© Libro N° 13056. A Bordo. Barrett, Rafael. Emancipación.
Octubre 12 de 2024
Título original: ©
A Bordo. Rafael Barrett
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Original: © A Bordo.
Rafael Barrett
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© Edición,
reedición y Colección Biblioteca
Emancipación:
Guillermo Molina Miranda
Rafael Barrett
A Bordo
Rafael
Barrett
A Bordo
Rafael
Barrett
Remontando
el Alto Paraná. Una noche cálida, perfecta, como si durante la inmovilidad del
crepúsculo se hubiesen decantado, evaporado, sublimado todas las impurezas
cósmicas; un cielo bruñido, de un azul a la vez metálico y transparente,
poblado de pálidas gemas, surcado de largas estelas de fósforo.
Al ras
del horizonte, el arco lunar esparcía su claridad de ultratumba.
La
tierra, que ocupaba medio infinito, era bajo aquel firmamento de orfebre un
tapiz tejido de sombras raras; las orillas del río, dos cenefas de terciopelo
negro.
Las aguas
pasaban, seda temblorosa, rasgada lentamente por el barco, y se retorcían en
dos cóncavos bucles, dos olas únicas que parecían prenderse a la proa con un
infatigable suspiro.
Los
pasajeros, después de cenar, habían salido a cubierta. De codo sobre la borda,
una pareja elegante, ella virgen y soltero él, discreteaba.
—¿La
Eglantina está triste?
(Porque
él la había bautizado Eglantina).
—Esta
noche es demasiado bella —murmuró la joven.
—La
belleza es usted…
Brilló la
sonrisa de Eglantina en la penumbra. «Mis mayores me aprueban», pensó. En un
banco próximo, tía Herminia, que conversaba con una señora de luto, dejaba ir a
los enamorados su mirada santamente benévola, bendición nupcial. Roberto las
acompañaría al Iguazú, luego a Buenos Aires, y después…
Sonaban
guitarras y una voz española:
Los ojazos de un moreno
clavaos en una mujé…
Y palmaditas andaluzas. Debajo, siempre el sordo estremecimiento de la hélice,
y la respiración de las calderas.
Dos
fuertes negociantes de Posadas paseaban, anunciados por la chispa roja de sus
cigarrillos.
—Si
continúa la baja del lapacho, cierro la mitad de la obrajería —dijo el más
grueso.
La brisa
de la marcha movía las lonas del toldo. Eglantina contemplaba el lindo abismo.
—¿Ve
usted algo? —preguntó Roberto.
Pero ella
no contestó que veía, artísticamente borroso, como reflejado en un ébano
pulido, el cuadro de la felicidad futura: Roberto y ella, inclinados sobre una
cuna de encajes, donde dormía la cabecita de un niño. «Extraño es, pensó
Eglantina, que en esas aguas en que nada hay flote ya nuestro hijo».
—Veo la
imagen de los astros —respondió con prudencia.
La señora
de luto contaba a tía Herminia sus penas de viuda, su viaje a Corrientes, donde
su hija mayor estudiaba para maestra normal.
Eran
pobres. Tenían que trabajar. Dos de sus niñas corrían por el buque, jugando al
escondite.
Cruzaron
de pronto, jadeantes. La señora las detuvo.
—¿Y el
nene?
—Está
escondido. —Y huyeron. «¡Coreco! ¡Coreco!».
—¿Coreco?
—interrogó tía Herminia.
—Es el
grito del juego. Lo aprendieron de unos chiquillos paraguayos.
La voz
española cantaba:
Dos besos tengo en el alma
que no se apartan de mí…
—Ahora hay que traer obreros de Misiones. Se han concluido de este lado —decía
el negociante gordo.
—No
aguantan ni diez años en el monte.
Las niñas
volvieron fatigadas.
—¿Pero dónde
está vuestro hermanito? —insistió la señora de luto.
—No
sabemos… no se le encuentra.
La señora
se levantó y se fue.
Roberto
quería convencer a Eglantina de que el vapor estaba quieto, y la mostraba el
extremo de los mástiles, fijo entre las estrellas. Tía Herminia se acercó.
Sentía inquietud.
Los mozos
iban de una parte a otra, buscando.
El
comisario vino a Roberto.
—No se
encuentra ese niño —exclamó con angustia.
Partieron
juntos.
Los
pasajeros se agitaban, como las ideas en un cerebro, dentro del barco
silenciosamente fulminado por la desgracia. Transcurrieron diez minutos
atroces.
La madre
reapareció. Estaba vieja.
—¡Se ha
caído al agua! ¡Mi hijo! ¡Mi hijo!
Un
síncope, en los brazos de tía Herminia. Eglantina observó con horror que la
infeliz recobraba el conocimiento. Apenas abrió los ojos, la muerte se asomó a
ellos.
—¡Mi
hijo!
Se
desprendió de los que intentaban detenerla, fue a la borda, y se dobló,
llamando, sobre el río:
—¡Mi
hijo! ¡Mi hijo!
La lisa
corriente pasaba.
A popa se
extendía una vaga inmensidad. Se oyeron órdenes. El vapor viró trabajosamente.
Las ondas
únicas se quebraron; tumultuosos remolinos rompieron el espejo, agujerearon la
seda temblorosa de las aguas, donde sin duda había el cadáver de un niño. Pero
Eglantina, sollozando, nada pudo ver en ellas.
Rafael
Barrett
BIOGRAFÍA
Rafael
Barrett nació en Torrelavega, Cantabria, España, en 1876, en el seno de una
adinerada familia hispano-inglesa. Se trasladó a estudiar ingeniería a Madrid,
donde trabó amistad con Valle-Inclán, Ramiro de Maeztu y otros miembros de la
Generación del 98, donde vivió una existencia bohemia.
En 1903
viajó a Argentina y luego a Villeta (Paraguay) como corresponsal del diario
argentino El Tiempo donde se asentó a los 29 años. En 1904 se instaló en y en
1906 contrajo matrimonio con Francisca López Maíz, y participó en la creación
del grupo y tertulia literaria La Colmena.
En julio de 1908, tras el golpe militar del mayor Albino Jara, Barrett organizó
la atención a los heridos por las calles de Asunción, y en octubre fue apresado
como consecuencia de las denuncias sobre abusos y torturas que publica en el
periódico Germinal, y fue desterrado a Corumbá en el Matto Grosso brasileño.
En 1908 llega a Montevideo para tratar de mejorar la tuberculosis que padecía.
También, le da la oportunidad de publicar en periódicos de la época como La
Razón dirigido por Samuel Blixen. En 1909 regresó a Paraguay.
En su periplo por estos países, y tras su progresiva ruina económica, fue
tomando conciencia de las miserables condiciones de vida en gran parte de
Sudamérica, e intentó denunciarlo en sus escritos, por lo que fue represaliado.
Su obra literaria se inscribe en el regeneracionismo que surgió en España tras
el desastre del 98.
En vida solo logró publicar el libro Moralidades actuales, que cosechó un gran
éxito en Uruguay. En 1919 la Editorial América de Rufino Blanco Fombona editó
algunas de sus obras.
Murió el 17 de diciembre de 1910.
Su obra ha sido elogiada por grandes autores latinoamericanos como Augusto Roa
Bastos, Jorge Luis Borges y José Enrique Rodó. En 2018 se realizó en Argentina
el primer documental audiovisual sobre su vida y obra: "Rafael Barrett, la
exigencia de lo real".
BIBLIOGRAFÍA
El dolor paraguayo (1911)
Cuentos breves (1911)
Mirando vivir (1912)
Al margen (1912)
Estudios literarios (1912)
Ideas y críticas (1912)
Diálogos, conversaciones y otros escritos (1918)
Cuentos breves (1919)
Páginas dispersas (Obra póstuma). (1923)
Cartas íntimas (1967)
El dolor paraguayo (1978)
Sembrando ideas (1992)
Hacia el porvenir (2008)
A partir de ahora el combate será libre (2008)
Obras completas (2010)
Moralidades Actuales (2010)
Reflexiones y epifonemas (2014)
Y el muerto nadó tres días (2014)
ENLACES
https://www.traficantes.net/resena/gallinas-un-bello-articulo-de-rafael-barret
https://www.eldiario.es/norte/cantabria/cantabrosconhistoria/Rafael-Barrett-anarquista-errante_6_811978796.html
http://200.45.166.105/barrett/
https://www.ensayistas.org/critica/generales/C-H/paraguay/barrett.htm
http://www.elortiba.org/old/barrett.html
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https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/19593-copias
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