Título Original: © La Dialéctica Del Proceso Histórico. George Novack
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Guillermo Molina Miranda
LA DIALÉCTICA
George Novack
La Dialéctica
Del Proceso
Histórico
George Novack
LA DIALÉCTICA
DEL PROCESO
HISTÓRICO
2
LA DIALÉCTICA DEL PROCESO HISTÓRICO
Foto de tapa:
Niña entre las ruinas de su casa bombardeada. Londres. 1940
George Novack
10
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Nor-Bibi está en su
cunita, y la madre le canta:
¡Duerme, cielito!
Cuando seas mayorcita,
tendrás, para
coser, dos máquinas:
una de manivela,
otra de pedalito,
hijita de mi alma.
¿Duermes, cielito?
Tus trenzas
brillarán
y comerás pasitas
azuladas en bandeja de plata, hijita de mi alma.
Buenas gachitas
darás a tus criaturitas.
No te ocurrirá lo
que a mí me pasa: que ni siquiera el pan me alcanza, hijita de mi alma.
Tus nenes, bien
comidos, retozarán como corderillos.
No se te morirán a
edad temprana, como a mí se me mueren, hijita de mi alma.
¡Duerme, cielito!
Cuando seas una
mouchacha altiva,
te casarás con un
hombre joven,
aunque tengas una
casa pobre,
hijita de mi alma.
Serás la primera
para tu marido, no la segunda, ni la tercera. y cualquier fruto de tus entrañas
lo acogerá con
alegría sincera, hijita de mi alma.
¿Acaso el membrillo
o la granada
tienen la culpa
de no haber nacido
melocotón?
¿Y tú eres de peor
condición que el membrillo o que la granada, hijita de mi alma?
Viera Inber
“El delito de Nor-Bibi”
https://elsudamericano.wordpress.com
La red mundial de los hijos de la revolución social
LA DIALÉCTICA
DEL PROCESO HISTÓRICO
George Novack
*
UNA INTRODUCCIÓN
A LA LÓGICA DEL
MARXISMO
(An Introduction to
the Logic of Marxism)
PREFACIO a la
tercera edición POSTSCRIPTUM a la quinta edición
1. LA LÓGICA
FORMAL Y LA DIALÉCTICA
1. Definición
preliminar de la lógica
2. El
desarrollo de la lógica
3. Las tres
leyes básicas de la lógica formal
4. El
contenido material y la realidad objetiva de estas leyes
5. La lógica
formal y el sentido común
2. LAS
LIMITACIONES DE LA LÓGICA FORMAL
3. UNA
VEZ MÁS SOBRE LAS LIMITACIONES DE LA LÓGICA FORMAL
1. La lógica
formal exige un universo estático
2. La lógica
-formal levanta barreras infranqueables entre las cosas
3. La lógica
formal excluye la diferencia de la identidad
4. Las leyes
de la lógica formal son presentadas como absolutas
5. La lógica
formal puede explicar presumiblemente todo, excepto a sí misma
4. LA
REVOLUCIÓN DE HEGEL EN LA LÓGICA
1. La
naturaleza contradictoria del pensamiento de Hegel
2. Los
orígenes históricos del pensamiento de Hegel
3. Hegel y la
revolución francesa
4. Hegel y la
revolución en las ciencias
5. El papel de
la filosofía
5. EL MÉTODO
DIALÉCTICO
1. Diferencia
en la forma de abordar la realidad entre la lógica formal y la lógica
dialéctica
2. La
legitimidad de la realidad y su necesidad
6. EL MÉTODO
DIALÉCTICO. II
7. LA
REVOLUCIÓN MARXISTA EN LA LÓGICA
1. Cómo
partieron Marx y Engels del hegelianismo
2. El papel de
Feuerbach
3. Los
defectos del pensamiento de Hegel
4. La crítica
marxista del hegelianismo
8. LAS
CATEGORÍAS DE LA LÓGICA DIALÉCTICA
9. DE LA
IGNORANCIA CAPITALISTA A LA ILUSTRACIÓN SOCIALISTA
PRINCIPALES TEORÍAS
DE LA HISTORIA DESDE LOS GRIEGOS HASTA EL MARXISMO
LA LEY DEL
DESARROLLO DESIGUAL Y COMBINADO
Labour Review. Enero y Marzo-Abril de 1957
LA PERSPECTIVA DE
LA HISTORIA
Panfleto, Pioneer
Publishers. New York. 1960
UNA INTRODUCCIÓN A
LA LÓGICA DEL
MARXISMO
PREFACIO a la
tercera edición
La clase de lógica
tratada en este libro es tan diferente de la lógica que se da a conocer en los
cursos académicos que pueden parecer dos temas virtualmente inconexos. Esta
contradicción tiene una razón profunda. Radica en las posiciones opuestas
adoptadas por las escuelas de lógica académica y marxista sobre las relaciones
entre pensamiento y realidad, y más específicamente, entre la lógica y la
realidad de los fenómenos del mundo. Los lógicos formales, a pesar de otras
diferencias entre ellos, suponen o afirman que la lógica está encerrada
esencialmente en la mente y no tiene ninguna conexión ni necesaria ni
indestructible con la sociedad y la naturaleza. En el mejor de los casos, son
ambiguos y esquivos sobre esta cuestión filosófica central.
La lógica marxista,
por el contrario, adopta una posición inequívoca sobre las relaciones entre las
leyes y formas del pensamiento y el resto de la realidad. Afirma que lo que
penetra en la mente del hombre, tanto en su esencia como en su estructura, es inseparable
de lo que sucede en sus relaciones sociales y el mundo físico, y que la
evolución del pensamiento es parte del proceso total de la evolución orgánica.
Así, un lógico materialista parece extraño en su enfoque y contenido a quien
esté educado en las concepciones de una lógica supuestamente desprovista de
raíces en el mundo que nos rodea. Sin embargo, es precisamente este rasgo de la
lógica marxista, tan ajeno e inaceptable a las corrientes dominantes de la
teoría lógica, lo que da un valor excepcional, fuerza y utilidad al método
dialéctico del pensamiento materialista.
¿Qué valor tiene
una lógica sin raíces en el mundo material en continuo desarrollo, que no
permanece en comunión constante con él, y que no puede ser aplicada a los
procesos y problemas en que estamos envueltos? Igual que frente a la lógica
aislada de los profesores, la lógica del marxismo se esfuerza por aprehender
las realidades a que hacemos frente y logra proporcionar, mejor que ninguna
otra, una guía racional para la acción práctica.
Estas lecciones
fueron dictadas originalmente en la ciudad de New York durante 1942, poco
después de que la oposición encabezada por James Burnham y Max Shachtman se
hubiese escindido del Socialist Workers Party. Durante esa
controversia en el interior del partido, Burnham había negado la
validez de la lógica dialéctica, mientras Shachtman ponía en duda su utilidad
para resolver problemas políticos y sociológicos.
El último año de su
vida, Trotsky llevó una violenta polémica, recogida en En defensa del
marxismo, contra estos antidialécticos. Estimulaba a los miembros
del partido, especialmente a la juventud, a rechazar el escepti-cismo hacia la
dialéctica inculcado por los pragmáticos y positivistas lógicos y a emprender
un estudio serio del método teórico del socialismo científico.
La evolución
posterior de Burnham y Shachtman ha probado involuntaria-mente la pertinencia
de la dialéctica que tan ligeramente descartaron. Representan dos fases del
cambio de bando en la lucha de clases. Además de rechazar el trotskismo,
Burnham giró rápidamente hacia la extrema derecha, y en la actualidad está al
frente de las filas de los anticomunistas partidarios de la guerra fría.
Después de un experimento estéril con su propio grupo político, Shachtman
reside ahora en el ala del partido socialista que busca alinearse con el
Partido Demócrata. Uno recorrió todo el camino hacia la reacción capitalista;
el otro viró del marxismo revolucionario a un reformismo indistinguible del
liberalismo. Total o parcial, su cambio de una posición política a su opuesta
ilustra lo que significa una transformación dialéctica.
Inversiones todavía
más alarmantes han tenido lugar en la situación internacional durante estos
mismos veinte años. Considérense las alianzas entre las grandes potencias.
Hitler acababa de romper su pacto con Stalin e invadía la Unión Soviética.
Alemania, Italia y Japón golpeaban a traición a los Estados Unidos, Inglaterra
y la Unión Soviética. Tres años después, “el Eje” yacía hecho añicos.
Los aliados
victoriosos habían hablado de extender su colaboración en el mundo de la
posguerra. Pero tan pronto fueron aplastados sus enemigos comunes, la coalición
temporal de fuerzas sociales contradictorias en el campo aliado fue dejada de
lado. En la guerra fría subsiguiente, los compañeros de ayer se convirtieron en
adversarios, mientras que los antiguos enemigos de “el Eje” se realineaban en
el frente antisoviético.
Estas vueltas y
revueltas demostraban que la dialéctica actuaba con tanta fuerza en el terreno
de la política mundial como en el interior del radicalismo americano. En la
actualidad, la lógica implícita en el conflicto chino-soviético indica que, en
las relaciones entre los estados, las cartas se vuelven a barajar más
drásticamente.
Estos giros están
unidos al potente resurgimiento de la revolución mundial desde el fin de la
segunda guerra mundial. A comienzos del siglo veinte, el capitalismo ascendente
tenía con firmeza todo el planeta en su puño. Ya en la segunda mitad del siglo,
una tercera parte de la humanidad se le ha escapado.
Esta erosión del
capitalismo internacional por las fuerzas del socialismo es el cambio más
trascendental de las relaciones sociales en los tiempos modernos. Su base
material está en la lucha de clases entre el capital y el trabajo. Su
explicación lógica se hallará en las leyes de la dialéctica que afirman que
todo cambia debido a la lucha de contrarios en su propio interior y que sigue
cambiando hasta que, mediante un salto cualitativo de carácter esencialmente
revolucionario, la antigua formación estalla y una nueva avanza demostrando su
fuerza superior.
Aun cuando los
desarrollos en esta era de revolución permanente proceden según las leyes de la
dialéctica, los defensores del statu quo atribuyen escasa
importancia a la lógica marxista a fin de mantener en cuarentena sus ideas.
Dicen ellos que la dialéctica es un absurdo místico que ninguna persona
razonable puede comprender o aplicar. Esto difícilmente explica por qué tantas
mentes brillantes aceptaron durante el siglo pasado la filosofía marxista como
válida ni por qué sirve de guía a pueblos enteros con logros sensacionales en
la ciencia, la tecnología, la educación y la industria.
Incapaces de negar
estos hechos, los sovietólogos pretenden desacreditar la dialéctica por otro
camino, es decir, emparejándola con el stalinismo. Es, afirman, una de las
primeras fuentes y soportes ideológicos del totalitarismo y del control del
pensamiento. Es cierto que el régimen de Stalin pretendió ser divulgador del
marxismo, a la vez que él mismo se disfrazaba de socialista. No hay nada
provechoso, del fuego a la energía nuclear, ni nada progresivo, de la
democracia al socialismo, que no haya sido pervertido con fines reaccionarios.
El imperialismo a menudo utiliza las consignas de la democracia para
encubrir sus operaciones de guerra. De la misma forma, el stalinismo prostituyó
las enseñanzas de la dialéctica materialista convirtiéndolas
en sofismo y escolasticismo para satisfacer las necesidades de la burocracia
soviética.
Pero la verdadera
dialéctica se ha vengado irónicamente del tirano que abusó de ella. Los mismos
discípulos que durante treinta años lo idolatraron fueron empujados a desvelar
sus engaños y crímenes después de su muerte. Sus sucesores han iniciado un proceso
de desestalinización que no se atreven a llevar a cabo porque implica la
renuncia a su propia dominación burocrática. Esto significa que, en las
próximas fases de la lucha por la democracia obrera, la tendencia Kruschev
también sentirá el azote de la dialéctica. Sólo la erradicación total del
legado del stalinismo en todos los terrenos, desde la filosofía y el arte hasta
la economía y la política, puede devolver una dialéctica marxista emancipada y
pura al pensamiento soviético.
En ningún lugar se
tiene tan poco aprecio por la dialéctica como en los Estados Unidos, la patria
del pragmatismo. Aquí comparte la misma impopularidad que las demás ideas del
socialismo.
Los ‘augustos’
gobernantes de Estados Unidos escarnecen la dialéctica de la historia. Esperan
confiadamente disfrutar las riquezas obtenidas por el trabajo ajeno y ocupar
para siempre los sillones del poder. Los multi-millonarios y sus esbirros no
pueden concebir que algún día puedan seguir a las clases dominantes
precedentes, los señores ingleses y los propietarios de esclavos del sur,
depuestos, una vez cumplida su función, por el levantamiento revolucionario del
pueblo norteamericano. Ni siquiera la abolición de la propiedad y el poder
capitalistas en los países que se extienden de Rusia a Cuba desde 1917 ha
perturbado esta complacencia. Consideran el movimiento anticapitalista como una
amenaza puramente exterior que nunca brotará, ni encontrará una amplia base en
el interior de su dominio privado.
Ciertamente los
problemas exteriores que acosan en la actualidad a los imperialistas de los
EE.UU. son más agudos e incómodos que los interiores. Sin embargo, el
surgimiento del movimiento “Freedom Now” (Libertad ya) de los
negros norteamericanos significa que ni siquiera este sector del capitalismo,
el más poderoso, es inmune a la rebelión. Y aunque éste aún no se ha extendido
a la mayoría de los obreros blancos, puede tener efectos contagiosos.
Las múltiples
contradicciones del capitalismo norteamericano tienen raíces demasiado
profundas y potencialmente explosivas para ser reprimidas o eludidas
indefinidamente. Su posterior desarrollo debe conducir a algunas consecuencias
sorprendentes.
¿Quién podía haber
previsto, hace veinte años, el empate actual en su “estrategia del terror”?
Mientras dictaba estas lecciones en el New York de 1942, se efectuaban en
Chicago las primeras pruebas de fisión atómica. El perfeccionamiento de los
misiles dirigidos y con cabezas nucleares ha revolucionado desde entonces la
tecnología militar y la perspectiva mundial en su conjunto. Repleto de
“posibilidades mortíferas”, la Casa Blanca y el Pentágono se enfrentan hoy al
siguiente dilema: ¿Qué valor tiene una guerra que no sólo aniquilará al enemigo
sino también a uno mismo y a toda la humanidad? Semejante “victoria” sería la
más catastrófica de las derrotas.
Esta encrucijada de
contradicciones afecta más al pueblo norteamericano que a los militares.
Washington estaba dispuesto a arrojar bombas H durante la confrontación con
Moscú de octubre de 1962. La pregunta subsiste: ¿Permitiremos a los dirigentes
maníacos de la bomba atómica que amenacen nuestras vidas con esos proyectos
mortíferos, o se organizará un pueblo levantado para desplazar y desarmar a los
temerarios fabricantes de guerras para salvar el mundo y la vida de la
humanidad?
Estos graves
problemas políticos pueden parecer irrelevantes para el estudio de la lógica.
Pero esa es la lógica objetiva real del curso de la política imperialista.
Luchamos contra el tiempo para impedir que los psicópatas de la propiedad
privada nos condenen a todos en un esfuerzo demente por preservar su condenado
sistema.
El método
dialéctico del marxismo puede ayudarnos a comprender cómo llegamos a una
situación tan irracional, y cómo encontrar una salida racional y realista
mediante la lucha por el socialismo. Esa es la justificación práctica de una
obra teórica como ésta.
1 de noviembre de
1963
POSTSCRIPTUM a la
quinta edición
A lo largo de todo
el período de la guerra fría, los Estados Unidos han sido una anomalía en el
desarrollo ideológico mundial. Mientras cientos de millones de individuos en
otros continentes adoptaban una u otra forma de marxismo como guía para el
pensamiento y la acción, y la gente instruida del resto del mundo consideraba
el conocimiento de esas ideas como parte indispensable de la cultura y política
contemporáneas, los norte-americanos menospreciaban cualquier noticia de ello.
El marxismo y sus
conclusiones parecían ir completamente contra el curso real de nuestra vida
nacional y ser inútiles tanto para sus problemas teóricos como prácticos.
Este provincianismo
complaciente ha empezado a resquebrajarse bajo el impacto del renaciente
radicalismo de finales de los sesenta, inducido por la lucha negra, la
disidencia estudiantil y la oposición masiva a la desastrosa intervención
imperialista de los Estados Unidos en Vietnam. La nueva atmósfera en el país ha
intensificado el interés por los principios fundamentales del socialismo
científico.
La publicación de
una quinta edición de esta obra es señal de la demanda creciente de una
exposición de las ideas elementales de la dialéctica materialista, el método
lógico del marxismo.
Otros dos
libros, Orígenes del materialismo (1965) y El
empirismo y su evolución (1968), pueden servir como complementos
útiles al presente para adquirir una comprensión más profunda de la
filosofía marxista y de sus relaciones con escuelas de pensamiento opuestas.
La edición actual
contiene un capítulo añadido sobre las categorías del pensamiento dialéctico,
dictado en la serie original de lecciones pero omitido de las primeras
ediciones por falta de espacio.
15 de septiembre de
1968
1. LA LÓGICA FORMAL
Y LA LÓGICA DIALÉCTICA
Estas lecciones
tratan sobre las ideas de la dialéctica materialista, la lógica del marxismo.
¿Se les ha ocurrido
pensar qué excepcional es este proyecto? Aquí hay miembros y simpatizantes de
un partido político revolucionario, perseguido por el gobierno en el fragor de
la segunda guerra mundial, la mayor guerra de la historia mundial. Estos obreros
industriales, estos revolucionarios profesionales, se han reunido no para
discutir asuntos y tomar medidas que requieren una acción inmediata, sino con
el objetivo de estudiar una ciencia que parece estar tan alejada de la lucha
política cotidiana como las matemáticas superiores.
¡Qué contraste con
la caricatura maliciosa del movimiento marxista pintada deliberadamente por los
capitalistas! Las clases poseedoras retratan a los socialistas revolucionarios
como individuos dementes que se engañan y engañan a los demás con fantásticas
visiones de un mundo obrero. Los gobernantes capitalistas son como niños que no
pueden dibujar un mundo en el que ellos no existan y en el que ellos no sean
los personajes centrales.
Ellos pretenden
estar guiados por la lógica y la razón. Sin embargo, sólo hay que echar una
mirada al mundo actual para cerciorarse de quién es irracional y quién es
sensato: los capitalistas o sus adversarios revolucionarios. Los actuales
potentados de la sociedad han perdido el juicio y se comportan como maníacos.
Han sumergido al mundo en un exterminio masivo por segunda vez en un cuarto de
siglo; han puesto la civilización bajo el hacha; y amenazan destruir junto a
ellos a toda la humanidad. Y los portavoces de esos desequilibrados presumen
llamándonos “locos” y a nuestra lucha por el socialismo, la “prueba” de
irrealismo.
Pero, es al revés.
Al luchar contra el caos enloquecido del capitalismo y por un sistema
socialista libre de la explotación y opresión de clase, de las guerras, de las
crisis, de la esclavitud imperialista y de la barbarie, nosotros, los
marxistas, somos los individuos más razonables que existen. Por eso, a
diferencia de todos los demás grupos sociales y políticos, nos tomamos tan
seriamente la ciencia de la lógica. Nuestra lógica es el instrumento
indispensable para proseguir la lucha contra el capitalismo y por el
socialismo.
20
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
La lógica de la
dialéctica materialista es, sin duda, muy diferente de la lógica predominante
en el mundo burgués. Nuestro método, igual que nuestras ideas, es, como nos
proponemos demostrar, más científico, mucho más práctico, y también mucho más
“lógico” que cualquier otra lógica. Sostenemos con la mayor comprensión y
entendimiento el principio fundamental de la ciencia de que existe una lógica
interna de relaciones en toda la realidad y de que las leyes de esta lógica
pueden ser conocidas y transmitidas. El mundo que nos rodea parece carecer de
sentido, pero esto es sólo superficialmente. Existe un orden incluso en la
locura de la clase capitalista. Nuestra tarea es encontrar cuáles son las leyes
más generales de esa lógica interna de la naturaleza, de la sociedad y de la
mente humana. Mientras la burguesía pierde la cabeza, nosotros intentaremos
clarificar la nuestra.
Tenemos excelentes
precedentes para esta clase de búsqueda. Durante los primeros meses de la
primera guerra mundial, Lenin, exiliado en Berna, Suiza, resumió su estudio de
la lógica de Hegel al mismo tiempo que desarrollaba el programa bolchevique de
la lucha contra la guerra imperialista. La huella de esta labor teórica puede
percibirse en todo su pensamiento, escritos y acción posteriores. Lenin se
preparó y preparó a su Partido para los próximos acontecimientos
revolucionarios conociendo a fondo la dialéctica. En los primeros meses de la
segunda guerra mundial, mientras dirigía la lucha contra la oposición
pequeñoburguesa en el Socialist Workers Party, Trotsky puso el
énfasis una y otra vez en la crucial importancia del método de la
dialéctica materialista en la política socialista revolucionaria. Su
libro, En defensa del marxismo, gira en torno a este eje
teórico.
Aquí, como en todas
nuestras actividades, nos guiamos por los dirigentes del socialismo científico,
que enseñaron la verdad dialéctica de que nada es tan práctico en política
proletaria como el método correcto de pensamiento. Ese método sólo puede ser el
método de la dialéctica materialista, que vamos a estudiar.
1. Definición
preliminar de Lógica
La lógica es una
ciencia. Toda ciencia estudia un tipo particular de movimiento en sus
conexiones con otros modos de movimiento material, y aspira a descubrir las
leyes generales y los modos específicos de ese movimiento.
21
George Novack
La lógica es la
ciencia del proceso del pensamiento. Los lógicos investigan las actividades del
proceso del pensamiento que tiene lugar en las mentes humanas y formulan las
leyes, formas e interrelaciones de esos procesos mentales.
Dos tipos
esenciales de lógica han surgido de las dos fases principales en el desarrollo
de la ciencia de la lógica: la lógica formal y la dialéctica. Éstas son las dos
formas más altamente desarrolladas del movimiento intelectual. Tienen como
función la comprensión consciente de todas las formas de movimiento, incluido
el suyo propio.
Aunque nosotros
estamos principalmente interesados en la dialéctica materialista, no
procederemos a considerar de golpe el método dialéctico de razonamiento. Nos
acercaremos a la dialéctica indirectamente, examinando primero las ideas
fundamentales de otro tipo de razonamiento: el método de la lógica formal. Como
método de pensamiento, la lógica formal es el polo opuesto de la dialéctica
materialista.
¿Entonces por qué,
empezamos nuestro estudio del método dialéctico estudiando su opuesto?
2. El desarrollo de
la Lógica
Hay razones
excelentes para tal procedimiento. Ante todo, la dialéctica ha surgido de la
lógica formal en el curso del desarrollo histórico. La lógica formal fue el
primer gran sistema del conocimiento científico de los procesos del
pensamiento. Fue la consumación de la labor filosófica de los antiguos griegos,
la aureola que coronó el pensamiento griego. Los primeros pensadores griegos
realizaron muchos descubrimientos importantes sobre la naturaleza del proceso
del pensamiento y de sus resultados. El sintetizador del pensamiento griego,
Aristóteles, recopiló, clasificó, criticó v sistematizó esos resultados
positivos de la reflexión sobre el pensamiento v con ello creó la lógica
formal. Euclides hizo lo mismo con la geometría elemental. Arquímedes con la
mecánica elemental: Ptolomeo de Alejandría. más tarde, con la astronomía v la
geografía; Galeno con la anatomía.
La lógica de
Aristóteles mantuvo su soberanía en el dominio del pensamiento durante dos mil
años. No tuvo rival hasta que fue desafiada, derrocada y remplazada por la
dialéctica, el segundo gran sistema de la ciencia lógica.
22
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
La dialéctica fue
asimismo el resultado de un movimiento científico revolucionario que abarcó
siglos de trabajo intelectual. Es la consumación del trabajo intelectual de los
filósofos más destacados de la revolución democrático-burguesa en Europa
occidental desde el siglo dieciséis basta el diecinueve. Hegel, el titán de la
escuela revolucionaria burguesa alemana de la filosofía idealista, fue la mente
rectora que transformó la ciencia de la lógica al ser el primero, como señaló
Marx, “en exponer las formas generales del movimiento (de la dialéctica) en
forma comprensiva y plenamente consciente”.
Marx y Engels
fueron discípulos de Hegel en el terreno de la lógica. Ellos, a su vez,
efectuaron una revolución en la revolución hegeliana de la ciencia lógica al
purgar la dialéctica de sus elementos místicos y colocar su dialéctica
idealista sobre una sólida base materialista.
Por lo tanto, si
nos acercamos a la dialéctica materialista por el camino de la lógica formal,
volveremos a seguir los pasos del progreso histórico real de la ciencia de la
lógica que se desarrolló a través de la lógica formal hasta la dialéctica.
Sería erróneo
deducir de este breve esquema de la historia de la lógica tanto que los griegos
no sabían nada de lo que era la dialéctica como que Hegel y Marx rechazaron
absolutamente las ideas de la lógica formal. Como observó Engels: Los antiguos
filósofos griegos fueron dialécticos naturales, y Aristóteles, el intelecto más
enciclopédico entre ellos, ya había incluso analizado las formas más esenciales
del “pensamiento dialéctico”. Sin embargo, la dialéctica siguió siendo un
elemento embrionario en el pensamiento griego. Los filósofos griegos no
lograron, ni podían lograr, desarrollar sus agudas y dispersas reflexiones en
una forma científica y sistemática. Transmitieron a la posteridad en una forma
acabada la lógica formal de Aristóteles. Al mismo tiempo, sus observaciones
dialécticas, sus críticas del pensamiento formal y sus paradojas plantearon por
primera vez los problemas y expusieron las limitaciones de la lógica formal con
que se enfrentaría la ciencia de la lógica en los siglos siguientes, y que la
dialéctica hegeliana, y luego la marxista, finalmente resolvieron.
Estos dialécticos
modernos no consideraron inútil la lógica formal. Todo lo contrario. Señalaron
que la lógica formal no sólo fue un método de pensamiento históricamente
necesario, sino también completamente indispensable, aun ahora, para pensar
correctamente. Pero, en sí misma, la lógica formal era claramente insuficiente.
Sus elementos válidos pasaron
23
George Novack
a formar parte de
la dialéctica. Se invirtieron las relaciones entre la lógica formal y la
dialéctica. Mientras entre los filósofos griegos clásicos el aspecto formal de
la lógica fue predominante, y los aspectos dialécticos perdieron importancia,
en la escuela moderna, la dialéctica ocupa la primera fila y el aspecto
puramente formal de la lógica le está subordinado.
Puesto que estos
dos tipos opuestos de pensamiento tienen tantos puntos en común y la lógica
formal entra como material estructural en el entramado de la lógica dialéctica,
será útil ocuparnos primero de la lógica formal. Al estudiar la lógica formal
ya estamos en el camino de la dialéctica. Al aprehender los defectos, o más
bien los límites, de la lógica formal, ya estamos en realidad en el umbral que
separa la lógica formal de la dialéctica. Hegel expresó este mismo pensamiento
en su Lógica como sigue: Es inmanente al límite el ser una
contradicción que arroja algo “tras de sí”.
Por último, de este
procedimiento podemos deducir una lección importante del pensamiento
dialéctico. Hegel remarcó en algún lugar que algo no se sabe ciertamente hasta
que se sabe a través de su contrario. No se puede, por ejemplo, comprender
realmente lo que es un trabajador asalariado hasta que no se sabe lo que es su
opuesto socioeconómico, el capitalista. No se puede saber qué es el trotskismo
hasta que no se ha sondeado hasta las profundidades la esencia de su antítesis
política, el stalinismo. Así, no se puede aprehender la naturaleza íntima de la
dialéctica sin alcanzar primero una comprensión cabal de su predecesor
histórico y su antítesis teórica, la lógica formal.
3. Las tres leyes
básicas de la lógica formal
Existen tres leyes
fundamentales de la lógica formal. La primera y más importante es la ley de
identidad. Esta ley puede formularse de diversas maneras, como por ejemplo: una
cosa siempre es igual o idéntica a sí misma. En términos algebraicos: A es igual
a A.
La formulación
particular de esta ley no es tan importante como la idea que contiene. El
pensamiento esencial contenido en esta ley de identidad es el siguiente: decir
que una cosa siempre es igual a sí misma equivale a afirmar que bajo todas las
condiciones sigue siendo una sola cosa. Una cosa dada existe absolutamente en
cualquier momento dado.
24
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Esta afirmación sin
condiciones de la identidad absoluta de una cosa consigo misma excluye la
diferencia de la esencia de las cosas y del pensamiento. Si una cosa es siempre
y bajo todas las condiciones igual o idéntica a sí misma, nunca puede ser
desigual o diferente de sí misma. La conclusión se sigue lógica e
inevitablemente de la ley de identidad. Si A siempre es igual a A, nunca puede
ser igual a no-A.
Esta conclusión se
hace explícita en la segunda ley de la lógica formal: la ley de contradicción.
Ésta afirma: A no es no-A. Esto no es nada más que la formulación en negativo
de la afirmación positiva expresada en la primera ley de la lógica formal. Si A
es A, se infiere, según el pensamiento formal, que A no puede ser no-A. De este
modo, la segunda ley de la lógica formal, la ley de contradicción, constituye
el complemento esencial de la primera ley.
Algunos ejemplos:
un hombre no puede ser inhumano; una democracia no puede ser no-democrática; un
trabajador asalariado no puede ser un no-trabajador asalariado.
La ley de
contradicción significa la exclusión de la diferencia entre la esencia de las
cosas y el pensamiento de ellas. Si A es siempre necesariamente idéntica a sí
misma, no puede ser diferente de sí misma. Diferencia e identidad son, según
estas dos leyes de la lógica, completamente diferentes, totalmente disociadas,
y las características tanto de las cosas como de los pensamientos, mutuamente
excluyentes.
Esta cualidad
mutuamente excluyente de las cosas está expresamente indicada en la tercera ley
de la lógica formal. Ésta es la ley del tercero excluido. Según esta ley, todas
las cosas son y tienen que ser una de las dos cosas mutuamente excluyentes. Si
A es igual a A, no puede ser igual a no-A. No se puede formar parte de dos
clases opuestas a la vez. Dondequiera que dos afirmaciones o estados de cosas
se enfrenten mutuamente, ambos no pueden ser ciertos o falsos. A es o bien B, o
bien no es B. La corrección de un juicio implica invariablemente la
incorrección de su contrario y viceversa.
Esta tercera ley es
una combinación de las dos primeras y emana lógicamente de ellas.
Estas tres leyes
comprenden las bases de la lógica formal. Todos los razonamientos formales
proceden de acuerdo con estas proposiciones. Durante unos dos mil años, éstos
fueron los axiomas incuestionados del
25
George Novack
sistema de
pensamiento de Aristóteles, igual que el intercambio de valores equivalentes
constituye la base de las sociedades productoras de mercancías.
Permitidme citar un
ejemplo de este tipo de pensamiento de los escritos de Aristóteles. En su Analítica
posterior2, Aristóteles dice que un hombre no puede aprehender
simultáneamente, primero: que el hombre es esencial-mente animal, es decir, que
no puede ser otra cosa que animal; y después, que el hombre no es esencialmente
animal, es decir, poder suponer que es otra cosa que animal. Eso es decir que
un hombre es esencialmente un hombre y nunca puede ser o ser pensado como si no
lo fuese.
Esto tiene que ser
así sin duda según los preceptos de la lógica formal. Sin embargo, todos
sabemos que en los hechos ocurre lo contrario. La teoría de la evolución
natural enseña que el hombre es esencialmente animal y no puede ser otra cosa
que animal. Hablando en lógica, el hombre es un animal. Pero también sabemos,
por la teoría de la evolución social, que es continuación y desarrollo de la
evolución puramente animal, que el hombre es más que un animal y distinto de
él. Es decir, que no es esencialmente un animal, sino un hombre, que es una
especie de ser completamente diferente de todos los animales. Somos, y lo
sabemos, dos cosas a la vez diferentes y mutuamente excluyentes, a pesar de que
Aristóteles y las leyes de la lógica formal digan lo contrario.
4. El contenido
material y la realidad objetiva de estas leyes
Puede verse por
este ejemplo cuan rápida y espontáneamente aparece el carácter dialéctico de
las cosas y de los pensamientos ante una consideración crítica del pensamiento
formal. A pesar de mis buenas intenciones por restringir mi enfoque a la lógica
formal, observaréis que me veo obligado a ir más allá de los límites de esa
lógica en el momento en que quiero captar la verdad de las cosas. Volvamos
ahora al terreno de la lógica formal.
Dije antes que los
dialécticos modernos no niegan toda verdad a las leyes de la lógica formal.
Semejante actitud sería contraria al espíritu de la dialéctica que, en todas
las afirmaciones, ve algún elemento de verdad. Al mismo tiempo, la dialéctica
nos permite detectar las limitaciones y errores del pensamiento formalizado
sobre las cosas.
26
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Las leyes de la
lógica formal contienen elementos importantes e innegables de verdad. Son
generalizaciones razonables, y no ideas meramente arbitrarias sacadas de la
nada. No fueron impuestas al proceso del pensamiento ni al mundo real por
Aristóteles y sus seguidores, y luego servilmente imitadas desde entonces
durante miles de años. Millones de personas que nunca han oído hablar de
Aristóteles ni han reflexionado sobre la lógica, han pensado y todavía piensan
según las leyes que aquél formuló por vez primera. De igual forma, todos los
cuerpos caen más o menos según las leyes de Newton sobre el movimiento, aunque,
excepto los cuerpos humanos, son incapaces de captar sus teorías. ¿Por qué la
gente piensa y las cosas actúan en el mundo objetivo de acuerdo con las
generalizaciones teóricas de Aristóteles y Newton? Porque la naturaleza
esencial de la realidad los impele a pensar o a actuar de esa forma. Las leyes
de pensamiento de Aristóteles tienen tanto contenido material y tanta base en
el mundo objetivo como las leyes del movimiento mecánico de Newton.
“...Nuestros
métodos de pensamiento, tanto la lógica formal como la dialéctica, no son
construcciones arbitrarias de nuestra razón, sino más bien expresiones de las
interrelaciones reales de la naturaleza misma”.1
¿Qué
características de la realidad material se reflejan y reproducen
conceptualmente en esas leyes formales de pensamiento?
La ley de identidad
formula el hecho material de que las cosas definidas, y los rasgos de las
cosas, persisten y mantienen una similitud reconocible en medio de todos sus
cambios fenoménicos. Dondequiera que existe una continuidad esencial en la
realidad, la ley de identidad es aplicable.
No podríamos ni
actuar ni pensar correctamente sin obedecer consciente o inconscientemente esta
ley. Si no pudiésemos reconocernos como la misma persona de hora en hora y de
día en día –y hay gente que no puede, que a causa de la amnesia o de alguna
otra enfermedad mental ha perdido su conciencia de autoidentidad– estaríamos
perdidos. Pero la ley de identidad no es menos válida para el resto del
universo que para la conciencia humana. Se aplica cada día y en todas partes a
la vida social. Si no pudiésemos reconocer la misma pieza de metal a lo largo
de sus diversas operaciones, no llegaríamos muy lejos en la producción. Si un
granjero no pudiera seguir el grano que planta desde que es semilla hasta
1 L.
Trotsky, En defensa del marxismo, Fontamara, Barcelona, 1977,
p. 116.
27
George Novack
que se convierte en
espiga y luego en harina, la agricultura sería imposible.
El niño da un gran
paso adelante en la comprensión de la naturaleza del mundo cuando aprehende por
primera vez que la madre que lo alimenta sigue siendo la misma persona a través
de los diversos actos de alimentación. El reconocimiento de esta verdad no es
nada más que un ejemplo particular del reconocimiento de la ley de identidad.
Si no pudiéramos
decir qué era un estado obrero a lo largo de todos sus cambios, nos
descarriaríamos fácilmente en las complicadas circunstancias de la lucha de
clases contemporánea. En realidad, los opositores pequeño-burgueses se
equivocaban al considerar la cuestión rusa, no sólo porque se oponían a la
dialéctica, sino especialmente porque no podían aplicar correctamente la ley de
identidad al proceso del desarrollo de la Unión Soviética. No podían ver que, a
pesar de todos los cambios en la URSS producidos por su degeneración bajo el
régimen político stalinista, la Unión Soviética conservaba las bases
socioeconómicas del estado obrero creado por los obreros y campesinos rusos
mediante la revolución de Octubre.
Una clasificación
correcta, que parta de la comparación entre semejanzas y diferencias, es la
base necesaria y la primera fase de todas las investigaciones científicas. La
clasificación –inclusión de las cosas en las mismas clases y exclusión de las
demás cosas y su agrupación en clases diferentes–, sería imposible sin la ley
de identidad. La teoría de la evolución orgánica de Darwin se originó y depende
del reconocimiento de la identidad esencial de las diversas criaturas de la
tierra. Las leyes del movimiento mecánico de Newton unificaron todos los
movimientos de los cuerpos, desde la piedra que cae hasta los planetas que
rotan en el sistema solar. Toda la ciencia, lo mismo que la conducta de la
inteligencia, descansa parcialmente en esta ley de identidad.
La ley de identidad
nos lleva a reconocer la igualdad entre la diversidad, la permanencia entre los
cambios, a singularizar las semejanzas funda-mentales entre casos y entes
separados y aparentemente diferentes, a trazar las conexiones entre fases
diferentes y consecutivas de los mismos fenómenos. Por eso el descubrimiento y
la extensión de esta ley hizo época en la historia del pensamiento científico y
por eso seguimos honrando a Aristóteles por haber captado su importancia
extraordinaria. Por eso también la humanidad sigue actuando y pensando según
esta ley fundamental de la lógica formal.
28
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“¿Qué es lo más
notable de esta ley?”, podéis preguntar. No dice nada más que el hecho obvio de
que una cosa es una cosa” o esto es esto”.
Sin embargo, esta
ley no es de sí tan evidente ni tan trivial como puede parecer a primera vista.
Es extremadamente importante que la trascendental ley sea valorada
adecuadamente y se comprenda la significación histórica de su descubrimiento.
Fue un gran avance
en el conocimiento del universo el que la humanidad descubriera que las nubes,
las tormentas, la lluvia y el hielo eran agua, o que los cielos y la tierra
–hasta entonces concebidos como sustancias diferentes y opuestas– eran
realmente la misma cosa. La biología fue revolucionada con el descubrimiento de
que todos los órdenes de seres vivos entre los organismos unicelulares y la
humanidad estaban compuestos de la misma sustancia. La ciencia física fue
revolucionada por la demostración de que todas las formas de movimiento
material eran mutuamente convertibles y, por lo tanto, esencialmente idénticas.
¿No es un
gigantesco paso adelante el que un obrero descubra, por un lado, que un obrero
asalariado es un obrero asalariado, y, por el otro, que un capitalista es un
capitalista? ¿Y que los obreros de todas partes tienen intereses de clase
comunes que trascienden las fronteras de los oficios, las naciones y las
etnias? Así, el reconocimiento de la verdad contenida en la ley de identidad es
una condición necesaria para un socialista revolucionario.
Sin embargo, una
cosa es obedecer una ley y emplearla y otra muy diferente comprenderla y
formularla científicamente. Todo el mundo come según leyes fisiológicas
determinadas, pero no sabe cuáles son las leyes de la digestión ni cómo operan.
Lo mismo ocurre con las leyes de la lógica. Todo el mundo piensa, pero no todo
el mundo sabe qué clase de leyes regulan su actividad pensante. Uno de los
méritos más destacados de Aristóteles fue hacer explícita y exponer en términos
lógicos esa ley de identidad que atraviesa nuestros procesos de pensamiento.
La ley de
contradicción formula el hecho material de que las cosas y clases de cosas
coexistentes, o los estados consecutivos de la misma cosa, difieren entre sí y
se excluyen mutuamente. Evidentemente, yo no soy el mismo tipo de ser humano
que tú; yo soy totalmente diferente. Ni soy la misma persona que era ayer; soy
diferente. La Unión Soviética no es lo mismo que otros estados, ni es la misma
que hace veinte años. Es diferente.
29
George Novack
La ley formal de
contradicción, o la distinción de la diferencia, es tan necesaria para una
clasificación correcta como la ley de identidad. Además, sin la existencia de
diferencia no habría necesidad de clasificación, lo mismo que sin identidad no
habría ninguna posibilidad de clasificación.
La ley del tercero
excluido expresa el hecho de que las cosas se oponen y se excluyen mutuamente
en la realidad. Yo tengo que ser o yo o otro; hoy tengo que ser el mismo o
diferente del que fui ayer. La Unión Soviética tiene que ser igual o diferente
que los demás estados; no puede ser ambas cosas al mismo tiempo. Yo tengo que
ser un hombre o un animal; no puedo ser ambos simultáneamente y en el mismo
sentido.
Así, las leyes de
la lógica formal expresan rasgos representativos del mundo real. Tienen un
contenido real y unas bases objetivas. Son, a la vez, leyes del pensamiento, de
la sociedad y de la naturaleza. Esta triple raíz les da un carácter universal.
Las tres leyes en
que nos hemos centrado no constituyen el conjunto de la lógica formal. Son
simplemente sus cimientos. Sobre esta base y surgiendo de ella se ha levantado
una estructura compleja de ciencia lógica que examina en detalle los elementos
y mecanismos de las formas del pensamiento. Pero no entraremos a discutir las
diversas categorías, formas de proposiciones, juicios, silogismos, etc., que
componen el contenido de este cuerpo de lógica formal. Pueden encontrarse en
cualquier libro de texto de lógica elemental y no son pertinentes para nuestro
objetivo actual. Tratamos principalmente de comprender las ideas esenciales de
la lógica formal, y no sus desarrollos pormenorizados.
5. La lógica formal
y el sentido común
En los círculos
intelectuales burgueses se tiene gran aprecio por el sentido común como método
de pensamiento y como guía para la acción. Sólo la ciencia está por encima de
él en su escala de valores. Es en nombre del sentido común y de la ciencia, por
ejemplo, que Max Eastman pide a los marxistas que descarten la dialéctica
“metafísica” y “mística”. Desgraciada-mente, los ideólogos burgueses y
pequeñoburgueses raramente nos informan de en qué consiste el contenido lógico
del sentido común y de qué relaciones existen entre el sentido común y su
“ciencia”.
30
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Nosotros haremos
aquí su trabajo, porque en realidad los antidialécticos no sólo no saben qué es
la dialéctica; no saben siquiera qué es realmente la lógica formal. Esto no es
sorprendente.
¿Saben los
capitalistas qué es el capitalismo, cuáles son sus leyes, cómo operan esas
leyes necesariamente? Si lo supieran, sus crisis y sus guerras no los
sorprenderían desprevenidos, ni confiarían tanto en la permanencia de su
querido sistema. Seguramente, los stalinistas no saben qué es realmente el
stalinismo ni a dónde conduce necesariamente. Si lo supieran, estarían en
camino de dejar de serlo.
En lo que el
sentido común tiene de sistemático, de características lógicas, está moldeado
por las leyes de la lógica formal. El sentido común puede definirse como una
versión asistemática y semiconsciente de la ciencia de la lógica formal. Las
ideas y métodos de la lógica formal se han utilizado durante tantos siglos y se
han entrelazado tanto en nuestros procesos de pensamiento y en el tejido de
nuestra civilización que para la mayoría de la gente parece el modo de
pensamiento exclusivo, normal y natural. Las concepciones y los mecanismos de
la lógica formal, como el silogismo, son herramientas de pensamiento tan
familiares y universales como los cuchillos y otros utensilios.
Ya sabéis que la
burguesía cree que la sociedad capitalista es eterna porque, dicen, concuerda
con la naturaleza humana invariable. El socialismo, dicen, es imposible o
inconcebible porque los seres humanos siempre se dividirán en clases opuestas,
ricos y pobres, fuertes y débiles, dominantes y dominados, propietarios y
desposeídos, y estas clases siempre lucharán a muerte por todo lo bueno que
tiene la vida.
Una forma de
organización social en que no existen clases, en que reina la planificación en
vez de la anarquía, en que los débiles son protegidos contra los fuertes, en
que domina la solidaridad en vez de una lucha salvaje, les parece el colmo de
lo absurdo. Desechan semejantes ideas socialistas como fantasías utópicas,
deseos vanos.
Sin embargo,
nosotros sabemos que el socialismo no es un sueño, sino una necesidad
histórica, la próxima etapa inevitable en la evolución social. Sabemos que el
capitalismo no es eterno, sino una forma histórica determinada de producción
material que ha sido precedida por formas de producción social menos
desarrolladas, y sabemos que está destinada a ser remplazada por la forma
superior de la producción socialista.
31
George Novack
Consideremos ahora
la ciencia del pensamiento desde el mismo punto de vista que la ciencia de la
sociedad. Los pensadores burgueses y pequeño-burgueses creen que el pensamiento
formal es la forma última de la lógica, final e inamovible. Desechan como ridícula
la pretensión de que la dialéctica materialista sea una forma superior de
pensamiento.
¿Recordáis que
cuando alguien puso en duda por primera vez la permanencia del capitalismo o
insistió en la necesidad del socialismo os visteis inclinados a poner en duda
esas nuevas ideas revolucionarias? ¿Por qué? Porque vuestras mentes estaban
todavía esclavizadas por las ideas dominantes de nuestra época que, como señaló
Marx, son las ideas de la clase dominante. Las ideas dominantes de la clase
dominante en la ciencia lógica son hoy las ideas de la lógica formal reducidas
al nivel del sentido común. Todos los adversarios y críticos de la dialéctica
se sitúan en el terreno de la lógica formal, ya no sean plenamente conscientes
de su posición, ya la admitan honestamente.
Realmente, las
ideas de la lógica formal constituyen el más firme de los prejuicios teóricos
de nuestra sociedad. Incluso después de que algunos individuos han perdido su
fe en el capitalismo y se han convertido en socialistas revolucionarios, no
pueden liberar por completo sus mentes de los hábitos del pensamiento formal
que absorbieron de la vida burguesa y que siguen recibiendo de su alrededor. El
más entusiasta de los dialécticos puede recaer a veces en el formalismo si no
es extremadamente cuidadoso y consciente en su pensamiento.
Igual que el
marxismo niega la realidad eterna del capitalismo, también niega la validez
eterna de las formas de pensamiento más características de sociedades de clase
tales como el capitalismo. El pensamiento humano ha cambiado y se ha
desarrollado junto con la sociedad humana y en el mismo grado que ella. Las
leyes del pensamiento no son más eternas que las leyes de la sociedad. Igual
que el capitalismo es solamente un eslabón en la cadena de las formas
históricas de la organización social de la producción, la lógica formal es
simplemente un eslabón en la cadena de las formas históricas de la producción
intelectual. Igual que las fuerzas del socialismo luchan por sustituir la
obsoleta forma capitalista de producción social por un sistema más desarrollado,
los defensores de la dialéctica materialista, la lógica del socialismo
científico, luchan contra la desgastada lógica formal. La lucha teórica y la
lucha política práctica forman parte del mismo proceso revolucionario.
32
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Antes del auge de
la astronomía moderna, la gente creía que el sol y los demás planetas giraban
alrededor de la tierra. Confiaban acríticamente en “la evidencia de sentido
común” que tenían ante los ojos. Aristóteles enseñó que la tierra estaba
inmóvil y que las esferas celestes, perfectas e invariables, giraban a su
alrededor. Este año se cumple el cuatrocientos aniversario de la publicación
del libro de Copérnico, Sobre la rotación de los cuerpos celestes, que
revolucionó la opinión imperante de un universo estático que tenía
la tierra como centro.
Un siglo después,
Galileo demostró que la teoría copernicana de la rotación de la tierra y de los
demás planetas alrededor del sol era cierta. Los eruditos profesores de la
época de Galileo ridiculizaron sus ideas y le volvieron la espalda. Galileo se
lamentaba:
“Si les quisiera
mostrar los satélites de Júpiter a los profesores de Florencia, no verían ni
los satélites ni el telescopio.”
Los profesores
invocaban la autoridad tradicional de Aristóteles y, finalmente, la fuerza
del Index y de la Inquisición contra Galileo para obligarle a
retractarse de sus opiniones. Aquellos servidores de la autoridad oficial
intentaron silenciar los argumentos, proscribir los libros, aterrorizar e
incluso matar a sus adversarios científicos, porque sus ideas eran
revolucionarias, amenazaban las ideas del orden establecido y, con ello, el
poder de la clase dominante.
Lo mismo ocurre con
la dialéctica, en especial con la dialéctica materialista. Las ideas y métodos
de la dialéctica son aún más revolucionarios en la ciencia de la lógica de lo
que eran las ideas de Copérnico en astronomía. El uno puso los cielos patas arriba.
La otra, unida a la única clase progresiva de la sociedad moderna, ayudará a
poner patas arriba la sociedad capitalista. Por eso sus ideas son tan
violentamente combatidas por los partidarios de la lógica formal y por los
apóstoles del sentido común. En la actualidad, bajo el capitalismo, la
dialéctica no es un sentido común”, sino incomún”. Es comprendida y utilizada
conscientemente sólo por la vanguardia socialista de la humanidad. Mañana, con
la revolución socialista, la dialéctica se convertirá en el sentido común”,
mientras que la lógica formal ocupará su lugar adecuado y subordinado como
ayuda del pensamiento, en lugar de actuar, como ahora, para dominar el
pensamiento, para descarriarlo y obstaculizar su avance.
33
George Novack
2. LAS LIMITACIONES
DE LA LÓGICA FORMAL
En la primera
lección tratamos tres cuestiones.
1) ¿Qué
es la lógica? La definimos como la ciencia del proceso de pensamiento en sus
conexiones con todos los demás procesos del universo. Estudiamos que había
dos sistemas principales de lógica: la lógica formal y la dialéctica.
2) ¿Qué
es la lógica formal? Afirmamos que la lógica formal era el pensamiento dominado
por las leyes de identidad, de contradicción y del tercero excluido. Señalamos
que estas tres leyes fundamentales de la lógica formal tienen un contenido
material y una base objetiva; que son formulaciones explícitas de la lógica
instintiva del sentido común; que constituyen las normas imperantes de
pensamiento en el mundo burgués.
3) ¿Cuáles
son las relaciones entre la lógica formal y la dialéctica? Estos dos sistemas
de lógica surgieron de y corresponden a dos fases diferentes en el desarrollo
de la ciencia del pensamiento. La lógica formal precedió a la dialéctica en la
evolución histórica de la lógica, como ocurre habitualmente en el desarrollo
intelectual de los individuos. Luego, los dialécticos se elevaron por encima de
la crítica de la lógica formal, la derrocaron y sustituyeron como su contrario
revolucionario, su sucesor y superior.
En esta segunda
lección nos proponemos poner al descubierto las limitaciones de la lógica
formal e indicar cómo la dialéctica surge necesariamente de un examen crítico
de sus ideas fundamentales. Ahora que hemos captado cuáles son las leyes
básicas de la lógica formal, qué reflejan en realidad, por qué son instrumentos
de pensamiento necesarios y valiosos, debemos avanzar un paso más y ver qué es
lo que las leyes de la lógica formal no son: qué rasgos de la realidad omiten o
distorsionan y dónde acaba su utilidad y comienza su inutilidad.
Este paso siguiente
en nuestra investigación no producirá resultados simplemente negativos ni
culminará en una negación o rechazo escépticos de toda lógica. Conducirá, por
el contrario, a los resultados más positivos. A medida que se expongan las
deficiencias de la lógica formal, se desvelará simultáneamente la necesidad y
las principales características de las nuevas ideas lógicas destinadas a
remplazaría. De este modo, en el proceso mismo de analizar la lógica elemental
y de separar sus elementos válidos de los erróneos, pondremos las bases de la
lógica dialéctica.
34
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Los actos de
crítica y de creación, de negación y de afirmación, van juntos como dos
aspectos del mismo proceso. Este movimiento dual de destrucción y creación no
sólo tiene lugar en la evolución de la lógica, sino en todos los procesos. Todo
salto adelante, todo acto creativo implica la destrucción de condiciones
caducas e intolerablemente restrictivas. Para nacer, el polluelo tiene que
picar y romper el cascarón que lo había protegido y alimentado en su fase
embrionaria. De la misma manera, para lograr espacio para un desarrollo
posterior más libre, la ciencia de la lógica tuvo que romper y destrozar la
cáscara petrificada de la lógica formal.
La lógica formal
parte de la proposición de que A es siempre igual a A. Sabemos que esta ley de
identidad contiene cierta medida de verdad, puesto que sirve como una función
indispensable en todo pensamiento científico y es empleada constantemente por
todos nosotros en la actividad cotidiana. Pero ¿cuan cierta es esta ley? ¿Es
siempre una guía completa-mente fiable a través de los complicados procesos de
la realidad? He ahí la cuestión.
Nosotros
demostramos que una proposición es cierta o falsa recurriendo a la realidad
objetiva y viendo en la práctica si se manifiesta, y en qué medida, el
contenido concreto afirmado en la proposición. Si el contenido correspondiente
a la afirmación puede producirse en la realidad, la proposición es cierta; si
no se puede, es falsa.
¿Qué ocurre cuando
nos acercamos a la realidad y buscamos la evidencia de la verdad de la
proposición A igual a A? Descubrimos que en la realidad nada se corresponde
perfectamente con el contenido de esta proposición. Por el contrario, vemos que
el contrario de este axioma está mucho más cerca de la verdad.
Dondequiera que
tropecemos con una cosa realmente existente y examinemos su carácter, veremos
que A nunca es igual a A. Dice Trotsky:
“... si observamos
con una lente estas dos letras, son totalmente diferentes. Pero, puede
objetarse, la cuestión no es el tamaño o la forma de las letras, puesto que son
sólo símbolos de cantidades iguales, por ejemplo, de un kilo de azúcar. La
objeción es incongruente; en realidad, un kilo de azúcar nunca es igual a un
kilo de azúcar, una balanza más sensible siempre revela alguna diferencia.
Puede objetarse de nuevo: pero un kilo de azúcar es igual a sí mismo. Ni
siquiera esto es cierto, todo los cuerpos cambian ininterrumpidamente de
tamaño, peso, color, etc. Nunca
35
George Novack
son iguales a sí
mismos. Un sofista responderá que un kilo de azúcar es igual a sí mismo en un
momento dado”.
Al margen del valor
práctico extremadamente dudoso de este “axioma”, ni siquiera resiste una
crítica teórica. ¿Cómo concebir realmente la palabra “momento”? Es un intervalo
infinitesimal de tiempo, luego un kilo de azúcar está sometido durante el curso
de ese “momento” a cambios inevitables. ¿O ese “momento” es una abstracción
puramente matemática, es decir, un cero de tiempo? Pero todo existe en el
tiempo; ...el tiempo es, por consiguiente, un elemento fundamental de la
existencia. De este modo, el axioma “A es igual a A” significa que una cosa es
igual a sí misma si no cambia, es decir, si no existe.”2
Arrinconados ahí,
algunos defensores de la lógica formal intentan salir del embarazo diciendo:
“Aun cuando es
cierto que las leyes de la lógica formal nunca pueden aplicarse con exactitud
absoluta a las cosas existentes, eso no invalida estos principios reguladores.
Aunque no se corresponden directa y cabalmente con la realidad, estas
generalizaciones ideales son ciertas en sí mismas”, es decir; sin referencia a
la realidad, y, por tanto, sirven para dirigir el pensamiento según las líneas
correctas.”
Esta posición no
elimina la contradicción; la acentúa. Si, como afirman, la ley de identidad
sigue siendo completamente cierta sólo en tanto no se aplica, se deriva de ello
que en el momento en que se aplica a una cosa real, se convierte en fuente de
error.
Como señala
Trotsky:
“El axioma “A” es
igual a “A” aparece, por un lado, como el punto de partida de todo nuestro
conocimiento; por el otro, como el punto de partida de todos los errores de
nuestro conocimiento.”3
¿Cómo puede la
misma ley ser tanto fuente de conocimiento como fuente de error? Esta
contradicción puede explicarse por el hecho de que la ley de identidad tiene un
doble carácter. En sí misma, es cierta y falsa. Capta correctamente las cosas
mientras pueden considerarse como fijas e inmutables, o en tanto la medida de
su cambio puede desecharse o
2 L.
Trotsky, “El ABC de la Dialéctica”. En defensa del marxismo, op. cit., pp. 76-77.
3 Ibíd, p.
77.
36
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
desestimarse como
negligible. Es decir: la ley de identidad proporciona resultados correctos sólo
dentro de ciertos límites. Esos límites están dados por las características
esenciales mostradas por el desarrollo real del objeto en cuestión, por un
lado, y, por el otro, por el objetivo práctico que tengamos.
Transgredidos esos
límites específicos, la ley de identidad ya no basta y se vuelve fuente de
error. Cuanto más allá de estos límites vaya el proceso de desarrollo, más
lejos de la verdad nos lleva la ley de identidad. Se tienen que invocar y
emplear entonces otras leyes para corregir los errores que emanan de esta ley
rudimentaria y para enfrentarse al nuevo y más complejo estado de cosas.
Demos algunos
ejemplos. De Albany a New York, el río Hudson es claramente igual a sí mismo y
diferente a cualquier otra forma del agua. A siempre es igual a A. Pero más
allá de estos límites, se hace cada vez más difícil distinguir el río Hudson de
otras formas del agua. A medida que penetra en el puerto de New York, el Hudson
pierde su identidad y se convierte cada vez más en el Océano Atlántico. En su
nacimiento, el Hudson se disgrega en diferentes arroyos y fuentes y, aunque van
a formar el Hudson, cada una de ellas tiene sin embargo su identidad específica
y su propia existencia material, diferente del río mismo. Así, en ambos
extremos de su curso, la identidad del río Hudson tiende a desaparecer y a
convertirse en su no-identidad.
Una pérdida de
identidad similar tiene lugar constantemente a lo largo del curso del río. La
identidad espacial del río es determinada y mantenida usualmente por las
orillas entre las que corre. Pero, a medida que el río sube o baja, o a medida
que actúa la erosión, esas orillas cambian. Las lluvias y riadas cambian de
golpe los límites existentes, de forma permanente o provisional, durante
kilómetros. Aunque el río siga siendo espacialmente el mismo, nunca contiene la
misma agua. Cada gota es diferente. De este modo, el río Hudson está cambiando
su identidad continuamente.
O tomemos el
ejemplo del dólar citado por Trotsky. Suponemos general-mente, y actuamos
correctamente según esa suposición, que un billete de dólar es un dólar. A es
igual a A. Pero empezamos a darnos cuenta de que en nuestros días un dólar ya
no es el mismo dólar que era. Cada vez vale menos de un dólar. El dólar de 1942
sólo puede comprar tres cuartas partes de lo que compraba el dólar de 1929. (En
1963, el dólar valía 40,8
37
George Novack
centavos en
términos de 1939.) Parece el mismo dólar –la ley de identidad todavía es
aplicable–, pero, al mismo tiempo, el dólar empieza a alterar su identidad
cambiando de valor.
En 1923, el pueblo
alemán se encontró con que el marco, que desde 1875 había sido igual a 23
céntimos de oro, se había vuelto, como resultado de la inflación, igual a cero,
carecía de valor. ¡A, que durante casi medio siglo había sido igual a A, se
había vuelto de repente igual a no-A! En el curso del proceso inflacionario, A
se había convertido en su contrario. El certificado de valor no tenía ningún
valor.
“Todo obrero sabe
que es imposible hacer dos objetos completa-mente iguales. En la transformación
del bronce en cojinetes se permite cierta desviación para los cojinetes,
siempre que ésta, no obstante, no pase de ciertos límites (a esto se llama
tolerancia). Mientras se respeten las normas de tolerancia, los cojinetes son
considerados iguales. (“A” es igual a “A”.) Cuando se excede la tolerancia, la
cantidad se convierte en cualidad; en otras palabras, los cojinetes son de
inferior calidad o completamente inútiles.
Nuestro pensamiento
científico es sólo una parte de nuestra práctica general, incluidas las
técnicas. Para los conceptos también existe una “tolerancia”, que no está
fijada por la lógica formal basada en el axioma “A” es igual a “A”, sino por la
lógica dialéctica basada en el axioma de que todo cambia constante-mente. El
“sentido común” se caracteriza por el hecho de que sistemáticamente excede la
“tolerancia” dialéctica”4
En la industria
mecánica, los grados de tolerancia se extienden general-mente de una centésima
a una milésima de pulgada, según el tipo de trabajo que se efectúa. Lo mismo
ocurre con el trabajo intelectual y los conceptos, que son sus herramientas.
Donde el margen permisible de error es considerable, bastan las leyes de la
lógica formal; pero cuando se exigen tolerancias más finas, hay que crear y
utilizar herramientas nuevas. En el terreno de la producción intelectual, esas
herramientas son las ideas de la lógica dialéctica.
La ley de identidad
puede exceder la tolerancia dialéctica en dos direcciones opuestas. Igual que
las tolerancias no tienen generalmente uno, sino dos límites, uno máximo y otro
mínimo, la ley de identidad excede continuamente la tolerancia dialéctica volviéndose
bien sea más
4 L.
Trotsky, En defensa del marxismo, op. cit., p. 78.
38
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
válida, bien menos.
Si, por ejemplo, como resultado de la deflación, el dólar dobla su valor, A ya
no es igual a A, sino mayor que A. Si, durante la inflación, el dólar se reduce
a la mitad de su valor, de nuevo A no es igual a A, sino menor que A. En cualquier
caso, la ley de identidad ya no es estrictamente cierta, sino que se vuelve
cada vez más falsa, según la dimensión y el carácter específico del cambio de
valor. En lugar de A igual a A, tenemos ahora A igual bien a 2 A o a ½ A.
Nótese que partimos
correctamente de la ley de identidad. Teníamos A y nada más.
Y luego llegamos
inevitablemente a esta contradicción: es cierto que A es igual a A; es asimismo
cierto que A no es igual a A. Además de A igual a A, tenemos A igual a 2 A y a
½ A.
Esto nos da una
pista de la verdadera naturaleza de A. A no es la categoría simple, pareja,
fija e incambiable que los lógicos formales le hacen ser. Ésa es sólo una de
las apariencias de A. En realidad, A es extremada-mente compleja y
contradictoria. A no es sólo A, sino también algo más al mismo tiempo. Eso hace
a A muy esquiva y escurridiza. Nunca llegamos a captarla del todo, puesto que
en el momento en que intentamos atraparla, empieza a cambiarse en algo más o
menos diferente.
¿Qué es pues A,
podéis preguntaros desesperados, si no es sola y simplemente A? La respuesta
dialéctica es que A es a la vez A y no-A. Si se toma A como simplemente A y
nada más, como hace el lógico formal, se ve sólo un lado de A, y no el otro, su
lado negativo. A, tomada por sí misma como simplemente A y nada más, es una
abstracción que no puede comprenderse nunca plenamente ni encontrarse en la
realidad. Es una abstracción útil en tanto se comprenden sus límites y no se la
toma, o mejor, no se confunde, con la verdad total y última de toda cosa dada.
Esta elemental ley de identidad es aplicable para la mayoría de los actos y
pensamientos ordinarios de la vida cotidiana, pero tiene que ser sustituida por
leyes más profundas y complejas cuando están implicados procesos más
complicados y prolongados.
Cualquier mecánico
comprendería fácilmente por qué esta ley del pensamiento sólo puede tener un
valor limitado. ¿No es esto cierto de todas las herramientas y máquinas? Cada
una de ellas es útil sólo bajo ciertas condiciones y para ciertas operaciones
determinadas: una sierra para cortar, un torno para tornear, un taladro para
taladrar. En cada fase del proceso de producción industrial, los obreros se
enfrentan con las
39
George Novack
limitaciones
intrínsecas de todas y cada una de las herramientas y máquinas-herramienta.
Ellos superan las limitaciones de las herramientas de que disponen de dos
maneras: ya sea empleando diferentes herramientas, ya combinando diferentes
herramientas en el mismo proceso continuado de producción. Las operaciones en
torno múltiple proporcionan un ejemplo excelente de ello.
El pensamiento es
esencialmente un proceso de producción intelectual, y las limitaciones de las
herramientas del pensamiento pueden ser superadas de la misma manera. Siempre
que encontramos un obstáculo con la ley de identidad, tenemos que recurrir bien
a una ley lógica diferente o tenemos que combinar las viejas leyes en formas
nuevas para llegar a la verdad. Aquí es donde empieza la lógica dialéctica.
Igual que introducimos una máquina o equipo de máquinas más desarrolladas en la
producción industrial, cuando queremos resultados más exactos y correctos en la
producción intelectual, aplicamos las ideas más desarrolladas de la dialéctica.
Si volvemos ahora a
nuestra abstracta ecuación original, A igual a A, observamos que se ha
desarrollado de una forma muy contradictoria. A se ha diferenciado. En otras
palabras, A está siempre cambiando, y cambiando en direcciones diferentes. A
está siempre haciéndose más o menos, siempre está alejándose o acercándose a sí
misma.
En este proceso de
realizar o perder su identidad, llega un punto en el que A se convierte en algo
diferente de lo que era al empezar. Si restamos lo suficiente de A o añadimos
lo suficiente a A, cambia su cualidad específica y se convierte en algo más, en
una nueva cualidad. En este punto crítico en que A pierde su identidad, la ley
de identidad, que hasta ese momento tenía cierta validez, se vuelve
completamente falsa.
El río Hudson
pierde su identidad y se vuelve parte del Océano Atlántico; el marco alemán ya
no es un marco, sino un trozo de papel impreso; el cojinete de bronce, en lugar
de ser un elemento de una máquina, se convierte en un fragmento inútil de
metal. En términos algebraicos, A se convierte en –A. En lenguaje dialéctico,
los cambios cuantitativos destruyen la vieja cualidad y producen una nueva.
40
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“Determinar en el
momento preciso el punto crítico en que la cantidad se transforma en cualidad,
es una de las tareas más importantes y difíciles en todas las esferas del
conocimiento, incluida la sociología.”5
Uno de los
problemas centrales de la ciencia de la lógica consiste en reconocer y formular
esta ley. Tenemos que comprender cómo y por qué en un cierto punto los cambios
cuantitativos dan nacimiento a nuevas cualidades, y viceversa.
Llegamos, pues, a
esta conclusión. Aun cuando la ley de identidad refleja correctamente ciertos
rasgos de la realidad, también distorsiona o deja de reflejar otros. Además,
los aspectos que falsifica y no puede expresar son mucho más penetrantes y
fundamentales que los que describe con la mayor fidelidad. Entremezclada con su
partícula de realidad, esta generalización elemental de la lógica contiene una
buena dosis de ficción. Como resultado, este instrumento de verdad se convierte
a su vez en un generador de error.
3. UNA
VEZ MÁS SOBRE LAS LIMITACIONES DE LA LÓGICA FORMAL
En las dos primeras
lecciones, estudiamos las leyes básicas de la lógica formal; cómo y por qué
aparecieron; qué relaciones tienen con la dialéctica; y los límites de su
utilidad. Ahora trataremos de hacer un repaso amplio de las limitaciones de la
lógica formal a fin de clarificar el terreno para una exposición de la
evolución y de las leyes principales de la dialéctica en las siguientes
lecciones.
Podemos destacar
cinco errores básicos, o elementos de ficción, inherentes a las leyes de la
lógica formal.
1. La lógica formal
exige un universo estático
El hecho principal
y primero es que esas leyes excluyen el movimiento, el cambio, el desarrollo de
sí mismas, y con ello del resto de la realidad. No niegan explícitamente la
existencia real o la significación racional del movimiento. Pero están obligadas
a hacerlo de una manera tan indirecta a causa de la implicación necesaria de su
propia lógica interna.
5 Ibíd, p.
77.
41
George Novack
Si, como afirma la
ley de identidad, todo es siempre igual a sí mismo, entonces, como asegura la
ley de contradicción, nada puede ser distinto a sí mismo. Pero la desigualdad
es una manifestación de la diferencia, y la diferencia indica la operación y presencia
del cambio. Donde toda diferencia es lógicamente excluida, no puede haber
movimiento ni cambio real y, por lo tanto, ninguna razón para que algo se
vuelva otra cosa de lo que era originalmente. Lo que es eternamente idéntico, y
nada más, no puede sufrir nunca alteración y tiene que ser, por definición,
inmutable.
Si la lógica formal
quiere seguir siendo cierta para sí misma, guiarse por sus propias leyes, no
puede admitir nunca la existencia real o la racionalidad del movimiento. No hay
sitio para el cambio en el universo trazado o supuesto por la lógica formal. No
existe movimiento interior ni impulso de movimiento en ninguna de sus leyes ni
entre ellas. No hay ningún empuje lógico para que estas leyes atraviesen y
penetren en el mundo que hay más allá de ellas. No existe ningún dinamismo en
este mundo exterior que haga salir compulsivamente las cosas de sus condiciones
presentes y las empuje hacia nuevos desarrollos. El movimiento no puede ser
sacado ni introducido en este reino estático de formas rígidas, donde todo está
congelado en su lugar adecuado y forma hileras perfectamente ordenadas, una
junto a otra, como un regimiento prusiano tradicional.
¿Por qué este
formalismo se aparta de un rasgo tan central de la realidad como el movimiento
y le vuelve la espalda? Porque el movimiento tiene un carácter internamente
contradictorio. Como señala Engels:
“...ya el simple
movimiento mecánico local no puede realizarse sino porque un cuerpo, en uno y
el mismo momento del tiempo, se encuentra en un lugar y en otro, está y no está
en un mismo lugar.”6
Todo lo que se
mueve pone de manifiesto continuamente esta contradicción de estar al mismo
tiempo en dos lugares diferentes, y también supera esta contradicción al pasar
de un lugar al siguiente.
Formas de
movimiento más desarrolladas y complejas, como el crecimiento de árboles y
plantas, la evolución de las especies, el desarrollo de la sociedad en la
historia y la evolución de las ideas filosóficas, presentan dificultades aun
mayores para la lógica formal. Aquí, las sucesivas fases del proceso de
desarrollo se niegan mutuamente, con el
6 F.
Engels, Anti-Dühring, Grijalbo, MEW, vol. 35, Barcelona, 1977,
p. 124.
42
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
resultado de que el
proceso unificado es una serie de contradicciones. En el crecimiento de una
planta, por ejemplo, el brote es negado por la flor, la flor por el fruto.
Dondequiera que se
ven confrontados con semejantes contradicciones reales, los lógicos formales se
desconciertan desesperadamente. ¿Qué hacen? Los niños, cuando se encuentran con
algún fenómeno horrible y extraño, que no comprenden y al que no pueden hacer
frente, cierran los ojos, se tapan la cara con las manos y así esperan quitarse
de encima el fantasma. Los lógicos formales reaccionaban –y todavía reaccionan–
de la misma forma infantil ante la presencia de la contradicción. Puesto que no
comprenden su naturaleza real y no saben qué hacer con esta cosa terrible que
trastorna los fundamentos de su mundo lógico, proceden a decretar la expulsión
de la contradicción del mundo de sus ideas y de su lógica.
Siempre que las
autoridades reaccionarias se ven amenazadas por las fuerzas subversivas,
aquéllas intentan suprimirlas, encarcelarlas o exilarlas de su régimen. Los
formalistas tratan de esa forma la contradicción. Truenan como Sir Anthony
Absolute a su hijo en la comedia de Sheridan Los rivales. Sir
Anthony impuso las siguientes condiciones a su hijo si éste no
coincidía con sus opiniones sin ninguna condición:
“...¡no entres al
mismo hemisferio que yo! ¡No te atrevas a respirar el mismo aire ni a usar la
misma luz que yo! ¡Consigue una atmósfera y un sol para ti solo!”
La llamada ley de
contradicción en la lógica formal no expresa, como pretende, la verdadera
naturaleza de la contradicción. Es un edicto que la excomulga de la lógica y le
ordena “¡conseguir una atmósfera y un sol para sí sola!”
Esta ley afirma que
A nunca es no-A. Esto no es una expresión de la contradicción real, que debería
decir: A es no-A y A, es tanto ella misma como otra. Es lo opuesto de la
contradicción, la identidad. La canción de Gilbert-Sullivan dice: Las cosas
raramente son lo que parecen, “la leche desnatada se disfraza de crema.” En
este ejemplo, en la llamada ley de contradicción, la identidad se disfraza de
diferencia. Esta ley es un impostor que pretende ser la contradicción pero que
no es más que la identidad en una forma negativa.
43
George Novack
La lógica formal no
puede tolerar la contradicción real dentro de su propio sistema. La suprime, la
anula, la expulsa –o eso piensa. Puesto que un ucase que decrete la expulsión
de la contradicción del mundo de sus ideas no erradica sin embargo la existencia
de la contradicción en el mundo real. En su esfuerzo por liberarse de la
contradicción, los formalistas atribuyen contradicciones absolutas a la
realidad objetiva. En el mundo que representa la lógica formal todo está en
oposición absoluta a todo. A es A; B es B; C es C. En buena lógica no tienen
nada en común. ¡La contradicción es la reina!
La contradicción
eliminada del sistema de la lógica formal se ve de este modo elevada a la
supremacía en el mundo real. ¡La contradicción ha muerto, viva la
contradicción! Los formalistas evitan la contradicción dentro de su propio
sistema sólo a costa de devolverle la supremacía fuera de él.
La contradicción
real tiene que incluir en sí misma la identidad y la diferencia. Este
formalismo no puede hacerlo. En todas las leyes de la lógica formal no hay
realmente más que identidad en diversas versiones o disfraces. No hay ni una
pizca de diferencia real en ellas o entre ellas.
Por eso las leyes
de categorías inmóviles de la lógica formal son incapaces de explicar la
esencia del movimiento. El movimiento es así de íntegra, explícita y
bruscamente contradictorio. Contiene en sí mismo, al mismo tiempo, dos
momentos, elementos, fases, diametralmente diferentes. Una cosa que se mueve
está aquí y allá simultáneamente. De lo contrario, no está en movimiento, sino
en reposo. A no es simplemente igual a A, sino también a no-A. El reposo es la
interrupción del movimiento; el movimiento, una interrupción continua del
reposo.
La lógica formal no
puede reconocer o analizar esta naturaleza contradictoria real del movimiento
sin violarse a sí misma, sin echar abajo sus propias leyes y superarlas y
convertirse en otra cosa. Esto es tanto como esperar y exigir que el formalismo
sea o se vuelva explícitamente dialéctico. Esto es precisamente lo que le
ocurrió a la lógica en el curso de su evolución. Pero la lógica formal, en sí y
por sí misma, no puede dar este salto revolucionario desde su propio pellejo.
Todos los pensadores formales coherentes siguen afianzados en las bases
originales de la omnipotencia y universalidad de la identidad, y siguen negando
–del todo lógicamente según su lógica, y del todo ilógicamente según la
realidad– la existencia objetiva real de la autodiferencia, o contradicción.
44
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“La categoría de la
identidad abstracta contenida y repetida en las leyes de la lógica formal es la
expresión conceptual directa y el equivalente lógico de la inmovilidad en la
existencia objetiva. Por eso, la lógica formal es esencialmente la lógica de la
ausencia de vida, de las relaciones rígidas, de las cosas fijas, de la
repetición y el reposo eternos. Mientras contemplamos las cosas como en reposo
y sin vida, cada una para sí, junto a las otras y tras las otras, no
tropezamos, ciertamente, con ninguna contradicción en ellas. Encontramos
ciertas propiedades en parte comunes, en parte diversas y hasta
contradictorias, pero en este caso [es decir, el sistema de la lógica formal]
repartidas entre cosas distintas, y sin contener por tanto ninguna contradicción.”7
Observemos lo que
ocurre en el caso contrario, cuando las cosas empiezan a moverse, no sólo en su
relación mutua, sino en relación consigo mismas, no sólo exteriormente, sino
también interiormente. Empiezan a perder su identidad y tienden a transformarse
en otra cosa. El río Hudson nace, discurre y se mezcla con el Océano Atlántico;
el marco alemán se degrada en un trozo de papel sin valor; incluso los
cojinetes perfectamente fabricados se desgastan y eventualmente se convierten
en metal inútil. Lo máximo que pueden hacer estas cosas es aplazar la fecha de
su pérdida de identidad; pero, al final, no pueden escaparle. Estos resultados
del movimiento interno y externo de las cosas reales son evidentemente
contradictorios, pero no son menos obviamente ciertos, es decir, en consonancia
con la realidad. Nada es permanente. La realidad nunca reposa, siempre está en
cambio, siempre fluye. Este proceso universal incuestionable forma la base
material de la teoría que, en palabras de Engels, dice que:
“...la naturaleza
toda, desde lo más pequeño hasta lo más grande, desde el grano de arena hasta
el sol, desde los protistos hasta el hombre, se halla, existe en perenne
proceso de nacimiento y extinción, en flujo incesante, en un estado continuo de
movimiento y cambio.”8
Ninguna
generalización de la ciencia moderna está basada con mayor certeza en los
hechos demostrados experimentalmente que esta teoría del desarrollo universal,
que fue el logro más importante del pensamiento humano en el siglo diecinueve.
7 F.
Engels, Anti-Dühring, op. cit., p. 124.
8 F.
Engels, Dialéctica de la naturaleza, Grijalbo, México, 1961,
p. 12.
45
George Novack
Las leyes de la
lógica formal, que proscriben la contradicción, están en completa contradicción
con esta teoría y con la realidad del desarrollo universal. La ley de identidad
abstracta afirma que nada cambia; la dialéctica afirma que todo está en cambio
constante. ¿Cuál de estas dos proposiciones opuestas es cierta, cuál falsa? ¿A
cuál hemos de agarrarnos y cuál descartar? He ahí la cuestión que los
dialécticos materialistas, que basan su lógica en los procesos de la
naturaleza, dirigen a los formalistas empedernidos. He ahí la cuestión que el
pensamiento científico planteó a la lógica formal no sólo en el siglo pasado,
sino mucho antes. He ahí la cuestión que la lógica formal teme oír o
considerar, puesto que revela lo vacío de sus pretensiones y dobla a muertos
por el fin de su dominio de dos mil años sobre el reinado del pensamiento.
2. La lógica
formal levanta barreras infranqueables entre las cosas
La lógica formal es
errónea y deficiente porque levanta barreras infranqueables entre una cosa y
otra, entre las sucesivas fases del desarrollo de la misma cosa y en los
reflejos de la realidad objetiva en nuestras mentes. A toda pregunta responde
con un sí categórico o con un no absoluto. Entre la verdad y la falsedad no hay
ningún intermedio, ni fases transitorias ni eslabones de unión. Sobre este
punto, dice Hegel en el prefacio a su Fenomenología del Espíritu:
“Cuanto más percibe
el espíritu vulgar la oposición entre lo cierto y lo falso como algo fijo, más
se acostumbra a esperar la coincidencia o la contradicción con un sistema
filosófico dado, y a ver sólo la razón para uno o para otro en toda explicación
respecto a tal sistema. No concibe la diversidad de sistemas filosóficos como
la evolución progresiva de la verdad; más bien sólo ve contradicción en esa
variedad.”
“El brote
desaparece cuando brota la flor, y podríamos decir que el primero es negado por
la segunda; de la misma forma, cuando sale el fruto, puede decirse que la flor
es una forma falsa de la existencia de la planta, puesto que el fruto aparece
como su verdadera naturaleza en lugar de la flor. Estas fases no están
simplemente diferenciadas; se sustituyen mutuamente como incompatibles. Pero la
actividad incesante de su propia naturaleza inherente las convierte al mismo
tiempo en momentos de una unidad orgánica, en la que no
46
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
sólo no se
contradicen, sino en la que una es tan necesaria como las demás; y esta igual
necesidad de todos los momentos constituye, ella sola y por ello, la vida en su
conjunto. Pero una contradicción como la que se da entre los sistemas
filosóficos no quiere concebirse de esta manera; por el contrario, el espíritu
que percibe la contradicción no sabe por lo general cómo aliviarla o liberarla
de su unilateralidad, ni cómo reconocer, en lo que parece conflictivo e
inherentemente antagónico, la presencia de momentos mutuamente necesarios.”
Si tomamos al pie
de la letra las leyes de la lógica formal, hemos de suponer que todas y cada
una de las cosas, o todos los estados de cada cosa, son absolutamente
independientes de cualquier otra cosa o estado. Se presupone un mundo en el que
todo existe en una soledad perfecta, al margen de cualquier otra cosa.
La posición
filosófica que lleva esta lógica a su última conclusión es la filosofía del
idealismo subjetivo, que parte del supuesto de que nada existe realmente,
excepto uno mismo. Esto se conoce como solipsismo, del latín solus ipse (yo
solo).
No exige
reflexionar demasiado ver cuan absurda e insostenible es esta posición. Sea
cual sea su teoría, toda persona sensata procede en la práctica sobre la base
de que nada existe por sí mismo. Además, si pensamos un poco, vemos que cada
cosa, no importa lo aislada e independiente que pueda parecer, necesita en
realidad las demás cosas para existir y convertirse en sí misma. Si no
pudiésemos relacionar una cosa con la otra, y éstas a su vez con el resto de la
realidad, estaríamos en un callejón sin salida.
Además, cada cosa
está siempre pasando a ser y transformándose en otra cosa. Para hacerlo, tiene
que derribar y destruir necesariamente los límites que la separaban de esa otra
cosa. Por lo que sabemos, no hay separaciones inamovibles e insuperables entre
las cosas.
“La proposición
fundamental de la dialéctica marxista es que todos los límites en la naturaleza
y en la sociedad son convencionales y variables, que no existe ni un
solo fenómeno que no pueda, bajo determinadas circunstancias,
transformarse en su contrario”, señalaba Lenin.
A una amplia escala
histórica, Trotsky observó:
47
George Novack
“La conciencia
surgió de lo inconsciente, la psicología de la fisiología, el mundo orgánico
del inorgánico, el sistema solar de la nebulosa.”9
Este derribo de
límites, este tránsito de una cosa a otra, esta dependencia mutua de una cosa
respecto a otra no ha tenido lugar solamente durante lapsos prolongados del
desarrollo histórico; tiene lugar constantemente en nosotros y a nuestro
alrededor. Los pensamientos avanzan y retroceden entre el espíritu consciente y
el inconsciente. Cuando actuamos sobre la base de una idea, esta idea pierde su
carácter predominantemente mental y se convierte en una fuerza materialmente
activa en el mundo por lo general a través de nosotros mismos. Marx señaló que
un sistema de ideas, como el socialismo, se convierte en una fuerza material
cuando toma posesión de los espíritus de las masas obreras y éstas avanzan para
convertir esas ideas en acción social.
Todo tiene unas
líneas de demarcación definidas que le separan de todas las demás cosas. De lo
contrario, no sería una entidad distinta con una identidad única. Tenemos que
descubrir esos límites en la práctica y tenerlos en cuenta en nuestro
pensamiento.
Pero esos límites
no permanecen inalterados bajo todas las condiciones; ni son los mismos en
todas las ocasiones. Fluctúan según las circunstancias cambiantes. Este
carácter relativo, variable y fluido de los límites es ignorado y negado por
las leyes de la lógica formal. Estas leyes afirman que todo tiene límites
definidos, pero pasan por alto el hecho mucho más importante de que esos
límites tienen limitaciones.
3. La lógica formal
excluye la diferencia de la identidad
Ya hemos observado
que la lógica formal traza la línea divisoria más definida entre identidad y
diferencia. Éstas están situadas en una oposición mutua absoluta, mirándose
como extrañas. Aun cuando se les admite tener relaciones, son puramente
externas y accidentales y no afectan su simple existencia interior indivisa.
Los formalistas
consideran una contradicción y una monstruosidad, decir, como dicen los
dialécticos, que la identidad es (o se vuelve) diferencia, y la diferencia,
identidad. Insisten: la identidad es la identidad: la diferencia es la
diferencia; no puede ser lo mismo. Comparemos estas afirmaciones con
9 L.
Trotsky: En defensa del marxismo, op. cit., p. 79.
48
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
los hechos de la
experiencia, que es la prueba de la verdad de todas las leyes e ideas.
En la Dialéctica
de la naturaleza, Engels dice:
“La planta, el
animal, cada célula es, en cada momento de su vida, idéntica a sí misma y, sin
embargo, se vuelve distinta de sí misma por la absorción y excreción de
sustancias, por la respiración, por la formación y la muerte de células, por
los procesos de circulación que tienen lugar, en resumen, por una suma de
cambios moleculares incesantes que constituyen la vida y la suma total de cuyos
resultados es evidente a nuestros ojos en las fases de la vida vida
embrionaria, juventud, madurez sexual, proceso de reproducción, vejez, muerte.
Esto es al margen, además, de la evolución de las especies. Cuanto más se
desarrolla la fisiología, más importantes se convierten para ella estos
incesantes cambios infinitamente pequeños, y, por consiguiente, más importa también
la consideración de la diferencia dentro de la identidad, y el antiguo punto de
vista abstracto de la identidad formal, de que un ser orgánico tiene que ser
tratado como algo simplemente idéntico a sí mismo, como algo constante, se
vuelve obsoleto.”
“Sin embargo, el
modo de pensamiento basado en él, junto con sus categorías, persiste. Pero
incluso en la naturaleza inorgánica, una identidad como ésa no existe en la
realidad. Todo cuerpo está expuesto continuamente a influencias mecánicas,
físicas y químicas, que están siempre cambiando y modificando su identidad.”
Las barreras
insuperables levantadas por la lógica formal entre estos dos rasgos
entrelazados de la realidad son barridas continuamente en el proceso de
desarrollo. Lo diferente se vuelve idéntico. Todos nosotros estábamos en
diferentes lugares de New York antes de reunimos aquí esta noche. Cuando se
acabe esta lección, nos dispersaremos de nuevo a lugares diferentes. Esta
transformación de la diferencia en identidad y de la identidad en diferencia
tiene lugar no sólo en las simples relaciones espaciales, sino en todas las
relaciones. El brote se convierte en flor, la flor, en fruto, sin embargo,
todas esas diferentes fases de crecimiento pertenecen a la misma planta.
49
George Novack
De este modo, a
pesar de las leyes de la lógica formal, la identidad material real no excluye
la diferencia respecto a sí misma, sino que la contiene como parte esencial de
sí. Asimismo, la diferencia real no excluye la identidad, sino que la incluye
en su seno como un elemento esencial. Estos dos rasgos de la realidad pueden
ser separados para realizar distinciones en el pensamiento. Pero eso no
significa, como pretende la lógica formal, que en la realidad puedan ser
desunidos.
4. Las leyes de la
lógica formal son presentadas como absolutas
El cuarto defecto
de las leyes de la lógica formal es que se presentan como leyes absolutas,
finales, ilimitadas. Para ellas, la excepción es imposible. Rigen el mundo del
pensamiento de forma totalitaria, exigiendo obediencia de todas las cosas,
pretendiendo una autoridad sin límites para su soberanía. A siempre es igual a
A, y ¡ay de los que no reconozcan este dogma o se atrevan a afirmar lo
contrario!
Desgraciadamente
para los formalistas, nada en el universo corresponde a tales condiciones. Todo
lo real se origina y se nos presenta bajo condiciones materiales e históricas
específicas, en conexión indisoluble con las demás cosas, y siempre en proporciones
definidas y mensurables. La sociedad humana, por ejemplo, apareció en un punto
de inflexión definido, materialmente determinado, en la evolución del hombre
desde los animales superiores; es inseparable del resto de la naturaleza
orgánica e inorgánica; se ha desarrollado gradualmente y está lejos de haber
alcanzado su pleno desarrollo cuantitativo y cualitativo. Cada fase de este
desarrollo social tiene sus propias leyes que surgen de sus características
especiales y les corresponden.
Las leyes absolutas
ya no pueden hallar ningún lugar en el mundo físico. En las diversas etapas del
desarrollo de las ciencias físicas, los elementos químicos, las moléculas, los
átomos, los electrones, fueron considerados por los pensadores de espíritu metafísico
como sustancias incambiables. La humanidad no puede ir más allá. Con el avance
posterior de las ciencias naturales, cada uno de esos absolutos eternos fue, a
su vez, derribado. Cada una de esas partes constituyentes de las formaciones
materiales ha sido demostrada experimentalmente que estaba condicionada,
relativizada y limitada. Todas sus pretensiones de ser absolutas, ilimitadas e
incambiables se han comprobado falsas.
50
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
A finales del siglo
diecinueve, mientras los científicos porfiaban sobre la inmutabilidad de éste o
aquél elemento, los científicos sociales de los Estados Unidos insistían en que
la democracia burguesa era la forma suprema de gobierno para la humanidad civilizada.
La experiencia histórica desde 1917, que ha presenciado el deterioro y derrumbe
de la democracia burguesa desde dos direcciones opuestas, por el fascismo y por
el bolchevismo, ha demostrado cuan históricamente limitada, inadecuada y
condicionada es realmente esta forma particular de gobierno capitalista.
Si todo surge a la
existencia bajo limitaciones materiales e históricas definidas, se desarrolla,
se diversifica, se altera y luego desaparece, ¿cómo se puede aplicar ley
absoluta alguna a todo de la misma forma, en el mismo grado y siempre y bajo
todas las condiciones? Sin embargo, ésta es precisamente la pretensión de las
leyes de la lógica formal y lo que le exigen a la realidad. Y, en su búsqueda
de leyes que sirvan en todo momento y bajo cualquier condición, los científicos
caen en este callejón sin salida de la lógica formal.
En último análisis,
Dios es el único ser que puede reunir por completo las normas de la lógica
formal. Se supone a Dios absoluto, sin límites, perfecto, independiente de todo
excepto de sí mismo. Pero Dios, también, tiene una pequeña imperfección. Que fuera
de la imaginación de la gente devotamente religiosa, no existe.
5. La lógica
formal puede explicar presumiblemente todo, excepto a sí misma
Por último, las
leyes de la lógica formal, que se supone pueden proporcionar una explicación
racional de todo, tienen este grave defecto. La lógica formal no puede
explicarse a sí misma. Según la teoría del marxismo, todo aparece como
resultado de causas materiales, se desarrolla a través de fases sucesivas, y
finalmente perece.
¿Qué ocurre con la
lógica formal y sus leyes? ¿Dónde, cuándo, por qué se originaron; cómo se han
desarrollado; son eternas? Los lógicos formales arguyen, cuando no se atreven a
afirmarlo sin reserva, que su lógica no tiene raíces terrenas, sino que es producto
de la revelación divina; que sus leyes son leyes invariables de la razón; que
su lógica es el único sistema de lógica posible y, por tanto, eterno.
51
George Novack
Si desafiáis a los
lógicos formales y preguntáis: ¿Con qué derecho eleváis las leyes de la lógica
por encima de la historia, las exceptuáis de la regla universal de que nada es
invariable?, sólo pueden responder de la misma manera que los monarcas absolutos.
Lo hacemos por derecho divino.
Ahora vemos qué hay
de cierto en la identificación de la dialéctica con la religión que hacen
profesores como James Burnham y Sidney Hook. En realidad, la lógica formal va
pareja con la religión y el dogmatismo. Las leyes eternas de la lógica se
encuentran en la misma posición que los principios eternos de la moral, de los
que Trotsky señaló:
“El cielo sigue
siendo la única posición fortificada para las operaciones militares contra el
materialismo dialéctico.”10
A decir verdad, la
lógica formal apareció en la sociedad humana en una fase definitiva de su
desarrollo y en un punto definido de la conquista del hombre sobre la acción de
la naturaleza; se ha desarrollado junto al progreso de la sociedad y de sus
fuerzas productivas, y ha sido incorporada a la más desarrollada lógica de la
dialéctica y sustituida por ella. Esto sitúa la lógica a la par que todo lo
demás, pero fue necesaria una revolución en el pensamiento humano para ponerla
en su lugar adecuado. Uno de los aspectos superiores de la dialéctica
materialista sobre la lógica formal consiste en el hecho de que, a diferencia
de la lógica formal, la dialéctica no sólo puede explicar la existencia de la
lógica formal, sino que también puede decir por qué la supera. La dialéctica
puede explicarse a sí misma y a los demás. Por eso es incomparablemente más
lógica que el pensamiento formal.
Observemos cómo ha
progresado nuestra crítica de la lógica formal. Empezamos afirmando la verdad
de las leyes de la lógica formal. Seguimos señalando los límites de esa verdad
y la tendencia de esas leyes a generar error una vez son llevadas más allá de límites
definidos. Eso nos condujo a negar la verdad incondicional de lo que habíamos
afirmado previamente.
Las leyes del
formalismo, como vimos, tienen dos lados, uno cierto, el otro falso. Se
mostraron como complejas y contradictorias, capaces de desarrollo y cambio en
razón de tendencias opuestas que actúan constantemente en su interior.
Analizamos los dos polos opuestos de su carácter contradictorio, desvelamos sus
interrelaciones e indicamos cómo y por qué se transformaban el uno en el otro.
10 L.
Trotsky, Su moral y la nuestra, Fontamara, Barcelona, 1978, p.
15.
52
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Ése es el método
dialéctico de pensamiento para todo. Como resultado, hemos llegado a la
frontera de la dialéctica por una vía genuinamente dialéctica. Ése es también
el camino por el que la humanidad llegó a la dialéctica como un sistema
formulado de pensamiento. Los hombres descubrieron las limitaciones de la
lógica formal en la práctica, y luego superaron esas limitaciones en la teoría
creando una forma superior de lógica. La dialéctica demuestra su verdad al
aplicar su propio método de pensamiento para explicarse a sí misma y sus
orígenes.
La dialéctica
apareció como resultado de una gigantesca revolución social que penetró en
todos los aspectos de la vida. En la política, los representantes de las masas
en movimiento, guiados inconscientemente por una comprensión dialéctica de los
acontecimientos, golpearon a las puertas de las monarquías absolutas y
tronaron: Los tiempos han cambiado; exigimos igualdad. En el espíritu del
formalismo, los defensores del absolutismo replicaron: Estáis equivocados, sois
subversivos; las cosas no cambian o no pueden cambiar tanto. El rey es siempre
y en todo lugar el rey; A es igual a A; la soberanía no puede ser igual al
pueblo, que es no-A. Tal razonamiento formal no detuvo la marcha del progreso,
el triunfo de las revoluciones democrático-burguesas populares, el
destronamiento y la destrucción de las monarquías. La dialéctica
revolucionaria, y no la lógica formal, prevaleció en la práctica política.
En la esfera del
conocimiento, el formalismo se sumergió en la misma crisis revolucionaria que
el absolutismo en la política. Las nuevas fuerzas del conocimiento que surgían
del desarrollo de las ciencias naturales y sociales chocaron con las formas de
la lógica que habían reinado durante dos mil años, intentaron expresarse,
exigieron sus derechos. Cómo se realizó esa revolución en la lógica y a dónde
condujo será el tema de nuestra próxima lección.
53
George Novack
4. LA REVOLUCIÓN DE
HEGEL EN LA LÓGICA
En esta lección
vamos a tratar de los orígenes históricos, de los logros e importancia de una
revolución. Esta singular revolución no tuvo lugar en la política o en la
economía, sino en el terreno de las ideas. El autor de esta revolución fue un
profesor alemán, Georg Hegel, que vivió de 1770 a 1831. Revolucionó la ciencia
del proceso del pensamiento al demostrar las limitaciones de las leyes básicas
de la lógica formal y poner en pie sobre nuevas bases de principio un sistema
superior de lógica conocido como dialéctica.
La revolución de
Hegel en la lógica estuvo relacionada con otros acontecimientos
revolucionarios. Fue parte integrante de ese gigantesco movimiento social
revolucionario que barrió el mundo occidental desde el siglo dieciséis hasta el
diecinueve y culminó en la sustitución por el sistema burgués del feudalismo y
de todas las seculares formas y fuerzas precapitalistas en todos los aspectos
de la vida social. Toda auténtica revolución social es un proceso global y
profundo que llega y penetra en los recovecos de todo el orden social y lo
reconstruye todo desde sus bases materiales de producción hasta la
superestructura cultural y sus cimas filosóficas. De este modo, los movimientos
revolucionarios democrático-burgueses, engendrados por el crecimiento y la expansión
del capitalismo, transformaron radicalmente no sólo los métodos de producción
de los hombres, sus relaciones políticas y su moral, sino también su espíritu.
Los profundos
cambios en sus condiciones de vida y de trabajo produjeron cambios no menos
completos en los hábitos del pensamiento de los hombres. Las nuevas formas de
pensamiento en la práctica industrial y científica llevaron a su vez a la
exigencia de una forma de lógica más desarrollada y de una teoría superior del
conocimiento para hacer frente a los materiales de conocimiento recientemente
acumulados.
Hegel, junto con
Kant y el resto de la escuela revolucionaria alemana de filosofía, era
plenamente consciente de la necesidad apremiante para el conocimiento moderno
de un método de pensamiento adecuado y de la incapacidad de la vieja lógica
para satisfacer sus exigencias. En el Prefacio a su Lógica escribió:
54
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“La forma y el
contenido de la Lógica ha seguido siendo el mismo heredado de la antigua
tradición, tradición que, al transmitirse, se había vuelto cada vez más
insuficiente y estéril; no hay ninguna huella en la Lógica del nuevo espíritu
que ha surgido en el Conocimiento y en la Vida. Es, sin embargo (digámoslo de
una vez por todas), completamente inútil intentar mantener las formas de una
fase anterior de desarrollo cuando la estructura interior del espíritu se ha
transformado; esas formas anteriores son como hojas secas desplazadas por las
nuevas yemas que ya generan las raíces.”
“El nuevo espíritu”
a que se refiere Hegel es su manera de denominar las consecuencias de la
revolución democrático-burguesa.
Hegel empezó a
idear una lógica “adecuada al elevado desarrollo de las ciencias” y necesaria
“para garantizar el progreso científico”. Este nuevo método de pensamiento era
la dialéctica. Como sistematizador del método dialéctico, Hegel ha de ser
considerado como el fundador de la lógica moderna, igual que Copérnico fue el
padre de la astronomía moderna, Harvey de la fisiología y Dalton de la química.
En realidad, desde Hegel, ni una nueva ley de la dialéctica ha sido descubierta
además de las señaladas por él.
1. La naturaleza
contradictoria del pensamiento de Hegel
Hegel dijo en una
ocasión:
“La condena que un
gran hombre deja al mundo es obligar a éste a explicarlo.”
Esto es
verdaderamente cierto de Hegel mismo. Hegel siempre ha presentado un intrincado
problema. ¿Cómo podía este pacífico profesor, funcionario del gobierno
prusiano, cuyas opiniones políticas se hacían cada vez más conservadoras a
medida que se hacía viejo y famoso, llevar una revolución en su mente y
alumbrarla?
Una contradicción
parecida puede observarse en las reacciones provocadas por las ideas de Hegel.
Durante su vida y una década después de su muerte, fue a la vez el mimado de
los círculos ortodoxos y la inspiración intelectual de los más radicales.
55
George Novack
En cualquier caso,
sea cual fuere la actitud adoptada hacia Hegel, se acepten o se rechacen sus
ideas y su método, sea lo que fuere que se tome de él, no se puede permanecer
indiferente.
Esto testifica la
fuerza explosiva de sus ideas. La gente puede permanecer indiferente, y
generalmente lo hace, ante las ideas que no amenazan el statu quo o
el armazón establecido del conocimiento. Pero su atención y acción
se ven instantáneamente galvanizadas cuando algunas ideas genuinamente nuevas e
influencias vitales aparecen en escena. Nadie en nuestros días puede permanecer
indiferente ante el marxismo, puesto que sus ideas se han demostrado como
fuerzas revolucionarias. Ningún psicólogo se atreve a ignorar los hallazgos de
Freud.
Los verdaderos
revolucionarios en todos los terrenos del pensamiento y de los actos provocan
polémicas tempestuosas y sentimientos contradictorios. Se podía odiar a John
Brown y colgarlo, como hicieron los reaccionarios en 1859, o aclamarlo como un
mártir por la causa de la emancipación humana. Pero no se podía ignorar a John
Brown, su espíritu y sus actos. Lo mismo ocurre con Lenin y Trotsky en nuestra
generación, con Freud y Einstein hoy lo mismo que con Darwin ayer, y con Bruno
y Galileo en los siglos dieciséis y diecisiete.
El pensamiento de
Hegel arrasó como un tornado los polvorientos salones de la filosofía,
perturbándolo todo y obligando a todo el mundo a entendérselas con las
poderosas ideas que había desencadenado. El mundo del pensamiento no ha sido ya
el mismo desde que pasó Hegel. Las polémicas que estallaron a su alrededor no
han cesado hasta el día de hoy. Aquí defendemos a Hegel frente a sus
detractores durante cien años desde su muerte.
Los académicos han
intentado domesticar a Hegel, castrar y mutilar su pensamiento, transformarlo
en un icono inofensivo, como hacen con todos los revolucionarios muertos,
incluido Marx. En vano. Las auténticas ideas revolucionarias de Hegel siguen
abriéndose paso entre sus versiones convencionalizadas igual que se abrieron
paso por entre su propio sistema idealista.
Las reacciones ante
Hegel son tan extremas hoy como lo fueron en su tiempo. Desata una hostilidad
rabiosa, venenosa, en todos los formalistas impenitentes, en todos los
antidialécticos. James Burnham, al alejarse del marxismo, llamó a Hegel “el
archiembrollador del pensamiento humano,
56
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
muerto hace un
siglo,”.11 Max Eastman le otorga el ambiguo cumplido de ser “el más ingenioso de
todos los teólogos encubiertos.”12
Ésta es la opinión
de Hegel imperante en los círculos académicos oficiales de los Estados Unidos.
William James, el padre del pragmatismo, nunca se cansó de atacar a Hegel por
su absolutismo y su “universo en bloque”. John Dewey y Santayana reeditaron libros
arguyendo que Hegel era responsable del hitlerismo, pretendiendo identificarlo
con la peor de las reacciones. El vicepresidente Wallace declaraba el 8 de
marzo de 1942: “Hegel difundió amplia y profundamente la filosofía del estado
totalitario.”
La actitud de Dewey
es especialmente significativa, puesto que empezó su carrera filosófica como
hegeliano –y con sombras izquierdistas– y es un gran conocedor del pensamiento
de Hegel. Sin embargo, en su mente consciente, se alejó por completo de Hegel.
Este ex discípulo de Hegel ni siquiera menciona a su antiguo maestro ni sus
ideas en su propia obra, Lógica, publicada en 1938.
Mientras Dewey
preparaba su Lógica para la imprenta, le exigí, casi le urgí,
para que tratase la lógica de Hegel en su propio tratado. Su respuesta señalaba
que, en el terreno de la lógica, Hegel ya no contaba, era un “perro muerto”. Y,
realmente, en eso se ha convertido para la principal escuela del pensamiento
del liberalismo americano.
Los marxistas
tienen sin embargo una apreciación distinta de Hegel y su obra. Lo honramos
como un titán del pensamiento, “un genio” (Trotsky) que efectuó una
contribución imperecedera al pensamiento humano con su método dialéctico. Hegel
tiene otros admiradores en los palomares académicos. Pero los fosilizados
filósofos profesionales honran a Hegel por razones diametralmente opuestas a
las de los marxistas. Los hegelianos académicos se aferran a los aspectos
conservadores de Hegel, a todo lo que está muerto: a su sistema, a su
idealismo, a su apología de la religión. Tras su muerte, una división parecida
tuvo lugar entre los discípulos de Hegel en Alemania, entre los viejos y
jóvenes hegelianos, entre los conservadores y los radicales, entre los devotos
religiosos y los críticos ateos de la religión.
11 James
Burnham, “Ciencia y estilo”, incluido como apéndice en la edición
de Pathfinder Press de En defensa del marxismo, New York,
1973, p. 190.
12 Max
Eastman, El marxismo, ¿es una ciencia?
57
George Novack
Hegel tiene que ser
un fenómeno histórico muy complejo a juzgar por estas consecuencias objetivas
de su pensamiento. Ciertamente, el filósofo de la contradicción era él mismo un
filósofo contradictorio. Eso le convierte en un hueso duro de roer. Sus enemigos
dicen que es inútil intentar desentrañar su sistema de ideas; dentro no se
encontraría nada más que la sustancia putrefacta de ideas religiosas y
metafísicas. Nosotros decimos, por el contrario, que hay un rico tesoro oculto
bajo la cáscara del idealismo. Hegel, como todas las demás grandes figuras de
la época capitalista, tuvo aspectos revolucionarios y reaccionarios.
En esta lección
sólo consideraremos los primeros y, después, examinaremos los segundos. Newton
era un beato protestante, incluso supersticioso; sin embargo, eso no le impidió
revolucionar la ciencia de la física. Hobbes, el materialista insensible, no fue
otra cosa que un defensor del absolutismo contra los cromwellianos. Faraday, el
descubridor de la inducción de las corrientes eléctricas, era miembro de la
pequeña secta de los sandemanianos. Sir Oliver Lodge, el físico, creía en la
comunicación con los muertos.
A todos los
personajes hay que juzgarlos en relación con las condiciones de su época, y no
según normas atemporales absolutas. “La verdad es siempre concreta.”
Robespierre fue el dirigente revolucionario más destacado aun cuando intento
restaurar el culto al Ser Supremo en el cenit de la revolución
francesa. John Brown no puede ser arrojado fuera del panteón de los
revolucionarios a causa de que este revolucionario pequeño burgués creyera en
Dios y en la propiedad privada. No se puede aplicar el mismo patrón inflexible
a Toussaint Louverture, el líder de los esclavos negros rebeldes en la isla de
Haití a finales del siglo diecinueve, y a un dirigente revolucionario actual.
Los dialécticos tienen que aprender a ver a todo el mundo y todo en su justo
lugar histórico, en sus correctas proporciones, en sus contradicciones
necesarias.
Burnham y sus
colegas no pueden captar la naturaleza contradictoria de Hegel y de su
pensamiento más de lo que pueden captar el carácter contradictorio de la URSS.
Igual que sólo ven las abominaciones del stalinismo en la Unión Soviética, no
ven otra cosa que la metafísica obsoleta en la obra de Hegel. Burnham escribía
en “Ciencia y estilo”:
“Durante los 125
años pasados desde que Hegel escribiera, la ciencia ha progresado más que
durante toda la historia anterior de la humanidad. Durante el mismo período,
después de 2.300 años de
58
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
estabilidad, la
lógica ha sufrido una transformación revolucionaria... en la que Hegel y sus
ideas tuvieron una influencia exactamente igual a cero.”13
Esto es erróneo
exactamente al 100 %. Como en otras cuestiones, Burnham invierte las relaciones
reales y lo coloca todo cabeza abajo. La lógica ha sufrido una transformación
revolucionaria, pero fueron precisa-mente Hegel y sus ideas” los que iniciaron
esa revolución. Intentemos aclarar este enigma que tanto desconcierta a Burnham
y a todos los formalistas cuando chocan con el pensamiento de Hegel.
2. Los orígenes
históricos del pensamiento de Hegel
Hegel sabía que
había revolucionado la filosofía, pero explicaba los orígenes y esencias de esa
revolución unilateralmente, y por tanto incorrectamente. Escribía:
“Todas las
revoluciones, en las ciencias, no menos que en la historia general, se originan
sólo en esto, en que el espíritu del hombre, por el entendimiento y la
comprensión de sí mismo, ha alterado ahora sus categorías, uniéndose en una
relación más verdadera, profunda, interior e íntima consigo mismo.”
Desencaminado por
su punto de vista y perspectiva idealistas, Hegel concebía la revolución que él
había forjado como si surgiese de las mentes de los hombres por medio de un
cambio en sus categorías de pensamiento. Era un acontecimiento que pertenecía
esencialmente al mundo del “espíritu” o de las ideas, e implicaba la
transformación de las relaciones conceptuales de los hombres. No era un
resultado necesario del entorno social en una fase específica de las relaciones
materiales de los hombres. Los materialistas dialécticos dan una explicación
completamente diferente de la obra de Hegel. Si se preguntara ¿por qué y cómo
tuvo lugar este cambio de ideas? Hegel respondería: a causa de los factores
contradictorios interiores a cada sistema de ideas, a su pugna y a su
resolución. Nosotros, materialistas, respondemos: esto no responde la pregunta.
Explica los cambios en las ideas por cambios en las ideas. Este tipo de
explicación es demasiado superficial y limitado.
13 James
Burnham, “Ciencia y estilo”, op. cit., p. 190.
59
George Novack
Los desarrollos
revolucionarios en el mundo de las ideas tienen que ser explicados como
resultado de trastornos anteriores en el mundo material. De hecho, esta
revolución intelectual tuvo sus raíces reales y su fuerza motriz última en el
movimiento revolucionario social central de la época: el auge y la conquista
mundial del capitalismo. Nótese, sin embargo, que nosotros hacemos derivar el
principio de esta explicación de Hegel mismo, el cual enseñó que nada puede ser
explicado por sí y mediante sí mismo, como hacen los formalistas, los cuales se
basan en la ley de identidad, sino por otro y mediante otro. Y no cualquier
otro, sino su propio otro. Aquí volvemos el método de Hegel contra su propia
conclusión, y eso es precisamente lo que ha hecho el materialismo marxista a
gran escala.
Nosotros
comprendemos la naturaleza singular del capitalismo mediante la formación
social que origina, el socialismo. Para comprender algo, no sólo tenemos que
saber lo que es, sino también lo que no es, es decir, de lo que salió, de lo
que es parte, y lo que debe convertirse.
Desde el siglo
dieciséis hasta el advenimiento de Hegel, las ascendientes fuerzas del
capitalismo habían puesto en cuestión, desafiado o derribado virtualmente todas
las instituciones y relaciones estables y antiguamente respetadas. Las bases
productivas del antiguo orden social (feudalismo, esclavitud) habían sido
minadas o derribadas por el progreso de las relaciones capitalistas, de la
competencia, de la gran industria y del mercado mundial. Las revoluciones
inglesa, americana y francesa habían destruido las monarquías absolutas y
habían puesto en su lugar nuevas formas de gobierno.
La historia del
siglo dieciocho estuvo señalada por continuas guerras en todo el mundo entre
las grandes potencias, por revueltas coloniales (la revolución americana) y,
por último, por las grandes guerras civiles y nacionales que provocó la
revolución francesa. Toda la sociedad civilizada fue desgarrada por fuerzas
contradictorias y puesta patas arriba. Estos conflictos catastróficos,
colosales, se grabaron en el espíritu de los hombres y lo pusieron también
patas arriba. Los hombres no podían trabajar, vivir o pensar según las viejas
formas. Fueron sacados de sus cauces y rutinas y obligados por la fuerza de los
acontecimientos a actuar y pensar de una manera diferente, revolucionaria o
contrarrevolucionaria.
Las condiciones
históricas exigieron con urgencia la creación de un nuevo método de
pensamiento. Las audaces especulaciones de Hegel, sus saltos revolucionarios,
que enlazaban el viejo mundo del pensamiento y el nuevo,
60
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
reflejaban y
expresaban esos impulsos revolucionarios que vibraban por toda la sociedad
europea. A lo largo de su desarrollo, la ciencia de la lógica chocó con las
mismas categorías que la ciencia de la sociedad. Las técnicas y fuerzas
productivas del capitalismo habían surgido de las formas feudales de
producción. Un conflicto prolongado tuvo lugar entre los exponentes de estas
fuerzas sociales irreconciliables.
Los reaccionarios
intentaron contener al máximo las fuerzas en desarrollo de la producción
capitalista dentro de la camisa de fuerza del feudalismo. Los elementos
burgueses revolucionarios se esforzaron por liberarse de esas cadenas y crear
formas de relaciones productivas más adecuadas y libres.
Los filósofos se
vieron confrontados con un problema parecido en el terreno del pensamiento.
¿Podían ellos mantener las nuevas fuerzas de la producción intelectual, que
habían surgido e incluso anticipado las jóvenes fuerzas materiales de la
producción capitalista, en el marco de las leyes de la lógica elemental, sin
importar cuan falsas, inadecuadas o escolastizadas se hubiesen vuelto? Éste era
el procedimiento sugerido y practicado por los pensadores conservadores. ¿O
podrían liberar las nuevas fuerzas intelectuales de la servidumbre a la lógica
formal y crear un nuevo sistema de lógica más conforme con las exigencias del
desarrollo del pensamiento científico?
Éste fue el camino
tomado por los filósofos más progresivos desde la época de Bacon y Descartes.
Ellos trabajaron por reformar la lógica junto a la reconstrucción de la
sociedad y de las demás ciencias. En lugar de procurar hacer su conocimiento
científico más formalmente lógico, intentaron hacer su lógica más científica.
Fue Hegel quien logró consumar esta revolución en la lógica.
3. Hegel y la
revolución francesa
Las fuerzas
revolucionarias de la época se concentraron alrededor de la gran revolución
francesa de 1789. La revolución francesa significó para el pueblo de los siglos
dieciocho y diecinueve lo que la revolución rusa para nosotros. Dividió el
mundo civilizado en dos campos opuestos: a favor o contra la revolución.
Enardeció las ideas y tendencias revolucionarias en la política, en las artes,
en la música, en la escultura, en la poesía. (“Entonces, era glorioso estar
vivo, pero ser joven era divino”, Wordsworth), y en la filosofía.
61
George Novack
La revolución
francesa no era un acontecimiento histórico remoto para Hegel. Le fue
contemporáneo, pues tenía 23 años cuando la revolución alcanzó su clímax
(1793). Fue la fuerza más activa en su vida y en su pensamiento. Se vio inmerso
en sus vicisitudes, que le afectaron directamente. Hegel se vio obligado a
acabar su primera gran obra, la Fenomenología del Espíritu, en
vísperas de la decisiva batalla de Jena, en la que Napoleón derrotó
a los ejércitos prusianos y desmembró su reino. Los franceses asaltaron la casa
de Hegel y le prendieron fuego poco después de que se hubiese guardado en el
bolsillo las últimas páginas de la Fenomenología, y de que se
hubiese refugiado en la casa de un alto oficial de la ciudad.
A pesar de estas
molestias personales, Hegel siempre habló con entusiasmo de la revolución
francesa. En la Fenomenología intenta justificar, a su manera
idealista, el terror revolucionario de los jacobinos, que fue condenado por
todos los reaccionarios y contrarrevolucionarios de la época, con el mismo
espíritu con que se condena hoy el terror bolchevique contra los enemigos de la
revolución rusa. Esto requería algo más que un valor intelectual y moral de
primer orden. Requería una perspectiva revolucionaria.
Días antes de ser
arrojado de su casa, Hegel escribía en una carta a un amigo:
“Vi al Emperador,
ese espíritu universal, cabalgando por la ciudad para inspeccionarla. Es
ciertamente un sentimiento extraño ver a un individuo como ese ante uno, el
cual, desde este lugar, está conquistando y remodelando todo el mundo... Ahora
todos deseamos buena suerte al ejército francés, que no puede ser derrotado por
la inmensa diferencia entre sus jefes y soldados y los de sus enemigos.”14
El equivalente
actual sería la respuesta inflamada de un intelectual –en Alemania–, saludando
el avance del ejército soviético.
Hegel escribía en
otra carta:
“La nación
francesa, con la lucha de su revolución, se ha liberado de muchas instituciones
que el espíritu del hombre ha dejado atrás, como sus zapatos infantiles, y que,
por tanto, le pesaban, igual que pesan todavía sobre otros, como pesos muertos.
Es
14 Edward
Caird, Hegel.
62
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
más, los individuos
de esa nación, sin embargo, se han desprendido, en el trastorno de la
revolución, del temor a la muerte y de la vida rutinaria que, en el cambio de
escena, ha dejado de tener en sí misma significado alguno. Es esto lo que les
da la fuerza dominante que manifiesta contra las demás naciones. De ahí viene
especialmente su preponderancia sobre el espíritu primario y nebuloso de los
alemanes los cuales, sin embargo, si se ven obligados a dejar de lado su
inercia, despertarán a la acción y, preservando en su contacto con el
exterior la intensidad de su vida interior, acaso sobrepasen a sus
maestros.” 15
La queja de Hegel
sobre “el espíritu primario y nebuloso de los alemanes” se refiere a la aguda
diferencia entre Francia y Alemania. En Francia, la revolución
democrático-burguesa se realizó enérgica y abiertamente. Había sido anunciada
por un fermento agitado en el mundo de las ideas. Los escritores e ideólogos
progresistas franceses llevaron una batalla continua con la iglesia, el estado
y las autoridades reconocidas en las ciencias; sufrieron persecución, cárcel y
exilio, todas las penas previstas para esas llamadas actividades subversivas.
Debido al atraso
social de las condiciones en Alemania, el movimiento revolucionario
democrático-burgués y sus reflejos en el dominio de las ideas experimentaron
allí un desarrollo completamente diferente y produjeron resultados diferentes.
En la primera parte del siglo diecinueve, cuando Hegel llegó a la madurez, la
burguesía alemana se mostró incapaz de lanzar o completar una verdadera
revolución en la vida industrial o política. Al mismo tiempo, las energías
distraídas de esas esferas de existencia más materiales fluyeron con mayor
abundancia a los canales de la filosofía, y ahí encontraron expresión rica y
concentrada.
Los ideólogos de la
burguesía alemana compensaron la inferioridad económica, la debilidad política
y los estrechos objetivos de su clase con una determinación extraordinaria y
una visión penetrante en el mundo del pensamiento. Llevaron a cabo una revolución
en el mundo de las ideas, allí donde sus parientes más prácticos fracasaron en
llevar a cabo su revolución en el mundo de la realidad práctica. Marx
caracterizó la filosofía de Kant, el fundador de la escuela clásica alemana de
filosofía, como ”la teoría alemana de la revolución francesa”. Hegel desarrolló
esta “teoría alemana” hasta su punto más alto en la dialéctica.
15 Ibíd.
63
George Novack
4. Hegel y la
revolución en las ciencias
Ideas nuevas y
revolucionarias precedieron, acompañaron y siguieron el auge de la economía
capitalista y el fermento de la política revolucionaria democrático-burguesa.
Las ciencias naturales –matemáticas, mecánica, astronomía– empezaban a avanzar
a pasos de gigante y a asentarse sobre nuevas bases.
Más tarde, esas y
otras ciencias –geología, paleontología, química, geografía, biología,
botánica, fisiología, anatomía– avanzaron y fueron revolucionadas una a una.
Goethe, Treviranus, Lamarck llevaron la concepción del desarrollo a la botánica
y a la biología.
Las ciencias
sociales, también, se reanimaron y transformaron. Se creó la economía política.
Apareció la ciencia política junto a los partidos políticos. Los intrincados
problemas presentados por las revoluciones inglesa y francesa dieron un
poderoso impulso a la ciencia de la historia. Los hombres reflexionaron sobre
las fuerzas motrices de la historia y empezaron a buscar las fuerzas motoras de
la evolución histórica en otra parte que en la divina providencia. Hegel, por
ejemplo, intentó, en su Filosofía de la Historia, explicar la
dinámica del desarrollo histórico. Fracasó, pero su espléndido
fracaso condujo a la correcta solución proporcionada por el método marxista del
materialismo histórico.
Los trabajadores
científicos en estos diversos terrenos intentaron introducir los nuevos
materiales de conocimiento que habían recogido o las nuevas leyes que habían
descubierto en las viejas categorías de pensamiento que habían heredado.
Revolucionaron su práctica científica mucho antes de que revolucionaran
consciente y completamente sus costumbres y métodos de pensamiento. La mayoría
de ellos intentaron, por ejemplo, reconciliar sus descubrimientos con las ideas
religiosas establecidas, con las que eran absolutamente incompatibles, o, al
menos, evitar un conflicto frontal con las autoridades eclesiásticas.
Incluso después de
que muchos hubiesen dejado de lado sus temores o preocupaciones religiosas, los
científicos siguieron contemplando la naturaleza como fundamentalmente sin
variación e invariable; las leyes que ellos habían establecido, como eternas;
el movimiento, como pura y simplemente mecánico. Les faltaba, en una palabra,
la concepción del desarrollo universal.
64
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
5. El papel de la
filosofía
“El primero que
abrió una brecha en esta concepción petrificada de la naturaleza fue no un
naturalista, sino un filósofo”, –señala Engels en Dialéctica de la
naturaleza–. “En 1755 apareció la Historia general de la
naturaleza y teoría del cielo, de Kant. El problema del
impulso inicial quedaba eliminado; la tierra y todo el sistema solar... algo
que había ido formándose en el transcurso del tiempo...
encerraba, en efecto, lo que sería el punto de partida de todo progreso
ulterior. Si la tierra era el resultado de un proceso de formación, también
tenían que serlo necesariamente su actual estado geológico, geográfico y
climático, sus plantas y sus animales; esto quería decir que la tierra debía
necesariamente tener una historia no sólo en el espacio, en orden de extensión,
sino también en el tiempo, en orden de sucesión.”16
Esta idea
revolucionaria de Kant, que sería desarrollada mucho más comprensiva y
profundamente por Hegel, fue el resultado de un prolongado proceso de labor
filosófica que abarcaba varios siglos. La revolución en la filosofía no estalló
de golpe, sino que progresó gradualmente. De igual modo que los comerciantes,
banqueros e industriales burgueses y sus agentes atacaron y socavaron por
debajo las bases e instituciones del feudalismo en los asuntos económicos,
políticos y militares, los ideólogos de la burguesía asaltaron y minaron el
feudalismo por arriba en los dilatados reinos de la teoría. Desafiaron las
ideas fundamentales del cristianismo, primero a través de la Reforma
protestante y, con el tiempo, en un espíritu ateo revolucionario. Sostuvieron
una guerra feroz contra las ideas y métodos del escolasticismo, sostén
ideológico del catolicismo y del orden feudal. Recrearon el materialismo.
Los hegelianos, y
después de ellos los marxistas, no fueron la primera ni la única escuela
filosófica que comprendió la insuficiencia de la lógica de Aristóteles,
petrificada por los escolásticos, o en buscar una lógica superior. Los
pensadores burgueses habían empezado a rebelarse contra las restricciones de la
lógica formal, que se había vuelto intolerable en sus versiones escolastizadas
y muertas, ya en el siglo dieciséis. Bacon inició la lucha en Inglaterra,
Descartes en Francia. Desde esa época hasta Hegel, uno tras otro, los más
destacados filósofos europeos se esforzaron por formular un método propio para
superar la lógica formal y hacer frente a
16 F.
Engels, Dialéctica de la naturaleza, op. cit., pp. 8-9.
65
George Novack
los problemas
planteados por el progreso de las demás ciencias. El Novum Organum de
Bacon, el Discurso del Método de Descartes, el método
mecánico de Hobbes, el método geométrico de Spinoza, Un ensayo sobre el
entendimiento humano de Locke constituyeron hitos en este
camino. Locke, por ejemplo, concluye su ensayo como sigue:
“La consideración,
pues, de las ideas y palabras como los mayores instrumentos del conocimiento
forma una parte no despreciable de su estudio; que daría una visión del
conocimiento humano para su plena extensión. Y, tal vez, si fueran claramente
valorados y considerados debidamente, nos proporcionarían una lógica y una
crítica diferente de la que hemos conocido.”
El intento más
sostenido y fructífero siguiendo este camino fue realizado por los filósofos
clásicos alemanes, empezando por Kant, siguiendo por Fichte y Schelling y
culminando en Hegel. Lo que sus precursores habían buscado, Hegel lo halló;
donde ellos habían fracasado, él triunfó. Pero Hegel nunca habría logrado
desarrollar la dialéctica sin los fracasos de sus predecesores. Sus fracasos
proporcionaron las precondiciones y fueron elementos necesarios para su éxito.
Al final, a través de Hegel y Marx, sus fracasos triunfaron.
Esta lección
dialéctica de la historia de la lógica no debe perderse para los
revolucionarios. El éxito no es simplemente éxito, ni el fracaso simple-mente
fracaso, como piensan y dicen los formalistas. Todo éxito tiene algo de
fracaso, todo fracaso, algo de éxito; y, bajo ciertas condiciones, pueden
transformarse el uno en el otro. Un ejemplo es el desarrollo y la degeneración
de la revolución rusa –¡y ahora su perspectiva de regeneración!
El pensamiento de
Hegel, y especialmente su método dialéctico, representa la consumación de la
filosofía clásica alemana y de la gran filosofía griega de la Antigüedad. Fue
el resultado teórico del progreso filosófico de la civilización occidental
durante cuatro siglos. Hegel afirmó explícitamente que su filosofía era la
culminación de los dos mil años precedentes de pensamiento filosófico y que los
logros principales del pensamiento desde los griegos habían sido incorporados a
su obra. Esto no era una exageración jactanciosa, sino la pura verdad.
Esto da a la obra
de Hegel su importancia histórico-mundial. Está en la cima más elevada de un
movimiento social revolucionario gigantesco, el mayor en la historia antes del
socialismo. Su obra abarca y sintetiza en una forma teórica concentrada los
resultados de siglos de labor intelectual
66
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
por los mayores
espíritus humanos. La filosofía de Hegel no sólo expresaba los resultados de
esos vastos movimientos de la sociedad y la ciencia, sino que ella misma dio un
impulso en muchos terrenos a movimientos que todavía están cambiando el mundo.
Entre ellos está nuestro movimiento marxista.
“Los obreros
alemanes –escribió Engels– son los herederos de la filosofía clásica alemana.”
Esto es igualmente cierto para toda la clase obrera internacional. Por eso
nosotros honramos a Hegel. La mejor forma de honrar a este gran pensador es
estudiar su obra y comprender sus ideas. Eso haremos con más detenimiento en
nuestra próxima lección.
5. EL MÉTODO
DIALÉCTICO. II
En la última
lección apuntábamos que el amplio avance del conocimiento en varios frentes a
partir del siglo XVI implicó una reconstrucción radical de la ciencia de la
lógica, al tiempo que las fuerzas de expansión de la producción capitalista
exigían una transformación radical del orden económico y político. Hegel, en su
obra filosófica, llevó a cabo esta revolución en la lógica con tanta audacia
como los revolucionarios plebeyos, los jacobinos, remodelaron el estado y la
sociedad franceses. El método dialéctico de Hegel es, en la historia del
pensamiento, un logro comparable tan sólo al de Aristóteles.
En esta lección,
nos proponemos tratar las concepciones fundamentales del método dialéctico.
Cuando, en la primera lección, consideramos las ideas principales de la lógica
formal, comenzamos por especificar sus tres leyes básicas, estableciéndolas
como fórmulas, y procedimos luego a analizar sus rasgos aprovechables y sus
defectos.
Nos vemos obligados
a tratar de otro modo las ideas del método dialéctico. No empezaremos por
establecer una o dos leyes fundamentales de la dialéctica en torno a las cuales
gire la totalidad del sistema de la lógica, como hicimos en el caso de la
lógica formal. No abordaremos la dialéctica como un sistema cerrado, ya que es,
por el contrario, un sistema abierto, y nuestra forma de abordarlo será
elástica, concreta y más informal.
67
George Novack
1. Diferencia
en la forma de abordar la realidad entre la lógica formal y la lógica
dialéctica
Es importante
comprender el motivo de esta forma de proceder, ya que se debe a una profunda
diferencia de carácter entre el pensamiento formal y el dialéctico. Las leyes
básicas y las ideas de la lógica formal pueden expresarse fácilmente en simples
fórmulas e incluso en ecuaciones, debido a que generalizaciones unilaterales
como ésas revelan la naturaleza interna, el ser real del pensamiento formal.
Tal como hemos explicado, las leyes básicas de la lógica formal no encierran
más que reexposiciones de una concepción de la identidad siempre idéntica a sí
misma.
El nombre de lógica
formal no está mal puesto. El formalismo es el verdadero aliento de su vida; y
el formalismo tiende invariablemente a engendrar fórmulas incondicionales e
inmutables del tipo de las tres leyes de la lógica formal, leyes que pretendidamente
encierran el contenido completo de la realidad de la que tratan. El formalismo
toma las formas específicas y episódicas que se manifiestan en la naturaleza,
la sociedad y la mente humana, y las contempla como totalmente invariables,
eternamente fijas, inmutables e incondicionales.
La dialéctica se
basa en una óptica totalmente distinta, y tiene una perspectiva distinta ante
la realidad y sus formas cambiantes. La dialéctica es la lógica del movimiento,
de la evolución, del cambio. La realidad está demasiado llena de contradicciones,
es demasiado evasiva, demasiado mutable para que se la pueda atrapar dentro de
una forma simple o de una simple fórmula o conjunto de fórmulas. Cada fase
particular de la realidad tiene sus propias leyes y sus categorías y
constelación de categorías propias, entrelazadas con aquellas que comparte con
otras fases de la realidad. Estas leyes y categorías deben descubrirse mediante
la investigación directa de la totalidad concreta, y no pueden ser excogitadas
por la mente sola antes de que haya sido analizada la realidad material.
Además, toda realidad está en continuo cambio, y revela constantemente aspectos
nuevos de sí misma que deben ser tomados en cuenta y que no pueden ser
abarcados por las viejas fórmulas, ya que no sólo son distintos, sino a menudo
contradictorios respecto a ellas.
68
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
El método
dialéctico busca acomodarse a estos rasgos fundamentales de la realidad. Debe
tomarlos como punto de partida y como base de su proceder propio. Puesto que la
realidad es siempre cambiante, concreta, llena de novedad, fluyente como un
río, la dialéctica, que se esfuerza en ser un reflejo verídico de la realidad
en términos lógicos, debe compartir las mismas características. También el
pensamiento dialéctico debe ser concreto, cambiante, siempre fresco y fluyente
como un rutilante torrente de pensamiento, dispuesto a detectar y capturar las
contradicciones a su paso.
Los dialécticos
reconocen que todas las fórmulas deben ser provisionales, limitadas,
aproximadas, debido a que todas las formas de existencia son transitorias y
limitadas. Esto ha de aplicarse igualmente a la ciencia de la dialéctica y a
las formulaciones de sus leyes e ideas. Dado que los dialécticos tratan con una
realidad siempre cambiante, compleja y contradictoria, sus fórmulas tienen unas
limitaciones intrínsecas. En sus interacciones con la realidad objetiva y en su
proceso propio de auto-desarrollo, relacionado con esta actividad, la reflexión
dialéctica crea, mantiene, y luego deja de lado fórmulas en cada etapa de su
crecimiento. La propia dialéctica crece y cambia, a menudo de modo
contradictorio, en concordancia con las condiciones materiales e intelectuales
específicas que gobiernan su desarrollo. Ha pasado ya por dos etapas de
desarrollo cruciales con la versión idealista de Hegel y la forma materialista
del marxismo.
La reflexión
dialéctica no puede, por lo tanto, verse enteramente encerrada en ninguna serie
fija de fórmulas, ni puede la dialéctica ser codificada del mismo modo y en la
misma medida que la lógica formal. Pedir cosa semejante a la dialéctica, tratar
de imponer fórmulas perfectas a sus procesos, revela que se es cautivo del
método del pensamiento formal. Es algo ajeno a lo esencial de la naturaleza, al
espíritu vivo de la dialéctica como método de pensamiento. “Gris es la teoría,
amigos míos, pero verde es el árbol eterno de la vida”, dice Goethe.
Pero esto no
significa en absoluto que la dialéctica no esté sujeta a leyes, ni que esas
leyes no puedan establecerse en términos claros. Toda lógica debe ser capaz de
una determinación y una expresión categóricas. De no ser así, estas lecciones
mías serían una empresa sin sentido, y sería imposible una ciencia de la
lógica. De otro modo, la reflexión lógica se disolvería en escepticismo o en
misticismo, que es la consecuencia del escepticismo. Nada de lo que ocurre es
el resultado de fuerzas arbitrarias,
69
George Novack
sino que es el
resultado de leyes determinadas y que operan regularmente. Esto es aplicable a
los procesos mentales que directamente incumben a la lógica. Existen leyes de
los procesos mentales. Pueden ser descubiertas, conocidas, utilizadas.
La dialéctica
incorpora en su sistema y utiliza el aparato de la lógica formal: definición
estricta, clasificación, coordinación de categorías, silogismos, juicio, etc.
Pero convierte esas herramientas del pensamiento en sus sirvientes y en
sirvientes, y no amo, del proceso de pensamiento. Esos elementos del
pensamiento lógico deben adaptarse a los procesos de la realidad y a la
realidad del pensamiento. No se les puede permitir traspasar las fronteras de
su utilidad ni obligar tanto a la realidad objetiva como al pensamiento a
adaptarse a sus mecanismos, como hacen y exigen los formalistas fanáticos.
En la industria,
las herramientas están subordinadas y adaptadas a las necesidades del proceso
de producción y del producto, y no a la inversa. Así debe ocurrir con las
herramientas del pensamiento forjadas por la lógica formal y por la dialéctica.
Cada una de ellas tiene que encontrar su lugar propio en el proceso de la
producción mental y cooperar con otras herramientas y operaciones para producir
el resultado deseado: una correcta reproducción conceptual de la realidad
material.
Trotsky, en Mi
vida, refiriéndose a la teorización formalista de un profesor alemán,
Stammler, autor de un “tratado sobre la economía y la ley”, que influenció a
ciertos intelectuales socialistas europeos, del mismo modo que las ideas del
filósofo Morris Cohen influyeron en ciertos intelectuales americanos,
observaba: “Fue simplemente otro de los innumerables intentos de encerrar la
gran corriente de la historia natural y la historia humana, desde la ameba
hasta el hombre de hoy y de mañana, en los anillos cerrados de las categorías
eternas; anillos que sólo poseen realidad como grabaciones en el cerebro de un
pedante.”
Es difícil quitarse
de encima los hábitos mentales inculcados por los pedantes, sobre todo cuando
se han impregnado en la mente por la educación en universidades burguesas.
Insistir en que la dialéctica proporcione una expresión de sus leyes e ideas,
válidas para todos los tiempos, para todos los propósitos, en todas las
esferas, significa pedirle a la dialéctica un imposible. La dialéctica no puede
colmar este deseo. Todo intento de llevar eso a cabo violaría su propia
naturaleza interna, y la dialéctica resbalaría hasta el formalismo.
70
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Las leyes e ideas
de la dialéctica, por precisa y sutilmente que se tracen, nunca pueden ser más
que aproximadamente correctas. No pueden ser omnicomprensivas y eternas. Merece
observarse que esta exigencia es hecha, la mayor parte de las veces y con la mayor
insistencia, por pequeños burgueses pasados al movimiento marxista que están
todavía esclavizados por el formalismo de la vida y el pensamiento académicos.
Engels dijo:
“Un sistema que lo
abarca todo, un sistema definitivamente concluso del conocimiento de la
naturaleza y de la historia, está en contradicción con las leyes fundamentales
del pensamiento dialéctico; lo cual no excluye en modo alguno, sino que, por el
contrario, supone que el conocimiento sistemático de la totalidad del mundo
externo puede dar pasos de gigante de generación en generación.”17
Los críticos de la
dialéctica preguntan, reprobadoramente, aquello que el estudiante de dialéctica
pregunta a veces ansiosamente: “¿Dónde hay un tratado autorizado de
dialéctica?” Cuando los remitimos a las obras de los marxistas más destacados
–Marx, Engels, Mehring, Plejanov, Lenin, Trotsky, etc.–, retroceden
horrorizados y exclaman:
“Esos libros no son
como los libros de texto a los que estamos habituados en las escuelas y
universidades. Las ideas no están tabuladas, enumeradas, ni clasificadas. Son
polémicas desde la primera hasta la última página. Tratan de problemas
concretos de una u otra especie. No establecen sus leyes y conclusiones
dándoles a todas un rango fijo y un título propio, como si se tratara de
oficiales en la jerarquía del ejército. Aquí ocupa el primer plano una idea, y
allí otra. ¿Qué puede pensar un ciudadano honorable de semejante conducta?”
Pues así es,
respondemos. Lo que se encuentra en esos escritos marxistas no es accidental.
Podemos presentar, y presentaremos, tantos libros de texto y tratados de
dialéctica como se quiera. El mismo Marx esperaba, tal como escribía a Engels
en 1858, que:
“si hubiera tiempo,
alguna vez, para semejante trabajo, me gustaría mucho poner al acceso de la
inteligencia humana ordinaria, en dos o tres pliegos de imprenta, aquello que
es racional en el método que Hegel descubrió pero que, al
mismo tiempo, envolvió en misticismo”.
17 F.
Engels, Anti-Dühring, op. cit., p. 24.
71
George Novack
Un tratado como ése
hubiera sido inestimablemente útil para todos los estudiantes de la dialéctica.
Engels, en sus obras Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica
alemana y el Anti-Dühring, llevó más adelante a cabo
esta sugerencia.
Ni siquiera una
presentación tan sistemática como la que Marx hubiera podido escribir no
hubiera, pienso yo, dejado satisfechos a los formalistas. Están sedientos de
formalismo, de expresiones fijas y absolutamente definitivas, y la dialéctica
no puede saciar esta sed. De acuerdo con la dialéctica, la verdad es siempre
concreta. Es por esto que, por ejemplo, la dialéctica se muestra mejor en
conexión con y a través de los análisis de problemas concretos en campos
concretos de experiencia. Es por esto que, de modo natural e inevitable, asume
un carácter contradictorio, es decir, polémico. No es por casualidad que la
dialéctica tiene como una de sus más sutiles expresiones literarias en los
diálogos de Platón, que son polémicos en su forma y dialécticos en su
contenido. También Aristóteles polemiza continuamente con los puntos de vista
de sus predecesores y contemporáneos.
El pensamiento
revolucionario y progresivo asume espontáneamente, en las ciencias, un carácter
más o menos polémico. Leamos el Diálogo sobre los dos principales
sistemas del Universo de Galileo, en el que contrapone los
sistemas astronómicos de Copérnico y Ptolomeo, y por el cual fue proscrito; o
el Progreso del conocimiento de Bacon, que inauguró la era
nueva del pensamiento moderno. “El volumen en su conjunto es un solo largo
argumento”, observa Darwin en el último capítulo de El origen de las
especies. Estas obras, que sacudieron el mundo y aceleraron el pensamiento,
son polémicas en su forma y dialécticas en su contenido debido a que tienen que
destruir lo viejo para abrir paso a las nuevas ideas que se abren camino en la
conciencia social.
En su famoso
discurso “Sobre la esencia de las Constituciones”, Lassalle señala
cómo la constitución escrita de un estado es la expresión jurídica de la
constitución material de la estructura social específica, y cómo cambia de
acuerdo con las variaciones en las relaciones de fuerzas entre las clases. Las
definiciones formales de las constituciones no pueden explicar su origen,
desarrollo y desaparición. Por esto debemos remitirnos a las reales relaciones
de clases y luchas de clases en la sociedad, que necesariamente subyacen en las
formas constitucionales, las crean, las modifican y las destruyen.
72
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
No lleva excesivo
trabajo poner por escrito una constitución. Es algo que puede hacerse, y que ha
sido hecho, en unos pocos días. Los dirigentes bolcheviques, y especialmente
Lenin, redactaron una constitución para la República de los Soviets, en 1917, casi
de paso, respondiendo a las necesidades de la lucha revolucionaria en aquel
momento particular. Los bolcheviques no eran formalistas. Comprendían el papel
subordinado de todo documento formal, y el lugar predominante que debía
concederse, tanto en los problemas constitucionales como en todos los demás, a
la lucha viva y a las relaciones reales entre las fuerzas en juego.
Se da el mismo caso
en una constitución” escrita de lógica dialéctica. Ésta reflejaría el estado de
la dialéctica en un momento dado y a partir de un punto de vista específico y
limitado. Tal codificación es importante, necesaria y útil. Pero no remplaza,
ni puede remplazar, la atención cuidadosa y directa a las realidades materiales
y a las fuerzas en conflicto en las que se basa la dialéctica, que determinan
sus características y también los cambios en sus características.
La verdadera
relación entre la materia y la forma que ésta asume debe ser comprendida. Una y
otra son siempre interdependientes y surgen una de otra. Pero lo decisivo, para
el materialista dialéctico, es el movimiento de la materia, expresado
actualmente, en las ciencias naturales, como masa-energía, y no las formas
particulares y transitorias que adquiere este movimiento material en cada
estadio dado y en cada formación específica. El formalismo y el materialismo
dialéctico son recíprocamente excluyentes.
Discutiendo esta
cuestión y otras conexas con el camarada Vincent Dunne, éste señaló cómo esta
exigencia de una exposición acabada de la dialéctica se asemeja a las
exigencias de la gente recientemente incorporada al movimiento de masas de
instrucciones rígidas acerca de cómo negociar un convenio, cómo dirigir una
huelga, cómo organizar una rama de industria, e incluso, supongo, “cómo ganar
amigos e influenciar a la gente”. Semejantes manuales y orientaciones son muy
útiles, y cualquiera que reciba una carta del centro del partido lo sabe
perfectamente. Pero tienen unas limitaciones inherentes determinadas. No pueden
sustituir una apreciación concreta de la situación basada en el análisis de la
totalidad de las complejas circunstancias, incluyendo en ellas la relación dada
de fuerzas y la orientación de su desarrollo. Para la solución de cualquier
problema específico se necesita algo más. ¿Cuál es ese ingrediente esencial?
73
George Novack
El camarada Cannon
lo ha formulado frecuentemente en la observación apuntada: “Nada puede
sustituir la inteligencia.” La forma más alta de la inteligencia es aquella que
está guiada por el método de la dialéctica materialista. ¿Cómo puede obtenerse
esta inteligencia marxista? Por la experiencia en el movimiento de masas, por
el estudio, por la reflexión crítica, por la inmersión en la vida y la lucha de
la clase obrera, de tal modo que los movimientos, estados de ánimo y mentalidad
de las masas se hagan familiares y conocidos.. Es este movimiento social el que
ha dado vida a la dialéctica materialista y el que sigue inspirando y alentando
su desarrollo mediante su maridaje con la realidad concreta.
Los oposicionistas
pequeñoburgueses, durante la lucha que se llevó contra ellos, exigían
respuestas inmediatas y omnicomprensivas a toda especie de preguntas
abstractas. ¿Qué debe hacerse y decirse si ocurre esto, si ocurre aquello?
Trotsky respondió a esa gente presa del pánico:
“Como respuestas a
las cuestiones "concretas", los opositores quieren recetas de un
libro de cocina para la época de las guerras imperialistas. No pretendo
escribir tal libro de cocina. Pero con nuestra orientación principista sobre
las cuestiones fundamentales seremos siempre capaces de llegar a la solución
correcta para cualquier caso concreto, por complicado que pueda ser.”18
Nadie puede
proporcionar a nadie un manual de cocina de dialéctica. Pero sus ideas
fundamentales pueden exponerse de tal modo que el método pueda ser entendido y
utilizado para la solución de problemas concretos. Engels escribió en cierta
ocasión:
“Desde el momento
que aceptamos la teoría de la evolución, todos nuestros conceptos sobre la vida
orgánica pasan a corresponder tan sólo aproximadamente a la realidad. De no ser
así, no habría ningún cambio: el día en que los conceptos y la realidad coincidan
por completo en el mundo orgánico, el desarrollo llega a su fin. El concepto de
pez incluye la vida en el agua y la respiración por branquias: ¿cómo pasar del
pez al anfibio sin romper este concepto? Y ha sido roto, y conocemos toda una
serie de peces que han desarrollado sus vejigas natatorias en pulmones y que
pueden respirar aire. ¿Cómo, sin hacer entrar en conflicto uno o ambos
conceptos con la realidad, pasar del reptil ovíparo al mamífero, que es
vivíparo? Y, en la
18 L.
Trotsky, En defensa del marxismo, op. cit., p. 68.
74
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
realidad, tenemos
en los monotremas toda una subclase de mamíferos vivíparos –en 1843 vi huevos
de ornitorrinco en Manchester, y, con arrogante estrechez mental, me reí de
semejante estupidez; ¡como si un mamífero pudiera poner huevos! ¡Pero ahora
está probado que sí puede! ¡Que nadie se comporte pues, con el concepto de
valor, del mismo modo que me obligó a mí, más tarde, a pedirle perdón al
ornitorrinco!”
Con las leyes de la
dialéctica pasa lo mismo que con la ley del valor en economía política, y lo
mismo que con todas las demás leyes. No tienen entidad más que como
aproximaciones, tendencias, promedios. No pueden coincidir, y no coinciden, de
modo inmediato, directo y completo con la realidad. Si coincidieran, no serían
reflejos conceptuales de la realidad, sino la realidad objetiva misma. Aunque
el pensamiento y el ser son interdependientes, no son idénticos.
2. La legitimidad de la realidad y su necesidad
Con la lógica
formal, empezamos por establecer qué era. Con la dialéctica, por el contrario,
empezamos por explicar lo que no es. Nos proponemos ahora entrar en qué es la
dialéctica y en qué consiste su contenido positivo.
Hegel sacó de su
filosofía y de su lógica esta premisa: “Todo lo real es racional.” Aunque esta
premisa raramente se explícita en términos conscientes, guía, sin embargo, toda
nuestra práctica y nuestra teorización. En la vida cotidiana y en el trabajo, nos
conducimos sobre la base del hecho de que a nuestro alrededor hay cosas
materiales con relaciones estables, de que se dan acontecimientos regulares en
la naturaleza, de que las cosas cambian de acuerdo con leyes definidas –y de
que esas cosas y sus conexiones, esos acontecimientos periódicos y esas leyes,
pueden ser conocidos y relacionados correctamente, o, como dicen los
académicos, racionalmente.
En el terreno de la
teoría prevalece la misma regla respecto a la racionalidad de lo real. Es más,
la teoría sería imposible sin estar orientada por ella. Toda investigación
científica opera sobre la base de que las cosas están relacionadas entre ellas
de formas definidas, de que en sus cambios se manifiesta una cierta
uniformidad, regularidad y normatividad, y de que, por lo tanto, sus
interrelaciones, las transiciones de una cosa a otra, y las leyes de desarrollo
pueden ser averiguadas y explicadas. Algunos
75
George Novack
pensadores
escépticos y religiosos han negado que el mundo real sea racional. Éste es el
primer postulado del existencialismo. Pero incluso los filósofos que afirman
que la realidad es irracional, y por lo tanto incognoscible para la mente
humana, llegan a esta conclusión por métodos racionales. Su método racional de
proceder desmiente su conclusión irracional y queda en completa contradicción
con ella.
La ciencia de la
lógica debe tomar por punto de partida la unidad de los procesos subjetivos de
pensamiento con los procesos del mundo externo. La naturaleza no puede ser
irracional, ni la razón contraria a la naturaleza. Todo lo que existe tiene una
razón necesaria y suficiente para existir, y esta razón puede ser descubierta y
comunicada a otros. Esta concepción fue formulada en 1646 por Leibniz, el gran
lógico, matemático y filósofo alemán, como “principio de la razón suficiente”
en virtud de la cual, según dice:
“conocemos que
ningún hecho puede ser tenido por real, ninguna proposición por verdadera, sin
una razón suficiente para que sea como es y no de otra manera”.
La base material de
esta ley consiste en la interdependencia real de todas las cosas y en sus
interacciones recíprocas. Estos rasgos del mundo material encierran la
determinación conceptual y la expresión lógica en categorías como causa y
efecto, determinismo y libertad, etc. Si todo lo que existe tiene una razón
necesaria y suficiente para existir, esto significa que tenía que llegar a
convertirse en ente. Cada cosa ha sido empujada a la existencia y ha forzado su
camino a ella por necesidad natural. Ha tenido que luchar contra toda clase de
fuerzas opuestas para hacerse un lugar en el mundo real. La realidad se prueba
en virtud de su necesidad. Realidad, racionalidad y necesidad están íntimamente
asociadas en todos los casos.
Examinemos el
movimiento por el socialismo a la luz de estas ideas. Antes de la época de
Marx, el socialismo era una utopía, un viejo sueño de la humanidad que no podía
hacerse realidad porque faltaban las necesarias condiciones materiales previas.
El socialismo no era ni real ni necesario para la humanidad en aquella etapa de
su desarrollo, y era, en consecuencia, una cosa irracional, un sueño con los
ojos abiertos, una anticipación de la realidad.
76
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Con el desarrollo
del capitalismo, el socialismo se convirtió por primera vez en una perspectiva
real, al alcance del hombre. Así lo demostraron Marx y Engels en su socialismo
científico. Expusieron en forma teórica la realidad, racionalidad y necesidad del
socialismo y la lucha proletaria por su realización. Pero esto, en su conjunto,
era una anticipación de la realidad y no una perspectiva práctica inmediata. El
socialismo era predominantemente un programa y un objetivo, confrontado con la
realidad social del capitalismo.
Pero con el auge
del movimiento proletario de masas y la expansión de las ideas socialistas, el
socialismo empezó a adquirir una realidad cada vez mayor, una necesidad y un
carácter racional cada vez mayores. ¿Por qué? Pues porque, tal como apuntaron
Marx y Engels, las ideas se convierten en fuerzas cuando las masas las aceptan.
El primer gran salto de la idealidad a la realidad se produjo con la revolución
bolchevique de 1917, que hizo al socialismo mucho más real que el capitalismo
sobre más de un sexto de la superficie terrestre.
Así pues, la
realidad del socialismo se ha manifestado por la adquisición de una existencia
material cada vez mayor. Esto prueba también su racionalidad, es decir, su
correspondencia con las reales y apremiantes necesidades de la humanidad y, en
especial, con su sector más progresivo, la clase obrera. El socialismo
demuestra ser el resultado racional de los esfuerzos del hombre por mejorar sus
condiciones. Se hace real porque es racional, es decir, porque está en armonía
con las tendencias del progreso social. Es racional porque se hace cada vez más
real, es decir, porque se convierte en una fuerza activa en la vida y las
luchas de la humanidad. Su racionalidad y su realidad reaccionan una sobre otra
y se refuerzan la una a la otra.
El socialismo, al
mismo tiempo y del mismo modo que prueba su racionalidad y su realidad,
demuestra también su necesidad. Si el socialismo no fuera necesario, si no se
dieran las condiciones requeridas para su producción y reproducción sobre una
base ampliada, no podría convertirse en una realidad, no podría durar ningún
tiempo ni florecer.
Prevalece una
situación similar en relación con el origen y la evolución de las especies a
través de la lucha por la existencia en el mundo orgánico. Las especies
perduran porque se adaptan a las condiciones de su entorno. Las especies
cambian porque las variaciones dentro de una misma especie conducen a la
selección natural de los individuos que mejor se adaptan al entorno cambiante
y, eventualmente, a la creación de nuevas
77
George Novack
especies. En esto
se da una relación real, racional y necesaria entre las especies vegetales o
animales y su entorno, tanto en el acceso a la existencia de las especies como
en su perduración, cambio y desaparición.
Si todo lo real es
necesariamente racional, esto significa que cada objeto del mundo real tiene
razón suficiente para la existencia y que puede encontrársele una explicación
racional. Mucha gente ha tenido serios disgustos por ignorar la existencia o
negar la significación racional de tal o cual porción de la realidad. Los
griegos decían que números como raíz cuadrada de dos eran “irracionales”, y que
por lo tanto no eran números dignos de que se les prestara la menor atención.
Sin embargo, el estudio y desarrollo de tales números “irracionales” ha dado
origen a una fructífera rama de las matemáticas.
Los filósofos
griegos menospreciaban en principio el valor de la práctica como elemento de
conocimiento. Nosotros, por nuestra parte, colocamos la práctica en los
cimientos del conocimiento real. Los sicólogos, hasta Freud, desechaban los
sueños, los actos de descuido y los deslices de la palabra como fenómenos
mentales triviales y sin significado. Freud ha mostrado cómo revelan las
operaciones ocultas del pensamiento inconsciente.
Del mismo modo que
las refinerías modernas recobran, mediante destilación y fraccionamiento,
productos más valiosos que el petróleo original, así también, del trastero de
la historia, han podido recobrarse inestimables tesoros mediante procesos de
pensamiento y de trabajo más penetrantes. La concepción materialista de la
historia, por ejemplo, se fundamenta, tal como observó Engels, en: “el simple
hecho, antes oculto bajo desarrollos ideológicos, de que los seres humanos
tienen, ante todo, que comer, beber, cobijarse y vestirse, antes de poder
prestar atención a la política, la ciencia, el arte y la religión...”
Los acontecimientos
más terribles de nuestra época, las crisis económicas, las guerras civiles e
imperialistas, el fascismo, parecen irracionales, increíbles, innecesarios, en
las mentalidades filisteas de los demócratas pequeñoburgueses. Sin embargo, no
sólo son reales, sino también necesarios, y, en consecuencia, tienen una
explicación racional. Son los procesos más importantes y decisivos en la vida
contemporánea. Expresan la naturaleza interna y los movimientos convulsivos del
capitalismo en su agonía. Son manifestaciones racionales de un sistema de
relaciones sociales enormemente irracional.
78
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Es más: aquello que
parece racional y necesario a los miembros de una clase determinada (para los
obreros, salarios más altos en vista de los impuestos excesivos y del aumento
del coste de la vida) parece no menos irracional e innecesario a la clase antagónica
(los empresarios, cuyos beneficios quedarán recortados). Aquello que es
racional a partir de un determinado punto de vista se manifiesta como la mayor
locura desde otro punto de vista. Sin embargo, esta aparente irracionalidad
encuentra su explicación real y racional en los intereses contradictorios de
las dos clases en lucha en cuanto a la repartición del producto nacional.
Para los liberales
pequeñoburgueses, también nuestro movimiento parece irreal, demasiado
insignificante para que ellos se lo tomen en serio o para que poderosos
gobiernos nos persigan. Nos “defienden” en este terreno. Pero Stalin, Hitler o
Roosevelt nos ven como una fuerza significativa, debido a nuestra realidad,
debido al poder social y político que late en nuestras ideas. De este modo, su
persecución de los trotskistas, aparentemente irracional, puede explicarse
racionalmente. Y seremos cada vez más significativos a medida que los impulsos
revolucionarios de los obreros y de los pueblos coloniales adquieran una
expresión más poderosa.
¿Por qué accedieron
a la existencia nuestro partido y nuestro movimiento internacional? ¿Qué es lo
que ha llevado a individuos tan distintos en tantos países a una estrecha
vinculación política y a una disciplinada unidad? Nacimos y nos fortalecemos
porque nuestra existencia es una necesidad racional en las actuales condiciones
sociales. El movimiento trotskista no es un accidente, no es una fuerza
trivial. Nuestro movimiento se ha creado para responder a la necesidad de una
dirección revolucionaria para la clase obrera. Nuestra realidad y racionalidad
políticas se derivan de esta necesidad política.
Es igualmente por
esta razón que nos tomamos tan en serio nuestro método y nuestras ideas. Los
principios y tradiciones en base a los cuales ha tenido lugar la selección de
nuestros cuadros no son carentes de interés, sino vitales para nuestra
existencia. Es igualmente por esta razón que consideramos tan en serio las
ideas en su conjunto, porque para nosotros son, literalmente, cuestión de vida
o muerte. Y hemos librado muchos combates a vida o muerte contra enemigos
poderosos o encubiertos para proteger, preservar y propagar estas ideas.
79
George Novack
Somos el más
racional de todos los movimientos políticos porque somos, en sentido histórico,
el más real y el más necesario de todos ellos. Hemos de ser racionales para
convertirnos en reales. Es igualmente por esta razón que podemos infundir tanta
vida a nuestra lógica y tanta lógica a nuestra vida. Para nosotros, una y otra
son inseparables.
Hay gente que se ha
dirigido a mí para decirme: “Le da usted tanta vida a la lógica”. Esto no
responde a ningún mérito por mi parte. Nuestra lógica, la dialéctica
materialista, es en sí misma la lógica de la vida. Rebosa movimiento,
vitalidad, fuerza. La lógica de los profesores burgueses y pequeñoburgueses es
insípida cuando se aprende y cuando se enseña porque es la lógica de un
universo estático y de cosas muertas. Su lógica tiene cada vez menos conexión
con las realidades actuales de la vida social y científica. Pertenece al pasado
muerto, no al presente vivo ni al futuro creador. Una lógica formalizada se ha
hecho tan inútil, tan estéril, que sus profesores llegan hasta el punto de
hacer de necesidad virtud y dicen, como Burnham, que la propia lógica es escasa
o nulamente aplicable al mundo real. Ésta es la confesión de su bancarrota
teórica. Así pues, la realidad, la racionalidad y la necesidad se dan la mano.
* * *
Esta proposición
parece justificar todo lo que existe, ya sea bueno, malo o indiferente. En
cierto sentido, eso es precisamente lo que hace; y muy justamente. Ya que todo
lo que existe tiene necesidad de una justificación teórica por el hecho mismo
de que su efectividad le concede un derecho válido a la racionalidad, la
realidad y la necesidad.
Los conservadores y
los reaccionarios que se apoyan en Hegel ven tan sólo este lado de sus
doctrinas: su justificación de lo que existe. Éste es el lado conservador del
pensamiento de Hegel, y también, si se quiere, del método dialéctico en
general. Constituye un elemento indispensable de toda dialéctica, incluyendo la
materialista. Ya que las cosas existen y permanecen por un tiempo definido.
Además, toda cosa que alguna vez haya existido es, en cierta medida, conservada
al mismo tiempo que destruida por aquello que surge de ella y después de ella.
El pasado sirve de materia prima a las nuevas generaciones para obrar sobre el
futuro y, de este modo, prepararlo.
Pero no es ésta la
verdad última de nuestro conocimiento de la realidad. Es tan sólo el comienzo
de la sabiduría. En qué consiste el otro lado de la realidad y de su dialéctica
será el tema de nuestra próxima lección.
80
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
6. EL MÉTODO
DIALÉCTICO. II
En la última
lección examinamos el significado de las dos proposiciones de Hegel: la verdad
es concreta, y todo lo que es real es racional. Vimos que todo llega a la
existencia y permanece en ella no por accidente, sino como resultado de
condiciones determinadas y de causas necesarias. Existen hilos de legitimidad
que recorren los procesos de la realidad y que se revelan en la existencia y
persistencia de sus productos. Existe razón en el mundo real, y, por lo tanto,
el mundo se refleja racionalmente y se traduce en nuestra mente.
En la presente
exposición queremos examinar aquello que aparece en el otro lado de esta
proposición, pero que, tal como veremos, es un aspecto inseparable de la
realidad. Hagamos girar nuestra afirmación sobre su eje y veamos su aspecto
negativo.
Hemos visto ya
anteriormente qué gran medida de verdad hay en la proposición de que lo real es
racional. Nos hemos encontrado con que todas las cosas llegan a la existencia y
perduran según ciertas leyes y de modo necesario. Pero ésta no es ni toda la verdad
ni la verdad última sobre las cosas. Es una verdad unilateral, relativa y
transitoria. La auténtica verdad sobre las cosas es que no sólo existen y
persisten, sino que también se desarrollan y desaparecen. Esta desaparición de
las cosas, apareciendo en forma de muerte, se expresa, en la terminología
lógica, con el término de “negación”. Sólo puede formularse toda la verdad
sobre las cosas si se toma en cuenta este aspecto opuesto y negativo. En otras
palabras, a menos que introduzcamos la negación de nuestra primera afirmación
obtendremos tan sólo una inspección superficial y abstracta de la realidad.
“Todas las cosas
son limitadas y cambiantes. No sólo se abren paso y se ven forzadas a la
existencia y se mantienen en ella. También se desarrollan, se desintegran y se
ven empujadas fuera de la existencia y, finalmente, desaparecen. En términos de
lógica, no tan sólo se afirman. Igualmente se niegan y son negadas por otras
cosas. Al llegar a la existencia, las cosas dicen:
“¡Pues sí! ¡Aquí
estoy!” a la realidad y al pensamiento empeñado en comprender la realidad. Al
desarrollarse y, finalmente, salir de la existencia, dicen, por el contrario:
No, ya no soy; no puedo seguir siendo real.”
81
George Novack
Si todo lo que
llega a la existencia debe abandonar la existencia, tal como toda la realidad
nos mete a golpes en el cerebro, entonces cada afirmación debe expresar
inexorablemente su negación en el pensamiento lógico. Este movimiento de las
cosas y del pensamiento se denomina movimiento dialéctico. Escribe Hegel en
su Enciclopedia de las ciencias filosóficas:
“Todas las cosas...
encuentran su destino; y al decir esto, tenemos una percepción de que la
dialéctica es el poder universal e irresistible ante el que nada puede
mantenerse, por seguro y estable que se considere.”
Hay en Las
mil y una noches un cuento acerca de un monarca oriental que, siendo
muy joven, preguntó a sus sabios por la suma y la sustancia de todo
conocimiento, por la verdad que pudiera aplicarse a toda cosa en todo momento y
bajo cualquier condición, la verdad que fuera tan absolutamente soberana como
él mismo creía ser. Finalmente, en el lecho de muerte del rey, sus sabios
aportaron la siguiente respuesta:
“Oh, poderoso rey,
sólo esta verdad se puede aplicar siempre a todas las cosas: "¡y también
esto desaparecerá!”
De prevalecer la
justicia, el rey hubiera dejado en herencia una rica recompensa a sus sabios,
ya que le habían revelado el secreto de la dialéctica. Éste es el poder, la
omnipotencia del lado negativo de la existencia, que siempre surge del aspecto
positivo de las cosas, lo aniquila y lo trasciende.
Este “poderoso
desasosiego”, como lo llamó Leibniz, esta fuerza vivificadora y esta acción
destructiva de la vida, lo negativo, está presente en todas partes: en el
movimiento de las cosas, en el crecimiento de los seres vivientes, en la
evolución de la sociedad, y en la mente humana, que refleja todos esos procesos
objetivos.
De esta esencia
dialéctica de la realidad, Hegel extrajo la conclusión que constituye una parte
indispensable de su célebre aforismo: todo lo racional es real.
Sólo que para Hegel
no todo lo que es real es, sin excepción ni cualificación, digno de la
existencia.
“La existencia es,
en parte, mera apariencia, y sólo en parte es realidad.”19
19 Hegel: Introducción
de la Enciclopedia de las ciencias filosóficas
82
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
La existencia se
divide elemental y necesariamente, y la mente indagadora la encuentra, de este
modo, dividida en aspectos opuestos de apariencia y esencia. Esta disyunción
entre la apariencia y la esencia no es más misteriosa que la disyunción entre
el interior y el exterior de un objeto.
¿Qué es lo que
distingue la esencia, o realidad esencial, de la mera apariencia? Una cosa es
verdaderamente real si es necesaria, si su apariencia corresponde
verdaderamente a su esencia, y sólo mientras demuestre ser necesaria. Hegel,
siendo el más consecuente de los idealistas, buscó la fuente de esta necesidad
en el movimiento de la mente universal, en la Idea Absoluta. Los materialistas,
por su parte, localizan las raíces de la necesidad en el mundo objetivo, en las
condiciones materiales y en las fuerzas en conflicto que crean, sostienen y
destruyen todas las cosas. Sin embargo, desde el punto de vista puramente
lógico, ambas escuelas filosóficas coinciden en conectar la realidad con la
necesidad.
Una cosa cualquiera
adquiere realidad porque las condiciones necesarias para su producción y
reproducción están objetivamente presentes y son operativas. Se hace más o
menos real de acuerdo con los cambios en las circunstancias externas e internas
de su desarrollo. Sólo permanece verdaderamente real por el tiempo y en la
medida en que es necesaria bajo las condiciones dadas. Así pues, cuando las
condiciones cambian, pierde su necesidad y su realidad y se disuelve en mera
apariencia.
Veamos algunos
ejemplos de este proceso, de esta contradicción entre la esencia y la
apariencia, que resulta de las diferentes formas que asume la materia en su
movimiento. En la producción de la planta, la semilla, el brote, la flor y el
fruto son, todos por igual, fases necesarias o formas de su existencia. Tomadas
por separado, una a una, son fases igualmente reales, igualmente necesarias,
igualmente racionales, del desarrollo de la planta. Sin embargo, cada cual es a
su vez suplantada por otra y, de este modo, se hace innecesaria y no real. Cada
fase de la manifestación de la planta se muestra como una realidad, y luego, en
el curso del desarrollo, se transforma en una irrealidad o una apariencia. Este
movimiento, triple en este caso particular, desde la irrealidad hasta la
realidad, y luego nuevamente vuelta a la irrealidad, constituye la esencia, el
movimiento interno más allá de toda apariencia. La apariencia no puede
entenderse sin una comprensión de este proceso. Esto es lo que determina si
cualquier apariencia, ya sea en la naturaleza, la sociedad o la mente, es
racional o no racional. Engels escribe:
83
George Novack
“La república
romana era real, pero el imperio romano que la desplazó lo era también. En
1789, la monarquía francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada
de toda necesidad, tan irracional, que hubo de ser barrida por la gran
Revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. Como
vemos, aquí lo irreal era la monarquía y lo real la revolución. Y así, en el
curso del desarrollo, todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su
necesidad, su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que
agoniza es ocupado por una realidad nueva y viable; pacíficamente, si lo viejo
es lo bastante razonable para resignarse a morir sin lucha; por la fuerza, si
se opone a esta necesidad. De este modo, la tesis de Hegel se torna, por la
propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real, dentro de los
dominios de la historia humana, se convierte con el tiempo en irracional; lo es
ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo
irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla
destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente
realidad existente. La tesis de que todo lo real es racional se resuelve,
siguiendo todas las reglas del método discursivo hegeliano, en esta otra: todo
lo que existe merece perecer.”20
El capitalismo fue
en su momento un sistema social real y necesario. Tenía que acceder al ser en
virtud de las condiciones sociales dominantes y del auge de las fuerzas
productivas del hombre. Llegó a la existencia y se expandió por todo el mundo,
derribando, subordinando o sustituyendo todas las relaciones sociales
anteriores en su marcha triunfal. El capitalismo demostró pues su necesidad, su
inevitabilidad en la práctica histórica, al asentar su realidad y racionalidad
y ejercer su poder en la sociedad.
Hay algo de verdad
en la afirmación, que tanto horroriza a los filisteos, de que “la fuerza hace
el derecho”. Sólo que los filisteos, al no poseer la dialéctica, no comprenden
que la inversa de esta proposición es también cierta: “el derecho hace la fuerza.”
Hoy, el capitalismo ha llegado al final de la cuerda, y está más que maduro
para colgar de ella. Este sistema anticuado de producción es ya tan
innecesario, irreal e irracional en el siglo XX como fue todo lo contrario
desde su aparición en el siglo XV y través de
20 F.
Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Equipo
Editorial, San Sebastián, 1968, p. 111.
84
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
los siglos XVIII y
XIX. Tiene que ser abolido, o negado, para que la humanidad viva y progrese.
Será negado en todo el mundo por una fuerza social que está dentro del propio
capitalismo y que es mucho más real y poderosa, mucho más necesaria y racional
que el capitalismo imperialista: el proletariado socialista y sus aliados, los
pueblos coloniales oprimidos.
La clase obrera
tiene la razón histórica, y por lo tanto el derecho histórico, de su lado. Esto
demostrará tener más efectividad en la lucha de las clases antagónicas que toda
la fuerza que posee ahora la reacción capitalista y que la fuerza acumulada por
ella en el pasado. Que esta razón y este derecho pueden llegar a ser lo
bastante poderosos para derribar el capitalismo es algo que ha sido ya
demostrado en la práctica por la revolución de Octubre de 1917. Esta negación
del poder capitalista fue la más fuerte posible de las afirmaciones del derecho
social y político de los obreros industriales de gobernar y reconstruir el
orden social.
Vemos, de este
modo, que la negación no es ninguna cosa estéril ni autodestructiva. Es también
lo inverso a ella misma. Es la más positiva y poderosa de las afirmaciones. Del
mismo modo que la afirmación se transforma en necesidad de negación, así, a su vez,
la negación muestra su carácter positivo, como negación de la negación, es
decir, como una afirmación enteramente nueva que, a su vez, contiene la semilla
de su propia negación. Ésta es la dialéctica del desarrollo, la necesaria
transformación de los procesos en otros procesos.
En la fase de
formación del movimiento trotskista, era necesario y correcto que nos
esforzáramos por permanecer ligados a la Tercera Internacional que degeneraba,
por tratar de reformar su curso hacia atrás y por ganar a las masas de obreros
revolucionarios que había en sus secciones al programa bolchevique de Lenin.
Cuando la rendición ante el hitlerismo tuvo lugar en Alemania, en 1933, sin
serias repercusiones en sus filas, se hizo evidente que el proceso de
degeneración había alcanzado el punto de la muerte. Los cambios cuantitativos
habían dado lugar a una nueva cualidad. La Tercera Internacional era incurable;
estaba muerta. Se había convertido, igual que la Segunda Internacional, en un
cadáver fétido”. Fue enterrada por Stalin en 1943.
Nuestra anterior
política respecto al Komintern se hizo por lo tanto innecesaria, incorrecta,
anticuada, irrealista. La nueva fase de desarrollo exigía una nueva política y
un nuevo curso adaptados a las nuevas condiciones. Los trotskistas tenían que
romper todos los lazos con la
85
George Novack
Tercera
Internacional stalinizada y ponerse a construir una Cuarta Internacional nueva
y enteramente independiente. Hicimos un viraje desde la reforma de la Tercera
Internacional hacia su sustitución por una organización internacional
genuinamente revolucionaria de la clase obrera.
Algunos veían –y lo
cierto es que todavía ven– una contradicción insoluble en esta secuencia de
hechos. “¿Cómo se puede estar ahora por reformar el Komintern, y luego por
derribarlo?”, inquirían. Eran formalistas hasta la pedantería, y no
dialécticos, tanto en sus razonamientos como en su actividad política. No
entienden que es necesario y racional cambiar de política y de estrategia de
acuerdo con los cambios de la realidad objetiva. No comprenden que políticas
distintas, e incluso contradictorias, pueden servir, y sirven realmente, para
la persecución de un solo y mismo objetivo estratégico. En términos lógicos, no
comprenden cómo aquello que es diferente en su apariencia puede seguir siendo
lo mismo en esencia; o, por decirlo en términos más generales, no comprenden
que aquello que quizá parece diferente puede seguir siendo idéntico. Razonan,
de acuerdo con la ley de identidad de la lógica formal: aquello que es idéntico
debe seguir siendo siempre lo mismo, tanto en apariencia como en esencia, sin
importar las circunstancias. Pero la dialéctica nos enseña que aquello que es
idéntico no sólo puede cambiar sino que ha de hacerlo forzosamente.
El mismo problema
ha vuelto a surgir en cada nueva fase de desarrollo de nuestro movimiento. Cada
viraje de nuestra táctica política, exigido por las condiciones cambiantes del
movimiento obrero radical, ha sido testigo de una lucha entre los formalistas y
los dialécticos. En la fusión de 1934 con el Partido Obrero Americano, los
seguidores de Oehler, opuestos en realidad a la fusión, pretendían poner
condiciones formales y obstáculos frente a los centristas de Muste que hubieran
tenido por resultado el evitar aquella fructífera unión de dos grupos políticos
distintos. Por ser incapaces de reconciliar su formalismo con las necesidades
de la construcción de un partido revolucionario en este país, se orientaron
hacia una escisión.
La propuesta de
hacer entrismo en el partido socialista, en 1935, chocó con la oposición de los
formalistas, que querían mantener la forma anterior de organización del partido
sin tomar en cuenta las apremiantes necesidades políticas del proceso de edificación
del partido proletario. Pensaban que nuestro partido había logrado una
estructura organizativa acabada cuando, en realidad, estaba justo en el inicio
de la edificación del partido. La salida del partido socialista chocó, a su
vez, con la oposición de otros formalistas, que habían empezado a acomodarse a
la convivencia
86
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
con el ambiente
centrista, aun cuando la necesidad política exigía que la lucha contra el
centrismo se llevara hasta las últimas consecuencias. Puede que no sea
irrelevante recordar que algunos de los que se habían opuesto a hacer entrismo
en el partido socialista fueron los más reluctantes en abandonarlo (Martin
Abern). Cuanto más cambian las cosas, tanto más el formalismo permanece fiel a
sí mismo, y, por lo tanto, tanto más falsea la realidad.
Todos estos hechos
distintos, que parecen tan profundamente contra-dictorios y que resultan, en
consecuencia, incomprensibles para los formalistas y los sectarios, eran fases
tan necesarias como racionales en el proceso dialéctico del agolpamiento de nuestras
fuerzas. Las fórmulas tácticas, como todas las fórmulas, deben adaptarse al
curso cambiante y al flujo de los acontecimientos reales.
Podríamos mencionar
muchos otros ejemplos de cambios dialécticos como ésos en la historia de
nuestro partido: el viraje al programa de transición, nuestro cambio de actitud
ante la formación de un partido obrero, etc. Todos ellos confirman, cada cual a
su modo, la verdad dialéctica de que todo desarrollo real tiene lugar de un
modo contradictorio debido al conflicto de fuerzas opuestas dentro y alrededor
de todas las cosas existentes. No hay nada que esté fijado inalterablemente ni
que sea absolutamente definitivo. Todo queda superado en el curso del
desarrollo. La necesidad se convierte en ausencia de necesidad, o en
contingencia y accidente. La realidad se transforma en irrealidad o en
apariencia. La racionalidad se convierte en irracionalidad. La verdad de ayer
se convierte en la media verdad de hoy y en el error de mañana, y, finalmente,
en la más completa falsedad.
Hegel generalizó
este rasgo fundamental de la realidad en su ley lógica según la cual todas las
cosas, necesaria, natural y racionalmente, se convierten en lo opuesto a sí
mismas en el curso de su existencia. Según las leyes de la lógica formal, esto
es imposible, ilógico y absurdo, por cuanto que es contradictorio consigo
mismo. En la lógica formal, la contradicción, y en especial la
autocontradicción, es imposible en la realidad y también ilegítima en el
pensamiento.
Hegel,
introduciendo la dialéctica, puso por completo patas arriba esta ley básica de
la lógica formal, y, con ello, revolucionó por completo la ciencia de la
lógica. En lugar de eliminar la contradicción entre la realidad y la lógica,
Hegel la convirtió en la clave de bóveda de su concepción de la
87
George Novack
realidad y de su
sistema de lógica. Toda la estructura lógica de Hegel procede de la proposición
de la identidad, unidad e interpenetración de los contrarios. Una cosa no es
sólo ella misma, sino también otra. A no es tan sólo igual a A; es también, más
profundamente, igual a no-A.
Así como, tal como
hemos expuesto, el gran mérito y el profundo logro de Aristóteles consistió en
haber apreciado el profundo descubrimiento de sus predecesores en Grecia de que
A es igual a A, y en haber convertido esta ley de identidad en la base de una
exposición sistemática de la ciencia de la lógica, de la misma forma hizo época
la sistematización, realizada por Hegel, del descubrimiento de que A no sólo es
igual a A, sino que también es igual a no-A. Hegel hizo de esta ley de la
identidad, unidad e interpenetración de contrarios la base de su sistema
dialéctico de lógica.
Esta ley de la
unidad de contrarios, que deja tan perplejos y horrorizados a los adictos a la
lógica formal, puede entenderse fácilmente no sólo cuando se aplica a los
procesos reales de desarrollo y a las interrelaciones de acontecimientos, sino
también cuando se contrasta con la ley formal de identidad. Es lógicamente
cierto que A es igual a A; que Juan es Juan; y que cinco más uno da seis. Pero
es mucho más profundamente cierto que A es también no-A. Juan no es simplemente
Juan: Juan es un hombre. Esta proposición correcta no es una afirmación de
identidad abstracta, sino una identificación de contrarios. La categoría lógica
o clase material, la condición de hombre, respecto a la que Juan es una misma
cosa, va mucho más allá y es otra cosa que Juan, el individuo. La condición de
hombre es al mismo tiempo idéntica con Juan y distinta respecto a él.
La lógica formal no
encuentra mayor utilidad a la oposición, por no hablar de la contradicción, de
la que los indios americanos encuentran en el petróleo o los totalitarios en la
democracia. O la ignoran o la tiran a la basura. Hegel rescató esta joya, la
talló y la pulió en todas sus caras, y realizó con ello una contribución
universal a la lógica. Demostró que la oposición y la contradicción, lejos de
carecer de significación o de valor, eran los factores más importantes en la
naturaleza, la sociedad y el pensamiento. Sólo si se entiende esto plenamente
se puede entender la fuerza impulsante, la fuerza motriz de la vida; y por ello
Hegel lo convirtió en los cimientos de su lógica.
En su Enciclopedia
de las ciencias filosóficas escribe:
88
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“En lugar de hablar
en base a la máxima de la exclusión de los medios (que es la máxima de la
comprensión abstracta), diremos más bien: todo es su contrario. Ni en el cielo
ni en la tierra, ni en el mundo de la mente ni en el de la naturaleza, existe
en ninguna parte ningún “esto o lo otro” como el que mantiene el pensamiento
del sentido común. Todo lo que es, es concreto, y tiene diferencia y oposición
dentro de sí mismo. El carácter finito de las cosas descansa en su exigencia de
correspondencia entre su ser inmediato aquí y ahora y aquello que virtualmente
son por sí mismas.”
Consideremos, por
ejemplo, las dos proposiciones que hemos estado analizando. La segunda, “todo
lo que es racional es real”, confirma la primera, que es su inversa, y, de
hecho, la contradice: todo lo que es real es racional. Hegel no se sentía en
absoluto turbado por esta contradicción. Al contrario, como dialéctico, se
apoderó de esta contradicción como de una guía y punto clave de la realidad.
Comprendió que era una contradicción genuina, la aceptó y operó con ella, ya
que toda oposición y contradicción es genuinamente real y racional. Esta
contradicción particular expresa la naturaleza inherente de las cosas y surge
del carácter contradictorio de la realidad misma.
Los lógicos
formales dictan esta ley de identidad del mismo modo que un monarca absoluto
dicta leyes a sus súbditos. Ésta es la ley, no os atreváis a violarla. De la
misma manera que los súbditos siguen rebelándose contra el absolutismo
político, las fuerzas de la realidad siguen dejando de ajustarse y violando las
leyes de la lógica formal.
En la naturaleza,
los procesos son siempre contradictorios consigo mismos en su desarrollo. El
brote niega la semilla, el fruto niega la flor. Lo mismo es aplicable a la
sociedad. El capitalismo niega el feudalismo; el socialismo niega el
capitalismo. Hegel escribe en su Enciclopedia.
“La contradicción,
por encima de todas las cosas, es lo que mueve el mundo: y es ridículo
pretender que la contradicción es impensable. Lo correcto de esta afirmación es
que la contradicción no es el final de la cuestión, sino que se suprime a sí
misma.”
89
George Novack
La flor que niega
al brote se ve a su vez negada por el fruto. El capitalismo, que derriba el
feudalismo, se ve a su vez derribado por el socialismo. Este proceso se conoce
en lógica como ley de la negación de la negación.
En este movimiento
dialéctico, en este tránsito fuera y dentro de la oposición, reside el secreto
del movimiento de todas las cosas reales. En consecuencia, también ahí está el
resorte del método dialéctico de lógica, que es un correcto traslado conceptual
de los procesos de desarrollo en la realidad. La dialéctica es la lógica de la
materia en movimiento, y, por lo tanto, la lógica de las contradicciones,
puesto que el desarrollo es, de forma inherente, contradictorio consigo mismo.
Todas las cosas generan dentro de sí mismas esa fuerza que conduce a su propia
negación, su superación en una forma distinta y superior del ser.
“Allí donde hay
movimiento, allí donde hay vida, allí donde cualquier cosa se ve llevada a
término en el mundo real, ahí está obrando la dialéctica. La dialéctica es
también el alma de todo conocimiento verdaderamente científico.”
Según la forma
vulgar de ver las cosas, la negativa a adherirse a una forma abstracta de
comprensión se considera sólo justicia. Como dice el refrán: vive y deja vivir.
Cada cosa tendrá su turno; admitimos esa cosa, pero también admitimos la otra.
Hegel escribe:
“Pero cuando
observamos más de cerca, encontramos que las limitaciones de lo finito (y lo
mismo de lo infinito, G. N.) no sólo vienen de fuera; que (en cada caso y en su
forma particular) su propia naturaleza es la causa de su abrogación, y que por
sus propios medios se transforma en su contrario. Decimos, por ejemplo, que el
hombre es mortal, y parece como si pensáramos que la causa de su muerte se
halla tan sólo en circunstancias externas; de tal modo que, si esta manera de
ver fuera correcta, el hombre tendría dos propiedades especiales, la vitalidad
y la mortalidad. Pero la manera correcta de ver la cuestión es que esa vida,
como tal vida, encierra (desde su partida) el germen de la muerte, y que lo
finito, por estar en guerra consigo mismo, causa su propia disolución”.
Locke, entre otros,
expuso la misma idea, estableciendo que toda cosa existente se encuentra en el
proceso de “perecer perpetuo”.
90
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Esta actividad
dialéctica es universal. No hay escapatoria para su abrazo irremisible e
infatigable. Prosigue Hegel en su Enciclopedia:
“La dialéctica
expresa una ley que se percibe en todos los grados de la conciencia y en la
experiencia común. Todo lo que nos rodea puede contemplarse como un ejemplo de
dialéctica. Sabemos que todo lo finito, lejos de ser inflexible y definitivo,
es, por el contrario, mutable y transitorio; y esto es exactamente lo que
queremos decir cuando decimos dialéctica de lo finito, por la cual lo finito,
por ser implícitamente otra cosa que lo que es, tiene que aceptar la rendición
de su propio ser inmediato y volverse repentinamente en su contrario.”
El civil es lo
opuesto del soldado. Sin embargo, el reclutamiento obligatorio enseña a muchos
civiles que su condición de civiles no es inflexible y definitiva, sino mutable
y transitoria”, y que está obligado a aceptar la rendición de su propio ser
inmediato y convencional y a volverse repentinamente en su contrario. Quizá no
sepa que ésta es una transformación dialéctica corriente, como quizá tampoco
sepa que la guerra es imperialista en su carácter; pero la ignorancia del
individuo no altera el carácter dialéctico del proceso.
Esta dialéctica es
el aspecto revolucionario de la doctrina de Hegel.
“Y en esto
precisamente estriba la verdadera significación y el carácter revolucionario de
la filosofía hegeliana... en que daba al traste para siempre con el carácter
definitivo de todos los resultados del pensamiento y de la acción del hombre.
En Hegel, la verdad que debía de conocer la filosofía no era ya una colección
de tesis dogmáticas fijas que, una vez encontradas, sólo haya que aprenderse de
memoria; ahora, la verdad residía en el proceso mismo del conocer, en la larga
trayectoria histórica de la ciencia, que, desde las etapas inferiores, se
remonta a fases cada vez más altas de conocimiento, pero sin llegar jamás, por
el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a un punto en que ya no pueda
seguir avanzando, en que sólo le reste cruzarse de brazos y sentarse a admirar
la verdad absoluta conquistada. Y lo mismo que en el terreno del conocimiento
filosófico, en los demás campos del conocimiento y en el de la actuación
práctica. La historia, al igual que el conocimiento, no puede encontrar jamás su
remate definitivo en un estado ideal perfecto de la
91
George Novack
humanidad; una
sociedad perfecta, un Estado” perfecto, son cosas que sólo pueden existir en la
imaginación; por el contrario: todos los estudios históricos que se suceden no
son más que otras tantas fases transitorias en el proceso infinito de
desarrollo de la sociedad humana, desde lo inferior a lo superior. Todas las
fases son necesarias, y, por tanto, legítimas para la época y para las
condiciones que las engendran; pero todas caducan y pierden su razón de ser, al
surgir condiciones nuevas y superiores, que van madurando poco a poco en su
propio seno; tienen que ceder el paso a otra fase más alta, a la que también le
llegará, en su día, la hora de caducar y perecer. Del mismo modo que la
burguesía, por medio de la gran industria, la concurrencia y el mercado
mundial, acaba prácticamente con todas las instituciones estables, consagradas
por una venerable antigüedad, esta filosofía dialéctica acaba con todas las
ideas de una verdad absoluta y definitiva y de estados absolutos de la
humanidad, congruentes con aquélla. Ante esta filosofía, no existe nada
definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve su carácter
perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y
del perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior, cuyo mero reflejo
en el cerebro pensante es esta misma filosofía. Cierto es que tiene también un
lado conservador, en cuanto que reconoce la legitimidad de determinadas fases
sociales y de conocimiento, para su época y bajo sus circunstancias; pero nada
más. El conservadurismo de este modo de concebir es relativo; su carácter
revolucionario es absoluto, es lo único absoluto que deja en pie.”21
21 F.
Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana...,
op. cit., p. 113.
92
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
7. LA REVOLUCIÓN
MARXISTA EN LA LÓGICA
En la introducción
a su Lógica, Hegel escribió:
“No podía, desde
luego, imaginar que el método que he seguido en este sistema de lógica –o mejor
dicho el que este sistema sigue por sí mismo– no admitiera mucha mejora, mucha
elaboración de detalle, pero al mismo tiempo sé que es el único método verdadero.”
Hegel no podía,
naturalmente, prever hasta qué punto su método dialéctico iba a sufrir una gran
transformación en manos de sus sucesores socialistas, Marx y Engels. Estos
pensadores revolucionarios no se limitaron a mejorar” o a elaborar en detalle”
la dialéctica de Hegel, como tampoco se ciñeron a introducir tan sólo enmiendas
a las teorías de la economía burguesa clásica o al sistema político de la
democracia burguesa. En el curso de su labor crítica, Marx y Engels superaron
la dialéctica idealista y la revolucionaron, creando un instrumento lógico
enteramente nuevo: la dialéctica materialista. Así como Aristóteles sintetizó
las máximas conquistas del pensamiento griego y Hegel las de los filósofos
alemanes, del mismo modo encontramos la más alta síntesis de esas dos escuelas
de filosofía en la obra de Marx y Engels.
Hegel había
revolucionado la vieja lógica formal y la había reconstruido sobre nuevas bases
teóricas. Marx y Engels elevaron esta revolución en la ciencia de la lógica a
un nivel todavía más alto al separar la sustancia racional que había en el
pensamiento de Hegel de su envoltura idealista irracional y al situar la
dialéctica sobre una sólida base materialista. Hicieron materialista la
dialéctica y dialéctico el materialismo. Esta doble transmutación fue un
acontecimiento que ha hecho época en la historia del pensamiento.
Marx y Engels se
ocuparon de la dialéctica hegeliana tanto como de las ideas de sus precursores
socialistas. Así como echaron a un lado las facetas utópicas e idealistas de la
crítica social de Saint-Simon, Fourier y Owen e incorporaron sus doctrinas socialistas
y sus modos de ver a una construcción socialista consistente, de la misma forma
divorciaron la dialéctica de Hegel de su envoltura idealista y mística y
absorbieron su contenido válido y sus ideas vitales en su nueva visión del
mundo.
93
George Novack
De este modo, la
dialéctica moderna ha pasado por un desarrollo dialéctico. Partiendo de la
forma unilateral y distorsionada que había asumido en la filosofía de Hegel, la
dialéctica se transformó en su contrario en el sistema materialista del
marxismo. El idealismo hegeliano y el materialismo marxista son los dos tipos
polares de la moderna lógica dialéctica. El primero es la expresión falsa y
fetichista de la dialéctica; el segundo es su verdadera forma revolucionaria.
Así como Rusia tuvo
un doble proceso revolucionario en 1917, pasando por una revolución
democrático-burguesa y por una revolución proletaria, del mismo modo la ciencia
de la lógica sufrió, en la primera mitad del siglo XIX, una doble revolución,
surgiendo de las mentes de los grandes filósofos burgueses alemanes y pasando
luego por la crítica de los fundadores del socialismo científico. En cierto
sentido, éste es uno de los ejemplos más chocantes de desarrollo combinado en
la historia del pensamiento humano.
1. Cómo partieron
Marx y Engels del hegelianismo
Marx y Engels
señalaron que sus doctrinas surgieron de una reconstrucción crítica de la
filosofía clásica alemana, el socialismo francés y la economía política
inglesa. Sin la filosofía alemana, en especial la de Hegel –escribió Engels–,
el socialismo científico alemán (el único socialismo científico que existe)
jamás hubiera llegado a existir.” Ésta es una de las razones por las que
tenemos en tanta estima esta filosofía y nos vemos obligados a estudiarla y a
dominarla.
Marx y Engels
tuvieron dos grandes predecesores inmediatos en filosofía: uno de ellos fue
Hegel, el principal representante de la escuela idealista en Alemania; el otro
fue Feuerbach, que encabezaba la tendencia materialista. Estos dos pensadores
proporcionaron a Marx y Engels los elementos esenciales para la construcción de
su propia visión del mundo. Marx y Engels adoptaron una actitud crítica ante
las ideas que recibieron de sus profesores. No se limitaron a retener ciertos
elementos de su pensamiento, sino que también transformaron otros, mientras, al
mismo tiempo, rechazaban ideas fundamentales de ambos. Es importante saber con
exactitud cuáles eran ésas en ambos casos.
Marx y Engels,
igual que muchos de los componentes de la brillante
94
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
juventud
universitaria alemana de su tiempo en Alemania, comenzaron su carrera
intelectual como discípulos de Hegel.
El pensamiento de
Hegel, como ya hemos señalado, sufría una aguda contradicción: su dialéctica,
esencialmente revolucionaria, se amalgamaba con un idealismo reaccionario que
disfrazaba y distorsionaba su carácter verdadero, y clamaba por liberarse de
él.
La escuela
hegeliana, que después de la muerte de Hegel dominó el pensamiento avanzado
alemán en los años treinta y cuarenta del siglo pasado, se dividió en dos
corrientes opuestas que emanaban de esas facetas antagónicas del pensamiento de
Hegel y se correspondían con ellas. Los llamados viejos hegelianos se aferraban
a los aspectos más reaccionarios de su sistema, y elaboraban las conclusiones
más conservadoras en los terrenos más variados. Los jóvenes hegelianos de
izquierda, por su parte, ponían el acento, desarrollándolas, en las
implicaciones más radicales de las ideas de Hegel en la línea de su método
dialéctico. Esto les llevó, bajo el impulso del desarrollo del movimiento
revolucionario democrático-burgués, primero a una crítica de la religión, luego
a la de la sociedad y el estado, y, finalmente, a las ideas anarquistas,
socialistas y comunistas.
Marx y Engels, que
estaban situados en la extrema izquierda de los jóvenes hegelianos, y que nunca
se identificaron realmente con los llamados hegelianos de izquierda, no
tardaron en entrar en colisión con las ideas y conclusiones erróneas de sus
principales figuras (Bauer, Hess, Stirner, etc.) y desplegaron un nuevo punto
de vista que les era propio. Los pasos de su emancipación del idealismo
hegeliano y de todas las demás formas de idealismo, por un lado, así como del
materialismo unilateral por otro, están claramente expuestos en sus escritos de
los años cuarenta del siglo XIX. Escribieron una serie notable de obras
críticas, entre ellas La Sagrada Familia y La Ideología Alemana, en
las que ajustaban cuentas con sus predecesores y rivales
filosóficos. En esos escritos podemos seguir, con inusitada claridad y nitidez,
las etapas sucesivas de la evolución de la lógica del marxismo. Este registro
es mucho más diáfano y concreto que en el caso de la génesis de cualquier otra
escuela de pensamiento. Así como el socialismo está accediendo a la existencia
de un modo mucho más consciente que cualquier otro sistema social anterior, del
mismo modo la teoría del socialismo se ha creado de un modo mucho más
consciente que ninguna filosofía anterior.
95
George Novack
2. El papel de
Feuerbach
El progreso
filosófico de Marx y Engels estuvo posibilitado y fue acelerado por la crítica
materialista de Feuerbach a Hegel. Feuerbach es el puente que Marx y Engels
cruzaron en su evolución del idealismo hegeliano al materialismo dialéctico.
Feuerbach es el agente catalizador que engendró y luego aceleró la
sedimentación del materialismo dialéctico a partir del contacto de Marx y
Engels con el hegelianismo.
De Hegel, Marx y
Engels derivaron su método lógico. De Feuerbach recibieron una crítica
materialista a Hegel y una reafirmación de la posición fundamental del
materialismo que había caído en la degradación y en desgracia en Alemania, como
en todo el resto de Europa. Hegel había llevado las especulaciones idealistas
de la escuela alemana, empezando por Kant y continuando por Fichte y Schelling,
a su última expresión. Sus epígonos ortodoxos las habían empujado hasta lo
absurdo y lo estéril.
Feuerbach expuso la
irrealidad y los errores de los excesos especulativos de Hegel desde un punto
de vista materialista. Sustituyó las especulaciones fetichistas de los
hegelianos por la sobria verdad del materialismo. Gracias a Feuerbach, cuyos
escritos les entusiasmaron, Marx y Engels pudieron liberar sus mentes del
idealismo con que estaba supersaturado el pensamiento de Hegel.
Pero Marx y Engels
no podían permanecer en la óptica de Feuerbach más de lo que permanecieron en
la de Hegel. El pensamiento de Feuerbach, como señalaron, tenía dos serios
errores. No era dialéctico, y era incompletamente materialista. Feuerbach,
erróneamente, rechazaba la lógica dialéctica de Hegel junto con las
aberraciones idealistas de Hegel. Así como los grandes idealistas, en su
excesiva ansiedad por hacer justicia a los procesos y productos del
pensamiento, habían eliminado la verdad del materialismo, del mismo modo ese
pensador materialista menospreció las conquistas de los grandes idealistas en
la ciencia de la lógica.
Los antidialécticos
contemporáneos repiten el mismo error de Feuerbach respecto a Hegel, pero son
mucho menos disculpables y logran unos resultados incomparablemente menos
progresivos. Su rechazo o su indiferencia ante la dialéctica conduce, en marcha
atrás, a obsoletas ideas y métodos prehegelianos. Feuerbach condujo hacia el
marxismo.
96
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
En segundo lugar,
Feuerbach era un materialista en su visión general, pero no en cuanto a la
aplicación específica del materialismo a la historia y la sociedad. En este
terreno, no había depurado su pensamiento de todo vestigio de idealismo. En la
medida en que Feuerbach es materialista, no trata la historia, y en la medida
en que considera la historia, no es materialista”, observan Marx y Engels
en La ideología alemana. Feuerbach creía, por ejemplo, que el
amor era el cimiento y la fuerza motriz de la sociedad humana.
Marx y Engels
detectaron estas deficiencias en el materialismo de Feuerbach y las superaron.
Se convirtieron en materialistas históricos del tipo más profundo y consistente
precisamente porque retuvieron y aplicaron el método dialéctico que Feuerbach
había desechado. Ya que la dialéctica es la lógica de la evolución y de la
revolución, es decir, de los lentos y graduales procesos moleculares que, en
determinada etapa, determinan un salto a una nueva cualidad molar. El
materialismo de Feuerbach era más afín al materialismo mecánico y metafísico de
los materialistas ingleses del siglo XVII y los materialistas franceses del
siglo XVIII que al materialismo dialéctico.
3. Los defectos del
pensamiento de Hegel
El propio Hegel no
extrajo, ni podía extraer, todas las conclusiones necesarias de su
revolucionario método de pensamiento. Serias limitaciones en su comprensión y
en la aplicación de la lógica dialéctica que había sistematizado viciaron su
obra y le impidieron desarrollarla en todo su real y rico contenido. Hegel aró
el campo y sembró la simiente para la renovación de la lógica, y recogió la
primera cosecha: la primera y, hasta entonces, única exposición sistemática de
las leyes de la dialéctica. Marx y Engels prosiguieron el cultivo y recogieron
la segunda y más rica cosecha, la estructura del materialismo dialéctico.
Hegel se equivocó,
ante todo, al construir un sistema de filosofía completo y cerrado, en el que
el entero flujo de la realidad quedaba de una vez por todas encerrado en un
canal del que no podía salir. Este intento vano de construir un sistema
totalmente definitivo, heredado de los metafísicos del pasado, contradecía la
concepción clave de la dialéctica de Hegel, según la cual todas las cosas son
limitadas, perecederas, y están condenadas a convertirse en su contrario.
97
George Novack
El pensamiento de
Hegel estaba aquejado de esta oposición inherente e incurable entre su
postulación de un sistema de verdad absoluta y su método dialéctico, que
establecía que todas las verdades son relativas. De este modo, como dijo
Engels:
“el lado
revolucionario de esta filosofía queda asfixiado bajo el peso de su lado
conservador hipertrofiado”.22
Además, el sistema
de Hegel era idealista. Tendía a disfrazar y distorsionar el carácter
esencialmente revolucionario de la dialéctica que yacía en él. Realmente, Hegel
llevó el idealismo a su expresión más consistente y extrema. Pensaba que las
ideas constituían la esencia de toda realidad, y que era el desarrollo de las
ideas el que hacía avanzar el resto de la realidad. Reducía todos los procesos
de la naturaleza al solo proceso de la Idea Absoluta. El proceso histórico de
evolución en la naturaleza, la sociedad y la mente era, en el fondo, el reflejo
y la réplica de la evolución de las ideas de los hombres. “El Espíritu... es la
causa del mundo”, observa Hegel en la introducción a su Enciclopedia.
La realidad externa
no era más que una copia imperfecta del desarrollo del pensamiento en su
progresión hacia la perfección de la Idea Absoluta, que es en Hegel el
pseudónimo de Dios. La idea de Hegel sobre la historia era la de la historia de
la realización de esta Idea Absoluta. Tal como formulara Trotsky:
“Hegel operaba con
sombras ideológicas como realidad final. Marx demostró que el movimiento de
esas sombras ideológicas no reflejaba otra cosa que el movimiento de cuerpos
materiales”.23
Según la versión
idealista de Hegel del proceso histórico, no existía, en último análisis,
ningún desarrollo genuino de lo viejo a lo nuevo, sino más bien un movimiento
circular desde la idea original abstracta preexistente, a través de la
naturaleza y la sociedad, hacia su cumplimiento último en la “concreta” Idea
Absoluta. Debido al atraso del conocimiento científico en su tiempo, la
misma naturaleza, según Hegel, no sufría ningún desarrollo histórico
fundamental, sino que permanecía más o menos idéntica. También la evolución de
la sociedad, para Hegel, se detenía en su forma capitalista. Su horizonte era
exclusivamente burgués. En política, siendo ya viejo, no podía concebir ningún
estado más perfecto que una monarquía constitucional. (Su modelo, en este
terreno, era el primogénito
22 F.
Engels, Ludwig Feuerbach..., op. cit., p. 114.
23 L.
Trotsky, “En defensa del marxismo”, op. cit., p. 79.
98
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
del capitalismo:
Inglaterra.) Finalmente, sostenía que el pensamiento humano había alcanzado el
punto culminante de su desarrollo con su propio sistema del Idealismo Absoluto.
Pero todos esos
errores del pensamiento de Hegel, que lo traicionaron, llevándole a
conclusiones conservadoras y erróneas en numerosas cuestiones prácticas y
teóricas, no disminuyen el mérito de sus descubrimientos lógicos ni la riqueza
encerrada en sus escritos. Así como la sombra refleja la forma y el movimiento
de los cuerpos reales, del mismo modo la filosofía del idealismo absoluto de
Hegel reflejó el multilateral contenido concreto de la historia y el desarrollo
del pensamiento científico.
4. La crítica
marxista del hegelianismo
Marx y Engels nunca
dejaron de reconocer la significación histórica y los logros perdurables de los
titanes de la filosofía, ni su deuda con Hegel y Feuerbach, de los que
partieron. El sistema hegeliano, escribió Engels, cubre un campo
incomparablemente más vasto que cualquier sistema anterior” y desarrolla:
“una riqueza de
pensamiento que aún hoy es asombrosa... Y dado que [Hegel] no sólo era un genio
creativo, sino también un hombre de erudición enciclopédica, desempeñó un papel
que hizo época en todas las esferas”.
La ruptura de
Feuerbach con el idealismo de Hegel y su vuelta al materialismo fue reconocida
por ellos como la influencia intelectual decisiva para liberarse del hechizo de
la filosofía idealista. Pero ni Feuerbach ni ninguno de los contemporáneos de
Marx y Engels había realizado una crítica a fondo de las ideas de Hegel.
Feuerbach se había limitado a desechar la visión idealista de Hegel en
beneficio del materialismo, sin reconocer la importancia decisiva del método
dialéctico. El progreso de la filosofía exigía, no obstante, una crítica no
sólo materialista, sino también dialéctica, de la filosofía hegeliana, y un
desarrollo que fuera más allá de ella. Esta crítica genuinamente dialéctica y
materialista del hegelianismo fue llevada a cabo por Marx y Engels en sus obras
filosóficas. Y sólo por ellos.
Marx y Engels, como
Feuerbach, repudiaron totalmente el idealismo de Hegel. Opusieron un
materialismo sin compromiso al idealismo igualmente total de Hegel.
99
George Novack
“También esta
corriente [la marxista] se separó de la filosofía hegeliana replegándose sobre
las posiciones materialistas. Es decir, decidiéndose a concebir el mundo real
–la naturaleza y la historia– tal como se presenta a cualquiera que lo mire sin
quimeras idealistas preconcebidas; decidiéndose a sacrificar implacablemente
todas las quimeras idealistas que no concordasen con los hechos, enfocados en
su propia concatenación y no en una concatenación imaginaria. Y esto, y sólo
esto, es lo que se llama materialismo. Sólo que aquí se tomaba realmente en
serio, por vez primera, la concepción materialista del mundo y se aplicaba
consecuentemente –a lo menos, en sus rasgos fundamentales– a todos los campos
posibles del saber.”24
Esto significa
también que la dialéctica, que, según Hegel, era esencialmente el
autodesarrollo del concepto”, tenía que ser desligada de su falsa forma
idealista y colocada sobre una correcta base materialista. Hegel había
invertido las relaciones reales entre las ideas y las cosas. Sostenía que las
cosas reales no eran más que realizaciones imperfectas de la Idea Absoluta y
sus manifestaciones. Marx y Engels señalaron que el verdadero estado de cosas
era exactamente lo contrario.
“Nosotros
retornamos a las posiciones materialistas y volvimos a ver en los conceptos de
nuestro cerebro las imágenes de los objetos reales, en vez de considerar a
éstos como imágenes de tal o cual fase del concepto absoluto.”25
Gracias a esta
inversión materialista, la dialéctica misma se transformó en su contrario.
“Con esto, la
dialéctica quedaba reducida a la ciencia de las leyes generales del movimiento,
tanto el del mundo exterior como el del pensamiento humano: dos series de leyes
idénticas en cuanto a la esencia, pero distintas en cuanto a la expresión, en
el sentido de que el cerebro humano puede aplicarlas conscientemente, mientras
que en la naturaleza, y hasta hoy también, en gran parte, en la historia
humana, estas leyes se abren paso de un modo inconsciente, bajo la forma de una
necesidad exterior, en medio de una serie infinita de aparentes casualidades.
Pero, con esto, la propia dialéctica del concepto se convertía simplemente en
el
24 F.
Engels, Ludwig Feuerbach..., op. cit., pp. 146-47.
25 Ibíd., pp.
147-48.
100
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
reflejo consciente
del movimiento dialéctico del mundo real, lo que equivalía a poner la
dialéctica hegeliana cabeza abajo; o mejor dicho, a invertir la dialéctica, que
estaba cabeza abajo, poniéndola de pie 26
Podemos ver, a
partir de esos hechos y citas, hasta qué punto son falsas y estúpidas las
acusaciones realizadas por Eastman, Hook, Edmund Wilson y otros, según las
cuales Marx y Engels eran imitadores disfrazados del idealismo hegeliano. En
realidad, Marx y Engels fueron unos adversarios del idealismo hegeliano
infinitamente más rigurosos, minuciosos y consistentes que esos antagonistas
del socialismo científico y su método. Y fueron también unos materialistas
muchísimo más firmes, que se hubieran reído despectivamente del “sentido común”
de Eastman y de la política moralizante de Wilson, viéndolas como adecuadas
para un parvulario pero no para una discusión entre adultos. Leamos las obras
filosóficas de los jóvenes Marx y Engels, cuando estaban trabajando en su
visión del mundo, y leamos también las observaciones ya maduras de sus años
posteriores, y encontraremos una crítica del idealismo y una exposición del
materialismo que no han sido nunca superadas.
Pero Marx y Engels
rastrillaron los escritos de sus predecesores como materialistas dialécticos, y
seleccionaron en ellos y preservaron todo aquello que tenía valor. A diferencia
de los petimetres que no ven en Hegel otra cosa que sin sentido, ellos vieron
que el pensamiento de Hegel contenía semillas capaces de ulterior
fructificación; que, mezclado con inevitables supersticiones, prejuicios y
errores, había un auténtico y sólido elemento revolucionario digno de
preservarse y capaz de ulterior desarrollo. Este elemento era su dialéctica.
Pese a la
fundamental oposición entre el punto de vista materialista del marxismo y el
idealismo de Hegel, esas dos escuelas de pensamiento tienen un elemento común
extremadamente importante: su método lógico. El método dialéctico y sus leyes
fueron los principales rasgos del pensamiento de Hegel retenidos y
desarrollados por Marx. Este lazo lógico los une, pese a todas las demás
decisivas diferencias.
Esta afinidad y
este antagonismo con la obra de Hegel fue expuesta del modo más autorizado por
el propio Marx en el epílogo a la segunda edición de El Capital.
26 Ibíd., p.
148.
101
George Novack
“Mi método
dialéctico no sólo difiere del de Hegel, en cuanto a sus fundamentos, sino que
es su antítesis directa. Para Hegel el proceso del pensar, al que convierte
incluso, bajo el nombre de idea, en un sujeto autónomo, es el demiurgo de lo
real; lo real no es más que su manifestación externa. Para mí, a la inversa, lo
ideal no es sino lo material transpuesto y traducido en la mente humana...
“La mistificación
que sufre la dialéctica en manos de Hegel, en modo alguno obsta para que haya
sido él quien, por vez primera, expuso de manera amplia y consciente las formas
generales del movimiento de aquélla. En él, la dialéctica está puesta al revés.
Es necesario darle la vuelta, para descubrir así el núcleo racional que se
oculta bajo la envoltura mística.”27
Observemos que Marx
y Engels afirman sin ambigüedad que la dialéctica surge del proceso de la
naturaleza y se aplica a él. Marx y yo, dice Engels,
“fuimos realmente
los únicos que rescatamos la dialéctica consciente de la filosofía alemana y la
aplicamos a la concepción materialista de la naturaleza y de la historia”.
Los revisionistas
que claman que la dialéctica no es aplicable a la naturaleza, sino tan sólo a
la sociedad o a la mente, contradicen las abiertas manifestaciones de Marx y
Engels. O son unos ignorantes, o son unos impostores conscientes.
Compete a la
dialéctica la comprensión de la evolución histórica del materialismo
dialéctico. Como ya hemos indicado, el hegelianismo y el marxismo tienen
ciertos rasgos comunes, pero que son menos determinantes que su oposición
fundamental. El gobierno soviético bajo Stalin tiene muchas características
comunes con el totalitarismo fascista. Esto induce a muchos pensadores
superficiales a identificarlos. Pero son básicamente distintos y antagónicos,
tal como ha demostrado en la realidad la guerra entre la Unión Soviética y el
nazismo. De modo análogo, hay revisionistas pequeñoburgueses que tratan de
identificar el stalinismo con el bolchevismo en base a que el primero está
históricamente conectado con el segundo y tiene ciertos rasgos superficiales en
común con su contrario revolucionario.
27 Karl
Marx, El Capital, epílogo a la segunda edición; Siglo XXI,
Madrid, 1975, vol. I, pp.
19-20.
102
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Los críticos que
identifican el marxismo con el hegelianismo no sólo no poseen la dialéctica,
sino que también violan las normas de la lógica formal. Dos cosas que tienen
ciertas características en común no son forzosamente lo mismo, ni siquiera
según la lógica formal. El hecho de que el ganso sea un animal no significa que
todos los animales sean gansos. El hecho de que el marxismo se derive
históricamente de Hegel y de que el marxismo y el hegelianismo utilicen ambos
el método dialéctico no muestra que sean esencialmente lo mismo. Es
precisamente con esta especie de razonamientos falsos que Eastman y Wilson
tratan de clasificar el marxismo como una rama del hegelianismo y el idealismo.
La astronomía surge de la astrología, y la química de la alquimia. ¿Deben por
lo tanto considerarse esas ciencias idénticas a sus precursoras precientíficas?
La dialéctica
materialista de Marx surgió del hegelianismo de la misma forma que la
astronomía surgió de la astrología y la química de la alquimia, es decir, no
como una duplicación, sino como su contrario, como su negación revolucionaria.
Desde un cierto punto de vista –el del puro desarrollo lógico– constituyen una
unidad. Pero forman una unidad de contrarios. En el curso de su desarrollo
histórico, la lógica moderna ha asumido ya dos formas diferentes y
contradictorias: primero, la dialéctica idealista de Hegel, y luego la
dialéctica materialista del marxismo.
Marx y Engels, en
confrontación con las filosofías opuestas de Hegel y Feuerbach, expusieron las
deficiencias de ambas, y al mismo tiempo explicaron su necesidad histórica.
Luego procedieron a combinar las ideas válidas de ambos pensadores dentro de un
nuevo sistema de pensamiento. El rechazo de las limitaciones y errores tanto de
sus maestros idealistas como de sus precursores materialistas se vio seguido
por la fusión de sus concepciones opuestas en una unidad realizada sobre una
base nueva y superior. Tal es la derivación dialéctica del propio materialismo
dialéctico.
Para lograr la
unificación del método dialéctico con el punto de vista materialista, Marx y
Engels tuvieron que unir esos dos movimientos separados que habían existido
hasta entonces en un antagonismo absoluto entre ellos. Por una parte, tuvieron
que separar la dialéctica del idealismo que la había engendrado y con el que
había sido exclusivamente identificada. Por otra parte, tuvieron que deshacer
las conexiones entre el materialismo y las formas mecánicas y metafísicas con
que, por su parte, había estado exclusivamente vinculado.
103
George Novack
La dialéctica
idealista proporcionaba un trazado más correcto de las formas del proceso del
pensamiento. El materialismo insistía correctamente en la primacía del
contenido material de la realidad objetiva. El materialismo dialéctico combinó
las verdades esenciales de esas dos ramas del pensamiento en un sistema nuevo y
superior de filosofía.
De este modo, Marx
y Engels crearon su método de pensamiento transformando radicalmente tanto el
pensamiento de Feuerbach como el de Hegel. El hegelianismo, esa negación
suprema del materialismo, engendró su propia negación con el materialismo
dialéctico. El materialismo de medio aliento de Feuerbach, que se oponía
absolutamente al idealismo alemán, engendró también su negación con el
materialismo dialéctico. De este modo, la evolución del materialismo dialéctico
aporta la prueba de la verdad de sus propias ideas.
A veces se hace
esta pregunta: ¿Es la dialéctica la forma más alta posible de pensamiento?
¿Asumirá la lógica formas nuevas en el futuro? El pensamiento materialista
dialéctico es hoy la más alta forma de pensamiento científico que conozcamos o
que nos sea asequible. Nuestra tarea actual consiste en desarrollar ese sistema
de pensamiento, en expandir sus ideas, en otras palabras, en socializar la
dialéctica, que Engels definió como “nuestro mejor instrumento de trabajo y
nuestra arma más afilada”.28
Esto no significa
que la ciencia del proceso del pensamiento, o el proceso mismo del pensamiento,
haya alcanzado su último límite. Al contrario: en realidad, todavía no hemos
empezado a pensar. Los futuros avances sociales producirán inevitablemente tremendos
avances en el pensamiento humano y en la práctica y el conocimiento del
pensamiento humano.
Antes de Marx y
Engels, la lógica, la ciencia del proceso del pensamiento, desempeñaba un papel
subordinado en el proceso histórico. Como esos socialistas científicos nos han
enseñado, no han sido ni el pensamiento ni la autoconciencia del pensamiento lo
que ha determinado el desarrollo de la sociedad, sino el juego ciego de las
fuerzas naturales y sociales. Pero ahora la humanidad ha empezado a comprender
el curso lógico de los procesos naturales, a dominarlos y a utilizarlos. Con el
movimiento socialista, hemos empezado también a entender la lógica de los
mismos procesos históricos del pensamiento. Con el auge del socialismo, la
lógica no dejará de convertirse en una fuerza cada vez mayor en la conformación
28 F.
Engels, Ludwig Feuerbach..., op. cit., p. 148
104
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
del desarrollo
social. Puesto que las fuerzas naturales y sociales se ven cada vez en mayor
medida puestas bajo el poder de la acción humana planificada y organizada
colectivamente, el pensamiento y la ciencia del pensamiento expandirán sin duda
su contenido, desarrollarán nuevas formas, mostrarán nuevas propiedades y
nuevos poderes. La lógica dialéctica es el instrumento indispensable para
promover el progreso del pensamiento científico a su nivel superior. La
dialéctica materialista abre perspectivas ilimitadas para el futuro del
pensamiento humano.
8. LAS CATEGORÍAS
DE LA LÓGICA DIALÉCTICA
“Hegel, en su Lógica –escribió
Trotsky–, estableció una serie de leyes: cambio de cantidad en cualidad,
desarrollo a través de las contradicciones, conflicto entre el contenido y la
forma, interrupción de la continuidad, cambio de posibilidad en inevitabilidad,
etc., que son tan importantes para el pensamiento teórico como el silogismo
simple para las tareas más elementales”.29
Cada una de esas
leyes lógicas está orgánicamente conectada con las demás. Y no, como pensaba
Hegel, porque cada cual sea una especificación de la Idea Absoluta, es
decir, un producto del razonamiento, que él identificaba con el ser último de
las cosas, sino porque cada cual corresponde a alguna fase o aspecto particular
de la realidad material del universo. Es posible, por lo tanto, aproximarse a
esas leyes en conjunto a través del examen de cualquiera de ellas, del mismo
modo que son posibles muchas cosas acerca de las condiciones generales de la
tierra a través del estudio de un área particular.
Ahora nos
aproximaremos a las leyes de la dialéctica a través del examen de las
relaciones entre la esencia y la apariencia. Igual que la cantidad y la
cualidad, la forma y el contenido, y otros pares de ideas similares, esas
categorías del pensamiento han sido siempre utilizadas por todos nosotros. Son
instrumentos indispensables de conocimiento y de acción. Por esto es tan
importante tener una concepción correcta de esas categorías lógicas.
29 L.
Trotsky, En defensa..., op. cit., pp. 78-79.
105
George Novack
Comencemos por
examinar la categoría de esencia. Los pensadores formales y metafísicos
sostienen que la esencia de una cosa se distingue de su apariencia por el hecho
de que la naturaleza interna de un objeto es totalmente distinta de su
apariencia externa y absolutamente opuesta a ella. La esencia de una cosa,
según nos dicen, ha de ser algo absoluto, fijo y acabado, mientras que sus
diversas apariencias son relativas, fluctuantes, fundamentalmente incompletas y
mutables. Separan la esencia de la apariencia por una frontera infranqueable y
una oposición insuperable. Lo que es esencial no es aparente; lo que es
aparente no es esencial. Esta es la línea de su razonamiento.
Una corriente
contemporánea de filosofía, de la que George Santayana es un buen exponente,
transforma, por arte de magia, todas y cada una de las apariencias en una
esencia de este tipo. Describen las esencias como “objetos eternos” que existen
en el reino sobrenatural que les es propio, distinto del mundo de las
actividades humanas y opuesto a él. Esas esencias tienen los atributos de los
espíritus. La esencia no tiene génesis”, escribe Santayana en Escepticismo
y fe animal. “Las esencias son absolutamente inmutables por su
naturaleza.” En sí mismas, no conocen ningún desarrollo histórico real y, por
lo tanto, no pueden surgir, alterarse o perecer. Tan sólo nuestros volátiles
intentos por asir esos “objetos eternos” producen la apariencia ilusoria de
cambio en el desfile de las esencias.
Esta parte de la
teoría del conocimiento de Santayana (su posición, tomada en su conjunto, es
enormemente ecléctica) es en realidad una reedición del platonismo. El objetivo
que subyace en ella es salvar, por medio de la metafísica, todo lo que se pueda
del idealismo frente al avance de la ciencia moderna y del materialismo. Aunque
Santayana no hace ninguna aportación original al pensamiento filosófico, su
punto de vista en este tema tiene el mérito de hacer explícito, en relación con
la esencia, aquello que pensadores menos consistentes dejan turbio o confuso.
Además, la errónea concepción de la esencia de Santayana la comparten no sólo
filósofos idealistas, sino también muchos que carecen de conocimientos
filosóficos y de preparación dialéctica.
Este problema de la
esencia desconcierta especialmente a aquellos cuyas mentes se han sofisticado o
adulterado un tanto en el contacto con la filosofía tal como la enseñan en los
colegios. También ellos piensan que la esencia de una cosa tiene algo que es
absolutamente permanente, fijo y definitivo, y radicalmente distinto de las
apariencias de la misma cosa. Incidentalmente, esta es una de las razones por
las que hemos elegido
106
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
esas dos categorías
particulares para el análisis; los problemas que presentan han tenido y siguen
teniendo la mayor importancia filosófica.
En realidad, la
esencia de una cosa cualquiera no llega ni puede acceder a la existencia de una
vez por todas y permanecer en ella en una forma inmutable, como Minerva, que
salió de la cabeza de Júpiter armada de pies a cabeza y, a partir de ahí,
permaneció como diosa. Semejante idea es mitológica, aunque se la vista con
brillantes términos filosóficos. La esencia de una cosa se desarrolla y se
realiza según el proceso de desarrollo de la cosa material misma. Constituye un
elemento integrante e inseparable del objeto, y comparte todas las vicisitudes
de su historia.
En consecuencia, la
esencia en general, y cada esencia en particular, tiene, como todo en este
mundo, un carácter material e histórico. Accede a la existencia bajo unas
condiciones específicas, se desarrolla en distintas formas y a través de ellas,
y finalmente sale de la existencia al mismo tiempo que la cosa misma perece.
Además, su curso de
desarrollo tiene un carácter dialéctico o contradictorio. La esencia de una
cosa nunca accede a la existencia solamente por sí misma y como ella misma.
Siempre se manifiesta junto con su contrario y por medio de él. Este contrario
es lo que designamos con el término lógico de apariencia. Es a
través de series de apariencias relativamente accidentales que la esencia
despliega su contenido interno y adquiere cada vez más realidad, hasta que se
muestra todo lo plena y perfecta-mente que puede bajo las condiciones
materiales dadas.
La esencia de una
cosa es aquello que es necesario para su apariencia, la totalidad de las
cualidades sin las que no puede existir.
En el comienzo del
desarrollo de una cosa, su esencia puede estar casi enteramente inmersa en esa
apariencia particular, y la gente superficial tenderá a identificar ambas cosas
como un todo indivisible. En las ciencias naturales, la electricidad se identificó
con la propiedad magnética, en relación con la cual fue inicialmente detectada
y estudiada. En el desarrollo político de la clase obrera, la dirección del
movimiento socialista internacional se ha identificado con las Internacionales
Primera, Segunda o Tercera.
Pero la cosa, en su
desarrollo subsiguiente, se quita de encima su forma original y asume
apariencias nuevas, diferentes y siempre contradictorias. En este punto, la
necesidad de distinguir la esencia de la apariencia, el núcleo relativamente
permanente y la superficie cambiante de las cosas,
107
George Novack
se convierte en un
problema teórico y práctico. También en este punto está la fuente del error de
los metafísicos. Ven la necesidad de distinguir entre esencia y apariencia y de
separar una de otra. Pero están ciegos ante la necesidad, igualmente urgente,
de ver su unidad, sus interconexiones, y su conversión –bajo ciertas
condiciones– de una en otra.
Hegel expresó esto
en una fórmula inolvidable: “En su esencia, todo es relativo.” Siendo así que
en su apariencia, haciendo abstracción de la esencia, toda cosa es inmediata o
absoluta.
Tomemos, por
ejemplo, el ser humano. El ser humano apareció por primera vez no en su esencia
plenamente desarrollada, sino como un animal apenas diferenciable de su
inmediato antecesor, el mono-hombre. En el curso ulterior de su evolución
biológica y social, el mono-hombre pasó a ser un hombre-mono. Desde entonces,
las especies humanas han dejado de lado cada vez más sus características
simiescas y han adquirido otras que las distinguen. Somos, en muchos aspectos,
diferentes de los Neanderthales que habitaban cavernas.
¿Dónde se
encuentra, pues, la esencia de la condición humana? Está presente y opera en
distintos grados en todas las etapas pasadas del desarrollo del hombre, lo
mismo que en la forma que prevalece. Pero su esencia está todavía a medio
camino de su realización. De hecho, estamos tan sólo al comienzo de ese
proceso. En la sociedad de clases desarrollamos tan sólo una parte pequeña y
atrofiada de la esencia humana, que sólo puede brotar bajo las condiciones más
favorables de la futura sociedad comunista. Quizás incluso la humanidad, al ser
la más alta forma que prevalece de la vida sobre la tierra, evolucione en algo
todavía superior.
La esencia y la
apariencia se identifican una con otra, y al mismo tiempo se oponen la una a la
otra, en cada fase de desarrollo de un movimiento material dado. Pero sus
relaciones recíprocas pueden revertirse en el curso del desarrollo. En la fase
inicial de una cosa, la apariencia tiende normalmente a subordinar a ella la
esencia. A lo largo del camino, una y otra van divergiendo hasta el punto de
oponerse; luego, en el punto culminante del desarrollo de una cosa, su
naturaleza esencial resplandece triunfante, vencedora de sus varias
apariencias. La esencia y la apariencia se mezclan en la cima como lo hicieron
en el comienzo. Pero en su último estado la esencia domina la apariencia.
108
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
El marxismo, por
ejemplo, se realizó relativamente en cada una de las tres primeras
internacionales, se realizó en ellas en grados ascendientes de perfección. Está
siendo realizado mucho más a fondo por medio de la Cuarta Internacional, que se
está creando en una fase más elevada de la lucha de la clase obrera y que se
basa en los logros que perduran y en la valoración crítica de sus predecesores.
¿Será la Cuarta Internacional la forma final y esencial del partido socialista
internacional? Lucharemos porque así sea.
Pero la encarnación
consumada de una esencia no es en absoluto el final del problema. De hecho,
estamos entonces tan sólo a medio camino del proceso. Ya que apenas la esencia
de una cosa se ha manifestado tan directamente y ha coincidido tan plenamente con
su apariencia como era posible, cuando la cosa misma, habiendo realizado sus
posibilidades, habiendo desplegado su contenido interno hasta el máximo,
empieza a moverse hacia otra cosa y a empezar a ser ella. En otras palabras, lo
esencial inicia un camino descendente y se dirige a verse nuevamente
transformado en algo menos esencial y, finalmente, en algo no esencial. Ésta es
la dialéctica de toda esencia.
* * *
Examinemos, a la
luz de estas consideraciones, el ejemplo concreto de la evolución del dinero,
una cosa que, como sabemos, es esencial en las operaciones del sistema
capitalista. El dinero no es un accidente, sino una necesidad bajo el
capitalismo. Cada día se nos hace recordar que sin él no podemos vivir.
Hubo una época en
que el dinero no existía. En las sociedades primitivas, en las que toda la
producción es para el uso de la comunidad y en las que ningún producto del
trabajo entra en el intercambio, el dinero es innecesario y desconocido.
Accedió a la existencia tan sólo con el intercambio regular de una multitud
diversa de mercancías y con el desarrollo a gran escala de las relaciones
comerciales, cuando surgió la necesidad de un equivalente general por medio del
que todas las demás mercancías pudieran expresar su valor de cambio.
El dinero no nació
bajo una forma apropiada a su esencia, sino bajo una forma enmascarada impuesta
por las condiciones de su nacimiento. El dinero apareció por primera vez como
una mercancía entre otras, como mercancía-dinero, del mismo modo que el hombre
surgió primero como hombre-mono. Esta mercancía que fue aislada e instituida
para servir de
109
George Novack
medio de
circulación y de medida del valor de otras mercancías, ha asumido muchos
aspectos diferentes en el desarrollo histórico de las sociedades de producción
e intercambio de mercancías, de las que el capitalismo constituye la expresión
suprema. El ganado, el hierro, los esclavos, las pieles, el trigo, el arroz y
muchas otras sustancias materiales han operado como mercancías-dinero.
La mercancía pasó
por tres etapas hasta alcanzar la esencia del dinero y hacer que su forma
coincidiera mejor con su contenido. Mientras las relaciones de intercambio eran
restringidas y el mercado pequeño, toda clase de mercancías podían desempeñar
el papel de equivalente general.
El salto
cualitativo de la mercancía a genuina forma dinerada del valor se produjo
cuando los metales preciosos asumieron las funciones de dinero. Las
mercancías-dinero, como el ganado, conservaban sus usos naturales al mismo
tiempo que servían de equivalente general. Sus funciones en el proceso de
circulación eran subsidiarias respecto a esos otros usos. El ganado que servía
de medida de valor podía ser sacrificado, su carne podía comerse, y su piel ser
empleada para distintas cosas.
Los metales
preciosos tienen una condición distinta. Una vez acuñados por alguna autoridad
pública, su solo uso fue el de servir de equivalente general de la masa de
mercancías. Al llegar a este punto, el equivalente general se convirtió en un
equivalente universal, y la esencia del dinero, en forma de moneda acuñada o de
lingote, se afirmó en su derecho.
El desarrollo no se
detuvo ahí. Finalmente, el oro se convirtió en la suprema encarnación del
equivalente universal.
Pueden hacerse
estas preguntas: ¿cuál de esas diversas apariencias del dinero es real y
verdaderamente el dinero en sí mismo? En términos lógicos, ¿dónde se encuentra
la esencia del dinero en medio de todas esas diversas manifestaciones de la
relación dineraria? La primera respuesta es que, en cierta medida, y bajo
ciertas circunstancias de desarrollo económico, todas esas apariencias
materiales distintas han sido y pueden ser dinero. Todas ellas demostraron en
la práctica, que es la prueba definitiva de la verdad, que pueden desempeñar
las funciones básicas de la mercancía-dinero.
Esto significa,
pues, que cada una de esas encarnaciones históricas del dinero contiene en
alguna medida su esencia cualitativa. El dinero en general es relativo a cada
una de sus varias manifestaciones concretas. El
110
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
ganado, las
conchas, las pieles, los metales preciosos, etc., tienen que haber tenido parte
de la esencia del dinero, ya que, de otro modo, no hubieran aparecido ni
funcionado como medios de circulación. De no ser así, hubieran sido
sencillamente los objetos materiales o la particular especie de mercancía que
resultaban ser. No hubieran podido servir de dinero de no haber sido realmente,
en esencia, la especie de relación económica que el dinero es.
Pero éste es tan
sólo un lado del problema. Es evidente que si bien todas y cada una de estas
formas de dinero contenía alguna parte de la esencia de esa relación económica,
ninguna de ellas contenía por entero la esencia del dinero. Cada una,
considerada en ella misma, no hacía más que participar de la esencia del
dinero, del mismo modo que un accionista tiene tan sólo una determinada porción
de una sociedad por acciones. Necesariamente, cada mercancía-dinero no es,
esencialmente, nada más que una representación imperfecta, superficial,
episódica, de las relaciones y funciones económicas que se manifiestan en la
forma dinero y a través de ella.
Por otra parte,
puesto que cada cual, a su manera, y según su capacidad, incorporaba y contenía
algo de la esencia del dinero, debemos admitir que todos los miembros
constitutivos de estas series de formas dinerarias contribuyeron a la
realización, clarificación y perfección de la forma dineraria esencial.
Constituyen formas transitorias en las que la esencia del dinero se manifiesta,
son los accidentes que recubren su necesidad.
Vemos, pues, que la
esencia, lejos de ser algo fijo y simple en su naturaleza, se compone de
distintos grados que constituyen una jerarquía de la esencia. Podemos proceder,
y las cosas, en su evolución, avanzan, de lo menos esencial a lo más esencial.
En otros términos, la cualidad de una esencia dada se hace cuantitativamente
mayor o menor. Puede crecer en extensión y en contenido; puede, paso a paso,
definirse o determinarse en distintos grados o formas de su ser.
La esencia de una
cosa se manifiesta siempre entrelazada inextricable-mente con su contrario, que
es una u otra de sus apariencias. En general, a más esencia, menos apariencia;
a más apariencia, menos esencia. Estas dos determinaciones unidas de la realidad
y el pensamiento aparecen juntas, pero en razón recíprocamente inversa.
111
George Novack
El dinero en forma
de ganado, por ejemplo, tan sólo empezó a diferenciarse de la masa de las demás
mercancías y a oponérseles. Apenas es otra cosa que una mercancía que se
sostiene ligeramente por encima de las demás mercancías. La esencia del dinero
no hace más que una débil aparición en esta forma embrionaria de dinero en las
sociedades incivilizadas. Tan sólo cuando el dinero asume la forma de moneda
acuñada, y encuentra una incorporación en los metales preciosos, su esencia
empieza a predominar sobre su apariencia y el equivalente general va cambiando
en equivalente universal.
¿Hasta qué punto de
claridad y acabamiento puede mostrarse la esencia, desvinculándose de la mera
apariencia? La pureza y perfección en la realización de una esencia dada
depende de las circunstancias materiales que rigen el desarrollo de la cosa de
que se trata. En el caso del dinero, por ejemplo, su esencia ha logrado
desplegarse con gran claridad y nitidez gracias a la evolución de las
sociedades productoras de mercancías en el capitalismo.
Como resultado del
desarrollo de la producción e intercambio de mercancías, una especie particular
de dinero se ha mostrado como la encarnación más esencial o necesaria del
dinero. Se trata del oro. Éste es uno de los descubrimientos más importantes de
Marx, denigrado como hegelianismo”. El oro ha establecido en la práctica su
superioridad sobre todas las formas anteriores de dinero, como resultado de una
tremenda competencia que ha cubierto cientos de siglos de comercio e industria.
Nadie, es decir,
ningún poder político seleccionó arbitrariamente al oro como lo más adecuado
para encarnar y ejercer las funciones de dinero. Esta condición vino
determinada fundamentalmente por una larga serie de procesos económicos y de
causas, cuyos resultados tuvieron que ser ratificados por las autoridades
políticas en sus códigos legales y ser reconocidos en las relaciones económicas
cotidianas. El oro ha destronado a todos los dineros rivales porque ha
demostrado ser una forma de la relación dineraria más poderosa, más real y más
esencial.
El ejemplo del oro
demuestra que, con todo su carácter absoluto, la esencia sigue siendo relativa
respecto a las formas de dinero menos esenciales, o no esenciales. El oro, la
forma dineraria más esencial, surge históricamente de formas menos esenciales y
mantiene hoy relaciones definibles con ellas, igual que con todo el mundo de
las mercancías. La plata, por ejemplo, se intercambia por el oro en
proporciones determinadas.
112
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Aquello que es o
parece ser esencial en determinada etapa de desarrollo de una relación –y cada
objeto singular es una relación o una constelación de relaciones– se convierte
en no esencial o en menos esencial en otra etapa de desarrollo. En tiempos pretéritos
de la evolución económica pudo parecer que la plata podía ser la mercancía
dineraria por excelencia, y que el oro iba a ocupar el segundo lugar. La plata
era, pues, más valiosa que el oro. Pero con los cambios posteriores en las
condiciones técnicas y económicas, esta relación entre la plata y el oro se
invirtió concluyente-mente. Durante el siglo XIX se demostró que la supremacía
la tenía el oro y no la plata. La plata fue volviéndose un representante
transitorio y subordinado de la relación dinerada y pasó a segundo plano, como
sus predecesores obsoletos.
Hoy el oro es el
monarca absoluto, no sólo respecto a las demás formas dinerarias sino también
respecto al mundo entero de las mercancías bajo el capitalismo. Toda otra
mercancía es inferior al oro y debe inclinarse ante él. El oro es el Valor
Encarnado. El oro mantendrá esta alta y poderosa posición en la época histórica
de transición del capitalismo al socialismo.
“En la economía
transitoria, como en el régimen capitalista, la única moneda verdadera es la
que se basa sobre el oro.”30
Pero esta posición
del poder económico absoluto que tiene la forma dinerada, que alcanza tantas
organizaciones distintas de la sociedad, es también relativa y limitada.
Tampoco ella durará más que un intervalo pasajero de la evolución histórica. En
la sociedad socialista, el dinero empezará a perder sus poderes mágicos y
tenderá a desaparecer. Trotsky observó:
“El fetichismo y el
dinero sólo recibirán el golpe de gracia cuando el crecimiento ininterrumpido
de la riqueza social libre a los bípedos de la avaricia por cada minuto
suplementario de trabajo y del miedo humillante por la magnitud de sus
raciones. Al perder su poder para proporcionar felicidad y para hundir en el
polvo, el dinero se reducirá a un cómodo medio de contabilidad para la
estadística y para la planificación; después, es probable que ya no sea
necesario ni aun para esto. Pero estos cuidados debemos dejarlos a nuestros
biznietos, que seguramente serán más inteligentes que nosotros”31
30 L.
Trotsky, La revolución traicionada, Fontamara, Barcelona,
1977, p. 85.
31 Ibíd., p.
84.
113
George Novack
Entonces, tal como
predijo Sir Thomas More y tal como esperó Lenin, los hombres utilizarán el oro,
que ha sido identificado en el pasado con tanta felicidad y tanta miseria, como
adorno en los cuartos de baño.
Los metales
preciosos, y por excelencia el oro, eran especialmente adecuados para
monopolizar el papel de dinero debido a sus propiedades físicas. Son maleables,
dúctiles, altamente divisibles, homogéneos, duraderos, transportables y
fácilmente reconocibles. Por si fuera poco, debido a su relativa escasez,
representaban una elevada cantidad de intercambio en un volumen pequeño.
Incorporaban una gran cantidad de trabajo en una forma altamente condensada.
Mucha gente piensa
erróneamente que estas notables propiedades físicas convierten, por sí solas,
estos metales en objetos preciosos con poderes milagrosos. Ésta es la
apariencia, y no la realidad, de la cuestión. El dinero es una forma altamente
desarrollada del valor, que existe tan sólo en las sociedades productoras de
mercancías. Así pues, en último análisis, el dinero es una cosa que representa
relaciones económicas específicas entre los hombres. Estas relaciones
constituyen la esencia del dinero. Y cuando una economía de abundancia e
igualdad transforme fundamental-mente las relaciones entre los hombres, la
necesidad del dinero decaerá y desaparecerá, mientras que todas las propiedades
físicas del oro y la plata perdurarán.
¿Es la esencia algo
abstracto o algo concreto? El ejemplo del dinero nos muestra que es ambas
cosas. El dinero se presenta siempre en alguna forma específica. Pero ninguna
de esas manifestaciones concretas del dinero contiene la totalidad de su
esencia. La esencia del dinero está, pues, al mismo tiempo presente y no
presente en cada una de sus formas particulares.
Sin el desarrollo
serial de las distintas formas concretas del dinero, hubiera sido imposible que
en la economía social se realizara la esencia del dinero en su forma más pura
de oro en lingotes. De la misma forma, hubiera sido imposible que los economistas
hubieran llegado, a través de sus investigaciones científicas, a una
comprensión de la naturaleza interna del dinero.
Vemos, pues, que la
esencia de una cosa es una abstracción de sus diversas formas materiales,
expresada en una generalización sacada de sus casos particulares. Lo abstracto
y lo concreto, lo general y lo particular, la esencia y la apariencia, son
categorías esencialmente interrelacionadas
114
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
e
interconvertibles. Nunca se encuentra la una sin la otra. “En esencia”, como
dice Hegel, “todas las cosas son relativas”.
Estos contrarios
van transformándose continuamente uno en otro. Esta moneda, por ejemplo, parece
extremadamente concreta, y lo es desde el punto de vista de su composición
material. Pero desde el punto de vista económico no es tan inmediatamente
concreta. Tal como ahora existe, no es dinero más que parcial y potencialmente.
Es dinero en abstracto. Puede usarse, en circunstancias normales, como medio de
circulación. Esta moneda se convierte real y verdaderamente en dinero y se
realiza a sí misma en el momento en que con ella compro una mercancía. En esa
transacción pierde su carácter dinerario abstracto, es decir, ideal, y se
convierte en dinero concreto. Cuando entra en el bolsillo del vendedor de la
mercancía, asume de nuevo su carácter más abstracto.
Esta transmutación
de los rasgos predominantes progresa perpetuamente en el proceso de la
circulación mercantil. Lo mismo ocurre con todas las demás categorías en todos
los terrenos de existencia.
Examinemos las
relaciones entre las categorías de cantidad y cualidad a través de este
ejemplo. El dinero no tiene como punto de partida el dinero (convertirse en
dinero es su destino), sino algo distinto del dinero: su propio contrario,
mercancías. El suelo” del dinero, como Hegel lo llamó, es su propio contrario,
mercancías. Sin mercancías, es decir, sin productos del trabajo que se
intercambian, el dinero no puede empezar a convertirse en él mismo, no puede
realizar su esencia peculiar.
¿Cómo se transforma
una mercancía en dinero, que es el contrario de la forma mercantil? Una
multitud de actos de intercambio de bienes puede tener lugar antes de que se
haga sentir la necesidad de que una mercancía particular sirva de medio de
circulación. Esta necesidad se satisface por medio de la selección de una
mercancía para prestar el servicio de este medio. Esta es, usualmente, tal como
señala Marx, la mercancía más importante, ya sea ganado, grano o pieles.
Un desarrollo
cuantitativo específico de los intercambios es, por lo tanto, el requisito
previo para la generación cualitativa del dinero como una nueva propiedad de la
economía. La nueva cualidad del dinero se muestra como el resultado necesario
de la acumulación cuantitativa de actos de intercambio. La producción de esta
nueva cualidad económica se produce por una vía revolucionaria y tiene
resultados revolucionarios. Escinde cada vez más el mundo de las mercancías en
torno a dos polos: en mercancías
115
George Novack
particulares por un
lado, y en mercancía-dinero, que es su equivalente universal, por otro. El
resultado final de esta escisión se revela en las crisis del capitalismo,
cuando las mercancías no pueden intercambiarse por dinero a escala mundial.
Este salto de la
cantidad a la cualidad no es una ficción, sino la verdadera expresión lógica de
aquello que efectivamente sucede en los procesos reales. El germen de la
relación dineraria está latente en la existencia de las mercancías. En el
momento en que los hombres empiezan a decir, en la plaza del mercado, esto vale
tanto”, e intercambian los productos de su trabajo en términos de equivalencia,
están generadas las condiciones previas para la producción de dinero. La
necesidad social de una medida independiente de valor, un patrón de los precios
y un medio para hacer cuentas es lo que da nacimiento al dinero.
Una vez se da la
cantidad suficiente de mercancías distintas y el número suficiente de actos de
intercambio, es, por fin, necesario encontrar una mercancía entre todas que
sirva de dinero. Cuando los hombres dijeron “esto vale tanto”, no tardaron en
pensar que deberían tener alguna cosa de la que pudiera decirse: “todas las
cosas valen esto”. Esta mercancía se convierte en mercancía dineraria. Cuando
el papel moneda nacional perdió su valor durante la segunda guerra mundial, los
cigarrillos asumieron temporalmente las funciones del dinero.
El proceso
dialéctico de desarrollo no termina con la transformación de cantidad en
cualidad. Ésta es tan sólo una de sus legítimas manifestaciones. El proceso
prosigue en dirección opuesta, y convierte la nueva calidad en una nueva
cantidad. Cuando la cualidad del dinero hace su aparición en la sociedad,
tiende a expandirse indefinidamente, a penetrar en todas partes, y a
transformar todas las demás relaciones económicas. Esta cuantificación de la
cualidad del dinero alcanza su punto culminante bajo el capitalismo, en el que
todos los productos del trabajo y, sobre todo, la misma fuerza de trabajo, se
hacen necesariamente intercambiables por dinero.
Esta cuantificación
conduce, a su vez, a la producción de una nueva cualidad económica. El dinero
se transforma en capital, que es una forma superior de dinero. Esta nueva
cualidad del dinero, su forma de capital, también se incrementa y asume formas
diversas: capital usuario, comercial, manufacturero, industrial y financiero.
116
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Con la revolución
socialista, esta forma de capital del dinero se marchitará, igual que muchas
otras formas y funciones del dinero, en el curso del tiempo. Como señaló
Trotsky, el dinero, con el establecimiento de las relaciones socialistas, se
transformará en meros recibos contables.
Vemos, de este
modo, que ahí se da un proceso incesante, una ronda sin fin, de transformación
de cantidad en cualidad y de cualidad en cantidad, de posibilidad en
inevitabilidad y de inevitabilidad en posibilidad. El dinero, que es inevitable
en nuestro sistema económico, no era posible en el primitivo colectivismo
tribal que precedió a la producción mercantil y no será necesario en el
comunismo del futuro.
Esta vía de
desarrollo es extremadamente contradictoria. El dinero surge de las mercancías
y no deja de ser nunca una mercancía, del mismo modo que el hombre surge de las
especies animales y nunca deja de ser un animal. Sin embargo, el dinero es más
que una mercancía y es una cosa distinta a ella, igual que el hombre es más que
un animal y otra cosa que sus colegas mamíferos. El dinero desarrolla sus
características contra-dictorias hasta el punto de que, bajo el capitalismo, el
dinero, que es el solo medio para unificar y realizar el valor de las
mercancías, se levanta en una oposición absoluta frente al mundo de las
mercancías. Sin el dinero, ninguna mercancía puede realizarse como mercancía;
inversamente, sin mercancía, el dinero no puede realizarse como dinero.
Esta contradicción
se manifiesta del modo más visible en las crisis capitalistas, cuando el
dinero, que se originó y que funciona como el único medio de circulación, se
convierte en el principal e insuperable obstáculo para la circulación de
mercancías. Ésta es una de las contradicciones inherentes del capitalismo que
acarrearán su caída.
* * *
La evolución del
dinero desde su origen hasta su venidera extinción ejemplifica la naturaleza
dialéctica de la apariencia y la esencia, la cantidad y la cualidad, la
posibilidad y la inevitabilidad, el contenido y la forma, lo relativo y lo
absoluto, el accidente y la necesidad, lo abstracto y lo concreto. Estas
categorías correlativas recubren el contenido de la lógica dialéctica. Son
herramientas conceptuales indispensables para el análisis de las
contradictorias características de la realidad y sus modos de desarrollo.
117
George Novack
La visión
dialéctica y materialista de la apariencia y la realidad rompe con las
concepciones de otras escuelas filosóficas, como las agnósticas y empiristas.
La teoría agnóstica del conocimiento, expuesta por Kant, establece una
disyunción absoluta entre las apariencias subjetivas y la sustancia interna,
entre las cosas “para nosotros” y las cosas “en sí mismas”. Afirma que los
hombres sólo pueden percibir fenómenos, y que no pueden penetrar en la esencia
de las cosas. Por lo tanto, la realidad es incognoscible ni por los sentidos ni
por la razón, aun cuando puede ser intuida por la fe. El empirismo se orienta a
subordinar las relaciones esenciales a las apariencias sensitivas o subjetivas
de las cosas y a tomar, o a confundir, sus aspectos superficiales y sus
manifestaciones inmediatas por su contenido fundamental.
Ambas teorías del
conocimiento yerran al divorciar los fenómenos de la esencia y al despreciar o
negar su necesaria interconexión como polos de un todo unitario.
La divergencia y
coincidencia de la apariencia y la realidad son especialmente importantes para
comprender cómo el conocimiento progresa desde la experiencia cotidiana hasta
la visión y previsión científicas. Las cosas, tal como se nos manifiestan,
tienen unas características contradictorias y confusas que al mismo tiempo
orientan y desorientan. Su presentación inmediata puede estar en conflicto con
su condición real. Al mismo tiempo, esos fenómenos constituyen una guía que
puede revelarnos la falacia del aspecto externo y abrirnos el camino para asir
su contenido básico, puesto que la esencia se presenta en distintas apariencias
y a través de ellas.
Un ejemplo que nos
es familiar de esta divergencia entre la apariencia y la realidad es la
relación de la tierra con el sistema solar. El sol parece girar alrededor de la
tierra, cuando sabemos que es la tierra la que, como los demás planetas, tiene
su órbita alrededor del sol. El descubrimiento por Copérnico de la rotación de
la tierra sobre su eje y de su movimiento alrededor de un sol fijo abrió la
época moderna en astronomía.
Al mismo tiempo, se
entiende por qué los demás cuerpos celestiales parecen moverse alrededor del
observador situado en la tierra. En la descripción científica del sistema
solar, los movimientos tanto aparentes como reales son interconexos y
explicables.
118
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Uno de los grandes
objetivos de la ciencia consiste en resolver los conflictos entre las formas
externas y la realidad interna de las cosas, demostrando su unidad dialéctica.
El conocimiento avanza mediante sondeos por debajo, por arriba y más allá de las
apariencias, yendo hacia niveles cada vez más profundos de la existencia real.
9. DE LA
IGNORANCIA CAPITALISTA A LA ILUSTRACIÓN SOCIALISTA
Cualquiera que esté
determinado a estudiarlos, puede aprender los elementos de la lógica
dialéctica. El conocimiento de cualquier ciencia requiere el empleo de un
considerable tiempo de trabajo y de energía mental. Hace tiempo se dijo que no
hay ningún camino real para el conocimiento. Los capitalistas obtienen
beneficios sin trabajo personal. Pero ¿es necesario decir a los obreros, que
logran un conocimiento vivo y se esfuerzan por aprender el funcionamiento de
una máquina nueva y complicada, que también tienen que esforzarse para aprender
algo nuevo o adquirir el conocimiento de un nuevo instrumento de pensamiento?
Puesto que el
pensamiento trata acontecimientos oscuros y procesos complejos estudiados por
los científicos naturales y sociales, hay terrenos en los que la lógica exige
un conocimiento y entrenamiento especializados. Pero todos nosotros pensamos
sobre temas que nos son cercanos y perfectamente familiares a todos. A mayor
abundamiento, la dialéctica como una ciencia del pensamiento, como una lógica,
también trata de los asuntos más corrientes.
Sin duda, la lógica
dialéctica enfoca esos asuntos de una forma algo inhabitual. Nos proponemos
mostrar cómo surge la dialéctica de la vida cotidiana y de las luchas de los
obreros; cómo refleja los movimientos de su mente en los diversos aspectos y
fases sucesivas de su experiencia de clase; y, por último, cómo cualquier
obrero que reflexione puede verificar el origen de esas ideas lógicas y las
operaciones de las leyes de la dialéctica al meditar sobre y analizar su propio
desarrollo intelectual y político de “obrero incorregible” o incluso
“marginado” a obrero de mentalidad revolucionaria.
119
George Novack
Para convertirse en
un marxista, cualquier obrero tiene que revolucionar su mentalidad política.
Este cambio en su pensamiento no tiene lugar, ni puede tenerlo, de golpe. Llega
como punto culminante de un prolongado proceso de desarrollo que incluye múltiples
experiencias en la lucha de clases y atraviesa diversas fases de comprensión
política. El obrero empieza, por lo general, con una completa ignorancia de la
verdadera naturaleza de la sociedad capitalista y de su posición y perspectivas
en su interior. Amplía y profundiza gradualmente su visión del sistema
capitalista hasta que comprende claramente las causas principales de sus
funciones y la necesidad de la lucha proletaria contra él.
Nos proponemos
analizar este proceso de desarrollo político, este tránsito de una ausencia de
conciencia de clase a una comprensión científica del capitalismo y una actitud
revolucionaria hacia él, para desvelar sus características lógicas, es decir,
esencialmente dialécticas.
A fin de
ilustrarnos, tracemos la carrera de un obrero llamado John. John entra en una
planta automovilística de Detroit, a los 18 años, con las ideas de un americano
medio de clase media, inculcadas en su mente por su familia, escuela o iglesia,
y cultivadas cuidadosamente por la prensa, radio, televisión, púlpito,
películas, etc. El axioma principal es que hay y tiene que haber una armonía
perfecta entre su patrono y él, entre las clases obrera y capitalista. Si
trabaja duro y con bastante honestidad, se le dice a John, puede a su vez
hacerse algún día multimillonario como Ford o Chrysler, o, al menos, un
director de producción muy bien pagado, como Knudsen.
John, como obrero
asalariado, y la corporación que compra su fuerza de trabajo, están unidos por
el lazo social de la explotación. Sin embargo, esta relación económica y todas
las demás relaciones del dominio de clase basadas en ella le parecen a John naturales,
inevitables e incluso beneficiosas. El obrero que acepta tan
incuestionablemente y con tanta entrega esta visión burguesa de la sociedad y
se conduce de acuerdo con ella no tiene todavía ni una pizca de conciencia de
clase. Es objetivamente un proletario por su estatuto económico. Pero
subjetivamente, es decir, en su mente, está completamente dominado por las
ideas capitalistas. John no es otra cosa que materia prima para la explotación
capitalista.
John no comprende
todavía que existe una contradicción entre su posición de clase como proletario
y su servidumbre completa a las ideas capitalistas. Esta contradicción brota de
la oposición entre sus intereses como asalariado y los intereses de su patrono
como capitalista. Tampoco
120
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
sospecha, en tanto
sigue satisfecho con las cosas tal como están, cuan profundo e irreconciliable
es el antagonismo latente que surge de sus contradictorias relaciones de clase.
Esta realidad subyacente puede salir a la superficie, volverse explícita, sólo
como resultado del trato mutuo posterior. Estas contradicciones objetivas
siguen ocultas a la mirada de John. Lo que en realidad está dividido y
enfrentado le parece a John unido e idéntico; lo que está en constante
movimiento, cambio y conflicto, le parece fijo, armónico e inalterable; la
apariencia de su relación en este estadio primitivo de su evolución le parece
corresponder a su esencia real.
Tal es el huevo que
incuba, y tiene que incubar, al revolucionario. Para emplear los términos de
Hegel, en esta fase de ser sin desarrollar, el obrero existe en sí mismo, pero
no todavía para sí mismo. No tiene una existencia autodependiente, sino que vive
y trabaja para otro, su explotador. Es completamente ignorante de las
verdaderas condiciones de su existencia, víctima de las ilusiones y embustes
esparcidos por los capitalistas y sus agentes. La consecuencia práctica de esta
ausencia de conciencia de clase es la sumisión absoluta al patrono. El obrero
es un esclavo asalariado puro y simple a la merced del monarca capitalista. Ése
era el estado, y el estado de la mente, de muchos obreros de la Ford antes de
la victoria de la CIO. El obrero se somete, al no conocer nada mejor, al
patrono en la fábrica y a las influencias capitalistas en todas partes. Vota a
los candidatos y partidos capitalistas en las elecciones y piensa acríticamente
y actúa automáticamente según las normas capitalistas.
Pero esta condición
primitiva de “armonía” de clase no puede sostenerse indefinidamente. Los
antagonismos socioeconómicos subyacentes son más fuertes que la buena voluntad
de los individuos a uno y otro lado de la línea que realmente separa al obrero
de su patrono. Su unidad originaria basada en una aparente identidad de
intereses tiene que quebrarse, antes o después, por el curso normal de la
producción capitalista. Esto ocurre cuando John y su patrono chocan sobre un
tema importante que afecta los intereses materiales de ambos bandos: un intento
de disminución de salarios por la corporación, resistencia a aceptarlos por
parte de John y sus compañeros, etc. En la disputa que sigue, el patrono antes
benevolente, directamente o por medio de sus subordinados, se muestra hostil,
brutal, egoísta, al rechazar las justas pretensiones y al burlarse de los
agravios de los obreros.
121
George Novack
Este choque no sólo
genera la indignación en John, sino algo de luz en su mente sobre el estado
real de las cosas. El choque del conflicto disipa su ceguera y le hace
comprender por primera vez que existe una oposición de intereses que conduce a
un agudo conflicto entre él y su patrono. Descubre por sí mismo una parte de la
contradicción que hay en sus relaciones mutuas. John ve que su patrono no es lo
que le dijeron que era, un amigo, sino algo completamente diferente, un
enemigo.
John empieza, pues,
a convertirse en una persona diferente. Está dispuesto para dar su primer paso
hacia la conciencia de clase. Su ignorancia empieza a transformarse en
conocimiento.
Como hombre que
piensa, generaliza a partir de la experiencia. Esto sólo puede hacerse de una
forma lógica. La línea de su lógica sigue y está determinada por los hechos de
su lucha vital. Se forma un juicio sobre la base de lo que ha ocurrido.
Concluye: este patrono es un explotador opresivo de mí y de mis compañeros.
En la lógica, este
tipo de conclusión se llama un juicio singular. Un juicio singular es aquel que
se aplica sólo a una sola cosa. Ésta es la forma más simple de juicio. Una cosa
singular es identificada con un grupo general, una propiedad general adscrita a
una cosa. En este caso, el patrono es identificado con la clase de los
explotadores. Hacemos juicios parecidos cuando decimos “Esta hierba es verde” o
“El partido demócrata es un partido capitalista”.
El juicio singular
que ha hecho John es sólo un juicio aislado. Sin embargo, basta para iniciar el
proceso de diferenciación consciente entre sí y su patrono, y para darle un
impulso hacia su autodeterminación como obrero. Este juicio le proporciona a John
y a sus compañeros la base teórica para la acción práctica. Sirve como guía
lógica para su acción de clase unida. La negación de su relación inicial de
sumisión al patrono se convierte rápidamente en una política positiva para la
acción de clase independiente contra aquél.
Los obreros del
taller sienten inmediatamente la necesidad de una organización propia para
protegerse y favorecer sus intereses comunes. Solicitan unos estatutos de la
CIO y presentan al patrono reivindicaciones de salarios superiores y mejores
condiciones de trabajo. Sus reivindica-ciones son rechazadas; sus
representantes sindicales no son recibidos. Los dirigentes más combativos se
excitan. La división se profundiza. El juicio se confirma y tiende a
convertirse en una convicción. John, elegido
122
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
delegado de su
sección, acude a una reunión de delegados de todos los talleres organizados en
Detroit para considerar una posible huelga. John descubre que los obreros de
toda la industria sufren los mismos agravios que él.
En este punto, John
puede extraer otra conclusión: todos los jefes de las corporaciones
automovilísticas explotan a sus obreros. Esto es una extensión, un desarrollo
de su juicio anterior, que surge de la extensión, desarrollo y confirmación de
sus experiencias en la lucha de clases y de su comprensión de ellas. En la
ciencia lógica, un juicio semejante es aquel que se aplica a un grupo de cosas
o individuos que tienen la misma característica general. Este grupo puede
abarcar unos cuantos, muchos o todos los elementos de un tipo dado.
Pero un juicio
particular no se aplica necesariamente a todos los miembros de una clase dada.
Puede ser un rasgo accidental y transitorio más que esencial y permanente.
Algunos pueden tenerlo y otros no, o todos pueden tenerlo en algunas fases
debido a causas específicas y, después, desprenderse de él. En este caso, la
explotación puede no ser una característica esencial y definitoria, necesaria y
universal de la clase capitalista. Bajo otras circunstancias, piensa John, y en
otra época, cuando las cosas mejoren para los capitalistas, pueden actuar de
otra manera con sus trabajadores.
La forma superior
de un juicio especial o particular es un juicio general que se aplica a todos
los miembros de una clase dada. John está listo para llegar a esta fase de la
comprensión de la naturaleza de la clase capitalista cuando su sindicato vota
la huelga. Durante la huelga ve a todos los magnates del automóvil y sus
mercenarios alinearse contra los obreros, combinarse para romper la huelga e
intentar obligar a los hombres a volver a trabajar sin satisfacer sus
reivindicaciones.
De estos hechos
John deduce que los patronos del automóvil son una clase coaligada contra los
obreros. Hace el juicio general: todos los patronos del automóvil son
explotadores. Pero este juicio, aunque incondicional y universal en la forma,
sigue siendo limitado en el fondo. Descansa sobre una base demasiado empírica y
estrecha. John no conoce todavía ninguna razón apremiante e indiscutible por la
que todos los patronos, al igual que los barones del automóvil, tengan que ser
explotadores. Ni, por el contrario, tampoco sabe por qué no pueden actuar a
veces de otra forma que como explotadores. Para esta clase de juicio
123
George Novack
categórico y
necesario, John necesita una visión más amplia y profunda de las relaciones
sociales. Ésta sólo puede provenir de una serie mayor de experiencias y un
conjunto de generalizaciones más penetrante y vasto, extraído de la
experiencia.
Los sindicatos son
las escuelas primarias de las masas obreras. Aquí, obreros como John aprenden
sus primeras lecciones sobre la naturaleza del capitalismo, empiezan a
clarificar su conciencia de clase, dan los primeros pasos hacia la organización
de clase. Aquí, por primera vez, John y sus compañeros sienten su oposición a
los capitalistas y actúan según ella. Pero no comprenden todavía que ésta es
una oposición polar que surge de una contradicción irreconciliable en sus
intereses de clase. Los diversos compromisos y acuerdos de los sindicatos con
los patronos sirven para enmascarar la profundidad y extensión de esa
contradicción, para suavizar su gravedad y agudeza, y para impedir que se
desarrolle hasta el límite.
Todas las
contradicciones tardan en afirmarse y revelarse plenamente. Deben atravesar
diversas fases antes de que desplieguen todo el contenido de sus
determinaciones y se alcance el punto de ruptura entre sus tendencias
contradictorias. Los juicios singulares y particulares surgen de las fases
iniciales; los juicios generales en la forma reflejan y revelan los estadios
intermedios y transitorios subsiguientes en el proceso del desarrollo e
intensificación de la unidad de contrarios que constituye el estado original
contradictorio del ser. Pero ninguno de ellos son todavía juicios acabados que
desvelen el carácter esencial y necesario del fenómeno en cuestión. Son
verdades parciales, basadas en una evidencia parcial. No son todavía toda la
verdad ni la verdad fundamental. La verdad total, o la realidad profunda de
cualquier fenómeno, no puede conocerse hasta que sus contradicciones esenciales
se manifiestan por completo, se reconocen en su más amplio alcance y se
desarrollan hasta el punto de ruptura.
Para el
sindicalista medio o el obrero de mentalidad sindicalista, la batalla de clase
parece localizada o concentrada en la arena económica, o confinada a una sola
industria o país, o a este momento o lugar determinados. Se oponen a los
patronos en la industria, pero todavía no lo hacen en la vida política o
cultural. La comprensión por el obrero de la lucha de clases está limitada a
aquellos momentos y lugares en que se manifiesta impetuosamente por primera vez
y graba sus verdades en las mentes de los obreros. Es natural.
124
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
En todas las
ciencias se sabe que el lugar de la manifestación no es necesariamente, ni
siquiera usualmente, el lugar de la causa. Hay que inferir el origen de estas
manifestaciones episódicas de la lucha de clases hasta sus raíces y los niveles
intermedios entre las diversas consecuencias y sus causas básicas encubiertas
antes de que el obrero se convierta en un revolucionario socialista consciente.
En este estadio de
su conciencia de clase, el obrero todavía cree erróneamente que, aun cuando sus
intereses son opuestos e incluso irreconciliables en el plano económico
elemental, pueden reconciliarse a algún nivel superior de la sociedad, en los
terrenos políticos, fraternal o religioso. Ve la necesidad de sus
organizaciones económicas de clase, pero no de un partido obrero independiente.
Éste es el estado de la mentalidad que los obreros industriales han alcanzado
en los Estados Unidos actualmente. Saben y sienten que no pueden avanzar sin
sus sindicatos. Sin embargo, creen, ilógicamente, que pueden avanzar sin un
partido obrero combativo. Depositan su confianza política no en sus propios
representantes elegidos, sino en los políticos capitalistas, grandes y
pequeños.
Los obreros, en
este estadio de su marcha hacia la conciencia de clase revolucionaria, buscan
la salvación de los diablos del capitalismo inicialmente por medios económicos.
La forma más persistente y poderosa de esta fase en los Estados Unidos fue la
política de sindicalismo puro y simple seguida por la escuela de Gompers en la
AFL. El anarco-sindicalismo, del cual la IWW fue la rama local en América, fue
en esencia una expresión más radical de esta misma posición antipolítica.
Estos dos
movimientos aparentemente irreconciliables fueron fundamental-mente los polos
opuestos de la misma tendencia antipolítica general, propia de esa fase
particular en la evolución de la mentalidad de la masa de obreros americanos.
Aunque los obreros
se comprometieron luego en luchas organizadas en el terreno económico, no
lograron generalizar esa lucha de clase y extenderla a otras esferas de la vida
social. La industria, sin embargo, no actúa en el vacío. Está entrelazada con
el resto de la vida nacional así como con las condiciones mundiales. Los
sindicatos descubren que sus avances por la línea puramente económica se
vuelven cada vez más limitados a medida que chocan con las condiciones
políticas, culturales y mundiales en que se circunscriben sus actividades y
conquistas económicas. El sindicalismo
125
George Novack
puro y simple es
demasiado estrecho en su base y perspectiva para hacer frente en la teoría o en
la práctica a esas fuerzas exteriores que cercan a los sindicatos por todos los
flancos y que, en el fondo, determinan el alcance y la dirección de su desarrollo.
Esto se hace más
manifiesto en las épocas de crisis económicas y políticas, como la crisis
mundial de 1929-1933, que puso al descubierto la bancarrota de las políticas
tradicionales de la AFL y condujo al auge del nuevo sindicalismo. Es todavía
más evidente en la época de guerra, cuando todas las actividades sindicales
están dominadas por las agencias gubernamentales y las condiciones
internacionales. Es igualmente evidente en la impotencia del sindicalismo por
sí mismo para rechazar la amenaza del fascismo y otros tipos menos virulentos
de la reacción capitalista.
Para avanzar y
preservar lo que han conquistado en el terreno económico, los obreros se ven
obligados a elevarse por encima del sindicalismo puro y simple (¡que en
realidad nunca fue simple y puro!) y ascender a un nivel superior de
comprensión de clase, de acción de clase y de organización de clase. Por encima
de la economía está la política, por encima de la política, la teoría y cultura
de clase. Éstas son las cimas hacia las que la masa de los obreros se ven
empujados por las condiciones objetivas.
Al deslindarse de
sus patronos, al constituir sus sindicatos, al participar en las huelgas, los
obreros y su perspectiva han cambiado considerable-mente. Pero todavía no se
han politizado, y menos aún revolucionado, ni ellos ni sus ideas. En esta
coyuntura de su desarrollo existe ahí una contradicción subyacente y un
conflicto continuo, en cada obrero lo mismo que en las filas de la clase
obrera, entre su mentalidad sindical y las condiciones objetivas de su lucha.
Esto se manifiesta en el movimiento sindical por un conflicto continuo entre
los sectores más atrasados y los más progresistas. Los burócratas se apoyan en
los primeros, mientras que los revolucionario buscan el apoyo y se esfuerzan
por despejar el camino hacia los segundos.
Toda contradicción
ofrece una oportunidad, no menos que un obstáculo, si es comprendida y
utilizada adecuadamente. La apremiante contradicción entre la organización de
los obreros para la acción independiente en el terreno industrial y su
subordinación política a los partidos y políticos capitalistas proporciona la
fuerza motriz para la siguiente fase de su desarrollo.
126
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
¿Cómo se superará
esta gran contradicción? He ahí la cuestión teórica, planteada en y por la
práctica, a que se enfrentan hoy la masa de los obreros norteamericanos.
Gracias a una serie
de experiencias prácticas, John y sus compañeros se han convencido de que sus
problemas no pueden ser resueltos sólo por una organización y acción
económicas. Intentan complementar esto mediante la acción política y la
organización política. De acuerdo con su perspectiva original, es decir,
primitiva, de la vida, se vuelven en busca de ayuda en primer lugar hacia los
partidos capitalistas. Se acercan a los republicanos, que los venden, como en
1929-1932. Concluyen: este partido no vale. Y sobre la base de este juicio
particular, la mayoría de los obreros se vuelven hacia el partido demócrata.
Todavía tienen que
generalizar su desilusión con una oposición a los partidos y políticas
capitalistas. Ello exige mucha más experiencia y experiencias mucho más
profundas para llegar a la conclusión de que tanto los partidos capitalistas
como la política patronal no nos sirven.
La expresión
preliminar de esta nueva actitud adopta la forma negativa de la desilusión
teórica y la pasividad política. Los obreros decepcionados piensan: toda
política es mala; todos los políticos son miserables traidores; al diablo con
la política.
Pero esta actitud
negativa hacia la política capitalista tiene bajo su envoltura un meollo
progresivo. La ruptura con los partidos capitalistas es el requisito previo
para un tipo diferente de partido y de política. Es una señal negativa del
hecho positivo de que los obreros se ven empujados a comprender que necesitan y
quieren su propio partido de clase. Empiezan a progresar hacia una declaración
de independencia política.
En este estadio,
los obreros más combativos vuelven a la acción en el terreno político, pero a
un nivel superior de conciencia de clase. Exigen, crean, constituyen sus
propios partidos obreros de clase, como han hecho en Inglaterra y en Europa.
Igual que anteriormente rompieron su servidumbre económica con los capitalistas
al organizar sindicatos independientes, ahora se emancipan de la política de
colaboración amistosa al impulsar su partido obrero de masas.
Ése es el estadio
al que se aproximan los obreros americanos. Pero la evolución, la elevación de
su conciencia de clase no se detiene en este punto. Por el contrario, la
formación de su propio partido de clase acelera
127
George Novack
la expansión de su
pensamiento de clase y radicaliza en toda la línea su acción de clase. El
desarrollo dialéctico que llevó a los obreros de las organizaciones políticas
capitalistas a su contrario, las organizaciones políticas obreras, se reafirma
en el estadio subsiguiente, no en el plano organizativo, sino en el plano muy
superior de la política y perspectivas de clase.
En la fase inicial
de una política obrera independiente, los partidos obreros de masas pueden
tener autonomía organizativa, pero prosiguen su política de colaboración de
clases, como el American Labor Party de New York. Esto es
inevitable bajo las condiciones de desarrollo dadas. Aquí vemos que la política
obrera tiene una forma independiente, pero no una independencia en lo esencial,
puesto que se identifican o infeudan a los partidos capitalistas, igual que el
ALP fue el furgón de cola de Roosevelt.
En la próxima fase
de la lucha, tiene que tener lugar una ruptura sobre esta cuestión, aunque no
decisiva ni irreconciliable. Es la fase del predominio de la política y
políticos centristas que fluctúan entre el camino reformista y el
revolucionario.
En el estadio final
de la lucha acaece una ruptura completa con los partidos y la política
capitalistas. Las masas obreras ya han hecho el juicio: toda lucha de clases es
una lucha política. A partir de éste, hacen el juicio siguiente: nuestra lucha
política debe ser revolucionaria, dirigida a la conquista del poder supremo por
los obreros. En este punto, los obreros, individual y colectivamente, han
revolucionado sus mentalidades. Están listos para unirse a la vanguardia
socialista revolucionaria.
Por supuesto que su
desarrollo no finaliza ahí. Los obreros con plena conciencia de clase
intervienen luego activamente en la lucha de clases a escala nacional y
mundial, esforzándose por elevar el movimiento revolucionario internacional a
niveles cada vez superiores.
El desarrollo real
de cualquier obrero individual de las tinieblas capitalistas a la ilustración
socialista, o la evolución política de las masas obreras, no proceden, por
supuesto, estrictamente de acuerdo con este esquema lógico abstracto. La
realidad viva está llena de combinaciones innumerables, zigzags y
contradicciones. Cada caso tiene sus peculiaridades, puesto que el camino del
desarrollo está determinado por las condiciones materiales, y no por modelos
lógicos.
128
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Pero cada ejemplo
individual, no obstante lo peculiar de sus rasgos, representa sólo una
combinación diferente y más compleja de estas leyes básicas y estadios diversos
del desarrollo dialéctico.
Un horario nos
permite seguir la ruta, llegada y salida de los trenes, aun cuando algunos
lleguen tarde, otros antes de lo previsto y algunos no lleguen nunca a su
destino. Precisamente así, un esquema abstracto semejante nos permite seguir el
curso general del desarrollo. Hay que hacer ajustes en los casos inhabituales
para acomodarlos a las circunstancias específicas.
Señalemos algunos
de los aspectos importantes de este proceso desde el punto de vista de la
lógica.
El proceso se
desarrolló por medio de contradicciones, en su globalidad y en cada fase por
separado. Todo el proceso fue un tránsito contradictorio de la identidad
absoluta de intereses a la oposición absoluta, y de la ignorancia al
conocimiento científico. La mentalidad de los obreros se transformó en su
contrario por medio del despliegue objetivo y el reconocimiento intelectual
correspondiente de la existencia de intereses de clase opuestos e
irreconciliables.
Las diversas formas
de juicio reflejaron los estadios sucesivos en la comparación de los hechos
reales formulados en las categorías lógicas y representaron una ampliación y
profundización de las relaciones sociales reales junto con su conocimiento.
Eran tanto de naturaleza objetiva como subjetiva.
Estas formas de
juicio, que reflejaban los estadios sucesivos de desarrollo social y mental,
surgidos uno de otro de una manera racional según la extensión y profundidad de
la experiencia vivida. De un caso aislado, a un grupo de casos, luego a toda la
clase, luego de toda la clase hacia el interior a captar la base social y los
intereses materiales de esa clase. Tal fue el proceso seguido en el plano del
desarrollo social.
Este proceso social
objetivo tuvo sus expresiones lógicas en el juicio singular, particular y
universal, y, por fin, en el juicio culminante de la ley necesaria y universal.
Las fases consecutivas del desarrollo social de la clase y de su conciencia
tiene sus reflejos correspondientes en el proceso del pensamiento lógico. Estos
dos procesos están esencialmente entrelazados el uno con el otro.
129
George Novack
Estos juicios
proporcionan la base para la actividad práctica. La teoría es una “guía para la
acción.” No puede haber práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria.
La dialéctica es la
forma superior de conocimiento científico de los procesos reales. En el aspecto
práctico, es la consumación y condensación de la experiencia rica y madura del
movimiento de la clase obrera, que engloba todas las formas y fases de las luchas
y ensayos concretos. En su aspecto teórico, es el producto más elevado del
trabajo intelectual y de la investigación científicos. Tal conocimiento es la
recompensa de la lucha y del trabajo.
El proceso de la
evolución social y mental que aquí se ha atribuido a un obrero individual
ocurre de igual manera en toda la clase de los obreros, especialmente en sus
sectores más avanzados. A través de sus luchas, las masas obreras se vuelven
progresivamente conscientes, a medida que atraviesan niveles ascendentes de
comprensión, de sus relaciones verdaderas con los explotadores capitalistas. En
cualquier momento dado de este proceso, partes diferentes de la misma clase
están a diferentes niveles de conciencia. Mientras los más atrasados pueden
permanecer anclados en la fase de la colaboración de clases, los más avanzados
pueden haber adelantado, bajo el aguijón de la necesidad, alcanzando e incluso
sobrepasado el punto de un conflicto inevitable. Los obreros rusos en
comparación con los americanos en 1922, por ejemplo; el pueblo cubano respecto
al americano en 1962.
Cuando un número
suficiente de obreros sale del estadio primitivo de sumisión absoluta y
empiezan a diferenciarse en la teoría y en la práctica y a oponerse a los
capitalistas, un cambio empieza a tener lugar en la conciencia social y
política de esa clase. Pero, respecto a la clase en su conjunto, todavía no ha
tenido lugar un salto cualitativo en su mentalidad política. Avanza hacia ello,
pero no ha cambiado lo bastante como para originar una transformación
revolucionaria en su contrario.
Semejante cambio
revolucionario en la conciencia de clase sólo tendrá lugar cuando el sector
dominante de los obreros, ayudado y dirigido por el Socialist Workers
Party, se convenza de la absoluta incompatibilidad de sus
intereses vitales con el régimen capitalista y empiece a actuar con esa
convicción teórica. En un punto determinado del desarrollo de la lucha de
clases y de la educación de clase de los obreros, este punto crítico se alcanza
inevitablemente. Entonces tiene lugar un cambio cualitativo en la
130
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
conciencia de clase
de los obreros, un salto revolucionario. De tener una mentalidad más o menos
capitalista, los obreros avanzados pasan a tener una mentalidad realmente
proletaria; de ser más o menos reaccionarios, se vuelven revolucionarios en su
pensamiento y en sus actos. Ésta es la ley necesaria de la lucha de clases que
se manifiesta inexorablemente durante la agonía del capitalismo.
En una fase
específica, en el curso de este proceso, tiene lugar un retroceso dialéctico.
Lo que había sido un efecto de la lucha de clases, el progreso de la conciencia
de clase de la vanguardia obrera, expresada en el progreso del partido
revolucionario y de su influencia, se vuelve a su vez origen de la aceleración
y maduración de la lucha de clases. La lógica objetiva de los acontecimientos
se hace explícita e inteligible a través de la comprensión consciente y la
intervención política de los obreros con mentalidad socialista. Su captación
subjetiva de la lógica de los acontecimientos, producida por sus experiencias
en la lucha de clases y por su educación marxista, se convierte en un eslabón
efectivo e indispensable de la cadena de causas que conducen a la revolución
socialista.
La lucha de clases
entre el capital y el trabajo avanza así junto a la comprensión por los obreros
de su significado mediante una serie entrelazada de acontecimientos.
Iniciándose en los países más avanzados, se extiende por todo el mundo.
Empezando en una sola fábrica o industria, abarca toda la vida económica del
país. Iniciándose al nivel más bajo de teoría y organización, se eleva a través
de estadios sucesivos, de giros y virajes, de arrebatos y retrocesos, al
principio episódicamente, siguiendo por generalizaciones limitadas y luego en
forma plenamente generalizada, hasta que alcanza el cenit de la revolución. Y,
luego, el proceso sigue desarrollándose dialécticamente, pero sobre una base
social material nueva y superior.
Eso es lo que se
quiere decir con “la lógica de la historia”. Esto es un esbozo de la dialéctica
de la lucha de clases en nuestra época, que va de una fase a la siguiente hasta
que va a parar en el derrocamiento del viejo mundo y la creación de un nuevo sistema
social. La dialéctica materialista que hemos estudiado deriva su importancia
del papel esencial que juega en este proceso histórico-mundial. La abolición
del capitalismo por medio del triunfo del socialismo será la vindicación final
de la verdad, la fuerza y la gloria de la dialéctica materialista, la lógica
del marxismo. La tarea de los socialistas revolucionarios es llevarla a cabo en
vida.
131
George Novack
PRINCIPALES TEORÍAS
DE LA HISTORIA DESDE LOS GRIEGOS HASTA EL MARXISMO
Los materialistas
históricos no serían fieles a sus propios principios si no consideraran su
método de interpretación de la historia como el resultado de un proceso largo,
complejo y contradictorio. La humanidad ha estado haciendo historia durante un
millón de años o más, mientras avanzaba desde su condición de primate hasta la
era atómica. Sin embargo, una ciencia de la historia capaz de determinar las
leyes que rigen nuestras actividades colectivas a través de las épocas es una
adquisición relativa-mente reciente.
Los primeros
intentos de obtener una visión de conjunto de la larga marcha de la historia
humana, estudiar sus causas y establecer sus sucesivas etapas fueron realizados
recién alrededor de dos mil quinientos años atrás. Esta tarea, como tantas
otras del campo teórico, fue emprendida originaria-mente por los griegos.
Tener sentido de la
historia es un requisito previo para elaborar una ciencia de la historia. Esta
no es una capacidad innata sino cultivada, generada históricamente. La
discriminación del paso del tiempo en un pasado, un presente y un futuro bien
definidos tiene su origen en la evolución de la organización del trabajo. La
percepción humana de la vida como resultado de la acumulación de
acontecimientos consecutivos y cambiantes ha adquirido amplitud y profundidad
con el desarrollo y la diversificación de la producción social. El calendario
no aparece entre los recolectores de alimentos sino en las comunidades
agrícolas.
Los pueblos
primitivos, desde el salvajismo hasta las etapas superiores del barbarismo, se
preocupan tan poco por el pasado como por el futuro. Sus experiencias y lo que
hacen forma parte de una historia universal objetiva. Pero ellos permanecen
inconscientes del lugar específico que ocupan o del papel que desempeñan en el
progreso de la humanidad.
La misma idea de
avance histórico de una etapa a la siguiente es desconocida. No tienen ninguna
necesidad de investigar sobre las fuerzas motrices de la historia o de destacar
las fases del desarrollo social. Su conciencia colectiva no ha alcanzado el punto
en que aparece un criterio histórico o una comprensión sociológica.
132
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
El bajo nivel de su
capacidad productiva, la inmadurez de sus formas económicas, la estrechez de
sus actividades y lo magro de su cultura y de sus relaciones se manifiestan en
sus criterios sumamente restringidos sobre el curso de los acontecimientos.
Los conocimientos
históricos que poseían las mentes primitivas pueden medirse en las siguientes
observaciones realizadas por el sacerdote jesuita Jacob Baegert en su Descripción
de los aborígenes de la Península de California, escrito hace doscientos
años.
“Ningún
californiano está enterado de los acontecimientos que se produjeron en el país
antes de su nacimiento, ni siquiera sabe tampoco quiénes fueron sus padres si
los ha perdido en su infancia
(…) Los
californianos (…) creían que California constituía el mundo entero, y que ellos
eran sus únicos habitantes; porque no iban hacia nadie y nadie venía a verlos a
ellos, manteniéndose cada pequeño pueblo dentro de los límites de su reducido
distrito.”
En las épocas
prehispánicas, notaban sólo un acontecimiento repetido, la cosecha del fruto de
la pitahaya. Así, un lapso de tres años era llamado tres pitahayas.
“Sin embargo rara
vez hacen uso de tales frases, porque casi nunca hablan entre ellos de años,
sino que simplemente dicen ‘hace mucho’ o ‘no hace mucho’, resultándoles
totalmente indiferente si han pasado dos o veinte años desde un determinado
acontecimiento.”
Hasta varios miles
de años atrás, los pueblos daban por sentada su propia organización de
relaciones sociales. Les parecía tan fija como el cielo y la tierra y tan
natural como sus ojos y orejas. Los primeros pueblos ni siquiera se
discriminaban a sí mismos del resto de la naturaleza, ni trazaban una línea
definida de demarcación entre ellos mismos y otras criaturas vivientes de su
hábitat. Les llevó mucho tiempo aprender a distinguir entre lo que pertenecía a
la naturaleza y lo que pertenecía a la sociedad.
Mientras las
relaciones sociales permanecen simples y estables, cambiando con suma lentitud
y casi imperceptiblemente durante largos lapsos, la sociedad se funde con la
naturaleza. Las experiencias de una generación no difieren mucho de las de
otras. Si se rompe la organización familiar, con su tradicional rutina, la
familia desaparece, o se reconstruye sobre el viejo modelo. Más aun, las
comunidades vecinas, en la medida en
133
George Novack
que son conocidas
(y la familiaridad no se extiende mucho ni en el tiempo ni en el espacio), son
muy parecidas. Antes de la llegada de los europeos, el indio norteamericano
podía viajar desde el Atlántico hasta el Pacífico, o el nativo de Australia
miles de millas, sin encontrarse con tipos de sociedad humana radicalmente
diferentes.
En esas
condiciones, ni la sociedad en general ni el propio modo de vida es considerado
como un objeto peculiar, digno de una atención y un estudio especial. La
necesidad de teorizar sobre la historia o el carácter de la sociedad no surge
hasta que la civilización ha avanzado bastante y aparecen trastornos
repentinos, violentos y trascendentes en las relaciones sociales durante el
tiempo de vida de los individuos que entran en la capacidad de recordar de los
mayores.
Cuando se salta
rápidamente de una forma de estructura social a otra, las viejas formas se
destacan en marcado contraste, hasta en conflicto con lo nuevo. Por medio del
comercio, los viajes y la guerra, los representantes del sistema social en
expansión que están viviendo su construcción o reconstrucción toman contacto
con pueblos de costumbres bastante diferentes y que poseen niveles más bajos de
desarrollo cultural.
En forma más
inmediata, las diferencias notorias en las condiciones de vida dentro de sus
propias comunidades y los amargos conflictos entre clases antagónicas inducen a
los hombres de pensamiento que tienen los medios para tales prácticas a
especular sobre los orígenes de estos conflictos, a comparar las diversas
clases de sociedades y gobiernos y a intentar ordenarlos por orden de sucesión
o de importancia.
El historiador
inglés M. I. Finley plantea algo similar al reseñar tres libros recientes sobre
el Antiguo Oriente en el número del 25 de agosto de 1965 de New
Statesman:
"La presencia
o ausencia de un ‘sentido histórico’ no es más que un reflejo intelectual de
las amplias diferencias en el propio proceso histórico”.
Cita al estudioso
marxista Prof. D. D. Kosambi, quien atribuye “la falta total de sentido
histórico” de la antigua India al estrecho panorama de la vida aldeana, atada a
su modo de producción agrícola.
134
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“La sucesión de las
estaciones tiene una importancia fundamental, mientras que se puede observar
poco cambio acumulativo en la aldea de un año a otro. Esto da la sensación
general del ‘Oriente Eterno’ a los observadores extranjeros.”
Los otros pueblos
civilizados del antiguo Cercano y Medio Oriente carecían también del sentido de
la historia. No hay nada, observa el Prof. Leo Oppenheim, “que atestigüe que
los escribas eran conscientes de la existencia de un continuum histórico
en la civilización mesopotámica”. Esto está confirmado por el hecho de que:
“las más largas y
explícitas inscripciones reales asirías (...) eran enclavadas en los cimientos
de un templo o un palacio, a buen resguardo del ojo humano y para ser leídas
sólo por la deidad a que estaban dirigidas”.
La transición de la
Edad de Bronce a la Edad de Hierro en las civilizaciones de Medio Oriente y el
Mar Egeo creó entre los años 1100 a 700 a.C., las condiciones para el
surgimiento de un criterio histórico en Occidente. Los reinos y las poblaciones
agrícolas comparativamente autosuficientes fueron complementados o suplantados
por activos centros comerciales, especialmente en los puertos fenicios y
jónicos del Asia Menor. En ellos, las nuevas clases –comerciantes, patrones de
barcos, manufactureros, artesanos, navegantes- pasaron a un primer plano y
desafiaron a las instituciones, las ideas y el poder de la vieja clase
terrateniente. La esclavitud patriarcal se transformó en una institución en que
los esclavos eran bienes muebles. Las relaciones mercantiles, el dinero
metálico, la deuda hipotecaria, corroyeron las arcaicas estructuras sociales.
Las primeras revoluciones democráticas y contrarrevoluciones oligárquicas se
incubaron en las ciudades-estado.
Los griegos jónicos
que asentaron por escrito las primeras historias verídicas eran socios de los
comerciantes, ingenieros, artesanos y viajeros. El pionero de los historiadores
occidentales, Hecateo, vivió en la misma ciudad comercial de Mileto que los primeros
filósofos y científicos, y adhirió a la misma corriente de pensamiento
materialista.
El hecho de asentar
la historia por escrito pronto engendró interés por la ciencia de la historia.
Una vez que se estableció el hábito de considerar los acontecimientos en
secuencia, surgieron los interrogantes: ¿Cómo se desenvolvió la historia? ¿Hubo
algún modelo discernible en su devenir? Si fue así, ¿cuál fue?, ¿cuáles fueron
sus causas?
135
George Novack
La primera
explicación racional del proceso histórico fue dada por los notables
historiadores griegos, desde Herodoto hasta Polibio. Fue la concepción cíclica
del movimiento histórico. De acuerdo a este criterio, la sociedad, como así
también la naturaleza, pasó por idénticos patrones de desarrollo en ciclos que
se repiten periódicamente.
Tucidides, el
destacado historiador griego, declaró que había escrito su crónica de las
guerras del Peloponeso para enseñar las lecciones que ellas dejaban, porque
nuevamente ocurrirían acontecimientos idénticos. Platón enseñaba la doctrina
del Gran Año, al final del cual los planetas ocuparían las mismas posiciones
que antes y todos los acontecimientos sublunares se repetirían. Esta concepción
fue expresada como axioma popular en el Eclesiastés: “No hay
nada nuevo bajo el sol”.
La noción del
carácter cíclico de las cuestiones humanas estaba estrecha-mente ligada a la
concepción de un Destino todopoderoso, inescrutable, inflexible, que llegó a
reemplazar a los dioses como soberano de la historia. El Destino fue convertido
en mito personificado en las Tres Parcas, y luego fue racionalizado por los
eruditos como la ley última de la vida. La noción de un trágico destino
cósmico, ante el cual el hombre no puede apelar y del cual no puede escapar,
pasó a ser el tema principal del drama griego clásico, así como el de las obras
históricas de Herodoto. .
Las comparaciones
con otros pueblos, o entre los estados griegos en distintas etapas del
desarrollo social, económico y político produjeron, junto con los primeros
indicios de avance histórico, una historia comparada. Ya por el siglo VIII a.C.
el poeta Hesíodo habló sobre la Edad de Cobre que había precedido a la Edad de
Hierro. Varios siglos más tarde Herodoto, el primer antropólogo y padre de la
Historia, reunió una valiosa información sobre las costumbres de los pueblos
del Mediterráneo que vivían en el salvajismo, el barbarismo o la civilización.
Tucidides señaló que los griegos habían vivido antes como vivían los bárbaros
en su propio tiempo. Platón, en su República, Las Leyes y
otros escritos, y Aristóteles en la Política, recopilaron
especímenes de diversas formas de gobierno estatal. Les dieron nombres, los
clasificaron y los analizaron. Buscaron determinar no sólo el mejor modo de
gobierno para la ciudad-estado, sino también el poder de sus formas de
desarrollo y las causas de la variación y revolución política.
136
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Polibio, el
historiador griego que testimonió el surgimiento del Imperio Romano,
consideraba a éste como un ejemplo inmejorable de las leyes naturales que
regulaban la transformación cíclica de una forma de gobierno a otra. Creía,
como Platón, que todos los estados pasan inevitablemente por las fases de la
monarquía, la aristocracia y la democracia, que degeneran en sus formas conexas
de despotismo, oligarquía y oclocracia. La generación y degeneración de estas
etapas sucesivas de gobierno se debía a causas naturales. Escribió:
"Este es el
ciclo regular de las revoluciones constitucionales y el orden natural en que
las instituciones cambian, se transforman y retoman a su estado original",
Así como los
pensadores griegos, tanto los materialistas como los idealistas, conocieron y
dieron nombres a las formas principales de organización política desde la
monarquía hasta la democracia, así dieron origen también a los tipos básicos de
interpretación de la historia, que aún perduran.
Fueron los primeros
en intentar explicar la evolución de la sociedad en líneas materialistas, no
obstante lo rudimentario y torpe de sus esfuerzos iniciales. Los atomistas, los
sofistas y las escuelas hipocráticas de medicina presentaron la idea de que el
ambiente natural era un factor decisivo para plasmar la humanidad. En sus
expresiones extremas, esta corriente de pensamiento reducía los cambios
histórico-sociales a los efectos del campo geográfico y a su condicionamiento
climático. Polibio escribió:
“Nosotros, los
mortales, tenemos una tendencia irresistible a ceder a las influencias
climáticas. Esta es la causa, y no otra, del origen de las grandes diferencias
que predominan entre nosotros en cuanto a carácter, formación física y
complexión, así como es la causa de la mayoría de nuestros hábitos, todo lo
cual varía con la nacionalidad y la distancia que nos separa en una misma
localidad.”
Estos primeros
sociólogos enseñaron que la humanidad había ascendido desde el salvajismo hasta
la civilización imitando a la naturaleza y mejorando el funcionamiento de la
misma. El más agudo exponente de esta concepción materialista de la cultura
grecolatina fue Lucrecio, quien hizo un brillante bosquejo de desarrollo de la
sociedad en su poema Sobre la naturaleza de las cosas.
137
George Novack
Entre los
pensadores griegos, sin embargo, predominaban los tipos de teorías que han sido
desde entonces el latiguillo de los idealistas históricos:
1.- La
teoría de un Gran Dios. Los más primitivos intentos de explicar el
origen y el desarrollo del mundo y la humanidad son los mitos sobre la creación
de los pueblos prealfabéticos. Con el que más familiarizados estamos es con el
que aparece en el Génesis, que atribuye la creación del cielo
y la tierra a un Dios Señor que trabajó en base a un plan de seis días. Estas
historias fantásticas no tienen ninguna validez científica.
La materia prima
para la escritura de la historia verídica fueron los primeros materiales
recogidos en las crónicas de los reyes de las civilizaciones de los valles
mesopotámicos del Cercano Oriente, la India y la China. La primera concepción
sintética de la historia surgió de la fusión de elementos tomados de los viejos
mitos de la creación con un examen de estos informes. El resultado fue la
versión de la historia del Gran Dios, que afirmaba que las cuestiones humanas y
cósmicas eran dirigidas por seres divinos.
Así como los
déspotas reinantes dominaban las ciudades-estado y sus imperios, así la
voluntad, las pasiones, los planes y las necesidades de los dioses eran las
causas últimas de los acontecimientos. El rey es el agente que garantiza la
existencia del mundo combatiendo permanentemente con los poderes del caos. Esta
teoría teológica fue elaborada por los sumerios, los babilonios y los egipcios
antes de caer bajo el dominio de los griegos y los romanos. Fue expuesta en las
Escrituras israelitas de donde fueron tomadas y reformuladas por las religiones
cristianas y mahometanas y sus estados.
Bajo las monarquías
teocráticas de Oriente, la guía divina de las cuestiones humanas fue recubierta
con la naturaleza deiforme del rey-sacerdote. En Babilonia, Egipto, el Imperio
Alejandrino y Roma, la suprema fuerza gobernante del universo y el gobernante
fuerte del reino eran considerados como igualmente divinos. El Gran Dios y el
Gran Hombre eran uno mismo.
138
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
2.- La
teoría del Gran Hombre. El criterio teológico absoluto de la historia
es demasiado tosco y candoroso, está demasiado cerca del animismo primitivo,
demasiado en conflicto con la ilustración civilizada, para persistir sin
crítica ni cambio excepto entre los más ignorantes y devotos. Ha sido
suplantado por versiones más refinadas.
La teoría del Gran
Hombre surgió de una disociación de los componentes duales de la teoría del
Gran Dios. Los inmensos poderes atribuidos a los dioses se concentraron en
alguna figura que encabezaba el estado, la iglesia u otra institución o
movimiento clave. Este personaje, que ocupaba una posición excepcional, estaba
supuestamente dotado de la capacidad para plasmar los acontecimientos a su
voluntad. Este es el origen de la persistente creencia de que hay individuos
inusualmente influyentes y capaces que determinan el curso de la historia.
La adoración
fetichista al Gran Hombre ha pasado de los períodos de los reyes-dioses de la
Mesopotamia a la adoración a un Hitler. Ha tenido numerosas encarnaciones,
según los valores adjudicados en distintos momentos por distintos pueblos a los
diversos terrenos de la actividad social. En la Antigüedad éstos abarcaron
desde el monarca divino, el tirano, el legislador (Solón), el conquistador
militar (Alejandro), el dictador (César), el emancipador-héroe (David), el
líder religioso (Cristo, Buda, Mahoma). Todos estos varones –a las mujeres no
se les concedía tal preeminencia en las sociedades patriarcales– eran ubicados
en el sitial del Todopoderoso como causas primeras de la historia.
El más celebrado
exponente de este criterio en nuestra era fue Thomas Carlyle, quien escribió:
“La Historia
Universal, la historia de lo que el hombre ha realizado en este mundo, es en el
fondo la Historia de los Grandes Hombres que aquí han trabajado”.
3.- La
teoría de la Gran Mente. Una variante filosófica más sofisticada de la
línea de pensamiento del Gran Dios-Hombre es la noción de que existe una fuerza
ideal que arrastra o impulsa la historia para llevar a cabo sus fines
concebidos de antemano.
El griego
Anaxágoras decía: “La Razón (Nous) gobierna el mundo”.
Aristóteles sostenía que el motor original del universo, y por lo tanto el
impulsor esencial de todo lo que éste contiene, era Dios, quien era definido
como una mente dedicada a pensar sobre sí misma.
139
George Novack
Hegel fue el más
moderno exponente de la teoría de que el progreso de la humanidad consistía en
concebir y consumar una idea. Escribió: “El Espíritu, o la Idea, es el único
principio motriz de la historia”. El objetivo del Espíritu del Mundo, el
resultado de su laborioso desarrollo, fue la realización de la idea de
libertad.
De la teoría de la
Gran Mente se pasa con facilidad a la noción de que un grupo de brillantes
intelectos, o incluso un genio, constituye la fuente principal del progreso
humano. Platón enseñaba que existen:
“algunas
naturalezas que deberían estudiar filosofía y ser líderes del estado; y otras
que no han nacido para filósofos y están destinadas a ser seguidores antes que
líderes”.
Así, algunos
racionalistas del siglo XVIII que creían que “la opinión gobierna a la
humanidad” esperaban de un monarca iluminado que introdujera la necesaria
reconstrucción progresiva del estado y la sociedad. Una manifestación más
difundida de este enfoque opone a la chusma no pensante un estrato superior de
la población como el modelo de la razón, que es el único al que puede serle
confiado el liderazgo y el poder político.
4.- La
teoría del Mejor Pueblo. Todas estas interpretaciones están imbuidas
del prejuicio de que alguna élite, la Mejor Raza, la nación favorecida, la
clase gobernante, hace la historia por sí misma. El Antiguo Testamento daba por
sentado que los israelitas eran el pueblo elegido por Dios. Los griegos se
consideraban el pináculo de la cultura, superiores en todos los aspectos a los
bárbaros. Platón y Aristóteles consideraban a la aristocracia dueña de esclavos
como naturalmente superior a las clases bajas.
5.- La
teoría de la Naturaleza Humana. Más persistente es' el criterio de que
la historia ha sido determinada por las cualidades de la naturaleza humana,
buena o mala. La naturaleza humana, como la naturaleza misma, era considerada
fija e inalterable a través de las generaciones. La tarea del historiador era
demostrar cuáles eran los rasgos invariables del carácter humano, cómo el curso
de la historia los ejemplificaba y cómo la estructura social estaba moldeada o
debía ser remodelada en concordancia con ellos. Tal definición de la naturaleza
humana fue el punto de partida para la teorización social de Sócrates, Platón y
Aristóteles y otros grandes idealistas.
140
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Pero también ha de
encontrársela en la filosofía social y política de las más diversas escuelas.
Así, el empirista David Hume afirma categóricamente en Ensayo sobre el
entendimiento humano:
“La humanidad es hasta tal punto la misma, en todo tiempo y lugar, que la
Historia no nos informa de nada nuevo o extraño en ese particular. Su utilidad
principal es tan sólo descubrir los principios constantes y universales de la
naturaleza humana”.
Muchos de los
pioneros de las ciencias sociales del siglo XIX se aferraron a esta vieja
doctrina de “los principios constantes y universales de la naturaleza humana”.
Por ejemplo E. B. Tylor, el fundador de la antropología británica, escribió en
1889:
“Las instituciones
humanas, como rocas estratificadas, se suceden unas a otras en series
substancialmente uniformes por todo el globo, independientes de lo que parece
ser las diferencias comparativamente superficiales de raza y lenguaje, pero
conformadas por una naturaleza humana similar”.
Aunque pueden haber
sostenido opiniones diferentes sobre cuáles eran las cualidades esenciales de
la humanidad, tanto los pensadores idealistas como los materialistas han
apelado a los principios permanentes de la naturaleza humana para explicar los
fenómenos sociales e históricos. Así, como M. T. Finley nos dice en su
introducción a Los historiadores griegos, el materialista
Tucidides creía que:
“la naturaleza
humana y el comportamiento humano eran (…) cualidades esencialmente fijas, las
mismas en un siglo o en otro”.
Durante muchos
siglos después de los griegos, la comprensión científica del mecanismo de la
historia avanzó poco. Bajo el cristianismo y el feudalismo la concepción
teológica de que la historia era la expresión del plan de Dios monopolizó la
filosofía social. En contraste con el estancamiento de la ciencia en Europa
Occidental, los musulmanes y los judíos llevaron adelante tanto las ciencias
sociales como las naturales. El estudioso más original de los procesos sociales
entre los antiguos y los modernos fue el pensador del siglo XIV Ibn Khaldun,
del Magreb, quien analizó el desarrollo de las culturas mahometanas y los
orígenes de sus instituciones típicas en la forma más materialista de su época.
141
George Novack
Este eminente
estadista musulmán que fue muy probablemente el primer erudito que formuló una
concepción clara de la sociología, la ciencia del desarrollo social. Lo hizo en
nombre del estudio de la cultura, escribió:
“La historia es el
registro de la sociedad humana o de la civilización mundial; de los cambios que
ocurren en el carácter de esa sociedad, tales como el salvajismo, la
sociabilidad y la solidaridad grupal; de las revoluciones y levantamientos de
un grupo de gente contra otro, con los reinos y estados resultantes con sus
diversos rangos; de las diferentes actividades y ocupaciones de los hombres, ya
sea para ganarse la vida en las diversas ciencias y artes; y, en general, de
todas las transformaciones que sufre la sociedad por su misma naturaleza”.
El siguiente gran
avance en la comprensión científica de la historia llegó con el surgimiento de
la sociedad burguesa y el descubrimiento de otras regiones del globo, que trajo
aparejada su expansión comercial y naval. En sus conflictos con la jerarquía feudal
gobernante y la Iglesia, los voceros intelectuales de las fuerzas burguesas
progresivas redescubrieron y reafirmaron las ideas de lucha de clases que
plantearon por primera vez los griegos, e instituyeron comparaciones históricas
con la antigüedad para reforzar sus reivindicaciones. Sus nuevos criterios
revolucionarios exigían no sólo una visión más amplia del mundo, sino un sondeo
más profundo de los mecanismos del cambio social.
Osados
representantes del pensamiento burgués, tales como Maquiavelo y Vico en Italia,
Hobbes. Harrington, Locke y los economistas clásicos en Inglaterra, Adam
Ferguson en Escocia, y Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Holbach y otros en
Francia, ayudaron a preparar una imagen más realista de la sociedad y una
comprensión más rigurosa de sus modos y etapas de desarrollo.
En un plano mucho
más elevado del desarrollo social y científico, el pensamiento histórico desde
el siglo XVII al XIX tendió a polarizarse, como en Grecia, entre las corrientes
idealista y materialista. Ambas escuelas de pensamiento estaban animadas de un
objetivo común. Sostenían que la historia tenía un carácter inteligible y que
era posible determinar la naturaleza y el origen de sus leyes.
142
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Los intérpretes
teológicos, como el obispo Bossuet, continuaron viendo a Dios como el conductor
de la procesión histórica. Aunque la mayoría de los otros pensadores no
discutía que la divina providencia plasmaba en última instancia el curso de los
acontecimientos, estaban mucho más preocupados por el funcionamiento terrenal
de la historia.
Giambattista Vico
de Nápoles fue el gran pionero entre estos pensadores. Afirmó al comienzo del
siglo XVIII que debido a que la historia, o “el mundo de las naciones”, había
sido creada por los hombres, sus artífices podían comprenderla. Señalaba que
los fenómenos sociales y culturales pasaban por una secuencia regular de etapas
que tenía un carácter cíclico. Insistía en que “el orden de las ideas debe
seguir al orden de las cosas” y que el “orden de las cosas humanas” era
“primero los bosques, luego las chozas, de allí la aldea, luego las ciudades y
finalmente las academias”. Su ‘Nueva Ciencia’ de la historia buscaba descubrir
y aplicar:
“los principios
eternos y universales (…) en los cuales se basaron todas las naciones, y que
todavía conservan”.
En su
interpretación de la historia, Vico puso en el tapete la lucha de clases,
especialmente en el período heroico en que estaba representada por el conflicto
entre los plebeyos y los patricios de la antigua Roma.
Los materialistas
que sucedieron a Vico en Europa occidental buscaron en comarcas muy diferentes
los “principios universales y eternos” que determinaban la historia. Pero
ninguna escuela dudaba de que la historia, como la naturaleza, estaba sujeta a
leyes generales que el filósofo de la historia estaba obligado a encontrar.
El pensamiento
clave de los materialistas ingleses y franceses de los siglos XVII y XVIII era
que los hombres eran producto de su medio natural y social. Como lo expresaba
Charles Brockden Brown, un novelista norteamericano de comienzos del siglo XIX:
“Los seres humanos son moldeados por las circunstancias en que se encuentran”.
De acuerdo con este principio, ellos acudían a las realidades objetivas de la
naturaleza y la sociedad para explicar el proceso histórico.
Montesquieu, por
ejemplo, consideraba a la geografía y al gobierno como determinantes gemelos de
la historia y la sociedad. El factor físico fue más influyente en las primeras
y más primitivas etapas de la existencia humana, aunque su efecto jamás desapareció;
el factor político pasó a ser más dominante a medida que avanzaba la
civilización.
143
George Novack
Montesquieu y los
demás materialistas de esa época no tomaban en cuenta las condiciones
económicas que se alzaban entre la naturaleza y las instituciones políticas. La
base económica de los sistemas políticos y las luchas de las clases
contrincantes que surgían de las contradicciones económicas estaban más allá de
su campo visual.
A través de sus
estudios de las revoluciones inglesa y francesa, los historiadores franceses de
comienzos del siglo XIX adquirieron una comprensión más profunda de la forma en
que la economía condiciona el proceso histórico. Observaron que la Revolución Francesa
recorría un ciclo completo que había comenzado con el derrocamiento de la
monarquía absolutista, pasaba por el régimen revolucionario de Robespierre y la
dictadura militar-burguesa de Napoleón, y finalizaba con la restauración de los
Borbones. A la luz de estas vicisitudes, comprendieron el rol crucial que
desempeñan las luchas de clases para impulsar la historia y señalaron los
arrolladores cambios en la posesión de la propiedad como la causa primordial de
los trastornos sociales. No obstante, no fueron capaces de revelar las
determinantes de una reconstrucción y restitución de las relaciones de
propiedad, así como de las formas políticas.
Muchos filósofos
importantes de la era burguesa tenían una concepción materialista de la
naturaleza y de las relaciones de los hombres con el mundo que los rodeaba.
Pero ninguno de ellos logró elaborar una concepción materialista consecuente y
amplia de la sociedad y de la historia. En un punto determinado de su análisis
se apartaban de las premisas y procedimientos materialistas, atribuyendo los
factores causales últimos a la naturaleza humana, a un intelecto humano de
visión amplia, o a un gran individuo.
¿A qué se debía su
desviación hacia explicaciones no materialistas en las áreas de determinación
histórica y social? Como pensadores burgueses, estaban limitados por el
horizonte capitalista. Mientras la burguesía ascendente estaba en camino a la
supremacía, sus ideólogos más iluminados mantenían un apasionado y persistente
interés en penetrar profundamente en las realidades económicas, sociales y
políticas. Una vez que la burguesía consolidó su posición como clase
gobernante, sus ideólogos no tuvieron el valor de continuar penetrando hasta el
fondo de los procesos sociales y políticos. Se volvieron cada vez más perezosos
y cortos de vista en los campos de la sociología y la Historia, porque el
descubrir las causas de los cambios en esos terrenos no podía menos que
amenazar la continuación de la dominación capitalista.
144
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Una de las barreras
para un estudio serio de la ciencia social era el supuesto tácito de que la
sociedad burguesa y sus instituciones corporizaban la máxima forma asequible de
organización social. Todas las sociedades anteriores conducían a ese punto y se
detenían allí. Aparentemente no había una salida progresiva del sistema
capitalista. Es por eso que los ideólogos de la burguesía inglesa, desde Locke
hasta Ricardo y Spencer trataron de acomodar sus concepciones del significado
de todos los fenómenos sociales a las categorías y relaciones de ese orden
transitorio. Esta estrechez hacía que les fuera igualmente difícil descifrar el
pasado, llegar al fondo del presente y prever el futuro.
Una cantidad de
teóricos, desde Leibnitz a Fichte, promovieron diversas interpretaciones
idealistas de la historia. Hegel fue quien completó sus trabajos. En las
primeras décadas del siglo XIX, Hegel revolucionó el modo de entender la
historia mundial; la suya fue la perspectiva histórica más amplia de la era
burguesa. Sus contribuciones pueden resumirse de la siguiente manera:
1.- Hegel enfocaba
todos los fenómenos históricos desde el punto de vista de su evolución,
considerándolos como momentos, elementos, fases, en un único proceso creativo,
acumulativo, progresivo e incesante de llegar a ser.
2.- Debido a que el
mundo que lo rodeaba, al que él llamaba "Idea Objetiva", era la obra
del hombre, él, como Vico, estaba convencido de que podía ser explicado por la
mente inquisitiva.
3.- Concebía la
historia como un proceso universal en el cual todas las
formaciones sociales, las naciones y las personas tenían su lugar adecuado pero
subordinado. Ningún estado o pueblo aislado dominaba la historia mundial: cada
uno sería juzgado por su rol en el desarrollo de la totalidad.
4.- Afirmaba que el
proceso histórico era esencialmente racional. Este tenía una lógica interna que
se desenvolvía de acuerdo a leyes definidas por el proceso dialéctico. Cada una
de las etapas del todo era un producto necesario de las circunstancias de su
tiempo y lugar.
5.- Cada uno de los
elementos esenciales de cada etapa se aglutinaban como componentes de un todo
unificado que expresaba el principio dominante de su era. Cada etapa realizaba
su propia contribución original al avance de la humanidad.
145
George Novack
6.- La verdad sobre
la historia es concreta. Como escribió el pensador ruso
Chernishevski:
“Cada objeto, cada
fenómeno, tiene su significación propia y debe ser juzgado de acuerdo a las
circunstancias, el medio ambiente, en el cual existe (…) Un juicio preciso
puede ser pronunciado sólo sobre un hecho preciso, luego de examinar todas las
circunstancias de las que depende”.
7.- La historia
cambia de manera dialéctica. Cada etapa del desarrollo histórico ha tenido
suficientes razones para llegar a producirse. Tiene una conformación
contradictoria, que surge de tres elementos diferentes. Estos son los logros
duraderos heredados de sus predecesores, las condiciones especiales necesarias
para su propio mantenimiento, y las fuerzas antagónicas que trabajan dentro de
ella. El desarrollo de los antagonismos internos le aporta dinamismo y genera
su crecimiento. La agudización de las contradicciones lleva a su desintegración
y a su eventual desplazamiento por una forma antitética y superior que se
origina en ella mediante un salto revolucionario.
8.- Así, todos los
niveles de organización social están enlazados en una serie dialécticamente
determinada desde lo inferior a lo superior.
9.- Hegel puso
sobre el tapete la verdad profunda desarrollada luego por el materialismo
histórico de que el trabajo es impuesto al hombre como consecuencia de sus
necesidades y de que el hombre es el producto histórico de su propio trabajo.
10.- La historia
está repleta de ironía. Tiene una lógica objetiva total que desorienta a sus
más poderosos partícipes y organizaciones. Aunque los jefes de estado apliquen
políticas precisas y los pueblos y los individuos conscientemente persigan sus
propios objetivos, la realidad histórica no se corresponde con sus propios
planes. El curso y el resultado de la historia están determinados por
necesidades internas independientes de la voluntad y la conciencia de
cualquiera de sus agentes institucionales o personales. El hombre propone… y la
necesidad histórica de la Idea dispone.
11.- El resultado
de la historia es el crecimiento de la libertad racional. La libertad del
hombre no proviene de su intervención arbitraria, voluntaria, en los
acontecimientos sino de la creciente percepción de las necesidades de los
procesos contradictorios objetivos universales del llegar a ser.
146
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
12.- Las
necesidades de la historia no son siempre las mismas; se transforman en sus
opuestos a medida que una etapa sucede a la otra. En realidad, el conflicto
entre las necesidades inferiores y las superiores es el generador del progreso.
Una necesidad mayor y creciente trabaja dentro del orden existente, anulando
las condiciones que lo sustentan. Esta necesidad se mantiene privando a la
necesidad presente de sus razones de existencia, se expande a su costa, la
vuelve obsoleta y eventualmente la desplaza.
13.- No sólo
cambian las formaciones sociales y sus principios dominantes específicos de una
etapa a la siguiente, sino que también lo hacen las leyes específicas del
desarrollo.
Este método de
interpretación de la historia era mucho más correcto, generalizador y profundo
que cualquiera de sus predecesores. Sin embargo adolecía de dos fallas
imposibles de eliminar. Primero, era incurablemente idealista. Hegel concebía
la historia como el producto de principios abstractos que representaban
distintos grados de la contienda incesante entre la servidumbre y la libertad.
La libertad del hombre se realizaba gradualmente por el desarrollo dialéctico
de la Idea Absoluta.
Tal lógica de la
historia era una versión intelectualizada de la noción de que Dios dirige el
universo y que la historia es la realización de Su designio, que en este caso
es la libertad de la humanidad. Tal como lo visualizaba Hegel, la libertad no
se realizaba mediante la emancipación de la humanidad de las condiciones
sociales opresivas sino por la derrota de ideas falsas, inadecuadas.
Segundo, Hegel
cerraba las puertas a un desarrollo ulterior de la historia, ya que veía su
culminación en el reino alemán y en la sociedad burguesa de su propia época. El
exponente de una historia universal e incesante llegaba a la conclusión de que
su agente definitivo era el estado nacional, un producto característico de su
fase burguesa. ¡Y en su forma monárquica, modificada por una constitución!
Confundió una creación transitoria de la historia por su corporización
definitiva y perfecta. Poniendo así límites al proceso del llegar a ser,
violaba el principio fundamental de su propia dialéctica.
Estos defectos le
impidieron a Hegel alcanzar la verdadera naturaleza de las relaciones sociales
y las causas principales del cambio social. Sin embargo, los resultados
trascendentales de su percepción de los mecanismos internos de los procesos han
influido en todo el pensamiento
147
George Novack
y los escritos
subsiguientes sobre Historia. Con las indispensables revisiones, han sido
incorporados a la estructura del materialismo histórico.
Hegel, el
dialéctico idealista, fue el primer teórico del proceso evolutivo. Los
pensadores e historiadores sociales franceses llevaron la comprensión
materialista de la historia de la sociedad tan lejos como podían en su propio
tiempo. Pero aun dentro de sus propios campos, ambos se quedaron cortos. Hegel
no pudo aportar una teoría satisfactoria de la evolución social, y los
materialistas no penetraron hasta las fuerzas básicas que mueven la historia.
No fue hasta que
los elementos válidos de estas dos líneas contradictorias de pensamiento
confluyeron en las mentes de Marx y Engels a mediados del siglo XIX que se
presentó una concepción de la historia basada en el desarrollo dialéctico de
las condiciones materiales de la existencia social desde el surgimiento del
hombre primitivo hasta la vida contemporánea.
Todos los diversos
tipos de explicación histórica acumulados en la evolución del pensamiento del
hombre sobreviven en la actualidad. Ninguno ha estado permanentemente
enterrado, por más caduco, inadecuado o científicamente incorrecto que fuera.
Las más viejas interpretaciones pueden ser revividas y pueden reaparecer con
ropaje moderno para servir a alguna necesidad o a algún estrato social.
¿Qué nación
burguesa no ha proclamado en tiempo de guerra que “Dios esta de nuestra parte”?
La teoría del Gran Hombre se pavoneaba bajo la svástica. Spengler en Alemania y
Toynbee en Inglaterra ofrecen sus versiones del camino cíclico de la historia.
La escuela de geopolítica hace de las condiciones geográficas la determinante
fundamental de la historia moderna.
La Alemania nazi,
la Sud África de Verwoerd y los supremacistas blancos del Sur exaltan la raza
superior como dictadora de la historia. La concepción de que la naturaleza
humana debe ser la base de la estructura social es la última trinchera de los
oponentes al socialismo así como el punto de partida para el socialismo utópico
del psicoanalista Erich Fromm y otros.
Finalmente, la
noción de que la razón es la fuerza motriz de la historia es compartida por
toda suerte de sabios. El antropólogo norteamericano Alexander Goldenweiser
afirmó en Early Civilization [Civilización Primitiva]:
148
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“Así la totalidad
de la civilización, si se la sigue paso a paso hacia atrás, se podría reducir,
en última instancia, a trozos de ideas en las mentes de los individuos”.
Aquí ideas e
individuos son los factores creativos de la historia. Al describir su
filosofía, el pensador italiano Croce escribió:
“La Historia es el
registro de las creaciones del espíritu humano en cada terreno, tanto teórico
como práctico. Y estas creaciones espirituales están siempre en los corazones y
mentes de los hombres de genio, los artistas, los pensadores, los hombres de acción,
los reformadores morales o religiosos”.
Esta posición
combina el idealismo con el elitismo, los genios que usan el espíritu, o la
minoría creadora, como el agente que redime a las masas. Estos diversos
elementos de la interpretación histórica pueden aparecer en combinaciones
sumamente incongruentes en un país, corriente de pensamiento o en una mente
individual determinada. El stalinismo ha aportado el ejemplo más sorprendente
de tal síntesis ilógica. Los adeptos al “culto a la personalidad” buscaron
fundir las tradiciones y las concepciones del marxismo, la más moderna y
científica de las filosofías, con la arcaica versión del Gran Hombre del
proceso histórico contemporáneo.
Excepto en la China
maoísta, esta extraña e insostenible amalgama de ideas ya se ha derrumbado. Sin
embargo demuestra cómo el pensamiento generalizado sobre el proceso histórico
puede hacer una regresión luego de haber dado un inmenso salto adelante. La historia
de la ciencia histórica prueba a su modo que el progreso no es igual o
persistente a través de la "historia. Tucidides, el narrador de las
guerras del Peloponeso en el siglo IV antes de Cristo, tenía una concepción
mucho más realista sobre la Historia que San Agustín, el exaltador de la Ciudad
de Dios, en el siglo IV de nuestra era.
El marxismo ha
incorporado a su teoría del desarrollo social los descubrimientos verificados
de la moderna investigación científica así como los resultados de la percepción
profunda de sus predecesores filosóficos, ya sean materialistas, idealistas, o
eclécticos, que hayan resultado válidos.
Actuar de otro modo
sería burlarse del mandato de su propio método, que enseña que cada escuela de
pensamiento, cada etapa del conocimiento científico, es el producto de estudios
anteriores, modificado y a veces
149
George Novack
revolucionado por
las condiciones predominantes. La indagación científica de la historia y la
sociedad, como el proceso de la historia misma, ha dado resultados positivos,
permanentes y progresivos.
Al mismo tiempo, el
marxismo rechaza todas las versiones de teorías anticuadas que no han podido
aportar una explicación adecuada o correcta de los orígenes y la evolución de
la sociedad. No niega que el idealismo histórico contiene importantes ingredientes
de verdad y que ha habido momentos en que ha sido históricamente progresivo. Su
avance, a partir de los griegos, ha ido desde el cielo a la tierra, de Dios al
hombre, de lo imaginario a lo real. Los individuos influyentes o
insignificantes, y las ideas, innovadoras o tradicionales, son esenciales a la
sociedad; sus roles en el proceso histórico deben tomarse en cuenta.
Los idealistas
prestan atención a estos factores y eso es correcto. Donde se equivocan es en
adjudicarles una importancia decisiva en el proceso total de la determinación
histórica. Su método limita sus análisis a las capas externas de la estructura
social y de este modo se quedan en la superficie de los acontecimientos. La
ciencia debe ahondar en el núcleo central de la sociedad, donde trabajan las
fuerzas reales que determinan la dirección de la historia.
El materialismo
histórico se aparta del Director Divino, del Gran Hombre, de la Mente
Universal, del Genio Intelectual, de la Élite y de una Naturaleza humana
inmutable para dar su explicación de la historia. La formación, reforma y
transformación de las estructuras sociales durante el último millón de años no
puede entenderse recurriendo a ningún ser sobrenatural, a factores ideales, a
mezquinas causas personales o a causas invariables.
Dios no creó el
mundo ni ha supervisado el desarrollo de la humanidad. Por el contrario, el
hombre creó la idea de los dioses como una fantasía para compensar la falta de
un verdadero control de las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad. El
hombre se hizo a sí mismo actuando sobre la naturaleza y cambiando sus
elementos para satisfacer sus necesidades mediante el trabajo. El hombre se ha
abierto camino en el mundo. El desarrollo posterior y la diversificación del
proceso de trabajo desde el salvajismo a nuestra civilización actual han
continuado transformando sus aptitudes y sus características.
150
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
La historia no es
la hazaña de individuos sobresalientes, por más poderosos y dotados que sean o
por más estratégicamente ubicados que estén. Ya en la Revolución Francesa,
Condorcet protestó contra este estrecho criterio elitista, que hace caso omiso
tanto de lo que mueve a la masa de los seres humanos como de la forma en que
las masas y no los jefes hacen la historia. Escribió:
“Hasta ahora, la
historia de la política, como la de la filosofía o la de la ciencia, ha sido la
historia de sólo unos pocos individuos: eso que realmente constituye la raza
humana, la vasta masa de familias que viven en gran parte de los frutos de su
labor, ha sido olvidada, y aun aquellos que ejercen profesiones públicas y
trabajan no para sí sino para la sociedad, los que se dedican a la enseñanza, a
gobernar, a proteger o a curar a otros, sólo los líderes han concitado la
atención del historiador”.
El marxismo
construye sobre esta concepción de que la historia es el resultado de las
acciones colectivas de las multitudes, del esfuerzo de las masas que se
extiende durante largos períodos en el marco de las capacidades productivas que
han recibido y ampliado, y dentro de los modos de producción que han creado,
vigorizado y revolucionado. No son las élites sino el conjunto del pueblo el
que ha sustentado la historia, le ha impartido una nueva dirección en los
momentos críticos y ha elevado la humanidad paso a paso.
Las ideas
preconcebidas no han generado la historia ni han guiado su curso. Los sistemas
sociales no han sido construidos por arquitectos, plano en mano. La historia no
ha procedido de acuerdo a ningún plan. Las formaciones socioeconómicas han
surgido de las fuerzas productivas disponibles; sus miembros han establecido
sus relaciones, costumbres, instituciones e ideas de acuerdo con su
organización del trabajo.
La naturaleza
humana no puede explicar el curso de los acontecimientos o las características
de la vida social. Los cambios en las condiciones de vida y de trabajo son la
razón fundamental del hacer y rehacer de la naturaleza humana.
En la introducción
a la edición inglesa de Del socialismo utópico al socialismo
científico, Engels definió el materialismo histórico como:
151
George Novack
“ese criterio sobre
el curso de la historia que busca la causa última y la gran fuerza motriz de
todos los acontecimientos históricos en el desarrollo económico de la sociedad,
en los cambios de los modos de producción e intercambio, en la consiguiente división
de la sociedad en diferentes clases, y en las luchas de estas clases entre
sí".
Estos son los
principios de los cuales deriva la teoría marxista del proceso histórico.
Provienen de dos milenios y medio de indagar en las leyes de la actividad
humana y del desarrollo social. Representan su más válidas conclusiones. El
materialismo histórico es en sí mismo el producto sintético de hechos e ideas
elaborados históricamente, que tienen su raíz en la economía y que alcanzan el
fruto esperado en la ciencia de la sociedad.
152
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
DESARROLLO DESIGUAL
Y COMBINADO EN LA HISTORIA MUNDIAL
El curso desigual
de la historia
Este ensayo procura
dar una explicación amplia de una de las leyes fundamentales de la historia
humana, la ley del desarrollo desigual y combinado. Es la primera vez, que yo
tenga conocimiento, que se intenta hacerlo. Trataré de demostrar qué es esta
ley, cómo ha funcionado en la historia, y cómo puede clarificar algunos de los
fenómenos sociales y problemas políticos de nuestra época que más confusión
crean.
La ley del
desarrollo desigual y combinado es una ley científica de aplicación sumamente
amplia en el proceso histórico. Tiene un carácter dual o, mejor dicho, es una
fusión de dos leyes íntimamente relacionadas. Su aspecto fundamental se refiere
a los distintos ritmos de crecimiento de los diversos elementos de la vida
social. El segundo a la correlación de estos factores desigualmente
desarrollados en el proceso histórico.
Los aspectos
fundamentales de la ley pueden sintetizarse brevemente de la siguiente manera:
la fuente principal del progreso humano es el dominio del hombre sobre las
fuerzas de producción. A medida que avanza la historia se produce un
crecimiento más rápido o más lento de las fuerzas productivas en este o aquel
segmento de la sociedad, debido a las diferencias en las condiciones naturales
y en las conexiones históricas. Estas disparidades dan un carácter de expansión
o comprensión a toda una época histórica y dan origen a distintos ritmos y
medidas de crecimiento en los diversos pueblos, en las diferentes ramas de la
economía, en las diferentes clases, instituciones sociales y campos de la
cultura. Esta es la esencia de la ley del desarrollo desigual.
Las variaciones
entre los múltiples, factores de la historia dan la base para el surgimiento de
un fenómeno excepcional, en el cual las características de una etapa inferior
del desarrollo social se fusionan con las de otra superior. Estas formaciones
combinadas tienen un carácter altamente contradictorio y exhiben marcadas
peculiaridades. Pueden desviarse tanto de las reglas y causar tal trastorno
como para producir un salto cualitativo en la evolución social y capacitar a
pueblos antiguamente atrasados para superar, por un cierto tiempo, a otro más
avanzado. Esta es la esencia de la ley del desarrollo combinado.
153
George Novack
Es obvio que estas
dos leyes, o estos dos aspectos de una misma ley, no actúan al mismo nivel. La
desigualdad del desarrollo precede cualquier combinación de los factores
desarrollados desproporcionalmente. La segunda ley se origina en la primera, y
depende de ella, si bien ésta a su vez vuelve a actuar sobre aquélla y la
afecta en su funcionamiento posterior.
El descubrimiento y
la formulación de esta ley es el resultado de más de 2.500 años de
investigaciones teóricas sobre las formas del desarrollo social. Las primeras
observaciones sobre las que se basa fueron efectuadas por los filósofos e
historiadores griegos. Pero la ley misma fue llevada a un primer plano y
aplicada efectivamente por primera vez por los fundadores del materialismo
histórico. Marx y Engels aproximadamente un siglo atrás. Esta ley es una de las
más grandes contribuciones del marxismo a la comprensión científica de la
historia y uno de los más poderosos instrumentos de análisis histórico.
154
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
PRIMERA PARTE
Marx y Engels
extrajeron la esencia de esta ley de la filosofía dialéctica de Hegel, quien la
utilizó en sus obras sobre historia universal e historia de la filosofía sin
darle, no obstante, un nombre especial o un reconocimiento explícito.
De la misma manera,
muchos pensadores dialécticos, antes y después de Hegel, usaron esta ley en sus
estudios y la aplicaron más o menos conscientemente a la solución de complejos
problemas históricos, sociales y políticos. Todos los teóricos destacados del
marxismo, desde Kautsky y Luxemburgo hasta Plejanov y Lenin, advirtieron su
importancia, observaron su funcionamiento y sus consecuencias y la usaron para
la solución de problemas que confundían a otras escuelas de pensamiento.
Permítaseme citar
un ejemplo de Lenin, quien basó su análisis de la primera etapa de la
Revolución Rusa de 1917 en esta ley. En sus Cartas desde lejos escribió
a sus colaboradores bolcheviques desde Suiza:
“El hecho de que la
Revolución (de Febrero] haya triunfado tan rápidamente (…) se debe a una
coyuntura histórica inusual, donde se combinaron de una manera notablemente
'favorable' movimientos absolutamente distintos, intereses de clases
absolutamente diferentes y tendencias políticas y sociales absolutamente
opuestas”.32
¿Qué había
ocurrido? Un sector de la nobleza y los terratenientes rusos, la oposición
burguesa, los intelectuales radicales, los obreros, campesinos y soldados
insurgentes, junto con los aliados imperialistas –fuerzas sociales
“absolutamente disímiles”– se habían unido momentáneamente en contra de la
autocracia zarista, cada una por sus razones particulares. Juntas sitiaron,
aislaron y derribaron al régimen de los Romanov. Esta extraordinaria conjunción
de circunstancias y combinaciones únicas de fuerzas surgió de la desigualdad
previa del desarrollo histórico ruso, con todos sus problemas sociales y.
políticos largamente postergados y no resueltos, exacerbados por la primera
guerra imperialista mundial.
32 V. I.
Lenin. Obras Completas, volumen 1
155
George Novack
Las diferencias,
que desaparecieron superficialmente en la ofensiva contra el zarismo, se
reafirmaron después de febrero y no pasó mucho tiempo antes de que esta alianza
de facto entre fuerzas opuestas por su naturaleza se desintegrara. Los aliados
de febrero de 1917 se transformaron en los irreconciliables enemigos de octubre
de 1917.
¿Cómo se llegó a
esto? La caída del zarismo produjo a su vez una nueva desigualdad en la
situación, que puede sintetizarse en la siguiente fórmula: por un lado, las
condiciones objetivas estaban maduras para la toma del poder por los obreros;
por el otro, la clase obrera rusa –y sobre todo su dirección– todavía no había
apreciado correctamente la situación real ni puesto a prueba la nueva relación
de fuerzas. En consecuencia, se encontraban subjetivamente inmaduros para tomar
el poder. Puede decirse que el desarrollo de la lucha de clases, desde febrero
a octubre de 1917, consistió en el reconocimiento creciente, por parte de la
clase obrera y de sus líderes revolucionarios, de lo que debía hacerse y en la
superación de la disparidad entre las condiciones objetivas y la preparación
subjetiva. La brecha fue cerrada en la acción por el triunfo de los
bolcheviques en la Revolución de Octubre, que combinó la conquista obrera del
poder con un amplio levantamiento campesino.
Este proceso está
explicado a fondo en la Historia de la Revolución Rusa, de
Trotsky. La misma revolución rusa fue el ejemplo más claro del desarrollo
desigual y combinado en la historia moderna. En su análisis clásico de este
acontecimiento Trotsky dio al movimiento marxista la primera formulación
explícita de la ley.
Trotsky, el
teórico, es muy celebrado por la formulación de la teoría de la revolución
permanente. Es probable que su exposición de la ley del desarrollo desigual y
combinado llegue a ser aparejada a aquélla en cuanto a su valor. No sólo le dio
el nombre a esta ley, sino que también fue el primero en apreciar toda su
importancia.
Estas dos
contribuciones a la comprensión científica de los movimientos sociales están,
de hecho, íntimamente ligadas. La concepción de Trotsky de la revolución
permanente fue el resultado de su estudio de las peculiaridades del desarrollo
histórico ruso, a la luz de los nuevos problemas que se le presentaban al
socialismo mundial en la era del imperialismo. Estos problemas eran
particularmente agudos y complejos en los países atrasados, donde la revolución
democrático burguesa no se había dado aún. en un momento en que ya estaba
planteada la revolución
156
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
proletaria. Los
frutos de sus ideas sobre esta cuestión, confirmados por el desarrollo real de
la Revolución Rusa, prepararon y estimularon su elaboración ulterior de la ley
de desarrollo desigual y combinado.
Por cierto, la
teoría de Trotsky de la revolución permanente es la aplicación más fructífera
de esta misma ley a los problemas claves de la lucha de clases internacional de
nuestro tiempo, la época de transición de la dominación capitalista del mundo
al socialismo. Sin embargo, la ley misma no sólo es aplicable a los
acontecimientos revolucionarios de la época presente sino, como ya veremos,
para toda la evolución social. Y tiene aplicaciones más amplias aun. Dejando de
lado el trasfondo histórico del cual ha surgido la ley del desarrollo desigual
y combinado, consideramos ahora el alcance de su aplicación. Aunque
directamente originada en el estudio de la historia moderna, la ley de
desarrollo desigual y combinado tiene sus raíces en aspectos comunes a todos
los procesos de crecimiento de la naturaleza así como de la sociedad. Los
investigadores científicos han puesto énfasis en el predominio de la
desigualdad en muchos campos. Todos los elementos constituyentes de una cosa,
todos los aspectos de un hecho, todos los factores de un proceso en desarrollo,
no se realizan en la misma proporción o en igual grado. Más aun, bajo
diferentes condiciones materiales, incluso una misma cosa exhibe diferentes
proporciones de crecimiento. Cualquier campesino o jardinero lo sabe.
En Life in
the Past (La vida en el pasado], G. C. Simpson, una de las autoridades
más destacadas en materia de evolución, desarrolla este mismo punto diciendo:
“Lo más notable con
respecto a los ritmos de evolución es que varían enormemente y que los mis
rápidos parecen muy lentos a los seres humanos (incluso a los paleontólogos, se
podría decir). Si seguimos cualquier línea de filogenia en su registro fósil, es
casi seguro que distintos caracteres y partes evolucionan en proporciones
bastante diferentes y en general ninguna parte evoluciona durante mucho tiempo
en la misma proporción. El cerebro del caballo evolucionó rápidamente, mientras
el resto del cuerpo cambiaba muy poco. Hubo un lapso relativamente corto
durante el cual la evolución del cerebro fue mucho más rápida que en cualquier
otro momento. La pezuña prácticamente no evolucionó durante el desarrollo del
caballo, pero en tres momentos sufrió cambios relativamente rápidos en su
mecanismo.
157
George Novack
Los ritmos de
evolución varían también mucho de una familia a otra, e incluso entre familias
ligadas entre sí. Hay algunos animales que viven en la actualidad que han
cambiado muy poco en largos períodos de tiempo: un pequeño branquiópodo llamado
Lingula, en alrededor de 400 millones de años; el Limidus, “cangrejo” herradura
(que es más un escorpión que un cangrejo), en 175 millones de años o más; el
Esfenodonte (un reptil parecido a una lagartija) ahora confinado a Nueva
Zelanda, en alrededor de 15 millones de años; el Didelfis (una zarigüeya
americana), en alrededor de 75 millones de años. Estos y otros animales, para
los cuales la evolución se detuvo mucho tiempo atrás, tienen parientes que
evolucionaron a ritmos normales o incluso relativamente rápidos. Por otra parte
existen diferencias típicas de ritmo en los distintos grupos. La mayoría de los
animales terrestres han evolucionado más rápido que la mayoría de los
acuáticos. Una generalización que no contradice el hecho de que algunos
animales acuáticos hayan evolucionado más rápido que algunos terrestres. (Págs.
137-138.)
La evolución de
órdenes enteros de organismos ha pasado por un ciclo marcado por una fase
inicial de crecimiento lento, restringido, seguido de un período más corto pero
intenso de "expansión explosiva", la que a su vez se asienta en una
prolongada fase de cambios menores.
En The
Meaning of Evolution [El significado de la evolución] (págs.72-73),
G.C. Simpson
señala:
“Los tiempos de
expansión rápida, alta variabilidad y comienzo de radiación adaptativa (…) son
períodos que amplían las oportunidades que se presentan a los grupos capaces de
continuarla”.
Esa oportunidad
para una expansión explosiva se abrió a los reptiles cuando evolucionaron al
punto de independizarse del agua como medio vital e irrumpir en la tierra,
desprovista hasta entonces de animales vertebrados. Luego sigue: “un período
más tranquilo, en que la radiación ha sido completada” y el grupo puede
entregarse al “goce progresivo de la conquista lograda”.
La evolución de
nuestra propia especie ya ha pasado por la primera fase de ese ciclo y ha
entrado en la segunda. Los antecesores animales inmediatos del género humano
pasaron por un prolongado período de crecimiento restringido como una raza
inferior comparada con otras. El
158
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
género humano llegó
a su fase de “expansión explosiva” sólo en el último millón de años
aproximadamente, después que el primate del que descendemos adquiriera las
necesarias aptitudes sociales. Sin embargo, el desarrollo posterior del género
humano no duplicará el ciclo de evolución animal, porque el crecimiento de la
sociedad procede sobre una base cualitativamente distinta y es gobernado por
sus propias leyes específicas.
La evolución del
organismo humano característico está marcada por una considerable
irregularidad. El cráneo desarrolló sus actuales características entre nuestros
antecesores antropoides mucho antes de que se formaran nuestras manos flexibles
con el pulgar oponible. Fue solamente después de que nuestros prototipos habían
adquirido la postura vertical y las manos aptas para el trabajo, que el cerebro
contenido en el cráneo desarrolló sus actuales proporciones y su complejidad.
Lo que es válido
para órdenes y especies enteras de animales y plantas también lo es para los
especímenes individuales. Si prevaleciera, la igualdad en el crecimiento
biológico, cada órgano del cuerpo se desarrollaría simultáneamente y en las
mismas proporciones. Pero en la vida real no se da una simetría tan perfecta.
En el crecimiento del feto humano, algunos órganos aparecen y maduran antes que
otros. La cabeza y el cuello se forman antes que los brazos y las piernas, el
corazón en la tercera semana y los pulmones después. Como suma de todas estas
irregularidades, sabemos que los recién nacidos salen de la matriz en
diferentes condiciones, incluso con deformaciones y en diferentes intervalos
entre la concepción y el nacimiento. El período de nueve meses de gestación no
es más que un promedio estadístico. La fecha de nacimiento puede divergir en
días, semanas, o meses de este promedio. El seno frontal, un desarrollo tardío
que sólo poseen los primates y los hombres, no se da en los seres humanos sino
después de la pubertad, y en muchos casos no aparece nunca.
El desarrollo de la
organización social y de las estructuras sociales determinadas exhibe
desigualdades no menos pronunciadas que la historia biológica de los
antecesores de la raza humana. Los diversos elementos de la existencia social
han aparecido en tiempos diferentes, evolucionaron en proporciones enormemente
diferentes y se han desarrollado en grados distintos bajo distintas condiciones
y de un período a otro. Los arqueólogos dividen la historia humana en Edad de
Piedra, Bronce y Hierro, teniendo en cuenta los materiales usados en la
fabricación de herramientas y armas. Estas tres etapas del desarrollo
159
George Novack
tecnológico han
tenido un período de vida de duración muy distinta. La Edad de Piedra se
extendió alrededor de 900 mil años, la edad de Bronce entre 3.000 y 4.000 años
A. de C. y la edad de Hierro tiene menos de 4.000 años. Sin embargo, los
distintos grupos del género humano han atravesado estas etapas en distintos
momentos en distintas partes del mundo. La Edad de Piedra finalizó 3.500 años
A. de C. en la Mesopotamia, alrededor de 1.600 años A. de C. en Dinamarca, en
1492 en América y aún no había terminado en Nueva Zelanda hacia 1.800.
Una desigualdad
parecida puede señalarse en el ritmo de la organización social. El salvajismo,
basado en la recolección de alimentos, la caza y la pesca, se extiende
alrededor de muchos centenares de miles de años mientras que la barbarie,
basada en la cría de animales y el cultivo y cosecha de cereales, data de 8.000
años A. de C. La civilización tiene menos de 6.000 años de vida.
La producción
extensa, regular y creciente de alimentos produjo un avance revolucionario en
el desarrollo económico y elevó a los pueblos productores de alimentos muy por
encima de las tribus atrasadas, que continuaban subsistiendo en base a la
recolección de alimentos. Asia fue el lugar originario de la domesticación de
animales y la horticultura. No se sabe con certeza cuál de estas ramas de la
producción se desarrolló antes, pero los arqueólogos han descubierto ruinas de
comunidades campesinas mixtas, que llevaban a cabo ambos tipos de producción de
alimentos, ya alrededor de 8.000 años a.C.
Ha habido tribus
puramente pastoriles que dependían exclusivamente de la cría de ganado para su
existencia, así como pueblos completamente agrícolas, cuya economía se basaba
en el cultivo de cereales o tubérculos. La cultura de estos grupos
especializados tiene un desarrollo unilateral por su tipo particular de
producción de los medios básicos de vida. El modo de subsistencia puramente
pastoril no tiene, sin embargo, las potencialidades de desarrollo inherentes a
la agricultura. Las tribus pastoriles no pueden incorporar a su economía la
forma superior de producción de alimentos ni siquiera a escala mínima sin
asentarse en un lugar y cambiar enteramente su modo de vida, especialmente
después de la introducción del arado que superó las técnicas del rozado para la
agricultura. No podían desarrollar una división amplia del trabajo ni avanzar a
una vida en aldeas o ciudades en tanto continuaran como simples pastores de su
ganado.
160
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
La superioridad
inherente a la agricultura sobre la cría de ganado quedó demostrada por el
hecho de que las poblaciones densas y las más avanzadas civilizaciones se
desarrollaron sobre la base de la agricultura, como lo prueban las
civilizaciones azteca, maya e inca en América Central y del Sur. Más aun, los
agricultores han podido incorporar fácilmente animales domesticados a su modo
de producción combinando el cultivo del alimento con la cría de ganado, e
incluso incorporando animales de tiro a la tecnología agrícola con la invención
del arado.
Fue la combinación de
la ganadería con el cultivo de cereales en explotaciones mixtas lo que preparó,
en el seno de la sociedad bárbara, los elementos de la civilización. Esta
combinación permitió a los pueblos agrícolas superar a las tribus meramente
pastoras y transformarse, por las condiciones favorables de los valles de los
ríos de la Mesopotamia, Egipto, India y China, en la cuna de la civilización.
Desde el
surgimiento de los pueblos civilizados han existido tres niveles diferentes de
progreso, que corresponden a sus modos de asegurarse las necesidades vitales:
la recolección de alimentos, la producción rudimentaria de alimentos y la
producción mixta con un alto desarrollo de la división del trabajo y un
creciente intercambio de mercancías. Los griegos de la era clásica eran
sumamente conscientes de la disparidad entre su propio desarrollo y el de los
pueblos que aún se mantenían en una etapa primitiva, inferior, de existencia
social. Distinguían en forma tajante a los griegos civilizados de los bárbaros.
La conexión histórica y la distancia que los separaba fue expresada por el
historiador Tucidides, quien dijo: “Los griegos vivieron antes como los bárbaros
ahora”.
La desigualdad del
desarrollo histórico mundial raras veces ha sido más notable que cuando los
habitantes aborígenes de América se enfrentaron por primera vez con los
invasores blancos que venían de Europa. Se encontraron allí dos líneas de
evolución social completamente separadas, producto de diez a veinte mil años de
desarrollo independiente en los dos hemisferios. Era inevitable que ambas
compararan sus índices de crecimiento y midieran sus respectivos logros. Esta
fue una de las más agudas confrontaciones de culturas diferentes en toda la
historia.
En ese momento
chocaban la Edad de Piedra con la última etapa de la Edad de Hierro y el
comienzo del maquinismo. En la caza y en la guerra, el arco y la flecha
tuvieron que competir con el mosquete y el canon; en la agricultura, la azada y
el palo para roturar la tierra, con el arado y los
161
George Novack
animales de tiro;
en el transporte por agua, la canoa con el barco; en la locomoción terrestre,
las piernas humanas con el caballo y el pie descalzo con la rueda. En la
organización social, el colectivismo tribal se dio de bruces con las
instituciones y costumbres feudal-burguesas; la producción para el consumo
inmediato en la comunidad contra una economía monetaria y el comercio
internacional.
Se podrían
multiplicar los ejemplos de contrastes entre los indios americanos y los
europeos occidentales. La desigualdad de los productos humanos de etapas tan
distantes de desarrollo económico era demasiado evidente. Eran tan opuestos y
había tal distancia entre ellos que al principio los jefes aztecas
identificaron a los blancos recién llegados con dioses, mientras que los
europeos correspondieron considerando a los nativos como animales.
En Norteamérica no
se niveló la desigualdad histórica en capacidad productiva y destructiva
mediante la adopción por parte de los indios del sistema de los blancos y su
asimilación gradual y pacífica a la sociedad de clases. Por el contrario, en
los cuatro siglos siguientes esta desigualdad llevó al desalojo y el
aniquilamiento de las tribus indígenas.
Pero si bien los
colonizadores blancos desplegaron su superioridad material sobre los pueblos
nativos, ellos mismos estaban atrasados en relación a su madre patria. El
retraso general del continente norte-americano y sus colonias, comparado con el
Occidente europeo, predeterminó las principales líneas de su desarrollo desde
el comienzo del siglo XV hasta mediados del siglo XIX. En este período, la
tarea histórica central de los americanos fue alcanzar a Europa superando la
disparidad entre el desarrollo social de los dos continentes. Cómo y quiénes
realizaron esta tarea es el principal tema de la historia norteamericana a
través de estos tres siglos y medio.
Ello requirió,
entre otras cosas, dos revoluciones para completar el trabajo. La revolución
colonial, que coronó la primera etapa de progreso, dio al pueblo norteamericano
instituciones políticas más avanzadas que las de cualquier otro lugar del Viejo
Mundo y allanó el camino para una rápida expansión económica. Aun habiendo
ganado la independencia nacional, los Estados Unidos todavía tuvieron que
conquistar la independencia económica dentro del mundo capitalista. La
diferencia económica entre este país y las naciones del occidente de Europa se
redujo en la primera mitad del siglo XIX y quedó virtualmente eliminada por el
triunfo del
162
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
capitalismo
industrial del Norte sobre las potencias esclavistas en la guerra civil.
Estados Unidos no necesitó mucho tiempo para ponerse a la altura de las
potencias de Europa occidental y superarlas.
Estos cambios en la
posición internacional de Estados Unidos muestran la desigualdad entre el
desarrollo de los centros metropolitanos y las colonias, entre los distintos
continentes y entre los países de un mismo continente.
Una comparación
entre los diversos modos de producción en los diversos países pone muy
agudamente de manifiesto sus desigualdades. La esclavitud había desaparecido
virtualmente como modo de producción en los países de Europa antes de que fuera
introducida en América, en virtud de las necesidades de los mismos europeos. La
servidumbre había desaparecido en Inglaterra antes de que surgiera en Rusia...
y hubo intentos de implantarla en las colonias norteamericanas después de que
en la madre patria ya estaba en vías de extinción. En Bolivia, el feudalismo
floreció con los conquistadores españoles y languideció la esclavitud, mientras
que en el sur de Estados Unidos el feudalismo era frenado y la esclavitud
prosperaba.
El capitalismo
estaba altamente desarrollado en el occidente de Europa, en tanto que en el
Este estaba implantado sólo superficialmente. Una disparidad similar en el
desarrollo capitalista prevaleció entre Estados Unidos y México.
Las disparidades
cuantitativas y cualitativas en el curso de sus desarrollos son tan evidentes
qué Trotsky calificó a la desigualdad como “la ley más general del proceso
histórico”.33 Estas desigualdades son la expresión específica de la naturaleza
contradictoria del progreso social y de la dialéctica del desarrollo humano.
Se dieron aun en
las etapas más primitivas de la evolución social. En New Light on
Ancient America, el antropólogo Ralph Linton nos dice que al pasar
del salvajismo a la barbarie las áreas centrales de progreso entre los indios
americanos cambiaron de lugar.
“Mientras los
americanos tuvieron una economía basada en la caza y la recolección de
alimentos, el norte de Norteamérica fue culturalmente la parte más avanzada del
continente. Ninguna de las culturas preagrícolas establecidas al sur de la Gran
Llanura o los
33 L.
Trotsky. Historia de la Revolución Rusa, pág. 5
163
George Novack
Bosques del Norte
se compara con las de aquellas áreas en riqueza y contenido. Con el surgimiento
de las civilizaciones basadas en la agricultura en la zona central de Estados
Unidos. la situación se invirtió. La línea principal de difusión iba del sur al
norte y las influencias de la zona central se hicieron cada vez más notorias en
toda el área al este de los Rocallosos.”
La desigualdad del
desarrollo entre distintos continentes y países se da también entre los
distintos elementos de cada grupo social u organismo nacional.
En una obra sobre
la clase obrera norteamericana escrita por Karl Kautsky a principios de siglo,
el marxista alemán señalaba algunos de los contrastes importantes entre el
desarrollo social de Rusia y los Estados Unidos en ese tiempo.
“Existen dos
estados –escribió– diametralmente opuestos el uno al otro. Cada uno de ellos
contiene un elemento extraordinariamente desarrollado en comparación con su
nivel de producción capitalista. En uno –Norteamérica– es la clase capitalista.
En Rusia es el proletariado. En ningún otro país se puede hablar con tanta
propiedad como en Estados Unidos de la dictadura del capital, mientras que en
ninguno ha adquirido el proletariado tanta importancia como en Rusia.”
Esta diferencia en
el desarrollo, que Kautsky describe en su nacimiento, llegó a acentuarse
enormemente.
Trotsky hizo un
extraordinario análisis de la importancia de tales desigualdades para explicar
el curso de la historia de una nación, en el primer capítulo de La
Historia de la Revolución Rusa, “Las peculiaridades del desarrollo
ruso”. La Rusia zarista contenía fuerzas sociales que pertenecían a tres
diferentes etapas del desarrollo histórico. En la cima los elementos feudales:
una autocracia asiática excesivamente numerosa, un clero estatal, una
burocracia servil, una nobleza terrateniente privilegiada. Más abajo había una
burguesía débil, impopular y una intelectualidad cobarde.
Esos fenómenos
opuestos estaban orgánicamente interrelacionados. Constituían aspectos
distintos de un mismo proceso social. Las mismas condiciones históricas que
habían preservado y fortificado las fuerzas feudales –el ritmo lento del
desarrollo ruso, su atraso económico, sus
164
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
formas sociales
primitivas, y el bajo nivel cultural– habían impedido el crecimiento de las
fuerzas burguesas y habían acentuado su debilidad social y política.
Este era un aspecto
de la situación. Por otro lado, el atraso extremo de la historia rusa había
dejado problemas agrarios y nacionales sin resolver, dando lugar así a un
campesinado descontento, sediento de tierra, y a nacionalidades oprimidas con
ansias de libertad; además, la aparición tardía de la industria capitalista
daba nacimiento a empresas industriales altamente concentradas dominadas por el
capital financiero extranjero y un proletariado no menos concentrado, armado
con las últimas ideas, organizaciones y método de lucha.
Esta marcada
desigualdad en la estructura social de la Rusia zarista dio base a los
acontecimientos revolucionarios que comenzaron con el derrocamiento de la
decadente estructura medieval en 1917 y concluyeron a los pocos meses con el
proletariado y el Partido Bolchevique en el poder. Solamente analizando esta
desigualdad es posible captar por qué la Revolución Rusa se dio de esta manera.
Las pronunciadas
irregularidades que se han producido en la historia indujeron a algunos
pensadores a negar que exista o pueda existir alguna causalidad o ley en el
desarrollo social. La escuela más conocida de los antropólogos norteamericanos,
encabezada por el desaparecido Franz Boas, niega explícitamente que pueda
descubrirse alguna secuencia determinada de etapas en la evolución social, o
que las expresiones culturales sean conformadas por la tecnología o la
economía. Según R. H. Lowie, el exponente más conocido de este criterio; los
fenómenos culturales presentan meramente el carácter de una “mezcolanza sin
planes”, un “revoltijo caótico”. El “revoltijo caótico” está sólo en las
cabezas de estos antimaterialistas y antievolucionistas, no en la historia ni
en la constitución de la sociedad.
Es posible que los
pueblos que viven bajo las condiciones de la Edad de Piedra en el siglo XX
posean una radio, pero no que la fabriquen. Pero sería categóricamente
imposible encontrar tal producto de la electrónica contemporánea enterrado con
restos humanos en un depósito de la Edad de Piedra de 20.000 años atrás.
No se necesita
mucha penetración para ver que la recolección de alimentos, hierbas, la caza,
la pesca o el capturar aves existieron mucho antes que la producción de
alimentos en la forma de horticultura o
165
George Novack
ganadería. O que
las herramientas de piedra precedieron a las de metal; que la palabra precedió
a la escritura; que las cuevas son anteriores a las casas; que las tolderías
existieron antes que las aldeas; que el trueque de bienes precedió a la moneda.
A una escala histórica general estas secuencias son absolutamente inviolables.
Las principales
características de la estructura social de los salvajes están determinadas por
los métodos primitivos que usaban para producir los medios de vida, que a su
vez dependen del bajo nivel de sus fuerzas productivas. Se estima que los
pueblos recolectores de alimento requieren entre 4 y 40 millas cuadradas per
cápita para mantenerse. No pueden ni producir, ni mantener grandes
concentraciones de población sobre tales bases económicas. Generalmente los
grupos estaban integrados por menos de 40 personas y raras veces excedían de
100. La escasa provisión de alimentos y la dispersión de sus fuerzas limitaba
estrictamente su desarrollo. ¿Qué se puede decir con respecto a la etapa
inmediatamente superior del desarrollo social, el barbarismo? El famoso arqueólogo
V. Cordón Childe ha publicado recientemente, en un libro llamado Evolución
social, un análisis de los:
“sucesivos pasos a
través de los cuales las culturas bárbaras entran a la vía de la civilización,
en ambientes naturales contrastados”.
Childe reconoce que
el punto de partida en la esfera económica fue idéntico en todos los casos:
“en la medida en
que las primeras culturas bárbaras examinadas estaban basadas en el cultivo de
los mismos cereales y en la cría de las mismas especies de animales”.
Es decir, el
barbarismo se distingue de las formas salvajes de vida por la adquisición y
aplicación de técnicas productivas superiores para la agricultura y la
ganadería. Destaca además que el resultado final –la civilización– aunque
exhibe diferencias concretas en cada caso.
"sin embargo
en todos lados significa el agrupamiento de grandes poblaciones en las
ciudades, la diferenciación en su seno entre productores primarios (pescadores,
agricultores, etc. ), artesanos especializados, mercaderes, funcionarios,
clérigos y gobernantes; una efectiva concentración del poder económico y
político, el uso de símbolos convencionales para registrar y transmitir
informaciones (la escritura) y patrones igualmente convencionales de pesos y
166
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
medidas, y de
mediciones del tiempo y el espacio que llevan a un cierto tipo de ciencia
matemática y calendaría".
Al mismo tiempo
Childe señala que “los pasos intermedios en el desarrollo no presentan siquiera
un paralelismo abstracto”. La economía rural de Egipto, por ejemplo, tiene un
desarrollo diferente a la de la Europa templada. En la agricultura del Viejo
Mundo la azada fue sustituida por el arado, herramienta que los mayas ni
siquiera conocieron.
La conclusión
general que Childe extrae de estos hechos es que "el desarrollo de la
economía rural bárbara en las regiones estudiadas no presenta paralelismo sino
convergencias y divergencias". Pero esto no cala con suficiente
profundidad. Los diversos pueblos que entran a la barbarie parten todos de las
mismas actividades económicas esenciales, el cultivo de cereales y la
ganadería. Lograron un desarrollo diversificado según los diversos hábitats
naturales y sus circunstancias históricas, y en todos los casos en que han
podido recorrer todo el camino hacia la civilización, sin ser detenidos o
exterminados en la ruta, llegaron en definitiva a un mismo destino: la
civilización.
¿Qué ocurrió con la
evolución de la civilización misma? ¿Es una “mezcolanza sin planes”? Cuando
analizamos la marcha del género humano a través de la civilización, vemos que
sus segmentos avanzados pasaron sucesivamente por la esclavitud, el feudalismo
y el capitalismo y están ahora camino al socialismo. Esto no significa que cada
sector de la humanidad haya pasado, o que haya tenido que pasar, por esta
secuencia de etapas históricas, o que cada uno de los pueblos bárbaros haya
pasado por la misma secuencia de etapas. En cada caso fue necesario que los
pueblos de vanguardia se abrieran paso hacia cada etapa determinada. Sus mismos
logros permitieron a aquellos que les seguían combinar o comprimir etapas
históricas completas.
El curso real de la
historia, el pasaje de un sistema social a otro, o de un nivel de organización
a otro, es mucho más complicado, heterogéneo y contradictorio que el que se
puede exponer en un esquema histórico general. El esquema histórico de las estructuras
sociales universales –salvajismo, barbarie, civilización– con sus respectivas
etapas, es una abstracción. Es una abstracción indispensable y racional que
corresponde a las realidades esenciales del desarrollo y sirve como guía para
la investigación. No puede ser sustituido por el análisis de ningún segmento
concreto de la sociedad.
167
George Novack
Una línea recta
puede ser la distancia más corta entre dos puntos, pero la humanidad
frecuentemente se aparta de ella. Más a menudo sigue el adagio que dice que el
camino más largo es el más corto a casa.
En la historia se
mezclan ambas: regularidades e irregularidades. La regularidad está determinada
fundamentalmente por el carácter y el desarrollo de las fuerzas productivas y
por el modo de producir los medios de vida. Sin embargo, este determinismo básico
no se manifiesta en el desarrollo real de la sociedad de una manera simple,
directa y uniforme, sino por medios extremadamente complejos, tortuosos y
heterogéneos.
La evolución del
capitalismo y sus partes componentes constituye un ejemplo categórico de ello.
El capitalismo es un sistema económico mundial. En los últimos cinco siglos se
ha difundido de un país a otro, de un continente a otro, y pasó por las sucesivas
fases de capitalismo comercial, industrial y monopolista. Cada país, por más
atrasado que fuera, ha sido arrastrado al sistema de relaciones capitalistas y
se ha vista sujeto a sus leyes de funcionamiento.
Si bien todas las
naciones se han incorporado a la división internacional del trabajo en que se
basa el mercado mundial capitalista, cada una de ellas ha participado según su
propia forma peculiar y en un grado diferente en la expresión y expansión del capitalismo,
y ha jugado un rol distinto en las diversas etapas de su desarrollo.
El capitalismo se
desarrolló mucho más en Europa y Norteamérica que en Asia y África. Estos
fueron fenómenos interdependientes, caras opuestas de un solo proceso. El
subdesarrollo capitalista en las colonias fue un producto y un requisito para
el superdesarrollo de las áreas metropolitanas, logrado a expensas de las
primeras.
La participación de
varias naciones en la evolución del capitalismo no ha sido menos irregular.
Holanda e Inglaterra tomaron la delantera en el establecimiento de las formas y
las fuerzas capitalistas en el siglo XVI y XVII, mientras que Norteamérica estaba
aún en gran medida en posesión de los indios. Sin embargo, en la etapa final
del capitalismo, en el siglo XX, Estados Unidos ha superado ampliamente a
Inglaterra y Holanda.
A medida que el
capitalismo absorbía en su órbita a un país tras otro, aumentaba la dependencia
mutua. Esta creciente interdependencia no significa que siguieran caminos
idénticos o que poseyeran las mismas características. A medida que se
estrechaban sus relaciones comerciales
168
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
surgían profundas
diferencias que los separaban. Su desarrollo nacional no seguía líneas
paralelas sino en ángulo, y algunas veces hasta en ángulo recto. No adquirieron
características idénticas, sino complementarias.
La regla que dice
que las mismas causas producen los mismos efectos no es absoluta. La ley sólo
es válida cuando la historia produce las mismas condiciones, pero como
generalmente son diferentes para cada país y están en constante cambio y se
intercambian entre sí, las mismas causas básicas pueden conducir a resultados
diferentes y aun opuestos.
Por ejemplo, en la
primera mitad del siglo XIX, tanto Inglaterra como Estados Unidos se regían por
las mismas leyes del capitalismo industrial. Pero estas leyes debían actuar en
condiciones distintas en los dos países y produjeron resultados muy diferentes
en el campo de la agricultura. La enorme demanda por parte de Inglaterra de
algodón y alimento barato estimuló poderosamente a la agricultura
norteamericana, al tiempo que esos mismos factores económicos estrangulaban a
los campesinos ingleses. La expansión de la agricultura en un país y su
contracción en el otro fueron consecuencias opuestas pero interdependientes de
las mismas causas económicas.
Pasando del proceso
económico al intelectual, el marxista ruso Plejanov señalaba, en su notable
trabajo En defensa del materialismo, que el desarrollo desigual de
las instituciones nacionales permite que el mismo conjunto de ideas produzcan
muy diferentes impactos sociales sobre la vida filosófica. Hablando del
desarrollo ideológico del siglo XVIII, Plejanov señalaba:
“El mismo conjunto
de ideas lleva al ateísmo militante de los materialistas franceses, al
indiferentismo religioso de Hume y a la religión “práctica” de Kant. La razón
fue que la cuestión religiosa en Inglaterra, en ese tiempo, no jugaba el mismo
rol que en Francia, ni era igual en Francia que en Alemania. Y esta diferencia
en la importancia de la cuestión religiosa tenía sus raíces en la distinta
relación en que estaban las fuerzas sociales en cada uno de esos países.
Similares en su naturaleza, pero disímiles en su grado de
desarrollo, los elementos de la sociedad se combinaban de modo diferente en los
distintos países europeos y conducían a crear en cada uno de ellos un muy
particular estado de conciencia que se expresaba en la literatura nacional, la
filosofía, el arte, etcétera. Como consecuencia de esto, una misma cuestión
podía
169
George Novack
llegar a apasionar
a los franceses y dejar fríos a los británicos. Un mismo argumento podía ser
tratado con respeto por un alemán progresivo y despertar un odio amargo en un
francés.”
Desearía cerrar
este examen del proceso del desarrollo desigual discutiendo el problema de las
peculiaridades nacionales. Con frecuencia los marxistas son acusados por sus
oponentes de negar, ignorar o subestimar las peculiaridades nacionales en favor
de las leyes históricas universales. Esta crítica no es correcta, aunque
algunos marxistas individualmente sean culpables de tales errores.
El marxismo no
niega la existencia ni la importancia de las peculiaridades nacionales. Sería
teóricamente estúpido y temerario en la práctica, ya que las diferencias
nacionales pueden ser decisivas para dar una política al movimiento obrero, a
una lucha nacional o a un partido revolucionario en un país dado, durante un
cierto período. Por ejemplo, la mayor parte de los activistas obreros en Gran
Bretaña siguen al Partido Laborista. Este monopolio es una peculiaridad
primaria en Gran Bretaña y del desarrollo político de sus trabajadores. Los
marxistas que no tomen en cuenta este factor como la clave de su orientación
organizativa violarán el espíritu de su método.
Lejos de desechar
las diferencias nacionales el marxismo es el único método histórico, la única
teoría sociológica que las explica adecuadamente, demostrando que sus raíces
están en las condiciones materiales de vida y considerándolas en sus orígenes
históricos, en su desarrollo, desintegración y desaparición. Las escuelas
burguesas de pensamiento contemplan las particularidades nacionales con un
criterio distinto, como accidentes inexplicables, como productos de la voluntad
divina o como características fijas de un pueblo en particular. El marxismo las
ve como un producto histórico que surge de combinaciones de fuerzas mundiales y
condiciones internas en cada nación.
Este procedimiento
de combinar lo general con lo particular, lo abstracto con lo concreto,
concuerda no solamente con las exigencias de la ciencia sino con nuestros
hábitos diarios de juicio. Cada individuo tiene una expresión facial distintiva
que nos permite reconocerlo y separarlo de los demás. Al mismo tiempo,
comprendemos que este individuo tiene el mismo tipo de ojos, boca, oídos,
frente y otros órganos que el resto de la raza humana. De hecho, la fisonomía
particular que distingue su expresión es sólo la manifestación externa del
complejo específico de estructuras y
170
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
características
humanas comunes. Así ocurre con la vida y la fisonomía de una nación dada.
Cada nación tiene
sus propios rasgos distintivos. Pero estas peculiaridades nacionales surgen de
la acción de leyes generales, a medida que son modificadas por condiciones
materiales e históricas específicas. Son, en última instancia, cristalizaciones
individuales de procesos universales.
Trotsky llegó a la
conclusión de que la peculiaridad nacional es el producto más general de la
desigualdad del desarrollo histórico, su resultado final.
Pero por
profundamente enraizadas que estén estas peculiaridades en la estructura social
y por poderosa que sea su influencia sobre la vida nacional, son limitadas. En
primer lugar, son limitadas en la acción. No reemplazan al proceso arrollador
de la economía y la política mundial, ni pueden abolir el funcionamiento de sus
leyes.
Consideremos, por
ejemplo, las consecuencias políticas distintas que tuvo la crisis mundial de
1929 en Estados Unidos y en Alemania, debido a su diferente trasfondo
histórico, a sus estructuras sociales especiales y a su evolución política
nacional. En un caso, la consecuencia fue el New Deal de Roosevelt, en el otro,
el fascismo de Hitler. El programa reformista bajo los auspicios democrático
burgueses, y el programa contrarrevolucionario bajo una desembozada dictadura
totalitaria, fueron métodos totalmente diferentes utilizados por las
respectivas clases capitalistas para salvar su pellejo.
Este contraste
entre el modo de autopreservación capitalista norte-americano y alemán fue
explotado hasta la saturación por los apologistas del capitalismo
norteamericano, quienes lo atribuyeron al espíritu democrático inherente a la
nación americana y a sus gobernantes capitalistas. En realidad, la diferencia
se debió a la mayor riqueza y recursos del imperialismo estadounidense por un
lado y a la inmadurez de sus relaciones de clase y sus conflictos por el otro.
Sin embargo, en la
etapa siguiente y antes de que terminara la década, los procesos del
imperialismo llevaron a ambas potencias a una segunda guerra mundial, para
determinar quién dominaría el mercado mundial. A pesar de importantes
diferencias en sus regímenes políticos internos, ambos llegaron al mismo
destino. Continuaron subordinados a las mismas leyes fundamentales del
imperialismo capitalista y no pudieron impedir su funcionamiento, Ó evitar sus
consecuencias.
171
George Novack
En segundo lugar,
las peculiaridades nacionales tienen límites bien definidos. No están fijadas
para siempre. Son generadas y sustentadas por las condiciones históricas;
pueden ser alteradas por nuevas condiciones históricas, pueden ser eliminadas y
hasta transformadas en sus opuestos.
En el siglo XIX
Rusia era el país más reaccionario de Europa y de la política mundial; en el
siglo XX se transformó en el más revolucionario. A mediados del siglo XIX
Estados Unidos era la nación más revolucionaria y progresiva; a mediados del
siglo XX tomó el lugar que dejara Rusia como bastión de la contrarrevolución
mundial. Pero este rol tampoco será eterno, como veremos en el próximo
capítulo, donde estudiaremos el carácter y las consecuencias del desarrollo
desigual y combinado.
El desarrollo
combinado y sus consecuencias
Analizaremos ahora
el segundo aspecto de la ley del desarrollo desigual y combinado. En su nombre
está implícita la ley general de la que ella es una expresión particular:
verbigracia, la ley de la lógica dialéctica llamada ley de la interpretación de
los opuestos. Los dos procesos –desigualdad y combinación– que están unidos en
esta formulación, representan dos aspectos de la realidad diferentes y opuestos
que sin embargo están íntegramente relacionados e interpenetrados.
La ley del
desarrollo combinado parte del reconocimiento de la desigualdad en los ritmos
de desarrollo de los diversos fenómenos de cambio histórico. La disparidad en
el desarrollo técnico y social y la combinación fortuita de elementos,
tendencias y movimientos pertenecientes a diferentes etapas de la organización
social, dan la base para el surgimiento de algo cualitativa-mente nuevo y
superior.
Esta ley nos
permite observar cómo surgen las nuevas calidades. Si la sociedad no se
desarrollara diferencialmente, es decir, a través del
surgimiento de diferencias, por momentos tan agudas que se vuelven
contradictorias, no se daría la posibilidad de una combinación e integración de
fenómenos contradictorios. Por lo tanto, la primera fase del proceso evolutivo
–la desigualdad– es la condición previa para la segunda fase: la combinación de
características que pertenecen a diferentes etapas de la vida social en
formaciones sociales diferenciadas, que se apartan de las pautas deducidas en
abstracto o de los tipos “normales”.
172
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Como esta
combinación llega como resultado necesario de una desigualdad preexistente,
podemos ver que ambas se dan siempre juntas y están unidas en una sola ley del
desarrollo combinado y desigual. Comenzando con la realidad de los niveles
dispares del desarrollo, resultantes de la progresión desigual de los diversos
aspectos de la sociedad, analizaremos ahora la próxima etapa y la necesaria
consecuencia de esta situación: su combinación.
Ante todo debemos
preguntarnos: ¿qué se combina? Vemos con frecuencia que características
adecuadas a una etapa de la evolución se ligan a otras que son propias de una
etapa superior. La Iglesia Católica, con su sede en el Vaticano, es una
institución feudal característica. En la actualidad el Papa usa la radio y la
televisión –inventos del siglo XX– para diseminar la doctrina de la Iglesia.
Esto conduce a una
segunda pregunta: ¿cómo se combinan las diferentes características? Las
aleaciones de los metales nos proporcionan una analogía útil. El bronce, que
jugó un rol tan importante en el desarrollo de la fabricación primitiva de
herramientas que ha dado su nombre a toda una etapa del desarrollo histórico,
la Edad de Bronce, está compuesto de dos metales primarios, el cobre y el
estaño, mezclados en proporciones específicas. Su fusión produce una aleación
con propiedades importantes que difieren de las de ambos constituyentes.
Algo parecido
ocurre en la historia cuando se unen elementos que pertenecen a diferentes
etapas de la evolución social. Esta fusión da origen a una nueva formación con
sus propias características especiales. El período colonial de la historia
norteamericana, en el que se encuentran y se funden la civilización europea, en
tránsito del feudalismo al capitalismo, con el salvajismo y la barbarie,
proveyó un magnífico caldo de cultivo para las formaciones combinadas y aportó
un campo muy instructivo para estudiarlas. Durante el período colonial, se
podían encontrar en el Nuevo Mundo casi todos los tipos de relaciones sociales
conocidos, desde el salvajismo hasta las sociedades anónimas. Varias colonias,
como Virginia, Carolina del Norte y Carolina del Sur, fueron originariamente
colonizadas por empresas capitalistas por acciones, a las que la Corona les
había otorgado sus títulos. La forma más avanzada de empresa capitalista, la
sociedad anónima, tomó contacto con los indios que vivían aún en condiciones
tribales primitivas.
173
George Novack
Una de las
peculiaridades más importantes del desarrollo norteamericano fue el hecho de
que cada una de las formas precapitalistas de vida que se daban en América
estaba combinada en mayor o menor medida con los rasgos fundamentales de la
civilización burguesa. Las tribus indígenas, por ejemplo, fueron anexadas al
mercado mundial por medio del comercio de pieles. Por otro lado los colonos
blancos europeos, los cazadores, los tramperos y los pioneros de la
agricultura, se barbarizaron parcialmente al tener que sobrevivir en los
desiertos de las planicies y las montañas de las tierras "vírgenes".
Sin embargo, el leñador europeo que penetraba en los desiertos de América, con
su rifle y su hacha de hierro, y con su criterio y sus hábitos de la civilización,
era muy diferente al piel roja, aunque se viera obligado a adoptar muchas de
las actividades de la sociedad bárbara.
En su obra
pionera, Social forces in American History, A. M. Simons, uno
de los primeros historiadores socialistas, escribió:
“El curso de la
evolución siguió en cada colonia una línea de desarrollo muy parecida a la que
había seguido la raza” (págs. 30-31). En el comienzo, señala, hubo un comunismo
primitivo. Después una reducida producción individual y así se siguió hasta llegar
al capitalismo.
Sin embargo, la
concepción de que las colonias norteamericanas, o cualquiera de ellas,
repitieron en lo esencial las secuencias de las etapas que las sociedades
avanzadas habían atravesado antes que ellas, es excesivamente esquemática e
ignora el eje principal de su desarrollo y estructura. La peculiaridad más
significativa de la evolución de las colonias británicas en Norteamérica se
deriva del hecho de que a todas las formas de organización y las fuerzas
impulsoras pertenecientes a las primeras etapas del desarrollo social, desde el
salvajismo al feudalismo, las incorporó y condicionó y en el caso de la
esclavitud la produjo, el capitalismo internacional en expansión.
En el suelo
americano no hubo una reproducción mecánica de etapas históricamente superadas.
Por el contrario, la vida colonial testimonia una mezcla dialéctica de todos
estos diversos elementos, cuyo resultado fue el surgimiento de formaciones
sociales combinadas, de un tipo nuevo y especial. La esclavitud en las colonias
norteamericanas fue muy distinta a la esclavitud en la Grecia clásica y en
Roma. La esclavitud norteamericana fue una esclavitud aburguesada, que no era
solamente una rama subordinada del mercado capitalista mundial, sino que se
impregnó de
174
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
características
capitalistas. Uno de los productos más caprichosos de esto fue la aparición de
tratantes de esclavos entre los indios Creek, en el Sur. ¿Podría encontrarse
algo más anómalo y contradictorio que indios que vivían en el comunismo
primitivo, ahora propietarios de esclavos, vendiendo su producto en un mercado
burgués?
El resultado de
esta fusión de diferentes etapas del progreso histórico es, en consecuencia,
una aleación peculiar. En la unión de elementos tan diferentes y hasta
opuestos, la naturaleza dialéctica de la historia se afirma con toda su fuerza.
Aquí predomina la contradicción lisa y llana, evidente, flagrante. La historia
les hace todo tipo de travesuras a las formas rígidas y a las rutinas fijas. Se
suceden todo tipo de desarrollos paradójicos que dejan perplejas a las mentes
limitadas y formales.
Como un importante
ejemplo de esto consideremos la naturaleza del stalinismo. En Rusia se fusionó
la forma más avanzada de propiedad –la propiedad nacionalizada– y el modo más
eficaz de organización industrial –la economía planificada– ambos logrados por
la revolución proletaria de 1917, con la tiranía más brutal, creada por una
contrarrevolución política de la burocracia soviética. La base económica del
régimen stalinista pertenece históricamente a la era socialista del futuro. Sin
embargo esta base económica quedó sometida a una superestructura política que
muestra los aspectos más siniestros de las dictaduras de clase del pasado ¡No
es para sorprenderse si este fenómeno extraordinariamente contradictorio ha
confundido a mucha gente y la ha desencaminado!
El desarrollo
desigual y combinado nos presenta una mezcla peculiar de elementos atrasados
con los factores más modernos. Muchos católicos piadosos llevan en sus
automóviles las imágenes de San Cristóbal, el santo patrón de los viajeros, que
se supone los protegerá contra los accidentes, lista costumbre combina el
fetichismo del salvaje crédulo con los productos de la industria
automovilística, una de las industrias automatizadas más avanzadas del mundo
moderno. Estas anomalías son, en la actualidad, especialmente pronunciadas en
los países más atrasados. ¡Existen curiosidades tales como harenes con aire
acondicionado! Escribió Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa (pág.
5).
“El desarrollo de
las naciones históricamente atrasadas lleva necesariamente a una combinación
peculiar de diferentes etapas del desarrollo histórico"
175
George Novack
Carlton S. Coone
escribe en The Story of Man:
“...existen todavía
regiones marginales donde la difusión cultural ha sido desigual, donde simples
cazadores de la Edad de Piedra se enfrentan de repente con extraños cazadores
con rifles, donde horticultores neolíticos venden sus hachas de piedra por otras
de acero y sus cacharros de agua de cerámica por latas de aceite usadas, donde
orgullosos ciudadanos de los antiguos imperios, acostumbrados a recibir las
noticias por las caravanas de camellos, con semanas de retraso, se encuentran
escuchando la difusión de propaganda por radios públicas. Y en la plaza de
baldosas blancas y azules de las ciudades, el claro llamado del almuédano, que
llama a los creyentes a orar, es reemplazado un buen día por una citación
escueta que sale no de los labios de un hombre barbado sino de un cono metálico
brillante que pende del alminar. En el aeropuerto, los peregrinos que se
dirigen a los lugares santos saltan directamente del lomo de sus camellos a los
asientos de un DC-4. Estos cambios en la tecnología conducen al nacimiento de
nuevas instituciones en estos lugares, o en cualquier otro, pero el recién
nacido es a menudo una criatura extraña, que no se parece ni a los padres
atrasados ni a los avanzados, y que a ambos les resulta difícil maneja.”
En el África
actual, entre los kikuyos de Kenia, como así también entre los pueblos de la
Costa de Oro, los antiguos lazos y costumbres fortalecen su solidaridad en la
lucha por el avance social y la independencia nacional contra el imperialismo
británico. En el movimiento del Premier Nkrumah, el partido parlamentario
nacional está ligado a los sindicatos y al tribalismo: los tres pertenecen a
diferentes etapas de la historia social.
La mezcla de
elementos atrasados con los más modernos factores puede verse también cuando
comparamos la China moderna con Estados Unidos de Norteamérica. Actualmente
muchos campesinos chinos que viven en pequeñas aldeas tienen retratos de Marx y
de Lenin en sus casas y se inspiran en sus ideas. El obrero norteamericano
medio vive en ciudades supermodernas y tiene, por contraste, cuadros de Cristo
o fotografías del presidente sobre sus paredes prefabricadas. Sin embargo, los
campesinos chinos no tienen agua corriente, ni caminos pavimentados, ni
automóviles o televisores, como los obreros norteamericanos.
176
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Así, aunque Estados
Unidos y su clase obrera han progresado mucho más que China en su desarrollo
industrial y en su estándar de vida y de cultura, en ciertos aspectos los
campesinos chinos han superado al obrero norteamericano. “La dialéctica
histórica no conoce ni el atraso total ni el progreso químicamente puro”, como
señalara Trotsky.
Si analizamos la
estructura social de la Gran Bretaña contemporánea vemos que conserva
características de tres períodos histórico-sociales distintos,
inextricablemente unidos. En la cumbre de su sistema político hay una monarquía
y una Iglesia oficial, ambas heredadas del feudalismo. Estas están al servicio
de una estructura de propiedad capitalista monopolista perteneciente a la etapa
superior del capitalismo. Junto a esta industria capitalista existe la
industria socializada, poderosos sindicatos y un partido laborista, todos
ellos precursores del socialismo.
Es significativo
que esta singular combinación contradictoria de Gran Bretaña sea motivo de
perplejidad y desazón entre los norteamericanos. Los norteamericanos liberales
no pueden comprender por qué los ingleses conservan una monarquía y una Iglesia
oficial. Los norteamericanos con mentalidad capitalista se sorprenden de que la
clase dominante británica tolere al Partido Laborista.
Al mismo tiempo,
Gran Bretaña está siendo sacudida por el más formidable de todos los
movimientos combinados de fuerzas sociales de nuestro tiempo: la combinación
del movimiento anticapitalista de la clase obrera con la revolución
anticolonial de los pueblos de color. Estos dos movimientos tan distintos, que
surgen ambos en oposición al dominio imperialista, se refuerzan mutuamente.
Sin embargo estos
dos movimientos no tienen el mismo efecto en todos los países imperialistas. Se
sienten con más fuerza y directamente en Francia y Gran Bretaña que en Estados
Unidos. No obstante, hasta en Estados Unidos la lucha de los pueblos coloniales
por la independencia y la lucha de las minorías oprimidas por lograr su
autodeterminación se influencian mutuamente.
El resultado más
importante de la interacción del desarrollo desigual y combinado es que se dan
“saltos” en el proceso histórico. Los más grandes saltos se hacen posibles por
la coexistencia de pueblos de diferente nivel de organización social. En el mundo
actual estas organizaciones sociales cubren todo el espectro, desde el
salvajismo hasta el umbral mismo del socialismo. En Norteamérica, mientras los
esquimales
177
George Novack
del Ártico y los
indios Seri de la Baja California viven aún en el salvajismo, los banqueros de
Nueva York y los obreros de Detroit operan en la etapa superior del capitalismo
monopolista. Los “saltos” históricos se tornan inevitables porque los sectores
atrasados de la sociedad se ven enfrentados a tareas que sólo pueden resolver
utilizando los métodos más modernos. Bajo la presión de las condiciones
externas, se ven obligados a saltar o precipitar etapas de evolución que
originariamente requirieron un período histórico entero para desarrollarse.
Cuanto más amplias
son las diferencias del desarrollo y mayor el número de etapas presentes en un
período dado, más dramáticas son las posibles combinaciones de condiciones y
fuerzas, y más llamativa la naturaleza de los saltos. Algunas combinaciones producen
extraordinarias erupciones y torsiones repentinas en la historia. El transporte
ha evolucionado, paso a paso, a través de las épocas, desde la locomoción
humana a la animal, pasó por los vehículos con ruedas hasta el tren, el
automóvil y el avión. Recientemente, sin embargo, pueblos de Sudamérica y
Siberia han pasado directamente y de un solo salto desde el animal de carga al
uso de los aviones.
Las tribus, las
naciones y las clases pueden comprimir etapas o pasarlas completamente por
alto, asimilando los logros de los pueblos más avanzados. Los usan a modo de
garrocha, para impulsarse hacia arriba, eliminar etapas intermedias y salvar
obstáculos de un potente salto. No pueden hacerlo hasta tanto los países
pioneros, a la vanguardia del género humano, les hayan preparado el camino,
prefabricando las condiciones materiales. Otros pueblos preparan los medios y
los modelos que, llegado el momento, ellos adaptan a sus propias condiciones
peculiares.
La industria
soviética, por ejemplo, fue capaz de progresar con tanta rapidez entre otras
razones porque pudo importar las técnicas y la maquinaria de Occidente. Ahora
China puede avanzar a un ritmo más acelerado en su industrialización porque no
solamente se basa en los logros técnicos de los países capitalistas avanzados
sino que cuenta también con los métodos de planificación introducidos por la
economía soviética.
En sus esfuerzos
por ponerse a la altura de la Europa occidental, los colonizadores de la costa
del Atlántico Norte pasaron rápidamente por la “barbarie del desierto”, se
saltearon virtualmente el feudalismo, implantaron y extirparon luego la
esclavitud, y construyeron grandes pueblos y
178
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
ciudades sobre una
base capitalista. Lo hicieron a un ritmo acelerado. A los pueblos europeos les
llevó 3.000 anos saltar de la etapa superior de la barbarie de la Grecia
homérica a la Inglaterra de la revolución burguesa triunfante de 1649.
Norteamérica cubrió las mismas transformaciones en 300 años, o sea a un ritmo
de desarrollo diez veces más rápido. Pero esto fue posible porque Norteamérica
pudo beneficiarse con los logros previos de Europa, combinados con la impetuosa
expansión del mercado capitalista en todos los rincones del globo.
Junto a esta
aceleración y compresión del desenvolvimiento social se fue acelerando también
el ritmo de los acontecimientos revolucionarios. Al pueblo británico le llevó
ocho siglos el proceso desde los comienzos del feudalismo en el siglo IX hasta
su revolución burguesa triunfante en el siglo XVII. Los colonos norteamericanos
en sólo ciento setenta y cinco años pasaron de sus primeras colonizaciones en
el siglo XVII a su revolución victoriosa en el último cuarto del siglo XVIII.
En estos saltos
históricos algunas veces se comprimen las etapas del desarrollo y otras se las
omite del todo; depende de las condiciones particulares y de las fuerzas. En
las colonias norteamericanas, por ejemplo, el feudalismo que en Europa y Asia
floreció durante muchos siglos apenas logró asentarse. Las instituciones
características del feudalismo (el feudo, los siervos, la monarquía, la Iglesia
oficial y los gremios medievales) no tuvieron un ambiente favorable y se vieron
forzados a desaparecer, acosados por la esclavitud comercial por un lado y la
sociedad burguesa en avance por el otro. Paradójicamente, al mismo tiempo que
el feudalismo era ahogado en las colonias norteamericanas, éste pasaba por un
período de vigorosa expansión en el otro extremo del mundo. Rusia.
Por otra parte, en
las colonias sureñas de Estados Unidos la esclavitud echó profundas raíces, se
extendió tanto y resultó tan firme y duradera que fue necesaria una revolución
aparte para erradicarla. Todavía existen, sin embargo, hasta nuestros días significativos
vestigios anacrónicos de esclavitud en el Sur.
Así como la
historia tiene sus períodos de revolución también tiene sus períodos de
reacción. En etapas reaccionarias pueden llegar a fusionarse formas infantiles
y características obsoletas, adecuadas a períodos superados, con estructuras
avanzadas; esto puede generar formaciones extremadamente regresivas e impedir
el avance social. Un ejemplo
179
George Novack
importante de tal
combinación regresiva fue la esclavitud en Estados Unidos, donde surgió un modo
obsoleto de propiedad y una forma de producción perteneciente a la infancia de
la sociedad de clases en medio de un ambiente burgués perteneciente a la madurez
de la sociedad de clases.
La reciente
historia política nos ha familiarizado con los ejemplos del fascismo y el
stalinismo, dos fenómenos históricos simétricos, aunque de ninguna manera
idénticos, del siglo XX. Ambos representaron reversiones de formas democráticas
preexistentes de gobierno que tenían bases sociales completamente distintas.
El fascismo fue el
destructor y el substituto de la democracia burguesa en el período final de
dominación y decadencia imperialista. El stalinismo fue el destructor y el
substituto de la democracia obrera de la Rusia revolucionaria en el período
inicial de la revolución socialista internacional.
Hasta aquí hemos
singularizado dos etapas del movimiento dialéctico de la sociedad. Primero,
algunas partes de la humanidad, y ciertos elementos de la sociedad, avanzan más
rápidamente y se desarrollan antes que otros. Luego, ante el impacto de las
fuerzas externas, los rezagados reciben un impulso, se colocan a la par o
incluso superan a sus precursores, combinando las últimas innovaciones con sus
viejos modos de vida.
Pero la historia no
se detiene en este punto. Cada síntesis singular, que surge del desarrollo
desigual y combinado, engendra en sí misma posteriores crecimientos y cambios
que pueden llevar a la eventual desintegración y destrucción de la síntesis.
Una formación combinada amalgama elementos derivados de distintos niveles de
desarrollo social. Por lo tanto su estructura interna es altamente
contradictoria. La oposición de sus componentes no sólo imparte inestabilidad a
la formación sino que orienta su desarrollo ulterior. Más claramente que el de
cualquier otra el curso de una formación combinada se caracteriza por la lucha
entre opuestos.
Existen dos tipos
principales de combinación. En un caso, el producto de una cultura avanzada
puede ser absorbido en el marco de una organización social arcaica. En el otro,
se incorporan aspectos de un orden primitivo a un organismo social más
desarrollado.
180
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Los efectos
resultantes de la asimilación de elementos superiores a una estructura
primitiva dependen de muchas circunstancias. Por ejemplo, los indios pudieron
reemplazar el hacha de piedra por la de hierro sin dislocar fundamentalmente su
orden social porque este cambio implicaba sólo una ligera dependencia de la
civilización blanca de la cual se lo tomó. La introducción del caballo cambió
considerablemente las vidas de los indios de las praderas porque extendió el
alcance de sus campos de caza y sus habilidades para la guerra, sin embargo el
caballo no cambió sus relaciones tribales básicas. En cambio la participación
en el creciente comercio de pieles y la penetración de la moneda tuvo
consecuencias revolucionarias para los indios, al desbaratar su sistema tribal
estableciendo intereses privados opuestos a las costumbres comunales, lanzando
a una tribu contra otra y subordinando a los nuevos comerciantes y tramperos
indios al mercado mundial.
Bajo ciertas
condiciones históricas, la introducción de nuevos elementos puede, incluso,
durante un tiempo, prolongar la vida de las instituciones más arcaicas. La
entrada de los grandes consorcios petroleros capitalistas en el Medio Oriente
ha fortalecido temporariamente a los jeques, por la enorme riqueza que les dio.
Pero a la larga, la invasión de técnicas e ideas modernas no puede sino minar
los viejos regímenes tribales, porque ellas rompen las condiciones sobre las
que se asientan los viejos regímenes y crean nuevas fuerzas
que se les oponen y toman su lugar.
Una potencia
primitiva puede afirmarse sobre otra superior, ganar renovada vitalidad y hasta
parecer, por un tiempo, superior a ella. Pero la potencia menos desarrollada
lleva una existencia esencialmente parasitaria y no puede mantenerse
indefinidamente a costa de la superior. Le falta el suelo y la atmósfera
adecuados para su crecimiento, mientras que las instituciones más desarrolladas
no sólo son intrínsecamente superiores sino que pueden contar con un ambiente
favorable para su expansión.
El desarrollo de la
esclavitud en Estados Unidos aporta una excelente ilustración de esta
dialéctica. Desde el punto de vista histórico mundial, la esclavitud en este
continente fue un anacronismo desde su nacimiento. Como modo de producción,
pertenecía a la infancia de la sociedad de clases; ya casi había desaparecido
de Europa occidental. Sin embargo las mismas demandas de la Europa occidental
en cuanto a materias primas como el azúcar, el índigo y el tabaco, combinadas
con la escasez de mano de obra, para trabajos agrícolas en gran escala,
implantaron la esclavitud en Norteamérica. El esclavismo colonial creció como
una rama del
181
George Novack
capitalismo
comercial. Así un modo de producción y una forma de propiedad que habían
desaparecido hacía largo tiempo surgieron nuevamente de las demandas de un
sistema económico superior y se convirtieron en parte integrante de él.
La contradicción se
acentuó cuando el incremento de la industria fabril capitalista en Inglaterra y
los Estados Unidos llevó a los estados algodoneros del Sur a un primer plano en
la vida económica y política norteamericana. Durante décadas, los dos sistemas
opuestos funcionaron como un equipo. Luego se dividieron en la época de la
Guerra Civil. El sistema capitalista, que en una etapa de su desarrollo alentó
el crecimiento de la esclavitud, en otra creó una nueva combinación de fuerzas
que la destruyó.
La formación
combinada de lo viejo y lo nuevo, lo inferior y lo superior, la esclavitud y el
capitalismo no resultó ni permanente ni indisoluble; era condicional,
temporaria y relativa. La asociación forzada entre ambas tendía a la
disociación. Si una sociedad avanza, la ventaja, a la larga, es para la
estructura superior, la cual prospera a expensas de las características
inferiores, desplazándolas eventualmente.
Una de las
consecuencias más importantes y paradójicas del desarrollo desigual y combinado
es la solución de los problemas de una clase a través de otra. Cada etapa del
desarrollo social hereda, plantea y resuelve su propio complejo específico de
tareas históricas. La barbarie, por ejemplo, desarrolló las técnicas
productivas del cultivo de las plantas y la cría de ganado y la labranza como
ramas de su actividad económica. Estas actividades fueron además los requisitos
para reemplazar la barbarie por la civilización.
En la época
burguesa, la unificación de provincias separadas en estados nacionales
centralizados y la industrialización de estos estados nacionales fueron tareas
históricas de la burguesía en ascenso. Pero, en una cantidad de países, el
subdesarrollo de la economía capitalista y la consiguiente debilidad de la
burguesía le imposibilitó cumplir con estas tareas que históricamente le
correspondían. En el mismo corazón de Europa, por ejemplo, la unificación del
pueblo alemán fue efectuada entre 1866 y 1869, y no por la burguesía ni por la
clase obrera sino por una casta social obsoleta, los terratenientes prusianos
junker, encabezados por la monarquía de los Hohenzollern y dirigidos por
Bismarck. En este caso, una tarea histórica de la clase capitalista fue llevada
a cabo por fuerzas precapitalistas.
182
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
En el siglo actual.
China presenta otro ejemplo inverso, a un nivel histórico superior. Bajo el
doble yugo de sus relaciones feudales y de la subordinación al imperialismo.
China no podía ser ni unificada ni industrializada. Fue necesario nada menos
que una revolución proletaria (por deformada que haya sido desde su comienzo),
apoyada por una poderosa insurrección campesina, para allanar el camino para el
cumplimiento de estas tareas burguesas largamente postergadas. En la
actualidad. China está unificada por primera vez y se está industrializando
rápidamente. Sin embargo, no son las fuerzas capitalistas o las precapitalistas
las que llevan a cabo ese trabajo, sino la clase trabajadora, y bajo la
dirección de la clase trabajadora. En este caso las tareas inconclusas de la
abortada era capitalista han sido asumidas por una clase poscapitalista.
El desarrollo
sumamente desigual de la sociedad hace necesarios estos intercambios de roles
históricos entre las clases; la combinación de etapas históricas posibilita la
substitución. Como señaló Hegel, la historia frecuentemente acude a los
mecanismos más indirectos y astutos para lograr sus fines.
Uno de los
problemas más importantes que la revolución democrático burguesa dejó sin
resolver en los Estados Unidos fue la abolición de los viejos estigmas de la
esclavitud y la extensión de la igualdad a los negros. Esta tarea fue sólo
parcialmente cumplida por la burguesía industrial del Norte durante la Guerra
Civil. Este fracaso de la burguesía ha sido desde entonces una fuente
importante de inquietud y dificultad para sus representantes. El interrogante
planteado en la actualidad es si los actuales gobernantes capitalistas
ultrarreaccionarios pueden cumplir a fondo ahora una tarea nacional que no
pudieron completar cuando se hallaban en su apogeo revolucionario.
Los portavoces de
los demócratas y los republicanos creen necesario decir que ellos pueden
hacerlo; los reformistas de todo tipo alegan que se puede forzar al gobierno
burgués a hacerlo. Nuestra opinión es, sin embargo, que sólo la lucha conjunta
de los negros y las masas trabajadoras contra los gobernantes capitalistas
podrá llevar hasta el fin la lucha contra los vestigios de esclavitud. En esta
forma la revolución socialista, combinando las luchas de las nacionalidades
oprimidas con el movimiento anti-capitalista por el poder obrero, completará lo
que la revolución democrático burguesa no pudo realizar.
183
George Novack
Aquellos que hacen
un culto del progreso puro creen que los grandes logros en una cantidad de
campos presuponen una perfección equivalente en otros aspectos. Muchos
norteamericanos suponen automáticamente que Estados Unidos sobrepasa al resto
del mundo en todas las esferas de la actividad humana sólo porque lo hace en
cuanto a tecnología, productividad material y estándar de vida. Sin embargo, en
política y en filosofía, para no mencionar otras ramas, el desarrollo general
de Estados Unidos no ha ido más allá del siglo XIX, mientras que países de
Europa y Asia, menos favorecidos económicamente, están mucho más adelantados
que Estados Unidos en esos campos.
En los últimos años
de su gobierno, Stalin quiso imponer la noción de que sólo los “cosmopolitas
desarraigados” podían sostener que Occidente había dejado atrás a Rusia en
cualquier rama del esfuerzo humano, desde los inventos mecánicos hasta la
ciencia de la genética. Esta expresión del nacionalismo gran-ruso no era menos
estúpida que el engreimiento de los occidentales al pensar que nada superior
podía venir del pretendido barbarismo asiático de la Unión Soviética.
La verdad es que
cada etapa de desarrollo social, cada tipo de organización social, cada
nacionalidad, tiene sus virtudes y sus defectos esenciales, sus ventajas y sus
desventajas. El progreso impone sus castigos.
Los avances en
ciertos campos pueden significar retrocesos en otros. Por ejemplo, la
civilización desarrolló las aptitudes productivas y la riqueza de la humanidad
sacrificando la igualdad y la fraternidad de las sociedades primitivas que
sustituía. Por otra parte, bajo ciertas condiciones, el atraso tiene sus
beneficios. Más aun, lo que es progresivo en una etapa de desarrollo puede
convertirse en una condición previa para el establecimiento del atraso en una
etapa subsiguiente o en un terreno afín. Y lo que es atraso puede convertirse
en la base para un salto adelante.
Parece presuntuoso
decir a aquellos pueblos oprimidos por el atraso, ansiosos por librarse de él,
que su estado arcaico tiene ventajas. Para ellos, el atraso es un mal puro.
Pero estos pueblos sólo toman conciencia de este “mal” cuando entran en
contacto con formas superiores de desarrollo social. Es el contacto entre las
dos formas, la atrasada y la adelantada, lo que deja al descubierto las
deficiencias de la cultura atrasada. En tanto y en cuanto no conozca la
civilización, el salvaje primitivo permanece satisfecho. Es sólo la
yuxtaposición de las dos lo que introduce la visión de algo mejor y alimenta la
semilla de la insatisfacción.
184
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Así. la presencia y
el conocimiento de un estado superior pasa a ser la fuerza motriz del progreso.
La crítica y la condena al viejo estado de cosas resultantes de esta
confrontación, generan la urgencia por superar la disparidad del desarrollo e
impulsan a los rezagados hacia adelante despertando en ellos el deseo de
colocarse a la par de los más avanzados. Todo individuo que haya participado de
un proceso de aprendizaje lo ha sentido personalmente.
Cuando los pueblos
atrasados se ven afectados por nuevas e imperativas demandas, la falta de
instituciones intermedias acumuladas puede ser positiva: hay menos obstáculos
que obstruyan el avance y la asimilación de lo nuevo. Si existen las fuerzas
sociales y actúan con eficacia, inteligencia y en el momento oportuno, lo que
había sido un castigo puede transformarse en una ventaja.
La historia
reciente de Rusia aporta el ejemplo más llamativo de esta conversión de los
castigos históricos en ventajas. A comienzos del siglo XX Rusia era la potencia
más atrasada de Europa. Este atraso se extendía a todos los estratos, desde el
campesinado a la dinastía absolutista de los Romanov. El pueblo ruso y sus
nacionalidades oprimidas padecían las miserias acumuladas de su feudalismo
decadente y el atraso del desarrollo burgués ruso.
Sin embargo, cuando
llegó el momento de la solución revolucionaria de estos problemas, este atraso
mostró sus ventajas de muchas maneras. En primer lugar, el zarismo estaba completamente alienado
de las masas. En segundo lugar la burguesía era demasiado débil para tomar el
poder en su propio nombre y mantenerlo. En tercer lugar el campesinado, no
habiendo recibido ninguna satisfacción por parte de la burguesía, se vio
obligado a confiar en el liderazgo de la clase obrera. En cuarto lugar la clase
obrera no tenía burocracias sindicales o políticas que la frenaran. Era más
fácil para esta vigorosa clase joven, que tenía tan poco que desaprender y
tanto que aprender en poco tiempo, adoptar la teoría más avanzada, el programa
más audaz y claro y la organización partidaria más perfecta. La rebelión
campesina contra el medievalismo, un movimiento que en Europa occidental había
sido característico de los albores de las revoluciones democrático burguesas,
se mezcló con la revolución proletaria contra el capitalismo, que pertenecía al
siglo XX. Como explicaba Trotsky en la Historia de la Revolución Rusa, fue
la conjunción de estas dos revoluciones distintas lo que dio
envergadura al levantamiento del pueblo ruso y lo que explica su extraordinario
ímpetu.
185
George Novack
Pero los
privilegios del atraso no son inagotables; están limitados por condiciones
históricas y materiales. Por lo tanto, en la siguiente etapa de su desarrollo,
el atraso heredado de la Rusia de los zares se reafirmó bajo las nuevas
condiciones históricas y sobre bases sociales completamente nuevas. Los
antiguos privilegios fueron pagados en las décadas siguientes por el amargo
sufrimiento, las privaciones económicas y la pérdida de las libertades que el
pueblo ruso soportó durante la dictadura de Stalin. Ese mismo atraso que antes
había fortalecido a la revolución y que había impulsado a las masas rusas a la
vanguardia del resto del mundo, se convirtió en el punto de partida de la
reacción política y de la contra-revolución de la burocracia, una consecuencia
del fracaso de la revolución internacional en los países industrialmente más
avanzados. El atraso económico y cultural de Rusia, combinado con el lento
desarrollo de la revolución internacional, fueron las condiciones básicas que
permitieron que la camarilla stalinista ahogara al Partido Bolchevique y que la
burocracia usurpara el poder político.
Por estas razones,
el régimen stalinista pasó a ser el más contradictorio de la historia moderna,
una cristalización de las más avanzadas formas de propiedad y conquistas
sociales surgidas de la revolución con la resurrección de las características
más repugnantes del dominio de clase. Las inmensas fábricas, que contaban con
la maquinaria más moderna, eran atendidas por obreros a los que, como a los
siervos, no se les permitía dejar sus lugares de empleo; los aviones volaban
sobre intransitables caminos de barro; la economía planificada funcionaba codo
a codo con los campamentos de “trabajo forzado”; los enormes avances
industriales iban de la mano con la regresión política; el crecimiento
prodigioso de Rusia como potencia mundial fue acompañado por la decadencia
interna del régimen.
Sin embargo, el
desarrollo dialéctico de la Revolución Rusa no se detuvo allí. La extensión de
la revolución a Europa Oriental y a Asia después de la Segunda Guerra Mundial,
la expansión de la industria soviética, y la elevación cuantitativa y cultural
de los obreros soviéticos, preparó las condiciones para una inversión
modificada de las viejas tendencias, el renacimiento de la revolución en una
etapa superior, y la superación parcial del azote del stalinismo. Las primeras
manifestaciones de este adelanto de las masas en Rusia y en sus satélites, con
la clase obrera a la cabeza, ya han sido anunciadas al mundo.
186
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
A partir del
discurso de Kruschev dirigido a la Revolución Húngara, se ha producido una
serie continua de acontecimientos que demuestran la dialéctica del desarrollo
revolucionario. En cada una de las etapas de la revolución rusa desde 1905
podemos ver la interacción de su atraso y su progreso, con la conversión del
uno en el otro según las circunstancias concretas del desarrollo nacional e
internacional. Sólo una comprensión de la dialéctica de estos cambios puede
darnos una imagen exacta del desarrollo sumamente complejo y contradictorio de
la Unión Soviética a través de los cincuenta años de su existencia. Las docenas
de caracterizaciones ultrasimplificadas de la naturaleza de la sociedad rusa
moderna, que sólo sirven para confundir al movimiento revolucionario, provienen
de una falta de comprensión de las leyes de la dialéctica y del uso de métodos
metafísicos para analizar el proceso histórico.
La ley del
desarrollo desigual y combinado es una herramienta indispensable para analizar
la Revolución Rusa y para precisar su crecimiento y decadencia a través de
todas sus fases complejas, sus triunfos, su degeneración y su próxima
regeneración a medida que el pueblo soviético lleve hasta sus últimas
consecuencias el proceso de desestalinización y el movimiento hacia la
democracia socialista.
Las desproporciones
del desarrollo norteamericano
En la sección
previa mostramos cómo la ley del desarrollo desigual y combinado permite al
marxista desenmarañar el tortuoso curso de la Revolución Rusa. Todos los
socialistas reconocen en la actualidad la tremenda importancia que tiene llegar
a una explicación satisfactoria de la degeneración de la Unión Soviética y de
esa manera precisar fehaciente-mente la importancia del conflicto entre el
carácter progresivo de la propiedad nacionalizada en la URSS y la burocracia
reaccionaria que gobierna ese país. Si la cuestión rusa tiene una importancia
fundamental para el movimiento socialista internacional, no es menos importante
la comprensión de la dialéctica del desarrollo del movimiento socialista en
Estados Unidos de Norteamérica, el país capitalista más desarrollado y más
poderoso del mundo. ¿Cómo se ha manifestado esencialmente la ley del desarrollo
desigual y combinado en las principales etapas de la historia de EE.UU.? ¿En
qué forma nos ayuda la comprensión de esta ley a vaticinar el curso de la lucha
de clases en Norteamérica?
187
George Novack
Antes de
desprenderse del dominio británico, las colonias estaban subdesarrolladas en
muchos aspectos. Comparadas, por supuesto, con las metrópolis de Europa
occidental, en especial con la misma Inglaterra. La primera revolución
norteamericana, generalmente denominada “guerra de la independencia
norteamericana”, fue un poderoso esfuerzo por parte de las colonias por
colocarse a la par del Viejo Mundo.
Al preparar,
organizar y dirigir la guerra de la independencia, el Partido Patriota
Norteamericano se benefició enormemente con los “privilegios del atraso”. Sus
dirigentes comerciantes habían adquirido riqueza y poder desarrollando las más
recientes técnicas en materia de construcción de barcos y las prácticas del
comercio mundial. El pueblo adquirió libertad y democracia apropiándose de
aquellas formas de organización en partidos (los Whigs y los Tories) y las
formas gubernamentales de representación legislativa y gobierno comunal que
Inglaterra había creado y los colonizadores trajeron consigo. Para justificar
sus exigencias los colonos encontraron teorías ya elaboradas sobre derecho
natural en los escritos de los ideólogos de la revolución inglesa en el siglo
XVIII: Milton. Harrington y John Locke. Además, los colonos crearon una nueva
técnica para la guerra, uniendo su experiencia de caza en los desiertos de las
llanuras y montañas con las potencialidades del los triunfos de sus dos
revoluciones anteriores y por los notables logros resultantes en materia de
industria y agricultura. La tercera revolución norteamericana, la socialista,
se está retrasando precisamente porque sus predecesoras tuvieron tanto éxito.
La desigualdad
predomina también en otros sectores de la conciencia social norteamericana. La
ideología de la clase dominante es una de las más altamente desarrolladas de la
historia capitalista. La clase dominante no sólo tiene una filosofía militante,
positiva, para justificar sus privilegios, una filosofía que disemina
asiduamente dentro y fuera de Estados Unidos, sino que al mismo tiempo está
dedicada a una ofensiva incesante contra las ideas comunistas y socialistas,
aún cuando las ideas marxistas no están muy difundidas entre el pueblo. Este
celo en la cruzada anti-comunista y antisocialista, junto con su aguda
sensibilidad de clase y su conciencia de la lucha de clases, demuestra que la
clase dominante estadounidense tiene malos presagios con respecto a su propio
futuro. En contraste con la conciencia de clase de los capitalistas, la clase
obrera norteamericana no ha alcanzado aún un nivel de conciencia que le permita
hacer una generalización de sus propios intereses de clase en particular, ni
siquiera bajo la forma de las nociones socio-reformistas más elementales.
188
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Esta indiferencia
hacia la ideología socialista es una de las peculiaridades más pronunciadas del
obrero norteamericano. Esto no significa que el obrero norteamericano esté
desprovisto de sentimientos de clase y de iniciativa. Por el contrario, la
clase obrera norteamericana se ha afirmado una y otra vez como una fuerza
combativa independiente especialmente en la industria, a menudo con brillantes
resultados. Pero estas experiencias no han llegado aún a constituir un desafío
consciente y permanente al orden capitalista: no han llevado a un movimiento
socialista masivo.
La hipertrofia de
la ideología burguesa en Estados Unidos y la correspondiente atrofia de la
conciencia de la clase obrera son productos inseparables de las mismas
condiciones históricas. Son aspectos inter-dependientes de la actual etapa del
desarrollo social y político en EE UU.
En la actualidad,
la fisonomía política del mundo entero refleja las desigualdades de la sociedad
norteamericana: una en el dominio de la producción, otra en la organización
política y una tercera en la conciencia social. La brecha existente entre la
madurez de la economía para la socialización y su propiedad y administración
capital-monopolista, y la que hay entre el alto nivel de la organización
sindical de los trabajadores y su inmadurez política e ideológica, son las
peculiaridades más notables de la vida norteamericana. Esta situación plantea
los problemas teóricos y prácticos más difíciles para todos los socialistas,
especialmente para aquellos que actúan en un medio semejante. A todo el mundo
trabajador, estas brechas en la vida social norteamericana le parecen por
momentos un pozo sin fondo al que inevitablemente van a caer los pueblos de
todo el mundo para su destrucción nuclear. A veces parece imposible imaginar
que alguna vez surgirán fuerzas capaces de zanjar el abismo.
Pero este estado de
cosas ¿continuará así eternamente, o al menos en lo que resta de este siglo?
Las contradicciones de la vida social norte-americana, ¿persistirán
indefinidamente sin cambios esenciales? Las brechas entre el nivel del
desarrollo económico norteamericano y las formas de propiedad, entre las
debilidades presentes y la energía potencial de la clase obrera norteamericana
¿continuarán como hasta hoy? Los capitalistas, los reformistas, los liberales,
los pragmáticos y pseudo marxistas de toda laya no sólo piensan que sí, sino
que además tratan de inducir al resto a compartir sus convicciones.
189
George Novack
Pero toda esta
gente no tiene en cuenta el movimiento de la historia mundial, un movimiento
que se ha acelerado considerablemente en nuestro tiempo. Ellos no tienen en
cuenta las contradicciones del sistema capitalista a escala mundial; y estas
contradicciones generarán, a su vez, crisis cada vez más devastadoras. No
tienen en cuenta el desarrollo de los conflictos de clase en nuestro propio
tiempo. Sobre todo, subestiman la capacidad creadora de la clase obrera
norteamericana. Al no ser marxistas, no incluyen en sus cálculos la acción y
los efectos de la ley del desarrollo desigual y combinado.
Veamos ahora cómo
puede ayudarnos esta ley a penetrar bajo la superficie y dejar al descubierto
el meollo de la realidad presente. Como hemos visto, esta no es la primera vez
en la historia de Estados Unidos ni es este país el único lugar del mundo en el
cual, en el siglo XX, las relaciones económicas, las estructuras políticas y
las ideas sociales se han quedado atrás con respecto al desarrollo de las
fuerzas productivas. Los hechos innegables de la historia son que, en el
pasado, la única forma en que se han resuelto las disparidades fundamentales y
se han eliminado las desigualdades ha sido a través de alzamientos
revolucionarios, cuya función ha sido colocar nuevas fuerzas progresivas a la
cabeza de la nación. En nuestro tiempo, sólo la clase obrera puede llevar a
cabo esta función históricamente necesaria. No hay ninguna razón para creer
que, quienquiera que intervenga, las contradicciones extremas de la vida
norteamericana se pueden resolver de otra manera.
En este punto, un
crítico astuto puede aducir que según la ley del desarrollo desigual y
combinado, y según esta exposición de la misma, los acontecimientos no se
reproducen necesariamente en la misma forma, incluso en el seno del mismo
sistema social, sino que, bajo un conjunto distinto de circunstancias, el curso
de los acontecimientos puede tomar una vía distinta de desarrollo. En ese caso
¿por qué los EE.UU. tienen que seguir en el siglo XX el mismo sendero
revolucionario que siguieron en los siglos XVIII y XIX? ¿Por qué tienen que
seguir necesariamente el curso tomado por países atrasados como Rusia y China
en nuestro propio tiempo? ¿No podrá Estados Unidos dar un rodeo a la revolución
socialista y llegar mediante etapas suaves y graduales a una forma superior de
organización social y a una vida mejor?
Es por cierto
verdad que ningún precedente histórico, por similar que parezca, puede
reemplazar adecuadamente al análisis directo de la situación concreta; los
precedentes sólo pueden orientar y complementar
190
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
la investigación
específica. Por supuesto, sería más ventajoso para los pueblos del mundo entero
si la transición del capitalismo al socialismo en Estados Unidos (o en Gran
Bretaña, o en cualquier otra parte) se pudiera llevar a cabo por acuerdo mutuo
entre las clases. Los marxistas nunca lo han negado ni han deseado otra cosa.
Pero este deseo piadoso, desafortunadamente, no elimina el problema. Surge
entonces el interrogante: ¿Es realista esta perspectiva ideal y deseable?
¿Debería hacerse de ella la base para una política práctica socialista en Gran
Bretaña o en EE.UU.? El mismo interrogante ha sido planteado una vez más en el
seno de los partidos comunistas de Gran Bretaña y Estados Unidos en el “gran
debate” que siguió al Vigésimo Congreso del Partido Comunista Soviético.
La vía “pacífica”
al socialismo en Estados Unidos presupone que el capitalismo norteamericano
puede seguir adelante sin que se produzcan más convulsiones económicas
devastadoras, crisis sociales y guerras, y que si no fuera así, los
gobernantes, desacreditados por estas catástrofes, darían un paso al costado y
cederían voluntariamente su poder, su propiedad y sus privilegios en respuesta
a las exigencias (y tal vez a los votos) de un pueblo movilizado.
¿Puede caber alguna
esperanza, siendo realistas, de que el conflicto social más profundo de toda la
historia, el conflicto que implica la abolición de la explotación de un sector
de la humanidad por otro, será resuelto, en los países capitalistas avanzados
de la "democracia occidental", por negociaciones diplomáticas entre
las clases, apoyadas por la presión pacífica de las masas y por un recuento de
votos? Entre paréntesis, no existen precedentes de tales “revoluciones” en la
historia de Gran Bretaña, Francia, Alemania o Estados Unidos. Puede demostrarse
que existen razones de lo más poderosas que señalan por qué los capitalistas
monopolistas de la actualidad, en EE.UU. y en cualquier otra parte, están mucho
menos dispuestos a ceder voluntariamente su posición dominante, a actuar en
contra de sus intereses materiales y a cometer un "suicidio social",
de lo que lo estaban las cortes de Carlos I, Jorge III y Luis XVI, los
propietarios de esclavos del Sur o, para el caso, la corte del zar Nicolás II.
Los poderosos
magnates financieros e industriales que dominan hoy Estados Unidos están
acostumbrados desde hace mucho tiempo no sólo a dominar sino a creer que su
dominio es justo y eterno. Más aun, se dan cuenta de que no estarían cediendo
simplemente su propia supremacía sino la del capitalismo a escala mundial.
191
George Novack
Porque, si los
obreros norteamericanos tomaran el poder del estado, esto no sería sólo un
traspaso secundario del poder dentro de un sistema social aislado.
Representaría el acto decisivo de la más fundamental y trascendente de las
transformaciones. Se trataría nada menos que del golpe de gracia histórico al
capitalismo a escala mundial y el pasaje de sectores decisivos de la humanidad
a un sistema social superior, el socialismo.
Fundamentalmente,
el destino de dos sistemas históricos mundiales, el capitalismo y el
socialismo, está en juego en la lucha entre los capitalistas norteamericanos y
la clase obrera norteamericana. El reconocimiento de esta posición clave de la
clase obrera norteamericana es de importancia fundamental para el movimiento
socialista de cualquier país.
Habiendo tanto en
juego, la actitud instintiva de los capitalistas estado-unidenses ante la
amenaza de ser desplazados por la clase obrera muy probablemente sena, como lo
mostró el macartismo, un cerrado giro hacia la dictadura militar o hacia el
fascismo. De cualquier manera, un marxista serio no sería realista y sí un
irresponsable si contara sólo con la posibilidad más favorable e ignorara la
probabilidad de que, en lugar de facilitar la transición al socialismo, los
representantes del capitalismo procuren crear nuevas barreras en el camino del
avance socialista y luchar para retener su soberanía, por ilegal y “falta de
democracia” que sea su resistencia.
Sin embargo, si
este último bastión del capitalismo mundial, los EE.UU., es el que menos
posibilidades tiene de escapar a la necesidad de una lucha revolucionaria en su
camino al socialismo, esto por supuesto no significa que el modelo de lucha
será precisamente una copia fiel del camino seguido en otros países, como
podría ser Rusia. Una proposición elemental del marxismo, que ahora, para
lograr sus propios objetivos inmediatos, los stalinistas están “redescubriendo”
afanosamente, es que la clase revolucionaría actúe en cada país según sus
peculiaridades para tomar el poder del estado y construir el socialismo.
Luego de una
desalentadora postergación de décadas los obreros norte-americanos, en un
poderoso salto, obtuvieron su organización industrial en los años treinta en la
CIO. Comprimieron varias etapas de desarrollo con este salto. Los obreros de la
industria automotriz no pasaron de la agremiación por oficios a la unión en
sindicatos industriales, sino que fueron directamente de la no organización a
la forma más alta de
192
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
organización
industrial, salteándose la etapa intermedia que necesitaron los obreros
industriales de Gran Bretaña.
Es muy probable que
se repitan esos saltos espectaculares en el próximo avance político de la clase
obrera norteamericana. El valor de la ley del desarrollo desigual y combinado
consiste en ayudar a anticipar esos saltos. Cuando Gran Bretaña perdió su supremacía
en el mercado mundial, a comienzos del siglo XX, los elementos más progresivos
de la clase en Gran Bretaña comenzaron a sacar las conclusiones políticas
necesarias apartándose del Partido Liberal y formando su propio partido de
clase alrededor de un programa de reforma social, si bien era una reforma
social que se completaba y se expresaba por una ideología casi socialista. Los
trabajadores norteamericanos no han llegado aún al punto alcanzado por los
británicos medio siglo atrás. El movimiento sindical norteamericano continúa
ligado políticamente al Partido Demócrata, el equivalente estadounidense del
viejo y ahora anacrónico Partido Liberal de Gran Bretaña.
¿Cómo pueden
responder las masas trabajadoras norteamericanas a cambios radicales en sus
condiciones económicas y políticas? ¿Es probable que sigan los pasos de los
obreros británicos? Un marxista, un pensador dialéctico, sólo puede contestar:
sí y no. El obrero norte-americano seguirá al británico pero sólo en una forma
muy general. Por cierto llegará un momento en que le resultará imperioso
desprenderse de los partidos capitalistas y crear una posición y una
organización de clase independientes, al igual que lo han hecho los británicos.
Pero las formas específicas, las características específicas y el ritmo de
desarrollo político de la clase norteamericana no necesitan ser una
copia fiel de las características del desarrollo británico y con toda
seguridad no lo serán porque las condiciones históricas
mundiales en que formarán su partido político de clase serán muy distintas a
las que rodearon la creación del Partido Laborista británico.
Cuando la clase
obrera británica se lanzó a una política independiente al comenzar el siglo, el
capitalismo mundial estaba aún en ascenso y ningún país había derrotado todavía
la dominación capitalista. En la actualidad, el capitalismo está a la defensiva
a escala mundial, mientras que las potencias anticapitalistas y los movimientos
socialistas y coloniales se han convertido en una poderosa realidad.
193
George Novack
Ni tampoco es la
Norteamérica de hoy, internamente, lo que era Gran Bretaña en la primera mitad
del siglo XX. Hoy Estados Unidos es el último bastión del capitalismo y, a
diferencia de la Gran Bretaña de la época de los Eduardos, los capitalistas
norteamericanos tienen poco espacio para una retirada estratégica. Estas
diferencias garantizan que habrá diferencias entre el Partido Laborista
británico y el Partido Norteamericano de los Trabajadores, que aún resta crear.
Por lo tanto, la clase obrera norte-americana abrirá este nuevo capítulo de los
acontecimientos políticos norteamericanos con una actitud muy distinta a la de
sus predecesores británicos.
Más aun, estas
luchas estarán precedidas y acompañadas de poderosos movimientos de masas de
las nacionalidades insurgentes, de los estudiantes y las juventudes en
rebeldía, de las feministas y otros sectores radicalizados de los oprimidos.
En EE.UU. será
necesaria una crisis muy aguda para que la clase sacuda sus viejas amarras, a
diferencia de la larga crisis crónica que caracterizó a Gran Bretaña. El
impacto de estos sacudones sociales se hará sentir en el estancado desarrollo
político de la clase obrera estadounidense en un momento en que el capitalismo
está a la defensiva y las fuerzas anti-capitalistas a la ofensiva en el resto
del mundo. La ofensiva de la clase obrera no sólo chocará con una resistencia
intensificada de los capitalistas, sino también con la inercia y la miopía de
la burocracia sindical, como ya ha pasado en Gran Bretaña. Pero la burocracia
sindical reaccionaria de Estados Unidos también tendrá que actuar en
condiciones muy distintas a la británica. Por un lado, la situación crítica
exigirá las medidas más radicales. Por el otro, los burócratas disputarán la
dirección de los trabajadores militantes con una fuerte y sólida organización
socialista revolucionaria.
Una combinación
así, de una clase obrera organizada, de alto nivel cultural y recién
radicalizada por un lado y una dirección equipada con la teoría más avanzada y
los análisis políticos más amplios por el otro, tal como se está gestando en
Estados Unidos en la actualidad, tendrá un extraordinario poder explosivo. En
esa coyuntura de la historia mundial, los castigos del atraso que ahora padece
el movimiento socialista norteamericano mostrarán con toda certeza su otra faz,
más esperanzada. Los obreros norteamericanos serán receptivos a las
perspectivas revolucionarias más audaces y estarán preparados para asimilarlas
rápidamente y actuar de acuerdo a ellas.
194
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Las especies
nuevas, señalamos antes, han experimentado una “expansión explosiva"
cuando irrumpieron en territorios vírgenes bajo condiciones favorables. Podemos
pensar que se producirá una aceleración análoga en el desarrollo cuando los
obreros norteamericanos entren al terreno de la acción política independiente y
tomen posesión de las ideas del socialismo científico y de los métodos del
marxismo. En esos días de grave crisis social, esta amalgama de una clase
obrera que estaba atrasada políticamente pero era poderosa en potencia con la
ciencia social y la acción política, es decir, con el marxismo, puede producir
el mayor salto adelante que ninguna sociedad haya dado –mayor que cualquiera en
la historia norteamericana– y, por este solo acto, superar al conjunto de la
humanidad.
195
George Novack
LA PERSPECTIVA DE
LA HISTORIA
Cómo llegó la
humanidad a la civilización
Es mi intención
trazar en primer término la línea principal del desarrollo humano desde
nuestros remotos antepasados animales hasta el presente, en que la humanidad se
ha convertido en el amo de la tierra, aunque todavía no sea el amo de sus
propias creaciones, y mucho menos de su propio sistema social. Luego trataré
sobre el curso central de la evolución en ese segmento específico de la
sociedad que ocupa la mayor parte de América del Norte y representa la forma
más desarrollada de sociedad capitalista.34
Trataré de mostrar
no sólo cómo nuestra historia nacional (Estados Unidos) está relacionada con el
desarrollo mundial, sino también cómo nosotros, colectiva e individualmente,
formamos parte del cuadro. Esta es una empresa amplia y audaz, una suerte de viaje
a propulsión a chorro a través de la estratosfera de la historia mundial. Nos
vemos forzados a ello por la urgencia de entender todo el vasto abanico de
acontecimientos y comprender cuál es nuestro lugar específico en ellos, así
como por la misma dinámica de la teoría científica en sociología, que tiene su
más alta expresión en el marxismo. El movimiento basado en el socialismo
científico, que se prepara muy enérgicamente para el futuro, debe igualmente
estudiar muy profundamente el pasado.
Comenzaré por la
historia política de un individuo. En enero de 1935, apareció un libro que
sentaba el estilo para una serie de informes reflexivos sobre las tendencias de
nuestros tiempos. Tuvo una considerable influencia sobre los intelectuales
radicalizados de nuestro país hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Ese libro, Historia personal, fue escrito por Vincent Sheean.
Esta autobiografía fue un serio esfuerzo por indagar adonde se
dirigía la historia de su generación y cuál debería ser su actitud hacia su
corriente principal y las contracorrientes.
34 Nota a esta edición: en este último ensayo, que fue
escrito como panfleto, han sido suprimidos los párrafos finales de la Primera y
la Segunda Parte, que contienen llamados a la acción política y consideraciones
especulativas sobre el posible desarrollo de los acontecimientos en Estados
Unidos; y se los señala de este modo: * **
196
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Sheean contaba cómo
había comenzado como un estudiante ignorante en la Universidad de Chicago al
final de la Primera Guerra Mundial. Conocía tan poco sobre las fuerzas
fundamentales que trabajan en el mundo como millones como él lo ignoran hoy,
millones que están encerrados en el mismo provincialismo. Como él señalaba:
“El sistema burgués
hacía todo lo posible por aislar a sus criaturas del conocimiento de los
procesos del desarrollo humano, y en mi caso había tenido un éxito admirable en
sus propósitos. Pocos hotentotes o habitantes de las Islas del Mar del Sur
podrían haber estado tan poco preparados para la vida en el gran mundo como yo
a los veintiún años.”
Este norteamericano
inocente fue al extranjero como periodista y aprendió de los grandes
acontecimientos de la década del veinte. Observó los efectos de la Primera
Guerra Mundial y la Revolución Rusa; presenció las conmociones del Cercano
Oriente, Marruecos y Palestina, precursoras de los más vastos disturbios
coloniales al cabo de la Segunda Guerra Mundial. También fue testigo y jugó un
rol incidental en la derrotada segunda revolución china de 1926. El colapso
económico del capitalismo en 1929 y la expansión del fascismo en Europa
coronaron sus experiencias.
Estos trastornos
sacudieron a Sheean de su sopor, le abrieron los ojos y lo impulsaron hacia el
marxismo y el movimiento socialista revolucionario. Fue arrastrado por el
torrente tumultuoso de esa primera etapa de la bancarrota de la civilización
capitalista, y comenzó a reconocerla como tal. Los grandes acontecimientos
sociales, económicos y políticos dejaron al descubierto la decadencia de las
ideas que le habían impartido sobre el mundo en su educación de clase media en
el Medio Oeste y lo impulsaron a descartarlas.
Sheean encontró en
el marxismo la explicación más convincente de los procesos de desarrollo social
y las causas de los acontecimientos de su propia era. Se sintió inspirado por
la posibilidad que brinda el marxismo de contestar a la pregunta que acosa a todo
ser pensante: ¿Qué relación tiene mi propia vida con aquellos que me han
precedido en esta tierra, todos mis contemporáneos, y las incalculables
generaciones que me seguirán?
Las consideraciones
científicas, políticas y morales se combinaron para atraerlo a la ciencia del
movimiento socialista. Admiraba el marxismo, señalaba, porque toma “una
perspectiva de largo alcance”. Esta no es una
197
George Novack
frase que acuñó él;
la tomó prestada de un participante en la lucha. Los marxistas, observó, se
guían o deben guiarse no por perspectivas parciales y consideraciones
episódicas, sino por el panorama más amplio posible sobre el espectro de la
evolución biológica y el logro humano.
La síntesis
totalizadora de la historia que ofrecía el marxismo contrastaba agudamente con
la perspectiva sumamente limitada que él había recibido en el Medio Oeste. El
interior de los Estados Unidos contaba con los más modernos adelantos
tecnológicos, pero estaba dominado por ideas sumamente anticuadas sobre la
evolución social.
Sheean había
captado uno de los rasgos sobresalientes de ese sistema de pensamiento que
lleva el nombre de su creador. Karl Marx. El socialismo científico provee la
doctrina más coherente, multifacética y de más largo alcance sobre la evolución
y la revolución. “La perspectiva amplia” que presenta es la marcha de la
humanidad vista en toda su extensión, su realidad actual y sus consecuencias
finales, en la medida en que las limitaciones actuales lo permiten.
¿Cuál era esta
perspectiva que atrajo a Vincent Sheean y a tantos millones antes y después de
él? ¿Qué puede enseñarnos una reseña del proceso de evolución, analizado por
métodos marxistas, sobre la forma en que cambian las cosas en este mundo?
Podemos
individualizar cuatro momentos críticos en el proceso de la evolución. El
primero fue la aparición de nuestro planeta alrededor de tres o cuatro mil
millones de años atrás. El segundo fue el surgimiento de la vida en la forma de
organismos simples, unicelulares, alrededor de dos mil quinientos millones de
años atrás. (Estas son sólo fechas aproximadas, pero aceptadas en general por
el conjunto de los científicos en la actualidad). El tercero fue la aparición
de los primeros animales vertebrados alrededor de cuatrocientos a quinientos
millones de años atrás. El último fue la creación de la humanidad,
aproximadamente en el último millón de años.
Examinemos el
tercer gran capítulo de esta reseña histórica: las primeras especies de peces.
El Museo norteamericano de Historia Natural ha preparado un cuadro donde
aparecen las principales etapas de la evolución orgánica desde el primer pez
hasta los seres humanos actuales, la forma más perfeccionada de criaturas
mamíferas. La espina dorsal introducida por los peces fue una de las
estructuras básicas para una mejor evolución posterior.
198
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
El astrapis, como
se denomina a uno de los primeros especímenes, vivió en la era paleozoica cerca
de Canon City, Colorado, donde se encontraron sus escamas en depósitos de
deltas. Este norteamericano nativo de hace cuatrocientos a quinientos millones
de años fue muy revolucionario para su época. He aquí lo que una conocida
autoridad, Bryan Curtis, dice sobre este progreso en “La historia del pez”:
“Un animal con
espina dorsal no nos parece extraño en nuestros días. Pero en el momento en que
apareció el primer pez sobre la tierra, lo que por los informes geológicos
sabemos que ocurrió más o menos quinientos millones de años atrás, debe de
haber parecido una cosa milagrosa. Era el mismísimo último modelo en diseño
animal, un radical, casi podría decirse un experimento temerario, de esa fuerza
que nosotros encontramos conveniente personificar como Madre Naturaleza, ¿En
qué consistía su “radicalismo”?
Porque ninguna
criatura había sido hecha jamás con las partes duras en su interior en vez de
en su exterior. Podría decirse que la Naturaleza había enloquecido, había
abandonado todos sus métodos anteriores y de la noche a la mañana había
producido algo absolutamente nuevo y de lo cual jamás se había oído.”
Aunque el pez
retuvo algo de su vieja caparazón externa, lo que fue decisivo desde el punto
de vista de la evolución fue su adquisición de la espina dorsal. Esto convirtió
al pez en una criatura básicamente distinta a cualquier otro ser viviente hasta
ese momento. Así, este nuevo tipo vertebrado surgió del viejo
y lo superó. Pero esto no es todo. Pasó luego a conquistar
nuevas regiones para su existencia y actividad. La característica más
revolucionaria del pez fue que se convirtió en el punto de partida para toda la
jerarquía de criaturas vertebradas que ha culminado en el hombre actual.
Estos primeros
peces vertebrados avanzaron posteriormente convirtiéndose en anfibios (que
vivían tanto en el agua como en tierra), luego en reptiles, y finalmente
constituyeron la nueva rama de criaturas de sangre caliente: las aves y los
mamíferos. La humanidad es el punto culminante del desarrollo mamífero. Hasta
este punto todas las autoridades científicas están de acuerdo.
Pero estas ideas y
hechos, tan comunes hoy, fueron los pensamientos subversivos de ayer. Nosotros
adoptamos sin dificultad este criterio científico de la evolución orgánica, sin
damos cuenta de que este mismo
199
George Novack
acto de aceptación
es parte de una reversión en el pensamiento humano acerca del mundo y las
criaturas que lo habitan que ha ocurrido a escala masiva recién durante el
siglo pasado. Recuérdese, por ejemplo, el predominio, en el mundo occidental,
del mito bíblico de la creación hasta unas pocas generaciones atrás.
Hay dos aspectos de
los vertebrados que merecen una discusión especial. Primero, la transferencia
de las partes óseas del pez del exterior al interior entrañaron una forma
cualitativamente nueva de estructura orgánica, una grieta en la continuidad del
desarrollo hasta ese momento, un salto a un nivel de vida superior. Todos los
biólogos reconocen este hecho. Pero esto tiene una significación más profunda,
que nos dice mucho sobre los métodos de cambio evolutivo en general. Demuestra
cómo, en el punto crítico de la acumulación de cambios fuera y dentro del
organismo, los elementos en conflicto que lo componen hacen trizas la vieja
forma de existencia y la formación progresiva pasa, de un salto, a un estado
cualitativamente nuevo e históricamente superior de desarrollo. Esto es cierto
no sólo para las especies orgánicas sino también para las formaciones sociales,
así como para los sistemas de pensamiento.
Este vuelco radical
es innegable en el caso del nacimiento y evolución del pez y su superación
final por especies superiores. Pero para mucha gente es mucho más difícil
aceptar tal conclusión cuando se trata de la transformación de una organización
social inferior en una organización social superior. Esta renuencia a aplicar
consecuentemente las enseñanzas de la evolución a todas las cosas, y sobre todo
a la organización social en que vivimos, parte del empeño por defender
poderosos, pero obsoletos y estrechos, intereses de clase contra fuerzas
opuestas e ideas rivales que tienden a crear un orden de cosas auténticamente
nuevo.
El segundo punto
que hay que acentuar es el hecho de que el pez, como el primer vertebrado,
ocupa un lugar específico en la secuencia evolutiva de los organismos. Es un
eslabón en la cadena de las manifestaciones de vida que se extiende desde el
protozoario unicelular hasta los organismos más complejos Esta primera criatura
con espina dorsal surgió después de una hueste de criaturas que nunca habían
tenido una estructura ósea así y a su vez dio origen a órdenes superiores que
tenían eso y mucho más.
200
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Contradictorio como
es, muchos estudiosos y científicos que dan por sobreentendido el orden de
evolución de las especies orgánicas, se resisten tozudamente a extender la
misma legitimidad a las cambiantes especies de organizaciones sociales. No
quieren admitir que ha habido, o puede haberla, alguna secuencia definida y
discernible en el desarrollo social de la humanidad análogo a las etapas del
avance desde los invertebrados hasta el pez, pasando por las criaturas reptiles
y mamíferas, hasta el advenimiento de la humanidad.
Este escepticismo
en sociología es especialmente pronunciado en el siglo actual, y en nuestro
país y sus universidades. Los pensadores de este tipo, por supuesto, saben que
ha habido muchos cambios en la historia, que en los campos de la antropología,
la arqueología, la Historia, la sociología y la política aparecen muy diversas
formaciones.
Lo que ellos niegan
es que estas manifestaciones típicas de vida social pueden –o incluso debieran–
ser ordenadas de acuerdo a cualquier tipo determinado de desarrollo histórico
en el cual cada una tenga su lugar determinado desde el comienzo al fin, desde
el más bajo al más alto. Ellos enseñan que las diversas formas de cultura son
meramente disímiles unas de otras y que es imposible o innecesario intentar
descubrir cualquier secuencia regular o cualquier parentesco legítimo en su
surgimiento como realidad social.
Este criterio y
este método son completamente antievolucionistas, anti-científicos y
esencialmente reaccionarios. Pero es explicable. Negar la posibilidad de
descubrir el orden de progreso en las estructuras sociales proviene –si me
permiten la analogía– de la resistencia que ofrecen los invertebrados de hoy a
los vertebrados venideros que representan una forma superior de organización y
están destinados a suplantarlos en la lucha por la supervivencia social.
El registro mismo
de la evolución, comenzando con el ascenso desde el pez, refuta rotundamente a
este conservadurismo recalcitrante. Al primer vertebrado le siguieron otros
seis tipos progresivos de pez en los siguientes cien millones de años. El más
avanzado fue una especie carnívora de agua dulce y de tamaño mediano cuyos
fósiles han sido hallados en Canadá. Aunque este espécimen vivía mucho tiempo
en el agua, había adquirido muchas de las funciones necesarias para vivir en la
tierra. El pez, como es sabido, habitualmente se siente cómodo en el agua,
respira por branquias y tiene aletas. Era impropio para la naturaleza
201
George Novack
establecida del pez
que los primeros anfibios se levantaran del agua y se arrastraran a la tierra,
respiraran por pulmones y se movieran sobre piernas.
Imaginemos un pez
(si seguimos desarrollando la fantasía) que mirara hacia atrás en vez de
hacerlo hacia adelante, como hacen algunos. Este pez podría exclamar ante los
anfibios que se mueven hacia adelante: “¡Nosotros, los peces, los habitantes
más viejos, jamás hemos hecho estas cosas; no se pueden hacer!” Y cuando los
anfibios persistieran, chillaría: “¡Estas cosas no se deben hacer, subvierten
el orden establecido!” Sin embargo, la resistencia de la inercia no impidió a
algunos habitantes del agua transformarse en animales terrestres.
La vida animal
continuó avanzando a medida que las especies se modificaban y se transmutaban
en respuesta a cambios decisivos en sus constituciones genéticas y hábitats
naturales. Los anfibios pasaron a ser reptiles que tenían cerebros mejor
desarrollados, respiraban por las costillas, ponían huevos, tenían miembros de
locomoción y ojos bien desarrollados. El reino de los reptiles evolucionó
gradualmente hacia el mamífero, con tipos transicionales que tenían
características comunes, hasta que una vez más un nuevo orden completo irrumpió
en el mundo.
Alrededor de 135
millones de años atrás surgió el prototipo de animal que dio origen a nuestro
propio antepasado, habitante de los árboles. Era una criatura similar a un
roedor, que dio otro gran salto en la adaptación y actividad evolutiva al pasar
de la tierra a los árboles. La vida en los árboles durante seiscientos mil años
alteró tanto a nuestros antepasados animales de la cabeza hasta los dedos de
los pies, desde las funciones prensiles hasta cambios en los dientes, que se
elevaron a formas de monos antropoides. El parentesco de los últimos con
nuestro propio género es tan cercano que es difícil distinguir un embrión de
antropoide superior del de un ser humano.
Al fin estaban
dadas las condiciones naturales para el surgimiento de la humanidad. Parece
probable que los cambios producidos en el clima y en las condiciones climáticas
relacionadas con la primera glaciación hayan hecho que ciertas especies de
primates descendieran de los árboles, salieran de los bosques y fueran a las
llanuras. Una serie de importantes cambios anatómicos abrieron el camino para
la aparición de la raza humana.
202
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
El acortamiento del
hueso de la pelvis posibilitó al primate permanecer erguido, diferenciar los
miembros delanteros de los traseros y liberar las manos. Se agrandó el cerebro.
La visión binocular y los órganos vocales posibilitaron la vista y el habla humanas.
El órgano biológico
central para la transformación en hombre fue la mano. Las manos pasaron a
oponerse a las piernas y el pulgar a los otros cuatro dedos. Esta oposición
entre el pulgar y los otros dedos ha sido una de las más fructíferas y
dinámicas de todas las uniones de opuestos en la evolución de la humanidad. La
capacidad del pulgar para contraponerse a cada uno de los otros dedos dio a la
mano posibilidades excepcionales para agarrar y manipular objetos y la dotó de
suma flexibilidad y sensibilidad. Esta adquisición hizo posible la combinación
biológica de mano-ojo-cerebro. Combinada con el prolongado período de cuidado
del hijo por parte de la madre, estaban dados los requisitos previos para la
vida social.
A esta altura es
necesario decir algo sobre al argumento más común contra el socialismo: “¡Usted
no puede cambiar la naturaleza humana!” ¿Qué consistencia tiene este argumento?
Una vez que se
aceptan los datos sobre la evolución orgánica, una proposición, por lo menos,
se desprende de ello: ¡La naturaleza del pez puede cambiar! Se
ha convertido en anfibio, reptil, ave, mamífero y finalmente en
naturaleza humana. La sal que contiene nuestro cuerpo es una prueba, entre
muchas otras, de que somos descendientes del bisabuelo pez que habitaba los
océanos siglos atrás.
Esto plantea los
siguientes interrogantes a los que se resisten al cambio social: si el pez
puede cambiar, o puede ser cambiado, hasta tal punto, ¿sobre qué bases se
pueden imponer restricciones mezquinas a la capacidad de cambio de la
humanidad? ¿Nuestras especies perdieron su plasticidad, sus potencialidades
para la alteración radical, en el trayecto de la transición del primate al ser
humano?
Todo lo contrario.
En el pasaje a la humanidad, nuestra especie no sólo retuvo todas las aptitudes
para el cambio progresivo inherente a la animalidad sino que las multiplicó a
un grado infinitamente superior, elevándolas hasta una dimensión completamente
nueva, creando previamente modos y medios desconocidos de progreso evolutivo.
203
George Novack
Se necesitaron
entre cuatrocientos y quinientos millones de años para crear las condiciones
biológicas necesarias para la generación de los primeros protohumanos. Esto no
se produjo por la premeditación o la perspicacia de nadie, o según algún plan,
o para llevar a cabo algún fin preconcebido. Ocurrió, podemos decir, como
resultado legítimo de una serie de cambios ciegos y accidentales en las formas
de la vida natural, estimulados por la lucha por la supervivencia, que
finalmente culminó con la producción de una clase especial de primate equipado
con las aptitudes de adquirir otras facultades aparte de las animales.
En esta coyuntura,
hace más o menos un millón de años, tuvo lugar la más radical de todas las
transmutaciones de la vida sobre este planeta. El surgimiento de la raza humana
dio cuerpo a algo totalmente diferente que se convirtió en la raíz de una línea
singular de desarrollo. ¿Qué fue? Fue el pasaje del separatismo animal al
colectivismo humano, de modos puramente biológicos de comportamiento al uso de
aptitudes sociales adquiridas.
¿De dónde provenían
estas aptitudes artificiales agregadas que han diferenciado a la naciente
especie humana de todas las otras especies animales, que han elevado nuestra
especie por encima de los otros primates, y han hecho de la raza humana el
orden dominante de la vida? Nuestra dominación es indiscutible porque dominamos
el poder de destrozamos a nosotros mismos y a todas las otras formas de vida, y
lo que es más, el poder de cambiarlas.
Las aptitudes
fundamentalmente nuevas que la humanidad ha adquirido fueron las de producción,
la de asegurar los medios de sustento por medio del uso de herramientas y el
trabajo conjunto, y la de compartir los resultados entre sí. Yo no puedo menos
que señalar especialmente cuatro de los factores más importantes de este
proceso.
El primero fue las
actividades asociadas para obtener alimento y repartirlo. El segundo fue el uso
y posteriormente la manufactura de implementos para ese fin. El tercero fue el
habla y el razonamiento, que surgió y fue estimulado por el vivir y el trabajar
juntos. El cuarto fue el uso, la domesticación y la producción del fuego. El
fuego fue la primera fuerza natural, el primer proceso químico, al que la
humanidad en ascenso dio un uso socialmente productivo. Gracias a estas nuevas
aptitudes, la especie humana que surgía aceleró enormemente los cambios en
nuestra propia especie y después en el mundo que nos rodea.
204
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Los datos que
registra la historia durante el último millón de años son esencialmente los de
la formación de la humanidad y su continua transformación. Esto a su vez
estimuló la transformación del mundo que nos rodea.
¿Qué es lo que ha
permitido a la humanidad efectuar cambios tan colosales en sí misma y en su
medio? Todos los cambios biológicos en nuestra raza en el último millón de
años, tomados en conjunto, no han sido un factor importante en el avance de la
especie humana. Sin embargo durante ese tiempo la humanidad ha tomado la
materia prima heredada de nuestro pasado animal, la ha socializado, la ha
humanizado y parcial-mente, aunque no del todo, la ha civilizado. El eje del
desarrollo humano, en contraste con el de los animales, gira alrededor de estos
procesos sociales más que biológicos.
La causa principal
de este avance proviene del mejoramiento de la capacidad productiva, adquirida
a través del tiempo y ampliada según las crecientes necesidades del hombre.
Descubriendo y utilizando las diversas características y recursos del mundo que
lo rodeaba, el hombre ha aumentado gradualmente sus aptitudes para producir sus
medios de vida A medida que éstas se desarrollaban, se acrecentaban todas sus
otras aptitudes sociales, la capacidad del habla, del pensamiento, del arte y
la ciencia, etcétera.
La diferencia
decisiva entre los animales superiores y el hombre actual está en nuestro
desarrollo de los medios y las fuerzas de producción y destrucción (dos
aspectos de un mismo fenómeno). Esto explica no sólo la diferencia cualitativa
entre el hombre y los animales, sino también las diferencias específicas entre
uno y otro nivel de desarrollo humano. Lo que distingue a los pueblos de la
Edad de Piedra de los de la Edad de Hierro, y a la vida salvaje de la de las
sociedades civilizadas, es la diferencia entre las capacidades productivas
totales de que disponen.
Lo que sucede
cuando dos niveles distintos de capacidad productiva y destructiva miden sus
fuerzas quedó ilustrado dramáticamente cuando los conquistadores españoles
invadieron el Hemisferio occidental. Los indios estaban armados con arcos y
flechas y hondas, los recién llegados tenían fusiles y pólvora. Los indios
tenían canoas y remos, los españoles tenían grandes barcos a vela. Los indios
usaban chaquetas de cuero o acolchadas como protección en la guerra, los
españoles tenían armaduras de acero. Los indios no tenían animales de tiro
domesticados sino que andaban a
205
George Novack
pie, los españoles
iban a caballo. La superioridad inspiraba terror y permitía a los
conquistadores derrotar a sus antagonistas con menos hombres. Esta proposición
básica del materialismo histórico debería resultamos más fácil de entender a
nosotros, que tenemos el privilegio de presenciar la primer etapa de una
revolución tecnológica comparable en importancia a la domesticación del fuego
hace medio millón de años: la adquisición del control sobre los procesos de
fisión y fusión nuclear. Esta nueva fuente de energía ya ha revolucionado las
relaciones entre los gobiernos y el arte de la guerra; está a punto de
transformar la industria, la agricultura, la medicina y muchos otros sectores
de la actividad social.
¿Qué es lo que
provocó esta revolución tecnológica? La humanidad no sufrió ningún cambio
biológico en el período precedente. Ni hubo alteraciones bruscas en los modos
humanos de pensar, en sus sentimientos o su ética. Esta fuerza de producción y
destrucción incalculablemente poderosa brotó de todo el desarrollo previo de
las fuerzas productivas de la sociedad y de todo el conocimiento científico y
de los instrumentos correspondientes.
El poder atómico es
el último eslabón en la cadena de poderes adquiridos, que se pueden rastrear
hacia el pasado hasta los primeros elementos de producción social: trabajo
asociado para asegurar las necesidades vitales, uso y fabricación de
herramientas, el habla, el pensamiento y el fuego. La energía atómica es el
fruto más reciente de las semillas plantadas en la sociedad antigua que la
humanidad ha cultivado y mejorado en su camino ascendente.
Volvamos sobre ese
notable órgano que poseemos, la mano. La mano, que entre los primates servía
para llevar comida a la boca, fue convertida por la especie humana en un órgano
para tomar y guiar los materiales usados como herramientas, y más tarde para hacer
herramientas. La mano es el prototipo biológico de la herramienta y el mango;
es el requisito previo y el padre de la actividad laboral. El pasaje del uso de
la mano a la herramienta coincide con la creación de la sociedad y el
desarrollo progresivo de la humanidad y de sus aptitudes latentes.
La relación entre
las herramientas más rudimentarias y los complejos instrumentos de producción
del sistema industrial actual ha sido ilustrada gráficamente en un cuadro
preparado por la Do-All Corporation, de Des Plaines, Illinois, que patrocinó
una exposición ambulante sobre “Cómo las herramientas básicas crearon la
civilización”. Esta exposición, que dice ser
206
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
“el primer intento
jamas realizado de presentar la historia completa de las herramientas del
hombre”, documenta las etapas del progreso de la tecnología.
Las primeras
herramientas conocidas formadas por el hombre, llamadas eolitos, datan, según
algunos científicos, de un millón y medio de años atrás. Estas consistían en
trozos de piedra quebrada con bordes agudos que servían para cortar carne,
raspar cueros, o cavar en busca de raíces. Eran poco más que simples
prolongaciones de la mano. No se las diseñaba para funciones específicas, sino
que eran adaptables para molienda, lanzamiento, raspado, perforado, corte,
etcétera.
En la etapa
siguiente, las herramientas fueron perfeccionadas en dos aspectos principales:
se aumentó la eficacia de sus filos y se las hacía para fines específicos. Los
hombres aprendieron a descantillar la piedra dándole una forma concebida de
antemano, produciendo así un filo mayor. Apareció una variedad más amplia de
herramientas de trabajo, como las hachas, los perforadores de punta afilada,
las palas de bordes finos, cinceles y otros precursores de las herramientas
manuales de la actualidad.
Estas herramientas
redujeron el tiempo necesario para producir sustento y refugio, elevando así el
nivel social de producción y mejorando las condiciones de vida. Más aun, estas
nuevas actividades productivas incrementaron las aptitudes mentales del hombre.
La complejidad de las herramientas para fines especiales indica el desarrollo
de una mentalidad capaz de comprender la necesidad de producir los medios antes
de poder lograr el fin. Los conceptos mentales de uso
específico precedieron tanto al diseño como a la construcción de estas
herramientas especiales.
Cada uno de los
pasos subsiguientes en el perfeccionamiento del uso y fabricación de
herramientas dio asimismo como resultado una economía de tiempo de trabajo, una
mayor productividad, mejores condiciones de vida y el crecimiento de las
capacidades intelectuales del hombre. La fuerza motriz de la historia humana
proviene de la mayor productividad del trabajo posibilitado por adelantos
decisivos en las técnicas y herramientas de producción.
El progreso de la
caza es un buen ejemplo de esto. Al principio, la raza humana podía capturar
sólo animales lentos y pequeños. El consumo regular de caza mayor comenzó con
la invención de armas de caza tales como la lanza, la jabalina, la ballesta, y
el arco y la flecha. El arco fue el
207
George Novack
primer implemento
capaz de almacenar energía para ser liberada a voluntad. Esos implementos
aumentaron el alcance y la potencia de los cazadores primitivos y les
permitieron matar los animales más grandes y más veloces.
Todas las
herramientas manuales básicas en uso en la actualidad, el hacha, la azuela, el
cuchillo, el perforador, el raspador, el cincel, la sierra, fueron inventados
durante la Edad de Piedra. El primer metal, el bronce, no reemplazó a la piedra
como material favorito para la fabricación de herramientas hasta alrededor de
3.500 años atrás. El metal no sólo impartió un filo mucho más eficaz y duradero
a las herramientas sino que también permitió afilarlas en lugar de tirarlas una
vez que perdían filo.
Durante el período
en que las herramientas de bronce eran los principales implementos de
producción, se idearon instrumentos y patrones de medidas, se desarrollaron las
matemáticas y la agrimensura, se hicieron cálculos para el calendario, y se
lograron grandes progresos en agricultura. Hubo inventos básicos como la rueda
del alfarero, la balanza de platillos, el arco para la construcción, las
embarcaciones a vela y las botellas de vidrio.
Hace alrededor de
2.500 años el hierro, el más durable, abundante y barato de los metales,
comenzó a desplazar al bronce en la fabricación de herramientas. La
introducción de las herramientas de hierro aumentó enormemente la productividad
y la destreza en la agricultura y los oficios. Permitió cultivar más alimentos
y una mejor vestimenta y habitación con menos gasto de tiempo y energía; dio
lugar a la aparición de muchas comodidades y mejoras. Las herramientas de
hierro posibilitaron muchos de los logros de Grecia y Roma, desde la Acrópolis
de Atenas hasta los túneles, los puentes, las cloacas y las edificaciones de
Roma.
La energía para
todos estos primeros medios y modos de producción fue provista exclusivamente
por los músculos humanos que, luego de la domesticación de los rebaños, fue
complementada en cierta medida con energía animal. La Revolución Industrial del
siglo XVIII se basó en la utilización de energía de otras fuentes, de
combustibles fósiles como el carbón. La combinación de la energía mecánica
generada por máquinas a vapor, las máquinas herramienta, el perfeccionamiento
de los implementos y la maquinaria productiva, más el uso incrementado del
hierro y el acero han multiplicado la capacidad productiva de la sociedad hasta
su punto actual.
208
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Hoy, las máquinas y
las herramientas operadas por energía mecánica y eléctrica son los principales
órganos materiales tanto de nuestra industria como de nuestra agricultura.
Las máquinas
herramienta más modernas han sido desarrolladas a partir de simples
herramientas manuales. Al mismo tiempo que usaba las herramientas manuales el
hombre comenzó a comprender y emplear las ventajas de la palanca, la polea, el
plano inclinado, la rueda y el eje, y el tomillo para multiplicar su fuerza.
Estos principios físicos fueron combinados más tarde y aplicados en la
fabricación de máquinas herramientas.
Todo este
desarrollo de la tecnología está asociado orgánicamente con el desarrollo de
las aptitudes intelectuales de la humanidad y es el principal responsable de
éste. El siguiente párrafo explicativo de la exposición de la Do-AII
Corporation lo señala:
“Las máquinas
herramienta realizan en formas complicadas las mismas funciones y operaciones
básicas que las herramientas manuales, listas funciones básicas fueron
establecidas por las herramientas manuales de piedra trabajadas por el hombre
primitivo. Fue inventando y usando herramientas de piedra trabajadas a mano
como la humanidad desarrolló su capacidad de coordinación mental y corporal (…)
y esto a su vez aceleró el incremento de las aptitudes mentales del hombre.”
Esas ideas acerca
de la influencia de la tecnología sobre el pensamiento, tomadas de la
publicación de una respetable corporación capitalista, se parecen a las que se
pueden encontrar en los escritos de Marx y Engels. Los censores del pensamiento
ya pueden intentar echar al materialismo histórico por la puerta socialista,
que éste se mete de nuevo adentro por la ventana capitalista.
La exposición de la
Do All demuestra que la evolución de las herramientas puede disponerse en una
serie cronológica y en un orden ascendente desde las manuales de madera y
piedra, pasando por las manuales de metal hasta las máquinas herramienta
mecánicas. ¿Es igualmente posible diferenciar etapas sucesivas correspondientes
en la organización social? El materialismo histórico contesta afirmativamente
esta pregunta. Sobre la base más amplia –y cada gran división de la historia
puede ser segmentada para fines especiales en otras menores– se pueden
distinguir tres etapas principales en la elevación del hombre desde la
animalidad hasta la era atómica: salvajismo, barbarie y civilización.
209
George Novack
Napoleón dijo que
un ejército marcha sobre su estómago. Esto es una verdad en cuanto a la marcha
progresiva del ejército de la humanidad. La adquisición de alimento ha sido el
objetivo primordial de la producción social en todos los tiempos, ya que los hombres
no pueden sobrevivir, y mucho menos progresar, sin satisfacer regularmente su
apetito.
Los principales
períodos en el avance de la humanidad pueden dividirse, por lo tanto, de
acuerdo a las mejoras que fueron decisivas para asegurar la provisión de
alimento. El salvajismo, la infancia de la humanidad, constituye ese período en
que el pueblo depende, en cuanto a alimento, de lo que la naturaleza le provee
ya listo. Su alimento puede provenir de las plantas, tal como los frutos y las
raíces, de los insectos, los pájaros y los animales, o de la vida de la costa o
marina. En esta etapa los hombres obtienen su alimento por medio del saqueo, en
forma muy parecida a los animales de rapiña, o cavan para conseguirlo igual que
otro animales. Con estas diferencias de fundamental importancia: ellos cooperan
entre sí y emplean herramientas rústicas y otros medios y capacidades
productivas con los que se “apropian” de los medios de subsistencia para uso
colectivo.
Las principales
actividades económicas en esta etapa son el saqueo, la caza y la pesca, y se
desarrollaron en esa secuencia. El garrote y la lanza le permiten al salvaje
capturar la materia prima para sus comidas, vestimenta y habitación, todos los
cuales están corporizados en los animales con pezuña. La red captura los peces
y el fuego los prepara para su consumo. Los indios del sur de California
estaban en esta etapa cuando llegaron los primeros pobladores blancos dos
siglos atrás.
El barbarismo es la
segunda etapa de la organización social. Estaba basado en la domesticación de
los animales y el cultivo de las plantas. El alimento ya no solamente se recolecta sino
que se lo produce. La domesticación de los ganados vacuno,
ovino, porcino y otros animales aportó reservas de carne y alimento en forma de
leche de cabra y vaca. La siembra y el cultivo de cosechas posibilitaron contar
con provisiones regulares y abundantes de alimentos.
Esta revolución en
la producción de alimentos, que comenzó en Asia hace entre seis y diez mil
años, liberó por primera vez a la humanidad del sometimiento a la naturaleza
exterior. Hasta ese entonces había tenido que depender de lo que el medio
ambiente natural contenía para satisfacer sus necesidades, y para sobrevivir
había dependido de condiciones naturales totalmente externas e incontrolables.
Surgieron, prosperaron y
210
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
sucumbieron razas y
culturas enteras, al igual que las especies de plantas o animales, según la
benevolencia o la hostilidad de la naturaleza que los rodeaba.
Por ejemplo, hace
alrededor de veinte o treinta mil años surgió una sociedad en el sur de Francia
llamada la Cultura del Reno. Este pueblo prosperó gracias a la caza de enormes
renos y otros rebaños que pastaban en la exuberante vegetación de la zona. Sus
dibujos, descubiertos en cuevas durante los últimos setenta y cinco años, son
un testimonio de lo penetrante de su vista y de su mente y de la diestra
sensibilidad de sus manos; sus dibujos los colocan entre los más
extraordinarios artistas que jamás hayan pisado la tierra. Sin embargo, cuando
un cambio climático y en la vegetación causó la desaparición de las manadas de
renos, toda su cultura, y muy probablemente el pueblo también, se extinguió.
Los primeros
cazadores carecían de un control firme de sus fuentes móviles de alimento. La
inseguridad de la vida salvaje fue superada con creces, o por lo menos reducida
considerablemente, con el advenimiento de la cría de ganado, y especialmente
con el desarrollo de las técnicas agrícolas. Por primera vez se implementaron
métodos para obtener un aprovisionamiento extenso y variado de productos
alimenticios y fibras por medio de actividades sistemáticas y continuas de
trabajo en grupos. Estas ramas de la actividad económica posibilitaron la
aparición de poblaciones mucho más grandes y compactas.
Estas actividades y
su producción incrementada aportaron los elementos para la cultura superior del
barbarismo. El cultivo y la cría de ganado condujeron al desarrollo de oficios
tales como la fundición de metales y la alfarería, ya que los alimentos acumulados
generaron por primera vez la necesidad de almacenar y transportar artículos.
Los hombres se volvieron más sedentarios, se formaron poblaciones más densas,
se construyeron moradas permanentes y surgió la vida aldeana.
En su desarrollo
posterior y definitivo, las actividades económicas del período del barbarismo
crearon las condiciones para la llegada de la civilización. La base material
para la civilización fue la capacidad adquirida por los pueblos más avanzados
para la producción regular de mucho más alimento y bienes de los que eran
necesarios para el mantenimiento físico de sus miembros. Esos excedentes
tuvieron dos consecuencias. Permitieron que sectores específicos de las
comunidades se dedicaran a actividades
211
George Novack
que no eran la
adquisición y producción directa de los medios básicos de vida. Hicieron su
aparición especialistas como los sacerdotes, los nobles, los reyes, los
funcionarios, los herreros, los alfareros, los comerciantes, los constructores
y otros oficios.
Con el aumento de
la especialización y la expansión del comercio, las capas superiores de estos
grupos pasaron a posiciones estratégicas que permitieron a los más afortunados
y poderosos apropiarse personalmente de grandes porciones del excedente de riqueza.
El impulso a incrementar la riqueza personal, que surge de la creciente
división social del trabajo y del intercambio de bienes, llevó con el tiempo al
desarrollo de la propiedad privada, la familia, la esclavitud, las divisiones
de clase, la producción de mercancías a gran escala, el comercio, el dinero, la
ciudad y el estado territorial con su ejército, policía, cortes y otras
relaciones e instituciones características de la civilización.
En su evolución
hasta nuestro siglo, la sociedad civilizada puede dividirse en tres épocas
principales: la esclavitud, el feudalismo y el capitalismo. Cada una de éstas
se diferencia por el modo especial en que la clase propietaria gobernante que
encabeza la organización social se las compone para arrancar la riqueza
sobrante de la que vive a la masa trabajadora que la crea directamente. Todo
este período no cubre más que los últimos cinco a seis mil años.
La civilización
surgió y se levantó apoyada en la esclavitud directa. Los mismos factores
económicos que descalabraron el barbarismo y posibilitaron la vida civilizada
trajeron asimismo las condiciones materiales para el uso de la mano de obra
esclava. La división del trabajo basada en el cuidado de los rebaños, el
cultivo de las cosechas, la extracción de metales y la creación de mercaderías
para la venta permitió a las sociedades más avanzadas producir más de lo que
los verdaderos trabajadores requerían para su sustento. Esto posibilitó la
esclavitud y la hizo por primera vez lucrativa. Dio un impulso sumamente
importante a los apetitos predatorios de propietarios individuales de los
medios de producción, quienes hacían grandes esfuerzos por adquirir e incrementar
sus excedentes de riqueza. La producción y la propiedad de esclavos llegaron a
ser el fundamento económico de un nuevo tipo de organización social, la fuente
de supremo poder, prestigio y privilegios. Y con el tiempo reformó toda la
estructura de la vida civilizada.
212
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
La trata de
esclavos fue un artificio humano sumamente significativo, y es privativa de los
seres humanos. Los animales se pueden alimentar de otros animales muertos, pero
no viven de los excedentes que ellos crean. Aunque con toda justicia rechazamos
hoy cualquier manifestación de servidumbre y estamos ansiosos por abolir sus
últimos vestigios, debemos reconocer que en su momento de apogeo la esclavitud
tuvo razones imperativas para existir y persistir.
La ciencia exige
que cada fenómeno sea enfocado, analizado y valorado con objetividad, dejando
de lado las reacciones personales de admiración o repugnancia. El materialismo
histórico tiene que explicar por qué llegó a ser adoptada la esclavitud por la
mayoría de los sectores avanzados de la humanidad. La razón principal fue que,
junto con la propiedad privada de los medios de producción y el intercambio
cada vez más amplio de sus productos, la mano de obra esclava aumentó las
fuerzas de producción, multiplicó la riqueza, el confort y la cultura –aunque
sólo para los pocos afortunados– y en general estimuló a la humanidad a
progresar durante todo un período histórico. Sin la expansión del trabajo
esclavo, no hubiera habido incentivos lo suficientemente constantes como para
acumular riqueza a una escala que permitiera aplicarla a mejorar los procesos
productivos.
La necesidad
histórica de la esclavitud puede ser ilustrada de dos formas. Los pueblos que
no adoptaron el trabajo esclavo tampoco avanzaron hacia la civilización, a
pesar de lo excelente de sus otras cualidades y títulos. Se quedaron por debajo
de ese nivel porque a su economía le faltó el impulso interno de la fuerza de
la codicia y el empuje dinámico que surge de la necesidad del propietario de
esclavos de explotarlos para aumentar su riqueza. Esta es una demostración por
la negativa.
Pero existe una
prueba más positiva. Aquellos estados basados en alguna forma de servidumbre,
tal como las más brillantes culturas de la Antigüedad, desde Babilonia y Egipto
hasta Grecia y Roma, también aportaron el máximo a los procesos civilizadores,
desde el carro con ruedas y el arado hasta la escritura y la filosofía. Estas
sociedades estaban en la línea principal del progreso social.
Pero si la
esclavitud tuvo razones suficientes para convertirse en el principio y la base
de la civilización antigua, a su vez y con el tiempo generó las condiciones y
las fuerzas que la' debilitarían y la derrotarían. Una vez que la esclavitud se
convirtió en la forma predominante de
213
George Novack
producción ya sea
en la industria como en Grecia, o en la agricultura como en Roma, dejó de
promover el desarrollo de las técnicas agrícolas, los oficios, el comercio y la
navegación. Los imperios esclavistas de la Antigüedad se estancaron y se
desintegraron hasta que, luego de un lapso de siglos, fueron reemplazados por
dos tipos principales de organización feudal: la asiática, como en la India,
China y Japón, y la europea occidental.
Ambas nuevas formas
de producción y organización social fueron superiores a la esclavitud, pero la
europea occidental resultó mucho más productiva y dinámica. Bajo el feudalismo,
los trabajadores participaban más de lo que ellos mismos producían que los esclavos
en el período anterior; incluso tenían acceso a la tierra y a otros medios de
producción. Los siervos y los campesinos tenían mayor libertad para su
actividad y podían adquirir más cultura.
Como resultado de
una larga lista de avances sociales tecnológicos y de otros tipos que se
unieron a una concatenación de circunstancias históricas excepcionales, la
Europa feudalizada se convirtió en el semillero de la próxima gran etapa de la
sociedad de clases, el capitalismo. ¿Cómo y por qué se originó el capitalismo?
Una vez que surgió
el dinero como consecuencia dé la expansión de las actividades comerciales
varios miles de años atrás, se lo comenzó a usar como capital. Los comerciantes
pudieron agrandar su riqueza comprando mercaderías a bajo precio y vendiéndolas
a precio alto; los prestamistas y los acreedores hipotecarios pudieron ganar
interés sobre sumas adelantadas sobre la prenda de tierra u otras garantías.
Estas prácticas eran comunes tanto en la sociedad esclavista como en la feudal.
Pero si en las
épocas precapitalistas se podía usar el dinero para que éste redituara más que
la inversión original, habrían de cumplirse otras condiciones antes de que el
capitalismo pudiera establecerse como sistema económico mundial diferenciado.
La condición primordial era un tipo especial de transacción repetida
regularmente a escala creciente. Grandes cantidades de trabajadores sin
propiedad tenían que emplearse con los poseedores del dinero y los otros medios
de producción para ganarse la vida con el salario.
El emplear y
despedir trabajadores nos parece una forma normal de llevar a cabo la
producción. Pero los pueblos indígenas jamás lo conocieron. Antes de la llegada
de los europeos, ningún indio jamás trabajó para un
214
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
patrón (la palabra
misma fue importada por los holandeses) porque ellos poseían sus propios medios
de subsistencia. El esclavo podía ser comprado, pero pertenecía y trabajaba
para un amo toda su vida. El siervo feudal o el arrendatario estaba asimismo ligado
de por vida al señor feudal y a su tierra.
La innovación
trascendental sobre la que se apoyó el capitalismo fue la institución del
trabajo asalariado como la relación de producción predominante. La mayoría de
ustedes ha recurrido a una bolsa de trabajo, una agencia de empleos o una
oficina de personal para conseguir un comprador para su fuerza de trabajo. El
empleador compra esta fuerza a las tarifas vigentes según sea por hora, por
día, o por semana y luego la utiliza bajo su supervisión para producir las
mercancías que su compañía vende posteriormente con un margen de ganancia. Esa
ganancia se produce porque los trabajadores asalariados producen valor mayor
del que el capitalista les paga por su trabajo.
Hasta el siglo XX,
este mecanismo para extraer un excedente de trabajo de las masas trabajadoras y
transferir los excedentes de riqueza que ellos crean al crédito personal del
capitalista fue el más poderoso acelerador de las fuerzas productivas y de la expansión
de la civilización. Como sistema económico diferenciado, el capitalismo tiene
sólo cerca de 450 años; ha conquistado el mundo y ha hecho ya el trayecto desde
el amanecer hasta el crepúsculo. Este es un período de vida corto comparado con
el salvajismo, que se extendió durante un millón de años o más, o el
barbarismo, que predominó durante cuatro o cinco mil años. Obviamente, los
procesos de transformación social se han acelerado considerablemente en los
tiempos modernos.
Esta aceleración en
el progreso social se debe en gran parte a la naturaleza misma del capitalismo,
que continuamente revoluciona sus técnicas de producción y todo el espectro de
relaciones sociales que surgen de ellas. Desde su nacimiento el capitalismo
mundial pasó por tres de esas fases de transformación interna. En su período
formativo, los comerciantes eran la clase dominante de los capitalistas porque
el comercio era la principal fuente de acumulación de riqueza. Bajo el
capitalismo comercial, la industria y la agricultura, los pilares de la
producción, no se realizaban habitualmente mediante el trabajo asalariado sino
que consistían en pequeños artesanados, la labranza de los campos y el trabajo
de esclavos o siervos.
215
George Novack
La era industrial
se abrió a comienzos del siglo XIX con la aplicación de la energía del vapor
para los primeros procesos mecanizados, concentrando grandes cantidades de
asalariados en las fábricas.
Los cabecillas
capitalistas de esta industria a gran escala pasaron a ser los amos de la
producción y luego los amos de países y continentes enteros, a medida que sus
riquezas, sus legiones de asalariados y su poder social y político alcanzaban
proporciones gigantescas.
Esta etapa
vigorosa, expansiva, progresiva, firme y competitiva del capitalismo industrial
dominó el siglo XIX. Se convirtió en el capitalismo monopolista del siglo XX,
que ha profundizado al máximo todas las tendencias básicas del capitalismo, y
especialmente sus características más reaccionarias, en cuanto a las relaciones
económicas, políticas, culturales e internacionales. A medida que los procesos
de producción se han ido centralizando, racionalizando, socializando, los
medios de producción y la riqueza del mundo se han concentrado en gigantescos
monopolios financieros e industriales.
SEGUNDA PARTE
Hemos examinado el
camino mediante el cual la humanidad se elevó por encima del estado animal y
hemos marcado las sucesivas etapas de ese ascenso. La humanidad tuvo que
arrastrarse a través del salvajismo durante un millón de años o más, caminar a
través del barbarismo y luego, con los hombros encorvados y la cabeza gacha,
entró por las puertas de hierro de la sociedad de clases. Allí, durante miles
de años, la humanidad soportó una dura escuela bajo el azote y el gobierno de
la propiedad privada, que comenzó con la esclavitud y alcanzó su punto
culminante en la civilización capitalista.
* * *
216
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Pasemos ahora del
progreso histórico de la humanidad, tomado en su conjunto, a examinar una de
sus partes, los Estados Unidos. La historia norteamericana se divide muy
tajantemente en dos épocas fundamental-mente diferentes. Una pertenece a los
habitantes aborígenes, los indios; la otra comienza con la llegada de los
europeos blancos a América a fines del siglo XV. Los comienzos de la actividad
humana en el Hemisferio occidental son todavía oscuros. Pero se conjetura que
hace veinte o treinta mil años los primeros asiáticos de la Edad de Piedra,
gracias a condiciones climáticas favorables que unieron esa parte de Alaska con
Siberia, cruzaron el Estrecho de Bering y lentamente se abrieron paso por
América del Norte, América Central y América del Sur. Las corrientes
migratorias posteriores pueden haber traído las prácticas de la horticultura
con ellas. Es sobre estos legados que los indios modelaron su forma de
existencia.
Quienquiera que
considere a los indios como insignificantes o incompetentes tiene una capacidad
de juicio histórico muy deficiente. La humanidad se ha elevado a su condición
actual por cuatro ramas de la actividad productiva. La primera es la
recolección de alimentos, que incluye el cavar para sacar raíces y granos, así
como la caza y la pesca. El segundo es la cría de ganado. El tercero es la
agricultura. El cuarto son los oficios, que llegaron a la industria en serie.
Los indios eran
sumamente hábiles para la caza, la pesca y otras formas de recolección de
alimento. Eran ingeniosos artesanos cuyos trabajos en algunos campos no han
sido sobrepasados jamás. Los incas, por ejemplo, hacían telas sumamente
delicadas en textura colorido y diseño. Inventaron y usaron más técnicas
diferentes de tejido en sus telares manuales que cualquier otro pueblo en la
historia.
Sin embargo fue en
el desarrollo de la agricultura donde los indios mostraron su máximo talento.
Puede que hasta hayan inventado por su exclusiva cuenta el cultivo del suelo.
De cualquier forma lo perfeccionaron en cuanto a diversificación. Nosotros debemos
a los indios la mayoría de los vegetales que actualmente nos llegan de los
campos y a través de nuestras cocinas a nuestra mesa. Los más importantes son
el maíz, las papas y las habas, pero hay además una larga lista que incluye el
tomate, el ají, el ananá, el maní, la palta y, para después de la cena, el
tabaco. Ellos conocían y usaban las propiedades de 400 especies distintas de
plantas. Ninguna planta cultivada por los indios americanos era conocida en
Asia, Europa o África antes de la invasión del hombre blanco a América.
217
George Novack
Mucho se habla de
todo lo que el hombre blanco trajo a los indios, pero poco sobre lo que los
indios dieron a los blancos europeos. La introducción de las plantas
alimenticias sacadas a los indios aumentó a más del doble la provisión de
alimentos disponibles en el Viejo Continente luego del siglo XV, y se convirtió
en un factor importante de la expansión de la civilización capitalista. ¡Más de
la mitad de la producción agrícola que se cultiva actualmente en el mundo
proviene de plantas sembradas por los indios!
Desde el siglo I al
XV, los mismos indios crearon culturas magníficas, asombrosas incluso, en base
a sus logros en la agricultura. Esta permitió a algunas de las tribus dispersas
y errantes de cazadores indios reunirse en poblaciones pequeñas pero estables,
donde se mantenían cultivando trigo, habas y otros vegetales. También
cultivaban y tejían el algodón, hacían alfarería y desarrollaban otras
artesanías.
Los incas de los
Andes, los mayas de Guatemala y el Yucatán y los aztecas de México central, no
afectados por la civilización europea y desarrollados independientemente,
constituyeron las sociedades indias más avanzadas. Sus culturas sintetizaban lo
máximo que los indios habían sido capaces de lograr en los veinticinco mil años
que la Historia ha adjudicado a su cultura. En realidad, los mayas habían
realizado cálculos matemáticos y astronómicos más complejos y avanzados que los
de los invasores europeos. Habían inventado por su cuenta el cero para su
sistema numérico, algo que les había faltado incluso a los griegos y a los
romanos.
Los indios
avanzaron hasta la etapa media del barbarismo y allí fueron interrumpidos. Si
hubieran remontado o no, contando con tiempo ilimitado y sin la interferencia
de pueblos más poderosos y productivos, todo el camino hacia la civilización,
debe quedar sin respuesta. Todo lo que se puede afirmar es que tuvieron
obstáculos formidables que superar a lo largo de ese camino. Los indios no
tenían animales domesticados importantes como el caballo, la vaca, el cerdo, la
oveja o el búfalo, que tiraron de los asiáticos hacia la civilización. Ellos
sólo contaban con el perro, el pavo, el cobayo y, en las montañas andinas, las
llamas, las alpacas, y en algunos lugares las abejas. Más aun, no usaban la
rueda, salvo en los juguetes, no conocían el uso del hierro o las armas de
fuego, y no contaban con otros recursos para civilizarse.
218
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Sin embargo, la
historia arregló esta cuestión en otra parte del globo. Porque mientras los
indios más avanzados se habían estado elevando de cazadores errantes a
habitantes de las comunidades bárbaras, los europeos, descendientes ellos
mismos de la cultura asiática, no sólo habían entrado en la sociedad de clases
sino que habían llegado a ser altamente civilizados. Sus sectores más
progresivos en la costa atlántica estaban pasando del feudalismo al
capitalismo.
Este desarrollo
desigual de la sociedad del Viejo y del Nuevo Mundo dio el marco histórico para
la segunda gran crisis de la historia americana. ¿Cuál fue el significado
esencial del trastorno desatado por los europeos occidentales al cruzar el
Atlántico? Eso representó la transición de la Edad de Piedra a la Edad de
Hierro en América, del modo de vida bárbaro al civilizado, de la organización
tribal basada sobre prácticas colectivistas a una sociedad enraizada en la
propiedad privada, la producción para el intercambio, la familia, el estado,
etcétera.
Pocos espectáculos
en la historia son más dramáticos e instructivos que la confrontación y el
conflicto entre los representantes indígenas de la vida comunal de la Edad de
Piedra y los agentes armados de la civilización de clases. La ciencia ficción
habla sobre las incursiones marcianas a este planeta en sus platos voladores.
Para los indios, las primeras incursiones del hombre blanco no fueron menos
sorprendentes e incomprensibles.
Para los indios,
estos hombres blancos tenían costumbres, normas y modos de vida completamente
extraños. Eran extraños en su aspecto y en su conducta. En realidad, las
diferencias entre los dos eran tan profundas como para ser irreconciliables.
¿Cuál fue la causa básica del choque constante y mortal entre ellos? Los dos
representaban niveles de organización social absolutamente incompatibles, que
habían surgido y se basaban en condiciones dispares y llevaban a objetivos
completamente diferentes. Aun en su punto más alto, la vida indígena estaba
basada en el colectivismo tribal y en su rústica tecnología. La psicología
india era moldeada por esas instituciones sociales.
Los indios no sólo
no tenían la rueda, el hierro ni el alfabeto; también carecían de las
instituciones, las ideas, los sentimientos y los objetivos de los pueblos
civilizados que habían sido moldeados por la tecnología y la cultura de una
sociedad adquisitiva. Estas condiciones habían acuñado un tipo muy especial de
ser humano como producto peculiar de la civilización basada sobre la propiedad
privada.
219
George Novack
Los indios más
altamente desarrollados se sustentaban con la agricultura. Pero su agricultura
no obedecía al mismo modo económico que el de los recién llegados. Los
principales medios para producir alimentos mediante el cultivo del suelo
pertenecían a toda la tribu y nada de su producción o distribución podía ser
reclamado exclusivamente por propietarios individuales. Esto era cierto con
respecto al principal medio de producción, la tierra misma. Cuando los europeos
arribaron a estas costas, desde el Atlántico al Pacífico no había un solo
centímetro de suelo en que una persona pudiera pararse y afirmar: “Esto me
pertenece sólo a mi, o a mi pequeña familia. Los demás manténgase alejados”. La
tierra pertenecía a todo el pueblo.
Era muy diferente
el caso de los hombres blancos, los portadores de un nuevo tipo, más elevado,
de sociedad. Para ellos era natural y necesario, como todavía ocurre con la
mayoría de los ciudadanos de este país, que casi todo lo que hay sobre la
tierra pase a la propiedad privada de alguno. Las ropas, las casas, las armas
de guerra, las herramientas, los barcos, hasta los mismos seres humanos, podían
ser comprados y vendidos.
Fue en la forma
brillante de los metales preciosos que la propiedad privada se convirtió no
sólo en la piedra angular de la existencia mundana sino que hasta abría las
puertas del cielo. Colón escribió a la Reina Isabel lo siguiente:
“El oro constituye
el tesoro y aquel que lo posee tiene todo lo que necesita en este mundo y
también los medios de rescatar almas del purgatorio y devolverlas al goce del
paraíso”.
Esto era
literalmente cierto en aquel entonces porque los católicos ricos podían comprar
al Papa indulgencias para sus pecados. Se dice que Cortés después de despreciar
un festín ofrecido por los nativos de México y, al ser consultado acerca de qué
cosa comían los españoles, respondió: “Nosotros,comemos oro”.
La doctrina de los
hombres blancos europeos era que todo debe tener su precio, ya sea que
corresponda a la felicidad presente o a la salvación futura. Esta idea es aún
la guía para los gobernantes plutócratas de nuestros días, quienes en sus
campañas para dominar el mundo no sólo compran individuos sino gobiernos
enteros. En su búsqueda de oro y en su codicia, Colón y los conquistadores
esclavizaron y mataron a miles de indios occidentales en las islas que
descubrieron. Y eso fue sólo el comienzo.
220
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Visto desde la
perspectiva de la historia mundial, este momento crucial de América se
caracterizó por la conjunción de dos procesos revolucionarios. El primero fue
el cambio de la Europa marítima de base feudal a la burguesa. Parte de esta
revolución de Europa occidental fue un empujón hacia el exterior a medida que
los comerciantes capitalistas extendían sus operaciones por todo el globo. Sus
expediciones para exploración, comercialización. y piratería hicieron cruzar el
océano a los emisarios del embrión de sociedad burguesa europea y los llevó al
choque con los indios. La violación de las antiguas culturas de los aztecas y
los incas, la esclavización y el exterminio de los nativos por parte de los
conquistadores españoles y otros, fue una ofensiva colateral de esta revolución
europea en nuestro continente.
Mediante la
ampliación del proceso revolucionario, los pueblos de la Edad de Piedra de
América fueron derrotados por los más avanzados representantes de la
civilización de clase, que tomaron su lugar. Este no fue el único continente en
el que se dio este proceso. Lo que ocurrió desde el siglo XV al XIX en el Nuevo
Mundo había ocurrido mucho antes en la misma Europa occidental; y habría de
llegar hasta las más remotas regiones del mundo, a medida que el capitalismo se
fue extendiendo sobre la tierra desde aquel tiempo hasta el nuestro.
El combate entre
los pueblos de la Edad de Piedra y los representantes de la era burguesa fue
arduo. Sus guerras se extendieron durante cuatro siglos y terminaron con la
desintegración, el desplazamiento o la destrucción de culturas prehistóricas y
con la supremacía indiscutible de la sociedad de clases.
Con el advenimiento
de los europeos blancos (así como de los esclavizados africanos de color que
ellos transportaron hasta aquí), la historia americana entró en carriles
totalmente diferentes, un nuevo curso señalado por las necesidades del joven
capitalismo mundial en expansión.
Llegamos ahora a la
pregunta más crucial: ¿Cuál ha sido la línea principal del crecimiento
norteamericano desde 1492? Existen diversas preguntas: el avance de la
independencia nacional, la expansión de la democracia, el hecho de que el
hombre común haya llegado a ser dueño de sí mismo, o la expansión de la
industria. Cada una de estas fórmulas conocidas que se enseñan en las escuelas
corresponde a algún aspecto del proceso, pero ninguna va al centro de la
cuestión.
221
George Novack
La respuesta
correcta a esa pregunta es que, a pesar de las desviaciones, la línea principal
de la historia norteamericana ha consistido en la construcción y la
consolidación de la civilización capitalista, a la que ha llevado a su
culminación en nuestros propios días. Cualquier intento de explicar el
desarrollo de la sociedad norteamericana a partir del siglo XVI se dará de
bruces con este hecho.
El descubrimiento,
la exploración, la colonización, el cultivo, la explotación, la democratización
y la industrialización de este continente, todo debe verse como pasos sucesivos
para promover la construcción de la sociedad burguesa. Esta es la única interpretación
de los acontecimientos decisivos de los últimos 450 años en Norteamérica que
tiene sentido, da continuidad y coherencia a nuestra compleja historia, hace la
distinción entre las corrientes principales y las tributarias y está
convalidada por el desarrollo de la sociedad norteamericana. En nuestra
historia nacional, todo tiene que estar referido y ligado al proceso de
implantar el modo capitalista de vida en su expresión máxima y, hoy en día, más
perniciosa. A esta forma se la llama comúnmente “american way of life”. Una
caracterización más realista y honesta sería el modo capitalista de vida,
porque, como ya señalaré, esta frase está destinada a ser sólo una expresión
históricamente limitada y pasajera en la vida civilizada de Norteamérica.
La importancia
central de la formación y transformación de la sociedad burguesa puede
demostrarse de otra manera. ¿Cuál es la peculiaridad más destacada de la
historia norteamericana desde la llegada de los europeos? Han habido muchas
peculiaridades en la historia de este país; en algunos aspectos este es un país
muy peculiar. Pero lo que distingue a la vida norteamericana del desarrollo de
las otras grandes naciones del mundo es que el crecimiento y la construcción de
la sociedad norte-americana se produce enteramente dentro de la época de la
expansión del capitalismo a escala mundial. Esa es la clave para entender la
historia norteamericana, ya sea la historia colonial, la del siglo XIX o la del
siglo XX.
Es diferente el
caso de otros países líderes como Inglaterra, Alemania, Rusia, India, Japón o
China. Estos países pasaron por largos períodos de civilización esclavista o
feudal que les han dejado su marca hasta nuestros días. Ahí lo tenemos a Mac
Arthur, preservando esa reliquia feudal, el Emperador de Japón, o esa delicia
de los suplementos dominicales, la monarquía de Inglaterra.
222
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Estados Unidos, por
otra parte, saltó del salvajismo y el barbarismo al capitalismo, haciendo un
saludo por el camino al esclavismo y al feudalismo, que ocuparon sólo lugares
secundarios en la construcción del sistema burgués. En un par de siglos, el pueblo
norteamericano pasó a la carrera etapas de desarrollo social que al resto de la
humanidad le llevó muchos miles de años recorrer. Pero estos dos procesos
estaban estrechamente ligados.
Si el resto de la
humanidad no hubiese conseguido ya estos logros, los norteamericanos, no
hubieran podido avanzar tanto y tan rápido. Las tareas de los pioneros son
invariablemente más duras y toma más tiempo llevarlas a cabo.
La fusión de la
revolución antifeudal en Europa con las guerras de exterminio contra los indios
introdujeron el período burgués en la historia norteamericana. Este período que
se ha extendido durante 450 años. Se divide en tres etapas diferentes; cada una
de ellas se distingue por cambios revolucionarios en la vida norteamericana.
El primer periodo
es el de la Norteamérica colonial, que se extendió desde 1500 hasta la sanción
de la Constitución de los Estados Unidos en 1788-1789. Si analizamos las formas
sociales y las fuerzas económicas de la vida norteamericana durante estos tres
siglos, la Norteamérica colonial, periodo formativo de nuestra civilización, se
destaca como una fusión excepcional de factores precapitalistas con las nuevas
formas y fuerzas de producción. El colectivismo tribal de los indios fue
transformado, desplazado, aniquilado; se importaron vestigios de feudalismo
desde Europa y se los trasplantó a nuestro suelo. Las estancias del sur de
California a comienzos del siglo XIX habían sido precedidas por baronías
coloniales; colonias enteras, como Maryland y Pennsylvania eran propiedad de
terratenientes a los que la monarquía inglesa les había otorgado derechos. Los
grandes hacendados explotaban a los sirvientes blancos contratados y a los
esclavos de color considerados bienes muebles, los que en muchos lugares aportaban
la mayor parte de la fuerza del trabajo.
Junto a ellos había
cientos de miles de pequeños agricultores, cazadores, tramperos, artesanos,
comerciantes, traficantes, etcétera, relacionados con las nuevas formas de
propiedad y actividad económica, animados por las costumbres, los sentimientos
y las ideas del capitalismo en ascenso en Europa que ahora comenzaba a
prosperar de este lado del Atlántico.
223
George Novack
El interrogante
fundamental planteado por este avance era ¿quién prevalecería, las fuerzas
precapitalistas o las capitalistas? Este fue el eje de las luchas sociales por
la posesión del Nuevo Mundo entre las naciones europeas, y caracterizó el
período colonial. La definición en este frente se produjo entre los años 1763 y
1789. el período de preparación, estallido, lucha y conclusión de la Primera
Revolución Norteamericana. Esta fue la primera etapa de la revolución
democrático burguesa en este continente.
Tomó la forma de
una guerra entre los gobernantes y sostenedores de Gran Bretaña y las masas
coloniales dirigidas por representantes de los comerciantes, banqueros y
manufactureros del Norte y los hacendados del sistema esclavista del Sur. que
era un apéndice del capitalismo nativo en ascenso. El resultado de la contienda
determinó la etapa siguiente del destino del capitalismo norteamericano. Si la
dominación de Gran Bretaña hubiese persistido, eso podría haber frenado y
viciado el desarrollo posterior de la sociedad burguesa, como lo hizo en India
y África.
La Primera
Revolución estadounidense y su guerra por la independencia fue un movimiento
auténticamente popular. Movimientos así destruyen mucho de lo que está podrido
y listo para enterrar. Pero, por sobre todas las cosas, son socialmente
creativos, dan nacimiento a instituciones que proveen los modos y los medios
para la próxima oleada progresista. Eso fue por cierto una realidad en lo que
respecta a nuestra primera revolución nacional, que está profundamente
arraigada en la conciencia estado-unidense e internacional. Tan poderosas y
permanentes son sus tradiciones que en la actualidad ponen en aprietos a los
gobernantes capitalistas de este país en sus tratativas con los movimientos
coloniales de emancipación.
¿Cuáles fueron los
logros notables de esta primera etapa de la revolución democrático burguesa
norteamericana? La derrota del gobierno reaccionario de los diez mil
comerciantes, banqueros, terratenientes y manufactureros de Gran Bretaña
quienes, luego de contribuir al impulso de las colonias estadounidenses, se
convirtieron en el mayor obstáculo para su avance posterior. Les dio
independencia a las colonias, las unificó y eliminó vestigios feudales, como
las tierras patrimoniales de la corona. Democratizó los estados y les dio una
forma republicana de gobierno. Abrió paso a una rápida expansión de la
civilización, en sus formas capitalistas nativas, desde el Atlántico al
Pacífico. La revolución tuvo repercusiones inter-nacionales. Inspiró y protegió
movimientos similares durante el siglo siguiente en las colonias
latinoamericanas y hasta se reflejó en el Viejo Continente. Una muestra de ello
es el diario de Gouverneur Morris, un
224
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
dirigente
financiador del Partido Patriota, quien pasó a ser uno de los primeros
embajadores de Estados Unidos en Francia. Se encontraba en París vendiendo
propiedades norteamericanas a aristócratas amenazados con el exilio por la
Revolución Francesa. Estos clientes se quejaban ante el comprensivo Morris de
que si sus compatriotas se hubiesen abstenido de hacer la revolución el pueblo
francés jamás se hubiera dado cuenta ni hubiera tenido el valor de seguir el
ejemplo.
Pero ni siquiera la
revolución más profunda puede hacer más de lo que las posibilidades históricas
permiten. En las dos décadas siguientes se manifestaron dos serios
inconvenientes en el funcionamiento de esta primera conmoción. Uno fue el hecho
de que la revolución no eliminara y no pudiera eliminar el basamento en que la
institución de la esclavitud estaba enclavado. Muchos dirigentes de esa época,
entre ellos Thomas Jefferson, esperaban que la esclavitud desaparecería sola,
ante condiciones económicas desfavorables.
El segundo
inconveniente fue que aunque la revuelta dio la independencia política a los
norteamericanos, no podía dar la independencia total al país en el sentido
capitalista. Esto era así en dos aspectos: en lo interno los capitalistas del
Norte tenían que compartir el poder con los propietarios de esclavos del Sur,
junto a quienes habían librado la guerra revolucionaria por la independencia y
establecido el nuevo gobierno; en el mercado internacional seguían
económicamente subordinados a la estructura industrial y financiera de
Inglaterra, más avanzada.
Los líderes de la
revolución eran conscientes de estas deficiencias. El mismo Gouverneur Morris
escribió al Presidente George Washington desde París el 30 de septiembre de
1791:
“Realizaremos (…)
un progreso grande y rápido en manufacturas útiles. Sólo esto falta para
completar nuestra independencia. Entonces seremos, por así decirlo, un mundo en
nosotros mismos, y estaremos lejos de las sacudidas y guerras de Europa, sus
diversas revoluciones nos servirán simplemente como instrucción y
entretenimiento. Como el rugir de un mar tempestuoso, que a una cierta
distancia se torna un sonido agradable.”
Sin embargo, se
produjo una rareza de la historia que descalabró esta agradable perspectiva.
Fue el resultado de una doble revolución en la tecnología, una en Europa, en
especial en la industria inglesa; la otra en la agricultura norteamericana. La
instalación de fábricas con maquinaria a
225
George Novack
vapor en la
industria inglesa, especialmente en la industria textil, su rama más
importante, creó una demanda de grandes cantidades de algodón. La invención de
la desmotadora de algodón permitió a los hacendados del sur cubrir esa demanda.
En consecuencia la
esclavitud, que había estado languideciendo en los viñedos, adquirió un nuevo
plazo de vida. Esta combinación económica confirió a los nobles del Reino del
Algodón del sur una tremenda riqueza y poder. Un estudio de la historia norteamericana
de la primera mitad del siglo XIX muestra que su vida nacional y política
estaba dominada y dirigida por la lucha por la supremacía librada entre las
fuerzas centradas alrededor de los propietarios de esclavos del sur por un lado
y las de los que se oponían a la esclavitud por el otro. El problema social
crucial que enfrentaba la nación no siempre era expuesto abiertamente. Pero
cuando se rastreaba cada uno de los otros conflictos hasta sus raíces, se veía
que guardaba relación con el interrogante: ¿Qué vamos a hacer los
norte-americanos con respecto a la esclavitud?
(Una situación
similar se da hoy en relación al capitalismo. Sea cual sea la disputa que agite
la vida político-económica de este país, tarde o temprano se plantea la gran
pregunta socioeconómica: ¿Qué vamos a hacer nosotros, los norteamericanos, con
respecto al capitalismo?)
Durante los
primeros cincuenta años del siglo XIX, los aristócratas algodoneros del sur sin
duda ocuparon el centro de la escena. Se ensoberbecieron con su poder y sus
privilegios, que pensaron que gozarían indefinidamente. Luego, alrededor de
1850, las condiciones comenzaron a cambiar rápidamente. Apareció una nueva
combinación de fuerzas sociales que llegaría a ser lo suficientemente fuerte no
sólo para desafiar el poder esclavista sino para enfrentarlo en una guerra
civil, vencerlo y eliminarlo.
Es sumamente
instructivo estudiar la mentalidad y el criterio del pueblo norteamericano en
1848. Ese fue un año de revoluciones en los principales países de Europa
Occidental. El pueblo de los Estados Unidos, incluso sus grupos gobernantes,
contemplaron estos estallidos con espíritu aislacionista.
Ciertos sectores de
las clases gobernantes de los Estados Unidos incluso veían con buenos ojos
estas revoluciones europeas, porque estaban dirigidas principalmente contra las
monarquías. Aquí no había monarquías que derrocar, aunque sí una aristocracia esclavista
enraizada en el Sur. Aunque la mayor parte del común de la gente de los Estados
Unidos
226
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
simpatizaba con las
revoluciones europeas, las consideraban sólo una puesta a tono con lo que en
este país ya se había logrado. Los norte-americanos se decían a sí mismos:
“Nosotros ya hemos
tenido nuestra revolución y no necesitamos nada más aquí. El cupo de
revoluciones que tenemos asignado por la historia está agotado.”
No veían su futuro
ni siquiera con quince años de anticipación. La revolución democrático burguesa
aún tenía una cantidad considerable de tareas inconclusas. Durante la década de
1850 resultó más claro que los propietarios de esclavos del Sur no sólo profundizaban
su autocracia en los estados sureños sino que estaban tratando de llevar la
esclavitud al resto del país. Ese pequeño grupo de hombres ricos se abrogaba el
derecho de decir al pueblo lo que podía y lo que no podía hacer, hacia dónde
debía expandirse el país, y cómo había que manejar o no los asuntos de
Norteamérica.
De este modo
resultó necesaria una segunda revolución para completar aquellas tareas que
habían quedado sin resolver a fines del siglo XVIII y para liquidar los
principales problemas que el pueblo estadounidense había enfrentado en el
Ínterin. Fueron necesarios trece años de luchas preparatorias, cuatro años y
medio de guerra civil, doce años de reconstrucción... alrededor de treinta años
en total para esta intensa e inevitable conmoción revolucionaria.
Lo que es más
importante para nosotros ahora son los resultados netos de ese esfuerzo.
Cualquier escolar sabe que se abolió el poder esclavista y que la población
negra fue liberada de las cadenas de la esclavitud. Pero el logro principal de
esta revolución desde el punto de vista del desarrollo norteamericano y mundial
fue que se levantó el último de los impedimentos internos para la marcha del
capitalismo norteamericano, y se abrió el camino para la consolidación del
gobierno capitalista.
Ese período vio la
conclusión de la contienda librada a partir de 1492 entre las fuerzas
precapitalistas y las procapitalistas en este continente. Veamos lo que pasó a
los pueblos que representan las diversas formas de vida precapitalistas. Los
indios, que corporizaban el salvajismo y el barbarismo, habían sido
exterminados, o desplazados y confinados en reservas. Inglaterra, que había
sostenido el feudalismo y el sojuzgamiento colonial, había sido eliminada; el
capital norteamericano había logrado no sólo la supremacía política sino
también la independencia económica. Los
227
George Novack
hacendados del sur,
que fueron la última fuerza precapitalista importante en ser arrancada del
camino, habían sido aplastados y expropiados por la Guerra Civil y la
Reconstrucción.
Los gobernantes
capitalistas del sistema industrial estaban entonces como el Conde de
Montecristo, que cuando se evadió de la cárcel, con tanta riqueza y libertad
recién conquistada en su poder, exclamó: “¡El mundo es mío!”. Y
han estado actuando de acuerdo a esa premisa desde entonces.
Quisiera ahora
hacer varias observaciones sobre el desarrollo económico y político de la
sociedad norteamericana desde 1492 hasta el triunfo de la clase capitalista.
Como ya se ha señalado, la propiedad privada de los medios de producción
virtualmente no existía en este continente hasta el siglo XV. De allí en
adelante, a medida que los colonos blancos se extendían, la tendencia dominante
era que todos los medios de producción pasaran a manos privadas y fueran
explotados en forma privada. La tierra, por ejemplo, que había sido propiedad
tribal, fue dividida y apropiada por individuos o corporaciones en toda la
extensión del país.
Luego de la
victoria de los banqueros, comerciantes y manufactureros del Norte, a mediados
del siglo XIX, este proceso pasó a un plano más elevado aún. Los medios de
producción bajo propiedad privada fueron concentrándose más y más en
corporaciones. En la actualidad un particular podría estar en condiciones de
construir un auto o un avión, pero sin muchos, muchos millones de dólares no
podría competir en el mercado con la General Motors o la Ford o la Lockheed o
la Douglas. Hasta un magnate como Henry J. Kaiser lo experimentó con los autos.
Hoy en día
difícilmente haya un acre de tierra sin escriturar. En realidad, la Guerra
Civil estimuló este proceso a través de la ‘Ley de Heredad’ que otorgó 160
acres a particulares, y de otras leyes del Congreso que entregaron millones de
acres a corporaciones ferroviarias. En lo que se refiere al otorgamiento de
tierras a pequeños agricultores, esto fue progresivo porque era la única forma
de acelerar el desarrollo de la agricultura en las condiciones del momento.
Es imposible
detallar aquí la colonización y la construcción del Oeste y del Medio Oeste,
pero ciertas consecuencias de la expansión capitalista son dignas de mención.
Primero, como resultado de esta expansión capitalista la mentalidad del
norteamericano medio, contrariamente a la de los indios, ha sido moldeada de
tal manera por las instituciones de la propiedad privada que sus pautas son
difíciles de erradicar. Los europeos se
228
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
introdujeron en la
América de los indios; sus descendientes están incursionando en el espacio
exterior. Un ejemplo extremo, absurdo, pero por eso mismo sumamente instructivo
de los efectos de la expansión capitalista en la conciencia norteamericana es
un despacho de prensa desde Illinois con el titular:
“Quién es el
propietario del espacio exterior. Un habitante de Chicago insiste en que es
él”.
La noticia
continuaba:
Con los planes
actualmente en ejecución para lanzar un satélite terrestre construido por el
hombre, la pregunta era inevitable [inevitable, por supuesto, para los
norteamericanos que creen que la propiedad privada es sagrada]: ¿Quién es el
dueño del espacio exterior? La mayoría de los expertos coincidieron en que la
cuestión rondaba en sus mentes. Los científicos expertos en cohetería dijeron
que eso era un problema para los peritos en derecho internacional. Los abogados
dijeron que ellos no tenían precedentes en qué basarse. Sólo James T. Mangan,
un agente de prensa de Chicago, tiene una respuesta firme a la cuestión de la
soberanía del espacio. Mangan declara que él es el dueño del espacio exterior.
Para respaldar su pretensión tiene una escritura archivada en el Registro de
Cook County (Chicago). La escritura, aceptada luego de que la oficina del
Procurador Fiscal del Estado apoyara solemnemente la demanda en una opinión
jurídica de cuatro folios, daba la posesión de “todo el espacio hacia todas las
direcciones desde la tierra a medianoche”, 20 de diciembre de 1948. Mangan
declaró que el estatuto de limitaciones para recusar el documento vence el 20
de diciembre de 1955 y agregó: “El gobierno no tiene derecho legal al espacio
sin mi consentimiento.”
Si esto es una
locura, sin embargo hay método en ella. Su método es el eje principal del modo
de vida capitalista. Este caballero. Mangan, está sólo extendiendo lógicamente
a la exploración del espacio exterior el mismo credo adquisitivo que llevó a
nuestros próceres a tomar posesión del continente norteamericano. Este singular
fanático de la propiedad privada piensa que por lejos que volemos en el espacio
y por mucho tiempo que pase, va a regir la misma ley. Difiere de otros
exponentes del capitalismo sólo en la osadía y la consecuencia de su lógica
respecto a la propiedad privada.
229
George Novack
El segundo punto
del que me quiero ocupar es la relación entre la evolución y la revolución.
Frecuentemente se presenta a estas dos fases del desarrollo social como
opuestos, como contrarios sin relación entre sí, como alternativas
irreconciliables. ¿Qué nos enseña la historia norte-americana en este sentido?
El pueblo norteamericano ha pasado ya por dos períodos revolucionarios en su
historia nacional, cada uno de ellos como culminación de prolongados periodos
de progreso social basados en logros anteriores.
Durante el
intervalo entre las revoluciones se dieron cambios relativamente pequeños en
las vidas de la gente. Por lo tanto tomaban como algo natural la estructura de
sus vidas, la consideraban fija y definitiva, y les resultaba difícil imaginar
una forma distinta. La idea de un cambio revolucionario en sus propias vidas y
durante sus vidas les parecía fantasioso o al menos inaplicable. Sin embargo
fue durante estos mismos períodos de progreso evolutivo que la acumulación a
menudo imperceptible de cambios preparó un cambio más drástico.
Los nuevos
intereses de clase, que se tornaron poderosos pero quedaron insatisfechos, los
conflictos sociales y políticos, que se repetían pero quedaban sin resolver,
los cambios en las relaciones entre las fuerzas sociales antagónicas seguían
afirmándose en una serie de disturbios hasta que alcanzaron un punto crítico.
El pueblo de este país no era temerario. Se hicieron todos los intentos
posibles para llegar a acuerdos razonables entre las fuerzas contendientes, y
con frecuencia se lograban. Pero, pasado un tiempo, esas treguas resultaban
ineficaces y de corta vida. El conflicto irrefrenable de las fuerzas sociales
estallaba en niveles superiores hasta que se llegó al punto de ruptura.
Tomemos el ejemplo
de los colonos norteamericanos de 1763. Acababan de salir –codo a codo con la
madre Inglaterra– de una guerra triunfante contra los franceses y los indios.
No preveían que en un lapso de diez años estarían combatiendo por su propia libertad
en contra de Inglaterra y junto a la misma monarquía francesa que habían
combatido en 1763. Eso les hubiera parecido imposible. Sin embargo ocurrió poco
más de una década después. El Dr. Benjamín R. Rush, uno de los signatarios por
Pennsylvania de la Declaración de la Independencia, señaló en su Autobiografía que:
230
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
No había un solo
hombre en un millar que contemplara o deseara la independencia de nuestro país
en 1774, y sólo unos pocos de los que daban su conformidad preveían la inmensa
influencia que pronto tendría ésta en el carácter nacional e individual de los norteamericanos.
Así también, la
mayoría de los norteños, que gozaron del boom económico en
Norteamérica desde 1851 a 1857 –el mayor boom del siglo XIX antes de la Guerra
Civil–, no calculaban que, como resultado de los procesos internos acelerados
por esa misma prosperidad, el país iba a ser dividido por la cuestión de la esclavitud
cuatro años después de la depresión de 1857. En lugar de ello, razonaban:
¿Acaso no ha habido un acuerdo con los propietarios de esclavos en 1859? ¿no
podrían hacerse otros? Realmente hubo intentos de acuerdos hasta el mismo
momento del estallido de la Guerra Civil, e incluso después.
Por supuesto que en
los extremos, tanto los abolicionistas como los “Fire-Eaters”35 del Sur profetizaban una evolución diferente y, a su manera, se
preparaban para la revolución que se avecinaba. Pero estas voces radicales de
la izquierda y la derecha eran pocas y estaban lejos unas de otras.
Estos episodios
cruciales de la historia norteamericana demuestran que, en la sociedad de
clases, los períodos de evolución social preparan fuerzas para
la solución revolucionaria de los problemas acumulados y no
resueltos de los pueblos y las naciones. Esta extirpación revolucionaria crea a
su vez las premisas para una nueva etapa superior de progreso evolutivo. La
historia norteamericana de los siglos XVIII y XIX muestra esta alternancia con
claridad excepcional.
Es importante
notar, como un tercer punto al tratar las consecuencias del desarrollo
capitalista en los Estados Unidos, que nuestras revoluciones nacionales
partieron directamente de condiciones internas. No fueron importadas por
“agitadores externos” aunque algunos, como Tom Paine, hayan jugado roles
importantes. Provenían de la maduración de conflictos entre fuerzas sociales
internas. Pero esto es sólo un aspecto de la cuestión. Las luchas intestinas a
su vez estaban relacionadas, condicionadas y determinadas por el desarrollo
económico y social mundial.
35 Literalmente “come
fuegos”: la extrema derecha esclavista en la Guerra Civil
norte-americana. Los abolicionistas eran la extrema izquierda.
N. del Ed.
231
George Novack
Anteriormente
señalamos que las revoluciones burguesas antifeudales, que estaban
transformando a Europa, provocaron un ímpetu migratorio que cambió la faz de
América; la conquista de nuestro continente fue un producto de esas
revoluciones. La primera Revolución Norteamericana se dio durante la era del
capitalismo comercial, que fue la primera etapa del desarrollo capitalista
mundial. Históricamente, forma parte de una serie de revoluciones democrático
burguesas por las cuales la clase capitalista llegó al poder a escala
internacional. La primera Revolución Norte-americana debe ser considerada una
criatura de la revolución burguesa de Inglaterra de mediados del siglo XVII y
una suerte de padre de la revolución democrático burguesa de Francia de fines
del siglo XVIII.
El comercio de este
período, no sólo el norteamericano sino el mundial, produjo una poderosa clase
comerciante en el Norte, respaldada por los trabajadores portuarios y los
artesanos en las ciudades costeras y por los agricultores libres en el campo.
Estos se convirtieron en las tropas de choque de los Hijos de la Libertad.36 No es casual que el próspero puerto de Boston, habitado por comerciantes
ricos que querían deshacerse de la hegemonía británica, y los robustos
trabajadores portuarios, los estibadores y los marineros, estuvieran a la
vanguardia en la lucha contra Gran Bretaña, y que la guerra revolucionaria
misma hubiera tenido como detonante los esfuerzos británicos para amordazar y
asfixiar a Boston.
La segunda
Revolución Norteamericana se produjo en el momento de mayor expansión del
capitalismo industrial a ambos lados del Atlántico. El período de 1848 a 1871
estuvo marcado por guerras y revoluciones. Estos conflictos no indicaban la
desintegración del capital mundial, como en el siglo actual, sino que
terminaron por dar a la clase capitalista una supremacía absoluta en una serie
de países de América y Europa.
La segunda etapa de
la revolución democrático burguesa de los Estados Unidos, la Guerra Civil, dio
las riendas a los industriales del Norte. Fue el acontecimiento revolucionario
descollante de todo el período comprendido entre 1848 y 1871, que comenzó con
las abortadas revoluciones francesa y alemana de 1848 y terminó con la Guerra
Franco Prusiana y la Comuna de París en 1871. El acontecimiento decisivo de ese
período de la historia mundial fue la victoria de los capitalistas
estadounidenses en este país, lo que anunció su ascenso al poder mundial.
36 “Sons
of Liberty”, logia patriótica formada en Boston aproximadamente en 1770.
Abogaban por la
independencia de los Estados Unidos. N. del Ed.
232
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Con estas lecciones
en mente, echemos ahora un vistazo a la marcha de la sociedad norteamericana
desde el final del período de la Guerra Civil hasta nuestros días. Habiendo
cosechado los frutos de dos revoluciones triunfantes, los capitalistas
comenzaron a disfrutarlos. Para ellos, la revolución en Norteamérica era cosa
del pasado; Estados Unidos avanzaría con pasos cortos y lentos. Realmente ha
habido una evolución significativa de la sociedad capitalista, basada en los
logros de las revoluciones anteriores. Pero en la dialéctica de nuestro
desarrollo nacional, es esta misma expansión extraordinaria de las tuerzas
productivas capitalistas lo que ha estado preparando los elementos para otro
choque inevitable, y esta vez a fondo, entre las fuerzas de clases
correspondientes a distintas etapas de la evolución económica y social.
Desde 1878 han
estado operando dos tendencias principales en este país. La que predomina hasta
la fecha ha sido la creciente concentración de poder económico, político y
cultural en manos de los monopolistas. Ocasionalmente han sido desafiados, pero
nunca desalojados. Hoy son descarados e insolentes en el ejercicio del poder.
Como dijo el Sr. Wilson, que pertenece al más grande de los monopolios y al
Ministerio de Defensa: “Lo que es bueno para la General Motors es bueno
para el país”.
Este es el eco de
la afirmación de un antiguo monarca absolutista, Luis XIV: “El Estado
soy yo”. El viejo régimen de Francia tuvo su funeral en 1789. Todo en
este mundo (y esto es especialmente cierto para los regímenes políticos y los
sistemas sociales en la sociedad de clases) lleva dentro de sí su propio
opuesto, su propio fatal opuesto. Esto es por cierto verdad con respecto al
poder del capitalismo que engendra su propia némesis en la capacidad productiva
(y política) del trabajo asalariado.
La ironía es que
cuanto más grande es la riqueza de los capitalistas, más fuerte se vuelve la
posición social de los trabajadores explotados de quienes los capitalistas
extraen su riqueza. Estados Unidos ha presenciado, codo a codo con el
surgimiento del capitalismo monopolista, el crecimiento de un movimiento obrero
cada vez más fuertemente organizado, centralizado y unificado. Desde el momento
en que los capitalistas y los trabajadores asalariados nacieron juntos, han
habido diferencias, roces, estallidos de conflictos, huelgas, lockouts, entre
sectores de estas dos clases. Surgen de la naturaleza misma de sus relaciones,
que son antagónicas.
233
George Novack
En general, hasta
ahora estos conflictos nunca han pasado los límites de la estructura política y
económica básica implantada por la Guerra Civil. Se los ha dominado, conciliado
y apaciguado. No obstante todos los disturbios, los gobernantes monopolistas se
han atrincherado más firmemente en sus posiciones supremas. Sin embargo,
mirando más de cerca el desarrollo se descubre que la clase trabajadora ocupa
un lugar cada vez más influyente, aunque subordinado aún, en nuestra vida
nacional.
El interrogante
vuelve a presentarse con fuerza renovada: ¿Continuará indefinidamente esta
situación de estancamiento de las clases, con los trabajadores en una posición
secundaria? Los capitalistas contestan, naturalmente, que puede y debe ser así.
Más aun, hacen de todo, desde enseñar en la escuela que la estructura social
del sistema se perpetúa hasta sancionar leyes antiobreras, para asegurarse la
continuación del statu quo. Los dirigentes sindicales, por su parte, aceptan
esta proposición general.
Ni los portavoces
capitalistas ni los dirigentes de la AFL-CIO encontrarán ningún precedente en
la historia norteamericana que refuerce sus expectativas de mantener
indefinidamente el statu quo. Esa es una lección de nuestro pasado nacional que
la “perspectiva” del socialismo pone de relieve.
Durante muchos
años, a pesar de riñas ocasionales, los colonialistas norteamericanos se
llevaron bien con la madre patria y hasta acariciaban el lazo. Luego vino un
cambio muy rápido y muy radical en las relaciones, un duelo a muerte. Lo mismo
puede decirse de la larga coexistencia entre los estados libres del Norte y los
esclavistas del Sur. Durante sesenta años los norteños tuvieron que estar
subordinados a la autocracia esclavista del Sur hasta el punto de que la mayor
parte del país llegó a creer que esta situación se mantendría indefinidamente.
Los propietarios de esclavos, como hoy los capitalistas, enseñaban que su “modo
americano de vida” era la cumbre de la civilización. Pero una vez que la nueva
combinación de fuerzas progresistas se vio obligada a hacer valer sus derechos,
las diferencias que habían estado madurando estallaron en una guerra civil que
eliminó el viejo orden. Los colaboradores políticos de ayer se transformaron en
enemigos irreconciliables al día siguiente.
234
LA DIALÉCTICA DEL
PROCESO HISTÓRICO
Los que sostienen
el statu quo en este país pueden encontrar todavía menos
respaldo en las tendencias principales de la historia mundial de nuestra época.
En 1848, en un momento en que las clases capitalistas a ambos lados del
Atlántico hacían rodar las monarquías y las aristocracias feudales, los
pioneros comunistas proclamaban por primera vez pública-mente sus ideas y
ponían en marcha el movimiento del socialismo científico que ha llegado a ser
la guía de la clase obrera mundial en su lucha de emancipación. En 1917,
sesenta y nueve años más tarde, se estableció el primer estado obrero en la
Unión Soviética. No se creó ningún otro durante casi tres décadas.
Luego vino la
Segunda Guerra Mundial, que extendió el dominio de la propiedad colectiva por
toda Europa oriental, y después la victoria de la Revolución China, que derribó
al capitalismo en esa importante potencia de Oriente.
Todo esto equivale
a un avance colosal en la historia mundial. Lo esencial de la nueva etapa es
que al movimiento de avance del capitalismo, que ha dominado la historia
mundial desde el siglo XVI al XIX. le ha sucedido, en el siglo XX y a escala
mundial, el movimiento anticapitalista de la clase obrera socialista y sus
aliados coloniales.
FIN

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