© Libro N° 8876. Como La Crisis Del 29 O Más, En Un Nuevo Contexto Mundial. Chesnais, François. Emancipación. Julio 31 de 2021.
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Como La Crisis Del 29 O Más, En Un Nuevo
Contexto Mundial. François Chesnais
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Mundial. François Chesnais
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COMO LA CRISIS DEL 29 O MÁS, EN UN NUEVO CONTEXTO MUNDIAL
François
Chesnais
Como La Crisis Del 29 O Más, En Un Nuevo
Contexto Mundial
François Chesnais
“La crisis va a desenvolverse de tal modo que las primeras y realmente
brutales manifestaciones de la crisis climática mundial que hemos visto van a
combinarse con la crisis del capital en cuanto tal”
La tesis que voy a presentar sostiene que el año pasado se produjo una
verdadera ruptura que deja atrás una larga fase de expansión de la economía
capitalista mundial; y que esa ruptura marcó el inició de un proceso de crisis
con características que son comparables con la crisis de 1929, aunque se
desarrollará en un contexto muy distinto.
Lo primero que hay que recordar es que la crisis de 1929 se desarrolló
como unproceso: un proceso que tuvo comienzo en 1929, pero cuyo punto
culminante se dio bastante después, en 1933, y que luego abrió paso a una larga
fase de recesión. Digo esto para subrayar que, en mi opinión, estamos viviendo
las primeras etapas, pero realmente las primeras, primerísimas etapas, de un
proceso de esa amplitud y esa temporalidad. Y que lo que por estos días está
ocurriendo y tiene como escenario los mercados financieros de Nueva York, de
Londres y de otros grandes centros bursátiles, es solamente un aspecto -y tal
vez no sea el aspecto mas importante- de un proceso que se debe interpretar
como un proceso histórico.
Estamos frente a uno de esos momentos en los que la crisis viene a
expresar los límites históricos del sistema capitalista. No se trata de alguna
versión de la teoría de “la crisis final” del capitalismo o algo por el estilo.
De lo que sí se trata, en mi opinión, es de entender que estamos enfrentados a
una situación en la que se expresan estos límites históricos de la producción
capitalista. Y aunque no quisiera aparecer como un Pastor con su Biblia
marxista, quiero leerles un pasaje de El capital:
El verdadero límite de la producción capitalista es el mismo capital;es
el hecho de que, en ella, son el capital y su propia valorización lo que
constituye el punto de partida y la meta, el motivo y el fin de la producción;
el hecho de que aquí la producción sólo es producción para el capi tal y no, a
la inversa, los medios de producción simples medios para ampliar cada vez más
la estructura del proceso de vida de la sociedad de los productores. De aquí
que los límites dentro de los cuales tiene que moverse la conservación y
valorización del valor-capital, la cual descansa en la expropiación y
depauperación de las grandes masas de los produc tores, choquen constantemente
con los métodos de producción que el capital se ve obligado a emplear para
conseguir sus fines y que tienden al aumento ilimitado de la producción, a la
producción por la producción misma, al desarrollo incondicional de las fuerzas
sociales productivas del trabajo. El medio empleado -desarrollo incondicional
de las fuerzas sociales productivas- choca constantemente con el fin
perseguido, que es un fin limitado: la valorización del capital existente. Por
consiguien te, si el régimen capitalista de producción constituye un medio
histórico para desarrollar la capacidad productiva material y crear el mercado
mun dial correspondiente, envuelve al propio tiempo una contradicción cons
tante entre esta misión histórica y las condiciones sociales de producción
propias de este régimen. [1]
Bueno, seguramente hay algunas palabras que hoy ya no utilizaríamos,
como esas de “misión histórica”… Pero creo que lo que iremos viendo en los años
que vendrán, se dará precisamente sobre la base de que ya se ha creado en toda
su plenitud ese mercado mundial intuido por Marx. Es decir, tenemos un mercado
y una situación mundial diferentes a las de 1929, porque en ese entonces países
como China y como India eran todavía semicoloniales, en tanto que ahora ya no
tienen ese carácter; son grandes países que, más allá de que tengan un carácter
combinado que requiere un cuidadoso análisis, son ahora partícipes de pleno
derecho dentro de una economía mundial única, una economía mundial unificada en
un grado desconocido hasta esta etapa de la historia. La cita puede ayudarnos a
entender el momento actual y la crisis que se ha iniciado precisamente en este
marco de un sólo mundo.
Un nuevo tipo de crisis
En mi opinión, en esta nueva etapa, la crisis va a desenvolverse de tal
modo que las primeras y realmente brutales manifestaciones de la crisis
climática mundial que hemos visto van a combinarse con la crisis del capital en
cuanto tal. Entramos en una fase que plantea realmente una crisis de la
humanidad, dentro de complejas relaciones en las que están también los
acontecimientos bélicos, pero lo más importantes es que, incluso excluyendo el
estallido de una guerra de gran amplitud que en el presente solo podría ser una
guerra atómica, estamos enfrentados a un nuevo tipo de crisis, a una
combinación de esta crisis económica que se ha iniciado con una situación en la
cual la naturaleza, tratada sin la menor contemplación y golpeada por el hombre
en el marco del capitalismo, reacciona ahora de forma brutal. Esto es algo casi
excluido de nuestras discusiones, pero que va a imponerse como un hecho
central.
Por ejemplo, muy recientemente, leyendo el trabajo de un sociólogo
francés, me enteré de que los glaciares andinos de los que fluye el agua con
que se abastecen La Paz y El Alto, están agotados en más de un 80% y se estima
que dentro de quince años La Paz y El Alto ya no tendrán agua… y sin embargo,
esto es algo que nunca se trató, nunca se discutió un hecho de tal magnitud que
puede hacer que la lucha de clases en Bolivia, tal como la conocimos, se
modifique sustancialmente, por ejemplo haciendo que el tan controvertido
traslado de la capital a Sucre se imponga como algo “natural”, porque se acabe
el agua en La Paz.
Estamos entrando a un período de ese tipo y el problema es que casi no
se habla de eso, mientras que en los ambientes revolucionarios se sigue
discutiendo de cosas que en este momento resultan minucias, cuestiones
completamente mezquinas en comparación con los desafíos a los que estamos
enfrentados.
Límites inmanentes del capitalismo
Para seguir con la cuestión de los límites del capitalismo, quiero
llamar la atención sobre una cita de Marx, inmediatamente anterior a la ya
citada: “La producción capitalista aspira constantemente a superar estos
límites inmanentes a ella, pero solo puede superarlos recurriendo a medios que
vuelven a levantar ante ella estos mismos límites todavía con mayor fuerza”.[2]
Esta indicación nos introduce al análisis y a la discusión de los medios a los
que se recurrió, durante los últimos treinta años, para superar los límites
inmanentes del capital.
Esos medios han sido, en primer lugar, todo el proceso de liberalización
de las finanzas, del comercio y de la inversión, todo el proceso de destrucción
de las relaciones políticas surgidas a raíz de la crisis del 29 y de los años
treinta, después de la Segunda Guerra Mundial y de las guerras de de liberación
nacional… Todas esas relaciones, que expresaban la dominación del capital pero
representaban al mismo tiempo formas de control parcial del mismo capital,
fueron destrozadas y, por algún tiempo, al capital le pareció que con esto se
superaban los límites puestos a su actuación.
La segunda forma que se eligió para superar esos límites inmanentes del
capital ha sido recurrir, en una escala sin precedentes, a la creación de
capital ficticio y de medios de crédito para ampliar una demanda insuficiente
en el centro del sistema.
Y la tercera forma, la más importante históricamente para el capital, ha
sido la reincorporación, en cuanto elementos plenos del sistema capitalista
mundial, de la Unión Soviética y sus “satélites”, y de China.
Sólo en el marco de las resultantes de estos tres procesos es posible
captar la amplitud y la novedad de la crisis que se inicia.
Liberalización, mercado mundial, competencia…
Comencemos por interrogarnos sobre qué ha significado la liberalización
y la desregulación llevadas a cabo a escala mundial, con la incorporación del
antiguo “campo” soviético y la incorporación y modificación de las relaciones
de producción en China… El proceso de liberalización y desreglamentación ha
significado el desmantelamiento de los pocos elementos regulatorios que se
habían construido en el marco internacional al salir de la Segunda Guerra
Mundial, para entrar en un capitalismo totalmente desreglamentado. Y no sólo
desreglamentado, sino también un capitalismo que ha creado realmente el mercado
mundial en el pleno sentido del término, convirtiendo en realidad lo que era en
Marx una intuición o anticipación. Puede ser útil precisar el concepto de mercado
mundial e ir tal vez más allá de la palabra mercado. Se trata de la creación de
un espacio libre de restricciones para las operaciones del capital, para
producir y realizar plusvalía tomando este espacio como base y proceso de
centralización de ganancias a escala verdaderamente internacional. Ese espacio
abierto, no homogéneo pero con una reducción drástica de todos los obstáculos a
la movilidad del capital, esa posibilidad para el capital de organizar a escala
universal el ciclo de valorización, está acompañada por una situación que
permite poner en competencia entre sí a los trabajadores de todos los países.
Es decir, se sustenta en el hecho que el ejército industrial de reserva es
realmente mundial y que es el capital como un todo el que rige los flujos de
integración o de repulsión, en las formas estudiadas por Marx.
Este es entonces el marco general de un proceso de “producción para la
producción” en condiciones en que la posibilidad para la humanidad y las masas
del mundo de acceder a esa producción es totalmente limitada… y por lo tanto,
el cierre exitoso del ciclo de valorización del capital, para el capital en su
conjunto, y para cada capital en particular, se hace cada vez más difícil. Y
por eso se incrementan y se hacen más determinantes en el mercado mundial “las
leyes ciegas de la competencia”. Los bancos centrales y los gobiernos pueden
proclamar que acordarán entre sí y colaborarán para impedir la crisis, pero no
creo que se pueda introducir la cooperación en el espacio mundial convertido en
escenario de una tremenda competencia entre capitales. Y ahora, la competencia
entre capitales va mucho más allá de las relaciones entre los capitales de las
partes más antiguas y más desarrolladas del sistema mundial con los sectores
menos desarrollados desde el punto de vista capitalista. Porque bajo formas
particulares e incluso muy parasitarias, en el marco mundial se han dado
procesos de centralización del capital por fuera del marco tradicional de los
centros imperialistas: en relación con ellos, pero en condiciones que también
introducen algo totalmente nuevo en el marco mundial.
Durante los últimos quince años, y en particular durante la última
etapa, se han desarrollado, en determinados puntos del sistema, grupos
industriales capaces de integrarse como socios de pleno derecho en los
oligopolios mundiales. Tanto en la India como en China se han conformado
verdaderos y fuertes grupos económicos capitalistas. Y en el plano financiero,
como expresión del rentismo y del parasitismo puro, los llamados Fondos
Soberanos se han convertido en importantes puntos de centralización del capital
bajo la forma dinero, que no son meros satélites de los Estados Unidos, tienen
estrategias y dinámicas propias y modifican de muchas maneras las relaciones
geopolíticas de los puntos clave en que la vida del capital se hace y se hará.
Por eso, otro elemento a tener en cuenta es que esta crisis tiene como
otra de sus dimensiones la de marcar el fin de la etapa en que los Estados
Unidos pudieron actuar como potencia mundial sin parangón… En mi opinión, hemos
salido del momento que analizara Mézáros en su libro de 2001, y los Estados
Unidos serán sometidos a prueba: en un plazo temporal muy corto, todas sus
relaciones mundiales se han modificado y deberá, en el mejor de los casos,
renegociar y reordenar todas sus relaciones en base al hecho de que deberán
compartir el poder. Y esto, por supuesto, es algo que nunca se produjo de forma
pacífica en la historia del capital… Entonces, primer elemento: uno de los
métodos elegidos por el capital para superar sus límites se ha transformado en
fuente de nuevas tensiones, conflictos y contradicciones, indicando que una
nueva etapa histórica se abrirá paso a través de esta crisis.
Creación incontrolada de capital ficticio
El segundo medio utilizado para superar los limites para el capital de
las economías centrales fue que todas ellas recurrieron a la creación de formas
totalmente artificiales de ampliación de la demanda efectiva, las que,
sumándose a otras formas de creación de capital ficticio, generaron las
condiciones para la crisis financiera que se está desarrollando hoy. En el
artículo que los compañeros de Herramienta tuvieron la gentileza de traducir al
castellano y publicar,[3] abordé con cierto detenimiento esta cuestión del
capital ficticio y los nuevos procesos que se han dado dentro del proceso mismo
de acumulación de capital ficticio. Para Marx, el capital ficticio es la
acumulación de títulos que son “sombra de inversiones” ya hechas pero que, como
títulos de bonos y de acciones aparecen con el aspecto de capital a sus
poseedores. No lo son para el sistema como un todo, para el proceso de
acumulación, pero sí lo son para sus poseedores y, en condiciones normales de
cierre de los procesos de valorización del capital, rinden a sus poseedores
dividendos e intereses. Pero su carácter ficticio se revela en situaciones de
crisis. Cuando sobrevienen crisis de sobreproducción, quiebra de empresas,
etcétera, se advierte que ese capital no existía… por eso también puede leerse
a veces en los periódicos que tal o cual cantidad de capital “desapareció” en
algún sacudón bursátil: esas sumas nunca habían existido como capital
propiamente dicho, a pesar de que, para los poseedores de esas acciones,
representaban títulos que daban derecho a dividendos e intereses, a percibir
ganancias…
Por supuesto, uno de los grandes problemas de hoy es que en muchísimos
países los sistemas de jubilación están basados en capital ficticio, con
pretensiones de participación en los resultados de una producción capitalista
que puede desaparecer en momentos de crisis. Toda la etapa de la liberalización
y globalización financiera de los años 80 y 90 estuvo basada en acumulación de
capital ficticio, sobre todo en manos de Fondos de inversión, Fondos de
pensiones, Fondos financieros… Y la gran novedad desde finales o mediados de
los años 90 y a todo lo largo de los años 2000 fue, en los Estados Unidos y en
Gran Bretaña en particular, el empuje extraordinario que se dio a la creación
de capital ficticio en la forma de crédito. De crédito a empresas, pero también
y sobre todo de créditos a los hogares, créditos al consumo y más que nada
créditos hipotecarios. Y eso hizo dar un salto en la masa de capital ficticio
creado, originando formas aún más agudas de vulnerabilidad y fragilidad,
incluso frente a choques menores, incluso frente a episodios absolutamente
predecibles. Por ejemplo, en base a todo lo estudiado anteriormente, se sabía
que un boom inmobiliario se termina, que inexorablemente hay un momento en el
que, por procesos internos muy bien estudiados, se acaba; y si puede ser
relativamente comprensible que en el mercado accionario existiera la ilusión de
que no había límites para la suba en el precio de las acciones, en base a toda
la historia previa se sabía que eso no podía ocurrir en el sector inmobiliario:
cuando se trata de edificios y casas es inevitable que llegue el momento en que
el boom acaba. Pero se colocaron en tal situación de dependencia que ese
acontecimiento completamente normal y previsible se transformó en una crisis
tremenda. Porque a todo lo que ya dije, se añadió el hecho de que durante los
dos últimos años los préstamos se hacían a hogares que no tenían la menor
posibilidad de pagar. Y además, todo eso se combino con las nuevas “técnicas”
financieras que traté de explicar con un grado aceptable de vulgarización en mi
artículo de Herramienta, permitiéndose así que los bancos vendieran bonos en
condiciones tales que nadie podía saber exactamente qué estaba comprando… hasta
el fuerte estallido de los “subprime”, en 2007.
Ahora están en el proceso de desmontaje de ese proceso. Pero dentro de
ese desmontaje hay procesos de concentración del capital financiero. Cuando el
Bank of America compra Merrill Lynch, estamos ante un proceso de concentración
clásico. Y vemos además estos procesos de estatización de las deudas, que
implican la creación inmediata de más capital ficticio. La Reserva Federal de
los Estados Unidos crea más capital ficticio para mantener la ilusión de un
valor del capital que está a punto de derrumbarse, con la perspectiva de tener
en algún momento dado la posibilidad de aumentar fuertemente la presión fiscal,
pero en realidad no puede hacerlo porque eso significaría el congelamiento del
mercado interno y la aceleración de la crisis en tanto crisis real. Asistimos,
pues, a una fuga hacia adelante que no resuelve nada. Dentro de ese proceso
existe también el avance de los Fondos Soberanos que buscan modificar la
repartición intercapitalista de los flujos financieros a favor de los sectores
rentistas que han acumulado estos fondos. Y esto es un factor de perturbación
aun mayor en el proceso.
Quiero recordar, para terminar con este punto, que ese déficit comercial
de 5 puntos del PBI es lo que ha conferido a los Estados Unidos la
particularidad de ese lugar clave para la concreción del ciclo del capital en
el momento de realización de la plusvalía, para el proceso capitalista en su
conjunto. Enfrentados ahora a una casi inevitable retracción económica, se
plantea como el gran interrogante si, en un corto lapso, la demanda interna
China podrá pasar a ser el lugar que garantice ese momento de realización de la
plusvalía que se daba en los Estados Unidos. La amplitud de la intervención del
Tesoro es muy fuerte y logró que la contracción de la actividad en los Estados
Unidos y la caída en las importaciones haya sido hasta ahora muy limitada. El
problema es saber cuánto tiempo se podrá tener como único método de política
económica crear más y más liquidez… ¿Será posible que no haya límites a la
creación de capital ficticio bajo la forma de liquidez para mantener el valor
del capital ficticio ya existente? Me parece una hipótesis demasiado optimista,
y entre los mismos economistas norteamericanos, muchos lo dudan.
¿Sobreacumulación en China?
Para terminar, llegamos a la tercera manera en la cual el capital superó
sus limites inmanentes, que es en definitiva la más importante de todas y
plantea los interrogantes más interesantes. Me refiero a la extensión, en
particular a China, de todo el sistema de relaciones sociales de producción del
capitalismo. Algo que Marx mencionó en algún momento como una posibilidad, pero
que sólo se hizo realidad durante los últimos años. Y se realizó en condiciones
que multiplican los factores de crisis.
La acumulación del capital en China se hizo en base a procesos internos,
pero también en base a algo que está perfectamente documentado, pero poco
comentado: el traslado de una parte importantísima del Sector II de la
economía, el sector de la producción de medios de consumo, desde los Estados
Unidos hacia China. Y esto tiene mucho que ver con el grueso de los déficits
norteamericanos (el déficit comercial y el fiscal), que sólo podrían revertirse
por medio de una “reindustrialización” de los Estados Unidos.
Esto significa que se establecieron nuevas relaciones entre los Estados
Unidos y China. No se trata ya de las relaciones de una potencia imperialista
con un espacio semicolonial. Los Estados Unidos crearon relaciones de un tipo
nuevo, que ahora tiene dificultades en reconocer y en asumir. En base al
superávit comercial, China acumula millones y millones de dólares, que luego
presta a los Estados Unidos. Una ilustración de las consecuencias que esto
trae, lo tenemos con la nacionalización de esas dos entidades llamadas Fannie
Mae y Freddy Mac: parece ser que la banca de China tenía el 15% de los fondos
de estas entidades y le comunicó al gobierno americano que no aceptaría su
desvalorización. Son relaciones internacionales de un tipo totalmente nuevo.
Pero ¿qué ocurre en el seno mismo de China? En mi artículo en
Herramienta ya citado, había una sola página sobre esto, y al final, pero de
alguna manera es la cuestión más decisiva para la próxima etapa de la crisis.
En China se ha dado internamente un proceso de competencia entre capitales, que
se combinó con procesos de competencia entre sectores del aparato político
chino, y de competencia para atraer a empresas extranjeras, todo lo cual ha
resultado en un proceso de creación de inmensas capacidades de producción,
además de violentar a la naturaleza en una escala grandísima: en China se
concentra una sobreacumulación de capital que en un momento dado se tornará
insostenible. En Europa es evidente la tendencia a una aceleración de la
destrucción de capacidades productivas y de puestos de trabajo, para
trasladarse al único paraíso del mundo capitalista que hoy es China. Considero
que este traslado de capitales a China ha significado una reversión de procesos
anteriores hacia un alza de la composición orgánica del capital. La acumulación
es intensiva en medios de producción y es intensiva y muy dilapidadora de la
otra parte del capital constante, es decir las materias primas. La masiva
creación de capacidades de producción en el Sector I estuvo acompañada por
todos los mecanismos y el empuje económico que caracteriza el crecimiento de
China, pero el mercado final para sostener toda esa producción es el mercado
mundial, y una retracción de éste pondrá en evidencia esa sobreacumulación de
capital. Alguien como Aglietta, que ha estudiado específicamente esto, afirma
que realmente hay sobreacumulación, hay un acelerado proceso de creación de
capacidad productiva en China, un proceso que, en el momento en que se termine
-y tiene que terminar- la realización de toda esa producción va a plantear
problemas. Además, China es realmente un lugar decisivo, porque incluso
pequeñas variaciones en su economía determinan la coyuntura de otros muchos
países en el mundo. Fue suficiente que la demanda china de bienes de inversión
cayera un poco para que Alemania perdiera exportaciones y entrara en recesión.
Las “pequeñas oscilaciones” en China tienen repercusiones fuertísimas en otros
lugares, como debería ser evidente para el caso de la Argentina.
Para seguir pensando y discutiendo
Y vuelvo a lo que decía en el comienzo. Aunque sean comparables, las
fases de esta crisis van a ser distintas a las del 29, porque en aquel entonces
la crisis de sobreproducción de los Estados Unidos se verificó desde los
primeros momentos. Después se profundizó, pero se supo enseguida que se estaba
ante una crisis de sobreproducción. Ahora, en cambio, con diversas políticas
están aplazando ese momento, pero no podrán hacerlo mucho más. Simultáneamente,
y como ocurriera también con la crisis de 1929 y los años 30, aunque en
condiciones y bajo formas distintas, la crisis se combinará con la necesidad,
para el capitalismo, de una reorganización total de la expresión de sus
relaciones de fuerzas económicas en el marco mundial, marcando el momento en el
que los Estados Unidos verán que su superioridad militar es solamente un
elemento, y un elemento bastante subordinado, para renegociar sus relaciones
con China y otras partes del mundo. O llegará el momento en el cual dará el
salto a una aventura militar de imprevisibles consecuencias.
Por todo ello, concluyo que esto es mucho más que una crisis financiera,
incluso si estamos por ahora en esa fase, incluso si el artículo publicado por
Herramienta debió concentrarse en tratar de iluminar los enredos del capital
ficticio y permitir entender por qué es tan difícil el desmontaje de ese
capital, pero estamos ante un una crisis muchísimo más amplia. Ahora bien,
tengo la impresión, por el tenor de las distintas preguntas u observaciones que
se me hicieron, que muchos opinan que estoy pintando un escenario de tipo
catastrofista, de derrumbe del capitalismo… En realidad, creo que estamos ante
el riesgo de una catástrofe, pero no ya del capitalismo, sino de una catástrofe
de la humanidad. En cierta forma, si tomamos en cuenta la crisis climática, posiblemente
ya existe algo de eso… Yo opino (junto con Mészáros, por ejemplo, pero somos
muy pocos los que damos importancia a esto) que estamos ante un peligro
inminente. Lo dramático es que, por el momento, esto afecta directamente a
poblaciones que no son tomadas en cuenta: lo que pueda estar pasando en Haití
pareciera que no tiene la menor importancia histórica; lo que ocurre en
Bangladesh no tiene peso más allá de la región afectada; tampoco lo ocurrido en
Birmania, porque el control de la Junta militar impide que trascienda. Y lo
mismo en China: se discuten los índices de crecimiento pero no sobre las
catástrofes ambientales, porque el aparato represivo controla las informaciones
sobre las mismas.
Y lo peor es que esa “opinión”, que está siendo constantemente
construida por los medios, está interiorizada muy profundamente, incluso en
muchos intelectuales de izquierda. Yo había comenzado a trabajar y a escribir
sobre todo eso, pero con el comienzo de la crisis de alguna manera debí volver
a ocuparme de las finanzas, aunque no lo hago con mucho gusto, porque lo
esencial me parece que se juega en un plano distinto.
Para terminar: el hecho de que todo esto ocurra después de esa tan larga
fase, sin paralelo en la historia del capitalismo, de 50 años de acumulación
ininterrumpida (salvo una pequeñísima ruptura en 1974/1975), así como también
todo lo que los círculos capitalistas dirigentes, y en particular los bancos
centrales, aprendieron de la crisis del 29, todo ello hace que la crisis avance
de manera bastante lenta. Desde septiembre del año pasado, el discurso de los
círculos dominantes viene sosteniendo, una y otra vez, que “lo peor ya pasó”,
cuando lo cierto es que, una y otra vez, “lo peor” estaba por venir. Por eso
insisto en el riego de minimizar la gravedad de la situación, y sugiero que en
nuestros análisis y forma de enfocar las cosas deberíamos incorporar la
posibilidad, como mínimo la posibilidad, de que inadvertidamente estemos
también interiorizando ese discurso de que, en definitiva “no pasa nada”…
* Exposición realizada en el encuentro organizado por Herramienta el 18
de septiembre de 2008. La desgrabación y preparación para su publicación es de
Aldo Casas.
** Destacado marxista, es parte del Consejo científico de ATTAC-Francia,
director deCarré rouge, y miembro del Consejo asesor de Herramienta, con la que
colabora asiduamente. La finance capitaliste, último libro publicado bajo su
dirección, está siendo traducido para ser publicado por Ediciones Herramienta.
[1] Carlos Marx, El capital, México, FCE, 1973, Vol. III, pág. 248.
[2] Idem.
[3] “El fin de un ciclo. Alcance y rumbo de la crisis financiera”, en
Herramienta Nº 37, marzo 2008


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