© Libro N° 8627. Poesia De La Independencia. Carilla, Emilio. Compilador. Emancipación. Mayo 22
de 2021.
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Emilio Carilla
Compilador
POESIA DE LA INDEPENDENCIA
Emilio Carilla
Compilador
POESIA DE LA INDEPENDENCIA
Obra de Emilio Carilla [Compilador], publicada en
Caracas por Biblioteca Ayacucho en 1979. Recuperada por Consejo Latinoamericano
de Ciencias Sociales.
PROLOGO
I. HISPANOAMERICA
INTRODUCCION:
EL MARCO HISTORICO
E L P R IM E R cuarto del siglo X IX es la época de
la Independencia de la mayor parte de las colonias hispanoamericanas.
Culminación de un proceso que fermenta durante la segunda mitad del siglo X V
III, pero que triun fará en Hispanoamérica a comienzos de la centuria
siguiente.
Antes de 1825 se completó la liberación de todas
las colonias españolas, con la excepción de Cuba y Puerto Rico. Al cerrarse ese
ciclo, quedan al descubierto una serie de problemas fundamentales en las vidas
de los na cientes estados. Problemas políticos, sociales, económicos,
religiosos, cul turales, ya visibles en el momento inaugural (como que eran,
en parte, de rivación y herencia colonial), pero pospuestos por la urgencia de
la lucha libertadora.
Estas vicisitudes pasan a planos principalísimos
después de 1825. De tal manera, escapan en buena medida al momento que
estudiamos, centra do particularmente en los hechos militares y en los
primeros y trabajosos tanteos de organización político-social.
La historia de las antiguas colonias a lo largo del
siglo X IX (y aun en lo que va del X X ) muestra que no fue’fácil allanar las
dificultades. Con todo, para precisar períodos, es más justo decir que el
primer tercio del siglo X IX corresponde al básico fenómeno inaugural marcado
por las Re voluciones de Independencia. Epoca donde todo se sacrifica al
triunfo de la causa patriota, particularmente en los campos de batalla y en los
inten tos iniciales de un orden jurídico.
Quedará para después resolver el candente problema
de la organiza ción, casi siempre ante las acechanzas de dos peligros
notorios, la tiranía y la anarquía. Males a los que contribuyen la indocilidad,
la urgencia de muchos y las ambiciones de no pocos, y que tantas veces pusieron
en ja que las mejores intenciones y el sacrificio de los mejores.
PERIODO Y
NOMBRES
Es posible que en el reconocimiento de esta etapa
literaria (que abarca aproximadamente el primer cuarto del siglo X IX )
influyan diversos fac tores. Es posible. Por lo pronto, la penetración
decidida — y consciente— del romanticismo, hacia 1830, marca ya uno de los
límites extremos.
En el otro lado, resulta quizás más difícil marcar
una fecha. Por di versos motivos: no se trata, en primer lugar, de una
irrupción estética, sino de una continuidad en relación a un neoclasicismo que
llega a estas tierras con retraso. Pero una creciente literatura política
aparece ya a fines del siglo X V III y se acentúa en los primeros años del
siglo X IX .
De esta manera, no puede extrañarnos que en
periodizaciones recientes (y, sobre todo, que ofrecen ciertos fundamentos) no
haya coincidencias to tales, aunque sí ofrecen coincidencias que convienen
llamar esenciales.
Pedro Henríquez Ureña (Atout seigneur, tout
honneur) escribió, sabe mos, un libro fundamental sobre Las corrientes
literarias en la América Hispánica. En él, si bien hace hincapié, como
corresponde, en las “ corrien tes literarias” , no deja de reparar en la
evidente interrelación que existe en el Continente entre literatura y sociedad.
Pues bien, Pedro Henríquez Ure ña señala un período o etapa que se extiende
desde 1800 hasta 1830 y lo destaca con el nombre de “ La Declaración de la
independencia intelectual” .
A su vez, José Antonio Portuondo estableció (aunque
no desarrolló fundamentaciones) una periodización de las letras en
Hispanoamérica, si guiendo bastante de cerca a Pedro Henríquez Ureña. Prueba
de ello es que, en un comienzo, coincidió con las fechas extremas (1800-1830),
con sólo el cambio del título. Llamó a este período “ El patriciado prerromán
tico” . Este primer esbozo sufrió más tarde algunas modificaciones al repro
ducirse en un libro y al tomar un más extendido carácter de generaciones (primitivamente,
consideraba las generaciones a partir de 1800). De tal modo, el período cambió
así: “ 1790-1822. Independencia: el patriciado prerromántico” .
Enrique Anderson Imbert, por su parte, procurando
conciliar genera ciones y cronologías cambiantes, establece esta etapa desde
1808 hasta 1824. Y puntualiza que se incluyen allí los nacidos entre 1780 y
1800.
Por último, y para no abultar demasiado las citas,
José Juan Arrom establece en su Esquema generacional de las letras
hispanoamericanas lo que llama “ la generación de 1804” , que se extiende de
1804 hasta 1834.
“ La generación de las libertades” , aclara x.
1 Cf., Pedro
Henríquez Ureña, Literary Currents in Híspante America (Cam-brige, Mass.,
1945). Ver también la traducción española de Julio Díez-Canedo. Tam bién, José
Antonio Portuondo, "Períodos" y " Generaciones” en la
historiografía literaria hispanoamericana (en Cuadernos Americanos, de México,
1948. VII, n9 3, pág. 24 2 ); id., La historia y las generaciones (Santiago de
Cuba, 1958); Enrique Anderson Imbert, Historia de la literatura
hispanoamericana (ver 2* ed., México, 1957); y José Juan Arrom, Esquema
generacional de las letras hispanoamericanas (en Thesaurus, de Bo gotá, 1961,
XVI, n9 3, págs. 650-663).
Repito, pues, que hay coincidencia en lo esencial.
Sobre todo, teniendo en cuenta que es coincidencia de fondo, centrada
particularmente en los años de las revoluciones de independencia. A eso se
agrega el carácter predominante de la literatura de la época y la no difícil
captación de los escritores que configuran, precisamente, este período.
Sin embargo, como no hay hechos nítidos que
marquen, sobre todo, la fecha inicial, creo que pueden mantenerse las fechas
extremas que señala Pedro Henríquez Ureña: 1800-1830. Las cifras redondas
indican ya cierta imprecisión, pero es la imprecisión que surge, de las causas
apuntadas. Por otra parte, no conviene dar a tales fechas más importancia que
la que realmente tienen: la de límites un tanto provisorios, defendibles hacia
adentro (por caracteres que lo personalicen) y hacia fuera (en el conjunto de
las etapas o períodos).
También, por las causas apuntadas, es posible que
algunos escritores (no muchos) se justifiquen muy vagamente en el recuadro de
este momento. Pero esta es contingencia explicable en todos los tiempos, y más
aún en las letras hispanoamericanas, en razón de la amplitud geográfica que
encierra su nombre.
Además, como no pretendo el absurdo de divisiones
geométricas, creo que el carácter de esta época (en relación a las Revoluciones
de Indepen dencia y a la literatura de la época, ligadas, en buena parte, a
esas luchas) permite ciertas incorporaciones, especialmente de los que se
perfilan hacia fines del siglo X V III y que alcanzan aproximadamente el primer
cuarto del nuevo siglo. Naturalmente, de hombres que tienen que ver con los
rasgos literarios del momento.
Con menos claridad resaltan los que inician su
producción en años fronterizos, hacia adelante. En general, es el romanticismo
el que nos sirve de elemento escindidor. De todos modos y fuera de estos
problemas de situación (por otra parte, inevitables), son los abundantes
nombres que se marcan hacia el centro los que determinan y defienden con
nitidez la etapa.
Circunscribiéndonos a nuestro momento, conviene
agregar una circuns tancia particular, aunque explicable de sobra por todo lo
que hemos dicho. Si bien el período lo constituyen típicos'“ escritores” , es
injusto dejar de lado a hombres que alcanzaron su relieve más alto como
libertadores, gobernantes, militares, etc., pero que dejaron también pruebas de
alguna virtud literaria. En determinados casos, hasta suelen darse curiosos
equi librios. Con todo, no resulta difícil separar los escritores que logran su
prestigio o deben hoy su supervivencia a la condición de escritores, y los que,
teniendo o mostrando algunas condiciones, logran su mayor altura en otras
disciplinas o menesteres.
Sobre esta base, podemos tentar ahora la nómina —
sin pretensiones de agotar el repertorio de nombres— que hace posible este
período de las letras hispanoamericanas. Nómina y, al mismo tiempo, la
elemental distinción (escritores o escritores proceres, proceres escritores)
que marca-
mos. De más está decir que la serie no tiene, en
principio, ningún afán de mostrar categorías de valor, y sólo pretende un
simple orden de acuerdo a la fecha de nacimiento.
He aquí la serie que atiende, sobre todo, a la
condición de escritor: Gregorio Funes (1749-1829), Jacobo de Villaurrutia
(1754-1833), Hipólito Unánue (1758-1833), Fray Cayetano Rodríguez (1761-1823),
Manuel de Zequeira y Arango (1764-1846), Fray Servando Teresa de Mier
(1763-1827 ), Rafael García Goyena ( 1766-1823 ), Camilo Henríquez ( 1769-1825
), Simón Rodríguez (1770-1854), Dámaso Antonio Larrañaga (1771-1848), Luis
Ambrosio Morante (1772-1837), Mariano del Campo Larraondo (1772-1860), Carlos
María de Bustamante ( 1774-1848), Francisco de Covarrubias (1775-1850), José
Joaquín Fernández de Lizardi (1776-1827), José Pérez de Vargas (1776-1855),
Fray Francisco de Paula Castañeda (1776-1832), Lorenzo de Zavala (1778-1836),
José María Gruesso (1779-1835), Vicente Pazos Silva (1779-1852), José Joaquín
de Olmedo (1780-1847), José Joaquín de Larriva y Ruiz (1780-1832), Bernardo
Vera y Pintado (1780-1827), Joaquín María del Castillo y Lanzas (1781-1878),
Andrés Bello (1781-1865), José Manuel Restrepo (1781-1863), Francisco Sánchez
de Tagle (1782-1847), Anastasio de Ochoa y Acuña (1783-1833), José Joaquín de
Mora ( 1783-1864) 2, Manuel Lorenzo de Vidaurre (1783-1841), José María Salazar
(1785-1828), Luis Fernández del Rincón (1785-1841), Vicente López y Planes (1785-1856),
Esteban de Luca (1786-1828), Antonio José de Irisarrj (17.86-1868), José María
Pando (1787-1840), Andrés Quintana Roo (1787-1851), P. Félix Varela
(1788-1853), Bartolomé Hidalgo (1788-1822), José Fernández Madrid (1789-1830),
José Antonio Miralla (1790-1825), Francisco Acuña de Figueroa (1790-1862),
Manuel Carpio (1791-1860), Mariano Melgar (1790-1815), Lucas Alamán
(1792-1853), Juan Cruz Varela (1794-1839), José María Luis Mora (1794-1850),
Juan García del Río ( 1794-1856), Juan Crisòstomo Lafinur (1797-1824), José
Antonio Saco (1797-1879), José Trinidad Reyes (1797-1855), José de la Luz y
Caballero (1800-1862), José Joaquín Pesado (1801-1861), Luis Vargas Tejada
(1802-1829), José María de Heredia (1803-1839) 3.
2 Antes de
viajar a América, Mora mostraba su conocimiento de las cosas del continente, y
también su interés, en las revistas que publicó en Londres : en el Museo
Universal de Ciencias y Artes y, sobre todo, en el Correo Literario y Político.
Mora fue uno de los muchos europeos que vieron entonces a América como el
conti nente del futuro y la libertad. (Cf., Vicente, Lloréns Castillo,
Liberales y románticos. Una emigración española en Inglaterra (1823-1834),
México, 1954, págs. 274-282. Ver también, M. L. Amunátegui, Don José Joaquín de
Mora, Santiago de Chile, 1888; y Luis Monguió, Don José Joaquín de Mora y el
Perú del Ochocientos, Berkeley, 1967).
3 El mexicano
Manuel Eduardo de Gorostiza (1789-1851), nacido en Veracruz, se hizo conocer en
España como dramaturgo. En realidad, pasó a temprana edad a España y allí
inició su carrera literaria. Volvió a México en 1833 y ocupó en su patria
importantes cargos públicos: el principal, como ministro plenipotenciario de
México en Londres.
Gorostiza ganó fama como dramaturgo de la línea
moratiniana. Entre sus obras se encuentran: Indulgencia para todos, Las
costumbres de antaño, Don Diegüito y Con-
Y, por otro lado el caso de los proceres
(gobernantes, militares, inspi radores revolucionarios, etc.) que alcanzan su
culminación fuera de lo lite rario, aunque se ligan a ello: Francisco de
Miranda (1750-1816), Miguel Hidalgo (1753-1811), Antonio Nariño (1765-1823),
Francisco Antonio Zea (1770-1822), Manuel Belgrano (1770-1820), José Núñez de
Cáceres (1772-1840), Camilo Torres (1776-1815), José Mejía Lequerica
(1777?-1813), José de San Martín (1778-1850), Mariano Moreno (1778-1811), José
Cecilio del Valle (1780-1834), Bernardino Rivadavia (1780-1845), Simón Bolívar
(1783-1830), Vicente Rocafuerte (1783-1847), Bernardo Monteagudo (1787-1825),
Francisco Morazán (1792-1842), Francisco de Paula Santander (1792-1840).
Repito. No tendría aquí sentido pretender una
separación rígida. Por eso me parece válida, en general, la distinción entre “
escritores próceres” y “ próceres escritores” . Es cierto también que no todos
los escritores alcan zaron la categoría de “ próceres” (y no entro aquí a
precisar el concepto), pero también es cierto que nunca como en esta época, y
por las razones apuntadas, se dan tantos ejemplos que concilian aptitudes (u
obligaciones) político-militares y aptitudes literarias, en grados previsibles.
Dentro de los nombres citados hay testimonios bien significativos de esa
proximidad si bien el encasillamiento aspira a una dimensión continental, más
que nacional o local. Así, sin desconocer altos cargos públicos ocupados por un
Olmedo o un Fernández Madrid, valgan los ejemplos, su relieve o super vivencia
más nítida (aun en el caso de Fernández Madrid, escritor mediano) corresponde
al sector literario.
Dentro de otra perspectiva, una división
cronológica puede, a su vez, trazar particiones internas y disponer dos o tres
secciones sucesivas en la época que abarcamos. Con todo, veo que tal partición
responde a rasgos externos y no a rasgos esenciales, tratándose precisamente de
escritores. La verdad es que los importantes hechos político-militares que se
desarro llaron en América a comienzos del siglo X IX , hechos que tienen como
actores a la mayor parte de los escritores citados, da un sello especial y caracterizador
a la obra literaria.
De ahí surgen también ecos paralelos a los
episodios históricos, sobre todo en los años de las revoluciones y de
las*luchas militares. Y algo notorio: dentro de la lista citada, no siempre los
más jóvenes (salvo el caso de Heredia) son los que se aproximan más al
romanticismo.
tigo pan y cebolla (escritas en España); y La
madrina, La hija del payaso y Estela, o el padre y la hija (escritas en
México). La edición titulada Teatro escogido (dos tomos, Bruselas, 1825)
corresponde, claro, a obras escritas en España. Una reseña de la edición
apareció en El repertorio americano, de. Londres (1827, III, págs. 78-93).
Antonio Alcalá Galiano elogió, en 1834 a Gorostiza (ver Literatura española.
Siglo XIX, trad. de Vicente Lloréns, Madrid,, 1969, págs. 116-117). Ver, en
fin, mi libro El Romanticismo en la América Hispánica, II, 3^ ed., Madrid,
1975, págs. 63-64.
Como he dicho, Gorostiza volvió a América en 1833.
Por ese dato importante y por el carácter de su obra, queda fuera de nuestro
cuadro. Con todo me ha parecido justo dedicarle esta nota complementaria.
En fin, creo que la repercusión del momento
político-social — momento de indudable trascendencia— alcanza decisivamente al
fenómeno literario y explica con claridad los rasgos que apunto.
LITERATURA Y PERIODISMO
Si bien el libro no va a encontrar todavía, a
través de ediciones, una expan sión mayor que la que había alcanzado, en
general, durante la época de la Colonia (y no olvidemos que abarcamos el
final), el gran medio para la difusión de las ideas y las letras será el
periodismo.
Ya el siglo X V III europeo marcaba el ejemplo a
seguir, ejemplo que se trasunta en Hispanoamérica a fines de la centuria. Pero
van a ser
— repito— los primeros años del siglo X IX los que
nos muestren el punto de partida de una nutrida serie de publicaciones
periódicas por todas las regiones de América. Las más de ellas, de vida
efímera, pero sin que tal sino desmerezca el valor conjunto que ostenta aquel
trabajoso comienzo del periodismo hispanoamericano.
El momento era, sin duda, propicio. El siglo X V
III europeo había encontrado en la prensa periódica un medio adecuado para
difundir “ cultura” popular, para extender ideas, para hacer conocer obras
literarias y nociones prácticas vinculadas a las artes y oficios, aparte de lo
que significaba como medio para la difusión de las noticias inmediatas.
Tales caracteres se mantienen en el periodismo
hispanoamericano, y este vehículo crece, de manera extraordinaria, a partir de
los primeros años del siglo. En fin, es explicable que en estas tierras los
periódicos den particular importancia a todo aquello que se refiere al momento
político-social y militar, al comercio, a la vida económica en general, pero no
por ello olvidan, en la medida de las posibilidades y espacio disponible, las
manifestaciones literarias4.
DEPENDENCIA
CULTURAL Y ANSIAS
DE DESPEGUE
Durante la época colonial no hay (no puede haber)
declaraciones de inde pendencia cultural, de americanismo literario. Hubiera
sido ese fenómeno contradictorio con la situación que ofrecía América.
4 Cf., Pedro
Henríquez Ureña (D ir.), La literatura en los periódicos argentinos (en la
Revista de la Universidad de Buenos Aires, Tercera época, Buenos Aires, 1944,
II, n9 4, pág. 245).
No es todavía el momento que señalaba Sarmiento,
hacia 1841, pero no cabe duda de que ya se anunciaba el poder incuestionable de
la prensa:
“ . . El diario es la voz que resuena siempre, la
palabra viva y mordaz, el pregón alto y sonoro con que el escritor denuncia lo
malo; resuelve incontinenti sobre cada problema, con facilidad y
acierto conveniente. .(Sarmiento, Las obras de
Larra (1841), en Obras, 1, Santiago de Chile, 1887, págs. 112-113).
Lo que hay en la época colonial son más bien
testimonios indirectos de una fisonomía americana en obras (de americanos y
españoles) que se escriben en América. O bien, como ocurre en el caso del
mexicano Juan José Eguiara y Eguren, la defensa de los americanos, tachados en
Europa de ignorantes. Defensa que determina en Eguiara un copioso índice de
nombres y de obras escritas en estas regiones. Manifestación de calor
patriótico, con amor propio americano, aunque — no sin cierta paradoja— escrita
en latín. Y antes de Eguiara, los ecos favorables que encuentran algunos
discursos de Feijoo, estos,, sí, en defensa de los ameri canos. Como vemos,
resonancias amplias, simpáticas y nada peligrosas, que hablan de un orgullo, de
un deseo de afirmación y de ansias de fijar manifestaciones artísticas,
desconocidas o negadas por los europeos (Feijoo y algún otro, son la
excepción).
No interesa aquí que el ardor de la defensa
llevara, por lo común, a exagerar virtudes. En todo caso, era el explicable
abultamiento que se defendía así del extremo opuesto: la tacha negativa nacida
al otro lado del océano. Repito. Era esto lo que la época podía dar. No
doctrinas nacionalistas, ni ensayos ambiciosos, reafirmadores de la
individualidad continental. Sí, hilos más o menos sutiles, perceptibles desde
los tiempos de la Conquista, que hablan ya de una expresión americana.
LA “
DECLARACION” DE BELLO
Es natural que el planteo teórico del americanismo
literario nazca como una derivación de la independencia política de los países
hispanoamericanos. Y, más natural aún, que fueran los románticos los que
desarrollaran con mayor frecuencia y fervor este atractivo tópico, por lo común
ligado a obras que querían ser aplicación de aquellos principios.
Era — repito— la derivación de la independencia
política que buscaba los más tenues y complejos hilos de la independencia
intelectual, y se afanaba por encontrar la “ expresión de América” . Por otro
lado, no cabe duda de que ideas e ideales del romanticismo europeo daban puntos
de arranque fecundos. Recordemos, sobre todo, un difuso herderismo y aun temas
de libros europeos. Recordemos, de manera más restringida, mani festaciones
que ya habían aparecido en los Estados Unidos.
Por
supuesto, punto de
arranque. Con el
tiempo, la búsqueda
del
“ americanismo” pasa a ser tema desligado del eco
de obras europeas. Razón de propiedad y, también, de urgencia.
Un hecho augurador de indudable trascendencia lo
constituye la publi cación del poema de Andrés Bello Alocución a la poesía,
que aparece en Londres, en 1823. Reparemos en el año. Casi en las vísperas de
Junín y Ayacucho, que clausuran el período de las guerras de independencia. El
poema se presenta así como el necesario complemento de una época histórica que,
por causas de sobra conocidas, no había tenido oportunidad
de plantearse tales problemas. Como si fuera
menester primero asegurar la independencia política antes de adentrarse en los
más difíciles vericuetos de la independencia intelectual.
Tampoco resulta casual que sea precisamente don
Andrés Bello quien nos introduzca en forma decisiva en tal planteo.
La Alocución a la poesía es la profesión de fe
americanista del poeta. Allí pide a la poesía que deje la “ culta Europa” y se
dirija al mundo de Colón. En América promete Bello a la musa la vistosidad de
su cielo, de sus climas, de su paisaje primitivo, rico y variado.
La Alocución a la poesía es, sobre todo, el
optimista programa vaticinio de Andrés Bello. Programa poético y social, al
mismo tiempo, aunque el carácter de la obra coloca en primer lugar al aspecto
literario: el título es ya bien elocuente.
Por entre versos de Bello hay aleteos rusonianos,
quizás también herderianos. Claro que, en caso de existir tales raíces, son
menos fáciles de fijar que algunas reminiscencias expresivas, particularmente
clásicas.
¿Qué deben cantar los poetas americanos? O, mejor
¿qué debe inspirar la poesía americana? Según Bello, sus tierras, sus variados
paisajes (vírge nes de literatura), su rica historia, sus hechos de armas, la
guerra emancipadora. . .
Este poema se continúa y ejemplifica en La
agricultura de la Zona Tórrida (1826), verdadero “ Elogio” de la vida en el
campo (campo ame ricano) y canto de paz, después de las luchas de
emancipación. Es que las Silvas de Bello, repito, no constituyen únicamente un
programa lite rario: son también, en no menor grado, un programa social,
aunque esto último suele pasar casi inadvertido al lado del indudable peso del
primero. En La agricultura de la Zona Tórrida contrapone Bello la vida
laboriosa y honrada del labrador con el ruido y vicio de las ciudades (al mismo
tiempo que insta al cese de las luchas civiles que han sobrevenido a la
independencia, luchas que empobrecen a los nacientes países).
En Bello hay, pues, un programa amplio, programa
que no alcanzó a realizar sino fragmentariamente, pero que desarrollarán, de
manera más dilatada, los románticos.
Al mismo tiempo, me parece adecuado mencionar aquí
otros testi monios contemporáneos, muy escuetos o que no tuvieron la difusión
y prestigio de los versos de Bello. Sin embargo, creo que contribuyen a fijar
así, tempranamente, planteos similares.
De manera concreta, me refiero, por los años de las
Silvas, a curiosos párrafos de José Cecilio del Valle, de Domingo del Monte y
de Juan Cruz Varela.
Escribió José
Cecilio del Valle, en 1822:
"La América será desde hoy mi ocupación
exclusiva. América de día cuando escriba; América de noche cuando piense. El
estudio más digno de un americano es América” .
En una carta de Domingo del Monte a Heredia
(fechada el 14 de octubre de 1826) aparece también un intento de americanismo.
Del Monte recomienda a su amigo que no traduzca más a escritores franceses e
italia nos, que se dedique al teatro y que busque inspiración en Tenoxtitlán,
Tlascala y el Perú. Y agrega:
"Forma tú la tragedia americana, que tu
ingenio la produzca, cándida como sus vírgenes, libre como sus repúblicas, y
terrible y brillante cual Simón y Guadalupe. . .
Por último, Juan Cruz Varela, en 1828, establecía
ya relaciones entre * la poesía descriptiva y la naturaleza americana (mejor
dicho: una ideali zada naturaleza argentina), en párrafos que después
despertarían el entu siasmo de Juan María Gutiérrez:
“La poesía descriptiva no ha dado aún un solo paso
entre nosotros, a pesar de que el suelo de la América parece que convida a los
poetas a desplegar su genio en esta clase de com posiciones. Una vegetación
rápida y prodigiosa, un suelo siempre verde y florido, un clima dulce y
templado, un cielo sereno y despejado, donde parece que el sol brilla con mayor
ostentación, una cadena de montes, cuyas cimas propiamente se esconden en las
nubes, y donde todo es grande, nuevo y portentoso • •
. . Todos estos objetos son propios para inflamar
la imaginación de los poetas y producir bellas y grandiosas descripciones. Pero
hasta ahora los poetas argentinos sólo han pulsado la lira, o inflamados por el
entusiasmo nacional en los grandes triunfos de la patria, o deseosos de mostrar
al mundo su esplendor, sus instituciones y progreso s...” .
En fin, tales testimonios, si bien muestran que la
preocupación de la independencia intelectual, de las señales de americanismo,
es propia de más de un hombre y corresponde a diferentes latitudes, muestran
también que se trata apenas del tanteo inicial que pretende romper en las
vicisitudes de aquellos momentos. Y, sobre todo, nos señala que, en efecto, la
única manifestación que alcanza a llegar con cierta nitidez y desarrollo a los
contemporáneos y a la primera generación romántica, es la de Andrés Bello5.
5 Ver Andrés
Bello, Alocución a la Poesía.. . (en la Biblioteca Americana,, de Londres,
1823, I); id., La agricultura de la Zona Tórrida (en El repertorio americano,
de Londres, 1826, I); José Cecilio del Valle Soñaba el Abad de San Pedro y yo
tam bién sé soñar (1822), en Secretaria de Educación Pública, Valle, México,
1943, pág. 13. Según José Luis Martínez, es esta la primera declaración,
anterior a la de Bello, aunque sin ningún eco (ver, J. L. Martínez, La
emancipación literaria en Hispanoamérica, II, en Cuadernos Americanos, México,
1950, IX, nQ 6, pág. 193).
Para la carta de Domingo del Monte a Heredia, ver
Salvador Bueno, Las ideas literarias de Domingo del Monte, La Habana, 1954,
pág. 11. El artículo de Juan Cruz Varela se publicó en el periódico El Tiempo,
de Büenos Aires, n9 68, 23 de julio de 1828. (Ver Juan María Gutiérrez, Las
descripciones de la naturaleza de la América Española, estudio recogido en
Críticas y narraciones, Buenos Aires, 1928, págs. 56-57).
Estos primeros intentos de buscar una “ expresión”
americana aparecían rotundamente justificados. Por supuesto, una cosa suelen
ser los programas y las aspiraciones, y otra (a veces bastante diferente) la
realidad literaria.
Como es bien sabido, si por un lado esta etapa se
recorta con nitidez dentro del marco político-social, no ocurre lo mismo con el
perfil literario. Es, éste, un momento en que tendencias estéticas del siglo X
V III sobre viven y aun dan el sello particularizador al período. Es, éste,
momento de predominio neoclásico (ese neoclasicismo que llega a América con
cierto retraso), neoclasicismo que da — repito— el sello caracterizador a la
literatura de los primeros treinta años del siglo X IX en Hispanoamé rica, a
despecho de señales auguradoras de otra época artística que alcanzan a
marcarse.
No hay, pues, un paralelismo ceñido entre el
momento político-social y el momento literario; y esta elemental comprobación
nos sitúa, una vez más, en el especial ámbito de las manifestaciones
espirituales, más aún (los ejemplos abundan) si ellos se refieren a sectores
hispánicos.
Son, por supuesto, las obras, las propias obras
literarias las que reflejan esencialmente esos rasgos, pero también lecturas e
influencias nos muestran, desde su ángulo particular, tal situación. Lecturas e
influencias que mues tran, todavía, vigorosos modelos españoles, dentro de lo
que España podía dar (pasado y presente) a comienzos del siglo X IX .
El ejemplo de España se completa con el
reconocimiento del peso que mantienen autores de la antigüedad clásica (no nos
olvidemos de que la tendencia estética predominante entonces es el
neoclasicismo) y con la difusión de algunas obras e ideas modernas no españolas
que llegan a través de España. El conjunto precedente (parcial, como veremos)
ofrece pocas variantes con respecto a lo que era corriente en los siglos
coloniales; particularmente, si pensamos en siglo X V III. La diferencia,
aparte de nombres y perspectivas, está en que, antes, ese conjunto (España,
autores clásicos propiamente dichos, modernos *no -españoles llegados a través
de España) llenaba todo el cuadro. En cambio, ahora dejará sectores que
ocuparán, sobre todo, lecturas y modelos llegados directamente de otros países
(Francia, Inglaterra, Italia, Alemania, Estados Unidos) en número cada vez más
creciente y fuera ya del matiz o la importación de España. Además, cobrarán
importancia otras obras e ideas extranjeras de tema político-social. Y, en fin,
el reconocimiento explicable de que hay visible diferencia entre los
testimonios que pueden señalarse en los primeros años (hasta 1810, por ejemplo)
y los que pueden seña larse cerca de 1830. No sólo son diferencias de unos
años, sino también alternativas y consecuencias que van dejando las
revoluciones de indepen dencia y los cambios estéticos que, lentamente, llegan
hasta América.
Por supuesto, la mejor manera de probar esto
consiste en mostrar las pruebas, si bien aquí, por razones obvias, debo
reducirme a enunciar
sólo
una evidencia. En fin, como
no siempre resulta
exacto hablar de
“ influencia” , me parece más adecuado, para evitar
peligrosos extremos de parentesco, la denominación de “ educación literaria,
lecturas, influen cias” , denominación más amplia y flexible. Y un complemento
inevitable: el de las abundantes traducciones de obras extranjeras.
PANORAMA LITERARIO
El análisis sereno de las obras literarias escritas
en Hispanoamérica, durante la época de las Revoluciones de Independencia, no
nos muestra sino excepcionalmente obras recordables, aunque nos muestre
abundancia de escritores y, también, el hecho explicable de que la actuación
política contribuye, en alto grado, a la supervivencia del escritor. En fin,
podemos agregar que, en todo caso, es la suma de elementos (obras, resonancias
patrióticas, actuación pública, etc.) lo que casi siempre contribuye a fijar un
renombre o un prestigio. Renombre o prestigio, a pesar de que son hoy muy
escasas las obras literarias de aquella época que sobreviven o que resisten un
análisis riguroso.
Otras particularidades se derivan del hecho de que,
por un lado, es la primera etapa literaria que corresponde a (o coincide,
prácticamente, con) la vida independiente de los nuevos países, con las
conocidas excep ciones. Y, por otro lado, que el número de escritores crece
considerable mente. En este último aspecto, conviene reparar en la abundancia
de nombres que se conocen, en especial si los comparamos con aquellos que
aparecen en la segunda mitad del siglo X V III. Aclaro que sería ingenuo negar
la existencia, entonces, de nutridos grupos de escritores en México y el Perú,
por ejemplo (como existieron desde los primeros tiempos de la Colonia). Sin
embargo, al hablar ahora de abundancia, destaco el número dentro de una
presencia más extendida y pareja. Es como si la proximidad de la independencia,
primero, y su logro después, despertara también entusiasmos literarios en
regiones que no se habían distinguido mayor mente, durante los siglos
coloniales, por esas inclinaciones.
Ejemplo típico: el Río de la Plata, aunque —
repito— no restrinjo a esta región el crecimiento. Algo parecido podemos decir
de otros lugares que ofrecían antes características comunes. Y como, por otra
parte, se mantiene el fervor en México y el Perú, la conclusión a la que
llegamos es la de un aumento apreciable en cuanto al número. No me olvido de
diversos factores (periodismo, sociedades literarias, etc.) que contribuyen en
buena medida al fenómeno. Aquí sólo quiero fijar el hecho, aun con el reconocimiento
de que, una vez más, la cantidad no guarda relación con la calidad. Pero este
es otro asunto.
En el otro aspecto, el efecto es también variable.
Esta es la primera etapa literaria en relación a la independencia política. Sin
pedir un ajuste
total, es más exacto decir que el momento literario
precede brevemente, ayuda después y coincide con los comienzos de la
independencia política.
Dentro de proximidades temporales evidentes (hoy
estamos apenas a ciento cincuenta años de las revoluciones), y dentro también
de lo que ayudan fechas rotundas (que se impone en periodizaciones en
casillero), la época de las Revoluciones de Independencia aparece, así, con más
nitidez o con mayores precisiones que aquellas en que se presentan los períodos
de la extendida etapa colonial.
Cercanía, acumulación, mayor conocimiento (esto
último debido, en gran parte, a razones puramente patrióticas), todo contribuye
a dar mayor precisión, a limitar mejor en el tiempo, esta etapa literaria.
No olvidemos que ya el pasado siglo se planteó el
problema, especial mente en el Río de la Plata, de una literatura
hispanoamericana que debía comenzar a principios del siglo X IX , junto con la
independencia de las antiguas colonias (cfr. Florencio Varela, Echeverría,
Andrés Lamas). Plan teo que, aunque hoy resulte un tanto inusitado, resurge en
un reciente manual del crítico francés Robert Bazin.
Claro que estos son casos extremos, aparte de que
no creo que se justifiquen. Colocándonos en una actitud y tradición más
valedera, que es por otro lado, la corrientemente aceptada (me refiero por lo
pronto a la inclusión de la literatura colonial), vemos allí que las diferentes
periodizaciones reflejan, casi siempre, las diferencias. Recordemos, por
ejemplo, el siempre fundamental libro de Pedro Henríquez Ureña, que distingue
etapas amplías en la época colonial (La creación de una sociedad nueva [1492-1600]
y El florecimiento del mundo colonial [1600-1800]), y, en cambio, verdaderas
generaciones a partir de 1800 (La declaración de la independencia intelectual
[1800-1830], Romanticismo y anarquía [1830-1860], El período de organización
[1860-1890], Literatura pura [1890-1920]...).
GENEROS
Y TEMAS
En consonancia con el neoclasicismo, que — como
bien sabemos— da el sello a la época, son particularmente géneros y temas
dentro de esa tradición los que predominan. Lo cual, a su vez, no significa una
acomo dación ciega ni un simple recoger ecos.
Sobre esta base, podemos comprender perfectamente
que, entre las obras que se escriben en Hispanoamérica a comienzos del siglo X
IX , predominan odas, himnos heroicos, elegías, madrigales, epigramas, fábu
las, por un lado. Por otro lado, tragedias, y comedias clasicistas. La abun
dancia suele corresponderse con las obras más perdurables del neoclasi cismo
hispanoamericano.
Por supuesto que están presentes, en tales
tributos, normas y para digmas de las Poéticas al uso (Horacio, Boileau,
Luzán, Batteux, Blair).
El neoclasicismo alcanza aquí su reflejo más cabal
en la lírica. La lírica nos da el mejor testimonio de la escuela, y a ella
pertenecen las obras que han llegado con más vigor hasta nosotros.
No podemos decir lo mismo de los géneros dramáticos
neoclásicos (tragedia y comedia), si bien es importante destacar que este
momento corresponde a una época donde aumentan considerablemente las represen
taciones teatrales, y donde se considera la escena como un campo propicio no
sólo para los fines morales, sino también para la prédica patriótica.
En cuanto a la epopeya, prácticamente había
desaparecido o estaba en plena decadencia. En realidad, preguntar por la
epopeya a comienzos del siglo X IX sólo supone un simple recuento apoyado en
las divisiones de las Poéticas o preceptivas. Por lo que sabemos (y sin entrar
a distinguir tonos “ épicos” en muchas poesías patrióticas), no apareció en
este conti nente el poeta que se atreviera a resucitar o remozar la epopeya
clasicista y sus octavas reales. Como variante, podemos anotar la supervivencia
de la epopeya burlesca, con algún ejemplo no excepcional pero sí recordable,
como el de La Malambrunada, de Francisco Acuña de Figueroa.
No podemos decir, en cambio, que la tragedia y la
comedia estuviesen muertas, aunque ofrezcan escasas muestras de valor. Como he
dicho, las representaciones abundaron y el teatro fue bastión por excelencia de
las ideas neoclásicas, con proyecciones sobre el particular momento político.
Heredia, al analizar la obra de Byron, elogiaba la
mayor parte de sus poemas, pero desmerecía las tragedias. “ Desatendió en ellas
— decía— las unidades, y no supo sostenerse a la altura de la dignidad trágica”
.
La función docente del teatro es un lugar común en
las críticas y comentarios de la época. Sirve, entre muchos testimonios, un
artículo publicado en el Mensajero Argentino, de Buenos Aires (N° 35, del 11 de
mayo de 1826). Por su parte, así escribía Camilo Henríquez:
"Yo considero el teatro únicamente como una
escuela pú blica. . . La musa dramática es un gran instrumento en las manos de
la p o lític a ...” .
En fin, un adecuado reflejo de las ideas
predominantes encontramos en una reseña del Teatro escogido de Gorostiza,
publicada en El Reper torio Americano y firmada por “ P. M .” [Pablo
Mendibil]. He aquí como considera el carácter del “ teatro moderno” :
" . .
.sus máscaras han de representar personajes perfectos o monstruosos, según el
rumbo de premiar la virtud o castigar el vicio que se dé al argumento de la
pieza; este debe ser percep tible, claro, sobresaliente, y por lo mismo
sencillo, único y des nudo de variedad en episodios y lances: distraigan lo
menos posible la atención del objeto principal, y para eso no se mude la
escena, si es posible, ni aun a otro aposento de la misma casa; no dure la
acción más de veinte y cuatro horas, y mejor solas doce, para concentrar más y
más el interés; finalmente, con la gran mira de enseñar, corregir, sermonear,
entre la decla mación con sus prolijidades, sus insulseces y sus expresiones
favoritas del nuevo vocabulario bilingüe” .
Tragedias a la manera neoclásica escribieron
Heredia, Juan Cruz Varela (Dido, Argia, e Idomeneo, fragmento), Luis Vargas
Tejada (Suga-muxi, Doraminta), José Fernández Madrid (Atala y Guatimoc), José
María Moreno (Xicontencatl). Aunque hay diversos precedentes, los temas
americanos pueden considerarse, sobre todo, como reflejo del momento.
Dentro de la comedia, sin duda el ejemplo más
seguido fue el que en España había impuesto Leandro Fernández de Moratín.
Moratiniano fue Manuel Eduardo de Gorostiza, que alcanzó prestigio en España y
que al volver a su patria (ya independiente) prosiguió su fecunda obra. Claro
que su influencia en México escapa a este período.
Como comediógrafos que escriben en América, debemos
mencionar al cubano Francisco de Covarrubias y al hondureño José Trinidad
Reyes. Y, aunque no sean elementos fundamentales en sus respectivas produc
ciones, conviene citar un único sainete en verso, de Heredia (El campe sino
espantado) y un juvenil sainete de Juan Cruz Varela (A río revuelto, ganancia
de pescadores), exhumado recientemente.
Una variedad del género dramático en la época, que
no puede omitir se (por ser algo particularizador del momento) es el llamado “
uniperso nal” . Es realidad lo que después se llamó “ monólogo” (pero no
exacta mente lo que hoy se llama “ monodrama” , de mayor ambición y contex
tura). Escribieron unipersonales, entre otros, Lizardi (El unipersonal de Don
Agustín Iturbide) e Hidalgo (Sentimientos de un patriota; Uniper sonal.
Idomeneo, atribuida). El unipersonal tenía casi siempre carácter político. Era algo
así como la puesta en escena o la “ dramatización” de discursos y arengas.
Repito: género muy ligado a la época.
VERSO Y PROSA
Sin habérmelo propuesto, noto que los géneros
citados precedentemente (salvo la comedia moratiniana y alguna excepción, no
abultada) son géne ros “ en verso” , lo que se explica, en gran parte,
teniendo en cuenta que son géneros que el neoclásico procura realizar a través
de la línea corta y medida. El verso era, así, realce y distinción, camino que
el romántico no alterará mayormente.
Conviene destacar, pues, en los neoclasicistas, el
predominio del verso sobre la prosa, ya que la notoria ambición artística y
también, la abun dancia, corresponden a obras en verso (obras dramáticas,
líricas, épicas).
Ahora bien; tal predominio no significa — a
comienzos del siglo X IX — cambios extraordinarios con respecto a
características típicas del verso en el siglo X V III, y, en general, al
neoclasicismo del siglo X V III.
La métrica de los poemas de esta época no se
distingue, por lo visto, por sus afanes innovadores. Por el contrario, es una
métrica apoyada en una larga tradición clasicista, con las muy pocas
incorporaciones válidas del siglo X V III español (salvo, quizás, el caso
especial de Iriarte). Por
otra parte, sería injusto no decir que tal rasgo
responde a ideales clasi-cistas, al deseo de rehuir combinaciones
espectaculares o poco usadas, o, simplemente, que no se apoyan en una tradición
de grandes modelos. En fin, la aspiración a considerar la métrica como un
apoyo, y no como un artificio.
Los versos más cultivados son el endecasílabo, el
decasílabo (himnos), el octosílabo, el heptasílabo (anacreónticas) y el
hexasílabo. El endeca sílabo predomina ostensiblemente sobre el octosílabo. En
general, la poesía grave usa el endecasílabo (o endecasílabos y heptasílabos);
la poesía bur lesca o epigramática, versos cortos.
Dentro de la rima, reparamos en el verso blanco
(especialmente, en los sáficos adónicos) y en las alternancias de esdrújulos y
graves, a la manera de Metastasio.
Como estrofas más utilizadas: el soneto, la décima,
el terceto, la octa va real, la cuarteta, el quinteto, la silva, la lira, la
estancia, el romance, la letrilla, el sáfico adónico, la “ anacreóntica” .
Las pocas novedades corresponden a. poetas que,
como Heredia, ya miran — antes de 1830— hacia adelante, tanto en las lecturas
como en los intentos renovadores. Precisamente, en Heredia hay que señalar el
verso eneasílabo y el endecasílabo de gaita gallega; en Heredia y Bello; la
llamada “ estrofa bermudiana” ; en Juan Cruz Varela, el dodecasílabo y la
estrofa manzoniana; y la polimetría, a la manera de Hugo, en las traduc ciones
e imitaciones de Bello. En todos los casos, ejemplos aislados o centrados en uno
o muy pocos poetas. Y, en todos los casos, con ramifi cación que está ya, o
que entra, en plena época romántica.
Al detenernos ahora en la prosa de comienzos del
siglo, nos encontra mos con ciertas novedades valiosas. En primer lugar (y en
relación a la fecundidad e importancia que adquirirá el género) conviene
destacar, entonces, el verdadero nacimiento de la novela en Hispanoamérica, en
manos de José Joaquín Fernández de Lizardi, que no encuentra ecos inme diatos,
pero que pronto los encontrará después de 1830 (modelos europeos sumados).
Destacar la importancia de la novela, su fecundidad
y desarrollo pos terior, resulta hoy obvio. Bien sé que las novelas que se
escriben en Hispanoamérica después de 1830, se derivan, por lo común, de
reconoci bles modelos europeos (Walter Scott, Alejandro Dumas, Víctor Hugo,
Lamartine, Eugenio Sue, etc.), pero tal comprobación no invalida el claro
sentido inaugural que tiene la obra del “ Pensador mexicano” 6.
8 Una vez más
me parece justo decir que al hablar de "verdadero nacimiento” no
desconozco la existencia de novelas hispanoamericanas anteriores (verdaderas
nove las, relatos novelescos, o con contactos novelescos). Simplemente, marco
con Fernández de Lizardi un jalón fundamental y el principio de una continuidad
que antes, por diferentes motivos, no existe. Y, no menos, la presencia del
libro que se "lee” como novela (que aún se sigue leyendo). Cosa que
difícilmente se da en ejemplos prece dentes (de Sigüenza y Góngora, Pineda y
Bascuñán, Bramón, etc.).
Sin establecer una separación total con Lizardi,
hay otra prosa abun dante en la época. Es la prosa de los escritos,
manifiestos, proclamas, ensayos, etc. (prosa con intención más o menos
literaria), de los “ escritores proceres” o “ proceres escritores” . Es el
párrafo que procura servir a los ideales de libertad, a la lucha política, a
las urgencias de la hora, y que encuentra su cauce más adecuado y rápido en una
frase de movimiento amplio, oratorio, con más de un acierto expresivo. Lo
prueban, Bolívar, Mejía Lequerica, Valle, Moreno, Monteagudo, V id au rre ...,
y prefiero dejar aquí a un lado a aquéllos que tienen un más nítido perfil de “
escritores” .
TEMAS:
PRECISIONES
Con respecto a los temas, si bien ya he anticipado
algo, corresponde aquí ampliar noticias y caracteres.
En un primer momento (antes de 1810) encontramos,
particularmen te, temas como el progreso y la civilización, el filantropismo
(“ humanita rismo” ), la reflexión moral, la escena arcàdica, el amor
anacreóntico, y una abundancia notoria de fábulas, sátiras y composiciones
festivas. Temas que, más adelante y por causas conocidas, no desaparecen,
aunque dejan gran parte del terreno al tema del momento (tema y ramificacio
nes): el homenaje patriótico (canto a la libertad, a los triunfos militares, a
los héroes, a los nuevos países; la execración de la tiranía, de la antigua
metrópoli).
En 1814, le escribía Fray Cayetano Rodríguez a su
amigo el obispo Molina: “ La Patria es una nueva musa que influye divinamente”
. Y no cabe duda de que tal afirmación se ve respaldada en los hechos con
amplitud. A su vez, el tema patriótico, en consonancia con la tendencia
estética de la época, recurrió a previsibles modelos y lengua poética.
. Mejor
dicho, extendió a este tema mucho de la retórica en boga. Como modelos,
particularmente los clásicos grecorromanos y españoles, y una expresión
añejamente aceptada. Entre otras cosas, con los nombres famo sos: Jove, Marte,
Febo, Mavorte, Belona, Olimpo, Helicona, Parnaso, Pindó, Aqueronte, Musas,
Numen, Grecia, Roma. . .
Tal desfile de nombres no es exclusivo, como digo,
de la vena heroica, pero era allí, evidentemente, donde tenía más propicio
ámbito. Por lo demás, las composiciones patrióticas se mueven dentro de motivos
limi tados y reiteradores. Mejor dicho, es el escaso vuelo de los
versificadores que se protegen en fórmulas retóricas, o que descubren con
facilidad los versos ajenos. Así, el acierto rotundo de Quintana (“ ¡antes la
muerte/ que consentir jamás ningún tirano!” ) es reconocible en más de un poema
escrito por aquellos años en América 7.
7 En realidad
fueron varios los versos de Quintana que gozaron de notable difu sión.
Recuerdo también ecos del tropo "Virgen del Mundo”, aplicado, por
supuesto, a América.
Tema y caracteres se imponen, pues, de manera
indudable. Entre muchos ejemplos, respaldan lo que afirmo dos colecciones del
Río de la Plata. Se trata de la primera antología poética argentina, La lira
argentina (1824), y El Pamaso oriental, primera antología hecha en el Uruguay
(1835-1837), que recogen composiciones de la época y que muestran con holgura
los rasgos señalados.
El tema patriótico aparte, los demás temas
(especialmente después de 1830) sirven más bien para matizar aquel predominio,
o como ramifica ciones y complemento.
Así, el tema del indio, de las antiguas culturas o
pueblos abatidos por la Conquista, que comienza a manifestarse aquí, pero que
se expandirá, sobre todo, con el romanticismo. En la época de las Revoluciones
se vincula, claro está, al tema de la independencia. Veamos ejemplos: Here dia
(A los habitantes de Anáhuac, Placeres de la melancolía, Himno al Sol, A
Bolívar, tema parcial), Olmedo (Canto a ]unín, tema parcial), Bello [Alocución
a la Poesía, tema ocasional), Florencio Varela (Al 25 de mayo de 1830, tema
parcial), Carlos G. Villademoros (En el 25 de mayo de 1836), Fernández Madrid
(Elegías nacionales peruanas — 1825— , Guati-moc, tragedia — 1827— ), Vargas
Tejada (Sugamuxi, Doraminta, trage dias), Camilo Henríquez (Lautaro, Camila o
La Patriota de Sudamérica, dramas), José María Moreno (América mexicana libre —
1823— , Xico-tencatl, Mixoac — 1823— , tragedias), Luis Ambrosio Morante (Túpac
Amaru, Siripo y Yara en el Campo de la Matanza, dramas), José Manuel Sánchez
(Arauco libre — 1818— , El nuevo Caupolicán — 1815), Manuel Belgrano (Molina,
drama, inspirado en Marmontel). También, las diferen tes imitaciones de Atala
(Olmedo, Heredia, Fernández Madrid). En fin, y más que como tema, el acento
indígena de los Yaravíes de Melgar.
Más raramente aparece entonces el tema del
abolicionismo y, en gene ral, el motivo social. Por lo menos, dentro de la
amplitud en que debe entenderse la denominación de “ social” . El tema del
negro apenas si se encuentra, tempranamente, en versos de Francisco Acuña de
Figueroa y de Domingo del Monte. En los dos casos, poetas blancos que encaran,
sentimentalmente, el problema de la esclavitud. Acuña de Figueroa atiende, en
forma separada, a lo pintoresco y lo dramático de la vida del negro. Veamos dos
poemas de El Parnaso oriental:
Compañelo di
candombe
pita pango
e bebe chica,
ya le sijo que tienguemo
no se puede sé cativa:
Po leso lo Camundá,
lo Casanche,
lo Cabinda,
lo
Banguela, lo Monyolo,
tulo canta, tulo glita. . .
(Canto
patriótico de los
negros)
¿Y así,
cruel pirata, así te alejas
robándome,
tirano,
los hijos y el esposo. . .? / ¿Así, inhumano,
en desamparo y en dolor me dejas?
¡Ay, vuelve,
vuelve! En mi
infeliz cabaña,
sin
consuelo y sin vida,
ve cual me dejas,
como débil caña
del huracán
violento combatida. . .
(La madre africana)
Pero, posiblemente, los alegatos más continuados en
favor de la abo lición de la esclavitud (que debemos también considerar en
relación a su patria), corresponden al cubano José Antonio Saco y su prosa8.
El tema del paisaje americano, paisaje visto en la
realidad inmediata y cambiante, asoma tímidamente. En primer lugar recordamos
su presencia más visible — estímulo y ejemplo— representada por las famosas
Silvas americanas de Andrés Bello.
Más exactamente aún, podemos decir que, en este
momento (entre el 20 y el 30), el tema del paisaje se anuncia con claridad en
aquellas dos direcciones que, a través de los románticos, ofrecerá tantos
tributos.
Me refiero, por un lado, al sentimiento de la
naturaleza (con los ejem plos nítidos de Heredia) y, por otra parte, a la
descripción más narrativa y colorida que sentimental, pero apoyada en un
paisaje propio, paisaje “ americano” (con los ejemplos nítidos de Bello).
De la misma manera hay que considerar el tema
sentimental, que, en parte, ya hemos anticipado. Más bien despunte, que se
aparta o procura apartarse del énfasis neoclásico, tal como puede verse en
Heredia, Melgar, Gruesso, Miralla y el Lizardi de Noches tristes y día alegre.
El tema religioso se centra, como es fácil
adivinar, en comentarios, transcripciones o exégesis bíblicas, en particular de
Salmos (cf. Navarrete, Valdés, Acuña de Figueroa, Pesado y Carpió, y,
ocasionalmente, Bello, en su etapa chilena). No se trata de un sector que tenga
mayor signifi cación.
Si bien la abundancia es más palpable, por razones
comprensibles, antes de la época revolucionaria, constituye una ofrenda muy
nutrida la que presenta el tema burlesco. Tema que va desde el inocente
epigrama, que se complace en el simple juego de vocablos, hasta la intencionada
sátira, que apunta hacia aspectos candentes de la realidad social o que fustiga
a personas y personajes. Una buena parte de las obras eran anóni mas y daban
el consabido (y, a veces, aguardado) espectáculo en los periódicos (ver México,
Perú, Río de la Plata). En México nos topamos con la figura de Fray Servando
Teresa de Mier, de extraordinarios acier tos satíricos, Barazábal, Ochoa y
Acuña, Lizardi; en Guatemala con Irisarri; en el Perú, de lejana tradición
burlesca, con José Joaquín de
8 No resulta
casual la persistencia del tema en una región como Cuba. Por eso, aparte de
José Antonio Saco, recuerdo igualmente testimonios en los Aforismos de José de
la Luz y Caballero.
Larriva y Ruiz (“ El fraile Larriva” ), de punzante
ingenio, con José Pérez de Vargas y Felipe Pardo y Aliaga, en sus comienzos
literarios; en el Río
de la Plata, con Francisco Acuña de Figueroa, Prego
de Oliver, Lafinur, Juan Cruz Varela, el padre Castañeda. . . 9
En un lugar especial, por filiación y por las
conexiones que es nece sario establecer, la fábula. Su aporte es igualmente
nítido (cf. Navarrete, García Goyena, Lizardi, Melgar, Azcuénaga, fray Cayetano
Rodríguez, Mora, español y americano, Pérez de Vargas, Bello y otros).
Aun estableciendo diferencias, como digo, entre los
primeros años del siglo y los años de las revoluciones de independencia, esta
vena no se interrumpe. En todo caso, y para marcar cambios perceptibles, la
nueva etapa se caracteriza por la irrupción de la sátira política, especie
nueva que nacía, sobre todo, en medio de abultados tanteos, indecisiones y
fracasos de los nacientes gobiernos. Los tiempos exigían, es indudable,
tributos más severos que aquellos que nacían del humor y del ingenio, pero de
ninguna manera el tema burlesco desaparece.
Las letras del primer tercio del siglo X IX , o, si
preferimos, la literatura de este cambiante y dramático momento que corresponde
a las Revolucio nes de Independencia, se empina con tres nombres de aceptado
relieve, Bello, Olmedo y Heredia.
Lo curioso es que este triunvirato aparece ya
impuesto, de manera casi inamovible, en la segunda mitad del siglo XIX . Es
decir, desde la época en que pudo mirarse hacia atrás con alguna perspectiva,
pesar mé ritos, deslindar etapas literarias. . .
Hoy, con mucha mayor perspectiva, contando también
con esa suma de factores que contribuyen a la especial “ vida post mortem” de
los prestigios literarios, hoy, repito, no encontramos causa valedera para des
merecer el tradicional valor asignado a estos tres nombres famosos. Más bien,
el ahondamiento en sus obras, un mejor conocimiento de las res pectivas
personalidades, agrega nuevos motivos para destacarlos, si cabe, con resaltante
nitidez.
Claro que resulta injusto reducir la importancia de
esta etapa literaria a los tres escritores citados, si bien la elección de los
acompañantes más dignos ofrece particularmente problemas que, sabemos, no se
presentan en el caso de Bello, Olmedo y Heredia.
9 Hay en la
época un particular desarrollo de la sátira. En parte, como aprovecha miento
de recordados modelos antiguos; en parte, como reflejo de virtudes poéticas de
los autores y como acicate de las luchas contemporáneas y la formación de una
nueva sociedad. Se desarrollan, así, la sátira política, la literaria, la de
costumbres. . Lo concreto es que, dentro de muchos nombres olvidados, aún se
siguen recordando algunos autores satíricos de la época.
En la emergencia, y para mostrar otro grupo
compacto en lo que podemos llamar un segundo plano, propongo otros tres
escritores: Lizardi, Bartolomé Hidalgo y Melgar. No se trats da una buscada
simetría, sino de una meditada valoración. Por eso creo justificado el especial
relieve de Lizardi, Hidalgo y Melgar, sin que esto suponga desconocer la
presencia de escritores como Juan Cruz Varela y Mier, por ejemplo.
El cuadro se completa, por supuesto, con otros
nombres, posible mente menos nítidos aunque no muy alejados de los anteriores,
tal como tendremos ocasión de citar después. Quiero ahora advertir, sobre la
base de los nombres seleccionados, que en la época prevalece notoriamente la
literatura en verso. Mejor dicho: el verso predomina sobre la prosa, y
versificadores (o autores de obras en verso) son Olmedo, Bello, Heredia,
Bartolomé Hidalgo, Melgar y Juan Cruz Varela. Prosistas son, esencial mente
Lizardi y Mier. Quiero decir que a las obras en prosa, bien que en desigual
medida deben su supervivencia.
Esto — creo— es un nuevo testimonio de la
continuidad del neocla sicismo, que, como sabemos, realza ostensiblemente la
obra en verso, y no muestra igual preferencia por la prosa. Quizás sea más
exacto decir que hay ya avances de la prosa (el siglo X V III mostrará ese
avance), aunque, comparativamente, es lícito hablar aquí de un retroceso
temporal. En reali dad, será el romanticismo, el que, junto con la imposición
de determinados géneros “ nuevos” , muestre mejor esa expansión de la prosa.
Cabe también la posibilidad de una explicación
complementaria, ínti mamente ligada al momento histórico que se vive en
América a comienzos del siglo X IX . En la urgencia de la acción (militar,
política, diplomática, etc.), en los cambios radicales que se suceden, en la
importancia que adquiere lo combativo e inmediato, el verso, ligado casi
siempre al poema breve o no muy extenso, es vehículo esencial en la literatura
de la época. Todo esto, repito, sin detenernos a puntualizar aquí los mayores o
meno res aciertos poéticos.
En fin, creo que ya es oportuno mencionar los
autores que figuran en esta selección. Aparte de los que hemos destacado desde
un principio (es decir, Olmedo, Bello, Heredia, Bartolomé Hidalgo, Melgar y
Juan Cruz Varela) incluyo los siguientes: Fray Servando Teresa de Mier, Rafael
García Goyena, Camilo Henríquez, José María Gruesso, Antonio José de Irisarri,
Andrés Quintana Roo, José Fernández Madrid, José Antonio Miralla, Francisco
Acuña de Figueroa, Manuel Carpio, Francisco Ortega, Juan Crisòstomo Lafinur, José
Joaquín Pesado y Luis Vargas Tejada.
II. BRASIL
EL MARCO HISTORICO
La H ISTO RIA del Brasil durante el siglo X IX es,
en sus líneas más gruesas, paralela a la de las antiguas colonias españolas: un
primer momento mar cado por la época de la Independencia, y un extendido
momento poste rior, como ratificación de este estado. También, en sus líneas
gruesas, es explicable que subrayemos las diferencias fundamentales: la
Indepen dencia incruenta, la proclamación del Imperio y, ya a fines del siglo,
la República.
Como vemos, hay semejanzas y diferencias. En el
caso particular de la primera época (la que señalamos con el nombre de
Revolución de Inde pendencia) conviene igualmente destacar, por un lado,
semejanzas en el proceso inmediato anterior. Como en Hispanoamérica no faltan
anuncios en la segunda mitad del siglo X V III: las sublevaciones brasileñas
tuvieron entonces significación; de manera especial, la encabezada por
Tiradente.
Entrando en el siglo X IX , no puede desconocerse
la propaganda de las logias masónicas (inspiradas, especialmente, en Francia e
Inglaterra) y, no menos, la Revolución de Recife, de 1817, que determinó la
República de Pernanbuco 10. La Revolución fue sofocada y sus principales promo
tores fueron ejecutados (El P. Juan Ribeiro se suicidó).
Es posible que el proceso brasileño hubiera estado
signado — como el hispanoamericano— por la lucha sangrienta: la Revolución de
Recifes fundamenta esta sospecha. Sin embargo, el traslado a América de la
corte portuguesa con motivo de la invasión napoleónica, cambió, en buena parte,
el proceso. La corte portuguesa en el Brasil significó para la Colonia una
época muy distinta a la anterior. Particularmente en lo que se refiere a la
difusión de ideas liberales, y otros adelantos (sobre todo los de carác ter económico).
La vuelta de Juan VI a Portugal corta parcialmente esta situación. Pero queda
en la Colonia el Príncipe Don Pedro. Precisamente, Don Pedro proclamará, en
1822, la ruptura con la metrópoli y la Inde pendencia del Brasil.
En realidad, tampoco faltó aquí la oposición de
fuerzas realistas (en Bahía, Pará, Montevideo, Maranhao). Pero comparado con lo
que ocurrió en las antiguas colonias españolas, puede decirse que no hubo
mayores derramamientos de sangre.
Don Pedro I fue consagrado Emperador del Brasil el
1° de diciembre de 1822 y promulgó la Constitución en 1824, de tipo liberal
(respon diendo a las ideas de Benjamín Constant). El breve gobierno de Don
Pedro I fue, más bien, de afianzamiento, si bien no le faltaron problemas
10 Suele
vincularse esta Revolución a la expansión de ideas europeas. Sin negar esta
raíz, es justo pensar también en la influencia de las luchas hispanoamericanas,
entonces en pleno desarrollo. Se trata de resonancias en que la cercanía tiene
indudable peso.
internos y externos. En lo interno, su lucha contra
la oposición conserva dora. En lo externo, la herencia de la política
portuguesa en el Río de la Plata (1825-1828), lucha que termina finalmente con
el reconocimiento de la Independencia del Uruguay (1828).
Como digo, la gestión de Pedro I fue breve, ya que
éste abdicó en 1831, en momentos muy inciertos para el naciente país. Lo que
viene después puede englobarse con el nombre absorbente de su hijo y heredero,
Pedro II, que dominará gran parte del siglo.
Sólo interesa destacar, en estas breves noticias la correspondencia
— externa— que se establece entre el nombre de
Pedro II y la irrupción del romanticismo en el Brasil. No se trata, por
supuesto, de una relación de causa a efecto, sino de un paralelismo cronológico
de nombres.
De la misma manera, la época histórica que
identificamos como “ Epoca de la Independencia” y que corresponde, globalmente,
al primer tercio del siglo, abarca los años preindependientes y los que llevan
el nombre del Emperador Pedro I. Tampoco se trata de una relación muy estrecha,
aunque hay algunas señales de correspondencia. Comparando, ahora de nuevo, el
proceso hispanoamericano y el brasileño vemos, por una parte, un aire común que
los vincula, pero también algunas diferencias. Y que las diferencias históricas
no son del todo ajenas a las repercusiones lite rarias.
Como aire común reparamos en la persistencia que a
comienzos del siglo mantienen rasgos clasicistas. Y, por otra parte, en las
señales pre rrománticas que se afirman en aquellos años. Es decir, también
neocla sicismo y prerromanticismo, con particularidades que convendrá
puntuali zar, son los signos distintivos de esta época literaria que coincide
con hechos polítcos de tanta trascendencia continental.
PERIODO Y
NOMBRES
De la misma manera que en Hispanoamérica, aunque
sin equivalencia en la vida del neoclasicismo (más extendido en el Brasil)
limitamos la época de nuestro estudio a un período de alrededor de treinta
años. Concreta mente al primer tercio del siglo X IX . Con la flexibilidad que
debe exigirse por lo común a las fechas que comienzan y terminan épocas
literarias, vemos que, hacia adelante, el punto final más aceptable hay que
situarlo al promediar la década del 30, con la imposición plena del
romanticismo. Y, no cabe duda, entre varios nombres propuestos se impone el de
Gon-?alves Días y sus Suspiros poéticos e saudades (París, 1836).
Más dificultades hay en señalar el punto de
partida. Prevalece aquí, explicablemente, cierta imprecisión, debida, sobre
todo, a la continuidad de líneas que caracterizan la segunda mitad del siglo X
V III. En especial, vestigios firmes de “ arcadismo” y de la llamativa
persistencia de temas religiosos. Por otra parte, y como ventaja, el cuadro
aparece más limitado
frente a la complejidad (de regiones y sectores)
que particulariza al ámbito hispanoamericano.
Una vez más reparo en el trastrueque de contenido
que significa utilizar la denominación de “ literatura de la Independencia”
para este período. Es decir, la utilización de un nombre predominantemente
histó rico para designar claros productos estéticos. Pero, como defendí en
otro lugar, un título doble (la literatura de la Independencia; neoclasicis mo
y prerromanticismo) refleja mejor este momento. En efecto, resulta evidente la
repercusión que el hecho político tiene en las letras de la época. En fin, en
que los dos nombres, relacionados, dan una noción más plena de ese período
literario.
Me parece oportuno mencionar aquí que el crítico
brasileño Otto María Carpeaux destacaba hace años que, así como prevaleció un
sentido político en la creación del nombre “ literatura colonial” , también
debía existir una “ literatura de la Independencia” en su Patria. Sin embargo,
agregaba, los historiadores de la literatura brasileña no usaban dicho nombre
11.
En realidad, lo que defiende Carpeaux es una época
literaria carac terizada fundamentalmente, por una serie no nutrida de autores
que se distinguen, por un lado, por su clasicismo y, por otro, por su
patriotismo liberal. Con estos nombres respaldadores José Bonifácio, Natividade
Sal-danha, Sousa Caldas, Elói Otóni, Monte Alverne, el Visconde de Cairú. Como
grupo especial, los escritores marañenses Odorico Mendes, Sotero dos Reis y
Joáo Francisco Lisboa.
Por su parte, el crítico José Aderaldo Castelo
enfoca esta época con la denominación de “ Segunda fase Arcádica y
manifestaciones Pre-Román-ticas” . Castelo destaca sobre todo el papel que
representa la corte de Don Juan II en la vida intelectual del Brasil por
aquellos años, y su signo de emancipación espiritual, el desarrollo creciente
de la prensa, el valor de los publicistas y, no menos, las manifestaciones
prerrománticas en autores como Sao Carlos, Sousa Caldas, José Bonifácio y
Borges de Barros 12.
Es justo reconocer fundamentos a las
caracterizaciones de Carpeaux y Castelo, así como a los nombres que les sirven
de respaldo. Ahora bien ¿por qué no incluir, aquí, también, a otros autores? Y,
en el caso de Carpeaux, agregar, sobre todo, a aquellos autores prerrománticos
que anuncian ya decididamente la nueva época, y que el crítico incluye en otro
grupo (“Pré-Romanticismo e Romanticismo trivial”).
En síntesis, creo que, destacando el papel
significativo de autores como José Bonifácio, Sousa Caldas, Elói Otóni, J.
Natividade Saldanha,
11 Cf. Otto
María Carpeaux, Pequeña bibliografía crítica da literatura brasileira, ed., Río
de Janeiro, 1965, pág. 61.
12 Ver José
Aderaldo Castelo, Manifestafdes literarias da Era Colonial (1500-1800/ 1836),
San Pablo, 1959, págs. 189-236. Ver, antes, su interpretación en Afránio
Cou-tinho (D ir.), A literatura no Brasil, Río de Janeiro, 1956, I, 2, pág.
630.
Monte Alverne, el Visconde de Cairú y los
representantes del grupo marañense, cabe la inclusión de autores como Domingos
Caldas Barbosa, Fray Francisco de Sao Carlos, Francisco de Meló Franco, Vilella
Barbosa y Domingos Borges de Barros. Por supuesto, corresponde establecer,
sobre estos nombres, la necesaria selección.
EPOCAS Y DECLARACIONES LITERARIAS
Es evidente que el Brasil no presenta en la época
un manifiesto literario como el elaborado por Andrés Bello en Londres,
manifiesto que resume adecuadamente (y sin salir de nuestro período) ansias de
libertad y apetencias de nuevos rumbos literarios.
Sin forzar demasiado el cuadro — y a falta de otro
testimonio más nítido— no será, pues, exagerado recurrir a declaraciones un
poco poste riores, pero que representan en las letras brasileñas una situación
seme jante a la que cumplen las Silvas americanas en el cuadro de las letras
hispanoamericanas. Me refiero, concretamente, al Ensaio escrito por Do mingos
José Gongalves de Magalhaes y publicado por éste, en 1836, en el primer número
de la revista Niterói de París. Ensayo que, no casual mente, coincide casi con
la aparición de sus Suspiros poéticos e saudades.
Hay, es notorio, alguna diferencia de años,
diferencia que debe me dirse también en forma distinta a la de un simple dato
numérico. Con todo, reparemos que, como las Silvas americanas, la declaración
de Gon-Salves de Magalhaes ve la luz en Europa. Esta coincidencia no debe verse
sólo en función de particulares estímulos y fuentes, sino, más bien, como si la
distancia permitiera deslindar mejor realidades e ideales. . .
Con el Ensaio de Gongalves de Magalhaes asistimos a
la presencia de un manifiesto típicamente romántico. Por lo pronto, es así
común considerarlo. De tal manera, será bueno aclarar que su utilidad en este
sitio debe entenderse dentro de ciertas prevenciones. Y, también, consi
derando como testimonio sólo lo que a menudo es, en el poeta brasileño,
testimonio y rechazo. Sobre esta base, y a falta de otras pruebas valederas,
creo que resulta muy útil su mención.
Fundamentalmente, Gongalves de Magalhaes destaca
que la literatura que singulariza al Brasil en los primeros años del siglo X IX
es una literatura donde permanecen temas y formas de larga tradición, particu
larmente europea, pero no acordes a los nuevos lugares y tiempos. En especial,
ve como signos de esa tradición el arcadismo, la mitología clásica, la
naturaleza europea. En otros aspectos, el acatamiento de las formas clásicas y
de los ideales que configuraban en general el carácter de aquella literatura.
Vale decir, temas, normas, “ nacionalidad” , sentido, etc., que — se veía—
habían quedado muy atrás para lo que, ya en 1836, significaba el triunfo
romántico. Por otra parte, el romanticismo (se em pleara o no el nombre)
apareció como una escuela literaria apta para
desarrollar o fecundar campos totalmente vírgenes
en la literatura del Nuevo Mundo. En fin, será mejor reproducir párrafos de
Gon^alves de Magalhaes:
"La poesía del Brasil — decía— no es una india
civilizada, es una griega vestida a la francesa y a la portuguesa y aclimatada
en el Brasil; una virgen del Helicón que, sentada a la sombra de las palmeras
de América, toma por un ruiseñor al sabia que gorjea entre las ramas del
naranjo. Encantados por este numen seductor, por esta bella extranjera, los
poetas brasileños dejáronse llevar de sus cánticos y olvidaron las sencillas
imágenes que una naturaleza virgen les ofrecía tan profusamente.
Tan grande fue la influencia que sobre el genio
brasileño ejerció la mitología griega transportada por los poetas portu
gueses, que los poetas brasileños se transforman muchas veces en pastores y van
a apacentar sus rebaños en las márgenes del Tajo y a cantar a las sombras de
las hayas” . 18
Por supuesto, el ensayo de Gon?alves de Magalhaes
no refleja total mente la realidad literaria inmediata anterior. Como ocurre a
menudo en estas visiones de conjunto que aspiran, sobre todo, a una necesidad
de cambio, lo que hace Gongalves de Magalhaes es subrayar lo que había
particularmente de prolongación del siglo X V III y lo que aparecía como más
superable (o ya se estaba superando). Así, no repara en manifestacio nes de
diversos temas locales, ni en tributos patrióticos, ni en composi ciones religiosas,
ni en versos satíricos. . .
Eso sí, debemos reconocer que el propio Gongalves
de Magalhaes hacía hincapié (y nada menos que en el prefacio de sus cercanos
Suspiros poéticos) en la importancia del tema religioso. No sólo dentro de su
poesía, sino también como bandera visible de los poetas brasileños del futuro.
En realidad lo que ocurre con Gongalves de
Magalhaes es algo que suele repetirse con frecuencia en el paso de las
corrientes y épocas lite rarias. Su oposición apunta hacia lo más grueso o
superable, aunque parte de lo que ataca le llegaba ya bastante debilitado, o
sirviera mejor para caracterizar la lírica del siglo X V III que la que
particularizaba el primer tercio de su siglo.
PANORAMA LITERARIO
Un panorama geográfico social marcado por centros
culturales muy dis persos (dispersión que debe medirse con los instrumentos de
la época) es el rasgo identificador de Hispanoamérica a comienzos del siglo X
IX .
13 Traducción
de párrafos del Ensaio sobre a historia da literatura do Brasil. Estudo
preliminar (en la revista Niterói, de París, 1836, I, a? 1 ). Aclaro que sólo
alcanzó a publicarse un segundo número de esta revista, en 1837. El epígrafe
era: "Tudo pelo Brasil, e para o Brasil” .
Agreguemos, además, como otro significativo rasgo
caracterizado^ el sello que conceden a aquellos años las Revoluciones de
Independencia. Hay, es cierto algún sincronismo. Pero también es justó subrayar
diferencias. Esas diferencias que permiten, aún en aquella época, establecer
grupos o regiones, más allá de los elementos unificadores, por otra parte, tan
perceptibles.
Como bien sabemos, el neoclasicismo es la tendencia
estética que da nombre a la época. Y, no menos, que el neoclasicismo sirve para
respaldar nuevos temas: fundamentalmente, los que tienen que ver con la lucha
emancipadora. El cuadro se completa con la mención — ya más visible— de un
pretromanticismo que suele anunciarse, explicablemente, de manera bastante
desigual.
El Brasil no se aparta mucho de ese esquema que
hemos bosquejado. Ofrece, sin embargo, una fisonomía con rasgos propios en más
de un as pecto. Por lo pronto, dentro de su estructura geograficosocial más
limi tada y unitaria. Aun con su colosal dimensión, los centros culturales
aparecen mucho menos dispersos que en Hispanoamérica. Es, en fin, una única
división política.
También el primer cuarto del siglo asiste a la
Independencia del Brasil. Con todo, bien sabemos que el proceso es distinto
(como había sido sin gular el traslado de la corte portuguesa a la Colonia).
Así, la Indepen dencia del Brasil tuvo un carácter incruento, cosa que no
ocurrió, por lo común, en Hispanoamérica. Y las diferencias desembocan,
finalmente, en un Imperio, de consistencia mucho más sólida que el efímero
Imperio mexicano de Iturbide.
Lo que importa agregar, por ahora, es que tal
desarrollo repercutirá, y no poco, en los reflejos literarios de la época. En
principio, eso sí, aceptamos que en sus líneas más nítidas, la época literaria
brasileña no se diferencia sensiblemente de la que hemos visto en
Hispanoamérica. Epoca literaria marcada, bien lo sabemos, por el predominio
neoclasicista y los anuncios prerrománticos. Apuntando ahora a las variantes,
quizás la diferencia mayor se vea en dos aspectos que me parece justo subrayar:
primero, como una consecuencia de la forma y rapidez con que se desa rrolló la
gestión de la Independencia brasileña, su literatura tuvo enton ces —
comparativamente— escasas manifestaciones patrióticas; y segundo, que, sin
necesidad de extremar los valores literarios de Hispanoamérica, es evidente que
la literatura brasileña de aquel primer tercio del siglo produjo muy poco de
perdurable. Poco de perdurable, aun comparándolo a frutos del siglo X V III. Y,
con mayor razón, a lo que significará el romanticismo brasileño.
En el primer caso, podemos comprender, así, mejor,
las reflexiones de Gongalves de Magalháes cuando éste reparaba en mitologías y
natu ralezas importadas. En el segundo caso, no se trata — como digo— de
abultar el tributo literario hispanoamericano. Es, más bien, un hecho que
los propios brasileños reconocen cuando, por
ejemplo, destacados críticos no se detienen mayormente en esta época o,
simplemente, la omiten 14.
Con el peligro de pecar más por exceso que por
mengua, he seleccio nado siete autores como representativos de esta época de
la poesía brasi leña. Y estos son los nombres: Domingos de Caldas Barbosa, P.
Antonio Pereira de Sousa Caldas, José Elói Otóni, José Bonifácio de Andrada e
Silva, P. Francisco de Sao Carlos, Domingo Borges de Barros y José da
Natividade Saldanha.
Como digo, posiblemente aparezca como exagerado el
tributo. Con todo, creo que, sin mayores excelencias, alcanzan para dar una
visión del momento literario y completan — si así lo podemos considerar— el
cuadro de la lírica hispanoamericana.
He optado por Caldas Barbosa como nombre inicial.
No se trata, ni mucho menos, de una presencia nítida. A pesar de ello (y tal
como procuro explicar) me parece que tiene algunos atributos, no muchos, que le
permiten iniciar este breve desfile. En fin, los demás aparecen, sin duda, más
justificados en la especial cronología de la literatura brasileña. (Y no hay
mayores dudas con respecto a su ubicación).
E M ILIO
CARILLA
14 Ver Manuel
Bandeira, Apresentagao da poesía brasileira, Río de Janeiro, 1946. (Ver
traducción española de Ernestina de Champourcin, México, 1951). En la anto
logía que incluye en esta obra, Bandeira pasa de T. A. Gonzaga a GonSalves
Días.
Ver, también, Afránio Coutinho, Antología
brasileira da literatura. 11. Lirismo, Río de Janeiro, 1969. Coutinho pasa de
T. A. Gonzaga a Almeida Garret y Gonfalves Días.
CRITERIO DE ESTA EDICION
I
La denominación de antología (o florilegio) debe
entenderse aquí, como en tantas obras de este tipo, con un sentido muy amplio e
intencionadamente vago. En todo caso, con la pedestre acepción de
"colección de obras o trozos selectos de materias litera rias”, que el
Diccionario académico acoge al explicar la voz florilegio. De esta manera, creo
que respondemos mejor a un contenido que, si refleja una época literaria,
verdad es también que na brilla con relieves muy pronunciados.
Aceptamos como hecho incontrovertible el desnivel
que caracteriza a esa masa (enorme y dispersa) que llamamos "Literatura de
la América Hispánica”, o con otros nombres. Y, dentro de ella, a lo que
llamamos poesía de la América Hispánica. En ese desnivel apreciable, una de las
épocas que menos se destacan es precisamente la que aquí tratamos. En el caso
particular de la lírica, como en otros géneros. Aunque la
lírica de la época no sólo tuvo abundancia
manifiesta, sino también algunas figuras de realce.
Ahora bien, señaladas las limitaciones, cabe de
inmediato reparar en que aquellos años se justifican con caracteres propios (y
más allá de la salvaguardia de nominarla "época de transición” ). Sobre
todo, conviene subrayar que aquella literatura, aquella lírica, nació
paralelamente (o como raíz, fermento o consecuencia) de las Revoluciones de la
América Hispánica.
De ahí también que, no sin cierta injusticia,
olvidemos con frecuencia el momento en que aquellos frutos poéticos nacieron. Y
olvidemos igualmente la hazaña singular que representa la gesta emancipadora.
Podrá argüirse — de nuevo— que una cosa es la
"historia” y otra la literatura. En principio, esto es verdad inapelable.
Pero como hay contactos profundos entre una línea y otra, es justo también
reparar en que ese enlace contribuye fuertemente a su individualización.
Se trata, ni más ni menos, de la poesía de
comienzos del siglo X IX . Epoca un tanto alejada ya de nuestros días, con
distancias que no borran el injusto olvido, total o casi total, en que hoy se
la tiene. Gamo he dicho, no es necesario hinchar exageradamente
sus méritos (cosa difícil), sino de recordar,
siquiera como deuda de gratitud, aquellos tributos literarios que nos dejaron
los hombres que combatieron por nuestra indepen
dencia política. Además, insisto, tributos donde
encontramos frecuentes relaciones entre la historia y la literatura, y donde no
todo es olvidado.
Reconozcamos, en fin, que si hay una época donde
resultan válidas ciertas justifi caciones es ésta. Aquellos hombres lo
merecen, por encima de una letra que, con frecuencia, estuvo por debajo de los
hechos trascendentes que cantaron. (Y nada digo aquí de lo que escapa a ese
tema fundamental).
II
Unas palabras con respecto a la disposición de esta
antología. He dispuesto su conte nido en las dos partes previsibles:
Hispanoamérica y Brasil.
En la selección propiamente dicha, he atendido a un
caudal de autores y obras que me parece defendible, sobre todo en un libro
dedicado especialmente a la época. Dentro de la abundancia de versificadores
que caracteriza al momento, no creo que resulte exagerado el número de
diecinueve autores hispanoamericanos y de siete brasi leños. De igual manera,
la proporción que se establece (aunque la parte brasileña aparez ca,
comparativamente, algo exagerada).
Dentro del sector hispanoamericano, creí también
justificable disponer la selección en tres niveles. (Niveles ya anticipados en
un estudio anterior).
En relación a los textos, he procurado seguir los
más fidedignos, con las aclaraciones y notas pertinentes. Por mi parte, agrego
una necesaria tarea de revisión, a fin de evitar los errores y erratas que
suelen acompañar la reproducción de diversos textos. En fin, las bibliografías,
que responden, igualmente, a una medida selección y a una
— creo— adecuada puesta
al día.
E. C.
HISPANOAMERICA
José Joaquín de Olmedo
( 1780-1845)
Jo sé Jo aq u ín de O lm edo es, de los tres altos
nombres, el que alcanzó más continuado relieve político en su tiempo.
Aclaremos: la actuación política era tributo obligado en aquella época, y los
mejores no podían permanecer ajenos a las solicitudes de la patria. Lo que
ocurre es que no siempre las circunstancias son iguales, y eso determina las
correspondien tes variantes. Así, y restringiéndonos a Olmedo, Bello y
Heredia, quizás fue Heredia el que, por temperamento, mostró más ardor en la
prédica. Sin embargo, la situación de Cuba, bastión realista, fue menos
propicia (de sobra lo conocemos) a los ideales que alentaba Heredia.
No se trata — cosa absurda— de poner en duda las
convicciones pa trióticas de Heredia y Olmedo, sino de distinguir su verdadero
lugar en relación a los acontecimientos de la época. Junto a otros hombres, más
activos, más beligerantes, ellos son, sobre todo, los hombres de leyes y de
letras, los espíritus moderadores, los encauzadores, los que deben limar
asperezas y extremismos. . .
Detengámonos ahora en Olmedo, posiblemente el caso
más caracte rístico, porque los acontecimientos le obligaron, hasta el final
de su vida, a un papel de primer plano en su patria .(diputado a las Cortes de
Cádiz, embajador, 'Triunviro, Vicepresidente del Ecuador, candidato a Presiden
te, etc.). Y no cuesta mucho adivinar que, más de una vez, Olmedo añoró una
vida menos “ pública” , una vida en contacto permanente con sus libros o de “
ocio fecundo” .
La situación de su país no le permitió esa
franquicia. El momento no permitía excepciones, y así lo comprendió Olmedo. Ese
es el perfil ele mental del hombre que nos sirve de introducción para
situarnos en la época y para situar al propio Olmedo.
José Joaquín de Olmedo nació en Guayaquil, el 19 de
marzo de 1780. Sus padres se trasladaron a Quito y allí Olmedo estudió en el
colegio de San Fernando. Después estuvo, de nuevo, en Guayaquil, y,
posteriormente, en Lima. Aquí, en el Colegio de San Carlos y en la Universidad
de San
Marcos, completó sus estudios. En 1805 obtuvo el
título de Doctor en Leyes. De esos años son sus primeras composiciones
poéticas.
En 1808 obtuvo una cátedra en San Marcos y, más
tarde, pasó a la Universidad de Santo Tomás, en Guayaquil. En 1810, y en
Guayaquil, comienza la casi ininterrumpida carrera pública de Olmedo. Fue
repre sentante de Guayaquil ante las Cortes de Cádiz, de las que fue también
secretario.
Con motivo de la Revolución de 1820, en la que tomó
parte activa, Olmedo fue nombrado Jefe Político de Guayaquil. Después, al
instau rarse el Triunvirato, Olmedo ocupó el primer puesto. Este Triunvirato
trató de mantener la independencia de Guayaquil ante las solicitudes del norte
(Bolívar) y del sur (San Martín). Sin embargo, no pudo impedir la anexión
ejecutada por Bolívar.
Después de Ayacucho, Bolívar designó a Olmedo
Ministro Plenipoten ciario del Perú en Londres y París (1825-1828). De nuevo
en su patria, tuvo preponderante actuación en los hechos que culminaron, en
1830, con el nacimiento del Ecuador como Estado independiente. El General
Flores fue su primer Presidente, y Olmedo su Vicepresidente. Más tarde, con
motivo del gobierno despótico de Flores, Olmedo aparece en la oposición que,
finalmente, lo derrocó (1845). Olmedo murió en Guayaquil, el 19 de febrero de
1847.
La producción literaria de Olmedo (aun incluyendo
allí su epistolario) constituye una obra poco abundante. En nuestro siglo, el
Padre Aurelio Espinosa Pólit ha acrecentado, a través de'sus investigaciones,
ese número. Si bien las composiciones agregadas no alteran mayormente el perfil
tra dicional del poeta, no cabe duda de que, siquiera como signo de justicia,
contribuyen a completar su semblanza literaria.
La ya clásica distinción de la crítica acerca de
los dos sectores en las poesías de Olmedo es una de esas verdades que se
imponen de manera rotunda. Efectivamente, colocando a un lado los dos famosos
Cantos (La victoria de Junín, Canto al General Flores), y, al otro, las
restantes com posiciones, se marca una primera y fundamental clasificación
valorativa. Además, si en el caso de los Cantos hay también cierta proximidad
entre ellos, las demás obras ofrecen mayor variedad temática, métrica, etc., y
hasta la particularidad de darnos una trayectoria que abarca, con las alter
nativas conocidas, toda la obra literaria de Olmedo.
La cronología de la obra de Olmedo, en lo que ha
podido precisarse, tampoco nos ofrece grandes sorpresas. A un lado, de nuevo,
los dos Cantos, perfilados hacia momentos de plenitud, la cronología de las
compo siciones de Olmedo muestra estos rasgos nítidos. Olmedo comienza, como
tantos versificadores de su época, muy cerca de determinados modelos (Horacio,
Virgilio, Ovidio, Píndaro y Meléndez Valdés), cercanía que se trasunta en
anacreónticas, madrigales y odas. Por otro lado, y en relación a sucesos políticos
coetáneos, como el cantor fiel de España, de sus reyes y virreyes, de sus
glorias amenazadas. . .
Alguna vez se ha pretendido explicar el desigual
valor de la lírica de Olmedo considerando que la vena patriótica era la que
mejor se identifi caba con él, y que, por lo tanto, las debilidades eran
atribuibles a los otros temas cultivados. Un conocimiento elemental de las
obras de Olme do nos muestra que el tema patriótico (o, más bien, el tema
patriótico americano) no se reduce a La victoria de Junín y al Canto al General
Flores, en esta última con salvedades sobre el tema. Por el contrario, Olmedo escribió
diversos himnos y ofrendas, que, a la verdad, nada mues tran de excepcionales,
y sí de corrientes tributos en una época pródiga en ellos. Esto nos dice que,
más que a los temas, las diferencias deben achacarse a otros factores: a los
hondos y complejos de la creación poética.
En La victoria de Junín, sobre todo, y en el Canto
al General Flores se cifra la supervivencia de Olmedo. Desde la época en que
estas poesías se elaboraron, Olmedo fue conocido y ensalzado. La victoria de
Junín le dio relieve continental y fue pronto materia ineludible de antologías
y estudios. El Canto al General Flores tuvo un ámbito más restringido, en razón
de su propia tema, y aun de las limitaciones del tema, ya que tal consecuencia
surge de una obra relacionada con las dolorosas luchas civiles en América.
Precisamente, la posterior situación de Olmedo con respecto al General Flores
nos muestra lo resbaladizo o delicado del enfoque, si bien esta obra pudo
justificarse cuando se escribió. De todos modos, y más allá de excelencias
poéticas, no cabe duda de que La victoria de Junín es nítidamente, el “ poema”
de Olmedo.
La historia de las versiones de este poema ha sido
aclarada por el crítico cubano Enrique Piñeyro. Hay una primera edición
publicada en Guayaquil, en 1825, y una segunda — y definitiva o casi
definitiva— publicada por Olmedo en Londres un año después, y repetida en
París, ese mismo año. Cuando Juan María Gutiérrez preparaba su América poética
(1? ed. Valparaíso, 1846). Olmedo le hizo conocer al crítico argen tino dos
cambios de cierta importancia en el poema: una supresión (dos versos) y la
compresión de otros dos en uno. Volviendo a las dos versio nes fundamentales
del Canto (las de 1825 y 1826), conviene puntualizar que la primera tiene 824
versos, y la segunda 909. Pero no sólo hay agre gados, sino también
modificaciones, algunas de ellas — expresivas— deter minadas por los
comentarios de Bolívar.
La victoria de Junín tiene — a mi ver— una cuidada
y defendible estructura. Al respecto, me parece acertado el comentario de
Andrés Bello y su defensa del plan trazado por el poeta. En relación a los
valores del Canto, creo ya redundante insistir en que son esencialmente
líricos, si bien aparecen, en él esporádicas descripciones. Ligado a su plan,
o, mejor en unidad con éste, hay frecuentes aciertos poéticos, esos aciertos
que llegan a adquirir vida propia y muchas veces son recordados como pasajes
antológicos. Tono, ritmo, métrica, vocabulario, contribuyen a esos versos
logrados, aunque en ocasiones nos parezcan quizás menos origina les de lo que
realmente son. Es que el poema de Olmedo, fuera de reco
nocibles fuentes parciales (asimiladas: Horacio,
Virgilio, Píndaro, Homero, Lucrecio, Herrera, ¿Lope?), fue posteriormente
socorrido modelo en com posiciones americanas de este tipo.
Destaquemos el ímpetu, el sostenido vigor, que
apenas si declinan a lo largo del poema. Impetu y vigor de buena ley, puesto
que con el análisis detallado de los versos no desmerece la impresión de
solidez que surge de una primera lectura corrida de la obra, o de la lectura o
recitado en voz alta. Y hasta los ripios se atenúan ante la fuerza que predomina
ostensi blemente en los versos.
Si bien La victoria de Junín alcanza para mostrar
las excelencias líricas de Olmedo, es justo dedicar algunas palabras al Canto
al General Flores. Como vio bien Menéndez Pelayo, el valor poético de este
último canto no desmerece junto al Canto a Bolívar. Aún más, el crítico español
lo cosidera, en algunos aspectos, superior. Aclaremos que el Cánto al Gene ral
Flores es un poema más breve, pero, a la verdad, reaparecen aquí las mejores
virtudes del poeta. Sin embargo, esta obra tiene en el tema — como he dicho— su
propia limitación. Y en esto, sí es lícito destacar la impor tancia que debe
tener el tema en poemas patrióticos, aunque la auténtica poesía no se reduzca,
por supuesto, a ese aspecto. (Y aquí no vale tam poco la posible justificación
de que, hacia el final de su vida, Olmedo vio igualmente a Bolívar con menos
grandeza que en su Canto).
A manera de conclusión, corresponde decir que
Olmedo, sin alcanzar la larga vida de Bello, tuvo oportunidad de presenciar el
triunfo y expan sión del romanticismo en Hispanoamérica. Pero Olmedo es — de
los tres importantes escritores que destacamos en lugar preferente— el que
menos tiene que ver con el romanticismo. Y aclaro que si no hay mayores anti
cipos en su obra anterior a 1830, tampoco aparecen rasgos definidos en la que
escribió después de ese año.
Olmedo se mueve cómodamente dentro de los moldes
clasicistas y procura ser fiel a sus reconocidos modelos. Ni siquiera en formas
más o menos externas, como la métrica, nada hay que escape a la inconfundible
versificación neoclasicista. Con todo, al puntualizar el énfasis de Olmedo, no
me parece adecuado reducirlo, como comúnmente se hace, a un “ énfa sis
oratorio” . Hay retórica, abundante retórica, en él (¿cómo negarla?), pero
también una fuerza que palpamos como nueva y que repercute en su verso. Y es esa
fuerza, ese vigor, el que se refleja en aciertos y tiradas perdurables, en
hipérboles felices. Aunque en última instancia — conclu yo— sea siempre
perceptible en Olmedo el hombre que mide y pesa, que evita desvíos o desboques.
Ese hombre que, por lo que sabemos, tanto a través de sus propias declaraciones
(en verso y prosa), como por lo que deducimos de sus obras en general, acata
los principios estéticos del neoclasicismo.
BIBLIOGRAFIA
Textos:
J OSÉ J
OAQUÍN DE O LM EDO , Poesías, ed. de París,
s. a. [1896, Garnier].
J OSÉ J
OAQUÍN DE O LM EDO , Poesías completas, V ed. Quito,
1945, 2* ed.
México, 1947. (Edición preparada por el P. Aurelio
Espinosa Pólit, con 38 composiciones inéditas. El total de poesías de Olmedo
al* canza ahora a 83).
Estudios:
MA N U E L CA Ñ ETE , José Joaquín de Olmedo
[1882], en Autores america nos juzgados por españoles, París, s. a. [Ed.
Hispanoamericana], págs. 7-189.
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Poesías completas (1? ed., Quito, 1945, 2“ ed., México, 1947).
AURELIO E
SPINOSA PÓ L IT , Olmedo en la historia
y en las letras (Quito,
1955).
E. CARILLA ,
Revisión de Olmedo
(en Thesaurus, Bogotá,
1964, X IX ).
LA VICTORIA DE JU N
IN
CANTO A BOLIVAR
E l T R U EN O horrendo que en fragor revienta y
sordo retumbando se dilata
por la inflamada esfera,
al Dios anuncia que en el cielo impera.
Y el rayo que en Junín rompe y ahuyenta 5
la hispana muchedumbre
que, más feroz que nunca, amenazaba,
a sangre y fuego, eterna servidumbre,
y el canto de victoria
que en ecos
mil discurre, ensordeciendo 1°
el hondo valle y enriscada cumbre,
proclaman a Bolívar en la tierra
árbitro de la paz y de la guerra.
Las soberbias pirámides que al cielo
el arte humano osado levantaba 15
para hablar a los siglos y naciones
— templos do esclavas manos,
deificaban en pompa a sus tiranos— ,
ludibrio son del tiempo, que con su ala
débil, las toca y las derriba al suelo, 20
después que en fácil juego el fugaz viento
borró sus mentirosas inscripciones;
y bajo los escombros, confundido
entre la sombra del eterno olvido
— ¡oh de ambición y de miseria ejemplo!— 25
el sacerdote yace, el dios y el templo.
Mas los sublimes montes, cuya frente
a la región etérea se levanta,
que ven las tempestades a su planta
brillar,
rugir, romperse, disiparse, 30
los Andes, las enormes, estupendas
moles sentadas sobre bases de oro,
la tierra con su peso equilibrando,*
jamás se moverán. Ellos, burlando
de ajena envidia y del protervo tiempo 35
la furia y el poder, serán
eternos
* Los físicos
han procurado explicar el equilibrio que guarda la tierra a pesar de la
diferencia de masas en sus dos hemisferios. ¿El enorme peso de los Andes no
podrá ser uno de los datos para resolver este curioso problema de geografía
física?
de libertad y de victoria heraldos,
que con eco profundo,
a la postrema edad dirán del mundo:
“ Nosotros vimos de Junín el campo, vimos que al
desplegarse
del Pera y de Colombia las banderas, se turban las
legiones altaneras, huye el fiero español despavorido,
o pide paz
rendido.
Venció Bolívar, el Perú fue libre,
y en triunfal pompa Libertad sagrada en el templo
del Sol fue colocada.”
40
45
¿Quién me dará templar el voraz fuego 50
en que ardo todo yo? Trémula, incierta,
torpe la mano va sobre la lira
dando discorde son.
¿Quién me liberta
del dios que me fatiga. . . ?
Siento unas veces la rebelde Musa, 55
cual bacante en furor, vagar incierta
por medio de las plazas bulliciosas,
o sola por las selvas silenciosas,
o las risueñas playas
que manso lame el caudaloso Guayas;* 60
otras el vuelo arrebatada tiende
sobre los montes, y de allí desciende
al campo de Junín, y ardiendo en ira,
los numerosos
escuadrones mira,
que el odiado pendón de España
arbolan, 65
y en
cristado morrión y peto
armada,
cual amazona fiera,
se mezcla entre las filas la primera
de todos los guerreros,
y a combatir con ellos se adelanta, 70
triunfa con ellos y sus triunfos canta.
Tal en los siglos de virtud y gloria,
donde el guerrero sólo y el poeta
eran dignos de honor y de memoria,
la musa audaz de Píndaro divino, 75
cual
intrépido atleta,
* El río
Guayaquil, en cuyas orillas se hacía esta composición. Se creequ tomó su nombre
de Guayas, antiguo régulo del país antes de la Conquista.
en inmortal porfía
al griego estadio concurrir solía;
y en estro hirviendo y en amor de fama y del metro
y del número impaciente, pulsa su lira de oro sonorosa
y alto asiento concede entre los dioses al que
fuera en la lid más valeroso, o al más afortunado;
pero luego, envidiosa
de la inmortalidad que les ha dado, ciega se lanza
al circo polvoroso, las alas rapidísimas agita
y al carro vencedor se precipita,
y desatando armónicos raudales
pide, disputa, gana,
o arrebata la palma a sus rivales.*
¿Quién es aquel que el paso lento mueve sobre el
collado que a Junín domina?
¿que el campo desde allí mide, y el sitio del
combatir y del vencer desina?
¿que la hueste contraria observa, cuenta, y en su
mente la rompe y desordena, y a los más bravos a morir condena,
cual águila caudal que se complace
del alto cielo en divisar la presa
que entre el rebaño mal segura pace?
¿Quién el que ya desciende
pronto
y apercibido a
la pelea?
Preñada en tempestades le rodea
nube tremenda;
el brillo de su
espada
es el vivo reflejo de la gloria;
su voz un trueno, su mirada un rayo. ¿Quién aquél
que al trabarse la batalla, ufano como nuncio de victoria,
un corcel impetuoso fatigando, discurre sin cesar
por toda parte. . . ? ¿Quién sino el hijo de Colombia y Marte?
Sonó su voz:
“ Peruanos,
mirad allí los duros opresores
100
105
* Todos
conocen las sublimes odas de Píndaro en honor de los vencedores en los juegos
olímpicos. Su nombre es hoy más célebre que el de los héroes que canta.
de
vuestra patria; bravos
Colombianos
H5
en cien crudas batallas vencedores,
mirad allí los enemigos fieros
que
buscando venís desde
Orinoco:
suya es la fuerza y el valor es vuestro,
vuestra será la gloria; 120
pues lidiar con valor y por la patria
es el
mejor presagio de
victoria.
Acometed, que siempre
de quien se atreve más el triunfo ha sido;
quien no espera
vencer, ya está vencido.” 125
Dice, y al punto, cual fugaces carros,
que dada la señal, parten y en densos
de arena y
polvo torbellinos ruedan,
arden los ejes,
se estremece el suelo,
estrépito confuso
asorda el cielo, 130
y en medio del afán cada cual teme
que los demás adelantarse puedan:
así los ordenados escuadrones
que del iris reflejan los colores
o la imagen del sol en sus pendones,* 135
se avanzan a la lid. ¡Oh!
¡quién temiera,
quién, que su ímpetu mismo los perdiera! * *
¡Perderse! no, jamás; que en la pelea
los arrastra y anima e importuna
de Bolívar el genio y la fortuna. 140
Llama improviso al bravo Necochea,
y mostrándole el campo,
partir, acometer, vencer le manda,
y el guerrero esforzado,
otra vez vencedor,
y otra cantado, * * * 145
dentro en el
corazón por patria jura
cumplir la orden fatal, y a la victoria
o a noble y cierta muerte se apresura.
* El pabellón
de Colombia lleva los principales colores del iris; el del Perú lleva un sol en
el centro.
* * El primer
encuentro de nuestra caballería con la enemiga en el campo de Junín nos fue
sumamente desfavorable.
* * * El
general Necochea, natural del Río de la Plata, venció en Chacabuco mandando los
famosos granaderos de a caballo, y ha sido celebrado en el poema de “América”,
de que se han publicado algunos fragmentos en la Biblioteca Americana. La
Patria y la buena literatura ya culpan la tardanza de esta bellísima
composición.
Ya el formidable estruendo
150
del atambor en uno y otro bando
y el son de las trompetas clamoroso,
y el relinchar del alazán fogoso,
que erguida la cerviz y el ojo ardiendo
en bélico furor,
salta impaciente 155
do más se encruelece la pelea,
y el silbo de las balas, que rasgando
el aire, llevan por doquier la muerte,
y el choque asaz horrendo
de selvas densas de ferradas picas, 160
y el brillo y estridor de los aceros
que al sol reflectan sanguinosos visos,
y espadas, lanzas, miembros esparcidos
o en torrentes de sangre arrebatados,
y el violento tropel de los guerreros 165
que más
feroces mientras más
heridos,
dando y volviendo el golpe redoblado,
mueren, mas no se rinden. . . todo anuncia
que el momento ha llegado,
en el gran libro del destino escrito, 170
de la venganza
al pueblo americano,
de mengua y de baldón al castellano.
Si el fanatismo con sus furias todas,
hijas del negro averno, me inflamara,
y mi pecho y mi musa enardeciera 175
en tartáreo furor, del león de España,
al ver dudoso el triunfo, me atreviera
a pintar el rencor y horrible saña.
Ruge
atroz, y cobrando
más fuerza en su despecho, se abalanza, 180
abriéndose
ancha calle entre las
haces,
por medio el fuego y contrapuestas lanzas;
rayos respira, mortandad y estrago,
y sin pararse a devorar la presa,
prosigue en su furor, y en cada huella 185
deja de negra sangre un hondo lago.
En
tanto el Argentino valeroso
recuerda que vencer se le ha mandado,
y no ya cual caudillo, cual soldado
los formidables ímpetus contiene 190
y uno en contra de ciento se sostiene,
como tigre furiosa
de rabiosos mastines acosada,
que guardan
el redil, mata, destroza,
ahuyenta sus
contrarios, y aunque herida,
sale con la victoria y con la vida. 195
Oh capitán valiente,
blasón ilustre de tu ilustre patria,
no morirás, tu nombre eternamente
en nuestros fastos sonará glorioso,
y bellas ninfas de tu Plata undoso 200
a tu gloria darán sonoro canto
y a tu ingrato destino acerbo llanto. *
Ya el intrépido Miller aparece
y el desigual combate restablece.
Bajo su mando ufana 205
marchar se ve la juventud peruana
ardiente, firme, a perecer resuelta,
si acaso el hado infiel vencer le niega.
En el arduo conflicto opone ciega
a los adversos dardos firmes pechos, 210
y otro nombre conquista con sus hechos. * *
¿Son ésos los garzones delicados
entre
seda y aromas
arrullados? * * *
¿los hijos del placer son esos fieros?
Sí, que los que antes desatar no osaban 215
los dulces lazos de jazmín y rosa
con que amor y placer los enredaban,
hoy ya con mano fuerte
la cadena
quebrantan ponderosa
* Cuando se
escribía este poema todos creían que eran mortales las muchas heridas que
Necochea recibió en Junín. Hoy la Patria se goza en poseer a este ilustre
defensor cubierto de honrosas cicatrices.
* * La
caballería peruana mereció por las hazañas de este día que el Libertador le
diese el nombre de Húsares de Junín.
* * * Hasta
ahora se creía que en el Perú, especialmente los hijos de Lima, eran poco
hábiles para las artes y fatigas de la guerra, acaso porque se había dicho en
Italia (quizá no sin verdad) que
La
térra molle, lieta
e dilettosa
Simile a se gl’abitator produce.
Pero nuestra juventud, desmintiendo la vulgar fama,
se ha distinguido sobremanera en cuantos encuentros ha habido en los últimos
cinco años. Tan cierto es que nadie puede decir de lo que es capaz el hombre
antes de llegar el momento preciso de desenvolver sus dotes naturales, ocultos
o sofocados por las costumbres y vicios de cada clima, por la educación y por
la política de los gobiernos.
que ató sus pies, y vuelan denodados
220
a los campos de muerte y gloria cierta,
apenas la alta fama los despierta
de los guerreros que su cara patria
en tres lustros de sangre libertaron,
y apenas el querido 225
nombre de libertad su pecho inflama,
y de amor patrio la celeste llama
prende en su corazón adormecido.
Tal el
joven Aquiles *
que en infame disfraz y en ocio blando 2 30
de lánguidos suspiros,
los destinos de Grecia dilatando,
vive cautivo en la beldad de Sciros:
los ojos pace en el vistoso alarde
de arreos y de galas femeniles
que de India y Tiro y Menfis opulenta
curiosos mercadantes le encarecen;
mas a su vista apenas resplandecen
pavés, espada y yelmo, que entre gasas
el Itacense astuto le presenta, 240
pásm ase...
se recobra, y con violenta
mano el templado
acero arrebatando,
rasga y arroja las indignas tocas,
parte, traspasa el mar y en la troyana
arena
muerte, asolación, espanto 245
difunde por doquier; todo le cede. . .
aun Héctor retrocede. . .
y cae al fin, y en derredor tres veces
su sangriento cadáver profanado,
al veloz carro atado 25°
del vencedor
inexorable y duro,
el polvo barre
del sagrado muro.
Ora mi
lira resonar debía
del nombre y las hazañas portentosas
de tantos
capitanes, que este día 255
* La madre de
Aquiles, para impedir que su hijo fuese a la guerra de Troya, le envió
disfrazado de mujer a la corte de la isla de Sciros. Allí, prendado de la hija
del rey, pasaba una vida digna de su disfraz,
cuando Ulises, acompañado de otros fingidos mercaderes, le presentó una espada
y otros adornos militares mal encubiertos entre varias y curiosas mercaderías
extranjeras. Ulises espiaba el movimiento de Aquiles al ver las armas; lo
reconoce, se descubre; y el joven de quien pendía el destino de la guerra se
avergüenza de su estado, y recobrando su sexo y su valor, partió a Troya. Allí
hizo tales prodigios combatiendo y triunfando, que parece que la naturaleza se vio
como forzada a crear un genio como el de Homero para que le cantase.
la palma del valor se disputaron
digna de to d o s... C arvajal.. .y Silv a ...
y Suárez. . . y otros mil. . . * Mas de improviso
la espada de Bolívar aparece
y a todos los guerreros, 260
como el sol a los astros, oscurece.
Yo acaso más
osado le cantara,
si la meonia Musa * * me prestara
la resonante trompa que otro tiempo
cantaba al crudo Marte entre los Traces, 265
bien animando las terribles haces,
bien los fieros caballos, que la lumbre
de la égida de Palas espantaba.
Tal el héroe brillaba
por las primeras filas discurriendo. 270
Se oye su voz,
su acero resplandece,
do más la pugna y el peligro crece.
Nada le puede resistir... Y es fama.
— ¡oh portento
inaudito!—
que el bello nombre de Colombia escrito 275
sobre su frente, en torno despedía
rayos de luz tan viva y refulgente
que, deslumbrado el español, desmaya,
tiembla, pierde la voz, el movimiento,
sólo para la fuga tiene aliento. 280
Así cuando en la noche algún malvado
va a descargar el brazo levantado,
si de improviso lanza un rayo el cielo,
se pasma y el puñal trémulo suelta,
hielo mortal a su furor sucede, 285
tiembla y horrorizado retrocede.
Ya no hay más combatir. El enemigo
el campo todo y la victoria cede;
huye cual ciervo herido, y a donde huye,
* No es dado
hacer en el poema mención de todos los que se distinguieron en Junín: Bruix,
Pringles, Lizarraga, Savry, Blanco, Olavarría, Brown, Medina, Allende,
Camacaro, Escobar, Sandoval, Jiménez, Peraza, Segovia, Tapia, Lanza, etc. Es
muy
sensible no poder
insertar los nombres
de todos los
jefes, oficiales y aun soldados
que
combatieron en Junín.
Este silencio forzoso
sería más sensible si sus nombres
para ser memorables
necesitasen de mi
canto.
* * Homero fue
hijo de Meón: también
se cree que fue
natural de Meonia, en
el Asia Menor.
allí encuentra la muerte. Los
caballos
290
que fueron
su esperanza en la pelea,
heridos, espantados, por el campo
o entre las filas vagan, salpicando
el suelo en sangre que su crin gotea,
derriban al jinete, lo atropellan, 295
y las
catervas van despavoridas,
o unas en otras con terror se estrellan.
Crece la confusión, crece el espanto,
y al
impulso del aire,
que vibrando
sube en clamores y alaridos lleno, 300
tremen las
cumbres que respeta
el trueno.
Y discurriendo el vencedor en tanto
por cimas
de cadáveres y heridos,
postra al
que huye, perdona a los rendidos.
Padre
del universo, Sol
radioso, 305
dios
del Perú, modera
omnipotente
el ardor de tu carro impetüoso,
y no escondas
tu luz indeficiente. . .
Una hora más de luz. . . * — Pero esta hora
no fue la del destino. El dios oía 310
el voto de su pueblo; y de la
frente
el cerco de diamante desceñía.
En fugaz rayo el horizonte dor&,
en mayor disco menos luz ofrece
y veloz tras los
Andes se oscurece. 315
Tendió su manto lóbrego la noche:
y las reliquias del perdido bando,
con sus tristes y atónitos caudillos,
corren sin saber dónde, despavoridas,
y de su sombra misma se estremecen; 320
y al fin en las tinieblas ocultando
su afrenta y su pavor, desaparecen.
¡Victoria por la patria! ¡oh Dios, victoria!
¡Triunfo a Colombia y a Bolívar gloria!
Ya el ronco parche y el clarín sonoro 325
no a presagiar batalla y muerte suena
* La acción
de Junín empezó a las cinco de la tarde, la noche sobreviniendo tan pronto
impidió la completa destrucción del ejército real.
ni a enfurecer las almas, mas se estrena en alentar
el bullicioso coro
de vivas y patrióticas canciones.
Arden cien pinos, y a su luz, las sombras huyeron,
cual poco antes desbandadas huyeron de la espada de Colombia las vandálicas
huestes debeladas.
En torno de la lumbre,
el nombre de Bolívar repitiendo y las hazañas de
tan claro día,
los jefes y la alegre muchedumbre consumen en
acordes libaciones
de Baco y
Ceres los celestes
dones.
“ Victoria,
paz — clamaban— ,
paz para siempre. Furia de la guerra, húndete al
hondo averno derrocada. Ya cesa el mal y el llanto de la tierra. Paz para
siempre. La sanguínea espada, o cubierta de orín ignominioso,
o en el útil arado transformada nuevas leyes dará.
Las varias gentes del mundo, que a despecho de los cielos y del ignoto ponto
proceloso,
abrió a Colón su audacia o su codicia, todas ya
para siempre recobraron
en Junín libertad, gloría y reposo.”
“ Gloria, mas no reposo” — de repente clamó una voz
de lo alto de los cielos— ; y a los ecos los ecos por tres veces
“ Gloría, mas no reposo” , respondieron. El suelo
tiembla, y cual fulgentes faros, de los Andes las cúspides ardieron;
y de la noche el pavoroso manto se transparenta y
rásgase y el éter allá lejos purísimo aparece,
y en rósea luz bañado resplandece. Cuando
improviso, veneranda Sombra, en faz serena y ademán augusto, entre cándidas
nubes se levanta:
del hombro izquierdo nebuloso manto pende, y su
diestra aéreo cetro rige;
su mirar noble, pero no sañudo;
y nieblas figuraban a su planta
penacho, arco, carcaj, flechas y escudo; 370
una zona
de estrellas
glorificaba
en derredor su
frente
y la borla imperial de ella pendiente.
Miró a Junín, y plácida sonrisa
vagó sobre su faz. “ Hijos
— decía— 375
generación del sol afortunada,
que con placer yo puedo llamar mía,
yo soy
Huayna-Cápac, soy el
postrero
del vástago sagrado;
*
dichoso
rey, mas padre
desgraciado. 380
De esta mansión de paz y luz he visto
correr las
tres centurias
de maldición, de sangre y servidumbre
y el imperio regido por las Furias.
No hay punto en estos valles y estos cerros 385
que no mande tristísimas memorias.
Torrentes mil de sangre se cruzaron
aquí y allí;
las tribus numerosas
al ruido del cañón se disiparon,
y los restos
mortales de mi gente 390
aun a las
mismas rocas fecundaron.
Más allá un hijo expira entre los hierros
de su sagrada majestad indignos. . . * *
Un insolente y vil aventurero
y un iracundo
sacerdote fueron 395
de un
poderoso Rey los
asesinos. . .
¡Tantos horrores y maldades tantas
por el oro que hollaban nuestras plantas!
* Después de
Huayna-Cápac reinaron algunos Incas; pero él fue el último que poseyó íntegro
el imperio. Los demás reinaron en un reino dividido, agitados siempre
de guerras civiles o encadenados por los españoles.
Estos por farsa solían coronar a los legítimos sucesores para llevar al cadalso
una víctima que lisonjease más su ferocidad.
* * El
Inca Atahualpa, hijo
de Huayna-Cápac, murió
en un cadalso
por orden
de Pizarro y consejo del Padre Yalverde, que
después fue obispo de la misma Corte en que habían reinado sus víctimas.
El nombre de Atahualpa está desfigurado con el de
Ataliba en varios poemas europeos. ¡Y ojalá que sólo se desfigurasen los
nombres!. . . algunos dramas, por apartarse de la historia, ¡cuánto pierden de
interés, y cuántas lágrimas perdonan!
Y mi
Huáscar también. . . * ¡Yo no vivía!
Que de vivir, lo juro, bastaría, 400
sobrara a debelar la hidra española
ésta mi diestra
triunfadora, sola.
Y nuestro suelo, que ama sobre todos
el Sol mi padre, en el estrago fiero
no fue, ¡oh dolor!, ni el solo, ni el primero: 405
que mis caros hermanos
el gran
Guatimozín y Motezuma
conmigo el caso
acerbo lamentaron
de su nefaria muerte y cautiverio,
y la devastación del grande imperio, 410
en
riqueza y poder
igual al mío. . .
Hoy, con noble desdén, ambos recuerdan
el ultraje inaudito, y entre fiestas
alevosas el
dardo prevenido
y el lecho
en vivas ascuas
encendido. 415
¡Guerra al
usurpador! — ¿Qué le
debemos?
¿luces, costumbres, religión o leyes. . . ?
¡Si
ellos fueron estúpidos,
viciosos,
feroces y
por fin supersticiosos!
¿Qué
religión? ¿la de Je
s ú s ? . .. ¡Blasfemos! 420
Sangre,
plomo veloz, cadenas
fueron
los sacramentos santos que trajeron.
¡Oh religión!
¡oh fuente pura y santa
de amor y de consuelo para el hombre!
¡cuántos males se hicieron en tu nombre! 425
¿Y qué lazos
de amor. . .? Por los oficios
de la hospitalidad más generosa
hierros nos dan, por gratitud, suplicios.
Todos,
sí, todos; menos
uno sólo:
el mártir del
amor americano, 430
de paz, de caridad apóstol santo,
divino Casas, de otra patria digno; * *
nos amó hasta morir. Por tanto ahora
en el empíreo entre los Incas mora.
* El Inca
Huáscar, hijo predilecto de Huayna-Cápac, no fue asesinado por los españoles;
pero ellos dieron la causa de su muerte, pues si no hubiesen osado intervenir
en los negocios de los hermanos reyes, las diferencias de éstos habrían
terminado de otro modo.
* * El nombre
de Las Casas no puede recordarse sin enternecimiento por ningún americano, a
pesar del último extravío de su celo. ¡Cuándo no se extraviaron las grandes
pasiones! El nombre de Las Casas es muy venera'do en América. ¡España le trata
de fanático e impostor!
En
tanto la hora
inevitable vino
435
que con diamante señaló el destino
a la venganza y gloria de mi pueblo:
y se alza el vengador. Desde otros mares,
como sonante tempestad, se
acerca,
y fulminó; y
del Inca en la Peana, * ' 440
que el tiempo y un poder furial profana,
cual de un dios irritado en los altares,
las víctimas cayeron a millares.
¡Oh campos
de Junín!. . . ¡Oh
predilecto
Hijo y Amigo
y Vengador del Inca! 445
¡Oh pueblos, que formáis un pueblo sólo
y una familia, y todos sois mis hijos!
vivid, triunfad.
El Inca esclarecido
iba a seguir, mas
de repente queda 450
en éxtasis profundo embebecido:
atónito, en el
cielo
ambos ojos inmóviles ponía,
y en la improvisa inspiración absorto,
la
sombra de una
estatua parecía. 455
Cobró la voz al fin. “ Pueblos — decía—
la
página fatal ante
mis ojos
desenvolvió el destino, salpicada
toda en purpúrea sangre, mas en torno
también
en bello resplandor
bañada. 460
Jefe de mi
nación, nobles guerreros,
oíd cuanto mi oráculo os previene,
y requerid los
ínclitos aceros,
y en vez de cantos nueva alarma suene;
que en otros campos
de inmortal memoria 465
la Patria os pide, y el destino os manda
otro afán, nueva lid, mayor victoria.”
Las
legiones atónitas oían:
mas
luego que se
anuncia otro combate,
se
alzan, arman, y al
orden de batalla 470
ufanas y prestísimas corrieran
y ya de acometer la voz esperan.
* La peana
del Inca era un edificio en que solía descansar cuando atravesaba el gran
camino de la Cordillera. Sus ruinas, o más bien los vestigios de sus ruinas,
están muy cerca del campo de Junín.
Reina el silencio; mas de su alta nube
el Inca exclama:
“ De ese ardor es digna
la ardua lid que os espera; 475
ardua, terrible, pero al fin postrera.
Ese adalid vencido *
vuela en su fuga a mi sagrada Cuzco,
y en su furia insensata,
gentes, armas, tesoros arrebata, 480
y a nuevo
azar entrega su
fortuna;
venganza, indignación, furor le inflaman
y allá en su pecho hirvieron, como fuegos
que de un volcán en las entrañas braman.
Marcha; y el
mismo campo donde ciegos 485
en sangrienta porfía * *
los primeros tiranos disputaron
cuál de ellos solo dominar debía
— pues el
poder y el oro dividido
templar
su ardiente fiebre
no podía— , 490
en ese campo, que a discordia ajena
debió su
infausto nombre y la cadena
que después arrastró todo el imperio,
allí, no sin misterio,
venganza
y gloria nos
darán los cielos. 495
¡Oh valle de Ayacucho bienhadado!
Campo serás de gloria y de venganza. . .
Mas no sin sangre. . . ¡Yo me estremeciera
si mi ser inmortal no lo impidiera!
Allí Bolívar en su heroica mente 500
mayores
pensamientos revolviendo,
el nuevo
triunfo trazará, y
haciendo
* El jefe del
ejército real, después de su derrota en Junín, marchó precipitada mente al
Cuzco para preparar una segunda acción, cortando los puentes del Apurímac.
Esta operación detuvo al ejército libertador en la
orilla izquierda del río. El general Bolívar, entonces, dejando las
disposiciones convenientes, volvió a Lima con el fin de levantar nuevas tropas
para reabrir la campaña, pasada que fuese la rigorosa estación del invierno. En
este intervalo los españoles, reuniendo con presteza admirable cuantas fuerzas
tenían en el Cuzco y demás provincias, y arrebatando cuantos elemen tos de
guerra útiles o inútiles había en el país, repasaron inesperadamente el Apurímac
y se presentaron en Ayacucho con cerca de diez mil hombres, cuando nuestro
ejército apenas excedía de cinco mil.
* * En el
campo de Ayacucho fue la célebre victoria que predice el
Inca y que
fijó los destinos de la América. En el mismo lugar,
al principio de la Conquista, se disputaron los Almagros y Pizarros el dominio
del Perú con tal encarnizamiento, que por la mortandad de unos y otros se llamó
el campo de Aya-cucho, que se interpreta Rincón de muertos. Habiendo recaído la
suma del imperio' en uno solo, se aceleró la conquista de todo el país.
de su genio y poder un nuevo ensayo,
al joven Sucre prestará su rayo, *
al joven animoso,
a quien del Ecuador montes y ríos
dos veces aclamaron victorioso.
Ya se verá en la frente del guerrero
toda el alma del héroe reflejada,
que él le quiso infundir de una mirada. 510
Como
torrentes desde la alta cumbre
al valle en mil raudales despeñados,
vendrán
los hijos de
la infanda Iberia,
soberbios en su fiera muchedumbre,
cuando a
su encuentro volará
impaciente 515
tu juventud, Colombia
belicosa,
y la
tuya, ¡oh Perú!
de fama ansiosa,
y el caudillo
impertérrito a su
frente.
¡Atroz,
horrendo choque, de azar lleno!
Cual aturde y
espanta en su estallido 520
de hórrida tempestad el postrer trueno.
Arder en fuego el aire,
en humo y polvo oscurecerse el cielo
y, con la sangre en que rebosa el suelo,
se verá al Apurímac de repente 525
embravecer su
rápida corriente.
Mientras
por sierras y hondos precipicios,
a la hueste
enemiga
el impaciente Córdova
fatiga,
Córdova, a
quien inflama 530
fuego de edad y amor de patria y fama,
Córdova, en
cuyas sienes con bello arte
crecen y
se entrelazan
tu
mirto, Venus, tus laureles,
Marte.
Con su Miller los Húsares recuerdan 535
el nombre de Junín, Vargas su nombre,
y Vencedor el suyo * * con su Lar a
en cien hazañas
cada cual más clara.
* Sucre fue
nombrado por el Libertador general en jefe del ejército unido y mandó la acción
de Ayacucho. En los años de 1821 y 1822 ganó dos acciones contra
los españoles, una a orillas del Yaguachi,
tributario del Guayas, y otra en las faldas del Pichincha.
* * No es
posible hacer mención de todos los Cuerpos que se batieron y triun faron en
Ayacucho. . Bogotá, Voltijeros, Pichincha, Rifles y Caracas; los batallones l
9, 29 y 39 del Perú, la Legión Peruana, Los Granaderos, los Húsares de Colombia
y los de Junín, todos se distinguieron sobremanera.
Allá por otra parte,
sereno, pero
siempre infatigable, 540
terrible cual su nombre, batallando
se presenta
La Mar, * y
se apresura
la tarda rota del protervo bando.
Era su antiguo voto, por la patria
combatir y morir;
Dios complacido 545
combatir y vencer le ha concedido.
Mártir del pundonor, he aquí tu día:
ya la calumnia impía
bajo tu pie bramando confundida,
te sonríe
la Patria agradecida; 550
y tu nombre glorioso,
el armónico canto que resuena
en las floridas márgenes del Guayas
que por oírlo su corriente enfrena,
se mezclará, y el pecho de tu amigo, 555
tus hazañas cantando y tu ventura,
palpitará de gozo y de ternura.
Lo grande y
peligroso
hiela al cobarde, irrita al animoso.
¡Qué intrepidez!
¡qué súbito coraje 560
el brazo agita y en el pecho prende
del que su patria y libertad defiende!
El menor resistir es nuevo ultraje.
* El general
La Mar es natural de Guayaquil; mandó bizarramente el ala izquierda del
ejército, que fue la que sufrió el más terrible choque de la fuerza enemiga y
decidió la victoria. Desde muy joven fue enviado a la Península por su familia
a seguir la carrera militar, y se distinguió después en la guerra! que España
sostuvo tan gloriosamente contra los franceses de Napoleón. Volvió a América
nom brado Inspector general -del Perú, y los jefes españoles le dejaron en el
mando de
la plaza del Callao cuando por primera vez
abandonaron a Lima al acercarse el valiente y astuto general San Martín. Esta
fue la situación más difícil para un hombre como La Mar, que de muy antiguo
abrigaba sentimientos americanos, que se veía entonces obligado a sofocar por
cumplir severamente las leyes del honor. Pero en esta misma época fue cuando
los patriotas presos en el castillo conocieron el corazón de este virtuoso
americano.
Disueltos al fin honradamente los lazos que tenía
con España, llegó a tal punto la opinión pública a su favor, que pocos meses
después de la capitulación del Callao, fue elegido unánimemente por el primer
Congreso del Perú, presidente del Gobierno. Entonces fue cuando los enemigos de
La Mar, es decir, los enemigos del orden y del bien público, conspiraron contra
él y divulgaron que tenía comunicaciones con los jefes del ejército real. Pero
el campo de Ayacucho ha hecho ver cuáles eran las comunicaciones que La Mar
quería tener con los enemigos de su patria. Y el tiempo, descorriendo el velo a
todos los sucesos, ha descubierto también quiénes eran los falsos patriotas;
quiénes los que, si desearon un tiempo que su patria fuese libre, fue con el
voto condicional de mandarla ellos; quiénes los que usurparon un poder que los
moderados renunciaban; quiénes, en fin, los que mandando su patria, la
tiranizaron, y después de tiranizarla la vendieron. Goza ,de este triunfo,
superior a la gloria militar de que te has cubierto, ¡oh tierno amigo mío!
El jinete impetuoso,
el fulmíneo arcabuz de sí arrojando, 565
lánzase a tierra con el hierro en mano,
pues le parece en trance tan dudoso
lento el caballo,
perezoso el plomo.
Crece el ardor. Ya cede en toda parte
el número al valor, la fuerza al arte. 570
Y el Ibero
arrogante en las memorias
de sus pasadas
glorías,
firme, feroz resiste, ya en idea,
bajo
triunfales arcos, que
alzar debe
la
sojuzgada Lima, se
pasea. 575
Mas su afán, su ilusión, sus artes. . . nada;
ni la resuelta y numerosa tropa
le sirve. Cede al ímpetu tremendo;
y el arma de Bailen rindió cayendo
el vencedor del vencedor de Europa. 580
Perdió el valor, mas no las iras pierde,
y en furibunda rabia el polvo muerde;
alza el párpado
grave, y sanguinosos
ruedan sus ojos y sus dientes crujen;
mira la luz,
se indigna de mirarla, 585
acusa, insulta al cielo, y de sus
labios
cárdenos, espumosos,
votos y
negra sangre y hiel brotando,
en vano un vengador muere invocando.
¡Ah! ya
diviso míseras reliquias, * 590
con todos
sus caudillos humillados,
venir pidiendo
paz; * y generoso,
en nombre de Bolívar y la Patria,
no se
la niega
el Vencedor glorioso,
y su triunfo sangriento 595
con el ramo feliz de paz corona.
Que si Patria y honor le arman la mano
arde en venganza el pecho americano,
y cuando vence, todo lo perdona.
* Quince
generales españoles había en el Perú; reunidos por una feliz casua lidad en
Ayacucho para hacer más gloriosa esta jornada, se rindieron y capitularon
en el campo. Todos con toda su fortuna han vuelto
ya a su Patria. La capitulación fue pedida y otorgada después de la derrota del
grueso del ejército real, y cuando sólo quedaba por batir un cuerpo de reserva
de poca consideración. Parece que nada falta a esta conducta para ser el rasgo
característico de un pueblo.
Las voces, el clamor de los que vencen, y de Quinó
las ásperas montañas *
y los cóncavos senos de la tierra
y los ecos sin fin de la ardua sierra,
todos repiten
sin cesar: ¡Victoria!
Y las
bullentes linfas de Apurímac a las fugaces linfas de Ucayale * *
se unen, y unidas, llevan presurosas, en sonante
murmullo y alba espuma, con palmas en las manos y coronas, esta nueva feliz al
Amazonas.
Y el espléndido rey al punto ordena a sus delfines,
ninfas y sirenas
que, en clamorosos plácidos cantares, tan gran
victoria anuncien a los mares.
¡Salud, oh Vencedor! ¡oh Sucre! vence, y de nuevo
laurel orla tu frente;
alta esperanza de tu insigne patria, como la palma
al margen de un torrente crece tu nombre. . ., y sola, en este día tu gloría,
sin Bolívar, brillaría.
Tal se ve Héspero arder en su carrera, que del
nocturno cielo
suyo el imperio sin la luna fuera.
Por las manos de Sucre la Victoria
ciñe a Bolívar lauro inmarcesible.
¡Oh Triunfador! la palma de Ayacucho, fatiga eterna
al bronce de la Fama, segunda vez Libertador te aclama.
Esta es la hora feliz. Desde aquí empieza la nueva
edad al Inca prometida de libertad, de paz y de grandeza.
Rompiste la cadena aborrecida,
la rebelde cerviz hispana hollaste,
grande gloria alcanzaste;
pero mayor te espera, si a mi Pueblo, así cual a la
guerra lo conformas
y a conquistar
su libertad le
empeñas,
* El pueblo
de Quinó o Quinoa está cercano al campo de Ayacucho.
## El
Apurímac, después de un largo curso, entra ¡en'el caudaloso Ucayale, desemboca
en el famoso río de las Amazonas.
la rara y ardua ciencia
de merecer la paz y vivir libre,
con voz y ejemplo y con poder le enseñas.
Yo con riendas de seda regí el pueblo,
y cual padre le amé, mas no quisiera
que el cetro de los Incas renaciera;
que ya se vio algún Inca, que teniendo
el terrible poder todo en su mano, 645
comenzó padre y acabó tirano.
Yo fui
conquistador, ya me avengüenzo
del
glorioso y sangriento
ministerio,
pues un conquistador, el más humano,
formar,
mas no regir
debe un imperio. 650
Por no trillada senda, de la gloria
al templo vuelas, ínclito Bolívar:
que ese poder tremendo * que te fía
de los Padres
el íntegro senado,
si otro
tiempo perder a Roma
pudo, 655
en su potente
mano
es a la Libertad del Pueblo escudo.
¡Oh Libertad!
el Héroe que podía
ser el brazo de Marte sanguinario,
ése es tu, sacerdote más celoso, 660
y el
primero que toma
el incensario
y a tus aras se inclina silencioso.
¡Oh
Libertad! si al
pueblo americano
la solemne misión ha dado el cielo
de domeñar el monstruo de la guerra 665
y dilatar
tu imperio soberano
por las regiones todas de la tierra
y por las ondas todas de los mares,
no temas, con este héroe, que algún día
eclipse el ciego
error tus resplandores, 670
superstición profane tus altares,
ni que insulte tu ley la tiranía;
ya tu imperio y tu culto son eternos.
Y cual
restauras en su antigua gloria
del santo y poderoso 675
* En el mayor
conflicto de la República, el general Bolívar fue nombrado Dictador por el
Congreso del Perú.
Pacha-Cámac el templo portentoso, *
tiempo vendrá, mi oráculo no miente,
en que darás a pueblos destronados
su majestad ingénita y su solio,
animarás las ruinas de Cartago, 680
relevarás en Grecia el Areopago,
y en la humillada Roma el Capitolio.
Tuya
será, Bolívar, esta
gloria,
tuya romper el yugo de los reyes
y, a su despecho,
entronizar las leyes; 685
y la discordia en áspides crinada,
por tu brazo en cien nudos aherrojada,
ante los haces santos * * confundidas
harás temblar las armas parricidas.
Ya las hondas
entrañas de la
tierra 690
en larga vena ofrecen el tesoro
que en ellas
guarda el Sol, y nuestros
montes
los valles regarán con lava de oro.
Y el Pueblo primogénito dichoso
de Libertad, * * *
que sobre todo tanto 695
por su poder y gloria se enaltece,
como entre sus estrellas,
la estrella de Virginia resplandece,
nos da el ósculo
santo
de amistad fraternal. Y las naciones 700
del remoto hemisferio celebrado,
al contemplar el vuelo arrebatado
de nuestras musas y artes,
como iguales
amigos nos saludan; *
* Pacha-Cámac
era una divinidad invisible, cuya imagen era el sol. Este nombre se compone de
Pacha, universo, y de Cámac, participio del verbo cama, animar; y significa, en
la lengua de los Incas, Animador del Universo. Era tenido en gran veneración y
el pueblo no osaba pronunciar su nombre. Su culto era interior, y no tenía más
templo que el corazón de los hombres. Cuando aquí se cita el templo del gran
Pacha-Cámac, se entiende el templo del Sol, bajo cuya magnífica imagen aquél
era adorado. — ¡Cuántos pueblos que se jactan de su
antigua civilización no han alcanzado estos bellos principios de teología
natural!
* * Los haces
en las antiguas repúblicas eran la principal insignia de las magis traturas
civiles.
* * *
Nuestros hermanos del Norte han sido los primeros en reconocer la inde
pendencia de los pueblos del Sur, a la que los excitaron con su ejemplo y
ayudaron con su amistad. El pabellón de la República lleva tantas estrellas
como son los Estados de la Unión. El Estado de Virginia tiene sobre todos la
gloria de ser la patria de Washington.
con el tridente abriendo la carrera,
la Reina de los mares, la primera. *
Será perpetua,
¡oh pueblos! esta gloria
y vuestra libertad incontrastable
contra el poder y liga detestable
de
todos los tiranos
conjurados 710
si en lazo federal, de polo a polo,
en la guerra y la paz vivís unidos;
vuestra fuerza es la unión. Unión,
¡oh pueblos!
para ser libres y jamás vencidos.
Esta unión, este lazo poderoso 715
la gran
cadena de los
Andes sea, * *
que en fortísimo enlace, se dilatan
del uno al otro
mar. Las tempestades
del ciclo
ardiendo en fuego
se arrebatan,
erupciones
volcánicas arrasan 720
campos, pueblos, vastísimas
regiones,
y amenazan horrendas convulsiones
el globo destrozar desde el profundo;
ellos, empero, firmes y serenos
ven el estrago
funeral del mundo. 725
Esta es, Bolívar, aun mayor hazaña
que destrozar el férreo cetro a España,
y es digna de ti solo; en tanto, triunfa. . .
Ya se alzan los magníficos trofeos
y tu nombre,
aclamado 730
por las vecinas y remotas gentes
en lenguas,
voces, metros diferentes,
recorrerá la serie de los siglos
en las alas del canto arrebatado. . .
Y en medio del concento numeroso 735
la voz del Guayas crece
y a las más resonantes enmudece.
Tú la salud y honor de nuestro pueblo
serás viviendo, y Angel poderoso
que lo proteja, cuando 740
* La
magnánima Inglaterra ha sido la primera de las naciones europeas que ha
reconocido los nuevos Estados americanos. Su amistad en la paz nos será tan
provechosa como nos fue en la guerra su amigable neutralidad.
* * Se quiere
expresar con esta comparación el deseo de que los pueblos de América, por sus
relaciones y lazos fraternales, sean siempre como uno solo. En este sentido el
Inca, cuando en su vaticinio habla de su pueblo, de su imperio, quiere
comprender todos los pueblos que están unidos y enlazados por la cadena de los
Andes.
tarde al empíreo el vuelo arrebatares
y entre los claros Incas
a la diestra de Manco te sentares *.
Así place al destino. ¡Oh! ved al cóndor,
al peruviano rey del pueblo aerio, 745
a quien ya cede el águila el imperio,
vedle cuál desplegando en nuevas galas
las espléndidas alas,
sublime a la región del sol se eleva
y el alto augurio que os revelo aprueba. 750
Marchad, marchad, guerreros,
y apresurad el día de la gloria;
que en la fragosa margen de Apurímac
con palmas os espera la victoria” . * *
Dijo el Inca; y las bóvedas etéreas 755
de par en par se abrieron,
en viva luz y resplandor brillaron
y en celestiales cantos resonaron.
Era el coro de cándidas Vestales, 760
las vírgenes del Sol, que rodeando
* Manco-Cápac
fue el primer Inca, el primer legislador del Perú, descendido del cielo, y
venerado siempre como una divinidad.
* * Aquí
concluye el vaticinio del
Inca, que será acaso
censurado por su
dema
siada
extensión, y no
sin justicia. Pero
¿no se perdonará
a un Inca
que antes de
pronunciar el grande oráculo, objeto de su
aparición, exhibe algunas quejas al ver por la primera vez los lugares que
fueron el teatro de los horrores de la Conquista?
¿No se perdonará a un buen padre y a ufl buen rey
lamentar antes de todo la suerte de sus hijos y de su pueblo? ¿No se perdonará
a un guerrero alentar el valor de las tropas con el recuerdo de agravios
pasados, aunque sean sucesos muy conocidos de la historia de su país? ¿No se
perdonará a un anciano el ser prolijo en sus discursos, y-a un sabio de edad el
no perder la ocasión de dar consejos a los hombres? ¿No se perdonará, en fin, a
un sacerdote prolongar un tanto la expectación del pueblo al anunciar los
oráculos del cielo?
Los oráculos comúnmente eran breves y sentenciosos,
es verdad: pero la victoria de Ayacucho es de la mayor importancia, como que ha
fijado los destinos del pueblo americano; y no estaría bien cantada si no se
celebrasen todas las circunstancias que la hacen memorable. Además, esa misma
prolijidad de circunstancias da mayores aparien cias de verdad a la
predicción. Por esto se ha escogido un profeta inspirado que lo prevea todo, un
anciano que no omita nada de cuanto prevé, y un Inca que mire con interés cuanto
contribuya a la gloria del imperio. Por otra parte, la mención que hace de
todos los jefes que debían distinguirse en Ayacucho sirve de nuevo estímulo a
su valor, ya por la anticipada alabanza de sus proezas, ya por la segura
esperanza de la victoria.
Se dirá, en fin, que el Inca de este canto sabe más
de lo que pudo saber en su tiempo. Pero ése era un Inca dotado de espíritu
profético y que, según las antiguas tradiciones, predijo la invasión de los
españoles, el establecimiento de una nueva religión y el hado del imperio.
Sobre todo, no debe extrañarse que tenga ideas justas de religión, de
legislación y ciencia del siglo quien habita las regiones de luz y de verdad.
al Inca como a Sumo Sacerdote,
en gozo santo y ecos virginales
en torno van cantando
del Sol las alabanzas inmortales.
“ Alma eterna del mundo, 765
dios santo del Perú, Padre del Inca,
en tu giro fecundo
gózate sin cesar,
Luz bienhechora
viendo ya libre el pueblo que te adora.
La
tiniebla de sangre y
servidumbre 770
que ofuscaba la lumbre
de tu radiante faz pura y serena
se disipó, y en cantos se convierte
la
querella de muerte
y el ruido antiguo de servil cadena. 775
Aquí la Libertad buscó un asilo,
amable
peregrina,
y ya lo encuentra plácido y tranquilo,
y aquí poner la diosa
quiere su templo y ara milagrosa; 780
aquí olvidada de su cara Helvecia,
se viene a consolar de la ruina
y en todos sus oráculos proclama
que al Madalén y al Rímac bullicioso *
ya sobre el Tíber y el Eurotas ama. 785
¡Oh Padre!
¡oh claro Sol! no desampares
este suelo
jamás, ni estos altares.
Tu vivífico ardor todos los seres
anima y reproduce: por ti viven
y acción, salud, placer, beldad reciben. 790
Tú al labrador despiertas
y a las aves canoras
en tus primeras horas,
y son tuyos sus cantos matinales;
por ti
siente el guerrero 795
en amor patrio enardecida el alma,
y al pie de tu ara rinde placentero
su laurel y su palma,
y tuyos son sus cánticos marciales.
* El río
Magdalena corre al mar por las cercanías de Bogotá, como el Eurotas por las
cercanías de Esparta. El Rímac atraviesa Lima, como el Tíber a Roma.
Fecunda, ¡oh
Sol! tu tierra,
800
y los males repara de la guerra.
Da a
nuestros campos frutos abundosos,
aunque niegues el brillo a los metales,
da naves a los puertos, 805
pueblos a los desiertos,
a las armas victoria,
alas al
genio y a las Musas gloria.
Dios del Perú, sostén, salva, conforta
el brazo que te venga, 810
no para nuevas lides sanguinosas,
que miran con horror madres y esposas,
sino para poner
a olas civiles
límites ciertos, y que en paz florezcan
de la alma paz los dones soberanos, 815
y arredre a sediciosos y a tiranos.
Brilla con nueva luz, Rey de los cielos,
brilla con nueva luz en aquel día
del triunfo que magnífica prepara
a su Libertador la patria mía. 820
¡Pompa digna del Inca y del imperio
que hoy de su ruina a nuevo ser revive!
Abre tus puertas, opulenta Lima,
abate
tus murallas y recibe
al noble
triunfador que rodeado 825
de pueblos numerosos, y aclamado
Angel
de la esperanza
y Genio de la paz y de la gloria,
en inefable
majestad avanza.
Las musas y las artes revolando 830
en
torno van del
carro esplendoroso,
y los pendones patrios vencedores
al aire vago ondean, ostentando
del sol la imagen, de iris los colores.
Y en ágil
planta y en gentiles formas 835
dando al viento
el cabello desparcido,
de flores matizado.
cual las horas del sol, raudas y bellas,
saltan en
derredor lindas doncellas
en giro no estudiado; 840
las
glorias de su patria
en sus patrios
cantares celebrando
y en sus pulidas manos levantando, albos y tersos
como el seno de ellas, cien primorosos vasos de alabastro que espiran
fragantísimos aromas, y de su centro se derrama y sube por los cerúleos ámbitos
del cielo
de ondoso
incienso transparente nube.
Cierran la pompa espléndidos trofeos y por delante
en larga serie marchan humildes, confundidos,
los pueblos y los jefes ya vencidos: allá procede
el Ástur belicoso, allí va el Catalán infatigable
y el
agreste Celtíbero indomable
y el Cántabro feroz, que a la romana cadena el
cuello sujetó el postrero, y el Andaluz liviano
y el adusto y severo Castellano;
ya el áureo Tajo cetro y nombre cede, y las que
antes, graciosas fueron honor del fabuloso suelo,
Ninfas del Tormes y el Genil, en duelo se esconden
silenciosas;
y el grande Betis
viendo ya marchita
su sacra
oliva, menos orgulloso,
paga su
antiguo feudo al mar undoso.
El sol suspenso en la mitad del cielo aplaudirá
esta pompa — ¡Oh Sol! ¡oh Padre! tu luz rompa y disipe
las sombras del antiguo cautiverio, tu luz nos dé
el imperio,
tu luz la libertad nos restituya;
tuya es la tierra y la victoria es tuya” .
Cesó el canto; los cielos aplaudieron y en plácido
fulgor resplandecieron. Todos quedan atónitos; y en tanto tras la dorada nube
el Inca santo
y las santas Vestales se escondieron. Mas ¿cuál
audacia te elevó a los cielos, humilde musa mía? ¡Oh! no reveles a los seres
mortales
en débil canto, arcanos celestiales.
Y ciñan
otros la apolínea rama
y siéntense a la mesa de los dioses, 885
y los arrulle la parlera fama,
que es la gloria y tormento de la vida;
yo volveré a mi flauta conocida,
libre
vagando por el
bosque umbrío
de
naranjos y opacos
tamarindos, 890
o entre el rosal pintado y oloroso
que matiza la margen de mi río,
o entre risueños campos, do en pomposo
trono piramidal y alta corona,
la piña ostenta el cetro de Pomona, * 895
y me diré feliz si mereciere,
el colgar esta lira en que he cantado
en tono menos dino
la gloria y
el destino
del
venturoso pueblo americano, 900
yo me diré
feliz si mereciere
por premio a mi osadía
una mirada tierna de las Gracias
y el aprecio y amor de mis hermanos,
una sonrisa de la Patria mía, 905
y el odió y el furor de los tiranos.
(José Joaquín de Olmedo, Poesías completas, ed. de
Aurelio Espinosa, Pólit, 2^ ed., México, 1947).
* Esta
descripción alude a la forma de la planta que produce la piña. Este precioso
fruto es conocido en Europa con el nombre de ananás. La piña es sobre todas
las frutas de la tierra, como la piña americana,
por su fragancia, sabor y virtudes medicinales, es sobre las europeas, y como
la piña del Guayas es sobre todas las demás de los diferentes climas de
América.
Andrés Bello
( 1781-1865)
POCAS figuras hay en las letras hispanoamericanas
que ofrezcan un presti gio tan respetado como el de don Andrés Bello.
Demasiado sabemos que si hay algo intocable en nuestros países no es el
renombre de los escritores. Vero también sabemos que Bello, después de su
muerte, ha acrecentado su fama. Esa fama que lo acompañó en vida, en su
dilatada vida, hasta darle perfil extraordinario, y que no ha desmerecido,
ciertamente, después de su muerte.
A propósito de la vida de Bello, la simple mención
de las fechas extre mas (1781-1865) ya nos muestra que su fecunda actividad
desborda —y mucho— los años que corresponden a las Revoluciones de
Independencia. Claro que no podemos olvidar que Bello despunta su personalidad,
marca su presencia, en estos años. Que en estos años asiste a acontecimientos
de trascendencia en la historia de los países hispanoamericanos, y que, enton
ces, cobra altura su nombre a través de episodios que dan sello (no todos debían
ser político-militares) a aquella época agitada.
Por supuesto, después de 1830, la actividad de
Bello encuentra en Chile (y, como irradiación, fuera de Chile) múltiples
ocasiones para manifestarse con brillo. Es imposible, por otra parte,
establecer cortes artificiales a una vida, y más — repito— tratándose de una
vida como la de Bello. Pero el reconocimiento de tal fisonomía no nos impide
destacar, una vez más, en qué momento aparece Bello y a qué momento cultural se
identifica él mejor.
La figura de Bello se recorta con claridad en el
ámbito americano, a pesar de sus años de Londres, que son años — sabemos— en
que América está también presente en su pensamiento. Antes y después, dentro de
las tres clásicas etapas de su vida subrayadas por Miguel Antonio Caro (Amé
rica, Londres, América), nuestro continente constituye el ámbito inmediato de
su existencia, ligado estrechamente a la mayor parte de sus afanes.
Un conocimiento general de la vida y obra de don
Andrés Bello hace resaltar en seguida el carácter múltiple de esa obra. En
principio, esta
variedad no difiere mucho de la que encontramos en
tantos hombres americanos del pasado siglo, a quienes fervores, banderías,
circunstancias, etc., junto a necesidades apremiantes de los nacientes países,
obligaban a dispersarse en ocupaciones no siempre afines a su temperamento o
afición. De ahí que el desequilibrio sea el principal sello de muchas obras,
obras que ganan consideradas en conjunto, pero que se debilitan al analizarse
separadamente.
Dentro de tal sector, el relieve de Andrés Bello es
nítido. Lo es porque repitiendo, y aun acentuando esa multiplicidad, en todo, o
casi todo, su labor ha resistido al tiempo. Recalco su multiplicidad, porque si
bien la obra literaria es uno de los principales atributos de su fama, ésta no
se desmerece, y hasta cobra especiales resonancias, en las ciencias jurídicas,
los estudios filológicos (y gramaticales), la filosofía, la pedagogía... Y dejo
a un lado otros sectores más restringidos: historia, geografía, socio logía,
etc.
La obra literaria de Bello no es muy considerable
en número. Sobre todo si la comparamos con la abultada producción de muchos
escritores hispanoamericanos del siglo XIX, particularmente los que vienen
después de 1830. Sin embargo, tampoco eso fue un obstáculo para que ganara con
rapidez prestigio y difusión. La importancia adquirida por Bello en distintas
disciplinas ayudó también al “prestigio” literario, pero — repito— un limitado
enfoque de nuestra materia nos permite ver que, sin imposibles o ridiculas separaciones,
su obra estrictamente literaria es básico pilar de su personalidad.
Me parece claramente revelador el hecho de que los
poemas más impor tantes de Bello (es decir, las Silvas americanas) sean, por
una parte, buen ejemplo de poesía descriptiva, y, no menos, programa de
libertad intelec tual, y aun manifiesto político-social. Como si los poemas
más ambiciosos que escribió reflejaran también algunas de las principales
direcciones de su vida.
No será, pues, equivocado, el criterio de
determinar y considerar las líneas importantes que dan los relieves a la obra
literaria de Bello: su obra crítica (y tanto en lo que sus opiniones lo
muestran en relación a los demás, como en relación a sí mismo), sus juicios
sobre la realidad social americana (juicios dentro de una realidad en la cual
vivía, y de la cual no podía separarse), y, naturalmente, su esencial sector
poético, aunque no siempre resulte fácil separar.
En Bello, el poeta y el crítico siguen un camino
paralelo, con entre-cruzamientos. Comienzan casi al mismo tiempo, en época
juvenil, y siguen después, con alternativas diversas, hasta el final de su
larga vida.
Los comienzos literarios de Bello, bien lo sabemos,
están en su ciudad natal. En la Caracas colonial de fines del siglo XVIII.
Recordando una vez más la clásica división tripartita de Miguel Antonio Caro
(I, Caracas, 1781-1810; II, Londres, 1810-1829; III, Chile, 1829-1865), la
primera corresponde, por supuesto, a la iniciación de los tanteos. Njo
desconocemos
que llegó a hacerse un renombre local por algunas
traducciones, imitaciones y poesías originales (más o menos originales).
Tampoco ignoramos que llegó a ser apreciado por sus buenas dotes críticas. Pero
todo esto poco significa si tenemos en cuenta que aquel ámbito no era, por
cierto, muy exigente.
La posterior dimensión adquirida por Bello ha
determinado que se repare en esta etapa de los comienzos. Dejando a un lado
obras perdidas (y en nuestro siglo se han precisado obras juveniles de Bello),
creo que, sin abultamientos postizos, esos tributos poco dicen o anuncian.
En cambio, la etapa de Londres nos muestra ya al
poeta maduro. Como, en general, nos muestra la plenitud total del hombre. Esa
es la época de su formación integral (filosofía, pedagogía, jurisprudencia,
etc.) y de contacto con hombres destacados, tanto ingleses, como españoles y
americanos emigrados. Es, ésa, época de importante labor periodística (Censor
Americano, Biblioteca Americana, Repertorio Americano), y, claro está, la época
de las Silvas americanas y de un prestigio creciente que reper cute cada vez
con mayor eco en América, y que explica los intentos de diferentes países por
lograr los servicios de Bello.
Como ya me he referido a las Silvas americanas en
relación a su funda mental valor dentro de la trayectoria del americanismo
literario, y a lo que representan como verdadera declaración de independencia
intelectual de Hispanoamérica, sólo cabe recordar aquí algunos caracteres
esenciales. Así, la Alocución a la poesía (1823) es la profesión de fe
continental del poeta. O, si preferimos, el optimista programa-vaticinio de
Andrés Bello. A su vez, la Alocución se continúa y ejemplifica en La
agricultura de la Zona Tórrida (1826), fervoroso “elogio” de la vida en el
campo (campo americano) y canto de paz después de las luchas revolucionarias.
Quizás sea este el sitio oportuno para puntualizar
que, en apariencia paradójicamente, las Silvas constituyen un manifiesto
americanista, pero con abundantes reminiscencias clásicas y españolas.
Agreguemos incitacio nes que, en la época de Bello, aparecen en obras de
naturalistas y “filó sofos” (Saint-Pierre, Virey), sin olvidar el estímulo que
pudo significar en Bello el ejemplo general de Alejandro de Humboldt.
Volvamos ahora a la aparente contradicción que
supone una profesión de fe americanista construida sobre visibles
reminiscencias europeas. Una declaración de independencia intelectual que
recurre a modelos de los que, por principio, quiere desligarse. Digamos, en
primer lugar, que Bello, hombre de equilibrado saber, empapado de literaturas
antiguas y modernas, no concibió nunca la utópica idea de una independencia
total, sobre todo en regiones de la cultura. De la misma manera que consideraba
a las revo luciones hispanoamericanas como fenómenos “ibéricos” (y de esta
manera defendía las raíces coloniales capaces de fructificar en las luchas
emanci padoras), de la misma manera — repito— no concebía la negación de un
valioso pasado cultural, en particular el literario, que Grecia, Roma y
España ofrecían. ¿Cómo renunciar a ese precioso
pasado en lo que aún aparecía como vivo?
El éxito y rápida repercusión de las Silvas
anunciaba una producción poética mucho más extendida que la que después nos dio
Bello. Es cierto que otras preocupaciones e intereses se ligan a su vuelta a
América. Tam bién es cierto que, en Chile, cargos oficiales y misiones
diversas exten dieron con amplitud su órbita de acción. Todo esto y el hecho
de que, por lo visto, no mantuviera igual inclinación hacia la lírica, puede
explicarnos la escasa producción poética escrita por Bellq después de 1829.
Quizás sea más exacto decir que Bello en ninguna de
sus etapas (acep tada la existencia de éstas) fue un poeta fecundo. Con todo,
era natural esperar que su producción creciera después de las Silvas, pero tal
cosa no ocurrió. En Chile, en su larga etapa del sur, su lírica mantiene igual
ritmo de producción o se amengua, mientras, en proporción, crecen considerable
mente otras inclinaciones o disciplinas (filología, derecho).
En Chile, pues, no nos dio Bello ningún poema
equivalente a las Silvas americanas. Veamos ejemplos. El incendio de la
Compañía, “canto elejíaco” (1841), que se publicó primero como anónimo, es
recordado hoy en la bibliografía de Bello y por ser de Bello. Es recordado
también por el elogioso comentario de Sarmiento, pero no creo que lo sea por su
estricto valor literario. Algo más alto conviene poner a la leyenda El pros
cripto, poema baironiano. Bello no alcanzó a terminar el poema: lo inte
rrumpió en el canto quinto, lagunas aparte.
De la época de El incendio de la Compañía son las
diversas traducciones de Víctor Hugo, que, entre otras cosas, prueban la
admiración de Bello hacia el poeta francés. De tales tributos se destaca La
oración por todos. Claro que, más exacto que hablar de “ traducción”, es hablar
de “traducción libre”, “amplificación”, o, en fin, “imitación” . Con este
último nombre se publicó por primera vez en el periódico El Crepúsculo, de
Santiago de Chile (I, 1843).
Como digo, asistimos aquí no sólo a un consciente
ejercicio de recrea ción (en el que entran resonancias personales del propio
Bello),' sino también a un testimonio revelador del sentido artístico de Bello.
El poeta americano “traduce”, o, mejor, “imita” a un romántico, pero impone a
esa obra un equilibrio, una armonía que el poema francés no tiene. Con otras
palabras, Bello parte, tiene a la vista el poema de las Feuilles d’automne,
pero el poema crece, se transforma a través de sus propias resonancias y los
sentimientos generales: el crepúsculo, la oración, los seres queridos, los
muertos. . . Tenemos así, pues, una obra de indudable valor poético. Y, no
menos, una obra reveladora de los ideales estéticos de Bello.
La larga vida de Bello presenció, es sabido, la
expansión y triunfo del romanticismo en estas tierras. Por otra parte, su
alerta sentido crítico tiene oportunidad de manifestar, en varias ocasiones,
juicios acerca de la co rriente. Bello no es el rígido defensor de modelos y
teorías clasicistas. Aunque su formación, lecturas preferidas y su sentido del
arte lo inclinan
hacia determinadas modalidades poéticas, las ideas
y los poemas de Bello nos muestran en él una flexibilidad y un espíritu de
adaptación innegable. Flexibilidad y espíritu abierto, tal como, en forma
paralela, palpamos frente al problema de la lengua. Combate, sí, excesos y
desbordes román ticos, pero, de la misma manera, y con igual fervor, Bello
combatía las limitaciones de poéticas y retóricas, a pesar del aval de nombres
famosos.
En conclusión, reconocemos que, para Bello, la
belleza poética estaba por encima de escuelas y épocas artísticas, si bien no
dejaba de admitir el cambio de los tiempos. Todo lo expuesto, en fin, no es un
obstáculo para que aceptemos que el esencial Bello estaba más cerca (por tempe
ramento, lecturas, inclinaciones y convicciones) de aquellos rasgos que
—ayer y hoy— identificamos como lo más valioso y
perdurable del arte clasicista.
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Bello (Caracas, 1969).
ALOCUCION A LA POESIA
FRAGMENTOS DE UN POEMA TITULADO “AMERICA"
I
D IV IN A
Poesía,
tú de la soledad habitadora,
a consultar tus cantos enseñada con el silencio de
la selva umbría,
tú a quien la verde gruta fue morada, y el eco de
los montes compañía; tiempo es que dejes ya la culta Europa, que tu nativa
rustiquez desama,
y dirijas el vuelo adonde te abre
el mundo de Colón su grande escena. También
propicio allí respeta el cielo la siempre verde rama
con que al valor coronas;
también allí la florecida vega,
el bosque enmarañado, el sesgo río, colores mil a
tus pinceles brindan; y Séfiro revuela entre las rosas;
y fúlgidas estrellas
tachonan la carroza de la noche;
y el rey del cielo entre cortinas bellas de
nacaradas nubes se levanta;
y la avecilla en no aprendidos tonos con dulce pico
endechas de amor canta.
¿Qué a ti, silvestre ninfa, con las pompas de
dorados alcázares reales?
IA tributar también irás en ellos,
en medio de la turba cortesana,
el torne incienso de servil lisonja?
No tal te vieron tus más bellos días, cuando en la
infancia de la gente humana, maestra de los pueblos y los reyes, cantaste al
mundo las primeras leyes.
No te detenga, oh diosa,
esta región de luz y de miseria,
en donde tu ambiciosa
rival Filosofía.
que la virtud a cálculo somete,
de los mortales te ha usurpado el culto;
donde la coronada hidra amenaza
traer
de nuevo al
pensamiento esclavo 40
la antigua noche de barbarie y crimen;
donde la libertad vano delirio,
fe la servilidad, grandeza el fasto,
la corrupción cultura se apellida.
Descuelga
de la encina
carcomida 45
tu dulce lira de oro, con que un tiempo
los prados y las flores, el susurro
de la floresta opaca, el apacible
murmurar del
arroyo trasparente,
las gracias atractivas 50
de Natura inocente,
a los hombres cantaste embelesados;
y sobre el
vasto Atlántico tendiendo
las vagorosas alas, a otro cielo,
a otro
mundo, a otras gentes
te encamina, 55
do viste aún su primitivo traje
la tierra,
al hombre sometida apenas;
y las riquezas de los climas todos
América,
del Sol joven esposa,
del antiguo Océano hija postrera, €0
en su seno
feraz cría y esmera.
¿Qué morada te aguarda? ¿qué alta cumbre,
qué prado ameno, qué repuesto bosque
harás tu domicilio?
¿en qué felice
playa
estampada tu -sandalia de oro 65
será primero?
¿dónde el claro río
que de
Albión los héroes vio humillados,
los azules pendones reverbera
de Buenos Aires, y orgulloso arrastra
de cien potentes
aguas los tributos 70
al atónito mar?
¿o dónde emboza
su doble cima el Avila entre nubes *,
y la ciudad renace de Losada? * *
¿O más te sonreirán, Musa, los valles
de Chile afortunado, que enriquecen 75
rubias cosechas, y süaves frutos;
do la inocencia y el candor ingenuo
y la
hospitalidad del mundo
antiguo
con el valor y el patriotismo habitan?
Monte vecino a
Caracas.
Fundador de Caracas.
¿O la ciudad que el águila posada *
sobre el nopal mostró el azteca errante * * , y el
suelo de inexhaustas venas rico, que casi hartaron la avarienta Europa?
Ya de la mar del Sur la bella reina, a cuyas hijas
dio la gracia en dote Naturaleza, habitación te brinda
bajo su blando cielo, que no turban lluvias jamás,
ni embravecidos vientos. ¿O la elevada Quito
harás tu albergue, que entre canas cumbres sentada,
oye bramar las tempestades
bajo sus pies, y etéreas auras bebe a tu celeste
inspiración propicias? Mas oye do tronando se abre paso entre murallas de
peinada roca,
y envuelto en blanca nube de vapores, de vacilantes
iris matizada,
los valles va a buscar del Magdalena con salto
audaz el Bogotá espumoso. Allí memorias de tempranos días
tu lira aguardan; cuando, en ocio dulce y nativa
inocencia venturosos, sustento fácil dio a sus moradores, primera prole de su
fértil seno, Cundinamarca; antes que el corvo arado violase el suelo, ni
extranjera nave las apartadas costas visitara.
Aún no aguzado la ambición había el hierro atroz;
aún no degenerado buscaba el hombre bajo oscuros techos el albergue, que grutas
y florestas saludable le daban y seguro,
sin que
señor la tierra conociese,
los campos valla, ni los pueblos muro.
La libertad sin
leyes florecía,
todo era paz, contento y alegría; cuando de dichas
tantas envidiosa Huitaca bella, de las aguas diosa, hinchando el Bogotá,
sumerge el valle. De la gente infeliz parte pequeña asilo halló en los montes;
* México
* * Nación Americana, fundadora de México.
80
85
90
95
100
105
110
115
120
el abismo voraz sepulta el resto.
Tú cantarás
cómo indignó el funesto
estrago de su casi extinta raza
a
Nenqueteba, hijo del
Sol; que rompe * 125
con su cetro divino la enriscada
montaña, y a las ondas abre calle;
el Bogotá, que inmenso lago un día
de cumbre a cumbre dilató su imperio,
de las ya estrechas
márgenes, que asalta 130
con vana furia, la prisión desdeña,
y por la brecha hirviendo se despeña.
Tú
cantarás cómo a
las nuevas gentes
Nenqueteba piadoso
leyes y artes
y culto dio;
después que a la maligna 135
ninfa mudó en lumbrera de la noche,
y de la luna por la vez primera
surcó el Olimpo el argentado coche.
Ve, pues, ve a celebrar las maravillas
del ecuador:
canta el vistoso cielo 140
que de los astros
todos los hermosos
coros alegran;
donde a un tiempo el vasto
Dragón del norte su dorada espira
desvuelve en torno al luminar inmóvil
que el rumbo al marinero audaz
señala, 145
y la paloma cándida de Arauco
en las
australes ondas moja el ala.
Si tus colores los más ricos mueles
y tomas el mejor de tus pinceles,
podrás los climas retratar, que entero 150
el vigor guardan genital primero
con que la
voz omnipotente, oída
del
hondo caos, hinchió
la tierra, apenas
sobre su informe faz aparecida,
y de verdura la cubrió y de vida. 155
Selvas
eternas, ¿quién al vulgo
inmenso
que vuestros verdes laberintos puebla,
y en varias formas y estatura y galas
hacer parece alarde de sí mismo,
poner presumirá nombre o guarismo? 160
En densa muchedumbre
ceibas, acacias, mirtos se entretejen,
* Huitaca,
mujer de Nenqueteba o Bochica, legislador de los muiscas. Ver Hum boldt, Vue
des Cordillères, t.I.
bejucos, vides, gramas;
las ramas a las ramas,
pugnando por gozar de las felices 165
auras y de la luz, perpetua guerra
hacen, y a las raíces
angosto viene el seno de la tierra.
¡Oh quién contigo, amable Poesía,
del Cauca a las orillas me llevara, 170
y el blando aliento respirar me diera
de la siempre
lozana primavera
que allí
su reino estableció
y su corte!
¡Oh si
ya de
cuidados enojosos
exento, por las márgenes amenas 175
del Aragua
moviese
el tardo
incierto paso;
o reclinado acaso
bajo una fresca palma en la llanura,
viese arder
en la bóveda azulada 18°
tus cuatro
lumbres bellas,
oh Cruz del Sur,
que las nocturnas horas
mides al caminante
por la espaciosa soledad errante;
o del cucuy
las luminosas huellas 185
viese cortar el aire tenebroso,
y del lejano
tambo a mis oídos
viniera
el son del
yaraví amoroso! *
Tiempo vendrá cuando de ti inspirado
algún
Marón americano, ¡oh
diosa! 190
también las mieses, los rebaños cante,
el rico suelo al hombre avasallado,
y las dádivas mil con que la zona
de Febo amada al labrador corona;
donde
cándida miel llevan
las cañas, 195
y animado carmín la tuna cría,
donde
tremola el algodón
su nieve,
y el ananás
sazona su ambrosía;
de sus racimos la variada copia
rinde el palmar, da azucarados globos 200
el zapotillo,
su manteca ofrece
la verde palta, da el añil su tinta,
bajo su dulce carga desfallece
Yaraví, tonada triste del Perú, y de los llanos de
Colombia.
el banano, el café el aroma acendra de sus albos
jazmines, y el cacao cuaja en urnas de púrpura su almendra.
Mas ¡ah!
¿prefieres de la guerra impía
los horrores decir, y al son del parche
que los maternos pechos estremece, 210
pintar las
huestes que furiosas corren
a destrucción, y el suelo hinchen de luto?
¡Oh si ofrecieses menos fértil tema
a bélicos cantares, patria mía!
¿Qué ciudad, qué campiña no ha inundado 215
la sangre de tus hijos y la ibera?
¿Qué páramo no dio en humanos miembros
pasto
al cóndor? ¿Qué
rústicos hogares
salvar su oscuridad pudo a las furias
de la civil
discordia embravecida?
Pero no en Roma obró prodigio
tanto 220
el amor de la patria, no en la austera
Esparta, no en Numancia generosa;
ni de la historia da página alguna,
Musa, más altos hechos a tu canto. 225
¿A qué provincia el premio de alabanza,
o a qué varón tributarás primero?
Grata celebra Chile el de Gamero,
que, vencedor de cien sangrientas lides,
muriendo, el suelo consagró de Talca;
de aquellos granaderos de a caballo
que mandó en Chacabuco Necochea.
¿Pero de Maipo la campiña sola 230
y la memoria
eternizar desea
cuán larga lista, oh Musa, no te ofrece, 235
para que en tus cantares se repita,
de campeones cuya frente adorna
el verde honor que nunca se marchita? Donde ganó
tan claro nombre Bueras, que con sus caballeros denodados rompió del enemigo
las hileras;
y donde el regimiento de Coquimbo tantos héroes
contó como soldados.
¿De Buenos Aires la galìarda gente no ves, que el
premio del valor te pide?
Castelli osado, que las fuerzas mide
245
con aquel monstruo que la cara esconde
sobre las nubes y a los hombres huella;
Moreno, que abogó con digno acento
de los opresos pueblos la querella; 250
y tú que de Suipacha en las llanuras
diste a tu causa agüero de venturas,
Balcarce; y
tú, Belgrano, y otros ciento
que la tierra natal de glorias rica
hicisteis
con la espada o con la pluma, 255
si el justo galardón se os adjudica,
no temeréis que el tiempo le consuma.
Ni sepultada quedará en olvido
la Paz que tantos claros hijos llora,
ni Santacruz,
ni menos Chuquisaca, 260
ni Cochabamba, que de patrio celo
ejemplos memorables atesora,
ni Potosí de minas no tan rico
como de
nobles pechos, ni
Arequipa
que de
Vizcardo con razón
se alaba, 265
ni a la que el Rímac las murallas lava,
que de los reyes fue, ya de sí propia,
ni la ciudad que dio a los Incas cuna,
leyes al sur, y que si aún gime; esclava,
virtud no le faltó, sino fortuna. 270
Pero la
libertad, bajo los
golpes
que la ensangrientan, cada vez más brava,
más indomable, nuevos cuellos yergue,
que al despotismo harán soltar la clava.
No largo
tiempo usurpará el imperio 275
del sol la hispana gente advenediza,
ni al ver su trono en tanto vituperio
de Manco Cápac gemirán los manes.
De Angulo y Pumacagua la ceniza
nuevos y más felices capitanes 280
vengarán, y a los hados de su pueblo
abrirán vencedores el camino.
Huid, días de afán, días de luto,
y acelerad
los tiempos que
adivino.
Diosa de la memoria, himnos te pide
el
imperio también de
Moctezuma, 285
que, rota la coyunda de Iturbide
entre los pueblos libres se numera.
Mucho, nación bizarra mexicana,
de tu poder y de tu ejemplo espera
la libertad;
ni su esperanza es vana,
si ajeno riesgo escarmentarte sabe,
y no en un mar te engolfas que sembrado de los
fragmentos ves de tanta nave. Llegada al puerto venturoso, un día
los héroes cantarás a que se debe del arresto
primero la osadía;
que a veteranas filas rostro hicieron con pobre,
inculta, desarmada plebe, excepto de valor, de todo escasa;
y el coloso de bronce sacudieron, a que tres siglos
daban firme basa. Si a brazo más feliz, no más robusto, poderlo derrocar dieron
los cielos,
de Hidalgo, no por eso, y de Morelos eclipsará la
gloria olvido ingrato,
ni el nombre callarán de Guanajuato los claros
fastos de tu heroica lucha, ni de tanta ciudad, que, reducida
a triste yermo, a un enemigo infama
que, vencedor, sus pactos sólo olvida;
que hace exterminio, y sumisión lo llama.
Despierte (oh Musa, tiempo es ya) despierte algún
sublime ingenio, que levante
el vuelo a tan espléndido sujeto, y que de Popayán
los hechos cante y de la no inferior Barquisimeto,
y del pueblo también, cuyos hogares a sus orillas
mira el Manzanares; *
no el de ondas pobre y de verdura exhausto, que de
la regia corte sufre el fausto,
y de su servidumbre está orgulloso, mas el que de
aguas bellas abundoso, como su gente lo es de bellas almas, del cielo, en su
cristal sereno, pinta
el puro azul, corriendo entre las palmas de esta y
aquella deliciosa quinta;
que de Angostura
las proezas cante,
de libertad inexpugnable asilo,
donde la
tempestad desoladora
vino a estrellarse; y con süave estilo
de Bogotá los timbres diga al mundo, de Guayaquil,
de Maracaibo (ahora agobiada de bárbara cadena)
y de cuantas provincias Cauca baña, Orinoco,
Esmeralda, Magdalena,
y cuantas bajo el nombre colombiano con fraternal
unión se dan la mano.
330
335
Mira
donde contrasta sin
murallas 340
mil
porfiados ataques Barcelona.
Es un
convento el último refugio
de la arrestada, aunque pequeña, tropa
que la defiende;
en torno el enemigo,
cuantos conoce el fiero Marte, acopia 345
medios
de destrucción; ya por
cien partes
cede al batir de las tonantes bocas
el débil muro, y superior en armas
a cada brecha una legión se agolpa.
Cuanto
el valor y el
patriotismo pueden, 350
el
patriotismo y el
valor agotan;
mas
¡ay! sin fruto. Tú de aauella
escena
pintarás el horror, tú que a las sombras
belleza das. y al cuadro de la muerte
sabes encadenar la mente absorta. 355
Tú pintarás al vencedor furioso
que ni al anciano trémulo perdona,
ni a la inocente edad, y en el regazo
de la insultada
madre al hijo inmola.
Pocos reserva a vil
suplicio el hierro; 360
su rabia insana en los demás desfoga
un enemigo
que hacer siempre supo,
más que la lid,
sangrienta la victoria.
Tú
pintarás de Chamberlén
el triste
pero glorioso fin. La tierna esposa 365
herido va a buscar;
el débil cuerpo
sobre el acero ensangrentado apoya;
estréchala a su seno. “ Libertarme
de un cadalso afrentoso puede sola
la muerte (dice); este postrero abrazo 370
me la hará dulce;
¡adiós!” Cuando con pronta
herida va a matarse, ella, atajando
el brazo, alzado ya, “ ¿tú a la deshonra, tú a
ignominiosa servidumbre, a insultos
más que la
muerte horribles, me
abandonas?
Para sufrir la afrenta, falta (dice)
valor en mí; para imitarte, sobra.
Muramos ambos” . Hieren
a un tiempo
dos aceros
entrambos
pechos; abrazados mueren.
Pero, ¿al de Margarita qué otro nombre deslucirá?
¿donde hasta el sexo blando
con los varones las fatigas duras y los peligros de
la guerra parte; donde a los defensores de la patria forzoso fue, para lidiar,
las armas al enemigo arrebatar lidiando;
donde el caudillo, a quien armó Fernando de su
poder y de sus fuerzas todas para que de venganzas le saciara,
al inexperto campesino vulgo que sus falanges
denodado acosa,
el
campo deja en
fuga ignominiosa?
Ni menor prez los tiempos venideros No la domó el
valor; no al hambre cede, a la virtud darán de Cartagena,
que sus guerreros ciento a ciento siega. Nadie a
partidos viles presta oídos; cuantos un resto de vigor conservan, lánzanse al
mar, y la enemiga flota en mal seguros leños atraviesan.
Mas no el destierro su constancia abate, ni a la
desgracia la cerviz doblegan;
y si una orilla dejan, que profana
la usurpación, y las venganzas yerman, ya a verla
volverán bajo estandartes que a coronar el patriotismo fuerzan
a la fortuna, y les darán los cielos a indignas
manos arrancar la presa. En tanto, por las calles silenciosas, acaudillando
armada soldadesca, entre infectos cadáveres, y vivos
en que la estampa de la Parca impresa se mira ya,
su abominable triunfo
la restaurada inquisición pasea; con sacrilegos
himnos los altares haciendo resonar, a su honda cueva desciende enhambrecida, y
en las ansias de atormentados mártires se ceba.
¿Y qué diré
de la ciudad que ha dado
a la sagrada lid
tanto caudillo? 420
¡Ah que entre
escombros olvidar pareces,
turbio Catuche, tu camino usado! *
¿Por qué en tu margen el rumor festivo
calló?
¿Dó está la torre bulliciosa
que pregonar solía, 425
de antorchas coronada,
la pompa augusta del solemne día?
Entre las rotas cúpulas que oyeron
sacros
ritos ayer, torpes
reptiles
anidan,
y en la
sala que gozosos 430
banquetes vio y amores, hoy sacude
la grama del erial su infausta espiga.
Pero más bella y grande resplandeces
en tu desolación,
¡oh patria de héroes!
tú que, lidiando
altiva en la vanguardia 435
de la familia de Colón, la diste
de fe constante no excedido ejemplo;
y si en tu suelo desgarrado al choque
de destructivos
terremotos, pudo
tremolarse
algún tiempo la bandera 440
de los tiranos, en tus nobles hijos
viviste
inexpugnable, de los
hombres
y de los elementos vencedora.
Renacerás,
renacerás ahora;
florecerán la paz y la abundancia 445
en tus talados campos; las divinas
Musas te harán favorecida estancia,
v cubrirán de rosas tus ruinas.
¡Colombia!
¿qué montaña, qué ribera,
qué playa inhóspita, donde antes sólo 450
* Catuche.
Riachuelo que corre por la parte de Caracas en que hizo más estragos el
terremoto de 1812.
por el furor se vio de la pantera
o del caimán el suelo en sangre tinto; cuál selva
tan oscura, en tu recinto, cuál queda ya tan solitaria cima, que horror no
ponga y grima,
de humanas osamentas hoy sembrada, feo padrón del
sanguinario instinto
que también contra el hombre al hombre anima?
Tu libertad ¡cuán caro
compraste! ¡cuánta
tierra devastada!
¡cuánta familia en triste desamparo!
Mas el bien
adquirido al precio
excede.
¿Y cuánto nombre claro
no das también al templo de memoria?
Con los de Codro y Curcio el de Ricaurte vivirá,
mientras hagan el humano
pecho latir la libertad, lá gloria. Viole en
sangrientas lides el Aragua dar a su patria lustre, a España miedo; el
despotismo sus falanges dobla,
y aun no sucumbe al número el denuedo.
A sorprender se acerca una columna el almacén que
con Ricaurte guarda escasa tropa; él, dando de los suyos a la salud lo que a la
propia niega, aléjalos de sí; con ledo rostro
su intento oculta. Y ya de espeso polvo se cubre el
aire, y cerca se oye el trueno del hueco bronce, entre dolientes ayes de inerme
vulgo, que a los golpes cae del vencedor; mas no, no impunemente: Ricaurte
aguarda de una antorcha armado. Y cuando el puesto que defiende mira de la
contraria hueste rodeado,
que, ebria de sangre, a fácil presa avanza; cuando
el punto fatal, no a la venganza, (que indigna juzga), al alto sacrificio
con que llenar el cargo honroso anhela, llegado ve,
¡Viva la patria! clama; la antorcha aplica; el edificio vuela.
Ni tú de Ribas callarás la fama, a quien vio
victorioso Niquitao, Horcones, Ocumare, Vigirima,
y, dejando otros nombres, que no menos dignos de
loa Venezuela estima, Urica, que ilustrarle pudo sola,
donde de heroica lanza atravesado mordió la tierra
el sanguinario Boves, monstruo de atrocidad más que española. ¿Qué, si de Ribas
a los altos hechos dio la fortuna injusto premio al cabo? ¿Qué, si cautivo el
español le insulta? ¿Si perecer en el suplicio le hace
a vista de los suyos? ¿si su yerta cabeza expone en
afrentoso palo? Dispensa a su placer la tiranía
la muerte, no la gloria, que acompaña al héroe de
la patria en sus cadenas, y su cadalso en luz divina baña.
Así expiró también, de honor cubierto, entre
víctimas mil, Baraya, a manos
de tus viles satélites, Morillo;
ni el duro fallo a mitigar fue parte de la mísera
hermana el desamparo, que, lutos arrastrando, acompañada
de cien matronas, tu clemencia implora.
“ Muera (respondes) el traidor Baraya, y que a
destierro su familia vaya” . Baraya muere, mas su ejemplo vive. ¿Piensas que
apagarás con sangre el fuego de libertad en tantas almas grandes? Del Cotopaxi
ve a extinguir la hoguera que ceban las entrañas de los Andes. Mira correr la
sangre de Rovira,
a quien lamentan Mérida y Pamplona; y la de Freites
derramada mira,
el constante adalid de Barcelona; Ortiz, García de
Toledo expira; Granados, Amador, Castillo muere; yace Cabal, de Popayán
llorado, llorado de las ciencias; fiera bala el pecho de Camilo Torres hiere;
Gutiérrez el postrero aliento exhala; perece Pombo, que, en el banco infausto,
el porvenir glorioso de su patria
con profètico acento te revela;
no la
íntegra virtud salva a Torices;
no la modestia, no el ingenio a Caldas. . .
De luto está cubierta Venezuela, 540
Cundinamarca desolada gime,
Quito sus hijos más ilustres llora.
Pero ¿cuál
es de tu crueldad el fruto?
¿A
Colombia otra vez
Fernando oprime?
¿México a su visir postrada adora? 545
¿El antiguo tributo
de un hemisferio esclavo a España llevas?
¿Puebla
la inquisición sus
calabozos
de americanos; o españoles cortes
dan a le servidumbre formas nuevas? 550
¿De la sustancia de cien pueblos, graves
la avara Cádiz ve volver sus naves?
Colombia vence; libertad los vanos
cálculos de los
déspotas engaña;
y fecundos tus triunfos inhumanos, 555
mas que a ti de oro, son de oprobio a España.
Pudo a un Cortés, pudo a un Pizarro el mundo
la
sangre perdonar que
derramaron;
imperios con la
espada conquistaron;
mas a ti ni aun la vana, la ilusoria 560
sombra, que llama gloria
el vulgo adorador de la fortuna,
adorna;
aquella efímera victoria
que de inermes provincias te hizo dueño,
como la aérea fábrica de un sueño 565
desvanecióse,
y nada deja,
nada
a tu nación, excepto la vergüenza
de los delitos con que fue comprada.
Quien te pone con Alba en paralelo,
¡oh cuánto yerra!
En sangre bañó el suelo 570
de Batavia el ministro de Felipe;
pero si fue crüel y sanguinario,
bajo no fue;
no acomodando al vario
semblante de los tiempos su semblante,
ya desertor del
uno, 575
ya del otro partido,
sólo el de su interés siguió constante;
no alternativamente
fue soldado feroz, patriota falso;
no dio a la
inquisición su espada un día, 580
y por la libertad lidió el siguiente;
ni traficante infame del cadalso,
hizo de los indultos granjeria.
Musa, cuando las artes españolas a los futuros
tiempos recordares, víctimas inmoladas a millares; pueblos en soledades
convertidos; la hospitalaria mesa, los altares con sangre fraternal
enrojecidos; de exánimes cabezas decoradas
las plazas;
aun las tumbas ultrajadas;
doquiera que se envainan las espadas,
entronizado el tribunal de espanto,
que llama a cuentas el silencio, el llanto,
y el pensamiento
a su presencia cita,
que premia al delator con la sustancia
de la familia mísera proscrita,
y a peso de oro, en nombre de Fernando, vende el
permiso de vivir temblando; puede ser que parezcan tus verdades delirios de
estragada fantasía
que se deleita en figurar horrores;
más ¡oh de
Quito ensangrentadas paces!
¡oh de Valencia abominable jura!
¿será jamás que lleguen tus colores, oh Musa, a
realidad tan espantosa? A la hostia consagrada, en religiosa solemnidad
expuesta, hace testigo del alevoso pacto el jefe ibero; *
y entre devotas preces, que dirige
al cielo, autor de la concordia, el clero, en
nombre del presente Dios, en nombre de su monarca y de su honor, a vista
de entrambos bandos y del pueblo entero, a los que
tiene puestos ya en la lista
de proscripción, fraternidad promete. Celébrase en
espléndido banquete la paz; los brindis con risueña cara recibe. . . y ya en
silencio se prepara el desenlace de este drama infando; el mismo sol que vio
jurar las paces, Colombia, a tus patriotas vio expirando.
A ti también, Javier Ustáriz, cupo mísero fin;
atravesado fuiste
de
hierro atroz a vista
de tu esposa
que con su llanto enternecer no pudo
625
a tu verdugo, de piedad desnudo;
en la tuya y la sangre de sus hijos
a un tiempo la infeliz se vio bañada.
¡Oh Maturín!
¡oh lúgubre jornada!
¡Oh día de aflicción a Venezuela, 630
que aún hoy, de tanta pérdida preciosa,
apenas con sus glorias se consuela!
Tú en tanto en la morada de los justos
sin duda el premio,
amable Ustáriz, gozas
debido a tus fatigas, a tu celo 635
de bajos intereses desprendido;
alma incontaminada, noble,
pura,
de elevados espíritus modelo,
aun en la edad oscura
en que el premio de honor se dispensaba 640
sólo al que a precio vil su honor vendía,
y en que el rubor de la virtud, altivo
desdén y rebelión se interpretaba.
La música, la dulce poesía
¿son tu delicia ahora, como un día? 645
¿O a más
altos objetos das la mente,
y con los héroes, con las almas bellas
de la pasada edad y la presente,
conversas, y el gran libro desarrollas
de los destinos
del linaje humano, 650
y los futuros casos de la grande
lucha de libertad,
que empieza, lees,
y su triunfo universal lejano?
De mártires que dieron por la patria
la vida, el santo coro te rodea: 655
Régulo,
Trásea, Marco Bruto, Decio,
cuantos inmortaliza Atenas libre,
cuantos Esparta y el romano Tíber;
los que el bátavo
suelo y el helvecio
muriendo consagraron, y el britano; 660
Padilla, honor del nombre castellano;
Caupolicán y Guaicaipuro altivo, *
y España osado;
con risueña frente * *
Guatimozín te muestra el lecho ardiente;
* Caupolicán.
Véase el poema de Ercilla, y particularmente su canto XXXIV . Guaicaipuro.
Cacique de una de las tribus caraqueñas, que, por no entregarse a los
españoles, consintió ser abrasado vivo en su choza.
* • España. Uno de los jefes de la conspiración
tramada en Caracas y La Guaira a
fines del siglo pasado: véase el Viaje de Depons,
cap. 3, 1.1
muéstrate Gual la copa del veneno; * Luisa el
crüento azote; y tú, en el blanco seno,
las rojas muestras de homicidas balas, heroica
Policarpa, le señalas,
tú que viste expirar al caro amante con firme
pecho, y por ajenas vidas diste la tuya, en el albor temprano de juventud, a un
bárbaro tirano.
665
670
¡Miranda! de tu nombre se gloría 675
también
Colombia; defensor constante
de tus derechos; de las santas leyes,
de la severa disciplina amante.
Con reverencia ofrezco a tu ceniza
este humilde tributo, y la sagrada 680
rama a tu efigie venerable ciño,
patriota
ilustre, que, proscrito,
errante,
no olvidaste el cariño
del dulce hogar,
que vio mecer
tu cuna;
y ora blanco a las iras de fortuna, 685
ora de sus favores halagado,
la libertad americana
hiciste
tu primer voto, y tu primer cuidado.
Osaste, sólo, declarar
la guerra
a los tiranos de
tu tierra amada; 690
y desde las orillas de Inglaterra,
diste
aliento al clarín, que el largo
sueño
disipó de la América, arrullada
por la superstición. Al noble empeño
de sus patricios,
no faltó tu
espada; 695
y si, de
contratiempos asaltado
que a humanos medios resistir no es dado,
te fue el
ceder forzoso, y en cadena
a manos perecer de una perfidia,
tu espíritu no ha muerto, no; resuena, 700
resuena aún
el eco de aquel grito
con que a lidiar llamaste; la gran lidia
de que desarrollaste el estandarte,
triunfa ya, y en su triunfo tienes parte.
Tu
nombre, Girardot, también
la fama 705
hará sonar con
inmortales cantos,
* Gual.
Compañero de España; envenenado en la isla de Trinidad unpor agente del
gobierno español.
que del Santo Domingo en las orillas dejas de tu
valor indicios tantos.
¿Por qué con fin temprano el curso alegre cortó de
tus hazañas la fortuna? Caíste, sí; mas vencedor caíste;
y de la patria el pabellón triunfante sombra te dio
al morir, enarbolado sobre las conquistadas baterías,
de los usurpadores sepultura. Puerto Cabello vio
acabar tus días mas tu memoria no, que eterna dura.
Ni menos estimada la de Roscio será en la más
remota edad futura. Sabio legislador le vio el senado, el pueblo, incorruptible
magistrado, honesto ciudadano, amante esposo, amigo fiel, y de las prendas
todas
que honran la humanidad cabal dechado.
Entre las olas de civil borrasca,
el alma supo
mantener serena;
con rostro igual vio la sonrisa aleve de la
fortuna, y arrastró cadena;
y cuando del baldón la copa amarga el canario soez
pérfidamente *
le hizo agotar, la dignidad modesta de la virtud no
abandonó su frente. Si de aquel ramo que Gradivo empapa de sangre y llanto está
su sien desnuda, ¿cuál otro honor habrá que no le cuadre? De la naciente
libertad, no sólo fue defensor, sino maestro y padre.
No negará su voz divina Apolo
a tu virtud, ¡oh Piar!, su voz divina, que la
memoria de alentados hechos redime al tiempo y a la Parca avara.
Bien tus proezas Maturín declara, y Cumaná con
Güiria y Barcelona, y del Juncal el memorable día,
y el campo de San Félix las pregona, que con
denuedo tanto y bizarría las enemigas filas disputaron,
Monteverde.
pues aún postradas por la muerte guardan
el orden triple en que a la lid marcharon.
¡Dichoso, si Fortuna tu carrera 750
cortado hubiera allí, si tanta gloria
algún fatal desliz no oscureciera!
Pero ¿a dónde la vista se dirige
que monumento no halle de heroísmo?
¿La retirada que Mac Gregor rige 755
diré, y aquel puñado de valientes,
que rompe osado por el centro mismo
del poder español, y a cada huella
deja un trofeo?
¿Contaré las glorias
que Anzoátegui
lidiando gana en ella, 760
o las que de Carúpano en los valles,
o en las campañas del Apure, han dado
tanto lustre a su nombre, o como experto
caudillo, o como intrépido soldado?
¿El batallón diré que, en la reñida 765
función de
Bomboná, las bayonetas
en los pendientes
precipicios clava,
osa escalar por ellos la alta cima,
y de la fortaleza se hace dueño
que a las
armas patricias desafiaba? 770
¿Diré de Vargas
el combate insigne,
en que Rondón, de bocas mil, que muerte
vomitan sin cesar, el fuego arrostra,
el
puente fuerza, sus
guerreros guía
sobre erizados riscos que aquel
día 775
oyeron de hombres la primer pisada,
y al español sorprende, ataca, postra?
¿O citaré la
célebre jornada
en que
miró a Cedeño el
anchuroso
Caura,
y a sus
bizarros compañeros, 780
llevados los caballos de la rienda,
fiados a la boca los aceros,
su honda corriente
atravesar a nado,
y de las contrapuestas baterías
hacer huir al español pasmado? 785
Como en aquel jardín que han adornado
naturaleza y arte a competencia,
con vago revolar la abeja activa
la más sutil y delicada esencia
de las más
olorosas flores liba; 790
la demás turba deja, aunque de galas
brillante, y de süave aroma llena, y torna,
fatigadas ya las alas de la dulce tarea, a la colmena;
así el que osare con tan rico asunto medir las
fuerzas, dudará qué nombre cante primero, qué virtud, qué hazaña; y a quien la
lira en él y la voz pruebe, sólo dado será dejar vencida
de
tanto empeño alguna parte breve.
¿Pues qué, si a los que vivos todavía la patria
goza (y plegue a Dios que el día en que los llore viuda, tarde sea) no se
arredrare de elevar la idea?
¿Si audaz cantare al que la helada cima superó de
los Andes, y de Chile despedazó los hierros, y de Lima?
¿O al que de Cartagena el gran baluarte hizo que de
Colombia otra vez fuera? ¿O al que en funciones mil pavor y espanto puso, con
su marcial legión llanera, al español; y a Marte lo pusiera?
¿O al héroe ilustre, que de lauro tanto su frente
adorna, antes de tiempo cana, que en Cúcuta domó, y en San Mateo, y en el
Araure la soberbia hispana;
a quien los campos que el Arauca riega nombre
darán, que para siempre dure,
y los que el Cauca, y los que el ancho Apure; que
en Gámeza triunfó, y en Carabobo,
y en Boy acá, donde un imperio entero fue
arrebatado al despotismo ibero?
Mas no a mi débil voz la larga suma de sus
victorias numerar compete;
a ingenio más feliz, más docta pluma, su grata
patria encargo tal comete;
pues como aquel samán que siglos cuenta, * de las
vecinas gentes venerado,
que vio en torno a su basa corpulenta el bosque
muchas veces renovado, y vasto espacio cubre con la hojosa
Samán.
Especie agigantada del
género Mimosa, común
en »Venezuela.
copa, de mil inviernos victoriosa;
así tu gloria al cielo se sublima,
Libertador del pueblo colombiano;
digna de que la lleven dulce rima
y culta historia al tiempo más lejano.
LA AGRICULTURA
DE LA ZONA TORRIDA
¡S A L V E , fecunda zona,
que al sol enamorado circunscribes el vago curso, y
cuanto ser se anima en cada vario clima,
acariciada
de su luz,
concibes!
Tú
tejes al verano su guirnalda
de granadas espigas; tú la uva
das a la hirviente cuba;
no de purpúrea fruta, o roja, o gualda, a tus
florestas bellas
falta matiz alguno; y bebe en ellas aromas mil el
viento; y greyes van sin cuento
paciendo tu verdura, desde el llano que tiene por
lindero el horizonte, hasta el erguido monte,
de inaccesible nieve siempre cano.
Tú das la caña hermosa,
de do la miel se acendra,
por quien desdeña el mundo los panales; tú en urnas
de coral cuajas la almendra que en la espumante jicara rebosa; bulle carmín
viviente en tus nopales, que afrenta fuera al múrice de Tiro;
y de tu añil la tinta generosa émula es de la
lumbre del zafiro.
El vino es tuyo, que la herida agave * para los
hijos vierte
del Anahuac feliz;
y la hoja es tuya,
que, cuando
de süave
humo en espiras
vagorosas huya,
Agave. Maguey o pita (Agave americana L.) que da el pulque.
solazará el fastidio al ocio inerte.
Tú vistes de jazmines
el arbusto sabeo, *
y el perfume le das, que en los festines 35
la
fiebre insana templará
a Lico.
Para tus hijos la procera palma * *
su
vario feudo cría,
y el ananás sazona su ambrosía;
su blanco pan la yuca; * * * 40
sus rubias pomas la patata educa;
y el algodón despliega al aura leve
las rosas de oro y el vellón de nieve.
Tendida para ti la fresca parcha * * * *
en enramadas
de verdor lozano, 45
cuelga de sus sarmientos trepadores
nectáreos globos y franjadas flores;
y para ti el maíz, jefe altanero
de la espigada tribu, hincha su grano;
y para ti el banano * * * * * 50
desmaya al peso de su dulce carga;
el banano,
primero
de
cuantos concedió bellos
presentes
Providencia a las gentes
del ecuador feliz con mano
larga. 55
No ya de humanas artes obligado
el premio rinde opimo:
no es a la podadera, no al arado
deudor de su racimo;
escasa
industria bástale, cual
puede 60
hurtar a sus fatigas mano esclava;
* El café es
originario de Arabia, y el más estimado en el comercio viene todavía de aquella
parte del Yemen, en que estuvo el reino de Sabá, que es cabalmente donde hoy
está Moka.
* * Ninguna
familia de vegetales puede competir con las palmas en la variedad de productos
útiles al hombre: pan, leche, vino, aceite, fruta, hortaliza, cera, leña, cuer
das, vestido, etc.
* * * No se
debe confundir (como se ha hecho en un diccionario de grande y mere cida
autoridad) la planta de cuya raíz se hace el pan de casabe (que es la Jatropha
manihot de Linneo, conocida ya generalmente en castellano bajo el nombre de
yuca) con la yucca de los botánicos.
* * * *
Parcha. Este nombre se da en Veenzuela a las Pasifloras o Pasionarias, género
abundantísimo en especies, todas bellas, y algunas de suavísimos frutos.
* * * * * El
banano es el vegetal que principalmente cultivan para sí los esclavos de las
plantaciones o haciendas, y de que sacan mediata o inmediatamente su
subsistencia, y casi todas las cosas que les hacen tolerable la vida. Sabido es
que el bananal no sólo da, a proporción del terreno que ocupa más cantidad de
alimento que ninguna otra siembra o plantío, sino que de todos los vegetales
alimenticios, éste es el que pide menos trabajo y menos cuidado.
crece veloz, y cuando exhausto acaba, adulta prole
en torno le sucede.
Mas ¡oh!
¡si cual no cede 65
el tuyo, fértil zona, a suelo alguno,
y como de natura esmero ha sido,
de tu indolente habitador lo fuera!
¡Oh! ¡si al
falaz rüido
la dicha al fin supiese verdadera 70
anteponer, que del umbral le llama
del labrador sencillo,
lejos del necio y vano
fasto, el mentido brillo,
el ocio pestilente ciudadano! 75
¿Por
qué ilusión funesta
aquellos que fortuna hizo señores
de tan dichosa tierra y pingüe y varia,
al cuidado abandonan
y a la fe mercenaria 80
las patrias
heredades,
y en el ciego tumulto se aprisionan
de míseras
ciudades,
do la ambición proterva
sopla la llama de civiles bandos, 85
o al
patriotismo la desidia
enerva;
do el lujo las costumbres atosiga,
y combaten
los vicios
la incauta edad en poderosa liga?
No allí con varoniles ejercicios 90
se endurece el mancebo a la fatiga;
mas la salud estraga en el abrazo
de pérfida hermosura.
que pone en almoneda los favores;
mas pasatiempo estima 95
prender aleve en casto seno el fuego
de ilícitos amores;
o embebecido le hallará la aurora
en mesa infame de ruinoso juego.
En tanto a la lisonja seductora 100
del asiduo amador fácil oído
da la consorte; crece
en la materna escuela
de la disipación y el galanteo
la tierna virgen, y al delito espuela
es antes el ejemplo que el deseo. 105
¿Y será que se formen de ese modo los ánimos
heroicos denodados
que fundan
y sustentan los estados?
¿De la algazara del festín beodo,
o de los coros de liviana danza,
la dura juventud saldrá, modesta, orgullo de la
patria, y esperanza? ¿Sabrá con firme pulso
de la severa ley regir el freno.; brillar en torno
aceros homicidas en la dudosa lid verá sereno;
o animoso hará frente al genio altivo del engreído
mando en la tribuna, aquel que ya en la cuna
durmió al arrullo del cantar lascivo, que riza el
pelo, y se unge, y se atavía con femenil esmero,
y en indolente ociosidad el día,
o en criminal lujuria pasa entero? No así trató la
triunfadora Roma las artes de la paz y de la guerra; antes fio las riendas del
estado
a la mano robusta
que tostó el sol y encalleció el arado; y bajo el
techo humoso campesino los hijos educó, que el conjurado mundo allanaron al
valor latino.
¡Oh! ¡los que afortunados poseedores habéis nacido
de la tierra hermosa,
en que reseña hacer de sus favores, como para
ganaros y atraeros, quiso Naturaleza bondadosa! romped el duro encanto*
que os tiene entre murallas prisioneros.
El vulgo de las artes laborioso,
el mercader que necesario al lujo al lujo necesita,
los que anhelando van tras el señuelo del alto
cargo y del honor ruidoso, la grey de aduladores parasita, gustosos pueblen ese
infecto caos;
el campo es vuestra herencia; en él gozaos.
¿Amáis la libertad?
El campo habita,
no allá donde el magnate
entre
armados
satélites se mueve, 150
y de la moda,
universal señora,
va la razón al
triunfal carro atada,
y a la
fortuna la insensata plebe,
y el noble al aura popular adora. 155
¿O la
virtud amáis? ¡Ah, que el retiro,
la solitaria calma
en que, juez de
sí misma, pasa el alma
a las acciones muestra,
es de la
vida la mejor maestra! 160
¿Buscáis durables goces,
felicidad, cuanta es al hombre dada
y a su terreno asiento, en que vecina
está la risa al llanto, y siempre ¡ah!
siempre
donde halaga la flor, punza la espina? 165
Id a gozar
la suerte campesina;
la regalada paz, que ni rencores
al labrador, ni envidias acibaran;
la cama que mullida le preparan
el contento, el trabajo, el aire puro; 170
y el
sabor de los
fáciles manjares,
que dispendiosa gula no le aceda;
y el asilo
seguro
de sus patrios hogares
que a la salud y al regocijo hospeda. 175
El aura
respirad de la
montaña,
que vuelve al cuerpo laso
el perdido vigor, que a la enojosa
vejez retarda el
paso,
y el rostro a la beldad tiñe de rosa. 180
¿Es allí
menos blanda por ventura
de amor la
llama, que templó
el recato?
¿O menos
aficiona la hermosura
que de extranjero ornato
y afeites
impostores no se
cura? 185
¿O el corazón
escucha indiferente
el lenguaje
inocente
que los afectos sin disfraz expresa,
y a la intención ajusta
la promesa?
No del espejo
al importuno ensayo 190
la risa se compone, el paso, el gesto;
ni falta
allí carmín al rostro honesto
que la modestia y la salud colora,
ni la mirada que lanzó al soslayo
tímido amor, la
senda al alma ignora.
¿Esperaréis que forme
*93
más venturosos lazos
himeneo,
do el interés
barata,
tirano del deseo,
ajena mano y fe por nombre o plata,
que do conforme gusto, edad conforme, 200
y elección libre, y mutuo ardor los ata?
Allí también deberes
hay que llenar:
cerrad, cerrad las hondas
heridas de la guerra; el fértil suelo,
áspero ahora
y bravo, 205
al desacostumbrado yugo torne
del arte
humana, y le tribute esclavo.
Del obstrüido estanque y del molino
recuerden ya las
aguas el camino;
el intrincado bosque el hacha rompa, 210
consuma el fuego;
abrid en luengas calles
la oscuridad de su infructuosa pompa.
Abrigo den los valles
a la sedienta caña;
la manzana y la pera 215
en la fresca
montaña
el cielo olviden de su madre España;
adorne la ladera
el cafetal; ampare
a la tierna teobroma en la ribera 220
la sombra maternal de su bucare; *
aquí el vergel, allá la huerta ría. . .
¿Es ciego error de ilusa fantasía?
Ya dócil a tu voz, agricultura,
nodriza de las gentes, la caterva 225
servil armada va de corvas hoces.
Miróla ya que invade la espesura
de la floresta
opaca; oigo las
voces,
siento el rumor confuso; el hierro suena,
los golpes al lejano 230
eco redobla;
gime el ceibo anciano,
que a numerosa tropa
largo tiempo fatiga;
batido de cien
hachas, se estremece,
estalla al fin, y rinde el ancha copa. 235
• El cacao
(Theobroma cacao L.) suele plantarse en Venezuela a la sombra de árboles
corpulentos llamados bucares.
Huyó la fiera; deja el caro nido,
deja la prole implume
el ave, y otro bosque no sabido
de los humanos
va a buscar doliente. . .
¿Qué
miro? Alto torrente
de sonorosa llama
corre, y sobre las áridas rüinas de la postrada
selva se derrama.
El raudo incendio a gran distancia brama, y el humo
en negro remolino sube, aglomerando nube sobre nube.
Ya de lo que antes era
verdor hermoso y fresca lozanía, sólo difuntos
troncos,
sólo cenizas quedan; monumento
de la dicha mortal, burla del viento.
Mas al vulgo bravio
de las tupidas plantas montaraces, sucede ya el
fructífero plantío
en
muestra ufana de
ordenadas haces.
Ya ramo a ramo alcanza,
y a los rollizos tallos hurta el día; ya la primera
flor desvuelve el seno, bello a la vista, alegre a la esperanza; a la
esperanza, que riendo enjuga del fatigado agricultor la frente,
y allá a lo lejos el opimo fruto,
y la
cosecha apañadora pinta,
que lleva de los campos el tributo,
colmado el cesto, y con la falda en cinta,
y bajo el
peso de
los largos bienes
con que al colono
acude,
hace
crujir los vastos
almacenes.
¡Buen Dios!
no en vano sude,
mas a merced y a compasión te mueva
la gente agricultora
del ecuador, que del desmayo triste
con renovado aliento vuelve ahora,
y tras tanta
zozobra, ansia, tumulto,
tantos años de fiera
devastación y militar insulto,
aún más que
tu clemencia antigua
implora.
Su rústica piedad, pero sincera,
halle a tus ojos gracia; no el risueño
280
porvenir que las penas le aligera,
cual de dorado
sueño
visión
falaz, desvanecido llore;
intempestiva lluvia
no maltrate
el delicado
embrión; el diente impío 285
de
insecto roedor no
lo devore;
sañudo vendaval no lo arrebate,
ni agote al árbol el materno jugo
la calorosa sed de largo estío.
Y pues al fin te plugo, 290
árbitro de la suerte soberano,
que,
suelto el cuello
de extranjero yugo,
erguiese
al cielo el
hombre americano,
bendecida de ti se arraigue y medre
su libertad;
en el más hondo encierra 295
de los
abismos la malvada guerra,
y el miedo de la espada asoladora
al suspicaz cultivador no arredre
del
arte bienhechora,
que las familias nutre y los estados; 300
la azorada inquietud deje las almas,
deje la triste herrumbre los arados.
Asaz de nuestros
padres malhadados
expiamos la bárbara conquista.
¿Cuántas doquier la vista 305
no asombran erizadas soledades,
do cultos campos fueron, do ciudades?
De muertes, proscripciones,
suplicios, orfandades,
¿quién contará la pavorosa suma? 310
Saciadas duermen ya de sangre ibera
las sombras de Atahualpa y Moctezuma.
¡Ah!, desde el alto asiento,
en que escabel te son alados coros
que velan en pasmado acatamiento 315
la faz ante la lumbre de tu frente,
(si merece por dicha una mirada
tuya la
sin ventura humana gente),
el ángel nos envía,
el ángel de la paz, que al crudo ibero 320
haga
olvidar la antigua
tiranía,
y acatar reverente el que a los hombres
sagrado diste, imprescriptible fuero;
que alargar le
haga al injuriado hermano,
(¡ensangrentóla asaz!) la diestra inerme;
325
y si la innata mansedumbre duerme,
la despierte en el pecho americano.
El corazón lozano
que una feliz oscuridad desdeña,
que en el azar sangriento del combate 330
alborozado late,
y codicioso de poder o fama,
nobles
peligros ama;
baldón estime sólo y vituperio
el prez que de
la patria no reciba, 335
la libertad más dulce
que el imperio,
y más hermosa que el laurel la oliva.
Ciudadano el soldado,
deponga de la guerra la librea;
el ramo de victoria 340
colgado al ara
de la patria sea,
y sola
adorne al mérito la gloria.
De su triunfo entonces, Patria mía,
verá la paz el suspirado día;
la paz, a cuya vista el mundo llena 345
alma, serenidad y regocijo;
vuelve
alentado el hombre a .la faena,
alza el ancla la nave, a las amigas
auras encomendándose animosa,
enjámbrase el taller, hierve el cortijo, 350
y no basta la hoz a las espigas.
¡Oh, jóvenes
naciones, que ceñida
alzáis sobre el atónito occidente
de tempranos laureles la cabeza!
honrad el
campo, honrad la
simple vida 355
del labrador, y su
frugal llaneza.
Así tendrán en vos
perpetuamente
la libertad morada,
y freno la ambición, y la ley templo.
Las gentes a la senda 360
de la inmortalidad, ardua y fragosa,
se
animarán, citando vuestro
ejemplo.
Lo emulará celosa
vuestra posteridad; y nuevos nombres
añadiendo la fama 365
a los que
ahora aclama,
“ hijos son éstos, hijos, (pregonará a los hombres)
de los
que vencedores superaron
de los Andes
la cima;
de los que en Boyacá, los que en la arena 370
de Maipo, y en Junín, y en la campaña
gloriosa de Apurima,
postrar supieron al león- de España” .
(Textos,
con grafía regular,
en Andrés Bello,
Poesías, ed.
de Fernando
Paz Castillo, Caracas, 1952).
José María Heredia
( 1803- 1839)
J O SÉ M A R ÍA H E R E D IA es el testimonio
incontestable de como las circuns tancias pueden llevar a fijar un destino.
Dentro de la obligada serie de paralelos, proximidades y diferencias entre
Bello, Olmedo y Heredia, éste, que nace ya en el nuevo siglo, tuvo una vida
mucho más breve que los otros dos (no alcanzó los 36 años) y tampoco tuvo la
fortuna de ver a su patria libre. Sin embargo, o quizás por ello, el tema
patriótico tiene en Heredia una persistencia que, naturalmente, no tiene en
Bello y Olme do. Bien es cierto que el tema patriótico aparece en Heredia como
nos talgia, como corriente motivo para execrar a los tiranos (políticos y re
ligiosos), como ansia de libertad para Cuba. Agreguemos, en fin, un
temperamento ardiente, que, ante la imposibilidad de éxito, por un lado, y
obligado, por otro, debe resignarse a vivir fuera de la patria. Fuera de ella
pero siempre cerca (Estados Unidos y México), como si, aún en las
circunstancias adversas, en la dureza de los climas y en la salud delicada,
alentara siempre la esperanza de una Independencia que, por lo visto, debía
obtenerse muchos años después.
La relativamente breve vida de Heredia es la vida
de un hombre a quien las vicisitudes — repito— obligaron desde temprano al
camino del destierro. El destierro, sobre todo en los largos años de México,
hace que allí pueda desarrollar una fecunda campaña de magistrado, jalonada con
cargos de importancia en la naciente República Mexicana. Pero es justo decir
que su pensamiento estuvo siempre en Cuba, en su patria, tal como se trasunta
en sus poesías, y tal como se ve con claridad en las nutridas páginas de su
epistolario, aparte de otras muestras menos persistentes.
Unos pocos datos biográficos. José María Heredia
nació en Santiago de Cuba, el 31 de diciembre de 1803. Con motivo de diversos
cargos de su padre, el magistrado José Francisco Heredia, José María realizó
estu dios en Caracas, México y La Habana. Aquí, en 1821, se recibió de
bachiller en leyes, y, en 1823, de abogado en la ciudad de Santa María
de Puerto Príncipe. Poco después, acusado de
conspiración, como miem bro de los “Caballeros racionales”, abandonó Cuba.
Se dirigió a los Estados Unidos, y en el norte
vivió en Boston, en Nueva York y en el Estado de New Haven. En 1825, como
sufría horriblemente el frío de los Estados Unidos, se dirigió a México. Allí
fue bien acogido por el Presidente Guadalupe Victoria e inició una serie de
cargos públicos que sólo cesaron con su muerte. En México se casó con Jacoba
Yáñez (1827). En este país dirigió una serie de periódicos (El Iris, de México;
La Miscelánea, de Tlalpam; El Conservador, de To-luca). Heredia murió en México,
el 7 de mayo de 1839.
La supervivencia literaria de Heredia se apoya en
sus obras poéticas, en particular lo que significan como difusión las dos
ediciones publi cadas en vida del autor (1• ed., Nueva York, 1825; 2? ed.,
“corregida y aumentada”, Toluca, 1832, 2 tomos). Aunque este fundamental sector
sigue siendo la base de su prestigio, mucho se ha hecho en nuestro siglo por
llamar la atención sobre las virtudes críticas de Heredia. De tal manera, no
resulta en nuestros días exagerado asignarle un lugar de privilegio entre los críticos
de lengua españoles anteriores a Menéndez Pelayo.
Los artículos críticos de Heredia nos llevan, claro
está, a su prosa. Y dentro de la prosa, aunque en lugar inferior, hay que
colocar sus dis cursos y escritos políticos, así como su interesante
epistolario. En cambio, no ha sobrevivido mayormente la producción dramática
del poeta cuba no. Dejemos a un lado que esta labor se reduce, prácticamente,
a traduc ciones y “arreglos” (algunos de ellos, perdidos). Lo concreto es que
este sector no se diferencia de la letra muerta que caracteriza a tantos intentos
semejantes y contemporáneos a los de Heredia.
La obra lírica de Heredia se centra en unos pocos
años. De 1817 son los primeros poemas conocidos a los que el autor confiere
alguna ma durez. (Esto deja fuera composiciones escolares — alguna de 1813— y
primeros ensayos y fábulas). Pero de 1817, o, mejor aún, de 1819, es lícito
hablar de decoroso comienzo, tal como el propio Heredia lo reco noció al
reunir la edición de Nueva York. Por otro lado, la edición de Toluca, de 1832,
nos da casi toda su obra lírica: faltan sólo los Ultimos versos, publicados en
el Noticioso y lucero, de La Habana (25 de octu bre de 1839), y alguna otra
composición suelta.
Las fechas citadas subrayan con nitidez lo que
digo. Permiten, a su vez, comprender por qué no hay en su poesía cambios
fundamentales, aunque haya diferencias e incorporaciones que no pueden
olvidarse. En este sentido, las dos ediciones mencionadas (la de Nueva York, de
1825, y la de Toluca, de 1832) constituyen elementos ineludibles para el estu
dio. Lo son porque, como señalo, abarcan la casi totalidad y lo esencial de su
obra, y porque, sin mostrar cambios rotundos, permiten descubrir, aparte de las
incorporaciones, variantes en relación a las poesías publi cadas en la edición
de 1825. Tal el caso, importante en tazón de la tras
cendencia de los poemas, Niágara y En el teocalli
de Cholula. La edición de 1832 presenta como aportes valiosos, en cotejo con la
primera edición, algunas poesías como las tituladas La vuelta al sur y A la
estrella de Venus. Vero, en general, no ofrece, repito, novedades
extraordinarias.
Las poesías que han cimentado el prestigio
literario de Heredia son, indudablemente, Niágara y En el teocalli de Cholula.
El canto al Niágara es el poema que mejor brilla en la edición de 1825, pero
creo — de acuer do con Menéndez Pelayo, Chacón y Calvo, y muchos otros— que la
poe sía que nos da más acabadamente la dimensión de Heredia es En el teo
calli de Cholula, tal como la leemos en su versión definitiva (la de 1832). Con
todo, y para no perdernos en gratuitos torneos, cabe admitir que los dos reflejan
las mejores virtudes poéticas de Heredia.
El Niágara fue escrito por Heredia en 1824, después
de conocer los famosos saltos. Está probado que, entre otras cosas, influyó en
la curiosi dad y deseo de Heredia la lectura de Atala, de Chateaubriand, en
cuyo epílogo aparece una muy conocida descripción de las cataratas. Pero la
contemplación directa de los saltos, al superar ostensiblemente la visión
literaria, determinó un rapto de entusiasmo y la inmediata elaboración del
poema.
El punto de partida y leitmotiv de la obra está en
la descripción del torrente y su posterior caída. Pero, no menos, el canto
exalta la presencia de Dios reflejada en aquella maravilla de la naturaleza.
Estos son los dos ejes que sostienen el poema. Ligada a ellos, la inevitable,
emocionada evocación de la patria distante.
En el teocalli de Cholula es no sólo un gran poema
de Heredia, sino que constituye un ejemplo, no muy común en la época, de
elaboración literaria. El poema que nosotros conocemos no es exactamente el
poema escrito en 1820, que llevaba hasta otro título: Fragmentos descriptivos
de un poema mexicano. En la edición de 1832 aparece ya con el título defi
nitivo y con 150 versos (en relación a los 94 versos de la primera edición).
Espacio y tiempo determinan las dos direcciones
fundamentales del poema. En primer lugar, la visión de la naturaleza próxima a
la pirámide. Después, los colores se apagan y la noche trae la meditación. Al
espesarse las sombras, el poeta siéntese más apegado al reducto que el templo
indí gena ofrece. El teocalli, ruina erguida del antiguo monumento indígena,
es el vehículo para su viaje a través del tiempo. Es el teocalli el que dirige
la meditación, meditación evocativa del pueblo que lo levantó y, particular y
explicablemente, de su religión.
En el teocalli de Cholula fija artísticamente el
tema de la meditación ante las ruinas. En 1825 — y en versos de un ambicioso
poema, Placeres de la melancolía, que quedó inconcluso— Heredia explicó, junto
a planes futuros, el poder evocador de los monumentos y las ruinas de la
antigüe dad. Debemos sospechar que la lectura reciente y repetida de Volney
(Las ruinas de Palmira) y de Chateaubriand (sobre todo, El genio del Cristia-
nismcO es en él, como en otros contemporáneos
hispánicos, estímulo im portante.
Por otra parte, la rememoración histórica de los
aztecas (y, en gene ral, del indio americano) tuvo en Heredia dos fases: una,
marcada por el Teocalli, en que fustiga la superstición y la crueldad indígena;
otra, pos terior y con más abundantes ejemplos, en que se exalta a los reyes
azte cas, y su raza, como símbolo de la libertad, de la lucha contra España.
Testimonio valioso es la oda A los habitantes de Anáhuac. Pero En el teocalli
de Cholula es poema en que prevalece el cristiano sobre el pa triota.
En los últimos años se ha debatido con renovados
argumentos el problema de la situación de Heredia en relación al romanticismo.
Mejor dicho, la justificación de estos estudios consiste en querer mostrar que
Heredia no es un escritor que está a mitad de camino entre clasicismo y
romanticismo (una mitad de camino que no tiene por qué estar en el medio
exacto), sino que está en una ya decidida posición de iniciador.
Yo veo que en Heredia luchan, pugnan ideales y
modelos neoclasicis-tas con lecturas y modelos románticos (lecturas más
cercanas y, natural mente, novedosas). La importancia que adquiere esto último
hace que Heredia sea, sin ninguna duda, el escritor de comienzos del siglo que
más se acerca a los típicos románticos. Pero, como esas inclinaciones se con
trapesan con obras decididamente neoclasicistas (obras que, sabemos, es cribe
al mismo tiempo o cerca de aquellas declaradas “ románticas”), la obra total de
Heredia nos produce esa sensación de pugna o lucha a que me referí. Por
supuesto, acepto que Heredia es el “precursor” inmediato, y, repito, el que más
se acerca al romanticismo “de escuela” que preva lece rotundamente en
Hispanoamérica después de 1830.
Creo comprender los desvelos de algunos críticos de
Heredia, con vencidos, sin duda, de una “ley de progreso” literario. Situación
que, por otra parte, reproduce ejemplos paralelos en otros momentos de
iniciación. Para esos críticos, el posible romanticismo de Heredia supone, por
lo común y sin más explicaciones, mayor jerarquía estética que el neoclasicis
mo que pueda observarse en él, sin entrar ahora a distinguir dudosos ras gos
de escuela.
No se repara en que un buen neoclasicista vale más
que un mediano romántico, en que un buen romántico vale más que un mediano
moder nista. . . y, por supuesto, Heredia está por encima de Echeverría, si
tiene algún valor el ejemplo. Este comentario, elemental y redundante, se jus
tifica — creo— ante la identificación que se establece a menudo entre valores
poéticos y prioridades cronológicas. Identificación, sabemos, harto discutible.
En fin, llegamos, por último, a otra consideración necesaria: este ir y venir
acerca del neoclasicismo y romanticismo de poetas como Heredia se justifica
siempre que no distorsiona los valores esenciales de su obra, diluidos con
frecuencia —lo vemos— en líneas y frondosidades que sólo de manera tangencial
tienen contacto con aquellos valores.
BIBLIOGRAFIA
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EN EL TEOCALLI DE CHOLULA
¡C U Á N T O
es bella la tierra que habitaban
los aztecas valientes! En su seno en una estrecha
zona concentrados, con asombro se ven todos los climas
que hay desde el Polo al Ecuador. Sus llanos cubren
a par de las doradas mieses las cañas deliciosas. El naranjo
y la piña
y el plátano
sonante,
hijos del suelo equinoccial, se mezclan y de
Minerva el árbol majestuoso. Nieve eternal corona las cabezas
de Iztaccihual purísimo, Orizaba a la frondosa vid,
al pino agreste
y Popocatepetl, sin que el invierno, toque jamás
con destructora mano los campos fértilísimos, do ledo los mira el indio en
púrpura ligera y oro teñirse, reflejando el brillo del sol en occidente, que
sereno en yelo eterno y perennal verdura a torrentes vertió su luz dorada,
y vio a Naturaleza conmovida
con su dulce calor hervir en vida.
Era la tarde;
su ligera brisa
las alas en silencio ya plegaba
y entre la hierba y árboles dormía mientras el
ancho sol su disco hundía detrás de Iztaccihual. La nieve eterna, cual disuelta
en mar de oro, semejaba temblar en torno de él; un arco inmenso que del empíreo
en el cénit finaba, como espléndido pórtico del cielo,
de luz vestido y centellante gloria, de sus últimos
rayos recibía
los colores riquísimos. Su brillo desfalleciendo
fue; la blanca luna y de Venus la estrella solitaria en el cielo desierto se
veían. ¡Crepúsculo feliz! Hora más bella que la alma noche o el brillante día,
¡cuánto es dulce tu paz al alma mía!
Hallábame sentado en la famosa Cholulteca pirámide.
Tendido
el llano inmenso que ante mí yacía, los ojos a
espaciarse convidaba.
¡Qué silencio! ¡Qué paz! ¡Oh! ¿Quién diría que en
estos bellos campos reina alzada
la bárbara opresión, y que esta tierra brota mieses
tan ricas, abonada
con sangre de hombres, en que fue inundada por la
superstición y por la guerra. . ?
Bajó la noche en tanto. De la esfera el leve azul,
oscuro y más oscuro
se fue tornando; la movible sombra de las nubes
serenas, que volaban por el espacio en alas de la brisa, era visible en el
tendido llano. Iztaccihual purísimo volvía del argentado rayo de la luna
el plácido fulgor, y en el oriente,
bien como puntos de oro centelleaban
mil estrellas y mil. . . ¡Oh! ¡Yo os saludo,
fuentes de luz, que de la noche umbría ilumináis el velo
y sois del firmamento poesía!
Al paso que la luna declinaba,
y al ocaso fulgente descendía,
con lentitud la sombra se extendía del
Popocatepetl, y semejaba fantasma colosal. El arco oscuro
a mí llegó, cubrióme, y su grandeza fue mayor y
mayor, hasta que al cabo en sombra universal veló la tierra.
Volví los ojos al volcán sublime, que, velado en
vapores transparentes, sus inmensos contornos dibujaba de occidente en el
cielo.
¡Gigante del Anáhuac! ¿cómo el vuelo de las edades
rápidas no imprime alguna huella en tu nevada frente? Corre el tiempo veloz,
arrebatando años y siglos, como el norte fiero precipita ante sí la muchedumbre
de las olas del mar. Pueblos y reyes
viste hervir a tus pies, que combatían 85
cual ora combatimos, y llamaban
eternas sus ciudades, y creían
fatigar a la tierra con su gloria.
Fueron: de
ellos no resta ni memoria.
¿Y tú eterno
serás? Tal vez un día 90
de tus profundas bases desquiciado
caerás; abrumará tu gran ruina
al yermo Anáhuac; alzaránse en ella
nuevas
generaciones, y orgullosas,
que fuiste negarán. . . 95
Todo perece
por ley universal.
Aun este mundo
tan bello y tan brillante que habitamos,
es el cadáver
pálido y deforme 100
de otro mundo que fue. . . *
En tal contemplación
embebecido
sorprendióme el sopor. Un largo sueño,
de glorias engolfadas y perdidas
en la profunda noche de los tiempos,
descendió sobre mí. La agreste pompa l°5
de los reyes aztecas desplegóse
a mis ojos atónitos. Veía
entre la muchedumbre silenciosa
de emplumados caudillos levantarse
el déspota salvaje en rico trono, 110
de oro, perlas y plumas recamado;
y al son de caracoles belicosos
ir lentamente caminando al templo
la
vasta procesión, do
la aguardaban
sacerdotes horribles, salpicados 115
con sangre humana rostros y vestidos.
Con profundo estupor el pueblo esclavo
las bajas frentes en el polvo hundía,
y ni mirar a su señor osaba,
de cuyos ojos férvidos brotaba 120
la saña del poder.
Tales ya fueron
tus monarcas, Anáhuac, y su orgullo,
Aparte de otras variantes, la primera versión de
este poema terminaba así.
su vil superstición y tiranía
en el abismo del no ser se hundieron. Sí, que la
muerte, universal señora, hiriendo a par al déspota y esclavo, escribe la
igualdad sobre la tumba. Con su manto benéfico el olvido
tu insensatez oculta y tus furores a la raza
presente y la futura. Esta inmensa estructura
vio a la superstición más inhumana en ella
entronizarse. Oyó los gritos de agonizantes víctimas, en tanto
que el sacerdote, sin piedad ni espanto, les
arrancaba el corazón sangriento; miró el vapor espeso de la sangre subir
caliente al ofendido cielo,
y tender en el sol fúnebre velo, y escuchó los
horrendos alaridos con que los sacerdotes sofocaban el grito de dolor.
Muda y desierta
ahora te ves, pirámide. ¡Más vale que semanas de
siglos yazcas yerma, y la superstición a quien serviste
en el abismo del infierno duerma! A nuestros nietos
últimos, empero, selección saludable; y hoy al hombre que ciego en su saber
fútil y vano
al cielo, cual Titán, truena orgulloso, sé ejemplo
ignominioso
de la demencia y del furor humano.
NIAGARA
T E M P L A D mi
lira, dádmela, que siento
en mi alma estremecida, y agitada
arder la inspiración. ¡Oh!
¡cuánto tiempo
en tinieblas pasó, sin que mi frente
brillase con su luz. . . ! Niágara undoso,
tu
sublime terror sólo
podría
tornarme el don divino, que ensañada
me robó del dolor la mano impía.
Torrente prodigioso, calma, calla tu trueno
aterrador: disipa un tanto las tinieblas que en torno te circundan; déjame
contemplar tu faz serena,
y de entusiasmo ardiente mi alma llena. Yo digno
soy de contemplarte: siempre lo común y mezquino desdeñando, ansié por lo
terrífico y sublime. Al despeñarse el huracán furioso,
al retumbar sobre mi frente el rayo, palpitando
gocé: vi al Océano, azotado por austro proceloso, combatir mi bajel, y ante mis
plantas vórtice hirviente abrir, y amé el peligro. Mas del mar la fiereza en mi
alma no produjo
la profunda impresión que tu grandeza.
Sereno corres, majestuoso; y luego en ásperos
peñascos quebrantado,
te abalanzas violento, arrebatado, como el destino
irresistible y ciego ¿qué voz humana describir podría de la sirte rugiente
la aterradora faz? El alma mía en vago pensamiento
se confunde al mirar esa férvida corriente,
que en vano quiere la turbada vista en su vuelo
seguir al borde oscuro del precipicio altísimo: mil olas, cual pensamiento
rápidas pasando chocan, y se enfurecen,
y otras mil y otras mil ya las alcanzan, y entre
espuma y fragor desaparecen.
¡Ved! ¡llegan, saltan! El abismo horrendo devora
los torrentes despeñados:
crúzanse en él mil iris, y asordados vuelven los
bosques el fragor tremendo. En las rígidas peñas
rómpese el agua: vaporosa nube con elástica fuerza
llena el abismo en torbellino, sube, gira en torno,
y al éter luminosa pirámide levanta,
y por sobre los montes que le cercan al solitario
cazador espanta.
Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista
con inútil afán?
¿Por qué no miro 55
alrededor de
tu caverna inmensa
las palmas ¡ay! las palmas deliciosas,
que en las llanuras de mi ardiente patria
nacen del sol a
la sonrisa, y crecen,
y al soplo de las brisas del Océano, 60
bajo un cielo purísimo se mecen?
Este recuerdo a mi pesar me viene. . .
nada ¡oh
Niágara! falta a tu destino,
ni otra corona que el agreste pino
a tu terrible majestad conviene. 65
La palma, y mirto, y delicada rosa,
muelle placer
inspiren y ocio blando
en frívolo jardín: a ti la suerte
guardó más digno objeto, más sublime.
El alma libre, generosa, fuerte, 70
viene, te ve, se asombra,
el mezquino deleite menosprecia
y aun se siente elevar cuando te nombra.
¡Omnipotente Dios! En otros climas
vi monstruos execrables, 75
blasfemando tu
nombre sacrosanto,
sembrar error y fanatismo impío,
los campos inundar en sangre y llanto,
de hermanos atizar
la infanda guerra,
y desolar frenéticos la tierra, 80
vilos, y el pecho se inflamó a su vista
en grave indignación. Por otra
parte
vi mentidos filósofos, que osaban
escrutar tus misterios,
ultrajarte,
y de impiedad al lamentable abismo 85
a los míseros hombres arrastraban.
Por eso te buscó mi débil mente
en la sublime soledad: ahora
entera se abre a ti; tu mano siente
en esta inmensidad que me circunda, 90
y tu profunda voz hiere mi seno
de este raudal en el eterno trueno.
¡Asombroso
torrente!
¡Cómo tu vista el ánimo enajena, y de terror y
admiración me llena! ¿Do tu origen está? ¿Quién fertiliza por tantos siglos tu
inexhausta fuente? ¿Qué poderosa mano
hace que al recibirte
no rebose en la tierra el Océano?
Abrió el Señor su mano omnipotente; cubrió tu faz
de nubes agitadas,
dio su voz a tus aguas despeñadas, y ornó con su
arco tu terrible frente. ¡Ciego, profundo, infatigable corres, como el torrente
oscuro de los siglos
en insondable eternidad. . .! ¡Al hombre huyen así
las ilusiones gratas,
los florecientes días,
y despierta
al dolor. . .! ¡Ay! agostada yace mi juventud; mi faz, marchita;
y la profunda pena que me agita ruga mi frente, de
dolor nublada.
Nunca tanto sentí como este día mi soledad y mísero
abandono
y lamentable
desamor. . . ¿Podría en edad borrascosa
sin amor ser feliz? ¡Oh! ¡si una hermosa mi cariño
fijase,
y de este abismo al borde turbulento mi vago
pensamiento
y ardiente admiración acompañase! ¡Cómo gozara,
viéndola cubrirse de leve palidez, y ser más bella en su dulce terror, y
sonreírse
al sostenerla mis amantes brazos. . .! ¡Delirios de
v irtu d ...! ¡Ay! ¡Desterrado, sin patria, sin amores,
sólo miro ante mí llanto y dolores!
¡Niágara poderoso!
¡Adiós! ¡Adiós! Dentro de pocos años ya devorado
habrá la tumba fría
a tu débil cantor. ¡Duren mis versos cual tu gloria
inmortal! ¡Pueda piadoso
viéndote
algún viajero,
dar un suspiro a la memoria mía! Y al abismarse
Febo en occidente, feliz yo vuele do el Señor me llama, y al escuchar los ecos
de mi fama, alce en las nubes la radiosa frente.
PLACERES DE LA MELANCOLIA
Yo lloraré, pero amaré mi
Y amaré mi dolor.
QUINTANA
FRAGMENTOS
I
N O E S dado al hom bre de su débil frente las
penas alejar y los dolores,
ni por cam pos de m irtos y de flores dirigir el
torrente de la vida.
De las pasiones el aliento ardiente la enajena tal
vez, y breves horas, en ilusiones férvidas perdido,
osa creerse feliz. ¿Quién no ha sufrido la fiebre
del amor, ni qué alma helada no probó la dulzura emponzoñada que en el beso
fatal vierte Cupido?
Yo adoré le beldad: cual sol de vida lució a mis
ojos, y bebía encendido el cáliz del amor hasta las heces, mi alma fogosa,
turbulenta y fiera, en todos sus placeres y deseos al extremo voló; tibias
pasiones
nunca en ella cupieron... Mas ¡ay! pronto siguió a
los goces y delirio mío
la saciedad, el tedio devorante, como sigue de
otoño al sol brillante
el del
invierno pálido y som brío.
Tal es la suerte del mortal cuitado: agitarse y
sufrir, después que siente el rigor de su pecho quebrantado
por su excesivo ardor, que al fin agota del
sentimiento la preciosa fuente.
¿Qué hará el triste? Las flores de la vida al soplo
abrasador de las pasiones marchitas sentirá. Doquier que mire será el mundo a
sus ojos un desierto,
y el misterioso abismo de la tumba será de su
esperanza único puerto. Así el piloto en tempestuosa noche sólo distingue entre
su denso velo el mar furioso y el turbado cielo.
Entonces tú, gentil Melancolía, serás bálsamo dulce
que suavice su árido corazón y le consuele
más que el plácido llanto de la noche a la agotada
flor. Yo tus placeres voy a cantar, y tu favor imploro. Ven: tonos blandos a mi
voz inspira; enciéndala tu aliento, y de mi lira templa con languidez las
cuerdas de oro.
¿Quién, en adversa o próspera fortuna, no se
abandona al vago pensamiento, cuando suspira de la tierra el viento
y de Cuba en el mar duerme la luna? ¿Quién no ha
sentido entonces dilatarse su corazón, y con placer llevarse
a mil cavilaciones deliciosas
de ventura y amor? ¡Con qué deleite en los campos
bañados por la luna siguen nuestras miradas pensativas
la sombra de las nubes fugitivas en océano de luz
puro y sereno!
¿Qué encanto hay en la calma de la noche, del hondo
mar en la distante furia,
que halaga el corazón? Melancolía, tú respiras
allí: tu faz amable, velada entre vapores transparentes, sonríe con ternura al
que en tu seno busca la paz, y al que de penas lleno se acoge a ti, con mano
compasiva del rostro enjugas el sudor y llanto; mas la disipación furiosa, en
tanto, en sus bailes y juegos y festines
hacer beber de tedio triste copa,
70
a los que por su halago seducidos
buscan entre sus pérfidas caricias
gozo y felicidad. Mustios, rendidos,
maldecirán al sol, y a su sueño ansioso
la frente atormentada reclinando, 75
la suerte trocarán del bello día.
¡Ansia falaz, funesta, cómo impía
me desecaste
el corazón! ¡Oh
tiempo
de ceguedad y de furor. . .! Insano,
de tormento
sin fin buscaba dicha, 80
en su eterna turbación. . . Empero
a mis ojos el sol brilla más puro
desde que ya, más cuerdo, no alimento
de mi sangre el ardor calenturiento
soñando gozos y placer futuro, 85
de la grata ilusión perdí el encanto,
pero hallé de la paz el bien seguro.
II
Dulce es la soledad, en que su trono
asienta
la feliz Melancolía.
Desde la
infancia venturosa mía 90
era mi amor. Aislado, pensativo,
gustábame vagar en la ribera
del ancho mar. Si los airados vientos
su seno hinchaban en tormenta fiera,
mil pensamientos
vagos, tumultuosos 95
me agitaban también; pero tenía
deleite inexplicable, indefinido
aquella confusión. Cuando la calma
reinaba en torno, y el espejo inmenso
del sol en occidente reflejaba 100
la noble imagen en columna de oro,
yo en éxtasis feliz la contemplaba,
y eran
mis escondidos pensamientos
dulces, como el silencio de los campos
de la luna en la luz. Y los pedantes, 105
azotes de la infancia, que querían
subyugar mi razón a sus delirios,
fieros amenazándome decían:
“ Este niño holgazán y vagabundo siempre necio ha
de ser” . Y yo temblaba,
mas no los maldecía, 110
sino de ellos huía,
y en mi apacible soledad lloraba.
III
¡Oh! ¡si Dios, de mis males apiadado, las alas de
un espíritu me diera!
¡Cuál por los campos del espacio huyera de este
mundo tan bello y desdichado! ¡Oh! ¡si en él a lo menos me ofreciera una mujer
sensible, que pudiera
fijar mi corazón con sentimientos menos vivos tal
vez, menos violentos
que los que enciende Amor, pero más dulces y
duraderos! En su ingenua frente el candor y la paz me sonreirían:
de este exceso de vida que me agobia
me aliviara su amor. Su voz piadosa,
de aqueste pecho en la profunda herida
bálsamo de consuelo derramara,
y su trémulo acento disipara
las
tinieblas de mi alma entristecida.
Encarnación de mi ideal esposa,
¡cómo te adoraré. . .! No por más tiempo me hagas
ansiarte y suspirar en vano; mira que vuela mi verdor lozano
¡ay! ¡ven,
y escucha mi rogar piadosa. . .!
IV
¿Quién placer melancólico no goza al ver al tiempo
con alada planta los días, los años y los siglos graves precipitar en el abismo
oscuro
de lo que fue? Las épocas brillantes recorro de la
historia. . . ¡Qué furores! ¡Cuadro fatal de crímenes y errores! Doquier en
sangre tíñense las manos: los hombres fascinados o furiosos
ya son juguetes viles de facciosos, ya siervos
miserables de tiranos. Pueblos a pueblos el dominio ceden; y del orbe
sangriento, desolado, desaparecen, como en mar airado las olas a las olas se
suceden.
De Babilonia, Menfis y Palmira
150
entre los mudos restos, el viajero
se horroriza de ver su estrago fiero,
y con profunda lástima suspira.
¡Campos americanos!
en vosotros 155
lágrimas verterá. ¿Qué pueblo ignora
vuestro nombre y desdicha? Circundado
por tenebrosa nube un hemisferio,
ocultábase
al otro; mas osado
forzó Colón el borrascoso imperio 160
del Océano feroz. La frágil nave
por los yermos de un mar desconocido
en silencio volaba;
la vil chusma,
pálida, yerta, con terror profundo,
a la patria querida 165
tornaba ya la resonante prora,
cuando a sus ojos refulgente aurora
las playas reveló del Nuevo Mundo.
¡Hombres feroces! la severa historia
en páginas sangrientas eterniza 170
de sus atrocidades la memoria.
Al esfuerzo
terrible de su espada
cayó el templo del Sol, y el trono altivo
de Acamapich. . .
Las infelices sombras
de los reyes aztecas olvidados 175
a evocar me atreví sobre sus tumbas,
y del polvo a mi voz se levantaron
y su inmenso dolor me revelaron.
¿Dó fue la raza candorosa y pura
que las
Antillas habitó?. . . La hiere 180
del vencedor el hierro furibundo:
tiembla, gime, perece,
y, como
niebla al sol, desaparece.
Sediento de saber infatigable,
del Tíber, del Jordán y del Eurotas 185
las aguas beberé, y en sus orillas,
asentado en escombros solitarios
de quebrantadas míseras naciones,
me daré a meditar:
altas lecciones,
altos
ejemplos sacará mi mente 190
de su desolación:
¡cuánto es sublime
la voz de los sepulcros y ruinas!
Allí tu inspiración pura y solemne,
¡oh Musa del saber! mi voz anime.
Y tú
también, genial Melancolía,
me seguirás
doquiera suspirando, 195
o en mi lecho tu frente reclinando
harás a mi descanso compañía.
V
¡Cuánto es plácida y tierna la memoria
de los que amamos, cuando ya la muerte
a nuestro amor los arrancó! La tumba 200
encierra las inmóviles cenizas;
los ligeros espíritus pasean
en el aire sereno de la noche
en torno de los que aman, y responden
a sus dulces recuerdos y suspiros, 2°5
en misteriosa comunión. Creedme;
no lo dudéis:
por esto son tan dulces
las solitarias
lágrimas vertidas
en la tumba del padre, del esposo
o del amante, y el herido pecho 21°
ama su llanto y su dolor piadoso.
¡Oh tú, que para mí fuiste en la tierra
de Dios augusta imagen! ¡Cuántas horas,
desde el momento que cerró tu vida,
por mí pasaron, llenas de amargura 215
y de intenso dolor! Sombra querida
del mejor de los padres, en el cielo
recibe de mi pecho lastimado
la eterna gratitud. Mi dócil mente
con atención
profunda recogía, 220
de tu boca
elocuente en las palabras,
el saber, la verdad: aun de tu frente
en la serena majestad leía
altas lecciones de virtud. Tus pasos,
tus miradas, tu voz, tus pensamientos 225
eran paz y virtud. ¡Con qué dulzura
de mi pecho impaciente reprimías
el ardimiento, la fiereza. . . ! El
cielo
contra el ciego furor de los malvados
sirviéndote de asilo, me dejara 250
entre borrascas mil. . . ¡Ay! a
lo menos
iré a morir en tu sepulcro, y junto
a tu polvo sagrado
reclinaré mi polvo atormentado,
que al eco de tres sílabas funestas
aun allí temblará. Mas tu memoria
será, mientras respire, mi consuelo,
y grato y dulce el solitario llanto
que la consagre, más que gozo alguno
del miserable suelo:
¡No me abandones, padre, desde el cielo!
VI
¡Patria. . .! ¡Nombre cual triste delicioso al
peregrino mísero, que vaga
lejos del suelo que nacer le viera! ¡Ay! ¿Nunca de
sus árboles la sombra refrescará su dolorida frente? ¿Cuándo, en la noche, el
músico ruido de las palmas y plátanos sonantes vendrá feliz a regalar mi oído?
¡Cuántas dulzuras ¡ay! se desconocen hasta perderse! No: nunca los campos de
Cuba parecieron a mis ojos
de más beldad y gentileza ornados, que hoy a mi
congojada fantasía. ¡Recuerdo triste de maldad y llanto! Cuando esperaba paz el
alma mía, redobló la Fortuna sus rigores,
y de persecución y de furores pasó tronando el
borrascoso día. Desde entonces mis ojos anhelantes miran a Cuba, y a su nombre
solo
de lágrimas se arrasan. Por la noche, entre el
bronco rugir del viento airado, suena el himno infeliz del desterrado o si el
Océano inmóvil se adormece
de junio y julio en las ardientes calmas, ansioso
busco en la distante brisa la voz de sus arroyos y sus palmas.
¡Oh! no me condenéis a que aquí gima, como en
huerta de escarchas abrasada
se marchita entre vidrios encerrada la planta
estéril de distinto clima. Mi entusiasmo feliz yace apagado: en mis manos ¡oh
lira! te rompiste,
235
245
250
255
260
265
¿cuando sopla del norte el viento triste,
275
puede algún corazón no estar helado?
¿Do están las brisas de la fresca noche,
de la mágica luna inspiradora
el tibio resplandor, y del naranjo
y del mango
suavísimo el aroma? 280
¿Dónde las nubecillas, que flotando
en el azul sereno de la esfera,
islas de paz y
gloria semejaban?
Tiene la noche aquí su oscuro velo:
el mundo se adormece inmóvil, mudo, 285
y el aire punza, y bajo el filo agudo
del velo
afinador centella el cielo.
Brillante está a los ojos, pero frío,
frío como la muerte. Yo lo admiro,
mas no lo puedo amar, porque me mata, 290
y por el sol del trópico suspiro.
Vuela, viento del norte, y a los campos
de mi patria
querida
lleva mi llanto, y a mi madre tierna,
murmura mi dolor. . . 295
VII
A ti me acojo, fiel Melancolía.
Alivia mi penar;
a ti consagro
el resto
de mi vida miserable.
Siempre eres bella, interesante, amable;
ya nos
renueves los pasados
días, 300
ya tristemente plácida sonrías
en la pálida frente de una hermosa,
cuando la enfermedad feroz anuble
su edad primaveral. Benigna diosa,
tu bálsamo de paz y de consuelo 305
vierte a mi alma abatida,
hasta que vaya a descansar al cielo
de este delirio que se llama vida.*
* "Publico
estos fragmentos, porque el poema ya no ha de acabarse. Otros cuidados que
deben ocuparme exclusivamente, no me dejan el ocio de espíritu que exigen las
Musas. Por eso imprimo mis versos tales como están. Salgan, pues, y tengan
su día de vida, ya que no deben esperar de mí ni
revisión ni aumento.
Sólo deseo que este cuaderno excite emulación
saludable en nuestra juventud.¿Por qué no tiene Cuba grandes poetas cuando sus
hijos están dotados de órganos) perfectos, de imaginación viva, cubiertos por
el cielo más puro y cercados de la naturaleza más bella?” (Nota de Heredia, en
la primera edición de sus Poesías, Nueva York, 1825).
VUELTA AL SUR
VUELA el buque: las playas oscuras a la vista se
pierden ya lejos, cual de febo a los vivos reflejos se disipa confuso vapor.
Y la vista sin
límites corre por el mar a mis ojos abierto.
Y en el cielo profundo, desierto, reina puro el
espléndido sol.
Del aliento genial de la brisa
nuestras velas nevadas llenamos,
y entre luz y delicia volamos
a los climas serenos del sur.
A tus hielos adiós, norte triste; de tu invierno
finaron las penas,
y ya siento que hiervan mis venas, prometiéndome
fuerza y salud.
¡Salve, cielo del sur delicioso!
Este sol
prodigóme la vida,
y sus rayos en mi alma encendida concentraron
hoguera fatal.
De mi edad las amables primicias a tus hijas rendí
por despojos,
y la llama que aun arde en mis ojos bien demuestra
cual supe yo amar.
¡Oh recuerdos de paz y ventura! ¡Cómo el sol en tu
bello occidente inundaba en su luz dulcemente de mi amada la cándida faz!
¡Cómo yo del naranjo a la sombra en su seno mi
frente posaba,
y en sus labios de rosa libaba
del deleite la copa falaz!
¡Dulce Cuba! en tus aras sagradas la ventura inmolé
de mi vida
y mirando tu causa perdida,
mis amores
y amigos dejé.
Mas tal vez no está lejos el día (¡cuál me anima
tan bella esperanza!) en que armado con hierro y venganza a tus viles tiranos
veré.
¡Cielo hermoso del sur! Compasivo tú me tornas la
fuerza y aliento, y mitigas el duro tormento
con que rasga mi seno el dolor.
Al sentir tu benéfico influjo,
no al destino mi labio maldice,
ni me juzgo del todo infelice
mientras pueda lucirme tu sol.
¡Adiós, hielos!
— ¡Oh lira' de Cuba!
cobra ya
tu feliz
armonía,
y del sur en las
alas envía,
himno fiel de esperanza y amor.
Por la saña del norte inclemente destrozadas tus
cuerdas se miran; mas las brisas, que tibias suspiran, te retornan la vida y
vigor.
Yo te pulso, y tus ecos despiertan en mis ojos
marchitos el llanto. . .
¡Cual me alivias! Tu plácido encanto la existencia
me fuerza a sentir.
¡Lira fiel, compañera querida
en
sublime delicia y
dolores!
de ciprés y de lánguidas flores
ya te debes por siempre ceñir.
¡Siempre. . .! No, que en la lid generosa tronarás
con acento sublime,
cuando Cuba sus hijos reanime,
y su estrella miremos brillar.
“ ¡Libertad” , clamarán, “ en su pecho inflamó de
su aliento la llama!”
Y si caigo, mi espléndida fama a los siglos futuros
irá.
A LA
ESTRELLA DE VENUS
■ESTRELLA de
la tarde silenciosa,
luz apacible y pura
de esperanza y amor, salud te digo.
En el mar de Occidente ya reposa
la vasta frente el sol, y tú en la altura
del firmamento
solitaria reinas.
Ya la noche sombría
quiere tender su diamantado velo, y con pálidas
tintas baña el suelo la blanda luz del moribundo día.
¡Hora feliz y plácida cual bella! tú la presides,
vespertina estrella.
Yo te amo, astro de paz. Siempre tu aspecto en la
callada soledad me inspira de virtud y de amor meditaciones.
¡Qué
delicioso afecto
excita en los sensibles corazones
la dulce y melancólica memoria
de su perdido bien y de su gloria!
Tú me la inspiras. ¡Cuántas, cuántas horas viste
brillar serenas
sobre mi faz en Cuba.. .! Al asomarse tu disco puro
y tímido en el cielo,
a mi tierno delirio daba rienda
en el centro del bosque embalsamado, y por tu tibio
resplandor guiado buscaba en él mi solitaria senda.
Bajo la copa de la palma amiga, trémula, bella en
su temor, velada con el mágico manto del misterio, de mi alma la señora me
aguardaba. En sus ojos afables me reían ingenuidad y amor; yo la estrechaba a
mi pecho encendido,
y mi rostro feliz al suyo unido,
su balsámico
aliento respiraba,
j Oh goces fugitivos
de placer inefable! ¡Quién pudiera del tiempo
detener la rueda fiera sobre tales instantes. . . !
Yo la admiraba extático; a mi oído muy más dulce
que música sonaba, el eco de su voz, y su sonrisa
para mi alma era luz. ¡Horas serenas cuya memoria
cara a mitigar bastara
de una existencia de dolor las penas!
¡Estrella de la
tarde! ¡Cuántas veces
junto a mi dulce amiga me mirabas
saludar tu
venida, contemplarte, 50
y recibir en tu amorosa lumbre
paz y serenidad.. .!
Ahora me miras
amar también, y amar desesperado.
Huir me ves al objeto desdichado 55
de una estéril pasión, que es mi tormento
con su belleza misma;
y al renunciar su amor, mi alma se abisma
en el solo y eterno pensamiento,
de amarla, y de llorar la suerte impía 60
que por siempre separa
su alma del
alma mía.
(José María Heredia, Poesías, 2 tomos, Toluca, 1832).
Bartolomé Hidalgo
( 1788-1822)
P O C A S composiciones le han bastado a Bartolomé
Hidalgo para darle un lugar de alguna importancia en las letras de aquella
época.
Bartolomé Hidalgo, verdadero poeta rioplatense
(para no caer en cómicas prerogativas de jurisdicción), es, a despecho de su
escasa obra y su significación poco espectacular, un escritor “ v i v o E s t e
carácter es digno de análisis, ya que suelen abundar en aquella época
escritores encum brados por diferentes motivos, pero que hoy sólo se recuerdan
a través de rasgos extraliterarios, y, particularmente, por factores
patrióticos. Esto lo sabemos de sobra.
Bartolomé Hidalgo nació en Montevideo, en 1788, de
humilde familia. A temprana edad debió trabajar, y se recuerda que estuvo en
una casa de comercio del padre de Artigas.
En 1806 aparece alistado en el Batallón de
Partidarios de Montevideo. En 1808 estaba en Montevideo, y en 1811, en plena
lucha emancipadora, sirvió a las órdenes del Comandante José Ambrosio Carranza.
Ese mismo año el Triunvirato de Buenos Aires lo declara “Benemérito de la
Patria” . Y de ese tiempo se conoce una carta de José G. de Artigas dirigida a
Hidalgo.
Estuvo en Montevideo, sitiado en 1814. En 1818 pasó
a Buenos Aires con motivo de un pleito con un pariente y en Buenos Aires se
casó con Juana Cortina, porteña. Murió en Morón (Provincia de Buenos Aires) a
fines de 1822.
Entrando ya en la obra de Hidalgo, hay que decir
que, sin estar resueltos todos los problemas de atribución, esa obra es poco
abultada. Al pasar, quizás convenga establecer aquí un muy externo paralelo con
el peruano Melgar. Los dos, de vida breve; los dos de producción escasa; los
dos vinculados a las luchas de la época (si bien esto era lo corriente); y los
dos con especial significación en las letras de esos años.
Lo que llama la atención en Hidalgo es que su
reducida obra (aun con agregados dudosos) se empequeñece más en número al
separar de ella sus
poesías “cultas” . Mejor dicho, el conocimiento de
tales obras nos enfrenta con tributos entonces muy frecuentes y sin mayor
personalidad. Tan lejos están esas “poesías” de los populares Cielitos y
Diálogos de Hidalgo.
Una vez más conviene repetir que Hidalgo no es el
creador o el ini ciador de la “poesía gauchesca” . Que antes de Hidalgo —y no
muy lejos— encontramos los obligados precedentes (Maziel, El amor de la
estanciera, etc.). Pero lo que hay que decir también es que Hidalgo aparece
como el primer “poeta” auténtico dentro de la corriente. Y esto no sólo porque
ostenta ya un nombre propio reconocible en el tiempo. La obra de Hidalgo (de
aquí, en otra perspectiva, su importancia) se transformará en elemento tradicional
consciente o inconsciente, y como tal la reconoceremos — ver sos, vocabulario,
rasgos de la lengua poética, etc.— en los escritores de alguna dimensión que
vienen después: Ascasubi, Del Campo, Hernández, Lussich. ..
En el caso de Hidalgo, creo que, mejor que hablar
de carácter social, corresponde hablar de carácter políticosocial. La
aclaración se impone por el hecho de que, al llevar al verso las circunstancias
más cercanas, una buena parte de ellas tienen que ver con la prédica de
independencia, con los tributos de las armas patriotas, con la independencia
lograda con la defensa de los nacientes países, no solo en relación a España
sino también en relación a los portugueses y sus ambiciones sobre la Banda
Oriental. Por último, aparecen en los versos de Hidalgo (de nuevo, reflejo de
condi ciones inmediatas) la mención de las discordias civiles y, por supuesto,
la defensa del gaucho, olvidado, menospreciado o atacado.
Como Hidalgo murió en 1822 es interesante reparar
en esto: para una obra tan exigua, abarcamos una totalidad abrazadora y
sugestiva dentro de las vicisitudes que acompañan los primeros pasos de los
nuevos países. Trayectoria que vemos repetida en diversos escritores coetáneos
y que no hacen sino marcar, junto a caracteres inconfundibles de la época, su
corres pondiente y casi obligado reflejo literario. En verdad, la desazón, el
des encanto, nos parecen prematuros, aunque haya mucha dureza, desconcierto y
hasta caos en los pocos años que median entre 1810 y 1821.
Sentimos tales composiciones como productos
americanos, que nacen consustanciados a determinados tipos y lugares. Pero su
americanismo no supone un producto que nace de la nada o por generación
espontánea. Observemos que Hidalgo utiliza en sus poesías gauchescas el metro
octo sílabo. En los Diálogos y la Relación es el propio metro del romance.
“Son” romances particularizados, con desarrollo dramático. Los Cielitos se
apartan algo aunque no mucho, del típico esquema del romance. Dentro de una
intención “ musical”, lo que hacen los Cielitos es dividir en estrofas de cua
tro versos y cambiar la rima en cada estrofa. Cambio que no altera funda
mentalmente el esquema métrico del romance, si bien deja de ser, por eso, el
romance típico.
El romance (como la décima y la estrofa hernandina)
fue forma corrien te en los versos gauchescos. El romance se prestaba, sobr»
todo, a la narra
ción, al avance rápido del tema, a la sencillez y
claridad del diálogo de Hidalgo. Y por otro lado, la división en estrofas se
acomoda, sin cambios fundamentales, al carácter más musical de los Cielitos.
Hidalgo, el Lizardi del Periquillo (y de otras
obras), son manifestaciones populares que asoman a la literatura de una época
escasa en tales tributos. Los dos (Hidalgo y Lizardi) fueron hombres cultos,
como se prueba a través de diferentes testimonios. En el caso de Hidalgo, es
interesante señalar también que, como va a ser característica posterior, no era
él tam poco un verdadero gaucho aunque logre instalarse — anímica y poética
mente— dentro del personaje.
BIBLIOGRAFIA
T EXTOS:
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Martiniano Leguizamón, El primer poeta criollo del Rio de la Plata. . 1* ed.
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100-111).
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gauchesca argentina (Buenos Aires, 1969, págs. 25-34).
CIELITO DE LA INDEPENDENCIA
si D E todo
lo criado,
es el cielo lo mejor,
el “ cielo” ha de ser el baile
de los Pueblos de la Unión.
Cielo, cielito y más cielo,
cielito siempre cantad,
que la alegría es del cielo,
del cielo es la libertad.
Hoy una nueva Nación
en el mundo se presenta,
pues las
Provincias Unidas
proclaman su Independencia.
Cielito,
cielo festivo
cielo de la libertad,
jurando
la Independencia
no somos esclavos ya.
Los del Río
de la Plata
cantan con aclamación,
su
libertad recobrada
a esfuerzos de su valor.
Cielo,
cielito, cantemos,
cielo de la amada Patria,
que con sus hijos celebra
su libertad suspirada.
Los constantes argentinos
juran hoy, con heroísmo,.
eterna guerra al tirano
guerra
eterna al despotismo.
Cielo,
cielito, cantemos,
se acabarán nuestras penas,
porque ya hemos
arrojado
los
grillos y las
cadenas.
Jurando la Independencia
tenemos obligación
de ser buenos ciudadanos
y consolidar la Unión.
Cielo, cielito, cantemos,
cielito de la unidad,
unidos
seremos libres,
sin unión no hay libertad.
Todo fiel americano
hace a la Patria
traición
si fomenta
la discordia,
y no propende a la Unión.
Cielo, cielito, cantemos,
que en el cielo está la paz.
y el que la busque en discordia
jamás
la podrá encontrar.
Oprobio eterno al que tenga
la depravada intención
de que la Patria se vea
esclava de otra nación.
Cielito, cielo festivo,
cielito del entusiasmo,
queremos
antes morir
que volver a ser esclavos.
¡Viva la Patria, patriotas!
¡Viva la Patria y la Unión,
viva la Independencia,
viva la nueva Nación!
Cielito,
cielo dichoso
cielo
del americano,
que el cielo hermoso del Sud
es cielo más
estrellado.
El cielito de la Patria
hemos de cantar,
paisanos,
porque cantando el cielito
se inflama nuestro entusiasmo.
Cielito, cielo y más cielo,
cielito del corazón,
que el cielo nos da la paz,
y el cielo nos da la Unión.
EL GAUCHO DE LA GUARDIA DEL MONTE
contesta al manifiesto de Fernando VII, y saluda al
Conde de Casa-Flores con el siguiente cielito en su idioma.
YA QUE
encerré la tropilla
y que recogí
el rodeo,
voy a templar la guitarra
para explicar mi deseo.
Cielito, cielo
que sí,
mi asunto es un poco largo;
para algunos será alegre,
y para otros será amargo.
El otro día un amigo,
hombre de letras, por cierto,
del Rey Fernando a nosotros
me leyó un gran Manifiesto.
Cielito, cielo
que sí,
este Rey es medio zonzo
y en lugar de don Fernando
debiera llamarse Alonso.
Ahora que él ha conocido
que tenemos disensiones,
haciendo cuerpo de gato
se viene por los rincones.
Cielito,
cielo que sí,
guarde,
amigo, el papelón,
y por nuestra Independencia
ponga una iluminación.
Dice en él que es nuestro padre, y que lo
reconozcamos,
que nos mantendrá en su gracia siempre que nos
sometamos.
Cielito, digo que sí,
ya no largamos el mono,
no digo a Fernando el séptimo,
pero ni tampoco
al Nono.
Después que por todas partes
lo
sacamos apagando,
ahora el Rey con mucho modo
de humilde la viene echando.
Cielito, cielo que sí,
ya se le murió el potrillo,
y si no que se lo digan
Osorio, Marcó y Morillo.
Quien anda en estos maquines es un Conde
Casa-Flores
a quien ya mis compatriotas
le han escrito mil primores.
Cielito, digo que no, siempre escoge don Fernando
para esta clase de asuntos hombres que andan deletreando.
El Conde cree que ya es suyo
nuestro Río de la Plata;
¡cómo se conoce amigo,
que no sabe con quién trata!
Allá va cielo y más cielo,
cielito de Casa-Flores,
Dios nos librará de plata
pero nunca de pintores.
Los que el
yugo sacudieron
y libertad proclamaron,
de un Rey que vive tan lejos
lueguito ya se olvidaron.
Allá va cielo y más cielo,
libertad,
muera el tirano:
o reconocernos libres,
o adiosito,
y sable en mano.
¿ Y qué
esperanzas tendremos en un Rey que es tan ingrato, que tiene en el corazón
uñas, lo mismo que el gato?
Cielito, cielo que sí,
el muchacho es tan clemente,
que a sus mejores vasallos
se los merendó en caliente.
En político es el diablo,
vivo sin comparación,
y el reino que le confiaron
se lo largó a Napoleón.
Cielito, digo que sí
hoy se
acostó con corona,
y cuando se recordó
se halló
sin ella en
Bayona.
Para la guerra es terrible,
balas nunca oyó sonar,
ni sabe qué es entrevero,
ni sangre vio coloriar.
Cielito, cielo que sí, 85
cielito de la
herradura,
para candil semejante
mejor es dormir a oscuras.
Lo lindo
es que al fin nos grita 90
y nos ronca con enojo.
Si fuese algún guapo.
. . ¡vaya!
¡Pero que nos grite un flojo!
Cielito, digo que
sí,
venga a poner su contienda, 95
y verá, si
se descuida,
dónde va a tirar la rienda.
Eso que
los Reyes son
imagen
del Ser Divino,
es (con
perdón de la gente) 100
el más grande desatino.
Cielito, cielo que sí,
el Evangelio
yo escribo,
y quien tenga desconfianza
venga le daré recibo. 105
De estas
imágenes una
fue Nerón,
que mandó a Roma,
y mejor que
él es un toro
cuando se para en la loma.
Cielito, cielo que sí, 110
no se necesitan Reyes
para gobernar los hombres,
sino benéficas leyes.
Libre y
muy libre ha de ser
nuestro jefe, y no tirano; 115
éste es el
sagrado voto
de todo buen ciudadano.
Cielito, y
otra vez cielg,
bajo de esta
inteligencia
reconozca, amigo
Rey, 120
nuestra augusta Independencia.
Mire que grandes trabajos
no apagan nuestros ardores,
ni hambres, muertes ni miserias,
ni aguas fríos y calores. 125
Cielito, cielo que sí,
lo que te digo, Fernando:
confiensa que somos libres,
y no andes
remolineando.
Dos cosas ha de tener
130
el que viva entre nosotros:
amargor, y mozo de garras
para sentársele a un potro.
Y digo cielo, y más cielo,
cielito del espinillo, 135
es
circunstancia que sea
liberal para el cuchillo.
Mejor es andar
delgao
andar águila y sin penas,
que no llorar para siempre 140
entre pesadas cadenas.
Cielito, cielo que sí,
guárdense su
chocolate,
aquí somos indios puros
y sólo tomamos mate. 145
Y si no le
agrada, venga,
con lucida expedición,
pero si sale matando,
no diga que fue traición.
Cielito, los españoles 150
son de laya tan
fatal,
que si ganan, es milagro,
y traición, si salen mal.
Lo que el Rey siente es la falta
de minas de plata y oro; 155
para pasar
este trago
cante conmigo este coro.
Cielito, digo que no,
cielito, digo que sí,
reciba, mi
don Fernando, 160
memorias de
Potosí.
Ya se acabaron los tiempos
en que seres racionales,
adentro de aquellas minas,
morían como animales. 165
Cielo, los Reyes de España,
¡la p
. .. que eran
traviesos!
Nos cristianaban
al grito
y nos robaban los pesos.
Y luego nos enseñaban
a rezar con grande esmero 170
por la interesante vida
de cualquiera tigre overo.
Y digo, cielo y más cielo,
cielito del cascabel.
¿Rezaríamos con gusto
por un tal don Pedro Cruel?
En fin cuide, amigo Rey,
de su vacilante trono,
y de su tierra, si puede,
haga cesar el encono.
Cielito, cielo que sí,
ya los constitucionales
andan por ver si lo meten
en algunos pajonales.
Y veremos si lo saca
la señora Inquisición,
a la que no tardan mucho
en arrimarle latón.
Cielito, cielo que
sí,
ya he cantado
lo que siento,
supliendo la voluntá
la falta de entendimiento.
DIALOGO PATRIOTICO INTERESANTE
entre Jacinto Chano, capataz de una estancia en las
islas del Tordillo, y el gaucho de la Guardia del Monte. *
CONTRERAS
¡C O N Q U E
amigo!, ¿diaónde diablos
sale? Meta el redomón,
desensille,
votoalante.
¡Ah pingo que da calor!
CHANO
De las islas del Tordillo 5
salí en este mancarrón:
¡Pero si es trabuco, Cristo!
¿Cómo está,
señó Ramón?
CONTRERAS
Lindamente a su servicio. . .
¿Y se vino
del tirón? 10
* Se supone
recién llegado a la Guardia del Monte el capataz Chano y el diálogo en casa del
paisano Ramón Contreras (que es el gaucho de la Guardia).
CHANO
Sí, amigo;
estaba de balde,
y le dije a Salvador:
andá,
traeme el Azulejo,
apretamelé el cinchón,
porque voy a platicar
con el paisano Ramón,
y ya también
salí al
tranco,
y cuando se puso el sol
caí al camino, y me vine;
cuando en esto se asustó
el animal, porque
el poncho
las verijas le tocó. ..
¡Qué
sosegarse este diablo!
A bellaquiar se
agachó
y conmigo a unos zanjones
caliente se enderezó.
Viéndome medio
atrasao,
puse el corazón en Dios
y en la viuda, y me tendí;
y tan lindo atropelló
este bruto, que las zanjas,
comoquiera las salvó.
¡Eh p . .!,
el pingo ligero,
bien haiga quien lo parió!
Por fin después de este lance
del todo se sosegó,
y hoy lo sobé de mañana
antes de salir el sol,
de suerte que está el caballo
parejo
que da temor.
CONTRERAS
¡Ah, Chano!. . . ¡pero si es liendre en cualquiera
bagualón!. . . Mientras se calienta el agua
y
echamos un cimarrón,
¿qué novedades se corren?
CHANO
¿Novedades?. . .
¿qué sé yo?
Hay tantas que uno no acierta
a qué lao caerá el dos,
aunque le
esté viendo el
lomo.
Todo el
pago es
sabedor
que yo siempre por la causa
anduve al frío y al calor.
Cuando la primera Patria,
al grito se presentó
Chano con todos sus hijos.
¡Ah tiempo aquel, ya pasó!
Si jue en la Patria del medio,
lo mesmo me sucedió;
pero, amigo, en esta P atria ...
Alcancemé
un cimarrón.
CONTRERAS
No se corte,
dele guasca,
siga la conversaición,
velay, mate: todos
saben
que Chano, el viejo cantor,
aonde quiera que vaya
es un hombre de razón,
y que una sentencia suya
es como
de Salomón.
CHANO
Pues bajo de ese -entender
empriésteme
su atención,
y le diré cuanto
siente
este pobre corazón,
que como tórtola amante
que a su consorte perdió,
y que
anda de rama en rama
publicando su dolor,
ansí yo de rancho en rancho
y de tapera en galpón
ando triste y sin reposo
cantando con ronca voz
de mi Patria los trabajos,
de mi destino el rigor. . .
En diez años que llevamos
de nuestra revulución,
por sacudir las cadenas
de Fernando el balandrón
¿qué ventaja
hemos sacado?
Las diré con su perdón:
robarnos unos a otros,
aumentar la desunión, 90
querer todos gobernar,
y de faición en faición
andar sin saber que andamos:
resultando, en
conclusión,
que hasta el nombre de paisano 95
parece de mal sabor,
y en su lugar yo no veo
sino un eterno rencor
y una tropilla de pobres,
que metida en un rincón 100
canta al son de su miseria. . .
¡No es
la miseria mal
son!
CONTRERAS
¿Y no se sabe en qué diasques
este enredo consistió?
¡La pu. . .janza,
en los paisanos!
¡Que son de mala intención!
Usté que es hombre escrebido,
por su madre, digaló,
que aunque
yo compongo cielos
y soy medio payador,
a usté le rindo las armas
porque sabe más que yo.
105
110
CHANO
Desde el
principio, Contreras,
esto ya se equivocó:
de todas nuestras Provincias 115 se empezó a hacer
distinción, como si todas no juesen
alumbradas por un sol;
entraron a desconfiar
unas de otras con tesón,
y al instante, la discordia
el palenque nos ganó.
Y cuando nos discuidamos
al grito nos revolcó.
¿Por qué
naides sobre naides
ha de ser más superior?
El mérito es quien decide,
oiga una comparaición:
quiere hacer una voltiada
en la estancia del Rincón
el amigo Sayavedra:
pronto se corre la voz
del pago entre la gauchada,
ensillan el mancarrón
más razonable que tienen
y afilando el alfajor
se vinieron a la oreja
cantando versos de amor;
llegan, voltean, trabajan;
pero, amigo, del montón
reventó el lazo un novillo
y solito se
cortó,
y atrás de él como langosta
el gauchaje se largó. . .
¡Que recostarlo, ni en chanza!
Cuando en esto lo atajó
un muchacho forastero
y a la estancia lo
arrimó.
Lo llama el
dueño de casa,
mira su disposición
y al instante lo conchaba.
Ahura, pues,
pregunto yo:
el no ser de la cuadrilla
¿hubiera sido razón
para no premiar al mozo?
Pues oiga una explicación.
La ley es una no más,
y ella
da su proteición
a todo el que la respeta.
El que la ley agravió,
que la desgravie al punto:
esto es lo que manda Dios.
Lo que pide la justicia
y que clama la razón
sin preguntar si es porteño
el que la ley ofendió,
ni si es
salteño o puntano,
ni si tiene mal color;
ella es igual contra el crimen
y nunca hace distinción
de arroyos ni de lagunas,
de rico ni pobretón;
para ella es lo mesmo el poncho, que casaca y
pantalón; pero es platicar de balde,
y mientras no vea yo
que se castiga el delito
sin mirar la condición,
digo que hemos de ser libres
cuando hable mi mancarrón.
CONTRERAS
Es cierto cuanto me ha dicho, y mire que es un
dolor ver estas rivalidades,
perdiendo el tiempo mejor
sólo en disputar derechos
hasta que
¡no quiera Dios!,
se aproveche algún cualquiera
de todo nuestro sudor.
CHANO
Todos
disputan derechos,
pero, amigo, sabe Dios
si conocen
sus deberes:
de aquí nace nuestro error,
yo lo digo, sí, señor,
nuestras desgracias y penas;
¡qué derechos ni qué diablos!
primero es la obligación;
cada uno cumpla la suya,
y después
será razón
que reclame sus derechos.
Ansí en la
revulución
hemos ido reculando,
disputando con tesón
el empleo y la vedera,
el rango y la adulación,
y en cuanto a los ocho pesos. . .
¡El
diablo es este
Ramón!
CONTRERAS
Lo que a mí causa espanto
es ver que ya se acabó
tanto dinero
¡por Cristo!
¡Mire que daba temor
tantísima pesería!
¡Yo no sé en qué se gastó!
Cuando el general Belgrano
(que esté gozando de Dios)
entró en Tucumán, mi hermano
por fortuna lo topó,
y hasta entregar el rosquete
ya no lo desamparó.
Pero. . . ¡ah, contar de miserias de la mesma
formación sacaban la soldadesca delgada que era un dolor,
con la ropa hecha miñangos,
y el que comía mejor
era algún trigo cocido
que por fortuna encontró.
Los otros, cuál más, cuál menos sufren el mesmo
rigor. Si es algún güen oficial,
que al fin se inutilizó,
da cuatrocientos mil pasos
pidiendo por conclusión
un socorro: no hay dinero,
vuelva. . .
todavía no. . .
hasta que
sus camaradas
(que están también de mi flor)
le largan una camisa,
unos cigarros,
y adiós.
Si es la pobre y triste viuda
que a su marido perdió
y que en las deligencias
de
remediar su aflición
lamenta su suerte ingrata
en un mísero rincón,
de composturas no hablemos.
Vea lo que me pasó
al entrar en la ciudad:
estaba el
pingo flacón
y en el pantano primero,
lueguito ya se
enterró. 250
Seguí adelante, ¡ah,
barriales!,
si daba miedo,
señor,
anduve por todas partes
y vi un grande caserón
que llaman de las comedias, 255
que hace que se principió
muchos años y no pasa
de un abierto corralón.
Y dicen
los hombres viejos
que allí un caudal se gastó .1 260
Tal vez al hacer las cuentas
alguno se equivocó,
y por decir cien mil pesos. . .
(velay, otro cimarrón).
Si es en el Paso del Ciego, 265
allí Tacuara perdió
la carreta el otro día,
y él por el Paso cortó
porque le habían informao
que en su gran composición 270
se había gastao un caudal.
Conque, amigo, no sé yo,
por más que estoy cavilando,
aonde está el borbollón.
CHANO
Eso es querer saber mucho; 275
si se hiciera una razón
de toda la plata y oro
que en Buenos Aires entró
desde el día memorable
de nuestra revulución, 280
y después de güeña fe
se hiciera una relación
de los gastos que han habió,
el pescuezo apuesto yo
a que sobraba dinero 285
para formar un cordón
dende
aquí a Guasupicuá; 2
1 Alude al Coliseo, que empezó a construir en 1804
el empresario don Francisco Velarde. . La obra del Coliseo — después Teatro
Colón— se incendió, sin estar ter minada, el martes de carnaval de 1832. (Nota
de Martiniano Leguizamón).
2 La Lira
Argentina, pág. 430, escribe Guasupicuá y La Epopeya Americana de Carranza,
pág. 217, Huasupicuá. (Nota de Martiniano Leguizamón). Por su parte, Tis-cornia
prefiere la acentuación Guasupicúa.
pero en tanto que al rigor
del hambre perece el pobre,
el soldado de valor,
el oficial de servicios,
y que la prostitución
se acerca a la infeliz viuda,
que mira con cruel dolor 295
padecer a su hijuelos;
entretanto,
el adulón,
el que de nada nos sirve
y vive en toda faición,
disfruta gran abundancia 300
y como no
le costó
nada el andar remediao,
gasta más pesos que arroz.
Y,
amigo, de esta
manera,
en medio del Pericón,
el que tiene, es “ don Julano” , 305
y el que perdió, se amoló;
sin que todos los servicios
que a la Patria le emprestó
lo libren de una roncada
que le largue algún
pintor. 310
CONTRERAS
Pues yo siempre oí decir
que ante la ley era yo
igual a todos
los hombres.
CHANO
Mesmamente así pasó,
y en papeletas
de molde
por todo se publicó;
pero hay sus dificultades
en cuanto a la ejecución.
Roba un gaucho unas
espuelas,
o quitó algún mancarrón,
o del peso de unos medios
a algún paisano alivió;
lo
prienden, me lo enchalecan,
y en cuanto
se descuidó,
le limpiaron la caracha,
y de malo y saltiador
315
320
me lo tratan, y a un presidio
lo mandan con
calzador.
Aquí la ley cumplió, es
cierto, 330
y de esto me alegro yo;
quien
tal hizo, que
tal pague,
vamos, pues, a un señorón:
tiene una casualidá. . .
Ya se ve, se remedió 335
Un descuido que a un cualquiera
le sucede, sí señor.
Al principio, mucha
bulla,
embargo, causa, prisión,
van y vienen, van y vienen, 340
secretos, almiración.
¿Qué declara?
Que es mentira,
que él es un hombre
de honor.
¿Y la
mosca? No se sabe,
el Estao la
perdió. 345
El preso sale a
la calle
y se acaba la junción.
¿Y esto se llama
igualdad?
¡La
perra que me parió!. . .
En fin, dejemos,
amigo, 350
tan triste conversación,
pues no pierdo la esperanza
de ver la reformación.
Paisanos de todas
layas,
perdonad mi relación: 355
ella es hija de un deseo
puro y de
güeña intención.
Valerosos generales
de nuestra
revolución,
gobierno a quien le tributo 360
toda mi veneración;
que en todas
vuestras aiciones
os dé su
gracia el Señor,
para que enmendéis la plana
que
tantos años se
erró; 365
que brille en güestros decretos
la justicia y la razón,
que el que
la hizo la
pague,
premio al
que lo mereció,
guerra eterna a la discordia, 370
y entonces sí, creo yo,
que seremos hombres libres
y gozaremos el don
más
precioso de la tierra:
americanos, unión,
os lo pide humildemente
un
gaucho con ronca
voz
que no espera de la Patria
ni premio ni
galardón,
pues desprecia las riquezas
porque no tiene ambición.
Y con esto,
hasta otro día,
mande
usté, amigo Ramón,
a quien desea
servirle
con la vida y
corazón. . .
Esto
dijo el viejo
Chano
y a su pago
se marchó;
Ramón se
largó al
rodeo,
y el diálogo se acabó.1
380
385
RELACION
que hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano
de todo
lo que vio en las fiestas Mayas de Buenos Aires, en 1822
CHANO
CONQUE, mi amigo Contreras,
¡qué hace en el ruano gordazo!,
pues desde antes de marcar
no lo veo
por el pago.
CONTRERAS
Tiempo hace le
ofrecí 5
el venir a visitarlo,
y lo que se ofrece es deuda:
¡pucha!, pero
está lejazos.
Mire que ya el mancarrón
se me venía aplastando. 10
Y usté, ¿no jué a la ciudá
a ver las fiestas
este año?
1 Debió
aparecer en 1821, porque el día 6 de febrero Hidalgo publicó un folleto de ocho
páginas en 49, por la imprenta de Alvarez, contestando a los cargos que le
dirigía desde La Matrona Comentadora el famoso P. Castañeda. (Nota de
Martiniano Leguizamón).
CHANO
¡No me lo recuerde, amigo!
Si supiera, ¡voto al diablo!,
lo que me pasa,
¡por Cristo!
Se apareció el veinticuatro
Sayavedra
el domador
a comprarme unos caballos;
le pedía a dieciocho ríales,
le pareció de su agrado,
y ya no se habló palabra,
y ya el ajuste cerramos
por señas, que el trato se hizo
con caña y con mate amargo.
Caliéntase
Sayavedra,
y con el aguardientazo
se echó atrás de su palabra,
y deshacer quiso el trato.
Me dio tal
coraje, amigo,
que me asiguré de un palo,
y en cuanto lo descuidé,
sin que pudiera estorbarlo,
le acudí con cosa fresca;
sintió el golpe, se hizo el gato,
se enderzó, y ya se vino
el alfajor relumbrando;
yo quise meterle el poncho,
pero, amigo, quiso el diablo
trompezase en una taba
y lueguito mi contario
se me durmió en una pierna,
que me dejó coloriando;
en esto
llegó la gente
del puesto, y nos apartaron.
Se jué y me quedé caliente,
sintiendo no tanto
el tajo
como el haberme impedío
ver las junciones de Mayo:
de ese día por el cual
me arrimaron un balazo
y peliaré hasta que quede
en el suelo hecho miñangos.
Si usté estuvo, Contreras,
cuentemé lo que ha pasao.
CONTRERAS
¡A h !. . . ¡Fiestas lindas, amigo! No he visto en
los otros años junciones más mandadoras, y mire que no lo engaño.
El veinticuatro a la noche,
como es costumbre, empezaron.
Yo vi unas
grandes colunas
en coronas
rematando,
y ramos
llenos de flores
puestos a modo de lazos.
Las
luces como aguacero
colgadas entre los arcos,
el cabildo, la pirame,
la recoba y otros laos,
y luego la versería.
¡Ah, cosa linda!, un paisano
me los estuvo leyendo,
pero, ¡ah, pueta cristiano,
qué décimas, y qué trobos!
Y todo
siempre tirando
a favor de nuestro Aquel.
Luego había, en un tablao,
musiquería
con juerza,
y bailando unos muchachos
con arcos y muy compuestos,
vestios de azul y blanco,
y al acabar, el más chico
una relación echando,
me dejó medio. . . ¡quién
sabe!
¡ah, muchachito liviano,
por Cristo, que le habló lindo
al Veinticinco de Mayo!
Después
siguieron los juegos,
y cierto que me quemaron
porque me
puse cerquita,
y de golpe me largaron
unas cuantas escupidas
que el poncho me lo cribaron.
A las ocho, de tropel,
para la Mercé tiraron
las gentes a las comedias.
Yo estaba medio cansao
y enderesé a lo de Roque;
dormí, y al cantar los gallos
ya me vestí,
calenté agua,
estuve cimarroneando 100
y, luego, para la plaza agarré y vine despacio;
llegué ¡bien
haiga el humor!
Llenitos
todos los bancos
de pura mujerería, 105
y no, amigo, cualquier trapo,
sino mozas como azúcar;
hombres, eso era un milagro;
y, al punto, en varias tropillas
se vinieron acercando 110
los escueleros
mayores
cada uno con sus muchachos,
con banderas de la
Patria
ocupando un
trecho largo;
llegaron a la pirame H5
y al dir el sol coloriando
y asomando
una puntita. . .
¡bracatán! los cañonazos, la gritería, el tropel,
música por todos laos, 120
banderas, danzas, junciones,
los escuelistas cantando.
Y después salió uno solo
que tendría
doce años,
nos echó una relación.
. . 125
¡Cosa linda,
amigo Chano!
Mire
que a muchos
patriotas
las lágrimas
les saltaron.
Más tarde la soldadesca
a la plaza jue dentrando, 130
y desde el Juerte
a la iglesia
todo ese tiro ocupando.
Salió
el gobierno a las
once
con escolta de a caballo,
con jefes y comendantes 135
y otros
muchos convidaos,
dotores, escribanistas,
las justicias a otro lao,
detrás la oficialería,
los latones culebriando. 140
La soldadesca hizo cancha
y todos jueron pasando
hasta llegar a la iglesia.
Yo estaba
medio delgao
y enderesé
a un bodegón;
comí con Antonio
el Manco,
y a la tarde me dijeron
que había sortija en el Bajo;
me juí de un hilo al paraje, 150
y, cierto, no me engañaron.
En
medio de la
Alamera
había un
arco muy pintao
con colores de la Patria;
gente,
amigo, como pasto, 155
y una mozada lucida
en caballos aperados
con pretales y coscojas,
pero pingos tan livianos
que a la más chica pregunta
no los sujetaba el diablo. *60
Uno por uno rompía,
tendido como lagarto,
y. . . ¡zás!.
. . ya ensartó. . . ya no. . .
¡Oiganle que pegó en falso!
¡Qué risa y qué voraciar! 165
Hasta que un mocito amargo
le aflojó todo el rocín,
y ¡bien haiga el ojo claro!
se vino al
humo, llegó,
y la sortija ensartando 170
le dio una sentada al pingo
y todos ¡viva! gritaron.
Viene a la plaza, las danzas
seguían en el tablao;
y vi
subir a un inglés 175
en un palo jabonao,
tan alto como un ombú,
y allá en la punta colgando
una chuspa con pesetas,
una muestra y otros
varios 180
premios para el que llegase;
el inglés era baquiano:
se le prendió
al palo viejo,
y moviendo pies y manos
al galope
llegó arriba, 185
y al grito, ya le echó mano
a la chuspa y se largó
de un pataplús hasta abajo.
De allí a otro rato volvió
190
y se trepó a otro palo,
y también sacó una muestra.
¡Bien haiga el bisteque diablo!
Después se treparon
otros,
y algunos también
llegaron.
Pero lo que me dio risa 195
jueron,
amigo, otros palos
que había con unas guascas
para montar los
muchachos,
por nombre rompe-cabezas; 200
y enfrente, en el otro lao,
un premio para el que juese
hecho rana hasta
toparlo;
pero era tan belicoso
aquel potro, amigo Chano, 205
que muchacho que montaba,
contra el suelo, y ya trepando
estaba otro, y zás al suelo;
hasta que vino un muchacho,
y sin respirar siquiera, 210
se fue el pobre refalando
por la guasca, llegó al fin
y sacó el precio
acordao.
Pusieron luego
un pañuelo
y me tenté ¡mire
el diablo! 215
Con poncho y todo monté
y en cuanto me lo largaron,
al infierno me tiró,
y sin poder remediarlo
(perdonando el mal
estilo)
me pegué tan gran culazo, 220
que si allí tengo narices,
quedo para siempre ñato. . .
Luego encendieron las velas
y los bailes
continuaron, 225
la cuetería y los juegos.
Después todos
se marcharon
otra vez a las comedias.
Yo quise verlas un rato
y me metí en el montón, 230
y tanto me rempujaron,
que me encontré en un galpón
todo muy iluminao,
con casitas de
madera
y, en el medio, muchos bancos.
No salían las comedias 235
y yo ya estaba sudando,
cuando, amigo,
redepente,
árdese un maldito
vaso
que tenía luces adentro, 240
y la llama subió tanto
que pegó juego en el techo;
alborotóse el
cotarro,
y yo que
estaba cerquita
de la puerta, pequé un salto 245
y ya no quise volver.
Después me anduve
pasiando
por los cuarteles, que había
también muy
bonitos arcos
y versos, que daba miedo. . . 25O
Llegó el veintiséis de mayo
y siguieron las junciones
como habían empezao.
El
veintisiete, lo mesmo:
un gentío temerario 255
vino a la plaza; las danzas,
los hombres subiendo al palo
y allá, en el rompe-cabezas,
a porfía los muchachos.
Luego, con muchas
banderas, 260
otros niños se acercaron,
con una imagen
muy linda
y un
tamborcito, tocando.
Pregunté qué virgen
era,
la Fama, me contestaron. 265
Al tablao la subieron
y allí estuvieron,
un rato,
aonde uno de los niños
los estuvo proclamando
a todos sus compañeros. 270
¡Ah, pico de
oro! Era un pasmo
ver al muchacho caliente,
y más patriota que el diablo.
Después hubo volantines,
y un inglés todo pintao 275
en un caballo al galope
iba dando muchos
saltos.
Entre tanto, la
sortija
la jugaban en el Bajo.
Por la
plaza de
Lorea
otros también me contaron 280
que había habido toros lindos.
Yo estaba ya tan cansao
que, así que dieron las ocho,
corté para lo de Alfaro,
aonde estaban los amigos 285
en beberaje y fandango;
eché un cielito en batalla,
y me refalé hasta un cuarto
aonde encontré unos calandrias
calientes jugando al paro. 29°
Yo llevaba unos rialitos,
y así que echaron el cuatro
se los planté,
perdí en boca,
y sin medio me dejaron.
En esto un
catre viché 2^5
y me le jui
acomodando,
me tapé con este poncho,
y allí me quedé roncando.
Esto es, amigo del alma,
lo que he visto, y ha pasao. 300
CHANO
Ni oírlo quijiera, amigo,
cómo ha
de ser, padezcamos.
A bien que el año que viene,
si vivo, iré a acompañarlo,
y la correremos juntos. 305
Contreras
lió un recao
y estuvo allí todo un día;
y, al otro, ensilló su ruano
y se volvió a su querencia,
despidiéndose de Chano. 310
(Textos apoyados en Martiniano Leguizamón, El
primer poeta criollo del Río de la Plata... , 2a. ed., Paraná, 1944; y
Eleuterio F. Tiscornia, Poetas gauchescos. . ed. de Buenos Aires, 1940).
Mariano Melgar
( 1790-1815)
U N A F IG U R A atractiva como la de Mariano
Melgar se nos oculta hoy un tanto en más o menos gratuitas disputas sobre si
fue un romántico antes de tiempo, o si es ya un poeta "de la mujer” . . .,
o en consideraciones sobre su trágico fin.
Apoyándonos en datos concretos, no cabe duda de que
su temprana muerte impidió una producción más extensa, producción que, al mismo
tiempo, permitía esperar quizás frutos más maduros del autor de la Carta a
Silvia. Lo de “quizás” es aquí obligatorio, puesto que si Melgar anticipa
algunos rasgos románticos (cosa que aceptamos), también pudo parecerse en la
breve vida que caracteriza a tantos poetas románticos. Breve vida, aunque la de
Melgar fue tronchada por la lucha revolucionaria, y no por la enfermedad.
Mariano Melgar nació en Arequipa en 1790 (y no, en
1791, como se creyó mucho tiempo). Estudió en el Seminario de su ciudad natal,
y allí tomó las órdenes menores en 1810. Igualmente, fue catedrático en el
Seminario de Arequipa a partir de ese mismo año. De esta época procede, sin
duda, no sólo su formación general, sino también su afición a las letras
clásicas (especialmente hacia Virgilio y Ovidio).
Viajó después a Lima y en la capital tuvo
oportunidad de admirar a Baquíjano y Carrillo, a quien dedica un poema (Oda Al
Conde de Vista Florida, o Ilustre Americano, según los textos). Se conoce el
nombre verda dero de la “Silvia” que llena una parte de sus versos. Se llamaba
María Santos del Corral.
Iniciada la lucha emancipadora, Melgar se incorporó
al movimiento rebelde de El Cuzco, encabezado, en 1814, por el indio Mateo
García Pumaccahua. Melgar figuró entre los insurrectos de Arequipa. Fue tomado
prisionero y ejecutado en Umachiri el 12 de marzo de 1815. Sus restos fueron
llevados a su ciudad natal, pero se desconoce hoy su paradero.
Durante muchos años la edición de las Poesías de
Melgar, hecha en 1878 (con pie de imprenta en Lima, pero impresa en Nancy) fue
el repo
sitorio en que se basó el conocimiento del poeta
peruano. Traía sólo 31 composiciones. Desde hace poco esa edición se ha
superado con la publi cación de las Poesías completas de Mariano Melgar hecha
por la Academia Peruana de la Lengua (Clásicos Peruanos, 1, Lima, 1971),
edición en la que intervinieron varios estudiosos. Este tomo acrece
considerablemente el caudal de 187tí, al recoger 181 composiciones. No hay un
cambio radical en el valor de su obra, si bien es justo declarar que constituye
un repertorio más completo que el anterior.
Yo veo en Melgar, como en una buena parte de los
escritores de este momento, al poeta afirmado hacia atrás, pero también
proyectado hacia adelante. Mejor dicho, el signo de los mejores aparece, en
cada uno, teñido por una especial situación de transición o pugna. A tal rasgo
Melgar suma otras resonancias dignas de recuerdo. Tales el peso que tiene en él
la tradición indígena (esa tradición de la cual era parte y que quiere reflejar
literariamente) y un sentimiento que percibimos diferente del inconfundible sentimiento
neoclásico.
Claro que en Melgar lo neoclásico tiene aún
indudable significación. Como que era el resultado de una educación entonces
corriente, sobre todo tratándose de un seminarista. De las aulas nació su
admiración hacia Virgilio, Ovidio y Anacreonte. De igual manera, corresponden a
una exten dida moda de la época las fábulas escritas por Melgar.
Más importancia ofrece el análisis de los Yaravíes,
donde confluyen, curiosamente, raíces indígenas y clasicistas. En efecto, y sin
desconocer lo que el metro breve puede acercar, yo encuentro en los Yaravíes de
Melgar ecos claros de cierto tipo de poesía corriente a fines del siglo XV III
y comienzos del XIX, en especial de las poesías “musicales” y de las ana
creónticas de Meléndez Valdés. Mejor dicho: Considero que dentro del ritmo
característico del yaraví indígena, el poeta introduce a menudo ele mentos
inconfundibles de la poesía culta de su tiempo.
Eso sí, opino igualmente, que los yaravíes no pasan
de medianas poe sías y que el nivel más alto en la obra de Melgar, y, en
consecuencia, su mejor tributo, lo constituyen las Elegías y algún soneto. Por
encima de su Carta a Silvia, quizás su más recordado poema, de cierta
extensión, y donde los aciertos se diluyen entre nutridos versos. Pienso, sobre
todo, en las Elegías primera y segunda, y en el soneto A Silvia.
A Melgar lo vemos con cierta nitidez en este
momento de las letras hispanoamericanas. Momento marcado por ansias de
despegues, si bien lo más notorio es el avance tímido o poco pronunciado, ante
la fuerza o vigencia de ideales estéticos que vienen de atrás y que no se
resignan a morir.
En fin, más allá de esa perspectiva (a menudo,
falsa perspectiva) que identifica, sin más ni más, señales prerrománticas y
rotundas muestras de valor, me parece que debe preocuparnos, mejor, el
reconocimiento de que Melgar es una de las figuras destacadas de aquel
principio del siglo. Para serlo, no necesitó una producción muy extensa, sino
unas pocas poesías
recordables, que son las que he subrayado. Y si
episodios biográficos agregan a su fama nuevas resonancias, especialmente en su
patria, esos episodios no tienen mayor peso en el lugar que aquí le asignamos.
El medido análisis que hemos hecho de su obra es la clara prueba de tal
intención.
BIBLIOGRAFIA
T EXTOS:
MARIANO MELGAR, Poesías (Lima, 1878. Publicadas por
Manuel Mos-coso Melgar, con una introducción de F. García Calderón).
MARIANO MELGAR, Poesías completas (Lima, 1971.
Edición a cargo de Aurelio Miró Quesada, Estuardo Núñez, Antonio Cornejo Polar,
En rique Bailón Aguirre y Raúl Bueno Chávez).
E STUDIOS:
F. GARCÍA
CALDERÓN, Introducción a Melgar, Poesías
(Lima, 1878).
JUAN MARÍA GUTIÉRREZ, Colección de poesías
americanas antiguas y modernas, impresas, manuscritas y autógrafas, II, págs.
1-46 (en la Biblioteca del Congreso Argentino).
A. BALLÓN LANDA, Recordando a Melgar (en Peruanidad, de
Lima, 1942,
II, N? 9, págs.
759-760).
Luís F A BIO X A M M A R , El Perú y los románticos
(en Historia, Lima, 1944, II , N? 6, págs. 91 -106).
Luis A LBERTO SÁNCHEZ, La literatura peruana (V,
ed. de Buenos Aires, 1951, págs. 17-19).
A C A D E M IA
P E R U A N A D E LA L E
N G U A , Presentación y Apéndices a Melgar,"
Poesías Completas (Lim a, 1971).
¿POR QUE
A VERTE VOLVI, SILVIA QUERIDA?
(ELEGIA I)
¿ P O R Q U É
a verte volví, Silvia querida? ¡Ay triste! ¿para qué? ¡Para trocarse mi dolor
en más triste despedida!
Quiere en mi mal mi suerte deleitarse; me presenta
más dulce el bien que pierdo: ¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparse!
¡Oh,
memoria infeliz! ¡Triste
recuerdo!
Te vi. .. ¡qué
gloria! pero ¡dura pena!
Ya sufro el daño de que no hice acuerdo.
Mi amor ansioso, mi fatal cadena, a ti me trajo con
influjo fuerte.
Dije: “ Ya
soy feliz, mi dicha es plena” .
Pero ¡ay! de ti me arranca cruda suerte; este es mi
gran dolor, este es mi duelo; en verte busqué vida y hallo muerte.
Mejor hubiera sido que este cielo no volviera a
mirar y sólo el llanto fuese en mi ausencia todo mi consuelo.
Cerca del ancho mar, ya mi quebranto en lágrimas
deshizo el triste pecho;
ya pené, ya gemí, ya lloré tanto. . .
¿Para qué, pues, por verme satisfecho vine a hacer
más agudos mis dolores
y a herir de nuevo el corazón deshecho?
De mi ciego deseo los ardores volcánicos crecieron,
de manera que víctima soy ya de sus furores.
¡Encumbradas montañas! ¿Quién me diera la dicha de
que al lado de mi dueño, cual vosotras inmóvil, subsistiera?
¡Triste de mí! Torrentes, con mal ceño romped todos
los pasos de la tierra, ¡piadosos acabad mi ansioso empeño!
Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra; isla sin puerto
vuelve las ciudades;
y en una sola a mí con Silvia encierra.
¡Favor tinieblas, vientos, tempestades!
pero vil globo, profanado suelo,
¿es imposible que de mí te apiades?
¡Silvia! Silvia, tú, dime ¿a quién apelo? no puede
ser cruel quien todo cría; pongamos nuestras quejas en el cielo.
El solo queda en tan horrible día, único asilo
nuestro en tal tormento, él solo nos miró sin tiranía.
Si es necesario que el fatal momento llegue. . .
¡Piadoso Cielo! en mi partida benigno mitigad mi sentimiento.
Lloro. . . no puedo m ás. .. Silvia querida, déjame
que en torrentes de amargura
saque del pecho mío el alma herida.
El negro luto de la noche oscura sea en mi llanto
el solo compañero, ya que no resta más a mi ternura.
Tú, Cielo Santo, que mi amor sincero miras y mi
dolor, dame esperanza
de que veré otra vez el bien que quiero.
En sola tu piedad tiene confianza
mi perseguido amor. . . Silvia amorosa.
El Cielo nuestras dichas afianza.
Lloro, sí, pero mi alma así llorosa, unida a ti con
plácida cadena, en la dulce esperanza se reposa,
y ya presiente el fin de nuestra pena.
OH, DOLOR! ¿COMO, COMO TAN DISTANTE.
(ELEGIA II)
¡O H DOLOR! ¿Cómo, cómo tan distante de mi querida
Silvia aquí me veo? ¿Cómo he perdido todo en un instante?
Perdí en Silvia mi dicha y mi recreo; consentí en
ello ¡ciego desvarío. . .! consentí contra todo mi deseo.
Y ved, aquí conozco el yerro mío, ya cuando
repararlo no es posible, y es fuerza sufra mi dolor impío.
Así el nuevo piloto al mar terrible se arroja sin
saber lo que le espera, y ármase luego la tormenta horrible.
En negra noche envuelta ya la esfera, pierde el
valor, el rumbo y el acierto; y a todos lados ve la parca fiera.
Pero al fin él verá su ansiado puerto, o acabaránse
pronto sus tormentos;
bien presto ha de mirarse libre o muerto.
Y aún en medio del mar ¿qué sentimientos puede
tener cuando en luchar se emplea contra las fuertes ondas y los vientos?
Solo yo. . . yo he perdido hasta la idea de un
débil esperar: no hallo consuelo. . . ¡Ay Silvia. . . no es posible que te vea!
Ni morir pronto espero; ni mi anhelo puede agitarme
tanto, que ocupada
no sufra mi alma el peso de su duelo.
En una calma triste y desastrada, fijos tengo los
ojos en mi pena, sin lograr más que verla duplicada.
En derredor de mí tan sólo suena el eco de los
míseros gemidos
con que mi triste pecho el aire llena.
Sólo el dolor por todos mis sentidos entra hasta el
corazón: todo es quebranto que el alma abate en golpes repetidos.
¡Ay Silvia! Si a lo menos tú, mi llanto pudieras
atender y mis sollozos. . . ¡Ah! mi acerbo dolor no fuera tanto.
Silvia, Silvia, os dijera: “ Ojos hermosos, mirad
mi situación, ved mi tormento” ; y al instante, mirándome piadosos,
Desvanecieran
todo el mal que siento.
Acabadas por ti mis aflicciones,
a tu piedad deudor de mi contento.
Corriera ardiendo a ti: mis expresiones fueran
dulce llorar. . . ¡Con qué ternura te estrechara...! ¡Ay! ¡Funestas ilusiones!
No, Silvia, no: la pena, la amargura es todo lo que
encuentra mi deseo: cuanto alcanzo a mirar es noche oscura.
BIEN PUEDE EL MUNDO ENTERO CONJURARSE
SONETO
A SILVIA
BIEN puede el mundo entero conjurarse contra mi
dulce amor y mi ternura, y el odio infame y tiranía dura
de todo su rigor contra mí armarse;
Bien puede el tiempo rápido cebarse en la gracia y
primor de su hermosura, para que cual si fuese llama impura pueda el fuego de
amor en mí acabarse; ,,
Bien puede en fin la suerte vacilante, que eleva,
abate, ensalza y atropella, alzarme o abatirme en un instante; *
Que al mundo, al tiempo y a mi varia estrella, más
fino cada vez y más constante,
les diré: “ Silvia es mía y yo soy de ella”
YA MI TRISTE DESVENTURA
(YARAVI
VIII)
YA M I triste
desventura
no deja
Esperanza de tener
alivio;
y el buscarlo sólo sirve
de darme
el tormento
de mirar
lo perdido.
En vano huiré buscando
regiones
donde olvidar a mi dueño
querido:
con la distancia tendrá
mi pecho
sus recelos y su amor
más fijos.
Lloraré cuando estén lejos
mis males;
y emitiré los más tristes
gemidos;
y no tendré el consuelo
de verte,
ni de que sepas mis crueles
martirios.
Decidme,
querido dueño:
¿qué causa
pudo mudar ese pecho
tan fino?
¿no te mueve a compasión
el verme 30 que huyendo de tus crueldades
expiro?
¿Con qué corazón oyeras
decir
que por ti murió quien firme 35 te quiso?
no seas, amada prenda,
no seas,
de mi desdichada vida
cuchillo. 40
(Mariano Melgar, Poesías completas, ed. de Aurelio
Miró Quesada, Estuardo Núñez, Antonio Cornejo Polar, Enrique Bailón Aguirre y
Raúl Bueno Chávez; Lima, 1971).
Juan Cruz Varela
( 1794-1839)
J U A N C R U Z V A R E L A fue, durante mucho
tiempo, reconocido como el escri tor más importante de este primer tercio del
siglo en el Rio de la Plata. Identificado, por razones obvias, no tanto con la
época propiamente revo lucionaria, sino con la etapa inmediata posterior que,
en propiedad, puede llamarse rivadaviana. Hoy se repara más, valga la
comparación, en la figura de Bartolomé Hidalgo, pero esto no desmerece la
significación de Varela, “hombre de letras”, “publicista”, etc., con producción
apreciable (si bien no excepcional) y reflejo bastante nítido de la corriente
neoclasicista.
Juan Cruz Varela nació en Buenos Aires pero se
educó en Córdoba, donde se graduó. En Córdoba comienza su obra literaria.
Volvió a Buenos Aires y se ligó con especial entusiasmo a la gestión de
Rivadavia. Poste-riormente emigró a la Banda Oriental y al Brasil. Murió en
Montevideo, en 1839, en casa de su hermano Florencio. (A propósito de éste, no
está de más reparar algunas afinidades literarias entre los dos hermanos).
Escribió Juan Cruz Varela una serie de poesías
líricas y varias tragedias (Dido, de 1823; Argia, de 1824; y los fragmentos de
Idomeneo, de 1825), una comedia-sainete (A río revuelto ganancia de
pescadores). También diversas traducciones (de Virgilio, Horacio, Ovidio;
Corneille, Boileau, La Fontaine, Alfieri).
Al reunir sus poesías líricas en 1831 (poesías que
fueron publicadas muchos años después, en 1879) Varela desechó composiciones
amorosas y satíricas escritas hasta esta fecha. En fin, a la recopilación de
1831 hay que agregar, además, unas pocas composiciones posteriores y, sobre
todo, su poema El 25 de Mayo de 1838 en Buenos Aires, encendido alegato
antirrosista.
Lo más característico de la lírica de Juan Cruz
Varela lo constituyen sus poesías patrióticas (comienzan hacia 1818), sus
composiciones político-sociales (sobre todo, las vinculadas a la obra de su
amigo y protector, Rivadavia), y, por último, invectivas contra Rosas
(centradas en su poema de 1838). Dicho de otra manera, diré que la lírica de
este poeta exalta la
grandeza del país, cuyo mejor símbolo encarna en la
Revolución de Mayo. Canta también la grandeza de Buenos Aires, que vincula a la
labor de su amigo y que contrasta con la época colonial. Canta igualmente el
triunfo de las armas patrióticas, en la guerra contra el Brasil. Dentro de un
carác ter más amplio, el filantropismo, el progreso; la condición de la mujer.
.. En otra cuerda, el tributo elegiaco.
En forma paralela, es justo recordar su continuada
labor periodística en publicaciones que, como era entonces normal, tuvieron
vida bastante efímera: El Liberal, El Centinela, El Tiempo, El Mensajero
Argentino, El Granizo, de Buenos Aires; El Patriota, El Comercio del Plata, de
Mon tevideo.
Juan Cruz Varela es un auténtico neoclasicista. Sus
modelos son los autores de la antigüedad (particularmente, Virgilio, Horacio y
Ovidio), sin desdeñar modelos extranjeros (Racine, La Fontaine y Alfieri) ni
espa ñoles (sobre todo, Quintana y Cienfuegos). Escribe cantos “ épicos” (a
hechos de armas, a los descubrimientos, al progreso), himnos patrióticos,
sátiras, parodias, fábulas, epigramas. . . Escribe, en fin, tragedias.
En alguna ocasión, como ocurre con su conocido
artículo titulado Literatura nacional (publicado en El Tiempo, de Buenos Aires,
N 36, del 14 de junio de 1828) se aproxima a rasgos típicamente románticos en
la valoración del paisaje. Pero, en su conjunto, reitero, Varela es un típico
neoclasicista por formación, ideales, temas, expresión, etc.
De manera especial, el nombre de Juan Cruz Varela
se liga, por dife rentes motivos a un determinado y breve período del Río de
la Plata. Después siguió escribiendo, pero no cabe duda de que su obra por
exce lencia es aquella centrada en la década del veinte.
Fue Varela el autor argentino anterior más
apreciado por los autores que comenzaron a escribir poco después de 1830. Su
prestigio se mantuvo posteriormente en el Río de la Plata (y algo contribuyó a
ello la edición de 1879). Eso sí, su fama se apoyó menos en el conocimiento y
aquilata-miento de su obra que en el carácter de autor “representativo” que
desde un principio se le asignó. Su importancia se apoyó en razones históricas
más que estéticas: versos aislados, como testimonio de hechos y nombres. Así ha
llegado hasta nuestros días, en que; concluyo, Varela se ve poster gado con
frecuencia ante el mayor relieve (no importan las diferencias) concedido a
Bartolomé Hidalgo, poeta gauchesco.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
J U A N C R
U Z V A R E L A , Poesías, Buenos
Aires, 1879. Reimpresa en 1918.
J U A N C R
U Z V A R E L A , Poesías, ed. de Manuel
Mujica Láinez, Buenos Aires,
1943.
J U A N M A
R ÍA G U T IÉ R R E Z , Estudio sobre
las obras y persona del literato
y publicista argentino D. Juan de la Cruz Varela
(Buenos Aires, 1871). Varias reimpresiones, entre ellas, la publicada en Juan
María Gutié rrez, Los poetas de la Revolución (Buenos Aires, 1941, págs.
131-511).
M E N É N D E Z
P E LA YO , Antología de poetas hispanoamericanos (IV , ver ed.
de Madrid, 1928).
R O B E R T O
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lución (en el Boletín de la Academia Argentina de
Letras, Buenos
Aires, 1939,
N? 25).
M A N U E L
M U JI C A L Á IN E Z , Prólogo
a su edición.
R A F A E L A L B E R T O A R R IE T A , La odisea
editorial de las “Poesías” de Juan Cruz Varela (en el Boletín de la Academia
Argentina de Letras, de Buenos Aires, 1939, V II, N? 27).
Luis R O B E R T O A L T A M IR A , Juan de la Cruz
Varela en la Universidad de Córdoba. Su despertar poético (Córdoba, 1946).
LA CORONA DE MAYO
Deus nobts haec otia fecit.
Virgilio,
Egloga I)
ESTE ES el sitio ¡oh Dios! este es el sitio
del horror y la muerte. — En algún día
por el cóncavo techo,
en roncos ayes resonar se oía
el plañidor gemido 5
de víctima infeliz, que al triste lecho
atada con horrísima cadena,
al cielo
endurecido
decía en vano su cansada pena.
De este lugar hasta el cadalso horrible, 10
en el carro de muerte arrebatados,
iban los
infelices destinados
al desagravio de la ley hollada,
y de la sociedad menospreciada.
Pero
más todavía: más
odiosa *5
para los
Libres era
esta estancia
ominosa,
por las escenas que otras veces viera,
en las horas de luto que cubrieron
el suelo en que algún día 20
la libertad y la igualdad nacieron.
Los grandes héroes de la Patria mía,
los ilustres varones
que el primer grito levantar osaron
e impusieron a todas las naciones, 25
cuando en Mayo de diez hasta el abismo
se hundiera el trono vil del despotismo;
esos patriotas de memoria eterna,
encarcelados por ingrata mano, aquí en dolor
lloraron,
y al son de sus prisiones 30
la suerte de la Patria lamentaron.
Mil de veces al cíelo demandamos
un rayo vengador, que este edificio
en polvo convirtiera;
y el cielo a nuestros votos impropicio 35
el rayo suspendió, porque ya era
preparado otro tiempo
en que libre gozara el argentino
de la tranquila paz el don divino.
Este tiempo lució; la ronca rueda de la carroza que
arremata a Marte,
y el carro en que atropella la anarquía cuando sus
sierpes y su horror reparte, gozosa sólo en su nefanda guerra, pasaron ya otro
día
para no más tornar, y en nuestra tierra ni la
huella dejaron
que señale el lugar por do
rodaron.
Este Mayo lo vio: su bella aurora en el fúlgido
oriente levantada, miró la tierra por el cielo amada y miró paz, unión. En esa
hora
se elevó nuestro canto al firmamento, y el alígero
viento
desde el cielo a la tierra lo volvía, mientras la
fama más veloz volaba, y a todo el universo lo anunciaba. Mayo fue cual
ninguno: su corona estaba reservada
al dios de la armonía,
que invisible y gozoso presidía
entre los amadores
de la música y canto:
El lo colmó de todos sus favores, y del mágico
encanto
que todas las pasiones adormece,
y todos los sentidos embebece.
Este lugar de llanto y de tormento, y de queja otra
vez, se ha convertido en el templo de Apolo;
y donde antes el eco del lamento se levantaba
desoído y solo,
al fin se siente un día
todo el placer que causa la armonía.
Sí, perdonadme, y permitid que pueda en el débil
estilo
que a mi verso impotente se conceda, invocar
nuevamente
el nombre de la Patria, y la memoria del bienhadado
día
que la llenó de gloria,
y sepultó en el sur la tiranía.
¡Oh Mayo venturoso!
mes de los meses; pero más dichoso
esta vez que jamás; un Dios ha sido 85
quien la calma de paz al fin nos diera: 1
felices nos has visto; en su carrera
no se detiene el tiempo: cuando tornes
en años venideros,
más felices tal vez, más placenteros, 90
nos hallará tu sol; y tu alabanza
alcanzará a do su luz alcanza. 2
AL BELLO SEXO ARGENTINO
ODA
T A L C O M
O m ira
tras b orrasca fiera
el triste navegante
aparecer el sol sobre la esfera,
y al mugidor océano en un instante
restituirle la calma placentera; 5
tal, argentinas bellas, os miramos
derramando consuelos
sobre los que, ya libres, habitamos
la tierra más amada de los cielos.
El campeón patrio, que en feroz milicia 10
pasó sus verdes años;
el ministro imparcial de la justicia;
el sabio que destruye los fengaños,
consagrados tal vez por la malicia;
el mercadante activo y afanoso, 15
todos, todos, oh bellas,
a vuestro lado olvidan deleitoso
penas a un tiempo y la memoria de ellas.
1 Aquí alude
el poeta a las expresiones de Virgilio que lleva por epígrafe esta composición:
deus nobis haec otia fecit.
(Egloga la. v. 6.)
2 El
Centinela, n° 46, Colección de Poesías Patrióticas, Págs. 250-258. (Notas de
Juan María Gutiérrez).
La juventud se agolpa a vuestros pasos,
y, ciega, arrebatada, 20
cae en los blandos amorosos lazos
en que se engríe de mirarse atada.
Os formó el mismo Amor; y los abrazos
de la diosa sin par de la hermosura, 25
con otras tan ingrata,
colmaron de belleza y de ternura
a las hijas del Río de la Plata.
Cual camina la luna majestuosa,
derramando fulgores, 30
del mismo modo la argentina hermosa
marcha serena derramando ardores;
pues le dieron con mano bondadosa
Venus sus ademanes
expresivos,
los amores su
risa, 35
las gracias sus picantes atractivos,
y el pudor sonrosado su divisa.
Buenos Aires soberbio se envanece
con las hijas donosas
de su suelo feliz; y así parece 40
cual rosal lleno de galanas rosas
que en la estación primaveral florece
Todas son bellas, y la mano incierta
que a la flor se adelanta,
una entre mil a separar no acierta 45
entre la pompa de la verde planta.
¿Cuál es el pecho de metal formado,
cuál corazón de peña,
que al mirar expresivo y pasionado,
al suavísimo hablar de una porteña,
puede
permanecer desamorado? 50
¡Hijas del primer pueblo americano!
Ostentad vuestra gracia,
y cesen ya de presumir en vano
las bellezas de Georgia y de Circasia.
¿Qué queréis? ¿Queréis templos en que vamos 55
a dar adoraciones
a vosotras, ¡oh, diosas!, que admiramos?
Vuestros altares son los corazones,
nuestro incienso el suspiro que exhalamos,
nuestros votos amor. Y ¡cuántas veces serás
afortunado
mortal, que el pecho a la argentina ofreces, si la
argentina te llamó su amado!
Mas no sola en vosotras la belleza, porteñas
adorables,
ha querido copiar naturaleza; porque, para formaros
más amables, ha llenado vuestra alma de grandeza. En vosotras, unida la
hermosura al sentimiento, al genio,
domináis en nosotros por ternura, domináis en
nosotros por ingenio.
Vuestra imaginación, cual vuestro río, ensanchada,
atrevida,
corre con impetuoso señorío
sin que pueda mirarse contenida. Aumentad vuestro
hermoso poderío con los adornos útiles del alma; y goce a vuestro lado
el tumulto de amor, la duce calma, a un tiempo el
amador embelesado.
Adiós, hermosas de la patria mía.
¡Feliz, feliz mi verso
si pudiera lograr que en algún día llenara vuestro
nombre el universo! Y sí lo llenará. La luz que envía al anchuroso mundo el sol
benigno es de todos loada,
aunque en labio y en metro menos digno llegue a ser
por alguno celebrada.
EN
HONOR DE BUENOS AIRES
E R A L A
noche; y la ciudad amada por el Dios de los libres,
tranquila en brazos de la paz dormía, en profundo
silencio sepultada. La mole de sus torres parecía
antiguo monumento,
allá en remoto siglo levantado,
para grandioso y digno enseñamiento.
Y era mudo,
olvidado,
pero del crudo tiempo respetado.
De lumbreras menores rodeada
la luna en medio cielo,
en su carroza de ébano sentada,
con su luz melancólica y serena
bañaba el quieto suelo; y el grande río de la
patria mía de su orilla feliz la suelta arena suavemente en sus aguas revolvía;
a la luz de la luna así brillando,
cual una copia inmensa
de derretida plata brillaría,
trémula, undante, en movimiento blando.
Dejando el lado de mi dulce dueño, que, en esas
horas mudas, misteriosas, ya descansaba el delicioso sueño
de las fatigas del amor preciosas, contento el
corazón, suelta la mente,
me sentí de repente
a la lira impulsado,
cual de poder divino,
y a cantar el destino
del suelo afortunado
en que la suerte plácida me diera abrir mis ojos a
la luz primera.
¡Buenos Aires! ¡Mi patria! En algún día la
maldición del cielo
tu recinto inundó, y oscuro velo
tus inmortales glorias encubría.
En su carro de espanto rodando por tus calles la
anarquía, tus calles anegaba en sangre y llanto, y en fratricida mano se
agitaba
de la discordia impía el tizón infernal. Entonces
era cuando ni el hijo al padre respetaba,
ni el hermano al hermano debida parte en su cariño
diera. De las leyes al solio soberano
subió el crimen triunfante, y el altar de la ley
cayó al instante,
en trozos dividido,
por entre el polvo en vilipendio hundido.
Los dioses tutelares nos miraron
con ojos de piedad, y a su desgracia la ciudad
infelice abandonaron.
Ese tiempo voló, y en nuestra historia no borrará
el honor de tu memoria, inmortal Buenos Aires: hoy levantas sobre los otros
pueblos tu grandeza,
cual alza su cabeza
a la nube el ciprés, entre las plantas y arbustos
pequeñuelos,
que apenas se levantan de los suelos.
¡Gloria eterna a tu nombre! Por do quiera
presentas, patria mía,
un motivo de asombro a las naciones.
Creyeron que el olvido te cubriera,
y que tu noble fama moriría
entre nuestras funestas disensiones; pero tú
resplandeces más glorioso, los hórridos nublados
de la civil contienda borrascosa:
después de disipados
bien como el alto sol en alto cielo brilla más
refulgente,
tras tempestad sombría, cuyo velo
nos robaba la lumbre de su frente,
yo admiro tu esplendor y le contemplo
y le admiro otra vez. Mi incierto paso
se dirige hacía allá, y entro en el templo donde la
ley se dicta en tono digno,
sin que lo estorbe prepotente brazo, ni se oiga del
poder ultraje indigno. Con tal triunfo engreído el ciudadano,
obedece gustoso
las leyes que le mandan ser dichoso, y bendice la
mano
que firmó su fortuna,
y la del hijo de su amor precioso,
a quien la libertad nace en la cuna.
Hacia acá vuelvo, y al poder encuentro noblemente
ocupado
en proteger al débil, al malvado castigar,
corregir, y hacer el centro del comercio y las luces protectoras
al pueblo afortunado,
que se puso en sus manos bienhechoras. ¡Tiranos
¡ah! los que afligís al hombre! Sonará con horror eternamente
vuestro execrado nombre;
y vosotros, vosotros que a la frente
estáis de los destinos
de mi pueblo feliz, vuestros caminos los de la fama
son; y cuando el bronce
se pula en nuestro suelo, ¡cuánto entonces honrará
nuestro artista la memoria
de los que dieron a su patria gloria! ¿Pero quién
me transporta a los altares
do Minerva se adora,
y los dones celestes atesora,
que prodiga sin fin y sin medida?
¡Juventud escogida
del escogido pueblo! Yo a millares agolpada te veo
a la fuente correr, en que se bebe la ciencia y la
inmortal sabiduría; ni mi ardiente deseo
mira distante el día
en que la patria debe
fiarte su ventura,
esperando le pagues con usura.
¡Esparta libre! ¡Atenas ilustrada! ¡Remotos nombres
que al remoto tiempo pasaréis con honor! Pues imitada
en Buenos Aires fue la inmensa gloria, que en
edades de atrás os dio renombre, y hace que vuestra historia
hoy todavía al universo asombre; Buenos Aires unida
en adelante
irá a vuestra memoria
y, cuando ella se cante
en los siglos que vengan, nuestros nietos
tributarán iguales sus respetos
al pueblo que ha imitado
los modelos que al mundo habéis dejado.
Así cantaba yo; pero entretanto mostró la aurora su
rosada frente, de grana y oro se vistió el oriente, y, cansada la lira, cesó el
canto.
SOBRE
LA INVENCION Y
LIBERTAD
DE LA IMPRENTA
AM OR, que sobre todas las deidades has recibido
adoraciones mías, tu dulce poderío y tus bondades
ya celebró mi canto
en lo florido de mis frescos días, y regué tus
altares con mi llanto.
Canté lo que sentí. Después mi rima, resonando
entre gritos de victoria, hizo volar por cuanto Febo anima
los nombres de los ínclitos varones de perenne
memoria,
que las iberas huestes debelaron, y al suelo de mi
patria libertaron.
Canté lo que debí: y ora la mente, de un entusiasmo
nuevo arrebatada, transportada se siente
hasta el templo del Genio, donde mora la invención
creadora; templo en cuyos altares,
de la turba vulgar no frecuentados, seres
privilegiados
presentan sus ofrendas singulares,
y a la par de la deidad son adorados.
Extraño ardor me inflama;
y, en mi rápido vuelo,
allá me encuentro en el helado suelo do Gutenberg
nació. Quintana solo supo ensalzar su nombre;
Quintana, el hijo del querer de Apolo, émulo de
Tirteo en fuerte canto,
y a quien solo se diera
que, de su lira al sonoroso encanto, digno de
Gutenberg su verso fuera.
Arrastrando los carros de la guerra, genios de
destrucción al Rin llevaron la plaga asoladora de la tierra;
y el renombre del Rin eternizaron solamente a los
ojos
de los hombres feroces,
que, sedientos de sangre y de despojos, la
Humanidad y sus derechos huellan, y del cielo y Natura
las leyes sacrosantas atropellan. ¡Oh Rin
ensangrentado! No tu fama deberás al furor: el dios del verso, los veraces
anales de la Historia, el genio, el Universo, celebrarán tu gloria,
no porque oíste el horroroso estruendo, si porque
viste a Gutenberg naciendo. El inventó la Imprenta, y del olvido redimió
grandes nombres;
que el invento atrevido
eternizó las obras de los hombres, y ató todos los
tiempos al presente. Todo cuanto la mente
de algún mortal contemplador concibe, o exaltada
imagina,
si libre, inmensa, por doquier camina, cuanto
precepto la razón prescribe, todo, todo estampado,
y en copias mil y mil multiplicado, cruza la
erguida sierra, cruza el ponto profundo,
que divide la tierra de la tierra, y atraviesa
veloz el ancho mundo del Ecuador al Polo,
y del ocaso, do la noche mora, hasta el fúlgido
reino de la aurora. ¡Tanto puede la Imprenta! Ni esto sólo a su poder es dado;
que los sabios del tiempo que ha pasado
hoy con nosotros hablan;
y, cuando el postrer siglo haya llegado, 75
hablará el más lejano descendiente
con ellos y nosotros igualmente.
Así la ilustración, como la llama
del sol inapagable,
que enseñorea inmóvil la Natura, 80
de un día en otro sin cesar renace
de un siglo en otro permanente dura.
¡Loor a Gutenberg! ¿Ni quien creyera
que su invención benéfica, sublime
en algún tiempo fuera 85
causadora de males,
que empaparon en sangre los mortales?
El fanatismo y el poder, que siempre
en daño de los hombres
del invento feliz se aprovecharon, 90
y él sirvió a los horrores
que al Universo afligen,
cuando aquellos despliegan sus furores,
y con vara de fierro al mundo rigen.
La Imprenta
publicaba 95
que al más vil, al más bárbaro tirano,
si en un infame trono se sentaba,
del mismo Dios la sacrosanta mano
daba el cetro gravoso,
que en yugo ignominioso 100
a los mismos pueblos abrumaba.
En vano, en vano la Filosofía,
siempre amiga del hombre,
descubrir el engaño pretendía.
Disimulado con mentido nombre, 105
de la Verdad severa
la penetrante voz no bien se oyera,
cuando atroz fanatismo,
evocando las furias del abismo,
soplaba airada la funesta hoguera, 110
y la execranda llama consumía
las páginas de luz, que se atrevía
algún sabio a escribir con libre mano;
que el desusado tono
estremeció al tirano, 115
y sintió bajo el pie temblando el trono.
Así quedó cegado
el canal que la Imprenta en algún día, para dar
curso a la sabiduría, benéfica mostró. Desde el momento a nadie le fue dado
disponer de su libre pensamiento, cual si le fuera
por merced prestado. Cuando un nuevo camino
a los hombres se muestra, y las deidades ofrecen
nuevo don, ¿será destino ingrato abusar de sus bondades, y hacerlas instrumento
de crímenes sin cuento,
de opresión, de venganzas y maldades? ¡Ah! ¡Qué
proterva condición del hombre! Así llegó de la fecunda tierra
al seno engendrador su osada mano, y el metal que
se encierra
en las hondas entrañas
de las erguidas ásperas montañas,
arrebatara a la caverna oscura
do plugo sepultarlo a la Natura.
El rígido metal se convertía
en surcador arado,
y el campo alborozado
una mies abundosa prometía. Pero pronto sonó la
guerra impía, la maldecida trompa,
y el metal en espada convertido,
y en dura lanza que los pechos rompa, todo campo
cubierto de cadáveres fuera,
y la sangre humeando discurriera por entre el surco
del arado abierto.
Así la selva sus robustos pinos
a la mar vio lanzados,
y venciendo las ondas denodados, hallar nuevos
caminos
que de un mundo conducen a otro mundo, y hermanar
las naciones del Oriente con los pueblos lejanos de Occidente;
mas también pronto por el mar profundo, preñados de
furores y venganza,
los armados bajeles navegaron,
y en llanura de bárbara matanza
los piélagos inmensos transformaron.
¿De qué no abusa el hombre? Así la Imprenta, un
tiempo envilecida,
o brutales caprichos adulaba
de la ambición sedienta,
o al fanatismo pérfido vendida, mentía en cada
letra, y blasfemaba del mismo Dios excelso,
cuyo nombre sacrilego estampaba.
160
165
Esas negras edades 170
de ignorancia y maldades,
y universal error, ya son pasadas;
y el hombre, dueño de su pensamiento,
libre como su hablar y sus miradas, 175
libre como la luz y como- el viento,
en rasgos indelebles lo publica.
Su tesoro de ciencia comunica,
o, de temor seguro,
juzga al déspota duro; 180
veraz y mesurado le condena,
y, sin violencia, su furor refrena;
y de la hipocresía
los simulados crímenes delata;
y la impostura pérfida arrebata 185
el doloso disfraz que la cubría.
¡Feliz, feliz el suelo
donde los hombres gozan
de tanta libertad! Los que destrozan,
allá bajo otro cielo, 190
la triste Humanidad, y en los sudores
y en el llanto infeliz del miserable
se bañan con placer abominable,
¿qué harían si la prensa sus furores
al sometido pueblo revelara, 195
la amenaza llevase a sus oídos
y el odio de los buenos concitara
del opreso acallando los gemidos?
Temblad, tiranos, mientras libre sea
el ejercicio de escribir honroso; 200
y siempre lo será; que el mundo ahora
no es ya cual lo desea
vuestra ambición fatal y asoladora.
Mas yo me vuelvo a venerar al hombre que cultiva el
saber y que el tesoro
de su mente prodiga. Su renombre, con caracteres de
oro
escrito en los anales de la ciencia, irá a la más
remota descendencia.
Es premio de su afán; no quiso avaro sus luces
ocultar; pudo dejarlas en resplandor universal y claro,
y no debió en la tumba sepultarlas. Libre escribió
lo que en tenaz empeño arrancó a la recóndita Natura,
y de la lengua pura
de la Filosofía
escuchó con anhelo en algún día. Aprendió y enseñó:
tantas lecciones propagaron las prensas. Las naciones perecerán después, y
otros imperios se verán levantados
sobre antiguos imperios derrocados.
Empero el sabio sin cesar renace,
que así la Imprenta sus prodigios hace.
Por esta noble libertad se llama el siglo en que
vivimos
el siglo de las luces, aunque brama sañudo el
fanatismo, que quisiera muchos lustros al tiempo en su carrera hacer
retrogradar porque tornara
su poderío infausto abominable, antes por la
ignorancia respetado, pero en días felices, execrable
al Universo en fin desengañado.
¡Oh patria en que nací, digna morada de la alma
libertad, en donde el genio se remonta brillante! Si la Imprenta afanada
los frutos del saber y del ingenio multiplica y
derrama a cada instante, ésa, mi amada patria, ésa es tu gloria. Coronada tu
frente
mil veces del laurel de la victoria,
la libertad, la ciencia solamente
te han sublimado a la envidiable altura, 245
donde el orbe te mira,
y a do en vano procura,
encumbrarse en tu honor mi humilde lira.
(Juan Cruz Varela, Poesías, ed. de Buenos Aires,
1879)
Fray Servando Teresa de Mier
(1763-1827)
No C A B E duda de que Fray Servando Teresa de
Mier, el andariego y per seguido mexicano, es un autor realmente vivo en las
letras de comienzos del siglo XIX. Autor vivo, aunque la base de su prestigio
literario (vale de cir, sus Memorias) se hayan conocido mucho después de su
muerte. Exac tamente, en 1876. A las citadas Memorias pueden agregarse los
escritos pu blicados en nuestro siglo por J. M. Miquel i Vergés y Hugo
Díaz-Thomé, escritos que, sin tener el valor de aquella obra la completan en
distintos aspectos.
Resalta en las Memorias de Fray Servando la
ostentación del perseguido religioso, el fervor del patriota y un permanente
espíritu burlón. Esto últi mo, por encima de las penurias que relata y,
creemos, abulta. Estos des bordes conceden un carácter especial al autor y, no
dudamos, forman parte de su perfil esencial.
Las Memorias muestran, por un lado, la denodada
defensa que Fray Servando hace, por ejemplo, de la idea de que la Virgen de
Guadalupe apa reció en México con anterioridad a la Conquista. Idea que,
sorprende, sea defendida con tal fervor. Pero no es esta la única nota extraña
en Mier, cuya vida (tal como la conocemos por palabras propias y ajenas) ofrece
en abundancia reacciones llamativas.
Importa también, de manera especial, su visión de
la realidad europea, con abundantes rasgos de humor y certeros toques, casi
siempre negativos visión a la que contrapone, más de una vez, la defensa de lo
americano.
Es evidente, en Mier, la alternancia de luces y
sombras. Por eso siguen siendo válidas las exactas palabras de Alfonso Reyes:
El P. Mier habría sido un estrafalario si las
persecuciones no lo hubieran engrandecido y la fe en la Patria no lo hubiera
orientado.
A los argentinos Mier nos recuerda en más de una
ocasión la figura del P. Castañeda. Es decir, un P. Castañeda recortado sobre
un fondo internacional que el fraile rioplatense no tuvo. A veces, también
prefigura aspectos de Sarmiento (no muchos). En cambio, no me parece acertada
la comparación con Casanova que establecen los editores de los Escritos
inéditos.
En algún lugar de sus Memorias habla Mier de “ mi
genio festivo, can doroso y abierto. . . ” La declaración vale como un
principio de autocon-fesión que reconocemos válido. Si bien, conviene agregar
de inmediato, resulta insuficiente para abarcar su personalidad total.
Por supuesto, la dimensión más exacta —y más alta—
es la que refleja la prosa de Mier, ya que la prosa es el vehículo adecuado de
su pasión y prédica. El verso aparece sólo como un elemento ocasional
“improvisacio nes” las llama el autor, y tiene razón.
Sólo el deseo de incorporar a esta galería el
nombre del P. Mier obliga a considerarlo como poeta lírico, pero con la
aclaración de que no nos da aquí su mejor nivel. Es este el motivo de su
inserción en la presente obra a través de un perfil que, repito, no es el mejor
de nuestro autor.
Por último, me parece oportuno señalar que, sin
desconocer méritos a la reciente versión novelesca de Reinaldo Arenas, falta
todavía una básica y detallada semblanza histórica de Fray Servando, acorde con
la abundan cia de materiales y la compleja y esperpéntica fisonomía del fraile
mexicano.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
F ra y S e rv a n d o T e re sa de M ie r, Memorias
(1? ed., México, 1876). Ver ed. de Alfonso Reyes, E. América, Madrid, s.a.
F ra y S e
rv a n d o T e re sa de M ie r,
Escritos inéditos, publicados por J. M.
Miguel i Vergés y Hugo Díaz-Thomé, México, 1944.
ESTUDIOS:
A lfo n s o R
eyes, Prólogo a su edición.
J. M . M iq u e l i V e rg é s y H ugo D íaz -T h om é, Advertencia a su
edición. Luis G. U rb in a , P ed ro H e
n ríq u e z U re ñ a y N ic o lá s
R a n g e l, Antolo gía del Centenario, México, 1910 (Urbina, Estudio preliminar, I, P ri
mera parte, págs. CLXIX-CXCVI; Rangel, Bibliografía e iconografía,
I, Segunda
parte, págs. 417-424).
Luis G. U rb in a , La vida literaria en México y
la literatura mexicana duran te la Guerra de la Independencia (reproducción
del estudio anterior), México, 1946, págs. 209-403.
R aim u n d o Ramos, prólogo a Memorias y
autobiografías de escritores mexi canos (México, 1967, págs. XV-XXI).
G e rm á n A
rc in ie g a s , “ Fray Servando” (en América Mágica. Los hombres
y los meses,
Buenos Aires, 1959, págs. 255-279).
SUEÑO
POETICO
(FRAGMENTO)
a Jovellanos
TENDIDO el negro manto de la noche, imagen de la
vida que yo vivo,
a tiempo que descansan brutos y hombres, yo sucumbí
a mi dolor activo;
tal es el sueño, sí, tal es el sueño de un mísero
mortal, desfallecido
a fuerza de llorar males inmensos y de regar con
lágrimas sus grillos, en un acceso de su desventura,
que el alma, no bastando a resistirlo, se rinde,
sin que hórridos fantasmas dejen adormecer el dolor mismo.
Así dormía yo, cuando un perfume embalsamó mi
olfato peregrino,
y la ambrosía misma de los dioses me fingió luego
el sueño en su delirio. Un susurro de ahí a poco suave como el céfiro de alas
conmovido, cada vez entendiéndose más claro enteramente deportó mi oído.
Revine un poco, y estregué mis ojos, de dolor y
tristeza oscurecidos.
Una luz, cual aquélla con que Venus usa anunciar el
alba en el estío
me deslumbró, y sorprendido exclamo:
¿Cómo me dormí tanto? Ha amanecido.
Sonrióse entonces la belleza alada que al punto
divisé; numen divino, empuña un cetro, lleva una balanza, una diadema sobre el
frente, lindo.
Desplegando dos labios más bermejos que rosas de
vergel alejandrino, descubriendo dos órdenes de perlas encadenadas en coral
subido,
“— Yo sé que a ti, me dice, en otro tiempo
deleitaron de Apolo los sonidos:
toma la lira, ensaya con tus dedos acordar los
acentos consabidos” .
“ —Rota está de una vez la que tocaba,
mis manos yertas han perdido el tino;
40
no concuerdan los ecos armoniosos
con el tosco chillido de los grillos.
Nunca las Gracias visitaron, nunca,
un albergue tan sucio y tan sombrío;
las Musas no inspiraron corazones 45
tan maltratados y tan malheridos.
En el Anáhuac, en mi amada patria,
era libre y canté; hoy es distinto. .
(Memorias [1856], ed. Editorial América, Madrid, s.
a., págs. 192-193)
SONETO
t u v e indulto
y capitulación
en Soto, y
mi equipaje me robaron;
por traerme con grillos me estropearon
un brazo; de ahí fui a la Inquisición.
Sin otra causa que disposición 5
del gobierno, tres años me encerraron,
y a esta cárcel por fin me trasladaron
con la misma
incomunicación.
¿Cesó la Inquisición? Cesó el local,
varióse el nombre con el edificio 10
es hoy Capitanía General
lo que antes se llamaba Santo Oficio. Con la
Constitución todo es lo mismo: mudóse el nombre, sigue el despotismo.
(Manifiesto apologético del Dr. Don Servando Teresa
de Mier. . en Escritos inéditos, México, 1944, págs. 105-106. Ver, también pág.
459).
Rafael García Goyena
(1766-1823)
Si b ie n es corriente estudiar a García Goyena
entre los escritores “colo niales”, particularmente por su fecha de
nacimiento, me parece que su lugar exacto (por la acomodación o identificación
generacional) corresponde a la época de las Revoluciones de Independencia.
Repitiendo una situación que vemos en muchos
hombres destacados de aquellos años, la vida de García Goyena transcurre en
diferentes lugares: nació en Guayaquil, pasó después a Guatemala y
posteriormente a Cuba. Aquí terminó sus estudios de derecho, en 1804. Volvió
más tarde a Gua temala, donde vivió, hasta el final de su vida, de su
profesión.
La breve obra literaria de García Goyena muestra,
como características fundamentales, por un lado el predominio de un género, la
fábula, y, por otro, su identificación con la lucha revolucionaria. Esto
último, en menores proporciones.
En una época pródiga en composiciones didácticas y
satíricas, García Goyena alcanzó a destacarse como autor de fábulas y
letrillas. Poseía inge nio y condiciones especiales para el cultivo de estos
géneros, pero, por lo visto, no se prodigó en demasía. Nos dejó, sin embargo,
algunas composi ciones meritorias, particularmente la titulada Los animales
congregados en Cortes, fábula en forma de epístola que puede considerarse como
su obra más lograda.
Sus poesías patrióticas lo sitúan más limpiamente
en la época. Sobre todo en relación a la Independencia de Guatemala, a cuya
causa se sumó. Tanto que para muchos hispanoamericanos del siglo X IX (y de
hoy), García Goyena es considerado, con justicia, guatemalteco.
No cabe duda de que la base mayor en la
supervivencia del nombre de García Goyena está en sus fábulas. Pero,
igualmente, que acostumbramos a dar hoy relativa importancia a este trillado
género literario. La fábula servía también entonces como cauce al pensamiento
de la época. Y, en el caso de García Goyena y otros, con conexiones com una
realidad político-social que, se sentía, estaba cambiando o debía cambiar.
En fin, como ocurre en el caso de muchos otros
autores de aquellos años, puede recordarse a García Goyena dentro de un segundo
plano notorio.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
R a f a e l G a r c ía G o y e n a , Fábulas y poesías varias
(París, 1836).
R a f a e l G a r c ía G o y e n a , Fábulas
(Madrid, 1894, ed. de José Batres Jáuregui).
R a f a e l G a r c ía G o y e n a , Fábulas
(Guatemala, 1950, ed. de Carlos Sama-yoa Chinchilla).
ESTUDIOS:
A n to n io
B a tre s J á u re g u i, Biografías de literatos nacionales (Guatemala,
1884).
M. M
en é n d e z P e la y o , Antología de Poetas hispanoamericanos (I. ed. de
Madrid, 1927, pág. CLXX; y III, ed. de Madrid, 1928, pág. CXLII).
M o d esto C h a v e s F ra n c o , Biografías
olvidadas (Guayaquil, 1940). José J u a n A rro m , Esquema generacional de las
letras hispanoamericanas
(Bogotá,
1963, págs. 113-114).
LOS ANIMALES CONGREGADOS EN CORTES
Y A S A B E S que, por genio o por capricho, vivo
en este retiro, Delio amado,
al trato de las gentes entredicho.
En mi sola existencia confinado, aprendiendo del
tiempo las verdades que me enseña el presente del pasado
Interrumpe, tal vez, mis soledades uno u otro
jurídico negocio
que me hace conocer las sociedades.
Cuando esto no sucede, gasto el ocio en repasar
atento los avisos
de Horacio Flaco, mi perpetuo socio.
Evacuados ayer los más precisos asuntos que
ocurrieron en el día, me puse a leer gacetas y concisos.
Repleta me quedó la fantasía de cortes, juntas y
demás sucesos
que llenan hoy de honor la monarquía.
Revueltas mil fantasmas en los sesos, con la cabeza
me acosté tamaña;
y padecí del sueño los accesos.
Dormido me ocurrió la idea extraña de que voy a
hacer puntual diseño, porque puede apropiarse a nuestra España.
En el difícil cuanto heroico empeño que tiene
contra el déspota absoluto, atiende, pues, amigo: va de sueño.
En la trampa sutil del hombre astuto incauto cayó,
al fin, el fuerte León, del imperio animal monarca bruto.
Llevado de su noble condición, no teme los engaños,
ni recela de quien tiene por dote la razón.
Noticia semejante al punto vuela, discurre por
aquel y este hemisferio y a todos horroriza la cautela.
Las bravas fieras de su grande imperio se
enfurecen, alarman y disponen
a redimir al rey del cautiverio.
Entre otros medios, muchos se proponen celebrar una
junta o gran congreso de cuantas clases la nación componen.
Líbrase circular, mandato expreso que a todos los
cuadrúpedos emplaza en beneficio del ilustre preso.
El reino todo se levanta en masa, y de ariscos y
fieros animales
un individuo va de cada raza.
Aun las especies entre sí rivales se dan y
estrechan la amistosa mano, con otras señas de cariño iguales.
El audaz, el sangriento Tigre hircano, con sus
bigotes y manchada piel,
se mira popular y cortesano.
Sus garras disimula el Oso cruel, y en el público
teatro se presenta como patriota, ciudadano fiel.
La Pantera feroz, siempre sedienta de sangre de los
hombres, allí toma asiento, y a los suyos representa.
El Leopardo, acullá, también se asoma erizando la
crin o la melena,
y el ligero Cerval de nariz roma.
No dejó de asistir la cruda Hiena; desamparando su
nevado monte,
en las cortes también su voz resuena.
¡Oh membrudo y sagaz Rinoceronte!
el Búfalo. Hipopótamo y el Uro,
el Reno, la Jirafa y el Bisonte.
Todos asisten al común apuro. Allá se mira la
pintada Cebra; también la Danta de pellejo duro;
el Unicornio acá, de quien celebra la fama el
cuerno, que aplicado sana la mortal picadura de culebra.
De nuestra ínclita parte americana allí miro al
Cebú, oigo al Coyote aullar en la junta soberana,
el Huanaco, el Espín, el Ocelote, el Babirusa, el
Llama y el Zorrillo,
el tardo Armado, el Corzo y el Pizote;
el bravo Jabalí de cruel colmillo, el gordo
Tepescuinte, grato al gusto; el Onagro también y el Huroncillo,
todos a consultar el común susto se congregan de
ambos continentes, y forman el congreso más augusto.
Por las otras especies obedientes al duro yugo del
dominio humano, acordaron poner votos suplentes.
Como por el Caballo lusitano,
la Oveja confinada en vil encierro, la Cabra y el
doméstico Marrano,
y así de los demás; menos el Perro, que por su
natural inclinación
hacia los hombres, se le imputa el yerro
de la más alta y pérfida traición,
y en cuantas tiene más de treinta castas proscrito
lo declara la nación.
De los desiertos y regiones vastas
del orbe, vienen en unión social
cuantos usan colmillos, uñas y astas.
Esta ha sido la junta más cabal
que se ha visto de brutos congregados,
desde la del Diluvio universal. 105
Reconocidos los poderes dados,
se declara su fuerza por bastante;
y de acuerdo común, los diputados
eligieron, ninguno discrepante,
por medio de sufragios singulares, H
°
por cabeza del cuerpo al Elefante.
Dando los pasos, pues, preliminares,
el sabio presidente abrió el congreso
entre vivas y aplausos populares.
En un discurso que estudió para eso, H5
exagera la grave, atroz injuria
hecha al monarca que lloraba preso.
Exagera también la humana furia
que a todos predomina y avasalla,
llenándoles de males y penuria. 12°
“Todo el reino animal cautivo se halla
— dice aquel orador— . De todo el globo
se hace dueño absoluto esta canalla.
“ Sus satélites son la muerte, el robo;
no respeta la hacienda ni la vida 125
del humilde Cordero o fiero Lobo.
“ Contra el hombre tirano bruticida,
este grave congreso se ha instalado:
recuperad la libertad perdida.
“ La libertad de nuestro rey amado, *30
que en las redes cayó de oculto lazo;
la libertad del reino y del estado. . . ”
“ ¡Libertad — grita el Tigre— en todo caso para que
por las plazas y las calles
me pueda yo pasear sin embarazo!” 135
“ Libertad absoluta sin detalles” , al mismo tiempo
reclamaba el Oso para rugir por montes y por valles.
Repite libertad el cauteloso
Jacal, poniendo su mirar ferino
en el Conejo débil y medroso.
“ Tengamos libertad — dice el dañino Lobo— , para
dejar la oscura gruta
y salir a las claras al camino” .
Demanda libertad la Zorra astuta, y que mueran el
hombre y el mastín para que pueda ser más absoluta.
Nuestro Gato montés y el Tacuazín son de la
libertad declamadores;
y todos piden libertad al fin.
El Mono entonces dijo así: “ Señores, la amable
libertad es el objeto
de las públicas ansias y clamores;
“ que la conseguiremos me prometo, si descubre la
luz de esta asamblea
el medio de salir de tanto aprieto. “ El común
enemigo se pasea
por nuestras posesiones muy altivo, mientras la
junta libertad vocea.
“ Pero ¿qué libertad, según percibo, no es la que
más conviene a la nación ni la que necesita el rey ‘cautivo?
“ Particulares libertades son
las que oigo reclamar a cada uno conforme a su
específica intención.
“ Libertad para hablar sin freno alguno, libertad
para hacer cuanto se quiera,
se pretende en un tiempo inoportuno.
“No se consigue el fin de esa manera; el reino
seguirá tiranizado
y el príncipe en poder de aquella fiera;
“ la salud del monarca y del estado es el único
objeto, el punto fijo
a que debe atender nuestro cuidado.
“ y no refiero, por no ser prolijo, otras muchas
más cosas en abono” . Aquí la maliciosa Zorra dijo:
“ ¡Oigan al charlatán; miren al Mono, cómo quiere
con gestos y parola imponemos la ley y dar el tono!
“ Pensará que solo él ha dado en bola, y que sabe
pensar como la gente,
sin mirar por detrás su larga cola. “ ¿Cómo tuvo
valor el insolente
de acusar, al magnífico concurso,
no menos que de necio, impertinente?
“ Que no sabe elegir aquel recurso que a la
necesidad actual conviene, careciendo de todo buen discurso?
“ Nada ignoro; ya sé de dónde viene esa mordacidad;
todo es resabio
del humano comercio que mantiene.
“ Discurrir como el hombre, con agravio de nuestra
majestad (¡injuria atro!),
es por más parecérsele en lo sabio, “ así como en
la cara tan feroz,
y merecer con
él alto renombre. . . ” El señor presidente alzó la voz,
diciendo así: “ Nadie se asombre, si como un animal
el hombre opina,
que haya bruto que piense como el hombre” .
Aquí, amigo, la fábula termina porque quiso un
ridículo fracaso interrumpirnos la sesión felina.
Sabrás que en otro tiempo vi de paso, leyendo
antigüedades de Heinecio, cierta doctrina conveniente al cas o ...
Así dormido me esforcé bastante,
y con voz tartamuda dije recio:
“ Ha hablado en su lugar el Elefante; 210
“ ese mismo dio causa a cierta ley,
en el juicio de un sabio protestante” .
Al escuchar mi acento aquella grey,
me reconoce, grita y se agavilla,
diciendo: “ ¡El opresor de nuestro rey!” ; 215
me cerca la brutal fiera cuadrilla;
me embiste con furor y con denuedo;
a mí me despertó la pesadilla,
y al escribírtelo ahora tengo miedo.
Me parece que todo es realidad,
y continuar la epístola no puedo.
Consideréme solo, a la verdad,
entre aquella furiosa multitud,
que a título de pública salud
me acusaba de lesa majestad. 225
(Rafael García Goyena, Fábulas, ed. de José Batres
Jáuregui, Ma drid, 1894).
Camilo Henríquez
(1769-1825)
S in e s t a b le c e r mayores semejanzas entre
Camilo Henríquez y Fray Ser vando Teresa de Mier (aunque alguna hay), quiero
explicar que la proxi midad que establezco obedece a vagas razones literarias
y de significación genérica. En el caso de Camilo Henríquez, que no consideramos
como autor muy destacado, su obra lírica es aún de promedio menor. Cuesta
encontrar, entre sus composiciones en verso, muestras de algún valor. Prueba
indirecta de lo que digo es el hecho de que Camilo Henríquez está representado
corrientemente en las antologías por su traducción del Himno de los Estados
Unidos, que Henríquez ofrenda a Buenos Aires. Es decir, una letra nada notable
en su original y en la traducción.
Nació Camilo Henríquez en Valdivia, pero estudió en
Lima, en el Cole gio de los Padres de la Buena Muerte, a cuya orden se
incorporó. Tuvo problemas con la Inquisición y posteriormente se trasladó a
Quito y, más tarde, volvió a Chile, donde colaboró en las tareas de la Primera
Junta de gobierno. Sobre todo como relator de La Aurora de Chile (1812), El
Monitor Araucano y El Semanario Republicano.
La reconquista española, en 1814, lo obligó a dejar
Chile por Buenos Aires, donde vivió de la actividad periodística (La Gaceta de
Buenos Aires, El Censor) y de otros menesteres menos literarios.
Al lograr Chile su independencia definitiva, el
Libertador O’Higgins le pidió que regresara a la patria. Volvió en 1822, para
seguir sobre todo su actividad periodística y también para dar su apoyo al
naciente estado. Se destacó como colaborador en El Mercurio de Chile,
reconocido como la pri mera revista chilena. Aquí como antes, en Buenos Aires,
Camilo Henríquez difundió sus ideas liberales y su identificación con autores
franceses del siglo XV III (Voltaire, Montesquieu, Rousseau, Raynal
Como he dicho, su producción poética es endeble y
da una idea poco fiel de la dedicación de Camilo Henríquez a la causa
revolucionaria. Sus obras dramáticas (Camila o La patriota de Sudamérica, La
Inocencia en el asilo de las Virtudes y Lautaro), un poco más altas, tampoco
alcanzan para
darle un sitio especial. Recordamos mejor al
doctrinario (Catecismo de los Patriotas, de 1813; Ensayo acerca de los sucesos
desastrosos de Chile, de 1815), más ligado a su incesante prédica periodística,
si bien hay hilos de pensamiento que enlazan prácticamente toda su obra.
Como síntesis, quizás sea más exacto decir que
Camilo Henríquez se impone más por su labor de conjunto, con modesto nivel
general. Y, tam bién, que su dispersa obra lírica es sector harto vulnerable.
Con todo, la necesidad de tener presente nombres como los de Chile y Camilo
Henríquez obliga, aún con estas salvedades, a incluirlo en esta heterogénea
galería.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
C a m ilo H e n ríq u e z , Poesías (recopiladas
por M. L. Amunátegui, en La alborada poética en Chile después del 18 de
setiembre de 1810, San tiago de Chile, 1892).
ESTUDIOS:
M. L.
A m u n á te g u i, Camilo Henríquez (2 tomos, Santiago de Chile, 1889).
R a ú l S ilv a C a stro , Prólogo a la Antología
de poetas chilenos del siglo XIX (Santiago de Chile, 1937, págs. XII-XIII).
F e rn a n d o A le g r ía , La poesía chilena
(México, 1954, págs. 165-179). “A lo n e ” (H e rn á n D íaz A r r i e t a ) ,
Historia personal de la literatura
chilena (Santiago de Chile, 1954, págs.
115-123).
EN EL 18 DE SEPTIEMBRE DE 1812
E N SA L Z A D de la patria el nombre claro hijos
del Sud; despedazad cadenas; apareced gloriosos en el mundo
por vuestra libertad e independencia.
En triste oscuridad, pobres colonos, por tres
centurias os miró la tierra, indignada del bajo sufrimiento
que toleraba oprobios y miserias.
¿Derechos sacrosantos e inmutables no recibisteis
de naturaleza?
Pues ¿por qué tan esclavos habéis sido, viviendo
oscuros en la dependencia?
¿Sois hombres? Pues sed libres, que los al hombre
hicieron libre. Sus eternas
e imprescriptibles leyes lo prescriben, y la razón
lo dicta y manifiesta.
¿Y el célebre derecho de conquista? ¿Puede ser un
derecho de violencia? ¡Llamar derecho al robo, al exterminio! Derecho es de
ladrones y de fieras.
Si da derechos la conquista, somos sólo nosotros
dueños de estas tierras, pues todos somos, sin haber disputa, de los
conquistadores descendencia.
Títulos más sagrados y más nobles tiene la patria
porque libre sea. Poblada de hombres libres, gozar debe toda su libertad e
independencia.
¿Hasta cuándo en papeles miserables se buscan los
derechos? La suprema mano los escribió en los corazones: esta es la voz de la
naturaleza.
En fin, gracias al cielo, ya la patria de su sueño
y letargo se avergüenza: maldice el sufrimiento de tres siglos, siglos de
oscuridad y de cadenas.
Revive el fuego patrio: en nuestros pechos,
la llama de los héroes ya se muestra;
se ama la libertad;
se ama la gloria;
el gran nombre y la fama se desean. 40
En donde en otro tiempo el yugo indigno
de servidumbre se sufrió por fuerza,
hoy de la libertad republicana
el
estandarte tricolor se
eleva.
Arde la juventud en marcial fuego; 45
ardor republicano es quien la alienta;
todo predice el triunfo de la patria,
en el gran nombre y libertad eterna.
El estruendo que forman al romperse
vuestros pasados grillos y cadenas, 50
¡cuánta consolación, cuánta esperanza
derramará en los pueblos que os observan!
De libertad los triunfos no acompañan
ni suspiros, ni lágrimas, ni quejas.
Las alegrías, sí, de los tiranos 55
¡cuántos clamores, cuántos llantos cuestan!
Cuando de la opresión cae un coloso,
toda la especie humana se consuela;
los nobles gozos de los pueblos libres
la razón preconiza y los celebra. 60
Este día solemne y sacrosanto
de una vida más noble no perezca;
se eternice en los fastos; y la fama
se encargue de extenderlo por la tierra.
(Miguel Luis Amunátegui, La alborada poética de
Chile después del
18 de Septiembre de 1820, Santiago de Chile, 1892).
José María Gruesso
( 1779-1835)
Dos n o ta s , no muy acordes, han servido sobre
todo para dar vaga perma necía al nombre de José María Gruesso, versificador
colombiano nacido en Popayán.
Por un lado, el episodio biográfico que lo liga a
un amor desdichado (con la novia que muere en víspera de la boda). Y, como
consecuencia, la entrada de Gruesso al estado religioso. Hay, además,
repercusiones lite rarias en su obra, con ecos de Young.
Por otra parte, el conocido dato de que Gruesso, en
su poema Lamen taciones de Pubén, fue el primero que, en Hispanoamérica,
utilizó el adje tivo romántico. Adjetivo aplicado al paisaje y como eco, sin
duda, de un primer sentido literario. (Eso sí, conviene aclarar que la
bibliografía vincu lada a este poema no suele presentarse con mucha precisión)
Fuera de estas noticias llamativas, es justo decir
que, en el conjunto de su obra, Gruesso aparece como uno de los muchos autores
neoclasicistas de la época, autor de anacreónticas, elegías, himnos escolares y
homenajes patrióticos. Con algunas resonancias prerrománticas; sobre todo, en
la visión de la naturaleza y el tema sepulcral. Su valor es mediano.
De manera especial, ha sido el fervor de José María
Ver gara y Ver gara el que ha mantenido el recuerdo de este autor poético y
orador, ligado particularmente por vida y obra a su ciudad de origen, Popayán.
En síntesis, es posible que fuera del dato sobre el
uso del vocablo, Gruesso estaría hoy completamente olvidado, como lo estuvo en
muchas antologías colombianas. Por mi parte, no lo rescato con relieve
especial, sino como nombre que contribuye más bien a una visión de conjunto.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
José M a
ría G ru esso , Lamentación de Rubén... , Bogotá, 1822.
ESTUDIOS:
J. M . V e rg a ra y V e rg a ra , Historia de la
literatura en Nueva Granada, III, ed. de Bogotá, 1958, págs. 42-47.
M . M e n é
n d e z P e la y o , Antología de poetas hispanoamericanos, III, ed.
de Madrid,
1928, págs. XXVIII-XXIX.
A. G óm ez R e
stre p o , Historia de la literatura colombiana, III, Bogotá, 1957, págs.
251-257.
J o rg e P a c h e c o Q u in te ro , Antología de
la poesía en Colombia, II, Bogo tá, 1973, págs. 155-158.
LAMENTACIONES DE PUBEN
(FRAGMENTOS)
A L L Í L O S río s, p o r lo s valles hondos con
su ave y du lce m u rm u rar corrien do, aq u í y allí fecu n d id ad llevaban
con su apacib le y delicioso riego .
El Cauca, sobre todos majestuoso,
adornadas sus plácidas orillas
con bosques y paisajes pintorescos. ¡Oh
bosquecillos de frondosos mayos, románticos doquiera y hechiceros! ¡Sombras
amables del jazmín silvestre y de los altos robles corpulentos,
en donde el payanés, a quien Natura dio un corazón
sensible, dulce y tierno, iba a gemir de humanidad los males o pasear sus caros
pensamientos;
donde iba a recordar algún Aminta
la hermosa imagen de su dulce dueño,
o a sentir anegado en triste llanto
el terrible rigor de sus desprecios; do tantas
veces con su dulce lira cantó Valdés sus expresivos versos,
o el sabio Caldas, con pensar profundo, en pos de
Urania se subió a los cielos!
Yo así prefiero
la pobreza y miseria y las desdichas, por pisar de
Payán el triste suelo, para ofrecerle mi sensible llanto, para abrazar sus
desdichados restos, para hacer un sepulcro de sus ruinas y mi vida acabar con
sus recuerdos.
ANACREONTICA
E S T R E C H A , Amor, los nudos
del apacible lazo
con que estos corazones
están
aprisionados.
Estréchalos de
modo 5
que ni el terrible brazo
de la impiadosa muerte
consiga
desatarlos.
Hace tiempo que, unidos
con indecible encanto, 10
bendicen la fortuna
de verse cautivados.
Ni males, ni peligros,
ni angustias, ni trabajos,
ni la fortuna adversa 15
ha podido apartarlos.
Estrecha, pues, estrecha,
dulce Amor, estos lazos,
de suerte que tú mismo
no puedas desatarlos. 20
(Textos en José María Vergara y Vergara, Historia
de la literatura en Nueva Granada, III, ed. de Bogotá, 1958, págs. 43-45).
Antonio José de Irisarri
(1786-1868)
I r i s a r r i es un nuevo ejemplo — bastante
común entonces— de americanos destacados que desarrollaron su vida en
diferentes lugares del continente. De tal manera, es justo decir que si, por un
lado, se liga en un principio a acontecimientos políticos de su patria,
Guatemala, por otro y no en menor grado, su mayor relieve lo logra en Chile.
Aquí llegó a ocupar, hasta 1824, importantes cargos públicos (Ministro y
ocasional Presidente). Fue también nombrado comisionado en Europa,
particularmente en la corte de Ingla terra, donde tramitó un resistido
empréstito. En 1825 regresó a Guatemala y su actuación refleja los cambios
frecuentes de la época. Desterrado, estuvo en diversos países hasta que, al
regresar una vez más a su patria, se lo nombró Ministro Plenipotenciario ante
los Estados Unidos, en cuyo cargo murió.
Sus escritos son variados y dan cuenta, en buena
medida, de sus acti vidades. Se destaca su gestión periodística (Semanario
Republicano de San tiago de Chile; El Cristiano Errante, de Bogotá; El
Guatemalteco, El Re visor, La Verdad Desnuda. . .) y su labor panfletaria
(Defensa de los tra tados de paz de Pancaparta, Historia del asesinato del
Gran Mariscal de Ayacucho).
Más claramente literarias son sus truncas novelas
políticas: El cristiano errante (publicado como folletín en el periódico del
mismo nombre, Bogotá, 1846-1847) y la Historia del perinclítico Epaminondas del
Cauca (Nueva York, 1863), y sobre todo, sus Poesías burlescas y satíricas
(Nueva York, 1867). Conviene agregar, por último, que alcanzó prestigio en su
siglo por sus estudios gramaticales (ver Cuestiones filológicas, de Nueva York,
1861). De ellos, y en forma elogiosa, se hizo eco Sarmiento.
Como versificador no cabe duda de que el título de
Poesías satíricas y burlescas revela adecuadamente el carácter esencial de su
obra; sátira y burla es lo que resalta en sus epístolas, fábulas, epigramas,
etc., composiciones donde tuvo ocasión de zaherir con frecuencia hombres, usos
y costumbres, y, no menos, de defender ideales políticos, sociales, literarios,
lingüísticos.
Si Irisarri muestra un buen conocimiento de los
modelos latinos, su ingenio, unido al dominio de la lengua, nos muestra también
que tenía dotes para cultivar y destacarse en el género satírico. Y que si sus
obras no son ejemplos extraordinarios, son buenas muestras del género. Tal cosa
ocurre con su difundida composición El bochinche. En fin, en su inconclusa
novela El cristiano errante y en sus poesías satíricas y burlescas están los
funda mentos mayores de la supervivencia literaria de Antonio José de Irisarri.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
A n to n io José de I
r is a r r i, Poesías burlescas y satíricas, Nueva
York,
1867.
ESTUDIOS:
M. M en én d
ez P e la y o , Antología de poetas hispanoamericanos (I, ed.
de Madrid,
1927, págs. CLXXVII-CLXXIX).
R ic a rd o
D onoso, Antonio José de Irisarri
(Santiago de Chile, 1936).
F e liú C ru z , Prólogo a la ed. de Irisarri, El
cristiano errante, (Santiago de Chile, 1929).
A n to n io A ce ve d o Escobedo, Irisarri, el
guatemalteco continental (pró logo a su ed. de Irisarri, El cristiano errante,
México, 1961).
¿EN QUE CONSISTE, MÌ SEÑORA MUSA.
SATIRA
¿ EN QUÉ
consiste, mi señora Musa, que todos pueden hoy ser escritores? ¿Será este siglo
el de la ciencia infusa? ¿Será que los talentos son mejores?
¿O será que el orgullo y la ignorancia nos dan la
presunción y petulancia?
En los tiempos oscuros de mi abuelo eran pocos los
hombres que escribían,
y aquéllos estudiaban con desvelo las cosas que
tratar se proponían: hoy escribe cualquiera su folleto cuando apenas conoce el
alfabeto.
¡Cuánto costaba hacerse literato en aquella maldita
edad de cobre! A serlo no llegaba un mentecato
por más tinteros que agotase el pobre; pero hoy es
literato y erudito,
el que pasa su vida en un garito.
¡Malditos tiempos fueron los pasados! ¡Bendito diez
mil veces el presente! Sólo pudo nacer por sus pecados
en los primeros la cuitada gente
que estudiando las noches se pasaba, y el libro de
la mano no dejaba.
En nuestros días, que envidiara Numa, cualquiera
perillán, cualquier zoquete, en teniendo papel y tinta y pluma, una mesa, una
silla o taburete, escribe sin pensar en lo que escribe,
y el nombre de escritor toma y recibe.
Pensaron los antiguos como Homero, que antes de
entrar al gremio de escritores debían ser gramáticos primero,
y estudiaban los tontos, ¡qué de errores!, como si
fuesen niños de la escuela,
la lengua que heredaron de su abuela.
¿Qué importa conocer analogía, esa sintaxis, la
ortología vana, esa prosodia, ni esa ortografía? ¡Invenciones de aquel que tuvo
gana de sujetar a regla los talentos, pretendiendo igualar entendimientos!
Mira a Juan, a Martín, a Bernardillo, a Manuel y
José, Pedro y Mariano, que hicieron de su lengua un baturrillo, y hablaron
jerigonza en castellano,
sin haber dedicado una sola hora
a estudiar la gramática española.
Estos y otros que todos conocemos, escriben y
publican sus papeles,
que corren por las calles todos vemos en cubiertas
de dulces y pasteles,
o yacen en los sucios bodegones sirviendo de
escondrijo a los ratones.
Escritores han sido los citados
que nos dieron políticos consejos
de sus vanas cabezas escapados,
como huyen de sus cuevas los conejos
sin temer al lebrel que les atrape,
por más que se les grite: “ ¡Zape!, ¡zape!”
¡Todos estos Tostados fritos fueran! De su siglo
encomiando la excelencia las grandes luces sin cesar ponderan;
pero en Dios, en verdad, y en mi conciencia, que si
son nuestros días tan brillantes, brillan en ellos grandes ignorantes.
De Juan de Gutenberg cantan la gloria por haber
inventado nuestra imprenta,
el trasto que conserva la memoria de nuestra
merecida y dura afrenta. Sin estos trastos en edad tan culta mucha ignorancia
quedaría oculta.
La imprenta ha sido tentación impía de muchos
ignorantes infelices;
que de autores tuvieron la manía
sin saber donde tienen las narices, y nos sacaron a
lucir su pata porque era el imprimir cosa barata.
¡Cuánto mejor el Gutenberg hiciera en haber
inventado un armatoste
de que el tonto hacer uso no pudiera, o que fuera
el usarlo de gran coste! Así a lo menos, pagarían caro
los necios escritores su descaro.
Pero el maldito Gutenberg aunado con sus dos
hugonotes compañeros, todo el mundo nos trae trastornado; por ellos ya no hay
sastres, zapateros, ni gañanes, siquier, ni zurradores, pues que todos se
hicieron escritores.
¿Qué ventajas nos trajo aquel invento? Las artes
han perdido muchas manos, las costumbres sufrieron detrimento,
ni artistas ya se encuentran, ni artesanos:
están sin oficiales los oficios,
y entregados los hombres a los vicios.
Pues tantos males nos trajiste, imprenta, al
demonio te doy de buena gana,
y al ente sin razón que te fomenta.
Acábase contigo la jarana
que a los hombres nos trae tan revueltos desde que
andan por ti los diablos sueltos.
Lluvia de rayos sobre el suelo venga, que los tipos
destruya y fundidores,
y cuanto al arte de imprimir convenga; así tendrán
los campos labradores, volverá el zapatero a su zapato,
el sastre a su tijera, el pillo al hato.
EL BOCHINCHE
SATIRA
¿q u é cosa es el bochinche? “Un alboroto” , el
buen Salvá responde. Mas no es esto: es cosa muy distinta. ¿Salvá acaso
voto pudo tener en la materia,
sin ser autoridad? ¿En dónde ha visto el filólogo
aquel que lo define?
¡Alboroto! ¡Asonada! ¡Qué locura! El bochinche en
tal caso no sería digno de nombre nuevo. ¿Qué motivo hubiera habido entonces
para darnos una palabra más sin nueva idea?
Alboroto es tumulto pasajero,
pasajera también es la asonada;
mas el bochinche es cosa permanente; es el orden
constante del desorden; el estado normal en que se vive
en confusión y en inquietud eternas.
Es un cierto sistema de política;
es una forma de gobierno raro, que mejor se llamara
desgobierno,
a pesar de que en él hay despotismo, y la fuerza a
la ley se sobrepone.
Invención de Colombia es el bochinche,
y el nombre es colombiano: estos son hechos.
Mas pasemos a ver cuál es su esencia
y cómo se embochinchan los estados,
y cómo se hace bochinchero el hombre.
Nace el bochinche de la absurda idea de haber
dispuesto Dios que la ignorancia los negocios del mundo desarregle. Enseñóse a
los hombres que en cien necios debe haber más razón que en un sensato, y que
habiendo más necios en el mundo deben aquestos ser los gobernantes. Bastaba ya
con esto para vernos
en perpetuo bochinche. Mas prosigo
los principios sentando del sistema
del eterno desorden. Enseñóse
que cualquiera facción poder tenía
para urdir la diablura más horrible,
haciéndose llamar la Soberana;
y no hubo ya gobierno; no hubo jueces, ni congresos
tampoco, que no fueran juguete y burla de facciosos pillos.
Sin política alguna los mandones jamás consultan la
razón de Estado
ni saben que en el mundo haya tal cosa; ni los
jueces se arreglan a las leyes, porque las leyes nadie las respeta;
ni en los congresos reinan los principios, si no
son los principios bochincheros.
Este bochinche, como bien se alcanza, no sólo
perjudica a los que moran
en el suelo que se haya embochinchado, sino a todos
los pueblos y naciones que tienen con aqueste sus negocios; porque es preciso
que el desorden dañe, doquier que alcance su perverso influjo.
¿Qué alboroto, por Dios, ni qué asonada se puede
equivocar con el bochinche? Aquél y aquélla vienen de una parte del pueblo
amotinado que resiste
al poder, a la ley o al magistrado, y pasa cual
chubasco: dura un día, o más o menos; pero pronto acaba. En el bochinche, no;
nadie está exento
de ser actor de un modo o de otro modo, y dura como
el aire, una vez recio, otra vez moderado, y otras veces
en huracán terrible
convertido.
Como el aire también, se extiende y lleva el miasma
pestilente a las regiones
más apartadas del maligno foco.
¿No vemos cómo cruzan nuestros mares las gálicas
escuadras y españolas, britanas y holandesas, atraídas
por las mil injusticias que se han hecho a todas
las naciones en el año
del bochinche mayor que ha visto el mundo?
¿Y no vemos en esto que el bochinche,
no sólo es causa del interior desorden, sino de
muchos exteriores males que los estados extranjeros sienten? Sirva, pues, a
Salvá de norte y guía aqueste aviso para hacer la enmienda que tanto ha
menester su diccionario; y dé al bochinche poderoso imperio:
el poder colosal y permanente
que nunca tuvo efímero alboroto,
ni ridicula y mísera asonada. 90
Haga justicia el español al grande
continental bochinche americano,
que sólo un necio confundir pudiera
con los tristes tumultos españoles,
que la pena no valen de escribirse, 95
y puras bagatelas me parecen.
Cese mi indignación, pues he cumplido con vindicar
el nombre de bochinche,
el nombre dado al hijo de Bolívar, o sea al nieto,
si se quiere. Dejo, ¡colombiano bochinche!, vindicado
tu ilustre excelso nombre, por desgracia de chinche
y de berrinche consonante, una cosa que apesta, otra que hostiga. ¡Soberano
bochinche omnipotente, regulador supremo de Colombia!
Ya sabes que yo soy tu muy adicto y grande
admirador de tus portentos. Vive tú lo que puedas, y yo viva para escribir tu
funeral elogio.
100
105
(Antonio José de Irisarri, Poesías burlescas y
satíricas, Nueva York,
1867).
Andrés Quintana Roo
(1787-1851)
Como o tr o s mexicanos destacados de la época, la
actuación de Quintana Roo estuvo marcada por el doble signo de la actividad
revolucionaria, por una parte, y, por otra, por la ramificada prédica
patriótica en los periódicos nacionales (como El Ilustrador Americano y el
Semanario Patriótico).
El verso era entonces instrumento propicio de la
propaganda patriótica y revolucionaria. En realidad, la obra literaria de
Quintana Roo comenzó antes de 1810, como colaborador del Diario de México, que
tanto relieve alcanzó en su tiempo. Posteriormente puso su pluma al servicio de
la patria.
De manera explicable, muchas de las páginas de
Quintana Roo corres ponden a la categoría de los Discursos y Proclamas, como
reflejo de su prédica. El nombre de Quintana Roo se liga aquí, a menudo, a los
de Ramón López Rayón y José María Cos.
Como político, la culminación la alcanzó
tempranamente, como Presi dente del Congreso de Chilpancingo, convocado por
Morelos en 1813. Se le atribuye la redacción de la primera Declaración de la
independencia de México.
Es de rigor decir que Quintana Roo no mostró mucho
interés en defen der la paternidad de sus versos, ya que en su mayor parte
aparecieron como anónimos. Pero esto no es inconveniente para que reconozcamos
determinadas obras suyas. En fin, el problema no disminuye mayormente la
posible altura literaria de Quintana Roo.
Resalta en este escritor mexicano la preocupación
por la métrica (llegó a escribir algunos estudios) y por cuestiones
gramaticales. También, su frecuentación de autores clásicos, en especial,
Horacio y Virgilio, cuyas huellas es fácil rastrear en el poema mayor de
Quintana Roo. De más está decir que éste no es otro que su oda Diez y seis de
Septiembre, la compo sición más famosa de nuestro autor. Así, no resulta
casual que este poema concilie, por un lado, el tema patriótico en consonancia
con hechos que él vivió cercanamente, y, por otra parte, el apoyo en conocidos
y venerados modelos.
Hombre de abundantes lecturas, de buena formación
literaria, de ideales neoclasicistas, no impresiona sin embargo, Quintana Roo
como auténtico poeta. Es un nuevo ejemplo que, como vemos se reproduce con
bastante frecuencia en la época. Es decir el de un prestigio literario
sostenido, más que por el valor de la obra en sí, por el relieve político del
autor.
BIBLIOGRAFIA
ESTUDIOS:
L uis G. U rb in a , La vida literaria en México y
la literatura mexicana du rante la Guerra de la Independencia, ed. de México,
1946.
M. M en é n d e z P e la y o , Antología de poetas
hispanoamericanos, I, ed. de M adrid, 1927, págs. XCI-XCIV.
M arco s A r r ó n iz , Manual de biografía
mexicana o Galería de hombres célebres de México, París, s. a. [1857].
G a b r ie l
M én d ez P la n c a r t e , Horacio en México, México, 1937.
F ra n c isc o Sosa, D. Andrés Quintana Roo. . .
(en Manual de biografía yucateca, Mérida, 1866, págs. 147-155).
DIECISEIS DE SEPTIEMBRE
Ite, ait; egregias animas, quae sanguine nobis hanc
patriam, perperere suo, decórate supremis muneribus . .
VIRGILIO
[Eneida, Libro XI]
R E N U E V A , oh m
u sa, el
v ictorio so aliento,
con qu
e fiel
de la p atria
al am or san to,
el fin
glorioso de su
acerbo llan to
audaz p red
ije en in spirado acento:
cuando más orgulloso 5
y con mentidos triunfos más ufano,
el ibero sañoso
tanto ¡ay! en la opresión cargó la mano,
que al Anáhuac vencido
contó por siempre a su coyunda uncido. 10
“ Al
miserable esclavo (cruel
decía)
que independencia ciega apellidando,
de rebelión el
pabellón nefando,
alzó una vez en algazara impía,
de nuevo en las cadenas, *5
con más rigor a su cerviz atadas,
aumentemos las penas,
que a su última progenie prolongadas,
en digno cautiverio
por siglos aseguren nuestro imperio. 20
¿Qué sirvió en los Dolores vil cortijo,
que el aleve pastor el grito diera
de libertad, que dócil repitiera
la insana chusma con afán prolijo?
Su valor inexperto, 25
de sacrilega audacia estimulado,
a nuestra vista yerto
en el campo quedó y escarmentado,
su crim
inal cau dillo
rindió ya el cuello al ven gad or cuchillo. 30
Cual al romper las pléyadas lluviosas
el seno de las nubes encendidas,
del mar las olas antes adormidas
súbito el austro altera tempestuosas;
de la caterva osada 35
así los restos nuestra voz espanta, que resuena
indignada
y recuerda, si altiva se levanta,
el respeto profundo
que inspiró de Vespuccio al rico mundo.
¡Ay del que hoy más los sediciosos labios, de
libertad al nombre lisonjero
abriese, pretextando novelero
mentidos males, fútiles agravios!
Del
cadalso oprobioso
veloz descenderá a la tumba fría,
y ejemplar provechoso
al rebelde será, que en su porfía desconociere el
yugo
que al invicto español echarle plugo” .
Así los hijos de Vandalia ruda
fieros clamaron cuando el héroe augusto
cedió de la fortuna al golpe injusto;
y el brazo fuerte que la empresa escuda faltando a
sus campeones,
del terror y la muerte precedidos, feroces
escuadrones
talan impunes campos florecidos,
y al desierto sombrío
consagran de la paz el nombre pío.
No será empero que el benigno cielo, cómplice fácil
de opresión sangrienta, niegue a la patria en tan cruel tormenta una tierna
mirada de consuelo. Ante el trono clemente
sin cesar sube el encendido ruego, el quejido
doliente
de aquel prelado, que inflamado en fuego de caridad
divina
la América indefensa patrocina.
“ Padre amoroso, dice, que a tu hechura, como el
don más sublime concediste
la noble libertad con que quisiste
de tu gloria ensalzarla hasta la altura ¿no ves a
un orbe entero
gemir, privado de excelencia tanta, bajo el dominio
fiero
del excecrable pueblo que decanta, asesinando al
hombre,
dar honor a tu excelso y dulce nombre?
¡Cuánto ¡ay!, en su maldad ya se gozara cuando por
permisión inescrutable
de tan justo decreto y adorable
de sangre en la conquista se bañara, sacrilego
arbolando
la enseña de tu cruz en burla impía, cuando más
profanando
su religión con negra hipocresía, para gloria del
cielo
cubrió de excesos el indiano suelo!
De entonces su poder ¡cómo ha pesado sobre el
inerme pueblo! ¡Qué de horrores, creciendo siempre en crímenes mayores, el
primero a tu vista han aumentado!
La astucia seductora
en auxilio han unido a su violencia:
moral corrompedora
predican con su bárbara insolencia, y por divinas
leyes
proclaman los caprichos de sus reyes.
Allí se ve con asombroso espanto cual traición
castigando el patriotismo, en delito erigido el heroísmo
que al hombre eleva y engrandece tanto.
¿Qué más? En duda horrenda
se consulta el oráculo sagrado
por saber si la prenda
de la razón al indio se ha otorgado, y mientras
Roma calla,
entre las bestias confundido se halla.
¿Y qué, cuando llegado se creía de redención el
suspirado instante, permites, justo Dios, que ufana cante nuevos triunfos la
odiosa tiranía?
El adalid primero,
H5
el generoso Hidalgo ha perecido:
el término postrero
ver no le fue de la obra concedido;
mas otros campeones
suscita que rediman las naciones” . 120
Dijo, y Morelos siente enardecido
el noble pecho en belicoso aliento;
la victoria en su enseña toma asiento
y su ejemplo de mil se ve seguido.
La sangre difundida 125
de los héroes su número recrece,
como tal vez herida
de la segur, la encina reverdece,
y más vigor recibe
y con más pompa y más verdor revive. 130
Mas ¿quién de la alabanza el premio digno
con títulos supremos arrebata,
y el laurel más glorioso a su sien ata,
guerrero invicto, vencedor benigno?
El que en Iguala dijo: 135
“ ¡Libre la patria sea!” y fuelo luego
que el estrago prolijo
atajó, y de la guerra el voraz fuego,
y con dulce clemencia
en el trono asentó la Independencia. 140
¡Himnos sin fin a su indeleble gloria!
Honor eterno a los varones claros
que el camino supieron prepararos,
¡oh Iturbide inmortal! a la victoria.
Sus nombres
antes fueron 145
cubiertos de luz pura, esplendorosa;
mas
nuestros ojos vieron
brillar el tuyo como en noche hermosa,
entre estrellas sin cuento
a la luna en el alto firmamento. 150
¡Sombras ilustres, que con cruento riego de
libertad la planta fecundasteis,
y sus frutos dulcísimos legasteis
al suelo
patrio, ardiente en sacro fuego!
Recibid hoy benignas, 155
de su fiel gratitud prendas sinceras
en alabanzas dignas,
más que el mármol y el bronce duraderas,
con que vuestra
memoria
coloca en el alcázar de la gloria. 160
(Juan María Gutiérrez, América Poética, Valparaíso,
1846: Marceli no Menéndez Pelayo, Antología de poetas hispanoamericanos, I,
ed. de Madrid, 1927, págs. 75-79).
José Fernández Madrid
( 1789- 1830)
F E R N Á N D E Z M A D RID reproduce un caso
bastante frecuente en su tiempo: el del hombre que dedica la mayor parte de sus
afanes a la lucha política y la independencia de su patria Nueva Granada. De la
misma manera su dedicación se diversifica, por un lado en cargos de gobierno,
y, por otro, en tareas periodísticas, no del todo desasidas de aquella gestión.
Posiblemente por eso su obra literaria no alcanzó el relieve que auguraban sus
primeras producciones.
Hay en la vida de Fernández Madrid etapas
claramente marcadas. Una primera, de continuada prédica revolucionaria, en la
que alcanzó a presidir el Triunvirato, en 1816. Una segunda, después de su
entrega a las autori dades españolas. Desterrado a España, pudo, sin embargo,
residir en La Habana, donde vivió del ejército de la medicina. (Aclaremos que,
Fernández Madrid fue doctor en medicina y en derecho). En la etapa de La Habana
importa su vinculación con el argentino Miralla, ya que aparte de la amistad que
los unía, los dos publicaron el periódico El Argos. Una tercera etapa es la
que, afirmados los triunfos patriotas, determina la vuelta de Fernández Madrid
a su patria. Volvió en 1825 y, por lo visto, convenció a Bolívar de su anterior
renuncia. El Libertador lo nombró en 1826 agente en Fran cia y, un año
después, Ministro Plenipotenciario en Inglaterra. Aquí murió en 1830.
Como escritor tampoco se diferencia mayormente de
hombres de letras americanos que escriben en aquellos años. Fue un típico
neoclasicista, con preferencias por distintos temas, muy en boga en la época:
poesías patrió ticas (y políticas), amatorias, elegiacas, de la naturaleza, y
domésticas. Entre estas últimas se encuentran sus composiciones más populares:
Mi bañadera, y La hamaca.
Más allá de algunos versos recordables, Fernández
Madrid es un nuevo ejemplo de una época que se caracterizó por una abundante
producción lírica, aunque con pocos tributos perdurables. Y, en su caso (como
en otros), la actuación pública ha prestado a la irregular obra estrita un
prestigio que ésta, sola, no tuvo.
Como complemento, agreguemos, siempre dentro de la
línea neoclasi-cista, la elaboración de tragedias con particular referencia a
asuntos ameri canos (Atala y Guatimozín).
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
Jo sé F e
rn á n d e z M ad rid , Poesías, La Habana, 1822; segunda edición, Londres,
1828, tercera edición, Cartagena de Indias, 1949.
ESTUDIOS:
C a rlo s M a r tín e z S ilv a , Biografía de Don
José Fernández Madrid, Bogo tá 1889, 2? ed., Bogotá, 1935.
J. M . V e rg a ra y V e rg a ra , Historia de la
literatura en Nueva Granada, III, ed. de Bogotá, 1958.
M. M e
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Madrid, 1928.
J. P a c h e c
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Bogotá,
1973.
C a rlo s A r
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ciclos de lirismo
colombiano, Bogotá,
1961.
A n to n io
G óm ez R e stre p o , Historia de la literatura colombiana, III, ed.
de Bogotá,
1957, págs. 324-333.
NAPOLEON EN SANTA HELENA
SONETO
¿ D Ó N D E E
S T O Y ? ¿Qué. es de mí? ¿Yo que podía ser el libertador del mundo entero,
mísero y desgraciado prisionero
entre estas rocas?. . . Mas la culpa es mía.
Cuando al pueblo mi espada defendía, fui de todos
los héroes el primero.
¡Con qué orgullo la Francia a su guerrero de laurel
inmortal la sien ceñía!
Hoy, sin gloria, en destierro ignominioso, ¿al
sepulcro desciende el soberano
a quien veinte monarcas se abatieron?
Dijo, cruzó los brazos, silencioso, y los ojos del
fuerte veterano
de dolor una vez se humedecieron.
A LOS PUEBLOS DE EUROPA
EN TIEMPOS DE LA SANTA ALIANZA
¿ D Ó N D
E los
esfo rzad o s?
¿Los libros dónde están? ¿Cómo pudieron rehusar el
combate intimidados?
¡Ay, a los miserables que cedieron el campo, sin
morir, al extranjero! Dadme la lira, dádmela, que quiero cantar la libertad; un
dios me inspira; guerra y venganza sonará mi lira;
y excitando a la lid, al vencimiento, en
armoniosos, desusados tonos, de opresores tormento,
yo los haré temblar sobre sus tronos.
No el manto reluciente,
por las divinas artes fabricado;
ni la corona rica de tu frente;
ni tu cetro de hierro, aunque dorado;
ni de tus ciencias el acento grave; ni de tus
dulces musas la suave voz armoniosa, plácida y festiva; América te envidia,
Europa altiva; porque bajo tus pies se halla un abismo de servidumbre, lágrimas
y horrores, y el feroz despotismo,
áspid mortal, se oculta entre las flores.
¿Qué importa
la grandeza
de tus vastos palacios suntuosos? Plaga devoradora
tu nobleza, miseria general, tus poderosos.
¿Y tus reyes? ¡Europa esclavizada! ¡Todo tus reyes
y tus pueblos nada! Mas tú en el trono reinas dignamente, monarca de Albión;
tú, que el tridente riges en la extensión del Océano;
tú, que a la liga inicua y tenebrosa no extendiste
la mano,
la noble mano, fuerte y generosa.
Vosotros, que postrados
os visteis a los pies de Bonaparte; que su carro
tirasteis degradados, de la fe tremolando el estandarte, hipócritas marcháis,
jefes traidores.
¿Y os llamáis de los pueblos defensores? Vosotros,
que humillabais vuestras frentes ante el conquistador ¿a los valientes osáis
encadenar, a los que os dieron libertad y poder? Pero ¿qué digo? ¿Cuándo,
cuándo tuvieron
los tiranos piedad, ni fe, ni amigo?
¡Oh pueblos!
ya lo veo:
viene del Septentrión y ha superado la barrera del
alto Pirineo;
en una mano el cetro ensangrentado, en otra lleva
la homicida lanza.
¡Oh, cuánto es formidable su venganza! Mas no, que
está su cuerpo giganteo en pies de barro frágil apoyado. No perdáis la
esperanza
¡oh, pueblos, a las armas, a la guerra!, y caerá
por tierra
ese coloso enorme destrozado.
¿Y podrá la ignorancia
triunfar de la razón? Si al mundo todo con
torrentes de luz llenaste ¡oh, Francia!, ¿cómo te unes al vándalo y al godo,
que en honda oscuridad y noche umbría intentan
sumergir el Mediodía? Abranse al ocio muelle los conventos; eríjanse de nuevo
los tormentos
del feroz tribunal, y sus hogueras,
siendo la única luz que alumbre al mundo, ciencias
y artes extingan sus lumbreras; sepúltense del hombre los derechos en olvido
profundo,
y quedaréis, tiranos, satisfechos.
¿Qué haces? ¡España, España! ¿En vez de unirse con
estrechos lazos, tus propios hijos, en horrible saña, al enemigo prestarán sus
brazos? ¡Oh, ignorancia, execrable fanatismo! En sangriento altar del
despotismo la patria de Lanuza y de Padilla, víctimas voluntarias, a la
cuchilla
extiende la garganta ¡oh, mengua, oh crimen y ante
el ídolo atroz de los tiranos
se prosternan y gimen
los altivos y fieros castellanos.
No ¡brote
combatientes
el suelo de la antigua Carpetania,
y de Gama los dignos descendientes vuelvan su honor
perdido a Lusitania! ¡Abrácense los pueblos como hermanos, únanse como se unen
sus tiranos;
y regadas con sangre generosa,
reverdezca la palma victoriosa
que ha de orlar a los libres algún día! Al escuchar
sus cánticos triunfales ¡huya la tiranía,
desparezcan sus huestes criminales!
Despierta, Italia, y libre
alza del polvo tu abatida frente, 100
y en medio de su pueblo el Dios del Tíber,
majestuoso, aparezca nuevamente.
¿Cómo te has olvidado de tu gloria?
Abre los ojos
¡mira! la memoria
de tus héroes, tus ciencias y tus artes, 105
inmortal se conserva en todas partes.
Muéstrate digna de tus grandes nombres,
torna otra vez a tu esplendor perdido:
¡Italianos,
sed hombres!
¿No veis cómo la Grecia ha renacido? 110
De su sangrienta cuna
triunfante me parece que la veo
alzarse y destrozar la media luna.
¿Ese canto de guerra es de Tirteo?
Es el mismo Demóstenes que clama:
¡Al arma, griegos, que la patria os llama!
Y aquel gallardo joven extranjero
que celebra la lid ¿es un guerrero?
¡Vedlo cómo, expirante a la sonora
arpa su voz sublime acompañando, 120
en favor de la Grecia al cielo implora!
¡Ay!, por la Grecia llora,
y el cisne de Albión muere cantando.
(José Fernández Madrid, Poesías, ed. de Cartagena
de Indias, 1949).
José Antonio Miralla
( 1790-1825)
E L e s c r i t o r argentino José Antonio Miralla
pertenece igualmente, a un tipo humano que se dio con bastante frecuencia en
aquellos días tumultuosos de las Revoluciones de Independencia. Su lugar de
origen está en el Río de la Plata (exactamente en Córdoba), pero su itinerario,
fue marcado por diversidad de nombres, en especial americanos: sus estudios en
Buenos Aires y Lima (aquí fue amigo de José Baquijano y Carrillo); después,
España (como secretario de Baquijano) por poco tiempo. Más adelante, Londres y
la vuelta a América: La Habana, donde conoce al colombiano Fernández Madrid, y
con quien publica El Argos (también conoce allí a Del Monte y Heredia), los
Estados Unidos (donde conoce al crítico Ticknor) y Colombia (donde se casa y da
la impresión de establecerse definitivamente). Sin em bargo, hay todavía un
viaje a México (en misión revolucionaria de ayuda a Cuba). Enfermó a poco de
llegar a México y murió en la Puebla de los Angeles, a fines de 1825.
Si hay mucha variedad geográfica en la vida de
Miralla, verdad es tam bién que su obra literaria no ofrece igual abundancia.
Es que — como seña laron sus amigos— le faltó tiempo para manifestarse. O como
dijo José M. Samper:
. . .cuando más esperanza prometía
lo sorprendió la muerte en su camino. . .
Versos que no sólo constituyen un obligado homenaje
postumo, sino que reflejan una notoria verdad.
La breve vida'de Miralla sólo le permitió un grupo
reducido de poesías y algunas traducciones. Precisamente, entre estas últimas
figuran las dos obras más difundidas y famosas que se asocian al nombre de
Miralla: Las últimas cartas de Jacobo Dortis, de Fóscolo (La Habana, 1822; 2?
ed., póstuma, Buenos Aires, 1835), y El cementerio de aldea, de Thomas Gray
(1823). También tradujo las Cartas a Emilia sobre
mitología, de C. C. De-moustier (traducción fragmentaria) y varias poesías de
Metastasio.
En las escasas poesías originales que escribió
aparecen contactos con sus traducciones más importantes. Particularmente, de su
traducción más difundida (es decir, la elegía de Gray). Ocurre eso, por
ejemplo, en el poema que escribió en Colombia A la temprana muerte de Mr.
William Winston.
Puede cuestionarse la significación concedida a
Miralla, tratándose de un prestigio literario apoyado sobre todo en
traducciones. Con todo, el mérito de esos intentos, junto a la fecundidad que
representaron para las letras hispanoamericanas de la época, le dan un lugar
que sería mezquino retacearle. Agrego, en fin, su especial y repartida
presencia continental, su identificación con la Revolución, en aquellos
dramáticos años.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
J O S É A N T O N IO M I R A L L A , Obras (en
Eduardo Labougle, José Antonio Mira lla, poeta argentino, precursor de la
Independencia de Cuba, 3* ed., La Habana, 1960).
ESTUDIOS:
J U A N M A R ÍA G U T IÉ R R E Z , Un forastero en
su patria (en la Revista de Bue nos Aires, X, N® 10, 1866, págs. 473-522; y
Revista del Río de la Plata, IX, N? 34, Buenos Aires, 1874).
R A F A E L A L B E R T O A R R IE T A , Sobre dos
famosas elegías y sus traductores argentinos (en la revista Logos, III, N? 5,
Buenos Aires, 1944).
F R A N C ISC O J. P O N T E D O M ÍN G U E Z ,
José Antonio Miralla y Cuba (La Ha bana, 1960).
E D UARD O L A B O U G L E , José Antonio Miralla,
poeta argentino precursor de la Independencia de Cuba (3? ed., La Habana,
1960).
EN EL CEMENTERIO
DE UNA ALDEA
(DE
THOMAS GRAY)
L A E S
Q U I L A toca el moribundo día,
la grey, mugiendo, hacia el redil se aleja, a casa
el labrador sus pasos guía,
y el mundo a mí y a las tinieblas deja.
La débil luz va del país faltando, y alto silencio
en todo el aire veo, menos do gira el moscardón zumbando,
y allá, do el parque aduerme el cencerreo;
o en esa torre envuelta en hiedra, en donde el
triste búho quéjase a la luna
del que, vagando por donde él se esconde, en su
antiguo dominio le importuna.
Bajo esos tilos y olmos sombreados, do el suelo en
varios túmulos ondea, para siempre en sus nichos colocados duermen los rudos
padres de la aldea.
Del alba fresca la incensada pompa, la golondrina
inquieta desde el techo, bronco clarín de gallo, eco de trompa, no más los
alzan del humilde lecho.
No arde el hogar para ellos, ni a la tarde se afana
la mujer, ni a su regreso
los hijos balbuceando hacen alarde de trepar sus
rodillas por un beso.
¡Cómo las mieses a su hoz cedían, y los duros
terrones a su arado! ¡Cuán alegres sus yuntas dirigían! ¡Cuántos bosques sus
glopes han doblado!
No mofe la ambición caseros bienes y oscuras
suertes de fatigas tales,
ni la agudeza escuche con desdenes, por humilde,
del pobre los anales.
El boato de blasón, mando envidiable, y cuanto
existe de opulento y pulcro,
lo mismo tiene su hora inevitable:
la senda de la gloria va al sepulcro. . .
No los culpéis, soberbios, si en su tumba la
memoria trofeos no atesora;
do en larga nave y bóveda retumba de alto loor la
antífona sonora.
¿Volverá una urna inscrita, un busto airoso, el
fugitivo aliento al pecho inerte?
¿Mueve el honor al polvo silencioso?
¿Cede a la adulación la sorda muerte?
Tal vez en este sitio, abandonados, hay pechos
donde ardió celestial pira, manos capaces de regir estados o de extasiar con la
animada lira.
Mas su gran libro, donde el tiempo paga tributos,
nunca les abrió la escuela;
su noble ardor fría pobreza apaga, y el torrente
genial de su alma hiela.
¡Cuánta brillante asaz piedra preciosa encierra el
hondo mar en negra estancia! ¡Cuánta flor, sin ser vista, ruborosa, en un
desierto exhala su fragancia!
Tal vez un Hampden rústico aquí se halla que al
tiranuelo del solar, valiente resistió; un Mil ton que sin gloria calla; de
sangre patria un Cronwell inocente.
Oír su apaluso en el Senado atento, ruinas, penas
echar de su memoria,
la tierra henchir de frutos y contento,
y en los ojos de un pueblo leer su historia,
su suerte les vedó; mas en su encono crímenes y
virtudes dejó yertas; viéndoles ir por la matanza al trono,
y a toda compasión cerrar las puertas;
callar de la conciencia el fiel murmullo, apagar
del pudor la ingenua llama,
o el ara henchir del lujo y del orgullo con el
incienso que la musa inflama.
Lejos del vil furor del vulgo insano, nunca en
vanos deseos se excedieron, y por el valle de un vivir lejano su fresca senda
sin rumor siguieron.
Mas, protegiendo contra todo insulto estos huesos
aquel túmulo escaso,
de rústica escultura, en verso inculto pide el
tributo de un suspiro al paso.
Nombre y edad por pobre musa puestos vez de elegía
y fama desempeñan;
y esparcidos en torno sacros textos que a bien
morir al rústico le enseñan.
Pues, ¿quién cedió jamás esta existencia inquieta y
grata al sordo olvido eterno, y dejó de la luz la alma influencia
sin mirar hacia atrás lánguido y tierno?
Al irse el alma, un caro pecho oprime y llanto pío
el ojo mustio aguarda: Naturaleza aun en la tumba gime,
y aun en cenizas nuestro fuego aguarda.
Por ti, que al muerto abandonado honrando su triste
historia haces que en verso fluya,
si acaso sólo, pensativo errando,
un genio igual pregunta por la tuya,
tal vez un cano labrador le diga:
“ Del alba le hemos visto a la vislumbre,
sacudiendo el rocío en su» fatiga,
ir a encontrar el sol en la alta cumbre.
Al pie del roble aquel, algo inclinado, que hondas
raíces tuerce, caprichoso, yacía por la siesta recostado,
viendo el vecino arroyo bullicioso.
Ya en ese bosque desdeñoso andaba, sus temas
murmurando y sonriendo; ya solitario y pálido vagaba,
como de amor y penas falleciendo.
Faltóme un día en la colina usada,
junto a su árbol querido; en la dehesa 110
al otro no le hallé, ni en la cascada,
ni en la alta loma, ni en la selva espesa.
Con ceremonia lúgubre cargado
en el siguiente al cementerio vino;
lee (pues sabes) lo que está grabado
en esa piedra, bajo aquel espino” .
EPITAFIO
De la tierra en el seno aquí reposa
un joven sin renombre y sin riqueza;
su cuna no esquivó la ciencia hermosa
y marcóle por
suyo la tristeza. 120
Generoso y sincero fue, y el cielo
pagóle; dio cuanto tenía consigo:
una lágrima al pobre por consuelo;
tuvo de Dios cuanto pidió: un amigo.
Su flaqueza y virtud bajo esta losa 125
no más indagues de la tierra madre:
con esperanza tímida reposa
allá en el seno de su Dios y Padre. . .
(José Antonio Miralla, Obras, en Eduardo Labougle,
José Antonio Miralla, poeta argentino precursor de la Independencia de Cuba,
3a.
ed. La Habana,
1960).
Francisco Acuña de Figueroa
( 1791-1862)
E L C A SO de Francisco Acuña de Figueroa reproduce
una de las varias posi ciones nítidas que caracterizan a las letras
hispanoamericanas del siglo XIX. O, mejor aún, a la doble vertiente político
literaria. Fue, por una parte, testigo de los orígenes nacionales del Uruguay y
llegó a ocupar importantes cargos públicos en su patria (el más importante, la
dirección de la Biblioteca Nacional). Aunque llegó a escribir la letra del
Himno uruguayo (también escribió la del Paraguay) se le acusó de poco patriota.
Se sabe además que no intervino de manera declarada en las frecuentes luchas
civiles del Uru guay. Interpretamos que el temperamento de Acuña de Figueroa
no se ave nía a aquel ámbito de pasiones políticas que domina la vida
Hispanoame ricana del pasado siglo.
La nutrida obra literaria de Francisco Acuña de
Figueroa muestra con bastante fidelidad los ideales que alentaron su vida. No
significa esto (algo hemos visto) un total alejamiento de la realidad
circundante, sino, más bien, el deseo de separar, en lo posible, su obra
literaria de los acontecimientos políticos.
Prácticamente, la vida de escritor de Acuña de
Figueroa, acorde a sus muchos años, abarca medio siglo. Su caudal puede medirse
en los volúme nes de sus obras completas publicados en Montevideo en 1890,
bajo la di rección de Manuel Bernárdez (12 tomos).
Atendiendo a su obra en verso, vemos que se
registran allí variedad de formas: odas, himnos, canciones, romances,
epigramas, acrósticos, anagra mas, etc. Por otro lado, secciones o grupos como
sus difundidas Toraidas, donde Acuña de Figueroa, para subrayar también
vínculos tradicionales, muestra su pasión por las corridas de toros. Pasión
que, sin embargo, no es ajena a frecuentes rasgos de humor.
No cabe duda de que este perfil — el humorístico—
retrataba adecuada mente el temperamento de Acuña de Figueroa. En cambio,
vemos que la gravedad y el ardor que envuelven sus composiciones patrióticas y
sus te mas sociales responden más bien a las circunstancias y al compromiso.
O,
en fin, ofrendas que el poeta no podía negar en
aquellos momentos deci sivos del país.
Otra situación que conviene puntualizar tiene que
ver con la identifica ción de escuela literaria. Acuña de Figueroa es un
típico neoclasicista y, como tai, se mantuvo fiel a postulados de esta
corriente. Lo que ocurre también es que, como el poeta muere en 1862, enlaza a
veces, sin desde cirse, con aspectos románticos. Así, hay contactos entre el
filantropismo neoclasicista y temas sociales que los románticos cultivaron.
(Ver, por ejem plo, El ajusticiado, con ecos de Espronceda). De más está decir
que convie ne ver las tendencias o épocas literarias con un criterio vivo y no
como cuadros geométricos.
En lo fundamental, pues, Acuña de Figueroa siguió
siendo fiel a la concepción neoclasicista, concepción que, por otra parte, no
estaba en pug na con su temperamento. Y, como en otros casos señalados dentro
de la época, es evidente que la valoración de Francisco Acuña de Figueroa gana
si tomamos en conjunto su obra y personalidad. En cambio, se rebaja al analizar
en detalle esa obra. Escribió mucho y poco es lo que se recuerda. Tuvo buenas
dotes y no puede negarse el ingenio, pero bien sabemos que esto sólo no alcanza
para destacarlo entre los escritores de su tiempo.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
F R A N C IS C O
A C U Ñ A D E F IG U E R O A , Mosaico poético (2 vols., Montevideo,
1857). La publicación más importante hecha en vida
del autor.
F R A N C IS C O
A C U Ñ A D E F IG U E R O A , Obras completas (edición cuidada por
Manuel Bernárdez, 12 tomos, Montevideo, 1890).
ESTUDIOS:
F R A N C IS C O
B A U Z A , Estudios literarios
(Montevideo, 1 8 8 5 ) .
G U STA V O G A L L IN A L , prólogo a F. Acuña de
Figueroa, Nuevo mosaico poético (Montevideo, 1944).
A R M A N D O
D. P IR O T T O , prólogo a F. Acuña de Figueroa, Antología (ed.
de Montevideo,
1965).
N E L S O N G A R C ÍA S E R R A T O , Francisco
Acuña de Figueroa. Primer poeta nacional (Montevideo, 1942).
C a r l o s R e a l d e A z ú a , L OS Clasicistas
y los Románticos (Capítulo Oriental, N? 5, Montevideo, 1968).
AUTORRETRATO
ERA algo trigueño,
de rostro festivo,
de talle
mediano,
ni grande ni chico.
De nariz y boca
un poco provisto
y el lacio cabello
algo enrarecido.
Eran apacibles
sus ojos y vivos,
a veces locuaces,
y a veces dormidos.
Su rostro era feo,
mas no desabrido,
sino que inspiraba
confianza y cariño.
Tuvo algunas veces
defectos y vicios,
mas su alma era noble,
su pecho sencillo.
Un lunar tenía
con vello crecido,
fijado en el medio
del diestro carrillo.
Su acento era suave
y asaz expresivo,
mas una dolencia
lo puso ronquillo.
Usaba antiparras,
tomaba polvillo
y era con las damas
atento y rendido.
No era su carácter
adusto ni esquivo,
y así era de todos
amado y bienquisto.
Contaba mil cuentos
con sus ribetillos,
dejando lo exacto
por lo divertido.
Formaba renglones
largos y chiquitos
que se le antojaban
versos peregrinos.
No invocaba a Apolo
por ser masculino,
y sólo a las Musas
pedía su auxilio.
EL HOMBRE D E IMPORTANCIA
Letrilla satírica
N O H
ISTO R IA , ni poesía,
ni ciencia estudies, Fabio;
quien más charla ese es más sabio, lo demás es
bobería:
en pomposa algarabía
hable con gran petulancia;
y ya es hombre de importancia.
Organo de la opinión
llame a cualquier periodista
con mucho de socialista,
luces, progreso y fusión;
carta, y no constitución,
dirá al estilo de Francia;
y ya es hombre de importancia.
No se deje en el tintero
a la clase proletaria,
con lo de acción trinitaria,
receta y mes financiero;
apanaje y flibustero,
den a su asunto sustancia;
y ya es hombre de importancia.
Retrógrado ha de decir,
statu quo, y feudalismo;
que el siglo marcha al cinismo,
y que es nuestro el porvenir;
sueño de oro ha de embutir,
y talismán y elegancia;
y ya es hombre de importancia.
Fracasar, cotización,
casación y aprendizaje,
masacre, ojivo y carruaje,
adornen su locución;
y en larga lucubración
dé a luz una extravagancia;
y ya es hombre de importancia.
Con aire de quien desprecia,
al drama más bello embista:
hable del protagonista,
prótasis y peripecia,
extasiando a Roma y Grecia
con sarcasmo y con jactancia;
y ya es hombre de importancia.
Elimine con baldón
a Cervantes y Mariana,
descargando su macana
desde Lope hasta Bretón;
¡Anatema! ¡maldición!,
lance en esa turba rancia;
y ya es hombre de importancia.
No hay que una vida, dirá
con galicismo expresivo,
y el mundo definitivo
su diorama aplaudirá;
y de un parque elogiará
la escultural elegancia;
y ya es hombre de importancia.
Mutua solidaridad,
e impulso emancipatriz
son voces que harán feliz
a una notabilidad;
y en misteriosa ansiedad
haga votos por la infancia;
y ya es hombre de importancia.
Con satánica sonrisa
jure a su virgen amor
con un volcánico ardor
que cruce cual blanda brisa,
y de hinojos ante Elisa
acredite su constancia;
y ya es hombre de importancia. 70
La toaleta y el buró,
lo de prosaica figura,
y el llamar pastor a un cura,
son de un hombre comm’il fó:
dará quitanzas, mas no 75
recibos, que es cosa rancia;
y ya es hombre de importancia.
Instaure un comido y dé
garantías a las masas,
con facultades escasas 80
al que en la poltrona esté;
y haga profesión de fe
con moderna altisonancia;
y ya es hombre de importancia.
Hable en tono campanudo 85
al emitir su moción,
como hombre de corazón,
y no estacionario rudo; .
y, en fin, sabio y concienzudo
charle con gran arrogancia; 90
y ya es hombre de importancia. *
LA MADRE AFRICANA
(Oda)
Tairai-je ces enfants de la rive africaine
Qui cultivent pour nous la terre américaine?
Différents de couleurs, ils ont les memes droits,
Vous memes, contre vous, les armez de vos lois!
(Delille,
Poema La Desgracia y la Piedad, canto
l 9).
¿ y a s í ,
cruel pirata, así te alejas, robándome tirano
los hijos y el esposo? ¿Así, inhumano,
• Sin
establecer — creo— relaciones muy estrechas, confrontar, antes, con el Retrato
del que suscribe (Sátira a Cavia), de Juan Cruz Varela:
Dirá: éste
en un hombre
de
grande importancia.
Y, después, con Un hombre de importancia, del
mexicano Guillermo Prieto (1818-1897).
en desamparo y en dolor me dejas?
¡Ay! ¡vuelve, vuelve! En mi infeliz cabaña, donde
te di acogida,
¡ve cual me dejas como débil caña del huracán
violento combatida!
Vuelve, entrañas de fiera,
que por mi mal viniste;
llévame a mí también, y al menos muera
con mis prendas amadas. . . Mas, ¡ay triste!
ya no espero ablandar tu pecho duro con lamentos
prolijos:
¡tú no sientes amor ni tienes hijos!
¿Y es posible que el sol resplandeciente que
ostenta esa bandera
llegue a estas playas por. la vez primera a
autorizar un crimen tan patente?
¡Oh, globo celestial, que esplendoroso dominas en
las cumbres,
oscurece tu luz, y al monstruo odioso sólo
sangriento y con horror alumbres!
Mas ¡ay!
¡qué nueva pena
descubren ya mis ojos!
He allí el arco y las flechas, que en la arena del
asalto traidor fueron despojos.
¡Infeliz compañero, tu ignorabas
que esos blancos altivos
proclaman libertad, y hacen cautivos!
De esta suerte la mísera africana
se queja inútilmente,
mientras su nave apresta, indiferente, el
traficante vil de carne humana.
Y truena el bronce y su clamor repite, que el
clamar la consuela;
mas el Aguila, en hombros de Anfitrite suelta las
alas, y al estruendo vuela.
Al punto, encadenados,
los cautivos se miran,
y al fondo del bajel desesperados
los lanzan sin piedad, y ellos suspiran;
mientras que la infeliz desde la peña
se arroja y da un lamento,
que en pos de la alta popa lleva el viento. * 45
SUPER FLUM1NA BAB1L0NIS
(Salmo)
(Traducción literal)
SENTADOS a
la margen
de babilonio río,
allí, Sión, tu nombre
recordamos llorosos y cautivos.
Y las sonoras arpas, 5
y címbalos festivos,
tristes ya y destemplados,
de los frondosos sauces suspendimos.
Los que en vil servidumbre
nos llevaban ¡oh, indignos! 1°
por escarnio intentaron
oír nuestras canciones allí mismo.
Ellos que nos trajeron
con ignominia uncidos,
“ Entonad” , nos decían, 15
“ de Sión los cantares y los himnos” .
¡Cantar! ¿Cómo
es posible?
¿Cómo infamar, impíos,
el Señor los cantares
en tierra ajena, y en ajenos grillos? 20
No, Sión; y primero
que así te dé al olvido,
y en tu ignominia cante,
me olvide de mi diestra, y de mí mismo.
* "Estos
versos los publiqué en execración del bárbaro comercio de los negros, que en
contravención de la ley de libertad y abolición de este tráfico, seguían
haciendo varios especuladores; y muy especialmente el buque llamado el Aguila,
que con bandera oriental fue a la costa de Africa a tan reprobado comercio” .
Yerta mi lengua, y fija 25
al paladar
indigno;
si de ti me olvidare
pásmese inmóvil con letal deliquio.
Si no te
antepusiere,
o si indolente y tibio, 30
Jerusalén no fuese
de mi alegría el móvil y principio.
Tu ira,
Señor, se acuerde
de esos
infandos hijos
de Edón,
cuando disfrute 35
Jerusalén su día
apetecido.
Ellos son
los que dicen,
sedientos de exterminio:
“ ¡Hasta los fundamentos
asolad, asolad
sus edificios!” . 40
¡Oh, hija desventurada
del pueblo aborrecido!
¡Feliz quien te dé el pago
del tratamiento vil que te debimos!
¡Oh, bienaventurado 45
el que a tus parvulillos
logre alzar con sus manos,
y en la piedra estrellarlos vengativo!
(Francisco Acuña de Figueroa, Obras completas, 12
tomos, ed. de Manuel Bernárdez, de Montevideo, 1890).
Manuel Carpio
( 1791-1860)
M A N U E L C A R P IÓ y José Manuel Pesado son dos
autores que pueden citarse en pareja. Contribuyen a esta aproximación algunas
coincidencias. Quizás lo más llamativo, aparte de la amistad que los unió, sea
el hecho de que los dos escriben al avanzar el siglo, y son fieles a ideas
neoclasicistas cuan do ya triunfaban en México las formas románticas. Hay,
también, cierto sincronismo en la vida de los dos: Carpió (1791-1860), Pesado
(1801-1861). Los dos se inician, literariamente, en la época revolucionaria (en
especial, Carpió) y es mucho lo que los vincida a la literatura de ese momento.
Manuel Carpió pareció llamado tempranamente a la
misión del sacerdo cio, pero cambió esa vocación por la de médico. Fue
fundador de la Aca demia de Medicina y vinculada a su profesión está su
versión española de los Aforismos y pronósticos de Hipócrates (1823). Pero su
verdadera vo cación fue, sin duda, la poesía, con la cual también alternó, en
distintos momentos'de su vida, cargos políticos (de diputado y senador).
Conservador en política y neoclasicista en
literatura dan sello a la per sonalidad de Carpió. Como he dicho, el
neoclasicismo de Carpió resalta so bre todo en momento en que irrumpe en
México el romanticismo. Si bien, conviene aclararlo, el romanticismo no fue en
México una tendencia que rompió radicalmente con formas anteriores.
Se destaca en la obra de Carpió el tema patriótico,
y, sobre todo, el tema religioso (La Anunciación, La Cena de Baltasar) y el
tema de la na turaleza. Como vemos, motivos bastante corrientes en la época.
La situación de Manuel Carpió puede comprenderse,
también, aquila tando el peso que Chateaubriand tiene en su obra. " Puso
en verso — dice Menéndez Pelayo— páginas enteras del Itinerario de París a
Jerusalén” . En fin, esta relación sirve igualmente para medir, a través de
determinados temas e influencias, puntos de contacto entre neoclasicistas y
románticos.
En resumen, pues, dentro de una obra donde no
faltan resonancias con temporáneas o ecos de sucesos políticos del siglo,
Manuel Carpió es, sobre todo, el autor de poemas religiosos. En particular, de
glosas o evocaciones
bíblicas del Antiguo Testamento. Y si no podemos
decir que es un poeta destacado, por lo menos es justo afirmar que allí está lo
más rescatable de su producción y el perfil de “poeta bíblico y clásico” que
sirve para indi vidualizarlo mejor.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
M A N U E L C A R P IÓ , Poesías (1“ ed., México,
1849, con prólogo de José Joaquín Pesado). Hay reediciones posteriores.
M A N U E L C A R P IÓ , Poesías (ed. de México,
1876, con prólogo de José Bernardo C o u to ) .
ESTUDIOS:
J O S É M A R ÍA R O A B A R C E N A S , Manuel
Carpió (en Memorias de la Academia Mexicana, III, M éxico, 1886, págs.
407-421).
M . M E N É N D E Z P E LA Y O , Antología de
poetas hispanoamericanos, I , ed . de M ad rid , 1927, págs. CXXVI-CXL.
M ARCO S A R R Ó N I Z , Manual de biografía
mexicana o Galería de hombres célebres de México, París, s.a. [1857], págs.
106-108.
F R A N C ISC O S OSA , El poeta Carpió (e n la
Revista mensual mexicana, I, M éxico, 1877, págs. 107-118).
LA ANUNCIACION
ESTÁ sentado sobre el cielo inmenso Dios en su
trono de oro y de diamantes; miles y miles de ángeles radiantes
le adoran entre el humo del incienso.
A los pies del Señor, de cuando en cuando, el
relámpago rojo culebrea,
el rayo reprimido centellea
y el inquieto huracán se está agitando.
El príncipe Gabriel se halla presente, ángel
gallardo de gentil decoro,
con alas blancas y reflejos de oro, rubios cabellos
y apacible frente.
“ Vuela —le dijo el Hacedor del mundo— y baja a
Nazaret de Galilea,
y a la Hija de Joaquín, Virgen hebrea, un arcano
revélale profundo.
Dile que dentro el corazón me duele de ver al
hombre en su angustiosa pena, que me duele el crujir de su cadena,
y que sudando por romperla anhele.
Dile que mi Hijo encarnará en su seno,
que entrambos hollarán a la serpiente,
que seré con los hombres indulgente,
muy indulgente, porque soy muy bueno” .
Habló Jehovah, y el Príncipe sublime, al escuchar
la voluntad suprema,
se quita de las sienes la diadema
y en el pie del Señor el labio imprime.
Se levanta, y bajando la cabeza ante el trono de
Dios, las alas tiende y el vasto espacio vagoroso hiende y a las águilas vence
en ligereza.
Baja volando, y en inmenso vuelo deja atrás mil
altísimas estrellas,
y otras alcanza, y sin pararse en ellas, va pasando
de un cielo al otro cielo.
Al grande Orion a la derecha deja
y por la izquierda a las boreales Osas;
pasa junto a las Pléyades lluviosas,
y del Empíreo más y más se aleja. 40
Cuando pasa cercano a los luceros,
desaparecen como sombra vaga,
y al pasar junto al Sol, el Sol se apaga
de Gabriel a los grandes reverberos.
Desde la inmensa altura en que venía 45
la tierra triste apenas se miraba,
y sus ojos en ella el Ángel clava,
los negros ojos llenos de alegría.
Entonces se apresura, y semejante
al rayo del Señor, se precipita, 50
las blancas alas más y más agita,
y en Nazaret preséntase triunfante.
Allí una tierna y cándida doncella
lejos del ruido mundanal vivía;
era pobre y llamábase María, 55
joven modesta y a la par muy bella.
De rodillas hincada en su aposento,
piensa a sus solas con mortal congoja
en la raza de Adán, y el suelo moja
con lágrimas que vierte ciento y ciento. 60
Triste contempla desde aquel retiro
la suerte de los hombres sus hermanos,
y tuerce en su dolor las blancas manos
y exhala a ratos lánguidos suspiros.
Dos veces levantó su rostro al cielo, 65
su bello rostro que inundaba el llanto,
y otras dos veces con mortal quebranto
enjugóse los ojos con el velo.
“ Cumple ¡oh
Dios! — exclamó con tono blando—
del Salvador la espléndida promesa” ; 70
y al exclamar así, la tierra besa,
y en amargo pesar sigue llorando.
“ ¡Ay, Señor! no te olvides de Solima
—gritó más alto— acuérdate del hombre; te lo
suplico por tu santo nombre,
por ese nombre de infinita estima.
Anda el mortal sobre ásperos abrojos por desiertos
sin agua y sin camino, rasgado el corazón, perdido el tino,
y están hinchados de llorar sus ojos.
Y no quiere
aplacarse el Dios clemente cuando en las aras el incienso humea;
la sangre, en vano, del altar chorrea, y en vano
empapa el suelo delincuente.
Del mundo ingrato el crimen infinito con la sangre
de toros no se expía,
ni con humo tampoco: ¿qué valdría el humo y sangre
para tal delito?
¡Ay, Señor! no te olvides de Solima, y compasivo
acuérdate del hombre;
te lo suplico por tu santo nombre, por ese nombre
de infinita estima” .
Gabriel se acerca en tanto a la doncella y las alas
cerrando reverente,
baja hasta el suelo su gloriosa frente, suelo
dichoso que la Virgen huella.
“ Dios te guarde —le dijo— , alta Criatura Eres más
linda que la luna llena
cuando se eleva de la mar serena después que huyó
la tempestad oscura.
La gracia del Señor en ti rebosa, y antes que el
aquilón se desatara,
y antes también que el piélago bramara, Jehovah te
destinó para su esposa.
Te acompaña tu Dios; y cuando fueres la blanda
Madre del Ungido Eterno, han de llamarte con afecto tierno la Bendita entre
todas las mujeres.
Tu Hijo el Criador ha de ocupar un solio y regirá
su cetro a las naciones,
y flotarán triunfantes sus pendones encima del
soberbio Capitolio.
Pasarán esta tierra y estos mares, podrá venirse
abajo el firmamento, pero ese rey en su inmutable asiento verá pasar los siglos
a millares” .
— “ ¿Cómo ser madre — di jóle María— si me conservo
en virginal pureza?” Gabriel entonces con gentil viveza,
a la hermosa israelita le decía:
“Nada es difícil al Poder Divino; del Altísimo el
brazo Omnipotente pone barreras a la mar hirviente,
y lanza el rayo, y suelta el torbellino.
A una leve señal de su semblante Naturaleza dócil
obedece,
desde la flor que en el desierto crece hasta ese
sol magnífico y brillante” .
Los ojos baja a esta sazón la Hebrea, los grandes
ojos que en el suelo clava,
y “ he aquí — exclamó— de mi Señor la esclava en mí
cumplida tu palabra sea” .
Oyóla el Ángel, y admirado ante ella, quédase un
rato, inmóvil como roca; después, con humildad, pone la boca en el polvo que
pisa la Doncella.
Dejando el Verbo entonces junto al Padre su rayo,
su relámpago y su trueno,
baja y encarna en el modesto seno
de aquella Virgen que escogió por Madre.
Ángeles mil y mil pasmados se hallan en el cielo
con tantas maravillas, cierran las alas, doblan las rodillas, bajan los ojos y
postrados callan.
EL RIO DE COSAMALOAPAN
ARREBATADO y
caudaloso río
que riegas de mi pueblo las praderas ¡quién pudiera
llorar en tus riberas de la redonda luna al rayo frío!
De noche en mi agitado desvarío me parece estar
viendo tus palmeras, tus naranjos en flor y enredaderas, y tus lirios cubiertos
de rocío.
¡Quién le diera tan sólo una mirada a la dulce y
modesta casa mía,
donde nací, como ave en la enramada!
Pero tus olas ruedan en el día sobre las ruinas
¡ay! de esa morada, donde feliz en mi niñez vivía.
NAPOLEON EN EL
MAR ROJO
EL SOL estaba oculto detrás de las montañas que
forman la cadena de Libia la arenosa, debajo de su tienda el árabe reposa,
reposa el dromedario y el rápido corcel.
Se pierden en las sombras de pavorosa noche de
Tebas y de Menfis las ruinas estupendas; profundo es el silencio que reina allá
en las sendas que van para las palmas y fuentes de Moisés.
En tanto Bonaparte camina silencioso en un caballo
blanco, por tristes soledades vecinas al Mar Rojo; pensando en las edades
antiguas que pasaron, y nunca volverán; repasa en la memoria batallas y
conquistas de altivos Faraones, de griegos Tolomeos, de bárbaros Califas, y
piensa en los trofeos que bravos los cruzados lograron alcanzar.
Absorto en pensamientos gloriosos y sublimes camina
por la playa del mar adormecido,
del mar que en otro tiempo con hórrido bramido,
caballo y caballero, y carros se tragó.
20
La noche se adelanta cubriendo de tinieblas
el bárbaro desierto y el piélago callado;
apenas se distingue soldado de soldado,
apenas se distingue camello de bridón.
Del mar en la ribera tan sólo se escuchaban 25
de pájaros marinos los gritos lamentables,
pisadas de caballos y estrépito de sables,
de tropas que seguían al ínclito adalid.
En esta negra noche, en medio a tal escena
que pasa en el desierto ¿quién, ¡ay! pensado habría 30
que Europa la orgullosa, vencida en algún día,
delante de aquel joven rindiera la cerviz?
En tanto sopla el viento y crece la marea,
levántanse las olas y braman y rebraman,
y en playas solitarias se estrellan y derraman, 35
y alcanzan al caballo del bravo general.
La noche es espantosa y pálpanse las sombras,
incógnita es la tierra, perdido está el camino,
y crece la tormenta, y crece el torbellino,
jinetes y corceles no saben dónde están. 4U
El férvido caballo del grande Bonaparte
en medio del peligro salir del agua emprende,
e indómito su pecho las anchas olas hiende,
y abiertas las narices relucha con el mar.
En tanto el jefe altivo descansa en su fortuna, 45
Egipto está en su mente, Albión y toda Europa,
el trono de Capeto y la aguerrida tropa
que lunas y turbantes impávido hollará.
Si alguna de las olas lo hubiera arrebatado
al fondo peñascoso del piélago profundo 50
¡qué llantos y suspiros ahorráranse en el mundo!
¡Qué incendios y matanzas ahorráranse también!
Mas Dios que allá a sus solas miraba los imperios
y mil y mil designios altísimos tenía,
sacó de entre las aguas al hombre que debía 55
a pueblos y monarcas poner bajo su pie.
Sacóle de las ondas a fin de que su espada de
Europa castigase los crímenes sin cuento,
los crímenes de un siglo soberbio y turbulento
que a todas las naciones de escándalo llenó. 60 A
Francia lo condujo, y a Italia floreciente,
a Iberia belicosa, a la ilustrada Prusia,
al Austria formidable y a la potente Rusia; y luego
a Santa Elena, y ¡adiós Emperador!
(Manuel Carpió, Poesías 1? ed., con prólogo de José
Joaquín Pesado, México, 1849).
Francisco Ortega
( 1793-1849)
F R A N C IS C O O R T E G A tuvo menor fama
literaria que otros contemporáneos ilustres, pero esto no es obstáculo para que
se le proclame hoy como uno de los poetas mexicanos más destacados de su
tiempo.
Como la situación era casi inapelable, también se
da en Ortega la do ble cara de la actuación pública y la obra literaria. Fue
Prefecto de Tulan-cingo, diputado varias veces, y subdirector del
“Establecimiento de Cien cias Ideológicas y Humanidades” .
De la misma manera, su producción escrita ofrece,
por un lado, obras políticas (discursos, manifiestos, etc.). Y, por otro, un
sector de más nítido carácter literario: poesías líricas, en primer término, y
obras dramáticas (una tragedia, una comedia, y la traducción de la Rosmunda de
Alfieri).
En la bien perfilada producción de Ortega es ya un
lugar común el re conocimiento de tres temas fundamentales: el patriótico, el
religioso y el amoroso.
Como autor de composiciones patrióticas, bien
sabemos, no hace sino rendir tributo a lo que entonces se vive. Dentro de una
abundancia abru madora, su supervivencia suele darse apoyada en un mejor
trabajo del ver so, sin tanta prisa como otros, y en frutos más recordables.
Su'conocido poema en que se opone a I tur bidé y el Imperio es, además,
singular por su carácter y obra ineludible de este período.
Algo parecido se da en el caso de las poesías
religiosas, tema no raro pero sí menos frecuente en la época que el anterior. Y
aquí es de rigor de cir que Ortega ofrenda, con La venida del Espíritu Santo,
uno de los me jores poemas dedicados a este difícil tema. Dificultad a la cual
también contribuye una tradición tan rica como la lírica española de la Edad de
Oro.
Posiblemente las composiciones suyas que menos
sobreviven son las poesías amorosas. Anacreónticas y églogas quizás demasiado
afines a las formas que habían impuesto Meléndez Valdés y, algo menos, Arriaza.
Es justo, en conclusión, proclamar una vez más que
Ortega es uno de los buenos poetas de una época que no se mostró muy propicia a
la alta
poesía. Y es también justo decir, nuevamente, que
si su nombre no es tan famoso como el de otros, hoy se repara, mejor que en
otras épocas, en sus méritos.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
F R A N C IS C O
O R T E G A , Poesías, México, 1836.
ESTUDIOS:
Luis G. U R B I N A , La vida literaria en México y
La literatura mexicana durante la Guerra de la Independencia, ed. de México,
1956.
M . M EN É N D E Z P E l a y o , Antología de
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M A R C O S A R R Ó N IZ , Manual de biografía
mexicana o Galería de hombres célebres de México, París, s.a. [1857], págs.
255-257.
J u l i o J
im é n e z R u e d a , Letras mexicanas en el siglo XIX, M éxico, 1944,
págs. 69-70.
A 1TURBIDE EN SU CORONACION
¡Y PU D
ISTE prestar fácil oído
a falaz ambición, y el lauro eterno que tu frente
ciñera,
por la venda trocar que vil te ofrece la lisonja
rastrera
que pérfida y astuta te adormece!
¡Sús! despierta y escucha los clamores que en tu
pro y del azteca infortunado te dirige la gloria:
oye el hondo gemir del patriotismo, oye a la fiel
historia,
y retrocede ¡ay! del hondo abismo.
En el pecho magnánimo recoge aquel aliento y
generoso brío que te lanzó atrevido
de Iguala a la inmortal heroica hazaña, y un cetro
aborrecido
arroja presto, que tu gloria empaña.
Desprecia la aura leve, engañadora, de la ciega
voluble muchedumbre, que en su delirio insana,
tan pronto ciega, abate como eleva, y al justo a
quien hosanna
ayer cantaba, su furor hoy llega.
Con los almos patricios victoriosos, amigos tuyos y
en el pueblo electos, en lazo fiel te anuda;
atiende a sus consejos, que no dañan:
sólo ellos la desnuda
verdad te dicen; los demás te engañan.
Esos loores con que el cielo te alzan, los vítores
confusos que de Anáhuac señor hoy te proclaman,
del rango de los héroes, inhumanos, te arrancan y
encaraman
al rango ¡oh Dios! fatal de los tiranos.
¿No miras, ¡oh, caudillo deslumbrado, ayer delicia
del azteca libre!
cuánto su confianza,
su amor y gratitud has ya perdido, rota ¡ay! la
alianza
con que debieras siempre estarle unido?
De puro y tierno amor, no cual solía allegarse,
veráslo ya a tu lado,
y el paternal consejo
de tus labios oír; más zozobrante temblar al
sobrecejo
de tu faz imperiosa y arrogante.
La cándida verdad, que te mostraba el sendero del
bien, rauda se aleja del brillo fastüoso
que rodea ese solio tan ansiado;
ese solio ostentoso,
por nuestro mal y el tuyo levantado.
Y en vez de
sus acentos celestiales, rastrera turba, pérfida, insolente,
de astutos lisonjeros,
hará resonar sólo en tus oídos loores plancenteros:
¡ah, placenteros. . pero cuán mentidos!
No así fueron los himnos que entonara Tenoxtitlán
cuando te abrió sus puertas; y saludó risueña
al verte triunfador y enarbolando la trigarante
enseña,
seguido del leal patricio bando.
¡Con qué placer tu triunfo se ensalzaba! La ingenua
gratitud ¡con qué entusiasmo lo grababa en los bronces!
¡Tu nombre amado con acento vario, cuál resonaba
entonces
en las calles, las plazas y el santuario!
Ni esperes ya el clamor del inocente, ni de la ley
la majestad hollada, ni el sagrado derecho
de la patria vengar: que el cortesano, de ti en
continuo acecho,
atará para el bien tu fuerte mano.
¿De la envidia las sierpes venenosas
del trono en derredor no ves alzarse, 80
y con enhiestos cuellos
abalanzarse a ti?
¿Los divinales
lazos de amistad bellos
rasgar y conjurarte mil' rivales?
La patria, en tanto, de dolor acerbo 85
y de males sin número oprimida,
en tus manos ansiosa
busca el almo pendón con que juraste
la libertad preciosa
que por un cetro aciago ya trocaste. 90
Y no la halla,
y en mortal desmayo su seno maternal desgarrar siente
por impías facciones;
y de desolación y angustia llena,
los nuevos eslabones 95
mira forjar de bárbara cadena.
¡Oh, cuánto de pesares y desgracias, cuánto tiene
de sustos e inquietudes, de dolor y de llanto;
cuánto tiene de mengua y de mancilla, de horror y
luto cuánto
esa diadema que a tus ojos brilla!
(Francisco Ortega, Poesías, México, 1836).
Juan Cris ósí orno Lafinur
(1797-1824)
No RESULTA aventurado decir que la temprana muerte
de Juan Crisóstomo Lafinur tronchó una vida que anunciaba cálidas
realizaciones. Lo que alcanzó a hacer, marcado por el signo de una notable
variedad, así permite sospecharlo. Vivió en distintas ciudades, por poco
tiempo, y en todas ellas dejó el testimonio de su paso. Casi milagroso hubiera
sido pedirle, en tales circunstancias, una producción pareja y de elevado
nivel.
Nació Lafinur en el valle de La Carolina, región de
San Luis. Comenzó estudios en la Universidad de Córdoba, pero debió
interrumpirlos en 1814, con motivo de su ingreso al ejército patriota. En 1817
se radicó en Buenos Aires donde se dedicó al periodismo y se hizo conocer por
algunas compo siciones literarias y musicales. Sus inquietudes culturales lo
llevaron a una cátedra de filosofía en la naciente Universidad de Buenos Aires,
de la que fue separado porque sus ideas se consideraron demasiado avanzadas.
Se radicó después en Mendoza, ciudad en la que
Lafinur contribuyó al momentáneo brillo cultural que caracteriza, por aquellos
años, a dicho cen tro. Se repitió el proceso de Buenos Aires, y Lafinur
abandonó Mendoza para radicarse en Chile, donde se graduó de abogado. Vivió
particularmen te del periodismo y tuvo relación con hombres destacados como
Camilo Henríquez y Bernardo Vera y Pintado. Murió en Santiago de Chile, en
1824.
A través de estos datos se comprende, por un lado,
la intensa vida de Lafinur y, por otro, puede explicarse que su obra
estrictamente literaria (las pocas poesías que nos permiten referirnos a ella)
no dan una idea exacta de su personalidad. Además, de esa obra es fácil mostrar
que varias de las composiciones imitan muy de cerca conocidos modelos. Tal cosa
ocurre con su composición más famosa: el soneto A una rosa.
Fuera de tales tributos nos quedan algunas poesías
como la anacreóntica Ella en el baño, o como la oda sáfica Las flores (de
1821). Más cercanos a la realidad argentina y a sus hombres y campañas
militares, los poemas dedicados a San Martín y Bel grano. De manera especial,
los tres poemas
determinados por la muerte de Belgrano, y que
prueban que éste fue su mayor admiración patriótica.
En conclusión, reiteramos que ]uan Crisóstomo
Lajinur no alcanzó a cuajar en las letras la esperanza que prometía
tempranamente. Y no tanto, quizás, por sus pocos años como por la acumulación
de tareas en que dis persó (y debilitó) su notable energía vital.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
JU A N CRISÒSTOMO LA F IN U R , Poesías (en Juan W
. Grez, El Dr. Juan Cri sóstomo Lafinur. Estudio biográfico y recopilación de
sus poesías, Buenos Aires, 1907).
ESTUDIOS:
JU A N M ARÍA G UTIÉRREZ , Noticias históricas
sobre el origen y desarrollo de la enseñanza pública superior en Buenos Aires
(Buenos Aires, 1868, págs. 76-120 y 763-766).
JUAN W . G REZ, El Dr. Juan Crisóstomo Lafinur.
Estudio biográfico y recopilación de sus poesías (Buenos Aires, 1907).
D ELFINA V ARELA D OMÍNGUEZ DE G HIOLDI, Juan
Crisóstomo Lafinur. Una
cátedra de Filosofía (Buenos Aires, 1934).
ROBERTO F. G IUSTI, Juan Crisòstomo Lafinur (en R.
A. Arrieta (Dir.), Historia de la literatura argentina, I, Buenos Aires, 1958,
págs. 351-359).
A LA MUERTE
DEL GENERAI DON MANUEL BELGRANO
CANTO ELEGIACO
¿ POR QUÉ
tiembla el sepulcro, y desquiciadas sus sempiternas losas de repente,
al pálido
brillar de las
antorchas
los justos y
la tierra se conmueven?
El luto se derrama por el suelo, al ángel entregado
de la muerte,
que a la virtud persigue: ella medrosa
al túmulo volóse para siempre,
que el campeón ya no muestra el rostro altivo fatal
a los tiranos, ni la hueste
repite de la Patria el sacro nombre, decreto de
victoria tantas veces.
Hoy, enlutado su pendón, y al eco
del clarín angustiado, el paso tiende
y lo embarga el dolor: ¡dolor terrible
que el llanto asoma so la faz del héroe!. . .
Y el lamento responde pavoroso: “Murió Belgrano”
¡oh Dios! ¡así sucede la tumba al carro, el ay doliente al viva, la pálida
azucena a los laureles! ¡Hoja efímera cae! ¡tal resiste
al Noto embravecido y sus vaivenes! Campeón
ilustre, atleta esclarecido, la mano que te roba, hollar las leyes que el
corazón conoce; el jaspe eterno
tu nombre mostrará a los descendientes de la
generación que te lamenta.
La patria desolada el cuello tiende al puñal
parricida que la amaga
en anárquico horror; la ambición prende, en los
ánimos grandes, y la copa
da la venganza al miedo diligente. Aun de Temis el
ínclito santuario profanado y sin brillo; el inocente, el inocente pueblo,
ilustre un día,
a la angustia entregado; el combatiente sus heridas
inútiles llorando
escapa al tambor; el país se enciende en guerra
asoladora, que lo ayerma;
asoma la miseria, pues que cede
la espiga al pie feroz que la quebranta. ¿Y ora
faltas, Belgrano?. . . Así la muerte, y el crimen, y el destino de consuno,
deshacen la obra santa, que torrentes vale de sangre, y siglos mil de gloria,
¡y diez años de afán!. . . ¡Todo lo pierde!
Tu celo, tu virtud, tu arte, tu genio,
tu nombre, en fin, que todo lo comprende, flores
fueron un día; marchitólas
la nieve del sepulcro. Así os lamente
la legión que a la gloria condujiste;
con tu ejemplo inmortal probó el deleite,
la magia del honor, y con destreza
amar la hicisteis el tesón perenne,
el hambre angustiadora, el frío agudo. ..
Suspende ¡oh musa! y al dolor concede una mísera
tregua. Yo lo he visto
al soldado acorrer que desfallece, y abrazarlo,
cubrirlo y consolarlo. Ora Rayo de Marte se desprende,
y al combate amenaza, y triunfa, y luego...
¿Qué más hacer?
. . .El desairar la suerte...
Y ser grande por sí; ésta no es gloria del común de
los héroes, él la ofrece en pro de los rendidos, que perdona.
Ora al genio se presta, y lo engrandece; corre la
juventud, y a la Natura espía en sus arcanos, la sorprende,
y en sus almas revienta de antemano
el germen de las glorias. ¡Oh!, ¿quién puede
describir su piedad inmaculada, su corazón de fuego, su ferviente
anhelo por el bien? ¡Sólo a ti es dado,
historia de los hombres; a ti, que eres
la maestra de los tiempos! La arca de oro
de los hechos ilustres de mi héroe
en ti se deposita:
recogedla
y al mundo dadla en signos indelebles.
Y vos, sombras preciosas de Balcarce,
de Olivera, Colet, Martínez, Vélez,
ved vuestro general, ya es con vosotros:
abridle el templo, que os mostró valiente.
¡Tucumán!
¡Salta! pueblos generosos
al héroe del febrero y del setiembre
alzad el postrer himno; mas vosotras,
85
vírgenes tiernas, que otra vez sus sienes
coronasteis de flores, id a la urna, -
y deponed con ansia reverente
el apenado lirio, émulo hacedlo
de los mármoles, bronces y cipreses. 90
(Juan W. Grez, El Dr. Juan Cñsóstomo Lafinur.
Estudio biográfico y recopilación de sus poesías, Buenos Aires, 1907).
José Joaquín Pesado
( 1801-1861)
Si V A LEN para Pesado algunas de las
consideraciones que hemos trazado para Carpió, no significa esto — repito—
identificación total, ni, menos, desconocimiento de la personalidad de José
Joaquín Pesado.
Fue éste uno de los mexicanos más famosos del siglo
XIX. Por otra parte, reproduce la situación conocida de hombre público y
escritor. A esas facetas agregó su cargo de profesor de literatura en la
Universidad de México. Como político, ocupó el Ministerio del Interior (en
1838) y del Exterior (en 1846).
Enfilando más concretamente a su obra de escritor,
es justo decir que buena parte de su fama se apoya en los poemas descriptivos
y, en particular, en sus Escenas del campo y de la ciudad de México y en los
Sitios y escenas de Orizaba y Córdoba. También, en sus evocaciones de los
antiguos mexicanos.
Si bien dio cabida (estaban ya en su tiempo) a
elementos que conside ramos románticos, el perfil neoclasicista, así como el
conservadorismo polí tico, son las notas que mejor lo retratan. En todo caso,
proximidad o no. marcada oposición (paisaje, costumbrismo, etc.).
Equilibrio, trabajo del verso, dominio de la lengua
son rasgos visibles en él. Esto, unido a los temas y al sentido que Pesado
confiere a su poesía explican la estimación que le tuvo Menéndez Pelayo. En
efecto, Pesado se destaca con nitidez, tanto en el juicio como en el número de
composi ciones incluidas, dentro de la aún hoy famosa Antología.
Lugar especial, no separado de su obra total,
ocupan en la obra del poeta mexicano sus traducciones y paráfrasis de los
Salmos y del Cantar de los Cantares, así como los Cantos del Emperador
Netzahualcóyotl, sin con tar otras versiones de la poesía náhuatl y de autores
clásicos (No olvidemos el lugar que, sobre todo entre los neoclasicistas tienen
los buenos traduc tores: Bello, Miralla, Heredia, Juan Cruz Varela. . . Y,
también, Pesado). Conviene agregar que, signo de los tiempos, llegó a traducir
poesías de Manzoni y Lamartine.
Dentro de sus obras originales se destacan las
composiciones religiosas y los poemas descriptivos (paisajes y escenas de
México). Menos, sus poesías amorosas, aunque aquí nos dejó una obra como A mi
amada en la misa de alba, y sus poesías “filosóficas” (como El Hombre, El
sepulcro).
En su tiempo, Pesado fue acusado de plagio, tacha
que le afearon algu nos rivales. Sin llegar a situaciones especiales, es justo
decir que nos enfren tamos con concepciones distintas, según se establezcan
cánones neoclasicistas o los ideales románticos acerca de la originalidad.
Si Pesado no alcanzó categoría prominente en la
lírica hispanoamericana del siglo XIX, alcanzó por lo menos un lugar destacado
en la lírica mexi cana de su tiempo. Y en su poesía se notan, con rasgos
distintivos, una serie de líneas a las cuales el autor quiso dar carácter de
síntesis “ nacional” : el filón católico, lo español, lo indígena (apoyado en
los antiguos mexicanos, y no en contradicción con lo español y católico), y
formas populares locales. Al mismo tiempo si la base corresponde a los ideales
del neoclasicismo aca démico, no por eso despreció manifestaciones más
cercanas, producidas por el romanticismo. Y aquí su simpatía se centra
particularmente en la obra de Lamartine.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
J O S É J O A Q U ÍN P E SA D O , Poesías
originales y traducidas (1? ed., México, 1839; 2? ed., 1840; 3“ ed., 1886, con
prólogo del P . Ignacio Montes de Oca).
J o s é J o
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mexicanos (México, 1854).
J O S É J O
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1856).
J O S É J O A Q U ÍN P E SA D O , Sitio y escena de
Orizaba y Córdoba (M éx ico , 1870).
ESTUDIOS:
J O SÉ M A R
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mexicana o Galería de hombres célebres de México, P arís, s.a . [1857], p ág s.
264-267.
F R A N C ISC O
SOSA , Biografías de mexicanos distinguidos, México, 1884.
MI AMADA EN LA MISA DE ALBA
Et vera incesu
patuit Dea.
(V
IRGILIO.)
PURAS
estrellas del cielo,
que en la
noche tenebrosa
vais derramando en el suelo,
con
vuestra luz misteriosa,
la
claridad y el consuelo. 5
¡Qué dé veces habéis dado
motivos al pecho mío
para revelar, osado,
el objeto de un cuidado
que al mundo silencio fío! 10
Sublime objeto de amor,
que la borrasca en bonanza
convierte con su esplendor,
y levanta mi esperanza
a otro mundo superior. *5
Objeto que en sí contiene
el fuego con que me inflama,
y en mis entrañas mantiene,
con su vivífica llama,
el culto puro que tiene. 20
Cuando apagada la edad
toque con débil barquilla
el mar de la eternidad, *
yo saludaré en la orilla
el rayo de su beldad. 25
Tras una nube ligera
muestra la noche sus galas:
¡oh, cielos, y quién me diera
ceñir de fuego unas alas
para volar a su esfera! 30
Yo sé que sobre esa altura
es el amor más perfecto,
es sin ficción la ternura,
más inocente el afecto,
y eterna la paz y holgura.
¡Oh, estrellas! Si acaso es cierto que la mano que
os produjo en el espacio desierto
os dio soberano influjo
sobre este planeta yerto,
haced que el benigno sino
que me tocó en nacimiento
me una a este objeto divino,
y tenga en mí cumplimiento
el decreto del destino.
II
¡Oh, tú, que de los cielos producida destierras de
mi seno la amargura, y el desabrido cáliz de mi vida conviertes en dulzura!
Astro glorioso, que a mi mente envía la inspiración
de un puro sentimiento: imagen cara a la memoria mía,
alma del pensamiento.
Modesta virgen, cuyas formas bellas el cielo
admira, el universo adora,
en cuyos ojos brillan las estrellas, y en tu frente
la aurora.
Bajo el abrigo de la noche umbría presente estoy
(disculpa mis arrojos) para gozar del alba, antes del día, en tus risueños
ojos.
Gratas son las esferas estrelladas, grato en la
noche el soplo de la brisa, pero más tus dulcísimas miradas
y tu hechicera risa.
No dejes a tu amante que suspire separado del bien
que sólo quiere:
permite, ídolo mío, que te mire, y humilde te
venere.
Del lecho donde duermes te levanta, y a tu ventana
sal, linda doncella:
a darte la alborada se adelanta
mi tímida querella.
III
El lucero matutino
coronaba el horizonte,
y de la aurora vecina
despuntaban los albores.
Las poderosas campanas,
en las elevadas torres,
anuncian que viene el día
con repetidos clamores.
A misa salió mi amada
de sus umbrales entonces,
como la mañana bella
y fresca como las flores.
La modestia y el recato
la van siguiendo conformes;
dos iris lleva en sus cejas
y en sus mejillas dos soles.
Doquier que vuelve la vista
hace que encendidos broten
de sus miradas deseos,
y de sus labios, olores.
Un viento ligero y suave
atrevido descompone
de sus profusos cabellos
los rizos puestos en orden.
Con las manos los sujeta,
dando a sus miradas nobles
tal expresión de dulzura,
que conmoviera los bronces.
Toma el camino del templo,
diversas calles
transpone,
pisa las gradas ligera,
y bajo el pórtico entróse.
Como exhalación ardiente
que las densas nieblas rompe,
y alumbra por un momento
el aire, el mar y los montes;
así se mostró en su curso
esta
aparición veloce:
a sus luces repentinas
desapareció la noche.
Camino tras sus pisadas
y llego a la iglesia, donde
arrodillada la miro
en el pavimento, inmóvil.
Los ojos levanta al cielo,
luego en el suelo los pone,
y en su semblante reflejan
las llamas de los blandones.
IV
Cuando en el templo postrada
estás ante el Ser inmenso,
entre una nube de incienso,
símbolo de la oración,
me parece que eres ángel
que al trono de Dios asiste,
y que por el hombre triste
intercedes con fervor.
La cándida vestidura
ciñes tú de la inocencia,
y brilla la inteligencia
en tu frente virginal.
En tu corazón se ocultan
de amor los puros
afectos,
y en tu mente, los conceptos
de la ciencia celestial.
¡Oh, cuánto respeto imprimes!
¡Eres bella, ingenua, pura,
y reinas en una altura
harto superior a mí!
Moradora del empíreo
(no sé yo cómo te nombre)
¿quién es el hijo del hombre
digno de llegar a ti? 1*5
Con esas formas
divinas,
que acá en la tierra demuestras,
das al que te mira muestras
de la hermosura eternal.
Ya sé lo que vale el alma 150
que mis sentidos anima,
pues que conoce y estima
el precio de tu beldad.
Si gentil hubieras sido,
altares te levantara, 155
la rodilla te
doblara,
y fueras mi diosa tú.
Incienso y flores rendido
tributara a tu belleza,
emblemas de tu pureza, 160
y tu fragante virtud.
Hoy eres a estos mis ojos
imagen por excelencia
de la suma inteligencia,
pues que cristiano nací; 165
espíritu que me guía
en los caminos del mundo,
y en el piélago profundo
norte fijo para mí.
¿Qué fuera del globo triste, 170
de espanto y de sombras lleno,
si no brillara en su seno
.tu rayo consolador?
Tú disipas los temores,
todo el
universo alegras 175
y haces sus moradas negras
pensil donde reina moro.
¡Cuándo verán mis ojos aquel día
en que, dueño feliz de tu hermosura,
ni el rigor
tema de la
suerte impía, 180
ni que vuele
cual sombra mi
ventura!
D e
inmarcesibles rosas coronado,
bajo
las alas del
amor propicio,
disfrutaré
en tu seno,
reclinado,
de todos
los tesoros que codicio. 185
SITIOS Y ESCENAS D E ORIZABA Y CORDOBA
I. LAS CUMBRES
DE ACULCINGO
D ESCIEN DE de la
excelsa cordillera
al
valle profundísimo el
camino,
trozando
bosques de laurel y
pino
que revisten sus
cumbres y ladera.
Baña de luces la inflamada esfera el uno y otro m
onte convecino,
y el arroyo
que baja cristalino
y el pintoresco
pueblo y la
pradera.
Y prosigue la
senda dilatada entre las aguas y arboleda umbría que llenan de frescura la
cañada;
y al fin de la calzada y la alquería descúbrese la
villa celebrada, mansión feliz de la adorada mía.
II. LA FUENTE
DE OJOZARCO
Sonora,
limpia, trasparente, ondosa,
naces
de antiguo bosque ¡oh sacra
fuente!
En tus orillas
canta dulcemente
el ave enamorada
y querellosa.
Ora en el lirio azul, ora en la rosa que ciñen el
raudal de tu corriente, se asientan y se mecen blandamente la abeja y la galana
mariposa.
Bien te conoce Amor por tus señales, gloria de las
pintadas praderías, hechizo de pastoras y zagales.
¿Mas qué son para mí tus alegrías? ¿Qué tus claros
y tersos manantiales, si sólo has de llevar lágrimas mías?
III. EL
MOLINO Y LLANO DE ESCAMELA
Tibia en invierno, en el verano fría brota y corre
la fuente; en su camino el puente pasa, toca la alquería,
y mueve con sus ondas el molino.
Espumosa desciende, y se desvía, después, en curso
claro y cristalino, copiando a trechos la enramada umbría y el cedro añoso y el
gallardo pino.
Mírase aquí selvosa la montaña; allí el ganado
ledo, que sestea,
parte en la cuesta y parte en la campaña.
Y en la tarde,
al morir la luz febea, convida a descansar en la cabaña
la campana sonora de la aldea.
IV. LA
CASCADA DE BARRIO NUEVO
Crecida, hinchada, turbia, la corriente troncos y
peñas con furor arrumba, y bate los cimientos y trastumba
la falda, al monte de enriscada frente.
A mayores abismos impaciente el raudal espumoso se
derrumba: la tierra gime, el eco que retumba
se extiende por los campos lentamente.
Apoyado en un pino el viejo río,
alzando entrambas sienes, coronadas
de ruda encina y de arrayán bravio,
entre el iris y nieblas levantadas,
ansioso por llegar al mar umbrío,
a las ondas increpa amotinadas.
y . EL CAMINO
DE ORIZABA A CORDOBA
Del Orizaba fértil a la espalda,
que erizada de cedros se defiende
de los rayos del sol, la vía se extiende de una a
la otra ciudad, sobre la falda.
El naranjo sus ramas de esmeralda, y el plátano
vivaz sus hojas tiende aquí y allí. De trecho en trecho pende la hiedra, que
hace al valladar guirnalda.
Por ingenios de caña y cafetales, ya mansos, ya
turgentes, van los ríos,
que más allá despeñan su's raudales;
y cabañas, ganados, laboríos,
pueblos, valles y alturas desiguales
encantan por doquier los ojos míos.
VI. EL
VIENTO SUR
Sobre el coro de estrellas que fulgura
do el Centauro del Sur gira despacio,
sale el Austro feroz de su palacio,
numen terrible de venganza dura.
Blondo el cabello, armada la cintura, 5
sus ojos como llamas de topacio,
volando, deja ver en el espacio
los pliegues de su roja vestidura.
Abre a un punto las puertas a los vientos,
arrebata las plantas y
las flores, 10
amenaza turbar
los elementos;
y doblando sus iras y furores, esparce en remolinos
turbulentos aridez, sequedad, polvo y ardores.
V II. EL
VIENTO NORTE
El retirado Bóreas, que en los Triones impera,
anciano, con dominio pleno, hace llamar a sí con voz de trueno las nubes en
espesos escuadrones.
A mantener sus triunfos y blasones terrible se
adelanta, aunque sereno, y a su adversario, de despecho lleno, arroja a las
antárticas regiones.
Tendido pabellón de gruesa niebla vela su cana
frente veneranda,
y larga barba que su rostro puebla;
y de su trono, entre las nieves, manda que dé a la
tierra su frescor la niebla, y riego el cielo con su lluvia blanda.
V III. UNA
TEMPESTAD, DE NOCHE, EN ORIZABA
El carro del Señor, arrebatado
de noche, en tempestad que ruge y crece, los cielos
de los cielos estremece,
entre los torbellinos y el nublado.
De súbito, el relámpago inflamado rompe la
oscuridad y resplandece; y bañado de luces, aparece
sobre los montes, el volcán nevado.
Arde el bosque, de viva llama herido; y semeja de
fuego la corriente
del río, por los campos extendido.
Al terrible fragor del rayo ardiente lanza, del
pecho triste y abatido, clamor de angustia la aterrada gente.
CANTOS DE NETZAHUALCOYOTL
Vanidad de la gloria humana
SON DEL mundo las glorias y la fama como los verdes
sauces de los ríos, a quienes quema repentina llama
o los despojan los inviernos fríos: la hacha del
leñador los precipita o la vejez caduca los marchita.
Del monarca la púrpura preciosa
las injurias del tiempo no resiste;
es en su duración como la rosa,
alegre al alba y en la noche triste:
ambas tienen en horas diferentes
las mismas propiedades y accidentes.
¿Pero, qué digo yo? Graciosas flores hay, que la
aurora baña de rocío, muertas con los primeros resplandores que el sol derrama
por el aire umbrío. Pasa en un punto su belleza vana,
y así pasa también la pompa humana.
¡Cuán breve y fugitivo es el reinado que las flores
ejercen, cuando imperan! ¡No es menos el honor alto y preciado que en sí los
hombres perpetuar esperan! Cada blasón que adquieren se convierte en sus manos
en símbolo de muerte.
No llegara su fin, nadie lo espere:
la más alegre y dilatada vida
en yerto polvo convertida muere. ¿Ves la tierra tan
ancha y extendida? Pues no es más que sepulcro dilatado que oculta cuanto fue,
cuanto ha pasado.
Pasan los claros ríos y las fuentes, y pasan los
arroyos bullidores:
nunca a su origen vuelven las corrientes, que entre
guijas nacieron y entre flores; con incesante afán y con presura buscan allá en
el mar su sepultura.
La hora que ya pasó rauda se aleja para nunca
volver, cual sombra vana, y la que ora gozamos nada deja
de su impalpable ser para mañana. Llena los
cementerios polvo inmundo de reyes, que mandaron en el mundo.
Y su centro de
horror también encierra sabios en el consejo, ya olvidados
héroes famosos, hijos de la guerra, grandes
conquistadores esforzados, que dictando su ley a las naciones se hicieron
tributar adoraciones.
Mas su poder quedó desvanecido como el humo que
espira la garganta de este volcán de México encendido, cuando al cielo sus
llamas adelanta. No queda más recuerdo a tanta gloria que una confusa página en
la historia.
¿Dónde está el poderoso, dónde el fuerte?
¿Dó la doncella púdica y gallarda? El césped que
los cubre nos advierte la condición que a todos nos aguarda. Murieron nuestros
padres; moriremos; la muerte a nuestros hijos legaremos.
Volvamos ya la vista a los panteones, morada de
pavor, lugar sombrío. ¿Dónde están los clarísimos varones que extendieron su
inmenso señorío
por la vasta extensión de este hemisferio, con
leyes justas y sagrado imperio?
¿Dónde yace el guerrero poderoso que los toltecas
gobernó el primero? ¿Dónde Necax, adorador piadoso de las deidades, con amor
sincero? ¿Dónde la reina Xiul, bella y amada? ¿Dó el postrer rey de Tula
desdichada?
Nada bajo los cielos hay estable. ¿En qué sitio los
restos se reservan de Xolotl, tronco nuestro venerable?
¿Dó los de tantos reyes se conservan?
De mi padre la vivida ceniza
¿qué lugar la distingue y eterniza?
En vano busco yo, caros amigos,
los restos de mis claros ascendientes; 8°
de mi inútil afán me sois testigos,
a mis preguntas tristes y dolientes
sólo me respondéis:
nada sabemos,
mas que en polvo también nos tornaremos.
¿Quién es el que esto advierte y no suspira 85
por gozar de otra vida, allá en la altura
donde sin corrupción libre respira
y en eterna quietud el alma dura?
Desprendida del cuerpo, tiende el vuelo
y vive con los astros en el cielo. 90
Es el sepulcro helado nueva cuna
para nacer del sol a los fulgores,
y su tiniebla, lóbrega, importuna,
brillo para los astros superiores.
En polvo la criatura convertida 95
goza con las estrellas nueva vida.
No hay poder que trastorne de esa esfera
los muros y los quicios diamantihos,
allí el Creador su imagen reverbera:
en ellos imprimió nuestros destinos 100
y en ellos el mortal mira seguro
con ojos penetrantes lo futuro.
(José Joaquín Pesado, Poesías originales y
traducidas, 3? ed., con prólogo del P. Ignacio Montes de Oca, México, 1886).
Luis Vargas Tejada
(1802-1829)
A D ESPEC HO de su breve vida Vargas Tejada dejó un
nombre nítido en los trascendentes episodios que caracterizan la época de las
Revoluciones de la Independencia en Nueva Granada. Por ún lado, con figuración
en cargos públicos: secretario del Senado en 1824, secretario privado del
General Santander, Vicepresidente de la República, miembro de la Convención de
Ocaña, en 1828. . . Paralelamente, con intervención en las luchas y ban derías
del momento: partidario, primero, de Bolívar, y enemigo después, tal como lo
prueba su presencia en la conspiración de 1828. Fracasado el intento, Vargas
Tejada se ocultó y, más tarde, huyó a Venezuela, pero murió en el camino
(ahogado en un río, según algunos; asesinado, segúrt otros).
Como escritor presenta bastantes semejanzas con la
obra de Fernández Madrid, por tendencia, temas, carácter. En todo caso, podría
decirse que Vargas Tejada es autor de una producción más variada (en géneros y
obras) y, en conjunto, de una producción más pareja. Importa, también, destacar
la amistad que lo ligó al argentino José Antonio Miralla.
Entre sus obras dramáticas, escribió tragedias
(Sugamuxi, de 1826; Doraminta, de 1828), dos monólogos patrióticos, contra
Bolívar (Catón en Utica y La madre de Pausanias), y un sainete, muy popular en
su tiempo (Las convulsiones, de 1828). Fue traductor de mérito, particularmente
de autores italianos (Metastasio, Goldoni).
En su obra lírica, también el nombre de Bolívar
ocupa un lugar impor tante. Primero, a favor (tal como se ve por ejemplo, en
Recuerdos de Boya-cá) y en contra, después (como lo ejemplifica su fábula El
buey de carga). Como vemos, en explicable cercanía a los vaivenes de su vida
política. Claro que no es sólo el nombre de Bolívar el que llena la obra lírica
de Vargas Tejada. También vemos en sus versos el tema de la naturaleza (con
notas costumbristas), el tema amoroso, el de la nostalgia, que están presentes
en algunas de sus poesías más recordadas y que dan cierto prestigio a su obra.
BIBLIOGRAFIA
LU IS VARGAS T EJA D A , Poesías, ed. de José Joaquín
Ortiz, Bogotá, 1857.
ESTUDIOS:
JOSÉ CAICEDO ROJAS, Noticia biográfica sobre Vargas
Tejada (en Anuario de la Academia Colombiana, I, Bogotá, 1874, págs. 140-181).
J. M. VERGARA
Y V ERGARA, Historia de la literatura en Nueva Granada, III, ed. de Bogotá,
1958.
M. MEN
ÉNDEZ P ELAYO, Antología de poetas hispanoamericanos, III, ed. de Madrid, 1928.
ANTONIO G
ÓMEZ RESTREPO, Historia de la literatura
colombiana, III, ed.
de Bogotá,
1957, págs. 334-347.
P. FÉLIX RESTREPO , Astros y rumbos, Bogotá, 1957.
C a r lo s A r tu r o C aparroso, D OS ciclos de
lirismo colombiano, Bogotá, 1961.
RAFAEL MAYA,
Estampas de ayer y retratos de hoy, Bogotá,
1954, págs.
135-147.
RECUERDOS
F U E un tiempo en que mi lira resonaba con himnos
de placer y de victoria,
y en que mi frente de Helicón la gloria y el verde
lauro con afán buscaba.
Mas ahora ¡ay, Dios! del infortunio esclava, repasa
triste la fatal memoria
de mi perdido bien ¡Qué transitoria fue la dicha
que entonces me halagaba!
Huyeron como el humo aquellos días en que de mirto
y flores coronado brillaba entre festines y alegrías.
Y hoy ausente,
proscrito y desterrado, lloro las penas y las ansias mías,
en mi lóbrego asilo confinado.
AL ANOCHECER
YA M U ER
E el claro día
tras la cumbre empinada de los cerros, y en rústica
armonía
saludan su esplendor que se despide los sencillos
pastores.
Los zagales y perros
conducen el ganado a la majada; el tardo insecto
que la tierra mide de su morada oscura, por gozar de la brisa
de la noche, a salir ya se apresura.
Ostenta su hermosura,
en medio al tachonado firmamento, la cándida
lumbrera
que desde su alto asiento
refleja suavemente
la luz que esparce la encendida esfera.
¡Ay, de cuán refulgente
brillo refleja ufana
su tersa faz galana!
¡Mírala, Clori! En su belleza mira la imagen del
hechizo lisonjero
que tu
semblante inspira.
¡Qué lánguido suspira
el céfiro ligero
que los arbustos mueve,
mientras sus ramas baña
el fresco aljófar que la tierra embebe!
Allí la blanda caña
hacia la fuente su cabeza inclina,
y a la avecilla que en su mimbre posa su propia
imagen sin cesar engaña retratada en el agua cristalina.
Cierra la tierna rosa
su cáliz perfumado,
y esconde ruborosa
el ámbar deseado;
¡ay, cuanto más se oculta es más hermosa!
Vamos a la colina
que baña suave la sidérea lumbre, al pie de aquella
encina
que erguida allá se empina, coronando del cerro la
alta cumbre, o allá donde el torrente, saliendo de la breña,
por el peñón tejado se despeña. Allá nos
sentaremos, Clori mía, y disfrutando las tranquilas horas que mece en su regazo
la alegría, nuestro tímido acento juntaremos a las voces canoras
con que el bosque resuena;
allí repetiremos
la tierna cantinela
que afables entonaron los pastores, cuando,
concluida mi gravosa pena, coronó la fortuna mis amores.
EL BUEY DE CARGA
A U N Q U E
es ya costumbre añeja
que
sólo cosas fingidas
hayan
de ser admitidas
para fábula
o conseja,
Fabio, de esta maña vieja
voy a separarme aquí,
contándote lo que vi;
y porque mejor lo creas,
añadiré como Eneas:
Et quorum pars magna fui.
Sobre poco más o menos
hará como cuarenta años,
que un viernes por la mañana
estábamos retozando
en el patio del colegio
una turba de muchachos.
Casualmente por la calle
pasaba un buey del mercado
con su enjalma y nariguera,
y por mal de sus pecados
le vino el fatal antojo
de colarse a nuestro patio.
Al momento, o quier al postre, viendo al animal tan
manso, toda la horda muchachuna arremete a hostilizarlo;
unos a silbos lo aturden,
otros le dan hurgonazos,
otros le pegan palmadas
con los libros y las manos;
yo, que entre aquella caterva
era de los menos malos,
no dejaba de tirarle
pedradas de cuando en cuando.
Como él todo lo sufría,
por fin otros más osados
se trepan y se le montan
desde la cruz hasta el rabo,
queriendo hacer que galope
a fuerza de bulla y palos.
Hasta que el pobre animal,
molido ya y sofocado,
brama, brinca y patalea;
furioso, del primer salto
sacude los jinetillos,
que con bonetes y mantos,
Masústeguis y Nebrijas,
por el aire van volando.
Desparpaja y acornea
todo cuanto encuentra al paso, 50
y cual toro jarameño
en una plaza
encerrado,
corre tumbando estudiantes
por el patio y por los claustros.
Unos quedan aturdidos, 55
los otros
descalabrados,
y otros escalera
arriba
corren a ponerse en salvo.
Tan ciego estaba de rabia,
que vino a llevarlo su amo, 60
y también
¡quién lo creyera!
le metió su buen porrazo.
John Bull, es decir, Juan Toro,
llaman al
pueblo britano.
Al colombiano, más zonzo, 65
Juan Buey podemos llamarlo.
La caterva boliviana
a mal traer lo está llevando,
y él la broma les aguanta
sin chistar;
mas sin embargo, 70
tánto lo han de sofocar
que al fin se les vuelva bravo,
y se acuerde que es más fuerte
que los que lleva montados,
y entonces. . .
después que haya hecho 75
lo que el buey con los muchachos,
no le arriendo las ganancias
al que intente
sujetarlo.
(Textos en José María Vergara y Vergara, Historia
de la literatura en Nueva Granada, III, ed. de Bogotá, 1958; y Jorge Pacheco
Quintero, Antología de la poesía en Colombia, II, Bogotá, 1973).
BRASIL
Domingos de Caldas Barbosa
(1738?-1800)
POCAS son las noticias que se tienen de este autor
salvo la referida a su origen (era mulato) y resonancias de una vida
accidentada donde se alternan las armas y la religión.
Caldas Barbosa nació en Rio de Janeiro, pero pasó
parte de su vida en Portugal. En la metrópoli escribió casi toda su obra y
murió en Lisboa, en 1800. Ello ha determinado opiniones diversas de la crítica
acerca de si per tenece a la literatura portuguesa o a la literatura
brasileña. La disputa ós un tanto gratuita, si tenemos en cuenta el momento
histórico del Brasil a fines del siglo XVIII, todavía decididamente “colonial”
.
Por otra parte, tampoco sirve de mucho apoyarse en
el carácter de su poesía y en la retórica que Caldas Barbosa aplica. Al margen
de los elemen tos comunes que lo vinculan con los versificadores que escriben
en América, la lengua de Caldas Barbosa es también elemento decisivo que lo
aproxima más a los autores de este lado del océano. En particular, por su
sintaxis y sus regionalismos.
Caldas Barbosa cultivó los géneros lírico y
dramático, si bien el signo de su supervivencia (no muy firme) está en su obra
lírica, representada en la recopilación que tituló Viola de Lereno (1? ed.,
Lisboa, 1798).
La característica fundamental de la obra de Caldas
Barbosa (sobre todo la que podemos rastrear en Viola de Lereno) es, claro, su
arcadismo. Pero un arcadismo sencillo, con marcado ritmo musical, y donde,
también, apa rece cierto erotismo que lo acerca a los románticos que vendrán
después.
Como he señalado, si no de manera muy nítida,
Caldas Barbosa aparece como un autor que, dentro de las leyes brasileñas, tiene
por lo menos rasgos que ayudan a fijar un límite borroso de época. Límite
borroso pero límite
al fin.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
D OMINGOS
DE CALDAS BARBOSA, Viola de Lereno (1? ed., Lisboa, 1798;
2? ed.,
1806).
D OMINGOS
DE CALDAS BARBOSA, Viola de Lereno, 2- vol. (Lisboa,
1826).
ESTUDIOS:
SILVIO ROMERO, Historia da literatura brasileira
(1? ed., Río de Janeiro, 1888; ver 3? ed., Río de Janeiro, 1943, II, págs.
145-148).
SILVIO JULIO, Fundamentos da poesía brasileira (Río
de Janeiro, 1930), págs. 96-100).
W A LTEN SIR D U TR A , O Arcadismo. . . (en A.
Coutinho (Dir.), A literatura no Brasil, I, 1, Río de Janeiro, 1956, págs.
485-488).
FRANCISCO
DE A SSIS BARBOSA, prólogo a Viola de Lereno, I, ed. de
Río
de Janeiro,
1944, págs. IX-XX.
lib ra d o sobre
as azas
o deus de amor eu vi gyrar tres dias: desee ao
Campo da Luz entra mas casas: com elle as inquietas alegrias
os travessos prazeres, desasocegam homens, e
mulheres.
Ora poisava em aricadas trancas ora se ve a furto
em olhos bellos semeando esperanzas,
que dáo por triste fructo horriveis zelos ora em
peito se esconde,
e ali existe, e nao se sabe aonde.
No logar em que o povo compra, e vende, ali
pretende amor ter lucro grande,
subtis lagos estende,
nem algum ha que ali seguro ande, dao-se arriscados
passos,
e eu vi a mais de cem cair nos lagos.
Destra belleza ufana passeava
turba immensa
a seguia:
com estudados gestos captivava,
e nunca se
rendía,
a seus grilhóes já
presos
vi muitos coragóes em váo acesos .
Martezia que de livre assim blazona, e que tantos
captiva
por entre as rúas de baeta, e lona faz rabear a
escrava comitiva, e vai ao torpe bando
desgranados rivaes accrescentando.
Pendem d’um lado matizadas fitas, bordadas coifas,
lengos mui galantes, várias plumas bonitas,
lindas caixas, anneis extravagantes, com que o des
tro caixeiro
faz do que pouco vai muito dinheiro.
LOS AMORES DE FERIA
LIBRE sobre las
romerías
al dios de amor girar vi por tres días, baja al
Campo de Luz, entra en las casas y con él las inquietas alegrías, los traviesos
placeres,
desasosiegan hombres y mujeres.
Ya se posaba en las rizadas trenzas, ya escondido
se mira en ojos bellos, sembrando allí esperanzas
que dan por triste fruto horribles celos, ya en un
pecho se esconde
y existe allí y no se sabe dónde.
En el sitio en que el pueblo compra y vende allí
pretende amor tener gran lucro, sutiles lazos tiende,
y nadie hay que pueda andar seguro.
Se dan riesgosos pasos
y he visto a más de cien dar en sus lazos.
Diestra belleza ufana paseaba
inmensa turba la seguía:
con estudiados
gestos cautivaba
y nunca se rendía.
De sus
grillos ya presos
vi arder en vano muchos corazones.
Martecia que de libre así blasona y que a tantos
cautiva,
por entre plebe de bayeta y lona
hace rabiar la esclava comitiva
y va en el torpe bando
desdichados rivales aumentando.
Penden de un lado matizadas cintas, bordadas capas,
telas muy galanas, bonitas plumas varias,
sortijas, lindas cajas
con que el diestro cajero
logra trocar lo poco en gran dinero.
De preparada concha a um lado alvejam pequeños
coragoes com letras d’oiro, lem-se ali expressoes, que se desejam.
Um acha o seu agoiro:
e numero infinito
poupa em curto letreiro um longo escripto.
De um amphibio animal malhada casca dera os subtís
anneis, que vende aos fios graciosa tarasca,
e os grosseiros bonecos d’assobios,
e as azues, e encarnadas charamelas, e os molhos de
perpetuas amarellas.
Já Martezia lá vai a recostar-se em certo
mostrador, defronte eu fico; basta ella chegar-se
o pobre vendedor se torna rico:
qual virtude eu conhe?o
do que a ella lhe agrada sobe prego.
Vaos peraltas lá váo em competencia, qual
offertar-lhe a fita primorosa, que acceita por decencia;
qual leva por offrenda graciosa
um cora^ao bem feito,
tao frágil como o que lhe esconde o peito.
Esta volante, e frouxa batería
nao pode inda rendél-a;
e é falso amor, amor de zombaria, o que se le nos
lindos olhos della: e já Cupido irado
tem digno vencimento destinado.
As magras bolsas dao o último alentó.
E esta
belleza invicta
bem livre canta o proprio vencimento.
Fría isengao terriveis leis lhe dicta,
e astuta resistindo
os deixou ir chorando, e ficou rindo.
De preparada concha a un lado albean corazoncitos y
con letras de oro
en ellos, las leyendas que se quieran.
Uno encuentra su agüero:
y un número infinito
ahorra en corto letrero un largo escrito.
De un anfibio animal molida cáscara dio el anillo
sutil que vende al hilo
la graciosa tarasca,
los groseros muñecos que hacen ruido, los azules y
rojos caramillos,
los ramos de
amarillas florecillas.
Ya Martecia va allí a recostarse
a un mostrador y a mirarla me aplico; basta que
ella se allegue
y el pobre vendedor se vuelve rico:
por tal virtud la aprecio
que lo que a ella le gusta eleva el precio.
Vanos galanes buscan competencia. Uno ofrece una
cinta primorosa que acepta por decencia.
Otro trae la ofrenda graciosa
de un corazón bien hecho,
frágil como el que esconde entre su pecho.
Esta volante batería y floja
aún no puede rendirla;
y es falso amor, amor como de mofa el que viene a
leerse en sus pupilas; y ya Cupido airado
tiene su vencimiento destinado.
Las magras bolsas dan su último aliento.
Y esta belleza invicta
libre canta su propio vencimiento. Su frialdad
terrible ley le dicta, y astuta resistiendo
los deja irse llorando y queda riendo.
Mas nao zombes, cruel, que pouco tarda a vinganga
d’amor,
a quem tua isengáo nao acobarda
teme o teu vencedor,
mil settas despontaste, mas espera a que de Acrizio
a prole já rendéra.
Fogosos brutos entre espuma envoltos duro freio
raivosos mastigando
param aonde os amorinhos soltos os virtuosos
caragóes tentando escreviam attentos
a lista de futuros cazamentos.
Desee o mogo Frondelio, entáo retine o som das
algibeiras
nao tarda que Martezia nao se incline ás vozes.
lizongeiras
de oiro sempre
suave,
que ao peito sem virtude é propria chave.
Venceste, astuto amor, em fim venceste já Martezia
delira,
nao fazem todos o que fez so’ este, a cruel já
suspira,
ao seu vil interesse é despresado mas alvigaras,
amor, estás vingado.
Incautos mogos, conhecei o engano,
e nelle contemplai o que eu contemplo,
e para o outro anno,
lembrando o conto que vos dou d’exemplo, ninguem
fiar-se queira
em achadigos coragóes da feira.
NAO ENGANAR
Q UEM quiser
saber se eu amo
repare em
meus olhos bem,
eles
dizem quanto eu
sinto
nao sou d’enganar
ninguém.
No te burles, cruel, que poco tarda la venganza de
amor,
de quien no teme por tu indiferencia; teme a tu
vencedor.
Mil flechas despuntaste, pero espera la que la
acrisia casta ya rindiera.
Fogosos brutos en espuma envueltos, duro freno
rabiosos masticando», frenan allí donde amorcillos sueltos corazones virtuosos
van tentando y escriben muy atentos
la lista de futuros casamientos.
Bajó el joven Frondelio. Si camina suena su
faltriquera.
Pronto a Martecia vemos que se inclina a la voz
lisonjera
del oro siempre suave
que al pecho sin virtud sirve de llave.
Venciste, astuto amor, al fin venciste.
Ya Martecia delira.
Lo que éste logró no todos logran.
Ya la crüel suspira
ya su vil interés es despreciado pero, albricias,
amor, estás vengado.
Incautos
jóvenes, sepan el engaño
v contemplen en él lo que contemplo.
Y para el
otro año,
este cuento tomando como ejemplo, nadie quiera
fiarse
de corazones fáciles de feria.
NO ENGAÑAR
QUIEN quiera
saber si amo
mis ojos ha de observar,
dicen
ellos cuanto siento,
a nadie quiero engañar.
Estes meus
olhos declaram
5
tudo quanto esta alma tem,
inda bem que eles o dizem
nao sou d’enganar ninguém.
Nao me canso com disfraces
digo Amor se quero bem. 10
seja aceito ou náo aceito
nao sou
d’enganar ninguém.
Eu me alegro com carinhos,
eu m’enfado com desdém,
mostro enfado, mostro gosto *5
náo sou
d’enganar ninguém.
Sei que terno íingimento
a muito amante convém,
mas náo sei fingir paixoes
nao sou
d’enganar ninguém. 20
A minha gentil
Nerina
gosto déla, é o meu bem,
náo posso gostar das outras
nao sou d’enganar ninguém.
Se a minha adorada ingrata 25
der sinais de amar alguém,
eu náo quero Amores d’outrem
nao sou d’enganar ninguém.
Se ela náo quer estimar-me
é seu gosto faz mui bem, 30
mas náo espere quíeu sofra
náo sou d’enganar ninguém.
(Viola de Lereno)
( Domingos de Caldas Barbosa, Viola de Lereno, ed.
de Rio de Ja neiro, 1944).
Estos mis ojos declaran
todo cuanto esta alma tiene,
felizmente ellos lo dicen
a nadie quiero engañar.
No me fatigo en disfraces,
digo A m or si empiezo a amar,
me aceptan o no me aceptan,
a nadie quiero engañar.
Con el cariño me alegro
y el desdén me hace enojar,
muestro enfado y muestro gusto,
a nadie quiero engañar.
Sé que tiernos fingimientos
convienen al que ha de amar
mas no sé fingir pasiones,
a nadie quiero engañar.
A mi preciosa Nerina
la quiero, ella es mi afán,
no puedo gustar de otras,
a nadie quiero engañar.
Si la ingrata, mi adorada,
a otro da señas de amar,
no admito amores de otros,
a nadie quiero engañar.
Si ella no quiere quererme
puedo su gusto aceptar
pero no espere que sufra,
a nadie quiero engañar.
(Viola de Lereno)
(Domingos de Caldas Barbosa, Viola de Lereno, ed.
de Rio de Ja neiro, 1944).
P. Antonio Pereira de Sousa Caldas
(1762-1814)
En SITIO un poco más avanzado, cronológicamente,
que Caldas Barbosa, debemos citar al P. Pereira de Sousa Caldas. Hay, en
principio, algunas coin cidencias externas en la biografía de los dos hombres.
Sousa Caldas nació también en Río de Janeiro e, igualmente, pasó gran parte de
su vida en Por tugal, donde estudió derecho en la Universidad de Coimbra. Tuvo
tempra namente tropiezos con la Inquisición. Sin embargo, más tarde, en
Italia, sintió afirmarse su sentimiento religioso y allí tomó los hábitos.
Los últimos años de su vida los pasó en su ciudad
natal, Río de Janeiro, ciudad a la que volvió en 1808 cuando la corte
portuguesa vino a prote gerse en la colonia con motivo de la invasión
napoleónica. Sousa Caldas murió en Río de Janeiro en 1814.
Sus obras literarias se publicaron como obras
postumas. Las editó su amigo Garcáo Stokler (2 vols., París, 1820-1821).
Resalta en la obra lírica de Sousa Caldas la
aproximación entre el bu-colismo, de tan larga vida literaria, y algunos temas
que el siglo XV III in corporó con cierta amplitud. Temas como el “hombre
natural” y la “ vuelta a la naturaleza”, con fundamentos que deben más a
Rousseau (y otros enci clopedistas) que a textos bíblicos. Y que pueden
explicar desencuentros entre el poeta y la Inquisición. Se le atribuye también
una obra, imitación de las Cartas persas de Montesquieu, obra hoy perdida.
Sin embargo, en otras poesías Sousa Caldas vuelve a
temas y formas más tradicionalmente religiosos. De manera especial, sus
versiones e imi taciones de los Salmos.
En el sector de las poesías profanas, si por un
lado aún perduran en versos de Sousa Caldas los pastores y pastoras
inconfundibles de la Arca dia, por otro es patente la introducción de un
pensamiento “nuevo” o no muy afín al que había llenado la difundida poesía
bucólica tradicional.
Con Sousa Caldas no sólo avanzamos un poco más en
el siglo X IX sino que, cosa que más importa, nos desasimos algo de la poesía
arcádica que caracteriza al siglo XVIII.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
P. A
NTÓNIO PEREIRA DE
SOUSA CALDAS, Obras poéticas:
tomo I, Salmos
de Davi (París, 1820); tomo II, Poesías sacras e
profanas (París, 1821).
ESTUDIOS:
SILVIO ROMERO, Historia da literatura brasileira
(1- ed., Río de Janeiro, 1888. Ver 3“ ed., Río de Janeiro, 1943, II, págs.
156-158).
FRANCISCO SOTERO DOS REÍS, Curso de literatura
portuguesa e brasileira (IV, Sao Luis do Maranháo, 1873, págs. 231-286).
W ALTENSIR D UTRA , O Arcadismo. . . (en A .
Coutinho (Dir.), A litera tura no Brasil, I, 1, Río de Janeiro, 1956, págs.
488-491).
J OSÉ A DELARDO CASTELO, Manifestagd literarias da
Era Colonial (1500-1800/1836), San Pablo, 1959, págs. 214-215).
SALMO X lll
DIZ consigo murmurando
o m
ortal desatinado:
“ nao há Deus!” e desbocado, precipita-se no mal.
Corrompidos os humanos, seus caminhos enlodaram,
e dos vicios esgotaram todo o cálix infernal.
Já nao há quem da virtude
siga o solitàrio passo:
e em vào, Deus, no vasto espado
déste mundo, o procurou.
Mediu com os olhos a terra,
a buscar um homem justo:
“ Ah! clamou: o crime injusto tudo, tudo dominou.
Vàs, inúteis se tornaram,
encaminham-se às escuras,
estas belas criaturas
que formei co’a minha mào:
nunca, nunca ésses malvados,
que de crimes se repassam,
que o meu povo despeda^am
tanto mal conhecerào” .
Que há-de ser, se nao quiseram invocar o Deus
eterno;
e do peito seu no interno,
fabricaram outro firn?
Imprudentes!
nào temer am
a vinganca do Deus vivo,
e estremecem, sem motivo,
a um fantàstico motim.
O Senhor
enfim dissipa
todos quantos, loucamente,
se esmeraram tào sòmente
o mundo a
satisfazer,-desprezados, confundidos nào verào a claridade da sempiterna
verdade, que só pode o peito encher.
y a p a ra sí, murmurando,
el mortal desatinado:
“ ¡no hay Dios!” , dice y desbocado se precipita en
el mal.
Los humanos corrompidos sus caminos enlodaron,
y de vicios agotaron todo el cáliz infernal.
No hay ya quien de la virtud
siga el solitario paso:
en vano Dios lo buscó
del mundo en el vasto espacio.
Sus ojos miden la tierra
en busca de un hombre justo
“ ¡Ah!, clamó: el crimen injusto todo, todo dominó.
Inútiles se han tornado
y se encaminan a oscuras,
las hermosas criaturas
que con mi mano formé;
nunca, nunca esos malvados
que tantos crímenes cumplen
que mi pueblo despedazan
tanto mal conocerán” .
¿Qué ocurrirá, si no quieren
invocar al Dios eterno
y de su pecho en lo interno
se fabrican otro fin?
¡Imprudentes!
que no temen
la venganza del Dios vivo
y promueven sin motivo
un fantástico motín.
¡Oh Señor, al fin castiga
a cuantos tan locamente
se empecinan solamente
al mundo en satisfacer!
Despreciados, confundidos,
no verán con claridad
la sempiterna verdad
en que el pecho debe arder.
Oxalá que bem depressa
raie o dia afortunado,
em que o Deus anunciado
Israel há-de salvar!
De Jacó a clara estirpe,
de alegria transbordando,
se verá ditosa, quando
o Senhor a libertar.
AO HOMEM SELVAGEM
o hom em ,
que fizeste! tudo brada:
tua antiga grandeza
de todo se eclipsou; a paz doirada, a liberdade com
ferros se ve préza,
E a palida tristeza
em teu rosto esparzida desfigura
de Deus, que te creou, a imagem pura.
Na cithara, que empunho, as máos grosseiras nao póz
cantor profano;
emprestou-m’a a verdade, que as primeiras cangóes
nella entoára; e o vil engano,
o erro deshumano,
sua face escondeu espavorido,
cuidando ser do mundo em fim banido.
Dos céus desee brilhando
a altiva independencia, a cu jo lado ergue a razao
o seeptro sublimado,
eu a ougo dictando
versos jámais ouvidos: réis da térra, tremei á
vista do que ali se encerra
Que montao de cadéas vejo aleadas com a nome
brilhante
de leis, no bem dos homens consagradas.
A natureza simples e constante,
com penna de diamante,
¡Ojalá que muy de prisa
raye el día afortunado
en que el Dios anunciado
Israel ha de salvar!
De Jacob la clara estirpe
de alegría desbordando
se verá dichosa, cuando
traiga el Señor libertad.
AL HOMBRE SALVAJE
¿ DE Ti qué has
hecho, hom bre?, todo clama:
tu
inmémore grandeza
de todo se
eclipsó; la paz dorada,
la libertad, con hierros se ven presas;
la pálida tristeza
en tu rostro esparcida desfigura
de Dios que te creó, la imagen pura.
La cítara que empuño, toscas manos no tocaron,
profanas;
prestómela verdad, en las primeras canciones que
entoné; y el vil engaño,
el error inhumano,
su rostro escondió despavorido temiendo ser del
mundo al fin corrido.
Del cielo baja y brilla
la altiva independencia, a cuyo lado la razón alza
el cetro sublimado,
al oído dictando
versos no oídos: reyes de la tierra, temblad, por
todo lo que aquí se encierra.
Qué montón de cadenas veo alzadas bajo el nombre
brillante
de leyes hechas para el bien del hombre.
Constante y simple, la naturaleza,
con pluma de diamante,
em breves regras escreveu no peito
dos humanos as leis, que lhes tem feito.
O teu firme alicerce eu nao pertendo, sociedade
santa,
indiscreto abalar: sobre o tremendo altar do calvo
tempo, se levanta
urna voz que me espanta,
e aponta o denso véu da antiguidade, que á luz
esconde a tua longa idade.
Da dor o austero brago
sinto no afflicto peito carregar-me, e as trémulas
entranhas apertar-me.
ó céus! que
inmenso espago nos separa daquelles doces annos da vida primitiva dos humanos!
Salve dia feliz, que a loiro Apollo risonho
alumiava,
quando da natureza sobre o eolio sem temor a
innocencia repousava, e os hombros nao curvava
do despota ao aceno enfurecido,
que inda a térra nao tinha conhecido.
Dos férvidos Ethontes debrugado
nos ares se sustinha,
e contra o tempo de furor armado, este dia alongar
por gloria tinha; quando nuvem mesquinha
de desordens seus raios eclipsando,
a noite foi do averno a fronte algando.
Saiu do centro escuro
da térra a desgrenhada enfermidade,
e os bragos com que, unida á crueldade, e aperta em
lago duro,
Estendendo, as campiñas vai talando, e os miseros
humanos lacerando.
Que augusta imagem de explendor subido ante mim se
figura!
nu; mas de graga e de valor vestido
en breves reglas escribió en el pecho
de los hombres, cada ley que ella ha hecho.
Tus firmes fundamentos no pretendo,
oh santa sociedad,
indiscreto agitar:
sobre el tremendo 30
altar del calvo tiempo, se levanta
una voz que me espanta,
e indica el velo de antigüedad
que la luz hurta a tu larga edad.
Del duelo el brazo austero 35
sobre mi triste pecho se recarga
y las entrañas trémulas me oprime.
Cielos, qué inmenso espacio
nos separa de aquellos años dulces
de vida primitiva de los hombres. 40
Salve, día feliz, que el rubio Apolo
risueño iluminaba,
y en el seno de la naturaleza
sin temor la inocencia reposaba
y los hombros no curvaba 45
ante el sojuzgador enfurecido
que la tierra aún no había conocido.
Sobre el Etontes férvido asomado
se sustenta en el aire
y contra el tiempo de furor armado 50
tiene por gloria prolongar el día;
cuando, nube mezquina
con desorden sus rayos eclipsando,
la noche del averno se fue alzando.
Salió del centro oscuro 55
de la tierra la hirsuta enfermedad
y los brazos con que, a la crueldad
se aprieta en lazo duro,
extiende, y las campiñas va talando
y a los míseros hombres lacerando. 60
¡Qué augusta imagen de esplendor subido ante mí se
figura!
Desnudo, sólo de gracia y de valor vestido,
o homem natural nao teme a dura
Feia máo da ventura:
no rosto a liberdade traz pintada
de seus serios prazeres rodeada.
Desponta cégo amor, as settas tuas:
o pálido ciume,
filho da ira, com as vozes suas
n’um peito livre nao accende o lume.
Em váo bramindo espume,
que elle indo apoz a doce natureza
da fantazia os erros nada préza.
Severo volteando
as azas denegridas, nao lhe pinta
o nublado futuro em negra tinta
de males mil o bando,
que, de espectros cingindo a vil figura, do sabio
tornam a morada dura.
Eu vejo o molle somno susurrando dos olhos
pendurar-se
do fróxo caraiba que, encpstando
os membros sobre a reiva, sem turbar-se, o sol ve
levantar-se
e ñas ondas, de Thetis entre os bracos.
Entregar-se de amor aos doces lagos.
O razáo, onde
habitas?. . . na morada do crime furiosa,
polida, más cruel, paramentada
com as roupas do vicio; ou na ditosa cabana
virtuosa
do selvagem grosseiro?. . . Dize. . . onde?
eu te chamo, ó philosopho! responde.
Qual o astro do día,
que ñas altas montanhas se demora, depois que a luz
brilhante e creadora,
nos valles já sombría,
apenas apparece; assim me prende
o homem natural, e o estro accende.
el hombre natural arrostra dura
ley de la desventura;
la libertad en su rostro está pintada de sus serios
placeres rodeada.
Ciego amor, aguza ahora tus saetas:
que los pálidos celos,
hijos del odio, con su voz no logran un pecho libre
quemar con sus fuegos.
Rugiendo en vano espuma:
tras la naturaleza que lo guía
salva los yerros de la fantasía.
Severo volteando
los negros escuadrones, no le pinta el nublado
futuro en negra tinta de males mil el bando,
que, de espectros ciñendo vil figura, del sabio
vuelven la morada dura.
Veo del blando sueño susurrando los ojos
suspenderse
del débil caraiba, que acostando
los miembros sobre el césped, sin turbarse, el sol
ve levantarse,
y en las ondas, de Tetis en los brazos, entregarse
de amor a dulces lazos.
¡Oh razón! ¿dónde estás?. . . ¿En la morada del
crimen, furiosa,
cortés pero crüel, paramentada
con las ropas del vicio; o en la dichosa cabaña
virtüosa
del grosero salvaje? . . .Dime. . . ¿Dónde?
Yo te llamo, oh filósofo, responde.
Como el astro del día
que en las altas montañas se demora cuando la luz
brillante y creadora
ya en los valles,^sombría,
apenas aparece; así me atrae
el hombre natural y anima mi estro.
De tresdobrado bronze tinha o peito aquelle ímpio
tyranno,
que primeiro, enrugando o trovo aspeito, do meu e
teu o grito deshumano
Fez soar e mseu damno:
tremeu a socegada natureza,
ao ver deste mortal a louca empreza.
Negros vapores pelo ar se viram
longo tempo cruzando,
té que bramando mil trovoes se ouviram 110
as nuvens entre raios decepando,
do seu seio lanzando
os cruéis erros, e a torrente impía
dos vicios, que combatem, noite e dia.
Cobriram-se as virtudes 115
com as vestes da noite; e o lindo canto
das musas se trocou em triste pranto.
E desde entao só rudes
engenhos cantam o feliz malvado,
que nos roubou o primitivo estado. 120
(P. Antonio Pereira de Sousa Caldas, Poesías sacras
e profanas, tomo II de sus Obras, París, 1821).
De triplicado bronce tenía el pecho
aquel impío tirano
que primero, arrugando el torvo gesto
del mío y tuyo el aullido inhumano
sonar hizo en su daño; 105
tembló naturaleza sosegada
al ver de este mortal la empresa errada.
Negros vahos por el aire se vieron
largo tiempo cruzando,
hasta que truenos mil bramar se oyeron HO
las nubes entre rayos mutilando,
de su seno lanzando
los crueles yerros y la corriente impía
de los vicios que luchan noche y día.
Cúbrense las virtudes H5
con telas de la noche; el lindo canto
de las musas se trueca en triste llanto.
Desde eso, sólo rudos,
que nos privó del primitivo estado,
ingenios cantan al feliz malvado. 120
(P. Antonio Pereira de Sousa Caldas, Poesías sacras
y profanas, tomo II de sus Obras, París, 1821).
José Elói Otóni
(1764-1851)
E s t e VERSIFICADOR nació en Serró (Minas Gerais)
1764 y murió en Rio de Janeiro en 1851. A través de la cifra final vemos que su
larga vida le permi tió presenciar el tiempo de las formas románticas en el
Brasil. Por eso, también, si lo filiamos como neoclasicista, reconocemos que
hay igualmente algunos vestigios nuevos, más acordes con la segunda tendencia,
dentro de su obra.
Con todo, las obras más famosas de Otóni enraizan
con un tipo de poe sía que tuvo singular repercusión hispánica, tanto en las
respectivas metró polis como en las colonias. Me refiero particularmente a las
traducciones y comentarios bíblicos. En efecto, a este sector pertenecen sus
versiones o paráfrasis de los Proverbios (en octosílabos) y del Libro de Job
(en terce tos endecasílabos).
Su punto de partida estaba en la Vulgata Latina,
traducida con alguna libertad, pero sin mayor interferencia de otros textos o
exégesis. Aparte de estas traducciones (que — repito— constituyen sus 'obras
más famosas), Otóni escribió poesías originales (o menos ligadas a reconocibles
fuentes) de tema amoroso, laudatorio, descriptivo y patriótico. Poesías donde
per manecen claros vestigios arcádicos, pero en las cuales también asoman a
ve ces elementos románticos. Esto ocurre, particularmente, en composiciones
dedicadas al tema de la naturaleza y al tema amoroso. En determinadas obras
puede hablarse ya en Otóni de " sentimiento de la naturaleza” .
En conjunto la producción de José Elói Otóni es
breve y, a pesar de los elogios de Silvio Romero, no se destaca mucho ni aun en
esta época de ba jo nivel lírico.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
José ELÓ I O T Ó N I, Prafrase dos Proverbios de
Salomao (1* ed., Bahía, 1815; 2* ed., Río de Janeiro, 1841).
J OSÉ ELÓI OTÓ N I, Jo, (1? ed., Río de Janeiro,
1852; 2- ed., con el título de O Libro de Jó, Río de Janeiro, 1923).
ESTUDIOS:
T H EÓ FILO BENEDITO O T Ó N I, Noticia histórica
sobre a vida e as poesías de José Elói Otóni (Río de Janeiro, 1851).
SILVIO ROMERO, Historia da literatura brasileira
(1? ed., Río de Janeiro, 1888; ver 3? ed., Río de Janeiro, 1943, II, págs.
191-195).
HAROLDO PARAN H OS, Historia do romántismo no
Brasil (I, San Pablo, J OSÉ A DERALDO CASTELO, Manifestagoes literarias da Era
Colonial (1500-1800/1836), (San Pablo, 1959, págs. 213-214).
EPISTOLA
Ao P. Antonio Pereira de Sousa Caldas
DE U M principio, que o move, anima e nutre
soprando a chama do aquecido engenho, batendo as aras da razâo liberta
desprende o vate a suprimida penna
da força
occulta, que lhe tolhe o rasgo.
Nao teme o vento rugidor, nao teme a nuvera grossa,
que o trováo despeja; transpondo o espaço, que ás ideas obsta, navega afoito
sobre o livre espaço.
Nâo cuides Lilia qu’eu avance ousado alem da meta
circunscripta aos vates: da patria amigo, o cidadáo respeito, Respeito as leis,
a religiáo, o estado quando cheio de Apollo ás nuvens mande meus pobres versos,
da desgraça filhos, o mesmo numen, que os inspira e move, bafeja e manda, que
inspirados devam partir de um ponto que no centro é fixo. Salvando a golfáo,
que as paixoes exhala, sem mancha, livre d’infecçao, seguro
do bafo crestador, que a mente empola, nao sirvo ao
premio da lisonja escravo; arrastro os ferros que os mortaes arrastram eu amo,
ó Lilia, e se o amor é culpa,
de ser culpado nao s’exclue quem ama.
Nao zombe o sabio de me ouvir, atienda, escute o
sabio a voz da natureza.
As plantas vivem, porque as plantas amam ao tronco
unidas, quando os olmos brotam brotam as verdes, trepadeiras heras.
Nao curva os braços verdejantes, ergue soberba o
colo, demandando as nuvens, a palmeira recebe, acolhe, afaga suspiros ternos
que a saudade envia no bafo meigo do amador distante.
Se o fido esposo, que de longe exhala o suco
ethereo, que vegeta e nutre, cedendo á força malfazeja expira;
a esposa, logo que a exhalar começa
Al P. Antonio Pereira de Sousa Caldas
DE UN principio que lo mueve, anima y nutre,
soplando la llama del cálido ingenio, batiendo las alas de la razón libre,
desprende el poeta la anulada pluma
de la
oculta fuerza que le
impide el trazo.
No le teme al viento rugidor, ni teme
a la nube grande que disipa el trueno; cruzando el
espacio que traba la idea osada navega sobre el libre espacio.
No temas, Lilia, que transgreda osado 10
el límite que se impone al poeta:
fiel a la patria, al ciudadano acato,
respeto leyes, religión, estado,
cuando de Apolo lleno, mando al cielo 15
mis versos pobres, hijos de la pena.
El mismo numen que los cría y mueve,
sopla y ordena que inspirados deban
partir de un punto, por el centro fijo.
Me inclino al loto que su pasión libra
Sin mancha ni infección y así se salva 20
del vaho quemante que la mente ampolla;
no sirvo, esclavo, a premios de lisonja;
como cualquier mortal arrastro un grillo.
Oh Lilia, yo amo y si el amor es culpa, 25
de ser culpado quien ama no se libra.
No ría el sabio al escucharme, atienda,
oiga el sabio la voz de la natura.
Viven las plantas porque también aman;
al tronco unidas, cuando el olmo brota, 30
brotan las verdes, trepadoras hiedras,
sin inclinar sus verdes brazos yergue, soberbia, el
cuello, requiriendo nubes, la palmera, recibe, acoge, halaga suspiros tiernos
que da la nostalgia en el aliento del lejano amante.
Si el fiel esposo que lejos exhala el jugo etéreo
que germina y nutre muere, cediendo a la nociva fuerza;
la esposa, luego que a exhalar comienza
do fluido exhausto o deprimido alentó, sequiosa
pergunta, affavel pede noticia ao vento, que lhe nega e foge,
nao vive a esposa, quando o esposo acaba, perdendo
a força nutritiva, perde
o vigor da uniâo, que a enlaça e prende; e do
esposo chorando a perda infausta, convulsa treme, solitaria morre.
Reflecte, ó Lilia, nos purpueros gomos, fecunda
prole do virgineo fogo,
que accende o pe jo da engraçada Flora.
Ve, como a força vegetal rebenta!
A aurora ha muito que bafeja o leito
da florífera Venus, do engraçado
formoso Adonis, que em consorcio unidos
prestavam firmes os solemnes votos,
qu’exige a prole de brincoens amores.
Depois que a tocha nupcial accende,
o purpureo hymineo dá vida ás flores,
acode aos gomos, e rebenta o germen.
Nao pára o fluido, os filamentos incham,
rebenta o calis, e os amantes soltam
do peito o aroma que perfuma os areas.
Oh santa, oh justa, oh sabia natureza!
como é possivel desligar-se um ente,
que á mesma especie do outro ente é unido!
Os volateis no ceo, no mar os peixes,
o pequeño reptil, o insecto informe,
os entes do Universo. . . ou nada existe, ou cada
especie á sua especie é unida.
E se um ente mais nobre existe, o homem, se ûa
hydraulica mais sublime o nutre; qu’efficaz attracçâo, que força activa Dispoem
de um ente, que o autor dos entes manda que impede aos entes do Universo, nao
por orguho, sim por excellencia
de um principio, que o move, anima e nutre.
del fluido exhausto el deprimido aliento, sedienta
inquiere, afablemente ruega noticia al viento, que la niega y huye. Muere la
esposa, si el esposo acaba. Perdiendo fuerza nutritiva, pierde
el vigor de la unión, que enlaza y prende; y
llorando su pérdida terrible,
convulsa tiembla, solitaria muere.
Piensa, oh Lilia, en los purpúreos brotes, fecunda
prole del virgíneo fuego,
que enciende el pecho de la grácil Flora.
¡Cómo la fuerza vegetal germina!
la aurora ha mucho que calienta el lecho de la
Venus florífera, del grácil, hermoso Adonis, que en consorcio unidos prestaban
firmes los solemnes votos
que reclaman amores juguetones. Luego encendida la
nupcial antorcha, el purpúreo himeneo alienta flores, atiende al brote y
revienta el germen. La savia va por tensos filamentos,
el cáliz se abre y los amantes sueltan del pecho
aromas que el aire perfuman.
¡Naturaleza santa, justa, sabia! cómo es posible
desligar un ente unido a otro de su misma especie. Aves del cielo o peces del
mar,
el reptil mínimo o el insecto informe, seres del
universo. . . nada existe
o cada especie está a su especie unida.
Y si un ente más noble existe, el hombre, si una
hidráulica lo nutre más sublime, qué eficaz atracción, qué fuerza activa, de un
ser dispone que el autor de seres manda que impere sobre el Universo
no por orgullo, mas por el virtuoso principio que
lo mueve, anima y nutre.
V
p o rtu g u e z e s ! A nuvem tenebrosa,
qu’offuscava a razao desaparece, Desfez-se o cahos que a discordia tece: já se
encara sem medo a luz formosa.
Dos erros a progenie maculosa 5
baqueando em solutos estremece,
a justi^a dos céos ao throno desee,
marcando os fastos á nagáo briosa.
Lysia, bergo de heroes, oh Lysia, alerta,
cumpre que os ferros o Brazil arroje 10
seguindo o impulso que a razao disperta.
A expressáo de terror, desmaia e foge
grabas á invicta mao que nos liberta
escravos hontem, sois romanos boje.
VI
s in is tr o
agouro do mortal quebranto
no pavez andaluz erguia o brado;
o da Iberia leáo como assanhado,
rugiu, estremeceu de horror, d’espanto.
Perfidia e susto desdobrava o manto 5
que envolve e aquece a purpura e cajado,
o Tejo sobre a urna recostado
com a máo no rosto viu da Iberia o pranto.
Da virtude as primeiras corrompendo,
rápido impulso de contagio forte 10
em Lysia faz que soe o grito horrendo.
O furor da explosáo ribomba ao norte, e o Brasil,
por salvar-se, a voz erguendo, proclama o grito “ Independencia ou morte!”
(Francisco Adolpho de Varnhagen, Florilegio da
Poesía Brazileira, III, 1* ed. Madrid, 1853).
V
¡p o rtu g u e se s! La nube tenebrosa
que ofusca la razón desaparece,
romped con la discordia que os empece,
ya sin miedo encarad la luz hermosa.
De errores la progenie maculosa 5
en sollozos caída se estremece,
la justicia del cielo al tronco acrece
gloria otorgando a la nación briosa.
Lisia, cuna de héroes, Lisia alerta,
es hora que Brasil sus grillos tire, 10
movida al fin por la razón despierta.
La expresión de terror huye de plano
porque una invicta espada nos liberta:
ayer esclavos, hoy libres romanos.
VI
SINIESTRO
augurio de mortal quebranto
clamaba desde el andaluz escudo;
rugió el león ibérico sañudo,
todo se estremeció de horror, de espanto.
Perfidia y susto descubría el manto 5
cálido sobre púrpura y cayado,
el Tejo junto a la urna recostado,
rostro en mano, vio de Iberia el llanto.
Las primeras virtudes corrompiendo,
rápido impulso de contagio fuerte 10
en Lisia faz que suene el grito horrendo.
La furiosa explosión retumba al Norte. Brasil, la
voz, para salvarse, irguiendo, proclama el grito: “ ¡Independencia o muerte!” .
(Francisco Adolpho de Varnhagen, Florilegio da
Poesía Brazileira, III, 1* ed. Madrid, 1853).
José Bonifdcio de Andrada e Silva
(1765-1838)
J OSÉ BONIFACIO es una de esas figuras que
desbordan una caracterización exclusivamente literaria. Su relieve histórico,
tan íntimamente ligado a los orígenes de la Independencia brasileña, ya le
concede un sitio espectacular en la historia de su patria. Como si eso fuera
poco, tiene también especial significación en las actividades científicas
(sobre todo, como mineralogista y químico) y, claro está, en los anales
literarios del Brasil. En conjunto, re-sulta, pues, justo concederle el lugar
de hombre representativo de este pe ríodo breve y poco brillante, ya que,
desgraciadamente, no aparecen enton ces otros representantes de su altura.
José Bonifacio de Andrada e Silva nació en Santos,
en 1765. Su forma ción fue europea, como la de muchos americanos de su tiempo.
No sólo tuvo prestigio en Portugal (estudió en Coimbra y fue allí después
profesor), sino que también estableció múltiples relaciones en Francia,
Inglaterra, Alema nia, Italia y España, particularmente a través de sus
estudios sobre las mi nas y los minerales.
En 1819 volvió a América, pero fue deportado a
Francia en 1823, y en Burdeos, en 1825, publicó sus Poesías avulsas con el
seudónimo de Améri-co Elisio. En 1829 volvió nuevamente al Brasil para
desarrollar una vasta obra al servicio de su patria. Murió en Niterói, en 1835.
No resulta fácil limitar en José Bonifácio su obra
exclusivamente lite raria. Baste con decir que, dentro de ella, aparece
también, a buen nivel, el traductor. Traducciones y citas revelan las amplias
lecturas de José Bo nifácio así como sectores de su obra, ya que allí se
alternan, por un lado, H es iodo, Píndaro, Anacreonte y Virgilio, y, por otro,
Rousseau, Ossian, Schiller, Walter Scott, Byron. . . Sin olvidar, la Biblia
(particularmente, el Antiguo Testamento). Esta diversidad de nombres nos da también
el perfil más reconocible de su obra original: es decir, el de un poeta que
procura enlazar lo antiguo y lo moderno, lo clásico y lo romántico. Más de una
vez se lo ha comparado, en esta perspectiva, con Andrés Bello. Es justo recono
cer que hay más de una coincidencia general.
Si José Bonifacio hizo tanto por la Independencia
del Brasil (“Patriarca da Independencia” se le llama), resulta explicable que,
como escritor, lleva ra a stis versos el tema patriótico (ver Ode aos Baianos,
Ode aos gregos). Agreguemos, dentro de ese tema, un ardor y formas que lo
acercan a las manifestaciones típicamente románticas, sin dejar atrás,
totalmente, raíces neoclasicistas.
Por lo demás, sus temas son los motivos
inconfundibles de la época: aparte del patriótico, el tema amoroso, el tema de
la naturaleza (del que no podemos separar sus inclinaciones científicas), temas
morales y temas fa miliares.
Como digo, José Bonifácio es, sin duda, el autor
por excelencia de este momento. Aquel que enlaza realmente dos épocas
literarias nítidas (neo clasicismo y romanticismo) sin decidirse por una de
ellas. Mejor dicho, apa rece respetuoso de ejemplos y tradiciones, pero
también deseoso de noveda des. (Esas “novedades” que poco después otros iban a
desarrollar más libre mente). Eso sí, como José Bonifácio no se inclina de
manera decisiva por una tendencia, ni condena formas tradicionales (salvo la
fácil y negativa alusión al marinismo y al gongorismo), ni tampoco muestra
excesivo entu siasmo por las innovaciones literarias del momento.
Con respecto al valor de su obra, si por un lado lo
destacamos con jus ticia, por otro, conviene advertir que su nivel no fue
excepcional. Que, en forma que resulta difícil separar, es también la aureola
del procer la que contribuye a la significación que subrayamos. Suma de
elementos en la cual integramos, con cierto decoro, su obra literaria.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
A M ÉRICO
ELÍSIO , Poesías avulsas (1* ed., Burdeos, 1825; 2? ed., publicada por
Joaquim Norberto de Sousa e Silva, Río de Janeiro, 1862).
JOSÉ BONIFACIO
DE A NDRADA E SILVA , Cantigas baquicas, (Río de Janeiro,
1838).
JOSÉ BONIFACIO DE A NDRADA E SILVA , O pensamento
vivo d e . . . (Presen
tado por Otavio Tarquínio de Sousa, San Pablo,
1944). Util para conocer las obras en prosa.
ESTUDIOS:
SILVIO ROMERO, Historia da literatura brasileira
(1? ed., Río de Janeiro, 1888; ver 3- ed., Río de Janeiro, 1943, II, págs.
211-223).
RONALD
DE CARVALHO , Pequeña historia da
literatura brasileira (5? ed.,
Río de
Janeiro, 1935, págs. 193-197).
OTÁVIO
TARQUÍNIO DE SOUSA, José Bonifácio (Río de Janeiro, 1945).
SERGIO
BUARQUE DE HOLANDA, Prefácio a las Poesías de José
Bonifácio
(Río de Janeiro,
1946, págs. VII-XIV).
JOSÉ A DERALDO CASTELO, Manifestaqóes literarias da
Era Colonial (1500-1800/1836), San Pablo, 1959, págs. 217-220.
NÁo os que enchendo váo pomposos nomes da adulado
aboca;
nem canto Tigres, nem ensino a Feras as garras
afiar, e o agudo dente:
minha Musa orgulhosa
nunca aprendeu a envernizar horrores.
Genio da inculta Pátria, se me inspiras aceso Estro
divino,
os pórfidos luzentes nao me o roubam, nem
ferrugentas malhas, que deixaram
velhos avós cruentos:
canto a virtude quando as cordas firo.
Grabas as nove Irmas! Meus livres cantos sao filhos
meus e seus!
a lauta mesa de baixela d’ouro. Onde fumegam
sículos manjares,
do vulgo vil negaba,
mal comprados louvores nao me arranca.
Divina Poesía, os alvos dias,
em que pura reinavas,
já fugiram de nós. — Opacas nuvens de fumo os
horizontes abafando,
a luz serena ofuscam,
que sobre o Velho Mundo derramaras.
Á sede d’ouro, e á vil cobija dados os filhos teus
(ingratos!)
ñas niveas roupas tuas aljofradas
mil negras nódoas sem remorso imprimem.
Mascarada Lisonja,
fome, Baixeza os venáis hinos ditam.
Entao que densos bosques e cavernas os homens
agoutavam,
pela Música e Danga acompanhada benéfica Poesía a
voz aleando,
do seio da Mae Terra
nascentes muros levantar fazia.
NO A LOS que llenan de pomposos nombres de
adulación su boca;
ni canto tigres ni adoctrino a fieras a que afilen
las garras y los dientes:
que mi musa orgullosa
nunca ha sabido barnizar horrores.
Genio de inculta Patria, si me inspiras ardiente
estro divino,
no me lo roban los lucientes pórfidos, ni mallas
herrumbrosas, que dejaran
viejos abuelos crueles:
la virtud canto si mis cuerdas hiero.
¡Gracias a las Musas! ¡Mis cantos libres hijos son
míos y suyos!
la rica mesa de vajilla de oro donde humean los
sículos manjares que al vulgo vil engañan
mal comprados loores no me arranca.
Divina Poesía, los albos días
en que pura reinabas,
nos dejaron atrás. Opacas nubes de humo los
horizontes sofocando,
la luz serena ofuscan
que sobre el Viejo Mundo derramaras.
A silla de oro y a vil codicia dados tus hijos (los
ingratos)
a tus aljofaradas, niveas ropas
mil negras manchas sin pesar imprimen.
Lisonja enmascarada,
bajeza y hambre venales himnos dictan.
Cuando los densos bosques y cavernas los hombres
fatigaban,
por la música y danza acompañada, su voz alzando la
poesía buena,
del seno de la Tierra
nacientes muros levantar hacía.
Entáo pulsando o Vate as cordas d’oiro, a populosa
Tebas
altiva a frente ergueu, ao som da Lira, e os
hórridos costumes abrandando
a sentir novos gozos
aprende a feroz gente, bruta e cega.
Assim Orfeu, se a doce voz soltava, os Euros
suspendidos,
o Rio quedo, as rochas atraía:
e os raivosos Ledes e os Ursos feros manso e manso
chegavam
a escutar demais perto o som divino.
O Selvagem que entáo paixóes pintava com uivos e
com roncos,
pelas gentis Camenas amestrado os ouvidos deleita,
a língua enrica,
e com sonoro metro
duráveis impressoes grava na mente.
Qual a tenra donzela branca e loira da Pátria Deusa
inveja,
os olhos cor do eco, vermelha a face, o peito faz
sentir que náo sentía:
assim Musas divinas,
coragóes bronzeados ameigavam.
Entre os fríos Bretóes, e os Celtas duros reinaráo
as Camenas.
De pó, de sangue, ignominia cheios mostra os
vencidos Ossian á pátria;
e a frente coroando,
canta os triunfos, canta a própria gloria.
Qual das aves a mágica harmonía, que a primavera
canta,
assim teus feitos, grandes e sublimes, no dia da
vitória, Hercúleo Fingal, teus Bardos celebravam,
e a testa sobranguda desfranzias.
Como de aves la mágica armonía Soberbos templos
teve, teve altares
na Grécia a Poesía
genios brilhantes! seus antigos Vates os sociáveis
nós, úteis e doces,
humanos apertaram:
simples, e poucas, sabias Leis fizeram.
Pulsando el vate allí las cuerdas de oro, la
populosa Tebas
altiva alzó la frente, con la música las horrendas
costumbres suavizando,
a sentir nuevos gozos
aprenden los feroces, brutos, ciegos.
Orfeo, así, la dulce voz soltando,
los Euros suspendidos,
el quieto río, las rocas atraía:
el terrible león, el oso fiero
mansamente llegaban
a escuchar de más cerca el son divino.
El salvaje que con aullidos roncos su pasión
manifiesta
por gentiles Camenas enseñado, los oídos deleita,
su lengua adorna
y con sonoro metro
durables impresiones deja en mente.
Igual que la doncella tierna y rubia émula de la
Patria,
color de eco los ojos, sonrosada, conmueve el pecho
que antes no sentía,
así, Musas divinas,
corazones de bronce lisonjeaban.
Entre los celtas y los fríos bretones reinaron las
Camenas.
De polvo, de ignominia y sangre llenos a los
vencidos muestra Ossian la patria;
la frente coronando,
canta los triunfos y la propia gloria.
Como de aves la mágica armonía
que en primavera canta,
así tus hechos, grandes y sublimes, el día de
triunfar, Fingal hercúleo,
tus bardos celebraban
y la testa arrogante levantabas.
Soberbios templos tuvo, tuvo altares en Grecia la
poesía.
Genios brillantes, sus antiguos vates sociales
nudos, útiles y dulces, humanos apretaron:
creando leyes simples, sabias, pocas.
A frente levantar nao se atrevía
o Fanatismo férreo;
co’a gotejante espada dos altares arrancada,
vermelho sangue quente,
que lagos mil formara,
dos próprios filhos nao vertía a Terra.
Nem absurda calúnia perseguía
a razáo e a virtude. . .
se a Terra via, vía heroicos crimes.
Tu Monstro horrendo, horrendo Despotismo, Ah, sobre
ti caíram
acesos raios, que na mao trazias!
Maldigáo sobre ti, Monstro execrando, que a
Humanidade aviltas!
Possam em novos mares novas térras, por Británicas
gentes povoadas,
quebrados os prestigios,
os filhos acoitar da Liberdade!
Entao a fome de oiro, máe de crimes, negra filha do
Inferno!
nao tinha o brago matador armado
do tirano Europeu. — A África adusta, e a doce
Pátria minha,
seus versos inocentes entoavam.
Vos lhes ditáveis, Heleconias Deusas, ternos versos
chorosos
do doce amigo morto á sombra ausente!
Outras vézes as vozes levantando,
a gloria dos Heróis
em coreias enérgicas cantavam.
Entao nascendo altíloque Epopea celebra os
Semideuses:
tal da Grécia recente em alvos dias, a trombeta
embocando sonorosa,
fez ver a luz Homero,
que depois imitaste, Augusta Roma!
No se atrevía a levantar la frente
el férreo fanatismo; 8°
con la espada que arrancó goteante
del altar, caliente, roja sangre
que mil lagos formara,
de hijos propios no vertía en la tierra.
Ni la absurda calumnia perseguía 85
la razón, la virtud. . .
de ver, veía la tierra heroicas muertes.
Tú, monstruo horrendo, horrendo despotismo,
¡ah,
sobre ti cayeran
ardientes rayos que en tu mano había! 90
¡Maldición sobre ti, monstruo execrado,
que envileces al hombre!
Ojalá en nuevos mares, nuevas tierras,
por la gente británica pobladas,
quebrados los prestigios, 95
vea asilar la libertad sus hijos.
El hambre de oro, madre de los crímenes,
torva hija infernal
no armaba entonces el brazo asesino
del tirano de Europa. Africa adusta 100
y mi patria tan dulce
sus versos inocentes entonaban.
Vosotros les dictasteis, helenas diosas,
tiernos versos
llorosos
a la sombra del dulce amigo muerto. 1Q5
Otras veces, las voces levantando,
la gloria de los héroes
en enérgicos coros
exaltaban.
Naciendo entonces altílocua epopeya
semidioses celebra; H0
¡tal de Grecia reciente en blancos días
tocando la trompeta sonorosa
mostró la luz Homero
que después imitaste, augusta Roma!
Nao mil estátuas de fundido bronze nem mármores de
Paros
vencem as iras de Saturno idoso
arrazam-se pirámides soberbas,
subterram-se obeliscos,
resta urna Ilíada, e urna Eneida resta!
Que rouca rá nos charcos, nao pretendam de mim
vendidos cantos
se a Cítara divina me emprestarem as Filhas da
Memoria, altivo e ledo,
a virtude cantando,
entre os Vates também terei assento.
ODE AOS BAIANOS
A L T IV A musa, ó tu que nunca incenso queimaste
em nobre altar ao despotismo; nem insanos encomios proferiste
de cruéis demagogos;
que os servis amam tanto, nunca, ó musa,
Ambigáo de poder, orgulho e fausto,
acenderáo teu estro — a só virtude soube inspirar
louvores.
Na abobada do templo da memoria nunca comprados
cantos retumbar ao: ah! vem, ó musa, vem: na lira d’oiro
nao cantarei horrores.
Arbitrària fortuna!
Desprezível
mais qu’essas almas vis, que a ti se humilhao,
prosterne-se a teus pés, o Brasil todo;
eu, nem curvo o joelho.
Beijem o pé que esmaga, a mao que agoita escravos
nados, sem saber, sem brio;
que a bárbaro Tapuya, deslumbrado, o deus do mal
adora.
Nao — reduzir-me a pó, roubar-me tudo, porém nunca
aviltar-me, pode o fado; quem a morte nao teme, nada teme—
eu nisto só confio.
No mil estatuas de fundido bronce ni mármoles de
Paros
vencen las iras de Saturno airado. Se arrasan-las
pirámides soberbias,
se entierran obeliscos.
¡Queda una Ilíada, uña Eneida queda!
Roncas ranas de charco, no pretendan de mí vendidos
cantos.
Si la divina cítara me prestan
las hijas de Mnemósine, altivo,
la virtud celebrando,
entre vates también tendré mi asiento.
ODA A LOS BAHIANOS
AL T IV A musa, oh tú que nunca incienso quemaste
en el altar del despotismo;
ni insensatos elogios proferiste
de demagogos crueles;
Ambición de poder, orgullo y fasto que los serviles
aman, nunca, oh musa, encenderá tu estro —virtud sólo
sabe inspirarte elogios.
En los ecos del templo memorioso nunca comprados
cantos retumbaron: ¡Ah! ven, oh musa, ven: en la áurea lira
no he de cantar horrores.
¡Arbitraria fortuna! despreciable
más que esas almas viles que te humillan
prostérnese a tus pies el Brasil todo;
yo no caeré de hinojos.
Besen mano heridora y pie que oprime los nacidos
esclavos y sin bríos;
que el bárbaro Tapuya deslumbrado el dios del mal
adora.
Aun reducido a polvo y despojado envilecerme no
podrá el destino; quien no teme a la muerte nada teme.
Sólo en esto confío.
Inchado de poder, de orgulho e sanha, treme o
vizir, se o grao senhor carrega, porque mal digeriu, sobrolho iroso,-
ou mal dormiu a sesta.
Embora nos degraus do excelso trono rasteje a
lésma, para ver se abate
a virtude que odia — a mim me alenta do que valho a
certeza.
E vos também, Baianos, desprezastes ameagas, carinhos
— desfizestes
as cabalas, que pérfidos urdiram
inda no meu desterro.
Duas vézes, Baianos, me escolhestes para a voz
levantar a pró da pátria
na Assembléia-Geral; mas duas vézes foram baldados
votos.
Porém enquanto me animar o peito, éste sópro de
vida, que inda dura o nome da Bahia, agradecido
repetirei com júbilo.
Amei a liberdade, e a independencia da doce cara
pátria, a quem o Luso oprimía sem dó, com riso e mofa—
eis o meu crime todo.
Cingida a fronte de sangrentos loiros horror jamais
inspirará meu nome; nunca a viúva há de pedir-me o esposo,
nem seu pai a crianza.
Nunca aspirei a flagelar humanos. Meu nome acebe,
para sempre acebe, se para o libertar do eterno olvido
forem precisos crimes.
Morrerei no desterro em térra estranha, que no
Brasil só vis escravos medráo. Para mim o Brasil nao é mais pátria,
pois faltou a justiga.
Henchido de poder, de orgullo y saña tiembla el
visir, si el gran señor levanta, porque mal dirigió, el ceño airado,
o mal durmió la siesta.
En las gradas aun del trono excelso se arrastra la
babosa, a ver si abate
la virtud que detesta — a mí me anima de lo que
valgo, cierto.
Y vosotros,
bahianos, despreciasteis
amenazas, cariños —
destruyendo
las conjuras, que pérfidos urdieron
también en mi destierro.
Por dos veces, bahianos, me elegisteis
para que en la asamblea general
diera voz a la patria; mas dos veces
anularon los votos.
No obstante, mientras en mi pecho aliente
este soplo de vida que aún palpita,
el nombre de Bahía agradecido
repetiré con júbilo.
Amé la
libertad, la independencia 45
de la patria querida, que oprimió
el lusitano sin piedad, con burla.
Ese mi crimen fue.
Nunca ceñido con sangrientos lauros,
horror a nadie inspirará mi nombre: 50
ni la viuda me pedirá a su esposo
ni el hijo a su padre.
Nunca aspiré a flagelar al hombre.
Mi nombre muera, para siempre muera
si para liberarlo del olvido 55
fueran precisos crímenes.
Moriré en tierra extraña, desterrado,
ya que en Brasil sólo medran esclavos.
El Brasil para mí no es más la patria,
pues faltó la justicia. 60
Vales e serras, altas matas, rios, nunca mais vos
verei — sonhei outrora poderia entre vos morrer contente;
mas nao — monstros o vedáo.
Nao verei mais a viragáo suave 65
parar o aéreo vóo e de mil flores
roubar aromas e brincar travéssa
co’o trémulo raminho.
Oh’ país sem igual, país mimoso!
se habitassem em ti sabedoria, 70
Justina,
altivo brio, que enobrecem
dos homens a existencia;
De estranha emulagáo acesso o peito,
lá me ia formando a fantasia
proyetos mil para vencer o vil ocio, 75
para criar
prodigios!
Jardins, vergéis,
umbrosas alamedas,
frescas grutas entáo, piscosos lagos,
e pingues campos, sempre verdes prados
um novo Edén fariao. 80
Doces visoes!
fugi — ferinas almas
querem que em Franga um desterrado morra:
já vejo o genio da certeira morte
ir afiando a foice.
Galicana donzela, lacrimosa, 85
trajando roupas lutuosas longas,
do meu pobre supulcro a tosca loisa
só cobrirá de flores.
Que o Brasil inclemente (ingrato ou fraco)
as minhas cinzas um buraco nega: 90
talvez tempo virá que inda pranteie
por mim com dor pungente.
Exulta, velha Europa: o novo Império obra-prima do
Céu! por fado ímpio
nao será mais teu rival ativo 95
em comércio e marinha.
Valles y sierras, altos bosques, ríos, nunca más os
veré. Soñé otrora
que entre vosotros moriría contento; pero lo vedan
monstruos.
No veré más la virazón süave cambiar su aéreo vuelo
y de mil flores robar perfumes e ir campo traviesa
con un trémulo ramo.
Oh, país sin igual, país mimoso,
si habitasen en ti sabiduría,
justicia, altivo brío, que ennoblecen
la existencia del hombre.
De extraña emulación ardiendo el pecho allá mi
fantasía iría formando
proyectos mil para vencer el ocio, para criar
prodigios.
Jardines, huertas, caminos en sombra, grutas
frescas, lagos llenos de peces
y pingües campos, siempre verdes prados un nuevo
Edén harían.
Huid, dulces visiones; duras almas quieren que en
Francia un desterrado muera: ya veo al genio de certera muerte afilando su hoz.
Una joven francesa sollozante, que ropas largas y
luctuosas viste sobre la piedra de mi pobre tumba,
sola flores traerá.
Que el Brasil inclemente (ingrato o débil)
una fosa les niega a mis cenizas.
Tal vez tiempo vendrá en que reclame por mí
dolidamente.
Exulta, vieja Europa: el nuevo Imperio, divina obra
maestra, por impío
destino, ya no ha de ser rival tuyo en comercio y
marina.
Aquélé, que gigante inda no ber^o se mostrava ás
na^oes, no bergo mesmo
é já cadáver
de cruéis hárpias, de malfazejas furias.
Como, ó Deus! que portento! a Urania Vénus ante mim
se apresenta? Riso meigo
banha-lhe a linda boca, que escurece fino coral ñas
cores.
“ Eu consultei os fados que nao mentem (assim me
fala a piedosa deusa):
das trevas surgirá sereno dia para ti, para a
pátria.
O constante varáo, que ama a virtude, co’os berros
da borrasca nao se assusta; nem como fólha de álamo fremente
treme á face dos males.
Escapaste a cachopos mil ocultos,
em que há de naufragar, como até agora, tanto
áulico perverso — em Franca, amigo, foi teu desterro um porto!
Os teus Baianos, nobres e briosos, gratos seráo a
quem Ihes deu socorro contra o bárbaro Luso, e a liberdade
meteu no solo escravo.
Há de enfim, essa gente generosa as trevas
dissipar, salvar o Império; por éles liberdade, paz, justiga
serao ñervos do Estado.
Qual a palmeira que domina ufana os altos topos da
floresta espéssa:
tal bem presto há de ser no mundo novo o Brasil bem
fadado.
Em váo de paixóes vis cruzados ramos tentarao
impedir do sol os raios —
a luz vai penetrando a copa opaca o chao brotara
flores” .
Aquel que aun en la cuna se mostraba
gigante a las naciones, en la cuna
es ya cadáver para harpías crueles,
y malhechoras furias. 100
¡Cómo, oh, Dios!
¡qué portento! ¿Urania Venus
ante mí se aparece? Risa maga
baña su linda boca, que oscurece
del coral la
apariencia.
“ Yo consulté los hados que no mienten 105
(así me habla la piadosa diosa):
la sombra parirá un sereno día,
que verás con la patria.
Varón constante, que la virtud ama,
que la tormenta en su fragor no asusta, 110
ni como hoja de álamo temblón
tiembla frente a los males.
Mil escollos ocultos sorteaste,
en que ha de naufragar, como hasta ahora,
tanto áulico perverso; en Francia, amigo, H5
fue tu destierro un puerto.
Y tus
bahianos, nobles y animosos, gratos serán a quien les dio socorro ante el
bárbaro luso, libertad
brindó al que era esclavo. 120
Podrá, por fin, la gente generosa
borrar las sombras, salvar el Imperio;
han de ser paz, libertad y justicia
los nervios del Estado.
Cual la palmera que domina ufana 125
las altas cumbres del espeso bosque,
así pronto será en el nuevo mundo
Brasil predestinado.
En vano ramas de pasiones viles
tratarán de impedir del sol los rayos; 130
la luz penetrará la copa opaca,
el suelo dará flores” .
Calou-se entao — voou. E as sóltas trancas em torno
espalham mil sabéus perfumes, e os zéfiros ñas asas adejando
vazem dos ares rosas.
ODE ÁOS GRECOS
ó M U SA do
Brasil, tempera a lira, dirige o canto meu, vem inspirar-me: acende-me na mente
estro divino
de heroico assunto digno!
Se comigo choraste os negros males, que a saudosa
cara pátria oprimem,
da Grécia renascida altas faganhas as lágrimas te
sequem.
Se ao curvo alfange-se ao pelouro ardente, política
malvada a Grécia vende;
as bandeiras da cruz, da liberdade, farpadas inda
ondeiam.
As baionetas que os servís amestram, carnagem, fogo
nao assustem peitos que amam a liberdade, amam a pátria,
e de helenos se prezam.
Como as gotas da chuva o sangue ensopa árido pó de
campos devastados;
como do funeral lúgubre sino
gemidos mil retumbam.
Criancinhas, matronas, virgens puras, que á
apostasia, que á desonra vota o feroz Moslemim, filho do inferno,
como mártires morrem.
E consentís, ó Deus! que os tristes filhos da
redentora cruz, árabes, turcos exterminem do solo antigo e santo
da abandonada Grécia?
Calló entonces, voló. Las sueltas trenzas
esparcieron en torno mil perfumes,
los céfiros sus alas agitando
vanse en el aire rosa.
ODA A LOS GRIEGOS
OH M U SA del Brasil, templa tu lira, inspírame,
dirige el canto mío, estimula en mi mente estro divino
de heroico asunto digno.
Si lloraste conmigo negros males que soledosa,
amada patria oprimen, de Grecia renacida altas hazañas
las lágrimas te sequen.
Si al curvo alfanje, si a la bala ardiente,
política malvada a Grecia vende; las cruzadas banderas libertarias
rasgadas aún ondean.
Las bayonetas que al servil dominan, matanzas,
fuego no intimiden pechos que aman la libertad, aman la patria
y de helenos se precian.
Como gotas de lluvia árido polvo, la sangre empapa
campos devastados; como del funeral, lúgubre sino
gemidos mil retumban.
Criaturas, matronas y vírgenes, que apóstatas y
deshonradas quiere el feroz Moslemín endemoniado,
como mártires mueren.
¡Oh Dios!, ¿cómo consientes que a los hijos de la
cruz redentora, los infieles
aniquilen del suelo antiguo y santo de la olvidada
Grecia?
Contra algozes os miseros combatem; contra bárbaros
crus, honra e justiga:
a Europa geme, — só tiranos frios com tais horrores
folgam.
Rivalidades, ambigáo, temores,
sujo interesse a inerte espadá prendem, e o sangue
de cristáo, que lagos forma,
um ai lhes nao arranca!
Perecerás, ó Grécia, mas contigo murcharao de
Albion honra e renome; o sórdido egoísmo que a devora
é já do mundo espanto!
Nao desmaies, porém: a Divindade roborará teu
bra?o: e na memoria gravará para exemplo os altos feitos
dos ilustres passados.
Eis os mirrados ossos já se animam de Milfíades; já
da campa fria ergue a cabega, e grito cTá tremendo
para acordar os netos.
“ Helenos, brada, ó vós, prole divina, basta de
escravidáo—nao mais opróbrios!
é tempo de
quebrar grilháo pesado,
e de vingar infámias,
Se arrasastes de Tróia os altos muros para o crime
punir que amor causara, entáo por que sofreis há largos anos
estupros e adultérios?
“ Foram assento e bergo as doutas musas o sagrado
Hélicon, Parnaso e Pindó: moral, sabedoria, humanidade
fez vicejar a lira.
Ante helénicas proas se acamava euxino, Egue, e mil
colonias iam levar artes e leis as rudes plagas,
e da Libia e da Europa.
Luchan los míseros contra verdugos, contra bárbaros
crueles, honra y justicia: Europa gime. Sólo fríos tiranos
de tal horror se alegran.
Rivalidades, ambiciones, miedo, con su interés la
inerte espada ligan y la sangre cristiana corre en ríos
y ni un ay les arranca.
Grecia, vas a morir, pero contigo
de Albión cae la honra y el renombre, un sórdido
egoísmo la devora
y es ya del mundo espanto.
No desmayes, no obstante, porque Dios hará fuerte
tu brazo; en la memoria grabará para ejemplo, las hazañas
de los héroes ilustres.
He aquí los secos huesos que se animan de
Milcíades; y de la fría tumba
levanta la cabeza y da un gran grito
que despierta a sus nietos.
“ Helenos —clama— , oh tú, prole divina, basta de
esclavitud, no más oprobios,
es tiempo de quebrar estas cadenas y de vengar
infamias.
Si de Troya los muros arrasasteis para vengar el
amoroso crimen,
¿por qué entonces sufrir fra tantos años estupros y
adulterios?
Fueron cuna y asiento de las musas Parnaso y Pindó
y Helicón Sagrado: humanidad, moral, sabiduría,
dieron fuerza a tu lira.
Ante helénicas proas se abatían Euxino, Egeo y mil
colonias daban leyes y artes a las rudas playas
europeas y libias.
Um punhado de heróis entáo podia
65
tingir de sangue persa o vasto ponto:
montóes de corpos inda palpitantes
estrumavam os campos.
Ah! por que nao sereis o que já fostes?
mudou-se o vosso céu e o vosso solo? 70
e nao sao inda os mesmos estes montes,
estes mares e portos?
Se Esparta ambiciosa, Atenas, Tebas,
o fratricida bra?o nao tivessem
em seu sangue banhado, nunca a Grecia 75
curvara o colo a Roma.
E se de Constantino a infame prole
do fanatismo cegó nao houvera
agujado o punhal, ah! nunca as lúas
tremularam ufanas. 80
Depois que foste, <5 Grécia, miseranda,
de déspotas brutais brutal escrava,
em a esquerda o Corao, na destra a espada,
barbaria prega o turco.
Assaz sorveste já milhoes de insultos, 85
já longa escravidáo pagou teus crimes:
o Céu tem perdoado. — Eia, já cumpre
ser helenos, ser homens.
Eia, gregos, jurai, mostrai ao mundo
que sois dignos de ser quais fostes dantes; 90
eia, morrei de todo, ou sede livres!”
Assim falou, — calou-se.
E qual ligeira névoa sacudida
pelo tufáo do norte, a sombra augusta
desaparece. A Grécia inteira brada: 95
“ ou liberdade ou morte” .
(José Bonifácio de Andrada e Silva, Poesías de
Américo Elisio, ed.
de Río de Janeiro,
1946).
Un puñado de héroes podía entonces
65
teñir de sangre persa el vasto ponto:
cuerpos que todavía palpitaban
los campos abonaban.
Ah, ¿por qué no sois ya lo que fuisteis,
mudóse vuestro cielo o vuestro suelo? 70
¿No son aún los mismos estos montes,
estos mares y puertos?
Si la ambiciosa Esparta, Atenas, Tebas,
el fratricida brazo no tuvieses
en su sangre bañado, nunca Grecia 75
se inclinara ante Roma.
Y si de Constantino los infames
fanáticos secuaces no hubieses
aguzado el puñal, nunca-las lunas
tremolaran ufanas. 80
Después que fuiste, oh Grecia miserable,
de déspotas brutales, triste esclava,
corán y espada en las distintas manos,
barbaria ruega
al turco.
Suficientes insultos
recibiste 85
y larga esclavitud pagó tus culpas:
el cielo ha perdonado. Corresponde
ya ser griegos, ser hombres.
Griegos, jurad y demostrad al mundo
que sois dignos de ser cual fuisteis antes; 90
elegid estar muertos o ser libres” .
Así habló, calló luego.
Y cual ligera niebla sacudida
por un tifón, la venerable sombra
desaparece. Grecia entera clama: 95
“ O libertad o muerte” .
(José Bonifácio de Andrada e Silva, Poesía de
Américo Elisio, ed.
de Río de Janeiro,
1946).
Frei Francisco de Säo Carlos
(1768-1829)
FREÍ FRANCISCO DE SAO CARLOS nació en Río de
Janeiro en 1768. Tomó los hábitos religiosos en la orden de San Francisco y su
vida transcurrió en San Pablo, Minas Gerais y Río de Janeiro.
Se destacó en la “Academia Franciscana Fluminense”,
y tuvo también prestigio como orador sagrado en la Capilla Real de Río de
Janeiro, funda da por el rey Juan VI.
Como versificador, alcanzó su culminación a través
de un poema dedi cado a la Virgen María: A Assuncáo da Santissima Virgem,
publicada en 1819. En esta obra confluyen, como era previsible por el tema,
motivo re ligioso y retórica neoclasicista.
En realidad, A Assungáo es un poema relativamente
extenso, dispuesto en ocho cantos, con estrofas de dimensión variable y versos
decasílabos pa reados. El tema surge limpiamente del título general: la
Asunción de la Virgen y su glorificación.
Particulariza los versos de Sao Carlos, por un
lado, la presencia de re conocibles modelos (Camoens, Sannazaro), pero, por
otra parte, su deseo de evitar la ornamentación mitológica de dichos modelos.
Algo parecido ocurrió después con la obra de Gonqalves de Magalháes.
En fin, como reflejo inmediato de sucesos
políticos, Sao Carlos alude en su poema a una unión “luso-brasileira”, y,
particularmente, a una monar quía luso-brasileña. (No olvidemos que, desde
hacía años, el Brasil era la sede de la corte portuguesa y que Sao Carlos era
miembro de la Capilla Real de Río de Janeiro, fundada por Juan VI).
Otra novedad, quizás más llamativa, y paralela a la
que vemos en otros autores de la época, es la presencia, en su poema, de la
naturaleza ameri cana. No muy marcada, pero lo suficiente como para que
aparezca como resonancia creciente de la época.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
FREI FRANCISCO DE Säo CARLOS, A Assunçao da
Santissima Vir gern (1? ed., Rio de Janeiro, 1819; 2* ed., Rio de Janeiro,
1862).
ESTUDIOS:
SILVIO ROMERO, Historia da literatura brasileira
(1? ed., Río de Janeiro, 1882; ver 3? ed., Río de Janeiro, 1943, II, págs.
158-161).
HAROLDO PARAN H OS, Historia do romantismo no
Brasil, (I, San Pablo, 1937, págs. 283-288).
J OSÉ A DERALDO CASTELO, Manifestaqoes literarias
da Era Colonial (1500-1800/1836), San Pablo, 1959, págs. 189-236.
“A L E M DOS mares vejo, além das ilhas ah! que
inmenso paiz! que maravilhas! vejo um novo hemispherio, novos ares, outros
céus, outros bosques, outros máres, aves estranhas, flores nos matizes
diversas, das que vi nos meus paizes.
Pelo longo da costa demandando
as regióes austraes, debaixo estando
do semicapro peixe, que é patente
méta meridional do sol ardente;
n’um bra?o do océano, que ali morre,
pulquerrima cidade logo ocorre
de nobres eidificios; torreada
de bronze e revelins a augusta entrada. Inda mais
vejo ali, se nao me engana em painel tao escuro a mente humana, que pela pra?a
vai a generosa deipara em triumpho; e populosa companhia com tochas mil accesas
Parece celebrar suas grandezas.
Dizei-nos, nobre archanjo, o que isto intima, para
mim é mysterio, é tudo enigma,
tudo sombras escuras, e tao densas
que as azas da razao me tem suspensas” .
O vasto continente que affigura (diz o nuncio do
Eterno) ésta gravura, e um grande paiz quasi deserto:
no trato ao mundo antigo inda encoberto. Más em fim
por um genio denodado será das densas trevas arrancado
co’o soccorro da agulha e do astrolabio, novo
invento subtil do engenho sabio.
Ó Ligure
immortal, nesta ardua empreza tornaste a abrir a porta á naturaleza;
e obrigaste a adorar do mundo a gente, como de
novo, a mao do Omnipotente.
Que cythara táo doce, ou que profundo engenho
poderia neste mundo
urna parte cantar de tua gloria!
“M A S A L L A de los mares y las islas veo un país
inmenso y maravillas.
Veo un nuevo hemisferio, nuevos aires, otros cielos
y bosques, otros mares, extrañas aves, flores con matices
que no tenían nunca en mis países. Si se bordea la
costa, si se buscan las regiones australes, yendo bajo el semicapro pez, que es
patente meta meridional del sol ardiente; en brazos del océano que ahí muere
pulquérrima ciudad pronto aparece con nobles edificios; torreada
de bronce y revellines, noble entrada. Todavía veo
allí, si no me engaña
la mente humana en lienzo tan oscuro, que por la
playa va la generosa deípara en triunfo; y la populosa compañía con mil
ardientes teas parece celebrar tantas grandezas. Explícanos qué es esto, noble
arcángel. Para mí es un misterio, es un enigma, todo sombras oscuras y tan
densas que mi razón sus alas tiene presas” .
El vasto continente que figura
(dice el nuncio de Dios) este grabado,
es un muy gran país casi desierto:
para el trato del mundo aún encubierto.
Pero al fin por un genio denodado
será de las tinieblas arrancado
con la brújula y con el astrolabio, nuevo ingenio
sutil de ingenio sabio. ¡Oh ligur inmortal!, en ardua empresa la puerta abriste
a la naturaleza;
e hiciste que adorara aquella gente, puesta en sus
manos, al Omnipotente.
¡Qué cítara tan dulce, oh, qué profundo ingenio
lograría en este mundo entornar una parte de tu gloria!
nao mais, nao mais blasono a antiga historia, as
proezas do grego e do troiano;
nem a fabula désse táo ufano
pelos doce trabalhos. Os seus feitos com os teus
confrontados sao defeitos. Ou antes um pigmeu, ou urna aranha
á vista do
gigante, ou da montanha. Por ti um grau de gloria soberana recebe, e mais se
exalga especie humana. Nova serie de cousas eis que assoma, e o orbe inteiro
nova face toma. Aplanadas dos golfos as passagens novos meios se abriram, mil
vantagens aos tratos mercantís; e os bons talentos Dictaram-se de luzes e de
inventos, tocaste a méta da terraquea esfera, rasgado o véu dos seclos que a
esconderá, entao do Creador novos primores resplenderam, pregoes dos seus
louvores. Que quando o seu saber mais patentea, delle nos cresce o amor,
crescendo a idéa. Em fim, mostrada em parte a naturesa, agora tu lhe expoes
toda a riquesa;
más confessa, que a honra assim o ensina; que
aprendeste os segredos e a doutrina dos bravos, dos affoitos Luzitanos,
que primeiros tragaram-te os teús planos.
É tamanho o
paiz, táo vasto o solo, que se estende de um polo a outro polo. Ali vegetam
várias alimárias,
varios troncos e frutas; flores várias, acham-se
ricas pedrarias finas,
oiro, prata e mil drogas peregrinas, os tres reinos
aqui, que a opulencia, e bazes sao da humana subsistencia; em minas, animaes e
vegetantes, táo ubérrimos sao e táo prestantes; que nao resolve a sábia
subtileza, para onde mais pendeu a natureza.
Cria tudo, que o mundo velho envia; e o mais, que o
velho mundo jámais cria, porque, como uma e outra zona apanha, produz Lieu, e a
fructa d’oiro estranha,
No blasono ya más la antigua historia, las proezas
del griego y del troyano; ni la fábula de ése tan ufano
por sus doce trabajos. Son sus hechos junto a los
tuyos apenas defectos.
O como un pigmeo quizá, como una araña, ante un
gigante o ante una montaña. Por ti un grado de gloria soberana
se exalta más aún la especie humana, nueva serie de
cosas ya se asoma
y el orbe entero nuevo rostro toma.
Cuando el difícil cruce se supere
se abrirán nuevos medios, mil ventajas al trato
mercantil; y los talentos llenáronse de luces y de inventos. Al límite llegaste
de la tierra
roto el velo que siglos le pusieran. Entonces del
creador nuevos primores lucieron, pregonando sus loores.
Que cuando el cielo su saber demuestra de él nos
crece el amor, junto a la idea. Mostrada en parte la naturaleza toda la expones
hoy a la riqueza;
pero confiesa, que así la honra enseña, que
aprendiste secretos y doctrina de los bravos y osados lusitanos
que los primeros trazaran tus planos.
Es enorme el país, tan vasto y solo
que se extiende de un polo al otro polo.
Allí vegetan varias alimañas,
varios troncos y frutas; flores varias.
Hállanse ricas pedrerías finas,
oro y plata y mil drogas peregrinas. Los tres
reinos aquí, que la opulencia y base son de humana subsistencia, en animales y
en plantas y en minas tan ubérrimos son y rendidores
que no sabe la sabia sutileza
donde concedió más naturaleza.
Produce todo lo que Europa manda, más lo que el
viejo mundo nunca tuvo, porque como cosecha de ambas zonas produce Lieu y la
fruta de oro,
no jardim das Hesperides nascida, por quem foste,
Atalanta, já vencida, e o caixo, que de Rhodes gera o seio, melhor tornado
neste clima alheio, abrilhanta o ananaz, sanzona a pera, e o pomo, que
discordia já tecéra
entre as deusas do Olympo no monte Ida, que fez
Dardania em cinzas reduzida
os dons da Ceres loira, em competencia co’os
celeiros Egypcios na afluencia. Quando o próvido Hebreu amontoava nelles o
grao, que aréas igualava.
Além das farinaceas e das raizes, que os povos
fazem fartos e felizes, que direi désse reino vegetante em dilatar a vida táo
prestante? aqui colheita salutar descobre
o farmaco, em vigilias uteis nobre.
Rica mina por certo, grao thesoiro
de mais alto valor, que a prata e oiro,
e o lustre vao de pedrarias finas;
do nume de Epidauro prendas dignas. A palmachristi,
a nova ipecacuanha do velho Dioscorides estranha
da cupaiba o oleo precioso,
que vence a dor e o golpe mais p’rigoso. Hervas,
plantas em succos e virtudes. Ferteis de vida, fontes de saude. Encontram-se
tambem tribus errantes nos bosques; que entre si belligerantes vivem de
singular e estranho povo,
que parece outra raga, germe novo, antropophagos
sao, que a tao sobido
gráu de horror chega humano embrutecido!
pintam o rosto seu mal encarnado de verde, croceo,
róxo e encarnado. E por fugir á vespa o corpo todo de resinas agrestes, ou de
lodo. Tecer ignoram; mas as suas tellas sao as plumas das aves, cores bellas. A
vida passam em continuas festas de crapulas e dangas inhonestas.
guía del jardín de las Hespérides, causante del
fracaso de Atalanta.
Y el acajú que trajo el sitio a Rodas, mejor nacido
en este clima extraño. Da brillo al ananá, sazón a peras
y a la manzana que puso discordia entre las diosas
en el monte Ida,
y a Troya trajo al fin muerte por fuego.
Compite dones de la rubia Ceres
con el cereal de Egipto en influencia cuando el
próvido hebreo amontonaba el grano en él, que áreas igualaba, amén de
farináceas y raíces
que hacen a pueblos fuertes más felices.
¿Qué diré de ese pueblo vegetante
tan generoso en dilatar la vida?
Descubre una cosecha saludable
el boticario en útiles vigilias.
Rica mina, por cierto, gran tesoro de más alto
valor que plata y oro y el vano brillo de las pedrerías;
del numen de Epidauro prendas dignas.
La palmacristi y la ipecacuana
por Dioscórides el grande ignorada; de la cupaiba
el aceite precioso contra el dolor y el golpe peligroso; hierbas, plantas de
jugos y virtudes, que dan la vida, fuentes de saludes. También tribus errantes
encontramos por estos bosques, que entre sí peleando viven, de un pueblo
singular y extraño. Que es como de otra raza germen nuevo. Antropófagos son,
que a tan subido horror llega el humano embrutecido.
El rostro se lo pintan, mal trazado, de verde,
azafrán, rojo o encarnado, por librarse de la avispa el cuerpo, de resinas
agrestes o de lodo.
Ignoran el teñido, mas sus telas
son plumas de colores de aves bellas. La vida pasan
en continuas fiestas de crapulosas danzas deshonestas.
A cidade, que ali vedes tragada,
e que a mente vos traz táo occupada,
será nobre colonia, rica, forte,
fecunda em genios, que assim quiz a sorte.
Será pelo seu porto desmarcado 5
a feira do oiro, o emporio frequentado,
amplissimo ao commercio; pois profundo
pode as frotas conter de todo o mundo.
Será de um povo excelso, germe airoso
lá da Lysia, o logar mais venturoso. 10
pois dos Lusos Brazilicos um dia
o centro deve ser da monarchia.
Algarao outras no povrir da idade
os trofeus, que tiverem por vaidade.
Urnas ñas artes levaráo a palma *5
de aos marmores dar vida, aos bronzes alma.
Outras iráo beber sua nobreza
nos tratos mercantís. Tal que se préza
de ver ñas suas scenas e tribunas,
maior brazao, mais inditas columnas. 20
Aquellas dos Timantes o extremoso
pincel com estro imitará fogoso.
Muitas eerào mais destras no compasso, que as
linhas mede do celeste espago.
(A Assungào: Poema composto em honra da Santa
Virgen)
(Francisco Adopho de Varnhagen, Florilegio de
Poesia Brasileira, II, 1» ed., Lisboa, 1850).
ESTA ciudad que veis aquí trazada
y que tu mente trae tan ocupada,
será noble colonia, rica, fuerte,
fecunda en genios, que así fue su suerte.
Será, gracias a un puerto ilimitado 5
feria del oro, emporio frecuentado,
amplio para el comercio; por profundo,
barcos puede acoger de todo el mundo.
De un pueblo excelso será inicio airoso,
de la Lisia el lugar más venturoso. 10
De lusos-brasileños algún día
va a ser el centro de la monarquía.
Alzarán otras en futura edad
los trofeos de cada vanidad;
unas del arte llevarán la palma 15
al mármol le dan vida, al bronce alma.
Otras irán bebiendo su nobleza
en mercantiles tratos. Tal se precia
de ver en sus escenas y tribunas
mayor blasón, más ínclitas columnas. 20
De los Timantes otra, el extremoso
pincel con estro imitará fogoso.
Muchas más diestras son en calcular las líneas del
espacio orbicular.
(La Asunción: Poema compuesto en honor a la Santa
Virgen)
(Francisco Adopho de Varnhagen, Florilegio de
Poesía Brasileira, II, 1* ed„ Lisboa, 1850).
Domingos Borges de Barros
(1779-1855)
B orges de B a rro s reitera un esquema bastante
común en la época dentro de los autores que alcanzaron algún prestigio. Me
refiero particularmente a un orden determinado por los estudios, la obligada
etapa europea y la pos terior vuelta a la patria.
Domingos Borges de Barros nació en Santo Amaro de
Purificagao (Ba hía) en 1779. Hizo sus estudios en la Universidad de Coimbra,
y estuvo después en otras regiones de Europa, sobre todo, en París, donde trató
muy estrechamente al poeta portugués Felinto Elisio.
Regresó a América en 1811. Desembarcó en Bahía,
pero, por sus ideas, fue detenido y conducido a Río de Janeiro. Intervino más
adelante en di versos hechos políticos y diplomáticos, los que le valieron,
como recompen sa, el título de Vizconde de Petra Branca. Título concedido por
el Empera dor Pedro I.
En 1825 publicó Borges de Barros el primer volumen
poético con el poco airoso título de Poesías oferecidas as Senhoras
Brasileiras. En realidad, su obra más famosa fue el poema titulado Os túmulos,
cuyo primer canto pu blicó en 1825, y que continuó con posterioridad. Escribió
igualmente otros poemas y realizó traducciones de poetas prerrománticos
europeos, como Young y Gray.
En las composiciones de Borges de Barros predominan
los temas de Dios, el amor, la patria, la naturaleza y el tema nocturno
sepulcral. Precisa mente este último (con conexiones religiosas, la vida, la
muerte, alternando con cierto escepticismo) es el que resalta en su obra más
famosa. Os tú mulos tuvo su origen en la muerte de un hijo del poeta.
Como vemos, también a través del hecho fundamental
de la obra lite raria, Borges de Barros, con enlaces neoclasicistas, por un
lado, y manifesta ciones prerrománticas por otro, reproduce una situación
bastante conocida.
BIBLIOGRAFIA
D om ingos B
orges de
B a rro s, Poesías oferecidas as
Senhoras Brasileiras,
(París, 1825).
D om ingos B
orges de B a rro s, Os Túmulos (versión completa, Bahía,
1850).
ESTUDIOS:
S ilv io R om ero, Historia da literatura
brasileira (1? ed., Río de Janeiro, 1888; ver 3“ ed., Río de Janeiro, 1943, II,
págs. 365-670).
H a ro ld o P a ra n h o s , Historia do romantismo
no Brasil, (I, San Pablo, 1937, págs. 358-365).
José A d e ra ld o C a s te lo , Manifestagoes
literarias da Era Colonial, 1500-1800/1836, (San Pablo, 1959, págs. 220-222).
A fr á n io P e ix o to , Um precursor do
Romantismo (en D. Borges de Barros, Oj- Túmulos, ed. de Río de Janeiro, 1945).
EPÍSTOLAS
I
A PAULO JOSE DE MELLO
v e n tu ro s o o mortal que longe vive do tumulto
enfadonho das cidades, que de Flora e de Ceres dado ao culto, nos campesinos
bens delicia encontra: claros, tranquillos os seus dias correm, como a limpida
linfa que o sacia. Mimos de prole, afagos da consorte doce lhe tornaráo da
idade o pezo.
Sem a opressáo que o espirito aniquila,
é no teu seio
que do genio as molas, mostram quanto vigor lhes deu natura. As leis que a
ilustre Roma fez ditosa, foi no teu seio que estudou Pompilio. Vos campos
Mantuanos inspirastes,
ao sublime cantor sublimes versos;
ñas margens do Mondego, ou ñas do Ganges, foi que
Apollo baixou a ter comtigo Camóes, grande Camóes, genio divino. Murcham na
frente dos heroes os loiros,
os monarchas baqueam do alto solio, esbroam raios
empinadas torres, grandezas, honras, titulos acabam;
mas teu no me Camoes transcende o olvido, qual as
eras eterno, é sempre novo.
A morte destruir nao pode o genio, porgao sagrada
qu’emanou do Eterno. Gostosa solidao da paz morada! geram, arreigam n’alma tuas
auras, Virtuosos altivos sentimentos. Provém da tyrannia os vicios todos, e tu
da liberdade o estadio off’reces.
De momento em momento um quadro novo, mandas
risonho captivar os olhos.
e que de vos privado sorte adversa!. . .
homems que só de humano a forma tendes, entes
qu’enxovalhaes a natureza, dos fados apezar, hei de fugir-vos.
I
A PAULO JOSE DE MELLO
v e n tu ro s o
el mortal que lejos vive
de la ciudad y su enfadoso ruido,
que de Flora y de Ceres dado al culto
halla su bien en campesinos bienes:
claros, tranquilos correrán sus días
como el agua purísima que bebe.
Mimos de hijos, de su esposa halagos
el peso de la edad dulce le tornan.
Sin la opresión que el espíritu agobia, los
resortes del genio entre su seno muestran cuanto vigor les dio natura. Leyes
que dieron dicha a Roma ilustre, Pompilio en tu regazo fue a buscarlas.
Vosotros disteis, mantüanos campos,
al sublime cantor sublimes versos;
a la orilla del Móndego o del Ganges descendió
Apolo para estar contigo. Oh, gran Camoens, oh genio divino, los heroicos
laureles se marchitan, mueren los reyes en sus altos solios, destruyen rayos
las más altas torres, grandezas, honras, títulos acaban; pero tu nombre triunfa
del olvido, Camoens, siempre eterno y siempre nuevo. La muerte destruir no
puede el genio, sacra porción que emanó del eterno. Gustosa soledad, casa de
paz,
nace y arraiga tu soplo en el alma altivos y
virtuosos sentimientos. La tiranía los vicios promueve, tú de la libertad la
época ofreces.
De momento en momento, un cuadro nuevo mandas
risueño a cautivar los ojos.
¡Y que de ti me prive suerte adversa!. . .
Hombres que lo son sólo por la forma, seres que
afrentan la naturaleza,
pese a los hados, he de abandonarte.
Foge ó Paulo d’estranhos climas, foge!
vai no lindo Maré gosar da vida.
Sao vistas as demais, vista urna corte. Por cá
verías quanto lá tens visto d’afidalgados Mydas a cohorte, expressóes só dos
labios, falso rizo. Sao táo raros os bons por toda parte como por toda parte os
máos abundam.
O velho habitador do velho mundo, prazeres naturaes
tendo esgotado, acomode a seus vicios seus prazeres:
mas quem n’um mundo novo origem teve, vá no seu
mundo ter prazeres novos, vinosa natureza nos circunda,
e velhos hemos ser onde ella é moga? afasta ó sabia
mestra! ó mái dos entes! de maos ingratas teus perennes mimos; arem filhos
ingratos térra ingrata.
Inda bem que os deixaste, e o Mundo Novo o teu
querido é, com nosco habita!
Paulo, consulta, le, medita, estuda,
o livro que ante os olhos tens patente. Arando as
térras examina os sulcos, seméa; e da semente segue o curso, como rebenta o
germen, como cresce, que tempo, que terreno mais lhe quadra, se e fundo ou flor
da térra mais dezeja; se linfa te pedir busca regal-a,
se o sol lhe cresta a face dá-lhe sombra.
Ou da poda, ou do enxerto espreita a quadra, do
tronco a consistencia e o parentesco, quando a flor desabroxa, e em botao fexa.
Consulta da semente a madureza antes que da colheita a lida encetes.
Dos novilhos escolhe o mais formoso o cordeiro o
mais forte, e da progenie o curral povoar per tenga a estes.
Como os fructos melhores torna o enxerto,
amelhora-se a grei cruzando as ragas. Limpeza nos rediz jamais falega,
onde abrigados os rebanhos durmam. De plantas
nutritivas farta os pastos, e cuidoso das más busca expurga-los.
Huye, Pablo, de extraños climas, huye.
En el lindo Maré goza la vida.
Vista una corte, se conocen todas.
Por acá vas a ver cuanto ya has visto, de delicados
Midas la cohorte,
con falsas expresiones y alegría.
En todas partes raros son los buenos, en todas
partes los malos abundan.
El viejo morador del viejo mundo que agotó los
placeres naturales, acomodó a sus vicios sus placeres. Pero quien ha nacido en
mundo nuevo ha de tener placeres también nuevos. Naturaleza en vicio nos rodea;
¿viejos hemos de ser donde ella es joven?
aleja, maestra sabia, oh madre,
de ingratas manos tus perennes mimos. Tierra
ingrata tendrán hijos ingratos. Ya los dejaste, ahora el Nuevo Mundo tu amado
es, ¡habita con nosotros! Paulo, consulta, lee, medita, estudia,
el libro que ante los ojos tienes patente. Arando
las tierras examina los surcos, siembra; y de la semilla sigue el curso, cómo
explota el germen, cómo crece, qué tiempo, qué suelo más le agrada,
si en lo hondo o a flor de tierra más desea; si
agua te pide pronto dale,
si el sol le quema el rostro dale sombra.
O de la poda o del injerto la estación vigila, del
tronco, la consistencia y parentesco, cuando la flor se abre, y en botón queda.
Consulta la madurez de la semilla
antes que de la cosecha el trabajo empieces.
De los novillos escoge el más hermoso el cordero
más fuerte, y a cuya estirpe poblar el corral le pertenezca.
Como los frutos mejores hace el injerto, así mejora
el grey cruzando razas. Limpieza en los rediles jamás fallezca, donde
resguardados duerman los rebaños. De plantas nutritivas sacia los pastos,
y cuidadoso de las malas busca limpiarlos.
Na tosquia a tesoura a pelle evite, dos bois o
pasto separado seja,
do pasto em que outra grei tira o sustento, ou
primeiro que os mais, o boi s<5 pasee. Males próprios ao clima, à especie
proprios devem ser estudados junto ao enfermo;
é do cultor o
gado a grao riqueza. Na pratica verás mais que nos livros. O velho lavrador
consulta attento, “Pois ainda que em scientes muito cabe, mais em particular o
experto sabe”.
As cortes desdenhando, e seus fantasmas, na patria
herdade assim tranquillo vive, quem de cuidados taes prehenche os dias.
Ver novas geraçôes, melhores outras pelos desvelos
seus, quem mais cubiça? de casal em casal seu nome passa, com elle correm as
idéas suas, enriquecendo a patria, a si, aos outros, deixa nos coraçôes grata
saudade. Povoaçâo, commèrcio, artes, sciencias, mudam, mudando de cultura a
terra. Dos imperios a sorte està no arado, nao consiste na lança a força
d’elles. Lagrimas banham da victoria o carro, o triumfo em segredo o heróe
prantea, luto succede da victoria aos vivas. Essa arte deixa que natura en luta,
abraça a outra que natura adorna: gloria, prazeres, paz, ventura encontra quem
das cortes fugindo, o arado abraça.
Parte para Mare; e seja um dia a Iha de Mare de
Venus ilha,
da virtuosa esposa os mimos goza, a velhice da mâe
suave torna. Espera o Borges que saudoso fica,
e a mâo do pai beijar, do amigo as faces, em breve
tempo correrá contente,
e das cortes mofando, e seus enganos, no patrio
ninho que adoramos ambos, dos pais e d’amizade no regaço, dias felizes passará
comtigo,
urna vez da ventura o rosto vendo.
Al trasquilar, que la tijera la piel evite.
De los bosques el pasto sea separado,
del pasto donde otro grey toma el sustento,
primero que los demás, el buey apacente.
Males del clima, propios de la especie 85
deben ser estudiados junto al enfermo;
el ganado es del campesino la gran riqueza.
En la práctica verás más que en los libros.
El viejo labrador consulta atento,
“pues aunque en la ciencia mucho cabe, 90
más en particular el experto sabe”.
Desdeñando las artes y sus fantasmas,
en la finca de la patria tranquilo vive,
quien de cuidados todos los días, preña.
Generaciones nuevas y mejores,
por sus desvelos, ¿quién codicia más?
De pareja en pareja va su nombre
y con él sus ideas también corren
la patria enriqueciendo, a él, a otros,
pone en el corazón grata nostalgia. 100
Comercio, población, artes y ciencias,
mudan, mudando cultivos la tierra.
El imperio depende del arado
que no en la lanza radica su fuerza.
Báñase en llanto el victorioso carro, 1Q5
el héroe anhela el triunfo secreto,
sigue el luto a los vivas victoriosos,
esa arte deja que natura en lucha,
abraza la otra que natura adorna:
gloria, placeres, paz, ventura encuentra
quien la corte dejó por el arado.
Parte para Maré y sea un día
la isla de Maré de Venus isla,
de la esposa virtuosa goza el mimo, 115
la vejez de la madre vuelve suave.
Espera al Borges que añorante aguarda
besar paterna mano, rostro amigo,
y al poco tiempo correrá contento, burlando de la
corte sus engaños, en el abrigo patrio que adoramos, de padres y de amigos en
el seno, felices días pasará contigo,
una vez visto el rostro de la dicha.
AO Dr.
FRANCISCO ELIAS RODRIGUES DA SILVEIRA
Olhos vendados, e bordáo na dextra
co’as doengas jogando a cabra cega,
certo mordaz pintava a medicina.
Era o empirismo, e o nome confundía.
Como co’a natureza conversava 5
Hipócrates outr’ora, e Elias hoje,
se o soubesse, do quadro coraría.
Manes de Boherhave se insultados
fostes por charlataens, corre a vingar-vos
o profundo Silveira. Em debandada 10
perdido o passo grave, ei-los a trote,
o embrulhado vasconso deslindado
a mascara cahiu, ei-los por térra.
Grabas
Silveira recipes cordatos,
tristes doentes livraran da tumba; *5
gatos-pingados háo de ter susto,
e os sinos mudos penderáo das torres,
mas leva o teu saber á patria nossa,
onde a luz recebeste, augmenta as luzca,
a natureza virgem mil segredos 20
tem que dizer-te, quer falar comtigo.
Cuidadosa semeou com máo prudente
o antidoto efficaz junto ao veneno:
contem cada paiz quanto lhe cumpre,
remedios proprios tem, se males proprios, 25
é do medico sabio o pesquizal-os.
Distila, rala, piza, queima, infunde
combina, simplifica; nao descances,
por abrolhos se vai da gloria ao templo.
Campo ás experiencias tens fecundo; 30
da natureza em flor doces primicias
terás, com que teu nome eternizando
D’Epidauro a sciencia enriquecendo,
a vida curta alongarás ao homem.
No Mundo-Novo, novos bens espalha. 35
Parte, das bellas nao te empessa o pranto:
perder de vista uns olhos feiticeiros,
um surrizo que o peito queima, custa;. . .
AL DR. FRANCISCO
ELIAS RODRIGUES DA
SILVEIRA
Ojos vendados y bastón en mano
jugando al gallo ciego con los males,
algún mordaz pintó la medicina.
Confundió el nombre: era el empirismo.
Como con la naturaleza conversaba 5
Hipócrates, igual lo hace hoy Elias.
Si lo supiese aquel, pudor tendría.
Manes de Boherhave, si insultados
fuisteis por charlatanes, va a vengaros
el profundo Silveira. En desbandada, 10
perdido el paso grave, hélos al trote,
ya claro el girigay desconcertante,
la máscara cayó y ellos por tierra.
Por las recetas de Silveira el cuerdo
se salvan los dolientes de la tumba; !5
algunos pocos han de estar de duelo
y las campanas mudas en las torres.
Vuelve con tu saber a nuestra patria;
donde viste la luz trae tus luces,
naturaleza virgen mil secretos 20
ha de decirte y quiere hablar contigo.
Cuidadosa sembró con mano sabia
antídoto eficaz junto al veneno:
tiene cada país lo necesario,
para sus males tiene sus remedios, 25
y es de médicos sabios encontrarlos.
Destila, muele, mezcla, quema, filtra,
combina, simplifica; no descanses,
abrojos tiene el templo de la gloria.
Tienes fecundo campo de experiencias, 30
de la naturaleza en flor dulces primicias
tendrás, con que tu nombre eternizando.
De Epidauro la ciencia enriqueciendo,
la corta vida alargarás del hombre.
Al nuevo mundo dale nuevos bienes. 35
Parte; no importa el llanto de las bellas:
cuesta alejarse de unos ojos brujos,
de una sonrisa que nos quema el pecho,
mas da fama o clarim alto ressoa
ñas almas, quaes a tua, virtuosas 40
o patriotismo abafa as paixoes todas.
De Gameiro, de Paulo d’Oliveira,
e aos d’esses poucos mais fidos amigos.
Juntem-se exforgos nossos; e da patria
vamos bem merecer, morrer por ella. 45
París, 1806
(Domingo Borges de Barros "Um Baiano”, Poesías
oferecidas ás Semboras Brasileiras, I, París, 1825).
pero el clarín de la fama resuena
en las almas virtuosas cual la tuya. 40
El amor a la patria otros sofoca.
De Gameiro, de Paulo de Oliveira,
de esos pocos pero fieles amigos,
los esfuerzos se unan a los nuestros;
merezcamos la muerte por la patria. 45
París, 1806
(Domingo Borges de Barros "Um Baiano”, Poesías
oferecidas <ts Semhoras Brasileñas, I, París, 1825).
José Da Natividade Saldanha
( 1795-1830)
S in e s t a r a un nivel mayor que los anteriores,
Saldanha ofrece algunos ras gos que lo individualizan. Era mulato y nació en
Santo Amaro de Jaboatao (Pernambuco) en 1795. Estudió en Portugal (1819-1823) y
ya en sus pri meras composiciones poéticas un tema predominante lo constituye
el re cuerdo y el elogio de su región natal, Pernambuco.
Una buena parte de su obra está dedicada al tema
patriótico. Particular mente, composiciones donde se exaltan hechos de armas
revolucionarios. Tal cosa vemos en su soneto a los insurgentes de 1817 y en sus
odas a Vi dal de Negreiro, a Cantar ao, a Henrique Días y a Francisco Rebelo.
En resumen, creo que los tres o cuatro aspectos más
característicos de su obra poética son los determinados por los temas que
trató: ecos de su origen racial, prédica revolucionaria y canto (nostalgia) de
su región natal. Un cuarto tema que podemos agregar se vincula a la veta
amorosa. Sin embargo, conviene advertir de inmediato que Saldanha canta estos
motivos en odas y sonetos y con el apoyo inconfundible de una retórica
neocla-sicista.
Por último, creo que vale la pena recordar aquí el
dato vinculado a su muerte, ya que ésta ocurrió en tierra hispanoamericana.
Concretamente, mu rió en Bogotá, donde vivía exiliado, a mediados de 1830.
BIBLIOGRAFIA
TEXTOS:
José da N a tiv id a d e S a ld a n h a , Poesías oferecidas aos amantes do Brasil,
(Coimbra,
1822).
José da N a tiv id a d e S a ld a n h a , Poesías
(editadas por José Augusto Fe rreira da Costa, Lisboa, 1875).
S ilv io R om ero, História da literatura
brasileira ( V ed., Río de Janeiro, 1888; ver 3“ ed., Río de Janeiro, 1943, II,
págs. 167 -171).
H a ro ld o P a ra n h o s , História do romantismo
no Brasil, I, (San Pablo, 1937, págs. 341-348).
Jo sé A u g u s to F e r r e i r a da C o sta,
prólogo a su edición de J . da Nativi-dade Saldanha, Poesias (Lisboa, 1875).
A rg e u G u im a rá e s, Vida e morte de
Natividade Salhanha (Río de Janeiro, 1932).
b r a z i l e i r o s / . . . de novo afino a lyra,
e o numen de Patara,
que os lisongeiros vates nao inspira,
a minha mente inflama.
tecei-me nova coróa, 5
filhas do céu, razáo, ingenuidade;
pois agora acordando
a lyra brazileira os sons argivos,
vou estampar o nome
de Rebello immortal na eternidade. 10
Já da apollinea chama
acceso turbilhao me desee ao peito!
Como um tropel de idéas magestosas
a mente me confunde!
eu vejo, eu nao me engano, o Delio Numen, 15
que aos ouvidos me entóa altivos hymnos:
ó Pindaro!
esmorece!
Tu já tens um rival no amor da patria,
no canto, que aos heroes dá nome e vida.
Longe de mim o vulgo boquiaberta, 20
que nao pode escutar os sons cadentes,
que o vate desencerra;
longe de mim a turma aborrecida,
que á lyrica nao sóbe, e que derrama
versos sem alma, e só no nome versos; 25
longe, socios de Mevio, e nao de Elpino,
nao de Filinto, Coridon e Alfeno:
meige pompa ululante
nao segue os vóos da ave do tonante.
Vem, Aonio, a meu lado ourir meus hymnos; 30
vem a prestar-me a lyra,
que hoje tem de troar com sons divinos,
quaes Diniz, que nos guia,
outr’ora modulára;
vem comigo cantar, deixa de parte 35
a arrufadla Ulina.
Se devemos á patria a nossa vida,
¡b ra s ile ñ o s ! . . . vuelvo a templar la lira,
y el numen de Patara,
aunque no inspira al vate lisonjero
mi pensamiento inflama.
Tejedme nuevos lauros, 5
hijas del cielo, ingenuidad, razón;
pues ahora, acordando
la brasileña lira a sones griegos,
voy a estampar el nombre
del inmortal Rebello eternamente. 10
Ya de apolínea llama
baja a mi pecho ardiente torbellino!
Como un tropel de ideas majestuosas
la mente me confunde!
Sin engañarme veo el numen delio *5
que el oído me entona altivos himnos:
apénate, Píndaro!
ya rival tienes en el amor patrio
y en el canto que eternidad da al héroe.
Lejos de mí el vulgo boquiabierto, 20
que no puede escuchar el son cadente
que el vate manifiesta;
lejos de mí la turba aborrecida,
que no exalta la lírica y derrama
versos sin alma, que lo son de nombre; 25
lejos, socios de Mevio y no de Elpino,
no de Filinto Coridón y Alfeno:
tierna pompa ululante
del ave de Zeus no ha de seguir el vuelo.
Ven, Aonio, a mi lado a oír mis himnos; 30
ven, préstame la lira,
que hoy he de trovar divinamente,
cual Diniz, que nos guía,
antaño modulara;
ven a cantar conmigo, deja a un lado 35
la enfurruñada Ulina.
Si a la patria debemos nuestra vida,
Démos-lhe a nossa fama.
Dèmos vida aos heroes, que á patria a deram.
Ó vós, sombras divinas,
manes de Henrique, manes de Negreiros, as campas
sacudi, erguei a frente,
para escutar o cisne,
que roubou vosso nome ás maos no Lethes.
Exultai! novo heroe vai hombrear-vos
sobre as azas da fama. Teve parte comvosco nos
perigos,
vai ter comvosco seu quinháo na glòria.
Qual de Roma o guerreiro, que inda joven, emulando
de Marte a valentia,
Venceu Numancia fera,
Carthago derrotou, deu leis ao mundo,
foi doce á patria, horrivel ao imigo;
qual Condé, cujo nome portentoso
faz de Alcides lembrar os nobres feitos, e que,
quando voava ao marcio campo,
levava no seu brago
o augurio nao falivel da victoria.
Rebello assim desfeito em chamma, em ira, a toda a
parte voa,
e onde assoma valor, audacia inspira.
Treme de ouvir-lhe o brado
o belga esmorecido.
Tu, Santo Amaro, o viste, quando inerme, provocando
o inimigo,
co’a espada trovejou raios de mortes, e, Hercules
imitando,
rouba a vida a um Antheu co’os rijos bragos.
Foge o belga medroso,
foge á vista do heroe; porém aonde póde escapar ao
raio? O heroe o segue,
assoberbando tudo.
Nada lhe embarga os passos, nada o prende; chameja,
espuma, brama, e os campos tala,
Desmorona os redutos:
e de sangue, e de gloria, e pó coberto, entre
impios ossos caros ossos piza.
démosle nuestra fama,
y vida al héroe que se dio a la patria.
Oh, las sombras
divinas, 40
manes de Henrique, manes de Negreiros,
las tumbas sacudid, erguid la frente
para escuchar al cisne
que vuestro nombre arrebató al olvido.
¡Exultad! Un nuevo héroe os honra 45
en alas de la fama.
Compartió con vosotros los peligros
y con vosotros partirá la gloria.
Como el guerrero de Roma que aún joven
emulando la intrepidez de Marte, 50
venció a Numancia fiera,
a Cartago abatió, leyes dio al mundo
dulce a la patria, fiero al enemigo;
como Condé, cuyo famoso nombre
resucitó las
hazañas de Alcides, 55
y que, cuando volaba al campo marcio
en su brazo
llevaba
augurio no falible de victoria.
Rebello así deshecho en llama, en ira,
a todos lados vuela, 60
donde muestra valor, audacia inspira.
El grito oírle teme
el belga estremecido.
Lo viste, San Amaro, cuando inerme
hostigando el peligro, 65
con la espada atronó rayos de muerte
y a Hércules semejante,
roba vida a un Anteo con sus brazos.
Huye el belga medroso,
al ver al héroe huye; ¿a dónde, empero 70
puede escapar del rayo? Lo sigue el héroe
humillándolo todo.
Nada sus pasos traba o lo detiene.
Llamea, espuma, brama, el campo tala,
desmorona reductos; 75
de sangre y polvo y gloria recubierto,
entre impíos huesos caros huesos pisa.
Mazurépe! já voa em teu socorro, dos olhos
scintillando fogo ardente,
sedento do inimigo,
o heroe, a cuja fama é pouco o mundo.
J á ! . . . Que horror! entre fogo, entre alarido,
chove o bronze mortífera granada; cruzam lanças, a hoste se derrama. . .
Exulta, ó Mazurépe! O belga cede, antes o brazilio
raio
tudo é pó, tudo é cinza, tudo é nada.
Novo campo de gloria se offerece ao brazileiro
tigre:
Sigismundo a vingar-se lhe apparece.
Ó belga
desgraçado! Porto Calvo famoso
por très vezes te viu deixar-lhe o campo, quando
Rebello forte,
á dextra o raio, o terrorismo á frente, impávido
assomando,
tudo era pouco a saciar-lhe a furia.
Assim o antigo persa,
no esquadráo numeroso confiando, aos da Grecia
guerreiros se apresenta;
assim Flaminio bravo
á gloria de
Carthago, ao fero Annibal, tal em Nemea os bravos sicilianos
a Pericles se offerecem;
assim ñas margens ferteis do Garona a aguia soberba
foi lançada em terra.
Taparica infeliz em ti devia com a morte coroar
tantas victorias.
Peloiro penetrante,
rompendo o peito forte, foi beber-lhe as fumantes
entranhas inda quentes,
e envolvido em troféus do seu triumpho. Na campiña
mavorcia teve a morte. Porém quando se chega ao céu da gloria
a existencia é pezada:
Assim Turene sobre o campo expira.
Ó pátria minha e delle! enxuga o pranto:
Morreu; más libertou-te,
e de novo revive no meu canto.
¡Mazurepé! Ya voy en tu socorro, centelleando sus
ojos fuego ardiente,
sediento de enemigos,
el héroe, cuya fama cubre el mundo.
¡Ya! ¡Horror! Entre fuegos y alaridos llueve el
bronce mortífera granada; cruzan lanzas, la hueste se derrama...
Exulta, oh Mazurépe! El belga cede, de Brasil bajo
el rayo
todo es polvo, ceniza, todo es nada.
Nuevo campo de gloria ya se ofrece al brasileño
tigre:
Segismundo a vengarse le aparece, oh belga
desdichado!
Porto Calvo el famoso
por tres veces te vio dejarle el campo cuando el
fuerte Rebello,
rayo en la diestra, terror en la frente, impávido
asomando,
nada bastó para calmar su furia.
Así el antiguo persa, confiando en el ejército
abundante a los guerreros griegos se presenta.
Así el bravo Flaminio,
la gloria de Cartago, el fiero Aníbal, tal en Nemea
los bravos sicilianos
a Pericles se ofrecen.
Así en la orilla fértil del Garona
el águila soberbia cayó en tierra.
Taparica infeliz en ti tenía
que coronar con muerte tanto triunfo.
La bala penetrante
rompiendo el pecho fuerte fue a beberle las
humeantes entrañas aún calientes,
y envuelto en los trofeos de su triunfo en el campo
de Marte halló la muerte. Cuando se llega al cielo de la gloria
la existencia ya pesa.
Así Turena sobre el campo expira.
Oh patria mía y suya! seca el llanto:
murió pero te ha dado
la libertad y vive hoy en mi canto.
Inda hoje a sombra sua
te cérca a todo o instante,
e co’os olhos em ti, assim te brada:
— “exulta, ó Pernambuco!
Dei a vida por ti— foi doce a morte!
Nâo te falta o meu braço,
tu genios inda tens, que me assimilham” .
ó jovens
brazileiros.
Descendentes de heroes, heroes vos mesmos, pois a
raça de heroes nâo degenera,
eis o vosso modelo;
o valor paternal em vós reviva;
a patria, que habitaes, comprou seu sangue, que em
vossas veas pulsa; imitai-os, porque elles do sepulchro
vos chamem com prazer seus caros filhos.
Assim em Roma o brio dos Horacios nos recemnados
filhos vegetava;
assim o egregio sangue
em Termopilas dura derramado
antolhava em seus filhos vingadores:
tomai delles o brio, a força, a manha;
séde sempre fiéis á patria cara;
vós sereis brazileiros;
sereis pernambucanos verdadeiros.
SONETOS
I
“ f i l h o s da pàtria, jovens brasileiros, que as
bandeiras seguir do màrcio nume, lembrem-vos Guararapes a esse cume, onde
brilharam Dias e Negreiros.
Lembrem-vos esses golpes tao certeiros que às mais
cultas nagóes deram ciúme; seu exemplo segui, segui seu lume, filhos da patria,
jovens brasileiros.
Aún hoy la sombra suya
te cerca en todo instante,
y los ojos en ti, así te clama:
— exulta, oh Pernambuco!
Di la vida por ti—
¡qué dulce muerte!
No te falta mi brazo,
aún tienes héroes que se me parecen.
Jóvenes brasileños,
descendientes de héroes, también héroes,
pues la raza de héroes no declina,
he aquí vuestro modelo;
el paterno valor en vos renazca;
la patria que habitáis compró su sangre que en
vuestras venas late;
imitadlos, y así desde sus tumbas os llamen con
placer sus caros hijos.
En Roma el brío, así, de los Horacios en resignados
hijos vegetaba;
así la egregia sangre
en las duras Termopilas vertida asomaba en sus
hijos vengadores: tomad de ellos el brío, fuerza y maña; sed siempre fieles a
la patria cara;
y seréis brasileños,
seréis pernambucanos verdaderos.
SONETOS
1
jo v e n e s hijos de la patria nuestra que vais
tras las banderas marciales recordad Guararapes y esa cumbre donde brillaron
Dias e Negreiros.
Recordad esos golpes tan certeros
que aún a naciones cultas dieron celos seguid su
ejemplo y seguid su luz jóvenes hijos de la patria nuestra.
Esses, que alvejam campos, niveos ossos
dando a vida por vos constante e forte, 10
inda se prezam de chamar-se nossos.
Ao fiel cidadáo prospera a sorte:
sejam iguais aos seus os feitos vossos,
imitai vossos pais até na morte”.
II
“N OITE, noite sombría, cujo manto rouba aos olhos
mortais a luz febéia, e em cuja escuridao medonha e feia mágoa inspira do mocho
o triste canto;
Tu avéssa ao prazer, sócia do pranto, 5
que rompe do mortal a frágil teia,
consola um infeliz, que amor anseia,
e a quem mágoa é prazer, pesar encanto.
Vem, compassiva noite, e com ternura
recolhe os ais de urna alma que suspira, 10
oprimida de angustia e desventura.
Recebe os ais de um triste, que delira; de um
triste, que embrenhado na espessura suspirando saudoso, arqueja, expira..
( José da Natividade Saldanha, Poesías, ed. de José
Augusto Ferreira da Costa. Lisboa, 1875).
Esos, que albean campos, niveos huesos dando por
vos la vida, fiel y fuerte
aun de llamarse nuestros se glorían.
Ya mejor suerte el ciudadano tiene; sean como las
de ellos vuestras gestas. Seguid hasta la muerte a vuestros padres.
II
“N O C H E , noche sombría, cuyo manto roba la luz
del sol a ojos mortales
y en cuya oscuridad funesta y fea tristeza da del
buho el triste canto:
Tú contraria al placer, socia del llanto que rompe
del mortal la frágil tela, consuela a un infeliz que amor ansia, tristeza le es
placer, pesar encanto.
Ven, compasiva noche y con ternura recoge el ay de
un alma que suspira oprimida de angustia y de ventura.
Recibe el ay de un triste que delira:
de un triste que emboscado en la espesura suspira
con nostalgia y luego muere.. . ”.
( José da Natividade Saldanha, Poesías, ed. de José
Augusto Ferreira da Costa. Lisboa, 1875).
CRONOLOGIA
1799 Morelos,
nombrado cura de Curácuaro (III). Conspiración mexicana “de los machetes”,
encabezada por don Pedro de la Portilla, puesto en prisión. Gabriel de Aviles,
virrey de Río de la Plata. Llega a Caracas el brigadier Manuel de Guevara y
Vasconcelos, nuevo gobernador y capitán general (— 1807) de Venezuela.
Desembarcan en Cumaná el sabio alemán Alejan dro de Humboldt y el naturalista
francés Aimé Bonpland, que comienzan su exploración científica en América del
Sur.
Miranda hace imprimir en Londres la Carta a los
Españoles Americanos del jesuíta peruano Juan Pablo Vizcardo y Guzmán. Simón
Bolívar se embarca en La Guaira, a bordo del navio “San Ildefonso”, con destino
a España. Fundación de la Escuela Náutica de Buenos Aires. Azara: Dictamen
sobre la colonización del Chaco e Informe sobre los pueblos de las Misiones.
Abad y Queipo: Representación sobre la inmunidad per sonal del clero.
1800 En
enero, acompañado por un grupo de personas entre las cuales se encontraba
Andrés Bello (1781-1865), Alejandro de Humboldt hace la primera ascensión a la
Silla de Caracas, en el cerro del Avila. Calcula la población de la Provincia
en 780.000 personas. Después de explorar el Orinoco, a fines de noviembre,
Humboldt abandona Venezuela. Félix Berenguer de Marquina, nuevo virrey de
México. La Inquisición inicia juicio contra Hidalgo. Azara puebla la frontera
norte de la Banda Oriental y funda Batoví. Nace en Puerto Cabello (Venezuela)
Juan José Flores, general y futuro presidente de la república del Ecuador.
Andrés Bello empieza a escribir sus primeros
poemas. Aparece el periódico El Regañón de La Habana (— 1802) fundado por
Buenaventura P. Ferrer. Nace José de la Luz y Caballero (— 1862).
1801 El
capitán general de Venezuela, don Manuel de Guevara y Vasconcelos restablece el
libre comercio con países neutrales, autorizado en 1797 y abolido en 1800.
Rebelión del indio Mariano en México. Lusoamericanos conquistan Río Grande do
Sul y el territorio de las Siete Misiones. Gabriel de Avilés, nombrado nuevo
virrey del Perú y reemplazado en el virreinato de Río de la Plata por Joaquín
del Pino.
Caldas y Humboldt exploran juntos los alrededores
de Quito. Fray Servando Teresa de Mier (1763-1827), en Francia. Juan Navarro
O.F.M.: Historia natural o jardín americano. Aparece en Buenos Aires El
Telégrafo Mer cantil. .. (— 1802), primer periódico argentino. Nace José
Joaquín Pesado (— 1861). Nace en Caracas Antonio Leocadio Guzmán (— 1884).
1802 Revolución
en Santo Domingo contra el general Leclerc; Toussaint Lou-verture, prisionero.
El regente de la Real Audiencia de Caracas, don Antonio López de Quintana, se
hace cargo interinamente de la Intenden cia. Francisco Depons estima la
población de la provincia de Venezuela en 728.000 habitantes. Simón Bolívar
(1783-1830) contrae matrimonio en Madrid con María Teresa del Toro y Alayza
(26/V); llegan a La Guaira el 12 de julio.
Andrés del Río descubre el vanadio. Alejandro de
Humboldt llega al Perú. Andrés Bello traduce el Ensayo sobre el entendimiento
humano, de John Locke. Mariano Moreno (1778-1811) presenta su disertación:
Sobre el servicio personal de los indios. José
Garcés y Eguía: Nueva teórica y práctica del beneficio de los metales por
fundición y amal gamación. Seminario de Agricultura, en Buenos Aires (— 1807).
Mueren Villava y Antonio León y Gama. Nace Luis Vargas Tejada (— 1829).
1803
1804
Antonio Amar y Borbón, último virrey de Nueva
Granada. José de Iturrigaray, nuevo virrey de México. Hidalgo, cura en Dolores.
Después de firmar la capitulación con los franceses, Dessalines proclama
indepen dencia de Haití (30/XI). Abolición del monopolio de la sal en Brasil
(30/IX). Revolución de Tebalde en El Cuzco. Creado el Arzobispado de Caracas,
asume el cargo don Francisco de Ibarra. Juan Vicente de Arce toma posesión de
la Intendencia (— 1809). Muere en Caracas (22-1) da esposa de Bolívar, María Teresa
del Toro. Bolívar sale de nuevo hacia Europa (X).
A. de Humboldt llega a Acapulco, permanece en
México hasta el 7/III/1804. Colocación de la estatua ecuestre de Carlos IV en
la plaza mayor de la ciudad de México. José Luis Montaña: Anales de ciencias
naturales. Nace en Cuba José María Heredia (— 1839).
Real cédula de consolidación de vales dirigida a
las colonias hispanoameri canas. Rafael Sobremonte nuevo virrey de Rí6 de la
Plata. Declaración oficial de independencia de Haití (1-1); Juan Jacobo
Dessalines se proclama emperador con el nombre de Jacques I (8/X). Bolívar
encuentra en París a Humboldt, a quien confía su propósito de realizar la
emanci pación hispanoamericana.
Llega a México la expedición para la propagación de
la vacuna dirigida por Francisco Javier de Balmis. Muere Pablo de Olavide.
Nacen Mercedes Marín de Solar (— 1866) y Domingo del Monte (— 1853).
El virrey Iturrigaray ordena poner en estado de
defensa todo el territorio con motivo de la guerra entre España e Inglaterra.
Conspiración del
Cuzco. Aprobada creación de una escuela primaria
para los pardos de Caracas, bajo el patronato del Ayuntamiento. Bolívar viaja
por Italia; el 15 de agosto, en presencia de Simón Rodríguez y Fernando Toro,
jura en el Monte Sacro de Roma no dar reposo a su alma ni descanso a su brazo
hasta que no haya logrado libertar al mundo hispanoameiic*ano del dominio
español.
Aimé Bonpland: Plantes equinoxiales. Diario de
México (— 1817) fundado por J. Villaurrutia y C. M. de Bustamante. Minerva
Peruana (1810). Caldas es nombrado por Mutis Director del Observatorio
Astronómico de Santa Fe de Bogotá. José Joaquín de Olmedo (1780-1847), doctor
en Leyes. Nacen Esteban Echeverría (— 1851) y Manuel A. Seguro (— 1 8 7 1 )
Muere Manuel Justo de Rubalcava.
1806 Francisco
de Miranda, el precursor de la Independencia, organiza una expedición para
libertar a Venezuela. Dos intentos sucesivos, en marzo y agosto de ese año,
terminan en fracaso: Miranda se reembarca rumbo a las Antillas. José Fernando
de Abascal, nuevo virrey del Perú. Primera invasión inglesa al Río de la Plata:
sitio de Buenos Aires. Reconquista de la ciudad por Liniers. Asesinato de J. J.
Dessalines en Haití (17/X). Nacen Benito Juárez y Felipe Pardo y Aliaga.
Domingo de Caldas Barbosa: Viola de Lereno, Lisboa,
segunda edición, (la . ed., Lisboa, 1798). El Redactor Americano, dirigido por
Manuel d:l Socorro Rodríguez, Bogotá (— 1809).
1807 La
Corte portuguesa se traslada al Brasil. Segunda invasión inglesa a Río de la
Plata, al mando del general Whitelock. Santiago de Liniers, virrey de Río de la
Plata en sustitución de R. Sobremonte. Por muerte del gobernador y capitán
general de Venezuela, don Manuel de Guevara y Vasconcelos, asume el mando
interinamente el Teniente del Rey don Juan de Casas. Don Narciso Coll y Prat,
electo obispo de Caracas. Bolívar regresa a Venezuela. Andrés Bello es nombrado
Comisario de Guerra. Nacen Fermín Toro e Hilario Ascasubi.
Establecimiento de la imprenta en
Montevideo.
1808 Juan
V desembarca en Bahía, decreto del príncipe regente Don Juan declara abiertos
los puertos brasileños a las naciones amigas; inicio de relaciones diplomáticas
entre la Santa Sede y el monarca portugués refugiado en Brasil. Propuesta del
Ayuntamiento de ciudad de México, apoyado por el virrey Iturrigaray, para tomar
una Junta local de gobierno, destitución y prisión del virrey Iturrigaray y
toma el gobierno Don Pedro Garibay (16/IX). Arango participa, y es electo
como vocal, en el fracasado intento del marqués de
Someruelos y otros para erigir en Cuba una Junta Superior de Gobierno, similar
a las de España. Belgrano participa en las gestiones para coronar a la Infanta
Carlota en Río de la Plata. Recuperación de la parte española de Santo Domingo
(7/XI). Una delegación del gobierno de José Bona-parte arriba a La Guaira
(Venezuela) en busca de apoyo y reconocimiento. Manifestantes protestan contra
ellos y vitorean a Fernando VII. Organi zada en Caracas Junta para preservar
los derechos usurpados a Fernando VII por Napoleón. Andrés Bello, secretario
político de la Junta de Vacuna (22/III-9/IV).
Procedente de la isla de Trinidad llega a Caracas
la primera imprenta, con sus dueños e impresores Mateo Gallagher y Diego Lamb.
Miranda la había utilizado para imprimir sus proclamas durante la invasión de
1806. Comienza a circular La Gaceta de Caracas (24/X) (— 1821), cuyo redactor
es A. Bello. José Manuel Martínez de Navarrete funda la sociedad literaria La
Arcadia en México. Reinstalación de la imprenta en Brasil; creación del Banco
del Brasil; fundación de la Academia de Marina de Río de Janeiro; aparece la
Gazeta do Rio de Janeiro. Instala ción de la imprenta en San Juan de Puerto
Rico. Aparece el Semanario del Nuevo Reino de Granada, dirigido por Francisco
José de Caldas (— 1811). Hypolito José de Costa: Correio Brasiliense (en
Londres). Juan Wenceslao de la Barquera inicia la publicación del Semanario
económico de noticias curiosas y eruditas. Fray Melchor de Talamantes:
Representa ción nacional de las colonias, discurso filosófico. F. J. de
Caldas: “Estado de la geografía del virreinato de Santa Fe de Bogotá, con
relación a la economía y al comercio”, Semanario del Nuevo Reino de Granada (l/
II).
1809 Toma
posesión como gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela don
Vicente de Emparan (19/V). La Junta de Caracas reco noce la soberanía de la
Junta Central Gubernativa del Reino que se había instalado en España el año
anterior (12/1). Es nombrado como intendente don Vicente Basadre, el último en
ocupar dicho cargo antes de la revolución. La Audiencia de Caracas informa a
las autoridades peninsulares sobre conspiración de criollos para tomar el poder
(20/VI). Grupo de notables caraqueños encarcelados después de presentar
petición al gobernador de crear Junta gubernativa de la Provincia,
independiente de la de Sevilla (24/XI). Intento fallido de líderes criollos de
Caracas para destituir al capitán general Emparan (14/XII). Orden Real declara
las posesiones de América “parte esencial e integrante” de la monarquía
española. Tratado de Juan VI de Brasil con Inglaterra; con apoyo de esta
última, los portugueses ocupan la Guayana francesa. Levantamiento en Quito.
Libertad de comercio entre Jamaica y Panamá. Baltazar Hidalgo de Cisneros,
nuevo virrey del Río de la Plata. Sublevación de Alzaga
contra Liniers en Buenos Aires, dominada por el
batallón de patricios al mando de Saavedra. Conspiración de Mariano Michelena,
Mariano Quevedo y José María García Obeso, contra el gobierno virreinal de
México; se suspende la aplicación de la cédula de consolidación de vales reales
por orden de la Regencia; Francisco Javier de Lizana y Beaumont, arzobispo de
México, nuevo virrey en sustitución de Pedro Garibay.
Andrés Bello redacta su trabajo Análisis ideológica
de los tiempos• de la conjugación castellana, publicado sólo en 1841 en
Valparaíso. Mariano Moreno: Representación de los hacendados y labradores
(solicitud de
libertad de comercio). Correo semanario político y
mercantil de México (— 1811). Fundación del Teatro Real de Río de Janeiro. Nace
Fernando Calderón. Mueren José Manuel Martínez de Navarrete O.F.M., Martín de
Sessé y Lacasta y Fray Melchor de Talamantes.
1810 Una
Junta Suprema de Gobierno asume el poder en Caracas (19/IV). Bolívar, Luis
López Méndez y Andrés Bello son nombrados Comisionados ante el gobierno
británico. Miranda y Bolívar regresan a Caracas en el mes de diciembre. La
Junta Suprema prohíbe el tráfico de esclavos; crea la Sociedad Patriótica de
Agricultura y Economía. Descubierta cons piración para derrocar la Junta y
reemplazarla por otra integrada por partidarios de Fernando VII (1/X). En
México, destitución del arzobispo virrey Francisco Xavier Lizana y Beaumont
(S/V); Francisco Xavier Venegas inicia su gobierno (14/IX); insurrección de Don
Miguel Hidalgo y Costilla en Dolores (16/IX); Bando de Hidalgo aboliendo la
esclavitud (19/X); entrevista de Morelos e Hidalgo en Indaparapeo (20/X); victoria
de los insurgentes en el Monte de las Cruces (30/X) y en Zacoalco; toma de
Tecpan por Morelos. Creación de la Junta Provisional Gubernativa en Argentina
(22/V); proclamación de la inde pendencia en Buenos Aires (25/V); Campaña
libertadora de Belgrano al Alto Perú y al Paraguay. Tratado de amistad y
comercio de Brasil con Inglaterra. Motín militar realista en Santiago de Chile;
creación de la Junta de Gobierno (16/IX), que aprueba la convocatoria a
elecciones de diputados para un Congreso. Formación de la Junta Revolucionaria
en Cartagena de Indias (22/V). El virrey Amar y Borbón preso en Bogotá
(20/VII). Comienza el período de “La Patria Boba” en Nueva Granada.
José J. Fernández de Lizardi: Letrillas satíricas.
Francisco J. de Caldas presenta al virrey Amar y Borbón la primera de sus nueve
Memorias científicas; participa en los sucesos que promovieron la Independencia
y en la
fundación del Diario Político de Santa Fe de Bogotá, primer periódico de la
nueva república. Abad y Queipo, obispo electo de
Michoacán, nombrado por la Regencia, no confirmado
por el Papa, denuncia el levantamiento de Hidalgo y lo excomulga. Belgrano,
vocal de la primera Junta de Gobierno criolla en Río de la Plata. Olmedo
comienza su carrera pública. Llega José María Bassoco, primer director de la
Academia Mexicana de la Lengua. Biblioteca Pública de Buenos Aires, fundada por
Mariano Moreno. Creación de la Biblioteca Nacional de Brasil. Establecimiento
de la imprenta en Guayaquil. Creada la Universidad de Mérida en Venezuela. Aparece
el Semanario de Caracas (4/XI) fundado por Miguel José Sanz y José Domingo
Díaz. Otros periódicos: Argos Americano (— 1812) en Cartagena de Indias; El
Censor Americano, en Londres, del guatemalteco A. J. de Irisarri; Gaceta de
Buenos Aires (— 1821); El Despertador Americano (— 1811) en Guadala jara.
Reaparece la Gaceta de Lima (— 1821).
1811 Instalación
del primer Congreso venezolano en Caracas (2/III): 30 diputados. Declaración de
la Independencia (5/VII). Izada por primera vez la bandera nacional venezolana
ideada por Miranda para la publi cación del Acta de Independencia (14/VII).
Promulgada la Constitución Federal (XII). Instrucciones de Morelos a los
comisionados insurgentes de entregar las tierras a los pueblos mexicanos.
Fusilamiento de Hidalgo en Chihuahua (30/VII). López Rayón establece la Suprema
Junta Nacional Americana en Zitácuaro. Morelos inicia su segunda campaña y
triunfa en Chiautla y se reúne con Matamoros en Izúcar. Sale de Manila el
último galeón hacia Acapulco. Grito de Asencio en Argentina; el general Elío
declara la guerra desde Montevideo a la Junta Patriótica; sitio de Montevideo;
los portugueses invaden la Banda Oriental en apoyo a Elío, levantamiento del
sitio; Vigodet reemplaza a Elío; fracaso de Belgrano en Paraguay. Primer
congreso nacional en Chile, Carrera dictador. Levan tamiento popular en León,
Nicaragua. Proclamación de la independencia de Paraguay (14/V). Insurrección de
José Matías Delgado en El Salvador (5/XI). Acción de Las Piedras en Uruguay
(18/V). República Cisplatina en Brasil. Aprobada por el Congreso de
Cundinamarca (30/111) la Constitución Federal propuesta por Camilo Torres:
Antonio Nariño en la oposición. Dimisión del presidente del Estado de
Cundinamarca Jorge Tadeo Lozano, electo en abril, y del vicepresidente; Nariño
es proclamado presidente y asume el poder (19/IX).
Fundación del jardín botánico de Río de Janeiro.
Periódicos: el Congreso venezolano crea El Publicista Venezolano, órgano
oficial de la revolución. Deja de circular el Semanario de Caracas, después de
treinta números publicados (21/VII). Aparecen El Mercurio Venezolano y El
Patriota Venezolano, en Caracas. El Telégrafo Americano (realista) en México.
La Gaceta Ministerial de Cundinamarca y La Bagatela, (A. Nariño), en Santa Fe
de Bogotá. El Cometa y El Peruano, en Lima. M. García
de Sena: La independencia de Costa Firme justificada por Tbomas Paine
treinta años
ha (Filadelfia). William
Burke: Derechos de la América del
Sur y México. B. Hidalgo: Himno Oriental. Salas:
Diálogo de las parteras.
1812 Sancionada
la Constitución de Venezuela (31/1). Valencia, declarada capital federal. Un
terremoto (26/111) casi destruye a Caracas, La Guaira, San Felipe,
Barquisiraeto, Mérida y otras ciudades. Los realistas lo atribuyen a castigo
del cielo. El jefe español Monteverde inicia una marcha victoriosa hacia
Caracas. Miranda es nombrado Dictador, pero al poco tiempo, agobiado por la
crítica situación reinante, capitula ante el jefe realista Domingo de
Monteverde. Concluye así la Primera República (25/VII). Bolívar reduce a
prisión personalmente al general Miranda, en La Guaira (30/VII), que es tomada
por los realistas, obligando a Bolívar a huir hacia Curazao (IX), de donde
embarca hacia Cartagena. Monteverde es nombrado capitán general (30/IX) y
gobernador (2/X). En México, Morelos inicia su tercera campaña; ocupa Tehuacán.
Jura de la Constitución de Cádiz. Toma de Orizaba por Morelos; Carlos María de
Bustamante se une al movimiento de independencia. Retiro de los portugueses de
la Banda Oriental por mediación inglesa; Belgrano vencedor de Las Piedras y en
Tucumán (24/IX); reinicio del sitio de Montevideo; San Martín llega a Buenos
Aires (9/III). Primera Constitución Política de Chile. Rebelión negra en Cuba.
Bolívar, en Cartagena, lanza su Manifiesto, primer gran documento político
expuesto por él (15/XII) e inicia la campaña libertadora: Barranca, Mompox,
Banco. Se instala el Congreso Nacional de Nueva Granada (4/X); Camilo Torres,
nombrado presidente provisional.
La Aurora de Chile, periódico editado por Camilo
Henríquez. José María Cos: El Ilustrador Nacional, periódico insurgente; José
Joaquín Fernández de Lizardi: El Pensador Mexicano, periódico (— 1814). Nacen
M. Lerdo de Tejada y Cirilo Villaverde.
1813 Bolívar
realiza la “Campaña Admirable” (marzo-agosto) y restablece la Segunda República
(V III). Decreto de Guerra a Muerte contra españoles y canarios (15/VI). Antes,
aclamado como Libertador, en Mérida (23/V). Empieza el sitio de Puerto Cabello
(27/VIII). Combate de Bárbula. Muerte de Girardot. Decreto de honores a su
muerte (30/IX). Se inicia la resistencia realista en los Llanos, organizada por
Boves. Calleja, nuevo virrey de México. Morelos inicia ataque a Acapulco;
inicia su cuarta campaña derrotado en Valladolid. Supresión de la Inqui
sición. El Congreso de Chilpancingo inicia sus sesiones que declaran la
independencia el 6/XI: Acta de Independencia de la América Septen trional. En
Chile, desembarco en el sur de una expedición realista prove
niente del Perú. Lucha con los patriotas, dirigidos
por O’Higgins. Enfren tamientos entre Carrera y O’Higgins. Una Junta reemplaza
a Carrera. Egaña senador y, transitoriamente, en la Junta de Gobierno. Asamblea
Nacional Constituyente en Argentina; triunfo de San Martín en San Lorenzo y de
Belgrano en Salta. Declaración de Independencia de Paraguay (12/X).
A .J. de Irisarri: Reflexiones sobre la política de los gobiernos de América
y El Semanario
Republicano en Chile.
F. J. de Ustáriz: Proyecto de un
gobierno provisorio para Venezuela. J. Egaña: Los
derechos del pueblo. El Argos Constitucional en el Perú; El Correo Americano
del Sur en México. O Patriota (— 1814) revista fundada en Río de Janeiro por
Manuel Ferreira de Araújo Guimaraes.
1814 Batalla
de La Victoria, en Venezuela, (12/11) donde Boves es derrotado por José Félix
Ribas. Batalla de San Mateo (25/111). Una asamblea popular concede a Bolívar la
dictadura. Boves inicia su campaña (VI-VII), entra en Caracas y obtiene
sucesivas victorias, hasta su muerte en diciembre, conquistando todo el
territorio a excepción de Margarita. Bolívar, destituido, se embarca a
Cartagena. En Colombia Nariño ocupa Popayán; derrotado cerca de Pasto y
capturado. Bolívar ocupa Santa Fe por orden del Congreso de las Provincias. El
Congreso mexicano destituye a Morelos de su cargo de Generalísimo, éste
destruye las defensas del Fuerte de San Diego y ordena el incendio de Acapulco.
Suspensión de la Constitución de Cádiz en Nueva España y Jura de la Constitución
de Apatzingán. Gaspar Rodríguez de Francia designado Dictador perpetuo del
Paraguay. Artigas abandona el sitio de Montevideo. San Martín asegura la
defensa de la frontera norte. Acciones en Talca y Cancha Rayada, Batalla de
Rancagua, entrada de los españoles a San tiago de Chile; acuerdo
O’Hoggins-Carrera. Levantamiento en el Cuzco. Tratado de París ratificando que
la parte española de Santo Domingo es restituida a España (30/V).
Primer casamiento de Bello, en Londres, con María
Ana Boyland, quien muere en 1821. Humboldt: Viaje a las regiones equinocciales
del Nuevo Mundo (París). El Filósofo Meridano, periódico político mexicano.
Muere Antonio Francisco Lisboa
(“el Aleijadinho”).
181-5 Derrota
de Morelos, es hecho prisionero y fusilado en Ecatepec (22/XII). Disolución del
congreso mexicano. Sale de Acapulco el último galeón de Manila. Artigas vence
al ejército porteño en Guayabos. Centralización del poder en Buenos Aires.
Reglamento sobre tierras enviado por Artigas al Congreso de Oriente. Brasil
elevado a la categoría de reino. Bolívar
toma Bogotá, Santa Marta y Riohacha; va a Jamaica.
La Guayana Holan desa es conquistada por los ingleses. Apertura de los puertos
de las islas de Puerto Rico al comercio legal. Llega a Venezuela la poderosa
expedición militar española comandada por el general Pablo Morillo (3/IV).
Bolívar, en Jamaica, se salva del atentado a puñal del negro Pío (10/XII); se
dirige a Haití, a encontrarse con el capitán Luis Brión (19/XII); llega a
Puerto Príncipe (31/XII). Expedición del “Pacifica dor” Morillo a la Nueva Granada
por orden de Fernando V II; Cartagena es bloqueada por los realistas y vencida
por hambre; época del “terror” .
Bolívar:
Carta de Jamaica. Larrañaga: Viaje de Montevideo
a Paysandú.
J. J. Fernández de Lizardi: Alacena de
frioleras y El cajoncito, periódicos.
El
Noticioso General, periódico mexicano científico
y literario.
1816 Juan
Ruiz de Apodaca, virrey de México; muere el ex virrey Pedro Garibay.
Restablecimiento de los jesuítas en Nueva España. El “pacifica dor” Morillo se
instala en Santa Fe de Bogotá. Fusilados en masa patriotas neogranadinos, entre
los cuales Francisco José de Caldas, Camilo Torres, José María García de
Toledo, Manuel Rodríguez Torices. Sometimiento de Hispanoamérica a excepción
del Río de la Plata. Congreso de Tucumán, Argentina; declaración de
independencia; redacción de la primera constitución; Pueyrredón, director de la
República Argentina. Juan VI. rey del Brasil. Los portugueses en la Banda
Oriental de Uruguay. O’Higgins se incorpora al Ejército de los Andes. Primera y
segunda expedición de los Cayos (Haití) organizadas por Bolívar para libertar a
Venezuela con el apoyo del presidente Petión. Decreto de liberación de
esclavos. En diciembre, nueva campaña. Comienza el ascenso de Páez en los
Llanos. Miranda muere en prisión, en Cádiz (14/VII).
Misión artística francesa invitada al Brasil para
fundar la academia de Bellas Artes; fundación de la Academia de Cirugía en Río
de Janeiro y de la Escuela de Medicina en Bahía. Fundación de la Universidad de
Montevideo. Deán Gregorio Funes: Ensayo de historia civil. A Bon-pland: Visita
de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. Larrañaga:
Oración inaugural. Mariano Beristáin y Souza: Biblioteca hispanoamericana
septentrional. J. J. Fernández de Lizardi: El periquillo sarniento (1-
entrega).
1817 Traslado
del congreso a Buenos Aires; manifiesto al mundo del congreso de Tucumán. San
Martín inicia campaña libertadora de Chile, triunfa en Chacabuco; declaración
de la independencia de Chile; gobierno de O’Hig gins. Abolido el monopolio
estatal del tabaco en Cuba. Triunfo de J . A. Páez en Yagual y Mucuritas,
Venezuela. Campañas de Bolívar en Guayana y de Piar y Mariño en Oriente.
Consejo de Estado en Angos
tura. Fusilamiento de Piar, quien no acataba el
mando de Bolívar Nace Ezequiel Zamora.
Juan Crisóstomo Lafinur se radica en Buenas Aires.
Primera biblioteca pública en Brasil, fundada en Bahía. Academia de San
Alejandro en La Habana. J. C. Varela: La Elvira. J. G. Roscio: Triunfo de la
libertad sobre el despotismo (Filadelfia). José Luis Montaña: Avisos
importantes sobre el Matlazahuatl. El Diario de México deja de publicarse.
Muere José Mariano Baristáin de Souza. Nacen José Eusebio Caro, Julio Arbo
leda y José Victorino Lastarria.
1818 En
Venezuela, Bolívar y Páez inician la Campaña del Centro. Los patrio tas son
derrotados en La Puerta (6/II). Morillo derrotado en la batalla de Calabozo
(12/11). Victorias de los españoles, quienes hacia mediados de año dominan todo
el norte del Orinoco. Se convoca a un Congreso. Crece la resistencia en
Casanare, llanos orientales (Colombia). Santander, enviado por Bolívar,
organiza las fuerzas. Decadencia de la lucha insur gente en México.
Resistencia de Guerrero en las montañas del sur; los realistas toman los
fuertes de los Remedios y de Jaujilla. Pagóla, presi dente de la juñta
subsidiaria nacional, fusilado en Huetamo. San Martín triunfa en la batalla de
Maipú (5/IV). Proclamada la independencia de Chile (18/IX). Gobierno de Boyer
en Haití. Legalizado el libre comercio con extranjeros en Cuba.
Se inicia la publicación del Correo del Orinoco,
vocero de la ideología republicana, fundado por Bolívar y dirigido por F. A.
Zea, integrante del Consejo de Angostura. F. de Elhúyar y Zubide: Indagaciones
sobre la amonedación en Nueva España. B. Hidalgo: Cielito de la acción de
Maipú. Riva Agüero: Manifestación histórica y política de la revolución. Juan
Cruz Varela: Oda a la victoria de Maipú. Nacen José Mármol y Cecilio Acosta.
Muere Manuel del Socorro Rodríguez.
1819 En
México, Apodaca triunfa sobre los insurgentes; Guerrero es derrotado en Agua
Zarca. Sanción de la constitución oligárquica y centralista de Argentina;
sublevación del ejército del norte al mando de Bustos. Bolívar cruza los Andes
y vence a los realistas en el Pantano de Vargas (25/VII' y en Boyacá (7/VIII);
entrada triunfal a Santa Fe y liberación de la Nueva Granada: huye Sámano
(10/VIII). Se reúne el Congreso de Angostura, inaugurado por Bolívar (15/11),
quien es designado presidente. Aprobada la Constitución (V III). Después del
regreso de Bolívar a Venezuela, quien sale de Santa Fe como libertador de la
Nueva Granada (20/IX), el Congreso de Angostura proclama la República de
Colombia (Venezuela, Nueva Granada y la antigua Presidencia de Quito) (17/XII):
Bolívar, presidente; F. A. Zea, vicepresidente; Roscio y Santander, vice-
presidentes de Venezuela y Cundinamarca
respectivamente. Buena parte del territorio de la joven República seguía, sin
embargo, ocupado por los españoles.
Bolívar:
Discurso de Angostura. J. J.
Fernández de Lizardi: La Quijotita
y su prima. Fray Francisco de Sao Carlos: La
asunción de la Santísima Virgen (Río de Janeiro).
1820 Clausura
del Congreso de Angostura. El vicepresidente Zea viaja en misión a Europa (l/
III). Roscio nombrado interinamnete a la vice-presidencia; lo sustituye
Soublette al asumir Roscio dirección de opera ciones militares. Tratados de
Armisticio y Regularización de la Guerra firmados entre Colombia y España en la
ciudad de Trujillo, en los Andes venezolanos (26/XI). Entrevista del general
Morillo y el Libertador en Santa Ana. Acordaron elevar en el sitio un monumento
conmemorativo del acto (27/XI). La junta de Guayaquil dicta su Constitución
(9/X). Derrotas del ejército; Pasto resiste a Bolívar. Abolición del Santo
Oficio en Nueva España. Levantamiento de los ópatas de Sonora. Disolución del
congreso argentino; tratado del Pilar: sistema federativo y libre navegación.
El gobierno de Brasil se constituye en Monarquía Constitucional. Cajigal
proclama la Constitución de Cádiz en Cuba. Revo lución de independencia en la
Dominicana. San Martín se embarca en Valparaíso y llega a Paracas (7/IX).
Artigas exiliado en Paraguay. Muere Belgrano.
O’Higgins: A los habitantes del Perú. San
Martín: Proclama a las Provin
cias Unidas del Río de la Plata. F. A. Zea: Manifiesto a los pueblos de
Colombia. José María Heredia: En el Teocalli de
Cholula (primera versión).
P. Antonio Pereira de Sousa Caldas:
Salmos de David (Tomo
I de sus
Obras poéticas, París). Periódicos: El Conductor
Eléctrico en México, El Fanal de Venezuela y Segunda Aurora (realistas), El
Amigo del Pueblo en Guatemala y El Americano Libre en La Habana.
1821 Sublevación
de Maracaibo, que proclama su independencia y se une a la República de Colombia
(28/1). Reanudación de las hostilidades; Bolívar triunfa en Carabobo (24/VI):
liberación de Caracas y de casi toda Venezuela. El vicepresidente Antonio
Nariño instala el Congreso Cons tituyente de Colombia en la Villa del Rosario
de Cúcuta (6/V); ratificada la formación de la República; sancionada la
Constitución; decretos sobre la gradual extinción de la esclavitud; abolición
del tributo cobrado a los indios; Bolívar presidente, Santander vicepresidente
de la Gran Co lombia. Bolívar inicia gestiones para hacer de América un solo
cuerpo político y envía ministros plenipotenciarios a México, Perú, Chile y
Argentina (3/X): a fines de año marcha hacia el Sur para completar
liberación del territorio. Antonio José de Sucre,
en misión a Guayaquil. Cartagena se rinde a los patriotas, al mando de José
Padilla (1/X). Discusiones sobre el destino de Guayaquil, pretendido por
Colombia y Perú. Campaña de Sucre a Quito y derrota. La Serna reemplaza al
virrey Pezuela en el Perú. Negociaciones con San Martín en Punchauca, fraca
sadas. Segunda campaña a la Sierra y expedición a puertos intermedios. Lima
sitiada; abandonada por los españoles es ocupada por San Martín. Proclamación
de la independencia. San Martín asume el Protectorado. “Plan de Iguala”;
proclamación de la independencia de México; depo sición del virrey Apodaca;
declaración de Independencia de América Central; Guatemala se incorpora al
imperio mexicano. Declaración de la independencia de Panamá e incorporación a
la República de Colombia (28/XI). Juan VI de Portugal regresa a la metrópoli y
deja a su hijo Don Pedro como regente del Brasil. Declaración de la
independencia de Santo Domingo. Uruguay se anexa la provincia Cisplatina. El
sabio francés Bonpland, compañero de Humboldt, es encarcelado en Paraguay;
fusilado Francisco Yegros por orden del dictador Francia. Nace G. García
Moreno. Mueren Juan Germán Roscio y Luis E. Anzuela (13/111), encargados de
instalar el Congreso de Cúcuta. Muere en Curazao el almirante Luis Brión.
Fundación de la Universidad de Buenos Aires,
Fundación de la‘ Academia Lauretana en Arequipa. Biblioteca pública en Lima
fundada por San Martín. Invitado por Bolívar, llega el educador inglés Joseph
Lancaster, cuyo sistema de enseñanza mutua se implantó en Venezuela. Andrés
Quintana Roo: Al 16 de septiembre de 1821. P. Antonio Pereira de Sousa Caldas:
Poesías sacras y profanas (tomo II de sus Obras poéticas, París). L. Alamán:
Ensayo sobre las causas de la decadencia de la minería en la Nueva España. B.
Hidalgo: Diálogos patrióticos. El Telégrafo Cons titucional, periódico de
Santo Domingo. La Avispa de Chilpancingo (C. M. de Bustamante), El Semanario
Político y Literario (José M. Luis Mora) y El Sol (M. Codorniu) en México.
1822 El
Concejo Municipal de Caracas objeta la Constitución de la Villa del Rosario de
Cúcuta, publicada en la ciudad. El general realista Morales ocupa Maracaibo
(7/IX). Incidentes entre Páez y Soublette. Sucre vence a los realistas en
Riobamba y Pichincha; al mando del ejército, ocupa Quito (26/V); independencia
de Ecuador, que pasa a formar parte de la Gran Colombia. Los Estados Unidos de
América reconocen la indepen dencia de Colombia. Invitación a México, Buenos
Aires, Chile y Perú para formar una confederación. Entrevista de Guayaquil
(26/VII) entre Bolívar y San Martín. Haití invade y domina a la República
Dominicana. Tratado del Cuadrilátero: Buenos Aires, Entre Ríos, Santa Fe y
Corrientes. Grito de Ipiranga; proclamación de la Independencia de Brasil; Don
Pedro emperador constitucional de Brasil. La Junta
Provisional de Centro América decide la integración de las provincias al
imperio mexicano: anexión de Guatemala, Honduras y Nicaragua. Desconocimiento
del tratado de Córdoba por el gobierno español. Instalación del Congreso
Constituyente. Proclamación de Iturbide como emperador de México, es coronado
el 21/VII. Pronunciamiento del general Felipe de la Garza en Tamaulipas.
Disolución del Congreso. Iturbide organiza una junta constituyente.
Levantamiento de Santa Anna en Veracruz a favor de la república. Andrés Bello
nombrado Secretario Interino de la Legación de Chile en el Reino Unido (—
1824). Muere en el extranjero, después de desaprobada su misión en Londres, el
neogranadino Francisco Antonio Zea,
Establecimiento de la cátedra de Economía Política
en el colegio de San Ildefonso de México por J. M. Luis Moya. Rivadavia funda
la sociedad de beneficencia en Argentina. Fundación de la Universidad de
Antioquia. Sánchez Carrión: Sobre el gobierno monárquico. Valle: Soñaba el abad
de San Pedro. Bustamante: Diario histórico de México. B. Hidalgo: Relación que
hace el gaucho Ramón Contreras a Jacinto Chano de todo lo que vio en las
Fiestas Mayas de Buenos Aires en 1822. Juan Cruz Varela: Sobre la invención y libertad
de la imprenta. José Fernández Madrid: Atala. José María Heredia: A una
tempestad. Simón Bolívar escribe Mi delirio sobre el Chimborazo (publicado en
1833). José da Natividade Saldanha: Poesías ofrecidas a los amantes del Brasil
(Coimbra).
1823 Victoria
naval de los patriotas al mando del contralmirante José P. Padilla en la
batalla del lago de Maracaibo. El realista Morales capitula y se va a La Habana
(24/VII). El general Páez se apodera de Puerto Cabello (8/XI); queda libre
Venezuela. Decreto (7/VII) de expulsión del territorio venezolano, para
españoles y canarios. La medida es ejecu tada por el vicepresidente Soublette
(11/IX) bajo fuertes críticas. Primer Congreso de la Gran Colombia. Luchas
entre centralistas y federalistas. Insurrección en Pasto contra Bolívar 0 / 1 )
. Bolívar autorizado por el Congreso de la Gran Colombia a- emprender la
campaña del Perú.(2/VIII), entra triunfalmente a Lima (1/XII). Bolívar
intercede por el científico Bonpland, prisionero del dictador Francia en Paraguay.
En México, Iturbide renuncia a la corona y se embarca en el mercante Raulins.
Instalación del Congreso Constituyente. Tratado de amistad y comercio con la
Gran Colombia. Guatemala, Honduras y Nicaragua se separan de México y .forman
las Provincias Unidas de Centroamérica; leyes sobre abolición de la esclavitud
y total emancipación de esclavos inmigrantes de otros países, promulgadas en
Centroamérica (31/XII — 17 y 24/IV/ 1824). Reunión de la Asamblea Constituyente
del Brasil: Constitución liberal (3/V). Nueva Constitución en Chile; se suprime
la esclavitud; O’Higgins renuncia y se dirige al Perú. Riva Agüero en prisión;
sancio nada la Constitución peruana. Santa Cruz proclama en La Paz la inde
pendencia del Alto Perú. Muere Antonio Nariño en
Villa de Leiva (13/XII).
Fundación del
Museo de Historia Natural en
Argentina. Museo de
Ciencias en Bogotá. Juan García del Río: revista Biblioteca Americana,
en Londres, donde se publica de Andrés Bello: Alocución
a la Poesía.
J. C.
Varela: Dido. V. Rocafuerte: El sistema colombiano popular, electivo
y representativo es el que más conviene a la América independiente.
Bustamante: Cuadro
histórico de la Revolución de la América Mexicana.
M. Carpió:
Aforismos y pronósticos.
Fray Servando Teresa de Mier:
Profecía
sobre la Federación Mexicana. Fernández de Lizardi: El uniper
sonal de don Agustín de I tur bidé; El
payaso de los pericos y El hermano
de perico. José M. Martínez de Navarrete O.F.M.: Entretenimientos.
B. de
Monteagudo: Memoria sobre los principios que seguí en la admi
nistración del Perú y acontecimientos posteriores a mi separación.
1824 Promulgación del Acta Constitutiva mexicana; el país se
constituye en
República Federal (31/1); decreto del gobierno declara a Iturbide traidor
y
fuera de la ley;
desembarca en Soto de la Marina, es aprehendido y
fusilado en
Padilla (19/VII). Promulgación
de la Constitución de los
Estados Unidos
Mexicanos (4/X); Guadalupe
Victoria y Nicolás
Bravo,
presidente y vicepresidente. Flores, comandante general de Quito. En
Chile,
suprimida la Constitución de 1823;
comienza la anarquía. Portales
obtiene el
Estanco de tabaco. Jura de la Constitución y reconocimiento
de la independencia del Brasil por los Estados Unidos. Reconocimiento
de la
independencia de Haití por Francia. El Congreso del
Perú nombra
a Bolívar
dictador (10/11), quien triunfa en Junín (6/VIII).
El gobierno
de Bogotá comunica a Bolívar que le había retirado, por ley aprobada
el 28/VII y
decreto del 2/VIII, las facultades extraordinarias para dirigir
la guerra en el Sur, la jefatura de las
fuerzas auxiliares del
Perú y la
facultad
de conceder ascensos militares en la campaña, porque el Presi
dente de
Colombia no puede conducir tropas en país extranjero. Bolívar
acata
las disposiciones del
Congreso de Bogotá y le
entrega el mando
militar a Sucre (24/X). Triunfo de Sucre en Ayacucho (9/XII) fin
de la
dominación española en el continente hispanoamericano. Sucre
marcha con
sus tropas hacia el Alto Perú
(Bolivia). Desde Lima, Bolívar
convoca al Congreso de Panamá (7/XII) a los gobiernos de México,
Río de la Plata, Chile, Guatemala y Colombia. Nombra
a Sucre Gran
Mariscal de Ayacucho. Reunido en Argentina el Congreso de las
Provincias Unidas.
Segundo matrimonio de Bello, con Isabel Antonia Dunn. Establecidas
en la Universidad
de Caracas las clases de Derecho Público y Medicina
Práctica. La Lira Argentina, primera antología poética nacional. H all:
Diario
del viaje a
Chile, Perú y
México. José María
Heredia: Niágara.
J. C.
Varela: Argia. Fernández de
Lizardi: Las conversaciones del
Payo
y del
Sacristán. Pablo de
la Llave: Novarum
vegetabilum descriptiones.
Poinsett:
Notas sobre México. Muere
Juan Crisostomo Lafinur.
1825 Barcos
de guerra franceses ocupan Puerto Cabello (I), (Venezuela), exigiendo
indemnización por toma de mercancías por corsarios colombianos. Páez remite el
problema a Bogotá. Gran Bretaña reconoce oficialmente a Colombia. Tratado de
amistad y comercio entre México e Inglaterra. Alpuche Esteva y Zavala,
federalistas, fundan las logias yorkinas. Rebelión de los yaquis en Sonora
acaudillados por Juan Banderas. Lucas Alamán inicia sus actividades como
Ministro de Relaciones Exteriores. J. R. Poinsett, primer ministro
plenipotenciario norteamericano en México. Gran Bretaña reconoce independencia
de Chile. Tratado de amistad entre Argentina e Inglaterra. El Congreso de
Florida integra la Banda Oriental a las Provincias Unidas. Los refugiados
uruguayos en Buenos Aires son ayudados por tropas argentinas a pasar el Río de
la Plata. Sucre entra en La Paz; proclamada en Chuquisaca la independencia;
creada la república de Bolivia (22/VII). Bolívar renuncia al poder supremo ante
el Congreso del Perú, que no lo acepta (II). Discurso de saludo al Libertador,
de José Domingo Choquehuanca, en Pucará. Bolívar funda una universidad en
Trujillo (Perú); decreta el establecimiento de una Escuela Normal lancasteriana
en cada capital del departamento y funda varios colegios de educación media
para ambos sexos. Guerra entre Argentina y Brasil; Portugal reconoce la
independencia brasileña. El Papa León XII condena la independencia de los
países latinoamericanos. “Constitución de Cuba”: decreto real define poderes
del Capitán General. Nace en Cartagena Rafael Núñez. Muere J. B. Picornell.
Andrés Bello toma posesión (7/11) del cargo de
Secretario de la Lega ción de Colombia en la Corte de Londres. Antonio José de
Irisarri regresa a Guatemala después de su estadía en Chile. J. J. de Olmedo,
Ministro Plenipotenciario del Perú en Londres y París (— 1828). Juan Cruz
Varela: Idomeneo (Fragmentos de tragedia). R. García Goyena: Fábula y poesías
varias (postumo). José María Heredia: Poesías (Nueva York). J. J. de Olmedo: La
victoria de Junín (o Canto a Bolívar). José
Bonifacio de Andrada e Silva: Poesías sueltas
(Burdeos; bajo el seudónimo Américo Elisio). Domingos Borges de Barros: Poesías
ofrecidas a las señoras brasileñas (París, 2 vols.). Muere Camilo Henríquez.
1826 El
comandante general del departamento de Venezuela José Antonio Páez, trata, por
la fuerza, de hacer efectivo un alistamiento de tropas (I) pedido por Bogotá.
Páez es llamado a presentarse ante el Senado, en
Bogotá, y suspendido de su cargo (27/111). Listo
para viajar, se produce motín en el Ayuntamiento de Valencia (30/IV) y
manifestaciones popu lares a su favor en Caracas; Páez reasume el mando civil
y militar de Venezuela, desconociendo el poder central de Bogotá. Una asamblea
propone separar Venezuela de la Gran Colombia y reconoce la jefatu’ a de Páez
(XI). Convocado el Congreso Constituyente de Venezuela para el siguiente año
(15/1-/27). Bolívar participa a Sucre, Presidente, el reconocimiento del Perú a
la república de Bolivia; envía su proyecto de Constitución para Bolivia y el
discurso de presentación a la Legislatura (25/V). Reunido el Congreso americano
en Panamá (22/VI) con los plenipotenciarios de Colombia, Centroamérica, Perú y
México. Ausentes Chile y Argentina; observadores de Inglaterra y Holanda. El
delegado estadounidense llega terminadas las sesiones. Fracasa el intento de
unión de las nuevas naciones hispanoamericanas. Decreto de Colombia para
proteger las tribus indígenas de la Goajira, el Darién, Mosquitos y otras no
civilizadas (1/V) y para iniciar el proceso de “civilización” (11/VII). Pedro I
forma el Senado en Brasil. Rivadavia presidente de Argentina. Continúa la
guerra entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Brasil. En México,
triunfo de los federalistas yorkinos en las elecciones; rebelión del coronel
Montaño: pide la desaparición de las sociedades secretas. Los ópatas se unen a
la rebelión yaqui de Sonora.
Bello, elegido miembro de número de la Academia
Nacional instalada en Bogotá (2/XII). Publicación del prospecto de la revista
El Reper torio 'Americano, fundada por Bello y dirigida con Juan García del
Río, en Londres.
A. Bello: La Agricultura de
la Zona Tórrida (en El
Repertorio Americano, Londres). Olmedo: segunda versión de La victoria
de ]unín (Londres-París). Luis Vargas Tejada: Sugamuxi. Iniciada la
publicación
del Calendario de
Galván. Gorostiza: También hay secreto
en mujer.
Jorge Juan y Antonio
de Ulloa: Noticias secretas de 'América
(Londres). Domingos de Caldas Barbosa: Viola de
Lereno (2- vol., Lisboa).
F. Denis: Resumen de la historia literaria del
Portugal seguido del Resumen de ¡a historia literaria del Brasil (París). José
Vitorino dos Santos e Sousa y Felisberto Inácio Januário CordeirS: Jornal
Científicor Económico e Litérario, Río de Janeiro.
Fracasa conspiración del padre J. Arenas en México
(I). Expulsión de los españoles (20/XII). Pronunciamiento de Montaño en
O'tumba. Alvear triunfa en Ituzaingo, Argentina; la flota brasileña aniquilada
por el almirante Brown en la ribera uruguaya; disolución del Congreso y caída
de Rivadavia. Revolución en Lima (26/1). El general Pinto llega al poder en
Chile, con el apoyo de los “pipiolos”. Se organiza el grupo opositor de “los
estanqueros”, con Portales como jefe. Descontento contra Sucre en Bolivia. En La
Paz se sublevan tropas colombianas. Flores,
jefe del departamento de Quito, sofoca alzamiento
de un cuerpo colom biano en Perú. Se agudizan las tensiones entre Colombia y
Perú. Por decreto, Bolívar ordena que nadie sea perseguido por actos u opinión
en relación con el conflicto entre el Congreso colombiano y Páez, a quien
ratifica como comandante general de Venezuela (1/1). Decreto de Páez revocando
reunión del Congreso Constituyente de Venezuela y ordenando reconocer autoridad
suprema de Bolívar (2/1). Bolívar y Páez entran en Caracas (10/1); última
visita de Bolívar a su ciudad natal, donde permanece seis meses organizando el
gobierno y la admi nistración; sale de La Guaira con destino a Cartagena
(5/VII); llega a Bogotá (10/IX) para enfrentar la crisis con Santander, con
quien Bolívar rompe totalmente relaciones de amistad (Carta a Soublette,
Caracas, 16/111).
Fundación de las Escuelas de Derecho de San Pablo y
Olinda. La Academia Lauretana se transforma en la Universidad de Arequipa. A.
Bello, nombrado Encargado de Negocios de la Legación de la Gran Colombia en
Londres. Restrepo: Historia de la revolución de Colombia. Fernández de Lizardi:
La tragedia del padre Arenas. Sánchez de Tagle:
Himno cívico a México. J .C. Varela: Triunfo de Ituzaingó. El Mercurio,
periódico chileno. Periódico El Indicador, editado
en México por J. M. Luis Mora para combatir la masonería yorkina. Mueren J. J.
Fernández de Lizardi y Fray Servando Teresa de Mier.
1828 Instalada
la Convención de Ocaña (9/IV) para reformar la Constitución de Cúcuta; se
disuelve sin adoptar ninguna resolución por la división entre bolivarianos y
santanderistas. Bolívar asume la dictadura a su llegada a Bogotá (24/VI); por
decreto (27/VIII), destituye al vicepresi dente Santander y organiza el
Consejo de Estado. Conspiración frustrada para asesinar a Bolívar (25/IX).
Condenados a muerte catorce conjurados; Santander es desterrado por petición
del Consejo de Estado (10/XI). Guerra peruano-colombiana. El ejército peruano
invade territorio ecua toriano y bombardea Guayaquil. Sancionada Constitución
liberal en el Perú. Nuevo motín de las tropas colombianas en Bolivia. Tratado
de Piquiza. Sucre renuncia y abandona el país. En Chile, se sanciona la Ley de
Imprenta y la Constitución, marcadamente liberal, que incluye la su presión de
los mayorazgos. Comienza la oposición de los conservadores o “pelucones”.
Lavalle, al mando de una división que vuelve del Brasil, derroca al gobernador
de Buenos Aires, Dorrego, a quien fusila. Rosas tra baja en la extensión de la
frontera y en la fundación de Bahía Blanca. Se firma la paz entre Argentina y
Brasil, reconociéndose la independencia de la Banda Oriental. Rondeau,
presidente provisional de Uruguay. En Paraguay es rechazado un enviado del
presidente boliviano Sucre. Se esta-
blece la instrucción primaria obligatoria, a
expensas del Estado. Conflicto entre las tropas brasileñas y los mercenarios.
Bello rechaza nombramiento como Cónsul General en
París y Ministro Plenipotenciario de la Gran Colombia en la Corte de Portugal;
el prén dente de Chile solicita los servicios de Bello en este país. Luis
Vargas Tejada: Doraminta; Las convulsiones.
1829 Sublevaciones
del general Córdova en Medellin y de López y Obando en el sur. Los peruanos
ocupan Guayaquil y Cuenca. Sucre vence a La Mar y Gamarra en Tarqui; en la
batalla tiene destacada actuación Flores, ascen dido a general de división y
poco después nombrado Jefe supremo de los departamento del sur. Gamarra, con el
apoyo de La Fuente, derrota a La Mar en el Perú. En Bolivia, Andrés Santa Cruz
presidente; reorganiza la administración y el ejército y establece contactos
con adictos suyos en Puno y Arequipa. En Chile, revolución “pelucona” en
Concepción, enca bezada por el general Prieto. En Santiago, Portales organiza
un movi miento que obliga a renunciar al presidente Vicuña; se convierte en
ins pirador de la oposición. Lavalle lucha contra Rosas y Lópsz en Argentina.
Victoria de Rosas y renuncia de Lavalle. La Legislatura, disuelta por éste, es
reinstalada y elige a Rosas, quien recibe facultades extraordinarias. Sofocada
revuelta en Pernambuco, Brasil. Pedro I se casa con la princesa Amalia de Leuchtenberg.
Morazán ocupa la ciudad de Guatemala y convoca a un Congreso nacional. En
México, Guerrero electo presidente y derrota de un intento de invasión
española. En Xalapa se pronuncia un sector del ejército, que proclama líderval
vicepresidente Bustamante.
Acuña de Figueroa: Malambrunada (1- versión).
Felipe Pardo y Aliaga: Frutos de la educación. Nacen Guillermo Blest Gana y
José de Alencar. Mueren Fray Francisco de Sao Carlos y Luis Vargas Tejada.
1830 La
Gran Colombia se separa en tres países independientes: Colombia, Ecuador y
Venezuela. En Venezuela el Congreso de Valencia sanciona la Constitución del
nuevo Estado. Bolívar es proscrito; renuncia a la presidencia de Colombia y se
retira a Santa Marta. Sucre es asesinado en Berruecos. Mosquera y Rafael
Urdaneta en la presidencia. Muere Bolívar en Santa Marta. En Ecuador, el
general Flores es designado jefe del nuevo Estado, que sanciona su
Constitución. Rebelión de Luis Urdaneta en favor de Colombia. En Perú, en torno
de José María de Pando, grupo partidario del autoritarismo. De él participa F.
Pardo y Aliaga. Negociaciones de Gamarra y Santa Cruz. En Argentina, Paz, luego
de vencer por segunda vez a Quiroga, organiza la Liga del Interior. Se jura la
Constitución de la República Oriental del Uruguay.
Fructuoso Rivera presidente. En Chile, Freire asume
el gobierno y enfrenta a los revolucionarios, que lo derrotan en Lircay.
Batallas de Ochagavía y de Lircay: se consolida el triunfo de las fuerzas
conser vadoras sobre los liberales o “pipiolos”. Inicia su administración
Diego Portales, nombrado “ministro universal” bajo la presidencia de Joaquín
Prieto. Secularizados los conventos e incautados los bienes de las órdenes en
el Paraguay. En Brasil, el partido gubernamental es derrotado en las elecciones
legislativas y arrecia la oposición al emperador. Morazán electo presidente de
la Federación centroamericana. Irisarri se fuga de la cárcel y se traslada a
Sudamérica. Bustamante, presidente de México. Alamán, ministro de Relaciones
Exteriores. Ordenada ejecución del ex presidente Guerrero. Alamán propone
restringir la llegada de colonos norteamericanos y proteger la industria local.
José Joaquín de Mora: discurso de apertura de la
cátedra de Oratoria en el Liceo de Chile. A. Bello, rector del “Colegio de
Santiago” (— 1832); publica en El Araucano su poema “Al dieciocho de
Septiembre”. De Angelis: Ensayo histórico sobre la vida de D. Juan Manuel de
Rosas Periódicos gauchescos de Luis Pérez: El Gaucho, Torito de los Mucha
chos, Toro del
Once. O Beija-Flor,
en Río de
Janeiro. Nacen Alberto
Blest Gana, Eustaquio Palacios y Diego.
INDICE
P R O L O G O , por Emilio Carilla XI
CRITERIO DE ESTA
EDICION XXXVI
HISPANOAMERICA
I
José Joaquín de Olmedo 3
La Victoria de Junín 8
Andrés Bello 34
Alocución a la Poesía 40
La Agricultura de la Zona Tórrida 60
José Marta Heredia 70
En el Teocalli de Cholula 75
Niágara 78
Placeres de la melancolía 82
Vuelta al Sur 90
A la estrella de Venus 91
II
Bartolomé Hidalgo 94
Cielito de la Independencia 97
El gaucho de la Guardia del Monte contesta al manifiesto de
Fernando VII, y saluda al Conde de Casa-Flores con el si
guiente cielito en su idioma 99
Diálogo patriótico interesante entre Jacinto Chano,
capataz de
una estancia en las islas del Tordillo y el gaucho
de la Guar
dia del Monte 103
Relación que hace el gaucho Ramón Contreras a
Jacinto Chano
de todo lo que vio en las fiestas Mayas de
Buenos Aires en
1822 113
Mariano Melgar 121
¿Por qué a verte volví, Silvia querida? 124
¡Oh, dolor!
¿Cómo tan distante. . .? 126
Bien puede el mundo entero conjurarse 127
Ya mi triste desventura 128
Juan Cruz Varela 130
La corona de mayo 133
Al bello sexo argentino 135
En honor de Buenos Aires 137
Sobre la invención y libertad de la imprenta 141
III
Fray Servando Teresa de Mier 148
Sueño poético 151
Soneto 152
Rafael García Goyena 153
Los animales congregados en cortes 155
Camilo Henríquez 162
En el 18 de septiembre de 1812 164
José María Gruesso 166
Lamentaciones de Pubén 168
Anacreóntica 168
Antonio José de Irisarri 170
¿En qué consiste, mi señora Musa. . .? 172
El bochinche 174
Andrés Quintana Roo 178
Dieciséis de septiembre 180
José Fernández Madrid 185
Napoleón en Santa Helena 187
A los pueblos de Europa 187
José Antonio Miralla 191
En el cementerio de una aldea 193
Epitafio 196
Francisco Acuña de Figueroa 197
Autorretrato 199
El hombre de importancia 200
La madre africana 202
Super ilumina babilonis 204
Manuel Carpió 206
La Anunciación 208
El río de Cosamaloapan 212
Napoleón en el Mar Rojo 212
Francisco Ortega 215
A Iturbide en su coronación 217
Juan Crisóstomo Lafinur 220
A la muerte del general don Manuel Belgrano 222
José Joaquín Pesado 225
Mi amada en la misa de alba 227
Sitios y escenas de Orizaba y Córdoba 232
Cantos de Netzahualcóyotl 236
Luis Vargas Tejada 239
Recuerdos 241
Al anochecer 241
El buey de carga 242
BRASIL
Domingos de Caldas Barbosa 241
Los amores de feria 251
No engañar 255
P. Antonio Pereira de Sousa Caldas 258
Salmo XIII 261
Al hombre salvaje 263
José Elói Otoni 210
Epístola 273
Sonetos 277
José Bonifacio de Andrada e Silva 278
Oda a la poesía 281
Oda a los bahianos 287
Oda a los griegos 295
Freí Francisco de Sao Carlos 300
América 303
Río de Janeiro 309
Domingos Borges de Barros 310
Epístolas
A Paulo José de Mello 313
Al Dr. Francisco Elias Rodrigues Da Silveira 319
José Da Natividade Saldanha 322
Al Maestre de Campo Francisco Rebello, natural de
Pernambuco
y su restaurador en 1654 325
Sonetos 331


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