© Libro N° 13983. Globalización:
Civilización Y Barbarie. Morin, Edgar.
Emancipación. Junio 28 de 2025
Título Original: © Globalización: Civilización Y
Barbarie. Edgar Morin
Versión Original: © Globalización: Civilización Y Barbarie. Edgar Morin
Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión
original de textos:
https://omegalfa.es/downloadfile.php?file=libros/globalizacion-civilizacion-barbarie.pdf
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una
licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro
contenido, con la única condición de citar la fuente.
La Biblioteca Emancipación Obrera es un
medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los
contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la
circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría
corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son
estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No comercial: No se puede utilizar este trabajo
con fines comerciales
No derivados: No se puede alterar, modificar o
reconstruir este texto.
https://i.pinimg.com/736x/83/5e/e0/835ee0e485056420fe6d3cd038e5bf7b.jpg
Portada E.O. de Imagen:
https://imgsvr.radiocut.site/get/thumb/900/900/cuts_logos/c8/26/c826db2c-039a-4848-ad29-f357c0b04e1a.JPG
© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
Miranda
LEAMOS SIN RESERVAS,
ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA
GLOBALIZACIÓN: Civilización Y Barbarie
Edgar Morin
GLOBALIZACIÓN:
Civilización
Y Barbarie
Edgar Morin
GLOBALIZACIÓN:
CIVILIZACIÓN Y BARBARIE*
Edgar Morin
El progreso y la ampliación de los mercados, al no estar regulados ni
por la política ni por la ética, llevan al mundo a una encerrona de la que
habrá salida sólo si ocurre una decisiva transformación de las sociedades.
Edgar Morin. SOCIOLOGO.
El progreso científico permitió la producción y la proliferación de
armas de destrucción masiva, nucleares, químicas y biológicas. El progreso
científico e industrial generó un proceso de deterioro de la biosfera, y se
amplía el círculo vicioso entre crecimiento y degradación ecológica.
La globalización del mercado económico, sin regulación externa ni
verdadera autorregulación, creó nuevos islotes de riqueza pero también zonas
crecientes de pobreza; suscitó y suscitará crisis en cadena y su expansión
continúa bajo la amenaza de un caos al cual contribuye considerablemente.
Los avances de la ciencia, la técnica, la industria, la economía que
actualmente propulsan la nave espacial Tierra no son regulados ni por la
política, ni por la ética. Por consiguiente, lo que en principio debía
garantizar el progreso cierto aporta, sin duda, posibilidades de progreso
futuro, pero también genera y aumenta peligros.
Los avances antes mencionados se acompañan de numerosas re-gresiones
bárbaras. Las guerras se multiplican en el planeta y se ca-racterizan cada vez
más por sus componentes étnicos y religiosos.
En todas partes, la conciencia cívica retrocede y las violencias
gangrenan las sociedades. La criminalidad mafiosa pasó a ser plane-taria. La
ley de la venganza reemplaza la ley de la justicia preten-diendo ser la
justicia verdadera.
Las concepciones maniqueas se apoderan de las mentes haciendo profesión
de racionalidad. Los locos de Dios y los locos por el oro se desatan. Ambas
locuras tienen una conexión: la globalización eco-nómica favorece el
financiamiento del terrorismo que apunta a infli-gir una herida mortal a dicha
globalización.
En este terreno, al igual que en otros, la barbarie rencorosa surgida de
lo profundo de las eras históricas se combina con la barbarie anó-nima y fría
propia de nuestra civilización.
Cegueras
En todo el planeta crecen las comunicaciones, pero aumenta la
in-comprensión. Las sociedades son cada vez más dependientes entre sí, pero
están cada vez más dispuestas a desgarrarse unas a otras. La occidentalización
engloba al mundo, pero provoca como reacción encierros identitarios étnicos,
religiosos y nacionales.
Las mentes abstractas ven la ceguera de los fanáticos, pero no la suya.
Las dos cegueras, la de la irracionalidad concreta y la raciona-lidad
abstracta, se conjugan para ensombrecer el siglo naciente.
Hace tiempo señalé que Oriente Medio se hallaba en el centro de una zona
sísmica planetaria donde se enfrentaban las religiones entre sí, las religiones
y la laicidad, Este y Oeste, Norte y Sur, países po-bres y países ricos.
El conflicto palestino-israelí, en el centro de esa zona sísmica,
constituía de por sí como un cáncer cuyas metástasis podían llegar a expandirse
por el mundo.
Las intervenciones masivas de Tsahal en territorio palestino y los
atentados kamikazes en territorio israelí intensificaron un círculo vicioso
infernal que ya no está localizado.
Efectivamente, la represión mortífera de Israel desencadenó una ola
antijudía inaudita en el mundo musulmán, que retomó los anti-guos temas del
antijudaísmo cristiano y el antijudaísmo nacionalista occidental, de manera que
el odio contra Israel se generaliza en odio hacia lo judío.
La violencia ciega de los kamikazes palestinos, amén de los aten-tados
de Al-Qaeda, ampliaron la ola de antiislamismo, no sólo en Israel sino también
en Occidente, no sólo entre los judíos de diáspo-ras, sino de manera más
general en medios diversos, como lo prueba el libro de Oriana Fallaci contra el
islam, religión identificada a su rama fanática y regresiva.
El agravamiento de la situación podría crear nuevos focos de con-flicto
en el interior de los países.
Francia, con su numerosa población de origen musulmán y su im-portante
población de origen judío, pudo evitar hasta ahora que la violencia de jóvenes
magrebíes y la exasperación proisraelí llevaran al enfrentamiento.
Un nuevo desborde en Oriente Medio llevaría a un aumento del odio y la
violencia, y la Francia laica pasaría a ser teatro de una gue-rra
étnico-religiosa entre dos categorías de sus ciudadanos. Además, aunque su
creación no haya estado vinculada con el conflicto pales-tino-israelí,
Al-Qaeda, luego de los atentados de Kenya, hizo suya la causa palestina para
justificar sus masacres.
El círculo vicioso palestino-israelí se globaliza, el círculo vicioso
Occidente-islam se agrava. La guerra de Irak eliminará a un horrible tirano,
pero intensificará los conflictos, los odios, las revueltas, las represiones,
los terrores y corre el riesgo de convertir una victoria de la democracia en
una victoria de Occidente sobre el islam.
Las olas de antijudaísmo y antiislamismo se fortalecerán y se ins-talará
el maniqueísmo en un choque de barbaries denominado "cho-que de las
civilizaciones".
El responsable de la mayor potencia occidental se ha vuelto aprendiz de
brujo; en su lucha miope contra los efectos del terroris-mo, favorece sus
causas; en su oposición a las regulaciones económi-cas y ecológicas, favorece
las degradaciones de la biosfera.
La barbarie del siglo XX desató en muchas áreas de humanidad los
flagelos de dos guerras mundiales y de dos supertotalitarismos. Los rasgos
bárbaros del siglo XX siguen todavía presentes en el XXI, pero la barbarie del
siglo XXI, preludiada en Hiroshima, trae consigo además la autodestrucción
potencial de la humanidad.
La barbarie del siglo XX había suscitado terrores policiales,
polí-ticos, concentracionistas. La barbarie del siglo XXI contiene, después del
11 de setiembre de 2001, una potencialidad ilimitada de terror planetario.
Lo único que pueden hacer los países para resistir a la barbarie
planetaria es encerrarse en sí mismos de manera regresiva, lo cual refuerza la
barbarie. Europa es incapaz de afirmarse políticamente, incapaz de abrirse
reorganizándose, incapaz de recordar que Turquía fue una gran potencia europea
desde el siglo XVI y que el Imperio otomano contribuyó a su civilización.
(Olvida que fue el cristianis-mo, en el pasado, el que se mostró intolerante
hacia todas las demás religiones en tanto que el islam andaluz y otomano
aceptaba al cris-tianismo y al judaísmo).
A nivel mundial, las tomas de conciencia son dispersas. La
inter-nacional ciudadana en formación es embrionaria. Todavía no ha sur-gido
una sociedad civil planetaria. La conciencia de una comunidad de destino
terrestre sigue estando diseminada. Falta formular una verdadera alternativa.
La idea de desarrollo, considerado "perdurable" incluso, toma
co-mo modelo nuestra civilización en crisis, la civilización que justa-mente
debería reformarse. Impide que el mundo encuentre formas de evolución distintas
de las calcadas de Occidente.
Impide generar una simbiosis de las civilizaciones, que integre lo mejor
de Occidente (los derechos del hombre y la mujer, las ideas de democracia) pero
que excluya lo peor. El desarrollo mismo está ani-mado por las fuerzas
descontroladas que llevan a la catástrofe.
Lo probable y lo inevitable
En su libro "Pour un catastrophisme éclairé", Jean-Pierre
Dupuy propone reconocer lo inevitable de la catástrofe para poder evitarla.
Pero, más allá de que el sentimiento de lo inevitable puede llevar a la
pasividad, Dupuy identifica de manera abusiva lo probable con lo inevitable.
Lo probable es aquello que, para un observador en un tiempo y un lugar
dados, disponiendo de las informaciones más confiables, se presenta como el
proceso futuro. Y efectivamente todos los procesos actuales llevan a la
catástrofe.
Pero sigue siendo posible lo improbable, y la historia pasada nos
demostró que lo improbable podía reemplazar a lo probable, como sucedió a fines
de 1941, comienzos de 1942, cuando la probable larga dominación del imperio
hitleriano sobre Europa se volvió improba-ble para abrir paso a una probable
victoria aliada.
De hecho, todas las grandes innovaciones de la historia quebraron las
probabilidades: fue lo que pasó con el mensaje de Jesús y Pablo, con el de
Mahoma, con el desarrollo del capitalismo y luego el socia-lismo.
Por lo tanto, la puerta a lo improbable está abierta aunque el au-mento
mundial de la barbarie lo vuelva inconcebible en el momento actual.
Paradójicamente, el caos en el que la humanidad corre el riesgo de caer
trae consigo su última chance. ¿Por qué? En primer lugar, por-que la proximidad
del peligro favorece las tomas de conciencia, que entonces pueden
multiplicarse, ampliarse y hacer surgir una gran política de salvación
terrestre.
Y sobre todo por la siguiente razón: cuando un sistema es incapaz de
tratar sus problemas vitales, o bien se desintegra o bien es capaz, en su
desintegración misma, de transformarse en un metasistema más rico, capaz de
tratar esos problemas.
La humanidad es actualmente incapaz de tratar sus problemas más vitales,
empezando por el de su supervivencia. Es técnicamente capaz pero políticamente
incapaz de eliminar el hambre del mundo.
Esta incapacidad alcanza hoy su punto culminante en la paradoja
argentina, cuya producción alimentaria es cinco veces superior a las
necesidades de la población, pero un gran número de niños (25% para la
provincia de Tucumán) sufre de desnutrición grave. Obviamente, en el mundo
actual, es imposible realizar lo posible. Aquí puede re-sultarnos útil la idea
de feedback o "retroacción".
Esta noción, formulada por Norbert Wiener, designa la amplifica-ción y
la aceleración descontrolada de una tendencia dentro de un sistema. En el mundo
físico, un feedback positivo lleva infaliblemen-te a ese sistema a la
desintegración.
Pero en el mundo humano, como lo señaló Magoroh Maruyama, el feedback
positivo, al desintegrar antiguas estructuras anquilosadas, puede suscitar la
aparición de fuerzas de transformación y regenera-ción. La metamorfosis de la
oruga en mariposa nos ofrece una metá-fora interesante: cuando la oruga entra
en el capullo, lleva a cabo la autodestrucción de su organismo de oruga y este
proceso es al mismo tiempo el de formación del organismo de mariposa, que será
a la vez igual y distinto de la oruga. Eso es la metamorfosis.
La metamorfosis de la mariposa está organizada previamente. La
metamorfosis de las sociedades humanas en una sociedad—mundo es aleatoria,
incierta y está sujeta a los peligros mortales que no obstan-te le son
necesarios. Por eso la humanidad puede llegar a naufragar en el momento de dar
a luz su futuro.
Sin embargo, así como nuestro organismo contiene cepas celula-res no
diferenciadas capaces, como las células embrionarias, de crear todos los
distintos órganos de nuestro ser, del mismo modo la huma-nidad posee las
virtudes genéricas que permiten las nuevas creacio-nes; si bien es cierto que
estás virtudes están adormecidas, inhibidas bajo las especializaciones y las
rigideces de nuestras sociedades, las crisis generalizadas que las sacuden y
sacuden al planeta podrían suscitar la metamorfosis que se ha vuelto vital. Por
eso es necesario pasar por la desesperanza para recuperar la esperanza. Ω

No hay comentarios:
Publicar un comentario