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© Libro N° 14168. Un Fantasma Recorre El Campo. Acevedo Arriaza, Nicolás.  Emancipación. Agosto 16 de 2025

 

Título Original: © Un Fantasma Recorre El Campo. Nicolás Acevedo Arriaza

 

Versión Original: © Un Fantasma Recorre El Campo. Nicolás Acevedo Arriaza

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://www.marxists.org/espanol/tematica/agro/chile/UnFantasmaRecorreElCampo.pdf


 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

UN FANTASMA RECORRE EL CAMPO

Nicolás Acevedo Arriaza

Un Fantasma Recorre El Campo




Comunismo y Politización Campesina en Chile (1935-1948)





Nicolás Acevedo Arriaza

 







Un fantasma recorre el campo 

Nicolás Acevedo Arriaza

 

 

 

 

 

 


Santiago de Chile, marzo 2023


Nueva edición


ISBN: 978-956-9645-14-3


Ariadna Ediciones


http://ariadnaediciones.cl/


https://doi.org/1026448/ae.9789569645143.65


Portada y diagramación: Matías Villa Juica.


Imagen de portada: Revista Principios, n°18, mayo-junio 1953


Obra bajo Licencia Creative Commons

 

 

 

 

 














Ariadna Ediciones postula y/o indexa su producción en Repositorio ANID (solo proyectos con folios FONDECYT u otras agencias de financiamiento chilenas), Book Citation Index (sólo en inglés), ProQuest, OAPEN, ZENODO, HAL Archives Ouvertes, DOAB, Digital Library of the Commons, SSOAR, Open Library (Internet Archive) Catalogue du Système Universitaire de Documentation

 

(SUDOC, Francia); UBL (Universidad de Leipzig).

 

Impreso en Talleres Gráficos LOM.



























 

 

A Zudelia y Amalia, mis abuelas que migraron del campo a Santiago por una vida mejor.

 

 

A Simón, Antonia, Santiago y Camila, por supuesto con mucho amor.



 




















 

 

Índice

 

 

 

 

9 | Nota a esta Edición

 

11 | El mito de la marginalidad (A modo de prólogo)

 

13 | El mito de la marginalidad (Extracto)

 

19 | Agradecimientos

 

21 | Introducción

 

31 | Capítulo I: Del Frente Único al triunfo del

Frente Popular (1935-1938)

 

36 | La conflictiva formación del Frente Popular

(1935-1936)

 

44 | La política agraria del PCCh y los principales debates parlamentarios.

 

56 | El papel del campesinado y la recepción del marxismo

 

(1936-1938)

 

68 | Politización campesina comunista y la campaña presidencial (1935-1938)

 

83 | Capítulo II: De la sindicalización campesina a la Segunda Guerra Mundial (1939-1941)

 

87 | Un terremoto social: la sindicalización campesina y el despojo patronal

 

98 | La política agraria del PCCh y sus conflictos con el Partido Socialista

 

110 | La Segunda Guerra Mundial y la influencia del leninismo-stalinismo



122 | El largo recorrido de la politización campesina en el Frente Popular

 

137 | Capítulo III: De la Unión Nacional a la organización de la FINTA (1942-1945)

 

141 | La Unión Nacional, el Partido Único y la defensa de la democracia.

 

148 | La formación de la FINTA y la política agraria defensiva.

156 | La Unión Soviética y el nazi-fascismo:

la civilización contra la barbarie

 

167 | La FINTA en acción: sindicalización campesina y pequeños agricultores

 

187 | Capítulo IV: Del fin de la guerra a la ‘Ley Maldita’

(1945-1948)

 

196 | El retorno de la reforma agraria en la política comunista.

 

200 | La monstruosa ley de Anti- Sindicalización Campesina.

 

208 | La FINTA y la ANACH en tiempos de la traición

 

222 | La ley de Defensa Permanente de la… ¿Democracia?

 

241 | Conclusiones

 

247 | Abreviaciones

 

249 | Bibliografía



nota a esta edición

 

 

 

 

 

 

Nota a esta Edición

 

 

 

 

La presente edición no contine grandes modificaciones: he conservado el texto original, cuya publicación le correspondió a la Editorial América en Movimiento en el 2017. A este le he agregado algunas referencias biblio-gráficas que eran imprescindibles como el último libro de María Angélica Illanes (Movimiento en la Tierra) y Ránquil de Thomas Klubock. A la vez se ha aligerado el texto, sacado algunas referencias que considero innecesarias. Por último agregué nuevas fotografías, gracias a la invaluable colaboración de Matías Villa Juica, quien además estuvo a cargo de la actual diagramación. Agradezco a la editorial Ariadna por la posibilidad de que este “fantasma” ahora recorra el mundo del libre acceso.

 

La Florida, 05 de febrero de 2023.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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el mito de la marginalidad (a modo de prólogo)

 

 

 

 

 

 

El mito de la marginalidad

(a modo de prólogo).1

 

 

 

 

El presente prólogo pertenece a un fragmento de mi artículo “El Mito de la Marginalidad. Participación y Represión del Campesinado Chileno”, publicado por el Instituto de Capacitación e Investigación en Reforma Agra-ria (ICIRA) en 1971. En ese entonces, había llegado a Santiago para una investigación sobre la reforma agraria en Chile.

 

Inicié mi investigación sobre el movimiento campesino en 1970, para mi tesis doctoral en Ciencias Políticas para la Universidad de Indiana (E.E.U.U). Pude revisar el Archivo de la Dirección General del Trabajo, ubicado en el subterráneo de un edifiicio de la calle Borgoño. Recuerdo que dicho archivo estaba prácticamente abandonado y era la primera vez que un investigador revisaba y sistematizaba dicha documentación. A pesar de su estado, los to-mos de providencias y ofiicios estaban encuadernados y los confllictos agra-rios, huelgas y pliegos de peticiones, estaban ordenados en kardex, si bien no siempre estaban completos, refllejando la importancia que se daba en Chile a las formas ofiiciales burocráticas. En 1984 se dio orden de botarlo a la ba-sura, no por razones políticas, sino porque se había decidido que no valía la pena conservarlo. Carlos Bascuñán, entonces funcionario de la Biblioteca Nacional, rescató dicha documentación, la que se encuentra actualmente en el Archivo Nacional de la Administración en calle Matucana [ARNAD].

 

Mientras escribía este primer documento de trabajo, comenté mis ha-llazgos con Almino Affonso, investigador brasileño que escribió junto a otros autores la “Historia del Movimiento Campesino chileno”. Quiero des-tacar que toda obra histórica es siempre multi-generacional y multinacional. Almino Affonso, ex-ministro del Trabajo del presidente de Brasil, João Gou-lart, recibió mis hallazgos en el archivo de la calle Borgoño con sorpresa,

 

 

1              Hemos querido integrar este escrito por su relevancia y actualidad en su contenido. Nacido en 1944, Loveman era un estudiante, con 27 años en 1971, que estaba investigando en los archivos chilenos para su doctorado en Ciencias Políticas. Actualmente se sigue auto definiendo como “meramente reformista”, así me lo confirma en 2017. Agradecemos a Brian

Loveman por permitir su reproducción, realizar la presente presentación y además comentar versiones previas de los capítulos de este libro.



 

11



un fantasma recorre el campo

 

pero nunca con rechazo –ni cuando se hicieron evidentes algunos de los errores que contenían los 2 tomos publicados por ICIRA. Para mí era un aprendizaje importante. La historia, que se va entendiendo y descubriendo, no es “la” historia. Almino Affonso tenía una trayectoria política relevante, un lugar profesional, un prestigio internacional, mientras que yo era un estu-diante cualquiera, metido en un archivo debajo del Mapocho. No obstante, Almino citaba mis investigaciones en ponencias internacionales, antes que se publicaran, aunque contradijeran sus propios escritos. Sería para mí un ejemplo de por vida.

 

Espero que los investigadores jóvenes sigan el ejemplo de Almino Affonso y agradezco que tantos años después un joven historiador chileno haya encontrado valor en mis primeros escritos de 1970-71.

 

Brian Loveman

 

Solana Beach, California

 

08 Mayo, 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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el mito de la marginalidad (extracto)

 

 

 

 

 

 

El mito de la marginalidad. Participación y represión del campesinado chileno (Extracto)

 

Brian Loveman (1971)

 

 

 

 

 

Junto con la rápida expansión y desarrollo del movimiento cam-pesino chileno entre 1964-1971, se ha venido estableciendo una mitología histórica sobre la trayectoria, contenido y magnitud de la lucha campesina antes del régimen Demócrata Cristiano. Con la excepción del importante trabajo de Almino Affonso y otros investigadores2, y del testimonio perso-nal de Juan Chacón Corona, parece haberse olvidado la lucha larga y sacrifii-cada llevada por el campesinado durante más de medio siglo. El objetivo del presente ensayo es 1) analizar el mito de la marginalidad que se ha ve-nido creando sobre el movimiento campesino chileno, y 2) documentar en forma breve y concreta los fundamentos errados de dicho mito, indicando en especial los tipos de participación y presión que han sido empleados por el campesinado de Chile.

 

Las tesis principales del presente ensayo son: 1) El campesino chileno, lejos de ser marginal y pasivo, ha sido un activo participante en la lucha social; 2) el campesino ha empleado diversos tipos de resistencia y presión contra el sistema político –el latifundio- en que se encontraba; 3) periódi-camente esta presión toma la forma de olas masivas de sindicalización y confllictos colectivos en el campo; 4) cada gobierno chileno, desde 1932, ha tomado, a nivel presidencial, medidas en respuesta a la presión campesina e incluso en el período 1964-1970 se decidió reprimir movimientos campesi-nos para mantener la estabilidad política en Chile; 5) estas medidas guberna-mentales fueron acompañadas por represión y represalias a nivel regio-nal o del predio que incluyeron violencia contra las personas, reducción o eliminación de regalías, medierías, tratos u otros benefiicios que dependían

 

 

2             Almino Affonso, Sergio Gómez, Emilio Klein y Pablo Ramírez, Movimiento campesi-no chileno. 2 vol., ICIRA, Santiago, 1970.



 

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un fantasma recorre el campo

 

del antojo personal del terrateniente, despidos, lanzamientos, etc.; 6) visto de este modo, la experiencia del movimiento campesino entre 1964-1970 corresponde a una continuación de la lucha campesina, en que un gobierno reformista trataba, inicialmente, de intensifiicar y canalizar el movimiento campesino con fiines políticos. Si bien el gobierno tuvo cierto éxito en este respecto, la presión del movimiento campesino escapó del control gubernamental, yendo más allá de lo que el gobierno estaba dispuesto a aceptar. Se eliminó del gobierno al principal paladín y promotor de la presión campesina (Chonchol) y se empleó la fuerza pública para contener al movimiento campesino.

 

El Mito. La mitología creada sobre el movimiento campesino en Chi-le tiene como hitos principales las siguientes tesis: el campesinado ha sido un sector postergado y “marginal”, ajeno a los importantes acontecimientos políticos nacionales. El campesinado no ha estado ligado integralmente a la sociedad nacional chilena. Desde los importantes movimientos de Molina en 1953, patrocinados por elementos progresistas dentro de la Iglesia Católica y por los políticos de inspiración cristiana brota un movimiento sindical cam-pesino que se va apagando con el tiempo porque “las condiciones todavía no se daban” para que los campesinos ejercieran el poder. De este modo, el campesino continuaba en su estado de marginalidad hasta 1964 cuando el gobierno Demócrata Cristiano fomenta la “incorporación” del campesinado a la sociedad nacional. En suma, “los campesinos chilenos iniciaron bajo el Gobierno del ex- Presidente Frei su proceso de liberación. Más de cien años de dependencia comenzaron a ser reemplazados por una vida libre, respon-sable y con expectativas”.3

 

El concepto de marginalidad es usado extensamente en los estudios sobre el campo chileno durante los años 1964-19704, incluso por autores que ahora [1971] parecen rechazar la utilidad del concepto como para describir la situación del campesinado chileno.5

 

Aun cuando el concepto de marginalidad nunca se ha definido en forma precisa, los autores que lo usan generalmente se refieren a la falta de unión con la red nacional de infraestructura organizativa y a la falta de relaciones permanentes con los organismos estatales de regulación y ser-vicios (por ejemplo, Inspección del Trabajo, etc.). Marginalidad es a la vez

 

 

3        La Prensa, septiembre de 1971, Editorial.

 

4              Véase: Centro para el Desarrollo Económico y Social para América Latina (DES-AL), Tenencia de la tierra y campesinado en Chile, DESAL, Santiago, 1968, p. 30; Oscar Do-mínguez, Aspiraciones de los inquilinos de la Provincia de Santiago, ICIRA, 1966, pp. 65-70.

 

5              Armand Mattelart y M. A. Garretón, Integración Nacional y Marginalidad, ICIRA, Santiago, 1969.

 

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el mito de la marginalidad (extracto)

 

una situación del campesinado y una teoría social, es decir, los que emplean el concepto lo hacen explícitamente como diagnóstico, sugiriendo causa y efecto, problema y solución. Es así, que:

 

“La marginalidad será considerada en esta investigación como una categoría analítica que permite dicotomizar una sociedad en un estado marginal y en uno incorporado… La falta de participación constituye el rasgo definitivo más profundo de la marginalidad… Dicho estrato no participa en la sociedad global, considerada aho-ra como red de centros de decisión”.

 

Y continuando:

 

“… el estrato marginal, en razón misma de su situación es incapaz de hacer aportes, decisivos al proceso de desarrollo. Esta falta de participación activa determina la no participación en los bienes y servicios de la sociedad”.6

 

Según este análisis el campesino es marginal en dos sentidos:

 

No participa en forma activa en los “centros de decisión”.

 

No participa en los bienes y servicios de la sociedad. La falta de participación en los “centros de poder” determina la no partici-pación en los bienes y servicios de la sociedad. El campesinado es un elemento pasivo, y por eso no alcanza a participación en lo que ofrece la sociedad para su consumo.

 

Como el campesinado es un estrato marginal, sin posibilidad de con-tribuir al proceso de desarrollo, necesita a un patrocinador que loa ayude a “incorporarse” a la sociedad nacional y que se integre a los “centros de de-cisión”. Los miembros de la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) con un criterio social cristiano pretenden hacerlo pero:

 

“Es probable que el movimiento de Molina representaba en cierto sentido una falsa primavera: salieron los brotes delicados a causa de unos días templados; pero sobreviene la última helada y pere-cen. Las condiciones para un ejercicio del poder tan fuerte por

 

 

6        DESAL, Tenencia de… op. cit., p. 30.



 

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un fantasma recorre el campo

 

parte de los campesinos todavía no se daban en 1953, u la alianza demasiado inestable, a nivel nacional, de fuerzas no ligadas con los terratenientes era el falso sol que hizo salir de la tierra este pequeño brote”.7

 

Aunque Landsberger hace una breve mención con anteriores movi-mientos colectivos en el campo, incluso en la zona de Molina, es evidente que los ve como casos aislados o momentáneos. No corresponda una lucha continua y persistente del campesinado para combatir la estructura de la do-minación a la cual está sometido.

 

Muere el brote y el campesinado se mantiene marginal. Sólo con su “in-corporación” por el gobierno del Presidente Frei viene a ser un activo actor político en el escenario chileno.

 

Lo errado del Mito. Es imposible negar que el campesinado haya sido “marginal” en el sentido de la participación inadecuada en los bienes y ser-vicios de la sociedad chilena. Mejor dicho, ha sido sometido a condiciones excesivas de trabajo, y solo ha podido acceder a insumos, bienes y servicios bajísimos. Ha sido pobre y explotado. Por eso, puede decirse que “marginal” es un eufemismo para pobre y explotado, un término que trata de encubrir la causa de la condición del campesinado, su posición dentro de la estructura política existente; y sugerir que su falta de lazo con la sociedad global, en vez de la calidad desfavorable de los múltiples lazos que existen, sea un problema básico.

 

Más importante aún, este concepto de marginalidad y el diagnóstico que lo acompaña, parte de la base que el remedio se halla en la representación formal en los “centros de decisión”. Así asegura participación en los bienes y servicios de la sociedad. Confunde representación con poder.

 

Si bien toda lucha política procura principalmente determinar la calidad, cantidad, precio, distribución de bienes y servicios, sean esos “justicia”, luz, agua potable, comestibles, atención médica, viviendas o política monetaria, no es menos cierto que representación formal y poder político solamente a veces están relacionados y siempre son distintos. Es posible que ciertas for-malidades sean fuentes de poder. Por ejemplo, la reforma electoral de 1958 produjo un notable aumento de los reclamos de campesinados patrocinados de parlamentaros ante Dirección del Trabajo entre 1957 y 1965.8 El interés

 

 

7              Henry Landsberger, Iglesia, intelectuales y campesinos (la huelga campesina de Molina),

 

Editorial del Pacífiico, Santiago, 1967, p. 292-293.

 

8              Datos preliminares calculados según informaciones existentes en el Archivo de la Dirección del Trabajo. Número de Parlamentarios patrocinando por escrito reclamos de campesinos ante los Servicios del Estado, 1957= 10; 1961= 21; 1965 =37.

 

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el mito de la marginalidad (extracto)

 

por los votos en el sector rural, producto de la reforma electoral, le da al cam-pesino una palanca para presionar, por medio de los parlamentarios, para que los servicios del trabajo reconozcan sus derechos legítimos y exijan cumpli-miento de las leyes sociales. Pero representación no es poder político aunque si, por definición, es la capacidad de exigir bienes y servicios, determinar cuá-les bienes y servicios se producen, a qué precio, y su forma de distribución.

 

Definir la situación del campesino anterior a 1964 en torno al concepto de marginalidad implica la “incorporación” como solución. Es negar toda táctica de lucha, toda base de poder que no coincide con las normas existen-tes. O sea, base de poder que no sea consultada dentro de la institucionalidad existente. Si la condición del campesinado se debe a su no participación en canales institucionales es obvio que la solución es “incorporarlo” dentro de los marcos formales del sistema existente.

 

Mientras el campesino no esté “incorporado” a los “Centros de deci-sión”, es marginal. Y según este concepto, es marginal aun cuando se hicie-ra centro de decisión él mismo, exigiendo bienes y servicios por medio de acción directa, a través de pliegos, huelgas, tomas, sabotaje o reclamos a las autoridades.

 

Todos estos actos, sin embargo, a pesar de los que hablan de “margina-lidad”, son desafíos a la estructura política en el campo, a la distribución de autoridad en la sociedad rural y nacional. Son actos eminentemente políticos dirigidos a cambiar la calidad y la cantidad de bienes y servicios consumidos por el campesino y el “precio” y paga por ellos. Pero los que conceptualizan el problema como “marginalidad” quieren negar a la vez, la existencia y la “politicidad” de esta lucha.

 

La lucha reivindicativa del campesinado chileno niega que hubiese sido marginal, que no hubiese participado activamente en la lucha política. Inclu-so, en 1933, 1939 y 1947 era necesario que la oligarquía adoptara medidas especiales para reprimir las exigencias del movimiento campesino y mantener la estabilidad política en Chile. Y estas medidas gubernamentales se acompa-ñaron con medidas dramáticas a nivel del precio- lanzamientos, desahucios, destrucción de siembras y viviendas, listas negras, etc.

 

El campesinado no ha sido marginal, sino reprimido. Su participación activa ha sido rechazada con medidas administrativas, legislación regresiva y violencia directa contra su persona. Represión, no marginalidad, es la clave para entender la condición histórica del campesinado chileno.

 

El concepto de marginalidad en cuento excluye como participación- ac-tiva a todo tipo de acción directa y a toda referencia de la lucha de clases que se lleva a cabo al margen del “marco institucional” distorsiona la actuación histórica del campesino chileno. Su uso para caracterizar el campesinado en



 

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un fantasma recorre el campo

 

1964 coincide con el paternalismo que busca “incorporarlo” en lugar de li-berarlo. Como si el campesino no estuviera, por su larga lucha y explotación, íntimamente ligado a la maquinaria social.

 

Aún más, “incorporación” implica una aceptación unilateral por los que acceden, incorporar a los pasivos (los marginales). Es una especie de caridad política. Y es una negación de la realidad política, la lucha por el poder que ha caracterizado la trayectoria social chilena.

 

(Fin de extracto)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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agradecimientos

 

 

 

 

 

 

Agradecimientos

 

 

 

 

Primero que todo le agradezco a la historiadora María Angélica Illanes, quien me invitó a estudiar la cuestión agraria y los gobiernos radicales entre 1938-1952. Primero como ayudante en el proyecto FONDARCIS N° 804 entre los años 2004-2006, cuando estaba estudiando en la inolvidable Es-cuela de Historia y Ciencias Sociales en la Universidad Arcis. Luego como co-investigador en el proyecto “La cuestión campesina y políticas sociales rurales durante el Frente Popular y los gobiernos radicales (FONDECYT N° 1110285). Sin duda fueron años de mucho aprendizaje, debate y crecimiento personal, donde entre Valdivia y Santiago, la profesora Illanes sembró en nosotros autonomía y humanidad. Mis agradecimientos eternos a ella y les colegas Renzo Henríquez, Pilar Santander y Daniela Luque.

 

Por otro lado, en mi período de Historia en la Universidad de Santiago (2013-2016), debo agradecer a mis profesores Julio Pinto, Verónica Valdivia y Mario Garcés, en especial a Rolando Álvarez Vallejos, quien además de profesor guía de mi tesis de Magíster en Historia, entregó todo su apoyo, confianza y compañerismo, sabiendo ajustar las tiercas en los momentos pre-cisos y animar en los instantes de cansancio. Gracias por sus estímulos para esta publicación y la continuación de nuevas investigaciones.

 

Un agradecimiento especial a Osvaldo Zúñiga (dirigente de la Con-federación Ránquil), Germán Rodríguez, Samuel Riquelme, Sonia Sagredo, Arnaldo Rodríguez, Francisca Rodríguez, Pedro Castañeda, Orlando Rojas, Rosa Morales, Lautaro Contreras y Lilian Contreras por darme ese hermoso y preciado momento de la conversación, para así conocer más de la expe-riencia comunista y la politización campesina. A Matías Villa por las innu-merables fotografías y conocimiento para este libro. A Paola Rivera y Raúl Irrazabal por su generosidad porteña. A los historiadores Jorge Rojas Flores, Matías Ortiz, Daniela Zubicueta, Camilo Santibáñez, Sergio Grez Toso, Ca-milo Plaza y Víctor Muñoz Cortés, que me regalaron documentos y fuentes. A Camila Leiva, Fabiola Constanzo y Felipe Troncoso por el apoyo en las tra-ducciones en inglés. A Eugenia Fediakova por la traducción de documentos del RGASPI. Importante ha sido la amabilidad y el trabajo de los funciona-rios de la Biblioteca Nacional, sobre todo Fabián Bilbao, Antonio Guerrero



 

 

19



un fantasma recorre el campo

 

y José Manuel Sepúlveda del salón de Periódicos y Microfilms.

 

Mención especial merecen las siguientes personas: Brian Loveman por su apoyo, sinceridad, sugerencias y comentarios de manera desinteresada, quien me envío importantes documentos y revisó el presente libro. Su ge-nerosidad ha sido incalculable. A Michael Reynold por su amistad de ro-ble desde los tiempos del ARCIS y por sus comentarios para este trabajo. Finalmente, para Camila Silva Salinas, historiadora y compañera, quien me inspiró y acompañó palmo a palmo en estas historias campesinas. Su amor, motivación y apoyo en la edición del siguiente libro han sido fundamentales, sobre todo por “descubrir” el sitio digital del RGASPI, con el cuál se nutrió notablemente esta investigación. Cada palabra y acento son para ella.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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introducción

 

 

 

 

 

 

Introducción

 

“Tenemos que comprender que la unión de la clase obrera con los campesinos será la única fuerza capaz de terminar con las crisis interminables que se vienen produciendo, y barrer con la explotación del hombre por el hombre”.9

 

 

A comienzos del 2016, motivado por la obtención de un documento inédito me dirigí a la sede de la Confederación Nacional Sindical Campesina y del Agro “Ránquil” en calle Rosas, Santiago. Me recibió Osvaldo Zúñiga, dirigente de la actual organización, fundada en 1981. La casona antigua, tie-ne oficinas de reuniones y un amplio salón ocupado para conferencias. El rostro de José Campusano, dirigente campesino comunista, adornaba una de sus paredes. Luego de una larga conversación, los dirigentes me entregaron “En el campo”, una novela inédita escrita por Juan Ahumada Trigo. Este fue dirigente campesino y militante comunista desde los años cuarenta. En 1957 fue diputado por La Serena y más adelante fundador de la Confederación Campesina e Indígena Ránquil. Murió en Santiago en septiembre de 1995.

 

La novela está inspirada en la vida José y Pedro Contreras (padre e hijo respectivamente), quienes emigraron desde las oficinas salitreras a Santiago en diciembre de 1930. Sin encontrar empleo se dirigieron a una hacienda al sur de la capital, a pesar de que “los nortinos no eran bien recibidos en los fundos”.10 Trabajando en el campo, percibieron las condiciones de vida de los inquilinos. José fue parte de la Federación Obrera de Chile (FOCH), pero el alcohol lo tenía alejado de la política sindical. De esta manera, Pedro buscó nuevos referentes, conociendo a un antiguo amigo de su padre que vivía en Santiago: Bascuñán Zurita. Este era el encargado agrario del Partido Comu-nista, quien aconsejó a Pedro a organizar a los campesinos, reuniéndose con ellos en una charla nocturna. “La tierra debe ser como el sol y el aire, que sirva para todos. Que la tierra de sus frutos para todos y no para unos pocos”, les dijo.11 Con sencillos ejemplos, Zurita enseñó lo importante de la unidad entre los campesinos y que el paro debía realizarse en época de trilla. Efectuada la

 

 

9             Juan Ahumada Trigo, En el campo, sin fecha, manuscrito inédito, p. 10.

 

10           Ibid.., pp. 6-7.

 

11           Ibid., p. 18.



 

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un fantasma recorre el campo

 

huelga, los inquilinos lograron mejorar sus condiciones, pero Pedro fue des-pedido por ser el líder del movimiento y debió emigrar a otro lugar.

 

“Nosotros no sabemos nuestra historia”, dijo Osvaldo. Este siente que los campesinos siguen siendo menospreciados por el Estado e incluso el sindicalismo chileno. Sus temas como la soberanía alimentaria y fomento de la agricultura no son considerados con seriedad.12 ¿Cuál es el origen de este menosprecio? ¿Cuál ha sido la importancia de la agricultura y el movimiento campesino en la Historia de Chile? ¿Cuándo y cómo se gestó la politización campesina? ¿Quiénes la fomentaron? ¿Fue un proceso exógeno al propio campesino, motivado por sujetos externos?

 

El siguiente libro busca responder algunas de estas preguntas, sobre todo porque, a diferencia del movimiento obrero, es poco lo que conocemos en torno a la politización campesina de comienzos del siglo XX. En general, las investigaciones han descrito el proceso la politización obrera, mencionan-do el papel fundamental que tuvieron los partidos políticos, ya sea el Partido Demócrata, el Partido Obrero Socialista y el movimiento anarquista en el “despertar de los trabajadores”.13 Por otro lado, han descrito que la relación entre partidos políticos y movimientos sociales se caracterizó por la escasa autonomía de estos últimos en torno a los primeros. Esto incluyó al movi-miento campesino, sobre todo en sus primeros años.14 Pero en las últimas décadas, una serie de estudios han demostrado que los trabajadores agrícolas no fueron “marginados” ni “ausentes” de la política nacional, sino al contra-rio, las primeras organizaciones campesinas fueron reprimidas y limitadas en el ejercicio sindical, sobre todo entre los años 1938-1952.15

 

De esta manera, creemos relevante profundizar en la politización cam-pesina y su relación con los partidos políticos de izquierda. ¿Cómo se orga-nizaron los primeros sindicatos campesinos? ¿Qué grado de autonomía tu-

 

 

12           Entrevista a Osvaldo Zúñiga, Presidente de la Confederación Campesina y del

 

Agro Ránquil, Santiago, 25 de enero de 2016.

 

13           Algunas obras fundamentales: Julio Pinto, Trabajos y Rebeldías en la pampa salitrera: el ciclo del salitre y la reconfiguración de las identidades populares (1850-900), Universidad de Santiago de Chile, Santiago, 1998; Sergio Grez, Los anarquistas y el movimiento obrero: la alborada de la ‘idea’ en

Chile, 1893-1915, LOM Ediciones, Santiago, 2007; Pablo Artaza, Movimiento social y politización popular en Tarapacá: 1900-1912, Escaparate, Concepción, 2006; Julio Pinto, Desgarros y utopías en la pampa salitrera: la consolidación de la identidad obrera en tiempos de la cuestión social (1890-1923), LOM Ediciones, Santiago, 2007.

 

14           Rodrigo Baño, Lo social y lo político, un dilema clave en el movimiento popular, FLACSO, Santiago, 1985, pp. 132-137 y Alan Angell, Partidos Políticos y movimiento obrero, Era, Ciudad de

 

México, 1974.

 

15           Brian Loveman, Struggle in the Countryside: Politics and Rural Labor in Chile, 1919-1973,

 

Bloomington: Indiana University Press, 1976.

 

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introducción

 

vieron con respecto a las fuerzas políticas? ¿Fueron agentes externos los que agitaron y politizaron a los campesinos como lo denunciaron las organizacio-nes patronales en su tiempo? Y si fue así, ¿qué permitió que eso sucediera y se lograra dicho cometido? ¿Cuál fue la política hacia el campesinado impulsada por el Partido Comunista de Chile? ¿En qué medida estuvo condicionada por las ideas marxistas y la política internacional del Comintern durante las décadas de 1930-1940? El presente libro, titulado Un fantasma recorre el campo, pretenden analizar la politización campesina desde el Partido Comunista de Chile entre 1935-1948, considerando su recepción del marxismo, la elabo-ración de su programa agrario y su aplicación directa con los trabajadores agrícolas y pequeños agricultores. Esto, porque de una parte, los comunistas chilenos fueron acusados por las organizaciones patronales de “agitar” el cam-po chileno en los años treinta y cuarenta del siglo XX; mientras por otra, los sectores de la izquierda radical los acusaron a los comunistas y socialistas de pactar con el gobierno frentista para la desmovilización campesina.16

 

Sostenemos que la política agraria promovida por el Partido Comunista de Chile (PCCh) estuvo supeditada a su política nacional y su pragmática forma de operar en la práctica o accionar político, variando constantemente, producto de las alianzas políticas y el contexto internacional que se fue dando entre 1935-1948. Por otro lado, busqué definir la relación que existió entre el PCCh y la Internacional Comunista (Comintern), entendiéndola más conflic-tiva y compleja que la simple afirmación de “sometimiento” del PCCh con el organismo liderado por la URSS. Mi impresión es que no fue una relación ausente de contradicciones y que el PCCh en la práctica actuaba con más flexibilidad de lo que se ha sostenido. En torno a la politización campesina, sostengo que la influencia del PCCh mezcló la utilización de “agentes exter-nos e internos” del campo. Es decir, el origen campesino de muchos de los dirigentes comunistas, facilitó el acercamiento entre estos y los trabajadores agrícolas.

 

Si revisamos la historiografía chilena de los años setenta y ochenta, ésta tuvo un consenso en afirmar que la politización campesina tuvo sus orígenes a mediados del siglo XX, sobre todo con posterioridad de la reforma agraria del gobierno de Eduardo Frei Montalva. Por estos motivos, estudios sobre el período anterior se focalizaron principalmente en los procesos políticos y económicos, dejando fuera investigaciones sobre los actores sociales, como la diversidad campesina y menos aún su relación con la política y los partidos de izquierda. En el caso del periodo del Frente Popular, estudios de Tomás

 

 

16           Humberto Valenzuela, Historia del Movimiento Obrero, Quimantú, Santiago, 008, p.

 

67.  También ver: Juan Carlos Gómez, La frontera de la democracia: El derecho de propiedad en Chile,

 

1925 - 1973, LOM Ediciones, Santiago, 2004, p. 124.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Moulian y Pedro Milos, relevaron la importancia política y el papel concilia-dor del Partido Radical entre la izquierda y la derecha, dando la impresión que los campesinos fueron marginales a los procesos políticos del país.17 Un primer referente de ésta visión fue Jorge McBride, quien en 1935 escribió a favor de una reforma agraria en Chile, sobre todo por la posible violencia que se podía generar en el campesinado chileno.18 La imagen plasmada era más cercana a la amenaza de “bárbaros” que a campesinos organizados. Años más tarde, Arnold Bauer enfatizó que “en 1919 las intervenciones de diri-gentes laborales urbanos provocaron algunos disturbios, pero cuando se reti-raron, el campo permaneció esencialmente pasivo y tranquilo hasta las duras presiones urbanas de la década del 60 y comienzos del 70”.19 Esta apreciación fue replicada por los años siguientes por algunos autores que supusieron la movilización campesina a partir de los años sesentas.20

 

Por otro lado, quienes reconocieron la existencia de politización campe-sina en las décadas de los treinta y cuarenta, afirmaron que fueron desmovili-zadas a través de un supuesto “pacto por la industrialización”, acordado por diversos actores políticos como el gobierno, las gremiales patronales y los partidos políticos de izquierda, incluido la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH). Esta tesis no solo fue reproducida por la sociología y la eco-nomía, sino incluso por estudios históricos.21 Así la dominación de los sectores propietarios logró generar una “pax alessandrista”, que se prolongó más allá de 1952, con acuerdos de “las clases medias y la clase trabajadora”.22 Esta

 

 

17            Tomás Moulian, Fracturas. De Pedro Aguirre Cerda a Salvador Allende (1938-1973), LOM Ediciones, Santiago, 2006; Pedro Milos, Frente Popular en Chile. Su configuración: 1935-1938, LOM Ediciones, Santiago, 2008.

 

18           Jorge McBride, Chile: su tierra y su gente, ICIRA, Santiago, 1973, p. 271. La versión

 

original: George McBride, Chile: Land and Society, American Geographical Society, New York, 1936. Esta última contiene el prólogo por parte Carlos Dávila, Presidente de Chile en 1932.

 

19           Arnold Bauer, La sociedad rural chilena. Desde la conquista española hasta nuestros días,

 

Editorial Andrés Bello, Santiago, 1994, p. 194.

 

20           Solón Barraclough, “La Reforma Agraria en Chile”, El Trimestre Económico, Vol. 38,

 

N° 150, Fondo de Cultura Económica, 1971, p. 228; Sergio Gómez, El movimiento campesino en Chile, Santiago, FLACSO, 1985, p. 6; Mariana Aylwin, et. all., Chile en el siglo XX, Planeta, Santiago, 2011, pp. 124 y 182-183.

 

21           Enzo Faletto y Hugo Zemelman, Génesis histórica de proceso político chileno, Quimantú, Santiago, 1971, p. 114; Oscar Muñoz, Chile y su industrialización. Pasado, crisis y opciones, CIE-

PLAN, Santiago, 1986; María Antonieta Huerta, Otro agro para Chile. La historia de la reforma agraria en el proceso social y político, CESOC, Santiago, 1989, pp. 77-78; José Bengoa, Historia Social de la Agricultura Chilena, Vol. II, Haciendas y Campesinos, Sur Ediciones, Santiago, 1990, p. 1 3; Tomás Moulian, Fracturas…, p. 54. Últimamente esta hipótesis ha sido reproducida en el texto de José Bengoa, Historia rural de Chile Central. Tomo II: Crisis y ruptura del poder hacendal, LOM Ediciones, Santiago, 2015, pp. 233.

 

22           Juan Carlos Gómez, La Frontera…, op. cit., p. 9.

 

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introducción

 

exclusión se habría visto graficado por la imposibilidad de la sindicalización campesina hasta 1967.

 

Desde otro punto de vista, las primeras investigaciones de Brian Love-man demostraron la importante movilización campesina que se generó a par-tir de la década de los años treinta. Así el campesinado chileno fue analizado como un sujeto activo en la política del país, pero reprimido por los gobiernos de Alessandri (1932) hasta González Videla (1946-1952).23 A la vez, Love-man logró establecer la relación de dependencia entre las primeras organiza-ciones campesinas y los partidos Comunista y Socialista, describiendo como los conflictos entre estos últimos, afectaron el desarrollo de campesinado or-ganizado.24 En esta lógica, el supuesto “pacto por la industrialización” se fue poniendo en duda. Las siguientes investigaciones de María Angélica Illanes y el estudio sobre la derecha de Sofía Correa, establecieron que no es posible comprender la desmovilización campesina mediante un “pacto”. Para Co-rrea fue más bien producto de una política del Partido Radical y los gremios patronales, que de un acuerdo con la izquierda y los trabajadores urbanos.25 María Angélica Illanes, por su parte, afirmó que el gobierno de Aguirre Cer-da, en materia agraria, fue una continuación de los gobiernos Carlos Ibáñez y Alessandri Palma, con la diferencia que el Frente Popular introdujo algunas políticas de beneficio social, mientras que las clases patronales generaron un desalojo masivo como represión a la politización campesina.26 Finalmen-te, el historiador Fabián Almonacid afirmó que no existió “un mundo rural congelado por un pacto político”, incluso “los propios agricultores tampoco constituían un bloque compacto”, demostrando como los agricultores del sur tenían mejores relaciones sociales de producción que los hacendados de la zona central.27

 

En otro ámbito se ha establecido que la politización campesina ha sido producto de la influencia exógena de los partidos de izquierda.28 Pero ¿cuál

 

 

23           Brian Loveman, El mito de la marginalidad: participación y represión del campesinado, ICI-RA, Santiago, 1971.

 

24           Loveman, Struggle…, op.cit., pp. 159-164.

 

25           Sofía Correa, et. al., Historia del siglo XX chileno, Editorial Sudamericana, Santiago,

 

2001, p. 145; Sofía Correa, Con las riendas del poder. La derecha chilena en el siglo XX, Editorial Sudamericana, Santiago, 2004, p. 87.

 

26           María Angélica Illanes, Movimiento en la tierra. Luchas campesinas, resistencia patronal y política social agraria. Chile, 1927-1947, LOM Ediciones, Santiago, 2019.

 

27           Fabián Almonacid, La agricultura chilena discriminada (1910-1960). Una mirada de las políticas estatales y el desarrollo sectorial desde el sur, Consejo Superior de Investigaciones Científiicas,

 

Madrid, 2009, p. 64.

 

28           Roberto Santana, Agricultura Chilena en el siglo XX: contextos, actores y espacios agrícolas, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana- CEDER, Ediciones de la DIBAM, Santiago,



 

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un fantasma recorre el campo

 

fue la experiencia del proceso? En general, la mayoría de los estudios esta-bleció los años veinte como el comienzo de la política en el campo, producto de la crisis salitrera, enfocándose en la zona norte y central del país.29 Para Loveman, dicho proceso tuvo un interés electoral por parte de los partidos Socialista y Comunista, quienes retribuyeron a sus votantes con el cumplimien-to de algunas reivindicaciones locales.30 Por otro lado, las investigaciones de María Angélica Illanes han mostrado ciertos matices, considerando que la politización campesina de parte de los partidos políticos de izquierda fue más que una expresión de la propaganda externa o electoral.31 Otros, como Fabián Almonacid, afirmaron que los campesinos fueron “secundarios” ante los objetivos de la izquierda chilena, no teniendo una política agraria hacia ellos en el periodo del Frente Popular.32 ¿Cuál fue la experiencia del Partido Comunista de Chile en la politización campesina?

 

Los estudios sobre el PCCh, han experimentado un importante desa-rrollo y profundización en la última década. Del balance realizado por Jorge Rojas Flores a comienzos del 2000,33 se han dado “avances sustantivos” en el estudio sobre el comunismo chileno, como consignó Sergio Grez en la con-memoración de los 100 años del PCCh.34 Sin embargo, la mayoría de las investigaciones se han enfocado en su periodo de origen, sus conflictos en la década de los años treinta, la Unidad Popular y finalmente la dictadura mili-tar. De esta manera destacan los estudios de Augusto Varas, Alfredo Riquel-me, Rolando Álvarez y Sergio Grez.35 Este último, excepcionalmente incor-poró los primeros conflictos agrarios apoyados por la FOCH en los tiempos de Luis Emilio Recabarren (1919-1921) y la política agraria comunista en

 

 

2006, p. 172. Sobre inflluencia de socialistas y comunistas en Susana Bruna, “Chile: las luchas campesinas en el siglo XX”, en Pablo González Casanova, Historia política de los campesinos La-tinoamericanos. Vol. 4: Brasil, Chile, Argentina y Uruguay, Siglo XXI Editores, Ciudad de México, 1985, p.100.

 

29           Pinto, Desgarros y utopías... op. cit., p. 182.

 

30           Loveman, Struggle… op. cit., pp. 200-205.

 

31           Illanes, Movimiento en la… op. cit.

 

32           Almonacid, La agricultura… op. cit., p. 230.

 

33           Manuel Loyola y Jorge Rojas (compiladores), Por un rojo amanecer: hacia una historia de los comunistas chilenos, Impresora Lamus, Santiago, 2000, pp. 1-79.

 

34           Olga Ulianova, Manuel Loyola y Rolando Álvarez (editores), 1912- 2012. El Siglo de los comunistas chilenos, IDEA, Santiago, 2012, pp. 13-21,

 

35            Augusto Varas, El Partido Comunista en Chile. Estudio Multidisciplinario, CESOC, Santiago, 1988; Alfredo Riquelme, Rojo atardecer: el comunismo chileno entre dictadura y democracia,

 

DIBAM/ Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2009; Rolando Álvarez,

 

Arriba los pobres del mundo. Cultura e identidad política del Partido Comunista de Chile entre democracia y dictadura 1965- 1990, LOM Ediciones, Santiago, 2011; Sergio Grez, Historia del comunismo en

 

Chile. La era de Recabarren (1912-1924), LOM Ediciones, Santiago, 2011.

 

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introducción

 

1922-1924 sobre todo en las zonas de alrededor de Santiago y Curicó.36 Pero, independiente de esta particularidad, la historiografía se ha concentrado en la política sindical urbana comunista, obviando su presencia rural, sobre todo en el periodo de Frente Popular, donde se acusó precisamente al PCCh de la “agitación en los campos”.37 Incluso la importante investigación de An-drew Barnard abordó escasamente ésta variante, dedicándose principalmente a la política minera y urbana de los comunistas.38 ¿Es que no hubo trabajo agrario comunista en aquel periodo? Al contrario, los estudios de Loveman y otros autores demostraron que existen suficientes fuentes para abordarlo, aunque hasta ahora han sido estudios fragmentados en diversos periodos.39 Destacamos el aporte de los historiadores Carlos Ruiz y Augusto Samaniego, los cuales comprobaron la temprana preocupación del PCCh en torno a la cuestión campesina y mapuche, alejándose de la hipótesis ‘asimilacionista’ del marxismo,40 como lo ha planteado los estudios de Michael Lowy.41 Esto ha querido decir que la política agraria no fue necesariamente una asimilación mecánica del marxismo europeo, más bien una recepción, donde también pesaron las dinámicas locales. Otras investigaciones han estudiado las movi-lizaciones campesinas en el periodo del Frente Popular, pero sin clarificar si el PCCh pactó la sindicalización campesina renunciando a continuar con la lucha agraria o al contrario, si fueron los principales promotores de la for-mación de sindicatos y pliegos de peticiones.42 Por último, un conjunto de libros de memorias han abordado la política comunista en el campo, siendo

 

 

36           Grez, Historia del comunismo…, op.cit., pp. 243-247.

 

37           Aylwin, Chile... op. cit., p. 182.

 

38           Andrew Barnard, El Partido Comunista de Chile 1922-1947, Ariadna, Santiago, 2017.

 

39           “Ránquil: campesinos e indígenas en el comunismo chileno al fiinal del tercer pe-riodo”, en Olga Ulianova y Alfredo Riquelme, Chile en los archivos soviéticos 1922-1991, Vol. 2. Chile y KOMINTERN 1931-1935, DIBAM/ LOM Ediciones/ USACH, Santiago, 2009, pp. 413-453; Grez, Historia del… pp. 146-151; Nicolás Acevedo Arriaza, “La Voz del Campo. La política agraria del Partido Comunista de Chile durante el Frente Popular (1936-1940)”, en Ulianova, 1912-2012… pp. 195-218; Constanza Dalla, “¡Contra la represión: movilización! El movimiento sindical campesino frente al gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952)”, Seminario Simón Collier, Instituto de Historia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2013, pp.

53-93.

 

40            Augusto Samaniego y Carlos Ruiz, Mentalidades y políticas wingka. Pueblo Mapuche entre golpe y golpe (De Ibáñez a Pinochet), Consejo Superior de Investigaciones Científiicas, Madrid,

 

2007, p. 154.

 

41           Michael Lowy, El Marxismo en América Latina, LOM Ediciones, Santiago, 2007. p

 

28.

 

42           Boris Sepúlveda Rivera, “¡Pan, techo y abrigo!... ¿Y la tierra? Política agraria y sindicaliza-ción campesina en el periodo del Frente Popular en Chile (1938- 1952)”, Tesis para optar al grado de

 

Profesor de Historia, Geografía y Educación Cívica, Universidad Metropolitana de las Cien-cias de la Educación, Santiago, 2013, pp. 121-122.



 

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un fantasma recorre el campo

 

los escritos de Juan Chacón Corona, Víctor Contreras y José Campusano los más relevantes.43 Estas experiencias, más la integración de un análisis político y social, podrían complejizar la relación entre lo político y social en torno a las primeras movilizaciones campesinas del siglo XX.

 

Me propuse estudiar la politización campesina promovida por el PCCh en los tiempos del Frente Popular como parte de su estrategia de revolución demócrata burguesa. Esta fue entendida como la alianza política con los secto-res progresistas de la burguesa nacional para “culminar las tareas de indus-trialización y modernización correspondientes a la etapa capitalista antes de que sea posible en pensar en una etapa superior de organización”.44 En este periodo fue fundamental la politización de los sectores populares, lo que se conoció como la emergencia de la “cuestión social”, a fines del XIX y co-mienzos del XX. Según Julio Pinto y Verónica Valdivia, ésta fue, por un lado, la constatación de la pobreza de la vida urbana y la consolidación del capita-lismo, como la articulación orgánica de las demandas populares a través de referentes políticos.45 De esta manera, la politización de la clase trabajadora, fue a través de diversas vertientes, por vías rupturistas o conciliadoras.46 En el caso del mundo rural, la politización se dio a través de diferentes referen-tes, ya sea partidos políticos, el Estado y la Iglesia Católica.47 En el caso del PCCh, este logró una exitosa inserción y una politización campesina a través de su pragmatismo iluminado, relación teórica-práctica entre su recepción del marxismo con el vínculo eficiente con los sectores populares. Para Eduar-do Sabrovsky, “el pragmatismo iluminado no aplicó el marxismo, sino que lo insertó en el imaginario democrático y socialista que se abría paso en la sociedad chilena”.48 De esta forma la politización de los trabajadores agrícolas no fue sólo producto de ‘ideas derivadas’, provenientes del mundo urbano,

 

 

43          José Miguel Varas, Chacón, LOM Ediciones, Santiago, 1998; Víctor Contreras Tapia, Campesino y proletario, Ediciones Estudio, Moscú, 1982; José Campusano, Sembrando Horizontes, Editorial Horizontes, Santiago, 2013; Orlando Millas, Memorias. Primer volumen, 1932- 1947. En tiempos del Frente Popular, CESOC Ediciones, Santiago, 1993; Francisco Torrejón, Relatos de un obrero. Vida de un comunista, Ediciones Luciérnaga, Santiago, 2010.

 

44           María Soledad Gómez, “Factores nacionales e internaciones de la política interna del Partido Comunista de Chile (1922-1952)”, en Varas, El Partido Comunista… op. cit., p. 70

 

45           Julio Pinto y Verónica Valdivia, ¿Revolución proletaria o querida chusma? Socialismo y

 

Alessandrismo en la pugna por la politización pampina (1911-1932), LOM Ediciones, Santiago, 2001, p. 10.

 

46           Ibid., pp. 10-11.

 

47           En 1937 se creó por el arzobispo Horacio Campilla la “Unión Social de Agriculto-res” que estableció la instrucción y ayuda a los trabajadores agrícolas. En: Illanes, Movimiento en la… op. cit., pp. 219-224.

 

48           Eduardo Sabrovsky, Hegemonía y racionalidad política: contribución a una teoría democrática del cambio, Eds. del Ornitorrinco, Santiago, 1989, p. 161

 

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introducción

 

sino también de la propia ‘experiencia popular’, vivida por los mismos cam-pesinos. Si además agregamos que muchos dirigentes comunistas tenían un origen campesino, podemos examinar que la política agraria de dicho partido era una mixtura tanto de interpretación de la teoría marxista, como de la pro-pia experiencia de su realidad nacional.49 De esta manera, la bolchevización en Chile, en palabras de Rolando Álvarez, tuvo las características de ser una “recepción local” del marxismo, de acuerdo del contexto nacional que vivía la organización, siendo utilizada como forma de diferenciación de anarquis-tas y democráticas.50

 

He concebido el siguiente libro mediante un relato cronológico y na-rrativo, siguiendo los surcos realizados por sus propios protagonistas. Se es-tructura en cuatro capítulos, cada uno correspondiente a un período histó-rico concreto. El primer capítulo corresponde al período entre 1935 a 1938, donde el PCCh concuerda establecer un Frente Único con otros partidos de izquierda, despojándose de su política aislada y sectaria, denominada del Tercer Periodo. Dicha alianza, se convertirá finalmente en el Frente Popular, la cual llevará al triunfo de Pedro Aguirre Cerda. Un segundo capítulo desde 1939 hasta 1941, donde el PCCh establece una política agraria supeditada al gobierno de Aguirre Cerda y la política de paz establecida por la URSS con respecto al conflicto armado mundial. Un tercer capítulo que lo he de-finido desde 1941 hasta 1945, donde el PCCh establece una política agraria de Unión Nacional, influenciada por la presencia de la URSS en la segunda guerra mundial y su lucha contra el fascismo. Y finalmente, el capítulo cuarto comienza con el triunfo soviético sobre Alemania, el cual provocó que el PCCh estableciera una ofensiva política denominada “Lucha de masas”, rei-vindicando nuevamente una reforma agraria y la sindicalización campesina. Esto provocó que el gobierno de Gabriel González Videla estableciera una dura represión mediante la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, la cuál dejó fuera de la legalidad a los comunistas en 1948.

 

Los ejes temáticos que me interesa estudiar en este libro son cinco: el análisis comunista con respecto al contexto nacional; la influencia del con-texto internacional; la interpretación y recepción del marxismo; el papel que jugaría el campesinado en la revolución demócrata burguesa y finalmente la práctica y politización comunista en el campo. Para ello examiné fuentes primarias y secundarias, como, por ejemplo, una serie de entrevistas de mi-litantes comunistas ligados al trabajo campesino; la revisión de documentos

 

 

49           George Rude, Revuelta Popular y conciencia de clase, Crítica, Barcelona, 1981, pp. 32-36.

 

50           Rolando Álvarez, “La bolchevización del Partido Comunista de Chile. Anteceden-tes (1920-1927)”. En: Patricio Herrera González, El Comunismo en América Latina. Experiencias militantes, intelectuales y trasnacionales (1917-1955), Universidad de Valparaíso, Valparaíso, 2017, pp. 79-99.



 

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un fantasma recorre el campo

 

y libros editados por el PCCh entre 1935-1948; la prensa comunista como fueron los diarios Frente Único, Frente Popular (Santiago y Concepción), El Si-glo, Mundo Nuevo, El Campo, La Voz del Agricultor y la revista teórica Principios. Por otro lado, revisé los archivos de la Dirección General del Trabajo y Mi-nisterio del Interior, además de las sesiones de la Cámara de Diputados y el Senado entre 1935 y 1948. Por último, de gran importancia fue la revisión de Russian State Archive Socio- Political Historia Chile (1935-1941), conocido como RGASPI. Este fue lanzado digitalmente el 2015, dando un vuelco a mi investigación producto de los valiosos informes enviados por emisarios del Comintern en el país y los dirigentes comunistas chilenos hacia este organis-mo. Allí se evidenciaron contracciones y conflictos entre ambas instituciones, además del interés del Comintern por la cuestión campesina en Chile.

 

Santiago Centro, verano de 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

 

 

 

 

 

capítulo i

 

Del Frente Único al triunfo

del Frente Popular (1935-1938)

 

“Situado en una localidad del sur de Chile, el joven Mingo, protagonista de la novela “Ránquil”, le confesó a su hermano que no pudo resistir a las flagelaciones de la policía rural al ser despojado de su tierra:

 

- Algún día serís hombre y entonces…”, lo consoló su herma-no. Y entonces sabría resistir y devolver el golpe por golpe a los abusadores de carancho. Imperaban por la fuerza se hacen temer y odiar, y eran los amos de esa región alejada de toda vida civilizada. Cuando fuese hombre, Mingo, iba a impo-ner su rigor y su audacia, porque nadie tiene el derecho para tropellar a un campesino honrado. Ellos cultivan la tierra con

 

tanto ahínco. ¿Y a quién molestaban?”.51

 

 

 

Para la historiadora Olga Ulianova, este clásico de la literatura social chilena, escrito por Reinaldo Lomboy, se convirtió “en un elemento cons-titutivo del mito fundacional del comunismo chileno” en torno a las repre-sentaciones del campesinado y el papel de la revolución democrática burgue-sa.52 Los sucesos de Ránquil, ocurridos a mediados de 1934, causaron gran conmoción nacional. Se trató de un alzamiento por un grupo de inquilinos y aspirantes a colonos que meses antes fueron desalojados de sus tierras. Pro-ducto del hambre y aislamiento asaltaron dos pulperías y un retén de Carabi-neros. La represión del gobierno de Arturo Alessandri produjo la detención y muerte de decenas de personas. A su vez, en Santiago, se realizaron una serie de arrestos, acusando a “elementos subversivos”, como miembros del PCCh de organizar el alzamiento.53 Estimamos que estos sucesos fueron una

 

 

51           Reinaldo Lomboy, Ránquil. Novela de la tierra, Orbe, Santiago, 1954, p. 17.

 

52           Ulianova y Riquelme, Chile en los archivos… op. cit., pp. 413-414.

 

53           Brian Loveman y Elizabeth Lira, Poder Judicial y Conflictos Políticos, 1925-1958, LOM

 

Ediciones, Santiago, 2014, pp. 209-217; Germán Troncoso, Bío Bío Sangriento, Imprenta de

 

Carabineros, Santiago, 1974; Germán Palacios, Ránquil: la violencia en la expansión de la propiedad



 

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un fantasma recorre el campo

 

bisagra entre dos procesos relevantes en la historia del comunismo chileno. Por un lado, se transformó en el mito fundador de la cuestión campesina en aquel partido, percibiéndose como el hito constituyente de la lucha en el campo. Pero, al mismo tiempo que inauguró una nueva época en el imagina-rio de la izquierda; fue el último acontecimiento donde militantes comunistas participaron en una acción armada, bajo una lógica insurreccional y sectaria, conocida como el “Tercer Periodo” (1928-1935) y el comienzo de su política de Frente Popular.

 

Esta política de “Tercer Periodo”, según Andrew Barnard, creyó en el de-rrumbamiento inminente del capitalismo, producto de la crisis económica de comienzos de los años treinta, provocando una revolución social liderada por la clase proletaria junto a otros aliados, como el campesinado.54 Es por esto, el PCCh saludó los sucesos de Ránquil, recomendando formar soviets para el derrocamiento de “la sangrienta dictadura que hambrea y asesina a las masas”.55 Esto ocasionó una fuerte represión por parte del gobierno de Alessandri y una dura crítica de los sectores conservadores y latifundistas, que leyeron el levantamiento de Lonquimay como un claro ejemplo de la intervención exógena del “comunismo” en los campos de Chile.56 ¿Fue una intervención planificada desde la dirección del PCCh o más bien una ac-ción espontanea de los colonos de dicha zona? Según los estudios de Olga Ulianova, si bien existió una conexión del PCCh con los acontecimientos, no está comprobado que haya sido una acción dirigida por la Internacional Comunista (Comintern) o el Comité Central, para producir un levantamiento a nivel nacional. Más bien, existió una “autopercepción exagerada” de parte de Carlos Contreras Labarca (Secretario General del PCCh entre 1931-1946), quien informó al Comintern que fueron los comunistas quienes planificaron la dirección del levantamiento revolucionario, dando importantes detalles de reuniones previas en la localidad.57 Otro informe, escrito por Luis Alberto

 

 

 

agrícola, Eds. ICAL, Santiago, 1992; Sebastián Leiva, “El Partido Comunista y el levantamiento de Ránquil”, CyberHumanitatis, Nº 28, primavera de 2003; Jaime Flores Chávez, Un episodio en la Historia Social de Chile: 1934. Ránquil. Una revuelta campesina, Tesis para optar al grado de Ma-gister en Historia, Universidad de Santiago de Chile, Santiago, 1993; Thomas Miller Klubock, Ránquil. Rural rebelión, political violence and historical memory in Chile, Yale University Press, New Halem and London, 2022.

 

54           Andrew Barnard, “El Partido Comunista de Chile y las políticas el tercer periodo,

 

1931-1934”, en Ulianova, Loyola y Álvarez, 1912-2012... op. cit., pp. 115-169

 

55           Ibid., p. 144.

 

56           Boletín de Sesiones del Senado (BSS), 32° sesión ordinaria, Santiago, 30 de julio de

 

1934, p. 1010.

 

57           Olga Ulianova, “Levantamiento Campesino de Lonquimay y la Internacional Co-munista”, Estudios Públicos, Nº 89, Santiago, 2003, p. 194.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

Fierro (emisario del Comintern de seudónimo Horacio ) y fechado en 1935, reportó que se debía continuar con la defensa de las masas campesinas e indígenas ante posibles desalojos. “Este planteamiento no significa postergar la insurrección, sino precisamente hacerla posible, prepararla realmente”. El reciente estudio de Thomas Klubock sugiere que esta revuelta tiene raíces en el violento proceso de colonización y usurpación de tierras en la frontera del Alto Bío Bío, donde inquilinos de diversos fundos exigieron por años la colonización de tierras que consideraban públicas. Allí el Estado fue incapaz de mantener el orden y detener la violencia patronal en contra de campesinos mestizos y mapuche.58

 

Pero el gobierno dijo lo contrario. Un informe de la Policía de Inves-tigaciones de 1933 planteó que el PCCh venía intencionando distintos alza-mientos con campesinos. Ese año se organizó en la población de Bulnes (co-muna de Renca) una reunión con delegados campesinos de los alrededores de Santiago. Allí el dirigente del Comité Central (CC) informó sobre su gira por el sur, para que los indios “sovietizaran sus tierras y no aceptarán nin-gún elemento que fuera extraño a sus ideas (…) para declarar la revolución y formarían con ellos una Junta para hacerse cargo del Gobierno”.59 Cierto o no estas instrucciones y el contenido del informe policial, un detalle llama la atención: el miembro del CC afirmó haber realizado una jira por Temuco “cuyo motivo los elementos comunistas de esa región habían efectuado una contra manifestación, en la cual destacó el compañero Leiva”.

 

Claramente se trataba de Juan Leiva Tapia (Imagen 1), profesor norma-lista, sindicado como uno de los dirigentes del levantamiento de Lonquimay en 1934. Como es afirmado por Olga Ulianova, no está comprobado que éste fuese funcionario del Comintern, sino más bien fue un dirigente social que se acercó a la FOCH en 1933, donde conoció a Elías Lafertte. Junto a él fueron delegados al Congreso Anti-bélico en Montevideo ese mismo año.60 Según el relato de Lafertte, ambos fueron detenidos en Uruguay y devueltos a Chile, donde Leiva fue relegado cinco meses a la localidad de Melinka. “Esa fue la última vez que lo vi”, dijo Lafertte, quien por su parte debió partir a Porvenir.61 ¿Era Leiva un agente externo a la comunidad de Ránquil? Según lo recopilado en otras investigaciones, Leiva nació en Neuquén en 1897, pero

 

 

58           Klubock, Ránquil… op. cit.

 

59           ARNAD, Fondo Ministerio del Interior (FMI), Vol. 8331. Servicios de Investiga-ciones, Luis de la Cruz, subprefecto, Memorándum Sociedades N° 33, Santiago, 29 de no-viembre de 1933, pp. 1-2.

 

60           Elías Lafertte, La vida de un comunista (páginas autobiográficas), Austral, Santiago, 1971, pp. 256-257.

 

61           Ibid., p. 269.



 

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un fantasma recorre el campo

 

a los ocho años sus padres se trasladaron a Lonquimay, donde vivió hasta su adolescencia, hasta que ingresó a estudiar pedagogía en lenguaje y francés en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en Santiago. Al retornar al sur, apoyó la formación de un sindicato de Lonquimay en 1928, donde fue nombrado presidente.62 Según la última investigación de Klubock, Leiva Tapia primero tuvo acercamientos a dirigentes del Partido Demócrata a fines de la década del veinte y logró el reconocimiento de Carlos Ibáñez del Cam-po para distribuir tierras entre los miembros del Sindicato de Lonquimay. Siendo derrocada la dictadura y producto del apoyo de los demócratas a la candidatura de Alessandri es que el sindicato decidió buscar su apoyo en la FOCH y el partido Comunista.63 De esta manera se explica el acercamiento de Leiva Tapia al comunismo, junto con otros dirigentes como Simón y Be-nito Sagredo.

 

Clan numeroso, los Sagredo perdieron alrededor de ocho parientes a partir del levantamiento de Lonquimay. Los que no fueron asesinados, cayeron de-tenidos o se fugaron a Neuquén en Argentina. Fue el caso de Simón Sagredo, que años después volvió a Chile convirtiéndose en dirigente campesino de Lonquimay, siguiendo su vínculo con el PCCh.64 Su hijo, José Sagredo (Ima-gen 2), también fue dirigente campesino, pidiendo el retorno de sus tierras de Lonquimay en 1938.65 De esta manera, posterior al levantamiento, los lazos con-tinuaron con el PCCh. Una de las sobrevivientes a la matanza, llamada “Ani-ta”, llegó clandestina a Santiago, pasando un tiempo en casa de la escultora Laura Rodig, artista con una especial sensibilidad social y política. Marta Vergara, amiga de Laura, recuerda que “Anita” pasó un tiempo recluida, trabajando en un Taller de Pintura. “Se hizo una exposición de sus trabajos en un salón del Bellas Artes”.66 Según Francisca Rodríguez, militante comunista, “Anita” se llamaba realmente Emelina Sagredo, hermana de Simón, quién militó en el PCCh toda su vida, ya sea en el movimiento campesino como en la lucha contra la dictadura militar de Pinochet.67 Isidora Aguirre, quien escribió una

 

 

62           Lazer Jeifets y Víctor Jeifets, América Latina en la Internacional Comunista, 1919-1943. Diccionario biográfico, Ariadna Ediciones, Santiago, 2015, p. 348.

 

63           Klubock, Ránquil… op. cit.

 

64            “Campesinos de Lonquimay se concentrarán el 20 del presente para tratar sus problemas”, Frente Popular, Santiago, 12 de enero de 1940, p. 7; Juan Chacón, “En Lonquimay esperan justicia”, Frente Popular, Santiago, 6 de enero de 1940, p. 3.

 

65          “Ránquil, Lonquimay, páginas sangrientas del campo”, Mundo Nuevo, Segunda Épo-ca, N° 1, Santiago, enero de 1940, p. 4.

 

66           Marta Vergara, Memorias de una mujer irreverente, Catalonia-UDP, Santiago, 013, p.

 

133.

 

67           Entrevista a Francisca Rodríguez, militante comunista, Santiago, 10 de enero de

 

2016.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

obra de teatro sobre Ránquil, recuerda que Emelina la ayudó en la escritura y los ensayos. “Vio la obra el día del estreno, tomada de mi mano, feliz en la primera parte ‘Los días buenos’, repitiendo ‘esa soy yo, tal cual...’, y con lá-grimas en la segunda parte, cuando ocurre lo dramático. La presenté cuando subió conmigo al escenario y habló al público”.68 Gladys Marín recuerda que en 1972 visitaron Lonquimay junto a Francisca Rodríguez, su marido Carlos Opazo, José Seves (Inti Illimani) y otros militantes de las JJCC. Producto de la amistad con Emelina, conocieron a Ismael Cartes y Clementina Sagredo. Emelina tenía 33 años cuando recordó su vivencia en la revista Ramona:

 

“Mi hermano Simón era uno de los siete entusiasmados. Se reu-nieron en el matadero para recuperar las tierras, llegaron un par de pacos del retén Huallalí. Era un par de carajos abusadores. En-tonces nuestros hombres reaccionaron. Yo vi cuando los bajaron a peñascazos de los caballos. Entre varios los apresaron y se los llevaron lejos”.69

 

Imagen 1 y 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: A la izquierda Elías Lafertte y Juan Leiva Tapia en Melinka, 1933.

 

A la derecha José Sagredo, sobreviviente de rebelión de Ránquil. Mundo Nuevo,

 

N° 1, enero de 1940.

 

 

 

 

68           Jaime Hanson Bustos, Conversaciones con Isidora Aguirre. La voz de los que no tienen voz, RACO, Cataluña, p. 56. Además, Isidora Aguirre, Los que van quedando en el camino, Santiago, 1970.

 

69           “Entre la sangre y la esperanza”, Ramona, N° 23, Santiago, 4 de mayo de 1972, p.

 

27.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Por otro lado, a un año de la tragedia de Ránquil, el dirigente comunista José Bascuñán Zurita murió en extrañas circunstancias, mientras se reunía con Rosendo Sagredo (familiar de Simón Sagredo) para analizar los acon-tecimientos de Lonquimay. Según su viuda, los responsables de su muerte fueron Carabineros de Chile, quienes lo arrojaron al río Laja.70 El diputado comunista José Vega recuerda a Bascuñán como un obrero salitrero que se trasladó en 1934 a Concepción, donde intensificó su trabajo en Malleco, Los Ángeles, Angol y Curacautín. Allí conoció la cultura mapuche y su lengua. Murió siendo miembro del Comité Central y encargado agrario del PCCh.71

 

Paralelo a estos hechos, un profundo movimiento social sacudió al país, dando pie a que las organizaciones políticas de centro-izquierda se unieran en una alternativa política a la derecha liberal. El resultado de ello fue el Frente Popular, alianza política que tomó como ejemplo la experiencia francesa y española, pero con importantes diferencias a la realidad europea. Una de ellas fue precisamente el papel del PCCh en comparación a la hegemonía del Partido Radical (PR). Este capítulo tiene como objetivo abordar dicha con-formación, pero enfatizando sobre todo en la política agraria del PCCh. Di-cha política tendría dos influencias: su recepción del marxismo por un lado, y la propia experiencia de sus militantes, muchos de origen campesino, por otro. De esta manera, abordaremos la politización campesina en este periodo desde sus distintas variantes: desde el retornado, el relegado y designado.

 

La conflictiva formación

del Frente Popular (1935-1936)

 

En 1976, Carlos Contreras Labarca recordó cómo ingresó el 26 de marzo de 1936 a las oficinas del diario La Opinión. En su interior, su director Juan Bau-tista Rossetti, lo recibió para firmar el pacto que formaría el Frente Popular. Después de un largo proceso de discusión y enfrentamientos entre el PCCh y el Block de Izquierda, se logró conformar esta alianza política que, en palabras de Contreras Labarca, dotaría a Chile de un instrumento en “la lucha por la conquista de la liberación nacional”.72 ¿Cómo se gestó este viraje en la táctica comunista y qué grado de independencia tuvo con respecto al Comintern?

 

 

70           Loveman y Lira, Poder Judicial... op. cit., pp. 253-256; Luis Corvalán, De lo vivido y lo peleado. Memorias, LOM Ediciones, Santiago, 1997, p. 30.

 

71           José Vega, Años de lucha: epopeyas y héroes del pueblo, Horizonte, Santiago, 1962, p. 69; además véase: “Aspectos. José Bascuñán Zurita”, Frente Popular, Santiago, 19 de junio de 1937, p. 3.

 

72           Carlos Contreras Labarca, “Frente Popular en Chile: los años de su fundación”, Araucaria de Chile, N° 20, Madrid, 1982, p. 130.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

Para el historiador Andrew Barnard, el PCCh no cambió su estrategia política con independencia del Comintern, debido a la presencia de un equi-po especial, liderado por el peruano Eudocio Ravines, desde abril de 1935.73 Luis Corvalán en sus memorias discrepa ya que “cuando llegó a nuestro país, el Frente Popular ya estaba en formación”.74 Independiente a esto, lo concre-to es que Ravines tuvo la misión desde el Comintern de influir en Chile, no siendo una tarea fácil. “Ravines llegó a Chile como azotador de comunistas”, recuerda Marta Vergara, pero “como buenos católicos, aceptaron el mal sa-bor de la nueva línea”.75 Ravines planteó en sus memorias que se encontró con múltiples resistencias dentro del PCCh a las nuevas tácticas frentistas.76 Por otro lado, si bien fue una “significativa victoria” para el PCCh, en muchas ocasiones no le fue fácil lidiar con el liderazgo de radicales y socialistas”.77 Según Pedro Milos, el rol de los comunistas, en la conformación del FP, fue menos relevante de lo que se piensa, no logrando tener el papel conductor como hubiera deseado, pero obteniendo buenos beneficios electorales bajo su papel de garante de la unidad frentista.78 ¿Cómo se logró ésta formación?

 

Contreras Labarca recordó que existió mucho “envenenamiento” anti-soviético con respecto a las supuestas “ordenes” que recibía el PCCh desde Moscú. Despejadas esas dudas, se logró crear una alianza a partir del análisis real que vivía el país: la presencia del imperialismo de Estados Unidos, la cri-sis económica, la represión del gobierno de Alessandri al movimiento obrero y el peligro del fascismo. “En el seno del Bloque de izquierda, con todo y sus defectos, estaban ya los gérmenes del Frente Popular”, recordó el líder comunista, sosteniendo que esto no era suficiente, ya que debía ligarse a las masas y sumar al PR. Este último, con orígenes burgueses y masones, tuvo un sector de izquierda que logró imponerse dentro del partido integrarse al FP.79 El líder comunista Elías Lafertte, en sus memorias tendió a postular que la presencia del Comintern fue de un carácter consejero más que impositivo en las decisiones del PCCh, sobre todo en el evento tan recordado, como fue el VII Congreso del Comintern.80

 

Si bien, este acontecimiento fue en 1935, Contreras Labarca salió de Chile a fines de 1934, como representante del PCCh en Moscú. Llevó con-

 

 

73           Barnard, El Partido… op. cit., p. 116.

 

74           Corvalán, De lo vivido... op. cit.., p. 40.

 

75           Vergara, Memorias de... op. cit.., pp. 134-135.

 

76           Eudocio Ravines, La Gran Estafa, Editorial del Pacífiico, Santiago, 1954, p. 278..

 

77           Barnard, El Partido... op. cit., pp. 129-133.

 

78           Milos, Frente Popular... op. cit., pp. 317-318.

 

79           Contreras Labarca, “Frente Popular…, op. cit., pp. 134-135.

 

80           Lafertte, La vida…, op. cit., p. 300.



 

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sigo un informe sobre la situación política del país, pero que además expli-caba lo ocurrido en Lonquimay. Debido a retraso reiterado del Congreso, el líder comunista se quedó más de seis meses en Europa, presenciando los acontecimientos de Francia, donde la clase obrera salió a las calles, com-prendiendo “a fondo lo que significaba el surgimiento del fascismo en Eu-ropa”. Finalmente, el evento se realizó entre el 25 de julio y el 20 de agosto donde George Dimitrov aclaró el peligro del fascismo y la importancia de la unidad en el campo sindical para derrotarlo. Así “el proletariado, unidos a sus aliados es capaz de enfrentar al fascismo en una organización de nuevo tipo: el Frente Popular”.81 En realidad Dimitrov nunca se refirió a un Frente Popular para América Latina, sino más bien diferenció la fórmula en el caso de países capitalistas y países coloniales o semicoloniales como Chile. En el caso europeo, se había cometido el error de menospreciar el peligro fascista en Alemania, ya que éste logró arrastrar consigo a las masas campesinas y la juventud. La lección era aliarse con la social democracia, pero teniendo en cuenta que la clase obrera debía tener la iniciativa y “tomar estas masas tal como son y no como nosotros quisiéramos que fuese”.82 Solo el tiempo diría si estas se elevarían “a un grado superior de conciencia y de actividad revolucionaria”.83 En sus palabras, aunque había una intención de establecer nuevas alianzas, la desconfianza y la superioridad de la clase obrera seguía patente. ¿Existía una política homogénea hacia todos los partidos comunis-tas occidentales?

 

A diferencia de los países capitalistas, los semi coloniales (Brasil, Chile, etc), debían optar por un Frente Único Anti imperialista, que influenciara sobre “todas las demás capas del pueblo trabajador, sobre los campesinos, sobre la pequeña burguesía urbana, sobre los intelectuales”.84 Para ello, se debía unir a la clase obrera, en cada fábrica, en cada barrio, ya que represen-taba “los intereses de clase de la más importante y grande de las clases de la sociedad moderna”.85 De esta manera, se debía descargar una fuerte lucha contra las clases dominantes y terratenientes. Es así, según los recuerdos de Contreras Labarca, el informe de Dimitrov “ayudó a pensar, a descubrir la verdadera salida”.86

 

La propuesta no fue fácil aplicarla en Chile. El PCCh venía saliendo

 

 

81           Contreras Labarca, “Frente Popular…, op. cit., p. 133.

 

82           Georgi Dimitrov, La unidad de la clase obrera en la lucha contra el fascismo, Santiago,

 

Sud-América, 1935, p. 14.

 

83           Ídem.

 

84           Ibid.., pp. 18-19.

 

85           Ibid.., p. 53.

 

86           Contreras Labarca, “Frente Popular…, op. cit., p. 134.

 

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de un periodo de aislamiento y profundo sectarismo en sus filas, sobre todo hacia socialistas y los comunistas expulsados que formaron en 1933 la Iz-quierda Comunista.87 Estos últimos, junto al Partido Radical Socialista y el PS, formaron una alianza parlamentaria llamada Block de Izquierda en 1934. El PCCh, aunque pidió integrarse a ella, también la criticaba porque apoyaba la formación de sindicatos legales, acusándolos de colaboración a la domi-nación “feuda-burguesa imperialista”. De esta forma, “sólo el P. Comunista, con su política independiente y siguiendo la ruta de los trabajadores rusos, conduce a la República soviética de Obreros y Campesinos al socialismo”.88

 

Pero en la medida que el PCCh siguió aislado y en el país ocurrió un conjunto de movilizaciones obreras, la dirigencia comunista se vio obligada a ser más tolerante y proponer la unidad sindical sin discriminación.89 En abril de 1935, cuando aún no se realizaba el Congreso de la Internacional Comunista, el PCCh llamó a un Frente Único Popular, siguiendo el ejemplo de Francia y España con sus frentes en común de socialistas y comunistas. El PCCh sentía que estaban las condiciones para la unidad de la clase trabajado-ra en Chile, “y nadie que se diga revolucionario puede ponerle obstáculos sin que cargue con el estigma de la traición”.90 ¿Esto demostró una autonomía del Comintern al proponer una alianza antes de mítico discurso de Dimi-trov? No necesariamente, porque según Olga Ulianova, desde comienzos de 1935 estaba la presencia Ravines como delegado de la Comintern. Este fue duramente crítico a la política del Tercer Periodo, que causó el aislamiento del PCCh chileno del movimiento obrero. Según sus memorias, a su llegada el PCCh estaba destrozado por la represión y el aislamiento, “era un espec-táculo grotesco”, refiriéndose a la escasa preparación de sus dirigentes, pero “con este material humano hay que hacerlo”.91 Lo irónico fue que la política anterior fue impulsada por el mismo Buro Sudamericano, al cual pertenencia

 

 

 

 

87           Mariano Vega, “¿Hidalgismo versus lafertismo? Crisis y disputa por la representa-ción del comunismo en Chile, 1929-1933”, en Ulianova, Loyola y Álvarez, 1912- 2012…, op. cit., pp. 97-114; Gabriel Muñoz, “Disputa por el comunismo en Chile: estalinistas y oposicionistas en el

 

Partido de Recabarren”, Informe de Seminario de grado de Licenciatura en Historia, Universidad de Chile, Santiago, 2014.

 

88           Frente Único y el Block de Izquierda”, Frente Único, Santiago, 26 de diciembre de 1934, p. 4; “Por la unidad sindical”, Frente Único, Santiago, última semana de enero de 1935, p.

 

4.

 

89           “Por la unidad sindical”, Frente Único, Santiago, última semana de enero de 1935, p.

 

4.

 

90           Contra la unifiicación de las Derechas, opongamos un solo Frente Único Popular”,

 

Frente Único, Santiago, 1° semana de abril de 1935, p. 3.

 

91           Ravines, La Gran... op. cit., p. 277.



 

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Ravines.92 Esto, sumado a la forma autoritaria de sus planteamientos, generó duros conflictos con los dirigentes chilenos, como lo consignan los docu-mentos del Comintern. Incluso se pidió su renuncia como delegado en Chile, pero productos de los exitosos resultados de la política frentista, Ravines permaneció en su cargo, siendo director del periódico Frente Popular.93 Según Lafertte (1971), Ravines erró en su análisis sobre el pacto entre URSS y Ale-mania de 1939, teniendo acercamientos con el nacismo. Según Marta Verga-ra, Ravines criticó al stalinismo y lo que estaba sucediendo con las purgas en la URSS.94 Al ser expulsado, Ravines fue acusado de ser espía de la Embajada alemana en Chile y terminó trabajando en el diario La Opinión gracias a las gestiones de Marco Chamudes, quien también fue expulsado en 1940.95

 

Dentro del PCCh hubo resistencia de criticar el periodo anterior, por-que según la revista Principios, el “Tercer Periodo” había permitido afianzar el proceso frentista. Al mismo tiempo que llamaban al PS al Frente Único, indicaban que “los comunistas no pueden aceptar, de ninguna manera, que se diga que todo su pasado es erróneo y que su acción política ha sido incon-ducente”. Citando a Lenin plantearon que lo primero que hicieron fue “con-quistar a la propia vanguardia para el comunismo, es decir, para la íntegra aceptación de las posiciones doctrinarias del Partido”.96 Para esto, primero se debió depurar al partido de las posiciones de derecha y los oportunistas, para transformarse en un verdadero partido marxista-leninista, para “penetrar en-tre sus propios militantes los conceptos fundamentales de su organización y métodos de lucha… que forman la espina dorsal el Partido y son la garantía de su firme existencia”.97

 

De esta forma, se presentó la propuesta de Frente Único como un proceso, donde era necesario la estructuración orgánica y doctrinaria, para abrirse a una alianza con los otros sectores de la izquierda. Según el PCCh, el Block de Izquierda no debía ser una alianza meramente electoral, sino que in-corporar un proceso de vinculación con las masas, además de ampliarlo a los

 

 

 

 

92           Olga Ulianova, “Develando un mito: emisarios de la Internacional Comunista en

 

Chile”, Historia, N° 41, Vol. I, enero-junio de 2008, pp. 130-134.

 

93           Ibid., p. 134.

 

94           Vergara, Memorias… op. cit., p. 167.

 

95           Lafertte, La vida…, op. cit., pp. 330-331; Vergara, Memorias… op. cit., p. 189.

 

96           Citado en “Política nacional hacia el frente único comunista-socialista”, Principios, N° 2, mayo de 1935, p. 5. El libro Wladimir Lenin, El extremismo, enfermedad infantil del Comunis-mo: ensayo de polarización de la estrategia y la táctica marxista, Editorial Stalin, Santiago, 1933, p. 102.

 

97           “Política nacional hacia el frente único comunista-socialista”, Principios, N° 2, mayo de 1935, p. 5.

 

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radicales, como lo plantearon en junio de 1935.98 Este acercamiento, si bien causó contradicciones entre los socialistas, su ingreso resolvió lo limitado del Frente Único y amplió la propuesta de Dimitrov. De hecho, Galo González llamó en 1935 a la unidad de socialistas, radicales-socialistas, radical e incluso de anarquistas.99

 

“No hay un sector político que, con sus fuerzas, únicamente pueda derrocar la oligarquía dominante, destruir el poder del Bloque de las Derechas, liquidar los vestigios feudales, asegurar firmemente las libertades populares. Este Frente será un vasto movimiento orgánico con sólida base popular, con orientación concreta, con camino y con tareas claras, democráticamente escogidas y traza-das”.100

 

¿Por qué era tan importante el ingreso del Partido Radical? Según un documento de enero de 1936, enviado al Comintern, el país estaba saliendo de una crisis económica, donde la cesantía estaba siendo absorbida y el de-rrumbe inminente del capitalismo se iba desdibujando, pero a costa de las malas condiciones de los trabajadores, tanto en el campo como en la ciudad. “Es que sin tocar la estructura del país en el aspecto de su dependencia del imperialismo y del predominio de la gran propiedad latifundista, ningún cambio puede ser duradero”.101 Al ser el imperialismo y el latifundio los prin-cipales problemas de la realidad nacional, se hacía necesaria la presencia del Partido Radical en el FP, ya que ellos, al representar a parte de la burguesía nacional, también se veían afectados por el monopolio de las grandes empre-sas extranjeras y la mala distribución de la tierra cultivable. Según este mismo documento, las 500 grandes propiedades representan el 80% de la tierra cul-tivable, mientras el 80% de las exportaciones mineras eran parte de empresas extranjeras. “El interés del proletariado y de su partido, está en lograr la unifi-cación del campo de los victimados por el imperialismo, en formar el bloque de clases, el frente de todo al pueblo para liberarlo del yugo imperialista”.102 Y al ser los radicales, el partido “más poderoso de los partidos opositores”

 

 

98           “Hacia el Frente Único”, Frente Único, Santiago, 1° semana de junio de 1935, p.4

 

99           Carta del Partido Comunista al Block de Izquierda”, Frente Único, Santiago, 2° se-mana de septiembre de 1935, p. 3.

 

100        “El P. Comunista se dirige al Pueblo de Chile”, Frente Único, Santiago, última sema-na de agosto de 1935, p. 1.

 

101        “La situación política en Chile y las tareas del Partido Comunista”, 1 de enero de

 

1936, pp. 2-3, en Archivo Estatal Ruso de Historia Social y Política (RGASPI), 495.17.263.

 

102        Ibid., p. 3.



 

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era necesario contar con su presencia en un “verdadero block popular”.103

 

El único obstáculo que vieron los dirigentes del PCCh a la formación de este “frente nacional unificado antiimperialista”, era “POR PRINCIPIO” el trotskismo, es decir, los ex comunistas que formaron la Izquierda Comu-nista (IC). Según distintos informes enviados al Comintern en 1936, los su-puestos trotskistas eran los responsables del rechazo del Block de Izquierda al ingreso comunista a dicha alianza.104 Formado el FP, Horacio, realizó un informe exclusivo sobre los trotskistas en Chile. Partiendo de la base que éstos se integraron al FP para “romperlo por dentro”, planteó que debían ser aislados, porque estaban en contra del acercamiento del proletariado con la clase media y la burguesía. En el fondo, el Partido Radical. Para Horacio, las críticas de la IC, eran extremistas, ya que para el Comintern, el socialismo debía postergarse: “La resolución socialista y la dictadura del proletariado no pueden ser la tarea inmediata en un país cuya característica es la dependencia con respecto al imperialismo y el predominio del gran latifundio y las relacio-nes semifeudales en el campo”.105

 

El conflicto se agudizó ese mismo año, cuando un conjunto de la IC in-gresó al PS (Manuel Hidalgo, Humberto Mendoza, Oscar Waiss, Emilio Zapata, etc.), generando una crítica del Comintern al PCCh por no haber logrado ais-lar al “trotskismo” y defender a la URSS de las “calumnias” que se escribían en el diario La Opinión (dirigido por Juan Bautista Rossetti del Radical-Socia-lista).106 Al contrario, el PCCh buscó un acuerdo, reuniéndose con la cúpula de la IC, logrando un enlace para la conformación de la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCh).107 Estas negociaciones cuestionan la depen-dencia que tuvo supuestamente el PCCh del Comintern, planteándose que existió en el comunismo chileno más pragmatismo que subordinación.108 El mismo PCCh planteó una autonomía relativa respecto al “Oro de Moscú”. Así lo expuso Contreras Labarca en la revista teórica llamada Orientación:

 

“… quiero declarar ante el país que nuestro Partido se dirige so-beranamente por su Comité Central. Somos los comunistas chile-

 

 

103        Ibid., p. 7.

 

104        “La ligne politique de l’ IC pour le Chili”, 29 de julio de 1936, pp. 4-5, en RGASPI, 495.17.263.

 

105        Horacio, “El trotzkismo contrarrevolucionario contra el Frente Popular chileno”,

 

17 de septiembre de 1936, p. 5, en RGASPI, 495-17.265.

 

106        Ibid., p. 3; Horacio, “Apuntes sobre la situación política en Chile”, 8 de agosto de

 

1937, p. 13, en RGASPI, 495.17.279.

 

107        Varas, Chacón… op. cit., p. 108.

 

108        Sabrovsky, Hegemonía… op. cit., p. 161.

 

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nos los que manejamos soberanamente nuestro partido y lo que tenemos ante el pueblo la responsabilidad política de su dirección. Para nosotros no hay otra voz de orden que la voz de nuestro partido”.109

 

Hay que agregar que el “trotskismo” era un asunto preocupante para Horacio, sobre todo en materia electoral, donde los “trotskistas” lograron ob-tener un diputado en los sectores rurales de la periferia de Santiago. Se refería a Emilio Zapata, ex comunista que fue diputado entre 1933-1941 y fundador de la Liga Nacional de Defensa de Campesinos Pobres.110 “Creemos que allí nuestro partido obtuvo menos votos que los trotskistas”.111 La votación del PCCh era eminentemente urbana y minera. En 1937, la elección de diputa-dos comunistas lo confirman: Carlos Contreras Labarca, José Vega y Juan Guerra (Arica, Iquique y Antofagasta); Marcos Chamudes por Valparaíso y Amador Pairoa y Andrés Escobar por Santiago. Salvador Ocampo (Ranca-gua) y Juan Chacón Corona (Talca) no fueron elegidos. “Ganamos en votos, pero nuestros queridos aliados radicales nos robaron la elección”112, recordó más adelante Chacón, quien junto a Luis Valenzuela Moya eran de los pocos candidatos comunistas de origen campesino.113

 

El trabajo agrario del PCCh era una tarea pendiente y que preocupaba celosamente a los comisionados del Comintern. En sus informes, Horacio so-licitó reiteradamente información sobre la economía agraria del país, incluso en el Comintern no existía un mapa geográfico de Chile.114 Para esto, a me-diados de 1937, Horacio propuso la preparación de un informe para obtener “cuál es la situación en el campo chileno, su papel en la economía del país, las relaciones de clase y sobre esa base, las reivindicaciones para las diferentes capas trabajadores del campo y su organización”.115 Dicho estudio, apoyado por la ex Academia Comunista, se tituló “La Cuestión Agraria en Chile” y fue fechado el 22 de octubre de 1938. Según la historiadora rusa Evguenia Fe-

 

 

109        Carlos Contreras Labarca, “Los orígenes nacionales del Partido Comunista de Chi-le, Orientación, Santiago, N°1, agosto de 1937, p. 5.

 

110        Nicolás Acevedo Arriaza, “Autonomía y movimientos sociales. La Liga de Campe-sinos Pobres y la izquierda chilena (1935-1942)”, Izquierdas, N°23, Santiago, abril de 2015, pp. 44-67.

 

111        Horacio, “Apuntes sobre…, op. cit., pp. 8-9.

 

112        Varas, Chacón…, op. cit., p. 110.

 

113        “Galería frentista”, Frente Popular, Santiago, 19 de febrero de 1937, p. 11.

 

114        Horacio, “Proposiciones sobre preparación del trabajo de la DELEGACIO CHI-

 

LENA”, Confiidencial, 13 de agosto de 1937, p. 1, en RGASPI, 495.17.274

 

115        Ídem.



 

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diakova, se trató de un análisis de la estructura económica, social y produc-tiva del sector agrario chileno entre 1928-1933. Allí se analizó el sistema de latifundios, el tamaño de superficies de éstos, la situación de inquilinos y sus contratos con los dueños de las tierras. También se mencionó la situación de los indígenas, los diferentes modelos de colonización y la situación de los colonos (alemanes en el sur del país). El documento recalcó que Chile era un país agrario y no industrial y que la posibilidad de revolución socialista en Chile dependía de “qué enfoque vamos a tener nosotros para resolver este problema”.116

 

En ese sentido: ¿Qué relevancia tuvo la cuestión agraria en la política que desarrolló el PCCh y el Frente Popular entre 1936-1938? ¿Cuáles fueron los principales nudos o conflictos que debieron consensuar? A continuación, describiremos las propuestas y temáticas discutidas en el parlamento tanto por el PCCH y en la prensa frentista, sintetizadas finalmente en el Programa de gobierno del Frente Popular.

 

La política agraria del PCCh

y los principales debates parlamentarios.

 

Como planteó Richard Harris en su estudio sobre el marxismo y la cuestión agraria en América Latina, no es posible analizar la economía y po-lítica agrícola “aislada de la cuestión urbana”.117 En concordancia con esta idea, ya en la década de los treinta el Comintern recomendaba que las acti-vidades del PCCh se concentraran tanto en el espacio urbano como rural. En enero de 1936 estableció tres tareas para este período de la revolución anti-oligárquica y anti- imperialista: primero, consolidar la unidad sindical en la formación de una Confederación de Trabajadores; segundo, unificar a la juventud sin restricciones y, por último, intensificar el trabajo agrario, el que estaba en estado precario.118

 

En torno a la primera tarea, se debe mencionar que la huelga ferroviaria de comienzos de 1936 benefició la unidad sindical, producto de las moviliza-ciones de solidaridad que se generaron en todo el país. Desde la Cámara de Diputados, el ex ferroviario Andrés Escobar (PCCh), se anticipó a la huelga, planteando la demanda de 25% de las gratificaciones que el Gobierno no

 

 

116        “El examen de la cuestión agraria en Chile”, 22 de octubre de 1938, en RGASPI,

 

495.17.290. Agradecemos la traducción del ruso a la historiadora Evguenia Fediakova.

 

117        Richard Harris, “El marxismo y la cuestión agraria en América Latina”, Investigación Económica, Vol. 43, N° 169, julio-septiembre de 1984, p. 121.

 

118        “La situación política…, op. cit., pp. 12-14.

 

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había cumplido al Frente Único Ferroviario.119 Al mes siguiente estalló el movimiento, formándose un Comando Único de Huelga, el que fue califica-do como un “conato revolucionario” por el gobierno. Frente a estas acusa-ciones, el PCCh negó el carácter subversivo de la movilización, destacando que era meramente reivindicativo.120 El Gobierno aprovechó la instancia para detener a decenas de obreros desde Copiapó hasta Puerto Montt, relegándo-los en zonas aisladas de Chile, como una forma de castigo que además servía para desarticular el movimiento de trabajadores. Por su parte, el Frente Úni-co denunció a la Policía de Investigaciones por lanzar panfletos en nombre del PCCh “en que incitaban a los ferroviarios a ir contra la huelga”: “Los ferroviarios bien sabemos que el Partido Comunista está de nuestro lado con sus mejores militantes y su activo de combatientes… viva la unidad ferrovia-ria. Viva la huelga por más y mejor salario”.121

 

A pesar de que la huelga estaba terminada, Alessandri insistió en la apli-cación de facultades extraordinarias por encontrarse el país en un estado de “conmoción interior”.122 Al contrario, para el diputado Escobar, el verdadero escándalo era la miseria en que vivían los trabajados que ganaban menos del salario mínimo decretado por el Gobierno.123 Finalmente el conflicto se resolvió, los relegados fueron absueltos, salvo Elías Lafertte y Víctor Gon-zález, quienes fueron condenados por los Tribunales de Justicia a pena de extrañamiento en México.124 Como resultado de la unidad experimentada por el movimiento obrero, a fines de año los sindicatos ligados al PCCh, la IC y el PS formaron la Central de Trabajadores de Chile (CTCh). Los 305 dele-gados sindicales acordaron una unidad que representara a obreros urbanos y rurales, sin distinción de credo religioso, de género ni ideológico para la lucha “contra la explotación del régimen capitalista hasta llegar al socialismo integral”.125 Este logro fue evaluado por el Comintern como un triunfo de la política de Frente Popular, visualizando un sometimiento de las empresas imperialistas y los latifundistas a las legislaciones sociales, que incluso había

 

 

 

 

119        Boletín de Sesiones de la Cámara de Diputados (BSCD), 38° sesión extraordinaria,

 

21 de enero de 1936, pp. 2336-2337. BSCD, 4° sesión ordinaria, 27 de mayo de 1936, p. 206.

 

120        BSCD, 16° sesión extraordinaria, 4 de abril de 1936, pp. 440-441.

 

121        ARNAD, FMI, Vol. 9247, “Manifiiesto del Frente Único”, 1936, p. 1.

 

122        Mario Garcés Durán, El movimiento obrero y el Frente Popular (1936-1939), LOM Edi-ciones, Santiago, 2018.

 

123        BSCD, 21° sesión extraordinaria, 14 de abril de 1936, pp. 573-574.

 

124        Loveman y Lira, Poder Judicial…, op. cit., p. 269,

 

125        “Principios, postulados, programas y estatutos de CTCH”, diciembre de 1936, p. 1, en RGASPI, 495.17.274.



 

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derivado en la modificación del Código del Trabajo.126 Como Secretario Ge-neral de la CTCh fue elegido Juan Díaz Martínez (PS) y como subsecretario, Salvador Ocampo (PCCh).

 

En torno a la segunda tarea, el PCCh logró consolidar su política hacia la juventud entre 1937 y 1943, fortaleciendo la estructura orgánica de las Juventudes Comunistas (JJCC), bajo el liderazgo de Ricardo Fonseca y, más tarde, de Daniel Palma.127 En 1937, Fonseca lideró la Alianza Libertadora de la Juventud (ALJ), con la participación de sectores progresistas, como radicales e incluso liberales. Para él se debía “borrar la división que existe en la juventud en el sentido de izquierda y derecha”.128 Dicha propuesta ge-neró controversias en la Federación Juvenil Socialista (FJS), que se negó a pertenecer a ella, precisamente por esta amplitud. Finalmente, en 1938 se logró escribir un manifiesto de los doce puntos de la Juventud. Algunos de ellos prometían que el gobierno del FP garantizaría el derecho a la vida; las libertades religiosas y la educación; acabando con el analfabetismo y las enfermedades como la tuberculosis. Llama la atención el punto siete, el cual se compromete a salvar “a los jóvenes del campo de una vida inhumana y les proporcionará todos los medios culturales, materiales y sociales para su incorporación a la vida moderna, con los mismos derechos y condiciones de vida de los jóvenes de la ciudad”.129 A este punto, se sumaba la petición de respeto a los derechos “civiles y políticos de los jóvenes mapuches”, en torno a su lengua y tradiciones.130

 

Esto es importante, entendiendo que una tercera tarea del PCCh era precisamente profundizar el trabajo agrario, ya que sin un fuerte movimiento campesino no era posible fortalecer el FP, recalcando que se debía analizar con profundidad la realidad campesina, para así realizar su propio programa agrario, evitando las generalizaciones.131 ¿Se logró realizar este estudio pro-fundo de la agricultura chilena? ¿Cuáles fueron las propuestas comunistas en este sentido?.

 

 

126        “Proyectos de resolución y las propuestas del Secretariado Ibarruri Chile”, 26 de julio de 1937, p. 3, en RGASPI, 495.17.268.

 

127        Nicolás Acevedo, “Un mundo nuevo en contra el fascismo. Las Juventudes Co-munistas en tiempos del Frente Popular (1937-1942), en Rolando Álvarez y Manuel Loyola,

Un trébol de cuatro hojas. Las Juventudes Comunistas de Chile en el siglo XX, Ariadna-América en

 

Movimiento, Santiago, 2014, pp. 57-72. Además, ver: Javier Rebolledo, Los hijos del frío, Planeta, Santiago, 2018.

 

128        Milos, Frente Popular…, op. cit., p. 211.

 

129        “Los doce puntos de la Juventud que el Frente Popular realizará”, Mundo Nuevo, Segunda semana de octubre de 1938, Santiago, pp. 4-5

 

130        Ídem.

 

131        “Proyectos de resolución…, op. cit., p. 4.

 

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Al contrario de lo que se puede pensar, la cuestión agraria no fue una temática ausente en el debate parlamentario. Entre 1936-1938, las principales temáticas difundidas por parte de parlamentarios socialistas y comunistas fueron sobre la colonización agrícola, el alza de las subsistencias, los des-alojos de campesinos y las condiciones de vida de inquilinos, mapuche y pequeños agricultores. En menor grado, pero igual de importante, fueron las temáticas en torno a las malas condiciones de los obreros urbanos y mine-ros.132 En el caso de los parlamentarios comunistas, la tendencia fue al revés, sus escasas intervenciones se concentraron principalmente en las condicio-nes de obreros, salitreros, ferrocarrileros y la imposición del Estado de Sitio. Esto no niega que se haya postergado la elaboración de un programa político en torno a esta temática.

 

Revisando la prensa, los debates parlamentarios y los documentos del PCCh podemos comprobar que las principalmente problemáticas agrarias fueron: la colonización del país; las malas condiciones de los campesinos y los desalojos que eran víctimas; el alza de los productos agrícolas y su reper-cusión en la ciudad.

 

En torno a la colonización agrícola, debemos exponer que fue el go-bierno de Carlos Ibáñez del Campo quien creó la Caja de Colonización Agrí-cola (CCA) en 1928, organismo que prometió una mejor distribución de las tierras en el país. Según el estudio de Fabián Almonacid, “nunca hubo expro-piaciones como la ley permitía”, sobre todo por el obstáculo de los grandes terratenientes agrupados en su mayoría en la Sociedad Nacional de Agricul-tura (SNA).133 El PCCh denunció en ese periodo que el 80% de la propiedad agrícola estaba en manos del 7% de los agricultores, es decir alrededor de 500 familias.134 En torno a la labor de la CCA, ésta fue “torpe”, porque no benefició a los campesinos pobres, sino a los grandes terratenientes. Por otra parte, los comunistas denunciaron que los funcionarios de la Caja inscribían a los campesinos en los registros electorales en beneficio de la candidatura de Gustavo Ross de 1938.135 Incluso a los colonos que quisieran regularizar sus tierras les pedían títulos de hasta 70 años atrás. De esta manera, la promesa del gobierno de Alessandri de beneficiar a 20.000 nuevos colonos sería poco probable de cumplir a corto plazo.136

 

 

132        Revisión de debates parlamentarios, Cámara de Diputados 1936-1938.

 

133        Almonacid, La agricultura… op. cit., p. 195.

 

134        “Quinientas familias detentan el noventa por ciento de las tierras chilenas”, Frente Popular, Santiago, 3 de marzo de 1937, p. 6.

 

135        “La Caja de Colonización pretende usar a los colonos como instrumentos electo-rales”, Frente Popular, Santiago, 13 de agosto de 1937, p. 14.

 

136        Luciano, “La oligarquía impide la colonización”, Frente Popular, Santiago, 1 de agos-



 

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Frente a esto, a comienzos de 1937, el PCCh propuso la expropiación de los latifundios improductivos, la subdivisión de tierras y la colonización efectiva de la propiedad rural.137 Sin embargo, existieron dos dificultades: pri-mero, las expropiaciones no tenían cabida legal en la Constitución de 1925138, y por otro lado, era una medida que alejaba al Partido Radical del FP, lo que generó que en 1938 los comunistas puntualizaron que la expropiación debía ser contra “los grandes fundos pertenecientes a los reaccionarios y los fas-cistas que conspiren y que actúen contra la libertad y la independencia de Chile”.139 Más que anti-latifundista, sería una expropiación a nivel ideológico: solo fascistas y representantes de los intereses extranjeros que conspirasen contra el país. De esta manera se pretendía la “abolición de todas las formas de servidumbre y de las formas feudales imperantes en los campos”140, pero sin tocar los predios de los grandes agricultores que apoyasen al FP. Se trató de tranquilizar al radicalismo, señalando que “nadie puede temer”, pues, en palabras de Contreras Labarca, el programa frentista desarrollaba una política “auténticamente nacional, impregnada de un elevado sentimiento de digni-dad y conciencia cívica que se rija por este principio fundamental: la libera-ción de Chile es la suprema ley”.141 De manera que existía un compromiso de respetar “la propiedad de sus tierras, fábricas, talleres, herramientas, etc., a prestar la ayuda que sea necesaria para el desarrollo de sus actividades”.142 ¿Sería la colectivización de la tierra la solución de este problema?.

 

El PCCh aunque difundía la supuesta realidad de la Unión Soviética, no se pronunció en su programa agrario a favor la colectivización, pero sí expuso algunas experiencias. Una de ellas fue en enero de 1938, cuando el diputado Juan Guerra (PCCh) asistió a una reunión de los comuneros de Quilitapia (Combarbalá), quienes compraron el fundo Peñablanca para tra-bajarlo colectivamente. Según Guerra “la forma de trabajar la tierra en forma

 

 

to de 1936, p. 3. Finalmente, entre 1929 y 1962, la Caja de Colonización Agrícola benefiició a 4.026 colonos, en William C. Thiesenhusen, “Agrarian Reform and Economic Development in Chile: Some cases of Colonization”, Land Economics, Vol. 42, N° 2, University of Wisconsin Press, 1966, p. 286.

 

137        “Bajo el Frente Popular: ¡Ni un solo hombre sin tierra! ¡Ni un solo metro sin culti-vo!”, Frente Popular, Santiago, 3 de marzo de 1937, p. 7.

 

138        James Becket, “Land Reform in Chile”, Journal of Inter-American Studies, Vol. 5, No. 2, Center for Latin American Studies at the University of Miami, 1963, p. 187.

 

139        “Proyecto de Programa que el Partido Comunista presentará al Frente Popular”, 17 de enero de 1938, p. 3, en RGASPI, 495.17.283.

 

140        Ibid., p. 2.

 

141        Elías Lafertte y Carlos Contreras Labarca, Los comunistas, el Frente Popular y la indepen-dencia nacional, Editorial Antares, Santiago, 1937, p. 3.

 

142        Ibid., p. 4.

 

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colectiva servirá de ejemplo y traerá grandes experiencias para las luchas fu-turas del campesinado chileno”.143

 

Por otro lado, la colonización del país se hacía urgente a mediados de los años treinta, producto del encarecimiento de las subsistencias, sobre todo con respecto al trigo, el pan y las carnes. Para el diputado Andrés Escobar, el pueblo no tenía “qué comer”, producto del alza de los productos de primera necesidad, en circunstancias en que el gobierno de Alessandri no impedía la especulación, por lo que se llamaba a votar por un gobierno popular, “que representará al pueblo”.144 Según el diario Frente Popular, la Junta de Exporta-ción Agrícola (JEA), organismo encargado de regular los precios de la harina y el trigo, estaba conspirando en el acaparamiento de dichos productos.145 Creada en 1930, la JEA tenía la función de favorecer la exportación agrícola, pero terminó perjudicando el abastecimiento interno, debido a que autorizó una mayor exportación de trigo desde 1931.146 Según María Angélica Illanes, la clase patronal hizo caso omiso del drama popular, viviendo “un tiempo de lucro, de especulación, de mano de obra abundante y buenos precios”.147 Se-gún datos obtenidos por el Comisariato de Abastecimientos y Precios, entre 1933-1943, el costo de la vida subió más de 150%.148 De esta manera, el FP propuso controlar el comercio de los productos agrícolas, preocupándose del mercado interno, sobre todo de productos como el trigo, la harina y el pan.149 Incluso, los partidos de izquierda llegaron a proponer la derogación de las leyes que le conferían poder a la JEA, tendiendo arrancar el control de la SNA de los molineros y exportadores.150 No lo hicieron, sino que se amplió

 

 

143        “Colectivización de la tierra”, Frente Popular, Santiago, 24 de enero de 1938, p. 9.

 

144        BSCD, 4° sesión ordinaria, 27 de mayo de 1936, p. 207.

 

145        “Los confabulados en el alza del pan”, Frente Popular, Santiago, 30 de mayo de 1936, p. 7; “Culpable de la carestía de la vida es en gran parte la Junta de Exportación Agrícola”, Frente Popular, Santiago, 25 de septiembre de 1936, p. 12; “El Partido Comunista contra el alza del pan”, Bandera Roja, Santiago, 30 de mayo de 1936, p. 1.

 

146        Fabián Almonacid, La agricultura…, op. cit., pp. 201-202.

 

147        María Angélica Illanes, Historia del movimiento social y la salud pública en Chile 1920-1937. Capitalismo trágico y Estado Asistencial, Colectivo de Atención Primaria, Santiago, 1989, p. 121.

 

148        Rodrigo Henríquez, “Estatismo y politización en el frentepopulismo chileno: 1932- 1948”,

 

Tesis doctoral en Historia, Universidad Autónoma de Barcelona, Barcelona, 2012, p. 127.

 

Además, ver: Rodrigo Henríquez, Estado Sólido. Política y politización en la construcción estatal Chile

 

1920-1950, Ediciones UC, Santiago, 2014.

 

149        “Los agricultores en el Frente Popular”, Frente Popular, Santiago, 7 de septiembre,

 

1936, p. 4; “Alarmante carestía de la vida”, Frente Popular, Santiago, 23 de septiembre de 1936, p. 12.

 

150        “Derogación de la Ley que creó Junta de Exportación Agrícola”, Frente Popular, Santiago, 19 de enero de 1937, p. 1.



 

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el control de la Junta para poder comprar trigo y exportarlo sólo si eran sa-tisfechas las necesidades de la población interna.151 De esta manera, el PCCh propuso la “regulación de los precios, facilidad de transporte y aseguramien-to de mercado para los productos de los campesinos”.152

 

Otra forma de aumentar la producción agrícola y controlar sus pre-cios fue mediante el fomento de la producción de pequeños agricultores. Esto era importante ya que según datos de Jorge Marshall existían 162.000 pequeños propietarios que representaban el 8,5% de las tierras agrícolas.153 De ellos solo el 10% abonaban sus tierras.154 Para el PCCh, se debía anular sus deudas y otorgarles créditos sin interés por cuenta del Estado.155 El or-ganismo encargado de esto era la Caja de Crédito Agrario, creado en 1928 y que según los comunistas sólo había beneficiado a los latifundistas y no a los “verdaderos hombres del trabajo de la agricultura y ganadería”.156 Al contra-rio, los campesinos pobres terminaron recurriendo a las casas comerciales extranjeras tales como Grace Gibbs, Duncan Fox y Williamson Balfour, las cuales extendieron créditos pidiendo como garantía las próximas cosechas, es decir, entregando su producción “en verde”.157 Según el diario Frente Popu-lar, las ganancias de estas casas comerciales eran de un 200%, por lo que se planteaba que “el Frente Popular tendrá que abordar con mano de hierro este grave problema”.158 De hecho, en julio de 1938 el Congreso aprobó un crédi-to de 30 millones de pesos para pequeños agricultores por medio de la Caja de Crédito Agrario. El diario Frente Popular destacó que el diputado liberal Eduardo Moore (miembro de esta Caja), planteó que el proyecto aumentaría la inflación, pero no llevaría al país “a la banca rota”.159 Lo que el periódico no dijo fue que el proyecto benefició a los dueños de predios en avalúo me-nor a 80.000 pesos, mientras que el PS pidió que fuera solo hasta los 30.000. Esto implicaba que no serían beneficiados necesariamente los campesinos

 

 

151        BSCD, 25° sesión extraordinaria, 5 de enero de 1937, pp. 1493-1497.

 

152        “Proyecto de Programa…, op. cit., p. 3.

 

153        Jorge Marshall Silva, La Lucha por la Reforma Agraria, Imprenta América, Santiago,

 

1941, p. 87.

 

154        Ídem.

 

155        Anexos a programa de Frente Popular, 1938, p. 23. En RGASPI, 495.17.289.

 

156        “¿Labor coordinada de fomento agrícola?, Frente Popular, Santiago, 7 de enero de

 

1938, p. 3.

 

157        Juan Ricardo Couyoumdjiam, “El alto comercio de Valparaíso y las grandes casas extranjeras: 1880-1930. Una aproximación”, Historia, Nº 33, Instituto de Historia, Universidad

Católica, Santiago, 2000.

 

158        “Latifundismo, imperialismo, Frente Popular”, Frente Popular, Santiago, 17 de febre-ro de 1937, p. 3.

 

159        “Existe acuerdo”, Frente Popular, Santiago, 22 de julio de 1938, p. 1.

 

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más pobres. El portavoz de esta petición fue Emilio Zapata, ex comunista que después de su paso por la Izquierda Comunista, ingresó al PS.160 Fue este diputado quien más estuvo interiorizado sobre la lucha los pequeños agricul-tores, por lo menos hasta 1941.

 

En general, el PCCh se dedicó a denunciar la situación del campesinado más que a proponer nuevas leyes. En primer término denunció los múltiples desalojos y corridas de cercos que sufrieron decenas de campesinos e inqui-linos antes del triunfo del frentismo.161 Un caso emblemático para su gestión parlamentaria fue el desalojo de colonos del fundo “Mantilhue”, en Valdivia. Este comenzó en enero de 1936, cuando la Dirección General de Tierras y Colonización manifestó que las 8.000 hectáreas pertenecían a Augusto Grob, Osvaldo Biewer y Robustiano Hidalgo, a pesar de que unas 450 personas llevaban más de 40 años viviendo allí.162 El caso fue seguido de cerca por los diputados comunistas José Vega y Andrés Escobar, quienes pidieron al gobierno retirar a carabineros de aquella zona para evitar un nuevo “Rán-quil”.163 Carabineros negó las acusaciones sobre los destrozos de las casas de los colonos, manifestando que era necesario un retén móvil en “el fundo de Augusto Grob”, por desórdenes incurridos por “un grupo de hombres y mujeres de los sindicatos comunistas”.164 José Vega, aunque diputado por la zona norte, fue a Valdivia a conversar con los colonos perseguidos, co-mentando que se tuvo que refugiar en las montañas donde conversó con los campesinos.165 Según Vega la represión recrudeció y muchos campesinos fueron obligados a firmar contratos de inquilinaje con los nuevos dueños del fundo: “Así nuestros campos bordados de flores están siendo teatro de la roja tragedia, donde el indio y el huinca pobre tendrá que reiniciar la lucha por sus tierras robadas”.166 Un año después, el gobernador de Río Bueno dio por zanjado el asunto, beneficiando a Grob, pero una delegación de campesinos y mapuche fueron a Santiago para entrevistarse con el Ministro del Interior

 

 

 

 

160          BSCD, 31° sesión ordinaria, 19 de julio de 1938, p. 1549.

 

161        “30 familias La Quiroga”, Frente Popular, Santiago, 17 de marzo de 1938, p. 5; 2 de marzo de 1938, p. 7; 20 de mayo de 1938, p. 6.

 

162        ARNAD, FMI, Vol. 4297, Ofiicio N° 219, Dirección General de tierras y Coloniza-ción a Ministerio de Interior, 14 de enero de 1936, p. 1; Ofiicio de familia a Ministro de Interior en BSCD, 50° sesión extraordinaria, 29 de enero de 1936, pp. 2786-2788.

 

163        BSCD, 40° sesión extraordinaria, 22 de enero de 1936, p. 2370.

 

164        ARNAD, FMI, Vol. 9247, “Ofiicio sobre actividades comunistas en los campos de Mantilhue. La Unión”, Santiago, 21 de enero de 1936, p. 1.

 

165        BSCD, 50° sesión extraordinaria, 29 de enero de 1936, p. 2798.

 

166        BSCD, 50° sesión extraordinaria, 29 de enero de 1936, p. 2799.



 

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un fantasma recorre el campo

 

para pedir que se “garantice la seguridad de sus vidas y de sus familias”.167 Finalmente los colonos lograron postergar el desalojo, no así muchos otros lanzamientos que ocurrieron más adelante en otros fundos del país.168

 

El conflicto mapuche fue tempranamente planteando por el PCCh, pero como un asunto de integración a la política nacional, sin necesariamen-te afirmar su autonomía como pueblo-nación. A fines de 1936 la Federación Araucana realizó un Congreso Mapuche, del que dio cuenta el diputado Es-cobar, y en el que se discutieron los desalojos, la ley de juzgados de indios y de subdivisión de la propiedad indígena que permitía que se vendieran sus “mapus” de forma individual.169 Por último solicitaron resolver las trabas legales a raíz de su cultura de la poligamia, y mayores facilidades para ob-tener carnet de identidad e inscribirse en los Registros Electorales. En esta ocasión, la Federación reeligió como presidente a Manuel Aburto Panguilef, de larga trayectoria en el movimiento mapuche, envestido como el “único defensor máximo de la Araucanía”.170 Pero la relación entre el PCCh y la Federación Araucana no estuvo ausente de conflictos. El mismo Congre-so Mapuche resolvió “no pronunciarse por ningún candidato a Diputado, por haber aceptado don José Andrés Huichalaf Alcapán, ser candidato del Partido Comunista, sin el conocimiento y consentimiento de la Federación Araucana y Comité Ejecutivo del Congreso Araucana”.171 A pesar de estas discrepancias, la Federación Araucana mantuvo sus relaciones con la CTCh y el FP, pero manteniendo un discurso armonioso con el Presidente Alessan-dri, sobre todo en su encuentro de abril de 1938.172 Por lo mismo, ese año el PCCh decidió apoyar la formación del Frente Único Araucano (FUA), que se sumó a la candidatura de Pedro Aguirre Cerda.173

 

 

 

167        “Sus tierras y sus vidas vinieron a defender a Santiago los colonos de Mantilhue”, Frente Popular, Santiago, 29 de julio de 1937, p. 16; “Legítima posesión de Mantilhue demues-tran los actuales mapuches y colonos residentes en esa región”, Frente Popular, Santiago, 2 de agosto de 1937, p. 2.

 

168        “Desalojos a La Quiroga”, Frente Popular, Santiago, 17 de marzo de 1938, p. 5;

 

“Como se ha usurpado sus a los araucanos de Puñilahue en Prov. de Valdivia”, Frente Popular,

 

Santiago, 4 de mayo de 1938, p. 5; “Con la fuerza está desalojando inquilinos la Benefiicencia”,

 

Frente Popular, Santiago, 20 de mayo de 1938, p. 6.

 

169        Si bien el concepto mapu tiene un signifiicado cultural más complejo que el de sim-ple propiedad de la tierra, utilizamos el mismo término presentado por el diputado Escobar en el Congreso en 1937.

 

170        BSCD, 50° sesión extraordinaria, 5 de enero de 1937, pp. 1515-1520.

 

171        BSCD, 50° sesión extraordinaria, 5 de enero de 1937, p. 1516. “Andrés Huichalaf candidato de la raza araucana”, Frente Popular, Santiago, 14 de enero de 1937, p. 12.

 

172        “Excelencia: los araucanos”, Frente Popular, Santiago, 23 de abril de 1938, p. 3.

 

173        Samaniego y Ruiz, Mentalidades… op. cit., p. 210.

 

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Finalmente, la política agraria del PCCh se enfocó en la defensa de los trabajadores agrícolas, pidiendo la “supresión de la policía particular de los fundos, el uso público de las vías de comunicación que conducen a la ciudad y amplia libertad de tránsito a través de los fundos”. Además de generar una “legislación protectora de los derechos de los inquilinos (derecho a siembra, de crianza de aves de corral, de ganado, etc.)” y de establecer medidas “contra las pulperías y por los derechos de los inquilinos de organizar sus propias cooperativas bajo la ayuda del Estado”.174 Pero, por sobre todo, el PCCh pidió por la sindicalización campesina, la cual estaba contemplada en el Có-digo del Trabajo.175 Éste fue uno de los nudos más importantes en torno a la cuestión agrícola en la primera parte del siglo XX, porque si bien el Código del Trabajo de 1931 no negaba la organización rural, tampoco la fomentaba explícitamente. Por ende, frente a la sindicalización que comenzó en 1933, la SNA presionó a Arturo Alessandri para que la prohibiera. Según el investiga-dor Jean Carriere, el gabinete de Alessandri decidió negarla para apoyar a sus partidarios y sobre todo para no beneficiar a los comunistas, quienes estaban “intensamente involucrados en ayudar a los trabajadores agrícolas”.176 De esta manera, el 3 de marzo de 1933, la Inspectoría del Trabajo prohibió que sus funcionarios concurrieran a formar sindicatos en los campos, denuncian-do a la vez los casos de “actividades subversivas”.177 Por otro lado, la SNA se negó a contratar a sus inquilinos, por lo que el frentismo pidió que se regularizase ya que “en ningún caso el trabajo agrícola puede estar sometido a obligaciones de horarios”.178 Según la Inspectoría del Trabajo, estos con-tratos eran resistidos por los patrones por ser una normativa “relativamente nueva” y a causa de “la escasísima (más bien diríamos ninguna) preparación y cultura de nuestro obrero agrícola, en su inmenso porcentaje analfabeto, que desconoce las disposiciones legales que rigen sobre la materia”.179 En torno al salario, la situación era totalmente desigual en comparación a los obreros urbanos, incluso entre fundos. Según un estudio encargado por el presidente Alessandri en 1935, los salarios desde O’Higgins a Concepción promediaban los 4,9 pesos diarios, siendo más bajos que los campesinos del

 

 

174        “Proyecto de Programa…, op. cit., p. 3.

 

175        “Trabajador Agrícola, conoce las leyes que te favorecen”, Frente Popular, Santiago, 31 de marzo de 1938, p. 12.

 

176         Jean Carriere, “Landwners and the rural unionization question in Chile: 1920-1948”, Boletín de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, N° 22, CEDLA, junio de 1977, p. 37. Traducción de Fabiola Constanzo.

 

177        Carriere, “Landwners…, op. cit., p. 38.

 

178        “Trabajador Agrícola… 1938, op. cit., p. 12.

 

179        ARNAD, Dirección General del Trabajo, (DGT) Vol. 1014, “Memoria anual de la

 

Inspección provincial del trabajo de Concepción-Arauco año 1937”, Santiago, 1937.



 

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Chile Sur, quienes en promedio ganaban 7,77 pesos diarios.180 En cambio en la ciudad, un obrero podía obtener diariamente 11 pesos. Para amortiguar ésta escandalosa desigualdad, Alessandri propuso un proyecto de Salario Mí-nimo, que se discutió en 1936 mediante una Comisión Mixta. Esta fue apoyada por la SNA, que paralelamente acusó a los partidos de izquierda de traer al campo “graves perturbaciones en la disciplina de los negocios y la sovietiza-ción del país”.181 Según Carriere, entre 1933 y 1937, catorce senadores y cinco diputados pertenecían a la SNA, lo que provocó una defensa corporativa hacia los grandes agricultores.182 Pero además, la sindicalización y el salario mínimo traerían un supuesto aumento en la producción, por lo que subirían los precios de los productos en las ciudades.183 Finalmente el proyecto que-dó empantanado en el Parlamento, no siendo respaldado ni siquiera por los partidos del FP. En compensación, la SNA propuso mejorar las regalías de los inquilinos, que constaban generalmente de vivienda, alimentación, talaje para animales y un pequeño pedazo de tierra para la economía familiar, pero no así la asistencia en salud. Según la Dirección General del Trabajo, ese año, de los 56.252 accidentes laborales, 9.394 (16,69%) fueron protagonizados por obreros agrícolas.184

 

De esta manera, en la medida que iba avanzando la campaña electoral, el PCCh optó por moderar su postura, sobre todo después del triunfo de Pe-dro Aguirre Cerda en la Convención de Izquierdas, ocurrida en abril de 1938, siendo elegido candidato frentista para la elección presidencial.185 Esto se evi-denció en la posición comunista sobre la Reforma Agraria, pasando de “una expropiación sin indemnización” a continuar con la política de colonización de los gobiernos anteriores. Según un informe de Raúl Barra al Comintern, se debía dejar el error de “formar el Frente Popular como una agrupación del pueblo de lucha contra el imperialismo y los terratenientes en su conjunto, sin comprender que en el seno de estos existe una gran mayoría que sufre la opresión económica del imperialismo y que temporalmente pueden partici-par en la lucha de Liberación Nacional”.186 De ésta manera, el 30 de julio de

 

 

180        Illanes, “Defensa social… op. cit., pp. 49-50.

 

181        “Contra el espíritu feudal”, Frente Popular, Santiago, 21 de septiembre de 1936, p. 3.

 

182        Jean Carriere, Landwners and politics in Chile. A study of the ‘Sociedad Nacional de la Agricultura’. 1932-1970, CEDLA, Amsterdam, 1981, p. 63.

 

183        Carriere, “Landwners…, op. cit., p. 51.

 

184        ARNAD, DGT, Vol. 1015, estadísticas de Ofiicina de Trabajo, 1937.

 

185       Elías Lafertte y Salvador Barra, “Resumen de prensa”, 14 de diciembre de 1937, pp. 3-4, en RGASPI, 495.17.273

 

186         Raúl Barra, “Informe Político”, 25 de diciembre de 1937, p. 7, en RGASPI,

 

495.17.269.

 

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1938 se publicó el Programa Agrario del Frente Popular, donde se explicitó que el “40% de las tierras arables esperan las manos de obra, deben ser en-tregadas al cultivo intensivo. Una solución cierta podía ser el reparto de la tierra elaborable con el pago de una indemnización a sus propietarios”. Otra promesa tendía que ver con las cooperativas agrícolas y su fomento en abo-no, semillas, maquinarias y crédito. Además, se mencionaba la “construcción de viviendas higiénicas para los campesinos como también diversos edificios para el cultivo de diversos productos”, así como el aumento de transporte de éstos últimos. Aunque el programa no lo menciona, quizás para no escanda-lizar a los grandes agricultores, el gobierno del Frente Popular prometió la sindicalización campesina a través del Código del Trabajo. El programa fue firmado por Pedro Aguirre Cerda y Gabriel González Videla (Partido Radi-cal), Marmaduke Grove y Oscar Schnake (Partido Socialista), Elías Lafertte y Carlos Contreras Labarca (Partido Comunista) y Juan Díaz Martínez por la CTCh.187

 

De esta forma, el PCCh fue modificando su programa agrario en me-dida que iban avanzando las negociaciones dentro del FP. Esto cuestiona la noción sobre la supuesta recepción mecanicista del marxismo del PCCh, teniendo una “autonomía relativa” frente al Comintern o al menos confirmar que no se puede entender el frentismo como un movimiento dependiente de organismos internacionales. Por el contrario, fue el mismo Comintern quien se quejó que entre 1936-1937 existió un periodo “anormal”, ya que no se re-cibieron informes ni materiales del PCCh.188 Esto lo confirmó Galo Gonzá-lez a fines de 1937, planteando que las “ligazones con otros partidos y la IC, son casi nulas”, estando cortadas las relaciones con Argentina.189 ¿Qué tan dependiente fue la política del PCCh del Comintern?, ¿cuál fue su recepción del marxismo?, ¿cómo entendió la cuestión agraria desde el punto de vista teórico? Este debate es profundamente importante, sobre todo pensando en el carácter que tendría la revolución en Chile según el análisis del PCCh: ¿Proletaria, agraria o ambas? Por ello planteo que el programa en torno a la cuestión agraria debía estar conectado con la recepción del marxismo que los comunistas desarrollaron en las primeras décadas del siglo XX. A con-tinuación desarrollo un balance de las principales lecturas que desarrollaron los comunistas chilenos y la recepción del marxismo enfocado en la cuestión agraria, desde su difusión hasta su interpretación.

 

 

 

 

187        “Plan Agrícola de Frente Popular”, El Mercurio, Santiago, 30 de julio de 1938, p. 13.

 

188        Horacio, “Apuntes sobre… op. cit., p. 15.

 

189        Galo González, “Informe de organización”, 19 de diciembre de 1937, p. 9, en RGASPI, 405.17.269.



 

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un fantasma recorre el campo

 

El papel del campesinado

y la recepción del marxismo (1936-1938).

 

¿Era Chile en 1938 un país agrario o industrial? Si analizamos los censos de 1930 y 1940, evidenciamos que gran parte de la población activa estaba dedicada a la agricultura (Cuadro 1). En los años siguientes esto fue varian-do, ya que desde 1942-1953, la población urbana aumentó en un 32%, en cambio la rural solo lo hizo en un 4%).190

 

Cuadro 1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Censos de 1930 y 1940, Instituto Nacional de Estadísticas. www.ine.cl

 

 

En torno a la propiedad de la tierra, tanto contemporáneos de la época como analistas posteriores, dieron cuenta el carácter latifundista de la tierra. En los años cincuenta se estimaba que el 10% de la población poseía el 86% de la tierra cultivable.191 Para el norteamericano George McBride, en su estudio de 1935, era necesaria una reforma agraria para evitar la violencia campesina, dando como ejemplo a México y Rusia:

 

“El roto, como cada chileno lo sabe, no reconoce límites a su violencia una vez desaparecida la fuerza material o moral que lo

 

 

190        Paul Drake, “Chile, 1932-1958”, en Leslie Bethell (Ed.), Historia de América Latina,

 

15.  El Cono sur desde 1930, Crítica, Barcelona, 2002, pp. 220-221.

 

191        Ibid., p. 121.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

contiene. Es muy dudoso que surja un jefe capaz de controlarlo. Por el bien de la clase misma de los hacendados, sino por otra causa, no debe permitirse que la situación llegue a ese estado”.192

 

¿El campesino chileno era capaz de realizar un acto semejante a la revo-lución iniciada en Méjico en 1910? El fantasma de esta rebelión estaba latente desde la primera década del siglo, pero se dio con mayor fuerza en los años treinta, a partir de la discusión del salario mínimo campesino en 1936 y la sindicalización campesina en 1939.

 

Lo cierto es que la izquierda, sobre todo el PCCh, miraba con des-confianza al campesinado, sobre todo por el papel que jugaba en las elec-ciones producto del cohecho. Un escrito de 1937, titulado “La conquista del campo”, grafica de manera muy severa la opinión que se tenía hacia los campesinos: sujetos resignados, pasivos e ignorantes, a los cuales había que incorporar al FP, entregándole desde “afuera” la conciencia social.

 

“Y es que el campesinado en Chile, en su enorme mayoría, carece totalmente de conciencia política. Esto deriva, en parte, del bajo nivel cultural a que sus patrones lo han condenado intencional-mente. Pero es también consecuencia de que la prédica que desde su infancia lo incita a la resignación, ejercida sistemáticamente por patrones y frailes, no es contrarrestada por la propaganda racional de ningún partido político popular. El campesinado chileno no se interesa por resolver sus problemas porque nunca se los ha planteado claramente, ni procura mejorar su condición porque no conoce el camino para ello (…) mientras no haya nadie que vaya a él y le abra los ojos, seguirá viviendo como una bestia miserable y resignada”.193

 

De esta forma, el campesino, como un sujeto carente de conciencia social, sólo requería que un ente externo, como el partido, lo conquistase y educase para su emancipación. Sin embargo, esta liberación no pasaba por sí mismo, sino por una clase social externa: el proletariado. Justamente, para autores como Michael Lowy, uno de los principales problemas del marxismo en Latinoamérica fue trasladar el eurocentrismo “mecánicamente hacia Amé-

 

 

 

192        Jorge M. McBride, Chile: su tierra y su gente, Universidad de Chile, Santiago, 1938, p.

 

346.

 

193        R. Reyes, “La conquista del campo”, Frente Popular, Santiago, 10 de marzo de 1937,

 

p. 3.



 

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rica Latina”.194 Dicho autor afirmó que esto fue devastador para los partidos marxistas, sobre todo entre 1930 a 1959, donde “el resultado de este proceso fue la adopción de la doctrina de la revolución por etapas y del bloque de cuatro clases (el proletariado, el campesinado, la pequeña burguesía y la bur-guesa nacional), como fundamento de su práctica política, cuyo objetivo era la concretización de la etapa nacional- democrática”.195 Por otro lado, para Álvaro García Linera, ésta lectura mecánica de la historia no toma en cuenta que Latinoamérica “constituye una vía distinta del desarrollo del modo de producción asiático, diferente del de la India, China, Argelia, Rusia, Medio Oriente y otros países”, según observaciones del propio Marx, el que no sacralizó los cinco modos de producción que describió en 1859.196 Esto es fundamental, pues debido a la dificultad de comprender el desarrollo econó-mico y social chileno, que en los años treinta se confundió con feudalismo o semifeudalismo, pero como aclara el historiador B. H. Slincher, fue enten-dido como “una estructura de gobierno, y no un modo de producción”.197

 

Estimamos que dicha confusión se debió precisamente por el desco-nocimiento de la obra de Marx en su totalidad. Al contrario, el Manifesto Comunista, una obra temprana en la producción marxista, no incorporaba la “periferia capitalista” en su análisis de la economía mundial, a diferencia de sus obras posteriores, como El Capital.198 Según Samir Amín, el Manifesto fue una excelente tarjeta de presentación de las ideas principales de Marx, pero leído mecánicamente se subestimó la fuerza motriz del campesinado y a los pobres de la ciudad.199 Según Francis Wheen, probablemente el Manifesto sea el folleto político más leído del mundo, pero que “no fue pensado para ser un texto sagrado intemporal, aunque generaciones de discípulos a veces lo hayan considerado así”.200 En el caso chileno, probablemente es la obra más conocida de Marx, sobre todo en la década de los años treinta y cuarenta, por muchas razones: era un llamado directo a la acción, breve y de fácil lectura, lo que lo hacía sencilla su difusión. Fue en este folleto donde se describió

 

 

194        Lowy, El Marxismo… op. cit., p. 11.

 

195        Ibid., p. 28.

 

196        Álvaro García Linera, La potencia plebleya. Acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia, CLACSO y Prometeo Libros, Buenos Aires, 2008, p. 28.

 

197        B. H Slicher Van Bath, Feudalismo y capitalismo en América Latina, Boletín de Estudios Latinoamericanos y del Caribe, N° 17, CEDLA, 1974, p. 26.

 

198        Samir Amín, “El Manifiiesto Comunista visto desde América Latina”, Centro Do-cumental Miguel Enríquez, 1998, http://www.archivochile.com/Chile_actual/columnist/sa-der/colum_sader00002.pdf

 

199        Ídem.

 

200        Francis Wheen, Karl Marx, Debate, Barcelona, 2015, p. 134. Además, ver: Stedman Jones, Gareth, Karl Marx. Ilusión y grandeza, Debate, Barcelona, 2018.

 

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el desarrollo de la sociedad europea, caracterizada en los cinco modos de producción y el papel del proletariado para derrocar el capitalismo. ¿Pudo ser este el comienzo de la confusión sobre el feudalismo en Chile? Al menos en el periodo estudiado, la prensa comunista planteó reiteradamente la pre-sencia de un sistema feudal o semi feudal en la economía agraria chilena. En el fondo se homologaba el sistema de latifundio como “feudalismo”, según podemos evidenciar en el siguiente reportaje de 1943:

 

“La propiedad del suelo encontrada en pocas manos, ha hecho prevalecer el régimen del LATIFUNDIO FEUDAL, enemigo de-clarado del progreso, que emplea métodos de cultivo anticuados, impide el abastecimiento de los productos agrícolas, arruina a la agricultura. Estos pocos poseedores de grandes haciendas han te-nido en sus manos el Gobierno de la nación desde hace más de 130 años y nada han hecho para subsanar los defectos fundamen-tales que restringen la producción”.201

 

¿Cuál fue la recepción en la militancia comunista? Una de las primeras ediciones que conocemos en Chile del Manifesto fue precisamente después de la Revolución Rusa, bajo la Editorial Stalin202, aunque la edición de la casa Antares tuvo mayor tiraje. Según Américo Zorrilla, dirigente comunista que trabajó en dicha editorial, en 1939 se logró publicar un tiraje de 100.000 co-pias.203 Aunque poco probable estas cifras, estimamos que dicho documento caló profundamente en la subjetividad comunista. Un primer asunto fue en torno a la universalidad del análisis marxista. Un escrito de 1936 defendió la noción de que Marx no escribió sólo a los trabajadores europeos, sino que ejerció una “ciencia”, que estaba “escribiendo para todo el mundo”, porque cuando Marx “puso la última palabra en el Manifiesto Comunista, esta última palabra fue a los trabajadores del mundo, no a los trabajadores europeos fue dirigida”.204

 

Esta noción continuó incluso transcurrido los años sesenta del siglo XX. Si revisamos un curso de marxismo de 1964 del PCCh, la primera clase

 

 

201        “Convocatoria del primer Congreso Nacional de Agricultores de Chile a realizarse en Santiago los días 28 al 30 de enero de 1944”, El Campo, Santiago, 1° quincena de diciembre de 1943, p. 2.

 

202        Karl Marx y Frederic Engels, Manifiesto del Partido Comunista, Editorial Stalin, Santia-

 

go, 1933.

 

203        José Miguel Varas, Los Tenaces, LOM Ediciones, Santiago, 2010, p. 43.

 

204        “¿Pensó Carlos Marx en europeo?”, Frente Popular, Santiago, 8 de septiembre de

 

1936, p. 3



 

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un fantasma recorre el campo

 

estuvo dedicada íntegramente a “La Sociedad Humana y sus Diferentes Eta-pas de Desarrollo”, vale decir: la comunidad primitiva, la sociedad esclavista, feudal, capitalista y socialista.205 Aunque al término de aquel capítulo se precisó que dicho modelo correspondía a Europa y “no coincide exóticamente al desarrollo experimentado por los pueblos de Asia, África y América Latina”, no mencionó cuál sería el desarrollo específico de la sociedad latinoamericana.206 No obstante la difusión en torno a los modos de producción continuó. En 1968, la editorial comunista Austral editó “El manual de Historia Económi-ca” de D. Mitropolski e Y. Kuznetov, un breve resumen del “desarrollo de la sociedad humana” desde la época esclavista hasta el imperialismo, pero sin hacer referencia hacia Latinoamérica, ni menos Chile.207

 

Esto se ejemplifica en la vida de un militante comunista entrevistado en 1970, quien tenía la historia del movimiento obrero “mundial”. De origen campesinado, nuestro personaje debió emigrar a comienzos de los años vein-te a las salitreras, pero producto de la crisis minera, retornó a Talca, donde pensó volver a estudiar, pero “cuando me fui pa’ otro trabajo al campo, a cortar trigo, me olvidé de todo”. En los años de militancia comunista pudo recuperar el tiempo, leer obras “del finado don Luis Emilio Recabarren, en los libros de Lenin, donde dice que la obra de la emancipación del hombre es obra del proletariado mismo” y entender la ideología marxista que para él era “inquebrantable”, ya que anunciaba el fin del capitalismo.208 “Después que el mismo capitalismo creó a la clase proletaria, esa misma clase se encargará de hacer morir al capitalismo”.209 Dicho militante realizó la cronología de la evolución de la etapa de la “humanidad”: primero el comunismo primitivo, el esclavismo, el feudalismo y el capitalismo, que es la etapa “que estamos viviendo”. Y continúa con una fe absoluta en el fin del capitalismo:

 

“Este va a morir a la larga, después llegaremos al socialismo y pos-teriormente llegaremos al comunismo. Actualmente hay algunos países que están en el socialismo como Rusia. Nosotros los comu-nistas tenemos la convicción de que tiene que ir cambiando etapa a etapa, y sabemos que la clase capitalista, la burguesía de cada país

 

 

205        Comisión Nacional de Educación de Partido Comunista de Chile, Curso Breve de Materialismo Histórico, Ediciones Educación Comunista, Santiago, 1964, pp. 9-15.

 

206        Ibid., p. 15.

 

207        D. Mitropolski e Y. Kuznetov, Historia y Economía. Breve manual, Ed. Austral, Santia-

 

go, 1968.

 

208        Carmen Pimentel Sevilla, Vidas marginales, Ediciones Metales Pesados, Santiago, 2013, p. 56.

 

209        Ibid., p. 57.

 

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tiene que morir, porque, a la larga, la gente se va convenciendo, va haciendo conciencia de lo que ocurre en otros países” .210

 

¿Cuáles fueron los medios de difusión de marxismo en el PCCh y qué grado de prioridad tuvo en el partido? En primer lugar, hay que entender que el marxismo fue una teoría que nació fuera de nuestro continente, no hacién-dose cargo de la realidad Latinoamérica.211 El propio Elías Lafertte (dirigente del PCCh), recuerda su lectura marxista a comienzos del siglo XX:

 

“Los libros de estos pensadores eran escasísimos. No éramos pro-piamente marxistas. El marxismo llegó al POS andando el tiempo, a través de los estudios, de los libros que vinieron de Europa, de las relaciones internacionales, de los viajes de los compañeros y de la cooperación de la Internacional Comunista”.212

 

Fue en la década de los años treinta, cuando el Comintern priorizó su trabajo en Latinoamérica, apoyando la difusión marxista mediante la Edito-rial Progreso, fundada en 1931 con el nombre de Editorial de los Trabajado-res Extranjeros en la URSS. En Chile, la difusión fue lenta y con obstáculos, dando la impresión que no era prioritario en la militancia chilena. Una razón pudo ser el agobiante trabajo clandestino entre 1927-1937, donde prevalecie-ron la militancia y las tareas sindicales y políticas, no teniendo tiempo para la instrucción o capacitación de cuadros. Según el dirigente campesino Juan Chacón Corona (PCCh):

 

“Recién en los años 30 vine a leer yo los primeros libros de Le-nin, el “Que hacer” y “Un paso adelante” (…) ‘El Estado y la Revolución’ me echó abajo el anarquismo, y lo vine a leer maduro. Claro que la exigencia de hablar en los actos, de redactar volantes y documentos, de preparar intervenciones para congresos y otras reuniones, me obligó a pensar, a aclarar conceptos. Pero estudié poco. El estudio, la lectura de obras teóricas de largo aliento, me costaba (…) Los esfuerzos que uno hacía por leer y formar una pequeña biblioteca no iban muy lejos. Cuando me llevaron preso por primera vez, los tiras acarrearon un baúl de libros. No me los

 

 

210        Ibid., pp. 57-58.

 

211        Robert Paris, “Difusión y apropiación del marxismo en América Latina”, Boletín de

 

Estudios Latinoamericanos y del Caribe, N° 36, CEDLA, julio de 1984, p. 5.

 

212        Lafertte, La vida…, op. cit., p. 97.



 

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devolvieron. Después esto volvió a ocurrir muchas veces. La poli-cía tiene más libros míos que yo”.213

 

La precariedad y la represión obligaron a los comunistas a enfocarse al trabajo orgánico y político, recibiendo escasa instrucción teórica. De todas maneras se hicieron esfuerzos. Según Orlando Millas, la formación marxista de los dirigentes Galo González, Elías Lafertte y Carlos Contreras Labarca estuvo a cargo de personas como Paulino González Alberdi, comunista espa-ñol- argentino, parte del Buró Sudamericano, que estuvo entre 1931-1932 en Chile.214 Víctor Contreras Tapia recuerda que González Alberdi dio algunas charlas a los dirigentes comunistas, pero cayó detenido cuando la policía de Ibáñez detuvo a Humberto Abarca (posteriormente diputado del PCCh), con un papel con dichas charlas. Fueron 16 los comunistas detenidos que pasaron a la Cárcel Pública.215 Otro emisario del Comintern que dio cursos de marxismo a militantes comunistas fue Federico Glaufbauf, quien incluso fue detenido y torturado por Investigaciones.216

 

Una de las primeras editoriales comunistas fue Stalin, que publicó precisa-mente el Manifesto Comunista y El Extremismo…de Vladimir Lenin en 1933.217 En el prólogo de éste último libro, los editores propiciaron que para forta-lecer las luchas revolucionarias, era necesario armarse ideológicamente con el marxismo-leninismo “engranado a una construcción y disciplinada acción revolucionaria han de ser medios eficaces de victoria para el ascenso revo-lucionario de las grandes masas internacionales”.218 Pero fue con la Edito-rial Antares que creció exponencialmente la publicación de libros marxistas. Creada en 1935 y financiada por el abogado y futuro senador comunista Jorge Jiles, la editorial estaba ubicada en Av. San Francisco 347, con un Di-rectorio formado por Amador Pairoa, Héctor Arancibia, Carlos Contreras Labarca, Jorge Jiles y Salvador Barra Woll. Entre 1935-1938, Antares publicó alrededor de cuarenta y cuatro obras, pero al contrario de lo que se puede pensar, sólo un 14% pertenecía a obras clásicas del marxismo o referentes a

 

 

 

213        Varas, Chacón… op. cit., p. 97.

 

214        Orlando Millas, “El Marxismo en Chile (I)”, Araucaria de Chile, N° 15, Madrid, 1981, p. 72; Sobre González Alberdi en Ulianova, “Develando…, pp. 118-121.

 

215        Víctor Contreras Tapia, Campesino y proletario, Ediciones Estudio, Moscú, 1982, pp.

 

47-50.

 

216         Ulianova, “Develando… op. cit., p, 138; Rafael Sagredo (Recopilador), Crónicas políticas de Wilfredo Mayorga. Del cielito Lindo a la Patria Joven, DIBAM- Centro de Investigaciones Diego Barros Arana- Ediciones RIL, Santiago, 1998, p. 576.

 

217        Marx, Manifiesto… op. cit.; Lenin, El extremismo… op. cit.

 

218        Lenin, El extremismo… op. cit., p. 5.

 

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la URSS, mientras que el 36% fue sobre el Frente Popular y documentos del PCCh. Por otro lado, la difusión marxista se dio desde el diario Frente Popular (impreso en Antares), el cual contó con un espacio para la educación política y la literatura rusa, mexicana y española.219 Posteriormente el periódico de las Juventudes Comunistas (JJCC), Mundo Nuevo, también tuvo espacios de difusión de obras marxistas.220

 

No obstante, la formación ideológica de los comunistas chilenos fue precaria, lo que preocupaba a los delegados del Comintern. En 1937, un informe de Horacio, llamó la atención sobre las supuestas “desviaciones de derecha” de Luis E. Recabaren que prevalecían en el partido:

 

“Recabaren fue un obrero sinceramente partidario del I.C.; care-cía, sin embargo de una formación marxista, y si en su actividad práctica actuaba como un revolucionario honesto y combativo, las concepciones que difundía con una actividad extraordinaria de propagandista estaban imbuidas de revolucionismo pequeño burgués, de sentimentalismo e ideas de colaboración de clases, ca-recían de una base proletaria sólida”.221

 

Horacio recomendó impulsar un trabajo de capacitación, sobre todo para los cuadros obreros que necesitaban de mayores herramientas teóricas, como era el caso del senador Elías Lafertte. “Creo que Lafertte es poco ayudado a superar sus debilidades”.222 Sobre la revista Orientación, editada por el PCCh entre 1937-1938, tenía la deficiencia de integrar escasamente los discursos de Stalin, Dimitrov y la realidad en Francia y España. “No hay materiales contra el trotskismo… el material de la revista es muy general. No se señalan las formas concretas de penetración del fascismo en Chile, las maniobras de la

 

 

 

219        Por ejemplo: “La acumulación del capital conduce al empobrecimiento y degrada-ción de la clase obrera”, Frente Popular, Santiago, 16 de mayo de 1936, p. 5; Gorki, “Los niños abandonados”, Frente Popular, Santiago, 30 de septiembre de 1936, p. 5; González Vera, “El preceptor bizco”, Frente Popular, Santiago, 21 de octubre de 1936, p. 5.

 

220        “Materialismo idealismo, dialéctica”, Mundo Nuevo, Santiago, 24 de septiembre de 1938, p. 3; “Concepción materialista de la historia”, Mundo Nuevo, Santiago, 1 de octubre de

1938, p. 3; “Valor y plusvalía”, Mundo Nuevo, Santiago, tercera semana de octubre de 1938, p.

 

3; “La acumulación del capital y algunas de sus consecuencias”, Mundo Nuevo, Santiago, 1° semana de noviembre de 1938, p. 9.

 

221        Horacio, “Sobre el derechismo en el Partido Comunista de Chile”, 1 de marzo de 1937, p. 2, en RGASPI, 495.17.270.

 

222        Bernard, “La política de cuadros en el PC de Chile”, 7 de agosto de 1937, p. 1, en RGASPI, 495.17.270.



 

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reacción, la situación del país, las experiencias de las luchas”.223 Fue un largo proceso superar estas deficiencias políticas, pero da la impresión que Reca-barren continuó siendo relevante en el imaginario comunista, compartiendo un espacio con Lenin y Stalin. Así queda evidenciado en los cuadros que adornaba la sede del Comité Central del PCCh en calle Moneda 716 (esquina Mac Iver).224 (Imagen 3).

 

En este contexto, ¿cuál fue el papel del proletariado y el campesinado en relación a la revolución social? Según Robert Paris, fueron los escritos de Lenin los que dieron relevancia a la reforma agraria y los campesinos, a diferencia de Marx, quien los miraba con desconfianza225. En ese sentido, Lenin reforzó la idea de la revolución proletaria-campesina, pero teniendo en cuenta que las tierras debían nacionalizarse, pasando al poder del Estado central.226 Luego de su muerte en 1924, su sucesor, Josep Stalin planteó que la cuestión campesina no era fundamental en el leninismo, comenzado la colecti-vización agraria entre 1927-1940, cuando el 96% de las tierras cultivables pasó al Estado.227 Para Carlos Taibo la colectivización fue un proceso “forzoso” ya que el régimen obligó a miles de campesinos a cultivar sin tener la posibi-lidad de migrar a las ciudades.228 En Chile, los comunistas no difundieron la masiva deportación y relegamiento que significó colectivización soviética, pero si divulgaron algunos de sus concepciones. Uno de los exagerados discursos de Stalin publicados en el diario Frente Popular dirá:

 

“… nuestras elecciones son las únicas en el mundo que son ver-daderamente libres… nuestros campos están cultivados por tra-bajadores de la tierra, sin terratenientes, sin kulaks. La dirección del trabajo está garantizada por los hombres surgidos del pueblo. Esto es lo que se llama entre nosotros ‘socialismo en la vida’”.229

 

 

 

 

223        Bernard, “La revista y dos boletines del Partido Comunista de Chile”, 10 de diciem-bre de 1937, p. 1, en RGASPI, 495.17.273. Ese mismo año el PCCh editó un libro en contra el trotskismo: Carlos Contreras Labarca, El trotskismo, Editorial Antares, Santiago, 1937.

 

224        Imagen e información otorgada por Matías Villa Juica.

 

225        Robert Paris, “Difusión…op. cit., p. 8.

 

226        Wladimir Lenin, “Las tareas del proletariado en nuestra revolución”, Obras Escogi-das. Tomo VI (1916-1917), Progreso, Moscú, 1973, pp. 124-125.

 

227        Enrique Botella Foster, “La política agraria de la U.R.S.S.”, en Revista de Estudios Agrosociales, N° 4, Madrid, 1953, p. 102.

 

228        Carlos Taibo, Historia de la Unión Soviética 1917-1991, Alianza Editorial, Madrid, 2010, pp. 126-131.

 

229        “Stalin habla a sus electores”, Frente Popular, Santiago, 14 de enero de 1938, p. 3.

 

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Imagen 3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justo Zamora, Elías Lafertte y Galo González en sede del PCCh.

 

Gentileza de Matías Villa Juica. Archivo personal.

 

En 1938, la Editorial Antares publicó Fundamentos del leninismo, un dis-curso pronunciado por Stalin en la Universidad de Sverdlov en 1924. Este se trasformó en un práctico manual de conceptos, como la dictadura del prole-tariado, la cuestión nacional, el método y la práctica en la política del leninis-mo, que Stalin (1938) definió como “el marxismo de la época del imperialis-mo y la revolución proletaria”.230 De todos los conceptos allí plasmados, nos enfocaremos en la “cuestión campesina”, sobre todo porque Stalin consideró que el punto de partida del leninismo era “la dictadura del proletariado, de las condiciones de la conquista y del fortalecimiento de la misma. La cuestión campesina como cuestión del aliado del proletariado en su lucha por el po-der, es una cuestión derivada”.231 A partir de esta mirada del campesino como aliado del obrero, podemos preguntarnos ¿fue secundario el campesinado en

 

 

230        Josep Stalin, Fundamentos del leninismo, Editorial Antares, Santiago, 1938, p. 4.

 

231        Ibid., p. 41.



 

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la Revolución rusa? Stalin hizo la diferenciación entre el campesinado ruso y el de los países occidentales, donde las masas campesinas eran “una reserva de la burguesía”. En cambio en Rusia, tanto en la revolución de 1905 y 1917, el campesinado volteó “su mirada” en la clase proletaria, pero sobre todo en el partido que lo representaba: el partido bolchevique.232 Para Stalin el parti-do debía ser ante todo “el destacamento de vanguardia de la clase obrera”, atrayendo a los “mejores elementos de esta última” y armado de “una teoría revolucionaria… de las leyes de la revolución… el Estado Mayor del prole-tariado”.233 De ésta forma la cuestión campesina, si bien era relevante, lo era en función de una revolución liderada por el proletariado. “La cuestión cam-pesina es una parte de la cuestión general de la dictadura del proletariado, y, como tal, constituye una de las cuestiones más palpitantes del leninismo”.234 Según Richard Harris esto fue clave en Lenin, quien concibió al campesinado como “una clase revolucionaria que estaría dirigida por el proletariado”.235

 

El PCCh integró esta situación con anterioridad a la conformación del FP. En enero de 1933, la Comisión de Agitación y Propaganda del Comité Central elaboró un Plan de Estudio, en el que la “cuestión agraria” estuvo presente como “tema 11”. Allí se indicó la incapacidad de la burguesía chilena de darle tierras al campesinado y el menosprecio de otros partidos de izquierda hacia la lucha agraria, refiriéndose a Manuel Hidalgo, quien aún no formaba parte de la Izquierda Comunista. La lectura mínima para el curso fue preci-samente Fundamentos del leninismo y La colectivización de la agricultura de Stalin.236 A mediados de ese mismo año, la dirección del PCCh rechazó las nociones ideológicas de Luis E. Recabarren, reivindicando a Marx y Lenin por sobre el líder criollo.237 En esa misma Conferencia, el PCCh explicó la cuestión agraria dividiendo al campesinado en tres capas: kulak (campesinos ricos), campesi-nos medios y campesinos pobres, llamando a trabajar con estos últimos, ya que la burguesía en Chile “es más reaccionaria que revolucionaria por miedo al proletariado”.238 Con el cambio a la política frentista, el campesino fue to-mando mayor relevancia en la noción del PCCh. Según las resoluciones del Pleno Nacional de Organizaciones del PC en 1937:

 

 

232        Ibid., pp. 43-45.

 

233        Ibid., p. 47.

 

234        Ibid., p. 42.

 

235        Harris, “El marxismo…, op. cit., p. 111.

 

236        Partido Comunista de Chile, Plan de estudios de un curso de capacitación. Hacia la forma-ción de un poderoso activo en el Partido Comunista chileno, Santiago, enero de 1933, pp. 20-21.

 

237        Partido Comunista de Chile, Hacia la formación de un verdadero partido de clases, Impren-ta Gutenberg, Santiago 1933, p. 5.

 

238        Ibid., p. 30.

 

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“el Partido Comunista es el partido de una sola clase, es el parti-do del proletariado. No nos referimos naturalmente, de un modo mecánico, a su composición social, sino a su orientación ideológica. Comprendiendo el carácter de la revolución chilena, en su etapa actual, el Partido ha impulsado la política del Frente Popular y la sostiene con todo vigor, pero recalca que la política frentista del Partido es la política que corresponde a los intereses inmediatos del proletariado, como clase”.239

 

En ese sentido, se debía “INCORPORAR AL CAMPESINADO EN EL MOVIMIENTO POPULAR”, pero mediante la estructura leninista ur-bana de organización, es decir “la célula”. “La célula de hacienda, al igual que la célula de empresa en la ciudad, constituye la base fundamental de nuestro Partido”.240 Sin embargo, existió un retraso en la implementación de células agra-rias, como el mismo Comintern venía planteando desde 1936. El dirigente Galo González escribió al Comintern a fines de 1937, que esta debilidad se debía a la histórica tradición obrera del Partido. A diferencia de las zonas mineras, en el campo “recién, en algunos centros agrícolas, estamos crean-do organismos propiamente campesinos, con diferentes nombres: Liga de la Tierra, Unión de Campesinos, Sindicatos, etc.”.241 Frente a esta realidad, la recomendación del Comintern fue incorporar a las masas campesinas me-diante el levantamiento de sus reivindicaciones, tanto de los inquilinos como de los agricultores progresistas: “el movimiento popular debe apoyar aquellas reivindicaciones de estas capas que no chocan con los intereses del proleta-riado agrícola ni con los de la población laboriosa de las ciudades, como sus reivindicaciones contra la usura de los bancos y la expoliación de las firmas imperialistas”.242 Estas sugerencias se debía a que una parte de la dirigencia del Partido Radical estaba ligada a la agricultura y tuvo reticencias de integrar-se al frentismo. De hecho, el propio Pedro Aguirre Cerda, quien se conver-tiría en candidato único del FP, era un reconocido agricultor y al comienzo no estaba de acuerdo con formar parte de esta coalición de centro-izquierda. “Nadie sabe para quién trabaja”, sostuvo Arturo Olavarría, su futuro minis-tro de Interior.243 ¿Cuál fue el trabajo orgánico del PCCh en el campo y qué

 

 

239        “Resoluciones del Pleno Nacional del Organización del PC”, Boletín del Comité Cen-tral del Partido Comunista de Chile, N° 2, enero de 1938, p. 20, en RGASPI, 95.17.292.

 

240        Ibid., pp. 22-23.

 

241        Galo González, “Informe… op. cit., p. 3.

 

242        “La situación política en Chile y las tareas del Partido Comunista”, enero de 1936, p. 15, en RGASPI, 495.17.263.

 

243        Arturo Olavarría, Casos y cosas de la política, Imprenta Stanley, Santiago, 1950, p. 9.



 

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caminos recorrieron para conquistar al campesinado? El siguiente apartado está dedicado a las múltiples formas de politización campesina que utilizó el comunismo y los resultados que se lograron entre 1935-1938.

 

Politización campesina comunista

y la campaña presidencial.

 

Tanto en los sucesos de Ránquil, como en el desalojo de Mantilhue, los diputados de derecha acusaron al PCCh de concurrir al campo para sub-vertir a los campesinos. De esta manera, se expandió la mitología que las movilizaciones campesinas son explicables por la intervención externa de la conciencia de clases. Por otro lado, estos hechos se intensificaron en 1938 a partir de la contienda presidencial entre Gustavo Ross, candidato por la Alianza Liberal y Pedro Aguirre Cerda, representante del FP. Los organismos policiales informaron la presencia de sujetos externos que realizaron propa-ganda a favor del candidato frentista en el campo ¿Qué tan externos eran los agitadores campesinos? ¿De qué forma realizó el PCCh su inserción en las movilizaciones agrarias?

 

¿Cuáles fueron sus principales obstáculos? ¿Cómo se explica su exitosa inserción y politización campesina?

 

Para Brian Loveman, si bien el PCCh desde los años veinte se preocupó de la alianza obrera-campesina, fue desde 1936 cuando comenzó un trabajo más a escala nacional.244 A diferencia de las zonas salitreras y urbanas de Chile, el PCCh tuvo dificultades de influir en el campo. Primero, por la fuerte represión y dominación que ejercían los patrones de fundo, además de la enorme diversidad entre inquilinos, pequeños agricultores, etc.245 Segundo, el Estado no ejercía un rol fiscalizador, negando la sindicalización campesina entre 1933 y 1937. Tercero, existió un menosprecio en el marxismo en torno al campesinado sobre su “escasa” conciencia de clase, en comparación a la clase proletaria, que era la llamada jugar un papel de vanguardia en la revolu-ción social. Pese a todo esto, el PCCh inició, a mediados de los años treinta, un trabajo sistemático en la politización campesina, pero aún de forma pau-latina e incipiente.

 

¿De qué forma se produjo la politización campesina por parte del PCCh? Según parte de la historiografía chilena, un papel relevante fue el movimiento migratorio de los trabajadores salitreros hacia los campos a partir

 

 

244        Loveman, Struggle…, op. cit., p. 159.

 

245        Brian Loveman, Struggle in the Countryside. A Documentary Supplement, University of

 

Indiana Press, Bloomington, 1976, pp. 6-7.

 

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de la crisis de años veinte, además del relegamiento político. En 1921 la Oficina del Trabajo derivó a 10.886 trabajadores a faenas agrícolas, en su mayoría a Valparaíso y Talca, correspondientes a un 20,3% del total de los 53.621 ce-santes.246 Ese mismo año se dieron algunos movimientos sindicales como en el Fundo “La Higuera”, donde pidieron mejorar la ración de alimento y desaforar al administrador por sus malos tratos entre otros asuntos.247 En la memoria comunista ocurre algo similar. Así lo recuerda Lautaro Contreras, militante del PCCh e hijo de Víctor Contreras Tapia (ex ministro de Tierras y Colonización en 1947):

 

“A comienzos del siglo XX hay una migración masiva del campo a las salitreras, y se iban cabros chicos, de 14 o 15 años, se iban a las salitreras… la mayoría iba de pavos en los barcos que salían de Valparaíso, cuando digo de pavo: ilegales. Hasta Antofagasta, Tocopilla, y ahí se incorporaban a las salitreras… Esto, yo calculo, debe haber sido a comienzos del siglo XX… Mi papá siempre contaba que había una cuestión en Valparaíso que se llamaba el enganche, que había tipos en Valparaíso que iban al campos a buscar campesinos y los embarcaban y los mandaban a las salitreras. Y en las salitreras ya existía el movimiento obrero, existían las mutua-les, los sindicatos, la federación minera. Según lo que me contaba mi padre, esto tuvo su auge hasta los inicios de los años treinta. Entonces cuando vino la crisis de los años treinta, por lo relatos que yo tengo, que en el norte fue dramático, dramático, en las sali-treras no tenían que comer, viene necesariamente el regreso de ese campesino, convertido en minero, a su lugar de origen, pero ya no es el mismo campesino, porque viene convertido en minero, con conciencia de clases, muchos de ellos militantes del Partido Comunista o de otros partidos progresistas de la época. Entonces, cuando se incorporan a sus lugares de origen, vienen con toda su experiencia sindical y de lucha social”.248

 

De esta manera, aparece la primera variante de politización campesina:

 

el retornado, es decir, el obrero minero que retorna a su pueblo. Pero no sería

 

 

 

246        ARNAD, Dirección del Trabajo, Vol. 86, Ofiicina del Trabajo, Formularios de So-ciedades Obreras, 1922.

 

247         ARNAD, Ofiicina del Trabajo, Ofiicio de Comisión de fundo Higueras a Enrique

 

Doll, 20 de agosto de 1921, pp. 1-3. Gentileza de Camilo Santibáñez.

 

248        Conversación con Lautaro Contreras (64 años), militante comunista, Santiago, 28 de septiembre de 2015.



 

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a cualquier pueblo, sino a su propia comunidad. Es allí, en ese espacio de con-fianza donde expone su experiencia sindical y herramientas de organización. ¿Es un sujeto externo el supuesto agitador o es un conocido campesino que retorna con una nueva experiencia? Este pudo ser el caso de los hermanos de Víctor Contreras Tapia. Éste vivió en San Felipe, donde trabajó desde pequeño como inquilino, emigrando a los catorce años a Antofagasta. Allí se convirtió, junto a sus hermanos, en miembro de la FOCH y del PCCh (a esa altura lo mismo).249 Pero producto de una lista negra, fueron despedidos y decidieron volver al sur a mediados de 1924. “Mis hermanos fueron los que regresaron al campo, a Calle del Medio, el caserío en que pasé mi infancia tan triste y miserable. Cuando me enteré de su proyecto les dije que ni amarrado volvería”.250 Así se convirtió en dirigente ferroviario en Valparaíso, donde “el hecho de que yo viniera de las salitreras les hacía pensar que yo sabía mu-cho… mis conocimientos eran escasos… un día descubrí en la biblioteca del sindicato un folleto de Carlos Marx titulado ‘Trabajado asalariado y capital’. Lo leí muchas veces para entenderlo”.251 Más adelante conoció a Galo Gon-zález, quien le prestó “El Estado y la revolución”, de Lenin, fogueándose en la lucha ferroviaria y en la teoría marxista, mientras sus hermanos retorna-ron a San Felipe.252 Frente a esta trayectoria, es posible preguntar si aquellos jóvenes ¿se habrán olvidado de su militancia comunista o habrán aporta-do a la organización de la movilización campesina? Si esto fue así, ¿pueden ser considerados como agentes externos de politización? Lautaro Contreras sospecha que sus tíos continuaron militando, pero no tiene la certeza. A co-mienzos de los años noventa acompañó a su padre, Víctor Contreras, a San Felipe, donde reafirmó que los hermanos Contreras Tapia hicieron raíces en el valle de Aconcagua.253 San Felipe, como veremos más adelante, se convir-tió en una de las zonas más importantes en el primer ciclo de movilizaciones campesinas, con una amplia presencia del PCCh a comienzos de los años cuarenta. Según Orlando Millas, tanto el encargado del Regional de Aconca-gua, llamado Hugo Vivanco, como otros militantes de San Felipe, provenían de Antofagasta y otras zonas mineras.254

 

Una segunda variante de politización campesina fue el relegado, es decir, la presencia de detenidos comunistas y socialistas en zonas rurales bajo los

 

 

249        Contreras Tapia, Campesino…, op. cit., p. 23.

 

250        Luis Alberto Mansilla, “Recuerdos de sesenta años. Conversación con Víctor Con-treras Tapia”, Araucaria de Chile, N° 17, Ediciones Michay, Madrid, 1982, p. 82.

 

251        Idem.

 

252        Contreras Tapia, Campesino…, op. cit., pp. 30-32.

 

253        Conversación con Lautaro Contreras… op. cit.

 

254        Millas, Memorias... op. cit., p. 353.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

gobiernos de Carlos Ibáñez del Campo y Alessandri. Según las investigacio-nes de Loveman y Lira, los relegamientos eran mediante sentencia judicial, aunque existieron también los “traslados” que eran ejercidos por atribución presidencial, sin sentencia, especialmente bajo Estado de Sitio.255 Esto fue denunciado por los diputados comunistas en 1936, en medio de la huelga ferroviaria.256 Así lo recordó el mismo Víctor Contreras, quien estuvo dete-nido cerca de un mes en 1931. “Centenares de nuestros compañeros fueron confinados en las islas Más Afuera, Mocha, Pascua y en localidades inhóspi-tas como Melinka”, donde fue llevado Juan Tapia, líder del sindicato de Lon-quimay, en 1933.257 Ese mismo año, desde Valdivia, el Intendente presentó su molesta por la presencia de Amador Pairoa (futuro diputado comunista), como relegado en Osorno, por la propaganda que realizaba, a pesar de ser vigilado continuaba con su “verdadera obsesión, en cuanto a sus ideas co-munistas”. Para ello, la autoridad solicitó trasladar al ciudadano a un pueblo pequeño, donde no contara con un “núcleo tan numeroso de obreros como en Osorno”.258

 

Finalmente, una tercera variante de politización fue el designado, es decir, el militante que se dirigió a una zona rural por nominación del partido. Esta podía ser desde su instalación permanente o parcial en la zona. Los resul-tados no fueron los esperados en los primeros años. Según un informe de un comisionado del Comintern de 1935, el PCCh tenía una presencia en las cercanías de Concepción y Talca, además de trabajar “con éxito entre los in-dígenas del Sur más que agricultores pobres, en los alrededores de Temuco y en Concepción e influenciaba en sus organizaciones”.259 Según el diario Frente Popular de Concepción, el PCCh tenía presencia en organizaciones campesi-nas en Talcamávida y San Rosendo, donde se lograron constituir comités fren-tistas y elegir autoridades como Manuel Salgado, regidor en San Rosendo.260

 

A pesar de ello, hacia fines de 1937, el partido consideró débil su trabajo agrario. Según Galo González, de un total de 351 células partidarias, solo 10 funcionaban en haciendas agrícolas.39 Así lo demuestra el Cuadro 2:

 

 

255        Loveman y Lira, Poder Judicial…, op. cit., p. 46.

 

256        BSCD, 14° sesión extraordinaria, 30 de marzo de 1936, p. 382.

 

257        Mansilla, “Recuerdos de…, op. cit., p. 85.

 

258        ARNAD, FMI, Vol. 8373. Ofiicio confiidencial de Intendente de Valdivia a Ministe-rio de Interior, Valdivia, 24 de agosto de 1933, p. 1.

 

259        Horacio, “Apuntes sobre la situación política en Chile”, 8 de agosto de 1937, pp. 14-15, en RGASPI, 495.17.279.

 

260        “Talcamavida. Memorial de los campesinos de la región”, Frente Popular, Concep-ción, 18 de septiembre de 1937, p. 5.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Cuadro 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Galo González, “Informe de organización”, en RGASPI, 495.17.269.

 

A continuación, ampliaremos los casos de dos de los agentes de politi-zación: el “retornado” y el “designado”.

 

a) Politización campesina desde el retornado (Limarí- Ovalle).

 

José Campusano nació en 1916 en Combarbalá (actual región de Co-quimbo). Años después escribió que parte de su familia fue víctima de la pobreza, pasando de ser comuneros a inquilinos, debido del despojo de sus tierras. Más tarde quedó huérfano a los 9 años, producto de la muerte de su madre y el resto de su extensa familia, a la que sólo sobrevivieron al hambre dos tíos y él. Al poco tiempo emigraron a la “Hacienda Limarí” en Ovalle, donde además de estudiar en una pequeña escuela, trabajó ganando 80 cen-tavos al día. “Los salarios eran miserables: un peso cincuenta o dos pesos… a las mujeres se les pagaba menos salario y no se les daba raciones” de co-mida como a los hombres.261 A pesar de la lejanía con la ciudad, Campusano recuerda que las noticias llegaban de los obreros salitreros, sobre todo de Inocencio Henríquez, quien fue como “un padre espiritual”. Este trabajó por 20 años en Iquique, regresando en 1929 junto a otros obreros. Lo primero que formó fue un Centro Cultural y Deportivo, organizando campeonatos de futbol y bailes los días domingo. El patrón les cedió un local, pensando

 

 

 

261    Campusano, Sembrando…, op. cit., p. 28.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

que se trataba de una organización recreativa: “Don Inocencio dijo que era la primera conquista arrebatada al patrón”.262 Así, entre fiesta y fiesta, con cuecas y disminuyendo cada vez más el uso de alcohol, se fue conformando un grupo central que más adelante formaron el primer sindicato agrícola. “Don Ino-cencio decía que para construir la nueva sociedad había que comenzar con las cosas más pequeñas hasta emprender las de mayor magnitud”.263 Paralelo a ello, don Inocencio les recomendó a los jóvenes que se fueran a trabajar a las minas para adquirir una “experiencia distinta”. Campusano y dos campesinos más se fueron a Punitaqui, donde trabajaron de “apir”, cargando el material. A los pocos meses organizaron el sindicato con asesoría de la FOCH de Ovalle y los diputados comunistas Andrés Escobar y José Vega. “Mucho de lo expresado en la reunión coincidía con los planteamientos hechos por Ino-cencio”.264 En realidad, más que coincidencias, don Inocencio era comunista, pero no podía revelar su militancia abiertamente. Campusano descubrió que, alejados del campamento, algunos obreros se reunían de manera clandestina. Al ser sorprendido y luego de varias averiguaciones en Limarí, aceptaron su ingreso al PCCh en 1932, a los 16 años. De vuelta a Limarí, Campusano tenía designada una misión: organizar un sindicato y la huelga campesina en su hacienda. Se lo contó a sus amigos de confianza, mientras comenzó a traba-jar nuevamente de inquilino, pero se sorprendió que ya se había realizado el primer paro por el pago semanal de su salario en 1935. “La fruta está madura o la leche está cocida”, dijeron algunos campesinos.

 

La organización de la huelga llegó a oídas del patrón, quien envío a su mayordomo a ofrecerle un mejor sueldo a Campusano, de 1.50 a 3 pesos. A los pocos días la huelga se produjo con apoyo de la FOCH y a Campusano como dirigente. Como el partido le adelantó, paralelamente comenzó la huel-ga de Ferroviarios de 1935. Carabineros los acusó de comunistas y antipa-triotas, deteniendo a cinco campesinos para interrogarlos en Ovalle. Campu-sano se hizo responsable de la huelga mientras estaba encarcelado. “¿Quién es el perro comunista que les dio la orden de la Huelga?”. Campusano lo negó: “Aquí han sido los bajo salarios, los abusos y los castigos… los que han iniciado la huelga”. En el fondo ambos tenían la razón. Campusano fue motivado externamente por el PCCh, pero ya existía en aquella hacienda la molestia por las malas condiciones de vida, que hicieron que los campesinos finalmente se alzaran en huelga. Pese a las represalias, Campusano fue puesto en libertad y la huelga logró que se duplicara el salario de los inquilinos, se instaló un policlínico, con la visita médica una vez al mes y se obtuvo un litro

 

 

262        Ibid., p. 62.

 

263        Ibid., p. 63.

 

264        Ibid., p. 65.



 

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un fantasma recorre el campo

 

de leche para cada familia. No obstante, Campusano fue despedido teniendo que trabajar en el taller mecánico de un viejo comunista y de la FOCH. “A contar de esa fecha, en 40 años, jamás estuve cesante o desempleado”.265

 

Otro caso fue el de Fabián Iturra Lillo, quien tenía doce años cuando su tío Manuel retornó de las salitreras al campo:

 

“Nos hablaba de los sindicatos y las luchas de los obreros. Todo eso me motivó y fue en Talca, en 1936, que ingresé al Partido Comunista. Recuerdo que el local estaba en la 3-4 Oriente, nos pasaban documentales de la Unión Soviética, sobre la liberación de los campesinos y los cambios revolucionarios de aquel lejano país. Fue impactante para mí ver esos documentos. Era una gran cosa, quedaba impresionado y escuchaba hablar de Luis Emilio Recabarren y de otros compañeros, que después conocí, como Carlos Contreras Labarca, Ricardo Fonseca y Luis Corvalán, que estuvo varias veces en mi casa”.266

 

Por su parte, Ignacio Peredo, quien nació en Lontué e ingresó a los 19 años al PCCh, escuchó a los viejos pampinos que retornaban al campo de Quefie. “Muchos me hablaban de Recabarren y de la lucha que él había dado en la pampa. Eso no lo olvidaré jamás, porque fue lo que me motivó y por eso he dado mi vida al partido. Los pampinos fueron los primeros que me hablaron de Marx y Engels, en esos años los campesinos no sabíamos quié-nes eran estos, grandes hombres”.267

 

Estos relatos, si bien son fragmentarios y cuentan con las imprecisiones de la memoria, demuestran que la politización campesina producto del retorno de trabajadores salitreros se dio en los mismos sitios de donde provenían, lo que complejiza la denominación de agentes externos como provocadores de las movilizaciones campesinas, destacando la figura del retornado como un agente de politización local. El retornado, además de una experiencia sindi-cal, trajo consigo, en algunos casos, la cultura letrada: libros y documentos de la época.

 

 

 

 

 

265        Ibid., p 79.

 

266        “Mi mayor deseo es que me renueven mi carnet de militante”, El Siglo, 20 de febre-ro de 2015, p. 12.

 

267        “Ignacio Peredo Ramírez. El viento pampino me envío la voz de Recabarren”, El Siglo, 17 de octubre de 2014, p. 12.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

b) Politización campesina desde el designado (Curicó-Talca).

 

El dirigente comunista Juan Chacón Corona (Imagen 4 y 5), nació en Lampa en 1896, hijo de padres campesinos que emigraron tempranamente a Santiago. A los catorce años participó en sus primeras luchas sindicales, siendo obrero de diversos oficios. Según sus recuerdos, en 1919 conoció a Recabarren durante una huelga en su fábrica de vidrios, tras lo cual comen-zó a militar en el Partido Obrero Socialista (POS), dejando atrás sus ideas anarquistas. Al ser despedido, se hizo vendedor ambulante por Buin y Puente Alto.

 

“Al mismo servía para hacer propaganda. Andaba trayendo santos de yeso, lo que me permitía entrar a los fundos y conversar con los campesinos, no de historia sagrada, sino de lucha de clases, la organización sindical y la revolución social”.268

 

 

Sus primeras instrucciones se las dio José Bascuñán Zurita, encargado campesino del PCCh, llegando a ser candidato a diputado en 1932 por San Felipe, “pero a los días, me metieron preso… hubo largas gestiones, pero sólo me soltaron cuando ya no había ningún peligro de que les restara votos a los candidatos derechistas”.269 No fue la última vez en ser detenido. Al poco tiempo fue llevado a Isla Mocha. Al morir en 1965, Chacón Corona fue recordado por su alegría y que nunca perdió su identidad campesina, tanto en su forma de hablar como en su cultura. Sus compañeros lo recordaron como un comunista “ejemplar”, que conservaba siempre la disciplina y la fe en la revolución social, tan característica de los antiguos comunistas. Era un ferviente defensor del campesinado: “los conquistaba hablándoles, con sus propias pa-labras, comiendo su propia galleta, vistiendo sus propias ropas. Sabía hacerlo. Chacón Corona era campesino, era obrero, era minero… resumía los grandes

 

valores del pueblo”, recordó Luis Délano en su funeral.270

 

 

 

 

 

 

 

 

268        Varas, Chacón…, op. cit., p. 53.

 

269        Ibid., p. 81.

 

270        Luis Enrique Délano, “Juan Chacón Corona”, El Siglo, Santiago, 18 de febrero de

 

1965, p.2.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Imagen 4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Revista Estanquero, N° 22, 14 de junio de 1947.

 

Gentileza de Matías Villa Juica. Archivo personal.

 

Imagen 5

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Juan Chacón Corona junto a con Aycinena y otro compañero, 1944.

 

Gentileza de Mundo Chacón. Archivo Personal de Matías Villa Juica.

 

 

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

En 1937 el Comité Central lo designó como encargado campesino para Talca, mientras Pedro Araya fue destinado a Temuco y León Peña a Valdivia. Además, fue candidato a diputado por la zona, siendo derrotado por los par-tidos Conservados y Liberal, y por Rodolfo Armas del Partido Radical, quien además era dueño del Fundo “El Arroyo”.271 En ese periodo el PCCh estaba ilegalizado, lo que dificultó su candidatura. Chacón acusó que su elección fue robada por el cohecho, pero además su campaña comenzó atrasada.272 A pesar de ello continuó en la zona, creando en junio el periódico La Voz del Campo, donde fue director, redactor y suplementero. La revisión de éste periódico agrario evidencia al menos tres objetivos sobre la política agraria comunista: conquistar al inquilino y a los agricultores progresistas al Movimiento de Liberación Nacional; crear comités del FP en dichas zonas para llegar a ser gobierno y finalmente generar un movimiento sindical en beneficio de las condiciones de vida de los inquilinos tales como aumentos de salarios, me-joras de viviendas, creación de escuelas rurales, rebaja de horas.273 Sin duda, fue la provincia del Maule (Curicó, Talca y alrededores), donde se realizó la mayor actividad sindical agraria ligada al PCCh. Desde allí se buscó fortalecer la conquista del campo para incorporar a “las masas campesinas y mapuches en el Movimiento Nacional de Liberación”.274

 

Para el PCCh, uno de los logros más importantes en Talca fue el Con-greso Regional que se realizó en octubre de 1937, con delegados de Molina, Lontué, San Clemente, San Javier, San Fernando, Curicó, Villa Alegre, Cu-repto y Parral. Desde Santiago asistió el diputado Amador Pairoa. Además de las reivindicaciones salariales, educacionales y de alimentación, el Congreso pidió por la organización de la mujer campesina y por el derecho a sindica-lización.275

 

 

 

 

 

271        Galo González, “Informe…, op. cit., p. 10; Reseñas Parlamentarias en Historia

 

Política de la Biblioteca del Congreso Nacional, sitio: http://historiapolitica.bcn.cl

 

272         “Trabajo pro-candidatura Chacón. Se organizan con entusiasmo en Talca”, Frente Popular, Santiago, 28 de enero de 1937, p. 11; “Chacón Corona proclamado en San Clemente”,

Frente Popular, Santiago, 22 de febrero de 1937, p. 11.

 

273        Nicolás Acevedo Arriaza, “La Voz del Campo. La política agraria del Partido Co-munista de Chile durante el Frente Popular (1936-1940)”, en Ulianova, Loyola y Álvarez, 1912- 2012…, op. cit., pp. 195-218.

 

274        “Un acto de gran trascendencia para el movimiento de Liberación Nacional signifii-ca la Conferencia Zonal de Campesinos e Indígenas”, La voz del campo, N° 1, Talca, 9 de junio de 1937, p. 1.

 

275        “Domingo 31 de Octubre se clausuró el gran Congreso Zonal de Campesinos de Talca”, La voz del campo, N° 7, Talca, Segunda semana de noviembre de 1937, p. 1 y 4.



 

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un fantasma recorre el campo

 

“El Congreso protesta enérgicamente por la actitud de las oficinas del trabajo que hasta ahora impiden la organización legal de los trabajadores e inquilinos de los campos chilenos, a petición espre-sa [sic] de los dueños de los fundos, se sigue burlando la aplicación de las leyes sociales en todas partes, por este motivo no es posible exijir de parte de los terratenientes el descanso anual y el pago de las utilidades a los sindicatos legales tal como se hace en las ciuda-des adelantadas”.276

 

El petitorio fue expuesto entre noviembre y diciembre, en distintos pueblos. En las memorias de Chacón, éste se refiere a un Congreso Nacional de Campesinos realizado en Santiago en 1937. “Sesionamos en un caserón por ahí en la calle Santo Domingo. Se constituyó la Federación Nacional Agraria, en la que quedé como Secretario General”.277 Una posibilidad es queaya confundido la fecha y se refiera al Congreso Campesino de Santiago, pero de 1938 (Frente Popular, 22/7/1938, p. 8). A este evento asistieron dele-gados de Til Til, Colina, Curacaví, Quilicura, San Bernardo, Renca, Las Con-des, Maipú, Isla de Maipo y Paine, junto con el dirigente nacional campesino Albino Pezoa y Chacón Corona.278

 

Por otro lado, el PCCh buscó restarle apoyo parlamentario a los parti-dos conservados y liberales, fuertes en las zonas agrícolas, pero los resultados en 1937 no fueron auspiciosos. De los seis diputados elegidos, todos corres-pondían a regiones industriales (el 96% de los 27.000 votos obtenidos).279 El dirigente Raúl Barra recomendó no continuar con el trabajo estrecho de organizar sólo a los campesinos pobres e inquilinos, sino también tomar en cuenta al campesino medio y los agricultores, con el objetivo de acercarse al sector latifundista progresista, de militancia radical. De hecho, a comienzos de 1938, el PCCh celebró su X Congreso Nacional, donde propuso a Elías Lafertte como candidato presidencial a la Convención de Izquierda del FP, pero con el compromiso de apoyar al elegido en dicha convención.280 En el mismo Congreso se evaluó la política agraria, que en palabras de Chacón Corona, existía una “despreocupación” del partido, manifestando que era un asunto mucho más complejo por su diversidad de capas e intereses. “Dice

 

 

276        “Legislación Social en el campo”, La voz del campo, N° 7, Talca, Segunda semana de noviembre de 1937, p. 4.

 

277        Varas, Chacón…, op. cit., p. 110.

 

278        “Campesinos de la región”, Frente Popular, Santiago, 23 de julio de 1938, p. 6.

 

279        Raúl Barra, “Informe…, op. cit., p. 13.

 

280        Galo González, El Congreso de la Victoria. Resumen de los informes, discusiones y resolucio-nes del X Congreso del PCCh, Editorial Antares, Santiago, 1938, p. 47.

 

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del frente único al triunfo del frente popular (1935-1938)

 

que la consigna: ‘Defensa de la agricultura’ ha sido justa, pero que no hemos sabido llevarla a la práctica”.281

 

En torno a la cuestión mapuche, Chacón recomendó estudiar los proble-mas que a estos le preocupaban: los Juzgados de Indios “que en la actualidad no son sino organismo al servicio de los usurpadores de tierras”. Por otra parte, planteó que se debía conquistar el campo, arrebatándolo de la reacción, “para ganar al campesinado, hay que saber cómo piensa… si ganamos el campo daremos un golpe decisivo a la reacción. Cada militante comunista debe estudiar los problemas campesinos y buscarle solución”.282 Esta acti-tud le permitió a Chacón ser reconocido como un verdadero defensor de la lucha campesina, a pesar de todo los prejuicios que podían existir hacia los trabajadores agrícolas, en gran parte porque nunca dejó de enorgullecerse de sus orígenes. Reinaldo Núñez recuerda que “la gente del campo lo quería porque era uno de los suyos, vivía con los campesinos, les ayudaba en sus faenas, andaba a caballo, domaba potros, fiesteaba con ellos”.283 Si bien fue un agente designado, sus orígenes campesinos cuestionan la visión endógena de politización campesina.

 

Por otro lado, tampoco es sostenible afirmar que el PCCh manejó una política agraria desde una lectura mecánica del marxismo, sino al contrario, tuvo un pragmatismo que hizo moderar su discurso, sobre todo desde que Pedro Aguirre Cerda fue elegido en abril de 1938 como candidato único del Frente Popular. El diputado comunista, Marcos Chamudes, lo expresó de esta manera en agosto de ese año:

 

“… los comunistas como los socialistas, no somos políticos soña-dores, sino que somos profundamente realistas. Comprendemos que la historia no da saltos, que la historia marcha por etapas y que no se han dado todavía en Chile las condiciones económicas y sociales suficientes para que nuestros ideales puedan llevarse en inmediato a la práctica. Comprendemos que en Chile es necesario, en esta hora de su historia, independizar al país de la influencia del gran capitalismo extranjero; liquidar las supervivencias feudales y desarrollar el régimen democrático”.284

 

 

 

 

 

281        Ibid., p. 38.

 

282        Ibid., pp. 39-40.

 

283        Varas, Chacón…, op. cit., p. 115.

 

284        BSCD, 57° sesión ordinaria, 30 de agosto de 1938, p. 2759.



 

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un fantasma recorre el campo

 

De esta manera los dirigentes acompañaron al candidato del FP en su jira por el sur. Allí se pudo oír a Elías Lafertte en Malleco sostener que:

 

“... los comunistas no eran unos bandoleros ni usurpadores de tierras, como erróneamente se les creía, sino que por el contrario cooperaban en el bienestar de la clase trabajadora, que se encuen-tra en una completa postradora de miseria y oprimida por el actual régimen de gobierno”.285

 

Las conferencias y congresos campesinos continuaron organizándose en Santiago, Quillota y Temuco, como también concentraciones a favor de Aguirre Cerda en Lautaro, pasando por Temuco, Lebu, Curacautín, Collipu-lli, Nacimiento y Los Ángeles. El gobierno estuvo enterado de dichos en-cuentros, no solo por la prensa, sino por los informes de la Policía de Investi-gaciones, quienes expresaron que Aguirre Cerda se comprometió a extender:

 

“el crédito a los pequeños agricultores e industriales con un interés bajo a fin de fomentar la producción y no como se ha hecho hasta hoy día que solo este beneficio alcanza solo a los grandes magna-tes extranjeros en cuyas manos se encuentran nuestras riquezas y a quienes se les ha entregado el dinero a un intereses de 3%”.286

 

Por otro lado, Carabineros denunció la presencia de una campaña “di-solvente de elementos comunistas” en diversos fundos de Santiago y alrede-dores. Según los latifundistas, los comunistas disfrazados de vendedores ambu-lantes repartían propaganda a favor de la candidatura del FP.287 El Ministerio de Interior ordenó vigilar dichas chacras y fundos, no pudiendo comprobar dichas denuncias. De hecho, en Lampa, el dueño de fundo ‘Lo Vargas’ ex-presó que en sus tierras se “reinaba la más completa armonía entre patrones y obreros, ya que el ‘fantasma comunista’ sólo existía para aquellos patrones que no se preocupan como correspondía de la situación económica de los obreros”.288 La excepción se dio en la Chacra “El Bosque”, donde un cam-

 

 

285        ARNAD, FMI, Vol. 9789, Ofiicio N° 936, De Investigaciones intendencia de Ma-lleco, Angol, 6 de octubre de 1938, p. 2.

 

286        ARNAD, FMI, Vol. 9789, Memorándum N° 31, de Exequiel Núñez, Inspector jefe provincial de Investigaciones a Intendencia de Bío Bío, Los Ángeles, 7 de octubre de 1938, p.

2.

 

287        ARNAD, FMI, Vol. 9788, Ofiicio Confiidencial N° 176, de Humberto Arriagada a

 

Ministro de Interior, Santiago, 5 de agosto de 1938, p. 1.

 

288        ARNAD, FMI, Vol. 9788, Ofiicio Confiidencial N° 102, de Waldo Palma a Ministro

 

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pesino observó que un “individuo de cierta edad, provenientes de la Chacra ‘Santa Julia’, a quien sólo conoce de vista y cuyo nombre ignora, había pasado por el camino… llevando un paquete de proclamas”, que repartió con sus compañeros. Dichas proclamas era un manifiesto de una plana y un panfleto, ambos alusivos la candidatura de Aguirre Cerda.289

 

Ambos documentos nos muestran dos formas de penetrar el corazón y las mentes de las masas. El primero era un manifiesto llamando a votar por el “agricultor y maestro”, don Pedro Aguirre Cerda, comprometiéndose a entregar tierras mediante la colonización y la parcelación. “Campesino: no te vendas ni permitas que te arreen como carnero. Forma tu organización, tu sindicato, entra a tu partido y al Frente Popular”.290 Por otro lado el panfleto estaba en décimas, queriendo recurrir a la cultura popular campesina para obtener el apoyo de las masas campesinas (Imagen 6).

 

En Mundo Nuevo, periódico de las JJCC, fueron utilizadas las payas con el mismo objetivo: denunciar el cohecho ocupado por la oligarquía. Los aya-dores imitaron a un “chileno” (votante por el Frente Popular) y un “rossista” (votante por Gustavo Ross):

 

“Rossita: Si no tenimos votantes, tenimos harto dinero, y con bi-lletes de a 100, pensamos comprar al pueblo”.

 

Chileno: “Hácele un parao, ñato/ Tanto fue el cántaro al agua/ que ahora no nos vendemos/ Si Ross y el fascismo viene/ contra ellos está el chileno…/ Métele el oro en el…/que ya no quedan carnero”.291

 

Cabe destacar que las JJCC fueron fundamentales en la campaña a fa-vor de Aguirre Cerda, recorriendo los fines de semana los fundos cercanos a Santiago.292 Al momento de las elecciones, las Brigadas Contra el Cohecho levantaron barricadas para evitar el acarreo de campesinos y obreros en favor de Ross. Una de ellas, llamada Brigada Prestes (dirigente comunista brasile-ño) levantó una barricada al frente de la Fábrica de Paños El Salto evitando

 

 

 

 

de Interior, Santiago, 3 de septiembre de 1938, p. 3.

 

289        Ibid., p. 1.

 

290        ARNAD, FMI, Vol. 9788, Panflletos y manifiiesto por el Frente Popular.

 

291        “A 13 días de las elecciones, los payeros se emplean a fondo”, Mundo Nuevo, Santia-go, N° 5, segunda semana de octubre de 1938, p. 8.

 

292        “Miles de jóvenes vendrán de Valparaíso, Aconcagua y O’Higgins”, Mundo Nuevo, N° 4, Santiago, 1 de octubre de 1938, p. 2.



 

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un fantasma recorre el campo

 

que pasara una caravana de camiones “repletos de cohechados”.293 Ángel Bé-zolo, militante comunista desde 1937, recuerda que desde el patio cívico de Santiago se hacían encerronas a trabajadores para llevarlos acarreados a votar por Ross. “Hicimos un gran trabajo los comunistas y salíamos a las calles a marcar a los acarreadores… andábamos con tiza y los marcábamos. Así los agarraban los compañeros y les sacaban la mugre”.294

 

Una semana antes de las elecciones la editorial de Mundo Nuevo anunció que se había producido la unidad del pueblo. “Se ha realizado el anhelo de los comunistas de Chile por el cual trabajamos con tenacidad, paciencia y sacrifi-cio extraordinarios”.295 Una nueva era de “libertad y esplendor” se iniciaría en la historia política del país con el triunfo del Frente Popular. ¿Podrían decir lo mismo los campesinos y pequeños agricultores en los años venideros?

 

Imagen 6

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Archivo Nacional, FMI, Vol. 9788.

 

Gentileza de Víctor Muñoz.

 

 

 

293        “Como leones pelearon jóvenes comunistas levantaron barricadas en El Salto”, Mundo Nuevo, N° 7, Santiago, cuarta semana de octubre de 1938, p. 1.

 

294        “Un testimonio viviente de la historia”, El Siglo, Santiago, 3 de mayo, 2014, p. 14.

 

295        “Editorial: La Voz de la Victoria”, Mundo Nuevo, N° 6, Santiago, tercera semana de octubre de 1938, p. 2.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

 

 

 

 

 

capítulo ii

 

De la sindicalización campesina

a la Segunda Guerra Mundial (1939-1941)

 

 

 

 

De madre campesina y padre arriero, Samuel Riquelme nació en Ca-rampangue (Arauco) el 10 de agosto de 1923. A los pocos meses su familia se trasladó a Lota, donde padre e hijo se hicieron mineros. Según cuenta Samuel, a los 14 años participó como “loro” en una huelga en Lota en so-lidaridad por el movimiento de los ferroviarios. Su papel era custodiar las reuniones clandestinas, avisando si aparecía la policía. Dos años después, en plena campaña de Aguirre Cerda, decidió ingresar a las JJCC, realizando un trabajo de propaganda por toda la zona minera. Según cuenta, la Jota fue creciendo lentamente con una fuerte actividad cultural de grupos de música y teatro.296 “Se cantaban canciones revolucionarias, algunas muy antiguas, de los tiempos de la pampa salitreras, pero sobre todo de la Guerra Civil Es-pañola”.297 Un cancionero de 1938 contiene dieciséis canciones de las JJCC, comenzando, por supuesto, con la “Internacional” y siguiendo con “Soy co-munista” y “Frente Popular”. De ese libro, Samuel Riquelme recuerda “Más alto”, dedicada a la aviación del Ejército Rojo. Otras son “No Pasarán” y el “Quinto Regimiento”, sobre la Guerra Civil Española.298 Pero había una to-nada muy especial, que aunque no está en dicho cancionero, Samuel todavía recuerda. Quizás fue creada en los tiempos de Luis Emilio Recabarren y que hablaba de la unidad obrero campesina.

 

Somos los explotados, por barbaros patrón,

 

que chupan nuestra sangre, con cruel explotación.

 

Y al compás del arado, la hoz y el azadón,

 

hermanos campesinos, cantemos esta canción.

 

 

296        Ana María Pino, “75 años de militancia ‘sin lagunas’”, El Siglo, Santiago, 9 de agos-to de 2013, p. 18.

 

297        Varas, Los tenaces…, op. cit., pp. 93-98.

 

298        16 canciones de fuego: ediciones de las Juventudes Comunistas, Antares, Santiago, 1938.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Del alba hasta la noche, con viento, lluvia y sol,

 

trabajamos la tierra, por mísera ración. Y al compás del arado, la hoz y el azadón, hermanos campesinos, cantemos esta canción.299

 

Para Samuel Riquelme era fundamental “la unidad campesina-obrera”. Después del triunfo de Aguirre Cerda se convirtió en encargado agrario de la JJCC de Lota. Su principal trabajo fue visitar Carampangue, Tralco y Nine, en conjunto con el Comité Local de Curanilahue. Allí el encargado campesino se llamaba Trincado Riquelme, con el cual tenían una especie de “sana com-petencia” sobre quien lograba una mejor inserción en el mundo mapuche:

 

“Los terratenientes ahí, tenían toda una actividad de ir reduciendo a los mapuches, ósea, robándoles sus tierras. Y nosotros íbamos, por supuesto, a decirle que ellos tenían que organizarse, que para eso había que unir al campesino con los obreros (…) nos recibían en sus rucas, los primeros encuentros para iniciar las visitas se ha-cían en Arauco... el principal organizador de eso era el compañero Jerez, que había sido un oficial de la Marina”.300

 

Samuel Riquelme le llamaba la atención que Jerez, siempre llevaba una pistola en su cinto. Fue la primera vez que vio un revolver. ¿Por qué razón de-bían ir armados a las reducciones mapuche? “Por la cosa de la persecución que había, en relación de los terratenientes y de los que le robaban ahí sus tierras y les iban corriendo los cercos a los mapuches”. A raíz de eso “se adoptó otra medida, para defenderse, en vez de hacer cerco, se hacían zanjas en la tierra, rompían la tierra, para impedir que los tipos se apropiaran de sus tierras”.301 En realidad la mayor dificultad fue cruzar el río para llegar a las reducciones. A los mapuche le hablaban del gobierno del FP y su programa. Según recuerda Samuel Riquelme se salía muy temprano, para evitar problemas y se cruzaba el río a pie:

 

“Había, que desnudarse hasta el pecho, con la ropa arriba de la cabeza, ahí entrabamos, nos recibían con mucho cariño… ellos

 

 

299 Conversación con Samuel Riquelme (91 años), militante comunista, c o m u n a d e Cerro Navia, Santiago, 8 de octubre de 2015. La canción completa en: El Campo, Nº 7, Santiago, octubre de 1943, p. 2

 

300        Conversación con Samuel Riquelme…, op. cit.

 

301        Ídem.

 

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hablábamos en español, conservaban su cultura, sus trajes. Ahí fundamentalmente, en cuanto a la música, usaban mucho la tru-truca. Entonces empezaban ellos hacer el llamado con la trutruca, llamados para las reuniones, tenían un cacho y al sonar el cacho, ellos tenían sus maneras para entender cuando tenían reuniones, cuando había que juntarse, todo eso”.302

 

El otro impedimento para los comunistas fue la reacción de algunos agri-cultores que después del triunfo de Aguirre Cerda comenzaron a despedir campesinos como represalia por la derrota de Gustavo Ross. En Lota, según recuerda Samuel Riquelme, fue la primera vez que perdía la derecha, aunque con un pequeño margen.303 A nivel nacional, según el Ministerio de Interior, la tendencia también causó sorpresa (Cuadro 3) ¿Significaba el comienzo de una nueva era en la historia rural de Chile? ¿Se iba acabando el poder político oligárquico basado en el control del electorado rural?

 

Cuadro 3

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Frente Popular, Santiago, 26 de octubre de 1938, p. 4.

 

Según María Angélica Illanes, el triunfo de Pedro Aguirre Cerda y el FP no fue sólo electoral, sino que significó una discontinuidad en torno al pro-ceso de politización y organización campesina por parte de los partidos de

 

 

 

302        Ídem.

 

303        “Chile tiene un Presidente elegido por el pueblo”, Frente Popular, Concepción, 29 de octubre de 1938, p. 1.



 

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izquierda.304 Esto tuvo como consecuencia una arremetida brutal de parte de los terratenientes, quienes generaron un proceso de descampesinización, sobre todo por la “perturbación” que generó la sindicalización masiva de campesi-nos y el levantamiento de pliegos peticiones.305 Según datos recopilados por Brian Loveman, en 1939 se crearon 200 sindicatos, más del doble compara-dos con los 93 formados entre 1932-1938. Por otra parte, entre 1939 y 1941, los trabajadores agrícolas presentaron más de 488 pliegos de peticiones. Una cifra increíble comparado a los 35 presentados en el gobierno de Alessan-dri.306 ¿Quién estaba detrás de este ciclo de movilización campesina? ¿Cómo se puede explicar este estallido repentino e inédito en la historia social del campo chileno?

 

A diferencia de las investigaciones de Loveman e Illanes, una serie de estudios han destacado lo “pasivo” y “marginal” del campesinado chileno en relación a la política nacional, entre ellos Arnold Bauer y José Bengoa.307 La explicación más usual fue un supuesto “pacto” de los partidos de izquierda, la derecha y el gobierno del FP en favor de la “industrialización”.308 Incluso se planteó que los partidos Comunista y Socialista “co-ayudaron a forjar el pacto de dominación que excluía a los sectores de campesinos.309 ¿Existió tal pacto o acuerdo político? Según Sofía Correa la postergación de la sindica-lización fue responsabilidad de parte del Partido Radical, que estaba relacio-nado con los grandes agricultores del país.310 Igualmente, Fabián Almonacid argumentó que un pacto político significaba un desplazamiento de la clase terrateniente del poder político, “y ello no es cierto para Chile en el periodo 1910-1960”. De hecho, los propios agricultores no constituyeron un grupo compacto y homogéneo.311 Si se logró detener la sindicalización campesina fue por medio de la represión y no por el actuar de los partidos Comunista y Socialista. A continuación analizaremos precisamente la política agraria comu-nista en el gobierno de Aguirre Cerca, sobre todo en función del debate en

 

 

 

304        Illanes, Movimiento en la… op. cit., pp. 241-246.

 

305        Ibid., p. 509.

 

306        Brian Loveman, Antecedentes para el estudio del movimiento campesino chileno: pliegos de peticiones, huelgas y sindicatos agrícolas, 1932-1966 Vol. I- II, ICIRA, Santiago, 1971; Loveman,

 

Struggle…op. cit., p. 131.

 

307        Arnold Bauer, La sociedad rural chilena. Desde la conquista española hasta nuestros días,

 

Editorial Andrés Bello, Santiago, 1994, p. 194. Bengoa comete el mismo error en su último libro Bengoa, Historia rural... op. cit., p. 233.

 

308        Ver pie de página Nº 20 en Introducción.

 

309        Gómez, La Frontera..., op. cit., p. 124.

 

310        Correa, Con las riendas... op. cit., pp. 91-93.

 

311        Almonacid, La agricultura…, op. cit., p. 64.

 

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torno a la sindicalización campesina y la reforma agraria, en menor medida.

 

¿Cuál fueron sus planteamientos principales? ¿Qué influencia tuvo la situación nacional e internacional en su práctica política? ¿Cuál fue el desa-rrollo de su trabajo campesino y las organizaciones que formaron?

 

Un terremoto social:

la sindicalización campesina y el despojo patronal.

 

1939 comenzó con un doble terremoto. Por un lado, el 24 de enero, a dos meses del triunfo de Aguirre Cerda, el sur de Chile se conmocionó por un terremoto de 7.8 grados. Fueron alrededor de 30.000 las víctimas fata-les, incluido el diputado Sebastian Melo (PR). Volodia Teitelboim, oriundo de Chillán, lo recuerda como “un sacundón brusco, fulminante”.312 Lasciudades de Talca, Curicó y Chillán fueron las más perjudicadas, dejando a más de 200.000 damnificados y unas 30.000 habitaciones de inquilinos destruidas.313 Las pérdidas se estimaron en 220 millones de dólares.314 Desde el PCCh se envió un emotivo saludo “para abrir camino a la acción práctica, a la voluntad creadora, a la solidaridad generosa, dejando atrás las palabras inútiles, las ac-titudes demagógicas, el exhibicionismo, la politiquería y el proselitismo parti-dario”. El Comité Central reiteró su apoyo al gobierno, “más que nunca”, de forma “sincera, leal, desinteresada” pues la “catástrofe y la muerte no pueden ni deben ser utilizadas para el comercio político y la especulación partidaria”.315 Esto sobre todo porque el PCCh rechazó participar en el gabinete del nuevo gobierno con el fin de “apartar hasta el más ligero obstáculo a la reacción”, sobre todo para no inquietar a las Fuerzas Armadas.316

 

Aguirre Cerda, al momento del terremoto, estaba tomando recién el rit-mo de su mandato. “¿Muchos problemas Presidente?”, le preguntaron desde la revista VEA, “muchos, muchos […] trabajaremos intensamente. Gran cosa sería si lográsemos abaratar siquiera media docena de artículos: el pan, la carne, las papas, los porotos, el azúcar y algunas telas”.317 Agrupaciones

 

 

312        “Doble terremoto en el sur”, La Segunda, Santiago, 27 de julio de 2011, p. 36.

 

313        BSCD, 9° sesión extraordinaria, 1 de marzo de 1939, p. 554.

 

314        “Cuanto han costado los terremotos del siglo”, El Mercurio, Santiago, 23 de dic-iembre de 2007, Cuerpo B, p. 2.

 

315        BSCD, 8° sesión extraordinaria, 30 de enero de 1939, p. 509.

 

316        “El Partido Comunista declina invitación del Presidente Aguirre a participar en el Gobierno”, Frente Popular, Concepción, 17 de diciembre de 1938, p. 8.

 

317        Juan Fernández, Pedro Aguirre Cerda y el Frente Popular, Ercilla, Santiago, 1938, pp.

 

98-99.



 

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como el Partido Agrario se comprometió a un “apoyo incondicional” con el gobierno, salvo en la materia sindical. “Nosotros pensamos que no es en la sindicalización campesina donde reside la solución del problema agrario. Creemos que la violencia no conduce a ninguna parte”.318 Frente a este con-flictivo escenario, el gobierno de Estados Unidos afirmó que “Chile no será una segunda España. Aquí suprimiremos el fascismo antes de que pueda levantar la cabeza”.319 Aguirre Cerda estaba por la armonía social, teniendo como eje tres principios básicos: “la salud ciudadana, la educación y la de-mocracia”.320 El tema agrario, aunque estaba en el programa de gobierno, no estaba en sus prioridades. Con el tiempo la tendencia lo fue confirmando.

 

Con la catástrofe, Aguirre Cerda visitó las ciudades más afectadas. El gobierno impulsó inmediatamente un Proyecto de Reconstrucción y crea-ción de la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo), el cual al co-mienzo fue obstaculizado por la derecha. Para Aguirre Cerda no era posible “dejar ciudades si alcantarilla… no construir caminos ni puentes definiti-vos… privar a los villorrios agrícolas de los elementos necesarios de civiliza-ción”, lo que provocaría inevitablemente el éxodo del campo las ciudades.321 El debate fue álgido, ya que el proyecto de Reconstrucción y creación de la Corfo contempló la suma de 500 millones de pesos para la “habitaciones po-pulares, de preferencia en la zona devastada”.322 La idea fue evitar la profunda crisis agrícola industrial que podría avecindarse, según planteó el Ministro de Hacienda, Roberto Wachholtz.323 Para Contreras Labarca, éste proyecto no era una mera improvisación, sino que era parte del programa que triunfó en octubre de 1938. Este significó “poner término para siempre a un régimen semi feudal y de dominación del capitalismo internacional. El Frente Popular está llamado a realizar la misión histórica de transformar las condiciones de semi-barbarie en que vive para llevarlo a una vida independiente, libre, progresista y democrática”.324 A la vez, el diputado comunista, trató de “mez-quino” a su par Luis Urrutia (P. Liberal) por rechazar que los dineros de la reconstrucción surgieran de los impuestos. “Deben pagar más los que tienen

 

 

318        Apoyo incondicional al gobierno de Aguirre Cerda prometen los agrarios”, Frente Popular, Santiago, 24 de noviembre de 1938, p. 5.

 

319        Drake, “Chile 1930-1958… op. cit., p. 235.

 

320        “Salud pública, educación y democracia fueron los puntos básicos del gran dis-curso presidencial”, Frente Popular, Santiago, 26 de noviembre de 1938, p. 4.

 

321        Aguirre Silva, Epistolario de Pedro…, op. cit., p. 23.

 

322        Ley 6.334, creación de Corporaciones de Reconstrucción y auxilio y de Fomento a la producción, BBCD, 2° sesión especial, 17 de mayo de 1939, p. 1338.

 

323        BSCD, 9° sesión extraordinaria, 1 de marzo de 1939, p. 558.

 

324        BSCD, 12° sesión extraordinaria, 8 de marzo de 1939, p. 723.

 

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más”.325 A la vez, denunció que la derecha pretendía “impedir que los cam-pesinos y obreros agrícolas adopten actitudes resueltas, cuando esos cam-pesinos sólo reclaman- ahora que hay un gobierno de justicia social- que se les respete simplemente como hombres y se les reconozca los derechos que la Constitución y la legislación sociales les reconoce”.326 ¿Hubo un pacto de suspender la sindicalización campesina para crear la Corfo? Para el historia-dor Cristian Gazmuri, la formación de la Corfo fue apoyada por la derecha, no mediante un pacto en contra la sindicalización, sino porque la recons-trucción fue mediante créditos externos (norteamericanos) y no aumentos tributarios.327 Según un informe del PCCh al Comintern, cinco millones de dólares provinieron del Banco de Export & Import, aumentando “las cuotas de importación de mercaderías y materias primas americanas”.328 Según Sofía Correa , este proyecto fue una “antigua aspiración del empresariado”, ya que fue elaborado por ingenieros vinculados a la administración de Alessandri.329 De esta manera, las agrupaciones patronales tuvieron una fuerte presencia en el Consejo de la Corfo, ya sea la Sociedad de Fomento Fabril y la SNA.330

 

Paralelo a la discusión sobre la Corfo, el país vivió un segundo terremoto social, inaugurando un primer ciclo de politización campesina. Esta estuvo caracterizada por huelgas y pliegos de peticiones desde Ovalle hasta Puerto Montt, concentradas especialmente entre San Felipe y Concepción.331 ¿Es-taban preparadas las instituciones gubernamentales para esta avalancha de movilizaciones? Al contrario. Debido a los años de inactividad en las zonas rurales, muchas de las Inspecciones del Trabajo fueron sobrepasadas. Las discrepancias se dieron incluso entre gobernadores e intendentes provincia-les, quienes fueron los principales nexos entre los inspectores del Trabajo y el gobierno, actuando con diversos criterios. Por un lado, los gobernadores, en su mayoría socialistas, gestionaron a favor de los trabajadores agrícolas, como se dio en el caso del Intendente de Curicó, Venancio Núñez, quien advirtió al gobierno que en mayo de 1939 se vendría una ola de despidos por parte de agricultores. Para ello le pidió al ministro del Trabajo modificar el Código del Trabajo para establecer “la obligación de los patrones de pagar indemni-

 

 

325        Ibid., p. 724.

 

326        Ibid., p. 725.

 

327        Cristián Gazmuri, Historia de Chile 1891-1994. Política, economía, sociedad, cultura, vida privada, episodios, RIL Editores, Santiago, 2012, p. 125.

 

328        “Chile y el imperialismo yanqui”, diciembre de 1939, pp. 2-4, en RGASPI,

 

495.17.302.

 

329        Correa, et. al., Historia del siglo… op. cit., p. 141.

 

330        BBCD, 2° sesión especial, 17 de mayo de 1939, p. 1336.

 

331        Loveman, Antecedentes…op. cit.



 

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zación por años de servicios de los medieros e inquilinos”.332 En Santa Cruz, en cambio, el gobernador Hernán García (radical y agricultor), denunció que estaba sufriendo una campaña en su contra por los partidos de izquierda. Estos, pidieron su destitución, acusándolo por gestionar en contra de los campesinos. Este se defendió, culpando al gobierno por permitir la agitación campesina:

 

“En efecto, con el pretexto de amparar los intereses de los traba-jadores, empezaron a explotar la veta de la ignorancia campesina, cobrándoles cuotas para ir a hablar con el Presidente de la Repúbli-ca; para extender las escrituras de entregas de tierras, etc.”.333

 

La respuesta patronal frente a la masiva movilización fue inmediata. En marzo de 1939 comenzó con una campaña de prensa para solicitar a Aguirre Cerda la suspensión de la sindicalización. Mediante El Mercurio (del 14 al 17 de marzo), se explicaron las razones de las Sociedades Agrícolas para recha-zar la “campaña de agitación” en sus fundos, que no estaban destinados a “perfeccionar las relaciones entre el capital y el trabajo”. Dichas Sociedades negaron la sindicalización vía Código del Trabajo, argumentando que “una huelga en una industria afecta, más o menos, en igual forma a patrones y obreros”, pero en un fundo puede ocurrir que las siembras “se arruinen definitivamente”, afectando “solo al propietario”.334 De esta forma, un con-junto de agrupaciones de agricultores pidió a Aguirre Cerda la suspensión de “todas las actividades relativa a la sindicalización de los campesinos hasta que no se modifiquen las disposiciones que han inaplicable la ley sindical a los trabajos agrícolas”.335

 

El presidente Pedro Aguirre Cerda respondió que llamado a generar un ambiente de armonía entre el trabajo y el capital, sobre todo después del terremoto de Chillán. Comentó que el problema de la sindicalización campe-sina se arrastraba de las administraciones anteriores, donde no se consideró los aspectos perjudiciales como es la huelga en tiempos de cosecha y siembra. Su política sería potenciar la producción agrícola mediante la Caja de Crédito

 

 

332        ARNAD, DGT, Vol. 1033, Oficio N° 1054, de Intendente de Curicó a ministro del Trabajo, Curicó, 11 de abril de 1939, p. 1.

 

333        ARNAD, DGT, Oficio Confidencial, de Gobernador de Santa Cruz a ministro de Interior, Santa Cruz, 5 de marzo de 1940, pp. 1-4.

 

334         Sindicalización campesina”, El Mercurio, Santiago, 14 de marzo de 1939, p. 3. Además “Sindicalización o agricultura”, El Mercurio, Santiago, 15 de marzo de 1939.

 

335        “La actual legislación sindical es impracticable en los campos”, El Mercurio, San-tiago, 16 de marzo de 1939, p. 16.

 

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Agrario y la cultura a las masas campesinas por medio del Instituto de Informa-ción Campesina, pero además analizaría la sindicalización, mediante la creación de una Comisión Mixta. De ésta forma, esperaba llegar a una “legislación es-pecial que evite perturbaciones incompatibles con la naturaleza de las labores agrícolas y que permita el entendimiento y cooperación entre los factores de la producción; pero que también debería dictaminar sobre el salario y demás condiciones de la vida de trabajo en el campo”.336

 

Para ello ocurrieron dos compromisos. Primero, el Ministerio del Tra-bajo emitió la Circular N° 34 que suspendía la formación de nuevos sindi-catos agrarios por parte de la Inspección del Trabajo. Esta medida fue apo-yada por los partidos de izquierda y la CTCh (sobre todo el PCCh), ya que sería solamente por tres meses, mientras se discutía un proyecto de ley sobre sindicalización campesina.337 Por otro lado, las sociedades de agricultores se comprometieron a detener los despidos que se venían generando en distintas latitudes del país. Claramente, esta “suspensión” sindical fue una medida a propósito de las movilizaciones campesinas, ya que no estaba en el programa del FP crear una ley “especial” para el campo. Lo más probable, es que fue este acuerdo (suspensión de sindicatos por tres meses), lo que alimentó la hipótesis en torno a un supuesto “pacto” en contra la sindicalización campe-sina y en post la industrialización. ¿Cuál fue el desarrollo de este debate y cuál fue el papel que jugó el PCCh, tanto en el parlamento como en la politización campesina?

 

La Comisión Mixta comenzó a sesionar el 19 de abril de 1939, siendo presidida por el radical Luis Alberto Cuevas, estando conformada por repre-sentantes patronales y de los obreros agrícolas, representantes del PCCh y PS. Como representantes de los grandes agricultores fue el senador Conser-vador José Urrejola, Leoncio Toro, Juan Cabezas, Carlos Ugarte, Luis Parot, Miguel Gacitúa y Juan D’ Etigny. Por parte de los campesinos fue el diputado Emilio Zapata Díaz (PS), Juan Chacón (PC), Pablo Cuello, Carlos Céspedes, Luis Cuevas, Juan Lobos, Hugo Golsack y Carlos Acuña (PS y líder de Liga de Campesinos Pobres).338 La primera tarea fue opinar si la sindicalización campesina infringía el Código del Trabajo. Por otro lado, se acordó suspen-der los despidos y lanzamientos que estaba ocurriendo en todo el país, como represalias políticas.339 Este punto fue denunciado reiteradamente en los me-

 

 

336        Aguirre Silva, Epistolario de Pedro… op. cit., p. 28.

 

337        Partido Comunista de Chile, Resoluciones del VII Pleno del C. C. del P. C. de Chile, Antares, Santiago, 1939, p. 6.

 

338       Almiro Affonso, Sergio Gómez, Emilio Klein y Pablo Ramírez, Movimiento campesino chileno. Vol. 1, ICIRA, Santiago, 1970, p. 37.

 

339        “Ayer se reunieron Comisión de sindicalización campesina presidida por S. E. el



 

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ses siguientes, por los parlamentarios socialistas y comunistas.340 Según el vespertino Frente Popular , entre enero y diciembre de 1939 hubo despidos al menos en 111 fundos del país, concentrándose sobre todo entre marzo y mayo (el 74% de ellos).341 Estos hechos enfrentaron a los propios diputados, ya que se denunció a los fundos de propiedad de parlamentarios de derecha y radicales. Por otra parte, el diputado Fernando Ruiz Correa acusó al PCCh de continuar organizando sindicatos agrícolas, “entablar la lucha y sindicalizar-los bajo la tutela de los partidos de Extrema Izquierda”, de manera de crear un clima artificial “en nuestros campos, donde nadie odia a nadie, ni nadie persigue a nadie”.342 Así se llegó a la trágica muerte de un inquilino en Mo-lina, el 23 de marzo de 1939, asesinado en el fundo del diputado Alejandro Dussaillant. Este dio su versión, salvaguardado por el hecho de haber estado en Santiago cuando ocurrieron los hechos:

 

“Un día festivo yo me ausenté de mi fundo, un agitador comunista que se llama Sarmiento, muy amigo del honorable diputado señor Baeza, se aprovechó de la circunstancia de que con motivo de la partida de futbol, se reunió un gran número de obreros, de azuzar los ánimos y como en mi fundo hay muchos obreros que no parti-cipan en las actividades de Sindicato, tuvieron entre ellos algunas rivalidades. Al llegar la noche, el administrador salió de una sala de espectáculos que mantengo yo, donde había varios centenares de obreros en diversiones sanas (…) Este trató de imponerse y man-tenerlos en el debido respeto, pero fue inútil y se vio en el caso de tener que lanzar un tiro al aire. En esta situación y viendo que se le iban todos encima… se vio, naturalmente, en la absoluta necesi-dad de hacer uso de su revólver y así, en defensa propia, mató a un obrero que ya había sido expulsado de los trabajos”.343

 

Oscar Baeza, diputado por Talagante, pidió un Ministro en Visita, seña-lando que el obrero fallecido había sido su amigo desde la infancia en Molina. En abril, el senador Elías Lafertte entregó una lista de 494 inquilinos despedi-dos en 86 fundos de la zona central.344 Meses antes pronunció un discurso a

 

 

Presidente de la República, Frente Popular, Santiago, 20 de abril de 1939, p. 5.

 

340        “Hacendados desconocen acuerdo de suspender por tres meses despidos y lan-zamientos de campesinos”, Frente Popular, Santiago, 27 de abril de 1939, p. 5.

 

341        Revisión de Frente Popular, Santiago, enero a diciembre de 1939.

 

342        BSCD, 43° sesión ordinaria, 29 de agosto de 1939, p. 2541.

 

343        BSCD, 43° sesión ordinaria, 29 de agosto de 1939, p. 2542.

 

344        BSCD, 31° sesión ordinaria, 10 de julio de 1939, pp. 800-809. El asesinato de otro

 

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favor de la sindicalización campesina, porque “la única manera como pueden obtener un mejoramiento de ellos, es formando sindicatos”.345 Esto no se contradice, supuestamente, con la participación en la Comisión Mixta, ya que el Comité Central del PCCh llamó a reforzar la unidad antifascista, apoyar al gobierno y participar en dicha Comisión Mixta, porque de esa instancia se obtendría un reconocimiento formal de los sindicatos agrícolas.346

 

Paralelo a la Comisión Mixta, los lanzamientos continuaron, incluso en fundos de miembros de la propia Comisión.347 En la sesión del 3 de mayo los representantes de los trabajadores insistieron con suspender dichos des-pidos348, lo que provocó que los Presidentes de las Asociaciones Agrícolas pidieron evitar los despojos en función que se desarrollara la Comisión Mixta “sin perturbaciones y dentro del leal propósito de encontrar una fórmula que una el mejoramiento social y económico del campesinado con el amparo de la producción agrícola y de la propiedad rural. Estos conflictos retrasaron la discusión del propio proyecto de sindicalización, el cual comenzó a elabo-rarse en mayo de 1939 hasta noviembre de ese año. Lamentablemente, sin la posibilidad de obtener las actas de dicha Comisión, hemos de valernos de la prensa y el mismo debate parlamentario para elaborar un resumen de los nudos más importantes en el debate en torno a la organización sindical cam-pesina y cuáles fueron los resultados de aquel Proyecto de Ley.

 

El primer elemento en discusión fue precisamente la validez o el derecho a la sindicalización campesina y por qué generar una ley especial para los traba-jadores rurales. Como expresó Lafertte y Carlos Contreras Labarca, el PCCh estaba por la sindicalización vía Código del Trabajo, pero para no generar problemas al FP ni quedarse aislados de la discusión, apoyó la opción de generar una ley especial, con tal de que existiera una legislación en el campo. Así lo expresó Marcos Chamudes:

 

“Se nos acusa de extremistas por la actividad que desarrollamos

 

 

 

obrero agrícola, Bonifacio González de Curicó, en: “Crece violencia latifundista contra cam-pesinos”, Frente Popular, Santiago, 2 de mayo de 1939, p. 10.

 

345        “Los sindicatos están reconocidos por representantes católicos no conservadores”, Frente Popular, Santiago, 13 de abril de 1939, p. 14.

 

346        Partido Comunista de Chile, Resoluciones del VII… op. cit., p. 6-7.

 

347        Fue el caso de Carlos Ugarte, presidente de la Asociación de Agricultores de O’

 

Higgins y miembro de la Comisión Mixta, acusado de despedir a inquilinos del fundo “El Pu-ente” en Rancagua. “Latifundista no respeta los acuerdos, sigue despidiendo a los inquilinos”, Frente Popular, Santiago, 28 de abril de 1939, p. 2.

 

348        “Se denunció la violación al acuerdo de no desahuciar a los trabajadores agrícolas”, Frente Popular, 3 de mayo de 1939, p. 1.



 

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en el campo. Comunistas y socialistas hemos trabajado por organi-zar sindicalmente a los obreros agrícolas y estimamos que hemos hecho bien… los latifundistas tienen su organización, la Sociedad Nacional de Agricultura, ellos defienden organizadamente sus in-tereses… porque se les desconoce, entonces, a los obreros agrí-colas el derecho a organizarse para defender siquiera su pan y su trabajo”.349

 

Por otro lado, el Partido Agrario y la Falange Nacional afirmaron que con un salario mínimo se podían resolver las condiciones de vida de los campesinos. Para ello enviaron un proyecto de ley que contempló salarios según división territorial, pero considerando las regalías que los hacendados realizaban (tierra, talaje, alimentación).350 En el caso de liberales y conserva-dores, estos homologaron la sindicalización como un instrumento en contra la armonía y la productividad agrícola. A la vez, acusaron al PCCh de llevar la “lucha de clases” al campo, siendo que existían otros medios para resolver las diferencias en “sus” fundos, pues como señalaba el diputado Dussaillant, habían disposiciones “del Código del Trabajo que son abusivas en contra del patrón”.351 El diputado Raúl Marín, atacó el programa del FP, sobre todo por la promesa de sindicalización y la presencia del comunismo en sus filas, afirmando que el socialismo ha fracasado:

 

“Ha fracasado, en primer lugar, en la Rusia Soviética. Los bolche-viques habían prometido al proletariado ruso la libertad… y lo que han dado ha sido la más brutal servidumbre… el derecho de reunirse y se asociarse, el derecho de declarase en huelga han sido totalmente suprimidos”.352

 

Finalmente, como resultado de este punto, el proyecto aceptó la forma-ción de sindicatos agrícolas, pero restringiendo su nivel influencia territorial, sólo en sus fundos, sin la posibilidad de crear Federaciones ni uniones comu-nales. De esta manera sería más fácil controlarlos y evitar las movilizaciones locales, regionales o nacionales del campesinado.353

 

 

 

349        “El extremismo, un arma de la derecha para tratar de dividir el Frente Popular”, Frente Popular, 27 de abril de 1939, p. 4.

 

350        BSCD, 20° sesión extraordinaria, 19 de abril de 1939, pp. 1105- 1113.

 

351        BSCD, 43° sesión ordinaria, 29 de agosto de 1939, p. 2563.

 

352        BSCD, 20° sesión ordinaria, 11 de julio de 1939, p. 1110.

 

353        Proyecto en: BSCD, 1° sesión extraordinaria, 7 de noviembre de 1939, pp. 68-74.

 

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Como segundo punto, la Comisión Mixta discutió las huelgas agrarias. El tema era preocupante para el gobierno, ya que el Consejo de Defensa Fis-cal autorizó las paralizaciones, incluso para trabajadores no sindicalizados.354 Para los sectores conservadores, esta suspensión de la faena en los campos, a diferencia de las industrias, produciría una “anarquía”, sobre todo en tiempos de cosecha o siembra. Así lo dio a conocer Carlos Rozas, diputado Conser-vador por Linares, dando el ejemplo de un fundo de su distrito donde sus trabajadores paralizaron por la destrucción del horno del pan a causa del te-rremoto.355 El socialista Manuel Hubner negó estos hechos, atribuyéndosela a la imaginación del diputado Rozas. “Lo escuchamos con la misma atención que escucharíamos a Julio Verne”, dijo Hubner, aludiendo los dotes literarios que más adelante el diputado Rozas tendría como novelista.356

 

Para el PCCh, el derecho a huelga debía incorporarse al proyecto de ley, independiente que se discutieran otras formas de mejorar las condiciones de vida de los campesinos. En ese sentido, la huelga era un derecho establecido en el Código del Trabajo y una herramienta sólo ocupada por la “tozudez” de los patrones.357 No obstante, se podía introducir algunas modificaciones, “en el sentido de que las huelgas en las haciendas no pueden declararse en las temporadas de cosecha y siembra”.358 Según Chacón Corona, a fines de mayo se llegó a ciertos acuerdos, pero aún así existían oposición de los representan-tes de los patrones agrícolas.359 Los representantes del FP en la Comisión Mixta se reunieron con Aguirre Cerda para denunciar los más de 2.000 campesinos despedidos en el último tiempo.360 Recordemos que mayo fue el mes de más despojos. En los meses siguientes, las acusaciones de lanzamiento bajaron, aunque no desaparecieron, continuando nuevamente con fuerza en 1940.

 

Finalmente, el proyecto de ley propuso que los sindicatos agrícolas fue-sen concebidos como “instituciones de colaboración mutua entre el capital y el trabajo y, por consiguiente se considerarán contrarias al espíritu y formas de la ley las organización es cuyos procedimientos entraban la disciplina y la orden en el trabajo”.361 En pocas palabras, se prohibió el derecho a huelga,

 

 

354        ARNAD, Dirección General del Trabajo, Oficio N°434, Consejo de Defensa Fiscal al Ministerio del Trabajo, Santiago, 28 de diciembre de 1938, pp. 1-8.

 

355        BSCD, 49° sesión ordinaria, 6 de septiembre de 1939, p. 2806.

 

356        Una obra de Carlos Rozas fue Campo Viejo, Zig-Zag, Santiago, 1960.

 

357        “La democracia y los sindicatos agrícolas”, Frente Popular, 11 de mayo de 1939, p. 3.

 

358        “La huelga en los campos”, Frente Popular, 12 de mayo de 1939, p. 3.

 

359         “Ya hay un acuerdo en principio sobre los sindicatos agrícolas en la Comisión Mixta”, Frente Popular, 23 de mayo de 1939, p. 4.

 

360        Ídem.

 

361        BSCD, 1° sesión extraordinaria, 7 de noviembre de 1939, p. 68.



 

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un fantasma recorre el campo

 

estableciendo un sistema de Conciliación y Arbitraje, anulando el sistema que regía en el Código del Trabajo (Título I, Libro IV).362 El arbitraje se estable-cería sólo cuando un sindicato entraba en conflicto con su patrón, negando ese derecho a los trabajadores no sindicalizados. El conflicto sería resuelto finalmente por una Junta de Conciliación, formada por un representante de los patrones, otro del sindicato y un Ministro nominado por la Corte de Apelaciones.363 Por otro lado, quienes promovieran la paralización de faenas, arriesgaban que se disolviera el sindicato, estableciendo una serie de penas judiciales por daños y destrozos de las cosechas y maquinarias, con penas de uno a 60 días y multas de 500 a 5.000 pesos.364 Sin duda, si se aprobase la ley sería un duro revés para la organización campesina. ¿Cómo reaccionaron desde el PCCh frente a este limitado proyecto?

 

En materia agraria, si analizamos las discusiones parlamentarias, las prioridades del Gobierno estuvieron orientadas a la Ley de Cooperativas Agrícolas y la autorización a la Junta de Exportación Agrícola para comprar y vender el trigo. Sólo en algunas ocasiones, los diputados socialistas y co-munistas abordaron temáticas sobre la sindicalización y los despojos campe-sinos. En julio de 1939, el senador Lafertte acusó a la derecha de no cumplir con sus compromisos y provocar “la desesperación en el campo”. Para ello advirtió que se estaba jugando con fuego al no avanzar en el derecho de organización agraria. “La paciencia tiene también su límite y debo declarar aquí a nombre de mi partido, que la organización sindical en el campo se hará, con la voluntad o contra la voluntad de estos señores provocadores”.365 ¿Lograron presionar al gobierno para que impulsara el proyecto de ley? En los meses siguientes, tanto partidos políticos frentistas, como las organizacio-nes gremiales de grandes agricultores, realizaron Congresos y Conferencias campesinas. En el caso de la SNA, en octubre de 1939 organizó su Congreso de Agricultores, donde asistieron unos 4.000 participantes. Según un informe hacia el Comintern, las principales conclusiones fueron valorar la propiedad agrícola como función social, el respeto del Estado hacia la libre iniciativa del productor y propietario de tierra, además de rechazar los proyectos de subdivisión de tierra y la sindicalización a través del Código del Trabajo.366

 

Al mes siguiente, el 7 de noviembre, ingresó al Parlamento el Proyecto de

 

 

362         Código del Trabajo, Decreto con Fuerza de Ley N° 178, Nascimento, Santiago, 1932, pp.

 

88-96.

 

363        BSCD, 1° sesión extraordinaria, 7de noviembre de 1939, p. 71.

 

364        Ibid., p. 72.

 

365        “La sindicalización campesina se hará con o sin la voluntad de la derecha”, Frente Popular, 5 de julio de 1939, p. 4.

 

366        “Informe de Chile”, 1939, p. 20, en RGASPI, 495.17.293.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

Ley de Organización Sindical Agrícola, el cual indicó que el derecho sindical se restringía solo al espacio del fundo, sin la posibilidad de formar Federacio-nes. El número mínimo integrantes de cada sindicato se estableció en diez miembros y debería “ser acordada por el 55 por ciento a lo menos de los obreros del fundo”.367 El control del Estado y los patrones abarcaría incluso los fondos sindicales, ya que una comisión tripartita determinaría “de común acuerdo la inversión de los fondos que perciba el sindicato”.368 Quizás de esta manera se evitaría que se enviaran dineros a huelgas ajenas, como era común en el movimiento obrero. Por último, el Presidente de la República podía disolver un sindicato, si ese incurría en ilegalidades como una huelga, producto que todo conflicto pasaría por las Juntas Especiales de Concilia-ción y Arbitraje Agrícola. Paralelo a ello, el presidente Aguirre Cerda envió un proyecto de salario mínimo, el cual establecía un umbral básico de salario obligatorio para los inquilinos que trabajasen más de 10 horas diarias. Esto sería establecido por Comisiones Permanentes en cada Provincia, la cual lo determinaría por dos años. Para María Angelica Illanes, la medida buscaba “homogeneizar el pago de salarios en el campo a nivel de las distintas locali-dades, sin que ello asegurara un verdadero mejoramiento del salario”.369 En palabras de Aguirre Cerda: “un salario más en proporción con el esfuerzo desplegado, una habitación higiénica donde reposen los obreros y las familias después del duro trabajo”.370

 

¿Cuál fue el balance del PCCh a fines de 1939? A comienzo de 1940, Chacón Corona planteó su desacuerdo con algunos artículos del Proyecto de Sindicalización Campesina, aunque concluyó: “sin embargo, es indudable que, a pesar de las lagunas y deficiencias, el proyecto debe ser bien recibido ya que por primera vez en nuestra historia política el parlamento se preocupa de los asalariados agrícolas”.371 Es por esto, que el PCCh se limitó a defender el proyecto de ley acordado, pero proponiendo algunas modificaciones, al contrario de algunos socialistas que presentaron a mediados de 1940 un Con-traproyecto de Sindicalización Campesina. Esta fracción socialista estaba li-derada por Cesar Godoy Urrutia y otros cuatro diputados más que formaron el Partido Socialista de Trabajadores (PST) y que tendrán un profundo debate con la dirigencia comunista, especialmente en el ámbito agrario.

 

 

 

367        BSCD, 1° sesión extraordinaria, 7 de noviembre de 1939, p. 68.

 

368        Ibid., p. 70.

 

369        Illanes, Movimiento en la… op. cit., p. 270.

 

370        BSCD, 1° sesión extraordinaria, 7 de noviembre de 1939, p. 73.

 

371        “Rechazar la sindicalización es dejar las puertas abiertas a la reacción”, ¿Qué pasa en la semana?, N° 25, Santiago, 28 de noviembre de 1939, p. 5.



 

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un fantasma recorre el campo

 

La política agraria del PCCh

y sus conflictos con el Partido Socialista

 

Ya en julio de 1939, Carlos Contreras Labarca informó al Comintern sobre las diferencias entre comunistas y socialistas en materia agraria. Según el dirigente comunista:

 

“… hubo necesidad de detener la creación de nuevos sindicatos y defender los existentes, de prohibir los lanzamientos y perse-cuciones, de acelerar la ayuda al campo, de realizar una auténtica política de Frente Popular… la influencia trotskista y semi trots-kista impide ver en su comienzo el problema en su verdadera fase, apareciendo manifestaciones de infantilismo revolucionario que favorecieron a los terratenientes reaccionarios”.372

 

El PS, fundado en 1933 por militares, socialistas, anarquistas y ex mili-tantes del POS, se fue transformando rápidamente en una alternativa política de izquierda para trabajadores manuales e intelectuales, precisamente por su carácter latinoamericanista y no soviético.373 No fue fácil para el PCCh acep-tar que no era el único representante de la clase obrera, sobre todo en el “sectario” “Tercer Periodo” (1927-1935). Con la iniciativa del FP las relacio-nes entre el PS-PCCh fueron acercándose, pero friccionadas por el ingreso de militantes de la Izquierda Comunista en el PS, liderados por Humberto Mendoza y Manuel Hidalgo. Fueron precisamente aquellos militantes los que venían desarrollando un trabajo agrario destacado, sobre todo con los pequeños agricultores en la Liga de Defensa Nacional de Campesinos Po-bres.374 Con el triunfo del FP, el PS obtuvo los ministerios de Obras Públicas, Salubridad y Tierras y Colonización. Este último intensificó la política de distribución de tierras de los gobiernos pasados, peros sin considerar una reforma agraria que expropiara tierras no estatales. Así lo declaró Carlos Al-berto Martínez, como ministro de aquella cartera, en la clausura del Primer Congreso Nacional de Campesinos.375 Realizado del 29 de abril al 1 de mayo, dicho evento fue financiado por el gobierno de Aguirre Cerda y liderado por

 

 

372        Carlos Contreras Labarca, “El Frente Popular Chileno y la lucha por el cumplimien-to del programa”, 1 de juliode 1939, p. 5, en RGASPI, 495.17.269.

 

373        Oscar Schnake Vergara, Política Socialista, Publicaciones del Partido Socialista- De-partamento de Cultura, Santiago, 1938.

 

374        Loveman, Struggle… op. cit., pp. 153-159.

 

375        Carlos Alberto Martínez, Hacia la reforma agraria, Caja de Colonización Agrícola, Santiago, 1939.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

Emilio Zapata, ex comunista y el diputado con más participación en torno a la cuestión agraria entre 1932 y 1941. Solo en 1939, Zapata intervino en largos debates en torno la Ley de Cooperativas Agrícolas, el abaratamientos del pan y papas, la explotación de covaderas nacionales, la sindicalización agrícola, la visita de Inspectores del Trabajo a diversos fundos, la cesantía y los despojos de campesinos.376 A pesar de la importancia del evento, éste no fue cubierto por Frente Popular ni fue resaltado por el PCCh, quienes ese mismo año intentaron realizar su propio “primer Congreso Nacional”.377 Se-gún Loveman esto se expresó debido a la dura competencia que existió entre ambos partidos por “conquistar” a las masas campesinas. Zapata recordó:

 

“Las relaciones con Chacón Corona estaban tensas. Chacón Co-rona quería que los Comunistas tuvieran el control exclusivo de la organización de los campesinos. Había una competencia real. Ellos nos trataron de quitar a nuestra gente...”.378

 

Lo extraño fue que el PCCh se arrogó la organización de dicho Con-greso, informando al Comintern que la Liga de Campesinos Pobres era un organismo impulsado por ellos.

 

“El partido ha participado en todas las luchas campesinas y de obreros agrícolas contra desalojos y otras exigencias y provocacio-nes de los terratenientes. El Partido ha sido el alma del Congreso Campesino realizado por la Liga Nacional de Defensa del Campesi-nado Pobre, en abril-mayo de 1939, el cual compadecieron más de 300 delegados de más de 150.000 obreros agrícolas, inquilinos, medieros, etc”.379

 

En el mismo informe se admitió la presencia de los socialistas en la organización campesina, pero se recalcó que de los 100.000 de campesinos organizados, la mayoría era constituido por parte del comunismo. En verdad, el PS estaba mucho más avanzado en el trabajo campesino, sobre todo por la presencia de la Liga de Campesinos Pobres y la Federación Nacional Campe-sina (FNC). El discurso de “unidad” y “frentismo”, era sobrepasado por la competencia y conflictos a nivel sindicales y de base.

 

 

376        Revisión de BSCD entre 1939 y 1941.

 

377        BSCD, 24° sesión extraordinaria, 26 de abril de 1939, p. 1275.

 

378        Loveman, Struggle… op. cit., p. 160. Traducción Camila Leiva.

 

379        “El Partido Comunista y el campesinado”, 1939, p.1, en RGASPI, 495.17.303.



 

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un fantasma recorre el campo

 

En los meses siguientes los conflictos con el PS se reanudaron pro-ducto del segundo Congreso de la CTCh. Para Contreras Labarca, con este evento se debía consolidar la “unidad sindical” de la clase obrera y campesi-nos, pero también con agricultores y “sectores progresistas”, para crear un plan estratégico en torno a las demandas populares inmediatas.380 Según Lo-veman el PCCh intentó bloquear la presencia de los supuestos “trotskistas”, que participaban como delegados de la Liga de Campesinos Pobres.381 Un informe al Comintern de 1939 advirtió que existió un “serio asalto” de las tesis trotskistas sobre la cuestión agraria, pero “no pudieron llegar al Congre-so”. Al contrario, la Liga de Campesinos Pobres logró ingresar al Congreso, apoyando el triunfo de Bernardo Ibáñez (PS) como Secretario General, por encima de Salvador Ocampo (PC).382 El PCCh no aceptó inmediatamente aquel resultado, amenazando su retiro de la CTCh por el supuesto fraude en las elecciones. En un informe al Comintern se comentó que “se rompieron urnas, se repartieron candidaturas falsas” provocando que casi se dividiera la central obrera. “La votación formal dio el triunfo a la candidatura de Ibáñez y los trotskistas. Pero en las cifras reales se encuentra que la mayoría de los comunistas votaron por Ocampo”.383

 

Pese a esto, la mayoría de las tesis comunistas fueron aceptadas, incluso la integración de la CTCh a la Federación Sindical Internacional.384 En oc-tubre, luego de marchas y disputas callejeras, ambos partidos acordaron que Ibáñez y Ocampo salieran de jira por el país y que hubiera una proporcionali-dad de puestos en la Directiva.385 El manifiesto de la CTCh llamó a la unidad de la clase obrera, apoyando al gobierno de Aguirre Cerda y “reforzando el FP de la paz”.386 Para ello el PCCh optó por tener cautela con los conflictos huelguísticos, sobre todo porque en 1939 existieron más de 652 pliegos de petitorios presentados entre sindicatos urbanos y rurales en todo el país387. Este recurso no se podía suprimir, pero no era justificable en un “gobierno democrático y popular”.388 Según datos del New York Times, en 1939 más de 118.427 obreros se vieron involucrados en conflictos sindicales. De los 536

 

 

380        BSCD, 26° sesión ordinaria, 26 de julio de 1939, p. 1549.

 

381        Loveman, Struggle… op. cit., p. 162.

 

382        Ibid., p. 163.

 

383        “Informe de Chile”, 1939, p. 6, en RGASPI, 495.17.293.

 

384        Organismo internacional que funcionó entre 1901-1945.

 

385        “Informe de Chile”, 1939, p. 7, en RGASPI, 495.17.293.

 

386        Ibid., p. 11.

 

387        Loveman, Struggle… op. cit., p. 130.

 

388        “El Partido Comunista de Chile y las luchas de masas”, 1940, p. 1, en RGASPI, 495.17.303.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

conflictos, 384 fueron resueltos sin necesidad de huelga, subiendo los salarios en 31.140.000 pesos.389 La CTCh fue fundamental para las movilizaciones campesinas, por la presión que ejerció tanto la directiva nacional, como los consejeros provinciales de San Felipe, Parral, La Calera, Molina, Placilla y San Fernando.390 Por otro lado, la CTCh solicitó revocar la circular N° 34 para continuar con la formación de nuevos sindicatos agrícolas.391 (Archivo Na-cional, Dirección General del Trabajo, Vol. 1140). Según Loveman muchas de estas gestiones no fueron atendidas por el Ministerio del Trabajo, porque la CTCh no tenía un reconocimiento legal.392

 

A fines de 1939, el PCCh hizo su propia autocrítica. En diciembre Cha-cón Corona realizó la intervención sobre la política agraria en el XI Con-greso. Según su informe, realizado en conjunto con noventa delegados de la Comisión Agraria, existía una “lamentable subestimación de los organismo de dirección del partido”, en torno a ésta temática, sobre todo teniendo en cuenta que en “la revolución chilena, la masa agraria deberá ocupar un papel de primer plano”. Es por esto, la importancia de que el PCCh se siguiera colocando al día con la “conquista del campo”.393

 

“Para nosotros los comunistas, el punto de partida de la organi-zación de las masas campesinas está en la penetración del Partido Comunista en el campo. Es nuestro deber ganar al campesinado, para producir en forma sólida la unidad obrero-campesina preco-nizada por el líder de la revolución mundial: Lenin. Y esta tarea de penetración partidaria en el campo”.394

 

Para Enrique Kirberg, Secretario General del PCCh en Ñuble (Imagen 7), se debía impulsar el desarrollo agrícola en torno al trigo, cereales, cebada

 

 

389        “El movimiento huelguístico en el país, 1939, p. 1, en RGASPI, 495.17.297.

 

390        “Llevar sinidicalizacion campesina a los campos es propósito de la CTCh provin-cial”, Frente Popular, Santiago, 19 de marzo de 1940, p. 10; “La CTCh acordó pedir al gobierno la derogación del decreto que suspende la sindicalización campesina”, Frente Popular, Santiago, 3 de abril de 1940, p. 1.

 

391        ARNAD, DGT, vol. 1140, oficio N° 659, del Ministerio del Trabajo al Director General del Trabajo, Santiago, 12 de abril de 1940; ARNAD, DGT, vol. 1134, oficio N°732, del Consejo Directivo Nacional de CTCh al Presidente de la República Pedro Aguirre Cerda,

 

Santiago, 9 de marzo de 1940.

 

392        Loveman, Struggle… op. cit., p. 166.

 

393        Juan Chacón Corona, El problema agrario. Informe al XI Congreso Nacional del Partido

 

Comunista de Chile, celebrado en Santiago los días 19 al 25 de diciembre de 1939, Comité Central del

 

Partido Comunista, Santiago, 1940, p. 5.

 

394        Ibid., p. 31.



 

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y lentejas, incluyendo la fabricación de máquinas propias y sus respectivos re-puestos, como única forma de salir del atraso “feudal” que afectaba al país.395 Por otro lado, para Chacón Corona el conflicto estaba en la SNA y en los supuestos “trotskistas” que “ciegamente procuran el aislamiento de las capas inferiores del campesinado”, refiriéndose a la Liga de Campesinos Pobres que luchaban separadamente de los inquilinos o medieros. Sobre el gobierno, Chacón justificó el proyecto de Sindicalización Campesina, porque reconocía los derechos laborales del trabajador agrícola, aunque no satisfacía “las justas aspiraciones”, sobre todo en torno a formar una Federación Nacional y vin-cularlos a la lucha de la CTCh.396

 

Pero la alianza realizada por los grandes agricultores, entre ellos diri-gentes y personeros del PR y P. Liberal, bloquearon las aspiraciones de sin-dicalización en los campos. Así lo afirmaron en el Congreso de Agricultores de 1939, donde el Ministro de Relaciones Exteriores, Cristóbal Sáez, ingresó junto a otros radicales a la SNA. Desde enero de 1940 las movilizaciones y despidos continuaron casi con la misma fuerza que el año anterior.397 Existie-ron desalojos en más de 51 fundos entre enero y agosto de 1940.398 Solo en el mes de mayo, fueron despedidos 146 campesinos en fundos de Las Condes y 164 en Curicó.399 En esta ciudad, nuevamente murió un campesino a manos de un terrateniente.400

 

Paralelo al estancamiento del Proyecto de Sindicalización, tanto la CTCh como el PST levantaron nuevas iniciativas.401 En agosto de 1940 los diputados César Godoy Urrutia, Natalio Berman, Emilio Zapata, Carlos Ro-sales y Jorge Dowling, propusieron un contra proyecto de sindicalización campesina. Al contrario que el PCCh, los diputados del PST no votaron por el proyecto de gobierno, porque “era la prueba más irrefutable de la traición abierta a los trabajadores agrícolas” por beneficiar a clases propietarias.402

 

 

395        “La agricultura y la industria en Ñuble”, Frente Popular, Santiago, 20 de diciembre de

 

1939, p. 3.

 

396        Chacón Corona, El problema… op. cit., pp. 34-35.

 

397         “Sociedad Nacional de Agricultura debe ser considerada como entidad política cuya disolución hay que exigir”, Frente Popular, Santiago, 24 de abril de 1940, p. 4.

 

398        Revisión del diario Frente Popular enero-agosto de 1940.

 

399        “146 inquilinos lanzados en la comuna de Las Condes”, Frente Popular, Santiago, 6 de mayo de 1940, p.1; “Ciento sesenta y cuatro campesinos y sus familias son despedidos en

 

Curicó”, Frente Popular, Santiago, 18 de mayo de 1940, p. 10.

 

400        “Vecinos culpan a un terrateniente de la muerte de campesinos en Curicó”, Frente Popular, Santiago, 8 de julio de 1940, p. 10.

 

401        “Jefes frentistas acompañaron al Presidente a su visita a Talca”, Frente Popular, San-tiago, 14 de junio de 1940, p. 3.

 

402        BSCD, 42° sesión ordinaria, 14 de agosto de 1939, p. 2125.

 

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Según lo investigado por María Angélica Illanes, los puntos fundamentales de la propuesta del PST fueron: concebir los sindicatos como institución en defensa de los intereses de la clase trabajadora del campo; homologar su constitución y funcionamiento con los sindicatos “industriales”; dar la posibilidad de formar una Confederación de Sindicatos Agrícolas; que cada sindicato pudiera administrar autónomamente sus dineros y tener sanciones menos drásticas que la propuesta del gobierno.403

 

Imagen 7

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Enrique Kirberg y militantes del PCCh de Ñuble, 1939.

 

Fuente: Archivo Patrimonial U. de Santiago. Gentileza de Matías Villa Juica

 

Es importante mencionar las causas del surgimiento del PST para los efectos de esta investigación y los posteriores beneficios para el PCCh en ma-teria de la militancia agraria. Debemos recapitular al triunfo del FP en 1938. A diferencia del PCCh, el PS ingresó al gobierno, obteniendo tres ministe-rios, salvo la cartera de Agricultura, como le había sido prometida. Según Ar-turo Olavarría , la presión de los agricultores radicales logró dejarla en manos del PR.404 Pero en la medida que pasaban los meses, el PS experimentó una crisis en torno al cumplimiento del programa frentista. Quien lideró la opo-sición dentro del socialismo fue César Godoy Urrutia, el cual fue expulsado

 

 

403        Illanes, Movimiento en la… op. cit., pp. 274-275; Contraproyecto de PST en BSCD,

 

42° sesión ordinaria, 14 de agosto de 1940, pp. 2126-2131.

 

404        Olavarría, Casos… op. cit., p. 19.



 

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en el VI Congreso del PS en diciembre de 1939. A partir de enero- mayo de 1940, Godoy Urrutia articuló un movimiento de “inconformistas” que con posterioridad formaría el PST, donde ingresaron los diputados Zapata, Berman, Dowling y Rosales, además de Orlando Millas como dirigente de la Juventudes.405 Una de las causas del quiebre fue precisamente la cuestión agraria, de allí en la necesidad de proponer un contraproyecto de sindicali-zación campesina. En palabras de Emilio Zapata “ellos, los oficialistas, han estafado al campesinado, prometiéndoles la tierra a los que la trabajan y fir-mando acuerdos con los latifundistas para impedirles su sindicalización”.406

 

Precisamente, una de las características del PST en sus pocos años de existencia, fue la labor parlamentaria en temas agrarios, siendo una conti-nuidad de lo realizado por la Izquierda Comunista en 1933 y el PS desde 1936. Así lo demuestran las múltiples intervenciones y oficios en la Cámara de Diputados de la bancada liderada por Godoy Urrutia entre 1940-1941.407 En la visión del PCCh, la actitud del PST era hacerse “el juego a la derecha”, porque buscaba destruir el FP, ocupando la demagogia de izquierda.408 El escenario a mediados del 1940 era de extremada fragilidad, producto de una crisis ministerial que permitió a Aguirre Cerda “derechizar” su gabinete y enemistarse con el radicalismo. Para el PCCh esta crisis fue provocada por los intentos de sabotaje de la derecha en contra el gobierno y el propio PR. No cabía, por ende, extremar los conflictos con el gobierno, pero sí rechazar el “pacto de tregua”, celebrado por diputados del Partido Liberal y Radical para evitar la “dictadura de la izquierda”.409 Así se refirió Andrés Escobar: “El Partido Comunista cree que no se debe dar tregua a los enemigos, sino, al contrario, se debe desplegar la acción organizada del Gobierno y de las más amplias masas trabajadoras, del Frente Popular”.410

 

De acuerdo a esto, se debía continuar con la revolución demócrata burgue-sa, pero teniendo como centro a la clase obrera, lo que era complejo, por-que en realidad en el FP quienes tenían la hegemonía era precisamente la “burguesía”. Esto se evidenció en la política anti-huelgas que fomentó el nuevo ministro de Interior, Guillermo Labarca. Este envió una circular a

 

 

405        César Godoy Urrutia, Vida de un agitador, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1982;

 

Millas, Memorias… op. cit., 229-240.

 

406        “Dice Emilio Zapata: Acusamos a los líderes Grove y Schnake de llevar al Partido

 

Socialista hasta el charco putrefacto de la socialdemocracia”, VEA, N° 58, Santiago, 1940, p. 11.

 

407        Ver BSCD entre 1940-1941.

 

408        “Problema del día”, Principios, N° 2, Santiago, enero de 1940, p. 5.

 

409        BSCD, 31° sesión ordinaria,31 de julio de 1940, p. 1667.

 

410        Ibid., p. 1668.

 

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todas las Gobernaciones e Intendencias exigiendo mantener vigilados a los “ajitadores” y evitar las huelgas, tanto obreras como agrícolas. Según dicho documento: “miembros del Partido Comunista y elementos extremistas de-sarrollan activas campañas para producir huelgas y agitación en los campos y centros obreros”. De esta manera el Ministro del Interior exigió a Carabi-neros que procediera “con toda energía y prudencia a la vez, a reprimir las actividades delictuosas de los agitadores, sin consideración al sector político al que pertenezcan”.411 En el diario Frente Popular se denunció las medidas y el actuar de carabineros al reprimir las movilizaciones campesinas basados en dicha circular.412 Según Chacón Corona está medida dio “carta blanca” a la represión, basándose en los supuestos “agitadores profesionales”, que no era más que un “monstruoso intento de la reacción” por acabar con la orga-nización campesina.413 En el primer número de El Siglo, el Ministro Labarca aclaró que dicha circular no estaba en contra de la organización campesina, sino por “la represión de las actividades obreras de carácter ilegal”.414 Pese a esto, el PCCh intentó mantener el equilibrio entre la movilización, pero sin sobrepasar la legalidad. Mientras Salvador Ocampo pidió la urgente aproba-ción de la Ley de Sindicalización Campesina, Chacón Corona solicitó que por mientras se permitiera la creación de nuevos sindicatos agrícolas mediante el Código del Trabajo.415

 

Aguirre Cerda estaba incómodo por la presencia comunista, pero no por ilegalizarlos, como pretendió la derecha. De esta manera, colocó a Oscar Schnake como Ministro de Fomento, lo que provocó una distancia con el PCCh, porque Schnake estaba por acercar el gobierno de Estados Unidos, evitando la neutralidad ante la guerra, asunto que el PCCh se opuso por ser una guerra imperialista.416

 

El debate continuó en el parlamento. Contreras Labarca expresó que era en el campo donde se evidenciaba con más fuerza el sabotaje de la oligar-quía, haciendo un homenaje tanto a campesinos como agricultores: “Nunca

 

 

411        ARNAD, FMI, vol. 10178, oficio secreto del Ministerio de Interior a Director de

 

Carabineros de Chile, Santiago, agosto de 1940.

 

412         “La reacción empieza a hacer uso de circular de Ministerio de Interior”, Frente Popular, Santiago, 24 de agosto de 1940, p. 12.

 

413        Juan Chacón Corona, “La represión en los campos”, Frente Popular, Santiago, 24 de agosto de 1940, p. 2.

 

414        “El gobierno defenderá la organización campesina declara ministro Labarca”, El Siglo, Santiago, 31 de agosto de 1940, p. 13.

 

415        “Hacer realidades las promesas pide el proletariado nacional”, El Siglo, Santiago, 2 de septiembre de 1940, p. 7; “Hay que luchar por la sindicalización para mejorar la situación del campesinado”, El Siglo, Santiago, 8 de septiembre de 1940, p. 12.

 

416        BSCD, 15° sesión ordinaria, 14 de agosto de 1940, pp. 2126-2131



 

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un fantasma recorre el campo

 

hemos atacado a la agricultura, jamás hemos atacado a los agricultores”, no queriendo criticar a la SNA en su totalidad, sino a la “conocida camarilla de oligarcas que se han adueñado de ese organismo contra la voluntad de la inmensa mayoría de los agricultores chilenos”.417 Para esto hizo un llamado hacia la reforma agraria, pero a diferencia del PS, el PCCh no elaboró un proyecto específico en torno a la expropiación y distribución de tierras, como si lo hizo el senador Marmaduke Grove en 1939.418 Todo indica que el con-texto nacional e internacional orientó al PCCh a posponer su propuesta de “expropiación sin indemnización” de 1937, a diferencia de los delegados del Comintern que criticaron al PCCh por no tener contemplado la ocupación de los latifundios improductivos ni estaban organizando a los campesinos para esto.419 Así lo comentó el delegado “Pérez”:

 

“…el camarada Barra Silva decía que la dificultad reside en el he-cho de que la situación no es igual a la de México, porque aquí la reforma agraria ha sido el producto de la revolución. Eso es cierto, pero porque no dar una revolución legal en Chile planteando el problema de la manera siguiente: establecer un plazo para expro-piar y luego indemnizar a los propietarios expropiados con bonos de la reforma agraria a pagarse a largo plazo, empezando el primer pago a los 5 o a los 10 años”.420

 

Pero el PCCh no siguió todos los consejos del Comintern. En la revista Principios, se hizo un llamado a mejorar el Plan Agrario del gobierno en torno a los Villorrios Agrícolas (poblados agrícolas), organizándolos bajo la ley de Cooperativas de Pequeños Agricultores que el Ejecutivo impulsó desde 1939. Pero, para los comunistas, los Villorrios debían mejorar la infraestruc-tura rural: con “escuelas, policlínicas, comedores, pulperías, dormitorios para solteros, locales sociales” y una campaña de alfabetización y culturización del campesino y el indígena.421 Más adelante, el PCCh propuso que la reforma agraria se financiara con la compra y venta de terrenos, pero no mencionan-do la expropiación como en 1937.422 En torno a la Ley de Cooperativas Agrí-

 

 

417        BSCD, 2° sesión extraordinaria, 24 de abril de 1940, p. 132

 

418        Marmaduke Grove, Reforma Agraria: la tierra para el que la trabaja, Secretaría Nacional de Cultura, Santiago, 1939.

 

419        “Informe de Silva Barra sobre la situación de Chile”, 6 de abril de 1940, p. 21, en RGASPI, 495.17.304.

 

420        Ibid., p. 23.

 

421        Erico, “Villorríos Agrícolas”, Principios, N° 2, Santiago, enero de 1940, p. 25.

 

422        Erico, “¿Cómo financiar la Reforma Agraria”, Principios, N° 5, Santiago, abril de

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

colas, el PCCh apoyó la iniciativa ya que beneficiaría con créditos y maquinarias a pequeños y medianos agricultores. Según Chacón Corona, la Caja de Crédito Agrícola debía orientarse a los campesinos más pobres, porque miles de es-tos, “no han logrado usufructuar de los beneficios de la Caja por la mala orientación y organización de la misma”.423

 

En torno a la “cuestión mapuche”, el PCCh apoyó la formación del Frente Único Araucano (FUA), respaldando el proyecto de Ley de División de Comunidades Indígenas. Según Fabián Almonacid, esta legislación buscó legalizar la propiedad de las comunidades indígenas que fueron desalojados desde del siglo XIX en el sur del país. Si bien, el espíritu de la ley era integra-cionista y respetuosa de los mapuche, cometía el error de imponer autoritaria-mente lo que “era bueno para el indio”.424 Esto generó discrepancias entre las organizaciones mapuche, porque la Corporación Araucana (liderada por Ma-nuel Aburto Panguilef), se negaba al proyecto de división, por considerarlo una nueva “nueva radicación que aumentara la cabida de las reducciones”.425 Al contrario, el FUA propuso que sería a través de la colonización como se solucionaría el problema de la tierra.426 Según su órgano oficial, se le pidió a Manuel Aburto que debía dar paso a las nuevas generaciones de jóvenes, ya que “es donde está la gente de más cultura y capaz por lo tanto de com-prender mejor los problemas de su raza”. Pidieron que era hora de dejar los sentimentalismos “y afrontemos nuestra realidad”.427 Meses antes se organi-zó el Congreso Nacional Indígena, donde Frente Popular resaltó precisamente la discusión en torno a la legislación indígena, el problema de la radicación y devolución de la tierra, la educación indígena y la organización de la raza.428 Para el PCCh los problemas que ocurrían a los mapuche no distaban de los conflictos de los campesinos en general. Según Oscar Baeza, eran 120.000 “araucanos” los que vivían en 500.000 hectáreas, haciéndose estrechas las

 

 

1940, pp. 9-19.

 

423        Chacón Corona, El problema… op. cit., p. 14.

 

424        Fabián Almonacid, “La Division de las Comunidades Indígenas del sur de Chile, 1925-1958: Un proyecto inconcluso”, Revista de Indias, Vol. LXVIII, N° 243, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2008, p. 117.

 

425       José Bengoa, Historia del Pueblo Mapuche (siglo XIX y XX), LOM Ediciones, Santiago, 2010, p. 282.

 

426        “Colonización a base de nuestra raza indígena”, El Frente Araucano, N° 1, Santiago, julio de 1939, p. 3.

 

427        “Es un genuino representante de la raza el Frente Único Araucano”, Frente Arauca-no, N° 1, Santiago, julio de 1939, p. 2.

 

428        “Unidad de organizaciones araucanas”, Frente Popular, Santiago, 14 de abril de 1939, p. 6; “problemas agrícolas, educacionales y sindicales estudian los indígenas” en su Congreso en Temuco”, Frente Popular, Santiago, 15 de abril de 1939, p. 5.



 

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comunidades para el “número de familiares en aumento que tienen los ma-puches”. Esto sobre todo en Cautín y Malleco, donde la primera zona era productora de “trigo, avena y madera y con mayor concentración indígena. Por lo tanto escasea la tierra”.429 Según Augusto Samaniego y Carlos Ruiz, el PCCh postuló, a través del diputado Oscar Baeza, un discurso liberal y “asi-milacionista”, que pretendía “civilizar” a los mapuche, considerando que estos “deben tirar por la borda sus costumbres y adaptarse a nuestra civilización. Si no lo hacen serán vencidos, en la lucha diaria por la existencia”.430 De esta manera la división de comunidades permitía a los mapuche y demás pequeños agricultores, una producción agrícola de “mayor intensidad”.431

 

Claramente el PCCh dentro de su política de Frente Popular y libera-ción nacional estaba interesado en integrar al pueblo mapuche a su proyecto, no optando por una estrategia autonomista ni de autodeterminación de los pueblos indígenas. Según el informe de Andrés Escobar en 1941, los mapu-che eran una “minoría nacional oprimida”, donde el partido ha realizado un trabajo efectivo, productos de los congresos y concentraciones que han rea-lizado por los casi 800 militantes mapuche.432 De esta manera se debía apoyar a los mapuches porque estos:

 

“No tienen literatura propia, su historia todo se lo han destroza-do, so pretexto de aniquilarnos a la nacionalidad chilena. Nuestro P[artido] en sus relaciones, ha podido ayudarlo en su organización en la defensa de sus tierras, en la preparación sindical y política, pero este no es todo lo que se puede hacer con ellos, habría que escribir literatura especial para ellos, su historia es muy rica, de gran tradición, sus antepasados lucharon más de 300 años en contra de los invasores extranjeros, de los españoles, después contra los ladro-nes de sus tierras, tienen grandes héroes nacionales”.433

 

Además, Oscar Baeza y el dirigente campesino Chacón Corona parti-ciparon del Segundo Congreso Araucano el 27 de abril de 1940 en Temuco. Organizado por el FUA, el evento solicitó la aprobación de la “polémica”

 

 

429        “Para resolver el problema de la tierra hay que ir en ayuda de la raza araucana”, Frente Popular, Santiago, 21 de noviembre de 1939, p. 7; “indicación a favor de la raza arau-cana”, Frente Popular, Santiago, 22 de noviembre de 1939, p. 7.

 

430        Samaniego y Ruiz, Mentalidades… op. cit., p. 228.

 

431        BSCD, 32° sesión extraordinaria, 4 de enero de 1940, p. 1904.

 

432        Andrés Escobar, “Situación Económica de Chile”, Confidencial, 18 de febrero de

 

1941, pp. 12-13, en RGASPI,495.17.322.

 

433        Ibid., p. 12.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

Ley de Comunidades Indígenas y la reorganización de los Juzgados de In-dios, además de la creación de escuelas e internados gratuitos.434

 

Por otro lado, el PCCh tuvo conflictos con el nuevo Ministro de Agri-cultura, Víctor Moller (PR y miembro de la SNA) en torno al alza del trigo. Según Contreras Labarca, Moller estaba por subir el cereal mediante la Junta de Exportación Agrícola, donde el dirigente comunista era Consejero desde 1938. A mediados de 1940, el PCCh consideró que detrás de dicha alza había intenciones de la SNA y los sectores radicales terratenientes de alejar a los comunistas del gobierno, para aislarlos e ilegalizarlos.435 Para esto, Contreras Labarca se reunió con Arturo Olavarría, que después de ser destituido como Ministro de Agricultura pasó a ejercer la presidencia de la JEA.436 Olavarría se convertiría en un fuerte opositor a la politización campesina, sobre todo en el periodo como Ministro de Interior en 1941, asunto que debemos abordar más adelante.

 

Finalmente, a mediados de 1940, el proyecto de Ley en contra el PCCh fue, según el Comintern, un pacto entre los partidos Conservador, Liberal y Radical para evitar una supuesta “dictadura de extrema izquierda”.437 Se-gún Sergio Fernández, diputado Conservador, el proyecto era positivo por-que el PCCh pertenecía a una sección de la Internacional Comunista, sien-do “traidores de la patria”. A lo que el diputado Escobar respondió: “No tiene ningún derecho a tratar de traidores a parlamentarios comunistas que han demostrado en todo momento que están trabajando por su patria y por su pueblo”.438 Eran tiempos complejos para exponer a la opinión pública la negativa de apoyar a Francia e Inglaterra contra Alemania, permaneciendo neutrales como recomendaba la URSS. ¿De qué manera influyó el contexto internacional en la política del PCCh, sobre todo con respecto a la política de la Unión Soviética? ¿Cómo se entendía en Chile el pacto de no agresión entre Hitler y Stalin? ¿Influyó la Segunda Guerra Mundial en la política nacional y agraria del comunismo chileno?

 

 

 

 

 

 

 

434        “Segundo Congreso se inaugura hoy en Temuco, Frente Popular, Santiago, 27 de abril de 1940, p. 11.

 

435        BSCD, 21° sesión ordinaria, 10 de julio de 1940, pp. 1211-1213.

 

436        “El problema del trigo estudiarán Olavarría y Contreras Labarca”, Frente Popular, 24 de junio de 1940, p. 12.

 

437        “Acerca de Chile”, revisión de prensa, p. 31. En RGASPI, 395.17.312.

 

438        BSCD, 30° sesión ordinaria, 30 de julio de 1940, p. 1560.



 

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un fantasma recorre el campo

 

La Segunda Guerra Mundial

y la influencia del leninismo-stalinismo.

 

Con el triunfo del FP, el PCCh se benefició en término electorales, de-bido al ingreso de nuevos militantes a sus filas, lo que le permitió competir con el PS la hegemonía del movimiento obrero. Entre 1939 y 1941 existió un avance en torno a la propaganda marxista y su edición periodística. Así se evaluaba a comienzos de 1940 en un informe hacia el Comintern. De los tres diarios existentes se esperaba proyectar nueve periódicos en todo el país a fines de 1940, gracias a la instalación de nuevas máquinas, evaluadas en 150.000 dólares.439 Dentro de esto, estuvo el plan de elaborar un diario matutino de carácter nacional, debido a que el vespertino Frente Popular era principalmente distribuido en Santiago. Esto ocurrió el 31 de agosto de 1940, cuando salió por primera vez El Siglo, con Raúl Barra como director y Volodia Teitelboim como subdirector.440 Según Luis Corvalán, éste se per-cibió como la continuación de El Despertar de los Trabajadores, con un gran tiraje y produciendo “un cambio en la manera de hacer periodismo”.441 La profesionalización de la tarea atrajo a jóvenes reporteros de distintas ciu-dades, logrando formar a una serie importantes de periodistas, como José Miguel Varas y Max Nolff. Según el militante Américo Zorrilla, “se contaba que no existía ningún diario o revista importante en Santiago que no tuviese algún periodista formado en El Siglo”.442 Para él, uno de los dirigentes más importantes fue Ricardo Fonseca, quien planteó que uno de los principales objetivos de la prensa obrera era organizar la lucha contra el fascismo. A un año de la fundación del El Siglo, Fonseca planteó la necesidad de mejorar la fidelización de las informaciones en torno a la URSS y sobre todo unir al partido y la clase obrera. Citando a Lenin, Fonseca planteó que el periódico no solo era propaganda sino también un “organizador colectivo”. Es decir, no sólo puede conformarse con informar de actividades a las masas, sino “ser un impulso en la realización de tareas”.443

 

 

 

439         Carlos, “Memorándum sobre Chile”, 12 de enero de 1940, p. 1, en RGASPI,

 

495.17.312.

 

440        Según Teitelboim la primera edición de El Siglo fue de 50.000 ejemplares, en Jorge

 

Arrate y Eduardo Rojas, Memorias de la izquierda chilena. Tomo I (1850-1970), Javier Vergara Ed-itor, Santiago, 2003, p. 211.

 

441        “El Siglo es la continuidad de El Despertar de los Trabajadores”, El Siglo, Santiago, 27 de agosto de 2010, p. 23.

 

442        Varas, Los Tenaces… op. cit., p. 44.

 

443        Ricardo Fonseca, “Debilidades y progresos de nuestra prensa”, Principios,N° 6, San-tiago, diciembre de 1941, pp. 16-19.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

Por otro lado, se formaron Círculos de Amigos de El Siglo, que organiza-ron actividades al apoyo financiero (suscripciones y donaciones). Además, Fonseca planteó la necesidad de formar un suplemento dirigido hacia los trabajadores agrícolas, lográndose en diciembre de 1940.444 El Siglo, que logró una continuidad desde agosto de 1940 hasta marzo de 1948, es recordado como un aporte teórico y educativo hacia la militancia. Para Pedro Gutiérrez, campesino y comunista de Molina, El Siglo fue “el silabario cuando estába-mos cabros. El silabario de los trabajadores es El Siglo y, al igual que ‘El Ojo’, ese primer silabario en el que aprendimos a leer los más viejos, debiera estar en el aprendizaje de hacer política de nosotros los comunistas”.445 Por otro lado, existe una conciencia de que El Siglo sólo se podía mantener con el apoyo de sus miembros. Ignacio Peredo, comunista y campesino de Lontué, recuerda: “yo contribuí a la adquisición de la primera imprenta, comprando bonos; y desde su fundación soy lector y lo considero como el silabario del militante”.446 (Imagen 8).

 

Imagen 8

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bono en ayuda de El Siglo, 1941. www.mercadolibre.cl

 

En el ámbito cultural, Marcos Chamudes fundó la revista ¿Qué hubo en la semana? (1939- 1940). Este magazine semanal tenía foto reportajes y entrevistas de contingencia política, cultura y el conflicto de Europa. Su edi-

 

 

444        “Una mano tendida desde la ciudad al campo”, El Siglo, Santiago, 1 de diciembre de 1940, p. 1.

 

445        Entrevista a Pedro Gutiérrez, El Siglo, Santiago, 17 de agosto de 2012, p. 12.

 

446        Entrevista a Ignacio Peredo, El Siglo, Santiago, 17 de octubre de 2014, p. 12.



 

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un fantasma recorre el campo

 

torial fue pluralista, pudiendo convivir entrevistas a Arturo Olavarría, cuando era ministro de Agricultura, y Elías Lafertte diciendo que era partidario de la convivencia de cristianos y comunistas, o Contreras Labarca analizando el pacto germano-soviético. Chamudes recordó que tuvo que endeudarse per-sonalmente, pero no logró sostener el proyecto, hasta que se acabó cuando fue expulsado en septiembre de 1940 por “delitos contra el proletariado, el partido y el FP”, según informó el emisario Lacerda al Comintern en noviem-bre de 1940.447 Por esta razón Chamudes dejó el Parlamento, delegó su dieta al PCCh, continuando como periodista y fotógrafo. Se radicó en New York y se enroló como soldado-reportero en la Segunda Guerra Mundial. Su esposa, Marta Vergara, renunció al Comité Central del PCCh y dejó de trabajar la Caja de Seguro Obrero. Al volver a Chile, Chamudes denunció la fabricación de una “leyenda negra” al acusarlo de trabajar para la “policía”.448 En sus me-morias explicó que nunca negó de entregar parte de su dieta al partido, sino al contrario, quedó con deudas por los gastos de su campaña de Valparaíso y la revista ¿Qué Hubo?449 El propio Pablo Neruda lo convidó a volver al partido en 1948, pero Chamudes se negó rotundamente.

 

Debemos mencionar que la expulsión de Chamudes estuvo inscrita en un periodo de disciplinamiento del PCCh que abarcó especialmente el año 1940, producto del “descontento” de militantes comunistas con el incumpli-miento del programa del gobierno Aguirre Cerda.450 Galo González planteó la necesidad de hegemonizar al proletariado y las masas populares mediante su partido de “vanguardia”, es decir, el propio PCCh. La aplicación de la línea del Comintern en la conformación del FP, fue, según González, im-prescindible para la victoria de 1938, pero el triunfo derivó en relajamiento, dejando olvidado el programa.451 A la improvisada organización de huelgas y movilizaciones en los primeros meses, se sumó la inexistencia de un FP territorial y de base, debido a la inconstancia de los militantes socialistas y el desinterés de los radicales. De esta manera, se debía poner “al frente de las masas” para organizarlas, pero sin imponerse. Para González se debió combatir tres males que invadieron al partido: el trotskismo, la masonería y

 

 

 

 

447         Lacerda, “Actividades del Partido Comunista”, 14 de noviembre de 1940, p. 6, RGASPI, 493.17.303.

 

448        Marco Chamudes, El libro blanco de mi leyenda negra, Ediciones PEC, Santiago, 1964,

 

p. 15.

 

449        Ibid., p. 10.

 

450        Galo González, Disciplina, moral obrera, organización, proletarización, Ediciones Popu-lares, Buenos Aires, 1940, p. 3.

 

451        Ibid., pp. 5-6.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

la inmoralidad.452 Es por esto que la disciplina era fundamental, expulsando a los masones que se apoderaron de las direcciones regionales en Los Andes, San Fernando y Viña del Mar.453 Sobre todo porque “para muchos de los masones militantes existen dos disciplinas… esto es inaceptable en nuestro Partido, donde existe una sola disciplina, la del Partido”.454 De esta manera, el PCCh reorganizó su dirección, definiendo como parte de la Comisión Políti-ca a “Contreras Labarca, Humberto Abarca, Justo Zamora, Ricardo Fonseca, Juan Chacón y Guillermo Guevara”.455 Raúl Barra Silva dejó su cargo y pasó a ser un militante de base. Sobre Chamudes, Lafertte recordó que primero se agotaron todas las instancias con amonestaciones y conversaciones, pero “su moral se relajó”, donde sus contactos con la burguesía “lo ganaron para la vida fácil”.456

 

En diciembre de 1939, fue reeditada Principios, la cual apareció hasta abril de 1940, retomándose en julio de 1941. En dicha revista, teórica y po-lítica, continuaron los análisis nacionales e internacionales, sobre todo de miembros del Comintern, intelectuales soviéticos, españoles y latinoameri-canos. Desde aquella tribuna el dirigente Galo González convocó a la militancia a estudiar individual y colectivamente, en círculos de lectura, porque “si los militantes y, especialmente, los cuadros dirigentes no leen ni estudian, mal podrán adquirir la capacidad teórica y política que se necesitan en los mo-mentos actuales para ser un buen dirigente”.457 Y es que, para González, en el partido “se lee poco y se estudia menos”. Para ello dio el ejemplo de Lenin, a quien su hermana lo recordó como un joven que estudiaba sistemáticamente, haciendo resúmenes y tomando apuntes. “Considerar los libros como una herramienta diaria de trabajo. Sólo así cumplir con éxito las tareas que se nos asignan”.458 Para González, aunque entre 1939-1941 aumentó el tiraje de Principios de 3.000 a 6.0000, no todos eran vendidos. Algunos dirigentes re-gionales pedían que no enviaran “más ejemplares porque tienen números an-teriores sin vender” (Comité Regional de Curicó), argumentando la situación económica de sus militantes. “Esto es verdad, pero no se orientan a lo que

 

 

452        Ibid., pp. 11-12.

 

453        Ibid., pp. 20-24.

 

454        Ibid., p. 27.

 

455         Lacerda, “Actividades del Partido Comunista”, 14 de noviembre de 1940, p. 6, RGASPI, 493.17.303.

 

456        Lafertte, La vida… op. cit., pp. 28-29.

 

457        Galo González, “La situación orgánica del partido y su organización, Principios, segunda época, N° 4, Santiago, octubre de 1941, p. 15.

 

458         Galo González, “Lectura y estudio”, Principios, segunda época, N° 6, Santiago, diciembre de 1941, pp. 12-14.



 

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hagan colectivamente”, como los Regionales de Talca, Valparaíso o Santiago que pidieron un aumento de ejemplares.459

 

En cuanto a la capacitación de cuadros, desde 1939 fue una política más regular. Según un informe hacia el Comintern, entre octubre y noviembre de ese año se realizaron cuatro cursos en distintas comunas y sectores sindicales, además de charlas culturales. El 6 de noviembre se realizó la “Escuela Central de Capacitación Política” con dieciocho alumnos de diversos regionales del país. Contreras Labarca en el discurso inaugural planteó: “No queremos cate-dráticos, sino hombres ligados a la vida y a la lucha, combatientes esforzados en favor de las reivindicaciones populares. Aprendizaje del marxismo sobre la base de la situación de Chile. Debemos conocer nuestro país, no podemos ignorar nada de Chile, tenemos que saber describir las fuerzas que trabajan por el progreso del país”.460 De esta manera, el trabajo sindical y las luchas electora-les también fueron vistos como escuelas de capacitación.461

 

En torno a la producción editorial, el PCCh mejoró la difusión del marxismo-leninismo, pero con ciertos conflictos sobre su recepción. Según nuestra recopilación, entre 1939 y 1941 se logró publicar alrededor de treinta y siete libros, siendo un 30% textos marxistas y la URSS y un 57% de do-cumentos sobre la realidad nacional, del FP y del partido. Un informe de Carlos comentó el compromiso de publicar más de treinta títulos de Europa, América y documentos del partido, creando la editorial Nueva América, espe-cializada en libros “clásicos”. Esta comenzó a funcionar recién en 1941, no llegando a dicha cifra comprometida. Pero con la creación de la Distribui-dora Iberoamericana de Publicaciones (DIAP) se logró superar la escasez de libros marxistas, exportando desde Argentina una serie de textos de Marx y Lenin.462 De los libros editados en Chile destaca la reedición del Manifesto Comunista y la Historia de los países coloniales y dependientes: América, de S. Rostovki (Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de la URSS).463 Dicho texto, que escasamente menciona a Chile, expone la característica semi-colonial de América Latina como una forma precapitalista de su economía agrícola (en tanto apéndices de países europeos y Estados Unidos). Para ejemplificar-lo se estudian los casos de México, Argentina y Brasil, donde la economía

 

 

459        Ibid., p. 15.

 

460        “Trabajo de propaganda y agitación. Educación marxista”, sin fecha, p. 24, RGAS-PI, 395.17.305.

 

461        15 de junio de 1940, p. 9, en RGASPI, 495.17.311.

 

462        Carlos, “Memorándum sobre Chile”, en castellano, 12 de enero de 1940, pp. 1-2, en RGASPI, 495.17.312.

 

463        S. Rostovki, I. Reiner, G. Kara-Murza y B. Rubtzov, Historia de los países coloniales y

 

dependientes: América. Tomo I, Nueva América, Santiago, 1941.

 

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agraria se caracterizó por el despojo de los campesinos de sus tierras y su arrendamiento con un carácter abiertamente “feudal”.464 El libro, según Galo González, llegó a vender unas mil copias en 1940, cifra baja según el dirigen-te, aunque de los libros de Stalin y Lenin las ventas fueron mucho menores, logrando “una cifra insignificante que da pena señalarla”.465 Según Volodia Teiteilboim, La Historia de los países… fue un estudio “científico” de nuestro pasado histórico, realizado bajo la premisa de la lucha de clases”, destacando que “el análisis marxista en este libro nos ayuda a superar las lagunas que nos impedían comprender la verdadera significación de los acontecimientos más decisivos de nuestro pretérito”.466 El problema estaba en presentar las raíces del latifundio en América Latina como un sistema feudal instalando en nues-tro continente desde la conquista española. Para Teiteilboim, al contrario, el análisis realizado desde la URSS era una “invitación al análisis marxista de nuestra historia… que ayuda enormemente a comprender el carácter de la revolución agraria- antiimperialista en nuestros países”.467

 

Donde sí hubo discrepancias, fue en torno a la interpretación de Histo-ria del Partido Comunista (Bolchevique) de la URSS. Escrito por el Comité Central del PC de la URSS, fue impreso en castellano en 1939, convirtiéndose en tex-to obligatorio para la militancia comunista. “Una obra teórica fundamental… el libro más importante de los últimos tiempos”, según un aviso de la Distri-buidora Iberoamericana (DIAP).468 Este texto fue una especie de resumen de cómo surgió y se desarrolló el PC (B) desde el Partido Obrero Socialdemó-crata en 1883 hasta 1937, con la implementación de la nueva constitución.469 Según Galo González, este clásico vendió en 1941 cinco de las doce mil co-pias recibidas desde el Comintern. Es decir, vendieron un libro por cada diez militantes. El Comintern cuestionó lo elevado del precio, por ser un obstá-culo para su distribución: “el precio demasiado alto establecido por la direc-ción del Partido en la suma de 25 pesos por un ejemplar, mientras que cada ejemplar de este costó a la edición chilena de 7 a 8 pesos”.470 Recordemos que

 

464        Ibid., pp. 127-130.

 

465        Gonzalez, “La lectura… op. cit., p. 13.

 

466        Volodia Teiteilboim, “Historia de los países coloniales y dependientes de América Latina”, Principios, N° 1, segunda época, Santiago, julio de 1941, p. 57.

 

467        Ibid., p. 58.

 

468        Elías Lafertte y Carlos Contreras Labarca, El Frente Popular vive y vencerá, Ediciones del Comité Central del Partido Comunista de Chile, Santiago, 1941, p. 56.

 

469        Historia del Partido Comunista Bolchevique de la URSS, Ediciones de Lenguas Extran-jeras, Moscú, 1939. Donación del diputado socialista Alejandro Chelén Rojas a la Biblioteca

 

Nacional de Chile.

 

470        Andrés, “Proposiciones sobre la propaganda impresa y oral del PC de Chile”, 11 de abril de 1941, p. 1, enRGASPI, 495.17.318. A comienzo de 1941, el precio ya estaba a $ 10.



 

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el salario aproximado de un obrero salitrero en los años treinta era entre 10 y 15 pesos diarios.471 Es decir que el libro de la Historia del Partido… costaba uno a dos días de trabajo. ¿Cómo era recepcionado aquel clásico soviético? Según Samuel Riquelme la Historia del Partido Comunista fue de gran ayuda a la militancia y era leído como una verdad absoluta.

 

“Era el libro de cabecera… lo conservé por mucho tiempo, y lo tenía casi todo subrayado, porque para mí, todo tenía un valor, te-nía una importancia muy grande. Al extremo, porque esa historia incluso consideraba que, cuando llegaba el compañero Stalin a las reuniones del Comité Central del Partido Comunista Bolchevique, los que escriben la historia, está establecido en esa historia, decía que: se produce un murmullo en la sala, se produce un murmu-llo en la sala, está llegando el compañero José Stalin. “Grandes Aplausos”. ¡Yo hasta los aplausos subrayaba! (risas)”.472

 

Esta anécdota grafica el nivel de admiración hacia la figura de Stalin y la historia del PC bolchevique, el cual estaba haciendo realidad las esperanzas de los comunistas chilenos y del mundo. Un informe al Comintern de 1940 planteó que no existían datos sobre la distribución de la Historia del PC (b)…, aunque si existía una difusión desde el diario Frente Popular, donde un “cama-rada” desconocido estuvo realizando una serie de “síntesis” de varios de sus capítulos. Este no tuvo un resultado feliz, debido a que el encargado de esa tarea cometió una sucesión de “faltas serias y peligrosas en esas ‘síntesis’”.473 Primero que nada, en vez de resúmenes, el columnista realizó “cosas origina-les”, cometiendo errores de apreciación. Un ejemplo de las diversas síntesis, aparecidas en diciembre de 1939 es el siguiente:

 

“NO SE VE EN ELLAS LO QUE AMENUDO SE SIENTE EN EL ORIGINAL- LA VERDADERA POSICION DE TROTSKY Y DE LOS TROTSKISTAS EN LA REVOLUCION RUSA: así como se subraya el rol DIRIGENTE DE STALIN AL LADO DE LE-NIN”.474

 

 

471        Karin Rosemblant, “Masculinidad y trabajo: el salario familiar y el estado de com-promiso, 1930-1950”, Revista Proposiciones, N° 26, SUR Ediciones, Santiago, julio de 1995, pp.

7-8.

 

472        Entrevista a Samuel Riquelme…, Op. Cit.

 

473       “Partido Comunista de Chile. Trabajo de propaganda y agitación. Educación marx-ista”, en castellano, 1940,p. 1, en RGASPI, 495.17.305.

 

474        Ibid., p. 2. Las mayúsculas son del original.

 

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Si nos remitimos al libro propiamente tal, este le negaba a Trotsky su papel en la insurrección de octubre y en la creación del Ejército Rojo. Al contrario, se destacaron las pugnas entre bolcheviques y mencheviques, so-bre todo en las opiniones adversas de Lenin contra el “judas de Trotsky”. En 1918 se le acusó de no querer firmar la paz con Alemania, traicionando abiertamente las instrucciones expresas del PC (B). “La cosa era monstruosa. Ni los mismos imperialistas alemanes podían pedir más de aquel traidor a los intereses del País soviético”.475 Más adelante se acusó León Trotsky de cons-pirar e intentar asesinar a Lenin desde los primeros días de la Revolución.476 Este asunto que fue difundido por el PCCh en un libro de Carlos Contreras Labarca de 1937, donde se agregó que pertenecía al servicio secreto ale-mán.477 El carácter polémico de la figura de Trotsky también se aprecia en El Siglo, cuando en 1940, después de la muerte de Trotsky se respondió a una caricatura de Topaze en que Lenin le pregunta a Stalin “Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?”.478 Frente a esto El Siglo respondió que “los procesos de Moscú de 1938 han demostrado que el atentado perpetrado contra la vida de Lenin en el año 1918 fue tramado bajo la dirección de Trotsky, en estrecha complicidad con la reacción capitalista extranjera. Nadie ha podido dar prue-bas en contra de la veracidad de este hecho”.479

 

En realidad, nunca existieron pruebas contra Trotsky, pero fueron alre-dedor de 600.000 los muertos en las purgas de 1937-1938, planificadas por Stalin por temor a perder su poder antes del inevitable enfrentamiento con Alemania.480 ¿Estaban al tanto los comunistas chilenos de estos acontecimien-tos? ¿Cuál era su percepción del contexto internacional y cuanto influyó en su política nacional? Estimamos que si bien el contexto internacional y las decisiones de la Unión Soviética influyeron en la política nacional del PCCh, sobre todo en la política agraria, no fue un proceso fácil ni tampoco una recepción mecánica.

 

El 23 de agosto de 1939 Alemania firmó un pacto de no agresión con la URSS que implicó no hacer alianzas con otras potencias, pero además repartirse Polonia, quedando Finlandia, Estonia y Letonia para la URSS. A los pocos días, Stalin justificó el ataque a Polonia, acusándola de colonialista

 

 

 

475        Historia del Partido… op. cit., p. 253.

 

476        Ibid., pp. 405-406.

 

477        Carlos Contreras Labarca, El trotskismo… op.it.

 

478        Topaze, N° 418, Santiago, 30 de agosto de 1940, p. 20.

 

479        “Respondiendo al enemigo”, El Siglo, Santiago, 31 de agosto de 1940, p. 13.

 

480        Orlando Figes, Los que susurran. Represión en la Rusia de Stalin, Edhasa, Barcelona, 2009, pp. 340-342.



 

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frente a Ucrania y Bielorrusia.481 Por otra parte, existió un acuerdo econó-mico entre ambas naciones. Desde 1940 la URSS envió granos, algodón, caucho, petróleo y manganeso a Alemania. Se ha estimado en más de 600 millones de marcos, siendo 26.000 toneladas de cromo, 140.000 toneladas de manganeso y más de 2 millones de toneladas de petróleo.482 A cambio Stalin obtuvo el envío de “artillería, aviones de caza, bombarderos e innumerables maquinas-herramientas”.483

 

Aunque estos acuerdos comerciales no salieron a la luz pública, la re-partición de Polonia fue ampliamente conocida. En Chile, la dirección del PS planteó que el pacto firmado por Hitler y Stalin significó una “ruptura violenta de la línea política de defensa de las democracias seguidas por Sta-lin”.484 La noticia golpeó a los comunistas criollos, los debates se ampliaron, no logrando un acuerdo inmediato. Volodia Teiteilboim recuerda “las amaneci-das tratando de explicar lo sucedido a amigos no comunistas, estupefactos e indignados”.485 Según Luis Corvalán en torno a Stalin y la liquidación de cualquier crítica en la URSS:

 

“No veíamos o no queríamos ver eso. Stalin era el dirigente que había trasformado a la URSS en una potencia mundial y el vence-dor del fascismo. Jugó un papel importante en la vida de la huma-nidad… fue un gran golpe para los comunistas del mundo las denun-

 

cias de Jruschov en el XX Congreso del PCUS”.486

 

En un Informe al Comintern de 1940 se afirmó que el PCCh demoró dos meses en tomar una posición clara sobre el “carácter de la guerra”. Y la necesidad de apoyar la paz.

 

“Solo fue en octubre donde se aclaran las posiciones de paz de la URSS, incluso combatiéndose a los socialistas chilenos que han dicho que “también hay fascismo rojo” (Natalio Berman)… Con-

 

 

481     Antony Beevor, La segunda guerra mundial, Pasado & Presente, Barcelona, 2012, p.

 

62.

 

482        Ibid., p. 56 y 269.

 

483        Gilles Perrault, La Orquesta Roja, Bruguera, Barcelona, 1982, p.39.

 

484        Partido Socialista, La guerra en Europa y la política internacional del Partido Socialista,

 

Talleres Gráficos Gutemberg, Santiago, 1939, p. 16.

 

485        Arrate y Rojas, Memorias… op. cit., p. 214.

 

486        “Luis Corvalán, 85 años. La izquierda resurgirá”, Punto Final, N°507, Santiago, 12 de octubre de 2001, p. 12.

 

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fundidos o no, estamos y esteremos siempre con la URSS, con la

 

III  Internacional y con el PC, con esos ‘cien tipo de barbitas’ del Komintern, que se han quemado las pestañas estudiando y que saben mucho, pero mucho más que nosotros”.487

 

A partir de esta definición, el PCCh editó una serie de documentos en torno al carácter de la guerra, siguiendo esta vez la postura soviética. Según un texto de Corvalán de 1939, los objetivos de este nuevo conflicto imperialista fue la nueva repartición del mundo, incluso en contra de la URSS. Esta nación, tomando un camino distinto a los Estados Democráticos, optó por la paz y el pacto de no agresión.488 Para el entonces reportero del Frente Popular, la URSS se vio obligada a un acuerdo no-agresión, porque Inglaterra y Francia no estaban dispuestos a una alianza contra Alemania.489 En sus memorias, Corvalán afirmó que dicho acuerdo sirvió para atrasar el enfrentamiento en-tre el Ejército Rojo y las tropas hitlerianas.490 Pero en ese momento, el PCCh se demoró en aceptar esta situación y debió lidiar con este conflicto. A fines de 1939, Contreras Labarca dio por cerrado el debate, dando la versión oficial sobre la guerra. En su discurso del XI Congreso planteó lo que se debía hacer en estos graves momento, donde Europa estaba siendo destrozada y quería involucrar a América Latina. “La lucha del Frente Popular de Chile y del Gobierno dentro del país está indisolublemente unida a la aplicación del pro-grama de lucha contra guerra imperialista y por la paz”.491 No se trataba de recibir órdenes desde Moscú, afrmó el dirigente, pero no se debía seguir los ejemplos de desunión como en la Guerra Civil Española o la postura de los socialistas de Inglaterra o Francia.492 Citando a Dimitrov, sobre la segunda guerra imperialista, afirmó que era falso que se estuviera enfrentando el fas-cismo contra la democracia. Stalin estaría, por lo tanto, salvaguardando la paz mundial, “mediante una política de organización de la seguridad colectiva, de pactos de no agresión y de asistencia mutua, etc. Por eso firmó el pacto de no agresión con Alemania”.493

 

Hasta el parlamento llegaron los debates con la derecha y la Falange

 

 

487        “Partido Comunista de Chile. Posiciones frente a la guerra imperialista actual y la política de la URSS”, 1940,p. 3, RGASPI, 495.17.303.

 

488        Luis Corvalán Lepe, La URSS y la guerra mundial, s/e, Santiago, 1939, p. 6.

 

489        Ibid., p. 9.

 

490        Corvalán, De lo vivido… op. cit., pp. 133-134.

 

491       Carlos Contreras Labarca, Por la paz, por las nuevas victorias del Frente Popular, Imprenta Cultura, Santiago, 1939, p. 7.

 

492        Ibid., pp. 25-26.

 

493        Ibid., pp. 40-41.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Nacional, donde en solitario el PCCh defendió la invasión de Finlandia y la política de la URSS. El diputado Juan Guerra justificó la invasión, por-que se estaba convertido en un “foco de intrigas para arrastrar a la URSS a la guerra”.494 En el caso de Polonia, Guerra expresó que “los gobernantes polacos habrían traicionado abiertamente al pueblo que iba a ser presa del fascismo”. Por informaciones de los diarios, Guerra se enteró cómo “los campesinos abrazaban a sus hermanos del Ejército Rojo y que las mujeres les entregaban sus joyas y les lanzaban flores”.495 Al año siguiente la defensa de la “paz mundial” continuó. Las críticas del PCCh se enfocaron hacia el socialista Oscar Schnake (ministro de Fomento) quien viajó a La Habana y firmó un acuerdo económico con EEUU a cambio de recursos naturales. Se-gún el historiador Andrew Barnard, le pidieron Schnake la “eliminación del comunismo del gobierno antes de patrocinar cualquier préstamo industrial a Chile”.496 Para Marmaduke Grove, este acuerdo garantizaría la “seguridad de Chile y de todo el Continente”, aceptando incluso arrendar bases militares a los aliados.497 Estas visiones, además de las disputas sindicales y de políti-cas públicas, distanciaron al PCCh y el PS, a tal punto que en diciembre de 1940 los socialistas se retiraron del FP. Al contrario, el PST se fue acercando, sobre todo en las manifestaciones en contra del proyecto de Ley anticomu-nista. Aguirre Cerda terminó anulando tal proyecto y les pidió la renuncia al Ministro de Defensa Nacional, el radical Alfredo Duhalde y a su par de Agricultura, Víctor Moller.498 Comenzaría una nueva etapa en el gobierno del FP. Según Barnard, el PCCh no profundizó su crítica al gobierno, aunque continuó pidiendo que los conflictos sindicales fueran mediante el Código del Trabajo.499 A comienzos de 1941 ingresaría a Arturo Olavarría al gabine-te, pero Ministro del Interior. Aguirre cerda optó por no ilegalizar al PCCh, pero le encomendó a Olavarría que evitara las huelgas obreras y campesinas buscando neutralizar las iniciativas comunistas.

 

Por otro lado, la invasión de Alemania a la URSS, en junio de 1941, remeció nuevamente los postulados comunistas. En abril de 1941, Contre-ras Labarca defendió la postura de Stalin de preservar la paz popular. “Los pueblos no quieren, odian la guerra imperialista. Saben que es una guerra de

 

 

494        BSCD, 13° sesión extraordinaria, 5 de diciembre de 1939, p. 827.

 

495        Ídem.

 

496        Barnard, El Partido… op. cit., pp. 166-168.

 

497        “Mensajes informativos sobre el Partido Socialista de Chile, noviembre de 1940, p. 6, en RGASPI, 495.17310.

 

498        Marcelo Casals, La creación de la amenaza roja. Del surgimiento del anticomunismo en Chile a la ‘Campaña del terror’ de 1964, LOM Ediciones, Santiago, 2016.

 

499        Barnard, El Partido… op. cit., p. 158.

 

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rapiña y que ninguno de los dos bloques en lucha puede aportar a los pueblos una solución de que esté de acuerdo con los intereses de las masas populares y de la causa de Paz”.500 Pero después de la invasión nazi, se pasó a declarar la “guerra imperialista” como una “guerra justa” entre la civilización y la bar-barie.501 Juan Chacón Corona, como diputado por Aconcagua, explicó que no existía contradicción:

 

“Los acontecimientos han cambiado con una rapidez vertiginosa y frente a tales cambios hasta el más ciego comprende que no se puede mantener una misma posición política… la obligación de toda fuerza política que marche de acuerdo con la realidad, que sea una fuerza viva y consciente y no estática y muerta, es la de tomar en cuenta tales cambios”.502

 

De esta manera, el PCCh comenzó con una campaña en favor de esta-blecer relaciones comerciales y diplomáticas con la URSS, rompiendo con el Eje. Según el diputado Baeza, la invasión de Alemania había tomado “nuevas y grandes proporciones”. De una guerra “antiimperialista” se pasó a una guerra “contra el socialismo”.503 “La voz de Rusia no se oye”, se burló el di-putado Irarrázaval al escucharlo. De esta manera, y tratando de convencer a la audiencia, el PCCh propuso combatir a los agresores de la URRS:

 

“no estamos al servicio de ninguna potencia extrajera; defende-mos y defenderemos los intereses del pueblo chileno; admiramos a la Unión Soviética, país auténticamente democrático, gobernado por obreros y campesinos… esta será la guerra más justa, una gue-rra santa, una guerra que no podrá compararse a ninguna de las que registra la historia de la Humanidad, una guerra que desatará necesariamente una serie de nudos revolucionarios en la retaguar-dia del enemigo, descomponiendo y desmoralizando las filas del imperialismo”.504

 

 

 

 

500        BSCD, 58° sesión extraordinaria, 29 de abril de 1941, p. 3309.

 

501        Daniel Palma, ¡La unidad juvenil aplastará al fascismo! Informe rendido ante la Segunda sesión plenaria del Comité Central de las Juventudes Comunistas de Chile, el 1 de agosto de 1941, Editorial Juventud, Santiago, 1941, p. 11.

 

502        BSCD, 9° sesión extraordinaria, 22 de octubre de 1941, p. 494.

 

503        BSCD, 8° sesión ordinaria, 24 de junio de 1941, pp. 501.

 

504        Ibid., pp. 501-511.



 

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En este momento, comenzó una nueva política nacional, que se trasla-dó del FP a la Unión Nacional en 1943. Pero antes de analizar este cambio de táctica política, revisaremos la organización agraria que realizó el PCCh en las principales provincias del país. Aquellas, como veremos, tendrán su inserción y su politización muy arraigada tanto en la política nacional, como en las necesidades específicas de cada territorio.

 

El largo recorrido de la politización campesina en el Frente Popular.

 

Inmediatamente después del triunfo de Aguirre Cerda, el entonces di-putado socialista, Oscar Baeza, junto a Juan Chacón Corona, dirigente nacio-nal del PCCh, asistieron a una concentración en Molina frente a más de dos mil campesinos, según el diario Frente Popular.505 Chacón Corona, que durante la campaña había sido el Encargado Nacional del tema Agrario, se convirtió en uno de dirigentes más importante en la cuestión campesina, siendo pro-tagonista en la lucha por la sindicalización hasta ser elegido diputado por Valparaíso. Tanto él, como Manuel González Vilches, fueron los primeros parlamentarios comunistas de origen campesino, ingresando a la Cámara de Diputados a comienzos de 1941. Samuel Riquelme recuerda a Chacón Coro-na como un dirigente cariñoso y preocupado, sobre todo por el trabajo de las Juventudes Comunistas. “Nos estimulaba mucho a nosotros, el compañero Juan Chacón Corona. Él era un compañero de una alegría muy grande, él irradiaba la alegría cuando se contactaba con los campesinos…”. Así recuer-da que conoció a González Vilches, “uno de los compañeros que hizo un trabajo inmenso en el campo y producto de eso, logró ser diputado”. Una anécdota grafica los orígenes y la identidad campesina en dichos dirigentes:

 

“Cuando González Vilches viene a ser su juramente al Parlamento Nacional, él vino con su manta. ¡Campesino! Y la reacción, en ese tiempo, el Partido Conservador, el Partido Liberal, que represen-tan lo que es ahora la UDI y Renovación Nacional; que represen-tan los intereses de los grandes terratenientes, de los burgueses de este país, no le permitieron que el compañero entraba al he-miciclo, a la Cámara, a González Vilches […] Y Chacón le llevó de regalo, de regalo, media docena de unas corbatas muy bonitas, floridas, para que cuando fuera a la Cámara, se colocara, ya que le

 

 

505        “Todo el campesinado de Molina resuelto a defender el triunfo de Pedro Aguirre Cerda”, Frente Popular, Santiago, 31 de agosto de 1938, p. 4.

 

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impedían que al entrar no fuera con corbata, se pusiera corbata. Al tiempo, el compañero Juan Chacón Corona lo va a visitar a su zona campesina y salieron hacia el campo. Y en eso, él sacó su ca-ballo y le dice a Chacón: ‘oye, mira que se ven bonitas las corbatas como cintillos de mi caballo’. Las había puesto al cintillo que le ponen en el campo al caballo, lo adornan, las corbatas las había puesto de cintillo”.506

 

En 1941, el triunfo electoral de Chacón Corona, Oscar Baeza, Manuel González y Justo Zamora, entre otros, fue resultado del proceso de politiza-ción campesina que se fue gestando desde mediados de los años treinta, donde los comunistas cumplieron un papel importante, junto con socialistas, la iglesia católica y la falange. En el caso del PCCh, este proceso de politización fue tomando fuerza desde 1939, aunque no en todas las provincias que el partido deseaba.507 A pesar de ello, entre fines de 1938 y mediados de 1940, los comu-nistas organizaron unas treinta y seis conferencias, reuniones y concentraciones en distintos puntos del país. Producto de este esfuerzo, se lograron dos come-tidos: la creación de la Unión Provincial de Sindicatos Agrícolas (UPSA) en mayo de 1939 y el crecimiento de su militancia e influencia en cinco regiones del país.

 

En torno al primer objetivo, la tarea fue sumamente lenta. Desde 1939 el PCCh aspiró a formar una Federación Campesina, pese que los socialistas habían impulsado una ese mismo año. Chacón Corona fue el responsable de lograr unir las experiencias sindicales que se dieron en todo el país, visitando células y comités regionales desde Ovalle a Temuco. Además de participar en la Comisión Mixta por la Sindicalización Campesina realizó una serie de conferencias por el país. En mayo fue a Talca, donde llegaron delegaciones comunistas de Chillán, Curicó y Linares, tratando diversos temas como la as-piración de formar un Congreso Nacional de los Sindicatos Agrícolas.508 Des-conociendo a la Federación Nacional Campesina (FNC), ligada al PS, el PCCh impulsó la formación de una agrupación sindical propia, la cual partió de manera bastante precaria, con sólo 30 sindicatos en la región de Santiago. Así nació la UPSA, la cual buscó “uniformar el criterio” de los sindicatos agrarios existentes, para así presentar un memorial al Presidente de la República.509 El

 

 

506        Entrevista a Samuel Riquelme… op. cit.

 

507        Galo González, “La vigilancia en el Partido, tarea permanente”, Principios, N°5, Santiago, noviembre de 1941, p. 9.

 

508        “Dos conferencias zonales campesinas”, Frente Popular, Santiago, 27 de mayo de

 

1939, p. 4.

 

509        “1° asamblea de delegados electos de los sindicatos efectuará la Unión Provincial de Sindicatos Agrícolas”, Frente Popular, Santiago, 29 de mayo de 1939, p. 6.



 

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primer Congreso Nacional, el 24 y 25 de julio, fue en realidad un ampliado que no logró reunir a los trescientos sindicatos que se había propuesto.510 Meses después se logró enviar la misiva a Aguirre Cerda, pidiendo el derecho a sindicalización, “cuyas conciencias les dicen que están organizadas y discipli-nadas militando en las filas del ejército de la democracia”.511

A comienzos de 1940, tanto la UPSA como la CTCh continuaron con la exigencia por la sindicalización campesina y el salario mínimo.512 A pesar de las diferencias con el PS, en abril la FNC y la UPSA, solicitaron al Gobierno descartar la circular N° 34 que suspendía la sindicalización en los campos.513 Según Luis Coray, campesino de Lideros y presidente de la UPSA, la CTCh debía proteger al campesino, pero interviniendo frente a los trotskistas que aún seguían en la organización campesina y en la CTCh.514 Pero, al contrario, el memorial al presidente Aguirre Cerda se escribió entre Chacón Corona (UPSA), Emilio Zapata y Carlos Acuña (FNC).515 Comunistas y “supuestos trotskistas” llegaron nuevamente a un acuerdo, asunto que era constante-mente criticado por el Comintern y los propios dirigentes, como fue el caso de Andrés Escobar.75 Finalmente el memorial fue entregado al Ejecutivo el 15 de abril, pidiendo terminar con los despidos y legislar la “esperada ley especial de sindicalización campesina”.516

 

En realidad Chacón Corona estaba como representante del Comité Relacionador de Sindicatos Agrícolas, organismo creado por el PCCh para vincular los sindicatos de la UPSA con las organizaciones campesinas del país. De esta manera Chacón se dedicó a visitar Talca, La Ligua, Rancagua, Temuco y Río Bueno. Se reunió con el ministro de Agricultura, Víctor Mo-ller, a modo de parcelar el fundo Mantilhue (Valdivia), el cual desde 1936 estaba en disputa entre colonos y Alejandro Grob.517 Ese mismo mes, visitó a Aguirre

 

 

510        “Claramente serán expuestos problemas en ampliado campesino”, Frente Popular, Santiago, 24 de julio de 1939, p. 12.

 

511        “Deseo de sindicalización expresan los trabajadores agrícolas a S. E”, Frente Popular, Santiago, 1 de septiembre de 1939, p. 38.

 

512        “Los problemas vitales del campesinado abordará Congreso Nac. de Sind. Agríco-las”, El Grito del Obrero Agrícola, N° 1, Santiago, julio de 1940, p. 1.

 

513        “La CTCh acordó pedir al gobierno la derogación del decreto que suspende la sindicalización campesina”, Frente Popular, Santiago, 3 de abril de 1940, p. 1.

 

514        “Dirigentes de sindicaros agrícolas denuncian maniobras trotskistas en CTCh pro-vincial”, Frente Popular, Santiago, 6 de abril de 1940, p. 6.

 

515        “Representantes de campesinos se reúnen con Consejo de la CTCh”, Frente Popular, Santiago, 11 de abril de 1940, p. 13.

 

516        “La CTCh pide al Presidente que impida sabotaje de los latifundistas”, Frente Popu-lar, Santiago, 15 de abril de 1940, p. 13.

 

517        “Al Ministro Moller se denunciaron atropellos a obreros de Mantilhue”, Frente Pop-

 

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Cerda para analizar el caso de los colonos de Lonquimay, los mismos que fueron protagonistas del levantamiento de Ránquil en 1934.518 En el diario Frente Popular se resaltó su liderazgo y el cariño que se le tenía, como la misiva que recibió Chacón Corona a causa de su santo:

 

“Nosotros, los campesinos de estas tristes tierras de Ñuble, que sembramos entre el frío, los escombros y la explotación de los feudales, queremos hacer llegar hasta donde el padre de todos los campesinos tristes y oprimidos, hasta donde ño Juan Chacón Co-rona, un humilde obsequio, un fruto de esta tierra, un pavo, en el glorioso día de su santo.519

 

El trabajo de la UPSA y el Comité Relacionador fue lento, no dando resultados inmediatos. En 1940 sólo coordinaba cuarenta y cuatro sindicatos agrícolas. Entre 1940-1941, el PCCh continuó realizando una serie de Con-greso Provinciales, los cuales potenciaron no sólo el trabajo agrario regional, sino también empoderaron el liderazgo de sus dirigentes de cara a las elec-ciones parlamentarias en marzo de 1941. También se formaron UPSA en O’Higgins y Talca. A partir de lo anterior, estimamos que la elección como diputados de Chacón Corona, Oscar Baeza y González Vilches coincidió con el trabajo de politización campesina del PCCh, pese a que los esfuerzos por crear una federación de campesinos no tuvieron resultados hasta 1942.

 

¿Por qué no se logró antes? Según el diario oficial de la UPSA, El Grito del Obrero Agrícola, en septiembre de 1940 se organizaba un Congreso Na-cional para formar una Federación de Trabajadores Agrícolas. Esta debía ser formada por sindicatos por pueblo y no solo por fundos, como lo estipulaba el proyecto de ley que estaba en el Parlamento. Este finalmente fue una conferen-cia donde Chacón Corona denunció que el gobierno se estaba alejando del campesinado.520 Según Galo González, hasta noviembre de 1941 no se tenía “constituidos más que pequeños organismos entre mapuches y campesinos, y no en todas partes”.521 Para Justo Zamora (Imagen 9), diputado por la zona de Concepción, se debía entender los distintos tipos de campesinos,

 

 

ular, Santiago, 9 de marzo de 1940, p. 6.

 

518        “Denunciarán a su S. E. lanzamientos y despidos de trabajadores agrícolas”, Frente Popular, Santiago, 19 de marzo de 1940, p. 10.

 

519        “Regalos y memorias le mandan los campesinos a Juan Chacón Corona. Un pavo asado y una carta de Chillán”, Frente Popular, Santiago, 24 de junio de 1940, p. 12.

 

520        “Hay que luchar por la sindicalización para mejorar situación del campesinado”, El Siglo, Santiago, 8 de septiembre de 1940, p. 12.

 

521        González, Vigilancia… op. cit., p. 9.



 

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con necesidades diferentes, dependiendo su condición. Si el inquilino nece-sita formar sindicatos para mejorar sus condiciones de vida, los medieros, arrendatarios y pequeños agricultores necesitaban “tierra”. Era necesario que el Partido comprendiera el “problema agrario”, ponerse al frente de la lucha campesina y lograr la “alianza obrera-campesina”. De allí la importancia por el apoyo y la solidaridad del movimiento obrero para las luchas y reivindica-ciones campesinas.522 En abril de 1941 la UPSA intentó un nuevo Congreso, pero organizado esta vez por la CTCh, junto a la FNC, ligada al PST. Los re-sultados fueron nuevamente infructuosos: las siguientes convocatorias para septiembre y diciembre de 1941 se suspendieron.523 Por ello, se tuvo que seguir fortaleciendo los lazos con el Partido Socialista de Trabajadores para lograr formar la anhelada Federación Campesina.

 

Imagen 9

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Justo Zamora, 1939.

 

Fuente: Frente Popular, Concepción, 19 de abril de 1939.

 

Gentileza de Matías Villa Juica.

 

 

522        Justo Zamora, “Las capas de la población laboriosa del campo”, Principios, N° 2, segunda época, Santiago, agosto de 1941, p. 23.

 

523        “Los obreros del campo chileno realizaran Congreso Nacional”, El Siglo, Santiago, 5 de junio de 1941, p. 5.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

Un segundo propósito fue lograr una inserción en las zonas más mo-vilizadas del país, mediante el acompañamiento y apoyo en la organización y lucha por las reivindicaciones locales de cada sector, pero vinculándolas con la política nacional del PCCh. A continuación, revisaremos algunos casos donde se fue logrando un trabajo más compenetrado, lo cual logró finalmen-te la formación de una Federación Campesina, pero por sobre todo el triunfo electoral en 1941.

 

Un primer sector donde tomó fuerza la politización campesina, fue en el norte chico, especialmente en la provincia de Coquimbo. Entre las movili-zaciones y huelgas que se realizaron entre 1939-1941 destacamos la ocurrida en el fundo “San Agustín” de Illapel en enero de 1939. Los reclamos apun-taron a un aumento de salarios, disminución de horas de trabajo y mejora de habitaciones.524 Según José Campusano, un factor importante para el éxito de la organización fue atacar el problema de la sequía. Efectivamente existió dicha complicación, además de falta de alimento para ganado y cabras. Así lo hicieron ver una delegación de la CTCh de Ovalle y Coquimbo al Ministro de Agricultura en septiembre de 1939.525 ¿Qué presencia tuvo el PCCh en la región? Entre 1939 y 1940 realizaron alrededor de tres conferencias en Ovalle. Pascual Barraza, Secretario de la CTCh provincial de Coquimbo y Secretario Regional del PCCh, se transformó en uno de sus dirigentes más importantes, que se reunió con el Ministro del Trabajo por los despidos el Fundo “El Durazno” en Combarbalá.526 En febrero de 1940 la Policía de In-vestigaciones informó de una concentración del PCCh en La Serena, donde expusieron Barraza y el diputado Chamudes. Los temas principales fueron el cumplimiento del programa del FP, la actividad de sabotaje de la derecha y la guerra de liberación que sostenía la URSS con Polonia y Finlandia.527 Según las memorias de José Campusano, el movimiento campesino de Coquimbo aún no tenía fuerza suficiente, pues no había logrado obtener beneficios de las compras de las haciendas Limarí, el Trapiche y Santa Julieta, compradas por la Caja de Colonización Agrícola, debido a que “solo un campesino tuvo acceso a estas parcelaciones”. En cambio, la hacienda “La Siberia” fue traba-jada colectivamente por dos años por campesinos de la zona, pese a lo cual, el

 

 

524        ARNAD, DGT, oficio N° 1842, de Inspección General del Trabajo a ministro del

 

Trabajo, Santiago, 27 de febrero de 1939, pp. 1-2.

 

525        “Coquimbo: delicado problema agrícola crea la intensa sequía que azota la región”, Frente Popular, Santiago, 6 de septiembre de 1939, p. 10.

 

526        “Obreros agrícolas están siendo despedidos del fundo El Durazno”, Frente Popular, Santiago, 26 de septiembre de 1939, p. 12.

 

527        ARNAD, FMI, Memorándum N° 3, de Policía de Investigaciones de Chile a min-istro de Interior, La Serena, 24 de febrero de 1940, pp. 1-2. Una entrevista a Pascual Barraza en El Siglo, Santiago, 6 de julio de 1941, p. 5.



 

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un fantasma recorre el campo

 

gobierno la parceló en ocho predios. El trabajo colectivo causó “gran alarma entre los latifundistas de la zona”.528

 

Otra región importante en la politización campesina fue Aconcagua y Los Andes. Con medio centenar de sindicatos formados en 1939529, se rea-lizaron amplias movilizaciones, generalmente con el apoyo de la CTCh pro-vincial, la cual manifestó en muchas ocasiones la necesidad de sindicalización y el cese de los despidos masivos. En San Felipe, la Inspección del Trabajo denunció la presencia de “elementos extraños” en las visitas a fundos, sobre todo de “color político comunista”.530 El PCCh realizó múltiples conferen-cias en la zona, con presencia de Chacón Corona en algunos conflictos y huelgas.531 Fue el caso de un fundo en Quillota, en huelga en marzo de 1940, donde tuvo la intervención del diputado Chamudes con el Ministro del Tra-bajo Juan Pradenas.532 Los comunistas también exigieron la fiscalización de los fundos por parte de la Inspección del Trabajo. En Los Andes, el comité local del PCCh pidió que se visitara el fundo “San Regis”, mientras que en Longotoma, el sindicato de la Hacienda “La Engorda” pidió la visita de Cha-cón Corona y del Inspector del Trabajo porque se estaba en “las cosechas y se están cometiendo una serie de abusos por parte del dueño del fundo”.533 En materia electoral, el PCCh duplicó sus diputados en Quillota, Valparaíso y Limache con Juan Chacón Corona y Alfredo Escobar Zamora. Chacón recuerda que siguió preocupado del tema campesino: “para eso sirve el fuero. Fui a muchas sesiones, pero no hice gran uso de la tribuna parlamentaria”. Su hija, Lucía Chacón, recuerda que vivieron humildemente en el Cerro “Las Cañas”, entregando todo su sueldo al partido. Este le entregaba un salario de “obrero”. “Le tocaba viajar muy seguido a diversas localidades, para atender problemas campesinos. Se iba con manta, pero no siempre volvía con ella”. Se la dejaba a algún compañero campesino.534 Por su parte, Escobar Zamora, nacido en la localidad de El Melón, fue minero y dirigente sindical desde 1936. Siendo comunista fue regidor de Nogales entre 1938-1941. En 1945 fue reelegido como diputado por la misma zona.

 

 

528        Campusano, Sembrando… op. cit., pp. 85-86.

 

529        Loveman, Strugle… op. cit., p. 171.

 

530        ARNAD, DGT, vol. 1157, oficio confidencial N° 852, Inspector del Trabajo de San

 

Felipe a Inspectoría del Trabajo de Valparaíso, San Felipe, 21 de diciembre de 1939, p. 1.

 

531        “El problema agrario se expondrá al pueblo en la región de Valparaíso”, Frente Popular, Santiago, 30 de marzo de 1939, p. 4.

 

532         “Ministro del Trabajo quedó de solucionar huelga agrícola de Quillota”, Frente Popular, Santiago, 15 de marzo de 1940, p. 1.

 

533        ARNAD, DGT, vol. 11199, de Mariano Bustos a Ministro del Trabajo, Santiago, 17 de noviembre de 1939, p. 1.

 

534        Varas, Chacón… op. cit., pp. 113-117.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

En Santiago, la presencia comunista se manifestó sobre todo con la confirmación de la UPSA. Sin duda fue la región con más movilización cam-pesina en aquellos años. Según Loveman sólo en 1939 se formaron 55 sin-dicatos agrícolas.535 El Siglo destacó conflictos agrícolas en Colina, Lampa y Til Til, donde tenían mayor presencia. Es importante destacar el fundo “Santa Isabel” de Colina, donde la dirigenta campesina Mercedes Castro lideró la victoria de su sindicato, logrando un mayor salario.536 Uno de los conflictos más resaltados por el PCCh fue la huelga de la Hacienda Chacabuco en Co-lina, convirtiéndose en un referente de la politización campesina. Creado en febrero de 1939, el Sindicato de esta Hacienda presentó pliegos de peticiones en octubre de ese año, pero además en 1940 y 1941, logrando aumento de salarios y la reincorporación de campesinos despedidos.537 Según recuerda Samuel Riquelme, la JJCC logró hacer contacto con los campesinos de Cha-cabuco, a través de un campeonato de un Centro Deportivo llamado Ercilla, donde conocieron a Carlos Ayala, Presidente del Sindicato. “Ellos ya eran jotosos, ya los habíamos conquistado para la Jota y con ellos organizamos el Sindicato”.538 La presencia comunista se puede comprobar en las visitas de Chacón Corona la Hacienda, a pesar de ser diputado por Aconcagua. En una de estas, el sindicato aprobó luchar por la libertad de Luis C. Prestes (dirigente comunista brasileño) y protestar por el decreto anticomunista del Ministerio de Interior.539 Finalmente Carlos Ayala se convirtió en un impor-tante dirigente de la futura Federación Industrial Nacional de Trabajadores Agrícolas (FINTA), siendo subdirector del periódico El Campo y Secretario de Organización en 1945. En materia electoral, el PCCh amplió su número de parlamentarios por Santiago, saliendo reelegido Andrés Escobar y Oscar Bae-za. Este último logró triunfar por la zona de Talagante y Peñaflor a pesar de no tener el apoyo de su ex partido (PS). En Puente Alto, resultó electo Rei-naldo Núñez, obrero mecánico, nacido en Los Vilos en 1901, que fue además miembro Servicio Seguro Social en el gobierno de Juan Antonio Ríos.

 

Por otro parte, la politización campesina se evidenció en la Provincia de Colchagua- O’Higgins, donde los conflictos se dieron prioritariamente en

 

 

535        Loveman, Struggle… op. cit., p. 171.

 

536        “Los campesinos de Colina obtuvieron una gran victoria”, El Siglo, Santiago, 12 de junio de 1941, p. 5.

 

537        “Aumento de salarios obtuvieron los trabajadores de H. Chacabuco”, Frente Popular,

 

Santiago, 4 de enero de 1940, p.6; “Intervendrán en los conflictos obreros de Chacabuco y los

 

Andes”, Frente Popular, Santiago, 29 de marzo de 1940, p. 2.

 

538        Entrevista Samuel Riquelme, op. cit.

 

539        “Sindicato Agrícola de Hacienda Chacabuco se pronunció en contra de Schnakis-mo”, El Siglo, Santiago, 4 de junio de 1941, p. 5; “San Luis de Colina. Chacón Corona es el arbitro en conflicto, El Siglo, Santiago, 31 de julio de 1941, p. 7.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Santa Cruz, Rancagua y San Fernando. Una de las huelgas que se produjo fue en el fundo “La Ramada” de San Fernando, la cual recibió la intervención del diputado Chamudes.540 Ese mismo mes se realizó la “Marcha de los Cam-pesinos” en Rancagua, con delegaciones de Los Lirios, Requinoa, Rengo, Machalí, San Francisco de Mostazal, Doñihue y Graneros, con la presencia de Chacón Corona y el diputado Baeza.541 La presencia comunista fue de-nunciada por las autoridades, como fue en el caso de la Hacienda Colacán, en Peumo.542 La Policía de Investigaciones informó sobre una concentración de cuatrocientas personas en Rancagua, hasta donde llegaron delegaciones comunistas y socialistas de Rengo y Requínoa, entre otras localidades, siendo encabezada por el diputado Carlos Gaete. Contreras Labarca, según Inves-tigaciones, pidió la destitución del ministro del Interior, por el decreto que castigaba las movilizaciones, sobre todo en el campo.543 En materia electoral, fue elegido diputado Salvador Ocampo, por Rancagua, Cachapoal y San Vicente. Recordemos que éste no había sido elegido en las parlamentarias de 1937. Nacido en Iquique en 1902, Ocampo trabajó en Tocopilla como mecánico, conociendo a Luis E. Recabarren, quien lo invitó a ser tipógrafo del periódico El Socialista. Perteneció a la FOCH y fue subsecretario de la CTCh. Distinta suerte tuvo el candidato comunista por Colchagua, Aníbal González, quien había promovido la reforma agraria en su campaña por los campos, pero no fue electo.544

 

Quizás fue en las provincias de Curicó, Talca y Maule donde el PCCh desarrolló más su trabajo campesino, siendo un polvorín de organización. El PCCh organizó en este periodo al menos unas cinco conferencias y concen-traciones en Molina, Talca y Curicó. Una de ellas, realizada en julio de 1940, contó con la presencia de militantes de Chillán y de los diputados Baeza y el encargado agrario de Ñuble, Enrique Kirberg (Imagen 10). La Policía de In-vestigaciones informó de una concentración ocurrida el 14 de abril de 1940, organizada por el PCCh en Curicó, donde asistió Contreras Labarca.545 En 1941 se logró unificar los sindicatos en la UPSA de Curicó, organizada por

 

 

540        “San Fernando. Continua la huelga en fundo”, Frente Popular, Santiago, 26 de marzo de 1940, p. 6.

 

541        “Concentraciones realizarán mañana obreros agrícolas”, Frente Popular, Santiago, 23 de marzo de 1940, p. 8.

 

542        ARNAD, DGT, vol. 1153, oficio de Prefectura de Carabineros a Gobernación de

 

Cachapoal, Peumo, 23 de noviembre de 1940.

 

543        Varas, Los Tenaces… op. cit., p. 10.

 

544        “La Reforma Agraria será la base de la solución a los problemas de los campesinos en la Provincia de Colchagua”, El Siglo, Santiago, 25 de febrero de 1941, p. 10.

 

545        ARNAD, FMI, Reservado N°95, de Director General de Policía de Investigaciones a Ministro de Interior, Santiago, 22 de abril de 1940.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

la CTCh. Entre los asistentes al primer Congreso se contó a Juan Chacón Corona y Juan Vargas Puebla, dirigente comunista.546 Después de cantar el himno nacional y la Internacional, se aprobó solicitar el derecho de sindicali-zación vía Código del Trabajo y que la CTCh pudiera defender los conflictos agrícolas en la zona.547

 

Imagen 10

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Oscar Baeza, Juan Chacón Corona (puño en alto) y Enrique Kirberg entre otros compañeros en Chillán, ca. 1940. (identificación de Matias Villa) Fuente: Archivo Patrimonial U. de Santiago. Gentileza de Matías Villa Juica.

 

En la zona del Maule, uno de los dirigentes más importantes fue José Agustín Valenzuela, Secretario General de la CTCH de Curicó y que fue más adelante el líder de la FINTA. De militancia comunista, Valenzuela envió un oficio al Ministro del Trabajo por los múltiples despidos que ocurrieron en los fundos de la zona en 1941.548 En materia electoral, el PCCh logró que Manuel González Vilches fuese diputado por Talca, Lontué y Curepto. Nacido en Melipilla en 1882, González Vilches fue inquilino en su infancia

 

 

546        Vargas Puebla fue obrero estucador. En 1932 ingresó al PCCh, siendo dirigente nacional desde 1941. Entre 1938 y 1941 fue regidor por Valparaíso y diputado en 1945 por Quillota- Valparaíso.

 

547        “Campesinos curicanos apoyan a la U. Soviética”, El Siglo, Santiago, 25 de julio de

 

1941, p. 7.

 

548        “CTCh de Curicó pide inspector de Trabajo para evitar lanzamientos”, El Siglo, Santiago, 18 de junio de 1941, p. 5.



 

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un fantasma recorre el campo

 

y dirigente sindical de la FOCH. En 1927 fue editor del diario Bandera Roja y parte del Comité Central radicado en Valparaíso en 1931.549 En 1940 estaba en la zona del Maule, organizando sindicatos y asistiendo a concentraciones públicas. Una de ellas fue Talca, donde su discurso fue registrado por la Po-licía de Investigaciones, en el que protestaba por el alza de los artículos de primera necesidad frente a unas cuatrocientas personas.550

 

En la Provincia de Concepción, aunque era más fuerte el trabajo co-munista en la zona de Lota-Coronel, también se logró tener relación con los conflictos agrarios. Parte de esta movilización se evidenció en el diario Frente Popular de Concepción, donde destacaron los campesinos del Fundo “Escua-drón” de Lota.551 Uno de los diputados electos en 1941 fue Justo Zamora, quien fue designado por el PCCh a Concepción en 1939 después de militar en Aconcagua y Santiago.552 Nacido en Puchuncaví en 1902, Zamora fue obrero salitrero y dirigente sindical tranviario. Entre 1931 y 1937 fue Secre-tario General del Regional de Aconcagua, pasando a serlo por Concepción en 1940. Ese mismo año fue Presidente de la Comisión Agraria del PCCh, estando ligado al trabajo campesino, sobre todo de los pequeños agricultores. En su campaña como diputado en 1941 afirmó que se debía luchar por una Reforma Agraria, pero que los campesinos “no pueden estar esperando que desde arriba, o sea, desde el Gobierno, les hagan la reforma agraria. Ellos tienen que formar su propia organización, como lo hemos mencionado más arriba”.553 El otro diputado fue Daniel Uribe, quien nació en Coronel en 1904, siendo obrero en las minas de carbón y dirigente sindical. Como dipu-tado integró la Comisión de Agricultura y Colonización de Tierras. Una vez electo expuso los problemas de los campesinos. En una ocasión fue detenido por Carabineros al ingresar a la Hacienda Canteras (Los Ángeles). Allí fueron despedidos decenas de inquilinos, por el Administrador, siendo la hacienda de la Caja de Seguro Obligatorio.554

 

Finalmente, en la provincia de Arauco, el PCCh logró uno de los cupos de diputados. Así salió electo José Delgado Espinoza, quien era secretario del

 

 

549        Vega, Años de lucha… op. cit., p. 75.

 

550        ARNAD, FMI, Memorándum Reservado, N° 29, de Subcomisaria de Investiga-ciones de Talca a Jefatura de III Zona de Investigaciones, Talca, 13 de abril de 1940.

 

551        “Concentración Campesina en fundo Escuadrón (Lota)”, Frente Popular, Concep-ción, 29 de julio de 1939, p. 2.

 

552        “El dirigente regional de los comunistas, Justo Zamora, habla para Frente Popu-lar”, Frente Popular, Concepción, 19 de julio de 1939, p. 6.

 

553        Justo Zamora, “El camino para conquistar la tierra”, El Siglo, Santiago, 12 de dic-iembre de 1940, p. 1.

 

554        BSCD, 35° sesión extraordinaria, 23 de diciembre de 1941, pp. 1737-1738.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

comité regional Curanilahue, realizando concentraciones y charlas en Lebu, Cañete y Pangue, donde en marzo de 1940 conversó sobre la ley de Coo-perativas Agrícolas con militantes comunistas liderados por Juan Aniñir.555 Delgado Espinoza nació en Coronel en 1902. Minero y dirigente sindical en Lota, fue regidor por Curanilahue entre 1938-1941. Como candidato a dipu-tado, participó en un ampliado sobre los temas obreros y agrarios en Arauco, donde se pidió la construcción de un puente en el Río Raque para sacar del aislamiento a Curanilahue y el traspaso de un fundo de la Beneficencia a campesinos de la zona.556

 

Estimo que en el periodo 1938-1941 se gestó un primer ciclo de politi-zación campesina, el cual no logró sus objetivos de sindicalización producto de la represión tanto del gobierno de Aguirre Cerda, como por la reacción de las clases propietarias. El PCCh cumplió un papel importante en dicho ciclo, pero no logró obtener la hegemonía política como pretendieron. De hecho, en 1941 los comunistas fueron muy críticos en torno a su gestión en materia agraria. En febrero de ese año, cuando el FP se fracturó con la salida del PS, Andrés Escobar escribió un informe al Comintern planteando que el gobierno no había hecho nada por la repartición de tierras y por acabar con “la explotación feudal en el campo”. Era un análisis duro y autocrítico, sobre todo porque el partido no supo aprovechar “para hacer una potente organi-zación campesina y ganar a estos para la lucha a través de sus reivindicaciones contra la reacción”.557 ¿Se podía evitar la negociación entre los terratenientes y el gobierno? Para Escobar el error fue aceptar la suspensión de la sindicali-zación en marzo de 1939, “hasta que se dictara una ley que legalizara”. Según su informe:

 

“El representante del Partido, aunque combatió este acuerdo, al ver que los representantes del CTCH, los socialistas y radicales la aceptaron, consultó al P. (Partido), después de esto, le dio su aprobación, se entiende que el visto bueno de la dirección del P. por esta falsa política de concesiones tras concesiones al enemigo, es que hoy día, tenemos que sufrir la vergüenza y consecuencia de estas faltas que nunca podremos justificar”.558

 

 

555        “Dirigente comunista asistió a una concentración mapuche”, Frente Popular, Santia-go, 19 de marzo de 1940, p. 6.

 

556        “Programa de acción comunista en Arauco”, El Siglo, Santiago, 28 de febrero de 1941, p. 10.

 

557        Andrés Escobar, “Situación Económica de Chile”, Confidencial, 18 de febrero de

 

1941, p. 26, en RGASPI,495.17.322.

 

558        Ibid., p. 27.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Algo similar, y con cierto tono culposo, recordaría Chacón Corona en los años sesenta. En las múltiples reuniones que tuvo con Aguirre Cerda, éste le indico que “era partidario de dejar las cosas como estaban en el campo”. Chacón se dejó convencer. “Lo malo fue que la Dirección de nuestro Partido también acogió ese planteamiento equivocado”.559 ¿Qué otra opción hubiera sido posible? ¿Romper con la coalición de centro-izquierda? A partir del aná-lisis documental realizado, da la impresión que el PCCh tomó a fines de 1940 la opción de continuar apoyando al gobierno de Aguirre Cerda, comenzando con una ofensiva política que no significara su salida de la coalición. Man-tener una especie de equilibrio entre movilización y mesura. Galo González expresó a fines de diciembre 1940 en el Comité Central que frente de los errores de concesiones, se debía impulsar:

 

“…la organización de Sindicatos de fundo y haciendas, convirtién-dolos en organismo vivos y actuantes en la defensa de las reivindi-caciones más apremiantes de los obreros e inquilinos: aumento de salarios, mejor alimentación, habitaciones higiénicas, et. Para que así los campesinos comprendan que estamos luchando porque el Código se aplique a ellos, y con la aplicación de él terminar con los despidos y las injusticias que cometen, a diario los latifundistas”.560

 

La respuesta del gobierno fue la represión. El nuevo Ministro del In-terior, Arturo Olavarría, se opuso a la movilización campesina, ordenado apre-sar a todos los agitadores profesionales. Según la Policía de Investigaciones, Aguirre Cerda se dio cuenta que “el Partido Comunista había instruido a sus células campesinas en el sentido de declarar un paro general de las activida-des agrícolas al comenzar las cosechas de 1940-41”, de forma que suspendió el derecho a huelga en el campo y la ciudad.561 En abril de 1941, Olavarría sancionó a El Siglo, acusándolo de estar en contra de la “estabilidad de los organismos fundamentales del Estado”.562 El PCCh continuó su política de Frente Popular, sin abandonar la lucha por la mejora de condiciones de obre-ros y campesinos. Por otro lado, las elecciones parlamentarias les dieron un notable respaldo. De seis diputados subieron a dieciséis y tres senadores, con un aumento de más de 35.000 votos. En materia municipal, de 42 aumenta-

 

 

 

559        Varas, Chacón… op. cit., p. 111.

 

560        Galo González, La lucha por la formación del Partido Comunista de Chile, s/e, Santiago, 1958, p. 20.

 

561        Olavarría, Casos… op. cit., 83.

 

562        ARNAD, FMI, Santiago, 23 de abril de 1941; Barnard, El Partido… op. cit., p. 169.

 

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de la sindicalización campesina a la segunda guerra mundial (1939-1941)

 

ron a 122 regidores.563¿Qué hizo el PCCh con ese respaldo popular? ¿Conti-nuó fomentando la politización campesina?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

563    Barnard, El Partido… op. cit., p. 174.



 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

 

 

 

 

 

capítulo iii

 

De la Unión Nacional

a la organización de la FINTA (1942-1945)

 

 

 

 

Sea leyendo el diario o escuchando Radio Moscú, el poeta popular Jesús Abraham Brito se enteró de las batallas del Ejército Rojo y las escribió en sus libretas, llenas de detalles y apologías a las travesías soviéticas. Según Diego Muñoz, su compilador y amigo, Brito nació en Carrizal Bajo, siendo minero e hijo de otro gran poeta popular. De ascendencia campesina, ronca voz y ta-lento en la guitarra y el acordeón, Brito murió en abril de 1945, a los 70 años, un mes antes de la rendición Alemania y el suicidio de Hitler.564 Según Pablo Neruda, que lo conoció poco antes de su muerte, Brito fue “el más grande de los poetas cultos de Chile”, dedicándole un poema que decía: “Árbol erran-te, ahora tienes tus raíces/cantas bajo la tierra, y en silencio/ Un poco más profundo eres ahora/ Ahora tienes tierra y tienes tiempo”.565 En sus versos Brito le escribió a Pedro Aguirre Cerda (“nuestro primer mandatario”), a Luis Emilio Recabarren (“del Partido fundador”), a la CTCh (“escudo de su Excelencia”), a Lafertte y Contreras Labarca (“apóstoles de verdad”), a Juan Antonio Ríos (“que acabe la cesantía”) y finalmente al Ejército Rojo. Uno de sus poemas decía así:

 

“Se lucha en Stalingrado

 

día y noche, hora por hora,

 

miles de ametralladoras

 

matan a nazis porfiados.

 

A setecientos soldados

 

mataron en un sector.

 

Luego, después con horror

 

mucho más de mil quinientos.

 

 

 

564        Diego Muñoz (compilador), Poesía Popular Chilena, Quimantú, Santiago, 1972, p. 87.

 

565        Ibid., p. 8.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Los rusos, sí, yo no miento

 

se sostienen con vigor.

 

Son bravos en combatir

 

los rusos más victoriosos”.566

 

Los poemas de Brito de alguna manera manifiestan el interés que exis-tió en parte de la sociedad chilena en torno a la Segunda Guerra Mundial. Según Samuel Riquelme, en las Juventudes Comunistas se seguía los acontecimientos “día a día”, sobre todo después de la invasión de Alemania a la URSS. Se-gún el dirigente jotoso de esa época, Daniel Palma: “hoy, ante la GUERRA SANTA que realiza la URSS, los jóvenes comunistas dedicaremos lo mejor de nuestras energías a ayudar por todos los medios a la victoria de las armas soviéticas sobre el ejército hitleriano”.567 Samuel Riquelme recuerda:

 

“Nosotros teníamos información de primera po’, en el sentido de toda cosa de los cables, y estábamos al tanto de cómo se estaban produciendo los encuentros entre el Ejército Rojo y el alemán, en Europa. Y sobre todo lo que significó la resistencia de Leningra-do, que duró cerca de un año esa batalla, esa lucha. A raíz de la lucha contra los nazis los jóvenes comunistas, aquí en Santiago, fueron y arriaron la bandera nazi en la Embajada (de Alemania). A raíz de eso hubo un proceso, contra los jóvenes, fundamen-talmente contra un compañero, el dirigente máximo de la JJCC estudiantil, Ignacio Aliaga… Aliaga no quiso que hubiese abogado, sino que él mismo fue, e hizo su defensa en los tribunales, y salió absuelto. Entonces nosotros estábamos orgullosos po’, felices, los jóvenes comunistas, en todo Chile… Era un gran orador… se fue marginando y desapareció”.568

 

Al contrario de lo que plantea Samuel Riquelme, según el periódico Mundo Nuevo, Aliaga fue detenido a comienzos de 1941 por hacer un llaman-do a las Fuerzas Armadas a pronunciarse en las elecciones parlamentarias. Finalmente, después de hacer su propia defensa, fue absuelto por la Corte Suprema.569 Independiente de si los hechos de la Embajada fueron ocultados por el PCCh en ese momento, el periodo fue álgido en la lucha antifascista.

 

 

566        Ibid., p. 125.

 

567        Palma, ¡La unidad… op. cit., p. 12.

 

568        Entrevista a Samuel Riquelme… op. cit.

 

569        “Absuelto”, Mundo Nuevo, Tercera época, N° 11, Santiago, tercera semana de abril de 1941, p. 5.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

Los enfrentamientos con las fuerzas nacistas eran cotidianos y el PCCh am-plió su política de Frente Popular a la formación de la Unión Democrática Antinazifascista de Chile (UDACh).570 Más adelante esta se transformó en la Unión para la Victoria. De esta manera, se solicitó el restablecimiento de las relaciones con la URSS, pero a la vez se abandonó el discurso sobre la guerra imperialista. En la prensa comunista, El Siglo o Mundo Nuevo, se describieron las batallas, las arengas y la confianza absoluta de la victoria contra el Eje, señalando que “la agresión de Hitler al País del Socialismo es la agresión al proletariado y a todos los pueblos de la tierra”.571 De esta manera el PCCh pidió al nuevo gobierno de Juan A. Ríos restablecer relaciones diplomáticas con la URSS, quebrando a la vez con Alemania, Italia y Japón. Cuando se logró, Galo González defendió a Ríos de los ataques de la derecha: no ha-bía sido una decisión a la ligera, sino analizada por mucho tiempo.572¿Cómo reaccionaron en las ciudades y pueblos frente a esta decisión? En Til Til, el Sindicato Agrícola de Polpaico, con la colaboración de la CTCh y el PS y el PCCh, organizó una concentración para festejar la “política internacional de S.E.” el Presidente de la República. El permiso administrativo lo pidió Luis Coray, presidente de la UPSA de Santiago.573

 

En 1942, Ríos fue más allá y le declaró la guerra a Japón, creando con-sigo la ley de Zona de Emergencia. Según Loveman y Lira, dicha ley fue ampliamente discutida, “artículo por artículo”, hasta ser aprobada en julio de 1942, sin tener una precisión sobre cómo sería entendida una “emergencia”. En las décadas posteriores se incluirían “huelgas, movimiento sociales y po-líticos”, como excusas para imponer dicha ley (N° 7.200).574

 

Cabe destacar que el gobierno de Juan A. Ríos asumió en abril de 1942, luego de la muerte prematura de Pedro Aguirre Cerda, quien falleció de tu-berculosis en noviembre del año anterior. El apoyo de Ríos fue una coalición de centro-izquierda, que fue más amplia que el FP, debido a la incorporación de los partidos Liberal, Democrático, Agrario y Falange Nacional. Aunque no fue sencillo lograr el apoyo de los socialistas y comunistas, finalmente el temor del triunfo de Carlos Ibáñez del Campo, permitió que la izquierda apo-

 

 

 

570         “En todo Chile combate la juventud contra los bárbaros nacifascistas”, Mundo Nuevo, N° 27, Santiago, 4° semana de septiembre de 1941, p. 2.

 

571        “¡Vida la Unión Soviética! Los fascistas hallaran su tumba en esta guerra, Mundo Nuevo, N° 20, Santiago, junio de 1941, p. 2.

 

572        Galo González, “Establecimiento de las relaciones con la Unión soviética”, Princip-ios, N° 43, Santiago, enero de 1945, p. 7.

 

573        ARNAD, FMI, vol. 11170, oficio de la Unión Provincial de Sindicatos Agrícolas a

 

Subdelegado del Gobierno de Til Til, Santiago, 11 de marzo de 1943.

 

574        Loveman y Lira, Poder judicial…op. cit., p. 400.



 

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yase a Ríos, logrando un 55% de la votación en enero de 1942. A las pocas semanas, Ríos adelantó que su gobierno sería de izquierda, pero moderado, teniendo “la colaboración más estrecha con los países americanos, y muy especialmente, con Estados Unidos”.575 No nombró a ningún comunista en su gabinete, a pesar de que solicitó una lista de nombres cuando se reunió con ellos.576

 

Según el historiador Cristian Gazmuri, el presidente Ríos continuó con el proceso de industrialización, (acero, electricidad y petróleo), limitando ade-más el poder del Ejecutivo con la creación de la Contraloría de la República (creada en 1927).577 Para Loveman, este gobierno fue una continuación de Aguirre Cerda, pero mucho más conservador en materia agraria. En torno al proyecto de sindicalización, Ríos lo retiró del Parlamento, enviándolo al Consejo Superior del Trabajo, quien lo examinó hasta 1944. La suspensión sindical en los campos permaneció y el proyecto de ley no fue retomado hasta la presidencia de Gabriel González Videla.578 Por otro lado, se creó la Ley Económica, que permitía la expropiación a terrenos no explotados, pero que, según María Antonieta Huerta, no se aplicó sustancialmente, ni resolvió la inequidad en la distribución de la tierra.579

 

Por otro lado, según Barnard, “las relaciones de Ríos con el PCCh, ini-cialmente frías, fueron creciendo armoniosamente, al menos mientras duró la Segunda Guerra Mundial”.580 Aunque nuevamente no ocuparon ningún cargo ministerial, algunos comunistas participaron en los consejos de la Jun-ta de Exportación Agrícola y el Seguro Obrero. Esta posición política, para algunos autores, se debió principalmente por el escenario internacional exis-tente a partir de la invasión de Alemania a la URSS en 1941. Según Hernán Venegas, el énfasis del PCCh con la Unión Nacional, ya no fue el socialismo sino la defensa de la democracia frente al fascismo, demostrando flexibilidad y pragmatismo en su política local, aunque a veces ambigüedad en sus pro-puestas políticas.581 ¿Fue posible defender la democracia? ¿Se logró forjar una Unión Nacional? ¿Qué implicancia tuvo en la política agraria del PCCh?

 

 

575        “Reiteró el Presidente Ríos su propósito de mantener estrecha colaboración Amer-icana”, El Siglo, Santiago, 19 de marzo de 1942, p. 4.

 

576        Lafertte, Vida de… op. cit., p. 327.

 

577        Gazmuri, Historia de Chile… op. cit., p. 185.

 

578        Loveman, Struggle… op. cit., pp. 120-123.

 

579        Huerta, Otro agro… op. cit., p. 73.

 

580        Barnard, El Partido… op. cit., p. 183.

 

581        Hernán Venegas, “El Partido Comunista de Chile y sus políticas aliancistas: Del

 

Frente Popular a la Unión Nacional Antifascista, 1935-1953”, Revista de Historia Social y de las Mentalidades, vol. 14, N° 1, Universidad de Santiago de Chile, 2010, p. 109.

 

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¿Significó el cede de la politización campesina o al contrario, existió una cua-lificación del trabajo realizado anteriormente?

 

La Unión Nacional, el Partido Único

y la defensa de la democracia.

 

Según el informe de la Policía de Investigaciones, a las 00:10 horas del 25 de noviembre de 1941, Arturo Alessandri Palma contestó el teléfono de su casa. Una señora llamada Adriana le preguntó sobre la muerte de Pedro Aguirre Cerda. Alessandri dijo no saber nada, pero lo lamentaba. “Pobre hombre y pensar que cuando le entregué el mando no quiso jurar por Dios”. Adriana le pidió dar la noticia a su hijo Fernando, pero este dormía. “Se la daré mañana”.582 Veinte minutos más tarde recibió una nueva llamada. Otra señora le preguntó por la muerte de Aguirre Cerda, pero Alessandri no quiso dar más comentarios y se fue a dormir.583 ¿Durmió tranquilo el ex mandatario aquella noche? ¿Sabría que sus teléfonos estaban siendo intervenidos por la Policía de Investigaciones?

 

Al día siguiente, el funeral fue acompañado de miles de personas de todas las clases sociales, según comentó Carlos Barella.584 La Revista Vea calculó en 700.000 los asistentes que colmaron las calles de Santiago. Diego Carreño, mayordomo de la Hacienda de Conchalí, perteneciente a Aguirre Cerda aclaró: “yo nunca consideré a don Pedro como un personaje más im-portante que un compañero. Yo le hablaba con toda franqueza”, no cam-biando su actitud cuando salió elegido Presidente de la República. El PCCh también fue parte de aquella multitudinaria despedida.585

 

Los comunistas estimaron que la muerte de Aguirre Cerda traería con-sigo una elección presidencial más compleja que la de 1938. El nuevo escena-rio internacional, donde el peligro “nazifascista” se acrecentaba, confirmaba la necesidad de la amplitud política que desde mediados de 1941 se venía proponiendo con la formación de la UDACh. Esto no significaba moderar las reformas sociales planteadas en 1938, sino mantenerlas, pero apoyándose en las masas populares. El Comité Central percibió una desilusión dentro del

 

 

 

582        ARNAD, FMI, vol. 10787, Oficio confidencial N° 181, Dirección de Investiga-ciones, Santiago, 24 de noviembre de 1941. Gentileza de Camilo Plaza Armijo.

 

583        ARNAD, FMI, vol. 10787, Oficio confidencial N° 182, Dirección de Investiga-ciones, Santiago, 24 de noviembre de 1941.

 

584        “El luto del pueblo”, En Viaje, N° 98, Revista de FFCC del Estado, Santiago, dic-iembre de 1941, p. 2.

 

585        “El adiós del pueblo”, VEA, N° 138, Santiago, 3 de diciembre de 1941, p. 5.



 

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movimiento social debido a la política oportunista de “no crear problemas al Gobierno”. La solución que daban era crear un gobierno verdaderamente “popular y democrático”. Esto requería una alianza mucho más amplia, que liquidara el latifundio y mejorara las condiciones de vida de los obreros de la ciudad y el campo, pero sobre todo, luchando contra el “enemigo interno”: la oligarquía y el nacismo.586 Eso significaba, defender la democracia de un eventual golpe militar, apoyando al Vicepresidente para garantizar las elec-ciones de enero de 1942; apoyar económicamente a la URSS, Inglaterra y Estados Unidos, limpiando la administración pública de los espías nazis.587

 

Para Contreras Labarca, el problema estaba en superar el sectarismo que se desarrollaba en el PCCh, sobre todo en los Regionales, donde no exis-tían mayores relaciones con otros partidos, sobre todo el PS. “Es necesario recordar las palabras de Lenin cuando nos dice que la historia en su marcha hacia adelante suele hacer a veces cambios muy bruscos que obligan a modi-ficar radicalmente de táctica y de línea de conducta”.588 De esta manera el FP debía transformarse en un Frente Nacional Democrático (FND) y elegir un candidato único frente a las elecciones de 1942.

 

¿Pero cómo lidiar con tales asperezas? Con el PS liderado por Schnake y Grove era difícil, sobre todo por la tenaz crítica que los comunistas hacían hacia el apoyo que los líderes socialistas prestaban a Estados Unidos desde 1940. A fines de 1941, el PCCh constató que el PS no estaba en la UDACH ni en la Asociación de Amigos de la URSS.589 Según Lafertte, los radicales que apoyaban a Ríos hicieron de nexo para reunir a comunistas y socialistas, con el objetivo que estos últimos abandonaran su apoyo a Gabriel González Videla. El resultado de esa reunión fue aceptar el apoyo hacia Ríos lo que provocó la ira de González Videla, “una furia que parecía locura”. Final-mente se participó en la campaña “a regañadientes”, pero con lealtad, según recordó Lafertte.590

 

Las elecciones presidenciales de 1942, según Juan Vargas Puebla, le die-ron la razón al PCCh sobre que era imposible triunfar sobre Ibáñez sin la “correcta” política de Unión Nacional591. ¿Fue un cambio de rumbo a partir

 

 

586        Carlos Contreras Labarca, “Ante el XII Congreso Nacional del Partido Comunis-ta”, Principios, N° 6, Santiago, 1941, pp. 3-5.

 

587        “Unidad para realizar un plan urgente e inmediato”, El Siglo, Santiago, 13 noviem-bre de 1941, p. 5.

 

588        Contreras Labarca, “Ante el XII… op. cit., p. 6.

 

589        Ángel Veas, “La ayuda a la Unión soviética debe ser acelerada”, Principios, N° 6, Santiago, 1941, p. 22.

 

590        Lafertte, Vida de… op. cit., pp. 326-327.

 

591        “Juan Vargas Puebla, “las enseñanzas de la última elección presidencial”, Principios,

 

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de la invasión de Alemania a la URSS? Miguel Concha, dirigente comunista, afirmaría lo contrario, al indicar que “el llamado a la Unión Nacional signifi-caba robustecer y ensanchar al movimiento de lucha contra el fascismo” que venía desde antes.592

 

No obstante, lo importante es resaltar las dos propuestas políticas que el PCCh realizó desde 1941. Hacia los partidos de centro, propone formar un Frente Nacional Democrático que reemplace al Frente Popular. El resultado de esto fue la Alianza Democrática de Chile. Por otro lado, en 1943 preten-dió unir a la izquierda en un Partido Único que agrupase al PCCh, PS y PST. ¿Cuáles fueron los resultados de tales apuestas?

 

En torno al primer asunto, fue en el XII Congreso de enero de 1942, donde el PCCH llamó a la “Unión Nacional en defensa de la patria”. En lo político significó apoyar una candidatura única en contra de Ibáñez, que en este caso terminó siendo la de Juan A. Ríos.593 En lo militar, significó crear Comités Mixtos de Defensa, refugios antiaéreos y llamar al alistamiento de todos los jóvenes al Servicio Militar.594 ¿Una propuesta exagerada? ¿Existía un real temor en la población a un ataque de parte de Alemania? Según Contre-ras Labarca una agresión a mansalva y sin declaración de guerra era probable y se hacía necesario agrupar todas las fuerzas antihitlerianas.595 Esto se vio reforzado por la destrucción de la embarcación “Toltén”, de la Sudamericana de Vapores, en la madrugada del 13 de marzo de 1942. La noticia no se supo inmediatamente, pues las autoridades chilenas esperaron comunicarla parale-lamente con el gobierno de EEUU. Allí se informó que 27 personas murieron producto de una supuesta bomba alemana, aunque también se alude que no llevaba las luces prendidas como decía el protocolo marítimo.596 El Siglo llamó a romper inmediatamente las relaciones con el Eje y la confiscación de los bienes de “súbditos fascistas”, como por ejemplo, el diario “Alemán”.597 Para Humberto Abarca, se debía cumplir con los acuerdos de Conferencia de Río de Janeiro de enero de 1942, donde Argentina se declaró Estado “no belige-

 

 

N° 8-9, Santiago, febrero-marzo de 1942, p. 7.

 

592        Miguel Concha, “Nuestra política de Unión Nacional Antifascista”, Principios, N° 8-9, Santiago, febrero-marzo de 1942, p. 29.

 

593        “El pueblo reafirma su posición antifascista por el cumplimiento de un Programa democrático”, El Siglo, Santiago, 16 de enero de 1942, p. 4.

 

594        Galo González, “Nuestro partido y la Defensa Nacional”, Principios, N°10, Santiago, abril de 1942, pp. 16-18.

 

595        Carlos Contreras Labarca, “La Unión Nacional para la defensa de la patria”, Prin-cipios, N°7, Santiago, enero de 1942, pp. 3-7.

 

596        Kenneth Puig, “¿Quién hundió al Toltén? Revista Marina, N° 1, Santiago, 2004.

 

597        “Ante las 27 víctimas chilenas el pueblo exige…”, El Siglo, Santiago, 18 de marzo de

 

1942, p. 5.



 

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rante”. “Cuando la Patria está en peligro no cabe ninguna disculpa”.598 Esta insistencia continuó todo el año, pero ¿habrá logrado transformase en una demanda masiva socialmente? Según Raffaele Nocera, el gobierno de Esta-dos Unidos jugó un papel relevante en el cambio de actitud del gobierno chi-leno, reuniéndose en la embajada norteamericana con el ministro del Interior a fines de 1942. En dicho encuentro se dio cuenta de la red de espionaje nazi que funcionaba en Chile, del cual el gobierno chileno tenía antecedentes.599 Según el embajador norteamericano en Chile, Claude G. Browers, Aguirre Cerda realizó un pacto secreto con su país, en caso de una improbable inva-sión alemana. “Hitler es un loco y en su locura podría sentirse provocado” diría en los jardines de La Moneda.600 Al morir, Juan A. Ríos tuvo que tomar una decisión. Realizó cambios en su gabinete, ingresando Joaquín Fernández en Relaciones Exteriores. Según Browers, el Presidente Roosevelt garantizó soberanía y apoyo a Chile si era atacado por Alemania.601 Esto, además de la movilización social, empujó a Ríos decretar el quiebre de las relaciones di-plomática y comerciales con el Eje el 20 de enero de 1943. Carlos Contreras Labarca escuchó el anuncio por radio, considerando que esto significaba un triunfo para la política de Unión Nacional del PCCh.602

 

Por otro lado, el PCCh llamó a restablecer relaciones con la URSS y actuar sin sectarismo apoyando a EEUU, Inglaterra y Francia.603 En 1942 propusieron crear Comités de Ayuda a las Naciones Unidas para enviar “ropa, medicinas, cobre, salitre y todo”.604 En el fondo, significaba aceptar la Conferencia de La Habana de 1940, donde Schnake propuso colaborar con materia prima hacia el imperialismo norteamericano. Según Barnard, los comunistas apoyaron estas medidas, pero fueron críticos en su momento, cuan-do en 1943 no quedó suficiente cobre para suplir las necesidades del país.605 En materia económica, el PCCh propuso la creación de un Consejo para la

 

 

598        Humberto Abarca, “Tareas urgentes del momento actual”, Principios, N°8-9, Santi-ago, febrero-marzo de 1942, p. 3.

 

599        Raffaele Nocera, Chile y la Guerra 1933-1943, LOM Ediciones- Centro de Investi-gaciones Diego Barros Arana, Santiago, 2006, p. 193.

 

600        Claude G. Browers, Misión en Chile 1939-1953, Editorial del Pacífico, Santiago, 1958,

 

p. 74.

 

601        Ibid., pp. 128-134.

 

602        Carlos Contreras Labarca, “La unidad es un deber supremo e impostergable para los patriotas”, Principios, N°20, febrero de 1943, p. 4.

 

603        Humberto Abarca, “Por el fortalecimiento de la organización del partido”, Princip-ios, N°7, Santiago, enero de 1942, p. 12.

 

604        “1 de mayo de 1942. En defensa de la patria”, Principios, N°11, Santiago, mayo de

 

1942, p. 3.

 

605        Barnard, El Partido… op. cit., p. 194.

 

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Defensa Nacional, que fomentara el crecimiento de la industria y agricul-tura mediante créditos y planificación estatal. El gobierno de Ríos, si bien no tomó en cuenta esta medida, sí propuso la Ley de Zona de Emergencia (N° 7.200), la cual obtuvo los votos comunistas, con la condición de no restringir el derecho a huelga .606 Dicha ley fue duramente debatida porque ampliaba los poderes al Ejecutivo, ya sea en el uso de presupuesto extra, la posibilidad de fusionar instituciones estatales y de expropiar según las pro-puestas el Consejo Superior de Defensa Nacional, todo dentro del marco de un conflicto mundial. Es precisamente el artículo 23 el que autorizaba declarar Zona de Emergencia, incluso por seis meses, en cualquier región del país a causa de “peligro de ataque exterior o de invasión, o de actos de sabotaje contra la seguridad nacional”, reconociendo el Código del Trabajo y la legislación social.607 El PCCh denunció que, a los pocos meses de su promulgación, el presidente Ríos decretó Zona de Emergencia en las faenas mineras con tal de restringir las movilizaciones obreras, siendo que la finali-dad de esa ley era “defender la democracia” y “los derechos que asisten a las clases trabajadoras”.608

 

Al año siguiente, en diciembre de 1943, el gobierno promulgó la Ley Económica (N° 7.747), que permitió establecer las mercancías o materias pri-mas esenciales para el abastecimiento del país, prohibiendo su exportación si era necesario. Además, concedió el control de precios mediante un Consejo Asesor del Ministerio de Hacienda, donde la CTCh tendría un representan-te.609 En torno a la productividad, en tiempos de guerra mundial, la ley ordenó “la continuación de la explotación, por cuenta del Estado, de todas aquellas actividades comerciales e industriales que sean esenciales para las necesida-des del país, cuando dichas actividades se paralicen”.610 En materia agraria, la ley permitió que el Ejecutivo elaborase un Plan Agrario para “desarrollar la capacidad productora agropecuaria del país” y expropiar los terrenos mal cultivados o entregados voluntariamente por sus dueños.611 Esto provocó la molestia de la SNA, que pidió, sin lograrlo, el veto presidencial.612 Aunque pudo dejar conforme al PCCh, el gobierno no expropió ni desarrolló un

 

 

606        Humberto Abarca, “Por un Plan Económico General”, Principios, N°24, Santiago, junio de 1943, p. 14.

 

607        Ley 7.200, promulgada el 21 de junio de 1942. Sitio: www.leychile.cl

 

608        “Libertades públicas para defender la democracia”, El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1943, p. 3.

 

609        Ley 7.747, promulgada el 23 de diciembre de 1943. Sitio: www.leychile.cl

 

610        Ibid., Título VI, art. 28.

 

611        Ibid., Título IX, art. 44.

 

612        “Un editorial errado y una verdad”, El Siglo, 6 de marzo de 1944, p. 3.



 

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plan de transformación del agro chileno. Al contrario, como veremos más adelante, fue sumamente conservador en su política agraria en comparación de los gobiernos anteriores.

 

Finalmente, la política de Unión Nacional permitió la creación de la Alian-za Democrática de Chile, en octubre de 1942, la cual fue conformada por el PR, PS, PCCh, PST, demócratas y la CTCh, es decir, el antiguo FP, pero que funcionó con inestabilidad, debido a la salida del PS en 1943 y los continuos conflictos entre radicales y el presidente Ríos. “La Junta Central Radical ha rehusado hasta ahora traducir en hechos sus declaraciones a favor de la uni-dad, a pesar del compromiso categórico suscrito en la elección presidencial y de las diversas declaraciones firmadas en conjunto recientemente”.613 Aun-que hubo entusiasmo de liberales y falangistas por la Unidad Nacional, esto no se concretó en un gobierno ni una coalición como lo propuso el PCCh.614 La Alianza Democrática terminó siendo un pacto electoral, más que un mo-vimiento social de base como se lo planteaba el PCCh.615

 

Tampoco la segunda propuesta del PCCh tuvo mejor suerte. Nos refe-rimos al llamado a conformar el Partido Único de la izquierda chilena.

 

En 1943, producto del conflicto mundial y la diversidad histórica de cada país donde existían partidos comunistas, el Comintern decidió autodi-solverse.616 La Comisión Política festejó la resolución porque abría “perspec-tivas incalculables para el acrecentamiento de la unidad entre las naciones aliadas”.617 De esta manera, llamó a conformar un Partido Único del proleta-riado, con tal de unificar a la izquierda frente a la amenaza del fascismo. En Chile esta idea no era nueva, ya que en 1920 el POS planteó la conformación de un Partido Laborista o Partido Único junto con radicales, demócratas y miembros de la FOCh.618 El tema fue uno de los nudos más importantes y característicos de la izquierda chilena: cómo entenderse entre los dos grandes partidos socialistas y comunistas. En esta ocasión, la idea de la “unidad de acción de los partidos obreros” se mencionó por primera vez en mayo de

 

 

613        Contreras Labarca, La unión… op. cit., p. 3.

 

614        Manuel Hubner (et. all.), Forjando la Unidad Nacional. Discursos pronunciados en la con-centración del T. Caupolicán, Impresores Moneda, Santiago, 1944.

 

615        Carlos Contreras Labarca, “La Alianza Democrática de Chile debe cumplir su mis-ión”, Principios, N°21, Santiago, marzo de 1943, pp. 1-7.

 

616        “Resoluciones del Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, proponiendo la disolución de ese organismo internacional”, Principios, N°24, Santiago, junio de 1943, pp. 2-7.

 

617        “Declaración de la Comisión Política del PCCh, con motivo de la proposición del

 

Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista”, Principios, N° 24, Santiago, junio de 1943, p. 5.

 

618        Grez, Historia de… op. cit., pp. 159-167.

 

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1943, teniendo reuniones entre Carlos Conteras Labarca, Julio Barrenechea (diputado PS), Cesar Godoy Urrutia (Secretario General del PST) y Salvador Allende (PS). Marmaduke Grove valoró la invitación de Ricardo Fonseca a la formación del Partido Único, pero líderes como Salvador Allende, lo vie-ron más complejo.619 Si bien apreció la disolución del Comintern porque le daba la razón al PS, reconociendo que los comunistas no podían derrotar al fascismo solos, más que una oportunidad, Allende lo vió como un problema. Para formarlo se debía tener una consulta previa “a las bases del Partido, a un Congreso de Partido”.620

 

Al contrario, donde sí hubo una buena acogida fue en el PST. Su Se-cretario General, César Godoy Urrutia, consideró que el contexto mundial obligaba a generar la unidad del proletariado a través de un Partido Único (en la creencia que el movimiento obrero fuese de izquierda en su totalidad). A través de su Cuarto Congreso, en mayo de 1943, el PST expulsó a quienes contra-decían esta posición, los “trotskistas” Emilio Zapata y Oscar Waiss, teniendo el camino despejado para realizar lo que decía el propio Lenin: “un Partido obrero es la forma superior de unión de clase de los proletarios”. Un parti-do nuevo, un partido de la clase obrera”.621 Para esto se formaron Comités de Enlace desde mediados de 1943, pero sin resultados positivos. Según un informe de Policía de Investigaciones, una de estas reuniones se dio el 13 de julio de 1943 en Valparaíso. Unas cien personas escucharon a las gestiones entre el PCCh y PS donde el diputado Chacón Corona hizo ver, supuestamente, que la formación del Partido Único tenía el objetivo de “formar un Gobierno del pueblo y para el pueblo, haciendo a un lado al señor Ríos”. Una revolución que podían llevarlas solos o con el apoyo de PS y PST.622 Ciertos o no estos dichos, el Gobierno seguía paso a paso los movimientos de sus aliados polí-ticos, así como fue el gobierno de Aguirre Cerda.

 

Como resultado final de los Comités de Enlace, el PCCh logró en 1943 el ingreso de la Juventud del PST (JPST) y de la militancia adulta al año si-guiente. Según Orlando Millas, Secretario General de la JPST, los primeros contactos se dieron en las manifestaciones en contra del proyecto anticomu-nista en 1940. Al año siguiente, el PCCh decidió apoyar la candidatura de César Godoy Urrutia (PST) en las elecciones complementarias del distrito

 

 

619         Marmaduke Grove, Tercera Internacional y Partido Único, impr. Condor, Santiago,

 

1943.

 

620        Salvador Allende, Informe del IV Congreso Extraordinario del Partido Socialista, s/e, San-tiago, 1943, p. 15.

 

621        César Godoy Urrutia, “Bajo el signo del Partido Único”, Principios, N°25-26, Santi-ago, julio-agosto de 1943, p. 13 y 19.

 

622        ARNAD, FMI, Memorándum Reservado N° 113, Oficio de Dirección General de

 

Investigaciones a Ministro de Interior, Valparaíso, 14 de julio de 1943.



 

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primero de Santiago. De hecho en la campaña participó Luis Coray como representante de la Unión Provincial de Trabajadores Agrícolas (UPSA).623 Esto provocó que al año siguiente el PCCh y PST trabajaron unidos en la conformación de la Federación Industrial Nacional de Trabajadores Agríco-las (FINTA), donde el PST aportó con el histórico trabajo agrario que venía desarrollando desde 1935, especialmente Emilio Zapata y Carlos Acuña, por medio de la Liga de Campesinos Pobres. No olvidemos que el PST se formó a partir de las discrepancias con el PS, entre ellas, la temática agraria. El acer-camiento y el posterior llamado de Contreras Labarca a la formación de un Partido Único permitió que el PST entendiera “la diferencia que hay entre ser cabeza de ratón o cola de león”, recordó Godoy Urrutia, sobre todo por la baja electoral que tuvo el PST en las elecciones de 1941.624 De forma que en 1944, habiendo fracasado el Partido Único , por el rechazo del PS, la gran mayoría del PST ingresó oficialmente al PCCh y con ello sus contactos en los sindicatos urbanos y rurales. Esto será fundamental para lograr la creación de la Federación de Trabajadores Agrícolas (FINTA) que funcionó desde 1942 a 1947.

 

La formación de la FINTA

y la política agraria defensiva.

 

Después de los múltiples intentos realizados desde 1939, el PCCh logró impulsar un Congreso Nacional de Trabajadores Agrícolas en septiembre de 1942. Según Chacón Corona este “primer” Congreso Nacional fue un esfuerzo unitario y decisivo en el contexto de la defensa nacional “contra los agresores fascistas y por el bienestar de las masas campesinas”.625 Fascistas eran quienes lanzaban a la calle a sus inquilinos y fascistas quienes robaban las cosechas ajenas, decía José Barrera, encargado agrario por Santiago (PC-Ch).626 El Congreso, organizado por el Relacionador de Sindicatos Agrícolas, se comprometía a apoyar al gobierno de Ríos, siempre y cuando éste derogara la circular N° 34 impuesta por Aguirre Cerda, la cual no permitía que los Inspectores del Trabajo formaran nuevos sindicatos agrícolas. De esta ma-nera, Chacón Corona pedía respetar el “derecho de sindicalización, salario

 

 

623         “La Unión Provincial de Sindicatos agrícolas acordó apoyar la candidatura de Godoy Urrutia”, El Siglo, Santiago, 4 de julio 1941, p. 7.

 

624        Godoy Urrutia, Vida de un… op. cit., p. 73.

 

625        Juan Chacón Corona, “El Congreso de Obreros Agrícolas fortalecerá la Unión del campo para la defensa del país”, Principios, N° 16, Santiago, octubre de 1942, p. 8

 

626        José Barrera, “Congreso Nacional de Trabajadores Agrícolas”, El Siglo, 30 de agos-to de 1942, p. 3.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

vital, feriado legal y las medidas para aumentar la colonización de las tierras y fundos si explotar”.627

 

Así, el mismo día en que Stalingrado “rechaza heroicamente el asalto de medio millón de alemanes”, se realizó el esperado evento entre los días 4 y 6 de septiembre de 1942 en Santiago. Con la presencia de 146 delegados, El Siglo informó que el acto inaugural contó con los discursos de Luis Coray por la UPSA, Justo Zamora por el PCCh, Emilio Zapata por el PST y Máximo Venegas por el Partido Demócrata.628 En su informe inaugural, Chacón Co-rona parafraseó a Stalin, contextualizando el evento en el periodo de lucha contra el fascismo. Solicitó al gobierno aceptar la sindicalización campesina, a través del Código del Trabajo, sin una ley especial y denunció a la SNA de lanzar a miles de campesinos entre 1939 y 1941, posponiendo el aumento de producción que el país requería.629 El Congreso finalmente determinó crear la Federación Industrial Nacional de Trabajadores Agrícolas (FINTA), adhe-rida a la CTCh y con la siguiente directiva nacional:

 

•          Secretario General: José Agustín Valenzuela (CTCh de Curicó).

 

•          Sub-Secretario General: Luis Coray (campesino de Linderos).

 

•          Secretario de actas: Raúl Aravena (campesino de Polpaico).

 

•          Secretario de Finanzas: Francisco de la Barra (Presidente de Sin-dicato de Hacienda Chacabuco).

 

•          Secretario de Prensa y Propaganda: Manuel Cabrera (Liga de

 

Campesinos Pobres, Limache).

 

•          Secretarios de Conflicto: Ignacio Becerra y Felipe Estay (cam-pesinos de Rinconada de Maipú y Longotoma respectivamente).

 

•          Asesores: Emilio Zapata y los diputados Cesar Godoy, Natalio

 

Berman (los tres PST), los comunistas Justo Zamora, Juan Cha-cón, Manuel González Vilches; los demócratas Teodoro Agurto,

Pedro Cárdenas y máximo Venegas, los socialistas Vasco Val-debenito y Narciso Rojas y los radicales Ramón Olave y Darío

Barrueto (FINTA, 1942, pp. 45-46).

 

 

 

 

 

627        “Trabajadores del campo dispuestos a hacer respetar sus derechos”, El Siglo, Santi-ago, 13 agosto de 1942, p. 3.

 

628        “Con 146 delegados directos se inauguró el Congreso de los Trabajadores del cam-po”, El Siglo, Santiago, 5 de septiembre de 1942, p. 1.

 

629        FINTA, Primer congreso de obreros agrícolas, inquilinos y medieros, El Mundo, Santiago, 1942, pp. 2-23.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Las principales reivindicaciones fueron: salario de hasta 18 pesos dia-rios, asignación familiar, jornada de ocho horas, “comida abundante y bien condimentada”, viviendas higiénicas y fomento a la colonización colectiva, entre otros.630 En torno a la cuestión mapuche, se rechazó la División de las Comunidades Indígenas, al contrario de lo que el PCCh postuló en 1940.631

 

El presidente de la FINTA, José A. Valenzuela, representaba al Sindi-cato del Fundo La Obra de Curicó, además de ser dirigente de la CTCh y mi-litante comunista. En septiembre de 1942 escribió en El Siglo que producto del momento histórico, el gobierno debía expropiar a los terratenientes nazis para entregar dichas tierras a los sindicatos agrícolas.

 

“Para esto es necesario que nuestros compañeros en el campo se acerquen más y más a los pequeños propietarios, campesinos y terra-tenientes antinazis para discutir fraternalmente con ellos la gravedad del peligro que amenaza a nuestra Patria”.632

 

Es importante recalcar como las resoluciones de la naciente FINTA de-mostraron una modificación por parte del PCCh en torno a dos temas fun-damentales de la cuestión agraria: la sindicalización campesina y la reforma agraria. Sobre lo primero, tanto el PCCh como los socialistas, participaron en el debate de la Ley de Sindicalización en 1939. Aunque con matices, ambos partidos se pronunciaron dentro del marco legal: promulgar una nueva ley especial para el campo. Con el tiempo, la muerte de Pedro Aguirre Cerda y el encapsulamiento del proyecto de ley de sindicalización campesina, la FINTA retomó la demanda de la sindicalización, pero esta vez por la vía del Código del Trabajo, sin una ley diferenciadora entre obreros urbanos y rurales. Cha-cón Corona, que antes se pronunció por “el mal menor” de la ley especial, en 1942 estuvo a favor del Código del Trabajo, a fin de regular las relaciones capital-trabajo, donde los trabajadores pudieran defenderse de las agresiones de los latifundistas, como las últimas dos muertes de campesinos, en Ovalle y Melipilla.633 Anteriormente, el dirigente comunista, Juan Vargas Puebla había escrito en Principios, que una “legislación especial” no daba garantías a los campesinos y que el Partido no podía “aceptar tamaña aberración y burla”.634

 

 

630        Ibid., pp. 25-30.

 

631        Ibid., p. 29.

 

632        José Valenzuela, “Por el cumplimiento de las resoluciones del Congreso Nacional de Obreros Agrícolas”, El Siglo, Santiago, 29 de septiembre de 1942, p. 3.

 

633        BSCD, 80° sesión ordinaria, 15 de septiembre de 1942, p. 2530.

 

634        Juan Vargas, “Nuestras tareas en el movimiento sindical”, Principios, N° 7, Santiago, enero de 1942, p. 23.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

Pero no todos opinaban lo mismo en el PCCh. Según Justo Zamora, dentro del Partido, había quienes opinaban que no era conveniente organizar los sindicatos en estas condiciones:

 

“pues nuestro Partido se desprestigiaría en el caso de que la or-ganización naciente sea despedazada por el latifundista y que los mejores dirigentes campesinos sean desposeídos. Esta resistencia debe merecer una preocupación por parte nuestra para descubrir si ella es conciencia o inconsciente, pues los compañeros que la sostienen se transforman en enemigos de la organización campe-sina”.635

 

Al contrario, el gobierno de Juan A. Ríos mantuvo la prohibición de nuevos sindicatos en el agro y retiró la Ley de Sindicalización, enviándola al Consejo Superior del Trabajo. Según Loveman (1976a), este organismo tenía una fuerte presencia de la SNA, la cual retrasó e intentó frenar que pros-perara la propuesta legislativa.636 El propio Valenzuela, representando a la FINTA, asistió al Consejo el 29 de julio de 1943, acusando a la SNA de “pro fascistas, enemigos de la patria”, por negarse a la sindicalización de los cam-pesinos.637 Finalmente, durante 16 meses, el Consejo Superior del Trabajo re-visó el proyecto hasta enviarlo nuevamente al Parlamento a fines de 1944. La ofensiva del PCCh en torno a la sindicalización campesina vino después del término de la Segunda Guerra Mundial. En junio de 1945, Salvador Ocampo planteó la necesidad de levantar la prohibición de crear nuevos sindicatos agrícolas, mediante el Código del Trabajo y no por una legislación especial.638 El gobierno de Ríos hizo oídos sordos y mantuvo el proyecto inactivo. Esto no quiere decir que la FINTA abandonó esta reivindicación, sino que lo hizo mediante la presión social y no buscando un acuerdo en el Parlamento.

 

En el caso de la Reforma Agraria y colonización agrícola, la FINTA planteó una expropiación sólo a terratenientes pro-fascistas, tratando de lo-grar un entendimiento entre campesinos y latifundistas antinazis. Esta me-dida, aunque no era nueva dentro del PCCh, se fue profundizando desde mediados de 1941, con la política de Unión Nacional. Esta llamó al trabajo mancomunado entre la izquierda y los partidos antifascistas, enfocándose en atacar a los terratenientes con afinidad o vínculos con nazis. Esto resultó ser

 

 

635        Justo Zamora, “Nuestras tareas en el campo”, Principios, N° 7, Santiago, enero de 1942, p. 32.

 

636        Loveman, Struggle… op. cit., pp.120-121.

 

637        Ibid., p. 122.

 

638        BSS, 12° sesión ordinaria, 27 de junio de 1945, pp.540-546.



 

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una denominación bastante “confusa”, porque no se sustentaba en una po-lítica técnica, sino más bien ideológica. En palabras de Justo Zamora, si bien Lenin planteó la eliminación de los “kulaks” (grandes agricultores) en Chile existía “un grupo de terratenientes fascistas y pro fascistas, que son los úni-cos culpables del retraso de la producción de agricultura nacional”. Salvador Ocampo iba más allá en esta acusación, diciendo que “todos los asesinatos en Chile son obra de los nazistas”.639 ¿Existía una diferencia entre los grandes agricultores? Según Justo Zamora se debía abandonar el sectarismo y no sólo organizar “a los asalariados agrícolas, sino que hay que ir a la organización de comités, ligas de los campesinos y propietarios agrícolas, hasta llegar a organi-zar en el país una poderosa Asociación Nacional de Pequeño Agricultores”.640

 

Consecuentemente, entre 1942-1945 la política agraria del PCCh viró abruptamente hacia la legislación que beneficiara a agricultores pequeños y medios, abandonando su tradición de denuncia parlamentaria. Uno de los exponentes más importantes del PCCh fue Justo Zamora, quien presidió la Comisión de Agricultura y presentó una serie de proyectos sobre coloniza-ción agrícola y créditos para pequeños agricultores. En una de sus primeras intervenciones, Zamora anunció la importancia de reactivar un proyecto de ley del gobierno de Aguirre Cerda que sancionara a quienes “no cultiven una determinada cantidad de sus tierras”. Para ello el Presidente de la República debía fijar lo que se debía sembrar en cada zona, dependiendo de las nece-sidades de cada lugar. El proyecto se estancó en la Comisión de Hacienda, mientras los hacendados se reunieron en un congreso en mayo de 1942 para “mejorar su situación personal”, pidiendo la represión del movimiento de trabajadores agrícolas.641 Por otro lado, frente a la iniciativa de crear un Banco Agrícola para la ayuda de los agricultores, Zamora, pidió el retiro de este proyecto para tratarlo en conjunto con la iniciativa de la entrega de 100 mi-llones de pesos a la Caja de Crédito Agrario.642 “Nosotros creemos necesaria la aprobación de este proyecto, a pesar de que no favorece a los pequeños agricultores, porque la Caja de Crédito Agrario ha procedido con un criterio que nos parece más justo”. (Diputados, 24° sesión extraordinaria, 20/1/1943, p. 1098). Pero a la vez, el diputado propuso la racionalización de la economía agraria desde la planificación nacional de la economía, mediante el apoyo de la Cooperativas Agrícolas, como ocurría en la URSS, con un sistema “técni-camente perfeccionado”.

 

 

639        BSCD, 12° sesión ordinaria, 17 de junio de 1942, p. 886.

 

640        Justo Zamora, “El defensor de los campesinos”, Principios, N° 13, Santiago, julio de 1942, pp. 24-25.

 

641        BSCD, 2° sesión ordinaria, 26 de mayo de 1943, pp. 73-74.

 

642        BSCD, 38° sesión ordinaria, 28 de julio de 1942, pp. 750-751.

 

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“La realidad nos indica que en Chile se necesita que la Caja de Crédito Agrario tenga dinero; pero yo digo que junto con propor-cionarle este dinero, es necesario que el Gobierno tenga mayor control para que estos recursos vayan efectivamente a incrementar la producción en beneficio del pueblo”.643

 

En ese sentido, Zamora solicitó la modificación de la Ley de Coloniza-ción Agrícola, para aumentar el número de parcelaciones, pero sobre todo para incrementar el trabajo colectivo (un 30% del total hacia fundos colecti-vos).644 Además la Comisión de Agricultura aprobó la ampliación de faculta-des del Instituto de Economía Agrícola, que buscaba reemplazar la Junta de Exportación Agrícola.645 Al contrario, dicha comisión rechazó la propuesta de Zamora que flexibilizaba la formación de Cooperativas Agrícolas, ya que muchos comuneros se veían impedidos por no tener títulos de sus propie-dades. Según Zamora, quienes votaron en contra de “esa moción mantienen un desprecio hacia los campesinos”. Así lo evidenció en Ovalle, Combarbalá, Los Andes, Limache, Til-Til y otras zonas de Santiago, que pudo visitar, ya que creía en un trabajo parlamentario nacional, más que solo regional.646

 

“Propiamente no habrá fomento de la producción agrícola mien-tras no se proteja con amplitud el pequeño agricultor tal como se hace con el latifundista. Como norma democrática y de conve-niencia económica, debe irse al otorgamiento de mayores créditos sin garantía al pequeño agricultor, sin perjuicio de que se establez-ca un riguroso control de las inversiones” .647

 

A finales de 1943, Zamora intervino en entorno a la organización de congresos provinciales de los pequeños y medios agricultores en Santiago, Valparaíso y Concepción.648 Estas experiencias fueron en dirección de orga-nizar la Asociación Agricultores de Chile, la cual según José A. Valenzuela (FINTA) debían tener las siguientes reivindicaciones: “más tierras, semillas, aperos y útiles de labranzas, créditos a bajo interese, abonos, construcciones

 

 

 

643        BSCD, 25° extraordinario, 20 de enero de 1943, p. 1110.

 

644        BSCD, 7° extraordinario, 5 de mayo de 1943, pp. 190-194.

 

645        BSCD, 13° extraordinario, 18 de mayo de 1943, pp. 418-424.

 

646        BSCD, 5° ordinario, 2 de junio de 1943, p. 238.

 

647        El fomento de la producción agrícola, Principios, N° 24, Santiago, junio de 1943, p.

 

19.

 

648    BSCD, 21° extraordinario, 21 de diciembre de 1943, pp. 1030-1032.



 

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de tranques, caminos, etc”.649 El congreso finalmente se realizó en enero de 1944, impulsado por el PCCh, ya que José Valenzuela planteó en el XVI se-sión del Comité Central que dicho evento debía ser amplio, representando a “todos los sectores progresistas del campo chileno”, integrando a los grandes agricultores anti nacistas.650 Los resultados fueron entregados al Presidente Ríos donde se pidió mayores créditos, planificar la economía agrícola y la revitalización de las Cooperativas Agrícolas. De hecho, el presidente Ríos decidió darle un nuevo impulso a dichas cooperativas, con un proyecto de ley que le daría más facilidades para su constitución ya que actualmente tenían un “sistema jurídico defectuoso”.651 En torno a la planificación, el PCCh planteó que en tiempos de guerra se hacía necesario planificar la producción mediante el Consejo de Economía Nacional, sobre todo por la escasez de algunos productos (Cuadro 4).652

 

Cuadro 4

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Principios, N° 33, marzo de 1944, p. 19.

 

Por último, en torno a la política agraria hacia la cuestión mapuche, hubo un notorio descenso en torno a las denuncias y participación en eventos. Esto incluso fue reconocido por Justo Zamora en su intervención del XII Con-greso del PCCh.

 

 

 

649        José Agustín Valenzuela, “Las masas campesinas en la defensa de la patria”, Princip-ios, N° 21, Santiago, marzo de 1943, p. 12.

 

650        José Agustín Valenzuela, “Por el Congreso de agricultores que impúlsela unidad nacional antinazi”, Principios, N° 32, Santiago, febrero de 1944, p. 31.

 

651        BSCD, 54° ordinario, 29 de agosto de 1944, pp. 2070-2087.

 

652         “planificación de la producción agrícola”, Principios, N° 33, Santiago, marzo de 1944, p. 19.

 

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“Uno de los mapuches, desde esta tribuna, ha reclamado con la energía de su raza la poca preocupación de nuestro Partido, para con sus angustiosos problemas. Este compañero tiene razón, pues nuestra militancia los han querido ver solamente como una cu-riosidad por los rasgos de las compañeras y por su lenguaje, y no han considerado su formidable potencia combativa. Los mapuches junto a los campesinos y a la clase obrera, representan la fuerza capaz de poner un dique al desarrollo del nazismo en el Sur del país. Debemos luchar para que los mapuches elijan sus propios re-presentantes al Congreso y a los Municipios, teniendo cuidado al ele-gir sus personeros para que surjan traidores a la raza y al pueblo, como Huechullán, para lo cual nuestro Partido debe ayudarles, orientarles”.653

 

¿Qué papel tenía el pueblo mapuche además de su combatividad frente a los nazis? ¿Existía un discurso civilizador y paternalista de parte del PCCh? El 11 de junio de 1942, decenas de mapuches fueron desalojados por Carabine-ros del fundo Llay Llay en Osorno. En un amplio debate parlamentario, se dieron las razones porque el Intendente de la zona decidió cumplir con esta orden que dejó a dos muertos, entre ellos el señor Naguilef de 98 años y un joven de apellido Cano. Allí, Justo Zamora planteó que este era un problema más antiguo, donde las tierras fueron quitadas a los mapuches mediante en-gaños, “por una simple botella de aguardiente”.654 Más adelante, Juan Aniñir (presidente del Frente Único Araucano), advirtió que los sucesos de Llay Llay fueron parte de un plan de desalojo de más de 1.500 personas en distintas comunidades mapuches. “Los ladrones modernos son alemanes nazis”, te-niendo que transformarse en inquilinos, con bajos salarios y jornadas de sol a sol.655

 

De esta manera el PCCh quería incorporar a los mapuches al discurso anti nazi y de Unión Nacional. En 1943, el dirigente José A. Valenzuela planteó ayudar a los mapuches, para defender su derecho a tierras, respetando sus costumbres e idioma, pero dándole “todos los elementos de civilización de higienización”.656 Para el PCCh, los mapuches aún vivían lejos de la moderni-dad, siendo arrebatada sus tierras y sin apoyo del gobierno para aumentar la

 

 

653        Zamora, “Nuestras tareas… op. cit, pp. 33-34. Se refiere a Arturo Huenchullán, diputado del Partido Democrático.

 

654        BSCD, 12° ordinario, 17 de junio de 1942, p. 887.

 

655        “Juan Aniñir, “Las tierras de los mapuches”, El Siglo, Santiago, 26 de enero de 1943,

 

p. 3.

 

656        Valenzuela, “Las masas… op. cit., p. 16.



 

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producción. Domingo R. Llancaleo de Cautín afirmó a El Siglo:

 

“Nosotros, los mapuches, queremos producir más, somos capaces de producir más; pero hay que acabar con los ladrones de tierras, que nos devuelvan las tierras robadas y que nos ayuden. De esta manera ayudaremos al gobierno a terminar con los fascistas y a que haya más alimento y más barato”.657

 

Producto de la influencia por el contexto internacional y la necesidad de adaptarlo a la realidad nacional, el PCCh utilizó un lenguaje “militariza-do”, sobre todo en su contacto con el mundo campesino y mapuche. “La conquista del campo” significó asimilar, de alguna forma, a los habitantes de las zonas rurales como sujetos en disputa, una especie de botín de guerra que se debía quitar “a la reacción” y “el nazismo”. De esta forma, se caía en una actitud paternalista, que pese a fomentar la organización de los campesinos, estimaba cierta incapacidad de hacerlo por sí mismos, haciendo primar sus afanes de dirigir esta fuerza antes que colaborar con su desarrollo autónomo como actor social y político.

 

La Unión Soviética y el nazi-fascismo:

la civilización contra la barbarie.

 

Francisco Torrejón recuerda que cuando ingresó al PCCh, su primera ta-rea fue realizar una colecta por la URSS. “Entre otras ideas se inventó un cam-peonato de fútbol con entrada pagada, entonces me tocó estar a cargo de la venta”. Tras lograr reunir doscientos pesos, fue felicitado por lo que “se había considerado un éxito para ellos”.658 Por otro lado, el diputado Humberto Abar-ca pidió realizar un mayor esfuerzo en la solidaridad con el frente de batalla:

 

“En Talca, una compañera, que NO es del Partido, leyó en nues-tra prensa que había que ayudar a la Unión Soviética. Inmediata-mente, sin esperar ‘instrucciones’ ni la ‘circular’ de la Comisión de Organización, se puso al trabajo y organizó un grupo de 30 mujeres para la ayuda de la URSS. Si este criterio lo hubiera tenido cada dirigente del Partido, no cabe duda que la ayuda a la URSS y la lucha contra los fascistas sería hoy una tarea enormemente

 

 

657        “Como viven y luchan los mapuches en sus comunidades en el sur”, El Siglo, San-tiago, 6 de junio de 1943, p. 9.

 

658        Torrejón, Relatos… op. cit., p. 56.

 

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desarrollada en nuestro país”.659

 

Por otro lado, Pedro Castañeda recuerda que cuando conoció al PCCh en 1944, teniendo quince años. “Llegó un compañero de la construcción, ve-nía muy preocupado, porque el famoso Hitler dijo que iba a ganar la guerra, iba a dejar la sangre azul, iba a exterminar a los indígenas, iba a mecanizar el trabajo, iba a ser un exterminio. Afortunadamente perdió la guerra y segui-mos”. De origen campesino, Castañeda nació en 1929 en San Pedro de Me-lipilla, desempeñándose desde los 10 años en las tareas agrarias. Vivió como “campesino pobre, sin tierra”, junto a sus ochos hermanos.

 

“Vivíamos en campo, en un sitio chiquito y le trabajamos a otra gente que tenía más terreno, en la época de la cosecha y después trabajé en la construcción… Siempre llegaban compañeros del partido, a través de la construcción, había una organización ‘de hecho’ campesina, hablaban que hacían lo que había dicho Re-cabarren, la reforma agraria, pero recién en 1950 me entregaron el carné del Partido… la Unión Soviética para mí significó en esa época un cambio, un cambio por los más necesitados. Estaban ellos preocupados de terminar con el analfabetismo, de que hubie-ra trabajo y de la justicia social. Le quitó el poder a los mandamás y ganó la Segunda Guerra Mundial, fueron los que estuvieron en contra del fascismo”.660

 

Estos ejemplos demuestran lo relevante que fue para la militancia co-munista la Segunda Guerra Mundial, el papel de la URSS en la lucha contra el nazismo y la esperanza del comunismo para resolver los problemas de los obreros y campesinos chilenos. Tanto El Siglo como Principios se transforma-ron en importantes tribunas para resaltar las múltiples campañas y colectas que se realizaron en Chile en apoyo del Ejército Rojo, como el seguimiento del conflicto en Europa. Según Luis Corvalán, El Siglo era el “más entusiasta animador de la campaña de solidaridad con la Unión Soviética”, ya que de esta guerra “dependía la suerte de la humanidad”. Este dirigente incluso fue detenido por una querella de la Embajada de Alemania por ofensas a Hitler. “Una vez sobreseído me reincorporé a El Siglo”.661

 

 

659        Humberto Abarca, “Sobre algunos problemas de organización”, Principios, N°5, Santiago, noviembre de 1941, p. 6.

 

660        Entrevista a Pedro Castañeda (86 años), militante comunista, comuna de San Ber-nardo, Santiago, 28 de enero de 2016.

 

661        Corvalán, De lo vivido… op. cit., p. 44.



 

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La invasión de Alemania a la URSS permitió al PCCh reformular su política de Frente Popular a Unión Nacional, ampliando su radio hacia otras fuerzas políticas, pero sin abandonar la doctrina marxista leninista. Como señalaba Justo Zamora en el parlamento en 1944: “Nosotros con orgullo, por ejemplo, mantenemos la teoría stalinista, porque somos marxistas, leninista, stalinistas, sobre todo cuando estos están realizando una obra de acuerdo a las naciones aliadas, con las que han formado una coalición antinazi para aplastar a la barbarie”.662 Pero el PCCh no estuvo libre de contradicciones internas. Por un lado, el Comité Central suavizó el discurso anti-imperialista para valorar la alianza de EEUU junto a la URSS en contra del nacismo, pero dirigentes como Contreras Labarca se vieron seducidos por el líder del PC norteame-ricano Earl Browder. Incluso algunos de sus escritos fueron publicados en Principios. Según Corvalán, aunque fueron los menos afectados de América Latina por el discurso colaboracionista, el “browderismo” y la Unión Nacional generó cierto debilitamiento en “la lucha independiente del proletariado”.663 Al finalizar la guerra, Browder fue duramente criticado porque propició la salida del PC norteamericano del Comintern para acercar el socialismo y el capitalismo. En Chile, Contreras Labarca fue reprendido por el Comité Cen-tral, permaneciendo en el cargo, pero perdiendo su poder real.664

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

662        BSCD, 35° ordinario, 21 de julio de 1944, p. 1298.

 

663        Corvalán, De lo vivido… op. cit., p.46.

 

664        Barnard, El Partido… op. cit., pp. 210-212.

 

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Imagen 11

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Sede del PCCh en 1941, fotografía de Hart Preston.

 

Gentileza de Matías Villa Juica. Archivo personal.

 

Una fotografía graficaba el importante momento que vivía el PCCh en plena Segunda Guerra Mundial y su apertura táctica hacia Estados Unidos. Tomada por Hart Preston, corresponsal norteamericano de la revista Life, la imagen mostraba a un joven ojeando un libro en la sede el PCCh. La sala, llena de libros, tenía colgado un mapa de Europa, seguramente donde se podían seguir las batallas soviéticas. Entre otros títulos, en el mesón se hallaban Cues-tiones del Leninismo de Stalin y Rebeldías Liricas, el único libro en vida del poeta José Gómez Rojas. (Imagen 11). ¿Cómo llegó a ser fotografiada la sede del PCCh por un reportero gráfico de la revista Life? Preston visitó Chile en 1940, a propósito del conflicto bélico, retratando la noche santiaguina, la des-congestionada Alameda, pero también la presencia nazi en Chile. A través de un reportaje fotográfico, retrató desde colonos alemanes en el sur de nuestro país, hasta al presidente Aguirre Cerda con una pequeña estatua de George Washington en su escritorio665.

 

 

665     Hart Preston, “Nazis in Chile”, Life, Vol. 10, number 26, Chicago, jun 30, 1941, pp.



 

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Pero en realidad la presencia de Estados Unidos en la prensa comunista fue minoritaria en comparación a la referencia soviética. Esto se evidenciaba con claridad en la reedición de la revista teórica llamada Principios. Publicada en su tercera época, el PCCh logró dar un salto cualitativo en torno a su difusión teórica marxista-soviética y el conflicto en contra del nazismo. Con Galo González como director, la revista teórica volvió a editarse coinciden-temente con la invasión de Alemania a la URSS en julio de 1941, exponiendo que dicho acontecimiento demostraba las mentiras de los trotskistas y so-cialdemócratas “sobre la existencia de una alianza entre el comunismo y el nacismo”.666 De esta manera, los más de 49 números entre 1941 y 1945, se convirtieron en un notable medio de recepción del marxismo en el periodo stalinista, pero que no ocultaba las contradicciones y deficiencias que tuvo el PCCh en este periodo.

 

Una primera dificultad fue la precaria costumbre de estudiar de la mili-tancia. Según Galo González, el nuevo período de “guerra justa” implicó que los militantes tuvieran la obligación de “estudiar y comprender los cambios producidos en el mundo y en Chile”, terminando el sectarismo en el parti-do.667 Según Juan Vargas Puebla, existía en el Partido una “subestimación por el estudio y los cursos de capacitación”, ya que “nuestra literatura aun no es lo suficientemente aprovechada”. Para esto resaltó la experiencia de unos mineros en Lota, quienes mientras trabajaban, “un compañero les lee en voz alta El Siglo, ya que ellos, en su mayoría no saben leer. Es lo que debemos hacer en todas partes, en las minas, en los suburbios, en el campo”.668 Según Rodolfo Guzmán, esto se debía replicar porque existía una población de un millón y medio de analfabetos, sobre todo en las zonas agrícolas, “donde domina el latifundio aparejado con un sistema social de acentuados resa-bios de servidumbre”. De manera que el PCCh desarrolló una campaña de alfabetización a través del Comité Nacional de Alfabetización y Cultura, el cual elaboró un “Silabario Democrático” que se publicó en noviembre de 1943.669 El plan fue masificar dicho libro en cada localidad, creando brigadas culturales, “a semejanza de lo que ha hecho la sección de Coltauco”.670 Este

 

 

75-81.

 

666        Carlos Contreras Labarca, “La brutal agresión fascista contra la Unión Soviética”,

 

Principios, N°1, Santiago, julio de 1941, p. 5.

 

667        Galo González, “Luchamos contra el sectarismo en nuestras propias filas”, Princip-ios, N°3, Santiago, septiembre de 1941, p. 12.

 

668        Juan Puebla Vargas, “Por el camino de Recabarren”, Principios, N°13, Santiago, julio de 1942, p. 22.

 

669        Rodolfo Guzmán, “La campaña de alfabetización y la cultura política del pueblo”, Principios, N°29, Santiago, noviembre de 1943, pp. 29-30.

 

670        Unión de Profesores de Chile, Silabario democrático, El Mundo, Santiago, 1943.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

texto estaba dividido en tres partes y su objetivo no era sólo alfabetizar, sino politizar a través de un lenguaje asociado a la realidad de los trabajadores del campo y ciudad, como también a las propuestas del partido. Así se graficaba en los ejercicios de la primera parte con palabras como: arado, surco (“La tierra arada tiene surcos”), fábrica, yunta, máquina (“La máquina cose sacos), trabajo (“Nosotros trabajamos para el país”), puño, chuzo, hilo, guerra, kios-co (“En el kiosco de la esquina está el diario”) y Excelencia (“Su Excelencia el Presidente de la República don Juan Antonio Ríos dice: Gobernar es pro-ducir”.671 En la segunda parte se relata la historia de una “familia chilena”, conformada por Alejandro Poblete y Carmela Rebolledo, quienes migran de Pellahuén (Cautín) a Temuco, donde “la situación económica estaba asegura-da por lo que producía mi trabajo y en mi propio taller”. De sus cinco hijos, uno se hizo obrero metalúrgico, otro marino y otro minero. El último hom-bre instaló un almacén, mientras que la única hija se hizo costurera, cuidando a sus padres. “Los tiempos han cambiado mucho, ahora los obreros tienen un Seguro Social”. La historia concluye con la reunión familiar en las fiestas patrias de septiembre, donde la pareja cumplió cincuenta años de casados, “con mi abnegada compañera de vida y sacrificios y con sus hijos”.672 Final-mente la tercera parte es una guía sobre la diferencia entre idioma y lenguaje, la gramática y cómo se ordena el pensamiento, para concluir con una breve historia de Chile, donde resalta el valor de los héroes patrios en la Indepen-dencia, como O’Higgins y sus campesinos del Laja que pasaron a su ejército supuestamente como “voluntarios”.673

 

Por otro lado, se realizaron cursos de capacitación a cargo de los pro-pios miembros del Comité Central, que a diferencia de los años treinta, no dependieron de profesores extranjeros para realizar sus clases. Según Rodolfo Guzmán, el método fue expositivo, aplicando preguntas a cada “alumno” para percibir si entendían los conceptos. El programa del curso contó con las siguientes temáticas: “Problemas del Partido, de la Revolución Chilena, de la Guerra y Unión Nacional, Sindical y Organizaciones de masas, Agrario Na-cional y Economía Política y los ramos de cultura general, Historia, Geografía, Lectura y Literatura, Redacción y Ortografía, Caligrafía, Aritmética, etc.”.674 Otros cursos se organizaron en los regionales de Coquimbo, Valparaíso y Concepción, pero “todavía en forma débil”, según Luis Reinoso encargado

 

 

 

 

671        Ibid., pp. 7-14.

 

672        Ibid., pp. 40-51.

 

673        Ibid., p. 71.

 

674        Rodolfo Guzmán, “Experiencias de la Escuela Central de Cuadros del Partido”, Principios, N°14, Santiago, agosto de 1942, p. 15.



 

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un fantasma recorre el campo

 

de Organización del PCCh hasta 1949.675 ¿Cómo fue la recepción de dichos cursos en la militancia? ¿Estaba afianzado el proceso de bolchevización?

 

Todo indica que se necesitaba mayor disciplina y capacitación. Desde mayo de 1942, Principios elaboró una serie de resúmenes para facilitar la lec-tura de La Historia del Partido Comunista Bolchevique, el cual había bajado de 25 a 10 pesos, según las indicaciones del Comintern.676 En dicha síntesis se indicaba que las claves de la Historia del PC (B) era entender la importancia que Lenin le daba al partido como conductor de la clase obrera. Así se citó del libro ¿Qué Hacer?: “La conciencia política de clase no se le puede portar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patrones”.677 A partir de esto, según Lenin, los campesinos “son aliados de la clase obrera en la revo-lución democrática burguesa”, pero en una segunda etapa, el proletariado debía llevar la dictadura por sobre los intereses individuales de los campesi-nos.678 En los números siguientes de Principios se siguió recalcando el papel del Partido como vanguardia de la clase obrera.679 En torno al centralismo democrático, se destacó “la subordinación de la minoría a la mayoría” y “la subordinación de los organismos inferiores a los superiores”.680 Presumimos que era importante resaltar estos aspectos, porque aunque se había avanzado en la disciplina, según los informes de Galo González y Humberto Abarca en el XII Congreso del PCCh, aún existían dificultades para llevar la línea de la dirección al partido o cumplir con las resoluciones de los congresos parti-darios anteriores.681 Incluso el diputado Chacón Corona fue sacado de la Comi-sión Política en 1941, ya que aprobó la decisión del Regional de Valparaíso de colocar municiones en la comida de Ibáñez del Campo. Chacón aceptó la sanción, pero “sufrió una impresión tan fuerte… que le dio un infarto”, recuerda su hija Lucía Corona.682

 

 

 

675        Luis Reinoso, “Nuestra política y trabajo de cuadros”, Principios, N°8-9, Santiago, febrero-marzo, 1942, p. 20.

 

676        Principios, N° 11, Santiago, mayo de 1942, p. 6.

 

677       “Para facilitar el estudio de la historia del Partido Comunista de la URSS”, Principios, N°12, Santiago, junio de 1942, p. 54.

 

678       “Para facilitar el estudio de la historia del Partido Comunista de la URSS”, Principios, N°16, Santiago, octubre de 1942, p. 31.

 

679       “Para facilitar el estudio de la historia del Partido Comunista de la URSS”, Principios, N°13, Santiago, julio de 1942, pp. 40-44.

 

680       “Para facilitar el estudio de la historia del Partido Comunista de la URSS”, Principios, N°15, Santiago, septiembre de 1942, p. 43.

 

681        Galo González, “La vigilancia y la disciplina revolucionaria”, Principios, N°7, Santia-go, enero de 1942, pp. 19-22.

 

682        Varas, Chacón… op. cit., p. 118.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

En materia de imprenta, Antares publicó sus últimos libros en 1941, quedando Nueva América como casa editorial (además de El Mundo). Com-parado con los años anteriores, la producción entre 1942 y 1945 puede considerarse baja, debido que se publicaron alrededor de veintiséis obras, teniendo en consideración que sólo en 1938 se editaron veinticuatro libros. Una posible explicación se deba al papel que jugó la Distribuidora Ibero Ameri-cana de Publicaciones (DIAP), que atendía en Moneda 702. Según los anun-cios publicados en Principios , la DIAP importó más 40 obras entre 1941 y 1945, principalmente desde Buenos Aires (Editorial Problemas y Claridad) y otras editoriales nacionales como Nascimento y Lautaro. Algunos ejemplos son los libros de Wladimir Lenin: ¿Qué Hacer? ( $ 6), El Estado y la Revolución ($ 12), Un paso adelante, dos pasos atrás ( $ 20), La comuna de París ($ 1.8) o sus Obras Escogidas (Vol. 1: $10 y Vol. 2: $ 15) . En 1942, las obras de Marx dis-ponibles eran Miseria de la flosofía ($ 5), El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte ($ 6) y Precio, salario y ganancia ($ 1.5). Muchas de estas obras eran reseñadas en Principios con tal de motivar su lectura y venta. Otra iniciativa para me-jorar la comercialización de libros fue a través de la Comisión de Finanzas, quien organizó un grupo de “Vendedores de Literatura”.683 A pesar de los esfuerzos, el Comintern informó que otros “clásicos del marxismo”, eran comprados de manera “extremadamente limitadas”: Stalin, Problemas del Le-ninismo (650 ejemplares); Lenin, El Estado y la Revolución (1.000 ejemplares) y Lenin, ¿Qué hacer? (200 ejemplares).684 La propuesta del Comintern para Chile fue la de elevar “la labor de propaganda del Partido... y también lograr la asimilación de los fundamentos de la teoría marxista-leninista por todos los miembros”.685 Por otro lado, envió una lista de libros que debían ser editados por Nueva América, pero ésta publicó sólo algunas obras, como por ejemplo Trabajo, Salario y Capital, una versión al cuidado del Instituto Marx- En-gels -Lenin.686 De todas maneras, el trabajo de difusión fue mejorando. Se-gún el testimonio de Orlando Millas, fue Ricardo Fonseca el gran motivador de la recepción del marxismo en el PCCh. En su caso, el estudio sistemático de “El Capital” lo comenzó alrededor de 1945, cuando este libro llegó a la librería de la DIAP, tardando unos diez años poder asimilarlo.687 Millas co-mentó que Fonseca les instruyó que no se debía asimilar mecánicamente el marxismo a la realidad nacional, incluso aconsejó a personas como Paulino

 

 

683        “Comisión de finanzas cita a vendedores de literatura para hoy”, Frente Popular, Santiago, 20 de mayo de 1940, p. 5.

 

684        Andrés, “Proposiciones sobre la propaganda impresa y oral del PC de Chile”, 11 de abril de 1941, pp. 1-2, enRGASPI, 495.17.318.

 

685        Ibid., p. 2.

 

686        Carlos Marx, Trabajo, Salario y Capital, Nueva América, Santiago, 1941, p. 6.

 

687        Millas, Memorias… op. cit., p. 309.



 

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un fantasma recorre el campo

 

González Alberdi a mejorar sus escritos en El Siglo, olvidando las comple-jidades abstractas.688 ¿Se logró interpretar el marxismo desde una mirada local y latinoamericana?

 

Un primer caso es el libro El amanecer del capitalismo y la conquista de Amé-rica de Volodia Teiteilboim, editado por Nueva América. Según Raúl González Tuñón, “el primer libro escrito en Chile a la luz del materialismo dialécti-co”.689 Para Ricardo Fonseca, este joven escritor logró asimilar las doctrinas del marxismo-leninismo-stalinismo, descubriendo en el rostro del campesino chileno a los “siervos de la gleba” de la Edad Media690. De manera que a la luz del marxismo, según Fonseca, se descubre América. Lejos de esto, el confuso texto de Teiteilboim intentó profundizar en la conquista y saqueo de América, dedicándole en demasía a la historia de la Edad Media, sin profun-dizar en los orígenes y realidad mestiza e indígena latinoamericana. Por otro lado, el estudio se enfocó en el caso de Venezuela, no llegando a ahondar en la experiencia de Conquista chilena. Como parte final, el autor advierte del peligro nazi en torno a los recursos naturales americanos. “Vivimos ya en esa última noche de agonía, en que aúlla, sangra, grita, estertora, purgando por salvar su causa perdida, aunque el mundo se derrumbe”.691 Éste será el primer y último ensayo histórico de Teiteilboim, dedicándose más adelante a la literatura y las biografías.

 

En realidad, existió más interés por la historia de la URSS y sus diri-gentes, que del pasado nacional. Un ejemplo fue La revolución rusa de 1917 y su lugar en la historia de la humanidad de Yemelyan Yaroslavsky (1944). Este dirigente soviético participó en la “revolución de octubre” y más adelante estuvo a cargo de las ediciones de diarios y el Instituto Marx-Engels-Lenin. Antares editó en 1938 la biografía de Lenin escrita por Yaroslavsky, mientras que en este libro destacó el papel del partido en la revolución y de sus líderes Lenin y Stalin. Las revoluciones no eran actos espontáneos, sino una “crea-ción legítima de la historia”.692 Tanto los campesinos como Trotsky pasaron a segundo plano. En el caso de este último, ni siquiera es nombrado. La Revolución Rusa creó un nuevo Estado y resolvió los problemas agrarios a

 

 

 

688        Ibid., p. 313.

 

689        Raúl González Tuñón, “Aventura, pasión y conocimiento de Volodia Teitelboim,

 

El Siglo, Santiago, 11 de septiembre de 1943, p. 5.

 

690        Ricardo Fonseca, “El libro de Volodia Teitelboim”, Principios, N°27, Santiago, sep-tiembre de 1943, pp. 87-90.

 

691        Volodia Teitelboim, El amanecer del capitalismo y la conquista de América, Nueva Améri-ca, Santiago, 1943, p. 265.

 

692        Emiliano Yaroslavsky, La revolución rusa de 1917 y su lugar en la historia de la humanidad,

 

Nueva América, Santiago, 1944, p. 5.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

nivel nacional. Las hambrunas en Ucracia y los Koljos (granjas colectivas) no fueron parte de su análisis.

 

En Chile, el abogado Mario Rojas realizó su tesis precisamente en el análisis de la Constitución de la URSS de 1937 y su comparación con los derechos ciudadanos de los países capitalistas. Para Rojas, la verdadera de-mocracia solo era posible sobre la base de la propiedad colectiva, por ende, el régimen de EEUU es una democracia formal “desprovista de conteni-do”.693 Al contrario, en la URSS el poder político no se dividía en Ejecutivo, Legislativo y Judicial, como las democracias burguesas, sino “todo el poder pertenece a los trabajadores de la ciudad y el campo”.694 En materia agraria, la colectivización agrícola de 1927 “hizo imposible el retorno al capitalismo”, siendo un triunfo que se equipara a la misma revolución de 1917, ya que el campesino “por esencia es individualista”.695 Rojas finalmente destacaba el Estado social de la URSS, donde existía derecho a descanso, seguro de invalidez y una educación que había logrado el desarrollo de más de nueve millones de intelectuales.696

 

Al año siguiente se editó El Método dialéctico de Mark Rosental. En este texto, basado en gran parte en Lenin y Stalin, sentenció que “la experiencia de la revolución proletaria en la URSS demostró prácticamente, que sólo el derrocamiento violento, revolucionario, de la dictadura de la burguesía, que sólo mediante el salto revolucionario, se pueden crear las condiciones para la construcción de la Sociedad socialista”.697 Finalmente, se publicó la biografía de Lenin en 1944. Allí se destacó que el joven líder bolchevique leyó “El Capital” por primera vez a los 15 años, destacándose que su estudio marxista “no tenía nada que ver con una asimilación libresca y abstracta. Para él, el marxismo nunca fue un dogma muerto, sino un guía vivo para la acción re-volucionaria. Al mismo tiempo que propagaba la doctrina de Marx y Engels, Lenin comenzó a los 20 años un estudio profundo del desarrollo económico de Rusia”.698

 

Con el pasar de los años, el régimen soviético, el stalinismo y el papel que jugó la URSS en el imaginario de los comunistas se fue modificando. Un cúmulo de investigaciones han ayudado a correr el velo y complejizaron

 

 

693        Mario Rojas, Derechos y deberes de los ciudadanos soviéticos, Nueva América, Santiago,

 

1942, p. 6.

 

694        Ibid., p. 41.

 

695        Ibid., p. 54.

 

696        Ibid., p. 101.

 

697        Mark Rosental, El método dialectico marxista, Nueva América, Santiago, 1943, p. 105.

 

698        Instituto Marx-Engles-Lenin, Wladimir Ilich, Lenin: Breve esbozo de su vida y actividad,

 

Nueva América, Santiago, 1944, p. 15.



 

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un fantasma recorre el campo

 

las experiencias de miles de personas que lucharon en contra del fascismo y creyeron en la URSS como la posibilidad de vivir el socialismo. Uno de ellos fue escrito por Svetlana Alexiévich: La guerra no tiene rostro de mujer . Editado en 1985, la autora entrevistó a cientos de mujeres que combatieron en el Ejérci-to Rojo, dándonos cuenta de “la otra guerra” y “la otra URSS”.699

 

En el caso del PCCh, en los años estudiados, toda acusación hacia “el jefe de los pueblos” y el heroico Ejército Rojo fue planteado como trai-ción. Según Lafertte (1945), los fascistas eran “los mismos que alimentan la campaña de intrigas y calumnias contra la Unión Soviética, cuyo prestigio mundial, engrandecido por el glorioso papel que jugó en la liberación de los pueblos esclavizados por los fascistas”.700 Samuel Riquelme recuerda que existía en la militancia comunista una adoración por la URSS y sus dirigentes.

 

“Decíamos: compañero, hay que leer esto, pero hay que leerlo te-niendo en cuanto que es solo un guía, para nuestro trabajo, para nuestra acción, no puede ser mecánico, es importante tener en cuenta la presencia, la cosa esta realizada por el Partido más gran-de, teníamos adoración por el Partido Comunista de la Unión So-viética. Stalin, Lenin, Marx y Engels eran las figuras que siembre nosotros estábamos repitiendo en nuestras arengas, en nuestras discusiones, dentro de la Jota y del Partido. Se hacían citas por supuesto. De Trotsky se citaba, pero pa’ combatir a Trotsky”.701

 

La URSS era un “manantial de experiencias que los obreros de cada país han sabido aprovechar para fortalecer la lucha en defensa de sus intere-ses y en pro de la unidad nacional de cada pueblo”.702 En las páginas de El Campo , se destacaron el aumento de productividad en Ucrania, Leningrado y Orion producto del trabajo de los koljos (granjas colectivas); la emoción de los polacos ocupados al recibir sus tierras producto de la reforma agraria que impulsó la URSS y cómo se abastecía el Ejército Rojo por la abnegación de los campesinos.703 Por otro lado, los medios de comunicación eran bastante limitados y los editores de El Siglo captaban las informaciones escuchando los cables que eran enviado telegráficamente a otras agencias para diarios de

 

 

699        Svetlana Alexiévich, La guerra no tiene rostro de mujer, Debate, Barcelona, 2015, p. 40.

 

700        Elías Lafertte, Hacia la transformación económica y política de Chile por la vía de la Unidad Nacional, Nueva América, Santiago, 1945, p. 9.

 

701        Entrevista a Samuel Riquelme… op. cit.

 

702        “Dos fechas históricas”, El Campo, N° 7, Santiago, octubre de 1943, p. 3.

 

703        “La agricultura en la Unión Soviética”, El Campo, N° 12, Santiago, agosto de 1944,

 

p. 6.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

Santiago. Luis Corvalán recuerda que esa función la hacía un joven boliviano a quien llamaron “Nuestro Pirata del Aire”.704

 

En el trabajo campesino, el PCCh utilizó la situación agrícola de la Unión Soviética y el papel el Ejército Rojo en la segunda guerra mundial en la politización campesina, pero principalmente fue través de sus reivindica-ciones y necesidades locales que se desplegó esta última.

 

La FINTA en acción:

sindicalización campesina y pequeños agricultores.

 

En 1941 José Campusano por fin conoció a Chacón Corona. Enton-ces éste último era diputado por Valparaíso, pero siguiendo con la tradición comunista, sus parlamentarios recorrían todo el país, independiente de su circunscripción. El encuentro ocurrió en el marco de la visita de Chacón Corona a Ovalle. Al consultarle por el comienzo de la reunión, éste le dijo: “Calma cabrito, hay que nadar despacito por la ‘piera’, mira que quien apura-do vive, apurado muere”. Así, con tono campechano y un lenguaje sencillo, el diputado de origen campesino describió la situación mundial donde la URSS llamó a la paz. Del gobierno, discrepó de la Conferencia de La Haba-na, donde Oscar Schnake firmó el acuerdo con Estados Unidos y denunció la acción represiva de los terratenientes por el masivo desalojo de cientos de campesinos acusados de comunistas.705 Campusano quedó sorprendido y agra-dado por la claridad y seguridad de aquel dirigente, con quien años más tarde compartió en diversos fundos de la zona central como encargado agrario.

 

Aquel encuentro sucedió antes de la invasión de Alemania a la URSS y el reemplazo del Frente Popular por la Alianza Democrática, hechos que transformaron la política del PCCh, ya sea a nivel nacional, como en materia agraria. En este último aspecto, el PCCh cualificó su influencia en la organi-zación campesina, pero mantuvo una política “defensiva” en torno a la distri-bución de tierras, no promoviendo la expropiación de todos los latifundios, sino sólo de quienes se aliarán con el nazismo. Esta política agraria se vio reflejada en la labor de la FINTA, creada en 1942 a partir del acercamiento de las organizaciones campesinas ligadas al PCCh y el PST. Esta Federación denunció los bajos salarios y las miles de tierras no explotadas que existían en el país, sobre todo en la zona central. Según Luis Coray, subsecretario de la FINTA, “los empleados y obreros de la ciudad no deben olvidar que el campesino tiene que convertirse en una fuerza de lucha para la defensa de

 

 

704        Corvalán, De lo vivido… op. cit., p. 43.

 

705        Campusano, Sembrando… op. cit., pp. 90-91.



 

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un fantasma recorre el campo

 

las libertades y contra el nazifascismo”.706 A comienzos de 1943, La Voz del Agricultor, suplemento que apareció con El Siglo se transformó en El Campo, el periódico oficial de la FINTA, el cual siguió claramente la línea editorial del PCCh, registrando tanto noticias nacionales como el seguimiento a la Segunda Guerra Mundial.707 (Imagen 12). Su publicación fue mensual hasta enero de 1944, cuando por problemas económicos, salió irregularmente, lle-gando a registrar diecisiete números en cinco años. Al comienzo su director fue Raúl Chávez y partió costando veinte centavos ($ 5 pesos la suscripción anual), un precio bastante razonable, entendiendo lo que ganaban los inquili-nos dependiendo de las distintas localidades.708 ¿Cuál fue la labor desarrollada por la FINTA? ¿Cuáles fueron sus mayores preocupaciones y dificultades? ¿Qué grado de autonomía desarrolló con respecto al PCCh? ¿Qué nivel que influencia tuvo en la politización campesina entre 1942-1945? Algunas de estas preguntas las responderemos mediante el periódico El Campo, pasquín que no ha sido analizado hasta ahora por las investigaciones sobre el tema.

 

La FINTA fue el resultado de un proceso de politización que provenía, al menos de manera constante, a partir de 1933 con las experiencias de la Liga de Campesinos Pobres, la Federación Nacional Campesina de influencia socialista y las Uniones Provinciales de Sindicatos Agrícolas impulsadas por el PCCh. Todas estas organizaciones lograron confluir en esta Federación, que tuvo una clara hegemonía comunista. El carácter nacional de la organiza-ción sindical se logró percibir en el periódico El Campo, el cual informó de las movilizaciones, presentación de pliegos de peticiones y huelgas que siguieron desarrollándose entre 1942 y 1945, aunque en menor grado comparado con el periodo anterior. Es posible la represión patronal y la falta de apoyo estatal provocaron un desgaste en las organizaciones campesinas en el gobierno de Juan A. Ríos. De esta manera, la FINTA se enfocó en la organización de pequeños agricultores, debido que era el punto débil de la politización comu-nista en el campo y la política de Unidad Nacional requería sumar a todos los actores sociales, incluso a los supuestos agricultores progresistas.

 

 

 

 

 

 

 

 

706        Luis Coray, “Como se explota a los trabajadores del campo”, El Siglo, Santiago, 31 de mayo de 1943, p. 3.

 

707        “El Campo, un nuevo periódico al servicio de los campesinos”, El Siglo, Santiago, 31 de mayo de 1943, p. 3.

 

708        “Como están cumpliendo los agentes de ‘El Campo’”, El Campo, N° 2, Santiago, abril de 1943, p. 7.

 

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Imagen 12

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Portada de El Campo, N° 5, septiembre de 1943

 

Desde un comienzo, la FINTA impulsó una campaña activa para la com-prensión de la política de Unión Nacional dentro de sus asociados campesinos, exponiendo que era: “el movimiento de todos los hombres verdaderamente patriotas, amantes de su patria y de la libertad, que se unen sin distinción de ideologías políticas o religiosas para hacer frente al peligro de la amenaza fascista”.709 Incluso se trató de impulsar comités de la Alianza Democrática en los campos, pero sin grandes resultados.710 Con el tiempo, sus dirigentes propusieron fortalecer el vínculo con la CTCh, integrándose a su comité

 

 

709        “Que es la Unión Nacional”, El Campo, N° 4, Santiago, agosto de 1943, p. 6.

 

710        “La Alianza Democrática se fortalece”, El Campo, N° 6, Santiago, 1° quincena de octubre de 1943, p. 8.



 

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un fantasma recorre el campo

 

directivo en octubre de 1943. Al ser aceptados, la FINTA pidió a las Unio-nes Provinciales cotizar $ 20 centavos mensuales.711 José Agustín Valenzuela, presidente de la FINTA y militante comunista, realizó ese año una gira por Santiago y otras ciudades para motivar la participación de cien delegados al

 

II   Congreso de la CTCh de septiembre de 1943.712 El informe de la Comi-sión de Agricultura fue publicada en detalle por El Campo, resaltando entre otras medidas, la sindicalización campesina mediante el Código del Trabajo, salario mínimo, jornadas de trabajo de 48 horas semanales, carne tres veces a la semana, Código Sanitario en las viviendas campesinas, plan de educación rural y casas destinadas a centros sociales por fundo. En torno a la reforma agraria, se pidió la expropiación de terrenos no explotados, incluyendo sólo a latifundistas pro-fascismo.713 En el caso del pueblo mapuche, se reprobó el proyecto de división de tierras indígenas, exigiendo la entrega de títulos definitivos y gratuitos.714

 

Al contrario, estas peticiones no fueron valoradas por Juan Vargas Pue-bla, quien resaltó la solidaridad hacia la Unión Soviética y la petición a formar el Partido Único de la clase obrera.715 Juan Vargas Puebla fue reemplazado como Consejero de la CTCh por Valenzuela, mientras el primero viajó a Co-lombia. La FINTA lo evaluó “de enorme importancia” para los campesinos, resaltando el carácter de Valenzuela como un obrero agrícola auténtico, que se esforzó por aprender a leer y escribir, “dedicando gran parte de su tiempo al estudio de los problemas del campo, para servir a sus compañeros de ruda labor”.716 En julio de 1945, la FINTA nombró a Valenzuela como delegado al Consejo Directivo de la CTCh.

 

En septiembre de 1943, al cumplir un año, la FINTA celebró su ani-versario con una cena en el Fundo Santa Carolina de Batuco, que contó con la presencia de Valenzuela y el diputado Justo Zamora, quienes presenciaron concursos de reina y de cueca.717 En los meses siguientes, los dirigentes José

 

 

711        “Instrucciones para los sindicatos agrícolas”, El Campo, N° 7, Santiago, 2° quince-na de octubre de 1943, p. 4.

 

712        “Los obreros agrícolas de todo el país se movilizan para pedir su sindicalización”, El Campo, N° 2, Santiago, julio de 1943, p. 7.

 

713        “Defensa de las aspiraciones de los campesinos del país resolvió el Segundo Con-greso Nacional de la CTCh”, El Campo, N° 5, Santiago, septiembre de 1943, pp. 4-5.

 

714        “Apoyar las reivindicaciones de los mapuches acordó el Segundo Congreso de la CTCh”, El Campo, N° 6, Santiago, octubre de 1943, p. 2.

 

715        Juan Vargas Puebla, “El Congreso de la CTCH fue un acontecimiento histórico”, Principios, N° 28, Santiago, octubre de 1943, pp. 12-14.

 

716        José Agustín Valenzuela. Consejero Nacional de la CTCH”, El Campo, N°10, Santi-ago, enero de 1944, p. 6.

 

717        “Gran fiesta campesina celebrando su aniversario”, El Campo, N° 5, Santiago, sep-

 

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Valenzuela, Mauricio Valenzuela y M. Galleguillos salieron de gira por Sala-manca, O’Higgins, Rengo y Talca, para fortalecer la organización y fomentar las cotizaciones a la CTCh y El Campo, el cual tenía serios problemas de financiamiento.718 Para enfrentar esta situación, la FINTA destacó las buenas prácticas de venta en Coquimbo, Aconcagua, Santiago, Colchagua, Curicó y Linares, destacando la gestión del agente Luis Arriaza, de San Miguel, quien sería dirigente nacional de la FINTA más adelante.719 En abril de 1944, Valen-zuela propuso un nuevo plan de trabajo para entusiasmar a las Uniones Provin-ciales en torno al cumplimiento del congreso de la CTCh y la organización de un segundo congreso de la FINTA. Además se decidió proponer al gobierno la creación del Consejo Nacional de Economía y restablecer las relaciones con la URSS.720 Dentro de las propuestas de la FINTA se encontraban tres temáticas, que fueron urgentes: el cese de los lanzamientos y abusos contra los campesinos, la posibilidad de formar sindicatos agrícolas vía Código del Trabajo y la creación de una organización de los pequeños agricultores. A continuación, desarrollaremos estas tres temáticas mediante la lectura de El Campo y El Siglo.

 

En torno a los lanzamientos, gran parte del trabajo del periódico El Campo se enfocó en denunciar los despidos y persecuciones a dirigentes sin-dicales por parte de propietarios de fundos, vinculándolos supuestamente a la ideología nazi. ¿Eran realmente admiradores del Führer? La prensa co-munista denunció algunos casos: Alamiro Cerda en La Serena, Feliciano Las Heras en Curicó o Zonobio Salamanca en Los Ángeles.721 En Coquimbo, un “alemán nazi, borracho, mujeriego y jugador, amén de ser un presunto asesino, ya que amenazó con balear a los dirigentes del Sindicato de Obreros Agrícolas, que se formó en ese lugar a propósito del pliego que se presentó el 4 de agosto a los Tribunales del Trabajo”.722 En Nogales, a fines de febrero de 1942, El Siglo responsabilizó a un terrateniente de la muerte de un campesino de apellido Díaz, además de varios heridos. Dos años después, en San Javier, el dirigente sindical Antonio Cifuentes fue asesinado en su propio domici-

 

 

 

 

tiembre de 1943, p. 7.

 

718        “Federación Nacional de Trabajadores Agrícolas llama a sus sindicatos a movili-zarse por la sindicalización”, El Campo, N°8, Santiago, noviembre de 1943, pp. 4-5.

 

719        “El Campo aumenta tiraje”, El Campo, N° 8, Santiago, noviembre de 1943, p. 8.

 

720        José A. Valenzuela, “Empezamos a trabajar de una nueva manera”, El Campo, N° 11, Santiago, mayo de 1944, p. 2.

 

721        “Como están cumpliendo los agentes de El Campo”, El Campo, N° 2, Santiago, abril de 1943, p. 7.

 

722         “El campo marcha hacia la unidad”, El Campo, N° 5, Santiago, septiembre de 1943, p. 7.



 

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lio.723 Para Luis Arriaza, los culpables eran los grandes terratenientes nazis, solicitando al gobierno de Ríos el regreso de la sindicalización campesina para lograr “fortalecer la organización, para defender el régimen democrático y contribuir a aplastar a los especuladores y a la quinta columna”.724

 

El segundo punto fue la sindicalización campesina, que tuvo una alta cobertura en la prensa comunista. La FINTA, al igual que el PCCh, propuso realizar una campaña hacia el presidente Ríos en torno a aceptar la sindicaliza-ción campesina vía Código del Trabajo y no mediante una legislación especial, la cual estaba bajo el estudio del Consejo Superior del Trabajo. Para esto la FINTA organizó una serie de concentraciones provinciales en el mes de julio de 1943: el 11 en Santiago, Curicó y Aconcagua; y el 18 en Limache, Rengo y Lon-tué.725 José A. Valenzuela y el diputado Justo Zamora asistieron a Polpaico el 3 de julio y Curicó, donde se reunieron unas 500 personas.726 Por otro lado, la FINTA describió que significaba un sindicato, con tal que los lectores de El Campo pudieran saberlo: “el sindicato es un eje de la organización de la clase obrera, porque en él se agrupan todos los trabajadores, sin distinción de colores políticos, ni credos religiosos”. Este buscaba para el obrero “el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo, mediante la solidaridad de los trabajadores entre sí”.727

 

El propio José A. Valenzuela asistió a la Comisión Superior del Tra-bajo, el 29 de julio de 1943. Allí, afirmó que aspiraba que se reconociera la sindicalización campesina, válida según una sentencia de la Corte Suprema frente al caso del sindicato de la Hacienda Chacabuco, el 20 de junio de 1940. Valenzuela criticó la suspensión de la organización sindical en los campos, porque violaba el artículo 10 de la Constitución Política y los acuerdos inter-nacionales adscritos por Chile.728

 

Pese a estas demandas, el gobierno de Juan A. Ríos negó la sindicali-zación y la FINTA terminó por esperar el dictamen del Consejo Superior del Trabajo, el cual determinó en mayo de 1945, que no era necesaria una ley especial para la sindicalización campesina, sobre todo porque ésta no era

 

 

723        “En Santa de Quero fue asesinado dirigente campesino”, El Campo, N° 13, Santia-go, julio de 1945, p. 6.

 

724        “Fortalezcamos la organización en el campo”, El Campo, N° 11, Santiago, mayo de

 

1944, p. 3.

 

725        “Sindicalización campesina”, El Campo, N° 2, Santiago, abril de 1943, p. 7.

 

726        “Gran concentración campesina en Curicó”, El Campo, N° 4, Santiago, agosto de

 

1943, p. 7.

 

727        Yanko, “Que es el sindicato”, El Campo, N° 6, Santiago, octubre de 1943, p. 3.

 

728        Ministerio del Trabajo, Actas del Consejo Superior del Trabajo, acta N°9, 29 de julio de 1943, pp. 1-2. Gentileza de Brian Loveman.

 

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causa de graves conflictos. Por otro lado “con o sin leyes los obreros agríco-las tienen asociaciones” y su control “es más difícil desde el momento que se hallan al margen del Código del Trabajo”. Finalmente se aclaró al presidente Ríos que Aguirre Cerda había suspendido la formación de nuevos sindicatos agrícolas por un plazo específico, con el objetivo de tener tiempo para crear un proyecto de ley, de forma que la circular N° 34:

 

“…no fue un Decreto Supremo, sino una simple orden interna que lleva la firma del Ministro del Trabajo de esa fecha, don An-tonio Poupin, y que no prohibía la formación de sindicatos sino que recomendaba a los Inspectores del Trabajo no concurrir a la constitución de los mismos en los campos mientras la Comisión designada no presentara su informe”.729

 

Conocida esta resolución, la FINTA llamó, por primera vez, a pasar a la “ofensiva”, la cual coincidió con la política del PCCh de solicitar la Reforma Agraria, en un momento en que había terminado la Segunda Guerra Mundial con la victoria de la URSS y los aliados. ¿De qué se trató este paso de una política defensiva a una ofensiva? Antes que nada, debemos analizar el tercer punto o problema que desarrolló la FINTA entre 1942-1945: los pequeños agricultores.

 

Por último, tanto El Siglo, Principios y El Campo abordaron la impor-tancia de profundizar un trabajo con los pequeños agricultores, que eran la gran deficiencia del PCCh. Según un informe de Humberto Abarca de fines de 1941, todavía existían provincias, como O’Higgins, donde no había una comisión agraria.730 Incluso en 1944, José Valenzuela continuó con la autocrí-tica sobre la dificultad del PCCh por acercarse a los pequeños agricultores.731 La tarea se hacía urgente, por lo que el PCCh y la FINTA propiciaron apoyar a las Cooperativas Agrícolas en la obtención de créditos y capacitación. Según Silvio Lazzerini, Presidente del Comité de Pequeños Agricultores y originario de Peñaflor, la ley de Cooperativas Agrícolas, aprobada con Aguirre Cerda, era un fracaso, no asegurando “la entrega de fondos suficientes para otorgar con amplitud los préstamos a largo plazo y los de carácter colectivo”. El problema no era de recursos, sino de entender la verdadera importancia que tenían las cooperativas y la agricultura en general en el desarrollo del país.

 

 

729        “El Código del Trabajo y sus reglamentos deben aplicarse en las labores agrícolas”, El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 2.

 

730        Humberto Abarca, “sobre algunos problemas de organización”, Principios, N°6, Santiago, diciembre de 1941, p. 11.

 

731        Valenzuela, “Por un Congreso… op. cit., p. 32.



 

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Una de las principales causas, según Lazzerini, era que la Caja Agraria “está organizada y dirigida conforme a principios económicos incompatibles con el cooperativismo”. De manera demandaban que se debía aprobar en el Par-lamento la creación del Instituto de Cooperativas para que los más de 300 mil campesinos obtuvieran los medios técnicos y la organización común de las ventas.732 A comienzos de 1944 se organizó el Primer Congreso de Pequeños Agricultores, siendo una apuesta de la FINTA por constituir la Asociación Nacional de Agricultores de Chile (ANACH). Para ello se prepararon pequeños congresos en Concepción, Coquimbo y Ovalle donde participó el diputado comunista Humberto Abarca.733 Sin embargo, había problemas con el finan-ciamiento del evento (trasladado, teatro, propaganda, etc.), ya que el Instituto de Economía Agrícola le negó la ayuda por tratarse de una organización ilegal.734 Frente a ésta situación, Silvio Lazzerini, junto a Carlos Montino y José Becerra realizaron una gira por Ovalle, Aconcagua, Valparaíso, Santiago, O’Higgins y Concepción buscando respaldo para el Congreso, que se realizó finalmente el 31 de enero de 1944.735 Según José Becerra, participaron más de 125 delegados, sieno los gestores la “Asociación de Pequeños Agricul-tores de Concepcion”, la “Condeferacion de Pequeños Agricultores” y la “asociación de Chacareros y Hortaliceros de Santiago,736 además de colectivi-dades de de Coquimbo, Aconcagua, Valparaíso, Santiago, O’Higgins, Maule, Ñuble, Concepción, Arauco, Malleco, Cautín, Osorno, Llanquihue y Chiloé, logrando las siguientes resoluciones: facilitar créditos a largo plazo y con bajos interés, abonos, maquinarias y herramientas, mediante la planificación, diversificación y aumento de la producción agrícola, además de la creación de un Instituto de Cooperativas Agrícolas. Los dirigentes de la ANACH fueron Silvio Lazzerini (Presidente), Manuel Gajardo (Vicepresidente), Carlos Mon-tino (Tesorero) y Antonio Morris (Secretario de Organización). José Becerra quedó como consejero, siendo más adelante Presidente de la ANACh.737

 

Pero la situación para los campesinos no mejoró, por lo que el PCCh

 

 

732        Silvio Lazzerini, “El cooperativismo y sus problemas”, El Campo, N° 5, Santiago, septiembre de 1943, p. 2.

 

733         “Concepción marcha a la cabeza en la preparación del Congreso Nacional de Pequeños Agricultores”, El Campo, N° 7, Santiago, octubre de 1943, p. 4 y 7.

 

734        “El Congreso de Pequeños Agricultores será de trascendencia incalculable para los trabajadores del campo”, El Campo, N° 8, Santiago, diciembre de 1943, p. 2.

 

735        “Silvio Luzzerini y Carlos Montino recorren el sur del país”, El Campo, N° 9, San-tiago, diciembre de 1943, p. 5.

 

736        José Becerra, “Enérgica etapa de lucha será el Segundo Congreso”, La voz del agri-cultor, N° 1, Santiago, 21 de mayo de 1947, p. 3.

 

737        “Directiva Nacional de Agricultores se entrevistará hoy con A. Quintana”, El Siglo, Santiago, 2 de febrero de 1944, p. 9.

 

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planteó una ofensiva en torno a la movilización de las masas. Este debate se produjo bajo el inminente triunfo del Ejército Rojo por sobre Alemania. Según Luis Corvalán, la pos-guerra traería la necesidad de planificar la pro-ducción agrícola comenzando un ritmo acelerado y progresista. “La batalla de Chile”, como le llamó, sería “poner término al atraso feudal de su eco-nomía agrícola”, realizando una revolución demócrata-burguesa, pero con la hegemonía del proletariado. Precisamente fue lo contrario que ocurrió con el Frente Popular y la Alianza Democrática, porque se había procurado prote-ger los intereses de los grandes especuladores y latifundistas. Para Corvalán el poder de los terratenientes aún permanecía.738

 

Esto se demostró en las elecciones parlamentarias de marzo de 1945, cuando la derecha aumentó en 60.000 sufragios su votación. Según el dipu-tado Carlos Rosales (PCCh), esto fue a causa del cohecho.739 De los 147 can-didatos a diputados que presentó la Alianza Democrática, sólo obtuvieron 66 electos (el 45% de la Cámara). Los socialistas fueron los más afectados, perdiendo once diputados. El PCCh, en cambio, logró quince diputados, uno menos que la elección anterior, pero aumentó a cinco senadores (dos más que en 1941).740 A pesar de esto, la Dirección no estaba conforme, ya que había perdido más de 7.000 votos.741 Según Diego Muñoz, los candidatos del PCCh eran verdaderos representantes de la clase obrera, ya fuera por sus orígenes mineros, obreros, campesinos y profesionales en menor medida. Pero no todos lograron obtener el escaño parlamentario. Fue el caso de Juan Aniñir, Presidente del Frente Único Araucano y miembro del Comité Central del PCCh; José A. Valenzuela, Presidente de la FINTA y Manuel González Vilches. Los tres eran de origen campesino.742 ¿Simple coincidencia? A conti-nuación realizamos un análisis de las zonas con mayor influencia por el PCCh y su relación con la politización campesina.

 

Como adelantamos al comienzo de este apartado, a pesar que la po-litización campesina dio un paso importante con la creación de la FINTA, las cifras disponibles demuestran una baja en la presentación de pliegos de peticiones y realización de huelgas. Si analizamos la situación por zona, nos

 

 

 

738        Luis Corvalán Lepe, “Problemas de la Unión Nacional”, Principios, N° 47, Santiago, mayo de 1945, pp. 9-11.

 

739        “Lucha contra el cohecho”, El Siglo, Santiago, 1 de marzo de 1945, p. 5.

 

740        “20 diputados y 4 senadores eligió el Partido Comunista”, El Siglo, Santiago, 5 de marzo de 1945, p. 1.

 

741        “Carlos Rosales, “La jornada electoral de marzo”, Principios, N° 45-46, Santiago, marzo-abril de 1945, pp. 10-15.

 

742        Diego Muñoz, “Los candidatos del Partido Comunista”, Principios, N° 44, Santiago, febrero de 1945, p. 11.



 

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podemos dar cuenta que la organización campesina no fue respetada por los patrones, alargándose por meses los conflictos, sin solución y sin la interven-ción de las autoridades de la Inspección del Trabajo que estaban impedidos de actuar por la orden ministerial de 1939.

 

En el caso de Illapel y Coquimbo las movilizaciones y huelgas conti-nuaron entre 1942-1945. José Campusano recuerda que en algunos fundos los conflictos fueron apoyados por mineros y campesinos de la provincia, como fue el caso de la zona de Pan de Azúcar, donde se realizó una marcha en solidaridad con aquellos inquilinos que no los dejaban organizarse.743 A la fundación de la FINTA, en septiembre de 1942, asistieron siete delegados, principalmente de Ovalle, Limarí, La Serena y Coquimbo.744 En esos días, nueve fundos presentaron en conjunto un pliego de peticiones a la Junta de Beneficencia del Valle del Choapa, la cual pasado ocho meses, aún no solu-cionaba.745 Fue el caso del fundo Pintacura, donde los inquilinos denunciaron a su patrón a la Inspección de Trabajo.746 En Salamanca, el dirigente Mauricio Valenzuela realizó una gira para difundir las resoluciones de la FINTA.747 La influencia comunista se reflejó en las elecciones de 1945, donde el PCCh logró reelegir a Humberto Abarca y obtener un nuevo diputado campesino: Cipriano Pontigo. Este último nació en Illapel en 1913, trabajando como obrero agrícola y más tarde de minero en “La Higuera”. En 1935 ingresó al PCCh, siendo secretario general de las JJCC en La Serena, donde además fue regidor entre 1941-1944.748

 

En las provincias de Aconcagua y Valparaíso, las movilizaciones cam-pesinas continuaron. Para la creación de la FINTA asistieron veinticinco delegados de sindicatos de La Ligua, Limache, Casablanca, San Felipe, Los Andes, Cabildo y La Calera.749 Reunidos en la UPSA de Valparaíso, realizaron en julio de 1943 el Segundo Congreso Provincial en Limache, exigiendo la sindicalización campesina.750 La FINTA mantuvo el contacto con varios de estos sindicatos, apoyándolos en sus futuros conflictos: Santa Rosa de Cate-

 

 

743        Campusano, Sembrando… op. cit., pp. 98-99.

 

744        FINTA, Primero Congreso… op. cit., pp. 37-38.

 

745        “La reacción domina el Valle de Choapa”, El Campo, N° 3, Santiago, julio de 1943,

 

p. 6.

 

746        “Por mejorar condiciones de vida luchan los obreros del fundo Pintacura de Illa-pel”, El Campo, N° 10, Santiago, enero de 1944, p. 3.

 

747        “La reacción domina… op. cit., p. 6.

 

748        Iván Ljubetic, Cipriano Pontigo Urrutia, Centro de Investigación Luis Emilio Re-cabarren, p. 3; Cipriano Pontigo, hijo combatiente de Coquimbo, Horizonte, Santiago, 1972.

 

749        FINTA, Primero Congreso… op. cit., pp. 38-39.

 

750        “Valparaíso realiza su 2° Congreso”, El Campo, N° 3, Santiago, julio de 1943, p. 7.

 

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mu, Ñilhue, Panquehue El Escorial y Viña Errázuriz.751 En ésta última se rea-lizaron gestiones por el despido de cuarenta inquilinos por haber presentado un pliego de peticiones al dueño de la Viña. El sindicato fue formado en ene-ro de 1939 y asistió a la formación de la FINTA, recibiendo su apoyo, sobre todo porque su presidente fue despedido por asistir al Congreso de la CTCh, a pesar de tener fuero sindical. Finalmente el Juzgado del Trabajo le dio veinte días para desocupar su vivienda e irse del fundo.752 En Catemu, los fundos Santa Marta y Santa Rosa, formados en 1939, desarrollaron una intensa moviliza-ción. En 1942 enviaron delegados a la creación de la FINTA y presentaron pliegos de peticiones entre 1943-1945. En Santa Rosa, las mujeres también se organizaron, ya que ganaban $ 8, cuatro menos que los hombres y aún no tenían escuela “porque la maestra aún está estudiando”.753 En septiembre de 1945, dicho sindicato realizó una huelga por doce días, logrando un aumento de un peso por día, dinero en caso de enfermedad y viático para quienes vivan lejos y no podían almorzar en su casa.754 Por otro lado, en agosto de 1942, la Policía de Investigaciones detectó una concentración en el Fundo “El Escorial” (San Felipe). Allí, Servando Vivanco (PCCh), ligó la situación internacional con la defensa de la democracia chilena, haciendo un llamado a la unidad con el PS en la lucha contra el fascismo.755 En octubre de 1943 reali-zaron una concentración por el abastecimiento de las subsistencias, contando con la presencia del dirigente comunista Pascual Barraza.756 En La Calera, por su parte, se realizó una conferencia de la UPSA de Valparaíso, a la que asistió José A. Valenzuela por la FINTA. Allí se aprobó impulsar la sindica-lización campesina vía Código del Trabajo y proponer el apadrinamiento de sindicatos industriales a agrícolas.757 Chacón Corona participó en su calidad de ex parlamentario, debido a que se había presentado a la reelección. En el gobierno de Gabriel González Videla sería parte del Instituto de Economía

 

 

751        “Obreros agrícolas de Aconcagua se movilizan”, El Campo, N° 2, Santiago, abril de

 

1943, p. 7.

 

752        “Abusos cometen contra los obreros de la Viña Errázuriz Panquehue”, El Campo, N° 6, Santiago, octubre de 1943, p. 5.

 

753        “El campo marcha hacia la unidad”, El Campo, N° 5, Santiago, septiembre de

 

1943, p. 7.

 

754        “Así luchan los trabajadores agrícolas. Después de 12 días de huelga triunfaron obreros de S. Rosa”, El Campo, N° 14, Santiago, septiembre de 1945, p. 8.

 

755        ARNAD, FMI, vol. 10746, Memorándum N° 8, Reservado, de Dirección General de Investigaciones a Ministerio de Interior, San Felipe, 23 de agosto de 1942.

 

756        “Contra la carestía de la vida se moviliza los campesinos”, El Campo, N° 6, Santiago, octubre de 1943, p. 4.

 

757       “Conferencia por la sindicalización y por la reforma agraria efectuaron trabajadores agrícolas de La Calera”, El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 5.



 

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Nacional hasta que pasó a la clandestinidad producto de la Ley de Defensa de la Democracia. Por años Chacón Corona viviría en el sur siendo buscado por la policía. En las parlamentarias de 1945 Orlando Millas fue candidato por San Felipe, porque el Comité Central propuso un represente de las JJCC. Millas recuerda que recorrió varios fundos y haciendas de la zona, viviendo en casas de viejos militantes, algunos retornados de las salitreras. A pesar de todo el esfuerzo y de aumentar los votos en Aconcagua, Millas no fue elegi-do. Ramona Parra, joven comunista que murió en la Plaza Bulnes en 1946, le dijo a Millas sobre la votación en Panquehue: “Fuimos inútiles. Trabajamos mal. A pesar de todo el esfuerzo, sólo sacaste siete votos en esta comuna”.758 Por otro lado, por Valparaíso fueron electos diputados Alfredo Escobar (por segunda vez) y Juan Vargas Puebla. Éste último nació en La Serena en 1908, siendo obrero estucador. De orígenes anarquistas, militó en el PCCh desde 1932, siendo regidor por Valparaíso entre 1938-1941.759

 

En Santiago, las movilizaciones campesinas disminuyeron, pero de todas maneras, fue la provincia de mayor influencia del PCCh en el mun-do campesino. Para el Congreso de la FINTA de 1942, asistieron diecisiete delegados de los fundos de Melipilla, Apoquindo, Colina, Chacabuco, Isla de Maipo, Polpaico y San Antonio.760 Algunos de estos sindicatos protago-nizaron importantes conflictos en el periodo 1942-1945, siendo apoyados generalmente por la FINTA. De hecho, el 24 de octubre de 1943, la UPSA de Santiago realizó un ampliado, que entre otras resoluciones, pedía resolver los problemas de varios de estos fundos.761 Uno de ellos era Carmen Bajo de Melipilla, quienes desde noviembre de 1942 se movilizaron, sufriendo el despido de varios de sus trabajadores. El sindicato, acompañado de la CTCh y la Unión Provincial de Sindicatos Agrícolas de Santiago, se reunieron con el Ministro de Interior para reponer a sus compañeros, pero a las pocas se-manas seguían los lanzamientos.762 Como planteamos en el capítulo anterior, uno de los sindicatos más importante era de la Hacienda Chacabuco, quienes comenzaron una huelga en abril de 1942. Para el PCCh fue un triunfo históri-co. “No solo un aumento de salarios es el triunfo. Es también el despertar de la gran masa de trabajadores agrícolas que puede decirse forman el centro de

 

 

758        Millas, Memorias… op. cit., p. 366.

 

759        www.historiapolitica.bcn.cl

 

760        FINTA, Primer Congreso… op. cit., pp. 39-40.

 

761        “Obreros agrícolas de Santiago piden sindicalización campesina”, El Campo, N° 7, Santiago, octubre de 1943, p. 1.

 

762        “Ministro de Interior ordenó reponer a campesinos lanzados en fundo Carmen Bajo”, El Siglo, Santiago, 20 de febrero de 1943, p. 8; “¡Habrán más lanzamientos en el fundo Carmen Bajo”, El Siglo, Santiago, 16 de marzo de 1943, p. 5; “Trasladado enemigo de los campes-inos”, El Siglo, Santiago, 16 de mayo de 1943, p. 7.

 

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este gran pecho de Chile”.763 En junio de 1944, los trabajadores de Chacabu-co comenzaron una nueva huelga porque rechazaban el aumento en un 10% de su salario, pidiendo el 35%.764 En el caso de los medieros de “El Novicia-do”, el diputado comunista González Vilches, los defendió en mayo de 1943, porque le debían tres años de pagos. En agosto la Caja de Colonización envió un funcionario a inspeccionar.765 El apoyo a estos conflictos era discutido por la Comisión Agraria del PCCH, que funcionaba regularmente en Santiago. Luis Coray, Presidente de la UPSA de Santiago, era parte junto a José Barrera de esta comisión comunista.766 De esta manera, hubo un reclutamiento de campesinos al PCCh en los fundos El Noviciado, Buin y Chacabuco.767

 

Finalmente, en la comuna de Puente Alto y sus alrededores, el PCCh desarrolló una intensa actividad sindical, incluso teniendo un periódico lla-mado La Comuna. Allí, además de destacar los logros de la agricultura en la URSS, denunció el papel nefasto de los trotskistas, según el diputado Rei-naldo Núñez en septiembre de 1944.768 En las elecciones de 1945, el PCCh logró reelegir a Andrés Escobar y César Godoy Urrutia (ex PST), pero no a Reinaldo Núñez por Puente Alto. En cambio Oscar Baeza fue reelecto en Talagante y Luis Valenzuela Valenzuela por Melipilla y San Bernardo. ¿Quién era este último diputado comunista? Según el diario Frente Popular, en las elec-ciones parlamentaria de 1937, el PCCh llevó como candidato a Luis Valen-zuela Moya, un campesino de Melipilla, que fue dirigente del Frente Único de Ferroviarios, participando en la huelga de 1935. En las elecciones de 1945 se presentó y fue elegido Luis Valenzuela Valenzuela, también dirigente fe-rroviario. Una posibilidad es que fuesen padre e hijo. Nos quedaremos con la incertidumbre.769

 

Más al sur, en la provincia de Colchagua, ocho fueron los delegados que asistieron al Primer Congreso de la FINTA en 1942, principalmente de

 

 

763        “Unión Provincial de Sindicatos Agrícolas denuncia conflictos pendientes en vari-os fundos”, El Siglo, Santiago, 18 de febrero de 1942, p. 7.

 

764        “Intransigencia patronal impide solucionar el conflicto de obreros de la Hacienda

 

Chacabuco”, El Campo, N° 11, Santiago, mayo de 1944, p. 2.

 

765        “Impagos de sus medierías de tres años están campesinos de El Noviciado”, El Siglo, Santiago, 29 de mayo de 1943, p. 7.

 

766        “Cita Comisión Agraria del Comité Regional”, El Siglo, Santiago, 19 de febrero de

 

1942, p. 7.

 

767        “Campesinos comunistas de fundo Noviciado discuten entrega de carnet”, El Siglo, Santiago, 19 de febrero de 1942, p. 4.

 

768        “Reinaldo Núñez refuta a trotskista José Acevedo”, La Comuna, N° 14, Puente Alto, diciembre de 1944, p. 4.

 

769        “Con gran éxito fue proclamado Luis Valenzuela en San Antonio”, El Siglo, Santi-ago, 1 de marzo de 1945, p. 6.



 

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Colchagua, Rengo y Los Lirios.770 Este último sindicato presentó un pliego de peticiones el 17 de marzo de 1943, recibiendo una “feroz persecución” a los dirigentes que fueron despedidos, a pesar de su fuero sindical.771 Mientras que en la “Viña Miraflores” y “Polonia” lo hicieron en abril de 1944, trans-formándose en una huelga desde septiembre de ese año. Ambos sindicatos se habían formado en el marco de las movilizaciones de 1939, habiendo pre-sentado pliegos desde 1939-1944. En 1945 debieron luchar por su dirigente Manuel Galarce, quien fue despedido por su rol en el sindicato.772 En las elecciones parlamentarias, el PCCh logró mantener su cupo, pero con Carlos Rosales (ex PST), ya que Salvador Ocampo fue diputado por Rancagua entre 1941 y 1945.

 

Una notable baja de movilización ocurrió en la Provincia del Mau-le y Linares. Para el I Congreso de la FINTA, asistieron doce delegados, principalmente de Talca, Linares, Molina y Curicó.773 De estos sindicatos, destacamos el Fundo “Los Vidales”, donde sus trabajadores denunciaron la especulación del dueño del almacén.774 A su vez, la “Viña Casa Blanca” realizó un pliego de peticiones el 6 de marzo de 1945 y junto al sindicato de Lontué y la CTCh se reunieron con el Ministro del Trabajo para mejorar la Inspección del Trabajo. Meses después presentaron un pliego de peticiones solicitando talaje para sus animales, atención sanitaria en casos de urgencia, carne tres veces a la semana, mejoramiento en habitaciones y herramientas. Su dueño era el diputado liberal Alejandro Dussaillant, quien tuvo tres períodos como parlamentario de la zona hasta 1941.775 En julio de 1945, se realizó el

 

II   Congreso Provincial en Curicó, donde se resolvió agitar la demanda por igualar los salarios de la provincial de acuerdo al costo de vida; jornadas de ocho horas, mejorar las viviendas y la comida, además de aplicar el Código del Trabajo en el campo y trabajar por el cumplimiento del Plan Agrario del gobierno.776 En las elecciones de 1945 los resultados fueron desastrosos: Manuel González Vilches no fue reelegido, ni tampoco obtuvo un escaño

 

 

770        FINTA, Primer Congreso… op. cit., p. 40.

 

771        “Despido ilegal de obreros agrícolas se hace en fundo Tacna- Los Lirios”, El Siglo, Santiago, 16 de abril de 1943, p. 6.

 

772        “El Sindicato Ind. De la Viña Miraflores se moviliza en defensa de su presidente”,

 

El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 6.

 

773        FINTA, Primer Congreso… op. cit., pp. 40-41.

 

774        “Problemas del campo chile en Curicó”, El Campo, N° 2, Santiago, abril de 1943, p.

 

2.

 

775        “Los sindicatos de Lontué piden: crearon de juzgado del Trabajo en Molina y par-ticipación de utilidades”, El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 6.

 

776        “Los obreros de Curicó efectuaron importante Congreso”, El Campo, N° 13, San-tiago, julio de 1945, p. 5.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

José Agustín Valenzuela, presidente de la FINTA y campesino de la zona.777

 

Por último, la provincia del Bío Bío y Malleco, aumentó relativamente sus movilizaciones. En el evento de creación de la FINTA asistieron 10 de-legados, principalmente de Coronel, Lota, Laraquete, Curanilahue y Arauco.778 De estos sindicatos, destacaron los sindicatos del fundo “El Escuadrón” de Coronel, “Los Ríos” de Lebu y “El Calabozo” de Arauco. Por lo general, El Campo resaltó la organización de Pequeños Agricultores en Concepción, que estaba dirigida por José Becerra y que fue un verdadero motor para el Pri-mer Congreso de Pequeños Agricultores en enero de 1944.779 San Rosendo fue un referente importante porque la presencia comunista provenía desde 1937 en Talcamavida. Allí se realizaron concentraciones, entregas de car-net de la Asociación de Agricultores de Chile y la preparación de congresos provinciales.780 En las elecciones de 1945, el PCCh perdió la reelección de Justo Zamora, quien tuvo un intenso trabajo en la cuestión campesina, pero Natalio Berman (ex PST) junto con Damián Uribe lograron continuar en el parlamento. Finalmente en la provincia de Arauco, el PCCh perdió el escaño de José Delgado ante un diputado conservador, Manuel Montalva, quien no estaba ligado necesariamente al negocio de la agricultura. Pero de todas ma-neras quedaba la pregunta: ¿Era el cohecho la causa del aumento electoral de la derecha como lo denunció el PCCh?

 

* * *

 

Según la historiadora Sofía Correa, el cohecho era una posible explica-ción para el éxito electoral de la derecha, debido al control que poseía en el la-tifundio y al sistema electoral existente. Sin embargo, ambos factores ya existían en 1938, cuando triunfó el Frente Popular. Debían existir otras explicaciones complementarias. Una alternativa pudiera ser la desilusión que provocó el no cumplimento de los programas de gobierno de Aguirre Cerda y sobre todo de Juan Antonio Ríos, el cual tenía ministros que pertenecían a la clase em-presarial.781 Además, enfocándonos en los campos chilenos, debemos agre-gar el debilitamiento de las movilizaciones campesinas entre 1942 y 1945 a

 

 

777        “Con el amplio apoyo cuenta José A. Valenzuela. Agricultores progresistas le ofre-cen su adhesión”, El Siglo, Santiago, 3 de marzo de 1945, p. 4.

 

778        FINTA, Primer Congreso… op. cit., p. 41.

 

779        “asociación de Pequeños Agricultores de Concepción llama a parar el Congreso Nacional”, El Campo, N° 9, Santiago, diciembre de 1943, p. 4.

 

780        “Mapuches de Arauco realizaron conferencia”, El Campo, N° 12, Santiago, mayo de

 

1944, p. 7.

 

781        Correa, Con las riendas… op. cit., pp. 75-80.



 

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un fantasma recorre el campo

 

causa de la represión selectiva que hicieron los terratenientes, que despedían principalmente a los gestores de huelgas o dirigentes sindicales. Finalmente, la inspección del Trabajo y otras instituciones dejaron de respaldar las accio-nes campesinas, dejando a su suerte a los sindicatos agrícolas que lograron sobrevivir después de años de confrontaciones. En el caso del PCCh, estos sostuvieron que las masas populares no lograron comprender la concepción de Unión Nacional, producto a la confusión que provocaba. Además, no ha-bía claridad sobre la postura comunista frente al gobierno de Ríos. Para el diputado comunista Carlos Rosales, el apoyo al gobierno no debía ser incon-dicional, sino que se debía pasar a la ofensiva: llamar a la reforma agraria, entre otras medidas.782 ¿Faltó claridad con el concepto o era la Unión Nacional precisamente la unión con conservadores, liberales y la Falange en contra del fascismo? ¿Qué grandes diferencias podían existir entonces al votar por uno o por otros en el contexto de la Segunda Guerra Mundial?

 

La victoria de la URSS y los aliados contra Alemania provocó en los comunistas chilenos una euforia que los motivó a modificar su política y prepararse para el nuevo escenario. Para Humberto Abarca en este nuevo período la economía de Chile debía pasar a ser de industria extractiva, pero con una semi-elaboración de la materia prima. En el ámbito agrario, se debía pasar a una explotación extensiva, debiendo el Estado expropiar las tierras inexplotadas y entregarlas a los pequeños y medios agricultores.783 Chacón Corona, por su parte, planteó que el gobierno debía orientarse al abaratamiento de los alimentos y la subdivisión de tierras, en especial en la zona central entre Aconcagua y Concepción. Las indemnizaciones, que debían realizarse según el ex diputado, se pagarían con plazos a quince años. En el plano cultural, se debían crear brigadas dirigidas a la alfabetización de los campesinos, pero también “si se quiere contar con una realización ciento por ciento del Plan Agrario, es necesario contar con poderosos sindicatos en el campo”.784 Eviden-temente, el viraje que estaba haciendo el PCCh no debió gustar a los partidos Conservador y Liberal.

 

En julio de 1945, Elías Lafertte pronunció un discurso en la XVI sesión plenaria del Comité Central del partido, donde llamaba a la transformación de la economía del país, aplastando al fascismo, pero todavía bajo un gobier-no de Unidad Nacional. ¿Era posible este viraje sobre todo si promulgaba la reforma agraria? Esta se haría “dentro de los marcos jurídicos existentes,

 

 

782        “Rosales, “Las Jornada… op. cit., pp. 10-15.

 

783        Humberto Abarca, “Chile y la postguerra democrática”, Principios, N° 42, Santiago, junio de 1945, p. 7.

 

784        Juan Chacón Corona, Observaciones al Plan Agrario del Gobierno”, Principios, N° 43, Santiago, julio de 1945, p. 23.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

tratando, desde luego, de beneficiar en todo lo posible a las masas campesinas y no a los grandes terratenientes. Por eso, proponemos la expropiación de las tierras de los grandes latifundistas con una indemnización razonable”.785 De esta manera, abandonó la propuesta de expropiar tierras con criterios ideológicos, pasando a una propuesta más técnica, pero no menos política. La entrega de tierras debía ser a campesinos organizados en cooperativas agrícolas, mientras que a los mapuches se debían devolver las tierras usurpa-das.786 ¿Estaban dispuestos los aliados de la Alianza Democrática para este paso tan rupturista? Para el PCCh esto no tenía nada de radical, sólo se estaba avanzando en una “revolución demócrata burguesa”. El discurso de Lafertte fue impreso en El Campo, anunciando un conjunto de movilizaciones por la sindicalización campesina en los fundos “Viña Miraflores” en San Fernando, “Esperanza” en Lontué, “Hacienda Perales” en Coya, “San Antonio” en Nal-tagua y La Calera.787 Aquí último se vivía una “verdadera ofensiva contra la organización sindical”, despidiendo a campesinos en los fundos “Pucalán”, “Nogales”, “La Peña” (en ellos el presidente del sindicato); “Pachacama”, “Rabuco” y “La sombra” en Ocoa.788

 

Meses después, a comienzos de diciembre de 1945, el PCCh se enfrascó en su XIII Congreso, el cual se caracterizó por ser el reflejo autocrítico que se venía generando en la militancia: los gobiernos de Frente Popular y Unidad Nacional no habían cumplido con las expectativas propuestas. Fue un evento histórico, diría El Siglo: “llevar a cabo grandes transformaciones… una polí-tica combativa al servicio de la clase obrera y las grandes masas populares y no una política de conciliación”.789 Se acabó el tiempo del colaboracionismo de clases, según Contreras Labarca, quien se hizo una dura autocrítica. Se-gún el historiador Andrew Barnard, fue en este Congreso cuando el senador Contreras Labarca perdió su poder, pagando las culpas de la política de co-laboración, influenciada por Earl Browder (líder del PC en Estados Unidos). En realidad la Unión Nacional no tuvo gran repercusión en el partido ni el movimiento social y había que buscar responsabilidades.790 Aunque conservó su puesto de Secretario General, Elías Lafertte era el presidente del Partido. Según Luis Corvalán, fue Ricardo Fonseca (director de El Siglo) quien criticó

 

 

785        Lafertte, Hacia la transformación… op. cit., p. 28.

 

786        Ibid., p. 29.

 

787        “Trabajadores agrícolas de todo el país se movilizan por la pronta aplicación de Código del Trabajo”, El Campo, N° 14, Santiago, septiembre de 1945, p. 6.

 

788        “Ofensiva contra la organización sindical en el campo han desencadenado lati-fundistas”, El Campo, N° 14, Santiago, septiembre de 1945, p. 6.

 

789        “Un histórico congreso”, El Siglo, Santiago, 16 de diciembre de 1945, p. 5.

 

790        Barnard, El Partido… op. cit., pp. 210-212.



 

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un fantasma recorre el campo

 

con fuerza a Contreras Labarca: “advirtiendo que en el Partido no hay ni debe haber hombres intocables”.791 Para Orlando Millas, lo importante de aquel evento fue la sinceridad y autocrítica que se permitió entre la militancia campesina. En San Felipe, Millas participó junto a Chacón Corona y Reinal-do Núñez del Congreso de Aconcagua. Allí se sorprendió por la franqueza con que los militantes acusaban a la dirección de “haber condescendido en la aceptación de una tregua a favor de los terratenientes”. Según Millas, a Cha-cón le gustó el tono de los debates: “Me dijo que el colectivo partidario de esa provincia le parecía muy comunista”.792 Según El Siglo, participaron células de campesinos, sobre todo de la Hacienda Chacabuco.793

 

Una nueva época venía para Chile y el mundo. Según el historiador Josep Fontana, las potencias aliadas se comprometieron en la Carta del At-lántico de 1941 a liberar al mundo del nazismo protegiendo que “todos los pueblos” pudieran “escoger la forma de gobierno bajo la cual quieren vi-vir”.794 ¿Se lograrían estas promesas en el periodo siguiente? En el caso de nuestro país, la Alianza Democrática llevó a Gabriel González Videla como candidato en representación de los partidos Radical, Comunista y Demócra-ta. Se venía “el tiempo de la esperanza”, recuerda Víctor Contreras Tapia, futuro ministro de Tierras y Colonización. González Videla se presentó de improviso al Comité Central del PCCh después del triunfo presidencial: “Yo sé que ustedes discuten si participarán o no en mi gobierno. Y yo les digo que si el Partido Comunista de Chile no forma parte de mi gobierno, yo, Gabriel González Videla, declaro que renuncio a la presidencia de la República”795. El PCCh por primera vez en su historia sería parte de un gobierno, alcan-zando a tener tres ministros. Pero esto significaba que los comunistas serían más insistentes en cumplir con el programa de gobierno, el cual nuevamente prometía la sindicalización campesina como un derecho elemental que debía homologarse al de los trabajadores urbanos, por medio del Código del Tra-bajo.. 796 Se daba por terminada el periodo de Unidad Nacional y el PCCh avanzó hacia una política denominada de “Lucha de Masas”, que tomaba las

 

 

791        Luis Corvalán, Ricardo Fonseca. Combatiente ejemplar, Camino de Victoria, Santiago, 1971, p. 165.

 

792        Millas, Memorias… op. cit., pp. 418-419.

 

793        “Sindicatos industriales y campesinos hacen suya convocatoria del XIII Congreso del Partido Comunista”, El Siglo, Santiago, 1 de diciembre de 1945, p. 4.

 

794        Josep Fontana, Por el bien del imperio. Una historia del mundo desde 1945, Pasado & Presente, Barcelona, 2011, p. 9.

 

795        Contreras Tapia, Campesino… op. cit., p. 124.

 

796        Nicolás Acevedo Arriaza, “Un fantasma recorre el campo: Anticomunismo, sindi-calización campesina y la Ley de Defensa Permanente de la Democracia (1946-1948)”, Cuad-ernos de Historia, N° 42, Santiago, junio de 2015, pp. 127-151.

 

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de la unión nacional a la organización de la finta (1942-1945)

 

banderas de la reforma agraria. Así lo anunció Ricardo Fonseca al finalizar el

 

XIII Congreso en la Plaza de la Constitución:

 

“Queremos que se cumpla el Plan Agrario, pero que se vaya más allá, que se expropien los grandes latifundios improductivos o de aquellos propietarios fascistas o reaccionarios que desalojan a los campesinos y niegan el derecho a la sindicalización de los trabaja-dores agrícolas. De estos reaccionarios- agregó- que no respetan las leyes chilenas y los compromisos suscritos internacionalmente al respecto por el Gobierno. Queremos que esta tierra sea entre-gada a los campesinos, ávidos de un pedazo de suelo. Que se les é agua, semilla, créditos, maquinarias, etc”.797

 

El problema estaba en que la alianza de gobierno nuevamente sería con los camaradas radicales, los mismos que obstaculizaron la sindicalización campesina en 1939. ¿Cuáles serían los nuevos desafíos que tuvo el PCCh teniendo un pie en la calle y otro en el gobierno?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

797        “Los trabajadores agrícolas deben organizarse pasando por encima de la circular arbitraria que les prohíbe”, El Siglo, Santiago, 17 de diciembre de 1945, p. 1.



 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

 

 

 

 

 

capítulo iv

 

Del fin de la Guerra Patria a la Ley Maldita (1945-1948)

 

 

 

 

Don Arnaldo Rodríguez se hizo sastre por necesidad y comunista por convicción. “Me tocó una época, que yo creo que fue la más extraordinaria que ha sucedido en Chile: el triunfo del Frente Popular y con Pedro Agui-rre Cerda”, recordó setenta y cinco años después.798 Estudió becado en la Gratitud Nacional producto de su pobreza familiar y terminó trabajando en Falabella, donde en las tardes pasaba a la Biblioteca Nacional “para leer la historia de Chile y ver en qué país de mierda estaba, que estaban sucediendo estas cosas”.

 

“Y a la vez, empecé a ver como se trataba a los obreros, en la ex-plotación, que esto, que lo otro, que aquí, que allá… Entonces en-contré un aviso que decía: ‘El sindicato de sastre llama a reunión’. Bueno, yo como era sastre, me metí”.799

 

Al ingresar a la Federación Textil se transformó en comunista en 1944. Dos años después recuerda haber participado en una concentración en la Plaza Bulnes, para apoyar las movilizaciones de los mineros de Humberstone y Mapocho.

 

“Y hubo una matanza, ahí cayó la Ramona Parra, en esa balacera y a mí me llegó un balacito por aquí (muestra el brazo)… Yo recibí un balazo. Menos mal que fue un roce. A la hora que entra un poquito más, te jode el hueso. Me tuve que vendar, me saqué la chaqueta, la camisa, la vendé y no fui a la posta. ¿Por qué razón?

 

 

798        Entrevista Arnaldo Rodríguez (87 años), sastre, ex militante comunista, 13 de agos-to de 2013.

 

799        Ibid.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Porque todo el que caía a la posta en cualquier asunto político, salía en el diario con nombre, apellido, profesión, domicilio y todo y pasaba a las listas negras… Así que, yo sabiendo eso, lógico, me fui pa’ la casita y arreglarme como pudiera… Y lo curioso entre Ramona Parra y yo, que los dos cumplíamos veinte años días des-pués de la matanza de la Plaza Bulnes (se ríe). Ese fue mi regalo a los veinte años”.800

 

Aquel acontecimiento, recordado como “la masacre del paseo Bulnes”, se dio a fines de 1946, bajo el gobierno de Alfredo Duhalde, quien reemplazó a Juan Antonio Ríos producto de una grave enfermedad que le daría la muer-te a este mandatario. Según el historiador Alfonso Salgado, la matanza dejó un saldo de seis muertos y más de cincuenta heridos, entre ellos trabajadores, mujeres y niños.801 Los hechos tuvieron repercusiones políticas en el gobier-no, la izquierda chilena y el sindicalismo urbano. Eduardo Frei Montalva, re-presentando a la Falange Nacional, renunció al ministerio de Obras Públicas y Vías de Comunicación, mientras que radicales y comunistas intensificaron la movilización, propiciando un paro nacional. Los socialistas, en cambio, ingresaron al gobierno, provocando además la división de la CTCh. Una pasó a ser liderada por Bernardo Araya (PCCh) y otra por Bernardo Ibáñez (PS).802 Según Clotario Blest “esta masacre contra trabajadores que nos debiera haber unido, concluyó con una disputa que causó daño a la clase trabajadora”.803

 

Con el ingreso del PS al gobierno de Alfredo Duhalde en enero de 1946, la cartera de Agricultura fue ocupada por Humberto Mendoza.804 El PCCh acusó a Mendoza no sólo de “trotskista”, sino de beneficiar a los te-rratenientes con créditos y precios estables, olvidándose de los medianos y pequeños agricultores. “La solución del problema agrario en Chile no está en que Mendoza cante loas a los señores feudales. El camino justo y progresista está en la realización de una profunda Reforma Agraria”, dirían a través del periódico El Campo.805

 

 

800        Entrevista a Arnaldo…, op. cit.

 

801        Alfonso Salgado, “La familia de Ramona Parra en la Plaza Bulnes: Una aproxi-mación de género a la militancia política, la protesta social y la violencia estatal en el Chile del siglo Veinte”, Izquierdas, N° 18, IDEA- USACH, Santiago, 2014, pp. 128-145.

 

802        Arrate y Rojas, Memorias…, op. cit., pp. 235-236.

 

803        Mónica Echeverría, Antihistoria de un luchador (Clotario Blest 1823-1990), LOM Edi-ciones, Santiago 2013, p. 189.

 

804        Humberto Mendoza fue expulsado del PCCh en 1929, formando parte de la Izqui-erda Comunista en 1933. En 1936 ingresó al PS.

 

805        “El ministro Mendoza estimula a los terratenientes feudales”, El Campo, N° 15, Santiago, mayo de 1946, p. 3.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

Recordemos que el PCCh fue variando en esta postura, planteado desde una distribución de tierras sin indemnización en 1937, a una expropiación solo a agricultores fascistas en 1942. En 1945, tomando las experiencias eu-ropeas, el PCCh volvió a reponer la reforma agraria basándose en los es-tudios del agrónomo Hugo Trivelli.806 Así planteó que el 61% de la tierra pertenecía a 1.464 propietarios, es decir menos del 1% de los agricultores del país. En cambio 129.227 debían conformarse con el 2.3% de las tierras agra-rias.807 Estos datos siguieron reafirmando el análisis comunista que en Chile existía un feudalismo o semi feudalismo producto de la monopolización de los terrenos aptos para la agricultura.808

 

Para esto, el PCCh propuso aprobar el Plan Agrario del gobierno de J. Antonio Ríos, pero insistió en la destrucción del latifundio, ya que el gobier-no había prometido la entrega de un millón de hectáreas en el plazo de diez años. Para Chacón Corona “si tomamos en cuenta que la superficie agrícola de los grandes latifundios sube de 17 millones de hectáreas, llegaremos a la conclusión que, con este ritmo, la división del latifundio vendrá a operarse en un periodo de por lo menos 170 años”.809 De esta manera, se puntualizó realizar una subdivisión de los grandes latifundios de las provincias entre Aconcagua y Concepción, con el pago de bonos del Estado de 20 a 30 años plazo.810 En el caso de las tierras mapuches se planteó su restitución con los respectivos títulos definitivos de propiedad, pero sin especificar si de manera colectiva o individual.811

 

De esta manera, la cuestión agraria se tomó la tribuna de las elecciones presidenciales de septiembre de 1946. Radicales y comunistas convocaron una Convención de Izquierda para el 21 de julio de dicho año, logrando sola-mente la adhesión del Partido Socialista Auténtico (liderado por Marmaduke Grove). Elías Lafertte, quien fue como candidato presidencial comunista, visitó varias comunas campesinas, planteando la necesidad de una reforma agraria de corte anti latifundista.812 Al contrario, el candidato radical Gonzá-

 

 

806        Hugo Trivelli, Expansión y estructuras agrarias, Tall. Graf. Claridad, Santiago, 1941.

 

807        R. Evy, “Plan y Reforma Agraria”, Principios, N° 48, Santiago, junio de 1945, p. 9.

 

808        Juan Chacón Corona, “El atraso de Chile y la necesidad del desarrollo de la revo-lución democrática-burguesa”, Principios, N° 54, Santiago, diciembre de 1945, pp. 2-6.

 

809        Juan Chacón Corona, “Observaciones al Plan Agrario del Gobierno”, Principios, N° 49, Santiago, julio de 1945, p. 22.

 

810        Ídem.

 

811        Contreras Labarca, La lucha…, op. cit., p. 24.

 

812        “Los campesinos de ‘Mariposas’ proclamaron a Lafertte el sábado”, El Siglo, Santi-ago, 19 de febrero de 1946, p. 7; “Enorme entusiasmo despierta entre las masas campesinas la candidatura presidencial del Senador Elías Lafertte”, El Siglo, Santiago, 23 de febrero de 1946, p. 3.



 

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un fantasma recorre el campo

 

lez Videla, propuso la importancia de la reforestación, el uso de fertilizantes y la facilidad de créditos para mejorar la producción agrícola, pero no nece-sariamente atacando a los grandes terratenientes. “De ahí que toda reforma agraria debe considerar la distribución de tierras no cultivadas, sustraídas a la producción nacional”.813

 

Tras el triunfo del candidato radical en la Convención, la conformación del programa de gobierno contempló la reforma agraria, como subdivisión de tierras de grandes latifundios, pero quedó el antecedente de que no era la prioridad del candidato electo.814 Así lo demostró en agosto de ese año, cuando no quiso expresarse sobre posibles expropiaciones:

 

“El punto neurálgico de nuestra economía es la agricultura (…) el pueblo necesita más alimentos con vital urgencia (…) la única forma efectiva de llenar esta tarea es la incorporación al cultivo in-tensivo de todos los terrenos disponibles, aumentando al máximo su productividad mediante la aplicación de maquinarias y técnicas modernas”.815

 

Creemos que dichas discrepancias en torno al tipo de reforma agraria se vieron agudizadas en el posterior gobierno de González Videla. Por ejem-plo, en enero de 1947, el periódico El Campo advirtió que la reforma agraria no debía significar una indemnización millonaria a los grandes agricultores, olvidándose de los campesinos, que no tendrían capital sin la ayuda del Es-tado.816 Este énfasis se realizó porque para el PCCh los campesinos fueron fundamentales en el triunfo de González Videla. Así lo definieron en agosto de 1946: “La elección actual, tiene también un mérito tanto o más importante que la del 38. Y es que por primera vez en Chile, el campesinado se incorpora decidida y conscientemente a la lucha electoral”.817 Después de la elección de González Videla, los comunistas sostuvieron que esto se dio por un apoyo creciente de electores en algunas comunas rurales (Cuadro 5).

 

A diferencia del PCCh, el PS llevó a su propio candidato presidencial (Bernardo Ibáñez), mientras que la Falange Nacional respaldó al conservador

 

 

813        “Reclamo el honor de conducir el pueblo a la victoria”, El Siglo, Santiago, 17 de julio de 1946, p. 2.

 

814        “El programa que dará la victoria”, El Siglo, Santiago, 22 de julio de 1946, p. 3.

 

815        “Dar alimentos al pueblo será nuestra primera tarea, dice Gabriel González V.”, El Siglo, Santiago, 31 de agosto de 1946, p. 17.

 

816        “La reforma agraria”, El Campo, N° 16, Santiago, enero de 1947, p. 2.

 

817        “El campo afianzara el triunfo”, El Siglo, Santiago, 25 de agosto de 1946, p. 1.

 

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Eduardo Cruz- Coke. La Alianza Democrática, que le había dado el triunfo a Juan A. Ríos, se estaba desintegrando lentamente. Esto explica el resultado con que González Videla triunfó el 4 de septiembre de 1946, siendo funda-mental el respaldo del PCCh. Arnaldo Rodríguez recuerda aquel esfuerzo personal y colectivo que realizó en dicha campaña:

 

“Me saqué la mugre con González Videla. Porque era el único candidato de izquierda, que cuadraba con las expectativas de la gente. Prometió el oro y el moro, el cambio, y el apoyo, que esto y esto otro (…) Hice todo lo que se hace en las campañas, los ra-yados, los murales, las papeletas, que había que sacarla en mimeó-grafo, de una por una y toda la porquería chica”.818

 

Según el estudio de Carlos Hunneus, el PCCh tuvo una importante influencia en el programa de gobierno, prometiendo la subdivisión y distri-bución de grandes latifundios para inquilinos y medieros, además de impulsar la sindicalización campesina.819 A la vez, los comunistas exigieron participar en el gabinete, producto de su creciente aumento electoral que venían expe-rimentando desde 1941, tanto en votaciones municipales como parlamenta-rias.820

 

Los resultados dieron por vencedor a González Videla con un 40,1%, versus un 29,7% de Eduardo Cruz-Coke, lo que obligó al Congreso Nacional ratificar su triunfo mediante una compleja votación. Según Loveman, el Par-tido Liberal aceptó apoyar a González Videla a cambio de una ley de sindi-calización campesina y tener el mismo número de ministros que el PCCh.821 Esto, según Huneeus, porque existía un temor por el poder que estaba ad-quiriendo el comunismo, sobre todo después de las elecciones de 1945. Por lo demás, era inédito en la historia de Sudamérica que el comunismo ad-ministrara diversos ministerios. En este caso fueron las carteras de Obras Públicas (Carlos Contreras Labarca), Agricultura (Miguel Concha) y Tierras y Colonización (Víctor Contreras Tapia). Según Huneeus, estos dos últimos ministerios eran sumamente sensibles y quizás González Videla los utilizó como “pretexto para alejarlos del gabinete si se apartaban de la política que

 

 

818        Entrevista a Arnaldo Rodríguez…, op. cit.

 

819        Huneeus, La Guerra Fría…, op. cit., p. 74.

 

820        Luis Durán B., “Visión cuantitativa de la trayectoria electoral del Partido Comuni-sta de Chile: 1903-1973”, en Varas, El Partido Comunista…, op. cit., p. 351.

 

821        Loveman, Struggle…, op. cit., p. 124. Esto fue ratificado a Loveman por el diputado

 

Jorge Rogers en entrevista. Además: Jorge Rogers, Nueva organización social del campo chileno,

 

Universitaria, Santiago, 1947, p. 3.



 

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impulsaría el gobierno”.822 Por otro lado, informes de Inteligencia del gobier-no británico y norteamericano dan cuenta de la intención de mantener a los comunistas momentáneamente en el gobierno.823 Estos exigieron participar en el gobierno, ya que en los gobiernos anteriores fue incapaz de asegurar la implementación de sus plataformas electorales, no estando dispuesto a repetir nuevamente estos errores. De esta manera el gobierno le ofreció tres ministerios, cinco intendencias, dieciséis gobernaciones y treinta asesorías en diferentes empresas semifiscales. ¿Cuál fue el papel de los ministros comu-nistas?

 

En el caso de Víctor Contreras Tapia, este se sorprendió cuando fue elegido en Tierras y Colonización. “La única cualidad que tengo es ser hijo de campesinos, cuando hay tanta gente capacitada y empecé a nombrar a Cha-cón Corona y otros compañeros”, recuerda en sus memorias. Galo González le respondió que el Partido lo escogió porque como alcalde de Tocopilla “había demostrado saber batírselas bien con todos los sectores”.824 Contreras Tapia recordó las extensas giras ministeriales logrando llevar adelante una política de expropiaciones y entrega de propiedades como indicaba el pro-grama de gobierno. Fue el caso de Copiapó, Antofagasta y Arica. Bajo la “Ley Económica” del gobierno anterior expropiaron terrenos en Coquimbo y La Serena para campesinos pobres, pero “apenas salimos del gobierno, se trajeron colonos italianos y fueron ellos quienes los recibieron”.825 Según González Videla, el ministro comunista abusó de sus facultades llevando a cabo una serie de expropiaciones, como fue el caso del fundo “Los Raulíes” (Arauco) y el fundo “Mariposas” (Talca).826

 

Por otro lado, el ministro de Agricultura, Miguel Concha, fue acusado de nombrar a Chacón Corona como vicepresidente del Instituto de Eco-nomía Agrícola (IEA) sin tener la experiencia suficiente. González Videla plantea que se le fue presentado “como experto en las materias… y que en la práctica sólo procedió a efectuar el más escandaloso despilfarro de los bienes del Estado”.827 Según Chacón Corona, los conflictos fueron por negarse al alza del trigo como le pidió una delegación de molineros. “El Gobierno de

 

 

822        Huneeus, La Guerra Fría…, op. cit., pp. 89-92.

 

823        Ibíd., p. 95; Jody Pavilack, Mining for the Nation: The politics of Chile’s coal Communities from the Popular Front to the Cold War, University Park, Pennsylvania, The Pennylvania University

 

Press, 2011, p. 254.

 

824        Contreras Tapia, Campesino…, op. cit., p. 125.

 

825        Ibid., p. 127.

 

826        Defensa de la democracia…, op. cit., pp. 28-29. Además, ver: “Campesinos de Los Raulies viven en la vía pública”, El Siglo, Santiago, 8 de junio de 1947, p. 12.

 

827        Defensa de la democracia…, op. cit., p. 28.

 

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don Gabriel González Videla debe encarar esto con energía y terminar de una vez por todas no siga jugando con el estómago y la paciencia de nuestro pueblo”, diría en enero de 1947.828 Años más tarde recordó que González Vi-dela le pidió que reconsiderara su posición. “Mientras yo esté en el puesto… no firmaré ninguna autorización del alza”, le respondió, enviando harina ur-gente a los pueblos del norte, producto de la sequía.829 Según el diputado Cipriano Pontigo, Chacón Corona fue criticado injustamente por esta acción, siendo que las propias autoridades de Coquimbo y Antofagasta pidieron una ayuda urgente.830 Para Pontigo la escasez en el norte se debía a la actuación de los molineros chilenos que no vendían a precio oficial, generando una “carestía artificial”.831

 

A esto había que sumarle las discrepancias que hubo entre el PCCh y González Videla por la tramitación de la Ley de Sindicalización Campesina (N° 8.811) discutida desde febrero de 1947 en el Senado, pero rechazada de plano por los comunistas.832 Uno de estos últimos, el senador Guillermo Guevara, planteó que el estancamiento de la agricultura no se debía a las mo-vilizaciones campesinas ni a la Segunda Guerra Mundial, sino a la “estructura de la propiedad”, por lo que se debía terminar con el latifundio y, paralela-mente, apoyar la sindicalización como una medida básica “para impulsar la transformación social y económica del agro Chile”.833 Desde la cámara de diputados, el comunista Carlos Rosales, calificó el proyecto de sindicalización como “monstruoso y anticonstitucional” y denunció una nueva represión en contra de cientos de campesinos mediante despidos y listas negras. Sólo en los fundos de O’Higgins más de trescientos inquilinos debían abandonar sus haciendas en un plazo de quince días. “¿Va a tolerar el Supremo Gobierno de la Republica que preside Su excelencia don Gabriel González Videla, que se lance, así no más, a los caminos y a las calles, a los campesinos de las hacien-das?”.834 La pregunta quedó resonando en los pasillos del parlamento.

 

Lo que ocurrió posteriormente, sobre todo en materia agraria, se ase-mejó al comienzo del gobierno del FP de 1938: las movilizaciones campe-sinas y la conformación de sindicatos agrarios se dispararon intensamente.

 

 

828        “Juan Chacón C. orientará labor del Instituto de Economía hacia el aumento de la producción”, El Campo, N° 16, Santiago, enero de 1947, p. 3.

 

829        Varas, Chacón…, op. cit., p. 125.

 

830        BSCD, 22° sesión ordinaria, 29 de julio de 1947, p. 1127.

 

831        BSCD, 11° sesión ordinaria, 24 de junio de 1947, p. 422.

 

832        “Movilización Nacional contra proyecto reaccionario de sindicalización campesi-na”, El Campo, N° 16, Santiago, enero de 1946, p. 1.

 

833        BSS, 14° sesión extraordinaria, 7 de enero de 1947, p. 553.

 

834        BSCD, 39° sesión extraordinaria, 11 de marzo de 1947, pp. 1825-1826.



 

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Esto, porque se levantó la restricción en torno a la sindicalización (circular N° 34) y los inspectores del trabajo concurrieron nuevamente a los fun-dos.835 Según datos de Brian Loveman, entre 1946-1947 se llegaron a emitir unos 656 pliegos de peticiones, más la conformación de 300 nuevos sindi-catos agrícolas.836 Arnaldo Rodríguez recuerda como su partido envió a de-cenas de militantes a los fundos, precisamente a organizar estos sindicatos: “Nos íbamos, tres o cuatro compañeros, el día viernes en el último tren que iba a Rancagua… te dan el programa hecho, ‘allá te va a recibir tal gente, en tal fundo’. No es que uno anduviera metiendo la nariz, sino que iba uno a determinadas partes. Tomaba el tren a Rancagua, el último tren y pasába-mos sábado y domingo hablando con campesinos y formando sindicatos campesinos”.837

 

Esto era ratificado por las denuncias de la SNA y grandes agricultores que reprochaban la presencia “comunista” en sus fundos. Así lo describió un oficio de un hacendado de Valparaíso quien denunciaba que:

 

“desde años existen en varios fundos bajo el pretexto de la organi-zación de sindicatos agrícolas (sic) fofos de propaganda comunis-ta, bajo la dirección del PC y la CTCH de La Calera con cabecillas bien disciplinados... que dominan la mayor parte de los inquilinos de su grupo, gente que generalmente no entienden nada de los fines políticos, que se les cuenta pero por temor a represalias”.838

 

Con la nueva ola de movilización desde fines de 1946, se intensificaron los despidos y desalojos por parte de los patrones, quienes reprocharon la “subversión” del “campo con fines políticos”.839 Según Jean Carriere, un fac-tor fundamental que permitió esta nueva ola de movilizaciones fue que “los carabineros ya no podían ser invocados para acabar con las huelgas y otras acciones”.840 El gobierno, presionado por el Partido Liberal y la SNA, deci-dió patrocinar nuevamente el antiguo proyecto de ley sobre sindicalización campesina (creado en 1939). Las trabas que esta legislación estableció pro-

 

 

 

835        Loveman Struggle in the Countryside. A Documentary Supplement… op. cit., pp. 116-117.

 

836        Loveman, Struggle…, op. cit. p. 172.

 

837        Entrevista a Arnaldo Rodríguez…, op. cit.

 

838        Carta de agricultor de Valparaíso a Ministro de Agricultura Humberto Mendoza, 1946, en: Loveman Struggle in the Countryside. A Documentary Supplement… op. cit., p. 137.

 

839       “La agitación social llevada al campo”, El Campesino, Vol. LXXVIII, N° 11, noviem-bre de 1946, p. 5.

 

840        Carriere, “Landwners and…, op. cit., p. 48.

 

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vocaron la “exclusión legal” de los campesinos hasta los años sesenta.841 Pa-ralelamente, el presidente González Videla retiró a los ministros comunistas, argumentando precisamente la acción de agitación que estos desarrollaban en el campo.842 Según Hunneus esto no sería tan inexacto, ya que “los co-munistas empujaron a los campesinos a exigir aumentos de salarios, mejores condiciones laborales y la constitución de sindicatos sin prever los alcances de esta operación política, creciendo el anticomunismo en los terratenientes y en los dirigentes de los partidos de derecha y el Radical”.843 Estos argumen-tos, no del todo errados, desconocen la iniciativa de los propios campesinos, responsabilizando solo al PCCh de la ‘explosión’ sindical.

 

Por otro lado, producto del papel que jugó el PCCh en las movilizacio-nes mineras de Lota-Coronel a fines de 1947, González Videla decidió virar hacia una política anticomunista, con el argumento de una posible tercera guerra mundial. Pero según la historiadora Jody Pavilack, los mineros del carbón no eran un desequilibro para la democracia formal chilena, sino que fue el creciente voto rural del PCCh lo que más temió la derecha.844 De esta forma, González Videla apoyó el proyecto de Ley de Defensa Permanente de la Democracia (Ley 8.987), que entre otras implicancias, planteó dejar fuera de la legalidad a miles de militantes comunistas.

 

Según Andrew Barnard, el PCCh si bien tuvo una política antiimpe-rialista, cercana a la URRS, no tenía intenciones revolucionarias de cambio social como exageró el Embajador norteamericano en Chile, sino más bien continuó con su táctica de revolución “democrático-burguesa”.845 A Pesar de esto, la aprobación de la ley 8.987 permitió el encarcelamiento de cientos de comunistas, perdiendo además sus derechos civiles. Paralelamente, dicha legislación restringió la autonomía sindical al permitir el control de los di-neros de los sindicatos, evitando que estos derivasen en el apoyo de huelgas externas.846 Los estudios de Constanza Dalla, han relacionado ambas leyes, de Sindicalización Campesina y Defensa de la Democracia, como parte de

 

 

841        Santana, Agricultura Chilena…, op. cit., p. 185; Gómez Leyton, La Frontera…, op.

 

cit., p. 9.

 

842        Carlos Maldonado, “ACHA y la proscripción del Partido Comunista en Chile 1946-1948”, Documento de Trabajo, FLACSO, Santiago, 1989, pp. 4-5.

 

843        Huneeus, La Guerra…, op. cit., p. 102.

 

844        Pavilack, Mining for…, op. cit., p. 9.

 

845        Andrew Barnard, “Chilean Communists, Radical Presidents and Chilean Relations with the United States, 1940- 1947”, Jornal of Latin American Studies, Vol. 13, N° 2, november de 1981, pp. 359-360.

 

846        Hernán Venegas, “Anticomunismo y control social en Chile. La experiencia de los trabajadores del carbón en Lota y Coronel. A mediados del siglo XX”, Revista de Historial Social y de las Mentalidades, Vol. 16, N° 2, Universidad de Santiago de Chile, Santiago, 2012, p. 100.



 

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un mismo engranaje anti sindical, pero que no logró “desarticular comple-tamente la capacidad de lucha de los trabajadores rurales” y su vínculo con el PCCh.847

 

A continuación analizamos la política agraria del PCCh entre 1946 y 1948, principalmente en torno a la reforma agraria, la organización de la FINTA y la sindicalización campesina. Igualmente, nos enfocaremos en el debate parlamentario tanto de la ley de sindicalización campesina, como de la ley de Defensa de la Democracia. Ambas leyes tuvieron serias consecuencias en la militancia comunista urbana y rural, pero sobre todo fueron medidas legislativas en contra del movimiento sindical en ambos espacios.

 

El retorno de la reforma agraria

en la política comunista

 

Corrían los días de junio de 1946 y el dirigente comunista Ricardo Fon-seca envió una carta protocolar al poeta y senador, Pablo Neruda y su esposa Delia del Carril. La misiva tenía como objetivo invitarlos a una reunión para el viernes 7 de ese mes y con la finalidad de “constituir LA EMPRESA EDI-TORIAL AUSTRAL S.A. y adelantar una serie de trabajos que con ella se relaciona”. La junta estaría constituida por el propio Fonseca, Contreras La-barca, Américo Zorrilla, Volodia Teiltelboim, Pascual Barraza, Galo Gonzá-lez, Natalio Berman, César Godoy Urrutia y Pablo Neruda, pidiéndose a este último una “lista escrita con el mayor número posible de nombres a quienes usted cree que pueda interesar nuestra iniciativa”.848

 

¿Qué ocurrió con aquella propuesta? ¿Se logró conformar la denomi-nada Editorial Austral? A diferencia de los años anteriores, entre 1946-1947, la producción editorial del PCCh disminuyó considerablemente, en particular la relacionada con la difusión de textos marxistas. La última publicación de Nueva América fue en 1945, desapareciendo como casa editorial, al igual que Antares o El Mundo. Dicha mengua se puede explicar, entre otras razones, por el contexto internacional (fin de la Segunda Guerra Mundial), donde no era urgente imprimir textos pro soviéticos, sino más bien documentos políticos defendiendo el programa de gobierno de Unión Nacional.849 De

 

 

847        Constanza Dalla Porta, “¡Contra la represión: movilización! El movimiento sindi-cal campesino frente al gobierno de Gabriel González Videla (1946- 1952)”, Seminario Simón

Collier 2013, Pontifcia Universidad Católica, Instituto de Historia, Santiago, 2013, pp. 80-81.

 

848        Carta de Ricardo Fonseca a Pablo Neruda, Santiago, 4 de junio de 1947, en www. bibliotecanacional.cl

 

849        Ricardo Fonseca, ¿Cómo resolver los problemas nacionales?, Secretariado Na-cional de Educación, Santiago, 1946.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

todas maneras, la Distribuidora DIAP continuó con su tarea de difusión de literatura marxista, trayendo desde Argentina libros y revistas internacionales como Tiempo, Futuro, Cultura Soviética, Cuba-URSS, Dialéctica y New Ti-mes. Estas se vendían en la librería Nueva América, en Moneda N° 722, San-tiago.850 Pero producto de la represión en contra el PCCh debió suspender la edición de la revista Principios en diciembre de 1947, mientras que el diario El Siglo dejó de publicarse en marzo de 1948. La imprenta debió desarmarse, para montarla en otro lugar y así editar La Oposición, y más tarde Demo-cracia, en septiembre de 1949.851 Solo a comienzos de los años cincuenta, volvió nuevamente el proyecto editorial AUSTRAL, el cual publicó la novela de Volodia Teitelboim, Hijo del salitre, dedicada a Elías Lafertte.852 Este, por otro lado, publicó su autobiografía, Vida de un Comunista, en 1957. Dicho libro se reeditó en 1961 y 1971.

 

Lafertte fue el dirigente más importante del PCCh después de Luis Emilio Recabarren. En 1946, ambos compartieron la portada de los nue-vos Estatutos del partido, los cuales fueron aprobados en el XIII Congreso (Imagen 13). Allí se reafirmaban nuevamente la importancia de la disciplina, del centralismo democrático, de la militancia celular y la fidelidad a “los inte-reses de la clase obrera y del pueblo de Chile”.853 Según quedaba estipulado, los comunistas debían prometer defender y fortalecer la democracia, que junto con la destrucción de los “restos feudales”, mediante una “revolución democrático-burguesa”, llevarían al socialismo. Según Lafertte, este proceso paulatino lo harían “fieles a la herencia que nos legara el fundador de nuestro Partido Luis Emilio Recabarren”, sin perder de “vista el Norte que nos guía hacia el socialismo”.854 Marxismo y Recabarren se reivindicaban en conjunto, dejando atrás las críticas del Comintern a fines de los años treinta hacia el fundador del POS.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

850        “Revistas Modernas”, El Siglo, Santiago, 24 de junio de 1946, p. 6.

 

851        Corvalán, De lo vivido…, op. cit., pp. 48-49. Varas, Tenaces…, op. cit., pp. 49-50.

 

852        Volodia Teitelboim, Hijo del salitre, Austral, Santiago, 1952.

 

853        Partido Comunista de Chile, Estatutos del Partido Comunista de Chile, Imp. Moneda, Santiago, 1946, p. 5.

 

854        Lafertte, Hacia la transformación…, op. cit., p. 54.



 

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Imagen 13

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estatutos de PCCh, 1946.

 

¿Qué ocurrió entonces para que Gabriel González Videla haya decidido deshacerse de quienes los apoyaron en su carrera presidencial? ¿Significaba el PCCh un real peligro para la estabilidad del país?

 

Según una carta enviada por González Videla al Gran Maestro de la Logia Masónica, el PCCh realizó una serie de acciones de carácter disolvente, especialmente en torno a la distribución de tierras y la sindicalización campe-sina. En el caso del ministerio de Tierras y Colonización, el mandatario acusó a Víctor Contreras Tapia de “llevar a la práctica la ocupación ilegal y violenta de tierras fiscales y particulares, en numerosas provincias del país, por parte de elementos comunistas y comunizantes”.855 Por otro lado, sobre la sindica-lización campesina, González Videla acusó que se desató una:

 

“campaña irregular de sindicatos campesinos, con plena cons-ciencia de que llevaban a efecto una actividad ilícita, con el fin preconcebido de introducir mayor desorden en las actividades agrícolas… los campesinos, así incitados por agentes comunistas,

 

 

855        Defensa de la democracia. Cartas cambiadas entre el serenísimo Gran Maestro y S. E. el Presi-dente de la Republica, don Gabriel González Videla, Santiago, 1948, p. 28.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

llegaron a cometer desmanes graves como ser el incendio de se-menteras y la destrucción de enseres y útiles de los fundos”.856

 

Como hemos percibido en los capítulos anteriores, la cuestión agraria fue uno de los nudos históricos más polémicos y postergados del periodo, sobre todo por la influencia de los grandes terratenientes, ligados al partido Conservador, Liberal y Radical. González Videla debió enfrentar las presio-nes tanto de grandes agricultores, como de las organizaciones campesinas y obreras, debiendo zanjar la situación bajo el nuevo contexto internacional que se vivía después de la Segunda Guerra Mundial.

 

En el caso del PCCh, este decidió, en su XIII Congreso Nacional de di-ciembre de 1945, impulsar una serie de propuestas económicas para recons-truir Chile a la luz de una revolución democrático burguesa y tomando en cuenta el nuevo momento político mundial, con la participación soviética en el triunfo de la Segunda Guerra Mundial. Así lo consignó Contreras Labarca:

 

“La Unión Soviética, siguiendo la dirección del Generalísimo Sta-lin, es hoy la primera potencia mundial; está rodeada de la admira-ción, la gratitud, el respeto y la solidaridad de todos los pueblos de la tierra y marcha a la cabeza de La civilización, abriendo nuevas rutas al progreso de las naciones, bajo la bandera victoriosa del Marxismo-Leninismo”.857

 

La reforma agraria era parte de esta nueva etapa. Así lo planteó Galo González a comienzos de 1947, estimando que tanto en Europa como en otros países del mundo se estaban forjando grandes transformaciones.903 De tal modo, nuevamente el factor internacional influyó en el PCCh, reto-mando antiguos proyectos que había postergado precisamente para priorizar la lucha antifascista. Vencido el fascismo, el PCCh se hizo una dura autocrí-tica sobre la “desviación de derecha” que se manifestó en parte de la direc-ción, incluyendo a Contreras Labarca.858 El nuevo momento histórico daba el impulso para enmendar los caminos y tomar nuevamente las banderas postergadas. ¿Pero qué tipo de reforma agraria se proponía? ¿Expropiación a los grandes latifundios o solo a terrenos no productivos?

 

 

 

 

856        Ibid., p. 30.

 

857        Carlos Contreras Labarca, La lucha del pueblo por la reorganización política de Chile, Nue-va América, Santiago, 1945, p. 8.

 

858        Contreras Labarca, La lucha…, op. cit., p. 53.



 

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La monstruosa Ley

de Anti-Sindicalización Campesina

 

El despertar para el agricultor Eliseo Casanova Storti no fue placentero, sino un estruendo de gritos y disparos. Según su testimonio a la Policía de Investigaciones, a las 5:40 de la mañana del 27 de diciembre de 1946, escu-chó a su mayordomo, Carlos Fierro (37 años, lee y escribe), discutir con los trabajadores del fundo “Batuco” de Penco. Al escuchar las detonaciones salió de su casa encontrando, a los pies de su mayordomo, el cuerpo sin vida del gañan Pedro Soto Rodríguez. Las causas serían “por defensa propia”, ya que, según el acusado, este fue agredido por Soto junto a sus compañeros, cuando se le iba a entregar las herramientas y la harina que “tienen por derecho”. Frente al ataque, en vez de harina, pero le entregó balas. Para los campesinos las causas fueron otras. Luís Solís (33 años, analfabeto), dijo que el agre-sor fue el propio mayordomo, quien insultó a Soto diciéndole “que tendría que pagárselas, pues era uno de los agitadores del Sindicato que pretendía hecharlo [sic] de su empleo”. Efectivamente Pedro Soto era dirigente del sindicato del fundo “Batuco”, siendo parte del advenimiento que los propios campesinos habían celebrado el mes anterior con Casanova. Allí obtuvieron un aumento de sus salarios de cinco a siete pesos para inquilinos y de diez a doce pesos para voluntarios, entre otros beneficios, siendo desechados otros como precisamente cambiar al mayordomo, ya que según el pliego de peti-ciones Carlos Fierro tenía “una actuación hostil” hacia los trabajadores. El propio mayordomo se defendió con Investigaciones acusando que “estos hechos obedecen únicamente a propaganda comunista que han desarrollado en el Fundo”. Finalmente, una parte de los trabajadores fueron despedidos y el mayordomo habría sido detenido por los Carabineros de Tomé, según consignan los documentos de la Dirección General del Trabajo.859

 

La muerte de Pedro Soto refleja la tensión que produjo el segundo ciclo de movilizaciones agrarias a partir de noviembre de 1946, cuando el nue-vo gobierno derogó la circular que prohibía la sindicalización campesina. Desde este nuevo “despertar”, la SNA acusó al PCCh de ocupar la organi-zación campesina como un instrumento político.860 La prensa, por ejemplo, el periódico El Lontué, acusó a comunistas de quemar más de mil álamos del fundo “Santa Susana” (Teno), momentos después de no autorizar una

 

 

859        Loveman, Struggle in the Countryside. A documentary suplement… op. cit., pp. 130-136.

 

Además, la denuncia del PCCh en José Agustín Valenzuela, “La verdad sobre la vida y la lucha de los trabajadores del campo”, Principios, N°67, Santiago, enero de 1947, p. 13.

 

860        “La Sindicalización Campesina”, El Campesino, Vol. LXXVIII, Nº 9, septiembre de

 

1946, p. 5.

 

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concentración campesina.861 En el parlamento, el diputado Salvador Correa Larraín acusó al gobernador de San Vicente de Tagua Tagua, el comunis-ta José Bello, de llevar una “campaña violenta de agitación en los campos, redactando personalmente pliegos de peticiones, organizando en persona a sindicatos y sembrando la semilla del odio que no existía hasta entonces en esas tierras”.862 Por último, el senador Pedro Poklepovic denunció a cara-bineros a un supuesto comunista, de origen ruso, por entrar al fundo “Las Mercedes” y desarrollar una “activa y violenta agitación entre los obreros”. En el fundo “Los Rulos”, el mismo sujeto, llamado José Altermann, amena-zó al administrador por querer despojar a un inquilino.863 En respuesta de ésta acusación, el senador Salvador Ocampo indicó que se trataba de una “intriga fraguada con el propósito de combatir a los diferentes funcionarios públicos que pertenecen al Partido Comunista”.864 Sobre Altermann, explicó que era un vendedor ambulante, chileno, que recorría diversos fundos y que aún estaba detenido en Melipilla sin comprobarse las acusaciones del senador Poklepovic.912 Ocampo aprovechó de denunciar que en aquellos fundos, como en otros, se estaba dando una nueva campaña de desahucios, sobre todo a quienes presentaban pliegos de peticiones. Dicha lista de despedidos, realizada por la CTCh, daba una suma de 1.380 inquilinos despojados junto a sus familias desde Elqui hasta Molina (Curicó).865

 

De esta forma, se desarrolló un intenso debate en torno a la sindicali-zación campesina (febrero-mayo de 1947), contando con el rechazo absoluto del PS, la Falange Nacional y el PCCh, pero con la aprobación de radicales y los partidos de derecha (Liberal, Conservador y Agrario Laboral).866 Según González Videla, si bien no estaba contemplada en su programa de gobierno, fue necesaria procurando “una organización del sindicato agrícola en forma reglamentada, contemplando los derechos del producto y del obrero y ga-rantizando en el fondo la producción”.867 A continuación detallaremos los

 

 

861        “Agitaciones comunistas prendieron fuego a una sementera de trigo en el fundo ‘Santa Susana’ en Curicó”, El Lontué, Molina, 29 de enero de 1947. Gentileza de Jorge Rojas Flores.

 

862        BSCD, 41° sesión extraordinaria, 18 de marzo de 1947, p. 1908. Sobre la acción del gobernador de San Vicente de Tagua Tagua y la parcelación de la hacienda “La Rinconada” en BSCD, 15° sesión ordinaria, 2 de julio de 1947, pp. 599- 601.

 

863        BSS, 33° sesión extraordinaria, 13 de mayo de 1947, pp. 1468-1469.

 

864        Ibid., p. 1469.

 

865        La lista completa y detallada en BSS, 2° ordinaria, Santiago, 28 de mayo de 1947, pp. 307-314.

 

866        Proyecto de Sindicalización Campesina en BSS, 22° sesión extraordinaria, 26 de febrero de 1947, pp. 865-872.

 

867        BSS, 3° sesión ordinaria, 3 de junio de 1947, p. 350.



 

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un fantasma recorre el campo

 

nudos más importantes de la ley de 8.811, la cual incorporó nuevas disposi-ciones al Código del Trabajo para el caso de los obreros agrícolas.

 

Las disposiciones generales con la cual comienza la ley 8.811 considera-ron a los sindicatos agrícolas como organizaciones “de colaboración mutua entre el capital y el trabajo”.868 Esto porque se partía sobre la base que existía una incompatibilidad del Código del Trabajo en las actividades agrícolas. Se-gún el senador Humberto del Pino la presentación de pliegos de peticiones en tiempo de cosechas perjudicaría el desarrollo agrícola, prefiriendo “la cos-tumbre y no el contrato”.869 A su vez, el diputado Juan Chesta previno que al aplicar la sindicalización en los campos, en algún momento los productos agrícolas subirían de precios, teniendo consecuencias “en las grandes ciuda-des”.870 Es decir, el conflicto en el agro amenazaría el naciente proceso de industrialización, siendo incompatible en el mundo rural, pidiendo que los inquilinos debiesen sacrificarse en pos del desarrollo del país. De esta mane-ra, se hacían necesarias modificaciones especiales en el Código del Trabajo. Los parlamentarios comunistas votaron en contra de dicha ley porque sería inconstitucional al obstaculizar el derecho de asociación y violar los tratados internacionales aprobados en Chile desde 1925. “Pretende mantener la escla-vitud en los campos de chile”, diría el diputado Carlos Rosales.871

 

Un segundo punto se refiere a la constitución de los sindicatos. Estos podían crearse entre trabajadores de un mismo fundo, solo si tenía más de 20 obreros (mayores de 18 años). El 10% debía saber leer y escribir.872 Quedaba fuera la posibilidad de formar una organización con inquilinos de una misma comuna. Según el comunista César Godoy Urrutia este requisito era impo-sible de cumplir. “No son muchos los fundos que tienen una masa de obre-ros permanente que reúnan, además, las otras características establecidas”.873 Esto fue ratificado por el diputado Jorge Rogers (Falange Nacional), quien según datos de la Caja de Seguro Obrero, planteó que con esta ley el 87% de las propiedades quedarían fuera de la sindicalización.874 A esto se le su-maba que el trabajador debía tener, al menos, un año laborando en el fundo para pertenecer a un sindicato.875 Desde la óptica del diputado Rosales, esto era “absolutamente ridículo”, porque se dejaba en manos de los dueños de

 

 

868        Ley 8.811, art. 2 en www.leychile.cl

 

869        BSS, 25° sesión extraordinaria, 5 de marzo de 1947, p. 1068.

 

870        BSCD, 44° sesión extraordinaria, Santiago, 26 de marzo de 1947, p. 2007.

 

871        Ibíd., p. 2000.

 

872        Ley 8.811, art. 16.

 

873        BSCD, 44° sesión extraordinaria, 26 de marzo de 1947, p. 1999.

 

874        Rogers, Nueva organización…, op. cit., p. 20.

 

875        Ley 8.811, art. 16.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

fundos la posibilidad de “remover, en cualquier momento, a los inquilinos… como lo están haciendo en este mismo instante”, denunciando una nueva ola de desalojos masivos.876 También se prohibían las reuniones entre sindicatos comunales y aún más la formación de una confederación campesina, dejando ilegal a la FINTA o cualquier intento de agrupación a nivel nacional.877 Sal-vador Ocampo planteó que tampoco se permitía la organización de los pe-queños agricultores, creando una desigualdad con respecto a los latifundistas que se agrupaban en la SNA.878

 

Un tercer punto corresponde a los procedimientos de conciliación y arbitraje. La ley estipuló que no se podían presentar pliegos de peticiones en tiempos de siembra ni cosecha, sino sesenta días antes o después.879 Tampo-co estaban permitidas las paralizaciones, pudiéndose disolver el sindicato si esto ocurría.880 Para el senador Guevara, esta medida estaba por encima del Código del Trabajo, porque el derecho a huelga es “el instrumento último e irrenunciable de la clase trabajadora para hacer frente a los dueños poderosos de los medios de producción”.881

 

Un cuarto punto fueron las asignaciones familiares que entregarían los propietarios a sus empleados. Este bono era “una suma no inferior al siete por ciento de los salarios que se paguen en dinero efectivo”.882 El diputado Bernardo Leighton (Falange Nacional) denunció que se quería entregar una asignación familiar de 10% de su sueldo a los trabajadores no sindicalizados, siendo una medida que motivaba a no sindicalizarse para obtener mayor be-neficio económico.883 El diputado Salvador Correa Larraín (P. Conservador) justificaba la medida, señalando que “no se trata de un cebo para evitar que los obreros formen sindicatos, se trata de ir en ayuda efectiva de aquellos obreros que no pudieran formarlos”.884 Según Elías Lafertte, esta medida era simplemente “una especie de limosna que se da a esa gente, y nosotros no queremos que se les dé limosna, queremos que se les reconozca el derecho que tienen para trabajar”.885 Carlos Rosales, por otro lado, denunció que los

 

 

876        BSCD, 44° sesión extraordinaria, 26 de marzo de 1947, pp. 2000-2001.

 

877        Ley 8.811, art. 14.

 

878        BSS, 30° sesión extraordinaria, 19 de marzo de 1947, p. 1320.

 

879        Ley 8.811, art. 53.

 

880        Ley 8.811, art. 46.

 

881        BSS, 28° sesión extraordinaria, 18 de marzo de 1947, p. 1229.

 

882        Ley 8.811, art. 33.

 

883        BSCD, 45° sesión extraordinaria, 26 de marzo de 1947, p. 2027.

 

884        BSCD, 44° sesión extraordinaria, 26 de marzo de 1947, p. 2005.

 

885        BSS, 30° sesión extraordinaria, 19 de marzo de 1947, p. 1317.



 

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un fantasma recorre el campo

 

salarios eran tan bajos, que las asignaciones no significarían un gran cambio. Para ello ingresó disfrazado al fundo “Querelema” del diputado Eduardo Moore, donde cancelaban cinco pesos diarios a sus inquilinos.886 El parla-mentario aludido se ofuscó diciendo que todo era “absolutamente falso y grotesco… no es el dinero, son las regalías las que forman el salario”. Tanto fue su enojo que el Presidente de la Cámara le pidió retirar sus “expresiones antirreglamentarias”.

 

-  ¡Así actúa en su fundo!- intervino Carlos Rosales.

 

-  Honorable señor Rosales, le ruego guardar silencio- pidió el Pre-sidente de la Cámara.

 

-  ¡Y es profesor de Estado!- insistió Rosales, que también era pro-fesor.

 

-  ¡Honorable señor Rosales!- lo regañaron nuevamente.

 

-   Yo no me explico porque el Partido Comunista, que tiene una directiva tan inteligente, destaca en estos debates tan importantes a personas que se comportan en forma torpe, poco inteligente y al margen de toda moral- cuestionó el diputado Eduardo Moore.

 

-  ¡Su señoría es el único inteligente!- concluyó Rosales.887

 

El PCCh intuía que la batalla estaba perdida, solo quedaba la posibilidad de la denuncia y el sarcasmo en contra aquel “monstruoso” proyecto. De eso Rosales y Godoy Urrutia sabían bastante, de hecho a este último le llamaban “capitán veneno” por la agudeza de sus discursos. Pero además de sus pun-zantes intervenciones, ambos diputados eran destacados conocedores de la cuestión agraria. No olvidemos que Rosales, Godoy Urrutia y Natalio Ber-man, venían del PST (1943) y que a diferencia de los comunistas, rechazaron el proyecto de sindicalización de Pedro Aguirre Cerda en 1940, escribiendo un “contra proyecto”.888 Ya militando en el PCCh, Godoy Urrutia fue parte de la Comisión Agraria, mientras Rosales se destacó en la denuncia y la ini-ciativa sobre temas agrarios entre 1945-1947.889 En definitiva, la ley 8.811 fue aprobada y promulgada en julio de 1947, en medio de un masivo despido de campesinos, lo cual siguió siendo denunciado por los comunistas, quienes en abril de 1947 fueron marginados del gabinete. A pesar de estas dos derrotas políticas, la aprobación de la ley de sindicalización campesina y la margina-

 

 

886        BSCD, 44° sesión extraordinaria, 26 de marzo de 1947, pp. 208-209.

 

887        Ibíd., pp. 209-210.

 

888        “El inconformismo y la sindicalización campesina”, Consigna, Santiago, 7 de dic-iembre de 1940, p. 3.

 

889        BSCD, 39° sesión extraordinaria, 11 de marzo de 1947, pp. 1824-1827.

 

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ción de sus ministros, el PCCh continuó llamando a la unidad de “todas las fuerzas populares y progresistas”, ya sea la “clase obrera y su estrecha alianza con el campesinado”.890 Esto conllevó un incremento de su poder electoral en más de treinta mil votos. Para algunos investigadores, esto condujo a que González Videla los sacara de los ministerios el 16 de abril de 1947, pero no así de otros cargos gubernamentales.891 Esta marginación parcial permitió que el PCCh continuara apoyando al gobierno, al menos de manera oficial.892 ¿De dónde provino ese crecimiento electoral del PCCh? ¿Tenía relación el factor campesino en esta nueva situación política? Para el encargado de Or-ganización del PCCh, Luis Reinoso, el papel de los campesinos fue relevante en el triunfo electoral de abril, planteando que eran miles de votos en favor de la reforma agraria. Por ejemplo, en Aconcagua los comunistas aumenta-ron de 989 a 1.758 votos, logrando un regidor en Los Andes. En San Vicente de Tagua Tagua, por otro lado, se lograron 304 votos, comparados a los 28 de 1944. Según Reinoso eso explicaba la agresión que recibía el gobernador José Bello de parte de las fuerzas reaccionarias. Estas cifras, que ampliamos en el Cuadro 6, demostraban que los “campesinos han empezado a comprender que el puntal más sólido para sus luchas y la conquista de la tierra lo tienen en la clase obrera”.893 Por otro lado, según informaciones de José A. Valen-zuela, comunista y secretario general de la FINTA, el PCCh logró una serie de nuevos militantes. En una asamblea en Palquibudis (Curicó) se habían inscrito sesenta campesinos; en el fundo “El Porvenir” ingresaron treinta, mientras que en la hacienda “Peldehue” (Santiago) ingresaron cuarenta. “Por esto debemos fortalecer mucho más el Partido en el campo, impulsando un reclutamiento permanente y prestando una efectiva ayuda política a la base que se vaya organizando en cada fundo”.894

 

El campesinado estaba siendo valorado más que nunca por el PCCh, pero siempre y cuando estuviera bajo la conducción del “proletariado”. Así se grafica en la portada de la revista Principios a comienzo de 1947, donde por primera vez aparece un campesino, aunque la ilustración lo asemeja más a la estética soviética de la clase obrera que a los inquilinos chilenos (Imagen

 

 

890        Luis Corvalán, “Entramos en una etapa decisiva para el cumplimiento del Pro-grama”, Principios, N° 70, Santiago, abril de 1947, p. 4.

 

891        Barnard, El Partido…, op. cit., p. 233.

 

892        “Le manifestaron su desacuerdo por la solución dada a la crisis política.- No ob-stante P.C seguirá apoyando al gobierno en el cumplimiento del programa”, El Siglo, Santiago, 17 de abril de 1947, p. 1.

 

893        Luis Reinoso, “La jornada electoral del 6 de abril y la crisis política”, Principios, N° 71, Santiago, mayo de 1947, pp. 9-10.

 

894        José Agustín Valenzuela, “La verdad sobre la vida y la lucha de los trabajadores del campo”, Principios, N° 67, Santiago, enero de 1947, p. 16.



 

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un fantasma recorre el campo

 

14). Otro ejemplo se evidencia en una crónica de febrero de 1946 en El Siglo, donde los campesinos de la hacienda “Las Palmas de Ocoa” paralizaron sus funciones. Ante esto, el Mayor del Ejército, Pedro Arancibia, les dijo supues-tamente: “Todo el mundo debe salir a sus trabajos hoy mismo, la CTCH está echa (sic) pedazos”, reclamando la presencia de comunistas en el conflicto. Uno de los campesinos diría: “Yo señor soy comunista y no me niego porque la sinceridad ha sido la norma de toda mi vida. Aquí en la Hacienda 39 de 45 son comunistas”. El Mayor le preguntó:

 

-  ¿Pero no sabe usted que los comunistas tienen órdenes de otros países y pretenden hacer revoluciones?”.

 

-  Sí Señor, nosotros los campesinos sabemos y ansiamos de todo corazón que nuestros hermanos de la ciudad hagan la revo-lución social porque será la única forma que se termine en el campo con la enorme explotación ejercida por los terratenientes.

 

Siendo además la única forma en que los obreros campesinos se les trate con la dignidad que corresponde a un ser humano. Que se termine con el sistema de alimentación que es peor a lo que se la da a una bestia”.895

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

895        “Ni las metralletas intimaron a los campesinos comunistas de Ocoa”, El Siglo, San-tiago, 27 de febrero de 1946, p. 8. El ennegrecido es mío.

 

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Imagen 14

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Principios, N° 68-69, febrero-marzo de 1947.

 

La noción en torno a la alianza obrero-campesina continuaba, pero bajo la conducción del proletariado y el PCCh (“La revolución social la harían en la ciudad”). Por su parte, en la revista Principios, el diputado de origen cam-pesino, Luis Valenzuela Valenzuela, escribió sobre el significado que debía tener esta alianza en el nuevo periodo. “La revolución solo podrá triunfar -decía Lenin- si se pone a la cabeza de ella el proletariado, si éste, como jefe de la revolución sabe asegurar su alianza con los campesinos”.896

 

 

896        Luis Valenzuela, “Significado de la alianza obrero Campesina en Chile”, Principios, N° 70, Santiago, abril de 1947, p. 7.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Además, Valenzuela realizó una autocrítica, ya frecuente en el PCCh, sobre una supuesta subestimación hacia el campesino chileno:

 

“Nuestro mayor error consiste en el sectarismo con que hemos abordado nuestra ayuda. No hemos puesto toda la atención en su organización, ni hemos enseñado nuestras experiencias con paciencia, para ayudarlos paso a paso… hemos creído que es su-ficiente darles unos cuantos consejos para que ellos puedan cami-nar solos, y prestarles una ayuda permanente… tampoco hemos sabido abordar la formación de cuadros dirigentes, combativos, que asimilen rápidamente los elementos básicos del marxismo en circunstancias que sabemos que el problema de cuadros dirigentes entre los campesinos es mucho más difícil por carecer éstos de educación y que el 80% en muchos casos no sabe leer ni escri-bir”.897

 

De esta forma, la politización hacia el campesinado no debía ser brus-ca, sino más bien se requería un proceso que contemplaba la formación de sindicatos, alfabetización y más adelante la conciencia a través de “la lucha permanente”.898 ¿Era posible realizar esta contienda bajo un contexto de re-presión patronal y crisis en el gobierno? ¿Cómo fue la politización campesina en los tiempos de González Videla? ¿Fueron los militantes comunistas real-mente los responsables de la nueva ola de movilizaciones como los acusaba la SNA? En lo que sigue, analizaremos la labor de la FINTA y Asociación de Agricultores de Chile (ASACH), formada en 1944, pero que tuvo un fuerte desarrollo en 1946-1947.

 

La FINTA y la Asociación de Agricultores de Chile en los tiempos de la traición

 

La llegada del gobierno de González Videla trajo una tibia esperanza en Arnaldo Rodríguez, quien como dirigente textil visitó diversos fundos de Paine apoyando la formación de nuevos sindicatos agrícolas.

 

“No íbamos tanto a predicar el partido, íbamos a formar sindica-tos, porque yo era sindicalista. La explotación se las explicábamos,

 

 

897        Ibid., p. 9.

 

898        Ibid., p. 10.

 

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poniéndolo en las circunstancias en que ellos estaban. Que ellos no se merecían tener una pocilga de casa, trabajando de sol a sol y toda la vida; que ellos no se merecían que no les dieran productos que producían, cuando ellos los vendían por miles”.899

 

Las condiciones de vida de aquellos campesinos no habían variado de-masiado de lo que recordaba en su infancia. Producto que su madre trabajaba como enfermera para una familia acaudalada de Santiago, Arnaldo Rodríguez pasó muchas vacaciones en el fundo San Gregorio (comuna de La Granja). “Entonces mi madre le empezó a hacer la guerra” al administrador. - “¡Cómo es posible! Ósea que, un hombre, que tiene una pequeña huertecita, no se le permita tener ni siquiera un animal, y depende nada más de sol a sol; y que los hijos no pueden ir a la escuela, tienen que salir a trabajar a los ocho años”, recuerda que reclamó su madre. A los tres años los campesinos de San Gregorio tuvieron alumbrado eléctrico, pudieron ingresar animales y de vez en cuando “se les daba queso” y leche, recuerda Arnaldo. “Entonces algo es algo. Pero los explotaban salvaje”. El problema comenzó con la represión patronal y la implantación de la “Ley Maldita”. Fue la última vez que Arnaldo Rodríguez visitó un fundo:

 

“Una de las pocas veces que he llorado, porque se hizo una huelga de sindicatos campesinas… en Paine, Buin, Linderos, se hizo una huelga de campesinos, que fue la única que dio resultados y la única que murió a edad temprana. Porque González Videla al ver lo que pasó, pescó a los dirigentes campesinos, que habían hecho la huelga, y se llevó a Pisagua y la familia: al camino. Esa es la úni-ca vez que he llorado. Porque me decían: “usted, que vinieron a formar sindicatos, miren en lo que estamos ahora”. Nos culparon a nosotros. Las familias que los echaron al camino. Tenían razón. Por culpa de González Videla, él los mandó a Pisagua. Y los pa-trones, los echaron del campo”.900

 

El testimonio de Arnaldo Rodríguez evidencia la represión y derrota política que significó la aprobación de la ley 8.811 para la FINTA y el PCCh. A pesar de la oposición de socialistas, falangista y comunistas, esta legislación finalmente prohibió, al menos de forma legal, todo tipo de federación cam-pesina.

 

 

 

899        Entrevista a Arnaldo Rodríguez…, op. cit.

 

900        Ibid.



 

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un fantasma recorre el campo

 

La sindicalización campesina, no olvidemos, fue una de las aspiracio-nes más importantes desde la formación de la FINTA en 1942, en especial después de su II congreso realizado en enero de 1946. Este evento estaba planificado primeramente para octubre de 1944, pero debió suspenderse en varias oportunidades, sobre todo por problemas económicos.901 La directi-va de la FINTA debió salir de ‘jira’ por Coquimbo, Santiago, O’Higgins y Talca, tanto para convocar delegados como para reunir dinero, recibiendo apoyo de diferentes sindicatos urbanos, como por ejemplo la Federación de Ferroviarios que donó 1.000 pesos.902 Finalmente, el II congreso contó con la presencia de al menos cincuenta delegados de las zonas de Coquimbo, Aconcagua, Santiago, Colchagua y Maule. Sus oradores principales fueron los comunistas Juan Ahumada Trigo, José Valenzuela ((Imagen 15- 16) y como invitados asistieron los senadores Elías Lafertte y Pablo Neruda.903 Valenzue-la, que se mantuvo como presidente, anunció que la FINTA debía luchar por la legalización de los sindicatos agrícolas, denunciando que los inspectores del trabajo se negaban a constituirlos aludiendo a la circular N° 34.956 La directiva elegida fue la siguiente:

 

•         Secretario General: José Agustín Valenzuela (CTCh de Cu-ricó).

 

•         Secretario Nacional: Carlos Avellana.

 

•         Secretario de organización: Luis Arriaza (campesino de San

 

Miguel).

 

•         Secretario de relaciones: Vitalicio Castro.

 

•         Tesorero: Mauricio Valenzuela (PCCh).

 

•         Secretario de Conflicto: Santos Castro.

 

•         Secretario de Actas: José Silva.

 

•         Secretario de Educación y Cultura: Manuel Veliz.

 

•         Juventud y Deporte: Facundino Nanco.904

 

 

 

 

 

 

 

901        Juan Ahumada Trigo, “Cómo mejorar las finanzas de la FINTA”, El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 3.

 

902        “Coquimbo enviará cerca de 30 delegados al congreso Nacional de Trabajadores Agrícolas”, El Siglo, Santiago, 26 de diciembre de 1945, p. 4.

 

903        “Congreso Nacional de Trabajadores Agrícolas se inaugura hoy a las 9:00”, El Siglo, Santiago, 13 de enero de 1946, p. 7.

 

904        “Ha sido designada la directiva de la Federación de Trabajadores Agrícolas”, El Siglo, Santiago, 21 de enero de 1946, p. 5.

 

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Imagen 15 - 16

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

José Agustín Valenzuela, El Campo, N° 10, enero de 1944, p. 6;

 

Juan Ahumada Trigo, El Campo, N° 13, julio de 1945, p. 3.

 

Llama la atención el recambió de toda la directiva, con excepción de José Agustín Valenzuela. ¿Qué ocurrió con Luis Coray, el legendario dirigen-te de la Unión Provincial de Santiago? ¿Por qué fue removido Juan Ahumada Trigo quien era tesorero desde 1944? Esta nueva directiva se dedicó a apoyar los distintos conflictos agrícolas ocurridos en 1946, dirigiendo su crítica en especial al ministro de Agricultura Humberto Mendoza (PS).905

 

Con la llegada del gobierno de González Videla, la FINTA aplaudió la derogación de la circular N° 34, siendo un “triunfo de los obreros agrí-colas”, pero anunció una serie de movilizaciones a nivel nacional en contra del proyecto de sindicalización campesina, promovido por liberales y con-servadores.906 Para Valenzuela, esta legislación era una mordaza para arrasar las conquistas alcanzadas por la clase obrera, sobre todo porque prohibía la

 

 

 

 

905        “El Ministro Socialista de Agricultura se ha identificado con los terratenientes que explotan salvajemente a los obreros Agrícolas”, El Siglo, Santiago, 20 de febrero de 1946, p. 6.

906        “Movilización Nacional contra proyecto reaccionario de sindicalización campesi-na”, El Campo, N° 16, Santiago, enero de 1947, p. 1.



 

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un fantasma recorre el campo

 

huelga y la presentación de pliegos en tiempos de siembra y cosecha.907 En junio de 1947, cuando la ley estaba a punto de promulgarse, la FINTA acusó a la SNA de estar detrás de esta iniciativa reaccionaria, llamando a defenderse de las “persecuciones sangrientas y contra los criminales lanzamientos”, que se estaban dando de manera masiva, particularmente en Curicó, Melipilla y Buin.908

 

¿Cómo resistir la tremenda embestida de despidos y restricciones? La FINTA intentó tomar algunas medidas contra los lanzamientos, pero esta-ban con serios problemas de financiamiento para mantener a la directiva y el periódico El Campo, el cual entre 1946-1947 se editó en tres oportunidades. Según Luis Neira, este déficit tenía estricta relación con la ola de despidos, disminuyendo la cotización de socios por estar desahuciados. La solución sería intensificar la cotización de los obreros agrícolas y recibir la ayuda de la clase obrera. Lo primero exigía que las Uniones Provinciales aumentaran las ventas de El Campo y las cotizaciones, las cuales serían de dos pesos mensuales. En segundo lugar, Neira agradeció a los mineros de Tocopilla quienes donaron 10.000 pesos a la FINTA, mientras que desde las oficinas de Pedro de Valdivia, María Elena y Chiquicamata donaron un total de 5.640 pesos.909 El dinero fue recopilado por el dirigente Carlos Ayala, subsecreta-rio de la FINTA, el cual estuvo por dos meses de gira por el norte. Según planteó, el dinero correspondía al acuerdo del Tercer Congreso de la CTCh que buscaba apadrinar a los sindicatos campesinos. Por ejemplo, la oficina de María Elena apadrinó a la Hacienda Chacabuco, donde Ayala fue presidente del sindicato.910 Por otro lado, las organizaciones campesinas de O’Higgins recibieron apoyo de los obreros de Sewell, según reportó Rolando Mora.911 El uso de los dineros de los sindicatos en apoyo a las movilizaciones fue un tema fundamental en la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, la cual analizaremos más adelante.

 

Lo importante en este momento es resaltar que tanto las medidas re-presivas al movimiento sindical y los recursos económicos fueron menguan-

 

 

907              Valenzuela, “La verdad sobre…, op. cit., p. 14. Además, ARNAD, DGT, Vol. 1943.

 

Oficio de José Agustín Valenzuela, Santiago, 8 de enero de 1947.

 

908        “Movilización nacional contra lanzamientos”, El Campo, N° 17, Santiago, junio de

 

1947, p. 3.

 

909        Luis Neira, “Es urgente fortalecer económicamente la Federación de Trabajadores Agrícolas”, El Campo, N° 17, Santiago, junio de 1947, p. 2.

 

910        “Obreros del norte ayudan en forma decidida a los sindicatos agrícolas”, El Campo, N° 17, Santiago, junio de 1947, p. 4.

 

911        Rolando Mora, “La ayuda de los obreros de la industria a los del campo”, El Campo, N° 17, Santiago, junio de 1947, p. 6.

 

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do la labor de la FINTA. Esto demostró su alta dependencia a la CTCh y el PCCh, manifestándose en las reiteradas suspensiones del tercer congreso nacional de la FINTA, el cual no se realizó en noviembre de 1947, como estaba planificado.912 Según José A. Valenzuela el evento debía proponer el aumento de los salarios, el mejoramiento de la alimentación (pan blanco en vez de la conocida “galleta”), descanso dominical, uso de feriados legales, pago de la semana corrida e indemnización en caso de despidos. Además, se proponía incorporar temáticas de los pequeños agricultores como la facilidad en créditos, la construcción de tranques, caminos, el aumento de la produc-ción y “el problema mapuche”.913 Valenzuela también esperaba fortalecer el apoyo de parte de la clase obrera hacia los sindicatos agrícolas, sobre todo a fines de 1947, cuando el movimiento “ha estado resquebrajado, decaído mo-mentáneamente”, pero “no ha perdido de ninguna manera su profundidad”. Para esto llamó a continuar con la presentación de pliegos, pero que no sean “abultados, es decir, terminar con eso de tirar el tejo pasado”.914 A pesar de ello el tercer congreso no pudo realizarse, según declaró el Consejo Directivo Nacional de la FINTA.915 Para Valenzuela la FINTA tomó la resolución de aplazar el evento “en vista de las actuales condiciones que vive el país”. Esto en clara relación al estado de excepción en parte del país. Pero además estaba presente los problemas de financiamiento y la designación de delegados.916

 

Otro aspecto importante para la FINTA fue establecer relaciones con las organizaciones de pequeños y medios agricultores, articuladas por el PCCh en la Asociación de Agricultores de Chile (ANACh). Así lo reafirmó el ex diputado Justo Zamora quien, después de dejar su cargo en el parlamento, continuó asesorando a la ANACh. Según él, esta debía pagar en efectivo a los fundos expropiados, de manera de llevar a familias de campesinos erradica-dos. “Una total Reforma Agraria, que permita realizar la expropiación de los latifundios a estos señores que se adueñaron de las mejores tierras, no para utilizarlas en bien del país y de sus ciudadanos sino para dedicarlas a servir a un grupo de terratenientes reaccionarios antinacionales”.917 En mayo de

 

 

912        “Los campesinos de Santiago activan preparativos del III congreso de la FINTA”, El Siglo, Santiago, 6 de octubre de 1947, p. 6.

 

913        José Agustín Valenzuela, “El congreso de trabajadores agrícolas, fuerte impulso a la lucha y unidad”, Principios, N° 75, Santiago, octubre de 1947, p. 8.

 

914        Ibid., p. 10. Las negrillas en original.

 

915        “Impulsar el fortalecimiento de los organismos de los obreros agrícolas”, El Siglo, Santiago, 11 de noviembre de 1947, p. 4

 

916        José A. Valenzuela, “Por qué fue postergado el congreso nacional de trabajadores agrícolas”, El Siglo, Santiago, 23 de noviembre de 1947, p. 7.

 

917        Justo Zamora, “El camino para realizar la reforma agraria”, El Campo, N° 17, San-tiago, junio de 1947, p. 3.



 

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un fantasma recorre el campo

 

1947, Zamora acompañó a los dirigentes de la ANACh para pedirle al nuevo ministro de Tierras y Colonización la expropiación de al menos cien fundos en todo Chile. El ministro planteó que no podía hacer nada “si el Ministerio de Hacienda no nos da fondos para proceder a estas expropiaciones”.918 Un mes antes, el presidente González Videla le prometió a la ANACh estabilizar los precios de los arriendos, pero no se pronunció en torno a las expropia-ciones de terrenos.919 No había voluntad política.

 

La ANACh, creada en 1944, fue fortaleciendo su organización en los dos años siguientes, editando su propio periódico llamado La voz del agricul-tor. Allí se sintetizó algunas de sus actividades en los tres años de existencia, como la primera asamblea nacional los días 10 y 11 de agosto de 1946, donde acordaron cambiar “el sistema atrasado y rudimentarios de la explotación de la tierra”.920 Al año siguiente, organizaron su segundo Congreso para los días 22-25 de junio del 1947. El temario planteó la aprobación de la ley de refor-ma agraria, centralización de los créditos estatales, reforestación y el término del monopolio de las aguas.921 Pero al igual que la FINTA, el problema estaba en el financiamiento del evento, el cual ascendía a unos 400 pesos.922 Aunque aceptó en asistir, González Videla no quiso concurrir al congreso, el cual se realizó a fines de junio y donde se resolvió que la reforma agraria fuese a través de la expropiación a los grandes terratenientes.923

 

Con el fortalecimiento de la FINTA y el desarrollo de la ANACh, cree-mos, el PCCh consolidó su trabajo de politización campesina, aunque clara-mente con problemas financieros y la inestabilidad producto de la represión por parte de los propietarios agrícolas. En lo interno, la Comisión Nacional Agraria del PCCh continuó funcionando, teniendo como miembros perma-nentes a Juan Chacón, Justo Zamora, Juan Ahumada Trigo, Cipriano Pon-tigo, Juan Guerra, y José A. Valenzuela.924 Estos últimos, además, fueron

 

 

918        “Expropie más de cien fundos piden agricultores al Gobierno”, La voz del agricultor, N° 1, Santiago, 21 de mayo de 1947, p. 1.

 

919        “Habrá dicho el Presidente a dirigentes de la ANACH: “Prometo estabilizar precio de los arriendos en las tierras”, La voz del agricultor, N° 1, Santiago, 21 de mayo de 1947, p. 7.

920        José Becerra, “Enérgica etapa de lucha será el Segundo Congreso”, La voz del agri-cultor, N° 1, Santiago, 21 de mayo de 1947, p. 3.

 

921        “En el temario están todos los problemas de los agricultores”, La voz del agricultor, N° 1, Santiago, 21 de mayo de 1947, p. 2.

 

922        “Hay que financiar el II Congreso”, La voz del agricultor, N° 2, Santiago, 4 de junio de 1947, p. 2.

 

923        “Conclusiones del II Congreso Nacional de agricultores”, El Siglo, Santiago, 29 de junio de 1947, p. 8.

 

924        El problema agrario se tratará hoy en asambleas comunistas”, El Siglo, Santiago, 28 de marzo de 1946, p. 3.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

consejeros de la Caja de Crédito Agrario hasta que González Videla decidió sacarlos producto de la crisis política a mediados de 1947.

 

El PCCh decidió intensificar su política de “lucha de masas”, celebran-do su XIV Conferencia Nacional a mediados de 1947, donde se acordó pe-lear por los cientos de despidos y en favor de la reforma agraria.925 El ex ministro de Agricultura, Miguel Concha, afirmó que esto era fundamental porque de los seis millones de hectáreas cultivables, solo se explotaban un millón.926

 

En agosto de 1947, producto de las movilizaciones de los obreros del carbón y por el alza del trigo, el gobierno aplicó sus primeras facultades ex-traordinarias las cuales relegaron a decenas de dirigentes sindicales.927 Según Ricardo Fonseca, se debía evitar que estas medidas exclusivas terminasen creando “pretextos para efectuar una brutal represión contra la clase obrera y el pueblo e instalar un régimen dictatorial”.928 Esto, debido a la Conferencia de Río de Janeiro, donde los países americanos determinaron apoyar los in-tereses económicos de Estados Unidos por sobre los acuerdos de las Nacio-nes Unidas.929 Desde el parlamento, los senadores comunistas rechazaron la petición de facultades extraordinarias, anunciando que “nos mantendremos en nuestro puesto de combate, por el cumplimiento del programa”.930 Los acontecimientos que vinieron posteriormente presionaron a que estas frases no fueran solamente retóricas.

 

En septiembre de ese año Miguel Concha postuló a las elecciones com-plementarias de diputado en Colchagua. Aunque no ganó, el “ministro de los campesinos” logró 5.797 votos. Según El Siglo, el PCCh aumentó en 1.500 sufragios su votación, demostrando el avance del trabajo agrario que estaba realizando.931 Para Lafertte la victoria del candidato conservador fue produc-to del cohecho y la agresión a las Fuerzas Armadas, que desde 1941 estaban

 

 

 

925        “Conferencia Nacional del Partido Comunista”, El Campo, N° 17, Santiago, junio de 1947, p. 8.

 

926       “Incorporar a la producción de las tierras incultivadas plantea Conferencia del PC”, El Siglo, Santiago, 24 de mayo de 1947, p. 1.

 

927         “99 dirigentes sindicales están procesados en Concepción y Arauco por luchar contra el hambre”, El Siglo, Santiago, 9 de septiembre de 1947, p. 7.

 

928        Ricardo Fonseca, “La salida de la crisis en Chile”, Principios, N° 74, Santiago, septi-embre de 1947, p. 1.

 

929        Ibíd., p. 2.

 

930        El senador Guillermo Guevara en BBS, 27° sesión ordinaria, 21 de agosto de 1947,

 

p. 1453.

 

931        “Resultados oficiales del Ministerio de Interior”, El Siglo, Santiago, 15 de septiem-bre de 1947, p. 1.



 

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un fantasma recorre el campo

 

resguardando las elecciones en Chile. Además, el dirigente comunista acusó a la derecha de asesinar a un obrero caminero y militante comunista llamado Ricardo Alcaíno. “El Partido Comunista ha emergido como la primera fuerza mayoritaria de los sectores progresistas, en una zona electoral que es, precisa-mente, la que se caracteriza por una menor influencia de nuestro Partido”.932

 

¿Cuál fue este trabajo de politización campesina que preocupó en de-masía tanto al gobierno como a las asociaciones de grandes agricultores? Como en los capítulos anteriores, realizaremos un análisis de las zonas más importante del trabajo político del PCCh en el campo.

 

Comenzando por la provincia de Coquimbo, la movilización campe-sina se demostró en la presentación de más de 32 pliegos de peticiones, la formación de 30 nuevos sindicatos agrícolas entre 1946-1947.933 Según Luis Arriaza, dirigente de la FINTA, uno de los principales problemas de la pro-vincia en esos años fue la sequía, evidenciándose en la muerte de animales.934 Por esto, regidores comunistas lograron conseguir ayuda para Ovalle en junio de 1946, mientras Chacón Corona se reunió con el Ministro de Agricultura del gobierno de Duhalde.935 Chacón, al ser vicepresidente del IEA en 1947, decidió enviar harina al norte, pese a la molestia del propio González Videla. Según Cipriano Pontigo la sequía ya había matado a más de 8.275 vacunos, mientras que la cesantía provocó el suicidio de algunos campesinos: “Hay casos de niños pequeños muertos de hambre, abandonados en los campos, sin tener que comer”.936 En julio de 1947, el senador comunista Guillermo Guevara anunció un plan de ayuda a los damnificados por la sequía en Co-quimbo, apoyando con créditos y la construcción de nuevos tranques. Pero además, denunció la “angustiosa situación” de los campesinos de Coquimbo, “que cesantes y hambrientos, han llegado hasta comer quiscos, una planta silvestre que se da en el desierto”; mientras en Combarbalá “han tenido que irse a trabajar a las oficinas salitreras de las provincias de Tarapacá y Anto-fagasta”.937 A su vez, la situación en Salamanca era crítica, muriendo el diri-gente del fundo “Tranquilla”, Arturo Ramírez.938 Por otra parte, la ANACh

 

 

932        BSS, 37° sesión ordinaria, 15 de septiembre de 1947, p. 1975.

 

933        Loveman, Antecedentes…, op. cit., En adelante las cifras de formación de sindicatos, pliegos de peticiones y huelgas serán obtenidas de este catastro.

 

934        Por la unidad y por sus reivindicaciones luchan los obreros agrícolas Coquimbo”, El Campo, N° 15, Santiago, mayo de 1946, p. 7.

 

935        “Juan Chacón pidió ayuda del Gobierno para los Agricultores del Norte Chico”, El Siglo, Santiago, 29 de diciembre de 1945, p. 4.

 

936        BSCD, 4° sesión ordinaria, 10 de junio de 1947, p. 194.

 

937        BSS, 14° sesión ordinaria, 9 de julio de 1947, p. 914.

 

938        “Negativa de adm. del fundo Tranquilla de Salamanca ocasionó la muerte de un

 

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también denunció la situación de sequía y la necesidad de entrega de tierras para los agricultores de Coquimbo. En mayo de 1947 sostuvieron que, de los siete millones destinados a la ayuda, una parte fuera para la reconstrucción de Ovalle. “El invierno ya está encima, es tiempo de comenzar las siembras de trigo, sin embargo aún están esperando”.939

 

En las provincias de Aconcagua y Valparaíso, según datos de Loveman, se formaron 43 sindicatos y se presentaron 69 pliegos de peticiones entre 1946-1947. Destacaron al menos siete huelgas, por ejemplo, en los fundos “Tártaros” y “Lo Vicuña”, quienes por primera vez presentaban pliegos y consiguieron el aumento de su salario en un peso diario.940 En Longotoma, a mediados de 1946, una cooperativa de pequeños agricultores pidió la par celación de la hacienda de parte de la Caja de Colonización, según escribió Chacón Corona.941 Estos fueron visitados por el ministro Contreras Tapia a comienzos de 1947, prometiendo una gestión que no pudo concretarse.942 Estas movilizaciones trajeron una ola de despidos, denunciadas por la FIN-TA a través de su periódico El Campo. Una de ellas se dio en el fundo “El Melón”, en Nogales, quienes presentaron un pliego de peticiones a mediados de 1945. El conflicto fue resuelto y los campesinos obtuvieron importan-tes beneficios, pero en menos de un año fueron despedidos varios de sus dirigentes y el local sindical fue asaltado por carabineros.943 Frente a esto, a comienzos de 1946, el sindicato asistió con Justo Zamora a una reunión con el alcalde de Nogales, pidiendo la restitución de los despedidos y sus fami-lias, pero al mes siguiente la cifra de desahuciados aumentó.944 En Catemu, el fundo Santa Rosa volvió a hacer noticia. A mediados de 1945 unos cien campesinos presentaron un pliego de peticiones, solicitando mejores salarios y alimentación. Frente a la “intransigencia” patronal, en septiembre realiza-ron una huelga legal por doce días, la cual dio la victoria a los trabajadores. A pesar de las amenazas de despidos, a fines de 1946 los trabajadores volvieron

 

 

 

campesino”, El Siglo, Santiago, 28 de abril de 1947, p. 4.

 

939        “Aún no llega auxilio a los Agricultores de Norte Chico”, La voz del agricultor, Santi-ago, 21 de mayo de 1947, p. 5.

 

940         “Así se empieza la lucha: A pesar de las represalias obreros de El Tártaro y la Vicuña triunfaron”, El Campo, N° 15, Santiago, mayo de 1946, p. 4.

 

941        Juan Chacón C., “Los campesinos de Longotoma están luchando por su tierra”, El Campo, N° 15, Santiago, mayo de 1946, p. 3.

 

942        “Bajo el proyecto reaccionario”, El Campo, N° 16, Santiago, enero de 1947, p. 1.

 

943        “Fue solucionado el Conflicto Colectivo de la Hacienda El Melón”, El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 6.

 

944        “Campesinos de Nogales organizan defensa de sus reivindicaciones apoyadas en la CTCH y Alianza”, El Siglo, Santiago, 29 de marzo de 1946, p. 7.



 

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un fantasma recorre el campo

 

a presentar un pliego, siendo resuelto en febrero de 1947.945 Con la llegada de González Videla, la FINTA continuó con sus gestiones apoyando las mo-vilizaciones de la zona. Los fundos “Rabuco” y “Pachacama”, de propiedad de Víctor Cattán, presentaron pliegos de peticiones a fines de 1946, logrando un acuerdo en marzo del año siguiente, reponiendo a los despedidos y mejo-rando la alimentación.946

 

Santiago continuó siendo una zona de grandes movilizaciones. Según datos de Loveman, entre 1946-1947 se presentaron 155 pliegos de peticiones con doce huelgas, además de la constitución de 86 sindicatos agrícolas. Uno de los conflictos más difundidos por la prensa y los parlamentarios comu-nistas fue la movilización del fundo “Peldehue” en Colina. De acuerdo a la FINTA dicho fundo pertenecía al Ejército de Chile, siendo administrado por Carlos Herrera (R), hermano de Ariosto Herrera.947 A comienzos de 1947 fueron despedidas 29 familias producto de la presentación de un pliego de peticiones a fines de 1946.948 La FINTA llamó a solidarizar con los inquilinos de “Peldehue”, sobre todo con los niños, además de enviar una delegación a conversar con el Presidente de la República.949 González Videla prometió un acuerdo, pero acusó al PCCh de estar politizando a los campesinos.950 De he-cho, el propio José Valenzuela afirmó que existían militantes comunistas en aquel fundo. Nueve meses después, el conflicto aún no se resolvía. Se habían evitado los despidos, pero el administrador fue acusado de seguir persiguien-do la organización campesina, incluso de haber matado a un campesino.951 Otros triunfos apoyados por la FINTA fueron la huelga de “San Ignacio de Tango” y de “Santa Inés” en Nos. La primera fue a partir de la presentación de un pliego del 5 de diciembre de 1946. La huelga comenzó el 13 de marzo

 

 

 

 

945       “Presentaron Pliego de Peticiones los obreros del fundo Santa Rosa”, El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 6.

 

946        ARNAD, DGT, vol. 1932, Tabla… op. cit; ARNAD, DGT, vol. 1943, mensaje telegráfico, 26 diciembre de 1946; DGT, vol. 1841, mensaje telegráfico, 14 de noviembre de

1946.

 

947        Líder del frustrado golpe de Estado del 25 de agosto de 1939, conocido por el “Ariostazo”, ver: Loveman y Lira, Poder Judicial... op.cit., pp. 356-369.

 

948        “Un fundo del Ejército de Chile es administrado por un fascista”, El Campo, N°16, Santiago, enero de 1947, p. 4.

 

949        “Comenzaron a evacuar niños del fundo “Peldehue”. Desesperante situación de los inquilinos”, El Siglo, Santiago, 18 de marzo de 1947, p. 2.

 

950        “A una delegación de campesinos del fundo Peldehue”, El Siglo, Santiago, 30 de abril de 1947, p. 1.

 

951        “Aún no se arregla la situación de los campesinos de Peldehue”, El Siglo, Santiago, 12 de julio de 1947, p. 4.

 

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y se mantuvo por doce días.952 La segunda fue realizada por alrededor de 240 campesinos, quienes ya habían presentado un pliego en septiembre de 1945. Dos años después realizaron un paro de quince días por rechazar los contra-tos por un mes que le ofrecían. La acción contó con el apoyo de la FINTA de Santiago.953 Por otra parte, el PCCh apoyó constantemente estos conflictos. A mediados de 1946 la Comisión Agraria realizó una conferencia integrada por César Godoy Urrutia, Juan Guerra, Irma Sierralta, Pascual Barraza y el sobreviviente de Ránquil, Simón Sagredo.954 Finalmente en la hacienda “Chacabuco”, si bien no tuvieron conflictos como en años anteriores, conti-nuaron organizando actividades y apoyando la movilización urbana y rural.955 La UPSA de Santiago fue fundamental en la preparación del III congreso de la FINTA, el cual como sabemos, no pudo realizar.956

 

En el caso de las provincias de Colchagua y O’Higgins, la organización no fue menor. Datos de Loveman plantean que entre 1946-1947 se forma-ron 62 nuevos sindicatos agrícolas, logrando presentar unos 87 pliegos de peticiones y realizando al menos cinco huelgas. Uno de los conflictos que lo-graron solución fue en la Viña Miraflores (San Fernando). Según la FINTA, la gerencia había despedido el año 1945 al presidente del sindicato, pero eso no destruyó la organización. A comienzo de 1946 presentaron un pliego, con apoyo del dirigente Juan Ahumada, logrando sueldos de quince pesos para inquilinos y doce para los voluntarios.957 Por otro lado, el diputado Andrés Escobar, a fines de 1945, apoyó la petición de la comunidad de colonos de la “Romanina” para parcelación de las tierras. Al no ser resuelto, el conflicto continuó al año siguiente. En enero se reunieron con el alcalde y el ministro de Tierras y Colonización, acompañados de Contreras Labarca y el diputa-do Carlos Baeza.958 Estos últimos asistieron a una marcha organizada por el

 

 

 

952        La Federación de Trabajadores Agrícolas hace un llamamiento, pidiendo: ayuda económica a huelga del fundo San Ignacio de Tango”, El Siglo, Santiago, 25 de marzo de 1947, p. 4.

 

953        “Presentaron Pliego de Peticiones”, El Campo, N°14, Santiago, septiembre de 1945,

 

p. 8.

 

954        “Se clausuró ayer la Conferencia Agraria Regional del PC, El Siglo, Santiago, 1 de julio de 1946, p. 2.

 

955       Los obreros de Hacienda Chacabuco se concentraron el día 1° de mayo”, El Campo, N° 15, Santiago, mayo de 1946, p. 5.

 

956        “Los campesinos de Santiago activan preparativos del III congreso de la FINTA”, El Siglo, Santiago, 6 de octubre de 1947, p. 6.

 

957        “El sindicato Ind. De la Viña Miraflores se moviliza en defensa de su presidente”,

 

El Campo, N° 13, Santiago, julio de 1945, p. 6.

 

958        “Vienen a defender sus tierras”, El Siglo, Santiago, 18 de diciembre de 1945, p. 9.



 

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un fantasma recorre el campo

 

PCCh en San Fernando.959 Con el gobierno de González Videla las moviliza-ciones aumentaron, pero también los despidos. En agosto de 1947 el PCCh organizó una conferencia regional en Colchagua para denunciar los despojos en Rengo.960

 

Las provincias de Curicó, Talca y el Maule destacaron con la formación de 57 nuevos sindicatos y la presentación de más de 140 pliegos de peticio-nes entre 1946-1947. Sin duda, continuó siendo la zona más destacada de la politización campesina. Uno de los conflictos acompañados por la FINTA fue en la Viña Lontué en 1946. Según El Campo, la huelga tuvo el rechazo del ex diputado Alejandro Dussaillant, quien escribió al ministro del Inte-rior que el movimiento se debía a una “agitación comunista”. Finalmente, después de 74 días lograron los inquilinos aumentar sus salarios. Uno de los apoyos por parte de la FINTA fue Mauricio Valenzuela, quien visitó en va-rias ocasiones la zona.961 Con la llegada de González Videla, la Viña Lontué y otros fundos también se movilizaron.962 Fue el caso del fundo Mariposas en San Clemente, que tenía una antigua tradición de lucha. En esta ocasión, desde enero de 1946, algunos inquilinos se quejaron de la mala alimentación y los sueldos irregulares. A los paros parciales se sumó una huelga de seis días desde el 11 de octubre de 1946.963 En la Viña Casa Blanca, también de propiedad de Dussaillant, la situación fue similar: largas postergacio-nes obligaron numerosos pliegos de peticiones, los que terminaron en una huelga en 1946.964 Con la represión partronal de 1947 la FINTA realizó un ampliado en Curicó que condenó la nueva ley de sindicalización campesina porque “atropella las libertades de asociación de los trabajadores del cam-po”. Además el evento llamó a un acuerdo armonioso con los agricultores “progresistas”.965 En Talca, por otro lado, el PCCh editó el periódico El Pueblo, el cual destacó la organización del PCCh en Molina, en su tercer

 

 

959        “Carlos Contreras Labarca y Oscar Baeza a la Marcha del PC en San Fernando”, El Siglo, Santiago, 4 de enero de 1946, p. 10.

 

960        “Despidos y atropellos que sufren los campesinos”, El Siglo, Santiago, 12 de agosto de 1947, p. 2.

 

961        Obreros vitivinícolas de Lontué votarán la huelga”, El Siglo, Santiago, 3 de marzo de 1946, p. 8.

 

962        “Por mejores condiciones de vida lucharan campesinos de Lontué”, El Siglo, Santi-ago, 21 de noviembre de 1947, p. 4.

 

963        “600 obreros agrícolas de la Hacienda Mariposas viven bajo terror y en forma miserable”, El Siglo, Santiago, 3 de enero de 1946, p. 5.

 

964        Lontué: pliego de peticiones presentaron los trateros de Viña Casa Blanca”, El Campo, N° 14, Santiago, septiembre de 1945, p. 6.

 

965        “En un ambiente de franco repudio a la ley represiva se desarrolló el ampliado de campesinos de Curicó”, El Siglo, Santiago, 2 de octubre de 1947, p. 6.

 

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congreso departamental y la organización de los campesinos de El Sauce.966

 

En las provincias de Concepción, Arauco y Malleco las cifras recabadas por Loveman plantean la formación de 27 nuevos sindicatos y la presenta-ción de 59 pliegos de peticiones. Lo más destacado en la zona era la organi-zación de los pequeños agricultores, agrupados en la ANACh. José Becerra, dirigente de aquella asociación, se reunió en febrero de 1946 con el ministro de Tierras y Colonización para apoyar a los campesinos de San Rosendo, mientras que en junio de ese año lideró el Congreso Provincial en la ciudad penquista.967 En el caso de Arauco, la presencia comunista se vio refleja-da en el Frente Único Araucano, liderado por Juan Añiñir, denunciando los constantes despidos y pidiendo la expropiación y parcelación de diferentes fundos.968 En el caso de Malleco, según Becerra, esta fue una de las provincias mejor organizadas. En abril de 1947 el dirigente de la ANACh participó en una conferencia donde pidieron reformular la ley de Cooperativas Agrícolas y parcelación de tierras.969 Según las investigaciones de Jody Pavilack, los mi-neros de Lota generaron vínculos importantes con los conflictos agrícolas, sobre todo porque conservaban lazos familiares con esas zonas. Así se pudo ver en el caso del fundo Colicheu.970

 

Finalmente, destacamos la organización que el PCCh logró establecer entre 1946-1947 en ciudades como Temuco, Valdivia y especialmente en la isla de Chiloé. Según datos de Loveman, en la provincia de Cautín se presen-taron 47 pliegos de peticiones, formándose siete nuevos sindicatos. Para la FINTA las movilizaciones más resaltadas fueron las tomas de terrenos en el fundo El Rosal (Imperial) y el fundo Chelle de Toltén, donde Adán Salazar afirmó en mayo de 1947: “Hace ocho días que entramos a este fundo. Ya hemos puesto trabajo, hemos hecho casas. Estamos preparando la tierra para sembrar trigo, papas, avena y arvejas”.971 En el caso de Valdivia, se formaron 22 sindicatos y se presentaron 32 pliegos de peticiones. La FINTA respaldó

 

 

966        “Brillantes contornos alcanzó el Tercer Congreso del Partido Comunista de Moli-na”, El Pueblo, Talca, diciembre de 1946, p. 2.

 

967        “Están en la ruina los agricultores de San Rosendo: denunciaron situación al M. de Tierras y Colonización”, El Siglo, Santiago, 14 de febrero de 1946, p. 2.

 

968        “Incendian las casas; ultrajan las familias y roban las tierras”, El Siglo, Santiago, 9 de diciembre de 1945, p. 6.

 

969        “Con vacas y con sacos de papas contribuyen en el Sur al Congreso”, La voz del agricultor, N° 1, Santiago, 21 de mayo de 1947, p. 1.

 

970        Pavilack, Mining for the…, op. cit., p. 9; “Los mineros defenderemos a los campesi-nos”. Dicen los obreros de Lota al Presiente en nota contra ley represiva”, El Siglo, Santiago, 5 de mayo de 197, p. 5.

 

971       “Ocupamos el fundo porque nadie lo trabajaba”, La voz del agricultor, N° 2, Santiago, 4 de junio de 1947, p. 1.



 

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un fantasma recorre el campo

 

la huelga de cinco fundos en abril de 1946, reuniéndose con el Intendente de Valdivia, llegando a acuerdo después de cuatro días de paro.972 Otros casos de represión fueron denunciados por los parlamentarios Contreras Labarca y Ricardo Fonseca, entre los que destacaban los despidos del fundo “Puchaf-quén”, propiedad del “señor Kunstmann”, y el asesinato del inquilino Ricar-do Solar por el administrador en el fundo “San Sebastián” a comienzos de 1946.973 También fueron despedidos los dirigentes del sindicato que se movi-lizó en marzo de 1947 en el fundo “Naguilán”.974 En Chiloé el PCCh estaba organizado al menos desde 1945, cuando realizó una Conferencia que pidió “impulsar la reforma agraria” y mejorar la red vial. En 1947 se logró consti-tuir una asociación provincial, previo al segundo congreso de la ANACH.975

 

A mediados de 1947, producto de las movilizaciones mineras comenzó una ola represiva que derivó en una ley permanente de defensa de la demo-cracia. ¿Qué relación existió entre la politización campesina y la ley de defen-sa de la democracia? La parte final de capitulo analizara dicha legislación y las repercusiones que tuvo para el PCCh y la politización campesina.

 

La ley de Defensa Permanente de la... ¿Democracia?

 

Orlando Rojas llevaba menos de una semana como comunista y fue relegado. Su historia comienza el 10 de octubre de 1926 cuando nació en Na-huelbuta (Arauco). De padres campesinos, recuerda que el triunfo del Frente Popular lo vivó en Contulmo. “Las viejitas cantaban, bailaban por el triunfo del pueblo, del compañero Pedro Aguirre Cerda. Se esperaba que se hiciera de todo: escuelas, trabajo, que hubiera libertad. Si aquí gobernaba la derecha y gobernando la derecha, gobernaba el patrón”.976 Al tiempo se trasladaron a Chiguayante y finalmente a Coronel, donde Orlando trabajó desde los diez años en la maestranza de Schwager. Allí logró obtener sus primeros zapatos y conoció el comunismo a través de sus compañeros de trabajo:

 

 

972        “Toda la clase trabajadora apoya las peticiones de los campesinos de Valdivia”, El Siglo, Santiago, 13 de abril de 1946, p. 4.

 

973        “Los parlamentarios comunistas defienden en el sur a las víctimas de los terrate-nientes nazis”, El Siglo, Santiago, 23 de enero de 1946, p.7; “Mató a balazos a un inquilino cuando este cobró su salario”, El Siglo, Santiago, 14 de febrero de 1946, p. 7.

 

974         “Arbitrariamente despedidos dirigentes campesinos en el fundo “Naguilan de Valdivia”, El Siglo, Santiago, 16 de diciembre de 1947, p. 5.

 

975        “Luchar por la expropiación de los grandes latifundistas, acordó el PC”, El Siglo, Santiago, 5 de diciembre de 1945, p. 6.

 

976        Entrevista a Orlando Rojas, campesino y minero, Monte Patria, 11 de febrero de

 

2014.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

“Ahí conversaba con un indio, le decían ‘El OK’, era mapuche. Entonces el indio me decía, de que yo tenía que leer, ‘y tení que educarte’, me decía. ‘Dile a tu mamá qué gaste tres chauchas y te compre El Siglo y tú le echai una mirada’… hay una página donde viene la editorial del que hace el diario. Y entonces el que hacia la editorial era Ricardo Fonseca (…) hacia unos artículos muy bue-nos pal’ campesinado, entonces a mí se me imaginaba que yo venía de allá (…) era muy formidable. Me ayudaba, a mí me ayudaba en todo sentido, que yo para poder salir adelante, yo tenía que sacrifi-carme, lógico, si quería ser otro, tenía que sacrificarme”.977

 

Por medio de la prensa y el sacrificio, Orlando fue conociendo los as-pectos más importantes del PCCh. Finalmente trabajó en la minería hasta la ola represiva que cayó sobre el movimiento obrero en 1947. Así lo recordó desde su casa en Monte Patria (Provincia de Limarí):

 

“Resulta que había una huelga, como todo orden de cosa. Se cum-plía el plazo que había que presentar un pliego de peticiones a las empresas mineras. Entonces a ellas se le pedía un 15%. Ellos dijeron que no, y por último no aumentaron en nada. Nos fuimos a una huelga el 4 de octubre del ’47. A las cuatro de la mañana, de turno mañanero, no fui a trabajar. Nosotros, al menos yo, que estaba en la maestranza, a las ocho entraba a trabajar, no fui a tra-bajar, nos regresamos todos”.

 

Orlando Rojas recuerda que de vuelta en su población una vecina lo in-vitó a una reunión sin especificarle su contenido. “Sin decirle agua va, le dije que sí, a las seis. Pero era la reunión de la célula de la población del Partido Comunista, pero yo no tenía idea que ella era militante. Sabía que en esa po-blación había harta gente, pero hasta ahí no más”. Según Orlando Rojas un factor importante para aceptar la invitación fue la interlocutora. “Era viuda, era muy bonita esa mujer, muy bonita, y dejándose de cosas, a mí me gusta-ba”. De esta manera, antes de ingresar al local, la joven lo invitó a militar en el PCCh, presentándolo a unos setenta compañeros que lo “recibieron con un aplauso”. La discusión en dicha reunión rondó en torno a la huelga y los campesinos que trajeron los militares para reemplazarlos. “Huasos que traían así las patas, sin zapatos, los talones rajados los huasos que venían a trabajar”. A las tres semanas, la ciudad estaba intervenida por las Fuerzas Armadas pro-ducto de la Ley de Facultades Extraordinarias aprobadas en el parlamento.

 

 

977        Ídem.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Orlando Rojas, aconsejado por su célula, se presentó al comité de bienestar para averiguar cómo estaba la situación en la maestranza, pero fue detenido por un marino que le preguntó si era de las Juventudes Comunistas.

 

“Le dije que no, porque no lo era. Le dije que no. Otra pregunta: ‘eres de las juventudes comunistas’. No. ‘Ya, entonces te vai pa’ Magallanes. Yo en quince días más estoy por allá, así que allá nos encontramos’. Cuando en eso, me dice que me va a mandar a Ma-gallanes, y yo, medio agueonado, impulsivo, levanto la mano y le pongo un combo al escritorio: juro que desde hoy hasta que me muera soy comunista”.978

 

Tres militares lo redujeron con sus bayonetas, debiendo partir el 29 de octubre de 1947 a Magallanes. Antes de partir se le confesó a la joven viuda prometiendo volver. Según recuerda, en el tren de relegación conoció una pareja que le regalaron una biografía de Lenin que leyó en el camino. Al llegar a San Rosendo, dijo a sus compañeros: “hasta aquí llego yo”, escapándose rumbo a Purén donde trabajó en el campo hasta volver a Chiguayante, ya que no podía regresar a Concepción sin un salvoconducto. Con el tiempo pudo volver a la zona minera y trabajó clandestinamente hasta 1951.979

 

La historia de Orlando Rojas grafica el ambiente que se vivió en el sur de Chile bajo las facultades extraordinarias aprobadas en agosto de 1947 por el gobierno de González Videla. Estas medidas excepcionales derivaron fi-nalmente en la “Ley de Defensa Permanente de la Democracia” (Ley 8.987), que como dice su nombre buscó, supuestamente, proteger el sistema político chileno del peligro que provocaba el comunismo internacional y el sabotaje a la producción. ¿Estábamos bajo un peligro exterior para recurrir a dichas medidas? O ¿fueron razones internas las que provocaron la marginación del PCCh del sistema político? Un análisis más profundo de dicha legislación y su contexto nacional como internacional nos permitirán comprender el sig-nificado que tuvo dichas legislación para el movimiento obrero, campesino y, particularmente, para el PCCh.

 

Un primer componente es analizar el contexto nacional donde fue pro-mulgada la Ley 8.987, entendiendo que la represión hacia el movimiento sindical comenzó desde mediados de 1947, basándose en la protección de la

 

 

 

978        Entrevista a Orlando Rojas, Monte Patria, 12 de febrero de 2014.

 

979       Entrevista a Orlando Rojas por Nelson Moroso, para Memorias del siglo XX, 30 de octubre de 2015 en Monte Patria. http://www.memoriasdelsigloxx. cl/601/articles-3477_fi-cha_contenido.pdf

 

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democracia y el aumento de la producción de país.980 Según las investigacio-nes de Jody Pavilack, en los años treinta y cuarenta los trabajadores continua-ron luchado por sus beneficios a pesar de la política conciliadora del FP.981 Esto se radicalizó con la llegada de González Videla al poder. En su cuenta pública de 1948 el mandatario radical afirmó que su gobierno tenía el obje-tivo de velar por el aumento de la producción, resaltando que las “utilidades alcanzadas por el capital” eran producto del trabajo de “hombres modestos”, lo que, a su juicio, justificaba detener los sabotajes y huelgas propiciados por el PCCh. Según el mandatario radical desde 1946 a octubre de 1947 se produjeron 64 huelgas legales y 296 ilegales, pero que mediante la “ofensiva legal en contra de la acción soviética” logró reducirlas, empeñándose que los conflictos entre trabajo y capital se determinaran por la legislación vigente.982 Además acusó al PCCh de impulsar una campaña que incitó la paralización de muchos fundos con el objetivo de crear un clima de “inquietud”, según un informe confidencial del ministro de Interior Immanuel Holger. El almi-rante de Marina advirtió a Carabineros en enero de 1948 que el PCCh estaba promoviendo conflictos con peticiones exageradas, “con el fin de que no se produzca avenimiento entre patrones y obreros”.983

 

Como vimos en el apartado anterior, el PCCh respaldó a un número importante de conflictos agrarios, pero no eran responsables absolutos de la movilización campesina, la cual -según datos de Loveman- se presentaron más de 656 pliegos de peticiones entre 1946-1947.984 En respuesta a esta ola de movilización se realizó un masivo despido de campesinos por parte de los grandes agricultores, cifras que pudieron afectar a unos 8.327 trabajadores entre 1939 y 1947.985 Un ejemplo fue denunciado por el senador Ocampo en julio de 1947, tratándose de 150 familias que fueron expulsadas del fundo “Los Raulíes” en Traiguén y que hace un año vivían en los caminos.986

 

En torno a las huelgas en la zona minera, el PCCh respaldó una serie de conflictos ya sea a causa de bonos impagos o las alzas de las subsistencias. Se-

 

 

980        Un análisis detallado de las movilizaciones del carbón y las facultades extraordi-narias en Loveman y Lira, Poder Judicial…, op. cit., pp. 448-454.

 

981        Pavilack, Mining of the…, op. cit., p. 35.

 

982        BSS, sesión del Congreso Pleno, 21 de mayo de 1948, pp. 11-13.

 

983        Citado en Valentina Orellana, ‘Profesores Rojos’ y ‘amenaza soviética’. El alineamiento de la educación y la depuración de las escuelas durante la ‘guerra contra el comunismo’ en Chile. 1947-1949, Tesis para optar a Magister en Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, 2013, p.

 

54.

 

984        Loveman, Struggle in the…, op. cit., pp. 130; ARNAD, DGT, vol. 1932. Tabla de conflictos…

 

985        Illanes, Movimiento en la… op. cit., pp. 666.

 

986        BSS, 14° sesión ordinaria, 9 de julio de 1947, pp. 910-911.



 

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gún el diputado comunista Damián Uribe, las movilizaciones de abril de 1947 se produjeron por la negación a una bonificación que les correspondía a los trabajadores del ferrocarril de Lota. La empresa responsable era la Compañía Carbonífera que iba a ser expropiada por el ministro Contreras Labarca antes de dejar el gobierno. “Nosotros creemos que la Compañía Carbonífera de Lota trata de comerciar con este movimiento huelguístico, para obtener del Supremo Gobierno el alza de sus tarifas en un cuarenta por ciento”.987 A los pocos meses murieron dieciocho obreros en Lota producto de un accidente laboral. Según Uribe, el gobierno debía prohibir el uso del gas grisú, mientras que el senador liberal Pedro Poklepovic acusó a los propios trabajadores de “indisciplina en las labores mineras, que están provocando elementos extra-ños a las minas” y con fines políticos.988 El PCCh se defendió, planteando que la campaña anticomunista quería ocultar una crisis política y económi-ca provocada por los especuladores de derecha. “La historia demuestra que cada vez que se prepara un atentado contra la Nación, empiezan por acusar de subversión a la clase obrera y a su partido de vanguardia”, dirá Contreras Labarca, rechazando las primeras facultades extraordinarias que pidió el go-bierno en agosto de 1947.989

 

Finalmente el gobierno logró instaurar el “Estado de Emergencia” en Concepción, legislación creada en 1942 en el marco de la II Guerra Mundial. Esta consistía en dejar a cargo un territorio específico a las FFAA por seis meses, en caso de “ataque exterior”, conmoción interna o sabotaje contra la seguridad nacional.990 Producto de estas medidas cientos de obreros fueron relegados a campos de concentración, como denunció el diputado José Diaz, quien leyó algunos telegramas de sus familiares.991 El Ministro de Interior, Immanuel Holger, justificó estas medidas ya que “las democracias que no saben defenderse a tiempo y con energía son avasalladas por aquellos que luchan sin escrúpulos”. La necesidad estaba en mantener el bienestar eco-nómico, el cual solo llegaba mediante “el orden, en el trabajo… cosas que se logran en la paz social”.992 El PCCh siguió insistiendo que el aumento de la producción no debía hacerse en base del “sacrificio de los trabajadores”, sino atendiendo sus “justas reivindicaciones”.993 En enero de 1948, Contreras

 

 

987        BSCD, 49° sesión extraordinaria, 22 de abril de 1947, pp. 2187.

 

988        BSCD, 14° sesión ordinaria, 2 de julio de 1947, p. 531; BSS, 13° sesión ordinaria, 8 de julio de 1947, p. 855.

 

989        BSS, 26° sesión ordinaria, 20 de agosto de 1947, p. 1442.

 

990        Ley 7.200. www.leychile.cl

 

991        BSCD, 26° sesión extraordinaria, 16 de diciembre de 1947, p. 1144.

 

992        BSS, 5° sesión ordinaria, 9 de julio de 1948, p. 488.

 

993        Partido Comunista, Aumentar la producción: plan de acción del Partido Comunista, Impr.

 

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Labarca rechazó la segunda ley de facultades extraordinarias, negando que existiera una amenaza externa o una conmoción interna como indicaba la ley de Estado de Emergencia. “La paz social sólo es alterada por aquellos elementos reaccionarios… especialmente los grandes terratenientes que sa-botean la producción nacional, que restringen la producción de alimentos del pueblo”.994

 

-   “Lacayos de intereses extranjeros” – lo interrumpió el senador Joaquín Prieto.

-  “Defendemos Chile” – le respondió el senador Elías Lafertte.

 

-   “Se equivocan señores Senadores comunistas si creen que de-fienden Chile”- les replicó el senador Salvador Correa.995

 

Este debate grafica la acusación reiterada que se entabló en contra el PCCh, tanto en la prensa como en el parlamento, sobre la influencia que tenía la Unión Soviética sobre el comunismo chileno. Estas acusaciones de la derecha iban acompañadas, en muchas ocasiones, de ejemplos de lo que ocu-rría en Polonia o Checoslovaquia, lo que grafica la importancia de la lectura del contexto mundial para la aplicación de la Ley 8.987.

 

Este sería precisamente el segundo punto por analizar: el contexto internacional. Según algunas investigaciones, Estados Unidos tuvo un pa-pel relevante en la defensa de sus inversiones en la minería chilena, lo cual presionó al gobierno González Videla para detener las huelgas y a los co-munistas. Esto, según Paul Drake y Andrew Barnard, con la promesa de una recomposición de créditos mediante la CORFO.996 En cambio, otros autores recientemente han planeado que los orígenes de la llamada “Ley Maldita” se encuentran en “factores de política nacional y no en la presión externa del gobierno de los EEUU”, como por ejemplo el triunfo comu-nista en las elecciones municipales de abril de 1947.997 Se debe agregar, que los documentos secretos del Departamento de Estado norteamericano de 1948 demuestran que su ayuda económica hacia América Latina fue míni-ma comparada con Europa. Según Josep Fontana porque “el comunismo no era seriamente peligroso… puesto que de todos modos van a estar con

 

 

 

Moneda, Santiago, 1947, p. 6.

 

994        BSS, 24° sesión extraordinaria, 13 de enero de 1948, p. 1004.

 

995        Ídem.

 

996       Paul Drake, Socialismo y populismo Chile 1936- 1973, Universidad Católica de Valparaí-so, Valparaíso, 1992, p. 258.

 

997        Huneeus, La Guerra…, op. cit., p. 117.



 

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nosotros, ¿para qué molestarnos en ayudarles?”.998 Independiente a estos matices en torno al papel de Estados Unidos, las autoridades nacionales anunciaron resquemores hacia el peligro comunista, ya sea chileno como soviético.999 En enero de 1948, el ministro Holger ratificó la necesidad de una legislación permanente en defensa de la democracia, sobre todo por-que se estaba “en posesión de antecedentes precisos y concretos en que la organización internacional del Partido Comunista pretende constituir en nuestro país el epicentro del movimiento revolucionario de Sudamérica”.1000 Dicho documento, fue inserto en el boletín del Senado, planteó que Chile era la entrada a países como Perú y Bolivia para la expansión del comunismo soviético en toda Sudamérica.

 

El PCCh negó estas afirmaciones, pero a la vez defendía la “democra-cia” que se vivía supuestamente en la Unión Soviética, especialmente después del triunfo de la Segunda Guerra Mundial. Así lo expuso Orlando Millas tras la elección de González Videla:

 

“La gran victoria popular del 4 de septiembre no es un hecho ais-lado en la política internacional. En todos los países se está avan-zando imperiosamente por el camino del progreso y del bienestar social. La única gran potencia antiimperialista, la Unión Soviética, ha surgido de la reciente guerra como una fuerza decisiva sin la cual no puede resolverse nada en el plano mundial en forma de-finitiva, y que desempeña un papel fundamental como defensor consecuente de la paz, la libertad y la independencia de los pue-blos”.1001

 

¿Perjudicó al PCCh su defensa irrestricta del sistema soviético? Para el senador Larraín, la humanidad corría un trágico peligro si el comunismo soviético triunfaba en nuestro país. Así lo ejemplificaba con el asesinato de León Trotsky, haciendo una breve y dramática reseña de su vida. Acusó al régimen de Stalin de asesinarlo cuando estaba “enfermo” y “anciano” en Mé-xico, preguntándose “¿qué suerte, qué esperanza, qué piedad pueden esperar

 

 

998        Fontana, Por el bien... op. cit., p. 503.

 

999         Cristian Garay Vera, Ángel Soto y Valeska Troncoso, “Política Internacional y política doméstica en Gabriel González Videla, 1946-1952. La sombra de la Guerra Fría”, Cuadernos de Historia, N° 44, Vol. 1, Universidad de Chile, Santiago, junio de 2016, pp. 81-100.

 

1000   BSS, 24° sesión extraordinaria, 13 de enero de 1948, p. 1012. Documento en pp.

 

1012-1015.

 

1001 Orlando Millas, “Proyección internacional del triunfo de Gabriel González”, El Siglo, Santiago, 11 de septiembre de 1946, p. 3.

 

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aquellos a quienes el comunismo llama burgueses?”.1002 El PCCh replicó que su política no estaba dirigida desde Moscú, pero defendían el régimen sovié-tico, negando que siguiera existiendo la “dictadura del proletariado”, sino una “democracia soviética”, esperanza de “los trabajadores del mundo”.1003 Al contrario, el senador Ladislao Errázuriz leyó el Código Penal Soviético, que castigaba la “indisciplina laboral”, incluso de los “familiares del traidor ma-yores de edad, que conviviesen con él o estuvieran a su cargo en el momento de la comisión del delito serán privados del derecho a sufragio y confinados en las lejanas regiones de Siberia por 5 años”.1004 Cierto o no, el PCCh no negaba dichas acusaciones, al contrario, seguía afirmando que en la URSS imperaba un régimen democrático y exaltaba su ejemplo para el movimiento obrero y campesino.1005 “En Rusia no hay explotadores”, señalaba Salvador Ocampo en agosto de 1948.1006 Un año antes el periódico de la FINTA, El Campo, expresaba que “Lenin y Stalin fundaron y desarrollaron la ciencia de las masas trabajadoras y campesinas, aliadas de la clase obrera, subrayando que solamente bajo la dirección del proletariado el campesinado puede librar-se de la presión terrateniente capitalista”.1007

 

Si bien creemos que la defensa irrestricta de lo que ocurría en la URSS por parte del PCCh pudo ser un factor que infundió temor en la clase propie-taria, también es cierto que la Ley de Defensa de la Permanente de la Demo-cracia fue más allá de la ilegalización de los comunistas, sino también atacó otros factores, como el financiamiento de los sindicatos urbanos y mineros. Por ello, analizaremos los contenidos más importantes de la Ley 8.987, con los comentarios de quienes se opusieron a dicha legislación, ya que no solo excluía al PCCh del derecho a la ciudadanía, sino además traía modificaciones al Código del Trabajo, como la restricción del derecho a huelga y el control del dinero administrado por los sindicatos.1008

 

Luego de un extenso debate, esta Ley fue promulgada el 3 septiembre de 1948, como una modificación de la Ley 6.026 (1937), parte del Código del Trabajo y la Ley Electoral. La cualificación de las leyes de seguridad se reflejó en el endurecimiento de las penas a nivel monetario a los actos

 

 

1002  BSS, 5° sesión ordinaria, 9 de junio de 1948, p. 495.

 

1003  BSS, 12° sesión ordinaria, 17 de junio de 1948, pp. 678-680.

 

1004  BSS, 16° sesión ordinaria, 22 de junio de 1948, p. 765.

 

1005  BSCD, 18° sesión ordinaria, 15 de junio de 1947, pp. 834-836.

 

1006  BSS, 40° sesión ordinaria, 31 de agosto de 1948, p. 1824.

 

1007   “El campesinado, aliado del proletariado”, El Campo, N° 16, Santiago, enero de

 

1947, p. 2.

 

1008 Un análisis completo de la discusión y consecuencias de la Ley 8.987 en Loveman y Lira, Poder Judicial…, op. cit., pp. 491-499.



 

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considerados “subversivos”. Si en 1937 las multas a este tipo de actuaciones eran entre $500 a $5.000, con las modificaciones ascendieron de $5.000

 

a   $50.000.1009 En el caso del orden público, las penas se agudizaron reci-biendo cárcel, relegamiento y multas de hasta $20.000.1010 Para el senador

Contreras Labarca, esto significaba que se tendrían que construir más cár-celes que escuelas o caminos. “¿Por qué no presidio perpetuo, por qué no la muerte?”, dijo irónicamente.1011 El senador Salvador Allende afirmó que los cargos eran muy amplios, ya que se podría acusar de sabotaje tanto a quienes facilitasen reuniones con “objeto de derribar al gobierno”, como a quienes realizaran un paro laboral o un “trabajo lento”.1012 Sobre este últi-mo, Contreras Labarca acusó a los latifundistas de boicotear la producción agrícola. Por otro lado, con la ley se ampliaría la censura a los medios de comunicación, ya no siendo solo para impresos, sino también para la radio con penas de hasta dos meses sin poder transmitir al aire, con multas que llegarían al doble que en 1937 ($10.000 en 1948).1013 Los delitos también se extendían no solo a obras teatrales, sino a quienes confeccionaran afiches, caricaturas, letreros y murales.1014 El senador Poklepovic aclaró que nadie sería detenido por leer el Manifiesto Comunista de Marx y Engels u otras lecturas que llamaran a la ‘lucha de clases’.1015 En realidad, la ley le quitaría los derechos civiles a miles de chilenos, independiente de si hubiesen leído un libro comunista o no.

 

En torno a la proscripción del PCCh, esta decía: “Se prohíbe la exis-tencia, organización, acción y propaganda, de palabra, por escrito o por cual-quier otro medio, del Partido Comunista, y, en general, de toda asociación, entidad, partido, facción o movimiento, que persiga la implantación en la República de un régimen opuesto a la democracia o que atente contra la soberanía del país”.1016 Quienes pertenecieran al PCCh no podrían tener de-recho a sindicalizarse, serían sacados de los registros electorales, no podrían pertenecer a la administración pública, ni menos presentarse a cargos de re-presentación popular. Para ellos, el registro electoral debía eliminar a todos

 

 

1009 Tanto Ley 6.026 de Seguridad Interior del Estado (1937) y Ley 8.987 en Loveman y Lira, Arquitectura…, op. cit.

 

1010  Loveman y Lira, Arquitectura…, op. cit., p. 141.

 

1011  BSS, 16° sesión ordinaria, 22 de junio de 1948, p. 781.

 

1012  Ibid.., p. 788.

 

1013  Loveman y Lira, Arquitectura…, op. cit., p. 144.

 

1014  Ibid.., p. 145.

 

1015  BSS, 16° sesión ordinaria, 22 de junio de 1948, p. 819.

 

1016 Ministerio de Interior, Ley de Defensa Permanente de la Democracia, Publicado en el ‘Diario Oficial’, del 18 de octubre de 1948, Santiago, 1948, p. 4.

 

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quienes se sospecharan militantes comunistas, que finalmente fueron 23.311 personas, que correspondían a un 25% de los electores del PCCh en las elec-ciones municipales de 1947.1017

 

En la práctica, la ley se mantuvo vigente hasta 1958, cuando se hizo una modificación para volver a legalizar al PCCh, pero manteniendo los artícu-los que restringían la acción obrera. En el fondo, esta ley penalizó no solo un partido, sino una ideología, la cual estaba frecuentemente asociada a la creencia de la lucha de clases y a la acción sindical, por ende, todo trabajador que apoyara en adelante un movimiento huelguístico podría ser acusado de “comunista” y ser objeto de la Ley 8.987. Frente a esto, el senador Guevara en un discurso –de tintes proféticos–afirmó que “no habrá fuerza suficiente para detener el desarrollo del Partido Comunista. Será imposible; el triunfo del comunismo es inevitable”. Esto porque al estar integrado por la clase obrera, se debía eliminar a esta, para finalmente destruir al PCCh.1018

 

¿Por qué la Ley 8.987 fue una herramienta en contra del avance del movimiento obrero? Según las nuevas modificaciones no solo se castigaban las reuniones que tendían a “derrocar” al gobierno, sino también aquellas que fuesen para “planear el sabotaje, la destrucción, la paralización, el trabajo lento o cualquier acto que tenga por objeto alterar dolorosamente el normal desarrollo de las actividades productivas”.1019 Se mantuvo, en comparación a la legislación de 1937, la prohibición de huelga (o paro) en los servicios municipales o fiscales, pero además en servicios particulares que afectasen el orden público, sobre todo industrias “vitales” para la economía del país, sin especificar cuáles. Para Ocampo “en resumidas cuentas, se suprimen los derechos por los cuales se ha sacrificado la masa trabajadora, no sólo de nuestro país, sino del mundo entero”.1020 Contreras Labarca además criticó que la Ley 8.987 contemplaba el “arbitraje obligatorio”, en vez de ser volun-tario, acusando de ser exigencias de los acuerdos llegados con los bancarios norteamericanos en la “misión De Pedregal”.1021 Al contrario, para el Mi-nistro del Trabajo, Ruperto Puga, creía que esta sería la única solución para no perpetuar las huelgas, con las que supuestamente los comunistas querían “perjudicar a la patria”.1022 Desde el P. Radical, el senador Pedro Opitz negó que se buscara restringir la huelga obrera, sino más bien reglamentarla, evi-tando las paralizaciones políticas e ilegales, especialmente en el campo, ya que

 

 

1017  Huneeus, La guerra…, op. cit., p. 262.

 

1018  BSS, 17° sesión ordinaria, 23 de junio de 1948, p. 811.

 

1019  Loveman y Lira, Arquitectura…, op. cit., p. 140.

 

1020  BSS, 40° sesión ordinaria, 31 de agosto de 1948, p. 1827.

 

1021  Ibid.., p. 802.

 

1022  BSS, 40° sesión ordinaria, 31 de agosto de 1948, p. 1828.



 

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a diferencia de la industria, “en la agricultura… una cosecha puede perderse totalmente por efecto de una huelga”, perjudicando a toda una “colectivi-dad”. De esta forma la ley de sindicalización campesina estaba emparentada con la ley 8.987, siendo parte del mismo engranaje antisindical.

 

Finalmente, la Ley 8.987 buscó controlar los dineros administrados por los sindicatos. El artículo 9° planteó que la Dirección General de Im-puestos Internos revisaría la contabilidad de los sindicatos, debiendo infor-mar a la Dirección General del Trabajo. Esto permitía que las entidades del Estado controlasen el destino del dinero generado por los propios trabaja-dores, coartándole su capacidad autónoma de gestión, pudiendo reemplazar a los tesoreros por funcionarios públicos o “ponerlos en resguardo” cuando estimaran conveniente. Esta disposición venía a agudizar lo que se había hecho con el Código del Trabajo en 1931, el cual negaba a los trabajadores la administración de sus propios recursos.1023 La autonomía de los sindicatos estaba precisamente en su autogestión y manejo de recursos económicos, sobre todo para poder solventar las paralizaciones o ayudar a otras huelgas industriales, incluyendo las campesinas que –como vimos- se hicieron recu-rrentes en los años treinta y cuarenta. A su vez, existía la visión de parte del anticomunismo que el PCCh usufructuaba de los dineros de sindicatos.1024 Para el senador Contreras Labarca, los robos los hacían las asociaciones como la SNA u otras sociedades anónimas, los cuales deberían ser igual-mente controladas, pero no así los dineros gestionados por asociaciones privadas como eran los sindicatos obreros.1025 Creemos que el control de los presupuestos de los sindicatos apuntó a hacer inviables las huelgas obreras, porque estos movimientos fueron posibles, no solo producto de la voluntad de los propios sindicatos en conflicto, sino por el apoyo económico de di-versas organizaciones gremiales, que mediante las campañas permitían que los conflictos laborales se mantuvieran por varias semanas. Fueron los casos de las huelgas campesinas o los sindicatos apadrinados por los sindicatos mineros.1026 La restricción de dicha solidaridad económica buscaba frenar al movimiento obrero, como también al movimiento rural, el cual además estaba restringido mediante la Ley 8.811 de Sindicalización Campesina. A esto se sumó la circular Holger Letelier en 1949, la cual, según Camilo Plaza Armijo, sometió las elecciones de dirigentes sindicales a la evaluación de la

 

 

 

1023 Gabriel Salazar, Movimientos sociales en Chile. Trayectoria histórica y proyección política, Uqbar, Santiago, 2012, p. 300.

 

1024  BSS, 19° sesión ordinaria, 24 de junio de 1948, p. 898.

 

1025  Ídem.

 

1026 “Es urgente fortalecer económicamente la Federación de Trabajadores Agrícolas”, El Campo, N° 17, Santiago, junio de 1947, p. 2.

 

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Policía de Investigaciones, quienes podían “eliminar listas de candidatos en caso de que hubiesen indicios de simpatías con el comunismo”.1027

 

* * *

 

¿Cómo reaccionó el PCCh frente a la represión que se levantó? La re-presión desplegada desde mediados de 1947 obligó al PCCh a movilizar a sus cuadros y destinar gran parte de su tiempo a la defensa de sus militantes rele-gados y la logística para la clandestinidad de sus dirigentes.1028 Así lo recuerda José Campusano, que como representante campesino en la CTCH debió re-fugiarse en el sur del país para organizar a los cuadros de la central sindical y a los familiares de los detenidos.1029 Según Samuel Riquelme (que pertenecía en esos años a las JJCC), Ricardo Fonseca los reunió para explicarles que frente a la proscripción se organizarían dos dirección del partido. “La principal esta-ba destinada con el trabajo abierto de los parlamentarios del partido, y la otra era ya de los compañeros que pasaban al trabajo clandestino”. Según Riquel-me, las Juventudes Comunistas no pasaron a la clandestinidad, haciendo acti-vidades públicas y teniendo por mucho tiempo un local en la Plaza de Armas de Santiago. “El compañero Daniel Palma debe pasar al trabajo clandestino del partido y debe dejar la dirección de la jota”, recordó.1030 De esta forma Riquelme asumió en 1948 la secretaria general de las JJCC. Por otro parte, Palma fue expulsado a comienzos de los años cincuenta por formar parte de una fracción junto a Luis Reinoso (secretario de Organización del PCCh), quienes buscaron enfrentar al gobierno de González Videla desde la acción directa y la autodefensa.1031 Pablo Palma, hijo del ex líder de las JJCC, recuer-da que en tiempos de la clandestinidad su padre lo llevaba a la población La Legua, donde Reinoso tenía una zapatería. “Uno tiene dos posibilidades, o seguir fiel a la clase obrera o transformarse en anticomunista. El viejo (Daniel Palma) nunca fue anticomunista”.1032

 

 

1027 Camilo Plaza, “La clase trabajadora organizada ante la Dirección General de In-vestigaciones: De los policial a lo sindical (Chile, 1933-1948)”, Revista Historia y Justicia, N° 2, Santiago, abril de 2014, p. 23.

 

1028  Una lista de militantes comunistas afectados por la Ley 8.987 en El peligro rojo, Impr.

 

Bustos & Letelier, Santiago, 1951. La edición no presenta autor.

 

1029  Campusano, Sembrando…, op. cit., p. 123.

 

1030  Entrevista a Samuel Riquelme…, op. cit.

 

1031 Manuel Loyola, “Los destructores del ‘partido’: Notas sobre el reinosismo en el Partido Comunista de Chile”, Ulianova, Loyola y Álvarez, 1912-2012… op. cit., pp. 241-279.

 

1032 Entrevista a Pablo Palma, julio de 2014. Sobre Daniel Palma ver: Acevedo, “Un mundo nuevo…, op. cit., pp. 57-58 y pp. 71-72; Rebolledo, Hijos del frío… op. cit.



 

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De los parlamentarios comunistas, el senador Pablo Neruda fue desa-forado y perseguido por la Policía de Investigaciones, acusado de difamación del Presidente de la República en un artículo publicado en México y Uruguay a fines de 1948.1033 Según el diputado Godoy Urrutia, el poeta hizo dos acu-saciones: “la entrega de nuestro país al dominio del imperialismo yanqui y la instauración, en el interior, de un régimen policiaco que nada tiene que envi-diarle a los campos de concentración de Hitler o de Mussolini”. Su defensa a Neruda la terminó con un fragmento del libro del argentino José Ingenieros, sacando aplausos que quedaron inscritos en el acta oficial.1034 Finalmente, Neruda debió salir del país clandestinamente donde decidió publicar su obra Canto General. Según Américo Zorrilla, que estuvo a cargo de su edición, esta fue realizada íntegramente en Chile, aunque apareció con la marca de Imprenta Juárez de Ciudad de México. Según recuerda, la encuadernación de los cinco mil ejemplares fue hecha por un solo compañero en una zona semirural, alejada de la urbe.1035 Neruda estando en Paris recibió su primer ejemplar, festejando con grandes amigos como Pablo Picasso y el diputado y ex ministro Víctor Contreras Tapia, quien fue enviado al extranjero para que descansara de su salud. Según sus memorias, Contreras Tapia recorrió Francia, Checoslovaquia y México para volver a Chile y conocer a su primer hijo (Lautaro Contreras), antes de ser relegado en Melinka.1036 Su hijo nos comenta que en Francia su padre se encontró con Neruda, sacándose una fotografía tomada por Marcos Chamudes, quien había sido expulsado hace ocho años atrás del PCCh. (Imagen 17).

 

Otro diputado detenido fue Bernardo Araya, quien por entonces era parlamentario y secretario general de la CTCH. Este fue encarcelado en Pis-agua el año 1948. Desde allí escribió una carta denunciando malos tratos de parte de Investigaciones:

 

“Se ha humillado y ultrajado a miles de trabajadores siendo expre-sión de esta política brutal, lo ocurrido en la zona del carbón, don-de los trabajadores sufrieron las peores vejaciones con sus mujeres y sus niños. Ahora se ve claro que estas medidas han agravado la situación chilena. Ya no sólo el “cuco” comunista entorpece al Gobierno, ahora cualquier demócrata que proteste de este estado de cosas, es calificado como indeseable”.1037

 

 

1033  José Miguel Varas, Neruda Clandestino, Aguilar Chilena Ediciones, Santiago, 2003.

 

1034  BSCD, 30° sesión extraordinaria, 30 de diciembre de 1947, p. 1297.

 

1035  Varas, Los Tenaces…, op. cit., pp. 50-54.

 

1036  Contreras Tapia, Campesino…, op. cit., pp. 149-153.

 

1037  B. Araya escribe desde Cárcel de Concepción”, Tribuna Textil, N° 14, Santiago, 2 de

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

Un año después, Araya fue trasladado al hospital Barros Luco luego de estar varios meses enfermo en la Cárcel Publica de Santiago.1038 Décadas más tarde, bajo la dictadura militar de Augusto Pinochet, Bernardo Araya fue detenido y desaparecido por agentes de la Dirección Nacional de Inteligencia (DINA), sin saber su destino hasta el día de hoy.1039

 

Los otros parlamentarios continuaron ejerciendo su papel en el Con-greso hasta comienzos de 1949, al término de su mandato. Fue el caso de Godoy Urrutia quien celebró la presión internacional y la huelga de hambre de ocho días de los prisioneros de Pisagua, con la cual se suspendió la cuarta ley de facultades extraordinaria. “Esta es una victoria de nuestro pueblo… Pisagua se ha convertido en un borrón para el rostro de Chile, que todos los chilenos necesitamos que sea inmaculado”.1040 Terminado su mandato fue borrado de los registros electorales.1041 Lo mismo ocurrió con Cipriano Pon-tigo, quien continuó denunciando la inflación, la cesantía artificial producto de los despidos masivos y el alza de los productos de primera necesidad.1042 Para él, la solución en materia alimenticia estaba en la fórmula que dio el ex ministro de Agricultura, señor Miguel Concha, en “la creación de los cintu-rones agrícolas alrededor de las grandes ciudades, para dar alimento popular y barato al pueblo”, pero no estaban las condiciones porque “para esto se necesita que el pueblo esté con el Gobierno”.1043 En 1949, al finalizar su periodo parlamentario, Pontigo fue relegado por tres años a Chiloé.1044 El di-putado Juan Puebla dejó el parlamento en mayo de 1949 donde denunció la situación de los relegados en Pisagua.1045 Meses después fue detenido y rele-gado a Melinka. Otros diputados como Luis Valenzuela Valenzuela, borrado de los registros electorales1046, fueron parte de la dirección clandestina junto a Galo González y Luis Reinoso. Según Luis Corvalán, que pasó a clandesti-nidad, Ricardo Fonseca dirigió este secretariado ilegal, pero murió de cáncer

 

 

 

febrero de 1949, p. 6.

 

1038 “Luchamos por la libertad de nuestro Secretario General de la CTCH”, Tribuna Textil, N° 1, segunda época, Santiago, diciembre de 1950.

 

1039 Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, Vol. 1, Tomo 2, Secretaría Nacional de Gobierno, Santiago, 1991, p. 545.

 

1040  BSCD, 36° sesión extraordinaria, 1 de febrero de 1949, p. 1620.

 

1041  El peligro rojo…, op. cit., p. 70.

 

1042  BSCD, 36° sesión extraordinaria, 1 de febrero de 1949, pp. 1604-1607.

 

1043  Ibid., pp. 1606-1607.

 

1044  El peligro rojo…, op. cit., p. 126.

 

1045  BSCD, 39° sesión extraordinaria, 2 de febrero de 1949, pp. 1689-1691.

 

1046  El peligro rojo…, op. cit., p. 171.



 

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un fantasma recorre el campo

 

al estómago en enero de 1949, dejando a González en su reemplazo.1047

 

Imagen 17

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: Pablo Neruda y Víctor Contreras Tapia en Francia, 1950.

 

Gentileza de Lilian Contreras y Lautaro Contreras.

 

Según Andrew Barnard, la clandestinidad probó la fortaleza y la auto-ridad del Comité Central, permaneciendo su mayoría bajo la dirección de Elías Lafertte y Galo González. Pero claramente las consecuencias fueron duras. Según las memorias de José Vega, muchos compañeros murieron o adelgazaron rotundamente a causa de la caristia y la cesantía. Fue el caso del ex diputado por Talca, Manuel González Vilches, quien había sido goberna-dor por Curepto en el gobierno de González Videla, pero que desde 1948 fue borrado de los registros electorales y “murió pobre, pobrísimo”, a causa de la tuberculosis.1048 El ex diputado Ángel Veas también murió en plena represión, cuyo relato aparece en la novela La semilla en la arena. Pisagua, de Volodia Teitelboim.1049

 

 

1047  Corvalán, Ricardo Fonseca…, op. cit., p. 216.

 

1048 Vega, Años de lucha…, op. cit., p. 75. Sobre la gestión de González Vilches como gobernador en “Completa satisfacción en Curepto”, El Pueblo, N° 5, Talca, marzo de 1947, p. 1.

 

1049  Augusto Samaniego, Encuentro de historias vividas con Neruda. Chile: Ley Maldita y poe-

 

mas del ‘Canto General’, s/e, Santiago, 2013, pp. 62-64. Sobre citado ver: Volodia Teitelboim, La

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

La militancia de base no necesariamente pasó a la clandestinidad. Tal cual ocurrió con Arnaldo Rodríguez, que como dirigente de la Federación Textil le tocó presenciar la destrucción de su local gremial. “A mí no me pasó nada. Será porque era más vivo que ellos, y nunca me pillaron donde debía estar. Porque incluso cuando allanaron la federación nuestra, nos robaron retoitito, y nos hicieron tira todo”. La federación continuó su tarea, editando el periodo Tribuna Textil, el cual salió hasta 1951 bajo la dirección de Ar-naldo Rodríguez. En una de sus ediciones denunció la política del gobierno “orientada a descargar el peso de la crisis en las espaldas de las masas labo-riosas de la ciudad y del campo, aumentando con ellos la miseria del pueblo, favoreciendo a las empresas extranjeras”.1050 Las páginas de aquel periódico indicó la continuidad de los conflictos sindicales, al menos en materia textil, con un papel muy importante de las mujeres.1051 ¿Qué habrá ocurrido con la militancia rural del PCCh? Al menos Arnaldo Rodríguez no lo sabe.

 

“Después de las huelgas, no volví nunca más… chi, a qué iba a ir, si fui justamente a darles, como quien dice, mis condolencias y nos dijeron: ‘y qué condolencias, cuando nos echaste a perder la vida’, que aquí y que allá, porque quienes se metían eran los maridos, los hombres. Las mujeres pagaron el pato. Y los maridos se fueron, los mandaron a Pisagua”.1052

 

Según el estudio posterior del movimiento campesino, podemos afir-mar que muchos de sus dirigentes venían del periodo 1941-1948, siendo al-gunos militantes comunistas. Es el caso de José Campusano, quien después de trasladarse al sur continuó en la reorganización del movimiento, siendo presidente de la Federación Nacional de Campesinos e Indígenas (FNCI) en 1961.1053 En 1968 dicha federación se transformó en la Confederación Campesina e Indígena Ránquil (CCIR), donde Campusano fue nuevamente dirigente nacional hasta el golpe militar de 1973. En el caso de Juan Ahumada Trigo, después de la represión de González Videla, participó en la organiza-ción de la FNCI, llegando a ser encargado de prensa y propaganda. En 1957 fue elegido diputado por Coquimbo, Ovalle y La Serena por el Partido del

 

 

semilla en la arena: Novela, Editorial Austral, Santiago, 1957.

 

1050 “Unidad de obreros y empleados para combatir la especulación y las alzas”, Tribuna Textil, N° 3, segunda época, Santiago, abril de 1951, p. 3.

 

1051 “Las mujeres textiles en la lucha sindical”, Tribuna Textil, N° 1, segunda época, Santiago, diciembre de 1950, p. 3.

 

1052  Entrevista a Arnaldo Rodríguez…, op. cit.

 

1053  Affonso, Movimiento campesino…, op. cit., p. 134.



 

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un fantasma recorre el campo

 

Trabajo, una fachada del PCCh. En 1964 fue director del periódico campe-sino El Surco (1964-1968), hasta que comunistas y socialistas formaron la CCIR, donde Ahumada siguió siendo dirigente. En el caso de Carlos Ayala, quien había sido dirigente de la hacienda “Chacabuco”, fue también funda-dor de la CCIR en 1968.

 

Finalmente, José Becerra, quien fuera dirigente de la ANACh, también participó en la fundación de la FNCI en 1961. Finalmente, ¿qué ocurrió con las principales figuras de la FINTA entre 1942-1948? De José Agustín Valen-zuela, quien fue secretario general de la FINTA y postulante a diputado en 1945, no pudimos recabar su trayectoria posterior a la Ley 8.987. Los mismo ocurrió con Luis Arriaza, Vitalicio Castro, Mauricio Valenzuela y Justo Za-mora, de quienes solo sabemos que fueron borrados de los registros electo-rales en 1948.1054 Pero, ¿qué ocurrió con Juan Chacón Corona?

 

***

 

Ajeno de estas preocupaciones, el embajador de Estados Unidos en Chile, Claude Bowers, festejó el triunfo del gobierno chileno frente al co-munismo dirigido desde “Rusia”. Según sus memorias de mediados de los años cincuenta, el diplomático norteamericano comentó como el PCCh tenía infiltrado a los sindicatos “para crear intranquilidad con huelgas revolucio-narias”.1055 Producto de esto y el constante ataque hacia Estados Unidos, el embajador se reunión en múltiples ocasiones con González Videla para ana-lizar los métodos “terroristas” que estaban ocupando los comunistas en las huelgas del carbón.1056 “El carbón era necesario para evitar un peligroso co-lapso económico, y no había otra parte de donde obtenerlo fuera de Estados Unidos”.1057 Terminadas las huelgas e instaladas las facultades extraordinaria, el embajador salió de Santiago. “Ahora descansaremos de los comunistas y de la política y buscaremos un poco de aire libre visitando algunos fundos y lugares de descanso”.1058 De esta forma visitó la hacienda “Chacabuco”, de propiedad de Pedro Poklepovic, resaltando su patrimonio histórico, por ser escenario del ejército libertador en la independencia de Chile. De su pasado conflictivo y su poderoso sindicato el embajador no hizo referencia. ¿No estaba enterado de los conflictos entre patrones y el sindicato de Chacabuco?

 

 

1054  El peligro rojo…, op. cit., p. 10 y 165.

 

1055  Browers, Misión… op. cit., p. 178.

 

1056  Ibid., p. 184.

 

1057  Ibid., p. 185.

 

1058  Ibid., p. 193.

 

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del fin de la guerra a la “ley maldita” (1945-1948)

 

Es una posibilidad, sobre todo por la consideración que tenía en torno a los campesinos chilenos. Según sus memorias estos eran incultos y supersti-ciosos, donde “hace poco eran simple cifras políticas, que en las elecciones seguían sin vacilar las órdenes de sus patrones”.1059 En este contexto, poco importaba la pregunta sobre el destino de Juan Chacón Corona.

 

La prensa sí estaba un poco más preocupada o al menos hacía mofas de esto. En diciembre de 1947 la revista Topaze ironizó retratando al ex diputa-do pegando un afiche con su propio rostro. El cartel, aludiendo a su modis-mo campesino, decía: “Se le busca”.1060 Meses más tarde, producto de la Ley 8.987, Chacón Corona fue borrado de los registros electorales y la Policía de Investigaciones continuó buscándolo por el territorio nacional.

 

Paralelamente Samuel Riquelme se trasladó a Temuco en 1949 para su-pervisar el trabajo del partido y la Juventud. Al ingresar a una zona mapuche debía conversar con don Ramón. “Después de mucho andar por cerros y caminos de barro, lo encuentro. Al principio no lo reconocí. Parecía un cam-pesino mapuche, con ojotas y un sombrero grande. Le dije:

 

-  “Perdone, vengo a hablar con don Ramón.

 

-   “Con él habla- era el famoso Juan Chacón Corona. Nos dimos un abrazo y entramos al rancho donde vivía.

 

-   “Aquí estamos pues, compañero. Hay algunos problemas, pero lo principal se resuelve con este fogón y con este pipeño que va-mos a probar”.1061

 

Efectivamente Chacón Corona llevaba meses en el sur como encargado del regional de Cautín. Según recordó, recorría las reducciones mapuches bajo el seudónimo de Ramón Pérez y compartía con ellos, a veces acompa-ñado de su hijo Mundo Chacón.1062 Por más que Investigaciones lo buscara, se las arregló bajo el manto de sus propios orígenes campesinos, que con paciencia volvió a reorganizarse. De esta manera, bajo un fogón ardiendo, el fantasma del comunismo continuó recorriendo el campo.

 

 

 

 

 

 

 

1059  Ibid., p. 36.

 

1060  Topaze, N° 795, Santiago, 19 de diciembre de 1948.

 

1061  Varas, Los tenaces… op. cit., p. 111.

 

1062  Varas, Chacón… op. cit, pp. 128-131; El peligro rojo…, op. cit., p. 55.



 

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conclusiones

 

 

 

 

 

 

Conclusiones

 

 

 

 

A comienzos de diciembre de 1953, la zona de Lontué y Molina (Provin-cia de Curicó) fue protagonista de una masiva huelga campesina, que según algunos estudios marcó un hito en el movimiento campesino chileno. Según la investigación de Henry Landsberger y Fernando Canitrot esta moviliza-ción fue realizada por más de treinta fundos que estuvieron liderados por la Asociación Sindical Chilena (ASICh). Aunque dos dirigentes del movimiento pertenecían a la Central Única de Trabajadores (CUT), los autores de Iglesia, intelectuales y campesinos, plantearon que fue una acción dirigida principal-mente por Emilio Lorenzini, militante de la Falange Nacional y miembro de la ASICh. Dicho estudio destacó el papel de Lorenzini, restándoles todo pro-tagonismo a los propios campesinos que sostuvieron la huelga. A pesar de ello, los dirigentes “sólo podían confiar en forma limitada en los campesinos, pues su bajísimo nivel de vida y su estrecha dependencia del patrón los hacían muy susceptible a las amenazas, al trago o al dinero”.1063

 

A pesar de la despolitización y el paternalismo planteados en dicho escrito, los autores no pudieron ocultar los antecedentes previos de la movi-lización campesina en Molina, la cual sin duda contó con el apoyo del PCCh desde los años treinta. ¿Cómo explican que a comienzos de 1950 haya desa-parecido la influencia de los comunistas en los campesinos de aquella zona? El texto de Landsberger y Canitrot planteó que el terreno estaba “abonado” para la huelga de Molina, sobre todo debido a las presentaciones de pliegos en los años cuarenta, pero que fueron decayendo producto del desprestigio de sus dirigentes y la represión patronal. Con respecto a la aplicación de la Ley de Defensa Permanente de la Democracia, esta fue sumamente favora-ble a la ASICh, ya que desarticuló la influencia comunista.1064 En las décadas siguientes el mito de la marginación del campesino chileno se fue afianzando, sobre todo a partir del estudio de Landsberger. Brian Loveman rompió con este planteamiento en 1971, cuando expuso que lejos de ser un sujeto mar-ginal, el campesinado había sido ampliamente activo desde 1932, tanto en la

 

 

1063 Henry Landsberger y Fernando Canitrot, Iglesia, intelectuales y campesinos: (la huelga de Molina), Eds. del Pacífico, Santiago, 1967, p. 17.

 

1064  Ibid., pp. 45-47.



 

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un fantasma recorre el campo

 

movilización social como en la participación política. “Visto así el movimien-to campesino, la experiencia entre 1964-70 corresponde a una continuación de la lucha campesina”.1065

 

La investigación que hemos realizado demuestra no solo la incipiente movilización campesina desde mediados de los años treinta del siglo de XX chileno, sino la temprana politización que influyó en dichas acciones como, por ejemplo, el papel del PCCh, que junto a la iglesia católica y el Partido Socialista generaron un acercamiento y trabajo hacia el campesinado, con-solidando una organización estable desde comienzos de los años cuarenta. Esto se vio reflejado en los más de 1.368 pliegos de peticiones presentados entre 1939-1947.1066 Con todo, las movilizaciones campesinas generalmente fueron reivindicativas, pero no lograron generar un movimiento campesino permanente e independiente de las direcciones partidarias. Por lo tanto, cuando la sindicalización agraria fue duramente reprimida y desarticulada a fines de 1947, no se logró consolidar como movimiento social autóno-mo. Por autonomía entendemos como la capacidad desarrollada por una organización para combinar de forma simultánea la supervivencia social, la acción política y la construcción de relaciones sociales no capitalistas, sin depender de una sola dirección política.1067 ¿Por qué no pudo consolidarse antes de los años sesenta? Tal como han mostrado las investigaciones de Loveman e Illanes, a pesar de la movilización y politización campesina, esta fue duramente reprimida y desarticulada a fines de los años cuarenta. Miles de campesinos fueron desalojados de sus trabajos y viviendas, instalando el miedo y la subordinación. Pero la semilla de la organización quedó ger-minando.

 

El PCCh fue uno de los responsables de este proceso, aunque no ausen-te de contradicciones y conflictos internos. Desde 1936 los comunistas desa-rrollaron con mayor constancia una política agraria de características pater-nalistas, que buscó mejorar las condiciones de vida de los campesinos, pero sin fomentar su autonomía política.1068 En ese sentido, el PCCh consolidó una política hacia el campesinado entre 1936-1947, sobre todo entre Ovalle a Arauco, integrándola a su “movimiento de liberación nacional” y revolución democrático-burguesa. Esta ambicionó impulsar, acompañada de un prag-matismo y flexibilidad, una moderada política campesina, particularmente en materia de la reforma agraria.

 

 

1065  Loveman, El mito…, op. cit., p. 1.

 

1066  Loveman, Struggle in…, op. cit., p. 130.

 

1067   Por autonomía política recomendamos Raúl Zibechi, Autonomía y emancipaciones.

 

América Latina en movimiento, Editorial Quimantú, Santiago, 2008.

 

1068  Acevedo, “Autonomía y movimientos sociales…, op. cit.

 

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conclusiones

 

El contexto nacional e internacional fue moldeando dicha política agra-ria, sobre todo bajo el contexto de la lucha contra el fascismo durante la segunda guerra mundial. En un comienzo la politización campesina se enfo-có, por parte de los comunistas, hacia los trabajadores agrícolas (inquilinos) y mapuches. Para ello luchó por la sindicalización campesina vía el Código del Trabajo (1936-1939), pero querer sin generar problemas al gobierno de Pedro Aguirre Cerda. Aceptaron por tres meses suspender la formación de sindicatos campesinos para discutir una ley especial propiciada por la clase terrateniente, pero tanto Aguirre Cerda como Juan A. Ríos no tuvieron vo-luntad política de sacarlo adelante. Producto de esto y solo después de 1942, el PCCh retomó la lucha por la sindicalización campesina vía Código del Tra-bajo. Ese mismo año lograron formar, junto al PST, la Federación Industrial Nacional de Trabajadores Agrícolas (FINTA) con una mayoría de dirigentes comunistas. Con respecto a la cuestión mapuche, si bien en un comienzo el PCCh respaldó el proyecto de Ley de División de Comunidades Indígenas, con el tiempo fue variando a una posición de rechazo como lo denunciaban las organizaciones mapuche entre ellas, el Frente Único Araucano, pero siem-pre desde un punto de vista integracionista al Estado chileno.

 

Después, la intervención de la URSS en la Segunda Guerra Mundial, el PCCh impulsó una lucha más ofensiva que denominaron “la amenaza nazi-fascista”. Esto significó proponer un gobierno de Unión Nacional y fomen-tar a una política agraria más cercana a los agricultores pequeños, medios y progresistas, independientes si estos eran latifundistas, porque bastaba con que fueran contrarios al nazismo. Así formaron la Asociación de Agriculto-res de Chile (ASCH), presidida por José Becerra, militante comunista. Esto significó reemplazar la propuesta de eliminación del latifundio y la “expro-piación sin indemnización” (1937), a una distribución de tierras de los fundos estatales y a los terratenientes cercanos al nazismo (entre 1941 y 1945), sin tocar a los latifundistas “progresistas”, es decir, vinculados al Partido Radi-cal. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, el PCCh desplegó una ofensiva donde volvió a impulsar la reforma agraria, aunque moderada.

 

Con esto, es legítimo cuestionarnos qué tan sometido estaba el PCCh a las políticas del Comintern. ¿Cuál era la influencia del Comintern en el PCCh y cómo fue su recepción del marxismo? Según lo investigado, por un lado, la lectura del PCCh enfatizó el liderazgo de la clase obrera por sobre otros grupos sociales, como indicaban la mayoría de los textos marxis-tas que editaron o importaron entre 1938 y 1945. Pero también existieron voces disonantes que reclamaron un mayor compromiso y una profun-dización del tema agrario, puesto que veían al campesino como un actor gravitante en la revolución chilena. Fue el caso de Chacón Corona en 1939 y del propio Comintern, el cual en 1938 enfatizó que la cuestión agraria era



 

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un fantasma recorre el campo

 

fundamental para el proceso de transformación social en Chile.1069

 

Por otro lado, la propia realidad agraria indicaba una serie de obstáculos para la realización de una masiva politización campesina. Los comunistas debieron sortear cercos físicos y obstáculos ideológicos para hacerse cargo de la realidad sindical campesina, la cual era mucho más precaria que en los grandes centros productivos mineros y urbanos. La tarea fue titánica, pero no solitaria, dada la enorme influencia de los partidos Izquierda Comunista y Socialista en las organizaciones agrícolas. Dicha disputa por la hegemonía de la izquierda en el campo generó un retraso en la coordinación de una Federa-ción de carácter nacional. El PCCh, a pesar de su intento en solitario, debió finalmente negociar con los supuestos “trotskistas” del PST para formar la FINTA. Esto confirma que en el PCCh primó en su práctica política un pragmatismo por sobre el sometimiento al Comintern. Mientras la Interna-cional Comunista llamó frecuentemente a ser implacables en el aislamiento de los trotskistas del movimiento obrero y campesino, finalmente el PCCh negoció con ellos en pos de generar la unidad sindical, primero en 1936 con la formación de la CTCh y después con la creación de la FINTA en 1942.

 

Las características de las propiedades agrícolas en Chile y el enorme poder de las sociedades de grandes agricultores por sobre las leyes estatales provocaron la confusión teórica en torno a que en nuestro país vivía bajo un sistema feudal o semi feudal. El PCCh no estuvo aislado de este problema y en muchas ocasiones entendió el marxismo de manera mecánica, se dio más en cuanto a su lectura y difusión ideológica que en su práctica política, donde era más pragmático y flexible. Una explicación pudo ser que el PCCh privile-gió más su accionar político que su instrucción teórica. Esto no quiere decir que sus dirigentes y militantes no hayan leído o difundido textos marxistas, pero lejos de tener grandes intelectuales y expertos en esta teoría, los comu-nistas se dedicaron más al trabajo político y sindical, que a la lectura sistemá-tica. Esto lo convirtió en uno de los partidos comunistas más importantes y masivos de América Latina en el siglo XX.

 

¿De dónde conseguían sus lecturas? En materia editorial, el PCCh de-sarrolló un incremento en su publicación y capacitación teórica, aunque con una limitada autonomía y generación de pensamiento original e innovador. Entre 1935 y 1948 publicaron 107 libros bajo sus propias editoriales (Anta-res y Nueva América), siendo mayoritariamente de carácter nacional: el 58% eran documentos partidarios, culturales, sobre el Frente Popular o sindicales (solo uno era sobre la cuestión agraria). En cambio, un 26% fue referente a literatura marxista y de la URRS. Una explicación a esto es la importación de

 

 

1069   “El examen de la cuestión agraria en Chile”, 22 de octubre de 1938, en RGASPI,

 

495.17.290.

 

244



conclusiones

 

textos marxistas desde Argentina a través de la Distribuidora Ibero America-na de Publicaciones (DIAP). Dicha empresa, según nuestros registros, trajo más de 38 títulos, entre ellos, obras de Lenin, Engels y Marx, las cuales desde 1940 eran vendidas en la propia Editorial Nueva América ubicada en el cen-tro de Santiago. Los precios aunque variaban entre 6 a 20 pesos, en general eran inaccesibles a los trabajadores agrícolas por sus bajos salarios.

 

Por tanto, sobre la politización campesina, consideramos que el PCCh fue relevante para la generación de los ciclos de movilizaciones entre 1939-1942 y 1946-1947, pero su accionar no explica totalmente la enorme cantidad de conflictos campesinos que se vivieron en aquellos años. Sostenemos, a diferencia de las denuncias de los terratenientes y prensa de derecha, que la politización campesina no fue producto solamente de un proceso de agen-tes externos, que “subvirtieron” desde afuera el “tranquilo” campo chileno. Como hemos sostenido en nuestra investigación, la politización campesina, especialmente en el caso el PCCh, fue un proceso tanto endógeno como exógeno, ya que muchos de los campesinos que organizaron sindicatos y movilizaciones provenían de la misma zona agraria. En general, los primeros casos se dieron por “retornados” que después de trabajar en centros mineros, volvieron a sus propios lugares de origen, divulgando su experiencia sindical con sus camaradas campesinos. En otros casos, se dio la figura del relegado, que pasó meses castigados en zonas aisladas, sobre todo durante los gobier-nos de Carlos Ibáñez del Campo y Arturo Alessandri. Y, por último, la figura del “designado”, que en muchos casos tuvo que ir a realizar un trabajo a otras zonas rurales, pero tal como Juan Chacón Corona o Manuel González Vilches, estos eran de orígenes campesinos, lo que facilitaba el contacto con los trabajadores agrícolas. De allí que el contacto y su politización fueron a través de necesidades concretas que aspiraban los campesinos, tratándolas de resolver de manera bastante pragmática.

 

Finalmente, sostenemos que el periodo estudiado fue una verdadera es-cuela de formación y experiencia en torno a la lucha y politización campesi-na. No es casual que al menos cuatro de los más importantes dirigentes cam-pesinos comunistas de la década de los 1960 se formaron en los años treinta y cuarenta del siglo XX. Nos referimos a José Campusano, Juan Ahumada Trigo, José Becerra y Carlos Ayala, además de Juan Chacón Corona. Es decir, no obstante en los años treinta y cuarenta no se logró formar un sólido y au-tónomo movimiento campesino, la politización campesina de aquella época fue fundamental para el desarrollo que tuvieron las organizaciones agrarias en los años posteriores, convirtiéndose el campesino, según James Petras y Maurice Zeitlin, en “una fuerza política potencialmente poderosa”.1070

 

 

1070  James Petras y Maurice Zeitlin, “El proceso de radicalización campesina en Chile”,



 

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Cuadernos de Economía, N° 15, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, agosto de 1968, p. 50.



abreviaciones

 

 

 

 

 

 

Abreviaturas

 

 

 

 

ANACh: Asociación Nacional de Agricultores de Chile.

 

ARNAD: Archivo Nacional de la Administración.

 

BSCD: Boletín de Sesiones de Cámara de Diputados.

 

BSS: Boletín de Sesiones del Senado.

 

CCA: Caja de Colonización Agrícola.

 

CTCh: Confederación de Trabajadores de Chile.

 

FDGT: Fondo Dirección General del Trabajo.

 

FINTA: Federación Industrial Nacional de Trabajadores Agrícolas.

 

FN: Falange Nacional.

 

FP: Frente Popular.

 

FMI: Fondo Ministerio de Interior.

 

IEA: Instituto de Economía Agrícola.

 

JEA: Junta de Exportación Agrícola.

 

PCCh: Partido Comunista de Chile.

 

POS: Partido Obrero Socialista.

 

PR: Partido Radical.

 

PS: Partido Socialista.

 

PST: Partido Socialista de Trabajadores.

 

PSA: Partido Socialista Autentico.

 

RGASPI: Russian State Archive Socio-Political History.

 

SNA: Sociedad Nacional de Agricultura.

 

UPSA: Unión Provincial de Sindicatos Agrícolas.

 

URSS: Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.



 

 

 

 

 

 

 

 

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bibliografía

 

 

 

 

 

 

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ENTREVISTAS

 

 

•          Arnoldo Rodríguez, obrero, ex militante comunista, comuna de Pedro Aguirre Cerda, Santiago, 13 de agosto de 2013.

•          Orlando Rojas, obrero, militante comunista, comuna de Monte Patria, 11 y 12 de febrero de 2014.

•          Lautaro Contreras, filósofo, militante comunista, Santiago, 28 de sep-tiembre de 2015.

•          Samuel Riquelme, obrero, militante comunista, comuna de Cerro Navia, Santiago, 8 de octubre de 2015.

•          Francisca Rodríguez, campesina, militante comunista, Santiago, 10 de enero de 2016.

•          Pedro Castañeda, campesino, militante comunista, comuna de San Ber-nardo, Santiago, 28 de enero de 2016.

 









INTERNET

www.historiapolitica.bcn.cl

 www.leychile.cl

 www.izquierdas.cl

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