© Libro N° 13832. De La
Dictadura A La Democracia. Un Sistema Conceptual Para La Liberación. Sharp, Gene. Emancipación.
Mayo 17 de 2025
Título Original: © DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA. Un
Sistema Conceptual para la Liberación. Gene Sharp
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Original: © De La Dictadura A La
Democracia. Un Sistema Conceptual Para La Liberación. Gene Sharp
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Miranda
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DE LA DICTADURA
A LA
DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para
la Liberación
Gene Sharp
DE LA
DICTADURA
A LA
DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la
Liberación
por
Gene Sharp
Traducción al
Español por
Caridad Inda
La Institución
Albert Einstein
La Misión del
Instituto Albert Einstein
La misión del
Instituto Albert Einstein es promover a nivel mundial el estudio y uso
estratégico de la acción noviolenta en casos de conflicto. La Institución se
compromete a:
• Defender libertades
e instituciones democráticas
• Oponerse a la
opresión, las dictaduras y el genocidio, y
• Reducir la
dependencia en la violencia como herramienta politica
Para lograr estos fines se procederá
de tres maneras:
• Fomentando
investigaciones y estudios sobre los métodos de acción noviolenta y su uso en
diferentes conflictos en el pasado,
• Compartiendo los
resultados de estos estudios con el público por medio de publicaciones,
conferencias, medios de comunicación masiva, etc.
• Asesorando a grupos
en conflicto sobre el potencial estratégico de la acción noviolenta.
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, MA 02115-1802, USA
DE LA DICTADURA
A LA DEMOCRACIA
Un Sistema
Conceptual para la Liberación
DE LA
DICTADURA
A LA
DEMOCRACIA
Un Sistema Conceptual para la
Liberación
por
Gene Sharp
Traducción al
Español por
Caridad Inda
La Institución
Albert Einstein
Todo el material
que aparece en esta
publicación es del dominio público y
se puede reproducir
sin el permiso de
Gene Sharp.
Se agradece mención
de la fuente.
Primera impresión,
diciembre 2003
De la Dictadura a
la Democracia se publicó primero en Bangkok en 1993 por el Comité para la
Restauración de la Democracia en Birmania conjuntamente con Khit Pyaing (El
Periódico de la Nueva Era). Desde entonces se ha traducido
a más de ocho idiomas y se ha publicado en Serbia, Indonesia y Tailandia, entre
otros países.
Impreso en los
Estados Unidos de América
Impreso en papel
reciclado.
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Web site:
www.aeinstein.org
ISBN 1-880813-13-0
De la Dictadura a
la Democracia v
CONTENIDO
|
PREFACIO |
VII |
|
UNO |
|
|
ENFRENTANDO LA REALIDAD DE LAS DICTADURAS |
1 |
|
Un problema que continúa |
2 |
|
¿A la libertad mediante la
violencia? |
4 |
|
¿Golpes de estado, elecciones,
salvadores |
|
|
del extranjero? |
5 |
|
Encarando la dura verdad |
8 |
|
DOS |
|
|
LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES |
9 |
|
Ventajas y limitaciones de las
negociaciones |
10 |
|
¿Rendición negociada? |
10 |
|
El poder y la justicia en las
negociaciones |
12 |
|
Dictadores "agradables" |
13 |
|
¿Qué clase de paz? |
14 |
|
Razones para la esperanza |
14 |
|
TRES |
|
|
¿DE DÓNDE VIENE EL PODER? |
17 |
|
La fábula del "Amo de los
Monos" |
17 |
|
Las recursos que necesita el poder
político |
18 |
|
Centros del poder democrático |
22 |
|
CUATRO |
|
|
LAS DICTADURAS TIENEN PUNTOS DÉBILES |
25 |
|
Identificando el "talón de
Aquiles" |
25 |
|
Puntos débiles de las dictaduras |
26 |
|
Atacando las debilidades de las
dictaduras |
28 |
|
CINCO |
|
|
EJERCIENDO EL PODER |
29 |
|
La dinámica de la lucha noviolenta |
30 |
|
Las armas y la disciplina
noviolentas |
30 |
|
Franqueza, clandestinidad y
comportamiento |
|
|
intachable |
34 |
|
Cambios en las relaciones de poder |
35 |
|
Cuatro mecanismos del cambio |
35 |
|
Efectos democratizadores del
desafío político |
37 |
|
La complejidad de la lucha
noviolenta |
39 |
|
SEIS |
|
|
NECESIDAD DE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA |
41 |
|
Planificación realista |
42 |
|
Obstáculos a la planificación |
43 |
|
Cuatro términos importantes en la
planificación |
|
|
estratégica |
45 |
|
SIETE |
|
|
PLANIFICANDO LA ESTRATEGIA |
49 |
|
Escogiendo los medios |
50 |
|
Planificando para la democracia |
51 |
|
Ayuda del exterior |
52 |
|
Formulando una gran estrategia |
53 |
|
Planificando las estrategias de
campaña |
55 |
|
Difundiendo la idea de la
nocooperación |
58 |
|
La represión y las contramedidas |
59 |
|
Adhiriéndose al plan estratégico |
60 |
|
OCHO |
|
|
APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO |
61 |
|
Resistencia selectiva |
61 |
|
El reto simbólico |
62 |
|
Distribuyendo la responsabilidad |
64 |
|
Apuntando hacia el poder de los
dictadores |
64 |
|
Cambios en la estrategia |
67 |
|
vii |
|
|
NUEVE |
|
|
DESINTEGRANDO LA DICTADURA |
69 |
|
La escalada de la liberatad |
71 |
|
Desintegrando la dictadura |
72 |
|
Manejando el triunfo
responsablemente |
73 |
|
DIEZ |
|
|
TRABAJO PRELIMINAR PARA
UNA DEMOCRACIA DURADERA |
77 |
|
Amenaza de una nueva dictadura |
78 |
|
Cerrándoles el paso a los golpes de
estado |
78 |
|
Redactando una constitución |
79 |
|
Una política democrática de defensa |
80 |
|
Una responsabilidad meritoria |
81 |
|
APÉNDICE |
|
|
LOS MÉTODOS DE LA
ACCIÓN NOVIOLENTA |
83 |
|
UNAS PALABRAS ACERCA DE TRADUCCIONES |
93 |
|
Y REIMPRESIONES DE
ESTA PUBLICACIÓN |
|
vii
Una de mis mayores
inquietudes durante muchos años ha sido cómo podría la gente evitar que una
dictadura se estableciera y cómo destruirla. Esto se ha nutrido en parte por la
convicción de que los seres humanos no deben ser ni dominados ni destruidos por
semejantes regímenes. Esta creencia se ha fortalecido con lecturas sobre la
importancia de la libertad humana y la naturaleza de las dictaduras (desde
Aristóteles hasta los analistas del totalitarismo) y la historia de las
dictaduras (especialmente en los sistemas nazi y comunista).
A través de los
años, he tenido la oportunidad de conocer per-sonas que vivieron y padecieron
bajo el régimen nazi, algunos in-clusive que sobrevivieron los campos de
concentración. En Noruega, encontré algunos que habían trabajado en la
resistencia al régimen fascista y que habían sobrevivido, y oí hablar de los
que habían perecido. Hablé con judíos que se habían escapado de las garras de
los nazis y con personas que habían ayudado a éstos a salvarse.
Sobre el terror en
los regímenes comunistas de los diversos países he sabido más por libros que
por contactos personales. El terror en estos sistemas me ha parecido más agudo,
ya que estos regímenes se impusieron en nombre de liberación de la opresión y de
la explotación.
En décadas más
recientes, la realidad acerca de las dictaduras de hoy se me ha hecho más
patente por la visita de personas que vienen de países gobernados por
dictaduras, tales como Panamá, Polonia, Chile, el Tíbet o Birmania. De los
tibetanos que pelearon contra la agresión del régimen comunista chino, de los
rusos que en agosto de 1991 le cerraron el paso al golpe de estado de línea
dura, o de los trabajadores tailandeses que con prácticas noviolentas
impidieron el retorno del régimen militar, he ido adquiriendo puntos de vista
perturbadores sobre la pérfida naturaleza de las dictaduras.
Mi sentimiento de
tribulación y ultraje frente a la bestialidad impuesta, así como mi admiración
ante el sereno heroísmo de hombres y mujeres increíblemente valientes, a veces
se fortaleció cuando visité lugares donde el peligro aún era muy grande y, a pesar
de ello, el valor de la gente se empeñaba en desafiarlo. Esto ocurría en el
Panamá de Noriega, en Vilnius, Lituania, bajo la continua represión soviética;
en Beijing, en la plaza de Tiananmen, tanto du-rante la manifestación festiva
por la libertad como cuando los transportes del primer contingente armado
entraron en la noche fa-tal; y en los cuarteles de la oposición democrática, en
Manerplaw, en la "Birmania liberada".
En ocasiones visité
el lugar de los caídos, tales como la torre de televisión y el cementerio de
Vilnius, el parque público en Riga donde la población había sido ametrallada,
el centro de Ferrara, al norte de Italia, donde los fascistas pararon en fila a
los de la resistencia y los fusilaron, y hasta un sencillo cementerio en
Manerplaw repleto de cadáveres de los que habían muerto aún demasiado jóvenes.
Es triste advertir cómo cada dictadura deja tras de sí una larga secuela de
muerte y destrucción.
De estas
experiencias y consideraciones me fue creciendo una esperanza muy firme de que
sí podía impedirse el establecimiento de las dictaduras, que se podía llevar a
cabo una lucha victoriosa contra ellas sin provocar una carnicería masiva, que
sí se podían destruir las dictaduras y evitar que surgieran otras nuevas de sus
propias cenizas.
He tratado de
pensar minuciosamente acerca de los métodos más efectivos para desintegrarlas
con éxito y con el menor costo posible en vidas y sufrimientos. Para ello he
repasado mis estudios de muchos años sobre las dictaduras, los movimientos de
resistencia, las revoluciones, el pensamiento político, los sistemas de
gobierno y, especialmente, sobre la auténtica lucha noviolenta.
El resultado de
todo eso es esta publicación. Estoy seguro que dista mucho de ser perfecta.
Pero quizás ofrece alguna orientación que apoye tanto el pensamiento como la
planificación tendientes a producir movimientos de liberación que resulten más
poderosos y eficaces de lo que serían de haber sido otro el caso.
Tanto por necesidad
como por opción libre, este ensayo enfoca el problema genérico de cómo destruir
una dictadura y cómo impedir el surgimiento de una nueva. No puedo realizar un
análisis detallado y dar una recomendación precisa en cuanto a un país determinado.
Sin embargo, espero que este análisis genérico sea útil a los pueblos que,
desafortunadamente, todavía en demasiados lugares tienen que enfrentarse con
las realidades de un régimen dictatorial. Necesitarán examinar la validez de
este texto en cuanto a su situación específica y determinar hasta qué punto las
principales recomendaciones son aplicables, o si puede hacerse que lo sean,
para su lucha de liberación.
He incurrido en
varias deudas de gratitud durante la redacción de este ensayo. Bruce Jenkins,
mi ayudante especial, ha hecho una contribución inestimable al identificar los
problemas en cuanto a su contenido y presentación, y, mediante sus agudas
sugerencias, en cuanto a una exposición más clara y rigurosa de las ideas más
difíciles (en especial en lo tocante a estrategia), a la reorganización
estructural del texto y al mejoramiento de la edición. Estoy también muy
agradecido a Stephen Cody por su asistencia editorial. El Dr. Chris-topher
Kruegler y el Sr. Robert Helvey me brindaron su importante crítica y consejo.
Las Dras. Hazel McFerson y Patricia Parkman me suministraron información sobre
las luchas en Africa y América Latina respectivamente. Aunque este trabajo se
ha beneficiado por un tan noble y generoso apoyo, únicamente yo soy responsable
del análisis y las conclusiones que contiene.
En ningún lugar de
este trabajo asumo que el desafío contra los dictadores será una empresa fácil
y poco costosa. Todas las formas de lucha tienen sus complicaciones y costos.
El combate contra los dictadores por supuesto causará bajas. Sin embargo, espero
que este análisis estimulará a los líderes de la resistencia a considerar
estrategias que puedan incrementar su poder efectivo y al mismo tiempo reducir
el nivel relativo de bajas.
Tampoco se
interprete este análisis como que cuando se acabe con una dictadura específica
todos los demás problemas habrán desaparecido. La caída de un régimen no trae
por consecuencia una utopía. Más bien abre el camino a un trabajo ingente y a
esfuerzos denodados a fin de construir unas relaciones políticas, económicas y
sociales más justas y erradicar otras formas de injusticia y opresión. Es mi
esperanza que este breve examen de cómo puede desintegrarse una dictadura sea
útil en cualquier lugar donde la gente vive dominada y desea ser libre.
Gene Sharp
6 de octubre de
1993
The Albert Einstein Institution
427 Newbury Street
Boston, Massachusetts, 02115
USA
ENFRENTANDO LA REALIDAD DE LAS DICTADURAS
En años recientes,
diversas dictaduras—de origen tanto interno como externo—han caído o se han
tambaleado cuando se les ha enfrentado una población desafiante y movilizada.
Aunque a menudo se las ve como firmemente afianzadas e inexpugnables, algunas
de estas dictaduras demostraron ser incapaces de soportar el desafío concertado
del pueblo en lo político, lo económico y lo social.
A partir de 1980,
las dictaduras han caído ante un desafío predominantemente noviolento del
pueblo en Estonia, Latvia y Lituania, Polonia, Alemania Oriental,
Checoslovaquia y Eslovenia, Madagascar, Mali, Bolivia y las Filipinas. La
resistencia noviolenta ha hecho avanzar el movimiento por la democratización en
Nepal, Zambia, Corea del Sur, Chile, Argentina, Haití, Brasil, Uruguay, Malawi,
Tailandia, Bulgaria, Hungría, Zaire, Nigeria y en varias partes de la antigua
Unión Soviética (llegando a jugar un papel significativo en la derrota del
intento de golpe de estado de línea dura de agosto de 1991).
Mas aún, el desafío
político masivo1 se ha hecho presente en China, Birmania y el Tíbet en años
recientes. Aún cuando estas luchas no han destruido a las dictaduras ni le han
puesto fin a la ocupación territorial impuesta, sí han puesto al descubierto
ante la comunidad mundial la naturaleza brutal de esos regímenes represivos, y
han
1El término
"desafío político masivo", que se usa en este contexto, lo introdujo
Ro-bert Helvey. El "desafío político" es una confrontación noviolenta
(protesta, nocolaboración e intervención) que se lleva a cabo de manera
desafiante y activa, con fines políticos. El término se originó en respuesta a
la confusión y distorsión creadas cuando se daban por iguales la 'lucha
noviolenta' con el "pacifismo" o la 'noviolencia reIigiosa'. La
palabra "desafío" denota una deliberada provocación a la autoridad
mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión. El término
'desafío político' describe el entorno en el cual se emplea la acción
(político), así como el objetivo (eI poder político). Se usa principalmente
para describir la acción realizada por la población para retomar de manos de la
dictadura el control de las instituciones gubernamentales mediante el constante
ataque a las fuentes de poder y el uso deliberado de la planificación
estratégica y de las operaciones para alcanzarlo. En este sentido,
"desafío político", "resistencia noviolenta" y "lucha
noviolenta" se usarán aquí como sinónimos intercambiables, aunque los dos
últimos términos, por lo general, se refieren a las luchas que persiguen una
gama más amplia de objetivos (sociales, económicos, sicológicos, etc.).
aportado a la
población una valiosa experiencia en cuanto a esta forma de lucha.
El derrumbamiento
de las dictaduras en los países antes mencionados ciertamente no erradicó todos
los problemas de esas sociedades—pobreza, criminalidad, ineficiencia
burocrática, destrucción del medio ambiente—que han sido frecuentemente la
herencia de aquellos regímenes brutales. No obstante, la caída de esas
dictaduras ha reducido, aunque poquísimo, mucho del sufrimiento de las víctimas
de la opresión, y ha abierto el camino para la reconstrucción de esas
sociedades con una mayor democracia política, más libertades personales y
justicia social.
Un problema que continúa
Ha habido, en
verdad, una tendencia hacia una mayor demo-cratización y libertad en el mundo
durante las últimas décadas. Según "Freedom House", que compila un
expediente anual sobre el estatus de los derechos políticos y las libertades
civiles, el número de países en todo el mundo clasificados "libres"
ha crecido de manera significativa en los últimos diez años.2
|
1983 |
Libres |
Parcialmente
Libres |
No Libres |
|
55 |
76 |
64 |
|
|
1993 |
75 |
73 |
38 |
Sin embargo, esta
tendencia positiva se halla atenuada porque hay un gran número de pueblos que
aún viven bajo condiciones de tiranía. Hasta enero de 1993, el 31% de la
población del mundo, de 5.45 billones, vivía en países y territorios
calificados como "no libres"3; esto es, en lugares donde los
derechos políticos y las libertades civiles están en extremo restringidos. Los
38 países y 12 territorios incluidos en la categoría de "no libres"
están gobernados por una serie de dictaduras militares (como en Birmania y el
Sudán), monarquías tradicionales represivas (como Arabia Saudita y Bhután), por
regímenes de partido único dominante (como China, Iraq y Corea
2 Freedom
House, Freedom in the World: The Annual Survey of Political Rights and
Civil Liberties, 1992-1993 (La Libertad en el Mundo: un informe anual
sobre los derechos políticos y las libertades civiles,1992-1993),
p. 66 (Las cifras de 1993 son hasta enero del mismo). Ver páginas 79-80 para
una descripción de las categorías "libre", "parcialmente
libre" y "no libre" de Freedom House.
3 Freedom
House, Freedom in the World,(La Libertad en el Mundo), p. 4.
|
3 |
del Norte), bajo
una ocupación extranjera (como Tíbet o Timor Oriental), o en un estado de
transición.
Muchos países se
hallan hoy en un estado de cambio rápido en lo económico, político y social.
Aunque el número de países "libres" ha aumentado en los últimos diez
años, existe un gran riesgo de que muchas naciones, al enfrentar cambios
fundamentales tan rápidamente, se desplazarán en dirección opuesta, y acabarán
experimentando nuevas formas de dictadura. Las camarillas militares, los
individuos más ambiciosos, los funcionarios electos y los partidos políticos
doctrinales, repetidamente buscarán cómo imponerse. Los golpes de estado
seguirán estando a la orden del día. Los derechos humanos y políticos básicos
les serán negados a un gran número de personas.
Desafortunadamente,
el pasado aún está con nosotros. El problema de las dictaduras es profundo. En
muchos países el pueblo ha vivido experiencias de décadas y hasta siglos de
opresión, ora doméstica ora de origen extranjero. Con frecuencia se les ha inculcado
insistentemente la sumisión incondicional a las figuras y gobernantes que
detentan la autoridad. En casos extremos, las instituciones sociales,
económicas, políticas y hasta religiosas de la sociedad—aquellas fuera del
control estatal—han sido deliberadamente debilitadas, subordinadas o aún
reemplazadas por otras nuevas, y regimentadas. El estado o el partido dominante
las usa para dominar a la sociedad. A menudo la población ha sido atomizada
(convertida en una masa de individuos aislados), incapaces de trabajar juntos
para conseguir su libertad, de confiar los unos en los otros y hasta de hacer
algo por su propia iniciativa.
El resultado es
predecible: la población se ha vuelto débil, carece de confianza en sí misma y
es incapaz de ofrecer resistencia alguna. Las personas por lo general están
demasiado asustadas para compartir su odio por la dictadura y su hambre de
libertad ni aún con su familia y amigos. Están, con frecuencia, demasiado
aterrorizadas para pensar en serio en la resistencia popular. De cualquier
manera, ¿de qué iba a servir? En vez de esto asumen el sufrimiento sin objetivo
y un futuro sin esperanza.
Las condiciones
bajo las dictaduras contemporáneas pueden ser peores que antes. En el pasado,
algunas personas pueden haber tratado de resistir. Quizá hubo breves
manifestaciones y protestas masivas. Quizá los ánimos se levantaron
temporalmente. En otras
ocasiones,
individuos y pequeños grupos pueden haber hecho valientes pero impotentes
demostraciones, afirmando algún principio o simplemente su desafío. Por muy
nobles que hayan sido los motivos, estos actos de resistencia pasados
frecuentemente han sido insuficientes para vencer el miedo de la gente y su
habitual obediencia, condición esencial para destruir una dictadura. Esas
acciones, lamentablemente, pueden en cambio haber causado solamente más
sufrimiento y muerte, no una victoria, ni aún una esperanza.
¿A la libertad por la violencia?
¿Qué ha de hacerse
en semejantes circunstancias? Las posibilidades más evidentes parecen inútiles.
Los dictadores generalmente hacen caso omiso de las barreras constitucionales y
legales, las decisiones judiciales y la opinión pública. Reaccionando a las
brutalidades, la tortura, las desapariciones, las muertes, se entiende que todo
esto ha hecho pensar al pueblo que sólo por la violencia se puede acabar con
una dictadura. Las airadas víctimas a veces se han organizado para combatir a
los brutales dictadores, con el poco poder militar y violencia que hayan podido
reunir, y a pesar de tenerlo todo en con-tra. Esta gente, por lo general, ha
peleado valientemente, pagando un alto precio en sufrimientos y vidas. Sus
logros a veces han sido considerables, pero casi nunca han obtenido la
libertad. Las rebeliones violentas desencadenan violentas represiones que con
frecuencia dejan a la población más indefensa que antes.
Sin embargo,
cualesquiera que sean los méritos de la opción por la violencia, un punto está
claro. Al depositar la confianza en los medios violentos, se ha
escogido precisamente el modo de lucha en el cual los opresores casi siempre
tienen la superioridad. Los dictadores pueden aplicar la violencia
irresistiblemente. No importa cuánto más o cuánto menos
estos demócratas puedan aguantar, a fin de cuentas uno generalmente no se puede
escapar de las duras realidades militares. Los dictadores casi siempre disponen
de la superioridad militar, en cuanto a calidad de armamentos, pertrechos,
transportes y tamaño de las fuerzas armadas. A pesar de su valentía, los
demócratas no pueden emparejárseles (casi) nunca. Cuando se reconoce que la
rebelión militar no es viable, algunos disidentes se inclinan por la guerra de
guerrillas. No obstante, sólo muy raramente, si es que
|
5 |
alguna vez, la
guerra de guerrillas beneficia a la población oprimida o le abre paso a una
democracia. La guerra de guerrillas no es ninguna solución evidente,
especialmente por la inmensa cantidad de bajas que suelen producirse entre la
gente. Esta técnica de lucha no ofrece ninguna garantía frente a la posibilidad
del fracaso, a pesar de apoyarse en la teoría y el análisis estratégicos, y de
que a veces recibe respaldo internacional. Las luchas guerrilleras por lo
general duran mucho. Con frecuencia el gobierno en el poder reubica a la
población, con la secuela de inmensos sufrimientos humanos y trastorno social
que esto conlleva.
Aún cuando resulte
victoriosa, la lucha de guerrillas tiene, a largo plazo, considerables
consecuencias negativas en lo estructural. De entrada, el régimen atacado se
hace más dictatorial como resultado de sus contramedidas. Si en definitiva gana
la guerrilla, el nuevo régimen que de ella provenga es con frecuencia más
dicta-torial que el anterior, debido al impacto centralizador de las fuerzas
militares al expandirse, y por el debilitamiento o la destrucción du-rante la
lucha de los grupos e instituciones independientes de la sociedad--cuerpos
éstos que son vitales para establecer y mantener después una sociedad
democrática. Los que se opongan a las dictaduras deben buscar otra opción.
¿Golpes de estado, elecciones,
salvadores extranjeros?
Un golpe militar
contra una dictadura puede parecer, relativamente hablando, una de las maneras
más rápidas y fáciles de quitarse de encima un régimen particularmente
repugnante. Sin embargo, existen serios problemas con respecto a esta técnica.
Lo más importante es que deja intacta la distribución negativa del poder entre
la población y la élite de control del gobierno y sus fuerzas armadas. Lo más
probable es que la supresión de personas o camarillas de las posiciones del
gobierno, dé pie para que otro grupo semejante ocupe su lugar. Teóricamente
este grupo puede ser menos duro en su comportamiento, y más dispuesto a abrirse
de manera limitada a las reformas democráticas. Sin embargo, el caso opuesto es
lo más probable.
Después de
consolidar su posición, la nueva camarilla puede resultar más despiadada y más
ambiciosa que la anterior. Por lo tanto, la nueva camarilla—sobre la que quizá
se habían fincado las
esperanzas—podrá
hacer lo que quiera sin preocuparse de la democracia o los derechos humanos.
Esta no es una respuesta satisfactoria al problema de la dictadura.
Bajo una dictadura
las elecciones no se pueden usar como instrumento para un cambio político
significativo. Algunos regímenes dictatoriales, tales como los del antiguo
bloque oriental dominado por la Unión Soviética, simularon elecciones sólo con
el propósito de aparentar ser democráticos. Pero estas elecciones eran simples
plebiscitos rigurosamente controlados, para obtener la aprobación pública de
los candidatos escogidos por los dictadores. Éstos, de cuando en cuando, debido
a la presión a que están sometidos, podrían tal vez aceptar nuevas elecciones,
pero éstas estarían manipuladas para colocar marionetas civiles en los puestos
de gobierno. Si a los candidatos de la oposición se les hubiera permitido
concurrir a las elecciones, y hubieran sido electos como ocurrió en Birmania en
1990, o en Nigeria en 1993, los resultados habrían sido simplemente ignorados y
los supuestos "vencedores" habrían estado sujetos a intimidación,
arrestados o hasta ejecutados. Los dictadores no están interesados en unas
elecciones que puedan apartarlos de su trono.
Muchas personas que
actualmente están padeciendo bajo una dictadura, o que han tenido que exilarse
para escapar de sus garras, no creen que los oprimidos puedan liberarse por sí
mismos. Ellos no esperan que su pueblo pueda ser liberado sino por la acción de
otros. Ponen su confianza en las fuerzas extranjeras. Creen que sólo una ayuda
internacional puede ser lo bastante fuerte como para derribar a los dictadores.
Esa visión de que
los oprimidos son incapaces de actuar eficazmente es algunas veces correcta por
tiempo limitado. Como hemos apuntado, con frecuencia la población sometida no
quiere la lucha, y está temporalmente incapacitada para ella, porque no tiene confianza
en su propia capacidad de enfrentar la dictadura feroz, y no ve una manera
razonable de salvarse por su propio esfuerzo. En consecuencia, no es extraño
que confíe sus esperanzas de liberación a la acción de otros. Las fuerzas
externas pueden ser: la "opinión publica", las Naciones Unidas, un
país en particular o sanciones internacionales económicas y políticas.
Una situación así
puede parecer consoladora, pero existen graves problemas en cuanto a la
confianza depositada en un salvador
|
7 |
foráneo. Esa
confianza puede estar puesta en un factor totalmente errado. Por lo general, no
van a llegar salvadores extranjeros. Si interviene otro estado, probablemente
no deba confiarse en él.
Hay unas cuantas
ásperas realidades con respecto a esa confianza en la intervención extranjera
que habría que destacar aquí.
• Con frecuencia los
estados extranjeros tolerarán, o ayudarán in-clusive, a la dictadura a fin de
avanzar sus propios intereses económicos o políticos.
• Los estados
extranjeros podrían estar dispuestos a vender al pueblo oprimido a cambio de
otros objetivos, en lugar de mantener las promesas que le hicieran de ayudarlo
en su liberación.
• Algunos estados
extranjeros actuarán contra la dictadura, pero sólo a fin de ganar para sí
mismos el control económico, político y militar del país.
• Los estados
extranjeros podrían involucrarse activamente para fines positivos sólo cuando
hubiere un movimiento interno que ya haya comenzado a sacudir la dictadura y
logrado que la atención internacional se enfoque sobre la índole brutal del
gobierno.
Por lo general, la
causa principal que explica la existencia de las dictaduras es la distribución
interna del poder que existe en el país. La población y la sociedad son
demasiado débiles para causarle un problema a la dictadura; la riqueza y el
poder están concentrados en muy pocas manos. Aunque las acciones
internacionales pueden beneficiar, o de alguna manera debilitar a las
dictaduras, la continuación de éstas depende primordialmente de factores
internos.
Sin embargo, las
presiones internacionales pueden ser muy útiles cuando apoyan un poderoso
movimiento de resistencia interna. Entonces, por ejemplo, el boicot económico
internacional, los embargos, la ruptura de relaciones diplomáticas, la
expulsión del gobierno de organizaciones internacionales, la condena del mismo
por alguno de los cuerpos de las Naciones Unidas y otros pasos semejantes,
pueden contribuir grandemente. A pesar de todo,si no existe un fuerte
movimiento de resistencia interna, tales acciones por parte de otros es poco
probable que se den.
Encarando la dura verdad
La conclusión es
dura. Cuando se quiere echar abajo una dictadura con la mayor efectividad y al
menor costo, hay que emprender estas cuatro tareas:
• Se debe fortalecer
a la población oprimida en su determinación de luchar, en la confianza en sí
misma y en sus aptitudes para resistir;
• Se debe fortalecer
a los grupos sociales e instituciones independientes del pueblo oprimido;
• Se debe crear una
poderosa fuerza de resistencia interna; y
• Se debe desarrollar
un amplio y concienzudo plan estratégico global para la liberación, y
ejecutarlo con destreza.
Una lucha de
liberación es un tiempo en que el grupo que lucha adquiere confianza en sí
mismo y se fortalece internamente. Charles Stewart Parnell, durante la campaña
de huelga de los rentatarios en Irlanda, 1879—1880, dijo:
No vale la pena confiar en el
gobierno... Debéis confiar sólo en
vuestra propia determinación...
Ayudaos a vosotros mismos apoyándoos
los unos a los otros… Fortaleced a
los más débiles de entre vosotros...
Agrupaos y organizaos... y
ganaréis...
Cuando hayais madurado las
condiciones para que este asunto se resuelva, entonces—y nunca antes de ese
momento—se resolverá.4
Confrontada con una
fuerza firme y confiada en sí misma, con una estrategia concienzuda y de
genuina solidez, la dictadura eventualmente se desmoronará. Estos cuatro
requisitos tendrán que ser de algún modo satisfechos siquiera en un mínimo
nivel.
Como lo indican
estos argumentos, el liberarse de las dictaduras, en última instancia, depende
de la capacidad que la gente tenga de liberarse a sí misma. Los casos antes
mencionados en que el desafío político—o la lucha noviolenta con fines
políticos—ha tenido éxito, sugieren que sí existen los medios para que la
población se libere a sí misma, pero esta opción no se ha ejercido plenamente.
Examinaremos en detalle esta alternativa en los próximos capítulos. Pero antes
debemos contemplar el tema de las negociaciones como medio para desmantelar las
dictaduras.
4 Patrick Sarsfield
O'Hegarty, A History of Ireland Under the Union, 1880-1922 (Una
Historia de Irlanda Bajo la Unión, 1880-1922) London: Methuen, 1952), pp.
490-491.
LOS PELIGROS DE LAS NEGOCIACIONES
Algunas personas,
cuando tienen que enfrentarse a los severos problemas de combatir una
dictadura, se echan para atrás, y caen en una sumisión pasiva (como lo vimos en
el Capítulo Uno). Otras, como no ven posibilidad alguna de alcanzar la
democracia, pueden llegar a la conclusión de que deben buscar un arreglo con la
dictadura, con la esperanza de que mediante la "conciliación", el
"compromiso" y las "negociaciones", podrán atraer a algunos
elementos positivos y acabar con las brutalidades. Superficialmente, por
carencia de opciones más realistas, esta manera de pensar es atrayente.
Una pelea seria
contra las dictaduras brutales no es una perspectiva agradable. ¿Por qué hay
que recorrer ese camino? ¿No pueden todos ser razonables y encontrar maneras de
hablar, de negociar la forma de terminar gradualmente con la dictadura? ¿No
pueden los demócratas apelar al sentido común y de humanidad de los dictadores,
y convencerlos de que deben reducir su dominio poco a poco, y quizás finalmente
ceder por completo para que se establezca una democracia?
A veces se
argumenta que la verdad no está toda de un lado. Quién sabe si los demócratas
no han comprendido a los dictadores, que acaso obraron con buenas intenciones y
en circunstancias difíciles. Quizá algunos piensen que los dictadores
gustosamente se separarían de la difícil situación que vive el país, si se les
estimulara o se les tentara a ello. Podría argumentarse que a los dictadores se
les debería ofrecer una solución por medio de la cual todo el mundo saliera
ganando. Los riesgos y dolores de proseguir la lucha podrían ser
innecesarios—se puede argumentar—si la oposición democrática sólo desea
terminar el conflicto pacíficamente por medio de negociaciones (que podrían
quizás contar con la ayuda de algunos especialistas o hasta de otro gobierno). ¿No
sería eso preferible a una lucha difícil, aún cuando fuera una campaña dirigida
por la lógica de la acción noviolenta y no la de una guerra militar?
9
Ventajas y limitaciones de las
negociaciones
Las negociaciones
son un instrumento muy útil para resolver algunos conflictos, y no deben
desdeñarse o rechazarse cuando son apropiadas.
En algunas
situaciones, cuando ningún asunto fundamental está en juego y, por
consiguiente, es aceptable el compromiso, las negociaciones pueden ser un medio
importante para zanjar un conflicto. Una huelga laboral en demanda de mayores
salarios es un buen ejemplo del papel apropiado de las negociaciones en un
conflicto: un acuerdo negociado puede conseguir un aumento promediado en-tre
las cantidades originalmente propuestas por cada una de las partes
contendientes. Los conflictos laborales, con sindicatos legalmente
establecidos, son, sin embargo, algo muy diferente de los problemas en los
cuales están en juego la existencia permanente de una dictadura cruel o el
establecimiento de la libertad política.
Cuando los asuntos
por resolver son fundamentales porque afectan principios religiosos, problemas
de la libertad humana o todo el desarrollo futuro de la sociedad, las
negociaciones no llevan a una solución satisfactoria para ambas partes. En
algunos asuntos básicos no se debe transigir. Sólo un cambio en la correlación
de fuerzas a favor de los demócratas puede salvaguardar adecuadamente los
asuntos básicos que están a discusión. Ese cambio ocurre a través de una lucha,
no mediante negociaciones. Esto no quiere decir que las negociaciones no deban
usarse nunca. El hecho es que tales negociaciones no son un modo realista de
librarse de una férrea dictadura cuando no existe una poderosa oposición
democrática.
Por supuesto que
hay circunstancias en que las negociaciones pueden no ser una opción. Los
dictadores firmemente establecidos, que se sienten muy seguros de su posición,
pueden negarse a negociar con sus opositores democráticos. 0 bien, cuando ya se
hayan iniciado las negociaciones, los negociadores democráticos pueden
desaparecer y no regresar.
¿Rendición negociada?
Los individuos o
grupos que se oponen a una dictadura y se inclinan a las negociaciones, a
menudo tienen buenos motivos para hacerlo. En especial, cuando una lucha armada
ha continuado durante varios años contra una dictadura brutal sin una victoria
final, es lógico que
|
11 |
todas las personas,
sin importar su filiación política, deseen la paz. Es probable que los
demócratas estén especialmente dispuestos a negociar cuando los dictadores
evidentemente tienen la superioridad militar y cuando la destrucción, las
víctimas y los perjuicios sufridos entre aquéllos ya no pueden soportarse más.
Habrá entonces una fuerte tentación de explorar cualquier otra opción que pueda
rescatar al menos algunos de los objetivos de los demócratas, a la vez que pone
fin a un ciclo de violencia y contraviolencia.
La oferta de
"paz" mediante negociaciones que un dictador le haga a la oposición
democrática por supuesto no es del todo sincera. La violencia podría ser
inmediatamente terminada por los propios dictadores si tan sólo éstos dejaran
de hacer la guerra contra su propio pueblo. Bien podrían, por su propia
iniciativa y sin ninguna negociación, restaurar el respeto a la dignidad y los
derechos humanos, liberar a los presos políticos, acabar con la tortura y
sus-pender las operaciones militares, retirarse del gobierno y hasta pedirle
excusas al pueblo.
Cuando la dictadura
es fuerte pero existe una resistencia irritante, puede que los dictadores
deseen lograr la rendición de la oposición bajo la cobertura de "hacer la
paz". El llamado a negociar puede parecer atractivo, pero dentro de la
sala de negociaciones acaso se esconderían graves peligros.
Por otra parte,
cuando la oposición es excepcionalmente fuerte y la dictadura se encuentra de
veras amenazada, los dictadores pueden buscar la negociación como una manera de
salvar lo más posible de su capacidad de control o de sus riquezas. En ninguno
de estos casos deben los demócratas ayudar a los dictadores a lograr sus metas.
Los demócratas
deben desconfiar de las trampas que los dictadores les pueden tender con pleno
conocimiento de causa du-rante un proceso de negociación. El llamado a
negociar, cuando se trata de cuestiones fundamentales de las libertades
políticas, puede ser un esfuerzo por parte de los dictadores para inducir a los
demócratas a rendirse pacíficamente, mientras que la violencia de la dictadura
continúa. En semejantes conflictos, las negociaciones solamente podrán jugar un
papel apropiado al final de una lucha decisiva, en la cual el poder de los
dictadores haya sido destruido y estén éstos buscando pasaje seguro para llegar
a un aeropuerto internacional.
El poder y la justicia en las
negociaciones
Si esta opinión
parece un comentario demasiado áspero sobre las negociaciones, quizá deba
moderarse un poco el romanticismo que se asocia con las mismas. Es necesario
saber cuál es la dinámica de las negociaciones.
Una
"negociación" no significa que las dos partes se sientan juntas, como
iguales, y conversan hasta resolver el problema que produjo el conflicto entre
ellas. Es necesario recordar dos verdades. Primera, que en las negociaciones no
es la relativa justicia de los puntos de vista en conflicto y sus objetivos lo
que determina el contenido del acuerdo negociado. Segunda, que el contenido de
éste lo determinará mayormente la capacidad de poder de cada parte.
Se deben considerar
varias preguntas difíciles. ¿Qué puede hacer cada una de las partes después
para conseguir sus objetivos si la otra decide no llegar a un acuerdo en la
mesa de negociaciones? ¿Qué puede hacer cada una de las partes, luego de
alcanzado el acuerdo, si la otra rompe su palabra y usa la fuerza de la que
dis-pone para conquistar sus objetivos a pesar del acuerdo?
En las
negociaciones no se llega a un acuerdo mediante una evaluación de lo bueno y lo
malo de las cuestiones sobre el tapete. Aunque sobre esto pueda discutirse
mucho, los verdaderos resultados de las negociaciones se derivan de una
evaluación realista de las situaciones de poder absoluto y relativo de los
grupos contendientes. ¿Qué pueden hacer los demócratas para asegurarse de que
un mínimo de sus reclamaciones no serán denegadas? ¿Qué pueden hacer los
dictadores para mantenerse en control del poder y neutralizar a los demócratas?
En otras palabras, si se llega a un acuerdo, lo más probable es que sea el
resultado del estimado que cada parte haga de la capacidad de poder de ambas y,
en consecuencia, calcule cómo podría terminar una lucha abierta entre las dos.
Debe prestarse
atención a lo que cada parte esté dispuesta a ceder para llegar a un acuerdo.
En negociaciones exitosas hay concesiones recíprocas. Cada parte consigue parte
de lo que quiere y cede parte de sus objetivos.
En los casos de
dictadura extrema, ¿qué es lo que las fuerzas pro-democráticas van a ceder a
los dictadores? ¿Qué objetivos de los dictadores tendrán que aceptar las
fuerzas democráticas? ¿Tendrán los demócratas que conceder a los dictadores,
(sean éstos
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13 |
un partido político
o una camarilla militar), un papel permanente, constitucionalmente establecido,
en el futuro gobierno? ¿Dónde queda la democracia entonces?
Aún pensando que
todo salga bien en las negociaciones, hace falta preguntarse: ¿qué clase de paz
saldrá de ahí? ¿Será entonces la vida mejor o peor que si los demócratas
hubieran empezado o continuado la lucha?
Dictadores "agradables"
Una variedad de
motivos y objetivos subyacen la dominación de los dictadores: poder, posición,
riqueza, la reestructuración de la sociedad y más. Uno debe recordar que
ninguno de éstos será satisfecho si abandonan sus puestos de control. En caso
de negociar, los dictadores tratarán de preservar sus objetivos.
Cualesquiera que
sean las promesas que los dictadores ofrezcan en un acuerdo negociado, uno no
debe olvidar que ellos son capaces de prometer cualquier cosa con tal de lograr
el sometimiento de las fuerzas opositoras democráticas, y después descaradamente
violar esos mismos acuerdos.
Si los demócratas
acuerdan parar la resistencia a cambio de un alivio en la represión, van a
quedar muy defraudados. Una suspensión de la resistencia muy raramente conduce
a una disminución de la represión. Cuando cesa la presión de la oposición
interna o internacional, los dictadores pueden ejercer la opresión y la
violencia aún más brutalmente que antes. El desmoronamiento de la resistencia
popular a menudo suprime la fuerza que sirve de contrapeso y que ha limitado el
control y la brutalidad de la dictadura. Entonces los tiranos pueden avanzar
contra los que quieran. "Porque el tirano tiene poder de obrar sólo donde
se carece de fuerza para resistir", dijo Krishnalal Shridharani.5
En los conflictos
donde cuestiones fundamentales están en juego, la resistencia, no las
negociaciones, es lo esencial para el cambio. En casi todos los casos, la
resistencia debe continuar hasta que los dictadores sean expulsados del poder.
El triunfo lo determina
5 Krishnalal
Shridharani, War Without Violence: A Study of Gandhi's Method and Its
Accomplishments (Guerra sin Violencia: Un Estudio en los Métodos de
Gandhi y sus Logros), (Nueva York: Harcourt, Brace, 1939, y
reimpreso en Nueva York y Londres: Garland Publishing, 1972), p. 260.
con más frecuencia,
no la negociación de un arreglo, sino el uso acertado de los métodos de
resistencia más apropiados y poderosos posibles. Estamos convencidos—y lo
exploraremos en detalle más adelante—que el desafío político o la lucha
noviolenta es el método más poderoso que pueden emplear los que luchan por la
libertad.
¿Qué clase de paz?
Si los dictadores y
los demócratas van a dialogar sobre la paz, es necesario tener ideas claras por
los peligros que ello implica. No todos los que emplean la palabra
"paz" quieren la paz con libertad y justicia. El sometimiento a una
cruel opresión y el consentimiento pasivo frente a los dictadores desalmados,
que han perpetrado atrocidades en cientos y miles de personas, no constituye
una verdadera paz. A menudo Hitler llamó a la paz, pero lo que quería era el
sometimiento a su voluntad. Por lo general, la paz de los dictadores no es sino
la de la prisión o la tumba.
Existen otros
peligros. Hay negociadores bien intencionados que a veces confunden los
objetivos de las negociaciones con el proceso de éstas. Es más, los
negociadores democráticos o los especialistas extranjeros aceptados para
asistir a los negociadores, pueden, de un solo plumazo, dotar a los dictadores
de una legitimidad doméstica e internacional que previamente se les había
negado a causa de haberse apoderado del estado, las violaciones de los derechos
humanos y las brutalidades cometidas. Sin esa legitimidad tan desesperadamente
necesitada no pueden los dictadores continuar gobernando indefinidamente. Los
representantes de la paz no deben suministrarles esa legitimidad.
Razones para la esperanza
Como dijimos antes,
los líderes de la oposición pueden sentirse forzados a negociar si creen que la
lucha democrática carece de toda esperanza. Sin embargo, ese sentimiento de
impotencia puede cambiarse. Las dictaduras no son permanentes. Los que viven bajo
una dictadura no tienen por qué permanecer siempre débiles y a los dictadores
no es necesario permitirles que sigan siendo poderosos indefinidamente. Hace
mucho tiempo Aristóteles apuntó: "La oligarquía y la tiranía son las
constituciones que duran menos."...
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15 |
"En ninguna
parte han durado mucho tiempo6." Las dictaduras modernas
también son vulnerables. Se puede agravar su debilidad y desintegrar su poder.
(En el Capítulo Cuatro examinaremos estas debilidades con más detalle).
La historia
reciente muestra la vulnerabilidad de las dictaduras, y revela que pueden
desmoronarse en un plazo relativamente corto. Se necesitaron diez años, de 1980
a 1990, para que se viniera abajo la dictadura comunista en Polonia, Alemania
Oriental y Checoslovaquia. En 1989 ocurrió ésto en semanas. En El Salvador y
Guatemala, en 1944, la lucha contra los brutales dictadores bien afianzados
duró aproximadamente dos semanas en cada lugar. El poderoso régimen militar del
Shah de Irán fue socavado en pocos meses. La dictadura de Marcos en Filipinas
cayó ante el empuje del pueblo en 1986. El gobierno de los Estados Unidos
abandonó rápidamente al Presidente Marcos cuando la fuerza de la oposición se
hizo patente. El intento de golpe de estado de línea dura en la URSS en agosto
de 1991 fue bloqueado en unos días por el desafío popular. De ahí en adelante
muchas de las naciones bajo un dominio semejante, recuperaron su independencia
en sólo días, semanas o meses.
Está claro que no
es válida la antigua idea de que los métodos violentos obran rápidamente y que
los noviolentos requieren mucho tiempo. Aunque se requiera mucho tiempo para
lograr cambios en la situación subyacente y en la sociedad, la lucha concreta
contra las dictaduras a veces ocurre con relativa rapidez por medio de la
acción noviolenta.
Las negociaciones
no son la única alternativa que hay entre una guerra continua de aniquilación
por una parte y la capitulación por la otra. Los ejemplos ya citados, así como
los apuntados en el Capítulo Uno, ilustran que existe otra opción para aquellos
que quieren tanto la paz como la libertad, y ésa es el desafío político.
6 Aristotle, The
Politics, traducción de T.A.Sinclair (Harmondsworth, Middlesex,
Inglaterra; y Baltimore, Maryland: “Penguin Books” 1976 [1962]). Libro V,
capítulo 12, pp. 231 y 232.
¿DE DÓNDE SE DERIVA EL PODER?
Conseguir la
libertad con paz, por supuesto que no es tarea fácil. Va a requerirse para ello
una gran destreza estratégica, organización y planificación. Sobre todo,
requiere poder. Los demócratas no pueden esperar derribar la dictadura y
establecer la libertad política sin la capacidad de ejercer su propio poder en
forma eficaz.
¿Pero cómo es
posible esto? ¿Qué clase de poder podrá la oposición democrática movilizar para
destruir la dictadura y su vasta red militar y policiaca? La respuesta se
encuentra en una com-prensión del poder político generalmente ignorada. Llegar
a este conocimiento intrínseco no es tarea demasiado difícil. Algunas verdades
fundamentales son muy sencillas.
La fábula del "Amo de los
Monos"
Una parábola china
del siglo XIV, atribuida a Liu Ji, por ejemplo, destaca muy bien esta
interpretación descuidada acerca del poder político:7
En el estado feudal
de Chu, un viejo vivía de tener monos a su servicio. Las gentes lo llamaban
"ju gong": el Amo de los Monos.
Todas las mañanas
el viejo reunía a todos los monos en su patio y ordenaba al más viejo que
condujera a los demás a la montaña a recoger fruta de los árboles y matas. La
regla era que cada mono tenía que darle al viejo la décima parte
7Esta historieta,
originalmente titulada "Rule by Tricks" ("Gobernar por
Tretas"), es del Yu-Li-Zi, de Liu Ji (1311-1375). La
traducción original se publicó en Nonviolent Sanctions: News from the
Albert Einstein Institution (Sanciones Noviolentas: Noticias de la
Institución Albert Einstein), (Cambridge, Mass.) Vol. IV, No. 3 (Invierno
1992-1993) p. 3.
17
de lo que
recogiera. Los que no lo hacían eran brutalmente azotados. Todos los monos
sufrían amargamente, pero no se atrevían a protestar.
Un día, un monito
les preguntó a los otros; "¿Fue el viejo quien sembró los árboles y las
matas?" Los otros le respondieron: "No; brotaron solos." El
monito les dirigió otra pregunta: "¿No podemos nosotros coger la fruta sin
permiso del viejo?" Los otros replicaron: "Sí, todos podemos
hacerlo." El monito siguió: "¿Entonces por qué tenemos que depender
del viejo? ¿Por qué tenemos que servirlo?"
Antes que el monito
hubiera terminado su discurso todos los monos de pronto se sintieron
iluminados, y despertaron.
Esa misma noche, al
observar que el viejo se había quedado dormido, los monos rompieron las
barreras del vallado donde se hallaban encerrados, y destruyeron el recinto por
completo. También se apropiaron de cuanta fruta el viejo tenía guardada y se la
llevaron al bosque, y nunca más volvieron. Al fin el viejo murió de inanición.
Yu-Li-Zi dice:
"Algunos hombres en el mundo gobiernan a su pueblo mediante tretas y no
por principios rectos. ¿No son éstos iguales al amo de los monos? La gente no
se ha dado cuenta de su embrutecimiento. Apenas se les ilumine el conocimiento,
las tretas dejarán de funcionar."
Los recursos que necesita el poder
político
El principio es
sencillo. Los dictadores requieren la ayuda de los gobernados, sin la cual no
pueden ni disponer de las fuentes de poder ni conservarlas. Entre las fuentes
del poder político se encuentran las siguientes:
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19 |
• La autoridad - la creencia
entre la gente de que el régimen es legítimo y que tiene el deber moral de
obedecerlo;
• Los recursos
humanos - la cantidad e importancia de las per-sonas y grupos que obedecen a
los gobernantes, cooperan con ellos o los apoyan;
• El conocimiento y
las destrezas - los que el régimen necesita para llevar a cabo acciones
específicas, y que le son sumi-nistrados por las personas y grupos que cooperan
con él;
• Los factores
intangibles - los factores sicológicos e ideológicos que pueden mover a la gente
a obedecer y apoyar a los gobernantes;
• Los recursos
materiales - hasta qué punto controlan los gobernantes la propiedad o tienen
acceso a ella, los recursos naturales, el sistema económico y los medios de
comunicación y transporte; y
• Las sanciones - castigos con
los que se amenaza, o que se aplican a los desobedientes o a los que no
colaboran, para asegurar su sumisión y cooperación, necesarias ambas para que
exista el régimen y para que ponga en práctica sus políticas.
Todas estas
fuentes, sin embargo, dependen de la aceptación del régimen, del sometimiento y
obediencia de la población al mismo y de la cooperación que le brindan
innumerables personas y muchas de las instituciones de la sociedad. Estas
fuentes no están garantizadas.
Una plena
cooperación, obediencia y apoyo, harán más asequibles los recursos que el poder
necesita, y, en consecuencia, fortalecerán la capacidad de obrar de cualquier
gobierno.
Por otra parte, el
negarles a los agresores y dictadores la cooperación popular e institucional
disminuye y puede anular el
acceso a las
fuentes de poder de las que dependen los gobernantes. Sin acceso a tales
recursos, el poder de los gobernantes se debilita, y finalmente se disuelve.
Naturalmente, los
dictadores son sensibles a las acciones o ideas que amenazan su capacidad de
obrar como les dé la gana. Por lo tanto, ellos están dispuestos a amenazar y
castigar a quienes los desobedezcan, les hagan huelgas o dejen de cooperar con
ellos. No obstante, aquí no acaba el cuento. Ni la represión ni cuantas
brutalidades se cometan siempre resultan en la recuperación del grado de
sumisión y cooperación que el régimen necesita para funcionar.
Si, a pesar de la
represión, se pueden restringir o recortar du-rante un tiempo suficiente los
recursos de los que depende el poder, los resultados pueden ser la
incertidumbre y la confusión dentro de la dictadura. Es probable que sobrevenga
entonces un notable debilitamiento de su poder. Con el tiempo, el quitarle los
recursos al poder producirá la parálisis y la impotencia del régimen y, en
casos muy severos, su desintegración. El poder de los dictadores se ira
muriendo, lenta o rápidamente, de inanición política.
Por lo tanto, el
grado de libertad o tiranía que existe bajo cualquier gobierno es en gran
medida un reflejo de la relativa determinación de los súbditos de ser libres ,
y de la voluntad y capacidad de éstos de ofrecer resistencia a los esfuerzos
que el gobierno haga por esclavizarlos.
Contradiciendo la
opinión popular, aún las dictaduras totalitarias dependen de la población y las
sociedades que gobiernan. Como apuntó el politólogo Karl W. Deutsch en 1953:
El poder
totalitario es fuerte sólo si no tiene que ejercerse con mucha frecuencia. Si
el poder totalitario tiene que imponerse sobre toda la población y en todo
momento, no es probable que se mantenga vigoroso por mucho tiempo. Como los
regímenes totalitarios requieren más poder que cualquier otro tipo de gobierno
para relacionarse con sus gobernados, tienen una necesidad mayor de que los
hábitos de sumisión estén más amplia y
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21 |
firmemente
extendidos entre su pueblo. Más aún, tienen, en caso de necesidad, que poder
contar con el apoyo activo de porciones significativas de la población.8
John Austin, el
teórico inglés del siglo XIX, describió la situación de una dictadura que se
enfrentara a un pueblo descontento. Aus-tin argumentaba que si la mayoría de la
población estaba decidida a destruir al gobierno, y se hallaba dispuesta a
soportar la represión que le impusiera por ello, entonces el poder del
gobierno, incluyendo aquellos que lo apoyaban, no podría preservar al odiado
régimen, inclusive si recibiera ayuda del extranjero. No se podría someter de
nuevo al pueblo desafiante a la obediencia y la sumisión permanentes, concluía
Austin.9
Mucho antes,
Nicolás Maquiavelo había explicado que el princípe "... que tiene a todo
el pueblo por su enemigo, nunca puede estar seguro, y mientras mayor sea su
crueldad, mas débil se irá volviendo su régimen".10
La aplicación
política de estos principios la demostraron en la práctica los heróicos
noruegos que resistieron la ocupación nazi, y, como se mencionó en el Capítulo
Uno, los valientes polacos, alemanes, checos, eslovacos y muchos más que
resistieron la agresión comunista y su dictadura, y que finalmente
contribuyeron a producir el desmoronamiento del régimen comunista en Europa.
Este, por supuesto, no es un fenómeno nuevo. Los casos de resistencia
noviolenta se remontan por lo menos hasta el año 494 a. de C., cuando los
plebeyos les negaron su cooperación a sus amos, los patricios romanos.11 Los pueblos
en Asia, Africa, las Américas, Australasia y
8Karl W. Deutsch,
"Cracks in the Monolith" ("Grietas en el Monolito"), en la
edición de Carl J. Friedrich de Totalitarianism (El
Totalitarismo), (Cambridge, Mass: Harvard University Press, 1954), pp. 313-314.
9John Austin, Lectures
on Jurisprudence or the Philosophy of Positive Law (Conferencias sobre
Jurisprudencia o Filosofía del Derecho Positivo), (5ta. edición, revisada y
editada por Robert Campbell, vol 2, Londres: John Murray, 1911 (1861 ) Vol 1 P
296. 10Niccolo Machiavelli "The Discourses of the
First Ten Books of Livy" ("Comentarios a las Décadas de Tito
Livio"), en The Discourses of Niccolo Machiavelli (Los
Comentarios de Niccolo Machiavelli), (Londres: Routledge y Kegan Paul, 1950),
Vol 1, p 254.
11Ver Gene
Sharp, The Politics of Nonviolent Action (La Política de la
Acción Noviolenta), (Boston: Porter Sargent, 1973), p 75 Y aquí y allá se
encontrarán otros ejemplos históricos.
las islas del
Pacífico, así como en Europa han empleado la lucha noviolenta en distintos
momentos.
Tres de los
factores más importantes para determinar hasta qué grado estará o no controlado
el poder del gobierno, son: 1) el deseo relativo por parte de
la población de imponerle limites al poder del gobierno; 2) la fuerza relativa
de las organizaciones e instituciones independientes para quitarle
colectivamente los recursos que necesita el poder; y 3) la relativa capacidad por
parte de la población de negarle su consentimiento y apoyo.
Centros de poder democrático
Una de las
características de la sociedad democrática es que existe una multitud de grupos
e instituciones nogubernamentales. Ellas incluyen, por ejemplo, la familia, las
organizaciones religiosas, las asociaciones culturales, clubes deportivos,
instituciones económicas, sindicatos, instituciones estudiantiles, partidos
políticos, pueblitos, asociaciones de colonos, clubes de jardinería,
organizaciones de derechos humanos, grupos musicales, sociedades literarias y
otras. Estos cuerpos son importantes porque establecen sus propios objetivos y
también porque ayudan a satisfacer las necesidades de la sociedad.
Además, estos
cuerpos tienen un gran significado político. Suministran las bases grupales e
institucionales para que la gente pueda ejercer su influencia en la sociedad y
resistir la de otros grupos o del gobierno cuando éstos claramente se
inmiscuyan injustamente en sus intereses, actividades y propósitos. Los
individuos aislados que no son miembros de estos grupos, por lo general se
hallan incapacitados para producir un impacto significativo en la sociedad,
mucho menos en el gobiemo, y ciertamente no en una dictadura.
Por lo tanto, si la
autonomía y libertad de tales cuerpos puede ser suprimida por los dictadores,
la población quedará relativamente indefensa. Además, si estas instituciones
pueden ser controladas dictatorialmente por el poder central, o sustituidas por
otras bajo control de aquél, podrán ser utilizadas para controlar tanto a los
miembros individuales de éstas como a las áreas correspondientes de la
sociedad.
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23 |
No obstante, si la
autonomía y libertad de estas instituciones civiles independientes (fuera del
control gubernamental) se pueden mantener o recuperar, éstas serán de suma
importancia para la aplicación del desafío político. El rasgo común en los
ejemplos citados, donde las dictaduras han sido desintegradas o debilitadas, ha
sido la valiente aplicación masiva del desafío político por la población y sus
instituciones.
Como hemos
afirmado, estos centros de poder sirven de bases institucionales desde las
cuales la población puede ejercer presión o resistir los controles
dictatoriales. En el futuro, serán una base estructural indispensable para una
sociedad libre. El crecimiento continuado y la independencia de las mismas, por
consiguiente, es a menudo el requisito previo para el triunfo de una lucha de
liberación.
Si la dictadura ha
tenido éxito en destruir o controlar los cuerpos independientes de la sociedad,
será importante para los que ofrezcan resistencia, crear nuevos grupos sociales
e instituciones independientes, o tratar de recuperar el control de los cuerpos
sociales supervivientes o de los parcialmente controlados. Durante la
revolución húngara de 1956-57, apareció una multitud de "concejos de
democracia directa", que llegaron a juntarse inclusive para establecer
durante varias semanas todo un sistema federal de instituciones y gobierno. En
Polonia, durante las postrimerías de 1980, los trabajadores mantuvieron
sindicatos ilegales de Solidaridad y, en algunos casos, tomaron el control de
los sindicatos oficiales dominados por los comunistas. Algunos de estos
procesos institucionales pueden tener consecuencias políticas muy importantes.
Por supuesto, nada
de esto significa que sea fácil debilitar o destruir una dictadura, ni que
cualquier intento de hacerlo tendrá éxito. Desde luego no quiere decir que la
lucha estará libre de víctimas, porque los que todavía estén sirviendo a la
dictadura van a contraatacar en un esfuerzo por obligar a la población a
regresar a la cooperación y la obediencia.
Sin embago, esta
nueva percepción del poder significa, que la desintegración deliberada de una
dictadura sí es posible. Las dictaduras,
en particular,
tienen características específicas que las hacen vulnerables al desafío
político diestramente implementado. Examinemos con más detalle estas
características.
LAS DICTADURAS TIENEN PUNTOS DÉBILES
Por lo general las
dictaduras parecen invulnerables. Las agencias de inteligencia, la policía, las
fuerzas militares, las prisiones, los cam-pos de concentración y los pelotones
de fusilamiento, están controlados por unos pocos con mucho poder. Las finanzas
de un país, sus recursos naturales y su capacidad de producción a menudo son
saqueados por los dictadores y usados para apoyar la voluntad de los
dictadores.
En comparación, los
fuerzas democráticas con frecuencia aparecen como extremadamente débiles,
ineficaces e impotentes. La percepción de la invulnerabilidad frente a la
impotencia hace poco probable una oposición efectiva.
Sin embargo, esto no agota el tema.
Identificando el talón de Aquiles
Un mito de la
Grecia clásica ilustra bien la vulnerabilidad de lo supuestamente invulnerable.
A Aquiles, el guerrero, ningún golpe podía dañarlo, y ninguna espada penetrar
su piel. Cuando era un recién nacido, se supone que su madre lo había sumergido
en las aguas del mágico río Estigio, y por eso su cuerpo estaba protegido
contra todos los peligros. Había, sin embargo, un problema. Como el niño había
sido sostenido por el talón para que no fuese arrastrado por la corriente, el
agua mágica no había cubierto esa pequeña porción de su cuerpo. Cuando Aquiles
se hizo un hombre, les parecía a todos que era invulnerable frente a las armas
enemigas. Pero en la batalla de Troya un soldado enemigo, instruido por alguien
que conocía la debilidad de aquél, logró clavarle una flecha en el talón
desprotegido, en el único lugar donde podía ser herido. La herida fue fatal.
Todavía hoy la frase "el talón de Aquiles" se refiere a la parte
vulnerable de una persona, un plan o una institución donde si se le ataca, no
está protegida.
25
El mismo principio
se aplica a los dictadores más desalmados. Ellos también pueden ser vencidos,
pero más rápidamente y con un costo menor si sus debilidades pueden
identificarse y se concentra en ellas el ataque.
Puntos débiles de las dictaduras
Entre los puntos débiles de las
dictaduras están los siguientes:
1. Se les puede
restringir o negar la cooperación de muchas personas, grupos e instituciones
que necesitan para hacer funcionar el sistema.
2. Los requisitos y
efectos de las políticas anteriores del régimen, de cierta manera limitan su
capacidad presente para adoptar y ejecutar políticas contrarias.
3. El sistema puede
convertirse en rutinario en cuanto a su modo de obrar y ser menos apto para
ajustarse rápidamente a situaciones nuevas.
4. El personal y los
recursos ya destinados para las tareas habituales no estarán fácilmente
disponibles para nuevas necesidades.
5. Los subordinados,
temerosos de no complacer a sus superiores, pueden no proporcionar todos los
detalles de la información que los dictadores necesitan para tomar decisiones.
6. La ideología puede
erosionarse; los mitos y símbolos del sistema pueden perder su solidez.
7. Si hay una fuerte
ideología que influye en la visión de la realidad, una adhesión firme a la
misma puede ser causa de desatención de las condiciones y necesidades reales.
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27 |
8. El deterioro de la
competitividad y eficiencia de la burocracia, o los excesivos controles y
regulaciones, pueden volver ineficaces las políticas y operaciones del sistema.
9. Los conflictos
institucionales internos y las rivalidades y hostilidades personales pueden
dañar, o aún interrumpir, las operaciones de la dictadura.
10. Los intelectuales y
los estudiantes pueden impacientarse por las condiciones o restricciones o el
enfoque doctrinario y la represión.
11. El público en
general puede, con el tiempo, volverse apático y hasta hostil al régimen.
12. Las diferencias
regionales, de clase o nacionales pueden agudizarse.
13. La jerarquía del
poder de una dictadura es siempre, hasta cierto punto, inestable y a veces lo
es extremadamente; los individuos no permanecen inmutables en sus posiciones y
rangos, sino que pueden elevarse o caer a otros niveles, o ser separados por
completo y sustituidos por un personal nuevo.
14. Sectores de la
policía o de las fuerzas militares pueden actuar para lograr sus propios
objetivos, aún cuando esto sea con-tra la voluntad de los dictadores en el
poder, y llegar hasta el golpe de estado.
15. Si la dictadura es
nueva, necesita tiempo para afianzarse bien.
16. Como en una
dictadura muy pocos toman muchas decisiones, es probable que ocurran errores de
juicio, de política o de acción.
17. Si el gobierno está
buscando evitar estos peligros, y descentraliza los controles y la toma de
decisiones, su con-trol de los puntos clave para el poder puede deteriorarse
aún más.
Atacando las debilidades de la
dictadura
Conociendo
semejantes debilidades intrínsecas, la oposición democrática puede buscar cómo
agravar esos "talones de Aquiles" deliberadamente, a fin de alterar
el sistema drásticamente o bien desintegrarlo.
La conclusión es
obvia. A pesar de la apariencia de fuerza, todas las dictaduras tienen sus
debilidades, sus ineficiencias internas, sus rivalidades personales, sus
funcionamientos institucionales defectuosos y sus conflictos entre
organizaciones y departamentos. Estas debilidades, con el tiempo, tienden a
hacer al régimen menos efectivo y más vulnerable a los cambios de condiciones y
a la resistencia deliberada. No todo lo que el régimen se proponga lo va a
lograr, al menos completamente. A veces, por ejemplo, aún las órdenes directas
de Hitler quedaron sin ejecutarse porque los que estaban por debajo de él en la
jerarquía se abstenían de llevarlas a cabo. El régimen dictatorial puede a
veces desbaratarse rápidamente, como ya hemos observado.
Esto no quiere
decir que las dictaduras se pueden destruir sin riesgos ni víctimas. Cualquier
curso de acción posible para lograr la liberación incurrirá en riesgos y
sufrimiento potencial, y tomará tiempo para poder ponerse en marcha. Y, por
supuesto, ningún medio de acción puede asegurar el triunfo rápido en cada
situación. Sin embargo, los tipos de lucha que tienen como objetivo las
debilidades identificables de la dictadura, tienen más posibilidad de éxito que
aquéllos en que se busca combatir la dictadura allí donde a todas luces ésta es
más fuerte. La pregunta es: ¿cómo ha de conducirse esta lucha?
EJERCIENDO EL PODER
En el Capítulo Uno
advertimos que la resistencia armada contra las dictaduras no las afecta donde
son más débiles sino más bien donde son más fuertes. Al escoger competir en el
campo de las fuerzas militares, el suministro de armamentos, la tecnología armamentista
y demás, los movimientos de resistencia tienden a situarse donde están en clara
desventaja. Las dictaduras casi siempre podrán desplazar recursos superiores en
esas áreas. Hemos subrayado también el peligro de confiar en los poderes
extranjeros para la salvación. En el Capítulo Dos examinamos los problemas que
conlleva confiar en las negociaciones como un modo de quitarse las dictaduras
de encima.
¿Cuáles son los
medios disponibles que ofrecerán a la resistencia democrática una clara ventaja
y que lograrán agravar las debilidades identificadas de las dictaduras? ¿Qué
técnica de acción va a aprovechar la teoría del poder político que discutimos
en el Capítulo Tres? La alternativa a escoger es el desafío político.
El desafío político tiene las
siguientes características:
• No acepta que los
resultados sean decididos por los medios de lucha escogidos por la dictadura.
• Es difícil para el
régimen combatirlo.
• Puede agravar
extraordinariamente las debilidades de la dictadura y negarle acceso a sus
fuentes de poder.
• Puede dispersarse
ampliamente en cuanto a la acción, pero también puede concentrarse en un
objetivo específico.
• Conduce a errores
de juicio y de acción por parte de los dictadores.
29
• Puede utilizar a la
población como un todo, y a los grupos e instituciones de la sociedad en la
lucha y acabar con el dominio brutal de unos pocos.
• Sirve para
acrecentar la distribución del poder efectivo en la sociedad, haciendo que el
establecimiento y mantenimiento de una sociedad democrática sea más viable.
La dinámica de la lucha noviolenta
Como sucede con la
capacidad militar, el desafío político se puede emplear con una variedad de
propósitos, que van desde esforzarse por influir en los opositores para que
hagan cosas diferentes, crear condiciones para la solución pacífica de un
conflicto, hasta desintegrar el régimen de los adversarios. Pero la dinámica
del desafío político es muy diferente a la de la violencia. Aunque ambas
técnicas son herramientas para luchar, lo hacen por medios muy distintos, y con
distintas consecuencias. Los modos y resultados de un conflicto violento son
bien conocidos. Las armas físicas se usan para intimidar, herir, matar y
destruir.
La lucha noviolenta
es una técnica mucho más variada y compleja que la violencia. A diferencia de
ésta, es una lucha que emplea armas políticas, económicas, sociales y
sicológicas, aplicadas por la población y las instituciones de la sociedad. A
estas armas se les ha conocido bajo diversos nombres, como protestas, huelgas,
desobediencia o nocooperación, boicot, descontento y poder popu-lar. Como
advertimos antes, todos los gobiernos pueden gobernar mientras, por medio de la
cooperación, sumisión y obediencia de la población y de las instituciones de la
sociedad, reciban el constante refuerzo de las fuentes de poder que necesitan.
El desafío político, a diferencia de la violencia, es el instrumento idóneo
para negarle acceso al régimen a esas fuentes de poder.
Las armas y la disciplina noviolentas
El error común de
las campañas improvisadas de desafío político, es la dependencia o confianza en
uno o dos procedimientos, tales
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31 |
como las huelgas y
las manifestaciones. De hecho, existe una multitud de procedimientos que les
permiten a los estrategas de la resistencia tanto concentrar como dispersar la
resistencia, según haga falta.
Se han podido
identificar hasta cerca de doscientos métodos de acción noviolenta y, por
supuesto, hay muchos más. Estos procedimientos se clasifican en tres grandes
categorías: protesta y persuasión, nocooperación e intervención. Los métodos
noviolentos de protesta y persuasión son mayormente manifestaciones simbólicas,
que incluyen desfiles, marchas y vigilias (54 métodos). La nocooperación se
divide en tres sub-categorías: a) de nocooperación social (16 métodos), b) de
nocooperación económica: el boicot inclusive (26 métodos) y huelgas (23
métodos), y c) de nocooperación política (38 métodos). La intervención
noviolenta, mediante procedimientos sicológicos, sociales, económicos o
políticos tales como el ayuno, la ocupación noviolenta y el gobierno paralelo
(41 métodos), es el último grupo. Una lista de 198 de estos métodos se incluye
en el apéndice de esta publicación.
Es probable que a
cualquier régimen ilegítimo le cause graves problemas el uso de un número
considerable de estos métodos— cuidadosamente escogidos, aplicados
persistentemente y en gran escala, fundidos en el contexto de una sabia
estrategia y de tácticas apropiadas, por civiles adiestrados. Esto es aplicable
a todas las dictaduras.
Los procedimientos
de la lucha noviolenta pueden enfocar directamente los asuntos más inmediatos,
lo cual no es posible con los medios militares. Por ejemplo, ya que el problema
que presenta una dictadura es esencialmente político, sería muy importante aplicar
las formas políticas de la lucha noviolenta. Esto incluiría la negación de la
legitimidad a los dictadores y la nocooperación con su régimen. La
nocooperación sería también aplicada contra algunas políticas específicas. A
veces el obstaculizar el trabajo o el demorarlo puede realizarse en silencio, o
aún secretamente, mientras que otras veces, la franca desobediencia o las
desafiantes manifestaciones públicas y las huelgas, pueden ser vistas por
todos.
Por otra parte, si la dictadura es
vulnerable a las presiones
económicas, o si
muchos de los agravios del pueblo son económicos, entonces la acción económica,
como el boicot o las huelgas, puede ser el procedimiento apropiado para la
resistencia. Los esfuerzos del dictador por explotar el sistema económico
pueden contrarrestarse mediante huelgas generales limitadas, demoras en el
ritmo del trabajo o por la negación de ayuda (o desaparición) de parte de los
expertos. El uso selectivo de diversos tipos de huelgas puede enfocar puntos
clave en el proceso manufacturero, en el transporte, en el suministro de
materias primas y en la distribución de productos.
Algunas tácticas de
la lucha noviolenta requieren que la gente realice actos que no están
relacionados con su vida normal, tales como volantear, manejar una imprenta
clandestina, ponerse en huelga de hambre o sentarse a media calle. Salvo en
situaciones muy extremas, para algunas personas estas acciones pueden ser
difíciles de llevar a cabo.
Por el contrario,
otros métodos de lucha noviolenta, requieren que la gente continúe llevando su
vida normal aunque con algunas diferencias. Por ejemplo, pueden ir a trabajar
en vez de ponerse en huelga, pero una vez allí, deliberadamente trabajar más lentamente
o con menos eficacia que siempre. Conscientemente se pueden cometer
"errores" con más frecuencia. A veces, uno puede estar
"enfermo" o "impedido" de trabajar, o simplemente se puede
negar a trabajar. Uno puede asistir a una ceremonia religiosa cuando tal acto
no sólo expresa las convicciones religiosas sino las políticas. Se puede
proteger a los niños de la propaganda de los atacantes mediante la instrucción
en casa o en clases ilegales. Uno puede negarse a pertenecer a cierta
organización "recomendada", o impuesta a la cual uno antes no hubiera
escogido pertenecer libremente. La semejanza de tal tipo de acción con las
actividades acostumbradas de las gentes, y el grado limitado de desviación de
la vida normal, pueden hacer que la participación en la lucha de liberación
nacional sea mucho más fácil para mucha gente.
Como la lógica de
la lucha noviolenta difiere en muchos aspectos de la acción violenta, hasta una
violencia limitada sería contraproducente durante una campaña de desafío
político, porque
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33 |
desviaría la lucha
hacia un campo donde los dictadores tienen una ventaja abrumadora (la contienda
armada). La disciplina noviolenta es clave para el éxito, y debe persistirse en
ella a pesar de las provocaciones y brutalidades de los dictadores y sus agentes.
El mantener la
disciplina noviolenta contra los adversarios violentos facilita el trabajo de
los cuatro mecanismos de cambio de la lucha noviolenta (de lo que trataremos
más adelante). La disciplina noviolenta es también extremadamente importante en
el proceso del jiu-jitsu político. En éste, la pura brutalidad del régimen
contra los activistas claramente noviolentos rebota políticamente contra la
posición del dictador, causando disensión en sus propias filas, y fomentando el
apoyo a los de la resistencia de parte de la población en general, de los que
generalmente defienden al régimen y de terceras personas.
Sin embargo, en
algunos casos una violencia limitada contra la dictadura puede ser inevitable.
La frustración y el odio contra el régimen pueden explotar violentamente. O
bien, ciertos grupos pueden no estar deseosos de abandonar el uso de medios
violentos aún cuando reconozcan el importante papel de la lucha noviolenta. En
estos casos no es necesario abandonar el desafío político. Sin embargo, será
necesario separar la acción violenta lo más posible de la acción noviolenta.
Esto ha de hacerse en términos geográficos, de sectores de la población, de
tiempo y de problemas. De otro modo, la violencia puede tener efectos
desastrosos sobre el uso del desafío político, el cual potencialmente, es mucho
más poderoso y eficaz.
La historia indica
que aún cuando se espera que haya víctimas, tanto muertos como heridos, en el
desafio político las habrá en número mucho menor que las que se producirían en
la contienda armada. Es más, este tipo de lucha no contribuye al ciclo intermi-nable
de matazón y brutalidad.
La lucha noviolenta
requiere una pérdida del miedo y un mayor control sobre sí mismo, por una
parte, y tiende a producir este efecto frente al gobierno y su represión
brutal. Esa pérdida del miedo, o el control sobre sí mismo, es un elemento
clave para destruir el poder que los dictadores tienen sobre la población en
general.
Franqueza, clandestinidad y
comportamiento intachable
La clandestinidad,
el engaño y la conspiración subterránea le plantean problemas muy graves a un
movimiento que emplee la acción noviolenta. A menudo, es prácticamente
imposible impedir que los agentes de la policía o de la inteligencia se enteren
de las intenciones y los planes. Desde la perspectiva del movimiento, el
clandestinaje no sólo tiene sus raíces en el miedo sino que contribuye a
aumentarlo. Esto reblandece el espíritu de la resistencia y reduce el número de
personas que podrían participar en una acción específica. También puede
contribuir a que dentro del movimiento, haya sospechas y acusaciones, a menudo
injustificadas, acerca de quien podría ser un informante o un agente de los
contrarios. El secreto también puede afectar la habilidad de un movimiento para
persistir en la práctica de la noviolencia. Al contrario, la franqueza en
cuanto a planes e intenciones contribuirá a dar la imagen de que el movimiento
de resistencia es en extremo poderoso. El problema, por supuesto, es más
complejo de lo que esto sugiere, y hay aspectos significativos de las
actividades de la resistencia que van a requerir el secreto. Los entendidos
tanto en la dinámica de la lucha noviolenta como en los medios de vigilancia de
la dictadura en la situación específica necesitarán una evaluación bien
documentada.
La edición,
impresión y distribución de publicaciones clandestinas, las trasmisiones
ilegales por radio desde dentro del país y la inteligencia recogida sobre las
operaciones de la dictadura, están entre las clases limitadas de actividades
especiales que requieren un alto grado de sigilo.
En todas las etapas
del conflicto es necesario mantener un comportamiento intachable en la acción
noviolenta. Factores como el no tener miedo y el mantener la disciplina
noviolenta deben estar siempre presentes. Es importante tener en cuenta que va
a necesitarse un gran número de gente para efectuar grandes cambios. Esa
cantidad de participantes confiables sólo se puede obtener manteniendo el más
alto nivel de comportamiento.
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35 |
Cambios en las relaciones de poder
Los estrategas
necesitan recordar que el conflicto donde se aplica el desafío político es un
campo de lucha siempre cambiante, con un continuo juego de ataques y
contraataques. Nada es estático. Las relaciones de poder, tanto absolutas como
relativas, están sujetas a cambios rápidos y constantes. Esto es posible porque
los que trabajan en la resistencia continúan tenazmente en su actividad
noviolenta a pesar de la represión.
En este tipo de
situación de conflicto, las respectivas variaciones de poder en los bandos
contendientes, tienden a ser más extremas que en los conflictos violentos, y
tienen una gama más variada de consecuencias significativas en lo político.
Debido a esas variaciones, las acciones específicas de los de la resistencia,
por lo general, tienen consecuencias que van más allá del lugar o el momento en
que ocurren. Estos efectos tendrán repercusiones que fortalecerán o debilitarán
a un grupo u otro.
Además, el grupo
noviolento puede, por sus acciones, influir sobre el aumento o disminución de
la fuerza relativa del grupo contrario, en un grado mucho
mayor del que ocurre en los conflictos militares. Por ejemplo, la
resistencia noviolenta, disciplinada y valiente, frente a la brutalidad de los
dictadores puede producir desazón, descontento o desconfianza, y, en
situaciones extremas, hasta el amotinamiento entre los propios soldados y el personal
al servicio de la dictadura. Esta resistencia también puede dar lugar a que
aumente la condena internacional de la dictadura. Además, el empleo del desafío
político disciplinado, persistente y bien adiestrado, puede hacer que más y más
gente, que normalmente apoyaría tácitamente a los dictadores o que por lo general
permanecerían neutrales en el conflicto, participe en la resistencia.
Cuatro mecanismos de cambio
La lucha noviolenta
produce cambios de cuatro maneras. El primer mecanismo es el que se
consideraría menos probable, aunque así ha ocurrido. Cuando los miembros del
grupo contrario se conmueven
emocionalmente por
los sufrimientos que la represión ha infligido en los valientes activistas de
la resistencia, o racionalmente se persuaden de que la causa de los de la
resistencia es justa, llegan a aceptar los objetivos de los de la resistencia.
A este mecanismo se le llama conversión. Aunque se dan casos
de conversión en la lucha noviolenta, son raros, y en la mayor parte de los
conflictos esto no ocurre de manera alguna, o por lo menos en escala
significativa.
Con mucha más
frecuencia la lucha noviolenta obra cambiando la situación del conflicto y de
la sociedad, de modo que el adversario simplemente no puede hacer lo que le
viene en gana. Es este cambio el que produce los otros tres mecanismos: la
acomodación, la coerción noviolenta y la desintegración. Cuál de éstos ocurra
dependerá del grado en que las relaciones de poder, absolutas o relativas,
hayan cambiado a favor de los demócratas.
Si las cuestiones a
debatir no son fundamentales, las exigencias de la oposición en una campaña
limitada no se consideran amenazantes, y la confrontación de fuerzas ha
alterado las relaciones de poder en alguna medida, el conflicto inmediato puede
terminar por medio de un arreglo al que se llegue cediendo cada parte algo,
contemporizando. A este mecanismo se le llama acomodación. Por
ejemplo, muchas huelgas se resuelven de esta manera, ambas partes consiguen
algunos de sus objetivos, pero ninguna obtiene todo lo que quería. El gobierno
puede percibir que un arreglo semejante trae algunos beneficios positivos,
tales como disminuir la tensión, dar una impresión de "equidad",
mejorar la imagen internacional del régimen. Es importante, por lo tanto, que
se tenga gran cuidado al seleccionar los puntos por los cuales el arreglo por
acomodación resulte aceptable. La lucha por derribar la dictadura no es uno de
ésos.
La lucha noviolenta
puede ser mucho más poderosa de lo que indican los mecanismos de conversión o
acomodación. La nocooperación masiva y el desafío pueden cambiar la situación
política o social, especialmente las relaciones de poder, de tal manera que los
dictadores pierden la capacidad de controlar los procesos económicos, sociales
y políticos del gobierno y la sociedad. Las fuerzas militares del adversario
pueden volverse tan poco confiables
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37 |
que ya simplemente
no obedezcan las órdenes de reprimir a los de la resistencia. Aunque los
dirigentes del gobierno permanezcan en sus posiciones y sigan firmes en cuanto
a sus objetivos originales, han perdido la capacidad de actuar con efectividad.
A esto se le llama coerción noviolenta.
En algunas
situaciones extremas, las condiciones que ha producido la coerción noviolenta
van aún mas lejos. La dirigencia adversaria, de hecho, pierde toda su capacidad
de actuar, y se viene abajo toda su estructura de poder. La autoconducción, la
nocooperación y el desafío de los de la resistencia se hacen tan per-fectos que
sus adversarios ahora carecen hasta del simulacro de con-trol sobre ellos. La
burocracia del adversario se niega a obedecer a su propia dirigencia. Las
tropas de los adversarios y su policía se amotinan. Los simpatizantes y
colaboradores del poder adverso repudian a sus antiguos dirigentes y les niegan
derecho alguno a mandar. A partir de esto, la antigua obediencia y colaboración
desaparecen. El cuarto mecanismo de cambio, la desintegración del
sistema del adversario, es tan completo que éste no tiene siquiera poder
suficiente para rendirse. El régimen se ha desintegrado.
Al planificar las
estrategias para la liberación, estos cuatro mecanismos deben tenerse en
cuenta. Algunas veces operan por casualidad. Sin embargo, la selección de uno o
más de éstos como el mecanismo de cambio escogido para que obre en el
conflicto, hará posible que se formulen estrategias específicas que se
refuercen mutuamente. La selección de uno o más mecanismos dependerá de
numerosos factores, inclusive del poder absoluto y relativo de los grupos
contendientes y de las actitudes y objetivos del grupo noviolento.
Efectos democratizadores del desafío
político
En contraste con
los efectos centralizantes de las sanciones violentas, el empleo de las
técnicas de la lucha noviolenta contribuye a democratizar la sociedad de varias
maneras.
Una parte del
efecto democratizador es negativo. Esto es, en contraste con los medios
armados, esta técnica no suministra un
instrumento para la
represión bajo el mando de una élite gobernante, que pueda volverse contra la
población para establecer y mantener una dictadura. Los líderes de un
movimiento de desafío político pueden influir en o presionar a sus seguidores,
pero no pueden ni encarcelarlos ni ajusticiarlos si disienten o escogen otros
líderes.
La otra parte del
efecto democratizador es positiva. Esto quiere decir que la lucha noviolenta le
da a la población armas para la resistencia, que podrán usar para defender sus
libertades tanto con-tra los dictadores que existen como contra los que puedan
existir. A continuación, mencionamos varios de los efectos democratizadores
positivos que tiene la lucha noviolenta:
• La experiencia de
aplicar la lucha noviolenta puede hacer que la población confíe más en sí
misma, en cuanto a desafiar las amenazas del régimen y la capacidad de éste
para la represión violenta.
• La lucha noviolenta
entrega las armas de la nocooperación y el desafío, mediante las cuales la
población puede resistirse a los controles no democráticos que imponga sobre
ella cualquier grupo dictatorial.
• La lucha noviolenta
se puede usar para defender la práctica de las libertades democráticas, tales
como la de expresión, la prensa libre, las organizaciones independientes y el
derecho a reunirse enfrentándose a controles represivos.
• La lucha noviolenta
contribuye en forma importante a la supervivencia, renacimiento y
fortalecimiento de los grupos e instituciones independientes de la sociedad
como mencionamos antes. Estas son importantes para la democracia por el valor
que tienen para movilizar la capacidad de poder de la población y de imponerle
límites al poder efectivo de cualquier dictador en potencia.
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39 |
• La lucha noviolenta
suministra armas mediante las cuales la población logra concentrar su poder
contra la acción represiva, policiaca o militar, ejercida por un gobierno
dicta-torial.
• La lucha noviolenta
ofrece métodos mediante los cuales la población y las instituciones
independientes pueden, en interés de la democracia, restringirle o negarle los
recursos de poder a la minoría gobernante y por lo tanto, amenazar su capacidad
de seguir ejerciendo la dominación.
La complejidad de la lucha noviolenta
Como hemos visto en
esta exposición, la lucha noviolenta es una compleja técnica de acción social,
que comprende una multitud de métodos, una serie de mecanismos de cambio y unos
requisitos conductuales específicos. Para que resulte efectivo, especialmente
contra una dictadura, el desafío político requiere preparación y planeación.
Los probables participantes tendrán necesidad de comprender qué se espera de
ellos. Hace falta que haya recursos disponibles. Los estrategas tendrán que
haber analizado cómo se puede aplicar la lucha noviolenta con más efectividad.
Ahora dirigiremos nuestra atención hacia ese elemento crucial: la necesidad de
una planificación estratégica.
NECESIDAD DE LA PLANIFICACIÓN ESTRATÉGICA
Las campañas de
desafío político contra las dictaduras pueden empezar de varias maneras. En el
pasado, estas luchas casi nunca se planeaban y eran de hecho accidentales.
Algunos de los agravios específicos que desencadenaron las acciones anteriores
han variado notablemente, pero a menudo incluyeron nuevas brutalidades, el
arresto o la muerte de una persona tenida en alta estima, una nueva política o
regulación represiva, escasez de alimentos, falta de respeto a las creencias
religiosas o el aniversario de un importante acontecimiento relacionado con el
hecho. A veces una acción específica de parte de la dictadura ha enfurecido a
la población de tal manera que ésta se ha precipitado a la acción, sin tener la
menor idea de cómo podía acabar la insurgencia. Otras veces, un individuo
valiente o un pequeño grupo, puede haber iniciado una acción que atrajo apoyo.
Un malestar específico puede ser reconocido por otros como semejante a las
injusticias que ellos han experimentado, y éstos también podrán, en consecuencia,
sumarse a la lucha. A veces un llamado a la resistencia por parte de un pequeño
grupo o de una persona puede encontrar inesperadamente una inmensa acogida.
Aunque la
espontaneidad tiene algunas cualidades valiosas, a menudo ha ofrecido
desventajas. Con frecuencia los de la resistencia democrática no han previsto
las brutalidades de la dictadura. En consecuencia, han tenido que sufrir
gravemente, y la resistencia se ha desplomado. A veces, la falta de
planificación por parte de los demócratas ha dejado las decisiones cruciales al
azar, con resultados desastrosos. Aún cuando el sistema represivo haya sido
derribado, la falta de planificación en cuanto a cómo manejar la transición a
un sistema democrático ha facilitado el surgimiento de una nueva dictadura.
41
Planificación realista
En el futuro, la
acción popular no planificada indudablemente va a jugar un papel importante en
los movimientos contra las dictaduras. Sin embargo, ahora ya es posible
calcular los modos más efectivos de dar al traste con una dictadura, determinar
cuando la situación política y el sentir popular están maduros, y cómo decidir
la manera de comenzar una campaña. Se requiere un juicio muy cauto,
basado en un cálculo realista de la situación y de las
capacidades del pueblo, para seleccionar la manera más efectiva de
conquistar la libertad en tales circunstancias.
Si uno desea lograr
algo, es de sabios planear cómo hacerlo. Mientras más importante sea la meta, o
mayor la gravedad de las consecuencias en caso de fracaso, más importante
resulta la planeación. La planificación estratégica aumenta la probabilidad de
que todos los recursos que puedan conseguirse se movilicen y empleen de la
manera más efectiva. Esto es especialmente cierto cuando se trata de un
movimiento democrático—que dispone de recursos materiales limitados y cuyos
colaboradores están en peligro— que esté tratando de derribar una potente
dictadura. Por el contrario, la dictadura por lo general tiene acceso a muchos
recursos materiales, fuerza organizativa y capacidad de cometer barbaridades.
"Planificar
una estrategia" aquí quiere decir calcular un curso de acción que hará
factible pasar de una situación presente a un futuro deseado. En los términos
de esta discusión, significa pasar de la dictadura a un sistema democrático en
el futuro. Un plan para alcanzar esos objetivos por lo general consiste en una
serie, en distintas etapas, de campañas y otras actividades, organizadas y
diseñadas para fortalecer a la población y la sociedad oprimidas y para
debilitar la dictadura. Adviértase aquí que el objetivo no es simplemente
destruir la dictadura en curso, sino establecer un sistema democrático. Una
gran estrategia que limite su objetivo sólo a destruir la dictadura en boga
corre un terrible riesgo de producir otro tirano.
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43 |
Obstáculos a la planificación
Algunos partidarios
de la libertad, en diversas partes del mundo, no ponen toda su capacidad al
servicio de cómo alcanzar la liberación. Sólo raramente esos abogados de la
causa reconocen plenamente la importancia de una meticulosa planificación
estratégica antes de actuar. Por lo tanto, casi nunca lo hacen.
¿Por qué será que
las personas que tiene la visión de traer la libertad política a su pueblo, tan
raramente preparan un plan estratégico global a fin de alcanzar esa meta?
Desafortunadamente, con frecuencia la mayoría de los miembros de un grupo
democrático de oposición no entienden la necesidad que hay de planear o no
están acostunbrados o capacitados a pensar estratégicamente. Esta es una tarea
difícil. Constantemente acosados por la dictadura y agobiados por sus
responsabilidades inmediatas, los líderes de la resistencia no tienen ni la
seguridad ni el tiempo para desarrollar las destrezas de cómo pensar en base a
lo estratégico.
Por el contrario,
el patrón común es simplemente reaccionar a las iniciativas de la dictadura.
Así la oposición está siempre a la defensiva, tratando de defender libertades
limitadas o los bastiones de la libertad; en el mejor de los casos, demorando
el avance de los controles dictatoriales, u ocasionándoles problemas a las
nuevas políticas del régimen.
Algunos individuos
o grupos, por supuesto, no ven que haya necesidad de una amplia planificación a
largo plazo para un movimiento de liberación. En cambio, piensan ingenuamente
que si ellos simplemente se abrazan a sus ideales con fuerza y tesón du-rante
un tiempo suficiente, de alguna manera acabarán por realizarlos. Otros asumen
que porque simplemente viven y dan tes-timonio de sus principios e ideales
frente a las dificultades, están haciendo cuanto pueden para implementarlos. El
compromiso con los objetivos humanitarios y la lealtad a los ideales son
admirables pero inadecuados para acabar con una dictadura y conquistar la
libertad.
Otros opositores de
la dictadura muy ingenuamente creen que si sólo llegan a emplear la violencia
suficiente, la libertad llegará
sola. Pero, como
apuntamos antes, la violencia no garantiza el éxito. En vez de a la liberación,
ésta puede llevar a la derrota, a la tragedia masiva o a ambas. En la mayoría
de los casos la dictadura está mejor equipada para la lucha violenta, y las realidades
militares rara vez están a favor de los demócratas.
También hay
activistas que basan su acción en lo que ellos sienten que deben hacer. Estos
modos de abordar la situación son no sólo egocentristas sino que no ofrecen
guía alguna para desarrollar una gran estrategia de liberación.
La acción basada en
la "idea genial" que alguien haya tenido también es limitada. Lo que
se necesita en lugar de eso es la acción basada en un cálculo minucioso de los
"siguientes pasos" que hay que dar para derrocar la dictadura. Sin un
análisis estratégico, los líderes de la resistencia a menudo no sabrán cuál
deberá ser ese "siguiente paso", porque no han pensado seriamente en
los pasos sucesivos que hay que dar para alcanzar la victoria. La creatividad y
las ideas brillantes son muy importantes, pero tienen que ser utilizadas para
hacer avanzar la causa de las fuerzas democráticas.
Sagazmente alerta
en cuanto a la multitud de acciones que podrían tomarse contra la dictadura, e
incapaces de determinar cuándo empezar, algunas personas aconsejan
"Hacerlo todo al mismo tiempo". Esto podría ser útil, pero, por
supuesto, es imposible, especialmente en momentos relativamente débiles. Es
más, un enfoque semejante no suministra una guía acerca de dónde comenzar,
dónde concentrar el esfuerzo y cómo usar los recursos, la mayor parte de las
veces limitados.
Otras personas o
grupos pueden contemplar la necesidad de alguna planificación, pero sólo pueden
pensarla a corto plazo y sobre base táctica. Puede que no vean que una
planificación a largo plazo es necesaria o posible. Puede que a veces sean
incapaces de pensar y analizar en términos estratégicos, y se permiten,
repetidamente, ser distraídos por cuestiones de poca monta, a menudo
respondiendo más a las acciones de sus adversarios en lugar de tomar la
iniciativa para la resistencia democrática. Dedicándoles tanta energía a
actividades de corto plazo, estos líderes con frecuencia dejan de explorar
cursos alternativos de acción, donde podrían encauzarse
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45 |
todos los esfuerzos para ir acercándose progresivamente a la meta.
También es quizá posible que algunos movimientos democráticos no planeen una
gran estrategia para hacer caer la dictadura, sino que se concentren en
problemas inmediatos por alguna muy buena razón. En su fuero interno no creen
que pueden acabar con la dictadura por su propio esfuerzo. Por consiguiente, el
planear cómo hacerlo se considera una romántica pérdida de tiempo o un
ejercicio inútil. Los que luchan por la libertad contra una dictadura
brutal bien establecida tienen que enfrentarse a un poder militar y policiaco
tal que parece que los dictadores siempre podrán salirse con la suya. Carentes
de verdadera esperanza, estas perso-nas, a pesar de todo, desafiarán la
dictadura por razones de integridad o tal vez de historia. Aunque no lo admitan
nunca, ni lo reconozcan jamás, sus acciones a sus propios ojos estarán
desprovistas de esperanza. A partir de ahí, para ellos la planeación
de una gran estrategia a largo plazo
no vale la pena.
El resultado de esa
incapacidad de planear estratégicamente suele ser drástico: se dispersan las
fuerzas, las acciones son inefectivas, se dilapida la energía en asuntos sin
importancia, y los sacrificios se hacen para nada. Si los demócratas no
planifican estratégicamente, lo más probable es que no alcancen sus objetivos.
Una mezcla de acciones no planeadas ni integradas, no va a llevar adelante
ningún esfuerzo de resistencia significativo. En lugar de ello, lo más probable
es que le permitan a la dictadura aumentar sus controles y su poder.
Desafortunadamente,
porque rara vez se desarrollan planes estratégicos amplios para la liberación,
las dictaduras parecen ser más duraderas de lo que de hecho son. Sobreviven por
años y décadas más allá de lo que podría ser el caso.
Cuatro términos importantes para la
planificación estratégica
A fin de ayudarnos
a pensar estratégicamente, es importante percibir con claridad qué significan
cuatro términos básicos.
La gran
estrategia: es la concepción que sirve para coordinar y dirigir el uso
de todos los recursos apropiados y disponibles
(económicos,
humanos, morales, políticos, organizacionales, etc.) de un grupo que busca
alcanzar sus objetivos en un conflicto.
La gran estrategia,
al enfocar la atención del grupo en los objetivos primarios y en los recursos
en el conflicto, escoge entre las técnicas de acción más apropiadas (tales como
la acción militar convencional o la lucha noviolenta) cuál ha de emplearse en
la contienda. Al planear la gran estrategia, los líderes de la resistencia
deben evaluar y planificar qué presiones e influencias han de aplicarse sobre
los adversarios. Más adelante, la gran estrategia tendrá que ocuparse de las
decisiones sobre las condiciones y el momento apropiado en que las campañas de
resistencia, iniciales y subsecuentes, deban echarse a andar.
La gran estrategia
sienta el organigrama básico para la selección de las estrategias menores con
las que se ha de desarrollar la lucha. La gran estrategia, además, determina a
cuáles grupos específicos se les encomendarán tareas generales así como la distribución
de los recursos que se han de emplear en la lucha.
La estrategia es
la concepción de cómo alcanzar los objetivos en un conflicto de la mejor
manera, operando en el ámbito de la gran estrategia escogida. La estrategia
tiene que ver con si se ha de pelear o no, y cuándo y cómo, asi como con el
modo de lograr el máximo de efectividad al luchar por ciertos fines. A la
estrategia se la ha comparado con el concepto del artista, y a la planificación
estratégica con el proyecto o plano detallado de un arquitecto.12
La estrategia
incluirá también los esfuerzos por desarrollar una situación tan ventajosa para
los retadores que los retados puedan prever que un conflicto abierto les
ocasionaría una derrota, y así se decidan a capitular sin llegar al combate. 0
si no, que la situación estratégica sea tan buena que el triunfo de los
retadores en la contienda resulte evidente. La estrategia comprende también
cómo usar bien los triunfos obtenidos.
Aplicado al
desarrollo de la lucha en sí, el plan estratégico in-dica cómo debe
desarrollarse la campaña y cómo los diferentes componentes de la misma tienen
que combinarse unos con otros, para llevarla lo más ventajosamente posible a
conquistar sus
12 Robert Helvey,
comunicación personal, 15 de agosto de 1993.
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47 |
objetivos.
Comprende el hábil desplazamiento de los grupos de acción particulares, en
operaciones menores. La planeación de una buena estrategia, tiene que
considerar que se requiere una técnica de lucha, escogida para el éxito de la
operación. Las diferentes técnicas tendrán diferentes exigencias. Por supuesto,
el cumplir con "requisitos" no basta para asegurar el triunfo. Pueden
necesitarse otros factores.
Al trazar las
estrategias, los demócratas han de definir claramente sus objetivos, y
determinar cómo medir la efectividad de los esfuerzos para alcanzarlos. Esta
definición y análisis permite al estratega identificar las condiciones precisas
para lograr cada objetivo seleccionado. La necesidad de claridad y definición
se aplica igualmente a la planificación táctica.
Las tácticas y los
métodos de acción se usan para llevar a cabo la estrategia. La táctica se
refiere al mejor uso de las propias fuerzas, para obtener la máxima ventaja, en
una situación limitada. Una táctica es una acción limitada, que se usa para
alcanzar un objetivo restringido. La selección de las tácticas se rige por el
principio de cómo usar de la mejor manera, en una fase limitada del conflicto,
los medios disponibles de combate para implementar la estrategia. Para ser más
efectivos, las tácticas y los métodos siempre deben escogerse y aplicarse para
lograr los objetivos estratégicos. Las victorias tácticas que no refuerzan la
consecución de los objetivos estratégicos pueden, al final, convertirse en
energía despilfarrada.
Una táctica, por lo
tanto, se escoge en función de un curso de acción limitado, que encaja dentro
de una estrategia más amplia; así como una estrategia encaja dentro de la gran
estrategia. Las tácticas siempre tienen que ver con la lucha mientras que la estrategia
incluye consideraciones más amplias. Una táctica en particular sólo puede ser
comprendida como parte de la estrategia total de una batalla o de una campaña.
Las tácticas se aplican por un período de tiempo más breve que las estrategias,
en áreas más reducidas (geográficas, institucionales, etc.), por un número más
limitado de personas, o para lograr objetivos más limitados. En la acción
noviolenta, la distinción entre un objetivo táctico y otro estratégico puede
deberse parcialmente a que el objetivo de la acción sea más o menos importante.
Las alianzas
tácticas ofensivas se escogen para apoyar la conquista de los objetivos
estratégicos. Los compromisos tácticos son herramientas de las que se vale el
estratega a fin de crear condiciones favorables para dirigir ataques decisivos
contra un adversario. Es muy importante, por consiguiente, que aquellos a
quienes se ha dado la responsabilidad de planificar y ejecutar las operaciones
tácticas tengan la abilidad de discernir la problemática de la situación y
escoger los procedimientos más apropiados para enfrentarla. Aquellos que se
supone que han de participar, deben estar entrenados en el uso de la táctica
escogida y en los medios específicos.
El método o
procedimiento se refiere a las armas específicas o medios de acción. Entre las
técnicas de la lucha noviolenta se incluyen docenas de formas particulares de
acción (tales como los muchos tipos de huelga, el boicot, la resistencia pasiva
política y otras parecidas), citadas en el Capítulo Cinco. (Ver también el
Apéndice.)
El desarrollo de un
plan estratégico responsable y efectivo, para una lucha noviolenta, depende de
la selección y formulación minuciosa de la gran estrategia, las estrategias de
campaña, las tácticas y los métodos.
La lección
principal de esta discusión es que para liberarse de una dictadura se requiere
un uso calculado de nuestro propio intelecto para planificar cuidadosamente la
estrategia. La incapacidad de planificar inteligentemente puede contribuir al
desastre, mientras que el empleo efectivo de nuestras capacidades intelectuales
puede trazar el rumbo de un curso estratégico que juiciosamente utilice
nuestros recursos disponibles para impulsar a la sociedad hacia los objetivos
de la libertad y la democracia.
PLANIFICANDO LA ESTRATEGIA
Para aumentar las
posibilidades de éxito, los líderes de la resistencia necesitarán formular un
plan de acción global, capaz de fortalecer a la gente que sufre, debilitar la
dictadura, después destruirla, y construir una democracia duradera. Para poder
llevar a cabo tal plan de acción, es necesario hacer un cálculo minucioso de la
situación y de las opciones para una acción eficaz. En base a un análisis así
de preciso se pueden desarrollar tanto la gran estrategia como las de campañas
específicas para alcanzar la libertad. Aunque relacionados entre sí, el
desarrollo de la gran estrategia y el de las estrategias de campaña son dos
procesos separados. Las estrategias de campaña han de diseñarse para alcanzar y
reforzar los objetivos de la gran estrategia.
El desarrollo de la
estrategia de resistencia requiere que se preste atención a muchas
interrogantes y tareas. Identificaremos aquí algunos de los factores
importantes que han de considerarse, a nivel de gran estrategia así como en el
de las estrategias de campaña. Toda la planificación estratégica, sin embargo,
requiere que los planificadores de la resistencia tengan una profunda
comprensión de toda la dinámica del conflicto, y que le presten atención a los
factores históricos, gubernamentales, militares, culturales, sociales,
políticos, sicológicos, económicos e internacionales inclusive. Las estrategias
sólo pueden desarrollarse en el contexto de la lucha par-ticular y sus
antecedentes.
Como asunto de
primera importancia, los líderes democráticos y planificadores estrategas
querrán plantearse los objetivos y la importancia de la causa. ¿Vale la pena
empeñarse en una lucha semejante por esos objetivos? Si es así, ¿por qué? Es
crítico determinar el verdadero propósito de la lucha. Ya hemos dicho en este
trabajo que no basta con derribar la dictadura, o quitar a los
dictadores actuales. El objeto de estas luchas debe ser el establecimiento de
una sociedad libre, con un sistema democrático de gobierno. La claridad sobre
estos puntos influirá en el desarrollo
49
de la gran estrategia y de las
subsiguientes estrategias específicas.
En particular, los estrategas tienen
que dar respuesta a muchas interrogantes fundamentales como éstas:
• ¿Cuáles son los
principales obstáculos para lograr la libertad?
• ¿Qué factores
facilitarían el alcanzarla?
• ¿Cuáles son los
puntos fuertes de la dictadura?
• ¿Cuáles son las
diversas debilidades de la dictadura?
• ¿Hasta qué punto
son vulnerables las fuentes de poder de la dictadura?
• ¿Cuáles son los
puntos fuertes de las fuerzas democráticas y de la población en general?
• ¿Cuáles son los
puntos débiles de las fuerzas democráticas y de la población en general, y cómo
pueden corregirse?
• ¿Cuál es la
posición de terceras personas no inmediatamente involucradas en el conflicto
que están ayudando, o podrían ayudar, bien a la dictadura, bien al movimiento
democrático y cómo podrían hacerlo?
Escogiendo los medios
A nivel de gran
estrategia, se necesitará que los estrategas escojan el medio de lucha idóneo
que ha de emplearse en el conflicto venidero. Necesitan evaluar las ventajas y
limitaciones de varias técnicas alternativas de lucha, tales como la
beligerancia militar convencional, la guerra de guerrillas, el desafío político
y otras.
Para llevar a cabo
esta selección, los estrategas necesitan considerar interrogantes como las
siguientes: ¿Estará el tipo de lucha
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que se escoja
dentro del marco de las capacidades de los demócratas? ¿Utilizará la técnica
escogida las fuerzas de la población dominada? ¿Enfoca la técnica escogida las
debilidades de la dictadura o busca golpearla donde está más fuerte? ¿Los
medios que se usen ayudarán a los demócratas a cobrar más confianza en sí
mismos, o dependerán de terceras personas o de proveedores externos? ¿Qué
historial tienen los medios escogidos de haber servido para el derrocamiento de
otras dictaduras? ¿Producirán un aumento, o una disminución en la cantidad de
víctimas y otras pérdidas que podrían ocurrir en el conflicto venidero?
Asumiendo que se vaya a tener éxito en cuanto al derrocamiento de la dictadura,
¿qué efecto tendrían los medios escogidos en el tipo de gobierno que emerja
después de la lucha? Es necesario excluir los tipos de acción que se consideren
contraproducentes para el desarrollo de la gran estrategia.
En los capítulos
anteriores hemos argumentado que el desafío político ofrece ventajas
significativas en comparación con las otras técnicas de lucha. Los estrategas
tendrán que analizar la dinámica de sus conflictos particulares, y determinar
si el desafío político responde afirmativamente a las interrogantes anteriores.
Planificando para la democracia
Debemos recordar
que el objetivo de la gran estrategia contra la dictadura no es simplemente la
caída de los dictadores sino establecer un sistema democrático y hacer
imposible el surgimiento de una nueva dictadura. Para alcanzar estos objetivos
será necesario que los medios de lucha que se escojan contribuyan a cambiar la
distribución del poder efectivo de la sociedad. Bajo la dictadura, la población
y las instituciones civiles de la sociedad han sido demasiado débiles y el
gobierno demasiado fuerte. Si no se corrige este desequilibrio, la nueva
camarilla, si así lo quisiere, podría ser tan dictatorial como la anterior. Una
"revolución palaciega" o un golpe de estado, por consiguiente, no es
bienvenido.
El desafío político
contribuye a una más equitativa distribución del poder efectivo, mediante la
movilización de la sociedad contra la dictadura, tal como fue discutido en el
Capítulo Cinco. Este
proceso ocurre de
diversas maneras. El desarrollo de una capacidad de lucha noviolenta significa
que la capacidad de represión violenta de la dictadura ya no va a producir la
intimidación ni la sumisión de la población tan fácilmente. Ésta va a tener a su
disposición poderosos medios de acción para contrarrestar y, a veces, hasta
bloquear el ejercicio del poder de los dictadores. Además, la movilización del
poder popular por medio del desafío político va a fortalecer las instituciones
independientes de la sociedad. La experiencia de haber ejercido alguna vez un
poder efectivo no se olvida fácilmente. El conocimiento y adiestramiento que se
adquieren en la lucha harán que la población sea menos propensa a que los
posibles dictadores la dominen en el futuro. Este cambio en las relaciones de
poder hará mucho más probable el establecimiento de una sociedad democrática
duradera.
Ayuda del exterior
Como parte de la
preparación de la gran estrategia, se necesita calcular qué papel han de jugar
la resistencia interna y las presiones externas en la desintegración de la
dictadura. En este análisis, hemos insistido que la fuerza principal de la
lucha debe provenir del inte-rior mismo del país. El nivel que llegue a
alcanzar la ayuda internacional dependerá de cuánto pueda ésta ser estimulada
por la lucha interna.
Como un complemento
muy limitado, se pueden hacer esfuerzos por movilizar la opinión pública
mundial contra la dictadura desde un punto de vista humanitario, moral o
religioso. Se puede trabajar para lograr que los gobiernos y las organizaciones
internacionales apliquen sanciones diplomáticas, políticas y económicas contra
la dictadura. Éstas podrán ser embargos económicos o de armamento, reducción de
los niveles de reconocimiento diplomático, negación de asistencia económica y
prohibición de inversiones en el país bajo una dictadura, expulsión del
gobierno dictatorial de las diversas organizaciones internacionales y de los
organismos de las Naciones Unidas. Además asistencia internacional como ayuda
financiera o de comunicaciones,
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podrá suministrárseles directamente a
las fuerzas democráticas.
Formulando una gran estrategia
Después de un
estudio de la situación, la selección de los medios y la determinación de qué
papel ha de jugar la ayuda del exterior, los planificadores de la gran
estrategia tendrán que esbozar a grandes rasgos la mejor manera de desarrollar
el conflicto. Este amplio plan se extendería desde el presente hasta la
liberación e instauración de un sistema democrático en el futuro. Al formular
una gran estrategia, estos planificadores tendrán que hacerse una serie de
preguntas. Las siguientes interrogantes, de una manera mas específica que
antes, plantearán los considerandos que han de tenerse en cuenta al diseñar una
gran estrategia para una lucha mediante el desafío político.
¿Cuál es la mejor
manera de empezar una lucha a largo plazo? ¿Cómo podría la población oprimida
acumular suficientes fuerzas y confianza en sí misma para desafiar la
dictadura, aunque inicialmente sea de manera limitada? ¿Cómo puede aumentarse
con el tiempo y la experiencia la capacidad de la población de aplicar la
nocooperación y el desafío político? ¿Cuáles deberán ser los objetivos a
alcanzar en una serie de campañas limitadas, dirigidas a recuperar el control
democrático de la sociedad y a limitar el de la dictadura?
¿Quedan aún
instituciones independientes que hayan sobrevivido la dictadura y que pueden
usarse en la lucha por establecer la libertad? ¿Qué instituciones de la
sociedad pueden ser rescatadas del control de los dictadores, o cuáles
instituciones han de ser creadas de nuevo por los demócratas para satisfacer
las necesidades de éstos y para establecer esferas de ejercicio democrático aún
cuando la dictadura continúe?
¿Cómo puede
desarrollarse la fuerza organizacional en la resistencia? ¿Cómo se puede
adiestrar a los participantes? ¿Qué recursos (financieros, materiales, etc.) se
requerirán a lo largo de la lucha? ¿Qué tipo de simbolismo será el más efectivo
para movilizar a la población?
¿Por medio de qué
tipo de acción y en qué etapas se verán progresivamente debilitados o
eliminados los recursos del poder de los dictadores? ¿Cómo puede la población
que resiste persistir en el desafío y a la vez mantener la necesaria disciplina
noviolenta? ¿Cómo podrá la población satisfacer sus necesidades básicas
du-rante el curso de la lucha? ¿Cómo se podrá mantener el orden social en medio
del conflicto? ¿Qué hará la resistencia democrática, a medida que se aproxime
la victoria, para seguir construyendo las bases de la sociedad de la
post-dictadura y lograr que la transición sea lo menos brusca posible?
Recuérdese que no
hay un curso prescrito, ni se puede crear un modelo de estrategia para cada
movimiento de liberación contra las dictaduras. Cada lucha por derribar un
régimen de fuerza y establecer un sistema democrático tendrá que ser diferente.
Nunca habrá dos situaciones exactamente iguales. Cada dictadura tiene algunas
características individuales, y variarán las capacidades de la población que
busca liberarse. Los planificadores de una gran estrategia para una lucha de
desafío político requerirán una pro-funda comprensión, no sólo de su situación
específica de conflicto sino también de los medios de lucha que hayan escogido.13
Cuando la gran
estrategia para la lucha ha sido cuidadosamente planificada hay razones de peso
para darla a conocer ampliamente. Las grandes cantidades de gente que hace
falta que participen estarán más dispuestas y aptas para actuar si entienden la
concepción ge-neral así como las instrucciones específicas. Es posible que el
saber esto tenga un efecto muy positivo en la moral y en su voluntad de
participar y actuar apropiadamente. En todos los casos los lineamientos
generales de la gran estrategia se darán a conocer a los dictadores y esto,
potencialmente, puede llevar a aquéllos a ser menos brutales en su represión, a
sabiendas de que, políticamente, puede salirles el tiro por la culata. El haber
sido alertados sobre las
13Se recomienda el
estudio completo de Gene Sharp, The Politics of Nonviolent Action (La
Política de la Acción Noviolenta), y de Peter Ackerman y Christopher Kruegler, Strategic
Nonviolent Conflict (El Conflicto Estratégico Noviolento), (Westport,
Con-necticut: Praeger, 1994). También ver Gene Sharp, Waging Nonviolent
Struggle: Twen-tieth Century Practice and Twenty-First Century Potential. Venidero.
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55 |
características
especiales de la gran estrategia podría también contribuir a causar disensiones
o descontento entre los partidarios del dictador.
Una vez que se ha
adoptado un plan estratégico global para hacer caer la dictadura y establecer
un sistema democrático, es importante que los grupos democráticos persistan en
aplicarlo. En muy raras circunstancias deberá la lucha apartarse del plan inicial
de la gran estrategia. Cuando haya abundante evidencia de que la gran
estrategia escogida fue mal concebida, o cuando las circunstancias de la lucha
hayan cambiado fundamentalmente, es posible que los planificadores tengan que
alterar la gran estrategia. Aún entonces, deberá hacerse solamente después de
que el cálculo fundamental se haya hecho de nuevo, y se haya desarrollado y
adoptado una estrategia nueva más adecuada.
Planificando las estrategias de
campaña
No importa cuán
sabia y promisoria sea, una gran estrategia desarrollada para terminar con la
dictadura no se ejecuta por sí sola. Hará falta que se desarrollen estrategias
particulares para orientar las principales campañas enfocadas al socavamiento
del poder de los dictadores. Estas estrategias, en su momento, van a incorporar
y dirigir una serie de movimientos tácticos que aspiran a infligir golpes
decisivos contra el régimen de los dictadores. Las tácticas y los métodos de
acción específicos deben escogerse cuidadosamente para que contribuyan a
alcanzar los objetivos de cada estrategia particu-lar. La discusión aquí se
enfoca exclusivamente a nivel de estrategia.
Hace falta que los
estrategas que planifican las campañas mayores, así como los que planificaron
la gran estrategia, tengan una comprensión minuciosa de la naturaleza y de los
modos operacionales de la técnica que hayan escogido para la lucha. Así como los
oficiales militares tienen que entender de estructuras de fuerza, táctica,
logística, pertrechos, efectos geográficos y demás para urdir una estrategia
militar, los planificadores del desafío político deben conocer bien la
naturaleza y los principios estratégicos básicos de la lucha noviolenta. Aunque
así fuere, la atención a las
recomendaciones de
este ensayo y la respuesta a las preguntas que planteamos aquí, no producirán
por sí mismos las estrategias. La formulación de las estrategias para la lucha
requiere además de una creatividad bien informada.
Al planificar las
estrategias para las campañas específicas y selectivas de resistencia, y para
el desarrollo a largo plazo de la lucha de liberación, los estrategas del
desafío político tienen que considerar varios puntos y problemas, entre los
cuales se encuentran los siguientes:
• Determinación de
los objetivos específicos de la campaña y de cómo éstos contribuyen a hacer
efectiva la gran estrategia;
• Consideración de
los métodos específicos o armas políticas que mejor se puedan emplear para
implementar la estrategia escogida. Dentro del plan estratégico integral para
una campaña en particular, será necesario determinar qué planes tácticos
menores y qué métodos de acción específicos se deben emplear para imponer
presiones y restricciones a las fuentes de poder de la dictadura. Recuérdese
que el alcanzar los objetivos mayores vendrá como resultado de haber escogido
cuidadosamente, e implementado específicamente, los pasos menores.
• Determinación de si
los asuntos económicos deben relacionarse con la lucha total, que es
esencialmente política, y de cómo. Si los asuntos económicos han de ser
prominentes en la lucha, hay que cuidar que los malestares económicos de veras
podrán remediarse luego de liquidada la dictadura. Si no, la desilusión y el
descontento cundirán, a menos que se provean soluciones rápidas durante el
período de transición a una sociedad democrática. Esa desilusión puede suscitar
el ascenso de las fuerza dictatoriales que prometan poner fin a los malestares
económicos.
• Determinación a priori de qué clase
de estructura de
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liderazgo y sistema
de comunicaciones funcionarán mejor al comienzo de la lucha de resistencia.
¿Qué medios de tomar decisiones y de comunicación serán posibles durante el
curso de la lucha para orientar continuamente a los de la resistencia y a la
población en general?
• Comunicación de las
noticias de la resistencia a la población, las fuerzas del dictador y la prensa
internacional. Las denuncias e informaciones deben ser rigurosamente veraces.
Las exageraciones y las reclamaciones infundadas minan el prestigio de la resistencia.
• Planes sobre
actividades constructivas independientes— económicas, sociales o educativas—que
aumenten la confianza de las personas en sí mismas, para que sean capaces de
responder a las necesidades de su propia gente durante el conflicto que va a
producirse. Tales proyectos pueden ser administrados por personas que no estén
directamente involucrados en las actividades de la resistencia.
• Determinación de
qué clase de ayuda exterior es deseable para apoyar una campaña específica o la
lucha de liberación en general. ¿Cómo puede la ayuda exterior movilizarse de la
mejor manera, y utilizarse, sin hacer depender la lucha interna de factores externos
no confiables? Hará falta decidir cuáles de los grupos del exterior son los más
apropiados y los más aptos para ayudar, por ejemplo las organizaciones
nogubernamentales (movimientos sociales, grupos religiosos o políticos,
sindicatos, etc.), los gobiernos y/o las Naciones Unidas y sus diversos
cuerpos.
Es más, los
planificadores de la resistencia tendrán que tomar medidas para preservar el
orden y planear cómo puede responder la gente a sus propias necesidades durante
los procesos de resistencia masiva contra los controles dictatoriales. Esta
planificación se orienta no sólo a crear estructuras alternativas
independientes y democráticas
y a responder a las
verdaderas necesidades, sino también a reducir la credibilidad del régimen
cuando éste declare que es necesaria una represión más severa para poner fin al
desorden y la delincuencia.
Difundiendo la idea de la
nocooperación
Para un desafío
político exitoso contra una dictadura, es esencial que la población capte la
idea de la nocooperación. Como se ilustró en el cuento del "Amo de los
Monos" (ver Capítulo Tres), la idea básica es sencilla. Si un número
suficiente de subordinados se rehusa a seguir cooperando por un tiempo
suficiente a pesar de la represión el sistema opresivo se debilitará, y acabará
por desplomarse.
Las personas que
viven bajo una dictadura pueden ya estar familiarizadas con este concepto por
diversas fuentes. Aún así las fuerzas democráticas deben deliberadamente
difundir y comunicar a todos los estratos sociales la idea de la nocooperación.
La fábula del "Amo de los Monos", o una semejante, podría difundirse
por toda la sociedad. Un cuento así puede comprenderse fácilmente. Una vez que
la población en general haya asimilado el concepto de la nocooperación, la
gente podrá entender la relevancia que van a tener en el futuro los llamados a
practicar la nocooperación contra la dictadura. De la misma manera podrán, por
cuenta propia, improvisar miles de formas específicas de nocooperación en
situaciones nuevas.
A pesar de las
dificultades y peligros en los intentos de comunicar ideas, noticias e
instrucciones de la resistencia cuando se está viviendo bajo una dictadura, los
demócratas a menudo han demostrado que sí es posible hacerlo. Aún bajo los
regímenes nazis o comunistas, fue posible que los de la resistencia se
comunicaran, no sólo con otros individuos, sino con grandes públicos, mediante
la publicación de periódicos ilegales, folletos, libros y más recientemente por
medio de casetes de audio y video.
Ya con la ventaja
de una planificación estratégica previa, se pueden preparar los lineamientos
para la resistencia y diseminarlos. Estos pueden indicar los motivos por los
cuales y las circunstancias
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en que la población
debe protestar y suspender la colaboración, y cómo puede esto llevarse a cabo.
Entonces, aún cuando las comunicaciones con la dirección democrática se
cortaran y no se emitieran o recibieran instrucciones específicas, la población
sabría cómo actuar en relación con ciertos asuntos importantes. Tales
lineamientos también podrían usarse para comprobar si la policía ha emitido
falsas "instrucciones a la resistencia" a fin de provocar una acción
que desacredite el movimiento.
La represión y las contramedidas
Los planificadores
de la estrategia tienen que calcular las posibles respuestas y la represión,
especialmente el umbral de violencia de la dictadura de cara a las acciones de
la resistencia democrática. Será preciso determinar cómo enfrentarlas y contraatacarlas,
o evitar el posible incremento de la represión sin someterse. Tácticamente, en
situaciones específicas, una advertencia apropiada sobre la represión que se
espera servirá a los de la resistencia y a la población en ge-neral para que
sepan los peligros que corren si participan. Si la represión se perfila muy
seria, deben tomarse medidas para dar asistencia médica a los heridos de la
resistencia.
Anticipándose a la
represión, los estrategas harán bien en considerar por adelantado el empleo de
tácticas y métodos que contribuyan a alcanzar el objetivo específico de la
campaña, o la liberación misma, pero que hagan menos probable o posible una
represión excesiva. Por ejempo, las acciones callejeras y las manifestaciones
contra las dictaduras extremas pueden ser muy dramáticas, pero pueden
arriesgarse a dejar miles de muertos entre los manifestantes. De hecho, el alto
costo que éstos paguen puede no aumentar más la presión sobre la dictadura que
si todo el mundo se hubiera quedado en su casa, hubiera habido una huelga, o si
los funcionarios hubieran participado en un acto de nocooperación masiva.
Si se ha
contemplado que la acción provocadora de la resistencia con un alto riesgo de
víctimas va a hacer falta para un fin estratégico, entonces hay que calcular
con mucho cuidado los posibles costos de
la acción y sus
ganancias. ¿Estarán los de la población y los de la resistencia listos para
comportarse disciplinadamente y de una manera noviolenta durante el curso de la
lucha? ¿Podrán resistirse a las provocaciones de la violencia? Los
planificadores han de considerar qué medidas han de tomarse para mantener la
disciplina noviolenta, y para sostener la resistencia a pesar de las
brutalidades. ¿Serán posibles y a la vez efectivas algunas medidas como los
compromisos, las declaraciones de política a seguir, los folletos sobre la
disciplina, las convocatorias a las manifestaciones y el boicot aplicado a
perso-nas y grupos que aboguen por la violencia? Los dirigentes tienen que
estar siempre alerta ante la presencia de agentes provocadores cuya misión será
incitar a los manifestantes a la violencia.
Adhiriéndose al plan estratégico
Una vez que un
concienzudo plan estratégico se pone en marcha, las fuerzas democráticas no
deben dejarse distraer por los movimientos menores que emprendan los
dictadores, y que pueden tentarlos a abandonar la gran estrategia o la de una
campaña en particular, haciendo que muchas actividades enfoquen asuntos sin
importancia. Tampoco deben permitir que la emoción del momento —quizá en
reacción a las nuevas barbaridades efectuadas por la dictadura—permita desviar
la resistencia democrática de su gran estrategia o de su estrategia de campaña.
Las barbaridades pueden haber sido perpetradas precisamente para provocar que
las fuerzas democráticas abandonen su plan bien fundado y hasta lleguen a
cometer actos violentos, a fin de que los dictadores puedan derrotarlos más
fácilmente.
En tanto el
análisis básico se considere acertado, la tarea de las fuerzas pro-democráticas
es la de llevarlo adelante paso a paso. Por supuesto que van a producirse
cambios de táctica y de objetivos intermedios. Un buen líder siempre está
dispuesto a explotar una oportunidad. Estos ajustes no deben confundirse con
los objetivos de la gran estrategia o los de una campaña específica. La
minuciosa implementación de la gran estrategia que se haya decidido y de las
estrategias de las campañas particulares, va a contribuir grandemente a la
victoria.
APLICANDO EL DESAFÍO POLÍTICO
En situaciones en
que la población se siente impotente y asustada, es importante que las tareas
iniciales para el público sean acciones de poco riesgo, que le desarrollen la
confianza en sí mismo. Esta clase de acciones—tales como vestirse con atuendos
diferentes— puede interpretarse públicamente como una opinión disidente y
brindar una oportunidad para que el público participe significativamente en un
acto de disensión. En otros casos, una cuestión no política de relativamente
poca importancia (vista superficialmente) como por ejemplo la consecución de un
suministro de agua seguro, puede convertirse en un centro de acción grupal. Los
estrategas deben escoger un asunto cuyos méritos sean ampliamente reconocidos y
difíciles de rechazar. El éxito en tales campañas limitadas puede ser no sólo
corregir malestares específicos sino convencer a la población de que en verdad
tiene potencial para ejercer el poder.
En una lucha a
largo plazo, la mayor parte de las estrategias de campaña no deben tratar de
alcanzar la caída completa e inmediata de la dictadura, sino de lograr
objetivos limitados. Cada campaña tampoco va a requerir la participación de
todos los sectores de la población.
Al contemplar una
serie de campañas específicas para implementar la gran estrategia, los
estrategas del desafío tienen que considerar cómo las campañas del comienzo de
la lucha, las de la mitad o las ya próximas a su conclusión se diferenciarán
unas de otras.
Resistencia selectiva
En los momentos
iniciales de la lucha las campañas separadas con distintos objetivos
específicos pueden ser muy útiles. Estas campañas selectivas pueden hacerse una
tras otra. Ocasionalmente dos o tres pueden ocurrir al mismo tiempo.
Al planificar una estrategia para la
"resistencia selectiva" es
61
necesario
identificar motivos limitados y específicos o malestares que simbolizen la
opresión de la dictadura en general. Tales asuntos pueden ser los objetivos
estratégicos intermedios dentro de la gran estrategia global.
Es necesario que
estos objetivos estratégicos intermedios sean alcanzables para la capacidad de
poder, actual o proyectada, de las fuerzas democráticas. Esto ayuda a asegurar
una serie de victorias que son buenas para levantar la moral, y que también contribuyen
a que se produzcan cambios incrementales en las relaciones de poder que
resulten ventajosos para una lucha a largo plazo.
Las estrategias
selectivas de la resistencia deberán concentrarse en primer lugar en cuestiones
sociales, económicas o políticas. Estas se pueden escoger a fin de conservar
alguna parte del sistema social y político fuera del control de los dictadores,
para recuperar el con-trol de alguna porción de este sistema actualmente bajo
el control de los dictadores, o para negar a los dictadores algún objetivo en
par-ticular. Si es posible, la campaña de resistencia selectiva debe también
atacar una o más de las debilidades de la dictadura, tal como lo hemos
explicado. En consecuencia, los demócratas pueden producir el mayor impacto
posible con la capacidad de poder que tengan a su alcance.
Muy al principio,
los estrategas tienen que planificar por lo menos la estrategia para la primera
campaña. ¿Cuáles han de ser sus objetivos limitados? ¿Cómo van éstos a ayudar a
la realización de la gran estrategia? Si es posible, sería prudente formular
por lo menos los lineamientos generales para una segunda y acaso hasta una
tercera campaña. Todas esas campañas han de llevar a cabo la gran estrategia
escogida y operar dentro de los lineamientos generales de ésta.
El reto simbólico
Al principio de una
nueva campaña para minar la dictadura, las primeras y más específicas acciones
pueden tener un campo limitado. Deben estar diseñadas en parte para probar el
estado de ánimo de la población e influir en él, y prepararla para continuar la
lucha a través
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63 |
de la nocooperación y el desafío
político.
La acción inicial
podría tomar la forma de una protesta simbólica o podría ser un acto simbólico
de nocooperación limitada y temporal. Si el número de personas dispuestas a
actuar es limitado, entonces la acción inicial podría consistir, por ejemplo,
en depositar una ofrenda floral en algún lugar de importancia simbólica. Por
otra parte, si el número de los dispuestos a actuar es muy grande, entonces
podría hacerse un paro de cinco minutos en todas las actividades u observar
algunos minutos de silencio. En otras situaciones, unos cuantos individuos
pueden ponerse en huelga de hambre, reunirse para una vigilia en un lugar de
importancia simbólica, practicar un breve boicot estudiantil a las clases, o
entrar y sentarse en una oficina importante por un tiempo limitado. Una
dictadura probablemente reprimiría con crueldad las acciones más agresivas.
Ciertas acciones
simbólicas como la ocupación física del territorio frente al palacio del
dictador o de los cuarteles de la policía pueden incurrir en un gran riesgo;
por lo tanto, no son recomendables para iniciar una campaña.
Las primeras
acciones de protesta simbólica a veces han suscitado una gran atención nacional
e internacional, como las demostraciones masivas en Birmania en 1988 o la
ocupación y huelga de hambre por los estudiantes de la plaza de Tiananmen en
Beijin en 1989. El elevado número de víctimas entre los manifestantes en ambos
casos subraya el gran cuidado que tienen que tener los estrategas cuando
planifican las campañas. Aún cuando estas acciones tengan un tremendo impacto
moral y sicológico, por sí mismas no es probable que hagan caer la dictadura,
porque permanecen dentro de lo simbólico y no alteran la posición de poder de
la dictadura.
Por lo general no
es posible negarles por completo a los dictadores el acceso a los recursos de
poder al principiar la lucha. Para eso haría falta que prácticamente toda la
población y casi todas las instituciones de la sociedad—las cuales desde antes
les han estado muy sometidas—rechazaran absolutamente al régimen y que de
pronto lo desafiaran mediante una fuerte y masiva nocooperación.
Eso todavía no ha
ocurrido, y alcanzarlo sería sumamente dificíl. En la mayoría de los casos, por
consiguiente, una rápida campaña de completa nocooperación y desafío no sería
una estrategia realista para una campaña inicial contra la dictadura.
Distribuyendo las responsabilidades
Durante una campaña
selectiva de resistencia, ciertos grupos de la población son los más
castigados. En una campaña posterior con un objetivo diferente, el peso de la
lucha se desplazará hacia otros grupos. Por ejemplo, los estudiantes pueden
irse a la huelga por una cuestión referente a la educación, los dirigentes
religiosos y los fieles pueden concentrarse en el tema de la libertad de
cultos, los trabajadores de los ferrocarriles pueden observar tan
meticulosamente las regulaciones de seguridad que lleguen a retardar en extremo
todo el sistema ferroviario, los periodistas pueden desafiar la censura
publicando un espacio en blanco en el periódico donde hubiera correspondido un
artículo prohibido, la policía una y otra vez puede errar y no localizar ni detener
a los miembros de la oposición democrática que buscan. El escalonar las
campañas de resistencia según los motivos y el sector de la población que ha de
actuar les permitirá a otros sectores descansar un poco mientras la resistencia
prosigue.
La importancia de
la resistencia selectiva consiste en defender la existencia y autonomía de los
grupos políticos, económicos y sociales así como a las instituciones fuera del
control de la dictadura, como lo mencionamos antes. Estos centros de poder proporcionan
las bases institucionales desde las cuales la población puede ejercer presión o
resistirse a los controles dictatoriales. En la lucha, es pro-bable que sean
los primeros en ser golpeados por la dictadura.
Apuntando al poder del dictador
A medida que la
lucha a largo plazo se desarrolla más allá de las estrategias iniciales hacia
fases más ambiciosas y avanzadas, los estrategas han de calcular cómo limitar
más las fuentes de poder del
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65 |
dictador. El
objetivo será usar la nocooperación popular a fin de crear una nueva situación
estratégica más ventajosa para las fuerzas democráticas.
A medida que las
huestes democráticas cobran fuerza, los estrategas organizan formas de
nocooperación y de desafío más ambiciosas para negarle a la dictadura los
recursos del poder, para propiciar una parálisis política y por último el fin
de la dictadura y su desintegración.
Será necesario
planificar con cuidado cómo podrán las huestes democráticas debilitar el apoyo
que personas y grupos hayan ofrecido a la dictadura previamente. ¿Se
resquebrajará este apoyo cuando les revelen las brutalidades perpetradas por el
régimen, cuando les expongan las desastrosas consecuencias económicas de las
políticas del dictador, o cuando tengan nuevos elementos para comprender que se
puede acabar con la dictadura? Hay que llevar a los defensores de la dictadura
por lo menos a permanecer neutrales, a no tomar partido o mejor a convertirse
en defensores activos del movimiento por la democracia.
Durante la
planificación e implementación del desafío político y la nocooperación, es muy
importante prestar atención a todos los defensores y auxiliares de los
dictadores, inclusive a su camarilla interna, al partido político, la policía y
la burocracia, pero especialmente al ejército.
Haría falta
calcular bien el grado de lealtad a la dictadura de las fuerzas militares,
tanto soldados como oficiales, y determinar si son susceptibles de ser
influidas por las fuerzas democráticas. ¿Pudieran los soldados comunes y
corrientes ser unos presos descontentos y asustados del régimen? ¿Se podría
poner en contra del régimen a muchos de los soldados y oficiales por razones
personales, familiares o políticas? ¿Qué otros factores harían a los soldados y
oficiales vulnerables a la subversión democrática?
Desde el inicio en
la lucha de liberación debe desarrollarse una estrategia especial para
comunicarse con las tropas y funcionarios del dictador. Mediante palabras,
símbolos y acciones, las fuerzas democráticas pueden informar a las tropas que
la lucha de liberación va a ser vigorosa, decidida y persistente. Las tropas
han de saber
que la lucha va a
tener un carácter especial destinado a socavar la dictadura, pero que no
amenaza su vida. Tales esfuerzos aspiran en última instancia a minar la moral
de las tropas del dictador y finalmente a subvertir su lealtad y obediencia a
favor del movimiento democrático. Se debe intentar llegar a la policía y a los
funcionarios con estrategias similares.
El intento de ganar
simpatías entre las fuerzas del dictador y eventualmente a inducirlas a la
desobediencia no debe interpretarse, sin embargo, como una invitación a que las
fuerzas militares produzcan una rápida interrupción de la dictadura mediante una
acción militar. Una acción semejante no es posible que dé paso a una democracia
que funcione, porque, como ya hemos explicado, un golpe de estado sirve de poco
para cambiar el desequilibrio de las relaciones de poder entre el pueblo y los
gobernantes. Por consiguiente, es necesario planear cómo puede hacérseles
entender a los oficiales militares que simpatizan con los demócratas que ni un
golpe militar ni una guerra civil son necesarios o deseables.
Los oficiales
simpatizantes pueden jugar papeles vitales en la lucha democrática tales como
difundir entre las fuerzas militares el descontento y la nocooperación,
alentando las deficiencias deliberadas y calladamente hacer caso omiso de las
órdenes, manteniéndose firmes en su decisión de no reprimir. El personal
militar puede también brindar varias formas de asistencia noviolenta y positiva
al movimiento democrático entre las que se incluye facilitar el paso seguro,
información, comida, suministros médicos y otros.
El ejército es uno
de los recursos de poder más importantes de los dictadores porque éstos pueden
usar las unidades militares disciplinadas y su armamento para atacar
directamente a la población desobediente y castigarla. Los estrategas
del desafío deben recordar que va ser extraordinariamente difícil, si no
imposible, desmantelar la dictadura si la policía, la burocracia y las fuerzas
armadas se mantienen plenamente leales y obedientes en el cumplimiento de sus
órdenes. Las estrategias orientadas a subvertir la lealtad
de las huestes del dictador deben gozar de una prioridad especial de parte de
los planificadores democráticos.
Las fuerzas democráticas deben
recordar que el descontento y
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67 |
la desobediencia
entre las fuerzas armadas y de la policía pueden resultar altamente peligrosas
para los miembros de esos grupos. Pueden esperar penas muy severas por los
actos de desobediencia, y la muerte por ejecución en caso de amotinamiento. Las
fuerzas democráticas no deben pedirles a los soldados y oficiales que se
amotinen inmediatamente; en lugar de eso, donde sea posible la comunicación,
debe aclarárseles que hay multiples formas de "desobediencia
disimulada" que sí pueden ser practicadas desde el principio. Por ejemplo,
los policías o los soldados de tropa pueden entorpecer el cumplimiento de las
órdenes de distribución, no acertar a encontrar a las personas buscadas,
advertir a los de la resistencia acerca de las órdenes de represión que se han
dictado contra ellos así como de los arrestos y deportaciones, y pueden dejar
de transmitir información importante para sus oficiales superiores. Por su
parte, los oficiales descontentos con el régimen pueden no transmitir, o
demorar la transmisión de las ordenes de represión a los mecanismos encargados
de ejecutarlas. Pueden disparar por encima de las cabezas de los manifestantes.
Los funcionarios del estado pueden perder o traspapelar las instrucciones,
trabajar deficientemente, o "enfermarse" para tener que permanecer en
casa hasta "curarse".
Cambios en la estrategia
Los estrategas del
desafío político tienen que estar constantemente evaluando cómo la gran
estrategia y las estrategias de campañas específicas se están implementando. Es
posible por ejemplo, que la lucha no marche tan bien como se hubiera esperado.
En ese caso hay que pensar qué cambios se necesitan en la estrategia. ¿Qué
podría hacerse para aumentar la fuerza del movimiento y retomar la iniciativa?
En una situación así habrá que identificar el problema, volver a realizar el
cálculo estratégico, si es posible, darle la responsabilidad de la lucha a un
sector distinto de la población, movilizar recursos adicionales de poder y
desarrollar acciones alternativas. Cuando esto se hubiere hecho, el nuevo plan
se implementará inmediatamente.
Si, por el
contrario, la lucha ha marchado mucho mejor de lo previsto y la dictadura está
desmoronándose antes de lo que se había calculado, ¿cómo podrán las fuerzas
democráticas capitalizar esas victorias inesperadas y avanzar hacia la
paralización de la dictadura? Exploraremos esta problemática en el capítulo
siguiente.
DESINTEGRANDO LA DICTADURA
El efecto
acumulativo de estas exitosas campañas de desafío político bien dirigidas sería
el fortalecimiento de la resistencia y el establecimiento y expansión de áreas
de la sociedad donde la dictadura se encuentra con los límites de su control
efectivo. Estas campañas también proporcionan una importante experiencia en
cómo negar la cooperación a la dictadura, y cómo manifestar un desafío
político. Esta experiencia será de gran ayuda cuando llegue el momento de una
nocooperación y un desafío masivos.
Tal como se
discutió en el Capítulo Tres, la obediencia, la cooperación y la sumisión son
esenciales para que un dictador sea poderoso. Sin acceso a las fuentes de poder
político, el poder del dictador se debilita y finalmente se esfuma. El retiro
del respaldo es, por lo tanto, la principal acción que se requiere para
desintegrar la dictadura. Sería útil repasar cómo se pueden afectar las fuentes
del poder mediante el desafío político.
Los actos
simbólicos de repudio y desafío se encuentran entre los medios disponibles para
minar la moral del régimen y su autoridad política, es decir,
su legitimidad. Mientras mayor sea la autoridad de un gobierno, mayor y más
confiables serán la obediencia y cooperación que recibirá. La desaprobación
moral necesita ser expresada mediante acciones para que la dictadura perciba
que es una amenaza seria a su existencia. Es necesario retirarle la cooperación
y la obediencia para negarle al régimen el acceso a las otras fuentes de poder.
La fuente de poder
segunda en importancia son los recursos humanos, la cantidad e
importancia de las personas y grupos que obedezcan o ayuden a los
gobernantes y que cooperen con ellos. Si grandes sectores de la población
practican la nocooperación, el régimen realmente se verá en un serio problema.
Por ejemplo, si los funcionarios gubernamentales ya no funcionan con su normal
eficiencia, o inclusive se quedan en casa, el aparato administrativo se verá
gravemente afectado.
69
De igual manera, si
entre las personas o grupos nocooperantes se incluye a los que previamente le
han estado aportando tecnologías y conocimientos especializados,
entonces los dictadores verán cómo su capacidad de funcionamiento
se debilita gravemente. Hasta su capacidad de tomar decisiones ante una
información sólida y de desarrollar políticas efectivas se verá seriamente
reducida.
Si las influencias
sicológicas e ideológicas—llamadas factores intangibles—que por lo
general inducen a las personas a obedecer y ayudar a los
gobernantes, se debilitan o revierten, la población se inclinará más a
desobedecer y nocooperar.
El acceso de los
dictadores a los recursos materiales también afecta
directamente su poder. Con el control de los recursos financieros del sistema
económico, la propiedad, los recursos naturales, el transporte y los medios de
comunicación en manos de los verdaderos opositores del régimen, o de otros en
potencia, otro recurso de poder importantísimo se les ha vuelto vulnerable o se
les ha negado. Las huelgas, el boicot y la creciente autonomía en algunos
sectores de la economía, las comunicaciones y el transporte, debilitarán al
régimen.
Como ya se discutió
anteriormente, la capacidad del dictador para amenazar o aplicar
sanciones—castigos contra los sectores nocooperantes, desobedientes o
ingobernables de la población—es una fuente central del poder de los
dictadores. Ésta puede debilitarse en dos días. En primer lugar, si la
población está preparada, como en la guerra, para arriesgarse a serias
consecuencias como precio del desafío, la efectividad de las sanciones
aplicables se verá drásticamente disminuida; es decir, la represión de los
dictadores no logrará el sometimiento deseado. En segundo lugar, si la policía
y hasta las mismas fuerza militares se manifiestan descontentas, puede ser que
individualmente o en grupo evadan o francamente desacaten las órdenes de
arrestar, golpear o disparar contra los de la resistencia. Si los dictadores ya
no pueden confiar en la policía y las fuerzas militares, la dictadura está
seriamente amenazada.
En síntesis, el
éxito contra una dictadura bien afianzada exige que la nocooperación y el
desafío le reduzcan y le quiten al régimen las fuentes de poder. Sin la
constante reposición de los recursos de poder necesarios, la dictadura se
debilitará y finalmente se
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71 |
desintegrará. Una
planificación estratégica competente del desafío político contra las
dictaduras, por consiguiente, necesita tener como objetivo las más importantes
fuentes de poder de los dictadores.
La escalada de la libertad
En combinación con
el desafío político, durante la etapa de la resistencia selectiva, el
crecimiento de las instituciones autónomas— sociales, económicas, culturales y
políticas—expande progresivamente el "espacio democrático" de la
sociedad y contrae el control de la dictadura. A medida que las instituciones
civiles de la sociedad se fortalecen en relación con la dictadura, entonces,
sin importar lo que quieran los dictadores, la población está construyendo de
manera creciente una sociedad independiente fuera del control de aquélla. Si la
dictadura va a intervenir para frenar este "aumento de la libertad",
cuando lo haga, se puede aplicar la lucha noviolenta en defensa de este espacio
recientemente ganado, y la dictadura se verá confrontada por otro
"frente" más en la lucha.
Con el tiempo, esta
combinación de resistencia y construcción de instituciones puede conducir a una
libertad de facto. El derrumbamiento de la dictadura y la
instauración formal de un sistema democrático se hará innegable, porque se
habrán alterado fundamentalmente las relaciones de poder dentro de la sociedad.
La Polonia de los
setentas y los ochentas constituye un claro ejemplo de cómo la sociedad rescata
progresivamente sus instituciones y funciones por medio de la resistencia. La
Iglesia Católica ha sido perseguida, pero jamás puesta bajo el absoluto con-trol
comunista. En 1976, ciertos intelectuales y obreros formaron pequeños grupos
tales como los KOR (Comités de Defensa de los Trabajadores) para impulsar sus
ideas políticas. La organización del sindicato de Solidaridad, con el poder que
tuvo de organizar huelgas muy efectivas, obligó a su legalización en 1980.
Campesinos, estudiantes y muchos otros grupos también formaron sus propias
organizaciones independientes. Cuando los comunistas se dieron cuenta que estos
grupos habían cambiado las realidades del poder, Solidaridad fue proscrita de
nuevo y los comunistas recurrieron al
régimen militar.
Inclusive bajo la
ley marcial, con numerosos encarcelamientos y recia persecución, las nuevas
instituciones independientes de la sociedad continuaron funcionando. Por
ejemplo, docenas de periódicos y revistas ilegales siguieron publicándose.
Casas editoriales ilegales publicaban anualmente cientos de libros, mientras
que los más conocidos escritores polacos boicoteaban las editoriales del
gobierno y sus publicaciones. Actividades similares continuaban en otros
sectores de la sociedad.
Bajo el régimen
militar de Jaruselski el gobierno militar comunista alguna vez fue descrito
como rebotando de un extremo a otro en la cresta de la sociedad. Los oficiales
todavía ocupaban las oficinas y los edificios del gobierno. El régimen todavía
podía golpear a la sociedad con castigos, arrestos, encarcelamientos, la
ocupación de las imprentas y acciones por el estilo. Desde ese punto de vista,
era sólo cuestión de tiempo el que la sociedad acabara de echar abajo al
régimen por completo.
Aún cuando una
dictadura esté todavía ocupando posiciones gubernamentales, a veces es posible
organizar un "gobierno democrático paralelo". Éste funcionaría de
manera creciente como un gobierno rival, al cual la población y las
instituciones de la sociedad le prestarían lealtad, obediencia y cooperación.
En consecuencia, a la dictadura se le negarían estas características del
gobierno. Eventualmente, el gobierno democrático paralelo podría llegar a
reemplazar plenamente al régimen dictatorial como parte de la transición a un
sistema democrático. A su debido tiempo entonces, se adoptaría una constitución
y se celebrarían elecciones como parte de la transición.
Desintegrando la dictadura
Mientras se lleva a
cabo la transformación institucional de la sociedad, el movimiento de desafío y
nocooperación puede ir en escalada. Los estrategas de las fuerzas democráticas
pueden moverse más allá de la resistencia selectiva y lanzar el desafío masivo.
En la mayoría de los casos, hace falta tiempo para crear, construir o ex-
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73 |
tender la capacidad
de resistencia, y el desarrollo del desafío masivo podrá ocurrir sólo después
de algunos años. Durante este período intermedio se deberá impulsar una campaña
de resistencia selectiva con objetivos políticos más importantes cada vez. Se
debe involucrar a grandes sectores de la población a todos los niveles de la
sociedad. Dado un desafío político bien definido y disciplinado durante esta
escalada de actividades, es muy probable que la debilidad interna de la
dictadura se haga cada vez más evidente.
Con el tiempo, la
combinación de un desafío político vigoroso y la construcción de instituciones
independientes, es posible que atraiga una amplia atención internacional a
favor de las fuerzas democráticas. Puede también producir condenas diplomáticas
internacionales, boicot y embargos en apoyo a las fuerzas democráticas (como
pasó en Polonia).
Los estrategas
deben estar conscientes de que en algunas situaciones la caída de la dictadura
puede ocurrir extremadamente pronto, como en Alemania del Este en 1989. Esto
puede ocurrir cuando las fuentes de poder le son masivamente negados como
resultado de la repulsa de la población entera contra la dictadura. Este patrón
conductual no es frecuente, y es mejor planificar para una lucha a largo plazo
(aunque haya que estar preparado por si ocurre un cambio a corto plazo).
Durante el curso de
la lucha de liberación, las victorias, aunque sean pequeñas, deben celebrarse.
Los que han ganado una victoria deben ser reconocidos. La celebración,
acompañada por la vigilancia, también contribuye a mantener la moral en alto, y
esto es muy necesario para las futuras etapas de lucha.
Manejando el triunfo responsablemente
Los planificadores
de la gran estrategia deben calcular por adelantado los modos posibles y
preferibles de cómo una lucha victoriosa puede concluirse de la mejor manera a
fin de impedir el surgimiento de una nueva dictadura y de asegurar el
establecimiento gradual de un sistema democrático duradero.
Los demócratas deben pensar cómo debe
manejarse la transición
de una dictadura a
un gobierno interino al final de la contienda. Lo deseable en ese momento es
establecer cuanto antes un nuevo gobierno que funcione. No obstante, no debe
ser simplemente el viejo gobierno con un personal nuevo. Hace falta calcular
qué sectores de la vieja estructura gubernamental (tales como la policía)
tienen que ser abolidos completamente, por su intrínseco carácter
antidemocrático, y qué sectores que se conserven han de ser sometidos más
adelante a un esfuerzo democratizador. Un total vacío de poder podría abrirle
paso al caos y a una nueva dictadura.
Con antelación se
debe determinar cuál habrá de ser la política a seguir con los altos
funcionarios de la dictadura cuando se desintegre su poder. Por ejemplo: ¿se va
a presentar al dictador ante un tribunal? ¿Se les permitirá a él y los suyos
abandonar el país permanentemente? ¿Qué otras opciones habrá consistentes con
el desafío político, la necesidad de reconstruir el país y de establecer una
democracia después de la victoria? Se debe evitar a toda costa un baño de
sangre que podría tener consecuencias drásticas sobre la posibilidad de un
sistema democrático futuro.
Deberá haber planes
específicos para la transición a la democracia que deberán ser aplicados cuando
la dictadura esté debilitándose o se derrumbe. Estos planes ayudarán a impedir
que otro grupo capture el poder mediante un golpe de estado. También se requerirán
planes para la institución de un gobierno constitucional democrático, con
plenas libertades políticas y personales. No deben dejarse perder los cambios
ganados a un precio tan alto por falta de planificación.
Cuando los
dictadores tengan que enfrentarse a una población cuyo poder cada vez es mayor
y al crecimiento de grupos democráticos e instituciones independientes—a
ninguno de los cuales podrá ya controlar la dictadura—los dictadores se
encontrarán con que su poder se está desbaratando. Los cierres masivos de la
sociedad, las huelgas generales, las quedadas-en-casa masivas, las marchas
desafiantes u otras actividades socavarán cada vez más la propia organización
de los dictadores y la de las instituciones relacionadas con ellos. Como una
consecuencia de tal desafío y nocooperación ejecutados inteligentemente y con
participación
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75 |
masiva todo el
tiempo, los dictadores se quedarán sin poder y los defensores de la democracia
habrán triunfado sin violencia. La dictadura se habrá desmoronado ante la
población desafiante.
No todos los
esfuerzos en ese sentido triunfarán, y en especial, nunca lo harán fácilmente,
y sólo rara vez pronto. Debemos recordar que tantas son las guerras militares
ganadas como las perdidas. Sin embargo, el desafío político ofrece una
verdadera posibilidad de victoria. Como apuntamos anteriormente, esa
posibilidad puede ser enormemente fortalecida por medio del desarrollo de una
gran estrategia, un arduo trabajo y una lucha tanto valiente como disciplinada.
TRABAJO PRELIMINAR PARA UNA
DEMOCRACIA DURADERA
La desintegración
de la dictadura es, por supuesto, causa de gran celebración. La gente que por
tanto tiempo ha sufrido y que ha pagado un precio tan alto, merece un tiempo de
gozo, relajamiento y reconocimiento. Debe sentirse orgullosa de sí misma y de todos
los que con ella lucharon para ganar la libertad política. No todos habrán
vivido para celebrar este día. Vivos y muertos serán recordados como héroes que
ayudaron a moldear la historia de la libertad en su país.
Desafortunadamente,
esta no es una oportunidad para reducir la vigilancia. Aún en caso de que la
dictadura hubiese sido desintegrada exitosamente por medio del desafío
político, se deben tomar muchas precauciones para impedir que surja un nuevo
régimen opresivo durante la confusión que acompaña el derrumbamiento del viejo.
Los dirigentes de las fuerzas pro-democráticas deben tener preparada por
adelantado una transición ordenada hacia la democracia. Es necesario establecer
las bases constitucionales y legales así como las normas de comportamiento de
una democracia duradera.
Nadie debe creer
que con la caída de la dictadura inmediatamente va a aparecer una sociedad
ideal. La desintegración de la dictadura simplemente facilita el punto de
partida, en condiciones de una libertad revalorada, para realizar esfuerzos a
largo plazo por mejorar la sociedad y responder más adecuadamente a las
necesidades humanas. Los serios problemas políticos, económicos y sociales
seguirán durante años, y hará falta la cooperación de muchas personas y grupos
para buscarles solución. El nuevo sistema político debe dar una oportunidad
para que las personas con puntos de vista diferentes y medidas que lo
favorezcan continúen el trabajo constructivo y el desarrollo de las políticas
orientadas a encarar los problemas del futuro.
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Amenazas de una nueva dictadura
Aristóteles
advirtió hace tiempo "...que la tiranía puede cambiar y convertirse en
tiranía..."14 La historia nos da muchos ejemplos, en Francia (los jacobinos y
Napoleón), en Rusia (los bolcheviques), en Irán (el Ayatollah), en Birmania
(SLORC), y en otras partes en que algunas personas o grupos consideraron el
derrumbamiento de un régimen opresivo meramente como la oportunidad de
convertirse en los nuevos amos. Sus motivos podrán variar, pero los resultados
son a menudo muy similares. La nueva dictadura puede ser aún más cruel que la
anterior y ejercer un control más asfixiante.
Aún antes del
desplome de la dictadura, miembros del pasado régimen pueden intentar acortar
el proceso de la lucha desafiante por la democracia dando un golpe de estado a
fin de escamotear la victoria que lograría la resistencia popular. Pueden
proclamar que han expulsado a la dictadura, pero de hecho buscan sólo imponer
un modelo más o menos renovado de la anterior.
Cerrándoles el paso a los golpes de
estado
Hay maneras de
derrotar los golpes de estado que se intenten con-tra una sociedad
recientemente liberada. A veces basta un conocimiento previo de esa capacidad
de defenderse para impedir el intento. La preparación intelectual puede
prevenirlos.15
Apenas el golpe
haya sido puesto en marcha, los putschistas necesitan legitimarse, o sea, que
se acepte que tienen derecho político y moral de gobernar. Por lo tanto, el
primer principio básico que hay que esgrimir para defenderse contra el golpe es
negarles la legitimidad a los putschistas.
Los putschistas
también necesitan que los líderes civiles y la población los apoye, que estén
confundidos o que sencillamente se mantengan pasivos. Los putschistas requieren
la colaboración de especialistas y consejeros, burócratas y funcionarios
14Aristóteles, The
Politics (Política), libro V, cap. 12, p. 233.
15Ver Gene
Sharp, The Anti-Coup (El Antigolpe), (Boston, MA: The Albert
Einstein Institution, 2003).
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gubernamentales,
administradores y jueces, a fin de consolidar su poder sobre la sociedad
afectada. También requieren que la multitud de personas que manejan el sistema
político, las instituciones sociales, la economía, la policía y las fuerzas
militares se les sometan pasivamente y lleven a cabo sus funciones habituales
tal como las hayan modificado las órdenes y políticas de los putschistas.
El segundo
principio de la defensa contra el golpe de estado es el de resistir a los
putschistas por medio de la nocooperación y el desafío político. Debe
negárseles la cooperación y asistencia que necesitan. Esencialmente, los mismos
medios de lucha que se usaron contra la dictadura se pueden emplear ante la
nueva amenaza, siempre que se apliquen inmediatamente. Si se les niega tanto la
legitimidad como la cooperación, el golpe puede morir de inanición política, y
se habrá restaurado la oportunidad de construir una democracia.
Redactando una constitución
El nuevo sistema
democrático va a requerir una constitución que establezca la estructura deseada
del gobierno democrático. La constitución deberá fijar los propósitos del
gobierno, limitar los poderes gubernamentales, establecer los procedimientos y
las fechas de las elecciones mediante las cuales se eligirá a los funcionarios
del gobierno y los legisladores, los derechos inherentes del pueblo, y las
relaciones del gobierno nacional con los niveles inferiores de la estructura
política.
Dentro del gobierno
central, si éste ha de seguir siendo democrático, debe establecerse una clara
separación de la autoridad entre las ramas legislativa, ejecutiva y judicial.
Se deben incluir fuertes restricciones a las actividades de la policía, los servicios
de inteligencia y las fuerzas armadas prohibiéndoles cualquier interferencia
política legal.
Para conservar el
sistema democrático e impedir medidas y tendencias dictatoriales, la
constitución debe ser preferentemente una que establezca un sistema federal con
prerrogativas importantes para los gobiernos a nivel regional, estatal y local.
En algunos casos,
se puede considerar
la imitación del sistema suizo de cantones en el que áreas relativamente
pequeñas retienen prerrogativas importantes sin dejar por eso de ser parte
integral del país.
Si una constitución
con muchos de estos rasgos hubiera existido antes en la historia del país
recién liberado, sería deseable reimplantarla modificándola apenas en lo que
fuere necesario y deseable. Si no existiera una constitución más antigua con
los requerimientos del caso, quizá se podría trabajar con una constitución
interina. Si no, habría que escribir una nueva constitución. Preparar una nueva
constitución llevará tiempo y esfuerzo. Es deseable la participación popular en
este proceso y se hace necesaria para la ratificación de un nuevo texto o de
sus enmiendas. Se ha de ser muy cauto al incluir en la constitución promesas
que luego se demuestre que es imposible cumplir, o estipulaciones que requieran
un gobierno altamente centralizado, porque en ambos casos podría facilitarse
una nueva dictadura.
La redacción de la
constitución debe ser fácilmente comprendida por toda la población. No debe ser
tan compleja ni tan ambigua como para que sólo los abogados u otras élites
puedan decir que la comprenden.
Una política democrática de defensa
El país liberado
puede tener que enfrentarse a una amenaza extranjera, para lo cual se
necesitaría una capacidad defensiva. El país puede también verse amenazado por
un intento de imponerle una dominación militar, política o económica desde el
extranjero.
A fin de mantener
una democracia interna, habría que considerar seriamente si han de aplicarse
los principios básicos del desafío político a las necesidades de la defensa
nacional16. Al situar la capacidad de resistencia directamente en manos de la
ciudadanía, los países recientemente liberados pueden evitar la necesidad de
establecer una fuerte capacidad militar que podría, por su parte, amenazar la
democracia y demandar vastos recursos económicos
16Ver Gene Sharp, Civilian-Based
Defense: A Post-Military Weapons System ("La Defensa
con Base Civil: Un Sistema de Armas
Post-Militares"), (Princeton, New Jersey:
Princeton University Press, 1990).
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81 |
que mucho se necesitan para otros
propósitos.
Debemos recordar
que algunos grupos van a ignorar cualquier disposición constitucional en su
afán de establecerse como nuevos dictadores. Por consiguiente, la población
necesita asumir la tarea permanente de aplicar el desafío político y la
nocooperación contra cualquier dictador en potencia y de preservar las
estructuras, los derechos y los procedimientos democráticos.
Una responsabilidad meritoria
Los efectos de la
lucha noviolenta son no solamente debilitar y quitar al dictador sino también
dotar de poder al oprimido. Esta técnica habilita a las personas que
previamente sentían que no servían más que como víctimas para ejercer
directamente el poder para lograr por su propio esfuerzo una mayor libertad y
justicia. Esta experiencia de lucha tiene consecuencias sicológicas importantes
que contribuyen a aumentar la autoestima y la confianza en sí mismos entre los
que antes carecían de todo poder.
Una consecuencia
beneficiosa a largo plazo del empleo de la lucha noviolenta a fin de establecer
un gobierno democrático, es que la sociedad estará más apta para manejar los
problemas recurrentes y futuros. Aquí podrían incluirse los futuros abusos del
gobierno y la corrupción, los maltratos a algún grupo, la injusticia económica
y las limitaciones en la calidad democrática del sistema político. La
población, experimentada en el uso del desafío político, probablemente será
menos vulnerable a la acción de una dictadura en el futuro.
Después de la
liberación, el haberse familiarizado con la lucha noviolenta va a sugerir
maneras de defender la democracia, las libertades civiles, los derechos de las
minorías y las prerrogativas de los gobiernos regionales, estatales o locales
así como de las instituciones nogubernamentales. Tales medios también harán
posible que personas o grupos expresen pacíficamente su disentimiento extremo
sobre asuntos que los grupos de oposición perciben ser tan importantes que a
veces los han llevado al terrorismo o a la guerra de guerrillas.
Los pensamientos
expresados en este examen del desafío político o la lucha noviolenta tienen
como fin tratar de ayudar a todas las personas y grupos que buscan liberar a
sus pueblos de la opresión dictatorial y establecer un sistema democrático
duradero que respete las libertades humanas y la acción popular para mejorar la
sociedad.
Tres conclusiones
principales se derivan de las ideas bosquejadas aquí:
• Es posible
liberarse de las dictaduras;
• Una reflexión
cuidadosa y una planificación estratégica muy meticulosa son indispensables
para lograr la liberación; y
• Se necesitará
vigilancia, mucho trabajo arduo y una lucha disciplinada a veces a un precio
muy alto
Es cierta la
multicitada frase: "La libertad no es gratis". Ninguna fuerza externa
vendrá a darle al pueblo oprimido la libertad que tanto anhela. La gente tendrá
que aprender cómo conseguir esa libertad por sí misma. No será fácil.
Si la gente puede
darse cuenta de lo que necesita para su liberación, podrá trazarse líneas de
acción que, después de muchos trabajos, han de traerle su libertad. Entonces
con ahínco podrá construir un nuevo orden democrático y prepararse para
defenderlo. La libertad que se gana por medio de una lucha de este tipo puede
ser duradera y ser mantenida por un pueblo tenaz comprometido a conservarla y
enriquecerla.
LOS MÉTODOS DE LA ACCIÓN NOVIOLENTA17
MÉTODOS DE PROTESTA Y PERSUASIÓN
NOVIOLENTAS
Declaraciones formales
1. Discursos públicos
2. Cartas de oposición
o de apoyo
3. Declaraciones de
organizaciones e instituciones
4. Declaraciones
públicas firmadas
5. Declaraciones de
acusación e intención
6. Peticiones de grupo
o masivas
Comunicaciones con un público más
amplio
7. Lemas, caricaturas
y símbolos
8. Banderas, carteles
y pancartas
9. Volantes, folletos
y libros
10. Periódicos y otras
publicaciones
11. Discos, radio y
televisión
12. Escritura en el
cielo y en la tierra
Representaciones de grupo
13. Diputaciones
14. Premiaciones
burlescas
15. Cabildeo de grupo
16. Piqueteo
17. Elecciones
burlescas
Actos públicos simbólicos
18. Despliegue de
banderas y colores simbólicos
19. Usar símbolos en el
vestido/vestir atuendos simbólicos
17Esta lista, con
definiciones y ejemplos históricos, está tomada de Gene Sharp, The
Politics of Nonviolent Action, Part Two, The Methods of
Nonviolent Action (La Política de la Acción Noviolenta, Parte Dos, Los
Métodos de la Acción Noviolenta).
83
20. Oración y culto
21. Entrega de objetos
simbólicos
22. Desvestirse en
público
23. Destrucción de las
propias pertenencias
24. Luces simbólicas
25. Exposición de
retratos
26. Pintura como
protesta
27. Nuevos letreros y
nombres
28. Sonidos simbólicos
29. Reclamaciones
simbólicas
30. Gestos groseros
Presión sobre los individuos
31. Acoso a
funcionarios
32. Mofa de
funcionarios
33. Fraternización
34. Vigilias
Drama y música
35. Sátira y burlas
36. Interpretaciones
teatrales y musicales
37. Canto
Procesiones
38. Marchas
39. Desfiles
40. Procesiones
religiosas
41. Peregrinaciones
42. Desfile de
vehículos
Tributo a los muertos
43. Duelo político
44. Funerales burlescos
45. Funerales-Manifestaciones
46. Homenajes en
tumbas/cementerios
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85 |
Asambleas públicas
47. Asambleas de
protesta o de apoyo
48. Mitines de protesta
49. Mitines de protesta
encubiertos
50. Tomar un lugar
usándolo para enseñar
Separación y renuncia
51. Abandonar un lugar
(irse caminando)
52. Guardar silencio
53. Renunciar a un
premio
54. Volver la espalda
MÉTODOS DE NOCOOPERACIÓN SOCIAL
Ostracismo de personas
55. Boicot social
56. Boicot social
selectivo
57. No acción a lo
Lisistrata
58. Excomunión
59. Interdicto
La nocooperación en eventos sociales,
costumbres e instituciones
60. Suspensión de
actividades sociales o deportivas
61. Boicot a eventos
sociales
62. Huelga estudiantil
63. Desobediencia
social
64. Retirarse de
instituciones sociales
Retirarse del sistema social
65. Quedarse en casa
66. Nocooperación
personal (completa)
67. Abandono por parte
de los trabajadores
68. Santuario
69. Desaparición
colectiva
70. Protesta de
emigración (hijrat)
METODOS DE NOCOOPERACIÓN ECONÓMICA
(1) BOICOT ECONÓMICO
Acción de los consumidores
71. Boicot por
consumidores
72. No consumo de
bienes boicoteados
73. Política de
austeridad
74. Retención de
alquileres
75. Negarse a pagar el
alquiler
76. Boicot nacional de
consumidores
77. Boicot
internacional de consumidores
Acción de trabajadores y productores
78. Boicot de
trabajadores
79. Boicot de
productores
Acción de intermediarios
80. Boicot de
suministradores y de los que trasiegan con esos bienes
Acción de dueños y administradores
81. Boicot de
comerciantes
82. Negarse a dejar o a
vender su propiedad
83. Cierre patronal
(Lockout)
84. Negarse a recibir
ayuda industrial
85. "Huelga
general" de comerciantes
Acción de dueños de recursos
financieros
86. Retirar depósitos
del banco
87. Negarse a pagar
estipendios, deudas y asignaciones
88. Negarse a pagar
deudas o intereses
89. Recortar fondos y
créditos
90. Negarse a pagar
impuestos
91. Negarse a aceptar
dinero del gobierno
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87 |
Acción por parte de los gobiernos
92. Embargo doméstico
93. Lista negra de
comerciantes
94. Embargo de
vendedores internacionales
95. Embargo de
compradores
96. Embargo del
comercio internacional
MÉTODOS DE NOCOOPERACIÓN ECONÓMICA
(2) LA HUELGA
Huelgas simbólicas
97. Huelga de protesta
98. Abandono rápido del
trabajo (huelga relámpago)
Huelga agrícola
99. Huelga de
campesinos
100. Huelga de
trabajadores agrícolas
Huelga de grupos especiales
101. Huelga de
jornaleros reclutados
102. Huelga de presos
103. Huelga de artesanos
104. Huelga de
profesionistas
Huelgas industriales ordinarias
105. Huelga de un
establecimiento
106. Huelga de la
industria
107. Huelga de
solidaridad
Huelgas restringidas
108. Huelga de algunos
de los obreros a un tiempo
109. Huelga de
trabajadores en una sola planta por tiempo definido
110. Huelga de manos
caídas
111. Huelga de estricto
apego al reglamento
112. Reportarse
"enfermo"
113. Huelga por renuncia
114. Huelga limitada
115. Huelga selectiva
Huelgas de varias industrias
116. Huelga generalizada
117. Huelga general
Combinación de huelga con cierre
económico
118. Hartal (paro
colectivo)
119. Cierre económico
MÉTODOS DE NOCOOPERACIÓN POLITICA
Rechazo de la autoridad
120. Negar o retirar la
obediencia
121. Negarse a dar apoyo
público
122. Literatura y
discursos que aboguen por la resistencia
Nocooperación de los ciudadanos con
el gobierno
123. Boicot de los
cuerpos legislativos
124. Boicot de
elecciones
125. Boicot de
funcionarios y empleados del gobierno
126. Boicot de los
departamentos, agencias y otras oficinas del gobierno
127. Retirarse de las
instituciones educativas de gobierno
128. Boicot de las
organizaciones dependientes del gobierno
129. Negarse a ayudar a
los agentes de coacción del gobierno
130. Quitar señales y
marcadores de su lugar
131. Negarse a aceptar a
los funcionarios designados
132. Negarse a disolver
instituciones existentes
De la Dictadura a
la Democracia 89
Alternativas a la
obediencia de parte de los ciudadanos
133. Cumplimiento lento
y de mala gana
134. Noobediencia cuando
no hay una supervisión directa
135. Noobediencia
popular
136. Desobediencia
encubierta
137. En una asamblea o
en un mitín, negarse a dispersarse
138. Ocupar un lugar
sentándose
139. Nocooperación con
el reclutamiento o la deportación
140. Esconderse,
escaparse, usar identificaciones falsas
141. Desobediencia civil
a leyes "ilegítimas"
Acción del personal del gobierno
142.Negarse selectivamente a ser
asistido por auxiliares gubernamentales
143. Bloqueo de las
líneas de mando o de información
144. Buscar evasivas y
obstruir
145. Nocooperación
administrativa general
146. Nocooperación
judicial
147. Ineficiencia
deliberada y nocooperación selectiva por parte de los agentes de coacción
148. Amotinamiento
Acción gubernamental nacional
149. Evasiones y demoras
casi legales
150. Nocooperación por
parte de unidades gubernamentales constitutivas
Acción gubernamental internacional
151. Cambios en la
representación diplomática y otros
152. Demora y
cancelación de eventos diplomáticos
153. Retención del
reconocimiento diplomático
154. Romper las
relaciones diplomáticas
155. Retirarse de las
organizaciones internacionales
156. Negarse a
pertenecer a organizaciones internacionales
157. Expulsión de
organizaciones internacionales
MÉTODOS DE INTERVENCIÓN NOVIOLENTA
Intervención sicológica
158. Quedarse a la
intemperie
159. Ayunar
a) Ayunar para
presionar moralmente
b) Huelga de hambre
c) Ayuno de satiagraha
160. Juicio al revés
161. Acoso noviolento
Intervención física
162. Entrar y sentarse
163. Entrar y quedarse
de pie
164. Entrar montado
165. Meterse a tropel
166. Meterse golpeando o
empujando
167. Entrar rezando
168. Incursión
noviolenta
169. Incursión aérea
noviolenta
170. Invasión noviolenta
171. Inserción o
intervención noviolenta
172. Obstrucción
noviolenta
173. Ocupación
noviolenta
Intervención social
174. Establecer nuevos
patrones sociales
175. Sobrecargar las
instalaciones
176. Tardarse a
propósito para completar un trámite
177. Entrar y hablar
178. Teatro de guerrilla
179. Instituciones
sociales alternativas
180. Sistema alternativo
de comunicaciones
Intervención económica
181. Huelga al revés
182. Huelga de quedarse
en el sitio
183. Ocupación
noviolenta de tierras
De la Dictadura a
la Democracia 91
184. Desafiar cercas,
rejas, etc.
185. Falsificación
políticamente motivada
186. Operación comercial
excluyente
187. Apropiación de
fondos
188. Provocar una baja o
caída económica
189. Auspicio selectivo
190. Mercado alternativo
191. Sistema alternativo
de transporte
192. Instituciones
económicas alternativas
Intervención política
193. Sobrecargar el
sistema administrativo
194. Revelar la
identidad de los agentes secretos
195. Buscar el
encarcelamiento
196. Desobediencia civil
de las leyes "neutrales"
197. Seguir en el
trabajo pero sin colaborar
198. Soberanía dual y
gobierno paralelo
Unas Palabras acerca de Traducciones
y Reimpresiones de esta Publicación
Para facilitar su
difusión, esta publicación se ha hecho del dominio público. Esto significa que
cualquier persona puede reproducirla y difundirla.
Sin embargo, el
autor solicita que si el texto se reproduce, se mantenga integro, sin quitarle
ni ponerle nada.
El autor les ruega
a las personas que piensan reproducir este documento que se lo hagan saber.
Pueden comunicarse por medio de la Institución Albert Einstein cuya dirección
aparece en el párrafo siguiente.
El autor pide que
si este documento se va a traducir, se traduzca de la versión original en
inglés y no de la traducción al español. Esto es muy importante para preservar
el sentido e intenciones originales del texto. Se pueden solicitar versiones de
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The Albert Einstein
Institution
427 Newbury Street
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Tel: USA+617-247-4882
Fax: USA+617-247-4035
E-mail: einstein@igc.org
También se pueden
imprimir de nuestra página web cuya dirección es:
www.aeinstein.org
93
SOBRE EL AUTOR
Gene Sharp es
Profesor Investigador Titular en la Institución Albert Einstein de Boston,
Massachusetts. Realizó la Licenciatura y la Maestría en la Universidad Estatal
de Ohio y es Doctor en Teoría Política por la Universidad de Oxford. Es
Profesor Emérito de Ciencias Políticas de la Universidad de Massachusetts
Dartmouth. Por casi treinta años se ha desempeñado como investigador en el
Centro de Asuntos Internacionales de la Universidad de Harvard. Es autor de los
libros The Politics of Nonviolent Action (1973), Gandhi
as a Political Strategist (1979), Social Power and Political
Freedom (1980), Making Europe Unconquerable (1985), Civilian-Based
Defense (1990) y From Dictatorship to Democracy (1993
y 2002). Un nuevo libro muy importante se publicará en 2004, Waging
Nonviolent Struggle: Twen-tieth Century Practice and Twenty-First Century
Potential. Sus escritos se han traducido a más de 30
lenguas.

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