico, desde diciembre de 1848 hasta febrero de 1849, analizó el carácter y las peculiaridades de la revolución en Alemania, y las razones para la victoria de la contrarrevolución en Prusia. Puso en la picota a la burguesía prusiana, la describió como "incrédula res-pecto de sí misma, incrédula respecto del pueblo, feroz para con los de arriba, temblorosa para con los de abajo, egoísta con todos y consciente de su egoísmo, revolucionaria frente a los conservado-res, conservadora frente a los revolucionarios, desconfiada de sus propias perogrulladas, productora de frases en lugar de ideas, asus-tada por la tormenta del mundo pero explotándola... toda energía orientada en dirección alguna, plagio en todas las direcciones, baja porque no es original, original en su bajeza".188
Esta burguesía, declaró, se esforzaba constantemente por llegar al
Carlos Marx: La contrarrevolución prusiana y los magistrados de Pru-sia. MEW, vol. 6, pág. 138.
Carlos Marx: La burguesía y la contrarrevolución. MEW, vol. 6, pág. 109.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 163
poder, no por medio de la revolución, sino sólo mediante una ne-gociación pacífica con la monarquía. La conducta de la burguesía prusiana durante la crisis de noviembre había señalado con claridad que abandonaba para siempre el frente de lucha antifeudal.
En estas condiciones, informaba Marx a sus lectores, la lucha pos-terior para impulsar el progreso cívico en Alemania sólo podía adoptar la forma de un enfrentamiento directo entre las masas re-volucionarias —los obreros, los campesinos y la pequeña burgue-sía revolucionaria— y la contrarrevolución feudal. El año 1848 ha-bía mostrado que en Alemania "sólo es posible la contrarrevolución feudal absolutista o la revolución social-republicana".189 Por consi-guiente, tanto más necesario resultaba equipar a las masas revolu-cionarias para una lucha política independiente. Pero en las ba-tallas desarrolladas entre marzo y diciembre de 1848 los demócra-tas pequeñoburgueses, siguiendo la traición de la burguesía, tam-bién se mostraron incapaces de llevar la revolución a su culmina-ción. Por lo tanto, la responsabilidad por el posterior avance exito-so de la revolución reposaba cada vez más en la joven clase obrera alemana. Marx abrigaba la firme convicción de que los trabajado-res alemanes sólo podían mostrarse a la altura de su tarea si se con-jugaban en una organización nacional unida e independiente, y de ella surgía un partido obrero nacional que no sólo contase con unos pocos centenares de personas, como la Liga Comunista, sino que abarcara a amplias capas de los obreros más progresistas.
Marx y sus camaradas de la dirección de la Liga Comunista ya ha-bían trabajado hacia esa meta en las primeras semanas de la revo-lución, y jamás la olvidaron en los meses siguientes. Si bien sus esperanzas todavía se encontraban frustradas en la primavera de 1848 por la falta de madurez de la clase obrera alemana, la situa-ción era significativamente más favorable ya a comienzos de 1849. La conciencia y la actividad política de los obreros alemanes había crecido a lo largo de la revolución. En las numerosas asociaciones obreras locales, de las cuales más de un centenar se habían agrupa-do en forma no muy compacta en una Fraternidad Obrera, se di-
Carlos Marx: La burguesía y la contrarrevolución. MEW, vol. 6, pág. 124.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 164
fundía la concepción de que el obrero tenía que defender, no sólo sus intereses económicos, sino también los políticos, y debía hablar por sí mismo, para poner fin a la situación en que el pequeñobur-gués democrático hablaba en su nombre como su patrono. Grandes sectores del proletariado ya se habían liberado de la influencia de la pequeña burguesía, gracias a sus propias experiencias, y en no es-casa medida gracias a Neue Rheinische Zeitung, y reconocían cada vez con más claridad sus propias aspiraciones de clase. Marx si-guió paso a paso estas nuevas corrientes que abrían una esperanza. En enero de 1849 desenmascaró en el periódico el "vergonzoso maltrato de la clase obrera‖ 190 por la burguesía prusiana, y se diri-gió al proletariado de manera directa y cada vez con más frecuen-cia.
En esos momentos se veía sometido a persecuciones cada vez más frecuentes de las autoridades. El gobierno prusiano se esforzó por silenciar a Neue Rheinische Zeitung, que representaba al pueblo con tanta pasión y valentía. A comienzos de febrero lanzó dos ac-ciones judiciales contra Marx al mismo tiempo. Pero ambas se convirtieron en un triunfo para éste.
El 7 de febrero comenzó el famoso "juicio contra la prensa", di-rigido contra Neue Rheinische Zeitung.
Marx, Engels y otro colega eran acusados de haber insultado y ca-lumniado a funcionarios del gobierno en un artículo publicado en julio de 1848. El director general de Neue Rheinische Zeitung no se conformó con refutar las acusaciones en el tribunal, sino que usó la tribuna pública para defender la libertad de prensa en Prusia y en toda Alemania, en un conmovedor llamamiento. "No basta — declaró Marx— con luchar contra la situación general y el poder gobernante. La prensa debe decidirse a figurar en las listas contra este gendarme, este fiscal, este presidente de distrito."191 El pri-mer deber de la prensa seguía siendo la destrucción de los ci-
Carlos Marx: Un documento burgués. MEW, vol. 6, pág. 152.
El primer proceso de prensa contra Neue Rheinische Zeitung. Discurso de defensa de Kart Marx. MEW, vol. 6, pág. 234.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 165
mientos del "orden" reaccionario existente. El público presente en el tribunal aplaudió la intervención de Marx, y el jurado lo de-claró "no culpable".
El procedimiento judicial del día siguiente tuvo más importancia que ese juicio En esa ocasión. Marx, Karl Schapper y el demócrata pequeñoburgués Karl Schneider fueron llevados ante el tribunal. Se los acusaba, como miembros de la comisión de acción de demócra-tas del Rin, de haber llamado al pueblo, en noviembre de 1848, a negarse a pagar los impuestos, y de ese modo agitar en favor de una rebelión contra el gobierno. Marx convirtió el tribunal, atesta-do hasta el techo, en un tribunal revolucionario. No le importaba defenderse ante el jurado. Ante todo habló de las masas populares, por quienes deseaba ser escuchado y entendido, dijo. Acusó al go-bierno de maquinar un coup d’état tras otro, y de eliminar los dere-chos legales por medio de una dictadura militar absoluta, llamada, en forma eufemística, estado de sitio. Pero ahora, precisamente ese gobierno se atrevía a invocar contra el pueblo leyes "que la propia Corona había pisoteado".192
Marx mostró luego, en forma minuciosa, que la negativa a pagar impuestos era una medida de defensa natural del pueblo contra un gobierno reaccionario. Defendió con decisión la soberanía del pue-blo, su derecho a intervenir en el proceso histórico y a responder con la violencia a la violencia contrarrevolucionaria. "Cuando la Corona —dijo— hace la contrarrevolución, el pueblo está justifi-cado en responder con la revolución."193 Ni siquiera la Asamblea Constituyente prusiana tenía derechos propios. "El pueblo no hizo más que trasladarle la defensa de sus derechos. No cumple con su mandato, y por lo tanto deja de existir. Entonces el pueblo mismo
aparece en escena y actúa sobre la base de su legítima autori-dad."194
El primer proceso de prensa contra Neue Rheinische Zeitung. Discurso de defensa de Kart Marx. MEW, vol. 6, pág. 240.
El primer proceso de prensa contra Neue Rheinische Zeitung. Discurso de defensa de Kart Marx. MEW, vol. 6, pág. 257.
El primer proceso de prensa contra Neue Rheinische Zeitung. Discurso de
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 166
La acusación también sufrió un revés en esta acción judicial. Marx, Schapper y Schneider fueron absueltos de las acusaciones. ¡El presidente del jurado agradeció inclusive a Marx por sus instructi-vas observaciones!
Después de estas humillantes derrotas, las fuerzas contrarrevolu-cionarias recurrieron a otros métodos para atacar a Marx. Su co-rrespondencia fue abierta. Los soplones de la policía lo espiaban. Era amenazado por cartas anónimas. Estas provocaciones sólo ob-tuvieron como respuesta la risa y el desprecio de Marx y sus cola-boradores, como lo mostraban todos los días las columnas de Neue Rheinische Zeitung.
Un día de marzo de 1849 dos suboficiales se introdujeron en el ho-gar de Marx y lo interpelaron respecto de presuntos insultos a su casta. Marx los recibió de bata, con la culata de una pistola aso-mando por el bolsillo. El arma estaba descargada, pero indujo a los oficiales a retirarse de prisa.
Más tarde Engels describió cuánto asombro existía "afuera, en el Reich", porque los colaboradores de Neue Rheinische Zeitung si-guieran con su trabajo editorial, inconmovibles, "en una fortaleza prusiana de primer rango, bajo las narices de una guarnición de 8.000 hombres y a plena vista del departamento central de policía", Pero "gracias a las ocho bayonetas y a las 250 cargas de municio-nes que existen en las oficinas editoriales, y a las rojas capas jaco-binas de los tipógrafos", el edificio del periódico "también era con-siderado una fortaleza por los oficiales, quienes entendían que no era posible tomarlo por medio de un simple coup de main‖.195
Desde mediados de enero en adelante, el "Intimus" de Marx, En-gels, se encontró otra vez personalmente a su lado. Engels había colaborado con cantidad de artículos, en especial sobre asuntos ex-tranjeros, desde Suiza, donde buscó refugio durante un tiempo. Pe-ro Marx echaba mucho de menos la presencia de su colaborador en
defensa de Kart Marx. MEW, vol. 6, pág. 256.
195 Federico Engels: Marx y la "Neue Rheinische Zeítung", 1848 a 1849.
MEW, vol. 21, pág. 23.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 167
las escaramuzas cotidianas. Envió dinero a Engels, le mandó ropas y le hizo sugestiones para su labor periodística. Cuando falsos ami-gos trataron de sembrar la discordia entre ellos, Marx escribió a Engels, con calor: "El que pueda dejarte en la estacada siquiera por
un momento, es una pura fantasía. Sigues siendo mi Intimus (ami-go íntimo) como espero que yo lo sea de ti".196
Marx y Engels observaban con viva simpatía el florecimiento de nuevas organizaciones proletarias en todas las regiones de Alema-nia, a comienzos de 1849, y el fortalecimiento de la tendencia a una asociación nacional de los obreros. Basándose en la Asociación de Obreros de Colonia y en Neue Rheinische Zeitung, los comunistas desempeñaron un papel dirigente en ese acontecimiento.
Marx y sus camaradas dedicaban gran energía a la difusión de las tareas políticas de la clase obrera en la Asociación Obrera de Colo-nia, y en especial de las 17 Reivindicaciones del Partido Comunista de Alemania. Al mismo tiempo, Marx se encontró con el dirigente de la Fraternidad Obrera, Stephan Born, y analizó con él la manera de orientar a las asociaciones unidas en la Fraternidad hacia una participación más activa en la lucha política.
En los primeros meses de 1849 se llevaron a cabo una serie de congresos obreros regionales en distintos lugares de Alemania, y entre ellos Heidelberg, Hamburgo, Altemburgo y Nuremberg. Marx los siguió con atento interés. Todos ellos expresaban el deseo de los obreros más progresistas, de la unificación de sus organiza-ciones. Los participantes decidieron organizar un congreso pan-germano en Leipzig, en junio de 1849, en el cual se fundaría una asociación obrera nacional alemana. Marx saludó este proyecto con cordialidad, e hizo todo lo posible por llevarlo adelante. Neue Rheinische Zeitung informaba en detalle acerca de los esfuerzos de los trabajadores por una organización y acciones independientes, y Marx y Engels, en sus artículos, colaboraron en el esclarecimiento ideológico en el seno de las organizaciones obreras.
Los directores refugiados del periódico volvieron a Colonia, sin ser
Marx a Engels, mediados de noviembre de 1848. MEW, vol. 27, pág. 130.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 168
molestados, ya que algunas de las acciones judiciales contra ellos habían sido abandonadas, y comenzaron a trabajar junto con los dirigentes de la Asociación Obrera de Colonia para unificar las or-ganizaciones obreras de toda la provincia del Rin y Westfalia. El 11 de abril la Asociación Obrera de Colonia llamó a todos los gru-pos de obreros de Renania a unirse según una base regional. Tres días después, Marx, Schapper, Wilhelm Wolff y sus colegas renun-ciaron a la comisión de distrito renana de las sociedades democráti-cas, porque "la organización existente de sociedades democráticas reúne demasiados elementos heterogéneos como para hacer posi-ble una labor fructífera en favor de la causa". Abrigaban la convic-ción "de que una vinculación más estrecha entre las asociaciones obreras es más deseable, ya que están compuestas de elementos homogéneos".197
Después de la separación organizativa de los obreros respecto del movimiento pequeñoburgués, como es natural, Marx seguía consi-derando necesario tratar de llevar adelante acciones conjuntas en la lucha frente a la contrarrevolución. El 17 de abril los dirigentes de la Asociación Obrera de Colonia decidieron convocar un congreso provincial en Colonia, el 6 de mayo, de las asociaciones de trabaja-dores de ambas provincias. Nombraron una comisión provincial provisional de las asociaciones obreras del Rin-Westfalia, y eli-gieron a Marx para que la integrase. De tal modo éste pudo partici-par de manera directa en los preparativos organizativos para una organización obrera germana. Pero además le preocupaba, y en no menor medida, la independencia y madurez política e ideológica de la Asociación Obrera Pangermana que se proyectaba.
Para mostrar a los obreros "las relaciones económicas en que se basa la existencia de la burguesía y su régimen de clase...",198 Marx comenzó la publicación, a partir de Neue Rheinische Zeitung del 5 de abril, de su obra Trabajo asalariado y capital. Los artículos se basaban en el manuscrito de las disertaciones que había pronuncia-do a finales de 1847 ante la Asociación Obrera Alemana de Bruse-
Aclaración. MEW, vol. 6, pág. 426.
Carlos Marx: Trabajo asalariado y capital, SW, pág. 72.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 169
las. En ese trabajo teórico, Marx explicaba a los obreros la esencia de la explotación capitalista, y con ello la base material de la lucha de clases moderna.
Ponía al desnudo el infranqueable antagonismo que se desarrolla en la sociedad capitalista, entre los dueños de los medios de produc-ción y losasalariados, que la burguesía encubre o embellece, pero que no por ello consigue eliminar.
El objetivo de Marx, como lo escribía en su introducción, consistía en presentar el material en la forma más simple y popular, de modo que pudiese ser entendido con facilidad por los trabajadores. Su serie fue utilizada en el acto para un análisis sistemático, en las reuniones de la Asociación de Obreros de Colonia. Ayudó a los trabajadores a reconocer con más claridad su situación social y política en la sociedad burguesa, así como sus intereses de clase y las metas de su movimiento de emancipación social.
Pero no sólo eso. La Asociación de Obreros de Colonia se dirigió a todas las asociaciones de trabajadores de toda Alemania, defendió los artículos de Marx y las instó "a discutir el problema del trabajo asalariado" y "hacer conocer sus opiniones al respecto".199 De esa forma, la influencia de Marx y sus camaradas se extendió mucho más allá de las fronteras de Renania, hasta las asociaciones obreras que avanzaban hacia la unificación, y les enseñó a luchar con inde-pendencia por su liberación, en el espíritu del Manifiesto Comunis-ta.
El 20 de abril, Neue Rheinische Zeitung anunció que la serie sobre Trabajo asalariado y capital debía interrumpirse, porque Marx se encontraba ausente de Colonia. ¿Qué había sucedido? A mediados de abril, en un momento decisivo, Neue Rheinische Zeitung se en-contraba con sus finanzas tan agotadas, que la continuación de su publicación corría serio peligro.
Marx consideraba que el periódico era el arma más importante de los comunistas para llevar adelante la revolución. Además era in-
Libertad, fraternidad, trabajo. En Gerhard Becker: Karl Marx und Frie-drích Engels in Köln, 1848-49, Berlín, 1963, pág. 252.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 170
dispensable para la preparación ideológica del congreso obrero pan-germano de Leipzig, y de la futura organización obrera pan-germana. Por lo tanto inició un viaje, de varias semanas de dura-ción, por el noroeste de Alemania y Westfalia, para reunir dinero entre amigos y camaradas. Al mismo tiempo fortaleció los vínculos con los miembros de la Liga Comunista y los demócratas que tra-bajaban en ella. El éxito financiero fue moderado en Bremen, Hamburgo, Bielefeld y Hamm, pero no obstante escribió a sus co-legas de Colonia, con optimismo: "No humillen la cabeza. Les cho-ses marcheront: las cosas irán adelante".200
Cuando salió de Colonia a mediados de abril, los preparativos para la unificación de los obreros alemanes estaban muy avanzados. El congreso obrero de Colonia planeado para el 6 de mayo se realizó, y concretó la unificación de la organización obrera del Rin-Westfalia. Pero la reacción, que ahora avanzaba en forma concen-trada, interrumpió el esperanzado desarrollo del partido obrero pangermano.
Desde mediados de abril las fuerzas revolucionarias y la contrarre-volución feudal se equipaban para una nueva demostración de vi-gor. A comienzos de mayo, mientras Marx se encontraba en Ham-burgo, comenzó la batalla decisiva.
La causa inmediata fue la Constitución alemana, decidida al final por la Asamblea Nacional de Francfort, a finales de marzo, después de meses de debates. Esta Constitución liberal no proclamaba una única república democrática alemana, sino una monarquía alemana hereditaria, que debía abarcar a todos los Estados alemanes, fuera de Austria, con un Parlamento pangermano, A pesar de estas medi-das tibias, esta Constitución de un Reich era un avance respecto de la división política y económica de Alemania, entonces predomi-nante, y de la hegemonía ilimitada de los gobernantes feudales.
La burguesía abrigaba la esperanza de poner fin a la revolución con esa primera Constitución burguesa alemana. Pero la mayoría de los príncipes alemanes —el rey de Prusia y el káiser de Austria ante
Marx a Engels, 23 de abril de 1849, MEW, vol. 27, pág. 135.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 171
todo— rechazaron con arrogancia la Constitución. De tal manera, su puesta en vigor por el pueblo, frente a la resistencia del gobierno contrarrevolucionario, se convirtió en el símbolo del progreso de-mocrático.
La llama de la revolución volvió a encenderse... primero en Dres-den. El 3 de mayo los obreros de Dresden atacaron el arsenal, le-vantaron barricadas y exigieron que el gobierno de Sajonia recono-ciera la Constitución. Pero el rey de Sajonia llamó a las tropas pru-sianas. Los trabajadores, artesanos e intelectuales de Dresden de-fendieron la Ciudad Vieja durante seis días, con empecinada valen-tía. Entre ellos se encontraba el famoso constructor Gottfried Sem-per, el joven Ricardo Wagner y revolucionarios y demócratas pola-cos y rusos. El 9 de mayo tuvieron que rendirse ante las abrumado-ras fuerzas militares del enemigo.
Pero cuando los últimos combatientes se retiraron de las barricadas de Dresden, hacia las montañas del Erz, estallaron levantamientos en otras partes de Alemania: en Renania, Westfalia, Baden y el Pa-latinado.
El último número rojo
El 16 de mayo, cuando Marx regresó a Colonia, ésta era una forta-leza asediada. Una semana antes también habían estallado levan-tamientos armados en la orilla derecha del Rin, en Solingen, Elber-feld y otras ciudades, cuando la milicia llamada por el gobierno prusiano para reprimir el movimiento popular se negó a obedecer órdenes. Engels partió en seguida para Elberfeld, para poder estar en el lugar, en caso de que en la ciudad de su nacimiento se desa-rrollara un conflicto armado frente a la contrarrevolución. Gracias a su inmediata intervención en las medidas de defensa militar, con-quistó muy pronto la confianza de los trabajadores de Elberfeld. Pero la burguesía liberal y muchos de sus amigos pequeñoburgue-ses temían al director de Neue Rheinische Zeitung en tal medida, que al cabo volvieron a expulsarlo de la ciudad. También traiciona-ron a los obreros que estaban decididos a resistir, de modo que el
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 172
mando prusiano, con un ejército de más de 20.000 hombres, pudo "pacificar" la provincia a punta de bayoneta.
Engels volvió a las oficinas editoriales del periódico unas horas antes que Marx. No cabía duda de que pronto se le haría entrega de la orden de arresto. Por otra parte, Marx esperaba la ejecución de una orden emitida contra él el 11 de mayo, de expulsión de Prusia. La base para la orden era la afirmación de que Neue Rheinische Zeitung había promovido cada vez más "la instigación de la sub-versión contra el gobierno, su derrocamiento violento y la creación de una república social". La orden especificaba, además: "Si no cumple en forma voluntaria el decreto de expulsión, debe llevárselo por la fuerza al otro lado de la frontera".201
El Estado militar prusiano se sentía ya lo bastante fuerte, después del sangriento aplastamiento de los levantamientos revolucionarios de Sajonia y Renania por los batallones prusianos, para liquidar el periódico que temía, por medio de las medidas indirectas, antes mencionadas. A pesar de la orden de expulsión, Marx trató de lo-grar la publicación posterior del periódico. A ello el gobierno repli-có que también expulsaría del país a todos los otros directores. Y en rigor Dronke y Weerth fueron expulsados, y Engels, Wilhelm y Ferdinand Wolff procesados por los tribunales.
"Nada podía hacerse —escribía Engels más tarde— mientras un cuerpo de ejército apoyase al gobierno.
Teníamos que abandonar nuestra fortaleza, pero nos retiramos con armas y bagajes, con una banda musical y con las banderas desple-gadas del último número rojo."202 Ese último número del 19 de mayo fue impreso en rojo, desde la primera hasta la última línea, y distribuido en muchos millares de ejemplares. Con él, Marx y sus camaradas elaboraron un digno recuerdo de Neue Rheinische Zeitung. Advertían al pueblo de Colonia contra golpes desespera-
Carlos Marx: La liquidación de Neue Rheinische Zeitung bajo el estado de sitio. MEW, vol. 6, pág. 503.
Federico Engels: Marx y la "Neue Rheinische Zeitung", 1848 a 1849. MEW, vol. 21, pág. 23.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 173
dos que sólo beneficiarían a la contrarrevolución. Su llamamiento a los trabajadores terminaba con las siguientes palabras: "Los direc-tores de Neue Rheinische Zeitung les agradecen, en esta despedida, la simpatía que les mostraron. Su última palabra será siempre, y en todas partes: '¡Emancipación de la clase obrera!'."203 Pero al enemigo, Marx le declaraba: "Somos implacables, y no les pedire-mos simpatía. "Hemos reivindicado el honor revolucionario de nuestro país natal".204
En el poderoso poema, Una palabra de despedida de "Neue Rhei-nische Zeitung", de Freiligrath, el camarada de Marx, el último número anunciaba con profundo optimismo revolucionario:
Adiós, pues, adiós, mundo de lucha, ¡Adiós, ejércitos combatientes!
¡Adiós, campos ennegrecidos por la pólvora, Adiós, espadas y lanzas!'
¡Adiós... pero no adiós para siempre! ¡No matan nuestro espíritu, hermanos! Pronto me levantaré, romperé mis cadenas. Pronto volveré, armas en mano.205
Entonces dejó de existir el primer diario del proletariado revolu-cionario, el primer periódico en el cual el comunismo científico era la base para todo su trabajo. En sus columnas, Marx, Engels y sus colaboradores pusieron en práctica los principios que aún hoy son característicos de la prensa socialista revolucionaria. Firme en sus principios e inflexible en la táctica, científica y partidista, movili-zadora y organizadora de las masas, popular y polémica: estos atri-butos, según palabras de Benin, permitieron que Neue Rheinische Zeitung se convirtiera "en el mejor órgano, el órgano sin rivales del
An die Arbeiter Kölns. MEW, vol. 6, pág. 519.
Carlos Marx: La persecución contra Neue Rheinische Zeitung bajo el es-tado de sitio. MEW, vol. 6, págs. 505-506.
Die Achtundvierziger, pág. 80.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 174
proletariado revolucionario".206
Una vez más, a Marx sólo le quedaba el camino del exilio. Pero ante todo había que reunir dinero necesario para pagar a los acree-dores del periódico, los salarios de los tipógrafos é impresores, las cuentas de los abastecedores de papel, los honorarios de los corres-ponsales y las necesidades de emergencia de los colegas acosados por órdenes de arresto. Carlos y Jenny sacrificaron todo lo que les quedaba: habían hecho una contribución total de 7.000 táleros en los dos años revolucionarios. A la familia no le quedaba más que la platería de Jenny, que en el acto fue llevada al montepío de modo que por lo menos les quedase dinero para sus necesidades inmedia-tas.
En tanto que Jenny y los tres niños viajaban a casa de su madre, en Tréveris, Marx y Engels se dirigieron hacia el suroeste de Ale-mania. Allí la fuerza del movimiento revolucionario permanecía intacta. Bajo la dirección de la pequeña burguesía radical, las ma-sas populares se habían fortalecido en Baden y el Palatinado gra-cias a la fraternización con el ejército de Baden, e iniciado un le-vantamiento armado. Exigían el reconocimiento de la Constitución del Reich por su gobierno; el levantamiento revolucionario que comenzó entonces —si se lo conducía con firmeza— habría podido avanzar más allá del objetivo inmediato de la lucha por una repú-blica democrática.
Marx y Engels se apresuraron a llegar a Francfort. Allí trataron de convencer a los demócratas radicales pequeñoburgueses de que llamasen a los rebeldes de Baden y el Palatinado de Francfort, para proteger a la Asamblea Nacional. Predicaron ante oídos sordos. En Mannheim, también trataron de convencer a los dirigentes revolu-cionarios de Baden de que llevasen el ejército popular a Francfort, pero una vez más, sin éxito. Lo mismo ocurrió en Karlsruhe, Spe-yer y Kaiserslautern: en todas partes los dirigentes pequeñoburgue-ses no se dejaron convencer, y no hicieron más que mirar, pasivos,
V. I. Lenin: "Carlos Marx", en Obras escogidas, Editorial Progreso, Mos-cú, 1964, pág. 66.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 175
mientras los regimientos del rey prusiano se internaban cada vez más en la provincia, como verdugos de la revolución.
Al cabo, a comienzos de junio, los dos amigos se separaron en Bingen. Marx viajó a París, comisionado por los demócratas del Palatinado para negociar con sus camaradas franceses el apoyo al levantamiento en Alemania. Pero a mediados de junio el partido democrático también sufrió una derrota final en París.
Marx seguía entonces con afiebrada ansiedad los informes del sur-oeste de Alemania. Sabía que los miembros de la Liga Comunista estaban, en todas partes, en la primera fila de los millares de obre-ros armados que luchaban, con invencible denuedo, contra las su-periores fuerzas prusianas. Le enorgulleció que los comunistas fue-sen los más valerosos. Entre ellos se contaba Federico Engels, quien cumplió con sus deberes revolucionarios como ayudante en un cuerpo de voluntarios, y de tal modo garantizó que "Neue Rhei-nische Zeitung estuviese representado, honoris causa, también en el ejército del Palatinado-Baden".207 Entre los voluntarios se en-contraban muchos de sus más íntimos camaradas de Colonia, quie-nes habían luchado con él hombro a hombro. A comienzos de julio los informes llegados del escenario de las luchas se hicieron cada vez más inquietantes. Con tres cuerpos de ejército, la contrarrevo-lución barría la provincia de Baden. El ejército popular revolucio-nario tuvo que retroceder paso a paso, y al cabo debió retirarse al otro lado de la frontera, hacia Suiza. Joseph Moll, el valiente com-batiente, ya había caído en la lucha. Los militares prusianos estran-gularon el levantamiento con rápidos juicios fraguados y sangrien-tas represalias.
La derrota del ejército revolucionario de Baden- Palatinado signi-ficaba el fin de la revolución. La reacción en Alemania, lo mismo que en Francia, volvía otra vez a contar con sus plenos poderes. Los que usó en forma implacable, en París no menos que en Berlín y Viena.
Federico Engels: Campaña por la Constitución del Reich alemán. MEW, vol. 7, pág. 161.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 176
Apenas Marx se había reunido con su amada esposa e hijos, apenas se trasladó a un departamentito de la Rue de Lille, cuando uno de los tristemente célebres sargentos de policía se presentó con una orden del gobierno burgués francés: debía salir de París en el acto, y su residencia quedaba limitada al pantanoso distrito de Bretaña. Ello habría significado una muerte segura para los niños, a menudo enfermos. Marx rechazó ese "intento disimulado de asesinato".208 Con grandes esfuerzos, logró reunir suficiente dinero para viajar a Londres.
Marx a Engels, 23 de agosto de 1849. MEW, vol. 27, pág.142.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 177
CAPÍTULO IV.
1849-1864
Balance de la revolución - Vida de refugiado - Papa Marx estudia - Familia y amigos - Nuevas batallas en el horizonte
Balance de la revolución
Marx llegó a Londres el 26 de agosto de 1849. Esa vez no iba a In-glaterra para continuar sus estudios económicos, como en 1845, o para combatir por sus concepciones teóricas ante los representantes del proletariado internacional, como en el otoño de 1847. Los agen-tes de la reacción, fortalecidos una vez más, lo habían empujado al exilio, junto con muchos millares de otros refugiados. La con-trarrevolución se vengaba en los demócratas y patriotas de todo el continente mediante persecuciones y arrestos, sentencias de cárcel y deportaciones. Trataban de extinguir la carrera política de todos los patriotas por medio de una interminable cadena de prohibicio-nes y persecuciones.
Marx hizo solo el viaje a Inglaterra. Su esposa e hijos tuvieron que esperar en París hasta que reuniese el dinero necesario para el viaje.
Engels se hallaba en Suiza. Poco antes de su partida de París, luego de semanas de aprensión acerca de su amigo, Marx recibió de él una carta en el sentido de que se encontraba con vida, y en seguida respondió: "¡Querido Engels! He pasado mucha ansiedad por ti".209
Marx a Engels, 1 de agosto de 1849. MEW, vol. 27, pág. 139.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 178
Y un poco más tarde: "En Londres tengo perspectivas positivas pa-ra la financiación de un periódico alemán... Por lo tanto debes venir en seguida. Además, será mejor para tu seguridad. Los prusianos te
fusilarían por dos razones: 1) por lo de Baden, 2) por lo de Elber-feld".210 Marx no era una persona que se dejase abrumar por el pe-
simismo... A pesar del triunfante clamoreo de los contrarrevolucio-narios, a despecho de las oscuras perspectivas de ese nuevo exilio. La lucha revolucionaria continuaría, sólo que con otros métodos, en otras formas y con otras tácticas.
Londres, con sus más de 2.000.000 de habitantes, era entonces la ciudad más grande de la tierra. Era la capital del país capitalista más altamente desarrollado, el taller del mundo. En la primavera de 1848 la revolución europea también había golpeado a las puertas de Inglaterra, donde el más grande movimiento obrero inglés, el cartista, convocó a demostraciones de masas para la ampliación de los derechos democráticos fundamentales. Pero el movimiento su-frió una derrota tan importante, que sus fuerzas revolucionarias quedaron extinguidas durante mucho tiempo.
Ahora, después de la derrota de la revolución europea, Inglaterra —y en especial Londres— se convertía en centro de los emigrantes políticos, junto con Suiza y Estados Unidos. Sería la última esta-ción de la vida de Marx como refugiado. Al mismo tiempo, o un poco más tarde, también llegaron los miembros más activos de la Liga Comunista. La filial londinense de la Liga se convirtió en lu-gar de reunión para los miembros de la Liga alemana que habían emigrado. La Asociación Obrera Educativa Comunista, que fun-cionaba legalmente, despertó entonces a una nueva actividad. No es de extrañar que muchos obreros refugiados de Inglaterra, al en-contrarse desocupados y sin dinero, trasplantados de pronto a un país extraño cuyo idioma, costumbres y modalidades no conocían, y cuyo gobierno los miraba con suspicacia... no es extraño que esos emigrantes recurriesen, en procura de ayuda, a los mismos comu-nistas que en Alemania les habían mostrado el camino en las luchas revolucionarias.
Marx a Engels, 23 de agosto de 1849. MEW; vol. 27, pág.142.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 179
Marx se vio frente a una multitud de tareas. Junto con Heinrich Bauer, Kad Pfänder, Johann Georg Eccarius, el publicista Sebas-tian Seiler y otros camaradas, instaló una nueva oficina central de la Liga. La tarea inmediata era la de buscar ayuda para los refugia-dos políticos de Alemania. En septiembre Marx propuso, a una reunión general de la Asociación Obrera Educativa, que se estable-ciera una comisión para ayudar en esa labor. La reunión lo aceptó y eligió a Marx presidente de la comisión. También se nombró para integrada a Heinrich Bauer y Karl Pfänder. Muchos de los miem-bros de la comisión se encontraban asimismo en una situación de penuria, pero decidieron no aceptar nada para sí, del fondo de soli-daridad, y otorgar prioridad a sus camaradas de clase y otros refu-giados políticos. Para Marx esa era una evidente expresión de la moral comunista.
Marx dedicó entonces mucho tiempo y energía a la comisión de solidaridad. Era necesario encontrar, cada vez más, nuevas fuentes de ayuda, dedicar fatigosos esfuerzos a pequeños detalles, escribir cartas, visitar a simpatizantes y dar esperanzas a los desalentados. Marx sabía, por sus propias experiencias, cuánta valentía y fuerza daban esa solidaridad a los acosados revolucionarios. Durante esos meses, él mismo luchó contra la más profunda pobreza.
Jenny, los tres niños y Lenchen llegaron de París a mediados de septiembre. Con ayuda de Georg Weerth, relataba Jenny más tarde, "se compró a toda prisa un departamento más grande en Chelsea, ya que se acercaba cada vez más el momento en que un techo más pacífico sobre mi cabeza tendría gran importancia. El 5 de noviem-bre... nació mi pobre Heinrich".211 De tal modo, los problemas de los padres se acrecentaron. Ni siquiera Engels estaba en condicio-nes de ayudar. Luego de un viaje por mar de cinco semanas, desde Génova, llegó a Londres sin dinero. Pero por más que estas preo-cupaciones pesaran sobre Marx, no consiguieron doblegado.
Hizo todo lo posible para proteger del hambre a los refugiados
Jenny Marx: Breve esbozo de una vida agitada. En Mohr und General, págs. 211-212.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 180
obreros. Al mismo tiempo se esforzó por reunir otra vez a los revo-lucionarios proletarios en el exilio, por fortalecer la Oficina Central de la Liga Comunista y de la Asociación Obrera Educativa Comu-nista, y restablecer las vinculaciones con los miembros de la Liga que habían permanecido en Alemania. Ello era de importancia, ya que los voceros de los demócratas pequeñoburgueses entre los in-migrantes trataban de unir a todos los refugiados alemanes bajo su dirección, y hacer que los obreros abandonaran sus organizaciones de clase independientes. Para impedirlo, Marx redobló sus esfuer-zos de reorganización de la Liga Comunista lo antes posible, y ex-plicó a los refugiados obreros las tareas de clase que les esperaban. Como todos los otros miembros de la Liga, también él, en ese mo-mento, seguía esperando que la revolución alemana volviese a esta-llar en el futuro cercano. En ese caso, la clase obrera necesitaría contar con un partido que funcionara con independencia, y que im-pidiese que la mayoría del proletariado no hiciese más que seguir, desde la retaguardia, a la pequeña burguesía.
A comienzos de 1850 empezó a invitar a los miembros activos de la Liga a su hogar, para analizar con ellos problemas teóricos. Más o menos por la misma época ofreció una serie de disertaciones so-bre temas económicos, y leyó el Manifiesto Comunista ante la Asociación Obrera Educativa Comunista, compuesta entonces, en su mayoría, de refugiados obreros alemanes. Entre sus oyentes se contaba un joven estudiante refugiado, quien había luchado frente a la contrarrevolución en Baden, armas en manos, y luego huido a Londres vía Suiza. Se llamaba Wilhelm Liebknecht. Pronto se con-vertiría en un leal discípulo, amigo y camarada de Marx y Engels.
Para hacer comprensible el "secreto" de la explotación capitalista a los obreros, Marx tenía su propio método. Más tarde Liebknecht lo explicó como sigue: "Introducía una proposición, en la forma más concisa posible, y luego la explicaba más en detalle, siempre con el máximo cuidado de evitar expresiones que los obreros no pudiesen entender. Luego pedía que se le hicieran preguntas. Si no las había, se dedicaba a examinar a sus oyentes, y lo hacía con tal habilidad pedagógica, que no se le escapaba una sola laguna, un solo error de comprensión... Cuando enseñaba, usaba un encerado en el cual es-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 181
cribía sus fórmulas... inclusive las del comienzo de Das Kapital, que tan bien hemos llegado a conocer".212
En sus primeros meses de exilio en Londres, Marx dedicó especial atención a la fundación de un nuevo órgano periodístico. El objeti-vo consistía en explicar en él las lecciones que habían surgido de la revolución, para la lucha futura, para la estrategia y táctica del pro-letariado. Ese periódico era vital para la orientación política de los revolucionarios proletarios dispersos en todo el mundo; pero su fundación resultaba muy difícil, en especial en términos del dinero necesario para su publicación.
Se planeó editarlo con el nombre, ya famoso, de Neue Rheinische Zeitung, pero no como diario, sino como periódico, "una revista político-económica". Sería el órgano de la Liga Comunista y se dis-tribuiría, no sólo en las librerías, sino también por los miembros de la Liga, y de ese modo pasaría en forma directa a las actividades de propaganda de ésta. Después de interminables preparativos, por fin apareció el primer número de la nueva Neue Rheinische Zeitung. Revista político-económica, en Hamburgo, a comienzos de marzo de 1850, en 2.500 ejemplares. El segundo número se publicó el mismo mes. Otros cuatro números aparecieron durante el año. Los artículos más importantes y amplios provenían de Marx y Engels. En esa revista publicó Marx Luchas de clases en Francia, 1848-1850, y Engels Campaña alemana por una Constitución para el Reich, y La guerra campesina en Alemania. Estas obras fueron de la máxima importancia para el desarrollo de la orientación teórica y táctica de la clase obrera después de la revolución. Pero la distribu-ción de la publicación en Alemania encontró grandes dificultades. Los libreros temían el riesgo político y material. La mayoría de quienes habían prometido distribuirlo se retractaron, de modo que Marx tuvo que abandonar el proyecto, a finales de 1850, lamentán-dolo mucho.
Entre tanto, en el hogar, la pobreza se había vuelto inimaginable.
Wilhelm Liebknecht: Carlos Marx en el recuerdo. En Mohr und General, pág. 61.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 182
Jenny describía su vida en una carta a Joseph Weydemeyer, íntimo amigo de la familia, a finales de marzo de 1850: "Como las nodri-zas cobran aquí precios exorbitantes, decidí alimentar yo misma a mi niño, a pesar de constantes y terribles dolores en la espalda y el pecho. Pero el pobre angelito bebió tantas de mis propias preocu-paciones y ansiedades no expresadas, que enfermó crónicamente, y día y noche sufría agudos dolores. No ha dormido una sola noche desde que nació: dos o tres horas cuando mucho. Hace muy poco fue atacado de tremendos calambres, de modo que oscilaba sin ce-sar entre la muerte y una vida desdichada. En esa situación lamen-table, succionaba con tanto vigor, que mis pechos estaban heridos y agrietados. A veces la sangre penetraba en su boquita temblorosa. Y así me encontraba sentada un día cuando entró... nuestra case-ra… y exigió las cinco esterlinas que todavía le debíamos. Como no pudimos pagarle en seguida... llegaron a la casa dos funciona-rios para despojarnos de mis escasas posesiones, camas, ropa blan-ca, trajes, todo... inclusive la cuna de mi pobre niñito, los mejores juguetes de las niñas, presentes en ese momento, con cálidas lágri-mas. Amenazaron con llevárselo todo en un plazo de dos horas. Entonces me acosté en el piso desnudo, con mi niño helado.
"Al día siguiente debíamos abandonar la casa. Era un día frío, llu-vioso y lúgubre. Mi esposo buscó un departamento, pero nadie que-ría recibirnos cuando mencionaba a los cuatro niños. Por último un amigo nos ayudó, pagamos el embargo y yo vendí todas mis camas a fin de pagar al boticario, el panadero, el carnicero y el lechero, quienes, ansiosos ante el escándalo del embargo, cayeron de pronto sobre mí con sus facturas. Las camas fueron apiladas sobre un ca-rro, ante la puerta... ¿y qué ocurre? Ya era tarde, había anochecido, y una ley inglesa lo prohíbe. Se presenta el casero con la policía, y afirma que podría haber algunas cosas de él, que queremos huir con ellas a un país extranjero. En menos de cinco minutos más de dos-cientas o trescientas personas se agolpan ante nuestra puerta, bo-quiabiertas, toda la muchedumbre de Chelsea. Las camas vuelven a entrar. Sólo después de la salida del sol podrán ser entregadas al comprador. Entonces, cuando gracias a la venta de todas nuestras posesiones podemos por fin pagar hasta el último penique, me tras-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 183
lado con mis seres amados a nuestras dos actuales y minúsculas habitaciones del Hotel Alemán, número 1 de la calle Leicester, Leicester Square, donde encontramos refugio humano por 5½ li-bras semanales".213
Pero ni siquiera de ese refugio pudieron gozar durante mucho tiempo. El mismo año tuvieron que trasladarse una vez más a otro barrio, en esa ocasión a una miserable vivienda del distrito del Soho, número 64 (ahora 69) de la calle Dean, seguida poco después por otra mudanza al 28 de la calle Dean, donde por fin permanecie-ron varios años. Pero Jenny no desesperaba en esas situaciones, aunque quebrasen el espíritu de otros. En la desgarradora carta ci-tada más arriba, continúa diciendo: "No crea que estos mezquinos sufrimientos me han doblegado. Sé demasiado bien que nuestra lucha no es una lucha aislada, y hasta qué punto pertenezco a los
pocos afortunados, a los más favorecidos, ya que mi querido espo-so, el pilar de mi vida, sigue a mi lado".214
En momentos en que inclusive los revolucionarios más audaces sentían la pesada mano de la desesperación y la resignación, Marx hizo, literalmente, el trabajo de dos personas. Lo que lo mantenía era su convicción profunda, de bases científicas, de que su causa era justa, su inconmovible creencia en la fuerza de la clase obrera, y su optimismo revolucionario, basado en esa creencia. Gracias a sus extraordinarios poderes de concentración, y a la comprensión que le mostraban Jenny y Lenchen, siempre pudo apartarse de las desdichas cotidianas y dedicarse a las tareas científicas y políticas por las cuales estaba dispuesto a aceptar todos los sacrificios per-sonales.
Marx sostenía la creencia de que inclusive los reveses más enor-mes, aun las derrotas más sangrientas, tienen su aspecto positivo si la gente aprende de ellas. Creía que las tareas inmediatas de la Liga Comunista consistían en estudiar y generalizar las lecciones de la
Jenny Marx a Joseph Weydemeyer, 20 de mayo de 1850. MEW, vol. 27, páginas 608-609.
Jenny Marx a Joseph Weydemeyer, 20 de mayo de 1850. MEW, vol. 27, pág. 609.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 184
revolución, y ayudar a las masas obreras a entender las experien-cias de las dos guerras revolucionarias. Se lanzó a esta tarea junto con Engels. A finales de marzo —en el mismo período en que Jenny escribía su conmovedora carta—, Marx y Engels establecie-ron ante el buró central de la Liga las conclusiones a que habían llegado. El buró aprobó el documento. Autorizó a uno de sus miembros más responsables, Heinrich Bauer, a viajar a Alemania y a trasmitir a los comunistas que entonces trabajaban allí en la ile-galidad el Mensaje del Buró central a la Liga, en marzo de 1850.
Marx y Engels podían decir, con justificado orgullo, desde el co-mienzo de su mensaje, que la Liga había pasado sus pruebas, du-rante la revolución, en un doble sentido: "En primer lugar, por el hecho de que sus miembros, en todas las localidades, participaron con energía en el movimiento. Que en la prensa, en las barricadas y en los campos de combate se encontraron en las primeras filas de la única clase revolucionaria coherente, el proletariado. La Liga pasó su prueba, además, porque su estimación del movimiento... demos-tró ser la única correcta".215 En otras palabras: el comunismo cien-tífico había aprobado su primera prueba histórica. Ello era de la mayor importancia para la educación ideológica de la mayoría de los obreros progresistas, y para el desarrollo de su teoría.
Pero la revolución no había cumplido con su misión. Alemania no estaba unificada ni convertida en un Estado democrático. La res-ponsabilidad de esta derrota, declararon Marx y Engels, recaía so-bre la gran burguesía. En lugar de conducir a las masas populares al derrocamiento del régimen feudal, se alineó junto a la contrarre-volución, frente a sus aliados naturales, los obreros y campesinos, sólo para que a la postre le arrancaran de entre las manos el timón del Estado. En una nueva revolución, ese papel sería representado por la pequeña burguesía, escribían Marx y Engels. Mostraron que la pequeña burguesía, tanto durante la revolución como en la emi-gración, trató de convertir al proletariado en "un apéndice de la
Carlos Marx / Federico Engels: Mensaje del Comité Central a la Liga, en marzo de 1850. MEW, vol. 7, pág. 244.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 185
democracia burguesa oficial".216 Marx y sus camaradas repudiaban con vigor la fusión política de los obreros con la pequeña burgue-sía. Declararon que la Liga debía trabajar con todas sus fuerzas "para establecer la organización independiente, secreta y pública, del partido obrero, junto con los demócratas oficiales, y para con-vertir cada organización local de la liga en el centro y corazón de las asociaciones obreras, en las cuales se analicen el punto de vista y los intereses del proletariado, con independencia de la influencias burguesas".217
Con esta clara orientación, volvió a emprenderse la lucha, de mane-ra inequívoca, contra todos los intentos oportunistas de poner a la clase obrera en manos de las clases gobernantes.
Por cartas que llegaban al buró central, y por Heinrich Bauer, quien había regresado a Alemania, Marx se enteró que las organizaciones de la Liga de allí habían vuelto a consolidarse. Una vez más sur-gían organizaciones locales en una cantidad de grandes ciudades como Colonia, Francfort, Berlín, Breslau, Hamburgo, Leipzig, Ma-guncia, Munich, Nuremberg, Stuttgart y también en localidades tales como Schwerin, Wurzburgo y Hanau. Tenía especial signifi-cación el hecho de que algunos grupos e individuos habían logrado establecer su influencias sobre las muchas asociaciones todavía existentes de obreros, estudiantes, campesinos y jornaleros. En ju-nio, sobre la base de estos sucesos, Marx presentó otro Discurso a la Liga, ante el buró central, junto con Engels. Llamaba a los co-munistas de Alemania a prestar la más estrecha atención a esas or-ga-nizaciones legales de obreros y campesinos. En esa continua-ción lógica de la táctica seguida por él y sus colaboradores durante la revolución en 1848-1849, Marx veía el posterior desarrollo de su batalla por un partido obrero nacional y revolucionario.
Las sugestiones tácticas hechas a los comunistas alemanes, por Marx y Engels, en ambos mensajes a la Liga, complementaban las
Carlos Marx / Federico Engels: Mensaje del Comité Central a la Liga, en marzo de 1850. MEW, vol. 7, pág. 248.
Carlos Marx / Federico Engels: Mensaje del Comité Central a la Liga, en marzo de 1850. MEW, vol. 7, págs. 248-249.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 186
ya establecidas antes de la revolución, en los principios programá-ticos del Manifiesto Comunista, y en los estatutos de la Liga, apro-bados en 1847.
En el mensaje de marzo, Marx explicaba y profundizaba su con-cepción anterior, de que la clase obrera, en una futura revolución, tendría que convertir la revolución democrático-burguesa, paso a paso, en una revolución proletaria socialista. En la próxima revolu-ción, la pequeña burguesía haría todo lo posible por dejar intactos el sistema social burgués y la esclavitud asalariada de los obreros. Pero el interés del proletariado consistiría ―en hacer la revolución permanente hasta que las clases poseedoras, pequeñas o grandes, con mayor o menor riqueza, hayan sido expulsadas del poder, y el poder estatal sea conquistado por el proletariado".218 Pero por eso mismo, éste debía armarse y crear sus propios organismos de po-der, es decir, gobiernos obreros revolucionarios; si era necesario, al lado del gobierno burgués. "Para nosotros no se trata de cambiar la propiedad privada, sino sólo de su destrucción; no se trata de ocul-tar las contradicciones de clase, sino de abolir las clases; no de me-jorar la sociedad existente, sino de fundar una nueva."219 Ese era el llamamiento que Marx y Engels dirigían a los trabajadores. Muchas décadas más tarde, en la preparación y concreción de la gran Revo-lución Socialista de Octubre, así como en las trasformaciones revo-lucionarias de la República Democrática Alemana y en otros países socialistas, este concepto del crecimiento de la revolución demo-crática hasta convertirse en revolución socialista, desarrollado aun más por Lenin en términos de la situación del siglo XX, desempe-ñaría un papel decisivo. Pero en el siglo XIX, esta tarea no figuraba todavía en la agenda.
No menos importantes eran los conceptos que Marx desarrolló en sus investigaciones histórico-científicas de la revolución europea, y ante todo de la francesa. En sus obras Las luchas de clase en Fran-
Carlos Marx / Federico Engels: Mensaje del Comité Central a la Liga, en marzo de 1850. MEW, vol. 7, pág. 248.
Carlos Marx / Federico Engels: Mensaje del Comité Central a la Liga, en marzo de 1850. MEW, vol. 7, pág. 248.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 187
cia, de 1848 a 1850, y en El 18 Brumario de Luis Bonaparte, se esforzó, como decía Marx, "por explicar un trozo de la historia contemporánea por medio de su enfoque materialista, sobre la base de la situación económica dada".220 Tal como había aplicado el materialismo histórico al conjunto de la historia escrita de la huma-nidad, en el Manifiesto Comunista; tal como lo usó durante la revo-lución, para investigar los acontecimientos con brillante éxito, así también ahora ponía a prueba el materialismo dialéctico en el aná-lisis de un período más prolongado, excepcionalmente tormentoso y que acaba de terminar, en el plano de la historia contemporánea.
En El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Marx mostraba, sobre la base de la república francesa, que es imposible eliminar la explo-tación de la clase obrera en el marco de la república burguesa. Por primera vez formulaba la noción de que el proletariado, después de su revolución victoriosa, no puede hacerse cargo sencillamente del aparato estatal reaccionario burgués, con todas sus instituciones militares y burocráticas que apuntan a oprimir al pueblo, sino que debe destruirlos. El aplastamiento del antiguo aparato estatal y el levantamiento de un nuevo poder del Estado bajo la dirección del proletariado, con la ayuda del cual se lleva a cabo la transición de la sociedad capitalista a la sociedad comunista: a esto lo llamaba Marx "la dictadura del proletariado". Desde entonces en adelante, esta concepción sería firme elemento integrante de la teoría del Es-tado y el comunismo científico. Pero la manera en que ese nuevo poder estatal proletario podía instalarse, en detalle... acerca de eso Marx todavía no tenía una visión exacta.
Ningún editor de Alemania se atrevió a publicar esa obra. En Fran-cia, la publicación era impensable, ya que en ella Marx acusaba con energía, al advenedizo Luis Bonaparte, conocido desde 1851 como Napoleón III, emperador de Francia, de traicionar al pueblo. En Estados Unidos, donde Weydemeyer, el camarada de Marx, se esforzó por conseguir la edición, no existía suficiente dinero para pagar los costos de impresión. Pero el 9 de abril de 1852 Weyde-
Federico Engels: Introducción a Las luchas de clases en Francia, de Marx, 1848-1850. SW, pág. 651.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 188
meyer escribió desde Nueva York: "Una ayuda inesperada ha ter-minado con las dificultades que impedían la impresión del folleto. Después de enviar mi última carta, conocí a uno de nuestros obre-ros de Francfort, un sastre, quien también llegó aquí este verano. En el acto puso a mi disposición todos sus ahorros, 40 dólares".221 De tal modo, el folleto de Marx se publicó gracias al espíritu de abnegación de un desconocido obrero alemán. Pero sólo unos po-cos ejemplares de esta importante obra consiguieron llegar a Euro-pa.
Nadie ansiaba más que Marx una rápida resurrección del movi-miento revolucionario en Europa, y en especial en Alemania. "Las revoluciones son las locomotoras de la historia",222 había escrito en su Lucha de clases en Francia, y agregaba, con absoluta confianza en la victoria: "¡La revolución está muerta! ¡Viva la revolución!"223 La esperanza de que volviera a estallar en el futuro cercano lo orientó también en la redacción de los dos Discursos a la Liga.
Los políticos e historiadores oportunistas y revisionistas del pasado y el presente han rivalizado en sus esfuerzos por burlarse del su-puesto "utopismo revolucionario" y las "audaces profecías revolu-cionarias‖ de Marx y Engels. Su objetivo ha sido siempre el de ocultar, detrás del "revolucionarismo" que atribuyen a los fundado-res del comunismo científico, su propia inacción filistea, su falta de valentía, sí, su traición a los intereses de los obreros. Pero ante to-do, han suprimido siempre el importante hecho de que en la lucha política práctica Marx y Engels nunca se dejaron arrastrar, ni si-quiera por sus más ardientes deseos personales, sino sólo por las condiciones y posibilidades objetivas y subjetivas de la lucha de liberación proletaria. Por eso no vacilaron, con la valentía y fran-
Joseph Weydemeyer a Marx, 9 de abril de 1852. En Franz Mehring: Neue Beiträge zur Biographie von Karl Marx und Friedrich Engels. Publicado en Die Neue Zeit, XXV, vol. II, pág.103.
Carlos Marx: La lucha de clases en Francia, 1848-50. MEW, vol. 7, pág. 85.
Carlos Marx: La lucha de clases en Francia, 1848-50. MEW, vol. 7, pág. 34.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 189
queza de auténticos dirigentes proletarios, en revisar sus opiniones en interés de la clase obrera, cuando se mostró que dichas opinio-nes eran erróneas en la práctica.
Y así ocurrió en 1850. Durante el verano, sobre la base de sus estu-dios económicos y políticos, llegaron a la conclusión ―de que la crisis comercial mundial de 1847 fue la verdadera madre de las re-voluciones de febrero y marzo".224 Decidieron, además, que el reavivamiento económico de mediados de 1848 había sido la base del nuevo fortalecimiento de la reacción europea. Esta conclusión científica tenía, por fuerza, consecuencias de largo alcance para la lucha política. Marx reconoció en seguida que si el desarrollo de una "nueva revolución" "sólo era posible a consecuencia de una nueva crisis",225 la táctica de la Liga debería ser modifica da en consecuencia con ello. En lugar de preparativos inmediatos para una revolución inminente, los comunistas deberían recurrir a la construcción paciente y a largo plazo de las fuerzas de la futura re-volución. Para ello era necesario el mayor desarrollo y propagación del comunismo científico, así como el adiestramiento de cuadros revolucionarios proletarios.
Esta valoración lógica, basada en un análisis materialista histórico de los hechos objetivos, provocó desilusión y rechazo entre la ma-yoría de los emigrantes pequeñoburgueses. Marx lo había previsto, ya que el juego estéril a la revolución se había convertido entre tan-to en el modo de vida de los emigrantes pequeñoburgueses. Pero inclusive algunos miembros del buró central de la Liga no enten-dieron el cambio de la situación. Creían que podían hacer "ocurrir" la revolución en algún momento prefijado. Elaboraban nuevos e interminables planes utópicos para un ataque armado inmediato, y pensaban que el proletariado llegaría en el acto al poder, en el nue-vo levantamiento revolucionario. Marx trató de aclararles, en pa-cientes discusiones, que el partido obrero no podía basar su línea
Federico Engels: Introducción a Las luchas de clases en Francia, de Marx, SW, pág. 652.
Carlos Marx / Federico Engels: Revue, Mai bis Oktober (1850). MEW, vol. 7, pág. 440.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 190
política en deseos subjetivos, sino sólo en condiciones objetivas. En una reunión del buró central, del 15 de septiembre, declaró: "La minoría remplaza el punto de vista crítico por uno dogmático, el punto de vista materialista por uno idealista. En lugar de la situa-ción real, sólo el deseo se convierte en la rueda motriz de la revolu-ción".226 La fracción encabezada por Willich y Schapper se aferró con empecinamiento a su punto de vista aventurero y "putschista". Marx se opuso a ello con la declaración de que el proletariado ale-mán todavía estaba demasiado poco desarrollado, que necesitaría décadas de lucha revolucionaria, no sólo para modificar la situa-ción existente, sino "para cambiarse él mismo y ser capaz del ejer-cicio del poder político".227
Inútiles fueron todos los intentos de persuasión. La impaciencia revolucionaria y la inmadurez teórica frustraron, inclusive en un viejo comunista y amigo de Marx como Karl Schapper, la capaci-dad para ver la realidad con claridad. Marx propuso que el buró central trasladase su sede a Colonia. Su solicitud se basaba en el hecho de que los partidarios de Willich habían logrado predominar entre los inmigrantes en Londres, en tanto que en Alemania la ma-yoría de los miembros de la Liga que se encontraban de manera directa en la lucha reconocían lo correcto del punto de vista de Marx. La mayoría aprobó esta proposición. La fracción Willich-Schapper se mantuvo en oposición a la decisión, y formó una liga separada. Pronto fueron expulsados de la Liga Comunista por el buró central de Colonia.
Este último, en especial su figura principal, el doctor Ronald Da-niels, íntimo amigo de Marx y Engels, desarrollaba sus tareas sobre la base de las concepciones de Marx. Se esforzó por fortalecer su influencia organizativa sobre las organizaciones locales. El pueblo de Colonia instó a Marx a publicar una nueva edición del Mani-fiesto Comunista, comenzó a publicar los Ensayos escogidos de
Carlos Marx: Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia. MEW, vol. 8, pág. 412.
Carlos Marx: Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia. MEW, vol. 8, pág. 412.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 191
Marx, y planeó una nueva publicación comunista. El 9 de mayo de 1851, Engels escribía a Marx, co confianza: "Pronto volveremos a
tener un órgano que necesitamos, y en el cual podremos refutar to-dos los ataques".228
Pero estas esperanzas estaban condenadas a la frustración. Pocos días más tarde, a mediados de mayo, los miembros del buró central de Colonia y varios integrantes de la Liga de otras partes de Ale-mania fueron arrestados.
El gobierno prusiano no tenía intención de dedicarse a simples arrestos de los miembros dirigentes de la Liga. Su objetivo era la destrucción total de ésta, y la eliminación de las ideas de Marx y Engels en Alemania. El 3 de junio el ministerio prusiano dedicó una sesión especial a los arrestos. Se enviaron a Londres gran can-tidad de agentes policiales dirigidos por el consejero policial Stie-ber, para espiar a Marx y encontrar "pruebas incriminatorias" para el juicio que se planeaba contra el "partido de Marx". El acoso a la Liga Comunista fue convertido en la primera prioridad estatal, en la cual participaban inclusive los ministerios del Interior y de Rela-ciones Exteriores prusianos.
El interrogatorio de los comunistas arrestados nada dio que pudiese ser usado como prueba de una "conspiración". Pero como era pre-ciso sacar a la luz, a cualquier precio, "conspiraciones comunistas", y como el rey en persona así lo había pedido, la policía se concen-tró en la creación de materiales falsificados, en fraguar informes de soplones y en la búsqueda de renegados. Necesitaron un año y me-dio para este sucio trabajo, de modo que sólo en octubre de 1852 pudo iniciarse el juicio contra los comunistas arrestados, ante un jurado de Colonia. Para entonces, a consecuencia del terrorismo gubernamental, la actividad de la Liga en Alemania había quedado prácticamente anulada.
En cuanto el informe de los primeros arrestos llegó a oídos de Marx, éste comenzó a hacer todo lo posible para aliviar la suerte de los involucrados en ello. No le cabía duda alguna de que la reac-
Engels a Marx, 9 de mayo de 1851. MEW, vo1. 27, pág. 253.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 192
ción prusiana intentaba, con ese ataque a los comunistas, golpear y destruir todo el movimiento democrático de Alemania. Por consi-guiente le pareció tanto más necesario utilizar el juicio para poner en la picota al propio régimen policial prusiano. Se esforzó, en es-pecial, por desenmascarar los infames métodos extorsivos y delato-res del gobierno prusiano. Al principio, en artículos periodísticos, atacó a las autoridades judiciales prusianas por su constante poster-gación del juicio. Luego, durante todo el otoño de 1852, trabajó incansablemente, con la ayuda de amigos, para poner al descubier-to las intrigas de la policía y para que los asesores legales de los acu- sados tuvieran en sus manos, por caminos indirectos, toda la información disponible.
Jenny describía en una carta, fechada el 28 de octubre, la situación de esas semanas y meses, tal como se la vivía en el minúsculo de-partamento de la familia Marx:
"Ya se imaginará que el 'partido de Marx' trabaja día y noche, y tiene que trabajar con la cabeza, las manos y los pies... Todo lo que la policía ha descubierto es un embuste. ¡Roban, falsifican, desce-rrajan escritorios, hacen jurar a falsos testigos y proclaman el dere-cho a hacer todo esto contra los comunistas, quienes se encuentran hors de la société [fuera de la sociedad]!... Todas las pruebas de los falsificadores deben ser presentadas desde aquí. De tal modo, mi esposo se encuentra atareado todo el día, y hasta muy avanzada la noche. Para demostrar la falsificación policial, hemos tenido que obtener pruebas autenticadas del casero; también hubo que autenti-car la caligrafía de Liebknecht y Rings, los supuestos redactores de las minutas. Después hay que copiarlo todo de 6 a 8 veces, para enviarlo a Colonia de distintas maneras, a través de Francfort, de París, etcétera, ya que toda la correspondencia entre mi esposo y Colonia se abre y confisca. Se ha convertido en una lucha entre la policía, por un lado, y mi esposo por el otro, ya que éste debe car-gar con toda la revolución, e inclusive con la conducción de todos los juicios... Pero la lucha contra este poder oficial que cuenta con el dinero y los instrumentos de combate es, por supuesto, muy in-teresante, y tanto más honorable si culmina en una victoria para nosotros, ya que se trata del dinero, el poder y todo lo demás por el
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 193
otro lado, en tanto que nosotros a menudo no sabemos siquiera de dónde sacar el papel para las cartas, etcétera, etcétera.
"En nuestro hogar se ha instalado una oficina completa. Dos o tres personas escriben, otras hacen diligencias, otras reúnen los peni-ques, de modo que los escritores pueden seguir existiendo y encon-trar pruebas de los más inimaginables escándalos por parte del vie-jo mundo oficial. Y en medio de todo esto, mis tres hijos cantan y silban y tropiezan con su padre. ¡Qué ajetreo!"229
Las esperanzas de Jenny, de que el juicio pudiese "culminar con una victoria",230 no se cumplieron. Después de la revelación de las incontables falsificaciones policiales, sin precedentes, que fueron incondicionalmente respaldadas por el gobierno prusiano, "los ju-rados ya no estuvieron en libertad de encontrar culpable o inocente al acusado —escribía Marx—. Ahora tenían que encontrar culpable al acusado... o al gobierno".231 Frente a tal decisión, la mayoría de los jurados, sin excepción miembros de las clases gobernantes – Junkers, burgueses y funcionarios estatales—, mostraron ser súbdi-tos invertebrados de su monárquico gobernante. Pronunciaron cul-pables a la mayoría de los acusados, y los condenaron a prolonga-das sentencias de encarcelamiento.
Pero su decisión fue una victoria de Pirro para el Estado prusiano. Gracias a la incansable labor de Marx para encontrar y publicar las intrigas de sus socios soplones, el juicio de los comunistas de Co-lonia se convirtió en una derrota moral para el aparato policial y jurídico prusiano.
Marx elaboró el material que había reunido sobre el juicio de Co-lonia, y lo convirtió en un folleto, Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia. No se conformó con la revelación de
Jenny Marx a Adolf Cluss, 28 de octubre de 1852. MEW, vol. 28, págs. 640-642.
Jenny Marx a Adolf Cluss, 28 de octubre de 1852. MEW, vol. 28, pág. 641.
Carlos Marx: Revelaciones sobre el proceso de los comunistas de Colonia. MEW, vol. 8, pág. 465.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 194
las bajas falsificaciones y extorsiones de la policía y los órganos de la justicia. Su objetivo consistía en demostrar que tales infamias no eran una degeneración casual, sino rasgos típicos del Estado poli-cial y militar prusiano, y que la caza de brujas contra los comunis-tas no era otra cosa que una señal para la gran ofensiva contra las fuerzas democráticas. Destacó que una táctica conspirativa y aven-turera, tal como la que los funcionarios del fiscal trataban de atri-buir a la Liga Comunista, era incompatible con la misión histórica de los comunistas: fortalecer la conciencia de clase de la clase obrera y crear un partido proletario de masas.Marx utilizó a la frac-ción Willich-Schapper como ejemplo, y mostró que el aventure-rismo político separa al partido de las masas, conduce a la división y de esa manera perjudica en inmensa proporción al movimiento obrero.
A comienzos de marzo de 1853. Marx recibió la mala noticia de que toda la edición del folleto de las Revelaciones, impreso en Sui-za, había sido confiscada por la policía en la frontera alemana. Pero con la ayuda de amigos en Norteamérica, y en especial de Weyde-meyer, el folleto se publicó en un periódico germano-norteameri-cano, y gracias a la ayuda financiera de Engels, una tirada especial del periódico llegó también a Renania.
Inmediatamente después del juicio a los comunistas de Colonia, Marx presentó en la organización londinense de la Liga una resolu-ción para su disolución. La resolución también afirmaba que la existencia de la Liga en el continente, donde de cualquier manera ya no podía trabajar, debía ser considerada como "inadecuada ya para el momento‖.232 La resolución fue aprobada. Marx y Engels sabían demasiado bien que una fuerza como la del movimiento obrero, producida por la sociedad moderna, podía ser cercada, sí, e inclusive empujada hacia atrás por las persecuciones y las repre-siones, pero que jamás se contendría su inevitable desarrollo. En-gels escribía a su amigo, con confianza: "No pueden borrar de la historia a Neue Rheinische Zeitung, el Manifiesto y tutte quante, y
Marx a Engels, 19 de noviembre de 1852. MEW, vol. 28, pág. 195.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 195
todos sus aullidos no les servirán para nada".233 El que el camino trazado por la Liga Comunista, el primer partido de la clase obrera alemana e internacional, no sería olvidado en los años de la reac-ción que siguieron en Alemania, eso lo garantizó el propio Marx, junto con Engels, en sus infatigables trabajos siguientes.
Vida de refugiado
Los años 1849 a 1853 fueron los más difíciles para la vida de la familia de Marx, que ya estaba más que saturada de pobreza y ne-cesidades.
Precisamente durante las semanas en que Marx trabajaba, afiebra-do, para salvar a sus compañeros de lucha enjuiciados en Colonia, la pobreza prácticamente amenazaba aplastarlo en su hogar. El 8 de septiembre de 1852 escribía a Engels:
"Tu carta llegó hoy en medio de un ambiente muy tenso. Mi esposa está enferma, Jennychen está enferma, Lenchen tiene una especie de 'fiebre nerviosa'. No pude, ni puedo ahora llamar al médico, ya que no tengo dinero para medicinas. Durante ocho o diez días he alimentado a la familia con pan y papas, pero es dudoso que pueda obtener hoy algo de eso. Es claro que esta dieta no resulta útil...
"De esta manera contengo hasta comienzos de septiembre a todos los acreedores, que, como sabes, sólo reciben fragmentos de pago. Ahora la tormenta es general...
"Lo mejor y lo más deseable que podría ocurrir sería que la casera nos expulsara. Entonces por lo menos no tendría que pagar la suma de £ 22. Pero difícilmente se muestre tan amable. Además, el pana-dero, el lechero, el chico que reparte el té, el verdulero, y las viejas cuentas del carnicero. ¿Cómo podré salir alguna vez de este endia-blado embrollo?"
Tres meses después, cuando envió a Norteamérica su folleto sobre
Engels a Marx, 9 de mayo de 1851. MEW, vol. 28, págs. 128- 129.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 196
los juicios de Colonia, en que inclusive tuvo que llevar al montepío la chaqueta y los zapatos, escribía, con amargo humor, en la carta adjunta, que "el autor, por ausencia de suficiente cobertura para su parte posterior y sus pies, se encuentra prácticamente internado, y además, ve que una miseria en verdad increíble amenaza con caer sobre su familia‖.234
Esta "miseria en verdad increíble" envolvió en los hechos a la fami-lia Marx desde agosto de 1849 en adelante, sin tregua. Pero Marx pocas veces hablaba de ella. Despreciaba a los desdichados emi-grantes burgueses que recorrían el país con un cuenco de limosne-ro, para mendigar una existencia cómoda. En total comprensión con su esposa, rechazó la idea de seguir una carrera burguesa, con un puesto fijo que le ofreciera seguridad material, pero que, en las condiciones entonces existentes, lo separaría de manera permanen-te, o al menos durante mucho tiempo, de su labor científica y polí-tica para la clase obrera. Esta decisión les costó, a él y a su familia, incontables sacrificios. Pero en todos los amargos años jamás hu-bo un momento en que la resolución provocase pena a Carlos y Jenny. "Debo seguir mi rumbo cueste lo que costare —escribió una vez, y no permitiré que la sociedad burguesa me convierta en una máquina de hacer dinero."235
No todos sus colegas anteriores entendieron esta decisión. Algunos habían hecho las paces con la antigua sociedad, otros inclusive de-sertaron y se pasaron a las filas del enemigo. Precisamente estos débiles y renegados eran los que más vociferaban e injuriaban al "partido de Marx" y a su dirigente con calumnias y denuncias. Pero Marx continuó su camino sin vacilar, aunque a veces la pobreza se volvía insoportable.
Tuvo que soportar todos los horrores de la vida del emigré. Hubo que empeñar un objeto valioso tras otro, e inclusive las ropas de vestir y de cama. En varias oportunidades debió interrumpir su tra-
Marx a Adolf Cluss, 7 de diciembre de 1852. MEW, vol. 28, pág. 560.
Marx a Joseph Weydemeyer, 1 de febrero de 1859. MEW, vol. 29, pág. 570.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 197
bajo para pedir a sus muchos acreedores más crédito y paciencia. Los ingresos provenientes de su actividad literaria eran escasos, ¿pues quién se atrevía a publicar a Marx en el período de reacción que ahora reinaba en Europa? La sociedad burguesa se vengaba de ese modo contra los dirigentes del proletariado. Trataba de lograr, por medio del poder económico, lo que no había podido conseguir mediante los juicios y las provocaciones. En el hogar de Marx fal-taba a menudo dinero para papel de escribir y estampillas, y no ha-blemos ya de periódicos, tan esenciales para su actividad literaria. Y la familia vivía bajo la permanente amenaza de la expulsión de la casa.
A la pobreza diaria, a las oprimentes deudas al casero, los tenderos, el médico, se agregaron problemas peores aun. Los niños sufrían, no sólo de necesidad, sino también a causa del húmedo clima in-glés. El pequeño Heinrich Guido, que acababa de cumplir un año, murió el 19 de noviembre de 1850, de pulmonía. Ese fue un golpe en todo sentido inesperado y abrumador para los padres. "¡Mi dolor fue tan grande! —escribía Jenny—. Era el primer niño que perdía. Ach, no sabía entonces qué otros sufrimientos me esperaban, en
comparación con los cuales todo, todo lo demás resultaría ser tri-vial."236
Apenas un año y medio más tarde la pequeña Franziska, la niña nacida en marzo de 1851, siguió a Heinrich a la tumba. "Durante tres días la pobre niña luchó contra la muerte —escribía la madre, agobiada por la pena—. Su desdichado cuerpecito reposaba en la minúscula habitación trasera; todos nos unimos en la de adelante, y cuando llegaba la noche nos acostábamos en el suelo... La muerte de mi querida hija llegó en el momento de nuestra más profunda pobreza. En esos instantes, nuestros amigos alemanes no se encon-traban en condiciones de ayudarnos... De modo que corrí, impulsa-da por la ansiedad de mi corazón, a ver a un refugiado francés que vivía en el vecindario y que nos había visitado. Le pedí ayuda en nuestra terrible necesidad. Con la más amistosa simpatía, me entre-
Jenny Marx; Kurz Umrisse eines bewegten Lebens. En Mohr und General, pág. 215.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 198
gó en una ocasión £ 2, y con eso pagué el minúsculo ataúd en que ahora duerme mi pobre hija. No tuvo cuna cuando nació, e incluso
su último y pequeño 'refugio' le fue negado durante mucho tiem-po."237
El golpe más pesado que cayó sobre Carlos y Jenny fue la muerte de su hijo Edgar, su "Musch", como lo llamaba la familia. Enfermó tres años después de la muerte de Franziska, en apariencia de tu-berculosis. Durante días y noches Marx permaneció junto a la cama de su queridísimo hijo. Pero todos los cuidados de sus padres fue-ron inútiles. "El pobre Musch ha fallecido —escribía Marx a En-gels, todavía acongojado, el 6 de abril de 1855—. Se durmió (lite-ralmente) en mis brazos, hoy, entre las 5 y las 6. Jamás olvidaré hasta qué punto tu amistad nos ayudó a pasar estos terribles mo-mentos. Tú entiendes mi pena por la muerte de mi hijo."238 Unos días después volvía a escribir: "Como es natural, la casa está de-solada y huérfana desde la muerte de mi querido hijo, que era el espíritu que la animaba. No puedo describirte cuánto lo echamos todos de menos. Ya he pasado por todos los tipos de desgracia, pe-ro sólo ahora sé qué significa la verdadera tragedia."239
Carlos y Jenny estaban al borde de la desesperación. En la esperan-za de aliviar los primeros días posteriores al entierro de Edgar, via-jaron a Manchester, para pasar una breve temporada con el fidelí-simo amigo de la familia, Federico Engels.
Gracias a éste no se derrumbó Marx, en definitiva, en medio de la aplastante pobreza e inseguridad de su existencia. Cuando, en el verano de 1850, junto con Marx, Engels llegó a la conclusión de que la crisis revolucionaria en Alemania había terminado, y que a consecuencia de ello el regreso a la patria era por el momento im-posible, decidió ganarse la vida dedicándose otra vez a los nego-
Jenny Marx: Kurz Umrisse eines bewegten Lebens. En Mohr und General, págs. 217-218.
Marx a Engels, 6 de abril de 1855. MEW, vol. 28, pág. 443.
Marx a Engels, 12 de abril de 1855. MEW, vol. 28, pág. 444.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 199
cios. Había viajado a Manchester en noviembre de 1850, para rein-gresar en la firma de Ermen y Engels. Para Engels fue un difícil
sacrificio dedicar la principal porción de su tiempo y energías, una vez más al "comercio de lobos",240 en lugar de entregarlo a sus es-
tudios científicos. Pero reconoció que esa era la única forma de permitir, o por lo menos, facilitar que Marx continuara con su tarea científica y política en interés del proletariado, y al mismo tiempo proteger del hambre a su amigo y a la familia de éste. Sin quejas, y sin posturas, Engels encaró el sacrificio. Y con la misma naturali-dad, aunque con la mayor gratitud y orgullo por tener semejante amigo, Marx aceptó esta prueba de ilimitada abnegación, después de haber entregado él mismo todas sus posesiones mundanas y ta-lentos a la clase obrera, antes de la revolución y durante ella.
Desde entonces en adelante, la ayuda financiera llegó en forma esporádica, y después con regularidad, de Manchester a Londres. Y en particular en los últimos años, Engels enviaba billetes de cinco y diez esterlinas todos los meses, e inclusive todas las semanas, dine-ro que se aguardaba con esperanza, y que alivió en gran medida la situación de la familia de Marx, pero que aun entonces, a pesar de las limitaciones que se imponía la familia, no logró desterrar del todo la pobreza que acosaba a sus numerosos miembros.
Papa Marx estudia
En el otoño de 1850, cuando Marx se opuso a las incitaciones aventureras de Willich y otros miembros de la Liga, lo hizo desde el punto de vista de que una nueva etapa, en que la revolución ya no se inscribía de manera inmediata en la agenda, exigía una nueva táctica por parte de los comunistas. Era necesario desarraigar todos los planes ociosos y utópicos de conquista, pero también necesario, al mismo tiempo, forjar las armas para la nueva crisis revoluciona-ria que debía esperarse en su momento. La nueva revolución, como lo mostraron las amargas lecciones de 1848-1849, tendría que en-
Engels a Marx, 27 de abril de 1867. MEW, vol. 31, pág. 293.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 200
contrar preparado a un partido proletario adiestrado, equipado de un conocimiento de las leyes del desarrollo de la sociedad.
Marx trasformó esta concepción en acción, de manera drástica, a pesar del hecho de que le atrajo la hostilidad de los fraseólogos re-volucionarios. Su "campo de batalla" fue, a partir de entonces, el salón de lectura del Museo Británico, que en esos momentos po-seía la mejor y más grande biblioteca del mundo. Allí, cuando no lo interrumpía alguna enfermedad en la familia o las consultas con sus amigos, se lo encontraba todos los días, desde las nueve de la ma-ñana hasta las siete de la tarde, inclinado sobre los libros.
¡Qué inimaginable tesoro era esa biblioteca! Marx se lanzó al estu-dio de la historia de la política y la cultura, de las ciencias naturales y la tecnología, de la diplomacia y otras ciencias. No ahorró tiempo ni energías para llenar las brechas que existían en sus conocimien-tos. Pero en el centro de sus investigaciones figuraba entonces la economía política. Hasta 1848 se había dedicado ante todo a sentar las bases filosóficas del comunismo científico y al estudio de la historia; en los años revolucionarios se concentró en el desarrollo de sus ideas políticas; ahora, en las décadas del 50 y el 60, se ocu-pó, ante todo, de la economía política. Su objetivo, en la elabora-ción multilateral de la teoría económica de la clase obrera, consis-tía en completar la tarea científica, cuya solución había comenzado a menudo pero que siempre tuvo que postergar debido a otras obli-gaciones.
En sus trabajos anteriores, él y Engels habían mostrado que el mo-do de producción de la vida material es la base y punto de partida de la vida social, política e intelectual de la sociedad. Ahora se tra-taba de profundizar la teoría dejando al desnudo las leyes que con-ducen al surgimiento, desarrollo y declinación del capitalismo. Ello exigía un análisis y profundización críticos de todo el cuerpo pre-cedente de teorías económicas acerca del modo de producción ca-pitalista. Desde 1850 en adelante Marx dedicó todas sus energías a esta tarea.
Al comienzo aspiraba a completar en pocos meses la obra que ha-bía planeado sobre la economía del capitalismo. Pero una y otra
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 201
vez surgían nuevos interrogantes que era necesario estudiar y acla-rar. "Los tontos democráticos, para quienes las inspiraciones llegan 'desde arriba', no encuentran necesarios tales esfuerzos, por supues-to —decía Marx con sarcasmo—. ¿Por qué habrían de atormentarse con documentos económicos e históricos, esos 'niños nacidos bajo una estrella afortunada'? En verdad todo es tan simple, solía decir-me el valiente Willich.
¡Todo es tan simple! En esas cabezas huecas... ¡Individuos terri-blemente simples!" 241
El ejemplo de Marx inspiró a otros. Sus discípulos y camaradas también utilizaban para el estudio todos los minutos que les dejaba libre la dura lucha por el pan. Era un grupo reducido, pero com-puesto por personas que contribuirían en gran proporción, en las décadas siguientes, al movimiento obrero alemán e internacional: Wilhelm Liebknecht y Friedrich Lessner, Johann Georg Eccarius y el ebanista Georg Lochner. Cuarenta años más tarde Liebknecht todavía recordaba la empecinada insistencia de Marx: "¡Aprender! ¡Aprender! Ese era el imperativo categórico que a menudo nos lan-zaba, pero que ya nos enfrentaba en su ejemplo, sí, en la simple observación de ese espíritu que siempre trabajaba con poderosa energía".242 De tal modo, el arma intelectual para las batallas poste-riores de la clase obrera alemana e internacional se formó en Lon-dres, precisamente en el momento en que la reacción creía haber triunfado para siempre en Alemania. Engels pudo describir con sa-tisfacción a un amigo: "Por cierto que tenemos entre nosotros a personas que viven de acuerdo con el principio: ¿por qué habría-mos de fatigarnos?; para eso está el padre Marx, cuya tarea consis-
te en saberlo todo. Pero en general, el partido marxista trabaja con denuedo..." 243
El propio Marx describió en 1859 la forma en que estudiaba: "Los
Marx a Joseph Weydemeyer, 27 de junio de 1851. MEW, vol. 27, pág. 560.
Wilhelm Liebknecht; Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, pág. 75.
Engels a Joseph Weydemeyer, 12 de abril de 1853. SC, pág. 78.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 202
enormes materiales sobre historia de la economía política acumula-dos en el Museo Británico, la posición tan favorable que brinda Londres para observar la sociedad burguesa, y por último la nueva etapa de desarrollo que parecía haberse iniciado con el descubri-miento del oro en California y Australia: todo esto me decidió a volver otra vez al comienzo, y abrirme paso, de modo crítico, a través de los nuevos materiales. Estas investigaciones me conduje-ron, a veces por sí mismas, a disciplinas en apariencias muy aleja-das entre sí, en las cuales tuve que detenerme durante un tiempo más o menos breve. Pero lo que ante todo me reducía el tiempo de que disponía era la urgente necesidad de trabajar para vivir."244
Al cabo Marx encontró esta oportunidad de ganarse la vida como colaborador del NewYork Daily Tribune. En una época en que la prensa obrera había sido anulada por entero en el continente, en que también había desaparecido la prensa democrático-burguesa, y la liberal de la gran burguesía se había hundido al nivel de simple órgano servil de la reacción feudal, el NewYork Daily Tribune, con 200.000 subscritores, representaba las tendencias burguesas pro-gresistas en Norteamérica. Se oponía al comercio de esclavos en los Estados sureños de Estados Unidos, y a veces coqueteaba inclu-sive con ideas socialistas. Marx llegó a conocer al director, Charles Dana, en Colonia, en 1848. Dana le proponía ahora que escribiese un artículo semanal para el periódico.
Marx aceptó. ¡Por fin una oportunidad de ganar por lo menos algo! ¿Pero cómo podía concordar ese trabajo asalariado periodístico, para un periódico burgués, con los principios políticos de un co-munista? Es claro que Marx sabía que Dana y los dueños del perió-dico, de amplia distribución, no tolerarían la difusión abierta de ideas comunistas. Esa tarea debía llevarse a cabo de otra manera, en especial por intermedio de los miembros de la Liga Comunista que habían emigrado a Estados Unidos. Pero Dana ya había reco-nocido, por medio de Neue Rheinische Zeitung, que Marx era el exponente más coherente y capaz de la democracia, aunque no po-día percibir aún que ello surgía de la posición proletaria de Marx.
Carlos Marx: Crítica de la economía política. MEW, vol. 12, págs. 10-11.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 203
Lo que a Dana le interesaba era el fortalecimiento del movimiento democrático en Estados Unidos, y Marx contribuiría a ello. E hizo precisamente eso, con todas sus fuerzas, ya que la consolidación del movimiento democrático era también un interés inmediato del proletariado norteamericano. En ese caso siguió sus principios: uti-lizar todas las libertades burguesas, por limitadas que fuesen, todas las facilidades de la sociedad burguesa —desde el Parlamento, pasando por la prensa, hasta los tribunales—, para poder hablar al pueblo, en especial a los trabajadores, y hacerles adquirir concien-cia de sus elevados intereses y sus tareas históricas.
Marx comenzó sus colaboraciones con el periódico en el otoño de 1851. Engels lo ayudó, tradujo sus manuscritos al inglés, en los primeros años, ya que en esa época el propio Marx se sentía inse-guro con el idioma. También escribió muchos artículos y series, que se enviaron a Nueva York bajo el nombre de Marx. Éste traba-jó para el periódico durante diez años.
Apenas hubo un acontecimiento político o social importante, du-rante ese período, que Marx y Engels no trataran en sus más de 500 artículos para el Tribune. Ya se tratase de las empecinadas luchas de la clase obrera inglesa, o de la cambiante fortuna del régimen bonapartista en Francia, o de las razones fundamentales de la gue-rra de Crimea, o de los objetivos públicos y secretos de la política interior inglesa, o del penoso renacimiento del movimiento demo-crático en Alemania, siempre sabían cómo poner al desnudo los crímenes del orden capitalista, revelar la situación reaccionaria existente en los Estados europeos y llevar al lector a la conclusión de que sólo el proletariado podía abolir la inhumana situación de la antigua sociedad. Algunos de los artículos también se reimprimie-ron en periódicos ingleses o se distribuyeron en Inglaterra como folletos.
Marx no se limitó en modo alguno a Europa. También comenzó a examinar de manera sistemática la situación de países extranjeros como India y China. Puso en la picota la política colonial expolia-dora de los Estados capitalistas, y con profunda simpatía siguió la lucha de los pueblos por su liberación, que se desarrollaba contra
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 204
los gobernantes coloniales en la India y otros países. En esos mo-vimientos de liberación nacional, anticolonial, veía un respaldo pa-ra el movimiento revolucionario de Europa."Los indios — escribía— no podrán recoger los frutos de las nuevas instituciones sociales que la burguesía británica estableció en su país, hasta que en la propia Gran Bretaña las actuales clases gobernantes no sean desalojadas por el proletariado industrial, o mientras los indios mismos no sean lo bastante fuertes para acabar de una vez por to-das con el yugo británico. Pero de cualquier manera, podemos estar seguros de presenciar en un futuro más o menos lejano la regenera-ción de este interesante y gran país."245 En sus artículos sobre Chi-na, India e Irlanda, que entonces se encontraba bajo el régimen co-lonial de Inglaterra, Marx formuló por primera vez la tesis de que el proletariado revolucionario debe apoyar todos los movimientos de liberación de las colonias, porque los trabajadores europeos y los pueblos coloniales tienen un enemigo común: la burguesía.
Para sus artículos, Marx investigó toda la bibliografía disponible, las estadísticas y otros estudios, de modo que sus trabajos para Tri-bune amenazaban con quitarle todo el tiempo e impedirle continuar sus investigaciones en el terreno de la economía política. Engels acudía en su ayuda una y otra vez, escribía los artículos, para apro-vechar la oportunidad de influir sobre la opinión pública, y para que al mismo tiempo Marx pudiese contar con sus honorarios.
En Manchester, Engels trabajaba a menudo hasta muy avanzada la noche, para terminar una traducción, de modo que se pudiese en-viar con uno de los vapores que viajaban a Norteamérica dos veces por semana. Por lo general los informes de Marx eran muy am-plios. "Un artículo para Dana. Debe ir entero, porque tengo una masa de cosas políticas para él, para la semana que viene. Lo ela-boré en mitad de un fuerte dolor de cabeza. De modo que no te mo-lestes, haz la traducción con entera libertad." 246 Así escribía Marx a Engels, el 12 de octubre. El manuscrito llegó a este último a
Carlos Marx; Futuros resultados de la dominación británica en la India. MEW, vol. 9, págs. 224-225.
Marx a Engels, 12 de octubre de 1852. MEW, vol. 28, pág.156.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 205
Manchester, en la mañana del 14 de octubre, y la misma noche, después de cerrar la oficina, se dedicó a trabajar en la traducción. Esa noche le escribió a Marx: "Atareado en la contabilidad todo el día, de modo que no sé dónde tengo la cabeza. Esta noche tomé el té entre las 7 y las 8, y leí el trabajo. Después, a traducir. Ahora — las 11.30— he llegado hasta el final natural del artículo, que te en-vío. A las 12 de la noche irá al correo. Ya ves que recibes todo lo que se puede hacer. El resto se traducirá en el acto.
.. Entre tanto, termina tu otro artículo... Preocúpate sólo de hacerme llegar el manuscrito lo antes posible".247 El 29 de noviembre escri-bía: "Con el artículo adjunto, me sorprendió la una de la mañana..."
Engels se pasó de esta manera muchas de las horas nocturnas, semana tras semana, mes tras mes.
Pero la estrecha colaboración científica entre Marx y Engels en manera alguna se agotaba con la labor periodística conjunta para el Tribune. Aunque durante veinte años se vieron obligados a vivir separados en distintas ciudades, su amistad, sin precedentes, se desarrolló aun más en ese período. A menudo deploraban el hecho de que no pudieran vivir y trabajar, como antes, en más estrecha proximidad, e intercambiar opiniones cara a cara, o ponerlas a prueba en polémicas personales. Pero tanto más vivaz resultaba, entonces, su correspondencia. Apenas trascurría una semana en que Marx no escribiese a su amigo, y en ocasiones las cartas viajaban todos los días a Manchester. No tenía secretos para Engels, y no había zona de su vida a la cual no se refiriera en sus cartas.
Si bien la separación física dificultó aun más el contacto intelec-tual, estimuló la maduración de muchas concepciones de Marx y Engels, precisamente en la forma escrita en que se expresaba su intercambio de opiniones, ya que permitía un análisis tranquilo y al mismo tiempo exigía la formulación exacta. Era frecuente que pa-sajes enteros de sus cartas pasasen, casi sin cambios, a su labor de publicista. Todos los problemas científicos y políticos en que se
Engels a Marx, 14 de octubre de 1852. MEW, vol. 28, pág.157.
Engels a Marx, 29 de noviembre de 1852. MEW, vol. 28, pág. 198.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 206
ocupaba Marx se reflejaban en sus cartas a Engels. Problemas de filosofía y política internacional, de ciencias naturales y matemáti-cas, de historia, y, con infalible regularidad, de economía política, se discutían con Engels en la correspondencia. Se trasmitían nue-vos puntos de vista, discutidos una y otra vez, y a la larga acepta-dos mutuamente o desechados. Las cartas estaban henchidas de una apasionada e inflexible búsqueda de la verdad científica.
En este proceso, surgió entre Marx y Engels, en la década del 50, cierta división del trabajo. El primero se concentraba más en el es-tudio de la economía política, la historia mundial y la política exte-rior de los Estados europeos, en tanto que Engels avanzaba de ma-nera sistemática en las investigaciones en materia de ciencias mili-tares, ciencia de los idiomas, y luego en un profundo estudio espe-cial de las ciencias naturales. El conocimiento de la teoría y la his-toria militares por parte de Engels fue pronto tan amplio, que Marx
hablaba, con humorismo pero con orgullo, de su "ministro de Gue-rra de Manchester".249
El egoísmo, el espíritu de competencia o la envidia eran ajenos a Marx y Engels; más aun, los detestaban. Ninguno de los dos llega-ba a una conclusión científica importante, o se formaba una opi-nión política, sin pedir primero el juicio del otro. Ninguno enviaba un manuscrito al impresor —a menos que el tiempo lo prohibiera— sin que el otro lo hubiese leído y ofrecido su consejo, de modo que las ideas y conclusiones del uno pertenecían también al otro. En algunas de las obras de Engels, Marx colaboró con secciones y ca-pítulos enteros, sin que se mencionase su nombre, tal como en una y otra ocasión pidió a Engels la ayuda recíproca. Ambos daban to-do eso por sentado. Si Engels enviaba a Marx una pregunta, éste dejaba todo a un lado y buscaba la información en el Museo Britá-nico —con frecuencia durante días enteros—, hasta que encontraba el material deseado.
Todo esto se desarrollaba sin alharacas. A Marx no le agradaban las efusividades. Pero en una ocasión, en una de las horas más crí-
Marx a Engels, 30 de setiembre de 1853. MEW, vol. 28, pág.299.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 207
ticas de su vida, después de la muerte de su hijo Edgar, puso en pa-labras lo que significaba para él la amistad de Engels: "En todos los terribles tormentos que he soportado en estos días, me mantuvo er-guido el pensamiento de ti y de tu amistad, y la esperanza de que todavía podamos lograr, juntos, algo sensato en el mundo". 250
Para tener listos a tiempo sus artículos para el Tribune, Marx tenía que trabajar hasta horas muy avanzadas de la tarde, cada vez con mayor frecuencia. Liebknecht, quien en la década del 50 también era un visitante diario del hogar de Marx, recordaba más tarde, con asombro: "Trabajaba como un coloso. Y como a menudo lo inte-rrumpían durante el día -en especial en el primer período del exilio-
encontraba la solución en el trabajo nocturno. Cuando regresába-mos a casa, a última hora de la noche, después de una u otra reunión, Marx se sentaba siempre a trabajar durante unas horas. Y las pocas horas siempre se extendían, hasta que al final trabajaba durante toda la noche y dormía por la mañana. Su esposa se esfor-zaba por disuadirlo... pero él le respondía, con una carcajada, que ello era un reflejo de su naturaleza".251
Pero "naturaleza" alguna, por sana que fuese, podía soportar, sin perjudicarse, esos largos años de exceso de trabajo. A mediados de la década del 50 Marx comenzó a padecer de una dolencia crecien-te, prolongada, y con frecuencia dolorosa, resultado de sus constan-tes privaciones y excesos en sus tareas.
En su labor científica, Marx era extraordinariamente básico y con-cienzudo. Su principio orientador era: "Al investigador le corres-ponde apropiarse de la materia en todos sus detalles, analizar sus distintas formas de desarrollo y descubrir sus vínculos íntimos. Una vez cumplida esta tarea —pero sólo entonces— puede expo-nerse el movimiento real en su conjunto". 252
Marx a Engels, 12 de abril de 1855. ME:W, vol. 28, pág 444.
Wilhelm Liebknecht; Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, pág. 86.
Carlos Marx; Palabras finales a la segunda edición alemana de El capital, vol. 1, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 16.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 208
Para reunir y estudiar sus materiales, Marx no retrocedía ante los trajines más tediosos y devoradores de su tiempo. Verificaba con cuidado cada una de las informaciones de la bibliografía. Nada aceptaba de segunda mano, sino que buscaba siempre la fuente ori-ginal. Inclusive comparaba detalles de importancia secundaria, con las fuentes primitivas, y con tal fin hacía viajes especiales a la bi-blioteca. Luego de dominar el inglés y el francés, aprendió también el italiano y el castellano, y después, a los cincuenta años de edad, el ruso... para poder estudiar la bibliografía en sus respectivos
idiomas. Gustaba de repetir la máxima: "Un idioma extranjero es un arma en la lucha por la vida".253
Para cada uno de los libros que planeaba acumulaba amplios ex-tractos, cuadros, bibliografías y todo tipo de cálculos y notas. Or-denaba este material haciendo la lista y el resumen del contenido. A menudo esbozaba sus pensamientos y los resultados de sus in-vestigaciones en forma de un estudio amplio, que por el momento sólo estaba destinado a su propio esclarecimiento, y todavía no al impresor. Sólo entonces empezaba la verdadera elaboración del libro o el folleto.
A mediados de la década de 1850-1860 Marx comenzó a exponer sus pensamientos sobre economía política en forma de manuscri-tos, pero sólo después de haberse abierto camino, durante muchos años de penoso trabajo, a lo largo de una fantástica cantidad de li-bros, escritos técnicos, publicaciones legales, actas parlamentarias, y de analizar todas las estadísticas, periódicos e informes disponi-bles en materia de estadística económica y sociológica, y referentes a la industria, el comercio y la Bolsa. Al principio consideró esto nada más que como una labor preparatoria. Pero en 1857 ocurrió lo que predecía desde hacía tiempo: una crisis económica mundial. Su concepción teórica —a la cual había llegado gracias a su estudio de los procesos económicos del pasado y el presente—, de que las crisis económicas surgen con regularidad en el capitalismo, queda-ba confirmada en la práctica. Su creencia en una relación estrecha
Paul Lafargue: Recuerdos personales sobre Karl Marx. En Mohr und Ge-neral, pág. 325.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 209
entre el desarrollo económico y el político también resultó, una vez más, correcta. La década de reacción política de Europa tocaba a su fin. Ya se podía discernir un nuevo período de los movimientos políticos de masas, y con ellos era inevitable que el movimiento obrero volviese a despertar también.
El estallido de la nueva crisis anunció a Marx de que debía po-ner fin, por el momento, a sus investigaciones. "Trabajo como un loco durante toda la noche, para organizar mis estudios económi-cos", 254 escribía a Engels, el 8 de diciembre de 1857. Diez días después volvía a escribir: "Trabajo muchísimo, casi siempre hasta las cuatro de la mañana". 255 Un mes más tarde, cuando enfermó debido al esfuerzo, escribía: "Exageré demasiado el trabajo noc-turno". 256
El 29 de noviembre de 1858 pudo por fin informar a su amigo que Jenny había comenzado a hacer la copia en limpio. El 21 de enero de 1859 la copia final estaba terminada... pero no se la pudo enviar. "El desdichado manuscrito está terminado —escribía Marx—, pero no lo puedo mandar porque no tengo un penique para asegu-rarlo. Esto último es necesario, ya que no hice copia." 257 ¡El má-ximo teórico sobre el papel del dinero no poseía el dinero necesario para enviar por correo, al editor, la primera obra fundamental sobre el dinero! Pero Engels volvió a ayudar, de modo que muy pronto se pudo remitir el manuscrito a Berlín, donde se publicó en junio, en 1.000 ejemplares, con el título de Crítica de la economía política, Libro Primero.
Cuando Marx informó a su amigo Weydemeyer sobre la publica-ción del libro, le escribió: "Espero conquistar una victoria para nuestro partido en el campo de las ciencias". 258 ¿Cómo era posible que un libro puramente científico ayudase a llevar adelante el mo-
Marx a Engels, 8 de diciembre de 1875. MEW, vol. 29, pág. 225.
Marx a Engels, 18 de diciembre de 1857. MEW, vol. 29, pág. 232. 256Marx a Engels, 16 de enero de 1858. MEW, vol. 29, págs. 259-260.
Marx a Engels, 21 de enero de 1859. MEW, vol. 29, pág. 385.
Marx a Joseph Weydemeyer, 1 de febrero de 1859, SC, pág. 113.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 210
vimiento obrero revolucionario? Lo hizo porque en él Marx co-menzó a solucionar el fenómeno que había sido un misterio pa-ra los hombres de ciencia burgueses, o que evitaron encarar: la esencia de la explotación capitalista.
Con abrumadora lógica, y sobre la base de pruebas irrefutables, Marx mostró que la mercancía y el valor no son fenómenos eter-namente válidos, "nacidos de la naturaleza", sino que tienen un ca-rácter histórico transitorio. Con ello efectuó un descubrimiento que era la clave para la solución de una serie de complicados problemas de la economía política. Tal fue su hallazgo —y la prueba— del doble carácter del trabajo congelado en la mercancía, el hecho de que por un lado ésta posee un valor de uso — la suma de todas las cualidades útiles de una cosa que satisfacen alguna necesidad hu-mana—, y por el otro tiene un valor de cambio, el trabajo abstracto socialmente necesario del productor de mercancías, que hace falta para crear esta mercancía. De la misma manera, Marx examinó el origen histórico, la esencia y la función del dinero en la sociedad burguesa. De tal modo, en esa obra contribuyó a revolucionar la ciencia de la economía política y dio los primeros pasos hacia la elaboración clásica, fundamental, de sus teorías económicas que más tarde aparecieron en El capital.
Crítica de la economía política adquirió fama, ante todo gracias a su Prefacio, en el cual Marx esbozaba por primera vez, para el pú-blico, las principales tesis de su interpretación materialista de la historia, en forma profunda y sistemática... los pensamientos que él y Engels analizaban 15 años antes, en la inédita Ideología alemana.
Al principio Marx abrigó las esperanzas de poder seguir muy pron-to el primer libro de Crítica de la economía política con el libro siguiente. Esas esperanzas se verían frustradas. Una vez más surgió al primer plano la necesidad de ganarse la vida. A ello se agregó el hecho de que los movimientos revolucionarías en el continente, precipitados por la crisis económica, atraían cada vez más su aten-ción y muy pronto exigieron, además, su participación directa.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 211
Familia y amigos
Innumerables historiadores burgueses y plumíferos periodísticos han trabajado a lo largo de los años para presentar a Carlos Marx como enloquecido por el ansia de poder, como insensible, como un hombre inabordable o inclusive amargado. En apariencia piensan que pueden combatir y difamar con más éxito las ideas del mar-xismo que les parecen tan "terribles", si pueden convertir al padre intelectual de dichas ideas en un monstruo... esfuerzo tan desagra-dable como pueril.
Por cierto que Marx, y en especial en la década del 50, fue acosado por la pobreza, las privaciones, la enfermedad y otros duros golpes, en un torrente que habría doblegado, amargado y desesperado a un hombre de menor estatura. Lo que siempre lo mantuvo en activi-dad y lo alentó a continuar con su labor, aun en los momentos más difíciles de desdicha personal, fue su inconmovible convicción de que todavía tenía mucho que contribuir a la emancipación de la clase obrera. Jamás perdió la fe en el futuro. El humorismo y la alegría de vivir siempre triunfaron sobre la pobreza y las desdichas, en la familia Marx, y dieron el tono a su vida juntos y a sus rela-ciones con los amigos."Contra la mueca obscena de la pobreza existía una sola medicina: ¡reír! Quien se entregaba a pensamientos oscuros estaba perdido. Nunca hubo tanta risa como cuando las co-sas andaban peor para nosotros." 259 Así describía Wilhelm Liebk-necht su vida con la familia Marx, en aquellos años de Londres. Marx se sentía en especial feliz en compañía de sus hijos. A sus dos hijas, Jenny y Laura, se unió una tercera a comienzos de 1855. Se la apodó Tussy, por Eleanor, y se convirtió en la mimada de la familia.
A pesar de su increíble programa de trabajo, Marx siempre encon-traba tiempo para jugar con los niños. Debido a su tez oscura y a su cabello negro, las niñas lo llamaban Mohr (Moro), apodo que En-
Wilhelin Liebknecht: Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, pág. 129
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 212
gels y los otros amigos también comenzaron a usar cada vez más, a mediados de 1850-1860. Jenny y las niñas también lo llamaban "Viejo Diablo" o Waldgeist (duende del bosque). En general, en el hogar de los Marx los apodos eran bien recibidos. A la madre le agradaba que la llamasen "Moehme", y a Lenchen Demuth, "Nim". Las hijas tenían nombres burlones alternados. Jenny, la mayor fue durante mucho tiempo "Qui-Qui, emperatriz de la China". Laura era "Cacatúa". Eleanor era a veces "Tussy" y otras "Quo-Quo, he-redera del trono de China", y en otras "Enano Alberich".
En sus horas libres, o en caminatas, Marx correteaba con sus hijas. A éstas les encantaba en especial cabalgar sobre sus hombros, o ser tiradas por él como un caballo. Eleanor relataba más tarde: "Mohr no sólo era un excelente caballo, sino algo mucho mayor: un narra-dor único e incomparable... Les contaba a mis hermanas cuentos — todavía yo era muy pequeña— durante los paseos, y los cuentos no se dividían en capítulos, sino en kilómetros. 'Cuéntanos otro kiló-metro', le decían las chicas. A mí, por mi parte, de entre las incon-tables y maravillosas narraciones que me hizo Mohr, me agradaba más el cuento de Hans Röckle. Duraba meses y meses, pues era un largo relato, y en verdad jamás terminaba".260
Muchas veces Marx leía a sus hijas los cuentos de hadas de Las mil y una noches, el Niebelungenlied, La odisea de Homero, o las ha-zañas del inmortal Don Quijote. Analizaba con ellas estos y mu-chos otros libros, les enseñaba a amar lo auténtico y verdadero, a odiar las mentiras y la inhumanidad, a pensar y actuar por su propia cuenta.
De la misma manera les habló, a medida que crecieron, sobre pro-blemas políticos y religiosos. Décadas después, Eleanor seguía re-cordando con gratitud: "Una vez escuchamos una magnífica músi-ca en una iglesia católica romana. Me produjo una impresión tan profunda, que le hablé a Mohr de ello. El me lo explicó entonces todo con tanta claridad y persuasión, a su manera, tranquilo, que
Eleanor Marx-Aveling: Carlos Marx. Hojas sueltas. En Mohr und General, págs. 272-273.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 213
desde entonces no experimenté las menores dudas. La forma en que me narró la historia del hijo del carpintero, a quien mataron los ricos, ¡tan sencilla y sin embargo con tanta elocuencia! Muchas ve-ces seguía oyéndolo decir: 'A pesar de todo, podemos perdonarle mucho a la cristiandad, porque enseñó el amor a los niños' ".261
En el verano de 1860, Jenny y Laura dejaron la escuela. Con gran-des sacrificios personales, los padres hicieron posible que las niñas siguiesen estudiando francés e italiano, en privado, durante un tiempo. A lo largo de varios años, también recibieron lecciones de dibujo y canto.
En las pocas horas de ocio que se permitía Marx, su más caro pasa-tiempo era la lectura de buenas obras literarias. Adoraba a Heine y Goethe, Homero y Dante, en tal medida, que conocía de memoria grandes porciones de sus obras. Honraba al griego Esquilo y a Wi-lliam Shakespeare, como los más grandes dramaturgos. Las obras de la literatura mundial eran para él al mismo tiempo un bienveni-do complemento de sus estudios históricos, que en ocasiones refle-jaban sus épocas por intermedio del arte. Tenía un cariño especial por los grandes realistas contemporáneos como el novelista francés Balzac, o los escritores ingleses Dickens y Fielding. En sus nove-las, éstos representaban las relaciones sociales cuya base económi-ca él había dejado al desnudo mediante su ciencia.
Jenny compartía el amor de Marx por la literatura, pero las horas que podía dedicar a sus escritores favoritos eran pocas y muy sepa-radas unas de otras. Junto con sus obligaciones de madre y ama de casa, y las agotadoras tareas cotidianas, muchas otras obligaciones caían sobre sus hombros. Era la irremplazable secretaria de su es-poso. Copiaba casi todos sus manuscritos —la mayoría de ellos in-descifrables para otros— antes que fuesen enviados a los impreso-res. También aliviaba a su esposo de buena parte de las negocia-ciones, fatigosas y a menudo enojosas, con editores y directores de editoriales, y manejaba la correspondencia con innumerables per-
Eleanor Marx-Aveling: Carlos Marx. Hojas sueltas. En Mohr und General, pág. 275.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 214
sonas. Marx estaba muy orgulloso de su esposa, de su agudo juicio político, su delicado sentido del tacto, su abnegación total y confia-bilidad. Casi no había manuscrito que publicara sin que Jenny lo leyese primero.
Marx no era de aquellos que llevan el corazón en la manga, y como la mayoría de las cartas que se cruzaron entre él y Jenny quedaron luego destruidas, existen pocos documentos que indiquen su respe-to, apego y amor hacia su esposa. Pero nos ha quedado una carta que expresa de manera muy eficaz su relación con Jenny. Cuando ésta viajó a Tréveris durante varios meses, para permanecer junto a su madre moribunda, en el verano de 1856, él le escribió: "Las grandes pasiones, que debido a la cercanía de los enamorados ad-quieren la forma de pequeñas costumbres, vuelven a crecer y al-canzar sus dimensiones naturales gracias a la influencia mágica de la distancia. Así ocurre con mi amor. Sólo necesitas separarte de mí en lo que dura un simple sueño, y en el acto me doy cuenta de que el tiempo sólo le ha servido como el sol y la lluvia sirven a las plantas: para hacerlas crecer. Mi amor por ti, en cuanto te ale-jas, aparece como lo que es: un brillante, en el cual todo mi espíritu y todo el carácter de corazón quedan comprimidos.
"Te reirás, querida mía, y preguntarás cómo es que de pronto me nace toda esta retórica. Pero si pudiese oprimir tu corazón contra el mío, guardaría silencio y nada diría. Como no puedo besarte con los labios, debo besarte con la pluma y crear palabras. En verdad podría componer versos, e imitar las rimas de los Libri Tristium de Ovidio: en alemán, libros de lamentos. Él sólo fue exiliado por el emperador Augusto. Pero yo estoy exiliado de ti, y Ovidio no en-tendía esas cosas.
"En verdad existen muchas mujeres en el mundo, y algunas de ellas son hermosas. ¿Pero dónde puedo volver a encontrar un rostro en el cual cada una de las expresiones, cada línea, despierta de nuevo los mas grandes y dulces recuerdos de mi vida? Aun mi dolor intermi-nable, mis pérdidas irreparables, los leo en tu dulce rostro, y disipo mis dolores a besos cuando beso tu rostro querido. 'Hundido en sus brazos, redespertado por los besos de ella', es decir, en tus brazos y
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 215
con tus besos, y de buena gana dejo a los brahamanes y a Pitágoras sus enseñanzas sobre el Renacimiento, y al cristianismo sus leccio-nes sobre la Resurrección." 262
Los amigos y camaradas siempre eran bienvenidos en la casa de los Marx, henchida del espíritu de camaradería. Aunque ellos mismos vivían casi siempre en condiciones deprimentes, de apiñamiento, Carlos y Jenny recibían a menudo a amigos necesitados, a veces durante meses enteros, o a colegas enfermos como Johann Georg Eccarius, los cuidaban y compartían con ellos su último trozo de pan. Marianne, la hermana de Lenchen, encontró refugio en la casa durante muchos años.
En ese período, el visitante más frecuente era Wilhelm Liebknecht. Vivía a unas pocas calles de distancia. Las niñas le tenían un cariño especial. A menudo, cuando estaba sin un penique, la familia Marx tenía una comida caliente para él; y no pocas veces era él quien lle-gaba con el penique necesario, cuando en el hogar de los Marx no había leche ni pan para las hijas.
La vida no era un lecho de rosas para ninguno de los viejos cama-radas de la Liga Comunista que habían encontrado asilo en Lon-dres. Se tratara de Friedrich Lessner o de Johann Georg Eccarius, o de Karl Pfänder, o de Georg Lochner, o de Karl Schapper, quien se había vuelto a unir a Marx en 1856, todos tenían que luchar por su existencia, pero todos se mantuvieron juntos y leales, y siempre eran bienvenidos en la casa de los Marx. Wilhelm Wolff, quien se ganaba la vida en Manchester como maestro, y Ernest Dronke, co-merciante en Liverpool, también se mantuvieron en estrecho con-tacto con su anterior director general.
Por pesadas que fuesen las cargas del exilio, no humillaron la cabe-za, sino que se estimulaban unos a otros, cuando era necesario, con torvo buen humor. En ocasiones eran inclusive capaces de bro-mear. Liebknecht describió una de esas bromas, que ocurrió a fina-les de la década del 50:
Marx a Jenny Marx, 21 de junio de 1856. MEW, vol. 29, págs. 535-536.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 216
"Una noche Edgar Bauer llegó a la ciudad, desde su hogar de High-gate, para un 'recorrido de las tabernas'. Conocía a Marx de Berlín, y todavía no estaba alejado de él, a pesar de La Sagrada Familia. El problema era en qué tabernas, entre las calles Oxford y Hamps-tead Road, hacer las visitas correspondientes. Había tantas en el barrio, que visitarlas todas, aun con la máxima economía, resultaría ser una tarea monumental. Pero sin arredrarnos, hicimos nuestro dichoso recorrido hacia Tottenham Court Road. Allí escuchamos estrepitosas canciones que salían de una taberna. Entramos y nos encontramos en una celebración de los Odd Fellows, sociedad cu-yos seguros de enfermedad y entierro se encontraban difundidos por toda Inglaterra. Nos unimos a algunos de los celebrantes, quie-nes en el acto nos invitaron a nosotros, los 'extranjeros', a una de las habitaciones, con hospitalidad inglesa"'. 263 Allí se desarrolló muy pronto tal tensión, con fuertes y acaloradas disputas, acompa-ñadas por puños enarbolados, que Marx, Liebknecht y Bauer tuvie-ron que iniciar "una retirada más o menos digna, aunque no sin di-ficultades".
Afuera, para estimular la circulación, iniciaron una carrera de larga distancia. Pero las cosas no terminaron allí. Sus fuertes gritos y sus traviesas cabriolas —ya hacía mucho que había pasado la media-noche— ―llamaron por fin la atención de un policía, quien muy pronto alertó a sus colegas del departamento policial. En seguida se escucharon señales policiales. La situación era crítica. Por fortuna, conocíamos a fondo el terreno; estudiamos la situación. Nos lan-zamos hacia adelante, perseguidos, a poca distancia, por algunos policías. Marx desarrolló una velocidad que jamás le habría su-puesto. Y después que la loca persecución duró apenas unos minu-tos, logramos meternos en una calle lateral, y por ella a través de una calleja... un patio entre dos calles, del cual salimos por la reta-guardia de los policías. Estábamos a salvo. Nos habían perdido la pista, y llegamos a nuestros respectivos hogares sin más contra-tiempos... A la mañana siguiente, o más bien al mediodía de ese
Wiihelm Liebknecht, Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, páginas 129-130.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 217
día, cuando desperté, me alegré mucho de estar en mi habitación, y no en una celda de la policía londinense, con un miembro de la 'Sagrada Familia', Edgar Bauer, y el futuro autor de Das Kapital,
Carlos Marx. Pero cada vez que pensábamos en la aventura noctur-na, nos reíamos".264
Cuando era posible, Marx trataba de reservar los domingos para la familia, en especial para las niñas. La culminación de los frugales placeres de cada domingo eran los paseos a Hampstead Heat, una zona un tanto ondulada, que entonces se encontraba en las afueras de Londres, y lugar favorito para los vagabundeos. Los buenos amigos de la familia participaban muchas veces de dichos paseos, incluido Liebknecht, quien más tarde relató cuán dichosas eran esas excursiones:
"Por lo general la marcha se desarrollaba en el siguiente orden. Como vanguardia, yo y las dos niñas íbamos adelante... narrando cuentos o haciendo gimnasia o recogiendo flores silvestres... Detrás de nosotros iban algunos amigos. Después el grueso del ejército: Marx con su esposa y algún visitante dominical, que necesitaba cierto grado de atención. Y detrás de todos Lenchen, con los más hambrientos de los invitados, quienes la ayudaban a llevar la cesta de la merienda. Si había más invitados, se distribuían entre los dis-tintos grupos de ejército. No necesito decir que las formaciones de marcha y de combate cambiaban según el talante o las necesidades personales."
Cuando llegaban al brezal, "acampaban" con comodidad, se tonifi-caban con lo que habían llevado, y luego, mientras las niñas corre-teaban, casi siempre leían los periódicos dominicales y se dedica-ban a concentradas discusiones. "Pero en este idilio siempre tenía que haber variedad, y después carreras, a veces luchas, 'lanzamien-to de piedras' y varios otros deportes. Un domingo descubrimos un castaño cercano, con castañas maduras. Alguien gritó, '¡veamos quién puede hacer caer más castañas!' Nos dedicamos a la tarea con
Wiihelm Liebknecht, Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, páginas 133-134
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 218
grandes vítores. Mohr se esforzó como un loco, y por cierto que la ocupación de hacer caer castañas no era su fuerte. Pero se mostró incansable, como todos los demás. Y sólo cuando cayó la última castaña, acompañada por un salvaje grito de triunfo, terminó el bombardeo. Días más tarde, Marx todavía no podía mover el brazo derecho. Y yo no estaba mejor que él...
"La formación de marcha de regreso era distinta. Las niñas se ha-bían cansado, y cerraban la retaguardia con Lenchen, quien, ahora que la cesta de la merienda se encontraba vacía y los paquetes des-aparecidos, podía llevar consigo a las niñas, con elásticos pasos. Por lo general se entonaba una canción en coro. Muy pocas veces eran canciones políticas… casi siempre canciones populares, en especial las que contenían profundos sentimientos y — esta no es una historia de cazadores— cosas 'patrióticas' del 'hogar', por ejemplo: 'Oh Estrasburgo, oh Estrasburgo, hermosa ciudad', una de las preferidas. Las chicas nos cantaban canciones negras y, además bailaban al compás de ellas... cuando habían recuperado el uso de las piernas. En la marcha estaba prohibida toda conversación sobre política, de manera tan estricta como la mención de las desdichas del exilio. Por otro lado, se hablaba mucho sobre literatura y arte...
"Cuando las dos niñas fueron creciendo, el carácter de estos vaga-bundeos dominicales se modificó... pero como siempre había chi-cos, el elemento juvenil jamás faltaba." 265
El mejor amigo de la familia había sido y seguía siendo Federico Engels. En rigor, pertenecía a la familia lo mismo que Lenchen Demuth. Las hijas de Marx lo querían como a un segundo padre, y él siempre pensaba en nuevas formas de llevarles alegrías y enri-quecer su infancia y juventud acosadas por la pobreza. "Para la fa-milia Marx era un festival cuando Engels enviaba unas palabras en el sentido de que pronto llegaría desde Manchester —escribía Paul Lafargue, más tarde yerno de Marx—. Antes de su inminente visi-ta, hablaban mucho tiempo de ella, y el día de su llegada Marx se
Wiihelm Liebknecht, Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, páginas 113-117.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 219
mostraba tan impaciente, que no podía trabajar. Los dos amigos permanecían despiertos, entonces, toda la noche, fumando y be-biendo, para hablar de todos los acontecimientos que se habían desarrollado desde la última vez que estuvieron juntos." 266
Nuevas batallas en el horizonte
A pesar de su amplia labor científica, ni por un momento Marx perdió el contacto con la vida política práctica. Su actividad multi-lateral de publicista concentraba su atención en el desarrollo eco-nómico, así como en la política de las clases gobernantes, y en el progreso, todavía contenido, del movimiento democrático y prole-tario de los distintos países europeos y de Estados Unidos.
En todas las oportunidades que se le presentaban —en cartas o charlas, en artículos periodísticos o en disertaciones—, formulaba la más importante lección de los acontecimientos revolucionarios de 1848-1849: que el proletariado de todos los países debe organi-zar su partido político de clase, independiente. Cuando los delega-dos de los cartistas ingleses se reunieron en un "Parlamento obrero" en Manchester, en 1854, para convenir sus actividades conjuntas, Marx les envió un mensaje de saludo con la recordación:
"La clase obrera ha conquistado la naturaleza; ahora debe conquis-tar al pueblo. Para el éxito de esa empresa, no carece de fuerzas; lo que le falta es la organización de sus fuerzas comunes. La organi-zación de la clase obrera en escala nacional: esa, pienso, es la gran-de y gloriosa tarea que busca el Parlamento obrero".267
Como cosa normal, Marx trató de reanudar y fortalecer sus vincu-laciones con los dirigentes de la clase obrera inglesa, y en especial los cartistas. Tenía un contacto en particular estrecho con el enton-ces dirigente cartista revolucionario Ernest Jones. En el periódico que éste dirigía, The People's Paper, Marx y Engels publicaron
Paul Lafargue; Recuerdos personales sobre Karl Marx. En Mohr und Ge-neral, pág. 343.
Carlos Marx: Brief an das Arbeiterparlarnent. MEW, vol. 10, pág. 126.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 220
muchos artículos.
Las relaciones personales de Marx con los representantes política-mente más maduros de la clase obrera y del movimiento democrá-tico de Alemania, de otros países europeos y de Norteamérica, también se mantuvieron intactas. Los obreros con conciencia de clase de Renania, entre quienes Marx era muy conocido y respeta-do desde la época de Neue Rheinische Zeitung y de los años re-volucionarios, 1848-1849, pedían a menudo sus consejos. Cuando surgió la oportunidad, a mediados de la década del 50, de encarar problemas de política internacional y del movimiento democrático y proletario, en el periódico democrático-burgués de Alemania, Neue Oder Zeitung, de Breslau, no vaciló. Continuó colaborando con el periódico, inclusive cuando los directores ya no pudieron pagarle sus trabajos.
Marx y Engels sostenían la inconmovible creencia en el principio de que la próxima tarea de los comunistas en Alemania seguía siendo la organización, lo antes posible, de un partido obrero. "De-bemos volver a reclutar nuestro partido desde el comienzo",268 ha-bía escrito Marx a Engels, el 10 de marzo de 1853. Pero este parti-do del futuro no podía ser una nueva edición de la Liga Comunista. Tendría que reflejar la nueva situación de las luchas de clases, de las necesidades nacionales e internacionales del creciente proleta-riado industrial de Alemania, Inglaterra, Francia y otros países.
A finales de la década de 1850-1860 se confirmó hasta qué punto tenía razón Marx. Como consecuencia de la crisis económica mun-dial, la cantidad cada vez mayor de huelgas y demostraciones de desocupados en Berlín, Elberfeld y otras localidades presagiaban un nuevo ascenso del movimiento obrero alemán. Entonces resultó claro para todos que el período de tormentas y revoluciones, a lo largo del cual la sociedad burguesa había adquirido sus formas ple-nas, no habían terminado aún. La lucha del pueblo italiano por su unificación e independencia, que en 1859 llevó a la guerra entre Austria y Hungría y la Francia bonapartista, fortaleció el movi-
268Marx a Engels, 10 de marzo de 1853. MEW, vol. 28, pág. 224.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 221
miento nacional y democrático en toda Europa, y en especial en Alemania. La unificación de esta última se hizo imperativa sobre la base de fundamentos económicos, tanto como políticos.
¿Pero en qué forma debía crearse el Estado-nación alemán unifi-cado?
Marx y Engels efectuaron un análisis fundamental de la situación internacional de Europa, compararon la fuerza económica y políti-ca de las distintas clases y capas de Alemania, sus relaciones entre sí y sus intereses objetivos. Sus investigaciones los llevaron a la conclusión de que sólo eran posibles dos caminos: Alemania podía unificarse y convertirse en un Estado-nación democrático por me-dio de un movimiento revolucionario popular dirigido contra la di-nastía feudal y sus partidarios de adentro y afuera del país; o, a consecuencia del dominio de la Prusia militarista, podía encontrar su unidad en un Estado reaccionario que se pareciera a un inmenso cuartel. La revolución desde abajo o la revolución desde arriba: esos eran los caminos.
Para la clase obrera, los campesinos, la pequeña burguesía y tam-bién los sectores progresistas de la burguesía, la mejor solución era una Alemania unida, conquistada gracias a un movimiento revolu-cionario popular, contra la aristocracia y las dinastías, que culmina-se en una república democrática. Marx y Engels y sus colegas ya habían luchado, desde 1848, por esa república alemana democráti-ca e indivisible. Y no modificaron entonces su meta, porque dicha república democrática facilitaría un avance progresista de la na-ción alemana, y en esa república la lucha de la clase obrera y sus preparativos para conquistar el poder se facilitarían en gran medi-da:
¿Pero cuál sería la fuerza dirigente de ese movimiento revolucio-nario? La pequeña burguesía seguía siendo fuerte en número, pe-ro debido a su posición entre la burguesía y el proletariado, se mos-traba cada vez menos capaz de seguir una política independiente. Marx consideraba muy improbable que pudiese dirigir tal movi-miento popular, en especial después de las experiencias de los años revolucionarios. La unificación democrática y revolucionaria de
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 222
Alemania dependía ante todo de la acción independiente de la clase obrera.
Entretanto, Marx y Engels, y el pequeño grupo de comunistas, con-centraron todos sus esfuerzos en hacer que los obreros alemanes adquirieran conciencia de sus intereses de clase y de su misión na-cional, en liberarlos de la influencia de la burguesía y en preparar, paso a paso, un partido proletario independiente en Alemania. Por ese motivo, los comunistas tuvieron que buscar maneras de dirigir-se al movimiento obrero que volvía a despertar. Al mismo tiempo era necesario quebrar la conspiración del silencio y la calumnia con que la reacción, en todas sus variantes, trataba de aislar a Marx y sus camaradas respecto de la clase obrera alemana.
En marzo de 1859 Marx escribía a uno de sus compañeros de lucha en Alemania, que la situación había cambiado y ahora consideraba esencial que el partido "saliera al descubierto, siempre que pueda hacerlo".269 El mismo volvió a dedicar una mayor atención a la Asociación Obrera Educativa Comunista de Londres. En mayo consultó con sus antiguos colegas, Lessner, Liebknecht, Lochner, Pfänder y otros, en cuanto a las posibilidades de fundar su propio periódico para difundir sus ideas. Preveía la llegada del momento en que sería decisivo para los comunistas poder publicar sus opi-niones, sin obstáculos, en un periódico.
La oportunidad para hacerlo surgió en la forma del semanario lon-dinense Das Volk (El pueblo), patrocinado por refugiados obreros, quienes entonces pidieron apoyo a Marx. Este aceptó, y como nun-ca hacía nada a medias, pronto era el director y editor del periódi-co, en la práctica. Das Volk duró muy poco tiempo, tuvo que dejar de publicarse en agosto a consecuencia de sus dificultades financie-ras; pero Marx consiguió convertirlo en un órgano comunista, y no sólo tenía lectores en Londres, sino también en Estados Unidos, Suiza y Alemania.
En artículos para Das Volk, para New York Daily Tribune y para
Marx a Ferdinand Lassalle, 28 de marzo de 1859. MEW, vol. 29, pág. 587.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 223
otros periódicos, a finales de las década del 50 y comienzo de la del 60, Marx y Engels desarrollaron sus concepciones sobre el camino hacia la unificación nacional del pueblo alemán, y acerca de las medidas que era preciso tomar a lo largo de ese camino. La lucha contra todas las intervenciones extranjeras en Alemania, como la que amenazaba con llevar adelante la Francia bonapartista; la abo-lición de los regímenes feudales y de la fragmentación interna; la liberación de los pueblos sojuzgados por Prusia y Austria: tal era el programa de los revolucionarios proletarios.
No es extraño que todos los enemigos de la unificación alemana se unieran contra este programa nacional revolucionario: desde el em-perador francés, Napoleón III, hasta los Junkers prusianos. En la lucha contra los comunistas, hasta los "archienemigos" trabajaban juntos. Napoleón III hizo que Karl Vogt, el ex demócrata pequeño-burgués alemán, difundiese en el extranjero sucias calumnias con-tra Marx, y los Junkers y liberales prusianos compitieron entre sí por la difusión de esas mentiras en su prensa, de ciudad en ciudad, y a lo largo del país. Cuando Marx se esforzó entonces por entablar juicio contra los calumniadores, quienes lo acusaban de extorsión, de traicionar a los revolucionarios e inclusive de falsificar billetes de banco, sus acciones judiciales no fueron aceptadas.
Sólo le quedaba editar un folleto con el título de Herr Vogt, en el cual refutaba todas las calumnias anticomunistas de Vogt, y al mismo tiempo respondía al intento de aislar una vez más a los co-munistas respecto del movimiento popular que poco a poco ad-quiría forma. Sobre la base de los hechos, mostraba quiénes, de en-tre los refugiados alemanes de la emigración, habían hecho en ver-dad algo en interés del progreso, y quiénes, a despecho de la pro-funda pobreza y enconadas persecuciones, representaban de mane-ra coherente los intereses nacionales del pueblo alemán. En cuanto a Vogt, Marx lo acusaba de trabajar, con su actividad de publicista, en interés de Napoleón III y de respaldar la política del emperador francés, de oposición a la unificación democrática de Alemania. Diez años después, luego del derrocamiento del Segundo Imperio francés, se encontraron, entre los papeles de Napoleón, recibos que mostraban que Vogt había recibido 40.000 francos, como honora-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 224
rios de agente, del fondo secreto de Bonaparte.
El folleto sobre Herr Vogt no se había publicado aún cuando se inició un período de nuevas desdichas para la familia Marx. Jenny, la mejor y más segura de las secretarias de su esposo, copió el ma-nuscrito día y noche, en afiebrada prisa. Pero esa vez su salud, lue-go de tanta pobreza y tensión, de tanta inseguridad y necesidades, se quebrantó bajo el extraordinario esfuerzo. Apenas había termi-nado de escribir la última frase cuando hubo que llamar al médico. Este la encontró con una fiebre altísima, y en seguida diagnosticó viruela. Sólo los incansables cuidados de su esposo, quien jamás se apartó de su lado, a pesar de los peligros de infección, le salvaron la vida. En una carta, ella describió esas terribles semanas y meses de 1860:
"Los Liebknecht, sin temor, se ofrecieron a recibir a las niñas, y en medio día éstas ya habían partido hacia el exilio, con sus escasas pertenencias. Mi estado se agravaba de hora en hora, a medida que brotaban las viruelas. Sufría mucho. Grandes zonas de dolor ar-diente en el rostro, insomnio total, mortales temores respecto de Karl, quien me cuidaba con la máxima ternura....
"Pero mi salud se recuperó: los más tiernos y leales cuidados me ayudaron; y así, heme aquí sentada de vuelta, recuperada la salud, sólo que con el rostro desfigurado... Únicamente en Navidad pudie-ron las pobres niñas volver a su hogar paterno, donde tanto se las echaba de menos. El momento en que nos volvimos a ver fue in-descriptiblemente conmovedor...
"Apenas pude dejar mi lecho durante unos ratos, cuando mi queri-do, amado Carlos, enfermó a su vez.
Su gran ansiedad, sus preocupaciones y tormentos, lo derrumbaron en su lecho de enfermo. Por primera vez, se agudizó su dolencia hepática crónica. Pero gracias a Dios se recobró luego de cuatro semanas de sufrimiento. Entre tanto, el Tribune volvió a dejarnos con medio salario, y en lugar de algunos ingresos del libro, hubo que pagar una factura. Agregado a ello, los enormes costos de esa, la más terrible de las enfermedades. En una palabra, usted mismo
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 225
podrá imaginar cómo vivimos a lo largo del invierno."270
Inclusive durante las semanas de su enfermedad, Marx siguió los acontecimientos de Alemania. Se ocupó en especial del pensamien-to de que era necesario fundar, lo antes posible, un periódico para la clase obrera de Alemania, que defendiese los intereses del prole-tariado en la batalla por la unificación nacional y ayudara a los re-volucionarios proletarios, dispersos en todo el país, en el plano po-lítico y teórico. El abogado y escritor Ferdinand Lassalle, a quien Marx había llegado a conocer de manera más íntima durante los días revolucionarios, y la amiga de Lassalle, la condesa Hatzfeld, se habían ofrecido a apoyar la fundación de un periódico en Berlín. En su correspondencia, Marx y Engels pesaron los pro y contras de este ofrecimiento. Para tener una imagen clara de la situación política de Alemania, y de las intenciones de Lassalle, Marx deci-dió viajar a Berlín. Como de cualquier manera tenía que visitar a sus parientes en Holanda, en relación con problemas financieros, parecía posible llevar a cabo ese plan. Además, después de la muerte de Federico Guillermo IV, el nuevo rey prusiano, Guiller-mo I, había promulgado una amnistía parcial para los refugiados de 1848. En esas circunstancias, Marx creía que podía arriesgarse a hacer el viaje.
Desde finales de febrero hasta mediados de marzo de 1861 se hos-pedó en casa de sus parientes, en Zalt-Bommel. Desde el 18 de marzo hasta mediados de abril estuvo en Berlín, donde vivió en el hogar de Lassalle, magníficamente amueblado, de la calle Bellevue
Su impresión sobre la situación política de la capital de Prusia
fue:
"Hay un olor general a desintegración, y personas de todas las ca-pas creen que es inevitable una catástrofe".271 Estas impresiones deben de haber fortalecido el deseo de Marx, de contar lo antes po-sible con un órgano periodístico para volver a influir sobre el mo-
Jenny Marx a Louise Weydemeyer, 11 de marzo de 1861. En Mohr und General, págs. 257-259.
Marx a Engels, 7 de mayo de 1861. MEW, vol. 30, pág. 162.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 226
vimiento democrático y la clase obrera. Pero Lasalle presentó la condición de que él tuviese el mismo derecho que Marx y Engels a determinar los perfiles políticos del periódico que se proyectaba. En su contacto diario con Lassalle, Marx reconoció con claridad hasta qué punto aquél se hallaba todavía hundido en el idealismo filosófico. Además previó un gran peligro para el proyecto conjun-to, dada la arrogancia y el oscurantismo de Lassalle. Por lo tanto, convino con Engels en que era imposible aceptar el ofrecimiento de éste.
En Berlín, Marx concurrió a algunas producciones teatrales, y se ubicó en el espacio destinado a la prensa durante una sesión del Parlamento. "La presencia ubicua del uniforme" en todas partes de la sede prusiana de la monarquía le resultó "desagradable".272 De todos sus anteriores amigos berlineses, sólo Köppen seguía estando junto a él. "Lo encontré igual que siempre —le informó a Engels—
. Las dos ocasiones en que recorrimos las tabernas fueron una ver-dadera fiesta para mi.‖273 La mayoría de sus antiguos conocidos, los Jóvenes Hegelianos —otrora "radicales" que sólo querían lu-char contra el enemigo en el plano intelectual y rechazaban toda vinculación con la clase obrera—, se habían convertido en simples herramientas de la reacción.
A Marx le provocó repugnancia el modo de vida de Lassalle, quien vivía principalmente del dinero de la condesa Hatzfeldt; era extra-vagante hasta la grosería y se complacía en la compañía de admira-dores aristocráticos y burgueses. Tanto más cálida, pues, fue su reunión con antiguos camaradas de Elberfeld y Colonia, donde se detuvo en su viaje de regreso. En Tréveris pasó varios días con su madre.
El viaje a Berlín no condujo a la fundación del preciado periódico político. Pero fortaleció la convicción de Marx, de que los comu-nistas debían prepararse para la crisis revolucionaria que maduraba poco a poco en Alemania. Los obreros más progresistas se reunían
Marx a Engels, 10 de mayo de 1861. MEW, vol. 30, pág. 168.
Marx a Engels, 10 de mayo de 1861. MEW, vol. 30, pág. 166.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 227
en asociaciones obreras educacionales. A comienzos de la década del 60 había ya varias docenas de tales asociaciones, en las cuales los obreros no sólo buscaban una educación general, sino que ade-más pasaban revista a sus intereses sociales y políticos. Por supues-to, tales organizaciones se encontraban todavía bajo la influencia política e ideológica de la burguesía liberal, pero la contradicción entre la burguesía y el proletariado era ya demasiado fuerte para que los obreros siguiesen mucho tiempo más a la cola de los políti-cos burgueses. Junto con sus reivindicaciones económicas, los tra-bajadores ya comenzaban a presentar reivindicaciones políticas, en especial en las zonas en que los comunistas habían desarrollado su actividad durante la revolución de 1848-1849, incluida Renania, Hamburgo, Leipzig y otras localidades. Existían el derecho, sin trabas, de organización, reunión, y la libertad de prensa para todos los ciudadanos. Exigían derechos de voto generales, iguales y di-rectos. Y para garantizar estos derechos, exigían el armamento del pueblo, en lugar del fortalecimiento del militarismo. De distintas maneras, Marx se esforzó por colaborar con este movimiento obre-ro de desarrollo espontáneo.
Durante su estancia en Berlín, actuó con energía para que se le de-volviese su ciudadanía prusiana, de modo de poder regresar a su patria en cualquier momento que ello resultara útil para los intere-ses de la clase obrera alemana. Pero el gobierno prusiano, que le había negado la ciudadanía en 1848, volvió a negársela. El presi-dente de la policía de Berlín justificó la negativa, con sequedad, con la afirmación de que las opiniones de Marx "eran republicanas, cuando mucho, y no monárquicas‖,274 y el ministro del Interior prusiano, supuestamente liberal, respaldó esta posición.
Como Marx no podía volver libremente a Alemania, resultaba tanto más importante conocer a camaradas leales en el país natal. Wilhelm Liebknecht sería durante mucho tiempo el más importante de esos camaradas que trabajaban en Alemania. Con consentimien-to de Marx, regresó a Alemania, desde la emigración inglesa, en el
274 Ferdinand Lassalle a Marx, 1 de julio de 1861. En Ferdinand Lassalle:
Cartas y escritos póstumos. Stuttgart-Berlín, 1922, pág. 367.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 228
verano de 1862, y en adelante trabajó allí como seguro representan-te de Marx y Engels. Comenzó a difundir las concepciones de Marx entre los obreros berlineses, y a reunir en su derredor a un grupo de obreros con conciencia de clase.
En el otoño de 1862 existía un creciente deseo, entre los traba-jadores alemanes más avanzados, en especial en Berlín y Leipzig, de convocar un congreso obrero pangermano que elaborase las me-tas sociales y políticas del proletariado. Los voceros de los traba-jadores de Leipzig, el obrero del tabaco Friedrich Wilhelm Fritzs-che, y el zapatero Julio Vahlteich, pidieron a Lassalle, a finales de 1862, que hiciese públicas sus concepciones sobre un programa para la clase obrera. Lassalle respondió a este pedido e instó a los trabajadores de Leipzig a organizarse para la lucha política en de-fensa de sus propios intereses. Sobre la base de su Respuesta abier-ta al comité central para la convocatoria de un congreso obrero pangermano en Leipzig, se fundó en Leipzig, en mayo de 1863, la Asociación General Obrera Alemana, y Lassalle fue elegido presi-dente de ella.
Por primera vez, luego de más de una década de la más negra reac-ción, volvía a insistir en la organización de obreros en Alemania, independiente de la burguesía. No sólo los trabajadores con con-ciencia de clase, sino que también los intelectuales encontraron nuevas esperanzas y se pusieron de parte o entre las filas del mo-vimiento obrero. Uno de ellos, el poeta Georg Herwegh, escribió la ahora famosa canción de la Asociación General Obrera Alemana, que terminaba con los siguientes versos:
¡En pie los hombres de trabajo,
voltead con fuerza la prisión!
Podéis hacer parar las ruedas
si queréis que se detengan.
Los tiranos tiemblan de miedo
cuando ven cercano su fin;
vuestras manos dejan el arado
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 229
y el grito resuena: ¡La hora ya llegó!
¡Romped los lazos que atan a los libres!
¡Quebrad el temor a la esclavitud!
¡Romped la esclavitud del miedo!
¡Pan es libertad, libertad es pan! 275
Lassalle conocía los escritos des Marx y Engels mejor que muchos otros, y a menudo se describía como su discípulo y partidario. Pero en la práctica jamás comprendió la riqueza de ideas de las enseñan-zas marxistas, y en especial de su base, a saber, el materialismo fi-losófico. En su concepción de la historia y del Estado, siguió sien-do un idealista. No creía que la clase obrera tuviese la misión histó-rica de construir una nueva sociedad socialista por medio de la conquista del poder político. En lugar de la destrucción del Estado burgués, consideraba que la tarea de la clase obrera era su reforma. También quería reformar el Estado prusiano mediante la introduc-ción de la igualdad de derechos al voto secreto —es decir, según lineamientos estrictamente parlamentarios—, y por medio de cré-ditos que el Estado Junker prusiano, así lo proponía él, entregaría a los obreros para levantar cooperativas de producción. La contribu-ción histórica de Lasalle a la nueva creación de una organización obrera independiente de la burguesía, la Asociación General Obre-ra Alemana, fue positiva; pero su ilusión de que la clase trabajadora no necesitaba dedicarse a una lucha revolucionaria y "pasaría de manera pacífica" al socialismo con la ayuda del Estado explotador, ejerció una influencia destructiva.
Con estas ideas pequeñoburguesas y no proletarias, Lassalle desa-rrolló todo un sistema de falsas concepciones que más tarde se co-noció, en la historia, con el nombre de lassallismo. Por ejemplo, prescindía de la lucha económica de los obreros, y con ello, tam-bién del movimiento sindical. Desdeñaba a los aliados del prole-tariado, los campesinos y la pequeña burguesía. No creía que la lu-cha por la emancipación de la clase obrera tuviese carácter interna-
Georg Berwegh: Canción de la Asociación General Obrera Alemana. En
Georg Herwegh: Der Freiheit eine Gasse, Berlín, 1948, pág. 275.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 230
cional. Pero las consecuencias más perniciosas para la clase obrera alemana fueron el resultado de las intrigas de Lassalle; por un lado, negociaba en secreto con Bismarck, el recién nombrado Primer Ministro prusiano, desde el punto de vista de que la Unificación de Alemania debía tener su base en Prusia. Por el otro, trató de apartar a la Asociación Obrera Alemana del camino democrático y revolu-cionario, hacia una unidad nacional con una táctica proprusiana. De este modo, Lassalle impidió que el creciente movimiento obrero de la década del 60 se convirtiese en una fuerza decisiva en la lucha por la unificación democrática de Alemania. Sus teorías, que impu-so a la Asociación Obrera, hizo que desde entonces el lassallismo fuese el principal obstáculo para la penetración del comunismo científico en el movimiento obrero alemán.
Lassalle se esforzó por utilizar la autoridad de los autores del Ma-nifiesto Comunista —como ya lo había reconocido Marx—, pero desdeñó las concepciones y experiencias del Manifiesto y la Liga Comunista en la formación de la Asociación Obrera. De tal mane-ra, impidió que ésta se convirtiese en un partido proletario, tal co-mo lo había sido la Liga Comunista.
Precisamente las características del lassallismo que eran antinacio-nales —por ser nacionalistas— y antirrevolucionarias –por ser reformistas— han llevado, desde la vuelta del siglo, a los historia-dores burgueses y socialdemócratas de derecha a presentar a Lassa-lle como el fundador del movimiento obrero alemán organizado, y a negar el hecho de quo la historia del partido obrero revoluciona-rio alemán comienza con la Liga Comunista. Ya en 1893 Frie-drich Lessner refutó con eficacia estos esfuerzos, cuando escribió: "Para quienes trabajaron con Marx y Engels desde el comienzo, resulta extraño que la fundación de la Asociación General Obrera Alemana se describa como el comienzo del movimiento obrero contemporáneo. En fin de cuentas, la fundación de esta asociación se produjo a comienzos de la década del 60, en una época en que Marx, Engels y otros ya trabajaban en el plano de la propaganda y
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 231
luchaban con intensidad desde hacía veinte años".276
En la primavera de 1863 Marx dio la bienvenida a la separación política y orgánica de los obreros respecto de la burguesía. Pero en igual medida le escandalizó el hecho de que Lassalle considera-se adecuado intrigar con el más enconado enemigo de la clase obrera alemana y de toda la nación, el Estado militar prusiano. "El asunto Lassalle y los escándalos que está creando en Alemania co-mienzan a resultar desagradables —le escribía Engels a Marx, en mayo de 1863—. Es hora de que termines tu libro."277
Ambos convinieron en que ahora resultaba en especial necesario influir sobre los trabajadores con las nuevas obras científicas y po-líticas.
Para Marx eso significaba, ante todo, la terminación de su obra principal, Das Kapital, en la cual había vuelto a trabajar con inten-sidad desde mediados de 1861, y con la cual pensaba continuar la Crítica de la economía política, publicada en 1859. Al mismo tiempo, se ocupaba cada vez más a fondo del movimiento obrero en otros países europeos.
Desde 1861 en adelante siguió con gran interés la guerra civil que había estallado en Estados Unidos, entre los Estados industriales y más desarrollados, del norte, y los Estados esclavistas del Sur. Apoyó a los obreros ingleses que, en gigantescas demostraciones, protestaron con valentía contra la intención del gobierno inglés, de intervenir militarmente en Estados Unidos, en favor de los Estados del Sur. Con gran satisfacción, alabó en público la elevada moral del proletariado inglés. "Aunque la continuación de la guerra civil norteamericana agobiará a un millón de trabajadores ingleses con los más terribles sufrimientos y necesidades",278 debido a la crisis del algodón y la desocupación en masa en la industria textil ingle-
276 Friedrich Lessner: Recuerdos de un trabajador sobre Carlos Marx. En Mohr und General, pág. 189.
Engels a Marx, 20 de mayo de 1863. MEW, vol 30, pág. 347.
Carlos Marx; Proclama de la Asociación Obrera Educacional Alemana, de Londres, respecto de Polonia. MEW, vol. 15, pág. 577.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 232
sa, provocadas por la guerra civil, ello no obstante los trabajadores ingleses defendieron con abnegación la solidaridad internacional y la protección de la paz.
Así como apoyó la lucha de los obreros ingleses contra la amenaza de una guerra de intervención, así también Marx se puso con ardor de parte de la lucha del pueblo polaco, que desde comienzos de 1863 había vuelto a levantarse contra el régimen extranjero zarista. Propuso que él y Engels escribiesen un folleto sobre la brutal re-presión del pueblo polaco por Prusia y Rusia. Él redactaría la parte referente a la diplomacia, y Engels la relacionada con el aspecto militar. Desde febrero en adelante reunió materiales sobre el tema, tomándolos de la prensa inglesa, francesa y alemana. Se sumergió en especial en obras sobre la historia de la diplomacia de Polonia, Prusia, Rusia y Francia en los siglos XVII y XVIII. Pero en mayo una repetición de su antigua dolencia hepática lo obligó a abando-nar su plan. La amplia labor preliminar tuvo que quedar sin utili-zarse, y cuando se recuperó, le ocupó todo el tiempo la solidaridad práctica con los agobiados luchadores polacos por la libertad.
En agosto de 1863, cuando lo visitó una delegación de patriotas polacos, les prometió en el acto ayuda moral y material, y pidió a Engels que organizase una colecta de dinero también en Manches-ter. En Londres dispuso que la Asociación Obrera Educacional Comunista encabezara la acción de solidaridad con los patriotas polacos. "El problema polaco es el problema alemán. Sin una Po-lonia independiente no habrá una Alemania independiente, uni-da",279 escribía en una hoja volante distribuida por la Asociación. Por insistencia de él, 50 ejemplares de la hoja volante fueron en-viados a Liebknecht, a Berlín, de modo que el llamamiento pudiese distribuirse también entre los obreros alemanes. Marx declaraba a éstos: "En este momento crucial, la clase obrera alemana debe a los polacos, al mundo y a su propio honor una enérgica protesta contra la traición alemana frente a Polonia, que es al mismo tiempo una traición a Alemania y a Europa. Debe inscribir en su bandera, con
Carlos Marx; Proclama de la Asociación Obrera Educacional Alemana, de Londres, respecto de Polonia. MEW, vol. 15, pág. 576.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 233
letras de fuego, la reconstrucción de Polonia‖.280 Difundió el con-cepto del internacionalismo proletario entre ellos, y trató de desper-tarles la conciencia de que eran los depositarios de los intereses nacionales de Alemania. También los obreros ingleses y franceses progresistas respaldaron a los patriotas polacos.
Este gran movimiento de solidaridad de la clase obrera europea, promovido por Marx, creó las condiciones previas para el estable-cimiento de una organización obrera internacional. Los movimien-tos de trabajadores de distintos países de Europa eran, una vez más, lo bastante fuertes como para que, según escribió Engels más ade-lante, "Marx pudiera pensar en poner en práctica un deseo acari-ciado desde hacía largo tiempo: fundar una Asociación Obrera que abarcase a los países más adelantados de Europa y América, y que debía personificar, por decirlo así, el carácter internacional del mo-vimiento socialista, tanto ante los propios obreros como ante los burgueses y los gobiernos... para animar y fortalecer al proletaria-do, y para atemorizar a sus enemigos".281
El momento adecuado llegó en 1864. Las grandes federaciones sindicales inglesas habían invitado en 1863, a representantes de las organizaciones obreras francesas, a concurrir a una reunión inter-nacional en Londres, en favor del levantamiento polaco. Se con-vino en repetir este acto internacional de solidaridad en 1864. En-tonces los trabajadores de otras naciones también prometieron par-ticipar, incluida la Asociación Educativa Obrera Comunista, cuyos miembros eran casi todos proletarios alemanes. Los dirigentes obreros ingleses pidieron específicamente que Carlos Marx, quien gozaba de gran prestigio entre ellos, concurriese asimismo a esta manifestación de fraternidad internacional de los trabajadores.
En la noche del 28 de septiembre de 1864, cientos de obreros y emigrantes democráticos ingleses, franceses, alemanes, polacos, italianos y suizos se reunieron en St. Martin's Hall. El salón estaba
Carlos Marx; Proclama de la Asociación Obrera EducacionalAlemana, de Londres, respecto de Polonia. MEW, vol. 15, pág. 577.
Federico Engels: Carlos Marx. SW, pág. 373.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 234
repleto de bote en bote. Carlos Marx, como representante de los obreros alemanes, se sentó en la plataforma, junto con los delega-dos de los obreros franceses, los dirigentes sindicales ingleses, los representantes y demócratas revolucionarios de otras naciones.
El coro de la Asociación Educativa Obrera Comunista, comenzó la velada con una canción. Luego el presidente, profesor Beesly, de-mócrata radical y buen amigo de Marx, declaró inaugurada la reu-nión. El público reaccionó con entusiasta aprobación ante un men-saje de solidaridad de los obreros ingleses, a los franceses, y a la respuesta de éstos. El coro cantó otra canción revolucionaria, y después un representante de los trabajadores franceses informó que sus camaradas de clase preveían una organización internacional del proletariado. Un dirigente sindical inglés resumió los puntos de vis-ta formulados durante la noche por diversos oradores, entre ellos el comunista alemán Eccarius. Todos los oradores reconocieron los intereses comunes de los obreros de todos los países, en la lucha por la libertad democrática, la independencia nacional y el progreso social. Por último, cuando los emisarios del proletariado europeo decidieron, con gran entusiasmo, fundar una Asociación Obrera Internacional, que representase sus intereses comunes, Carlos Marx fue elegido miembro de la comisión directiva. La reunión se cerró con vítores a los obreros franceses y a los trabajadores de todos los países.
De tal manera, el hombre que había preparado el camino para esta unión de fuerzas, Carlos Marx, era ahora, además, testigo personal y participante de la Conferencia de Fundación de la Asociación Obrera Internacional.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 235
CAPÍTULO V.
1864 -1871
Se coloca una nueva piedra fundamental - Secretario para Alemania - Madura la obra fundamental - El Capital - Delegado del movimiento obrero internacional - Abriendo la marcha en el Partido Obrero So-cialdemócrata Alemán - La Internacional Enjuiciada
Se coloca una nueva piedra fundamental
En la gran asamblea obrera de St. Martin's Hall, del 28 de septiem-bre de 1864, no fue Carlos Marx, sino su compañero Eccarius, quien habló en nombre de los trabajadores alemanes. El propio Marx había propuesto a Eccarius para la comisión preparatoria, y lo ayudó a preparar el proyecto de su intervención. Los informes periodísticos sobre la elección de la comisión directiva, que más tarde se convirtió en el Consejo General, publicaban el nombre de Marx al final de la lista. Pero muy pronto ese nombre fue el prime-ro en la comisión elegida, "el alma de ella así como de todos los posteriores Consejos Generales" 282 de la Internacional, como lo describió Engels.
De la pluma de Marx salieron casi todos los documentos programá-ticos aprobados por el Consejo General, y todas las decisiones de los Congresos de la Asociación que tuvieron alguna permanencia, también estaban henchidas del espíritu de Marx. "Describir la acti-vidad de Marx en la Internacional — escribía Engels una década
Federico Engels: Carlos Marx. SW, pág. 373.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 236
más tarde— significaría escribir la historia de la Asociación mis-ma."283
Marx valoraba en alto grado la confianza que los representantes de la clase obrera internacional le habían mostrado con su elección. Dedicó a su nueva tarea la misma devoción que había dedicado a todas las otras que le confió la clase trabajadora. Durante muchos años entregó todas sus energías a su labor científica, en especial a su estudio de la economía política, y se apartó del juego con orga-nizaciones de los emigrantes alemanes, principalmente pequeño-burgueses. Pero ahora estaba involucrado, no el juego con conspi-raciones utópicas a que se dedicaban algunos individuos ambicio-sos; antes bien, como escribía Marx a Engels, se trataba "de verda-deros 'poderes' tanto del lado de Londres como de París", un asunto de "resurrección de la clase obrera".284
¡Con qué profundidad y sentimiento había esperado Marx ese mo-mento! Durante el período posterior a 1849, cuando la reacción eu-ropea extinguió las llamas de la revolución, y cuando "el fantasma del comunismo"285 parecía haber sido borrado después de los jui-cios a los comunistas de Colonia, Marx no dudó jamás, ni por un instante, que el proletariado volvería a despertar a la acción políti-ca. Y ahora llegaba el momento de ese despertar. La fundación de la Internacional fortaleció la confianza de Marx y confirmó su opi-nión sobre la misión histórica de la clase obrera. Era, al mismo tiempo, producto de sus incansables trabajos. La fundación de la Internacional también fue para Jenny una gran satisfacción. Engels describía más tarde los sentimientos de la leal esposa y camarada de Marx, con las siguientes palabras: "La Internacional ha sido lan-zada. La lucha de clases del proletariado avanzó, de país en país, y a la cabeza de las primeras filas marchaba su esposo. Comenzó en-tonces para ella un período que le compensaba algunas de las gran-des penurias que había padecido. Vivió para ver que las calumnias
Federico Engels: Carlos Marx. SW, pág. 373.
Marx a Engels, 4 de noviembre de 1864. SC, pág. 146.
Carlos Marx / Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 41.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 237
acumuladas contra Marx eran barridas como pajas ante el viento; y que sus enseñanzas, en cuya represión todos los partidos reacciona-rios... habían empeñado enormes esfuerzos, eran predicados por fin desde los tejados de todos los países civilizados y en todos los idiomas modernos".286
Pero al comienzo, en los primeros años de la Internacional, el pun-to de vista marxista todavía "no se predicaba desde los tejados". Primero tuvo que establecerse en duras batallas, tanto dentro como fuera de la Internacional. Ya habían surgido diferencias de opinión en la elaboración del programa y del reglamento general.
La comisión directiva elegida en St. Martin's Hall se reunió por primera vez el 5 de octubre. Autorizó la formación de una comisión de nueve hombres, una así llamada subcomisión, para que redacta-se un proyecto de programa y Estatuto Provisional. Marx fue elegi-do para integrar esa comisión. Los entretelones de esta elección le fueron descritos por su amigo Eccarius, quien informó que en una consulta personal los influyentes dirigentes sindicales ingleses Cremer y Odger habían formulado la opinión de que "el hombre
adecuado para el lugar adecuado es sin duda alguna el doctor Marx".287
Una enfermedad impidió a Marx participar en las reuniones poste-riores. Cuando los proyectos de documentos fueron presentados para su difusión el 18 de octubre, se vio obligado a hablar contra ellos, porque por un lado describían las tareas de la clase obrera en forma demasiado vaga, y por el otro habrían convertido a la nueva organización en una sociedad conspirativa, cosa que la historia ha-bía condenado al olvido hacía ya mucho tiempo. Se convino otra reunión para el 20 de octubre, en esa ocasión en casa de Marx. El inglés Cremer, el vocero alemán Le Lubez y el representante ita-liano Fontana debatieron hasta la medianoche, pero con escasos
Federico Engels: Jenny Marx, geb. v. Westphalen. MEW, vol. 19, pág. 292.
Johann Georg Eccarius a Marx, 12 de octubre de 1864. En Karl Marx und die Gründung del I. Internationale. Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PSUA, Berlín, 1964, pág. 31.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 238
resultados. Los delegados confiaron los distintos documentos a Marx, y éste vio con claridad que eran desde todo punto de vista inadecuados, y que no resultaba posible mejorarlos, sino que había que rescribirlos por completo.
Durante los ocho días que siguieron Marx se dedicó por entero a su tarea y elaboró los Estatutos Provisionales y el Manifiesto Inaugu-ral, los dos documentos fundamentales de la Asociación Obrera Internacional. El gran problema consistía en establecer los princi-pios del comunismo científico en una forma adecuada para esa eta-pa del movimiento obrero, que resultara aceptable para las tan va-riadas tendencias que existían en su seno, y que sin embargo anun-ciase de manera inconfundible la meta revolucionaria del proleta-riado.
¿Cuál era la situación del movimiento obrero internacional en 1864?
Las más grandes organizaciones de trabajadores existían en Ingla-terra. Pero los dirigentes sindicales ingleses, que representaban a decenas de millares de obreros sindicalizados, no consideraban que el derrocamiento del capitalismo fuese el objetivo de su lucha. Se conformaban con el mejoramiento de la situación social de los obreros en el seno del capitalismo, y la ampliación de sus derechos.
La mayoría de las asociaciones obreras francesas se hallaban bajo la influencia del proudhonismo, y los demás eran seguidores de Blanqui. Proudhon negaba la necesidad de una lucha por la hege-monía política de la clase obrera, y rechazaba también las luchas económicas de los sindicatos. Creía que el proletariado podía emanciparse de la explotación si los obreros se convertían en pe-queños productores de mercancías. Por el contrario, los blanquistas concentraban toda su atención en la revolución política con la cual querían derribar al capitalismo. Pero creían que podían "hacer" esta revolución en cualquier momento que eligiesen con un puñado de combatientes impávidos. Sus objetivos putschistas los apartaban de la lucha política. Más aun, les dificultaban la tarea de conquistar las masas del proletariado para las ideas socialistas. Dos décadas antes, Marx ya había refutado las confusiones de Proudhon y Blan-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 239
qui, pero las concepciones de éstos eran tenaces, reaparecían a cada instante en la clase trabajadora, y eran alimentadas por la ideología de la pequeña burguesía, muy fuerte en número.
Esta era la situación de Italia. Allí la revolución industrial se en-contraba aún en su infancia, de modo que el proletariado era escaso en número y tenía muy estrechas vinculaciones con la pequeña burguesía. Al comienzo los obreros italianos se unieron en asocia-ciones de beneficios mutuos y educacionales. Estas organizaciones seguían siendo muy influidas por Giuseppe Mazzini, el revolu-cionario democrático-burgués que trataba de conquistar a los traba-jadores para el movimiento democrático general, para completar la unificación nacional de Italia, pero que repudiaba la lucha de clase del proletariado.
Es claro que en Alemania la Asociación Obrera General Alemana era una organización política obrera independiente, pero su pro-grama, impregnado de lassallismo, le impedía defender en forma coherente los intereses de clase de los trabajadores alemanes y convertirse aun más en un verdadero partido proletario. Las otras organizaciones obreras, que se habían unido en 1863 en la Federa-ción de Asociaciones Obreras Alemanas, seguían estando por ente-ro bajo la influencia de la burguesía liberal.
Por consiguiente, las distintas secciones del movimiento obrero in-ternacional no eran una unidad, ni en el sentido ideológico, ni en el organizativo. Su nivel teórico era muy desparejo. Muchos obreros que estaban dispuestos a encarar la lucha, no sólo carecían de un conocimiento del comunismo científico; no pocas veces poseían todavía concepciones burguesas. Ello no obstante, Marx no ahorró esfuerzos para llevar adelante la unidad de la clase obrera por me-dio de un programa conjunto. Dos décadas de luchas de clases le habían enseñado que el proletariado necesita la unidad si quiere reunir en su derredor a todos los demás que trabajan para vivir, y cumplir su misión histórica. En consecuencia, al elaborar los Esta-tutos Provisionales y el Manifiesto Inaugural, desechó todo lo es-trecho y sectario, así como todo lo que excitaba el ineludible en-frentamiento con los puntos de vista oportunistas. Su línea orienta-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 240
dora era la necesidad de forjar la unidad del proletariado en accio-nes y discusiones conjuntas. Por lo tanto se basó en la comunidad de intereses de las diversas organizaciones y tendencias proletarias, en una palabra, en lo que unía a los trabajadores de todos los paí-ses. Se trataba, ante todo, del conocimiento de que los obreros de un solo país eran impotentes sin la solidaridad de los de otras na-ciones, que la clase obrera necesita una organización proletaria in-dependiente para el éxito en su lucha, y que la emancipación de los obreros sólo puede ser la obra de la propia clase obrera.
Por lo tanto, Marx inició el Manifiesto Inaugural con las siguientes palabras:
"¡Trabajadores!
"Es un hecho notabilísimo el que la miseria de las masas trabajado-ras no haya disminuido desde 1848 hasta 1864, y sin embargo este período ofrece un desarrollo incomparable de la industria y el co-mercio".288
Sobre la base de documentos oficiales del gobierno inglés, Marx mostraba con claridad que "ni el perfeccionamiento de las máqui-nas, ni la aplicación de la ciencia a la producción, ni el mejora-miento de los medios de comunicación... están en condiciones de suprimir la miseria de las clases laboriosas; al contrario, mientras exista la base falsa de hoy, cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo ahondará necesariamente los contrastes so-ciales y agudizará más cada día los antagonismos sociales".289 Marx ponía aquí al desnudo la deliberada mentira, ya difundida en-tonces por la burguesía, de que el progreso técnico supera los anta-gonismos de clase y elimina la explotación. De esa manera, abría los ojos de los trabajadores a la conciencia de que los intereses de la burguesía, y los del proletariado son irreconciliables.
Luego elogiaba los éxitos que el movimiento obrero había conquis-
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 5.
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 9.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 241
tado en los años anteriores. El primero de ellos fue la introducción de la jornada de 10 horas que los obreros ingleses consiguieron a lo largo de décadas de luchas. Los economistas burgueses habían de-clarado en voz alta "que toda limitación legal de la jornada de tra-bajo en Inglaterra sería doblar a muerto por la industria inglesa".290 De tal modo, la introducción de la jornada de 10 horas en Inglaterra y en muchos otros países europeos fue, escribía Marx, "no sólo un gran triunfo práctico; fue también el triunfo de un principio. Por primera vez, la economía política de la burguesía había sido derro-tada en pleno día por la economía política de la clase obrera".291
Elogió como segunda gran victoria del proletariado sobre la bur-guesía los éxitos del movimiento cooperativo, la fundación de las cooperativas obreras de producción. Este movimiento había sido iniciado por el utopista inglés Robert Owen. Demostró en la prácti-ca que los trabajadores pueden producir en grandes fábricas sin ca-pitalistas y con la utilización de avanzados procesos técnicos. De-mostró, asimismo, que el trabajo asalariado, es decir, la explotación de los obreros, era sólo una manifestación social temporaria, "des-tinada a desaparecer ante el trabajo asociado, que cumple su tarea con gusto, entusiasmo y alegría".292
Con estas palabras Marx fortalecía la confianza de la clase obrera en sí misma, y su conciencia de su propio poderío. La ayudaba a entender que no solo estaba destinada a crear una sociedad en la cual el trabajo se convierta, de penoso trajín en la más elevada ne-cesidad de la vida, sino que además era capaz de hacerlo.
Pero también mostraba que las cooperativas no podían vencer a los monopolios capitalistas o atenuar de manera apreciable la pobreza de las masas. Para liberar a las masas trabajadoras, la fórmula cooperativa debería desarrollarse en escala nacional, y ser llevada
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 11.
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 11.
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, págs. 11-12.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 242
adelante por medio de recursos nacionales. Pero como los dueños de la tierra y los capitalistas utilizarían en todo momento su poder político para defender y perpetuar su dominio económico, ante todo habría que abolir sus privilegios políticos. Marx resumía este con-cepto con la categórica reivindicación: "La conquista del poder po-
lítico ha llegado a ser, por lo tanto, el gran deber de la clase obre-ra".293
Marx evaluaba la resurrección del movimiento proletario a co-mienzos de la década del 60, y los numerosos intentos de los obre-ros de organizarse y unirse, como un primer paso en el camino a la conquista del poder por la clase trabajadora. Un importante factor para el éxito de esta clase era su fuerza numérica. "Pero el número no pesa en la balanza si no está unido por la asociación y guiado por el saber."294 Por asociación, Marx se refería aquí, no sólo a la unidad en una organización en escala nacional, sino también a la estrecha fraternidad entre los obreros de todos los países. Por "sa-ber" necesario se refería al dominio de las leyes del desarrollo social, de las enseñanzas científicas de la lucha de emancipación de la clase obrera. La organización política que proponía, y que tenía que ser orientada por el comunismo científico, era el partido de la clase obrera.
Por último, en su Manifiesto Inaugural también esbozaba una polí-tica exterior proletaria. Como la liberación de la clase obrera en los diversos países exigía la colaboración mutua y fraterna, dicha meta jamás podría lograrse "con una política exterior que persigue de-signios criminales, que pone en juego prejuicios nacionales y dila-pida en guerras de piratería la sangre y las riquezas del pueblo".295 Por lo tanto el proletariado debía llegar a conocer los secretos de la política internacional, organizar la resistencia a las intrigas de los
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 12.
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 12.
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 13.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 243
distintos gobiernos, y luchar por su propia política exterior. Pero ésta tenía que hacer "que las sencillas leyes de la moral y la justi-cia, que deben presidir las relaciones entre los individuos sean las leyes supremas de las relaciones entre las naciones".296
Marx mostraba el camino a la abolición final de la guerra entre los pueblos. En el Manifiesto Comunista, él y Engels ya habían expre-sado la opinión de que la lucha por la paz tiene estrecha vincula-ción con la lucha por el poder político en cada uno de los países, y lo dijeron con las siguientes palabras: "Al mismo tiempo que el an-tagonismo de las clases en el interior de las naciones, será abolida la explotación de una nación por otra".297 En el Manifiesto Inaugu-ral, Marx señalaba las heroicas acciones antibélicas de los obreros ingleses, para destacar que el proletariado puede luchar con éxito contra las guerras de rapiña de las clases gobernantes, inclusive en el seno de la sociedad capitalista, y está obligada a hacerlo. "La lu-cha por una política exterior de este género forma parte de la lucha general por la emancipación de la clase obrera."298
Marx elaboró los Estatutos Provisionales entre el 21 y el 27 de oc-tubre. En ellos desarrolló los principios y estructura organizativa de la Asociación Obrera Internacional. Los precedía la declaración programática:
"Que la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la propia clase obrera;
"Que la lucha por la emancipación de la clase obrera no es una lu-cha por privilegios y monopolios de clase, sino por el estableci-miento de derechos y deberes iguales, y por la abolición de toda dominación de clase;
"Que el sometimiento económico del trabajador a los monopoliza-
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 13.
Carlos Marx / Federico Engels: Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Progreso, Moscú, pág. 77.
Carlos. Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores. MEW, vol. 16, pág. 13.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 244
dores de los medios de trabajo, es decir, de las fuentes de vida, es la base de la servidumbre en todas sus formas, de todas las miserias sociales, de toda la degradación intelectual y la dependencia políti-ca;
"Que la emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto,
el gran fin al que todo movimiento político debe subordinarse co-mo medio".299
Los Estatutos Provisionales explicaban y subrayaban el carácter internacional de la Asociación, y los objetivos comunes del proleta-riado de los distintos países. Nombraban al congreso anual como la máxima autoridad de la Asociación. A él debían concurrir repre-sentantes de todas las organizaciones obreras afiliadas. Entre los congresos, la Asociación sería dirigida por el Consejo Central, que en 1866 cambió su título por el de Consejo General. Estaría com-puesto por representantes de los distintos países, y coordinaría la actividad de cada una de las organizaciones. El Consejo General, con sede en Londres, sería elegido por el congreso anual e informa-ría ante él acerca de sus actividades.
Los Estatutos Provisionales obligaban a los miembros a trabajar con toda su energía "por reunir a las sociedades obreras de sus paí-ses respectivos, que aún están aisladas, en organizaciones naciona-les representadas por organismos centrales de carácter nacional", es decir, por medio de partidos políticos.
Mientras no se lograse eso, todas las organizaciones y todas las secciones locales tenían el derecho a tratar en forma directa con el Consejo General de Londres. Ello tenía especial importancia para países como Alemania, donde las leyes reaccionarias vedaban la afiliación oficial de las organizaciones obreras nacionales a la In-ternacional.
Todos los órganos dirigentes de la Internacional eran elegidos, y debían informar a los miembros acerca de sus actividades. Los Es-tatutos garantizaban la libre difusión de todos los problemas teóri-
Carlos Marx: Estatutos Generales de la Asociación In-ternacional de los Trabajadores. MEW, vol. 16, pág. 14.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 245
cos y políticos. Estipulaban que todas las organizaciones y sectores pertenecientes a la Internacional debían actuar juntos y en armonía; en una palabra, en forma disciplinada. Ello coincidía con los prin-cipios organizativos de una organización obrera democrática y de dirección centralizada, ya puesta a prueba por la Liga Comunista. Serían recogidas por todos los partidos revolucionarios de la clase obrera, en épocas posteriores.
El Manifiesto Inaugural terminaba con el grito de batalla: "¡Prole-tarios de todos los países, uníos!" 300
Eso simbolizaba la continuidad de la tradición de la Liga Comunis-ta, y era prueba del gran progreso del movimiento obrero interna-cional. Marx no podía aún, como escribía a Engels, dar al Mani-fiesto y a los Estatutos Provisionales "la antigua audacia de lengua-je",301 característica del Manifiesto Comunista. Con la vista puesta en las concepciones todavía inmaduras de las organizaciones obre-ras contemporáneas, eligió una forma que le permitiese proclamar la emancipación económica del proletariado y —como condición previa— el establecimiento de su poder político como la gran meta del movimiento obrero. Pero en su contenido, el Manifiesto y los Estatutos coincidían por entero con el Manifiesto Comunista, en todos los problemas principales.
El 1º de noviembre de 1864 la Comisión Provisional se estableció como Consejo Central de la Asociación Obrera Internacional. El Consejo aprobó por unanimidad los Estatutos Provisionales y acep-tó como su programa el proyecto de Manifiesto de Marx. Era esa una gran victoria para el comunismo científico, ya que creaba un sólido cimiento programático e internacional sobre la base del cual podían discutirse las diferencias con todas las tendencias no mar-xistas que existían en el seno de la Internacional.
En la misma reunión, Marx propuso que Friedrich Lessner y Karl Pfänder fuesen elegidos miembros del Consejo Central. Ocho días
Carlos Marx: Manifiesto inaugural de la Asociación Internacional de los Trabajadores. MEW, vol. 16, pág. 13.
Marx a Engels, 4 de noviembre de 1864. SC, pág. 149.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 246
después sugirió también la elección de Ceorg Lochner y Karl Kaub. Las proposiciones fueron aprobadas. Los cuatro obreros, que eran experimentados comunistas alemanes, habían aprendido a va-lorar a Marx como maestro. Junto con Eccarius y el emigrante sui-zo Hermann Jung, fueron un importante apoyo para Marx en el Consejo Central. Ahora existía por lo menos un grupito, en el Consejo, de comunistas con preparación teórica, al lado de la gran cantidad de defensores de las ideas pequeñoburguesas.
El presidente del Consejo Central era el zapatero Ceorge Odger, dirigente de los sindicatos ingleses. El secretario general era Wi-lliam Randell Cremer, uno de los fundadores del sindicato de car-pinteros y ebanistas ingleses. Ambos representaban, en forma más o menos abierta, el punto de vista del reformismo pequeñoburgués. Le Lubez, quien trabajaba como secretario corresponsal de Francia, era un emigrante republicano burgués de quien la Internacional se separaría muy pronto. Giuseppe Fontana respaldaba las ideas polí-ticas de Mazzini. Otros miembros del Consejo eran sindicalistas ingleses, demócratas pequeñoburgueses franceses, italianos, pola-cos e ingleses, y un obrero dinamarqués. La necesidad elemental de colaboración y solidaridad internacionales, y el enorme talento táctico de Marx, los reunieron para la acción común.
En su trabajo para el Consejo Central, éste ofreció un ejemplo de cómo la estrategia y la táctica de la clase obrera deben tener siem-pre en cuenta la situación del momento en que se desarrolla la lu-cha de la clase obrera. En contraste con los dirigentes sindicales ingleses representados en el Consejo, que tenían tras de sí a dece-nas de millares de miembros, y con los delegados de las organiza-ciones francesas, Marx representó durante mucho tiempo, nada más que a un reducido grupo de obreros alemanes. Pero tenía de su lado el conocimiento de los intereses y metas de la clase obrera, y una perspectiva en cuanto al camino que era preciso seguir. Lessner, quien entonces se reunía con Marx casi todas las semanas, escribía: "Marx, como todos los hombres grandes de verdad, carecía por completo de arrogancia, y apreciaba todos los esfuerzos honrados y
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 247
todas las opiniones basadas en un pensamiento independiente".302 Discutía con inagotable paciencia las ideas de los otros miembros del Consejo. Cuando se equivocaban, los ayudaba a reconocer sus ideas y conclusiones falsas, y de tal modo los convertía en aliados de sus puntos de vista. De esta manera logró, con admirable flexi-bilidad, conquistar a una mayoría respecto de todos los asuntos de importancia, para una política basada en los principios del comu-nismo científico.
En ese período, el hogar de Marx se convirtió en la segunda sede de la Internacional. A menudo, cuando las consultas oficiales se-manales del Consejo General, o de una de sus comisiones, termina-ban en su oficina del 18 de la calle Greek, en el Soho, la discusión continuaba en la casa de Marx. En ocasiones la conversación se desplazaba a una taberna, donde continuaba, de manera informal, frente a un vaso de cerveza. Marx prosiguió con tanta frecuencia como le resultaba posible su práctica de reunirse con los trabajado-res, de consultarlos y conocer sus aspiraciones en el movimiento obrero.Siempre se entusiasmaba cuando conocía a obreros que mostraban comprensión de importantes problemas políticos y eco-nómicos, quienes le hablaban con franqueza y sin adulaciones. En esas ocasiones, por lo general la conversación continuaba hasta muy avanzada la noche, de modo que a veces Marx decía a sus amigos, en broma: "Nosotros presionamos por una jornada de ocho horas, pero a veces trabajamos el doble en un lapso de 24". 303
Para la familia Marx, después de largos años de privaciones, a co-mienzos de 1864, el aspecto material de la vida mejoró un tanto, por el momento. Pero los motivos de que así resultara fueron trági-cos.
El 30 de noviembre de 1863 Marx perdió a su madre. En seguida viajó a Tréveris para asistir a los últimos ritos. En Tréveris, lo mismo que en Francfort y Holanda, visitó a sus parientes, y regresó
302 Friedrich Lessner: Recuerdos de un trabajador sobre Carlos Marx. En Mohr und General, pág. 187.
303 Friedrich Lessner: Recuerdos de un trabajador sobre Carlos Marx. En Mohr und General, pág. 185.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 248
a Londres en febrero de 1864. Poco después recibió su parte de la herencia de Tréveris. Entonces pudo pagar las distintas deudas, y la familia, con las hijas ya crecidas, se trasladó a una casa mejor, ubicada en el noroeste de Londres, en Haverstock Hill, Maitland Park, 1 Modena Villas.
En el nuevo ambiente, la salud de las hijas mejoró en forma visible. La casa tenía un jardín encantador. En el cercano parque Maitland, Marx encontraba descanso en sus horas de ocio. Y entonces él y Jenny pudieron ayudar con dinero a amigos necesitados, como Lie-bknecht en Alemania.
A comienzos de mayo de 1864 Marx recibió inquietantes noticias de Manchester: Wilhelm Wolff padecía de una grave enfermedad: corrió a Manchester en el acto, en la esperanza de ver «al magnífi-co camarada" 304 antes que fuese tarde. Llegó muy a tiempo: Wolff murió el 9 de mayo. Marx pronunció la despedida ante la tumba. Wolff, que había pertenecido al grupo de los amigos más íntimos de la familia Marx, recordaba a Carlos inclusive en su muerte, y le dejaba en una carta, como ayuda por su trabajo, £ 800, los ahorros de toda una vida.
Pero la numerosa familia devoró muy pronto todo el dinero here-dado. Marx seguía sin contar con una fuente de ingresos firme re-gulares. New York Daily Tribune había dejado de publicar sus ar-tículos en la primavera de 1862, porque los acontecimientos inter-nos de Norteamérica monopolizaban las columnas del periódico. Otras tareas periodísticas eran irregulares. El trabajo de Marx pa-ra la Asociación Obrera Internacional, que desde el otoño de 1864 en adelante exigió gran parte de su tiempo y energías, era, por su-puesto, puramente voluntario. De tal modo, en mayo de 1865 la pobreza volvió a la casa de los Marx. Todo lo que tenía algún valor fue a parar, poco a poco, al montepío, pero aun así no era posible satisfacer a los importunos acreedores. "Al principio quise hablarte al respecto —le escribía Marx a Engels a finales de julio de 1865. Te aseguro que habría preferido cortarme los pulgares antes que
Marx a Jenny Marx, 13 de mayo de 1864. MEW, vol. 30, pág. 659.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 249
escribirte esta carta. Resulta en verdad aplastante seguir depen-diendo de ti la mitad de la vida. El único pensamiento que me man-tiene en pie es que entre los dos mantenemos en funcionamiento una compañía en la cual dedico tiempo al aspecto teórico y partida-rio del negocio."305 Pero la descripción de sus dificultades hoga-reñas era seguida, a continuación, por una información detallada sobre el progreso de su trabajo en El capital, y los acontecimientos que se desarrollaban en la Asociación Obrera Internacional. Su la-bor científica y la lucha política le permitieron, a la larga, superar las preocupaciones domésticas más deprimentes.
Secretario para Alemania
Después de la fundación y dirección de la Liga Comunista, los años de 1864 a 1872 representaron la segunda culminación en la activi-dad política práctica de Marx. A la cabeza de la Asociación Obrera Internacional mostró ser un auténtico dirigente obrero y un desta-cado estadista político. Por cara que siguiese siendo para él su labor científica, era ante todo un revolucionario. Participaba en la eman-cipación de la clase obrera: ese era el contenido de su vida. Jamás, en todas sus actividades, unió la investigación científica y la activi-dad revolucionaria pública con tanta autoridad y un éxito tan per-durable como en los años de la Asociación Obrera Internacional.
Por cierto que, en términos formales, Marx nunca fue en realidad el dirigente oficial de la Internacional. Por lo general los dirigentes sindicales ingleses eran presidente y secretario general del Consejo General. Eccarius también fue secretario general durante muchos años. Por sugestión de los obreros alemanes que vivían en Londres, Marx desarrolló las funciones de Secretario Corresponsal para Alemania. Los secretarios de cada país, junto con el presidente y el secretario general, constituían una comisión permanente del Conse-jo General, una especie de cuerpo dirigente que preparaba las reuniones y resoluciones. Marx conquistó muy pronto un alto res-
Marx a Engels, 31 de julio de 1865. MEW, vol. 31, pág. 131.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 250
peto y una gran confianza entre los miembros de dicha comisión, gracias a sus útiles y meditadas proposiciones. Se hizo indispen-sable para la comisión, y por intermedio de ella, muy pronto diri-gió en la práctica al Consejo General. En el cumplimiento de sus obligaciones, era un modelo para los otros miembros del Consejo. Cuando no visitaba a Engels en Manchester, o estaba en cama, en-fermo, participaba con regularidad en la mayoría de las reuniones del Consejo, que casi siempre se realizaban los martes, y se prepa-raba para ellas, de antemano, de manera minuciosa. Jamás rechazó una tarea, como secretario de la Internacional, por falta de tiempo. Como secretario, debía llevar adelante una correspondencia que crecía de año en año, y mantener contactos personales con muchos dirigentes obreros ingleses y otras personalidades residentes en Londres. Todo eso le consumía mucha energía.
Marx era un internacionalista ciento por ciento. Pero por orgulloso que se sintiera de la posición internacional que él y Engels habían conquistado, por profundo que fuese el internacionalismo que sen-tía y con que actuaba, era al mismo tiempo un ardiente patriota alemán. De entre las incontables calumnias inventadas respecto de él, la más absurda y despreciable es la mentira de que el dirigente reconocido de la Internacional carecía de sentimientos patrióticos.
Marx se enorgullecía de las grandes contribuciones revolucionarias y culturales de su pueblo. Por amor al pueblo alemán, puso en la picota, de modo implacable, la traición y los fracasos de las clases gobernantes a lo largo de la historia alemana. Pero al mismo tiem-po señalaba, incansable, a los obreros alemanes, que las masas po-pulares de Alemania también habían demostrado su capacidad para realizar hazañas que se encontraban a la altura de las contribucio-nes revolucionarias de otros pueblos. El amor de Marx por su patria y el pueblo alemán no disminuyó, sino que se acrecentó con el exi-lio que le había impuesto la reacción prusiana. El amor al pueblo y el odio a los opresores, junto con una inconmovible solidaridad internacional, eran para Marx —como para todos los auténticos marxistas desde entonces— parte indivisible del patriotismo prole-tario.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 251
Tenía gran fe en la clase obrera alemana, en su sensatez teórica y su capacidad organizativa. Esta fe lo llevó primero a guardar silen-cio respecto de la agitación de Lassalle entre los trabajadores. Marx estaba convencido de que los obreros aprenderían, por experiencia propia, en la lucha de clases, que la actitud unilateral de Lassalle hacia la burguesía liberal era falsa, y sólo podía servir a los Junkers prusianos. Sabía que el proletariado alemán podía cumplir con su misión nacional sólo en la batalla contra Bismarck, el proponente de la unificación de Alemania según lineamentos reaccionarios. Creía con firmeza que los miembros de la Asociación Obrera Ge-neral Alemana, reconocerían que la clase obrera jamás podría triun-far por medio de intrigas con un gobierno hostil al pueblo.
En el otoño de 1864 Lassalle fue muerto en un duelo. Pero la Aso-ciación Obrera Alemana cayó entonces bajo la influencia de perso-nas que llevaban hacia adelante, en forma aun más drástica, la polí-tica oportunista de Lassalle. Entonces Marx ya no pudo guardar silencio. Decidió convertir la Asociación Obrera Alemana en un partido revolucionario.
Después de la muerte de Lassalle, Liebknecht, quien había trabaja-do entre los obreros de Berlín, y Carl Klings, ex miembro de la Li-ga Comunista, dirigente ahora de la filial de Solingen de la Asocia-ción Obrera Alemana, recurrieron a Marx en procura de ayuda. Con independencia el uno del otro, instaron a Marx a viajar a Ale-mania y hacerse cargo de la presidencia de la Asociación Obrera General Alemana. Marx no pudo cumplir con este pedido, debido a su trabajo en la Internacional y a la permanente amenaza de expul-sión como "extranjero", que pendía sobre su cabeza en Prusia. Pero recibió con satisfacción los vínculos, ahora más estrechos, con los obreros de Renania.
En diciembre de 1864 uno de los discípulos de Lassalle, Johann Baptist von Schweitzer, fundó el periódico Der Sozial-Demokrat como órgano de la Asociación Obrera en Berlín. Liebknecht fue incluido en la junta editorial, y Marx y Engels prometieron su cola-boración. En el periódico vieron una oportunidad de popularizar los principios ideológicos, políticos y organizativos de un partido pro-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 252
letario revolucionario en Alemania, y de trabajar para la afiliación de la Asociación Obrera a la Internacional. Der Sozial-Demokrat publicó el Manifiesto Inaugural y los Estatutos Provisionales de la Internacional. En numerosos artículos, Marx y Engels advirtieron a los obreros alemanes contra todo tipo de conciliación con el go-bierno de Bismarck.
Al mismo tiempo, en febrero de 1865, Marx elaboraba todo un programa para los obreros revolucionarios alemanes, en la concisa forma de una carta a Schweitzer. Advertía en especial al movi-miento obrero alemán contra la catastrófica ilusión ―de que la man-zana de oro le caiga en la boca por gracia del rey, en la era de Bis-marck, o en cualquier otra era prusiana". Y continuaba: "Es inevi-table que se materialice la desilusión frente a la desdichada fantasía de Lassalle, de que un gobierno prusiano puede traer el socialismo. La lógica de la situación hablará por sí misma, pero el honor del partido obrero exige que repudie ideas tan engañosas, aun antes de que su oquedad quede revelada en la práctica". Terminaba esta candente crítica del lassallismo con el recordatorio: "La clase obre-ra es revolucionaria, ó nada es".306
Pocos días más tarde Schweitzer fue desenmascarado como secuaz de Bismarck, y en el acto Marx y Engels se apartaron de Der Sozial Demokrat.
En enero de 1865 Marx consiguió que Engels preparase un artículo relacionado con la actitud de los obreros alemanes hacia Bismarck. Pero el artículo se convirtió en un folleto. Cuando Marx recibió el manuscrito, el 9 ó 10 de febrero, lo leyó en seguida, propuso unos pocos cambios y agregados, e instó a que se publicase lo antes po-sible. Cuatro semanas más tarde apareció en Hamburgo con el títu-lo de El problema militar prusiano y el partido obrero alemán.
En su folleto Engels esbozaba la táctica que tendría que seguir el proletariado alemán para unificar a Alemania en forma democráti-co-revolucionaria. Esta táctica, en opinión de Marx y Engels, sólo
Marx a Johann Baptist van Schweitzer, 13 de febrero de 1865. MEW, vol. 31, pág. 446.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 253
podía ser la de respaldar y empujar hacia adelante a la burguesía en la lucha contra la reacción feudal. ¿Por qué? En Alemania, en aquel momento, la contradicción principal no era todavía la existente en-tre el proletariado y la burguesía, sino entre todos los sectores del pueblo interesados en el progreso social, por un lado —el proleta-riado, los campesinos, la pequeña burguesía democrática y también la burguesía—, y por el otro lado la reacción feudal, que luchaba con empecinamiento para salvar el orden social que se desmorona-ba.
El Estado militar prusiano era el principal enemigo de una solución democrática del problema nacional. La clase obrera jamás podría conciliar con él. Por lo tanto Engels llamaba a esa clase a aliarse a los campesinos, la pequeña burguesía democrática, y también a al-gunos sectores de la burguesía, a fin de expulsar juntos a la monar-quía alemana, para crear una república democrática, hacer que las energías creadoras del pueblo alemán se desarrollasen con entera libertad, convertir a Alemania en el centro de una reforma demo-crática en Europa y desarrollar relaciones auténticamente amisto-sas entre los pueblos. Sólo ese desarrollo expresaría los intereses de la vasta mayoría de la nación.
La sentencia de Engels, de que el destino de la nación alemana de-pendía de la lucha por la democracia, recorría como un hilo rojo todo su folleto. Declaraba en forma abierta que inclusive si la bur-guesía, como en 1848-1849, por miedo a los obreros, desertaba pa-ra ponerse bajo las alas protectoras de la aristocracia, el movimien-to obrero no tendría más alternativa que seguir adelante en la lucha, traicionada por la burguesía -a pesar de ésta y contra ésta-, por la libertad de prensa, de reunión y de asociación, así como por otros derechos democráticos. Y subrayaba: "Sin estas libertades no pue-de funcionar como corresponde. En esta lucha, combate por sus propios medios de vida, por el aire que tiene que respirar".307
La advertencia de Engels —y cada una de sus palabras habían sido
Federico Engels: El problema militar prusiano y el partido obrero alemán. MEW, vol. 16, pág. 77.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 254
aprobadas por Marx—, de que el proletariado debe luchar en forma coherente por la democracia, en interés de la lucha por el socialis-mo, era de importancia fundamental y permanente. Pero tenía una especial significación para los obreros organizados en la Asocia-ción Obrera General Alemana, porque era inevitable que la lucha por las libertades democrático-burguesas en Alemania se dirigiese ante todo contra los Junkers militaristas y la burocracia feudal. El reconocimiento de este hecho obligaría a la Asociación Obrera a aliarse en forma más estrecha al movimiento de masas de la clase obrera, buscar una alianza con los campesinos y otras fuerzas anti-feudales, y a desprenderse de las características de secta conspirati-va basada en los dogmas de Lassalle.
Sea como fuere, seguía escribiendo Engels, si la clase obrera im-pulsaba hacia adelante a la burguesía, o si ella misma se encontraba en condiciones de abrir la marcha en la revolución democrático-burguesa, nunca podría funcionar "nada más que como cola de la burguesía", sino "como un partido por entero distinto e indepen-diente de ella".308 En ese sentido, Engels describía al partido obrero como el sector consciente de la clase, como su vanguardia que tra-ta de realizar los objetivos de dicha clase.
También encaraba el problema del derecho general al voto, que Lassalle había saludado como la respuesta para todos los proble-mas. Marx y Engels advertían contra una sobrestimación del dere-cho general al voto, que por medio de astutas manipulaciones tam-bién podía ser utilizado por las clases gobernantes, con fines reac-cionarios. Para la clase obrera, declaraba Engels en su folleto, el derecho general al voto sólo podía convertirse en una herramienta eficaz cuando sus representantes en el Parlamento siguiesen un camino independiente, en oposición a las clases explotadoras, se aliasen a todas las fuerzas democráticas del pueblo y se basaran en ellas.
Con estas ideas, que ahora se difundían entre los obreros alemanes
Federico Engels: El problema militar prusiano y el partido obrero alemán. MEW, vol. 16, pág. 77.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 255
más avanzados, Marx y Engels aplicaban el programa general de la Asociación Obrera Internacional a la situación específica de Ale-mania. La importancia del folleto de Engels residía en el hecho de que estimulaba el debate en el seno de la Asociación Obrera Gene-ral Alemana en cuanto a la dirección y objetivos de la clase obrera, de modo que numerosos grupos comenzaron a oponerse a la políti-ca de Schweitzer, de intrigas con las clases gobernantes.
En los años que siguieron, Marx continuó apoyando todos los es-fuerzos de la Asociación Obrera de Alemania para llevar a la prác-tica una política revolucionaria dirigida contra el Estado militar prusiano. Como secretario del Consejo General para Alemania, se concentró al comienzo, sin embargo, en conquistar a determinados miembros de la Asociación para la Internacional, y en establecer grupos locales.
En ese sentido lo ayudó Johann Philipp Becker, quien desde Gine-bra trabajaba con éxito entre los obreros de Alemania, en favor de la Internacional. Becker ya había luchado contra la reacción en la década del 30, como enérgico demócrata revolucionario. A conse-cuencia de sus experiencias en la revolución de 1848-1849, había pasado a las posiciones de la clase obrera. En 1864 saludó caluro-samente la fundación de la Internacional, y en 1866 inició la publi-cación de su único órgano en idioma alemán, Der Vorbote. Marx también tenía amigos dignos de confianza en la propia Alemania: Liebknecht, quien actuaba en Leipzig después de haber sido expul-sado de Berlín en 1865; el obrero Carl Wilhelm Klein, en Solingen; el mecánico Paul Stumpf, en Maguncia; el zapatero August Vogt, en Berlín, y el doctor Ludwig Kugelmann, en Hannover. Todos ha-bían sido miembros de la Liga Comunista, o enérgicos partidarios de Neue Rheinische Zeitung. Entonces fundaron las primeras sec-ciones de la Internacional en Alemania, difundieron las ideas de Marx e hicieron circular sus escritos.
Encontraron muchos nuevos camaradas, el principal de los cuales era el joven August Bebel. Era el más capaz de los obreros que ac-tuaban como funcionarios en la Federación de Asociaciones Obre-ras Alemanas, y llegó a ser su presidente en 1867. En 1865 había
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 256
leído "con satisfacción",309 el Manifiesto Inaugural de la Interna-cional, y en 1866 se convirtió en miembro de la Internacional gra-cias a los esfuerzos de Liebknecht.
Desde 1865 en adelante Marx recibió informes, cada vez más nu-merosos, desde distintas ciudades alemanas, en el sentido de que los obreros se incorporaban a la Internacional y establecían seccio-nes locales. Estos informes provenían de Solingen, Berlín, Leipzig, Maguncia y muchas otras localidades. El contacto más importante de Marx en Alemania, en esa época, era Liebknecht, con quien in-tercambiaba una correspondencia regular. Como la policía abría a menudo las cartas, Marx escribía con el nombre de A. Williams, y Liebknecht firmaba J. Miller. Marx mantenía a Liebknecht infor-mado sobre los últimos acontecimientos que se desarrollaban en la Internacional, ofrecía sugestiones tácticas, encomendaba tareas po-líticas y confiaba a Liebknecht la publicación de documentos del Consejo General.
Gracias a la ayuda de Liebknecht, Johann Philipp Becker y los pre-cursores de la Internacional que trabajaban en las secciones locales, los obreros alemanes más avanzados, al principio apenas unos cen-tenares, comenzaron a conocer cada vez mejor los objetivos de la Internacional. Cuando unos 650 obreros de imprenta, casi todos tipógrafos, salieron a la huelga en procura de salarios más eleva-dos, en Leipzig, en 1865, el ejecutivo de la Asociación de gráficos de Berlín escribía en forma confidencial, pidiendo ayuda a "Herr Carlos Marx, secretario para Alemania, Asociación Obrera Interna-cional, Londres".310 El ejecutivo informaba sobre su ayuda solida-ria para los colegas de Leipzig. Ya "habían enviado 1.000 táleros, sacados de sus magros fondos, y tenían grandes deseos de hacer más, ¡pero no podían prestar ayuda por sí solos! Otros debían con-
August Bebel: Aus Meinem Leben. Berlín, 1961, pág. 132.
Escritos de la dirección de la Asociación de Tipógrafos de Berlín a Carlos Marx, secretario corresponsal de la AOI, 15 de abril de 1865. En Interna-cional en Alemania. Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PSUA y Instituto de Marxismo- Leninismo del Comité Central del PCUS, Berlín, 1964, pág. 50.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 257
tribuir con lo que pudiesen, de preferencia grandes ciudades y otras sociedades obreras, en especial las que han llegado a adquirir una clara conciencia de clase". Y el ejecutivo continuaba:
"Por lo tanto el ejecutivo, abajo firmante, recurre a usted, respeta-do Herr Marx, para pedir a la Asociación Obrera Internacional, y en especial a los tipógrafos ingleses y de Londres, que se preocu-pen por sus combatientes hermanos de Leipzig, ¡hagan algo por ellos, reúnan dinero para ellos! ¡Pero pronto, pues la ayuda rápida es una verdadera ayuda!" 311
En cuanto recibió la carta, Marx envió a los cajistas de Leipzig 30 táleros, contribución de los miembros de la Internacional. Luego escribió a París, informó acerca de la huelga al Consejo General, y concurrió, en delegación, al sindicato de los cajistas de Londres, para pedir su solidaridad. Su iniciativa llevó al desarrollo de un gran movimiento de apoyo.
Se envió dinero a Leipzig desde París, Lyon, Estrasburgo; de Bru-selas, Berna y Lausana, de Viena, Brïunn y Graz, e inclusive de San Petersburgo y Riga. Marx sabía que esas acciones comunes eran las que mejor se avenían para el desarrollo y fortalecimiento de dos de las características más destacadas del proletariado revo-lucionario: la solida- ridad de clase y el internacionalismo proleta-rio.
Un año más tarde, cuando los sastres jornaleros ingleses desarrolla-ron una lucha militante contra sus patronos, y éstos trataron detraer sastres de Alemania, como rompehuelgas, Marx volvió a ayudar. Recurrió a los sastres alemanes, en muchos periódicos de Alema-nia, y en una hoja volante, para que rechazasen las tentadoras ofer-tas. Escribía: "Además, es un problema de honor para los obreros alemanes mostrar a otros países que ellos, sus hermanos de Francia, Bélgica y Suiza, saben cómo defender los intereses comunes de su
Escritos de la dirección de la Asociación de Tipógrafos de Berlín a Carlos Marx, secretario corresponsal de la AOI, 15 de abril de 1865. En Interna-cional en Alemania. Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PSUA y Instituto de Marxismo-Leninismo del Comité Central del PCUS, Berlín, 1964, págs. 50-51.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 258
clase, y no ofrecerse como invertebrados siervos del capital en la batalla de éste contra el trabajo".312
El llamamiento fue escuchado. La mayoría de los obreros alemanes que lo oyeron hicieron honor a sus obligaciones de clase. Muchos, que ya se encontraban en Inglaterra, ignorando lo que les esperaba, volvieron a sus hogares.
Marx sabía cómo mostrar a los obreros de todos los países a los que llegaba su influencia, que su propio interés exigía que respal-dasen las batallas por los salarios de los camaradas de clase extran-jeros. En tales acciones, ante todo como resultado de la claridad de Marx en cuanto a los objetivos, y de su enérgica acción, la Interna-cional conquistó un prestigio cada vez mayor entre los obreros eu-ropeos, y por lo tanto, también entre los alemanes. Así lo muestra, entre otras cosas, una carta de los obreros berlineses, que a finales de 1865 pedían otra vez a Marx que viajase a Alemania y ocupara la dirección del movimiento obrero. Marx agradeció a los colegas de Berlín por su confianza, y prometió que aunque no podía volver a trasladarse a Alemania, los respaldaría con sus consejos y ayuda, siempre que le resultara posible.
Pero las clases gobernantes también reaccionaron frente a la cre-ciente influencia de Marx. Lo hicieron a su manera, en parte con calumnias contra el "jefe" de la Internacional, de la manera más repugnante, y en parte tratando de comprarlo.
En Alemania, Bismarck preparaba la unidad alemana bajo la he-gemonía del militarismo prusiano. En el plano interno trataba de enfrentar entre sí a la burguesía y el proletariado, de modo que re-sultara más fácil mantener la hegemonía de los Junkers y el propio poder personal. Abrigaba en especial la esperanza de atraer a los trabajadores con la intro- ducción del derecho general al voto, cosa en la cual tuvo éxito con algunos dirigentes como Schweitzer.
Nadie veía con más claridad, a través de estas tretas demagógicas, como los propios Marx y Engels. En su obra El 18 brumario de
Carlos Marx: Advertencia. MEW, vol. 16, pág. 165.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 259
Luis Bonaparte, Marx ya había puesto al descubierto esos subter-fugios de la reacción. Así como Napoleón III compró al demócrata pequeñoburgués Karl Vogt, Bismarck imaginaba ahora que podía tratar de la misma manera con el revolucionario proletario Carlos Marx. En octubre de 1865, mediante los oficios de un intermedia-rio, Bismarck trasmitió la proposición de que Marx escribiese ar-tículos sobre el mercado de valores para el Preussischer Staatsan-zeiger, un periódico del gobierno. Quien durante su vida desease trabajar dentro del Estado,"tendrá que ponerse del lado del go-bierno":313 con estas palabras trató el intermediario de Bismarck de sobornar a Marx. Éste no perdió tiempo con la proposición. Res-pondió al lacayo de Bismarck con unas pocas frases "que tal vez no colgará de su pared",314 e hizo saber, en forma nada ambigua, que no se lo podía tentar para ningún trato con los enemigos del pueblo.
Pero Bismarck tenía que aprender dos veces la misma lección. En abril de 1867, cuando Marx visitaba al doctor Kugelmann en Han-nover, un representante del gobierno lo abordó por segunda vez para informarle que existía el deseo "de utilizar sus grandes talen-tos en interés del pueblo alemán".315
Marx, con desprecio, despidió al segundo emisario con cajas des-templadas, junto con su desvergonzado ofrecimiento de corrupción. Su lealtad a la clase obrera alemana era inconmovible. Pero su ge-nio fue sin duda "utilizado en interés del pueblo alemán‖, aunque de manera muy distinta de la que imaginaban los gobernantes reac-cionarios del Estado prusiano.
Aunque dedicó sus días principalmente a la Internacional, entrega-ba una buena parte de sus noches a su trabajo en Das Kapital. Am-bos estaban unidos de manera indisoluble. Aplicó sus nuevas con-cepciones teóricas en economía política, por ejemplo, a su trabajo en la dirección de la Internacional.
Lothar Bucher a Marx, 8 de octubre de 1865. MEW, vol. 31, pág. 489.
Marx a Wilhelm Liebknecht, 21 de noviembre de 1865. MEW, vol. 31, pág. 489.
Marx a Engels, 24 de abril de 1867. MEW, vol. 31, pág. 290.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 260
En mayo de 1865 surgió una tajante diferencia de opiniones en el seno del Consejo General, en cuanto a las tareas y objetivos de los sindicatos. Uno de los representantes ingleses había tratado de mostrar que un aumento general del salario no sería de utilidad pa-ra los obreros, porque en el acto llevaría a un aumento en los pre-cios. En ello basaba la conclusión de que el trabajo de los sindica-tos era pernicioso. En respuesta, Marx pronunció su conferencia sobre Salario, precio y ganancia, a los miembros del Consejo General, el 20 y 27 de junio. En ella esbozaba los principios que más tarde aparecerían en Das Kapital en amplios análisis del sala-rio, el valor, la plusvalía y otros fenómenos económicos.
Formuló sus conclusiones como decisiones que el Consejo General aprobó, y que se cuentan entre los más importantes documentos de la política sindical revolucionaria. La lucha de los sindicatos por salarios más elevados, declaraba Marx, era necesaria, ante todo para mantener el nivel mínimo de existencia de la clase obrera con-tra los capitalistas. Debía desarrollarse sin tregua, mientras exista el sistema de explotación capitalista. "Los sindicatos trabajan bien como centros de resistencia contra las usurpaciones del capital." Al mismo tiempo, Marx advertía a los sindicatos contra la posibilidad de que se dedicasen a combatir sólo los síntomas del sistema capi-talista. Más importante era que tratasen de modificar todo el siste-ma de explotación y usar "sus fuerzas organizadas como palanca para la emancipación definitiva de la clase obrera".316
El primer congreso de la Asociación Obrera Internacional estaba programado para septiembre de 1866, en Ginebra. Marx no pudo participar porque trabajaba con intensidad en el Libro Primero de El capital. Pero llevó a cabo muy minuciosos preparativos para el congreso. Elaboró detalladas instrucciones para los delegados del Consejo General, sobre todos los problemas que figuraban en la agenda. De tal maneta garantizó que el congreso, en todos los as-pectos importantes de la lucha de clases, apoyase las concepciones científicas por las cuales luchaban él mismo y Engels. Así fue, en especial, respecto del problema sindical, acerca del cual los dele-
Carlos Marx: Salario, precio y ganancia, SW, pág. 229.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 261
gados aprobaron los principios que Marx había esbozado ante el Consejo General, varios meses antes. También fueron aprobados sus proyectos de proposiciones sobre las cooperativas y la reduc-ción de la jornada de trabajo a ocho horas. Lo mismo sus ideas acerca de que la salud de la mujer que trabaja debe ser protegida por ley, y que el trabajo infantil sólo se permitirá en la medida en que haga que el niño y el joven crezcan hasta llegar a una persona-lidad desarrollada armoniosamente.
"Por educación —escribía Marx— entendemos tres cosas:
"Primero: desarrollo intelectual.
"Segundo: desarrollo físico, tal como se practica en el gimnasio y en los ejercicios militares.
"Tercero: educación politécnica, que enseña los principios genera-les de los procesos de producción, y al mismo tiempo inicia al niño y al joven en el uso y funcionamiento práctico de herramientas sencillas en todas las ramas del trabajo...
"La fusión del trabajo productivo, la educación intelectual, los ejer-cicios físicos y la educación politécnica elevarán a la clase obrera por encima del nivel de la democracia y la burguesía.
"Es evidente por sí mismo que el empleo de todas las personas, de los 9 a los 17 años (más el trabajo nocturno para ellas y todas las labores perniciosas para la salud) tienen que ser estrictamente prohibidos por ley." 317
Las resoluciones proyectadas por Marx sobre otros problemas, incluidos los Estatutos Provisionales, también fueron aceptadas, aunque a menudo resultó necesario defenderlas en acalorados deba-tes con los seguidores de Proudhon. Mediante estas decisiones, que eran de importancia definitiva para el futuro de la Internacional, los delegados se identificaron con el programa revolucionario y los principios organizativos del centralismo democrático, que Marx ya había formulado en el momento de la fundación de la Internacio-
Carlos Marx: Instrucciones a los delegados del Consejo Central Pro-visional sobre algunos problemas. MEW, vol. 16, págs. 194-195.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 262
nal.
Lo oportuno y realista de las exigencias de Marx en el sentido de que el proletariado se organizase en un partido revolucionario in-dependiente lo antes posible, resultaron evidentes en los sucesos de Alemania. En 1866 Bismarck había llevado adelante su política de unificación de Alemania por medio de una guerra dinástica, su po-lítica de "sangre y hierro". Prusia entró en guerra con Austria, Sa-jonia y varios otros Estados alemanes, con el objetivo de establecer su hegemonía militar y política en Alemania. Al mismo tiempo Bismarck quería decapitar el movimiento de unificación democrá-tica.
Liebknecht, Bebel y los seguidores de la Internacional en Alemania pidieron una alianza de todas las fuerzas democráticas para que el movimiento popular revolucionario pudiese impedir la unificación alemana según los lineamentos reaccionarios seguidos por Bis-marck, y conquistar un Estado-nación democrático. Pero las fuer-zas que pudieron reunir eran insuficientes. Faltaba un partido revo-lucionario de la clase obrera, cuya formación había sido demorada por el lassallismo. El movimiento popular democrático de 1866 carecía de una dirección coherente y una organización unificada. No era posible utilizar la crisis revolucionaria; después de 1866 la burguesía se pasó en forma abierta al campo de Bismarck.
Marx previó las consecuencias catastróficas que la victoria de Pru-sia sobre Austria tendría para la nación alemana. Predijo que los Junkers prusianos harían todo lo posible en el intento de ampliar a toda Alemania su gobierno de la espada y el knut. Los hechos con-firmaron esta predicción. Pero Marx y Engels pedían una política realista. Aunque los comunistas no deseaban en manera alguna la victoria de Prusia entre todas las otras alternativas, tuvieron que reconocer la nueva situación, analizarla de manera objetiva y tener-la en cuenta en la elaboración de su propia táctica.
Prusia expulsó por último a Austria de la federación nacional ale-mana gracias a su victoria de Königgrätz, el 3 de julio de 1866, y con la paz que siguió. También reunió bajo su dirección a 22 Esta-dos y Ciudades Libres de la Federación Alemana del Norte. Con
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 263
esta victoria, Bismarck daba un paso decisivo hacia la unificación de toda Alemania bajo el dominio de Prusia. El proletariado ale-mán se veía ahora enfrentado a un único enemigo principal: el go-bierno prusiano y el militarismo Junker de la gran burguesía, al cual aquél representaba. Al mismo tiempo, existían condiciones más favorables para la organización y unificación de la clase obrera en el marco de la nación. Marx y Engels aconsejaron a los obreros socialistas de Alemania, y en especial a Liebknecht, que tuviesen en cuenta los nuevos factores y luchasen por una república demo-crática en las nuevas condiciones del combate. Ello exigía la libe-ración de los obreros alemanes respecto de la influencia de la bur-guesía liberal y la pequeña burguesía democrática, así como de la influencia del lassallismo, y el establecimiento de un partido obrero independiente.
El propio Marx ayudó en ese sentido, de muchas maneras, y en es-pecial con su principal obra científica, El capital.
Madura la obra fundamental
Marx se ocupaba de estudios económicos desde 1844, para estudiar las leyes específicas del desarrollo del capitalismo, "la anatomía de la sociedad burguesa".318 Sólo interrumpió este trabajo cuando la lucha política, como en los días de la revolución de 1848-1849, exigieron todas sus energías y atención. Desde el primer día de su exilio en Londres, todos los momentos posibles que le quedaban, luego de sus esfuerzos para ganarse la vida y de su trabajo en la Internacional, los dedicaba a El capital. Marx veía en la ciencia "una fuerza históricamente dinámica, revolucionaria".319 Todos sus amigos y colaboradores coincidían en afirmar que Marx sabía combinar, como muy pocos, el papel de hombre de ciencia y revo-lucionario, y unir la teoría revolucionaria y la práctica revolucio-naria.
Carlos Marx: Crítica de la economía política. MEW, vol. 13, pág. 8.
Federico Engels: Discurso ante la tumba de Carlos Marx, SW, pág. 435.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 264
Un millar de hilos unían la habitación de trabajo de Marx con la vida palpitante y la lucha de la clase obrera. Pero como es natural, su labor teórica también lo encadenaba a menudo a su escritorio, noche y día, y a veces durante semanas enteras. Su habitación de trabajo fue siempre sencilla, pero inclusive, en ocasiones, pobre-mente amueblada. Anaqueles y armarios cubrían todas las paredes. Estaban repletos de libros, pilas de periódicos y manuscritos. Tam-bién dos mesas se hallaban casi siempre atestadas de periódicos, libros y publicaciones. Sobre el hogar había fotos de su esposa, sus hijas y sus mejores amigos, Engels y Wilhelm Wolff. En las mesas se veían, dispersos, bolsos de tabaco, fósforos, cigarros, pisapape-les y otros objetos. Contra el consejo de sus médicos, Marx era un fumador inveterado. Como durante décadas enteras sólo pudo comprar las calidades más baratas de tabaco, esto también produjo un efecto nocivo sobre su salud. El capital, bromeaba, "no me pro-ducirá ni siquiera el costo de los cigarros que fumé mientras lo es-cribía".320
Marx decía acerca de sus libros: "son mis esclavos y deben servir a mi voluntad".321 Señalaba en ellos todo lo que tenía importancia, de modo que, con su educada memoria, podía en cualquier momento encontrar cualquier página que deseara. Anotaba comentarios, inte-rrogantes, puntos de explicación en las columnas, según sus reac-ciones respecto de lo que decía el autor. Esbozaba sinopsis de todos los libros importantes que leía, casi siempre en cuadernos.
En el centro de su habitación de trabajo había una simple mesita con un sillón de madera. Un viejo sofá de cuero daba frente a la ventana. Durante su trabajo se ponía en ocasiones de pie y recorría la habitación, cosa que lo descansaba y estimulaba sus pensamien-tos. Había trazado un sendero sobre la alfombra, desde la puerta hasta la ventana.
Pero prefería descansar al aire libre. Durante horas enteras vagaba
Paul Lafargue: Recuerdos personales sobre Karl Marx. En Mohr und Ge-neral, pág. 322.
Paul Lafargue: Recuerdos personales sobre Karl Marx. En Mohr und Ge-neral, pág. 322.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 265
con sus hijos y sus amigos, conversaba, recorría los campos de las afueras de la ciudad y trepaba a las colinas cercanas. Pero en la dé-cada del 60 comenzaron a escasear y espaciarse las horas durante las cuales podía descansar con libertad. Casi siempre, sus "vaga-bundeos" servían ahora para otros fines. A menudo era necesario correr de uno a otro acreedor, negociar más créditos, hacer pagos parciales, encontrar nuevos garantes. Luego hubo ocasiones, como en julio de 1865, en las cuales, como escribía a Engels, "vivía por entero del montepío".322 Unos meses más tarde escribió: "Si tuvie-se suficiente dinero... para mi familia, y mi libro estuviese termina-do, me importaría muy poco si hoy o mañana me arrojasen, como cadáver, al pozo de la carroña. Pero eso todavía no es posible".323 Y una vez más, medio año más tarde, en agosto de 1866: "Por des-gracia, a cada rato me interrumpen las preocupaciones sociales, y pierdo mucho tiempo, Hoy, por ejemplo, el carnicero nos cortó to-das las entregas de carne, e inclusive mis reservas de papel se ter-minarán el sábado".324 Pero apenas una semana más tarde escribía a un amigo francés: "Ya sabes cuánto sacrifiqué toda mi fortuna para la lucha revolucionaria. No lo lamento. Si tuviera que volver a iniciar mi vida, volvería a hacer lo mismo".325
La extraordinaria tenacidad y energía de Marx le dieron las fuerzas necesarias, inclusive en períodos tan deprimentes de necesidad, pa-ra imbuir confianza y militancia revolucionaria en los miembros del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional, y para dedicar todos los momentos posibles a su trabajo científico.
Comenzó muchas veces la redacción de la copia final de El capital. Durante todo el año 1862 llenó muchos y gruesos cuadernos, que planeaba con secuelas de su Crítica de la economía política, publi-cada en 1859. A comienzos de 1863, cuando estaba a punto de ini-ciar un esbozo final, maduró en él la idea de organizar el inmenso
Marx a Engels, 31 de julio de 1865. MEW, vol. 31, pág. 131.
Marx a Engels, 13 de febrero de 1866. MEW, vol. 31, pág.178.
Marx a Engels, 7 de agosto de 1866. MEW, vol. 31, pág. 247.
Marx a Paul Lafargue, 13 de agosto de 1866. MEW, vol. 31, págs. 518-519.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 266
material sobre una nueva base, comenzar todo desde el principio y escribir una obra distinta desde todo punto de vista, según el nuevo plan, con el título de El capital, y el subtítulo de Crítica de la eco-nomía política. Una vez más, esto exigió un amplio estudio de to-das las fuentes.
Cuando se dedicó a escribir las secciones sobre la producción de plusvalía, las máquinas y la división del trabajo, surgieron nuevos problemas. Para poder mostrar de manera más eficaz la vinculación entre las relaciones sociales y la producción material, Marx demoró la elaboración del capítulo y participó en un curso experimental de tecnología en el Instituto de Geología. Luego, enriquecido por nue-vos conceptos, amplió esa sección del manuscrito. Muchos otros ejemplos muestran, como más tarde lo escribió Engels, con apre-ciación, ―la conciencia impar, el severo espíritu de autocrítica con que se esforzaba por llevar a la extrema perfección sus grandes descubrimientos en materia de economía, antes de entregarlos al público; y muy pocas veces le permitió esa autocrítica adaptar la exposición —en el fondo tanto como en la forma— a su horizon-te, que nuevos estudios ensanchaban a cada instante".326 Para la preparación de El capital, Marx estudió más de 1.500 libros, los analizó y resumió.
Desde septiembre de 1864 en adelante tuvo que recurrir cada vez más a un agotador trabajo nocturno a fin de encontrar tiempo para terminar El capital, fuera de sus incesantes actividades para el Consejo General. A menudo se sentaba ante su escritorio después de reuniones nocturnas, para trabajar durante unas pocas horas, y las pocas horas se convertían en toda una noche. Si su energía lo abandonaba, dejaba a un lado sus manuscritos económicos y "se recuperaba" con matemáticas superiores o perfeccionaba su cono-cimiento de idiomas. Pero su organismo se rebelaba cada vez más con más frecuencia contra este constante esfuerzo. Su dolencia he-pática empeoró, y otras enfermedades, en especial sus carbunclos, cada vez más dolorosos y que se repetían con suma frecuencia, le
Federico Engels: Prefacio a El capital, vol. II, Editorial en Lenguas Ex-tranjeras, Moscú, 1961, pág. 2.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 267
impedían a menudo el trabajo durante semanas enteras.
Jenny escribió a Ludwig Kugelmann acerca de las condiciones en que se creó El capital: "Puede creerme... que muy pocas veces se ha escrito un libro en condiciones más difíciles. Yo podría escribir al respecto una historia secreta, que revelaría dificultades sin cuen-to, y ansiedades y tormentos".327
Durante las repetidas dolencias de su esposo, Jenny tuvo que so-portar muchas cargas abrumadoras, pero los problemas de la exis-tencia de la familia quedaban en segundo plano ante los ardorosos cuidados que dedicaba a Carlos. Jamás se rindió, ni siquiera en los momentos más críticos. Su valentía personal y la abnegada ayuda de Engels fueron las mejores medicinas para Marx. Siempre le de-volvían las fuerzas, aunque de manera temporaria.
Los 25 años de estudios económicos de Marx dieron a la postre ri-cos frutos. En marzo de 1867 terminó su esbozo final del primer volumen de El capital. Planeaba otros dos volúmenes. Toda la fa-milia celebró la terminación del libro junto con Engels. Engels es-cribió a Marx con entusiasmo, al recibir la noticia: «¡Hurra! Este grito fue irreprimible cuando leí por fin, en negro sobre blanco, que el primer volumen estaba terminado".328
Marx quería llevar él mismo el manuscrito a su editor de Hambur-go, Meissner, pero sus ropas y su reloj se encontraban en el monte-pío. Engels volvió a ayudarlo y envió dinero para que pudiese re-cuperar los artículos necesarios para el viaje, y pagar éste.
Marx salió de Londres el 10 de abril. Tormentas y un mar turbulen-to le trajeron un bien recibido cambio después de largos años de
trabajo agotador, y se sintió "tan sano como un caníbal, y como 500 cerdos".329
Después de una breve estancia en Hamburgo, se tomó vacaciones
Jenny Marx a Ludwig Kugelmann, 24 de diciembre de 1867, MEW, vol. 31, pág. 596.
Engels a Marx, 4 de abril de 1867. MEW, vol. 31, pág. 283.
Marx a Engels, 13 de abril de 1867. MEW, vol. 31, pág. 283.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 268
como invitado de su amigo, el conocido médico Ludwig Kugel-mann, en Hannover. Allí también corrigió las primeras pruebas de El capital. Volvió otra vez a Londres el 19 de mayo, y luego se hospedó en la casa de Engels, en Manchester, desde el 21 de abril hasta comienzos de junio. Durante ese lapso discutieron algunos agregados al apéndice del libro. Junto con Marx, Engels también leyó las pruebas del primer volumen. Apenas tres meses después de su regreso del continente, y en la noche del 15 al 16 de agosto, Marx pudo por fin enviar la dichosa nueva a Engels:
"Acabo de corregir la última prueba del libro... "De modo que...
este volumen está terminado.
Sólo gracias a ti ha sido eso posible. Sin la abnegación que me mostraste, jamás habría podido llevar adelante la enorme obra de los tres volúmenes.
¡Te abrazo, henchido de agradecimiento!"330
El Capital
El 14 de septiembre de 1867 apareció el primer volumen de El Ca-pital en Hamburgo, y en una edición de 1.000 ejemplares.
En 1844 el joven Marx había escrito que "el hombre es la más alta criatura para el hombre, y por lo tanto es necesario eliminar todas lascondiciones… en que el hombre es una criatura rebajada, escla-vizada, abandonada, desdeñada".331
Pero la condición previa para este acto de emancipación era la bús-queda, con la aguzada arma del pensamiento científico, y hasta el último detalle, de las razones de la situación de degradación del trabajador, de la explotación del hombre por el hombre, y del ca-mino para la abolición de esa inhumana situación.
Marx dedicó los mejores años de su vida a esta tarea. Era caracte-
Marx a Engels, 16 de agosto de 1867: MEW, SC, págs. 191-192.
Carlos Marx: Contribución a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho. Introducción. MEW, vol. 1, pág. 385.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 269
rístico en él que en la primavera de 1868 escribiese, en respuesta a un joven camarada que le había expresado grandes impaciencias: "¿Por qué no le contesté? Porque me encontraba constantemente al borde de la tumba. Por lo tanto tenía que utilizar todos los momen-tos posibles para terminar mi libro, al cual sacrifiqué mi salud, la dicha de mi vida, mi familia. Confío en que esta explicación no exija una posdata. Me río de los así llamados hombres 'prácticos' y de su sabiduría. Si uno quiere ser un buey, puede volver la espal-da, como es natural, a los tormentos de la humanidad y cuidar de su propio pellejo".332 La aspiración de Marx —a cualquier costo que fuere— consistía en permitir que la clase obrera liberase a la hu-manidad de la explotación y la opresión, del hambre y la guerra. Su obra principal, El capital, también estaba dedicada a ese objetivo.
En El capital, Marx investigaba en especial la relación entre el capital y el trabajo, entre la burguesía y la clase trabajadora, y mos-traba, sobre la base de las leyes económicas, que las luchas de clase en el capitalismo llevarían de manera inevitable a la victoria de la clase obrera sobre la burguesía.
Describía la forma en que habría surgido el capital, y en que se desarrolló a lo largo de los siglos, cómo nació a la existencia, "su-dando sangre y fango por todos los poros".333
¿Pero cómo creció y se difundió el capital, en tanto que la explota-ción y la miseria de las clases trabajadoras se mantenían intactas, e inclusive se acrecentaban?
Este secreto, que los industriosos apologistas de la burguesía embe-llecieron con cuentos de hadas sobre la naturaleza eterna e inspira-da por Dios, del capitalismo, y que inclusive los hombres de cien-cia que lo intentaron con honradez no pudieron solucionar; ese se-creto lo dejó al descubierto Marx con su teoría sobre la plusvalía. Ya había elaborado sus rasgos fundamentales en la década del 50; ahora lo presentaba al público en forma sistemática, en El capital.
Marx a Sigfrid Meyer, 30 de abril de 1867. MEW, vol. 31, pág. 542.
Carlos Marx: El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 760.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 270
Nadie ha podido explicar la esencia de este importante descubri-miento científico de Marx, en forma tan precisa y al mismo tiempo tan comprensible y general, como lo hizo Engels. Este escribía: "Desde que la economía política sentó la tesis de que el trabajo es la fuente de todas las riquezas y todos los valores, era inevitable esta pregunta: ¿cómo se concilia esto con el hecho de que el obrero no perciba la suma total de valor creada por su trabajo, sino que tenga que ceder una parte de ella al capitalista?
Tanto los economistas burgueses como los socialistas se esforzaban por dar a esta pregunta una contestación científica sólida, pero en vano, hasta que por fin apareció Marx con la solución. Esta solu-ción es la siguiente: el actual modo de producción capitalista tiene como premisa la existencia de dos clases sociales: por una parte, los capitalistas, que poseen los medios de producción y de susten-to, y por otra parte, los proletarios, quecomo no poseen medios de producción y de sustento, sólo tienen una mercancía que vender: su fuerza de trabajo, mercancía que, por lo tanto, no tienen más reme-dio que vender para poder adquirir los medios de sustento más in-dispensables. Pero el valor de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su produc-ción, y también, por lo tanto, su reproducción; el valor de la fuerza de trabajo de un hombre medio durante un día, un mes, un año, se determina por la cantidad de trabajo plasmada en la cantidad de medios de vida necesarios para el sustento de esta fuerza de trabajo durante un día, un mes o un año.
Supongamos que los medios de vida para un día exigen seis horas de trabajo para su producción, o, lo que es lo mismo, que el trabajo contenido en ellos representa una cantidad de trabajo de seis ho-ras; en este caso el valor de la fuerza de trabajo durante un día se expresará en una suma de dinero en la que se plasmen también seis horas de trabajo. Supongamos, además, que el capitalista para quien trabaja nuestro obrero le paga esta suma, es decir, el valor íntegro de su fuerza de trabajo. Ahora bien, si el obrero trabaja seis horas del día para el capitalista, habrá rembolsado a éste íntegra-mente su desembolso: seis horas de trabajo por seis horas de traba-jo. Claro está que de este modo no quedaría nada para el capitalis-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 271
ta; por eso éste concibe el problema de modo completamente dis-tinto. Yo, dice él, no he comprado la fuerza de trabajo de este obre-ro por seis horas, sino por un día completo. Por consiguiente, hace que el obrero trabaje, según las circunstancias, 8, 10, 12, 14 y más horas, de tal modo que el producto de la séptima, de la octava y siguientes horas es el producto de un trabajo no retribuido, que por el momento se embolsa el capitalista. Por donde el obrero al servi-cio del capitalista no se limita a reponer el valor de su fuerza de trabajo, que se le paga, sino que, además crea una plusvalía que, por el momento, se apropia el capitalista, y que luego se reparte según determinadas leyes económicas, entre toda la clase capitalis-ta. Esta plusvalía forma el fondo básico del que emanan la renta del suelo, la ganancia, la acumulación de capital; en una palabra, todas las riquezas consumidas o acumuladas por las clases que no trabajan.
De este modo se comprobó que el enriquecimiento de los actuales capitalistas consiste en la apropiación del trabajo ajeno no retribui-do, ni más ni menos que el de los esclavistas o el de los señores feudales que explotaban el trabajo de los siervos, y que todas estas formas de explotación sólo se diferencian por el distinto modo de apropiarse el trabajo no pagado. Y con esto se quitaba la base de todas esas frases hipócritas de las clases poseedoras, en el sentido de que bajo el orden social vigente reinan el derecho y la justicia, la igualdad de derechos y deberes, y la armonía general de intereses; y la sociedad burguesa actual se desenmascaraba no menos que las anteriores como una grandiosa institución montada para la explota-ción de la inmensa mayoría del pueblo por una minoría insignifi-cante, y cada vez más reducida".334
Como es natural, el valor de la fuerza de trabajo y los salarios pro-porcionales que por ella recibe el obrero no son cantidades inmuta-bles, fijas. Mientras existe el capitalismo, los capitalistas intentan, por la violencia, la corrupción y mil distintas triquiñuelas, mante-ner lo más bajo posible los salarios, en tanto que los obreros, en interés de su nivel de vida, luchan por el salario más alto que resul-
Federico Engels: Carlos Marx. SW, págs. 377-378.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 272
te posible. Cuando Marx escribió El capital, los obreros tenían que trabajar más o menos la mitad de su jornada para llenar los bolsi-llos del capitalista, y desde entonces esa porción impaga de la jor-nada de trabajo se ha acrecentado.
El resultado de la lucha entre obreros y capitalistas por la tasa de salario depende ante todo de la fuerza combativa de la clase traba-jadora. Por eso El capital enseña a la clase obrera a luchar sin cesar por el mejoramiento de sus condiciones de vida, y a unir sus fuer-zas en organizaciones poderosas. Pero sobre la base de la ley de la plusvalía, Marx mostró, con irrefutable lógica, que el proletariado jamás podría cambiar la esencia de la explotación y abolir ésta con el solo recurso de la lucha económica, por grandes y útiles que fue-sen los éxitos parciales. La explotación sólo podría abolirse cuando se eliminase su base, la propiedad capitalista de los medios de pro-ducción.
Marx no se detuvo en el descubrimiento de la ley de la plusvalía. Con su aplicación maestra del método dialéctico, dejó al desnudo la contradicción fundamental de la producción capitalista: la que existe entre el carácter social de la producción y la creciente socia-lización de los procesos de producción, por un lado, y por el otro la forma de apropiación privada, capitalista, del producto social. Mos-tró que esta contradicción básica determinaba todas las otras del capitalismo, y siguió la pista de las diversas manifestaciones de esa contradicción fundamental, sobre la base de su enorme y amplio material documental.
La más importante expresión de esta contradicción económica fun-damental es la división de la sociedad en dos clases principales: la burguesía, como constructora de la sociedad capitalista, y el prole-tariado como su enterrador. Las relaciones entre la burguesía y el proletariado se caracterizan por la expropiación del producto social de la clase obrera por la clase no trabajadora de capitalistas priva-dos. La inevitable consecuencia de esta contradicción es la encona-da lucha de clases entre la burguesía explotadora y la clase obrera explotada, que ha determinado la historia de la sociedad burguesa. La explotación de la clase obrera es un hecho objetivo, que se basa
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 273
en las relaciones económicas, mientras exista la propiedad capita-lista de los medios de producción. Este hecho no puede modificarse en manera alguna con las declamaciones y embellecimientos de los apologistas del capitalismo.
Al analizar estas contradicciones objetivas, que no pueden solucio-narse en el marco del orden social capitalista, Marx se basó, lo mismo que la clase obrera, sobre lo que surgía de estas condiciones como algo nuevo y progresista. Lo nuevo, lo que apuntaba hacia el futuro, era la socialización de los procesos de producción y el enorme ascenso de las fuerzas productivas de la sociedad, que exi-gían la orientación y dirección sociales de los procesos de produc-ción. Lo nuevo y progresista era ante todo la propia clase obrera, los portadores de la nueva fuerza de producción social, con la cual está vinculada la moderna producción en gran escala. Era la única clase cuyos intereses materiales resultaban idénticos a los de todas las otras capas explotadas y oprimidas, la única clase "cuya voca-ción en la historia consiste en revolucionar el modo de producción capitalista y en definitiva abolir las clases",335 la concreción del sueño más audaz de la humanidad.
Marx escribió El capital especialmente para esta clase, para la lu-cha de los trabajadores. Con un acento especial puesto en la histo-ria del capitalismo inglés, aclaró la manera en que no sólo se crean constantemente los medios de producción materiales, y se vuelven a reproducir a lo largo de la producción capitalista inglesa, sino, al mismo tiempo, las condiciones para la explotación. Con la acumu-lación del capital, su poder se extiende sobre una cantidad cada vez mayor de asalariados. "Por lo tanto, la acumulación del capital es el aumento del proletariado",336 tanto más cuanto que la concentra-ción de la producción y el capital en manos de una cantidad cada vez menor de grandes capitalistas arruina constantemente a más pequeños capitalistas y pequeños productores, y los convierte en
Carlos Marx: Palabras finales a la segunda edición alemana de El capital, vol. 1, pág. 16, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, pág. 16.
Carlos Marx: El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 614.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 274
proletarios.
De tal manera se desarrolla en el seno del capitalismo el proceso que intensifica la contradicción entre lo nuevo —la fuerza de tra-bajo productivo social y la clase obrera— y lo viejo, la concentra-ción de una riqueza social en constante crecimiento, en manos de una capa cada vez más reducida de magnates capitalistas. Marx resumió su demostración de la victoria inevitable del nuevo or-den social socialista sobre la antigua anarquía capitalista, con las siguientes palabras, que desde entonces han adquirido fama y se han visto confirmadas miles de veces en la práctica:
"En forma correlativa a esta centralización, a la expropiación del gran número de capitalistas, por los menos, se desarrolla en escala cada vez mayor la aplicación de la ciencia a la técnica, la explota-ción de la tierra con método y al unísono, la trasformación de la herramienta, métodos poderosos, sólo gracias al uso en común, y por lo tanto la economía de los medios de producción, el entrela-zamiento de todos los pueblos en la red del mercado universal. De ahí el carácter internacional impreso al régimen capitalista. A me-dida que disminuyen los potentados del capital que usurpan y mo-nopolizan todas las ventajas de ese período de evolución social, se acrecientan la miseria, la opresión, la esclavitud, la degradación, la explotación, pero también la resistencia de la clase obrera en cons-tante crecimiento y cada vez más disciplinada, unida y organizada por el propio mecanismo de la producción capitalista. El monopo-lio de capital se convierte en una traba para el modo de producción que creció y prosperó con él y bajo sus principios. La socialización del trabajo y la centralización de sus resortes materiales llegan a un punto en que ya no pueden seguir encerrados dentro de su envoltu-ra capitalista. Esta envoltura estalla en fragmentos. Ha sonado la
hora de la propiedad capitalista. Los expropiadores son expropia-dos a su vez".337
Sonó la hora: por primera vez en 1917, en Rusia, y desde entonces
Carlos Marx: El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 763.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 275
en muchos otros países, incluida la patria de Marx. El proceso de abolición revolucionaria de la propiedad privada capitalista por medio de la propiedad socialista, social —la expropiación de los expropiadores—, ha sido, desde hace medio siglo, la característica decisiva de nuestra época. La previsión científica de Marx quedó reivindicada.
La expropiación de los expropiadores arrebata a los capitalistas só-lo lo que crearon generaciones de trabajadores, pero que no recibie-ron. Con el traslado de los medios de producción a la propiedad social, los productores quedan unidos por fin a su producto y a los medios de producción. Se elimina la contradicción entre el carác-ter social del proceso de producción y la apropiación privada capi-talista, contradicción fundamental del modo de producción capita-lista. En contraste con las revoluciones del pasado, en que una for-ma de explotación se remplazaba por otra, la revolución del prole-tariado termina para siempre con la explotación del hombre por el hombre. Se concreta la reivindicación humanista: lo que el pueblo produce debe pertenecer al pueblo.
Con esta lógica abrumadora, Marx esbozó la inevitable abolición de la sociedad capitalista por la sociedad comunista, y la misión histórica mundial de la clase obrera. Al revelar las leyes del desa-rrollo de la sociedad capitalista, convirtió al socialismo, de una vez para siempre, de utopía en ciencia.
En El capital desarrolló además los diversos componentes del co-munismo científico: la economía política, el materialismo dialécti-co e histórico, la teoría de la revolución socialista y la dictadura del proletario. Con El capital coronó su labor teórica.
Reveló la anatomía de la sociedad capitalista y sus leyes de desa-rrollo, en momentos en que sólo se había desarrollado a fondo en un único país, en Inglaterra. Cuando comenzó su trabajo con El ca-pital, apenas el uno por ciento de la población mundial eran traba-jadores industriales, y sin embargo reconoció en esta clase a la fu-tura creadora de una comunidad de hombres libres de la guerra, la pobreza y la opresión.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 276
En su obra principal desarrolló también pensamientos y lecciones que conservan gran valor para la construcción de la nueva sociedad socialista. Ello rige en especial para los métodos de edificación de la economía socialista. Investigó el papel decisivo de las fuerzas productivas y de su desarrollo para el progreso de la sociedad hu-mana. Se ocupó del aumento necesario, ordenado, de la productivi-dad del trabajo, y del problema del trabajo y la educación en el co-munismo. Estudió en detalle la estrecha vinculación e interacción entre las ciencias naturales como fuerzas productivas y el ritmo del cambio social. Las ciencias naturales atrajeron su vivo interés en todo momento. Su amistad con Carl Schorlemmer contribuyó a ello, pues éste era un comunista y un importante químico alemán, quien trabajaba como profesor, muy respetado, en Manchester. Sus discusiones sobre problemas de las ciencias naturales con Schor-lemmer, llamado humorísticamente "Jollymeyer" por sus amigos íntimos, eran un complemento bienvenido y necesario para Marx, en lo referente a sus estudios económicos y filosóficos.
En El capital describió la química, la física, las matemáticas, la tecnología y otras ramas de la ciencia como "una fuerza productiva distinta del trabajo",338 en el proceso de producción por medio del cual las funciones de los trabajadores y la división del trabajo se-rían constantemente influidos y modificados. Vio la creación de escuelas politécnicas y agronómicas, y de comercio, como un fac-tor en ese proceso de cambio. Ya eran necesarias en el capitalismo, en forma elemental, pero "no cabía duda de que cuando la clase obrera llegue al poder, como es inevitable que lo haga, la instruc-ción técnica, teórica y práctica, ocupará su verdadero lugar en las escuelas de la clase obrera".339 Aunque la ciencia, decía Marx, no podía desarrollarse a fondo como fuerza productiva en el capita-lismo, contribuiría en importante proporción a la agudización de los antagonismos entre las fuerzas productivas en constante desa-
Carlos Marx: El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 361.
Carlos Marx: El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 488.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 277
rrollo y la forma de producción capitalista. Pero el desarrollo histó-rico de los antagonismos, inmanentes en determinada forma de producción, "es... la única manera en que dichas formas de produc-ción puede disolverse y establecerse una nueva‖'.340
Hoy es posible apreciar mucho mejor el gran valor de los estudios de Marx, en materia de ciencias naturales y matemáticas, que le ayudaron a descubrir las leyes del desarrollo del modo de produc-ción capitalista en su totalidad, y de esa manera indicar, por antici-pado, las tareas prácticas de la construcción socialista.
Marx se había fijado la meta de desarrollar todos los volúmenes de El capital como "un conjunto artístico",341 y presentarlos al pú-blico en la forma más unificada posible. Antes de la impresión del primer libro, ya había escrito un esbozo de los dos siguientes. Des-pués de septiembre de 1867 se dedicó a trabajar en esos manuscri-tos. Pero no tuvo la oportunidad de preparalros para el impresor. La muerte lo reclamó antes que pudiese completar la tarea.
Entonces Federico Engels se encargó de terminar la principal obra científica de su amigo y camarada, y de llevarla a la imprenta. En-gels no sólo podía leer como ningún otro la difícil caligrafía de Marx, además, no había ningún otro que estuviese tan cerca de él, en términos intelectuales. Marx había analizado con él todos los problemas, todos los descubrimientos científicos, y no pocos de éstos eran de propiedad intelectual de ambos.
Con la terminación de El capital, Engels creó un inolvidable mo-numento, no sólo a su amigo, sino también a sí mismo y en espe-cial a la amistad sin precedentes que los unía.
En el primer volumen, Marx había investigado el proceso de pro-ducción de capital; en el segundo estudio el proceso de circulación y reproducción; en el tercero, por último, analizaba el proceso total de la producción capitalista. Había planeado terminar el tercer vo-lumen con un estudio del desarrollo de las clases y de la lucha de
Carlos Marx: El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 488.
Marx a Engels, 31 de julio de 1865. MEW, vol. 31, pág. 132.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 278
clases. Pero con el comienzo del capítulo sobre las clases se inte-rrumpe el esbozo del manuscrito.
En El capital, el objetivo de Marx era "asestar a la burguesía un golpe del cual jamás pueda recuperarse".342 El siglo que trascurrió desde la publicación de su libro muestra que logró aquel objetivo.
Antes que el primer volumen de El capital saliera de la imprenta, Marx ya consideraba las posibilidades de llevar con toda rapidez las ideas que contenía a los trabajadores revolucionarios de Alema-nia, Francia, Inglaterra y otros países. Buscó traductores, entabló contacto con diarios —cosa que a menudo sólo era posible por in-termedio de terceros— y se ocupó de que el libro se publicase en los pocos diarios y periódicos obreros de que se disponía. Con la ayuda de Engels y Kugelmann, se pudieron publicar críticas en pe-riódicos burgueses, para romper la conspiración de silencio con que la ciencia burguesa ya había envuelto a otros libros de Marx y Engels. Pero lo más importante es que los camaradas de Marx trasmitieron las principales ideas del libro a los obreros progresis-tas, por medio de conferencias y extractos en la prensa. Johann Phi-lipp Becker hizo publicidad a El capital en el periódico Der Vorbo-te, y Wilhelm Liebknecht publicó extractos en Demokratisches Wochenblatt, periódico que editaba en Leipzig. Wilhelm Eichhoff, quien se había convertido en discípulo de Marx en el exilio inglés, ofreció conferencias sobre El capital en Berlín, desde 1868 en adelante. Wilhelm Bracke, fundador y dirigente del movimiento obrero de Braunschweig, se apartó del lassallismo bajo la influen-cia de El capital y se convirtió en marxista.
En octubre de 1868 Marx pudo informar a sus amigos que en Ru-sia, y entre los emigrantes rusos, se llevaban a cabo preparativos para la traducción del primer volumen de El capital al ruso. Cuan-do llegó la traducción rusa, publicada en San Petersburgo, en 1872, el suceso fue celebrado con júbilo en la familia Marx. En ese mo-mento éste ya editaba la traducción francesa de su obra, cuyo ma-nuscrito había revisado por completo. Al mismo tiempo tenía que
Marx a Carl Klings, 4 de octubre de 1864. MEW, vol. 31, pág. 418.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 279
preparar una nueva edición alemana. Con gran satisfacción, decla-raba en las palabras finales de esa segunda edición: "La inteligente acogida que Das Kapital encontró con rapidez en vastos medios de la clase obrera alemana es la mejor recompensa para mi trabajo".343
En 1868 Engels escribía respecto de El capital: "Mientras hubo ca-pitalistas y obreros en el mundo, jamás apareció un libro de tanta
importancia para la clase obrera como el que tenemos ante noso-tros".344
Esta afirmación sigue siendo cierta aun hoy. Aunque el capitalismo se ha convertido, en nuestros días, en capitalismo monopolista de Estado, no se ha modificado en su esencia. Las leyes de desarrollo del capitalismo, descubiertas por Marx, siguen siendo, entonces, válidas. Como antes, la clase obrera, despojada de los medios de producción en el mundo capitalista, continúa viéndose obligada a vender su fuerza de trabajo. Lo mismo que antes, los capitalistas — dueños monopolistas de los medios de producción— explotan a los obreros. Ninguna teoría burguesa, ya sea que hable del "acciona-riado social‖ o de la "armonía de clases", y lema alguno, se trate del de la "sociedad organizada" o de la "sociedad industrial", puede eliminar esta contradicción.
Delegado del movimiento obrero internacional
Cuando se publicó el primer volumen de El capital, el segundo congreso de la Asociación Obrera Internacional acababa de con-cluir sus trabajos en Lausana. Amigos y enemigos le prestaron más atención que al Congreso de Ginebra. El motivo de ello era la cre-ciente actividad de la clase obrera, que había recibido un nuevo impulso debido a la crisis económica que se desarrolló en 1866.
En la primavera de 1867 el gobierno francés avanzó hacia la guerra con la confederación alemana del norte, recién fundada, a fin de
Carlos Marx: Palabras finales a la segunda edición de El capital, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 13.
Federico Engels: El Capital y Marx, MEW, vol. 31, pág. 543.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 280
unir a Luxemburgo con Francia. Entonces quedó reivindicada la táctica que Marx había esbozado en el Manifiesto Inaugural para la lucha de la clase obrera por la paz. Mientras los periódicos guber-namentales de París se desgañitaban en su intento de sembrar el odio nacional entre Francia y Alemania, los miembros de la Inter-nacional en Francia organizaban demostraciones de trabajadores contra el partido de la guerra, enviaban mensajes de simpatía a los obreros alemanes, e impedían que el proletariado francés sucum-biese al chovinismo burgués. Esos llamamientos encontraron vivo eco entre los trabajadores progresistas de Alemania, Suiza, y tam-bién Italia.
De tal manera, Marx vivió para ver de qué manera los obreros con conciencia de clase hacían propio, cada vez más, su llamamiento a "iniciarse en los misterios de la política internacional, vigilar la ac-tividad diplomática de sus respectivos gobiernos, combatirla en ca-so necesario".345 Muy pronto las clases gobernantes vieron la mano orientadora de la Internacional y de su "jefe", el doctor Carlos Marx, detrás de cada movimiento de la clase obrera. Pero en tanto que los plumíferos periodísticos de la burguesía imaginaban histo-rias de "fondos secretos de millones", supuestamente al servicio de la Internacional, en realidad el Consejo General carecía a menudo del dinero para imprimir tarjetas de socios o minutas de sus con-gresos, para no hablar del propio Marx, en cuyo hogar la necesidad y la inseguridad continuaban reinando. A pesar de estas dificulta-des materiales, éste pudo escribir a un amigo en 1867: "En lo que se refiere a la Asociación Obrera Internacional, se ha convertido en una potencia en Inglaterra, Francia, Suiza y Bélgica‖.346 Este im-pulso ascendente de la Internacional tenía una clara base: su pro-grama y su táctica expresaban a fondo los intereses de clase de los obreros.
Entonces, en los años de consolidación de la Internacional, la preo-cupación de Marx seguía siendo la misma que en el Manifiesto
Carlos Marx: Manifiesto Inaugural de la Asociación Internacional de Tra-bajadores. MEW, vol. 16, pág. 13.
Marx a Sigfrid Meyer, 30 de abril de 1867. SC, pág. 186.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 281
Inaugural y los Estatutos Provisionales, en especial respecto de la unidad de acción de la clase obrera. Siempre elegía reivindicacio-nes y lemas que pudiesen ser entendidos por todos los obreros con conciencia de clase, que mejor estimulasen la actividad inmediata del proletariado, y que dirigieran hacia la acción unida a los obre-ros de distintas ocupaciones y diferentes nacionalidades. A menudo ello era muy difícil, ya que las condiciones de la lucha en los países en que la Internacional gozaba de influencia variaban en conside-rable proporción. Pero Marx no se cansaba de explicar de que a pe-sar de esos rasgos nacionales, el elemento unificador era mucho más fuerte que lo que separaba a los obreros.
En la década del 60, la Internacional se concentró en especial en la solución de dos tareas. Por un lado, se esforzó por mostrar a los trabajadores la estrecha relación entre la lucha económica y la polí-tica; por otro, hizo lo posible por orientarlos en las tareas democrá-ticas y nacionales de la clase obrera, y por hacerles adquirir con-ciencia de que la lucha por la democracia estaba unida a la batalla por el socialismo.
Marx rechazó y combatió todas las actitudes que despreciaban la lucha por el mejoramiento de las condiciones de vida de los traba-jadores. Señaló que semejante enfoque sectario sólo podía empujar a los obreros a los brazos de sus enemigos. Por otra parte, no aho-rró esfuerzos para mostrar al proletariado, sóbrela base de sus pro-pias experiencias, que las mejoras que conseguía arrancar en sus condiciones de vida, por útiles y necesarias que pudieran ser, en modo alguno modificaban la esencia de la explotación capitalis-ta.
Las organizaciones sindicales de Inglaterra, Francia, Alemania y otros países confirmaron en la lucha práctica las concepciones por las cuales luchaba Marx en el Consejo General de la Internacional. Los sindicatos se convirtieron cada vez más en puntos de reunión para los obreros. Los proletarios, hasta entonces desunidos, empe-zaron a avanzar juntos. La Internacional les aclaró que por su pro-pio interés debían apoyar inclusive las luchas salariales de sus ca-maradas de clase extranjeros. Paso a paso, se desarrolló el apoyo en
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 282
favor de la concepción marxista de que los sindicatos no deben lu-char sólo por el mejoramiento de la situación económica de los tra-bajadores, sino que son a su vez "mucho más importantes como fuerza organizada para la abolición del sistema de trabajo asalaria-do y el régimen del capital".347 Los sindicatos demostraron su va-lor como escuelas de solidaridad, como escuelas de socialismo. Marx advirtió con satisfacción que los partidarios de Proudhon o Lassalle, abandonaban cada vez más sus prejuicios antisindicales, bajo la influencia de sus propias experiencias.
Sus experiencias en la lucha económica, tanto como en las batallas políticas, enseñaron muy pronto a los distintos sectores del movi-miento obrero internacional a ocuparse también de conquistar y consolidar los derechos políticos y las libertades democráticas. Marx y Engels dedicaron mucho tiempo y esfuerzo a mostrar a los trabajadores de la Internacional la estrecha vinculación entre la lu-cha por las libertades democrático-burguesas y la batalla por la emancipación social del proletariado. Exigieron que la Interna-cional apoyase todos los movimientos democráticos que pudieran ayudar a reunir las masas en torno de la clase obrera, debilitar a la reacción feudal y a los grandes negocios, y lograr progresos políti-cos o sociales.
Marx consideraba que el movimiento inglés de 1865 a 1867, para el derecho al voto, era uno de emovimientos progresistas. Estaba en juego la conquista del derecho universal al voto para toda la pobla-ción masculina de más de 21 años. Junto con los dirigentes sindica-les representados en el Consejo General, Marx trabajó para hacer que los sindicatos se pusiesen a la cabeza de ese movimiento de-mocrático. De tal modo, preveía, los sindicatos no sólo pasarían de la lucha económica a la política, sino que además ayudarían a atraer hacia el movimiento político a la masa de los obreros, inclu-sive a los que aún no se hallaban organizados.
Previno contra los intentos de los liberales burgueses, de influir so-
347 Carlos Marx: Instrucciones a los delegados del Consejo Central Pro-visional sobre algunos problemas. MEW, vol. 16, pág. 197.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 283
bre el movimiento y debilitar sus objetivos. Al mismo tiempo, se ocupó de que, por iniciativa del Consejo General, se estableciera un centro organizativo para el movimiento por el derecho al voto, la Liga Reformista. Esta organización, dirigida de modo indirecto por Marx y otros miembros del Consejo General, trabajó durante mu-cho tiempo para lograr el apoyo en favor de una línea política inde-pendiente respecto de los partidos burgueses. Marx se esforzó por influir sobre la Liga Reformista, ante todo por medio de su viejo amigo Ernest Jones, publicista y poeta proletario que ocupaba un puesto de autoridad en la Liga. Apoyó a los elementos proletarios de ésta. Les aconsejó que trabajasen junto con los representantes burgueses, en favor de una reforma del derecho al voto, pero al mismo tiempo los instó a no retroceder ni un centímetro respecto de la exigencia de los obreros, de un derecho al voto universal, ili-mitado, y a mantener la vigilancia sobre los voceros de los partidos burgueses.
Bajo la dirección de la Liga Reformista, el movimiento abarcó muy pronto horizontes más amplios. En julio, agosto y los meses poste-riores de 1866, decenas de millares de obreros efectuaron demos-traciones en Londres, Birmingham, Leicester, Manchester, Glas-gow, y en otros centros industriales. En algunos lugares, centenares de millares de personas desarrollaron demostraciones en favor de la deseada reforma del voto, y a menudo tuvieron que enfrentar enco-nados ataques policiales. Marx siguió con ardiente interés este gran movimiento político de masas, que llevaba adelante la tradición de los cartistas. Advirtió con rapidez, aun en las primeras etapas, la desastrosa disposición a la conciliación que existía entre muchos dirigentes de la Liga Reformista. Sus temores se confirmaron cuando el gobierno promulgó una reforma electoral que otorgaba derechos democráticos fundamentales básicos, de voto, nada más que a un quinto de los hombres despojados hasta entonces de ellos. Aunque la masa de los trabajadores siguió sin derechos políticos, los dirigentes de la Liga Reformista capitularon y abandonaron las armas contra la brutal opresión de la burguesía inglesa. Con la ayu-da de Engels, profundizó su conocimiento de la historia irlandesa, y llegó a la conclusión de que una Irlanda libre era una condición
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 284
previa para la victoria del proletariado inglés sobre su propia bur-guesía, y sobre los aristócratas terratenientes. Tal como luchó sin cesar por una Polonia libre, desde 1847 en adelante, porque la con-sideraba la condición previa para la victoria del movimiento demo-crático en Alemania, y para la destrucción del zarismo en Rusia, así trabajó entonces, en el Consejo General, y con hojas volantes y discursos, por la liberación de Irlanda, en interés del progreso so-cial de Inglaterra. En esa lucha contó con la apasionada colabora-ción de toda su familia, y en especial de su hija mayor, Jenny. En 1870, por ejemplo, ésta publicó muchos artículos en la prensa fran-cesa, en los cuales denunciaba el infame trato que se infería en las cárceles a los luchadores irlandeses por la libertad. Sus artículos fueron reimpresos por muchos periódicos, y produjeron tal impac-to, que al cabo el gobierno inglés se vio obligado a dejar en libertad a muchos patriotas irlandeses. El día en que quedaron libres, hubo grandes celebraciones en el hogar de los Marx.
En julio de 1867 Marx recibió una carta de un inmigrante alemán en Estados Unidos, en la cual informaba que deseaba establecer una sección de la Asociación Obrera Internacional en Hoboken, cerca de Nueva York. La carta era de Friedrich Adolph Sorge, un valiente luchador de la revolución de 1848 en Alemania, que en ese entonces vivía en Hoboken. Marx estimuló el proyecto, en la medi-da en que pudo hacerlo, y durante varios años continuó la corres-pondencia del Consejo General con los comunistas alemanes resi-dentes en Estados Unidos. Enviaba con regularidad a Sorge, con quien muy pronto trabó una relación amistosa, los materiales del Consejo General, así como periódicos; le ofrecía concisas suges-tiones para su actividad política, y analizaba con él los problemas del joven movimiento obrero de Estados Unidos.
Nunca, ni por un momento, dudó Marx que el desarrollo del mo-vimiento obrero norteamericano dependería en forma decisiva de la posición de los obreros con conciencia de clase respecto del pro-blema negro, porque, escribía, "el trabajador de piel blanca no pue-de emanciparse cuando el trabajador de piel negra ostenta una mar-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 285
ca a fuego".348 Señaló con paciencia a Sorge y otros comunistas norteamericanos que a pesar de las diversas concepciones ideoló-gicas de los inmigrantes, y de las contradicciones naturales que existían entre ellos, la tarea principal, en Estados Unidos, consistía en unir a la mayor cantidad posible de obreros para la acción con-junta, y luego ganarlos, paso a paso, para un único programa políti-co científico.
En la primavera de 1869, cuando la guerra entreInglaterra y Esta-dos Unidos amenazaba estallar, Marx escribió un mensaje a la Unión Nacional de Trabajadores de Estados Unidos, en nombre del Consejo General, en el cual llamaba a los obreros norteamericanos a enfrentar a los plantadores belicistas y a los señores de las finan-zas. Una guerra desatada por las clases gobernantes de Inglaterra y Estados Unidos sólo podría "forjar las cadenas de los trabajadores libres, en lugar de quebrar la de los esclavos". Y Marx continuaba: "Sobre ustedes, entonces, recae la honrosa tarea de mostrar al mundo que la clase obrera se adelanta por fin al primer plano de la historia, no ya como sumisa ejecutora, sino como una fuerza inde-pendiente, consciente de su propia responsabilidad y capaz de im-
poner la paz allí donde sus supuestos amos claman por la gue-rra".349
Los numerosos contactos personales de Marx con obreros revolu-cionarios franceses y comunistas culminaron en frecuentes pedi-dos de su ayuda, cuando el desarrollo de la Internacional en Francia se discutió en el Consejo General. En marzo de 1865 ya había descrito a Engels las exigencias que se imponían a su tiempo y energía:
"‖Feb. 28. Tolain y Fribourg llegaron de París. Reunión del Conse-jo Central hasta la medianoche Luego una reunión nocturna en la taberna de Bolleter donde tuve que firmar unas 200 tarjetas (de afiliación).
Marx a François Lafargue, 12 de noviembre de 1866. MEW, vol. 31, pág. 536.
Carlos Marx: Mensaje a la Unión Obrera Nacional de Estados Uni-dos. MEW, vol. 16, páginas 356-357.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 286
―Marzo 1. Reunión en Polonia.
―Marzo 4. Reunión de la Subcomisión sobre el problema francé hasta la 1 de la mañana.
"Marzo 6. Reunión de la subcomisión sobre ídem hasta la 1 de la maana.
"Marzo 7. Reunión del Consejo Central hasta la medianoche. Adopción de decisiones." 350
En febrero de 1867, cuando unos 1.500 trabajadores parisienses del bronce iniciaron una lucha por su derecho a organizarse, y pidieron ayuda al Consejo General, éste inició en el acto una colecta de dinero para los huelguistas. Marx y otros miembros del Consejo General declararon su voluntad de pedir apoyo a los sindicatos de Londres para sus hermanos de clase franceses en huelga.
Reunieron una considerable ayuda financiera y con ello fortalecie-ron la moral combativa de los obreros franceses. "En cuanto los amos se dieron cuenta de ello, cedieron —informó Marx a Engels con satisfacción—. Esto ha provocado un alboroto en los periódi-cos franceses, y ahora somos un poder establecido en Francia." 351
Estos éxitos en París y otras ciudades francesas hicieron que en 1868 acudieran 2.000 miembros a las secciones parisienses de la Internacional, cosa que satisfizo en gran medida a Marx. Pero la carga del trabajo para él y su camarada, Eugène Dupont, el secreta-rio general corresponsal para Francia, se hizo aun mayor a conse-cuencia de la creciente influencia de la Internacional, en especial cuando el gobierno de Napoleón III comenzó, en el mismo año, a intentar aterrorizar a la sección francesa con el arresto de sus miembros dirigentes y la formación de espectaculares juicios con-tra ellos.
Marx también desempeñó un papel en los éxitos logrados por la
Marx a Engels, 13 de marzo de 1865. MEW, vol. 31, págs. 100-101.
Marx a Engels, 2 de abril de 1867. MEW, vol. 31, pág. 282.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 287
Internacional en Bélgica y Suiza. En Bélgica, en 1867, 1868 y 1869, hubo demostraciones y huelgas entre los mineros del carbón, contra los precios más altos, las rebajas de salario y el trabajo en horarios reducidos. En todos los casos el gobierno llamó a los mili-tares, y muchos obreros fueron muertos. Desde el comienzo mismo de 1867, el Consejo General recurrió a los trabajadores de todos los países para que prestasen su solidaridad a las viudas y huérfanos de sus compañeros belgas asesinados. Después de la matanza en 1868, la sección belga de la Internacional desarrolló una campaña de pro-testa, convocó a mítines de masas, denunció en público a los due-ños de las minas y sus patronos del gobierno, y organizó la activi-dad para la ayuda material, junto con el Consejo General. En 1869 las acciones solidarias de la Internacional con los mineros belgas llegaron a su punto culminante.
Después de las medidas represivas contra los mineros, en 1869, el Consejo General autorizó a Marx a esbozar una declaración de pro-testa, en nombre de aquél, contra los actos de brutalidad del go-bierno belga. Marx escribió un Llamamiento a los obreros de Eu-ropa y de Estados Unidos, a finales de abril y comienzos de mayo, en ingles y francés, y lo sometió el 4 de mayo al Consejo General. El Consejo decidió publicar y hacer circular el llamamiento sin más demoras. Las acusaciones de Marx contra los dueños de minas bel-gas y el gobierno, que, "desempeña, en forma demostrativa, el pa-pel de gendarme de éstos contra el trabajo", aparecieron entonces en periódicos obreros franceses y alemanes, y como hoja volante en Inglaterra.También tuvo amplia respuesta el llamamiento de Marx, "a organizar la colecta de dinero para aliviar los sufrimientos de las viudas, esposas e hijos de las víctimas belgas, para sufragar los gastos legales de los obreros enjuiciados en los tribunales, y para colaborar en la investigación planeada por la Comisión de Bruselas".352 De muchos países llegaron mensajes de solidaridad y contribuciones financieras para los obreros belgas, inclusive 25 tá-leros enviados a Marx por Bebel. A pesar de la brutalidad con que el gobierno belga actuó contra los obreros arrestados y la sección
Carlos Marx: Las matanzas en Bélgica. MEW, vol. 16, pág. 354.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 288
local de la Internacional, no pudo impedir el notable ascenso de la influencia de la Internacional en Bélgica, a consecuencia de su de-mostración de solidaridad internacional con los obreros belgas.
Lo mismo ocurrió en Suiza. En Ginebra, en marzo y abril de 1868, unos 3.000 trabajadores de la construcción salieron a la huelga por la reducción de la jornada de trabajo a 10 horas, aumentos de sala-rios e introducción de tasas horarias, y no diarias. La huelga fue dirigida por los comités centrales de habla alemana e italiana de la Internacional en Ginebra. Marx escribió que estaba en juego "el problema de la existencia de la Internacional en Suiza, ya que los señores de la industria de la construcción presentaban, como condi-ción preliminar para cualquier transacción, el retiro de los obreros de la Internacional. Los trabajadores rechazaron con vigor esta exi-gencia".353
Como la fuerza de los obreros de Ginebra era insuficiente, enviaron un representante a Londres para pedir ayuda a toda la Internacio-nal. Una vez más, el Consejo General organizó a toda velocidad acciones de solidaridad en muchos países. Llegaron contribuciones de Francia e Inglaterra, de Bélgica y algunas regiones de Alemania, reunidas por hermanos de clase que padecían la misma pobreza, pero que actuaban movidos por un sentimiento de internacionalis-mo. Gracias a este generoso apoyo, los obreros huelguistas de la construcción de Ginebra obligaron a sus empleadores a ceder, y de esa manera conquistaron un enorme prestigio para la Internacional. En las semanas que siguieron, más de 1.000 obreros suizos, impre-sionados por el poderío de la organización y la solidaridad interna-cional, se afiliaron a la Internacional.
Marx participó con ardor en el desarrollo del movimiento democrá-tico-revolucionario de Rusia (lo mismo que Engels y otros destaca-dos representantes del movimiento obrero internacional). Veía en él una poderosa fuerza en el combate contra la oligarquía zarista, que no sólo oprimía a los pueblos de Rusia y Polonia, sino que
Carlos Marx: Cuarto Informe Anual de la Dirección General de la Aso-ciación Internacional de Trabajadores. MEW, vol. 16, pág. 321.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 289
también desempeñaba el papel de gendarme internacional en rela-ción con el movimiento revolucionario europeo. Marx declaró, pues, en repetidas ocasiones —en sus discursos ante el Consejo General y también en muchos documentos de la Internacional—, que el proletariado europeo y el movimiento democrático-revolu-cionario ruso compartían tareas comunes en la lucha contra la oli-garquía zarista, y que en consecuencia debían luchar hombro a hombro.
En marzo de 1870 Marx recibió noticias de que los emigrantes ru-sos que vivían en Ginebra habían formado una sección de la Inter-nacional. Los miembros de la sección, que todavía se encontraban bajo la influencia de las ideas de los escritores democrático-revolucionarios N. G. Chernishevski y N. A. Dobroliúbov, pidieron a Marx que fuese su representante en el Consejo General, y escri-bieron: "Nuestros países vecinos, Rusia y Alemania, tienen muchas cosas en común; los países eslavos y Alemania se encuentran, en muchos aspectos, en situación similar, y tienen enemigos comunes, y por lo tanto no cabe duda de que la Santa Alianza de la monar-quía sólo puede ser derribada mediante la alianza de los verdaderos
socialistas, que defienden los intereses del trabajo en la lucha con-tra el capital y el zarismo".354
Marx aceptó el pedido, y trabajó desde entonces como Secretario Corresponsal para Alemania y Rusia. En su respuesta a los miem-bros de la sección rusa destacaba que "los socialistas rusos, al tra-bajar para destrozar las cadenas de Polonia", han emprendido "una gran tarea que exige la abolición del régimen militar, de gran ur-gencia como condición previa para la liberación general del prole-tariado europeo".355 Y en una carta en que informaba a Engels so-bre su correspondencia, agrega, con humorismo: "Pero lo que no
Comité de las secciones rusas de la Primera Internacional en Ginebra, a Marx, 12 de marzo de 1870. En B. P. Kosmin: The Russian Section of the First International, Moscú, 1957, (Rusia).
Carlos Marx: La Dirección General de la Asociación Internacional de Trabajadores a los miembros del Comité de la sección rusa en Ginebra. MEW, vol. 16, pág. 407.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 290
puedo perdonar a estos hombres es que me elevan a la categoría de
Venerable. Es evidente que creen que tengo entre 80 y 100 años de edad".356
Desde entonces, Marx informó con regularidad a la sección rusa sobre los trabajos del Consejo General, y los atrajo a las tareas ge-nerales de la Internacional. Ayudó a los revolucionarios rusos a re-conocer la misión histórica de la clase obrera, con más claridad aun, y a hacer de los principios del comunismo científico la línea orientadora de su actividad. En este aspecto recibió muy pronto el enérgico respaldo del revolucionario ruso G. A. Lopatin. Este trabó amistad con Marx en el verano de 1870, fue incluido muy pronto en el Consejo General por sugestión de Marx, y como traductor de El capital ayudó a difundir las ideas del marxismo.
Era característico de la labor de Marx en el Consejo General que sabía, tal como lo supo décadas antes, en la dirección de Neue Rhe-inische Zeitung, cómo rodearse de compañeros de lucha abnegados y dedicados a la clase obrera. Bajo su influencia, muchos de ellos, en ocasiones a lo largo de varios años de trabajar juntos, se apro-piaron de las ideas del comunismo científico y se convirtieron en dirigentes obreros audaces, multifacéticos y de gran experiencia política. Algunos de ellos dieron el primer paso decisivo hacia el movimiento obrero revolucionario, sólo bajo la orientación de Marx. Entre ellos se contaban el estudiante ruso German Lopatin; el modelista francés Auguste Seraillier, desde 1869 en adelante miembro del Consejo General y durante un tiempo Secretario Co-rresponsal para Bélgica; el estudiante de medicina francés Paul La-fargue, desde 1866 en adelante Secretario Corresponsal para Espa-ña y miembro del Consejo General. Otros se encontraban desde hacía décadas en la primera fila del movimiento de emancipación del proletariado, como el francés Eugene Dupont, miembro del Consejo General desde 1864 y Secretario para Francia durante mu-chos años. El inglés Robert Shaw también pertenecía al Consejo General desde sus primeros días, y trabajó como tesorero del Con-sejo y secretario para Estados Unidos. Hermann Jung, miembro del
Marx a Engels, 24 de marzo de 1870. MEW, vol. 32, pág. 466.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 291
Consejo desde 1864 a 1872, era Secretario Corresponsal para Suiza y fue presidente de la mayoría de los congresos de la Internacional. El polaco Antoni Zabicki representó desde 1866 a los emigrantes polacos revolucionarios en el Consejo General, como Secretario Corresponsal para Polonia. Friedrich Lessner, miembro del Conse-jo General de 1864 a 1872, era uno de los precursores del movi-miento obrero internacional y ya había acumulado sus primeras ex-periencias en la Liga Comunista. Por muchas que fuesen las dife-rencias de edad y origen, de nacionalidad y experiencia, eran uno solo en su disposición a compartir todas las cargas y sacrificios en la tarea de unir al proletariado, que despertaba en todos los paí-ses, en una alianza fraternal, en una organización de clase revolu-cionaria, y de equipado con las teorías del comunismo científico. También eran como uno solo en su gran respeto hacia Marx, en su reconocimiento del papel dirigente de éste en el movimiento obrero internacional, acerca de lo cual derrochaban muy pocas palabras, aunque lo daban por sentado entre sí, lo mismo que su amistad con él, como fiel vocero del movimiento. Algunos de estos colaborado-res de Marx en el Consejo General trabajaron, años y décadas más tarde, como precursores del movimiento obrero en sus países nata-les, como fundadores de los partidos obreros revolucionarios de Francia, España, Bélgica, Dinamarca y Hungría.
En la dirección de la Internacional, Marx asignaba una importancia especial a las experiencias acumuladas en la lucha revolucionaria de las distintas organizaciones afiliadas a la Internacional. Escribía:
«Las acciones conjuntas patrocinadas por la Asociación Obrera In-ternacional, el intercambio de ideas facilitado por los organismos de las distintas secciones internacionales y los debates directos en los congresos generales no dejarán de producir, cada vez más, un programa teórico común‖.357
El hecho de que un programa científico, es decir, de principios marxistas, comenzaba a predominar poco a poco en la Internacio-
Carlos Marx: La Dirección General de la AOI acerca del Comité Central de la alianza de la democracia socialista. MEW, vol. 16, pág. 348.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 292
nal, se reflejaban cada vez más en sus resoluciones y circulares, y en especial en las decisiones de sus congresos anuales.
En tanto que en el Congreso de Ginebra, de 1866, una mayoría ya respaldaba las concepciones de Marx —en especial respecto de la vinculación entre la lucha económica y la lucha política—, el Con-greso de Bruselas avanzó aun más en la misma dirección. Los par-ticipantes en él declaraban, en una resolución, que era inevitable que la tierra de propiedad privada, los ferrocarriles, las minas y otros medios de producción se convirtiesen en propiedad de la so-ciedad. De ese modo, el congreso ofrecía una respuesta al impor-tantísimo interrogante de las relaciones de propiedad en la trasfor-mación de la sociedad, y lo hacía en el sentido de las ideas científi-cas de Marx y Engels. Los largos años de esfuerzo de Marx co-menzaban a dar frutos en la mayor claridad y en la concepción uni-ficada existentes en las secciones progresistas de la clase obrera internacional, en el sentido de que el objetivo de la lucha de la cla-se obrera consistía en fundar una sociedad socialista, y que ello exigía la socialización de los medios de producción. Desde enton-ces, el enfoque de la abolición de la propiedad privada de los me-dios de producción ha sido la prueba del carácter socialista de to-dos los programas obreros y todas las organizaciones de trabajado-res.
Un año más tarde, en septiembre de 1869, el congreso de Basilea de la Internacional declaraba que, en opinión del movimiento obre-ro revolucionario internacional, "la sociedad tiene el derecho a abo-
lir la propiedad privada de la tierra y convertirla en propiedad co-mún".358
Esto sellaba la derrota del proudhonismo y del reformismo peque-ñoburgués en la Internacional, respecto del problema de la propie-dad.
Resolución del Congreso de Basilea sobre el derecho de suelo y sangre, 10 de setiembre de 1869. En La I Internacional en Alemania (1864 a 1872), pág. 427.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 293
Abriendo la marcha en el Partido Obrero Socialdemócrata Alemán
En 1867, en un informe a un amigo acerca de los éxitos de la Inter-nacional, Marx pudo nombrar a Francia, Inglaterra, Bélgica y Suiza como países en los cuales se había "convertido en una potencia",359 pero como secretario para Alemania no pudo incluir a su país de nacimiento. Sin embargo, después de la publicación de El capital, la Internacional comenzó a hacer rápidos progresos también en Alemania. Aunque los círculos científicos burgueses oficiales trata-ron con empecinamiento de enterrar el libro en una conspiración de silencio, la obra empezó a ejercer efectos inmediatos. Marx dedicó considerables esfuerzos a difundir entre los obreros alema-nes las más importantes ideas de su obra fundamental.
Los años que siguieron trajeron una cantidad de clarísimos éxitos. En febrero de 1867 August Bebel fue elegido al Parlamento consti-tuyente de Alemania del Norte. En agosto, en las elecciones del primer período legislativo formal del mismo Parlamento, también fue elegido Wilhelm Liebknecht. Eran los primeros representantes políticos de los obreros revolucionarios en un Parlamento burgués, y en seguida atacaron al militarismo prusiano desde su nueva tri-buna. Marx valoró en alto grado estos éxitos. En cartas a Liebkne-cht le transmitió sugestiones en cuanto a la forma en que éste y Be-bel podían utilizar el Parlamento en la lucha por los intereses de los obreros. Unas semanas después, en octubre, la Federación de Aso-ciaciones Obreras Alemanas elegía a Bebel como su presidente. En el verano de 1868 se desarrollaron discusiones públicas en la fede-ración, en cuanto a la necesidad de adoptar el programa de la Aso-ciación Obrera Internacional.
Aunque en esa época Marx estaba acosado por sus dolencias y de-primentes dificultades financieras, hizo todo lo posible para apresu-rar ese vuelco de los obreros alemanes con conciencia de clase ha-cia la Internacional, y por lo tanto hacia el comunismo científico. Con tal fin, reunió materiales para un folleto sobre los objetivos y
Marx a Sigfrid Meyer, 30 de abril de 1867. SC, pág. 186.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 294
el papel de la Internacional, que preparó Wilhelm Eichhoff. El pro-pio Marx redactó partes del manuscrito y corrigió el texto de Eich-hoff desde la primera hasta la última línea. El folleto apareció en agosto de 1868 con el título de La Asociación Obrera Internacio-nal, y se lo utilizó para hacer conocer el programa de la Internacio-nal a los obreros alemanes que recién despertaban a la conciencia de clase. Proporcionó a muchos cientos de proletarios revoluciona-rios las municiones con que debían ajustar cuentas con los demó-cratas pequeñoburgueses, quienes querían frenar el crecimiento in-dependiente del movimiento obrero.
En septiembre de 1868 la convención de Nuremberg de la Federa-ción de Asociaciones Obreras Alemanas decidió asociarse a las as-piraciones de la Internacional, y aprobó un programa según esos lineamentos. Ya no eran, entonces, unas pocas docenas o unos pocos centenares de miembros quienes se erguían detrás de Marx; ahora se reunía en tomo de sus ideas la organización más progresis-ta de la clase obrera alemana, con más de 6.000 afiliados. Al mis-mo tiempo, el comunismo científico adquiría también una creciente influencia en la Asociación General de Obreros Alemanes. En esta última organización, en especial, los elementos de la oposición, dirigidos por Wilhelm Bracke, trabajaban por una política revo-lucionaria de la clase obrera, y, sobre la base de sus propias expe-riencias y de un estudio de El capital, de Marx, reconocieron que la clase obrera sólo podía alcanzar el éxito, no con el reformismo de Lassalle, sino con las ideas científicamente desarrolladas por Marx y Engels.
En el tercer congreso de la Internacional en Bruselas, —a mediados de septiembre de 1868, los delegados alemanes presentaron una resolución por la que se aconsejaba que todos los obreros estudia-ran El capital. "Es un mérito inestimable, de Marx —decía la reso-lución—, el de ser el primer economista político que analizó en forma científica el capital y definió sus partes constituyentes."360
Resolución del Congreso de Basilea sobre la importancia de El capital de C. Marx, 11 de setiembre de 1868. En La I Internacional en Alemania (1864-1872), pág. 262.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 295
La resolución fue aprobada por unanimidad. La clase obrera inter-nacional, para la cual Marx había escrito El capital, comenzó a ha-cer suyas, cada vez más, las ideas que contenía el libro. Marx se enorgullecía, en especial, del hecho de que los trabajadores de su país natal fuesen los precursores en ese sentido.
A pesar del satisfactorio progreso de la Internacional en Alemania, la unificación del movimiento obrero alemán en un partido de clase revolucionario no se logró de manera alguna en la convención rea-lizada en Nuremberg por las asociaciones de trabajadores. Pero la convención produjo un programa que señala el camino correcto para alcanzar la unidad históricamente necesaria.
Como secretario para Alemania, Marx trató de reunir, bajo la ban-dera de la Internacional a la Federación de Asociaciones Obreras Alemanas y a la Asociación Obrera General Alemana. Engels cola-boró en los esfuerzos de aquél con artículos que publicó en los pe-riódicos obreros alemanes, y con estudios que llevó a cabo para el Consejo General, a pedido de Marx. Entre ellos se contaba un am-plio "Informe sobre las Asociaciones Mineras en las minas de car-bón de Sajonia", preparado por Engels a comienzos de 1869 y ba-sado en informaciones y materiales que enviaban a Marx los mine-ros de Lugau, Niederwfuschnitz y Oelsnitz. El informe, un feroz ataque contra los barones del carbón de Sajonia, fue presentado an-te el Consejo General, aprobado por éste y publicado en los perió-dicos alemanes e ingleses.
Marx apoyaba con energía todas las tendencias de la Asociación Obrera General Alemana que liberasen a los obreros de los dogmas de Lassalle, tal como usó su influencia sobre Bebel y Liebknecht, para que rompiesen por entero sus vínculos con el partido popular de los demócratas pequeñoburgueses, y para fundar una organiza-ción proletaria partidaria independiente. En la primavera de 1869 pareció que esta táctica muy pronto llevaría al éxito. En esa situa-ción, Schweitzer, quien temía la pérdida de su poder personal, tor-pedeó las esperanzas de Marx. Introdujo en la Asociación Obrera General Alemana una serie de reglas desde todo punta de vista sec-tarias, que le otorgaban poderes dictatoriales como presidente de la
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 296
asociación, y que, en consecuencia, agudizaron los antagonismos entre su organización y la Federación de Asociaciones Obreras Alemanas. El plan de Marx para la fundación de una organización partidaria independiente, sobre la base del programa de la Interna-cional, había provocado, sin embargo, tal reacción, también en la organización de Schweitzer, que muchos de sus funcionarios se apartaron de su presidente. En el verano de 1869 organizaron un congreso general de obreros en Eisenach, junto con Bebel y Liebk-necht, numerosos representantes de organizaciones sindicales y secciones de la Internacional, con el fin de fundar un partido revo-lucionario unificado del proletariado alemán.
Marx siguió estos acontecimientos con gran expectativa. Instó a Liebknecht a adoptar en Eisenach una posición inequívoca en favor del partido obrero independiente, de un partido que estuviera tan libre de los dogmas de Lassalle como de cualquier vinculación or-ganizativa e ideológica con los demócratas pequeñoburgueses.
En ese espíritu se fundó el Partido Socialdemócrata en Eisenach, en agosto de 1869, bajo la dirección de Bebel y Liebknecht. En su programa, el partido exigía la abolición del dominio de clases me-diante la abolición de la propiedad privada de los medios de pro-ducción. Declaraba su inequívoco respaldo al internacionalismo proletario y afirmaba que era "una filial de la Asociación Obrera Internacional, en la medida en que lo permite el reglamento de la Asociación".361 Aunque todavía persistían en el partido, en ciertos aspectos, algunos resabios de la época de Lassalle, y de democra-tismo vulgar, sin embargo, en los problemas teóricos, tácticos y organizativos decisivos, aquél se plantaba con firmeza en un te-rreno marxista.
Con el Partido Obrero Socialdemócrata, el así llamado partido de Eisenach, el proletariado alemán contaba ahora con una vanguardia revolucionaria que encaró la lucha contra el militarismo prusiano y la burguesía, y que llevó adelante las tradiciones de la Liga Comu-
Programa y Estatutos del Partido Obrero Socialdemócrata, reunido en el Congreso de Eisenach, 9 de agosto de 1869. La I Internacional en Alema-nia (1864-1872), pág. 409.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 297
nista. En el período que siguió, se convirtió en el primer partido marxista de masas del movimiento obrero alemán e internacional.
El 9 de agosto de 1869 Marx recibió un telegrama de Liebknecht; que le informaba sobre la exitosa fundación del Partido Obrero So-cialdemócrata en Eisenach. Años antes, los dirigentes lassalleanos se habían burlado, nariz en alto, en el sentido de que el "partido de Marx" estaba compuesto, en total, por tres hombres: Marx como "jefe", Engels como "secretario" y Liebknecht como "su agente". Pero entonces el congreso de Eisenach demostró, a todos los que quisieran ver, que la marcha hacia adelante del comunismo cientí-fico no podía ser detenida, porque era la expresión teórica de los intereses del proletariado. Marx y Engels llamaron al partido de Eisenach "nuestro partido",362 y en los años que siguieron respal-daron a sus dirigentes con ayuda y consejos, tal como habían abier-to la marcha, hasta ese momento, para la fundación del partido.
Unas semanas después del Congreso de Eisenach, Marx viajó a Alemania con su hija Jenny, cuya salud exigía con urgencia un cambio de ambiente. Después de hospedarse en casa de parientes en Aachen, visitaron al obrero-filósofo Joseph Dietzgen, en Sie-gburg, y al antiguo camarada de Marx, Paul Stumpf, en Maguncia. Luego fueron huéspedes de la familia Kugelmann en Hannover, durante unas tres semanas. Marx también necesitaba con urgencia esas semanas de recuperación, pero no pertenecía al tipo de quienes pueden sencillamente retirarse de los problemas y necesidades de los trabajadores de su país natal. De tal manera, durante su estancia en Hannover se reunió con funcionarios sindicales y miembros des-tacados del Partido Obrero Socialdemócrata, recién organizado. En esa reunión conoció a Wilhelm Bracke, la figura más importante del joven partido, después de Bebel y Liebknecht.
Marx encontró en el vendedor de libros de Brunswick, de apenas 27 años, a un joven abnegado, entregado por entero a la clase obre-ra. Muy pronto se hicieron amigos.
A su regreso de Hannover reanudó sus ocupaciones en el Consejo
Engels a August Bebel, 18-28 de marzo de 1875, SC, pág. 290.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 298
General. El Secretario para Alemania ya no era un general sin ejército; detrás de él se encontraba el primer partido obrero nacio-nal independiente, cuyas experiencias y éxitos Marx generalizó en seguida para toda la Internacional. Ello era necesario en especial porque a finales de la década del 60, cuando el proudhonismo que-dó por fin vencido, surgió en la Internacional un nuevo y peligroso enemigo del movimiento obrero revolucionario: el bakuninismo. Esta variante del anarquismo, por la cual luchaba el emigrante ruso M. A. Bakunin, se oponía a la organización del proletariado en sin-dicatos y partidos. Respaldaba una política y táctica sectarias, aventureras, golpistas, que sólo podían beneficiar a la reacción. Mi-jaíl Bakunin, quien vivía casi siempre en Suiza, encontró oyentes ante todo entre los obreros de Suiza, Italia, Alemania y el sur de Francia; en una palabra, en países y regiones que todavía estaban poco avanzados en el plano industrial.
Marx conocía a Bakunin como un hombre valiente y brillante, quien a consecuencia de sus exageradas ambiciones personales, prestaba poca atención a los demás, y que era un revolucionario pequeñoburgués inescrupuloso en sus métodos. Advirtió que las teorías y actividad práctica de Bakunin ponían en peligro todo lo que el Consejo General había logrado con paciente trabajo, que el objetivo final de Bakunin era "convertir la Internacional en su instrumento personal".363 Con gran energía, Marx se dedicó a mo-vilizar a todos los elementos con conciencia de clase de la In-ternacional contra ese ataque al movimiento obrero revolucionario. En ese sentido, el partido alemán fue su más fuerte respaldo. Su existencia misma, así como sus éxitos, eran la prueba más convin-cente de la tontería y las incoherencias de las ideas de Bakunin. Como reconocimiento del papel del partido alemán, Marx respaldó la proposición formulada por Bebel y Liebknecht, de que el si-guiente congreso de la Internacional, de septiembre de 1870, se lle-vase a cabo en Maguncia. Pero las cosas salieron distintas. En tanto que el movimiento obrero de distintos países se preparaba para el congreso de la Internacional, las clases gobernantes de Francia y
Carlos Marx: Comunicación confidencial. MEW, vol. 16, pág. 411.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 299
Alemania se aprestaban para la guerra.
La Internacional Enjuiciada
El 19 de julio de 1870 el emperador Napoleón III de Francia decla-ró la guerra contra Prusia, después que Bismarck lo provocó hasta ese punto por medio de oblicuas intrigas diplomáticas. Hacía tiem-po que Marx preveía que el aventurero que se sentaba en el trono de Francia y los Junkers prusianos que buscaban la unificación de Alemania a "sangre y hierro" se orientaban hacia la guerra. Enton-ces, cuando ésta estalló, Marx y la Internacional se dedicaron a armar a los obreros de los distintos países para la nueva situación que había surgido de la noche a la mañana.
El primer día de la guerra Marx se reunió con miembros del Con-sejo General, para discutir las medidas que era preciso adoptar, y aceptó el pedido de elaborar una declaración pública sobre el carác-ter de la guerra y la táctica del movimiento obrero revolucionario en las condiciones que ella creaba. Durante los cuatro días que si-guieron, Marx permaneció ante su escritorio, casi sin tregua, para esbozar el documento. Mientras trabajaba, también tuvo que eva-luar con sumo cuidado todos los informes que llegaban de Francia y Alemania. El 23 de julio presentó su proyecto a los secretarios del Consejo General, responsables de cada uno de los países. Todos ellos aceptaron el documento. Unos días más tarde el Consejo General aprobaba por unanimidad el mensaje y decidía publicarlo y distribuirlo en inglés, francés y alemán.
Como humanista, Marx odiaba a la guerra. Había demostrado que las guerras tienen su origen en la situación social, que era necesario eliminar del poder a los militaristas y a los explotadores que obte-nían ganancias con aquéllas, si se quería satisfacer el ansia de paz de la humanidad. Esta tarea, que las condiciones objetivas ponían frente al proletariado, también debía determinar la actitud de la cla-se obrera respecto de las guerras que aún era demasiado débil para impedir.
En su Discurso, Marx describía la guerra como sigue: por el lado
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 300
de Francia, se trataba de una guerra dinástica que servía al poder personal de Bonaparte. Por su parte, Alemania debía llevar adelan-te una guerra de defensa para salvaguardar la unificación nacional.
"¿Pero quién puso a Alemania ante la necesidad de defenderse? ¿Quién permitió a Luis Bonaparte hacerle la guerra? ¡Prusia! Bis-marck fue quien conspiró con el mismo Luis Bonaparte con el fin de aplastar la oposición popular en su nación, y anexar Alemania a la dinastía Hohenzollern".364
De tal manera Marx recordaba a los obreros alemanes la política antidemocrática de Bismarck, y les mostraba que en la guerra con-tra Francia, Bismarck también perseguía sus propios objetivos pira-tescos. Por lo tanto, la clase obrera alemana tenía que poner en práctica lo que ya había propuesto el Manifiesto Inaugural: debía luchar por su propia política exterior, y hacer frente a la política antinacional de la guerra de las clases gobernantes con su propia política de paz. Tenía que respaldar la guerra mientras fuese una guerra justa, una guerra contra Napoleón III, el principal enemigo de la unificación alemana. Ello no obstante, "si la clase obrera ale-mana permite que esta guerra pierda su carácter estrictamente de-fensivo y degenere en una guerra contra el pueblo francés, la victo-ria o la derrota serán desastrosas por igual".365
Marx confiaba que los obreros alemanes y franceses cumplirían con sus obligaciones de internacionalistas. No debió sufrir desilu-sión alguna. En París y otras ciudades francesas, en Berlín, Bruns-wick, Chemnitz (ahora Karl Marx Stadt), Dresden, Leipzig y otras localidades, cientos y miles de obreros franceses y alemanes habla-ron contra la guerra. En nombre de 50.000 obreros de Sajonia, un mitin de delegados declaró en Chemnitz:
"Nos sentimos dichosos de apretar la mano fraternal que nos tien-den los obreros de Francia... Conscientes del lema de la Asociación
Carlos Marx: Primer mensaje del Consejo General de la Asociación Obre-ra Internacional sobre la guerra franco- prusiana, SW, pág. 265.
Carlos Marx: Primer mensaje del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional sobre la guerra franco- prusiana, SW, pág. 265.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 301
Obrera Internacional, '¡Proletarios de todos los países, uníos!', ja-más olvidaremos que los obreros de todos los países son nuestros
amigos y que los déspotas de todos los países son nuestros enemi-gos".366
Con gran orgullo, Marx citaba esta expresión del internacionalismo proletario, y terminaba el mensaje del Consejo General con las si-guientes palabras:
"Este gran hecho, sin paralelo en la historia del pasado, abre un pa-norama de un futuro más brillante. Muestra que en contraste con la antigua sociedad, con sus miserias económicas y su delirio político, está naciendo una nueva sociedad, cuya regla internacional será la Paz, porque su gobernante nacional será en todas partes el mismo:
¡El Trabajo!"367
Desde el primer día de la guerra, Marx ya había previsto sus conse-cuencias. Ni por un momento dudaron él y Engels de que la victo-ria sería para Prusia y sus Estados alemanes aliados. El imperifran-cés había sido debilitado demasiado por la corrupción y el mal ma-nejo de la economía, la superioridad de las fuerzas armadas prusia-nas era demasiado grande, y el pueblo alemán estaba decidido a frustrar la intromisión de Napoleón en sus asuntos. Pero Marx vio más lejos. Sabía que la unificación nacional de Alemania facilitaría las futuras luchas de los obreros alemanes; el movimiento obrero alemán —"en teoría y en organización más fuerte que el francés"— alcanzaría tal importancia, que "el centro de gravedad del movi-miento obrero de Europa occidental pasaría de Francia a Alema-nia".368 Esta destacada posición del movimiento obrero alemán, el primero en formar un partido nacional y adoptar como su teoría el comunismo científico, destacaría la importancia internacional y facilitaría la difusión del marxismo, y con ello ayudaría también en la lucha de la clase obrera francesa.
366 Carlos Marx: Primer mensaje del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional sobre la guerra franco- prusiana, SW, pág. 266.
367 Carlos Marx: Primer mensaje del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional sobre la guerra franco-prusiana, SW, pág. 266.
Marx a Engels, 20 de julio de 1870. MEW, vol. 33, pág. 5.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 302
Un torrente de trabajo cayó sobre Marx durante estos aconteci-mientos. Sus obligaciones en el Consejo General crecieron en enorme proporción, ya que algunos de los secretarios habían via-jado a Francia a toda prisa. Marx dispuso que Engels escribiese ar-tículos, con regularidad, para uno de los más importantes periódi-cos, Pall Mall Gazette, sobre los acontecimientos militares de la guerra. Estos comentarios, anónimos, fueron muy pronto, gracias a los brillantes análisis y pronósticos de Engels, los que con más fre-cuencia se reimprimían y la serie más ampliamente leída acerca del tema, en toda la prensa inglesa. Llevaron a la hija de Marx, Jenny, a apodar a Engels "el General", y el nombre le quedó, para el resto de su vida, en el círculo de sus amigos íntimos.
La división del trabajo entre Marx y Engels volvió a justificarse una vez más. Gracias a ella, el primero pudo continuar concentrán-dose en su tarea en el Consejo General, y en ayudar a cada una de las organizaciones obreras. Para colaborar con los miembros fran-ceses y alemanes en la Internacional era necesario responder a mu-chas preguntas, escribir muchas cartas, frenar a quienes abrigaban desesperados planes de levantamientos, estimular a otros en su re-sistencia al militarismo prusiano y al chovinismo desencadenado. Marx dio una respetuosa bienvenida al "acto de valentía"369 de Be-bel y Liebknecht, quienes en el Parlamento de Alemania del Norte repudiaron en forma inequívoca los objetivos dinásticos de Prusia, y llamaron a los pueblos europeos "a conquistar los derechos de autodeterminación para sí y a derribar el régimen contemporáneo de la espada y de las clases superiores, como base de todos los ma-les estatales y sociales".370 Pero condenó con indignación la actitud de los dirigentes lassalleanos, quienes respaldaban sin reservas la política de Bismarck.
Marx combatió por el principio de que la clase obrera y su van-guardia, el partido, en circunstancia alguna debían aislarse, de ma-nera sectaria, en la lucha contra la guerra y el peligro de ésta. Por el contrario, sin abandonar su punto de vista independiente, debían
Marx a Engels, 17 de agosto de 1870. SC, pág. 244.
Der Volksstaat, Leipzig, 23 de julio de 1870.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 303
respaldar todas las acciones antibélicas, inclusive aunque no tuvie-sen su origen en la clase obrera. Puso en práctica, de modo cohe-rente, este principio en su propia labor. Cuando los demócratas y pacifistas pequeñoburgueses franceses y alemanes que vivían en Londres se unieron en una protesta conjunta contra la guerra, Marx apoyó su humanista proyecto. Entabló contactos personales con el vocero de ese grupo, el publicista alemán Eugen Oswald, trató de liberarlo de sus ilusiones pacíficas, pero siempre hizo de la lucha común de los pacifistas y la Internacional contra la guerra, el punto fundamental.
Antes de la guerra los obreros y socialistas alemanes habían recu-rrido cada vez más a Marx en busca de consejo; ahora las preguntas y pedidos se hacían mucho más frecuentes. El comité dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata elegido por el congreso de Eise-nach, por ejemplo, preguntaba a Marx, en agosto, qué táctica de-bían seguir los socialistas alemanes en tan complicada situación. Marx consultó en seguida con Engels, y a finales de agosto escribió varias cartas a los dirigentes partidarios alemanes, con las siguien-tes sugerencias: respaldar el movimiento nacional en la medida en que —y siempre que— se limite a la defensa de Alemania; señalar siempre la diferencia que existe entre los intereses alemanes nacio-nales y los de la dinastía prusiana; oponerse con decisión a la ane-xión de Alsacia-Lorena; en cuanto un gobierno republicano llegue al poder en París, trabajar a favor de una paz honrosa; en toda oca-sión y en todas las oportunidades, destacar y respetar los intereses comunes de los obreros alemanes y franceses como hermanos de clase.
Marx usó enérgicas palabras para poner en la picota a los militaris-tas prusiano-alemanes y a la burguesía, que, fanática del chovinis-mo, embriagada por la victoria de los ejércitos alemanes, exigía a voz en cuello la anexión de Alsacia-Lorena. Dejó establecido con claridad que la anexión de la provincia francesa de Alsacia-Lorena eliminaría una auténtica paz entre Francia y Alemania, y sería el camino más seguro para perpetuar el despotismo militarista en una futura Alemania unificada. "Quien no esté ensordecido por comple-to, por el clamor del momento, o quien no tenga interés en ensor-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 304
decer al pueblo, debe advertir que la guerra de 1870 contendrá de manera inevitable las simientes de una guerra entre Alemania y Rusia, tal como la guerra de 1866 contenía las simientes de 1870...
Si ellos [los alemanes] toman Alsacia y Lorena, Francia y Rusia harán la guerra contra Alemania. Es inútil indicar los resultados desastrosos que ello provocará."371
Apenas habían llegado a Alemania las sugestiones de Marx, cuan-do se concretaron en la práctica a raíz de los acontecimientos que siguieron en rápida sucesión. El 2 de septiembre, Napoleón III tuvo que entregar la fortaleza de Sedán, con casi 100.000 hombres. Cua-renta y ocho horas después nacía la república en París. La barrera para la unificación alemana, para la política expansionista y de gran potencia de Napoleón III, quedaba así eliminada.
Pero el rey prusiano, quien había declarado con vehemencia que la guerra era de defensa, que no estaba dirigida contra el pueblo francés, sino sólo contra Napoleón, hizo que el ejército alemán se introdujese aun más profundamente en Francia, a fin de arrancarle Alsacia y Lorena, e imponer el total sometimiento de Francia. De tal modo la guerra dio un vuelco drástico y modificó su carácter en lo fundamental.
En el acto Marx analizó la nueva situación en el Consejo General. Una vez más se lo autorizó a redactar una declaración pública que diese al movimiento obrero internacional una dirección y objetivos precisos. Tres días más tarde presentó al Consejo el segundo men-saje sobre la guerra franco- alemana. Engels había esbozado los pasajes relacionados con el aspecto militar. El mensaje fue aproba-do por unanimidad y enviado a todos los periódicos londinenses. Casi todos ellos lo sepultaron en la conspiración de silencio. Por lo tanto el Consejo lo editó como folleto, en inglés. Traducido por Marx, apareció en la semana siguiente en periódicos obreros ale-manes y suizos, y también en francés, en octubre, en Bélgica y Francia.
Carlos Marx / Federico Engels. Brief an den Ausschuss del Sozialdemo-kratischen Arbeiterpartei, agosto de 1870. MEW, vol. 17, pág. 269.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 305
En ese segundo mensaje, Marx dirigía el grueso de sus disparos contra los vergonzosos planes de conquista de los militaristas pru-sianos y los nouveau riches alemanes, la gran burguesía. Con abrumadora lógica, reiteraba que la anexión de Alsacia-Lorena contenía las simientes de una nueva guerra, una guerra de Rusia, aliada a Francia, contra Alemania. Décadas más tarde, esta profecía resultó confirmada por completo.
Marx llamaba a la clase obrera alemana a hacer todo lo que estu-viese a su alcance para impedir la anexión y lograr una paz honrosa con la república burguesa francesa. Pero también preveía las difi-cultades: "Si los obreros franceses, en medio de la paz, no logran detener al agresor, ¿es más probable que los obreros alemanes de-tengan al vencedor en medio del repiqueteo de las armas?... Sea como fuere, la historia demostrará que los obreros alemanes no es-
tán hechos del mismo material maleable que la clase media alema-na. Cumplirán con su deber".372
Y cumplieron con su deber. El Comité de Brunswick emitió un manifiesto, con largos pasajes de la carta de Marx, en el cual lla-maba a los obreros alemanes a resistirse contra la guerra de con-quista y la propaganda chovinista de odio contra los franceses. El manifiesto de Brunswick circuló en 10.000 ejemplares en el seno del partido, y también se publicó en el órgano central, Der Volksstaat.
Miembros del partido organizaron mítines en numerosos cen-tros, contra la anexión de Alsacia- Lorena, y por una paz honrosa con la república francesa.
Las clases gobernantes respondieron a su manera. Arrestaron a Bracke y a sus camaradas, y los arrastraron, encadenados, como criminales, a una fortaleza del este de Prusia. Nuevos arrestos si-guieron, a continuación, en Hamburgo, Halberstadt y otras regio-nes. A pesar de estas persecuciones, y del hecho de que ya tenían que trabajar en la semilegalidad, Bebel y Liebknecht hablaron sin
Carlos Marx: Segundo Manifiesto del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional sobre la guerra franco- prusiana, SW, pág. 271.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 306
temores, en mítines públicos, y a finales de noviembre también en el Reichstag de Alemania del Norte, contra la política de rapiña de Bismarck, hostil al pueblo, y contra la dictadura militar que pesaba sobre Alemania.
En modo alguno intimidados por la vociferante jauría de diputados burgueses y Junkers, expresaron su solidaridad con el pueblo fran-cés. Cuando volvieron a Leipzig, de la sesión del Reichstag, fueron arrestados por soldados armados hasta los dientes, como para el combate.
Frente al sufrimiento personal que estos hechos arbitrarios del Es-tado militar prusiano provocaban en muchas familias de obreros alemanes, Marx hizo todo lo posible para ayudarlas. Organizó co-lectas de dinero para atenuar las dificultades materiales de los pa-rientes de los encarcelados. Escribió cálidas cartas de estímulo a las esposas de los arrestados. En colaboraciones a la prensa inglesa, denunció el terrorismo de Bismarck contra el movimiento obrero revolucionario, y contra las otras fuerzas democráticas de Alema-nia. Expresó un profundo disgusto ante la baja política de los Jun-kers prusianos y los grandes capitalistas alemanes, que ahora mar-chaban de la mano y arrastraban, en forma inescrupulosa, al pueblo por el camino de la reacción y la guerra. Pero mayor aun fue su or-gullo ante el viril comportamiento de la clase obrera alemana y su partido revolucionario. Con su valiente posición frente a la política de conquista del militarismo prusiano-alemán, y su papel de gen-darme, los obreros y su partido habían salvado el honor de la na-ción alemana. Sólo unos meses después de su fundación, el partido se mostraba ya como el leal defensor del pueblo de Alemania.
Marx concedió su más pleno apoyo a los obreros alemanes, que, escribía, con su actitud en verdad patriótica e internacionalista, se habían colocado, "de un salto, a la cabeza del movimiento obrero europeo".373 Pero al mismo tiempo no olvidaba la dirección de toda la Internacional. Inmediatamente después del establecimiento de la
Engels a Natalie Liebknecht, 19 de diciembre de 1870. MEW, vol. 33, pág. 167.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 307
República Francesa, el 7 de septiembre, puso en movimiento una campaña internacional de organizaciones obreras para el reconoci-miento diplomático de la República Francesa por las grandes po-tencias de Europa y Estados Unidos. Entendía que esa podía llegar a ser una importante medida de defensa contra los conquistadores prusiano-alemanes, que en el otoño de 1870 lanzaron, con la má-xima brutalidad, su guerra contra el pueblo francés.
"Si olvidan su deber, si se mantienen pasivos, esta tremenda guerra será nada más que la precursora de choques internacionales más mortíferos aun, y llevará, en todas las naciones, a un renovado triunfo de los señores de la espada, del suelo y el capital sobre los trabajadores."374 Con estas palabras terminaba Marx el segundo mensaje del Consejo General, y de ese modo recordaba a la clase obrera internacional que la lucha por la paz estaba entrelazada de manera inseparable con la batalla por el socialismo.
Luego, con sus camaradas del Consejo General, comenzó a organi-zar una campaña de solidaridad con la joven República Francesa, entre los obreros ingleses. El 10 de septiembre escribía a Engels: "He puesto todo en movimiento para que los obreros obliguen a su gobierno a reconocer a la República Francesa (la serie de mítines se iniciará el lunes)".375
Se dedicó a esta campaña hasta finales de octubre. Aconsejó a los obreros franceses que no se unieran a los planes aventureros de los bakuninistas y otros golpistas, y que no intentaran una insurrección en una situación en que "el enemigo golpea casi a las puertas de París".376 La tarea de los obreros franceses era más bien la de utili-zar, con serenidad y decisión, las libertades republicanas que se les había concedido, para organizar su clase, y en especial un partido revolucionario, como los preparativos más seguros para la futura liberación del proletariado.
Carlos Marx: Segundo Manifiesto del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional sobre la guerra franco- prusiana, SW, pág. 271.
Marx a Engels, 10 de setiembre de 1870. MEW, vol. 33, pág. 60.
Carlos Marx: Segundo. Manifiesto del Consejo General de la Asociación Obrera Internacional sobre la guerra franco-prusiana, SW, pág. 272.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 308
En los meses de la guerra de 1870-1871 recayó sobre los hombros de Marx una enorme responsabilidad política. Al mismo tiempo, lo acosaba, una vez más su penosa enfermedad y las ansiedades fami-liares. Su hija Laura, quien había casado con Paul Lafargue en 1868, vivía con su esposo y un hijo cerca de París. Marx y Jenny se preocupaban por ella desde hacia mucho tiempo.
Pero también había algo que celebrar: los casi 20 años de separa-ción física entre Marx y su mejor amigo habían llegado a su fin. En 1869 Engels pudo abandonar su puesto en Manchester, y al cabo se trasladó a Londres, a mediados de septiembre de 1870. Durante semanas Carlos y Jenny buscaron para él una vivienda adecuada. Al cabo la encontraron: una cómoda y amistosa casita en el vecin-dario, a diez minutos apenas del departamento de Marx. Al dejar la firma de Ermen y Engels, Federico Engels pudo disponer de sufi-cientes medios financieros para garantizar, desde entonces en ade-lante, la seguridad económica para él y la familia Marx. Por prime-ra vez en décadas, Marx se vio por fin aliviado de toda preocupa-ción financiera. A los 52 años, su salud había sido minada por ince-santes necesidades, pero todavía sentía que poseía la necesaria energía, junto con Engels, su Intimus, para llevar a cabo grandes cosas.
Engels iba ahora casi todos los días a la casa de Marx. En tanto que antes tenían que solucionar casi todos los problemas por corres-pondencia, ahora entablaban discusiones que duraban horas ente-ras, en la habitación de trabajo de Marx, o en largas caminatas por el barrio.
Por sugestión de Marx, Engels fue incorporado al Consejo General de la Internacional inmediatamente después de trasladarse a Lon-dres. Sus conocimientos, su sagacidad política, y en no escasa me-dida su extraordinario dominio de los idiomas, lo hicieron muy pronto indispensable. Al principio se lo nombró Secretario Corres-ponsal para Bélgica, y luego para España, Italia, Portugal y Dina-marca. Liberado de la "esclavitud egipcia"377 de su escritorio de
Marx a Engels, 3 de julio de 1869. MEW, vol. 32, pág. 331.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 309
contabilidad, como escribía a su madre, sentía que era "un indivi-duo totalmente distinto, y diez años más joven".378 Lo mismo ocu-rría con Marx, ahora que volvía a tener a su amigo, todos los días, junto a sí.
Engels a Elisabeth Engels, 1 de julio de 1869. MEW, vol. 32, pág. 617.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 310
CAPÍTULO VI.
1871-1883
Del lado de quienes "toman el cielo por asalto" - Vencedor sobre los enemigos de la Internacional- Hogar y familia - El "viejo" en Londres - Los últimos años
Del lado de quienes "toman el cielo por asalto"
A finales de enero de 1871, luego de varios meses de asedio, París tuvo que capitular. El 18 de enero, en Versalles, en territorio fran-cés, el rey prusiano Guillermo I fue proclamado Káiser de Alema-nia, y se fundó el Reich alemán. Con este acto quedaba completa-da la unificación de Alemania; pero se consumó bajo la hegemonía de Prusia, y de tal modo fortaleció, en forma catastrófica, la po-sición del militarismo prusiano.
Unas semanas más tarde Bismarck dictaba sus condiciones de "paz" a los negociadores del gobierno de la gran burguesía de Francia. Estas condiciones imponían enormes pagos de guerra a Francia, y la despojaban de Alsacia y Lorena. Para imponer el pago de los cinco mil millones de francos arrancados por Bismarck, las tropas alemanas continuaron ocupando grandes regiones del país.
Marx siguió estos acontecimientos con cuidado, henchido de dolor y disgusto por el hecho de que su patria había encontrado "su unifi-cación, ante todo en un cuartel prusiano".379 Pero abrigaba la con-
Carlos Marx/Federico Engels: Brief an den Ausschuss der Sozialdemokra-tischen Arbeiterpartei, 22-30 de agosto de 1870. MEW, vol. 17, pág. 269.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 311
fianza de que en la conducta valiente, patriota e internacionalista de los obreros alemanes podía discernirse la fuerza que algún día ter-minaría con todo el "esplendor monárquico" de la Edad Media y con todo el chovinismo criminal.
De pronto ocurrió un suceso que electrizó a amigos y enemigos por igual. El 18 de marzo de 1871 la bandera roja de los obreros flameó sobre el Municipio de París.
¿Qué había ocurrido?
Los obreros de la capital francesa, que ocupaban la primera línea contra los conquistadores prusiano-alemanes, obtuvieron el dere-cho de conservar sus armas, inclusive después de la capitulación. ¡Armas en manos de los obreros! Eso era intolerable para el go-bierno burgués francés del Primer Ministro Thiers.
En la noche del 18 de marzo el gobierno ordenó a sus tropas que desarmasen a los obreros de París. El intento fracasó. Los obreros y sus esposas defendieron juntos sus armas. Muchos de los soldados enviados por el gobierno fraternizaron con los trabajadores y arte-sanos. Dos de los generales que ordenaron a sus tropas que abrie-sen fuego contra las mujeres y niños indefensos, fueron arrestados y fusilados por sus propios soldados.
Los sucesos se seguían ahora en rápida sucesión. Thiers, horroriza-do, retiró sus tropas de la capital y huyo a Versalles con su go-bierno. El pueblo de París, dirigido por los obreros revolucionarios, tomó en sus propias manos la administración. Se convocó a una elección general. El 26 de marzo se eligió el Consejo de la Comuna como el más alto órgano del poder. Dos días después, en una de-mostración festiva ante el Municipio, se proclamó oficialmente la Comuna. Los obreros habían tomado el poder por primera vez en la historia. El grito atronador de "¡Viva la Comuna!" no sólo hizo que la burguesía francesa se estremeciese y se acobardara. Entre las clases propietarias de muchos países se difundieron la confusión y luego el odio contra ese osado intento de los trabajadores, de tomar su destino en sus manos.
En septiembre de 1870, después de la proclamación de la Repúbli-
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 312
ca, Marx había advertido a los obreros franceses contra toda acción prematura.
Temía que en el caso de una insurrección, la clase obrera francesa no sólo tuviese contra sí a las tropas de su propia burguesía, sino, además, a las de los Junkers prusianos.
Pero en ese momento se puso, sin un momento de vacilación, del lado de los comuneros. Era un firme oponente de todo tipo de jue-go con la revolución, y siempre había combatido, de manera inequívoca, a los "dirigentes" que creían poder hacer "revolucio-nes‖ con un movimiento de la mano. Pero cuando las masas se le-vantaron en luchas no vaciló, sino que se puso en el acto de su par-te. Contradijo con vigor a todos los que afirmaban que era preciso respaldar la lucha que acababa de comenzar, sólo si existían las condiciones previas para la victoria. A esas personas les decía: "En verdad sería muy fácil hacer la historia mundial si la batalla sólo se
encarase en condiciones de posibilidades infaliblemente favora-bles".380
Marx prestó estrecha atención al desarrollo de la Comuna, la con-ducta de la población de París y la de sus dirigentes. Se enteró de que el Consejo de la Comuna, después de su elección, había rem-plazado al ejército reaccionario estable por el armamento general del pueblo, abolido la antigua burocracia de funcionarios y jueces, y comenzado a introducir derechos políticos y sociales iguales para las mujeres, y muchas otras medidas socioeconómicas que mejora-ban las condiciones de vida de la población trabajadora. Se enteró de que el Consejo de la Comuna había emitido decretos para la pro-tección del trabajo, la abolición de la renta, la reclasificación de los trabajos, y entregado a las cooperativas obreras todas las fábri-cas abandonadas o cerradas por sus dueños. Pero lo que más lo fas-cinó fue el hecho de que el Consejo de la Comuna diese funciones de responsabilidad a millares de obreros. Estos nuevos diputados y funcionarios del Estado eran elegidos, y a su vez podían ser elimi-nados de sus cargos. No sólo discutían y aprobaban las leyes, sino
Marx a Ludwig Kugelmann, 17 de abril de 1871. SC, pág. 264.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 313
que también las aplicaban por sí mismos. La trasformación de los representantes del pueblo en los auténticos y más elevados repre-sentantes del poder: ese era un nuevo fenómeno, sin precedentes, que el proletariado de París puso a prueba bajo la presión de tener que garantizar su seguridad. En París, la práctica revolucionaria produjo la respuesta al decisivo interrogante formulado, pero no contestado todavía, en el Manifiesto Comunista y El 18 brumario de Luis Bonaparte: ¿qué forma tiene el nuevo Estado, qué forma tiene la dictadura del proletariado, el Estado y la dictadura con que la clase obrera garantiza y fortalece su poder?
Los grandes acontecimientos de la capital francesa mantenían a Marx en un estado de afiebrada tensión, Henchido de entusiasmo y orgullo por las conquistas de la clase obrera, escribió a su amigo Ludwig Kugelmann: "¡Qué elasticidad, qué iniciativa histórica, qué capacidad para el sacrificio, los de estos parisienses! ¡Después de seis meses de hambre y ruina provocados por la traición interna, en mayor medida aun que por el enemigo exterior, se levanta, bajo las bayonetas prusianas, como si nunca hubiese habido una guerra entre Francia y Alemania, y el enemigo no estuviera todavía a las puertas de París!
¡La historia no conoce otro ejemplo de igual grandeza!"381 y luego, unos días después: "Con la batalla de París, la lucha de la clase obrera contra la clase capitalista y su Estado ha entrado en una nueva fase. Sea cual fuere el resultado inmediato, se ha obtenido un nuevo punto de partida, de importancia mundial"382
Marx se veía en forma constante con Engels. Analizaba con él los sucesos de París, lo consultaba en cuanto a las sugerencias que en-viaba a los miembros del Consejo de la Comuna por medios indi-rectos, y además se distribuía con él el trabajo del Consejo General.
Como en otros países, también en Francia la Internacional había estimulado la conciencia de la comunidad de intereses de todos los obreros, y difundido la doctrina de que la emancipación de los tra-
Marx a Ludwig Kugelmann, 12 de abril de 1871. SC, pág. 263.
Marx a Ludwig Kugelmann, 17 de abril de 1871. SC, pág. 264.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 314
bajadores sólo podía ser obra de éstos mismos. Pero al mismo tiempo, Marx sabía, mejor que ningún otro, que no era la Interna-cional la que había "hecho" la Comuna. En el Consejo de ésta, los miembros de la Internacional, inclusive los partidarios convencidos de Marx, eran apenas una reducida minoría en comparación con los blanquistas y los proudhonistas. Pero muy pronto los partidarios de la Internacional mostraron contarse entre los más valientes y entu-siastas, y lucharon con más energía que todos los otros, en favor de medidas democráticas y sociales profundas.
Marx preveía que la prensa de las clases explotadoras, fuesen cua-les fueren las diferencias de nacionalidad, se uniría para difundir las más desvergonzadas calumnias, mentiras y relatos de horror para atacar a los obreros de París. Por lo tanto la Internacional ten-dría que hacer todo lo necesario para revelar la verdad sobre la he-roica lucha del proletariado parisiense a los obreros de todo el mundo, y movilizar un poderoso apoyo para los hombres de París que se habían "lanzado al asalto del cielo".383
Como París estaba rodeado en parte por las tropas del Gobierno de Thiers, que huyeron a Versalles, y en parte por el ejército prusiano-alemán, las noticias dignas de confianza sólo llegaban a Marx en escasa medida. Por lo tanto estudiaba afiebradamente los periódi-cos y comparaba sus informes, para poder entresacar los hechos en medio del torrente de mentiras y componer una imagen correcta de los acontecimientos que se desarrollaban en la capital francesa. A la postre logró establecer un contacto directo con la sección de la Internacional de París, por intermedio de un hombre de negocios alemán, de quien se cree que se llamaba N. Eilau. De esta manera, pudo recibir una serie de informes auténticos de París, y sobre to-do, enviar consejos a sus camaradas de armas de allí.
En esas semanas Marx escribió centenares de cartas a sus amigos y a los miembros de la Internacional en muchos países, para infor-marles sobre los sucesos de París y la importancia internacional de la Comuna. Llamó a los obreros ingleses, alemanes, austriacos,
Marx a Ludwig Kugelmann, 12 de abril de 1871. SC, pág. 263.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 315
norteamericanos, y a los trabajadores de otros países, a que organi-zasen mítines y acciones solidarias con sus hermanos de clase pari-sienses. Las secciones más avanzadas del proletariado internacional entendieron que en París se luchaba por su propia emancipación. Por los periódicos de los partidos socialdemócratas, así como por las cartas, Marx se enteró de que también en París -a pesar de las cacerías de brujas y del terror desatado por las clases gobernantes-se realizaban mítines en diversas localidades, en los cuales los obreros saludaban a la Comuna y declaraban su solidaridad con ella. Los Junkers y los militaristas prusiano-alemanes, que se mos-trarían cómplices de la burguesía francesa en la matanza de los lu-chadores parisienses por la libertad, fueron denunciados por Au-gust Bebel en el Reichstag, en nombre de la clase obrera alemana: "Meine Herren... Entérense de que todo el proletariado de Europa, y todos los que aún llevan en el pecho un sentimiento de libertad e independencia, dirigen sus miradas hacia París... Si por el momento éste se encuentra sometido, les recuerdo que la lucha en París no es más que una escaramuza preliminar, que la batalla principal toda-vía está por delante, en Europa, y antes que trascurran muchas dé-cadas el grito de combate del proletariado parisiense, '¡Guerra con-tra los palacios, paz para las chozas de los pobres, y eliminación de la pobreza y los parásitos!', se convertirá en el grito de batalla de toda la clase obrera europea".384
Marx y Engels se sintieron emocionados. "Los obrerosalemanes — declaraba Engels— se han comportado magníficamente en esta úl-tima gran crisis, mejor que todos los otros. Bebel los representó en gran forma. Su discurso sobre la Comuna lo publicó toda la prensa inglesa, y provocó una gran impresión."385
La demostración de solidaridad de la clase obrera internacional fue para Marx un testimonio del exitoso trabajo de la Internacional.
Discurso de August Bebel en el Reichstag, en defensa de la Comuna de París y contra la anexión de Alsacia-Lorena, 25 de mayo de 1871. En La I. Internacional en Alemania (1864-1872), pág; 586.
Engels a Wilhelm Lieblmecht, 22 de junio de 1871. MEW, vol. 33. pág. 240.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 316
Pero desde mediados de abril en adelante llegaron de París infor-mes que le provocaron grandes preocupaciones.
El hambre cundía en la ciudad. El gobierno de Versalles había de-jado a un lado toda dignidad nacional, y pedía la liberación de de-cenas de miles de prisioneros de guerra franceses... para lanzar-los al campo de batalla contra los Communards. El Consejo de la Comuna había creado, con sorprendente energía, un ejército revo-lucionario de unas decenas de millares, en un período de pocas se-manas. Pero en lugar de lanzar la ofensiva y sembrar la confusión en las filas del enemigo, se limitó a la defensa de la ciudad. Duran-te un período los Communards respondieron al terror de la contra-rrevolución con llamamientos en favor de la humanidad, y dejaron prácticamente intacto el tesoro del Banco de Francia, que se encon-traba en sus manos. Estas medidas a medias fueron el resultado de las concepciones blanquistas y proudhonistas que predominaban en el Consejo de la Comuna. Constituyeron, además, una expresión de la falta de experiencia de la lucha armada, revolucionaria.
pesar de estos defectos, los Communards combatieron con bra-vura sin precedentes cuando Thiers envió sus tropas contra la ciu-dad revolucionaria. Los revolucionarios de otros países lucharon hombro a hombro con los obreros y artesanos parisienses, los pe-queños comerciantes y numerosos intelectuales y estudiantes. Entre los revolucionarios extranjeros se contaban los polacos Jaroslaw Dombrowski y Walery Wroblewski; el húngaro Leo Frankel; e in-clusive mujeres revolucionarias como J. L. Tomanóvskaia, quien usaba el seudónimo de Dmítrieva. Algunos de ellos, como Wro-blewski y Frankel, recibieron puestos dirigentes de manos de los Communards, quienes con ello volvieron a mostrar su verdadero internacionalismo.
La lucha se prolongó durante semanas, en los arrabales de la ciu-dad, y por último en sus calles. Cada uno de los barrios, cada calle, cada casa, fueron defendidos con heroísmo por los Communards. Al lado de sus esposos, hermanos y padres, muchas mujeres lucha-ron también con valentía, incluida la valerosa maestra Louise Mi-chel.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 317
Marx se sintió profundamente afectado por los informes del avance de la contrarrevolución de las tropas de Versalles y por los inhu-manos actos de venganza contra los Communards. Enfermó. Su hija mayor Jenny escribía a los amigos de Alemania:
"El actual estado de cosas provocó a nuestro querido Mohr muchos sufrimientos, y no cabe duda de que es una de las principales razo-nes de su enfermedad. Muchos de nuestros amigos están en la Comuna. Algunos de ellos ya han caído víctimas de los carniceros de Versalles".386
Las ansiedades de la familia fueron acrecentadas por el hecho de que estaban inseguros en cuanto al destino de Paul Lafargue. Des-pués de haberse trasladado a Francia en 1868, con su joven esposa Laura, Lafargue vivió y trabajó casi siempre en París, pero luego del avance de las tropas prusianas, en septiembre de 1870, viajó a Burdeos. En abril de 1871 volvió a toda prisa a París, para estable-cer contacto con los Communards, y se le confió allí la tarea de or-ganizar acciones de solidaridad en el sur de Francia, en favor de la Comuna. Desde entonces no se tuvieron más noticias de él.
En la carta antes mencionada, Jenny revelaba, con las siguientes palabras, los pensamientos y sentimientos que dominaban a la fa-milia de Marx: "No puedo soportar esto de estarme sentada, en tan-to que los más valientes y los mejores son diezmados por orden del salvaje payaso de Thiers, quien a pesar de sus hordas de asesinos adiestrados jamás habría podido vencer a los inexpertos ciudadanos de París sin la ayuda de sus aliados prusianos, orgullosos, al pare-cer, de su papel policiaco".387
Los informes de París eran cada vez peores. A finales de mayo los últimos Communards fueron derrotados por la abrumadora superio-ridad numérica de las tropas de Versalles. París se enrojeció con la sangre de los obreros. Cuando se vio que los rifles eran inadecua-dos como instrumento de asesinatos, los Communards capturados fueron reunidos y ametrallados a centenares. Treinta mil Commu-
Jenny Marx a Ludwig Kugelmann. 18 de abril de 1871. IML. ZPA.
Jenny Marx a Ludwig Kugelmann. 18 de abril de 1871. IML. ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 318
nards asesinados, sesenta mil encarcelados o enviados a trabajos forzados en las colonias penales, cosa que significaba una muerte segura: tal era el balance de las semanas de mayo en París, un te-rror contrarrevolucionario más sangriento que nada de lo que se hubiese conocido hasta entonces.
A pesar del torrente de viles calumnias y de brutales amenazas, a despecho de arrestos y sentencias de cárcel, los obreros con con-ciencia de clase se mantuvieron en todo el mundo leales a la Co-muna, inclusive en la hora de su derrota. Pero nadie defendió a los Communards con tanta pasión, tanta audacia, como Marx. Ofreció un brillante ejemplo de la forma en que un revolucionario se com-porta en los momentos en que su clase sufre la derrota, tal como se había comportado después del levantamiento de junio en París, en 1848, y luego de la revolución de 1848.1849. Después de la derrota de la Comuna, cuando la reacción mundial se unió contra los obre-ros de París, Marx se convirtió en el defensor de la Comuna. Con absoluta devoción, abrazó, como propia, la causa de quienes habían sufrido la derrota.
Se convirtió en la principal figura de la Comisión de Refugiados, establecida en Londres para ayudar a huir de Francia a los Com-munards que habían eludido a los asesinos. Se mostró incansable en la tarea. Rescató de los tribunales militares a una cantidad de los mejores representantes del proletariado, y consiguió para ellos pa-saportes, dinero y trabajo. Muchos encontraron en su hogar su pri-mer refugio, y durante semanas, refugiados franceses entraron y salieron, y gozaron de su hospitalidad. Los gastos de la casa, acre-centados en enorme proporción, provocaron a Jenny, como es na-tural, problemas imposibles ya que Marx, hundido por entero en el trabajo de la Internacional, no tenía otro ingreso que la ayuda fi-nanciera de Engels. A menudo Jenny tuvo que pedir ayuda a algu-nos amigos, pero nada le impedía ocuparse de los refugiados revo-lucionarios franceses, con todas las fuerzas y medios de que dispo-nía. Durante esas semanas, también recordaron sus propias necesi-dades, en la época en que Marx y la familia se vieron obligados a emigrar después de la revolución de 1848, y llegaron a Londres sin un centavo.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 319
Uno de los valientes Communards que pudo ser rescatado y llevado a Londres en el verano de 1871 fue Eugene Pottier. Llevaba consi-go un poema nacido en la lucha ilegal, y escrito durante su huida. En sus versos llameaba el fuego de la revolución francesa, que, aunque derrotada, se había convertido en un faro de luz para el movimiento obrero internacional. Años después, los versos de Pot-tier, ya traducidos a muchos idiomas, serían un himno del proleta-riado internacional que luchaba en el espíritu de Marx y Engels, y un conmovedor llamado a los oprimidos y explotados de todos los países y razas:
Arriba, los pobres del mundo;
De pie los esclavos sin pan,
Y gritemos todos unidos:
¡Viva la Internacional!
Del pasado todo arrasemos;
Turba esclava, en pie, en pie;
El mundo cambiará de base:
Hoy nada soy, todo seré.
Agrupémonos todos
En la lucha final,
Y se alcen los pueblos con valor
Por la Internacional.388
Marx no sólo salvó la vida de muchos Communards; salvó el lega-do de éstos al poner las lecciones de su lucha al servicio del movi-miento obrero internacional. A finales de abril el Consejo General lo autorizó a preparar el manifiesto sobre la Comuna. Trabajó en él, inclusive en su lecho de enfermo. Redactó dos esbozos, y luego se dedicó a darles su forma final. El 30 de mayo, dos días después de que las últimas barricadas cayeron en París, leyó a los miembros del Consejo General el manifiesto sobre La guerra civil en Fran-cia. Se aprobó por unanimidad y en seguida fue publicado en in-glés. Der Volksstaat, órgano central del Partido Obrero Socialde-
Eugene Pottier: L'Internationale.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 320
mócrata, lo publicó en alemán, en diversas entregas, a partir de comienzos de junio. Poco después apareció en alemán y francés como folleto, y luego en ruso, italiano, castellano y holandés.
Marx no se conformó con ofrecer una crónica veraz de los sucesos, y con refutar las calumnias acumuladas sobre los Communards. Para él, el problema fundamental era la naturaleza y esencia de la Comuna de París. Durante la revolución de 1848 ya había llegado a la conclusión de que el proletariado, después de la conquista del poder, no podía sencillamente hacerse cargo del antiguo aparato estatal burgués, sino que debía remplazado por su propio aparato estatal, creado por él mismo. La Comuna de París confirmó en la práctica, por primera vez, estas profecías teóricas.
Pero más que eso. Las experiencias de la Comuna y el profundo análisis de sus medidas políticas y sociales, permitieron a Marx re-conocer, en el ejercicio directo del poder por el pueblo, el rasgo característico y decisivamente nuevo del futuro Estado proletario.
El poder de elegir y deponer a todos los representantes del pueblo, la trasformación del Parlamento en una verdadera tribuna de las masas populares, la fusión del poder de redactar las leyes con el de ponerlas en práctica: en todo esto Marx veía los aspectos decisivos del nuevo Estado proletario. Aunque los Communards —aislados, asediados y sin un partido de clase revolucionario— sólo pudieron dar los primeros pasos por el camino hacia ese tipo de Estado, Marx reconoció en esas primeras etapas los rasgos esenciales del Estado proletario: la dictadura del proletariado. Escribió acerca de la Comuna:
"Fue en esencia un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política, al fin descubierta, para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo".389
Estas experiencias y conclusiones eran de extraordinaria importan-cia para el esclarecimiento teórico del camino que la clase obrera
Carlos Marx: La guerra civil en Francia, SW, pág. 294.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 321
debía seguir hacia el poder político.
Marx mostró al proletariado internacional que todavía había más lecciones que extraer de la Comuna. La lucha en París había reve-lado, por ejemplo, que la clase obrera debe establecer estrechos vínculos con otros sectores de la población que trabajaban para vi-vir, y en especial con los campesinos trabajadores, si quiere lograr la victoria y asegurada contra la burguesía derrocada. Destacó en especial la experiencia de la Comuna, en el sentido de que la emancipación de los trabajadores respecto de la explotación y la opresión no era posible sin un partido revolucionario que actuara sobre la base de un programa científico. Ese partido no existía en la Francia de 1871.
Ante todo, ni las condiciones objetivas, ni las subjetivas, para una revolución proletaria victoriosa, existían en ese momento... o en todo el siglo XIX. El desarrollo de los medios de producción no había llegado aún a una etapa en que la expropiación de la propie-dad social fuese posible o absolutamente imperativa en términos históricos. El proletariado francés no había "podido lograr aún un partido revolucionario de clase, equipado de una estrategia y táctica científicas para la lucha por el poder. Debido a la falta de estas dos condiciones previas, la Comuna de París quedó como ejemplo heroi-co para establecer el régimen de clase del proletariado.
En su manifiesto, La guerra civil en Francia, Marx volvió a mos-trar su enorme capacidad para encontrar su camino a través de un laberinto de hechos dispersos, hasta llegar al corazón mismo de un acontecimiento histórico y desentrañar la esencia de los procesos históricos, sobre la base de distintas tendencias en desarrollo. Co-mo casi todas las obras de Marx, La guerra civil en Francia era también una polémica, nacida en la lucha de clase del proletariado internacional contra los enemigos de la Comuna. Con esta obra, en la cual registraba la herencia teórica y política de los Communards, legó un monumento permanente a los hombres "de París que se ha-bían lanzado al asalto del cielo".
"El París de los obreros, con su Comuna, será eternamente recor-dado como el heraldo glorioso de una nueva sociedad. Sus mártires
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 322
tienen su santuario en el gran corazón de la clase obrera. Y sus ex-terminadores han sido ya clavados por la historia en una picota eterna, de la que no lograrán redimirlos todas las oraciones de sus sacerdotes."390
Con este testimonio sin reservas dirigido a la Comuna, terminaba Marx su manifiesto al Consejo General.
Vencedor sobre los enemigos de la Internacional
La guerra civil en Francia provocó un enorme interés. Por un la-do, daba a los obreros revolucionarios valor y confianza en sí mis-mos; por el otro, los reaccionarios de todos los países cayeron, co-mo aves de presa, sobre esta declaración de solidaridad de la Inter-nacional con los Communards de París. Pero dos miembros del Consejo General que durante hacía algún tiempo coqueteaban con la burguesía inglesa, los dirigentes sindicales Odger y Lucraft, se opusieron al manifiesto, y en forma cobarde abandonaron la Inter-nacional debido a su abierto apoyo a la Comuna.
Marx había sido constante objeto de ataques de sus contrincantes políticos, a causa de su inflexible concepción revolucionaria. Pero nunca se vio tan vilmente expuesto a hostilidades y calumnias en la prensa inglesa, como después de la publicación de su manifiesto al Consejo General sobre la Comuna. Ese profundo odio estaba unido al temor al "gran jefe de la Internacional", como a menudo se lo llamaba en los informes policiales. Marx no había vacilado en hacer una declaración pública, en la prensa, en el sentido de que era el autor del manifiesto del Consejo General. Aceptó su plena res-ponsabilidad personal por las acusaciones que había hecho con-tra los miembros del gobierno de Versalles, y lo desafió a actuar judicialmente contra él por calumnia. Pero los asesinos de los Communards no se atrevieron a permitir que su conducta criminal quedase al descubierto, ni siquiera ante los tribunales de la burgue-sía, tribunales con orientación de clase.
Carlos Marx: La guerra civil en Francia, SW, pág. 362.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 323
Su solidaridad con la Comuna convirtió a la Internacional, de gol-pe, en el centro del interés público. Tal como en la época de la per-secución de los comunistas, después de la revolución de 1848-1849, así también ahora las potencias reaccionarias se unieron en una caza de brujas contra el movimiento obrero revolucionario. Ca-si no había un gobierno en Europa que no se ocupase con todas sus fuerzas del problema de cómo destruir a la Internacional y silenciar a sus partidarios. El gobierno francés promulgó un decreto según el cual inclusive la pertenencia a la Internacional debía tratarse como un delito criminal. Bismarck negoció con el zar y el gobierno de Viena un ataque conjunto contra la Internacional. Al mismo tiempo hizo que los dirigentes de la clase obrera alemana, Bebel y Liebk-necht, fuesen sentenciados a dos años de cárcel por acusaciones de alta traición. En España la Internacional fue prohibida. En el Vati-cano, el Papa declaró que quienes dieran refugio a sus miembros ayudaban de ese modo a los servidores del demonio.
En Londres, un ejército de espías policiales mantenía vigilado a cada uno de los integrantes del Consejo General. Cuando Marx se tomó vacaciones junto al mar, durante unos pocos días, en agosto de 1871, para recuperarse del desgaste provocado por los meses precedentes, fue seguido en sus paseos por un agente de policía. Informó a su esposa acerca de la manera en que dio el esquinazo a ese fisgón: "Ayer el asunto me resultó demasiado aburrido. Me de-tuve, me volví y miré al individuo a través de los evidentes binocu-lares. ¿Qué hizo? Se quitó el sombrero con humildad, y hoy ya no me favoreció con sus persecuciones".391
No siempre las cosas eran tan sencillas. En el mismo verano de 1871, cuando Jenny, la hija de Marx, y Eleanor, de 16 años, visita-ban a su hermana Laura en el sur de Francia, fueron arrestadas co-mo peligrosas criminales, obligadas a desnudarse, someterse a un registro en ese estado, y arrojadas a un cuartel de gendarmes. Fun-cionarios policiales y del departamento de justicia trataron de arrancar informaciones a las dos, en cuanto al paradero de su cuña-do, Paul Lafargue, quien después de la derrota de los Communards
Marx a Jenny Marx, 25 de agosto de 1871 MEW. vol. 33. pág. 272.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 324
había conseguido ocultarse de la policía durante un tiempo, cerca de la frontera franco-española. Luego, cuando se vio amenazado por el peligro de arresto, huyó a España, con pasaporte español. Pero los guardianes del orden público se esforzaron por convencer a Jenny y Eleanor de que atrajesen a Lafargue y su esposa —quien para entonces lo había seguido— de vuelta a Francia, para que ca-yesen en manos de la policía. Como es natural, no tuvieron éxito. Hubo que poner en libertad a Jenny y Eleanor, y devolverlas a sus padres.
Marx no hacía más que referirse a hechos concretos cuando señala-ba, en una carta, que tenía el honor de ser "en este momento el hombre más calumniado y amenazado de Londres". Y agregaba: "En realidad eso le hace a uno mucho bien, después de los 20 años de largo idilio cenagoso. La hoja del gobierno —The Observer— me amenaza con enjuiciamiento legal. ¡Qué se atrevan! Me río de esos canailles".392
Marx no era hombre para ser acallado con amenazas, aunque los ataques cayesen sobre él como granizo. El corazón del dirigente de la Internacional, que ahora se encontraba en su sexta década, seguía palpitando con tanta energía por la revolución, como cuando era el director general, de 30 años, de Neue Rheinische Zeitung. Entre tanto su cabello había encanecido, pero continuaba fiel a su con-cepción sobre la dicha humana: "seguir luchando",393 como alguna vez lo dijo a sus hijas.
Y ahora era necesario seguir combatiendo, no sólo contra el terror de los gobiernos, las incitaciones de la prensa burguesa y de los capitulacionistas de la Asociación Obrera Internacional, que se ha-bían separado, en forma abyecta, de los acontecimientos de la Co-muna de París. También era preciso emprender el combate contra quienes querían destruir a la Internacional desde adentro. Bakunin y sus partidarios consideraron oportuno el momento para apoderar-se de la Internacional, desterrar el comunismo científico del movi-
Marx a Ludwig Kugelmann, 18 de jun. de 1871. MEW. vol. 33. pág. 238.
Carlos Marx: Confesiones. En Mohr und General, pág. 607.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 325
miento obrero e imponer sus ideas anarquistas sobre la clase traba-jadora internacional. En esa situación peligrosa, Marx defendió con suma eficacia a la Internacional contra las actividades destructivas de los bakuninistas.
Estos intentaron interpretar la heroica lucha de los Communards en términos de sus objetivos anarquistas, aunque en la práctica las ex-periencias de la Comuna refutaban el anarquismo.
Los bakuninistas afirmaban que por principio la clase obrera debía repudiar todo Estado, y combatir inclusive contra la creación de un Estado proletario.
Esta fraseología seudorrevolucionaria resultaba contradicha por el hecho de que precisamente en la Comuna había encontrado su rea-lización el Estado proletario, en forma de una dictadura del proleta-riado. El Estado proletario había resultado ser el instrumento más importante para la protección y desarrollo de las conquistas de la revolución proletaria.
Los partidarios de Bakunin también rechazaban la unificación or-ganizativa del proletariado en partidos políticos, y se oponían a la participación de los obreros en la lucha política. También en ese caso las experiencias de la Comuna mostraban la tontería del punto de vista anarquista. Una de las razones más importantes de la de-rrota de los Communards fue el hecho de que los obreros de París no habían sido dirigidos por un partido de clase revolucionaria. Por esa razón no existió una dirección, unida en todo sentido, del mo-vimiento revolucionario, se descuidó la alianza con los campesinos trabajadores, y la contrarrevolución no fue combatida con la nece-saria decisión en las primeras semanas de la Comuna. En las reuniones del Consejo General, y en su correspondencia, Marx eva-luó con exactitud estas debilidades, como expresión de la etapa de desarrollo de la lucha proletaria por la emancipación. Los Com-munards tuvieron que pagar por su contemporización, y sus erro-res, con su sangre. Por lo tanto resultaba mucho más necesario ana-lizar esas amargas experiencias y reconocer que la clase obrera no puede llegar al socialismo por medio de acciones espontáneas, y que el progreso tiene una relación indisoluble con el desarrollo del
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 326
partido revolucionario, como dirigente del movimiento social.
En la Internacional estalló entonces una lucha vehemente, respecto de las lecciones de la Comuna para el posterior desarrollo del mo-vimiento obrero internacional. Las reuniones semanales del Con-sejo General nunca fueron tan tormentosas como durante las dis-cusiones acerca de la posición de la clase obrera respecto de la dic-tadura del proletariado. Muchos individuos fogosos y aventureros, por ejemplo, exigían que la Internacional emitiese un llamado a nuevos levantamientos revolucionarios. A éstos les respondió Marx, con serenidad, que primero era preciso preparar al prole-tariado para la revolución. Encaró con paciencia todos los argu-mentos, por confusos que pudiesen ser, y refutó las falsas conclu-siones. Pero era inexorable cuando le parecía que la conducta de algunos "dirigentes" se basaba, no en una insuficiente comprensión o en una falta de claridad teórica, sino en un engreimiento personal, y en el ansia de poder, y que en verdad desarrollaban un juego frí-volo con la clase obrera. Esa era precisamente la situación en el caso de muchos anarquistas.
Los bakuninistas anunciaron su rechazo "de toda actividad que no tenga como objetivo inmediato y directo el triunfo de la causa de los trabajadores contra el capital".394 A lo largo de semanas de dis-cusión, Marx logró, con el apoyo de Engels, convencer a casi todos los miembros del Consejo General, y de las más importantes sec-ciones de la Internacional, que detrás de las frases revolucionarias de los bakuninistas no había otra cosa que el rechazo de todas las luchas políticas organizadas, y de todos los partidos revoluciona-rios del proletariado.
Logró una importante victoria, en esta controversia, en septiembre de 1871. El Consejo General había organizado una conferencia en Londres, con delegados de diversas organizaciones afiliadas a la Internacional. Durante días enteros hubo vigorosos debates, en los cuales Marx y Engels se refirieron una y otra vez a las experiencias
Programa de la alianza internacional de la democracia socialista. En Car-los Marx / Federico Engels: Ein Komplott gegen die Internationale Ar-beiter-Assoziation. MEW, vol. 18, pág. 468.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 327
de la Comuna de París. Todos los proyectos de resolución presen-tados por el Consejo General habían sido elaborados por aquél. Muchos de ellos contenían resoluciones sobre problemas organiza-tivos y proponían nuevos métodos de lucha a las distintas secciones de la Internacional, en consonancia con la situación, que se había complicado en enorme proporción a consecuencia de la campaña contrarrevolucionaria de persecuciones. Por sugestión de Marx, la conferencia proponía que se establecieran organizaciones de traba-jadoras en el seno de la Internacional, siempre que ello resultase útil.
La resolución de más amplias consecuencias, que aprobaron los delegados fue una, también formulada por Marx, que señalaba la irrefrenada actividad de la reacción contra la clase trabajadora, lo cual dejaba en claro que la clase trabajadora sólo puede actuar co-mo clase contra el poder conjunto de las clases propietarias, cuando se constituye como partido político separada, en oposición a los antiguos partidos de las clases propietarias".
La resolución afirmaba, además, "que la constitución de la clase obrera como partido político es esencial para el triunfo de la revo-lución social y de su meta final: la abolición de todas las clases".395
Esta decisión de la conferencia de Londres constituyó una clara victoria del punto de vista representado por Marx. Pero éste no se engañó, ni pensó que los bakuninistas se hubiesen rendido. Éstos sentían que no podían oponerse á Marx en un enfrentamiento direc-to acerca de los principios de la lucha de clase, en especial ya que las experiencias de la Internacional, ante todo las de los movimien-tos obreros alemán y francés, contradecían de modo demasiado vi-sible la táctica sectaria y aventurera de los anarquistas. Por tal mo-tivo, éstos recurrieron, cada vez con más frecuencia, a la calumnia y la intriga. Protestaron a voz en cuello contra las decisiones de la conferencia de Londres, y acusaron al Consejo General de orienta-ción arbitraria. No retrocedieron ante el recurso del llamamiento a
Carlos Marx/Federico Engels: Resolución de la conferencia de delegados de la AOI, realizada en Londres, del 17 al 23 de setiembre de 1871. MEW. vol. 17. pág. 422.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 328
los sentimientos nacionalistas, con insinuaciones dirigidas contra Marx y Engels, y hablaron de "una dictadura de los alemanes", mientras presentaban la controversia entre Marx y Bakunin como un antagonismo entre razas.
Pero Marx mostró que los bakuninistas no se oponían a la Interna-cional sólo en puntos aislados, sino que atacaban toda su línea polí-tica general, tal como se la había adoptado en forma colectiva, y como se expresaba en el Manifiesto Inaugural, en los estatutos y las resoluciones de sus congresos.
Querían remplazar el análisis científico de las condiciones concre-tas de la lucha de clase por sus deseos subjetivos, e imponer ideas golpistas en lugar del movimiento de masas organizado.
Los bakuninistas replicaron a estas declaraciones concretas lanzan-do los peores insultos contra Marx y Engels. Atacaron a la Interna-cional en hojas volantes y en carteles, tildándola de organización antirrevolucionaria, y llevaron la polémica ante el público en gene-ral. Al mismo tiempo, aceleraron sus esfuerzos para apoderarse de la dirección de la Internacional. Algunos de los partidarios de Ba-kunin no vacilaron en cometer crímenes, inclusive contra miem-bros de la Internacional... ―en nombre de la revolución". En interés de ésta, afirmaban, todos los medios eran lícitos. El propio Bakunin dijo acerca del "revolucionario" anarquista: "Sólo conoce una cien-cia: la destrucción".396 Según este punto de vista, cuanto peor le fuese al pueblo, tanto mejor para la revolución.
Marx abrigaba la firme creencia de que la lucha contra los bakuni-nistas decidiría la vida o la muerte de la Internacional. Por lo tanto trabajó incansablemente para reunir a las mejores fuerzas de la or-ganización con el fin de resistir a los anarquistas. En este aspecto conquistó el apoyo de nuevos camaradas, junto con los miembros ya probados del Consejo General. Una amistad cordial y un caluro-so y mutuo afecto lo unía al revolucionario polaco Walery Wro-blewski. El legendario general de la Comuna había llegado a Lon-
El catecismo de la revolución. En Carlos Marx / Federico Engels: Una conspiración contra la AOI. MEW, vol. 18, pág. 422.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 329
dres, herido y enfermo. Cuando se recuperó —gracias en gran me-dida a los cuidados de Marx—, comenzó a trabajar en la Interna-cional como demócrata revolucionario que se había convertido en revolucionario proletario. En el otoño de 1871 remplazó al tipógra-fo Antoni Zabicki, a la muerte de éste, como secretario correspon-sal para Polonia. Al mismo tiempo, se incorporó al Consejo Gene-ral Josef Rozwadowski, el polaco que había sido jefe de estado mayor de la Comuna. Leo Frankel, quien también eludió a los agentes de policía de Thiers, trabajaba como secretario para Aus-tria-Hungría, y Alfred Herman, un escultor, se ocupaba de la co-rrespondencia con la sección belga. Otros refugiados de la Comu-na, incluido el periodista Charles Longuet, el grabador Albert-Frédéric-Jules Theiz y el doctor Edouard Vaillant, fueron incorpo-rados al Consejo General por proposición de Marx. Maduraron por sus experiencias en la lucha de clases revolucionaria, y combatie-ron junto con Marx y Engels contra los aventureros anarquistas.
En numerosas cartas a camaradas de todo el mundo, Marx instaba a que el movimiento obrero revolucionario internacional frustrase la maligna actividad de los bakuninistas y defendiera la unidad de los trabajadores. En el verano de 1872, junto con Engels, ayudó a su yerno Paul Lafargue a redactar una circular confidencial que debía enviarse a todas las organizaciones nacionales de la organización, en nombre del Consejo General. En ella se desenmascaraban las intrigas de los bakuninistas, y se criticaban con franqueza sus acti-vidades desintegradoras. El documento denunciaba a Bakunin y a sus partidarios como traidores de la lucha revolucionaria del prole-tariado. Pero la influencia de éstos, en especial en Italia, España, Bélgica y Suiza, aún no estaba quebrada.
En ese período de controversias con el anarquismo y el sectarismo, Marx no hizo la menor concesión al reformismo, respaldado en es-pecial por los dirigentes sindicales ingleses. Casi todos estos diri-gentes sindicales, bajo la presión de la burguesía inglesa, y atemo-rizados por las luchas armadas de París, se acercaron a los libera-les. Cultivaron y difundieron la ilusión de que el proletariado sólo podía avanzar hacia el socialismo por el camino de las reformas democráticas y sociales, y se opusieron cada vez más al punto de
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 330
vista del Consejo General.
Como es natural, Marx respaldaba las reformas. Pero él y Engels subrayaban de manera constante que la clase obrera debía vincular la lucha por los objetivos parciales con la batalla por el objetivo final, el socialismo. Veían en las reformas, no sólo un bienvenido mejoramiento de las condiciones de vida, sino también una mejora en las condiciones de la lucha del proletariado y una posibilidad de hacer que las masas apoyasen la revolución.
Marx jamás dejó duda alguna acerca de que el socialismo no podía lograrse con la lucha revolucionaria directa de las masas, para el establecimiento del régimen de los obreros y los campesinos. Pero por otro lado, él y Engels nunca excluyeron la posibilidad de llevar adelante la revolución socialista con medios pacíficos. Frente al clamor fanático y demente de los bakuninistas, de que sólo la des-trucción implacable del viejo mundo podía crear la base para la fu-tura sociedad, Marx declaraba:
"Nuestros objetivos deben ser tan amplios, que incluyan todas las formas eficaces de actividad de la clase obrera. Si les hubiésemos dado un carácter limitado, habríamos tenido que adaptadas sólo a un sector, a la clase obrera de una sola nación. ¿Pero cómo habría-mos podido inducir a todos a unirse en interés de unos pocos? Si nuestra Asociación hubiese hecho eso, no habría tenido ya derecho a llamarse Internacional. La Asociación no dicta ninguna forma excluyente de movimiento político; sólo exige que el movimiento existente trabaje para el único y mismo objetivo final... Existen as-pectos especiales del problema en todas partes del mundo. Los obreros sólo prestan atención a ellos, y encaran sus soluciones a su manera. La unificación de los obreros no puede ser absolutamente idéntica, hasta el mismo detalle, en Newcastle y Barcelona, en Londres y Berlín... Sería estúpido un levantamiento cuando la agi-tación pacífica puede llegar a la meta con más rapidez y en forma más eficiente. En Francia, la multitud de leyes opresivas y el mor-tal antagonismo existente entre las clases parecen hacer necesaria una solución violenta de las luchas sociales. Si se elige ese camino, ello es cosa de la clase obrera de ese país. La Internacional no se
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 331
ocupa de dictar o sugerir consejos al respecto. Pero expresa su sim-patía hacia cada movimiento, y extiende su ayuda dentro del marco de sus propios reglamentos".397
Marx y Engels lucharon contra la concepción de que la revolución proletaria sólo podía realizarse por medio de la fuerza armada. Sin embargo, se opusieron con igual decisión a quienes querían orien-tar a la clase obrera, con exclusividad, por el camino pacífico al socialismo. Marx exigía a cada uno de los dirigentes obreros que entendiera ambas posibilidades en la batalla revolucionaria y pre-parase al proletariado para todas las formas de la lucha de clases. Como declaró en la conferencia de Londres, de 1871:
"Debemos decir a los gobiernos: sabemos que son potencias arma-das dirigidas contra los proletarios. Actuaremos contra ustedes con los medios pacíficos, cuando ello sea posible, y con las armas, si resulta necesario".398
La versión final del programa político de la Internacional, y el de-cisivo ajuste de cuentas con los bakuninistas, se produjeron en el congreso de la Internacional en La Haya, en septiembre de 1872. Desde comienzos del año, Marx había estado ocupado con los pre-parativos del congreso. Trabajó con energía para que también estu-viesen presentes en el congreso los representantes de todas las or-ganizaciones más avanzadas del movimiento internacional, a pesar de todas las dificultades que ello involucraba. Entre dichos repre-sentantes se contaban, ante todo, el Partido Obrero Socialdemócra-ta de Alemania, y camaradas dignos de confianza como Johann Philipp Becker, Ludwig Kugelmann y Friedrich Adolph Sorge, quien trabajaba con éxito en Nueva York. Marx creía que la espe-rada disputa con el bakuninismo sería tan importante y tan henchi-da de consecuencias, que decidió participar en persona en el Con-greso. Las secciones de Leipzig y Maguncia, y una sección de Nueva York, compuesta casi toda de obreros alemanes, le cedieron
Notas taquigráficas de una entrevista que Marx concedió a un correspon-sal del periódico The World, 3 de julio de 1871. MEW, vol. 17, pág. 641.
Notas taquigráficas de un discurso de Carlos Marx sobre la acción política de la clase obrera, 21 de septbre.de 1871, MEW, vol..17, pág. 652.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 332
su mandato de delegado. El 1 de septiembre, con Engels, su esposa y su hija Eleanor, llegó a La Haya. Su aparición provocó gran inte-rés entre los delegados del congreso. Era también la principal per-sonalidad para la prensa burguesa, y en no menor medida, para los informes de los agentes policiales enviados a Holanda para liquidar el desarrollo del congreso.
Bakunin, que en una ocasión trató de excluir a Marx en un congre-so de la Internacional, se mantuvo alejado. Pero sus partidarios in-tentaron defender sus concepciones con muchos mayores bríos. Sus esfuerzos estaban condenados al fracaso. Muy pronto resultó evi-dente que la abrumadora mayoría de los 65 delegados al Congreso apoyaban a Marx y al Consejo General. Ello ya resultó claro cuan-do se estudiaron las credenciales de los delegados, cuando Marx conquistó el apoyo para una proposición de que sólo se acreditase a los delegados que reconocían los principios de la Internacional. Fracasó el intento de los bakuninistas, de lograr una mayoría por medio de acciones y grupos escisionistas. La mayoría de los dele-gados estaban decididos a defender su unidad revolucionaria.
El 5 de septiembre, en una sesión pública, Marx presentó el infor-me del Consejo General, que había preparado. El salón, ubicado en el distrito obrero de La Haya, estaba lleno hasta desbordar. La reunión se llevó a cabo por la noche, para permitir que concurriese la mayor cantidad posible de trabajadores. Marx denunció los actos de violencia de los gobiernos de Francia, Alemania y otros países contra la Internacional, y azotó a la prensa burguesa por sus bajas calumnias contra la Asociación. En su informe, aplaudió la valiente actitud internacionalista de los obreros franceses y alemanes duran-te la guerra. Uno de los más grandes éxitos de la Asociación Obre-ra Internacional, dijo, era el hecho de que la Comuna de París fue "saludada inmediatamente con un grito de júbilo de los obreros de todos los países".399 Con gran satisfacción informó a los delegados sobre los progresos de la Internacional en Holanda, Dinamarca,
Carlos Marx: Informe Oficial del Consejo General de Londres, leído en una sesión pública del Congreso Internacional de La Haya. MEW. vol. 18. pág. 137.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 333
Portugal e Irlanda, en Estados Unidos, Australia, Nueva Zelandia y Argentina.
El 6 de septiembre figuraba en la agenda la decisión de la Confe-rencia de Londres sobre "la eficacia política de la clase obrera", y sobre cambios en los estatutos. Marx no era un hombre de brillante retórica, pero sus argumentos, de lógica penetrante, basados en las experiencias prácticas del movimiento obrero, hicieron que una amplia mayoría de los delegados del congreso reconociera la ne-cesidad de la lucha política y de la fundación del partido proletario, como las condiciones previas más importantes para una revolución socialista exitosa. Los reglamentos y reglas administrativas de la Internacional también fueron revisados o ampliados según linea-mentos sugeridos por el Consejo General.
Este recibió la responsabilidad de ocuparse de que todas las organi-zaciones vinculadas a la Internacional actuaran en consonancia es-tricta con sus principios y estatutos. Al Consejo también se le otor-gó el derecho de expulsar a las organizaciones que violasen los principios de la Internacional.
Con estas resoluciones, los bakuninistas quedaban políticamente derrotados.También quedaron moralmente derrotados cuando Marx y otros participantes en sesiones posteriores revelaron sus activida-des divisionistas y sus acciones secretas. Bakunin fue expulsado de la Internacional, y desde entonces no desempeñó un papel de im-portancia en el movimiento obrero.
La mayoría de los delegados se sorprendieron cuando Engels — quien también habló en nombre de Marx— presentó un proyecto de resolución para trasladar la sede del Consejo General a Nueva York. Basaba su proposición en el hecho de que la labor del Conse-jo General había resultado muy difícil, en el período reciente, en Londres, debido a las actividades divisionistas de los bakuninistas y a las diferencias personales provocadas por ellos, así como a con-secuencia de las acciones desintegradoras de grupos emigrantes de tendencia pequeñoburguesa. Además, hacía ya ocho años que Lon-dres era la sede del Consejo, y "ello debería modificarse algún día, para impedir la osificación". Si era preciso elegir otra ubicación,
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 334
Nueva York era el lugar conveniente. "Nuestros documentos están seguros allí. Allí contamos con una nueva y fuerte organización. Nuestro partido es allí en verdad internacional, como en ninguna otra parte del mundo." 400
Pero había otras razones más imperiosas. No cabía duda de que una de ellas era el desenfrenado terror policial contra el movimiento obrero, que impedía casi por completo el trabajo de la Internacional en algunos países, en especial en Francia. Además, en Londres existía el peligro de que pudiesen llegar a predominar los dirigentes sindicales reformistas y los emigrés blanquistas franceses del Con-sejo General. Ello habría puesto en peligro todo lo ya obtenido. Re-sultaba claro que la dirección de la Internacional desde Nueva York acarrearía dificultades, aunque sólo fuese por motivos técnicos. Pero Marx y Engels ya habían comenzado a reconocer que con la creación y los primeros pasos del Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania, y con la Comuna de París, que anunciaban una nueva época en el desarrollo del movimiento obrero, los rasgos específi-cos del movimiento en los distintos países se hacían cada vez más importantes. Como lo destacaban las resoluciones de los congresos de Londres y La Haya, la construcción y consolidación de partidos proletarios nacionales era ahora de la máxima importancia. La In-ternacional había colocado la piedra fundamental para ese desarro-llo, al difundir el marxismo en el movimiento obrero de los países más desarrollados, y desempeñado un papel decisivo en la supera-ción de las tendencias socialistas utópicas y pequeñoburguesas.
Los partidos obreros nacionales debían elaborar una estrategia y tácticas revolucionarias que expresaran los rasgos específicos de cada uno de sus países, y que se basasen en las concepciones y principios políticos generales del proletariado. También eso exigía nuevas formas de colaboración internacional.
En la conferencia de La Haya hizo falta toda la autoridad y capaci-dad de persuasión de Marx para lograr una escasa mayoría en
Notas taquigráficas de un discurso de Federico Engels sobre la futura sede del Consejo General, 6 de setiembre de 1872. MEW, vol. 18, pág. 689.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 335
aprobación del traslado de la sede del Consejo General a Nueva York. La mayoría de los delegados que votaron por la proposición lo hicieron a desgana, ya que ello significaría que Marx y Engels y otros dirigentes, probados a lo largo de los años, no pertenece-rían ya al Consejo. Pero para Marx esa separación respecto de éste no significaba en manera alguna abandonar el movimiento obrero internacional. A todos los que suponían que a partir de entonces haría la vida de un tranquilo erudito, declaró en público, en térmi-nos inconfundibles:
"Por mi parte, continuaré con mi tarea y me esforzaré a cada ins-tante por fortalecer la solidaridad entre todos los trabajadores, tan fructífera. No, no me retiro de la Internacional, y el resto de mi vi-da, así como mis esfuerzos del pasado, lo dedicaré al triunfo de las ideas del socialismo, que algún día —pueden estar seguros— con-ducirá al dominio mundial del proletariado‖.401
Después del Congreso, Marx viajó con la mayoría de los otros de-legados a Amsterdam, donde la sección local de la Internacional patrocinó un mitin obrero el 8 de septiembre. Marx, Sorge, Lafar-gue, Johann Philipp Becker y otros delegados hablaron ante los obreros reunidos. Marx elogió los resultados de la conferencia de La Haya, en especial su declaración de que "la clase obrera" tiene la tarea "de combatir a la vieja sociedad que se desintegra, tanto en el plano político como en el terreno social". "El obrero debe tomar algún día el poder, para construir la nueva organización del trabajo. Debe derrocar la antigua política que perpetúa las viejas institucio-nes, si no quiere perder el paraíso en la tierra, tal como los antiguos cristianos, que lo abandonaron y lo despreciaron."402
Al regresar a La Haya, Marx se permitió un descanso de unos po-cos días. Junto con su esposa, su hija y Engels, viajó todos los días a Scheveningen, situada sobre el océano. Los agentes policiales también lo seguían allí, y uno de ellos hizo el siguiente y "sen-
Carlos Marx: Discurso sobre el Congreso de La Haya. MEW. vol. 18, pág. 161.
Carlos Marx: Discurso sobre el Congreso de La Haya. MEW. vol. 18, págs. 159-160.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 336
sacional" informe: Marx "se bañaba aquí, y por las noches concu-rría a los conciertos que se ofrecían en la terraza del Grand Hotel. Allí cenó una vez con su esposa, Lafargue y la esposa de éste, la hija de Marx, que es muy encantadora".403
A mediados de septiembre, Marx regresó a Londres con su fami-lia.
En los meses que siguieron al congreso de La Haya, Marx volvió a dedicar mucho tiempo y energía a la Internacional. En Nueva York, Friedrich Adolph Sorge fue elegido presidente del Consejo General, y desde entonces recurrió con frecuencia a Marx y Engels en procura de consejo e información. Les asignaba tareas e inter-cambiaba materiales con ellos. Marx colaboró con el nuevo Conse-jo General, hasta donde lo permitían sus capacidades. Trabajó en especial para aislar a los voceros de las ideas reformistas que exis-tían entre los miembros ingleses de la Internacional, y para ganar apoyo para las resoluciones del congreso de La Haya. Continuó recibiendo y reuniendo información sobre las actividades de las secciones de distintos países, y las envió a Nueva York, casi siem-pre por intermedio de Engels. También actuó para impedir que los grupos y camarillas bakuninistas se hiciesen pasar por representan-tes de la Internacional
Al cabo de un año del congreso de La Haya, resultó cada vez más claro que las antiguas formas de dirección del movimiento obrero internacional por intermedio del Consejo General no reflejaban ya las necesidades del momento. Marx escribió a Sorge:
"...Tal como veo yo la situación europea, resulta muy útil dejar que la organización formal de la Internacional pase a un segundo plano por el momento, pero si es posible, no abandonar el control del punto central de Nueva York, de modo que ningún idiota pueda apoderarse de la dirección y desacreditar toda nuestra labor. Los acontecimientos y el inevitable desarrollo y complicación de las cosas se ocuparán por sí mismos de que la Internacional vuelva a
Citado en H. Bichette: Karl Marx in Scheveningen. En Deutsches Volks-Echo, 22 de mayo de 1938, Paris-Zurich.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 337
surgir mejorada en sus formas. Por el momento basta con no permi-
tir que la vinculación con los más capaces en los distintos países se nos escurra por completo de las manos..." 404
Sorge siguió este consejo. Tres años más tarde, a mediados de 1876, los delegados a una conferencia convocada en Filadelfia por el Consejo General disolvieron la Asociación Obrera Internacional. Dirigieron un llamamiento a los proletarios de todos los países, en el cual decían:
"Hemos disuelto la organización de la Internacional por razones que surgen de la actual situación política de Europa; pero al mismo tiempo advertimos que los principios de organización de los obre-ros progresistas de todo el mundo civilizado son reconocidos y de-fendidos... Condiciones más adecuadas volverán a reunir a los obreros de todos los países bajo una bandera común de lucha, y en-tonces resonará con más energía aun el grito de: ¡Trabajadores del mundo, uníos!'" 405
En las filas de la Internacional, los mejores representantes de la clase obrera mundial habían aprendido los principios del comunis-mo científico, en especial la idea del internacionalismo proletario, y recogieron ricas experiencias en todos los problemas vitales de la lucha de clases. Esa es la contribución histórica de la Asociación Obrera Internacional y de sus dirigentes, Marx y Engels.
Hogar y familia
A finales de la década del 60 y comienzos de la del 70 se produje-ron algunos cambios en la vida de la familia de Marx. Las hijas ha-bían crecido, y como todo en la casa giraba en torno de la batalla por la emancipación del proletariado, también ellas participaban, en persona, en el movimiento obrero. Satisfizo mucho a Marx, que su hija mayor, Jenny, siguiese entonces el ejemplo de Laura y se casa-
Marx a Friedrich Adolph Sorge, 27 de setiembre de 1873. Se, pág. 286.
Citado en I. M. Krivogus / S. M. Stetskevitch: Esbozo de la historia de la Primera y Segunda internacionales, Berlín. 1960, págs. 137-138.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 338
ra con un camarada activo.
Desde su primera juventud Jenny estaba unida a la lucha de la clase obrera. A partir de mediados de la década del 60 descargó a su ma-dre, cada vez en mayor medida, de su labor de secretaria de su pa-dre, y se encargó de parte de su correspondencia. Compartía las esperanzas, las desilusiones y los sufrimientos de los luchadores irlandeses por la libertad. Después de la derrota de la Comuna, tra-bajó con todas sus fuerzas para reunir dinero a fin de aliviar las ne-cesidades de los Communards expulsados de su patria. Entonces conoció al periodista francés Charles Longuet, quien había comba-tido en las filas de los Communards como miembro de la Asocia-ción Obrera Internacional. Se casaron en octubre de 1872.
Jenny y Charles tuvieron que soportar durante muchos años las amargas privaciones de la vida de los emigrantes. Fracasaron todos los intentos de Charles, de ganarse la vida en Oxford como profe-sor privado. Pronto volvieron a Londres sin un penique. Pero en diciembre de 1872 Jenny escribía con alegría, a Kugelmann: "Me siento mucho más dichosa en Londres que en la piadosa y remilga-da Oxford. En Londres está Modena Villa, y en la habitación de-lantera de la planta baja de Modena Villa puedo encontrar en todo momento a mi querido Mohr. Ni siquiera puedo decirle cuán sola me siento cuando estoy separada de él, y él dice que también me echa mucho de menos, y que se encierra por completo en su habi-tación de trabajo mientras yo me hallo ausente".406 Sólo en 1880 permitió la amnistía que la familia Longuet volviese a Francia.
El esposo de Laura, Paul Lafargue, adoraba a Marx como a un se-gundo padre. Éste, a su vez, se enorgullecía de su yerno, quien se había lanzado a la lucha de la Comuna de París y contribuido en tan importante medida al éxito del congreso de La Haya, mediante su actividad política entre los trabajadores españoles. Cuando Lau-ra y Paul perdieron sus tres hijos, a una tierna edad, uno detrás del otro, a comienzos de la década del 70, Marx sufrió tanto como los acongojados padres. Después del congreso de La Haya, los Lafar-
Jenny Marx a Ludwig Kugelmann, 23 de diciembre de 1872. IML, ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 339
gue se trasladaron a Londres. Paul abandonó la práctica de la medi-cina y con grandes dificultades siguió adelante como periodista y fotógrafo, junto con Jenny. Tampoco ellos pudieron volver a Pa-rís hasta la amnistía de 1880. Entonces Paul se convirtió en uno de los fundadores y más importantes dirigentes del partido marxista en Francia.
Constantemente se esforzaba Marx por facilitar la vida de sus hijos y ayudarlos en sus problemas. Entonces su mayor preocupación se concentró en torno de sus nietos, los hijos de su hija Jenny. El hijo mayor de ésta, Jean, o Johnny, era su favorito, y el niño sabía cómo explotar ese sentimiento. Como vivía casi siempre en la casa de su abuelo, Marx era su compañero de juegos. Encontraba un especial placer en convertir a Marx en un ómnibus tirado por caballos. Wilhelm Lieblmecht, quien entonces visitaba Londres, describe a Johnny trepado sobre los hombros de Marx, como cochero, y con-vertidos, Marx y Engels, en caballos de ómnibus. "Entonces empe-zaba el juego -¡Arre, eh!- con gritos internacionales, en alemán, francés, inglés, desde los costados: ¡Go on! ¡Plus vite! ¡Hurra!, y Marx tenía que trotar hasta que el sudor le corría por la cara. Y si Engels o yo tratábamos a veces de atenuar el ritmo, el látigo del implacable conductor silbaba sobre nosotros con gritos de: ¡Ca-ballo malo! ¡En avant!, etc., hasta que Marx ya no podía más. En-
tonces había negociaciones con Johnny, y se llegaba a una tre-gua."407
Después del casamiento de Jenny, sólo Eleanor quedó con sus pa-dres. Aunque apenas tenía 17 años, se ocupó del trabajo de secreta-ria para su padre. Llevaba adelante la correspondencia, como una experta, cuando aquél no tenía tiempo para contestar las cartas. La esbelta y vivaz joven de cabello notablemente espeso, negro, acompañaba a sus padres en sus vacaciones y curas, y se convirtió en su confidente a pesar de su juventud. Compartía el ilimitado amor de sus hermanas por sus padres, y consideraba su máxima dicha poder ayudarlos. Más tarde desempeñaría un papel de impor-
Wilhelm Liebknecht: Karl Marx en la memoria. En Mohr und General. páginas 101-102.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 340
tancia en el nuevo despertar del movimiento obrero en Inglaterra y en otras partes.
Su tarea en el Consejo General de la Internacional, y en especial durante los años que mediaron entre la guerra franco-alemana y el congreso de La Haya, impusieron una tensión casi inhumana sobre Marx. Su salud debilitada soportó el esfuerzo gracias a un decidido acto de fuerza de voluntad. Pero en la primavera de 1873, unos me-ses después del congreso de La Haya, cayó víctima de graves per-turbaciones físicas. Comenzó a sufrir de intensos dolores de cabeza e insomnio. En ocasiones se temía que pudiese ser presa de un ata-que. Al cabo de unas pocas horas de trabajo intelectual, se veía obligado a descansar, a consecuencia de accesos de vértigo. En ocasiones le era imposible trabajar. Tenía que consultar con fre-cuencia a su médico, un doctor Gumpert que vivía en Manchester, y de quien Marx y Engels eran amigos desde hacía años. El doc-tor Kugelmann también enviaba amplias cartas de consejo médico, desde Hannover. Por insistencia de los médicos, Marx tuvo que reducir su trabajo científico al mínimo. Le resultaba muy difícil aceptarlo, pero por mucho que deseara terminar su libro, El capital, su estado de salud era tan malo, que no le quedó otra alternativa que obedecer las órdenes del médico.
Muchos días de descanso en balnearios ingleses no consiguieron producir la mejoría deseada. Sólo se advirtió alguna mejora cuando tomó una cura en Karlsbad (ahora Karlovy Vary) a finales del ve-rano de 1874, acompañado por Eleanor. Llegaron a Karlsbad el 19 de agosto. Tomaron habitaciones en el Haus Germanía, ahora lla-mado Kurhaus Marx. Varios días antes de su llegada, el doctor Ku-gelmann también había establecido su residencia en el hotel.
Marx fue a Karlsbad para curarse, en contraste con las diez mil personas de la capa superior que a menudo iban allí nada más que para pavonearse y exhibirse. El y Eleanor, quien también acababa de padecer una grave enfermedad, siguieron las órdenes médicas en forma estricta, y todos los días se presentaban en las fuentes de aguas curativas a las 6 de la mañana. Con tanta frecuencia como era posible hacían caminatas, vagaban por la campiña circundante
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 341
y gozaban con los bosques y colinas. Por la noche concurrían a conciertos o al teatro. Marx también pasaba muchas horas en con-versación con el doctor Kugelmann y los otros huéspedes.
En una carta a Engels informaba acerca de las estrictas reglamenta-ciones, y agregaba, disconforme:
"Ahora me veo limitado a beber como un profano de la bomba. Tussy (Eleanor), por otro lado, recibe todos los días un vaso de cerveza de Pilsen, al cual dirijo miradas celosas y henchidas de an-siedad. El médico que me consiguió Kugelmann —Oestreicher— se mostró al comienzo un poco preocupado por mi estadía. Por consejo de él, me inscribí como Charles Marx, privatier, Londres, y lo de 'privatier' hizo que tuviera que pagar el doble de honorarios por mí y Eleanor, al digno Tesoro del Estado, pero eludí de esa manera la sospecha de que pueda ser el tristementecélebre C(arlos) M(arx)". 408 Pero no podía mantener su incógnito para siempre. El 30 de agosto, el periódico vienés Sprudel apareció con una denun-cia apenas encubierta: "Marx, dirigente, durante tanto tiempo, de la Internacional, y el jefe de los nihilistas rusos, conde Plater, han llegado a Karlsbad para una cura".409 El resultado fue que Marx también comenzó a ser "vigilado" en Karlsbad por soplones poli-ciales.
Cuando él y Eleanor abandonaron Karlsbad, el 21 de septiembre, se sentía mucho mejor. Visitaron a Dresden y Leipzig, y viajaron a Berlín. Allí fueron a casa del amigo de la juventud de Marx, su cu-ñado Edgar von Westphalen, quien se había mantenido fiel a los ideales de su juventud y ahora vivía con suma modestia, como em-pleado público. Marx y Eleanor, como invitados muy "peligrosos" vivían en un hotel, tal vez bajo un apellido supuesto. De tal mane-ra, la policía sólo se enteró de su llegada cuando se iban. "Para gran placer de Mohr —relataba Eleanor con deleite—, más tarde nos enteramos de que la policía llegó a nuestro hotel... al tercer día,
Marx a Engels. 1 de setiembre de 1874. MEW, vol. 33, pág. 112.
Citado en Egon Erwin Kisch: Karl Marx in Karlsbad, Berlín,1953, pág. 35.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 342
exactamente una hora después de habernos ido." 410 Desde Berlín viajaron a Hamburgo, donde Marx visitó a su editor, Otto Karl Meissner, y conoció a Ignaz Auer y August Geib, quienes eran di-rigentes del partido de Eisenach. A comienzos de octubre, los via-jeros se hallaban una vez más en Londres.
Después de su cura en Karlsbad, Marx sintió una mejoría gradual de su salud. Engels le posibilitó una nueva cura en Karlsbad en 1875 y 1876, y con su esposa e hija, en 1877, en Bad Neuenahr y en la Selva Negra.
Marx también utilizaba estos viajes para breves visitas a los ami-gos. "Herr Karl Marx —informaba Frankfurter Zeitung, el 17 de agosto de 1875— llegó aquí a finales de la última semana, desde Londres. Sus amigos se sorprendieron agradablemente por su as-pecto vigoroso y su espíritu vivaz. Está de paso para Karlsbad, donde tiene la intención de permanecer cuatro semanas."
En Francfort visitó a Leopold Sonnemann, director de Frankfurter Zeitung, destacado demócrata burgués y opositor de la prusianiza-ción de Alemania. Desde Karlsbad, Marx hacía frecuentes viajes a Praga. Le otorgó un placer especial, durante un breve viaje a Kreuznach, en septiembre de 1876, mostrar a su hija los distintos lugares en que él y su madre habían pasado los primeros meses de su dichoso matrimonio.
Resultaban muy evidentes los efectos curativos de las aguas de Karlsbad sobre Marx. Pero éste no pudo continuar la cura. Desde 1878 en adelante, el camino a Karlsbad le quedó prohibido por las leyes de emergencia de Bismarck contra el movimiento obrero so-cialista.
En la primavera de 1875 la familia Marx volvió a trasladarse a otro hogar, esta vez al 41 de Maitland Park Road, Haverstock Hill. Allí ocuparon una de las casas entonces típicas, estrechas, altas y en hi-leras. En el sótano había pequeñas habitaciones para guardar cosas y la cocina, en la cual por lo general se comía. La planta baja tenía
Wilhelm Liebknecht: Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, pág. 152.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 343
un vestíbulo y una o dos salitas. En el primer piso estaba la habita-ción de trabajo de Marx. Los dormitorios se encontraban en el piso de arriba.
La hospitalidad de Marx ya era bien conocida, cuando todavía reinaban las raciones escasas en el hogar. Ahora que la familia po-día vivir con menos cuidados, experimentaban un gran placer en ayudar a otros. Trabajadores y dirigentes obreros se reunían en el hogar de los Marx. Con frecuencia aparecían viejos miembros de la Liga Comunista y veteranos compañeros de lucha de la Internacio-nal. En la casa de los Marx también encontraban que la verdadera dicha humana no puede separarse de la lucha por la felicidad de toda la humanidad.
Jenny, lo mismo que su esposo, sabía cómo hacer que las visitas de sus invitados fuesen una experiencia inolvidable. Friedrich Less-ner, quien había luchado con lealtad al lado de Marx desde la época revolucionaria de Colonia, y que a menudo visitaba a la familia, informaba;
«La casa de Marx estaba abierta para todos los camaradas dignos de confianza. Las horas agradables que yo y muchos otros pasamos en su círculo familiar son inolvidables. La maravillosa Frau Marx brillaba allí, era una gran mujer, extraordinariamente bella, de as-pecto distinguido, pero tan bondadosa, y tan encantadoramente inteligente, tan libre de todo orgullo y formalidad, que en su pre-sencia uno se sentía tan cómodo como en su propio hogar, como con su madre o hermana... Estaba henchida de entusiasmo por la causa de la clase obrera. Todos los éxitos en la lucha contra la bur-
guesía, hasta el más pequeño, le producían satisfacción y ale-gría".411
Una importante persona en la casa de los Marx era Helene Demuth. "Cuando escriba sobre Mohr, no olvide a Lenchen",412 le escribía
411 Friedrich Lessner: Recuerdos de un trabajador sobre Carlos Marx. En Mohr und General, págs. 186-187.
Wilhelm Liebknecht: Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, pág. 156.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 344
Eleanor a Wilhelm Liebknecht, cuando éste comenzó a esbozar sus recuerdos acerca del padre de aquélla. Helene Demuth, según las palabras de Eleanor, éra, ―en ciertos sentidos, el eje en torno del cual giraba la casa".413 Todos los que tenían relaciones estrechas con Marx conocían la gratitud que esta mujer abnegada se había granjeado de parte de la familia.
Inclusive Marx tenía que someterse a su estricto dominio en la ca-sa. Lo hacía con naturalidad, ya que Lenchen era insuperable en su lealtad y devoción a la familia, lo mismo que en sus amantes cui-dados.
No sólo los representantes del movimiento de la clase obrera fre-cuentaban el hogar de los Marx; famosos hombres de ciencia y muy conocidos demócratas también hallaban una cordial bienveni-da. Su hogar estaba abierto al mundo, y en modo alguno era nece-sario aceptar sus ideas para ser recibido por él. Marx podía exponer y documentar sus puntos de vista como un maestro, en una discu-sión personal. Ya sea que sus invitados coincidieran o no con él, casi no había uno entre ellos que no se sintiera profundamente im-presionado por su enorme personalidad, después de una conversa-ción con él.
En el círculo de su familia y amigos, y en una conversación infor-mal en general, Marx era un compañero alegre e ingenioso. Algu-nos visitantes, que habían creído que encontrarían a un lúgubre fa-nático o a un raro relator de fantasías, se hallaban de pronto frente a un hombre que no sólo podía hablar de política o de problemas teóricos del comunismo científico, sino que también tenía siempre algo sabio y vital que decir respecto de una obra de la literatura mundial, de un acontecimiento reciente en la vida teatral de Lon-dres o de un interesante descubrimiento en las ciencias naturales.
Pero nunca se encontraba Marx de mejor talante o más descansado como en compañía de Federico Engels. Era notable que, si bien se conocían desde hacía décadas, a cada rato descubriesen, el uno en
Wilhelm Liebknecht: Karl Marx en la memoria. En Mohr und General, pág. 156.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 345
el otro, cosas nuevas y valiosas. Constantemente redescubrían el satisfactorio sentimiento de madurar juntos, de complementarse, y del toma y daca intelectual que es signo de una verdadera amistad.
Ahora estaban juntos casi todos los días, aparte de los viajes. Jenny, la hija de Marx, escribía con humorismo a sus amigos: "Engels... actúa sobre Mohr mejor que cualquier cantidad de me-dicina, cuando lo lleva a hacer una caminata. Vemos a 'El general' todos los días, y pasamos muchas alegres veladas juntos".414
Engels pudo encargarse de una apreciable proporción de la labor que hasta entonces había sido una pesada carga para Marx. Tam-bién se ocupó cada vez más de la correspondencia internacional, a fin de que Marx contase con más tiempo para sus estudios econó-micos. Pero un método de trabajo siguió vigente. No importa a quién de los dos pidiesen consejo los camaradas de otros países, siempre discutían entre sí las sugestiones y críticas de aquéllos. Las constantes consultas con Engels se habían vuelto indispensa-bles para Marx, y jamás habría podido hacer frente a las exigencias que le imponía el movimiento obrero internacional si su "Fred" no hubiese estado a su lado.
El "viejo" en Londres
La lucha conjunta trajo visibles éxitos. Marx no sólo vivía para ver la iniciación del nuevo período señalado por la Comuna de París, en el cual el movimiento obrero gozó de un tempestuoso creci-miento en profundidad; sino que ya podía advertir que las simientes sembradas por él y Engels, y por la Internacional, habían caído en terreno fértil. Sus ideas se arraigaban cada vez en más países. Co-menzaban a apoderarse de las masas, y de tal manera se convirtie-ron en una fuerza material de la cual potencia alguna de la tierra podía ya hacer caso omiso. "A pesar de su disgusto por la populari-dad, se está convirtiendo, sin embargo, cada vez más, en el 'héroe
Jenny Marx a Ludwig Kugelmann, 19 dé noviembre de 1870. IML, ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 346
del momento'",415 escribía Wilhelm Liebknecht a Marx en 1871, cuando la foto de éste fue exhibida en la Feria de Primavera de Leipzig, junto con retratos de Giuseppe Garibaldi, Victor Hugo, Bebel y el propio Liebknecht.
La lucha por la popularidad le resultaba desagradable a Marx. Los adulones que trataban de hacerse populares entre los trabajadores eran para él una abominación. Miraba con desconfianza a aque-llos a quienes calificaba de "fraseólogos". Fuese cual fuere el punto de vista que adoptaba en problemas vinculados con el movimiento obrero, nunca lo hacía sobre la base de la ambición personal, sino, siempre, por un profundo sentimiento de responsabilidad hacia el proletariado. Sus ideas revolucionarias no eran simples y acciden-tales accesos de genio, sino el producto de un duro trabajo científi-co a lo largo de un período de años y décadas. Marx mostró que el genio es ante todo industriosidad; industriosidad incansable y es-trictamente disciplinada. Ello lo exhibió con elocuencia su trabajo en El capital. Pero no importa hasta qué punto esta obra se hubiese convertido en una necesidad fundamental en su vida, también era axiomático para él que su lugar no se encontraba en el Museo Bri-tánico, durante las batallas decisivas de la Asociación Obrera Inter-nacional. Dejó el Consejo General de la Internacional y volvió a dedicarse otra vez a su trabajo con El capital, sólo cuando los ba-kuninistas fueron expulsados de la Internacional, y cuando las deci-siones del congreso de La Haya crearon las más importantes condi-ciones previas para el desarrollo de partidos revolucionarios de ma-sas.
Antes que pudiese comenzar a revisar el primer borrador de los vo-lúmenes siguientes de la obra, tuvo que dedicar la mayor parte de sus energías a corregir y preparar las nuevas ediciones del primer volumen. La edición francesa le exigió gran parte de su tiempo en-tre 1872 y 1875. Esa edición apareció en entregas, cosa que satis-fizo mucho a Marx, ya que de esa manera resultaba más accesible para los obreros. La traducción que se le entregó a Marx era minu-ciosamente exacta, pero esa misma literalidad hacía más difícil en-
Wilhelm Liebknecht a Marx, 25 de abril de 1871. IML, ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 347
tender el libro. Marx se vio obligado a revisar cada una de las pala-bras de la traducción, cosa que al cabo lo llevó, además de revisar el texto, "a simplificar algunos desarrollos, completar otros, presen-tar materiales históricos o estadísticos adicionales, agregar resúme-nes críticos, etcétera". En un epílogo a la última entrega, escribía:
"Sean cuales fueren las imperfecciones literarias de esta edición francesa, posee un valor científico independiente de la original, y debe ser consultada inclusive por los lectores familiarizados con el idioma alemán".416
Para Alemania, Marx preparó una edición revisada en 1872, que se publicó en 3.000 ejemplares. El interés por El capital crecía poco a poco. Wilhelm Liebknecht había escrito a Marx, en abril de 1871:
"En toda Alemania se pronuncian disertaciones acerca de la plusva-lía y la jornada de trabajo normal, basadas en El capital; en torno de éste se desarrolla una campaña de masas".417 Estos y otros in-formes parecidos mostraron a Marx y a sus leales camaradas que no había trabajado en vano, y que ellos no aceptaron sin resultados las penurias de muchos años. Los obreros aprendían a usar El capi-tal como un arma en la lucha para liberar a la sociedad de la explo-tación y la opresión. Para Carlos y Jenny, ese era el más alto reco-nocimiento.
Sus amigos instaban a Marx, a cada instante, a que completase con rapidez los siguientes volúmenes de El capital. Él tampoco deseaba otra cosa, pero los nuevos obstáculos se acumulaban. O bien era preciso introducir correcciones para las nuevas ediciones, o sus tra-bajos para la Internacional le quitaban tiempo, a lo cual se agregaba el rápido deterioro de su salud, que se hizo cada vez más crítica. Pero aun en los años posteriores a 1872, cuando su salud era mala, volvía a cada instante al esbozó del segundo y tercer volumen de El capital. Utilizó para sus estudios hasta la menor mejoría de su sa-lud.
Carlos Marx: Palabras finales a la edición francesa de El capital. Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 22.
Wilhelm Liebknecht a Marx, 25 de abril de 1871. IML, ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 348
La cantidad de ramas del conocimiento en que realizaba investiga-ciones era tan asombrosa como los materiales que estudió. Engels escribe acerca de que más de dos metros cúbicos de libros, sólo re-feridos a estadísticas rusas, fueron evaluados por Marx para El ca-pital. Estudió todas las nuevas publicaciones importantes en el campo de las finanzas, la historia de la agricultura y la agronomía. Además leyó numerosas publicaciones sobre geología, fisiología y problemas matemáticos. Siguió preparando amplios extractos de casi todos los libros que leía, casi siempre con notas y comentarios críticos marginales. Al mismo tiempo continuó su estudio del ruso, y leía literatura científica y de creación, rusa, en el idioma original. Por sugestión de Engels, inclusive se sumergió en el antiguo idio-ma frisio (alemán del norte).
A cada rato volvía a su deseo de llevar a los sectores más amplios posibles de la clase obrera las conclusiones presentadas en el pri-mer volumen de El capital. Cuando el dirigente obrero alemán Johann Most, a mediados de la década del 70, publicó extractos de El capital para las masas populares, con el título de Capital y tra-bajo, Marx lo ayudó en la revisión de la segunda edición. La "ayu-da" llegó a tales proporciones, que Marx en rigor redactó nuevas formulaciones para secciones enteras de la obra. Una situación pa-recida surgió unos años después, cuando el socialista holandés Ferdinand Domela Nieuwenhuis editó una porción de El capital con el título de Kapitaal en Arbeid.
Así como Marx —a pesar de su enfermedad y de sus noches in-somnes— no podía abandonar la labor científica, así tampoco po-día dejar a un lado la participación en la vida y lucha políticas. Leía todos los días la prensa británica y extranjera. La política del mo-mento era para él también una parte del trabajo científico. En to-dos los instantes de que disponía estudiaba con cuidado los hechos y acontecimientos de la vida política, antes de generalizarlos y adoptar decisiones.
Este método de trabajo científico explicaba el hecho de que des-pués de haber dejado el Consejo General fuese buscado a cada ins-tante como asesor y decano del movimiento obrero internacional.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 349
Esa posición en el movimiento internacional, en modo alguno ba-sada en vinculaciones orgánicas, sino en la autoridad científica y política de Marx, fue descrita por Engels como sigue:
"Gracias a sus consecuciones teóricas y prácticas, Marx se ha con-quistado una ubicación, tal, que las mejores personas de todos los movimientos de la clase obrera del mundo tienen plena confianza en él. En los momentos críticos, recurren a él en procura de conse-jo, y entonces, por lo general, advierten que sus asesoramientos son los mejores. Esta es la posición que ocupa en Alemania, en Francia, en Rusia, para no mencionar a los países menores. Por lo tanto, no se trata de que Marx imponga sus opiniones, y menos aun su vo-luntad, sobre las personas, sino de que éstas acuden a él por sí mismas. Y en ello se basa su singular influencia, de tan extrema importancia para el movimiento... Marx, y en segundo lugar yo mismo, adoptamos hacia los franceses la misma actitud que hacia los otros movimientos nacionales. Mantenemos constante contac-to con ellos, cuando vale la pena hacerlo y hay oportunidad para ello. Sólo resultaría perjudicial para nosotros tratar de influir sobre las personas contra su voluntad; destruiría la antigua confianza, que data de la época de la Internacional. En verdad hemos tenido dema-
siada experiencia, en asuntos revolucionarios, como para hacer lo contrario...‖418
¿No hablaba en favor de la gran autoridad de Marx en el movi-miento obrero internacional el hecho de que, por ejemplo, el diri-gente de los socialistas franceses, Jules Guesde, viajase a Londres, en 1880, para consultar al fundador del comunismo científico sobre el futuro programa del creciente partido obrero revolucionario francés? Marx también gozaba de prestigio entre los pueblos que luchaban por su independencia. Se lo invitaba con regularidad a mítines organizados en Londres, en favor de la causa política, y siempre elevaba la voz en favor de una Polonia libre e indepen-diente. Seguía el movimiento revolucionario de Rusia con igual simpatía, y mantenía estrechos contactos con los revolucionarios rusos, como antes. En el décimo aniversario de la Comuna de París,
Engels a Eduard Bernstein, 25 de octubre de 1881. SC, pág. 345.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 350
declaró que el desarrollo revolucionario en Rusia, "aunque sólo después de una larga y dura lucha, conducirá a la postre, sin duda alguna, al establecimiento de una Comuna rusa".419 Estas fueron palabras proféticas.
Pero con ningún movimiento obrero tenía Marx vínculos tan estre-chos como con el alemán. Ello no se debía sólo al hecho de que después de 1871 el centro del movimiento obrero se desplazara de Francia a Alemania. Marx estaba íntimamente unido al destino de su nación y de la clase obrera alemana. Durante toda su vida pu-so el bienestar de su pueblo por encima de su destino personal. Aunque expulsado de su patria, dedicó todo su talento, durante la última década de su vida, lo mismo que antes, a apoyar la lucha de su pueblo contra la política antinacional de los Junkers y los milita-ristas.
Siguió con gran interés el gran salto que dio el capitalismo en Ale-mania después de 1871. Las fábricas y talleres surgían como hon-gos. Nuevas líneas ferroviarias unían entre sí los centros industria-les, y abrían al comercio y el trasporte modernos las zonas indus-trialmente atrasadas del país. La población de las ciudades aumen-taba con rapidez. Con el crecimiento del número de los integrantes del proletariado, también se desarrollaron condiciones favorables para la ampliación del movimiento obrero. Quedó confirmado lo que Marx y Engels ya habían dicho a los comunistas y obreros alemanes en vísperas de la revolución de 1848: que la unificación nacional beneficiaría, no sólo a la burguesía, sino también a la cla-se obrera y a su movimiento revolucionario.
Pero la clase trabajadora de la Alemania unificada tenía un podero-sísimo enemigo: la casta Junker militarista, aliada al gran capital, que abrigaba los mismos sueños de conquista. Estas dos clases te-nían el poder en sus manos, y lo usaban de manera implacable con-tra las masas populares. Marx había advertido desde el comienzo que la existencia de un Estado militar prusiano-alemán era incom-
Carlos Marx / Federico Engels: De la presidencia del mitin eslavo, convo-cado el 21 de marzo de 1881, en el aniversario de la Comuna de París. MEW, vol. 19, pág. 244.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 351
patible con los intereses vitales del pueblo de Alemania. Si las cla-ses gobernantes querían convertir al país en un refugio de la reac-ción y el militarismo, la clase obrera alemana debía luchar con mu-cha más decisión por los derechos populares democráticos y por una república alemana democrática. Este pensamiento recorría co-mo un hilo rojo todas las obras, cartas y discusiones en que Marx hablaba del futuro de Alemania en las décadas del 70 y el 80.
Mantuvo una permanente correspondencia con los dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata. Uno de los más leales de éstos, como siempre, era Wilhelm Liebknecht. Cuando su esposa le dio un hijo en 1871, bautizó al niño Karl, en honor de Marx, y éste se convirtió en su padrino. Ni el orgulloso padre ni el padrino podían adivinar entonces que el niño se convertiría algún día en uno de los más audaces y talentosas hombres que continuarían la obra que ellos habían iniciado.
Marx también desarrolló estrechas y amistosas relaciones con los jóvenes dirigentes de la socialdemocracia alemana. En la lucha conjunta contra el militarismo prusiano-alemán, aprendió a valorar su valentía y lealtad hacia los principios. Entre ellos, respetaba en especial a August Bebel y Wilhelm Bracke, quienes trabajaron con éxito para aplicar la teoría revolucionaria a las complicadas condi-ciones de la lucha de clases en Alemania. Para Liebknecht, Bebel, Bracke y muchos precursores de la clase obrera alemana, Marx fue muy pronto el hombre a quien todos buscaban en problemas de teoría y práctica. El "Viejo" o "Los Dos Viejos": así les gustaba referirse a Marx y Engels, como expresión de su amor y respeto.
Marx prestó gran atención a la lucha por la unidad de la clase obre-ra. En Alemania, donde los eisenachianos y los lassalleanos todavía marchaban por separado, resultaba necesario, en especial, superar la división existente en las filas de la clase obrera. Sin la unidad de la clase trabajadora, todas las fuerzas democráticas y amantes de la paz no podrían unirse en torno del proletariado, y no sería posible defender con éxito los intereses de clase de los obreros. Sólo una clase obrera unida podía ofrecer resistencia a los Junkers y milita-ristas, y derrotarlos a la postre.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 352
Advirtió con satisfacción que la influencia del Partido Obrero So-cialdemócrata crecía con rapidez entre los trabajadores alemanes. Ello se debía ante todo a la valiente posición que había adoptado el partido contra el militarismo. Un sector de los dirigentes lassallea-nos trató en vano de perpetuar la división entre los obreros. En la Asociación Obrera General Alemana predominaba cada vez más el punto de vista de que los trabajadores debían actuar en filas uni-das y apretadas, para lograr la victoria.
Los dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata habían extendi-do a menudo una mano fraterna a los partidarios de Lassalle. Marx respaldó con energía sus esfuerzos y acciones conjuntas, pero al mismo tiempo los previno contra toda concesión ideológica. En tres décadas de lucha política había aprendido, por experiencia, que la unidad de la clase obrera sólo puede llevarse a la práctica sobre una base revolucionaria.
En repetidas ocasiones los dirigentes del Partido Socialdemócrata lo instaron a ayudarlas en su complicada situación. "¿No podrían, usted o Marx, venir a Alemania durante el otoño?",420 preguntaba Liebknecht el 28 de julio de 1874, en una carta a Engels. Y Marx, aunque todavía tenía que conservar sus energías, se detuvo en Alemania, en su viaje de regreso después de una cura en Karlovy Vary.
El 23 de septiembre de 1874 llegó a Leipzig, y fue recibido caluro-samente por Liebknecht y la familia de éste. Por desgracia, no pudo encontrarse con Bebel, ya que este último todavía estaba encarce-lado por sus "insultos" al Káiser, y por otros "delitos". Marx se in-formó acerca de la situación de la clase obrera en Alemania, y trasmitió las malas experiencias que había tenido con Lassalle y con quienes heredaron el manto de este último. Con gran énfasis, instó a Liebknecht a no hacer concesiones a los lassalleanos, bajo ninguna circunstancia. Porque todo retroceso ante el oportunismo traería, tarde o temprano, amargos frutos para la clase obrera.
También utilizó su estancia en Leipzig para conocer las regiones
Wilhelm Liebknecht a Engels, 28 de julio de 1874. IML, ZPA.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 353
vecinas a la ciudad. El siguiente episodio indica su actitud de apre-ciación hacia camaradas que habían mostrado valentía en todas las pruebas al servicio del partido. Un día, mientras se encontraba en Leipzig, un joven publicista del partido, Wilhelm Blos, fue libera-do de la cárcel. Marx insistió en esperarlo ante las puertas de la pri-sión. "Afuera —según narraba Blos— esperaba Liebknecht con uno de sus hijos menores. Y cerca de él había una bonita joven del brazo de un hombre alto y delgado, cincuentón, de larga barba blanca pero con bigote muy negro. Tenía un rostro rosado, y cual-quiera lo habría confundido con un jovial anciano inglés. Pero yo lo reconocí en el acto por su foto: era Carlos Marx. La joven era su hija Eleanor, también llamada Tussy.421
Blos era entonces un ardiente discípulo de Marx; pero más tarde se mostró indigno de su maestro y se apartó de él.
Marx permaneció en Dresden desde el 24 hasta el 27 de septiem-bre, y luego volvió a Londres por Berlín y Hamburgo, convencido de que los preparativos para la unificación del movimiento obrero alemán sobre la base del comunismo científico se encontraban en buenas manos. Pero recibiría una desilusión. Los periódicos obre-ros alemanes informaban, en verdad, que representantes de los mo-vimientos de Eisenach y de los lassalleanos se habían reunido en febrero de 1875 para preparar un proyecto de programa y regla-mento, pero el contenido del programa no le era conocido. Luego llegó una carta de Bebel, a finales de febrero. Con dos años y me-dio de cárcel detrás de él, Bebel pedía a Marx y Engels su opinión acerca de la inminente unificación del Partido Obrero Socialdemó-crata y de la Asociación Obrera General Alemana. Sólo después del 7 de marzo tuvieron la oportunidad de leer el proyecto de pro-grama: ¡en un periódico!
Marx se escandalizó. El proyecto de programa no avanzaba un pa-so respecto del programa de Eisenach de 1869; por el contrario, era un gran paso atrás. No sólo se trataba de que su eficacia resultaba
Wilhelm Blos: Karl Marx in Leipzig. En Mohr und General, págs. 348-349.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 354
perjudicada por diversas frases de espíritu democrático vulgar, pe-queñoburguesas; lo que es más importante, Liebknecht y otros di-rigentes del grupo de Eisenach habían hecho imperdonables conce-siones a ideas lassalleanas hacía tiempo refutadas en la práctica.
Engels se encargó de la tarea de enviar a Bebel una detallada carta en la que exponía su punto devista y el de Marx sobre la unifica-ción y su base programática, y explicaba que no podían aceptar el programa de conciliación. La carta no había sido enviada aún cuando llegó un mensaje de Bracke, en el que hacía resonar la alarma y pedía ayuda. Escribía a Engels: "La aceptación de este programa es imposible para mí, y Bebel opina lo mismo. "Pero ante todo me gustaría mucho saber qué piensan usted y Marx al respec-to. La experiencia de ustedes es más madura, y su penetración me-jor que la mía".422 En respuesta a este pedido, Marx repasó el pro-yecto de programa punto por punto, en las semanas siguientes, y escribió una detallada crítica, Glosas marginales al programa del Partido Obrero Alemán. Estas Notas, que más tarde se conocieron como Crítica del programa de Gotha, las envió en forma de carta circular a Bracke, Liebknecht y otros dirigentes partidarios alema-nes, a comienzos de mayo, como advertencia de último momento contra las consecuencias catastróficas de semejante conciliación.
Las notas de Marx al programa eran tan ricas en nuevas ideas teó-ricas, que su crítica adquiría el carácter de un programa de destaca-da importancia.
Las Notas marginales se convirtieron en uno de los documentos más importantes del marxismo, junto con el Manifiesto del Partido Comunista y El capital.
El objetivo inmediato de Marx consistía en mostrar a los dirigentes del partido de Eisenach qué conclusiones teóricas debían extraerse de la Comuna de París, para la lucha de clases en el Reich pru-siano-alemán. El Partido Obrero Socialdemócrata había defendido
422 Wilhelm Bracke a Engels, 25 de marzo de 1875. En Carlos Marx /Federico Engels: Briefwechsel mil Wilhelm Bracke (1869-1880). Institu-to de Marxismo-Leninismo, Berlín, 1963, págs. 41-43.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 355
sin reservas la dictadura del proletariado establecida por la Comuna de París, y proclamado su solidaridad con ella. Pero todavía no te-nía plena conciencia de todas las importantes lecciones, para su propia estrategia y táctica, que surgían de las experiencias de los Communards.
Como ejemplo de ello, los dirigentes del partido de Eisenach toda-vía hablaban como si el socialismo pudiese introducirse en una re-pública democrática inmediatamente después del derrocamiento del régimen de Bismarck. Esta falsa perspectiva también aparecía en el proyecto de programa. Marx contradecía esta "creencia democráti-ca en los milagros",423 y explicaba a sus amigos y seguidores del movimiento obrero alemán la diferencia fundamental entre la repú-blica democrática —que era lo único que se exigía en el proyecto del programa— y la dictadura del proletariado. Es claro que res-paldaba por entero la batalla de los partidarios de Eisenach en favor de una república alemana democrática. Pero era preciso reconocer que el socialismo no se podía introducir en el marco de una repú-blica en esencia burguesa. "Entre la sociedad capitalista y la comu-nista —escribía Marx en su carta programática— media el período de la trasformación revolucionaria de la primera en la segunda. A este período corresponde también uno de transición política, y el Estado no puede ser en él otra cosa que la dictadura revolucionaria del proletariado."424
Con éste y muchos otros ejemplos, Marx deseaba ayudar a los diri-gentes alemanes a superar sus concepciones, poco claras, sobre la esencia del Estado. Les decía, en términos inconfundibles, que el movimiento obrero revolucionario alemán debía trabajar por la re-pública democrático-burguesa, porque sin ella el proletariado no podría armarse para la lucha final para la conquista del poder. Pero el pueblo alemán sólo lograría la república democrática si destruía el militarismo prusiano-alemán. Mas el Estado democrático segui-
Carlos Marx: Glosas marginales al programa del Partido Obrero Ale-mán, SW, pág. 333.
Carlos Marx: Glosas marginales al programa del Partido Obrero Ale-mán, SW, pág. 28.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 356
ría también siendo un Estado burgués, un sistema explotador. Por lo tanto el proletariado debía continuar la lucha de clases hasta la creación de su dictadura. Sólo con su ayuda se podría construir el socialismo. La lucha del movimiento obrero por la democracia era parte de su combate por el socialismo. Ambos estaban entrelaza-dos, pero no eran idénticos. Era peligroso y catastrófico para la cla-se obrera abrigar ilusiones de que el socialismo podía lograrse sin la revolución proletaria, sin la dictadura del proletariado, o inclusi-ve, como creía Lassalle, con la ayuda del Estado junker prusiano. Marx atacaba en masa esta "abyecta creencia de la secta lassalleana en el Estado",425 porque esas confusiones —como lo veía Marx llevarían a la clase obrera a someterse al Estado explotador.
También atacaba otros dogmas lassalleanos que figuraban en el es-bozo de su proyecto de programa. Desechaba el enfoque estrecho y sectario de los campesinos y las capas pequeñoburguesas, y preve-nía contra toda subestimación del internacionalismo proletario. Llamaba al partido a seguir una política sabia, elástica, de alianza, y a adoptar una firme posición internacionalista. Ambas eran indis-pensables para reunir a todas las fuerzas disponibles en la lucha contra el militarismo prusiano.
Criticaba con energía los intentos de los dirigentes del partido de Eisenach, de "comprar" la unidad del movimiento obrero con con-cesiones a la ideología burguesa, es decir, lassalleana. Opositor en todo momento del tráfico de la conciliación de principios en todas sus formas, Marx estaba seguro, sobre la base de sus muchos años de experiencia, de que sólo por medio de la unidad de acción en la lucha superaría la clase obrera la división existente en sus filas. Los obreros se convencieron en la lucha conjunta, de que la división en sus filas favorecía, en todo momento, sólo a los explotadores y opresores, pero que su unidad multiplicaba en muchas veces la fuerza de la clase obrera y de otros demócratas. Aprendían en la lucha común, paso a paso, que para vencer el proletariado necesita-ba una política obrera revolucionaria, cuya base teórica era el co-
Carlos Marx: Glosas marginales al programa del Partido Obrero Ale-mán, SW, pág. 31.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 357
munismo científico.
La importancia de la crítica de Marx al proyecto de programa iba mucho más allá de una simple ayuda al movimiento obrero alemán durante el período de su unificación. Su descripción del camino de la humanidad al socialismo, en la Glosas marginales, demostró de manera impresionante su profundo conocimiento del desarrollo de la sociedad.
Libre de deseos utópicos, Marx mostró por qué el avance al comu-nismo se desarrollaría en dos fases. Después del derrocamiento del régimen burgués, el proletariado aboliría la explotación del hombre por el hombre, pero todavía no sería posible satisfacer todas las ne-cesidades de todos los ciudadanos. La satisfacción de dichas nece-sidades, en esa fase de desarrollo, tendría que basarse, entonces, en el principio del propio trabajo. Sólo por medio de un crecimiento cada vez más rápido de las fuerzas productivas y del desarrollo del nuevo hombre socialista, para quien el trabajo era la más alta nece-sidad de la vida, se crearían las condiciones previas para la segunda fase de la sociedad comunista. En esa segunda fase el principio go-
bernante sería: "De cada cual según su capacidad, a cada cual se-gún sus necesidades".426
Marx no formulaba vagos conceptos sobre el comunismo, ni inúti-les sueños de un futuro paraíso de tontos. Describía en forma direc-ta los principios que determinarían la economía y la vida del pue-blo en el comunismo. Sus afirmaciones se basaban en un exacto análisis científico de las tendencias en desarrollo, que ya habían comenzado a aparecer en el orden social capitalista. Pero junto con su objetividad científica, no desdeñaba los audaces sueños revolu-cionarios, siempre que tuviesen su justificación en la realidad. Cuán conmovedoras y confiadas en el futuro son las palabras que el anciano Marx escribía en abril de 1881 a su hija Jenny, en oca-sión del nacimiento de un nieto:
"Mis 'mujeres' esperaban que el 'nuevo ciudadano en la tierra' acre-
Carlos Marx: Glosas marginales al programa del Partido Obrero Ale-mán, SW, pág. 21.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 358
centaría 'la mitad mejor' de la población. Por mi parte, yo prefiero a los hombres entre los niños que nacen en este punto de viraje de la historia. Tienen por delante el período más revolucionario que la humanidad jamás haya co- nocido. Es deplorable ser ahora tan 'vie-jo' que ya no se pueda ver, sino sólo prever‖.427
De la discusión pública sobre el programa, Marx extraía la conclu-sión de que el movimiento obrero en Alemania estaba, en la prácti-ca y en la teoría, más avanzado de lo que indicaba el programa. Los miembros del movimiento instaban al partido unido a adherir al internacionalismo proletario y a prestar su pleno apoyo a la lucha sindical. Pero Marx también tuvo que presenciar el hecho de que los dirigentes del Partido Obrero Socialdemócrata no prestasen atención a sus críticas en una cantidad de problemas de suma im-portancia, y en especial el del Estado, y hacían concesiones al las-salleanismo por temor a poner en peligro la unidad. De tal manera se creó el Partido Obrero Socialista de Alemania, en el congreso de unificación de Gotha, sobre la base de un programa de concilia-ción.
Marx y Engels saludaron el final de los largos años de lucha interna en el seno del movimiento obrero alemán. Pero temían que una unidad conseguida gracias a tantas transacciones contuviese ya en su seno la simiente de otra división en el futuro cercano. Para su sorpresa, pronto advirtieron que el programa oportunista era inter-pretado como revolucionario, tanto por los obreros como por las clases gobernantes. El partido no se desmoronó. Los temores de Marx no se concretaron.
Pero estaba más que en lo cierto en su profecía de que el programa de conciliación abriría de par en par las puertas a los oportunistas. Un año después se realizó la profecía cuando un catedrático priva-do de Berlín, Eugen Dühring, encontró un público en el partido pa-ra sus ideas pequeñoburguesas sobre el socialismo, e inclusive fue elogiado por destacados socialdemócratas. Marx instó a Engels a refutar a Dühring en público. De la polémica que siguió surgió la
Marx a Jenny Longuet, 29 de abril de 1881. MEW. vol. 35, pág. 186.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 359
famosa obra, Herr Eugen Dühring: la subversión de la ciencia, denominada Anti-Dühring para abreviar, uno de los manuales del comunismo científico.
En Anti-Dühring, Engels no se limitó a refutar las ideas anticientí-ficas de Dühring. Por el contrario, junto con sus críticas ofreció una amplia exposición de las tres corrientes principales del marxismo: el materialismo dialéctico e histórico, la economía política y las enseñanzas sobre el socialismo y el comunismo. Esta presentación general no había existido hasta entonces. Publicado en el órgano central del partido, y luego en forma de libro, Anti-Dühring ayudó a difundir las enseñanzas de Marx y Engels en el seno del movi-miento obrero alemán.
Al mismo tiempo, Anti-Dühring era un modelo —el último— de la colaboración científica de Marx y Engels. Más tarde este último escribía con modestia, acerca del libro:
"Como la mayor parte, con mucho, de las concepciones aquí desa-rrolladas, fueron originadas y elaborados por Marx, y sólo la menor parte por mí, se dio por sentado entre nosotros que esta exposición mía no se publicase sin su conocimiento. Le leí todo el manuscrito antes que fuese a la imprenta, y el décimo capítulo de la sección sobre economía (de Historia crítica) fue escrito por Marx, aunque por desgracia, no pude insertarlo íntegro por razones técnicas. Siempre acostumbrábamos a ayudamos el uno al otro en terrenos especiales".428
Esta división del trabajo continuó hasta el final de la vida de Marx. Sólo esa colaboración permitió que los dos amigos llevasen adelan-te investigaciones en tan amplios campos del conocimiento, junto con su labor multilateral en el movimiento obrero internacional. A Marx siempre le fascinaron las matemáticas, así como la economía. Trató de dar al cálculo diferencial una fundamentación dialéctica en amplios tratados matemáticos. Marx abrigaba la firme convic-ción de que con el desarrollo de la ciencia, las matemáticas desem-
Federico Engels: La revolución en la ciencia de "Anti- Dühring‖, Nueva York, International Publishers, 1939, pág. 13.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 360
peñarían un papel cada vez mayor. Inclusive formuló la idea de que la ciencia sólo está desarrollada de verdad cuando puede emplear las matemáticas para la solución de tareas específicas.
Las ciencias naturales no le interesaban menos. Pero le era física-mente imposible desarrollar su estudio de manera sistemática. Co-mo Engels admitía que un conocimiento de las matemáticas y de las ciencias naturales era esencial para una concepción dialéctica y materialista de la naturaleza, ayudó a Marx, en la década del 70, en el intensivo estudio de las ciencias naturales por este último. En tanto que Engels se ocupaba más del aspecto teórico, Marx se dedi-có más a las diversas ramas de su aplicación. Era, en especial, un experto en la historia de la tecnología. Así como durante décadas siguió con cuidado todos los progresos en la aplicación de la ener-gía eléctrica, así, más tarde, seguía con regularidad los nuevos des-cubrimientos obtenidos en el campo de la química.
Desde la década del 50 en adelante volvió también a los descubri-mientos e ideas de Carlos Darwin. Liebknecht informa que Marx ya había reconocido en 1859, es decir, en el año de su publicación, la importancia fundamental de la principal obra de Darwin, El ori-gen de las especies por la selección natural. Pero por mucho que estimase la teoría del desarrollo de Darwin, criticaba los métodos de demostración de éste, como por ejemplo la "lucha por la exis-tencia‖ y la "selección natural". Respondió con sarcasmos a los numerosos y absurdos intentos de llevar la idea de "la lucha por la existencia" a la historia del desarrollo de la sociedad humana.
Inclusive cuando la capacidad de Marx para trabajar disminuía ca-da vez más a consecuencia de su enfermedad, siguió siendo un in-saciable lector. Continuaba copiando, sin descanso, resúmenes de los libros que leía, y ampliaba su colección de materiales para las secciones todavía inconclusas de El capital.
También estudió y analizó en forma crítica las obras de los filóso-fos Leibniz y Descartes, de los naturalistas Schleiden y Du Boi Reymond, los historiadores Graetz, Maurer y Hüllmann, el econo-mista Kaufman, y las nuevas publicaciones científicas en ruso, francés, inglés y castellano.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 361
Junto con este trabajo, recibía preguntas y visitas de todas partes del mundo. Para finales de la década del 70, los partidos obreros revolucionarios ya se habían desarrollado en varios países: en Aus-tria en 1874, dos años más tarde en Dinamarca, después en Bohe-mia en 1878, y un año más adelante en Bélgica y España. Francia y Hungría siguieron en 1880, Inglaterra en 1881, Italia y Polonia en 1882. Todos estos jóvenes partidos, basados en el comunismo científico, esperaban y solicitaban ayuda de Marx y Engels.
De Dinamarca viajó el dirigente socialista Louis Pio para pedir consejo a Marx. Leo Frankel, activo en la edificación del partido obrero de Hungría, lo visitó con el mismo fin. También llegaban pedidos de ayuda de Francia, donde el movimiento obrero volvía a despertar con lentitud. El emigrante alemán Franckenberg informó desde Brasil acerca de los primeros pasos de una Asociación obre-ra. Y de periódicos alemanes, rusos, norteamericanos, holandeses y otros llegaban repetidos pedidos de colaboración de Marx.
Los acontecimientos políticos cotidianos no exigían menos tiempo. A comienzos de 1877 estalló la guerra entre Rusia y Turquía. Marx trabajó para impedir que el zarismo fortaleciera su influencia reac-cionaria en Europa. Con tal fin, publicó artículos anónimos en la prensa burguesa inglesa, para advertir al gobierno que no debía respaldar al zar, y apoyó al partido obrero alemán en sus protes-tas de masas contra la ampliación de la guerra. Aunque luchó con decisión contra el zarismo reaccionario, saludó a los valientes revo-lucionarios rusos, e inclusive a aquellos que, todavía no conscien-tes del poder de la clase obrera y las masas populares, se dedicaban al terrorismo individual. También hizo enormes esfuerzos para permitir la huida de revolucionarios encarcelados, y recibió a quie-nes pudieron eludir el arresto, cual Leo Hartmann, como invitados en su hogar.
El 12 de mayo de 1878 Marx recibió la noticia de que se había he-cho un intento de asesinato del Káiser alemán. Un visitante que se encontraba presente en el hogar de Marx en ese momento, infor-maba más tarde: «Marx reaccionó ante la noticia con maldiciones, dirigidas hacia los terroristas, y en seguida declaró que... sólo podía
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 362
esperarse ahora una cosa: nuevas persecuciones a los socialis-tas".429 Esta profecía se cumplió muy pronto. Bismarck utilizó este acto de un individuo con mentalidad débil, así como un segundo intento contra la vida del Káiser, que siguió muy pronto, para lan-zar una campaña de terror contra el movimiento obrero revolucio-nario, ya muy fortalecido. El partido y todas las organizaciones y publicaciones socialistas fueron prohibidos, lo mismo que las reuniones; centenares de socialistas resultaron expulsados de sus lugares de residencia, y muchos miembros del partido quedaron sin trabajo. La socialdemocracia alemana se encontraba ante su prueba más difícil.
Marx ayudó, respaldó las colectas de solidaridad en varios países. Dispuso la preparación de un órgano central ilegal, envió valiosas sugestiones a los dirigentes del partido y escribió artículos para la prensa, denunciando la charlatanería de Bismarck respecto del mo-vimiento obrero. Por sobre todo, utilizó toda su autoridad para ayu-dar a Bebel, Bracke, Liebknecht y otros dirigentes marxistas del partido alemán a llevar adelante una táctica revolucionaria contra las leyes de emergencia de Bismarck, las así llamadas leyes antiso-cialistas.
Junto con Engels, se opuso con decisión a los grupos sectarios que surgían en el partido y emitían frases seudorrevolucionarias acerca de una táctica de terrorismo individual. En Londres los representa-ba el emigrante Johann Most. Pero mayor aun era el peligro que amenazaba al partido, obligado a la ilegalidad, por parte de los re-formistas de mentalidad pequeñoburguesa y los oportunistas de de-recha. Estos habían encontrado voceros para sus opiniones entre algunos miembros del partido emigrados a Zurich, y en Max Kay-ser, diputado al Reichstag. Marx se indignó ante la volubilidad de estos "representantes obreros" y su intención de someterse a Bis-marck y convertir a la socialdemocracia revolucionaria en un parti-do reformista pequeñoburgués. En el otoño de 1879 la situación se volvió crítica, cuando los oportunistas trataron de apoderarse del
Maxim Kowalewski: Erinnerungen an Karl Marx. En Mohr und General. pág. 398.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 363
órgano central.
Marx y Engels empuñaron las armas en favor de los heroicos obre-ros socialistas combatientes, y ayudaron a los dirigentes del parti-do, agrupados en torno de Bebel, que se mostraban decididos a re-sistir a los oportunistas, a llevar adelante una estrategia y una tácti-ca revolucionarias. En una detallada carta que esbozó Engels, la denominada carta circular de septiembre de 1879 a los dirigentes de la socialdemocracia alemana, Marx y Engels exigían que el fu-turo órgano central presentase sin equívocos los objetivos proleta-rios de clase del partido. Denunciaban a los oportunistas, cuyo ob-jetivo no consistía tanto en repudiar la idea de la ocupación proleta-ria del poder, en forma abierta, sino más bien en postergarlo hasta un futuro inalcanzable, a fin de quedar en libertad de "hacer de in-termediarios, conciliar, dedicarse a la filantropía".430 El origen de estas concepciones capitulacionistas era el temor de la pequeña burguesía a la lucha revolucionaria del proletariado y a los inevita-bles sacrificios que dicha lucha exigía. En ello descubrieron Marx y Engels un rasgo esencial del oportunismo en general.
La carta terminaba con un elocuente llamamiento a los dirigentes del partido obrero alemán, a separarse de los defensores de la ideo-logía burguesa que existían en sus filas. En un partido obrero, esos "representantes de los pequeñoburgueses"431 eran "un elemento co-rruptor". La carta agregaba: "Si existen razones para tolerarlos por el momento, es nuestro deber tolerarlos, y nada más, no permitirles influir sobre la dirección del partido, y tener conciencia de que la ruptura con ellos es apenas un asunto de tiempo... Pero inclusive si la dirección del partido cayese en mayor o menor medida en manos de estas personas, el partido quedaría sencillamente castrado, y de ese modo terminaría la energía proletaria.
"En cuanto a nosotros, en vista de todo nuestro pasado, sólo nos queda un camino por delante. Durante casi 40 años destacamos la
Marx / Engels a August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Wilhelm Bracke y otros, 17-18 de setiembre de 1879. SC, pág. 325.
Marx / Engels a August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Wilhelm Bracke y otros, 17-18 de setiembre de 1879. SC, pág. 325.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 364
lucha de clase como el poder impulsor inmediato de la historia, y en especial la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado con la gran palanca de la moderna revolución social; por lo tanto, nos es imposible colaborar con personas que desean eliminar del movimiento esta lucha de clases. Cuando se formó la Internacional, formulamos de manera expresa el grito de batalla: la emancipación de las clases trabajadoras debe ser conquistada por éstas mismas. Por lo tanto no podemos colaborar con personas que afirman abier-tamente que los obreros son demasiado poco educados para eman-ciparse, y deben ser liberados desde arriba por la gran burguesía y la pequeña burguesía filantrópica. Si el nuevo órgano partidario adopta una línea que coincide con las concepciones de estos caba-lleros, es decir, burguesa y no proletaria, entonces nada nos queda, por más que lo lamentemos, aparte de declarar en forma pública nuestra oposición a él, y disolver los vínculos de solidaridad con que hasta ahora hemos representado al partido alemán en el extran-jero. Pero es de esperar que las cosas no lleguen a esa situación".432
En efecto, la situación no llegó hasta ese punto. Los resultados jus-tificaban la intervención. Fortalecidos por la autoridad de Marx y Engels, y basados en la masa de los miembros, Bebel, Liebknecht, Bracke y los camaradas que pensaban como ellos derrotaron el ata-que de los oportunistas contra la probada política revolucionaria del partido. Adoptaron medidas para hacer que el órgano partidario ilegal, que se publicó en Zurich con el título de Der Sozialdemo-krat, fuese una base del marxismo en el partido. Marx se alegró al ver que los obreros socialistas de Alemania recogían el guante que el "Canciller de Hierro" les había arrojado a los pies, y mostraban que sabían cómo defenderse con audacia y abnegación, con inteli-gencia e iniciativa. En empecinadas batallas, dentro y fuera del Par-lamento, en las luchas legales e ilegales, hicieron cierto el prover-bio: Al verdadero socialismo, en su marcha, no lo detienen bueyes ni caballos.
Marx / Engels a August Bebel, Wilhelm Liebknecht, Wilhelm Bracke y otros, 17-18 de setiembre de 1879. SC, pág. 327.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 365
Los últimos años
Debido a las Leyes de Emergencia de Bismarck contra el movi-miento obrero socialista alemán, le quedaba prohibido a Marx el acceso a la cura de aguas de Karlsbad, que tanto bien le había he-cho. Desde 1878 en adelante sus padecimientos físicos volvieron a empeorar, y le impidieron cada vez más su trabajo. Pero no era un hombre que se entregase a la enfermedad y al dolor. También en ese sentido luchó hasta el final.
Con la menor mejoría en la salud, volvía al trabajo. Reunió todas sus fuerzas y trató de preparar el segundo libro de El capital para la imprenta. Pero sus esfuerzos fueron frustrados en repetidas ocasio-nes por dolores de cabeza casi insoportables, toses torturantes, in-flamación de los nervios y ataques de debilidad. Fueron, esos, años de lucha silenciosa pero heroica, y el manuscrito de ese período, como más tarde decía Engels, "revela muy a menudo con qué ener-gía debió luchar contra el mal estado físico que lo deprimía".433 A pesar de su voluntad de hierro, Marx no pudo completar la redac-ción final del segundo y tercer volúmenes de El capital para su pu-blicación.
Los sufrimientos de su esposa torturaban a Marx más que los suyos propios. Después de una prolongada incertidumbre, se estableció que la enfermedad de ella, tal vez cáncer del hígado, era incurable.
Jenny soportó los terribles dolores con asombrosa paciencia, y con-servó, inclusive, su alegría. Henchida de dolor, pero no desalenta-da, escribía a un médico:
"Me aferro de cualquier paja. Quiero tanto vivir un poco más, que-rido, mi buen doctor. Es notable: cuanto más toca a su fin la his-
toria de una, más ansía seguir en este 'valle terrenal de lágri-mas'".434
Federico Engels: Prefacio a El capital, volumen II, Editorial en Lenguas Extranjeras, Moscú, 1961, pág. 4.
Jenny Marx a Dr. Ferdinand Fleckles, 29 de setiembre de 1880. En Beiträgtl zur Geschichte der Deutschen Arbeiterbewegung, Berlín, 1966;
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 366
En el último año de vida, no agobiada, seguía con gran interés to-dos los progresos del movimiento obrero en los distintos países. Fue una gran alegría para ella, lo mismo que para Carlos, poder recibir a August Bebel en su hogar, a finales de 1880. Bebel había viajado a encontrarse con los dos "viejos" en Londres para infor-marles acerca de la situación pública e interna del partido alemán. Consultó con ellos respecto de las tácticas del partido, y obtuvo su acuerdo para escribir para Der Sozialdemokrat. Marx y su esposa, lo mismo que Engels, se mostraron muy impresionados con ese sa-bio y enérgico dirigente de la clase obrera alemana, que tan estre-chos vínculos tenía con las masas, y a quien durante tantos años sólo conocieron por intermedio de la correspondencia que mante-nían. En el acto Marx lo trató con el fraternal "tú", y treinta años después Bebel todavía se sentía conmovido cuando informaba acerca de sus visitas al hogar de los Marx:
"El único domingo que pasamos en Londres fuimos todos invitados a la mesa de Marx. Yo ya había conocido a Frau Jenny Marx. Era una mujer distinguida, que en seguida conquistó mis simpatías, y que sabía cómo agasajar a sus invitados de la manera más encan-tadora y amable. Ese domingo también conocí a la hija mayor, Jenny, casada con Longuet, quien había llegado de visita con sus hijos. Me llevé una agradable sorpresa al ver con qué calor y ternu-ra Marx, quien en ese momento era denunciado en todas partes como el peor enemigo de la humanidad, jugaba con sus dos nietos, y el cariño que éstos tenían por su abuelo. Aparte de Jenny, la hija mayor, también se encontraban presentes las dos hijas menores, Tussy, más tarde esposa de Aveling, y Laura, esposa de Lafargue. Tussy, de cabello negro y ojos negros, se parecía a su padre, y Laura, de cabellos color rubio claro, ojos oscuros, era más la ima-gen de su madre: ambas bonitas y vivaces".435
Cuando Bebel fue a despedirse, al día siguiente, la esposa de Marx guardaba cama, derribada otra vez por el dolor. Esos fueron meses terribles. Marx no se apartó del lado de su esposa. Para darle pla-
núm. 1, pág. 75.
August Bebel: Aus meinem Leben. pág. 747.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 367
cer, dispuso un viaje con ella a Francia, en julio y agosto de 1881, para visitar a la hija mayor y a los nietos. Cuando volvieron al ho-gar, Jenny estaba agotada por entero.
Agobiado por la ansiedad y el insomnio, Marx contrajo una grave pulmonía en el otoño de 1881. Sólo los abnegados cuidados de Eleanor y Lenchen Demuth lo ayudaron a recuperarse. "Nunca — escribía Eleanor sobre los últimos días que Carlos y Jenny pasaron juntos— olvidaré la mañana en que él se sintió lo bastante fuerte como para ir a la habitación de mamá. Eran jóvenes otra vez, jun-tos. Ella una muchacha encantadora y él un joven enamorado, que comenzaban la vida, y no un anciano destrozado por la enfermedad y una anciana moribunda que se despedían el uno del otro para siempre."436
Todavía le quedaban a Jenny unas pocas alegrías. De Alemania llegó la noticia de que resultaba necesaria una tercera edición de El capital. Y en Inglaterra, por primera vez, apareció un artículo de una publicación destacada, que elogiaba a Marx como importante hombre de ciencia y pensador socialista. Y el movimiento obrero alemán mostró, en un imponente éxito electoral, a finales de octu-bre, que seguía luchando intacto, a pesar de las leyes de Emergen-cia, y que se impregnaba cada vez más de las enseñanzas de Marx.
Jenny murió el 2 de diciembre de 1881. Fue el golpe más duro que jamás tuvo que soportar Marx. Ni siquiera pudo acompañar a su amada esposa a su lugar de reposo. Los médicos, preocupados por su debilitamiento, no le permitieron participar de los servicios fú-nebres que se llevaron a cabo en el cementerio de Highgate. Ante la tumba, Engels habló del amor de Jenny por su esposo y su fami-lia, de su ayuda a amigos y camaradas, su lealtad para con la lucha del proletariado internacional. Terminó con las siguientes palabras:
"Lo que esta mujer, de comprensión tan aguda y crítica, de tacto político tan certero, de energía tan apasionada, de tan grande capa-cidad para la devoción; lo que esta mujer contribuyó al movimiento
Wilhelm Liebknecht: Recuerdos de Carlos Marx. En Mohr und General, pág. 153.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 368
revolucionario, jamás surgió al conocimiento del público, nunca se mencionó en las columnas de la prensa. Lo que hizo, sólo lo saben quienes vivieron con ella...
"No necesito hablar de sus rasgos personales. Sus amigos los cono-cen, y jamás los olvidarán. Si alguna vez existió una mujer que encontró su propia felicidad en la posibilidad de hacer felices a los demás fue entonces, esta mujer.‖ 437
Carlos Marx no pudo superar la muerte de su esposa. "El Mohr también ha muerto",438 dijo Engels, con veracidad, el día en que murió Jenny. Pero su gran voluntad de vivir volvió a resurgir. Es-taba decidido a dominar la molesta enfermedad que lo condenaba a la inactividad. "Por desgracia tendré que perder algún tiempo con maniobras para volver a ponerme de pie",439 escribía, disconforme, a su viejo amigo Sorge, en Estados Unidos.
Por consejo de sus médicos, en los meses que siguieron Marx trató de revivir en zonas de climas más templados. Primero fue a Vent-nor, en la isla de Wight. En la primavera de 1882, viajó a Argelia. Pero el dolor de estar sin Jenny lo seguía a todas partes. Escribía, conmovido, a Engels:
"De paso, ya sabes que pocas personas [son] más contrarias al pate-tismo demostrativo; aun así, sería una mentira [no] confesar que
mis pensamientos [son] absorbidos en gran parte por los recuerdos de mi esposa… la mejor parte de mi vida".440
Pero aun en esas semanas, aunque gravemente enfermo, utilizó to-das las oportunidades para aprender algo nuevo. En Argelia encon-tró a un amigo de su yerno Longuet, alguien capaz de ofrecerle im-portantes y detalladas informaciones sobre las formas refinadas y grotescas de opresión colonial a que se veían sometidos los árabes.
Federico Engels:Rede am Grabe von Jenny Marx. MEW,vo1.19, pág. 294.
Wilhelm Liebknecht: Recuerdos de Carlos Marx. En Mohr und General. pág. 153.
Marx a Friedrich Adolph Sorge, 15 de diciembre de 1881. MEW, vol. 35, pág. 247.
Marx a Engels, 1 de marzo de 1882. MEW, vol. 35, pág. 46.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 369
Con igual atención, aunque desde lejos, siguió las noticias del mo-vimiento obrero europeo, y continuó su intercambio de opiniones con Engels, una vez más, como antes, en forma de cartas.
El viaje a Argelia no trajo mejoría alguna a su salud; tampoco lo consiguió la estancia en el sur de Francia, a continuación. Sólo después, cuando visitaba a su hija Jenny en las vecindades de París, y luego, a finales del verano, en Suiza, sé sintió poco a poco un tanto mejor. Entre tanto, las noticias de la muerte de Bebel le pro-vocaron una profunda agitación. Escribió a Engels: "Es conmove-dor, la mayor desdicha para nuestro partido. Era una personalidad singular en la clase obrera alemana (y aun se puede decir en la 'eu-ropea')".441 Por fortuna, muy pronto se supo que la noticia era falsa.
En octubre, Marx volvió a Inglaterra, físicamente más fuerte. Ya pensaba en reanudar su trabajo en El capital, y ayudar al órgano del partido, Der Sozialdemokrat, con artículos. Pero la mejoría de su salud fue breve. Para eludir la bruma de noviembre en Londres, volvió a Ventnor, pero la humedad y el tiempo frío del invierno acentuaron, también allí, sus dolencias. Peor todavía, recibió otro terrible golpe. La noticia de la muerte de su hija Jenny. Eleanor, quien le llevó la trágica información, escribía: "He pasado muchas horas tristes en mi vida, pero ninguna tan triste como estas". Sabía lo que significaría para él la muerte de Jenny. "Sentí que había lle-vado a mi padre la sentencia de muerte. En el largo, temible viaje, me devané el cerebro en busca de la forma de hacerle conocer la noticia. No tuve que informárselo; mi rostro lo revelaba todo. Mohr dijo en el acto: ¡Nuestra Jennychen ha muerto! Y en seguida me pidió que fuese a París, a prestar ayuda a los niños."442
Al día siguiente, Marx volvió a Londres. Un estado bronquial, al cual se agregó muy pronto una inflamación de la laringe, lo obligó a guardar cama. Durante semanas, sólo pudo ingerir alimentos lí-quidos. En febrero se le formó un absceso pulmonar.
Marx a Engels. 16 de setiembre de 1882. MEW, vol. 35, pág. 95.
Wilhelm Liebknecht: Erinnerungen an Karl Marx. En Mohr und General. pág. 155.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 370
En marzo crecieron las esperanzas de su recuperación. Con los tiernos cuidados de Lenchen, las principales dolencias estaban casi curadas, Pero el aspecto de Marx era engañoso. En la tarde del 14 de marzo, Engels quien visitó a su amigo todos los días durante es-te período, llegó a la casa. Lenchen le salió al encuentro y le dijo que Marx estaba semidormido. "Cuando entramos en la habitación
—escribió Engels más tarde, a Sorge—, yacía allí, dormido, pero jamás volvería a despertar. Su pulso y respiración se habían deteni-
do. En esos dos minutos se extinguió, pacíficamente y sin dolo-res."443
Engels agregaba: "La humanidad ha perdido una cabeza, y se trata de la cabeza más grande de nuestra época. El movimiento del pro-letariado continua, pero ha desaparecido el punto central hacia el cual franceses, rusos, norteamericanos y alemanes se volvían en forma espontánea, en los momentos decisivos, para recibir siempre el claro e indiscutible consejo que sólo el genio y un conocimiento consumado de la situación podían ofrecer".444
Los obreros de todo el mundo guardaron luto con Engels. El 17 de marzo de 1883, Carlos Marx fue llevado a su reposo al lado de su mujer, en el cementerio de Highgate.
El movimiento obrero internacional se despidió de su gran dirigen-te, y ante su tumba Wilhelm Liebknecht juró, en nombre de la clase obrera alemana:
"En lugar de llorar, actuaremos en el espíritu del gran desapareci-do. Lucharemos, con todas nuestras fuerzas, para convertir en realidad, lo antes posible, lo que él nos enseñó y aquello a lo cual aspiraba. Esta será la mejor manera de celebrar su recuerdo. "¡Que-rido, queridísimo amigo! Seguiremos por el camino que nos mos-traste, hasta el final. ¡Lo juramos sobre tu tumba!445
Federico Engels ofreció su tributo, en sencillas palabras, a la vida y
Engels a Friedrich Adolph Sorge, 15 de marzo de 1883. SC, pág. 360.
Engels a Friedrich Adolph Sorge, 15 de marzo de 1883. SC, pág. 361.
Wilhelm Liebknecht, Ante la tumba de Carlos Marx. MEW, vol. 19, pág. 339.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 371
la obra de su amigo:
"En la muerte de este hombre, el proletariado militante de Europa y América, y la ciencia histórica, han sufrido una pérdida inmensa. Muy pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.
"Tal como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, así Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: este sencillo hecho, hasta ahora oculto bajo las malezas de la ideología, de que la humanidad necesita ante todo comer, beber, tener un techo y vestirse antes de llevar adelante la política, la ciencia, el arte, la religión, etc.; que por lo tanto la producción de los medios de subsistencia material, inmediatos, y por consiguiente la correspondiente base económica de desarrollo de un pueblo o de una época, es la base sobre la cual han evolucionado las institucio-nes políticas, las concepciones jurídicas, el arte e inclusive las ideas sobre la religión, del pueblo de que se trata, y a la luz de lo cual, en consecuencia, deben ser explicados, y no a la inversa, tal como fue hasta hoy el caso.
"Pero eso no es todo. Marx también descubrió la ley específica del movimiento que gobierna el actual modo de producción capitalis-ta y de la sociedad burguesa creada por él. El descubrimiento de la plusvalía arrojó luz de pronto sobre el problema, en cuyo intento de solución todas las investigaciones anteriores, tanto de los econo-mistas burgueses como de los críticos socialistas, eran simples tan-teos en la oscuridad.
"Estos dos descubrimientos serían bastantes para toda una vida. Dichoso el hombre a quien se le concede hacer siquiera uno de ellos. Pero en cada uno de los terrenos que Marx investigó, e inves-tigó muchos, ninguno de ellos en forma superficial, en cada terreno, aun en el de las matemáticas, hizo descubrimientos singulares.
"Así era el hombre de ciencia. Pero, no era ni siquiera la mitad del hombre total. La ciencia era para Marx una fuerza históricamente dinámica, revolucionaria. Por grande que fuese el gozo con que recibía un nuevo descubrimiento en cualquier ciencia teórica, cuya
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 372
aplicación práctica tal vez fuese por el momento imposible de en-carar, experimentaba otro tipo de alegría cuando el descubrimiento implicaba cambios revolucionarios en la industria, y en el desarro-llo histórico en general...
"Pues Marx fue ante todo un revolucionario. Su verdadera misión en la vida fue contribuir, de una u otra manera, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas que ésta había creado, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quien él fue el primero en hacer consciente de su situación y sus necesidades, consciente de las condiciones de su emancipación. La lucha fue su elemento. Y como batió con una pasión, una tenaci-dad, y un éxito tales, que muy pocos podrían igualar. Su labor en el primer Rheinische Zeitung (1842), en Vorwärts de París (1844), el Deutsche Brüsseler Zeitung (1847), el Neue Rheinische Zeitung (1848-1849), el NewYork Tribune (1852-1861), y además una mul-titud de folletos militantes, el trabajo en las organizaciones de Pa-rís, Bruselas y Londres, y por último, para coronarlo todo, la for-mación de la gran Asociación Obrera Internacional: esta fue, en verdad, una proeza de la cual su fundador habría podido muy bien enorgullecerse, aunque no hubiese hecho otra cosa.
"Y en consecuencia, Marx fue el hombre más odiado y más calum-niado de su época. Los gobiernos, tanto los absolutistas como los republicanos, lo deportaron de su territorio. Los burgueses, conser-vadores o ultrademocráticos, compitieron entre sí en la tarea de cargar calumnias sobre él. Todo esto lo apartó como si fuesen otras tantas telas de araña, hizo caso omiso de ello, y sólo respondió cuando una necesidad extrema lo obligaba. Y murió amado, reve-renciado y llorado por millones de obreros revolucionarios, desde las minas de Siberia hasta California, en todas las partes de Europa y de América, y me atrevo a decir que aunque haya tenido muchos adversarios, casi no tuvo un solo enemigo personal.
"¡Su nombre perdurará a través de los siglos, lo mismo que su obra!" 446 ■
F. Engels: Discurso ante la tumba de Carlos Marx, SW, págs. 435-436.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 373
POSFACIO
Las fuentes más importantes de este libro están compuestas por las obras de Marx y Engels publicadas por Dietz Verlag, Berlín, para el Instituto de Marxismo-Leninismo del Comité Central del Partido Socialista Unificado, así como por el primer volumen de Geschich-te der deutschen Arbeiterbewegung (Historia de la clase obrera alemana). Además los autores se esforzaron —en la medida en que era posible hacerla en una biografía científica popular— por eva-luar y utilizar toda la literatura biográfica e histórica sobre la vida y obra de Carlos Marx y Federico Engels. Más en especial emplearon los recuerdos sobre éstos publicados en Berlín, en 1964, con el títu-lo de Mohr und General; el volumen Carlos Marx, crónica de su vida en fechas, Moscú, 1934; y la biografía de Marx porFranz Me-bring, publicaciones, todas, que tratan de la vida entera de Marx. Los autores además reconocen estar en deuda con las obras dedica-das a Marx y Engels por Horst Bartel, Gerhard Becker, Hans Bo-chinski, Auguste Cornu, Rolf Dlublek, Luise Dornemann, Ernst Engelberg, Herwig Foeder, Georg Mende, Walter Schmidt y mu-chos otros; con los materiales publicados por Bert Andréas; el es-tudio de Heinz Monaz, Carlos Marx y Tréveris; y en especial me-dida, las consecuciones de la investigación soviética sobre Marx y Engels, en particular la labor de I. A. Baj, E. P. Kandel, T. I. Óiser-man y E. A. Stepánova, para nombrar apenas a unos pocos.
Edith Nagl y Rudi Stahl colaboraron en las ilustraciones y la cróni-ca.
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 374
OBRAS CITADAS
MEW significa Carlos Marx/Federico Engels, Werke, Berlín, 1956.
MEGA significa Carlos Marx/Federico Engels, Historisch-kritische Gesamtausgabe, Francfort (Berlín), 1927.
IML, ZPA significa Institut für Marxismus- Leninismus beim ZK der SED,Zentrales Parteiarchiv (Instituto de Marxismo-Leninismo del Comité Central, Partido Socialista Unificado de Alemania, Ar-chivos Centrales del Partido).
SW significa Carlos Marx/Federico Engels, Selected Works, Pro-gress Publishers, Moscú, 1968.
SC significa Carlos Marx/Federico Engels, Selected Correspon-dence, Progress Publishers, Moscú, 1965.
---o0o---
Gemkow, Henrich - Carlos Marx - pág. 375
No hay comentarios:
Publicar un comentario