© Libro N° 8626. Obra Escogida. Novela - Cuento - Ensayo – Epistolario. De
Andrade, Mario. Emancipación. Mayo 22 de 2021.
Título
original: © Obra Escogida. Novela - Cuento
- Ensayo – Epistolario. Mario De Andrade
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Ensayo – Epistolario. Mario De Andrade
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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina
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novela - cuento - ensayo -
epistolario
Mario De Andrade
OBRA ESCOGIDA
novela - cuento - ensayo -
epistolario
Mario De Andrade
EL TUPÍ Y EL LAÜD
(Ensayo de interpretación de Macunaíma, de Mario de Andrade)
“Soy un tupí que tañe un laúd”
“O Trovador”, Paulicéia Desvairada
(1922)
“Me siento únicamente blanco ahora,
sin aire en
este aire libre
de América.
Me siento únicamente blanco en mi alma cribada de razas”.
“Improviso do Mal da América” (1928),
Remate de Males.
“También somos civilización europea ( . . . ) ” “O Banquete” (1943).
I
E S C R I T O en seis días
de trabajo ininterrumpido, durante unas vaca ciones de fin de año, en
diciembre de 1926; corregido y aumentado en enero de 1927; publicado en 1928,
Macunaíma se transformó muy pronto en el libro más importante del nacionalismo
modernista brasileño. La impresión fulminante de obra maestra que los
compañeros de Mário de Andrade tuvieron en la época al tomar contacto por
primera vez con el manuscrito, perdura hasta hoy, cincuenta años después de su
apari ción. Con el transcurso del tiempo, las experiencias del lenguaje y la
instrumentación satírica de los hallazgos obscuros tal vez hayan perdido
virulencia; pero en compensación, a medida que los estudios sobre el libro se
van profundizando, comienza a reconocerse la seguridad impe cable de su
construcción y la maestría en el aprovechamiento de la cultura popular, que
sirve de colorido paño de fondo a la aventura del héroe brasileño.
Al comienzo, Mário de Andrade se resistió a reconocer la faz verda dera
de su creación y tomó apenas como “un modo reflexivo y divertido de descansar
durante unas vacaciones” la violenta explosión que en verdad remataba un
período fecundo de estudio y de dudas sobre la cul tura brasileña. Pero poco a
poco fue obligado a aceptar que de hecho había sembrado el texto con una
infinidad de intenciones, referencias figuradas y símbolos, y que todo eso
definía los elementos de una psi cología propia, de una cultura nacional y de
una filosofía que oscilaba entre “optimismo en exceso y pesimismo en exceso”,
entre la confianza en la Providencia y la energía del proyecto.
El somero examen de las notas que en esta edición acompañan al texto
muestra que el libro fue construido a partir de la combinación de una infinidad
de textos preexistentes, elaborados por la tradición oral o es crita, popular
o erudita, europea o brasileña. La originalidad estructural de Macunaíma
deriva, de este modo, del hecho de que el libro no se
basa en la mimesis, o sea, en la dependencia constante que el arte esta
blece entre el mundo objetivo y la ficción, sino en la vinculación casi
constante con mundos imaginarios, con sistemas cerrados de señales, ya regidos
por una significación autónoma. Este proceso, aparentemente pa rasitario, es,
sin embargo, curiosamente inventivo; pues en vez de recortar con neutralidad,
en los fragmentos originales, las partes que necesita para reagruparlas,
intactas, en un orden nuevo, actúa casi siempre sobre cada fragmento
alterándolo en profundidad. De este modo, la designa ción de “composición en
mosaico” adoptada por algunos estudiosos como Florestan Fernandes y Haroldo de
Campos, parece inadecuada; sugiere, apenas, la yuxtaposición pura y simple de
préstamos efectuados a siste mas diversos, pero oblitera la elaboración
creadora compleja que, en un primer momento, los desarticula, quebrando su
inteligibilidad inicial para, luego, insuflar un sentido distinto mediante la
nueva reagrupa ción de los fragmentos. El proceso quizá se aproxime más al
bricolage, tal como lo describe Levy-Strauss, y eso también ya fue recordado
por la crítica.
El bricoleur busca realmente su materia prima entre los sobrantes de
viejos sistemas. Sin embargo, su gesto está orientado por un objetivo lúdi-co,
por una sensibilidad pasiva, y ésta se somete sobre todo al juego de las
formas. Frente al elenco de detritos que tiene siempre a mano, el bricoleur, se
abandona a una selección paciente, eligiendo o rechazando los elementos, según
el color, el formato, la luminosidad o el arabesco de una superficie. La figura
que irá a componer luego, combinando la infi nidad de fragmentos de que
dispone, podrá ser muy bella, pero como respeta las imposiciones de la materia
aprovechada, resulta caprichosa, llena de idas y venidas, de rupturas, y no
revela ningún proyecto. Es imposible inscribir en este horizonte colmado de acasos,
donde el sentido emerge y se extingue siguiendo la vida breve de las formas, el
libro inten cional y lleno de resonancia de Mário de Andrade. Más que en la
técnica del mosaico o en el ejercicio del bricolage, es en el proceso creador
de la música popular donde se deberá buscar, a mi juicio, el modelo de compo
sición de Macunaíma.
La prolongada meditación
estética que atraviesa íntegra la obra de Mário de Andrade tiene dos puntos de
referencia constantes: el análisis del fenómeno musical y del proceso creador
de los folklórico. Es de la confluencia de estas dos obsesiones fundamentales
que se deriva la ma yoría de sus conceptos básicos, sea sobre el arte en
general, sea sobre el arte brasileño en particular; conceptos que una vez
forjados resurgen siempre en su extensa y variada producción ensayística 1. En
la década del Veinte, convergen en el campo común de la música y la imaginación
colectiva las lecturas que realiza sobre etnografía, folklore,
psicoanálisis; el escritor se zambulle a fondo en el largo debate de ese
período sobre la mentalidad primitiva, tratando de extraer de la confrontación
entre Taylor, Lévy-Brühl y Frazer algunas conclusiones que ayuden a com
prender nuestros procesos colectivos de creación 2; luego empeñado en el
proyecto de una música nacionalista, propone a los compositores jóve nes de la
época el aprovechamiento erudito del folklore brasileño 3.
Macunatma fue escrito en ese momento de gran impregnación teórica,
investigación sobre la creación popular y búsqueda de una solución brasi leña
para la música. Tengo la convicción de que al elaborar su libro, Mário de
Andrade no partió de modelos literarios preexistentes, sino que transpuso dos
procesos básicos de la música occidental, comunes tanto a la música erudita
como a la creación popular: el principio rapsódico de la suite — cuyo modelo
popular más acabado podría ser encontrado en el baile nordestino llamado
Bumba-meu-boi— y el principio de la variación, presente en las improvisaciones
del cantador o juglar nordesti no, donde toma una forma muy peculiar.
Para mayor claridad, trataré de sistematizar y resumir sus principales
afirmaciones sobre las características de la música popular brasileña y sobre
los problemas resultantes de la transposición erudita de los proce sos
folklóricos de la creación. Luego, analizaré si hubo efectivamente, como
supongo, influencia de su pensamiento musical en el proceso crea dor que
presidió a la elaboración de M acunaíma4.
Según Mário de Andrade, las
naciones nuevas como el Brasil, cuya cultura en formación presenta gran
variedad de componentes, heredadas de fuentes muy dispares, tienen dificultad
para forjar una música popu lar nacional bien diferenciada. Esto constituye un
significativo impedi mento en la tarea de los músicos cuando éstos, empeñados
en un proyecto nacionalista, buscan en el folklore un punto de partida para la
transpo sición erudita. En la mayoría de los casos, los elementos empleados no
logran fundirse en un todo, y vemos aparecer apretujándose en el mismo espacio,
“elementos portugueses, africanos, españoles, e incluso brasile ños,
amoldados, en conjunto, a las circunstancias del Brasil”. De esta forma, la
música popular asume el aspecto de “un documento curioso de nuestra miscelánea
étnica”, de un palimpsesto, como son los platos de nuestra culinaria con sus
ingredientes fuertes “de pimienta, las salsas tutu y dendé y la caña”.
Hasta el siglo xix es difícil descubrir en esa mezcla intrincada, piezas
ya estabilizadas, que se puedan considerar científicamente como melo días
brasileñas tradicionales. Por esa razón, el compositor empeñado en crear obra
nacional no debe partir del documento recogido, sino de las
normas de composición del folklore, de ciertas formas fijas o de ciertos
esquemas obligatorios, presentes en el canto, en la melodía, en las cora les,
en la música instrumental, en las danzas. Entre ellas, dos se presen tan como
dominantes: el proceso rapsódico de la suite — característico de las danzas
populares— y la forma de la variación, que tiene lugar tanto en la música
instrumental como en las canciones. Frecuentes en el folklore, ellas son, sin
embargo, normas universales de composición. Veamos por separado cómo se define
cada una y cómo aparece en la creación colectiva.
\emdash La suite es uno de los
procesos más antiguos de composición. Común a la música erudita y popular, no
es patrimonio de ningún pueblo. Constituye una fusión de varias piezas de
estructura y carácter distintos, todas de tipo coreográfico, empleadas para dar
forma a obras complejas y mayores. Este proceso rapsódico alcanzó gran difusión
en el romanti cismo y entre nosotros se convirtió en un hábito nacional. Se lo
emplea en las rondas infantiles, donde los niños suelen empalmar un canto con
otro, llegando incluso “a fijar suites con sucesión obligatoria de piezas”;
perdura incluso en los hábitos suburbanos, resurgiendo en la costumbre
— tal vez importada— de rematar los bailes con el acoplamiento de di
versas piezas. Son formas primarias de suite todas nuestras principales danzas
dramáticas: los Fandangos del sur paulista, los llamados Cateretés del centro
del Brasil, y en el Nordeste los caboclinhos o paisanitas, “los cortejos semi
religiosos, semi carnavalescos de los Maracatus, las chegan-gas, los reisados”.
En su libro Dangas Dramáticas do Brasil, Mário de Andrade subraya el
“proceso de formación gradual” de estos últimos, “fundamentalmente rapsódicos”,
en que el pueblo agrupa espontáneamente piezas que guar dan afinidad entre sí;
a su juicio, sólo posteriormente, uno u otro poeta suburbano semierudito habría
reorganizado las danzas en un todo más “ordenado y dramático”, registrándolas
por escrito y difundiéndolas en folletos ( “foiétes”). En un párrafo del libro
— que transcribo íntegra mente por ser particularmente esclarecedor de mi
punto de vista— él comenta con argucia el aspecto híbrido de esas composiciones
coreográ ficas, en que los episodios desvinculados unos de los otros dan a la
danza la apariencia de “verdadera colcha hecha de retazos” o “de una revista
confeccionada con distintos números” :
“Lo que mejor caracteriza el aspecto contemporáneo de todas nuestras
danzas dramáticas es que ellas, como espíritu y forma, no son un todo unitario
en que se desenvuelve una idea, un tema solo. Su tamaño, así como su
significado ideológico, no depende del tema básico. Por lo gene ral, el
argumento no exige más que un solo episodio, rápido, dramática mente conciso.
Y ese núcleo básico es rellenado con temas añadidos a él: romances o cualquiera
de las muchas piezas tradicionales e incluso de uso anual, por su carácter
celebratorio, se agregan a él. A veces incluso estas aposiciones no guardan
relación alguna con el núcleo ( . . . ) Ese
proceso de armado mediante aposiciones constantes, culmina en la forma
actual de ciertas versiones principalmente pernambucanas del Bumba-meu-boi en
que la coincidencia con la revista de teatro de plaza es fla grante. El
episodio que fue medular un día, no tiene ya mayor impor tancia que los
episodios secundarios, y apenas figura en el final, desta cando la figura del
buey, no por el drama, sino por la apoteosis”.
Volvamos, tras esta primera exposición, a la afirmación inicial de que
Macunaíma retoma el proceso de composición de la música popular, como incluso
nos indica claramente el propio autor, cuando agrega al título del libro la
designación de rapsodia.
Si nos atenemos a las notas que, en esta edición, añadí al texto para
facilitar una mejor comprensión del relato, veremos que ellas revelan la misma
mezcla étnica de la música popular, presentando una gran variedad de elementos,
provenientes de las fuentes más diversas: a los rasgos indígenas extraídos de
Koch Grünberg, Couto de Magalháes, Barbosa Rodrigues, Capistrano de Abreu y
otros, vemos que se suman narraciones y ceremonias de origen africano,
evocaciones y canciones de ronda de origen ibérico, tradiciones portuguesas,
cuentos ya típicamente brasileños, etc. A ese material ya en sí híbrido, se
agregan piezas más heteróclitas: anécdotas tradicionales de la historia del
Brasil; incidentes pintorescos presenciados por el autor; episodios de su
biografía personal; transcrip ciones textuales de los etnógrafos, de los
cronistas coloniales; frases céle bres de personalidades históricas o
eminentes; cierta construcciones lin güísticas, como modismos, locuciones,
fórmulas sintácticas, procesos mnemotécnicos populares, tales como asociaciones
de ideas y de imáge nes; o de procesos retóricos, tales como las enumeraciones
exhaustivas, que según el propio autor tenían la finalidad puramente poética de
dar vida a “sonoridades curiosas” o “incluso cómicas” 5.
Por lo demás, eran esas aposiciones más o menos arbitrarias que se
añadían al núcleo básico las que aclaraban en gran parte la ambigüedad de la
línea narrativa, cuyo episodio central, aunque bien definido y dra máticamente
conciso — la pérdida y la búsqueda de la muiraquita o amuleto— no lograba
imponerse con exclusividad, viéndose eclipsada permanentemente por la
multiplicación incesante de los episodios secun darios. Sin embargo, el
esquema formal sólo era rudimentario en aparien cia, pues representaba la
recuperación muy hábil del principio univer sal de la suite, en su variante
popular. El proceso de construcción me diante relleno, del núcleo básico, con
elementos subsidiarios, uniendo en un todo más complejo varias piezas de forma
y carácter distinto, era
—como vimos— corriente en la música europea del romanticismo y tenía
lugar, también, en el teatro de revistas y en las danzas dramáticas brasi
leñas, donde encontraba la expresión más perfecta en el Bumba-meu-boi.
No es mi objetivo desarrollar en este abordaje una posible analogía
entre la estructura de Macunaíma y la del Bumba-meu-boi. Quiero tan sólo
señalar que la coincidencia de la forma rapsódica de los dos no es
casual, y que probablemente Mário de Andrade quiso sugerir, por inter
medio de las afinidades estructurales, la identificación entre el libro y la
danza popular que, a su juicio, mejor representaba la nacionalidad. La elección
del Bumba-meu-boi como modelo, o mejor, como referencia, respondía a una
intención ideológica y se vinculaba al complejo sistema de señales con que el
escritor se habituara a pensar no sólo en la realidad de su país, sino incluso,
en su realidad personal6. Voy a intentar aclarar mejor este punto.
El análisis de las representaciones colectivas brasileñas revelará a
Mário de Andrade que el buey era “el animal nacional por excelencia”, ya que a
él se hacían referencias de norte a sur del país, tanto en las zonas de
pastoreo como en los lugares sin ganado. Aparecía en todas las manifestaciones
musicales del folklore: “en la ronda gaucha, en la tonada de Mato Grosso, en el
aboio * de Ceará, en la moda paulista, en el desafío de Piauí, en el coco ** de
Río Grande del Norte, en la chula * * * de Río Branco y hasta en el maxixe
carioca”. En un país sin unidad y de gran extensión territorial, “de pueblo
desmembrado, donde el concepto de patria es casi una quimera”, el buey — o la
danza que lo consagra— operaba como un poderoso elemento “unanimizador” de los
individuos, como una metáfora de la nacionalidad. Fue con el propósito de
subrayar este aspecto, surgido espontáneamente en la representación colectiva,
que en el período más agudo de la prédica nacionalista el escritor habría
sugerido al compositor Luciano Gallet la idea de elaborar una suite brasileña
basada en el Bumba-meu-boi, siguiendo los moldes del Carnaval de Schumann o los
de los Cuadros de una exposición de Mussorgski7.
Pero el buey no es solamente el animal heráldico del Brasil, como el
león lo es de Gran Bretaña o el águila bicéfala de los austríacos; represen
ta, además, como metáfora, una de las “grandes señales” del escritor, la
impronta de su personalidad construida, de su ethos. Bajo el doble aspecto de
símbolo del Brasil y señal del poeta, la imagen aparece varias veces en su
poesía, incluso en “Brazáo” ( “Blasón”), uno de sus poemas más cifrados. Nada
debe extrañar, en consecuencia, que en Macunaíma, Mário de Andrade hubiese
procedido a una identificación de esa natura leza, esta vez entre el animal
simbólico del Brasil y Macunaíma, el héroe simbólico de la nacionalidad. Es en
este sentido que debemos interpretar la intercalación, sobre el final de la
obra, de uno de los fragmentos más importantes del Bumba-meu-boi. Siguiendo el
ejemplo del Golden Bough, de Frazer, Mário de Andrade interpretaba el núcleo
central de la danza
— la muerte y resurrección del buey—
como un rasgo del culto de la
Canto melancólico con
que los vaqueros conducen
el ganado (N .
del T .).
Coco. Danza popular del
Nordeste, particularmente de Alagoas, de donde es originaria. (N . del T .).
Chula. Danza y también
melodía popular que suele acompañar las celebra ciones y festividades locales.
(N . del T .).
primavera, o sea, como la destrucción y el resurgimiento del principio
vital. Así, al interrumpir la narración para pasar a describir minuciosa mente
el episodio culminante de la danza dramática, estaba empleándolo como metáfora,
como una gran señal premonitoria del desenlace dramá tico que se preparaba; la
muerte y la resurrección del buey era como la anticipación del sacrificio del
héroe, que inmediatamente después sería destrozado en este mundo, para resurgir
de inmediato en el cielo en forma de estrella 8.
El segundo proceso que
utiliza Mário de Andrade para estructurar la narrativa es el de la variación.
El principio de la variación es, como la suite, una regla básica de com
posición y consiste en “repetir una melodía determinada, cambiando a cada
repetición uno o más de sus elementos constitutivos de tal manera que,
presentando una fisonomía nueva, ella sigue siendo siempre reco nocible en su
personalidad”. Desarrollada ya en el siglo XVII, recién en el XVIII la
variación “se presenta firmemente afianzada en ese principio de cambio de
fisonomía y conservación de la personalidad” que la carac teriza, desempeñando
a partir de allí un papel preponderante en la evolución de la música. Cuando la
música erudita — por agotamiento o por proyecto estético— se revitaliza en las
fuentes populares, se apoya siempre en la variación, ya sea que utilice las
fórmulas rítmico-melódicas del pueblo de manera ingenua, ya sea que se aleje de
su punto de partida a través de alteraciones refinadas 9. En el Brasil, por
ejemplo, en los albores del movimiento nacionalista, los compositores llevados
tal vez por “un excesivo anhelo de aprehensión de lo característico”, se
limitan a retirar del folklore melodías enteras y formas melódicas casi sin
alteración; pero en un período posterior ya tratan de partir de ciertas
fórmulas cons tantes, “de pequeños elementos rítmicos, melódicos, armónicos,
polifó nicos, de timbre, que nacionalizaban sin los excesos del populismo” 10.
Como veremos más adelante, Mário de Andrade utilizó las dos variantes en la
construcción de su libro.
En diferentes momentos de sus análisis musicales, él estudia este cu
rioso sistema de préstamos entre la música popular y la erudita 1X, utilizan
do, si bien de manera sumamente personal, los conceptos clásicos de nivelación
y desnivelación, acuñados por Charles Lalo 12. ¿En qué con sisten estos dos
movimientos complementarios, mediante los cuales se expresa la variación?
Se llama nivelación estética al fenómeno de ascenso de un género in
ferior a un nivel superior de arte culto: fue lo que ocurrió cuando los
compositores introdujeron la canción popular en la polifonía católica, tejiendo
en torno a ella una serie de variaciones contrapuntísticas; o cuando Haendel se
valió de la siciliana, sustrayéndola a su condición de danza folklórica para
convertirla en aria dramática “dotada incluso de valores expresivos”; o cuando
sometió la mazurca y la polonesa al virtuo sismo del piano.
La desnivelación estética consiste en el proceso inverso, vale decir que
es el pueblo quien aprehende y adopta la música melódica erudita. Mário de
Andrade estima que este proceso es infrecuente; sin embargo, tuvo lugar entre
nosotros con las modinhas imperiales, canciones de salón que a partir de la
segunda mitad del siglo xix “dominaron la preferencia mu sical burguesa de
Brasil y Portugal”. Habiéndose originado en la estruc tura melódica erudita de
la música europea, más exactamente, en el aria italiana, la modinha emigró a
los saraos burgueses a través de las mani festaciones semicultas que los
modiriheiros coloniales e imperiales acomo daron a la sensibilidad nacional;
de allí pasó al pueblo y en él se difundió ampliamente. Este proceso de desnivelación,
además de ser excepcional, era, desde el punto de vista creador, menos
significativo que el proceso contrario de ascenso de nivel. Pues a pesar de que
la modinha se haya adaptado de manera admirable al Brasil, adquiriendo un “cuño
particular que nos pertenece”, en sus características generales seguía siendo
perfec tamente europea. De cierta manera, representaba aquello que Mário de
Andrade llamaba una pieza memorizada; pues cuando el pueblo se en frentaba con
un estilo erudito, cuyas reglas era incapaz de descifrar, permanecía
cautelosamente en la etapa de la copia, no arriesgándose a pasar a la etapa
siguiente de la imitación.
Un fenómeno de adaptación
similar a éste ocurrió con la canción de ronda brasileña de origen ibérico13,
caracterizando por consiguiente ya no más el choque entre el arte erudito y el
popular (o semiculto) sino el encuentro de dos culturas populares, una ya
perfectamente sedimenta da, otra en pleno proceso de formación.
En efecto, la migración de las formas populares europeas transfirió al
Brasil viejas canciones, fijadas a través de los tiempos y bien definidas en
sus características étnicas. Transplantadas a un nuevo medio étnica mente en
formación, empapado de influencias diversas, estas formas, cuyo sentido
profundo correspondía a otras realidades sociales, no logra ron adaptarse,
fecundando el proceso creador. Así es como Mário de Andrade analiza el
fenómeno: “El niño brasileño (o quien hace eso por
l. . . ) se muestra
particularmente incapaz de crear una melodía nacional mente inconfundible. Si
en el canto de adulto ya creamos una música étnicamente diferenciada, la ronda
infantil brasileña como texto y tipo melódico sigue siendo firmemente europea,
y particularmente portuguesa. Si las melodías difieren y probablemente ya son
originales del Brasil, si muchas veces ya son estimuladas por la característica
más positiva de la rítmica brasileña ( . . . ) es muy raro encontrar, en la
ronda infantil bra sileña, un documento característicamente nacional”.
Incapaz de movimentarse dentro de un estilo importado, la imagina ción
popular brasileña adoptó una solución peculiar que, criticando el servilismo de
la copia, salvaba la dificultad con astucia: sometió los textos originales a
una combinatoria sumamente ingeniosa que cuando no cambiaba los textos,
cambiaba las melodías; a veces fraccionaba los
textos y las melodías; otras inventaba melodías nuevas para textos
tradi cionales, y así sucesivamente.
Pero el ejemplo más perfecto de este proceso parasitario de composi
ción, típico del folklore, habría de ser hallado por Mário de Andrade en la
improvisación del juglar nordestino. Pues aun cuando todos los juglares jurasen
ser autores absolutos de sus composiciones, los cantos nuevos son, casi
siempre, piezas memorizadas, cuyas melodías, fijadas de manera muy insegura en
sus arabescos, pueden ser inventadas en cada ocasión, asu miendo variantes
innumerables 14. Es este proceso bastante complejo de posesión el que Mário de
Andrade describe en un fragmento de extraordi naria importancia todavía
inédito en libro, sirviéndose, como se puede notar, de los conceptos ya
referidos de nivelación y desnivelación:
“El proceso común de memorizar una melodía tradicional, como el de
inventar una nueva, tanto en Chico Antonio como en Odilon consistía en
desnivelar la melodía haciéndola bien simple para que se fijara en la memoria
sin dificultad. Pero después de establecida en su esquema inicial, el juglar se
esmeraba de nuevo en elevar su nivel, individualizándola en variaciones, de un
legítimo canto ‘hot\ Tuve ocasión de sorprender al vivo este fenómeno
inconsciente con el coco * ‘Assovio’ ( silbido) muy generalizado ( . . .) .
Chico Antonio conocía el coco pero no lo sabía de memoria. Y lo cantaba por eso
con grandes fallas, glosando por así decir la melodía con riquezas y fantasías
inconscientes. Pero poco a poco la línea se fue fijando en él, depurándose de
tanta variedad, empobrecién dose de fantasía y de elementos inesperados, hasta
que por fin se asentó y, en el sentido más elevado y etimológico del término,
se hizo ‘vulgar’. Entonces esa línea, no banal, sino vulgar, será repetidamente
cantada por él en largos canturreos interminables. Y es así también como ella
va a ejercer, ahora que está desnivelada, aquella fascinación de efecto ase
gurado, verdadero valor terapéutico en el alma del pueblo y en la mía ( . . .)
. Fijada y aprendida la melodía fácil y esquemática, entonces el juglar empieza
cantando ‘hot’, fantaseando, glosando otra vez, pero cons cientemente ahora,
con la intención de variar y adornar. Hasta que, alcanzando otra vez el dominio
pleno ( . . . ) el juglar inventa un canto enteramente nuevo” 15.
Este fragmento admirable será comentado más adelante; por ahora basta
fijar algunos puntos que podrían ser resumidos de la siguiente manera: el
proceso para “sacar el canto nuevo” empleado por el juglar del coco nordestino
es un curioso mecanismo inventivo que juega conco-mitantemente con los dos
recursos ya analizados, la nivelación y la desni velación. 19) Inicialmente,
el juglar canta una melodía que no es la suya y que memorizó deficientemente.
2?) Sobre esa melodía teje una serie de variaciones inconscientes. 3*?)
Mientras la reproduce va empobrecién dola gradualmente hasta convertirla en
algo fácil, esquemático, vulgar
* Ver llamada * * de la pág. xiv.
Qetapa de la desnivelación'). 49) Sólo entonces comienza a fantasear
sobre ella, ahora conscientemente, con la intención de variar y adornar ( etapa
de la elevación de nivel). Por lo tanto: es a partir de una preparación
preliminar bastante compleja cuando se inicia el momento propiamente creador,
cuando la riqueza de las variaciones, actuando sobre el núcleo central, vuelve
a enriquecerlo, transfigurándolo y haciéndolo ascender de nuevo al nivel
superior del arte.
Pues bien, el mismo proceso se repite en la elaboración del texto, que
también es aprendido de memoria. El juglar no es un artista iluminado que
encuentra sus soluciones de improviso; es un profesional que se pre para
largamente para la prueba, almacenando en su cabeza una cantidad extensa y
variada de conocimientos, recogidos en las fuentes más diver sas: en el Nuevo
y Viejo Testamentos, en el Arte de la Gramática, en manuales de álgebra, en
diccionarios de fábulas, en libros de mitología y de astrología, en viejas
narraciones como las del emperador Carlos Magno, en novelas populares. Por otro
lado, trata de guardar en la me moria payadas enteras que se hicieron famosas
en el pasado o versos célebres de otros juglares. Todo ese inmenso material es
fijado en la memoria por intermedio de una infinidad de “procesos mnemotécnicos
de llenado e incluso de razonamiento”, como “enumeraciones, asociacio nes de
imágenes, de lugares comunes, dicciones estereotipadas sin lógica intelectual”,
etc. De este modo, el proceso sorprendente de “sacar el canto nuevo” no
representa ningún milagro; es un fenómeno de “traición de la memoria” — como lo
llama Mário de Andrade— provocado por el simple deseo de vencer.
No es arbitrario afirmar,
después de esta larga exposición, que la elaboración de Macunaíma se encuentra
vinculada a la profunda expe riencia musical de Mário de Andrade; sobre todo a
la meditación sobre el sistema de préstamos entre música erudita y popular que
habiéndose verificado en ciertos períodos como el romanticismo, constituye, a
la vez, en el pueblo, el proceso básico de composición. Macunaíma establece
como regla de composición este mecanismo inventivo aparentemente parasi tario.
Partiendo de un material ya elaborado y de múltiple procedencia, Mário de
Andrade lo sometió a toda suerte de enmascaramientos, trans formaciones,
deformaciones, adaptaciones. En ciertos momentos retiró del folklore fragmentos
que reprodujo casi textualmente, tal como, al comien zo de la práctica
nacionalista, lo hicieron compositores como Luciano Gallet; en otras ocasiones
disolvió, sin que nadie lo advirtiese, las frases populares en el tejido
elaborado de su prosa, a la manera de Lorenzo Fernandes; y, constantemente, en
lugar de partir de documentos ante riores o fragmentos determinados, prefirió
inspirarse en normas de com-
posición, constancias sintácticas, motivos rítmicos, maneras
tradicionales de organizar la cadencia de la frase, en fin, en procesos “ya
perfectamente anónimos y autóctonos, a veces peculiares y siempre
característicos de lo brasileño”, como es típico entre los compositores de la
última etapa na cionalista 16.
Comparado con este planteamiento y observado con atención, el proceso de
Macunaíma parece calcado directamente en dos ejemplos precisos del folldore: la
canción de ronda y la payada del juglar nordestino. De la primera, había
extraído el mecanismo consistente en juntar en una misma secuencia textos muy
diversos en forma tal que a una obra tradicional pudiera infundirle un sentido
reciente; o, también, conservar básicamente un fragmento original, modificando
esencialmente todos los detalles; o si no crear una secuencia irreconocible,
superponiendo dos relatos distintos y reemplazando los personajes de una por
los de otra; y, así, indefinidamente. En cuanto a la influencia del segundo, no
era se creto: había sido confesada textualmente por el propio autor en el
momento de la aparición del libro y resultaba de manera equívoca de la
descripción de la payada de Chico Antonio17.
Efectivamente, el canto nuevo de Macunaíma, elaborado por “puro juego,
cuya primera redacción se completó en seis días ininterrumpidos de cigarros y
cigarrillos” estallará en Mário de Andrade de manera análoga a las
improvisaciones de los juglares del Nordeste, como la repro ducción memorizada
de un aprendizaje largo y laborioso. Era, en cierto sentido, un acto fallido,
una traición de la memoria de un período na cionalista. De igual forma que los
juglares populares incorporaban incons cientemente, en el momento agónico en
que debían sacar el canto, todo el aprendizaje que, al cabo de varios años,
habían acumulado, así Mário de Andrade veía proyectarse, casi a pesar suyo, en
el libro que expresaba la esencia de su meditación sobre Brasil, los índices del
esfuerzo realizado para tratar de entender a su pueblo y a su país. Macunaíma
representaba este trayecto atormentado, hecho de muchas dudas y pocas certezas;
traía la marca de las lecturas recientes de historia, etnografía,
psicoanálisis, psicología de la creación, folklore, y comprobaba en varios
niveles — desde los hechos del lenguaje a los hechos de la cultura y la
psicología social— la preocupación por lo específico brasileño; pero, sobre
todo, extraía de los procesos de composición de lo folklórico, un modelo
colectivo sobre el cual erigía su admirable obra erudita.
II
En páginas anteriores, desarrollando la analogía entre la estructura de
Macunaíma y las formas musicales que le servían de apoyo, me referí al carácter
ambiguo de la narración, atribuyéndolo sobre todo al hecho de que la línea
principal del argumento se vea con frecuencia oscurecida por
la ampliación sistemática de las líneas laterales. Efectivamente, la
com posición rapsódica que orienta el texto yuxtapone a la escena central, re
presentada por la pérdida y búsqueda del amuleto, un número infinito de
episodios de procedencia variada que unas veces brindan nuevos ele mentos para
la comprensión general del enredo, y otras tan sólo orna mentan la acción
principal o le disputan la primacía. Pertenecen parcial mente a este último
caso las dos descripciones de la macumba y del Bumba-meu-boi, las diversas
anécdotas etiológicas que salpican la narra ción y los admirables cuentos
independientes como los de Naipi (cap. IV), Palauá el Puma Pardo (cap. XIV) y
Taina-Cá (cap. XVII). Este proceso heterogéneo y aparentemente vacilante de
composición crea en el nivel de la fabulación una red de desorientaciones que
suele confundir al lector más precavido. Las dificultades, incluso, no se
reducen solamente al plano del enredo: prosiguen en el “embarullamiento”
cronológico (tem poral) y geográfico (espacial); en la indeterminación de los
personajes; en la dudosa condición de las acciones, como si el autor se hubiera
pro puesto erigir deliberadamente en elemento expresivo básico de la estruc
tura, lo heterogéneo, lo indeciso, lo descaracterizado. En verdad, eso es lo
que realmente sucede, como intentaré demostrar a continuación.
El escenario del libro, su
concepción como un aglomerado indife-renciado de lugares distintos, le fue
sugerido a Mário de Andrade — como él mismo lo declara— por el proceso
inmemorial de representar el espacio empleado por el teatro hindú, chino y
medieval, que han sobrevivido en los bailes populares brasileños 18.
Así, al transportar a la novela la construcción rapsódica que consiste
en yuxtaponer los elementos, típica del folklore, habría sido inducido a
transportar también la concepción del montaje que mejor se armonizaba con ella,
vale decir, la medieval.
Junto a esa razón estética que sin duda pesó en su elección, hubo otra,
pragmática, coherente con el proyecto nacionalista en que estaba empe ñado en
ese momento, y a la cual se refiere en los dos prefacios que esbozó para el
libro 19. Según declara allí, “El embrollo geográfico inten cional” tenía por
objetivo crear una especie de geografía, fauna y flora legendarias las cuales,
liberándose de las contingencias regionales, opera sen como un elemento
unificador de la gran “patria tan despatriada”, como él llamó cierta vez al
Brasil20. Así, si la trayectoria seguida por el protagonista — sobre todo sus
fugas que lo precipitan a través de todo el Brasil— no siguen la lógica de los
rumbos posibles, inventan en contrapar tida un itinerario fantástico, una especie
de utopía geográfica, que corrige el gran aislamiento en que viven los
brasileños, reemplazándolo por el lazo fraterno de la vecindad. El mapa de su
tierra, que Macunaíma des
pliega desde lo alto, sobrevolando el Brasil en el tuiuiu-aeroplano21,
es, de cierta manera, la proyección de un deseo profundo del escritor, mani
festado en otros momentos de su obra: deseo de establecer la identidad entre el
habitante rico del sur y el pobre campesino del norte 22, entre las ciudades
prósperas y superpobladas del litoral y “el vasto interior, donde aún reina la
pobreza, la incultura y el desierto”.
La indeterminación temporal de la rapsodia brasileña — subrayada por
Cavalcanti Proen§a quien la atribuye a una concepción legendaria— resaltó sobre
todo su reflejo en el plano del lenguaje sustituyendo el con cepto de devenir
por la categoría temporal esencial de coexistencia. Todos coexisten en el mismo
tiempo homogéneo, sin pasado o futuro, sin di visión de horas que separen el
trabajo del ocio, sin períodos de apogeo que contrasten con las épocas de
decadencia. El tiempo primordial des truyó las contradicciones y restableció
la justicia, nivelando los momentos de penuria mediante una justa distribución
de la riqueza, y extendiendo la civilización técnica del Sur a la cultura
agraria y arcaica del Nordeste.
En este espacio legendario y
en este tiempo primordial, circulan los personajes imprecisos y
descaracterizados de la narración. En cierto modo, todos ellos están sujetos a
una especie de oscilación semántica que los envuelve en un halo de
indeterminación, induciendo al lector a con frontaciones frecuentes y
constantes reverificaciones de sentido.
Tomemos inicialmente la figura de Ci, uno de los personajes pro
pulsores de la acción. Según Cavalcanti Proenga, ella no fue extraída del
folklore: es una invención de Mário de Andrade, quien la creó a imagen y
semejanza de otras mujeres legendarias que aparecen asociadas a los albores del
Mundo 23. Sin embargo, la presentación que de ella se hace en ciertos momentos,
la caracteriza muy bien como Reina de la Floresta, Emperatriz de la Selva
Virgen y, en otros momentos, la designa como Reina de las Icamiabas y, por
consiguiente, como equivalente indígena de las amazonas o mujeres guerreras.
Pues bien, como cada una de estas designaciones, Emperatriz de la Selva Virgen,
icamiaba, amazona, im plica una serie distinta de atributos, la figura de Ci
acaba diluyéndose en una bruma imprecisa que debe disipar el lector 24. Lo
mismo sucede con las figuras resultantes de la fusión de entidades diversas,
como por ejem plo la Boiuna, que a veces es la serpiente negra 25, y a veces
Capei, la luna 2S.
El caso más típico de este curioso proceso de superposición es el de
Venceslau Pietro Pietra, el Gigante Piaimá, cuyo nombre unido al apodo impone,
ya desde el comienzo, una ambigüedad esencial, que luego se desdoblará en lo
que podríamos llamar ambigüedad en cadena. Veamos de qué manera. El nombre
Pietro Pietra apunta inicialmente al origen
italiano del personaje, quien, a cierta altura, pasa a ser referido
textual mente de manera satírica: en la carta a las Icamiabas, el gigante es
designado “doctor Venceslau Pietro Pietra, súbdito del virrey del Perú, y de
origen francamente florentino, como los Cavalcanti de Pernam buco” 27. Sin
embargo, el apodo Gigante Piaima incluye duras referencias contradictorias: el
término gigante despierta en el inconsciente colectivo brasileño asociaciones
europeas, llevando al lector a identificarlo con los personajes malévolos de
gran parte de la mitología clásica, quienes, pre servados por el folklore de
origen ibérico, siguen presentes en los cuentos de la carochinha *, heredados
de Portugal. Esta primera significación europea entra en choque con la connotación
indígena, inmanente a Piaimá, que en el transcurso de la acción será reforzada
por dos infor maciones suplementarias más: a) el Gigante está casado con
Caapora;
y tiene los pies vueltos
hacia atrás; pues bien, estos dos rasgos son atributos de la entidad malévola
de la floresta, Currupira. Pero la ambi güedad del personaje no cesa aquí;
Venceslau Pietro Pietra, el Gigante Piaimá y, eventualmente Currupira, son designados
insistentemente como el regateador peruano. Por consiguiente, es italiano como
el nombre lo indica; indígena como lo indica su apodo, el casamiento con
Caapora y la curiosa inversión de los pies; y sudamericano como, a cierta
altura, nos lo informa su autor. El Gigante es, pues, un símbolo complejo y
sobrecargado, que puede ser interpretado de diversas maneras, conser vando
siempre la característica básica de antagonista. En otras palabras, podríamos
decir que, dentro del contexto salvaje del libro, Venceslau Pietro Pietra
representa al Otro, contra el cual se arroja la energía frágil pero siempre
renovada del Mismo.
Veamos ahora cómo se
presenta el personaje central de la narración. La opinión corriente — de la
crítica y de los lectores— suele ver en Ma-cunaíma el símbolo del brasileño.
Sin embargo, en uno de los prefacios ya citados, Mário de Andrade se refiere a
su creación del modo que sigue: “No se puede decir que el protagonista de este
libro, al que extraje de la obra del alemán Koch Grünberg, sea el Brasil. Es
tan o más venezolano como nuestro y desconoce la estupidez de las fronteras
para detenerse en la “tierra de los ingleses”, como llama Macunaíma a la
Guayana inglesa. El hecho de que el protagonista del libro no sea absolutamente
brasileño me agrada muchísimo. Me ensancha el pecho en forma, cosa que
antiguamente los hombres expresaban mediante el difundido “me llena los ojos de
lágrimas” 2S.
Carochinha es diminutivo de
escarabajo. La autora del ensayo alude aquí a una serie de narraciones
infantiles muy difundidas en Brasil (N . del T .).
En 1930, recibe de los Estados Unidos la primera propuesta de tra
ducción de Macunaíma, que no habría de concretarse. En carta de ese mismo año,
dirigida a su gran amigo, el poeta Manuel Bandeira 29, Mário de Andrade expresa
el temor de que el intento “no logre reproducir la esencia del poema
heroico-cómico, del libro”, mostrándose de acuerdo, sin embargo, con el hecho
de que el sacrificio del lado excesivamente brasileño hiciese resaltar sus
características universales: “( . . . ) tal vez Macunaíma gane en inglés porque
muy secretamente lo que me parece es que la sátira, además de aplicable al
brasileño en general, y de que muestra algunos aspectos característicos,
escondiendo — sistemáticamen te— los aspectos buenos, siempre me pareció una
sátira con un nivel de universalidad aplicable al hombre contemporáneo,
principalmente bajo el punto de vista de ese desganado ir yendo, de esas
nociones morales creadas en el momento en que se las va a realizar, que siento
y veo tanto en el hombre de ahora” 80.
Como puede verse, la cita es demostrativa de la extrema lucidez del
artista en relación a la ambigüedad interna de su personaje principal el cual,
a semejanza de los demás protagonistas, nos impone siempre una lectura
alternativa: Macunaíma tanto puede ser el retrato del hombre brasileño, como
del venezolano (sudamericano) o del hombre moderno universal.
Un breve episodio etiológico, narrado en el capítulo titulado
“Mayor-cito” (p. 10) demuestra que Mário de Andrade eligió con igual precisión
los índices exteriores que deberían definir, a través de la apariencia, la
ambigüedad de su criatura: se trata de la secuencia en la que la hutía,
impresionada por la viveza de Macunaíma niño, resuelve “igualarle el cuerpo con
la cabeza” arrojando sobre el pequeño el contenido de la vasija. “Entonces (el
agutí) tomó la vasija llena de caldo envenenado de aipim y la volcó sobre el
niño. Macunaíma se apartó espantado pero sólo logró salvar la cabeza; el resto
de su cuerpo se mojó. El héroe estor nudó y el cuerpo empezó a crecerle. Se
fue desapenando, creciendo, for tificando hasta alcanzar el tamaño de un
hombre talludo. Pero la cabeza no mojada permaneció para siempre romboidal y la
carita con disgustada expresión infantil”. Pues bien, la anécdota contiene por
lo menos dos intenciones. Inicialmente, se empeña en informar al lector que la
cabeza pequeña “y la disgustada expresión infantil” del personaje no son carac
terísticas gratuitas, sino señales externas de una falta de armonía esencial:
señalan la permanencia del niño en el adulto, de lo alógico en lo lógico, del
primitivo en el civilizado. El héroe resulta así forzosamente definido como un
ser híbrido, cuyo cuerpo ya alcanzó la plenitud del desarrollo adulto, mientras
el cerebro permanece infantil, sometido a los esquemas lógicos del pensamiento
salvaje. Es la misma contradicción que, de modo más sutil, vuelve a ser
expresada un poco más adelante en el pequeño fragmento de la p. 20, cuyos
términos simétricamente opuestos subraya mos: “Las lágrimas corrían por las
mejillas infantiles del héroe para
terminar bautizando el pecho melenudo. Entonces suspiraba sacudiendo la
cábecita”.
La segunda intención implícita en el episodio de la hutía es establecer
una comparación satírica entre el “bautismo” de Macunaíma y la inmer sión de
Aquiles en las aguas del Styx 31; o sea, la cabeza que el héroe brasileño logra
sustraer al baño lustral es, en verdad, el equivalente del talón del héroe
griego y debe ser considerado de allí en adelante como su punto débil. En
resumen, el episodio en cuestión describe a Macu naíma como un adulto
inmaduro, un hombre sin razón y sin proyecto y, por consiguiente, como un héroe
vulnerable.
Pero la ambigüedad del personaje no sólo es física y psicológica; es
también cultural. A través de una serie de símbolos, Mário de Andrade señala
con insistencia que el personaje, el cual al fin de su trayectoria regresa a su
morada en posesión del amuleto, no es el mismo que, al inicio del libro, partió
en su busca. La narración describe de manera simétrica la ida y vuelta de
Macunaíma, y en los dos casos lo hace pro teger por el mismo “séquito de
araras rojas y loros”; pero el retorno, que había comenzado de manera triunfal
se va transformando lentamente en la retirada sin gloria de un héroe cansado y
enfermo. Al final de su periplo, Macunaíma ya no es señor de nada, ni de los
antiguos recuerdos del Uraricoera, que terminan siendo suplantados por los recuerdos
de las “hijitas de la mandioca” y “las nostalgias de lo ocurrido en la gran
aldea paulista”: Y si una vaga fidelidad aún lo ata a la “linda Iriqui”, que lo
espera “adornándose y rascándose sobre las raíces de la samaúba” es para
convertirla sin vacilar, dos o tres páginas después, en la “princesa muy fina”
y exclamar: “¡Iriqui es poca cosa, hermano, pero la princesa, caray!” La misma
recuperación del amuleto ya no parece ser garantía de felicidad, pues para
protegerse a su regreso, el héroe sustrajo al progreso algunos amuletos
extranjeros, como por ejemplo el revólver Smith-Wesson, el reloj Pathek Phillip
y la pareja de gallinas Leghorn 32.
Desde el punto de vista cultural, Macunaíma es también un personaje
ambivalente, fluctuante entre valores de dos clases. Es, en verdad, un hombre
degradado que no logra armonizar dos culturas que son muy diferentes: la del
Uraricoera, de la cual proviene, y la del progreso, a la que ocasionalmente ha
ido a parar. Empleando la terminología de Mar-cuse, podríamos decir que él
oscila indefinidamente entre el polo de Pro meteo y el de Narciso, como muy
bien lo evidencia su relación con el dinero33. En la ciudad se inscribe en el
polo de Prometeo, en el ámbito del trabajo, del proyecto y de la elección; sin
embargo, sigue teniendo con el dinero la relación salvaje, dionisíaca — o
narcisista— basada en los golpes de suerte, en la búsqueda de los tesoros
enterrados, en la atracción por los juegos de azar. Al contrario de los
habitantes de la ciudad, cuyos actos han sido dictados por la previsión y por
el lucro, al protagonista al cabo de “tantas conquistas y tantos hechos pasados
( . . . ) no le quedaba ni un solo centavo de todo lo que ganara a la lotería”.
La indeterminación semántica
o la dualidad que rige el texto y en cuentra eco en la concepción del
escenario, de los personajes y en la ca racterización del protagonista, se
proyecta también — como pasaré a demostrarlo— en la trama narrativa, cuyo enunciado
sigue una orien tación doble.
Recapitulemos el argumento. El núcleo central del libro se desarrolla en
torno al amuleto; al final del capítulo III, después del encuentro amoroso con
Macunaíma, Ci extrae del collar la piedra verde en forma de saurio y, antes de
ascender al cielo, la entrega a su amante; la piedra mágica se extraviará poco
después, en mitad del capítulo IV; de allí en adelante, hasta el final del
capítulo XIV, la acción se reduce prácti camente a la búsqueda atribulada del
amuleto; éste finalmente es recu perado en la disputa con el gigante para
terminar escabullándose, ahora definitivamente, de las manos del protagonista,
en el tercio final del penúltimo capítulo (XVII), durante la lucha con la
sirena. El análisis más importante de esta estructura básica pertenece a Haroldo
de Cam pos; por eso es necesario comenzar por su breve exposición, para luego
tratar de rectificarlo34.
El análisis de Haroldo de Campos sigue fielmente y con extrema
minuciosidad el esquema elaborado por Propp para el cuento ruso de carácter
mágico. Según él, el libro de Mário de Andrade se desarrollaría como una
fábula, “a partir de un daño o de una carencia, pasando por funciones
intermediarias hasta un desenlace”, que estaría constituido por una función
final: la reparación del daño o de la carencia 35. La narra ción brasileña
presentaría, de este modo, episodios significativos y subsi diarios, esenciales
y ornamentales; y su cerebro, su núcleo articulado básico — aquello que
constituye su gran movimiento sintagmático— coincidiría substancialmente con la
acción medular del cuento de magia. En síntesis, el esquema propuesto por
Haroldo de Campos sería el si guiente :
(adquisición del amuleto)
dato inicial: pérdida del amuleto;
disputa con un antagonista:
búsqueda/lucha con el gi gante;
remoción del maleficio: rescate
del amuleto;
(regreso triunfal a su lugar de origen)
lo que correspondería también a
la forma más simple del esquema de
Greimas, donde:
“una situación inicial, provocada en general de manera imprevisible,
crea o revela la ausencia de un objeto o de una persona, cuya adquisición en el
curso de una andanza (errance) suscita los antagonismos, termi nando por
concretarse para gloria del protagonista y de la comunidad a la que pertenece”
36.
Como se ve, se trataba de una estructura progresiva, en la medida en que
la aventura implicaba una serie de pruebas que le permitían al per sonaje
progresar desde un estado inicial de carencia a un estado final de reparación
(y en cierto modo, de perfección), cuando se restablecía el orden común 37.
Por otro lado, la lectura de Haroldo de Campos, extrapolando en la
literatura un modelo de abordaje que fuera suscitado por la cultura po pular,
lo obligaba a una serie de precauciones, a saber:
a discutir y luego rechazar
la reserva de Propp con respecto a la validez de aplicación de su esquema a las
formas literarias eruditas 38;
a discutir y rechazar — por
improcedente en este caso— la re serva de Jakobson en cuanto a que “existen
diferencias estructurales esenciales” entre el folklore y la literatura,
representadas por la “predis posición específica del primero hacia la langue y
del segundo hacia la parole”, concluyendo que “Mário de Andrade, en su
proyecto, abolió, por así decir (o por lo menos suspendió hasta el límite de lo
posible) esa diferencia estructural fundamental, incorporándola como regla de
su juego literario ( . . . ) De allí la ambigüedad fascinante de su libro, que
al mismo tiempo discute y acepta, es artificial y anónimo, “fato de paro le” y
“fato de langue” (p. 72) 39.
a considerar como
narraciones apéndices o procesos de degrada ción (en la acepción de Bremond) —
y no como nuevos sintagmas— todas las situaciones que, si bien codificadas por
el repertorio mítico, se encontraban fuera del esquema del cuento mágico (p. 78);
a considerar como episodio
significativo por excelencia la lucha de Macunaíma con el gigante Piaimá, pues
ella era la que a su juicio resolvía la intriga, reintegrándole al protagonista
el amuleto perdido;
a interpretar el retorno de
Macunaíma a su tierra natal (al Ura-ricoera) como el regreso triunfal del héroe
a su punto de partida, al Paraíso Perdido (pp. 105 y 109). De este modo, el
libro que había comenzado con un “daño” (la pérdida del amuleto), alcanza su
punto culminante con la “remoción del hechizo o de la falta” (recuperación del
amuleto y el regreso al suelo natal) (p. 78).
Intentaré ahora discutir la interpretación de Haroldo de Campos,
adoptando un punto de vista diferente del suyo. En primer lugar, tomando más en
serio las reservas formuladas por Propp y Jakobson en relación a la validez de
aplicación al campo de la literatura de los méto dos seguidos para estudiar el
folklore; en segundo lugar, confiando me nos en las analogías que propone
entre Macunaíma y el cuento mágico; y por último, tratando de destacar en la
rapsodia brasileña los rasgos que justamente la definen como una obra literaria
y valorizando, por consiguiente, los alejamientos que presenta en relación al
cuerpo total de normas y tradiciones que le sirvieron de estímulo.
La observación de Propp según la cual “los métodos ( . . . ) que aspi
ran al estudio objetivo y exacto de la literatura tienen sus límites de
aplicación” y son fecundos sobre todo en el campo del lenguaje y del
folklore — pero incompletos cuando aplicados a la literatura— no fue tomada en
consideración por Haroldo de Campos, quien no completó como sugería Propp, el
análisis de las coincidencias entre la estructura de Macunaíma y la del cuento
ruso de intención mágica con “el estudio de aquello que en él (el arte) hubo de
único” e irreductible. No hubo, por parte del crítico brasileño, interés en
verificar si, independiente mente de las analogías que estaba descubriendo, la
estructura del libro presentaba una lógica autónoma que, en lugar de remitir al
lector al universo supraindividual de existencia solamente potencial de la
fábula, tratara de establecer un vínculo con la producción individual, de exis
tencia concreta de la obra literaria; y aún, que incluso manteniéndose en el
plano de la estructura tratase de relacionarla con el complejo sistema formal
del escritor. Por el contrario, reduciendo el libro simbólico, alusi vo,
elaborado y profundamente anclado en el universo ideológico del escritor, a “un
complejo de normas establecidas y estímulos”, a “un es queleto de tradiciones”
que la creación individual se había limitado a ornamentar y unificar más o
menos coherentemente, Haroldo de Campos terminó reduciendo un fenómeno
admirable de parole a lo vano de la
langue. ¡
No me parece tampoco exacto afirmar, como lo hizo el crítico brasi
leño, que la originalidad del proyecto artístico de Mário de Andrade consistió
en haber abolido o suspendido “hasta el límite de lo posible” la diferencia
estructural fundamental entre langue y parole, para incor porarla como regla
de juego literario. ¿Acaso esta conversión sistemática no era una de las
constantes más frecuentes de todo el arte moderno? En verdad, como traté de
demostrar en la primera parte 40, Mário de Andra de no hizo otra cosa que
recurrir, en Macunaíma, a una práctica artís-tica-normal, que las vanguardias
habían revalorizado y él, como estudioso del folklore, había reencontrado en
los procesos populares. Más tarde Lévy-Strauss, reflexionando sobre las artes
plásticas, habría de analizar este hecho con extraordinaria brillantez en los
casos tan inquietantes para la estética contemporánea de los colages, de los
objets trouvés, de los ready-made41; y recientemente las traducciones de los
libros de Bakhtine mostrarían que hace mucho el genial crítico ruso había
definido el pro ceso como característico del arte carnavalesco de todos los
tiempos, estu diándolo más detalladamente en Rabelais, vale decir en el
renacimiento 42.
Finalmente, volviendo a los reparos formulados a Haroldo de Campos, lo
que a mi ver constituye la mayor fragilidad de su enfoque, fue el haber
proyectado en un libro, cuyos componentes eran todos ambiguos y ambivalentes,
una lectura unívoca que rechazaba los desvíos de la norma, para que la obra de
arte cupiese a la fuerza en el modelo que, fatalmente, habría de rebasar. Voy a
dar algunos ejemplos para aclarar mejor la di vergencia de mi punto de vista
con la postura de Haroldo de Campos.
Para el crítico, la médula estructural propiamente dicha de Macunaí ma,
su gran sintagmática, era el enfrentamiento con Piaimá; enfrenta miento que
posibilitaba la recuperación del amuleto y, por consiguiente, justificaba la
identificación con la estructura del cuento de intención mágica. Pues bien, la
defensa de esta posición implicaba algunos olvidos que, por casualidad, se
vinculaban al episodio de Vei — como si el crítico sospechase inconscientemente
que él amenazaba la supremacía de la se cuencia del Gigante, comprometiendo,
por consiguiente, la solidez de la analogía que estaba proponiendo. De hecho el
enfoque de Haroldo de Campos incurre en las siguientes abstenciones:
ignoró, lisa y llanamente,
la declaración hecha por Mário de Andrade, en uno de los prefacios, según la
cual el episodio de Vei y sus dos hijas era una de las alegorías centrales del
libro;
b ) no se refirió a la coincidencia curiosa de que el episodio en
cuestión (que a cierta altura del libro se fraccionaba para no reaparecer sino
en las últimas páginas) tenga como consecuencia la pérdida final del amuleto y,
por lo tanto, se oponga en una simetría invertida al episo dio de Piaimá, que
señalara la recuperación del amuleto; pues bien, esta simetría presentaba a
Macunaíma en el primer episodio como un perso naje derrotado y, en el segundo,
como un personaje victorioso; ¿qué sen tido tendría esta contradicción?;
no tomó en cuenta el hecho
de que la secuencia de Vei constituya, simultáneamente con la carta a las
Icamiabas, el centro del libro, estando por lo tanto ubicada en la posición
estratégica que, según Jakobson marca en general el clímax de la acción;
no advirtió — como, por lo
demás, gran parte de los amigos y contemporáneos del escritor— que la carta a
las Icamiabas cumplía una función importante en la estructura de la obra; por
eso la tomó como un capítulo autónomo y ornamental, como para exhibición de
virtuosismo lingüístico, cuando en verdad no era sino un comentario satírico de
la elección errónea del protagonista que acababa de preferir la portuguesa a
las hijas de V ei43;
en un punto más discrepo con
la perspectiva de análisis de Harol do de Campos: cuando identifica la
interpretación del amuleto con la reparación del daño, interpretando el regreso
de Macunaíma al Ura ricoera como un regreso triunfal44. Es cierto que el
propio Mário de Andrade induce a la confusión, al afirmar, al comienzo del
capítulo XV, cuando da inicio al viaje de retorno de su protagonista, que a
causa del amuleto recuperado Macunaíma y sus hermanos “se sentían felices otra
vez” y “todo se había vuelto más fácil”. Pero siendo Mário de Andrade un gran
manipulador de contradicciones, es necesario tener cuidado con sus trampas.
Efectivamente, el amuleto había hecho inicialmente feliz al protagonista en el
amor y afortunado en la caza y en la pesca; había enriquecido además a su
interceptador Venceslau Pietro Pietra “que se había hecho estanciero y rico
allá en San Pablo”; pero una vez recupe
rado, acarrea, paradójicamente, después de la lucha con el Gigante, la
tristeza, la enfermedad, la desolación y finalmente la desgracia. El capítulo
que sigue a la victoria del protagonista (capítulo XV) nos lo muestra
teniéndoselas que ver con los mosquitos, las cucarachas, los monstruos: el
Pondé, el Mapin-Guasi, el Oibé, el hombre lobo; el capítulo XVII introduce en
su desarrollo las enfermedades: el mal de Bau-rú, la fiebre amarilla, el mal de
Chagas, la anquilostomiasis; en el capítulo XVII el protagonista ya se arrastra
hasta la tapera, en la soledad y el silencio, sintiéndose abandonado como
“difunto sin llanto”; poco después caerá destrozado en los brazos de la sirena,
perdiendo para siempre el talismán. ¿Adonde podemos leer el triunfo?
Si intentáramos, a partir de
este momento, colocar entre paréntesis la analogía con el cuento ruso, dejando
aflorar en una lectura relativa mente inocente la morfología profunda de la
rapsodia brasileña, adverti ríamos que ella está regida no por uno, sino por
dos grandes sintagmas antagónicos: el primero está representado por la
contienda de Macunaí ma con el Gigante Piaimá, y de ella el protagonista sale
victorioso, recu perando el amuleto; el segundo está representado por el
enfrentamiento de Macunaíma con Vei, el sol, episodio fraccionado en dos
secuencias complementarias, que llamaremos a una el de la elección funesta y a
la otra la de la venganza — y de él el protagonista sale vencido perdiendo para
siempre la piedra mágica. De modo que la narración brasileña en vez de seguir
el movimiento progresivo del cuento ruso, evolucionando desde el daño hacia la
reparación del daño, se somete a un movimiento regre sivo, en el cual la
aventura evoluciona desde un primer daño provisorio hacia un segundo daño
definitivo, con un tiempo intermedio que de cierta manera se anula. La
estructura sería en consecuencia de retorno y correspondería al siguiente
esquema:
pérdida del amuleto
2 . búsqueda / lucha con el
Gigante V 1er.
sintagma
1/3. recuperación del amuleto J
■
2 . vuelta / lucha con Vei 'I
W
29 sintagma
3. pérdida final del amuleto i
A cierta altura de su libro, permitiendo que su admirable acuidad crí
tica se manifestara, Haroldo de Campos advirtió que los dos sintagmas del
Gigante Piaimá y de Vei, el sol, se cruzaban efectivamente en el interior de la
narración; o mejor, se confrontaban en una posición inver samente simétrica en
relación a un eje, y que el juego de sus oposiciones estaba rigurosamente
marcado por ciertos elementos expresivos45. Des
graciadamente no pudo concretar el descubrimiento, pues el mismo estaba
en contradicción flagrante con el proyecto que se había fijado. Voy a re tomar
por cuenta propia su observación estableciendo inicialmente un esquema que
intenta resumir el juego expresivo de los dos sintagmas:
ler. sintagma 2? sintagma
Confrontación / victoria de Macu naíma sobre Piaimá.
Macunaíma ve “un pajarito verde y se pone contentísimo”.
Macunaíma recupera el amuleto y, tras vencer al Gigante, exclama
“amuleto, amuleto de mi bella, a ti te veo pero no a ella”.
Confrontación / derrota de Macu naíma en manos de Vei, el sol.
Macunaíma oye el “piar agorero del tincud y tiembla”.
Macunaíma pierde el amuleto de finitivamente y grita: “¡Recuerdo!
“¡Recuerdo! ¡Recuerdo de mi mal vada! No la veo a ella, ni a ti, ni nada”.
Como puede verse, el sintagma que narra la confrontación / victoria de
Macunaíma sobre el Gigante Piaimá está marcado por los símbolos positivos: el
pajarito verde emblema de la alegría 46, la felicidad del pro tagonista
(Macunaíma se muestra muy satisfecho), la designación que proclama la hermosura
de la amada ( mi bella). En oposición, como pre-anuncio de las consecuencias
que habrán de derivarse de la elección fu nesta, el segundo sintagma está
reforzado por los símbolos negativos: el piar agorero del tincuá, el miedo del
protagonista (Macunaíma tiembla), la convicción del tiempo irrecuperable
(¡Recuerdo! ¡Recuerdo!) de la cueldad de la amante ( mi malvada), y del
sentimiento difuso de priva ción (wo la veo a ella, ni a ti, ni nada).
Dentro de un momento, cuando analice la significación del episodio en
que aparece Vei, intentaré demostrar que el primer sintagma, relacio nado con
la victoria de Macunaíma sobre Piaimá, se refiere a los valores primitivos,
simbolizados por el Uraricoera; y el segundo, que describe la derrota de
Macunaíma frente a Vei representa la peligrosa atracción de Europa, expresada
en la unión con la portuguesa.
Desde el comienzo de esta
segunda parte de mi ensayo, estoy tra tando de canalizar la gran dilaceración
que se proyecta en todos los ni veles del relato. Pues bien, este universo
poderosamente ambivalente, que encuentra su más bella expresión estructural en
el cruce de dos sintagmas inversamente simétricos, está de cierta manera
resumido en dos dísticos que atraviesan el libro de punta a punta:
“¡Ay qué pereza!”
y
“mucha hormiga y poca salud son los males de Brasil” *.
Desde el comienzo vemos que las dos frases expresan contenidos opues
tos. La primera, bastante clara, prácticamente no necesita explicación:
representa la apología del ocio y es simétrica con respecto al primer sintagma,
cuyo sentido refuerza; la segunda, mucho más compleja, incluye varias
referencias y exige por eso un examen detallado.
Según nota del propio autor para la traducción norteamericana, la frase
“mucha hormiga y poca salud son los males de Brasil” “es muy impor tante con
respecto al sentido satírico del libro y ha sido creada rítmica mente a la
manera de un proverbio”. En verdad, ella funde, como bien observa Cavalcanti
Proenca, dos frases célebres de la historia cultural brasileña: la de
Saint-Ilaire — “O el Brasil termina con la saúva o la saúva termina con el
Brasil”— que sintetiza las referencias hechas por todos los cronistas a los
daños provocados por esas hormigas en las plan taciones de los colonizadores y
la expresión “pouca saúde (poca salud), metonimia de la sentencia del gran
médico brasileño Miguel Pereira: “el Brasil es aún un vasto hospital” 47. Se
trata, por lo tanto, de una doble alusión fuertemente teñida de significaciones
para el inconsciente colectivo, el cual la podrá leer de la siguiente manera:
“El Brasil es un país a merced de dos males: de las hormigas que atacan sus
plantaciones, y de las enfermedades, que hacen de él un pueblo de poca salud;
por ello está condenado a dos tareas: terminar con la saúva para que la saúva
no termine con él, y terminar con las enfermedades (la poca salud) para que
éstas no lo transformen en un vasto hospital”.
De este modo si la exclamación “¡Ay qué pereza!” expresaba un deseo
ancestral de verse reincorporado al ámbito del Uraricoera y del amuleto,
— a todo aquello, en fin, que nos definía como diferencia en relación a
Europa— , la metonimia duplicada ( “O el Brasil termina con la saúva o la saúva
termina con el Brasil”) instalaba en el discurso la exigencia de una elección,
que sólo podía ser hecha desde el lado de los valores occi dentales del
trabajo. Los dos dísticos resumían, por consiguiente las con tradicciones
insolubles diseminadas por el relato, la tensión entre el principio del placer
y el principio de realidad, entre la tendencia espon tánea a zambullirse en el
reposo integral del mundo inorgánico, en el Nirvana, y el esfuerzo de obedecer
a los imperativos de la realidad, de la lucha por la existencia, de las
restricciones y las renuncias que caracterizan a la civilización y al progreso,
simbolizados en Prometeo48.
La frase en portugués dice:
"Muita saúva e pouca saúde os males do Brasil sao”. La saúva es un tipo de
hormiga gigante y voraz muy frecuente en el Brasil. (N . del T .).
La referencia a Marcuse no
es gratuita, pues la descripción que hace en Eros y Civilización de la gran
tensión que dilacera al hombre contem poráneo se adapta, de manera adecuada,
no sólo al universo perdido de Macunaíma y al cuerpo de ideas de Mário de
Andrade sino, especial mente, a su poesía. Ello justifica la pequeña digresión
que sigue.
En las densas meditaciones que constituyen una de las partes más im
portantes de su obra poética, el destino del Brasil se cruza y confunde con el
destino personal del escritor, y los temas se organizan casi siempre de a
pares, oponiéndose simétricamente como las dos caras de una misma moneda. Es
así como Louvagáo da Tarde celebra el descanso del fin del día, el momento del
sueño y la evasión que es también el de la creación artística, mientras que la
Louvagao Matinal celebra el comienzo de la jornada de trabajo, el instante de
la decisión y del proyecto. Lo mismo ocurre con los dos grandes poemas
fluviales A Meditagao do Tieté y el Rito do Irmao Pequeño, donde el curso
paciente del río paulista y las silenciosas regiones inundadas de la Amazonia
delimitan dos campos opuestos, donde se sitúan, por un lado, la personalidad
construida, el ethos, y por otro, el ser primordial.
Esta fractura que escinde curiosamente las meditaciones, haciendo que
una contradiga aquello que la otra afirma, también puede localizarse en el
interior de un único verso o en el juego de oposiciones de dos imá genes. Es
lo que ocurre con el hermoso verso de juventud que tomamos como epígrafe:
“Soy un tupí tañendo un laúd” *; o con el uso sistemático de ciertas
imágenes antitéticas tales como montaña y orilla, río y laguna, buey y
perezoso.
En efecto, una de las imágenes antitéticas preferidas por Mário de
Andrade es “Pirineos y Caigaras” **. Pues bien, si el primer término de
oposición designa la cordillera que se alza entre Francia y España, y es, por
consiguiente, una metáfora del bloqueo y de la altitud europea, el segundo, de
origen indígena, significa, en la acepción que en general le da Mário de
Andrade, “cerco de madera al margen de un río, para em barcar el ganado” 49,
teniendo, por consiguiente, una connotación brasi leña de planicie. Algo
similar ocurre con la oposición río / laguna — mu chas veces identificada a
pureto— lugar estable, punto de llegada, paz disolvente, indiferencia. En
cuanto a la antítesis buey / perezoso, re presenta, de modo general, una
duplicación de la oposición anterior, ya que los dos pares de imágenes pueden
funcionar como pares intercam biables. Sin embargo, como ya fue señalado al
comienzo de este ensayo, buey es el gran sello del destino elegido, la metáfora
preferida para la
La de los tupís es una tribu
de indios brasileños. Muchos vocablos de su idio ma han sido incorporados al
portugués. En este verso, Mario de Andrade contrasta lo natural o folklórico
(su condición tupí) con la elaborada cultura europea representada por el laúd.
(N . del T .).
* La de los Cacaras es otra
tribu de indios brasileños. (N . del T .).
personalidad ética y por lo tanto europea; mientras que perezoso encarna
el ocio y la indiferencia, el abandono a aquella “filosofía fatigada de la
existencia”, desprovista de placeres y dolores, “fundada en el calor y la
humedad”, que Mário de Andrade programaba para el final de su vida, junto a uno
de los pequeños ríos de la Amazonia.
En resumen, y concluyendo la digresión, fue el conocimiento de la fisura
profunda que hiere todos los sectores de la reflexión de Mário de Andrade, y se
manifiesta en la poesía de manera obsesiva mediante la oposición incesante de
imágenes, lo que me llevó a destacar el episodio de Vei. Ya que como podremos
ver ahora, reuniendo las puntas de nuestra madeja, es a partir de éste como
podremos desentrañar los argumentos más claros de la gran discusión del libro.
En un texto de 1943, escrito
para un semanario de provincia, Mário de Andrade explica detalladamente el
episodio de Vei, el cual, como ya fue dicho, considera una de las alegorías
centrales del libro, y que está dividido en dos tiempos: el primero en el capítulo
VII y el segundo en el capítulo XV II50. El análisis que efectúo a continuación
se basa en parte en ese testimonio importante de sus intenciones, que traté de
enca denar mejor, agregándole otros elementos, sobre todo intentando
establecer cierta conexión entre lo que allí se dice y la filosofía de
Keyserling que, como él mismo antes declara, constituye una de las referencias
de su meditación sobre el Brasil51.
Por una cuestión de método, resulta aconsejable empezar por la reca
pitulación de las dos secuencias del argumento. Vei, el sol, que venía
navegando en su jangada con sus tres hijas, encuentra a Macunaíma temblando de
frío en un islote desierto de la Bahía de Guanabara. Lo recoge a bordo y lo
entrega a las muchachas que lo limpian y adormecen con caricias. Cuando el
protagonista se despierta la embarcación ya está en Rio de Janeiro y Vei le
propone a una de sus hijas en matrimonio. El agradece, promete que sí, jura por
su madre, pero de inmediato olvida el compromiso: “no bien la futura suegra se
aleja no piensa más en la promesa y sale en busca de una mujer. Y se amanceba
con una portuguesa, el Portugal que nos heredó los principios cristianos
europeos”. Esta es la primera parte de la alegoría. Al finalizar el capítulo,
Mário de Andrade prácticamente la abandona para no retomarla sino al final del
libro, cuando Macunaíma vuelve al Uraricoera, exhausto y devorado por la
malaria. Es entonces que la vieja sol, recordando la afrenta sufrida trama
atraparlo en las redes de la venganza. Pero — como ya vimos— el con tacto con
el progreso modificará gradualmente al protagonista, habituán dolo a los
patrones europeos. Vei sabe, por lo tanto, que para ser bien sucedida necesita
europeizar también los instrumentos del castigo. Y por
eso confiere al espejismo con que lo atrae la tonalidad general europea,
haciendo que el agua se vuelva “exageradamente fría para aquel clima del
Uraricoera y en aquella hora alta del día” y disimulando la apariencia
amerindia de la sirena bajo los rasgos lusitanos de doña Sancha. Macu naíma
resiste durante algún tiempo al embuste, pero finalmente termina cediendo y “se
arroja al agua fría, prefiriendo los brazos de la sirena ilusoria”. Entonces
los terribles seres del agua lo reducen a un “despojo de hombre” y él pierde
para siempre el amuleto, “el amuleto nacional que le daba razón de ser”.
Acompañemos ahora a Mário de Andrade en la explicación que nos ofrece de
su alegoría. Las hijas de Vei — “hijas de la luz”, “hijas del calor”—
representan a las grandes civilizaciones tropicales como la China, la India, el
Perú, México, Egipto, civilizaciones que se realizaron en torno a valores
culturales muy diversos de Occidente y que habrían armonizado mejor con
nuestras condiciones climáticas. Por consiguiente, enfrentado a la disyuntiva
de tener que elegir entre las hijas de Vei y la portuguesa (el Occidente),
Macunaíma debía haber optado por una de las primeras; esta hubiera sido la
decisión acertada, coherente con la acción central del libro, la búsqueda del
amuleto. Actuando de ese modo el protagonista hubiera inscrito su destino en el
ámbito del Uraricoera, dándole coherencia a la lucha con el Gigante y
justificando la recupera ción del amuleto. Por último, estaría esforzándose
por “organizarse en una vida legítima y funcional”, que transformase “el caos
interior de sus disposiciones naturales, en un cosmos estructurado en torno a
un centro de gravedad”. Inversamente, la elección que efectúa — primero de la
portuguesa y, al final del relato, de doña Sancha (ya que engañada por Vei toma
a la sirena amerindia por una de las hijas de M ani)— estaba en desacuerdo con
la aventura a la que se había lanzado: representaba una acomodación a los
principios cristianos europeos y establecía por lo tanto una relación disonante
entre el núcleo de su personalidad y una civilización que correspondía a “otras
necesidades sociales y otros climas”.
Las dos secuencias forman, por lo tanto, un todo dentro de la estruc
tura del relato, donde diseñan su alegoría central. La venganza de Vei,
complementaria con respecto a la propuesta de casamiento desdeñada, representa
la consecuencia funesta de una elección desastrosa. El episodio sin embargo, no
constituye solamente la discusión figurada de la tesis central del libro, sino
que, en cierto modo, resume y anticipa el largo debate sobre la identidad
brasileña, que nunca más abandonará la re flexión atormentada del escritor.
I I I
A cierta altura de la
primera parte de este análisis (p. x iv ), trans cribí un fragmento de Mário
de Andrade al que me agradaría volver a
remitir al lector, pidiéndole que ahora tome en consideración una
afirma ción que en aquel momento no me pareció oportuno subrayar: que la
canción de ronda brasileña, no obstante las diferencias melódicas e in cluso
rítmicas que ya le confieren una característica nacional “más po sitiva”,
“sigue siendo, como texto y tipo melódico, firmemente europea y particularmente
portuguesa”.
Este conflicto entre la vieja herencia europea y las fuentes locales de
inspiración, que Mário de Andrade examina en el ensayo “Influencia portuguesa
en las rondas infantiles del Brasil” 52, no era a su juicio ca racterístico de
las canciones de ronda solamente, sino que constituía un rasgo diferenciador
permanente de las manifestaciones de nuestro folklore musical. En el Ensayo
sobre la música brasileña53 la idea encuentra un espléndido desarrollo cuando
su autor discute el problema del ritmo y muestra que la tensión también tiene
lugar entre la rítmica “ya organizada y bien encuadrada que Portugal trajo de
la civilización europea hacia acá” y la rítmica oratoria, fraseológica,
prosódica, “sin medición musical sepa rada”, que caracteriza la música amerindia
y africana. La conciencia de este conflicto no debe, sin embargo, transformarse
en reacción contra
Portugal — concluía— pues la música brasileña ya se acomodó tanto a las
coincidencias e influencias dispares como a las tensiones, “haciendo de eso un
elemento de expresión musical”.
Pues bien, yo estoy convencida de que, al elaborar Macunaíma Mário de
Andrade traspuso hacia la literatura, de manera intencional y crítica, el
conflicto que con tanta agudeza observara en la música entre la tradi ción
europea heredada de Portugal y las manifestaciones locales, popula res,
indígenas o africanas. De tal modo, desarrollando la analogía pro puesta desde
el comienzo de este trabajo entre la música popular y el proceso de composición
de Macunaíma, pretendo demostrar, en esta ter cera parte, que
independientemente de los enmascaramientos sucesivos que confieren a la
narración un aspecto salvaje, su núcleo central perma nece siendo firmemente
europeo.
La hipótesis que propongo es que Macunaíma puede afiliarse, bajo ciertos
aspectos, a una remota tradición narrativa de Occidente, a la novela arturiana
o de caballería, que por su parte desarrolla uno de los arquetipos más
difundidos de la literatura popular universal: la búsqueda del objeto
milagroso, objeto que, en el caso del relato del rey Arturo, se identifica con
el Graál54. La narración se remitiría, en consecuencia, a dos sistemas
referenciales diferentes que a veces se superponen: el pri mero, ostensible y
polémico, apunta a la realidad nacional, basándose en el repertorio variado de
las leyendas y de la cultura popular; el segundo, subterráneo, evoca la
herencia europea y un linaje centenario. El interés del libro resulta así, en
gran medida, de esa “adhesión simultánea a tér minos enteramente heterogéneos”
55, o mejor de un curioso juego satírico que oscila de manera ininterrumpida
entre la adopción del modelo europeo y la valorización de la diferencia
nacional. Antes de que procedamos a la
comparación propiamente dicha entre la rapsodia de Mário de Andrade y la
novela arturiana, veamos algunos ejemplos más generales de este procedimiento.
Ya en el comienzo de
Macunaíma, en las páginas 5 y 6, el autor introduce en el argumento, de manera
insólita, el tema europeo del príncipe encantado, que contrasta violentamente
con la atmósfera indí gena dominante. La transformación del personaje en príncipe
bello y príncipe fogoso, sugerida por los cuentos europeos de metamorfosis,
como “la bella y la fiera” o “el loro del limonero verde”, no es un juego
incon secuente, sino un símbolo intencional de nuestra fluctuación cultural.
La sustitución del aspecto original de Macunaíma, negro y salvaje, por la
figura bella y característica del héroe europeo que nuestro folklore heredó,
traduce con admirable eficacia la incapacidad brasileña de afirmarse con
autonomía en relación al modelo occidental. Lo mismo podría decirse del breve
episodio final del libro, cuando el prestigio europeo de la “princesa muy fina”
descalifica a los ojos de Macunaíma el encanto agreste de Iriqui, la heroína
nacional.
Incluso podría decirse que la oscilación entre el modelo europeo y la
diferencia brasileña rige de cierto modo todo el comportamiento erótico de
Macunaíma, como lo atestigua el episodio de Vei y sus hijas. En el relato de
Mário de Andrade éstas son denominadas también “hijas del calor” e “hijas de la
luz”, perífrasis que sugieren su mestizaje; por eso son rechazadas por el
protagonista, que ya adhirió a los patrones occidentales de belleza y las
desdeña, primero a favor de la portuguesa y, hacia el fin de la novela, a favor
de doña Sancha, “lindísima blanquita”, como las princesas de los cuentos
infantiles de la Carochinha 56.
Pero más que esa identificación con el universo europeo en general,
Macunaíma representa en muchos aspectos, como ya fue dicho, una re asunción
satírica de la novela de caballería. Antes de examinar en qué medida ello es
así, empecemos, con el fin de una mejor comprensión del análisis, por una breve
referencia a la novela arturiana.
Según Cedric Eduard
Pickford, cuando Geoffroi de Monmonth y Chrétien de Troyes lanzaron a fines del
siglo x n la leyenda arturiana, “inauguraron una literatura que fue leída,
copiada y admirada durante tres siglos” y cuya influencia actuó de manera decisiva
en la literatura posterior plasmando la conducta caballeresca de los nobles 57.
Al comienzo en Percivale o el cuento del Graal de Chrétien de Troyes, la
caracterís
tica dominante es guerrera pero luego empiezan a esbozarse rasgos de
nítida connotación mística, anunciando el pasaje a la caballería celes tial
5S. Por otro lado, aun cuando los valores más altos pertenezcan a la caballería
y al sacerdocio, y la palabra aventura asuma el sentido de “prueba que subraya
el sentimiento heroico de la vida” 59, la novela de dica un interés acentuado
a la descripción de las ropas, joyas y recep ciones mundanas, reflejando la
formación del nuevo público femenino al que se dirige.
El Lancelot de Roberto de Boron, que viene a continuación, prosigue esa
tradición caballeresca y feudal; pero la novela en prosa más célebre del ciclo
es la Búsqueda del Santo Graal (Queste del Saint Graal). Este “vasto drama
simbólico de la condición humana considerada entre el pecado y la beatitud y
cribado de pruebas de significación eucarística” (Zumthor) está considerado por
la crítica como la realización literaria más perfecta del siglo xm . Aunque la
novela conserve un cierto carácter mundano inicial, se tiñe gradualmente de
sentido místico, hasta que la tendencia religiosa, monástica, ascética, termina
sobreponiéndose a las demás.
El mito de la búsqueda del Graal, a cuyo alrededor se organiza el
argumento de la novela arturiana, se mantiene muy vivo aún por dos siglos; pero
a medida que nos alejamos de la Edad Media y penetramos en el Renacimiento, la
noción de viaje espiritual, de búsqueda, pierde la pureza y la narración
asimila los elementos de la cultura popular: lo grotesco, la parodia, el
detalle obsceno, la alegría solar60. En la obra de Rabelais el mito del Graal
se instala de manera tal que su espíritu, en ella, aparece totalmente
deformado, y menos de un siglo más tarde, ocurre lo mismo en el Don Quijote de
Cervantes. El romanticismo in tenta reavivar el aspecto medieval de la
leyenda, sobre todo a través de la experiencia musical de W agner61. En
resumen, la larga evolución de la novela arturiana — cuyo núcleo es la búsqueda
del Graal— se cumple en el sentido de un pasaje gradual de la caballería
guerrera a la celestial y de ésta a la caballería grotesca, pues el intento de
Wagner debe ser considerado un revival sin consecuencias.
Sin embargo, el admirable análisis de Bakhtine sobre la cultura po
pular 62 demuestra que ya en la Edad Media — por lo tanto en pleno apogeo de la
novela arturiana de connotación religiosa— coexistía, junto a la cultura seria
y oficial de tendencia heráldica, una cultura cómica, popular, carnavalesca,
que promovía la liberación de la risa y del cuerpo, la victoria sobre la
seriedad, el miedo y el sufrimiento 63. Es esta cultura riquísima la que al fin
de la Edad Media se separa del pueblo y empieza a infiltrarse en la literatura
oficial, en los misterios, en la epopeya; con el Renacimiento las fronteras
entre las formas consideradas inferiores y la gran literatura se borran
definitivamente, y es toda la cultura de la risa la que invade a la literatura
elevada, contribuyendo a la creación
de obras maestras como el Decamerón de Boccaccio, los libros de
Rabe-lais, la novela de Cervantes, los dramas y comedias de Shakespeare.
Esta gran eclosión de vida renueva integralmente la literatura y da
origen a una nueva percepción del mundo, carnavalizado, ambivalente, hostil a
todo lo que está terminado, y es inmutable, eterno; una percep ción que
proclama la “unidad contradictoria del mundo”, multiplicando las imágenes de
destrucción y renovación, derrocamiento y entronización, muerte y renacimiento
de lo antiguo; que subvierte la lógica original de las cosas, instaurando “el
mundo al revés”, cabeza abajo, de atrás hacia adelante; que favorece las formas
más diversas de la parodia, la deni gración y la profanación.
Apoyándose en el abordaje iluminador de Bakhtine, Julia Kristeva pudo
demostrar que la evolución de la novela arturiana del siglo X I I I al xv — va
le decir la del período correspondiente al movimiento de expansión de la
cultura popular— se efectuó en el sentido de una ambigüedad creciente de la
narración64. De este modo, al contrario de lo que sucede en la con cepción
maniqueísta de la epopeya, que establecía “una hostilidad irre conciliable”,
absoluta, entre los términos, oponiendo siempre el personaje bueno al malo, el
héroe al traidor, el deber guerrero al amor del corazón, la novela de
caballería introducía una práctica semiótica doble, fundada sobre la semejanza
de los contrarios y nutriéndose en la mezcla y la am bigüedad; o sea, una
narración en la cual el emperador “resultaba ridicu lizado, la religión y los
Barones se volvían grotescos, los héroes, cobardes y sospechosos ( . . . ) el
rey, nulo, y la virtud ya no era recompensa da ( . . . ) .
Es en este momento de
carnavalización creciente de la literatura y ambigüedad progresiva de la novela
de caballería, cuando el núcleo central y dramático de la Búsqueda del Santo
Graal se transforma, poco a poco, en la espléndida payasada de Rabelais y en la
inversión paródica de Don Quijote, donde debemos inscribir a Macunaíma 65. La
rapsodia brasileña sería, por consiguiente, la última metamorfosis del mito, la
versión construida por el Nuevo Mundo en el momento en que las van guardias
cuestionaban la supremacía de Occidente. Al hacer de la bús queda atropellada
del amuleto el hilo conductor esencial que a partir de la Edad Media había
plasmado el ideal de comportamiento de Occi dente 66, Mário de Andrade — a
semejanza de los cantadores o juglares nordestinos, que había estudiado con tan
aguda comprensión— “desor denaba” la línea melódica, para que, rejuvenecida
por las adaptaciones locales, fecundada por la risa popular, ascendiese
nuevamente al nivel del gran arte; para que, en las palabras de Bakhtine, ella
revelase una
vez más “el mundo de manera nueva, bajo su aspecto más alegre y más
lúcido”.
Analicemos ahora, a la luz de la perspectiva que estoy proponiendo,
algunas características de la rapsodia brasileña.
Los comentadores de la
novela arturiana señalan con razón que el rasgo distintivo de la búsqueda del
Graal, que se mantiene a través de todas las transformaciones y metamorfosis
del mito, es su carácter esencialmente dinámico. De este modo, puede decirse
que la novela de caballería se caracteriza por un movimiento progresivo, ya sea
la bús queda, la andanza (errance), la justa o la disputa. Este aspecto
dinámico se encuentra fielmente conservado por la narración brasileña, que lo
in terpreta sin embargo de atrás hacia adelante; o sea, Macunaíma se inicia
con una búsqueda de la que el protagonista es agente, pero ella se trans forma
luego en una persecución en cadena contra él, dando lugar a un sinnúmero de
fugas. Algunos ejemplos son suficientes para corroborar esta afirmación: en la
p. 38, Macunaíma huye del Currupira; en las pp. 18 y 19, huye de Cabeza de
Capei; en la p. 33 huye del perro Xaréu; en la p. 45 huye del Miniaqué-teibé;
en la p. 67 huye de la vieja Ceiucí y en la p. 101 huye de la sombra.
Las expresiones y los verbos utilizados completan la marcación de este
curioso tiempo regresivo de la novela, presentando al protagonista siem pre
corriendo (en el sentido de huyendo), Ce raspando (disparando), ganhando os
morosos (tomándose las de Villa Diego), escapulindo (esca bullándose), jogando
no veado (imitando a la liebre), gritando pernas pra qué vos quero (gritando
piernas para qué os quiero), abrindo na galopadas (saliendo a la disparada),
escafedendo (haciéndose humo), gavionando mato a fora (salió como alma que
lleva el diablo). . . En fin, el dinamismo de la rapsodia brasileña es
simétricamente inverso al dinamismo de la novela arturiana, lo que convierte el
periplo descripto por Macunaíma en la carnavalización de la trayectoria del
héroe ca balleresco.
La crítica señala como una
de las características básicas de la novela de caballería el tema del
itinerario difícil67. Efectivamente, en todas las narraciones que giran
alrededor de las pruebas heroicas de ini ciación la idea de la andanza surge
asociada, por un lado, al camino plagado de peligros, por otro, al laberinto.
Pues bien, ambos rasgos apa recen con una constancia significativa en la
novela brasileña, donde tanto a la ida como a la vuelta vemos a Macunaíma en
pugna con mons truos, enfermedades, tentaciones y espejismos. Además, el
trayecto que cumple no tiene muchas veces salida y termina, como en las
pesadillas en el punto inicial del camino.
Las acciones cuyo
encadenamiento articula la narración artu-riana fija un tiempo y un lugar
estables, de paz y de justicia, donde el agente principal parte al comienzo de
la trama y hacia donde regresa cuando ésta se ha desarrollado completamente,
reintegrándose al orden
antiguo68. Macunaíma es en gran medida la parodia de ese esquema. El
Uraricoera es presentado en varias oportunidades como el espacio de las
privaciones, el hambre, la disputa entre hermanos, la lucha con la propia m
adre69, la aventura erótica tumultuosa y sangrienta. Es de ese lugar
empobrecido, castigador e injusto desde donde el protagonista parte en busca
del amuleto; y es a él donde retorna al final, para ser expulsado y destruido.
El discurso de la novela
arturiana se caracteriza por lo que Zumthor llama “didactismo latente” : en él
tiene gran importancia la descripción decorativa o explicativa, minuciosa pero
sin profundidad, que aprehende el mundo exterior a través de la yuxtaposición o
acumulación de detalles. Esta visión miope se aplica a un cierto número de
esquemas que presentan un contenido determinado, como el castillo — o la sala
del castillo— y el país desconocido. “La sala del castillo — dice Zum thor—
constituye un universo imaginario de belleza, de riqueza, de jus ticia (o
injusticia) donde cada objeto, cuya unidad descompone la des cripción — mesas,
alfombras, lámparas, ropas, joyas— sólo tiene valor representativo en la medida
en que remite a esa significación” 70. Bakhtine se refiere a un proceso
similar, que él llama enumerativo y que se mani fiesta de forma sistemática en
la obra de Rabelais. Comienza a fin de la Edad Media, sobre todo en los
misterios, y derivaba, a su juicio, del espíritu imperante en las plazas
públicas: de los pregones populares, de las fórmulas orales de los charlatanes
de feria, de los vendedores de libros usados, etcétera 71.
En los capítulos V y VI de Macunaíma ( “Piaíma” y “La Francesa y el
Gigante”), Mário de Andrade recurre al empleo de un proceso análogo para
presentarnos la ciudad de San Pablo (el país desconocido) y los adornos y
tesoros de la casa de Venceslau Pietro Pietra (la sala del castillo). La
primera — “la extraordinaria ciudad de San Pablo, despa rramada a orillas del
Tieté”— es descrita con sus fábricas, rascacielos, carteles luminosos, calles
colmadas de gente y automóviles: “fordes hup-mobiles chevrolés dodges
marmones”, ascensores, túneles, “claxons tim bres pitos bocinas”, “relojes
faroles, radios motocicletas teléfonos propi nas postes chimeneas. . . ”. En
el capítulo siguiente, las metonimias reem plazan la referencia a la casa del
gigante (el castillo), que como en los relatos caballerescos es el lugar de la
prueba 72: la descripción de “la al coba lindísima” y sobre todo, de la famosa
colección de piedras de Piaimá (el tesoro): “Había turquesas esmeraldas berilos
guijarros pulidos, hie rros con forma de aguja, crisólitos, topacios esmeriles
nichos huevos de paloma huesos de caballo hachas facones flechas de piedra
cascada, amu letos rocas elegantes petrificados columnas griegas dioses
egipcios budas javaneses obeliscos mesas mejicanas oro guyano piedras
ornitoformes de Iguape ( . . . ) ”.
La explicación del mismo proceso descrito en Macunaíma y en la no vela
de caballería es, en este caso, más compleja. Pues si bien es cierto
que la principal fuente de inspiración de Mário de Andrade fue el fol
klore brasileño y más exactamente la enumeración, corriente en las cele
braciones de los juglares nordestinos, es necesario no olvidar que él conocía
también el recurso a través de cierta literatura erudita de fuerte impregnación
popular, como la de Gregorio de Matos e incluso de Rebeláis 73.
La utilización que se hace en Macunaíma de un proceso descriptivo
centenario, pero que aún permanecía muy vivo en la memoria colectiva, respondía
a dos intenciones: subrayaba, independientemente de la riva lidad de las
culturas, la permanencia entre nosotros de la vieja tradición europea, y
explotaba el conflicto como un rasgo expresivo sumamente efectivo. De hecho, el
contraste entre el lenguaje arcaico y enumerativo y la realidad moderna del
gran centro urbano, símbolo del dominio de la técnica y de la sociedad de
consumo, provocaba en el primer frag mento referido un admirable efecto
satírico; en el segundo, la enume ración heteróclita era aprovechada para
crear la atmósfera surrealista que Mário de Andrade ya había sorprendido, por
lo demás, en las cele braciones nordestinas 74.
5. Veamos ahora si dislocando la perspectiva hacia el personaje central
es posible intentar un paralelo entre Macunaíma y el héroe de la novela de
caballería 75.
El primer recaudo que debe tomarse, antes de iniciar la comparación,
consiste en tratar de elaborar un paradigma del héroe caballeresco. Pues una
diferencia sensible separa al personaje inicial cuya connotación es todavía
mundana, tanto de los personajes centrales, de sentido general mente místico,
de Chrétien de Troyes, que ya absorbieron “los elementos romanescos y
religiosos provenientes de todos los horizontes del siglo
n ”, como del héroe
siguiente de Boron, de severa inspiración cister-ciense y, finalmente, del
caballero errante de las novelas en prosa tar días del ciclo arturiano, cuando
la alta empresa colectiva de la búsqueda del Santo Graal es reemplazada por la búsqueda
de la gloria personal. Por otro lado, independientemente de esa evolución que
culmina en la parodia del Renacimiento, con las obras de Rabelais y Cervantes,
encon tramos dentro del mismo período una caracterización bastante diversifi
cada del caballero. Su figura puede oscilar entre la del perfecto caballero
cristiano, representado por Bohort y, sobre todo, por Galahaz, y la com
plejidad humana y terrenal de Galván — que es fuerte y valeroso, pero que a
veces se muestra sensual e incluso cruel— y los héroes atormen tados o
conflictivos, como Lancelot, Percival y Tristán, divididos entre los valores
celestiales y terrestres, entre la empresa guerrera y el amor.
Pese a esta sensible frustración, tratemos de establecer el paradigma
del caballero, con base en ciertas fuentes conocidas: el retrato trazado por el
Manuscrito 112 de la Biblioteca Nacional de París, que transcribe Pickford,
estimándolo como “notable por su minuciosidad” 76; los perfiles de los grandes
héroes, como Lancelot, Galván, Tristán, Bohort y Percival, que resaltan ya sea
en la narración de Chrétien de Troyes, ya en las “Loys et Ordonnances de
l’Ordre des Chevaliers de la Table Ronde” 77; los notables análisis de Zumthor
78 y la descripción realizada por Jean Marx en “Les héros du Graal” 79.
De acuerdo con esas fuentes, el héroe caballeresco se caracterizaría en
síntesis por las siguientes cualidades:
Nobleza— El caballero está colocado en el ápice de la jerarquía aris
tocrática y es comparable a un rey80: “Sólo los hijos del rey o de la reina
tenían el derecho de alcanzar el grado más alto de la caballería” 81, y “si
casualmente encontramos en las novelas a un villano que llega a la condición de
caballero, muy pronto se aclara que se trata del hijo igno rado de un noble”
82.
Coraje— El caballero no debe eludir ningún peligro. El conjunto de
pruebas a las que se somete, durante la búsqueda de aventuras en que se empeña,
subraya el sentido heroico de su vida.
Lealtad— El caballero es un personaje simpático, que va de torneo en
torneo en busca de aventuras, midiendo lealmente su fuerza con la fuerza de sus
compañeros; por otro lado, la defensa del honor de sus compañeros debe
incitarlo permanentemente al combate.
Verdad— El caballero rechaza siempre la mentira, “car Dieu et verité les
mantient en la haute renomée oú ils sont” 83.
Justicia— El caballero debe asumir siempre la defensa de los débiles.
Desprendimiento— El caballero debe ser indiferente a todo provecho
personal.
En lo que atañe a la conducta amorosa el caballero da pruebas de un arte
sutil, hecho de gentileza y refinamiento, en el cual los rasgos osten sibles
de la pasión — cuando ella se manifiesta— deben estar siempre bajo control84.
Pues bien, si comparásemos este cuadro sintético de cualidades con las
características del héroe brasileño, veríamos que Macunaíma constituye, punto
por punto, su reverso. Para facilitar la confrontación, voy a tomar un
fragmento determinado de la narración brasileña, muy significativo: el comienzo
del capítulo XI “La vieja Ceiucí”, de la p. 59 al comienzo de la p. 63,
completando el cotejo con algunos elementos extraídos de tres episodios.
A partir de la aventura corrida con Ci, Macunaíma pasa a ser presen
tado como noble, o sea Emperador de la selva virgen, conforme suscribe la carta
dirigida a sus súbditas, las Icamiabas. Sin embargo, como observa Mário Chamie,
cuando, inspirándose en Bakhtine, confronta al perso naje brasileño con los de
la sátira menipea, Macunaíma es el modelo
inverso al de un rey; mejor, es su doble destronado. Soberano y perse
guido, victorioso y humillado, astuto y burlado, destrozado y rehecho,
representa en verdad la encarnación del interminable ritual de entroni zación
y destronamiento, núcleo profundo de la médula carnavalesca 85. En Macunaíma
debemos ver, por consiguiente, la carnavalización del noble.
El pequeño fragmento al que me estoy refiriendo lo describe, ade más,
como:
Miedoso: duerme vestido, temiendo ser atrapado por la “caruviana”, la
humedad de la garúa paulista;
Desleal: pese a estar continuamente protegido por sus hermanos des
conoce todo sentimiento de gratitud o compañerismo, comiendo a escon didas los
ratones que cazó, para no tener que repartirlos con nadie;
Mentiroso: habiendo cazado dos ratones, cuenta a Maanape y a Jigüe que
había cazado dos grandes ciervos, no confesando la mentira sino después de
haber sido presionado por sus hermanos. Este rasgo del carác ter de Macunaíma
es, además, subrayado con insistencia en el transcurso de la narración y
constituye una de las características básicas del prota gonista.
El curioso episodio del chupingáo (mirlo grande) (capítulo XII) lo
describe como injusto. Se trata, por lo demás, de una admirable versión
carnaválizada de la justicia, donde nuestro personaje surge como el explo
tador de los débiles: cuando ve el tico tico, que es un pájaro pequeñito, en
lugar de ocuparse de él y de su propia alimentación, se dedica a alimentar,
sometidamente, al chupín (m irlo), que es más grande que él, e irritándose con
la injusticia de los hombres, destruye al explotado.
Macunaíma es, asimismo, ambicioso, olvidándose frecuentemente del motivo
de su búsqueda para extraviarse en una serie interminable de aventuras
laterales, vinculadas a la atracción ejercida por la riqueza, a la búsqueda de
tesoros enterrados, al lucro fácil de los juegos de azar.
Y, finalmente, su conducta amorosa es descrita como un impulso sexual
descontrolado, que se traduce en un arte amatorio violento, cuya nítida
connotación sadomasoquista puede alcanzar el límite extremo de la mutilación.
En este sentido, la descripción de sus amores con Ci, en el capítulo “Ci, la
madre de la selva”, constituye la versión carnavalesca o carnavalizada del amor
cortés, o sea de lo que “Est requis d’honneur et honnesteté entre deux amours,
pour l’entretien perpetuel de leur ayma-bles et amuables affections”. Por lo
demás el modelo del fragmento refe rido — reverso del idilio caballeresco— tal
vez deba ser buscado en ciertas escenas del Satiricón de Petronio, que Mário de
Andrade parece haber fundido a la tonalidad pornográfica de las leyendas amerindias
y a las descripciones de escenas eróticas recogidas por los cronistas 86.
En resumen, Macunaíma no es, bajo muchos aspectos sino la carna
valización del héroe de la novela de caballería. Sin embargo, al contrario de
lo que podría suponerse, esto no permite identificarlo con la figura
más perfecta de ese caballero andante carnavalizado que es don Quijote.
En Cervantes, la carnavalización se efectúa bajo la forma de una hiper trofia
de las cualidades del caballero, por lo tanto, mediante la exagera ción y la
caricatura; pero el rasgo distintivo del personaje sigue siendo el valor, que
sólo se vuelve ridículo debido al desacuerdo grotesco que se entabla entre el
heroísmo desplazado y la intrascendencia de los obs táculos que se enfrentan.
En Mário de Andrade, por el contrario, la carnavalización resulta de la atrofia
del proyecto caballeresco, de su ne gación, de la parodia; Macunaíma está
dominado por el miedo y la mag nitud de sus fugas constantes es
desproporcionada con respecto a la reali dad de los peligros: él es, por
consiguiente, la contracara del Caballero de la Triste Figura, puesto que
representa la carnavalización de una carnavalización.
Por otra parte, el héroe brasileño constituye un personaje más bien
ambiguo y contradictorio: es un vencido-vencedor, que hace de la debi lidad su
fuerza, del miedo su arma, de la astucia su escudo; que, viviendo en un mundo
hostil, perseguido, despreciado, en lucha con la adversidad, termina siempre
esquivando la desgracia. En este sentido, sería más ade cuado inscribirlo en
el vasto linaje de los perseguidos victoriosos de la ficción de todos los
tiempos — literaria o cinematográfica— que abarca desde los personajes de la
novela picaresca hasta las figuras cómicas del cine. Pariente cercano de
Chaplin e incluso de Buster Keaton, en el cine mudo, es sin embargo, a
Cantinflas — el héroe admirable del Tercer Mun do— a quien él más se parece.
Pues la alta y noble empresa de la bús queda del Graal, a la que Mário de
Andrade lo destinó casi a su pesar, constituye una desarmonía tan profunda con
su manera de ser como la aventura insólita de Cantinflas convertido en un
d’Artagnan de la corte de Luis XIII.
Pero prosiguiendo con el
desarrollo del enfoque que estamos propo niendo, sería posible aim identificar
con el símbolo esencialmente cris tiano del Graal ese objeto mágico indígena
que es el amuleto 87. ¿Cómo reducir el Graal — que en la Demanda es el “cáliz
de la Cena, en el cual Jesús celebró la Pascua en casa de Simón, y José de
Arimatea reco gió en el Calvario la sangre que goteaba del cuerpo divino” 88,
a una piedra verde en forma de Saurio?
No obstante la caracterización dominante del Graal como un recipierv te,
en ciertas versiones, como la de Wolfram von Eschenbach — que, como ya dijimos,
sirvió de inspiración a Wagner y era por consiguiente bien conocida por Mário
de Andrade — el Graal puede ser también una piedra preciosa caída del cielo, de
color verde— más exactamente una esmeralda— dotada de algunos poderes
extraordinarios: protege por una
semana y mantiene vigoroso y joven al hombre que logra venderla; posee
virtudes nutritivas y es símbolo de pureza y castidad89. Confiada a Adán en el
Paraíso Terrestre, él la habría perdido en ocasión de la caída90. Su
recuperación constituye el tema central del ciclo arturiano en la novela de
caballería y simboliza tanto “la búsqueda de la perfección terrestre”, la
búsqueda del “estado primordial” del que el hombre se había alejado, cuanto un
mito de iniciación, viril, en la vida.
Si recapituláramos, a esta altura, la interpretación anteriormente efec
tuada de la aventura de Macunaíma, veríamos que ella representa, en sus puntos
esenciales el reinicio carnavalizado — e incluso sacrilego— del nú cleo de la
búsqueda del Santo Graal: el amuleto es una piedra mágica de color verde, capaz
de hacer feliz, rico y poderoso a su poseedor, que Ci, la madre de la selva,
saca de su collar, y antes de subir al cielo la entrega a su amante, como
recuerdo de los días de plenitud erótica que pasaron juntos en Uraricoera;
Macunaíma pierde el amuleto poco después y su búsqueda, llena de riesgos y
peripecias constituye el núcleo básico de la novela. Como ya fue puntualizado
en la segunda parte de este análisis, el episodio del amuleto simboliza — como
el episodio del Graal en la novela de caballería— la búsqueda de la identidad
perdida, el símbolo de la iniciación en la vida; sin embargo, la narración
brasi leña invierte la iniciación viril de la novela arturiana
carnavalizándola y convirtiéndola en su opuesto, o sea, en una iniciación
desfibrada, re pleta de retrocesos y tergiversaciones. Al contrario de lo que
ocurre con el caballero, que para alcanzar la victoria, afronta solo los
peligros de la aventura, el héroe nacional huye de las dificultades buscando
siempre la protección de los hermanos. Además, la aventura consiste en una em
presa consciente, fruto de una voluntad personal (una elección), que lo
compromete en relación a un objetivo; la de Macunaíma es una sucesión de actos
fortuitos (sin proyecto), surgidos de la casualidad y teniendo
muchas veces como meta dos objetivos opuestos.
En síntesis, el breve cotejo que se intentó establecer
entre la rapso
dia brasileña y la novela de caballería, nos permite retornar, al menos
así lo presumo, a la afirmación inicial, según la cual, el núcleo central
de Macunaíma, no obstante los enmascaramientos de todo tipo que des
pistan constantemente al lector sigue siendo europeo, o más exactamente,
universal, y se vincula al tema eterno de la búsqueda del objeto mágico, de la
cual la busca del Graal constituye, en Occidente, la realización más perfecta.
Antes de abandonar este punto del análisis, cabe una última observa
ción. Bakhtine, Zumthor y Kristeva insisten en el hecho de que la novela
arturiana se desarrolla, entre los siglos x n y xv según una estructura que
pasa a ser común a todas las novelas que tienen por tema el Graal — dia-lógica
para el primero de los autores recién citados, romanesca para el
segundo, no disyuntiva para la tercera— basada en la duplicidad, en la
ambivalencia, en la ambigüedad91. En el período en cuestión, la
narración se transforma en el lugar del conflicto entre el erotismo y el
combate, aventura individual y acción colectiva; sin embargo, el amor y la
guerra no son dos términos excluyentes o sucesivos, sino que se presentan
vinculados mediante una cierta isotopía, haciendo que la historia se construya
simultáneamente sobre dos planos y dé origen a imágenes dobles que tanto pueden
entrelazarse, confundirse, como per manecer diferenciadas. A mi ver, Macunaíma
se inscribe en ese lenguaje dialógico y constituye la expresión extrema de un
conflicto, cuya acción se proyecta en dos planos simultáneos, ya no del amor y
de la guerra, sino de la atracción de Europa por un lado y de la fidelidad al
Brasil por el otro.
Es, por lo demás, lo que
parece indicar un episodio curioso, in cluido en el libro como al pasar, pero
que representa, sin duda, una ale goría importante. Se trata del comienzo del
capítulo XIII, “La piojera de Jigüe”, a lo que paso a referirme.
Hace una semana que Macunaíma está enfermo debido a una erisipela. Ha
pasado las noches con fiebre, soñando con barcos, lo que de acuerdo con la
creencia popular es señal segura de un próximo viaje marítimo. Un hermoso día,
sintiéndose mejor, a pesar de su debilidad, resuelve darse una vuelta por el
Parque del Anhangabaú, en el centro de la ciudad de San Pablo, donde se detiene
junto al majestuoso monumento a Car los Gomes 92. Sentándose en el parapeto de
la fuente, se pone a mirar pensativo el agua que brota de la boca de los
caballos marinos, cuando, de repente, ve surgir del fondo de la gruta, “una
embarcación maravi llosa” que viene flotando sobre las aguas, toda iluminada y
con los másti les llenos de banderas. Reconoce en ella al transatlántico de
lujo Conte Verde 93, en ruta hacia Europa, repleto de tripulantes que son
“marineros fornidos”, “argentinos finísimos”, “mujeres bellísimas”, que le
hacen señas, llamándolo. Macunaíma acepta inmediatamente la invitación y
empieza a despedirse a toda prisa del humilde pueblo que lo rodea, ex
clamando: — ¡Hermanos! ¡Adiós hermanos! ¡Me voy a Europa que es mejor! ¡Me voy
en busca de Venceslau Pietro Pietra que es el gigante de Hiaimá comedor de
gente!”. Ya había saltado al muelle y se preparaba para subir a la escalerilla
de abordo, cuando inesperadamente, a una señal del capitán, los viajeros que
poco antes parecían tan amistosos esta llan en una enorme silbatina,
burlándose del héroe; al mismo tiempo el barco, vomitando por las chimeneas una
nube de mosquitos, comienza a maniobrar y, rumbeando hacia el fondo de la
gruta, abandona a Macu naíma en tierra. Acribillado, sintiendo que de nuevo la
fiebre le subía, él espanta con un gesto a los mosquitos y regresa a la
pensión, muy desi
lusionado. Había sido todo una patraña de la Madre del Agua para “en
gañar al héroe”.
El episodio describe, pues, una tentación que viene a perturbar al
personaje, cuando éste ya se encuentra ante la inminente realización del
objetivo central de su búsqueda: en el capítulo siguiente habrá de recu perar
el amuleto y, en el inmediatamente posterior, iniciará el regreso al
Uraricoera. Pues bien, el barco en el que intenta embarcarse, atraído por el
llamado gentil de los pasajeros — finísimos, lindísimos— se dirige a Europa,
por lo tanto en dirección opuesta a su trayecto; pese a ello, Macunaíma se
despide sin vacilación de los modestos transportistas, que lo rodean,
inventando una excusa poco convincente del cambio inespe rado de sus planes: —
“¡Hermanos! ¡Adiós hermanos! ¡Me voy a Europa que es mejor! ¡Voy en busca de
Venceslau Pietro Pietra que es el gigan te Piaimá comedor de gente!”. ¿Cómo
explicar su comportamiento para dójico y los elementos restantes de la escena:
silbatina de los pasajeros, ataque de los mosquitos, partida del vapor que lo
abandona en la ex planada?
Creo que todo se aclararía si aplicáramos al episodio el enfoque de
interpretación sicoanalítica adosado por el propio Mário de Andrade a su
trabajo “De la hipocresía”, donde examina el proceso de substitución que se
oculta detrás del mecanismo creador94. El espejismo del barco sería, en esta
perspectiva, una fantasía compensatoria, o sea, la proyec^ ción de los deseos
secretos del personaje que, habiendo sido bloqueados en el transcurso de la
narración y reemplazados por los deseos aparentes, transponen, ahora de manera
dramática, la frontera de la conciencia. De hecho, el tema central del libro
había sido la búsqueda del amuleto, con dición del regreso al Uraricoera y de
la realización de la identidad brasi leña; pues bien, este móvil ennoblecedor
era, sin embargo, inautèntico y ocultaba como una máscara la realidad primera,
inconfesable y reprimida : el anhelo de progreso, y el deseo de embarcar hacia
Europa a bordo del Conte Verde.
Pero, para Mário de Andrade (y aquí él discrepa con Freud), estos
móviles aparentemente inauténticos, máscaras de una realidad primera, forman
parte de nuestra sinceridad total; representan una falsificación de valores,
pero fecunda y necesaria, indispensable “para que la forma social se organice y
circule en elevación moral normativa”. Por lo tanto, una vez pasado el vértigo
del espejismo, Macunaíma debería haber do minado “con paciencia e infatigable
atención”, sus deseos profundos opo niendo a ellos su “ser de ficción” 95, su
máscara, en suma su persona lidad social. Fue por haber carecido de la energía
necesaria para asumir el destino elegido que la parte final del sueño se
prolonga en la repre sentación alegórica de un castigo.
El episodio ocupa además un papel importante en virtud del lugar que le
cabe en el flujo narrativo. Mário de Andrade tiene una sensibi lidad
estructural admirable y jamás se equivoca en la distribución de
las secuencias. Así de la misma forma que la carta a las Icamiabas pre
sentada a continuación de la secuencia de Vei, la aclara, retrospectiva mente,
el espejismo, precediendo la recuperación del amuleto y el retorno del héroe,
arroja nueva luz sobre estos acontecimientos. O sea, aquello que a primera
vista se presenta como el desenlace victorioso de una em presa, asume a partir
del sueño de Macunaíma el papel inverso de una derrota y de una substitución.
El protagonista sólo vuelve al Uraricoera porque la nave en la que intenta
embarcar no lo acepta entre los pasajeros elegantes, que se dirigen a Europa.
Por consiguiente, el autor subraya una vez más, a través de la escena, el
aspecto dialógico del argumento y el nítido comportamiento ambivalente del personaje,
siempre dilacera do entre sus dos fidelidades, el Brasil y Europa.
Macunaíma representa, pues, una meditación extremadamente com pleja
sobre el Brasil, efectuada a través de un discurso salvaje, rico en metáforas,
símbolos y alegorías. Los recursos de composición acentúan en varios niveles —
en el tratamiento del espacio y del tiempo (ambien-tación del escenario), en la
caracterización física, psicológica y cultural de los personajes, en la
distribución por simetría inversa de los dos gran des movimientos
sintagmáticos básicos, en el juego de oposición de dos dísticos, en el
significado del episodio principal— una tensión no resuel ta, una
contradicción que es erigida en rasgo expresivo del argumento. De cierta manera
el libro es — como lo define su autor— “la aceptación sin timidez ni vanagloria
de la entidad nacional”, concebida por este motivo “permanente y unida”, en la
desgeografización intencional del clima, de la flora, de la fauna, del hombre,
de la leyenda y de la tradi ción histórica. La lucidez del análisis satiriza
un estado de cosas pero no aporta una solución. Al final de uno de los
prefacios que escribió para esta obra, Mário de Andrade subraya el carácter no
comprometido del libro, cosa que, a su juicio, es característica de las épocas
de transición social, que no desean el retorno del pasado, ignoran cuál será el
porvenir y sienten el presente “como una vasta neblina”; característica —
conclu ye— que nos impide “extraer de él una fábula normativa”.
A pesar de las advertencias del autor (que en este caso se correspon
den con lo que muestra el análisis objetivo), Macunaíma fue considerado
— y sigue siéndolo hasta hoy— como un libro afirmativo, antropofágico, o
sea, como una ávida incorporación acrítica de los valores europeos por parte de
la cultura brasileña. La lectura que propuse se aparta de esa interpretación
triunfal y retoma la indicación pesimista de Mário de Andrade, según la cual la
obra es ambivalente e indeterminada, siendo, más bien el campo abierto y
neblinoso de un debate, que el marco defi nitivo de una certeza. Es a ese
sentido, por lo menos, que parecen apun tar, como lo acabamos de ver, ciertos
elementos básicos de la estructura y del significado de algunos de los
episodios fundamentales.
NOTAS
>?r
1 Es el caso, por ejemplo, de sus conceptos sobre lo inacabado, la
fluidez verbal y de su teoría del plagio; esta última en gran parte oriunda de
la observación del proceso inventivo del folklore.
2 Tele Porto Ancona López, Mario de Andrade, Ramais e Caminhos, Liv.
Duas
Cidades, Sao Paulo, 1972.
3 Ver, en esta Antología, el Ensayo sobre la música Brasileña.
4 Para el presente resumen de las ideas de Mario de Andrade utilicé,
sobre todo, las siguiente obras: Ensáio sobre Música Brasileña [1928]; Modinhas
lmperiais [1930]; Música, Doce Música [1934]; Pequeña Historia da Música
[1942]; Dan-gas Dramáticas do Brasil [1959]; y los artículos todavía dispersos
que aparecieron, bajo el título “Mundo musical” y que fueron publicados en la
Folha da Manhá,
San Pablo, entre 1943 y 1945.
5 Basándose en el análisis que Bakhtine hace de Dostoievski (Mikhail
Bakhtine: La Poétique de Dostoievski, Paris, Editions du Seuil, 1970) y
adoptando, por lo tanto, una perspectiva distinta de la mía, Mario Chamie
interpreta ese "assem-blage de materiales absolutamente heterogéneos e
incomprensibles” como un rasgo de la sátira menipea (Mario Chamie: “Mario de
Andrade. Hecho abierto y dis curso carnavalesco”, en Jornal da Tarde, Sao
Paulo, 1-11-1975). Ver nota 85.
6 Telé Porto Ancona López ya llamó la atención, en un estudio pionero
sobre el pensamiento de Mario de Andrade, acerca de la importancia que el
escritor le atribuye al buey en su meditación sobre el Brasil (op. cit., págs.
131 a 136).
7 En el tercer tomo de las Danzas Dramáticas (pág. 12) Oneyda Alvarenga
— a quien se debe el ordenamiento general del libro postumo de Mário de
Andrade— se refiere a una carpeta que contiene 15 melodías del Bumba-meu-boi
que se encuentra en el acervo del Instituto de Estudios Brasileiros de la
Universidad de
San Pablo.
8 La descripción de la muerte y de la repartición del buey aparece
registrada en incontables documentos folklóricos recogidos y clasificados por
Mario de Andra de y reunidos en una carpeta titulada As Melodías do Boi, al
cuidado del Instituto de Estudios Brasileños de la Universidad de San Pablo,
según ya hicimos refe rencia. Entre ellos se destaca, como uno de los más
curiosos el “Boi Espácio”, “una composición de indudable carácter campesino que
constituye un auténtico roman ce” (Mario de Andrade), versión casi idéntica a
la que Silvia Romero ya había transcrito en su Folklore Brasileiro (Tomo I,
págs. 204-209).
9 Mario de Andrade cita como ejemplo excelente de este proceso el caso
del lied erudito. Ver en esta Antología el análisis que realiza en “La
desnivelación de la Modinha”.
10 Según Mario de Andrade, el aprovechamiento que la música de canto
hizo del folklore se produjo inicialmente de acuerdo con la siguiente
progresión: Lu-
ciano Gallet se limitaba a transcribir la melodía popular casi sin
alteración; Villa-Lobos solía modificarla en uno u otro detalle; y, finalmente,
Lorenzo Fernandes empleaba generalmente frases populares en melodías propias.
11 Para este punto ver sobre todo el “Prefacio” de las Modinhas
Imperiais ( Obras Completas, voi. XIX) sin indicación en la edición Martins,
Sao Paulo, 1964; y en esta antología los estudios: “La Modinha y Lalo” y “La
desnivelación de la modinha” (En Música, Doce música, Obras Completas, voi.
III, Sao Paulo, Martins, 1963).
12 Tal vez porque estuviese ideológicamente muy comprometido con la
valori zación de la cultura popular, Mário de Andrade fue llevado a subrayar
sobre todo el fenómeno del ascenso de nivel, como lo demuestra la polémica con
Roger Bastide, desarrollada en los dos artículos recién mencionados. La
discusión con el gran maestro francés — a quien tenía en la más alta estima—
debe haber con movido sus convicciones, obligándolo a una revisión de su punto
de vista; ya en el fin de su vida, al analizar el proceso creador del juglar
nordestino, dará igual importancia a los dos movimientos complementarios.
13 Mário de Andrade : “Influencia Portuguesa ñas Rodas Infantis do
Brasil”, en Música, Doce Música, Obras Completas, voi. VII, Sao Paulo, Martins,
1963, pp.
a 94. Aun cuando Mário de
Andrade no establezca en su análisis una vincu lación entre la canción de
ronda y las modinhas, es evidente que los dos procesos son similares.
14 Se designa como “sacar el canto nuevo” ( tirar o canto novo) al
momento de la inspiración del juglar, cuando las imágenes surgen sorprendentes
y alcanzan el surrealismo. (Cf. el artículo “Basófia e Humildade”, “Mundo
Musical”, Folha da Manhá, Sao Paulo, 27-1-44. Ver, también, en la misma sección
toda la serie de artículos sobre el juglar nordestino).
15 La descripción se refiere a la improvisación del gran juglar Chico
Antonio, que Mário de Andrade oyó en el Ingenio “Bom Jardim” en Paraíba y cuyo
desplie gue inventivo analiza detalladamente en la serie de “Notas sobre o
Cantador Nor destino”, publicadas en la sección “Mundo Musical”, Folha da
Manhá, Sao Paulo, 1944).
16 Ver en esta antología el Ensayo sobre música brasileña, que
representa el manual del proyecto nacionalista en música. Publicado en 1928,
propone a los músicos la transposición erudita de los elementos del folklore
como punto de par tida para el establecimiento de una música específicamente
brasileña: “El artista no tiene sino que encontrar la forma de dar a los
elementos ya existentes un carácter erudito que convierta la música popular en
música artística, o sea, inme diatamente desinteresada”.
17 En carta abierta al escritor Raimundo Moráes, fechada el 2 de
septiembre de 1931, publicada en el Diario Nacional y transcrita íntegramente
por Telé Porto
Ancona Lopez, Mário de Andrade cuenta cómo construyó su libro basándose
en la copia, en el plagio, en la transcripción de fragmentos ajenos — en suma,
en los procesos de los juglares del Nordeste y de los rapsodas de todos los
tiempos. Pero si en el fragmento aludido el escritor se refiere a sus modelos,
no explica en cambio el mecanismo del proceso (Ver Tele Porto Ancona López,
Macunaíma: a margem e o texto, Hucitec, Sao Paulo, 1974, pp. 98 a 100).
Para Mário de Andrade el límite que separaba la invención del azar, del
plagio o de ciertos expedientes hábiles de construcción, era muy tenue y dos
breves anéc dotas lo comprueban.
En un artículo de 1938 sobre Villa-Lobos ( “As Bachianas”, en Música,
Doce Música, Obras Completas, voi. VII, Sao Paulo, Martins 1963), desarrollando
un tema obsesivo, comenta largamente el mundo caótico, desorientador, aún en
for mación, de la música brasileña, donde hay “un poco de todo”. A propósito
cita una serie de semejanzas que observó entre nuestra orientación melódica y
la de otros países y recuerda cómo, cierta vez, encontró en los cañaverales de
Rio Grande del Norte, a un tocador analfabeto que le dio un baiáo “cuyos
compases iniciales eran integralmente el comienzo de una mazurca de Chopin”.
Pues bien, ese fenó meno, que no se debía atribuir a la influencia y sí a la
coincidencia y se presen taba espontáneamente en el folklore podía, en la música
erudita, ser provocado intencionalmente por el compositor a través de ciertos
recursos o trucos. Tal era lo
L
que él había presenciado (y que le había parecido “asombroso”), cuando
comprobó que Luciano Gallet, con un pequeño cambio de acentuación, ejecutaba de
tal forma la Tocata para piano de Schumann que en una de sus partes se
transformaba com pletamente en un maxixe carioca”.
Fue a un juego creativo de ese género, desenmascarador del preconcepto
de originalidad, a lo que él mismo se entregó en cierta ocasión. Conocido en la
música sobre todo como gran critico, Mário de Andrade fue también el compositor
oca sional de una canción titulada “Viola Quebrada” ( Guitarra rota ) — letra
y me lodías de su autoría, con acompañamiento de Villa-Lobos— que los grandes
cantores de música de cámara contemporáneos del escritor solían interpretar
frecuente mente en sus repertorios, L1 mismo se deleitaba interpretándola para
sus amigos, acompañándose al piano. Pues bien, en un párrafo de su epistolario,
sumamente esciarecedor, declaraba que la pieza de su autoría que tan bien había
sido recibida no era, en realidad original, ya que él la había plagiado de la
conocidísima canción “Cabocla de Caxangá” (Paisana de Caxangá), del músico y
poeta popular Catulo da Paixáo Cearense: “¿Quieres que te confiese algo
solamente a ti? Pues bien: este es el pastiche más desvergonzado como plagio
que pueda existir. De lo cual, por lo demás, no tengo la culpa pues no soy
compositor. La Mar oca fue fríamente escrita así: me basé en el ritmo melódico
de Cabocla de Caxangá y fui alterando, nada más que por entretenimiento, y
mientras me vestía, el orden de sucesión de las notas. Tengo la costumbre de
inventar sonidos diferentes sobre la base de un modelo rítmico cualquiera para
hacer algo mientras me visto. Así fue como nació la Maroca y luego, porque
nació bonita, decidí grabaría y le escribí los versos con que se la conoce.
Unicamente la copla no es un pastiche plagiado de la rítmica melódica de la
obra de Catulo. Y la línea que inventé cuenta con dos de los tales torneos
melódicos que especifiqué en la Bucólica, cosa que, por lo demás, recién ahora
verifiqué pues antes nunca me había detenido a pensar en eso. La copla, por lo
demás, no tiene nada de típicamente brasileño, en el sentido, digo, de aquel
famoso temblor sentimental. . . ” (Cartas a Manuel Bandeira, 7-9-1926, p. 146).
18 Mário de Andrade, Dangas Dramáticas do Brasil, Tomo I, p. 80, nota
25.
19 Los Prefacios permanecieron inéditos hasta hace poco tiempo, cuando
fueron publicados en apéndice del libro de Telé Ancona López, Macunaima: a
margetn e
o texto.
20 La expresión aparece en el poema “Louvagáo da Tarde”, de la serie
“Tempo de María” en Remate de Males, Obras Completas, vol. II, Sao Paulo,
Martins, 1955, p. 252.
21V. Nota 5 a Macunaima.
22 Este sentimiento doloroso de extrañamiento entre hermanos, provocado
por las distancias geográficas y económicas, está expresado en forma
conmovedora en la serie titulada “Dois poemas aeréanos”, Clan do Sahoti, Obras
Completas, vol. II, Sao Paulo, Martins, 1955, pp. 213 a 217.
“ V. Nota 2.
24 ¿Estaría Mário de Andrade sometiendo sus personajes a un proceso de
oscila ción semántica similar al de la “fluidez verbal”, que examina en la
poesía? (ver en esta antología el ensayo Castro Alves) .
25 V. Nota 6.
26 V. Nota 5.
27 Cap. IX, “Carta a las Icamiabas”.
28 Telé Porto Ancona López, Macunaima:
a margem e o texto, p. 91.
29 Manuel Bandeira (1886-1968), uno de los principales representantes de
la poesía brasileña moderna. Fue compañero de Mário de Andrade en la lucha por
la renovación artística de su país; mantuvo con su amigo una correspondencia
asidua entre 1922 y 1935, parte de la cual se halla publicada y constituye un
documento imprescindible para el análisis del momento literario y la
comprensión del proceso creador de los dos artistas.
30 Mário de Andrade: Cartas a Manuel Bandeira, Sim6es Editora, Rio,
1958, pp. 318-319 (carta del 12-12-1930).
31 Aplicando un concepto de Bakhtine del que nos valdremos en la tercera
parte de este análisis, el episodio brasileño podría representar una versión
carnavalesca del episodio griego.
LI
32 Sin embargo, extraído del contexto original, donde desempeñaba una
función práctica precisa, el legado de la ciudad asume una función apenas
ornamental: es lo que demuestra el fragmento: “El héroe sintió miedo de todo
aquel bicherío y partió a la carrera, tirando la guitarrita bien lejos. La
jaula colgada de su brazo iba golpeando contra los palos y el gallo y la
gallina producían un cacareo ensordecedor. El héroe se imaginaba que era el
bicherío y desparaba más”.
33 Herbert Marcuse: Eros et Civilisation, Editions de Minuit, Paris,
1963, prin cipalmente el capítulo VIII.
34 Haroldo de Campos. Morfología de Macunaíma, Perspectiva, Sao Paulo,
1973.
35 Idem, op. cit., p. 123.
36 Citado por Paul Zumthor, Essai de poétique medievale, Seuil, París,
1972, p. 356.
37 Idem, op. cit., p. 357.
38 El fragmento de Propp (transcripto por el propio crítico) es el
siguiente: “No obstante, los métodos propuestos en este libro antes de la
aparición del estruc-turalismo, como también los métodos de los
estructuralistas que aspiran al estudio objetivo y exacto de la literatura,
tienen sus límites de aplicación (subrayado de
G.M.S.). Son posibles y proficuos allí donde estemos ante una repetición
en amplia escala, como ocurre con el lenguaje y con el folklore. Pero cuando el
arte se convierte en campo de acción de un genio irrepetible, el uso de los
métodos exactos dará resultados positivos solamente si el estudio de los
elementos repetibles fue acompañado del estudio de aquello que en ella exista
de único, de aquello para lo cual hasta ahora consideramos como la
manifestación de un milagro incognoscible”. (Haroldo de Campos, ób. cit., pp.
63-64).
39 El párrafo de Jakobson citado por Haroldo de Campos, op. cit., pp.
70-71 es el siguiente: “Así como la langue, la obra de folklore es
supra-individual y tiene existencia exclusivamente potencial; es un complejo de
normas establecidas y de estímulos, un esqueleto de tradiciones presentes que
el contador unifica mediante los ornamentos de la creación individual, así como
procede el emisor de la parole en relación a la langue ( . . . ) . La obra
literaria es objetivada, existe concretamente, independientemente del lector;
cada lector subsecuente retorna directamente a la obra. No hay, como en el
folklore, un recorrido de cantador a cantador, sino, por el contrario, un
camino que va de la obra al lector ( . . . ). Una obra de folklore, considerada
desde el punto de vista del contador, representa un hecho de la langue, o sea
un hecho extra individual, establecido independientemente de ese contador, aun
cuando admita la deformación de nuevo material poético o cotidiano. Para el
autor de una obra literaria ésta aparece como un fenómeno de la parole; no es
dada a priori, sino que depende de una realización individual ( . . . ) . Una
dife rencia esencial entre el folklore y la literatura consiste por lo tanto
en la predispo sición esquemática del primero hacia la langue, de la segunda
hacia la parole” .
40 Me refiero al análisis de la terminología empleada por Mário de
Andrade, a la nivelación y desnivelación.
41 Georges Charbonnier: Entretiens avec Claude Lévy-Strauss,
Plon/Julliard, Paris, 1961. Ver principalmente el capítulo “Art Naturel et Art
Culturel”.
42 Mikhail Bakhtine: La poétique de Dostoïevski, Seuil, Paris, 1963 (la
edición rusa es de 1929). Idem, L’oeuvre de François Rabelais et la culture
populaire au Moyen Age et sous la Renaissance, Gallimard, Paris, 1970 (la
edición rusa es
de 1965).
43 Con respecto a la posición de los contemporáneos frente al episodio
(al que volveremos más adelante), ver Nota 1. Pese a ser indispensable en la
es tructura de la obra la carta a las Icamiabas no tuvo, ni siquiera entre los
com pañeros de generación de Mário de Andrade una aceptación unánime: las
opiniones se dividían, desde el elogio más exaltado hasta el franco repudio.
Manuel Bandeira, por ejemplo, cuyo juicio el escritor acataba por sobre
cualquier otro, no gustaba del fragmento; lo encontraba pretensioso y muy
extenso. La correspondencia de los dos amigos atestigua una discusión que se
prolonga durante varias cartas y finaliza con un compromiso de Mário de
Andrade: “lo reduciré un poco y eso incluso porque ya sentía que estaba
demasiado largo. Lo que tú conseguiste fue fortalecer ese sentimiento. Por lo
demás tus argumentos son puramente sentimentales y no
LII
de orden crítico y son inaceptables. No me gustan porque no, porque son
preten siosos, porque me molestan, porque son argumentos sin valor
intelectual”. (Mário de Andrade: Cartas a Manuel Bandeira, 7-11-27).
44 Más adelante volveremos sobre este punto.
45 Haroldo de Campos, op. cit., p. 237.
46 V. Nota 310.
47 Esta frase se encuentra en el admirable discurso pronunciado por el
gran médico en ocasión del regreso de Aluísio de Castro de la República
Argentina y causó en la época gran impacto popular transformándose, con el
tiempo, en un lugar común (Miguel Pereira, A Margen da Medicina, Rio de
Janeiro, 1922, p. 94).
48 Herbert Marcuse : Eros et Civilization; ver sobre todo los capítulos
iniciales del
libro especialmente el VIII: “Les
images d’Orphée et de Narcisse”.
49 Grande Diccionario Brasileiro, Melhoramentos, Sao Paulo, 1937.
50 El texto ha sido transcrito por Telé Ancona López, ob. cit., pp.
101-102.
51 El primero que llamó la atención sobre la influencia que la filosofía
de Keyserling ejerció en el pensamiento de Mário de Andrade fue Telé Ancona
López. (Ver Mário de Andrade: Ramais e Caminho, pp. 111 y sigs.). Sin dejar de
reco nocer la extrema importancia de su descubrimiento, discrepo en muchos
puntos con su interpretación, como me parece que puede advertirse en el rápido
análisis que hago del episodio.
52 En Música, Doce
Música, Obras Completas,
voi. VII, Martins,
Sao Paulo,
1963, p. 82.
53 El Ensayo sobre la música brasileña fue publicado en 1928 — en el
mismo año, por lo tanto, que Macunaíma— y ha sido incorporado a esta antología.
54 Según J. Vendryés ( “Le Graal dans le cycle bretón”, en lumière du
Graal, Les
Cahiers du Sud, Paris, 1951, p. 75), el tema de la búsqueda se encuentra
también en las literaturas no europeas, como la de la India; en Europa ello
ocurre desde la Antigüedad Clásica, como puede verificarse recurriendo al viejo
mito de los Argonautas, el Vellocino de Oro, los Doce trabajos de Hércules,
etc.
55 La expresión es de Roberto Schuvartz, quien, en un libro reciente,
sumamente importante, al trazar la evolución de la novela brasileña de José
Alencar a Ma chado de Assis, analiza la “dualidad formal” que caracteriza la
narrativa de Alencar. A su juicio, ella resulta del hecho de efectuar “una
adopción acritica del modelo europeo”; o sea, en vez de tratar de resolver el
problema de nuestra diferencia, termina confrontando términos enteramente
heterogéneos como la forma europea del progreso y de la cultura y “las
relaciones sociales tradicionales”. Este contraste da origen a una literatura
mal resuelta, regida por la desproporción y la dualidad formal, de la que
Alencar es el mejor ejemplo.
Sin embargo, el “efecto desencontrado” — prosigue Roberto Schuvartz— que
compromete a José de Alencar, será incorporado a la estructura como efecto
satírico por Machado de Assis, quien lo transforma en “un dato inicial provisto
de la construcción”. Este será el rasgo que dará a la novelística brasileña la
gran tona lidad machadiana, al “relativizar la pretensión enfática del temario
europeo, re tirar del temario localista la inocencia de la marginalidad, y
darle un sentido calculado y cómico a los desniveles narrativos que señalan el
desencuentro de los postulados del libro”. (Cf. Roberto Schuvartz, Ao Vencedor
as Batatas, Duas
Cidades, Sao Paulo, 1977; sobre
todo pp. 48 a 58).
V. Notas a Macunaíma, 106.
En el fragmento mencionado doña Sancha es objeto de una referencia indirecta a
través de la metonimia “toda cubierta de oro y plata”, frase extraída de la
canción de ronda infantil de origen portugués que dice: Senhora Doña Sancha /
Coberta de ouro e prata. . . ” .
57 Cedric Eduard Pickford: L’evolution du román arthurien en prose vers
la fin du Moyen Age, A. G. Nizet Editeur, Paris, 1960, p. 9.
58 Según Paul Zumthor:
Histoire Littéraire de
la France Médievale,
Presses
Universitaires, Paris, p. 197, la fecha de la novela es incierta, suele
hacérsela oscilar entre 1174 y 1180, o entre 1177 y 1187.
59 Bezzola, citado por Zumthor, op. cit., p. 176.
60 Georges Buraut: “La quete du Graal dans la litterature et l’art
moderne”, in lumière du Graal, op. cit., p. 296.
L U I
61 La version en la que Wagner se inspirò fue el Parzival de Wolfram von
Eschenbach (1200- 1212).
62 Mikhalf Bakhtine: “La Poétique de Dostoïevski”, Seuil, Paris, 1963 y,
sobre todo, L’Oeuvre de François Rabelais et la culture populaire au Moyen Age
et sous la Renaissance, Gallimard, Paris, 1970.
63 El concepto de carnavalización, central en el análisis que Bakhtine
hace de la cultura popular y sobre todo de lo que constituye la risa popular,
fue sugerido por los “festejos del carnaval y por los actos y ritos cómicos que
a él se vinculan" y ocupan un lugar esencial en la vida del hombre de la
Edad Media. Este parti cipaba al mismo tiempo de dos instancias: la oficial y
la del carnaval, que repre sentaban dos aspectos diversos del mundo. El
primero, piadoso y serio; el segundo, popular, sacrilego y cómico. Estos dos
aspectos coexistían y la fiesta medieval se parecía, en su totalidad, a una
figura de Jano, el dios de dos caras. En verdad casi todas las ceremonias
religiosas y civiles se hacían acompañar por celebracio nes ponulares v
públicas — también consagradas por la tradición— que poblaban las calles y
plazas en cortejos grotescos de enanos, gigantes, payasos y bufones.
"Todas esas formas de ritos y espectáculos concebidas en un registro
cómico — aña de Bakhtine— presentaban una diferencia extremadamente acentuada,
una dife rencia —hasta podría incluso decirse— de principio, con las formas de
culto v las ceremonias serias, oficiales, de la Iglesia o del Estado feudal.
Ellas domina ban un aspecto del mundo, del hombre y de las relaciones humanas
totalmente diferente, deliberadamente no oficial, exterior a la Iglesia y al
Estado; parecían edi ficar, al lado del mundo oficial, un segundo mundo y una
segunda vida a los cuales todos los hombres de la Edad Media pertenecían, en un
grado mayor o menor, y en los cuales vivían de acuerdo con fechas determinadas.
Eso creaba una especie de dualidad del mundo y creemos firmemente que si no se
lo toma en consideración, no se podrá comprender ni la conciencia cultural de
la Edad Media, ni la civilización del Renacimiento. El desconocimiento o el
menosprecio de la risa popular en la Edad Media desnaturaliza el propio cuadro
de la evolu ción histórica 'r de la cultura europea de los siglos siguientes”.
(Bakhtine, op. cit., pp. 13-14).
El término carnavalizado asume por consiguiente en Bakhtine una acepción
muy extensa, ya que designa “no solamente las formas del carnaval, en el
sentido restringido y preciso del término, sino también toda la vida rica y
variada de la fiesta popular en el transcurso de los siglos durante el
Renacimiento”.
64 Julia Kristeva : Recherches
pour une Sémanalyse,
Editions du Seuil,
Paris,
1969, “Le texte Clos”, pp. 113 a 142.
65 En 1933, respondiendo a un cuestionario de la editorial Macauley de
los Estados Unidos, Mário de Andrade declaraba que entre sus pocos autores de
cabe cera sólo tres podían ser incluidos resueltamente entre ellos: Molière,
Cervantes
Dickens.
66 Según Pickford (op. cit., p.
271) fue la novela arturiana la
que plasmó el
ideal de comportamiento de Occidente: inicialmente al encarnarse en la
“caballe ría fantasiosa e irreal” de los héroes de la Tabla Redonda; luego,
dando origen al espíritu galante, al sentimiento de cortesía y a la conducta
refinada del Buen Caballero Sin Miedo del Siglo XVI y a los Cabezas Redondas de
la época de Cromwell; finalmente, evolucionando hacia el ideal del honnête
homme e incluso hacia el gentleman de nuestros días.
67 Georges Buraud : “La quête du
Graal dans la littérature et l’art modernes”,
en Lumière du
Graal, p. 290.
Paul Zumthor: Histoire
Littéraire de la France
Medievale, op. cit.
68 P. Zumthor, op. cit., pp. 250-251.
69 Aunque engañado por el destino, Macunaima, al cazar, traspasa de un
fle chazo a su propia madre, matándola.
70 P. Zumthor: Essai de Poétique
Médievale, Seuil, Paris, 1972, p.
354.
71 Bakhtine, op. cit. pp. 169 y 170. Este proceso encuentra un
equivalente en el espacio agregado de la pintura medieval. Ver al respecto los
estudios de Pierre Francastel, sobre todo Peinture et Société, Audin, Lyon,
1952.
72 Según Zumthor (Essai de Poétique Médievale), el castillo es el lugar
del poder, el pórtico del mundo encantado o el lugar de la prueba.
LIV
73 En cuanto a la enumeración, se puede citar el artículo “Basófia e
Humil-dade” — aún inédito en libro— (sección “Mundo Musical”, Folha da Matthä,
27-1 -44), donde Mário de Andrade analiza la “enumeración
particularizada que tiene lugar en las celebraciones de despedida del juglar”
como un proceso común del folklore. Entre otros ejemplos transcribe el
siguiente: “Lovo (Louvo) a casa
de morada / Porta, batente e portal, / Copiar, tijolo, alpendre, /
Terreiro, sala e quintal. / Camarinha, telha e ripa, / Cozinha, caibro e
beiral” . Y luego re cuerda que Gregorio de Matos (gran poeta satírico
brasileño del siglo x v ii) utili zaba a veces en sus poemas “esos procesos
tradicionales de nuestra temática”.
74 En el mismo artículo citado en la nota anterior, Mário de Andrade
comenta, luego de transcribir dos estrofas que considera “típicas” de una
novela nordestina: “Como se ve, es alucinantemente surrealista”.
75 Recordemos a título de curiosidad que en muchas novelas del ciclo
arturiano
— como señala Zumthor— el personaje principal es llamado, apenas,
caballero; sólo mucho más tarde recibirá nombre propio; lo mismo ocurre con
Macunaíma, sistemáticamente designado como el héroe.
76 Pickford, op. cit., p. 218. Ver todo el capítulo II, “Le portrait du
Chevalier
Arthurien”.
77 Transcritas por Pickford, op. cit., p. 257 (Ms. B. N. fr. 12597).
78 P. Zumthor, sobre todo Essai
de Poétique Médievale, pp.
469-473.
79 En Lumière dv Graal,
pp. 90 a 100.
80 Pickford, op. cit., p. 251.
81 Idem, p. 251.
82 Idem, p. 252.
83 Idem, pp. 253-254, citando el Ms. B. N. fr. 112, III, fo. 294 a.
84 Podríamos tomar como modelo de conducta amorosa caballeresca — tanto
masculina como femenina— la descripción que el Prólogo del nuevo Tristán de
Jan Maugin (ed. de 1554) hace de Tristán e Isolda: “( . . . ) sous le
personnage de Tristán armé et chevalier errant, se pourront connaître les actes
d’un prince magnanime, hardy, vaillant, equitable, debonnaire, prudent et
assuré; sons Iseulte le bonnes parties aussi d’une grande dame: savoir comme
elle doit etre honneste, courtovse, modeste, affable, compagnable, civile,
evidente de ce qui est requis d’honneur et honnêteté entre deux amours, pur
l’entretien perpetuel de leur ayma-ble et amuables affections” (Pickford, op.
cit., p. 267).
85 Mário Ch amie ( “Mário de Andrade: fato aberto e discurso
carnavalesco” en O Estado de Sâo Paulo, 1-11-75) fue el primero en afirmar que
“la caracterís tica de la menipea en la que se destacan los contrastes
violentos encuentra en Macunaíma un amplio campo de actuación”. Respaldándose
en La poétique de Dostoïevski, Chamie examina el proceso de “investidura y
destitución” del prota gonista: “Macunaíma es exactamente el entronizado, el
Emperador que, en un primer movimiento, gana el Reino; en un segundo lo pierde;
y en un tercero lo gana de nuevo para ser, en un cuarto y postrero, destituido
por la leyenda del mal humano”.
La aplicación de los criterios interpretativos de Bakthine a Macunaíma
fue tam bién efectuada por Susana Camargo, en Macunaíma, ruptura y tradición,
Massao Ohno, Sao Paulo, 1977. En su excelente libro Tres libros y cuatro
verdades (Duas
Cidades, 1976), Vera M. Chalmers se vale, igualmente, de los conceptos
de dialoguismo, y carnavalización para analizar a Oswald de Andrade.
86 V. Notas a Macunaíma, 59.
87 Es oportuno recordar que, en el transcurso del libro, el amuleto
recibe varios nombres (talismán, Vellocino robado, etc.) en un intento evidente
de establecer la analogía entre la rapsodia brasileña y los relatos brasileños
que giran en torno a la búsqueda del objeto maravilloso.
88 J. Vendryès, op. cit., in Lumière du Graal, p. 72.
89 René Nelli: “Le Graal dans l’ethnographie”, en Lumière du Graal, p.
18.
90 René Guénon: L’esotérisme du
Graal” in Lumière du Graal, p. 45.
91 M. Bakhtine desarrolla ampliamente en sus dos libros citados el
concepto de lo dialàgico, que representa juntamente con el de carnavalización,
uno de los puntos básicos de su análisis de la narración. P. Zumthor: Essai de
poétique Me-diévale, sobre todo la parte titulada “Le modele romanesque”, pp.
352 y sigs.
L V
Julia Kristeva: Recherches pour une Sémanalyse, capítulo “Le texte
clos”, pp. 113 y sigs.
92 V. Notas 288 y 289.
93 V. Nota 296.
94 V. en esta antología el artículo “De la hipocresía”, cuya importancia
para la comprensión de Mário de Andrade ya fue subrayada por Anatol Rosemfeld
(Texto/Contexto, editora Perspectiva, Sao Paulo, 1969, p. 181).
95 Las frases entre comillas pertenecen al artículo de Mário de Andrade
“De la hipocresía”.
L V I
MACUNAIMA
MACUNAÍMA
A Paulo Prado
I
MACUNAÍMA
En L A S P U R A S H O N D U R A S de la Selva-Espesa nace Macunaíma, el
héroe de los nuestros 1. Es azul de tan negro e hijo del miedo de la noche.
Hubo un momento en que el silencio era tan intenso escuchando el
cuchicheo del río Uraricoera 2, que la india tapañumas 3 dio a luz a una
criatura fea. Y ese crío fue lo que llamarían después Macunaíma 4.
Ya en la niñez hizo cosas que requeteasustaban. En primera se pasó seis
años sin decir ni pío. Si lo sonsacaban a hablar, exclamaba:
— Ay! qué flojera!. . .
sanseacabó. Se la pasaba
papando moscas en un rincón del arrancha do de chozas 5, trepado en un tapanco
6 de palma de palapa, mirujeando el trabajo de los demás y sobre todo a los dos
manos que tenía, Maanape ya viejito y Yigué en plenas fuerzas de hombre. La
diversión suya era
desceparle la cabeza a las hormigas tambochas 7. Vivía echadote, pero si
olía a dinero, Macunaíma andaba a tatas pa ganarse un mango8. Y también se
avivaba cuando la familia iba a bañarse al río todos desnudos y juntos. Sus
baños eran sólo zambullidas y las mujeres bullían con gri tos cascabeleros por
culpa de las jaibas dizque allegadas a las aguas dul ces de por allá. En el
mocambo si alguna cuñataí se le acercaba a hacerle fiestecitas, Macunaíma
pasaba la mano por las gracias de ella y cuñataí se mandaba la parte. A los
machos les esputaba la cara. Pero a los viejos les tenía respeto y frecuentaba
con aplicación la muruá la poracé el toré el bacororó la ciucog9, todas esas
danzas religiosas de la tribu.
Cuando se trataba de dormir se trepaba en el chinchorro10 pequeñito
olvidándose siempre de orinar. Como la hamaca de la madre estaba abajo de la
cuna, el héroe meaba caliente sobre la vieja, espantando rebién a los
mosquitos. Entonces se adormecía soñando garabatos, inmo ralidades
estrambóticas, y daba de patadas al aire.
En pláticas de mujeres a pleno rayo del día, el bululú era siempre por
las travesuras del héroe. Las mujeres reían muy halagadas, diciendo
que “espina que pincha de pequeña ya trae punta” y en una brujencia de
payé Rey Nagó 11 hizo un discurso y avisó que el héroe era inteligente.
No bien tuvo seis años, le dieron agua en un cencerro 12 y Macunaíma
principió hablando como todos. Y le pidió a su madre que largara de rallar la
yuca sobre la cebadera y lo llevara a pasear remontándose por el monte. Su
vieja no quiso porque no. No podía largar así la mandioca. Macunaíma jeremiquió
el día entero. De noche continuó lloriqueando. Al otro día esperó con el ojo
izquierdo durmiendo a que su madre em pezara el trabajal. Entonces le pidió
que dejara de trenzar el cestón de guarumá-blando y que lo llevara por los
matorrales a pasear. La madre no quiso porque no. No podía largar así como así
el balay, y le pidió a su nuera, la compañera de Yigué para que llevara al
niño. La com pañera de Yigué era retemoza y se llamaba Sofará 13. Se fue
acercando recelosa, pero esta vez Macunaíma se quedó quietecito y sin poner las
manos en las gracias de nadie. La joven cargó al piá 14 a cuestas y se fue
hasta el pie de las aningas de la orilla del río. El agua se había detenido
para inventar un rasgueo de regocijo entre las palmas de yura-guano. Lo lejos
estaba bonito con mucha biguá y cotúa-agujita revolo teando por el camino de
los canales del oquedal.
La muchacha colocó a Macunaíma en la rambla pero él se puso a gimotear,
porque había mucha hormiga!. . . y le pidió a Sofará que lo llevara hasta la
escarpa del cerro allá en plena maleza, y la moza lo hizo. Pero luego que
acostó al guacho-chico 15 en el sotobosque sobre cayumbos, malangas y andacaás,
éste crió cuerpo en un tris y quedó hecho un príncipe lindo. Anduvieron mucho
por allá.
Recién volvieron al cabañal, la joven parecía muy fatigada de tanto
cargar al mocoso a cuestas. Pero era que el héroe había jugueteado mucho con
ella. Mal había recostado a Macunaíma en la hamaca, cuando Yi gué 16 llegó de
atrapar pez con puzá17 y la compañera no había traba jado nada. Yigué se
sulfuró, y después de espulgarse las garrapatas le dio duro. Sofará soportó la
soba sin chistar.
Yigué no desconfió de nada y se puso a trenzar cuerdas con fibra de
caraguata. No ven que había encontrado rastro fresco de danta y quería agarrar
al bicho en el armadijo. Macunaíma pidió un pedazo de esa huirá al mano, pero
Yigué le dijo que aquello no era juguete de niños. Macunaíma lloró a moco
tendido otra vez y la noche fue difícil de tragar para todos.
Al otro día Yigué se levantó temprano para hacer la trampa y mirando al
pibe tristón le dijo:
— Buenos días, corazoncito de los demás. Pero Macunaíma rostritorcido
cerró el pico.
— ¿No quieres hablar conmigo, eh?
—Ando de malas.
— ¿Cuál es el porqué?
Entonces Macunaíma pidió fibra de caraguata. Yigué miró hacia él con
odio y mandó a la compañera a conseguir unas hilachas para el niño, y la moza
chas-chás. Macunaíma agradeció y fue de correveidile con el yerbatero-payé 18
para que le retorciera una cuerda y soplara bien sobre ella humo de chimó.
Cuando todo estaba listo, Macunaíma le pidió a su madre que dejara a la
chicha de cazabe fermentar a solas y lo remontara por el monte de paseo. La
vieja no podía por culpa de tanto trabajo, pero la compañera de Yigué, la muy
maromera, dijo a la suegra que “estaba a sus órdenes”. Y se mandó al mato con
el guricito a cuestas.
Recién lo colocó en la sotoselva sobre amarantas y palmas-del-viajero,
el pequeño fue crece y crece y se convirtió en un príncipe lindo 19. Pidió a
Sofará que esperara un poquito, que luego volvía para que juguetea ran, y se
fue al abrevadero de la danta a armar un lazo. No bien volvie ron de pasear,
ya de tardecita, cuando Yigué llegó también de tender su armadijo cerca del
rastro del tapir. La compañera no había trabajado nada. Yigué se puso pálido y
antes de espulgarse las garrapatas le dio con ganas. Sofará se aguantó el
aguacero con paciencia.
El rayar del otro día aún no acababa de encaramarse a los árboles,
cuando Macunaíma despertó a todos dando horrendos berridos, para que fueran!
que fueran al abrevadero a buscar el bicharraco que había cazado!. . . Pero
nadie se la creyó y todos principiaron el trabajo del día.
Macunaíma quedó muy contrariado y le pidió a Sofará que se diera una
llegadita al remanso, sólo para ver. La piba lo hizo y volvió comen tando a
todos que de hecho estaba en el lazo una danta muy grande ya muerta. Toda la
tribu fue a buscar a la bicha, rumirrumiando con la inteligencia del guacho.
Cuando Yigué llegó con la reata de caraguata sola, encontró a todos preparando
la caza. Ayudó. Y durante la repar tición, no le dio ni un trozo de carne a
Macunaíma. Sólo tripas. El héroe juró venganza.
Al otro día le pidió a Sofará que lo llevara a pasear y se quedaron en
las matas hasta la boca-de-la-noche. No bien había tocado la hojarasca el
chamaco y ya estaba convertido en un príncipe fogoso. Juguetearon. Después de
juguetear tres veces, corrieron matorrales fuera, haciéndose fiestas el uno al
otro. Después de las fiestitas de codearse, hicieron las de las cosquille jas,
luego se enterraron en la arena y hasta se quemaron en llamaradas de petate,
eso fueron las muchas fiestas. Macunaíma agarró un tronco de copayero y se
escondió detrás de una pirañera. Cuando Sofará vino corriendo, le dio con el
palo en la cabeza suya. Le hizo una brecha tal que la patoja cayó retorciéndose
de risa a los pies de él. Lo jaló de una pierna. Macunaíma gemía de gusto aferrándose
al tronco gigante. Entonces la muchacha le tarascó el dedo gordo del pie suyo y
se lo tragó. Macunaíma chillando de alegría tatuó el cuerpo de ella con la
sangre del pie. Después estiró los músculos irguiéndose en un trapecio de
bejuco y a base de saltos alcanzó en un tris la rama más
alta de la pirañera. Sofará trepaba atrás. El gajo finito se dobló
oscilando con el peso del príncipe. Cuando la joven llegó también al tope
jugue tearon otra vez columpiándose en el cielo. Después de juguetear,
Macu-naíma quiso hacer una fiesta en Sofará. Empinó todo el cuerpo con la
violencia de un empujón, pero ya no pudo seguir. La rama se tronchó y ambos se
desprendieron dando trastumbos 20 hasta amasijarse en el suelo. Cuando el héroe
dejó de ver estrellitas, buscó a la muchacha a su alrededor y ya no estaba. Iba
enderezándose en su búsqueda, cuando de un gajo bajo, encima suyo, el temible
bramido del puma perforó el silencio. El héroe se acurrucó de miedo y cerró los
ojos para ser comido sin ver. Entonces se escuchó una risita y Macunaíma se
llevó un escu pitinajo en el pecho. Era la moza. Macunaíma empezó por tirar
piedras en ella y, cuando la hería, Sofará gritaba de excitación tatuando el
cuerpo de abajo con el chisgueteo de sangre. Al final, una piedra rajó la
comisura de los labios de ella y le molió tres muelas. Ella saltó de la rama y
guác! cayó sentada en la barriga del héroe que la envolvió con todo el cuerpo
aullando de placer. Y juguetearon otra vez más.
Ya la estrella Papacenas brillaba en el cielo cuando la joven regresó
pareciendo muy fatigada de tanto cargar al piá a cuestas. Pero Yigué, que
desconfiando había seguido al par por las matas, presenció la trans formación
y el resto. Yigué era muy zonzo. Le dio mucha rabia. Se des ciño un
rabo-de-armadillo 21 y lo dejó ir con ganas en la cola del héroe. El berrinche
fue tan grande que achicó el tamañazo de la noche y muchos pájaros cayeron de
susto al suelo y se transformaron en piedra.
Cuando Yigué no pudo más con la zurra, Macunaíma corrió hasta la
caapuera, masticó raíz de anacardo22 y volvió sano y salvo. Yigué llevó a
Sofará con el padre de ella y durmió hamaqueándose de lleno y a sus anchas.
11
MAYORC1TO
Yigué era muy zonzo y al otro día apareció jalando de la mano a una
cuñá. Era su nueva mi-tacuna-mí y llamábanla Iriquí23. Esta solía traer siempre
un ratón vivito y coleando oculto en la maraña de su pelo y se endomingaba
harto. Pintaba su cara con paraguatán y yagua y toditas las mañanas se untaba
coquito de asaí en los bezos que quedaban todos amoratados. Después se
restregaba limón de Cayena por encimita y los labios se ponían totalmente
abrasilados. Entonces Iriquí se envolvía en un manto de algodón a rayas hechas
con negro de palo de acarí y verde de tataíba y aromatizaba su cabellos con
esencia de humirí. Era linda.
Pues bien, después de que todos se comieron el tapir de Macunaíma, el
ham bre24 azotó al mocambo25. Caza, ni qué decir. Nadie atrapaba nada y ni por
equivocación un cachicamo tatú-eté se hacía el aparecido! Y por culpa de
Maanape que mató un jigüe-bufeo pa que comieran, el sapo-almaciguero llamado
Maraguigana, padre del delfín, miró con bron ca. Mandó la inundación y el
maizal se pudrió. Comieron de todo. Hasta las tástaras duras se terminaron y la
fogata, noche y día, ni nona das encecinaba y sólo sirvió como remedio al
friaje que cayó. No había modo de que uno asara en ella una yesca de charqui26.
Entonces Macunaíma quiso divertirse un poco. Dijo a sus manos que aún
había mucho mije, mucha guabina, mucho careperro y pez-banana, todos esos peces
de río; que fueran a embarbascar 27 las aguas! y Maanape respondió:
— Ya no se encuentra más barbasco. Macunaíma disimulando repiqueteó:
— Junto a aquella gruta donde hay guacas con dinero enterrado28 di visé
ayaré a montones.
— Entonces vente acá nomás y muéstranos dónde es.
fueron. La margen estaba tan
traicionera que no se atinaba bien sobre lo que era tierra o lo que era río
entre los copados apompos. Maanape y Yigué buscaban y volvían a buscar
enlodados hasta los dientes, despatarrándose, guác! en los barreros tapados por
la crecida. Saltaban librando trampales a grito tendido y con las manos atrás
por culpa de los botarates candirás 29 a punto de metérseles. Macunaíma reía
para sus adentros viendo las mamarrachadas de los manos campeando barbasco.
Fingía buscar también pero no daba paso, bien sequecito en lo firme. Cuando los
manos pasaban cerca de él, se agachaba y gemía de cansancio.
— No pujes tanto, guacho!
Entonces Macunaíma se sentó en una barranquilla del río y se puso a
guachapear con los pies para espantar a los mosquitos. Y eran muchos moscos,
jejenes comejenes muayes zuntecos zancudos tábanos barigüís hideputas queresas,
todo ese mosquerío.
Cuando era de tardecita los manos vinieron furibundos a buscar a
Macunaíma por no haber hallado ninguna matita de ayaré. Al héroe le dio
mieditis y disimuló:
— ¿Encontraron ?
— Qué vamos a encontrar ni qué ojo de hacha!
— Pos fue aquí mero que divisé barbasco. El barbasco un día ya fue gente
como nosotros. . . Presintió que lo andaban campeando, y ni su sombra! El
barbasco un día ya fue gente como nosotros. . . 30
Los manos se admiraron de lo lumbrera que era el chamaco y volvieron los
tres hacia el cabañal.
Macunaíma andaba muy caldeado por culpa del hambre. Al otro día le
comentó a su vieja:
— Madre, ¿quién es el que lleva nuestra casa pa la otra banda del río,
allá en lo seco, quién la lleva, quién? Cierre los ojos un poquito vieja, y
pregúntese así!
La vieja asintió. Macunaíma le pidió que se quedara más tiempo con los
ojos cerrados y cargó con jacal palafitos flechas guacales morrales ti najas
jabucos de junco hamacas 31. Todo ese trajín para un abierto de las breñas,
allá en el firme del otro lado del río. Cuando la vieja abrió los ojos todo
andaba por allá y había caza, peces, platanares dando, había tentenpiés de
sobra. Entonces se fue a cortar banana.
— Anque malhaga en preguntarle, madre, ¿por qué sumercé arranca así
tanto plátano-macho?
— Pa llevar a tu mano Yigué con la linda Iriquí y a tu mano Maanape que
andan pasando hambres.
Macunaíma quedó muy contrariado. Ideó, volvió a idear y le dijo a su
vieja:
— Madre, ¿quién es el que lleva nuestra casa pa la otra banda del río,
allá en el bañado, quién la lleva, quién? Pregúntate así!
La vieja lo hizo. Macunaíma le pidió que se quedara con los ojos ce
rrados y al tiro nomás llevó todos sus ajilimójilis y todo al lugar en que
antes estaban, allá por aquel mundo inmundado. Cuando la vieja abrió los ojos,
todo estaba en el lugar de endenantes, avecindado a los barra cones de mano
Maanape y de mano Yigué con la linda Iriquí. Y todos se quedaron rechinando las
tripas otra vez.
Entonces malvada bronca que le dio a la vieja. Cargó al héroe en brazos
y partió. Se enmató hasta rematar por el caapuerón llamado Donde el Diablo
Perdió el Poncho. Anduvo legua y media en él y ya ni se veían los matorrales;
era un cubierto llanero apenas movimentado con los saltitos de los cajuiles. Ni
un arrendajo-de-rabadilla-encarnada animaba la soledad. La vieja colocó el
guacho en el campo donde ya no pudiera crecer más 32 y le dijo:
— Ora sí que su madre se va. Te me quedas perdidote en la sabana y ya no
me crezcas nadita más. Y desapareció. Macunaíma argüendeó por el páramo y
sintió que iba a llorar. Pero como no había nadie por allá, no lloró. Se dio
ánimo y puso pie en el camino, temblequeando con sus pier-nitas arqueadas.
Vagamundeó a troche y moche una semana, hasta que se topó con El Currupira 33
parrillando carne en compañía de su perro Papamiel. El Currupira vive en el
mero mero retoño de la palmera ma-naca y le pide tabaco a la gente. Macunaíma
dijo:
— Tata, ¿no me da un poco de caza pa que coma?
— Sí — fue lo que Currupira contestó.
Cortó la barbacoa de su pierna, la medioasó, y la tendió hacia el mu
chacho preguntando:
— ¿Y usté mi-chumí, pa dónde bueno camina en la caapuéra?
— Pa paseo.
— No me diga!
— Pos sí, nomás pa paseo. . .
Entonces le contó el castigo que su madre le puso por culpa de haber
sido malevo con los manos. Y al contar lo del traslado de la casa de nuevo
hacia la ciénaga donde no había caza, dio una carcaj adota. El Currupira miró
hacia él y rezongó:
— No, mi-chumí, usté ya no es ningún gurí, mi-chumí. No. No. . .
Sólo gente grande hace eso. . .
Macunaíma agradeció y le pidió al Currupira que le enseñara el ca mino
del mocambo de los Tapañumas. El Poira lo que estaba queriendo era comerse al
héroe y le enseñó errado:
— Se va por aquí, muchachombre, va por ahí, pasa enfrente de aquel
árbol, quiebra a mano izquierda, vira y vuelve por abajo de mis uaiari-quinizés
34.
Macunaíma fue a hacer la vuelta pero llegando frente al palo, se rascó
la piernita y murmuró:
— Ay! qué flojera!. . .
Y patitas pa qué las quiero.
El Currupira esperó bastante pero el mi-chumí no llegaba. . . Entonces
el monstruo se montó en el venado, que es el caballo suyo, hincó el pie de
lleno en el ijar del raudo y veloz y por ahí se fue gritando:
— Carne de mi pierna! Carne de mi pierna!
Y allá de dentro de la barriga del héroe la carne respondió:
— ¿Qué fue?
Macunaíma apretó el paso y se adentró corriendo por la caatinga, pero el
Currupira corría más que él y en ésas el niño venía que venía acosado por el
otro.
— Carne de mi pierna! Carne de mi pierna!
— ¿Qué fue?
El piá estaba desesperado. Era un día de lluvia con sol casamiento de
español35, y la vieja Vei, la Sol36, chisporroteaba en las gotitas de chipi
chipi, desgranando luz como si fuera maíz. Macunaíma llegó cerca de un charco,
bebió agua de lama y vomitó la carne.
— Carne de mi pierna! Carne de mi pierna! — era lo que el Poira venía
gritando.
— ¿Qué fue? — secundó la carne ya en el aguazal.
Macunaíma alcanzó los bledos y escapó.
Legua y media adelante escuchó detrás de un hormiguero una voz cantando
así:
“Agutí pitá cañén. . . ”, lentamente.
Fue allá y se topó con la jutía 37 cerniendo harina de mandioca en un
tepití de ivamitara38.
— Agüe, ¿no me da tapioca para que coma?
— Sí — dijo la tusa. Y le dio guacamole al niño, no sin antes pre
guntar:
— ¿Que qué anda usté haciendo en la caatinga, mi-chumí?
— Paseando.
— Que qué!
— Pos paseando.
Le contó cómo había engatusado al Currupira y dio una carcaj adota.
La jutía miró hacia él y refunfuñó:
— Mi-chumí39, no haga eso, mi nieto. Un guacho no hace eso. Ora sí que
voy a emparejarle el cuerpo y la sesera.
Entonces tomó la batea repleta de caldo envenenado de guacamole y arrojó
el brebaje sobre el chavalo. Macunaíma reculó requeteasustado pero sólo
consiguió librar la cabeza. Todo el resto del cuerpo se empapó. El héroe dio un
estornudo y se arrecho. Se fue enderezando, creciendo, for tificando y se puso
del tamaño de un hombre tronchudo. Pero la cabeza sin mojar quedó para siempre
ñata y con la carita singraciada de guacho-chico.
Macunaíma agradeció lo hecho y salió como flecha cantando hacia el
mocambo nativo. La noche caía abejorrada, ensartando hilos de hormigas en la
tierra y quitando a los mosquitos del agua. Pululaba un caior de nido en todo
el aire. La vieja tapañumas escuchó la voz de su hijo en lo cenizo lejano y se
espantó. Macunaíma apareció carantamaula y dijo hacia ella:
— Madre, soñé que se me caía un diente.
— Eso es muerte de pariente — comentó la vieja.
— Ya lo sabía. Su-mercé va a vivir sólo una Sol. Y así mero porque me
parió.
Al otro día los manos fueron a cazar y a pescar, la vieja se fue a la
roza-tumba y quema, y Macunaíma se quedó solo con la compañera de Yigué.
Entonces éste se convirtió en la hormiga quenquén 40 y mordió a lriquí por el
amor de hacerle fiestecitas. Pero la patoja tiró a la quenquén lejos. Entonces
Macunaíma se convirtió en una matita de achiote. La linda lriquí sonrió, cogió
las semillas y se embijó todita pintándose la cara y los distintivos. Quedó
chulísima. Entonces Macunaíma, de puro contento, se volvió gente otra vez y
vivió con la compañera de Yigué.
Cuando los manos regresaron de la caza, Yigué percibió luego luego el
cambalache. Pero Maanape le explicó que Macunaíma estaba hecho todo un hombre y
tronchudo. Maanape era hechicero. Yigué vio que el ba rracón estaba repleto de
alimentos, pues había plátano-macho había maíz había yuca-amarga, había
horchata y chicha de cachiri, había robalo prieto y mapará recién pescados,
granadillas-cocorillas chirimoya lúcuma zapote chico-zapote, había machaca de
venado y carne fresca de culebrón, todos esos morfes y chupis regios. . . Yigué
cotejó que no valía la pena pelear con el mano y le dejó a la linda lriquí. Dio
un suspiro, se espulgó las garrapatas y durmió largo y tendido en la hamaca.
Al otro día, Macunaíma, después de juguetear con la linda lriquí tem
pranito, salió para darse una vueltecita. Atravesó el reino encantado de
la Piedra Bonita en Pernambuco y cuando estaba por llegar a la ciudad de
Santarém se topó con una venada parida.
— A ésta la cazo yo! — se dijo. Y persiguió a la venada. Esta se esca
bulló fácilmente pero el héroe pudo atrapar a la cría que apenas andaba, se
escondió atrás de un árbol-picatón del mosquito carapaná41 y de-deando al
venadito lo hizo berrear. La venada se puso como loca, puso ojos de mediomorir,
se detuvo, tutubió y se fue viniendo se fue viniendo hasta parársele mero
enfrente llorando de amor. Entonces el héroe flechó a la venada parida. Esta
cayó, pataleó un montón y se quedó tiesa y tiradota en el suelo. El héroe cantó
victoria. Se acercó a la venada, se puso mire y mire hasta dar un grito
desmayado. Había sido una diablura del Añan-ga. . . 42 No, no era venada. Era
su propia madre Tapañumas lo que Macunaíma había venadeado y estaba allacito
muerta 4S, toda arañada por las púas de los cactos-cirios y de los organillos
de yacamarú del mato.
Cuando el héroe volvió del patatús fue a llamar a los manos y los tres
llorando mucho se pasaron la noche en blanco bebiendo chicha de yatay44 y
comiendo cazabe con pescado. De madrugada reposaron el cuerpo de la vieja en un
tapesco y fueron a enterrarla debajo de una pie dra en el lugar llamado Padre
de la Tocandeira; Maanape, que era un curanderajo de marca mayor, fue quien
grabó el epitafio. Y así era:
Ayunaron el tiempo que el precepto mandaba y Macunaíma se pasó el ayuno
lamentándose heroicamente. La barriga de la muerta se fue hinche e hinche y
terminadas las lluvias estaba convertida en un terso cerro. Entonces Macunaíma
le dio la mano a Iriquí, Iriquí le dio la mano a Maanape, Maanape le dio la
mano a Yigué y los cuatro partieron por este mundo.
CI, MADRE DE LAS MATAS 45
En cierta ocasión los cuatro iban siguiendo un camino entre las matas y
ya penaban de tanta sed lejos de los esteros y de las lagunas. No había ni
siquiera ombú 46 por el barrio y Vei, la Sol, deshilachándose entre el follaje
guasqueaba sin parada el lomo de los andariegos. Sudaban como en una brujería
de payés en la que todos se hubieran embadurnado el cuerpo con aceite de
piquiá. Marchaban. De repente, Macunaíma se paró rasgando el silencio de la
noche con un gesto enorme de alerta. Los otros se quedaron engarrotados. No se
escuchaba nada, pero Macunaíma bis biseó :
— Hay algo.
Dejaron a la linda Iriquí emperifollándose sentada en las raíces de una
ceiba y avanzaron cuatelosos. Vei ya estaba harta de tanto chicotear el lomo de
los tres manos, cuando legua y media adelante Macunaíma in grimo se topó con
una cuñataí durmiendo. Era Ci, la Madre de las Matas 47. Lueguito supo por el
pecho diestro chato y seco suyo, que la moza hacía parte de esa tribu de
mujeres solitarias 48 que andan allá por las playas de la laguna Espejo de la
Luna, entreverada por el Ñamundá. La cuñá era linda con el cuerpo chupado por
los vicios y coloreado de ñandipa.
El héroe se le echó encima suyo para juguetear. Ci no quería. Se hizo de
una lanza tridente49 con flechas mientras Macunaíma jalaba su cachicuerna50 de
Pajeú. Fue un zipizape tremendo, y debajo del copado retumbaban los berridos de
los camorreros disminuyendo de miedo los cuerpos de los pajaritos. Al héroe le
estaban dando. Ya había recibido una trompada de las que hacen sangre en la
nariz y un trinchazo hondo con la txara en el rabo. La icamiaba 51 no tenía ni
una arañadita y cada gesto que hacía era más sangre en el cuerpo del héroe, que
ya daba berridos horrísonos que disminuían de miedo los cuerpos de los
pajaritos. Al final, viéndoselas color de hormiga porque de veras no podía con
la amazona, el héroe largó a huir llamando a los manos:
— Socórranme que si no mato! Socórranme que si no mato!
Los manos acudieron y agarraron a Ci. Maanape trenzó los brazos de ella
por detrás mientras Yigué con la murucú 52 le daba un macanazo en el coco. Y la
icamiaba cayó sin auxilio sobre los helechos de la soto-selva. Cuando quedó
bien inmóvil, Macunaíma se acercó y jugueteó con la Madre de las Matas.
Vinieron entonces muchos carapaicos mucho guacamayo-rojo tuíes guaros pericos,
mucho papayago a saludar a Macu naíma, el nuevo Emperador de la Selva-Espesa.
los tres manos siguieron con
la compañera nueva. Atravesaron la ciudad de las Flores, evitaron el río de las
Amarguras pasando por debajo del salto de la Felicidad, tomaron el camino de
los Placeres y llegaron
al manchón de Mi Bien, que queda en los montes de Venezuela. Fue de allá
desde donde Macunaíma imperó sobre los matorrales misteriosos, mientras Ci
comandaba en los asaltos a las mujeres que empuñan txaras de tres puntas.
El héroe vivía con sosiego. Los días pasaban chévere53 en la hamaca,
matando hormigas tayocas, chupeteando traguitos tronados de chicha de yuca y
cuando se agarraba cantando acompañado por los sonidos go teantes del
requinto-cocho 54, los matorrales se estremecían con dulzura adormeciendo a las
culebras garrapatas mosquitos hormigas y a los dioses del mal.
De noche Ci llegaba oliendo a resina de palo, sangrada de las peleas y
se trepaba en la hamaca que ella misma había tejido con hilos de ca bello 55.
Los dos jugueteaban y luego se quedaban riendo el uno con el otro 5G.
Se quedaban riendo largo tiempo, bien juntitos. Ci aromaba tanto que a
Macunaíma le daban atarantes de sentirse lacio lacio.
— Coño, qué bien huele, guapa!
Era lo que jacarandosamente le murmullaba. Y abombaba más y más las
aletas de la nariz. Se venía pues un ataranto de dejarlo tan tarumba, que el
sueño principiaba a chispear de los párpados suyos. Pero la Madre de las Matas
no estaba aún satisfecha. No. No. Y con una mañita de hamaca que enlazaba a los
dos, convidaba al compañero para más juguete. Muerto de sueño, jeringado,
Macunaíma jugueteaba sólo para no desmentir la fama, pero cuando Ci quería reír
con él de satisfacción:
— Ay! qué flojera!. . .
Suspiraba el héroe enfadado. Y dándole la espalda se adormecía rebién.
Pero Ci quería más juguete aún. . . Y lo invitaba y lo invitaba. . . Y el héroe
aferrado al sueño. Entonces la Madre de las Matas cogía el tri dente y
piqueteaba al compañero. Macunaíma despertaba dando unas carcajadotas,
desternillándose por las cosquillas.
— No hagas eso, rogona!
— Hago sí!
— Deja que uno se duerma, cosita güeña. . .
—Vamos a juguetear.
— Ay! qué flojera!
Y jugueteaban otra vez más.
Pero en los días de haber bebido mucha chica, Ci encontraba al Em
perador de la Selva-Espesa tiradote por ahí con una tranca soberana. Iban a
juguetear y el héroe se olvidaba a medio camino.
— Y ora, hérue!
— Ora qué!
— ¿Qué, no va a continuar?
— Continuar con qué!
— Pos con mis pecados. Uno está jugueteando y zás! a usté se le ocurre
pararse a medias!
— Ay! qué flojera!. . .
Macunaíma malbalbucía de tan plomeado. Y buscando un mullidito en los
cabellos de la compañera adormecía feliz.
Entonces para animarlo, Ci empleaba la estratagema sublime. Buscaba en
las breñas el follaje de fuego de la ortiga y sazonaba con él una come-comezón
en el c h u í57 del héroe y en la nalachitchi58 suya. Con eso Ma cunaíma
quedaba que quedaba un lión queriendo. Ci también. Y los dos jugueteaban y
volvían a juguetear en un derroche de ardor pro digioso.
Pero era en las noches de insomnio en las que el gozo se tramaba más.
Cuando todas las estrellas incendiadas derramaban sobre la Tierra un óleo vivo
que nadie soportaba de tan caliente y corría por el mato una presencia de
incendio. Ni la pajarracada se aguantaba en el nido. Movía inquieta el
pescuezo, volaba de rama en rama y en el milagro más enorme de este mundo
inventaba de sopetón una alborada prieta trinatrinando que no había fin. La
bulla era tremenda, el olor poderoso y el calor más aún.
Macunaíma daba un empellón en la hamaca tirando a Ci lejos. Ella se
despertaba hecha una furia y se le arrojaba encima. Así jugueteaban. Y
entonces, enteramente despiertos por el gozo, tramaban artes nuevas de
juguetear 59.
No bien pasaron seis meses y la Madre de las Matas había parido un hijo
encarnadino. Para eso, se vinieron famosas mulatas de Bahía, de Recife, del Río
Grande del Norte, de Paraíba y le dieron a la Madre de las Matas un cintajo
rubio color del mal, porque desde ahora sería maestra del cordón encarnado en
todos los Retablos de Navidad 60. Des pués se retiraron con placer y alegría
61, bailando y volviendo a bailar, seguidas de futboleadores truchas queridos
enamorados payadores, toda esa muchachada doré. Macunaíma quedó en reposo el
mes del precepto62 pero se rehusó a ayunar. El pequeñajo tenía la cabeza ñata y
Macunaíma se la achataba aún más golpeándola todos los días para decirle al
gu-ricito:
— Apúrese a crecer mijo, pa que se vaya a Sao Paulo a ganar mucho dinero
63.
Todas las icamiabas querían bien al niño encarnadino y en el primer baño
suyo pusieron todas las joyas de la tribu para que el pequeño fuera rico
siempre 64. Mandaron a buscar en Bolivia una tijera y la ensartaron abierta
debajo de la cabecera porque si no el coco Tutú Marambá venía, chupaba el
ombliguito del piá y el dedo gordo del pie de Ci. La mari manta Tutú Marambá
vino, se topó con la tijera y se equivocó: chupó el ojo de ésta y se fue muy
oronda. Todo el mundo entonces sólo pensaba en el pequeñajo. Mandaron a
buscarle en Sao Paulo los famosos zapatitos de lana tejidos por doña Ana
Francisca Leite Moráis y en Pernambuco los encajes “Rosa de los Alpes”, “Flor
de Guabiyú” y “Por-ti-padezco” enganchados por las manos de doña Joaquina
Lechón mejor conocida
como Quincha La Joroba. Filtraban el mejor tamarindo de las hermanas
Louro Vieira de Óbidos para que el niño se tragara en el refresco reme dio
para las lombrices 65. Vida feliz, qué bueno era!. . . Pero una vez ñacurutú 66
se posó en el zaquizamí del Emperador y soltó un reguero de mal-agüero.
Macunaíma tembló asustado, espantó a los mosquitos y se dejó caer en la chicha
de payuarí por demás, para ver si espantaba al miedo también. Bebió y durmió la
noche entera. Entonces llegó la Boa-Prieta 67 y tanto chupó el único pecho vivo
de Ci que no dejó ni rastro del calostro. Y como Yigué no las pudo para
desvirgar a ninguna de la icamiabas, el guacho sin ama chupó el pecho de su
madre al otro día, volvió a chupar, dio un suspiro envenenado y murió.
Pusieron al angelito en una múcura esculpida en forma de galápago y pa
que el fuego-fatuo no se comiera los ojos del difunto lo enterraron en el mero
centro del mocambo con mucho canto yaraví, mucha danza poracé y mucho trago de
payuarí.
Terminada la función, la compañera de Macunaíma, toda adornada aún, sacó
del collar una muiraquitán 68 famosa, se la dio a su compa ñero y subió pal
cielo por un bejuco-isipó 69. Es allacito donde Ci vive ahora paseándose la muy
catrina, librada ya de las hormigas, toda empil-chada aún, toda adornada de
luz, convertida en estrella 70. Es Agena de Centauro.
Al otro día cuando Macunaíma fue a visitar el túmulo del hijo vio que
había nacido del cuerpo una plantita. Trataron de ella con mucho cuidado y se
dio el guaraná 71. Con las frutitas amasadas de esa planta, la gente se cura de
mucha enfermedad y se refresca durante los calu-rones de Vei, la Sol.
IV
BOIÜNA - LUNA
Al otro día bien temprano, el héroe, padeciendo morriña de Ci, la com
pañera por siempre inolvidable, se agujeró la bemba inferior e hizo de la
muiraquitán un tembetá72. Sintió que iba a llorar, llamó de prisa a los manos,
se despidió de las icamiabas y partió.
Gandulearon gandulearon como perro sin macate por todos aquellos matos
sobre los cuales Macunaíma imperaba ahora. Por todas partes recibía homenajes y
era siempre acompañado por su séquito de guaca mayos-rojos y carapaicos 73. En
las noches de amargura se encaramaba en una palmera de asaí de frutas
amoratadas como el alma suya y se en simismaba en el cielo con la figuración
acicalada de Ci, “Marvada!”, así
gemiqueaba. . . Entonces se quedaba muy afligido, harto!, e invocaba a
los dioses buenos al cantar cantares de larga duración. . .
Ruda, R u d á l ...7i
tú que secas las lluvias
haz que los vientos del océano
embistan por esta tierra
pa que las nubes se retiren
y mi marvada brille
limpiecita y firme en el cielo!. . .
Haz que se amansen
todas las aguas de los ríos
pa que al bañarme en ellos
pueda juguetear con la marvada
reflejada en el espejo de las aguas!. . .
Era así. Entonces se bajaba y lloraba recargado en el hombro de
Maa-nape. Yigué sollozando de pena animaba el fuego del anafre para que el
héroe no sintiera frío. Maanape se tragaba los lagrimones invocando al
Acutipurú, al Murucututú, al Ducucú 75, baah! a todos esos dueños del sueño, en
arrullos así:
Acutipurú,
preste su sueño
pa Macunaíma
que es muy mañoso!. . .
Espulgaba las garrapatas del héroe y lo asosegaba meciendo el cuerpo.
El héroe se acalmaba se acalmaba y adormecía rebién.
Al otro día, los tres baquianos recomenzaban la caminata a través de los
matos misteriosos. Y Macunaíma era seguido siempre por su séquito de
guacamayos-rojos y carapaicos.
Andele y ándele, una vuelta en la que la alborada principiaba a dar el
zape! a la prietura de la noche, escucharon de lejos un lamento de moza. Fueron
a ver. Anduvieron legua y media y se encontraron a una cascada llorando sin
parada. Macunaíma le preguntó a la catarata-ytororó:
— ¿Qué te pasa, calabaza?
— Nada nada, limonada!
— Algo de algo debe ser.
Y la caída con palabras de agua contó lo que sucedió 76.
— No ve que me llamo Naipí y soy hija del curaca77 Mechó-Mechoitiquí,
nombre que en mi habla quiere decir Gatea-que-Gatea. Yo era una boni tura de
cuñataí y todos los caciques vecinos deseaban dormir en mi ha maca y probar mi
cuerpo más blanducho que palo-borracho. Pero cuan do alguno venía le daba de
mordiscos y puntapiés por el amor de poner a prueba la fuerza suya. Y como
ninguno aguantaba partían compun gidos.
”Mi tribu era esclava de la Boiúna Capei78 que habitaba una covacha en
compañía de las tambochas. Siempre de los siempres, por el tiempo en que los
lapachos de la orilla del río se amarillaban de flores, la Boiúna
venía al chocerío a escoger a la mi-tacuna-mí virgen que se iría a
dormir con ella en el socavón lleno de esqueletos.
’’Cuando mi cuerpo lloró sangre pidiendo fuerza de hombre para ser vir,
la titirijí cantó de mañanita sobre los marfiles-vegetales de mi choza y vino
Capei y me escogió. Los lapachos de la orilla del río llameaban de amarillo y
todas las flores cayeron en los hombros sollozantes del joven Titzaté, guerrero
de mi padre. La tristumbre, ora sí que como una ma-rabunta de
hormigas-cabezonas, vino al mocambo y devoró hasta el si lencio.
’’Cuando el viejo-mandinguero 79 sacó a la noche del agujero80 otra vez,
Titzaté arrejuntó las florecitas de cerca suyo y vino con ellas a la hamaca de
mi última noche libre. Entonces mordí a Titzaté.
”La sangre borbotó de la muñeca mordida pero el guacho no hizo caso. No,
no. Gimió de rabia amando. Me atiborró la boca de flores tanto que ya no pude
morder más. Titzaté saltó en la hamaca y Naipí sirvió a Titzaté.
’’Recién que jugueteamos hechos unos locos entre sangre chorreada y
florecitas de lapacho, mi vencedor me cargó al hombro y me arrojó en la canoa
de tronco de araguaney varada en un escondrijo de castañetas y salió como
flecha para el ancho río Enojado81, huyendo de la Boiúna.
”A1 otro día cuando el viejo-mandinguero guardó a la noche en el agujero
otra vez, Capei me fue a buscar y encontró la hamaca tinta en sangre y vacía.
Dio un bramido y se echó a correr en busca nuestra. Se iba viniendo se iba
viniendo y uno escuchaba su bramar de cerca, más cerca, cerquita y al final las
aguas celestes del río Enojado empinaron el cuerpo de la Boa-Prieta por ahí.
’’Titzaté, desfallecido, no podía remar más, ya que no dejaba de san
grar la mordida en la muñeca. Fue por eso que no pudimos huir. Capei me apañó y
me puso de cabeza. Hizo la suerte del huevo82 en mí, que salió como se
esperaba, y la Boiúna supo que yo ya había servido a Titzaté. ’’Quiso acabar
con el mundo de 'tamaña rabia, vaya usté a saber. . .
Me convirtió en esta piedra y tiró a Titzaté, ya transformado en planta,
sobre el desplayado del río. Es aquella que está allacito nomás, allá abajo! Es
aquel aguapé tan lindo que se divisa, braceando en el asua hacia mí. Las flores
moradas suyas son las gotas de sangre del mordisco, que mi frío de ytororó
congeló.
’’Capei habita abajo de mí, examinando siempre si de veras fui jugue
teada por el joven. Y claro que lo fui y me pasaré llorando en esta piedra
hasta el fin del cuento de nunca acabar, las maguas de no servir más a mi
guerrero T ’zaté. . . ”
Paró. El llanto salpicaba en las rodillas de Macunaíma, quien lanzó un
sollozo temblado.
— Si. . . si. . . si la Boiúna se apareciera, yo. . . yo la mataba!
Entonces se escuchó un bramor vguazú y Capei fue saliendo del agua.
Y Capei era la Boiúna83. Macunaíma irguió el busto relumbrando de he
roísmo y avanzó hacia el monstruo. Capei se infló el gañote y soltó una
nube de apiacás. Macunaíma manoteó y manoteó hasta vencer a los avis pones. El
monstruo lanzó una guasqueada retintinando con los cascabeles del rabo, pero en
ese momento una hormiga tracuán mordió el talón del héroe. Este se agachó
distraído con el dolor y el rabo pasó encima suyo yendo a golpear la cara de
Capei. Ella entonces bramó más y dio un rebote en el muslo de Macunaíma. Este
sólo hizo a un ladito el cuerpo, agarró un pedrejón y guác! descepó la cabeza
de la alimaña.
El cuerpo de ella se retorció en la corriente mientras la cabeza con
aquellos ojazos dulcecillos venía a besar vencida los pies del vengador. El
héroe tuvo miedo y rajó como venado84 mato adentro acompañado por los manos.
— Un tereré de tenmeacá, sirírí de tenmeacá! — la cabeza gritaba. Estos
se chispaban más y más. Corrieron legua y media y miraron
hacia atrás. La cabeza de Capei venía rodando siempre en busca de ellos.
Corrieron más, y cuando no podían de fatiga se treparon a un naranjillo
ribereño a ver si la cabeza se seguía de frente. Pero la cabeza se paró abajo
del palo y pidió naranjillas silvestres. Macunaíma sacudió el árbol. La cabeza
pepenó las frutas del suelo, se las comió y pidió más. Yigué sacudió
naranjillas dentro del agua pero la cabeza le dijo que naranjas!, que allá no
iba. No. Entonces Maanape arrojó con toda fuerza una fruta y mientras la cabeza
iba a buscarla lejos, los manos bajaron del tronco y rajaron. Corre y corre,
legua y media adelante dieron con la casa donde vivía el bachiller de Cananéia
85. El vetarro estaba en la puerta sentado y leía manuscritos profundos.
Macunaíma dijo hacia él:
— ¿Cómo le va, bachiller?
— Má o meno, ignoto afuerino.
— ¿Tomando el fresco, no?
— Cest vrai, como dicen los franceses.
—Bueno, ta-luego bachiller, ando
medio apurado. . .
Y salieron como chispa otra vez. Atravesaron los concheros-numnlitas del
Caputera de Siboney y del Morrete en un respiro. Luego adelante había un rancho
dialtiro abandonado. Entraron v cerraron bien la puerta. Ahí Macunaíma se dio
perfecta cuenta que había perdido el bezote-tembetá. Se puso desesperado porque
era el único recuerdo que guardaba de Ci. Iba a salir a campear la piedra pero
los manos no lo dejaron. Al poco rato la cabeza llegó. Y guác! azotó.
— ¿Qué fue?
— Abran la puerta pa que me adentre!
Y qué, ¿ustedes creen que abrieron? lagarto! La cabeza no pudo entrar.
Macunaíma no sabía que la cabeza se había convertido en esclava suya y no venía
a hacerle daño ninguno. La cabeza esperó mucho, pero viendo que de veras no
abrían, caviló sobre lo que quería ser. Si fuera agua los demás se la tomaban,
si fuese mosquito lo enflitarían, si fuera ferrocarril
se descarrilaba, si fuese río lo ponían en el m apa. . . Entonces
resolvió:
“Voy a ser luna” 86. Y gritó:
— Abran la puerta, ustedes, que quiero un cosito!
Macunaíma espió por la rendija y le avisó a Yigué, quien abría:
— Anda-vete!
Yigué ante el jigüe volvió a cerrar la puerta. Por eso existe el dicho
“anda-vete” indicando que uno nunca hace lo que nos piden.
Cuando Capei vio que no abrían la puerta, principió por lamentarse mucho
y le preguntó a la ñandú-tarántula 87 que si la ayudaba en su subida pal cielo.
— A mis hilos la Sol los derrite — secundó tatamaña araña.
Entonces la cabeza le pidió a los tordos-de-cobijas-canela que se arre
juntaran y quedó noche oscura.
— A mis hilos nadie los divisa de noche — dijo tatamaña araña 8S. La
cabeza fue a buscar una jicara con friaje de los Andes y entonces
le pidió:
— Despide una gota cada legua y media, que el hilo se blanquea con la
helada. Podemos ir.
— Pos entonces vamos.
La ñandú principió haciendo hilo en el suelo. Con el primer vientecito
que hizo brisa por ahí el liviano hilo se enderezó hacia el cielo. Entonces la
araña tatamaña subió por él y de la punta de allá arriba derramó un chorro de
helada. Y de ahí pal real, mientras la ñandú-migala hacía más hilo, el de abajo
se blanqueaba todo. La cabeza gritó:
— Ahí nos vemos, pueblo, que me voy pal cielo!
por ahí se fue comiendo hilo
subesubiendo pal vasto campal de lor cielos. Los manos abrieron la puerta y
espiaron. Capei siempre subiendo.
— ¿Y usté se va de veras pal cielo, cabeza?
— Uummm — pujó sin poder abrir más la boca.
Cuando fue allá por la hora antes de la madrugada, la Boiúna Capei llegó
al cielo. Estaba gordinflona de tanto comer hilo y pálida del es fuerzo. Todo
el sudor de ella caía sobre la tierra en gotitas de rocío nuevo. Por culpa del
hilo helado Capei es tan fría. Endenantes Capei fue la Boa-Prieta y ahora es la
cabeza de la Luna allá en el vasto campal de los cielos. Desde esa vuelta, las
mígalas prefieren hacer hilos de noche.
Al otro día los manos dieron una buena buscada hasta la orilla del río,
pero campearon y campearon en vano. Y nada de la muiraquitán. Pre guntaron
para todo cuanto es ser, aperemas titís tatús-mulita iguanas ranas
tortugas-escorpión de la tierra y de los árboles, avispones golondrinas de río
crespines pájaros-carpinteros y chachalacas del aire, pal ave boyero
su compadre abejón, pa la
cucarachita-viudita, pal pájaro-güirapong que grita “Taan!” y su compañera que
responde “Tain!” 89, pa la lagartija que anda picas con el ratón, pa los pacús
pavones paiches sabaleros del río, las picaparras flamencos y patos-marrecos de
la playa, todos esos entes
vivos, pero nadie había visto nada. Y los manos pusieron pie en el
camino otra vez, trillando los dominios imperiales. El silencio estaba, eso sí,
muy feo y la desesperación también. De vez en cuando, Macunaíma paraba pensando
en la marvada. . . Qué ganas lo sacudían! Paraba a ratos. Lloraba otros tantos.
[Las lágrimas que escurrían por la faz infantil del héroe le iban a bautizar el
pelo en pecho. Entonces suspiraba sacudiendo la cabecita:]
— Ni modo, manos! Pal amor primero no hay compañero! ¿No?. . .
Prosiguió caminando y por todas partes recibía homenajes y era siem
pre seguido por el séquito pintarrajeado de carapaicos y
guacamayos-rojos. Una vuelta en la que se había tirado a una sombra mientras
esperaba que los manos pescaran, el
Negrito-de-las-Escondidillas 90, a quien Ma cunaíma le rezaba diariamente, se
apiadó del piá y resolvió que otro gallo le cantara. Mandó al pajarito-yaacabó.
A la hora de la hora el héroe es cuchó un castañueleo inquieto y el pajarito
güirapurú se posó en la ro dilla suya. Macunaíma hizo un gesto de bronca y
largó al pajarito-yaaca-bó. No bien
había pasado un
minuto, oyó de nuevo
el jolgorio y el pajarito se posó
en la barriga suya. Macunaíma ya no se
dio más por enterado. El pajarito-güirapurú se agarró cantando con dulzura y el
héroe entonces sí que entendió todo el güiri-güiri que le trinaba. Y era que
Macunaíma era desinfeliz porque había
perdido la muiraquitán en la
playa del río cuando se subía al naranjillo silvestre. Pero ahora, según
cantaba el lamento del yaacabó, a Macunaíma ya nunca más le iría tan piola. No.
Porque una jicotea se tragó la muiraquitán 91, y el mariscador que apañó a la
tortuga había vendido la piedra verde a un regatón perulero llamado Venceslao
Pietro Pietra. El dueño del talismán había enriquecido y andaba de hacendado
adinerado allá en Sao Paulo, la morrocotuda ciu
dad bañada por el igarapé Tieté.
Dicho esto, el pajarito-yaacabó trazó una letra en el aire 92 y desapa
reció. Cuando los manos llegaron de la pesca, Macunaíma se puso plática
plática:
— Iba por un camino haciendo repelar a un venado guazubirá, y zas!
presencié un escalofrío en el costado. Puse la mano y salió un manso ciempiés
que me dijo toda la verdá 93.
Entonces Macunaíma les contó el paradero de la muiraquitán y dijo a los
manos que estaba dispuesto a irse a Sao Paulo a buscar a ese tal de Venceslao
Pietro Pietra y recuperar el fetiche robado.
— Y que la lengua se me haga chicharrón, si no me topo con la muira
quitán! Ahora que si ustedes se vienen conmigo más que bien, que si no, hombre,
mejor solo que mal acompañado! Soy terco como una muía y cuando le encasqueto
una cosa a alguien, me atengo a las aveniencias. He de ir, sólo pa que caiga en
la mentira el pajarito güirapurú, digo!, el ciempiés.
Después del dínguilin-dínguilin, el chamullero de Macunaíma se echó una
carcajadota imaginando el cuento que le enjaretaba al pajarito. Maa-
nape y Yigué resolvieron ir con él, y sólo porque el héroe menestaba de
protección.
V
P1A1MA
Al otro día Macunaíma saltó temprano en el cayuco de palo-de-ubá y se
dio una llegada hasta la desembocadura del río Negro para dejar su conciencia
en la isla de Marapatá94. La dejó en la mera punta de un organillo-yacamarú de
diez metros, para que no fuera comida por las tambochas. Volvió al lugar en que
los manos lo esperaban y en el pi náculo del día los tres singlaron hacia la
margen izquierda de la Sol.
Muchos casos sucedieron en ese viaje por caatingas ríos revueltos
cho-rrerones campos-generales arroyaderos aluviones pampas-vírgenes y mila
gros del interior. Macunaíma venía con los dos manos para Sao Paulo. Y fue el
Araguaya lo que les facilitó el viaje. Por tantas conquistas y tantos hechos
pasados el héroe no había ahorrado un solo tostón, pero los tesoros heredados
de la icamiaba-estrella estaban escondidos allá en las grutas del Roroima. De
esas guacas Macunaíma apartó para el viaje nada menos que cuarenta veces
cuarenta millones de granos de cacao, la moneda tradicional. Calculó con ellos
un diluvio de embarcaciones. Y se veía linda trepando por el Araguaya aquella
retahila de chalanas, de una en una doscientas en fila india, como flecha sobre
la piel del río. Tal cual. Al frente, Macunaíma venía en pie, jetón como
mascarón de proa, procurando en la lejanía la ciudad. Cabizbajaba y
meditabundaba royéndose los dedos ahora cubiertos de verrugas95 de tanto
señalar a Ci-estrella. Los manos remaban espantando a los mosquitos y cada im
pulso de los remos que repercutía en las doscientas igaras ligadas, arrojaba
una cubetada de granos sobre la piel del río, dejando un petate de cho colate
donde los curitos pámpanos de barriga roja, doradas-saltadoras bo cones
uarús-uarás y armados-hociones se regocijaban.
Una vuelta, la Sol había cubierto a los manos con una escamita de su
dor y Macunaíma se acordó de tomar baño. Pero el río estaba imposible por culpa
de pirañas tan voraces que de cuando en cuando en la lucha por ganarse un trozo
de hermana despedazada saltaban en racimos fuera del agua un metro y pico.
Entonces Macunaíma divisó en un peñasco bien enmedio de un río una cueva llena
de agua. Y el jagüey era como la marca de un pie gigante. Tal cual. Metieron
las narices, y el héroe después de muchos gritos por culpa de lo frío del agua
entró en la cueva y se lavó enterito. Pero el agua estaba encantada porque
aquel hoyo en el peñasco era la marca del piesote de Zomé 96, de los tiempos en
que andaba pregonando el evangelio de Jesús pa la indiada brasileña. Cuando el
héroe salió del baño estaba blanco, rubio y con ojos zarquitos; el agua
había lavado la prietura suya. Y nadie podría ser capaz de señalarlo
como hijo de la tribu retinta de los Tapañumas.
Yigué no bien presenció el milagro, se abalanzó sobre la marca del
piesote de Zomé. Pero el agua ya estaba tan sucia de la negritumbre del héroe y
por más que se refregó como loco salpicando agua por todos lados, sólo
consiguió quedar del color del bronce pardo. Macunaíma tuvo lás tima y lo
consoló:
— Mira, mano Yigué, blanco no quedaste, pero de que la prietura se fue,
se fue, y mejor gangoso que desnarigado.
Maanape se fue entonces a lavar, pero Yigué había desparramado toda el
agua encantada fuera del jagüey. Había una ideíta nomás, allá en el fondo y
Maanape consiguió mojar sólo la palma de pies y manos. Por eso quedó negro hijo
puro de la tribu de los Tapañumas. Sólo que las palmas de las manos y de los
pies suyos son rojizas por haberse limpiado en agua santa 97. Macunaíma tuvo
lástima y lo consoló:
— No se apene, mano Maanape, no se apene, que más negras se las vio
nuestro tío Judas!
Estaba de veras hermoso en la Sol de la laja con los tres manos: uno
güeno, otro pelirrojo y el otro niche. Todos los seres del mato espiaban
asombrados. £1 yacaré-negro el caimán de anteojos el gran caimán el
yacaré-ururalo de papada amarilla, toda esa cocodrilada sacó sus ojos de
pedrejón pa fuera del agua. Y en las ramas de los pacayes de las aningas de los
palos-de-boya-tetones de los ambayes, de los cataures de la orilla del río, el
mono-machín, el mono-ardilla el araguato el peludo-aullador el coatá el caparro
el obiubi el mico-blanco, todos los cuarenta macacos del Brasil, todos,
baboseando de envidia. Y los zorzales-criollos, la parau-lata-cotorrita la
paraulata-llanera la paraulata-negra la paraulata-acanelada la
paraulata-ajicera que tose (y que cuando come no conoce) la paraulata-picurera
la paraulata-sinsonte la paraulata-calandria la parau-lata-musical. Todas ellas
se quedaron pasmadas y se olvidaron de acabar el gorjeo, voceando y volviendo a
vocear con elocuencia. Macunaíma tuvo odio. Botó las manos en las ancas y le
gritó a la naturaleza:
— Y bueno, che, habráse visto!
Entonces los seres naturales se desbandaron en sus vidas y los tres
manos tomaron camino otra vez.
Pero entrando en tierras del igarapé Tieté donde el bourbon 98 estaba en
boga y la moneda tradicional ya no era más el cacao, sino lo que lla maban
fierros contos y contecos lucas pasajes-de-Belén tovén tostones
dos-cientos-pesares media-luca ojos-de-gringa noventa-milagros y lana cobres
platas y calderilla guita claco y ventolina feria brea sopes morralla mosca y
mangos y así por el estilo, porque hasta las ligas de las medias nadie las
compraba por menos de veinte mil cacaos, Macunaíma quedó muy contrariado. Tener
que laburar, él, héroe. . . y murmuró desolado:
— Ay! qué flojera!. . .
Resolvió abandonar la empresa volviendo pa los pagos donde era em
perador. Pero Maanape habló de este modo:
—Déjese de ser baboso, mano! Por un cangrejo muerto el manglar no guarda
luto! qué diablos! no se desanime que yo me las arreglo con esos cosos!
Cuando llegaron a Sao Paulo, embutió un poco del tesoro para poder comer
e negoceando el resto en la Bolsa liquidó cerca de ochenta contos. Maanape era
hechicero. Ochenta contos no valía mucho pero el héroe reflexionó bien y le
dijo a los manos:
— Paciencia. Uno se las arregla con eso mero, pues quien quiere ca
ballo con colmillo dado anda a pie . . .
Con esos cobres Macunaíma la fue pasando.
Y fue en el frío de una boca-de-la-noche que los manos se toparon con la
morrocotuda ciudad de Sao Paulo desparramada a la vera del igarapé Tieté. Lo
primero fue la guazábara de la papagayada imperial despidién dose del héroe. Y
por allá se fue yendo el bando pintarrajeado de vuelta a los matos del norte.
Los manos entraron en cerrado lleno de manacas macanillas gua-guasús
moriches-cananguches miraguanos bocayubas coyoles que traían en los
involucrados corimbos un penacho de humo en vez de palmichas y cocos. Todas las
estrellas habían bajado de un cielo blanco de tan humedecido de garúa y
paseaban su nostalgia mortal por la ciudad. Ma cunaíma se acordó de buscar a
Ci. Sí! De ésa nunca se podría olvidar, es cierto, porque la hamaca hechicera
que había tendido para los jugueteos, la tejió con los propios cabellos suyos y
eso hace a la tejedora 99 inapre ciable. Macunaíma campeó y campeó, pero los
caminos y terrenos estaban atascados de cuñás tan blancas y tan albitas,
tanto!. . . que Macunaíma gemía. Se rozaba en las cuñás murmullándoles con
dulzura: “Maní! Maní! hijitas de la mandioca. . . ” 100, perdido de gusto y de
tanta her mosura. Por fin escogió a tres. Jugueteó con ellas en esa extraña
hamaca plantada en el piso y en una cabaña más alta que la sierra Paranaguara
101. Después, por culpa de ser tan dura aquella hamaca, durmió atravesado sobre
los cuerpos de las cuñás. Y la noche costó, sólo por tratarse de él,
cuatrocientos ojos-de-la-cara.
La inteligencia del héroe estaba muy perturbada. Se despertó con los
berridos del bicherío de allá abajo en la calle, ruidazal que salía disparado
entre el cabañal temible. Y aquel diablo de tití-guazú que lo había tre pado
pa lo alto del tamaño camuatí en que había dormido. . . Qué mundo de bichos!
qué exageración de cosa-mala-chiquita roncando co cos-matocos
marimantas-mariguangas pernimochos-sacís y fuegos-fatuos por los atajos en los
socavones en la hondonada de unos cerros agujerados por unas grutotas donde la
muchitanga salía muy blanca, blanquísima, de seguro todos hijos de la yuca!. .
. La inteligencia del héroe estaba muy perturbada. La risita de cada cuñá le
había enseñado que no, que el tití-guazú no era tití, sino que era una máquina
y la llamaban elevador.
De mañanita le enseñaron que todos aquellos píos berridos cuqueadas
soplidos ronquidos rugidos no eran nada de eso, sino que eran cláxones
campanitas pitos bocinas y que todo era máquina. Los pumas no eran onzas
pardas, se llamaban fordcingos hupmobiles chevrolés dodches his-pano-suizas y
eran máquinas. Los osos-hormigueros, los fuegos-fatuos los moriches-cananguches
de palmas capembas llenas de humo, eran a su vez, camiones, tren de tranvía de
bondes, trolebuses anuncios-luminosos relojes faroles radios motocicletas
teléfonos propinas postes chimeneas. . .
Eran máquinas y todo en la ciudad era sólo máquina! El héroe aprendía
callado. De vez en cuando se estremecía. Volvía a quedar inmóvil escu chando
indagando con asombrado recelo. Lo tomó un respeto lleno de envidia por esa
diosa de veras forzuda, sumo Tupana que los hijos de la yuca llamaban máquina,
más cantarína que la Madre-de-Agua 102 en pleno bululú de requeteasustar.
Entonces resolvió ir a juguetear con la máquina para ser también em
perador de los hijos de la mandioca. Pero las tres cuñás dieron muchas
risadotas y dijeron que eso de los dioses era una gorda mentira antigua, y que
no, que no había dioses y que con la máquina nadie juguetea porque ésa sí mata.
No, la máquina no era diosa ni poseía los distintivos feme ninos de los que el
héroe gustaba tanto. Estaba hecha para los hombres. Se movía con electricidad
con fuego con agua con viento con humo, los hombres aprovechaban las fuerzas de
la naturaleza. ¿Pero ustedes piensan que el héroe se las creyó? Lagarto! Se
levantó de la cama y con un gesto, eso sí! bien guazú 103 de desdén, tomen!
puso su antebrazo izquierdo ante el otro ya doblado, movió con energía la muñeca
derecha hacia las tres cuñás y partió. En ese instante, según dicen, inventó el
mentado ademán de ofensa: La mentada.
se fue a vivir a una pensión
con los manos. Estaba con la boca llena de sapillo por culpa de aquella primera
noche de amor paulistano. Gemía de los dolores y no había medios de sanar hasta
que Maanape se robó una llave del sagrario y se la dio a Macunaíma para que la
chupara. El héroe chupó, volvió a chupar y sanó requetebién. Maanape era
hechicero.
Macunaíma se pasó entonces una semana sin comer ni juguetear y
maquinando solo en esas luchas sin victoria de los hijos de la yuca con la
máquina. La máquina mataba a los hombres, sin embargo eran los hombres quienes
mandaban en la máquina. . . Constató con pasmo que los hijos-de-la-mandioca
eran dueños sin misterio y sin fuerza de la má quina sin misterio sin así
quererlo sin hastío. Incapaz de explicarse por sí solo tantas infelicidades, se
la pasaba zurumbático. Hasta que una noche, encaramado en la terraza de un
rascacielos con los manos, Ma cunaíma concluyó:
— Los hijos de la yuca no le ganan a la máquina ni ella les gana en esa
lucha. Hay empate.
No concluyó nada más porque todavía no estaba acostumbrado a los
discursos pero ya le daban corazonadas, aunque mucho muy revoltijada-
mente, eso sí! de que la máquina debía de ser una diosa de la que los
hombres no eran verdaderamente dueños porque no habían hecho de ella una Uiara
explicable, sino apenas una simple realidad del mundo. De todo ese embrollo, el
pensamiento suyo sacó bien clarita una luz: los hombres eran las máquinas y las
máquinas eran a su vez los hombres. Macunaíma dio una carcaj adota. Se dio
cuenta que estaba libre otra vez y tuvo una satisfacción soberana. Transformó a
Yigué en la máquina teléfono y disco pa los cabaretes encomendando langosta y
francesas.
Al otro día estaba tan fatigado de la farra que la morriña lo zangoloteó
duro. Se acordó de la muiraquitán. Resolvió actuar lueguito porque el primer
golpe es lo que mata a la culebra.
Venceslao Pietro Pietra vivía en un barracón maravilloso rodeado de
matagales en el final de la calle Marañón 104 y dando hacia el vallejón del
Pacaembú. Macunaíma platicó con Maanape que se iba a dar una llegadita hasta
allá sólo por el amor de conocer a Venceslao Pietro Pietra. Maanape hizo un
discurso hablando de los inconvenientes de ir hasta allá porque el regatón
andaba con el talón por el frente 105 y si Dios lo endilgó es que alguna cesa
le encontró. La verdad es que era un marimanta de malevaje mayor. Quién sabe si
a lo mejor era el gigante Piaíma, comedor de gen te!.. . Macunaíma no se dio
por enterado.
— Pues así mero voy. Donde me conocen honras me dan, donde no me conocen
quien quite y me las darán!
Maanape entonces acompañó al mano.
Por detrás del barracón del regatón vivía el árbol Dzalaúra-Yeg 100 que
da todas las frutas, cajuiles jobos jobos-mangos mangos ananás aguacates
arrayanes guanábanas chicozapotes pupuñas ivaponús hicacos oliendo como el sexo
de las negras y era retealto. Los dos manos estaban con hambre. Escudados con
un zaiacuti tramado con el hojerío cortado por las tambochas hicieron un
escondrijo en la rama más baja del árbol para así poder flechar la caza y
devorar las frutas. Maanape le dijo a Macunaíma:
— Mira, me tinca que si algún pájaro canta mejor chitón-chiticalladito,
que si no, adiós atracón!
El héroe movió la cabeza que sí. Maanape tiraba con la cerbatana y
Macunaíma recogía detrás del zaiacuti107 las cazas que caían. La caza caía con
estruendo y Macunaíma atrapaba los macucos los macacos micos pau-jíes pipilas
perdices tucanas toda esa cacería. Pero el estruendo sacó a Venceslao Pietro
Pietra del dolce farniente y vino a saber todo lo que era aquello. Y Venceslao
Pietro Pietra era el gigante Piaíma, comedor de gente. Llegó al portón de la
casa y cantó tal y como si fuera pájaro:
— Ogoró! Ogoró! Ogoró!
. . .pareciendo de muy lejos. Macunaíma luego luego lo secundó:
— Ogoró! Ogoró! Ogoró!
Maanape sabía del peligro y murmuró:
— Escondidíllate, mano!
El héroe aguaitó por detrás del zaiacuti entre la caza muerta y las
hormigas. Entonces vino el gigante a fisgonear.
— ¿Quién hizo segunda? Y Maanape, respondió:
— Quién sabe!
— ¿Quién hizo segunda?
— Quién sabe!
Y así tres veces. Hasta que el gigante dijo:
— Fue gente. Muéstreme quién era.
Maanape arrojó un macuco muerto. Piaíma se tragó el macuco y siguió con
la misma cantaleta:
— Fue gente. Muéstreme quién era.
Maanape tiró un macaco muerto. Piaíma se lo atragantó y vuelta con lo
mismo:
— Fue gente. Muéstreme quién era.
Entonces divisó el dedo meñique del héroe escondido y lanzó una banini
en esa dirección. Se oyó un grito gemido medio tendido y guaaac! Macunaíma se
dobló con la flecha enterrada en el corazón. Y el gigante le dijo a Maanape:
— Aviente esa gente que cacé!
Maanape arrojó mono-aullador perdiz mutún paují-culo-colorado
paují-de-copete paují-nocturno urú urumutún, toda esa cacería pero Piaíma
tragaba y volvía a pedir esa personita que había flechado. Maanape no quería
dar al héroe y tiraba cazas. Llevaron mucho tiempo así y Macu naíma ya estaba
muerto. En final de cuentas Piaíma dio un berrido horrendo:
— Nieto Maanape, déjese de cuentos! Tire a la gente que cacé que si no
lo mato, chocho-chingüengüenchón!
Maanape de veras no quería arrojarle al mano, y tomó desesperado seis
cazas de una vez un macuco y un macaco, una perdiz y un perdigón, un
gallito-de-agua y una agua-peazó y los tiró al suelo gritando :
— Tome seis!
Piaíma se puso furioso. Agarró cuatro palos del mato una acapurana una
teca un soyate y un mezquite y se vino con ellos encima de Maanape:
— Sal de mi camino, porquería! que el yacaré no tiene pescuezo ni la
hormiga tiene cuesco! a otro perro con ese hueso, lanzador de falsas cazas!
Entonces a Maanape le dio mucho miedo y barajándose-las arrojó,
truco-truco-cuco! al héroe en el suelo. Y fue así como Maanape y Piaíma
inventaron el juego sublime del truco 108.
Piaíma se sosegó.
— De mero antojo.
Agarró al muertito por una pierna y se fue jalando. Entró en la casa.
Maanape bajó del árbol desesperado. Cuando ya estaba por seguir detrás del
difunto mano se topó con la hormiguita-sarará llamada Kanzique. La albinita
preguntó:
— Qué anda usté haciendo por aquí, amistá!
—Voy tras el gigante que mató a mi mano.
— Voy también.
Entonces Kanzique chupó toda la sangre del héroe, desparramada por suelo
y ramas y sorbiendo siempre las gotas del camino fue mostrándole el rastro a
Maanape.
Entraron en la casa, atravesaron el jol y el comedor, pasaron por el
desayunador saliendo a la azotehuela de al lado y se detuvieron frente al
sótano. Maanape encendió una tea de yataíba y así pudieron bajar la escalerilla
negra. Mero en la puerta de la cava se rastreaba la última gota de sangre. La
puerta estaba cerrada. Maanape se rascó la nariz y le pre guntó a Kanzique:
— Y ora!
Entonces vino por debajo de la puerta la garrapata Zlezleg y le pre
guntó a Maanape:
— ¿Cómo qué y ora qué, compañía?
— Voy tras el gigante que mató a mi mano. Zlezleg respondió:
— Está bien. Entonces cierre el ojo, compañía. Maanape lo cerró.
— Abre el ojo, compañía.
Maanape lo abrió y la garrapata Zlezleg se había convertido en una llave
yale. Maanape levantó la llave del suelo y abrió la puerta. Zlezleg se
transformó en garrapata otra vez y le enseñó:
— Con las botellas de hasta arriba usté se convence a Piaíma.
desapareció. Maanape bajó
diez botellas, las destapó y se dejó venir un aroma perfecto. Era la famosa
agua de cahuín llamada chianti. En tonces Maanape entró en otro cuarto de la
cava. El gigante estaba ahí con su compañera, una caapora vieja 109 fumando de
cachimbo siempre,
a quien llamaban Ceiucí y que era muy golosa. Maanape ofreció las bo
tellas a Venceslao Pietro Pietra, un poco de tabaco de Acará pa la Caapora y la
pareja se olvidó de que había mundo.
El héroe desmenuzado en veinte veces treinta chicharroncitos flotaba
sobre la polenta que hervía. Maanape agarró los pedacitos y los huesos y
extendió todo en el cemento pa que se refrescara. Cuando todo se enfrió la
sarará Kanzique esparció por encimita, sana sana colita de rana, la sangre
chupada. Entonces Maanape envolvió en hojas de plátano todos los pedacitos
sangrantes, puso el paquete en un morral y se las tomó pa la pensión.
Llegando allá puso el cesto en pie soplándole humo 110 y Macunaíma fue
saliendo medio entamalado aún y muy dado al cuás de entre las hojas. Maanape
dio guaraná pal mano que quedó de nuevo tronconudo. Se espantó los mosquitos y
preguntó:
— ¿Qué fue lo que me pasó encima?
— Pero, mis cuidados, no le dije a usté que no metiera la pata secun
dando cantigas de pajarito! Claro que le advertí, así que!. . .
Al otro día Macunaíma se despertó con escarlatina y se pasó todo el
tiempo de la fiebre imaginando que carecía de máquina-cachorrillo pa matar a
Venceslao Pietro Pietra. No había terminado de sanar y ya andaba hasta casa de
los Ingleses pidiendo una Smith-Wesson 11X. Los Ingleses le dijeron:
— Los cachorrillos aún están medio verdes pero vamos a ver si hay alguno
maduro.
Se fueron entonces debajo del árbol-cachorrillero. Los Ingleses le ex
plicaron :
— Usted queda esperando aquí. Si se desprende algún cachorrillo en
tonces cáchelo. Pero no lo deje caer al suelo, ¿estamos?
— Hecho!
Los Ingleses sacudieron y zangolotearon el árbol cayendo un cacho
rrillo madurón. Los Ingleses dijeron:
— Ese está bueno.
Macunaíma les quedó agradecido y se fue. Quería que los demás le
creyeran que hablaba inglés, pero no, no sabía decir ni sweetheart. Los manos
sí que hablaban. Maanape también tenía ganas de pistolete balas y güisqui.
Macunaíma le aconsejó:
— Usté no habla ni pío de inglés, mano Maanape, va a ir allá y la vuelta
va a ser cruel. Es capaz de pedir cachorrillo y que le den conservas. Deje que
yo voy.
Y se fue a hablar de nuevo con los Ingleses. Debajo de árbol-cachorri
llero lo sacudieron, zangolotearon las ramas, pero no, no cayó ningún
pistolete. Entonces se fueron bajo el árbol-balero, los Ingleses sacudieron
y se desprendió una morondanga de balas que Macunaíma dejó caer al suelo
y después recogió.
— Ahora el güisqui — dijo.
Se fueron abajo del árbol-güisquero, los Ingleses zangolotearon y se
descolgaron dos cajas que Macunaíma atrapó en el aire. Les agradeció a los
Ingleses y se regresó pa la pensión. Llegando allá escondió las cajas debajo de
la cama y le fue a contar al mano:
— Hablé inglés con ellos, mano, pero no había ni cachorrillo ni güisqui
por culpa de una marabunta de hormigones bachacos que se comió todo. Las balas
aquí las traigo. Ahora que le dejo mi cachorrilla pa que cuando alguien me
hinche las pelotas usté le descerraje un tiro.
Entonces transformó a Yigué en la máquina teléfono, disco pal gigante y
rechucha y concha de la vieja, huón, rajó a putearle a su madrecita.
LA FRANCESA Y EL GIGANTE
A Maanape le gustaba mucho el café y a Yigué mucho el dormir. Macu-naíma
quería levantar un camuatí para que los tres vivieran, pero nunca de los nuncas
que el zaquizamí se acababa. El dar una manita 112 fraca saba siempre porque
Yigué se pasaba el día en la conduerma y Maanape tomando café. El héroe se puso
rabioso. Cogió una cuchara, la transformó en un bichito y le dijo:
— Ora usté se me oculta en los chingaditos del café. Cuando mano Maanape
venga a beber, zás! muérdale la lengua!
Luego al agarrar una cabecera de algodón, la transformó en un blanco
azotador y le dijo:
— Ahora usté se me queda convertido en hamaca de cabuya-maquira. Cuando
mano Yigué venga a dormir chúpele la sangré!
Maanape se venía adentrando pa la pensión, a tomarse otro café. El
bichito le picó la lengua.
— Ay! — gritó Maanape.
— ¿Te está doliendo, mano? Cuando un bichito me pica no me duele nadita.
A Maanape le dio mucha rabia. Lanzó al bichito muy lejos rezongando:
— Sal del ahí, plaga!
Entonces Yigué entró en la pensión pensando mandarse un apolille.
La lagarta blanquita chupó tanta sangre suya que hasta se puso rosada.
— Ay! — fue lo que Yigué gritó. Y Macunaíma:
— ¿Te está doliendo, mano? Mirá vos! Cuando un azotador me quema hasta
me gusta.
Yigué tuvo tanta rabia que arrojó al azotador muy lejos refunfuñando:
— Sal de ahí, plaga!
Y así los tres manos se fueron a continuar la construcción del barra
cón. Maanape y Yigué se quedaron de un lado mientras Macunaíma del otro
atrapaba los ladrillos que los manos tiraban. Maanape y Yigué estaban
furibundos y deseando vengarse del mano. El héroe no maliciaba nada. Y zas!
Yigué tomó un ladrillo, pero pa no lastimar mucho lo con virtió en una bola
durísima de cuero. Pasó la bola para Maanape que estaba más adelantado y
Maanape con un punterazo la mandó hasta gol pear a Macunaíma. Descuajeringó
toda la nariz del héroe.
— Uy! — fue lo que el héroe exclamó. Los manos, los muy avivados, le
gritaron:
— Uay! te está doliendo, mano! Porque cuando la bola golpea en uno ni
duele nada.
Macunaíma quedó con bronca y pateando la bola pa muy lejos dijo:
— Sal de ahí, peste!
Vino donde estaban los manos :
— Ya no hago más camuatí y sanseacabó!
convirtió ladrillos piedras
tejas herrajes en una nube de tambochas hembras que asoló Sao Paulo por tres
días.
El bichito cayó en Campiñas. El azotador cayó por ahí. La bola cayó en
la cancha. Y fue así que Maanape inventó el taladro-del-café, Yigué el
gusano-rosado del algodón y Macunaíma el balompié; tres plagas.
Al otro día, con el pensamiento siempre en la marvada, el héroe se dio
cuenta que todo había sido en balde y de una vez por todas, pues ya nunca más
podría aparecerse por la calle Marañón porque ahora Ven ceslao Pietro Pietra
ya lo conocía rebién. Cabuleo y allá por las quince horas tuvo una ideota.
Resolvió engañar al gigante. Se introdujo de chi rimías una quena de guádua en
el garguero y convirtió a Yigué en la máquina teléfono y telefoneó para
Venceslao Pietro Pietra que una fran cesa 113 quería hablar con él al respecto
de la máquina negocios. El otro secundó que estaba bueno, pero que se viniera
ahoritita mismo porque la vieja Ceiucí había salido con las dos hijas y podían
negociar más regio.
Entonces Macunaíma tomó prestado de la encargada de la pensión unos
pares de bonituras, la máquina rouge, la máquina media-de-seda, la mácmina
combinación con olor de cascasacaca la máquina cinturón aro mado con capín
oloroso la máquina decoleté húmeda de pachulí la má quina maniquete, todas
esas bonitezas, se colgó dos corimbos de plátano 114 en los pechos, y así se
vistió. Para rematar todavía se sombreó con azul de palo-de-campeche sus ojitos
de piá que se pusieron lánguidos. Era tanto ringorrango que hasta pesaba, pero
quedó hecho una francesa tan linda que se sahumó con yuruma 115 y se prendió
con alfiler un ramito de piñón-teyucaá paraguayo en las pechugas del
patriotismo pa evitar el quebranto. Y fue al palacio de Venceslao Pietro
Pietra. Y Venceslao Pietro Pietra era el gigante Piaíma, comedor de gente.
Saliendo de la pensión, Macunaíma se topó con un chupamirto con rabo de
tijera 116. No le gustó el presagio y pensó abandonar el rendez-vous pero como
lo prometido es deuda en un santiamén se santiguó y siguió.
Llegando allá se encontró al gigante en el portón, esperando. Después de
muchas alharacas, Piaíma descarmenó las garrapatas de la francesa y la llevó
para una alcoba lindísima con puntales de retama y entramado de quiebracajete.
El piso era un ajedrezado de palo-del-Brasil y que bracho-blanco. La alcoba
estaba amueblada con las famosas hamacas blancas del Marañón. En el puro centro
había una mesa de jacarandá esculpida, con un arreglo de loza blanca-rosa de
Brèves y cerámica de Belén, dispuesta sobre un mantel de encajes tejidos con
fibra de patán. En unas bateas enormes originarias de las cavernas del TÍO C
unaní117 fumarolaba mañoco en caldo de manioca 11S, sopa de jute hecha con un
paulista venido de los frigoríficos de la Continental, caimanada y
polenta. Los vinos eran un Puro de lea subidor venido de Iquitos, un oporto de
imitación traído de Minas, una chicha de jora 119 con ochenta años, champaña de
Sao Paulo bien helada y un extracto de genipa 120 famoso y malo como tres días
de lluvia. Y además había dispuestos con mucho arte adornador y muy recortados
papeles, los espléndidos confites Falchi y biscuits del Río Grande apilados en
totumas de un negro brillante de cumaté con dibujos realzados a navaja,
provenientes de Monte Alegre 121.
La francesa se sentó en una hamaca y haciendo gestos graciosos em pezó
a jamar. Andaba de mucho antojo y comió bien. Después se tomó un vaso de Puro
para asentar y resolvió entrar de lleno en el asunto. Luego luego preguntó si
el gigante en verdad poseía una muiraquitán en forma de yacaré. El gigante fue
allá adentro y volvió con un caracol en la mano. Y sacó de él una piedra verde.
Era la muiraquitán! Macunaíma sintió que le potranqueaban sus adentros y se dio
cuenta que iba a llorar. Pero disimuló muy bien preguntando si el gigante no
quería vender la piedra. Venceslao Pietro Pietra guiñó con garbo diciendo que
no vendía la piedra pero que tampoco la daba. Entonces la francesa pidió
suplicando para llevar la piedra como préstamo para casa. Pero Venceslao Pietro
Pietra guiñó garboso una vez más, diciendo que prestada podía ser que tampoco
diera la piedra:
— ¿Usted se imagina entonces que uno cede así nomás con dos risitas,
francesa? Cuál!
— Pero es que estoy queriendo tanto la piedra! . . .
— Siga queriendo!
— Pos me va y me viene, regatón!
— Regatón un cuerno, francesa! ¿Sabe con quién está hablando? No-más que
con un Coleccionista!
Fue allá adentro y volvió cargado con tamaño escriño hecho con cáñamo y
llenecito de piedras. Había turquesas esmeraldas chalchihuites-berilos cantos
rodados, herrajes en forma de agujas, crisolita, ágata-cornalina pa los apuros
esmeril lajitas cuarzo pulido sílex ónix hachas machetes flechas de piedra
lascada, grisgrís pedernales elefantes petrificados, columnas griegas, dioses
egipcios, budas javaneses, obeliscos mesas mexicanas, oro guyano, piedras
ornitomorfas del Iguape, ópalos del igarapé Alegre, rubíes y granates del río
Gurupí, itamotingas del río de las Garzas, itacolomitos, turmalinas del
Vupabuzú, bloques de titanio del río Piriá, bauxitas del riachuelo del Macaco
fósiles calcáreos de Pirabas, perlas de Cametá el tamaño farallón que Oaque, el
Padre Piapoco del Tucán, arrojó con cer batana de allá de lo alto de aquella
montaña, un litoglifo de Caramare, había de todas esas piedras dentro del
bolsón.
Entonces Piaíma le cuenteó a la francesa que era un célebre coleccio
nista y colectaba piedras. Y la francesa era Macunaíma, el héroe. Piaíma
confesó que la joya de la colección era la mera mera muiraquitán con forma de
yacaré comprada por mil contos a la emperatriz de las icamiabas
allá por las playas de la laguna Yaciuruá 122. Y eran puras mentiras del
gigante. Entonces, se sentó en la hamaca muy junto de la francesa, harto! V
habló murmullando, pues con él lo demás era lo de menos, ya que no vendía ni
prestaba la piedra pero sin embargo sería capaz de darla. . .
“Depende de los asegunes. . . ” El gigante lo que estaba de veras que
riendo era juguetear con la francesa. Cuando por el modito de Piaíma, el héroe
entendió lo que significaba el tal “depende. . . ”, se puso muy inquieto. Se
calentó la cabeza: “Será que el gigante imagina que soy de veras francesa!. . .
Corta ésa, peruano botarate. . . ” Y salió corriendo por el jardín. El gigante
corría atrás. La francesa saltó un arbusto para parapetarse pero ahí estaba una
negrita. Macunaíma le cuchicheó:
— Catarina, sal de ahí, ¿sí?
Catarina ni noticias. Macunaíma ya medio entigrecido con ella, le
musitó:
— Catarina, sal de ahí que si no te pego!
La mulatita ahí. Entonces Macunaíma dio una bruta cachetada en la pelma
que se le quedó la mano engrudada en ella.
— Catarina, suélteme mi mano y retírese que le doy más galletazos,
Catarina!
Lo que Catarina era, era una muñeca de cera de caranday puesta allí por
el gigante. Quedó bien quietita. Macunaíma dio otro soplamocos con la mano
libre y quedó más preso.
— Catarina, Catarina! largue mis manos y váyase retirando pelo-cuscú!
que si no, le doy una patada!
Dio un puntapié y quedó más preso aún. Por fin el héroe quedó todito
pegado en la Catita 123. Llegó Piaíma con un cesto. Retiró a la francesa de la
trampa y berreó hacia la macona.
— Abra la boca, cesto, abra su boca bien grande!
El capacho abrió la boca y el gigante depositó al héroe en él. El cesto
cerró la boca otra vez, Piaíma lo cargo y regresó. La francesa en vez de bolsa
andaba armada con un menie que sirve pa guardar las flechitas de la cerbatana.
El gigante dejó el cesto recargado en la puerta de entrada y se refundió casa
adentro pa guardar el estuchito entre las piedras de la colección. Pero dicho
carcaj era de un tejido que recalcitraba husmo de caza. El gigante desconfió de
aquello y preguntó:
— ¿Vuestra madre es tan fuerte de olores y gordita como usted, cria
tura?
Y reviró los ojos del gustazo. Se las estaba maliciando que el menie era
hijito de la francesa. Y la francesa era Macunaíma el héroe. De allá del cesto,
éste la pescó al vuelo y principió a quedarse excesivamente in quieto. “¿A
poco será de veras que ese tal de Venceslao se imagina que pasé por debajo de
algún arco-de-los-írises 124 para haber mudado así de naturaleza? Hualí, hualí,
credo en cruz! Y arredro vaya!” Entonces sopló raíz de cumacaá en polvo que a
las cuerdas afloja, desató el mecate del cesto y saltó pa fuera. Iba saliendo
cuando se topó con el solo-vino del
gigante, que se llamaba Jurel, nombre de pez para no volverse hidrófobo.
El héroe tuvo mieditis y rajó con una soberana chispada parque aden tro 125.
El perro salió atrás. Corrían. Pasaron por allá junto a la Punta del Calabozo,
tomaron el rumbo de Guajará-Mirim y volvieron por el oeste. En Itamaracá el
héroe pasó con cierto huelgo y tuvo tiempo para comerse una docena de
mangos-jazmín, que se dieron del cuerpo de doña Sancha Sancha si no bebes vino,
¿de qué es esa mancha?, según dicen. Tomaron rumbo suroeste y en las alturas de
Barbacena el cimarrón avistó una vaca en lo alto de una ladera calzada con
piedras picudas. Se acordó de beber leche. Subió con destreza por el adoquinado
para no cansarse, pero la vaca era de la muy brava raza Guzerá. La muy poquitera
escondió su lechita. Pero Macunaíma oró así:
Válgame Nuestra Señora
san Antonio de Nazaré
la vaca mansa da leche,
la braba sólo es querer!
A la vaca le hizo gracia, dio leche, y salió como chispa al sur. Atra
vesando el Paraná, ya de vuelta de la pampa, bien que quería treparse en uno de
aquellos árboles pero los ladridos ya le andaban cerca de la cola porque el
héroe en eso venía que venía acosado por el gozque. Según eso, venía gritando:
— Quítate, palo!
se desviaba de cada castaño,
de cada araguaney, de cada cumarú bueno pa treparse. Adelante de la ciudad de
Serra en Espíritu Santo casi se estrella la cabeza en una piedra con muchas
pinturas grabadas que ni se entendía bien. De seguro era dinero enterrado. . .
Pero Macunaíma andaba con prisa v salió como flecha para las barrancas de la
Isla del Banal. Por fin divisó un hormiguero de treinta metros abriendo un ojo
al ras del suelo y mero enfrente. Se desbarajustó su biendo por el agujero y
se agazapó en lo alto. El solo-vino se quedó ahí acorralándolo.
Entonces el gigante vino y se topó con el gozque emperrado en el
hormiguero. En la mera entrada la francesa había perdido una cadenita de plata
126. “Mi tesoro está aquí”, murmuró el gigante. Entonces el solo-vino se fue.
Piaíma arrancó de la tierra con raíz y todo un moriche-cananguche que ni rastro
dejó en el suelo. Cortó el retoño de la palmicha y lo ensartó en el hoyo por el
amor de hacer salir a la francesa. ¿Pero a poco piensan que ella salió?
Lagarto! Abrió las piernas y el héroe quedó así como si dijéramos empalado en
la inayá 127. Viendo que la francesa de veras no salía, Piaíma fue a buscar
ají! Trajo una mara-bunta de hormigas-anaquilanas que es el chile del gigante,
las puso en el agujero y éstas picaron al héroe. Pero ni así la francesa salía.
Piaíma juró venganza. Puso fuera a las anaquilanas y le gritó a Macunaíma:
— Ahora sí que te agarro porque voy a buscar a la yarará Elite! 128
Cuando oyó eso el héroe se heló.
Con la yarará nadie
puede. No.
Y le gritó al gigante:
— Espera un cachito, gigante, que ya salgo.
Pero para ganar tiempo se quitó las puntas de plátano de la pechuga y
las puso en la boca del agujero diciendo:
— Primero bota esto pa fuera, por-fa.
Piaíma estaba tan furibundo que
lanzó los postizos de banano lejos.
Macunaíma presintió la rabia del gigante.
Se sacó la máquina decoleté, la puso en la boca del agujero, diciendo
otra vez:
— Bota eso pa fuera, por-fa 129.
Piaíma tiró el vestido aún más lejos. Entonces Macunaíma se quitó la
máquina cinturón, después la máquina zapatos y así fue haciendo con todas las
ropas. El gigante ya estaba humeando de tanta bronca. Tiraba todo lejos sin
mirar lo que era. Entonces bien despacito, el héroe puso la cuestión 130 suya
en la boca del hoyo y dijo:
— Ora bote fuera sólo esta calabaza apestosa.
Piaíma ciego de rabia le agarró el mapamundi sin ver lo que era y arrojó
el potito con héroe y todo legua y media adelante. Y se quedó esperando para
siempre mientras el héroe allá lejos se enmataba en los mororós.
Llegó a la pensión tan sumiso que tomaba la bendición del perro y
llamaba al gato de tío m , tenían que verlo! Sudaba despellejándose con ojos de
fuego, echando los bofes por la boca. Descansó un ratito y como andaba muerto
de hambre preparó unas fritangas con mejillón de Ma-ceió, un pato seco de
Marajó sopeando la comida con mocororó. Des cansó.
Macunaíma estaba recontracontrariado. Venceslao Pietro Pietra era él un
célebre coleccionista y él no. Sudaba de envidia y por fin resolvió imitar al
gigante. Pero no le encontraba la gracia a coleccionar piedras. No. Ya tenía
una morondanga de ellas en la tierra suya por aquellos espigones en los
manantiales por los chorrerones en viricuetos y cuestas arriba. Y todas esas
piedras ya habían sido avispas hormigas mosquitos garrapatas animales pajaritos
gentes y cuñás y hasta las gracias de cuñás y cuñataís. . . Pa qué más piedra
si es tan pesado cargarlas!. . . Ex tendió los brazos con pereza y murmuró:
— Ay! qué flojera!. . .
Cabizbajo meditabundo y resolvió. Era una colección de garabatos lo que
más le gustaría.
Se aplicó. En un tris reunió millares de ellas en todo cuanto eran
hablas vivas v hasta en las lenguas griega y latina que estaba estudiando
tanto. La colección italiana estaba completa, con palabras para todas horas del
día, todos los días del año, todas las circunstancias de la vida y sentimientos
humanos. Cada palabrón!. . . Pero la joya de la colección era una frase hindú
de la que mejor ni se habla.
BEMBÊ - MACUMBA
Macunaíma estaba recontracontrariado. No conseguía recuperar la
mui-raquitán y eso le daba mohína. Lo mejor era matar a Piaíma. . . En tonces
dejó la ciudad y se fue al mato Fulano a probar fuerzas. Cam peó legua y media
hasta que por fin divisó un palo-de-aguairó sin fin. Enjaretó el brazo en los
contrafuertes y dio un empujón a ver si lo arrancaba de cuajo, pero el perro
fue que sólo el viento sacudió al follaje en las alturas. “No, aún no tengo
bastantes fuerzas” 132, refle xionó Macunaíma. Agregó un diente de ratita
llamada eró, y se hizo una bruta incisión en la pierna 133 como precepto para
quien es aguado y volvió sangrando a la pensión. Estaba desconsolado por no
tener las fuerzas aún y venía en tan tamaña distracción que se dio un topetazo.
Entonces de tanto dolor se puso a ver estrellas el héroe y en lo alto,
entre ellas, divisó a Capei menguadita y cercada de neblina. “Cuando mengua la
Luna no comiences cosa alguna” suspiró. Y prosiguió más consolado.
Al otro día el tiempo estaba completamente frío y el héroe resolvió
vengarse de Venceslao Pietro Pietra dándole una soba para calentarse. Por culpa
de no tener fuerzas lo único que sí tenía era mucho miedo del gigante. Así
pues, resolvió tomar un tren e ir a Río de Janeiro para ampararse con E chú134,
diablo en cuyo honor se realizaba una ma-cumba 135 al otro día.
Era junio y el tiempo estaba enteramente frío. La macumba se rea lizaba
allá por el Mangue en el conventillo de la Tía Ciata, hacedora de brujencias
como no había otra, santera-iyalocha afamada, y canta leteados en la guitarra.
A las veinte horas Macunaíma llegó al tugurio llevando bajo el brazo el
garrafón de aguardiente obligatorio. Ya andaba mucha gente por allá, gente
hecha y derecha, gente pobre, leguleyos garçons albañiles medias-cucharas
diputados gatunos, toda esa gente y la función ya iba dando principio.
Macunaíma se quitó los zapatos y los calcetines como los demás y se ensartó en
el pescuezo el fetiche hecho con cera de avispa-tatucaba y raíz seca de
sacú-sacú. Entró en la sala repleta y espantándose el mosquerío fue en cuatro a
saludar a la inmó vil mandinguera-caravalí sentada en un tripié y sin chistar
ni un “esta boca es mía”. Tía Ciata era una vieja negra con un siglo en el
sufri miento, fodonga y espiritifláutica con la cabellera ya blanca desparra
mada como si fuera luz en torno de la cabeza chiquitica. Ya nadie divisaba ojos
en ella, era sólo huesos de una largura soñolienta cuelgacolgando hacia el piso
de tierra.
De repente zás! un rapaz hijo de Ochún 136, según eso, hijo de la mulata
Virgen de la Caridad del Cobre, sandunguera cuyo bembé era en diciembre,
distribuyó una vela encendida para cada uno de los mari-
ñeros ebanistas periodistas ricachones prostitutas hembras burócratas,
muchos empleados públicos! y apagó el infernillo que alumbraba la salita.
Entonces la macumba empezó de veras haciéndose fiestas de zainé 137 para
saludar a les santos. Y así era: a la cabeza venía el ogán 13S toca dor de
atabal139, un negrazo hijo de Ogún 140, cacarañado y fadista de profesión,
llamándose Olelé Rui Barbosa 141. El batuque tocatocaba ajus tado ya en un
ritmo que condujo toda la procesión. Y las velas revelaron en las paredes de
papel tapiz con florecitas, sombras temblando vagarosas como apariciones. Atrás
de famballín venía Tía Ciata, inmutable y sólo bembas jalando ese rezo
retemonótono. Después la seguían abogados mozos de navio curanderos poetas el
héroe punguistas portugas senadores, toda esa gente, danzando y cantando la
respuesta del rezo. Y era más o me nos así:
— Va-mo sa-ra-vá!. . . 142
Tía Ciata cantaba el nombre del santo que tenía que saludar:
— Oh, Olorún! 143
Y la gente haciendo segunda:
— Va-mo sa-ra-vá!. . .
Tía Ciata seguía:
— Oh, Jigüe-Bufeo! 144 Y la gente secundando:
— Va-mo sa-ra-vá!. . .
— Oh Yemanyá! Naná Burukú! 145 y Ochún tres Señoras-del-Agua!
— Va-mo sa-ra-vá!. . .
Era así. Y cuando Tía Ciata paraba para gritar con un gesto inmenso:
— Sal Echú!
Porque Echú era el diablo-cojo, un catete retemalévolo, que sólo era
bueno para hacer marrullerías y era un tormento en aquella sala aullando:
— Uuum!. . . Uuum!. . . Echú!
Nuestro padre Echú. . .!
Y el nombre del chorá-cojo resonaba con un estruendo que disminuía el
tamañote de la noche afuera. El zainé proseguía:
— Oh, Rey Nagó! 146
— Va-mo sa-ra-vá!. . .
Dulcecito rezo monótono.
— Oh, Babalú-ayé!
— Va-mo sa-ra-vá!. . .
De cuando en cuando Tía Ciata se paraba gritando con su gesto jor guiño:
— Sal Echú!
Porque Echú era el pata-de-pato, un yananaíra malévolo. Y de nuevo era
el tormento en la sala aullando:
— Uuum!. . . Echú! Nuestro
padre Echú!. . .
Y el nombre del chamuco resonaba con estruendo y achicaba el ta maño de
la noche.
— Oh, Ochalá!147
— Va-mo sa-ra-vá!. . .
así era. Saludaron a cuanto
santo usan en las brujerías de payés, al Bufeo-Blanco que da los amores Changó
148, Omolú 14í), Iroco-la ceiba santa, Ochosi150, la Boa-Prieta Madre feroz.
Obatalá 151 quien da fuerzas para juguetear mucho, a todos esos santos y el
zainé se acabó. Tía Ciata se sentó sobre el tripié en un rincón y toda aquella
gente sudando, médicos panaderos ingenieros tinterillos policías criadas
currinches ase sinos, Macunaíma, todos vinieron a poner las velas en el suelo
rodeando el tripié. Los pabilos lanzaban bajo el techo la sombra inmóvil de la
madre-de-palo-monte. Casi todos ya se habían quitado algunas ropas y la
respiración hasta rechinaba por culpa del olor a jediendo “coty” ca tinga y
del sudor de todos. Llegó el turno de beber. Y fue ahí donde Macunaíma probó
por primera vez la chicha temible cuyo nombre es guaro. Lo probó tronando la
lengua feliz y dio una carcaj adota.
Después de la bebida, entre la guarapeta, seguían los rezos invocato
rios. Todos estaban inquietos ardientes deseando que el santo bajara a la
macumba de aquella noche. Ya hacía tiempo que ninguno se dig naba a bajar por
más que los demás lo pidieran. Porque el bembé de Tía Ciata no era como esas
macumbas falsas, en las que siempre el mandadero-de-los-ebbó se fingía venir
como un Changó u Ochosi cual quiera, sólo para contentar a los macumberos. Era
un bembé serio y cuanto santo aparecía, aparecía de veras y sin ninguna
falsedad. Tía Ciata no permitía desmoralizaciones en el cortijo suyo y ya hacía
más de doce meses que ni Ogún ni Echú se dignaban por el Mangue. Todos deseaban
que Ogún viniera. Macunaíma quería a Echú sólo para ven garse de Venceslao Pietro
Pietra.
Entre traguitos de apertura, unos de rodillas y otros en cuatro, todo
ese genterío semidesnudo rezaba en torno de la hechicera pidiendo por la
aparición de un santo. Allá por vueltas de la medianoche fueron allá adentro a
comerse el chivo-aucó cuya cabeza y patas ya estaban en la famba-peyí132,
frente a la imagen del Echú que era una duna de hormigas153 con tres conchitas
haciéndola de ojos y boca. El chivo había sido muerto en honra del diablo y
salado con polvo de corna menta y espolón de gallo-de-palenque. La
madre-de-santo principió el atracón con respeto y tres porlaseñales
garabateados. Y todo mundo ven dedores bibliófilos pata-rajadas 154 académicos
banqueros, toda esa gente danzando en torno de la mesa-altar cantaban:
Bembé queré
sal de ahí Arué
monyt gongo
sal de ahí Orobó,
Eh!. . .
Oh, munguzá
buen acazá
vaneé Yemanyá
de padre guengué,
Eh!. . .
plática y plática devoraron
el chivo consagrado y cada cual se puso en busca de la damajuana de aguardiente
suya, porque nadie podía beber en la del otro, y todos tomaron muchos
chinguiritos, hartos! Macunaíma daba sus carcajadotas y de repente derramó vino
en ia mesa 153. Era una señal de alegre zarambecón pa él y todos imaginaron que
el héroe era el predestinado de aquella noche santa. Y no, no era.
No bien recomenzó la rezada se vio saltar en medio de la salita a una
hembra orillando a todos a chiticallarse con un gemido medio llori queo y el
sacar canto nuevo. Fue una tembladera de todos los diablos en todos y las velas
arrojaron la sombra de la cuñá como monstruo retor ciéndose por un rincón del
techo. Era Echú! el famballín luchaba gol peando el bongó para percibir los
ritmos dementes del canto nuevo, canto Übre, de notas apresuradas y lleno de
saltos difíciles, éxtasis loco, atenuado vibrando de furia. Y la polaca 150 muy
pintada de la cara, con los tirantes del fondo reventados estremecía al centro
de la salita sus adiposidades ya casi completamente desnudas. Los pechos suyos
colgui-jeaban chocando en los hombros en la cara y después en la panza y guác!
con estruendo. Y la pelirroja cante y cante. Finalmente una espumita le
escurrió de los bezos despintados, dio un grito que disminuyó el tama-ñazo de
la noche más aún, le entró el santo y se puso dura.
Pasó un tiempo de silencio sagrado. Después Tía Ciata se levantó del
tripié que una mameluquita 155 substituyó al instante por un banco nuevo nunca
antes sentado por nadie y ahora perteneciendo a otra. La santera-mamalocha se
fue viniendo se fue viniendo y el bongocero venía con ella. Todos los demás
estaban en pie achatándose contra las paredes. Sólo la Tía Ciata se fue
viniendo hasta llegar al cuerpo duro de la polaca allá en el mero centro de la
salita. La hechicera se quitó la ropa hasta quedar desnuda, vestida sólo por
los collares los brazaletes y las arracadas de cuentas de plata goteándole en
los huesos. Fue con ayuda de una ji cara como el ogán recogió la sangre
cuajada del chivo comido y refregó la pasta en la cabeza de la sacerdotisa
balalaó 158. Pero cuando derramó el efión 159 verdusco por encima, la dura se
retorció gimiendo y un olor yodado embriagó el ambiente. Entonces la
mandinguera-caravalí entonó el rezo sagrado de Echú, monótona melopea.
Cuando acabó, la hembraza abrió los ojos, empezó por moverse muy
diferente y al rato ya no era ninguna guaricha sino el caballo del santo que
era Echú. Era Echú, el matoco que había venido ahí con todos para macumbear.
El par de encueradas ejecutaba un samba-yongo improvisado y festivo que
ritmaban el crujir de los huesos de la tía, los guács! de los pechos
de la gorda y los golpecitos sin relieve del famballín. Todos estaban
pilu chos también y se esperaba la selección del escogido hijo de Echú por el
gran Diambo presente. Temible samba-yongo. . . Macunaíma se escalo friaba de
ganas en la esperanza de pedirle al Tentador 160 una tunda para Venceslao
Pietro Pietra. No se supo lo que dio en él de sopetón. Entró bamboleándose en
medio de la sala, derribó a Echú y le cayó encima jugueteando victoriosamente.
Y la consagración del nuevo hijo de Echú fue celebrada con el permiso de todos
y todos se curarizaron en honor del hijo nuevo del Icá, demonio Cachinauá.
Terminada la ceremonia, el diablo fue conducido al tripié pa comenzar la
adoración. Los chorros los senadores los agrarios los negros las señoras los
futboleadores, todos venían arrastrándose debajo del polvo anaran jado por
toda la salita, y después de golpear la cabeza en el suelo con el lado
izquierdo, besaban las rodillas, besaban todo el cuerpo de la medium-uamotí. La
polaca rubicunda al temblar su rigidez, chorreaba espumilla por la boca en la
que todos mojaban el dedo mata-piajos 161 para bendecirse la correndillas,
mientras ella gemía con unos ronquidos de zorra rezongando, medio llanto medio
gozo y ya no era más la polaca. Sino Echú, el mariguanga 162 padre madre
padrino madrina compadre comadre más grande que tiene el hombre en la vida de
aquella religión.
Después de que todos se besaron adoraron y bendijeron mucho, fue la hora
de los pedidos y promesas. Un carnicero pidió que todos com praran la carne
podrigoria suya y Echú consintió. Un hacendado pidió para que ya no hubieran
más hormigas tambochas, ni malaria por el sitio suyo y Echú se rió diciendo que
eso sí no lo consentía. Un metejón pidió pa que su peor-es-nada consiguiera la
vacante de profesora muni cipal y así poder casarse 163 y Echú consintió. Un
médico hizo un dis curso para escribir con mucha elegancia el habla portuguesa
164 y Echú no consintió. Así fue. Por fin vino el turno de Macunaíma el hijo
nuevo del Tentador 165. Y Macunaíma dijo:
Vengo a pedirle a mi padre por causa de estar muy contrariado.
— ¿Cómo se llama? — preguntó
Echú.
— Macunaíma, el hérue.
— Uhum . . . — rezongó el Mayor— , nombre que empieza por Ma, es de mala
señal.
Pero lo recibió con cariño y le prometió al héroe todo lo que le pidiera
porque Macunaíma era hijo. Y el héroe pidió que Echú hiciera sufrir a
Venceslao Pietro Pietra, que era el gigante Piaíma comedor de gente.
Entonces fue horrendo lo que pasó. Echú tomó tres ramitas de toron jil,
bendecido por padre apóstata, las arrojó a lo alto e hizo encrucijada mandando
al ego de Venceslao Pietro Pietra venir para dentro suyo para que apañara.
Esperó un momento, el yo del gigante vino, se adentró dentro de la hembra y
Echú mandó al hijo dar una soba en el yo que estaba encarnado en el cuerpo
polaco. El héroe pegó una cachiporra y la dejó ir en Echú con ganas. Dio y
volvió a dar. Echú gritaba:
Apaléeme despacito
que esto duele duele duele t
También tengo familia
y eso duele duele duele! 166
Hasta que amoratado de golpes sangrando por la nariz por la boca por los
oídos cayó desmayado al suelo. Y era horroroso. . . Macunaíma ordenó que el yo
del gigante fuera a tomar baño salado hirviendo y el cuerpo de Echú humeó
mojando el palenque. Y Macunaíma ordenó que el yo del gigante fuera pisando
vidrio a través de un ortigal con abrojos hasta los sumideros de la sierra de
los Andes en pleno invierno. Echú sangró con verdugones del vidrio arañones de
las espinas y quemaduras de la ortiga y jadeando de fatiga y temblando de tanto
frío. Era horrible. Y Macunaíma ordenó que el yo de Venceslao Pietro Pietra
recibiera una empitonada de novillo, la coz de un potro, la tarascada de un
caimán barbudo y los aguijonazos de cuarenta veces cuarenta mil hormigas-de-fuego
y el cuerpo de Echú se retorció sangrando y lleno de ampollas en el suelo, con
una caravana de dientes en una pierna, con cuarenta veces cuarenta mil
picaduras de hormiga en la piel ya invisible, con la frente quebrada por el
casco de un bagual y un agujero de aspa aguda en la barriga. La salita se llenó
de un olor insoportable. Y Echú je-remiquiaba:
Cornéeme despacito
que eso duele duele duele!
También tengo familia
y eso duele duele duele!
Macunaíma ordenó por mucho tiempo muchas cosas así y todo el yo de
Venceslao Pietro Pietra aguantó en el cuerpo de Echú. Por fin la venganza del
héroe ya no pudo inventar nada más, y paró. La hembra sólo respiraba quedito,
largada en el piso de tierra. Hubo un silencio fatigado. Y todo era horrendo.
Allá en el palacio de la calle Marañón en Sao Paulo había un corre-corre
sin parada. Iban médicos venía la Ambulancia, todos estaban de sesperados.
Venceslao Pietro Pietra todo ensagrentado berreaba. Mos traba una cornada en
la barriga, la frente quebrada como si fuera por coz de cuaco quemado congelado
mordido y todo lleno de manchas y chichones de una tremendísima soba de palos.
En la macumba continuaba el silencio de horror. Tía Ciata vino con
lisura y empezó rezando el mayor rezo del diablo. Era el más sacrilego rezo de
todos, en el que errando una palabra daba muerte. La oración del Padre Nuestro
Echú, era a sí167:
— Padre Echú hallago nuetro, vó que etá en el treceno infielno de la
quielda de abajo, nojotro te queremos mucho, nojotro todo!
— Querremo! Querremo!
— . . . El padre nuetro Echú de cada día dánolo hoy, y hágase vuetra
voluntá, así también en el bembé del batey 168, que le pertenece a nuetro padre
Echú, por siempre de lo siempre y que así sea, amén!. . .
— Gloria pa la patria yeyé de Echú!
— Gloria pal hijo de Echú!
— Chico-t-era 169 un príncipe yeyé y se convirtió en nuetro padre Echú
por todo lo século seculoro, por siempre y que así sea, amén.
— Por siempre y que así sea, amén!
Echú iba sanando y volviendo a sanar. Todo iba desapareciendo en un
santiamén cuando la cañita recirculó y el cuerpo de la polaca quedó sin daño
otra vez. Se escuchó tamaña rebambaramba y el espacio tomó un olor a brea
quemada, mientras la palera echaba por la boca un anillo de azabache. Entonces
volvió del desmayo roja gorda y muy fati gada. Ahora sólo la polaca estaba
ahí. Echú ya había sido echado.
para acabar todos hicieron
el bochinche juntos, comiendo buen jamón y bailando uno de esos sambas de
espanto y todo ese genterío se alegró con mucha cumbancha irreprimible.
Entonces todo acabó volvién dose a la vida real. Y los macumberos, Macunaíma,
Jaime Ovalle, Dodó, Manú Bandeira, Blaise Cendrars, Ascenso Ferreira, Raúl
Bopp, Antonio Bento, Pierre Verger, Peque Lanusa, Nicolás Guillén, todos esos
bem-beros 170 salieron hacia la madrugada.
VIH
VEI, LA S O L 171
Macunaíma proseguía y se topó con el árbol Volomán 172 bien alto. En una
rama estaba un chicharrero173 que no bien divisó al héroe se desga-ñitó
gorgoritando “Mira nomás quien viene en el camino! Mira nomás quien viene en el
camino!” Macunaíma miró arriba con intención de agradecer pero Volomán estaba
cayéndose de frutas. El héroe ya traía tantas horas de hambres en la barriga
suya, que ésta hasta se le empinaba para espiar todos aquellos zapotes
zapotillos chicozapotes albaricoques pacurís macagüitas miritís guabiyúes
sandías araticúnes, toda esa fruta.
— Volomán, deme una fruta — pidió Macunaíma.
El palo no quiso dar. Entonces el héroe gritó dos veces:
— Boioió, boioió! quizama quizú!
Cayeron todas las frutas y comió bien comido. Volomán quedó con odio.
Tomó al héroe de los pies y lo arrojó más allá de la bahía de Guanabara en un
islote desierto, habitado antiguamente por la ninfeta Alamoa 174 que vino con
los Holandeses. Macunaíma estaba tan cansado que lo agarró el sueño durante el
salto. Cayó dormido bajo una palmerita guairó muy aromada donde un zopilote
estaba trepado.
Ahora que como al pajarraco ya le andaba por hacer sus necesidades,
descomió y el héroe quedó chorreado de suciedad de gallinazo. Ya era de
madrugada y el tiempo estaba enteramente frío. Macunaíma se despertó temblando
y todo embadurnado. De cualquier modo examinó bien la piedritá-chumí175 del
islote para ver si no había alguna cueva con dinero enterrado. Ni la cadenita
encantada de plata que le indica al suertudo, tesoro de Holandés. Había sólo
las rubitas hormigas ya-quitaguas.
Entonces pasó Cayuanog la estrella-del-alba. Macunaíma ya medio enojado
de tanto vivir le pidió que se lo llevara pal cielo. Cayuanog se fue allegando
pero el héroe apestaba mucho 176.
— Que qué, vete a bañar! — le replicó. Y se retiró.
Así nació la expresión “Vete a bañar!” que los Brasileños emplean
refiriéndose a ciertos inmigrantes europeos.
En ésas pasaba Capei, la Luna, y Macunaíma le gritó:
— Su bendición, tataíta Luna! 177
— Uhm . . . — fue lo que
contestó.
Entonces le pidió a la Luna que lo cargara hasta la isla de Marajó.
Capei se fue dejando venir pero Macunaíma estaba mucho muy fuerte de olores.
— Vete a bañar! — le dijo. Se fue. Y el dicho pegó definitivamente.
Macunaíma le gritó a Capei que por lo menos le diera un fueguito
pa que se calentara.
— Ahora le toca al vecino! 178 — dijo apuntando a la Sol que ya venía a
lo lejos remando por el océano paraná-guazú. Y por allá se las tomó.
Macunaíma tiemble y tiemble y el jotecito sin dejar de hacer sus
necesidades encima suyo. Era por culpa de la piedra tan chiquirritica. Vei
venía llegando roja y empapada de sudor. Veia era la Sol. Fue muy bueno pa
Macunaíma porque allá en casa éste siempre le hizo regalitos de bollo-de-yuca
pa que la Sol lamiendo los secara.
Vei puso a Macunaíma en la jangada 179 que tenía la vela
color-de-herrumbre pintada con nanches 18°, y les pidió a sus tres hijas que
lim piaran al héroe, le espulgaran las garrapatas y examinaran si las uñas
suyas no estaban sucias. Macunaíma quedó aliñado otra vez. Pero por culpa de
estar, ora si que, vieja bermeja y tan sudada, el héroe no maliciaba que la
chocha era la mera Sol, la buena Sol jorongo de los pobres. Por eso le pidió a
ella que llamase a Vei con su calor porque ya estaba bien lavadito pero
temblando de tanto frío. Vei era la mera Sol y andaba queriendo madrugar a
Macunaíma para hacerlo yerno suyo. Sólo que todavía no podía recalentar a
nadie, porque era muy temprano, y no tenía fuerzas. La espera la desesperaba y
chifló de un modito tal que las tres hijas suyas hicieron mucho piojito-piojito
y din golondango por todo el cuerpo del héroe.
Soltaba unas risas chatas, retorciéndose del cosquilleo y disfrutando
mucho. Cuando ellas paraban pedía más, desternillándose ya de antegozo. Vei se
dio cuenta de la sinvergüenzada del héroe. Hizo rabieta. Se fue que dando sin
ganas de despedir fuego del cuerpo ni calentar a nadie. En tonces las cuñataís
agarraron a la madre, la amarraron muy bien mien tras Macunaíma daba de
muñecazos en la barriga del vejestorio hasta que fue saliendo y salió una
fogata detrás y todos se recalentaron.
Principió un calurón que alcanzó la balsa, se arrastró en las aguas y
doró la faz limpia del aire. Macunaíma echado en la jangada lagartijeaba sol
con todo y su quebranto azul. Y el silencio que alargaba todo. . .
— Ay. . . qué flojera. . .
El héroe suspiró. Sólo se oía el oleaje. Se vino un hastío feliz
subiendo su cuerpo, y qué bueno era . . . 181. La cuñataí más joven tocaba el
urucungo 182 que su madre le trajo de Africa. Era de una vastedad guazú el
mar-paraná y no había ni una nube por la cuesta-arriba del cielo. Macunaíma
cruzó las muñecas en lo alto por detrás haciéndose una cabecera con las manos y
mientras la hija-de-la-luz menos joven le es pantaba los mosquitos cagachines
a montones, la tercera de las chinucas con la punta de las trenzas hacía
estremecer de gusto la barriga del héroe. Y estaba riendo con tan plena
felicidad, que sólo paraba para gozar de estrofa en estrofa lo que se cantaba
así:
Cuando me muera no me llore,
dejo la vida sin pesar
— Arará cuévano,
tuve por padre al destierro,
por madre la infelicidá
— Arará sabalú, papá llegó y me dijo
— no vayas a tener amorl
— Arará cuévano, mamá vino y me puso un collar hecho dolor!
— Arará sabalú,
que el tatú prepare fosa
con sus dientes desdentados
— Arará cuévano, pal más desinfeliz
de todos los desgraciados,
— Arará sabalú. . , 183
Qué bueno era. . . El cuerpo suyo relumbraba oro pardeando en los
cristaliíos de sal y por el olor del mar y por causa del remo calma-chicha de
Vei y con la barriga así muevemoviéndose con cosquillas de mujer, ah!. . .
Macunaíma gozó de nuestro goce, ah!. . . “Picona! qué jija-de?. . . de la
sabrosura, coño!” exclamó. Y cerrando los ojos zumbones, con la boca riéndose
con una risa niña ciniquita de tan buena vida, el héroe fue gustando y siguió
gustando hasta que se durmió.
Cuando el timón de la balsa de Vei ya no pudo embalar más sueño
Macunaíma despertó. Allá a los lejos se percibía más que nada un rasca
cielos color de rosa. La jangada se dirigía al noray 184 del cabañal
sublime de Río de Janeiro.
Ahí mero en la orilla del agua había un largo caapuerón tupido de
árboles-abrasilados y con palacios de colores a ambos lados. Y el cerradón era
la Avenida Río Branco 185. Ahí vive Vei la Sol con sus tres hijas de luz. Vei
quería que Macunaíma se hiciera yerno suyo porque en final de cuentas era un
héroe y le había dado tanto bollo-de-yuca pa que chupando los secara.
— Mi yerno: usté carece de casamiento con alguna de mis hijas. La dote
que te doy es Uropa Francia y Bahía 186. Pero el pero es que usté tiene que ser
fíél y no andar jugueteando con cuanta cuñá hay por ahí.
Macunaíma agradeció y prometió que sí juramentando por la memo ria de
la madre suya. Entonces Vei salió con las tres hijas para hacer de día por el
cerradón, ordenando una vez más que Macunaíma no saliera de la jangada para que
no se pusiera a juguetear con algotras cuñás de por ahí. Macunaíma volvió a
prometer jurando otra vez por su madre.
Vei y las tres hijas no habían terminado de entrar al cerradón cuando a
Macunaíma le dieron muchas ganas de irse a juguetear con una cuñá. Encendió un
cigarro y el deseo le fue subiendo. Allá por debajo de los árboles
culipandeaban muchas cuñás cuñé cuñé agitagitándose con talen to y
jacarandosura.
— Pos quel fuego lo devore todo! — exclamó Macunaíma— . No soy tan
aguado como pa que una mujer me empache!
Y una vasta luz brilló en el cerebro suyo. Se enderezó en la jangada y
con los brazos oscilando encima de la patria decretó muy solemne:
— Mucha tambocha y poco bizcocho, luchas son que al Brasil dejan mocho!
Al instante saltó de la jangada, se fue a hacer continencia frente a la
imagen de San Antonio que era capitán de regimiento 187 y después les cayó
encima a todas las cuñás de por ahí. Luego se topó una que había sido pescadera
allá por las tierras del compadre dínguilin-dínguilin 188, y que aún olía a
rayos! era una peste a pura marisma. Macunaíma le guiñó el ojo y los dos
vinieron a la jangada a juguetear. Y bien que juguetearon. Bastante. Y ahora se
están riendo el uno y el otro.
Cuando Vei y sus tres hijas llegaron de hacer el día y entraba la
boca-de-la-noche las mozas que venían al frente pillaron a Macunaíma y a la
Portuguesa en pleno juguete. A las tres hijas de luz les dio un patatús.
— Entonces es eso lo que se hace, hérue! ¿Qué no le dijo nuestra madre
Vei que no saliera de la jangada para irse a juguetear con algo-tras cuñás por
ahí?!
— Estaba tan tristecito! — dijo
el héroe.
— Qué tristecito ni qué ocho cuartos,
hérue! Ora es usté
quien va
a cobrar con nuestra madre Vei!
Y se voltearon muy enojadas hacia la vieja:
— Mire nomás, madre nuestra Vei, lo que su yerno hizo! No había llegado
uno al cerradón cuando éste se escabulló, le cayó a una buena, la trajo a
vuestra jangada y juguetearon hasta más no poder! Y ahora están riéndose el uno
y el otro!
Entonces la Sol se quemó y rayó así:
—Ara, ara, ara, mis cuidados! No le advertí que no le llegara a ninguna
de esas cuñás!. . . Claro que sí! Y pa acabarla de amolar el juguete lo hace en
mi jangada y ora todavía se están riendo el uno con el otro!
— Estaba tan tristecito! —
repitió Macunaíma.
— Pues si me hubiera obedecido se casaba con una de mis hijas y sería
siempre joven y bonitón. Ahora será mozo sólo por poco tiempo talcualmente a
los demás hombres y después se va a poner acabadón y singraciado.
Macunaíma sintió ganas de llorar.
Suspiró.
— De haber sabido. . .
— El “de haber sabido” no es santo de mi devoción ni de la de nadie, mis
cuidados! Lo que pasa es que usté es medio descaradito, eso sí! Ya no le
ofrezco a ninguna de mis hijas. Nanay!
Entonces Macunaíma perdió la figura también.
— Pos al fin que ni quería, entiende! Tres, ni al revés!
Entonces Vei y las tres hijas se fueron a pedir posada en un hotel y
dejaron a Macunaíma durmiendo con la Portuga en la jangada.
Cuando era ahí por las horas antes de la madrugada, vino la Sol con las
jóvenes para darse una paseadita por la bahía y encontraron a Macunaíma y a la
Portuguesa engrudados en el sueño. Vei despertó a los dos y le dio de regalo a
Macunaíma la piedra Vató. Y la piedra Vató da fuego cuando uno quiere. Y por
ahí se fue la Sol con las tres hijas de luz.
Macunaíma todavía se pasó el resto del día jugueteando con la Portu
guesa por la ciudad. Cuando fue de noche andaban durmiendo en una banca de
Flamengo189 y de repente llegó un espantoso espanto. Era Mianiqué-Teibé 190 que
venía para tragarse al héroe. Respiraba por los dedos, escuchaba por el ombligo
y tenía los ojos en el lugar de las mamilas. La boca era dos bocas y estaba
escondida entre los artejos de los pies. Macunaíma se despertó con el olor de
la aparición y rajó como venado pa las afueras de Flamengo.
Mianiqué-Teibé se comió a la pescadera y se fue 191.
Al otro día, Macunaíma no le encontró más la gracia a la capital de la
República. Cambalacheó la piedra Vató por un retrato en el periódico y volvió
hacia el cabañal192 del igarapé 193 Tieté.
CA R T A A LAS
1CAM1ABAS
A las muy queridas súbditas
nuestras, Señoras Amazonas 194
Señoras :
No poco os sorprenderá, por cierto, el enderezo y la literatura de esta
misiva. Cúmplenos, entretanto, iniciar estas líneas de nostalgias y mucho amor,
con desagradable nueva. Bien es verdad que en la buena ciudad de Sao Paulo — la
mayor del universo al decir de sus prolijos habitantes— no sois conocidas por
“icamiabas”, voz espuria, sino por el apelativo de Amazonas; y de vos se
afirma, cabalgasteis jinetes belígeros y vinisteis de la Hélade clásica; y así
sois llamadas. Mucho nos pesó a nosotros, Imperator vuestro, tales dislates de
erudición pero habréis de convenir con nosotros que así quedáis más heroicas y
más conspicuas tocadas por esa pátina 195 respetable de la tradición y de la
pureza antiguas.
Mas no habremos de desperdiciar vuestro indómito tiempo, y mucho menos
conturbar vuestro entendimiento con noticias de escasa enverga dura; pasemos
pues, de inmediato, al relato de nuestros hechos por acá.
No habían pasado cinco soles 196 de que de vosotras habíamos partido,
cuando la más terrible desdicha pesó sobre Nosotros. Una de las bellas noches
de los idus de mayo del año próximo pasado, perdíamos la muira-quitán, que
alguien ya escribiera muraquitan, y, que algunos doctos, a sabiendas de las
etimologías esdrújulas, ortografan muyráquitan y hasta muraquéitan, no
sonriáis! Sabed que dicho vocablo, tan familiar a vues tras trompas de
Eustaquio, es casi desconocido por aquí, Por estos asaz civiles parajes, los
guerreros llámanse policías, pacos, guardia-civiles, boxeadores, legalistas,
sediciosos, etc.; siendo que algunos de estos térmi nos son neologismos
absurdos — nefasta escoria con la que los negligentes y peralvillos vilipendian
al buen hablar lusitano. Empero ya nos sobrará lugar para discretear, “sub
tegmine fagi”, sobre la lengua portuguesa, también llamada lusitana. Lo que os
interesará más, sin sombra de duda, es saber que los guerreros de aquende no
buscan mavórticas damas para el enlace epitalàmico; sino antes las prefieren
dóciles y fácilmente cam biables por pequeñitas y volátiles hojas de papel a
las que el vulgo dio en llamar dinero — “curriculum vitae” de la Civilización,
a la que hoy ha cemos el honor de pertenecer. Así la palabra muiraquitán, que
ya hiere los oídos latinos de vuestro Emperador, es desconocida de los
guerreros, y de todos los que, en general, por estas partes respiran. Apenas
algunos “sujetos de importancia en virtud y letras” como ya decía el buen
viejito y clásico fray Luis de Souza 197, citado por el doctor Rui Barbosa, que
aún sobre las muiraquitanas proyectan sus luces, para aquilatarlas de mediocre
valía, diciéndolas originarias del Asia y no de vuestros dedos, violentos en el
pulir.
Aún abatidos estábamos por haber perdido nuestra muiraquitán, en forma
de saurio, cuando talvez por algún influjo metapsíquico, o, chi lo sa 198,
provocado por alguna libido nostálgica, como explica el sabio tudesco, doctor
Segismundo Freud (léase Frói), deparósenos en sueños un arcángel maravilloso.
Por él supimos que el talismán perdido estaba en las dilectas manos del doctor
Venceslao Pietro Pietra, súbdito del Virreinato del Perú, y de origen
francamente florentino, como los Ca valcanti 199 de Pernambuco. Y como el
doctor morara en la ilustre ciudad anchietana 20°, sin tardanza partimos para
acá, en búsqueda del vellocino robado.
Las relaciones actuales con el doctor Venceslao son lo más lisonjero
posible; y sin duda muy en breve recibiréis la grata nueva de que hemos
recuperado el talismán; y por medio de ella os pediremos albricias.
Porque, súbditas dilectas, es impugnable que Nosotros, Imperator
vuestro, encontrámosnos en precarias condiciones. El tesoro que de allá
trajimos, fuenos menester convertirlo en la moneda corriente del país; y tal
trueque mucho nos ha dificultado la manutención, debido a las oscilaciones del
Cambio y a la baja del cacao.
Más aún, sabréis que las doñas de acá no se derriban a estacazos, ni
juguetean por juguetear, así gratuitamente, si no es por lluvias del vil metal,
fontones blasonados de champagne, y unos monstruos comestibles, a los que,
vulgarmente, se les da el nombre de langostas. Y qué monstruos encantados,
señoras Amazonas!!! De una caparazón pulida y embarazosa, a modo del casco de
una nave, salen brazos, tentáculos y cola remígeros, de muchas hechuras; de
modo que el pesado ingenio, dispuesto en un plato de porcelana de Sèvres,
antójasenos un veleante trirreme bordejando las aguas del Nilo, trayendo en las
entrañas el cuerpo inestimable de Cleópatra.
Poned tiento en la acentuación de este vocablo, señoras Amazonas, pues
tanto ha de pesarnos el que no prefiriérais como nosotros, ese pro nunciar,
condiciente con la lección de los clásicos, en vez de la forma Cleopatra,
dicción más moderna; y que algunos lexicólogos livianamente subscriben, sin
percibir que es una broza despreciable, que nos es traída, con las avalanchas
de Francia, por los gabachos de mala muerte.
Así pues, es con ese tributable monstruo, vencedor de los más deli
cados velos palatinos, que las doñas de acá se arrojan a los lechos nup
ciales. De este modo habréis que comprender de qué albricias hablamos; pues las
langostas son carísimas, carísimas súbditas, y algunas hémoslas adquirido por
sesenta contos y más; lo que, convertido en nuestra moneda tradicional, alcanza
la voluminosa suma de ochenta millones de granos de cacao. . . Bien podréis
concebir, pues, cuán hemos gastado; y el que ya estamos en carencia del vil
metal, para juguetear con tan difíciles doñas. Bien quisiéramos imponer a
nuestra ardorosa llama una absti nencia, penosa sin embargo, para ahorraros
dispendios; mas cuál presen-
eia de ánimo no ha cedido ante los encantos y galanteos de tan
agradables pastoras!201
Andan ellas vestidas de rutilantes joyas y tejidos finísimos, que les
acentúan el donaire del porte, y mal encubren las gracias, que a ningunas otras
ceden por lo hermoso del torneado y de la tonalidad. Son siempre albísimas las
doñas de por acá; y tales y tantas habilidades demuestran en el juguetear, que
enumerarlas aquí sería por ventura impertinente; y, ciertamente, quebraría los
mandamientos de la discreción, que una rela ción de Imperator a súbditas
requiere. Qué beldades! Qué elegancia! Qué caché! Qué dejadez piropeada,
ignívoma, devoradora! Sólo pensamos en ellas, maguer mucho tengamos presente y
con porfía, a nuestra mui-raquitán.
A Nosotros, parécenos, ilustres Amazonas, que asaz ganaríais en apren
der de ellas, las condescendencias, los juegos y licencias del Amor. De
jaríais entonces vuestra orgullosa y solitaria Ley por más amables menes
teres, en los que el Beso sublima, las Volupias encandecen, y se demues tra
gloriosa, “urbi et orbi”, la sutil fuerza del Odor di Femina, como escriben los
italianos.
Y ya que nos detuvimos en este delicado asunto, no lo abandonaremos sin
algunas observaciones más, que os podrán ser útiles. Las doñas de Sao Paulo,
además de ser muy hermosas y sabias, no se contentan con los dones y
excelencias que la Naturaleza les concedió; demasiado se preocu pan de sí
mismas; y no hay nada que ambicionen consigo, que no lo hayan hecho venir de
todas partes del globo, todo lo que de más sublimado y gentil acrisoló la
ciencia fescenina 20z, perdón, femenina de las civiliza ciones atávicas. Así
es que llamaron maestras de la vieja Europa, y sobre todo de Francia, y con
ellas aprendieron a pasar el tiempo de manera bien diversa a la vuestra. Ora se
asean, y gastan horas en este delicado mester, ora encantan las convivencias
teatrales de la sociedad, ora no hacen cosa alguna; y en estos trabajos se
pasan el día tan entristecidas y afanosas, que, en llegando la noche, mal les
sobra solaz para juguetear y prestas se entregan a los brazos de Orfeo 203,
como dicen. Empero habréis de saber, señoras mías, que por acá se diverge día y
noche de vuestro belígero horario; el día comienza cuando para vosotras es el
pináculo de él, y la noche, cuando estáis en el quinto sueño vuestro, que, por
ser postrer, es el más reparador.
Todo eso las doñas paulistanas aprendieron con las matronas 204 de
Francia; además del pulimiento de las uñas y su crecimiento, bien como por otra
parte, “horresco referens”, de las demás partes córneas de sus compañeros
legales. Dejad paso a esta florida ironía!
Y mucho hay para deciros aún sobre el modo con que cortan las me lenas,
de tal manera gracioso y viril, que más se asemejan a efebos 205 y Antinous, de
perversa memoria, que a matronas de tan directa progenie latina. Todavía
convendréis con nosotros en la inoperancia de las largas trenzas por acá, si
atendiereis a lo que más atrás quedó dicho; puesto que
los doctores de Sáo Paulo no derriban a sus requeridas por la fuerza,
sino que a cambio de oro y de langostas, las dichas melenas son lo de menos,
acrecentando aún que así amáinanse los males, que tales melenas acarretan, al
ser morada y pasto habitual de insectos harto dañinos, como entre vosotras es
dado.
Pues no contentas con haber aprendido de Francia las sutilezas y li
cencias de la galantería a la Luis XV, las doñas paulistanas importan de las
regiones más inhóspitas, los aditamentos del sabor, ya fueren piececillos
nipones, rubíes de la India, desplantes norteamericanos y muchas otras
sabidurías y tesoros internacionales.
Ya ahora os hablaremos, maguer someramente, de una nítida horra de
señoras originarias de Polonia 206 que por acá moran e imperan gene rosamente.
Son ellas harto alentosas en el porte y más numerosas que las arenas del mar
océano. Como vosotras, señoras Amazonas, tales damas forman un gineceo; estando
los hombres que en las casas de ellas habitan, reducidos a esclavos y
condenados al vil oficio de servir. Y por ello no se les llama hombres, sino
que responden a la voz bastarda de maniblajes; y son asaz corteses y silentes,
y siempre el mismo indumento circunspecto trajean.
Viven estas damas encastilladas en un mismo local al que llaman por acá
de cuadra, y aún de pensiones o “manzana de tolerancia”; haciendo hincapié que
la postrera de estas expresiones no tendría cabida por indina en esta noticia
sobre las cosas de Sáo Paulo, si no fuera por nuestra vehemencia en ser exactos
y conocedores. No obstante si, como vosotras, forman estas queridas señoras un
clan de mujeres, mucho de vos se apar tan en lo físico, en el género de vida y
en los ideales. Así os diríamos pues, que viven de noche, y si no se dan a los
quehaceres de Marte ni queman el diestro seno, cortejan a Mercurio solamente; y
en cuanto a los senos, déjanlos envueltos, a manera de gigantescos y flácidos
pomos, que si no les aumentan donaire, sírvenles para numerosos y arduos tra
bajos de excelente virtud y prodigiosa excitación.
Aún difiéreles el físico, un tanto cuanto monstruoso, empero de amable
monstruosidad, por tener el cerebro en las partes pudiendas y, como tan bien es
dicho en lenguaje madrigalesco, el corazón en las manos.
Hablan numerosas y harto rápidas lenguas; son viajadas y educadísimas;
siempre todas obedientes por igual, maguer ricamente dispares entre sí, cuales
rubias, cuales morenas, cuales flacas-con-todo, cuales rotundas; y de tal
suerte abundantes en número y diversidad, que mucho nos preo cupa la razón,
del ser todas y tantas, originarias de un país solamente. Añádase aún que a
todas dáseles el excitante, y sin embargo injusto, epíteto de “francesas”.
Nuestra desconfianza estriba en que todas esas damas no se originan de Polonia,
maguer falten a la verdad, sino que son iberas, itálicas, germánicas, turcas,
argentinas, peruanas, y de todas las partes fértiles de uno y otro hemisferio.
Mucho estimaríamos que participaseis de nuestra desconfianza, seño ras
Amazonas; y que invitaseis a algunas de esas damas a morar en vuestras tierras
e Imperio nuestro, para que aprendierais con ellas un moderno y más rendoso
género de vida; que mucho hará abultar los te soros de vuestro Emperador. Y
así mismo, si no quisiereis largar mano de vuestra solitaria Ley, siempre la
existencia de algunas damas entre vo sotras mucho nos facilitará el “modus in
rebus” 207 cuando fuera nuestro retorno al Imperio de la Selva-Espesa, cuyo
nombre éste, por otra parte, propondríamos se mudase para Imperio de la Mata
Virgen, más condi-ciente con la lección de los clásicos.
Todavía para concluir negocio tan principal, hemos por bien de adver
tiros de un peligro que esa importación acarretaría si no aceptaseis a algunos
doctores pudientes en los límites del Estado, mientras de él estemos apartados.
Con ser estas damas harto fogosas y libres, bien pu diera pesarles en demasía
el secuestro inconsecuente en que vivís, y, por no perder ellas las ciencias y
secretos que les dan el pan, bien podrían llegar al extremo de usufructuar a
las fieras bestias; los saraguates, los elefantuscos-tapires y los sagaces
candirás. Y mucho más aún nos pesaría en la conciencia y sentimiento noble del
deber; que vosotras, súbditas nuestras, aprendiereis de ellas ciertos abusos,
tal como sucedió con las compañeras de la gentil declamadora Safo en la rósea
isla de Lesbos
— vicios éstos que no soportan crítica a la luz de las posibilidades
huma nas, y mucho menos al escalpelo de la rígida y sana moral.
Como veis pues, asaz hemos aprovechado esta posada en ilustre tierra de
pioneros 208, y si no descuidamos el talismán nuestro, por cierto tam bién, no
ahorramos esfuerzos ni vil metal, en aprender las cosas más principales de esta
eviterna civilización latina, para que iniciemos cuando sea nuestro retorno a
la Mata-Virgen, una serie de mejoramientos, los que mucho nos facilitarán la
existencia, y difundirán más nuestra prosapia de nación culta entre las más
cultas del Universo 209. Y por ello ahora os diremos algo sobre esta noble
ciudad, puesto que pretendemos erigir una igual en vuestros dominios e Imperio
nuestro.
Está Sao Paulo construida sobre siete colinas, a la manera tradicional
de Roma, la ciudad cesárea, “cápita” de la Latinidad de la que proveni mos; y
bésale los pies la grácil e inquieta linfa del Tieté. Las aguas son magníficas,
los aires tan amenos cuanto a los de Aquisgrán o Amberes, y el área arbórea tan
les es igual en salubridad y abundancia, que bien se podría afirmar, al
requintado modo de los cronistas, que de tres AAA se genera espontáneamente la
fauna urbana.
Ciudad bellísima, y grata su convivencia. Toda entrecortada de calles
hábilmente estrechas e invadidas de faroles graciosísimos y de rara es
cultura; disminuyendo con astucia el espacio, de forma tal que en dichas
arterias no cabe la población. Así se obtiene el efecto de un gran colmo de
gentes, cuya estimativa puede ser aumentada a voluntad, lo cual es propicio a
las elecciones 210 que son invención de los inimitables mineiros,
al mismo tiempo que los ediles disponen de largo asunto con lo cual
ganan días honrosos y la admiración de todos, en surtos de elocuencia del más
puro estilo y sublimada labor.
Las dichas arterias están recamadas de rebotantes papelillos y velívagas
cáscaras de frutas; y en principal de un finísimo polvo, muy danzarín por
cierto, en el que se esparcen diariamente mil y un especímenes de voraces
macrobios 211, que diezman a la población. De dicho modo resolvieron, nuestros
mayores, el problema de la circulación; puesto que tales insectos devoran las
mezquinas vidas de la ralea; e impiden el cúmulo de desocu pados y obreros; y
así se conserva el mismo número de gentes. Y no con tentos con que dicho polvo
sea levantado por el andar de los pedestres y por rugientes máquinas a las que
llaman “automóviles”, “trenes de tranvía” (algunos emplean la palabra tranvía
de Bondes, voz espuria, venida ciertamente del inglés), contratan los diligentes
ediles, unos antropoides, monstruos hipocentáureos índigos y monótonos, a los
que engloba el título de Limpieza Pública; que “per amica silencia lunae”,
cuando cesa el movimiento e inocuo descansa el polvo, salen de sus mansiones,
y, con los rabos giratorios a modo de escobas cilindricas, haladas por mulares,
desprenden del asfalto el polvo y sacan a los insectos del sueño, y concítanlos
a la actividad con largos gestos y gritería asusta dora. Estos quehaceres
nocturnos son discretamente conducidos por pe queñas luces, dispuestas de
tramo en tramo, de manera que permanece la casi total obscuridad, para no
perturbar éstas los trabajos de malhe chores y ladrones.
La copiosidad de éstos figúrasenos realmente excesiva; y tenemos que son
la única usanza que no es coadunada a nuestro temperamento, de natural ordenado
y pacífico. Empero, lejos de hacer cualquier reproche a los administradores de
Sao Paulo, pues sabemos muy bien que para los valerosos Paulistas, son
apacibles tales malhechores y sus artes. Son los Paulistas gente ardorosa y
envalentonada, y muy afecta a las agruras de la guerra. Viven en combates
singulares y colectivos, todos armados de la cabeza a los pies; así, asaz
numerosos son los disturbios por acá, en los que, no es raro, caen tumbados en
la arena de lidia centenas de millares de héroes-pioneros, llamados
bandeirantes.
Por el mismo motivo, Sao Paulo está dotada de harto aguerrida y numerosa
Policía, que habita blancos palacios de costosa ingeniería. A esa Policía
compete aún equilibrar los excesos de la riqueza pública, como si no
desvalorizara el oro incontable de la Nación; y tal diligencia se emplea en ese
afán, que por todas partes devora los dineros nacionales, ya sea en paradas y
lucidos ropajes, ya sea en gimnasias de la recomen dable Eugenia, que todavía
no tuvimos el placer de conocer; ya sea finalmente atacando a los incautos
burgueses que regresan de su reatro, de su cine, o de dar su vuelta en
automóvil por los amenos vergeles que circundan la capital. A esa Policía aún
le compete divertir a la clase do méstica paulistana; para su lustre dígase
que lo hace con el diariero
solícito, en parques, construidos “ad hoc”, tales como el parque Don
Pedro Segundo 212 y el Jardín de la Luz 213. Y cuando las cifras de esa Policía
abultan, son sus hombres enviados a las latitudes remotas y menos fértiles de
la patria, para ser devorados por gavillas de gigantes antropó fagos, que
infestan nuestra geografía, en la tarea sin gloria de echar por tierra
Gobiernos honestos, y de pleno gusto y anuencia popular, como se deduce de las
urnas y de los ágapes gubernamentales. Estos sediciosos atrapan policías,
ásanlos y cómenlos al modo alemán, y las osamentas caídas en estéril tierra son
excelente abono de futuros cafetales.
Así tan bien organizados viven y prosperan los Paulistas en el más
perfecto “orden y progreso” 214, y no les es escaso el tiempo para construir
generosos hospitales, atrayendo para acá a todos los leprosos sudameri canos
215, Mineiros, Paraibanos, Peruanos, Bolivianos, Chilenos, Para guayos,
quienes, antes de ir a morar en esos lindísimos leprosarios, y ser servidos por
doñas de dudosa y decadente beldad — siempre doñas!— animan las carreteras del
Estado y las calles de la capital, en garridas comitivas ecuestres o en
maratones soberbios que son el orgullo de nuestra raza deportiva, en cuya
presencia pulsa la sangre de las heroicas bigas y cuadrigas latinas!
Empero, señoras mías! Mucho nos resta aún por este grandioso país de
enfermedades e insectos por doquier!. . . Todo pasa en un descalabro sin
comedimiento, y estamos corroídos por el morbo y por los miriápodos! En breve
seremos nuevamente una colonia de Inglaterra o de América del Norte!. . . Por
eso y para eterno recuerdo de estos Paulistas, que son la única gente útil del
país, y por ello llamados Locomotoras 216, nos dimos al trabajo de metrificar
un dístico en el que se encierran los secretos de tanta desgracia:
"mucha tambocha y poco bizcocho,
luchas son que al Brasil dejan mocho”.
Este dístico fue lo que tuvimos por bien escribir en el libro de Visi
tantes ilustres del instituto Butantán 217, cuando fue nuestra visitación a
este famoso establecimiento en Europa.
Moran los Paulistanos en altivos Palacios de cincuenta, cien y más
pisos, a los que, en épocas de gestación invaden unas nubes de mos quitos
zancudos, de variada especie, muy al gusto de los nativos, picando hombres y
señoras con tanta propiedad en sus distintivos, que no necesitan éstos de las
cáusticas ortigas para los masajes excitativos, tal y como entre los selváticos
es uso. Los zancudos se encargan de esta faena; y obran tales milagros que, en
los barrios miserables, surge anualmente una ine narrable multitud de
bachiches y tanitas bulliciosos, a los que llamamos “italianitos” 218;
destinados a engrosar las fábricas de los áureos potentados y a servir como
ilotas el descanso aromático de los Cresos.
Estos y otros multimillonarios son los que irguieron en torno a la urbe
las doce mil fábricas de seda, y en los retiros de ella los famosos Cafés
mayores del mundo, todos con tallas de jacarandá chapeada en oro, con
dejas de falsas tortugas.
el Palacio de Gobierno es
todo de oro, a hechura de los de la Reina del Adriático; y en carruajes de
plata, forrados de pieles finísimas, el Presidente, que mantiene muchas
esposas, pasea, al caer la tarde, son riendo vagaroso.
De otras y muchas grandezas os podríamos ilustrar, señoras Amazonas, si
no fuera el prolongar demasiado esta epístola; todavía, con afirmaros que ésta
es, sin sombra de duda, la más bella ciudad terráquea, mucho habremos hecho en
favor de estos hombres de buena pro. Empero se nos caerían las faces si
ocultáramos en el silencio una curiosidad original de este pueblo. Ora sabréis
que su riqueza de expresión intelectual es tan prodigiosa, que hablan en una
lengua y escriben en otra 219. Así que en llegando a estas regiones
hospitalarias dímosnos al trabajo de enterarnos de la etnología de la tierra, y
entre tanta sorpresa y asombro que se nos deparó, no fue de las menores, por
cierto, tal originalidad lingüística. En las conversaciones utilízanse los
Paulistanos de una jerigonza bárbara y multifacética, crasa de factura, e
impura en lo vernáculo, mas que no deja de tener su saber y fuerza en las
apostrofes, y también en las voces del juguetear. De éstas y aquéllas nos
enteramos, con solicitud; y nos será grata empresa enseñároslas ahí llegando.
Mas si de tan despreciable lengua se utilizan en la conversación los naturales
de esta tierra, tan luego toman la pluma se despojan de tantas asperezas, y
surge el Hombre Latino, de Linneo, expresándose en otro lenguaje, muy próximo
del vir-giliano, y al decir de un panegirista, idioma de meguez, que, con
impere cedera gallardía, intitúlase: lengua de Camoes! De tal originalidad y
ri queza os ha de ser grato tener ciencia cierta, y más aún os espantaréis con
saber que a la gran y casi total mayoría ni esas dos lenguas bastan, sino que
se enriquecen del más legítimo italiano, por más musical y gracioso, y que en
todos los rincones de la urbs es versado. De todo nos enteramos
satisfactoriamente, gracias a los dioses; y muchas horas hemos ganado
conjeturando sobre la Z del término Brazil y la cuestión del pronombre “se”
220. Otrosí, hemos adquirido muchos libros bilingües, llamados “tum-ba-burros”,
y el diccionario Pequeño Larousse; y ya estamos en condi ciones de citar en el
original latino muchas frases célebres de los filósofos e de los textículos de
la Biblia.
En fin, señoras Amazonas, habréis de saber aún que a estos progresos y
lúcida civilización han elevado esta gran ciudad sus mayores, también llamados
políticos. Con dicho apelativo desígnase una raza refinadísima de doctores, tan
desconocidos de vosotras, que los diríais monstruos. Monstruos son en verdad,
empero en la grandiosidad incomparable de la audacia, de la sapiencia, de la
honestidad y de la moral; y sin embargo aunque con los hombres se parezcan,
origínanse ellos de las reales Harpías-Güirá-Guazú y muy poco tienen de
humanos. Obedecen todos a un em perador, llamado Papá Grande 221 en la jerga
familiar, y que habita en la
oceánica ciudad de Rio de Janeiro — la más bella del mundo, en opinión
de todos los extranjeros, y que por mis propios ojos verifiqué.
Finalmente, señoras Amazonas, y muy amadas súbditas, asaz hemos sufrido
y soportado arduos y constantes pesares, después de que los de beres de
nuestra posición nos apartaron del Imperio de la Mata-Virgen. Por acá todo son
delicias y venturas, maguer ningún gozo tengamos ni ningún descanso en cuanto
no recuperemos el perdido talismán. Hemos de repetir mientras tanto que
nuestras relaciones con el doctor Venceslao son las mejores posibles; que las
negociaciones están entabladas y perfec tamente encaminadas; y bien podríais
enviar de antemano las albricias que anunciamos con anterioridad. Con poco
vuestro abstemio Emperador se contenta; si no pudiereis enviar doscientas
trajineras llenas de granos de cacao, mandad cien, o al menos cincuenta!
Recibid la bendición de vuestro Emperador y más salud y fraternidad.
Acatad con respeto y obediencia estas mal trazadas líneas y, principal mente,
no os olvidéis de las albricias y de las polonesas, que de tanto menester
habremos.
Ci guarde a Vuestras Excelencias,
MACUNAÍMA,
Imperator.
X
PAUI'PÚDOLE
Venceslao Pietro Pietra quedó muy enfermo con la soba y estaba todo
enguatado en ramas de algodón. Pasó meses en la hamaca. Macunaíma no podía ni
dar paso para recuperar la muiraquitán ahora guardada dentro del caracol 222 y
bajo el cuerpo del gigante. Imaginó botar unos comejenes en las chinelas del
otro, porque, según eso, trae muerte, pero Piaíma tenía el pie hacia atrás y no
usaba babuchas. Macunaíma estaba molesto con aquel ata y desata y se pasaba el
día en la hamaca masti cando cazabe-blando entre largas libaciones 223 de
aguardiente-caña. Por ese tiempo vino a pedir posada a la pensión el indio
Antonio 224, santo famoso con la compañera suya, doña Madre de Dios. Visitó a
Ma cunaíma, hizo un discurso y bautizó al héroe ante el dios que habría de venir
y que tenía forma ni bien de pez aunque tampoco de tapir. Fue así que Macunaíma
entró a la religión Caraimoñaga que andaba ha ciendo furor por la Tierradentro
de Bahía.
Macunaíma aprovechaba la espera perfeccionándose en las dos lenguas de
la tierra, el brasileño hablado y el portugués escrito. Ya le sabía el nombre a
todo. Una vuelta fue día de la Flor 225, fiesta inventada pa que los brasileños
fueran caritativos y había tantos mosquistos carapanás que
rajó del estudio y se fue a la ciudad a refrescar las ideas. Fue y vio
una exageración de cosas. Paraba en cada escaparate y examinaba dentro de él
aquella porción de monstruos, tantos que hasta parecía la sierra del Ereret
donde todo se refugió cuando la gran crecida inundó el mundo 226. Macunaíma
paseaba y volvía a pasear y se encontró a un cuñataí con un jacubo de junco
cargadito de rosas. La mocica hizo que parara y le puso una flor en la solapa
suya, diciendo:
— Cuesta un-milagro.
Macunaíma se puso recontra-contrariado porque no sabía cómo se lla maba
ese agujero de la máquina ropa donde la cuñataí le enjaretó la flor. El agujero
se llamaba ojal. Imaginó averiguando bien en la memoria, pero nunca de los
nuncas había oído en verdad el nombre de aquel, agujero. Quiso llamar aquello
de agujero pero luego vio que se confun día con los otros agujeros de este
mundo y quedó con vergüenza ante la cuñataí. “Orificio” era palabra que las
gentes escribían pero nunca a nadie se le oía decir “orificio”. Después de
mucho piense y piense supo que no había medios para descubrir el nombre de
aquello y se dio cuenta que de la Rúa Direita donde se topó con la cuñataí ya
había ido a parar adelante de Sao Bernardo, pasandito nomás de la morada del
Maese Cosme. Entonces se volvió, pagó a la joven y le dijo jetón jetón:
— Usté me anda preparando un día como la piel de Judas! No me vuelva a
poner flor en este. . . en este manchaypuito 227, doña!
Macunaíma era desbocado de una vez por todas. Había dicho un pala brón
muy puerco, harto! La cuñataí no sabía que puito era una leperada y mientras el
héroe volvía de luna con lo sucedido pa la pensión, se quedó riendo,
encontrándole la gracia a la palabra. “Puito. . . ” decía ella. Y repetía
rechistoso: “Puito. . . Puito. . Pensó que era moda. Enton ces se puso a
decirle a toda esa gente que si querían que les botara una rosa en el puito.
Unos querían y otros no quisieron, la otras cuñataís escucharon la palabrita,
la repitieron y “puito” pegó. Nadie más decía ojal o boutonnière por ejemplo;
sólo puito y puito se escuchaba.
Macunaíma anduvo hecho un vinagre una semana sin comer sin ju guetear y
sin dormir sólo porque deseaba saber las lenguas de la tierra. Se acordaba de
preguntar a los demás cómo era el nombre de aquel agu jero pero tenía
vergüenza de que fueran a pensar que era ignorante, y mejor chitón.
Por fin llegó el domingo-chingolingo pie-de-cachimbolimbo 228 que era
día de la Cruz del Sur, nuevo día de fiesta inventado por los Brasileños para
descansar un poco más. De mañana hubo desfile en el barrio de la Mooca, al
medio día una misa al aire libre en el Corazón de Jesús, allá tipo cinco un
desfile de carros alegóricos y batalla de confetis en la avenida Rangel Pestaña
y de noche, después de la manifestación de los diputados y desempleados por la
calle Quince, se iba a estallar fuegos artificiales en el Ipiranga 229.
Entonces para solaz y esparcimiento Macu naíma se fue al parque a ver
castillos y toritos de fuegos artificiales.
No había terminado de salir de la pensión y ya se había topado con una
cuñá clarísima, rubita, pura hijita-de-la-mandioca, toda de blanco y sombrero
de jipijapa rojo cubierto de margarititas. Se llama Fraulein 230 y siempre
carecía de protección. Se amancornaron y se allegaron allá. El parque era una
bonitura. Había tantas máquinas fuentes-brotantes mez cladas con la máquina
luz eléctrica que el uno se recagaba en el otro para aguantar la admiración.
Eso hizo la doña y Macunaíma le chapurreó dulcemente:
— M aní. . . hijita de la yuca. . .!
Pues entonces la alemancita llorando conmovida se viró y le preguntó a
él si la dejaba clavar aquella margarita en el puito suyo. Primero el héroe
quedó muy aturdido, harto! y quiso enojarse pero después ató cabos y se dio
cuenta que había sido muy inteligente. Macunaíma dio una carcajadota.
Pero el caso es que “puito” ya había entrado hasta en revistas que
estudiaban a conciencia los idiomas escritos y hablado y ya estaba más aceptado
que por las leyes de la catalepsia elipsis síncope mentonimia metafonía
metátesis proclisis prótesis aférisis apócope haplología etimo logía popular y
todas esas leyes; la palabra “ojal” vino a dar “puito” por medio de una palabra
intermediaria, la voz latina “raboenitius” (ojal-raboenitius-puito) de forma
tal que rabonito, aunque no encontrada en los documentos medioevales, afirman
los doctos que en verdad existió, siendo de uso corriente en el sermo vulgaris.
En ese momento un mulato de la mayor mulatería 231 se trepó a una
estatua y principió un discurso entusiasmado explicando a Macunaíma lo que era
el día de la Cruz del Sur. En el cielo descampado de la noche no había ni una
nube ni Capei. Uno podía divisar a los conocidos, los padres-de-los-árboles los
padres-de-las-aves los padres-de-las-cazas y pa rientes manos padres madres
tías cuñás cuñataís y cuñadas, todas esas estrellas guiñaguiñando felizotas en
esa tierra sin mal, donde había mu cho bizcocho y poca tambocha, allá en el
firmamento. Macunaíma pelaba la oreja muy agradecido, concordando con la larga
perorata que el dis cursante hacía para él. Sólo después de mucho apuntar el
hombre y mucho describir fue que Macunaíma percibió lo que el tal Crucero era,
ya que esas cuatro estrellas sabía muy bien que se trataban del Padre de Paují,
alojadas en el camperío de los cielos. Le dio rabia la mentira del
mulato-imitamicos y berreó:
— No es así!
— . . .Señores míos — discursaba el otro— , aquellas cuatro estrellas
rutilantes como lágrimas ardientes, en el decir del sublime poeta, son el
sacrosanto y tradicional Crucero que. . .
— Así no es!
— Psiu!
— . . . el símbolo m ás. . .
— No es así!
— Apoyados
— Fuera!
— Psiu!. . . Psiu!
— . . . más su-sublime y maravilloso de nuestra ama-mada patria es aquel
misterioso Crucero lucífero que. . .
— No es así!
— . . . ve-véis con. . .
— Non ti burles!
— . . . sus. . . cua. . . tro
claras lentejuelas de plat. . .
— No es así!
— No es así! — gritaban también
los demás.
Con tanta algarabía el mulato se desnorteó y todos los presentes ani
mados por el “No es así” del héroe andaban con muchas ganas de armar trifulca.
Pero Macunaíma vibraba de tan alebrestado que ni cuenta se dio. Saltó arriba de
la estatua y principió por contar la historia del Padre del Paují. Que era más
o menos así:
— Está mal contado! Muy señores y señoras mías! Aquellas cuatro es
trellas de ahí son el Padre de Paují! Juro que es el Padre del Paují, mis
amigos, que posa por el vasto campal de los cielos!. . . Eso fue en tiempos en
que los animales ya no eran hombres y sucedió en el gran mato Fulano. Había una
vez dos cuñados que vivían muy lejos uno del otro. Uno se llamaba
Camán-Pabinque y era un yerbaterajo. Una vuelta el cuñado de Camán-Pabinque se
adentró en el mato por el amor de cazar un poquito. Los andaba haciendo y se
topó con Pauí-Pódole y su compadre cocuyo Camaiguá. Y Pauí-Pódole era el Padre
de Paují. Estaba trepado en el gajo alto de un vucapuá, descansando. Entonces,
el cuñado del chamán regresó al cabañal y le platicó a la compañera suya que se
había topado con Pauí-Pódole y su compadre Camaiguá 232. Y el Padre del Pau jí
en tiempos muy de endenantes ya había sido gente como nosotros. Más a mi favor,
dijo el hombre, había querido matar a Pauí-Pódole con la cer batana pero no
alcanzó el gajo alto del Padre del Paují en la vucapúa 233. Entonces agarró la
flecha hecha de paracuúba con punta de guádua y se fue a pescar zamurito. Luego
Camán-Pabinque llegó a la cabaña del cuñado y le dijo:
”— Mana, ¿qué fue lo que su compañero le contó a usté?
’’Entonces la mana le contó todo al curandero y que Pauí-Pódole es taba
trepado en la enramada de la vucapúa, con su compadre el cocuyo Camaiguá. Al
otro día de mañanita Camán-Pabinque salió de camuatí suyo y halló a Pauí-Pódole
graznando en la vucapúa. Entonces el yerba terajo se convirtió en la tocandira
Ilag y fue subiendo por el tronco, pero el Padre del Paují divisó a la
hormigona y sopló un fuerte pío. Batió tamaño ventarrón que el hechicero se
desbarajustó del palo, cayendo en las chamizas del soto-bosque. Entonces se
transformó en la tacurí Opalá menorcita y se fue subiendo otra vez, pero
Pauí-Pódole volvió a mirujear a la hormiguita, sopló y se vino un vientecito
haciendo brisa que
sacudió a Opalá hasta las andacaás de la soto-selva. Entonces
Camán-Pambinque se convirtió en la lavapiés llamada Meg, pequeñita, subió en la
vucapúa, picó al Padre del Paují en el mero hoyito de la nariz, enrolló el
cuerpico y trayendo la cuestión entre las tenazas, zás! le chorreó
ácido-fórmico. Qué vaina ésa! Raza! En eso Pauí-Pódole tendió un vuelo medio
desperdigado por el dolor y estornudó lejos a Meg! El hechicerajo ni aunque
queriendo pudo salir más del cuerpo de Meg, del puro susto que tomó. Y se quedó
esa plaga más de la hormiguita-lavapiés con noso tros. . . Raza!
“Mucha tambocha y poco bizcocho,
luchas son que al Brasil dejan mocho 1”
”He dicho. . . Al otro día Pauí-Pódole se quiso ir a residir al cielo
para no padecer más con las hormigas de nuestra tierra, y así lo hizo. Le pidió
a su compadre luciérnaga lucir por el camino de enfrente con sus linter-nitas
verdes iluminadas. El cocuyo Cunavá 234 sobrino del otro se fue al frente
alumbrando camino para Camigúa y le pidió a su mano Alúa que se fuera al frente
alumbrando a él también. El mano le pidió al papá, papá le pidió a mamá, mamá
pidió pa toda la ascendencia la descenden cia, al jefe-de-policía y al
inspector de tolerancias 235 y tantos cuantos, una nube de luciérnagas se
fueron reluciendo por el camino unas a otras. Así lo hicieron, gustaron de allá
y siempre unas tras otras ya nunca más volvieron del vasto campal de los
cielos. Es aquel camino de luz atrave sando el espacio que de aquí se divisa.
Pauí-Pódole arrevoló pal cielo y allá se quedó. Raza! aquellas cuatro estrellas
no es el Crucero, qué Cru cero ni qué ocho cuartos! Es el Padre del Paují! Es
el Padre del Paují, gentes! Es el Padre del Paují, Pauí-Pódole que posa por el
vasto campal de los Cielos!. . .
”Hay más nada” 236.
Macunaíma paró fatigado. En ese momento se irguió de la muchitanga un
largo runrún de felicidad haciendo relumbrar más aún a las personas, los
padres-de-los-pájaros los padres-de-los-peces los padres-de-los-insectos los
padres-de-los-árboles todos esos conocidos que paran por el camperío del cielo.
Y era inmenso el contento de aquella paulistanada mandando ojos de asombro pa
las gentes, pa todos esos padres de los vivos brillando su morar en el cielo. Y
todas esas apariciones de antes fueron gentes, después fueron las visiones
misteriosas que hicieron nacer a todos los seres vivos. Y ahora son las
estrellitas del cielo.
El pueblo se retiró conmovido, feliz, con el corazón lleno de explica
ciones y repleto de estrellas vivas. Nadie se mortificaba ya, ni con el día de
la Cruz del Sur ni con las máquinas fuentes-brotantes mezcladas con la máquina
luz eléctrica. Fueron todos a casa a poner vellón debajo de la sábana porque
por haber jugado con fuego aquella noche de seguro iban a orinar la cama. Se
fueron todos a dormir. Y la oscuridad se hizo.
Macunaíma parado arriba de la estatua se quedó ahí solitario. También
conmovido. Miró a las alturas. Qué Crucero ni qué macanas! Era Pauí-Pódole y se
percibía retebién de aquí. . . Y Pauí-Pódole se estaba riendo con él,
agradecido. De repente pió tan largo y tendido que parecía tre-necito. Pero no
era tren, era pío y el soplido apagó todas las luces del parque. Entonces el
Padre del Paují movió un ala mansamente despidién dose del héroe. Macunaíma
iba a agradecer, pero el pavo salvaje levan tando polvo de neblina largó en
una carrera desparramándose por el vasto campal de los cielos.
XI
LA VIEJA CEIUCÍ
Al otro día el héroe se despertó muy constipado. Era porque a pesar del
calurón de la noche había dormido con ropa por miedo a la vento lera 237 que
agarra a los individuos que duermen desnudos. Pero estaba muy campante por el
éxito del discurso de la víspera. Esperó de come-ansias los quince días de la
enfermedad resuelto a contar más casos al populacho. Pero cuando se puso bueno
era de mañanita y quien cuenta cuentos de día, rabo de jutía cría 238. Por eso
convidó a los manos a cazar, y así lo hicieron.
Cuando llegaron al bosque de la Salud 239 el héroe murmuró.
— Aquí sirve.
Puso a los manos en acecho, le prendió fuego al bosque y se quedó
también emboscado en espera de que saliera algún venado guataparo para cazar.
Pero no había ningún venado por allá cuando la quema acabó, ¿y ustedes creen
que algún guataparo o algún guazubirá apareció? Lar-garto! Sólo salieron dos
tristes ratas achicharradas. Entonces el héroe venadeó a las ratas chamuscadas,
se las comió y sin llamar a los manos volvió pa la pensión.
Allegándose allacito arrejuntó a los vecinos, criados la encargada cuñás
dactilógrafos estudiantes burócratas, muchos empleados-públicos! todo ese
vecinderío y les contó que había ido a cazar en el mercado del Arouche 240
mató dos. . .
— . . .guataparos no, no eran venados guataparos, eran dos venados
guazubirás que comí con los manos. Hasta venía trayendo un trocito pa ustedes
pero el pero es que entré en tenguerengue en la esquina, me caí con todo y
paquete y como que se los comió el comején 241.
Toda la gente se requetespantó con lo sucedido y desconfiaron del héroe.
Cuando Maanape y Yigué llegaron, los vecinos corrieron a pre guntarles si de
veritas Macunaíma había cazado dos guazubirás en el mercado del Arouche. Los
manos se pusieron fuera de sus casillas porque no sabían mentir y exclamaron
irritadísimos.
— Qué guazubirás ni qué ojo de hacha! El héroe nunca mató venado! No
había ningún venado en la cacería! Cae más pronto un hablador que un cojo! En
cambio fueron dos ratas tatemadas lo que Macunaíma agarró y comió.
Entonces la vecindad cayó en que todo era chanchullo del héroe, y con
mucha rabia entraron al cuarto suyo para recibir explicaciones. Macunaíma
estaba tocando una flautita hecha con canutillo de papayo. Paró el soplido,
aparó la boquilla de popotitos y se admiró muy tranquilo:
— Y ora, pa qué toda esta chusma y en mi cuarto!. . . Es malo pa la
salú, gente!
Todos juntos le preguntaron:
— ¿Qué fue en verdá lo que usté cazó, hérue?
— Dos guataparos.
Entonces los criados las cuñás estudiantes empleados-públicos, todos
esos vecinos principiaron por reírse de él. Macunaíma no dejaba de aparar la
boquilla de la flautita. La encargada cruzada de brazos sermoneó así:
— Pero, mis cuidados, pa qué anda diciendo usté que fueron dos ve nados
en vez de dos ratas chamuscadas!
Macunaíma le fijó los ojos y respondió:
— Mentí 242.
Todos los vecinos quedaron con cara de André 243 y cada uno fue sa
liendo despaciote. Y André era un vecino que andaba siempre con la cara de
palo. Maanape y Yigué miraron con envidia por la inteligencia del mano. Maanape
aún le dijo:
— Pero pa qué mintió usté, hérue!
— No fue queriendo. . . quise contarles lo que le había pasado a uno
cuando me di cuenta, zás, ya estaba macaneando.
Hizo a un lado la flautita, agarró el güiro 244 expectoró y descantó.
Descantó la tarde enterita una moda tan melancólica pero tan melan cólica que
los ojos suyos lloraban a cada estrofa. Paró porque los sollozos no lo dejaban
continuar. Largó el güiro. Allá afuera, la vista bajo la cerrazón era una
tristumbre al alicaer de la tarde. Macunaíma se sintió desinfeliz y lo agarró
la macacoa por Ci, la inapreciable. Llamó a los manos pa consolarse juntos.
Maanape y Yigué llegaron a sentarse a su lado en la cama suya y los tres
hablaron largo y tendido de la Madre de las Matas. Y desperdigando morriña
hablaron de morros matos sabanas cielos encapotados dioses y barrancas
traicioneras del Uraricoera. Fue allá donde habían nacido y reído por primera
vez en los chinchorros. Recargados en las hamacas-maquiras allá por el
desyerbado del mocambo, el güiri-güiri de los güirás 245 gorjeaba que no les
alcanzaba el día y eso que eran más de quinientas familias de güirás. . . Cerca
de quince veces mil especies de animales ensombrecían el mato de tantos
millones de árboles que no había cuenta posible. . . Una vuelta un hombre
blanco y barbado trajo de la tierra de los ingleses, dentro de un morral
gótico, la gripe que hacía que Macunaíma llorara y los acatarrara tanto con su
morriña. Y la gripe se había ido a vivir al antro de las hormigas
mum-bucas reteprietas. En el oscurerío, el calor se amansaba como saliendo del
agua; para trabajar se cantaba; nuestra madre quedó convertida en un terso teso
en el lugar llamado Padre de la Tocandeira. . . Ay, qué flo jera. . . Y los
tres manos sintieron cerquita el cuchicheo del Uraricoera! Uy! qué bueno era
por allá. . . El héroe se tiró atrás llorando echadote en la cama.
Cuando las ganas de llorar se fueron, Macunaíma espantó a los mos
quitos y quiso distraerse. Se acordó de ofender a la madre del gigante con una
leperada nuevecita venida de Australia. Transformó a Yigué en la máquina
teléfono pero el mano aún andaba muy confundido con el caso de la mentira del
héroe así que no hubo medios para comunicar. El aparato andaba descompuesto.
Entonces Macunaíma fumó habas de paricá 246 para pipiscar sueños sabrosos y se
adormeció rebién.
Al otro día se acordó que necesitaba vengarse de los manos y resolvió
tenderles una. Se levantó de madrugada y fue a esconderse al cuarto de la
encargada. Jugueteó para hacer tiempo. Después volvió hablando ja deado pa
los manos:
— Oigan manos, hallé rastro fresco de tapir mero en frente de la Bolsa
de Valores!
— Que qué decís, perdiz!
— Pos que sí, quién lo iba a decir!
Nadie aún había matado tapir por la ciudad. Los manos salieron des
pavoridos y fueron con Macunaíma a matar al bicho. Llegaron allá, prin
cipiaron por procurar el rastro entre aquel mundón de gentes comer ciantes
revendedores bajistas matarazzos-italorricachones que viendo a los tres manos
curvados por el asfalto procurando comenzó campeando tam bién, todo aquel
mundón de gente. Buscaban rebuscaban, ¿y usted en contró? así ellos! Entonces
preguntaron a Macunaíma:
— ¿Adonde es que usté encontró rastro de tapir? Aquí no hay rastro
ninguno!
Macunaíma no dejaba de campear diciendo siempre:
— Tatapé, dzónanei pemonéite héhé
zeténe netaíte.
Y los manos regatones zánganos merchachifles magdalenas 247 y magya-res
recomenzaban la procura del rastro. Cuando se cansaban paraban para preguntar,
y Macunaíma campeando siempre repetía:
—Tatapé, dzónanei pemonéite héhé zeténe netaíte.
Y todo aquel mundón de gente procurando. Era cerca de la noche cuando
pararon descorazonados. Entonces Macunaíma se disculpó:
— Tatapé, dzónanei perno. . .
Ni lo dejaron que acabara, preguntándole todos lo que significaba aque
lla frase. Macunaíma respondió:
— Sepa. Aprendí esas palabras desde tiernito allá en casa.
Y todos se calentaron mucho. Macunaíma se apartó con disimulo y
diciendo:
— Calma gentes! Tatápe héhé! No dije que hay rastro de tapir. No. Dije
que había! Ahora ya no hay nada.
Fue peor. Uno de los comerciantes se enojó de veras y el reportero que
estaba al lado suyo viendo al otro con bronca se enojó también por demás.
— Eso no es justo! Pues uno entonces se la pasa trabajoseando para
ganarse el pan-nuestro y zás! un individuo lo sonsaca a uno el día entero del
trabajo sólo pa campear rastro de tapir!
— Discúlpeme, joven, pero yo no le pedí a nadie que buscara rastro! Mis
manos Maanape y Yigué fueron quienes anduvieron pidiendo, yo no! Es culpa de
ellos!
Entonces la chusma que ya estaba muy cabrera se volteó contra Maa nape
y contra Yigué. Y todos, y eran muchos! andaban con ganas de armar una
trifulca. Entonces un estudiante se subió en la capota de un auto y discurso
contra Maanape y contra Yigué. La chamuchina ya se estaba haciendo mala sangre.
— Señores míos, la vida de un gran centro urbano como Sao Paulo ya
obliga a una intensidad tal de trabajo que ya no es permitido dentro del
magnífico engranaje de su progreso el paso, aun siquiera momentáneo, de seres
inocuos. Yergámosnos todos en una sola voz contra los miasmas deletéreos que
maculan nuestro organismo social y ya que el Gobierno cierra los ojos y
malversa los cofres de la Nación, seamos nosotros mismos los justiciadores. . .
— Lincha! Lincha! —la turba
empezó a gritar.
— Qué Licha ni qué nada! — exclamó Macunaíma doliéndose al cas tigo por
los manos.
Y todos se voltearon contra él otra vez. Y ahora ya estaban enojadísi
mos. El estudiante continuaba para sí:
— . . . y cuando el trabajo honesto del pueblo es perturbado por un
desconocido. . .
— Que qué! a mí ninguno me ningunea! —berreó Macunaíma deses perado por
la patochada.
— Usted!
— No lo soy, jijos!
— Es!
— Largo! váyase a ver si los pericos maman, joven! Desconocida es la
señora madre suya, oyó! — y volteando hacia la mengambrea— : Qué es lo que se
están pensando, eh! No, no tengo miedo! Ni de uno de dos ni de diez mil y en un
ratito arraso aquí con todo esto!
Una magdalena que estaba frente al héroe, viró hacia un comerciante que
estaba atrás de ella y se enojó.
— Dejá de franelear, atorrante!
— Qué “dejá de franelear” es ése! si no estoy cachondeando a nadie, doña
metete!
— Lincha al franela!
— Pos vengan, flor de cabrones!
avanzó hacia la multitud. El
abogado quiso huir pero Macunaíma le dio un puntapié en sus espaldas y entró el
vulgo repartiendo zanca dillas y cabezazos. De repente vio enfrente a un
hombre alto rubio y muy lindo. Y el hombre era un paco. A Macunaíma le dio odio
tanta bonitura
y asentó una bruta galleta en la ñata del paco. El carabinero berreó y
mientras hablaba una frase en lengua extranjera 248 agarró al héroe del cogote.
— Prrreso!
El héroe se quedó helado.
— Preso, ¿por qué?
El policía le hizo segunda con una porción de cosas en lengua extran
jera y lo detuvo firme.
— No estoy haciendo nada! — fue lo que el héroe murmuró con miedo. Pero
el paco no quiso conversa y fue bajando la laderita con todo el
gentío por atrás. Otro paco llegó y los dos hablaron muchas frases,
hartas! en lengua extranjera y por allá se fueron empujando al héroe ladera
abajo. Un testigo de todo contó lo sucedido para un señor que estaba en el
portal de una frutería y el señor apenado atravesó la multitud haciendo que los
pacos pararan. Ya era la calle Libero 249. Entonces el señor hizo un discurso
pa los pacos que no debían llevar preso a Macunaíma porque el héroe no hizo
nada. Se habían reunido montón de pacos pero nadie entendió la perorata porque
ninguno pescaba nada de brasileño. Las mu jeres lloraban con lástima del
héroe. Los pacos hablaban por demás en una lengua extranjera y una voz gritó:
— No pueden!
Entonces a la muchitanga le dio la gana de pelear otra vez y de todos
lados se oían gritos: “Larga!”. “No se lo lleven!”. “No pueden!”. “No pueden!”,
un despelote, “Suelta”. Un dueño de fundo estaba dispuesto a hacer discurso
insultando a la Policía. Los pacos no entendían nada y gesticulaban, muy
enmarañados hablando en lengua extranjera. Se formó un desbarajuste terrible.
Entonces Macunaíma se aprovechó de la balum ba y piernas pa qué las quiero!
Venía un tranvía desbadajándose en la carrera. Macunaíma se subió de palomita
al tranvía y fue a ver cómo la pasaba el gigante.
Venceslao Pietro Pietra ya comenzaba a convalecer de la soba que apañó
en la macumba. Hacía un calurón dentro de casa porque era hora de cocinar
polenta y afuera el fresco estaba bueno por causa del viento pampero. Por eso
el gigante con la vieja Ceiucí las dos hijas y los criados tomaron unas sillas
y se vinieron a sentar en la puerta de la calle para disfrutar del fresquecito.
El gigante aún no salía del algodón y estaba como fardo caminando. Tal cual. Se
sentaron.
El mi-chumí Chipi-chipi andaba añublando por el barrio y se encontró a
Macunaíma haciendo añagazas en la esquina. Paro y se quedó viendo al héroe.
Macunaíma se volteó:
— Qué nunca diablos vio!
— Qué es lo que usté anda haciendo por ahí, conocido!
— Estoy asustando al gigante Piaíma con su familia. Chipi-chipi
desembuchó:
— Cuál No ve que el gigante ni le tiene miedo!
Macunaíma encaró al paliducho mi-chumí y le dio rabia. Quiso pe garle
pero recordó de memoria: “Cuando ande usté embraverdeciendo cuente hasta tres
antes de ponerse maduro”, contó y se amansó de nuevo. Entonces secundó:
— ¿Quiere apostar? Hago rehago y garantizo que Piaíma se mete con miedo
de mí. Escóndase allá cerca pa escuchar sólo lo que hablan.
Chipi-chipi le avisó:
— Oiga, conocido, tome tiento con el gigante! Usté ya sabe de lo que es
capaz. Piaíma anda debilón debilón pero pajilla que tuvo ají guarda el ardor. .
. Si usté de veras no tiene miedo, apuesto.
Se convirtió en una gota y chispeó cerca de Venceslao Pietro Pietra con
la compañera las hijas y los criados. Entonces Macunaíma agarró la pri mera
palabrota de la colección y la arrojó en la cara de Piaíma. El pala brón llegó
de lleno pero Venceslao Pietro Pietra ni se incomodó, como buen chancho.
Macunaíma asentó otro garabato más feo en la caapora. La ofensa llegó de lleno
como para molestar pero nadie se dio por ente rado. Entonces Macunaíma lanzó
toda la colección de leperadas y eran diez mil veces diez mil ordinarieces.
Venceslao Pietro Pietra dijo a la vieja Ceiucí, bien bajito:
— Hay algunas que uno no conoce aún, guárdalas para nuestras hijas.
Entonces Chipi-chipi volvió a la esquina. El héroe se desgañitó:
— Tuvieron o no tuvieron miedo!
— Qué miedo ni qué nada, conocido! Hasta el gigante mandó guar dar las
groserías nuevas pa que las hijas jugaran. De mí sí que tienen miedo, ¿usté
apuesta? Vaya allá cerca y oiga nomás.
Macunaíma se transformó en un zompopo que es el macho de la hor miga
tambocha y se fue a enroscar en la rama de algodón que enguataba al gigante.
Chipi-chipi se montó en una neblina y cuando iba pasando arriba de la familia
soltó una orinadita al aire. Comenzó cribando una tapayagua finita-finita.
Cuando las gotas se vinieron cayendo el gigante miró para una atrapada en la
mano suya y tuvo pavor de tanta agua.
— Mirá, che, andá!
Y todos con mucho miedo se fueron corriendo hacia adentro. Entonces
Chipi-chipi se desapeó y le dijo a Macunaíma:
— ¿Está viendo?
Y así hasta hoy. La familia del gigante tiene miedo de pis de Chipi
chipi pero de malas-palabras, nanay! 250
Macunaíma entonces quedó muy despechado y le preguntó a su rival:
— Dígame una cosa mariposa: usté conoce la lengua del len-pén-gua-pá?
251
— Nunca oí esa vaina!
— Pos entonces, rival: An-pan-dá-pá
a la-pá mier-per-da-pá!
Pero estaba tan contrariado por haber perdido la apuesta que se acordó
de ir a dar una pescada. Pero no podía pescar ni de flecha ni con bar-basco ni
con conapí ni con jebe o ayaré ni con embudo de tronco hueco ni con empalizadas
de angostura ni con carrizo ni con arpón o nasa-mim-breña ni con fisga
tortuguera ni con falsas frutas pal pacú ni con plo mada ni de serón de bejuco
ni tridente ni con confín ni palangre ni de medio-mundo cebo atarraya manga
buitrón arco espinel jábega tilbe jamo en penca de anzuelos en varas de
cañaliega 252, todos esos utensilios cera de abeja mandaguarí y los bagres
mordían y se llevaban anzuelo y todo. Pero había ahí cerca un Inglés pescando
aimarás con anzuelo de verdad. Macunaíma regresó a casa y le dijo a Maanape:
— Qué se va a hacer! Carecemos de tomar el anzuelo del Inglés. Voy a
virar aimará de mentiras pa engañar a don Bife 253. Cuando me pesque y dé un
golpe en mi cabeza entonces hago guác! fingiendo que morí. Cuando me arroje en
la serija usté le pide el pez más grande pa comer y soy yo.
Así lo hizo. Se convirtió en la dicha tararira 254 y saltó a la laguna,
el Inglés la pescó y le golpeó la cabeza. El héroe gritó guác! Pero el pero es
que el Inglés quitó el anzuelo del gaznate del pez. Maanape se fue viniendo y
muy disimulado le pidió al Inglés:
— ¿No da un poco de pez pa mí, don Yes?
— All right. — Y le dio una sardina-rabo-de-candela.
— Ando padeciendo de hambre, don Inglés! déme un grandulón 255, ándele!
aquel gordito de la serija!
Macunaíma estaba con el ojo izquierdo durmiendo pero Maanape lo
reconoció rebién. Maanape era hechicero. El Inglés dio el aimará a Maanape
quien agradeció y se fue yendo. Cuando estaba legua y media lejos la tararira
se volvió Macunaíma otra vez. Y así tres veces. El Inglés siempre quitando el
anzuelo del gaznate del héroe-pez. Macunaíma le secreteó al mano:
— Qué se va a hacer! Carecemos de tomar el anzuelo del Inglés. Voy a
convertirme en piraña de mentiras y arranco el anzuelo de la caña.
Se convirtió en una feroz piraña saltó a la laguna arrancó el anzuelo y
desvolteándose legua y media abajo otra vez en el lugar llamado Pozo del Ombú
donde había unas piedras repletas de letreros encarnados de la gente fenicia,
se sacó el anzuelo del gañote bien contento porque ahora podía pescar pejerrey
valentón aruaná cajaro cabeza-de-manteco, todos esos peces. Los dos manos se
iban yendo cuando escucharon al Inglés hablándole al Uruguayo:
— Qué puedo hacer ahora! Ya no poseo más anzuelo pues la piraña se lo
tragó. Me voy pa vuestra tierra, conocido 25G.
Entonces Macunaíma hizo un gran gesto con los dos brazos y gritó:
— Espera un cachito, carapálida!2 ,7
El Inglés se devolvió y Macunaima sólo para embromarlo lo convirtió en
la máquina London Bank.
Al otro día dijo a los manos que se iba a pescar pecesotes al igarapé
Tieté. Maanape le advirtió:
— No vaya, hérue, que si no, se topa con la vieja Ceiucí mujer del
gigante. Se lo come, eh!
— Siempre han sido más bravos los tenajales que la cal! — fue lo que
Macunaima explicó. Y partió.
No bien lanzó la línea desde encima de una paranza cuando se fue
viniendo la vieja Ceiucí pescando con esparavel 258. La caapora vio la sombra
de Macunaima reflejada en el agua y lanzó de prisa la atarraya pescando sólo
sombra. El héroe ni le halló la gracia porque estaba tem blando de miedo;
entonces, para agradecer, dijo así:
— Buenos días, mi agüe!
La vieja viró la cara pa lo alto y descubrió a Macunaima arriba del
entarimado 259.
—Venga acá, mi nieto.
— No, allá no voy 260.
— Entonces mando avispones.
Y así lo hizo. Macunaima arrancó un manojo de gordo-lobo y mató a los
avispones.
— Baje mi nieto, que si no, mando novatas!
Y así lo hizo. Las hormigas novatas se atenazaron en Macunaima y éste
cayó al agua. La vieja lo atarrayó, envolviendo al héroe en las mallas y se fue
a casa. Llegando allá puso el embrollo en la sala-de-visitas que tenía una
lámpara de mesa encarnada y fue a llamar a su hija mayor que era rehabilidosa,
pa que las dos se comieran el pato que había cazado. Y el pato era Macunaima el
héroe. Pero la hijorrona estaba muy ocupada porque era retehabilidosa y la
vieja para adelantar los quehaceres se fue a hacer fuego. La Caapora poseía dos
hijas y la más nueva, que no era nada habilidosa y sólo solía suspirar, viendo
a la vieja hacer fuego, des confió : “Má, cuando viene de pesca cuenta luego
lo que pescó, y hoy no. Voy a ver”. Desembrolló el esparavel y salió de él un
mozo retesabroso. El héroe dijo:
— Escóndame!
Entonces la moza que estaba muy bondadosa porque vivía desocupada desde
hacía tiempo, llevó a Macunaima pal cuarto y juguetearon. Ahora se están riendo
el uno para el otro.
Cuando el fuego quedó bien caliente la vieja Ceiucí vino con la hijorro
na de los tiquis miquis pa desplumar el pato pero encontraron puro esparavel.
La Caapora se puso brava:
— Esto debe ser de mijita menor que es muy bondadosa. . .
Tocó en el cuarto de la moza gritando:
— Mijita menor, entregue ya mi pato que si no, arrojo a usté de la casa
mía por siempre de los siempres!
La joven quedó con miedo y mandó a Macunaíma tirar veinte mil lucas por
debajo de la puerta pa ver si contentaba a la golosa. Macunaíma de puro miedo
ya tiró cien que se convirtieron en muchas perdices lan gostas robalos frascos
de perfume y caviar. La vieja golosa se atragantó todo y pidió más. Entonces
Macunaíma tiró un conto por debajo de la puerta. El conto contó como más
langostas conejos pacas champaña en cajes champiñones ranas y la vieja siempre
comiendo y pidiendo con más ganas. Entonces la moza bondadosa abrió la ventana
que daba al Pacaembú embutido en la soledad y dijo:
— Voy a decir tres adivinanzas, si usté atina lo dejo huir. ¿Qué es eso
de que: Es largo, acañonado y tiene agujero, entra duro sale blando, satisface
el gusto de la gente y no es palabra indecente?
— Ah! eso sí es indecencia!
—Tuturuto! es macarrón!
— Ahh. . . de veras!. . . qué chistoso, ¿no?
—Ahora, qué es eso de que: ¿Cuál es el lugar donde las mujeres tienen el
pelo más crespito?
— Uhmm, qué bueno! eso sí sé! es ahí!
— Lépero! Es en Africa, sabía!
— Muéstremelo, por favor.
— Ahora es la última oportunidad. Diga, qué es eso lo que:
Mano, vamos a hacer
aquello que Dios consiente:
arrejuntar pelo con pelo,
y dejar al pelado adentro.
Macunaíma:
— Ora! También eso quién no lo sabe! Pero acá entre nos y sin que nadie
nos oiga, usté es resinvergüenza, doña!
— Adivinó. ¿Que no es dormir juntando los pelos de las pestañas y
dejando el ojo pelado dentro lo que usté está imaginando? Pos si usté hubiera
acertado por lo menos una de las adivinanzas lo entregaba pa la golosa de mi
madre. Ande, huya sin hacer revuelo, seré expulsada, volaré pal cielo. En la
esquina encontrará unos caballos. Tome el castaño-escuro que tanto pisa en lo
blando como en lo duro 261. Ese es bueno. Si usté oye a un pajarito gritando
“Bauá! Bauá!” 262 entonces es la vieja Ceiucí, no acuda. Ande, huya sin hacer
revuelo, seré expulsada, volaré pal cielo!
Macunaíma agradeció y saltó por la ventana. En la esquina estaban dos
caballos, un castaño-escuro y otro cárdeno-plomizo. “Caballo cárdeno-plomizo pa
carrera Dios lo hizo” murmuró Macunaíma. Saltó en ese y salió a galope. Camineó
camineó camineó y ya cerca de Manaos iba co rriendo cuando el caballo se dio
un hocicazo que arrancó suelo. En el fondo del agujero Macunaíma divisó una
cosa relumbrando. Cavó de prisa y descubrió el resto del dios Marte, escultura
griega hallada en aquellos parajes de Araripe de Alencar aún en tiempos de la
Monarquía,
según una Inocente-Palomita de veintiocho de diciembre descrita en el
diario Comercio do Amazonas 263 Estaba contemplando aquel busto ma canudo
cuando oyó “Bauá! Bauá!” Era la vieja Ceiucí llegando. Macu-naíma espoleó al
cárdeno-plomizo y después ya cerca de Mendoza en la Argentina casi se da un
tropezón con un galeote que venía huyendo de la Guayana Francesa264, llegó a un
lugar donde unos padres estaban melcochando. Gritó:
— Escóndanme, padres!
Los padres no bien habían escondido a Macunaíma en un jarrón vacío
cuando la caapora llegó montada en el tapir.
— ¿No vio a mi nieto por aquí de pasaje en su caballito comiendo
forraje? 265
— Ya pasó.
Entonces la vieja se apeó del tapir y se montó en un caballo
garzo-albino que nunca fue ni vino y prosiguió. Cuando viró la sierra de
Para-naguara los padres sacaron a Macunaíma del jarrón, dieron a él un caballo
bayo-bajito que tan es bueno como bonito y lo mandaron rajar. Macunaíma
agradeció y galopó. Luego adelante se encontró con una cerca de alambre pero
era jinete: se dio una amarrada, embarró al penco y arrejuntando las manos del
animal caído con un fuerte jalón hizo que el caballo girara y pasara debajo del
alambre. Entonces el héroe saltó la cerca y se arremontó de nuevo.
Galopó-galopó-galopó. Pasando por Ceará descifró los letreros rupestres de los
indígenas del Arataña; en Rio Grande do Norte costeando el cerróte del
Cabello-ni-tiene descifró otro. En Pa-raíba, yendo de Manguape pa Bracamonte
pasó en la Piedra-Labrada con tanta inscripción que alcanzaba pa una novela. No
leyó por culpa de las prisas y ni la de la Barra del Potí en Piauí, ni la de la
Pajeú en Per-nambuco, ni la de los Apretados del Iñamún 260, pues ya era el
cuarto día y se oía cerquita por el aire: Bauá! Bauá! Era la vieja Ceiucí lle
gando. Y Macunaíma piernas pa qué las quiero por los eucaliptos. Pero el
pajarito más cerca y Macunaíma en eso venía que venía acosado por la vieja. Por
fin se topó con el nido de una surucucú que tenía parte con el Tentador.
— Escóndame, surucucú!
La víbora de la equis no bien escondió al héroe en el hoyo de la
latrinita, cuando ya la vieja Ceiucí llegaba.
— ¿No vio a mi nieto por aquí de pasaje en su caballito comiendo
forraje?
— Ya pasó.
La golosa se apeó del garzo-albino que nunca fue ni vino y montó un
caballo-de-hocico-blanco que es caballo manco y siguió.
Entonces Macunaíma escucho a la surucurú susurrando tratos con la
compañera para hacer una encecinada de héroe. Saltó del hoyo de la casilla y
arrojó en el terreno el anillo con brillantote que había dado pal dedo Meñique.
El brillantazo se convirtió en cuatro-milagros de ca
rretas de maíz, abono Polisú y un fordeingo de segunda mano. Mientras la
surucucú miraba hacia aquello toda satisfecha, Macunaíma, pa que descansara el
bayo-bajito, se arremontó en un bagual alazán-manchado, que no puede quedarse
parado y galopó a través de aluviones y aluviones. Se atascó un tris en el mar
de arena del llano de los Perecís y por vertientes y roquedales entró en la
caatinga y asustó a las gallinas con pollitos de oro 267 de Camutengo cerca de
Natal. Legua y media adelante abandonan do las márgenes del Sao Francisco
empuercados con la riada de-la-pascua, entró por una brecha abierta en el morro
alto. Iba a seguirse cuando escuchó un “psiú” de cuñá. Paró muerto de miedo.
Entonces salió entre caatingas-de-puerco una doña alta y feona con trenzas
hasta los pies. Y la doña bisbiseando le preguntó al héroe:
— ¿Ya se fueron?
— ¿Se fueron, quiénes?
— Los Holandeses!
— Usté anda media empolvada con eso de los Holandeses! No hay más
Holandés por acá, doña.
Era María Pereira, cuñá portuga refundida en aquella brecha del cerro
desde la guerra con los Holandeses. Macunaíma ya no sabía ni por qué parte del
Brasil andaba y se acordó de preguntar.
— Dígame un chascarrillo, hijo de zorra zorrillo 2C8, ¿cómo se llama
este lugar?
La cuñá secundó señalando:
— Aquí es el Bújero de María Pereira 269
Macunaíma soltó una carcajadota y se escabulló mientras la mujei
mirujeaba otra vez. El héroe siguió de carrera y hasta pasó pa la otra banda
del río Chuí. Y fue allá que se topó con el tuyuyú 270 pescando.
— Uy, uy, uy, primo tuyuyú, ¿usté me lleva pa casa?
— Cómo no!
Luego luego el tarotaro se transformó en la máquina aeroplano, Ma
cunaíma se dio cancha en el buche 271 vacío y levantaron vuelo. Volaron sobre
el llano mineiro de Urucuia, hicieron el circuito de Itapecirica y se jalaron
del Nordeste. Pasando por las dunas de Mosoró, Macunaíma miró abajo y divisó a
Bartolomeo Lorenzo de Guzmán 272, de sotana arre mangada, peleando pa dar paso
en el arenal. Gritó hacia él:
— Véngase acá con uno, ilustre! Pero el padre gritó con gesto inmenso:
— Basta!
Después de que saltando la sierra del Tumbador en Mato Grosso deja ron
a su izquierda las cordilleras de Santana de Libramento, el Tarotaro-aeroplano
y Macunaíma treparon hasta el Tejado del Mundo, mataron la sed en las aguas
nuevas del Vilcanota y en la última etapa volando sobre Amargosa en Bahía,
sobre el Gurupá y sobre el Gurupí con su ciudad encantada, por fin se toparon
de nuevo con el mocambo ilustre del igarapé Tieté 273 En un ratito ya estaban
en las puertas de la pen
sión. Macunaíma agradeció mucho y quiso pagar la manita pero se acordó
que estaba careciendo de hacer economías. Se viró hacia el tuyuyú
concluyó:
— Mire, primo, pagar no puedo pagarle pero le daré un consejo que vale
oro: En este mundo hay tres barras que son la perdición de los hombres: Barras
de río, barras de oro y embarradas de falda, añañay, no caiga! 274
Pero estaba tan acostumbrado a despilfarrar que adiós ahorros. Le dio
diez contos al tarotaro, subió satisfecho pal cuarto y contó todo pa los manos
ya muy mortificados con la demora. Total, que el caso había costado sus buenos
ojos-de-la-cara. Entonces Maanape convirtió a Yigué en teléfono y dio la queja
a la Policía que deportó a la vieja golosa. Pero Piaíma tenía muchas
influencias y la regresaron con una compañía de zarzuelas 275
La hija expulsada corre por el cielo, causando revuelo de puerta en
puerta. Es un cometa.
XII
VENDE-BUTE, CHOPISÓN
Y LA INJUSTICIA
DE LOS HOMBRES 270
Al otro día Macunaíma se despertó afiebrado. Había delirado de veras la
noche entera soñando con barco.
— Eso es viaje por mar — dijo la encargada de la pensión. Macunaíma
agradeció y de tan satisfecho convirtió al tiro a Yigué en la máquina teléfono
pa insultar a la madre de Venceslao Pietro Pietra. Pero la sombra telefonista
277 avisó que no secundaban. Macunaíma halló aquello extraño y quiso levantarse
pa saber qué era. Pero sentía un calurón hormigueante en todo el cuerpo y una
languidez de agua. Murmuró:
— Ay. . . qué flojera. . .
Volteó la cara pal rincón y empezó a decir garabatos. Cuando los manos
vinieron a saber lo que era, era sarampión. Maanape fue breve para buscar a
bendito Benito hierveyerbas 278 de Beberibe que curaba con alma de indio y agua
de jarrón, Benito le dio un agüita e hizo rezo cantado. En una semana el héroe
ya estaba descansando. Entonces se levantó y fue a ver lo que había pasado con
el gigante.
No había nadie en el palacete y la mucama del vecino contó que Piaíma
con toda la familia se había ido a Europa a reponerse de la soba. Macunaíma
perdió la figura y se recontracontrarió. Jugueteó en la cama-camera de la
mucama con la cabeza en la luna y regresó a la pensión pesaroso. Maanape y
Yigué hallaron al héroe en la puerta de la calle y le preguntaron:
— ¿Qué, lo machucó un tren, mis cuidados?
Entonces Macunaíma contó lo sucedido y llegó a llorar. Los manos se
quedaron retristes de ver al héroe así y lo llevaron a visitar el Leprosario de
Guapira, pero Macunaíma estaba retecontrariado y el paseo no tuvo chiste
ninguno.
Cuando llegaron a la pensión era de nochecita y estaban desesperados
todos. Sacaron una porción enorme de rapé de una cornucopia simulando cabeza de
tucán y estornudaron rebién. Hasta entonces pudieron pen-samentear.
— Pos sí, mis cuidados, usté anduvo por ahí demore y demore dando atole
con el dedo, y el gigante sí que no se iba a quedar espere y espere y se fue.
Ora aguante el tren!
En eso Yigué se golpeó la cabeza y exclamó:
— Ya sé!
Los manos se llevaron un susto. Era que Yigué se acordó que podían ir a
Europa también, tras la muiraquitán. Dinero, aún sobraban cuarenta contos del
cacao vendido. Macunaíma aprobó al tiro pero Maanape que era hechicero imaginó
volvió a imaginar y concluyó:
— Hay algo mejor.
— Pos entonces desembuche!
— Macunaíma se hace pasar por pianista, consigue una beca del Go bierno
y va solito.
— Pero pa qué tanta complicación si uno posee demasiado dinero y los
manos me pueden ayudar en Europa!
— A usté se le ocurre cada una de que hasta parecen dos! Sí, de que uno
puede puede, pero mano, ¿si vas con fierros del Gobierno no sería mejor? Claro.
Entonces!
Macunaíma estaba reflexionando y de repente se golpeó la frente:
— Ya sé!
— Qué fue!
— Para ésa, mejor me finjo pintor que es más bonito!
Fue a buscar la máquina gafas de carey un fonografito medias de golf
guantes y quedó hecho todo un pintor.
Al otro día para aguardar la nominación mató tiempo haciendo pintu ras.
Así: agarró una novela de Ega de Queiroz y se fue a pasear a la Cantareira.
Entonces pasó cerca de él un buhonero andador 279 y muy futuná porque poseía al
amuleto uapycú de hojitas vengavenga 28°. Ma cunaíma pechotierra se divertía
aplastando los tacurús de las hormigas tapipitingas. El tilichero saludó:
— Buen día, conocido, cómo le va, bien, muchas gracias. ¿Laburan-do, no?
— En esta tierra caduca, quien no trabaja no manduca.
— Así es. Bueno, ta-lueguito.
pasó. Legua y media adelante
se topó con una zarigüeya y se acordó de trabajosear también un poquito. Agarró
al tlacuachito, hizo que se tragara diez platas de dos mil morlacos y regresó
con el bicho bajo el brazo. Llegando cerca de Macunaíma quiso marchantearlo:
— Buen día, conocido, cómo le va, bien, muchas gracias. Si usté quiere
le vendo mi tlacuacín.
— Y qué voy a hacer con un bicho tan apestoso! — secundó Macunaí ma
poniéndose la mano en la nariz.
— Está catingoso pero es cosa buena. Cuando hace sus necesidades sólo
plata es lo que sale! Se lo vendo barato a usté!
— Déjese de conversa, turco! Dónde ya se vio un tlacuache así! Entonces
el mercachifle le apretó la barriga a la zarigüeya y el bicho
descomió las diez platitas.
— Está viendo! Sus necesidades son pura plata! Arrejuntando gente se
vuelve riquísimo! Se lo dejo baratón!
— ¿Cuánto cuesta?
— Cuatrocientos morlacos.
— No lo puedo comprar, si sólo tengo treinta.
— Pos entonces pa que se haga cliente y sólo por tratarse de usté se lo
dejo en treinta!
Macunaíma se desabotonó los pantalones y por debajo de la camisa se
quitó el cinto que cargaba el dinero. Pero sólo tenía la letra de cua renta
contos y seis fichas del Casino de Copacabana 2S1 Dio la letra pero tuvo
vergüenza de recibir el vuelto. Hasta dio las fichas de pilón y agra deció la
bondad del tilichero.
Del cachivachero no quedaron ni sus señas entre los avatítimbavís,
quinos-blancos y paranáes del mato cuando la comadreja quiso hacer sus
necesidades otra vuelta. El héroe abombachó el bolso con cuidado y toda la
porquería cayó allí. Macunaíma se dio cuenta del timo y rajó camino a la
pensión con un griterío lamentable. Dando vuelta a la esquina en contró a Zé
Perequeté y le gritó:
— Zé Perequeté, sácate las niguas del pie para tomar con café!
Perico de los Palotes quedó cabrero e insultó a la madre del héroe pero
éste no hizo caso, dio una carcajadota y se fue siguiendo. Más adelante se
acordó que iba yendo para casa como energúmeno y agarró la monserga otra vez.
Los manos aún no habían vuelto del zaquizamí del Gobierno y la en
cargada vino al cuarto para consolar a Macunaíma, juguetearon. Después de
juguetear el héroe volvió a llorar. Cuando los manos llegaron todo el mundo se
espantó porque ya medían cinco metros de altura. No ve que el Gobierno estaba
con mil veces mil pintores ya encaminados para ser mandados con la beca a
Europa y para que Macunaíma fuera nombrado sólo faltaba que llegase el día de
San Nunca. Y para eso aún le colgaba. Del invierno puras habas y los manos se
alargaron por culpa del desen gaño 282 Cuando divisaron al mano llorando se
asustaron mucho y qui
sieron saber la causa. Y como se olvidaron de la mala-pata volvieron pal
tamaño de endenantes, Maanape ya viejito y Yigué en plenas fuerzas de hombre.
El héroe decía:
— Ihihih! el vende-bute me embromó! Ihihih! Compré la zarigüeya suya.
Cuarenta lucas me costó!
Entonces los manos se desesperaron. Ahora ya no era posible que fueran a
Europa, pues sólo poseían a las noches y los días. Soportaron el lloriqueo
mientras el héroe se refregaba aceite de jalapa en el cuerpo pa que los
mosquitos no lo fregaran y se durmió de un hilo.
Al otro día amaneció haciendo un calurón temible y Macunaíma su daba y
volvía a sudar de un lado para otro haciendo rabieta por la injus ticia del
Gobierno cascarrabias. Quiso salir para distraerse pero tanta ropa le aumentaba
el calor. . . Se puso más rabicundo. Fue por demás tanta rabia y malició que
iba a quedar con beatacanina que es el mal de la rabia. Entonces exclamó:
— Ara! Andeme yo caliente, ríase la gente!
Se quitó los pantalones para refrescar y los pisoteó por encimita 283 La
rabia se calmó al instante y hasta como muy campante Macunaíma les comunicó a
los manos:
— Paciencia, manos! Naranjas! No, no, a Europa no voy. Soy ameri cano,
y mi lugar está en América. La civilización europea de veras des moraliza la
integridá de nuestro carácter 284
Durante una semana los tres trillaron todo el Brasil por las restingas
de arena marina, por las restingas del mato ralo, barrancas de brazos rotos de
río abiertones rápidos carrascos carrascales y cardonales buhedos boquerones
boqueras y hondonadas que eran nidos de helada, en playones saltos pedregales
gargantas bocas de río desfiladeros y raseros de laguna, todos esos lugares,
campeando en las ruinas de los conventos y en los zócalos de las cruces a ver
si no hallaban ollas de guacas con dinero enterrado. No hallaron nada.
— Paciencia, manos! — Macunaíma repitió jetón y dijo— : Vamos a apostar
a la quiniela!285
Y se fue a la plaza Antonio Prado a meditar sobre la injusticia de los
hombres. Se quedó por allá muy bien recargado en un plátano. Todos los
comerciantes y aquella morondanga de máquinas pasaban frentito del héroe que se
calentaba el mate de infelices ilusiones, y todo por la injus ticia de los
hombres. Macunaíma ya estaba dispuesto a cambiar el dístico
“Poco bizcocho y muchas las
brochas, luchas son que al Brasil dejan mocho”, cuando escuchó un “ihihih!”
llorando atrás. Se viró y vio por el suelo a un corre-por-suelo y a un chopí286
El tico-tico era pequeñito y el chopí grandulón. El tico-tiquito iba de
un lado a otro acompañado siempre del chopi-són llorón pues el otro es quien le
da de comer. Daba rabia. El tico-tiquito imaginaba que el tordote renegrido era
hijorrón, pero no, no era. Entonces volaba, conseguía algo de-papear por ahí y
lo ponía en el pico del chopisón. Chopisote tragaba
y ése agarraba en la mañita otra vez: “Ihihih! mamá. . . ” 287 Lo dejaba
aturdido porque andaba con hambre y aquel ñeñeñén-ñeñenén empalagoso suyo,
atrás, dizque “Lo de-papear!. . . lo de-papear!. . y ya no podía con el amor
sufriendo. Salía de sí, volaba a buscar un bichito un maicito, toda esa
comidita la ponía en el pico del chopisote, chopisón tragaba y principiaba de
nuevo atrás del corre-por-suelo. Macunaíma meditaba en la injusticia de los
hombres y tuvo un inmenso amargor por la injusticia del chopisón. Era porque en
un principio los pajaritos ya fueron gente como nosotros. . . Entonces el héroe
agarró una cachiporra y mató al tico-tiquito.
Se fue yendo. Después de que anduvo legua y media sintió calor y se
acordó de tomar aguardiente-caña para refrescar 288 Traía siempre en el
bolsillo del saco una botellita de chínguere cogida al puito por una ca dena
de plata. La descorchó y traguiteó tranquilo. Cuando de repente oyó atrás un
“ihihih!” llorando. Se volteó asustado. Era el chopisón.
— Ihihih! papá. . . lo de-papear!. . . lo de-papear!. . . — allá en la
lengua suya.
Pero qué bronca le dio a Macunaíma, abrió el bolso donde estaba guardado
aquello de la zarigüeya y dijo:
— Come pues!
Chopisón saltó en el olán del bolso y se comió todo 289 sin saber. Fue
engordando engordando, se convirtió en un pájaro negro bien grande y voló pa
los matos gritando “Pincha! Pincha!” 290 Es el Padre del Chopí.
Macunaíma siguió camino. Legua y media adelante estaba un chango-macaco
comiendo coquito 291 de guaguasí. Agarraba coquito, lo ponía en el vano de las
piernas junto con una piedra, apretaba y guác! quebraba la fruta. Macunaíma
vino y con una gazuza oscura que le hacía agua la boca, dijo:
— Buen-día, tío, ¿cómo le va?
— Así así, sobrino.
— ¿En casa todos bien?
— En las mismas.
continuó masticando.
Macunaíma ahí, sólo junando. El otro se puso como energúmeno.
— No me mire de soslayo que no soy malayo, ni me vea de lado que no soy
melado!
— Pero qué anda usté haciendo ahí, titío!
El changuito escondió el coquito en la mano cerrada y secundó:
— Estoy cascando mis
toaliquizús 292 pa papear.
— Váyase a mentir al cerro!
— Juay, sobrino, si tú no da crédito entons pa qué pregunta! Macunaíma
estaba con ganas de preguntar y hasta indagó:
— Qué, ¿es sabroso?
El mono tronó la lengua:
— Uhmm! Pos nomás pruebe!
Cascó a escondidas otro coquito, fingiendo que era uno de los
toali-quizús y se lo dio a Macunaíma pa que se lo comiera. A Macunaíma le gustó
mucho.
— Es muy bueno, tío! ¿Tiene más?
— Ahora se acabó pero si el mío era sabroso qué será de los suyos!
Cómaselos, sobrino!
El héroe tuvo miedo:
— ¿No, yo no sirvo?
— Cómo, si hasta es agradable. . .
El héroe agarró un adoquín. El chango-macaco aún le dijo riéndose pa sus
adentros:
— ¿A poco usté tiene valor, sobrino?
— Boni-t-ó-tó yucamarga mocotó! 293 — el héroe exclamó muy orondo.
Aseguró bien el adoquín y guác! en los tompiates. Cayó muerto. El chango-macaco
todavía se burló así:
— Pos, mis cuidados, no le dije que tú moría! Sí que le dije! No me
escucha! Mira nomás lo que pasa con los desobedientes. Ahora: sic transit!
Entonces se calzó los guantes de balata y se fue. Al poco rato se vino
un aguacerazo que refrescó la carne verde del héroe, impidiendo la pu
trefacción. Luego se formó una marabunta de hormigas guayuguayús y murupetecas
por el cuerpo muerto. El abogado Fulano atraído por la marabunta se topó con el
difunto. Se agachó, sacó la cartera del cadáver y sólo encontró
tarjetas-de-visita. Entonces resolvió llevar al muertito pa la pensión y así lo
hizo. Cargó a Macunaíma a cuestas y se fue andando. Pero el difunto pesaba por
demás y el abogado vio que no podía con el paquete. Entonces arreó al cadáver y
le dio una buena tunda. El difunto quedó livianito 294 y el abogado Fulano pudo
llevarlo pa la pensión.
Maanape lloró mucho tirándose sobre el cuerpo del mano. Después
descubrió el amasije. Maanape era hechicero. Luego luego pidió prestado a la
encargada dos cocos-locos-de-Bahía, que ató con nudo ciego en el lugar de los
toaliquizús amasados y sopló humo de cachimbo en el difunto héroe. Macunaíma se
fue irguiendo muy desmejorado. Le dieron gua raná y en un ratito ya estaba
matando solo a las hormigas que aún lo mordían. Estaba titiritando mucho porque
por culpa del aguacero el friaje lo agarró de repente. Macunaíma sacó la
botellita del bolsillo y bebió el resto de chinguiritos pa calentarse 295
Después le pidió una centena a Maanape y fue hasta un chalet a apostarle a la
quiniela. Cuando vieron de tarde la centena había caído. Y así la fueron
pasando, sólo con las corazonadas del mano vetarro 296 Maanape era curandero.
LA PIOJOSA DE YIGUÉ
Al otro día por culpa de lo magullado Macunaíma amaneció con urticaria
por todo el cuerpo. Fueron a ver y era erisipela 297, larga enfermedad. Los
manos lo cuidaron mucho y le traían diariamente a casa todos esos remedios pa
la erisipelada que los vecinos y conocidos, todos esos Brasi leños
aconsejaban. El héroe pasó una semana en cama. De noche soñaba siempre con
embarcaciones y la encargada de la pensión cuando venía de mañanita por el amor
de argíiendear como seguía el héroe decía siempre que barco significaba a
fuerzas viaje por mar. Después salía de jando sobre la cama del enfermo O
Estado de Sao Paulo. Y el Estadote era un diario 29s. Entonces Macunaíma se
pasaba el día leyendo todos esos anuncios de medicamentos pa la erisipelada. Y
era tanto anuncio!
AI final de la semana el héroe ya andaba despellejándose y se fue a la
ciudad, pero queriendo salir de guatemala entró en guatepeor. Anduvo a
trochemoche y sin ton ni son, y así muy desmejorado por la debilidad se detuvo
en el parque del Añangabaú 299 Llegó bien abajo del monu mento a Carlos Gómez
300 quien fue un músico muy célebre y ahora era una estrellita en el cielo 301
El ruido de la fuente rumoreando en la tardecita le daba al héroe la ilusión de
las aguas del mar. Macunaíma se sentó en la balaustrada de la fuente y
contempló los baguales marinos de bronce llorando agua. Y allá en la oscuridad
de la gruta por detrás de la tropilla percibió una luz. Se quedó fije y fije y
distinguió una embarca ción muy linda que se bamboleaba como boya sobre las aguas.
“Es una trajinera” 302 se dijo. Pero la chalupita venía llegando cada vez
mayor. “Es una gayola” murmuró. Pero el vapor venía tan creciendo tanto! que el
héroe dio un salto respantado y gritó en la boca-de-la-noche hecha eco “Es una
caravela-vela!” 303 La nao ya era bien visible atrás de los hipo-bronces. Tenía
el corte de la velocidad en la quilla de plata y los mástiles inclinados hacia
atrás estaban llenos de banderas que el viento de las correrías prensaba entre
las láminas de aire. El grito atrajo a los choferes de la plaza y todos
curioseaban el gesto inmutable del héroe y seguían la línea de la mirada suya
yendo a parar hasta la fuente oscura:
— ¿Qué fue, hérue?
— Miren allá!. . . Miren el enorme trasatlántico que se viene viniendo
sobre las aguas inmensas del mar!
— Adonde!
— Por detrás del caballo de estribor!
Entonces todos vieron detrás del caballo de estribor al navio llegando.
Ya estaba bien cerca e iba a pasar entre el caballo y la pared de piedra, ya
estaba en la boca de la gruta. Y era un navio guazú.
— No es paquebote. No! Es el transatlántico haciendo viaje por mar. Y
ese era un trasatlántico haciendo viaje por mar! — gritó un chofer
japonés que ya había hecho mucho viaje por mar. Y era un transatlántico
enorme. Venía iluminado, relampagueaba todo de oro y plata embanderado y
fiestero. Las claraboyas de los camarotes eran collares en el casco y en las
cinco cubiertas suntuosas corría música entre la chamuchina bailando el meneíto
del cururú 304. La choferiza comentaba:
— Es del Lloyd! 305
— No, es de la Hamburgo!306
— Va saliendo! ya lo presentía! será posible! No hombre, es il piróscafo
Conte Verde 307
Sí. Era el piroscafo Conte Verde. Y era la Señora-de-Agua 308 que la muy
piola se hacía pasar por piroscafo para tentar al héroe.
— Gente! adiós, gente! Me voy pa Uropa que es mejor! Voy en busca de
Venceslao Pietro Pietra que es el gigante Piaíma comedor de gentes!
— el héroe discursaba.
Ytoda la choferiza abrazaba a
Macunaíma despidiéndose. El vapor
estaba ahí y Macunaíma ya había saltado en el muelle de la fuente a la
planchada del piroscafo Conte Verde. Todos los tripulantes al frente de la
música hacían señas llamando a Macunaíma y eran forzudos marítimos, eran
Argentinos finísimos y tantas doñas lindísimas pa que uno jugueteara hasta
hastiarse del mareo con los columpios de las olas.
— Baje la escalerilla, capitán! — exclamó el héroe.
Entonces el capitán se quitó el kepis y ejecutó con él una letra en el
aire. Y todos los marítimos los Argentinos finísimos y las cuñás lindísimas
para los jugueteos de Macunaíma, todos esos tripulantes soltaron sobe ranas
rechiflas chacoteando al héroe mientras el navio sin parar la ma niobra daba
popa a tierra y singlaba de nuevo hacia el fondo de la gruta. Y toda la
tripulación se puso enferma de erisipela burlándose siempre del héroe. Cuando
el piroscafo atravesó el estrecho entre la pared de la gruta y el bagual de
babor la chimeneota escupió una nube-jabardillo de cénzalos de pinolillos
hideputas tábanos pipiólas avispones típulas y can táridas, todo ese mosquerío
ahuyentando a los conductores.
El héroe sentado en el barandal de la fuente con la cola entre las patas
y con más y más eripisela, todo erisipelado. Sintió frío y vino fiebre. Se
espantó entonces con un gesto a los mosquitos y caminó hacia la pensión.
Al otro día Yigué llegó a casa con una cuñataí, la hizo tragarse tres
granos de plomo para no tener hijos 309 y los dos se hamaquearon dur miendo.
Yigué ya se había acaramelado. Era un negro zumbón y medio valentón y medio. Se
pasaba el día limpiando la escopeta y afilando y alumbrándose a farolazos. La
compañera de Yigué iba todas las mañanas a comprar yucamarga pa que los cuatro
comieran y se llamaba Suzi. Pero Macunaíma que era el metejón de la compañera
de Yigué, todos los días le compraba una langosta, la ponía en el fondo de la
macona 310 y encima desparramaba la yucamarga para que nadie maliciara nada.
Suzi era rete-
hechicera. Cuando llegaba a casa dejaba la cesta en la salita y se iba a
dormir para soñar. Y soñando le decía a Yigué:
— Yigué, compañero mío Yigué, estoy soñando que hay langosta por debajo
de la yucamarga.
Yigué iba a ver y había. Todos los días era así y Yigué, un día que
amaneció con dolor-de-testuz, desconfió. Macunaíma se dio cuenta de los dolores
del mano y le hizo una mandinga a ver si así pasaba. Agarró un totumo y de
noche lo dejó en la azotehuela, rezando manso:
“Agua del cielo,
ven a esta jicara;
Paticl, ven a esta agua;
Moposeru, ven a esta agua;
Sivucímo, ven a esta agua;
Omaispopo, ven a esta agua;
Dueños del agua, aruyenten este dolor-de-cuernos!
Aracú, Mecumecurí, Pai, vengan en
esta agua,
y ahuyenten el dolor de cuernos si el enfermo bebe esta agua
en la que están encantados los Dueños del Agua!"
Le dio pa que Yigué bebiera al otro día pero no surtió efecto y el mano
ya andaba muy desconfiado.
Cuando Suzi se vestía para ir al mercado, silbaba el foxtrot de moda pa
que el camelero fuera también. El enamorado era Macunaíma. Iba. La compañera de
Yigué salía y Macunaíma atrás. Andaban jugueteando por ahí y a la hora de la
vuelta ya no había más yucamarga en el mercado. Entonces Suzi pa disfrazarla un
poco se iba atrás de casa, se sentaba en la macona y sacaba una porción de
yucamarga de dentro del endoco 311 Todos comían muy bien y el único en rezongar
era Maanape:
— De jibarito de Taubaté, caballo-bayo de hiel y mujer que mea de pie,
líbranos Dominé! 312 y se empujaba la jamancia.
Maanape era hechicero. No quería saber nada de aquella yucamarga. No. Y
como andaba medio hambreado se pasaba el tiempo mascando coca 313 para hacerse
las ilusiones. De noche cuando Yigué quería saltar en la hamaca la compañera
suya principiaba a pujar, diciendo que estaba empanzurrada de tanto tragar
carozo de parapara. Pero era sólo que no quería juguetear con Yigué. Yigué hizo
rabieta.
Al otro día fue al mercado y chifló el fox-trot de moda. Macunaíma salió
atrás. Yigué era muy valiente 314 Agarró un garrote enorme y se fue despacito
por detrás de ellos. Buscó rebuscó y encontró a Suzi con Macu naíma de
manos-sudadas en el Jardín de la Luz 315 Ya estaban riéndose el uno para el
otro. Yigué dejó ir la misaranga en los dos, se llevó a la compañera a la
pensión y dejó al mano aporreado en la orilla de la laguna entre cisnes.
Del otro día en adelante era Yigué quien hacía las compras dejando a la
compañera presa en el cuarto. Suzi sin quehaceres se pasaba el tiempo
contrariando a la moralidad, pero una vuelta el santo Anchieta venido al
mundo pasó por casa de ella y por pura piedad le enseñó a espulgarse los
piojos. Suzi era pelirroja con los cabellos à la garçonne y sustentaba muchos
piojos, hartos! Ahora ya no soñaba más que había langostas debajo de la
yucamarga ni hacía inmoralidades. Cuando Yigué partía se arrancaba los cabellos
y clavándolos en la cachiporra del compañero, espulgaba piojos. Pero había
muchos piojos, hartos! Entonces con miedo de que el compañero la apañara en la
labor, dijo así:
— Yigué, compañero mío Yigué, cuando usté vuelva del mercado toque
primero en la puerta, toque todos los días unas porción de tiempo pa que me
potranquee el corazón y me vaya a cocinar la yucamarga.
Yigué dijo que sí. Todos los días iba a la plaza a comprar yucamarga y
cuando volvía demoraba tocando la puerta. Entonces la cuñá recolocaba sus
cabellos en la cabeza y se quedaba esperando a Yigué.
— Suzi, compañera mía Suzi, ya toqué un chorro de veces en la puerta,
¿será que usté se alegró?
— Mucho! — respondió. Y se fue a cocinar la yucamarga.
Todos los días era la misma cantaleta. Pero tenía muchos piojos, hartos!
Es que se contaba los espulgados y eso hace que el piojerío aumente 316 Una
vuelta Yigué meditó sobre lo que se quedaba haciendo la compañera cuando él se
iba al mercado y le dieron ganas de asustarla y así lo hizo. Se puso patas
arriba y se vino andando con las puntas de las manos. Abrió la puerta y asustó
a Suzi. Con eso ella gritó y se enchufó apurada la cabellera en la cabeza. Y
los cabellos de la frente le quedaron por el cogote y los cabellos del cogote
le quedaron por la frente escurriendo. Yigué chinchó a Suzi por puerca y le dio
una buena hasta que oyó a alguien subiendo la escalera. Tardaba que parecía que
traía cola. En tonces Yigué paró y se fue a empinar el codo repasando sus
filos.
Al otro día Macunaíma estaba con muchas ganas de juguetear con la
compañera de Yigué. Les dijo a los manos que se iba de cacería lejos pero no
fue. No. Compró dos botellas de licor de yatay catarinense una docena de
sángüiches dos piñas de Pernambuco y se pertrechó en el cuartito. Pasado el
tiempo salió de allá y le dijo a Yigué mostrando el envoltorio:
— Mano Yigué, al final de muchas calles, yendo allacito hay una hibuera
haciendo trilla. Hay un montón de caza, vaya a ver!
El mano espió desconfiando de él pero Macunaíma disimuló rebién :
— Tate, hay paca tatú acutí. . . Me capa, acutí ninguno acudió. Paca
tatú, acutí no 317
Yigué daba oídos a cualquier tarabilla, y al tiro nomás agarró la espin
garda y dijo:
— Entonces voy pero primero júreme mano que no está jugando con mis
obligaciones.
Macunaíma cabuleo tanto por la memoria de su madre que ni miraba a Suzi.
Entonces Yigué volvió a agarrar la escopeta-tá y el cuchillón de punta-tá
tatatá 318 y partió. Cuando Yigué viró en la esquina, Macunaíma ayudó a Suzi
abriendo el envoltorio y tendiendo un mantel de encaje
famoso llamado “Nido de Abeja” cuya cartulina había sido robada en Mariú
del Ceará-Mirim por la terrible Geracina de la Punta del Manglar. Cuando todo
quedó listo los dos saltaron a la hamaca y juguetearon. Ahora ya están riendo
el uno con el otro. Después de reír bastante. Ma-cunaíma dijo:
— Destapa una botella pa que uno beba.
— Sí — fue lo que dijo. Y se tomaron la primera botella de licor de
yatay que era tan sabroso. Los dos tronaron la lengua y saltaron de nuevo a la
hamaca. Juguetearon cuanto les dio la gana. Ahora ya están riendo el uno con el
otro.
Yigué anduvo legua y media, fue hasta el final de las calles, campeó las
hibueras unos pares de veces, mucho tiempo, ¿y ustedes creen que halló?
Lagarto! No había ninguna hibuera y Yigué regresó campeando siempre por todos
los finales de las calles. Por fin llegó al cuarto y en contró a mano
Macunaíma con la Suzi riendo. Yigué se puso furibundo y le dio una azotaina a
la compañera. Ahora ella está llorando. Yigué agarró al héroe y le dejó ir la
macana con ganas. Dio y volvió a dar hasta Manuel no poder 319 Manuel era el
criado de la pensión, un isleño de Madeira. Ahora el héroe está fatigado. Y
Yigué que andaba con hambre se comió los sángüiches las piñas y se bebió el
licor de yatay.
Con la soba los dos se pasaron la noche quejándose. Al otro día Yigué
enfadado tomó la cerbatana y salió a ver si encontraba el tal pomar. Yigué era
muy zonzo. Suzi lo vio salir, se secó los ojos y le dijo a su enamorado:
— Ya no lloremos.
Entonces Macunaíma desfrunció la cara y se las arregló para ir a hablar
con su mano Maanape. Yigué ya de vuelta en la pensión le pre guntó a Suzi:
— ¿Dónde anda el héroe?
Pero ella estaba enojadísima y se puso a silbar. Entonces Yigué cogió la
cachiporra y se allegó a la compañera, despepitando muy triste:
— Vete yendo, perdición!
Entonces sonrió feliz. Espulgó sin contar todos los piojos que queda
ban y eran hartos piojos, los amarró a una mecedora 32°, se sentó en ella, los
piojos saltitaron y Suzi se fue pal cielo convertida en estrella fugaz. Son la
lluvia de estrellas.
El héroe nomás vio a Maanape de lejos y se agarró a lamentarse. Se lanzó
a los brazos del mano y contó una historia bien triste probando que Yigué no
tenía razón alguna para haber cobrado tanto. Maanape se enojó y fue a hablar
con Yigué. Pero Yigué ya venía en camino para hablar con Maanape. Se
encontraron en el corredor. Maanape le contó a Yigué y Yigué le contó a
Maanape. Verificaron que Macunaíma era muy farama llero y sin carácter.
Volvieron al cuarto de Maanape y se toparon con el héroe quejica. Cautos y pa
consolarlo lo llevaron a pasear en la máquina-auto.
MUIRAQUITÁN
Al otro día de mañana, Macunaíma no bien abrió la ventana y divisó un
pajarito verde 321. El héroe quedó satisfechísimo y aún estaba quedando
satisfecho cuando Maanape entró al cuarto contando que en las
máquinas-periódicos anunciábase el regreso de Venceslao Pietro Pietra. Entonces
Macunaíma resolvió no tener más miramientos con el gigante y matarlo. Salió de
la ciudad y se fue al mato Fulano a probar fuerzas. Campeó legua y media y al
final se topó con un aguairó de contrafuertes del ta maño de un tren. “Este
sirve” se dijo. Enjaretó el brazo en el aguairó, lo arrancó de cuajo y el árbol
salió de la tierra sin dejar señal. “Ahora sí que tengo fuerzas!”, exclamó
Macunaíma. Volvió a quedar satisfecho y regresó a la ciudad. Pero no podía ni
andar porque estaba tapizado de garrapatas. Macunaíma con mucha pachorra les
dijo:
— Ara, garrapatas! váyanse yendo, esperpentos. Oue a ustedes no les debo
naranjas, ara, ara!
Entonces el garrapaterío cayó al suelo como por encanto y se fue yendo.
La garrapata ya fue gente como nosotros. Una vuelta puso una pulpería a la
orilla de la carretera y hacía muchos negocios porque no se incomodaba en
vender fiado. Tanto fió tanto fió, tanto Brasileño no pagó que al final la
garrapata quebró y fue puesta de patitas en la calle con todo y puesto. Ahora
chupa tanto la sangre de la gente porque está co brando cuentas 322
Cuando Macunaíma llegó a la ciudad ya había cerrado la noche y se fue
luego luego a mirujear la casa del gigante. Había neblina sobre el mundo y la
casa estaba sin nadie de tanta oscuridad que era. Macunaíma se acordó de buscar
una criada pa juguetear pero había una playa de estacionamiento para máquinas
taxis en la esquina y las cuñás ya andaban jugueteando por ahí. Macunaíma se
acordó de tender una trampa pa los arroceros-de-vientre-castaño pero faltaba
carnada. No había nada que hacer y sintió sueño. Pero no quería dormir porque
estaba esperando a Venceslao Pietro Pietra. Se puso idee idee: “Ahora voy a
vigilar y cuando don sueño venga lo ahorco” . No demoró mucho en ver llegar un
bulto. Era Émoron-Pódole, el Padre del Sueño 323 Macunaíma se quedó muy parado
entre los nidos de paja para no espantar al Padre del Sueño y poder matarlo.
Émoron-Pódole se fue viniendo se fue viniendo y cuando ya estaba cerquita, el
héroe cabeceó, golpeó la quijada en el pecho, se mor dió la lengua y gritó:
— Qué susto!
El Sueño huyó al tiro. Macunaíma siguió andando muy desanimado. “Mirá
vos! No lo agarré pero por poco. . . Voy a esperar otra vez y que me pase un
tren si ora no atrapo al Padre del Sueño y lo ahorco!” Así reflexionó el héroe.
Había un riachuelo cerca con un tronco atravesado
que las hacía de puentecito. Más hacia lo lejos un lago lecheaba de luz
de luna porque la niebla ya se había ido. La vista era quieta y muy suave por
causa del agüita que cantaba el arrullo de los pobres. El Padre del Sueño debía
de estar emboscado por ahí! Macunaíma se cruzó de brazos y con el ojo izquierdo
durmiendo se quedó inmóvil entre los nidos de paja. No demoró mucho en divisar
a Émoron-Pódole que llegaba. El Padre del Sueño se fue viniendo se fue viniendo
y de repente paró. Macunaíma le oyó decir:
— No, che! Aquel sujeto no está muerto. Muerto que no eructa dónde se ha
visto!
Entonces el héroe eructó “guác!”
— Ché, dónde se ha visto a un muerto eructar! el sueño lo tanteó lo
choteó y huyó luego.
Por eso el Padre del Sueño aún existe y los hombres de puro castigo no
pueden dormir en pie. Macunaíma iba a quedar con un sinsabor por lo sucedido
cuando se oyó una bulla y divisó del otro lado del riachuelo a un chofer
gesticulando como que llamándolo. Quedó retespantado y gritó furioso:
— Si eso es conmigo, colega! Sépase que no soy francesa!
— Toco madera! — dijo el joven.
Entonces Macunaíma le puso atención a una criadita con vestido de lino
amarillo pintado, con extracto de tataíba. Ella iba atravesando el riachuelo
por el tronco. Después de que pasó el héroe le gritó al puen tecito :
— ¿Vio alguna cosa, tronco?
— Le vi las gracias suyas!
— Cuá! cuá! cuá cuácuá!. . .
Macunaíma dio una carcajadota. Siguió atrás de la pareja. Ya habían
jugueteado y descansaban a orilla de la laguna. La patoja estaba sentada en el
borde de una chalupa varada en la playa. Toda pilucha aún por el baño comía
querepes 324 vivos riéndose hacia el guacho. Echado de bruces en el agua junto
a los pies de la piba sacaba las sardinetas de la laguna para que ella comiera.
El chiquillerío de las olas se montaba en sus es paldas pero resbalándose por
el cuerpo desnudo mojado caía de nuevo en la laguna con risitas de gotas. La
muchacha guachapeaba con los pies en el agua y era como un chisguete robado a
la Luna lo que brincaba chistoso cegando al rapaz. Entonces ensartaba la cabeza
en la laguna y salía con la boca llena de agua. La muchacha apretaba con los
pies los cachetes suyos y recibía el chorro de lleno en la barriga, así. La
brisa hilaba la cabellera de la joven estirando de uno en uno los pelos lacios
sobre la cara suya. El guacho se dio cuenta de eso. Y asegurando la barba en la
rodilla de la compañera irguió el busto fuera del agua, estiró el brazo hacia
lo alto y principió por retirar los cabellos de la cara de la patoja para que
se pudiera comer tranquila los careperros. Entonces para agradecer le ensartó
tres sardinetas en la boca y riéndose mucho retiró
la rodilla de un jalón. El busto del guacho ya no tuvo más apoyo y al
instante se hocicó en el agua hasta el fondo, y la piba para acabarla hacía
fuerza en el pescuezo suyo con los pies. Sin darse cuenta por tanta gracia que
hallaba en la vida, se venía resbalando. Se venía resbalando hasta que la canoa
se volteó. Y que se voltee de una buena vez! 325 La muchacha se llevó un tumbo,
tan gracioso que cayó encima del guacho quien se enredó en ella talcualmente un
cariñoso copey 326 del monte. Todos los querepes huyeron mientras los dos
jugueteaban en el agua otra vez.
Macunaíma se allegó cerquita. Sentado en el fondo de la igarité vol
teada, aguardó. Cuando vio que ya habían acabado de juguetear, le dijo al
chofer:
— Hace tres días ya que no como, una semana que no jalo moco, a Adán lo
hicieron de barro, sobrino, me da un cigarro.
El chofer hizo segunda:
— Discúlpeme, mi hermano si cigarro no se le dio;
la cácara el fóforo y el habano cayó al agua, se empapó 327
— No se moleste que tengo — respondió Macunaíma. Sacó una ciga rrera de
carey hecha por Antonio del Rosario en el Pará 328, ofreció ci garros de
mortaja de curatarí pal guacho y pa la chinuca, encendió un cerillo pa los dos
y otro pa él 329 Después se espantó los mosquitos y principió por contar un
caso. Así la noche pasaba más de prisa y uno no se fregaba con el canto de la
perdiz-ondulada 330 marcando las horas de oscuridad. Y así era:
— En el tiempo de endenantes, jóvenes, el automóvil no era una má quina
tal y como hoy día, no. Era la onza parda 331 Se llamaba Palaguá y andaba por
el gran mato Fulano. Entonces, Palaguá le dijo a los ojos suyos:
— Vayan a la playa del mar, mis verdes ojos, de prisa vamos de prisa!
’’Los ojos fueron y el puma quedó ciego. Pero levantó el hocico, husmeó
el viento y percibió que Aimalá-Pódole, el Padre de la Tararira estaba
andando allá por la lejanía del mar y gritó:
— Vengan de la playa del mar, mis verdes ojos, de prisa vamos de prisa!
"Los ojos vinieron y Palaguá volvió a divisar de nuevo. Pasaba por
ahí la tigre-prieta que era mucho muy feroz y platicó para Palaguá:
— ¿Qué anda haciendo usté, comadre?
— Estoy mandando a mis ojos ver el mar.
— ¿Y eso es bueno?
— Bueno es poco!
— Entonces mande a los míos también, comadre!
— Mandarlos mandarlos, mejor no, porque Aimalá-Pódole está en la playa
del mar.
— Mándelos, que si no, me la trago, comadre!
’’Entonces Palaguá dijo así:
— Vayan a la playa del mar, amarillos ojos de mi comadre tigre, de
prisa, vamos de prisa!
’’Los ojos fueron y la pantera quedó ciega. Aimalá-Pódole estaba allá y
guác! devoró los ojos de la tigre. Palaguá se las olió porque el Padre de la
Tararira andaba fuerte de olores. Ya estaba por chisparse. Pero la tigre-prieta
que era muy feroz presintió la huida y le dijo a la onza parda:
— Espere un poco, comadre!
— No ve que carezco de buscar lo de papear para mis hijos, comadre.
Hasta otro día mejor.
— Primero mande mis ojos de vuelta, comadre, que ya me agarró un montón
de apagón.
’’Palaguá gritó:
— Vengan de la playa del mar, amarillos ojos de mi comadre tigre, de
prisa, vamos de prisa!
’’Pero los ojos no volvieron y la tigre-prieta quedó hecha una furia.
— Ahora sí que me la trago, comadre!
”Y corrió atrás de la onza parda. Fue un correteadero tan soberano por
esas matas que chiii! los pajaritos se volvían pequeñitos pequeñitos y la noche
se llevó tamaño susto que quedó paralítica. Por eso cuando es de día arriba de
los árboles, dentro del mato es siempre de noche. La pobre no pudo andar más. .
.
’’Cuando Palaguá corrió legua y media miró hacia atrás cansada. La
tigre-prieta venía cerca. Entonces, Palaguá llegó a un cerro llamado
Ibira-zoyaba y según eso, se topó con un yunque gigante, aquel que perteneció a
la fragua de Affonso Sardiña 332 en los principios de la vida brasileña. Junto
al yunque estaban cuatro ruedas olvidadas. Entonces Palaguá se las ató a los
pies para deslizarse sin mucho esfuerzo, y como se dice: salió destapada otra
vez, y sacando chispas! La onza se tragó en un tris legua y media de terreno
pero según eso venía que venía acosada por la tigre. Hacían tamaña monserga que
los pajaritos estaban pequeñitos pequeñi-titos de miedo y la noche más pesada
aún por culpa de no poder andar. La alharaca era ensombrecida todavía más por
los gemidos del mochue lo. . . 333 Mocho, es el Padre de la Noche, de noche
chichirimoche y de madrugada chichirinada, amistades, y lloraba la miseria de
la hija.
”Le agarró el hambre a Palaguá. Y la tigre como cola. Pero Palaguá ya no
podía correr más rechinándole las tripas como le rechinaban y ahí de más lejos
cuando pasó por la barra del Boipeba donde el Ayacuá 334 vivió, vio un motor
cerca y se tragó el tal. No bien le había caído a la barriga el motor, la pobre
se dio nuevas fuerzas y se zafó. Anduvo legua y media y volteó hacia atrás. En
eso, la tigre-prieta venía como que encima suyo.
Estaba una oscuridad tal que sólo viéndola por culpa de las atravesuras
de la noche y mero enfrente de un haz la onza se dio un tropezón temible en el
derrame de un cerrito, y por un tris, y era una vez Palaguá! Que patatín
patatán! se atragantó dos luciernagotas y siguió con ellas entre los dientes
para alumbrar el camino. No bien hizo otra legua y media y miró atrás. La tigre
junto. Era por culpa de que la onza parda apestaba mucho y la otra plaga ciega
tenía un husmeo como de perdiguero. Entonces, Palaguá ingirió un purgante de
aceite de tártago, agarró una lata de esen cia llamada gasolina, jaló justo y
por allá se fue fuam! fuam! fuam! como burro pedorro por ahí. La balumba era
tan tamaña que ni se oyó el retintinar embrujado de platos rotos del cerro del
Silbido por ahí. La tigre-prieta quedó toda aturdida por culpa de que estaba
ciega y ya no olía más la catinga de la comadre. Palaguá corrió mucho más y
miró hacia atrás. No divisó a la tigre. También ya ni podía correr más con las
fosas echando humo de tan calientes. Había por ahí cerca un platanar enorme con
un paular en la fajilla y todo porque ya habían llegado al puerto de Santos.
Entonces la bicha se derramó agua cansada en el hocico y se descalentó. Después
cortó una hoja guazú de mafafa y se escondió po niéndosela encima como si
fuera capota. Y así durmió. La tigre-prieta que era mucho muy feroz hasta pasó
por ahí, y la onza ni pío. Así la otra pasó sin percibir a la comadre. Entonces
la onza, de puro miedo que iba a largar todo lo que la había ayudado a huir,
anda siempre con rueda en los pies, motor en la barriga, purgante de aceite en
la garganta, agua en la ñata, nafta en la rabadilla, los dos cocuyos en la boca
y la capota de hoja de mafafa cubriéndola, ay ay! y lista para chispearse. Principal
mente si pisa en alguna marabunta de la hormiga llamada taxi y si alguna se
trepa en la pelambre reluciente y muerde la oreja suya, qué qué, se chispa como
demonio! Y pa disimular todavía se agarró un nombre ex traño de esos. Es la
máquina automóvil.
’’Pero por culpa de haber bebido agua cansada Palaguá padeció de
estupor. Poseer automóvil propio es llevar estupor a casa, jovenazos.
’’Dicen que más tarde la onza parió un camada enorme. Tuvo hijos e
hijas. Unos machos y otras hembras. Por eso la gente dice «un forcito» y dice
«una chevrolé» . . .
’’Hay más nada”.
Macunaíma paró. Lloraba conmoción por la boca de los guachos. Sobre las
aguas, el fresco hacía el muertito de barriga al aire. El zagal zambulló la
cabeza para disfrazar la lágrima y se trajo un careperro en los dientes
coleando como desesperado. Repartió la comida con la nami. Entonces allá en la
puerta de casa un ocelote Fiat abrió las fauces y le himpló a la Luna:
— Bauá, Bauá!
Se escuchó un ruiderío formidable y tomó cuenta del aire un hedor a
berrenchín sofocante 335 Era Venceslao Pietro Pietra quien llegaba. El
motorista se levantó y
la criada también. Le extendieron
la mano a
Macunaíma, invitándolo:
— Don gigante llegó de viaje, vamos a saber todos cómo está!336
Y así lo hicieron. Encontraron a Venceslao Pietro Pietra en la puerta de
la calle conversando con un reportero. El gigante sonrió pa los tres y le dijo
al motorista:
— ¿Vamos allá adentro?
— Cómo no!
Piaíma poseía orejas agujeradas por culpa de los aretes 337 Se ensartó
una pierna del muchacho en la oreja derecha, la otra en la izquierda y se fue
cargando al guacho a sus costas. Atravesaron el parque y entraron en la casa.
Mero en medio del jol de vocapúa 338 amueblado con sofás de bejuco-güira hechos
por un judío alemán de Manaos, se veía un hoyo enorme que tenía encima un
bejuco de zarzaparrilla hecho columpio. Piaíma sentó al guacho en el bejuco y
le preguntó si quería balanzarse mucho. El cabro dijo que sí. Piaíma columpió
columpió, y de repente dio un empujón. Las zarzas son espinosas. . . Las
espinas perforaron la carne del chofer y principió por escurrir sangre en el
hoyo.
— Basta! ya estoy servido! — era lo que el chofer gritaba.
— Balanza os digo! — secundaba
Piaíma.
Escurría sangre. La caapora compañera del gigante estaba allá abajo del
agujero y la sangre goteaba en un tacho de macarrón que estaba preparando pal
compañero. El muchacho chillaba en el columpio:
— Ah, de tin-marín de do-pingüé si tuviera padre y madre a mi lado,
cúcara mácara-títere fue, no estaría padeciendo en manos de este mal vado! . .
. 339
Entonces Piaíma dio un aventón muy fuerte en la liana y va al hoyo el
mozo y el gozo al pozo sobre el tuco de la macarronada.
Venceslao Pietro Pietra fue a buscar a Macunaíma. El héroe ya andaba
riéndose con la chinuca. El gigante le pidió:
— ¿Vamos allá adentro?
— A y!. . . qué flojera!. . .
— Ora! ¿Vamos o no vamos?
— Pos ni modo. . .
Entonces Piaíma hizo con él como había hecho con el chofer, cargó al
héroe a cuestas de cabeza pa abajo y prendidos los pies en los agujeros de las
orejas. Macunaíma aplomó la cerbatana y así patas pa arriba era como ver a un
tirador malabarista de circo, acertando en los huevitos del blan co. El
gigante se sintió muy incómodo, se agachó percibió todo.
— No me haga eso, paisano!
Tomó la cerbatana y la arrojó lejos. Macunaíma agarraba cuanta rama le
caía en la mano.
— ¿Qué anda usted haciendo? — preguntó al gigante desconfiado.
— No ve que las ramas me están golpeando en la cara!
Piaíma puso al héroe de cabeza pa arriba. Macunaíma hacía cosquillas con
las ramas en las orejas del gigante. Piaíma daba unas carcajadotas y saltaba de
regocijo.
— No me amuele más, paisano! — le dijo.
Llegaron al jol. Bajo la escalera había una jaula de oro con pajaritos
cantadores. Y los pajaritos del gigante eran culebras y yacarés. Macu-naíma
saltó a la jaula y empezó muy disimulado a comer culebra 340 Piaíma lo invitaba
a ir al columpio pero Macunaíma devoraba culebras contando:
— Faltan cinco. . .
Y tragaba otro bicho más. Por fin las culebras se acabaron y el héroe
lleno de rabia bajó de la jaula con el pie derecho. Miró lleno de rabia pal
ratero de la muiraquitán y refunfuñó:
— Hhhm. . . qué flojera!
Pero Piaíma insistía en que el héroe se encaramara.
— Con eso de que no sé ni columpiarme. . . Mejor usté va primero
— fue lo que Macunaíma rezongó.
— Qué yo ni qué nada, hérue! Es fácil como beber agua. Tal cual.
Arremóntese en la zarza y zás, rápido: yo columpio!
Piaíma insistió pero él siempre le pedía al gigante balanzarse prime ro
341 Entonces Venceslao Pietro Pietra se subió al bejuco y Macunaíma fue
columpiando cada vez más fuerte. Y cantaba:
“Bano-bano-balán
señor capitán-tano
espada en el cinto
jinete en la mano!” 342
Y dio un empellón. Las espinas picaron la carne al gigante y la sangre
estornudó. La caapora allá abajo no sabía que aquel sangrerío era del gigante
suyo y arrejuntaba la lluvia en la macarronada. El tuco tomaba cuerpo.
— Para! Para! gritaba
Piaíma.
— Balanza os digo! — secundaba
Macunaíma.
Columpió hasta atarantar al gigante y entonces dio un jalón mucho muy
fuerte en el bejuco-harnavallo. Era porque había devorado rayos y centellas y
estaba de veras severo. Venceslao Pietro Pietra trastabilló sobre el agujero
cantando y berreando:
“Acitrón de un fandango, sango sango sabará que si de ésta me escapo no
comeré más cristianos, con su triqui-triqui-trán!” 343
Divisando la macarronada humeante allá abajo alharaqueó hacia ella :
-—A un lado que os trago! 344 matarilirilirón!
¿Pero ustedes creen que el tacho se apartó? Lagarto! El gigante cayó en
la macarronada hirviendo y subió en el aire un olor tan fuerte de cuero cocido
que mató a todos los ticoticos de la ciudad y al héroe le dio un soponcio.
Piaíma ya muy debatido estaba más allá que pa cá. En un esfuerzo
gigantesco aún se irguió desde el fondo del tacho. Se quitó los
macarrones que le escurrían por la cara, reviró los ojos pa lo alto, se lamió
el mostacho:
— Falta queso! — exclamó. . . 345 Y feneció.
Ese fue el fin de Venceslao Pietro Pietra, que era el gigante Piaíma
comedor de gente.
Macunaíma cuando volvió en sí del patatús fue a buscar la muiraqui-tán y
partió en la máquina tranvía de Bondes pa la pensión. Hacía la de jeremías,
así:
— Muiraquitán, muiraquitán de mi bella, la veo a usté pero no la veo a
ella!. . . 346
XV
EL MONDONGO DE OIBÉ
Entonces los tres manos volvieron pa la querencia suya.
Estaban satisfechos pero el héroe andaba aún más contento que los otros
porque tenía los sentimientos que sólo un héroe puede tener: una satisfac
soberana. Partieron. Cuando atravesaron el Pico del Jaraguá Macunaíma se volteó
hacia atrás contemplando la morrocotuda ciudad de Sao Paulo. Rumirrumió
pesaroso mucho tiempo y al final sacudió la cabeza murmullando:
— Mucha tambocha y poco bizcocho, luchas son que al Brasil dejan mocho.
. .
Se secó el lagrimón y se arregló la bembita que le temblaba. Enton ces
artifizo uno de sus tejemanejes! 347 sacudió los brazos en el aire y convirtió
al cabañal gigante en un perezoso-aoaó 348 todito de piedra. Partieron.
Después de mucho reflexionar, Macunaíma se gastó los últimos fierros
comprando lo que más le entusiasmara de la civilización paulista. Estaban ahí
con él el revólver Smith-Wesson el reloj de bolsillo Pathek y una parejita de
gallinas Leghorn. Revólver y mollejón pasaron a ser los zarcillos de las orejas
de Macunaíma y traía en la mano una jaula con el gallo y la gallina. No le
quedaba ni un tostón de lo que había ganado en la quiniela pero colguijeándole
de la jeta agujerada aún le brincoteaba la muira quitán.
Y por causa de ella todo quedaba más fácil. Iban pescando al tuntún
Araguaya abajo y cuando Yigué remaba Maanape guiaba la espadilla de palo. Se
sentían de las mil maravillas otra vez. Pues entonces, Macunaíma muy canchero
en la proa, tomaba en cuenta los puentes que era preciso construir o arreglar
para facilitar la vida del pueblo goiano 349 Llegada la noche, divisando las
lucecitas de los ahogados 350 vagando mansas y al garete por los zurales del
aluvión, Macunaíma mire y mire se ador
mecía rebién. Despertaba avivándose al otro día y erguido en la proa de
la igarité con la argolla de la jaula ensartada en el brazo izquierdo, ras
gueaba la guitarrita poniendo el grito en el cielo al cantar sus cuitas por la
querencia, así:
Gaviota baquiano
— Pirá-guaguaú, martín pescador cocinera
— Pirá-guaguaú,
tapera, ¿dónde está la tapera
a la vera del Uraricoera?
— Piráguaguaú. . .
la mirada suya empinada
recorría la piel del río en busca de los pagos de la infancia. Bajaba y cada
olor de pez cada arbusto de achupalla cada algo de algo dejaba entusiasmo en él
y el héroe ponía su espíritu ja carero en el cielo hecho un botarate payando
pa naa y garrapateando trazos sin ton ni son 351:
Tapera taperujo
— Caburé,
sube sube macho machaca,
— Caburé, manos, vamos ahora
pa la vera del Uraricoera!
— Caburé.
Las aguas araguayas runruneaban llamando rumbo de la igarité con
quejiditos y allá a lo lejos se venía la catinga pecadormecida de las Uia-ras
352 Vei, la Sol, daba de chaguarazos en el costado relumbrante de sudor de los
remeros Maanape y Yigué, y en el velludo cuerpo en pie del héroe. Era un
bochorno chorreado que hacía fuego sobre el delirio de los tres. Macunaíma se
acordó que era Emperador de la Selva-Espesa. Trazó un gesto en la Sol,
gritando:
— Eropita boiamorebo! 353
Luego, el cielo se oscureció de sopetón y una nube arrebol subió del
horizonte atardeciendo la calma del día. La rubor se fue viniendo, se fue
viniendo y era la bandada de carapaicos y guacamayos-rojos, todos esos
parlanchines, era el loro-hablador era el loro-gorro-colorado era la viudita
era el lorito-real era el chorao el guaro-barriga-roja el loro-burrón ararí
ararica ara-azul aura ara-roja cuiú-cuiú perico-ojo-blanco papagayo-papayo
maracaná maracano cotorra-cabeza-azul chacharaco choroy chiri-pepe guacamayamarillazul
churiquitas periquitos, todos ellos 354, el cor tejo pintarrajeado de
Macunaíma Emperador. Y todos esos chocarreros formaron una tienda de alaridos y
alas para proteger al héroe del despe cho vengativo de la Sol. Era una
chacarrachaca de aguas dioses y pajaritos que ya no se escuchaba nada más y la
igarité medio se quedaba al garete. Pero Macunaíma asustando a los leghorns
trazaba de vez en cuando un gesto delante de todo y gritaba :
— Había una vez un vacuno-amarillo, quien hable primero se come todo su
chorrillo! 355 Tilín-tilín, bongo-cero que llegó!
El mundo enmudeció sin decir ni pío y el silencio venía a magullar la
tibieza de la sombra en la gran panga. Y se oía ahí a lo lejos ahí a lo lejos
bajito bajito el bululú del Uraricoera. Entonces se entusiasmaba más el héroe.
La guitarrita repiqueteaba temblona. Macunaíma expecto raba arrojando
escupitinajos al río y mientras el esputo se hundía trans formado en
asquerosos tortugones morrocoyos mata-matás 356, el héroe ponía el grito en el
cielo hecho un tarambana y sin siquiera saber lo que: payaba ya:
Panapaná pá-panapaná
panapaná pa-panpanema:
Papa de papada-popa,
— Manita,
en la vera del Uraricoera! 357
Después, la boca-de-la-noche se atragantó todas las bullas y el mundo
quedó dormido. Había sólo Capei, la Luna, enorme de gorda, rechoncha como sólo
la cara de las polacas después de una noche de ésas, guapa-chosas! cuánta joda
feliz cuánta cuñá bonita y cuánta chicha de ca chiri . . . Entonces se quedó
medio magullado por el recuerdo de lo suce dido en el gran cabañal paulistano.
Vio a todas aquellas doñas de piel albita con quienes jugueteara de marido y
mujer, qué bueno era!. . .
Susurró dulcemente: “Maní! Maní! hijitas de la mandioca!. . . ” . Le
agarró una conmovida temblorina en la bemba suya que por poco la muiraqui-tán
se cae al río. Macunaíma se volvió a ensartar la tembetá en la jeta. Entonces
pensó en serio en la dueña de la muiraquitán, en la camorrera, con un demonio
de sabrosa y que lo maltrataba tanto, Ci, Ah, Ci, Madre de las Matas, marvada
que se hizo apreciable porque lo llevó a dormir en la hamaca trenzada con
cabellos suyos!. . . “Amor así de lejos sólo los catalejos. . . ” 358 remachó.
Qué sortilegio de marvada!. . . Y estaba allá en el camperío del cielo
trajinando empilchada paseándose toda aci calada jugueteando quién sabe con
quién. . . Tuvo celos. Levantó los brazos asustando a los leghorns y le rezó al
Padre del Amor:
Rudál Ruda!
Tú que estás en el cielo
y mandas en las lluvias
Rudá! haz que mi amada
por más que consiga compañeros
encuentre que todos son aguados!
Arresóplale a esa marvada
soledades de su marvado!
Haz que se acuerde de mí mañana
cuando la Sol se haya ido en el poniente!...
Ojeó bien pal aire. No había Ci. No, sólo Capei, gordinflona, abar
cando todo. El héroe se echó largo y tendido en la chalupa, se hizo una
cabecera con la jaula y se adormeció entre cagachines jejenes y cén
zalos 359
La noche se estaba amarillando cuando Macunaíma se despertó con los
grites de los tordos en un bambudal. Indagó con la vista y dio un salto hasta
la playa, diciendo a Yigué:
— Espera un ratitito.
Se adentró bien en el mato, legua y media. Fue a buscar a la linda
Iriquí, compañera suya que ya había sido la mitacuna-mí de Yigué y que esperaba
emperejilándose y rascándose los ácaros 360 asentada en las raíces de una
ceiba. Los dos se festejaron, juguetearon mucho y vinieron pa la igarité.
Cuando fue allá por el medio día el papagayerío se extendió de nuevo
resguardando a Macunaíma. Y así por muchos días. Una tarde el héroe estaba muy
enfadado, se acordó de dormir en tierra firme, y así lo hizo. No bien pisó la
playa cuando se irguió en frente suyo un monstruo. Era el bicho Pondé un
mochuelo de Marañón-Amazonas 361 que se volvía gente de noche y se engullía a
los caminantes. Pero Macunaíma agarró la flecha que tenía en la punta la cabeza
chata de la santa hormiga llamada curupé 362, y ni siquiera apuntó, acertando
muy pero muy chévere. El bicho Pondé tronó volviéndose búho. Más adelante
atravesando una pla nicie cuando subía por un espigón lleno de chipotes se
topó con el mons truo Mapinguarí3(53 hombre-mono que anda en las matas
perjudicando a las muchachitas. El monstruo agarró a Macunaíma pero el héroe se
sacó pa fuera el toaquizú y se lo mostró a Mapinguarí.
— No, no se confunda, amistá!
El monstruo se rió y dejó a Macunaíma pasar. El héroe anduvo legua y
media buscando un paradero sin hormigas. Se atalayó en la punta de un cumarú de
cuarenta metros y por fin después de mucho campear descubrió una lucecita
lejos. Allá fue y se topó con un rancho. Y era el bohío de Oibé 3e4 Macunaíma
tocó y una vocecita muy dulce pujó de allá adentro:
— Quién vive!
— Es de paz!
Entonces la puerta se abrió y apareció tamaño bicho que requetespantó al
héroe. Era el monstruo Oibé temible lombrizón. El héroe sintió un friecito por
dentro pero se acordó de la Smith-Wesson, se dio ánimo y pidió posada.
— Adéntrese usté que ésta es su casa.
Macunaíma entró, se sentó en un canasto y así se quedó. Por fin
preguntó:
— ¿Qué, no vamos a platicar?
— Vamos.
— ¿Pero sobre qué?
Oibé se rascó la barbilla rumirrumiando y de repente descubrió sa
tisfecho :
— ¿Vamos platicando marranadas?
— Chii! eso me gusta horrores! — exclamó el héroe. Y conversaron una
hora de chanchadas.
Oibé estaba cocinando la comidita suya. Macunaíma no tenía hambre
ninguna pero botó la jaula en el suelo y sólo de puro cabulero se
refregó la mano en la barriga y dijo:
— Guác!
Oibé refunfuñó:
— Qué son esas chácharas!
— Es hambre es hambre!
Oibé tomó una batea, botó ñame con frejoles dentro, llenó un mate con
harina de tapioca y le ofreció al héroe. Pero no le dio ni un cachito de
mondongo que asaba en un espetón de canela de sasafrás que dejaba su buen
aroma. Macunaíma se atragantó todo sin masticar y no tenía nada de hambre pero
se le hizo agua la boca por culpa de las achuras que se asaban así y asado. Se
refregó la mano en la panza y dijo:
— Guác! Oibé rezongó:
— Qué hueveo es ése!
— Es sed es sed!
Oibé agarró una cubeta y fue a buscar agua al pozo.
Mientras iba, Macunaíma sacó la canela de sasafrás de las brasas, se
tragó todo el triperío entero sin masticar y se quedó muy tranquilo esperando.
Cuando el lombrizón trajo el balde, Macunaíma bebió en un coco. Des pués se
desperezó suspirando:
— Guác!
El monstruo se retespantó:
— Pero qué vainas son ésas!
— Es sueño es sueño!
Entonces Oibé llevó a Macunaíma al cuarto de huéspedes, dio las
buenas-noches y cerró la puerta por fuera 365 Fue a cenar. Macunaíma botó la
jaula en un rincón, cubriendo a la pareja de gallinas con unos percales.
Argüendeó bien por el cuarto. Había un ruidito sin parada venido de todas
partes. Macunaíma golpeó la yesca del encendedor y vio que eran cucarachas. Así
mero se trepó en la hamaca no sin dejar de espiar que no le faltara nada a los
leghorns. El par andaba hasta con tento comiendo cucarachas. Macunaíma se rió
con ellos, eructó y durmió. Al poco rato ya estaba tapizado de cucarachas que
lo lamían todo.
Cuando Oibé se dio cuenta de que Macunaíma se había comido el mondongo,
le dio rabia. Agarró una campanita y envolviéndose en una sábana blanca fue a
hacerla de espantos pal huésped. Pero era sólo de broma. Llamó a la puerta y
movió la campanita, ti-lín!
— ¿Quiúbole?
— Vine a buscar mi mondongo-dongo-dongo-dongo-dongo-cero! ti-lín!
Abrió la puerta. Cuando el héroe divisó la visión quedó con tanto miedo
que ni se movió. Claro que no sabía que era Oibé. La fantasma se iba viniendo:
— Vine a buscar mi mondongo-dongo-dongo-dongo-dongo-cero! ti-líní
Entonces Macunaíma percibió que no era una aparición ni que nada,
sino el monstruo Oibé lombrizón temible. Se dio valor, agarró el arete
de la oreja izquierda, que era la máquina revólver, y asestó un tiro en el
espanto. Pero Oibé ni caso hizo y se fue viniendo. El héroe volvió a tener
mieditis. Saltó de la hamaca, jaló la jaula y se escabulló por la ventana,
dejando cucarachas por todo el camino. Oibé corrió atrás. Pero era sólo de
chiste que quería comer héroe. Macunaíma arremetió agreste fuera pero en eso
seguía que seguía acosado por el lombrizón. Entonces se botó el dedo
pica-tortas en la boca, se hizo cosquillas y arrojó el atracón de harina. La
harina se convirtió en arenal mientras el monstruo luchaba por atravesar aquel
mundo de arena movediza, Macunaíma huía. Tomo por la derecha, bajó el cerró de
la Rumorosa que suena de siete en siete años, siguió por unas manchitas de mato
y después de cortar por un vado agitado de arrecifes recorrió Sergipe de cabo a
rabo y paró ja deante en un escarpado muy pedregoso 366 En frente había un
peñasco enorme perforado por una caverna con un altarcito dentro. En la boca
del socavón estaba un fraile. Macunaíma le preguntó al capuchino:
— ¿Cómo se llama el nombre suyo?
El fraile dejó en el héroe sus ojos fríos y contestó con pachorra:
— Yo soy Mendoza Mar, pintor. Disgustado con la injusticia de los
hombres hace tres siglos que me alejé de ellos metiendo la cara en la
Tierradentro del sertón. Descubrí esta gruta y erguí con mis propias ma nos
este altar de Bom Jesús da Lapa y vivo acá perdonando gente, mu dado pa Fray
Francisco de la Soledad 367
— Está bueno — Macunaíma dijo. Y se chispó.
Pero el terreno estaba lleno de socavones y luego más adelante estaba
otro desconocido haciendo un gesto tan tonto que Macunaíma se paró
retespantado. Era Hércules Florence 3G8 Ponía un vidrio en la boca de un
tunelcito-chumí, tapaba y destapaba el vidrio con una hoja de
monstera-deliciosa. Macunaíma preguntó:
— Orale, ájale, újule! A poco usté no va a decirme lo que anda ha
ciendo ahí, iñor!
El desconocido se volteó hacia él y con los ojos relumbrantes de alegría
pronunció:
— Gardez cette date: 1827! Je viens d’inventer la photographie!
Macunaíma dio una carcajadota.
— Chii! Qué años hace que inventaron eso, iñor!
Entonces Hércules Florence fue derribado por el estupor sobre la hoja de
monstera-deliciosa y principió anotando con música una memoria cien tífica
sobre el canto de los pajaritos. Estaba simplemente loco. Macunaíma se las
tomó.
Después de correr legua y media miró hacia atrás y vio que Oibé ya venía
cerca. Se metió el índice en el gañote y allá fue a dar al suelo todo el ñame
tragado convirtiéndose en un tortuguerío agitagitándose. Oibé sudó para
contornar aquella inmundicie de carapachos y Macunaíma es capó. Legua y media
adelante miró hacia atrás. En eso Oibé venía pisán dole la cola. Entonces
volvió a ponerse el dedo pica-tortas en el garguero y guác! guacareó puro
poroto y agua. Todo se convirtió en un tremendo tremendal de sapos-toros y
mientras Oibé se debatía atravesando todo aquello, el héroe recogía unas
lombrices pa las gallinas y partía con pre mura. Llevaba mucha delantera y
paró para reposar. Se quedó reteadmi-rado porque había corrido tanto que andaba
otra vez por la puerta del bohío de Oibé 369 Resolvió esconderse en el huerto.
Había un árbol de carambolos y Macunaíma principió por arrancar ramas del
carambolo para parapetarse abajo. Las ramas cortadas se agarraron goteando agua
de lagrimón y se dejó oír el lamento del carambolo:
Jardinero de mi padre,
no me cortes mis cabellos
que el malvado me enterró
por higos del higuerón
que el Pajarito comió. . .
— Chó, chó, pajarito, chól370
Todos los pajaritos lloraron de pena chillando en los nidos y el héroe
se quedó helado de susto. Agarró el fetiche que traía entre los colguijes del
pescuezo y trazó una mandinga. El carambolo se convirtió en una princesa rete
chic. Al héroe le dieron muchas ganas de juguetear con la princesa pero Oibé ya
debía de estar estallando por ahí. Y de hecho:
— Vine a buscar mi mondongo-dongo-dongo-dongo-dongo-cero, ti-lín!
Macunaíma le dio la mano a la princesa y salieron disparados. Más
adelante había una higuera con las arcabas enormes. Oibé ya les pisaba
los talones y Macunaíma no tenía tiempo pa naa. Entonces se metió con la
princesa en la hendidura de aquellos contrafuertes. Pero el lombrizón metió el
brazo y así agarró la pierna del héroe. Iba a jalar pero Macunaí ma dio un
carcajadón de pura experiencia y dijo:
— Usté está imaginando que agarró mi gamba, y no! Esto es raíz, pedazo!
El lombrizón soltó. Macunaíma gritó:
— Pos era mi mera pierna pedazo de alcornoque!
Oibé volvió a ensartar el brazo pero el héroe ya había encogido la
pierna y el lombrizón halló pura raíz. Había una garza cerca. Oibé habló con
ella:
— Divina-Garza, ponga ojo avizor en el héroe. No lo deje salir que voy a
buscar un azadón para cavar.
La garza se quedó al pendiente. Cuando Oibé ya estaba lejos Macu naíma
le dijo:
— ¿Y bueno? pavota, es así que se pone juicio en un hérue! Quédese de
cerca y saltando los ojos!
La garza lo hizo. Entonces Macunaíma tiró un puñado de hormigas de fuego
en los ojos suyos y cuando la Divina-Garza gritaba por la ceguera se salió del
agujero con la princesa y se escabulleron de nuevo 371 Cerca de San Antonio del
Mato Grosso se toparon con un banano y andaban muertos de hambre. Macunaíma le
dijo a la princesa-carambolo:
— Arresúbase, coma verdes que son las buenas y aviente las ama rillas
pa mí.
Ella lo hizo. El héroe se hartó mientras la princesa bailaba sus cólicos
para que éste notara 372 Oibé ya venía llegando y los dos chisparon hicos de
hamaca otra vez.
Después de correr legua y media más, por fin llegaron a un firme
acuchillado del Araguaya. Pero la igarité estaba varada bien más abajo en la
otra orilla con Maanape, Yigué y la linda Iriquí, toda esa compañía durmiente.
Macunaíma miró hacia atrás. Oibé casi ahí. Entonces se botó el dedulce en el
garguero por última vez, se hizo cosquillas y arrojó el mondongo al agua. Los
chinchulines se convirtieron en un camalote de totoras tules espadañas
pajas-bravas muy mullido 373 Macunaíma puso la jaula con cuidado en lo
blanducho, echó a la princesa ahí y dándose impulso con el pie en la orilla,
apartó de la playa el camaloterío que las aguas fueron llevando. Oibé llegó
pero los fugitivos iban lejos. Entonces el lombrizón que era un lobisón 374
famoso principió a titiritar, fue crian do rabo y se convirtió en
aguará-coyote. Abombachó el gañote desencanta do y salió de la panza suya una
mariposa azul. Era alma de hombre 375 presa en el cuerpo del lobo por artes de
birlibirloque del Carrapatú 376 terrible que frecuenta la gruta de Iporanga 377
Macunaíma y la princesa jugueteaban llevados por la corriente río abajo.
Ahora se están riendo el uno para el otro.
Cuando pasaron junto a la igarité los manos se despertaron con los
gritos de Macunaíma y se fueron atrás. Iriquí se puso luego celosa porque el
héroe ya no quería quererla y sólo jugueteaba con la princesa-caram bolo. Y
para ver si reconquistaba al héroe destapó un lloriqueo inconteni ble. Yigué
tuvo pena de ella y le pidió a Macunaíma que fuera a jugue tear con Iriquí un
buen ratito, Yigué era muy zonzo. Pero el héroe que ya le tenía ojeriza a
Iriquí le respondió:
— Iriquí es muy singracia, mano, pero la princesa, uepa! No, no les des
bolilla a Iriquí! “No olvidés, me decía Fierro, / que el hombre no debe crer /
en lágrimas de mujer / ni en la renguera del perro” . Ayayay, malhaya quien
caiga.
Y se fue a juguetear con la princesa. Iriquí se quedó triste triste,
rete triste, llamó a seis aras cuiú-cuiú y subió con ellas pal cielo, llorando
luz ya convertida en estrella. Las guacamayas-amarillas también fueron
estrellas. Son Siete-Cabrillas.
URARICOERA
Al otro día Macunaíma amaneció con mucha tos y una fiebrecita sin
parada. Maanape desconfió y fue a hacer un menjunje de germen de palta 378,
creyendo que el héroe estaba tísico. En cambio era paludismo, y la tosedera se
había hecho venir por esa laringitis 379 que todo el mundo carga de Sao Paulo.
Ahora Macunaíma se pasaba las horas echado de bruces en la proa de la canoa y
ya nunca más volvería a sanar. Cuando la princesa-carambolo no se aguantaba más
y venía pa juguetear, el héroe hasta una vez se rehusó suspirando:
— Ara. . . qué flojera. . .
Al otro día alcanzaron la cabecera de un río y escucharon de cerca el
bululú del Uraricoera. Ahí era. Un pajarito yaacabó trepado en una munguba 38°,
al ver la farra se puso a gritar entretanto:
— Entren santos pé-regrinos pé-regrinos, recibán este rincón!381
Macunaíma agradeció feliz. De pie asistía al paso del paisaje. Se dejó
venir el fuerte de San Joaquín 382 erigido por el mano del gran Marqués.
Macunaíma dejó un ta-luego pal cabo y pal soldado que sólo traían un pedazo
deshilachado de calzón y la cuartelera en la cabeza y que vivían vigilando a
las tambochas de los cañones. Al final todo fue haciéndose conocidísimo. Se
divisaba el cerro manso que había sido madre un día, en el lugar llamado Padre
de la Tocandeira 383, se divisaba el traicionero ámbito palustre entretejido de
regias victorias-avatí-urupí amazónicas tapujando a las anguilas-eléctricas y a
las conchudas-huistoras 384 Y si guiendo el abrevadero de la danta se vio el
sombrío sembradío convertido en quemada 385 ¡y qué iba a hallar al volver! tan
sólo halló una tapera. Macunaíma lloró.
Atracaron y se introdujeron en la tapera. Venía entrando la
boca-de-la-noche. Maanape y Yigué resolvieron que iluminados con hachos atra
parían algún pez y la princesa fue a ver si se topaba con algún tentenpié pa
comer. El héroe se quedó descansando. Así estaba cuando sintió en el hombro el
peso de una mano. Volteó la cara y miró. Junto a él estaba un anciano de barba.
El carcamal le dijo:
— ¿Quién eres tú, noble extranjero?
— Yo no soy ningún extraño, conocido. Soy Macunaíma el héroe y vine a
parar de nuevo en tierra de los míos. ¿Y usté quién es?
El viejo se espantó a los mosquitos con amargura y secundó:
— Soy Joáo Ramalho 386
Entonces el fundador se ensartó dos dedos en la boca y silbó. Apare
cieron la mujer de él y su prole de quince familias en escalenta. De ahí
partieron en mudanza a procura de nuevos pagos donde no hubiera nadie.
Al otro día bien tempranito se fueron todos a laburar. La princesa fue
al sembradío Maanape al mato y Yigué al río. Macunaíma se disculpó,
subió en la piragua y se dio una llegadita hasta la boca del Río Negro
pa buscar su conciencia dejada en la isla de Marapatá. ¿Y ustedes creen que la
halló? Lagarto! Entonces el héroe agarró la conciencia de un hispano
americano, se la enjaretó en la cabeza y se dio bien de la misma manera.
Pasaba un cardumen de sabaleros-varaquís 387 en desova. Macunaíma se fue
pescando distraído distraído y cuando vio ya andaba en óbidos 388, y el guampo
llenecito de pescado fresco. Pero el héroe se vio obligado a tirar todo porque
en Óbidos “quien come yaraquí se queda por aquí” según dicen, y él tenía que
regresar al Uraricoera. Volvió y como el día caía a plomo se echó a la sombra
de un pico-de-loro se espulgó las garra patas y durmió. Al llegar la tarde
todos volvieron pa la tapera pero Macunaíma no. Los otros salieron a esperar.
Yigué se acuclilló colocando la oreja sobre el suelo pa ver si oía los pasitos
del héroe y nada. Maanape se atalayó en el rebrote de una palmicha de moricha
pa ver si divisaba el brillo de los aretes del héroe y nada. Entonces salieron
por el mato y la caapuera gritando:
— Macunaíma, mano nuestro!. . .
Y nada. Yigué llegó bajo el algarrobo y gritó:
— Mano nuestro!
— Qué fue eso!
— Usté, apuesto que ya estaba durmiendo!
— Qué durmiendo ni qué nada, es que. . . Lo que estaba era engatu sando
a una perdiz de monte-rojiza 389 Usté hizo bulla y la perdiz se desperdigó por
ahí!
Volvieron. Y así todos los días. Los manos andaban muy desconfiados.
Macunaíma se las olió y disimuló muy bien:
— Yo cazo pero no encuentro nada. Yigué ni chicha ni limonada, se pasa
el día echadote 390
A Yigué le dio rabia porque el pez rareaba y la caza ni qué decir. Se
fue a la playa del río a ver si pescaba algo y se topó con el hechicero
Tzaló-lo que tiene una pierna sólo 391 El curandero poseía una calabaza
encantada hecha con la mitad de una cáscara de zapallo. Zambulló la jicara en
el río, la llenó de agua hasta la mitad y roció la playa. Entonces cayó una
morondanga de peces. Yigué notó todo lo que el yerbatero hacía. Tzaló largó la
calabaza por ahí y empezó a matar peje con una macana. Entonces Yigué se robó
la jicara del hierve-yerbas Tzaló-lo que tiene una pierna sólo.
Poco después haciendo que ni cuenta se había dado se vino mucho pez, se
vino payara-machete se vino pacú viejas-de-cola caribe-pinche ca-paburro pavón,
todos esos peces y Yigué volvió cargado pa la tapera des pués de esconder el
mate en la raíz de un jaramango. Todos quedaron retespantados con aquel mundo
de peces y comieron rebién. Macunaíma se las olió.
Al otro día esperó con el ojo izquierdo durmiendo a que Yigué se fuera a
pescar y salió atrás. Descubrió todo. Cuando el mano se fue, Macunaíma
dejó la jaula de los leghorns en el suelo y agarró la calabaza escondida
haciendo como el mano. Tal cual. En eso se vinieron muchos peces, vino
carecaballo vino palambre vino camaroncito-cocil bagre-marino bagre-sapo
manduví-bigotón surubí-pintado, todos esos peces. Macunaima arrojó el catabre
por ahí, en las prisas de matar todos los peces, y el guaje hizo parará en un
pedrejón y guác! se zambulló en el río. Pasaba la payara-machete llamada Padzá.
Imaginó que eran calabazas, y se tragó la jicara. Esta se convirtió en la panza
de Padzá. Entonces Macunaima se puso la jaula en el brazo volvió pa la tapera y
contó lo sucedido. A Yigué le dio rabia.
— Cuñada princesa, yo soy quien pesco, su compañero se queda tiradote
bajo el pico-de-loro y todavía pasa a fregar a los demás.
— Mentira.
— ¿Entons qué hizo usté hoy?
— Cacé venado.
— ¿Y on-tá?
— Comí, juay. Fui andando por un camino, y zás, me topé con el rastro de
un. . . guazubirá, no, no, de un guataparo. Me agaché y seguí el rastro.
Mirando, mirando, ven, me di un cabezazo con una cosa blanda, qué chistoso.
Saben lo que era! pues el mapa-mundi del venado, raza. (Macunaima dio una
carcajadota). El venado aún me preguntó: — Qué anda haciendo ahí, pariente. —
Venadeándote — le secundé. Y maté al guazubirá que comí con tripas y todo.
Venía trayendo un trozo pa ustedes, y zás me atrompecé y al atravesar el
ojo-de-agua, di un tumbo, el pedazo fue a dar lejos y la hormiga tanayura hizo
sus necesidades en él.
La patraña era tan tamaña que Maanape desconfió. Maanape era he
chicero. Se allegó juntito al mano y preguntó:
— ¿Usté anduvo de caza?
— Este. . . pos. . . sí fui.
— ¿Y qué fue lo que cazó?
— Venado.
— Qué qué.
Maanape hizo un gesto grande. El héroe guiñó de miedo y confesó que todo
era pura camama S92
Al otro día Yigué estaba campeando el mate cuando se encontró con el
tatú-carreta hechicero llamado Caicá que nunca tuvo mamá. Caicá sentado a la
puerta de la madriguera jaló la guitarrita suya hecha con la otra mitá de la
calabaza encantada y se agarró cantando así:
“Vote vote coendú,
de bóbilis bóbilis coatí.
Vote vote tayazú.
De bóbilis bóbilis pécari.
Vote vote canguzú.
Eh. . . ”
Y así se vinieron muchas cazas. Yigué sólo ojos. Caicá lanzó la
gui-tarrita encantada por ahí, agarró una macana y fue a matar a todo ese mundo
de cazas que andaban hechas unas atarantadas. Entonces Yigué se rateó la
guitarrita del hechicero Caicá que nunca tuvo mamá.
Más adelante cantó tal y cual había escuchado y se vino un diluvio de
caza parándosele mero enfrente. Yigué regresó cargado pa tapera después de
esconder la guitarrita en la raíz de otro bejuco. Todos volvieron a espantarse
y comieron bien. Macunaíma volvió a desconfiar.
Al otro día esperó con el ojo izquierdo durmiendo a que Yigué partiera,
y fue atrás. Descubrió todo. Cuando el mano volvió pa la tapera, Macu naíma
agarró la guitarrita, haciendo tal y cual había visto y se virio un titipuchal
de caza, venados jutías osos-hormigueros carpinchos armadillos aperemas pacas
aguarachayes nutrias tortugas-escorpión cochemontes igua nas báquiras tapires,
la danta zapatera, onzas, el jaguar el cunaguaro el chibiguazú, puma ocelote
laucha, eso era la morondanga de cazas. El héroe tuvo miedo de tan tamaño
bicherío y salió en un carrerón soberano lanzando la guitarrita lejos. La jaula
ensartada en el brazo suyo iba ha ciendo un parará en los troncos y el gallo y
la gallina se traían un cacareo ensordecedor. El héroe suponía que era del
bicherío y se chispaba más aún.
La guitarrita cayó en el diente de un jabalí que tenía el ombligo en el
lomo 393 y se partió en diez veces diez pedazos que los bichos se tragaron
creyendo que era zapallo. Los pedazos se convirtieron en las vejigas del
alimañerío.
El héroe destapó tapera dentro hecho un desesperado y echando los bofes
por la boca. No bien podía respirar que ya contaba lo sucedido. A Yigué le dio
odio y dijo:
— Ahora sí que ni cazo ni pesco más nada!
Y se fue a dormir. Todos empezaron a pasar hambre. Bien que pedían pero
Yigué saltaba en la hamaca y cerraba los ojos. El héroe juró ven ganza. Simuló
un anzuelo con diente de anaconda y le dijo al fetiche:
— Anzuelo de mentiras, si mano Yigué viene a probarlo, entonces entre en
la mano suya.
Yigué no podía dormir de tanta hambre y divisando el anzuelo le preguntó
al mano:
— ¿Mano, este anzuelo está bueno?
— De ordago 394 — dijo Macunaíma y continuó limpiando la jaula. Yigué
decidió ir de pesca porque de veras andaba asolado por la gazuza
dijo:
— Deja ver si el anzuelo es bueno.
Agarró el fetiche y lo probó en la palma de la mano. El diente de
anaconda entró en la piel y virtió todo el veneno ahí. Yigué corrió pa las
matitas y por más que masticó y tragó ñame de nada le valió. Entonces fue a
buscar una cabeza de aruco que había sido expuesta a picadura de víbora. Se
puso en la mano. De nada le valió. El veneno hizo una
herida leprosa y principió por comerse a Yigué. Primero se comió un
brazo después la mitad del cuerpo luego las piernas después la otra mitad del
cuerpo luego el otro brazo por fin el pescuezo y la cabeza. Sólo quedó la
sombra 395 de Yigué.
A la princesa-carambolo le dio odio. Era ella quien ultimadamente
jugueteaba con Yigué. Macunaíma bien que se dio cuenta, pero pensó: “Planto
mandioca y me nace ñame, del ladronicio de casa nadie se es pante, paciencia.
. . ” Y había encogido los hombros. Rabiosa la princesa le dijo a la sombra:
— Cuando el héroe se vaya a pasear el hambre usté se convierte en un
marañón en un banano y en un churrasco de venado.
La sombra era envenenada por culpa de la lepra y la princesa quería
matar a Macunaíma.
Al otro día el héroe se despertó con tanta hambre que se fue de solaz
paseando. Se topó con un marañón lleno de frutas. Quiso comer pero presintió
que era la sombra leprosa y siguió adelante. Legua y media después se topó con
una humeante barbacoa de venado. Ya andaba mo rado de hambre pero se dio
cuenta que el churrasco era la sombra le prosa y prosiguió. Legua y media
después se topó con un plátano carga-dito de pencas maduras. Pero el héroe ya
estaba que veía bizco de tanta hambre 396 La bizcura lo hizo ver de un lado la
sombra del mano y del otro el plátano.
— Así sí que puedo comer! digo.
devoró todas las pencas. Y
los plátanos eran la sombra leprosa del mano Yigué. Macunaíma iba a morir.
Entonces se acordó de pasar la enfermedad en los otros 397 pa no morir solito.
Agarró una hormiga tambocha y se la resfregó bien en la herida de la nariz, la
hormiga ya fue gente como nosotros y la tambocha quedó leprosa. Entonces el
héroe agarró la hormiga yaguatací y se hizo lo mismo. Yaguatací quedó leprosa
también. Entonces fue el turno de la hormiga aqueque devoradora de semillas y
de la hormiga quenquén, de la hormiga tracuá y de la hormiga mumbuca rete
prieta todas quedaron leprosas. Ya no había más hormigas en derredor del héroe
sentado. Se quedó con pereza de estirar el brazo porque ya estaba moribundo.
Esperó visita de la salud 398, se dio fuerza y agarró al mosquito barigüí
picando la rodilla suya. Pasó la enfermedad al mosquito barigüí. Por eso es que
ahora cuando ese mosquito pica gente, entra en la piel, atraviesa el cuerpo y
sale del otro lado mientras que el agujerito de entrada se convierte en esa
horrenda breva llamada Leich-maniosis llagada de Baurú 3" .
Macunaíma había pasado la lepra en otras siete gentes y se puso sano al
instante, volviendo pa la tapera. La sombra de Yigué confirió que el héroe era
muy inteligente y quiso volver desesperada junto de la familia. Era ya de noche
y confundiéndose con la oscuridad la sombra ya no hallaba camino cerca. Se
sentó en una piedra y berreó:
— Fueguito 400, cuñada princesa!
La princesa, que iba rengueando mucho porque estaba enferma con los
dengues del mal de San V ito401, vino con un tizón alumbrando ca mino. La
sombra se tragó al fuego y a la cuñada. Berreó de nuevo:
— Fueguito, mano Maanape!
Maanape vino luego con otra antorcha afarolando camino, y se arras
traba inerte porque la vinchuca 402 había chupado la sangre suya y Maa nape
estaba opilado 403 La sombra se tragó el fuego y a mano Maanape. Después
berreaba:
— Fueguito, mano Macunaíma!
Quería tragarse al héroe también pero Macunaíma percibiendo lo que había
sucedido con el mano y la compañera dejó la puerta emparejada y se quedó
quietecito en la tapera. La sombra pedía fueguito, pedía y al no recibir
respuesta se lamentó hasta la madrugada. Entonces Capei apareció iluminando la
tierra y la leprosa pudo llegar a la tapera. Se sentó en el acanyará del umbral
y esperó al día pa vengarse del mano.
De mañana todavía estaba acuclillada allí. Macunaíma se despertó y
escuchó. No se oía nada y concluyó:
— Ara! Se fue!
salió a pasear. Cuando
traspasó la puerta la sombra se trepó en el hombro suyo. El héroe no malició
nada. Estaba pasando hambres pero la sombra no lo dejaba comer. Todo lo que
Macunaíma atrapaba la sombra se lo tragaba: — tamorita mangarito ñame merey mamey
plátano-dominico caimito banana-enana ananás guanábana fruta-bomba esas comidas
del mato. Entonces Macunaíma fue a pescar porque ahora ya no tenía quien lo
hiciera por él. Pero cada pez que sacaba del anzuelo y lo arrojaba en la
chistera la sombra brincaba del hombro, se tragaba el pescado y volvía a
encaramarse otra vez. El héroe meditó: “Tate quieto que si no, te arreglo!”
Cuando el pez picó Macunaíma hizo un esfuerzo heroico, dio un bruto empujón en
la vara de forma que el impulso hizo que el pez fuera a parar allá por la
Guayana. La sombra fue tras el pez. Entonces Macunaíma cimarroneó mato fuera en
sentido opuesto. Cuando la sombra regresó, sin encontrar más al mano disparó en
busca del rastro suyo. Después de correr un poco, atravesar la tierra de los
indios tatús-blancos 404 y darse tamaño susto, tanto que pasó sin pedir permiso
entre la sombra de Jorge Velho y la sombra del Tiñoso Fumbí 405 quienes
discutían, el héroe, cansadísimo, miró hacia atrás y vio que la sombra ya venía
llegando. Estaba en Paraíba y tan sin ganas de chispearse que paró. Era porque
el héroe estaba con paludismo406 Cerca había unos trabajadores destruyendo
hormigueros para construir un azud. Macunaí ma les pidió agua. No había ni
jota pero le dieron una jicara con raíces de jicama 407 El héroe mató la sed de
los leghorns, agradeció y gritó:
— Que con el diablo la lleve quien trabaja!408
Los trabajadores cuquearon al perrerío contra el héroe. Eso mero era lo
que quería porque tuvo pavor y se chispó rebién. Al frente se abría el camino
de las boyadas. En eso Macunaíma venía que venía acosado por
la sombra, y ni tutubió: se metió por el atajóte. Más adelante dormía
tumbado un toro zebú llamado Espacio 409 que había venido del Piauí. El héroe
se dio un trompazo con él de tanta enjundia. Con eso el toro salió en un galope
loco del susto y por allá se fue cegado manantial abajo. Entonces Macunaíma lo
atajó por un picadero sin remedio y se parapetó bajo un mocomuco. La sombra
escuchaba el ruidazal del astado a galope y supuso que era Macunaíma. Fue
atrás. Alcanzó al torazo y pa no perder el paso de pasadita hizo palo de
gallinero del lomo suyo, y cantaba satisfecha:
‘‘Aquí traigo ya al torito
pero no para torearlo
lo traigo para pasearlo1.”
"Voy a dar la vueltecita
sígueme torito
te espero aquí, aquí te espero
sígueme torito!”
Y así ya nunca más pudo comerse al toro, la sombra se tragaba todo antes
que el bicho. Entonces el astado fue quedando zurumbático lerdo y esquelético.
Cuando pasó por el rincón llamado Agua Dulce cerca de Guararapes, el torito
miró retéspantado mero en medio del arenal la vista linda, y un naranjo lleno
de sombra con una gallinita ciega picoteando debajo. Era señal de muerte. . .
La sombra mortificada cantaleteaba ahora:
"Ahora sí ya te encontré
donde me dijo el Maestro.
Te encontré y voy a lazarte
para llevarte a la hacienda. . . ”
“He de regresar ahí
para traerlo a mi tierra
que venga a sentarse
en la puerta del mirador
que venga a mirar la vuelta
que voy a dar en su honor”.
Al otro día el astado estaba muerto. Enverdecía y enverdecía. . . La
sombra con mucho pesar se consolaba payando ya:
“Murió el toro rebravo. . .
Siento a la niña bonita
que dejé en la plaza de Salvatierra.
Lloró cuando me volví a mi tierra”.
Y el Buen Jardín era una estancia del Río Grande Del Sur410 Enton ces
se dejó venir una gigante a la que le gustaba juguetear con el astado. Vio al
toro en la tumba, lloró bien llorado y se quiso llevar al cadáver consigo.
A la sombra le dio rabia y cantó:
"Arretírate, giganta
que el caso es peligroso!
Quien se retiró amante
hace acción de generoso!”
La gigante agradeció y se retiró danzando. Entonces pasó por ahí un
individuo llamado Manuel da Lapa cargado de hojas de Marañón y de ramas de
algodón. La sombra saludó el conocido:
“Don Manué que viene del Montón
don Manué que viene del Montón
viene cargadito de hoja de marañón!”
“Don Manué que viene del sertón
don Manué que viene del sertón
viene cargadito de rama de algodón!”
Manuel da Lapa se quedó muy orondo con el saludo y pa agradecer danzó
zapateado y cubrió el cadáver con las hojas de cajuil y las ramas de guata.
El viejo-mandinguero ya estaba sacando a la noche del agujero411 y la
sombra toda confundida no veía más al toro tumbado bajo los copados y el
follaje. Empezó a danzar en procura suya. Una luciérnaga se admiró de aquello y
cantó acompañando:
"Ahora ya lo saben pues
señores compañeritos:
donde quiero que me entierren
no sea en tierra consagrada.
Entiérrenme en pleno campo
donde se pasea el ganado”
Así fue como la sombra secundó cantando. Entonces la luciérnaga danzando
voló abajo del tronco y le mostró el buey a la sombra. Esta se trepó en la
panza verde del muerto y ahí se quedó llorando.
Al otro día el toro se pudría. Entonces vinieron muchos iribús, vino el
chino-chicora sapitiba, vino el iribú-chato el aura el jote el zope el
cuervo-de-cabeza-amarilla que sólo come ojos y rabadilla, todos esos
cabezas-pelonas y principiaron a danzar contentos. El Mayor encabezaba la danza
cantando:
"Iribú es huella fea fea fea!
Iribú es brinco limpio limpio limpio!”
era el oripopo, rey-zamuro,
el Padre del Yrybú. Entonces mandó a un zopilotito-piá a entrar dentro del
cachón a ver si ya estaba bien podrido. El gallinacito lo hizo. Entró por una
puerta y salió por otra 412
diciendo que sí y todos chacotearon en un guateque juntos 413 danzando y
cantando:
“Cuando pase por ahí
la niñita ha de decir
Dios me socorra que aquí
está enterrado, y difunto
mi buen caporal Mayor”.
Oh. . . eh bumbá
descanse mi buey!
o h .. . eh bumbá
descanse en paz l"
Y fue así que inventaron el bendito mitote del Torotumbo, también
conocido como Boi-Bumbá.
A la sombra le dio rabia que se estuvieran comiendo al buey suyo y saltó
sobre el hombro del oripopo. El Padre del Yrybú quedó muy satis fecho y gritó:
— Hallé compañía pa mi cabeza, raza!
Y voló a las alturas. Endenantes el rey-zamuro había tenido sólo una
cabeza.
XVII
OSA MAYOR
Macunaíma se arrastró hasta la tapera ya sin gente. Estaba muy contra
riado porque no comprendía el silencio. Se había quedado como muertito sin
lloronas, en un abandono total. Los manos fueron de veritas transfor mados en
la cabeza izquierda del rey-zamuro y uno ni siquiera se encon traba cuñataís
por ahí. El silencio empezaba a cabecear de sueño a orillas del Uraricoera. Qué
enfado! Y principalmente, ah!. . . qué flojera!. . .
Macunaíma se vio obligado a abandonar la tapera cuya última pared
empalizada con palma de sotole se venía abajo. Pero la malaria no lo dejaba con
ímpetu ni de construir un caney. Había traído la hamaca para lo alto de un teso
donde había una piedra con guacas de dinero enterrado abajo. Amarró la hamaca
entre dos cajuiles frondoseando y no salió más de ella por varios días tumbado
a la bartola encanijado y comiendo mara-ñones. Qué soledad! El mismo séquito
pintarrajeado se disolvió. No ven que un guaro-catinga 414 pasó muy apurado por
ahí. El guacamayerío le preguntó al pariente que adonde iba.
— Maduró maíz en tierra de los Ingleses 415, y allá voy!
Entonces todos los loros se fueron a comer maíz a la tierra de los
Ingleses. Pero primero se volvieron periquitos porque así comían y eran los
periquitos quienes se llevaban la fama 416 Sólo quedó ahí un loro
retetarabilla417 Macunaíma se consoló cavicavilando: "Lo mal habido, el
diablo se lo lleva. . . 418 paciencia” . Se pasaba los días amorriñado y se
distraía haciendo repetir al pajarraco en el habla de la tribu los casos
que habían sucedido al héroe desde la niñez. Aaah. . . Macunaíma boste
zaba chorreando marañón, muy dejadote en la hamaca, con las manos atrás
haciéndolas de cabecera, con la parejita de leghorns haciendo palo de gallinero
de sus pies y el loro-aruaí en la panza. Venía la noche. Aromatizado por las
frutas del cajuil, el héroe se achinchorraba rebién en el sueño. Cuando el
rayar del otro día venía, el loro destapaba el pico del ala y se tomaba el café
de mañana devorando a las arañas que de noche urdían ñandutí de las ramas hacia
el cuerpo del héroe 419 Después parloteaba:
— Macunaíma!
El dormilón ni se movía.
— Macunaíma! oh Macunaíma!
— Deja a uno dormir, aruaí. . .
— Alevántate, hérue! Ya es de-día!
— A h . . . qué flojera!. . .
— Mucha tambocha y poco bizcocho, luchas son que al Brasil dejan m
ocho!. . .
Macunaíma daba un carcajadón y se rascaba la cabeza tapizada de coruco
que es el piojo de la gallina. Entonces el loro repetía el caso apren dido en
la víspera y Macunaíma se enorgullecía de tantas glorias pasa das 420 Lo
sacudía el entusiasmo y se ponía a contarle al aruaí otro caso más rimbombante.
Y así todos los días.
Cuando la Papacenas que es la estrella vespertina se aparecía
remil-gando pa que las cosas se fueran a dormir, el aruaí arguyía rezongando
por culpa de la historia que quedaba a medias. Una vez hasta insultó a la
estrella Papacenas. Entonces Macunaíma le contó:
”— A ella sí no la insultes, aruaí! Taina-Can es bueno. A Taina-Can que
es la estrella Papacenas 421 le da pena la tierra y manda a Émoron-Pódole para
dar el sosiego del sueño de este mundo, a todas esas cosas que pueden tarse
sosiegas porque no poseen pensamiento como nosotros. Taina-Can es individuo
también. . . Relumbraba allá en el vasto campal de los cielos y la hija mayor
del curaca Zozoyaza de la tribu carayá, una solterona llamada Imaeró, dijo así:
— Padre, Taina-Can reluce tan bonito que quiero mancornarme con él.
’’Zozoyaza se rió bastante porque no podía dar a Taina-Can en casorio
pa la hija mayor. No. Entonces vino bajando el río una piragua de plata,
un remero saltó de ella, golpeó en el quicio y le dijo a Imaeró:
— Yo soy Taina-Can. Escuché vuestro pedido y vine en piragua de plata.
¿Por fa, cásese conmigo?
— Sí — respondió ella contentísima.
’’Dio la hamaca al prometido y la ñaña se fue a dormir con la mana más
joven llamada Denaqué.
”A1 otro día cuando Taina-Can saltó de la hamaca todos se
requetes-pantaron. Era un vetarro arrugado arrugado, temblequeando tanto como
la luz de la estrella Papacenas. Entonces, Imaeró gritó:
— Vete yendo, chocho! Ya parece que me voy a casar con un carcamal! Pa
mí ha de ser un guacho rebravo arrecho y de nación carayá!
”Taína-Can se quedó zurumbático zurumbático y principió a imaginar sobre
la injusticia de los hombres. Pero la hija menor del cacique Zozoyaza se apiadó
del vetarro y dijo:
— Yo me caso con usté. . .
”Taína-Can relumbró de regocijo. Se ajustaron. Denaqué preparando el
ajuar cantaba noche y día:
— Mañana a estas horas, furrún-fun-fun. . .
’’Zozoyaza respondía:
— Yo también con vuestra madre, furrún-fun-fun. . .
’’Después de que se acaben los dedos de vuestras manos, lorito, que son
de espera pal prometido, en la hamaca trenzada por Denaqué se jugueteó danza de
amor, furrún-fun-fun. . .
”No bien rayaba el día, y Taina-Can saltó de la hamaca diciendo a la
compañera:
— Voy a los matorrales a la roza-tumba y quema. Ahora usté se me queda
en el mocambo y nunca me vaya al conuco a espiar.
— Sí — dijo ella.
”Y se quedó en la hamaca, piense y piense en lo chistoso que era aquel
viejito extraño, que le había dado la noche de amor más sabrosa que uno se
imagine.
— Taina-Can tumbó caña, le echó fuego a todos los chinchorros de
hormigas y barbechó la tierra. En aquel tiempo la nación carayá no co nocía
las buenas plantas. Era sólo pez y bicho con lo que un carayá se atragantaba.
”En la otra madrugada Taina-Can le dijo a su compañera que iba a buscar
semilla pa sembrar y repitió la salvedad. Denaqué se quedó echadota en la
hamaca por mucho rato, meditabundando en las guapas sabrosuras de las noches de
amor que el bueno del vetarro le daba. Y se fue a tramar.
”Taína-Can se dio una llegadita al cielo, fue hasta el arroyo Beró, oró
y poniendo una pierna en cada lado del arroyo esperó al pendiente del agua. En
poco tiempo se dejaron venir a flor de piel del agüita las semillas de las
palomitas-de-maíz, el tabaco, la yucamarga, todas esas buenas plan tas.
Taina-Can apañó lo que pasaba, bajó del cielo y se fue al conuco a plantar.
Estaba trabajoseando bajo la Sol cuando Denaqué apareció. Era porque ella de
pura morriña de las noches de amor quiso ver al com pañero dador de esas
valientes sabrosuras. Denaqué dio un grito de alegría. Claro que Taina-Can no
era vejete! Taina-Can era un rapaz rebravo arrecho y de nación carayá. Se
hicieron un mullido de tabaco y de ñami y juguetearon saltiteando bajo la Sol.
’’Cuando volvieron al mocambo riéndose mucho el uno para el otro, Imaeró
hizo rabieta. Gritó:
— Taina-Can es mío! Fue por mí que vino del cielo!
— Mala suerte — fue lo que Taina-Can cantó— . Cuando yo quise usté no
quiso, pos ora joróbese!
”Y se trepó en la hamaca con Denaqué. Imaeró desinfeliz suspiró así:
— No le hace caimán, que tus lagunas se han de secar!422
”Y salió gritando por las matas. Se convirtió en el ave-campanero que se
desgañita amarillo de envidia en el callarquirirí del mato diurno.
’’Desde entonces por la pura bondad de Taina-Can es que el Carayá come
mandioca y choclo y posee tabaco para enmitotarse.
”Y de todo lo que los Carayás carecían, Taina-Can iba al cielo y regre
saba trayendo. Pa no hacer el cuento largo, Denaqué de pura abusada se puso a
enamorarse de todas las estrellitas del cielo! Todo iba saliendo tan bien. Pero
Taina-Can, que es la Papacenas, divisó todo. Con eso, hasta le escurrió rocío
de tan triste, agarró sus morondangas y se fue yendo pal vasto campal de los
cielos. Se quedó allá, y ya no trajo nada más. Si la Papacenas continuara
trayendo las cosas del otro lado, el cielo sería acá, todito nuestro. Ahora es
sólo de nuestro deseo.
’’Hay más nada".
El lorito dormía.
Una vuelta al llegar enero, Macunaíma se despertó tarde con el pia-dero
presagiante de la piaya. Sin embargo era un día hecho y la cerrazón ya había
entrado pal agujero. . . El héroe tembló y apapachó el fetiche que traía en el
pescuezo, un huesito de guacho-chico muerto pagano. Buscó al aruaí, había
desaparecido. Sólo el gallo y la gallina peleaban por culpa de una veintiúnica
araña. Hacía un calurón parado tan inmenso que se escuchaba la campanita de
vidrio de los chapulines. Vei, la Sol, se escurría por el cuerpo de Macunaíma,
haciendo cosquillitas, convertida en mano de patoja. Eran firuletes de la
vengativa, sólo por culpa de que el héroe no se mancornó con una de las hijas
de luz. La mano de pebeta venía y se deslizaba retemansita en el cuerpo. . . Qué
ganas en los músculos pinchados por primera vez después de tanto tiempo!
Macunaíma se acordó que hacía mucho no jugueteaba. El agua fría dizque es buena
pa espantar las ganas. . . El héroe se escurrió de la hamaca, se quitó la
pelusa de telarañas que vestía todo el cuerpo suyo y bajando hasta el valle de
Lágrimas fue a tomar un baño en un remanso cercano que el cheré-cheré del
tiempo-de-las-aguas había convertido en un lagunón.
Macunaíma colocó con cuidado a los leghorns en la rambla y se allegó al
agua. La laguna estaba toda cubierta de oro y plata y develó el rostro dejando
ver lo que había en el fondo 423 Y Macunaíma divisó allá en el fondo a una cuñá
lindísima, albita y lo mortificaban más y más las ganas. Y la cuñá lindísima
era la Uiara.
Se venía allegando, así como quien no quiere la cosa, con muchas danzas,
le guiñaba, al héroe, parecía que decía “Aviéntese, mi moquen-quén!” y se
apartaba con muchas danzas así como sin querer la cosa. Le dieron al héroe unas
ganas tan inmensas que estiró el cuerpo suyo y la boca se le humedeció:
— M aní!. . .
Macunaíma quería con la doña. Ponía el dedo gordo del pie en el agua y
en un tris la laguna volvía a cubrirse el rostro con las telas de oro y plata.
Macunaíma al sentir el frío del agua, retiraba el dedote.
Así fue muchas veces. Se aproximaba el pináculo del día y Vei estaba
enojadísima. Animaba como hincha pa que Macunaíma cayera en los brazos
traicioneros de la joven del lagunón y el héroe con miedo del frío. Vei sabía
que la lola no era ninguna lola sino que era la Uiara. Y la Uiara se venía
allegando otra vez con muchas danzas. Era toda una bonitura! Superfirulítica. .
. Morena y chapeadita como la cara del día e igual al día que vive rodeado de
noche, ella se intrincaba la cara en los negros cabellos cortos tal y cual si
fueran alas de graúna. Tenía en el perfil severo 424 una naricita tan ñoña que
ni servía pa respirar. Pero como sólo se mostraba de frente y hacía fiestas sin
voltear, Macunaíma no veía al agujero del cogote por donde la pérfida respiraba.
Y el héroe en un ata v desata de indeciso. A la Sol le dio bronca. Agarró un
rabo-de-armadillo de puro calurón y chaguarazeó el lomo del héroe. La doña ahí,
dizque abriendo los brazos pa mostrar las gracias cerrando los ojos muy que
rendona. Macunaíma sintió fuego en el espinazo, se estremeció, hizo tino, y se
arrojó al buen tuntún como guác!, encima de ella. Vei lloró de vic toria. Las
lágrimas cayeron en la laguna como una ducha de oro y de oro. El día caía a
plomo.
Cuando Macunaíma volvió a la playa se notaba que había peleado mucho
allá por el fondo. Se quedó de bruces un tiempazo con la vida colgándole de los
respiros exhaustos. Estaba sangrando con mordiscos por todo el cuerpo, sin
pierna derecha, sin los dedos gordos sin los cocos-locos-de-Bahía sin orejas
sin nariz sin ninguno de sus tesoros. Por fin pudo levantarse. Cuando se dio
ten con ten de las pérdidas se puso furioso contra Vei. La gallina cacareó
dejando un huevo en la playa. Macunaíma lo agarró y lo zampó en la carota feliz
de la Sol. El huevo se desparramó rebién por los cachetes de ella que se
ensució de amarillo por siempre de los siempres. Atardecía.
Macunaíma se sentó en un peñasco que ya había sido galápago en tiempos
de endenantes y se puso a contar los tesoros perdidos bajo el agua. Y eran
tantos, era una piernamocha los dedos gordos, eran los cocos-locos-de-Bahía
eran las orejas los dos aretes hechos con la máquina Mollejón-Pathek la máquina
Smith-Wesson, la nariz todos esos tesoros. . .
El héroe saltó dando un grito que acortó el tamaño del día. Las pirañas
se habían comido también la bemba suya y la muiraquitán! Se puso como loco.
Arrancó un monte de barbasco ayaré jebe y conapí todas esas plantas y
atosigó para siempre el lagunón. Todos los peces murieron y se que daron
haciendo la plancha panza arriba, barrigas azules barrigas ama
rillas barrigas rosadas, todo ese barriguerío pintarrajeando la faz de
la lagu na. Era la sobretardecita.
Entonces Macunaíma destripó a todos esos pescados, todas las pirañas y
todos los bufeos, esculcando barrigas por la muiraquitán. Un soberano sangrerío
escurrió sobre la tierra y todo quedó derrochando sangre. En traba la
boca-de-la-noche.
Macunaíma campee y campee. Halló los dos aretes halló los dedos gordos
halló las orejas los tompiates la nariz, todos esos tesoros y se los pegosteó
con caña de azúcar-sapé y cola de pez. Pero no encontró ni pier na ni
muiraquitán. Habían sido devorados por el monstruo Ururalo425 que no muere ni
con barbasco ni a palos. La sangre coagulada se enne grecía cubriendo la playa
y el lagunón. Era noche-tumbada.
Macunaíma campeaba y volvía a campear. Soltaba gritos de lamento
achicando con la bulla el tamaño del bicherío. Y nada. El héroe se enma taba
campo adentro, saltando sobre la pierna sola. Gritaba:
— Recuerdo! Recuerdo de mi marvada! No la veo a ella ni a usté ni a
nada! 426
Y saltaba más. Las lágrimas goteaban de los ojitos azules suyos sobre
las florecitas blancas del campo. Las florecitas se tiñeron de azul y fueron
los no-me-olvides 427 El héroe ya no podía más y paró. Cruzó los brazos con una
desesperación tan heroica que todo se amplió en el espacio para contener el
silencio de aquella pena. Sólo un mosquitito raquitiquito infernizaba más la
desgraciación del héroe, zumbando finito: “Zun-zun zun-zumbá-baé. .
Entonces Macunaíma dejó de encontrarle gracia a esta tierra. Capei
nuevecita relumbraba allá por el altiplano cielo. Macunaíma se encon traba aún
medio indeciso sin saber si se iba a vivir al cielo o a la isla de Marajó 428
Por un momento pensó de veras en radicar en la ciudad de la Piedra con el
enérgico Delmiro Gouveia 429, pero le faltó ánimo. Pa vivir allá, tal y como
había vivido era imposible. Hasta era por eso que ya no le hallaba el chiste a
la Tierra. . . Todo lo que había sido la existencia suya a pesar de tantos
casos tanto jugueteo tanta ilusión tanto sufrimiento tanto heroísmo, al final
no dejaba de ser sino un de jarse llevar 430; y para parar en la ciudad del
Delmiro o en la isla de Marajó que son de esta Tierra se menestaba que ello
tuviera sentido. Y ya no tenía ánimo para alistarse. Así pues se decidió:
— Sonó! Cuando el gallinazo anda empingorotado el de abajo caga al de
encima, este mundo no tiene arreglo, me voy pal cielo.
Se iba pal cielo a vivir con la marvada. Iba a ser el brillo hermoso
aunque inútil de una constelación más 431 No hacía nada mal que fuera brillo
inútil. No. Por lo menos era el mismo de todos esos parientes de todos los
padres de los vivos de su tierra, madres padres manos cuñas cuñadas cuñataís,
todos esos conocidos que viven ahora del brillo inútil de las estrellas. . .
Plantó una semilla de bejuco-matapalo, el hijo-de-la-luna, y mientras el
bejuco 432 crecía agarró una piedrita puntiaguda y escribió en el pe ñasco que
ya había sido galápago en tiempos muy de endenantes:
No pasé por el mundo para ser piedra 433.
El matapalo largamente embejucado, se aferraba ya a una de las puntas de
Capei. El héroe pernimocho se ensartó la jaula de los leghorns en el brazo y se
fue subiendo pal cielo. Cantaba con cuita:
" — Vamos con la despedida 434,
— Tapera.
— Tapera.
Tendió alas, se fue yendo
—Taperá.
Dejó la pena en el nidito
— Taperá. .
Allegándose allacito llamó en el barracón de Capei. La Luna bajó al
patio y preguntó:
— ¿A qué es a lo que venís, pernimocho Sací? 435
— La bendición, mi madrina, ¿no me da pan con harina?
Entonces Capei se dio cuenta de que no era Sací. No. Era Macunaíma el
héroe. Pero no quiso darle posada, acordándose de la jedentina antigua del
héroe. Macunaíma se zurró. Dio una buena tanda de reveses en la cara de la
Luna. Por eso es que tiene aquellas manchas oscuras en la cara 436
Entonces Macunaíma fue a tocar en casa de Cayuanog, la
estrella-de-la-mañana. Cayuanog se apareció en la ventanita pa ver quien era y
confundida por la prietura de la noche y por la cojera del héroe, pre guntó:
— ¿Qué es lo que quiere, pernimocho Sací?
Pero luego se dio perfecta cuenta de que era Macunaíma el héroe y ni
esperó la respuesta con sólo acordarse que recalcitraba olores.
— Váyase a bañar! 437 — dijo cerrando la ventanita. Macunaíma volvió a
encanijarse y gritó:
— Sal pa la calle, flor-de-cabrón!
Cayuanog se agarró un susto enorme y se quedó temblando mientras espiaba
por el ojo de la cerradura. Por eso es que la bonita estrellita es tan
pequeñaja y temblequea tanto.
Entonces Macunaíma fue a llamar en casa de Pauí-Pódole, el Padre del
Paují. Pauí-Pódole lo quería mucho porque lo había defendido de aquel mulato de
la mayor mulatería en la fiesta de la Cruz del Sur. Pero exclamó:
— Ah, hérue, tarde piaste! 438 Era un gran honra pa mí recibir en mi
pocilga a un descendiente de galápago, raza primera de todas. . . En el
comienzo era sólo el Gran Galápago lo que existía en la vida. . . Fue él
quien en el silencio de la noche se sacó de la barriga un individuo y su cuñá.
Estos fueron los primeros fulanos vivos y las primeras personas de vuestra
tribu. . . Después, vinieron los demás. Llegaste tarde, hérue! Ya somos doce y
con usté seríamos de a trece en la mesa. Lo siento mucho en el alma pero llorar
no puedo!
— La mala llaga sana, la mala fama mata! — fue lo que el héroe amalhayó.
Entonces a Pauí-Pódole le dio lástima Macunaíma. Hizo una man dinga.
Agarró tres palitos, los aventó para lo alto haciendo encrucijada y convirtió a
Macunaíma con todo el tendero suyo, gallo gallina jaula reloj y revólver, en
una nueva constelación. Es la constelación de la Osa Mayor.
Dicen que un profesor, por supuesto que alemán 439, anduvo des
perdigando por ahí que por causa de la pierna sola la Ursa Mayor era el Sací
pernimocho. . . Y no, no es cierto! El Sací aún para por este mundo
desparramando hogueras y bosquejando crines de bagual. . . La Osa Mayor es
Macunaíma. Es el mero mero héroe pernimocho que de tanto penar por la tierra
sin bizcocho y con mucha tambocha, se fastidió de todo, y se fue por ahí
paseando con la nostalgia mortal a su lado por todo el vasto campal de los cielos.
EPILOGO
Acabó la historia y murió la victoria.
No había más nadie por allá. Dio el tángolo-mángolo en la tribu
Tapañumas y las criaturas de ella se acabaron de una en una. No había más nadie
por allá. Aquellos lugares aquellos campos oquedales veredas vericuetos
roquedales, aquellas matas misteriosas, todo era la soledad del páramo. Un
silencio inmenso dormía a la orilla del río Uraricoera.
Ningún conocido sobre la tierra se acordaba de hablar en el habla de la
tribu ni de contar aquellos casos tan rimbombantes. No. ¿Quién po dría saber
del héroe? Ahora los manos convertidos en sombra leprosa eran la segunda cabeza
del Padre del Yrybú y Macunaíma era la conste lación de la Ursa Mayor. Nadie,
jamás de los jamases, podría saber tanta historia bonita y el habla de la tribu
retinta extinta. Un silencio inmenso dormía a la orilla del río Uraricoera.
Una vuelta, un hombre se allegó allacito. Era de madrugada y Vei mandaba
a sus hijas visar la venia de las estrellas. Era tan tamaño lo desierto que
mataba a los peces y a los pajaritos de pavor y la propia natu raleza se
desmayaba y caía en un gesto largado por ahí. Era una inmensi dad muda que
estiraba despacio el tamañazo de los árboles en el espacio.
De repente ante el maltrecho pecho del hombre cayó una voz del enramado:
— Currr-pac, papac! currr-pac, papac!. . .
El hombre se quedó frío del susto como guacho-chico. En breve se vino
una brisa de colibrí y vibravibró sobre los bruces del hombre:
— Rique rín Rique rán, aquí hacen rín allá hacen rán.
subió apurado hacia los
árboles. Siguiendo el vuelo del pájaro-mosca, el hombre miró arriba.
— Jala-la-rama, memo! — el
chupaflor se rió. Y escabulló.
Entonces el hombre descubrió en el enramado un aruaí verde de pico
dorado aguaitando hacia él, quien luego le dijo:
— Dame la patita, lorito.
El loro se posó en la cabeza del hombre y los dos se acompañeraron.
Entonces el pajarraco principió a parlotear en un habla mansa, muy nueva,
harto! que era canto y era chicha de jora con miel de colmena, que era buena y
poseía la traición de las frutas desconocidas del mato.
La tribu acabó, la familia se redujo a sombras, la choza deleznárase
minada por las tambochas y Macunaíma se había subido ya al cielo. Pero quedó el
lorito real del séquito de aquellos tiempos de endenantes en los que el héroe
fue el gran Macunaíma Emperador. Y sólo el loro en el silencio del Uraricoera
preservaba del olvido los casos y el habla desaparecidos. Sólo el loro
chocarrero conservaba entre el silencio, las frases y los hechos del héroe.
Todo le contó al hombre y después el lorito real ahuecó el ala rumbo de
Portugal. Y el hombre soy yo amistades, y me quedé para contaros la historia.
Por eso es que vine aquí. Me acuclillé encima de estas hojas, espulgué mis
garrapatas, llegué las yemas a la guitarra y en toque de rasgueo puse la boca
por el mundo cantando en el habla impura las cosas y los casos de Macunaíma,
héroe de los nuestros.
Hay más nada. . .
NOTAS A MACUNAIMA
Estas notas, agregadas al texto para su mejor comprensión, no
constituyen una investigación original, salvo en aquellos casos en que están
seguidas por las ini ciales G.M.S. Las demás están inspiradas en la
información brindada por dos trabajos eruditos realizados sobre Macunaíma:
Roteiro de Macunaíma de Cavalcanti Proenga (Editorial Anhembí LTDA. Sao Paulo,
1955) y Macunaíma: a Margen e o texto de Telé Porto Ancona López (Hucitec, Sao
Paulo, 1974), y por el Diccio nario do Folclore Brasileiro de Luis da Cámara
Cascudo (Instituto Nacional do Livro, 2da. edifáo, 2 Vols., Rio de Janeiro,
1962). Las notas que llevan las iniciales M.A. son transcripciones de las
sugerencias hechas por Mário de Andrade, cuando se proyectó la traducción
norteamericana.
Capítulo I: “Macunaíma’>
En opinión de Antonio Bento
de Araújo Lima, las frases iniciales de Macunaí ma representarían una parodia
del famoso fragmento (2 9 capítulo) de la célebre novela de José de Alencar,
Iracema (1 8 6 5 ): “Más allá, mucho más allá de aquella sierra, que aún
resplandece en el horizonte, nació Iracema. Iracema, la virgen de los labios de
miel, que tenía los cabellos más negros que el ala del tordo y más largos que
su talle de palmera” .
De este modo, como puede advertirse por la nota 424, donde se vuelve a
encontrar una nueva alusión a la más célebre creación femenina de Alencar,
Mário de Andrade habría abierto y cerrado su libro con un homenaje a aquel a
quien acostumbraba llamar, dada la afinidad de sus posiciones estéticas, “mi
pequeño hermano”.
Antonio Bento de Araújo Lima (n. 1902) es un eminente crítico de artes
plás ticas que aún trabaja en Rio de Janeiro y que fue gran amigo del
escritor. Fue en el ingenio azucarero de su familia, llamado “Bom Jardín” , en
Paraíba, en ocasión del segundo viaje que realizó al Nordeste (diciembre de
1928 a febrero de 1929), donde Mário de Andrade registró algunos de los
documentos musicales más curiosos, recogidos durante su carrera de folklorista,
como por ejemplo los repentes de Chico Antonio. En la p. 10 del tomo III de las
Dangas Dramáticas do Brasil puede hallarse la siguiente referencia al amigo: “A
este amigo verdadero debo una cola boración y apoyo inestimables. Inflexible,
implacable con mi fatiga, a veces extre ma, me exigía una fidelidad ciega, casi
desmedida si se tiene en cuenta que se trataba de un cantor nordestino popular
( . . . ) . Pero debo reconocer que A. B. de Araújo Lima, con sus amistosas
exigencias, fue el que me indujo a la paciencia, asistiendo diariamente mi
trabajo penoso, respaldándolo con la búsqueda de textos, enriqueciéndolo con
indicaciones útiles y aclaraciones, y alentándome. Le debo lo mejor del orgullo
con que afirmo la exactitud de mis registros” (G.M .S.).
José Martiniano de Alencar (1829-1877) es el creador del indigenismo en
la novela brasileña; Mário de Andrade se refiere frecuentemente a la influencia
que recibió de él y de sus ideas sobre la autonomía literaria, e incluso sobre
la elabo ración de un idioma desvinculado de los patrones clásicos portugueses
(G .M .S.).
2 Uraricoera. Río del Amazonas; nace en la cuesta oriental de la sierra
Parimá, próximo a Venezuela, y junto con otros, va a formar el Rio Branco.
Este, a su vez, desemboca en el Río Negro, tributario del Amazonas. Como se
verá en el transcurso del libro, el Uraricoera funciona casi siempre como
sinécdoque, representando la totalidad de la región amazónica (G.M .S.).
3 Tapañumas (Tapanhumas). “Tribu legendaria de amerindios del Brasil, de
piel negra” . (Notas de Mário de Andrade para la traducción norteamericana, en
Telé Ancona López, op. cit. — De aquí en adelante, cada vez que se haga
indispensable volver a estas notas, recurriremos a las iniciales del autor,
M.A., colocándolas entre paréntesis— ).
4 Macunaíma. El nombre de Macunaíma y de sus hermanos, así como gran
parte de las peripecias y de los rasgos distintivos de la psicología de los
mismos, fue ex traído de las leyendas recogidas por Koch Grünberg (Yon Roraima
zum Orinoco:
Ergebnisse einer Reise in der Nordbrasilien und Venezuela in den Jahren
1911-
1913, cinco volúmenes. Mário de Andrade utilizó el segundo volumen
dedicado a los mitos y leyendas de los taulipangue y arecuná) .
Etimológicamente el término “Macunaíma” contiene como parte esencial la
palabra Maku — el malo— y el sufijo ima — grande— . El nombre significaría, en
consecuencia, el Gran Malo; pero para Mário de Andrade designa sobre todo “el
héroe sin ningún carácter”, como está definido en el subtítulo del libro, o
sea, “nada sistematizado en psicología individual o étnica” (M .A .).
Los personajes de Koch Grünberg cuyos rasgos psicológicos y aventuras
sirvieron para la elaboración de los protagonistas y del enredo, son, sobre
todo: Kalawunseg, el Mentiroso; Kenowo; Macunaíma y el cuñado perezoso de
Etetó. Además, fueron extraídos elementos de fuentes muy diversas, de la
ficción o de la realidad, como gradualmente se irá advirtiendo por las notas.
5 Arranchado de chozas (maloca). Casa común de indios (M .A .).
6 Tapanco (jirau). Especie de pavimento construido dentro o fuera de las
casas por los indios, y extendido sobre maderos (M .A .).
7 Tambochas (saúva). Nombre común dado a diversas especies de hormigas
tro picales del género Ata, consideradas el flagelo nacional de Brasil.
8 Ganarse un mango (dandava pra ganhar vintém). Expresión con la que
usual-mente se estimula a los niños cuando están empezando a caminar.
9 Muruá, poracé, toré, bacororó, cincog (murua, poracé, toré, bacoroco,
cucuico-gue). Nombres de danzas religiosas indígenas. El proceso enumerativo,
común al pensamiento salvaje y a la literatura erudita inspirada en lo popular
(ver Intro ducción, 3? parte), será utilizado exhaustivamente en el libro,
como recurso esti lístico. Según el autor, todas las enumeraciones del libro
son “imitaciones de lo popular v creadas únicamente con intención poética, con
el propósito de hacer frases bellas, sonoridades curiosas, nuevas e incluso a
veces cómicas” (G .M . S.).
10 Chinchorro (macuru). “Columpio donde los niños suelen jugar horas v
horas. Es un arco de madera de bejuco forrado en paño, con dos fajas, también
de paño, que se cruzan al fondo y en las cuales la criatura se sienta e
introduce sus piernitas. Suspendido el columpio del techo por una cuerda, el
niño, con los pies que apenas rozan el suelo, logra balancearlo” (cita de
Cámara Cascudo). Koch Grünberg lo describe como un objeto común entre los
cobéuas del Río Cudiari.
11Brujencia de payé Rey Nagó (pagelanga Rei Nagó). Fiesta de hechicería
reli giosa de origen indígena. El rey nago es una de las divinidades de ese
rito (M .A .). Cavalcanti Proen^a llama la atención sobre la confluencia racial
delineada en el
libro desde las primeras páginas: el protagonista, pese a ser indio, es
negro retinto; y es el Rei Nagó — divinidad de origen africano— quien viene a
avisar que no hay nadie más inteligente que él (Cavalcanti Proenga: Roteiro de
Macunaíma, ed. cit.).
12 Agua en un cencerro (agua num chochalho). Beber agua de ckocalho
(mila grosa) para alcanzar locuacidad. Es una creencia difundida en el
nordeste bra sileño.
13 Sofará. Personaje de la mitología amerindia; después del diluvio,
ella repobló la tierra con su marido. Corresponde a la mujer de Noé.
14 Piá (piá). Mário de Andrade difundió ampliamente el término,
utilizándolo como sinónimo de “niño” . Ver en este volumen el cuento “ ¿Que no
sufren los ni ños? ¡vaya si sufren!”
15 Guacho-chico (currumim). Lo mismo que columi, sulumi o curumi.
Término guaraní que significa “niño” .
16 Jigué (jigüe). Jigüe y Maanape son los dos hermanos del protagonista.
17 Atrapar pez con puzá (pescar de Pugá). Pescar con la calabaza del
fruto lla mado Pugá. Uno de los diferentes procedimientos de pesca empleado
por los indios (M .A .).
18 y erhatero-payé (pai-de-terreiro o pai-de-santo). Hechicero, brujo y
también sacerdote en los cultos jejé-nagós.
19 Los principales elementos del episodio que se narra a continuación,
fueron extraídos de la leyenda N'? 6 de Koch Grünberg: la transformación del
niño en hombre que se realiza con el fin de poseer a la cuñada; la trampa
tendida para cazar antas; la ingratitud del hermano que sólo ofrece al
protagonista los intestinos de la presa.
20 Dando trastumbos (aos emboléus). Golpeándose en las ramas (M .A .).
Caval canti Proenga comenta que la costumbre de azotar como recurso de
excitación sexual fue descrita como característica de nuestros indios por Levy
von den Steinen y Koch Grünberg.
21 Rabo-de-armadillo (Rabo-de-Tatu). Rebenque o látigo cuyo mango está
con feccionado con el mismo cuero crudo entrelazado de las riendas; se asemeja
lige ramente a la parte trasera del animal que le dio nombre.
22 Superstición brasileña. Creencia popular según la cual la raíz del
cardo cura cualquier herida (M .A .).
Capítulo II: “Mayorcito”
23 Iriquí (Iriqui). Figura de la mitología Caxinauá. Significa fue
también. Ca valcanti Proen?a recuerda que “de hecho después de Sofará, ella
fue también amante de Macunaíma” .
24 Los períodos intermitentes de hambre son una tradición constante
entre los indios y hay entre los caxinauás varias leyendas en torno a este
asunto.
25 Mocambo. Palabra africana que designa la choza, cabaña o rancho, muy
di fundida en el nordeste del Brasil.
26 Charqui (jaba). Carne seca.
27 Embarbascar (bater timbó). Referencia a la costumbre indígena de
golpear las superficies de las aguas con las hojas del timbó: planta venenosa
con la que se contaminan las aguas y se exterminan los peces para luego
recogerlos.
28 El tema del dinero enterrado aparece muchas veces en el transcurso de
la narración asumiendo distintos sentidos (ver notas 1, 164 y 285). Según
algunos, tiene origen en la creencia en la vida de ultratumba pues el alma del
que murió sin dejar noticia alguna del tesoro que escondió, anda penando. En el
contexto del libro, sin embargo, la obsesión por el dinero enterrado simboliza
más bien la preocupación del brasileño por los beneficios fáciles y obtenidos
sin trabajo; es simétrica a la manía del juego y coherente con el leit-motiv de
Macunaíma: “ ¡Ay, qué pereza! ” CG.M.S.).
29 Candirus. Peces diminutos hematófagos que se distinguen “por la
tendencia a penetrar en los orificios accesibles del cuerpo del individuo que
se encuentra en el agua. Entra en la uretra y no puede salir a causa de las
aletas, ocasionando fácil mente la muerte del infeliz” (Von den Steinen).
30 Este episodio y el que le sigue representan la fusión de dos sagas
extraídas de Koch Grünberg: a 50 y a 6. En el original, los protagonistas son
los mismos: en la primera lo encontramos en Kalawunseg, el Mentiroso; en la
segunda, al pro pio Macunaíma.
31 Jacal parafitos flechas guacales morrales tinajas jabucos de junco
hamacas (tejupas marombas flechas piguás sapiguás corotes urupemas redes).
Enumeración de objetos encontrados en una habitación indígena.
32 La afirmación de que, abandonado en plena selva, entre pequeños
árboles de cajú el niño no podrá crecer, proviene de un razonamiento analógico
de cuño mágico, similar al que tiene lugar en la magia simpática.
33 Currupira o curupira. Una de las entidades malévolas más populares
del Bra sil. Es el protector de los animales y de las florestas y engañador
por excelencia que extravía al hombre en la selva tropical. Su característica
dominante es la de tener los pies vueltos hacia atrás.
El encuentro con Currupira fue extraído de una leyenda transcrita por
Barbosa Rodrigues en su libro Poranduba amazonense.
34 Uaiariquinizés (Uaiariquinizés). Testículos.
35 Casamiento de español (casamento da raposa). Cuando llueve y hay sol,
al mismo tiempo, el pueblo dice que una zorra se está casando (M .A .) .
36 Vei la Sol (Vei). En la mitología amerindia del Norte del Brasil el
sol es vei, una mujer vieja (M .A .).
37 Pequeño roedor de la familia de los cávidos, semejante a un conejo de
pelo duro, grisáceo o acastañado.
38 Tepití de ivamitara (tipiti de jasitara). Cesto de hojas de palmeras
donde se exprime la mandioca rallada.
39 Mi-chumí (culumi). Ver nota 15.
40 La transformación del protagonista en hormiga ha sido extraída de la saga
N9 6 de Koch Grünberg.
41 Mosquito carapaña (carapanauba). Arbol apocináceo, también llamado
árbol del mosquito, por contener agua en las hendiduras del tronco.
42 Añanga (anhangá). Entidad maléfica de la mitología indígena.
Confundida con el diablo por los primeros investigadores (M .A .). Dios del
campo, protector de la caza entre los Tupís.
43 La muerte de la madre es, como señala von den Steinen, un rasgo
frecuente en las leyendas americanas. El episodio de la cierva con cría es
referido por más de un estudioso; sin embargo la versión de Mário de Andrade se
acerca más a la de Couto de Magalhaes en O selvagem.
Chicha de yatay (oloniti).
Bebida alcohólica espumante extraída de la savia fermentada del buriti.
Capítulo III: “Ci, madre de las
matas”
45 Este capítulo es comentado largamente por el propio escritor en una
carta a Manuel Bandeira, escrita en noviembre de 1927 y, por lo tanto, en pleno
proceso de elaboración del libro. En el texto en cuestión Mário de Andrade
discrepa con vehemencia de su amigo, quien encontró el capítulo desconexo, y
declara que en su opinión se trata, por el contrario, del mejor capítulo del
libro (M . A.: Cartas a Manuel Bandeira, Simoes editora, Rio, 1958, pág. 169 y
sig.). (G .M .S.) .
46 Omhú (umhú). Lo mismo que Imbú; fruto de un árbol frondoso cuya
carac terística es contener agua. Con ella sacian su sed los campesinos. Spix
y Martins aplican ese nombre a las raíces huecas que se llenan de agua y se
encuentran dise minadas a flor de tierra, y que presentan una dimensión
variable que puede alcanzar el tamaño de la cabeza de un niño.
47 Ci, madre de las matas (Ci, mae do mato). Personaje inventado por
Mário de Andrade, pero de conformidad con las creencias indígenas de que todo
lo que existe tiene una madre: Ci designa a la madre y, como tal, es una
expresión pre servada en muchas terminaciones como “Laci” y “Coaraci” . En el
contexto del libro es posible que represente el principio de fecundidad, de
vida, de perpetuidad, tan arraigado en la mentalidad indígena.
48 La creencia en la existencia de mujeres solas, que vivían en la
proximidad del río Nhamundá, junto a la laguna Espelho da lúa, proviene del
siglo xvi. Fray Gaspar de Carvajal las describe “muy blancas y altas, con el
cabello muy largo, peinado en forma de trenza y enrollado en la cabeza. De
miembros muy grandes, suelen andar desnudas, salvo sus vergüenzas, que las
tapan con sus arcos y flechas en las manos, haciendo tanta guerra como los
indios” . ( Descubrimiento do Rio das Amazonas. Apud Cámara Cascudo).
49 Lanza tridente (langa de flecha tridente Txara). Arma de tres puntas
de los indios caxinauás.
50 Cachicuerna (pajeú). Cuchillo de lámina ancha.
51 Amazona. Ver nota 48.
52 Murucú. Lanza de palo rojo, ornamentada con plumas y cuya punta, de
otra madera, suele estar decorada; se la usa como insignia de los jefes de
muchas tribus.
53 Chévere (marupiara). Expresión tupí-guaraní que designa al individuo
fuerte o feliz, idóneo en todo lo que emprende, ya se trate de caza, pesca o
juego. El término es empleado por el autor con mucha frecuencia en su prosa de
ficción.
51 Requinto-cocho (cotcho). Guitarra mística con encordado de tripa de mono.
55 Es muy grande la importancia de los cabellos en los cuentos populares
y en los mitos, ya sean europeos o amerindios. Cavalcanti Proenga recuerda que
en las leyendas indígenas, el cabello representa el más fuerte de todos los
lazos.
56 Se quedaban riendo el uno con el otro (dicavam rindo um pro outro).
En carta a Manuel Bandeira, Mário revela que extrajo la expresión agora estáo
se rindo um pro outro ("se están riendo ahora uno en la cara del otro” )
de un relato caxinauá (O . C. carta del 7- 11-27).
57 Chuí (chuí). Miembro viril en lengua maxuruna.
58 Nalachitchi (Nalatchi). Organo femenino en lengua canamirim.
59 Las escenas eróticas de este capítulo no fueron inventadas por el
escritor: se basan en informaciones recogidas en los textos de Anchieta y en el
Tratado Des-critivo do Brasil em 1587 de Gabriel Soares de Souza. Previendo las
posibles crí ticas que tales escenas podrían suscitar, Mário de Andrade es uno
de los Prefacios, se justifica del modo siguiente (ver Introducción nota 1 ):
“No podía su primir la documentación obscena de las leyendas. Sin embargo, una
cosa que no me sorprende y que estimula mis pensamientos es que en general esas
literaturas rapsódicas y religiosas son frecuentemente pornográficas y
habitualmente sensua les. No necesito dar ejemplos. Pues bien, una pornografía
desarticulada forma también parte de la vida cotidiana nacional. ( . . . ) Mi
interés por Macunaíma sería demasiado preconcebido, y por lo tanto hipócrita,
si yo hubiese podado del libro lo que sobreabunda en nuestras leyendas
indígenas (Barbosa Rodríguez, Capistrano de Abreu, Kock Grünberg y le diese a
mi protagonista amores cató licos y discretos contactos sociales” (Transcrito
por Telé P. Ancona, O. C .)
60 Retablos de Navidad (pastorís de Natal). Designación dada a diversos
tipos de bailes y prácticas folklóricas realizadas cuando llega la navidad. En
los pastorís del Nordeste, las pastoras se dividen en dos grupos, uno integrado
por muchachas vestidas de azul y el otro por muchachas vestidas de rojo
encarnado. Ambos forman dos partidos o bandos, a veces rivales.
61 Lugar común de la poesía popular.
62 Referencia a la costumbre de la couvade — reposo del hombre tras el
parto de la compañera— frecuente en las tribus brasileñas.
Alusión a la expresión
popular satírica frecuente en el Estado de San Pablo, con la que se alude al
formato de la cabeza, característico de los norteños. Mani festación típica
del preconcepto del Sur contra el Norte.
64 Costumbre muy difundida en todo el Brasil que consiste en engalanar
con joyas al recién nacido, durante su primer baño, para que el niño crezca
rico.
65 Todas las personas citadas en este fragmento son reales, y exactas
las refe rencias a sus respectivas especialidades. Ana Francisca de Almeida
Leite Moráis es NhanhS, la tía solterona, madrina de Mário de Andrade, que
siempre vivió en casa y cuyos tejidos al tricot eran famosos. Figura en varios
de sus cuentos. Los demás personajes fueron todos localizados por Cavalcanti
Proenga: Joaquina Lechán o Quincha La Joroba fue una bordadora célebre del
Estado de Alagoas, en el Nordesde, donde vivió a fines del siglo pasado y
comienzos del actual; en lo que atañe a las hermanas Louro Vieira, propietarias
de una farmacia en Obidos, en el Estado de Pará, eran eximias fabricantes de
postres artísticos en forma de flores y animales, y aún vivían alrededor de
1955.
66 Ñacurutú (Jucurutu). Denominación amazónica del gran “mocho orejudo”
.
67 Boa Prieta (Cobra Preta o Boiúna). Uno de los mitos más populares del
Ama zonas. Aparición nocturna de los ríos que irrumpe, por lo general, bajo la
forma de una enorme serpiente negra, a la que se le atribuyen los sucesos más
invero símiles. Pero también suele adjudicársele aspecto de sirena, cuando no
la forma de una embarcación pequeña o de mediano porte. (Ver nota 78). En este
frag mento. Mário de Andrade atribuye a la Serpiente Negra la costumbre que la
creencia popular reconoce en general a las víboras: la de chupar la leche de
las mujeres que están amamantando.
68 Muiraquitán (Muiraquita). Amuleto de jade o piedra verde al que se le
atri buyen virtudes mágicas; se le ha encontrado en el bajo Amazonas,
especialmente en los alrededores de la ciudad de Obidos, y en las playas, entre
las desembo caduras de los ríos Nhamundá y Tapajoz. “Según una tradición aún
vigente, la muiraquita habría sido una ofrenda que las amazonas daban a los
hombres en recuerdo de su visita anual” (Cámara Cascudo, 29 vol., pág. 493). La
piedra es trabajada y puede tomar la forma de un batracio, pez, quelonio,
etcétera. Sin em bargo, Mário de Andrade le atribuye siempre la forma de
yacaré.
69 Bejuco-isipó (cipo). La costumbre atribuida a Ci de subir al cielo
por una cuerda o liana proviene de la leyenda caxinauá “La cabeza decepada”,
transcrita por Capistrano de Abréu. Aparece también en el cuento de Alfonso
Arinos: “Tapera de la luna” .
70 Según la creencia indígena, Ci es el primer personaje del libro que
se con vierte en estrella después de su mujer (ver nota 290).
71 Guaraná (guaraná, “Paulinea cupana”). Brebaje al cual se le atribuyen
pode res estimulantes, calmantes y refrescantes.
La referencia al guaraná que brota del cuerpo del niño es una tradición
entre los Maués.
Capítulo IV: “Boiúna luna”
72 Tembetá. Designación tupí de todo objeto duro o aro de piedra que
algunas tribus usan en el labio inferior, perforado para tal fin desde la
infancia.
73 Guacamayos rojos y carapaicos (araras vermelhas e jandaias). De
acuerdo con Cavalcanti Proenga, Mário de Andrade se inspiró, en este fragmento
de su novela, en el relato que hace el historiador portugués, padre Simáo de
Vasconcelos (siglo x v i i ) basado en un relato legendario de la vida del
padre Anchieta *: mientras éste se encontraba de viaje por el Brasil, entregado
a sus labores de catequización, se vio cierta vez protegido del sol implacable
por la sombra que formaron un grupo de aves que se pusieron a volar sobre su
cabeza. De hecho, como bien advierte Cavalcanti Proenga, el fragmento es
alusivo; pero la referencia no es erudita y sí biográfica, pues se trata de un
episodio vivido por el abuelo del escritor. Para justificar esta afirmación,
aparentemente insólita, cabe hacer una pequeña digresión.
Efectivamente, a fines de 1880, el Dr. Joaquín de Almeida Leite Moráes,
abuelo de Mário de Andrade, profesor de Derecho, periodista y político, fue
designado por el Emperador Pedro II, Presidente de la lejana provincia de
Goiás, para im plantar allí la reforma electoral que acababa de ser
promulgada. El largo viaje, realizado a la ida por tierra, a lomo de burro, y a
la vuelta atravesando los grandes ríos de la Amazonia, fue registrado por él en
un testimonio escrito de mucho interés el cual, a pesar de haberse publicado,
sólo fue conocido por un pequeño círculo de parientes (Dr. J. A. Leite MorSes,
Apuntes de Viaje, de San
Pablo a la capital de Goiás, de ésta a la de Pará, por los ríos Araguaia
y Tocantins, y de Pará a la Corte ** - ( Consideraciones administrativas y
políticas, ed. particu lar, Sao Paulo, 1882).
Pues bien, el fragmento en cuestión de Macunaíma, que Cavalcanti Proenga
atribuye a Anchieta, es en verdad un montaje de dos fragmentos de los Apuntes
de Viaje. El inicio de la oración “por todas partes él era homenajeado”, se
refiere a los constantes obsequios que el ex presidente recibía de los indios
allí donde su barco se detenía; en cuanto al “séquito de guacamayos-rojos y
carapaicos” , fue sugerido, probablemente, por el fragmento en que describe la
llanura arbolada de palmeras en las inmediaciones del riacho Lambary, a 24
leguas de la capital de Goiás: “Al atravesar este bosque de palmeras, una
orquesta enorme, inmensa, de millares de pájaros verdes, nos saludó a coro,
destacándose del conjunto los gritos de los guacamayos, centinelas del campo,
que anuncian siempre la proximidad
José de Anchieta
(1553-1597), misionero jesuíta, natural de las Canarias (isla de Tenerife) que
dedicó toda su vida a la catequización de los indios, razón por la cual se le
llamó el Taumaturgo del Brasil. Considerado por algunos como el primer escritor
brasileño, dejó poemas y autos dramáticos. Se le considera fun dador de la
ciudad de San Pablo.
Es posible que Mário de
Andrade haya incluso imitado a su abuelo cuando tituló las notas de su primer
viaje al Norte, en 1927: El turista aprendiz. Viaje por el Amazonas hasta el
Perú, por el Madeira hasta Bolivia, por Marajó hasta decir basta (O Turista
Aprendiz, Duas Cidades, Sao Paulo, 1976). (G .M .S.).
del enemigo, ya sea volando en bandadas sobre las cabezas de los
intrusos, ya sea balanceándose en las extremidades de las palmeras” (para más
detalles ver notas 221, 349 y 364).
74 Ruda. Divinidad bondadosa de la mitología indígena, protectora de la
pro creación. Según algunos, es el dios del amor entre los tupís.
75 Acutipurí, Murucututú, Ducucú (Acutipuru, Murucutu, Ducucu). Enumera
ción de dioses del sueño, hecha con evidente intención cómica.
76 En la carta a Manel Bandeira — ya citada en la nota 45— Mário de
Andrade da su opinión sobre este episodio: “ ( . . . ) es el caso de Naipí. Su
relato es la cosa más perfecta como lengua literaria prosa (sic) que escribí
hasta ahora. Tiene una elocuencia ardiente sin nada de oratoria brasileña, es
tan simple . .. Me gusta muchísimo esa página” (G .M .S.) .
77 Curaca (tuxana). Jefe de tribu indígena; en el Amazonas, cacique.
78 Boiúna Capei. Capei es la lima en la mitología taulipangue; y Boiúna
es el duende nocturno de los ríos, mencionado en la nota 67. Todo parece
indicar que Mário de Andrade, según su costumbre, fundió en una única
representación los elementos de dos entidades (G .M .S.).
79 Viejo mandinguero (Fajé). Médico hechicero de la tribu.
80 Metáfora inspirada en la leyenda astronómica caxinauá, según la cual
el hechicero guarda la noche en un agujero.
81 Río enojado (Rio Zangado). Expresión empleada por los caxinauás para
de signar el océano. Mário de Andrade debe haberse impresionado mucho con la
designación indígena, ya que en su poema dramático “O café” llamará al prota
gonista vengador Hombre enojado: “ ( . . . ) todo será desilusión constante /
Mientras no nazca del tumulto ciudadano / El Hombre enojado, héroe del corazón
múlti ple, / Justiciero moreno, trampeador de mil puños / Aplastando a los
gigantes de la mina y torpedeando a los enanos” . ( “O café” . Concepción
melodramática en tres actos, Obras Completas, Vol. II, p. 481.
82 Hechizo para diagnosticar la virginidad.
83 A partir de aquí, el argumento es extraído de la leyenda de la luna
entre los caxinauás.
84 Rajó como venado (jogo no viado). Expresión popular que en español
podría traducirse por: “salió disparado” . Equivale a huir, escabullirse, salir
corriendo.
85 Figura histórica de los albores de la colonización. Cuenta la leyenda
que, celoso de su esposa, el bachiller se estableció en la isla de Cananéia, en
el litoral de San Pablo, lugar que por entonces seguía deshabitado. Algunos
identifican al Bachiller de Cananea con Joao Ramalho.
86 Voy a ser luna (Vou ser lúa). La cabeza decepada piensa indecisa en
lo que quiere ser, hasta que por fin, después de evaluar bien los pro y contra,
resuelve transformarse en luna. En este párrafo Mário de Andrade aplica con
humor esa característica del pensamiento indígena, que aparece frecuentemente
en las leyen das, según la cual las personas, después de muertas, se
transforman en estrellas. Al final del libro, Mário de Andrade reiterará el
empleo de este recurso, aplicado esta vez a Macunaíma (G .M .S.).
87 Ñandú-tarántula (landu-caranguejeira). Araña venenosa, terrible (M .A
.).
88 Tatamaña araña (Aranha-tatamanha). Expresión popular que significa,
más o menos, araña enorme, monstruosa (M .A .) .
89 Se trata de Anhuma, Palamedea cornuta. La enumeración comprende los
más variados “entes vivos” : tortugas, monos, lagartos, avispas, peces, aves; y
algunos
personajes de cuentos populares, como la cucarachita casadera, la
lagartija que vive persiguiendo al ratón, el jcwín (pájaro) y la avispa.
90 Negrito-de-las-Escondidillas (Negrinho Pastoreio). Duende del
folklore gaucho, santificado por la creencia popular; se le atribuye la
facultad de ayudar a en contrar los objetos perdidos.
91 Haciendo que una tortuga se trague el amuleto, Mário de Andrade
emplea un recurso muy popular, frecuente en las narraciones que giran alrededor
de la búsqueda del objeto milagroso (G .M . S.).
92 Trazó una letra en el aire (Execotou urna letra no ar). Expresión
popular que significa efectuar una demostración o exhibición deportiva difícil.
93 Se trata de una de las muchas mentiras que Macunaíma va diseminando
por el libro. Esta, sin embargo, se vincula a la creencia popular de que si se
cuenta un sueño bueno se corre el riesgo de no verlo realizado jamás.
Capítulo V: "Piaíma”
94 Se cuenta que en la época de extracción del caucho en Amazonia, los
exploradores que se internaban en la espesura, antes de irse dejaban su
conciencia en la Isla de Marapatá — isla del Municipio de Manaus, en la
desembocadura del Río Negro— ya que liberándose de ella se sentían más cómodos
para enriquecerse. Al lanzarse a la aventura para recuperar el amuleto
Macunaíma hará lo mismo, y su gesto anuncia que su búsqueda será atribulada y
sin escrúpulos.
95 Creencia popular según la cual si se señala una estrella, el dedo con
que se lo ha hecho se cubre de berrugas (palabra pronunciada popularmente de la
manera como aparece en el texto).
96 Zomé (Sumé). Héroe civilizador de los indígenas brasileños, asimilado
a Santo Tomé después del descubrimiento. Según la leyenda habría dejado la
huella de sus pies en varios lugares del país.
97 La leyenda de la aparición de las razas humanas es corriente en el
Brasil, y el folklorista Lindolfo Gomes transcribe una versión bien cercana a
ésta. Aquí Mário de Andrade la utiliza probablemente con más de una intención:
para simbolizar la conjunción de las tres razas brasileñas — como quiere
Cavalcanti Proenga y tal como queda evidenciado en la bella escena de la p. 22
del libro— y para satirizar la secreta aspiración de blancura de un pueblo de
mestizos, como puede inferirse de los comentarios sarcásticos del protagonista
(G.M .S.).
98 Bourbon (burbcm). Metonimia de café: el café burbon es uno de los
tipos más finos de café producido en el Estado de San Pablo.
99 Ver nota 55.
100 La designación que Macunaíma aplica a las mujeres blancas que
encuentra en Sao Paulo ( “Maní, hijitas de la mandioca” ) ha sido extraída del
cuento etioló-gico recogido por Couto de Magalháes en O Selvagem.
101 Más alta que la sierra Paranaguara. Cavalcanti Proenga llama la
atención sobre el hecho de que Macunaíma, al llegar a San Pablo, encuentra
dificultades para designar lo real con el “vocabulario reducido y (las) pocas
ideas sobre la civilización” de que dispone.
Es de esta carencia que Mário de Andrade saca un gran partido
humorístico, imaginándose lo que podría llegar a ser la visión de una gran
ciudad para un pen samiento salvaje que, pese a estar muy alterado, intentará
establecer una serie de equivalencias entre lo que sabe y lo que ve (G .M .S.).
102 Sirena de los ríos y de los lagos. Equivale a la Uiara de las
leyendas amazóni cas y a la lemanjá de los negros. Puede ser también
identificada con Boiúna.
103 Guazú (guagu). Palabra tupí que significa gránele. Mário de Andrade
la em plea frecuentemente como sufijo en la prosa de ficción, en el lenguaje
más colo quial de la correspondencia y eventualmente en los estudios eruditos
(G .M .S.).
104 Calle del barrio residencial de Higienópolis en la ciudad de Sao
Paulo (G.M.S.).
105 Aumentando aún más la ambigüedad del personaje, Mário de Andrade
atri buye aquí a Venceslao Pietro Pietra, que es también el Gigante Piaíma,
una característica del Currupira (duende): el tener los pies vueltos hacia
atrás (ver nota 33).
106 A partir de aquí la narración sigue básicamente la saga 29 de Kock
Grünberg, utilizando también algunos elementos de la saga 11 y temas de otras
narraciones populares como “La vieja golosa” y “Juan y María” .
107 Zaiacuti. Escudo recubierto de hojas empleado por los indios Ariti
para cazar.
ios El fragmento constituye una caricatura admirable del juego del
truco, muy popular por aquel entonces en Sao Paulo y que está concebido más o
menos con el mismo espíritu surrealista que el juego del cricket en Alicia en
el país de las maravillas. La carta principal del juego es el 4 de bastos; se
suele acompañar las jugadas más emocionantes del partido con bromas y desafíos,
basados, por lo general, en fórmulas fijas; las frases que Piaíma, victorioso,
descarga sobre Maa-nape son, por ejemplo, tradicionales en los enfrentamientos
entre contrincantes. El juego debería ejercer, efectivamente, gran fascinación
sobre Mário de Andrade, quien volvió a aprovecharlo en uno de sus poemas de
connotación política, el titulado “O Carro da Misèria” (G .M .S .).
k>9 Caapora o Caipora. Duende maligno que vive en la floresta y que
suele apa recer ofreciendo una porción de tabaco. Se lo confunde muchas veces
con Cu rrupira.
110 El acto de echarle humo a alguien forma parte del ritual de la
macumba. Jean de Lery cuenta haber visto a los indios, antes del combate, dando
vueltas en círculo alrededor de 3 ó 4 brujas recibiendo de ellos bocanadas de
humo. Acto seguido, los brujos los incitaban a la lucha diciéndoles: “para que
derrotéis a vuestros enemigos, recibid el espíritu de la fuerza” QApud Cámara
Cascudo, Voi. 1,
333).
111 El episodio de la visita a los ingleses para comprar un revólver
marca Smith-Wesson está descrito por Kock Grünberg, saga 6, “Kalawunseg, el
men tiroso” . En el texto original, Kalawunseg obtiene la escopeta, la pólvora
y la mecha; en el episodio narrado por Mário de Andrade, Macunaíma obtiene el
revólver, balas y whisky.
Capítulo VI: "La francesa y el gigante”
112 Dar una mónita (puchiroes, puchiráo o mutiráo). Reunión de todo el
vecin dario para hacer frente a alguna urgencia que no puede ser resuelta por
un pro pietario solo. Este paga los servicios que recibe ofreciendo una fiesta
en honor de los vecinos que lo han auxiliado (M .A .).
113 Designación irónica para prostituta; deriva del hecho de haber sido
grande el contingente de francesas en la prostitución de nivel medio y alto en
el Brasil del siglo xix y comienzos del xx (G .M .S.).
114 Corimbos de plátano (Mangarás). Extremo del bananero. Esta idea de
colocar en el pecho de la mujer “los cachos de la banana” a la manera de senos,
ha sido extraída por Mário de Andrade de la saga N? 8 de Koch Grünberg,
“Macunaíma y el joven del árbol samaúma” . El tema será nuevamente aprovechado
por el es critor en el poema “Lenda das mulheres de peito chato”, de la serie
“Tempo de Maria”, en Remate de males.
115 Yuruma (Jurema). Arbol de la familia de las leguminosas conocido en
todo el Brasil y cuyas hojas aromáticas de efectos narcóticos se utilizan como
brebaje en las ceremonias de Catimbó (rituales campesinos). El árbol de la
jurema ocupa un lugar importante en el ideario poético del escritor (G.M .S.).
116 Es creencia popular que el picaflor con cola en forma de tijera trae
mala suerte.
117 Río del Estado de Pará, junto a la Guayana Francesa, en cuyas
cavernas ori lleras fueron efectivamente descubiertos utensilios de cerámica
de gran interés arqueológico (ver nota 121).
118 Mañoco en caldo de manioca (Tacapá con tucupí). Plato célebre del
Ama zonas. Consiste en un puré preparado con polvillos de mandioca aderezado
con ajo, sal y pimienta, al cual se agrega una salsa especial preparada con el
jugo de la mandioca fresca, calentada al fuego. Es un condimento frecuente del
pato asado.
119 Chicha de jora (Caiguma). Bebida fermentada de frutas, de
preparación lenta y en cuya elaboración participan todas las personas de la
casa sin distinción.
120 Genipa (Jenipapo). Fruta de olor muy fuerte y nauseabundo con la
cual, en el Norte, se prepara un licor.
121 En la descripción de la casa del gigante con sus adornos, decorados,
dulces, bebidas y bizcochos, Mário de Andrade respetó rigurosamente las
especialidades de cada región del Brasil: las hamacas blancas tejidas a mano,
de Maranháo; la losa de Breves, célebre desde Martins; la cerámica de Belém,
que todavía se vende en el mercado de Ver o Peso; las palanganas, descubiertas
efectivamente en la caverna del Río Cunani cerca de la Guayana Francesa y
estudiadas por Goeldi; el vino, de lea y al cual se refiere el escritor más de
una vez en el libro de crónicas Os Filhos de Candinha; los bombones Falchi,
fabricados por aquel entonces en Sao Pablo; las vasijas negras y lustrosas de
la cerámica de Monte Alegre, en Pará.
122 El nombre de la laguna significa "espejo de la luna” . Según
narra la le yenda, en sus márgenes vivía la tribu de las mujeres solitarias,
las Amazonas.
123 En este episodio el autor funde la negrita Caterina, personaje del
cuento popular O Macaco e a Velha y a Catita, que participa en el baile
dramático llamado Bumba meu Boi (ver nota 409).
124 Arco-de-los-írises (Arco-da-Velha). Según la creencia popular quien
pasa por debajo de él cambia de sexo.
125 En esta fuga del protagonista — como en otras que tendrán lugar en
el trans curso del libro— podemos ver la “ensalada geográfica intencional” a
la que Mário de Andrade se refiere en una de las anotaciones hechas para el 2?
Prefacio. En una nota del 1er. Prefacio el autor es aún más explícito: “uno de
mis objetivos fue transgredir con intención legendaria la geografía, la fauna y
la flora geográ ficas. De ese modo, desregionalizaba al máximo mi obra
logrando al mismo tiempo la presentación literaria del Brasil como entidad
homogénea — un concepto étnico, nacional y geográfico” (G.M .S.).
126 Alusión a la creencia popular según la cual el hallazgo de una
pulserita de plata indica la cercanía de dinero o la proximidad de un tesoro
enterrado.
127 El episodio del gigante atando al protagonista al tronco de la
palmera inajá fue recogido por Mário de Andrade en Kock Grünberg.
128 Jarará Elité (Jararaca o elité). Víbora venenosa temida por su
agresividad.
129 A partir de este momento, Mário de Andrade pasa a hacer una parodia
del cuento popular A Onga e a Coelha.
130 Cuestión (Sim-sinho).
Designación popular del ano.
Son expresiones populares
que significan que alguien está confundido, exhausto o atontado (M .A .).
Capítulo VII: “Bembé-Macumba”
132 Este episodio de Macunaíma yendo a la selva a probar su fuerza y
con cluyendo que aún no está preparado para la lucha, fue extraído del cuento
popular “A Tartaruga e o GaviSo” (Paranduva Amazonense, de Barbosa Rodrigues).
133 Herirse la pierna con dientes de animales es un hábito común de los
indí genas, registrado ya por los primeros cronistas y viajantes.
134 Echú (Exu). Divinidad maléfica de la mitología afro-brasileña. Su
importan cia es enorme en la Macumba y en la ceremonia del catimbo; comúnmente
se iden tifica con el demonio.
135 Ritual religioso popular, mezcla de catolicismo, fetichismo africano
y supers ticiones tupís, muy difundido en las ciudades de Rio de Janeiro y Sao
Paulo. La versión de la macumba propuesta por Mário de Andrade es muy personal
y al respecto nos parece interesante citar una de las notas del 29 Prefacio
incluidas por Telé Ancona López en A Margem e o Texto: “Evidentemente, no
pretendo que mi libro sirva de base para estudios científicos del folklore. Me
permití una total libertad imaginativa, especialmente en los momentos en que
más necesitaba de la invención para lograr mi propósito artístico. Nunca me
propuse elaborar un docu mento que sirviera como material de estudio. Basta
ver la macumba carioca geo gráficamente desarraigada con elementos de los
candomblés bahianos y de los ri tuales paraenses. Valiéndome de los estudios
ya publicados, e informaciones que me brindó un ogan (participante en los
cultos) carioca “comido por la viruela y fadista de profesión” y un conocedor
de los ritos, construí un capítulo al que agregué elementos provenientes de la
pura fantasía. Mis libros pueden ser resultado de mis estudios, pero nadie
podría estudiar basándose en mis trabajos de ficción: se llevaría un chasco” (G
.M .S.) .
136 Ochún (Ochum u Oxutn). Divinidad de los ríos y de las fuentes de la
mito logía afrobrasileña. En la tradición afrobahiana, Oxum está casada con su
hermano Xangó QApud Cámara Cascudo).
137 Zainé (gairé). Salutación religiosa de los indios, introducida en el
portugués por los misioneros.
138 Ogán (Ogá u Agan). Personaje protector de los sitios donde se
realizan las ceremonias de macumba y los candomblés.
139 Atabal (Atabaque). Instrumento musical de origen africano, similar a
un tambor.
140 Ogún (Agum). Una de las divinidades más populares de la macumba; es
la divinidad de las luchas y de las guerras. Hijo de Iemanjá.
141 Rui Barbosa (1849-1923). Famoso jurisconsulto, orador y político
brasileño, cuya palabra fue para la opinión pública media del Brasil de su
tiempo la expresión arquetípica de la inteligencia, gracias a su inmenso saber,
a su oratoria pomposa y a la proyección lograda por sus campañas liberales.
Es posible, efectivamente, que el informante de Mário de Andrade se
llamase Rui Barbosa, pues el brasileño de origen humilde elige con cierta
frecuencia, para sus hijos, nombres de figuras ilustres. Sin embargo, tampoco
es improbable que se trate tan sólo de un recurso satírico del escritor (G .M
.S.).
142 Va-mo sa-ra-vá. Corrupción de salvar, saludar ( “vamos a saludar” ).
Expre sión muy usada en los cánticos de la macumba. Hoy en día la expresión
saravá (salud) ha sido consagrada por la música popular.
143 Olorúm (Olorung u Olorum). Junto a Obatalá es uno de los dioses
jorubas más importantes.
144 Jigüe-Bufeo (Boto Tucuchi). El boto o delfín es un cetáceo del
Amazonas al que se le atribuyen propiedades fabulosas, sobre todo relacionadas
con su irresis tible poder de seducción de doncellas; en cierto sentido es el
equivalente mas culino de la sirena o máe d’água. Sin embargo, el Boto Tucuchi
( Steno Tucucci') tiene, según la creencia popular, la virtud opuesta de
amparar al náufrago, empu jándolo hacia la orilla (Cámara Cascudo, Vol. 1, p.
333).
145 Yemanyá! Anamburucu! (Ietnanjál Anatnburucúl). lemanjá es la sirena
o máe d’água de los jorubas; es una figura extraordinariamente popular en Rio y
en Salvador; Anamburucú es la más anciana de las sirenas o máes d’água entre
los negros bahianos. Se la identifica con Santana.
146 Ver nota 11.
147 Ochalá (Oxalá u Orixalá). Importante divinidad jejé-nagó que
simboliza las energías productivas de la naturaleza. En Bahía se la asimila al
señor do Bonfim.
148 Changó (Xangó). Una de las divinidades más populares y de mayor
prestigio en los candomblés y macumbas desde Recife hasta Río Grande do Sul.
Divinidad de los truenos, rayos y tempestades.
149 Omolú (Omulu u Omolu). Divinidad maléfica de atributos fálicos;
divinidad de la varicela, inseparable de Exu, el hombre de las encrucijadas.
iso Ochosi (Ochosse u Oxóssi). Divinidad de la caza o de los cazadores.
Su símbolo es el arco y la flecha. Se le identifica con San Jorge.
151 Obatalá. Es la más importante de las divinidades jorubas. Representa
el cielo y el firmamento; es el dios de la fecundidad que preside la formación
del niño en el útero materno.
152 Eamba-peyí (pegi). Especie de altar donde se adora a la divinidad
con sus adornos simbólicos y sobre el cual se colocan las ofrendas
alimenticias.
153 Duna de hormigas (Tacuru). Montículo de tierra blanda levantado por
las termitas, preferentemente en lugares húmedos o anegados, que a veces puede
alcanzar más de un metro de altura.
154 patas rajadas (pés-rapados). Individuos
miserables pobres diablos.
155 Volcar vino en la mesa es señal de buena suerte.
Prostituta. La designación
tiene un origen similar al que atribuimos a la expresión francesa en la nota
113; o sea, proviene del considerable número de polacas existente en la época
entre las prostitutas (G.M .S.).
157 Mameluquita (Mazombinha). Se llamó mozombo en el Brasil colonial al
hijo de europeos.
158 Babalaó (Babalad). La que oficia de médium, filha de santo.
159 Efión (Efém). El término no fue encontrado en Cavalcanti Proenga y
tam poco en Cámara Cascudo. Por el contexto en el cual aparece la expresión
puede inferirse que se trata de efum, infusión de hierbas con la cual se lava
la cabeza de la médium o filha de santo, al terminar la ceremonia de iniciación
(G .M .S.).
160 Tentador (Cariapemba). Demonio; las supersticiones en las que
aparece tie nen origen africano.
181 Expresión popular con la que se designa el dedo pulgar.
Mariguanga (Jurupari).
Importante divinidad amerindia que enseñó a los indígenas el uso de los
instrumentos. En este caso la palabra aparece empleada como adjetivo.
163 Alusión irónica a la costumbre, difundida en Sao Paulo, de que los
maridos de las profesoras públicas viviesen a costa de sus mujeres.
164 Alusión irónica a la preocupación de ciertos médicos brasileños — a
veces especialistas notables— empeñados en ser también escritores castizos (G
.M .S .).
165 Tentador (Fute). Diablo:
abreviatura de cafute; eufemismo
de diablo.
166 Y esto duele, duele, duele! (E isto dói dói doil). Versos tomados de
una escena del cuento popular O Macaco e a Velha.
167 La oración de Echú que viene a continuación es una deformación
sacrilega de oraciones cristianas, probablemente inventada por Mário de
Andrade. En las notas que dejó para la traducción norteamericana del libro, el
escritor se refiere a la dificultad de traducirla.
íes Senzala (Sanzala o senzala). Alojamientos destinados a los esclavos
en las haciendas del tiempo de la colonia, e incluso durante todo el siglo xix.
íes Chico-t-era. Corruptela del latín de iglesia sicut erat.
170 Fiel a la costumbre de mezclar en el libro elementos ficticios y
reales, Mário de Andrade presenta a Macunaíma, hacia el final de la escena,
junto a algunos de sus amigos y compañeros de generación: Jaime Ovalle
(1894-1955), poeta y compositor, conocido sobre todo por su singular
personalidad bohemia y sus aficio nes surrealistas que inspiraron crónicas y
poemas de escritores que fueron sus contemporáneos y que supieron, así,
testimoniarle su admiración y aprecio. Manuel Bandeira (1886-1968), gran poeta
y amigo dilecto de Mário de Andrade, al que ya nos referimos en notas
anteriores (ver notas 56 y 76). Blaise Cendrars (1887-1961) conocido poeta
moderno, suizo, que habiéndose vinculado en París al grupo modernista de 1922,
visitó Brasil, entre 1924 y 1928, en forma casi anual. Su poesía produjo un
poderoso impacto en la mayoría de los autores locales de la época; es uno de
los responsables de la toma de conciencia de la cultura nacional por parte de
los modernistas brasileños; influyó en la evolución artística de la pintora
Tarsila do Amaral y en la orientación literaria de Oswald de Andrade y Mário de
Andrade. Ascenso Ferreira (1895-1965), poeta pernambucano, recordado por el
placer con que recitaba sus exuberantes versos espontáneos, inspirados en el folklore
nordestino. Raúl Bopp (1898), poeta y diplomático vinculado sobre todo a la
corriente denominada Pau-Brasil, ramificación más importante del naciona lismo
del período y que tiene en su libro Cobra Norato una de sus expresiones más
logradas. Antonio Bento de Araújo Lima (ver nota 1).
Capítulo VIII: “Vei, la Sol”
171 El episodio que constituye este capítulo ha sido extraído,
básicamente, de la saga 13 “Alapizema e o sol” Kock Grünberg, a la que Mário de
Andrade añadió algunos elementos de las sagas 1, 2 y 23. Junto al título de la
leyenda, Mário de Andrade escribió, al margen, en su ejemplar de trabajo:
“Aprovechar bien esta leyenda para demostrar la falta de carácter y el cinismo
de Macunaíma” (Telé Ancona López, o.c.).
172 Volomán (Vóloma). En la mitología taulipangue, volomá es el sapo.
Mário de Andrade, sin embargo, empleó el término para designar al árbol lleno
de frutos.
173 Chicharrero (Pitiguari). Nombre de un pájaro del Nordeste.
174 Alamoa es la forma antigua, conservada en el lenguaje popular, para
decir alemana (alema, en portugués). La Ninfa Alamoa es una aparición en forma
de doncella rubia y cruel, que tendría el don de indicar los lugares donde se
encuentra dinero escondido (ver nota 28).
175 Piedritá-chumí (Mirim). Término tupí, ya perfectamente integrado al
idioma portugués. Significa pequeño.
176 El hecho de que la luna y el lucero del alba se nieguen a socorrer
al prota gonista porque éste olía mal, constituye una transposición de un
cuento brasileño en que la muchacha que buscaba marido se niega a dormir con la
Zarigüeya y el buitre porque despiden un olor muy desagradable.
177 Tataíta luna (Dindinha lúa). Expresión infantil con la que se saluda
la aparición de la luna.
178 Pídele al vecino (Peca no vizínho). Alusión al juego infantil
vulgarmente co nocido como ronda, en el cual un niño se dirige a otro
diciéndole: — “Fueguito, fueguito”, mientras que el segundo le responde:
“¡Pídele al vecino!”
179 Especie de balsa hecha con troncos de madera, con un mástil central
y vela en forma triangular.
180 Nanches (Muruci).
Planta de la Amazonia de la que se extrae un colorante.
Para evitar que la lona de las velas sea atacada por el moho provocado
por la humedad, los barqueros del puerto de Belém, en Para, suelen pintar sus
embar caciones con azul de añil o rojo de muruci.
181 Al margen del párrafo de Koch Grünberg, que traducido diría: “Vei
abrigó al hombre. Este se acaloró demasiado y sufrió con el calor”, Mário de
Andrade anotó: “Describir la afición al desgano y el tedio de Macunaíma. El
toma un tambor que el Sol traía en la barca desde el Africa, y canta una tonada
blanda (la tonada sacarla de los cantos más tontos de Poranduba)” (Telé Porto
Ancona López).
182 Urucungo. Especie de
tambor rústico usado por los negros.
183 Contrariamente a lo que pensaba hacer (ver nota 181), Mário de
Andrade extrajo de la Poranduba Amazonense de Barbosa Rodrigues, solamente el
estribillo de la tonada. Los demás versos, o son cuartetas populares entre las
que él intercaló, de dos en dos versos, el estribillo; o (como recuerda
Cavalcanti Proenga) son cuartetas compuestas por él mismo, a la manera de las
traduccciones de los versos indígenas recopilados por Martius.
184 Noray (Caigara). Pasillo o pasadizo confeccionado con tablas de
madera que suele permitir el tránsito del ganado del corral al embarcadero
desde el cual se le traslada a los distintos mercados consumidores. También
debe entenderse la ex presión caigara como metáfora predilecta de los indios
para designar los diques del puerto de Rio de Janeiro (G.M .S.).
185 Avenida de Rio de Janeiro, abierta durante el gobierno de Rodrigues
Alves, y por él inaugurada con el nombre de Avenida Central en la primera
década del siglo. Su trazado señaló un momento decisivo en la modernización de
Rio de Janeiro y en la transformación de las costumbres sociales urbanas,
convirtiéndose, desde este punto de vista, en el lugar más importante de la
ciudad. Tras la muerte del estadista y diplomático brasileño, Rio Branco, la
avenida tomó su nombre.
186 Alusión a los versos campesinos:
‘‘Ele me dava de
dote / Oropa, Franga e
Bahía”.
187 En Brasil, San Antonio es patrono y capitán del ejército; en 1811 se
hizo acreedor al grado del que goza por haber prestado servicios de guerra.
188 La expresión “terrinha do compadre chegadinho-chegadinho” (
“rinconcito del compadre dínguilin-dínguilin”) es utilizada como antonomasia y
fue extraída de un estribillo lundú, recogido por Mário de Andrade en Sao
Paulo. Según Telé Ancona López (o .c. ) la pieza se encuentra en los originales
Melodías do Boi e outras pegas (Instituto de Estudos Brasileiros, USP).
189 Nombre de uno de los principales barrios residenciales en la zona
costera de Rio de Janeiro.
190 Mianiqué-Teibé. Héroe indígena que pierde la cabeza por haber
utilizado, sin autorización, los distintivos del cacique. Mário de Andrade lo
describe de modo horripilante, agregándole pormenores que lo hacen aún más
repulsivo.
191 Comió a la pescadera y se fue (Comeu a varina e se foi). Vorina es,
en el norte de Portugal, el nombre que recibe la vendedora de pescado. Aquí,
Mário de Andrade emplea la expresión de modo genérico para designar a las
muchachas portuguesas. Inicialmente, Mário de Andrade había imaginado un
desenlace menos seco para el idilio entre Macunaíma y la portuguesa, según
puede inferirse de la lectura de la siguiente anotación, hecha al margen de su
ejemplar de Koch Grünberg: “Un hermoso día, Macunaíma dejó a la portuguesa a
causa de una discusión suscitada por una colocación pronominal, y a partir de
entonces prefirió a las francesas” (Telé Ancona López, o.c., p. 50).
192 Cabañal (Taba). Aldea
indígena del Brasil.
193 Igarapé. Término frecuente en el Amazonas, utilizado para designar
ríos de curso corto, navegados por canoas; aquí la palabra está empleada con el
sentido general de río. El río Tieté es el más grande de los que bañan la
ciudad de Sao Paulo.
Capítulo IX: “Carta a las
Icamiabas”
194 Esta carta, escrita por el protagonista a las icamiabas parodiando
el portugués clásico, es una sátira de la sumisión a Portugal en cuestiones de
idioma, y al lenguaje empleado, aún en la época en que Mário de Andrade
escribió Macunaíma, por ciertos escritores brasileños, algunos de los cuales
eran miembros de la Aca demia Brasileña de Letras, y quienes permanecían
indiferentes a las transforma ciones sintácticas y de vocabulario ocurridas en
el Brasil. En este pastiche, trans cribe sin comillas frases íntegras de Rui
Barbosa, de los cronistas portugueses coloniales, versos de Camóes, de los
lingüistas más eminentes, devastando — como el propio escritor lo confiesa en
una carta— “la tan preciosa cuan solemne lengua de los colaboradores de la
Revista de Língua Portuguesa". Al mismo tiempo, con la intención de
demostrar que la pretensión vernácula no lograba encubrir el desconocimiento
efectivo de la lengua, intercala en el texto confusiones termino lógicas que
presentan ortografía o sonoridad similar, formas expresivas erróneas,
expresiones coloquiales, etc. En uno de sus últimos textos, declara que la
carta traduce, no la preocupación de acertar, tan característica del
intelectual brasileño, “sino la preocupación de no equivocarse” que dominó a
los artistas nacionales hasta 1920 (O Banquete, Livraria Duas Cidades, Sao
Paulo, Brasil, 1977. G.M.S.).
195 Pátina (Plátina). Confusión sintomática entre pátina y platina
(plata, por lo tanto, dinero). El lapsus revela al lector que el motivo oculto,
determinante de la carta, es pedir dinero. Pues bien: “pedir dinero a los
patricios que están de paso”
— comenta Mário de Andrade en la correspondencia con Manuel Bandeira— es
algo “que ya podría servir como proverbio acerca del brasileño que vive en el
extranjero” (Carta sin fecha, pero probablemente de noviembre de 1927. G.M.S.).
196 Aprovechamiento del verso de Camóes (Os Lusiadas): “Porém já cinco
sois eram passados” ( Cinco soles, sin embargo, habían pasado).
197 Famoso escritor portugués del siglo x v i i , considerado
generalmente como uno de los modelos del lenguaje clásico. Mário de Andrade
conocía su obra muy bien.
198 Qui lo sá. Por la expresión italiana “chi lo sá”.
199 La familia Cavalcanti es la más importante y numerosa de Pernambuco,
de donde se expandió hacia los Estados del Nordeste y del Sur. Debe su origen
al hidalgo florentino Felipe Cavalcanti, que llegó a Brasil en el siglo xvi
(G.M .S.).
200 Antonomasia por ciudad del padre Anchieta, o sea, Sao Paulo (ver
nota 73,
José de Anchieta').
201 Alusión al tratamiento dado a sus musas por los poetas adictos a los
géneros pastoriles, que en Portugal y Brasil escribieron durante el período
clásico (G.M .S.).
202 Lapsus de fondo sexual como en “bordeisjar água de Nilo”,
superposición del verbo bordejar con el plural de la palabra bordel (
foordéís-burdeles), síntomas de la obsesión sexual del héroe (ver nota 1).
203 Orfeo por Morfeo.
204 Las francesas, o sea, las prostitutas de alto coturno.
205 Referencia al corte à la garçonne, de muy reciente moda en los
grandes centros y que fue recibido con escándalo en el ambiente patriarcal de
la burguesía brasileña (G.M .S.).
206 Polacas, prostitutas (ver nota 156).
207 Por “modus vivendi”. Sátira a la manía brasileña de recurrir a citas
latinas que, por lo general, son transcritas de modo incorrecto.
208 Antonomasia por Sao Paulo. Esta ciudad fue, en los siglos xvi, xvii
y xviii, el punto de partida de las Bandeiras, expediciones que se internaban
en las zonas selváticas y desérticas del país en busca de oro y piedras
preciosas, cuando no para capturar indios a fin de esclavizarlos. Estas
campañas promovieron, de modo indirecto, la expansión territorial y la
colonización (G.M .S.).
209 Alusión satírica al nacionalismo ilusorio del brasileño medio, muy
distinto del nacionalismo crítico de los modernistas.
210 Alusión a la costumbre corriente que tenía el partido gobernante —
el PRP— de fraguar las elecciones, antes de 1930, computando votos de personas
fallecidas.
211 Macrobios. Por microbios.
212 Gran jardín que se extiende por uno de los valles que circundan la
parte central de la ciudad de Sao Paulo.
213 En esa época era, sin duda, el más grande y hermoso parque de la
ciudad de Sao Paulo. Está situado junto a la estación ferroviaria del mismo
nombre y a él se hace referencia en otras obras del escritor, como por ejemplo
en el cuento “Primero de Mayo”, incluido en esta Antología.
214 Alusión al lema de la bandera brasileña.
215 Alusión al Servicio de lucha contra la lepra, organizado en el
Estado de Sao Paulo por el Dr. Francisco de Salles Gomes, a partir de la década
del 20. Bajo la orientación de este gran médico se edificaron varios
leprosarios en los que se dio asistencia no sólo a los enfermos de Sáo Paulo,
sino también a los necesitados de los Estados vecinos. Antes de la campaña de
internación de los pacientes — y tras la aplicación de cortisona, que hizo
posible la curación de la enfermedad— era frecuente ver por los caminos,
comitivas de leprosos, siempre montados a caballo, que pedían limosnas a los
transeúntes, extendiendo una latita atada a la punta de una larga vara (G.M
.S.).
216 Alusión a la frase hecha, corriente en la época y reveladora del
complejo de superioridad de los paulistas: "Sáo Paulo es una locomotora
que arrastra veinte vagones vacíos” — o sea, los veinte Estados entre los
cuales entonces, se dividía el país (G .M .S.).
217 Célebre entidad científica de la ciudad de Sao Paulo, de renombre
interna cional, donde se encuentra un enorme serpentario y un laboratorio para
la prepa ración de sueros antiofídicos. Era, en aquel tiempo, uno de los
paseos predilectos de los turistas (G.M .S.).
218 Alusión al contingente numeroso de descendientes de italianos que en
esa época poblaban los barrios más pobres de la ciudad de Sao Paulo,
constituyendo la principal mano de obra fabril. Actualmente, esta población
desamparada está integrada por los nordestinos (G.M .S.).
219 Alusión irónica al hecho de que, en el Brasil, el idioma hablado se
presenta plagado de extranjerismos y deformaciones, mientras que la lengua
escrita utili zada por los escritores convencionales sigue imitando la de
Portugal.
220 La cuestión de la subjetividad del pronombre “se” y la pertinencia
de la s o de la z en la grafía del término Brasil eran, en la época, dos
cuestiones neurálgicas en las discusiones de los gramáticos (G.M .S.).
221 Designación dada por los indios al Emperador Pedro II. En la
descripción tan vivida del encuentro de Leite Moráes con los carajás, en las
aguas del Araguáia, el ex presidente de Goiás — que era también un hombre alto
y de largas barbas— es llamado por los indios papá grande: “Fondeamos y
entonces Amburá le dice a sus soldados que éramos amigos, me designa papá
grande y los intima a que nos respeten, invitándolos a que suban a nuestro
bote”. “( . . . ) las mujeres huyen, pero Amburá y otros las llaman para que
vengan a recibir tabaco de las manos de papá grande ( . . . ) . ( Apuntes de
viaje, o.c., p. 155; ver notas 73, 349 y 210); Me parece que también en este
fragmento de su libro, Mário de Andrade atribuye a su protagonista hechos
vividos por su abuelo.
Capítulo X: “Pauí-Pódole”
222 El gigante guardaba su muiraquitá (amuleto) dentro de un cangrejo,
como el Jurupari de la leyenda amerindia.
223 Libaciones (Codórios), Término del lenguaje vulgar que significa
bebida y derivado de la expresión latina quod ore sumpsimus, proferida en la
misa, en el momento en que el padre bebe el vino del cáliz.
224 La religión Caraimonhaga y los personajes citados en el contexto, el
indio Antonio y la compañera Madre de Dios, son reales, vivieron en la época
colonial. A ellos se hace referencia en las Confissoes da Bahia, Visitagóes do
Santo Oficio editadas por Capistrano de Abreu.
225 Alusión a un hábito corriente entre las jovencitas de la burguesía
en las décadas del 20 y el 30, que salían a la calle a vender flores en
beneficio de las instituciones de caridad y colocaban una en la solapa de cada
hombre. Mário de Andrade, lector de Freud, satiriza implacablemente esa
costumbre de evidente significación sexual.
226 Según una leyenda amerindia, en la sierra de Ereré, todas las cosas
son enormes y allí no llegaron las aguas del diluvio.
227 Puíto. Expresión indígena que significa ano. Mário de Andrade
encontró la palabra en la leyenda 25 de Koch Grünberg: “Puíto. Como los
animales y el hombre recibieron el ano”; sin embargo, no transcribió en su
libro los elementos restantes del relato.
228 La expresión Domingo pé de cachimbo pertenece a una cuarteta
infantil que dice: “Hoje é domingo / pe de cachimbo / cachimbo é de barro / que
bate no jarro”. Trasladado al castellano en forma más o menos textual e
intentando pre servar el ritmo, tendríamos: “Hoy es domingo / pata de pipa /
pipa de barro / que rompe el jarro”.
229 Todo este párrafo presenta como rasgo característico el hecho de que
el autor enumera, en una sola secuencia, los elementos más significativos de
una determi nada realidad. Así, para aprehender la festividad en toda su
plenitud, alinea las distintas conmemoraciones que se van sucediendo en el
transcurso del día, trazando una cronología temporal extremadamente sintética.
Por la mañana una fiesta popular: desfile en el barrio obrero de la Moóca; al
mediodía, misa campal, frente a la Iglesia del Corazón de Jesús, en el
aristocrático barrio de los Campos Elíseos; a las cinco de la tarde, corso y
batalla de papel picado organizados por la bur guesía que, según la costumbre
snob de la época, se dirige en automóvil a la gran
Avenida Rangel Pestaña, en el barrio italiano de Brás; de noche, paseo
de dipu tados y desocupados por la calle Quinze de Novembro, en el corazón de
la ciudad.
Como cada conmemoración se llevó a cabo en un sector urbano y como cada
sector define un estrato social, terminada la descripción aparentemente tan
seca, reconocemos que ante nosotros se ha perfilado, como un gran fresco, la
figura global del día feriado, que es interpretada sobre el fondo de una
sociedad nítida mente estratificada. En cuanto a los fuegos artificiales que
estallan por la noche, junto al museo de Ipiranga, en las colinas en que fue
proclamada la Indepen dencia, son, como la nacionalidad, un derecho de todos —
y el escritor remata con este cierre global la sátira ácida y contenida del
empleo del ocio en un gran centro urbano. Mucho después retomará el mismo tema
en esa obra notable que es el cuento titulado “Primero de Mayo” (G.M .S.).
230 Alusión más que probable al personaje de la novela Amar Verbo
Intran sitivo, que Mário de Andrade redactó inmediatamente después de terminar
la composición de Macunaíma. La figura de la muchachita extranjera — por lo ge
neral profesora— muy conspicua y orientada por elevados ideales, en contraste
con la conducta discutible y la grosería del brasileño, es un rasgo constante
en la obra de ficción del escritor. Un ejemplo arquetípico de lo que decimos
puede encontrarse en el cuento “Atrás da Catedral de Ruao” (Contos Novos). (G
.M .S.).
231 La expresión “mulato da maior mulataria”, tal como recuerda
Cavalcanti Proenga, es una curiosa deformación popular de un verso del
Romancero Portugués de Hardung: “Tem-te, tem-te cavaleiro / Nao fagas tal
tiranía / Que eu sou filha de um malato / Da maior malataria” (Aguarda, aguarda
caballero / No cometas tiranía / Que soy hija de un malato / De muy gran
malataria'). En el contexto lusitano, malato significa enfermo, y más
exactamente leproso; pero como en el Brasil, el término era desconocido, fue
asimilado a mulato y mulataria, palabras de sentido accesible. Fue en esta
última acepción que las empleó Mário de Andrade.
232 Camaiguá (la luciérnaga Camaiuá). En la versión original Camaiuá es
una avispa.
233 Vucapúa (acapu). Nombre de un árbol cuya madera es muy resistente al
tiempo y a los roedores.
234 En la versión original cunavá es una planta (trepadora) que ilumina
el camino de Pauí-pódole. Fue esta característica la que indujo a Mário de
Andrade, por asociación, a transformar, tanto a Cunavá como a su tío Cumaiuá,
en luciér nagas.
235 Variación de Mário de Andrade sobre palabras de un texto infantil.
236 n ay más nada (Tem mais nao!). Telé Ancona López (o .c.) recuerda
acer tadamente que la explicación poética y mitológica que Macunaíma ofrece
del Cru zeiro, se opone simétricamente a la explicación pedante y patriotera
del mulato. El pueblo, lógicamente, adhiere conmovido a la versión del
protagonista quien, a su vez, finalizado su discurso, se siente profundamente
emocionado. Creo que es ésta, en todo el libro, la única vez que Macunaíma
logra percatarse con lucidez de sus valores más profundos, así como de los de
su país, pudiendo, al mismo tiempo, expresarlos. Me pregunto si Mário de
Andrade no habrá proyectado en este episodio el que retuviera a partir del
concepto de Sein de Keiserling y al que se refiere en el Segundo Prefacio (G.M
.S.).
Capítulo XI: “La vieja Cieucí”
237 Ventolera (Caruviana). Viento
frío que sopla en varias regiones
del Brasil.
Garúa que acompaña el descenso de la temperatura en el interior de
Bahía.
238 En versión literal sería: . . . que te crezca una cola de acutí. La
expresión es eminentemente popular y con ella los adultos suelen desembarazarse
de los
pedidos infantiles, especialmente el de los niños que insisten que se
les relate o lea un cuento.
239 Nombre de un barrio popular en la periferia de la ciudad de Sao
Paulo (G.M.S.).
240 El Largo do Arouche es una amplia plaza de Sáo Paulo situada entre
la zona residencial y el centro; en la época a la que se refiere Mário de
Andrade se realizaba allí la feria libre más importante de la ciudad (G .M
.S.).
241 Comió el comején (Comeu tudo). Modo usual de rematar las narraciones
populares en el Brasil. Hay muchas variantes. Equivale al español: "Y
colorín colorado. .
242 En este párrafo, Mário de Andrade fundió dos episodios: la saga N9
50 de Koch Grünberg, “Kalawunseg, el mentiroso” y un hecho verídico que tuvo
lugar entre él y su amigo y compañero de generación, el gran escritor Oswald de
Andrade *, con quien posteriormente se desentendió por incompatibilidad de
carácter. Veamos cómo relata Antonio Candido lo ocurrido en su artículo “Digre
sión sentimental sobre Oswald de Andrade” ( Varios Escritos, Livraria Duas
Cida-des, Sao Paulo, 1970, p. 68):
“Muchos piensan que Mário recogió en su protagonista algo de lo que
Oswald tenía de pintoresco e irreverente; hay al menos un rasgo que parecería
poder demos trarse en tal sentido y que se apoya en un suceso que Mário le
contó a Sergio Buarque de Hollanda **, de quien lo escuché yo más o menos en la
forma que sigue. En los años de 1920 Oswald se encontró con Villa-Lobos en
Europa y se sorprendió al verificar las profundas deficiencias de su cultura,
que lo llevaban a confundir a Jules Romains con Romain Rolland y cosas por el
estilo. De regreso, habló del asunto en el salón de Doña Olivia Guedes Penteado
* * *, donde dijo que el gran compositor, con sus desconocimientos, comprometía
la imagen del Brasil en el exterior. Y dejándose arrastrar por su proclividad a
la desmesura, cosa que siempre ocurría cuando estaba en vena polémica, terminó
afirmando que Villa-Lobos ni siquiera sabía música y que era un ignorante
intuitivo. Como le retrucaron diciéndole que no tenía ninguna autoridad para
sostener tal cosa, respondió más o menos lo siguiente:
— No soy yo quien lo dice. Mário, que de esto sabe mucho, me dijo que
Villa-Lobos no sabe armonía ni contrapunto.
A los presentes les sorprendió mucho lo que acababan de escuchar, ya
que, según ellos, Mário siempre había sostenido lo contrario. Oswald, entonces
fue más lejos todavía y aseguró:
— Eso ocurre porque con ustedes no tiene ninguna intimidad. A mí sí me
dice la verdad.
José Oswald de Souza Andrade
(1890-19 54) es, junto con Mário de Andrade, el más importante de los
escritores que surgieron de la Semana de Arte Moderno de 1922. Poeta valorado
sobre todo por las vanguardias concretistas, fue el ideólogo del Movimiento antropológico,
y junto con la pintora Tarsila do Ámaral, del Mo vimiento Pau-Brasil. Se
dedicó, sobre todo, a la novela, género en el que dejó dos obras primas
indiscutibles: Memorias Sentimentais de Joño Miramar (1924) y Serafim Ponte
Grande (Escrito en 1927 y publicado en 1933).
Sérgio Buarque de Hollanda
(1902). Uno de los historiadores más distin guidos del Brasil; se reveló con
un libro hoy clásico. Raízes do Brasil (1936). Con Prudente de Moráes Neto
fundó la revista Estética (1924-1925) muy vincu lada a los modernistas. Autor
de incontables ensayos fundamentales, tal vez sea Visáo do Paraíso (Visión del
Paraíso) (1 9 5 9 ), su libro más importante.
Olivia Guedes Penteado
(1872-1934). Dama de la alta sociedad paulista que apoyó desde un comienzo y
con todo su gran prestigio social, las iniciativas revolucionarias del grupo de
1922. Muy amiga de Mário de Andrade, realizó con él en 1927, un viaje por mar
hasta Belém y, luego, por el Amazonas hasta Iquitos, descrito por el escritor
en la primera parte de su diario que recién ahora fue publicado bajo el título
de O Turista Aprendiz (Livraria Duas Cidades, Sao Paulo, 1976) (G.M .S.).
Ante estas palabras la discusión terminó; pero uno de los presentes,
disconforme con el veredicto de Oswald, no se resignó y llamó por teléfono a
Mário, censurando su conducta dual: ¿cómo era posible que pensara una cosa y
dijese otra? Mário dijo no entender de qué se trataba, su interlocutor le dio
las debidas explicaciones, y él se puso furioso. Salió entonces en busca de
Oswald y encontrándolo casual mente en la calle Quinze de Novembro, lo
interpeló resueltamente. Pero su amigo lo desarmó contestando, simplemente, con
la risueña limpidez de su mirada azul: “¡Yo mentí!”
243 Quedar con cara de Andrés (Picar com cara de Andre). Equivale a
nues tro quedarse en babia o quedarse papando moscas. Se trata de una frase
hecha (literalmente: Poner cara de Andrés') que significa estar confuso,
expresar incom prensión o ausencia. Mário de Andrade tomó la frase al pie de
la letra, transfor mando el episodio en un cuento etiológico (G .M .S.).
244 Güiro (Ganzá). Instrumento musical de hoja de flandres, especie de
cencerro con piedritas adentro, que suenan al agitarse.
245 Güiras — Ave, pájaros— nombre
genérico.
246 Paricá es una leguminosa del Amazonas, de cuyo fruto torrado y
molido se extrae un polvo de efecto embriagador, utilizado por los brujos en
ciertas cere monias religiosas como las de las profecías (G.M .S.).
247 Magdalenas. Repetición del mismo recurso anterior: el término es
utilizado como metonimia de prostitutas (G.M.S.).
248 El “hombre alto, rubio, muy apuesto” que hablaba en “idioma
extranjero” es un guardia civil (vulgarmente llamado grilo'). Alusión satírica
de Mário de Andrade al hecho de que, en la época, los agentes de tránsito en
Sao Pablo eran por lo general inmigrantes recién llegados: austríacos,
húngaros, búlgaros, alema nes, que apenas hablaban portugués y eran elegidos
por su ostensible prestancia ariana (G.M .S.).
249 Calle Libero B adaró, es una de las arterias centrales de la ciudad
que une la Plaza Patriarca al llamado Largo de Sao Bento.
250 La charla con la llovizna y la apuesta para asustar al gigante son
una trans posición del episodio titulado A onga e a chuva, registrado por Koch
Grünberg.
251 Lengua del len-pén-gua-pá (Lim-pim-gua-pá). “El idioma Lim-pin
gua-pá es una lengua secreta de los niños que consiste en seleccionar de cada
palabra sus sílabas, agregando a cada una de ellas otra compuesta por el sonido
de la misma sílaba precedida por la consonante p. Así, por ejemplo, língua
(lengua) se dirá: lim-pim-guá-pá" (M .A. ).
252 Enumeración exhaustiva de los modos de pescar.
253 Bife. Apor tugues amiento del término beef. Apelativo popular de
inglés en el Brasil.
254 Tararira (aimará). Nombre taulipangue de pez llamado traíra (
“macrodon trahira”).
255 Grandulón (macota). Grande, fuerte, importante, en dialecto
campesino. El término fue incorporado por Mário de Andrade a su prosa (G.M .
S.).
256 El fragmento sobre el anzuelo del inglés fue tomado de Koch
Grünberg.
257 Carapálida (tapuitinga). Nombre dado al hombre blanco por los
indígenas y utilizado por José de Alencar en su novela Iracema.
258 El episodio fue extraído de O Selvagem, de Couto de Magalhaes.
259 Entarimado (muta). Especie de atalaya en la cual se aguarda la caza
en la selva, o al pez al borde del agua (Amazonas).
260 Adaptación de los versos de la canción popular muy en boga en esa
época :
“Vem cá, mulata / Nao vou lá, nao / Sou demócrata / De
coragáo”.
261 La fuga en varios caballos sucesivos fue tomada de Gustavo Barroso.
En las notas para la versión norteamericana, Mário de Andrade se refiere a las
dificultades que el largo párrafo que sigue presenta para su traducción, pues
el episodio se apoya en el empleo reiterado de una serie de proverbios
populares, todos ellos rimados (G.M .S.).
262 Baúa-Baúa. “Onomatopeya empleada en el Brasil para reproducir el
sonido de ciertas bocinas de automóviles” (M .A . ).
263 El fragmento es de difícil comprensión para un lector extranjero — e
incluso para un lector brasileño de hoy. Su sentido es el siguiente. A fines de
la década del 80 (alrededor de 1887), el diario Comercio do Amazonas publicó
una noticia sobre el descubrimiento, efectúalo por un labrador de la
inmediaciones de Manaus, del fragmento de una estatua de mármol, “que tal vez
representase al Dios Marte”. Pero posteriormente se aclaró que el
extraordinario suceso era, en verdad, un primeiro de abril (poisson d’avril),
vale decir, una información fraguada por el dia rio con el propósito exclusivo
de jugarle una mala pasada al escritor Araripe de Alencar, estudioso de la
arqueología brasileña.
264 El fragmento ejemplifica bien la ya aludida desarticulación
geográfica del libro.
265 Passou por aqui no seu cavalinho comendo capim ( “Por aquí pasó en
su caballito que bien pastó”) es el fragmento de un dicho usado en el Brasil
contra el orzuelo, que consiste en lo siguiente: se pasa un grano de trigo
sobre la parte afectada del ojo y se pronuncia tres veces la fase: “Santa Lucía
por aquí pasó en su caballito que bien pastó”. Mário de Andrade incorporó la
fórmula mágica por asociación de ideas a la descripción de la fuga de los
caballos.
266 Enumeración de varias localidades mencionadas por Alencar Araripe (
“Ciu dades petrificadas e inscripciones lapidarias”) donde fueron encontradas,
justa mente, inscripciones lapidarias. A pedido de estudiosos brasileños, el
escritor francés Ernest Renan examinó las copias de algunas de esas
inscripciones atribu yéndoles origen fenicio.
267 La gallina de los huevos de oro es una figura muy viva de la
mitología popular navideña.
268 Hijo de la zorra zorrillo (filho de gamba é raposa). Giro idiomàtico
con el cual se ironiza al curioso.
269 Denominación de un local a orillas del río San Francisco, cerca de
la ciudad de Taipu. El nombre pintoresco le sugirió a Mário de Andrade la anéc
dota etiológica.
270 Tuyuyú (tuiuiu). Pájaro de la Amazonia que pertenece a la familia
Ciconidae. La leyenda del muchacho indio guiado por el tuiuiu fue extraída de
la obra de Barbosa.
271 Buche (aturiá). Cesto con cuatro patas empleado para
transportar mandioca.
272 Bartolomeu Lourengo de Gusmáo (1685-1724). “Célebre sacerdote brasi
leño, quien voló en el globo Passarola antes que los hermanos Montgolfier. Es
el verdadero inventor de los globos aerostáticos” (M .A. ).
273 Este fragmento en que Macunaíma y el tuyuyú-aeroplano sobrevuelan el
Brasil, recorriendo un itinerario alucinado, que comienza en la loma de Urucuia
(Minas Gerais) — en el centro del país— y termina en la ciudad de Sao Paulo (
“la aldea ilustre del canal Tiete”), es uno de los más representativos del
trastoca-miento geográfico ya referido (G.M .S.).
274 Embarradas de falda no caiga (barra de saia, nao caia). “Célebre
consejo brasileño, fundado en las diversas significaciones de la palabra barra.
La barra (margen) del río es peligrosa ya que se la disputan los vecinos; la
barra de oro suscita ambición, lucha por el dinero; la barra (dobladillo) de la
falda es una alusión a la mujer, y en este orden huelgan los comentarios” (M .A
.).
275 El párrafo contiene dos alusiones: 19) a la costumbre de las
personas influyentes, sobre todo en el siglo pasado, quienes solían expulsar
del país, gracias a sus altas relaciones, a las mujeres mundanas que con su
presencia amenazaban el equilibrio de sus familias. 29) a la atracción sexual
que las artistas de teatro, sobre todo las cantantes líricas, ejercían sobre el
elemento masculino. De hecho, muchas de ellas llegaron a casarse con miembros
de familias de gran proyección social (G.M .S.).
Capítulo XII: “Vende-Bute, chopisón y
la injusticia de los hombres”
276 Vende-Bute y chupín ( chupinzáo es el aumentativo) son nombres de
aves. Pero aquí debe advertirse el juego de palabras empleado por Mário de
Andrade, pues vende-bute también designa, como onomatopeya, al vendedor
ambulante, generalmente sirio, que recorre Brasil, negociando con la mercadería
que ofrece cargada a sus espaldas y llamando la atención mediante un metro de
madera ple gable cuyas dos partes hace sonar.
277 Según Cavalcanti Proença hay en la frase una identificación entre la
“invi sibilidad” de la telefonista y la noción de sombra entre los indios —
forma inter mediaria entre el espíritu y el cuerpo. Mi impresión, sin embargo,
basada en el proceso corriente del autor que consiste en enmascarar las
informaciones de cuño erudito bajo la apariencia de informaciones nacionales,
es que la referencia más bien apunta al famoso fragmento de Marcel Proust sobre
las “Démoiselles du téléphone” (Le Coté de Guermantes I). De tal modo, la
expresión sombra telefonista sería una metáfora de la que se vale para
incorporar al contexto salvaje de su libro, a la manera de una disonancia, la
refinadísima reflexión proustiana sobre “les anges dans les ténèbres”, “les
ombageuses prétreses de l’invisible”), “les voix ( . . . ) suies ne tenant plus
à un corps”. La frase sería, por consiguiente, una cita; o mejor un collage.
Por lo demás, la correspondencia de Mário de Andrade revela que ya conocía a
Proust desde 1922 (ver Cartas a Manuel Bandeira, p. 15) (G .M .S.).
278 Personaje real que existió en Recife alrededor de 1909-1910 y que
realizaba milagros con las aguas del Beberibe, río que baña aquella capital del
Nordeste brasileño.
279 Buhonero andador (cotruco). Vendedor ambulante. El episodio del
encuentro con el sirio fue extraído de la saga N*? 6 de Koch Grünberg y
pertenece a la serie de Kunevo el Mentiroso, de la cual también forma parte el
episodio del ciervo guardabosque, al que se hace referencia en la nota 242.
280 Es creencia popular que el pájaro carpintero (megapicus rubricolis)
tiene la costumbre de cargar en el pico una hoja mágica, especie de talismán
que da felicidad a quien la toma (G.M .S.).
281 El Casino del Copacabana Palace Hotel era, en ese tiempo, el local
de juego más elegante de Río de Janeiro (G .M .S).
282 Se aplastaron por culpa del desengaño (os manos ficaram compridos por causa
do desaponto). Anécdota etiológica inventada por Mário de Andrade para
explicar la expresión popular ficar comprido de desaponto.
283 Alusión al dicho popular: Está com raiva? Pois tire a roupa e pise
em cima.
( “¿Estás con rabia? Pues entonces, quítate la ropa y písala con
ganas”).
284 Sátira del autor a sí mismo, ya que una de las ideas centrales de su
pensa miento (y también de Macunaíma') es que el Brasil debía intentar
realizarse no a
la sombra de Europa, sino buscando los valores específicos de su
cultura. (Ver Introducción) .
285 Quínela (bicho). Referencia al juego de azar más popular del Brasil.
Se realiza en combinación con las loterías, cuyos números corresponden, en la
jerga popular, a ciertos animales.
286 Chopí (chupim). “Pajarito negro que deja sus huevos en el
nido del ticotico.
Este alimenta a sus crías, que son más grandes que él” (M .A .).
Designación general para los pájaros negros de la familia de los hicterídeos.
También conocido en el Brasil como Vira o Vira-bosta.
287 Telo-decumé. “Quiero comer”
en pronunciación infantil. (M .A .).
288 V. nota 295.
289 Alusión al hábito del chupim o vira-bosta de buscar alimento
revolviendo las deposiciones del ganado.
290 Pincha! Pincha! (afinca! afinca!). Voz que imita el canto del
pájaro. Según la creencia popular, en la época de la plantación de arroz, el
chupim canta en la rama del árbol al sembrador que trabaja a sus pies: “Afinca,
afinca que eu (a)rranco’’ (Siembra, siembra que yo lo arranco).
291 El episodio ha sido extraído de la saga N? 49 de Koch Grünberg,
“Kunevo”.
292 Toaliquizús (toaliquigus). Usado en el sentido de testículos.
Cavalcanti Proenga no logró determinar su origen.
293 Boni-t-ó-tó yucamarga mocotó! (¡ Boni-t-ó-tó macacheira mocotó 0 .
Cantinela infantil de intención provocadora.
294 Alusión a la creencia según la cual si se da una zurra al cadáver,
éste se vuelve más liviano y por lo tanto más fácil de transportar en los
largos trayectos hacia los cementerios del interior.
295 El protagonista, quien pocas páginas atrás bebía aguardiente para
refrescarse, ahora lo bebe para entrar en calor. Mário de Andrade alude, de
este modo, al empleo de la pinga en el Brasil como panacea.
296 Se refiere a corazonadas para ganar en el juego del bicho (ver nota
28). En el transcurso del libro, Mário de Andrade se vale de varios ejemplos
para describir la existencia (improvisada) del brasileño: la búsqueda de
tesoros escon didos, la creencia en la gallina que pone huevos de oro, en la
zarigüeya que evacúa monedas, las apuestas en el juego del bicho. Este último,
incluso, ha sobrevivido hasta hoy como una prolongación de la lotería (G.M
.S.).
Capítulo XIII: "La
piojosa de Yigué’’
297 El pueblo la llama erisipela o erisipa; es una de las molestias más
frecuentes que se derivan de las ceremonias de bendición populares.
298 O Estado de Sao Paulo es el diario más importante y poderoso de la
prensa paulista; la edición dominical de este portavoz de la alta burguesía de
tendencia liberal es muy voluminosa, con un porcentaje enorme de avisos.
299 Plaza central de Sao Paulo, situada en el valle del mismo nombre,
entre los dos viaductos más antiguos de la ciudad: el de Santa Efigenia y el
del Cha.
300 Antonio Carlos Gomes (1839-1896) es el mayor compositor brasileño de
su época y uno de los nombres más importantes de la historia de la música
brasi leña. Entre sus obras más conocidas podemos citar las óperas O Guarany,
Fosca y Lo Schiavo. El monumento al gran músico está situado junto al Teatro
Municipal de Sao Paulo.
801 En la mitología indígena el destino final de los héroes es
convertirse en estrella y permanecer en el cielo, brillando por toda la
eternidad. Esta creencia parece ejercer enorme atracción sobre el espíritu de
Mário de Andrade, ya que el escritor se refiere a ella en distintas
oportunidades en el transcurso del libro. Finalmente, la utiliza para rematar
con ella el espíritu melancólico de su personaje.
302 Trajinera (vigilenga). Canoa velera empleada para la pesca.
sos Garavela-vela (vaticano). Embarcación amazónica de 900 a 1.000
toneladas.
304 Cururu. Danza popular que, ya en tiempos de Mário de Andrade, estaba
restringida a ciertas áreas rurales, y en cuyo despliegue se empleaba una
coreo grafía circular y desafíos entre los participantes. Los desafíos
equivalen a las payadas gauchescas, muy comunes en el Río de la Plata. Desde el
punto de vista de su origen, y según el escritor, el Cururu se remonta a la
época de la catequiza-ción jesuítica, que adaptó prácticas indígenas a la
actividad religiosa.
El hecho de que los pasajeros de un trasatlántico de lujo, bailen el
cururu es tan insólito como el gesto del capitán del barco, que se quita de su
cabeza la insignia de los jefes indígenas: el penacho, y no la gorra que sería
el emblema natural de un marino.
Se ve que la intención de Mário de Andrade es subrayar, mediante estos
con trastes violentos, las contradicciones de la cultura brasileña repleta de
características dispares y antagónicas.
sos u na (je ]as dos mayores compañías brasileñas de navegación.
306 La “Hamburgo” era una compañía alemana de navegación.
307 Uno de los grandes trasatlánticos italianos de la época, que
extendía sus servicios hasta América Latina.
308 Nueva referencia a la sirena ya aludida, también llamada Boiúna.
Según la leyenda amazónica, la Boiúna puede aparecer bajo distintos disfraces:
como un barco de vela, como balsa, como barco de gran porte, etc. (ver nota
92).
309 Según la creencia popular basta ingerir tres granos de plomo para
evitar la preñez.
310 Macona (jamachi). Cesto largo, chato de un lado, que se carga sobre
la espalda y sirve, sobre todo, para el transporte de mandioca.
311 Endoco (maissó). Organo sexual femenino en idioma tupí. Según von
den Steinen, Maissó es una figura legendaria de los Parecis, que hace nacer los
ríos introduciéndose una vara en la vulva.
312 Dicho popular del Estado de Sao Paulo. Taubaté es una ciudad situada
en el valle del Paraíba en la zona que se extiende entre la capital paulista y
Rio de Janeiro.
313 Coca Erythroxilon coca (ipadu). Sus hojas eran mascadas por los
indios para engañar el hambre, anestesiando los músculos del estómago.
314 Según Cavalcanti Proenga. Mário de Andrade a partir de este momento
pasa a parafrasear, sucesivamente, algunas leyendas caxinauás como la del
"valiente guerrero” y la de los hermanos de la piojosa. El curioso párrafo
en el cual, por ejemplo, Suzi se quita sus cabellos para ubicar mejor los
piojos, recolocándoselos luego en la cabeza de atrás hacia adelante, forma
parte integral de uno de esos relatos.
315 Jardim da luz. V. 213.
316 Según la creencia popular no se debe contar los piojos que se
atrapan para no aumentar su número.
317 Anécdota etiológica creada por Mário de Andrade para explicar el
dicho infantil, que consiste en hacer que el interlocutor repita muchas veces
la expresión paca tatú sin agregar a ella, por distracción, las palabras cotia
nao.
318 Escopeta-tá y el cuchillón de puntatá tatatá (espingarda-pá e na
faca de ponta-ta tatatá). Mário de Andrade incorporó a la frase, llevado por
asociación de palabras, el fragmento del estribillo de una “embolada”
nordestina (compo sición musical), muy en boga en la época:
“Espingarda pá, pá, pá
Faca de ponta, tá-tá-tatá”.
319 Hasta Manuel no poder (até Manuel chegar). Expresión popular que
signi fica “hasta decir basta”; el autor utiliza aquí el mismo recurso ya
señalado en repetidos lugares.
320 Cavalcanti Proenga comenta con acierto que la fuga de Suzi al cielo
en la hamaca impulsada por las pulgas, recuerda los episodios del pequeño
Pulgarcito y los de Cenicienta, viajando en el carruaje enganchado a los
ratoncitos.
Capítulo XIV: Muiraquitán
3 2 1 “¿Viste al pajarito verde?” es un giro idiomàtico con el cual se
acostumbra interpelar a las personas que dan muestra de una alegría que nos
parece ilógica.
322 La historieta explicativa de la tenacidad de la garrapata pertenece
al folklore brasileño.
323 El episodio que viene a continuación es un montaje realizado por
Mário de Andrade con elementos recogidos por lo menos en tres fuentes: en la
Poranduba Amazonense de Barbosa Rodrigues, en Koch Grünberg y en von den
Steinen. En cuanto a la referencia al eructo que el protagonista deja escapar,
fue tomada de la leyenda “O Jabuti e a onga” recogida por Couto de Magalháes en
O Selvagem.
324 Querepes (tambiús). Pez
pequeño, especie de mojarra.
325 “A canoa virou / Pois deixai eia virar!”, es un verso que forma
parte del estribillo de una canción de ronda muy popular en el Brasil:
“A canoa vira
pois deixa eia virar
foi por causa
de fulano
que nao soube remar.
Siri pra cá
siri pra lá
o fulano é velho
nao quer casar”.
(La canoa volcó / ¡Pues déjala volcar! / Fue por culpa de Fulano / Que
no supo remar. / Cangrejito viene / Cangrejito va / Fulano está viejo / No se
va a casar”).
32®Copey (apuizeiro). Planta de la Amazonia.
327 Cayó al agua, se empapó. Versos de una cuarteta folklórica.
328 Antonio do Rosàrio era, en la época, en Belém de Pará, un célebre
artesano de objetos creados con caparazones de tortuga. En El Turista Aprendiz,
Mário de Andrade se refiere a él : “24 de mayo ( . . . ) Esta mañana fui a lo
de Antonio do Rosàrio a encomendarle objetos de tortuga” (o.c., p. 6 8 )
(G.M.S.)-
329 Según la creencia popular, prender tres cigarrillos con el mismo
fósforo trae mala suerte.
330 Perdiz-ondulada (sururina).
Pájaro de la familia de las tinamidae.
331 Los elementos básicos de la historia de Palaguá, la pantera parda,
fueron extraídos de la saga N<? 46 de Koch Grünberg, de los episodios “A
brincadeira com os olhos” (“La broma de los ojos’’) y “O Carangueijo, a onga e
o Pai da Traíra” ( “El cangrejo, la pantera y el padre de la traíra”'). La
traíra es un pez de agua dulce. Como de costumbre, Mário de Andrade introdujo
en su narración varias modificaciones importantes, tales como transformar el
cangrejo en la pan tera parda y ésta en el tigre negro. Su relato debería
haberse llamado, por lo tanto, “La pantera parda, el tigre negro y el padre de
la traíra”. Además, a partir de cierto momento, el de la fuga —el episodio se
desprende de su fuente originaria para asumir el tono característico de las
correrías pintadas por Mário de Andrade, y enriquecido ahora por
extraordinarios efectos sonoros y plásticos. Las oposiciones violentas de
colores, el claroscuro generado con el contraste de silencio y ruido, subrayan
el dinamismo admirable del fragmento que sólo encontrará equivalente, algunos
años más tarde, en el gran dibujo animado norteamericano. No debe olvidarse,
además, el hallazgo final, cuando la narración Taulipangue se transforma en el
cuento etiológico de la invención del automóvil (G.M .S.).
332 Uno de los hombres más ricos de Sao Paulo, a fines del siglo xvi e
inicios del
Se dedicó afanosamente a la
búsqueda de oro en los alrededores de la ciudad, particularmente en el Morro do
Jaraguá y estuvo entre los primeros que intentaron crear una fundición (G.M
.S.).
333 Mochuelo (noitibó). Ave de hábitos nocturnos (de la familia de los
Capri-mulgídeos).
334 En el original: Cuisarruim, deformación oral de coisa ruim, cosa
mala, dañina y, por extensión, diablo, demonio.
335 En el original: pitium, palabra indígena que designa el olor tan
particular de los peces. El indio afirma que el blanco huele a pez.
336 Adaptación de los versos iniciales de un viejo lundú (composición
musical de origen africano):
“Seu Nastago chegó de viage
Nós viemo sabe cumo
está”.
( “Don Anastasio llegó de viaje / Vinimos a saber como está”)- La grafía
del texto en portugués reproduce la pronunciación popular de los negros.
337 A partir de aquí, Mário de Andrade pasa a inspirarse en la saga N*?
26 de Kock Grünberg, titulada “A morte de Piaimá”, procediendo, en
consecuencia, a tomarse las libertades interpretativas habituales en él. Sin
embargo, cabe des tacar el detalle de las orejas agujereadas por culpa de los
aretes, pues aclara el proceso constructivo del autor que consiste en
encontrar, siempre que sea posible, ciertos puntos de sutura que aseguren el
acoplamiento perfecto del universo eru dito con el indígena en el nuevo texto.
En el relato taulipangue, Piaimá tiene, efectivamente, las orejas perforadas,
según la costumbre de su tribu, lo cual lo autoriza a cargar sus víctimas de
guerra sobre las espaldas, de la forma descrita. Pero la adopción de ese rasgo
taulipangue responde, sobre todo, a la necesidad de coincidir perfectamente con
la costumbre de emplear argollas en las orejas lo cual, en el Sao Paulo de
aquella época, todavía conservaban los emigrantes llegados del sur de Italia.
De esta manera, el lector común, no habituado a la narrativa de Koch Grünberg,
verá en las orejas agujereadas por culpa de los aretes un detalle familiar,
típico de la cultura ítalo-paulista de entonces, registrado tam bién por la
caricatura de costumbres, por la crónica y por la literatura regional (G.M.S.).
338 Vucapú (acapu). Madera oscura y resistente de la Amazonia.
339 La queja del chofer reproduce la anécdota de un cuento popular.
840 Cuando^ una persona está dominada por la rabia o el furor, el pueblo
dice que “se comió una víbora”.
341 Cavalcanti Proenga recuerda que el comportamiento de Macunaíma que
trampea para poder hamacarse en la liana, es similar al de Joáo de Maria, en el
episodio final del cuento homónimo, cuando le pide a la hechicera que baile
pri mero para que él y sus compañeros puedan aprender los pasos.
342 Cuarteta muy conocida perteneciente a una antigua canción de cuna
bra sileña.
343 En el original: se desta escapar nunca mais como ninguém, es una
adapta ción de la cuarteta popular de un canto del ciclo de Jabuti:
"Leu, leu, leu
Se eu desta
escapar
Nunca mais bodas
no céu”.
( “Leo, leo leo / Si de esta me
escapo / No más bodas en el cielo”).
344 La exclamación del gigante al caer en el plato de fideos es una
adaptación del grito del sapo en la leyenda popular titulada “O sapo na festa
do céu”: ¡atrás piedra, que te hago polvo!”.
345 La decisión de Mário de Andrade de hacer que el gigante emerja,
apare ciendo en la superficie del plato de fideos para denunciar, indiferente
a la situa ción dramática, una falla técnica en el sazonamiento de la comida,
constituye, sin duda, una parodia de la versión que el escritor Oswald de
Andrade ofrecía de una anécdota célebre de la historia brasileña. La anécdota
original es la siguiente: “Consta que, en ocasión de las guerras habidas en el
siglo x v i i entre los portugueses y los invasores holandeses que se
establecieron en el Norte y Nor deste del Brasil, el capitán de un barco
holandés, viéndose derrotado, se envolvió en la bandera y se arrojó al mar
exclamando: “¡El mar es el único sepulcro digno de un almirante bátavo!”. Fue
sobre este hecho que Oswald de Andrade construyó su versión basada en la
discutida pronunciación de la palabra bátavo, que para algunos es proparoxítona
y para otros paroxítona. Satirizando la obsesividad gra matical de los
brasileños, agregaba él que el referido Almirante, después de hun dirse, había
resurgido nuevamente del fondo de las aguas para proceder, antes de su muerte,
a una rectificación final: “¡O batávo, como dicen otros!” Y sólo entonces
desapareció en el océano.
El fragmento es, por lo tanto, parodia de una parodia (G.M .S.).
346 Esta frase es la trasposición levemente alterada de la frase del
cuento popular “Os tres cisnes”, que dice:
“Retrato, retrato de minha bela,
Vejo-te, só nao vejo a ela”
Mediante ella, Mário de Andrade señala simbólicamente en su obra el
momento de la recuperación de la muiraquitá. Más adelante, en nota 426, una
frase similar se le opondrá subrayando simétricamente el momento de la pérdida
defi nitiva del amuleto.
Capítulo XV: “El mondongo de
Oibé”
347 Tejemaneje (caborge). Hechizo,
encantamiento, en dialecto
campesino.
348 La actitud de Macunaíma tiene un nítido sentido alegórico, sobre
todo si lo relacionamos con las coordenadas básicas del pensamiento de Mário de
Andrade, reflejadas reiteradamente en sus escritos. Mediante esa actitud se
representa la venganza de la civilización amazónica, proverbialmente flemática
y amiga del ocio, sobre la civilización europea, enaltecedora del trabajo y
encamada en la laboriosa ciudad de Sao Paulo (G.M .S.).
349 Mário de Andrade se refiere aquí a la población del Estado de Goiás.
La descripción que este fragmento hace de Macunaíma: [a) cuesta abajo por el
Araguaia; b) diestro en la proa; c) tomando nota de las mejorías que era
necesario introducir; d) consciente de la responsabilidad que le cabe como
jefe, quiere “facilitar la vida del pueblo goiano”] es el indicio más seguro,
en todo el relato, del aprovechamiento hecho por Mário de Andrade del viaje de
su abuelo para caracterizar eficazmente la aventura de su protagonista.
De hecho, Leyte Moraes se describe en sus Apuntes de manera muy
espontánea, con velada autocomplaciencia, de pie en la popa, en la proa, a lo
largo de la cubierta; ya “mudo y silencioso” (p. 113), ya “absorto y estático
ante las muchas grandezas que ve” y no comprende (p. 113), ya con la escopeta
al hombro, ya enu merando las tareas por realizar, especialmente las
providencias que debían tomarse con respecto a los puentes que “había que
construir o arreglar” en aquellas tierras atravesadas por los ríos: “La primera
medida que tomé luego de asumir la presi dencia de Goiás — dice en la p. 47 —
fue la de ordenar su construcción (la del puente) . Y lo dejé construido”. Y un
poco más adelante, en las páginas 49 y 50 leemos: “cruzamos el riachuelo de la
Queixada, muy cargado de aguas por enton ces e intransitable, y el de Santa
María, cuya crecida arrancara en la víspera el puente llamado Ponte Lavrada”.
“Ordené construir puentes sobre esos riachos, que fueron terminados,
según consta en mi exposición”. Entre las muchas matrices de Macunaíma hay que
contar por consiguiente con la representación paródica de esta imagen familiar
emprendedora y resuelta (G.M .S.).
350 Así llama el pueblo a los fuegos fatuos que aparecen tierra adentro
y que identifican las almas de los ahogados.
351 Las dos estrofas de la tonada que se le oye a Macunaíma deben ser,
como parece indicar Mário de Andrade, frases con muy poco sentido; en eso
coinciden, por lo demás, con los cantos guerreros amerindios, conforme lo
remarcara ya von den Steinen (Apttá Cavalcanti Proenga). En todo caso las dos
estrofas se refieren a pájaros de distintas especies: a la gaviota (antianti),
al Martín pescador (ariramba) y al pájaro carpintero (arapegu).
352 “Mujer encantada que habita el fondo de los ríos, en la mitología
amer india” (M .A .).
353 Cuenta la tradición que cierta vez, viajando en canoa con sus
compañeros, bajo un sol ardiente, el padre Antonio Vieira se dirigió a una
bandada de aves que pasaba sobre ellos exclamando: “¡eropita de boiamorebo!”,
cosa que, en lengua indígena, significa: “haz que tus compañeros se detengan
aquí, sobre nosotros”. Entonces las aves formaron un toldo que protegió a los
viajeros.
El padre Antonio Vieira (1608-1697) es el más famoso de los oradores
sacros portugueses y, sin duda, el más descollante entre los intelectuales
religiosos que estuvieron en Brasil durante el período de la Colonia.
Misionero, escritor, político, vivió entre Portugal y Brasil, ya sea como
encargado de delicadas misiones diplo máticas o consagrado a la catequesis.
Ejerció profunda influencia sobre don Juan IV de Portugal. Gran escritor, es
uno de los modelos más altos de prosa en lengua portuguesa.
354 Se trata de una enumeración de aves habladoras de la familia de los
papa gayos y loritos; el colorido de sus plumas es muy vivo y variado, cosa
que trans forma la escena en un torbellino de sonido y colores (G.M .S.).
355 En el original: quem jalar primeiro come a bosta déla; fórmula
popular con la que suele terminar el relato de cuentos o historias, impidiendo
de tal modo a los oyentes nuevas solicitaciones. Recurso del que se valen los
niños, para imponer silencio a sus compañeros, cuando en el juego la algazara
es muy grande (G.M .S.) .
356 Mata-matás es el nombre de una tortuga pequeña y fea. Como se ve, en
portugués, el adjetivo recae sobre un substantivo masculino. El escupitajo de
Ma-
cunaíma se transforma en mata-matás, de la misma forma que el del
cacique Buopé, en la leyenda Nhengatu, se transforma en gente que va a poblar
las orillas del río.
357 La estrofa de la cantiga funde un motivo encontrado en las canciones
indí genas con el estribillo de una m odinha frecuentemente ejecutada en
guitarra.
358 Estribillo de la modinha tradicional “maninha”.
359 Cagachines jejenes cénzalos (maruins piums murigocas). Nombre de
mos quitos.
360 Acaros (mucuitn). Larvas del Trombibiideos que provocan una picazón
te rrible.
361 Como es su costumbre, Mário de Andrade funde aquí las figuras de dos
monstruos: el gigante Jucurutu, que vivía en la isla del mismo nombre, sobre el
río Solimoes y el Bicho Pondé, personaje popular. Ambos tienen la misma carac
terística: son antropófagos.
362 Curupé. Creen los indios que la flecha que lleva en su punta la
cabeza de la hormiga curupé es certera.
363 Mapinguari. Monstruo peludo, antropófago, parecido al hombre pero
invul nerable a las balas salvo en la región del ombligo. Como puede inferirse
por el contexto. Mário de Andrade identifica esta superstición con la creencia
que atri buye a los monos grandes condiciones de ladrones de mujeres. Esta
última creencia se encuentra difundida entre los salvajes.
364 Oibé — o la lombrizota— una variedad de la llamada cobra grande ama
zónica.
365 Este fragmento es una trasposición paródica de un episodio descrito
minucio samente en los Apontamentos de Viagem de Leite Moraes, abuelo de Mário
de Andrade, donde se narra la aventura de la que fue protagonista en uno de los
apeaderos del camino (pp. 37 y 38): “La casa contaba con una sala y una alcoba,
donde había un catre sin colchón. Carlos Augusto y yo fuimos a la cocina y de
allí trajimos leños con los que hicimos fuego; mientras tanto el alférez Dantas
ya le había contado al pobre criollo que allí estaba el presidente de Goiás.
Bajo el resplandor del fuego se despliega ante nuestros ojos un cuadro
asombroso, que se proyecta sobre las cuatro paredes de la pequeña habitación
donde está bamos: el techo, las paredes, los arreos, los recipientes, las
botas, las cinchas de los caballos, las camas, el suelo, todo estaba cubierto
por una densa camada de cucarachas de múltiples tamaños y de los colores que se
quisiera, cuyo movi miento producía un sonido confuso que llegaba a nuestros
oídos.
Carlos Augusto que había extendido algunas de las cinchas mojadas sobre
el piso y se acostara postrado por el cansancio, fue enteramente cubierto por
las cucarachas”.
Carlos Augusto de Andrade es el padre de Mário de Andrade y futuro yerno
del narrador del texto recién transcrito a quien acompañaba en el viaje y de
quien fue, en Goiás, oficial de gabinete (ver notas 73, 221, 349 y 171).
366 Mário de Andrade emplea aquí un recurso corriente en las narraciones
popu lares: el de los fugitivos que para dejar atrás a sus perseguidores
transformaban objetos y cosas en obstáculos. Uno de los cuentos característicos
dentro de esta línea, en el folklore brasileño, es “O Sargento verde”.
367 Referencia a Mendonga Mar, después Fray Francisco da Soledade, quien
hizo construir la iglesia de Bom Jesús da Lapa, en el Rio San Francisco.
368 Hércules Florence (1804-1879), pintor y dibujante natural de Nice,
Francia; llegó al Brasil con la expedición Langsdorf donde se radicó, habiendo
vivido en Sáo Paulo casi 50 años. Sus dibujos constituyen documentos
importantísimos de la iconografía brasileña, ya que registran sucesos
históricos relevantes, fiestas popu
lares, aspectos de la vida de los troperos, los trabajos realizados en
los ingenios de azúcar y en los cafetales. Dejó también escritos sobre
etnografía por los que Koch Grünberg sentía gran aprecio. Su proclividad a la
investigación científica se pone de manifiesto en la curiosa monografía
zoofonia donde trató de fijar la musica lidad del canto de los pájaros.
Consta, además, que fue uno de los inventores de la fotografía (G.M .S.).
369 El hecho de que Macunaíma esté, tras la persecución, nuevamente de
regreso en el rancho de Oibé, viene a demostrar que hubo fusión de este mito
con el de Curupira; ya que es Curupira quien aparentemente orienta a los
extraviados, aunque en realidad los hace volver siempre al mismo lugar.
370 El lamento del carambolo es una variante del cuento de origen
portugués titulado A Madastra, registrado por Silvio Romero (Folclore
brasileiro, Vol. II, pp. 124-126).
371 El episodio que nos muestra a Macunaíma oculto con la princesa en el
hueco de un tronco, y burlando de este modo la vigilancia del monstruo,
constituye la fusión de elementos de dos cuentos populares: “O jabuti e a onga”
(Couto de Magalhaes, O Selvagem') y “A coelha e a onga” (Basilio de Magalhaes,
Folclore).
372 Adaptación paródica del cuento popular “A On$a, o Veado e a Macaco”
(Silvio Romero, Contos) .
373 Aglomeración de vegetales que se forma junto a las orillas de los
ríos o flota, a la manera de islotes, a merced de las corrientes. En español se
le llama cam alóte.
374 Lobisón (lóbisomen). Hombre que en la noche de los viernes se
transforma en un gran perro y sale a recorrer los caminos, asustando a la gente
y peleando con otros perros.
375 Dice la leyenda de los Caxinauás que después del gran cataclismo,
cuando nuevamente surgieron los seres sobre la faz de la tierra, la Cobra
Grande dio a luz una mariposa. En este episodio, Mário de Andrade identifica la
mariposa azul que se evade en la panza de la “lombrizota” (minhocáo) con alma
humana, escapando así al cuerpo que la encarcelaba; además, esta identificación
del prin cipio anímico con la mariposa es retomado por el escritor en uno de
sus más bellos poemas: el “Rito do Irmao Pequeño”.
“Irmao pequeño, sua alma está adejando no seu corpo, E imagino ñas
borboletas que sao efémeras e ativas. . . ”
( Obras Completas, vol. II, “Rito do Irmao Pequeño”, Poema III) (G.M .
S.).
376 Uno de los monstruos a los que con frecuencia se alude en los
cuentos populares.
377 Gruta del Estado de Sao Paulo, conocida como “Cueva de los
murciélagos”.
Capítulo XVI: “Uraricoera”
378 En ciertas tribus de la Amazonia y la Guayana, la flor del aguacate
es usada en la cura de la tuberculosis.
379 El clima frío, húmedo e inestable de la ciudad de Sao Paulo provoca,
efecti vamente, una gran cantidad de molestias de las vías respiratorias. El
mismo Mário de Andrade las padecía frecuentemente, según puede comprobarse
leyendo su co rrespondencia e incluso su poesía. En Lotivagáo da Tarde,
describiendo con humor el apacible paraíso terrestre a que aspira, se imagina
libre de ellas, en la plenitud de sus fuerzas:
. . . Meu corpo
Sem artritismos, faringites e outras
Específicas doengas paulistanas
Tem saúde de ferro”.
(Obras Completas, vol. II).
380 Planta de la Amazonia.
381 El saludo del trovador a la dama del lugar:
“Sinhá Dona do Porto, licenga”
o más frecuentemente:
“Senhora dona de Cesa
olho da pedra redonda
oi-á, Jesús!
Olho da pedra mais fina
aonde o mar combate as onda”.
(Señora dueña de casa / ojo de piedra redonda / ¡ola-lá, Jesús! / ojo de
piedra tan fina / Donde el mar combate olas).
Este saludo es muy frecuente en las canciones populares, sobre todo en
los llamados ranchos o procesiones que en ocasión de las celebraciones del día
de Reyes (Folias de Reis) salen a pedir donativos.
382 Bastión edificado en el siglo xvm , frente al río Tacutu, en Pará,
para que sirviera de defensa contra los españoles. Fue el gobernador don
Francisco Xavier de Mendonga Furtado, hermano del famoso estadista portugués,
Marqués de Pombal, quien ordenó su construcción.
383 Juego de palabras propuesto por el autor ya que, según se narra en
el capítulo
del libro, la madre del
protagonista se transformó, después de muerta, en la región llamada Paida
Tocandeira.
384 En el original: puraques y pitius, nombres de peces.
385 Quemada (tigüera). Término con el que, en el sur de Sao Paulo y en
Rio Grande do Sul, se designan los pastos que crecen en las tierras de
labradíos, después de las cosechas de las plantaciones.
386 Prohombre portugués, descollante en la historia de la colonización
de Sao Paulo en el siglo xvi. Habiendo naufragado en el litoral de la capitanía
de Sao Vicente, a comienzos del siglo xvi, tuvo relaciones amorosas con varias
mujeres indias, entre ellas Bartira, hija del jefe Tibiriga. Dejó gran
descendencia, a la que se enorgullecen de pertenecer algunas de las familias
más importantes del Estado de Sao Paulo.
387 Sabaleros-yaraquís (jaraquis). Peces escamosos, cuya carne está
atiborrada de espinas, nadan en nutridos cardúmenes y se concentran, por lo
general, en las desembocaduras de los ríos.
388 Ciudad del Estado de Pará, situada en las márgenes del río Amazonas.
389 Perdiz de monte-rojiza (inambu o inhambu). Nombre que en el sur del
país se le da al crypturus obsoletus, cuya cacería nocturna goza de gran
popularidad entre los pobladores del interior. La palabra guaraní guagu
significa grande.
390 Esta característica del protagonista, o sea, la de ser perezoso, y
la costumbre paradójica de quejarse que es Jigüe — y no él— quien no trabaja,
fue extraída de la leyenda “O Urubu e as filhas casadas” (El buitre y las hijas
casadas”) registrada por Barbosa Rodrigues.
391 De aquí en adelante, pese a las innumerables modificaciones en los
detalles, las grandes líneas del capítulo se basan en la saga N9 28 de Koch
Grünberg: “Etetó. Al igual que Kasana-Pódole, el Rey Urubú, recibió su segunda
cabeza”.
392 En la versión de Mário de Andrade, el episodio del embuste de
Macunaíma es alargado con el agregado del juego infantil para sorprender a los
mentirosos. Este juego consiste en preguntar a la persona de cuya veracidad
dudamos: "¿Tu papá fue a cazar?” "Sí”. "¿Y qué cazó?” “Un
ciervo” (o cualquier otro animal). “¿Y tuviste miedo?” “No”. En ese momento, la
persona que interroga trata de asustar a su interlocutor con un gesto brusco;
si pestañea es porque está mintiendo.
393 La creencia de que los cerdos salvajes tienen el ombligo en la
espalda — ya registrada por los cronistas coloniales— se origina en la
confusión popular entre ombligo y la glándula dorsal, que debe ser extraída
antes de proceder a carnear el animal.
394 De ordago (xispeteó). Curiosa expresión popular que significa
“espléndido”, “magnífico”, muy en boga en la época en que el libro fue escrito.
El origen de esta expresión pareciera ser las letras XPTO, que representan el
nombre abreviado de Cristo.
395 V. nota 277.
396 Bizco de tanta hambre (vesgo de tanta jome). Mário de Andrade toma
la ex presión popular al pie de la letra, para justificar el error cometido
por Macunaíma.
397 Creencia popular muy arraigada, según la cual el leproso que logra
contagiar a siete personas, se cura.
398 Creencia popular según la cual, antes de fallecer, el moribundo
presenta una sensible y aparente mejoría, lo cual en realidad es un indicio de
su próxima muerte.
399 Se trata de una Leishmaniose, provocada por la Leishmania trópica y
cono cida vulgarmente como “úlcera de Baurú”.
400 En la versión original de Koch Grünberg, el personaje grita:
“¡Traigan fuego! ¡No encuentro el camino! ¡Iluminen el camino!” Mário de
Andrade susti tuye ese párrafo por el pedido de “¡Fueguito!”, expresión que
forma parte de un juego infantil (ver nota 178), valiéndose del humor para
aflojar la tensión dramática de la escena (G.M .S.).
401 M al de San Vito (zamparina). Una terrible epidemia de sífilis asoló
a Rio de Janeiro en 1780.
402 Vinchuca (barbeiro). Designación popular de una chinche negra — la
llamada triatoma magistus— portadora del schizotripanus cruzi, microbio de una
tripanoso miasis muy difundida en las zonas rurales del Brasil, sobre todo en
el Estado de Minas Gerais. Esta enfermedad fue descubierta por el científico
brasileño Carlos Chagas — y por eso es llamada vulgarmente “mal de Chagas” o
“molestia de Chagas” (G.M .S.).
4°3 Opilaqáo o paludismo, vulgarmente llamado en Brasil “amareláo”. La
mo lestia se caracteriza por el hecho de provocar en sus víctimas una fuerte
ictericia y gran astenia (G.M .S.).
404 Domingos Jorge Velho, famoso bandeirante paulista quien destruyó la
aldea dos Palmares. Los bandeirantes fueron, en el curso de los siglos xvii y
xviii, exploradores que se internaban en las zonas selváticas del Brasil en
busca de mi nerales, piedras preciosas y esclavos. La aldea dos Palmares era
un agrupamiento de negros esclavos prófugos; a estas aldeas se las conocía bajo
el nombre de Quilombos. El quilombo dos Palmares fue el mayor y más afamado de
cuantos existieron en Brasil y estaba localizado en el interior del actual
Estado de Alagoas, en el Nordeste del país. Las luchas desarrolladas contra los
habitantes de esta
aldea se prolongaron durante gran parte del siglo x v i i hasta que
finalmente, Domingos Jorge Velho la exterminó (G.M .S.).
4°5 Fumbi (zumbi). Nombre equivalente a rey; con él se designaba a los
jefes elegidos para gobernar el gran Quilombo dos Palmares. Es probable que
Zumbi era el nombre del último jefe con que contaron los defensores de la
aldea, y es a él a quien se refiere el texto.
406 Al enfermo de paludismo también se le llama Máleiteiro, en Brasil.
407 Jicama (umbu). V. nota 46.
4°8 Frase extraída del cuento popular “O Veado e a Onga”.
409 La frase contiene dos referencias: la primera al boi Espacio,
personaje de una leyenda popular nordestina muy antigua, de la que Mário de
Andrade recogió una versión bastante completa, encontrada en sus inéditos
Melodías do Boi; la se gunda referencia atañe a la cuarteta popular que
aparece transcrita en la p. 102 de este libro, con el último verso modificado:
“O meu boi morreu / Que será de mim? / Manda buscar outro, / Maninha, / Lá no
Piauí”; ( “Mi buey murió / ¿Qué será de mí? / Manda a buscar otro, / Manita, /
Allá en Piauí”).
Como ya se dijo en la Introducción, el encuentro con el Buey sirve para
incluir en la narrativa la descripción de la parte final del Bumba-meu-boi (o
Boi-Bumbá, como se lo llama en el extremo Norte), la danza más célebre del
Brasil. Los versos reproducidos son auténticos y los personajes citados en el
fragmento, la Giganta, Manuel da Lapa, el Urubú (buitre), son de hecho,
comparsas de algarabía. Todos estos elementos probablemente fueron recogidos
por el propio autor, en ocasión de su primer viaje al Norte, en 1927, según se
deduce del final de la siguiente anotación de O Turista Aprendiz: “Belém, 24 de
mayo de 1927. De noche. Fuimos al ensayo del Boi- Bumbá, en los corrales del
Boi Canário. Las notas sobre eso están entre mis papeles sobre el Bumba-meu-Boi”
(o.c., p. 68) (G.M.S.) .
410 Y el Bom Jardim era una estancia de Rio Grande do Sul. Ejemplo
caracterís tico de la desgeograficación efectuada sistemáticamente por Mário
de Andrade en su libro. Como ya se dijo (ver nota 1), el Bom Jardim (Buen
Jardín) es un ingenio azucarero del norte del país. En la frase transcrita,
además, Mário de Andrade lo transforma en estancia, o sea en una hacienda
dedicada a la cría de ganado, en el sur de Brasil.
411 En la leyenda caxinauá: “La primera noche” el hechicero hace
descender la noche, destapando un agujero en el cielo.
412 Alusión a la fórmula popular con que se finaliza un relato: “Entró
por una puerta y salió por otra, quien quiera que cuente otra”. Hay una
variante más per fecta: “Entrou pela boca de um pato, saiu pela boca de um
pinto, quem quiser que conte cinco“. Literalmente, es decir perdiendo la rima,
puede traducírselo así: “Entró por la boca de un pato, salió por la boca de un
pollito, quien quiera que cuente cinco”.
413 Alusión a los versos finales de congratulación de la ronda infantil:
“Vamos fazer a festa juntos / Mando tiro, tiro-lá”.
Capítulo XVII: “Osa mayor”
414 Guaro-catinga (ajuru-catinga). Papagayo o loro maloliente. Psittacus
maca-vuana.
415 Guayana inglesa, en la designación indígena registrada por Koch
Grünberg.
416 Alusión al dicho popular: Papagaio come milho, periquito leva fama (
“El papagayo come alpiste, el lorito se lleva la fama”), que significa: el
inocente paga por el culpable.
417 Loro retetarabilla (aruaí o araguaí). Especie de arara, Conurus
leucophtalmus.
418 Macunaíma con la pareja de leghorns encaramada en sus pies y el
papagayo posado en su vientre, es el símbolo cultural del brasileño, dividido
entre los valores nativos y los de importación.
419 Este detalle del cuerpo de Macunaíma que amanece recubierto por las
telas de araña, fue extraído por Mário de Andrade de la explicación etiológica
de las leyendas nhanduti.
420 Característica típica atribuida al brasileño, que consiste en
preferir, a la realidad presente, casi siempre insatisfactoria, el pasado
idealizado (G.M .S.).
421A partir de aquí, Mário de Andrade aprovecha, en líneas generales, la
leyenda carajá de Taína-Cá. Sin embargo, y según su costumbre, introduce
algunas modificaciones en el contexto. Por ejemplo: incorpora el personaje de
Emoron-Pódole, que pertenece a la mitología taulipangue; extrae del cuento “O
rabo do macaco” la pintoresca expresión furrum-fum fum — también presente en
las leyen das infantiles— transformándola en un estribillo obsceno de efecto
muy cómico que dinamiza poderosamente el relato; agrega la traición final de
Denaqué sedu ciendo a las estrellas, confiriendo así a la narración un remate
sabroso e inesperado de crónica burguesa (G.M .S.).
422 Frase de advertencia con que se llama la atención de los ingratos.
Forma parte de una cuarteta popular y yo la oí muchas veces en boca del propio
Mário de Andrade: Deixa estar jacaré / Que a lagoa há-de secar / Os peixinhos
háo de morrer / Jacaré há-de chorar ( “No te aflijas, yacaré / la laguna se va
a secar / morirán los pececitos / Y el yacaré va a llorar”) (G .M .S.).
423 Alusión al verso de la canción de ronda de origen portugués: Senhora
Dona Sancha / Coberta de Ouro e Prata / Descubra o vosso rosto / Queremos ver a
prata ( “Señora Doña Sancha / Cubierta de oro y plata / Descubrid vuestro
rostro / Queremos ver la plata”).
424 Esta página, elaborada con toda precisión y en la cual Mário de
Andrade describe la escena de la seducción de Macunaíma por parte de la uiara
(sirena de los ríos y lagos), está colmada de alusiones culturales, literarias
y autobiográficas. Se dice que las personas que se encuentran al borde de la
muerte ven desfilar ante sus ojos, vertiginosamente, los momentos centrales de
sus vidas; de igual forma, Macunaíma, poco antes de perderse, vislumbra, en una
especie de superposición cinematográfica de imágenes, las distintas etapas de
lo que él ha concebido como su eterno femenino: el arquetipo de la mujer
blanca, representado por doña San cha, mujer lindísima, nivea, recubierta de
oro y plata (ver nota anterior); el arquetipo moreno de la brasileña, impuesto
por el personaje de Iracema, de Alencar (que tenía los cabellos negros como el
ala del tordo; ver nota 1); y el emblema personal, de la lírica amorosa de
Mário de Andrade: el perfil duro de María:
.................................................. “essa
Em cujo perfil duro jaz perdida
A independencia do meu reino de homem. . . ”
( “Louvagao da Tarde”, Obras Completas, vol. II)
(esa / “En cuyo perfil duro yace perdida / La independencia de mi reino
de hombre”), esa, en fin, a la que siempre consideró uno de sus “cuatro amores
eternos”.
425 Ururalo (ururau). Monstruo acuático con forma de un yacaré
gigantesco que aparece en los alrededores de la ciudad de Campos, en el Estado
de Rio de Janeiro.
426 Adaptación de la frase empleada en el cuento popular “Os Tres
Cisnes”; ella señala la pérdida definitiva del muiraquitá (amuleto); (ver nota
346).
427 Referencia a la leyenda del origen de la flor no-me-olvides, que
habría na cido de las lágrimas de Nuestra Señora.
428 Isla del Estado de Pará, situada en la desembocadura del Río
Amazonas. Es la isla más grande que existe en la costa oriental del Brasil y de
toda América del Sur. Su inclusión en este contexto responde al hecho de que,
según Mário de Andrade, era “el único lugar del Brasil donde quedaron rastros
de una civilización superior”, como lo atestigua, por lo demás, su cerámica
precolombina conservada en el museo Goeldi (Belém) .
429 Delmiro Gouveia fue un industrial brasileño, nacido en el Estado de
Ceará en 1864, pero trasladado desde su más tierna infancia a Pernambuco, donde
se educó. Radicándose en la ciudad de Pedra, de ese mismo Estado a orillas del
río San Francisco, hizo de esa localidad “un perfecto mecanismo urbano como no
hubo nunca otro igual en nuestra tierra” (M .A .). En su libro Os filhos da
Candinha ( “Los hijos de Candinha”), el escritor le dedica una crónica,
llamándolo “El gran cearense”, celebrando con fervor sus cualidades, su férrea
iniciativa y disci plina. La alusión a Gouveia por parte de Mário de Andrade
responde a la inten ción de brindar el ejemplo de un destino plenamente
realizado, en oposición a la vida sin rumbo de Macunaíma (G .M .S.).
43° El juicio pesimista que emite Mário de Andrade sobre el protagonista
de su novela, resumido en la frase que acabamos de transcribir, se asemeja,
curiosamente, al parecer que, en 1943, ya cerca del fin de su vida, sobre el
fin de su vida, dio a conocer el escritor, con melancolía y desmedido
sentimiento de autocastigo, sobre su propia existencia:
“Todo lo que hice fue, fundamentalmente, caer en la celada tendida por
mi felicidad personal y el estado festivo en que vivim os.. . ” (Ver en esta
antología la conferencia literaria titulada “El Movimiento Modernista”) (G.M
.S.).
431 Frase significativa para quien conoce la pragmática filosofía de
vida del escritor, quien siempre se manifestó rotundamente en contra de los
valores abso lutos y a favor de la praxis utilitaria, momentánea o meramente
circunstancial. En verdad, Macunaíma acepta su destino celeste — ser “el brillo
hermoso pero inútil ( . . . ) de una constelación más”— porque había fracasado
su destino en la tierra.
432 Macunaíma planta un bejuco para subir al cielo, tal como hace la
india en la leyenda “Tapera da Lúa”. En O Turista Aprendiz, Mário de Andrade
lo caliza el bejuco legendario en las inmediaciones de Manaus, cuando el barco
atraca en un puerto maderero: “El bejuco todavía se muestra fuertecito en su
vejez venerada. Su altura, con la edad, se redujo, como es natural; al tronco
se lo ve todo arrugadito, pero sus ramas son tan colosales que pudimos
vivaquear a la sombra de una de ellas, por lo menos setenta personas” (G.M
.S.).
433 Proverbio indígena, traducción de: “Ixá itamanhá xa icó ce ára uirpe
ita áráma. .
434 La canción entonada por Macunaíma fue extraída de O Selvagem, de
Couto de Magalháes. El estribillo de esta última, “Mandu Sarará”, fue
reemplazado por el estribillo de otra canción: “Taperá”, registrada por Barbosa
Rodrigues en su
Poranduba Amazonense.
435 Entidad mitológica brasileña que tiene una sola pierna” (M .A .).
436 Adaptación de Mário de Andrade en la explicación etiológica
taulipangue que se encuentra en la saga N9 16 de Koch Grünberg. En ella es la
hija de Vei quien, por mandato de su madre, frota la sangre de la menstruación
en la cara de Capei (la luna).
437 Anécdota etiológica inventada por Mário de Andrade para explicar la
ex presión popular que significa "no me molestes” o “déjame en paz”.
438 Frase final de una anécdota popular muy antigua, registrada por
Cavalcanti Proenga: Un avaro va a un restaurante y pide un huevo caliente. Al
tomarlo advierte que dentro de él hay un pollito que está piando. Sin vacilar,
se traga el huevo y el pollo y luego comenta: “¡Tarde te acordaste de piar!” La
expresión con el tiempo se transformó en un lugar común y su sentido terminó
por ser este: “Ahora ya es muy tarde para arrepentirse”.
439 El profesor al que Mário de Andrade se refiere es Lehmann Nietsche,
que identificó al Saci con la Osa Mayor. Una carta del escritor al poeta Manuel
Ban-deira, fechada en noviembre de 1927, atestigua que la elección de la
constelación no fue casual, sino que resultó del hecho de haber sido vista
desde todos los cuadrantes y poder servir, por lo tanto, como emblema de la
unidad nacional: “La constelación de la Osa Mayor se refiere, según un profesor
deutsch, al saci, a causa de la pierna única que éste tiene. Me parece,
realmente, muy bien elegida. Y, como es sabido, se ve desde cualquier ángulo de
nuestro cielo. Yo pude verla tanto en el Amazonas como en Sao Paulo (G.M .S.).
CUENTOS
BELAZARTE
NIZIA FIGUEIRA, PARA SERVIRLO1
(1925)
B E L A Z A R T E me contó: 2 Al menos es lo que me parece. Tú sabes muy
bien que yo soy cristiano. . . Todo este asunto de la felicidad y la
infelicidad no tiene sentido alguno si uno no hace otra cosa que compararse
consigo mismo. La infelicidad es una cuestión relativa; sólo cuando se mira al
vecino puede decirse “atendite et videte” *. ¡Que cada mono mire su propia
cola!3 Eso sí me parece el enlace perfecto de la filosofía cristiana con lo que
puede llegar a ser la felicidad en este mundo duro. Ya basta con las ilusiones
que inventa la vanidad y, en vez de decir que se es más infeliz, se termina
asegurando que se es más feliz. . . A propósito de colas: me acordé de la
anécdota del elefante, ¿la conoces? Un día, el elefante encontró una plumita de
picaflor caída sobre una hoja y se la ató a la cola con una cuerda gruesa, y se
fue a pasear todo orondo por la jungla. Una elefanta jovencita que ya andaba
necesitada de un caballero que la ayudase a consumar su destino, encontró al
animal tan atractivo, contoneándose de acá para allá, ondulando como una ola
apacible, que se quedó encantada. “¡Qué elefante más lindo, porca la miserial”
** ex clamó viéndolo pasar. El, airado, volvió hacia ella la cabeza y con
soberbia dijo: “¡Que Dios no lo permita, señora! ¡Yo no soy un elefante, soy un
picaflor!” Y se fue. Ahí tienes el caso de un tipo que supo arreglárselas para
ser feliz con una ilusión colorida. Sí, es ridículo ¡pero qué diablos!, no
todos son capaces de alcanzar la grandeza tomándose como punto de referencia a
sí mismos ***. En cuanto a que pueda ocurrirte lo que le pasó a Nizia, bueno,
¡hombre!, ¡me parece que eso no pudo pasarle sino a ella!. . . ¿Nizia qué?. . .
Se llamaba. . . no me acuerdo bien si Ferreira, Figueira. . . algo con “eirá”,
creo que Nizia Figueira, sí. En el caso de ella creo que no puede caber duda
alguna: de pura cepa nacional su
Sic, en el original (N . del
T .).
Sic, en el original (N . d
elT .).
El subrayado es del autor (N
. del T .).
familia, mosqueada con Figueiras que se remontan hasta el siglo die
cisiete.
Cuando en 1886, habiendo vendido aquella granja de porquería cerca de
Pinda 4, su padre vino a Sao Paulo, buscó y buscó hasta que se animó a comprar,
con el dinero ahorrado, ese lote de tierras bajas, por entonces muy alejadas de
la ciudad, en lo que hoy es el barrio de Lapa 5. En 1888, cuando Nizia tenía
dieciséis años, celosamente custodiados por el ojo avizor de Figueira padre, el
viejo y la criada negra que tenían se fueron a vivir en la granjita recién
comprada. Figueira padre, ni bien se mu daron, se fue a incrustar el trasero
en la cerca 6 y se pescó un ántrax. El infeliz del boticario novato que
consultaron, creyó que era un furúncu lo. Resultado: el ántrax se adueñó de
Figueira quien murió podrido. Tamaños fueron los dolores, que si hubiese habido
algún vecino en las proximidades, no hubiera podido dormir; tales eran los
gemidos que todo el orgullo de aquella carne tradicional no podía impedir que
brotasen, arrancados del corazón, dicho sea de paso, con bastante vergüenza.
Con apenas diecisiete años y una inocencia ofensiva, Nizia se vio sola
en este mundo haciendo gala de una buena dosis de estupidez, la verdad sea
dicha. Sola, sin contar, naturalmente a “prima Rufina”, tal como estaba
acostumbrado a llamar desde pequeñita a la criada negra. La prima Rufina andaba
por los veintimuchos, y era una mujer enérgica. . .
Plantaron perales, durazneros, sembraron una huerta grande. Nizia tejía
y tejía, haciendo zapatitos, saquitos, ropitas de lana para los hijos de los
lugareños. Prima Rufina vendía de todo en el pueblo: coliflor hoy, ma ñana
duraznos verdes para hacer mermelada, prenditas de lana todos los días. Yo sé
que les alcanzaba perfectamente para vivir e incluso Nizia podía ahorrar un
poco para la vejez.
Prima Rufina salía con el baúl en la mano e iba a la casa de uno, luego
a la de otro, y en un santiamén se llenó de clientes con muchísima habilidad. .
. Una pera de regalo para la hija de doña María, un cara-melito para los hijos
de don Guimaráes, quería saber cómo seguía don Quitinho y nunca dejaba de
alcanzarle unas buenas monedas para el sustento. Siempre, además, había unos
cobres que quedaban en el almacén, a cambio del buen aguardiente de Dios.
Nizia veía engordar su dinero pero ignoraba que se lo podía gastar en
otras cosas; y los mil réis seguían apilados en el cajoncito de la cómoda.
Prima Rufina, en cambio, sí que sabía vivir. . . No contaba nada, quieta,
preparaba la cena con la pipa colgada del labio grueso. Sin embargo aprendió
bien . . . No pasó mucho tiempo antes de que se enamorase de un canhambora *
desvergonzado que vivía allí cerca, en las afueras de la ciudad. El
hijo-de-su-madre se aprovechó de ella tantas veces cuantas quiso, dejó a prima
Rufina bien barrigona y, como si fuera poco, desa
Uno de los nombres dados a
los negros que vivían agrupados en quilombos, es decir en comunidades
organizadas por los esclavos fugitivos (N . del T .).
pareció de golpe llevándose treinta y seis mil réis que le había pedido
prestado antes. Nizia miraba aquella barriga redondita como una aran dela,
finalmente exclamó:
— ¡Ay de mí, niña Nizia, estoy enferma! Tenemos que trabajar más, la
barriga se va empinando. La mujer de don Maconde me prometió limón bravo; ¡el
limón bravo me cura seguro!
Nizia pensaba en el ántrax del padre y sentía miedo.
La barriga, a fuerza de crecer tanto, no tuvo otro remedio que, un buen
día, echar afuera al pobrecito. Prima Rufina llegó corriendo a la granja, había
dejado la bolsa de las mercancías por ahí, ya ni sabía en casa de quién, tal
vez en el almacén donde había ido a comprar la bote-llita de aguardiente.
— ¡Mira que tú vas por buen camino, muchacha!
— ¡Tú métete en tus cosas! ¿eh?
Llegó, se encerró en el cuarto, y el hijo fue viniendo sin que prima
Rufina profiriese un solo gemido, igual que los animales de la selva. Nizia le
ordenó que preparara la cena, “¡No puedo! ¡Prepárala tú!” ron caba ella
apretado. ¿Qué le estaría ocurriendo a prima Rufina?. . . Debía ser el ántrax,
seguramente!. . . Nizia sintió la muerte, tanto era el miedo de quedarse sola.
— ¡Acuéstate, yo me las arreglaré!
Escuchaba, atenta a aquellos chillidos ahogados como llanto de niño. No,
no era llanto, no podía ser, debía ser que prima Rufina sufría con el ántrax. .
. ¿Qué podía hacer? La otra le había ordenado que se acos tara, se acostó.
Interrogó la oscuridad. Ya ni los chillidos llegaban de la otra pieza.
Seguramente, no era nada. Media inquieta, se durmió.
Cuando prima Rufina advirtió que ya no había vida en la casa, se
levantó. Sabía dónde estaba el aguardiente. Sin embargo no se animó. Entonces
fue hasta la alacena a buscar el espíritu del vino y mamó de la misma botella.
Envolvió bien al recién nacido y salió, ¡sí, salió! De vez en cuando se sentaba
en el camino, el sudor le corría a raudales por el dolor, la vista hecha un
vidrio empañado. . . No había amanecido aún y ya la negra no tenía al hijo en
sus brazos. ¿Dinero? ¡No ve que se había olvidado de traerlo! Entró en el
primer almacén que vio abierto. Fue una borrachera impresionante. Sólo con el
día ya envejecido empujó la puerta de la casa, riendo tonta, con los ojos
derretidos en un llanto sin querer, cantando el “Nossa gente já tá livre, toca
zumba zumba zumba". . .
Nizia hasta lloró del susto, pensando que prima Rufina estaba loca.
¡Pero qué iba a estar loca! Era la desgracia que brotaba, mezclada con la
bebida.
Prima Rufina estuvo enferma unos días. Después se curó y aprendió.
Cuando sentía ganas, recorría los almacenes en busca de algún hombre dispuesto.
Yo no sé cómo hacía, pero nunca más tuvo ántrax. Y fue a partir de aquella
noche que empezó a llamar a Nizia “m’hija” 7.
Nizia, veinte, veintiuno, veintidós años, seguía olvidada en aquella
granjita perdida. No tenía nada de fea, empezó a acicalarse, fue al pueblo
algunas veces. . . Se quedaba parada junto a la tranquera, siempre ha bría
alguien que, de rato en rato, habría de pasar. Pasaba, pero ninguno se fijaba
en Nizia.
Hubo una vez, incluso, que fue a un negocio concurrido del pueblo; se
apoyó en el mostrador y se quedó esperando. Los vendedores pasaban, atendían a
todo el mundo, ¿¡y no ocurrió que justamente se fueron a olvidar de atender a
Nizia!? ¡Se olvidaron, sí señor! ¡Le aseguro que no miento! Entonces ella llamó
a uno y le pidió tela de encaje.
— Cómo no, señora; ya le traigo.
Pero otro le pidió que enderezase la pila de percal que casi se estaba
cayendo, empezó a enderezarla, la enderezó, no sé quién fue que también le
pidió tela de encaje, atendió a la otra dienta y se olvidó de Nizia. Ella se
quedó donde estaba muy tranquila, esperando. Cuando se dio cuenta que no le
traían la tela de encaje, desolada, decidió irse. De allí en adelante, prima
Rufina prosiguió comprando todo lo que Nizia ne cesitaba.
Deseos sentía, no se puede decir que no. Miraba pasar a los hombres,
algunos eran realmente atractivos, debía ser lindo estar con ellos. . .
¡Pero pasaban tan distraídos por la calle republicana!. . . 8 Nizia
regre saba marchita por dentro, siempre rumiando lo bueno que debía ser estar
con ellos. Pero todo eso era fuego fatuo, los zapatitos de lana exigían mucha
atención, de lo contrario uno podía equivocar el número de puntos. ¿De dónde
sacar tiempo para pensar en los hombres?
Lo que sí creció fue la intimidad con prima Rufina, empezaron a con
versar más. Nizia buscaba temas después de cenar, sentadas las dos en el
balcón: la hija de don Guimaráes se había casado por fin con el joven médico;
una mujer había matado a su marido en la calle Major Q ue dinho, etc. Entonces,
cuando sintió aquel dolor de muelas, provocado por unos limones verdes que
estuvo chupando y que le comieron el esmalte de un canino, prima Rufina le hizo
beber un buen trago de aguardiente. Nizia casi se murió de angustia, quedó
tonta, vomitó que fue un horror. Prima Rufina no la dejó un solo instante,
consolándola, limpiándole la blusa sucia con todo cariño, ayudando a la pobre
borracha a recostarse. . . El dolor de muelas pasó finalmente. Y la intimidad
entre las dos creció mucho. Nizia no volvió a beber nunca más, pero la otra le
contó las razones del aguardiente, y Nizia terminó por conocer las tristezas de
este mundo.
Hubo un momento en que la humanidad pareció acordarse de esa marginada,
el asunto fue con don Lemos. Don Lemos era fluminense *, no sé bien de qué
parte, medio pálido, con un bigotito torcido y el cabello crespo dividido a un
lado. Venía por el camino, cargando sin
* Vale decir, de Rio de Janeiro (N . d elT .).
esfuerzo el cuerpo más bien bajo, para enterarse, dos o tres veces por
semana, cómo andaba su protector, allá en una chacra enorme que daba más o
menos donde está ahora el barrio de Anastasio. De igual manera, el ricacho, que
ya lo había acomodado como cartero en el Correo no bien llegado del Estado de
Rio, no olvidaba buscarle algo mejor. Pero. . .
¿querría realmente Lemos algo mejor?. . . Tipo blando, de casi ninguna
palabra, incapaz de mirar de frente. Se sentaba, se quedaba allí una media hora
larga, contestando, si se lo preguntaban, que estaba bien, que su mamá seguía
buena, que el trabajo andaba muy bien. . . ¡Todo andaba a las maravillas para
don Lemos! Después tomaba el sombrero, volvía a su casita, alquilada debajo del
viaducto do C h á 9.
— La bendición, mamá.
— (jCómo va, Anastasio?
— Bien.
Comían. Se me ocurre ahora que podría ser ese Anastasio quien le dio
nombre al barrio ¿no?. . . Después don Lemos iba a escarbarse los dien tes a
la ventana de abajo. La noche llegaba, cubriendo el valle de Anhan-gabaú con
una oscuridad solitaria. Las huertas mojadas del valle, se envolvían en una
franja de niebla y parecían inmovilizarse y en ellas todo se aquietaba como si
todo en ellas buscara calor. ¡Qué silencio!. . .
Poc, pocpoc. . . Alguien pasaba por el viaducto. Debía ser un sapo, que
había a montones. Una lucecita aquí, otra allí, más sapos queriendo espantar el
silencio. ¡Pero qué iban a ser sapos! El silencio mataba a Sao Paulo
tempranito; todavía no eran las nueve. A don Lemos ya no le que daba qué
imaginar. Se iba derechito hacia el tacho de basura donde botaba el resto del
palito masticado, se santiguaba y caía en la cama ya dormido.
Su madre se quedaba rezando un par de horas más, y lo hacía a cada santo
raro que ella desenterraba de cuanto desván tiene el Paraíso. Santo Anastasio
mártir; novena de San Nicolás; oración para evitar mordedura de víbora; oración
para evitar descompostura de estómago; ocho padre nuestros para que no se
incendiara la ciudad. Terminaba rezando por las almas del otro mundo, mundo que
le inspiraba un miedo terrible. La vela también se terminaba. Era muchísimo lo
que se gastaba en velas en aquella casa, por eso Sao Paulo nunca se incendió,
nadie se descompuso del estómago en la familia, y don Lemos nunca fue mordido
por una víbora cuando pasaba por la calle do Carmo, o por la de Santa Teresa,
por ahí, repartiendo cartas.
La verdad que como hijo no era bueno. . . Respetar a su madre la
respetaba, le pedía la bendición, no fumaba delante de ella, le decía buenos
días, buenas noches, la llevaba a ver a Nuestro Señor Muerto los Viernes
Santos. Pero la pobre se pasaba el día cocinando, lavando y planchando la ropa
del hijo sin que él fuera capaz de conversar con ella. Lo cierto es que don
Lemos no conversaba con nadie. Y cuando su
madre de pronto murió, lo que sintió fue el vacío inquieto de quien
antes nunca había pensado en pensión ni en lavandera.
fue así, escarbándose los
dientes en la ventana, que empezó a fijarse en aquella muchacha de la
tranquera. Al día siguiente, fue hasta allí para ver si lo que había en la
tranquera de aquella granja era realmente una muchacha. Nizia estaba allá,
media lánguida, muy mansa, no pidiendo nada, sumida en sus costumbres de
olvidada.
Cuando volvió a escarbarse y oyó el estruendo de los sapos esa noche,
don Lemos pensaba mediante decretos espaciados. Pues bien, un decreto casarse
con él. No reflexionó, no comparó, no enjuició, no resolvió nada, don Lemos
pensaba mediante decretos espaciados. Pues bien, un decreto apareció en letras
lentas en su cabeza de chorlito: allí tienes una buena muchacha para casarte
con ella. Durante la escarbadura del día siguiente, en su cabeza estaba
escrito: Vas a casarte con la muchacha de la tran quera. Entonces don Lemos
fue a visitar a Anastasio y, pasando por allí, saludó a la muchacha de la
tranquera. Nizia estaba ya tan olvidada de sí misma que ni siquiera se asustó
con el saludo; simplemente con testó. Don Lemos, que no encontraba razones
para visitar todos los días la granja de su padrino, pasaba, saludaba, caminaba
medio kilómetro más para disimular, se quedaba por allí pateando el pasto
polvoriento, miraba los arbustos del camino, volvía y saludaba de nuevo, rumbo
al Anhangabaú.
Después de un mes y medio de tanta caminata, don Lemos, escarbán dose
los dientes, deletreó el decreto nuevo que apareció de repente en su sesera:
Mañana es domingo pata de cachimbo10, e irás a pedir la mano de la muchacha de
la granja. Fíjate bien dónde está la gracia de estos decretos: al principio
sólo se hablaba en ellos de la muchacha de la tranquera, pero ahora aludían a
la muchacha de la granja, más útil para casarse.
A eso del mediodía, prima Rufina muy asustada salió a ver quién estaba
golpeando, era don Lemos. Prima Rufina casi despachó al fula no, pero pensó
después que seguramente doña Nizia sabría de qué se trataba. Seguramente alguna
encomienda. . .
— ¡Entre usted!
Don Lemos no
esperó ni siquiera
dos minutos en
el alero, Nizia
apareció, así como estaba, con el tejido sobre la falda. El dijo que
venía a pedir su mano en casamiento y ella respondió que estaba de acuerdo.
Volvió adentro a decirle a prima Rufina que preparara, además, unas masitas
para acompañar el café y regresó junto a don Lemos. Pasaron al balcón. Nizia
siguió tejiendo el zapatito que había empezado.
— ¿Cuál es su apellido?
Lo miró asombrada de que él le preguntase cuál era su apellido. . .
¿habrá pensado que ella no lo sabría? Don Lemos le aclaró:
— Me llamo Lemos, José Lemos, para servirla. Me gustaría saber su
nombre.
— Nizia Figueira, para servirlo.
— Encantado.
Don Lemos dejó de juguetear con sus dedos sobre las piernas.
— ¿A usted le gusta mucho tejer zapatitos, doña Nizia?
—Ya estoy muy acostumbrada.
— Es muy lindo ese que está
haciendo ¿es para regalo?
— No, yo los vendo.
— Ahh. . .
—Yo los hago y prima Rufina los vende a los negocios.
— Entiendo. . . ¿Quién es prima Rufina?
Don Lemos volvió a juguetear con los dedos sobre las piernas.
— La negra que le abrió la puerta.
— Ahh. . . ¿pero ella es su
prima?
—Es mi criada. Me acostumbré a llamarla prima Rufina desde niña. Y así
quedó.
— Curioso.
Treinta y seis, treinta y nueve, cuarenta y ocho, listo, terminaba una
nueva carrera.
— Es un lindo día, hoy ¿no?
— Sí muy lindo.
— Qué sol más claro ¿no?
— Si lo molesta dígame, puedo cerrar la ventana. . .
— De ninguna manera, estoy muy
bien.
Llegó el café con leche con masas dulces. Bebieron el café con leche y
comieron dos masas cada uno. La tarde, afuera, se mostraba sublime, clara,
clara, como el sol caliente corcoveando sobre los campos. Y por ese instinto
dominguero que parece tener la naturaleza, aquella ladera estaba envuelta en
una paz inmensa, tomaba un aire de reposo relajado, vuluptuosamente distendido,
desparramado en el suelo. Ellos, sin em bargo, siguieron allí, encerrados en
aquel salón comedor; don Lemos mordía su escarbadientes, Nizia tejía, hasta que
divisaron los primeros tonos sonrosados pasando lejos en el horizonte,
atardeciendo el día.
— Bueno, voy a tener que ir yendo.
Entonces Nizia percibió la ventura inconcebible que le traía aquel don
Lemos. Lo miró. Vio delante suyo el bigote y el copete simpático, les sonrió.
El vestido de muselina acentuaba las redondeces del cuerpo de ella, que a la
usanza de aquellos tiempos, era casi gordo, más bien gordo que delgado, pechos
llenos, piernas gruesas, cortas, manos más bien chicas. En la cara, los ojos
castaños empañaban el rubor suave que venía empalideciendo hasta alcanzar el
mentón que parecía un gorro frigio. Nariz simple, con las narices casi grandes,
que seguían al ondular las mismas curvas de las dos partes en que se dividían
sus cabellos castaños. Los labios, al sonreír, se mostraban pálidos, con dien
tes cerrados y monótonos. Dijo un “Ya se va” que era en parte una
pregunta y en parte una afirmación y del que emanaba una placidez
dominical.
— Sí, doña Nizia, ya me voy, es tarde. Fue un gusto conocerla. Una
inquietud antigua descompuso la cara de ella:
— ¡Usted va a volver!
— Sí. No vendré muy seguido porque creo que voy a cambiar de em pleo,
trabajo en el Correo, por ahora. Parece que mi padrino me va a conseguir algo
en la Secretaría del Tesoro, pero de todos modos volveré. Que siga bien.
Ella le ofreció la mano y la vida:
— Hasta pronto.
Lo acompañó hasta la tranquera. Allí permaneció mientras él se alejaba
por el camino malo. Don Lemos tomó la senda ancha y no se volvió para decir
otro adiós. Nizia entró. Andaba por la casa sin saber qué hacer.
— Estos mantelitos de croché están necesitando un buen lavado, prima
Rufina.
— ¡Pero si los lavé la semana pasada!
— ¡Mira cómo están!
—Yo no veo nada, pero si tú mandas los lavo. ¡Lo que veo es que ese don
Lemos vino a embarullá la vida de esta casa! ¡Hasta parece que ni encuentras
dónde ponerte! ¡Sillas no faltan! ¡Siéntate, mujer! ¡Quéda te tranquila que es
mejó!
— No te gustó que me pusiera de novia ¿verdad?
— Sí que me gustó. Necesitas un hombre en esta casa, alguien que te
proteja ¡pero no así! ¡El primero que aparece ya quedas de novia! ¡Ni siquieras
sabes quién es ese Lemos! ¡Vaya! ¿Y si está enredao con la polecía? ¿Quién
puede asegurá?
— ¡Qué enojada estás conmigo, prima Rufina! El es empleado de Correos!
— ¿Y eso es un empleo? ¿Dónde se vio persona de bien que se ande ganando
la vida escribiendo cartas? ¡Ve que ni nosotras, bien tranquilas en el rincón!
¡Ay, m’hija! tú no sabe ná de este mundo; mundo tiene más maldá que bondá. . .
Ese cuento de ser empleado del Correo no me parece cosa derecha, no señó. . .
Fueron a acostarse. A Nizia la felicidad la convirtió en una desgra
ciada. Del pasado y de los olvidos de antes no se acordaba; ahora era el
presente lo que la hacía sufrir. Convertido en novio, Lemos consideró que ya no
necesitaba pasar todo el santo día por la casa distante de su prometida; llegó
la tarde y don Lemos no apareció. Nizia vivía en un arrebatamiento simultáneo
de felicidades y amarguras. No digo que amase, pero tenía a alguien que se
acordaba de su existencia. Eso le provocaba un regusto inquieto, la empujaba a
la comparación, le sugería gustar de más de uno, no sé si me explico bien. De
repente se sintió desgra
ciada. "Mañana seguro que viene”, murmuró sufriendo de placer. Y
repi tió “Mañana seguro que viene” hasta el jueves.
Cuando don Lemos llegó no eran aún las seis de la tarde. Apareció
cenado. Le entregó el prendedorcito de oro donde podía leerse RE CUERDO.
— Muchas gracias, don Lemos.
— ¿Cómo anda usted?
Etcétera.
Se quedó allí hasta las ocho, según creo. Nizia estuvo trabajando bajo
el farol de kerosén, él no hizo otra cosa que meditar las sombras del techo. Se
decían de vez en cuando aquellas frases de compañeros que no esperan respuesta,
intercambiadas únicamente para reconocer que se está junto al otro, un poco
sobre el Correo, otro poco sobre el tejido de lana. Prima Rufina se la pasaba
pitando en la cocina. Don Lemos afirmó que volvería el domingo y entonces
combinarían la fecha de casamiento.
El domingo no apareció. Apareció el martes. Que había estado muy ocupado
debido a una visita que estuvo obligado a hacer. Después tuvo que llevar una
carta de fulano para un ricacho, prácticamente ya había conseguido el puesto en
la Secretaría. Traía aquella media docena de pañuelitos, que supiese
disculparlo. Nizia fue adentro y volvió, rebosante de felicidad, con la bufanda
hecha por ella en la mano. Don Lemos se la agradeció y le dijo que le parecía
muy lindo. Era verdad. De color pardo, con rayas negras, borde de lana
entretejida con seda.
Don Lemos se pasó una semana sin aparecer. Recién el martes si guiente
se dejó ver en la granjita, muy agitado, inesperadamente, apenas había tenido
tiempo de encontrar estos clavelitos, tan ocupado andaba, que por favor lo
perdonase.
Había salido el nombramiento, y al día siguiente empezaría a trabajar.
— ¡Costó pero valía la pena!. . .
— Quien espera siempre alcanza.
— Es cierto pero no fue fácil. Ya estaba casi desalentado.
Don Lemos estaba realmente contento. Ese día los zapatitos de lana no
entraron en la charla, de lo único que se habló fue de lo ingrato que resultaba
el trabajo en el Correo; bueno de verdad era el empleo de la Secretaría, el
sueldo era superior; su jefe de sección, según le dijeron, era un buen tipo, y
otras cosas por el estilo.
Nizia escuchaba. Las palabras caían dentro de ella como flor de peana *
rociando su alma lentamente. ¿Se había ido más temprano? ¡No impor taba! Ni se
dio cuenta que eran las nueve, ni que después fueron las diez y mucho más; se
quedó sola, sumida en su trabajo, sin saber que trabajaba, tejiendo a la
carrera, terminando un zapatito, terminando otro
Especie de algodón que
producen ciertos árboles bombáceos o el fruto de la paineira (N . del T .).
zapatito, oyendo. No llegaba ni un solo ruido de la noche. Dormían los
hombres de Sao Paulo. ¡Ni polvo ni grillos ni viento, ni nada! Un silencio que
paralizaba hasta los movimientos del brazo. Nizia tejía sin advertirlo. La luz
del farol revoloteaba en torno a su cabeza y, en el calor seco de la
habitación, las palabras de don Lemos podían oírse todavía, sonoras de verdad,
como caricia dulce de compañero. No puedes imagi narte lo que Nizia sufrió.
Sufrió por aquel zapatito de lana; sufrió a causa de prima Rufina que estaba
envejeciendo tan rápido; sufrió por aquellos vestidos de muselina que eran los
mismos de siempre, necesitaba hacerse otros; los mantelitos de croché no
quedaron bien lavados; ella era un poquito más gorda que don Lemos; ¡la verdad
que prima Rufina podría haber traído unas semillas de clavelitos para plantar
en el jardín. Realmente, que flor más linda. . .
Todas esas infelicidades que nunca había sentido, y que duelen tanto a
quien no puede tener otras, las traía la voz de don Lemos, colocando como
espejo ante ella, el cuerpo del compañero. Fue a su habitación, y por primera
vez después del ántrax de la negra, no se durmió ensegui da. Pensar no pensó,
ella era también del tipo de los decretos. Como el decreto no venía, se quedó
flotando en la oscuridad, sintiendo apenas que vivía, feliz, apoyada en la vida
del compañero.
Pasaron dos semanas sin que Don Lemos apareciera.
— ¡Ya ve! Si le hubiese preguntado donde vive, yo ahora podría ir hasta
allá para saber si está enfermo. . .
Don Lemos apareció un miércoles. Traía una barba de varios días y las
manos vacías. ¡Madre mía! ¡Qué cantidad de trabajo! Estaba arre pentido.
Además ¡cuánta responsabilidad!. . . Con las cartas era distin to; uno las
entregaba y listo. Ahora ya no es así. Se pone un número aquí, se pone un
número allá, y uno no puede equivocarse porque libro de Secretaría no es cosa
que uno puede andar borroneando ni arañando. Además: todavía no estaba bien
familiarizado con el trabajo, ¡qué con fusión! ¡La verdad, nunca me imaginé
que fuese tan difícil!. . .
Lo curioso era que allí mismo, delante de Nizia, sin acordarse de ella,
don Lemos estuviese leyendo los decretos de su sesera. Y no creas que los leía
todos en voz alta, como lo estoy haciendo yo, ¡qué esperanza! De repente dejaba
de hablar, y los leía para sí mismo. ¡Y qué diferente, ahora, la cabeza de don
Lemos! Antes era un enorme vacío sin nada; cada tres, cuatro o cinco escarbadas
de dientes, un decretito corto y nada más. En cambio ahora, la sensación que
tenía era la de estar leyendo el Correio Paulistano ]1, “¡qué confusión!”, como
decía él. . . Y se fue mascullando sus decretos sin cesar.
Nizia se quedó en la puerta, mitad del cuerpo en la noche, la otra mitad
en su casa, partida por la mitad. Advirtió perfectamente que don Lemos ¡pobre!,
sin darse cuenta, se estaba escapando de ella. Volvió a entrar, y le costó
recordar lo que don Lemos había dicho. Quiso sere
narse, ¡pobre! ¡Tantas preocupaciones!. . . Se tranquilizó, pero fue una
tranquilidad de solitaria, de muerte y destrucción. Cuando pudo sentirse bien a
solas, dejó de sufrir y se durmió.
Don Lemos recién apareció veinte días después. Venía flaco, de paso por
allí. Vio a Nizia en la tranquera, se detuvo para saludarla. Tenía que ir a ver
a su protector debido a un embrollo que había surgido allá en la oficina. Ella
se sintió poco menos que asombrada ante la figura extranjera de don Lemos.
Sintió un dolor horrible.
— ¿Por qué no entra cuando
vuelve, don Lemos?
— La verdad, doña Nizia, no sé si voy a tener tiempo. Pero no se
preocupe por mí. Que siga bien.
— Igualmente.
Don Lemos había revivido en ella una infelicidad pasada. Pero no deseó
que no volviese, como hubiera sido mejor para ella y como de hecho fue. Don
Lemos no volvió. Su padrino se enfureció con él a raíz de aquel embrollo, don
Lemos se enojó con su padrino, abandonó la Se cretaría, deambuló sin decretos
durante unos días, encontró empleo, final mente, en una tienda de telas. El
pobre no quería riquezas, lo que quería era paz. . . Se consiguió una mulata
gorda que le cocinaba, durmió una noche en el cuarto de Sebastiana y después,
todas las noches. Sebas tiana en el suyo, que era más espacioso. Sebastiana
cocinaba pero ya no era cocinera: se convirtió en dueña de casa y siempre
quería un par de chinelas nuevas para sus pies color de zapote.
En cuanto a Nizia. . . Hubo un hombre que fue a vivir bien cerca de su
granjita. Tiempo después, una familia se instaló al lado de él. Y poco a poco
fue naciendo la calle Guaicurús, un barrio más de esta ciudad ilustre. Algunos
se llevaban bien con los otros; otros no se llevaban bien con algunos; nadie
frecuentaba a Nizia; prima Rufina se llevaba bien con todos. Nizia serenamente
proseguía, olvidada del mundo.
Entonces le dio por la bebida. Corcoveando por la casa quiso matar una
cucaracha y debajo de la cama de prima Rufina encontró la botella que
acompañaba sus noches. Tomó un poco por curiosidad. Un poquitito,
avergonzándose al pensar en prima Rufina. La primera sensación fue fea, pero el
calor que sintió después le pareció bueno.
Antes de que transcurriera un mes, prima Rufina se dio cuenta de lo que
pasaba. No dijo nada, se limitó a traer un botellón de aguardiente y empezaron
a beber juntas. ¡Cada mona!. . . No digo que eso pasaba todos los días, al
contrario. Nizia trabaja, prima Rufina vendía, siempre igual. Treintañeras,
cuarentonas, prima Rufina, claro está, siempre ma yor que la otra. Había
empezado a envejecer rápidamente, era, sin duda, una pobre de la que no el
mundo pero sí la vida se había olvidado, casi senil, arrastrando aquel cuerpo
sufrido, con sus tremendos nudos
en los tobillos, a causa de la artritis. Cuando el dolor era
insoportable, llegaba el turno del botellón pesado:
— ¿Quiere un trago, m’hija?
— Dame un traguito para entrar en
calor.
— ¡Sin miedo, m’hija, empina no más! El mundo es malo, el aguar diente
lo pone lindo pá nosotras.
Era día de borrachera. A prima Rufina se le daba por hablar y llorar a
gritos. Nizia bebía despacio, serenamente. No perdía el aplomo, ni sus
facciones se desfiguraban. La boca se le abría un poco y aparecía una filigrana
roja que le ornaba el borde de las narices y de los ojos opacados. Se ponía una
mano en la cabeza, y el pelo del lado izquierdo se estremecía. Se quedaba en la
silla, media curvada, con las manos en las rodillas, balanceando el cuerpo
inestable, fija la mirada en un pai saje que estaba fuera del mundo. Prima
Rufina, apoyándose en cuanta pared encontraba, dándose de panza contra los
muebles, tironeaba la mano de Nizia para que se levantara. Nizia se alzaba,
tomaba el botellón, y las dos, apoyándose una en la otra, se iban al cuarto.
Prima Rufina casi dejó caer a su compañera. Rodó sobre la cama,
completamente atontada, llorando, con las piernas suspendidas, arrastran do
luego uno de los pies por el piso. Nizia se sentaba en el suelo y recos taba
su cabeza en la pierna de prima Rufina. Bebía. Le daba de beber a la otra.
Prima Rufina dejaba caer la mano insensible en la cabeza de Nizia y consolábala
muy serena:
— Es así m’hija. . . ¡no llore más, no! Una bebe, la mona ayuda a
vomitar la desgracia. . . T ú crees que la mona no es buena. . . ¡Sí que es
buena! mona. . . mónita. . . pá ablandé las desgracias de este mundo duro. . .
Tu hijo debe andá por ahí, muchacho, hecho un hom bre. . . seguro que tú ya
tropezaste con él y no reconociste a tu hijo, tu hijo no te reconoció. . . ¡No
llore más, vamos!. . . La mona te ayu dará a olvidar a tu hijo, m ona. . . m
ónita. . . m ónita. . .!
Los ojos secos de Nizia parpadeaban, empañados, adormecidos. Se fue
resbalando, babeándose en un beso blando sobre el pie grandote de prima Rufina.
La negra quería acariciar a la otra para consolarla, se acercaba al borde de la
cama y caía sobre Nizia, y las dos se fundían en un cuerpo único. El botellón
de aguardiente, abandonado, rodó hasta detenerse en medio de la habitación.
Prima Rufina todavía se movía, mo lestando a Nizia. Terminó replegándose entre
las piernas de su patrona y transformando aquel vientre tibio en una almohada
confortable. Dijo “mona, mónita” no sé cuántas veces y terminó por dormirse.
Durmió con todo el cuerpo agobiado por toda la vida que había pasado por él,
consu mido, con los ojos entreabiertos, llorando.
Nizia se quedó parpadeando, parpadeaba despacio, mansamente. Qué paz en
el cuarto sin voz, en la casa. . . Qué paz en la tierra inexistente
para ella. . . y parpadeaba con más fuerza. Los cabellos
semidesparra-mados se confundían con el piso en la oscuridad del anochecer.
Pero aún había bastante luz en la tierra como para perfilar sobre el suelo
aquel rostro claro, muy sereno, con un reflejo tenue de saliva en el mentón, y
un color acentuado en las facciones bien conservadas, sin una arruga, lindas.
Los labios se entreabieron para que el suspiro del sueño pudiese salir. Se
durmió tranquila, sin ningún sueño, sin gestos.
Nizia era muy feliz.
¿QUE NO SUFREN LOS NIÑOS? ¡VAYA SI SUFREN! 12
(1926)
B E L A Z A R T E m e c o n tó :
¿Recuerdas a Teresita? Sí, la que indirectamente asesinó a dos hom bres
13, los hermanos Aldo y Tino, y se quedó con dos hijos cuando su marido fue a
parar a la cárcel. . . Parece que el sacrificio del marido terminó con su mal
agüero: fue infeliz como ninguna, pero nadie más volvió a matar por ella, nadie
más la lloró. Claro que Alfredo no pudo abandonar su elegante residencia de
rejas, rumiando los veinte años de prisión que su fatal compañera le había
hecho engullir. Injusticia, amargura, deseos. . . fueron tantas las cosas
soportadas y tan pocos son los buches capaces de digerirlas con paciencia, que
el resultado no podía ser sino el que fue: Alfredo, indigestado de
desesperación, se convirtió en uno de los huéspedes más insoportables de la
Penitenciaría. Nadie lo quería y él amargado dejaba transcurrir los años de
castigo sumido en un tormento áspero y saturado de recriminaciones. Pero estoy
perdiendo el tiempo con él.
¡Teresita sufría, la pobre! Físicamente atractiva todavía, rodeada por
la presunción de muchos fanfarrones ávidos de intimidad con ella, aun que más
no fuera por una noche paga. Al principio los rechazó, pensando, primero, en su
Alfredo querido, luego en su Alfredo asesino. Ya rozaba el casi, pero aquella
idea volvía y volvía y otra vez lo tenía a Alfredo delante de los ojos,
saliendo del correccional con un cuchillo flamante con el que iba a
destriparla. Y la virtud se perpetuaba, sostenida por un miedo frío, sin ningún
placer de existir. Teresita volvía a su casa espumando una rabia sin cauce, que
no tardaba en descargar sobre la primera cosa más frágil que ella con que se
cruzaba. Veía de repente a su madre, muriéndose en pie, agobiada por la vejez
prematura, poniendo cinco interminables minutos en recoger unos calzoncillos
del tendedero, entonces arrojaba la ropa sucia sobre la vieja:
— ¡A ver si todavía se duerme con los calzoncillos en la mano!
Entraba. ¡Quién iba a decir que aquella era una casa! Era, a lo sumo, un
rancho de tropero, donde nadie podría vivir, de tan sucio que estaba todo. Dos
especies de sillas, la mesa, la cama. En el piso había un colchón más,
inquilinato de cucarachas que de noche bailaban en la cara de la vieja, el tore
14 natural de los animalitos de esta vida.
En la otra habitación nadie dormía. Se transformó en cocina de esa
familia que, muchas veces, pasaba dos días sin encenderle un fósforo. Porque
fósforo prendido quería decir carbón en el fogoncito portátil y presencia de
algún alimento de esos que se cocinan. Y frecuentemente no había qué cocinar. .
. Pero eso en nada afectaba el diccionario de Teresita y de su madre. ¿Acaso el
horno no estaba allí? Y el diccionario
de ellas había bastado para darle a aquellos estrechos metros cúbicos de
aire enmohecido el nombre extravagante de cocina.
En esa especie de tapera 15 la muchacha vivía con su madre y el hijo que
le sobraba. Que le sobraba en todos los sentidos. Porque era amor lo que a
Teresita le andaba faltando, ¡Dios mío!, golpeada por injusticias de todo tipo,
deseando un hombre para su cuerpo y no teniéndolo, olvi dándose del Alfredo
querido cuando sentía la presión del Alfredo ame nazante y ya con dos muertes
en la conciencia. . . Y no teniendo en la mano consolada por el agua pura más
que calzoncillos, pantalones, medias con más de siete días de cuerpo sudado. .
. Y, además, odiando a esos clientes que siempre le debían una semana atrasada.
. . Todo eso era lo que Teresita aguantaba. Y para rematar tamaña cancelación
de amor en su vida, ahí estaba esa maldita peste de su suegra, odiada pero
nece sitada a causa de los diez mil réis * que le entregaba mensualmente. La
figlia dun cañe * * venía, soberbia, todo porque era capaz de juntar treinta
contos ***, a hostigarla por cualquier motivo.
¿De dónde iba a sacar amor una mujer ya hecha, con treinta años de
sequía en el placer, cuerpo cearense ****, y alma partida hace mucho?. . . En
cuanto a Paulino, hacía ya casi cuatro años, desde los ocho meses de vida hasta
ahora, que no sabía lo que era el calor de un pecho femenino, dos brazos
capaces de apretarlo fuerte, una palabra figliuolo mió, que se derramara sobre
el angelito, ni una boca, por fin, que se aproximara a su cara, y se le uniera
en un chuponcito suave, y estallara dulcemente en un beso de madre. . .
Paulino sobraba en aquella casa.
Y tanto sobraba que su hermanito mayor, cuando todo se iba realmente
aguas abajo, tuvo un ángel de la guardia caritativo que depositó en su
Réis: unidad monetaria
anterior al cruzeiro, y existente en Brasil desde el tiempo de la colonia (N .
del T .).
En italiano en el original.
Todas las expresiones italianas o italianizantes, que de aquí en adelante
aparecen en el texto, pertenecen a Mário de Andrade y se las ha respetado
literalmente en la traducción (N . del T .).
Contos. Cada conto equivalía
a diez mil réis (N . d elT .).
Relativo al Estado de Ceará
(N .d e lT .).
lengua venturosa el microbio del tifus. El microbio fue hasta su
barri-guita, lo atrapó y tuvo hijos y más hijos a razón de millones por hora, y
no habían pasado todavía dos noches cuando había allí tal footing * de la
inmundicia paseandera, que el asfaltito de las tripas se gastó y el no
bautizado fue a parar al limbo de los paganos sin culpa. Sobró Paulino.
Lógicamente, aún era muy pronto para que él se diera cuenta que de tal
manera sobraba en este mundo duro, pero sí sabía en cambio, y muy bien, que en
aquella casa no sobraba nada para comer. Creció en medio del hambre, el hambre
era su alimento. Sin conciencia de los misterios del cuerpo, se despertaba
asustado. Era el ángel. . . ¡qué ángel de la guar dia! era el ángel de la
maldad quien despertaba a Paulino a altas horas para que no muriese. El
pobrecito abría los ojos en la oscuridad, envuelto en el mal olor del cuarto, y
hasta alcanzaba a vislumbrar que estaba devo rándose por dentro. Primero,
lloraba.
— Stá zito, guaglionl
¡Qué “stá zito” ni qué ocho cuartos!
El hambre se hacía sentir. . .
Paulino se levantaba sobre sus piernas arqueadas, y balanceándose lle
gaba por fin junto a la cama de su madre. Bueno, eso de cama, en fin . . .
A la cama grande ella la había vendido cuando el médico la puso entre la
espada y la pared diciéndole que o se dejaba o le pagaba los veinte bagar otes
** por la cura del pie maltrecho. Consiguió los veinte billetes vendiendo la
cama. Cortó el colchón por la mitad y acomodó una parte sobre aquellos tres
cajones. Esa era la cama.
Teresita despertaba de su fatiga con la manita del hijo tocándole la
cara. Se desesperaba de rabia. Tiraba la mano en la oscuridad, sin mirar
adonde, dispuesta a pegar donde pegase, en la boca del estómago, en los ojos,
¡plaff!. . . Paulino rodaba lejos, muriéndose de ganas de poner el grito en el
cielo. Pero su cuerpo recordaba aún aquella ocasión en que el tacón del zueco
acertó de lleno en su boca, y entonces perdía las ganas de gritar. Se quedaba
sollozando tan mansamente que hasta acunaba con su pena el sueño de Teresita.
Pequeñitico, redondo, encogido, igualito a un armadillo de jardín 16.
Aquel sufrimiento era tan grande que ante él los pellizcones del ham
bre se volvían insignificantes. Paulino se adormecía de dolor. De madru gada,
cuando el aire se enfriaba, su cuerpo se despertaba otra vez. Medio olvidado,
Paulino se asombraba de verse durmiendo en el suelo, lejos del colchón de la
abuela 17. Le dolía un poquito el hombro, otro poquito la rodilla, otro poquito
la frente, justo en el lugar que había estado apoyado en el piso. La verdad que
los dolorcitos eran poca cosa comparados con el tremendo dolor18 del frío.
Gateaba asustado, porque la oscuridad ya estaba muy animada por las sombras de
la aurora, que abría y cerraba
En inglés, en el original (N
. del T .).
Bagarotes: Cada uno de los
billetes de mil réis (N . del T .).
el ojo de las grietas. Espantaba las cucarachas y se reanimaba bajo el
calor ilusorio de los huesos de su abuela. Y no volvía a dormirse.
Finalmente, a eso de las seis, ya familiarizado con los sonidos de la
vida gracias a los panaderos, los lecheros, los hombres cargados de comidas que
pasaban allá lejos, en el cuerpo de Paulino iba renaciendo un calor trabajoso.
Mientras tanto, su madre también ya se iba despertando con las primeras bullas
de la vida. Sentada, vibrando bajo la sensualidad matinal, que la llena a una
de ganas, Teresita casi estallaba, envolviéndose las tetas en los brazos, el
vientre, todo, frotando de tal modo una pierna contra la otra que llegaba a
sentir dolor en los riñones. Nacía en ella aquel odio impaciente y sin destino,
que es hijo de la mucha virtud con servada a costa de mucha miseria, virtud
que, ella bien lo sabía, día más día menos se iba a acabar. Buscaba los zuecos,
y en seguida empezaba a gritarle a la madre, que hasta cuándo pensaba seguir en
la cama, que fuese a llenar de agua la tinaja, etc.
Entonces Paulino, aún antes que las dos mujeres, abandonaba el calor
naciente del cuerpo. Y se iba a rondar la cocina porque se aproximaba el
momento más feliz de su vida: el pedazo de pan. ¡Pero la gloria para Paulino
eran esos domingos en que, ya fuera porque un cliente de pronto pagaba o porque
la suegra aparecía, o algo por el estilo, además de pan bebían café con
azúcar!. . . Sorbía rápido, quemándose la lengua y los labiecitos blancos,
aquel agua caliente, sublime de tan rica a causa de una pizquita de café. Y se
iba a comer el pan afuera.
En el frente de la casa no, porque allí estaban la canilla, las tinajas
y el tendedero. Las mujeres hacían ahí sus lavados de ropa y el ruido era
inaguantable: peleas y griterías interminables. Y la culpa, para variar, era
siempre de las travesuras de Paulino. Terminaba invariablemente con un pan
indigestado y algún golpe de yapa justo en el centro de la cabeza que dolía
como mil demonios.
Dejó de aparecer por allí. Abría la puerta apenas apoyada de la cocina,
bajaba el peldaño y se iba saltitando de cara a la alegría del frío com
pañero, por entre los penachos de pasto y las primeras matas de abrojos. Aquel
pastizal menudo de atrás de la casa era la floresta. Allí Paulino se entregaba
a su dolor sin disimulo. Sentado en la tierra o dándoles con el talón a los
ojos de los hormigueros, empezaba a comer. De pronto, casi se caía, ¡ay! al
alzar la piernita del suelo, para matar la hormiga engar-fiada en el tobillo.
Recogía el pan caído y reiniciaba su almuerzo, divir tiéndose con el
grunchgronch de la arena que, adherida al pan, crujía ahora en sus dientitos.
Pero nadie crea que se olvidaba de las hormigas. En absoluto. Termi
nado el pan, surgía, distrayendo el hambre nueva, el niño guerrero. Buscaba un
pedazo de madera y se iba a cazar hormigas al pastizal. Pas tizal no tan
chico, al fin de cuentas, ya que daba, por atrás, al descam pado y no había
sino un simulacro de cerca cerrando el terreno. Pero Paulino jamás se internó
en el descampado que era demasiado grande
para él. Le bastaba aquel gigantesco pastizal menudo, con plantas sin
nombre, donde el sol perezoso nunca dejaba de entrar.
Madero en mano, allá iba él en busca de las hormigas. Las más chicas,
sin garfios, esas, realmente, no le importaban. Le gustaba atacar a las
grandotas, nada más. Cuando veía una, la perseguía, paciente, abriéndose camino
entre los ramos entrelazados de los arbustos, de donde muchas veces volvía con
la mano o la pierna ardiendo por habérsela raspado contra el lomo de una oruga
19. Llevaba la hormiga hasta algún claro y allí se pasaba horas jugando con la
miserable hasta que la miserable moría.
Una vez que moría, el sufrimiento recomenzaba para Paulino, eran los
coletazos del hambre. El sol ya estaba bien alto, pero Paulino sabía que
únicamente después que el silbato de las fábricas se oyese, iba a recibir su
porción de arroz con porotos, eso en los buenos tiempos, o un nuevo pe dazo de
pan en los malos tiempos, felizmente más ocasionales. Lo gol peaba un hambre
triste que otra hormiga combatida ya no lograba dis traer. Meditaba en su
desgracia, apenado por la repetición del sufrimiento cotidiano. Se sentaba en
cualquier parte, apoyando la mejilla en una mano, con la cabecita inclinada,
tan pobrecito. Finalmente, bajo sombras despa rejas, aprendió a silenciar su
hambre. Se adormecía. Soñar no soñaba. Las moscas venían a bordarle de alas y
zumbidos la boquita abierta, sembrada de restos dulzones. Paulino, durmiendo,
cierra de repente los labios molesto, se revuelve; abre apenas las piernitas
encogidas y se mea tibio encima.
Fue un sueño corto. Se despertó mucho antes de que las fábricas hi
cieran sonar sus silbatos. Mordisqueó vaya a saber qué con la boca ham
brienta, recogió con la lengua los jugos perdidos en los labios. Grunch-gronch
de arena y una cosita medio dulzona en el paladar. La sacó con la mano para ver
qué era, eran dos moscas. Sí, moscas pero medio dulzonas. Volvió a dejar las
moscas sobre su lengua, les chupó el gustito, las tragó.
Ese fue el comienzo de una celada al hambre que se valió de todas las
cosas tragables que había en el pastizal. No hizo falta mucho tiempo para que
se convirtiera en “papista” como se dice: reemplazó la caza de hor migas por
los picnics de tierra mojada. Y ni qué hablar de los banquetes de hormigas. . .
Apoyaba la cara en el suelo junto a los montículos de los hormigueros y
esperaba con la lengua lista. Cuando aparecía una hor miga, Paulino soltaba la
lengua hábil, se adhería a ella la hormiga y fro tándola contra el cielo de la
boca podía sentir una redondez infinitesimal. Colocaba la redondez entre los
dientes, mordía y tragaba el manjar ilu sorio. ¡Y qué ventura si se topaba con
alguna caravana! Gateando, con el culito alzado hacia las nubes, lamía el suelo
osormiguerámente. Dos se gundos le bastaban para borrar una carrera
enloquecida de hormigas.
Llevado por esa esperanza de matar el hambre, Paulino se rebajó a
prácticas repulsivas. En rigor, no se rebajó. El era incapaz de fijarle niveles
de jerarquía al asco, y hay que reconocer que el último comestible que se
inventó fueron las hormigas. Claro que no se puede negar que
cierta vez a una cucaracha. . . La atrapó y se fue masticando, más ino
cente que ustedes, hijos de los ascos. Pero no había cómo engañarse: los
alimentos esos no le daban sustancia alguna. Sonaba el silbato de las fábricas
y el arroz con porotos lo encontraba a Paulino empachado de ilusiones y sin
hambre. Se fue aniquilando, oscureciéndose como un día de invierno.
Teresita no se daba cuenta de nada. El bozal de la virtud que la en
cerraba estaba tan gastado que ya podía verse el momento en que la mu chacha
se liberaría de él, estallando, libre y ávida, zambulléndose en la vida. Fue el
tiempo en que, ciegamente, llovieron golpes por todo el cuerpo de Paulino.
Cuando ella se acercaba a la casa, Paulino podía es cuchar a Fernández, el
carrero que la acompañaba. Era un buen mu chacho, sin penas, un poco lerdo
pero con mucha energía. Debía tener, si es que los tenía, unos veinticinco
años, y le gustó la madurita. El bozal se partió. Apenas pudo, él le cargó el
lío de ropa, la acompañó hasta su casa, entró como si fuera una visita, y
Teresita le sirvió café y el resto. La vieja, emporcándose la boca con
palabrotas incomprensibles, fue a dor mir a la cocina con Paulino asombrado.
El hecho es que la comida mejoró y el panzudito conoció el secreto de la
macarronada. Lástima que le tuviera tanto miedo al hombre. Fernán dez le había
hecho muchas fiestas la primera vez que lo vio, y cuando salió del cuarto por
la mañana y todos juntos bebieron café, Paulino, confiado, fue a jugar con la
pierna larga del hombre. Pero recibió tal cachetada que anduvo durante un
tiempo con la oreja morada.
Lógicamente, la suegra tenía que enterarse de lo sucedido y se enteró.
Cuando apareció en el rancho, Teresita, simuladora, la saludó como si nada, y
la mulata le respondió con dos pedradas.. Pero ahora Teresita ya no la
necesitaba y contraatacó, enfurecida como un yaguané20. ¡Los in sultos fueron
terribles! Paulino no tenía piernas para volar de allí, por que la vieja lo
señalaba con un dedo, diciendo “mi nieto esto” y “mi nieto lo otro”. Y le decía
a Teresita que de aquí en más se las arreglara, que no iba a ser ella quien
pagara las inmundicias de una italiana amancebada con un español. Teresita, de
inmediato, le gritaba que los españoles eran mucho mejor que los brasileños;
¡qué se cree! ¡hija de negro! ¡madre de asesino! Ya no la necesito, ¿sabe? ¡Mulata!
¡Mulataza! ¡Madre de asesino!
— ¡Madre de asesino serás tú, puerca! ¡Tú que hiciste a mi hijo infeliz,
maldita, vieja inmunda!
— ¡Fuera de aquí, madre de asesino! ¡A usted nunca le importó su nieto,
qué me viene ahora con todo ese blablablá! ¡Llévese a su nieto si quiere!
— ¡Seguro que me lo llevo! ¡Pobre inocente, que no sabe la madre que
tiene, puerca, inmunda!
Alzó a Paulino que pataleó en el aire, y allá se fue, haciendo sonar sus
tacones, acomodándose el chal del domingo, entre las pocas curiosas
del mediodía. Una sola vez se dio vuelta, aprovechando la asistencia,
para demostrar lo buena que era.
— ¡Y ni pienses que te voy a seguir pagando el alquiler! ¡Te protegí
hasta ahora porque eras la mujer del desgraciado de mi hijo, pero no pienso
darle techo a una yegua!
Al oírla, Teresita, loca de odio, empezó a buscar a su alrededor un
palo, algo con que matar a la mulata. A ésta le pareció mejor irse de una buena
vez, y se alejó, triunfante, ploc, ploc.
Paulino iba ondulando entre aquellas carnes calientes. Lloraba asus
tado, sin entender nada, por calles nunca vistas, entre mucha gente, con
aquella mujer extraña y él sin madre, sin pan, sin pastizal menudo, sin su otra
abuela. . . ¡Dios mío, no entendía nada! ¡Qué triste se sentía! Sintió un miedo
terrible en el cuerpito azul. Y como si eso fuera poco, ni siquiera podía
llorar a gusto, porque, como se había dado cuenta muy bien, la vieja tenía un
zapatón con tacón muy grande, peor que el de un zueco. Debía ser tan doloroso
aquel tacón golpeando los dientes, par tiéndole el labio a uno. . . Y Paulino,
horrorizado, se tragaba, práctica mente, los deditos, improvisando, casi con
claridad, un sonido asordinado.
— ¡Mi pobre nieto!
Con la mano grande y caliente le tomó la cabecita, la acomodó en su
cuello de goma. Bien sostenido por aquellos brazos buenos, se sintió feliz, de
pronto, cubierto por el calor de aquel chal que tanto lo enti biaba. . . Y la
vieja lo miró con ojos de piedad reconfortante. . . ¡Dios mío, pero claro que
aquello iba a ser muy lindo!. . . Y Paulino vio asomar la ternura. La vieja lo
estrechó contra su pecho, abrazándolo, apoyó su cara en la de él, y después lo
besó y besó, revelando al pequeño aquel
misterio mayor.
Paulino trató de serenarse. Por primera vez en su vida, la idea de
futuro se extendió hasta el día siguiente en su cabecita. Se sentía prote
gido, y seguro de que al otro día le iban a dar café con azúcar. ¿Acaso la
vieja no había pegado la boca a su cara y no le había dado aquel chupón que
sonaba tan lindo? Y la idea de Paulino se extendió hasta el día siguiente,
imaginándose una jarra del tamaño de la vieja, requete-llena de café con
azúcar. Se rió ante dos lágrimas piadosas de ella, cuando en el medio de una de
las gotas apareció una botina que fue creciendo, creciendo hasta que el tacón
tomó el tamaño de la vieja. Paulino volvió a llorar bajito, como en las noches
en que el arrullo de su dolor acunaba el sueño de Teresita.
— ¡Bueno, basta ya de llorar! ¡A ver si terminas de una vez!
El tacón de la botina se alargó enormemente y ya era como la chi menea
del otro lado de la calle. El llanto del niño cesó, pero cesó atra gantado de
terror. Habían llegado.
Esta era una casa de verdad. Se entraba bordeando un jardincito floreado
que hasta daba ganas de arrancar todas las siemprevivas y, una vez subida la
escalenta, había una habitación con dos retratos grandes
en la pared. Un hombre y una mujer que era la vieja. Sillas, una silla
grande donde cabía mucha gente. En la mesita del medio una maceta con una flor
color de rosa que nunca se marchitó. Y aquellos mantelitos blancos en las
sillas y en la mesa, que lo distraían a uno con tantas borlitas. . .
El resto de la casa asombró de la misma manera al despatriado. Des pués
aparecieron dos muchachas muy lindas a las que siempre vio con falda azul
marino y blusa blanca. Lo miraron duramente. Aquellos cuatro ojos negros
bajaron de allá de lo alto y ¡tac! dejaron caer un mamporro sobre el alma de
Paulino. El se sintió atontado, se quedó inmóvil, pegado al suelo.
Entonces hubo una discusión terrible. No sé qué fue lo que la vieja
dijo, y una de las estudiantes le
respondió de mala manera. La vieja
la trató ásperamente y dijo “mi nieto”.
La otra respondió gritando, y una
tormenta de “mi nieto” y “su nieto”
relampagueó alto sobre la cabeza
de Paulino. La situación fue empeorando. Cuando ya no hubo más agudos
para que las tres voces los escalaran, la vieja estampó una cachetada en la
muchacha que estaba más cerca y la otra, huyendo, se libró de recibir una
cuchara en la cabeza.
La imaginación de Paulino era incapaz de producir más terrores. Y lo
curioso es que el terror por primera vez aguzó su inteligencia. El con cepto
de futuro que hacía tan poco le había servido para llegar hasta el día
siguiente, se extendió, se extendió quizá demasiado. Y Paulino ad virtió que
entre furores y malos tratos había que pasar ahora todo el día siguiente y otro
día siguiente y otro, y que nunca terminarían los días siguientes así. Es
lógico: sin disponer de la suma de los números, más de tres mil años de días
siguientes padecidos, se juntaron en el susto del niño.
— ¡Ve a levantar esa cuchara!
Las dos mitades del arco que formaban sus piernas se movieron sin que
nadie supiera cómo, Paulino levantó la cuchara del suelo y se la dio a la
vieja. Ella guardó la cuchara y se fue adentro. El comedor quedó vacío. Todo
estaba en orden, y las sombras de la tarde rápida entraban desdibujando las
cosas conocidas. Unicamente la mesa del centro todavía se recortaba
nítidamente, cruzada por líneas rojas y blancas. Paulino fue a buscar apoyo en
una de sus patas. Temblaba de miedo. Chisporroteaba un olorcito agradable allá
adentro, y desde la penumbra del comedor un barullito monótono, tic-tac,
regulaba las sensaciones de uno. Paulino se sentó en el suelo. Una gran paz fue
cubriendo su pensa miento aniquilado: se había librado del tacón de la vieja.
No, ella no era como su madre. Cuando se ponía furiosa no arrojaba el zapato,
tiraba una cucharita liviana, que resplandecía de tan plateada. Paulino se
encogió acostado, apoyando la cabeza en el suelo. Estaba con un sueño enorme,
tan cansado tenía los sentimientos. Ya no había ningún peligro de que volviese
a recibir un taconazo en los dientitos, la mulata no tiraba
más que la cuchara plateada. Y Paulino ignoraba si dolía mucho el golpe
de una cuchara. Se durmió muy tranquilo.
— ¡Despiértate! ¿Qué es eso de dormirse a esta hora? ¡Cómo debe haber
sufrido este niño, Margot! ¡Fíjate lo flaco que está!
— ¡No es para menos! No podía ser de otro modo con la madre que tiene:
callejeando día y noche, el niño tenía que terminar así.
— Margot. . . ¿tú sabes qué quiere decir puta, verdad? Yo creo que se
puede decir que Paulino es un hijo de puta, ¿no es cierto?
Se rieron.
— ¡Margot!
— Sí, señora.
— Dile a Paulino que venga aquí. Ya está su comida.
— ¡Ve adentro, vamos!
Las piernas arqueadas se movieron rápidas. En la cocina no había dónde
estar. La buena vieja, arrimó el felpudo de la puerta con el pie:
— Siéntate ahí y come todo ¿me oyes?
Era porotos con arroz. Con ojos apenados, Paulino vio desaparecer la
carne por la puerta que llevaba al comedor. Seguramente la vieja creía que los
niños de cuatro años no comen carne, o tal vez ni lo pensó, andando como andaba
a los apurones, siempre atrás de la educación de las hijas.
si bien las miserias de la
vida fueron otras para Paulino la suya siguió siendo una vida miserable. La
comida mejoró mucho y nunca más volvió a faltar, pero Paulino fue tenazmente
perseguido por las des gracias de sus años de tapera. La mulata no volvió a
tener nunca más aquellos asomos de ternura del primer día, era una de esas
mujeres de vida mecánica, cuyo funcionamiento no difiere mucho del cumplimiento
del deber. Aquel beso había sido sincero, pero tan sólo dentro de las
convenciones de la tragedia. La tragedia había terminado y con ella también la
ternura. Pero en Paulino seguía quemando la nostalgia de los besos. . .
Trató de acercarse a las muchachas pero ellas lo despreciaban y cuando
podían lo mortificaban. Sin embargo, la menor, Nina, que era terrible mente
curiosa y nunca sacaba las notas de Margot en la escuela, se había hecho cargo
del baño de Paulino. Cuando llegaba el sábado, el pequeño, medio asombrado y
con mucho miedo a los coscorrones, sentía las caricias de una linda carita
ardiente frotándose contra su cuerpito. Aquello terminaba siempre igual, la
muchachita con una rabia terrible, volviéndolo a cubrir rápidamente con su
piyamita, golpeándolo, “¡póngase derecho, sinvergüenza!”. ¡Y después venía el
pellizcón que dolía tanto, Dios mío!
Paulino bajaba la escalera de la cocina, se iba muy triste por el
pasi-llito que desembocaba en el jardín delantero, empujaba con esfuerzo el
portón apenas apoyado, se sentaba, arrimaba una mano a la mejilla, incli naba
la cabecita hacia un lado y se quedaba allí, viendo pasar al mundo.
Y así, entre pellizcones y palabras duras que él apenas entendía, “niño
endiablado”, “hijo de asesino”, también él iba pasando como el mundo: delgado,
oscuro, terroso, cada vez más aniquilado. ¿Pero qué podía hacer? Estaba
bebiendo su café y ya empezaban a gritarle “¡puerco!” que se fuera al jardín a
comer el pan porque si no ensuciaba toda la casa. Salía al jardín y la tierra
estaba tan húmeda que era una tentación terrible. Y ningún reparo puso él en
sentir que era una tentación ya que ningún coscorrón, ningún golpe de cuchara,
le había prohibido comer tierra.
Grunchgronch, masticaba un pedacito, lo tragaba, masticaba otro
pe-dacito, lo tragaba. Y siempre, a eso de las diez, con el apuro de las
estudiantes echando sombras sobre la paz de la vida, tenía que sentarse en
aquel felpudo que lo pinchaba, y tragarse aquel arroz con porotos que ya no
podía soportar. . .
— ¡Madre santa, este niño no come nada! Fíjate nomás con qué cara mira
la comida! ¡Se puede saber para qué te ensucias la cara con tierra de esa
manera ¿eh? ¡inmundo!
Paulino se asustaba, y el instinto lo hacía tragar en seco esperando el
golpe de cuchara que nunca llegaba. Pero en esta ocasión, una ilumi nación
vino a alterar el normal funcionamiento del mecanismo de la vieja:
— ¡No me digas que. . . andas comiendo tierra! ¡Ven aquí, déja me ver!
Empujó a Paulino hacia la puerta de la cocina, y con aquellas dos manos
enormes, quemando de tan calientes, lo obligó:
— ¡Abre la boca, vamos!
Y escarbaba sus labios por dentro. Había tierra en los dientecitos,
tierra en las encías.
— ¡Te he dicho que abras la boca!
Y el dedo franqueaba la boquita terrosa, aparecía la lengua hasta la
raíz, toda color de barro. ¡Ni qué decir lo que fue la zurra que se llevó
Paulino! Comenzó con el sopapo en la boca abierta, que hasta estalló con un
sonido divertido, ¡boom! y ni puedo contar cómo terminó, tal fue la mezcla de
coscorrones, pellizcones y cachetazos. Y gritos, que al fin de cuentas, también
son sopapos para un niñito.
Entonces empezó el mayor martirio de Paulino. Ninguna de las mujeres de
la casa quería que él siguiese allí; querían que viviese en la huerta del
fondo. Ya antes de recibir la porción de pan, le descargaban tamaña andanada de
amenazas que Paulino bajaba la escalenta completamente idiotizado, sintiendo
que el mundo caía sobre él. ¿Y ahora?
. . .El pan se había terminado y la tierra estaba allí ofreciéndose
toda, llamándolo. Pero aquellas tres pellizcadoras no querían que él comiese la
tierra tan rica. . . ¡Ay! ¡qué tentación para el pobre santito! Quería comer y
no podía. En realidad podía, pero después iba a tener que vérselas con el
dedazo de la vieja perforándole la boquita. . . ¿Como?. . . ¿No como?. . . Huía
de la tentación, volvía a subir por la escalenta, se
quedaba en el peldaño más alto, sentado, con la mirada fija en la pared
para no ver. Y la tierra llamándolo siempre, buena, toda para él, bastaba bajar
cinco peldaños fáciles. . .
Felizmente, no tuvo que sufrir mucho más. Tres días después, no sé si en
ése en el que estuvo jugando en la puerta con los niños de enfrente, apareció
tosiendo. La tos aumentó más y más, y finalmente Paulino escuchó que la vieja
decía, loca de rabia, que era tos de perro. Que si llevamos al niño al médico,
que si le damos el jarabe que doña Emilia nos enseñó a preparar. Ni el jarabe
de doña Emilia, ni los cinco mil réis que quedaron en lo del peor 21 boticario
del barrio, curaron al pobre-cito. No había más remedio que esperar que la
enfermedad, no teniendo ya dónde hacer resonar la tos, se fuese sola.
El pobrecito, apenas sentía que la garganta empezaba a arañar, se tomaba
la cabeza, angustiado, tenso, tragando los apurones para ver si se le pasaba.
Mientras tanto, iba buscando una pared donde apoyarse, y el acceso estallaba.
Babeándose, con los ojos llorosos, moqueando, abrien do una boca incapaz de
cerrarse, salivándose todo, se sentaba el pobre-cito en el lugar donde estaba,
fuese donde fuese, porque si no se caía. Las sillas giraban, giraba la mesa,
daba vueltas y más vueltas el olor de la cocina. Paulino se descomponía,
aturdido, con el cuerpo deshecho en pedazos.
— Pobre. ¡Vamos, vete a toser afuera, estás ensuciando todo el piso,
vamos!
El miedo le daba fuerzas y salía. Sobrevenía otro acceso, y Paulino se
acostaba, con la boca pegada a la tierra pero ya sin el menor deseo de comer
nada. Pasaba un largo rato sin moverse. El cuerpo, de tan quebrantado, ya ni le
dolía, la cabeza ya no pensaba, vencida por tantos golpes sufridos. Allí se
quedaba, y la humedad de la tierra habría de empeorar su tos y terminaría por
matarlo. Finalmente, sin embargo, renacían unas poquitas fuerzas y las ganas de
levantarse. Despacito, se empieza a incorporar. Tiene ganas de entrar. Pero
sabe que si llega a ensuciar la casa, caerán sobre él los golpes de siempre. Y
de nada servirá intentarlo porque lo mandarán afuera otra vez. . .
Atardecía, y los obreros pasaban llenando los tranvías. . . alguna dis
tracción encontraban allí los ojos lagañosos. Paulino fue a sentarse en el
portón de la entrada. La noche iba cayendo, aquietando la vida. Un vientito
polvoriento de abril dejaba caer, suavemente, su mano sobre las caras. El sol
se aferraba a la cresta lejana del descampado, y cubría de rojo y verde el
espacio fatigado. Los grupos de obreros, al pasar, se recortaban casi negros
contra la luz. Todo era muy claro y negro, incom prensible. Los monstruos
corrían oscuros, con muchachos colgados de los estribos, levantando una
polvoreda roja en la calle. Mucha gente, más monstruos, y los corpulentos
caballos tirando de carrozas tan lindas.
En ese momento pasó Teresita. Era increíble lo elegante que estaba,
zapatos amarillentos, las medias coloreando de rosa sus piernas tan lindas,
descubiertas hasta la rodilla. Luego un vestido azul claro más hermoso
que el cielo de abril, y en lo alto la cara de mamá, ¡qué preciosa! con aquel
cabello oscuro recogido y tan bien repartido en dos mitades azu ladas de
napolitano o de moreno atenuado por los colores de París.
Paulino se levantó sin pensar, con un burbujeo inexplicable de ins
tintos festivos en el cuerpo, ¡M am m al gritó. Teresita se volvió, llamada,
era el figliuolo. No sé qué fue lo que se despeñó en su conciencia, corrió, se
arrodilló en la calle, y arrebatada, lastimándolo deliciosamente de tan fuerte
que lo hizo, estrechó a Paulino contra los pechos llenos. Y Teresita lloró
porque al fin de cuentas ella también era muy infeliz. Fernández la había
dejado y la indecisa de antaño había terminado por prostituirse. Viendo a
Paulino sucio, aniquilado, sintió su propia infelicidad y sus trayéndose de
pronto a la vida aparatosa que andaba llevando, se echó a llorar.
Sólo después sufrió por su hijo, horroroso de tan flaco y más frágil que
la virtud. Era indudable que estaba sufriendo con la mulata que le tocó por
abuela. . . Por un segundo pensó en llevarse a Paulino con ella. Pero,
ocultándose a sí misma ese pensamiento, concluyó que Paulino habría de ser un
obstáculo para sus farras. Entonces se fijó en la ropita del niño. De buena
calidad no era, pero, en fin, parecía resistente. Se aferró a esa conclusión
forzosa para borrar de su conciencia todo vestigio de duda. “Mi hijo está bien
tratado” concluyó y nunca más volvió a pensar en él. Besó la boquita todavía
surcada por los mocos, trató de ahogar el llanto, /figliu olo! dijo, no pudo
contenerse, lo abrazó, lo besó mucho. Se fue reacomodándose el vestido.
Paulino, de pie, sin un gesto, sin un movimiento, vio por último, allá
lejos, al vestido azul que desaparecía. Dio vuelta la cara. Un pedazo de papel,
todo engrasado, rodó cómicamente por la calle. Bastaban tres pasos para
tomarlo. . . Pero no valía la pena. Volvió a sentarse en el escalón. Los
colores de la tarde, mansamente, se iban agrisando. Paulino apoyó la mejilla en
la palma pequeña de su mano y mirando a medias y a medias oyendo, sumido en una
indiferencia exhausta, se dejó estar así. La saliva pegajosa resbalaba de su
boca abierta y recorría su mano. Después goteaba sobre su blusita. Que era
oscura para que no se en suciara.
CUENTOS NUEVOS
PRIMERO DE MAYO22
(1934-1942)
E n E L G R A N día del Primero de Mayo, no eran aún las seis y ya el 35
había saltado de la cama, ansioso. Estaba bien dispuesto, casi alegre; él había
asegurado a sus compañeros de la Estación de la luz 23 que quería celebrar
aquel día y era lo que iba a hacer. Los otros cargadores, de más edad, se
habían burlado un poco del tonto; que fuera a trabajar en vez de perder el
tiempo, que en el oficio de ellos no existían los feriados. Pero el 35
retrucaba con altivez que en ese día no cargaría con las valijas de nadie, que
era su día e iba a festejarlo. Y ahora tenía el gran día por delante.
Su día. . . Primero quiso bañarse para sentirse a la altura de la jor
nada. El agua estaba helada, radiante, lujuriosa, y un sol enorme y frío había
irrumpido allá afuera. Después se afeitó. Su barba no era más que una pelusa
medio rubia pero asimismo fue a buscar la navaja de los sábados, que su padre
le había dejado en herencia, y se afeitó. Desnudo de cintura hacia arriba,
porque su mamá andaba por allí, veía reflejarse de vez en cuando en el espejito
sus músculos violentos, desarrollados exageradamente en los brazos, el pecho y
el cuello, por el esfuerzo coti diano de cargar grandes pesos. El 35 tenía un
aire glorioso y estúpido. Pero él se complacía viéndose, al afeitarse, aquellos
músculos intem pestivos.
Se rasuraba despacio porque estaba pensando. Lo había ganado la
esperanza de que, en ese día ocurriese una gresca mayor, en la que terminase
descargando unos formidables puñetazos en la trompa de los policías. No es que
tuviese ningún resentimiento especial contra ellos; era apenas la resonancia
vaga de aquel día. Con sus veinte años fáciles, el 35 sabía, más por la lectura
de los diarios que por propia experiencia, que el proletariado era una clase
oprimida. Y los diarios habían anun ciado que se esperaban grandes “motines”
en aquel Primero de Mayo, en París, en Cuba, en Chile, en Madrid.
El 35 apuró la navaja en un impulso de puro amor. Era en Madrid, en
Chile, que él no se acordaba bien si quedaba en América, donde estaba su gente.
. . Un impulso piadoso, un beso desbordaba su cuerpo, ganas de proteger típica
de macho, que lo hacía remontarse hasta tierras no sabidas, defenderlas,
combatir por ellas y vencer. . . ¿Comunis mo?. . . Sí, quizá se tratara de
eso. Pero el 35 no estaba seguro, las noticias lo aturdían, los diarios decían
tantas cosas, eran tan opuestas las cosas que afirmaban de Rusia; unos que era
sublime, los otros que eran horrenda, y el 35, infantil como era, se sentía
demasiado golpeado por la experiencia como para no dudar de unos y otros; y la
verdad sea dicha, el 35 desconfiaba. Prefería la gresca porque no tenía miedo
de nadie, ni del Camera 24; ah, un puñetazo bien colocado en la trompa de un
policía. . . Volvió a apurar la navaja. Pero, de pronto, el 35 no pensó en nada
más por culpa de aquel bigotito cinematográfico que era el tesoro más precioso
de su ser. Recordó aquella muchacha del aparta mento; es cierto que no había
vuelto a pasar por allí para ver si ella quería otra vez, ¡linda loca! Se rió.
Finalmente, el 35 salió. Estaba hermoso. Con la ropa negra de lujo, un
nudo mal hecho en la corbata verde con rayitas blancas y aquellos admirables
zapatos de cabritilla amarilla que no pudo dejar de comprarse. El verde de la
corbata, el amarillo de los zapatos, bandera brasileña, los años de escuela. .
. Y el 35 se estremeció en un trago fuerte de saliva, enamorado de su inmenso
Brasil, enorme coloso gigante 25. Caminó rápidamente, silbando. De golpe se
detuvo, asustado, y trató de orientarse. El camino que debía tomar no era ése,
ése era el camino del trabajo.
Una punzante sensación de incertidumbre le devolvió la conciencia de que
era Primero de Mayo; él lo estaba celebrando y no tenía nada que hacer. Bueno,
primero decidió ir al centro para arreglar un asunto. Iba a seguir por donde
había tomado: el camino era un poco más largo, pero aprovecharía de paso para
acercarse a la Estación de la luz a dar un saludo festivo a los compañeros
trabajadores. Allí llegó, gesticuló el saludo festivo, pero se sintió mal
porque los otros se rieron de él, cretinos. Luego, en el centro, no encontró
nada, todo estaba cerrado a causa del gran día Primero de Mayo. Había poca
gente en la calle. Debían estar almorzando ya para llegar temprano al
maravilloso partido de fútbol ele gido para celebrar el gran día. Lo que sí se
veía por todos lados, eran policías, en cada esquina había uno, frente a las
puertas cerradas de los bares y cafés, delante de las joyerías, ¡a quién se le
iba a ocurrir robar!, frente a los bancos, en las casas de lotería. El 35
volvió a sentir que odiaba a los policías.
como no logró encontrar a
ningún conocido, resolvió comprar el diario para enterarse de lo que sucedía.
Decidió entrar a un bar y tomar un café con leche mientras leía. Pero la
mayoría de los bares estaban cerrados y el 35 concluyó entonces que era preferible
guardarse aquellos centavos porque nadie podía saber lo que podía llegar a
ocurrir. Lo más
práctico era un banco de plaza, bajo aquel sol espléndido. ¿Nubes? Ape
nas unas nubecitas blancas, ondulando en el aire feliz. Insensiblemente, el 35
se fue encaminando nuevamente hacia el Jardim da L u z 26. Era la zona que él
conocía, la zona en que trabajaba y donde se movía con más comodidad. De pronto
recordó que allí mismo, en el centro, podía encontrar un banco de plaza que le
quedara más cerca, en los jardines de Anhangabaú *. Pero al jardim da Luz lo
conocía mejor. Pensó que su predilección por esa zona se debía a que Jardim da
Luz era más lindo. Y siguió andando a paso de feriado.
Al cruzar la estación, volvió a encontrar a sus compañeros trabajando.
Aquello le produjo un profundo malestar, una sensación que no podía definir
bien, algo así como arrepentimiento, tal vez, irritación frente a los
compañeros, no sabía. Tampoco se empeñó demasiado en definir lo que estaba
sintiendo. . . De todos modos, disimuló bien su inquietud, siguió de largo,
aparentando estar muy apurado, volviéndose hacia ellos con el brazo amenazador,
“¡ya van a ver ustedes!”. Pero una risa aquí, otra más allá, una frase a lo
lejos, le mostraron que los cargadores, sus compañeros, se estaban burlando él,
de él que era tan buen amigo. El 35 se sintió imbécil, imposible negarlo,
estaba humillado. Odió a sus compañeros.
Apuró el paso, entró a la plaza que estaba enfrente, el primer banco era
la salvación, se sentó. Pero allí podía verlo alguno de sus compañeros y
burlarse más todavía, sintió rabia. Buscó al fondo de la plaza, un banco
escondido. Vio pasar algunas negras disponibles. El 35 tuvo entonces una idea
no muy pensada, rechazada, de que él también era una espe cie de negra
disponible. Pero no lo estaba, estaba de fiesta; nunca podía creer que
estuviese disponible y no lo creyó. Abrió el diario. Había un artículo muy
lindo, corto, que hablaba de la nobleza del trabajo, de los obreros que eran
también los “artífices de la nación”; exactamente, pensó el 35. Se sintió
orgulloso, conmovido. Si le pedían que matase, en ese instante él mataba,
robaba, trabajaba gratis, arrebatado por un sublime deseo de fraternidad, todos
los hombres unidos, todos buenos. Después seguían las noticias. Se esperaban
“grandes manifestaciones” en París; el 35 se llenó de rabia. Temblando, dejó
casi de respirar, queriendo “mo tines” con todo el cuerpo (debía ser la sed de
gresca), sintiendo que su desmesurada fuerza física le pedía la trompa de
algún. . . ¿policía? Sí, de algún policía. Por lo menos eso, algún policía
sinvergüenza dónde descargarse.
Los titulares del diario eran claros: en Sao Paulo, la Policía había
prohibido manifestaciones callejeras y paseos, aunque vagamente se había
aludido a motines vespertinos en el Lago da S é 27. Pero la policía ya había
tomado todos los recaudos necesarios, incluso había apostado ametralla
El valle de Anhangabaú es
uno de los puntos más céntricos de la ciudad de Sao Paulo (N . del T .).
doras en los lugares estratégicos, en el edificio del diario, en los
rascacie los; el 35 sintió frío. El sol, brillante, quemaba. ¿Sería el banco,
que estaba en la sombra? Quizá; la Municipalidad, para evitar el espectáculo
que daban las parejas, volvía a colocar los bancos siempre al sol. Y como si
fuera poco, aquella incontable cantidad de guardias y policías vigilán dolo
todo al punto de que si uno insinuaba nomás un gesto agresivo, ¡zas! le caían
encima. ¡Pero la Policía tenía que permitir la gran reunión proletaria, con
discurso del ilustre Secretario del Trabajo, en el magní fico patio interno
del Palacio de las Industrias, lugar cerrado! La sensa ción que tuvo entonces
fue claramente negativa. ¡No era miedo, pero por qué debían ser acorralados de
esa manera! ¡Exactamente! ¿Para qué sino para que después ellos pudieran
caerles encima (palabrota)? ¡No iré? ¡No soy idiota! Quiero decir: ¡Voy a ir!
¡Qué diablos! (palabrota), trompadas, una visión tumultuosa, se vio cayendo al
suelo, se vio lasti mado pero no le importó; vio salir a todos enfurecidos del
Palacio de las Industrias; los vio incendiar el Palacio de las Industrias 28.
¡No! la in dustria somos nosotros!, “los artífices de la nación”; incendiaron
entonces la iglesia de San Bento que estaba cerca y tan linda por dentro, ¡pero
para qué tanto incendio! (El 35 había llegado a hacer la primera comunión
cuando niño. . . ) , lo mejor era no incendiar nada; lo mejor será ir al
Palacio del Gobierno, le hacemos al Gobierno nuestras exigencias, vamos a ver
al general de la Región Militar, debe ser gaúcho 29, los gaúchos siempre son
militares, le incendiamos el palacio y listo. El 35 estuvo de acuerdo con eso,
no porque estuviese imbuido del menor espíritu separatista 30 (¿y lo aprendido
en la escuela?) sino porque nutría desde siempre una especie de despecho porque
Sao Paulo había perdido en la revolución del 32. Sensación, por lo demás, casi
deportiva, asunto de Palestra-Corintians 31, cabeza hinchada, no que él fuese
capaz de matarse por una revolución supuestamente democrática ¡vamos! El 35
advirtió que se derretía todo por “dentro”, ganado por un generoso espíritu de
sacrificio. Estaba otra vez inundado de piedad, moriría sonriendo, ah, morir. .
. Tuvo una nítida, vergonzosa sensación de pena. Morir siendo lindo, tan joven.
La muchacha del apartamento. . .
Se salvó volviendo a leer rápidamente. ¡Oh! Los diputados trabalhis-tas
* empezaban ahora a trabajar a las nueve, y el diario invitaba (sic) al pueblo
a concurrir a la Estación del Norte 32 (la estación rival, veri ficó
descorazonado) a recibir a los grandes hombres. Se incorporó obe diente, buscó
el reloj de la torre de la Estación de la Luz ¡qué lástima! ¡Ya no quedaba
tiempo! Aunque quizás. . .
Salió corriendo, festivo, sin darse cuenta, se raspó el espléndido
zapato con la punta de un ladrillo del cantero (palabrota), se detuvo y derramó
un poco de saliva en el raspón, después lo lustró, tomo el tranvía que iba
Relativo al Trabalhismo.
Bajo este concepto se entiende el conjunto de opinio nes, o la corriente
doctrinaria, que dio forma al Partido Trabalhista (de los traba jadores) (N .
d elT .).
al centro, pero dio una vuelta para no pasar delante de los compañeros
de la Estación. ¡Qué alborozo por dentro!, todavía tendría tiempo de aplaudir a
los oradores. Tomó un segundo tranvía en dirección a Bras 33. No iba a llegar a
tiempo, se daba cuenta, ya eran casi las nueve cuando llegó al centro; al pasar
por el Palacio de las Industrias, el reloj de la torre indicaba las nueve y
diez, pero el tren de la C entral34 siempre se atrasa, quién sabe con un
poquito de suerte. . . a las dos estaré aquí; no me lo puedo perder, debo ir,
son nuestros diputados los que hablarán en ese congreso, debo ir. Los diarios
no decían nada de los trábalhistas,
solamente hablaban de uno que despotricaba mucho contra la religión y
exigía el divorcio; al 35 el divorcio le parecía necesario (la muchacha
del apartamento. . . ) , pero según los diarios todos se habían reído
del hombrecito “vosotros, burgueses”, y todo el mundo, comentaban los dia
rios, terminó burlándose de tal diputado. Y el 35 terminó por no encon trarle
ninguna gracia. Hasta llegó a enfurecerse con él, lo que se merecía era una
buena trompada. Y ahora estaba rogando para no llegar a tiempo a la estación.
Llegó tarde. Un poquito tarde, nada más; eran apenas las nueve y cuarto.
Pero no había un alma, no se encontró con la multitud que espe raba, y todo
parecía normal. Conocía a algunos cargadores del lugar y fue a preguntarles.
No, no habían visto nada, salvo aquel grupito que se detuvo en la puerta de la
Estación y sacó unas fotografías. Otro cargador aseguró que se trataba de los
diputados, porque habían tomado aquellos dos sublimes automóviles oficiales. No
había habido acto.
Al llegar a la esquina, el 35 se detuvo para tomar el tranvía, pero dejó
pasar varios. Era tan sólo un jovencito aparatosamente pulcro que con toda
seguridad andaría buscando empleo por ahí mirando la calle. Pero de pronto
sintió hambre y se reencontró. Había por dentro, dentro de él, un desmoronarse
nebuloso de ilusiones, de fervor, y unos rayos fuertes de remordimiento. Se
sentía tan incómodo, casi infeliz. . . ¡Pero cómo advertir todo eso si lo que
él necesitaba era no percibirlo!. . . El 35 se dio cuenta de que era hambre.
Decidió regresar a pie a su casa; lo hizo, caminó mucho, penosamente
empeñado en encontrarle interés al día. Lo que tenía era hambre, segu ro;
comiendo se le pasaría. Todo era un desierto, por el feriado, claro, Primero de
Mayo. Sus compañeros estaban trabajando, de vez en cuando una carga, y el resto
eran charlas divertidas, ver pasar a las mujeres, comentarlas, chistes fuertes
con las mulatas de la zona, pero únicamente con las que eran bien limpias y más
caras, porque él ganaba bien, todos lo encontraban simpático, ¿por qué diablos
será que hoy me dio por recordar aquella muchacha del apartamento?. . . La
verdad que una muchacha viviendo sola en un apartamento, no es para menos. En
todo caso, no era una mala idea ir allá a terminar el día. ¿Pero con qué
pretexto?. . . Debió haber ido a Santos 35, al picnic de la Casa de Deco
ración, doce mil réis la invitación, pero el Primero de Mayo. . . Había
dicho que no; se había negado repitiendo el “no” con rabia, de repente,
sorprendido, desconociéndose la raíz de ese ataque de furia que le había dado.
Entonces logró imaginarse aquel picnic monstruo, aquel partido de fútbol que
los apasionaba a todos y, claro, así no quedaba nadie para celebrar el Primero
de Mayo; se sintió muy triste, desamparado. Es mejó que tome por esta calle. Y
de eso el 35 se dio cuenta perfectamente, tomar allí no era lo mejó; al
contrario, se alejaba más. Ahora él ya no podía engañarse diciéndose que era
para no pasar por la Estación de la Luz y que sus compañeros no se rieran de él
otra vez. Entonces dio la vuelta; dio la vuelta con el corazón sofocado por una
angustia indecible, a merced de un poderoso viento interno que lo empujaba
hacia sus compañeros, a unirse a ellos, charlar, quién sabe, trabajar. . . Y
cuando la madre le puso aquella espléndida macarronada celebratoria sobre la
mesa, el 35 hubiera querido negarse, “no tengo hambre, mamá”. Pero la voz se le
murió en la garganta.
No era todavía la una de la tarde y el 35 ya desembocaba en el parque
Pedro I I 36 otra vez, frente al Palacio de las Industrias. Estaba inquieto
pero somnoliento, qué solazo tremendo, era por él que estaba así. Ya no podía
ocultárselo: se sentía un desgraciado, la soledad enorme lo lasti maba con
fuerza. El parque, por lo demás, ya presentaba un ajetreo intenso. Se veían
decenas de obreros; eran obreros endomingados, deam bulaban por allí,
indecisos, con aire de incertidumbre. Entonces, en las proximidades del
palacio, los grupos empezaron a apiñarse, conversando bajito, como
intercambiando melancólicos secretos. Había policías por todos lados.
El 35 se encontró con el 486, un policía37 casi amigo que hacía guar
dia en la Estación de la Luz. El 486 se las había arreglado para no trabajar
aquel día; decía que era anarquista, pero en el fondo era un cobarde.
Conversaron afectando más interés recíproco del que en realidad sentían, un
poco sobre el Primero de Mayo, otro poco sobre el “motín”. El 486 era un
valentón con la boca, pensó el 35. Se detuvieron justo enfrente al Palacio de
las Industrias; la gente se agolpaba en las ventanas, se veía que no eran
obreros, seguramente eran diputados trabalhistas, había hasta muchachas, se
notaba que eran distinguidas, todos miraban hacia el lado del parque donde
estaban ellos.
Fue una nueva sensación tan desagradable que a él le dieron ganas de
alejarse, huyendo casi de los policías, centenares de policías, luego moderó su
andar como si estuviera paseando. En las calles que circun daban el parque
había grupos montados, cinco, seis, escondidos en la esquina, no queriendo
ostentar su fuerza y ostentándola. ¡Los policías no eran de temer; ¡son unos
(palabrota)! El palacio parecía una fortaleza engalanada, ¡ni qué pensar lo que
debía ser por dentro!. . . El 486, en tonces, exaltadísimo, describía cosas
peores: masacres horrendas de “pro letarios” que se hacían allí dentro;
describía todo con la vivacidad de los
temerosos, el patio cerrado, diez mil proletarios en el patio y los
policías allá arriba en las ventanas, apuntando a las cabezas tranquilamente.
Fue entonces cuando aquellos tres hombres bien vestidos que se veía que
no eran obreros, se dirigieron a los grupos de paseantes gritándoles en voz
alta: “¡Acérquense! ¡Pueden entrar! ¡No tengan vergüenza!” ha blándoles con
voz de mando. El 35 sintió un miedo inocultable. ¡Cual quier día iba a entrar!
Hizo como los otros obreros: era imposible así, sueltos, desobedecer a los tres
hombres bien vestidos, con voz de mando; se veía que no eran obreros. Todos,
obedeciendo, fueron acercándose a las escalinatas, pero la mayoría de ellos,
lejos de la vista de los tres hom bres, desviaban su camino e iban a
dispersarse por entre las alamedas más apartadas del parque.
Esos movimientos colectivos de rechazo
despertaron la cobardía
del
No era miedo, ya que él se
sentía fortísimo, era pánico. Era un forcejear unánime, un impulso fraternal,
era una caricia dolorosa a todos aquellos compañeros fuertes tan débiles que
estaban allí también
para. . . ¿para celebrar?, para. . . El 35 ya no sabía para qué. Pero el
palacio era demasiado imponente con sus torres y esculturas, y aquel montón de
gente bien vestida en las escalinatas, observándolo (tuvo la intuición violenta
de que estaba ridiculamente vestido), y el enclaus-tramiento en la casa
cerrada, sin espacio alguno para la libertad, sin calles abiertas para avanzar,
para escapar de la policía montada, para luchar. . . Y los policías
plácidamente apostados en las ventanas, ha ciendo blanco con toda comodidad;
sintió odio hacia el 486 ¡cobardón idiota! De repente el 35 pensó que él era
joven, que debía sacrificarse: si hubiese un modo bien evidente de entrar al
palacio sin miedo, todos seguirían su ejemplo. Pensó y no lo hizo. Se sentía
tan oprimido, se había desfibrado a tal punto llevando adelante su farsa
socialista en aquella desorganización trágica, que el 35 se sintió rotundamente
deso lado. Era capaz de piedad, de amor, de fraternidad, y nada más. Era una
zarza ardiente, pero no era otra cosa que sentimiento puro.
Un sentimiento profundísimo, quemante, maravilloso pero desampa rado,
desamparado. En eso aparecieron unos de la montada, vociferando sus órdenes:
— ¡Aquí no se puede estar! ¡La fiesta es allá dentro, compadres! ¡En el
parque no se puede estar!
Cabezas chatas 38. . . Y los grupos volvieron a ponerse en marcha, de
acá para allá, recorriendo el parque vasto, con ganas, con miedo, ha blando
bajito, tragándose el miedo. Al 35 le dio tal ataque de odio, una desesperación
tan grande que no pudo contenerse, pasaba el tranvía, corrió, se trepó a él sin
despedirse del 486, con rabia del 486, con rabia del Primero de Mayo, casi con
rabia de la vida.
El tranvía iba hacia el centro una vez más. Los relojes marcaban las dos
de la tarde, seguramente los festejos estarían por comenzar, quiso volver,
tenía tiempo de sobra, tres minutos para bajar la ladera, sintió
ganas de comer. No es que tuviera hambre, pero si el 35 no encontraba
algo en qué ocuparse, reventaba. Y se quedó parado así, más de una hora, más de
dos horas, en el Largo da Sé, viendo pasar la multitud.
Dejó de sentir angustia. No pensaba, no sentía nada más. Una
incer-tidumbre acuciante, no del todo sentida, no del todo vivida, un
inexis-tir fraudulento, cínico, mientras el Primero de Mayo pasaba. La mujer de
vestido rojo fue lo único que le trajo de nuevo el recuerdo de la muchacha del
apartamento, pero él no iría hasta allá, no encontraba un pretexto, seguramente
ella no estaría sola. Nada. Era una paz tan rara, paz sin color por dentro. . .
A eso de las cinco volvió el hambre, ahora sí era hambre. Reconoció que
no había comido casi nada; era hambre nomás, y empezó a observar el mundo otra
vez. La multitud ya iba disolviéndose, frustrada, porque no había habido ni
siquiera una peleíta, ni una correría en el Largo da Sé, como se esperaba.
Había claros muy amplios, donde los grupos policiales resplandecían más. Las
otras calles del centro, ésas, entonces, estaban casi totalmente desiertas. Los
cafés, ya se sabe, habían cerrado, con el pretexto magnánimo de dar asueto
también a sus “proletarios”.
el 35 inerme, pasivo, tan
infantil, ya tan probado en la vida, no cultivó ninguna otra vanidad: se fue
encaminando, arrastrando los pies, hacia la Estación de la luz, hacia sus
compañeros, hacia sus reales domi nios. Allá en el barrio, los bares seguían
abiertos, entró en uno, tomó dos cafés con leche, comió mucho pan con
mantequilla, volvió a pedir mantequilla, tenía debilidad por la mantequilla, no
le molestaba pagar el excedente, gastó dinero, quería gastar dinero, quería
darse cuenta que estaba gastando dinero, compró una manzana bien roja
¡ochocien tos réisl la que fue comiendo con placer, hasta llegar junto a sus
compañe ros. Ellos se agruparon, serios ahora, curiosos, algo inquietos,
interrogán dolo. Sintió un deseo voluptuoso de mentir, contar cómo habían sido
los festejos, adornarlo todo, pero hizo un solo gesto (palabrota), descar
gando sobre todo lo sucedido una mueca de desdén.
Llegaba un tren y los cargadores se dispersaron, rivales ahora, reco
giendo bultos a manos llenas. El 35 se apoyó en la pared, indiferente,
apoderándose con pequeñas dentelladas cuidadosas de los restos de man zanas
que rodeaban las semillas. Se sentía cómodo, todo le resultaba familiar, como
un viejo conocido, los choferes, los viajeros. Apareció un grupo ruidoso que
llamó al 22. Iban a subir al automóvil pero al final, después de mucho
escándalo, terminaron reconociendo que todo no cabía. Eran una madre, dos
viejas, cinco niños repartidos por cuanto regazo disponible había y un marido.
Las voces de todos se fundían en una sola gritería: “¡Así no se puede! ¡Las
valijas no van a caber!”. Entonces el chofer, terminante, dijo que no llevaría
las valijas; pero ellos no qui sieron dejar las maletas de mano; las valijas
grandes, que eran cuatro, quedaron con el 22. Le gritaron la dirección y
partieron en medio de la gritería. Va a haber problemas, dijo el 35 y todos
asintieron.
El 22 era un vejete. Se quedó al borde de la vereda con aquellas cua
tro valijas pesadísimas, preparó la correa, pero se rascó la cabeza.
— Déjame ayudarte — dijo
acercándose el 35.
eligió en seguida las dos
valijas más grandes, que levantó en una
sola mano, con un satisfactorio esfuerzo muscular. El 22 lo miró, feroz,
imaginándose que el 35 iba a proponerle compartir la propina. Pero el
35, bromeando, le dio al vejete un trompazo cariñoso que bastó para
estremecerlo y hacerlo retroceder, tambaleando, tres pasos. Los dos
empe zaron a reírse y se pusieron en marcha.
EL PAVO DE NAVIDAD39
( 1942)
N U E S T R A primera Navidad en familia, después de la muerte de mi
padre, ocurrida cinco meses atrás, tuvo consecuencias decisivas para la
felicidad familiar. Nosotros siempre habíamos sido familiarmente felices, en
ese estado muy abstracto de la felicidad: gente honesta, sin crímenes, hogar
sin grandes tensiones ni graves dificultades económicas. Pero, debi do
principalmente a la naturaleza opaca de mi padre 40, ser despojado de todo
lirismo, ejemplarmente incapaz, entronizado en lo mediocre, siempre nos
faltaron estímulos para aprovechar la vida, aquel gusto por los placeres
materiales, un buen vino, una estación de aguas, compra de una heladera, cosa
así. Mi padre fue, casi dramáticamente, el pura-sangre de los aguafiestas.
Murió mi padre, lo sentimos mucho, etcétera. Cuando poco faltaba para la
Navidad, yo ya estaba que no podía más de las ganas de desha cerme de aquel
recuerdo intrusivo del muerto, que parecía haber siste matizado para siempre
la obligación de una evocación dolorosa en cada almuerzo, en cada gesto mínimo
de la familia. Cierta vez que le sugerí a mamá la idea de que fuera al cine, no
obtuve otra respuesta que sus lágrimas. ¡Dónde se vio ir al cine de luto! El
dolor ya empezaba a ser cultivado a través de las apariencias y la mímica, y
yo, que nunca había sentido nada demasiado especial por mi padre, queriéndolo
apenas por obediencia a un instinto filial, más que inspirado por la
espontanei dad del amor, me vi a punto de odiar al bueno del muerto.
Fue por eso, seguramente, que me nació, ésta sí espontáneamente, la idea
de poner en práctica una de mis llamadas “locuras”. Ese había sido, por lo
demás, y desde muy temprano, mi espléndido triunfo sobre el ambiente familiar.
Desde temprano, desde los tiempos de la secundaria, donde conseguía todos los
años, regularmente, un aplazo; desde el beso a escondidas a una prima, a los
diez años, descubierto por Tía Vieja41, una tía detestable; y sobre todo, desde
las clases que di o recibí, no sé,
de la criada de unos parientes: yo conquisté en el reformatorio del
hogar y en la vasta familia, la fama conciliatoria de “loco”. “Está chiflado,
¡pobre!” decían. Mis padres lo aseguraban con cierta tristeza condescen
diente, el resto de la parentela, buscando un ejemplo aleccionador para sus
propios hijos y probablemente con el placer de los que están conven cidos de
ser superiores. No había locos entre sus hijos. Pues bien, fue eso lo que me
salvó, esa fama. Hice todo lo que la vida me propuso y todo lo que mi ser me
exigía para realizarse íntegramente. Y me dejaron hacer todo, porque yo era
loco, pobre. De ello resultó una existencia sin complejos, de la que nada puedo
lamentar.
Era habitual en la familia, desde siempre, que nos reuniéramos para la
cena de Navidad. Cena común, pueden imaginarse: cena al estilo de mi padre,
castañas, higos, pasas de uva, después de la Misa de Gallo. Empachados de
almendras y nueces (si habremos discutido los tres her manos a causa del
rompenueces. . . ) , repletos de castañas y monotonías, nos abrazábamos y nos
íbamos a la cama. Fue recordando todo eso que me salí con una de mis “locuras”.
— Bueno, esta Navidad quiero comer pavo.
Nadie puede imaginarse la magnitud del asombro que se apoderó de todos.
De inmediato, mi tía solterona y santa 42, que vivía con nosotros, me advirtió
que no podíamos invitar a nadie a causa del luto.
— ¿Pero quién habló de invitar a nadie? Qué cosa. . . ¿Acaso alguna vez
en la vida comimos pavo? Aquí en casa se piensa que el pavo es un plato de
fiesta, que hay que invitar a toda esa parentela endiablada. . .
— Hijo, no digas eso. . .
— ¡Sí lo digo!
descargué mi helada
indiferencia por sobre nuestra parentela infi nita, dicen que descendiente de
bandeirantes *, ¡a mí qué me importa! Era el momento justo para desarrollar mi
papel de loco y pobre diablo; no perdí oportunidad. Sentí de sopetón una ternura
inmensa por mamá
y la tía, mis dos madres, tres con mi hermana 43, las tres madres que
siempre iluminaron mi vida. Siempre pasaba lo mismo: llegaba el cum pleaños de
alguien y sólo entonces se servía pavo en casa. El pavo era un plato de fiesta:
una horda inmunda de parientes ya preparados por
la tradición, invadían la casa a causa del pavo, de las empanaditas y
de los dulces. Mis tres madres,
tres días antes, ya no hacían otra cosa
que trabajar en la preparación de
dulces y fríos finísimos de tan bien
hechos; la parentela devoraba todo lo
que ponían a su alcance y como
si fuera poco se llevaba paquetitos para
los que no habían podido venir.
Mis tres madres apenas se tenían en
pie de tan exhaustas. Mamá y la
Bandeirantes:
Expedicionarios armados que partiendo por lo general de la Ca pitanía de San
Vicente (después de San Pablo), exploraban el interior del terri
torio a fin de capturar indígenas y someterlos a la esclavitud, o
descubrir minas de
metales preciosos. Fueron frecuentes las bandeiras — así llamadas porque
cada una se realizaba bajo una enseña específica— entre fines del siglo xvi y
principios del x v i i (N . delT .).
tía recién al día siguiente, antes del entierro de los huesos, probaban
un trocito de pata, vago, oscuro, perdido en la blancura del arroz. Todo lo
demás, mamá se lo servía al viejo y a los hijos. En realidad, nadie sabía de
hecho qué era el pavo en nuestra casa, el pavo resto de fiesta.
No, no íbamos a invitar a nadie, era un pavo para nosotros cinco y
basta. Y habría de ser con dos clases de farofa *: la espesa con los menuditos,
y la seca, doradita, con mucha mantequilla. La panza yo la quería rellenar
únicamente con la farofa gorda, a la que habríamos de agregar ciruelas negras,
nueces y un cáliz de jerez, como había aprendido en casa de Rose, mi gran
amiga. Está claro que omití dónde había apren dido la receta, pero todos
advirtieron que en lo que yo decía había gato encerrado. Y se quedaron
meditabundos, con aire que oscilaba entre angelical y tonto, pensando si no
sería tentación del diablo aprovechar una receta tan rica. Y cerveza bien
helada, ordenaba yo casi gritando. Lo cierto es que con mis “gustos”, ya
bastante afinados fuera de casa, pensé primero en un buen vino, completamente
francés. Pero la ternura por mamá pudo más que las pretensiones del loco; a
mamá le encantaba la cerveza.
Cuando terminé mis proyectos, me di cuenta perfectamente, todos estaban
felicísimos, deseosos de realizar aquella locura*, pero todos se las arreglaban
para presumir que yo era el único que andaba queriendo aquello y no les
resultaba nada difícil echar sobre mis hombros el far do. . . de sus deseos
enormes. Sonreían intercambiando miradas, tímidos como palomas, hasta que mi
hermana expresó de la única forma que era posible, el consentimiento general:
— ¡Realmente es una locura!. . .
Compraron el pavo, hicieron el pavo, etcétera. Y después de una Misa de
Gallo perfectamente mal realizada, tuvo lugar nuestra Navidad más hermosa. Fue
gracioso: desde el momento en que me acordé que por fin iba a lograr que mamá
comiera pavo, no pude hacer otra cosa en aquellos días que pensar en ella, amar
a mi viejita adorada 44. A mis hermanos les pasaba lo mismo, también estaban en
el mismo ritmo vio lento de amor, todos dominados por la felicidad nueva que
el pavo venía imprimiéndole a la familia. De modo que, aún disimulando las
cosas, dejé muy tranquilo que mamá cortase todo el pecho del pavo. Hubo, hay
que decirlo, un momento en el que ella se detuvo, tras dividir en porciones uno
de los lados del pecho del ave, no pudiendo resistirse a aquellas arraigadas
leyes de economía que siempre la habían condenado a una pobreza sin razón.
— ¡No, señora, córtelo entero! Yo sólo me comeré esa parte!
Era mentira. A tal punto había llegado la incandescencia del amor
familiar en mí, que era capaz de comer poco, nada más que para que los otros
cuatro pudiesen comer sin restricciones. Y el diapasón de los
* Farofa: Harina de mandioca tostada con manteca o grasa (N . d elT .).
otros era el mismo. Aquel pavo comido a solas, redescubría en cada uno
lo que la rutina ahogara por completo, amor, pasión de madre, pasión de hijos.
Dios me perdone, pero estoy pensando en Jesús. . . En aquella casa de burgueses
bien modestos, se estaba realizando un milagro digno de la Navidad de un Dios.
El pecho del pavo quedó totalmente reducido a porciones amplias.
— ¡Yo sirvo!
“¡Es un loco, realmente! ¡Qué tiene que servir, si en esta casa siempre
fue mamá la que sirvió!”. Entre risas, grandes platos llenos me fueron pasados
y empecé una distribución heroica, mientras le ordenaba a mi hermano que
sirviera la cerveza. Vi en seguida un admirable trozo de “cás cara”, lleno de
gordura, y lo puse en el plato. Y después amplias porcio nes de carne blanca.
La severa voz de mamá cortó el silencio angustiado con que todos aspiraban a su
parte del pavo.
— ¡No olvides a tus hermanos, Juca!
¡Qué se iba a imaginar, la pobre, que aquél era su plato, el de la
Madre, el de mi amiga maltratada, que sabía todo de Rose, de mis crímenes; a la
que yo sólo me acordaba de comunicar lo que la hacía sufrir! El plato quedó
sublime.
— ¡Mamá, éste es para usted! ¡No,
no lo pase!
Entonces ella no pudo más con tamaña conmoción y empezó a llorar.
Inmediatamente, lo hizo mi tía, cuando se dio cuenta que el próximo plato
sublime sería para ella, y sus lágrimas fueron un diluvio. Y mi hermana, que no
conocía hasta entonces otras gotas que las que deja caer la canilla cuando está
cerrada, se desparramó en llantos. Entonces empecé a decir un montón de
sandeces para no llorar también. Yo tenía diecinueve años. . . ¡Vaya familia
tonta que veía un pavo y lloraba! Cosas como ésas, decía. Todos trataban de
sonreír, pero ya la alegría se había convertido en un imposible. Es que el
plato había evocado por asociación la imagen indeseable de mi padre muerto. Mi
padre, con su figura ceni cienta, venía a arruinarnos nuestra Navidad. Me puse
furioso.
Bueno, empezamos a comer en silencio, enlutados, y el pavo estaba
perfecto. La carne blanda, de un tejido muy tenue flotaba agradabilísima entre
los sabores de las farofas y del jamón, de vez en cuando herida, inquieta y
otra vez deseada, por la intervención más violenta de la ciruela negra y el
estorbo petulante de los pedacitos de nuez. Pero papá sentado allí, gigantesco,
incompleto, era una censura, una llaga, la prueba de nuestra impotencia. Y el
pavo estaba tan rico, y mamá por fin sabía que el pavo era un manjar digno de
Nuestro Señor Jesucristo.
Empezó una lucha sórdida entre el pavo y la sombra de papá. Pensé que
elogiar el pavo era fortalecerlo en la lucha, y lógicamente, yo había tomado
decididamente el partido del pavo. Pero los difuntos cuentan con recursos
viscosos, muy hipócritas, para alcanzar la victoria: no bien
terminé de elogiar el pavo la imagen de papá creció victoriosa,
insoporta blemente obstruidora.
— Sólo falta tu padre. . .
Yo ya no comía, ya no podía saborear aquel pavo perfecto, de tanto que
me interesaba aquella lucha entre los dos muertos. Llegué a odiar a papá. Y ni
sé que inspiración genial, de pronto me convirtió en hipó crita y político. En
ese instante que hoy me parece decisivo para nuestra familia, tomé
aparentemente el partido de mi padre. Me fingí triste:
— Es cierto. . . Pero papá, que tanto nos quería, que murió de tanto
trabajar para nosotros, papá, allá en el Cielo, ha de estar contento. . .
(vacilé, pero decidí no volver a nombrar el pavo) contento de vernos
reunidos en familia.
todos, muy tranquilamente,
empezaron a hablar de papá. Su imagen fue decreciendo, decreciendo, hasta
convertirse en una estrellita brillante del cielo. Ahora todos comían el pavo
con sensualidad, porque papá había sido muy bueno, siempre se había sacrificado
tanto por todos nosotros, tan santo había sido que “ustedes, hijos míos, nunca
podrán pagar lo que deben a nuestro padre”. Papá se había convertido en un
santo, una imagen agradable de ser contemplada, una estrellita nada molesta del
cielo. Ya no perjudicaba a nadie, puro objeto de la contemplación más suave. El
único muerto allí era el pavo, dominador, completamente vic torioso.
Mi madre, mi tía, nosotros, todos estábamos desbordantes de felici dad.
Iba a escribir “felicidad gustativa”, pero era algo más que eso. Era una
felicidad mayúscula, un amor de todos, un olvido de otros parentes cos
entorpecedores del gran amor familiar. Y fue, yo sé que fue aquel primer pavo
comido en la intimidad de la familia, el inicio de un amor nuevo, modificado,
más completo, más rico e inventivo, más complaciente y cuidadoso de sí mismo.
Nació entonces una felicidad familiar para noso tros que, no quiero ser
excluyente, algunos la tendrán así de grande, pero más intensa que la nuestra
me resulta difícil imaginarlo.
Mamá comió tanto pavo que por un momento pensé que podía hacerle mal.
Pero en seguida me dije: ¡Y bueno! ¡Que le haga mal! ¡Si tiene que morir de
empacho, que por lo menos una vez en la vida coma pavo de verdad!
A tamaña falta de egoísmo me había transportado nuestro infinito amor. .
. Siguieron después unas uvas livianas y unos postres, que, allá en mi tierra,
llevan el nombre de “bien casados”. Pero ni siquiera este nombre peligroso fue
asociado al recuerdo de mi padre, a quien el pavo ya había convertido en
dignidad, en un hecho de naturaleza indudable, en culto puro de contemplación.
Nos levantamos. Ya eran casi las dos, estábamos alegres, estimulados por
dos botellas de cerveza. Todos se iban a acostar, dormir o dar vueltas en la
cama, poco importa, porque también es algo bueno un insomnio
feliz. La broma es que Rose, católica antes de ser Rose, prometió espe
rarme con una botella de champagne. Para poder salir, mentí, dije que iba a la
fiesta de un amigo, besé a mamá y le guiñé un ojo, que era mi manera de
contarle a dónde iba y de hacerle sufrir lo que le correspondía. A las otras
dos mujeres las besé sin guiños. ¡Y ahora, Rose!. . .
EL POZO
( 1942)
A e s o de las once de la mañana, el viejo Joaquín Prestes 45 llegó a la
pesquera. Aunque se empeñaba en mostrarse amable con el visitante que ese día
había sido invitado a la pesca, venía malhumorado a causa de aquellas cinco
leguas que se pasó corcoveando en el Ford T, sobre la pésima ruta. El
estanciero, por lo demás, tenía cara de pocos amigos, endurecido por sus
setenta y cinco años que lo momificaban en aquel esqueleto agudo y taciturno.
El hecho de que en la región había estallado la manía, por parte de los
estancieros ricos, de adquirir terrenos en la barranca del Mogi. Allí
instalaban sus pesqueras privadas. Joaquín Prestes, como no podía dejar de ser,
estuvo entre los promotores de la moda: hombre celoso de sus iniciativas, más o
menos cultor de cierta soberbia familiar —la suya había sido gente pionera en
aquellos campos altos, exploradora de tierras vírge nes. Joaquín Prestes era
ahora pionero en el establecimiento de pesqueras en la barranca fácil del Mogi.
Dueño de estancias desde que naciera, reco nocido como patrón siendo aún muy
joven, jamás había tenido que cons truir tamaña riqueza con sus propias manos.
Rico a más no poder, viajero experimentado, sin mucho que hacer, exploraba otra
clase de suelos, insos pechada por sus antepasados.
Había sido el introductor del automóvil en aquellos parajes, y si el
municipio se enorgullecía ahora de ser uno de los mayores productores de miel,
se lo debía al viejo Joaquín Prestes, que fue el primero quien pensó en
establecer allí criaderos de abejas. Dominando el alemán perfec tamente
(promover su estudio en la zona fue una de sus iniciativas malogradas) contaba
con una verdadera biblioteca de apicultura. Así era Joaquín Prestes.
Testarudísimo, más apegado al mando que a la jus ticia, era un idólatra de la
autoridad. Para adquirir su primer automóvil había ido a Europa, en aquellos
tiempos en que los automóviles eran más europeos que norteamericanos. De allí
volvió hecho una “autoridad” en
el asunto. Y lo mismo en relación a las abejas, de las que sabía todo.
En una época hasta se le había dado por reeducar a las abejas nacionales, esas
“puercas” que mezclaban la miel con el polen. Invirtió años y bas tante dinero
en eso, inventó nidos artificiales, cruzó las razas, hasta se hizo traer unas
abejas amazónicas. Y si bien mandaba a los hombres y se hacía obedecer, con las
abejas no tuvo más remedio que someterse y resignarse a que siguieran sin
educarse. Y que nadie, ahora, se le acer cara a hablarle de una inocente j e t
e í46 porque Joaquín Prestes lo apedrea ba a insultos. Ya no volvió a ser
feliz cuando llegaba el tiempo de la flo rada en los cafetales o en los
árboles frutales del pomar maravilloso. Lo amargaban completamente aquellas mandassaias,
mandaguaris, bijuris, que venían a robarle la miel de la Apis M ellifica *.
Joaquín Prestes hacía bien todo lo que hacía. Tenía tres automóviles. Un
Marmon de lujo 47 que lo llevaba de la estancia a la ciudad, de compras o a
hacer visitas. Pero como era un poco estrecho para que cupiesen cómodamente
adelante, él y su mujer que era gorda (la mujer no podía ir atrás con el
mecánico, ni éste adelante y ella atrás), encargó que le hicieran un
Rolls-Royce a la medida, con dos asientos delanteros que parecían sofás de un
hall; pagó por él más de cien contos **. Y ahora, por culpa de la pesquera y
del camino nuevo, se había comprado un Ford T corcoveante; todos los días se le
rompía alguna pieza, y su mal humor era constante.
¡Y hubo una cosa más en la que Joaquín Prestes fue pionero entre los
estancieros! Se le había ocurrido hacer construir en la pesquera una casa de
verdad, de ladrillo y teja, si bien no pretendía pasar allí más que las horas
diurnas, tanto era el miedo a la malaria. Pero, si quería, allí podía
descansar. Y se perfilaba, a medida que iba alzándose, casi como una casa
grande ***, con un cuarto para el patrón, un cuarto para algún invitado, el
amplio comedor, el balcón cubierto, tela por todas par tes para evitar los
mosquitos. A lo único que renunció fue al sistema de aguas corrientes porque
costaba un ojo de la cara. Pero la casita 48, detrás de la residencia, hasta
era un lujo, toda de madera lustrosa, pinta-dita de verde para confundirla con
los papayos, los cerdos de raza en la parte más baja (¡jamás eso de cavarles
una fosa!), y el jarrón de esmalte y tapa. En una parte no tocada del terreno,
ya pastaban entre los pastos nuevos cuatro vacas y el marido, a la espera de
alguien que quisiese un trago de leche caracú 49. Y ahora que la casa estaba
casi lista, su huerta poblada y unos lindos girasoles adelante, Joaquín Prestes
no podía seguir
En latín, en el original (N
. d elT .).
Cada conto equivalía a 1 0
.0 0 0 réis. El réi o rey fue la unidad
monetaria del
Brasil desde los tiempos de la colonia hasta ya entrado el siglo xx,
cuando se lo reemplazó por el cruzeiro (N . d elT .).
Casa-grande era y sigue
siendo el nombre dado a la residencia de los señores en las grandes haciendas
brasileñas. Por oposición a la casa grande estaba, hasta el siglo xix, la
senzala, especie de galpón donde dormían los esclavos (N . del T .).
contentándose con el agua de la heladera, traída siempre en el Ford
dentro de dos termos voluminosos; había mandado a abrir un pozo.
Los encargados de hacerlo fueron hombres de la misma estancia, cuatro de
esos peones que entienden un poco de todo. Joaquín Prestes era así. Tenía diez
sombreros extranjeros, hasta un panamá que valía un conto de réis; otra de sus
características eran las medias, no usaba otras medias que las que le hacía su
mujer; “para economizar” decía. Además de aque llos cuatro peones que cavaban
el pozo, había dos más que estaban afa nándose en la terminación de la casa, y
los martillazos monótonos llegaban hasta la fogata encendida junto al pozo. Y
todos muy descontentos, mu chachos de zona rica y bien servida por el
progreso, arrojados allí, en aquel cebadero de malaria. Obedecieron,
dependientes como eran, pero corroídos por la disconformidad.
El único que entendía que por fin sus cosas se iban encaminando era el
cuidador, ese paisano cabal, bagre perezozo de las costas del río, devoto
eterno de la malaria, el aguardiente y la guitarra, más la mujer y cinco hijos
raquíticos. El ahora, si quisiera, tendría leche, huevos frescos y verduras en
cantidades. Pero le bastaba con saber que podía contar con ellos. Seguía
comiendo porotos con harina y la carne seca de los do mingos.
Había soplado un frío terrible en ese fin de julio, bien diferente de
los inviernos de aquella zona paulista, siempre secos en los días claros y
soleados, y las noches de una nitidez sublime, perfectas para quien puede
dormir al calorcito. Pero aquel año, unas lluvias diluvianas inun daban todo,
el cuero de las billeteras se enmohecía en el bolsillo y el café se pudría en
el suelo.
En la pesquera, el frío se había vuelto feroz, lavado por aquella
humedad maligna que, además de los peces, era lo único que el río sabía
entregar. Joaquín Prestes y su visitante fueron acercándose a la fogata de los
peones, quienes de inmediato se incorporaron, estrujando el som brero en la
mano, buenos días señor, buenos días señor. Joaquín sacó el reloj del bolsillo,
con mucha lentitud, examinó detenidamente la hora. Sin censura aparente,
preguntó a los peones si todavía no habían em pezado a trabajar.
Los peones respondieron que sí, pero que con aquel tiempo nadie podía
aguantarse mucho rato dentro del pozo prosiguiendo la perforación. Les pareció
que lo mejor era hacer otra cosa y habían ido a dar una mano en la terminación
de la casa.
— Yo no los traje aquí para hacer la casa.
Los peones estaban terminando el café del mediodía. Se espaciaron las
frases, incómodos, ya no sabían ni cómo estar parados. Los silencios se
hicieron largos y desagradables. Pero el viejo Joaquín Prestes seguía
impasible, esperando más explicaciones, sin dar el menor indicio de comprender
ni de disculpar a nadie. De los peones, el más aplomado era un mulato, esbelto,
fortísimo, de muy oscuro color. Todavía no había
hablado. Pero fue él quien terminó inventando una manera humillante de
ocultar la culpa inexistente, dándole un poco de felicidad al dueño. De pronto
comentó que ahora el trabajo se había vuelto todavía más difícil porque
finalmente el agua había empezado a brotar. Joaquín Pres tes se sintió
satisfecho, era evidente, y todos suspiraron de alivio.
— ¿Sale mucho?
— El agua viene con fuerza, sí señor.
— Pero hay que cavar
más.
— ¿Cuánto más calculan que tendrán que cavar?
— Y . . . unos dos palmos más.
— Palmo y medio, Zé.
El mulato, contrariado, se dio vuelta hacia el que había hablado, un
muchacho blanco, menudo, de color enfermizo.
— Usté, marcó, mano. . .
— Sí, marqué. . .
— Entonces con dos días más de trabajo tendré agua suficiente. Los
peones se miraron. Fue José quien volvió a hablar:
— Bueno. . . yo no sé, hay mucho barro. . . El pozo es hondo; de
nosotros el único liviano es él. No hay otro que pueda bajar. . .
— ¿Cuánto mide?
— Cuarenta y cinco palmos.
— ¡Diablos! exclamó Joaquín Prestes. Pero luego se quedó mudo, su mido
en su reflexión. Era evidente que estaba muy lejos, a solas consigo, decidiendo
algo esencial. Después pareció que dejaba de pensar, entre gándose con
minuciosa lentitud a liar un cigarrillo de paja. Los peo nes esperaban,
envueltos por aquel silencio que los despreciaba, inso portable así. El
muchacho menudo, de color enfermizo, no pudo más, como si se sintiera culpable
de ser él el más liviano de todos. Súbita mente dijo:
— Si es por mi culpa no; Zé, que yo bajo bien.
José volvió a mirar a su hermano con ojos enfurecidos. Iba a decir algo
pero se contuvo mientras otro tomaba la delantera.
— ¡Pero cómo va a seguir haciendo el trabajo en medio de esa hume dad
terrible!
— Si por lo menos pudiéramos turnarnos; claro que. . . — murmuró el
cuarto, también regularmente liviano de cuerpo pero nada dispuesto a
sacrificarse. Y decidido, agregó:
— Con toda esta llovedera la tierra está demasiado blanda y se hunde.
¡Dios te libre!. . .
Entonces José ya no pudo aplazar el presentimiento que lo invadía y
protegió a su hermano:
— ¡Tás loco, mano! ¿olvidaste tu enfermedad?. . .
La enfermedad; nunca la llamaba por su nombre. El había dicho que Albino
andaba mal del pecho 50. Claro, hay que explicar eso de que uno de los dos
hermanos fuera mulato y el otro blanco. El padre, un español,
se había unido primero con una negra del litoral, y cuando ella murió
cambió de gusto, se vino hacia la zona del litoral paulista a casarse con una
muchacha blanca. Pero la mujer había muerto al dar a luz a Albino, y el
español, siempre amigo de los cambios, volvió a casarse aunque esta vez con el
aguardiente. José, ya crecido, dentro de todo soportó bien la orfandad, pero
Albino, del que sólo se ocupaban, cuando se acordaban de él las mujeres de los
colonos vecinos, comió tierra, tuvo tifus, escarla tina, disentería,
sarampión, tos convulsa. Cada año tenía una enfermedad nueva y el padre volvía
a reprenderlo cada enero: “Vamos a ver qué otra porquería te pescas este año!”
y bebía más. Hasta que desapareció para siempre.
Albino tuvo, aunque más no fuera para demostrar la razón que tenía el
hermano, un fuerte acceso de tos. Y Joaquín Prestes dijo:
— ¿Ya se te acabó el remedio?
— Todavía me queda algo, señó.
Era el propio Joaquín Prestes quien le compraba el remedio a Albino y se
lo obsequiaba, sin descontárselo del sueldo. En cambio le descontó los tres mil
quinientos reis de costo de una vidriera que el muchacho había roto. Pero, en
última instancia, era, como vemos, capaz de subirse al M armón y darse una
vuelta hasta el pueblo nada más que para comprar aquel fortificante extranjero.
“¡Un platal!”, protestaba. Y tenía motivos: costaba dieciocho mil réis.
Con el rumbo que había tomado la charla, los peones se dieron cuenta que
todo se iba encauzando del mejor modo posible. Uno comentó:
— Vamos a ver si sale el sol y seca un poco el barrial. Entonces Albino
podrá bajar al pozo.
Albino se sintió humillado por su condición de enfermo y repitió
agresivo:
— ¡Yo puedo bajar en cualquier momento, ya lo dije!
José estuvo a punto de decir algo pero refrenó el impulso y miró con
odio a su hermano. Joaquín Prestes afirmó:
— Hoy el sol no va a salir.
El frío era terrible. El café hirviente, servido por la mujer del cui
dador, no reconfortaba en lo más mínimo de la humedad que corroía los huesos.
El aire sombrío cerraba los corazones. No se veía volar un solo pájaro, a lo
sumo algún pío lastimero venía a derramar más tristeza sobre el día. Apenas se
alcanzaba la cuesta de la barranca, el río no se veía. Era una franja sucia de
niebla, que vista en la distancia parecía intransponible.
La afirmación del estanciero había descargado de nuevo sobre el ambiente
un clima aprensivo. El que estuvo de acuerdo con él fue el cuidador, quien se
acercó. Se tocó levemente el sombrero, se frotó con fuerza las manos, rumor de
lija sobre el fuego. Bajo, con voz taciturna, propia de alguien encariñado con
aquel clima malo, dijo:
— Hoy no hay pesca.
Nada más se dijeron. Por fin el patrón, alzando un busto impresio
nantemente puntiagudo, se enderezó, rígido, y todos se dieron cuenta de que él
ya había decidido todo. De mala gana, sin mirar a los peones, ordenó:
— Bien. . . a continuar todos la casa; ustedes ganan.
La última reflexión del estanciero pretendía ser cordial. Pero había
sido cortante. Hasta su huésped se sintió herido. Los peones, en un abrir y
cerrar de ojos, se dispersaron, pero antes de que desaparecieran, volvió a
oírse la voz de Joaquín Prestes:
—Tú, Albino, acompáñame: quiero ver el pozo.
Se quedó allí unos segundos más impartiendo órdenes. Había que intentar
una jugada así mismo. Finalmente arrojó la colilla del cigarrillo a la fogata,
y con el visitante se dirigió hacia el promontorio, a unos veinte metros de la
casa, donde estaba el pozo.
Albino ya se encontraba allí, retirando con mucho cuidado las tablas que
cubrían la abertura. Joaquín Prestes pretendía que ni siquiera du rante la
construcción cayeran cosas a la futura agua que él iba a beber. Finalmente no
quedaron más que aquellas tablas anchas, largas, de cábreúva 51 que impedían
que la tierra de los bordes se desmoronara. Y además estaba aquel aparato
primario, que “no era muy vistoso ni el definitivo”, según le explicó
rápidamente Joaquín Prestes al visitante, ya que servía por ahora para que
bajaran los peones al pozo y subieran tierra.
— ¡No pise ahí, don Prestes! — gritó Albino asustado.
Pero Joaquín Prestes quería ver su agua. Con más cuidado, se arro dilló
en una de las tablas del borde y afirmando bien las manos en otras dos que
atravesaban la boca del pozo y servían apenas para apoyar los baldes 52,
adelantó el cuerpo para asomarse. Las tablas se arquearon. De pronto, haciendo
un movimiento angustiado, gritó:
— ¡Mi lapicera!
Se alzó con ímpetu y sin preocuparse por apartarse de aquella bocaza
traicionera, miró a los peones con indignación:
— ¡Carajo! ¡Con lo mucho que quiero mi lapicera a fuente! ¡Les pido que
comprendan: no me resigno a perderla! ¡Alguien va a tener que bajar allí a
buscarla! ¡Llama a los otros, Albino! ¡Y rápido! que con el barro revuelto como
está la lapicera se debe estar hundiendo!
Albino fue corriendo. Los demás peones vinieron de inmediato, solí
citos, ya nadie era capaz de escabullir el bulto ni nada por el estilo. Para
ellos era evidente que la pluma del patrón no podía quedar allí dentro. Albino
ya se estaba sacando los zapatones y la ropa. En un segundo estuvo desnudo de
la cintura hacia arriba, se arremangó el pantalón. También fue un segundo, lo
que bastó para que todo lo demás estuviera listo, especialmente la cuerda con
el nudo grueso donde el muchacho habría de afirmar los pies al hundirse en la
oscuridad del agujero. José
y otro, firmes, sostenían la garrucha. Albino tomó rápidamente la
cuerda, se aferró a ella, balanceándose en el aire. José miraba, atento:
— Cuidao, mano. . .
—Date vuelta.
— Albino. . .
— ¿Ño? 53
— . . . trata de no dejar la cuerda, así no pisas la lapicera. Pasa la
mano suavemente sobre el barro. . .
— Creo que lo mejor va a ser cruzar un palo en la cuerda para afirmar
los pies.
— ¡No digas tonterías, hermano! ¡Sigue dándome cuerda!
José y el compañero obedecieron; Albino desapareció en el pozo. La
roldana gimió, y a medida que la cuerda se desenrollaba el quejido fue en
aumento, hasta que se convirtió en un aullido lacerante. Todos estaban atentos;
de pronto se escuchó el grito de aviso de Albino, que llegó apagado hasta la
superficie. José dejó de operar con la garrucha y apoyó en ella su pecho.
Todos esperaron, inmóviles. Joaquín Prestes y su amigo, se asomaban al
fondo, medio olvidados de que la tierra de los bordes podía desmo ronarse.
Pasó un minuto, luego otro, la tensión era agobiante. Pasó más tiempo y José no
se contuvo. Mientras se aferraba firmemente con la mano derecha al manubrio de
la garrucha, los músculos saltaron en el brazo magnífico. Se inclinó cuanto
pudo al borde del pozo:
— ¿La encontrasteeee? No hubo respuesta.
— ¡Encontraste, manoooo!. . .
Pasaron unos segundos más. El visitante no pudo soportar tanta an
gustia y se alejó con el pretexto de pasear un poco. La voz del pozo, en un
tono sordo, irónicamente suave, se dejó oír arriba en algo parecido a un “no”.
Los minutos pasaban, ya nadie toleraba la ansiedad. Albino debía estar
perdiendo las fuerzas, pegado a aquella cuerda, en cuclillas, pasando la mano
sobre el barro cubierto de agua.
— Jo sé .. .
Volviéndose hacia él y dándose cuenta dónde estaba el viejo, José no
esperó la orden que seguramente iba a darle e increpó ásperamente al patrón:
— ¡Salga de ahí, don Prestes; la tierra puede soltarse! Joaquín Prestes
se alejó de mala gana. Después prosiguió:
— Grítale a Albino que se pare en el barro, pero que se pare en un solo
lugar— . José se apresuró a trasmitir la orden. Sacudió la cuerda. Y ahora,
aliviados, los peones intercambiaron algunas palabras. Al flaco, que sabía
leer, no se le fue a ocurrir mejor cosa que decir que en el diario que vendían
en el almacén de la estación se hablaba del caso del “Sepul tado de Campiñas”.
El otro se confesó pesimista con respecto a la lapicera, pero poco, para no
disgustar al patrón. José mudo y cabizbajo, había
clavado los ojos en el suelo, reconcentrado. Pero la experiencia les
decía a todos los que estaban allí que la pluma se había metido en el barro
blando y que para encontrarla lo primero que había que hacer era agotar el agua
del pozo. José alzó la cabeza decidido:
— Así no vamos a conseguir nada, patrón; hay que secar el pozo. Joaquín
Prestes estuvo de acuerdo. Le gritaron a Albino que subiese. El
insistió todavía unos minutos. Todos esperaban en silencio, irritados
por aquel empecinamiento de Albino. La cuerda volvió a agitarse, llamándolo.
Luego José aferró el manubrio de la garrucha y gritó:
— ¡Listo!
La cuerda se tensó, rígida. Sin esperar que el otro peón lo ayudase,
José, con músculos movidos por el amor, hizo girar solo la roldana. El resorte
dejó escapar un gemido ahogado, quejándose de la rapidez con que la hacían
girar, y siguió hasta el fin aullando, gimiendo.
— ¡A ver si engrasan eso de una vez!
Recién cuando Albino surgió en la boca del pozo, la roldana dejó de
gemir. El muchacho estaba hecho un monstruo de barro. Saltó a tierra firme y
dio tres pasos tambaleándose, medio atontado. Bajó mucho la cabeza sacudida por
estertores. ¡Brrr!, agitaba las manos, los brazos, las piernas, formando un
halo de barro pesado que caía en capas al suelo. Dijo lo que todos esperaban:
— ¡Frío de mierda!
Empezó a ponerse, sucio como estaba, ansioso, la camisa, el pullover
agujereado, el saco. José fue a buscar su propio abrigo y lo puso silencioso
sobre la espalda menuda del hermano. Albino lo miró, la suya fue una sonrisa
casi de gratitud. Con un gesto femenino, feliz, se encogió dentro de la ropa,
complacido.
Joaquín Prestes estaba terriblemente exasperado, se veía. Ni siquiera se
preocupaba por disimularlo delante de su invitado. El cuidador se había
acercado a informarle que su mujer mandaba a decir que el almuerzo del patrón
ya estaba listo. Hizo oír un “Ya voy” duro, sin dejar de prestar atención a los
peones. Al flaco se le ocurrió entonces que debían traer del pueblo un pocero
de profesión. Joaquín Prestes puso el grito en el cielo. ¡No iba a pagar un
pocero por una pavada! ¡Lo que pasaba era que ellos no tenían el menor espíritu
de colaboración! ¡Después de todo, vaciar un pozo de agua no era cosa del otro
mundo! A los hombres no les gustó, sintieron que el patrón los estaba tratando
como un negrero. Un orgullo herido se adueñó de todos. Y fue el propio flaco,
más indepen diente, quien miró a José a los ojos, alentando al más fuerte, y
pregun tándoselo a medias y a medias diciéndolo, dijo:
— ¡Bámo!
De inmediato comenzaron los preparativos, fueron a buscar el balde,
cambiaron las tablas cruzadas sobre el pozo por otras más resistentes que
soportasen el peso de un hombre. Joaquín Prestes y su huésped se fueron a
almorzar.
El almuerzo fue grave, pese al gusto sabroso del dorado54. Joaquín
Prestes era pura rispidez. Estaba empecinado, primaria, ciegamente, en
recuperar hoy mismo su pluma. Para él, no había entre el honor, la dig nidad y
la autoridad, graduación posible; eran una sola y misma cosa: era lo mismo
costear los gastos de la mujer de uno que recuperar la pluma perdida. Dos veces
el visitante, con aire de quien no entiende, preguntó sobre el pocero de la
ciudad. Pero solamente el Ford podía ir a buscar al hombre y Joaquín Prestes,
ahora que el cuidador había dicho que no había pesca en la zona, se había
empecinado en demostrar que, en su pesquera, sí había. Además, ¡qué diablos!
¡Eran sus peones quienes iban a secar el pozo, esos imbéciles! Lo consumía una
cólera desesperada. Culpando a sus peones, Joaquín Prestes lograba distraer la
enorme culpa que le daba el estar haciéndolos trabajar injustamente.
Después de almorzar llamó a la mujer del cuidador, le ordenó que llevara
café a los hombres, pero que estuviese bien caliente. Le preguntó si no había
aguardiente. Ya no quedaba, consumida por el frío de aquellos días. Se encogió
de hombros. Vaciló. Incluso llegó a levantar los ojos en dirección al
visitante, casi como consultándolo. Terminó disculpándose, iba a darse una
vueltita hasta el pozo para ver en qué andaban los peones. Y no se habló más de
la pesca.
Todos trabajaban febrilmente. Uno bajaba el balde, otro, agitando con
fuerza la cuerda, lograba finalmente acostar el balde en el fondo para que el
agua entrase en él. Y cuando el balde volvía, después de haber estado un buen
rato allá dentro, venía cargado sólo por debajo de la mitad y casi nada más que
de barro. Pasaba de mano en mano para ser vaciado lejos, no fuera cosa de que
el agua se infiltrase en el terreno de los bordes del pozo. Joaquín Prestes
preguntó si el volumen del agua había descendido. Hubo un silencio tenaz de los
peones. Uno, final mente, habló con arrogancia:
— ¡Qué va a bajar!
Joaquín Prestes se quedó donde estaba, inmóvil, vigilando el trabajo.
Después fue el propio Albino, más servil, quien conjeturó:
— Si tuviese dos baldes. . .
Sus compañeros se sobresaltaron, inquietos, intercambiando miradas. Y el
maldito aquél del cuidador no tuvo mejor idea que recordar que su mujer tenía
un balde en su casa; lo fue a buscar.
— ¡No vamos a poder ni siquiera con dos baldes, es inútil! ¡Hay
demasiado barro! Brota mucha agua. . .
Entonces José salió de su mutismo fiero para poner las cosas en claro:
— Haya o no haya dos baldes, lo que hace falta es gente allí dentro; y
Albino no baja más.
— ¡Pero Zé, déjate de historias! — se quejó Albino, en un estallido. El
día, por lo demás, se había templado un poco, aunque seguía siem
pre oscuro, el cielo cubierto por nubes de plomo. Ningún pájaro. El
viento había amenguado a eso de la una de la tarde y el aire, menos
tajante, dejaba que el trabajo calentase los cuerpos activos. José se
había vuelto con tamaña indignación hacia su hermano que a nadie le pasó
desapercibido; incluso sin la menor consideración hacia el viejo Joaquín
Prestes; era evidente que Albino estaba a punto de recibir uno de esos sopapos
a los que estaba acostumbrado cuando lo sorprendían jugando al truco 55 o
prendido al aguardiente. El flaco decidió sacrificarse para evitar mayores
disgustos. Intervino rápidamente:
— ¡Nos alternaremos tú y yo, José! La próxima vez voy yo.
El mulato sacudió la cabeza, desesperado, tragándose la rabia. El balde
llegaba y todos se entregaron a los nuevos preparativos. El viejo Joaquín
Prestes seguía allí, mudo e inmóvil. De vez en cuando salía de su esta tismo
para sacar el reloj con sus modos lentos y consultar la claridad del día; todo
en él era censura tiránica, un mutismo que despertaba vergüenza y remordimiento
casi, en aquellos hombres.
el trabajo proseguía,
infructífero, sin cesar. Albino permanecía allí dentro todo el tiempo que
podía, y los baldes lentos, en aquel exasperante ir y venir. Y ahora a la
roldana se le había dado por chirriar tanto que hubo que engrasarla; de otra
manera ya nadie la soportaba. Joaquín Prestes, mudo, miraba la enorme boca del
pozo. Y cuando Albino no aguantaba más el flaco lo reemplazaba. Pero éste,
después del primer viaje al fondo, llegó a sentir un miedo tal, que se hacía el
lerdo a propósito, y se demoraba en recomendaciones a todos, precisando sus
exigencias. En dos ocasiones había hablado de aguardiente. Entonces el cuidador
recordó que el japonés de la otra orilla lo vendía. Bastaba darse una vueltita
hasta allá, que el hombre también tenía siempre en la red, pescada en la
laguna, alguna traíra 56.
Ese fue el momento en que Joaquín Prestes se descontroló por com pleto.
El se daba cuenta perfectamente de la mala voluntad de todos. Cada vez que el
flaco tenía que bajar se pasaba cinco, diez minutos buscando excusas,
desvistiéndose despacio. ¡Incluso tuvo ganas de ir al retrete y tuvieron que
tragarse aquella espera insoportable! (Y lo cierto era que el agua surgía con
más fuerza ahora, libre ya del barro pesado. El día se iba yendo. Y una de las
veces en que Albino subió, incluso contra su forma habitual de ser, se lo vio
irritado porque encontró el pozo en las mismas condiciones).
Joaquín Prestes gritaba, enloquecido de rabia. ¡Al cuidador le dijo que
fuese a ocuparse de las vacas, que se dejase de inventos! ¡No pen saba pagarle
el aguardiente a nadie, inútiles! ¡El no estaba allí para alimentar los vicios
de nadie!
Los peones, de pronto, miraron todos al patrón, golpeados por el
insulto, lastimadísimos, ya sin más paciencia. Pero Joaquín Prestes seguía
insistiendo, con los ojos clavados en el flaco:
— ¡Sí, señor!. . . ¡Borracho!. . . ¡Sáquese la ropa más rápido! ¡Cumpla
con su deber!. . .
El muchacho no soportó la mirada cortante del patrón, bajó la cabeza,
empezó a desvestirse. Pero hacía todo con más lentitud aún, rumiando una
rebelión inconsciente, que se escapaba por la respiración precipi tada,
silbando sordamente por la nariz. El visitante, advirtiendo el pe ligro,
intervino. Para él sería un gran gusto llevarle un pescado a su mujer; si
Joaquín Prestes no tenía inconveniente, él iría con el cuidador hasta lo del
japonés. E irritado le hizo una seña al campesino. Se fue, huyendo de aquello,
sin ni siquiera esperar el asentimiento de Joaquín Prestes. Este apenas encogió
los hombros, inmóvil de nuevo, atento al trabajo del pozo.
Cuando más o menos una hora después, el visitante regresó al pozo, traía
con disimulo una botella de caña. La ofreció con alegría a los peones, pero
ellos se limitaron a mirar al visitante de soslayo, sin res ponderle nada.
Joaquín Prestes ni siquiera miró, y el visitante se dio cuenta que algo grave
había ocurrido. El ambiente estaba tensísimo. No se veía a Albino ni al flaco
que lo reemplazaba. Y no estaban tampoco en el fondo del pozo, como el
visitante creyó.
Minutos antes, con el pozo casi seco ahora, el flaco que ya había visto
desprenderse un bloque de tierra del borde, se negó a descender cuando llegó su
turno. Fue medio minuto apenas de discusión agresiva entre él y el viejo
Joaquín Prestes, baja, no bajo, y el peón, en un acto de desesperación, se
despidió a sí mismo, antes que el estanciero lo echase. Y se fue, dándole la
espalda a todo, ocho años de estancia, abrumado, sin saberlo, por una tristeza
honda. Y Albino, sumido en aquella manse dumbre enfermiza de los débiles, para
evitar que las cosas llegaran a peores, dijo que él iba a volver a bajar, sin
darse tiempo siquiera de recuperar el aliento. Los otros dos, sintiendo la
proximidad acechante de un fantasma imprevisible que desencadenara cosas todavía
más terribles, se acobardaron y Albino volvió a bajar al fondo del pozo.
El viento, que ahora soplaba con fuerza, azotaba de una forma ina
guantable. Los peones temblaban mucho, e incluso el visitante. El único que no
temblaba era Joaquín Prestes, firme, fijos los ojos en la boca del pozo. La
despedida del peón lo había disgustado terriblemente, y ahí estaba ahora,
sumido en un asombro amargo. Nunca se había podido imaginar que pudiera
sobrevenir una circunstancia en la que el adver sario se arrogase la
iniciativa de decidir por sí mismo. Se sentía pasmado. Que de cualquier modo
hubiera echado al peón, era algo sobre lo que no le cabía duda, pero que éste
se fuera por su propia voluntad, era algo que nunca se hubiera imaginado. La
sensación de haber sido insultado había estallado sobre él como una bofetada.
Si no reaccionaba sería una deshonra, ¿pero cómo vengarse?. . . Sólo las manos,
frotándose lentísi mas, denunciaban el desconcierto interior del estanciero. Y
su amor propio no supo reaccionar sino con aquella decisión ya exasperada de
conseguir la pluma, costase lo que costara. Los ojos del viejo se tragaban la
boca del pozo, ardientes, casi con voluptuosidad. Pero la cuerda volvía
a sacudirse una vez más, frenéticamente ahora, avisando que Albino
quería subir. Los obreros se precipitaron. Joaquín Prestes abrió los brazos, en
un gesto de desesperación impaciente.
— ¿Qué quiere? jAlbino no paró ni diez minutos!
José aún lanzó una mirada implorante al jefe, pero éste no quería
comprender nada más. Albino apareció en la boca del pozo. Venía afe rrado a la
cuerda, pegado a ella con terror, como temiendo soltarla. De jando al otro
peón a cargo de la manija de la garrucha, José, maternal mente, ayudaba a su
hermano. Albino miraba a todos, con la cabeza ladeada, como cortada por la
cuerda, y la boca abierta. Era casi impo sible sostener aquella mirada
estupidizada. Como no quería desprenderse de la cuerda, fue preciso que José le
dijera, "soy yo, hermano”, que lo tomara en sus brazos y lo ayudara a
afincar los pies en la tierra firme. Entonces Albino dejó la cuerda. Pero con
el frío súbito del aire libre, empezó a temblar descontroladamente. Lo
sostuvieron para que no cayera. Joaquín Prestes preguntó si todavía quedaba
agua allí abajo.
— Fa. . . fa. . .
Se llevó las manos estremecidas a la boca, con la intención de animar
los labios muertos. Pero no podía controlar los gestos, tanto temblaba. Los
dedos de él tropezaban en las narinas, se metían en la boca, el pre tendido
movimiento de fricción se extendía demasiado y la mano se quebraba en el
mentón. El otro peón le frotaba la espalda. José se acercó, arrancó la botella
de las manos del visitante, quiso destaparla pero no lo pudo hacer con sus
dedos endurecidos, atrapó el corcho en la boca y lo arrancó. José estaba tan
triste. . . Envolvió, ¡con qué suavidad!, la ca beza de su hermanito en el
brazo izquierdo, le puso la botella en la boca:
— Beba, mano.
Albino tragó el alcohol que le llenó la boca. Tuvo aquella reacción
deshonesta que dan los tragos fuertes. Finalmente pudo hablar:
— Falta. . . y estará seco.
Joaquín Prestes hablaba mansamente, compadecido; sin embargo,
inflexible, comentó:
—Ya ves, Albino: si tú la hubieses buscado seguro que la encon trabas,
mientras tanto el agua sigue brotando.
— Si yo tuviese una lu z . . .
— ¿Y por qué no? Llévala.
José terminó de frotar a su hermano. Se volvió hacia Joaquín Prestes.
Tal vez ni siquiera se le notase el odio en la mirada, estaba tranquilo.
Aplomado, mirando al viejo a los ojos, dejó caer su decisión:
— Albino no baja más.
Joaquín Prestes, profundamente herido, recibió tal impacto al oírlo que
parecía la imagen descompuesta del furor. Retrocedió un paso. Ins
tintivamente, defendiéndose, llevó una mano al revólver. Vociferó ya sin
pensar:
— ¿Cómo que no baja?
— No, señó; no baja más. Yo no quiero.
Albino aferró el brazo del hermano pero recibió tal cachetazo que casi
se cae. José apoya las manos en las caderas, todo en él es lento, de una flema
mortal. La mirada no pestañea, metida en la de su enemigo. Lo repite una vez
más, bien bajito, pero rotundo:
— No, señó; yo no quiero.
¡Qué mal pavoroso debió haber vivido Joaquín Prestes en aquel ins
tante! La expresión de su rostro había cambiado de repente, ya no era cólera;
la boca entreabierta, los ojos blancos, metálicos, se sostenían ante la mirada
pura, tan calma, del mulato. Así permanecieron. Caían ahora las primeras
sombras del atardecer. El cuerpo de José osciló unos milí metros, el esfuerzo
moral había sido excesivo. Que su hermano no volvía a bajar era algo que estaba
decidido, pero todo lo demás era tristeza en José, una desolación vacía, una
seminconsciencia de culpa inculcada por los siglos.
Los ojos de Joaquín Prestes reasumían una vibración humana. Final mente
bajaron, para ir a fijarse al suelo. Después inclinó la cabeza, de súbito,
reflexionando. Sus hombros también fueron cediendo de a poco. Joaquín Prestes
se quedó sin perfil. Todo en él era sordidez.
— No vale la pena. . .
Tampoco tuvo dignidad para soportar la apariencia externa de la de
rrota. Roncamente exclamó:
— ¡Pero qué cosa, muchacho! ¡Vamos, sal de mi vista!
Albino sonrió, se le iluminó el rostro agradecido. El visitante sonrió,
tratando de aliviar el ambiente. El otro peón sonrió también, acobardado. José
no sonrió. Dio vuelta la cara, tal vez para no mostrar la mirada estremecida.
Pero en sus hombros encorvados, en la cabeza clavada en el pecho, podía verse
que estaba fatigadísimo. Había vuelto a frotar ma quinalmente el cuerpo de su
hermano, quien ya no necesitaba aquello. Ni Albino ni nadie, ya que aquel
incidente había ahuyentado por com pleto cualquier veleidad del frío.
Tampoco sonrió el campesino, que allí estaba, recién llegado en mitad de
la discusión para avisar que las traíras tal como Joaquín Prestes exigía, ya
estaban debidamente limpias y envueltas en bolsas de lino blanco, listas para
partir. Joaquín Prestes rumbeó hacia el Ford. Todos lo si guieron. Aún había
en él restos de altivez lastimada que se empeñaba en disimular. Hablaba con
rispidez, transmitiendo la ley con lentitud:
— Mañana los quiero listos a todos. Haga o no haga frío les mando al
pocero temprano. Y t ú . . . José. . .
Se detuvo, dio media vuelta, miró con firmeza al mulato:
— . . . . Otra vez fíjate bien
cómo te diriges a tu patrón.
Volvió a ponerse en marcha, pero agitado ahora, en dirección al Ford.
Los que estaban más cerca de él aún pudieron escucharlo cuando mur muraba por
lo bajo: “ . . .Yo no soy ningún desalmado. . . ”
Dos días después el peón emergió del pozo con la pluma. Fueron a lle
vársela a Joaquín Prestes quien, sentado en su escritorio, ponía al día los
documentos de la estancia. Al verlos llegar dio un salto, abrió el paquete
despacio. La lapicera se veía muy limpia, pero arañada. Era evidente que los
hombres habían tratado con cariño aquel objeto medio místico, que era capaz de
escribir solo. Joaquín Prestes la probó pero no escribía. La abrió, la examinó,
en algún lado debía haber arena. Finalmente descubrió la rajadura.
— ¡Me la pisaron! ¡animales!. . .
Tiró todo a la basura. Del cajón de abajo sacó una cajita y la abrió.
Había en ella varios lápices y tres plumas. Una era de oro.
NOTAS A LOS CUENTOS
I— BELAZARTE
Nizia Figueira, para
servirlo (1925)
1 Este cuento y el siguiente forman parte de Los cuentos de Belazarte,
vol. V, de las Obras Completas de M. A.
El libro, publicado por primera vez en 1934, con el título de Belazarte,
reúne cuentos escritos entre 1923 y 1926 y trae la marca de las investigaciones
sobre el lenguaje del período nacionalista. Casi todos los cuentos tienen como
escenario la ciudad de Sao Paulo, cuando empezaba a expandirse. En cuanto a los
personajes, pertenecen en general a la pequeña burguesía o al proletariado de
origen ítalo-brasileño que vivía en los arrabales.
2 Todos los cuentos de esta colección comienzan de la misma manera: con
la frase “Belazarte me contó”, suponiendo la figura de un narrador-testigo, que
relata el episodio al escritor.
3 Dicho popular brasileño, que significa que cada uno debe mirar sus
propios defectos, en vez de llamar la atención hacia los defectos ajenos.
4 Pinda: abreviación de Pindamonhangaba, ciudad del interior del estado
de Sao Paulo, situado entre las ciudades de Sao Paulo y Rio de Janeiro.
5 Barrio obrero de Sao Paulo.
r>Expresión popular que significa “murió”.
7 En el original mia fia, corruptela de “minha filha”, usada entre los
negros esclavos y sus descendientes.
8 La proclamación de la República de Brasil se hizo en 1889.
9 Viaducto que une las dos plazas más centrales de la ciudad, pasando
sobre el valle de Anhangabaú. En la época de la narración, ésta era un área de
pequeñas propiedades y casas modestas.
10 Alusión a una de las palabrerías brasileñas más populares, la del
tipo de temas encadenados, donde uno de los términos es el siguiente: “Hoy (o
mañana) es domingo / Pata de Cachimbo / Cachimbo de barro / que bate en el
jarro / el jarro es de oro / y bate en el toro / el toro es valiente / y cornea
a la gente”.
11 El periódico más antiguo y, durante mucho tiempo, el más importante
de Sao Paulo; fundado en 1854 por Joaquim Roberto de Azevedo Marques.
"¿Que no sufren los niños?
¡vaya si sufren!” (1926)
12 Este cuento ejemplifica bien el interés de M. A. por la infancia, el
cual resurge en otros cuentos como “Cuento de camisolita”, “Vestida de negro” y
en
numerosos episodios de la novela Amar, verbo intransitivo. Piá es un
término tupí que significa niño.
13 Alusión a la historia anterior de Teresita, descrita en el cuento
“Caín, Caín y el resto”, de la misma colección, y del cual representa en cierto
modo su conti nuación. Por culpa de Teresita, dos hermanos, antes muy unidos,
se enemistan y uno termina matando al otro; la narración finaliza con el
asesinato del sobre viviente por el marido de la protagonista, el cual, a su
vez, acaba en la cárcel.
14 l'oré: danza indígena, también
en boga en el Nordeste a principios de siglo.
15 Tapera: casa vieja y
abandonada.
16 El armadillo de jardín es un molusco pequeño que vive entre el
follaje de los jardines.
17 En el original vó: corruptela de
avó (abuela).
18 En el original Guassú: término
tupí que significa grande.
19 En el original mandarová: larva dañina que ataca las plantaciones.
Animal peludo.
20 En el original Irará: mamífero carnívoro de América del Sur, conocido
tam bién como papa-mel.
21 En el original chué: despreciable,
vil.
II.—CUENTOS NUEVOS
Primero de Mayo (1934-1942)
22 Los tres cuentos que siguen pertenecen
a la colección Cuentos Nuevos, vol.
XVII de las Obras Completas de M. A. El volumen, preparado por el mismo
escritor pero publicado después de su muerte, incluye nueve cuentos escritos
entre 1930 y 1943, y representan muy bien la prosa de ficción de la madurez,
libre de los exagerados experimentos del decenio del veinte.
En relación a los cuentos de Belazarte, éstos son más secos y muestran a
menudo una nota de sarcasmo y de humor. La lista de personajes es más variada,
y aunque el autor conserve cierta fidelidad a los “desheredados”, incursionará
en la aristo cracia rural y en la burguesía media o alta de la ciudad.
23 Una de las principales estaciones ferroviarias de Sao Paulo, que
comunican, por un lado, la capital al puerto de Santos y, por el otro, al
interior.
24 Primo Camera: pugilista italiano, célebre por su aspecto gigantesco,
cam peón mundial de boxeo a inicios de los años 30.
25 Alusión a la letra del himno nacional brasileño.
26 Gran jardín público, situado frente a la estación del mismo nombre.
Anti guamente era lugar de recreo de las familias burguesas, pero en la época
de la narración ya se reunían allí vagos y prostitutas.
27 Plaza Central de la ciudad donde se realizan las concentraciones
políticas más importantes.
28 Palacio de exposiciones, de curioso estilo arquitectónico, situado en
el Parque Pedro II (ver más adelante la nota 36) .
29 Designación corriente dada
a los habitantes de Rio Grande do
Sul.
30 Tendencia política que se desarrolló en Sao Paulo a partir de la
revolución constitucionaiista del 32 3' cuyo objetivo era separar el estado que
perdiera la lucha
(el estado de Sao Paulo) del resto del Brasil, con virtiéndolo en un
país inde pendiente.
31 Nombre de dos equipos de fútbol, enemigos, de la época: el primero
con gregaba a la población ítalo-brasileña blanca y obrera; el segundo a la
masa indiferenciada, en parte de origen africano.
32 Gran estación ferroviaria situada en el barrio obrero de Bras; desde
allí, en una época, los trenes partían hacia Rio de Janeiro.
33 El barrio proletario más importante de Sao Paulo para esa época; lo
habi taban, sobre todo, descendientes de italianos.
34 Abreviación de la vía férrea Central de Brasil, importante red
ferroviaria que une la ciudad de Sao Paulo a la de Rio de Janeiro y cuya
estación terminal era, para ese momento, la Estación del Norte.
35 La más importante ciudad balnearia del estado de Sao Paulo, con un
gran puerto y situada cerca de la capital.
36 Gran parque público que se extiende en la parte baja de la ciudad,
entre el
Largo da Sé y el barrio de Bras.
37 Designación popular dada, en esa época, a los agentes de policía
(guardias civiles), derivada del silbato que utilizaban para el mantenimiento
del orden y la orientación del tránsito.
38 Designación popular dada a los habitantes del norte o del nordeste
del país, debido a su cabeza achatada, rasgo étnico producto de la mezcla con
indígenas.
El Pavo de
Navidad (1938-1942)
39 El aprovechamiento de los datos personales — como ya había ocurrido
en dos cuentos de Belazarte, “Túmulo, túmulo, túmulo” y “Niña del ojo en el
fondo”— reaparece en esta narración, tal como podrá verificarse al compararla
con el epi sodio verdadero, de 1917, narrado en la cronología.
40 La figura del padre del escritor surge innumerables veces, tanto en
la obra de ficción (poesía y prosa), como en la correspondencia. En los Cuentos
Nuevos, Carlos Augusto de Andrade — mencionado solamente como “mi padre”—
aparece cuatro veces: en “El pavo de Navidad”, en “Vestida de Negro”, en
“Federico pa ciencia” y en “Tiempo de camisolita”. En las cuatro oportunidades
es descrito con acentuado sentido crítico y una mezcla de resentimiento y
hostilidad. El debía reaparecer todavía en el proyecto de un cuento, “La corona
de laureles”, que el autor no tuvo tiempo de realizar.
Carecería de importancia saber si la visión del padre que dejó M. A. es
auténtica; pero sí es importante señalar que la misma define admirablemente un
profundo sentimiento de rechazo.
41 El personaje de la Tía Vieja surge en otro cuento de la misma
colección, “Vestida de Negro”, y en la conferencia sobre el Movimiento
Modernista. Se trata, en la vida real, de la hermana mayor de la madre de M.
A.: Doña Isabel do Carmo de Moraes Rocha, la matriarca de la familia; ella
personifica siempre la fuerza negativa, paralizante, de la tradición o de la
censura grupal.
42 Se trata, en la vida real, de Doña Ana Francisca de Almeida Leite de
Moraes
— tía Nhanha— madrina de M. A. y quien reaparece en Macunaíma, haciendo
zapaticos de tricot para el hijo de Ci. Cavalcanti Proenga la confunde con la
Tía Vieja, de la cual en realidad es la hermana menor.
43 María de Lourdes de Andrade Camargo, la hermana menor de M. A. quien
hizo, mientras estuvo soltera, las veces de su secretaria.
44 El cuento atestigua admirablemente la afectuosa relación de M. A. con
su madre, María Luisa de Moraes Andrade. Mientras la figura paterna surge, en
el
conjunto de la obra, punitiva y castradora, la materna se caracteriza
por la com prensión y la dulzura. María Luisa (para los íntimos, Mariquinha o
Iá-Iá), reapa rece en “Tiempo de camisolita” — otro cuento de la misma
colección— siempre dividida entre la sumisión al marido y la dedicación a los
hijos, encarnando bien cierta imagen de la madre brasileña. En su
correspondencia, M. A. se refiere a ella frecuentemente y con extremo cariño.
El pozo (1942)
45 El personaje Joaquín Prestes está inspirado en un pariente lejano del
escritor, el hacendado de café Pío Laurengo Correa; fue en su finca en los
alrededores de Araraquara, en el interior paulista, donde M. A. escribió
Macunaíma. El episodio relatado es verídico y fue presenciado por el escritor,
quien lo transcribe apoyán dose muy poco en la fantasía. Pío Laurengo era,
entre los familiares, el mejor amigo de M. A. y uno de sus interlocutores más
importantes en cuanto al len guaje. La correspondencia entre ambos, de gran
interés, está recopilada y será publicada en un futuro (ver, para mayores
informaciones, Cronología, año 1913).
46 Jeteí, mandassáias, mandaguaris, bijuris,
son
nombres
de
especies
diversas
de abejas que producen excelente miel.
47 Marca de automóvil, muy caro, de
la época.
48 Designación popular del W.C. En las casas rurales modestas era usual
cons truir el W.C. separado de la casa, sin pozos; los excrementos servían de
alimento a los cochinos.
49 Caracú:
raza bovina,
de
pelo
corto
y color
compacto;
su
carne
es
muy
apreciada.
50 Perífrasis para designar la tuberculosis.
51 Arbol de la familia de las leguminosas (Myrocarpus frondosus) su
rigidez, especial para viguetas o estacas.
conocido por
52 En el original, cagamba: término brasileño para designar el balde una
cuerda para sacar el agua de los pozos.
atado a
53 Corruptela de “señor”.
54 Pez de agua dulce, que puede medir más de un metro, muy apreciado por
su carne.
55 Juego de cartas (ver Notas a Macunaíma, 108).
56 Pez de agua dulce, fluvial y lacustre, exquisito al paladar.
ENSAYOS - ARTICULOS
CARTAS
EL ALEIJADINHO1 *
( 1928)
A Fernando Mendes de Almeida
Si E X C E P T U A M O S los tiempos que corren, el período que va más o
menos de 1750 a 1830, puede ser considerado como el de mayor malestar para la
vida nacional brasileña. En él encontramos a Antonio Francisco Lisboa, el A
leijadinho (1730 -1814).
La Colonia había producido, durante dos siglos, ciertas expresiones
grandiosas de su significación histórica y social. La Guerra Holandesa, el
Bandeirismo, Gregorio de Matos, la iglesia y convento de San Francisco en
Bahía. Todos estos fenómenos, empero, son esporádicos, seccionados geográfica,
cronológica y socialmente. Si bien pueden considerarse ex presiones muy
específicas del colonialismo, son frutos de las condiciones de determinadas
capitanías * *, no son frutos de la Colonia. No son resul tado de la
colectividad colonial, cuyas expresiones sólo comienzan a apa recer con
frecuencia a partir de la segunda mitad del siglo xviii en adelante, con la
posición burocrática y centralizadora de la ciudad de Rio de Janeiro, con la
expansión antimarítima de Minas Gérais, con la influencia del hombre colonial
sobre la Metrópoli, con la normalización del mestizo.
Es entonces cuando Rio de Janeiro empieza a trabajar socialmente en el
empleo que durante el Imperio * * * habría de sustentar con tanta lógica... Rio
de Janeiro es el mejor homenaje que ofrecimos al tropical instinto
Aleijado, en portugués,
significa lisiado. Antonio Francisco Lisboa fue lle-mado, aún en vida,
Aleijadinho, vale decir Lisiadito. No hemos querido, en esta versión, traducir
el apodo del gran escultor y arquitecto porque ya en Hispanoamé rica se le
conoce como Aleijadinho (N . del T .).
Capitanías: Designación
aplicada a las primeras divisiones administrativas del Brasil, de las cuales se
originaron más tarde las provincias y, por último, los actua les estados del
país (N . del T .).
* * M. de Andrade se refiere
a la organización jurídico-política que tomó el Brasil a partir de su
independencia de Portugal, en 1822. El imperio del Brasil tuvo como primer
monarca a Don Pedro I, hijo del rey de Portugal, Don Juan VI. El segundo
emperador, Don Pedro II, inició su gobierno en 1831 y lo presidió hasta la
abolición del imperio, en 1889 (N . del T .).
burocrático de la nacionalidad. No correspondiendo a ninguna confluencia
económica, a ninguna necesidad industrial o comercial del país, usando (y
abusando mucho también) de su posición geográfica, Rio de Janeiro cumple
estratégicamente con su sinecura lustrosa de capital de la Colonia y de la
Nación Independiente.
La expansión de la Capitanía de las Minas fue real. El oro funcionó
efectivamente como la primera fuente de atracción de la atención ame ricana de
los representantes de la metrópoli y de los brasileños colo niales. Por otro
lado, los hechos francamente lamentables de la Incon fidencia * van a
repercutir y a encontrar su desenlace en Rio de Janeiro. La manifestación
colectiva de la plausible en título y verdadera en norma, Arcadia Ultramarina
2, se sabe que profetiza el romanticismo indigenista y lírico del Segundo
Imperio. En el JJruguai, en las Cartas C hilenas, en las M arilias 3, están a
la espera de la fecundación europea, las madres legítimas del Y-]uca-Virama 4,
de Castro Alves, de las m odinhas del salón ochocentista. La expansión minera *
* se caracteriza por otros fenómenos más concretos: José Joaquim da Rocha, que
hacia 1770 funda la escuela de pintura bahiana, probablemente sea minero, y
minero sin lugar a discusión es Mestre Valentim (muerto en 1813), quien vivió
en Rio de Janeiro.
Es muy fuerte la influencia humana que la Colonia empieza a ejercer
sobre la Metrópoli. El judío revoluciona a los portugueses con sus remo ques:
Matías Aires había ido a recoger en el “jardín de Europa” los pequeños claveles
de la vanidad ya que en el San Pablito de aquella época no había vergel que
floreciese. Las liras de Gonzaga hacen furor en Portugal, releídas y cantadas
por todos. ¡De la modinha, entonces, ni qué decir! Y las azafatas de Doña María
5, no bien encontraban un momento de recreo, listo: se sumergían en la modinha.
Caldas Barbosa, si bien mestizo, es muy aplaudido en las reuniones y serenatas
de Lisboa, y a pesar de ser cura, es a través de las modinhas que conquista el
aplauso. Hasta los extranjeros, como Link, advierten que la cantiga brasileña
atrae más que la portuguesa, por presentar “mayor variedad y una alegría tan
franca e ingenua como la nación que le dio origen”. Y era también de la savia
de la Colonia que empezaba a nutrirse, lundusado * * * y empapado en nuestras
mieles y en el negro dulce, el fado que muy pronto llegaría a ser
representativo de Portugal.
Pero la prueba más importante de que había un brote colectivo de los
perfiles raciales brasileños, lo constituye la imposición del mulato. La
La Inconfidencia: Movimiento
patriótico, encabezado por el alférez Tira-dentes, a fines del siglo xvm , y
cuyo fin era liberar Brasil del régimen colonial portugués. Con menos
frecuencia pero mayor propiedad, también se llama a la Inconfidencia, Conjuración
Mineira, ya que estalló en Minas Gerais (N . del T .).
Es decir, relativa a Minas Gerais (N . del T .).
El lundú era una danza rural
africana cantada que luego, en el Brasil, se transformó en canción solista y
fue tomando un carácter habitualmente cómico. De modo que con el adjetivo
lundusado quiere dar a entender el autor lo muy influido por el lundú brasileño
que habría de estar el fado (N . del T .).
Colonia, obligada únicamente por las circunstancias económicas que atra
vesaba, y sin la menor intervención política de Portugal, hacía dos siglos que
venía enriqueciéndose con algunas realizaciones artísticas. Y eso ocurría sobre
todo en la arquitectura. Bahía y Pernambuco ya estaban pobladas de iglesias
lujosas, y algunas hasta bellas. Minas también ya había inaugurado con
ingenieros y maestros carpinteros lusitanos, las ma trices de Villa Rica,
Mariana, Sabará, más o menos en la década de 1730 a 1740. Incluso Caeté 6, un
poco más tardía (1 7 5 7 ), era por su tamaño considerable, una tremenda
presencia emboada * aturdiendo la conciencia nacional naciente. Todos esos
ejemplos estimularán el naci miento en la Colonia de artistas nuevos que
deforman sin sistematización posible la lección ultramarina. Y entre esos
artistas el mulato brilla mucho.
Caldas Barbosa y Mestre Valentim son mulatos. Leandro Joaquim, que es,
como ellos, de esa época y uno de los mejores pintores de Rio, también es
mestizo. El cura José Mauricio Nunes García (1767 -1830), mulatísimo y el más
notable de nuestros músicos coloniales. Me estoy acordando además de aquel
Joaquim Manuel, prodigioso, oído por De Freycinet, virtuoso, y en cuyos dedos
la guitarra “tenía un encanto inex presable, que se imponía en cualquier
cotejo con los mejores ejecutantes europeos” . . . Y no hay que olvidar que la
gente modesta (venida de las tradiciones del llamado “Conservatorio de los
Negros” que Balbi ideó para las enseñanzas musicales de la estancia de Santa
Cruz) llegó a estrenar, en Rio de Janeiro, las óperas de Marcos Portugal. . .
En Ouro Preto los mulatos representaban tragedias en el teatrito local. . . Y
el Aleijadinho es otro mulato más. Bastan estos ejemplos para comprender hasta
qué punto, aunque no de manera dominante pero intensamente visible, se imponía
en ese momento la raza brasileña.
Es interesante observar que todos estos mulatos aparecen destacando
sobre todo en las artes plásticas y en la música. Muestran así lo que
había de fuertemente negro en ellos. El mismo Lereno Selimuntino es más
modinheiro que literato, y como poeta no se le puede ni siquiera aproxi mar a
Gonzaga, Basilio da Gama o Claudio Manuel da Costa. Los afri canos son
poderosamente plásticos y musicales. Es en la música donde lograron convertirse
en manifestación permanente del arte americano; en la habanera, en el tango, en
el lundú, en la samba, en el ragtime y en el jazz. A través de la escultura
llegaron incluso a influir en las artes europeas contemporáneas. Nuestros
mestizos de fines de la Colonia glo rifican esta “intensa mulatización”, como
artistas plásticos y musicales. Sólo mucho más tarde darán pruebas notables de
su valor literario. En ese momento, no. Aparecieron profetizando para el Brasil
una constante
Emboada: Es el epíteto dado
por los descendientes de los bandeirantes paulis-
tas, principalmente en la región de Minas y en los tiempos coloniales, a
los portu
gueses y brasileños de otras procedencias, que entraban al sertón en
busca de oro y piedras preciosas, y por extensión, a los portugueses en general
(N . del T .).
futura: la genialidad de sus artes plásticas. Desgraciadamente, eso no
pasó de ser una falsa señal, una aurora que no llegó a convertirse en día.
Me asombra y ya es mucho, ver la sinceridad mezquina con que his
toriadores y poetas desprecian al mulato. Capistrano de Abreu y Oliveira Lima
obedeciendo, sin ninguna revisión honesta, a la aversión que ya en la Colonia
los naturales de la metrópoli manifestaban contra los mu latos, dejaron al
respecto páginas que no corresponden a ninguna verdad social ni psicológica.
Ultimamente incluso, fue Graga Aranha quien hizo lo mismo en una página cuya
elocuencia romántica me pareció repulsiva. No hacen otra cosa que someterse a
un vicio metropolitano y europeo, que ya había inducido a Bougainville a
desalentar las representaciones con participación de br anearanas * en los
teatros de Rio de Janeiro, y a Martius a sentirse asqueado por aquel telón del
teatro Sao Joáo, en Bahía, donde un mulato de gran tamaño, empuñando el caduceo
de Mercurio, se sentaba muy circunspecto sobre una caja de azúcar.
Que los mulatos eran hazañosos no cabe duda. Sin embargo, lo eran por el
simple hecho de formar la clase servil más numerosa pero libre. Y a menudo es
la clase la que descalifica a los hombres. . . En Sao Paulo, ahora los
entreveros y crímenes se producen entre los Pistone, los Elias Faraht, y
también en estas últimas noches, entre húngaros, checos y blancuras arias. Es
ridículo que ciertas opiniones interesadas alcancen tanta proyección, y se
transformen en lugares comunes. Los mulatos no eran mejores ni peores que los
blancos portugueses o los negros africanos. Lo que ocurría era que estaban en
una situación particular, desclasificados por no tener ya raza alguna. Ni eran
negros bajo el látigo esclavista, ni blancos mandones y dueños. Eran libres,
dotados de una libertad muy vacía, que no implicaba ningún tipo de educación,
ni recursos para ase gurarse un trabajo constante. Ya no eran esclavos, ni
llegaban a ser pro letariado, ni nada. Fueron soldados. Con la misma
disponibilidad del sol dado nacional. Y aún así, si comparamos cuidadosamente
la actuación de los mulatos con la de los Fanfarroes Minesios 7, un Don Juan VI
**, un Pedro I * * *, una Carlota Joaquina, los poetas de Coimbra de la Incon
fidencia, el directorio lisboeta de la Compañía de los Diamantes * * * *, para
no recordar sino casos destacados e históricos: será difícil decidir quién
tiene alma de “mulato” entre esos portugueses y brasileños sin ninguna firmeza
de carácter.
Brancaranas: Así se llama a
las mulatas de piel blanca (N . del T .).
Don Juan VI: Primero fue
regente de Portugal durante la demencia de su madre, Doña María I; vio su reino
invadido por los franceses en 1807. Partió entonces para Brasil y volvió en
1821. Inauguró en Portugal el régimen constitu cional (N . del T .).
Pedro I: Emperador de
Brasil, al cual proclamó independiente el 7 de sep tiembre de 1822. Fue rey de
Portugal con el nombre de Pedro IV (1798-1834) (N . del T .).
Compañía de Diamantes:
Empresa portuguesa que administraba la explo tación de las minas de diamantes
del Brasil (N . del T .).
Porque hay que recordar principalmente esta verdad étnica: los mu
latos, por ese entonces, no tenían ubicación racial. Las razas que había aquí
eran la de los portugueses y la de los negros. Bajo el punto de vista social
los negros formaban tan sólo una colectividad. Raza y clase se confundían
dentro de los intereses de la Colonia. Nosotros sabemos muy bien qué fue lo que
terminaron haciendo esas dos razas: los blancos no tuvieron el menor prejuicio,
gustaban realmente de las negras corpu lentas y así fue como un lundú
terminaba diciendo:
Que bem me importa
que falem de mim,
eu gosto da negra
mesmo assim *.
Y surgió el mulato.
Ya en aquel tiempo los mulatos, antes de dispersarse tan sólo como uno
de los elementos de la raza brasileña, aparecían y siempre aparecerán, no como
raza, sino como mestizaje: muy irregulares en el físico y en la psicología.
Cada mulato era un ser aislado, no tenía vinculación étnica con el resto de sus
congéneres. Algunos eran camorreros, no hay duda, pero otros eran tranquilos.
Unos burrísimos y primarios, otros vivaces, y muchos incluso con inteligencia
fecunda y creadora. La vanidad de unos era humildad en otros. Si a uno le
agradaba exagerar y falsear, otro ma nifestaba una noción enfermiza de la
verdad; y el carácter organizado realmente no era un atributo raro entre ellos.
El apacible, puro, caritativo, padre José Mauricio, tuvo que aguantar el “mulatismo”
ingénito de Marcos Portugal y de su hermano Simón. El dócil y vivaz Mestre
Valentim poco tiempo después habría de mostrar singular discreción dando cauce
a las maniobras del Virrey. El A leijadinho, amargado, violento, chapuceando el
latín bíblico para domesticarse, ¿se domesticó? Se dice que los esclavos lo
querían. Y el lisiado reinventaba curiosamente en Vila Rica ** una existencia
de artista del Renacimiento, entre discípulos que le desbastaban la piedra y
esculpían la parte menos importante de la talla * * *. Y olvidé
Poco me importa / Que hablen
de mí / Las negras me gustan / Aunque sea así (N . del T .).
Vila Rica: Ciudad de la
Capitanía de Minas Gerais, que en el siglo xvm alcanzó gran prestigio como
centro de actividad artística e intelectual (N . del T .).
“Aquel concepto totalizador
del artista creador griego, tan claramente de mostrable por el ejemplo de
Fidias y sobre todo por la noción del músico que era, al mismo tiempo, poeta y
actor, desaparecerá con el anonimato comunitario en que se subsumen prácticamente
los artistas del primer Cristianismo hasta la alta Edad Media. Son ejemplos
típicos de ese anonimato grupal los Himnos salmodíeos, las Prosas y Tropos,
como también la toréutica, la imaginería y la propia arqui tectura del Gótico.
Con el Renacimiento reaparece el individualismo social del concepto totalizador
griego. Es Giotto quien, ya en un comienzo, evidenciándolo con sus pinturas,
concibe la arquitectura del campanario de Santa María dei Fiori. Y en el alto
Renacimiento, las figuras perfectas de Da Vinci y Miguel Angel. A este concepto
totalizador del creador, el Aleijadinho lo reinventa sorpren dentemente, aquí,
en la segunda mitad del siglo xvm . No sólo descubre el sentido del taller del
Renacimiento, donde los discípulos completan las obras del maestro,
recordar que en Bahía, Chagas, llamado el Cabra * fue cronológicamente
el primero, en ese congo ** de mulatos renombrados, en preludiar con vigor el
coro de los imagineros religiosos nacionales.
Todos estos valores justifican en nuestra tradición de aquellos tiempos,
los posibles records de delincuencia y crimen que los mestizos, por fuerza de
condición y de número, cometieron por entonces,
Pero yo denuncié el malestar de ese período brillantísimo, ciertamente,
el más fulgurante de las artes plásticas brasileñas, hasta ahora. . . Ma
lestar cuya causa principal fue la inconsciencia nacional que lo caracte
rizaba. Exactamente al revés del malestar de ahora, donde las diferencia
ciones y oscilaciones del progreso económico y el internacionalismo del
proletariado naciente, dieron origen a una verdadera ebullición de la
conciencia nacional. De la cual nosotros, los modernistas de 1922, no dejamos
de ser un poco víctimas también. . .
El malestar era terrible. Todo el furor plástico de Bahía, el propio
esplendor de las tierras de las minas, era falso. El de Rio de Janeiro, ya lo
dije, era apenas la obligación burocrática de usar camisa y adornos. ¿Qué venía
a hacer esa técnica tardía? ¿Qué venía a completar ese poder de artistas
ilustres? ¿A qué fuerza real de la Colonia correspondía todo eso? A casi
ninguna, ya. Era el eco tardío de la grandeza económica. Toda esa gente
gloriosa llegaba tarde; y, después que se acabó la fiesta, se decidió engalanar
el salón. Cuando el Recóncavo *** brilló de tanto dinero y empresas
comerciales, la nacionalidad incipiente no había formulado un solo nombre de
pintor o de escultor que la representase. La misma iglesia y convento de San
Francisco sólo se terminó en 1750. Y si ya entonces Chagas andaba esculpiendo
sus santos, Manuel Inácio da Costa, si no me engaño mulato también, ni siquiera
había nacido. Nace diez años después más o menos, y conocerá el Siete de Abril
****, pues muere en 1849. En cuanto al grupo de pintores bahianos, sólo aparece
después de 1770. El dulce José Teófilo de Jesús, amigo de las composiciones
bien equili bradas, quien se complacía en combinar únicamente formas con los
per sonajes que representaba, creando paz en pintura, muere en 1847. Y en
cuanto a Antonio Joaquim Franco Velasco, nacerá alrededor de 1780
sino que además y simultáneamente es arquitecto, escultor y tallador. No
es, sin embargo, el único ejemplo en tal sentido. Mestre Valentim hace lo
mismo, escultor, tallador y arquitecto por lo menos de jardines. Bien mediocre,
dicho sea de paso, a juzgar por la absoluta falta de invención del primer Paseo
Público. . . Y como Brunelleschi y tantos otros, que no desdeñaban proyectar ni
siquiera los atuendos de las bandas carnavalescas, es constante esta actitud
entre los pintores de Bahía, opuestos a cualquier especialización de la
plástica (N . del A .).
Cabra: Expresión popular
mediante la cual se designaba al hijo de mulato y negra o viceversa (N . del T
.).
Congo: Es un baile dramático brasileño de origen
africano. Es evidente que
la expresión ha sido usada aquí por Mário de Andrade con la intención de
expresar, a través de la alusión al baile, la idea de movimiento y
efervescencia (N . del T .).
Recóncavo: Vasta y fértil
región del Estado de Bahía que abarca 17 muni cipios (N . del T .).
Se refiere al día de la
Independencia brasileña: 7 de abril de 1822 (N . del T .).
para morir en 1833. Y era, sin embargo, uno de los más vigorosos pin
tores nacionales, especie de Delacroix anticipado, por la pujanza dramá tica
de sus concepciones y el movimiento impetuoso de las formas. Traza las figuras
con una elocuencia de gestos vivos y sabe dar vida, como un Greco, al
claroscuro.
En Minas, el oro ya casi no ocupaba sino a los buscadores de pepitas. El
propio distrito diamantino agonizaba después de haber colmado a Europa. Fulgor
legítimo había sido el de los tres primeros cuartos del siglo, con las locuras
esplendorosas de los contratadores, con el barquito de Chica da Silva8, con el
Triunfo Eucarístico9 de 1733, y con las matrices de las comarcas, afeadas por
su arquitectura, llenas de tallas doradas y bonitas por dentro aunque sin
armonía. Todo ese brillo había correspondido a un bienestar económico
indudable. Y hasta social, podría decirse. El episodio de los E m boadas10
solidificó bien la prepotencia portuguesa, y abatió en los paulistas la
pretensión de mando. Pero en el momento en que el A leijadinho, que por
entonces debía tener treinta años o quizá un poco más, impuso su genio, Minas
decaía como quien se des barranca. Lo que perduraba era tan sólo el brillo
exterior. Y éste, esa tradición de fausto es lo que alimentó y, gracias a Dios,
hizo funcionar a Antonio Francisco Lisboa, y a su compañero en pintura: Manuel
da Costa Ataíde. Y era buen compañero realmente, ya que colaboró con el genio
tanto en la obra de la madurez en San Francisco da Penitencia de Vila Rica
(hasta 1777), como en la obra de la vejez, pintando a Sao Bom Jesús de
Matosinhos y encarnando figuras de la Vía-Crucis, en Congonhas11 (1791 -1799).
Por debajo del brillo rugía una insatisfacción terrible. Lo que se veía
empero, era la buena vida. De cada ladera, de cada puente, de cada fuen te,
saltaba un cura. Era realmente una clerecía festiva, sin educación, incluso sin
cierta religiosidad exterior (Capistrano de Abreu), a tal punto que don Joaquim
Borges de Figueiroa, de las aguas episcopales de la ribera do Carmo sacaba más
abaruna 12 que oro a los carumbés 13. La fiesta de todos era el eterno refrito
14 colonial de música, teatro y religión. Había orquestas en Sao Joáo d’El R
ei15 y Vila Rica 16. Las procesiones melodra máticas bajaban por las faldas de
las lomas pisando el suelo empedrado por los esclavos, moviéndose al vaivén
cadencioso de sus emperadores, emperatrices, símbolos, alegorías, estallido de
disparos, y fuegos artifi ciales menos miríficos a veces que el dramatismo
físico de las imágenes. Rompía los corazones el célebre señor del Monte
Alverne, en Sao Joáo d’El-Rei, magníficamente estilizado en el pecho, y con tal
dulzura en la fisonomía que parecía el mismo amor de Dios. ¡Ojalá! ¿pues quién
puede asegurar que el escultor de la imagen no fue el propio Jesús? el descono
cido ése, que se encerró tres días en el cobertizo sin material ni instru
mentos, que se fue sin ser visto por nadie, y que allí dejó el gran cruci
fijo. . . En Vila Rica, lo que resultaba muy divertido en las represen
taciones de la procesión de Corpus Christi, era el San Jorge montado
en un potro decorado a la minera, estribos y riendas de plata, y como si
eso fuera poco, adornos de un misticismo jesuita todavía más intenso. “¡Es José
Román!”, comentaba la gente, repitiendo con fatalidad popular, la tradición
folklórica tan universal que incluso en Brasil se reiterará muchas veces con
los pintores bahianos José Rodrigues Nunes y Bento Rufino Capinam. Esos mineros
no podían entregarse a exégesis folkló ricas. Paseaban, rezaban, charlaban,
sin sospechar lo decadentes que eran, en medio de tantas celebraciones. Y en
mitad de la noche, allí estaba cada sombra, con su delgado varapalo medio
curvo, la gente de Minas que se contoneaba en las calles sinuosas, haciendo
resplandecer bajo las luces de ventanas y puertas, los botones de oro del chaleco
y las botas de cuero lustroso. Si uno los encaraba en seguida se daba cuenta de
que era buena gente, de pelo en pecho y buen corazón y con ojos de una negrura
apacible, tierna hasta lo indecible. . . Demasiado melosa, es cierto. En el
fondo, lo que había era esa modestia tan de los brasileños y que Nabuco
simbolizó: una timidez aprovinciana, avergonzada de esa tierra sin tradiciones.
Sin tradiciones porque ignoraban la patria y la tierra. En verdad, la
conciencia de aquella gente todavía no había captado geográficamente el mapa
del inmenso Brasil. Ambiciones, desilusiones, virreyes, caídas bruscas,
estadalismo, malestar profundo: era natural que brotase un alma con poca
práctica de vida, llena de arrobos temerosos, incapaz de recordarse a sí misma
en las nieblas de la religiosidad supers ticiosa, cuyo realismo, cuando
aparecía, aparecía exacerbado por la con moción, lejos de lo natural,
dramático, expresionista, más deformador que los propios símbolos. Y de hecho,
más que eso no fue la Inconfidencia. Y casi fue eso toda la obra del escultor
del A leijadinho.
Antonio Francisco Lisboa era respetado. Presentían su genio, y si no
hizo fortuna fue, sin duda, porque, como la mayoría de los artistas, gasta ba
lo que ganaba. Y se sabe también que fue muy dadivoso. Si ganó media octava de
oro por día, como refiere Bretas, eso no duró más que un tiempo, antes de que
fuera célebre, o ya cuando en la recta de la muerte fue explotado por su
discípulo Justino, en la construcción de los altares de Carmo de Ouro Preto.
Djalma de Andrade comenta que por lo menos durante los varios lustros de
Congonhas (1791, probablemente
1810), el A leijadinho ganó
bien. Y llegó a tener tres esclavos y una esclava.
Públicamente reconocido como artista de valor, célebre al punto de que
aceptaran sus exigencias y caprichos, el A leijadinho, casi no fue
verdaderamente reconocido en su tiempo. En 1790, el libro de registro de los
hechos notables, de Mariana, se refiere a él como “superior a todo y singular”
(Bretas). Las Cartas Chilenas relatan la vida de Vila Rica, cuando las iglesias
de San Francisco y Nuestra Señora del Carmen hacía mucho ya que estaban
terminadas. Pero las Cartas no se refieren al Alei jadinho. Era leído, tenía
cierta instrucción que según parece, llegó hasta
el latín bíblico. Pero nada indica que haya tenido el menor contacto con
los Arcades 17. Ninguno de ellos lo menciona.
Bien pudiera ser incluso que Antonio Francisco fuese despreciado a causa
del color. . . Tal vez prueba de ello sea que en los documentos relativos a la
construcción de la iglesia de San Francisco (Sao Joáo d’El-Rei) nunca se
encuentra mencionado su nombre. Se habla del “artista”, del “arquitecto famoso
de Vila Rica” . . . Solamente un acta debido a una necesidad de interpretación,
aclara definitivamente que es al Aleija-dinho a quien pertenece la arquitectura
del templo. Famoso y artificial mente olvidado, parece que fue a causa de la
posición social que Antonio Francisco Lisboa sufrió en su tierra.
Durante todo el siglo pasado se olvidaron de él, e incluso quienes lo
aman ahora y resaltan su valor, lo deforman la mayoría de las veces mediante
crueles incomprensiones. Me parece importante, sobre todo, evitar que le
agreguen a la personalidad el epíteto de “primitivo”. ¿Pri mitivo por qué? ¿En
relación a qué? Con esa palabra vaga que tanto puede significar primario como
balbuceante iniciador de orientaciones estéticas nuevas, suele disimularse la
propia incomprensión y sobre todo el miedo a las fealdades.
Si tal o cual Cristo de Aleijadinho es deforme, o un soldado romano es
horrible con su narizota casi plásticamente insoportable, si además la estatua
de San Jorge incluye una carota en actitud de estupefacción perfectamente
tonta, o si las cúpulas de las torres de la San Francisco de Sao Joao d’El-Rei,
son bolas de mal aspecto, es porque el A leijadinho es un “primitivo” . . . Así
se evita tener que reconocer el más legítimo y hasta el más indispensable
derecho de los genios, el derecho a equivocarse, el derecho de hacer tam bién
obras feas y dispensables. Aterrorizados por las fealdades que dejó el A
leijadinho, como también las dejó Rafael, Mi guel Angel, Shakespeare o
Beethoven, suelen encubrirse durante algún tiempo, con una palabra aleatoria
que no significa absolutamente nada en este caso, indicio exclusivo de nuestros
temores y remordimientos.
Sí, remordimientos. Afirmamos la genialidad del A leijadinho, pero tro
pezamos de inmediato con el concepto de genialidad que nos llegó de Europa. Ahí
está la biblioteca de mil volúmenes sobre Wagner, la exégesis europea,
millonaria y acomodaticia, explicando todo, los errores, los ca beceos, las
ignorancias y tonterías de Dante, Camoes, Goethe. No me olvido de ningún modo
que los genios son, de hecho, muy superiores a sí mismos, y que en sus obras
hay un diluvio de fuerzas, bellezas y sím bolos, a los que ellos, de por sí,
no prestaron atención. Sin embargo, creo que es una verdad incontrastable que
hay en sus obras otro diluvio de fealdades y defectos, en los que ellos tampoco
se fijaron. Concédase al genio el derecho de equivocarse, en vez de concentrarnos
en esa falsifi cación europea de la genialidad que busca revertir fealdades
ostensibles en sutilezas de lo bello.
Al contrario, el A leijadinho no fue objeto, todavía, de una exégesis
completa. Y los extranjeros que nos visitaron, generalmente, se olvidaron de
él, lo que acentúa todavía más nuestra timidez. Manuel Bandeira ya se quejó de
eso, cuando recordó que fue Sainte-Hilaire, el primer ex traño “que se refirió
en letra impresa al A leijadinho”. Eso es lo que ocurre. En el fondo, la
mayoría de los brasileños no tenemos confianza en lo que es nuestro, a no ser
después que los de afuera nos autorizan a disfrutar la samba, a Carlos Gomes y
la bahía de Guanabara.
Pues bien, desgraciadamente, los viajeros que se refieren a José Fran
cisco Lisboa, lo hacen con despreciable insuficiencia. Spix y Martius, no dicen
una palabra. Lo mismo pasa con Rugendas. Sainte-Hilaire, según Bandeira, se
refiere a él en el “Voyage dans le District des Diamants” *. Pero, en el
“Voyage dans les Provinces de Rio de Janeiro et Minas Gerais” no dice nada. Sin
embargo, pasó dos semanas en Vila Rica y efectuó mu chas descripciones y
detalló pormenorizadamente las obras arquitectóni cas. En un párrafo curioso
dice que, después que empezó a escasear el oro, los mineros “se contentaron con
los pintores de la tierra. Estos, dota dos muchas veces de genialidad natural,
no pasan, sin embargo, de mise rables embadurnadores (barbouilleurs), porque
no tienen profesores ni pueden contemplar buenos modelos”. Siempre la obsesión
del primiti vismo. . .
Ya el capitán Burton, cuya universalidad espiritual es admirable, y cuya
perfección de observador mereció los elogios de Tylor, se mostró, como puede
fácilmente advertirse, muy impresionado con el A leijadinho. Pero, más allá de
algún chisme positivo, no lo comprendió en lo más mínimo. Así, cuando cuenta
que Antonio Francisco trabajaba sin tener manos, atando los instrumentos a los
antebrazos, comenta con total desparpajo: “pero el caso del Aleijadinho no es
el único de actividad sorprendente en los lisiados, baste recordar el reciente
de Miss Biffin”. El caso del A leijadinho se convierte, pues, para Burton, en
el de una Miss Biffin cualquiera. . .
En otra página llega a describir con cierto pormenor, la admirable
iglesia de San Francisco, de Sao Joáo d’El-Rei. Critica razonablemente las
defectuosas cúpulas de las torres, y especifica el proceso, casi sistemá tico
en la arquitectura de Antonio Francisco, de torres en cuadrados curvilíneos (
“this may be called the round-square tower style” . . . ) **, haciendo la
salvedad, sin embargo, de que sólo resulta recomendable ¡por la excentricidad!
***.
En francés en el original (N
. del T .).
En inglés en el original (N
. del T .).
* * “De manera que para
Burton no pasa de ser excentricidad el principio mucho más lógico de que sean
redondas las torres de acceso exclusivo a las campanas, reflejando en el
exterior la estructura interna de las escaleras en caracol. . . Per dóneselo a
Burton, que no sabía nada de estética y arquitectura, cuando para tantos
arquitectos de ahora, los principios de Gropino o Le Corbusier tampoco pasan de
excentricidades” (N . del T .).
Y, soñando con las bellezas arquitectónicas del Viejo Mundo, no tiene
una palabra de elogio para la obra maestra; por el contrario, concluye
paternalmente que los pueblos jóvenes, de la misma manera que la juven tud,
debieran saber que la genialidad comienza por la imitación, y sólo después
alcanza la creación independiente. Y que cuando el niño antepone precozmente
sus improvisaciones a la imitación, los resultados suelen ser, por lo general,
de mal gusto, faltos de gracia y grotescos. ¡El consejo no es del todo
negativo, pero lo cierto es que el A leijadinho estaba imi tando! Y si
infundía ribetes de genialidad a la propuesta de su modelo, no tenía la culpa
de poseer la violencia de temperamento, la grandeza premonitoria que lo hacía
original sin que se lo propusiera.
Burton se refiere varias veces al Aleijadinho. Encuentra “handsome” el
exterior de la iglesia de San Francisco, de Ouro Preto, y no hace elogio alguno
cuando se refiere a la talla del Carmen, de Sao Joáo d’El-Rei, también obra del
“infatigable”. En cuanto a la Vía-Crucis de Con-gonhas, se diría que lo
horroriza, la llama “caricatura”. Pero, sin tener conciencia del elogio
expresionista que hacía, reconoce que, aunque gro tescas y viles, esas
esculturas servían para “fijar profundamente los temas en el espíritu de la
gente del pueblo”.
Quien tal vez mejor percibió el valor del genio fue Von Weech, en el
segundo escrito publicado sobre Brasil: la relación de su viaje *.
Es verdad que al pasar por Ouro Preto, elogia las fuentes de la ciudad,
distingue una iglesia sin ventanas (?), pero del A leijadinho y sus obras, ni
pío. Sin embargo, ante los profetas de la escalinata de Congonhas, a los cuales
como buen protestante llama los apóstoles, descubre al hombre.
“Las estatuas de los doce apóstoles, en tamaño natural y piedra-jabón,
fueron esculpidas por un hombre sin manos; aunque no en obras maes tras, los
trabajos de este curioso artista, completamente autodidacta, traen el cuño de
un talento insigne”.
El A leijadinho no encontró ningún extranjero que. . . le adjudicase
genio. Y por eso nosotros creemos en nosotros. Lo que los brasileños saben en
general es que hubo en el país un hombre manco, que se ataba el martillo de
albañil a los muñones y así esculpía. Y eso los impresiona tanto, que se lo
cuenta a sus amigos y éstos, a su vez, a los suyos. Miss Biffin.
Pero ni Miss Biffin ni mucho menos “primitivo”, ¿Primitivo en rela ción
a qué? Por el contrario, su caso es perfectamente el de quien completa y corona
una etapa. El lleva a su clima la tradición luso-colonial de nues tra
arquitectura, dándole una solución casi personal, y que podrá consi derarse
brasileña por ese motivo. Saint-Hilaire hizo, a raíz de su viaje por
“Manuel Bandeira comete un
pequeño error al afirmar que Saint-Hilaire fue el primer extranjero que se
refirió al Aleijadinho en un libro. La obra citada de Saint-Hilaire es de 1833,
en cambio el libro de Von Weech fue publicado en 1831" (N . del A .).
Minas, una síntesis verdaderamente admirable de la iglesia colonial bra
sileña. No quiero dejar de transcribirla entera:
“Construites à peu près sur le modèle de celles de Portugal, elles sont
beaucoup plus petites que les nôtres. Le clocher s’élève point du milieu du
toit, il est remplacé par deux tours carrées qui, faisant partie de la façade
de l’église, prolongent ses deux côtés, et l'intervalle que les deux tours
laissent entre elles, est rempli par un fronton qui diminue de largeur de la
base au sommet, à peu près comme un triangle, et se termine par une croix.
Quelques églises de campagne n’ofrent qu’un fronton sans ornement; d’autres
n’ont qu’une tour où même elles n’en ont pas du tout, et alors la cloche est
ordinairement placée à côté de l’église sous un petit toit soutenu par deux
poteaux. Aucune église n’a de bas côtés. Le sanctuaire n’est point comme chez
nous, continu avec le rest du vaisseau; c’est, ainsi que l’indique la
dénomination portugaise “capela mór”, une véritable chapelle distincte de la
nef, moins élevée et sortout moins large qu’elle. Pour masquer les angles qui,
de chaque côté, résultent naturellement de la différence de largeur de la nef
et de la chapelle majeure, on construit à droite et à gauche un autel oblique.
Au-dessus du maître-autel, qui occupe le fond de la chapelle majeure, s’élève
dans une niche une haute pyramide de gradins chargée de chandeliers et de
bouquets de fleurs; le sommet de la pyramide porte la statue du patron, et les
côtés de la niche sont assez généralement accompagnés de colonnes, ce qui forme
un ensemble d’un effet agréable et d’un gout assez pur. Il ne faut pas s’attendre
à trouver dans les églises de l’interieur du Brésil, des chefs-d’oeuvre de
peinture et de sculp ture; on n’y voit aucun tableau, mais les statues des
saints, les peintures des plafonds et des murailles, ne sont pas beaucoup plus
mauvaises que celles de la plupart de nos églises de province. On a senti chez
nous que les edifices religieux empruntaient d’une lumière affaiblie quelque
chose de plus imposant; mais souvent on a exagéré ces effets, et plusieurs de
nos temples sont devenus tristes et lugubres: il n’en est pas ainsi des églises
brésiliennes; elles sont mieux éclairées que les nôtres; les fenêtres ne sont
pas très grandes, mais elles sont plus multipliées et n’ont point de carreaux à
petits plombs. La majesté de nos temples ne se retrouve point, il est vrais,
dans les églises du Brésil, mais on a beaucoup plus de soins de maintenir la
propreté. Toutes sont planchéiées et, des deux côtés, de la nef, dans une
largeur de cinq a six pieds, le plancher est plus élevé d’environ neuf pouces
que dans le reste de l’église. Cet espace ainsi exhaussé, est séparé du milieu
de la nef par une balustrade, de “jacarandá” noir comme l’ébène, et la même
balustrade prolongée parallèlement au maître-autel, separe encore le sanctuaire
de la nef” *.
Cité completamente esta admirable síntesis porque las arquitecturas del
A leijadinho se reconocen en ella.
* En francés en el original (N . del T .).
En las iglesias m ineiras del siglo xvm puede advertirse la lucha de dos
influencias principales: la del A leijadinho y la del ingeniero portugués Pedro
Gomes Chaves, anterior al brasileño. Pedro Gomes Chaves, ya aplica el proceso
de las fachadas en planos irregulares, a veces curvilíneos. El documento más
vivo de ello es Nuestra Señora del Pilar de Ouro Preto C1720), encomendada al
maestro carpintero Antonio Francisco Pombal, tío del A leijadinho. Y es fácil
advertir que éste imitó al ingeniero portu gués. La fachada de la iglesia de
San Francisco de Ouro Preto, no es otra cosa que un desarrollo más equilibrado
y muchísimo más gracioso, de la solución dada a Nuestra Señora del Pilar.
Otra característica de la obra de Pedro Gomes Chaves, es el frontón
triangular, al que alude Saint-Hilaire, que en vez de formar un todo compacto,
está seccionado en tres partes, dos laterales gemelas en movi miento
ascendente, y una central voluminosa, sin gracia, en su peso cuadrangular, con
un rosetón en el centro, que duplica el rosetón del coro y se derrama
inmediatamente sobre el pórtico. Se trata de un pro ceso muy luso-colonial,
frecuente en las iglesias de Bahía, donde, por lo demás, se presenta más
elegante, con el rosetón reemplazado por una ventana con salidizo. También
frecuente en los templos pernambucanos, como el de la Madre de Dios, que es un
ejemplo típico, y el de la iglesia del Espíritu Santo, también de Recife, y el
de la antigua Sede de Olin-da 18, que es el modelo más lógico. Pedro Gomes
Chaves afeó a golpes de torpeza, los frontones nordestinos, trayendo sin
riqueza a las Minas aquel estilo que, hacia el final del dominio de los
Felipes, se introdujera en la arquitectura de Portugal (v.g. las Carmelitas
Extintas do Porto, 1628).
El tipo de frontón construido por Pedro Gomes Chaves se difundió
muchísimo en Minas, y sólo el A leijadinho y los seguidores que lo imi taron
no cayeron en las desmesuras del portugués. Pero la Concepción de Antonio Dias,
la del Carmen (Ouro Preto) cayeron en desgracia si guiendo a Gomes Chaves. La
deliciosa iglesia del Rosario, también de Ouro Preto, parece fundir las
influencias de Chaves y del A leijadinho. Toma de éste la fantasía curvilínea
de las paredes exteriores, que el A lei jadinho había sistematizado en las dos
iglesias franciscanas de Ouro Preto y Sao Joáo d’El-Rei, toma sus ventanas de
banda en las torres, mediante los cuales éstas quedan orientadas por los
ángulos y no por los planos de la nave. Y en el frontón refleja, con más lógica
y menos peso, la segmen tación tripartita de Pedro Gomes Chaves. Hay además
una iglesia de San José, no sé de dónde, que conozco apenas por una borrosa
repro ducción de diario, que me parece reflejar esas mismas tendencias conci
liatorias.
El A leijadinho, que surge de la lección de Pedro Gomes Chaves, realza
hasta la genialidad el estilo de aquél, creando al mismo tiempo un ejem plo
típico de iglesia que es la única solución original que inventó jamás la
arquitectura brasileña. Y lo que considero absolutamente genial en
esa invención es que ella contiene algunas de las constancias más
íntimas, más arraigadas y más étnicas de la psicología nacional: es un
prototipo de la religiosidad brasileña. Este tipo de iglesia, fijado de manera
inmor tal en las dos San Francisco de Ouro Preto y Sao Joáo d’El-Rei, no
corres ponde solamente al gusto de la época, reflejando las bases portuguesas
de la Colonia, sino que también ya se distingue de las soluciones barrocas
luso-coloniales, por este o aquel acento, por un encanto más sensual y
gracioso, por una “delicadeza” tan suave, eminentemente brasileñas.
Es cierto que en ellas no hay majestad, como bien lo dijo Saint-Hilaire.
Pero la majestad no forma parte de lo brasileño, aunque forme parte común de
nuestro paisaje. Sin embargo, hay que comprender que lo sublime no implica
exactamente majestad. No es preciso ser ingente para ser sublime. A las
iglesias del A leijadinho no se les puede aplicar el apelativo “bello”, propio
de la de San Pedro de Roma, la catedral de Reims, la de Batalha *, o la
horrible de San Marcos de Venecia. No son bellísimas, son de un encanto que uno
tiende a confundir con la hermosura. Lo que hay en ellas de sublime es menor,
su equilibrio, su pureza tan ordenadita y apacible, que parecen hechas para
querer o para acariciar, como se dice en la canción nordestina. Son barrocas,
no cabe duda, pero su lógica y el equilibrio en que descansa su resolución es
tan perfecto, que el embrujo jesuíta desaparece, el decorado se aplica con tan
ta naturalidad, que si al estilo hay que reconocerlo barroco, del sentimiento
cabe decir que es renacentista. El A leijadinho supo ser arquitecto de
ingeniería. Escapó genialmente del lujo, de la superafectación, del movi
miento inquietante, de lo dramático, conservando una claridad, mejor dicho, una
transparencia puramente renacentista.
Incluso como santero, el A leijadinho nada tiene de primitivo. Sus esta
tuas y altorrelieves no difieren sensiblemente de la estatuaria religiosa
hispano-portuguesa, ni siquiera por un individualismo pronunciado. Mu chas de
ellas divergen solamente para ser mejores que la mayoría, sobre todo por lo
provistas de carácter que están, y algunas por ser genialmente plásticas. Pero
el individualismo propiamente dicho no se refleja en ellas, ni siquiera en las
estatuas torturadas de las Vía-Crucis. Este o aquel pro ceso de tornear bocas,
golpear ojos, etcétera, es más bien un recurso técnico de resolución, que
individualismo propiamente dicho.
Pero, antes de afirmar pretendidamente nada definitivo sobre el indi
vidualismo de Antonio Francisco Lisboa, sería necesario, primero, deter minar
exactamente toda su obra, cosa que aún no ha sido hecha. Son varios los
problemas por resolver. Sabemos que la iglesia Sao Francisco, de Ouro Preto, es
enteramente suya: plano, escultura en piedra y made ra, plano de las tallas.
Las esculturas de Congonhas, piedra y madera, son suyas. La arquitectura de Sao
Francisco (Sao Joáo d’El-Rei) también le pertenece. La escultura en piedra de
la iglesia do Carmo de Ouro Preto
* El autor se refiere a la catedral portuguesa (N . d elT .).
es, asimismo, suya. Y el San Jorge agonizante. Puede discriminarse per
fectamente lo que es suyo en la Iglesia do Carmo de Sabará, en la Sao Francisco
de Mariana, en las matrices de Sao Joáo do Morro Grande, Santa Lucia do Rio das
Velhas, y en las capillas de las estancias de Sabará.
Hay aspectos que me parecen confusos y apasionantes. Como el de la
Iglesia do Carmo de Sao Joáo d’El-Rei.
Basilio de Magalhaes considera que esa iglesia fue iniciada en 1732.
Pero se sabe que más tarde modificaron la fachada. La escultura de la puerta es
considerada del A leijadinho, lo que me parece indiscutible.
Manuel Bandeira comprueba que toda la fachada respira el arte del
Aleijadinho. Así es. El frontón, más pueril y esbelto, recuerda la desen
voltura audaz de la Sao Francisco de Ouro Preto. Los ventanales de la fachada
recuerdan los de la otra Sao Francisco. El rosetón de la clara boya recurre a
la perfección del círculo, que está en las otras dos iglesias que, con
seguridad, son del A leijadinho, y que resulta infrecuente en la Mina Gerais de
entonces.
La Iglesia de Nuestra Señora da Concepgáo, la del Pilar, la del Rosa
rio (Ouro Preto), Carmo y Sao Francisco (M ariana), Sao Bom Jesús (Congonhas),
todas evidencian aquella irregularidad fantasiosa en el ro setón, que culminó
en el sentimentalismo exacerbado y jesuítico de la Iglesia do Carmo de Ouro
Preto. Otra peculiaridad más de las arquitecturas del A leijadinho son las
torres sistemáticamente regulares con las ventanas laterales, orientadas hacia
los ángulos de la nave. Disposición curiosa que disimula todavía más la
sensación de superficie plana de las fachadas. La iglesia do Carmo también
presenta esa disposición que Antonio Ferreira de Souza Colheiros imitaría en la
del Rosario dos Brancos, de Ouro Preto (1 7 8 5 ). Por todo eso, también me
inclino a creer que el plano primitivo de la iglesia do Carmo de Sao Joáo
d’El-Rei haya sido modifi cado por el A leijadinho.
Otro problema por ser resuelto es el de los pórticos de la iglesia de
Las Mercés de Cima y de la de Sao Bom Jesús de Matosinhos, ambas en Ouro Preto.
Según Diego de Vasconcelos, los primeros son tradicional mente atribuidos al A
leijadinho.
Hay un argumento muy fuerte, me parece, a favor de la paternidad de
Antonio Francisco Lisboa sobre esos pórticos: él es el único escultor de su
tiempo capaz de trabajar la piedra-jabón con la firmeza que presentan esos
trabajos. Y ambos reflejan la sensualidad excelente con que él sabía subrayar
el carácter de esa piedra blanda. Además, la figura del nicho (Sao Bom Jesús) y
la de la Senhora das Mercés respiran cierta gracia grave y un espíritu que son
rasgos inconfundibles de Antonio Francisco. El ángel, por tanto, es ya una obra
maestra: en él puede verse esa misma sonrisa artificial, algo estereotipada del
ángel del medallón, de la sacris tía de la Sao Francisco de Ouro Preto. Creo
que es difícil poner en duda la autoría del A leijadinho con respecto a esa
figura. Y además, la
cabeza del ángel central, así como los dos querubines de la corona en
las Mercés, repiten sin maestría, la coronación del pórtico de la iglesia do
Carmo de Ouro Preto.
Pero son varios los argumentos que contrarían con fuerza todo eso. El
principal atañe a la concepción del conjunto, absolutamente contraria en estilo
y libertad, a los otros portales del A leijadinho. El tenía una audacia
admirable, movimentadísima, a pesar de serena, en la utiliza ción de la
ornamentación barroca. Huyó del nicho incluso hasta cuando éste se hacía
probable, como en la fuente de la Sao Francisco de Ouro Preto. Sintiendo en las
manos el hechizo mulato por la piedra azul, la obligaba a retorcerse con ardor
sensual y lento. Pero esos dos pórticos presentan una composición, un orden
frío, casi luis-filípico en la iglesia de Sao Bom Jesús, y demasiado compacta,
incipiente, de estudiante, en la de las Mercés. Principalmente eso: frialdad.
Con excepción del arcán gel del nicho, esos pórticos congelan a quien los
mira. No tienen esa voluptuosidad plástica, que es la cualidad más acentuada de
las piedras del mulato. Y además, el relieve que representa el Purgatorio (Sao
Bom Jesús) con las llamas naturalistas, no revela aquella audacia estilizadora
que modeló las volutas de nubes en la Sacristía do Carmo, el león casi
bizantino junto al Daniel de Congonhas, y las espléndidamente pétreas olas del
púlpito de Jonás (Ouro Preto).
Mi inseguridad, sin embargo, tiende a diluirse cuando me inclino más a
favor de la aceptación de la paternidad del A leijadinho sobre esas obras. No
pude conseguir las fechas de esos pórticos. Tal vez ellas nos hubieran pedido
aclarar unas cuantas cosas. ¿Serán obras de juventud?. . .
Francamente, lo parecen. Muestran esa aplicación discipular, esa frial
dad, esa obsesión por lo ajeno con que los nuevos se presentan en ge neral *.
“Después que los originales
de este libro (El autor se refiere a Aspectos das Artes Plasticas no Brasil,
del cual forma parte el estudio sobre el Aleijadinho), fueron enviados a la
imprenta, recibí el reciente opúsculo sobre el Aleijadinho del historiador
mineiro, Feu de Carvalho, editado por las Edigoes Históricas de Belo Horizonte,
en 1934. Es un libro bien extraño éste, ya que en él, el Sr. Feu de Carvalho,
legítimo Santo Tomás de la historia patria, no logra reprimir su inexpli cable
mala voluntad para con el Aleijadinho. El Sr. Feu de Carvalho niega casi todo
lo que Bretas, la tradición y los autores, han atribuido al Aleijadinho, y sólo
se muestra dispuesto a creer en lo que los documentos que él pudo obtener
muestran y demuestran ser del genio. Es una destrucción casi completa. Pero
leído el libro, se sale de él con un malestar curioso. El Sr. Feu de Carvalho
no logró otra cosa que dudar y negar. Pero no logró demostrar sus negativas. Lo
único que logró en este sentido atañe a dos obras: el admirable lavatorio de la
Carmo de Ouro Preto (p. 120) y el más o menos intrascendente pórtico das Mercés
(p. 118), que justamente, acabo de comentar. El resto de lo que el Sr. Feu de
Carvalho niega al Aleijadinho, se lo niega sin demostrar la validez de su posición.
Es muy interesante que el historiador se empecine en mostrar que los
partidarios de el Aleijadinho cometieron exageraciones y absurdos llevados por
su admiración incon dicional. En esto invierte gran parte del opúsculo, como
si con ello probara algo. Sólo demuestra la existencia de corazones generosos,
sin ningún otro interés que el del amor. Creo que el señor Feu de Carvalho sea
también un alma desintere sada, pero eso no impide que su pasión negativista
lo lleve a cometer absurdos
el A leijadinho, de hecho
nada tuvo de anormal en su evolución artística. Fue desarrollándose
gradualmente. Recién después de los treinta
y cinco años se muestra en su madurez prodigiosa y todavía sana que dejó
en las dos iglesias de Sao Francisco y en las piedras de las dos Carmos, una de
las más elevadas expresiones plásticas del genio humano. Después llegó la
enfermedad. . . Y sobrevino Congonhas. El genio sufre demasiado físicamente, y
si no decae en sentido estricto, la enfermedad y la vejez lo obstaculizan. La
obra de Congonhas, frecuentemente genial, varias veces sublime todavía, sin
embargo es vacilante. Irregular, más atormentada, más mística, clama un
sufrimiento rabioso propio de alguien que no tenía, como bien sabemos, mucha
paciencia, a pesar de las lecturas bíblicas. Uno percibe al impaciente, quien
en el catre postrero, pedía a Dios que hiciera sentir sobre su cuerpo maltrecho
los “divinos pies”.
igualmente imperdonables. Para negar la autoría del Sao Jorge (p. 46),
recuerda que el Aleijadinho ya no estaba por entonces en Vila Rica, sino en
Congonhas. E irónicamente comenta que el trabajo le debe haber sido solicitado
por teléfono o por telégrafo. . . Como puede advertirse, no habiendo teléfono
ni telégrafo, el Sr. Feu de Carvalho niega todo derecho a la locomoción. Si el
hecho de que el Aleijadinho trabajara por entonces en Congonhas invalida en
parte la referencia de Bretas, de la que yo también dudé recordando que, el
hecho de copiar en obras de arte rostros existentes, de los cuales el autor
trata de vengarse, pertenece al anecdotario folklórico aplicable a la parte
ignorada de la vida de los artistas, nada impide que de Vila Rica se haya hecho
una encomienda a un artista conocido y apreciado, que circunstancialmente
residía en Congonhas. Pero el Sr. Feu de Carvalho, molesto con tamaña
distancia, prefiere creer que la mayoría de las obras del Aleijadinho haya sido
realizada por artistas contratados de Portugal.. . Menos digno aún de un
historiador es (p. 53) dudar de ciertas obras de piedra del Aleijadinho, porque
“siendo éste lisiado de ambas manos, solo no podría, cierta mente, desplazar y
mover tan pesados bloques de piedra” ¡sic! De manera que El Cristo y la
Adúltera, de Bernardelli, nunca le pertenecería, porque él solo jamás podría
dislocar y mover un bloque de mármol tan pesado. Es innegable que la corrección
de la verdad histórica no impide a los más sinceros historiadores, movi mientos
de puro lirismo apasionado. Ya observé en un artículo mío publicado no recuerdo
dónde, que hay una tendencia casi supersticiosa en Minas a atribuir todo. . .
al Aleijadinho. El libro del Sr. Feu de Carvalho podría ser un excelente
antídoto a esa tendencia. Pero no lo es. Y nos aclara muy poco. Vuelve a
subrayar una duda que no tiene ningún valor social. Es el Aleijadinho casi una
leyenda? ¿Es él la verdad maravillosa en la que creo . . . ? Ya se negó la
existencia de Na poleón, y si el Sr. Feu de Carvalho consiguiera
napoleonizarse en la destrucción del Aleijadinho, es posible que en el siglo
próximo, algún cura, si por entonces aún los hubiere, considere al Sr. Feu de
Carvalho apenas un símbolo etnográfico, representativo de la noche que todo lo
traga en su oscuridad negativa. Pero el Aleijadinho, ante todo, es un símbolo
social de enorme importancia brasileña, americana y universal. Representa un
conjunto de obras de arte magníficas: uno de los momentos decisivos de nuestra
formación histórico-psicológica; un genio americano. La Historia no tiene nada
que ver con toda esta simbolización pragmá tica, ya lo sé. Pero la duda es uno
de los sentimientos humanos más despreciables. Si el Sr. Feu de Carvalho
tuviese documentos fehacientes que desmintiesen la ver dad tradicional, era
indispensable cuestionar esa verdad, repudiarla y exigir una revisión de
valores. Sin embargo, el Sr. Feu de Carvalho no actuó ni como histo riador, ni
como dueño de sus virtudes personales, que estoy lejos de ignorar, cuando duda
y duda, y por eso niega y niega, apoyado apenas y tan sólo en la verdad
histórica de que un pórtico mediocre y un lavatorio admirable no son del
Aleijadinho. A falta de mayores pruebas, me mantengo, con Bretas, con Vascon
celos, dentro de la tradición” (N . del A .).
Me parece muy importante reconsiderar esta realidad histórica. El sen
timentalismo local, olvidado de las fechas, se inclina a ver en la produc ción
del A leijadinho la obra del enfermo, sufriendo horrores a causa de esa
misteriosa Zamparina *, que también estaba invalidando a otro artista
brasileño, el pintor Leandro Joaquim. La aparición de la enfermedad divide en
dos etapas nítidas la obra del Aleijadinho. La etapa sana de Ouro Preto y Sao
Joáo d’El-Rei, se caracteriza por la serenidad equilibrada, y por la claridad
magistral. En la etapa de Congonhas, que es la del enfermo, desaparece aquel
sentimiento renacentista de la etapa sana, surge un sentimiento mucho más
gótico y expresionista. La deformación, en la etapa sana, es de carácter
plástico. En la etapa enferma es de ca rácter expresivo.
Es cierto que en Congonhas el Aleijadinho trabajó más con madera que con
piedra. Pues bien, él fue un técnico formidable que sabía per fectamente
acondicionarse a los materiales que empleaba, así como con dicionarlos a su
imaginación expresiva. Los planos redondeados, princi palmente el audaz
abultamiento de las paredes laterales, en la Sao Fran cisco de Sao Joáo
d’El-Rei, aprovechan admirablemente el valor del ta bique en la arquitectura,
así como existe una fuerte diferencia de concep ción entre las esculturas de
madera y las de piedra. La “moralidad” de sus esculturas es prodigiosa por eso.
En la piedra fue un plástico intrínseco, en la madera un expresionista a veces
feroz. En la piedra, más sólida, más duradera, siempre caracteriza y realza la
sensación de nobleza y de eter nidad que tiene ese material. Sus figuras
guardan una inmovilidad pro funda : no son los gestos los que mueven sus
piedras, es la luz. Sus piedras permanecen perfectamente conceptuales, con ese
valor de eternidad in corruptible que las convierte en algo tan solitario, tan
noble, en algo ajeno a la naturaleza. En las escenas de los púlpitos, en las
fuentes de sacristía, en los profetas de Congonhas, las piedras edifican en un
ritua lismo extático al que las redondezas lisas de los volúmenes agregan,
ade más, ese paroxismo de voluptuosidad que está siempre junto al éxtasis y a
las serenidades hieráticas.
Sólo dos veces el Aleijadinho escapó a ese. . . clasicismo de la piedra.
Una de ellas fue en el Sao Francisco de la fuente de la sacristía. En esa
figura maravillosa, la piedra ya no está tratada como un valor autónomo
puramente plástico, sino que más bien el cuerpo está concebido con una
intensidad, con una espléndida fuerza vital. La otra ocasión fue el me dallón
de la fachada, en esa misma Sao Francisco de Ouro Preto.
El Aleijadinho manifiesta frecuentemente la tendencia a deformar las
figuras aumentándoles un poquito el tamaño de la cabeza. Eso puede verse en el
Sao Jorge, en los profetas de Congonhas, en los paneles de
Zamparina: nombre dado a la
epidemia que irrumpió por entonces en Rio de Janeiro,^ en Minas y otras zonas
del Brasil y que se caracteriza por una profunda alteración de los sistemas
nervioso y locomotor (N . d elT .).
los púlpitos. Se trata de un procedimiento común a los escultores
góticos de Francia, que aparece, por ejemplo, en los patriarcas de Saint
Trophime (Arles), en el portal norte de la catedral de Laon, en algunos de los
profetas y en la serie admirable de los apóstoles, en Amiens, en los Gemelos,
de Chartres, en los profetas, apóstoles, en el San Juan Bautista, de la fachada
principal de Reims, y todavía es más sistemático en los frisos y capiteles más
conocidos como en Notre Dame du Port en Clermont, y en las iglesias del
Puy-de-Dome. Ese proceso, reinventado entre nosotros por el A leijadinho, da a
las figuras una fuerza impresio nante, medio fantasmal. En un tiempo creí que,
en el caso de los pro fetas de la escalinata de Congonhas, eso pudiese
derivarse de las nece sidades de la escultura arquitectónica; la desproporción
propuesta como algo intencional a fin de que se produjese proporcionalidad
dentro de la perspectiva. Que es algo intencional, estoy seguro. Pero si en los
profetas de Congonhas ella se justifica por la necesidad arquitectónica, en el
caso de los púlpitos parece designar una intención expresiva, em peñada en
hacer más impresionantes las escenas descritas. En cambio el proceso que
desaparece en las fuentes de sacristía, aparece esporá dicamente y con
manifiesta intención expresionista en las Vía-Crucis, para hacer más
impresionantes, más sombrías, ciertas figuras (por lo general, los infieles). Y
ya no aparece en ese incomparable medallón donde Sao Francisco recibe los
estigmas que, como ya dije, fue una de las dos oca siones en que el A
leijadinho hizo que la piedra-jabón se sometiese exclu sivamente a sus
intenciones expresivas. La escena está tratada con realismo, el cuerpo del
santo arrodillado se echa hacia atrás, como impulsado por los rayos que emanan
de las heridas del Crucifijo. Lo más impresionante es el cuerpo, por la
proporción y el movimiento que dominan el ámbito del medallón. Ese es uno de
los momentos más geniales de la escultura del A leijadinho, donde una dulzura
divina, de primitivo italiano, se alia a un movimiento, a un sentido realista
admirable.
Pero con la enfermedad, el sufridor insufrible, se vuelve expresionista,
y se empeña en una violencia tan exasperada que más de una vez se vuelve
caricaturesco. En las Vía-Crucis, ya se lo encuentra luchando con la madera,
mucho más blanda que la piedra, de una plasticidad más servil. No se somete a
ella. Es ella la que lo sirve totalmente, y a sus odios terribles (la serie
caricaturesca de los soldados romanos), a sus amores divinos (algunos de los
Cristos, principalmente el que está siendo clavado en la cruz), y a sus afectos
humanos (como ocurre en la figurita del niño con el clavel, el San Juan
durmiente, las mujeres en la subida del Calvario, el buen ladrón). Pero ya no
todo es bueno. Si en la piedra de los profetas se observa apenas esta o aquella
irregularidad, cierta, incó moda, vacilación creativa, las Vía-Crucis, en
cambio, contienen figuras francamente deplorables, que lo impulsa a uno a
preguntarse si realmente serán del A leija d in h o . . . En la subida al
Calvario, el Cristo es detesta
ble, y otros horrores se ven, principalmente en el flagelo y en la
corona ción de espinas.
Munido de una técnica perfecta, demostró una versatilidad asombrosa. El
individualismo vaga, casi inasible en tamaña riqueza de expresión. Sin duda,
muchas de las cosas que hoy le atribuimos, eran de sus alumnos esclavos, y ni
siquiera puede decirse que él sea primitivo en el sentido de precursor de una
orientación estética o de un estilo, ya que ni siquiera sus propios compañeros
de atelier prolongaron su obra. . . A muchos cuerpos, a mucha rocalla, a muchas
caras, él las debe haber esculpido harto de todo, corroído por el sufrimiento,
sofocado por el trabajo in gente *.
Realista extraño, el A leijadinho fue un deformador sistemático. Pero su
deformación es de una riqueza, de una libertad de invención absolu tamente
extraordinarias. Se ha dicho que él nada sabía de escultura, y sobre todo que
desconocía la anatomía. . . Esto, por lo demás, no tiene la menor importancia
si se lo compara con lo que sí constituye ignorancia supina y que es confundir
la escultura con la anatomía. Pero el hecho es que él ni siquiera ignoraba eso.
El hombre que fue capaz de hacer la fuente de Sao Francisco, el medallón de los
estigmas, el Cristo clavado en la cruz, el brazo del soldado tocando la
trompeta, el San Pedro, la expresión de dolor del soldado de la oreja cortada,
en las Vías-Crucis, sabía realizar magníficamente los valores anatómicos,
cuando éstos acen tuaban y coincidían con el valor expresivo que él quería
extraer de la madera o de la piedra. Y viviendo en el Barroco y expresándolo,
él va más allá de las lecciones barrocas que presenciaba; su tipo de iglesia
expresa un sentimiento renacentista. Y en la toréutica él pone de mani fiesto
una ciencia de la composición equilibrada, muy serena, que se escabulle del
barroco también. En la escultura, él es toda una historia del arte. Bizantino a
veces, como en el león de Congonhas, frecuentemente gótico, renacentista a
veces, frecuentemente expresionista a la alemana, recordando a Cranach, a
Baldung o Klauss Sluter; y más ocasionalmente realista, de un realismo más
español que portugués.
Yo creo que con él, Brasil entregó su más alto ingenio artístico. Una
gran manifestación humana. Su función histórica es vasta y peculiar. En medio
de aquel enjambre de valores plásticos y musicales de su tiempo, muy superior a
todos por su genio, coronó tres siglos coloniales. Era, entre todos, el único
que se podrá llamar nacional, por la originalidad de sus soluciones. Era ya un
producto de la tierra, y del hombre que vivía en ella, y era un inconsciente de
otras existencias mejores de ultra mar: un aclimatado, en la extensión
psicológica del término. Pero, inge nio sin duda nacional, era a la vez el
mayor falso boato de la nacionali dad, al mismo tiempo que caracterizaba toda
la inautenticidad de nuestra
“Manuel Bandeira, en 1928,
contó sesenta y seis figuras de madera en las Vía-Crucis de Congonhas. Yo sumé
setenta y cuatro, cuando estuve allá en 1917. No creo haberme equivocado en la
cuenta. ¿Habrán suprimido algunas? (N . del A .).
entidad civilizada, hecha no de desarrollo interno, natural, que va del
centro a la periferia y se vuelve excéntrica por expansión, sino de impor
taciones acomodaticias e irregulares, artificial, venida del exterior. De
hecho, Antonio Francisco Lisboa profetizaba para la nacionalidad un genio
plástico que los Almeida Juniors posteriores, ¡tan raros! son insufi cientes
para corroborarlo.
Por otro lado, el A leijadinho completa, como el máximo genio, el pe
ríodo en que la entidad brasileña actúa bajo la influencia de Portugal. Es la
solución brasileña de la Colonia. Es el mestizo y es lógicamente la
independencia. Deforma la cosa portuguesa, pero no es una cosa fija todavía. Es
económicamente atrasado porque la técnica artística en Minas se desarrolló más
lentamente que el esplendor económico hecho tan sólo de los restos de un
colonialismo cuyo único objeto era enriquecer a Portugal. Por eso, su aparición
ya no corresponde a ninguna estabilidad financiera. Es un verdadero aborto
luminoso, como abortos luminosos fueron la valorización del caucho y del café,
y, en muchos aspectos, la industrialización de Sáo Paulo.
Pero abrasileñando la cosa lusa, infundiéndole gracia, delicadeza y
nervio en la arquitectura, y siendo, por otro lado mestizo, el artista vagó por
el mundo. Reinventó el mundo. ¡El A leijadinho recuerda todo! Evoca a los
primitivos itálicos, bosqueja el Renacimiento, ahonda lo gótico, casi francés a
veces, muy germánico casi siempre, español en el realismo místico. Una enorme
irregularidad cosmopolita, que lo hubiera conducido a algo irremediablemente
diletante, de no haber sido por la fuerza de convicción impresa en sus obras
inmortales. Es un mestizo más que un nacional. Sólo es brasileño porque, ¡Dios
mío! apareció en Brasil. Y sólo es el A leijadinho por la riqueza itinerante de
sus idiosincrasias. Es por esto, sobre todo, que él pudo profetizar americanamente
el Brasil.
EVOLUCION SOCIAL DE LA MUSICA EN BRASIL " ( 1939)
A Oneyda Alvarenga
L a M Ú S I C A brasileña, como por lo demás toda la música americana,
tiene un drama particular que es necesario comprender, para comprenderla. Ella
no tuvo esa fortuna que tuvieron las más antiguas escuelas musicales europeas,
así como las músicas de las grandes civilizaciones asiáticas, de contar con un
desarrollo por así decir inconsciente o por lo menos, más libre de
preocupaciones en cuanto a su afirmación nacional y social. De modo que, si por
un lado presenta manifestaciones evolutivas idénticas a las de la música de los
países europeos, y por ésta puede ser comprendida y explicada, en varias
ocasiones tuvo que forzar su marcha para identifi carse con el movimiento
musical mundial o para darse una significación más funcional.
En un comienzo, y siempre desde el punto de vista social, la música
brasileña tuvo un desarrollo lógico, que llega a ser primario de tan osten
sible y fácil de advertir. Primero Dios, luego el amor y, finalmente, la
nacionalidad. Esta lógica de desarrollo no puede ser encontrada, al menos con
semejante firmeza, en las demás artes, lo que se explica perfecta mente: en
ellas, tanto en la pintura como en la poesía, en la escultura al igual que en
la prosa, y en forma menos frecuente en la arquitectura, el elemento
individualista no depende en gran medida de las condiciones técnicas y
económicas del medio.
Sin duda la técnica, en el sentido de los elementos prácticos,
estético-materiales de realización de la obra de arte (óleo, luz eléctrica,
mármol, bronce, imprenta, metrificación, etc.) depende mucho de las condiciones
sociales del medio. Pero el artista, que es un ser configurado por la nece
sidad natural de cultivar su arte, puede importar estos medios prácticos por
iniciativa exclusivamente personal y convertirlos en propios, incluso
aparentemente contra la colectividad. Esto suele ocurrir con frecuencia en las
civilizaciones de préstamo, más o menos desarrolladas artificial mente y a la
fuerza, como ocurre en el caso de nuestras civilizaciones
americanas. Desde muy temprano los escritores brasileños escribieron e
imprimieron libros, sin que tuviesen tipografías, buscándolas donde no
existían. El Parnasianismo entonces, con su técnica del verso y el cultivo del
núcleo castizo de la lengua, fue entre nosotros un fenómeno típico de esa
importación de iniciativa particular, nada inexplicable, es cierto, pero
contradictorio y aberrante. Y de hecho, por la sistematización de ritmos
franceses (el alejandrino, el verso octosilábico) el almidona-miento con que se
cultivaron los modismos verbales lusitanos, el Parnasia nismo vino a alterar
violentamente la evolución de la lengua nacional y de nuestra psicología
lírica, que por entonces estaban creando los román ticos. Estos sí fueron aquí
un fenómeno tan lógico como en Europa, des cendientes de las revoluciones
burguesas de la Independencia. El Parna sianismo fue una excrecencia
explicable pero derrotista, fruto legítimo de la cultura ingenua y más o menos
falsa, provocada por el artificialismo obligatorio de nuestras civilizaciones
importadas. Y, efectivamente, cuan do nuestra intelectualidad literaria retomó
conciencia de sí misma y de Brasil, ningún escritor verdaderamente relacionado
con la contempo raneidad nacional pudo ser una expresión serena del
Parnasianismo; más bien, lo que hizo fue retomar a los románticos y a los
naturalistas como guías.
Obsérvese ahora uno de nuestros casos musicales más curiosos. La ex
traordinaria expansión que tuvo el piano dentro de la burguesía del Imperio fue
perfectamente lógica e incluso necesaria. Instrumento com pleto, al mismo
tiempo solista y acompañante del canto humano, el piano funcionó en la
profanación de nuestra música, exactamente como sus hermanos, los
clavicémbalos, habían funcionado en la profanación de la música europea. Era el
instrumento por excelencia de la música del amor socializado con bodas y
bendición divina, tan necesario a la familia como el lecho nupcial y la mesa de
comedor. Pero he aquí que contradiciendo el virtuosismo musical del escenario,
que durante el Imperio se confió sobre todo, entre nosotros, a cantores,
flautistas y violinistas, el piano salta hacia él y va a producir los primeros
genios de nuestro virtuosismo musical.
Pues bien, ciertamente no fue Chiaffarelli quien produjo la genialidad
intrínseca de Guiomar Novaes y Antonieta Rudge. Sin embargo, la im portación
natural de este gran profesor para la sociedad italianizada de Sao Paulo, hizo
florecer magníficamente la escuela de piano de la Cafe-landia que ganó varios
maratones en América. Pero que esta floración pianística de Sao Paulo era una
excrecencia social, aunque lógica de nuestra civilización y en el esplendor de
la cultura cafetera, se comprueba no sólo por su rápida decadencia sino por la
escasa función, por la casi nula función nacional e incluso regional de esta
pianolatría paulista. El mismo, e indudablemente glorioso en su pasado,
Conservatorio de Sao Paulo, justificado por esa pianolatría, inspirado por ella,
dorado inicial mente por el nombre de sus profesores pianistas (Chiaffarelli,
Félix de
Otero, José Wancolle), haciendo traer de Europa un profesor de piano
(Agostinho Cantú) cuando lo que le faltaba era el canto, el violín y más
cuerdas, formando decenas y decenas de pianistas por año, propagando
abusivamente la pianolatría por todo el Estado, el propio Conservatorio, sin
embargo, inconscientemente, sin que nadie lo pretendiese, e incluso contra su
orientación voluntariamente pianolátrica, tuvo que readaptarse a las exigencias
técnicas y económicas del Estado y adquirir una función cultural mucho más
pedagógica, profunda y variada que el internaciona lismo industrial del
virtuosismo pianístico. Y, por eso, lo que produjo de más significativo no
fueron sus pianistas sino otras producciones. Fue una literatura musical
numerosa, con Samuel Arcanjo dos Santos, Savino de Benedictis, Caldeira Filho,
Néstor Ribeiro, y especialmente los primeros estudios de folklore musical,
verdaderamente científicos, con Oneyda Alvarenga y sus compañeros de la
Discoteca Pública, todos formados en el Conservatorio. Fue, también, la
instalación en Sao Paulo de una gran editorial internacional, impulsada por
dinero italiano, que contaba como un hecho seguro con la venta de sus ediciones
en el medio italianizado del Conservatorio; y que tuvo como consecuencia la
publicación, en nues tra lengua, de ilustres obras didácticas italianas y de
otra procedencia. Y, además, su producto más característico y más elevado, no
fue un pianista entregado al virtuosismo, sino un pianista que abandonó el
piano por la composición, el compositor y director Francisco Mignone. Y, lo que
es más interesante aún: incluso las obras de musicología escritas fuera de los
muros del Conservatorio, aspiran directamente al establecimiento pe dagógico,
como, por ejemplo, en el caso de libros importantísimos como los de Furio
Franceschini y Sá Pereira. Es más: el conservatorio se convirtió en un núcleo
importante de la composición nacional, no sólo por los compositores que
produjo, sino por el hecho de haberse visto obligado a llamar a su recinto — protegiéndose
con esa fuerza joven que se le escapaba, y protegiéndola económicamente y con
su autoridad— a un grupo numeroso de compositores brasileños o brasileñizados,
de quienes basta citar apenas los principales nombres de Camargo Guarnieri,
Artur Pereira, y Frutuoso Viana: oriundo de Minas Gerais que luego se tras
ladó a Sao Paulo.
de esta manera, al
Conservatorio de Sao Paulo se le podrá aplicar exactamente el reverso del
refrán que dice “Donde pone el ojo pone la bala”. Fruto de intereses
financieros, con la tendencia a adorar la piano-latría paulista que tenía al
rey en el ombligo, un rey que tenía el cerebro de Chiaffarelli y los veinte
dedos gloriosos de Antonieta Rudge y Guiomar Novaes; nacido de una excrecencia
virtuosística sin ninguna justificación más funcional y profunda, al punto que
ni siquiera en la composición paulista produjo obras pianísticas que fuesen
capaces de caracterizarla, el Conservatorio de Sao Paulo se vio forzado, por
las condiciones sociales del medio, a convertirse en un centro de musicología y
de composición.
Es que la música, siendo la más colectivista de todas las artes,
exigiendo que haya comunidad para poder realizarse, ya sea la colectividad de
los intérpretes ya sea la de los oyentes, está mucho más sujeta y de manera
mucho más inmediata, a las condiciones de la comunidad. La técnica individual
importa menos que la colectiva. Es perfectamente comprensible la aparición en
Brasil de un clásico de la prosa portuguesa tan delicioso en el siglo xvn, como
fray Vicente do Salvador, o de un escultor tan genial como Antonio Francisco
Lisboa en el siglo X V I I I . En cambio sería total mente imposible, en esos
tiempos coloniales, la aparición de un émulo de Palestrina o de Bach. Incluso
en el caso de que hubiera surgido, su mú sica no hubiera existido en absoluto,
porque la Colonia jamás hubiera po dido ejecutarla. Ni teníamos capillas
corales capaces de enfrentar con éxito las dificultades técnicas de la
polifonía florida, ni oyentes capaces de entender tal música y edificarse con
semejantes complicaciones musi cales. Y si ese Palestrina de los cocoteros no
se hubiese visto obligado a buscar otras tierras para realizar su arte, hubiera
tenido que rebajar su imaginación creadora hasta la mezquina confección de los
cantos para órgano jesuíticos o hasta la monótona adaptación de palabras
católicas a los bailes rústicos e irremediables de nuestra indiada.
El desarrollo técnico de la colectividad ejerce una función absoluta
mente predeterminante en la aparición del individuo musicalmente do tado; e,
históricamente, si por la primera logramos explicarnos la índole del segundo, a
su vez el individuo musicalmente dotado nos brinda datos importantes para
evaluar el desarrollo técnico de la colectividad. Así, las misas y motetes del
padre José Mauricio Nunes García son una prueba irrefutable de lo que fue
realmente la técnica musical de la Colonia. Sabemos, por viajeros y autores
nuestros que se hacía música altamente perfecta en ese antiguo Brasil. Maestros
de solfeo franceses fueron impor tados por señores de ingenio: la enseñanza
jesuítica fue musicalizada a la europea para ser impartida a los esclavos de Santa
Cruz; óperas europeas fueron cantadas espléndidamente en el Río Juanino *, para
asombro de Neukomm y Saint-Hilaire. A veces, confundidos, somos llevados a
equiparar esa “perfección técnica” que había alcanzado nuestra música de
entonces, con lo que comprendemos por “perfección técnica” cuando hablamos de
lo que se hacía en Europa. Todo es la misma per fección técnica. Pero la
música del padre José Mauricio opone una obje ción; y por su facilidad
relativa, por su polifonía humilde, por el dulce divagar solístico de sus
propios conjuntos, que, por lo demás, casi siempre coralizados verticalmente,
ella demuestra de manera rotunda que en la más hábil capilla colonial, pagada
con los dineros gordos del rey, la habi lidad era mediocre. Además, el monodismo
era el recurso siempre domi nante, dentro del mismo coro, culminando apenas en
el virtuosismo senti
El autor se refiere al Rio
de Janeiro de los tiempos de Don Juan VI, rey de Portugal que en 1808, ante la
presión napoleónica sobre la península, huyó al Brasil donde estableció su
corte (N . del T .).
mental de las sopranos de importación. El mismo conjunto orquestal era
frágil, apenas comparable al que habían alcanzado, un siglo antes, las
orquestas de Mannheim y de Viena.
II
En su desarrollo general la música brasileña sigue, pues,
obedientemente, la evolución musical de cualquier otra civilización: primero
Dios, después el amor, luego la nacionalidad. La Colonia, realmente, no logró
nunca liberarse de la religiosidad musical. Dos especies de esclavos eran los
que Portugal tenía que satisfacer aquí: el negro y el colono brasileño. El
incienso y el batuque imperaron con violencia; y los mismos jesuítas, por
cierto más liberales y máximos propulsores, aquí, de la religión verdadera,
sirvieron menos al catolicismo que a la colonización, con sus procesos de
catequesis, sus procesiones, semanas santas, iglesias y repertorios musica
les. En cuanto al teatro, no fue otra cosa que un teatro de esclavos. Mientras
que el teatro profano, que es el arte más colectivista después de la música, y
aún más capaz que ésta de brindar cierta conciencia social a una comunidad, no
pudo vivir aquí sino en forma esporádica y, muchas veces, en manifestaciones
insultantemente aristocratizantes como aquella absurda realización cuiabana de
la ópera de Porpora, “Ezio in Roma”, de 1790. Y nuestro mejor dramaturgo, el
Judío, nacido en Brasil, no podría vivir aquí. Sólo pudo expandirse en
Portugal, para morir. . .
Aquí, habría nacido muerto. La Colonia se conservaba como colonia de un
país sin malicia, especialmente a costa de incienso y batuque místico. El
resultado brasileño de ese “panem et circenses”, de poco pan y mucho circo, fue
una iglesia para cada día del año, en la ciudad de Salvador; el A leijadinho,
resguardó el incienso de las ventiscas alteradoras, y el padre Mauricio
sonorizó las naves consoladoras de este mundo purgativo. Pri mero, la técnica
religiosa: órgano, coros y castrados en fermata. Y luego, ya como fruto de la
tierra, un primer gran músico religioso: el padre José Mauricio.
Pero la música de los primeros jesuítas fue necesaria y social, en
cuanto la religión es algo necesario y social. La creencia en Dios, la
esperanza en la Divinidad, tanto desde el punto de vista espiritual como
etnográfico, no es una superstición inicialmente impuesta por los grupos
dominantes de la sociedad. Parte de abajo hacia arriba; y las masas populares
de los clanes son creyentes por naturaleza, en virtud de aquel necesario
espíritu místico propio de las mentalidades incipientes. Espíritu que se muestra
místico, si ha de creerse a viajeros y etnógrafos, incluso cuando no en
cuentra en ciertas tribus noción nítida y conceptual de lo que sería la
Divinidad. Pero siempre venera, si no a los Daimonios, por lo menos a los
Antepasados. Y esa creencia común en el Ancestro, o en un D aim onio, o en
cualquier otra forma que la mentalidad primitiva imagina a las
fuerzas sobrenaturales, esa creencia común se convierte en una
“religión”, en el sentido social de “religare”, porque opera como elemento de
fusión defensiva y protectora de la colectividad. Y la música, o mejor aún, el
canto, es el medio más litúrgico, más imprescindible, pudiéndose decir incluso
sine qua non de la puesta en contacto místico con el dios desma-terializado.
Porque el canto es todavía un fluido vital, que a través de la boca se escapa
de aquella parte inmaterial de nosotros mismos que reside en nuestro cuerpo. Es
justamente el elemento más propicio, por ser idéntico, para comunicarnos con el
fluido inmaterial de los ancestros y de los espíritus; fluido éste, ya liberado
de los cuerpos y que todavía flota en los aires, sorprendiendo, vive donde
quiere o planea serenamente en la Tierra liberada del Mal, más allá de los
Andes 20.
No quiero decir, es obvio, que la mentalidad de los portugueses y de los
curas era esa, primaria, de los que llamamos salvajes. Pero muchas
circunstancias la “primitivizaban”, la envejecían o infantilizaban, si se
quiere: la falta de técnica, el contacto con el indígena, el distanciamiento de
las fuerzas civilizadas propicias al ateísmo, y esa enorme enfermedad sin
remedio que es la presencia de la muerte. Y por eso la música, o más
exactamente, el canto místico de los jesuítas, funcionaba también como elemento
religioso, es decir, de re-ligación, como fuerza unificadora, una-nimizadora,
defensiva y protectora de los diversos tipos sociales que se agrupaban sin ley
ni rey en el ambiente inmediatamente post-cabraliño *: jefes nobles profanos,
aventureros voluntarios, criminales deportados, cu ras y salvajes esclavos. El
principal embate se producía naturalmente entre las ambiciones del colono y la
instintiva libertad del indio, y era una constante la amenaza de zozobra total
de la colonización. La música mística de los jesuítas vino entonces a incidir
necesariamente y en el más lógico sentido social, como elemento de religión, de
catequización del indio y concomitantemente de regimentación general. Encantaba
mági camente y sometía a las fuerzas contrarias, o sea, a los indios:
confortaba casi terapéuticamente a los apestados del exilio americano, o sea, a
los colonos, y a todos los reunía, confundía y armonizaba en un grupo que las
necesidades, o mejor, la total carencia de técnica y riqueza, convertía en una verdadera
comunidad sin clases, compuesta por individuos so cialmente nivelados entre
sí.
Porque en estos primeros tiempos los mismos jefes eran, por efecto de la
aventura, individuos de una relevancia social apenas diferenciable de la de los
otros colonos. Eran tan sólo reconocidos como los más hábiles, los que de algún
modo resultaban más aptos — una distinción espiritual muy sutil de autoridad,
perfectamente equiparable a la distinción física del más fuerte, y por eso
aceptado tácitamente como jefe en los clanes de los primitivos. Los
representantes del rey portugués que encabezaban
Es decir, en el ambiente
colonial inmediatamente posterior al arribo de Pedro Alvarez Cabral, el
navegante portugués que descubrió Brasil en el año 1500 (N . del T .).
las primeras exploraciones, eran jefes de la misma forma que los tuxauas
y morubixabas 21 amerindios, comiendo y durmiendo como los otros y con los
otros, trabajando muchas veces como los otros y con todos, lu chando en la
defensa común, surgiéndole la función de autoridad sola mente en los momentos
de religión (religare. . . ) del grupo, en las ceremonias, en las guerras, en
las incursiones de tierra adentro, en las disensiones entre colonos.
Y por todo eso, la música religiosa de los jesuitas, popularmente hu
milde, era “litúrgica” en la extensión más primitiva y social que pueda tener
el concepto de liturgia. Era una cosa imprescindible, sine qua non. Y era
incluso más litúrgica desde el punto de vista social que desde el punto de
vista específicamente católico, ya que en el catolicismo de la época, la música
no era algo imprescindible en el oficio divino, y toda la parte de éste cantada
por el coro y por los fieles, era repetida por el cura y sus acólitos junto al
altar.
Pero si la música religiosa no formaba parte necesaria de la liturgia
católica, fue en cambio, socialmente hablando y en esos primeros tiempos, un
elemento litúrgico de socialización de los primeros agrupamientos. Y tanto es
así que se convirtió, desde un comienzo, en un elemento per fectamente
representativo de aquella comunidad sin clases. Se volvió universal (a la
europea. . . ) por el empleo del canto católico de los por tugueses, con los
primeros cantos de órgano y el gregoriano. Pero era al mismo tiempo nacional y
brasileña por la absorción de las realidades de la tierra y de los naturales
que la poseían, utilizando cantos y palabras amerindias, danzas amerindias,
generalizando el catereté *, y hasta pro cesos amerindios de ritual místico,
pues hubo curas que llegaron a pre dicar, imitando la gesticulación y los
acentos vocales litúrgicos de los he chiceros. Esa música fue, pues, cada vez
más, una fuerza que creció de abajo hacia arriba, y vivió de las mismas
necesidades sociales de la Colonia primitiva.
Y sólo después, con la fijación de ciertos centros — Bahía, Pernam
buco— y la mayor estabilidad que alcanzaron con la organización gue-
“Resulta curiosísimo
observar que hasta hoy, en ciertas festividades coreográ-fico-religiosas
conservadas tradicionalmente por las poblaciones rurales paulistas, la Danza de
Santa Cruz, la danza de San Gonzalo, las partes especialmente reli giosas de
la ceremonia son seguidas por una danza en ronda general, a la que llaman
cururu. Se trata de una danza impresionantemente asimilable, en sus pasos y
ademanes, a ciertas coreografías amerindio-brasileñas todavía actuales,
reveladas por la cinematografía. Parece, por lo que sé, que la Danza de Santa
Cruz vive exclusivamente o casi, en los villorrios muy atrasados que yacen en
las zonas no desarrolladas de los alrededores de la ciudad de Sao Paulo.
Algunas de estas po blaciones (como Carapicuiba, que es donde más viva se
conserva la Danza de Santa Cruz) provienen de las primeras poblaciones
defensivas y de penetración, fundadas por los jesuitas en los alrededores de
Piratininga. En el cururu religioso de esas danzas tradicionales, creo ver una
tradición jesuítico-amerindia que allí permaneció por cuatro siglos” (N . del A
.).
Con respecto al catereté, nos cabe aclarar que se trata de un baile
rural cantado cuyo nombre señala su origen tupí, pero que coreográficamente se
muestra muy influida por los estilos de danza africanos (N . del T .).
rrera de las villas, sus fortines e iglesias, fortificados ya con la
idea del asentamiento definitivo; con la objetivación, ritual y luego
suntuaria, del principio de autoridad de los jefes, donatarios, provinciales,
que se ins talaron en sus bisoños palacios; sólo entonces es cuando la música,
aunque religiosa siempre, va pasando poco a poco de su condición necesaria a
innecesaria, sin moverse más de abajo hacia arriba, y se convierte en un
elemento decorativo en las fiestas religiosas.
Ahora, y desde ciertos centros más consolidados de la segunda mitad del
primer siglo (Bahía, Olinda) la música se va convirtiendo en un ins trumento
que será utilitario y utilizable de otra manera. Muere el Dios verdadero de la
primitiva colectividad y no tiene propiamente resurrec ción. He aquí que de
pronto, cuando más seguro se estaba de su estabi lidad, tañe festiva la
campana de la Resurrección en la iglesia fuerte, y se advierte que el Dios de
abajo, el Dios popular que ofrecía las cosechas, protegía en las guerras e
igualaba místicamente a todos los miembros de la comunidad, había sido
reemplazado por otro, igual al primero en apa riencia, pero con otros
principios: un Dios singularmente esclavista, que repudiaba la esclavitud de
los indios pero consentía la del negro, un Dios satisfecho, triunfal, lleno de
adornos barrocos y francamente favorable al régimen latifundista. Fue éste el
dios que siguió cumpliendo la misma función de goma arábiga y pegatodo de la
colectividad. Colectividad que, por lo demás, ya no vive más en una amplia e
igualadora casa de una sola planta, sino en otra de varios pisos. . .
Esta música religiosa ya no es más viscera, es epidermis. Ya no es baja
sino elevada. Ya no es popular, sino erudita y noble. Ya no es fea como la vida
sino que pretende ser bella como en el arte. Sigue siendo, todavía, europea
porque es católica, pero ya no es concomitantemente nacional. No se vale de
cateretès, sino apenas de unos solfeos importados y de la última moda rococó
que incluye unos sonidos, unos instrumentos, unos ritmos, unas melodías y unos
textos exclusivamente europeos, en el más dominador e insensible olvido de la
tierra y del primer brasileño que ya nació.
desde entonces, hablando con
propiedad, no hay más música en la Colonia. Quiero decir: un elemento que pese
a ser inmediatamente inne cesario y estético, ejerza siempre una función
religadora, correspondiente
a la colectividad en la cual se está realizando. Lo que existe, la
música que se hace aquí, religiosa o no, asume todos los aspectos detestables
del virtuosismo. Es un despliegue de afectaciones totalmente desvinculado del
progreso espiritual de la colectividad. Util solamente para algunos. Ritual
perturbador que acompaña a los jefes y les asegura cada mes, ante el ojo
multitudinario, el milagro de la transfiguración.
No estoy criticando ni mucho menos condenando, ya que sería inútil, esa
finalidad puramente virtuosistica autocràtica y popularmente debilita dora,
que tomó la música de la Colonia y en la que ella perseverará hasta
el Imperio. Era una fatalidad. Era una fatalidad tanto de la evolución
humana como de la evolución social del país.
III
He allí que tiene lugar la Independencia la cual, si bien resulta
política mente lógica, socialmente no es sino una aspiración. Se estableció un
im perio, se importaron emperadores y todo un sistema de distribución de
títulos nobiliarios que eran pura afectación, que casi en nada se basaba en
aquella aristocracia de tradición regional, fuerza y riqueza que se forma
naturalmente en cualquier país bajo cualquier régimen. Y era una aristocracia
como esa la que nosotros teníamos aquí. Sin embargo, la falsa independencia y
la nueva nobleza vinieron a contribuir decisivamente, burguesas por excelencia
como eran, al predominio de lo profano y de la música amorosa.
Sí, con el Imperio, el batuque místico ya no bastaba para calmar al
nativo consciente de su tierra y de su independencia, y con sus intereses
volcados hacia la posesión de su purgatorio. Sobrevino nuestra Ars Nova. La
música profana empezó a predominar en dos manifestaciones específi camente
características de sensualidad sexual: la m odinha de salón, la mento amoroso,
y el melodrama, válvula de escape de las pasiones. La m odinha ya era
manifestación intrínseca de la cosa nacional, ante lo cual poco importaban su
falta de carácter étnico y las influencias que le daban forma. Ella caracteriza
perfectamente, incluso hasta en eso, a la aristo cracia forzada, realmente
burguesa por su concepto y costumbres, de la clase dominante en el Imperio.
Pero, como manifestación casera, semicul-ta, no siendo popular ni erudita, la m
odinha de salón jamás alcanzará una funcionalidad decisiva en nuestra música.
Sólo cuando pasará a ser popular, podrá aportar algunos elementos originales a
la música nacional. Pero, asimismo, cargada siempre de un urbanismo lavado e
incompetente, como el fado y el tango, los encantos de su jardín se abrirán
siempre peli grosamente engañadores, menos propicios a lo vernáculo del canto
que a la vulgaridad festiva.
Es realmente en el melodrama donde se concentra la manifestación musical
erudita del Imperio. El país, que se daba el lujo de distraer serias reservas
para el sustento y herencia de una casa imperial, se daba también el lujo de
sustentar al más rico y brillante centro operístico de la América de entonces.
Y sobrevino así la segunda etapa histórica de nuestra música, que fue, además,
resultado de su evolución técnica. El corista-solista de la polifonía religiosa
colonial, dominando en el “superius” del cuarteto, y culminando en el soprano
importado, cantante de arias de ópera incluso durante la realización del oficio
divino, tuvo como consecuencia natural al cantante de teatro. Pero, como Brasil
no parece propicio a la creación de voces bellas y no tenía escuelas, al no
haber cantores, los importó.
Fueron los José Amat que se afincaron aquí, y otros que venían y se
quedaban durante años, como la De la Grange. Se establecieron entre no sotros
las orquestas de teatro, tanto que hasta las representaciones en prosa a menudo
terminaban con la ejecución de danzas importadas, muy de moda en el Imperio,
como la polka, la mazurca, el vals, luego trasla dados a los salones
familiares. Y se fijaron también los elencos melodra máticos. La ópera cuya
parte central era importada, vale decir tanto el cantante como las piezas e
instrumentistas, sincronizaba sonriendo con la figura perezosamente dictatorial
del Emperador, y con la fórmula polí tica del Imperio, espuria y solitaria en
nuestra América. Nuestro teatro melodramático, que como teatro podía volverse
eficiente y la más prag mática de las manifestaciones del arte, no pasaba de
ser una excrecencia imperial y ricachona. No tenía ninguna base en nuestro
teatro popular cantado, por entonces en su período más brillante con los
reisados *, las pastorales, los congos, las cheganqas. Más bien era importado y
solitario como el propio Emperador.
Es en ese momento cuando surge la mayor figura musical que ha producido
Brasil hasta ahora, la cual con su fecundo genio venía a sentar bases más
sólidas a todo ese castillo fundado en la resbaladiza arena del litoral:
Francisco Manuel da Silva. Es éste el gran nombre que presenta la música
brasileña en el curso de sus vicisitudes sociales. Dotado de una visión
práctica genial que lo llevaba a actuar contra cual quier dificultad, es el
creador que funda nuestra técnica musical definiti vamente. Viola el dominio
de la epidémica iniciativa particular en que se había dispersado hasta entonces
toda nuestra enseñanza musical, con centrando en las manos permanentes del
Gobierno la educación técnica del músico brasileño. Funda el Conservatorio. Y
además define el paroxis mo melodramático de la monarquía, creando la Academia
Imperial de Opera. Y la fortuna le fue tan fiel, que coronó toda esa fecundidad
con virtiéndolo sin querer en el autor del Himno Nacional Brasileño. Francisco
Manuel da Silva ejerce en nuestra música la finalidad que Guido D’Arezzo tuvo
en la teoría y en la práctica de la monodia europea. Es un coordi nador, un
sistematizador, un tecnificador genialísimo. De la misma forma como Guido
D’Arezzo fija la teoría, facilitando la práctica musical, así Francisco Manuel
fija la teoría, fija la escuela, y facilita y nacionaliza la ópera imperial,
dándole una organización permanente y sólida.
el fruto de todo eso fue
Carlos Gomes. Resulta casi imposible ima ginar la producción del campineiro *
* sin la intervención de la existencia de Francisco Manuel. ¿El melodrama
imperial bastaría para justificar lo?. . . Creo que no. En todo caso, es la
menos probable de las hipótesis que Carlos Gomes hubiese sido lo que fue, sin
Francisco Manuel da
El reisado es una danza
dramática popular para festejar el día de Reyes (N . del T .).
Vale decir, oriundo de la
ciudad de Campiñas que, por ese entonces pertenecía
a la provincia de Sao Paulo (N . d elT .).
Silva. Porque son los beneficios técnicos, didácticos y la búsqueda de
nacionalización, lo que éste concretó en sus dos grandes empresas que Carlos
Gomes representará. Y en la lucha por la conquista de sí mismo, los dos
momentos decisivos del afianzamiento musical de Carlos Gomes son la huida a Rio
y la consecuente entrada al Conservatorio fundado por Francisco Manuel, y su
dedicación definitiva al melodrama, con los éxitos de “A Noite no Castelo” y
“Joana de Flandres”, ejecutadas en la Academia Imperial de Opera, también
fundada por Francisco Manuel. Del Emperador y de su ópera, lo que Carlos Gomes
extrajo fue el canto en italiano, el italianismo musical, la importación, la
desvinculación fun cional. Estas son las razones que me llevan hoy a decir en
letra impresa lo que algunos años atrás ya dije confidencialmente a un amigo:
cuanto más estudio a Carlos Gomes, más admiro a Francisco Manuel.
Como expresión artística, Carlos Gomes es la síntesis profana de toda la
primera etapa estética de nuestra música, etapa a la que llamaré “Inter
nacionalismo Musical”. ¿Qué caracteriza esta etapa? Si dijéramos que la
evolución social de la música brasileña se procesó a través de estados de
conciencia sucesivos, este primer estado de conciencia fue el del interna
cionalismo. Se importaba, se aceptaba, se apreciaba, no la música europea, ya
que no existe propiamente música europea, sino las diferentes corrien tes
musicales europeas. El colono tenía además la justificación para subrayar así
el estado de dependencia al cual quería conservar la posesión de este
Atlántico, y eran siempre bagatelas, cintas y cuentas coloridas de la industria
europea lo que él recibía a cambio del palo-brasil, el azúcar y el oro que
entregaba. Y era con esas cintas y cuentitas que nuestros compositores se
adornaban, para aparentar que eran buenos técnicos y aspirar a la celebridad.
Porque a esto fue a lo que nos condujo el estado de conciencia intema
cionalista. Sé bien que muchos compositores tardíos más enceguecidos todavía,
ecos perezosos de esos tiempos más cómodos, escamotean ahora la palabra
‘intemacionalista”, sustituyéndola por otra y vienen a hablarnos cantando de la
música “universalista”, de “música universal” *. Esto es un verdadero primor de
ignorancia sociológica, ya que ni siquiera el proletario urbano, universalista
por fatalidad económica y técnica, produjo música popular a la que de algún
modo se le pueda llamar universal.
“Pareciera que me
contradigo, cuando niego aquí la existencia de música “universal”, después de
haber clasificado así a la música religiosa de la Colonia. Sin embargo, no hay
contradicción. En aquella parte, yo consideraba la música bajo un punto de vista
social. Por lo tanto verifiqué — y con un cauteloso “a la europea”— que la
música considerada como factor religioso, como elemento diná mico e interesado
en congraciarse y ser reconocido por los “socii”, se nos univer-saliza,
necesaria y preliminarmente aceptada. No era contemplación, era acción. En este
sentido, la música de las religiones unlversalizadas es tan universal como la
locomotora y el fútbol. Pero ahora paso a considerar técnicamente, y ya no
social mente, los elementos constitutivos de la música, en su carácter de
creación estética, considerada como productora de obras de arte. Es en este
sentido que niego la existencia de una música "universal”.
Y un verdadero universalismo étnico es un sueño para un futuro dema
siado remoto, para que por ahora podamos valernos de él para argu mentar.
Sueño que, por lo demás, ninguna experiencia de la historia humana pudo
confirmar. La llamada “música universal” es un espe ranto hipotético, que no
existe. Pero sí existe, no puedo negarlo, la música intemacionalista, la
sofisticación tediosa y fatigada de los “Trans-atlantiques” de la comedia
célebre.
¿Y cuáles fueron los efectos ciertos y probados de ese internaciona
lismo que todavía no pudo ser universalismo ni tal vez lo sea nunca? Ocurre que
cuando el compositor se deja llevar por una inspiración libe rada de su
nacionalidad, cae en otra nacionalidad que no es la suya. Quiero decir, imagina
estar haciendo música universal, y en realidad está bajo el signo
Debussy-Ravel, y entonces es afrancesado; o está bajo el signo
Puccini-Zandonai, y entonces es un italianizado; o bajo el signo Wagner-Strauss,
y hasta parece un ario. En la mejor de las hipótesis, cae en un atonalismo
sistemático y entonces, menos que austríaco, es un copista de Schoemberg;
cuando no, se deslumbra con excesos de percusión, ritmos obsesionantes, líneas
de polifonía pluritonal, y tenemos entonces a un stravinskyano. No hay que
olvidar, además, a los miríficos “Sin Carác ter”, ciertamente raros pero
insolentes en su habilísima ostentación. Me refiero a los Mendelssohn, a los
Meyerbeer, a los Tchaikowski y otras acomodaticias colchas de retazos, especie
de horno crematorio del cisco de muchas razas. No hay música internacional y
mucho menos música universal; lo que existe son genios que se unlversalizan por
ser dema siado fundamentales. Palestrina, Bach, Beethoven, o mujeres que se
internacionalizan por ser demasiado fáciles, la “Traviata”, la “Carmen”,
“Butterfly”. Sin embargo, dentro de este mismo internacionalismo o de aquella
universalidad, tales músicos y tales mujeres no dejan nunca de ser
funcionalmente nacionales.
No quisiera para mí el drama de esos compositores profanos de la etapa
intemacionalista. Ellos hicieron serios esfuerzos, y lo que es peor, nada
compensadores, para adquirir una realidad social más legítima y brasileña.
Reflejaron en ese esfuerzo, ingenuamente atrasados, el roman ticismo
indigenista, y nos dieron “O Guaraní”, “O Escravo”, “Moema” 22 y otros sueños y
quimeras. En todo caso, Carlos Gomes, con sus dos óperas de intención brasileña
asumió una finalidad social y nacional respetable, haciéndose eco, si bien
románticamente indigenista, del mo vimiento a favor de la abolición. Y que ese
eco era consciente, lo prueba la dedicatoria del “Escravo”.
IV
Cuando nació la República, nuestra música erudita se encontraba en esa
situación, era intemacionalista en sus formas cultas y en su inspiración,
y todavía estaba muy alejada de la patria, a pesar de los esfuerzos de
Francisco Manuel y Carlos Gomes. La República aportaba un sentido mucho más
americano y democrático al Brasil. Ya no éramos una excre cencia monárquica y
aristocrática dentro de las tierras americanas. Por lo tanto, era de prever que
eso tuviese una repercusión profunda en el desarrollo social de nuestra música
y en su orientación estética. Pero no fue exactamente así.
La genial creación de Francisco Manuel necesariamente tenía que producir
frutos ácidos más que frutos dulces, a la manera de ciertos árboles cuyas
primeras cosechas son tan sólo promesas de un generoso futuro. Y, de hecho, es
en el Instituto Nacional de Música donde nacen, donde derivan o donde se
agrupan los numerosos compositores nacionales de la República recién nacida. La
composición empieza por convertirse en una forma constante de nuestra
manifestación erudita más allá del virtuosismo; pero esa composición todavía es
sistemáticamente intema cionalista. Así, el Instituto de Francisco Manuel
había logrado desenvolver y proteger la producción, impulsando enormemente la
técnica de compo sición, pero todavía no había logrado liberar esa producción
y esa técnica de la tutela general de la Europa intemacionalista. De modo que
los compositores que caracterizan ese primer período de la República son
típicamente intemacionalistas. El gran Henrique Oswald, Leopoldo Miguez, Glauco
Velasquez, Gomes de Araújo, Francisco Braga, Barroso Neto (estos dos en su
primera etapa) y otros buenos representantes de ese período republicano
inicial, ya presentaban, cabe reconocerlo, una técnica suficientemente fuerte
como para que nuestra música alimentase unas primeras aspiraciones de
autonomía. A esto nos había llevado prin cipalmente aquel Conservatorio
fundado por Francisco Manuel. Y eso no era todo. Si las guerras del Sur habían
contribuido para acendrar en el pecho brasileño la convicción más íntima de una
patria completa y unida, por otro lado un simulacro de independencia económica
y relativa holgura, acarreada por el éxito fenomenal del café, había vuelto
opor tunas las afirmaciones de la personalidad nacional. Así pues, dejando a
un lado el frágil nacionalismo meramente titular y textual de dos óperas
indigenistas de Carlos Gomes, no parece tan sólo algo casual el hecho de que
justamente en la tierra de promisión paulista, recién descubierta, surgiese el
primer nacionalista musical, Alexandre Levy. Tampoco parece casual que
inmediatamente después, Alberto Nepomuceno viniera desde su Nordeste, la mayor
mina conservadora de nuestras tradiciones po pulares, para instalarse en Rio,
ciudad ésta adoptada como capital del país y que empezaba a divertirse más
ampliamente con las primeras mensualidades satisfactorias que le llegaban de la
tierra de promisión. Y realmente estos dos hombres, Alexandre Levy y Alberto
Nepomuceno, representan las primeras conformaciones eruditas de la nueva toma
de conciencia colectiva que se formaba en la evolución social de nuestra
música: la nacionalista.
Por otra parte, ello se veía presionado por la definitiva e
impresionante consolidación de nuestra música más intransigentemente nacional:
la música popular. En efecto, durante la Colonia no tuvimos, rigurosamente
hablando, música popular a la que pudiese llamarse brasileña. Esta ex presión
voluntariosa de nacionalidad no interesaba a la Colonia, y hubiera sido incluso
perjudicial a la condición subalterna a la cual tanto la tierra como su pueblo
debían someterse. La escasa documentación existente tiende a probar que los
negros hacían su música específica, los portu gueses la suya, y los indios su
música amerindia. Recién a fines del siglo x v i i i , ya en vísperas de la
Independencia, es cuando un pueblo de ca racterísticas nacionales comienza a
delinearse musicalmente, y ciertas formas y constancias brasileñas empiezan a
asentarse como elementos tradicionales en la comunidad, con el lundú, la m
odinha, la síncopa. Luego, y con una mayor exigencia popular, se asientan
nuestras grandes danzas dramáticas: los reisados23, las dos Chegangas 24, los
Congos y Congados 25, los Cabocolinhos y Caiapós 26 y el Bumba-meu-Boi27, algu
nos de ellos probablemente recopilados rapsódicamente y “arreglados”, tanto
textual como musicalmente, por poetitas y musiquitos urbanos total mente
anónimos. El Bumba-meu-boi, sobre todo, ya era característica y libremente
nacional, recordaba muy poco sus remotos orígenes ultrama rinos, y celebraba
al animal que se había convertido en el sucedáneo histórico del Bandeirante, en
el instrumento más útil desde el punto de vista de la penetración de las
tierras del interior, así como socializador y unificador de nuestra patria: el
Buey. Finalmente, en los últimos días del Imperio y primeros de la República,
al pasar la modinha del piano de los salones a la guitarra de las esquinas, con
el maxixe, la samba, y la for mación y fortalecimiento de los conjuntos
serenateros de los choros y la evolución de la tonada y de las danzas rurales,
la música popular crece y se define con una rapidez increíble, convirtiéndose
violentamente en la creación más poderosa y en la caracterización más hermosa
de nuestra raza.
Fue en la mismísima lección de la etapa intemacionalista donde Alexandre
Levy y Alberto Nepomuceno habrían de recoger el proceso adecuado para
nacionalizar rápida y conscientemente, mediante la mú sica popular, la música
erudita de una nacionalidad. En ese entonces, el Grupo de los Cinco en Rusia,
creando sistemáticamente con base en las manifestaciones musicales populares de
su asombroso país, habían conseguido nacionalizar e independizar la música
rusa. La música espa ñola, por su parte, ya había creado y definido
nacionalmente la zarzuela, pero también es cierto que Albéniz y Granados eran
apenas contempo ráneos de nuestros dos compositores. En compensación, el
ejemplo de Alemania pesaba enormemente al lado del ruso, y ya entonces, además
de la nacionalización definitiva del lied con Schubert y Schumann, la música
sistemáticamente tradicionalista e incluso voluntariamente na cionalista de
Brahms y especialmente de Wagner, estaba casi agresiva
mente, casi hitlerianamente, afirmando la conciencia nacional germánica,
teniendo siempre como base el lied nacional. Esta nacionalización por medio de
la temática popular fue lo que intentaron Alexandre Levy y Alberto Nepomuceno.
Y en este sentido, aunque todavía deficientemente, ellos no son solamente
profetizadores de nuestra brillante e inquieta actualidad, sino que a ella se
incorporan, formando el tronco tradicional del árbol genealógico de la
nacionalidad musical brasileña.
Pero si, como dije, la Primera República no logró abrir una etapa nue
va en nuestra música, sería una falsificación aduladora, de la que soy incapaz,
atribuir a la Segunda República los méritos de esa importante evolución. No.
Fue la Gran Guerra, exacerbando la saña nacional de los países imperialistas,
de los que somos tributarios, la que contribuyó deci sivamente para que ese
nuevo estado de conciencia musical nacionalista se afirmase, pero no como
experiencia individual, como todavía había ocurrido con Alexandre Levy y
Alberto Nepomuceno, sino como tenden cia colectiva. Pocos años después de
terminada la guerra, y no sin antes haber vivido la experiencia brutal de la
Semana de Arte Moderno en Sao Paulo, Villa-Lobos abandonaba consciente y
sistemáticamente su in ternacionalismo afrancesado, para convertirse en el
iniciador y figura máxima de la Etapa Nacionalista en la cual estamos.
Inmediatamente se alinearon a su lado sus compañeros de generación, el
malogrado Luciano Gallet y Lourengo Fernandez. En el nuevo movimiento se
inscribieron con simpatía especialmente dos compositores del primer período
republi cano: Francisco Braga y Barroso Neto. Y de inmediato se sumaron los
nuevos en tropel, Francisco Mignone, Camargo Guarnieri, Frutuoso Via-na, Radamés
Gnatalli, a los cuales elijo porque son, hasta ahora, los más realizados como
para citarlos. Pero es toda una falange numerosa, irre gular como valor,
irregularísima como técnica, bastante improvisada en la construcción de sus
obras, y donde es raro encontrar a alguien que se empeñe en profundizar más
honestamente en el conocimiento de su “métier” *.
De todas las etapas por las que ha pasado la música brasileña en su
evolución, la más apasionante es, sin duda, la contemporánea. Todas las otras
fueron más o menos inconscientes, provocadas por las fuerzas inhu manas y
fatales de la vida; mientras que la actual, aunque también nece saria por ser
un peldaño evolutivo de cultura, tiene su necesidad orien tada y distorsionada
por la voluntad, por el razonamiento y por las deci siones humanas. Ella
viene, por eso, incrementada por un interés más dramático, producido por la
lucha del hombre contra sus propias tra diciones eruditas, hábitos adquiridos,
y por los esfuerzos angustiantes que realiza para no ahogarse en las
condiciones económicas y sociales del país, siempre impulsada por la esperanza
generosa de conformar su inspiración y las manifestaciones cultas de la
nacionalidad en una creación más fun-
cional desde un punto de vista racional. Este es el sentido profundo, la
grave realidad del nacionalismo musical en el cual todavía hoy se debate
nuestra música erudita.
Es cierto que esta Etapa Nacionalista no será la última de la evolu
ción social de nuestra música. Nosotros estamos aún recorriendo un pe ríodo
voluntarista, conscientemente exploratorio; más investigador que creador. El
compositor brasileño de la actualidad * es un sacrificado, y eso aumenta aún
más el valor dramático y apasionante del período por el que atravesamos. El
compositor, ante la obra que debe construir, no es todavía un ser libre, no es
todavía un ser “estético”, que ha disuelto, tras asimilarla a su propio
organismo, la conciencia de sus deberes y obligacio nes. El tiene una tarea
que realizar, un destino prefijado que cumplir, y se sirve de los elementos que
han de conducirlo al cumplimiento de su designio pragmático, de manera
obligatoria, ya no libre y espontánea mente. Aún no es así. Si por un lado me
parece incuestionable que la música brasileña atraviesa por una adolescencia
brillantísima, una de las más bellas cuando no la más bella de América; si es
lícito verificar que hay un compositor brasileño que se ubica actualmente entre
las figuras más importantes de la música universal contemporánea 28; si nos
conforta socialmente la conciencia sana, la virilidad de pensamiento que induce
a nuestros principales compositores a esta lucha fecunda pero sacrificada por
la nacionalización de nuestra música, no es menos cierto que la música
brasileña no puede conservarse indefinidamente en el período pragmático en que
se encuentra. Si en un comienzo fue universal, di suelta en religión; si fue intemacionalista
durante un tiempo con el des cubrimiento de lo profano, el desarrollo de la
técnica y la riqueza agrí cola; si ahora está en la etapa nacionalista
caracterizada por la adquisi ción de una conciencia de sí misma, tendrá que
elevarse un día a la etapa que llamaré Cultural, libremente estética,
entendiéndose siempre, claro está, que no puede haber cultura que no refleje
las realidades profun das de la tierra en que se realiza. Y entonces nuestra
música será, ya no nacionalista, sino simplemente nacional, en el sentido que
son nacionales un gigante como Monteverdi y un molusco como Leoncavallo.
Lo que por el momento nos falta es el gigante. En verdad, la situa ción
del compositor brasileño contemporáneo es muy difícil. De manera general, y
exceptuando a tres o cuatro, le falta técnica, y el estado económico del país
es lo que más condiciona esa carencia.
No hay duda de que varios de nuestros músicos son profundamente
deshonestos al aprovechar la brumosa anarquía cultural en que vivimos para
improvisarse como compositores, conscientes de que en la oscuridad de la noche
todos los gatos son pardos. Algunos de esos compositores llegan a conocer muy
superficialmente ciertos elementos primarios de la
“Está claro que me refiero
exclusivamente a los que investigan lo nacional. Entre los otros, no se logra
descubrir uno solo que sea capaz de dejar a sus hijos al menos un minúsculo
cromosoma de talento" (N . del A .).
composición, que ellos podrían aprender por sí solos, incluso
rebelándose contra la escuela y contra las barreras de la pobreza. Son
incapaces de efectuar el tratamiento de un tema y están convencidos de que la
poli fonía consiste en enlazar a una melodía otra línea sonora sin la menor
significación musical. E incluso en obras menores, un minuto o dos de piano
bastan para comprobar que viven exclusivamente del cantar de los uccellini *,
limitándose a juntar a la canción unas armonías “cava das en el piano”, como
se dice en la jerga profesional, unas brumas so noras medio extrañas y
refinadas, encontradas de casualidad gracias a lo mucho que se mueven los diez
dedos en las teclas. Descubierta la bruma, pulverizan con ella el miserable
fragmento de principio a fin, pues en una cosa estos Cabrales 29 de la
casualidad son duchos 30: en el uso y abuso del pedal armónico y del basso
ostinato, tabla de salvación para todas las angustias de la música vertical.
En todo caso, las exigencias mismas de la especialización, impiden
total mente que se compare el caso de nuestros músicos al de nuestra
literatura, allí donde las generaciones más recientes parecen destinadas a
probar que se puede ser escritor sin saber escribir. El movimiento modernista,
eminentemente crítico por naturaleza, parecía destinado a producir una gran
evolución ulterior de cultura, pero tal cosa no ocurrió. Los nuevos no
resistieron la tensión. Y la pérdida de rigor y vigilancia intelectual del
país, de los editores, diarios y revistas especialmente, el compinche de la
crítica tan paternalista como acomodaticia, posibilitó ese estado asombroso de
cosas, cuyo menor defecto sigue siendo todavía la supers tición nacional del
talento. Y hoy, algunos de nuestros ficcionistas más celebrados, disfrutan la
voluptuosidad de su enorme talento aunque sean, para decirlo de un modo
lisonjero, poco menos que analfabetos.
La situación de la música es bastante mejor, afortunadamente. Al fin de
cuentas, se puede escribir una novela sin saber qué es un silogismo o que
Tiradentes. . . no está enterrado en Vila Rica. Pero la composición de un trío
o incluso de cualquier obra solista que dure cinco minutos implica tales
problemas técnicos, que en general el compositor se re pliega sobre el minuto
escaso y no muy avergonzante de la pieza carac terística. Solamente los
hipócritas desvergonzados se arrojan sin recaudos a semejantes aguas. Y la
música, tal vez porque no aprovecha lo que en ella queda de mensaje, las
circunvoluciones y laberintos de la conciencia que todo lo perdonan, aún
conserva el pudor de los irracionales. Son raros en ella los hipócritas
desvergonzados.
Pero la falta general de técnica del compositor brasileño está determi
nada principalmente por nuestra situación económica. La hegemonía financiera de
Buenos Aires en América del Sur fue útil durante un tiem po, liberándonos de
la excesiva competencia del músico internacional importado y posibilitando con
ello una mayor estabilidad en la situación
económica del virtuoso nacional. Es posible que el brasileño esté musi
calmente mejor dotado que el argentino o el uruguayo. Pero no es re curriendo
a miserables vanidades improbables como se logra organizar la fuerza y
producción de un pueblo, y todos nosotros estamos cansados de saber que una
Teresa Carreño puede aparecer insólitamente en cual quier parte.
La posible superioridad en número, valor e incluso genialidad expre
siva del virtuoso brasileño, particularmente del pianista —algunos de los
cuales han conseguido, fácilmente, internacionalizarse— , me parece
especialmente producto de nuestras condiciones nacionales. El campo era más
vasto, más numerosas las ciudades favorecidas por dineros públicos y que
solicitaban celebraciones, en su prosapia de capitales de Estados. Además, en
las dos ciudades brasileñas más grandes, Rio y Sao Paulo, la concurrencia del
virtuoso internacional solía ser ocasional, muchas veces venía sólo de paso, en
viaje a Buenos Aires.
Pero luego, con la caída del café y la depreciación incluso interna del
dinero nacional, la situación de nuestra música se hizo intolerable. Eso
justamente en pleno brote de la etapa nacionalista, cuando el com positor
brasileño más necesitaba contar con circunstancias favorables de concurrencia y
ejemplos foráneos, y medios de producción y retribución que le permitiesen
profundizar su técnica. Los mismos actos del Gobierno, poco enérgicos y poco
esclarecedores, no logran de forma alguna mejorar nuestras condiciones
técnicas. Antes de 1929, Sao Paulo, casi rico, llegó a mantener tres orquestas
y dos cuartetos. Un golpe clarividente del Go bierno uruguayo logró en poco
tiempo montar una orquesta que ya puede considerarse de primer orden, por medio
de un impuesto que, si no me equivoco, recayó sobre las radioemisoras. Y el
Uruguay llamaba a su capital al mejor director extranjero que ya vivió en
Brasil, Lamberto Baldi, el único que de hecho logró interesarse por la
composición brasile ña. Y a raíz de ese hecho, otros instrumentistas
brasileños de Sao Paulo fueron invitados a Montevideo, con indiscutibles
beneficios ya que eran mucho mejor remunerados, en dinero más fuerte, cosa que
les permitía elevar su nivel de vida. La música sinfónica llegó a Sao Paulo con
sensi bles rebajas. La música de los conjuntos de cámara desapareció por algún
tiempo.
La situación en Rio de Janeiro si no es peor, en nada aventaja a la de
Sao Paulo, como posibilidad de enriquecimiento técnico del compositor. La
reforma del Instituto Nacional de Música, en 1931, fue, hablando con propiedad,
una aspiración de imbéciles 31. (Yo estaba entre esos propulso res ciegos).
Era una creación casi lunática a pesar de su energía y de su severidad, y a
pesar de la elevación inmediata del nivel cultural que exigía de los aspirantes
a músicos. Y, sobre todo, constituía una aberra ción para nuestras pésimas
tradiciones musicales y nuestras condiciones del momento (momento que todavía
perdura. . .), en el ideal sociali zante de hacer del músico brasileño una
normalidad culta, una clase
sólidamente dotada de su técnica —desoyendo por completo esa supers
tición del talento individual que es nuestra única mística de país sin cultura.
La reforma ignoraba a los genios, en un país donde todos somos genios. El
resultado, si no fue desastroso, fue nulo. Y la actual Escuela Nacional de
Música está casi en las mismas condiciones de insuficiencia para la preparación
técnica del músico brasileño, tal como se encontraba antes de 1931.
Es que la reforma implicaba no sólo la modificación del nivel cultural
general de sus alumnos, sino que, por sobre cualquier otra cosa, suben tendía
una transformación radical del cuerpo docente. Pero no se tuvo la energía para
hacer esto. Con algunas pocas excepciones, el cuerpo docente de la Escuela
Nacional de Música es un vivero de espectros viejos o prematuramente
envejecidos durmiendo en la rutina, saliendo de su palabrerío tedioso nada más
que para las danzas de las peleas internas. Tal vez no exista en el mundo otra
escuela inutilizada por tanta politiquería y tantas ambiciones personales.
Hablando con propiedad, todas las reformas son buenas o no inútiles, lo
que primordialmente se exige es que los profesores sean buenos. Y hace falta
tener el coraje de reconocer que con auriverdes 32 patriotadas no se arregla
absolutamente nada. Hay que llamar profesores extranje ros; hay que lograr su
radicación a través de contratos serios, pero gene rosos. Hay que aportar a la
docencia musical del país hombres forma dos dentro de la tradición de
civilizaciones más experimentadas, donde al menos ya esté establecida esa
verdad primera según la cual para practicar honestamente un oficio es necesario
aprenderlo bien. Pero, frente a la ineficacia de la reforma 31, ¡se exige una
nueva reforma! Eso es pretender tapar un agujero abriendo otro delante de él.
Sin embargo, la técnica deficitaria del compositor brasileño tiene,
además, otros motivos. Ya que lo que la escuela puede darle al artista, éste
puede compensarlo ampliamente con la lectura, el trabajo individual, el consejo
de los mejores. El desastre mayor consiste en la imposibilidad en que se
encuentra el compositor brasileño de experimentarse a sí mis mo. Además de que
prácticamente no escucha música extranjera, tam poco suele, entre nosotros,
escucharse a sí mismo. El conocimiento técnico es insuficiente para brindar
técnica. Toda técnica se forma en la experimentación. Es casi inútil que a un
compositor que “sintió” visual mente en su partitura el contracanto de una
flauta en grave, le indique el libro o le diga el director experimentado que
eso no se oye en el con junto sonoro. El aconsejado puede obedecer, puede,
incluso, convencerse de la verdad y modificar su disposición musical, pero
jamás aprenderá, en el sentido en que todo aprendizaje es una norma de conducta
que se adquiere. En la primera oportunidad que tenga el artista reincidirá, no
en el mismo error, sino en un error idéntico de disposición sinfónica. O huirá,
amedrentado, de una serie de buenos efectos presentidos. La lección grande, en
este caso, la lección que se graba en la carne, es que
el compositor escuche. . . el contracanto que no escuchó. ¡Pero cómo
podrá el músico brasileño aprender, si a veces pasa más de un año sin que una
sola de sus obras sinfónicas o cualquiera de las que haya escrito para otro
tipo de conjunto, sea ejecutada!
Lo peor es que tanto las orquestas como los cuartetos o corales están en
manos de directores extranjeros o poco menos que extranjeros, todos muy
arropados a la guaraní pero indiferentes a la cosa local, ignorantes de ella,
incapaces de comprenderla e integrarse a ella. Lo que esos direc tores
pretenden únicamente es conservar a toda costa el lugar conseguido, obedeciendo
servilmente al gusto de un público de capitales internacio nalizadas como Sao
Paulo y Rio. Público en el que no sólo el porcentaje de oyentes nacionales tal
vez ni siquiera sea predominante, sino que lo peor es que se trata de un
público perezoso, inerte, ignorante, que exige únicamente las obras
tradicionalmente fáciles y las cabriolas mala-barísticas del brillo y el
virtuosismo. Quieren un Tschaikowski que sea Tsssssssssschaikowski. De modo que
cuando un director de esos o un cuarteto (excluyo únicamente de aquí al
cuarteto Borghert) condesciende a ejecutar una obrita de compositor nacional,
lo hace sólo para desembara zarse de una imposición legal, repudiando en lo
más íntimo de sí el tra bajo, y quejándose de los pocos ensayos nada más que
por formalidad. Y las obras son ejecutadas tan rápido y tan mal, que el
compositor nunca puede saber con seguridad si no oyó su malhadado contracanto
porque realmente no se lo puede escuchar, o porque la pieza fue mal com
prendida, y además pésimamente ejecutada. Y así es como él no logra mejorar la
experiencia de su técnica.
Es en este sentido que la falta de una real concurrencia extranjera nos
está causando un enorme perjuicio ahora. Nos falta la idoneidad de orquestas,
de cuartetos, de corales extranjeros que hagan evidente, por contraste, la
deficiencia nacional y despierten los bríos que induzcan a mejorar nuestros
conjuntos musicales. Nos falta la solvencia que resulta de escuchar
constantemente la música extranjera moderna de alta cali dad, que le permita
al compositor brasileño hacer comparaciones, reco nocer sus deficiencias, sus
defectos, lo que hay en él de peor y de mejor, lo erróneo y lo cierto de sus
caminos. Nos faltan los conjuntos nacionales dirigidos por artistas auténticos,
capaces de ejecutar comprensivamente numerosa música nacional, para que ésta
evidencie a los autores sus fallas y culpas. Pero para ello la subvención
gubernamental es indispensable, ya que la situación económica del país no
alienta la útil concurrencia extranjera y tampoco estimula las fuerzas
nacionales. Y es el Gobierno quien debiera patrocinar los festivales anuales de
música brasileña, los concursos, los congresos, las investigaciones. Y además,
a los profesores extranjeros que vengan a poner abiertamente en jaque la
debilidad didác tica de nuestro profesorado.
Sería un derrotismo argumentar que todo eso provoca gastos enormes y que
me contradigo exigiéndolo y al mismo tiempo recurriendo al paupe
rismo nacional para explicar nuestra deficiencia técnica. No cabe aquí
estudiar procesos ni sugerir medios que permitan a los gobiernos federa les y
estatales, sin grandes gastos nuevos, la manutención permanente de una orquesta
de primera calidad, de un quinteto, de una coral, que sean al mismo tiempo
campo de experimentación técnica, escuela de dirección y fuente de alta
ejecución musical. Y como el Loide33, la E.F.C.B.34, y otros organismos
estatales, el gobierno podría, además, hacer viajar a sus conjuntos por las
capitales, en las vacaciones escolares y en los intervalos de temporada.
No soy materialista y mucho menos de los que descargan en la ancha
espalda de los factores económicos todas las culpas del pequeñísimo ren
dimiento humano. Y si reconozco que el compositor brasileño es en general
bastante deshonesto con respecto a la fragilidad de su técnica, amparándose en
la falta de tradición y de vigilancia cultural de la socie dad brasileña, y
también de las aventuras experimentalistas de la música de nuestros días; si
también reconozco, además, que nuestra deficiencia técnica está en gran parte
condicionada por la situación financiera del país, tengo la convicción de que
es posible sanear o disminuir al mínimo estos perjuicios, forzando la marcha de
las cosas y equilibrando el peso de las circunstancias con una política musical
esclarecedora en su orien tación y enérgica en los hechos. ¡El compositor
brasileño está delante de nuestras narices, Dios mío!, rebosante de talento y
—lo que es mucho más importante— admirable por su idealismo y resistencia. Y,
hablando con propiedad, cabe reconocer que ha logrado solo, en lo que le
compete, forzar esa marcha de las cosas, ya que asimiló una de las herencias
musicales más fuertes de América. Y ni siquiera sé que fe empecinada y heroica
le ha permitido remover sus montañas.
LOS CONGOS35 *
( 1935)
U N A D E L A S m an ifestacion es m ás características, y se p u ed e
decir in clu so originales, de la m ú sica popular brasileña son nuestras
danzas dram áticas.
Contamos con un nutrido caudal de bailes populares, todos ellos pro
vistos de enredo dramático, textos, música y danzas propias. Y si me irrita
mucho, debido a la precariedad etnológica e histórica del concepto, tener que
afirmar que el pueblo brasileño está constituido por tres co rrientes raciales
—la portuguesa, la africana y la amerindia— siempre me conmueve verificar que
tan sólo estos tres fondos étnicos son los que nuestra gente celebra
secularmente, en sus danzas dramáticas. Por tugal permanece vivo, cantando en
tono heroico, en las Chegangas de Marujas y en las Chegangas de Mouros **. El
Africa es cantada especial mente en la política de las embajadas de paz o de
advertencia, y siempre en su permanente beligerancia. Embajadas y guerras son
las que constitu yen el núcleo dramático de los Congos, de las Congadas y de
los Magam-biques ***. Y finalmente, los indios de nuestra América son
recordados sobre todo en el drama cotidiano de la tribu, danzas totémicas,
danzas propiciatorias de caza o guerra, muerte del brujo, en los Caiapós ****
en los Cabocolinhos *****.
Entre esas danzas dramáticas, y no enumeré sino algunas, la que me
parece más peculiar por su valor etnográfico e histórico es la del Congo.
Congos: Danzas dramáticas de
origen africano (N . del T .).
Chegangas: Eran las
chegangas ciertas danzas eróticas del siglo xvm que formaban parte de
celebraciones populares que tenían lugar en Navidad. En ellas se armaban, en
plena plaza pública, grandes barcos o naves de guerra y con ellas se simulaban
expediciones navales y combates entre moros y marinos cristianos, como parte
del bailado y la acción dramática (N . del T .).
Magambiques: danzas
dramáticas de origen africano (N . del T .).
Caiapós: tribu indígena de
la región meridional del Brasil (N . del T .).
Cabocolinhos: bailes o
danzas populares dramáticas organizadas en cortejo donde participan cerca de 20
indios que simulan combatir (N . del T .).
En su manifestación más primitiva y generalizada, los Congos no pasan de
un cortejo real que desfila mientras canta sus danzas. Aún hoy, cier tas
Congadas primarias o muy decadentes, del centro de Brasil, no son otra cosa que
eso. Y al Nordeste, donde los Congos se desarrollaron mucho, los Maracatús *
actuales parecen representar lo que allí fueron los Congos primitivos.
Guilherme de Meló atribuye inspiración originariamente francesa a esos
reinados de Congos, filiándolos a los reinages del siglo xvi. La inter
pretación es seductora pero no me parece nada probable. Por la manera como
Antonil se refiere a los reyes negros, adorados por los esclavos en los
ingenios del Brasil, se puede advertir perfectamente que eso no era un proceso
impuesto a los negros por los blancos, sino costumbre de aquéllos. “Por lo
tanto, no les extrañe a ustedes que los esclavos celebren a sus reyes, canten y
bailen por algunas horas, honestamente, en ciertos días del año”, dice él al
aconsejar a los señores cómo tratar a los esclavos de los ingenios. Y si la
noticia oficial más antigua que Pereira da Costa encontró sobre el nombramiento
o designación de esos reyes de Congos data de 1711, el consejo de Antonil,
impreso ese mismo año, se refiere muy probablemente a costumbres ya surgidas en
el Brasil del siglo ante rior. O tal vez, incluso, en el primer siglo. . . El
jesuíta Antonio Pires informa que en 1552 los negros africanos de Pernambuco
estaban reuni dos en una cofradía del Rosario, y que se practicaban en la
tierra proce siones exclusivamente integradas por hombres de color. Aquí
todavía no se hace referencia a reyes negros, y seguramente no los debía haber
aún, pero la indicación del jesuíta es muy sintomática. La elección de reyes
negros meramente titulares, y las fiestas a que su nombramiento daba lugar, los
Congos, las Congadas, siempre estuvieron íntimamente ligadas, y aún es así, a la
cofradía del Rosario 36. Es más: sus procesiones católicas eran cortejos que le
recordaban al negro los cortejos reales afri canos. Nada más natural que la
identificación; y que el hecho de que ellos trataran de darle una finalidad más
objetiva a las procesiones católicas, y que además de las letanías a dioses
invisibles y de las andas con orixás * * de madera y masa pintada, se preocupan
por tener, como las ranas de la fábula, un rey vivo. Y, en efecto, hasta hoy,
si no forma parte de la liturgia católica, forma parte imprescindible de la
liturgia de los reyes negros del Brasil el hecho de acompañar las procesiones
católicas, seguidos por sus súbditos. Mi convicción es que las primeras
manifestaciones del baile de los Congos datan del primer siglo, y que su origen
es totalmente africano, derivado inicialmente de la costumbre de celebrar la
coronación del nuevo rey. La coronación festiva del nuevo rey es una práctica
uni versal, es lo que se puede llamar “Elementargedanke”. La misma natura
Maracatús: Desfile
carnavalesco que se ejecuta al son de un instrumento de percusión y en el que
el grupo sigue a una mujer que eleva en la extremidad de un bastón a una
muñequita ricamente adornada (N . del T .).
* Orixás: divinidades africanas (N .
del T .).
leza brinda ejemplos expresivos de ello, con el aspecto festivo de la
ma drugada al nacer del Sol, y de la tierra al resurgir de la primavera des
pués del invierno. Y parece incluso, después de los estudios de Frazer, que en
un grupo numerosísimo de civilizaciones tanto naturales como de la Antigüedad,
la coronación y celebración del nuevo rey está unida íntimamente a las
conmemoraciones mágicas de los mitos vegetales.
La costumbre de los negros esclavos de designar reyes puramente for
males, se difundió extraordinariamente en Brasil. Se trata de una tradi ción
probablemente traída del Africa. El primer rey legítimo del Congo, asistido por
los portugueses en el Africa, fue Juan I, muerto en 1492; pero después de más
de cien años, ya los reyes negros de la región eran solamente reyes formales,
como los de aquí. Y no hay que olvidar que todavía hoy, en ciertas colonias y
estados tributarios, ingleses, franceses y otros, esa falsificación penosa
persiste, ya que los opresores aceptan la existencia de un rey, pura ilusión
para los nativos.
Entre los negros, parece que esa veleidad de tener un rey, aun cuando no
fuera más que formalmente, estaba muy arraigada. Al no tener que soportar,
entre nosotros, las opresiones y dificultades de toda índole como las que
sufrieron en los Estados Unidos, incluso hasta por parte de los blancos que los
quisieron proteger, dieron libre curso a esa tendencia político-fetichista. Los
reyes de Congos proliferaron por todas partes, en un despliegue de narcisismo
conmovedor. Los hubo en Maranháo, en todo el Nordeste, en Bahía, en Rio de
Janeiro, en Sao Paulo, en Minas, en Mato Grosso, en Goiás. También existieron
en las Antillas. En Cuba, reyes y reinas de Congos abundaron tanto en los
ingenios como en las ciudades. En las Azores, esos reinados sufrieron una transposición
inte resante. La devoción por el Espíritu Santo es enorme en las islas, y los
esclavos de Faial, en vez de coronarse reyes de Congos terrestres, se coronaban
emperadores del Divino reino celestial. Imperios y folias del Divino 37 fueron
y aún son tradicionales en el Brasil; pero no me consta que entre nosotros se
haya coronado a esclavos como emperadores del Divino reino celestial. Ni
siquiera a negros liberados. Vieira Fazenda cuenta que los negros de la
Lampadosa 38, en Rio de Janeiro, elegían emperador, emperatriz, rey y reina.
Pero no se refiere al Divino. Segu ramente debido a la misma confusión por la
cual en los textos de Congos recogidos por mí, el rey es llamado
indiferentemente unas veces “reyes” 39, otras “emperadó” 40.
Pero si la costumbre era negra, no debe sorprender que el astuto blanco,
tanto profano como religioso, instigase a los negros a la creación de esos
reinados de humo. Al respecto es sintomático de las piezas de los Congos. Su
texto reza:
“Nosso Reis é só quem manda
pra nóis tudo
trabalhar!” *
“Nuestro rey es quien nos
manda / todo el tiempo a
trabajar!".
Un verso como este debe probar la verdadera función social de esos
reinados coloniales de Congos. En un tiempo en que los esclavos eran mayoría,
los reyes y reinas negros, con los cuales clérigos y señores se mostraban
condescendientes, y los que jefes profanos de la Colonia llega ban incluso a
honrar y a rendir homenaje, como si fuesen auténticos potentados, esos reyes
resultaban buenos instrumentos en manos de los colonizadores y excelente
parachoques entre la altivez exasperante del señor y los esclavos rebeldes (más
revoltosos que rebelados. . .) . Nuestro rey es quien nos manda. . . Y los
esclavos obedecían o creían obedecer a sus reyes congos que les ordenaban
trabajar para los reyezuelos blancos. Los reinados de humo funcionaban
utilitariamente para los blancos. Schlichthorst cuenta que los monarcas
africanos que llegaban como escla vos al Brasil, seguían recibiendo aquí el
homenaje y el reconocimiento de sus, ahora iguales, ex súbditos del Africa. . .
Koster, refiriéndose especialmente a los reyes de Congos meramente
formales, observa que aunque eran objeto de risa para los blancos, eran
respetadísimos por sus súbditos.
La duración de esas monarquías ilusorias nunca abarcó un plazo fijo en
Brasil. Si a veces se prolongaban por el espacio de un año, eso no fue algo
general. Muchas de ellas, como la de Chico-Rey 41, duraban toda la vida; y
hasta hoy, en las Congadas y Maqambiques del Centro, la mo narquía se prolonga
todo el tiempo que el monarca lo desea. Koster, sin embargo, nos da
informaciones muy seguras sobre la sucesión de los reyes de Congos en la
Colonia. “El esclavo que había sido durante varios años rey de los negros en
Itamaracá (pues cada lugar tiene su rey) había renunciado al cargo a causa de
su vejez, y así se había elegido un nuevo rey. La antigua reina, en cambio, no
había renunciado y proseguía en su cargo”. Pocas líneas antes había aclarado,
además, que el nuevo rey era nombrado “cuando el individuo que desempeñaba el
cargo moría durante ese año, o por cualquier otro motivo debía renunciar, o
incluso en el caso de que hubiera sido depuesto por sus súbditos”.
Todas esas son costumbres africanas, e incluso especialmente congue-sas.
Sólo el reinado anual parece imposición ajena a las tradiciones, creada por la
facilidad cronológica que eso acarreaba, haciendo coincidir los bailes y
celebraciones de elección del nuevo rey con las fechas católicas en que se le
daba más descanso a los negros. Asimismo es cierto que una ramificación tribal
de los Jorubas, que aquí vinieron en gran cantidad, elegía sus reyes por tres
años.
Lo más frecuente, sin embargo, era el reinado sin tiempo fijo, pero sin
que ello implicara que el rey estaba autorizado a ocupar el trono hasta la
muerte. El rey estaba obligado a dejar el cargo por cualquiera de las mismas
razones tan providencialmente enunciadas por Koster que deter minaban la
destitución de los reyes de Congos en Brasil. Así, siempre en el Congo, cuando
una enfermedad grave hacía presuponer la muerte del rey-pontífice del Chitomé,
éste era inmediatamente estrangulado por
el hombre que debía sucederlo. En el reino de Bunioro, en el Africa
Central, era también la enfermedad grave la que decidía la destitución del rey.
Nuevamente en el Congo, el rey de Quibanga era estrangulado cuando llegaba a la
vejez, y lo mismo sucedía entre los Hanssás de varios clanes. Y en las
proximidades de Dahomey, entre los Eiéos, el simple descontento de los súbditos
era suficiente para que le arrebatasen al rey su corona. Justamente, en su
importante síntesis sobre los negros del Africa, Delafosse señala que por lo
general los reyes pueden ser destitui dos de su cargo si así lo desean los
mismos que lo eligieron, agregando que los gobiernos africanos son una mezcla
complicadísima de autocracia, oligarquía y democracia, bien alejados, empero,
de lo que entendemos por monarquía absoluta.
Schmidt y Koppers agrupan la mayoría de los clanes africanos bajo el
concepto de monarquía absoluta. . . Y me parece que, a pesar de que el sistema
de elección y destitución contradiga aparentemente el absolu tismo, ellos
tienen razón. Todos esos sistemas de gobierno están muy emparentados con la
concepción del rey como representante de Dios, o como encarnación del propio
Dios. El ejemplo de Chitomé todavía muestra un rey que al mismo tiempo es el
hechicero, o si así lo quieren, el párroco, el pontífice de la tribu. Y un
anónimo portugués de mediados del siglo xvi, que es, sin duda, de un individuo
culto y veraz en los informes, cuenta en las “Noticias ultramarinas”, que los
reyes de Guinea, de la Costa de Malagueta, de Benín y del Congo, eran adorados,
y se creía que habían descendido del otro mundo. En los Palmares brasileños,
famosa agrupación de algunos millares de esclavos fugitivos, donde los negros
tuvieron todas las posibilidades de renovar, en plena sena da Barriga, los
reinados de Africa, la monarquía también era electiva. No consta, es verdad,
que algún rey fuese demitido por vejez, enfermedad o alguna razón exterior a
él, sino que en él perduraba la noción de sí mismo como representante o
encarnación de alguna divinidad sobrena tural, y ello se prueba
fehacientemente por el hecho de que todos los reyes del admirable quilombo *
llevaban, junto al nombre, el título de “zumbi”, que quiere decir divinidad,
ser sobrenatural, y más específica mente, un dios malo. Pues bien, Frazer
destaca con mucha sutileza de comprensión, de qué manera el asesinato del rey
(o simplemente su destitución, que llega a ser lo frecuente, con la extinción
de las costum bres más drásticas), derivaba de la propia grandeza conferida al
monarca. Este, al ser dios, no podía tener imperfección alguna. Y ni siquiera
podía morir de muerte natural, o sea, mediante el abandono voluntario del
cuerpo por el principio anímico, ya que, de esta forma, el principio anímico no
se reencarnaría en otro individuo, el nuevo rey. Tomando en cuenta las
explicaciones dadas por los propios individuos que pusieron en práctica tales
costumbres, el hecho de que el rey tuviese algún defecto
* Quilombo: Aldea o lugar donde se agrupaban y vivían los negros fugados
de las estancias en las que habían servido como esclavos (N . del T .).
implicaba un empobrecimiento consecuente de la vida tribal: inundacio
nes, enfermedad del ganado, cosechas magras, de la misma forma que la muerte
natural significa destrucción completa de los sembrados, del ganado, de la
propia tribu. Lo que me parece sociológicamente notable en esas monarquías
absolutas, que eran completamente antidemocráticas, es que el jefe, el soba, el
m utianvua, el rey, sea cual fuere su nombre, no fuese representante de la
nación, no fuese el representante de la colec tividad, sino que, como dios,
constituya, por así decir, el contra-repre sentante de éstas. El es,
místicamente, el principio contrario, el elemento contradictorio que encarna y
representa la posibilidad de vida feliz o desgraciada, y la prosperidad o
decadencia de la tribu. Ya se ha destacado suficientemente que entre las
civilizaciones naturales, la religión reve rencia con más frecuencia al dios
del mal que al dios del bien. Justa mente, por el hecho de que éste es bueno
por naturaleza, mientras que al malo es necesario amansarlo, mediante la
obediencia, el sacrificio o la celebración. Ya sea el rey dios, o el
representante del dios, de las civi lizaciones naturales, ya sea identificable
a los beneficios de la tierra fecunda, al resurgimiento vegetal y animal en la
primavera, como quiere Frazer; ya sea identificable al principio fecundante del
Sol, como quieren, además, Schmidt y Koppers; ya se lo identifique al dios
malvado (za m b i: diablo): se trata, en todos los casos, de un ser al que se
venera, al que se celebra, del cual se cuida y al cual se obedece, debido al
maleficio que puede hacer caer sobre la tribu. Es el símbolo de todo cuanto es
exterior a la colectividad en sí, pero de la cual ésta depende inmediata
mente: la cosecha, el ganado, el dios. Es, pues, un contra-representante; y
toda su liturgia se deriva de esa condición suya de contra-representante
divino, que decide sobre la vida y la prosperidad tribal.
Pues bien, en el baile de los Congos, tan profundamente empapado de
religiosidad no solamente católica sino también fetichista, hay rasgos que de
alguna forma parecen conservar esas nociones antiquísimas, ya ahora
aparentemente sin significado dentro de la danza.
Por lo tanto, debo hacer aquí una descripción por lo menos sumaria de
los Congos, para después exhibir las pruebas y extraer algunas con clusiones.
La danza varía bastante según la región, aun cuando en todas las variantes
puedan reconocerse los elementos más esenciales. Esos ele mentos dividen al
baile en dos partes distintas. El primero es el cortejo real; en él, el
conjunto de los bailarines recorre las calles acompañando al rey, o cuando se
detiene ante las iglesias o las residencias de personas importantes, baila ante
la presencia del rey, a fin de que éste lo vea. . .
Es la parte más libre, más dinámica del baile, donde se entonan las
canciones que acompañan la marcha, las bendiciones religioso-fetichistas,
católicas o no, las danzas totémicas, las danzas referentes a las costum bres
y trabajos tribales, y las coreografías puras. Los técnicos populares de los
Congos distinguen muy bien las dos partes de la danza, ya que a las canciones
de esa primera parte las llaman “cantigas” para distinguir
las de la segunda parte a la que llaman “embajada”. Y, en efecto, el
segundo elemento esencial de los Congos es la representación de una embajada,
de paz o de guerra, si bien en la mayoría de los casos es de guerra. Esa es la
parte propiamente dramática, con piezas fijas, que si guen una secuencia
predeterminada y lógica. Musicalmente, lo que más sorprende, es que las
“cantigas” difieren profundamente, por su carácter, de las piezas musicales de
la “embajada”. La música popular brasileña, sigue esa admirable comprensión
lógica de la música, empleada permanen temente por la música popular
universal, de no desarrollarse en el sentido de la expresión sentimental. Está
claro que no me refiero a las piezas urbanas, semieruditas, m odinhas,
canciones de cualquier país, que tratan de ser expresivas y alcanzan por eso la
sensualidad y lo banal. Hablo de la música realmente folklórica y anónima. Esta
no busca, podría decirse que nunca, adaptar la creación musical al sentido
sentimental del texto. La música popular se contenta con ser musical, sin
preocuparse por des pertar en nosotros, por analogías más o menos dudosas,
como hace la música erudita, imágenes de tristeza, de comicidad, de melancolía,
de dolor. Cuando la música popular es melancólica, o triste, o alegre,
etcétera, se trata de características propiamente étnicas, y jamás de
caracteres individualistas pertenecientes a tal o cual pieza. Pues bien, lo que
dis tingue sustancialmente a las “cantigas” de la “embajada” de los Congos, es
que, mientras aquellas siguen esa tendencia popular universal, las piezas de la
embajada buscan la expresión sentimental, adaptando inme diatamente la
creación musical al sentido del texto. Está claro que ellas no alcanzan nunca
esa especificidad psicológica de la creación de un Monteverdi, de un Carlos
Gomes, de un Debussy, pero no por eso dejan de constituir una curiosa
desorientación, un ramal sorprendente den tro de esa perfectísima comprensión
musical del hombre popular, que hace que la música del pueblo sea, estéticamente
considerada, música pura tanto como una fuga de Bach, o una sinfonía de Mozart.
Aun bajo el punto de vista musical, cabe hacer notar que los Congos no
presentan nada particularmente negroafricano. Si etnográficamente la danza
tiene una importancia extraordinaria por lo que implica desde el punto de vista
de la tradición y la historia política africanas, musical mente los Congos son
más bien afroamericanos y, particularmente, afro-brasileños. En realidad, la
música africana no presenta nada tan particu lar y característico como la
música china, la música árabe, la música del tiempo de los Incas.
Coleridge-Taylor verificó, con no poco asombro, que la música afronegra se
parece mucho a la de los blancos europeos, especialmente, la de los pueblos del
Cáucaso.
Tal vez no sea exactamente así, pero, como música muy primitiva, que en
general no se desenvuelve en toda la extensión de la octava, permite
interpretaciones frecuentemente tonales, a la europea, dentro de los principios
de la armonía. Pero, en realidad, tanto en la concepción tonal, como en la
rítmica, nada de eso es peculiar de la música negro-
africana, sino más bien de ciertos caracteres genéricos de cualquier
música de las civilizaciones naturales de Oceanía, del Asia y también de
América. Es mucho más factible transportar hacia la concepción
rít-mico-armónica europea un canto de los indios Parecis, o de Nueva Zelan
dia, que una polifonía erudita japonesa, o incluso cualquier monodia
gregoriana.
Así, en la música de los Congos nada hay que nos permita asegurar la
presencia de ninguna tradición africana pura. Si una u otra pieza puede, por su
simplicidad melódica y solidez rítmica, parecerse a las melodías negroafricanas
que conocemos, eso nada tiene de determinante. Son características que aparecen
frecuentemente en la música popular universal. En compensación, los elementos
afrobrasileños son abundantes, especialmente en lo que atañe a la síncopa.
Chauvet, igual que otros autores, ya verificó que la música de Africa negra,
difiere completamente de la de los negros de América. Es posible, como quiere
la mayoría de los autores, que la música negroafricana sea bastante sincopada
en sus acompañamientos de percusión y sus tam-tam, pero la síncopa es rarísima
dentro de la estructura melódica negroafricana, no llega a carac terizarla y
ni siquiera llega a ser una constante. Uno de los elementos que distinguen
esencialmente la música afroamericana, y quizá especial mente a la
afrobrasileña, de la música negroafricana, es que entre noso tros la síncopa
pasó a organizar el cuerpo de la misma melodía, no con tentándose con formar
parte del acompañamiento. Nada existe en el Africa negra que pueda compararse,
por ejemplo, a la constitución de esta cantiga de los Congos:
Solo:
Já mutum, já mutum, já mutum, gangulé!
£ h, alelé, já muturn, gangulél
Dansa os pretinhos para o branco vél
Eh, aléle, já mutum, gangulél
Sao Benedito foi a festa fazél
Éh, aléle, já mutum, gangulél *
Así pues, en la música de los Congos nada hay que permita asegurar la
presencia de tradiciones inmediatamente africanas. Por el contrario, manifiesta
la más extrema variedad de influencias; y si en ella son frecuentes los
elementos específicamente afrobrasileños, llega incluso a contener piezas de la
más pura tradición europea, y especialmente latina. He aquí, por ejemplo, un
canto de la “embajada” referente al joven príncipe, hijo del rey del Congo, que
va a partir hacia la guerra, al frente de los ejércitos de su padre:
<1* 9*
Já fui cravo, já fui rosa,
hoje sou mangerigáo,
daquele mais miudinho
que as mogas trazem
na máo. **
Como puede advertirse, es una pieza perfectamente europea, que re
cuerda especialmente la estructura melódica de más difusión en la pla nicie
portuguesa.
La versión de los Congos que recogí en el lugar, en el Estado de Rio
Grande do Norte, es una variante enteramente popular y analfabeta, de la
versión a que Gustavo Barroso dio forma semi-erudita y alfabetizada, en su
libro “Ao som da viola”. Los bailarines están divididos en dos grupos: los
súbditos del rey del Congo, y los soldados del Embajador de la reina Ginga. Los
personajes solistas son: Henrique, rey Cariongo, que es el rey del Congo; su
hijo, el príncipe Suena; dos dignatarios del
“¡Ya mutúm, ya mutúm, ya
mutúm, gangulé / ¡Eh, alelé, ya mutúm, gangulé! / ¡Bailan los negritos para el
blanco ver! / ¡Eh, alelé, ya mutúm, gangulé! / ¡San Benedicto hizo la fiesta
hacer! / ¡Eh, alelé, ya mutúm, gangulé!” (N . del T .).
¡Ya fui clavel, ya fui rosa,
/ hoy soy gran albahaca, / de aquel más menu-dito / que las mozas traen en la
mano!” (N . del T .).
rey del Congo, el secretario Lucio y el Ministro; el Embajador de la
reina Ginga (llamada Ginga Nbangi, en el Estado de Paraíba); y final mente el
General de los ejércitos de la reina Ginga.
Formado en dos hileras, la de los súbditos del rey del Congo y la de los
soldados de la reina Ginga, y después de que los personajes solis tas se han
ubicado en el centro, el grupo avanza cantando y bailando por las calles, en
busca de la casa frente a la cual se va a realizar la “embajada”. Esa es la
parte propiamente dicha del cortejo real, en la que se entonan las “cantigas”.
Algunas de éstas son fáciles de caracterizar. Las hay, por ejemplo, puramente
marciales, adecuadas para el desplaza miento del cortejo, sin figuración
coreográfica especial, simples c¡obra dos * de marcha. Son las piezas de menor
interés musical.
Casi siempre el cortejo se dirige primero a alguna iglesia, y se detiene
a sus puertas para cantar alabanzas. He aquí una de ellas, para celebrar la
noche de Navidad. Debe ser cantada con mucha melancolía, en un movimiento casi
de improvisación, pero sin ninguna fijación rítmica:
Viva a noite
de Natal,
ai, o dia do nascimento,
ai, bendita, louvada seja,
ai, meu Divino Sacramento! * *
Además de estas piezas de inspiración católica, hay otras “cantigas” que
parecen de inspiración mágica. Entre éstas se distinguen las de ins piración
totémica, cuya coreografía intenta reproducir el paso o los gestos del animal
citado en el texto. En el Ccwgo, el tótem, o el objeto de similar función, era
exclusivamente animal, especialmente un ave, y nunca un vegetal o cosa
inanimada como sucedía a veces entre la gente de Australia central, de las
Indias o de Sudamérica. Pues bien, es sinto mático que ninguna de las
“cantigas” se refiera a cosas o plantas, infun diéndole algún rasgo de
religiosidad. No ocurre lo mismo cuando citan aves. Así, en la pieza Já M utum
citada, el gallináceo resulta de la cruza
Dobrados: melodías o rondós de carácter marcial (N .
del T .).
“Viva la noche de Navidad, /
ay, el día del nacimiento, / ay, bendita, loada seas, / ay, mi Divino
Sacramento.” (N . del T .).
con San Benedito, lo que me parece revelador. Incluso las coreografías
que imitan situaciones de guerra son de fondo religioso, proceso de magia
simpática de uso generalizadísimo entre las civilizaciones naturales. Los
amerindios incurrían en este mismo tipo de práctica antes de partir hacia sus
guerras. También en el Africa negra esos bailes estaban muy diseminados.
Stanley los vio en el Congo, y Hovelacque los describió en Guinea. Incluso
entre las "cantigas” es posible distinguir cantos de trabajo, cantos para
cargar o mover grandes masas pesadas, y cantigas de los ingenios de caña de
azúcar. Transcribo a continuación una “cantiga” típica de las botadas * del
ingenio, o sea, fiestas de inauguración de la molienda:
Solo:
Engenho Novo está pra moer!
Coro:
Trabalhar até morrert
Oh trabalhar, oh trabalhar, olél
Trabalhar até morrerl **
Finalizadas las cantigas, se inicia por último la parte dramática de la
danza, la Embajada. El Embajador de la reina Ginga es conducido hasta el rey
del Congo, y demostrando de inmediato sus intenciones trata de matar al rey.
Pero los dignatarios del reino del Congo descubren a tiempo la maniobra del
Embajador, y tanto él como su séquito son redu cidos. El rey decide matar al
Embajador, pero éste, recluido en un rincón, implora perdón, diciendo que es
portador de un mensaje o “embajada”. El diálogo popular, confeccionado con
textos populares muy deformados por el uso, se ha vuelto bastante oscuro.
Cediendo a los ruegos del prín cipe, su hijo, el rey del Congo, concede la
vida al Embajador y le permite decir su “embajada”. Entonces el embajador
recita valientemente:
“Que participa meu monarca pra vóis, Empéradó? Si vóis num man dare
ritirá vossa tropa que lá se acha im campo, hé-de té ua grande
El inicio de la molienda en
los ingenios azucareros recibe el nombre de “botada” (N . del T .).
** Solo:
Coro:
“¡Ingenio Nuevo está para morirse!
¡Trabajar hasta morir! / ¡Oh trabajar, oh trabajar, olé! /
bajar hasta morir!” (N . del T
.).
¡Tra
■percal Teu palacio he-de nada im sangue, e tua corda fóra da cahega, e
teu M inistro passá no fío de meu cutelo¡ *.
Y entonces el príncipe Suena estalla en esta curiosa mescolanza lírica:
“Traigáo, traigáo, traigáo! Traigáo e uní passo liño! N um sois tu deus
e pai dos hóme? Dévassai a vista curn piedade para o reino de meu pail Mais
quem diria que o fío, princpo Suena, fosse atacado pelo pío, servandejo
quixiste dentro do arsenal M eu pai, suherano e reis, usando de minha poca
conciénga, nela foi donde incontrei um grande erró de cunvidá ésses bárbaro
para um piqueno cumbatel Pur isso hum ilde mente vossos péis me ajuéio,
perdoa-me im quanto tenho vus ofin-didol” **.
Entre escenas populares muy cómicas, se resuelve por fin llevar a cabo
la guerra entre el rey del Congo y la reina Ginga. El príncipe parte, y
finalmente, en una coreografía guerrera, de magnífico esfuerzo muscu lar, todo
el grupo dramatiza el enfrentamiento. Uno tras otro, son captu rados todos los
combatientes del reino del Congo. El príncipe y el conse jero han sido
detenidos. El rey llora en el trono. Entonces, el Embajador de la reina Ginga
recita la notable estrofa del canto del triunfo:
Para bens, Angelina,
ela vitória alcangadal
Foi préso o reis de Morama
a Italia foi
turnada! ***
Pero que nadie recuerde la derrota de Adua en esta alusión incons
ciente. Es muy común, en los textos de nuestras danzas dramáticas, hacer tan
sólo una leve alusión para conectar el argumento. El príncipe Suena va a morir.
Y comienza sus adioses, en los que la música se vuelve verdaderamente
desgarradora, lacerante, de tan expresiva:
El texto está escrito en un
portugués muy popular, plagado de errores y de violentas adaptaciones
gramaticales y sintácticas a las necesidades y posibilidades de pronunciación
del negro. Traducido al castellano diría así: “¿Qué es lo que mi monarca manda
a deciros, Emperador? ¡Si vos no mandáis a retirar vuestras tropas del campo,
tendréis un gran disgusto! ¡Vuestro palacio nadará en sangre, vuestra corona os
será arrebatada, y vuestro ministro conocerá el filo de mi cu chillo!” (N .
del T .).
Aquí estamos ante un caso
similar al anterior. La traducción sería así: “¡Traición, traición, traición!”.
¡Traición y un paso de león! ¿No sois dios y padre de los hombres? ¡Extended la
piedad de vuestra mirada sobre el reino de mi padre! ¡Pero quién osaría decir
que el hijo, príncipe Suena, habría de ser atacado por el peor crápula de
cuantos existen en la guarnición! ¡Mi padre, sobe rano y rey, se aprovechó de
mi poca conciencia, gran error cometí yo al invitar a esos bárbaros a librar un
pequeño combate! ¡Por eso, humildemente, a vuestros pies me arrodillo, y me
disculpo de haberos ofendido!” (N . del T .).
“¡Felicitaciones Angelina /
Por la victoria alcanzada! / Preso está el rey de Morama / e Italia
reconquistada!” (N . del T .).
Adeus, meu lindo pai, adeusl
Adeus, caros varsálo, adeusl
Y se despide de todos los congueses. Después exclama:
“Imbaixadó, tó ñus teus péis próstrado. ¡Cunto vus ofindis, pérdoai-me
as curpa!”. “Levanta, infeliz. /Despede de teu pai e segue ao
cadafalsol” 42.
Muere el príncipe. Pero el misticismo reanuda en seguida el drama, con
la escena feliz donde el príncipe renace otra vez, persefónicamente, nuevo mito
del renacimiento de la primavera, o por lo menos. . . del futuro re nacimiento
del Congo. Y entonces surge la curiosa escena final, entre el Rey, el Príncipe,
el Consejero y el Ministro, para determinar cuál de los cuatro es el de más
edad, para llevarlo encadenado hasta el trono de la reina Ginga. Se establece
la verdad. Es el rey del Congo quien deberá marchar encadenado y morir. El es
el mayor.
Pues bien, cuando interrumpí mis comentarios, yo decía que en los Congos
perduraba, aunque vagamente, la noción mística del rey-dios, verdadero
contra-representante, que simbolizaba la prosperidad de la tribu. De tal modo,
no me parece casual que el Embajador se presente ante los cuatro jefes del
partido contrario y se quiera llevar (para apre sarlo y destruirlo) al mayor
de ellos. Es evidente la destrucción del rey envejecido, que no debe morir de
muerte natural, para que el principio místico que está en él no se pierda para
la tribu. Sería más teatral sacri ficar al más joven, principio sentimental
también adoptado en muchos cuentos negro-africanos. En estos mismos Congos esto
fue aprovechado.
Ya mucho más evidente que eso, toda la simbología de las coronas, en los
Congos, es reminiscencia más que probable de las costumbres místicas que
también tenían lugar en Africa. Los reyes de Congos, describe Koster, eran
ascendidos a sus funciones por el párroco del lugar, quien les trans mitía la
corona. Lo mismo dicen Spix y Martius. Por lo tanto, en la danza, la corona
tiene mucha importancia, no sólo por las referencias directas a ella en los
textos, sino por la parte que le cabe en el ritual dramático. En los Congos del
siglo pasado, descritos por Silvio Romero, había tres reinas llevadas en el
centro del cortejo, a las cuales, individuos ajenos al grupo intentaban
arrebatarles las coronas. El que lo conseguía
se ganaba un premio. Me parece evidente, en esta simbología, la destruc
ción del rey Cía corona) y elevación al trono del asesino (el premio
conquistado). Frazer, siempre tan milagrosamente provisto de ejemplos, se
refiere a los reyes africanos a los cuales se les podía matar y así ocupar el
trono su mismo asesino. Un paso curiosísimo de los Congos que describí,
aparentemente sin significado, es aquel donde antes de la partida del hijo del
rey hacia la guerra, se produce un intercambio de coronas entre el rey y el
hijo. Ese intercambio es evidentemente simbó lico, y creo que es el mismo
Frazer quien señala una liturgia similar, en la elección de los reyes
temporales, quienes morían en lugar de los reyes legítimos y permanentes. A
través de ese intercambio de coronas, el hijo (y en la realidad siempre es un
pariente del rey legítimo quien pasa a ser rey temporal y muere por el otro. .
. ) se vuelve temporal y simbólicamente rey legítimo; por lo tanto, es éste
quien parte hacia la guerra y muere, en la persona del hijo.
Toda esta simbología mística no puede ser ocasional: es tradicional. No
hay nada azaroso en los Congos, donde tanta tradición de costumbres e his
toria profana subsiste; nada, en ellos, ha permanecido casualmente, ni si
quiera aquello que ha sido desvirtuado por la ausencia actual de interés, como
ocurre con estos diversos trazos de los ritos místico-sociales con que los
negros justificaban las desgracias terrenas. E incluso una lectura superficial
de estos Congos permite sentir con fuerza hasta qué punto ellos están pro
fundamente traspasados de misticismo de todo tipo. Tampoco estoy lejos de creer
que el rey Cariongo, o Caro, como lo llaman en Ceará43, pese a todo lo burlesco
que lo cerca (las religiones naturales no son enemigas de lo burlesco. . . )
está muy intensamente concebido aun como entidad mística, un vaguísimo dios,
necesariamente identificado por los negros bautizados con el Dios del
Cristianismo. Basta recordar las diver sas exclamaciones del príncipe Suena:
“¡Castígame y adora a mi Padre que es hermosura!” dice él en cierto momento. Y
también en aquel otro pasaje que cité: “No soy tu Dios y Padre de los hombres?.
. . Dejad caer vuestra mirada con piedad sobre el reino de mi Padre!”. Otra
prueba de la religiosidad cristiana de los Congos está en la curiosa pieza
“Feli citaciones, Angelina”, que en la versión de Barroso dice profanamente y
apenas: “Felicitaciones, nobles guerreros!”. Esta Angelina, que vino
tradicionalmente de Portugal, o por lo menos de la isla de Madeira, es una de
esas admirables creaciones verbales del pueblo, suscitadora de nociones
asociativas que no fija una noción perfectamente inteligible y determinada. A
través de los textos de la “Angelina gloriosa”, citados por Teófilo Braga,
puede percibirse la vaguedad de sentido de la palabra. Lo que importa es la
noción festiva de “ángel” que la palabra despierta, pero ella parece indicar a
veces a algún ser angelical, a veces a la propia Virgen, y a veces algún lugar
habitado por los ángeles.
Si así es, puede decirse que los Congos actuarían inconscientemente como
expresión de una lucha entre los principios, no diré del Bien y del
Mal, pero sí de lo benéfico y de lo maléfico, terminando momentánea
mente con la victoria de lo maléfico, es decir de la reina Ginga. Victoria que
sería una especie de desquite de las tinieblas, la cual se acepta como raza
maldita contra el principio del bien (los blancos); de una religión impuesta,
que nada tenía que ver con los negros, y que la colectividad nunca pudo aceptar
totalmente, en cuatro siglos de yugo. Y siempre el principio benéfico alcanza
al final una especie de triunfo, pues el príncipe Suena, hijo del rey, termina
resurgiendo. La idea de la resu rrección del principio que representa el
beneficio de la colectividad, es universal y muy anterior al Cristianismo. Un
aspecto fuerte de ese “Ele-mentargedanke”, de esa magia simpática, sobrevive en
algunas de nues tras danzas dramáticas populares, en los Cucum bís antiguos,
en los Ca-bocólinhos, en el Bumba-meu-boi, donde el principio benéfico, el
Ma-meto, el Matroá, el Buey, mueren y renacen otra vez.
para terminar con este
estudio, que ya es muy extenso, quisiera seña lar que, además, los Congos
parecen celebrar un hecho histórico, africano, que tuvo lugar varios siglos
atrás.
Está claro que es la embajada, parte dramática del argumento, la que se
basa en un hecho histórico. Es cierto que los negros de Africa tienen también
la manía de las embajadas. . . Stanley observó sonriendo que los jefes
congoleños gustan de conferenciar entre sí, al igual que las poten cias
europeas; y también toda la historia de Portugal en el Africa está entretejida
de embajadas de lusos y de negros. ¡Incluso al Brasil vinieron algunas
embajadas inútiles de reyezuelos africanos, como la del rey de Bení, en 1824,
enviada para reconocer nuestra independencia! En el siglo xviii vinieron dos,
enviadas por el rey de Dahomey, una de 1750, otra en 1795. De los africanos de
Brasil se sabe que el armisticio pactado entre los habitantes del quilom bo de
Palmares y Aires de Souza Castro, se realizó por intermedio de embajadores,
enviados por el Zumbí enton ces reinante. Y que en realidad es un hábito
africano, lo prueba singular mente el episodio relatado por Nina Rodrigues, en
la insurrección de los Haussás, en 1807. ¡En cada barrio de la capital de
Bahía, los negros habían nombrado a un jefe, a quien le cabía dirigir la fuga
de los escla vos, llamado “Capitán”, y el cual era ayudado por una especie de
agente, posiblemente de contacto, al que llamaban el “Embajador”!. . .
Pues bien, es en la “embajada” de los Congos donde los personajes
solistas adquieren singular relieve, principalmente el rey del Congo, el
príncipe Suena, su hijo, y la invisible reina Ginga. No logré identificar al
rey del Congo, Cariongo o Caro. El nombre del príncipe Suena pro vendrá
seguramente de una confusión con algún título nobiliario, que los negros del
Brasil imaginaban que era nombre propio. En Africa, en
la región de Luanda, que tantos esclavos nos dio, suana es un cargo
dignatario cualquiera, muchas veces ejercido por el hijo de algún jefe. Es eso,
al menos, lo que indica el siguiente texto ochocentista de Dias de Carvalho:
“El M utiánvua, pese a lo reducido de su comitiva, siempre se hace acompañar
por el M u itía o su representante, su Suana M ulopo, M uene Tém bue, y a veces
por los hijos del Mutiánvua”.
En lo que atañe a la reina Ginga, tuve la suerte de poder obtener
algunos informes bastante curiosos sobre ella. El nombre de la reina Ginga es,
ante todo, tradicional en Brasil. Puede encontrárselo en los Congos cearenses
*, de Gustavo Barroso, en los Congos pernambucanos de Goiana, con argumentos
muy diferentes. Y, finalmente, está en la Congada que se realizó en Tejuco, en
Minas, en ocasión de las fiestas de coronación de Don Juan VI, en 1816.
La reina Ginga responde perfectamente al Rey del Congo, puesto que
“Ginga” también es un nombre africano. Los Gingas o Xingas, o Zingas, o Giagas,
o Djagas, eran habitantes del Africa Central, y hablaban en dialectos bantús.
Miembros de esa tribu fueron hechos esclavos y embar cados en los puertos de
S. Felipe de Benguela y Novo Redondo, con destino al Brasil.
En cuanto a las reinas, las hubo numerosas por toda esa región, del
Oeste y Centro africano. . . En Angola, el rey Angola Mussuri fue suce dido
por una de sus hijas, a la cual, a su vez, sucedió una de sus her manas. Entre
los gingas, además de la famosa reina Ginga Bandi, hubo por lo menos otra
anterior a ella, y otra, bastante belicosa, que le suce dió en el trono.
Schmidt y Koppers incluyen a los pueblos del Congo en el estado de
“libre-matriarcado”. El hecho del Totemismo, que perte nece a la etapa del
patriarcado, existe en el Congo y se explica por la penetración y mezcla de
culturas diversas. Y —notable permanencia— , en la danza de los Congos, como
antes lo subrayé, todas las “cantigas” de presumible origen totémico, se
refieren a pájaros, lo que, según los mis mos autores, es un fenómeno que se
verifica con frecuencia en las socie dades matriarcales, ya influidas por el
totemismo patriarcal. La presencia de la reina Ginga victoriosa podría insinuar
también que ha permanecido alguna noción nostálgica del matriarcado, entre los
esclavos de Brasil. . .
Vale la pena recordar el curioso episodio que relata Etienne Brasil, a
propósito de la rebelión de los Males bahianos que, en 1835, pretendían ya
victoriosos, elegir una reina. Y otro recuerdo muy sugestivo del pre dominio
de la mujer, es el de aquella negra Teresa, la heroína que gober naba el
quilombo de Quariteré, en Mato Grosso 44, y de la que se dice que murió de
rabia al ser detenida por los de Vila Bela.
Es, sin embargo, un texto providencial de Congos, con el que pude dar en
el Estado de Paraíba 45, el que nos va a indicar que la reina Ginga de las
danzas citadas, no es solamente una referencia genérica a las reinas
de esa raza, sino que celebra a una de ellas en especial, la célebre
reina Ginga Bandi. Dice mi texto: “É mim, dáo Gracia Macundi, peito cheio, de
brago forte, que veio pela déféza da mulata raínha Zinga Nbángi. . . ” etc. *
Que Zinga es lo mismo que Ginga es algo en lo que concuerdan diferentes
autores. El nombre Bandi, que respeté en la interpretación gráfica dada por el
autor anónimo del “Catálogo dos Governadores do Reino de Angola”, también es
interpretado como Nbandi, por Alfredo Moulin.
Los Congos no sólo designan una reina determinada, sino que, además,
parecieran hacer referencia a un episodio histórico de su vida: a la asom
brosa embajada que presidió, cuando todavía no era más que una prin cesa, para
visitar al gobernador Joáo Corréia de Souza, en 1621 46.
Esta princesa Ginga Bandi era hija del rey de Angola o Matamba, quien le
había dado el nombre, el jefe Ginga Bandi. Este despótico rey, asesinado por
sus propios súbditos, dejó tres hijas y un hijo tenidos con su esclava
favorita, y un hijo más, heredero legítimo del trono, tenido con su esposa
principal. Pero el astuto hijo de la esclava, llamado Gola Bandi, logró
apoderarse del trono, y mandó a matar a su hermano, a la madrastra, y a un
sobrino, hijo de la princesa Ginga Bandi, su hermana. Fue tirano como el padre,
y tan molesto para los portugueses, que vivió en escaramuzas constantes con los
soldados del gobernador Luiz Mendes de Vasconcelos, quien nunca le concedió una
paz acabada. Mientras, la princesa Ginga siente lacerarse el corazón por la
muerte de su hijito. . .
Gola Bandi estaba ansioso por ganarse la simpatía de los portugueses, a
la espera de un momento propicio para enviarle una embajada de paz; apenas se
enteró del cambio de gobernador, nombró “con notable sagaci dad, para liderar
esta embajada, a su hermana Ginga Bandi, en cuya vi vacidad de espíritu y
desenvoltura depositó todas sus esperanzas”, dice el documento del que me estoy
sirviendo. “El día convenido, con un gran séquito de damas y criados, llegó
hasta la casa del gobernador, y al ser introducida en el salón principal
advirtió que no había sino una silla, y frente a ella dos almohadones de
terciopelo cruzados por franjas de oro sobre una excelente alfombra, estuvo
unos segundos sin proferir palabra, luego volvió el rostro hacia una de sus
damas, quien rápidamente se curvó a los pies de la embajadora ofreciéndole su
espalda. En ella se sentó Ginga Bandi y allí permaneció todo el tiempo que duró
la ceremonia. Este incidente inesperado llenó a todos de admiración, pero mayor
fue el asombro cuando vieron discurrir a una mujer, criada entre bárbaros y
fieras, con tal elocuencia y propiedad de términos, solicitando el perdón para
su hermano y fundamentando las razones por las que se le debía otorgar la paz,
que todos se quedaron pasmados. El Gobernador le res pondió que para
concederle lo que pedía, debía Gola Bandi reconocer
El texto traducido dice “Soy
yo, don Gracia o García, Macundi, pecho amplio, brazo fuerte, que aquí ha
venido a defender a la mulata reina Zinga Nbangi. . . ” (N . del T .).
la corona portuguesa mediante un tributo anual, a lo que ella, con no
table vivacidad, retrucó que condición semejante no podía sino ser im puesta a
quien fuese conquistado y no a un príncipe soberano que vo luntariamente
buscaba la amistad de otro soberano. Por fin, concedida la paz sin otra
condición que la restitución de los esclavos fugados y una recíproca asistencia
contra los enemigos de ambas naciones, se dio por finalizada la reunión. Cuando
el Gobernador iba acompañando a la em bajadora advirtió que la negra que le
había servido de asiento no aban donaba su extravagante postura, le pidió que
le ordenara incorporarse, a lo que ella, sonriendo, respondió que no seguía
allí por inadvertencia, sino porque no era compatible con su jerarquía volver a
servirse de ella”.
Esta mujer admirable se dejó bautizar, con gran placer de Joáo Corréia
de Souza, y tomó entonces el nombre portugués de doña Ana de Souza. Engalanada
por este nombre portugués y con muchos regalos, partió para Matamba; y tales
debieron ser los argumentos que sobre la fe o las con veniencias políticas
desplegó ante el hermano odiado, que también éste quiso convertirse. Y entonces
tuvo lugar el insensato acto del gobernador: correspondió al pedido de Gola
Bandi, enviándole al padre Dionisio de Faria, natural de la misma ciudad de
Matamba. Cuando el rey vio al cura, se puso frenético y se negó a todo diciendo
que “no podía ser bautismo el que le administrase el hijo de una esclava suya.
Y tomando por afrenta la diferencia que había habido entre él y su hermana,
provocó con varios desatinos e insultos su ruina postrera, porque Joáo Corréia,
más dolido por el ultraje cometido con el clérigo que por el que él mismo fuera
víctima, le mandó a hacer una guerra tan cruda que, desamparado y odiado por
sus propios vasallos, fue a refugiarse en una pequeña isla del río Quanza,
donde, temiendo caer en nuestras manos, terminó cayen do repentinamente en las
de la muerte, al ingerir un veneno que su her mana doña Ana, traidoramente, le
hizo introducir en los alimentos, en venganza por el que él le había dado a su
hijo”. “Esta varonil mujer, siendo aclamada soberana después de la muerte de su
hermano Gola Bandi, no recayó en los errores de la idolatría, sino que olvidada
de las especiales atenciones de que fuera objeto por parte de los portugueses,
les concibió un odio tan mortal, que no obstante experimentar siempre en todos
los enfrentamientos la mala fortuna de sus antecesores, se em pecinó treinta
años en su feroz contumacia”. Ginga Bandi murió en 1681, muy poco Ginga y
bastante Ana de Souza, en la paz católica del Señor, y arrepentida de sus
posibles errores.
De toda esta información se desprende como conclusión que los Congos
guardan memoria de la reina Ginga Bandi y su embajada. El hecho de que Ginga
Bandi no sea la embajadora puede deberse a una probable transposición popular,
por el hecho de que nuestras danzas dramáticas, con la excepción evidentemente
culta de los Pastoriles, son bailadas exclusivamente por hombres. Es cierto
que, de vez en cuando, en otras danzas, aparece alguna figura femenina
representada por algún
muchacho. Es el caso de Saloia, por ejemplo, en las Chegangas de Mouros.
Pero se trata siempre de un personaje secundario, circunstancial, con el que el
mismo pueblo se deleita sin dejar por eso de advertir lo grotesco que hay en él
y comentarlo con picardía. La reina Ginga, protagonista, subrayaría
drásticamente ese hecho ridículo que es un hombre haciendo de mujer, y eso fue
algo que el pueblo quiso evitar. De lo contrario, se habría desvirtuado la
memoria de la gran embajadora, en provecho de la reina beligerante. . .
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LA POESIA EN 1930i7
(1931)
E l A Ñ O 1930 se inscribe ciertamente en el registro de la poesía
brasileña por la aparición de cuatro libros: Alguma poesía ( Alguna poesía) de
Carlos Drummond de Andrade; Libertinagem ( Libertinaje) de Manuel Bandeira;
Pássaro Cegó ( Pájaro Ciego'), de Augusto Frederico Schmidt y Poemas de Murilo
Mendes. Todos son poetas consumados, y aunque dos de ellos sólo publican ahora
sus primeros volúmenes, hace mucho que podían haberlo hecho. Pero quisieron
escapar a los desastres casi siem pre fatales de la juventud. Si hicieron y
hacen versos ya no es porque sean jóvenes sino porque son poetas.
Esta me parece una de las lecciones literarias del año. Cuatro libros de
poetas atestiguando la fuerza de la madurez. Se acabaron los inconve nientes
de la aurora. Es mucho lo que la poesía brasileña ha sufrido a raíz de esos
inconvenientes, principalmente la contemporánea, en que la posibilidad de no
metrificar hizo creer a mucha gente que ya nadie
necesita tener ritmo y que basta unir oraciones alineadas al capricho de
la fantasía para hacer verso libre. Los jóvenes se aprovecharon de esta
facilidad aparente, que de hecho era una dificultad más, pues, despojado el
poema de los encantos exteriores del metro y la rima, quedaba sola mente. . .
el talento. Y ya asombra, un poco dolorosamente, esa pila pretenciosa de libros
de jóvenes que se acumulan en la mesa de trabajo, cosa inútil, rostros más o
menos ruborosos, promesa excesiva, en suma: bambochada que no resiste a la
primera cepillada del tiempo.
Debiera estar prohibido por ley que un individuo menor de edad, quiero
decir, que no tenga por lo menos 25 años, publique un libro de versos. La
poesía es un gran mal humano. Ella sólo tiene derecho a existir como fatalidad
que es, pero esta fatalidad sólo se prueba a sí misma después de pasados los
inconvenientes de la aurora. Los jóvenes disponen de muchos caminos para hacer
eficaces sus falsas actividades: que con versen con el pueblo y que lo
cuenten, que describan las fiestas regionales
detalladamente, o que se inunden de artículos laudatorios sobre los
poetas adorados. Pero poesía, no. Escriban, si quieren, pero no se transformen
en volumen. El resultado de esta precipitada transfiguración en libro que
acarrean los inconvenientes de la aurora fue, pensándolo bien, desastrosa en el
movimiento contemporáneo de nuestra poesía. Una estúpida pérdida del ritmo, una
falta pavorosa de contribución personal, y sobre todo la conversión contumaz en
fuego fatuo de la temática que los de más edad estaban trabajando con esfuerzo,
dudas y muchos errores.
Me referí a la pérdida de ritmo en los versos de los jóvenes. . . Lo que
de inmediato se advierte en estos poetas de 1930, es la cuestión del ritmo
libre. Verso libre significa justamente adquisición de ritmos per sonales.
Está claro que si salimos de la impersonalidad de las métricas tradicionales,
no lo hacemos para reemplazar un encanto socializador por un vacío individual.
El verso libre es una victoria del individualismo. . .
Beneficiémonos al menos con esa victoria. Y es en eso, justamente, que
sobresalen los aportes de Manuel Bandeira y Augusto Frederico Schmidt.
Libertinagem es un libro de cristalización. Pero no de la poesía de
Manuel Bandeira, ya que este libro confirma la grandeza de uno de nuestros
mayores poetas, sino de su psicología. Es el libro más individuo Manuel
Bandería de cuantos el poeta haya publicado. Por lo demás, nunca como ahora
alcanzó con tanta nitidez sus ideales estéticos; prueba de ello es la confesión
( “Poética”, p. 23) que dice:
Estoy harto del lirismo comedido
del lirismo bien educado. . .
c ............................................ )
No quiero saber nada más del lirismo que no es liberación.
Entendámonos: liberación personal.
Esta cristalización de Manuel Bandeira se nota muy particularmente en el
ritmo y en la elección de los detalles ocasionales del estado lírico. Manuel
Bandeira recuerda a esos amantes bien casados que, después de una larga
convivencia, terminan pareciéndose físicamente uno al otro. De este modo, su
ritmo terminó por parecerse al físico de Manuel Bandeira. Es rara una dulzura
franca de movimiento. Es un ritmo hecho de ángulos, incisivo, de versos
puntiagudos, entradas bruscas, sentimiento en lascas, gestos quebrados, ninguna
ondulación. La famosa cadencia oratoria de la frase desapareció. En este
sentido, Manuel Bandeira es el poeta más civilizado del Brasil: no sólo por el
abandono total del adorno agradable, sino por ser el más. . . tipográfico de
todos los buenos con que contamos. Quiero decir: si uno toma en consideración
en la poesía la forma en que se la realiza, desde el grito inicial a la poesía
cantada, a la manuscrita que se aprende de memoria, a la recitada con acompaña
miento, a la declamada, a la poesía, en fin, concebida para la exclusiva
lectura de ojos mudos, habrá que reconocer que Manuel Bandeira es, entre
nuestros poetas vivos, aquél que más prescinde del sonido. Su poesía,
dentro de la infinita mayoría actual, es poesía para la lectura.
Obsérvese la aspereza rítmica de uno de los poemas más suaves del libro, véase
qué “intratables” son los versos, incapaces de encajarse unos en otros para
articulación de algún tipo de cadencia:
Cuando yo tenía seis años
me regalaron un conejillo de Indias
cómo sufría mi corazón
porque el bichito sólo quería estar debajo de la cocina.
M i conejillo de Indias fue mi primera novia.
La inutilidad del sonido organizado en movimiento es evidente. Y cité el
largo verso final para mostrar hasta qué punto es áspera la rítmica del poeta.
Aspereza tanto más característica si se tiene en cuenta que, si estudiamos ese
verso desde el punto de vista de sus pausas cadencíales, hay que reconocer que
se trata de uno de los más suaves de la lengua: la redondilla y el
endecasílabo:
O meu porquinho da India (7
sílabas)
foi a minha primeira namorada (10
sílabas)
Es un poema conmovedor por la sencillez de su expresión, acogiendo mil
símbolos fieles, “El cactus”, el último verso expresa muy bien el ritmo actual
de Manuel Bandeira:
Era bello, áspero, intratable.
Cabe señalar, por lo demás, que se verifica una lucha permanente entre
esa esencia “intratable” del individuo Manuel Bandeira y el lírico que hay en
él. De allí proviene el dualismo peculiar que puede percibirse en su obra,
donde se pasa de juegos con valor absolutamente personal, de un detallismo por
momentos pueril (en el sentido etimológico de la palabra), difícil de
comprender o de sentir con intensidad para quien no está familiarizado con el
hombre que así escribe, a concepciones profun das, de una belleza extrema y de
interés general. Interés en el cual ya no interviene el conocimiento personal
del poeta o la coincidencia psicoló gica con él. Sus mejores obras, A ndorinha
( “Golondrina”). O Arijo da Guarda ( “El Angel de la Guardia”), A Virgern M aña
( “La Virgen Ma ría”), Evocagao do Recife ( “Evocación de Recife”), Teresa,
Noturno da Rúa da Lapa ( “Nocturno de la Calle Lapa”), para no citar sino
textos de Libertinagem, son poemas en los que, por más personales que sean los
temas y detalles, a medida que el poeta más despersonaliza, más se con funde
con todos y menos característicamente ritmado se presenta. La propia Evocagao
do Recife que se remite hasta la familia llamada nomi nalmente (Totónio
Rodrigues, doña Aninha Viegas) es exactamente el modo como cualquiera ama su
rincón natal. En dos poemas que ahora cito: Poema de Finados y Vou-me embota
pra Pasárgada ( “Me voy a
Pasárgada”), el poeta se generaliza tanto, que vuelve a los ritmos menos
individualistas de la metrificación, como ya lo había hecho en las can tigas
de los Sinos ( “Campanas”) y de Berimbau *, en R itm o Dissoluto **.
Resulta curioso observar que con Vou-me embota pra Pasárgada, Ma nuel
Bandeira logró entregarnos la máxima obra poética de un estado de espíritu
bastante común en los poetas brasileños de hoy. Ya el inicio de ese
título-estribillo que recorre el poema es de una unanimidad brasileña muy
grande. En los poetas románticos el tema del exilio y del deseo de volver es
frecuente. Con el neorromanticismo de nuestros parnasianos, el tema de las
barcas, de las velas que parten y “no vuelven más” fue reemplazando al ave que
volvía o quería volver al nido antiguo. En el. . .
neorromanticismo de los contemporáneos, el desprendimiento voluptuo
samente dilacerante, la liberación de la vida presente, que se resume en la
noción de partir, se prendió a la nueva poesía, frecuentándola con llamativa
insistencia. Esto se nota no tanto en los poemas de viaje, harto comunes en
cualquiera de nuestros versolibristas, sino en la clara decli nación del deseo
de partir. En Augusto Frederico Schmidt, ese deseo de partir (o mejor: el de
abandonar aquello en que se está) es una obsesión constante. Pues bien, en
Manuel Bandeira, el fenómeno se particulariza más por el empleo de la propia
frase “vou-me embora”. Si bien yo recuerdo en este momento, por lo menos dos
poetas contemporáneos más em plearon la frase con sistemática conciencia y no
como valor episódico; el “vou-me embora” constituye una obsesión de la poesía
popular na cional. Me retrucarán que es más ajustado decir que es una obsesión
de las cuartetas portuguesas. Puedo aceptar que, como lugar común poético, la
frase nos haya venido de Portugal. Aparece, por lo demás, en todo el folklore
de origen ibérico. Pero el “vou-me embora” frecuenta mucho más la cuarteta
brasileña que la portuguesa, donde como pretendo de mostrar en un estudio
futuro, el tema de la partida, la mayoría de las veces, es traducido por
“adiós” lo que parece indicar que la noción de partida es mucho más nostalgiosa
en Portugal, donde más a menudo se
Berimbau: Pequeño
instrumento sonoro de hierro que se toca sosteniéndolo con
los dientes y accionando la lengüeta con el dedo indicador (N . d elT
.).
“Ese poder socializante del
ritmo medido logra una prueba crítica muy evi dente de lo que es y de quién es
Manuel Bandeira, cuando éste en Evocagáo do Recife, al constatar, irónicamente,
nuestro sometimiento al portugués gramatical mente organizado en Lisboa,
comienza a bailar de repente y organiza, en medio de
los versos libres, un verdadero estribillo coreográfico y coral:
. . .Porque él sí que habla lindo el portugués de Brasil En cambio
nosotros
Lo que hacemos
Es parodiar
La sintaxis lusíada
La vida con un montón de cosas que yo no entendía bien. . . (etc.).
Sobre la fuerza socializante de la métrica todavía podrá advertirse la
preferencia por los ritmos impares de marcha, en Augusto Frederico Schmidt, que
es un católico de corte francamente proselitista (N . del A .).
convierte en un sentimiento de despedida, mientras que entre nosotros
será más egoísta y desamorada (lo que concuerda con el ya tan recono cido
individualismo nuestro), convertida en el sentimiento de abandonar aquello en
que se está. Sirviéndose pues, de esta constancia nacional, Manuel Bandeira la
hace coincidir con un estado de espíritu muy propio de nuestros poetas
contemporáneos, indudablemente menos filosofantes que los de las dos
generaciones espirituales anteriores (Bilac, Raimundo Corréia, Amadeu Amaral,
Rosalina Coelho Lisboa, Ronald de Carvalho, Hermes Fontes), pero más en
contacto con la vida cotidiana y más em peñados en resolverla mediante una
práctica feliz. Incapaces de encon trar la solución, surgió en ellos ese
amargo deseo de dar de hombros, de no molestarse, de lanzarse a una frenética
práctica de liberaciones mo rales y físicas de todo tipo. Deseo transitorio,
circunstancial, nadie lo duda, pero importante, porque ese a-mí-qué-me-importa
medio gracioso produjo algunos momentos significativos de la poesía o de la
evolución espiritual de ciertos poetas contemporáneos brasileños. En última
instancia, el tema del “vou-me embora pra Pasárgada”, es el mismo que se canta
en las Dangas ( “Danzas”), de Mário de Andrade, y en especial es el que dicta
el diapasón básico de los Poemas de Bilú, de Augusto Meyer. Se puede rastrear
su eco en algunos poemas de Sergio Milliet y de Carlos Drummond de Andrade para
ser, finalmente, estado de espíritu y trans formarse en constancia
psicológica, ya independiente de la conciencia, en toda la obra de Murilo
Mendes. Hice esta digresión para mostrar lo mucho que Manuel Bandeira perdió de
sí mismo para dar a un tema usual de nuestros poetas de ahora, su
cristalización más perfecta. Tal vez,
la ironía del destino contra ese gran lírico tan tercamente
individualista, consista en hacer de él un poeta tanto más grande cuando menos
se manifiesta como Manuel Bandeira. . .
Carlos Drummond de Andrade, de un individualismo también exacer bado,
nos dio un libro que revela al individuo excesivamente tímido que él es. Eso ya
se nota en su ritmo, inaferrable, simulador. A su vez, ello redunda en favor de
una riqueza de cadencias muy grande, aunque psico lógicamente casi
desorientadora. Es el más rico en ritmos de estos cuatro poetas. Sus sutilezas
alcanzan a veces el arte filigranado de Guilherme de Almeida. Tal es el caso,
por ejemplo, del curioso Fuga en el que, además de que la primera estrofa de la
página 94 aparece toda en versos de nueve sílabas, aunque conteniendo uno de
ocho y otro de diez, la cuarteta siguiente, toda en octosílabos, termina con el
decasílabo:
Y todo el mundo anda - como yo - de luto.
Verso habilísimo, que a pesar de sus diez sílabas y posible acentuación
del decasílabo romántico, todavía es firmemente un octosílabo, ya que el
paréntesis reflexivo “como yo” funciona también, por así decirlo, como un
paréntesis rítmico que preserva la unidad métrica de la estrofa.
Hay incluso en Carlos Drummond de Andrade un compromiso claro entre el
verso libre y la metrificación. Los versos cortos asumen, en su infinita
mayoría, función de versos medidos, y contienen nociones ge nerales completas
y acentuaciones tradicionales. Pero no me parece que en este poeta la
utilización del verso medido, sistematizada en tantos poe mas, sea una
tendencia empeñada en socializarse, como en Augusto Fre-derico Schmidt, o que
deba generalizarse más, como en Manuel Ban-deira. Excepción hecha, tal vez, de
la Cantiga do Viúvo ( “Cantiga del viudo”), el empleo de la metrificación
proviene, en él, de un íntimo deseo de aniquilarse, de esconderse, de
reaccionar por medio de movi mientos ostensiblemente melódicos y aparentemente
alegres y cómicos (siempre el “vou-me embora pra Pasárgada” . . . ) contra su
inenarrable incapacidad para vivir. Es lo que él mismo resume, por lo demás, en
ese encogimiento de hombros con que termina la Toada de Amor ( “Tonada de
Amor”) :
A ver, mariquita, el pito
en tu pito está el infinito, (p.
24)
El análisis de Alguma Poesía brinda adecuadamente la medida psico
lógica del poeta. Desearía no conocer íntimamente a Carlos Drummond de Andrade
para ubicar mejor en el libro al tímido que él es. Para que el poeta pudiera
terminar de acomodarse en esa timidez sería preciso que no tuviese ni la
sensibilidad ni la inteligencia que posee. ¡Entonces podría ser uno de esos
tímidos nada más que tímidos, tan comunes en la vida, vencidos sin saber que lo
están, cuya mediocridad absoluta acaba haciéndolos felices! Pero Carlos
Drummond de Andrade, timidísimo, es al mismo tiempo, inteligentísimo y
sensibilísimo. Cosas que se contrarían con ferocidad. Y su poesía entera está
hecha de ese combate. Poesía sin agua corriente, sin deshilvanar y concatenar
de ideas y estados de sen sibilidad, a pesar de todo construida bajo la
gestión de la inteligencia. Poesía hecha de explosiones sucesivas. Dentro de
cada poema las estrofas, a veces los versos, son explosiones aisladas. La
sensibilidad, el golpe de inteligencia, las caídas de timidez se interseccionan
a los saltos. Véase el final del Poema das Setes Faces ( “Poema de los siete
rostros”) :
Dios mío, por qué me abandonaste
si sabías que yo no era Dios
si sabías que yo era débil.
Mundo, mundo, vasto mundo
si yo me llamase Raimundo,
sería una rima, no una
solución;
mundo, mundo, vasto
mundo
más vasto es mi corazón.
No debiera decírtelo
pero esa luna
pero este coñac
lo conmueven a uno como el diablo.
Toda la timidez del poeta destila del primer terceto. Viene después el
estallido de la sensibilidad en la quintilla siguiente con una fatiga que
provoca asonancias, asociaciones de imágenes, y el verso sublime (pero
intelectualmente tonto) “sería una rima, no una solución”. Y el diablo de la
inteligencia estalla en la estrofa final: el poeta pretende disimular el estado
de sensibilización en que se encuentra, hace una broma con la que pretende
dárselas de valiente, típica de un tímido, y observa con verdad (pura
inteligencia, entonces), las reacciones del ser ante el mundo exterior. Esa
poesía de arranque, que no se deberá confundir con la superposición de datos
objetivos que nos vino de Whitman, es constante en todo el libro.
Sería preferible, tal vez, que Carlos Drummond de Andrade no fuese tan
inteligente. . . La reacción intelectual contra la timidez, como se ha
verificado ya más que sobradamente, provoca amargura, provoca humour, induce a
divertir sin franqueza, ni alegría ni salud. En Carlos Drummond de Andrade
provocó todo eso. La amargura, sin embargo, no le hizo mal y se convirtió en un
valor más. Tampoco el humour, ya que poemas como Fuga, Toada de Amor,
Quadrilha, Familia, son expresiones de la mejor poesía de humour. Y en todo
momento uno se encuentra con anotaciones humorísticas excelentes, como el final
del Sao joño d’El Reí ( “San Juan del Rey”) :
Y todo me envuelve
una sensación fina y gruesa, (p.
42)
o casi todas las estrofas de Fantasía, principalmente las palabras
referidas al Diablo, que me recordaron a Shelley. Pero donde sí la inteligencia
perjudicó al poeta y lo deformó enormemente, fue al adherirse a los poemas
cortos, hechos para que uno se ría, el poema-cocteil, el “poema-chiste” según
la expresión feliz de Sergio Milliet. El poema-chiste es uno de los mayores
defectos en que incurrió la poesía brasileña contemporánea. Ante todo, es algo
facilísimo: hay centenares de creadores de bromas por ahí. Creo, incluso, que
los poemas-chiste (Manuel Bandeira también cayó, a veces, en esa precariedad)
son la única restricción de valor per manente que se puede hacer a Alguma
Poesía. Culpa integral de la inte ligencia. De la inteligencia incapaz y
fatigada ( “vou-me embora pra Pa-sárgada. . . ”). Ya no es humour. No es
todavía sátira. No creo que esos poemas puedan reportarle nada al poeta. Y por
ellos será aplaudido en los círculos de los semi-literalizados de las academias
y de los cafés. Lo que positivamente es una desgracia.
Así, incapaz y frágil ante la vida (ver el admirable N o meio do Caminho
( “En medio del camino”), era natural que la poesía de Carlos Drummond de
Andrade se demorase en un mayor detallismo individual. De hecho: la
caracterización psicológica de Alguma Poesía no asume sola mente verdades
totales del individuo, como la de Libertinagem sino que desciende a
particularizaciones muy interesantes. Dos obsesiones hay en
el libro, por lo menos dos, que me parecen muy curiosas: la sexual y la
que llamaré “de la vida sin sentido”. A la obsesión 48 de la vida sin sentido,
Carlos Drummond de Andrade logró sublim arla mejor; a la sexual, no, no la
transformó líricamente: prefirió romper bruscamente con la preo cupación y las
luchas interiores, mintiendo y escondiéndose. El suave cantor del Rei de Sido (
“Rey de Siam”), el ángel de Purificando ( “Puri ficación”), el humorista de
tantas ironías, el paciente habitante de su propia casa, del repliegue en lo
familiar, de la vida sin sentido, se volvió grosero, un licencioso petulante.
El libro es rico en anotaciones sensuales, a veces sutiles como las de la piel
picada por mosquitos, o del diente de oro de la bailarina, a veces maleducadas
como las de las tetas. Pero donde se nota que la obsesión estalla con sobradas
evidencias es en el hecho de que el libro esté lleno de muslos y especialmente
de piernas (pp. 10, 36, 62, 141, 144, 136, 117, 113, 110).
Todavía no encontré ninguna referencia entre las civilizaciones anti
guas y primitivas, a ese desvío de la mirada masculina, universal en la
Civilización Cristiana, con que los hombres juzgan las cualidades buenas de
una. . . pieza, mirándole las piernas. La explicación que alude al uso de
faldas me parece insuficiente. Debe haber en ese acondicionamiento del ser
sexual respecto a las prohibiciones de los Mandamientos, una es pecie de
bluff: el cristiano transgrede la ley, con una inocencia deliciosa. Carlos
Drummond de Andrade también fue víctima de ese desvío de la mirada cristiana,
pero, con todo, mediante una deformación subcons ciente curiosa. No creo que
él sea en su vida ese grosero que tantas piernas evocadas indican. Lo que él
quiso fue violentar la delicadeza innata, mal tratar todo lo que había de más
susceptible en su sensibilidad, dar rienda suelta a las tendencias sexuales,
enredarse en ellas, trompetear piernas y más piernas, para vencerse
interiormente. Ser grosero, ser realista, ya que no encontraba (debido a la
propia timidez), una salida delicada y humo rística para el asunto. Y eso
culmina, p. 110 (¡“Piernas”, 3 veces!), en la grosería tan conmovedora donde
aquél, que se las daba de violento sen sual, no logró derrotar las delicadezas
íntimas, y en vez de decir que la mujer no es otra cosa que sexo (que era lo
que él, con maldad, quería vociferar), exclama: ¡“Todas son piernas”!
El tratamiento dado a su obsesión con la vida sin sentido es, artística
mente hablando, más valioso. Representa la lucha entre el poeta —que es un ser
de escasa acción, todo funcionario público, con familia, provin cianismo y
paz, en fin el “bostezo de la felicidad” como él mismo lo describió— y las
exigencias de la vida social contemporánea que ya viene alcanzando al Brasil de
las capitales, y que se encarna en el ser socia lizado, de mucha acción,
eficaz para la sociedad, más público que pri vado, con mayor radio de acción
que el cumplimiento de los deberes fa miliares y burocráticos. El poeta
adquirió una conciencia penosa de su inutilidad personal y de la inutilidad
social y humana de la “vida sin sentido”. Pero la tragedia era menos
individualista. El poeta pudo no
atribuirle la importancia personal que le atribuía al tema sexual, y
logró poetizar mejor, extraer de allí más lirismo y más poesía. Creó poemas de
pura sensibilidad, nostálgica (I n fa n c ia ), complaciente (S w eet H om e),
irónica ( Cidadezinha Q ualquer), o humorísticos (Familia y Sesta). In cluso
Chopin y la eterna Cantiga do Viúvo se encuadran bien en el ciclo. Otro poema,
curiosísimo por lo demás, que también pertenece al ciclo, es Sinal de Apito (
“Pitazo”), de una pureza impresionante, en el cual la “vida sin sentido”
aparece convertida en valor social pero vengativamente reducida, por fin, a un
simple maqumismo material de gestos y señales. Y, finalmente, como punto
culminante de la obsesión, está la Balada do Amor a través das Idades ( “Balada
del amor a través de las edades”). Aquí el tema es admirablemente expresivo. El
poeta se desquita de la vida sin sentido, introduciendo miríficos suicidios y
martirios estruendosos en episodios amorosos de diferentes épocas pasadas.
Menos en la contem poránea, donde hace que el amor termine en matrimonio, en
aburguesa miento, en. . . vida sin sentido: es él. El poeta no hace otra cosa
que retrotraerse “a través de las edades”. Las dificultades contra las que tuvo
que luchar (no soy indiscreto, ya que pequeñas como las suyas todos las
tenemos), él las exageró líricamente y transportó a épocas ya pasadas, mientras
que en la contemporánea, trazó el perfil más fácil del asunto, liquidándolo
rápidamente, como deseaba hacerlo en su propia vida. Un documento precioso de
psicología.
Augusto Frederico Schmidt, dándonos en 1930 el Pássaro Cegó ( “Pá jaro
Ciego”), tardó dos años en publicar el mismo número de obras que Manuel
Bandeira en trece. Esto es algo que determina al poeta. Es cauda loso,
abundante, voluptuosamente derrochador. Y así es su ritmo. El poeta, que
desciende de judíos y supo extraer de ese origen temas y caracterizaciones de
poesía, es más exactamente un asiático. Obrando en consonancia con los ardores
más sensuales, todo en él reviste las delicias de esa magnificencia
orientalizante. En su fraseo, cosas, a veces, posible mente irritantes, como
el abuso de las repeticiones, los amaneramientos de sintaxis, la religiosidad
sin discreción, el encanto no solamente ora torio sino declamatorio, el
sentido exiguo de contemporaneidad, todo, en fin, lo que parece hecho para
desvalorizar, sin embargo lo valoriza. Asume un don de necesidad que infunde
respeto. En verdad, los treinta y dos lugares comunes que aparecen en el
material de su poesía, aunque osten sibles y dispuestos sin la menor
delicadeza de corazón *, infunden tanto
Prueba de la tendencia
proselitista de Augusto Frederico Schmidt. Los poetas proselitistas tienen,
para que se les disculpe ese exceso de indiscreción, la fran queza dadivosa
que los anima, la lealtad con que juegan toda la riqueza en una sola carta. Todos
ellos, por lo general, demuestran, con inmediata claridad, los “procesos”
mediante los cuales se estructuran su técnica y su ideología. Véase por
ejemplo, a Marinetti, Verhaeren, Bilac, Maiakowsky, Sandburg, poetas sociales,
proselitistas irrefrenables, cuyas “maneras” son fácilmente perceptibles, en
oposi ción a un Rimbaud, a un Lautréamont, a un Manuel Bandeira, e incluso a
una Francisca Julia, todos ellos a-mí-qué-me-importa de marca mayor,
inaferrables,
carácter a la obra del poeta, que dejan de ser lugares comunes para con
vertirse en caracteres de la misma.
Bajo el punto de vista técnico, Augusto Frederico Schmidt supo, con rara
habilidad y desde su primer libro, elegir de la lección histórica brin dada
por la poesía brasileña todas las constancias capaces de darle fiso nomía
propia y tradicional. Vale la pena observar esto muy bien porque incide en el
orientalismo del poeta. Hubo otros que también fueron a buscar a través del
Brasil constancias que les permitieran inscribirse en la tradición. Pero lo que
los demás iban a buscar en la lección del pueblo popular, Augusto Frederico
Schmidt iba a buscarlo en la poesía burguesa, lo que lo muestra como perfecto
bajá o como buen mandarín. Es, por lo demás, un católico de acción y
necesariamente habría de demostrar exasperación monárquica. Pero yo, que en un
tiempo le censuré ciertos amaneramientos, ya no se los censuro. Forman parte
esencial de ese to rrente majestuoso, y a pesar de majestuoso siempre suave,
de su poesía. Dilatadas monotonías, muslos muy odaliscos, danzas rituales
pesadas, dulces con mucho azúcar, sedas espesas como paredes. . . Y siempre
Dios. Un Dios áspero, más bien jesuítico, apuesto, voluminoso y de una vio
lencia franca. Por todo eso, Augusto Schmidt es, entre nuestros poetas
contemporáneos, el que mejor sabe instrumentar la cadencia. Obsérvese este
final de la admirable Profecía:
Si no obedecieras a la elección del Señor, será mejor que los animales
feroces dividan tu cuerpo en pedazos. Que el mar te arroje al encuentro de las
rudas rocas y caigan sobre tu cabeza todas las desdichas.
Fortifica bien tu espíritu atormentado, extrae de tu debilidad tu gran
heroísmo. Abandona toda la poesía del mundo que es inútil
pues la belleza distrae a los hombres y
los disminuye.
Cierra tu cuerpo a todas las voluptuosidades.
Que la noche
abandone tu cuerpo
cansado,
porque tu papel es mayor que tú mismo - ¡y debes cumplirlo!
(p. 34)
Así de cadencioso, sutil en la tendencia al uso del verso largamente
voluptuoso donde el mismo agotamiento de la respiración dificulta la ligereza
de la idea (siempre lenta en el poeta); tan sutil es que llega al punto de ser
flemático hasta en muchos versos cortos, por la disposi ción sintáctica:
Avistó la ciudad distante,
iluminada, ardía, como en llamas. . . (p. 15)
imposibles de repetir. Entre Castro Alves y Alvares de Azevedo, sucede
lo mismo.
(N . del A .).
Un día pasa, otro día
y todos los días pasando van.
Mi juventud ha de pasar en breve
restarán sólo cenizas en mi corazón, (p. 123)
y además por el uso del entroncamiento y de las palabras arcaicas que
interceptan la corriente de la naturalidad, no cabe sino reconocer que Augusto
Frederico Schmidt va tendiendo hacia el verso metrificado. Está claro que eso
era necesario para un poeta de alma mesiánica (dicho esto sin la menor
intención peyorativa), católico por naturaleza y fe. Si a muchos parecerá que
el poeta fue a buscar en los ritmos impares del romanticismo (Tristáo de
Ataide), en la elección de dicciones román ticas, de sintaxis retorcidas, de
palabras viejas, un romanticismo nuevo, a mí me parece que todas esas normas
usadas por él, provienen de ten dencias más lógicas. En realidad, él no fue a
buscar nada en nadie, no, ni se hizo bajo el signo de Casimiro de Abreu *, todo
lo contrario: sus tendencias lo llevaron a instrumentar formas envejecidas
(muchas in cluso, son parnasianas: el entroncamiento, la evocación de la
Sublim e Porta, pág. 169), debido a aquella propensión fatal y unívoca de las
religiones, que les hace aferrarse al pasado con el inamovible recurso de la
Ley y el Rito. No quiero con esto asimilarme a quienes consideran que Dios no
requiere ni progreso ni evolución. Lo inamovible de la Ley y del Rito no es más
que la proyección mimètica de Dios dentro de la vida terrestre, un contraste
tremendo. Esas renovaciones, esos fantasmas antiguos, que adornan la poesía de
Augusto Frederico Schmidt, cumplen en ella una auténtica función litúrgica.
Otro aspecto esencial del poeta es el empleo de las monotonías de la
obsesión (Abram as Portas, M enina Morta), repitiendo ideas, palabras, frases
con un desparpajo asiático. Hay poemas en los que las estrofas extraen valor
emotivo del hecho de ser variantes mínimas de una idea única. Augusto Frederico
Schmidt valoriza este proceso del Tema con variaciones y, a veces, lo hace muy
bien. Es más, la condescendencia en la repetición de ciertos asuntos como el
romántico (de la muerte), el religioso (de la profecía), el modernista (de la
esencia de lo brasi leño) (Canto do Brasileiro, N ovo Canto do Brasileño)
cosas que en otro
No hay duda de que el
romanticismo se convirtió en una rebelión consciente en Augusto Frederico
Schmidt, desde el momento en que, fatigado por la temática en boga del
Modernismo (fue él, creo, el primero que se hizo eco de la noción de lo
Antimoderno, propuesta por Maritain. . ., y fue él, por su asiática falta de
agilidad, quien creó, con el Canto do Brasileiro, una reproducción seria, del
“Vou-me embora prá Pasárgada”), él quiso, y así lo hizo, abrir un camino nuevo.
Ser modernísimo, pues. . . Pero ese romanticismo, consciente e incluso
episódico, dio al poeta lo que, me parece, menos lo hará brillar con el tiempo:
además del vocabulario rebelde que él no logró renovar ni imponer, ciertos
poemas de total o mucha imitación (A Deus, Lira), son pastiches evidentes, cuyo
valor se me es capa enteramente (N . del A .).
podían resultar insatisfactorios por la realización que previamente se
les dio —en Augusto Frederico Schmidt son sólidos valores ecuatoriales, son
incluso condescendencia, complacencia, conformismo con sus propios des
cubrimientos. El favor que concede a la tristeza, sin un grito más lace rante,
sin un sarcasmo, sin una irregularidad psicológica más ruborizada (estamos en
las antípodas de Manuel Bandeira), prueba en el poeta un áureo y sonoro
conformismo. Sus propias insatisfacciones y remordimientos religiosos,
filtrados a través de esa manera general de ser, toman, de modo indiscutible un
aire de Arte Puro, que los inmoviliza. Al final de un lamento que podía
agobiar, lo que uno realmente está haciendo es dis frutar. Y en consecuencia
resulta curioso constatar que aun cuando su poesía clame caídas de conciencia,
temores de lo Infinito, fantasmas reencontrados, insatisfacción del presente:
en verdad, es poesía de tipo artístico, con mucho conformismo y ninguna
inquietud.
si a cada momento, en la
obra de este artista, uno se encuentra con imperfecciones y numerosas
desprolijidades de factura, eso no invalida en absoluto su carácter artístico.
Esas imperfecciones forman parte real mente de la cualidad estética de Augusto
Frederico Schmidt, que es la de un decidido barroco. Igual que en los templos
cargados de adornos, de Java, de la India, del Barroco, del mismo Gótico, así
la evaluación del conjunto forma parte de la naturaleza de su obra. Poco
importa en un portal gótico, en un alto-relieve javanés, en una capilla-mayor
barroca, la imperfección, el precario acabamiento de una estatua o de una
voluta. No es inherente a la naturaleza de esos estilos aquella perfección
itine rante, completa de por sí en cada pormenor. El fulgor generoso del con
junto (despreciada incluso su unidad de concepción) es lo que vale ex
clusivamente, y a su luz se ignoran esas imperfecciones. Tanto fulgor y tanta
generosidad que, por lo general, en las obras de esa corriente esté tica
quedan siempre inacabadas, incluso porque en ellas el perfecciona miento
siempre es posible. En la literatura también hay figuras que por más muertas
que estén, por más del pasado que sean, dan siempre la impresión de estar
inacabadas. Goethe, por ejemplo, para ascender de un salto a las supremas
grandezas. Mientras que en las naturalezas sin nin guna generosidad, un
Anatole France, un Machado de Assis, un Piran-dello, cada obra es, de por sí,
un todo, e incluso cuando aún están vivos sus autores, ello no implica la
necesidad de esperar, son algo acabado (es el caso de Pirandello); hay otros
que, por generosos, jamás, ni siquiera con la muerte, dan la impresión de haber
terminado su obra: Dostoievski, Proust. . .
En medio de las grandes corrientes que están moviendo al siglo, la
poesía brasileña se conserva como espectadora. Unicamente el naciona lismo,
que nos toca esencialmente para que podamos vivir en paz con nuestra tierra,
logró apartar un poco a ciertos poetas de su ventanita de oro y plata. Fue el
único momento en que algunos salieron a la calle. Un mérito excepcional de
Augusto Frederico Schmidt fue ese de tomar
posición públicamente. Es un católico; y cantando sus ondulantes versos,
formuló una invitación a sumarnos a la procesión, que cada uno podrá aceptar o
no. Del lado opuesto, el poeta político todavía no apareció.
Porque —dejémonos de dar vueltas— la Poesía no puede permanecer en este
compromiso de facilidades sentimentaloides y didácticas entre las que casi
exclusivamente se confina entre nosotros. Es necesario terminar de una vez con
esa tontería de distinguir Poesía y Prosa por el aspecto tipográfico. Tontería
vigente incluso entre los cultores del verso libre. Lo que las distingue
realmente es el fondo: la Prosa transporta todo hacia un plano único,
intelectual, desarrollando por eso mismo nociones, es exclusivamente
consciente. La Poesía, por el contrario, disuelve las no ciones más
conscientes trasladándolas a un plano vago, más general, de una mayor
complejidad humana. Este punto tiene que ver con la prin cipal contribución
del Surréalisme que logró, como nunca, especificar la esencia de la Poesía. O
la Poesía se traiciona enteramente y se convierte en cantadora pragmática de
los intereses sociales, o se convierte, en el máximo orgullo, inexorablemente
autónomo y predominante de la inte ligencia. El término medio se va haciendo
cada vez más inaceptable. No venta por ciento de la pseudo-poesía humana es
falsificación. Hay que alcanzar el lirismo absoluto, donde todas las leyes
técnicas e intelectuales sólo aparezcan por las propias razones de la
liberación, y nunca como normas preestablecidas. O entonces traicionar
desvergonzadamente: pre dicar. O transformarse en juez, o ser “loco” de una
buena vez. Versificar cantando la Tierra, la Madre Negra, describir el
carnaval, gemir de amor vencido o victorioso, todo eso en Poesía, es de un
anacronismo didáctico terrible. No es poesía, es celebración escolar. Y es
Prosa de la mala, por que es deficiente, incompleta como análisis, deformada
como esencia. Y la Poesía tiene que ser cada vez más lírica, en el polo opuesto
a la asociación de ideas. Pero son admisibles todavía y siempre la metrifi
cación, la rima a lo Joao Pessoa, el soneto, el verso-de-oro y la estupidez,
siempre que aparezcan bien razonados y falsificadores, pero cantando
reivindicaciones, martirios y grandezas del hombre social.
Llamaremos a eso, penosamente, Poesía, para engañar al Burro hu mano,
respetabilísimo e infeliz. Y que nadie advierta nuestra pena. Que nadie perciba
dentro de nadie los estragos que pueda provocar el sa crificio.
ahora resalto el valor de
los Poemas, de Murilo Mendes. Histórica mente es el más importante de los
libros del año. Murilo Mendes no es un surréaliste en lo que atañe a su
proveniencia, pero me parece difícil imaginar a alguien que haya logrado un
aprovechamiento más seductor y convincente de la lección surrealista. Negación
de la inteligencia su perintendente, negación de la inteligencia seccionada en
facultades di versas, anulación de perspectivas psíquicas, intercambio de
todos los planos, que no ejemplifico porque son todo el libro. Lo abstracto y
lo
concreto se mezclan en él constantemente, formando imágenes objetivas:
Arcángeles violentos surgen del fondo de los minutos (p.
51)
Los cementerios del aire calientan
con el fuego salido del sueño de la vecina (p. 45)
Los hombres se desprenden de la acción en el paisaje elemental (p. 81)
Aquí estoy, desnudo, paralelo a tu voluntad (p. 52)
etc., en una complejidad de valores, de bellezas, de defectos, de
irregula ridades, tanto más curiosos y eficaces cuanto más aparecen dotados de
una igualdad insoluble: las bellezas valen tanto como los defectos, las
irregularidades tanto como los valores, en una inflexible expropiación del Arte
en favor de la integridad del ser humano.
Murilo Mendes dice que es
La lucha entre un hombre acabado
y otro hombre que anda por el aire (p. 48)
para completar la verdad en otro poema, advirtiendo que
. . .no es culpable ni inocente.
Se trata, como puede verse, de uno más que se fue a Pasárgada. . . Y
éste, definitivamente, con su muy natural manera de poetizar.
Sería difícil en este resumen, ya tan enorme, dar una idea pormeno
rizada de la contribución que Murilo Mendes hace a nuestra poesía. Lo que sobre
todo me entusiasma en él, además de esa esencialización poética a la que escapa
sólo lo satírico de la primera parte del libro ( Jogador de Diáboló'), es la
integración de la vulgaridad de la vida a un clima de intensa exasperación
soñadora o alucinada.
De las cinco regiones donde buques angulosos sangran en los puertos de
la locura vinieron niñas morenas
mujeronas, con senos empinados gritando
¡Mamá, yo quiero un novio!
(p. 45)
Los ángeles m alos. . .
son fuertes y grandes, no es
chiste,
tienen dientes de perlas, labios de coral.
Los aviadores parten para combatirlos y mueren. Las viudas de los
aviadores reciben indemnización el maniquí rojo del espacio (p. 34)
c .............................................)
De tanto que las costureras del taller de doria Marocas se frotaron en
él de tarde.
Ya quiere salir de las camadas primitivas de aquí a mil años será una
gran bailarina
bailará sobre mi tumba ante el cartel de los astros cuando yo mismo
baile mi vida realizada
en la terraza de los
astros (p. 62)
Es inconcebible la levedad, la elasticidad, la naturalidad con que el
poeta pasa del plano de lo cotidiano al de la alucinación y los confunde. Esa
naturalidad, ese coraje inconsciente de sí, en el Brasil, sólo sería admisible
entre cariocas. Y, de hecho, Murilo Mendes, aunque oriundo de Minas Gerais, es
dueño de todos los trucos cariocas. Y recuerdo aquí la admirable contribución
nacional que hizo. Impenetrable, visceral, in confundible, hay un brasileñismo
tan constante en su libro, como en ningún otro poeta de Brasil. Realmente, éste
es el único libro brasileño de la poesía contemporánea que creo que es
imposible que un extranjero pueda inventar. Todos los demás, con mayor o menor
erudición, con mayor o menor experiencia personal, podrían haber sido compuestos
por cualquier hombre del mundo. Lo que en los otros es fruto de una vo luntad,
en Murilo Mendes es un fenómeno, por decirlo así, de reacción nerviosa.
Por su actitud carioca, por la notable elasticidad con que confunde lo
real con el sueño, por su nacionalismo original e independiente, por la
extraordinaria complejidad lírica de realización, Murilo Mendes sólo es
comparable, y en el dibujo, al pernambucano Cicero Dias. Me parece que ambos
dan forma a lo que tiene de más rico y de más nuevo el arte brasileño de este
momento: una pareja espléndida que difama los cá nones y conceptos del Arte,
que mata el Arte en lo que él tiene de más pernicioso e intrínseco: el hecho de
mentir, la diferenciación de las obras, la singularización de los valores, y el
famoso, verdadero y estupidísimo “golpe de genio”. Ese tonto golpe de genio
que, al fin de cuentas, no hay quien no lo tenga, cuando no en el arte, por lo
menos en la vida. La vida cotidiana está llena de golpes de genio. Ante las
obras de estos dos, ya no artistas, sino líricos admirables, todo eso
desaparece. Son hombres que no mienten más, liberados de la conciencia y de
cualquier jerarquía psí quica, capaces de todas las fes y credos al mismo
tiempo. Hay una cosa básica a la cual no traicionan: el impulso m acunaim ático
del individuo (me estoy refiriendo al arte que realizan): no ser ni culpables
ni inocen tes, ni alegres ni tristes ya, sino seres dotados de aquella
soberbia indi ferencia que Platón asociaba a la sabiduría. Y el resultado
importantísimo de ese individualismo tan sólo aparente, que en realidad es más
bien un exceso del individuo en lo que él tiene de más complejo, de más
precario y desjerarquizado, es que en vez de pormenorización personal, la obra
que crean es profundamente humana y genérica. De la misma manera que en Cicero
Dias, las formas asumen valores de cuño universal, en síntesis tan abstractas
que en ellas un perro se confunde con un burro
—es el Cuadrúpedo— ; la paloma se confunde con el cuervo —para
representar el Ave— ; del mismo modo que, sin particularización indivi
dualista, sus temas son primarios y genéricos, la sexualidad (confundién dose
con el amor), el tema de la muerte, el del placer, el del Más Allá, también en
Murilo Mendes los temas son genéricos y los mismos; los
ritmos se vuelven impersonales, versos largos pero respetuosos de la
res piración, sin entroncamientos, despojados de lujo e imponencia.
Pero el castigo infligido a toda esa riqueza que les da el hecho de que
difamen el Arte y lo destrocen, es que destruyen su propia finalidad objetiva:
la obra de arte. En Murilo Mendes, como en Cicero Dias, desa parece
radicalmente la posibilidad de la obra maestra, de la obra completa en sí e
inolvidable como objeto. No solamente porque en sus obras todos los planos se
confunden, sino porque además se vuelven enormemente parecidas unas con otras,
o por lo menos, indiscernibles en la memoria de la gente. Si el Tanto Gentile,
si el Alma M in h a 49, si As Pambas 50 ( “Las Palomas”), se distinguirán
siempre entre millares de sonetos, y resultan de inmediato inconfundibles; si
puede decirse que en Gongalves Dias el Y-]uca-Pirama es una obra maestra y tal
o cual poema, a su lado, resulta mediocre, no posee el “golpe de genio”; en el
nuevo orden de creación, utilizado por Murilo Mendes y Cicero Dias, esa
posibilidad de distinción desaparece extrañamente. Uno u otro verso, tal o cual
momento del cuadro resaltan por más bellos, por más conmovedores, por más
profun dos, pero las obras se enlazan unas con otras, se interpenetran, flotan
en una indiferencia iluminada en que ya no es necesario distinguir la gran
invención de la invención menos poderosa. Los otros tres poetas, más sumisos,
ya sea al plano sensitivo, ya al de la reflexión, y todos bajo el dominio de la
organización intelectual, son más desiguales. Exceptuando los poemas satíricos
de Murilo Mendes, creados francamente bajo la gestión de la conciencia, y donde
las obras se distinguen también (como el ya celebrado Quinze de Novem bro), lo
demás se confunde en una gran masa dadivosa. Y si el trato diario del libro
permite que el lector, poco a poco, se vaya encariñando más con este o aquel
poema y desta cando a este otro, lo cierto es que uno ya no tiene más razones
para aislar la obra maestra y justificarla. ¿Será un mal nuevo?. . . No lo
creo. Ni tuve tampoco la intención de distinguir mejorías o decadencias im
posibles. Estaba, apenas buscando, a mi manera, el orden de creación en que la
poesía de estos cuatro grandes poetas se sitúa.
EL MOVIMIENTO MODERNISTA51
M A N I F E S T Á N D O S E especialmente a través del arte, pero
salpicando tam bién con violencia las costumbres sociales y políticas, el
movimiento modernista fue el preanunciador, el preparador y en muchos aspectos
el creador de un estado de espíritu nacional. La transformación del mundo
acarreada por el debilitamiento gradual de los grandes imperios, la prác tica
europea de nuevos ideales políticos, la rapidez de los transportes y mil y una
causas internacionales más, así como el desarrollo de la conciencia americana y
brasileña, los progresos internos de la técnica y de la educa ción, imponían
la creación de un espíritu nuevo y exigían la revisión e incluso la
remodelación de la inteligencia nacional. No fue otra cosa el movimiento
modernista, del cual la Semana de Arte Moderno fue el vocero colectivo
principal. Hay un mérito innegable en esto, si bien aquellos primeros
modernistas. . . cavernarios, que nos reunimos alre dedor de la pintora Anita
Malfatti y del escultor Vitor Brecheret, no hayamos servido sino como voceros
de una fuerza universal y nacional mucho más compleja que nosotros. Fuerza
fatal, que se manifestaría ine vitablemente. Ya un crítico con pretensiones de
sensatez afirmó que todo cuanto hizo el movimiento modernista, hubiera ocurrido
igual sin el movimiento. No conozco perogrullada más graciosa. Porque todo eso
que se hubiera hecho, incluso sin el movimiento modernista, sería pura y sim
plemente. . . el movimiento modernista.
Hace veinte años se realizó, en el Teatro Municipal de Sao Paulo, la
Semana de Arte Moderno. Es todo un pasado agradable, que no quedó nada feo,
pero que me asombra un poco, además. ¡Cómo tuve valor para participar en
aquella batalla! Si bien es cierto que con mis experiencias artísticas hace
mucho que vengo escandalizando a la intelectualidad de mi país a través de
artículos y libros, cabe reconocer que esas experien cias no se realizaron in
anima nóbile. No estoy de cuerpo presente, y eso atenúa el impacto de la
estupidez. Pero, ¿de dónde saqué el valor
para decir versos ante una silbatina tan feroz como la que yo no
escuchaba desde el escenario y ante los gritos que desde la primera fila de
butacas me dirigía Paulo Prado?. . . ¿Cómo pude dar una conferencia sobre artes
plásticas en la escalinata del Teatro, rodeado de anónimos que se burlaban de
mí y me ofendían a más no poder?. . .
Mi mérito como participante es un mérito ajeno: fui alentado, fui
enceguecido por el entusiasmo de mis compañeros. A pesar de la con fianza
absolutamente firme que yo tenía en la estética renovadora, más que confianza,
era fe verdadera, yo no hubiera tenido fuerzas, ni físicas ni morales, para
arrostrar aquella tempestad de burlas. Y si soporté el encontronazo, fue porque
estaba delirando. El entusiasmo de los demás me emborrachaba, no el mío. Si por
mí fuera, hubiera cedido. Digo que hubiera cedido, pero solamente en relación a
esa presentación espectacular que fue la Semana de Arte Moderno. Con o sin
ella, mi vida intelectual hubiera sido lo que fue.
La Semana marca una fecha, eso es innegable. Pero lo cierto es que la
preconciencia primero, y luego la convicción de un arte nuevo, de un espíritu
nuevo, desde hacía por lo menos seis años venía definiéndose en el. . .
sentimiento de un grupito de intelectuales paulistas. Al co mienzo fue un
fenómeno estrictamente sentimental, una intuición adivi natoria, un. . .
estado poético. En efecto: educados en la plástica “his tórica”, conociendo, a
lo sumo, los nombres de los principales impresio nistas, ignorando a Cezanne,
¿qué nos llevó a adherir incondicionalmente a la exposición de Anita Malfatti,
que en plena guerra venía a mostrarnos cuadros impresionistas y cubistas?
Parece absurdo, pero aquellos cuadros fueron la revelación. Y aislados por la
crecida de escándalo que se había adueñado de la ciudad, nosotros, tres o
cuatro, delirábamos de éxtasis ante los cuadros que se llamaban el “Hombre
Amarillo”, la “Estudiante Rusa” 52, “La Mujer de Cabellos Verdes”. Y a ese
mismo “Hombre Ama rillo” de formas tan inéditas entonces, yo le dedicaba un
soneto de forma parnasianísima. . . Eramos así.
Poco después, Menotti del Picchia y Oswaldo de Andrade descubrieron al
escultor Vitor Brecheret, que dormitaba en Sao Paulo en una especie de exilio,
en un cuarto que le habían dado gratis, en el Palacio de las Industrias, para
que allí guardara sus trastos. Brecheret no venía de Alemania como Anita
Malfatti, venía de Roma. Pero también importaba oscuridades poco latinas, pues
había sido alumno del célebre Maestrovic. Y hacíamos verdaderas reverles al
galope ante los simbolistas exasperados y estilizaciones decorativas del
“genio”. Porque Vitor Brecheret, para nosotros era, por lo menos, un genio.
Este mínimo era lo menos con que podíamos contentarnos, tales eran los
entusiasmos que él nos despertaba. Y Brecheret iba a ser en breve el gatillo
que haría detonar “Paulicéia Desvairada” (P aulicea Delirante') . . .
Yo había pasado aquel año de 1920 sin escribir un solo poema. Tenía
cuadernos y cuadernos con textos parnasianos y algunos tímidamente
simbolistas, pero todo había terminado por desagradarme. Mis lecturas
asistemáticas me habían hecho conocer incluso a algunos futuristas de último
momento, pero sólo entonces había descubierto a Verhaeren. Y fue un
deslumbramiento. Principalmente impresionado por las “Villes Tentaculaires”,
tuve inmediatamente la idea de escribir un libro de poe sías “modernas”, en
verso libre, sobre mi ciudad. Probé, no surgió nada que me interesara. Volví a
probar y nada. Los meses transcurrían en medio de una gran angustia, en una
insuficiencia feroz. ¿Se habría se cado en mí la poesía?. . . Y yo me
despertaba sufriendo.
A eso se unían dificultades morales y vitales de todo tipo: fue un año
de mucho sufrimiento. Ya ganaba para vivir sin problemas, pero desbor dado por
el furor de aprender que se había adueñado de mí, mis entradas se iban en
libros y yo me encontraba metido en terribles desastres finan cieros. En
familia, el clima era torvo. Si mi madre y mis hermanos no se molestaban con
mis “locuras”, el resto de la familia me atacaba sin piedad. Y hasta con cierto
placer: ese dulce placer familiar de tener en un sobrino o en un primo, un
“perdido” que nos valoriza virtuosamente. Yo tenía discusiones brutales, en que
los desplantes mutuos solían llegar a aquel punto de tensión en que. . . ¿por
qué será que el arte los pro voca? La pelea era brava, y si bien nunca me deprimía,
quedaba, en cam bio, lleno de odio, de verdadero odio.
Fue entonces cuando Brecheret me permitió vaciar en bronce un yeso de él
que a mí me gustaba, una “Cabeza de Cristo”; ¡pero con qué ropa! ¡Yo debía
hasta el aire que respiraba! Andaba a veces a pie por no tener doscientos réis
para el tranvía, eso en el mismo día que había gastado seiscientos mil réis en
libros. . . Y seiscientos mil réis era dinero en aquel tiempo. No vacilé: hice
más acuerdos financieros con mi hermano, y finalmente pude desempaquetar en
casa mi “Cabeza de Cristo”, sensua-lísimamente feliz. La noticia corrió en un
segundo, y la parentela, que vivía cerca, invadió la casa para ver. Y para
pelear. Gritaban, gritaban. ¡Aquello era hasta un pecado mortal! vociferaba mi
tía vieja, la mayor, matriarca de la familia. ¡Dónde se ha visto a Cristo con
una trenzita! ¡Era algo horrible! ¡Tremendo! ¡Este hijo suyo está “perdido”
irreme diablemente!
Estaba alucinado, lo juro. Tenía ganas de empezar a dar trompadas. Cené
solo, en un estado inimaginable de desgarramiento. Después subí a mi cuarto —ya
anochecía— con la intención de arreglarme, salir, distraer me un poco, colocar
una bomba en el centro del mundo. Me acuerdo que me asomé a la ventana, mirando
sin ver mi calle. Ruidos, luces, las voces sonoras de los choferes de taxi. Yo
estaba aparentemente tranquilo, como fluctuante. No sé qué me ocurrió. Me
acerqué a mi escritorio, abrí un cuaderno, escribí el título en que jamás había
pensado, “Paulicéia Desvairada”. El estallido se había producido por fin,
después de casi un año de angustiosas interrogativas. Entre disgustos, trabajos
urgentes, du das, peleas, en poco más de una semana había arrojado al papel un
canto
bárbaro, dos veces más extenso que el texto definitivo que conformó el
libro *.
¿Quién tuvo la idea de la Semana de Arte Moderno? Yo no sé quién pudo
haber sido, nunca lo supe, sólo puedo asegurar que no fui yo. El movimiento,
extendiéndose paulatinamente, ya se había convertido en una especie de
escándalo público permanente. Ya habíamos leído nues tros versos en Rio de
Janeiro; y en una lectura fundamental, en casa de Ronald de Carvalho, donde
también estaban Ribeiro Couto y Renato Almeida, en una atmósfera de simpatía,
“Paulicéia Desvairada” obtenía el consentimiento de Manuel Bandeira, que en
1919 había ensayado sus primeros versos libres, en “Carnaval”. Y fue entonces
cuando Graga Aranha, ya célebre, trayendo de Europa su “Estética de la Vida”,
fue a Sao Paulo, y trató de conocernos y de agruparnos en torno a su filosofía.
Nosotros nos reíamos un poco de la “Estética de la vida” que todavía atacaba
ciertos modernos europeos que admirábamos, pero nos adherimos francamente al
maestro. Y alguien lanzó la idea de hacer una Semana de Arte Moderno, con
exposición de artes plásticas, conciertos, lecturas de libros y conferencias
didácticas. ¿Fue el mismo Graga Aranha? ¿Fue Di Cavalcanti?. . . Lo que
importaba era llevar adelante esa idea que, ade más de audaz, era costosísima.
Ahora bien, el verdadero promotor de la Semana de Arte Moderno fue Paulo Prado.
Y únicamente una figura como él y una ciudad grande pero provinciana como Sao
Paulo, podían realizar el movimiento modernista y objetivarlo en la Semana.
Hubo un tiempo en que se trató de trasplantar a Rio las raíces del mo
vimiento, debido a las manifestaciones impresionistas y principalmente
post-simbolistas que existían por entonces en la capital de la República * *.
Ellas eran innegables, principalmente en aquellos que tiempo después, siempre
más preocupados con el equilibrio y el espíritu constructivo, for maron el
grupo de la revista “Festa” 53. En Sao Paulo, ese ambiente estético sólo
fermentaba en Gilherme de Almeida y en un Di Cavalcanti pastelista, “trovador
de los tonos velados” como lo llamé en una dedica toria esdrújula. Pero yo
creo que es un engaño ese evolucionismo a todo trance, que recuerda nombres de
un Néstor Vitor o Adelino Magalháes, como hitos precursores. En ese caso sería
más lógico evocar a Manuel Bandeira, con su “Carnaval”. Pero si su nombre había
llegado a nosotros
Más tarde yo habría de
sistematizar este proceso de separación nítida entre el estado de poesía y el
estado de arte, incluso en la composición de mis poemas más “dirigidos”. Las
leyendas nacionales, por ejemplo, la brasileñización lingüística del combate.
Elegido un tema, mediante las excitaciones psíquicas y fisiológicas sabi das,
me dedico a preparar y esperar la irrupción del estado poético. Si éste llega
(cuántas veces no llegó n u n c a ...), escribo sin ningún tipo de cohesión
todo lo que me llega a las manos: la “sinceridad” del individuo. Y sólo
después, en calma, el trabajo lento y penoso del arte: la “sinceridad” de la
obra de arte, colectiva y funcional, mil veces más importante que el individuo
(N . del A .).
** Rio de Janeiro fue capital de la República de Brasil desde la
creación de ésta, en 1889, hasta mediados del siglo actual, cuando Brasilia
ocupó su lugar.
( N . d e l T . ) .
por un puro azar de librería y lo admirábamos, de los otros, nosotros en
la provincia, desconocíamos hasta los nombres, porque los intereses impe
rialistas de la Corte no eran los de mandarnos a los “humillados o lumi
nosos”, sino al gran camalote académico, sonrisa de la sociedad, útil para
encantar provincianos.
No. El modernismo, en el Brasil, fue una ruptura, fue un abandono de
principios y de técnicas consecuentes, fue una rebelión contra lo que se
entendía por Inteligencia nacional. Es mucho más exacto imaginar que el estado
de guerra de Europa hubiese preparado en nosotros un espíritu de guerra,
eminentemente destructivo. Y las modas que revistieron este espíritu fueron, en
un comienzo, directamente importadas de Europa. Pero que ello baste para decir
que los de Sao Paulo éramos unos antina cionalistas, unos antitradicionalistas
europeizados, me parece una falta de sutileza crítica. Eso significaría olvidar
todo el movimiento regionalista abierto justamente en Sao Paulo e
inmediatamente antes, por la “Revista do Brasil” 54; significaría olvidar todo
el movimiento editorial de Mon-teiro Lobato; significaría olvidar la
arquitectura y hasta el urbanismo (Dubugras) neocolonial, nacido en Sao Paulo.
De esta ética estábamos impregnados. Menotti del Picchia nos había dado su
“Juca Mulato” 55, estudiábamos el arte tradicional brasileño y sobre él
escribíamos; y la ciudad materna canta regionalmente el primer libro del
movimiento. Pero el espíritu modernista y sus modas fueron directamente
importados de Europa.
Pues bien: Sao Paulo estaba mucho más “al día” que Rio de Janeiro. Y,
socialmente hablando, el modernismo sólo podía ser importado por Sao Paulo y
estallar en la provincia. Había una gran diferencia, ahora ya menos sensible,
entre Rio y Sao Paulo. Rio era mucho más internacional, como norma de vida
exterior. No podía ser de otro modo: puerto de mar y capital del país, Rio
posee un internacionalismo ingénito. Pero Sao Paulo era espiritualmente mucho
más moderna, fruto necesario de la economía de café y del industrialismo
consecuente. Provinciana de la sierra *, habiendo conservado hasta ahora un
espíritu dependiente y servil, señalado por su política, Sao Paulo estaba, al
mismo tiempo, por su modernidad comercial y su industrialización, en contacto
más espiri tual y más técnico con la actualidad del mundo.
Es incluso asombroso verificar que Rio mantiene, dentro de su malicia
vibrátil de ciudad internacional, una especie de ruralismo, un carácter
estático internacional mucho más intenso que Sao Paulo. Rio es una de esas
ciudades en las que no sólo permanece indisoluble el “exotismo nacional” (lo
que por lo demás es prueba de la vitalidad de su carácter), sino también la
interpenetración de lo rural con lo urbano. Algo que ya es imposible percibir
en Sao Paulo. Al igual que Belem, Recife, la Ciudad de Salvador, Rio es todavía
una ciudad folklórica. En Sao Paulo
el exotismo folklórico no frecuenta la rúa Quinze 5<5, como las
sambas que nacen en las cajas de fósforo del Bar Nacional.
Pues bien, en ese Rio picaro, una exposición como la de Anita Malfatti
podía provocar reacciones publicitarias, pero nadie se hubiera dejado arrastrar
por ellas. En este Sao Paulo sin picardía, creó una religión. Con sus Nerones
también. . . El artículo opositor del pintor Monteiro Lobato, si bien no fue
más que un chorro de tonterías, sacudió a una población, modificó una vida.
Simultáneamente, el movimiento modernista era nítidamente aristo
crático. Por su carácter de juego arriesgado, por su espíritu extremadamen te
aventurero, por su internacionalismo modernista, por su nacionalismo exaltado,
por su gratuidad antipopular, por su dogmatismo prepotente, era una
aristocracia del espíritu. Resultaba más que natural, en consecuencia, que la
alta y la pequeña burguesía lo temiesen. Paulo Prado, que era uno de los
exponentes de la aristocracia intelectual paulista, era al mismo tiempo una de
las figuras centrales de nuestra aristocracia tradicional. No de la
aristocracia improvisada del Imperio, sino de la otra más antigua, fundada en
el trabajo secular de la tierra y oriunda de algún salteador europeo, que el
criterio monárquico del Dios-Rey ya se había amancebado con la genealogía. Y
fue por todo esto que Paulo Prado pudo medir muy bien todo lo que había de
aventurero y de ejercicio del peligro en el movimiento, y arriesgar su
responsabilidad intelectual y tradicional en la aventura.
Una cosa así hubiera sido imposible en Rio, donde no existe aristo
cracia tradicional, sino apenas una alta burguesía riquísima. Y ésta no hubiera
podido patrocinar un movimiento que hubiera destruido su es píritu conservador
y conformista. La burguesía nunca supo perder y eso es lo que la pierde. Si
Paulo Prado, con su autoridad intelectual y tra dicional, se tomó a pecho la
realización de la Semana, y abrió la lista de las contribuciones y arrastró
detrás de sí a sus pares aristócratas y a algunos más que su figura dominaba,
la burguesía protestó y abucheó. Tanto la burguesía de clase como la de
espíritu. Y fue en medio de la silbatina más tremenda, de los insultos más
duros, que la Semana de Arte Moderno abrió la segunda etapa del movimiento
modernista, el período realmente destructor.
Porque en verdad, el período. . . heroico, había sido el anterior, ini
ciado con la exposición de pintura de Anita Malfatti y terminado con la
“fiesta” de la Semana de Arte Moderno. Durante esos seis años fuimos realmente
puros y libres, desinteresados; vivimos en una unión iluminada y sentimental
excepcionalmente sublime. Aislados del medio que nos rodeaba, ironizados,
evitados, ridiculizados, malditos, nadie puede ima ginar el delirio ingenuo de
grandeza y convicción personal con que reaccionamos. El estado de exaltación en
que vivíamos era incontrolable. Cualquier página de uno de nosotros sumergía a
los otros en conmociones prodigiosas, ¡aquello era genial!
Era la época de aquellas fugas precipitadas dentro de la noche, en el
Cadillac verde de Oswald de Andrade, a mi ver la figura más carac terística y
dinámica del movimiento, para ir a leer nuestras obras maestras en Santos, en
lo alto de la Sierra 57, en la Ilha das Palmas 58. . . Y los encuentros al
atarceder, cuando permanecíamos en exposición ante algún rarísimo admirador, en
la redacción de “Papel e Tinta” 59. . . Y la falange que engrosaba con Sergio
Millet y Rubens Borba de Moráis, recién lle gados, y ya enterados, de Europa.
Y nosotros que tocábamos con respeto religioso a esos peregrinos confortables
que habían visto a Picasso y conversado con Romain Rolland. . . Y la adhesión,
en Rio, de un Alvaro Moreyra, de un Ronald de Carvalho. . . Y el descubrimiento
asombrado de que existían en Sáo Paulo muchos cuadros de Lasar Segall, ya muy
admirado a través de las revistas alemanas. . . Todos genios, todo obras
maestras geniales. . . Tan sólo Sergio Milliet ponía una nota de cierto
malestar en el incendio, con su serenidad equilibrada. . . Y el filósofo de la
pandilla, Couto de Barros, goteando islas de conciencia en nosotros, cuando en
medio de la discusión, en general limitada a una charla pla gada de
afirmaciones perentorias, preguntaba pausadamente: ¿Pero cuál es el criterio
que tienes tú de la palabra “esencial”? o: ¿Pero cuál es el concepto que tienes
de lo “bello horrible”?. . .
Eramos unos puros. Incluso cercados por la repulsión cotidiana, la salud
mental de casi todos nosotros, nos impedía cualquier cultivo del dolor. En este
sentido, tal vez las teorías futuristas tuviesen una influen cia única y
benéfica sobre nosotros. Nadie pensaba en términos de sacri ficio, nadie se
hacía pasar por incomprendido, ninguno se imaginaba como precursor o mártir:
éramos una avanzada de héroes convictos. Y muy saludables.
La Semana de Arte Moderno, fue a la vez la coronación lógica de esa
avanzada gloriosamente vivida (perdonen, pero éramos gloriosos de antemano. . .
); la Semana de Arte Moderno daba un primer golpe a la pureza de nuestro
aristocratismo espiritual.
Al consagrarse el movimiento por la aristocracia paulista, sufriríamos
en cambio y por algún tiempo ataques a veces crueles por parte de la nobleza
regional, que nos daba fuerte y. . . nos disolvía en los placeres de la vida.
Está claro que no actuaba premeditadamente, y si nos disolvía era por su propia
naturaleza y por su estado de decadencia. En una etapa en que ella no tenía ya
ninguna realidad vital, como ciertos reyes de ahora, la nobleza rural paulista
sólo podía transmitirnos su gratitud. Comenzó, así, el movimiento de los
salones. Y vivimos unos ocho años, hasta cerca de 1930, en la más grande orgía
intelectual que registra la historia artística.
Pero según la intriga burguesa escandalizadísima, nuestra “orgía” no era
solamente intelectual. . . ¡Lo que no dijeron, y lo que no se contó de nuestras
fiestas! Champagne con éter, promiscuidades inventadísimas, los almohadones se
transformaban en “cojines”; nuestros detractores crea
ron toda una semántica de la maledicencia. . . Sin embargo, cuando no
fueron bailes públicos (que fueron lo que son los bailes desenvueltos de la
alta sociedad), nuestras fiestas de los salones modernistas eran las bro mas
más inocentes de artistas que se pueda imaginar.
Había una reunión de los martes a la noche, en la Rúa Lopes Cha ves 60.
Primera en la semana, esa reunión agrupaba exclusivamente a artistas y
precedió, incluso, a la Semana de Arte Moderno. Bajo el punto de vista
intelectual fue el más útil de los encuentros de salón, si es que se podía
llamar salón a aquello. A veces doce, hasta quince artistas, se reunían en el
estudio estrecho donde se comían dulces tradicionales bra sileños y se bebía
un traguito económico de alcohol. El arte moderno era asunto obligado ¡y el
intelectualismo fue tan intransigente e inhumano que se llegó incluso a
prohibir que se hablara mal de la vida ajena! Las discusiones alcanzaban
“picos” agudos, el calor era tal que uno u otro se sentaba en las ventanas (no
había sillas para todos) y así, podía domi nar elevado por la altura que
ocupaba, ya que no dominaba por la voz o por el argumento. Y nunca faltaba un
retardatario del amanecer que se detuviera en la vereda de enfrente, dispuesto
a disfrutar una posible pelea.
El salón de la Avenida Higienópolis 61 era el más selecto. El pretexto
para reunimos allí era el almuerzo dominical, maravilla de comida
luso-brasileña. Incluso allí la conversación era estrictamente intelectual,
pero era más polifacética y se prolongaba. Paulo Prado con su pesimismo fe
cundo y su realismo, encauzaba siempre el tema de las libres lucubra ciones
artísticas hacia los problemas de la realidad brasileña. Fue el salón que duró
más tiempo y se disolvió de manera muy desagradable. Su jefe, se convirtió por
sucesión en el patriarca de la familia Prado y la casa fue invadida, incluso
los domingos, por un público de la alta sociedad que no podía compartir la
pujanza de nuestras discusiones. Y la charla pasó así a contaminarse con poker,
chismes de sociedad, carreras de caballo, dinero. Los intelectuales, vencidos,
se fueron retirando.
Estaban también las reuniones de la Rúa Duque de C axias62 que fueron
las más importantes, el auténtico salón. Los encuentros semana les eran a la
tarde, también los martes. Y ese fue el motivo por el cual las reuniones
nocturnas del mismo día fueron raleando en la Rúa Lopes Chaves. La sociedad que
frecuentaba la Rúa Duque de Caxias era más numerosa y variada, Sólo en ciertas
fiestas especiales, en el salón moder no, construido en los jardines del solar
y decorado por Lasar Segall, el grupo se cohesionaba mejor. También allí el
culto de la tradición era firme, dentro del modernismo más fervoroso. La
cocina, de cuño afrobra-sileño, resaltaba en almuerzos y cenas de impecable
presentación. Y cuento entre mis mayores venturas la de admirar a esa mujer
excepcional que fue doña Olivia Guedes Penteado. Su discreción, el tacto y la
autoridad prodigiosos con los que ella supo dirigir, mantener, corregir esa
multitud heterogénea —artistas, políticos, ricachos, vanidosos— que se aproxi
maba a ella, atraída por su prestigio, fue incomparable. Su salón, que
también se prolongó varios años, tuvo como factor principal de
disolución la efervescencia que estaba preparando el año 1930. La fundación del
Partido Democrático 63, el ánimo político eruptivo que se había apoderado de
muchos intelectuales, arrastrándolos hacia los extremismos de izquierda y de
derecha, había provocado un profundo malestar en las reuniones. Los demócratas
se fueron alejando. Por otro lado, el integralismo * en contraba alguna
repercusión entre quienes formaban aquel círculo: y todavía era muy poco
corrupto, muy desinteresado, como para aceptar adhesiones tibias. Sin ninguna
estridencia pero con firmeza, doña Olivia Guedes Penteado 64 supo poner
término, poco a poco, a su salón mo dernista.
Cronológicamente, el último de esos salones paulistas fue el de la
Alameda Barüo de PiracicabaG5, congregado alrededor de la pintora Tarsila.
No se reunía en un día fijo, pero las fiestas eran casi semanales. Duró
poco. Y no tuvo jamás el encanto de las reuniones que hacíamos antes, cuatro o
cinco artistas, en el viejo taller de la admirable pintora. Esto fue poco
después de la Semana, cuando arraigada en la comprensión de la burguesía la
existencia de una onda revolucionaria, ella empezó castigándonos con la pérdida
de algunos empleos. Algunos estábamos casi literalmente sin trabajo. Ibamos
entonces al taller de la pintora a jugar al arte, durante días enteros. Pero de
los tres salones aristocráticos, sólo Tarsila logró darle al suyo un sentido de
mayor independencia, de comodidad. En los otros dos, por mayor que fuese el
liberalismo de quie nes los dirigían, había tal despliegue de riqueza y tradición
en el ambiente, que no era posible nunca evitar cierta inhibición. En el de
Tarsila jamás sentimos eso. Era el más grato de nuestros salones
aristocráticos.
fue desde esos salones de
donde se difundió por Brasil el espíritu destructivo del movimiento modernista.
O sea, su sentido verdaderamente específico. Porque, si bien dio a conocer
innumerables procesos e ideas nuevas el movimiento modernista fue esencialmente
destructor. Hasta destructor de nosotros mismos, porque el pragmatismo de las
investigacio nes siempre debilitó la libertad de la creación. Esa es la verdad
verdadera. Mientras que nosotros, los modernistas de Sao Paulo, alcanzábamos
indu dablemente una repercusión nacional, siendo los chivos expiatorios de los
pasadistas, al mismo tiempo, el Señor do Bomfim de los nuevos de todo el país
**, los otros modernistas de entonces que ya pretendían construir formaban
núcleos respetables, no cabe duda, pero de existen cia limitada y sin ningún
sentido verdaderamente contemporáneo. Tal es el caso de Plínio Salgado que a
pesar de vivir en Sao Paulo fue dejado
Integralismo: fue una
corriente de pensamiento político ultranacionalista, adic ta a la ideología de
extrema derecha que por entonces alcanzaba gran difusión en Italia y Alemania
(N . d elT .).
Aludiendo al Señor de
Bomfim, santo muy popular de Brasil, quiere decir que eran objeto de la
devoción de los jóvenes de espíritu renovador (N . del T .).
de lado y nunca pisó los salones. Lo mismo ocurrió con Graga Aranha
quien, soñando construir, se confundía mucho con lo que hacíamos; y nos
asombraba la incomprensión ingenua con que la “gente seria” del grupo “Fiesta”
tomaba en serio nuestras bromas y arremetía contra noso tros. No. Nuestro
propósito era específicamente destructivo. La aristocra cia tradicional nos
dio todo su apoyo, poniendo aún más en evidencia esa originaria orientación de
su destino —también ella ya entonces auto-fágicamente destructiva, por no tener
ya una justificación legitimable. En cuanto a los aristós * del dinero, ésos
nos odiaban desde un princi pio y siempre nos miraron con desconfianza. Ningún
ricacho nos abrió las puertas de su salón, ningún millonario extranjero nos acogió.
Los ita lianos, alemanes, los judíos, eran guardianes más celosos del sentido
co mún nacional que los Prados y Penteados y Amarais 66. . .
Pero nosotros estábamos lejos, arrebatados por los vientos de la
destruc ción. Y realizábamos o preparábamos la serie de celebraciones que tuvo
en la Semana de Arte Moderno su primera manifestación. Toda esa etapa
destructiva del movimiento modernista fue para nosotros tiempo de fiesta, de
cultivo moderado del placer. Y si semejante jolgorio disminuyó por cierto
nuestra capacidad de producción y serenidad creadora, nadie puede imaginarse lo
mucho que nos divertimos. Salones, festivales, bai les célebres, semanas
pasadas en grupo en las estancias más opulentas, semanas santas recorriendo las
viejas ciudades de Minas, viajes por el Amazonas, por el Nordeste, estadías en
Bahía, incursiones constantes en el pasado paulista, Sorocaba, Parnaíba, Itú
67. . . Mucho se parecía, todo aquello, al baile sobre la cima del volcán. . .
Doctrinarios, en la embria guez de mil y una teorías, salvando al Brasil,
inventando el mundo, en realidad no hacíamos otra cosa que consumirnos a
nosotros mismos, en el culto amargo, casi delirante, del placer.
El movimiento de Inteligencia que representamos, en su etapa verda
deramente “modernista”, no fue, en Brasil, factor de cambios político-sociales
posteriores a él. Fue esencialmente un elemento de preparación; el creador de
un estado de espíritu revolucionario y de un sentimiento de explosión. Y si
muchos de los intelectuales del movimiento se disol vieron en la política, si
varios de nosotros participamos en las reuniones iniciales del Partido
Democrático, cabe no olvidar que tanto éste como el año 1930 08 significaban
todavía destrucción. Los movimientos espiri tuales siempre preceden a los
cambios de orden social. El movimiento social de destrucción es el que comenzó
con el Partido Democrático y con el año 1930. Y sin embargo, es justo reconocer
que alrededor de 1930 se inicia para la Inteligencia brasileña una etapa más
tranquila, más modesta y cotidiana, más proletaria, por así decir, de
construcción. A la espera de que un día, las otras formas sociales la imiten.
entonces le llegó el turno
al salón de Tarsila. Mil novecientos trein ta. . . Todo estallaba, política,
familias, parejas de artistas69, estéticas, amistades profundas 70. El sentido
destructivo y festivo del movimiento modernista ya no tenía razón de ser,
cumplido como estaba su destino legítimo. En la calle, el pueblo amotinado
gritaba: — ¡Getulio! ¡Getu-lio! * . . . En la sombra, Plínio Salgado pintaba de
verde 71 su megalo manía de Esperado 72 **. En el norte, alcanzando de un
salto las nubes más desesperadas, otro avión abría sus alas sobre el terreno
incierto de la bagaceira 73. Otros, en cambio, se abrían las venas para teñir
de escar lata las cuatro paredes de su secreto 74. Pero en este volcán, ahora
activo y de tantas esperanzas, ya venían consolidándose las bellas figuras más
nítidas y constructivas, los Lins do Regó, los Augusto Frederico Schmidt, los
Otávios de Faria, los Portinari y los Camargo Guarnieri. A ellos la vida tendrá
que imitarlos algún día.
En esta exposición de carácter polémico, no cabe efectuar el proceso
analítico del movimiento modernista. Aun cuando a él se integrasen figu ras y
grupos interesados en construir, el espíritu modernista que avasalló Brasil,
que dio el sentido histórico de la Inteligencia nacional de este período, fue
destructivo. Pero esta destrucción, no contenía solamente los gérmenes de la
actualidad, sino que era, además, una convulsión profundísima de la realidad
brasileña. Los elementos que caracterizan esa realidad que el movimiento
modernista impuso es, a mi ver, la fusión de tres principios fundamentales: el
derecho permanente a la investiga ción estética; la actualización de la
inteligencia artística brasileña; y la estabilización de una conciencia
creadora nacional.
Nada de esto representa exactamente una innovación y de todo ello
encontramos ejemplos en la historia artística del país. La novedad funda
mental, impuesta por el movimiento, fue la conjugación de esas tres nor mas en
un todo orgánico de la conciencia colectiva. Y si antes nosotros éramos capaces
de percibir la estabilización asombrosa de la conciencia nacional en un
Gregorio de Matos o, más natural y eficiente, en un Castro Alves: es cierto que
la nacionalidad de éste, como el estremeci miento nacional del otro, y el
nacionalismo de Carlos Gomes, y hasta el de un Almeida Júnior, eran episódicos
como realidad del espíritu. Y, en cualquiera de sus formas, siempre expresión
de individualism o.
En cuanto al derecho de investigación estética y actualización universal
de la creación artística, es indudable que todos los movimientos históricos de
nuestras artes (menos el romanticismo, al que me referiré más ade lante)
siempre se basaron en el academicismo. Con raras excepciones individuales, y
sin la menor repercusión colectiva, los artistas brasileños apostaron siempre
colonialmente a lo seguro. Repitiendo y adhiriéndose
Aquí M. A. se refiere a
quien luego habría de ser presidente de Brasil: Getulio Vargas (N . del T .).
Plínio Salgado terminó
convirtiéndose en el conductor de un movimiento nacionalista de claras
connotaciones nazis (N . del T .).
a estéticas ya consagradas, se anulaban impidiendo así el derecho de in
vestigación, y consecuentemente, de actualidad. Y fue dentro de este aca
demicismo ineluctable que se realizaron nuestros mayores, un Aleijadinho, un
Costa Ataíde, Cláudio Manuel, Gongalves Dias, Gonzaga, José Mauri cio,
Nepomuceno, Aluisio. E incluso un Alvares de Azevedo y hasta un Alphonsus de
Guimaráes.
Pues bien, nuestro individualismo entorpecedor se dispersaba en el más
despreciable de los lemas modernistas, “¡No hay escuelas!”, y esto, por cierto,
perjudicó mucho la eficiencia creadora del movimiento. Y si no perjudicó su
acción espiritual sobre el país, es porque el espíritu pla nea siempre por
encima de los preceptos así como también por encima de las mismas ideas. . . Ya
es hora de advertir, no lo que un Augusto Meyer, un Tasso da Silveira y un
Carlos Drummond de Andrade tienen de diferente, sino lo que tienen de parecido.
Y lo que nos igualaba, por encima de nuestros arrebatos individualistas, era
justamente la organici-dad de un espíritu actualizado, que investigaba ya
irrestrictamente radi cado en su entidad colectiva nacional. No solamente adaptado
a la tierra, sino gustosamente radicado en su realidad. Lo que no se logró sin
algunas patriotadas y mucha mistificación. . .
De esto, las orejas burguesas alardearon hasta el hartazgo por debajo de
la aristocrática piel de león con que nos vistiera. . . Porque, de hecho, lo
que se observa, lo que caracteriza esa radicación en la tierra, en un grupo
numeroso de gente modernista de una inquietante capacidad de adaptación
política, charlatanes y teóricos de morondanga de lo nacional, sociólogos
optimistas, lo que los caracteriza es un conformismo legítimo camuflado, mal
camuflado en los mejores, pero colmado, en verdad, de una cínica satisfacción.
La radicación en la tierra, pregonada en doctrinas y manifiestos, no pasaba de
ser un conformismo acomodaticio. Menos que radicación, una retórica
ensordecedora, muy académica, que no pocas veces se convirtió en un ufanismo
hueco. La verdadera conciencia de la tierra llevaba fatalmente al no
conformismo, y a la protesta, como ocurrió con Paulo Prado en su “Retrato de
Brasil”, y los contadísimos “ángeles” del Partido Democrático y del
Integralismo. ¡Y 1930 va a ser también año de rebelión! Pero para un amplio
número de modernistas, Brasil se con virtió en una dádiva del cielo. Un cielo
bastante gubernamental. . .
Graga Aranha, siempre desubicado en nuestro medio, al que no lograba
captar bien, se convirtió en el exégeta de ese nacionalismo conformista, con
aquella frase detestable según la cual nosotros no somos “la cámara mortuoria
de Portugal”. ¡Quién pensaba en eso! Por el contrario: lo que quedó dicho fue
que no nos molestaba “coincidir” con Portugal, pues lo importante era la
renuncia a la confrontación y a las falsas libertades. Entonces nos calificaron
con desprecio de “primitivistas”.
El estandarte más colorido de esta radicación en la patria fue la inves
tigación de la “lengua brasileña”. Pero fue tal vez un falso boato. En verdad,
pese a las apariencias y al estruendo que hacen ahora ciertas
santidades de última hora, nosotros seguimos siendo todavía tan esclavos
de la gramática lusa como cualquier portugués. No hay duda alguna de que hoy
sentimos y pensamos el quantum satis * de manera brasileña. Digo esto hasta con
cierta melancolía, amigo Macunaíma, mi hermano. Pero esto no es suficiente para
identificar nuestra expresión verbal, a pesar de que la realidad brasileña,
incluso psicológicamente, sea ahora más fuerte e indisoluble que en los tiempos
de José de Alencar o de Machado de Assis. ¿Y cómo negar que éstos también
pensaban de ma nera brasileña? ¿Cómo negar que en el estilo de Machado de
Assis, luso por el ideal al cual responde, interviene un quid familiar que lo
diferen cia verticalmente de un Garret y de un Ortigáo? Pero si en los románticos,
en Alvares de Azevedo, Varela, Alencar, Macedo, Castro Alves, hay una identidad
brasileña que nos parece mucho más notoria que en Bras Cubas 75 o en Bilac, es
porque en los románticos se llegó a un “olvido” de la gramática portuguesa, que
posibilitó una colaboración mucho mayor entre el ser psicológico y su expresión
verbal.
El espíritu modernista reconoció que si vivíamos ya de nuestra realidad
brasileña, era indispensable evaluar nuevamente nuestro instrumento de trabajo
para que nos expresásemos con identidad. Se inventó de la noche a la mañana la
fabulosísima “lengua brasileña”. Pero todavía era tem prano; y la fuerza de
los elementos contrarios, principalmente la ausencia de órganos científicos
adecuados, redujo todo a manifestaciones individua les. Y hoy, como normalidad
de lengua culta y escrita, estamos en una situación inferior a la de hace cien
años. La ignorancia personal de varios hizo que sus primeras obras se
anunciaran como patrones inmejo rables del brasileñismo estilístico. Era aún
el mismo caso de los román ticos: no se trataba de una superación de las leyes
lusas, sino de un desconocimiento de las mismas. Pero apenas algunos de estos
narradores se afirmaron gracias al valor personal admirable que tenían (me
refiero a la generación del 30), comenzaron las veleidades de escribir con pro
lijidad. Y es gracioso observar que hoy, en algunos de nuestros más sólidos
estilistas, surgen a cada paso y dentro de una expresión ya intensa mente
brasileña, lusitanismos sintácticos ridículos. ¡Tan ridículos que se convierten
en verdaderos errores de gramática! En otros, este reaportu-guesamiento
expresivo es todavía más precario: quieren ser leídos en ultramar, y esto los
llevó a enfrentarse con el problema económico de ver cómo hacen para que se los
compre en Portugal. Mientras tanto, la mejor intelectualidad lusa, en una
demostración espléndida de libertad, aceptaba abiertamente a los más exagerados
de nosotros, comprensiva, sana, so lidaria en todo.
Estaban además aquellos que, mal aconsejados por la pereza, resol
vieron desentenderse del problema. . . Son los que emplean anglicismos y
galicismos de los más abusivos, ¡pero que repudian cualquier “me
parece” por artificial! Otros, más cómicos aún, dividieron el problema
en dos: en sus textos escriben con un riguroso criterio gramatical, pero
permiten que sus personajes, hablando, “yerren” en portugués: ¡Así, la. . .
culpa no es del escritor, es de los personajes! Creo que no hay solución
más incongruente en su aparente conciliación. No sólo enfoca el proble ma del
portugués, sino que establece, además, un divorcio inapelable entre la lengua
hablada y la escrita — idiotez propia de un borracho, para quien sepa un ápice
de filología. ¡Y están por lo demás las garzas blancas del individualismo que
si bien reconocen la legitimidad de la lengua nacional, rechazan el empleo de
un pronombre a la brasileña, para que su estilo no se parezca al de Fulano!
¡Estos ensimismados se olvidan de que el problema es colectivo y que si muchos
lo adoptaban, muchos terminarían pareciéndose al Brasil!
A todo esto se añadía de manera decisiva el interés económico de las
revistas, diarios y de los editores, que intimidados por alguna carta rara de
vaya Ud. a saber qué escritor gramaticófilo que amenazaba con no volver a
comprar, se oponen a la investigación lingüística y llegan al des plante de
corregir artículos firmados. Pero, muerto el metropolitano Pedro I I 76, ¡quién
respetó jamás la inteligencia de este país!
Sin embargo, todo esto implicaba tener el problema sobre la mesa. La
gran renuncia se produjo cuando crearon el mito de “escribir natural mente”,
que es, no hay duda, el más hechicero de los mitos. En el fondo, si bien no
consciente ni deshonrosa, era una deshonestidad como cual quier otra. Y la
mayoría, bajo el pretexto de escribir naturalmente (in congruencia, ya que la
lengua escrita, aunque lógica y derivada, es siem pre artificial) se empantanó
en la más antològica y antinatural de las formas escritas. Dan pena. Ninguno de
ellos dejará de emplear “natural mente” un “Ya se ve” o “Déjame”. Pero para
escribir. . . con naturalidad, hasta inventan los angustiados servicios de
urgencia de las conjunciones y se salen así con un “Y así puede verse” que salva
la patria de los ama neramientos retóricos Y es una delicia constatar que si
afirman escri bir en brasileño, no hay una sola de sus frases que cualquier
portugués no firme con integridad nacional. . . lusitana. Se identifican con
aquel diputado que ordenaba promulgar una ley que llamaba “lengua brasileña” a
la lengua nacional. ¡Listo! El problema estaba resuelto. Pero como
Siendo irreproducible en
castellano el sentido de la serie de ejemplos que aquí ofrece Mário de Andrade,
cabe aclarar que el mismo se basa en el respeto o la transgresión a las leyes
que rigen en portugués el empleo del pronombre oblicuo. En los dos primeros
casos — Está se vendo ( “ya se ve”) y Me deixe
( “Déjame"), que corresponden a locuciones del portugués hablado—
el uso del se y del me es incorrecto, pues la gramática dispone que no se
emplee la partícula reflexiva entre verbos (primer ejemplo) ni la pronominal al
comienzo de una frase (segundo ejemplo). Ahora bien: los escritores abanderados
en el “espontaneísmo” se negaban, sin embargo, a escribir como hablaban, por
respeto a la gramática; pero, siendo como eran, a la vez, reacios al uso de un
portugués correcto pero no “natural”, solían salir del paso con fórmulas como
esa que cita de Andrade: E se está vendo ( “y así puede verse”). (N . del T .).
inevitablemente sienten y piensan con nacionalidad, o sea, en una enti
dad amerindio-afroluso-latino-americano-anglo-franco-etc., el resultado es ese
lenguaje ersatz en que se desamparan — triste mescolanza molus-coide sin vigor
ni carácter.
No me refiero a nadie en particular, lo aseguro; me refiero a centena
res. Me refiero justamente a los honestos, a los que saben escribir y tienen
técnica. Son ellos quienes provocan la inexistencia de una “lengua brasileña”,
y a ellos se debe el hecho de que la introducción del mito en el campo de las
investigaciones modernistas haya sido casi tan prema tura como en tiempos de
José de Alencar. Y si los llamé inconsciente mente deshonestos es porque el
arte, como la ciencia, como el proleta riado, no trata solamente de adquirir
el buen instrumento de trabajo, sino que exige su constante revaluación. El
obrero no se limita a comprar la hoz, tiene que afilarla todos los días. El
médico no se limita a recibir el diploma, lo renueva día a día a través del estudio.
¿Acaso el arte nos exime de este diario control profesional? No basta crear el
desprejuicio de la “naturalidad”, de la “sinceridad” y resollar a la sombra del
dios nuevo. Saber escribir está muy bien; no es un mérito, es un deber primor
dial. Pero el auténtico problema del artista no es ese: es escribir mejor. Toda
la historia del profesionalismo humano lo prueba. Permanecer al nivel de lo
aprendido no es ser natural: es ser académico; no implica despreocupación sino
pasadismo.
La investigación era demasiado ingente. Cabía a los filólogos brasi
leños, ya criminales avezados de tantas humillantes reformas ortográficas
patrioteras, el trabajo honesto de ofrecer a los artistas una codificación de
las tendencias y constancias de la expresión lingüística nacional. Pero ellos
retroceden ante el trabajo útil; ¡es tanto más fácil leer a los clásicos!
Prefieren la ciencia menor de explicar un error del copista imaginando una
palabra inexistente en el latín vulgar. Los más progresistas podrán, a lo sumo,
aceptar tímidamente que iniciar la frase con pronombre obli cuo ya no es “más”
un error en Brasil. Pero confiesan que no escriben. . .
así, pues, no serían “consecuentes” con lo que bebieron en la leche ma
terna. ¡Anti-hormonas bebieron! ¡Que se vayan al diablo los filólogos!
Cabría aquí también el repudio a quienes investigaron la lengua es
crita nacional. . . Preocupados pragmáticamente en hacer ostentación del
problema, cometieron tales exageraciones que volvieron para siempre odio sa la
lengua brasileña. Ya sé: tal vez en este sentido nadie haya hecho más que el
autor de estas líneas. En primer lugar, el autor de estas líneas, salvo un poco
de faringitis, goza de excelente salud, muchas gracias. Pero es cierto que
jamás exigió que lo siguiesen los brasileñismos violentos. Si los practicó
(durante un tiempo), fue con la intención de poner en estado de angustia aguda
una investigación que consideraba fundamental. Pero el problema primordial no
es tercamente de vocabu lario, sino sintáctico. Y afirmo que Brasil hoy posee
no solamente regio nales sino generalizadas en el país, numerosas tendencias y
constancias
sintácticas que le dan una naturaleza característica al lenguaje. Pero
eso, seguramente, quedará para otro futuro movimiento modernista, amigo José de
Alencar, mi hermano.
Pero en lo que atañe a la radicación de nuestra cultura artística en la
entidad brasileña, cabe reconocer que las composiciones son demasiado numerosas
para que la actual incertidumbre lingüística se convierta en una falla grave.
Como expresión nacional, es casi increíble el avance enorme logrado por la
música e incluso por la pintura, así como el ahon damiento en el proceso del H
om o brasileño realizado por nuestros nove listas y ensayistas actuales.
Espiritualmente, el progreso más curioso y fecundo es el olvido de la afición a
lo nacionalista y del segmentarismo regional. La actitud de espíritu se
transformó radicalmente y tal vez ni siquiera los jóvenes de ahora puedan
comprender ese cambio. Tomadas al acaso, novelas como las de Emil Farhat, Fran
Martins o Telmo Ver-gara, hace veinte años hubieran sido clasificadas como
literatura regio-nalista, con todo el exotismo y lo insoluble de lo
“característico”. Hoy día ¿quién diría eso? La actitud espiritual con la cual
leemos esos libros ya no es la de la contemplación curiosa, sino, la de una
participación sin teoría nacionalista, una participación pura y simple, no
dirigida, es pontánea.
Es que hoy realizamos esa conquista magnífica de la descentralización
intelectual, en contraste aberrante con otras manifestaciones sociales del
país. Hoy la Corte, el fulgor de las dos ciudades brasileñas de más de un
millón de habitantes, no tiene ningún sentido intelectual que no sea meramente
estadístico. Por lo menos en cuanto a la literatura, que es la única de las
artes que ya alcanzó estabilidad normal en el país. Las otras son demasiado
costosas para que se normalicen en una tierra de tan interrogativa riqueza
pública como la nuestra. El movimiento modernista, poniendo de relieve y
sistematizando una “cultura” nacional, exigió de la Inteligencia que se pusiera
a la par de lo que ocurría en las nume rosas “Cataguazes” 77. Y si las
ciudades de primera magnitud ofrecen fa cilidades promocionales siempre
especialmente estadísticas, al brasileño nacionalmente culto le resulta
imposible ignorar a un Erico Verissimo, a un Ciro dos Anjos, a un Camargo
Guarnieri, nacionalmente gloriosos desde el rincón de sus provincias. Basta
comparar tales creadores con fe nómenos ya históricos pero idénticos, un
Alphonsus de Guimaráes, un Amadeu Amaral y los regionalistas inmediatamente
anteriores a nosotros, para verificar la convulsión fundamental del problema.
Conocer a un Alcides Maia, a un Carvalho Ramos, a un Teles Júnior, era, para
los brasileños de hace veinte años, un hecho individual de mayor o menor
“civilización”. Conocer a un Guilhermino Cesar, a un Viana Moog o a un Olívio
Montenegro, hoy es una exigencia de “cultura”. Antes, esta exigencia estaba
relegada. . . a los historiadores.
La práctica principal de esta descentralización de la Inteligencia se
concentró en el movimiento nacional de las editoriales provincianas. Y
si además tomamos en cuenta el caso de una gran editorial, como la
librería José Olimpio78, que obedeció a la atracción de la mariposa por la
llama al apadrinarse bajo el prestigio de la Corte, veremos que, justa mente
por eso, el hecho se vuelve más comprobatorio. Porque el hecho de que la
librería José Olimpio haya, cultamente, publicado a escritores de todo el país,
no la caracteriza. En esto ella apenas se iguala a las otras editoriales cultas
de la provincia, la Globo 79, la Nacional80, la Martins 81, la Guaira 82. Lo
que exactamente caracteriza a la editorial de la rúa do O u vidor 83 — ombligo
de Brasil, como diría Paulo Prado— es que se haya convertido, por así decir, en
el órgano oficial de las oscilaciones ideológicas del país, publicando tanto la
dialéctica integralista como la política del Sr. Francisco Campo 84.
Respecto a la conquista del derecho permanente a la investigación
estética, creo que no es posible ninguna contradicción: es la gran victo ria
del movimiento en el campo del arte. Y lo más característico es que el
antiacademicismo de las generaciones posteriores a la de la Semana de Arte
Moderno, se fijó exactamente en aquella ley estético-técnica del “hacer mejor”,
a la que aludí, y no como un abusivo instinto de rebelión, destructor, en
principio, como fue el del movimiento modernista. Tal vez sea el actual,
realmente, el primer movimiento de independencia de la Inteligencia brasileña,
que uno pueda considerar como legítimo e indis cutible. Ya ahora, con todas
las posibilidades de permanencia. Hasta el parnasianismo, hasta el simbolismo,
hasta el impresionismo inicial de un Villa-Lobos, Brasil jamás investigó (como
conciencia colectiva, entiénda se), en los campos de la creación estética. No
sólo importábamos técnicas y estéticas, sino que sólo las importábamos después
de que alcanzaban cierta estabilidad en Europa, y la mayoría de las veces ya
academizadas. Era, todavía, un fenómeno completamente colonial, impuesto por
nuestra esclavitud económico-social. Peor que eso: ese espíritu académico no
ten día hacia ninguna liberación ni hacia ninguna expresión propia. Y si el
Bilac de la “Vía Láctea” es más grande que todo Lecompte, la. . . culpa no es
de Bilac. Pues lo que él soñaba era realmente ser parnasiano, devoto de la
señora Serena Forma.
Esa normalización del espíritu de investigación estética, antiacadémica,
pero ya no rebelde ni destructiva, es, a mi ver, la mayor manifestación de
independencia y de estabilidad nacional que haya conquistado la Inte ligencia
brasileña. Y como los movimientos del espíritu preceden a las manifestaciones
de las otras formas de la vida en sociedad, es fácil adver tir la misma
tendencia de libertad y conquista de expresión propia, tanto en la imposición
del verso libre antes de 1930, como en la “marcha hacia el Oeste” posterior a
1930; tanto en la Bagaceira, en el Estran-g eiro 85 en la “Negra Fuló” 86
anteriores al 30 como en el caso de Ita-bira 87 y de la nacionalización de las
industrias pesadas, posteriores al 30.
Yo sé que existen todavía espíritus coloniales (¡es tan fácil la
erudición!) sólo preocupados en demostrar que saben mundo a fondo, que en las
paredes de Portinari sólo ven los murales de Rivera, en el atonalismo de
Francisco Mignone sólo perciben a Schonberg, o en el “Ciclo da Cana de Acucar”
(Ciclo de la caña de azúcar), el romanfleuve * de los franceses. . .
El problema no es complejo pero sería largo discutirlo aquí. Me limi
taré a proponer el dato central. Tuvimos en Brasil un movimiento espi ritual
(no hablo solamente de escuela de arte) que fue absolutamente “necesario”: el
romanticismo. Insisto: no me refiero sólo al romanticismo literario, tan
académico como la importación inicial del modernismo artístico, y que,
cómodamente puede ser atribuido a Domingo José Gon-galves de Magalháes, como el
nuestro al expresionismo de Anita Malfatti. Me refiero al “espíritu” romántico,
al espíritu revolucionario romántico, que está en la Inconfidencia 88, en el
Basilio da Gama del “Uraguai” 89, en las liras de Gonzaga como en las “Cartas
Chilenas” 90, sea quien fuere su autor. Este espíritu preparó el estado
revolucionario que desem bocó en la independencia política, y tuvo como patrón
muy polémico la primera tentativa de lengua brasileña. El espíritu
revolucionario moder nista, tan necesario como el romántico, preparó el estado
revolucionario de 1930 y de los años siguientes, y también tuvo como ruidoso
patrón la segunda tentativa de nacionalización del lenguaje. La similitud es
muy fuerte.
Esta necesidad espiritual que sobrepasa al arte literario, es lo que
dis tingue fundamentalmente al romanticismo y al modernismo de las otras
corrientes artísticas brasileñas. Estas fueron esencialmente académicas,
obediencias culturalistas que denunciaban muy bien el colonialismo de la
Inteligencia nacional. Nada más absurdamente imitativo (¡y si no era imitación,
era esclavitud!) que el plagio, en Brasil, de movimientos esté ticos
particulares, que de alguna forma eran universales, como el cultura-lismo
ítalo-ibérico setecentista, como el parnasianismo, como el simbo lismo, como
el impresionismo, o como el wagnerianismo de un Leopoldo Míguez. Son
superafectaciones culturalistas, impuestas de arriba hacia abajo, de
propietario a propiedad, sin el menor fundamento en las fuerzas populares. De
allí una base inhumana, prepotente y ¡Dios mío! ariani-zante que si prueba el
imperialismo de quienes con ella dominan, de muestra, a la vez, el
sometimiento de quienes con ella son dominados. Pues bien, aquella base humana
y popular de las investigaciones estéticas es facilísimo encontrarla en el
romanticismo, que llegó incluso a retornar colectivamente a las fuentes del
pueblo y, diciéndolo bien, creó la ciencia del folklore. E incluso dejando a un
lado el folklore, en el verso libre, en el cubismo, en el atonalismo, en el
predominio del ritmo, en el su rrealismo mítico, en el expresionismo, iremos a
encontrar esas mismas bases populares y humanas y hasta primitivas, como el
arte negro que in fluyó en la invención y en la temática cubista. Así como el
cultísimo
rom an-fleuve y los ciclos con que un Otavio de Faria procesa la decre
pitud de la burguesía, aún son instintos y formas funcionalmente popula res
que encontramos en la mitologías cíclicas, en las sagas y en los Kale-valas y
Nibelungos de todos los pueblos. Ya un autor escribió, como con clusión
condenatoria, que “la estética del modernismo permaneció indefi nida” . . .
¡Pues esa es la mejor razón de ser del modernismo! No era una estética ni en
Europa ni aquí. Era un estado de espíritu revoltoso y revolucionario que, si a
nosotros nos actualizó, sistematizando como constancia de la Inteligencia
nacional el derecho antiacadémico a la investigación estética y preparó el
estado revolucionario de las otras ma nifestaciones sociales del país, también
fue eso lo que realizó en el resto del mundo, profetizando estas guerras de las
que nacerá una nueva civilización.
hoy el artista brasileño
tiene ante sí una verdad social, una libertad (que desgraciadamente no es más
que estética), una independencia, un derecho a sus inquietudes e
investigaciones que los libera de pasar por lo que pasaron los modernistas de
la Semana, él no puede siquiera ima ginarse qué conquista enorme representa.
¿Quién más se rebela, quién más lucha contra el politonalismo de un Lourengo
Fernandes, contra la arquitectura del Ministerio de Educación 91, contra los
versos “incom prensibles” de un Murilo Mendes, contra el personalismo de un
Gui-gnard?. . . Todas estas son hoy manifestaciones normales, siempre dis
cutibles, pero que no causan el menor escándalo público. Por el con trario,
son los propios elementos gubernamentales los que aceptan la realidad de un
Lins do Regó, de un Vila Lobos, de un Almir de Andrade, firmándoles un cheque
en blanco y poniéndolos ante el peligro de las predestinaciones. Pero ni
siquiera un Flavio de Carvalho, incluso con sus innegables experiencias, y
menos aún un Clovis Graciano o un Camargo Guarnieri en lucha con la
incomprensión que lo persigue, ni un Otávio de Faria con la aspereza de los
temas que expone, ni un Santa Rosa, jamás podrán sospechar a todo lo que nos
sometimos para que ellos pudieran vivir hoy, abiertamente, el drama que los
dignifica. La silba tina furiosa, el insulto público, la carta anónima, la
persecución finan ciera . . . Pero recordar es casi exigir simpatía y estoy a
mil leguas de eso.
Finalmente, me corresponde hablar sobre lo que llamé “actualización de
la inteligencia artística brasileña”. En efecto: no hay que confundirla con la
libertad de investigación estética, pues ésta combate con formas, con la
técnica y las representaciones de la belleza, mientras que el arte es mucho más
amplio y complejo que eso, y tiene una funcionalidad social inmediata, es una
profesión y una fuerza interesada de la vida.
La prueba más evidente de esta distinción es el famoso problema del tema
del arte, en el cual tantos escritores y filósofos se enmarañaron. Pues bien,
no cabe duda que el tema no tiene la menor importancia para la inteligencia
estética. Llega incluso a no existir para ella. Pero la inte ligencia estética
se manifiesta por intermedio de una expresión interesada
de la sociedad, que es el arte. A éste le cabe una función humana, inme
diata y mayor que la creación hedonista de la belleza. Y es dentro de esta
funcionalidad humana del arte que el tema adquiere un valor pri mordial y
representa un mensaje imprescindible. Pues bien, es como actua lización de la
inteligencia artística que el movimiento modernista repre sentó un papel
contradictorio y muchas veces gravemente precario.
Actuales, actualísimos, universales, incluso a veces en nuestras inves
tigaciones y creaciones, nosotros, los participantes del período acertada
mente llamado “modernista”, fuimos, con algunas excepciones nada con
vincentes, víctimas de nuestro amor a la vida y del clima festivo en que
perdimos virilidad. Si a todo lo transformábamos en algo nuestro, una cosa, sin
embargo, nos olvidamos de cambiar: la actitud interesada ante la vida
contemporánea. ¡Y esto era lo principal! Pero aquí mi pensamiento se vuelve tan
delicadamente confesional que finalizaré esta exposición hablando más
directamente de mí. Que se reconozcan en lo que voy a decir los que puedan
hacerlo.
No tengo el menor reparo en afirmar que toda mi obra constituye una
dedicación feliz a problemas de mi tiempo y de mi tierra. ¡Colaboré en cosas,
maquiné cosas, hice cosas, muchas cosas! Y sin embargo, me queda ahora la
certeza de que hice muy poco, porque todas mis realiza ciones derivaron de una
gran ilusión. Y yo, que siempre me pensé, e incluso me sentí, sanamente bañado
por el amor humano, llego, al decli nar de mi vida, a la convicción de que me
faltó humanidad. Mi aristo-cratismo me castigó. Mis intenciones me engañaron.
Víctima de mi individualismo, busco en vano en mis obras, y también en
las de muchos compañeros, una pasión más temporal, un dolor más viril de la
vida. No lo hay. Lo que hay, más bien, es una anticuada ausencia de realidad
propia de muchos de nosotros. Estoy volviendo sobre lo que ya dije a un
muchacho. Y nada que no fuera el respeto que siento por el destino de los más
nuevos que se están haciendo, me llevaría a esta confesión bastante cruel, de
percibir en casi toda mi obra la insufi ciencia del abstencionismo. Francos,
directos, muchos de nosotros dimos a nuestras obras la efímera consistencia de
las páginas de combate. Estaba seguro, en principio. El engaño consistió en que
para combatir nos pu simos superficiales sábanas de fantasmas. Deberíamos haber
inundado la caducidad utilitaria de nuestro discurso con más angustia de estos
tiem pos, con más rebeldía contra la vida tal como ella se presenta hoy. En
cambio, fuimos a romper ventanas, a discutir las modas del momento o rezar
tímidamente los valores eternos, o saciar nuestra curiosidad en la cultura. Y
si ahora recorro mi obra ya amplia y que representa una vida trabajada, no me
veo ni siquiera una vez tomando la máscara del tiempo y abofeteándola como ella
se merece. A lo sumo, le habré hecho algunas muecas de lejos. Pero esto, a mí,
no me satisface.
No me imagino político de acción. Pero el hecho es que estamos vivien
do una edad política, y yo debí haberme puesto al servicio de ella. En
síntesis, sólo alcanzo a percibirme como un Buen Amador cualquiera,
diciendo “no quiero” y absteniéndome de la actualidad detrás de las puer tas
contemplativas de un convento. Tampoco me quisiera escribiendo páginas
explosivas, peleando a palazos por ideologías y conquistando los laureles
fáciles de un calabozo. Yo no soy nada de eso y nada de eso es para mí. Pero
estoy convencido de que debimos haber dejado de ser especulativos para pasar a
ser especuladores. Siempre hay alguna manera de desplazarse de un ángulo de
visión, de una determinada elección de valores, a otros que den más cuerpo aun
a lo insoportable de las condi ciones del mundo. Pero no lo hicimos. Nos
convertimos en abstencionis tas abstemios y trascendentes *. Pero por lo mismo
que fui sincerísimo, que quise ser fecundo y jugué lealmente con todas mis
cartas sobre la mesa, alcanzo ahora esta conciencia de que fuimos muy
inactuales. Va nidad, todo vanidad. . .
Todo lo que hicimos. . . Todo lo que yo hice fue especialmente una
celada de mi felicidad personal y del clima festivo en que vivimos. Es eso,
incluso, lo que, con azucarada decepción, nos explica históricamente. Nosotros
éramos los hijos finales de una civilización que se acabó, y ya se sabe que el
cultivo delirante del placer individual recauda las fuerzas de los hombres
siempre que una edad muere. Y ya mostré que el movi miento modernista fue
destructivo. Muchos, empero, ultrapasamos esa etapa destructiva, no nos dejamos
estar en su espíritu e igualamos nues tro paso, aunque en forma un poco
vacilante, al de las generaciones más nuevas. Pero, a pesar de las sinceras
intenciones buenas que dirigieron mi obra y que mucho la deformaron, en
realidad, ¿será que me limité a pasear, haciéndome la ilusión de existir?. . .
Es cierto que yo me sentía responsable por las debilidades y desgracias de los
hombres. Es cierto que pretendí regar mi obra con rocíos más generosos,
ensuciarla en las impu rezas del dolor, salir del limbo "ne trista ne
lieta” ** de mi felicidad per sonal. Pero por el mismo ejercicio de la
felicidad, por la misma altivez sensualísima del individualismo, no me era ya
posible negarlos como un error, aunque haya llegado un poco tarde a la
convicción de su mez quindad.
La única consideración que puede tenerse para con lo que fui es el hecho
de que yo estaba equivocado. Consideraba sinceramente que me ocupaba más de la
vida que de mí. Deformé, nadie puede imaginarse cuánto, mi obra — lo que no
quiere decir que si no lo hubiese hecho, ella sería mejor. Abandoné, traición
consciente, la ficción, a favor del trabajo de un hombre-de-estudio que
fundamentalmente no soy. Pero es que yo había decidido impregnar todo cuanto
hacía de un valor utilita rio, un valor práctico de vida, que fuese algo más
terrestre que la ficción, puro placer estético, belleza divina.
"Unos verdaderos
inconscientes, como va dije una vez. . . ” (N . del A .). ** En italiano, en el
original (N . del T .).
Pero he allí que llego a esa paradoja irrespirable: ¡habiendo deforma
do toda mi obra por un anti-individualismo dirigido y voluntarioso, toda mi
obra no terminó siendo otra cosa que expresión de un hiperindividua-lismo
implacable! Y es melancólico llegar así al crepúsculo, sin contar con la
solidaridad de uno mismo. Yo no puedo estar satisfecho conmigo mismo. Mi pasado
no es más mi compañero. Yo desconfío de mi pasado.
¿Cambiar? ¿Agregar? ¿Pero cómo olvidar que estoy en la rampa de los
cincuenta años y que mis gestos ahora ya son todos. . . memorias muscu lares?
. . . Ex ómnibus bonis qual homini tribuit natura, nullum mélius esse
tempestiva morte *. . . Lo terrible es que tal vez fuera mejor, más certera la
discreción, que terminar convirtiéndonos en prestidigitadores de actualidad,
remedando como monos las modernas apariencias del mun do. Apariencias que
llevarán al hombre, por cierto, a una mayor per fección de su vida. Me niego a
concebir como inútiles las tragedias con temporáneas. El Homo lmbecilis **
acabará entregando los puntos a la grandeza de su destino.
Yo creo que los modernistas de la Semana de Arte Moderno no debe mos
servir de ejemplo a nadie. Pero podemos servir de lección. El hombre atraviesa
una etapa enteramente política de la humanidad. Jamás fue tan "momentáneo”
como ahora. Los abstencionismos y los valores eternos pueden quedar para
después ***. Y a pesar de nuestra actualidad, de nuestra nacionalidad, de
nuestra universalidad, a una cosa no ayudamos verdaderamente, de una cosa no
participamos: el mejoramiento político-social del hombre. Y esta es la esencia
misma de nuestro tiempo.
Si de algo puede valer mi disgusto, la insatisfacción que me causo, que
sea para que los demás no se sienten como yo a la orilla del camino, viendo
pasar a la multitud. Dediqúense o no al arte, las ciencias, los ofi cios. Pero
no se limiten a eso, como espías de la vida, camuflados de técnicos en vida,
viendo pasar a la multitud. Marchen con las mul titudes.
Los espías nunca necesitaron esa “libertad” por la que tanto se grita.
En los períodos de mayor esclavitud del individuo, en Grecia, en Egipto, las
artes y las ciencias no dejaron de florecer. ¿Significa eso que la liber tad
es una tontería?. . . ¿Será una tontería el derecho? La vida impor ta un poco
más que las ciencias, las artes y las profesiones. Y es en esa vida que la
libertad y el derecho de los hombres tienen un sentido. La libertad no es un
premio, es una sanción. Y llegará.
En latín en el original (N .
del T .).
En latín en el original (N .
del T .).
Sé que el hombre no puede ni
debe abandonar los valores eternos, amor, amistad, Dios, naturaleza. Quiero
decir exactamente que en una edad humana como la que vivimos, cuidar
exclusivamente de esos valores y refugiarse en ellos, en libros de ficción e
incluso en la técnica, es un abstencionismo tan deshonesto y deshonroso como
cualquier otro. Una cobardía como cualquiera otra. Por lo demás, la forma
política de la sociedad es un valor eterno también (N . del A .).
SOBRE EL DIBUJO92
Lo Q U E sobre todo me agrada, en la tan compleja naturaleza del dibujo,
es su carácter infinitamente sutil, el hecho de que sea, al mismo tiempo, una
transitoriedad y una sabiduría. El dibujo habla, llega incluso a ser mucho más
que una especie de escritura, una caligrafía, más que un arte plástico. Creo
que fue Alain quien no vaciló en afirmar que el dibujo no es, por naturaleza,
un fenómeno plástico; y si bien desde un punto de vista sistemático hay que
reconocer que resulta desmesurada una afirmación tan categórica, sigue siendo
cierto que el dibujo está por lo menos tan vinculado, por su finalidad, a la
prosa y principalmente a la poesía, como lo está, por sus medios de
realización, a la pintura y a la escultura. Es como un arte intermediario entre
las artes y el espacio y las del tiempo, al igual que la danza. Y si la danza
es un arte interme diario que se realiza por medio del tiempo, siendo
materialmente un arte en movimiento, el dibujo es el arte intermediario que se
realiza por medio del espacio, pues su materia es inmóvil.
Pero el dibujo, al igual que las artes de la palabra, es esencialmente
un arte intelectual que uno debe comprender con los datos experimen tales, o
mejor, comparativos, de la inteligencia. Es fácil demostrar este carácter
antiplástico del dibujo. El es, al mismo tiempo, un delimitador y no tiene
límites, cualidades antiplásticas por excelencia. Toda escul tura, toda
pintura, por ser un fenómeno material, nos presenta un hecho cerrado, que se
construye con sus propios elementos interiores, con entera independencia de lo
que para la estatua o para el cuadro sería el no-yo. Los límites de la tela,
por ejemplo, representan para el cuadro una ver dad infinitamente poderosa que
se impone tanto como la disposición de los volúmenes y de los colores, que el
pintor elegirá para su tema. Pero éste tiene, en realidad y de cierta manera,
un valor secundario, ya que lo que ante todo importa, para que haya auténtica
pintura, es que haya composición. Y ésta se da justamente en relación a los
límites de la tela.
Lo cierto es que sólo al cuadro, al lienzo, al fresco y a las
manifestacio nes de la escultura se puede aplicar crítica y estéticamente la
palabra “composición”. Aplicarla al dibujo es un contrasentido, o por lo menos
algo abusivo.
Porque el dibujo es, por naturaleza, un hecho abierto. Si es cierto que
objetivamente él es también un fenómeno material, lo es apenas como una palabra
escrita. Contamos con datos positivos como para saber que, de hecho, fue del
dibujo que nació la escritura jeroglífica. No sabe mos cómo se originó la
pintura, pero es mucho más probable que su pri mera intuición en el espíritu
humano, haya provenido de los garabatos rituales, en negro, en rojo, en blanco,
con que todos los pueblos primi tivos se adornan el cuerpo para las
ceremonias. Jean de Bosschére hace una observación muy interesante en este
sentido. Dice que el dibujo im plica de tal forma un desarrollo intelectual
mayor, una civilización más adelantada que no se lo puede encontrar entre los
pueblos naturales, mientras que casi todos estos ya se valen de procesos
primitivos de pin tura. La afirmación, pese a que por su carácter dogmático
resulta profun damente errónea, no deja de ser interesantísima. No es
enteramente exacto que el dibujo no se encuentre entre civilizaciones
consideradas “primitivas”. Son raras, es verdad, las que cuentan con él, pero
existen, como por ejemplo los bosquimanos y ciertas tribus de América del Norte
como los magdalenienses del prehistórico. De todas maneras, en cualquiera de
estos pocos casos que recuerdo ahora, el dibujo aparece mezclado ya sea con el
color, como ocurre con los bosquimanos, o con el trazo escultó rico, como en
las cavernas prehistóricas. Lo que tal vez se podría argu mentar es que esos
pueblos hayan llegado al dibujo a través de la pintura y de la escultura.
Argumentación considerablemente más fuerte contra la afirmación de
Bosschére es la que sostiene que, incluso la pintura del cuerpo, entre
los pueblos más atrasados mentalmente, es siempre una escritura de natura leza
jeroglífica. Actualmente, esa es una cuestión que ha resuelto la etnografía, y
sabemos definitivamente que a cada garabato, a cada color, a cada mancha, a
cada decoración en suma, los primitivos le atribuyen un valor simbólico, y cada
elemento quiere decir algo comprensible a la inteligencia del clan o por lo
menos de sus hechiceros *. Todo tiene sen tido, todo tiene valor de magia
exorcista o propiciatoria, y el primitivo jamás se pinta por el simple placer
de adornarse. Esta noción de placer sólo habría de concebirse más tarde,
conforme la doctrina aristotélica. Así, contrariando la afirmación de Bosschére,
las pinturas primitivas participan mucho más de la naturaleza y de la esencia
caligráfica del dibujo, que de la pintura propiamente dicha.
En el original pajes: así se
llama en Brasil a cada uno de los jefes espirituales de los indígenas, mezcla
de sacerdote, profeta y médico-hechicero (N . del T .).
En efecto, en su infinita mayoría, todas esas decoraciones simbólicas
del ser primitivo son como el dibujo, un hecho abierto. No es el límite del
rostro, demarcado por la cabellera y por el ángulo del maxilar infe rior, no
es el límite impuesto por el pecho, lo que encierra a esas pinturas corporales,
sino que más bien ellas de diseminan por las facciones, por el cuerpo, sin el
principio de la composición cerrada. Desconocen, por lo tanto, el elemento
instintivo del marco, de la misma forma que lo des conoce el dibujo, mientras
que la pintura lo implica fatalmente. Un cuadro sin marco pide marco; siempre
está, de alguna manera, enmarcado por sus principios y fatales límites de
composición cerrada. Mientras que colocarle un marco a un verdadero dibujo, que
sólo participe de su exacta naturaleza de dibujo, es una estupidez que raya con
el vandalismo. Los amantes del dibujo guardan los suyos en carpetas. Los
dibujos son para hojearlos, para que se los lea como a poesías, son hai-kai,
son cuartetas y sonetos.
El verdadero límite del dibujo no implica de forma alguna el límite del
papel, ni siquiera presupone sus márgenes. En verdad, el dibujo es ilimitado ya
que ni siquiera la línea, esa convención tan específica del dibujo, que no
existe en el fenómeno de la visión, ni debe existir en la pintura verdadera o
en la escultura, y que colocamos entre el cuerpo y el aire como dice Leonardo
da Vinci, ni siquiera la línea lo delimita. Se dibuja un perfil, por ejemplo, y
la línea se detiene en la mitad, al llegar al cuello, o en la raíz de la
cabellera. Se elimina la expresión de una mano, a la que uno de los brazos no
continúa; o el movimiento que hizo ahora este cabrito. Y el cabrito no se apoya
ahora en ningún suelo.
Podrán argumentar que estoy ejemplificando solamente con un tipo de
dibujo, el esbozo, el croquis, olvidándome de los dibujos completos. Incluso
éstos, millares de veces sobrepasan los límites de un cuadrilátero imaginado, o
prescinden de él. No me olvidé, sin embargo, de los dibujos completos, sólo
afirmo que cuando ellos implican definidamente el marco cuadrangular o
circular, están invadiendo terrenos ajenos, terreno que es de la pintura,
terreno exclusivamente plástico que exige composición. La pintura también se
vale de las formas naturales y tanto pinta una manzana como un desnudo. Pero no
exige la línea, y, cuando la emplea, está invadiendo el dominio del dibujo. No
exijo ni deseo que la pintura sea abstracta. ¡Dios me libre!, pero cuando ella
se aplica, incluso en el buen cuadro dentro de su género, como es el holandés,
a representar cosas y hechos, ella intenta descubrir y representar un elemento
de eter nidad. Y es por esto que la transposición de la “materia” de un pez,
de un ropaje como de una Madona o de una “maja”, por medio de la materia del
óleo de la témpera, de la pared colorida, incide indiscutiblemente en la
validez estética de una pintura, mientras que en el dibujo ese problema de
transposición no quiere decir nada. A decir verdad, no existe.
La pintura busca siempre elementos de eternidad, y por eso ella tiende a
lo divino. El dibujo, mucho más agnóstico, es una manera de definir
transitoriamente, si es que puedo expresarme así. El crea, por medio de trazos
convencionales, los ángulos finitos de una visión, de un momento, de un gesto.
En vez de buscar las esencias misteriosas y eternas, el dibujo es una especie
de definición, de la misma forma que la palabra “monte” substituye al objeto
“monte” en nuestra comprensión intelectual.
fue por eso que afirmé, al
empezar este artículo, que el dibujo era, simultáneamente, algo transitorio y
una síntesis de sabiduría. El es una especie de proverbio. Expresa, de la misma
forma que el proverbio, una experiencia vivida y transformada en una definición
eminentemente intelectual. Tiene, así, la misma fuerza equilibrada y clásica de
los prover bios. El dibujo no es una frase, es una frase hecha. De igual forma
que la frase hecha, el proverbio y el dicho se van fijando a poco en una lucha
grave entre el sentimiento y su expresión, hasta que, libres de elementos
condicionadores, alcanzan su forma definitiva: el dibujo también se libera de
las fragilidades sentimentales de la frase espontánea, por ser más lento en su
lucha entre la visión recibida o imaginada y su expresión gráfica. Esta lucha,
esta lentitud, otorgan al dibujo el tiempo, la depuración que la frase
coloquial no tiene. Y él asume, así, la naturaleza esencialmente poética del
proverbio. Digo “poética” porque el proverbio, incluso cuando está fijado en
líneas de prosa, es pura poesía: emplea los procesos esen ciales de la
manifestación poética, tiene la naturaleza eminentemente definitoria de la
poesía, y no la naturaleza descriptiva y simultáneamente reflexiva de la prosa.
Todo concepto, todo grito, toda oración, toda fina lidad verbalizada de
experiencia fisiopsíquica, es poesía. Y, de hecho, los libros sagrados, los
proverbios, las frases hechas, las máximas, oraciones y ritos, son siempre
fuertemente rítmicos, y emplean frecuentemente los procesos materiales de la
poesía, las metrificaciones y la rima.
Pero todos nosotros estamos cansados de saber que la sabiduría de los
proverbios si no es del todo mentirosa, es eminentemente transitoria. No
representa ninguna eternidad, sino la verificación de un momento; y tampoco es
menos cierto que a cada proverbio existente podemos casi siempre oponerle otro
que lo contradice radicalmente. Efectivamente, si nos quejamos de algún mal
gobierno, dirá el chileno descontento, que es porque la gallina del vecino es
más gorda que la nuestra; pero si él se queja, le diremos que cá e lá más fadas
há *. Y así resulta que el proverbio es mucho más la definición de una verdad
transitoria, serena como la reflexión sentenciosa de un chino, que una verdad
eterna, filosóficamente como probable. Esa es la naturaleza deliciosa del dibujo,
que es transito rio y sabio como un proverbio, terrestremente, momentáneamente
senten cioso como un proverbio. Una esperanza de consuelo. . .
* Literalmente: acá y allá malas hadas hay, proverbio brasileño que
equivale a decir que en todas partes soplan vientos de mal agüero (N . del T
.).
DE LA HIPOCRESIA93
(23-VIII-1939)
A V E C E S , en medio del camino de los grandes enriquecimientos
técnicos humanos, no viene nada mal recuperar ciertos ideales y ciertas
nociones que los nuevos descubrimientos científicos indujeron a abandonar.
¿Serán de verdad totalmente inútiles aquellos viejos presupuestos y aquellas
doc trinas antiguas?. . . El ejemplo de la medicina, que retomó las divisiones
temperamentales, comentes en la más alta antigüedad pero que luego
permanecieron largo tiempo abandonadas, y de las que hoy se extraen fecundas
observaciones y renovadas posibilidades de certeza, resulta bas tante
saludable.
La psicología contemporánea también comenzó a desmenuzar, con sus luces
más fuertes, el mecanismo de la individualidad artística, las razones por las
cuales un individuo se convierte en artista, las razones y los efectos
anestéticos del arte, y con todo ello fueron muchas las nuevas verdades que
surgieron. Hoy hablamos de sublimación, de transferencia, y em pleamos muchas
otras palabras importantes e incontestablemente valiosas. Un nuevo aire de
posible verdad científica ahoga las esbeltezas román ticas mediante las cuales
el artista fue considerado, en un tiempo, elegido de los dioses, íntimo amigo
de las musas y jinete venturoso de varios Pegasos alados. Hoy el artista es un
pobre diablo, vitalmente incapacitado, devorado por fobias insomnes. Todo aquel
que no sabe ganar dinero con valentía se queja de la vida en verso libre. Quien
no tiene coraje para hacer una declaración de amor, pinta una Venus y esculpe
varias ama zonas complacientes. En fin, la psicología, la sociología, están
creando una etapa histórica que bien podría llamarse la del artista apeado, que
no por ser verdadera deja de ser de un particularismo desolador, absurdo en su
insuficiencia. Yo sostengo que es necesario montar de nuevo al artista en su
Pegaso, presentarlo de nuevo a las musas, y someterlo a la votación de los
dioses. El hombre positivamente no es sólo tripas, y estas razones muy
intestinales de la existencia del artista y del arte, financieras,
sexuales, mezcladas con fobias, incapacidades y ambiciones inferiores,
avanzan menos en el conocimiento estético del arte que un análisis de la
anécdota de los pajaritos picoteando las uvas de Apeles. Digo más: son
profundamente inmorales. Los artistas se están volviendo conscientes de las mil
y una hipocresías que adornan el arte verdadero. Hoy a cual quier artista le
resulta muy fácil “inventar” un complejo atractivo y azucarar con él sus obras,
ofreciendo generoso material a futuros psico analistas. Y principalmente,
siendo como es líricamente sensitivo, cosa que siempre fue y siempre será,
terminará olvidando su verdadero destino humano, e inmoralmente se dejará
devorar por la hipocresía.
El escritor que, a mi ver, estudió y confesó más desvergonzadamente su
hipocresía artística y la de sus colegas fue Arnold Bennet en “The Truth about
an Author” *. Con una sinceridad asombrosa, incluso bastante re pulsiva,
Arnold Bennet muestra en ese libro las razones que lo indujeron a convertirse
en periodista, novelista, crítico y autor teatral. Ninguna de las ilusiones,
noblezas, fervores por el arte, anhelos de gloria, de amor a la vida y a la
humanidad, que persiguen los artistas y que suele creerse que son la causa de
la existencia de los artistas, son allí descritas. Nada de lo que convierte al
hombre en humanidad, el yo visible, el ser moral, lo preocupa. Unicamente
importan las razones. . . secretas, las pequeñas bajezas, todo lo que existe
dentro de uno y que con sumo cuidado escon demos de los otros y de nosotros
mismos.
Arnold Bennet tuvo, por lo demás, un precursor de semejante imper
tinencia en Edgard Poe (sin hablar de los psicólogos del arte . . . ) cuando
éste, en un ensayo célebre e irritante, estudió la confección de “El cuervo”.
Pero estos sajones, aun cuando tales ensayos representen una verdad, no
tienen absolutamente razón. No hay duda de que todo artista da pruebas de una
buena dosis de hipocresía al decir que es llevado a crear también por causas
más o menos inconfesables, peyorativas o perniciosas, que él trata de ocultar
hasta de sí mismo. Incluso eso de que el artista sacrifica gran parte de la
espontaneidad y de la propia conmoción y de las propias ideas en favor de las
ideas y conmociones ajenas, eso también es hipocresía. El artista verdadero
nunca perderá de vista a su público, y a nadie puede escapar la dosis de
soberbia que hay en ello. El artista com pleto jamás perderá de vista la
ambición de volverse o continuar siendo célebre, y todo eso es hipocresía. Y
como es el público quien forja la grandeza de un artista (digo “público”
incluso en el sentido de pequeña élite, que algunos artistas posiblemente
prefieren), estas dos ambiciones de público — uno que va a juzgar y otro del
que depende la celebridad a ser conquistada— ajenas al concepto específico de
arte, rigen en gran medida el comportamiento creador del artista.
Hay, además, otras ideas que desnaturalizan la belleza ideal del artista
y provocan la creación de las obras de arte. Por ejemplo: la rivalidad, la
lucha por la propia subsistencia, la envidia, la vanidad sexual. Tan sólo estos
móviles, para el artista perfecto, para el artista completo, para el artista
legítimo, serán siempre fuerzas subconscientes, sentimientos repri midos,
nociones y causas secretas en fin. Suele decirse ahora que ellas son las que
nos dirigen, y que los fines que abierta y conscientemente con fesamos
perseguir, no son otra cosa que la máscara que esconde aquellas mezquinas
aspiraciones inferiores.
Pues bien, yo pienso que lo que ocurre es lo contrario, y voy a dar mis
razones. No son, en este caso, solamente las ideas secretas las que nos
dirigen, sino principalmente la máscara que les damos. Sé y afirmo que los
móviles secretos, ambiciones despreciables, inmorales, antisociales e
hipocresías en general, principalmente ese terrible y deformador deseo de
agradar a los otros, son el origen primero de todos nuestros gestos de
sociedad, de nuestros comportamientos en tanto sociales. Y, por consi guiente,
el origen de la mayoría infinita de las obras de arte tam bién. Pero eso de que
sea el móvil originario, no significa de forma alguna que sea el móvil
directivo. Esos motivos secretos son reprimidos, son vencidos dentro de
nosotros, aunque sólo aparentemente vencidos, o sólo momen táneamente
derrotados. Vencidos porque la vida del hombre entre los hombres crea esa
entidad “ficticia” que socialmente somos todos, y que necesitamos ser para que
la organización social sea factible y fluya conso lidando su intención moral
normativa.
E incluso, los motivos secretos no son reprimidos apenas como un
sacrificio a la vida social: hay todavía otras razones individuales. Es que la
mayor parte del tiempo de nuestra existencia la consagramos a escon dernos del
ser terrestre que somos. Nuestra inteligencia, principalmente a través de la
llamada “voz de la conciencia” o como se le quiera decir, reconoce que el
individuo que somos es en muchos sentidos una cosa abyecta que la horroriza. De
allí que logremos vencer con paciencia e infatigable atención todo lo que de
vil, de mezquino, de repugnante puedan producir nuestra vida y nuestro
comportamiento.
Entonces surgen los móviles aparentes, las ideas pasibles de presen
tación, ya no ideas-orígenes sino ideas-finalidades, cuyo destino es real
mente caritativo y ennoblecedor. Pura falsificación de valores, hipocresía
pura. Hipocresía noble, necesaria, maravillosamente fecunda. Ella es la que
compone y salva nuestras obras. Ella es la que da tono a nuestras creaciones
artísticas y las encauza. La sinceridad, quiéranlo o no Edgard Poe y Arnold
Bennet, no muere por eso. Estos móviles aparentemente insinceros, máscaras de
una realidad primera, forman parte de nuestra sinceridad total.
Las ideas secretas, los móviles despreciables fueron incautados. De
ellos nació la intención de escribir una novela, esculpir la estatua, ce
lebrar las hazañas de un capitán. Pero saldremos a gritar en la plaza
pública que vamos a cuestionar la idoneidad de las costumbres, crear la
Belleza con mayúsculas, celebrar al héroe. Y vamos a repetir esta misma
insinceridad hipócrita cuando de noche la conciencia se nos aparezca con su
espejo. ¿Pero qué obra de arte surge entonces? Surge La guerra
la paz, surge la “Venus” de
los Médici y Los Lusíadas. Y lo sublime en todo esto es que estas obras de arte
realmente están castigando costum bres, creando Belleza, celebrando héroes. La
idea segunda, la directriz que nos disculpa es la máscara; ella es quien
realmente las realizó. Y se realizó.
Y es por eso que ni Edgard Poe ni Arnold Bennet tienen razón. Al dar
como origen de “El cuervo” la única y astuta intención de crear belleza
aplaudible ( “ . . . I mean that Beauty is the solé ligitimate province of the
poem . . . ) *; y dando a conocer los medios más o menos sagaces de que se
sirvió para crearla, la frialdad, la inhumanidad con que inventó el tema y los
caracteres técnicos de su maravilloso poema, Edgard Poe simplemente mintió. Se
olvidó, o más bien, hipócritamente ahora, ocultó del análisis de la
composición, todo lo que en ella puso de experiencias, de sufrimiento, de
ideas, de humanidad, en suma, todo lo que, además de las causas-tripas, entra
también y más determinantemente, en el fenó meno asombrosamente complejo de la
creación. Edgard Poe dio el po sible origen primero de su poema, pero
cuidadosamente se ocupó de ocultar las fuerzas asociativas y líricas que lo
orientaron después, y que fueron, ellas exclusivamente, las que hicieron de “El
cuervo” no una obra hipócritamente (fingidamente) bella, sino fuente
generosísima de Be lleza.
Arnold Bennet, a su vez, al afirmar que únicamente el deseo de ganar
dinero y la vanidad de verse celebrado, lo convirtieron en el viajante de todas
las regiones de la literatura, ocultó el hecho de que, si bien esas intenciones
más o menos abyectas originaron sus obras, en seguida, la conmoción, la
imaginación creadora, la experiencia, la cultura, la inteli gencia vastísima
vinieron a encargarse de la construcción de los libros, de la misma forma que
la hipocresía de las ideas presentadas los fortifi caba y engrandecía. Y
ennoblecía.
Ni Poe ni Bennet se acordaron de publicar tales confesiones antes de dar
a conocer sus obras. Ya “El cuervo” era una victoria, cuando Edgard Poe
escribió la “filosofía de la composición”. Arnold Bennet era umversal mente
conocido, cuando se acordó de escandalizar a la “pruderie” inglesa diciéndonos
“La verdad sobre un autor”. Sólo la victoria anterior justifica estas “blagues”
de falsa sinceridad.
Y por todo eso, uno comprueba que no fueron el Poe de los poemas, ni el
Bennet de las novelas, los hipócritas. Pero en sus confesiones, ya sea por
masoquismo, por un sentimentalismo inspirado en la necesidad de autocastigo,
por el deseo de escándalo, por el ocultamiento de la verdad total en que
incurrieron, fueron sumamente hipócritas.
LA ZORRA Y EL TESTON94 *
(27-VUI-1939)
B R A S I L atraviesa sin duda por uno de los períodos más brillantes de
su creación artística. En algunas artes, pintura, arquitectura, la misma mú
sica, todavía suelen verse algunas genialidades aisladas, pero en literatura es
toda una falange de poetas y narradores que, de norte a sur, unifican el país
dentro de la misma fuerza creadora y de la misma riqueza de manifestaciones
variadas.
Está claro que no hay riqueza sin centavos, ni fuerza ejercida sin
sudor. Sudores y centavos participan de la riqueza y de la fuerza, pero
conviene no permitir que el sudor se juzgue músculo y reconocer que en la
riqueza no todo son cheques de cincuenta contos, sino que también hay billetes
de cien mil réis **, diez mil réis y hasta moneditas de testón.
Cabe a la crítica, así se vuelva incivil y antipática, llamar al testón
por su modesto nombre de testón. Crítica y condescendencia son cosas divor
ciadas desde siempre, principalmente en los países de pequeña cultura, donde
frecuentemente los artistas se improvisan a costa de mucho talento y ningún
saber. Se reemplaza la técnica por el brillo engañoso, el cuidado de la forma
por una vaga (y por lo demás fácilmente intimidada) inten ción social. El
brillo satisface a las muchachas, las intenciones sociales ase guran el
aplauso de ciertos amenazadores fantasmas. Y mezclando a la receta algunas
minúsculas concesiones al público, v.g. demagogia, repe tición de procesos
bien sucedidos en ocasiones anteriores, elogio mutuo en los diarios, y algunos
elocuentes malabarismos sentimentales, es fácil alcanzar la celebridad en vida,
y la esperanza de las estatuas más allá de la muerte. Y lo cierto es que hay
mucho de esto en la literatura contem poránea brasileña.
El testón, tostáo en
portugués, era una moneda brasileña de diez centavos (N . del T .).
El réi o rey en castellano,
fue la unidad monetaria brasileña desde los tiem pos de la colonia hasta bien
entrado el siglo xx. Lo reemplazó el cruzeiro (N . del T .).
Esta crónica se debe es cierto, a una nota recientemente aparecida a
propósito de mi actitud crítica, en la excelente revista Dom C asm urro95, pero
estoy hablando en general. Soy incapaz de indirectas groseras, y no me refiero
pues a quien escribió la nota, que es una persona que siempre admiré y sigo
admirando, ya que se trata del novelista Jorge Amado. A la observación que
hizo, sin embargo, si bien malvada por motivos que ignoro, tal vez corresponda
la opinión de muchos. Esta misma semana un joven, ya redactor de un periódico
literario, me envió una carta en la que dice: “Lo único que no comprendemos es
por qué hablas del valor esencial de la forma y al mismo tiempo empleas formas
defectuosas de lenguaje, porque eso nos desorienta”. Como puede verse, la
objeción vale y merece la explicación de esta crónica.
¿Cuáles son los principios de mi actitud crítica? En la crónica inicial
de esta serie, yo me presentaba como creyente del arte, pero regido por el
principio de utilidad, principio que sólo cedía su lugar ante lo “esencial” que
por ventura pudiese encontrar. Y terminaba diciendo: “¿Y no consistirá en esto
la más admirable finalidad de la crítica? Ella no deberá ser ni exclusivamente
estética ni ostensiblemente pragmática, sino exactamente aquella verdad
transitoria, aquella investigación de las identidades “más” perfectas que,
SOBREPASANDO LAS OBRAS TRA
TE DE REVELAR LA CULTURA DE UNA ETAPA Y DIBUJE SU IMAGEN” *. He aquí
todo un programa que, en un medio que vive mucho de principios brotados al
acaso de la dificultad que debe trasponer, tiene el mérito de ser un programa.
La literatura brasileña está en una etapa de apresurada improvisación,
en que cultura, saber, paciencia, independencia (sólo puede ser indepen diente
quien conoce las dependencias) fueron olvidados por la mayoría. Y fue
principalmente olvidado el arte, al que cualquier cosa pareciera poder
reemplazar: realismo, demagogia, intención social, espontaneidad y hasta
pornografía. Poco importan los valores reales y muy grandes que presentemos.
Poco importa el cuidado artístico admirable de un Graci-liano Ramos, el lirismo
iluminado de un Murilo Mendes, la personalidad torrentosa de un Lins de Regó.
Poco importa la espléndida fuerza comu nicativa de un “Jubiabá” 96, la
profundidad humana envolvente de un “Joáo Miguel” 97, la fluidez verbal
rarísima de “Menina Boba” 98. Están los testones.
Sería simplemente imbécil negar el valor de las obras menores, pero no
sería posible estudiarlas bajo el punto de vista del absoluto de las obras
maestras, que las repudiaría, ni sería útil analizarlas en sus men sajes
particulares, demasiado estrechos como para que vayan más allá del autor y de
los amigos del autor. Las obras menores son importantísimas, pero su valor es
más relativo que independiente. Alimentan tendencias, fortifican ideas,
preparan el advenimiento del gran artista y de la obra
maestra, trazan el claroscuro de una época, y definen sus rasgos y volú
menes mucho más que las grandes obras. Estas, a su vez, justamente por ser
grandes, pasan inmediatamente al plano de lo absoluto. En su función de
cotidianidad, desnudas, sin el revestimiento aparatoso y eterno de la
genialidad, las obras menores nos muestran mucho mejor los rasgos, las
cualidades y los defectos de una época. ¿Y qué vemos actualmente?
Una legión de jóvenes de indudable valor, pero apresurados, entera
mente indiferentes al arte, ignorantes de los problemas de la forma, en la más
paradisíaca y melancólica convicción de que escribir novelas y poemas es dejar
correr la pluma sobre el papel. El modernismo abrió ciertas puertas a la
libertad creadora; ¡pero ellos decidieron echar abajo todas las murallas!
Sería simplemente un tullido intelectual quien quiera ver en lo que yo
propongo la vuelta a una especie de formalismo parnasiano. El parna-sianismo
fue muy frágil exactamente por su confusión entre forma y forma. Destruyeron la
fluidez de la palabra que se transformó en puro valor martillado y silábico.
Destruyeron la elasticidad de las construcciones poéticas que se convirtieron
en osamentas rígidas, sin movimiento. Des truyeron la expresividad de los
ritmos, subsistituyéndolos por métricas de una frivolidad pasmosa. La gracia de
una gota de rima engordó hasta alcanzar la pompa de la rima rica. Y la
exactitud del lenguaje se trans formó en sometimiento a la gramática. Fue
contra esa grosera confusión (no de todos pero sí general) que amenazaba con
destruir el sentido de la poesía y de la propia prosa, que se reaccionó. Se
reaccionó con errores y verdades, con experiencias, innovaciones y retornos a
cosas an tiguas más legítimas, pero todo eso no significaba disolución ni
liber tinaje. Los que desearon saber qué significaba disolución y libertinaje
en quienes en 1922 eran un poco más conscientes, fueron a buscarlos en Manuel
Bandeira, que era un escritor culto, un esteta, conocedor cabal del dinamismo
de un ritmo, el secreto de la adecuación de una forma a su contenido, el valor
de la expresión lingüística exacta y el peligro de una palabra en falso, capaz
de sacrificar un mensaje.
Borrachos de gloria, con las cabezas alcoholizadas por esperanzas fáci
les e imaginando ser otros tantos Erico Veríssimo o Jorge de Lima, los
muchachos escriben y publican, célebres de antemano. ¿Acaso Marques Rebelo no
es célebre? ¡Por qué no lo seré yo también! Y unos se decep cionan porque no
les doy ya al primer libro que publican los honores de un artículo entero, y
otros se ofenden porque voy a buscar en sus obras los ejemplos que me sirven
para mostrar las fallas del tiempo actual.
Es cierto que trabajo así. Hay una tendencia en mi forma de hacer
crítica que me impulsa a dedicar artículos enteros a figuras ya consa gradas o
a la rareza de un debutante excepcional como Luis Jardim. Pero sería injusticia
miope decir que no doy una palabra de explica ción sobre cualquiera de las
figuras tratadas al pasar. Pero incluso si nombro libros y nada digo sobre
ellos, eso, aun así, es crítica, ya que
si por un lado están los que en sus páginas traen algún mensaje, des
graciadamente son muchos los que nada traen. Porque en esta cuestión de riqueza
no existen solamente los contos y los cien mil reis: no hay que permitir la
entrada al tesoro de los billetes falsos.
Los malos modernistas insurgían contra la cultura. Hoy es probable que
muchos se rebelen contra la cultura también. . . Acusan a los moder nistas de
no haber construido nada; lo acepto. Pero desafío a quien quiera que sea a
mostrarme un solo período constructivo del arte en el que la preocupación por
la forma no haya sido la preocupación fundamental. O construimos o. . .
romantizamos. Porque es muy posible que estemos, sin saberlo, en pleno
romanticismo. . .
No hay obra de arte sin forma y la belleza es un problema de técnica y
de forma. Charles Lalo llega a afirmar que el “sentimiento técnico” es
el único que de por sí puede considerarse estético. Y, en efecto, todo y
cualquier sentimiento, toda y cualquier verdad, no logra convertirse
en belleza, si no se transforma en ese sentimiento técnico, que
contempla el amor, la verdad, la intención social, y les da forma. Forma
estética, vale decir, la obra de arte. Ya no la realidad, sino su símbolo — ese
for midable poder de convicción de la belleza que hace de ella algo más real
que la misma realidad. El artista de más nobles intenciones sociales, el poeta
más deslumbrado ante el misterio de la vida, el novelista más pia doso ante el
drama de la sociedad, podrán perder hasta el noventa por ciento de su valor
propio si no cuentan con los medios adecuados para realizar sus intenciones,
sus dolores y deslumbramientos. Si así no fuera, ¡cualquier cuentista de
semanario religioso sería mejor que Machado de Assis! y los medios de realizar
intenciones y deslumbramientos sólo pue den provenir de la técnica y de la
creación de la forma. Jamás me preo cuparon los errores de gramática; sí, en
cambio, los “errores” de lenguaje que debilitan la expresión. Jamás le exigí a
nadie la forma rígida del di tirambo, sino más bien lo repudio y combatiré lo
amorfo, las confusio nes de lo prosaico con el verso libre, el reemplazo de la
técnica por un mediocre catecismo de recetas, el monótono realismo que
escamotea en su estupidez moluscoide esa transposición al mundo del arte, en
que el mal de uno se convierte en mal de muchos. A tal punto el arte es
persuasivo. . .
El caso de la literatura es por cierto muy complejo porque en él la
belleza se prende inmediatamente al tema y con ello se terminan de eli minar
las barreras impuestas al confusionismo. Si en pintura un crítico se preocupa
exclusivamente con los problemas de la forma, ningún pintor se quejará; y lo
mismo ocurre con las otras artes plásticas y la música. Pero es en estas artes,
más fácilmente liberadas del tema — donde el paisaje, la naturaleza muerta, la
sonata, el nocturno, y la propia Venus o la canción de amor, normalmente se
vinculan con muy poca intensidad a nuestros intereses vitales: la belleza, la
objetividad meramente formal de sus problemas pueden ser tratados con
franqueza, sin que el crítico
sea acusado de formalismo, de esteticismo y otros calificativos
aparente mente peyorativos. Y es exactamente en virtud de la realización en
formas plásticas o sonoras, por la transposición en belleza que el tema,
incluso de violenta intención social como en una “Heroica” o en un Goya, repre
senta realmente una concepción estética del mundo y de la vida, una nueva
síntesis, un valor crítico que se incluye en el sentimiento de belleza.
En literatura el problema se complica tremendamente porque su propio
material, la palabra, ya empieza por ser un valor impuro; no es mera mente
estético como el sonido, el volumen, la luz, sino un elemento inmediatamente
interesado, una imagen aceptada como fuerza vital, comprometida de por sí con
el pensamiento y los intereses del ser. Y así, la literatura vive en frecuente
desorientación porque el material que utiliza nos lleva menos a la belleza que
a los intereses del tema. Y éste amenaza confundirse con la belleza y
transformarse en ella. Infinidad de veces he observado personas que leen
setecientas páginas en un día, valoran un poema a raíz del sentido social de un
verso o indiferente mente, recurren a cualquier traducción de Goethe. Que el
tema sea, especialmente en literatura, también un elemento de belleza, yo no lo
voy a negar, tan sólo deseo que él constituya realmente un mensaje, como en la
obra de un Castro Al ves. Quiero decir: que sea efectivamente un valor crítico,
una nueva síntesis que nos ofrezca un sentido de la vida, un aspecto de lo
esencial. Lo que sí puedo asegurar es que esta nueva síntesis, que es el
propósito propiamente dicho del arte, o desaparece o se malogra, si el artista
no dispone de los elementos formales necesarios para realizarla con perfección.
Pero ocurre que muchos, justamente por que ignoran tales problemas, o no
quieren trabajar, luchar para cultivarse, insurgen contra la cultura,
consideran nimiedades los problemas de la forma, y sólo exigen el núcleo, el
“mensaje”. Olvidan que justamente por eso abundan en el mundo los mensajeros
que en vez de mensajes, lo que traen son cartas anónimas, vagas e impersonales
noticias, sin carác ter ni fuerza, que pueden, cuando mucho, indicar hacia qué
lados soplan los vientos de la vida.
así se traza la fisonomía de
nuestra actual literatura. Nunca fue tan grande la confusión. La actividad de
las casas editoriales que exigen libros para sustento de los mercados, la
diseminación urbana de la cultura produciendo innumerables núcleos de lectores,
la grandeza de algunas figuras realmente admirables, el interés por ciertos
temas sociales a cuyo tratamiento se transfiere una actividad política
cercenada, la imitación fácil de los éxitos garantizados: produjeron una
exacerbación del espíritu creador. Hay un verdadero frenesí de creación
literaria donde las imita ciones, las falsificaciones, las mitificaciones, o
simplemente el apuro, amenazan confundirlo todo. La crítica no puede jurar que
sus aplausos de hoy encuentren la ratificación del futuro. Pero le es posible
asumir la posición antipática de atacar los puntos débiles, las fallas, las
falsas volu-pias, los abusos de libertad propios de esta época. Y la
legitimidad de su
labor, se garantiza mediante la comparación con el pasado. Y si nosotros
hoy veneramos a un Bocage, a un Gongalves Dias, y vemos tantos nom bres, vivos
en otro tiempo y ahora sepultados por nuestra indiferencia, bien sabemos que
quienes perduraron, perduraron menos por su mensaje que por haberle dado la
forma adecuada. Se eternizaron esos mensajes porque lograron ser bellos
mensajes.
En lo que a mí respecta. . . el mayor peligro que creo que corren
quienes alcanzan alguna notoriedad es el de convertirse en esclavos de sus
admiradores. Hay un fragmento muy sabroso y fecundo en la obra de David
Garnett, aquel de “La mujer que se convirtió en zorra”: el marido se da cuenta
que no es sólo él quien se empeña en pulir los
modales de su zorrita adorada, sino que ésta, a su vez, le exige que él
adopte las malas costumbres de los zorros. Los admiradores son más
o menos como la zorrita de “Lady into fox” *. Después de que nos admiran
ya no nos conceden la libertad de ser. Nos transforman en una imagen de ellos,
y a partir de allí hay que corresponder a ese retrato que no es nunca de tamaño
natural. Si sabemos ser consecuentes con él nos asegu ramos la
incondicionalidad del aplauso, ¡pero adiós curva del destino! Nos transformamos
en repetidores de nosotros mismos y aduladores de la juventud. Pero si no
correspondemos al retrato falso y optamos por la lealtad interior, entonces,
¡ay! Somos de inmediato abandonados y la multitud nos deja en busca de otros
ídolos. ¿Progresos, decadencia?. . .
Todo es posible en este ancho mundo, pero es igualmente indudable que
solamente en la soledad encontraremos nuestro propio camino.
LA MODINHA Y LALO99
D E S G R A C I A D A M E N T E sólo ahora, en Sao Paulo, por indicación
de un amigo, pude leer la serie admirable de artículos que, bajo el título de
“Estudios de Sociología Estética Brasileña” publicó el profesor Roger Bas-tide
en “O Estado de Sao Paulo” *. En uno de ellos, del 4 de octubre del año pasado,
el ilustre profesor de nuestra Universidad me llamaba la atención sobre dos
pasajes de Charles Lalo, con los que concordaba, que parecía restar toda
validez a una afirmación que hice sobre la evolución de la m odinha brasileña.
En la antología de las “Modinhas Imperiaes”, observaba que si bien ya
existía en los salones, con su nombre y forma, desde por lo menos la segunda
mitad del siglo x v i i i , “que yo sepa, sólo en el siglo xix la m odinha
aparece en boca del pueblo del Brasil”. Y verificado eso, yo hacía el siguiente
comentario: “¿Habrá, pues, que concluir que estamos ante uno de esos casos,
absolutamente rarísimos, en que una forma erudita ha pasa do a ser popular?. .
. Pareciera, en lo que atañe a la m odinha, que el fenómeno ocurrió”.
Al profesor Roger Bastide no le parece un fenómeno raro; afirma, por el
contrario, que es algo normal, extrayendo incluso de ello una ley muy
atrayente, la ley de la desnivelación estética. Se apoya el sociólogo, para
enunciar su tesis, en dos pasajes de Charles Lalo, uno de su “Esté tica”, que
cita íntegramente, remitiendo al lector a otro que está entre las páginas 143 y
146 de “L’art et la Vie Sociale” **.
Estudié con mucha atención, ahora, esos pasajes de Charles Lalo, y
confieso que no me llegaron a convencer, por lo menos en lo referente al arte
de la música. Dice la “Esthétique”: “en su mayoría las danzas campesinas y las
melodías populares son antiguas formas de arte de salón
O Estado de Sao Paulo es,
desde el siglo pasado, uno de los principales diarios brasileños y uno de los
más destacados dentro del periodismo latinoamericano. (N .d e lT .) .
* En francés en el original
(N . del T .).
o de corte, desde hace mucho fuera de moda en los medios aristocráticos
que las difundieron y que perduraron, sobreviviendo, en alguna provincia
lejana”. Al pasaje de “L’art et la Vie Sociale” es imposible citarlo ínte
gramente, pues son cuatro páginas. Pero me tomo la libertad de llamar la
atención del lector, como es costumbre, sobre las palabras que intere sará
considerar en el fragmento de la “Esthétique”. Espero demostrar más adelante
que la misma confusión de terminología y de ejemplos puede encontrarse también
en el otro libro.
Ante todo, quienes se han dedicado poco a la etnografía y al folklore
suelen creer que casi todo el fenómeno popular obedece a una especie de
“desnivelamiento”. Quiero decir: parte del más fuerte para arraigarse y hacerse
tradición en el más débil. Por lo tanto, es siempre de alguna forma un producto
erudito que se desnivela y va a arraigarse perezosa mente en el inculto.
Incluso cuando se trata de un insignificante soba * negro o de un no menos
irrevelante pagé de nuestras Indias Occiden tales, imponen al clan o a la
clase inferior que dominan, una superstición, una costumbre o un rito, es signo
de una manifestación erudita, es decir, creación del más fuerte, del dominador,
del más experto, del que sabe más, impuesta al menos experto, al que sabe
menos, a la clase dominada.
De igual forma, el folklore, una melodía, una poesía, un paso de danza,
nunca son inventados por el pueblo, por la colectividad. Siempre hay un
individuo que por más técnico, más inventivo y más audaz (el más fuerte) crea
la manifestación que, luego, el pueblo adopta (o deja de adoptar) y convierte
en tradición, olvidando la mayoría de las veces el nombre del más fuerte que
inventó el hecho ya ahora folklórico.
Pero esta desnivelación inicial donde el más culto impone su creación al
menos culto, no pasa de ser una observación preliminar, umversal mente
reconocida y sin directa importancia folklórica. Porque realmente un hecho sólo
es folklórico o etnográfico cuando ya se ha convertido en constancia social de
las clases, digamos, populares. Creo que no puede haber dudas al respecto.
Incluso cuando uno de nuestros cantadores o un m acum beiro en estado de trance
inventa un canto nuevo (algunos hombres de ciencia europeos llegan a negar la
existencia del folklore regional en las Américas. . . ) se trata, a mi
entender, de una manifes tación que ya en sus albores es mucho menos
individualista de lo que suele creerse y que, por otra parte, a su modo es
culta, más que de un hecho colectivo y, por lo tanto, folklórico. Porque entre
nosotros, debi do a los progresos contemporáneos y a nuestros elementos
sociales de civilizaciones importadas a través de grupos multirraciales, las
melodías raramente se tradicionalizan, nos faltan en este momento las calmas
“pro vincias lejanas”, a resguardo de la radio y el cine, de las que habla
Lalo y que Europa tuvo durante diecinueve siglos. Lo que se vuelve tradicio
nal es tan sólo el elemento constructivo de la melodía, el corte
rítmico, la fórmula cadenciosa, las cortas fórmulas melódicas con que se impro
visa la melodía. De modo que si el improvisador inventa, es mucho menos un
creador individualista que un agenciador de constancias colectivas que, de
hecho, la generalidad adopta inmediatamente. Porque ya las había adoptado y
hecho tradición mucho antes. Pero la melodía, aun cuando se vulgarice en la
colectividad, en pocos años será olvidada, que dará tan “fuera de moda” como
cualquier manifestación del arte erudito. El cantador, en realidad, creó
folklóricamente, y sólo se diferencia de un Francisco Mignone, cuando éste crea
sus obras brasileñas eruditas, por la fatalidad e inconsciencia con que crea.
Verificado este preliminar un poco apresuradamente, estudiamos los
pasajes de Charles Lalo. En “L’art et la Vie Sociale”, en el fragmento señalado
que es el párrafo 43, establece inicialmente la siguiente verdad: “Creemos, es
cierto, que uno de los hechos más generales de la evolución estética es el
pasaje de un género inferior hacia un nivel superior de arte culto (grand
art)". Esta observación inicial está, como puede verse, per fectamente de
acuerdo con la duda que me asaltó con respecto a la desni velación de la
modinha. El hecho más general conocido es el ascenso de nivel, y no que el
artista erudito se asome a la manifestación inferior y se inspire en ella.
En seguida Lalo advierte, sin embargo, que el “arte popular” está lejos
de ser algo puramente natural y asimilable a la espontaneidad ingenua. La
mayoría de las veces no es sino deformación y supervivencia de un arte
anterior, que fue aristocrático y erudito en el tiempo que vivió su vida
propia”.
Después de un párrafo que comenta en otra ocasión, Lalo vuelve a afirmar
esa desnivelación como ley general, y pretende probarla con ejem plos. Y aquí
es donde comienzan la confusión terminológica y los equí vocos consecutivos.
¿Qué entenderá musicalmente por “forma” el ilustre esteta?. . . Dice él:
“Cuando una forma popular es realmente estética a los ojos de su público, se
percibe muy frecuentemente ( le plus souvent) siempre que podamos rastrear su
origen, que lejos de ser una producción local espontánea no pasa de ser la
supervivencia de una forma de arte erudita, caída en desuso en su medio
originario”. Pues bien, ¿con qué ejemplos va a probar de inmediato lo que
afirma? Con ejemplos, no de formas, sino de piezas. Más aún: con ejemplos no
siempre probados, sino presupuestos como tales por él. Habiendo hablado de
“formas”, ahora Lalo habla de canciones individualizadas, de “melodías”, de
“arias”. Y si no todas, debe reconocerse que “muchas de nuestras áreas más
populares provienen de antiguos estribillos de las óperas favoritas del siglo X
V I I I ". Eso le basta a Lalo para considerar, basándose en esas muchas
que están lejos de ser la totalidad, que también las canciones francesas más
tradi cionales, como “L’Homme Armé” *, deben ser “todas” (es lo que se infiere
de su forma da argumentar) melodías eruditas que se popularizaron. Y
recuerda, por lo demás, la canción “Au Clair de la Lune” * que según él es de
Lulli. . . Podría citar, si quisiese, infinidad de otras; yo también cité
varias modinhas así, y podría llegar hasta el jazz-band popu-lachero de
nuestros días y la m archinha carioca. ¿Acaso Koch Grünberg no fue a encontrar
el himno nacional holandés entre los indios del extremo norte amazónico?. . .
¿Pero qué tiene que ver eso con las “formas”? Forma, en música, es un
esquema sobre el cual se construyen las piezas individualizadas. ¡Lalo va a
probar la desnivelación de lo que llama “formas” y nos cita piezas! Pero
enseguida verifica que “Lulli, Chopin y otros, hicieron formas de arte de dos
danzas populares: el menuet y el vals”. Reconoce que la suite sinfónica, de
donde surgieron la sonata y la sinfonía, está formada por varias danzas
populares. Pero se pregunta de dónde venían estas “cos tumbres” regionales y
repite casi textualmente el fragmento ya citado de la “Esthétique”. Pero lo
afirma sin dar un solo ejemplo musical de forma. Cita a Spencer en una
hipótesis y en dos ejemplos verdaderos de muebles provincianos y motivos de
decoración escandinavos. Cita tam bién cuentos y leyendas que sólo sirven para
probar lo que ya dije sobre las imposiciones “clasistas” de pagés y sobas. Cita
a Gillet a propósito de la imprenta de Epinal (¿pero puede considerarse a
Epinal, desde un punto de vista científico, como un hecho folklórico?) y a
D’Ancona sobre la poesía popular.
Da un solo ejemplo musical más, relativamente legítimo y que sólo prueba
la rareza del fenómeno en la música: los viejos “Noels” franceses. Es lo mismo
que, por lo demás, ocurre entre nosotros con las “Pastora les” (Ver el número
de Cruzeiro de la Navidad de 1940), con los villan cicos portugueses, y la
mayoría de los cantos de Navidad de todos los pueblos europeos. Son piezas
religiosas eruditas impuestas al pueblo por la clase eclesiástica — piezas
reconocidas como de autor, y que, como piezas, casi nunca logran popularizarse
folklóricamente. Como ocurre con todo lo que es populachero pero no exactamente
popular. No niego que existan “Noels”, de todos los países, que se
folklorizaron, pero son más raros.
así termina el párrafo de
Charles Lalo al que nos remite el profesor Roger Bastide. No creo descalificada
mi afirmación por lo que dijo el ilustre esteta francés, y volveré en el
próximo artículo a dar mis pruebas de ello.
Por lo demás, cualquier hipótesis posibilita siempre el surgimiento de
otra. Si Lalo considera que cada forma popular es probablemente una forma
erudita anterior que sobrevivió en el seno del pueblo, pero reconoce que
después los eruditos fueron a buscarla de nuevo en el seno del pue
blo, ¿por qué no proseguir la cadena de hipótesis y no preguntarse si
aquella forma erudita popularizada no habrá sido, inicialmente, otra forma
popular que ascendió de nivel?. . . Hay una sola manera de terminar con
semejante cadena de hipótesis: basarse en pruebas reales. Eso es lo que
intentaré en el próximo artículo.
Diarios Associados, 28-1-1941.
LA DESNIVELACION DE LA MODINHA100
C U A N D O D I J E que era un hecho “absolutamente infrecuente” el que
la m odinha haya pasado del salón al pueblo, para terminar tomando en éste las
características tradicionales de la canción lírica brasileña, no tuve la
intención primordial de considerar la m odinha como valor folklórico. El
problema es mucho más delicado. De igual forma que el “Noel” y nuestro
pastoral, aunque con muchísima más necesidad y nacionalidad que éste, la m
odinha, especialmente la urbana, perseveró e incluso hasta conocemos los
autores de las más populares. La m odinha jamás llegó a ser natural mente
inculta y analfabeta, a tal punto es así que la canción lírica rural, con los
principales requisitos del material folklórico, es la tonada y no la m odinha.
Si bien es cierto que esta forma erudita que se popularizó llegó a
desnivelarse, no alcanzó nunca, sin embargo, aquellos caracteres de formulario
constructivo, de tradicionalización, de inconsciencia y anoni mato propios de
la cosa folklórica.
Pese a ello, sigo considerando la desnivelación de la m odinha como un
hecho rarísimo en música. Si recorremos la evolución musical histó rica, a la
única certeza definitiva a la que llegaremos es a esa verdad general,
reconocida preliminarmente por Lalo, que dice “que uno de los hechos más
generales de la evolución estética es el pasaje de un género inferior a un
nivel superior del arte culto”.
Sería hasta fastidioso enumerar los ejemplos históricos que lo demues
tran. Pero recordaré algunos que me parecen especialmente decisivos y capaces
de reavivar la memoria del lector. Un primer y muy importante ascenso de nivel
es la demostración brindada por Machabey en la “His-toire et Evolution des
Formules Musicales” (Payot, 1928) *, acerca de la introducción de antiguas
fórmulas melódicas de los bardos rapsodas en la cantinela erudita de la
liturgia cristiana. Ya en los albores e incluso en el esplendor de la polifonía
católica, veremos siempre, como proceso
* En francés en el original (N . del T .).
sistemático de creación, que los compositores toman una canción popular
como base de sus lucubraciones contrapuntísticas. El propio Lalo cita ese
hecho, tan sólo presumiendo y sin demostrarlo, que esas canciones habían sido
inicialmente creadas por compositores eruditos.
Este proceso que, como vemos, es inicial en la música artística del
cristianismo, terminará convirtiéndose, en el seno de la cultura musical, en un
tradicional principio sistemático. En el movimiento religioso de la región de
Umbría, en el movimiento luterano, en la catequesis amerindia podemos reconocer
la presencia de curas y artistas que recogieron melodías del pueblo y le
sustituyeron el texto profano por otro religioso, para lograr así el desarrollo
y el dominio de ese mismo pueblo.
esta es una historia que no
termina nunca. La siciliana es elevada por Haendel al rango de área dramática.
El w áh xr * se perfecciona en manos de Haydn, Mozart, Beethoven y Chopin,
quien además eleva al piano virtuosístico la mazurka y la polonesa. Y ya ahora
nos estamos ocu pando exactamente de formas, con sus esquemas constructivos
específicos y no sólo de melodías individualizadas.
Un ejemplo muy digno de ser estudiado es el de la evolución del “lied”
erudito. Schubert no aprovecha las melodías populares sino que basándose en las
formas y pequeñas fórmulas rítmico-melódicas alemanas, inventa libremente. Pero
todavía está muy cerca del pueblo y su “forma” muchas veces es sencilla como la
del pueblo. Sólo más tarde Schumann y Brahms pueden proseguir esa elevación de
nivel, dando un paso más hacia la erudición, confiriéndole a la frase,
individualmente considerada, mayor elasticidad, sistematizando el
acompañamiento de expresión libre mente artística, variando con mayor riqueza
la forma donde ya muchas veces resulta invisible la primaria fuente popular.
Lo mismo ocurrió durante la revuelta nacionalista de muchos países
contra el predominio de las escuelas italiana, alemana y francesa. El pri mer
paso siempre consistió en que los compositores se sirviesen tanto de “melodías”
como de “formas”, melodías como el “Vem cá Vitú” **, y “Tatú Marambá” ***,
formas como samba y catereté **** . Sólo las gene raciones siguientes crearon
con más libertad, sirviéndose principalmente de fórmulas, de pequeños elementos
rítmicos, melódicos, armónicos, poli fónicos, de timbre, a los que
nacionalizaban, despojándolos del exceso de populismo. La evolución que va de
un Glinka a Prokofiev, pasando por un Mussorgsky; la que va de un Albéniz a
Hallfter, pasando por Manuel de Falla; es la misma que, iniciándose con un
Nepomuceno,
Sic, en el original (N . del
T .).
Literalmente podría decirse
“Ven aquí, Vitú” pero en este caso, como en las dos notas que siguen, la
traducción no aporta ninguna clarificación (N . d elT .).
Ver nota anterior.
El catereté es una danza
rural cantada cuyo nombre es de origen tupí, pero que, coreográficamente, se
muestra mucho más influenciada por los procesos de dan za africana (N . del T
.).
pasa por un Gallet y un Villa-Lobos hasta alcanzar a un Camargo
Guarnieri.
Todos estos son ejemplos que la historia corrobora, más allá de toda
hipótesis y toda conjetura y que, al no ser gratuitos, caen en aquella verdad
preliminar, sin mérito exactamente folklórico, según la cual todo es imposición
del fuerte al débil.
Pero hay más. Yo prometí comentar, en el artículo anterior, un párrafo
de Lalo, que me parece uno de los más discutibles. Dice él: “No hay duda de que
existen necesariamente formas espontáneas y directas de expresión a través del
canto, el dibujo, la crónica, ya que hay todo un ‘lenguaje natural’ de nuestros
estados afectivos. Pero estas formas tienen un carácter más individual que
colectivo. Ellas no llevan estampado ese sello social que hace que se las
respete y consagre como un ideal común. Si no llegan a inscribirse en el
repertorio más vivo de las tradiciones acatadas, esas manifestaciones simplonas
están condenadas a seguir siendo individuales, o sea, a no existir para el
arte”.
No alcanzo a comprender exactamente lo que Lalo quiso decir. No hay duda
de que cualquier manifestación inicial de un estado afectivo es individual,
pero se convierte inmediatamente en verdad colectiva por que es instintiva y
reconocida por todos los individuos. Podrá no ser todavía un hecho social, tal
como no lo es el miedo aun siendo espon táneo y provocando las mismas
reacciones generales en todos los indivi duos. Pero el miedo inmediatamente se
vuelve social al inducir a la ve neración de lo ancestral, del tótem, del
“daimon”, el rito y el culto.
Existen, en efecto, “formas y procesos espontáneos y directos de ex
presión” musical correspondientes a nuestros estados y necesidades
psico-físicas. Pero estas formas y procesos se colectivizan necesariamente por
pertenecer a la totalidad del grupo. Veamos. El canto es el proceso más
espontáneo de manifestación musical; aunque sin pruebas decisivas, al gunos
autores pretendan que el instrumento haya aparecido antes que él. Ahora bien,
en la evolución erudita de la música del cristianismo, el fenómeno se refleja y
vemos que, primero surge el canto solo; los ins trumentos acompañantes se
suman a él más tarde, y recién después de catorce siglos fue cuando se ensayó
exclusivamente la música instrumental. ¿Pero quién supo alguna vez de un único
ejemplo folklórico de procesos instrumentales puros que se trasladaran de la
música erudita a las cos tumbres populares?
Hay modos de cantar espontáneos que aparecen en las masas de cualquier
civilización, incluso en las primitivas. Tal es el caso, por ejem plo, del
canto a dos o tres voces paralelas, formando acordes de quinta y octava
(primeros armónicos) e incluso de terceras y sextas. Cuando la polifonía da sus
primeros pasos en Europa, son estos mismos procesos de polifonización los que
aparecen y sólo mucho más tarde evolucionan hacia los procesos de contrapunto
por movimiento contrario. Asimismo, la sus tentación de un sonido básico,
mientras una melodía se desplaza oblicua
mente hacia él en otra voz, es también algo instintivo. Pues bien: esto
es lo que formará el “pedal armónico” de la armonía erudita. Una vez más se
comprueba el ascenso de nivel. Pero nadie conoció jamás un único ejemplo de
procesos eruditos empleados en la polifonización, tales como el descante * en
motu contrario, liberación del “unctus contra punctum” el fugato, que se hayan
popularizado en alguna “provincia lejana” . . .
Además de los procesos, hay elementos formales e incluso formas per
fectamente definidas que son espontáneos e instintivos, y que se han verificado
tanto en Europa como en Asia, Africa y América. Es el caso del principio del
rondó, el principio de la estrofa y estribillo, el de la variación, el de la
serie (suite) de piezas encadenadas para alargar. Todos estos principios fueron
recogidos por la música erudita y en ella se estra tificaron en formas fijas
de esquemas obligatorios. Hay también formas que hasta donde ha sido capaz de
llegar la investigación histórica, no sabemos sino que son populares como la
infinita mayoría de las danzas, la canción estrófica con estribillo fijo, tal
vez, incluso, la pieza con “stretto” final. Todas ellas fueron luego objeto de
tratamiento erudito. Pero ¿qué principios formalistas y formas comprobadamente
eruditas como la fuga, el allegro de sonata, la combinación estética de
movimientos lentos y rápidos, la modulación bitemática, el aria da capo, qué
“noctur no”, qué sonata, qué misa de la música erudita se popularizaron y se
hicieron folklóricos por desnivelación y empobrecimiento? Ninguna.
Reconozco lealmente que dentro de las otras artes parece frecuente la
ley de la desnivelación estética. ¿Cómo explicar la excepción de la mú sica?
Esto es tema de estudio que aún no realicé y que son superiores a mis fuerzas.
Tal vez la causa consista en que la música es la más “in consciente” de las
artes. El pueblo frecuentemente adopta una “melodía” erudita, pero no logra
sorprenderle la forma ni las fórmulas, y convertirla en una constancia
esquemática de creación. Ocurre más bien lo contrario. Ya brindé en el “Ensayo”
una melodía de Guaraní recogida en Paraná y convertida en tonada 101. En el
Nordeste sorprendí el fox-trot “that is my Baby” convertido en un coco 102.
Ya en las artes visuales, la forma se confunde con la pieza y el pueblo
tanto copia (que es lo mismo que memorizar la melodía erudita) como imita (que
es sorprender, formar y formular), porque la visión controla inconscientemente
la imitación. Por lo demás, lo usual es que el pueblo permanezca en el nivel de
la copia (memorizar) y no se arriesgue a la imitación (crear) del erudito:
incapaz de moverse dentro de un estilo erudito, pero fácilmente capaz de
repetir las piezas de un determinado estilo. Nuestro santeiro * * folklórico
aunque sólo encuentre y vea en los templos una imaginería barroca, siempre que
imite sin copiar, cae fatal mente en la rigidez de líneas, mucho más “gótico”
que barroco. Pues bien,
Cantiga popular (N . del T
.).
Así se llama el escultor
popular del interior del Brasil, devoto de las imá genes religiosas (N . delT
.).
el sonido musical, las melodías, no se reducen a datos de la
inteligencia consciente como los de la visión; más bien, son incomprensibles.
Tanto es así que la música instrumental melódica rara vez es empleada por los
primitivos y el pueblo, quienes necesitan concientizar la melodía por me dio
del canto con palabras. Pero, en realidad, lo que llega a ser concien-tizado es
el texto y no la melodía. Y como ésta no ha llegado a hacerse consciente, su
forma tampoco llega a serlo. El pueblo memoriza una me lodía erudita. Pero no
la puede imitar. En las artes musicales, la forma no se confunde con la pieza
individualizada y hay que retirar aquélla de ésta mediante un proceso de
crítica y de síntesis que no sólo exige un alto grado de conciencia sino que,
por eso mismo, transporta al individuo a un nivel ya muy elevado de erudición.
Y entonces ya no hay más “pueblo”.
Diarios Associados, 6-2-1941.
SANTO TOMAS Y EL CAIMAN103
( 1929)
SI E M P R E recuerdo que uno de los momentos más espirituales de mi
vida fue presenciar el almuerzo de un enorme caimán. Qué tarascón angelical que
dio. . .
Fue en el museo Goeldi104, un día de mayo, hace dos años. El mons
truoso caimán, inmóvil, observándonos semidormido. El guardián arrojó el pato a
medio metro sobre el agua, el caimán sólo hizo ¡ñoc! Abocadeó el pato y se
hundió en el estanque. Uno podía ver perfectamente en el agua transparente el
pato cruzado en la bocaza verde. Ni el caimán ni el pato se movían. No hubo
efusión de sangre, no hubo gritos ni ferocidad. Fue un simple ñoc “y el
espíritu de Dios volvió a moverse sobre la su perficie de las aguas”, como en
el eco maravilloso de Manuel Bandeira.
¡Ah! aquel tarascón del caimán me sumió en un estado de religiosidad muy
serio. Juro que sentí a Dios en el tarascón del caimán. ¡Qué rapidez! ¡Qué
eternidad inconmensurable en el gesto! y sobre todo ¡qué imposibi lidad de
fallar! No cualquiera acierta un tarascón de esos y, de hecho, ahí estaba el
pato sin un grito, sin sangre, creo que sin sufrimiento, en la boca del caimán.
Un gran susto y un desmayo del cual había pasado a la muerte sin darse cuenta;
y de la muerte a la barriga del caimán.
el monstruo tan quieto, con
los ojos dulces, largo y puro, con ese aire angelical. Que nadie se imagine que
llego al punto de poblar los pagos celestes con caimanes alados. No es una
cuestión de parecido, es una cuestión de “aire”: el caimán tenía un aire de
ángel. Percibí en el ñoc, invisible de tan rápido, aquel conocimiento
inmediato, aquella intelección metafísica, atribuida a los ángeles por Santo
Tomás. Ah, los seres inteli gentes, la superioridad de los irracionales sobre
los humanos, consiste en esa integridad absolutamente angeliforme de su
conocimiento. Decirlo es fácil: el caimán intuyó al pato y por instinto se lo
comió. Está bien, pero nosotros seccionamos en nosotros mismos la sensación, la
abstracción, la razón y en seguida la voluntad que desea o no desea y
finalmente actúa.
Nos falta esa inmediatez absoluta que tiene el caimán y que lo vuelve
angelical. El animal, si así puede decírsele, se ubicó fuera del tiempo con
aquel ñoc temible. Ver el pato, saber que era pato, desear el pato, abo cadear
el pato, fue todo uno. Su gesto ni siquiera fue un reflejo, fue en verdad una
concomitancia y formó parte del conocimiento. Fue por eso que yo percibí el
aire de ángel del caimán.
Pasó un cuarto de hora así. Entonces, con dos o tres movimientos
violentos y seguidos, el caimán acomodó la comida para iniciar el almuerzo. El
agua se enrojeció un poco, era sangre. Eso fue lo que me hizo volver de aquel
sentimiento de divinidad a que me había llevado el tarascón del monstruo. Sentí
necesidad de acomodarme yo también dentro de lo real y como estaba en el museo
Goeldi fui a examinar la cerámica ma-rajoara 105.
Nuestra venganza consiste en saber que el caimán, con su intuición
extemporánea, no gozó nada. Unicamente cuando el agua empezó a enro jecerse es
posible que haya sentido el gusto de la comida y haya gozado. Gozó al pato.
Gozó al pato de la misma forma que uno abre los ojos y contempla las sobras
coloridas de los potes de pintura. Uno exclama: “Qué hermosura!” con la misma
fatalidad con que el caimán. . . supo “es pato” y ñoc. Sin embargo, no de la
misma forma. Nuestra lentitud humana posibilitó la abstracción dentro del
tiempo y permitió designar la hermosura de la cerámica marajoara. El caimán
jamás gozará un pato en esta vida. Lo que para nosotros es Verdad para él nunca
será otra cosa que Esencialidad. A él le falta el principio de contradicción y
por eso los caimanes serán eternamente y fatalmente. . . panteístas. Sólo en
nosotros el gusto de la sangre se deja sentir en la lengua. Y la vida empieza
entonces a ser gozada.
EL MEJOR MUSICO106
(20-V-1943)
VA C I L É bastante en aceptar estas columnas de crónica musical en la
Folha da Manha *. Dos razones principales me inducían, incluso limi tado como
estoy ahora al arte de la música, a no querer romper el silencio que hace dos
meses me borró de los periódicos de mi país. No tengo motivo alguno de queja
contra los diarios brasileños, que quede claro. Al contrario, tomando en cuenta
lo que soy, me asombra la acogida que siempre recibí. Tanto me asombra que en
aquella ocasión en que tuve que elegir, entre mis siete instrumentos, el que me
diese un carnet pro fesional en esta endiablada patria, elegí el periodismo.
En todo los diarios por los que pasé y en los que todavía estoy, siempre
encontré una actitud liberal; no puedo, en consecuencia, sino estarle agradecido
a cada una de las redacciones donde me batí. Los motivos que me llevaron a este
mutismo de un año fueron dudas personales, angustias, desesperaciones propias
de esta hora terrible para los hombres de paz. Pero terminé con venciéndome de
mi error. No debe haber, en este momento, hombres de paz.
Pero de las dos razones que me hacían dudar en aceptar esta columna
musical, la primera, personalmente muy fuerte, es la que se refiere a mis. . .
sí, a mis cabellos blancos. Se resolvió en este mundo que los calvos no pueden
aludir a sus cabellos blancos. . . Al fin de cuentas son rarísimas las
calvicies absolutas, esas que se ajustan con la adherencia reptil de la peluca,
esas, en suma, a las que Platón consideraría, ejemplos arquetípicos de “la
calvicie universal”. Sucede que, en la mayoría de los casos, las calvas suelen
estar enmarcadas por felices cabellitos, unos dis cretos, otros impertinentes,
que obedecen al mismo destino banal de fatigarse y blanquearse, exactamente
igual que los de los demás bípedos cabelludos. Los míos encanecieron así. Mucha
lucha y mucho trabajo
“Diario de la Mañana” uno de
los periódicos de mayor difusión en SSo Paulo. (N . del T .).
los blanqueó, y a ellos me refiero por ese motivo. Es que me siento
fati gado como ellos, y ya no tengo la intención de bracear, luchar ni lasti
marme en el dominio de la crítica profesional.
Sin embargo, estoy convencido que nunca como ahora necesitamos tanto una
verdadera crítica profesional en el Brasil. Todas nuestras artes están pasando
con rapidez del plano aficionado, cuando mucho del pro fesionalismo
intermitente, al profesionalismo legítimo y cotidiano. Y a un arte profesional
tiene que corresponderle una crítica profesional, cuyo mérito más importante,
por el momento, es el de darle a ese arte la conciencia de su profesionalismo.
Entre sus muchos valores, creo que el valor más grande y moralmente más alto de
Sergio Milliet respecto a nuestras artes plásticas es justamente ese. El
malestar casi agónico que produjo y aún produce en nuestra pintura, fue el de
haber exhibido ante los artistas una forma de crítica que no renunciaba a hacer
de sus juicios una batalla de flores para convertirlas, verticalmente, en una
pro fesión.
Pues bien, yo confieso que mis fatigados cabellos blancos van tendiendo
poco a poco hacia la batalla de flores. Pero llegado yo a este punto me
advirtieron que el rincón que me ofrecían en el diario no era el de la crítica
profesional, pues ésta ya había sido entregada a manos elegidas. Mi mundo
musical quedaba “del otro lado de allá”, como dice la can ción popular. Y en
ese mundo yo podía hacer las digresiones y desen cadenar las batallas de
flores que se me antojaran. Porque existe, amigos, una batalla de flores que es
muchas veces más libre y más reveladora que la justicia irreductible de la
crítica profesional. Es la que un gran ensayista portugués, Osório de Oliveira,
llamó “crítica apologética”. Es la crítica que hacemos de los amigos admirados,
el análisis que prelimi narmente se libera de las insidias de la incomprensión
y de las enemis tades, porque florece sobre raíces envejecidas en el
conocimiento y en el amor.
La segunda razón que me llevaba a dudar, será todavía más grave, y tiene
que ver con los hombres de paz. Vivimos un tiempo de guerra, decisivo para la
humanidad, y toda nuestra existencia debe adaptarse a la guerra. Pues bien ¿en
estos tiempos de guerra, habrá lugar para las artes de la paz? ¿Habrá lugar
para una Venus pintada, para una novela psicológica, para un recital de piano?.
. . La respuesta sólo puede ser rotunda: todo eso es la terapéutica misma de la
guerra, es la guerra contra la guerra de nervios, es ensalmo para el
combatiente exhausto. Hay un lugar necesario para las artes en los países en
guerra, y Brasil también está en guerra. Pero lo que me preocupa mucho es
advertir que numerosos brasileños se niegan a aceptar y comprender “nuestra”
guerra, así como también nos inquietan esos otros, más numerosos todavía, que
se diluyen en la neblina de una inconsciencia total. ¿Merecen alguna especie de
arte, esos infelices? ¿No estarán ellos haciendo de las artes un pretexto más
para la incomprensión y la inconsciencia?. . .
Sé que debe haber una armonía en el ser humano que le permite, en
tiempos como los que corren, escuchar libremente el violín Geminiani o el
clavicordio todavía más gratuito de Haydn, sin sentirse en la obligación de
condenarlos. Ni siquiera habrá obligación de transportarlos hacia los intereses
de estas nuestras guerras contra todas las prepoten cias en general. Existen
por ahí, es cierto, los diletantes, los quinta columnistas, los que desde la
sombra se dedican a confundirlo todo. Pero, por otro lado, teniendo por delante
dos meses de crónicas, tengo el deber de fijar mi mundo, impidiendo cualquier
confusión entre esos indignos y los días en que mi tema libre será solamente el
reposo de un espíritu fatigado.
fue llevado por esta
necesidad de caracterizarme de inmediato que pensé en esta primera crónica, en
presentar a quienes me lean, el músico a quien yo considero como el más sublime
del mundo moderno, el más digno de ser admirado y seguido. Es un caso en el que
las inde cisiones de la elección no existen para mí. El arte es un elemento de
vida, no de supervivencia, ya lo dije. Los artistas no existen para volverse
ricos o célebres, sino para auxiliar en el ejercicio de la vida, con sus
definiciones y enjuiciamientos; y mi convicción, mi entusiasmo apasio nado, no
titubea un segundo en estampar en esta hoja el nombre de Nyi Erh. Pocos de
nosotros conocerán a este gran chino. Yo mismo no tengo de él el conocimiento
que desearía tener. Apenas, gracias al “Music Educators Jornal”, le canto un
himno y la vida.
Nyi Erh (y la comparación de mal gusto con nuestro Carlos Gomes se
impone), un día huyó de la casa de sus padres. Mucho más feliz que el
brasileño, sin embargo, no encontró en su camino un mandarín bordado que lo
enviase a estudiar ópera a Italia. Chinito de Yunam, muy pronto se unió a una
banda de cantantes ambulantes, a los que acompañó como pudo arañando su violín.
Y así vive, vive en la marejada de los puertos, vive entre el sudor de los
obreros urbanos, o entre los plantadores de arroz y té, conoce a todos los
hombres de aire libre. Entre ellos, trabajando con ellos, dándoles más alma con
su violín arañado, Nyi Erh se impregna del canto de su tierra natal.
Dentro del espíritu de esta melodía milenaria de su pueblo, él también
empieza a cantar. Nyi Erh sabe poca música, aprendió por arriba su arte menor.
Pero sus canciones humanísimas se popularizaron con absur da rapidez, la
“Canción de los Estibadores”, la de los “Pescadores” y el “Canto de los
constructores de caminos”. No hay quien no las conozca y no las cante, entre
aquellos que necesitan cantar.
Pero el canto preferido por todos, el que Nyi Erh compusiera llevado por
la preocupación más grande de su vida, es el “Chee-Lai”, “¡Levan taos!”,
inventado por el odio al japonés opresor. “¡Levantaos!” él vocife raba, con
los ojos desbordados por lágrimas de indignación. “¡Levantaos, si acaso os
negáis, como yo, a ser esclavos encadenados!” . . . Y la China entera se alzó
al grito de “Chee-Lai”. También había traidores a sus espal
das, ¡pero a millones, a millares, los chinos cantaban “Chee-Lai”! Y
hasta el valiente Chiang-Kai-shek terminó reconociéndolo, gracias a Dios.
Lo sublime ocurrió cuando los japoneses asaltaron las grandes ciuda des
del litoral. Ahí estaban las universidades chinas, que después fueron
destruidas. Pero el canto fue siempre el mismo entre maestros y estu diantes,
¡Chee-Lai! Y resolvieron trasladar las universidades chinas a los confines
inalcanzables del interior. Trenes y vías fueron destruidos. No había
automóviles, no había más camiones, no había ningún tipo de trans porte. Pues
entonces trasladaremos nuestros libros y nuestros aparatos a hombro de profesor
y de estudiante. Tan sólo unas camillas improvisa das cargadas por “coolies”
de filosofía, medicina o letras, permitieron transportar los aparatos más
pesados.
fue la más inédita, la más
prodigiosa retirada del saber de que se tiene noticia en toda la historia del
hombre. Las clases no dejaron de
dictarse. Cuando un bosquecillo ofrecía su sombra, cuando la fatiga de
un día vencido paso a paso abría la paz de la noche, allá estaba un profesor
interpretando a Lao-Tsé y un grupo de estudiantes descifrando a Shakespeare. De
vez en cuando un cuervo japonés graznaba en las nubes, bajaba en un segundo,
huía de inmediato porque aquellos reti rantes * esqueléticos sólo le sabían
responder con frases morales de Con-fucio y la indiferencia de Rikiú. La muerte
alternaba con sus pruebas. Otros tres estudiantes de Derecho agonizaban,
siempre los más osados, había muerto el pequeño estudiante de dialectología
portuguesa, se había ido el profesor de Química ¡Chee-Lai! ¡Chee-Lai!. . .
cantaban. El himno de Nyi Erh surgía en los corazones, estallaba en las bocas
llorosas. Y las universidades se retiraron lentamente hacia los confines de
China, movidas por el canto de Nyi Erh.
¿Nyi Erh?. . . El ya había muerto mucho antes, asesinado por los
japoneses. Un día se dio cuenta de la responsabilidad que le incumbía ahora y
se disgustó consigo mismo. No cabía duda que él había puesto su canto al
servicio de la construcción de China, todo su esfuerzo había estado dedicado a
la consagración de los primeros corales patrióticos, pero nada de esto, ni la
grandeza del mensaje, ni el arte vivo que prac ticaba, justificaban su falta
de técnica. Necesitaba estudiar ¿pero dónde? En China no contaba con lo que
necesitaba y no serían los Estados Unidos, repletos de dinero, ni tampoco
Europa quienes lo aceptarían a él, mendigo, y a su violín. Había un único
camino posible: el Japón.
Nyi Erh reunió a sus amigos y les comunicó lo que había decidido. Sí, él
bien sabía que estaba en la lista negra y que lo más probable era que lo
mataran. Pero prefería la muerte a perpetuarse en la deshonesti dad de la
ignorancia, frente a los compromisos que había asumido con su patria. Llamó a
su amigo más querido, Liú Liang-Mo, le dio las reco mendaciones finales y
partió hacia Japón en junio de 1933. Era joven-
Retirantes se llama en
Brasil a los campesinos que abandonan las regiones donde hay sequías muy
prolongadas (N . d elT .).
cito todavía, tenía 23 años. No pasó un raes desde entonces y ya estaba
muerto. “Ahogado” dictaminó la policía japonesa oficialmente, después de
examinar un cadáver sangriento.
Nyi Erh es el más grande de los músicos de nuestro tiempo. El supo
comprender que en ciertos momentos decisivos de la vida, el arte, volun
tariamente, debe servir. La recomendación de Nyi Erh posibilitó la apa rición
en China de centenares de corales patrióticos. Nyi Erh contribuyó como nadie al
levantamiento de su pueblo. En su país no hay quien ignore el “Chee-Lai”, que
se convirtió en el himno nacional del millón de gue rrilleros chinos. Nyi Erh
es el más grande de los músicos de nuestro tiempo.
CASTRO ALVES107
R E A L M E N T E es ingrata la tarea que me impusieron: estudiar a
Castro Alves 108 en relación a nuestro tiempo. Otra cosa, por lo demás, no
podría ser una revisión de valores. Conferirle a un artista identidad eterna
será mera presunción nuestra, pues lo que vale para las tendencias y aspira
ciones de una época muchas veces se convierte en defecto para las de otra. En
cuanto a buscar en los artistas lo que en ellos hay de perma nente, sería algo
que también induciría a error, pero ya la presunción no sería propiamente
nuestra sino de Castro Alves. Hay, yo no lo dudo, algo eterno en los grandes
genios humanos. Pero si en Goethe, en Cer vantes o en Shakespeare podemos
buscar siempre esos valores perennes, e incluso, hasta cierto punto, en la
versatilidad tan misteriosa de su genio, es decir en aquellas diferencias que
permiten que una vez sirvan como clásicos, otra como románticos, alguna vez
como esto y otra como aquéllo y a todas las épocas sean útiles, no podemos, sin
embargo, ir más allá, y ni siquiera de un Racine cabe afirmar que presenta esa
potencialidad sobrenatural de valor.
Releo a Castro Alves cuidadosamente. Lo releo con amor y hasta con
patriotismo. Confieso, ante todo, que me fatiga mucho ahora, en este año de
1939, ya a esta altura de mi vida, ya de retorno hacia el silencio final. No,
sin lugar a dudas sería fruto de un exceso de sentimiento de idea prágmatica
pretender elevarlo a la altura de los genios verdaderos.
Sin embargo, la propia revisión de Castro Alves en relación a los idea
les y tendencias de nuestro tiempo, me produce una intensa inquietud. En este
momento, mi espíritu fatigado necesita paz, y no haré nada para atraer contra
mí la cólera y los insultos de los “dueños” de Castro Alves. . . Los dueños de
los temas en países de escasas o mediocres letras como Brasil, son personajes
siniestros. Se produce necesariamente, en la soledad de ideas del desierto, una
posesión mutua entre tales dueños y sus temas, de forma que no sólo son los
dueños quienes se apropian de
sus temas, sino éstos, místicamente, de sus dueños. El resultado es un
compromiso, sumamente conmovedor e idílico desde el punto de vista pastoril,
pero deplorable para la urbanidad natural de la inteligencia. Los dueños se
convierten en verdaderos esclavos de sus temas, se creen en la obligación, no
sé si moral o exclusivamente idílicas de ser fieles a los juicios ya
pronunciados, creen que contradecirse es un defecto y no hay cómo arrancarles
una sola luz más. Así, apenas al pasar, discreta mente y sin la menor
insistencia, yo aludo a la posibilidad de que se considere que Brasil ha
producido ya otros poetas tan grandes como Castro Al ves.
Que éste, sin ser lo que se dice un genio, haya sido genial, es algo
indiscutible. Sólo que tengo la impresión muy firme de que fue un genial muy
imprudente. Hay a lo largo de toda su obra poética fulguraciones brillantes,
adhesiones sublimes y algunas anticipaciones curiosísimas. Pero dentro de ese
tumulto candente se pierde el equilibrio, se busca en vano una tierra firme de
mayor gravedad, como la paciencia por ejemplo, o la cultura. Lo que ocurre es
que Castro Alves se conservó imprudente mente al lado de las cualidades —
diría yo, florales del genio— no entre gándose — capitalísticamente— al
trabajo de excavar en las huertas más nutritivas.
Ya sea en el amor, ya sea en la lucha por los esclavos, su dialéctica es
exactamente una dialéctica de casta y un opio para el pueblo. Opio que, en este
caso, era el abuso muy barroco del deslumbramiento. Es cierto que alzó
multitudes. Pero en el teatro, lo cual es sintomático. Inmerso en el amor a su
opio, ignorado desde hace mucho entre nosotros, era una sensualidad
perfectamente sexuada y radiante. Castro Alves es realmente quien abre en la
literatura brasileña el tipo del celibatario de todos los amores. Porque aun
cuando sexuado como dijimos y tan radiante, en eso de los amores él se
distingue virilmente, tanto de Gregorio de Matos 109 como del amor de perro
apaleado de Gonzaga 110. En Gregorio de Matos, el amor se convierte en un goce
momentáneo de farrista, que sólo tiene de notable el hecho de que no necesita
ser nocturno. Castro Alves ama a diversas señoras; las canta a todas y a todas
las sobrevalora poéticamente. Pero también las ama con una sin ceridad de
amor, que no sólo es gozo sensual. Todos sus amores, son amores eternos. Canta
y, sin querer, predica una pansexualidad reco nocida y aceptada. Esta es una
vertiente por donde lo siento extrema damente simpático; me refiero a esa
conquista del derecho de amar, variada y siempre sinceramente. En este sentido,
puede decirse que Castro Alves fue entre nosotros el primer propagandista del
divorcio.
Pero no tiene la menor dosis de malicia. La malicia, aquella verde
malicia que el diablo familiar de Alvares de Azevedo X11, que lo convirtió en
un resentido absoluto, un investigador sin tregua, un bailarín de las sutilezas
y las distinciones minuciosas, y sobre todo en la personalidad más hambrienta
de inteligencia y cultura entre nuestros románticos, de
esa malicia, Castro Alves ni siquiera supuso la existencia. Dentro de su
gloriosa insatisfacción social, dentro de sus magnificadas insatisfacciones
amorosas, Castro Alves es un ser satisfecho.
Cree en su propio genio y lo afirmó *. Cree en la doctrina que suscribe
y de las que se convierte en cantor incomparable. Cree en sus amores eternos
como en el valor eterno de sus versos. Es un ser satisfecho. Y aun, viéndolo
desde este ángulo, es una prolongación artística de la clase do minante.
Si en el amor su opio fue la sinceridad sin mentiras, en el orden de los
ideales sociales fue la piedad. Usó y abusó de la piedad. El esclavista no es
un defecto circunstancial de la sociedad, es un criminal feroz, un monstruo
vil. La igualdad humana no es una necesidad moral, es una conquista.
Castro Alves jamás exalta a los esclavos hasta ponerlos a su altura,
sino que desciende hasta sus hermanos inferiores. El Africa no es una grandeza
diferente, es una infelicidad. “Mis hermanas son bellas, son dichosas” dicen
las geniales Vozes de Africa, en un engaño prestidigita dor de la visión. . .
O mejor: en una mentira convencional impuesta por la piedad. . .
Castro Alves se conservó psicológica e intelectualmente a igual distan
cia de la aristocracia y del pueblo. Entre nosotros la única expresión de veras
aristocrática del arte fue Alvares de Azevedo. La expresión popu lar en un
artista culto es algo que no existe, y no me nombren a Grego rio de Matos
porque el alma endiablada de Gregorio de Matos no tenía la menor posibilidad de
serlo.
Castro Alves vivió en un país desprovisto en sentido propio de un pueblo
del cual él pudiese convertirse en expresión. Lo que realmente había, además de
la masa servil de los esclavos, era tan sólo una bur guesía de las ciudades
dándose las manos a través de la desértica espesura. Pueblo, pero sin la menor
conciencia de sí mismo, serían los mestizos. Y tal vez, buscando otro arte que
no el literario, encontraremos, un siglo antes, una legítima expresión culta (o
casi. . . ) del pueblo entre noso tros, en Antonio Francisco Lisboa, el
Aleijadinho. Todo en él, el realis mo, el expresionismo, la adaptación al
medio y a la tradición (por sí folklórica en Minas Gerais) de la técnica y de
la estética de la escultura y de la toréutica, se encuentra representada; y
éste fue el mestizo que Castro Alves no quiso ser, optando por el
aburguesamiento extremo. . .
Vate imprudente, afincándose con insistencia culposa en la parte flo
ral de la genialidad, Castro Alves perfuma y a veces ilumina. Es vivaz, es
locuaz, es admirablemente inventivo e imaginativo.
Pero no nos deja la menor promesa, porque le faltan por igual la
paciencia, la profundidad y la necesidad de cultivarse. El abandono de sus
estudios no le arranca el menor suspiro. Nada promete, no se advierte
en su obra la menor posibilidad de enriquecimientos futuros. Es un rea
lizado, como sutilmente lo destacó Andrade Muricy 112. Así, tuvo la feli cidad
de morir a tiempo, para no arrastrar a lo largo de los años una juventud
brillante, genialmente brillante e insatisfecha. Pero también in
satisfactoria.
Es habitual entre los críticos de mejor crítica el refinamiento de pre
ferir, en Castro Alves, el poeta amoroso al social. Creo que eso no es más que
un sucedáneo, una especie de máscara de la insatisfacción natu ral que nos
produce Castro Alves como poeta. Hoy día sólo los críticos jóvenes destacan lo
que hay de más notorio en su poesía: la preocupación social. Y, ante las
tendencias contemporáneas, es siempre en ese sentido que habremos de salvar al
joven. Es hermoso, es conmovedor, llega a ser sublime el enceguecimiento
apasionado con que Castro Alves se en tregó a una gran causa social tanto de
su tiempo, como del nuestro, la de los esclavos.
Importa verificar que él no fue apenas el “poeta de los esclavos”, aun
que sólo ahí se manifiesta con genialidad su adhesión a los problemas
colectivos. Castro Alves fue tendenciosamente un poeta social. Muchos problemas
despertaron en él la pasión de cantar. Y de cantar frecuente mente mal, con
vicios de Béranger y mucho de didáctico. No recuerdo quién dijo, creo que fue
el interesante Tito Livio de Castro113, que Castro Alves no había adherido a
ciertos hechos sociales de su tiempo menos arquetípicos como expresión de
altura moral, y que no había cantado, por ejemplo, la Guerra del Paraguay. No
es exactamente cierto, a mi entender. En un poema infeliz él saludó a los
jóvenes estudiantes, voluntarios de la guerra, exaltando en ellos su cambio de
actitud:
“Assirn sois vos!. . . Nem se pense
que o livro enfraquece a mao
troca-se a pena cont o sabré,
ontem -Numa. . . Hoje-Catao. . *
Bien se ve, a través de estos versos imprudentes, que Castro Alves no
tenía aquel comercio con los libros que debilitan completamente las manos. Más
que esas cuatro estancias (sólo cuatro, en un poeta generalmente alargador),
más que las seis a Maciel Pinheiro, amigo que se aprontaba a partir hacia el
frente de batalla, vale el caso curioso de la oda Pesadelo de Humaitá
(Pesadilla de Humaitá). En ella, el poeta se desgasta en todos los defectos de
la lírica guerrera. Pero (y he aquí por fin un misterio en quien está tan
desprovisto de ellos) relata Afránio Peixoto114, en la edición crítica, que el
original del poema trae al margen la indicación “no se publica”. Es cierto que
Castro Alves dijo los versos divulgados por el Diario de Rio de Janeiro, pero
no sólo no los quiso publicar, sino que además dejó la indicación, a todos los
indiscretos preciosos, de que tam
* ¡Así sois vosotros! . . . / Ni se piense / Que el libro debilita el
puño. / Se intercambian la pluma y el sable, / Ayer-Numa. . . Hoy-Catón. . . ”
(N . d elT .) .
poco publicasen el poema. ¿Qué motivo lo habrá inducido a realizar un
acto de tan noble justicia? ¿La infelicidad con que había tratado el tema? A mí
me parece que debe haber sido el tema. De cualquier forma es siempre cierto
que, pese a su envidiable facilidad para el verso, el desborde juvenil que lo
llevaba a apasionarse por los temas del día, esos tres poemas únicamente
prueban que Castro Alves permaneció, al menos en términos de acción, más o
menos distante de la guerra. E incluso la guerra francoprusiana no le
arrancaría más que aquel gesto de piedad por los desvalidos, en el “Meeting du
Comité du Pain”.
Cantó parcamente la guerra, cantó a Pedro Ivo, el Dos de Julio, a los
jesuítas, el Libro y la América, la limosna, a Napoleón y Víctor Hugo, y por
todas estas insistencias ya Castro Alves se caracteriza como poeta de
preocupaciones sociales.
Se podrá con dos o tres excepciones, decir que esas preocupaciones fue
ron esporádicas, sin ninguna consecuencia, y es cierto. Pero él tuvo la gloria
mayor de discernirlo, entregándose entero a la causa de los esclavos. Creó, en
relación a todos los demás poetas nacionales, el mejor pragma tismo. Sin
malicia, en una explosión sublime de fe, vivió la causa del siglo, la causa en
la que andábamos colocados bien atrás de tantos otros. No creo que la
liberación de los esclavos haya liberado a los esclavos, por supuesto. Ni que,
mucho menos aún, haya liberado a todos los esclavos de este mundo. No me
avergüenzo patrióticamente de que Brasil haya llegado tan atrasado en esa
carrera ochocentista de posibles liberaciones, a la lección del presente, y los
Chamberlains, los Daladiers, los Roosevelts y otros tenues, usurpan cualquier
ingenuidad que todavía pueda haber quedado flotando por ahí, en el intersticio
de mis pensamientos. Pero hay que enfatizar el grito de la inteligencia. Y es
únicamente bajo este as pecto que la extinción de la esclavitud fue un
progreso humano. Que Castro Alves haya dado su lira por esa causa me satisface,
me enorgullece y me exalta.
¡Y con qué geniales arrobos lo hizo! Cabe reconocer hasta la habilidad
con que el gran poeta usa todos los recursos intelectuales implícitos en la
poesía o deformadores de ella, para infundirnos piedad por el esclavo y asco
por la esclavitud. Ni siquiera se olvida, en un poema descriptivo notable, de
pintarnos el tipo capitalista del esclavista, en el más odioso de sus
pasatiempos, el tedio (O Sibarita R om ano). El sibarita romano y sus líricas
de mayor tersura nacional no iremos a encontrarlas en los versos
de amor (tal vez demasiado sentidos. . sino justamente en la vida de los
esclavos. Basta recordar la canción incluida en la Tragedia no lar (Tragedia en
el hogar), la lindísima Canqao do Violeiro (Canción del guitarrero), A cruz da
Estrada (La cruz del camino) y además el Lucas e a Tiranía da Cachoeira de
Paulo Afonso (Lucas y la tiranía de la cascada de Paulo Afonso), páginas del
más tierno lirismo. En las tres últimas, Castro Alves anticipa nítidamente a
Cátulo Cearense, y no fue por ca sualidad que este cantador, también genial en
sus primeros libros, le puso
música a la Tirana. ¡Y qué extrañísima fuerza, qué grandeza rítmica en
los falsos alejandrinos de O Vidente (El vidente)!. . . Tan notables son que no
podemos menos que desear que al lado del alejandrino clásico, perdurase también
entre nosotros el proceso de escansión a la española.
As vezes quando, a tarde, ñas tardes brasileñas
a cisma e a sombra descem das altas cordilheiras. . .
Quando a viola acorda na choca o sertanejo e a linda lavadeira cantando
deixa o brejo,
e a noite — a freirá santa— no órgao días florestas um salmo preludia
nos troncos, ñas giestas; se acaso solitario passo pelas picadas,
que tórcem-se escamosas ñas
lapas escarpadas,
encosto sobre as pedras a minha carabina,
junto a meu cao, que dorme ñas sargas da colina,
e, como urna harpa eolia entregue ao tom dos ventos, estranhas melodías,
estranhos pensamentos,
vibram-me as cordas d’alma, enquento absorto cismo, senhor! vendo tua
sombra curvada sobre o abismo, colher a prece alada, o canto que esvoaga,
e a lágrima que orvalha o lirio da desgraga, entáo, no éxtase santo,
escuto a térra e os céus, e a vácuo se povoa de tua sombra, ó Deus!” *
Estos versos están entre los mejor estructurados rítmicamente en lengua
portuguesa. Y también entre los de más grávida y alta poesía. Por eso es
extraño que Ronald de Carvalho, habiendo tenido la habilidad de destacar el
valor poético de Sub Tegm ine Fagi, no haya subrayado, tal vez asus tado por
la elocuencia legítima del poema, los atributos de O Vidente. Y, por último, la
“cuerda de bronce” que el poeta estira en su “lira amar gada”, en esa nenia
admirable, produce los dos poemas formidables que son O Navio Negreiro y las
Vozes da Africa. Será inútil repetir lo que ya se ha dicho de bueno sobre esos
dos poemas. Me permito solamente pre ferir a la mayor perfección poética de
las Vozes da Africa, el más dra mático Navio Negreiro. Si es cierto que en aquéllas
la perfección encanta, hay versos, hay estancias, hay apostrofes, en el Navio
Negreiro, de la más alta calidad dramática. Convencen. Porque la pasión también
convence *.
Así encarado, vale decir como espíritu capaz de preocupación nacional,
Castro Alves es, por cierto, uno de los poetas nuestros de quienes más
“A veces cuando, en la
tarde, en las tardes brasileñas / Cisma y sombra des cienden de las altas
cordilleras. . . / Cuando la guitarra despierta en la choza al sertanero / Y la
linda lavandera cantando el zarzal deja / Y la noche — santa monja— en el órgano
de las florestas / Un salmo preludia en los troncos, en las retamas; / Si acaso
solitario paso por las veredas, / Que se tuercen escamosas en las rocas
escarpadas, / Apoyo sobre las piedras mi carabina, / Junto a mi perro, que
duerme en los matorrales de la colina, / Y, como una arpa eolia se entrega al
tono de los vientos, / Extrañas melodías, extraños pensamientos, / Vibran las
cuerdas de mi alma, mientras absorto pienso, / ¡Señor! viendo tu sombra curvada
sobre el abismo, / Captar la oración alada, el canto que revolotea, / Y la
lágrima que escarcha el lirio de la desgracia, / Entonces, en el éxtasis santo,
escucho la tierra y los cielos, / Y el vacío se puebla de tu sombra, ¡oh Dios!”
(N . d elT .).
El monólogo de la madre
negra, de la Trágedia no lar, será menos intenso que el de Inés de Castro? (N .
del A .).
podemos enorgullecemos actualmente. Lo sigue Gongalves Dias 115. Por
que ahora quien generaliza soy yo. En última instancia, tanto el indige nism o
como el negrismo son causas de protección debida por seres supe riormente
equipados desde un punto de vista técnico, a seres desprovistos de esta
superioridad. Dos de nuestros más grandes valores poéticos se dedicaron, en lo
mejor de sus obras, cada cual a una de estas dos causas. Ambos extrajeron de su
dedicación versos inmortales. I-Juca-Pirama no le queda debiendo nada al Navio
Negreiro, y ambos se incluyen entre los capítulos culminantes de la rapsodia
nacional.
Bajo el punto de vista poético, Castro Alves tiene, para los tiempos
modernos, un interés acentuadamente histórico. Por tres lados princi pales
golpeó implacablemente el seno frágil de la diosa. Por el de la desvalorización
de la cualidad musical y sugestiva de la palabra; por el del abandono del
argumento general en provecho del tema particular; por el de la realización
artística.
Cuando la lengua nacional empezó manifestándose literariamente en el
verso de los últimos árcades * y principalmente de los primeros román ticos,
como niña que era, empezó cantando. He aquí una afirmación muy lírica que no
tiene nada de específicamente crítica. Sucede que la imagen me atrajo;
discúlpenme. Lo que yo quiero decir es que incluso aquellos hombres de un
tiempo tan peligroso para la poesía, supieron — cuando notables como un
Gongalves Dias y el Claudio Manuel da Costa 116 de los sonetos— también
supieron emplear la palabra, conservándole toda la fluidez. Para ellos, la
palabra guarda siempre un valor musical, cosa que no debe homologarse a la
ininteligibilidad del sonido musical, sino a su fuerza de sugestión y vaguedad
de sentido intelectual. En realidad la palabra, nacida para que nos
comuniquemos nuestras penas y alegrías, nace con una oscilación tal de sentido
que su significado es inconmen surable. Quienquiera que alguna vez se haya
perdido en el poético en marañamiento de cualquier lengua de pueblos
primitivos, conoce perfec tamente la evanescencia del sentido exacto de las
palabras más objetivas, más concretas. De forma que jamás una frase, en boca
del primitivo, puede ser comprendida en su total y exacto sentido. Cabe no
olvidar además el prodigioso manantial de asociaciones de imágenes e ideas que
cada palabra carga consigo. En rigor, cada palabra es un retruécano. Para no
decir, cien retruécanos.
Arcades. La manifestación
postrera de la literatura clásica portuguesa fue el arcadismo, nombre dado más
tarde, por extensión, a una corriente que se opuso al cultismo decadente y
trató de restaurar la simplicidad de la lengua literaria, bajo la influencia de
teorías francesas e italianas. El nombre evoca la asociación en que se
reunieron los reformadores, Arcadia Lusitana, fundada en 1756 en los moldes de
la famosa Arcadia Romana, creada en Roma en el año 1690, y a la cual los
portugueses estuvieron vinculados. Más remotamente, el nombre de Arcadia pro
viene de la novela pastoral homónima de Sannazaro, dada a conocer en 1504, en
la cual se idealiza la vida campestre. Entre los árcades brasileños cabe
recordar a Santa Rita Durao, Basilio da Gama, Caldas Barbosa, y Alvarenga
Peixoto (N . delT .).
Pues bien; para no excluir de la poesía, con fuerte generosidad, perío
dos enteros y muy grandes monumentos del arte humano, aceptemos que el destino
primero e imprescindible del poeta consistirá en eso de conservar la palabra en
su vaguedad específica de significación, retirándole, en pro vecho de su tema,
lo menos posible de valor asociativo, sugestivo y musi cal. Lo menos que puedo
conceder es que para que se realice el fenómeno “poesía” todo consiste en
conservar en las palabras su fluidez *.
Sígase con cariño un ejemplo aparentemente asombroso. Tómese la Canqao
do Exilio. Cualquier lectura de esos grandes versos nos dará todo el sentido
que Gon^alves Dias les dio. ¿Todo? Lentamente, tanto el sig nificado exacto
como el sentimiento “incluidos” en la Canqao, empezarán a barajarse dentro de
nosotros, cargándose de mil y un valores, amores, amantes, infancias, juegos,
sueños, placeres, nostalgias, conocimientos, y así advertiremos que todos
nosotros somos unos exiliados. Todo porque Gongalves Dias, en ese poema, como
en la Palinodia, en Si se morre de amor, en 1-Juca-Pirama como en Narabá, supo
preservarle a la palabra una fluidez originaria que confiere al tema una
amplitud considerable mente mayor que la inteligencia consciente y que el
exacto sentido **.
En realidad, el verdadero
tema de la poesía es la propia poesía, quiero decir, un primer motor de
volubilidad e independencia frente al asunto, que se extrae no sólo de la
fluidez musical de la palabra, sino especialmente de la fluidez alógica de la
inteligencia. Incluso de la inteligencia consciente. No cabe ninguna duda que
el llamado “pensamiento lógico”, el devastador racionalismo, es parte mínima
tanto de la historia del Homo Sapiens como de la propia vida particular de cada
uno de nosotros. Como historia no tiene ni siquiera dos mil años, llenos de
interrupciones y ocupando apenas a Europa y sus garras imperialistas en las
otras partes de la Tierra. En cuanto a nuestra vida de individuos, todo aquel
que se observe en todos sus “defectos”, sus “vicios”, sus irrupciones
instintivas, sus despechos, cóleras, sofismas y abogacías, envidias, celos,
tartamudeos del razonamiento, silogismos, supersticiones, tradicionalismos,
etc., etc., sabe que en una vida de sesenta años, computados todos los fugaces
instantes verdaderamente “lógicos”, realmente man dados por la conciencia
racional, en una vida de sesenta años no habrá tal vez dos años de ser lógico.
Los que tuvieron cuatro serán para nosotros los asombrosos dueños de una virtud
y corrección indeseables. Castro Alves fue fuertemente ra cionalista en su
poetizar. En el panorama de nuestro romanticismo es, por cierto, el que
presenta más poemas que corresponden exactamente a sus títulos (N . del A .).
Este párrafo está un poco
oscuro, pues fácilmente se podrá confundir este sentir con el verso de
Gongálves Dias, a que aludo ( “y todos nosotros somos unos exilados”), con el
fenómeno de identificación con la obra de arte, la empatia, la einfühlen, la “especie
de substitución”, determinada por la estética moderna. Esto es también lo que
sentimos ante los versos de Castro Alves y mis palabras fueron desafortunadas.
Lo que pretendo decir es que, para la realización del fenómeno de la
comprensión estética, digamos, de la einfühlen, los datos del conocimiento
lógico que me son ofrecidos por Gongalves Dias, debido a su fluidez, no me
localizan sumisamente en la experiencia personal del poeta ni en el tema del
exilio de la patria, sino que me permiten cierto tipo de transferencias
intuitivas hacia el interior de mi propia experiencia. Con esto, mi libertad y
también mi posibilidad de transportarme al estado estético son mucho mayores.
En cambio, la nitidez mucho más cruda de los datos de conocimiento que frecuentemente
Castro Alves me brinda, me atan, me expulsan de mi ser total, me confinan a mi
inteli gencia lógica, transportándome a un estado parlante de aprendizaje. Son
elementos, fuerzas didácticas, circunscribiéndome a un estado por demás
consciente de com paración y crítica. De allí su mucha menor cualidad poética,
su menor fuerza para sumergirme en aquel estado lírico de efusión, inmensamente
dinámico, que me
Sólo en la auténtica poesía se puede adquirir toda la riqueza y el
orgullo del verbo “transleer”. La poesía legítima no se lee, se translee. Sólo
quien sabe transleer, translocado amigo, es capaz de oír y de entender
estrellas.
Castro Alves, dominado por el pantagruelismo carnívoro de la oratoria
(que es indispensable no confundir con el delirio verbal, tan habitual en Cruz
e Souza)117, Castro Alves, poeta social, preocupado mucho menos por intuir la
vida en poemas que por hacerse comprender, mediante ellos, por las
colectividades burguesas *, Castro Alves, en suma, se ocupó de sistematizar el
empleo de la palabra en su sentido exacto, iluminándola con una luz nueva y muy
perniciosa. La privó por completo de musica lidad, lo que, repito, no debe ser
confundido con sonoridad. De la sono ridad necesitaba él, y la empleó con
excelencia muchas veces. Pero, en
permita la inmediata y completa identificación con la obra de arte y mi
substitución por ella.
Ya se afirmó de ese libro sublime Imitagáo de Cristo, que si el creyente
sufre por falta de dinero y lee un capítulo sobre el arrepentimiento del
pecado, se con suela tanto como si leyese otro sobre las necesidades
terrestres. Eso es en realidad lo que el poema de Gongalves Dias, de los
románticos en general, Dircen, los sim bolistas y nuestros contemporáneos de
calidad, me facultan más que la mayoría de los poemas líricos de Castro Alves
y, en general, de los parnasianos. Aquéllos me colocan más en estado de poesía.
Mientras que éstos me dejan siempre . . . com parativo, en estado de
verificación. Lo que no es destino que competa al arte sino a la ciencia.
La propia catarsis no tiene nada que ver con eso, en este caso, ya que
ella me parece más general que el fenómeno artístico. De hecho, si sufrimos con
Dircen, por identificación y necesario uso de fuerzas psíquicas, de igual
manera, además de la compasión, de la pena (sufrimientos con dolor, propios de
la realidad) también sufrimos estéticamente (sufrimiento sin dolor) con la
noticia del diario que nos informa que el amante mató a la amada, con la charla
de café en que fulano perdió el empleo y está con hambre.
Y de hecho hay quien sienta poesía o busque la base inspiradora de una
novela en una noticia periodística, en un episodio cualquiera de la vida ajena.
Manuel Bandei-ra tiene un Poema tirado de urna Noticia de Jornal (Poema sacado
de una noticia de diario (que está entre lo más intensamente particular de su
obra. Tanto el gran poeta contemporáneo nuestro, como los que “se inspiran” en
noticias y dramas de la vida real, además del sufrimiento con dolor por la
infelicidad ajena, perciben con inten sidad dinámica creadora, el estado de
catarsis, de sufrimiento purgatorio pero sin dolor, en suma, el estado estético
en que están y se realizan en la obra de arte. El Poema tirado de urna Noticia
de Jornal, de hecho nada tiene que ver con la vida de Bandeira, ni con su
estilo de poesía. Pero la fluidez posibilita el tránsito del tema al asunto. Es
exactamente, el tema del Mal Secreto de Raimundo Correa. La diferencia es que
éste, tratando temáticamente su asunto, lo redujo a un dato de conocimiento
lógico; mientras que Manuel Bandeira, a pesar de ser mucho más realista (pues
cuenta un hecho) sin comentarios, conserva la fluidez de las palabras y nos
permite por eso una mayor liberación de la conciencia lógica. ¿Será mejor poeta
que Raimundo Correa? No tengo el menor interés en discutir cuestiones de altura
entre altísimos. Lo que me interesa verificar es que él está, en este caso,
dentro de una mejor conceptuación de la poesía.
Es imprescindible calificar
como burguesa a la colectividad que interesa a Castro Alves.
El pueblo y sus expresiones artísticas, usan y abusan de la fluidez de
sentido de las palabras. El pueblo se adapta perfectamente a frases, estrofas,
oraciones totalmente incomprensibles. El sentido, así como el pensamiento
lógico son expre siones de aburguesamiento. La burquesía reniega de las
vaguedades, de las evanes-cencias; es antimusical por excelencia, porque no hay
como la semicultura para insuflar la comprensión en la tierra estrecha del
pensamiento lógico (N . del A .).
vez de música, la palabra se convirtió en luz, o mejor, en escultura. De
subjetiva ella pasó a objetiva. Fue una restricción inmensa, un aletarga-miento
formidable, la palabra así tomada como algo particular. Tómese, por ejemplo,
una descripción de Castro Alves y otra de Varela 118, la diferencia es
sensible. Castro Alves es infinitamente más local, más sa broso, más exacto.
Uno ve el paisaje y siente el momento, el gusto de la fruta, la humedad del
río. En Varela, uno no ve nada, no siente nada real, llega a no comprender de
tanto que no ve. No hay nada fijo, como tampoco hay nada que implique la menor
fijación. ¡Pero qué dulzura, qué de fantasmas dentro de mí, qué integridad
humana! y yo tengo para mí que eso es más poesía, aunque Castro Alves resulte más
atractivo. Atrae porque es más fácil; y la pereza tendenciosa de todos
nosotros, la ley del menor esfuerzo, nos llevan a aislarnos burguésmente en la.
. . tierra estrecha del pensamiento lógico.
de esta sistematización
resulta el segundo proceso con que Castro Alves, no sé si cronológicamente,
sino por la fuerza de su grandeza, vino
a modificar la poética nacional:
la sustitución del asunto por el tema.
Digámoslo más técnicamente: la sustitución de la melodía por el tema.
Aún aquí se trata de un problema de la musicalidad de la poesía, no en sentido
sentimental, sino crítico.
El asunto, en poesía, tiene que ser lo que es la melodía infinita en
música, un elemento general y genérico, dentro del cual los movimientos del ser
vagabundean por contracaminos, encrucijadas, caídas en abismos, fluctuaciones
de sentimientos, sensaciones, ideas, juicios. Mientras que el tema en poesía es
la restricción del asunto a un solo punto de su tra yectoria, de la misma
forma que en música es un elemento corto retirado de la melodía. Podría
extenderme fecundamente, mostrando hasta qué punto asunto y tema son igualmente
distintos en música y en poesía; hasta qué punto la brevedad de un poema no
implica muchas veces abandono del asunto por el tema, etc. Quiero, sin embargo,
limitarme, remarcar aquí que no me ocupo de la confusión simbolista entre música
y poesía, sino de una identidad, por ser, ambas, artes muy hermanas, ambas afi
liadas al sonido.
El paisaje de Varela se distingue del de Castro Alves del mismo modo que
se distinguen asunto y tema. Es incluso curioso verificar la pobreza temática
de un poeta tan paisajista como Varela. Este sí poseía, realmente, el
sentimiento de la naturaleza, de manera que el asunto se le ocurre con
frecuencia: la naturaleza, el paisaje. Si él habla de una brauna *, ésta podía
ser perfectamente un roble, mientras que en Castro Alves uno se da cuenta que
la brauna es realmente una brauna. Exigencias lógicas de la nomenclatura,
palabras sin fluidez. Castro Alves varía su temática paisa jista de manera tan
realista, el pormenor difiere tanto de un paisaje a otro, que la mejor
conclusión que se puede sacar es que él está descubriendo
Brauna: árbol del Nordeste
brasileño de la familia de las leguminosas y de madera durísima (N . del T .).
paisajes reales que efectivamente vio y vivió. Varela se repite, repite
los pormenores, es raro que un paisaje suyo no tenga una cascada, de forma que
sólo podemos concluir que él sufre una atracción inmensa por la naturaleza y
que es particularmente sensible a las cascadas. Así es como la cascada de
Varela es un misterio psicológico que interesa desentrañar, mientras que la
brauna de Castro Alves es una pobre realidad.
Si bien puede aceptarse que Castro Alves, muy razonablemente, con buena
técnica de pragmatismo, convierta el asunto de la esclavitud en temas
sentimentales particulares
(tragedia en el hogar,
tragedia en el mar, sirvienta que el señor pierde, voces
del Africa, el esclavista, etc., etc.) es,
en cambio, más lastimable que
desvirtúe la generalidad del
amor, inventando temas-imágenes que lo varíen. No niego la variedad con
que él supo trasladar el amor a versos, sino que por lo contrario insisto en eso.
Porque esta variedad es de carácter meramente consciente, no implica de forma
alguna mayor sensibilidad, mayor riqueza del ser. Es antes, más bien, un sutil
empobrecimiento. Son creaciones
conscientes, son inven-ciones-metáforas
para encantar burgueses, pero que no aluden a la ver dadera poesía. A Hebréia
(La hebrea), O Vóo do Genio (El
vuelo del genio), la temática de la Dama Negra, el Tríplice Diadema (Triple
dia dema), Boa N oite (Buenas noches),
O Adeus de Tereza (El adiós de Teresa),
O Tonel das Danaides (El tonel de las danaides), O Fantasma e A Canqao (El
fantasma y la canción), Fé, Esperanqa e Caridade (Fe, Esperanza y Caridad), Os Anjos da Meia
Noite (Los ángeles de la media noche), Aquela Mao (Aquella mano), Gesso e
Bronze (Yeso y bronce) son pruebas
decisivas de un cambio profundo en la concepción temática del amor
en la poesía
del Brasil. Si
es cierto que
en muchas otras poesías no hay un tema-imagen
propiamente dicho, una idea-metáfora a la que el poeta se aferre intelectualmente
para traducir sus impulsos y demás fuerzas amatorias, realmente Castro Alves
imponía una sujeción vehemente del
asunto a un tema, a una de sus imágenes, a una de sus transubstanciaciones
metafóricas. Y eso sería, hasta el advenimiento de la literatura contemporánea, uno de
los mayores empobrecimientos de la
poesía nacional. En su tiempo, Castro Alves preludiaba el parnasianismo. Y lo
preludió también como artista — cosa que ya varios verificaron *.
Castro Alves se apega a los
retruécanos verbales:
"Onde refervem sois. . . e céus. . . e mundos. . .
Mais sois. . . mais mundos, e
onde tudo é ten".
(Donde hierven soles. . . / y cielos. . . / y mundos. . . / Más soles. .
. / más mundos, y donde todo es tuyo”).
tan del gusto de nuestro parnasianismo. Se apega a los poemas
comparativos, Inmensis Orbibus Anguis, O tonel das Danaides, Ashaverus e o
Genio (Ashaverus y el genio), que habrían de dar As Pombas (Las palomas) para
la temática de los períodos siguientes. También preludió ciertos procesos aptos
para llenar el verso, como la repetición de un calificativo y de un sustantivo
para cada hemistiquio, y hasta el curioso endecasílabo lleno totalmente con
tres palabras, que Raimundo Correa, principalmente, sistematizaría en
Pequeninos, elásticos, chinos y otros por el estilo (N . del A .).
En cambio el parnasianismo no supo aceptar de la lección de Castro Alves
su mayor defecto artístico: la oratoria. Oratoria que se manifestó menos tal
vez en la vacuidad grandilocuente de las tiradas demagogias que en la extensión
desmedida. Es cierto que el apego abusivo al condo-reirismo * llevó a Castro
Alves a imágenes de un mal gusto repulsivo, pero a mi ver, el mayor mal de esa
oratoria es que Castro Alves, como Rui Barbosa, fue un alargador. Deliraba
escuchando los sonidos de su propia voz, habló, habló, habló. A veces llegaba a
ser inconcebible que, hábil artista como era, por un lado, no haya visto hasta
qué punto falseaba la brevedad de sus temas, extendiéndose con una tenacidad de
abogado. No sabía absolutamente pautar el tamaño de sus poesías. El lago de
Fita (Moño de cinta) despojado de unas tres estrofas centrales, sería también
de una primerísima calidad. Lo mismo puede decirse de Aqueta Mao (Aquella
mano). Em que pensas (En qué piensas) daría para cuatro o cinco estrofas y no
para las dieciséis de que consta. Manuela, A orfa na sepultura (La huérfana en
la sepultura) son de igual modo, textos inne cesariamente largos. El Adeus,
meu canto (Adiós, mi canto), lindísimo en su primera parte, termina
debilitándose a raíz de la existencia de la segunda, ya que tres o cuatro
excelentes estrofas bastarían para justificar. Pero las seis octavas de la
tercera parte son mero palabrerío reptante. Incluso la misma Cachoeira de Paulo
Afonso, reducida a una tercera parte, sería excelente. En el Hiño ao Sono (Himno
al sueño) si bien es cierto que el poeta podría suprimir algunas estrofas para
valorizar mejor la fuerte carnadura del poema, lo asombroso es que él no haya
advertido que ante la belleza de la penúltima estancia, la última era casi
necia:
"Mas quando ao brilho rútilo
do dia deslumbrante,
vires a minha amante
que volve para mim,
entáo ergue-me súbito. . .
minha aurora linda. . .
Meu anjo . . . mais
ainda. . .
minha amante
enfim l. . .
Oh sonol Oh
Deus notívagol
Doce influencia amiga!
Genio que a Grécia antiga
chamava de Morfeu
ouve!. . . E se
minhas súplicas.
Em breve realizares. . .
Voto nos teus altares
minha lira de Orfeu
M. A. se refiere a la
frecuencia abusiva de la figura del cóndor en los poemas de Castro Alves (N .
del T .).
“Pero cuando en el brillo
rútilo / Del día deslumbrante, / Vieras a mi aman te i que vuelve para mí, /
Entonces levánteme súbito. . . / Es mi aurora her mosa. . . / Mi ángel. . .
más aún. . . / ¡Es mi amante al fin ! .. . / ¡Oh sueño! ¡Oh Dios noctivago! /
¡Dulce influencia amiga! / Genio que Grecia antigua / Dio en llamar Morfeo /
¡Escucha!... Y si mis súplicas / Pronto realizaras... / Consagro en tus altares
/ La lira mía de O rfeo.. . ” (N . del T .).
De modo que Castro Alves es uno de los valores más contradictorios de
nuestro Brasil. No sólo la época en que vivió era desafortunada, sino que él
mismo, por su propia naturaleza, por sus tendencias, era al igual que las
flores de la selva, y a más no poder, un espontáneo. Jamás sintió aquella real
necesidad de organizar que convierte a Gongalves Dias, más que a cualquier
otro, en un escritor ejemplar. Castro Alves no fue así. Es todo instinto y
“bravura”. Es todo verbo y sentimiento. En vez de instalarse estáticamente en
nuestra conciencia como quien abre el camino de las tradiciones o franquea la
puerta de los mares y de cualquier am plitud: con todo su brillo floral, él
juega con nuestra condescendencia como un eterno niño-prodigio.
Pero, en este sentido, sigue siendo cierto que él pertenece, hasta
ahora, a la imagen más plausible de la mentalidad nacional. Lo cual es una pena
para la mentalidad nacional.
CARTA A CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE119
10 de noviembre de 1924.
( . . . ) T O D O se reduce a gustar de la vida y a saber vivirla. Hay
una sola manera feliz de vivir la vida: consiste en tener espíritu religioso.
Me explico: no se trata de tener espíritu católico o budista, se trata de tener
espíritu religioso ante la vida, o sea, de vivir la vida con religión. A mí
siempre me gustó mucho vivir, de manera que ninguna manifestación de la vida me
resulta indiferente. Aprecio por igual una caminata a pie hasta los altos de
Lapa * como una tocata de Bach y pongo el mismo entusiasmo y cariño en
suscribir un dístico que habrá de figurar en las paredes de un baile de barrio
y que terminará muriendo en la basura, que en una novela a la que daré la
imposible eternidad de la publicación.
Pensándolo bien, Drummond, creo que lo que les falta a ciertos jóvenes
brasileños de tendencia modernista * * es eso: verdadero amor a la vida. Como
no atinaron con el verdadero modo de gustar de la vida, se cansan, se
entristecen o entonces simulan alegría, lo que para colmo es mucho más idiota
que estar verdaderamente triste. Yo no puedo comprender a un hombre de
laboratorio; y todos ustedes, de Rio, de Minas, del Norte me parece que son
demasiado laboratoristas. ¡Dios mío! ¡Si yo estuviese en esas tierras
admirables en que ustedes viven, con qué gusto, con qué religión recorrería
siempre el mismo camino (no hay un mismo camino
Lapa es uno de los barrios
más populares de la ciudad de Sao Paulo (N . del T .).
El autor se refiere aquí al
Modernismo, movimiento que, en Brasil, nada tiene que ver con la corriente
homónima que en Hispanoamérica lideró Rubén Darlo. “A la poesía de Rubén Darío
y sus epígonos — como bien aclara Manuel Bandeira— corresponde aproximadamente
en Brasil la de los poetas que, surgidos en el intervalo de los dos
movimientos, deben tanto al parnasianismo como al simbolismo”.
El repudio de todo pintoresquismo en el análisis de la vida nacional y
una nueva concepción del hombre igualmente exigida por el fracaso de la ética
tradi cional, como también por las sorprendentes conquistas tecnológicas de la
época, confluyeron para componer la trama con la que habría de forjarse la
problemática de la poesía dada a conocer oficialmente en Sao Paulo durante la
“Semana del arte moderno”, en febrero de 1922 (N . del T .).
para los amantes de la tierra) en largas caminatas! ¡Qué diablos!
Estudiar es bueno y yo también estudio. Pero después del estudio del libro y
del goce del libro, o antes de él, está el estudio y el goce de la acción cor
poral. En lo que atañe a este punto, yo no le aconsejo nada a nadie, ya que en
estas cuestiones los consejos ajenos no cambian a nadie, pero una de las
desgracias que impiden la felicidad, que no es otra cosa que natura lidad,
consiste en el caso de ustedes en eso: se quedan leyendo en casa, en la
redacción del diario, cafeteando con los amigos sobre tal o cual libro, sobre
este o aquel escritor, escribiendo cosas después y a propósito de lo charlado,
luego una función de cine y finalmente trasnochada con mujeres. ¡Esa no es
manera de vivir! Eso es puro vicio. Está muy bien junto con todas las demás
formas de vivir, pero así, como algo aislado y continuo, me parece una cosa
miserable, decadente y fatalmente ingrata. Es algo horrible. Entiéndeme: yo no
ataco, no niego la erudición y la civilización, como hizo Osvaldo * en un
momento de ceguera; al con trario, las respeto y aquí tengo también
(comedidamente, muy comedi damente) mis fichas de lectura. Pero vivo todo.
¡Qué paseos admirables hago solo! Pero nadie nunca está solo a no ser en especiales
estados de alma, raros, en que el cansancio, preocupaciones, dolores demasiado
fuertes se apoderan de uno y se produce esa disgregación de los sentidos y de
las partes de la inteligencia y de la sensibilidad. Entonces uno se siente solo
por muchos que sean los amigos que estén alrededor. De lo contrario, no es así.
Un sentido conversa con otro, la razón discute con la imaginación, etc., y es
una camaradería sublime entre personas tan íntimas como no lo fueron siquiera
los Cástor y Pólux ideales. O si no detenerse y sacarle charla a la gente
llamada baja e ignorante. ¡Qué cosa más linda! Entérate de algo que todavía no
sabes: es con esa gente que se aprende a sentir y no con la inteligencia y la
erudición libresca. Es ella la que conserva el espíritu religioso de la vida y
lo hace todo de un modo sublime en un ritual lúcido de religión. En mi
“Carnaval Carioca”, cuento un episodio que presencié en plena avenida Rio
Branco * *. Había un grupo de negros baliando samba y entre ellos una negra
joven que bailaba mejor que los demás. Los movimientos eran los mismos, la
misma habilidad, la misma sensualidad, pero ella era mejor. Tal vez porque los
demás hacían aquello un poco mecánicamente, como de memoria, mi rando a la
gente que los rodeaba o a los coches que pasaban. Ella, no. Bailaba con
religión. No miraba hacia ningún lado. Vivía la danza. Y era sublime. Este es
un ejemplo en el que he pensado muchas veces. Esa negra me enseñó lo que
millones — millones es una exageración— lo que muchos libros no me enseñaron.
Ella me enseñó la felicidad. ¡Bueno! no hace falta cantar loas a la vida para
ser feliz en ella ( . . . ) . A pesar de todo el escepticismo, a pesar de todo
el pesimismo y a pesar de todo el siglo xix, sé ingenuo, sé tonto, pero cree
realmente que un sacrificio
M. A. se refiere a Osvaldo
de Andrade (N . del T .).
Una de las más famosas
avenidas de Rio de Janeiro (N . del T .).
es algo hermoso. Lo propio de la juventud es creer y muchos jóvenes no
creen. ¡Qué terrible! Fíjate en la muchachada actual de Alemania, de
Inglaterra, de Francia, de los Estados Unidos, y de todas partes: es capaz de
creer y lo muestra a las claras, Carlos, y tal vez, sin que lo hagan
conscientemente, se sacrifican. Tenemos que darle al Brasil lo que no tiene y
en razón de lo cual hasta ahora no vivió, tenemos que darle un alma al Brasil y
por eso todo sacrificio es grandioso, es sublime. Y nos da la felicidad. Yo me
sacrifiqué enteramente y cuando en ciertos momentos de conciencia pienso en mí,
apenas puedo respirar, casi gimo en la plétora de mi felicidad. Toda mi obra es
transitoria y caduca, lo sé. Y yo quiero que ella sea transitoria. Con la
inteligencia no pequeña que Dios me dio y con mis estudios, estoy seguro que
podré hacer una obra más o menos duradera. ¿Pero qué me importa la eternidad
entre los hombres de la tierra y la celebridad? Que se vayan a la mierda. Yo no
amo el Brasil espiritualmente más que a Francia o a la Cochinchina. Pero es en
Brasil donde me toca vivir y ahora no pienso sino en él y por él todo lo
sacrifiqué. El idioma en que escribo, las ilusiones que alimento, los
modernismos que invento son para el Brasil. No sé si esto tiene algún mérito
pero me hace feliz, y la felicidad es la única razón de ser en la vida.
Confieso que hizo falta coraje, porque son muchas las vanidades. Pero el ser
humano tiene la propiedad de reemplazar una vanidad por otra. Es lo que yo
hice. Mi vanidad, hoy día, consiste en ser transitorio. Deshago mi obra.
Escribo en una lengua imbécil, pienso ingenuo, nada más que para llamar la
atención de quienes son más fuertes que yo, hacia ese monstruo blando e
indeciso que es Brasil. Los genios nacionales no aparecen por generación
espontánea. Nacen gracias a que un cúmulo de sacrificios humanos anteriores les
preparó la altura necesaria desde la cual pueden descubrir y revelar una
nación. ¿Qué me importa que mi obra no perdure? Es una veleidad idiota la de
pensar en perdurar, sobre todo cuando no se siente dentro del cuerpo aquella
fatalidad ineluctable que mueve la mano de los genios. Lo importante no es
perdurar sino vivir. Yo vivo. Ustedes, en cambio no viven porque son unos
desarraigados y no tienen el valor suficiente para ser ustedes mismos ( . . . )
.
CARTA A ANTONIO CANDIDO120
San Pablo, 18-1-43.
Mi Q U E R I D O (y sinceramente “querido”, estimado) Antonio Cándido.
Recibí tu carta que leí cuidadosamente, tratando de mantener el
mayor equilibrio interior posible, y dominar el extraordinario placer
que me causaba, y me causa. Ante todo tenemos que admitir que fuiste un poco
apresurado al juzgar el “Café”. Incluso si juzgaste bien. En cualquier caso,
nunca robé la opinión de nadie y, por supuesto, me quedo deseando que en una
lectura solitaria puedas ver si un juicio pormeno rizado confirma o no la
opinión de ahora. Pero es necesario esperar algún tiempo.
Cuando ustedes se fueron, me quedé muy tenso, con ganas de retomar en
seguida el texto de “Café” 121 y preparar de inmediato algo así como una
“redacción definitiva” para pasárselas. Pero no puede ser. Lo que hasta aquí
llevo hecho, aun reconociendo que muchas partes, principal mente del poema, me
parezcan definitivas, no es sino una redacción para gobierno y trabajo del
compositor. Ciertamente, aún no es la obra, vani dosamente sólo mía, que yo
publicaré un día, sin música, para los que quieran leerme.
Esa es, por lo demás, una de las tragedias de este “caso”. Hay una
“vanidad” en “Café” que hasta llega a repugnarme y por la que tal vez yo sea
castigado. Es que tratándose apenas de un libreto, no debía haber dado a mis
textos el exceso de cuidado artístico que les di. Ellos se volvieron muy
independientes, a pesar de las mil y una intenciones mu sicales a que pude
haberme sujetado confortablemente por saber bastante música. ¿Quieres un
ejemplo muy característico? Es el “Canon de las Asustadas”. No hay ninguna duda
que lo hice respondiendo a un propó sito puramente musical, sujetándolo a
cortes rítmicos tales que obligan a la entrada canónica de las tres voces
corales femeninas que cantan consecutivamente la misma melodía. ¡Pero el
problema, Dios mío, es que yo sé música! ¡De modo tal que en vez de facilitar
un texto cualquiera,
una miserable cuadrilla en redondillas, sobre la que un compositor in
ventase de sopetón la idea polifónica de un canon, porque sólo su me lodía,
sólo ella, se prestaba a eso, yo usurpé el valor exclusivamente musi cal del
canon, su expresividad psicológica ¡y la puse en mi texto! ¡Y así, lo que
terminó siendo canónico fue el texto! Es en el texto donde las palabras se
asustan, trepan unas sobre otras, corren jadeando. Y la con clusión deplorable
a la que estoy honestamente obligado a llegar es que en vez de auxiliar al
compositor como debía, yo le robé. No hay por qué creer que el compositor pueda
sacar un buen canon de mi texto. Por el contrario: lo más probable es que el
canon musical quede definitivamente perjudicado. Es algo por demás sabido que no
son los mejores textos los que provocan las mejores músicas. Principalmente, en
el caso de la música teatral cuya audibilidad textual suele ser muy incorrecta.
Pero lo peor no es eso. Lo peor es que probablemente yo haya succionado la
musi calidad de la música al colocarla en mi texto.
Fue mi pecado de soberbia. Completada la concepción de la obra tea-tral,
habiéndole imaginado la marcación casi completa del movimiento escénico, me
propuse honestamente escribir textos sin grandes pretensio nes literarias, que
tan sólo afirmasen claramente las ideas generatrices y. . . didácticas. Así
empecé pero en seguida me resultó imposible prose guir. Yo creo que tú lo
sabes: la obra de arte estéticamente maltratada siempre me repugnó hasta la
abyección. Al músico y a la música los man dé a la esquina a ver si llovía y
me ocupé exclusivamente de mí, de “mi” obra.
Por lo demás, si algo reforzó aún más esa interferencia de la vanidad
fue justamente el hecho de que yo hubiera ido a caer en esa endiablada escena
de la discusión entre dueños y colonos en la que tú y Gilda * manifiestan
reservas más fuertes, y que a mí me parece la más defectuosa de todas.
Exactamente: es la que produce mayor malestar en la lectura.
Esta escena era, primitivamente, la que abría la representación. Tal
vez, incluso, fuese preferible que no contase este “secreto” mío, de artista.
Fíjate que hubiera sido mucho más lógico, mucho más natural como ex posición
del tema, que la obra se iniciase con la escena del cafetal, y que el acto
terminase con la escena del galpón del puerto. Pero ocurre que también el
segundo acto empezaba con el “Exodo” y acababa con la “Cámara-Ballet”, error
más que evidente por dos razones. Terminar en seguida el segundo acto, con la
comicidad innegable del “Cámara-Ballet” implicaba perjudicar la validez moral
del espectáculo. El especta dor hubiera salido del teatro demasiado divertido,
con muchas ganas de reírse en compañía de sus conocidos e invitarlos a tomar una
cerveza en alguno de los Franciscanos 122 de este mundo. Pues bien: eso era
algo, que yo no quería. El teatro es fundamental y esencialmente pueblo, y si
nosotros, resecos de cultura y erudición, podemos ser más o menos refrac-
tarios a esa funcionalidad educativa del teatro, yo no quería ni quiero
olvidar que hice una obra voluntariamente popular. Para el pueblo. Poco
importa, por eso, la perfección formal de los versos. Pues bien: trasla dando
el “Exodo”, de efecto visual y musical creo que muy dramático, al final del
acto, el efecto moral sobre el pueblo resultaba pesaroso, premonitorio de
posibles inconformismos. Frente a esos dos errores — el defecto moral derivado
de la comicidad del “Cámara-Ballet”, que resul taba desmoralizador del público
en general, y el defecto estético, que perjudicaba la gradual intensificación
dramática del tema, decidí cam biar de lugar las dos escenas.
En seguida surgió la modulación rítmica: urbano = Cámara-Ballet —» rural
= Exodo —» urbano = la revolución del tercer acto. Y me sentí obligado a
obedecer a ella también en el primer acto, cambiando de lugar las escenas.
Primer Acto
Segundo Acto
Tercer Acto
Urbano -»
Rural
Urbano —» Rural
—» Urbano
P. Parado —» Comp.
Caf. —» Cámara —» Exodo -»
Día Nuevo
Me pareció que así la graduación seguida en la presentación del tema
preparaba mejor la aparición de la farsa del “Cámara-Ballet”, que, hay que
reconocerlo, es un poco grosera. En esta distribución rítmica del tema la cosa
mejora porque en la primera escena los estibadores están esperando noticias
sobre ciertas medidas que los diarios tienen que pu blicar. Ya en la segunda
escena, los comisarios comunican oficialmente que el gobierno prometió tomar
medidas a través de las cámaras. Y en tonces, el segundo acto se abre sin
demasiada presión sobre el argumento denunciando lo que esas cámaras son en
verdad.
Pero, volviendo a esa terrible escena de la discusión. Era la primera de
la pieza, y como yo no tenía todavía la intención de escribir poemas sino
textos para musicalizarlos, no había motivos para esperar la llegada de la
“inspiración” y tampoco seguirla, una vez que eligiese por donde empezar. Me
puse a escribir y al rato me detuve horrorizado. Los dueños aparecen en el
momento en que el viejo colono, de tan desanimado, le da un puntapié al árbol
de café. La frase de los dueños “naturalistamente” sería algo parecido a:
— ¿Pero ustedes no saben que está prohibido maltratar a los árboles?
¡Imagínate, no más, una frase de este tipo, cantada, lo ridicula que
queda! El canto, por la misma razón de ser anti-naturalista, tiene sus
exigencias textuales. Mi equívoco consistía en que yo había imaginado mi texto
hablado cuando en realidad tenía que ser cantado. Y el drama, ahora el mío,
empezó: yo tenía que encontrar el “tono” de mis textos. Fue un
sálvese-quien-pueda y unos quince días de indecisión feroz. Traté
de inspirarme en la tragedia griega, releí textos, no pasaba nada. Ni
siquiera con Shakespeare. Volví a las danzas dramáticas folklóricas que había
recopilado y nada. Hasta que de pura casualidad, la traducción de Osian
hermosamente hecha por Octaviano 123 me trajo el recuerdo de los bardos celtas.
Pero los auténticos, no los de Osian. Y fue un deslum bramiento. No había nada
más que discutir. ¡Había llegado típicamente, en el sentido más romántico, la
Inspiración! De pronto un párrafo, un poema, sin nexo, sin orden, sin conexión.
A veces ni siquiera podía ter minar la lectura de un poema, dejaba el libro y
me ponía a escribir. Me inspiré, plagié francamente, “anatolefrancescam ente”.
Un poema de invocación a los cerdos me dio la invocación al “pequeño grano de
café”. En cuatro o cinco días tenía el poema totalmente escrito, con excepción
de la Endeixa da Mae (‘‘Endecha de la madre”) que no sabía cómo resolver.
Lo cierto es que todavía yo no había encontrado mi tono. La cosa estaba
todavía gradilocuentemente bárdica, los poemas eran bastante malos, a mi ver. Y
de todo ello poca cosa quedó. Habrá quedado un subs trato más que la realidad
de los poemas —y nadie nunca se acordaría de los bardos celtas y de mis
plagios, si yo no lo confesase. Pero ocurre que en estos días ando
temerosamente enamorado de los misterios de la creación artística como para
confesar lealmente estas cosas, como ya lo hice, a varias personas. Debo “mi”
“Café” a los bardos celtas.
Pero ya entonces sentía el deseo solapado de celebrar, dentro del tono
impersonal general del tema, mi ciudad y los cafetales de mi tierra. Y así
decidí intercalar la evocación en el poema del “Exodo”. Finalmente, había
encontrado mi tono. Es curioso que todos los demás poemas difie ran
sensiblemente de ése en ciertos detalles sentimentales de hechura. Casi todo, o
todo, es de una dureza poco menos que rispida, desde el punto de vista de la
composición; hay una ausencia notable de adjetivos calificativos, mientras que
la evocación de Sao Paulo se desparrama en mil y un adjetivos calificativos
sentimentales. Pero todo derivó de ella.
sólo entonces tuve que
llenar la laguna del poema: la escena de la discusión. Es el único diálogo de
toda la obra; no logré darle valor poemático. Aquí entra la música con su
jueguito. Fíjate: en todos los diálogos de las tragedias habladas en verso, siempre
que el autor se ve obligado a emplear frases cortas, como en las charlas
explicativas, pierde, por grande que sea, su capacidad poemática. Es en las
“tiradas”, como puede verse sistemáticamente en Shakespeare, en las oraciones
más largas, donde él logra conferirle al texto el clima, no exactamente de
“poesía”, de “lirismo”, sino precisamente poemático. Y son contadas las
ocasiones en que la altura decae.
Me consolé con eso y terminé dejando la discusión sobre esa escena en el
estado desvalorizado en que está hoy. Tengo, además, otro consuelo. Y es el de
creer que, una vez musicalizada, llegará a ser la más “viviente”, la más
vivificante de las escenas, por la variedad de efectos musicales,
contrastes de timbres, por los varios procesos aplicados para tratar
polifó nicamente la coral, por la riqueza de movimientos diferentes reunidos
allí. Pero, bien pudiera ser que no, ya que también estoy convencido de que es
la parte más débil de mi texto. Pero eso no implica que esté de acuerdo con
Gilda: la demagogia de los comisarios está enteramente construida con recursos
“folklóricos” : es decir con frases hechas de la demagogia nacional y
expresamente construida para volver abyecta la retórica y, en consecuencia, el
grupo. Tu objeción, en cambio, me parece mucho más válida. Algunas frases ya
empiezan de una manera que me desagrada francamente y destacándose de un modo
nítido de la inferioridad del conjunto como indignas de él. Ya decidí que a
muchas voy a modificarlas y a otras las voy a eliminar.
Pero ahora, para terminar, vuelvo al principio: lo que ante todo nece
sita “Café” es un buen descanso, como el legítimo, del que dicen que es más
concentrado después de dormir un año en la saca. Trabajé en él durante tres
meses de iluminaciones sublimes y angustias implaca bles, de octubre a
diciembre. Llegué a leer entre líneas con verdadera eficacia y terminé
totalmente disgustado conmigo mismo y desesperado de la obra, ya sin ninguna
capacidad de ver. Pero no era esa insatisfac ción fatal y al fin y al cabo
honrosa que todo artista siente cuando da por terminada su obra. Y él la
finaliza, no porque la obra no pueda ser mejor, sino porque él no la puede
hacer mejor. ¡Todas las obras de arte, Dios mío, son obras en que el artista
fracasó!
Pero lo que ocurría conmigo era que ninguna de mis opiniones duraba más
de dos segundos, y yo ya no podía responder por mí. Fue por eso que hice esa
lectura con amigos de espíritu tan diverso como los que reuní. Y un sapo 124
argentino que a última hora saltó a mis brazos. Ahora sé, gracias a ustedes,
que la obra podrá vivir sola, libre de mí, por el mundo. Lo que necesita ahora
es descansar. Dentro de cinco o seis meses, después que la haya traicionado
bastante con otros amores, entonces podré saborear mejor su gusto.
MÁRIO
CARTA A MANUEL BANDEIRA
( 1925)
MANUEL:
Te escribo estas líneas desde la cama donde me metí a raíz de una herida
en la rodilla, que no termina de cerrarse. Estoy enfermo. Y las enfermedades
que a uno lo cansan, irritan, son horrorosas.
Recién nomás recibí tu carta con las observaciones de la persona de la
que me hablaste y que a tu juicio es alguien inteligente. Lo creo por que lo
dices tú, pero sus observaciones no lo demuestran demasiado. Tú ya me
transcribiste algunas en tu carta anterior que merecían una res puesta
extensa. Tenía la intención de postergarla hasta un momento más placentero que
este.
Pero decidí reunir todo y contestarte ahora. Que no te engañe el tono,
es un poco fatigado y algo irritante. Pon eso a cuenta de la enfermedad porque
estoy enfermo de verdad. Me parece, por otro lado, que además del malestar
físico estoy de nuevo con un gran agotamiento intelectual. Ya no puedo
ocultármelo. Te pido, por eso, que sepas perdonar todo lo que no fuere de tu
agrado y empiezo de una vez. Primero contigo.
Dejemos la plegaria de lado. Estoy de acuerdo contigo. Veamos ahora
mismo la cuestión del brasileño *. Hay una observación general que vale para ti
y para los demás no vale, porque son gente que desconoce las condiciones en que
vivo y escribo. Ven el hecho y critican el hecho y está muy bien; no puedo
exigir que sea de otro modo. Pero tú cometes varias injusticias que subrayo ya
aunque no quiera con eso prescindir de tus críticas. Por el contrario, incluso
la injusticia es útil para una persona como yo, siempre abierta, curiosa,
empeñada en aprender a ser mejor. Quiero que lo comprendas, Manuel, el proyecto
al que me lancé es algo
M. A. alude aquí al idioma
brasileño. A diferencia de la lengua que se habla en el pequeño país peninsular
europeo, el portugués de Brasil presentaría, a juicio del autor, rasgos
tipificadores que permitirían construir con él una lengua autóctona, gramatical,
sintáctica y lexicográficamente bien perfilada (N . del T .).
inmenso, enorme, algo que no puede llevar a cabo un hombre solo. Y tú
sabes muy bien que yo no soy rata de biblioteca. No puedo ir cons truyendo en
el silencio y en el trabajo oculto toda una gramática brasi leña, para
después, de golpe, paf, arrojársela a la gente por la cabeza. Necesito de la
ayuda de los demás porque, lo confieso con toda fran queza, si bien no soy un
ignorante en cuestiones de idioma y pueda afirmar a pulmón pleno que sé el
portugués mejor que muchísimos, no soy fuerte en el asunto. No lo soy. Necesito
que otros me ayuden para que yo pueda realizar lo que me propongo: contribuir a
la forma ción literaria, vale decir culta, de la lengua brasileña. No quiero
que tú pienses que proyecto crear una nueva lengua, como se dice que lo hicieron
Dante y Camoens, sobre todo el primero. Afirmación que me parece realmente
ridicula, porque Dante sería incapaz de escribir en el italiano de la Com edia
si antes de él no hubiesen existido la escuela sici liana y todos los
trovadores que ya escribían en lengua vulgar. Ellos fueron quienes hicieron
posible la existencia de un Dante para la lengua italiana, como los cronistas y
cantadores portugueses facultaron el portu gués de Camoens. En aquellos
tiempos, como es natural, se hacía todo intuitivamente. Hoy eso ya no es
posible porque existe la crítica, todo lo pertinente a la filología está bien
estudiado y sigue vigente, y nuestro tiempo, en fin, es el que es. Por eso, lo
que ellos hacían intuitivamente, lo hago hoy yo mediante crítica y sistematizaciones.
Pero no con toda la crítica y toda la sistematización que serían deseables,
debido a las condi ciones en que vivo. Primero: soy una persona que vive en el
sentido extenso y gustoso de la palabra. Nada de bibliotecas a puertas
cerradas. Soy un hombre de la calle. ¡Diablos! ¡Cómo cansa escribir acostado!
Tengo un poder de convocar fiestas, invitaciones, amistades, paseos, que
satisfago religiosamente. A la cuestión de la celebridad y eternidad de mi
nombre no le concedo la mínima importancia. No tengo ninguna aspi ración en
ese sentido. Escribo, ante todo, porque amo a los hombres. En mí todo proviene
de ahí. Amo y por eso siento estas ganas de escri bir: me intereso por lo que
le ocurre al hombre, por sus problemas y necesidades. En segundo lugar, escribo
por necesidad personal. Tengo ganas de escribir y escribo. (Esto vale para el
caso de los versos). Pero incluso esto aún puede ser, psicológicamente
hablando, reducido a un fenómeno de amor, porque nadie escribe para sí mismo a
no ser un monstruo de vanidad. Uno escribe para que lo quieran, para atraer,
encantar, etcétera. Además, tengo mis ocupaciones, cuyo formidable vo lumen,
tú bien conoces. No hay arte que yo no ame y por cuyos problemas estéticos no
me interese. Estudio mucho Psicología. Estética. Filosofía. Lenguas. Filología.
Sociología, etcétera, etcétera. Es demasiado. Es dis persivo. Pero ya te dije
que vivo disfrutando, no vivo para ser célebre. La parte mesiánica de mi
esfuerzo, el hecho de sacrificar mis obras, escribiéndolas en una lengua que
todavía no es lengua alguna, no es un sacrificio a lo Jesús, es una necesidad
fatal de mi espíritu y de mi ma
ñera de amar, nada más. ¡Y además están mis clases! Pero de ahí a pen
sar, como se piensa o como tú mismo crees, que estoy procediendo con liviandad
en esta cuestión de escribir brasileño, hay un largo trecho, mi querido Manuel.
No, señor. No soy frívolo, de ningún modo. He refle xionado mucho acerca de lo
que estoy haciendo y creo que ya no hay aspecto de esta cuestión a propósito
del cual no haya pensado y cavilado. Tú dices, por ejemplo, que yo, en lugar de
estar escribiendo en brasileño estoy escribiendo en paulista. Es una gran
injusticia. Me he preocupado mucho para no escribir en paulista y es por eso
que a ciertos italianismos pintorescos que yo empleaba antes, como pándega
(jarana), empecé por retirarlos de mi escritura actual. Veremos más adelante
qué es lo que se puede aprovechar de ellos. Por ahora el problema es brasileño
y nacio nal. Ahora bien: tú debes tener en cuenta que pequeñas diferencias
entre el habla de una y otra región brasileña son fatales, no sólo en la
pronunciación como también en la sintaxis. Es algo que ocurre en todos los
países grandes e incluso en los pequeños. Son diferencias léxicas y
sintácticas. No estoy escribiendo en paulista, de ninguna manera. Al contrario,
y hasta tal punto que introduzco en mi lenguaje brasileño de ahora términos del
norte y del sur. Pero, y aquí se comete otra injusticia, ustedes no vieron sino
la parte más pequeña de lo que llevo hecho en tal sentido. Vieron un artículo o
dos y se ponen a criticar como si fuese una obra entera. Pido un poco de paciencia;
esperen a que por lo menos salga un libro. El artículo sobre ti fue y es, en
ese sentido, una tenta tiva inicial. Allí, por ejemplo, el verbo haber aparece
infinidad de veces. Ahora empleo sistemáticamente el verbo tener, salvo en
casos especialí-simos, como “no hay medio de”, “hubo hace tiempo”, etcétera. E
incluso en estos, en vez de “Há que tem po” (hubo hace tiempo) prefiero el
verbo hacer. “Hace tanto tiempo”, según el sentido de la frase.
¿Por qué? Porque se trata, mi querido, de una sistematización culta y no
de una fotografía de lo popular. Ahora bien: esa sistematización tiene que ser
fatalmente personal. No puede ser de otra forma pues se trata de algo que estoy
comenzando y no extrayendo de una gramática entera o de hechos documentados por
la escritura culta y literaria. Ni se me ocurre que mi brasileño — el estilo
que adopté— vaya a convertirse en el idioma brasileño del futuro. No tengo esa
pretensión, te lo juro. Por otro lado, si yo no realizase esa sistematización
sería un escritor sen timentalmente popular y quiero ser un escritor culto y
literario. No le tengo miedo a estas palabras ni caí en la admiración
incondicional y sentimental de Osvaldo. La cuestión es otra. Soy un fenómeno
culto, lo sé y no me aparto de eso y no lo desdeño. Ahora bien: en unas cartas
escritas alegremente para mis amigos, en broma, con un propósito clara mente
pintoresquista, recurro a ciertas exageraciones festivas, sin otra intención
que la de hacer reír. Eso no quiere decir que vaya a escribir siempre así en
mis artículos. No. Por más que yo escriba, ahora directa y llanamente, todavía
distingo entre lo que es escribir para el público y
escribir para los amigos. Las cartas que te envío son tuyas. Si yo
llegara a morir mañana no quiero que las publiques. Ni siquiera después de la
muerte de nosotros dos quiero un epistolario a lo Wagner-Liszt. Tales cosas
pueden ser importantes, no lo dudo, cuando se trata de un Wagner o de un Liszt
que hicieron arte también para eternizarse. Yo amo la muerte que termina con
todo. Lo que no se extingue es el alma y ella que se vaya a vivir contemplando
a Dios. Paso ahora a los casos particu lares. Tú tienes razón: la segunda
persona del imperativo de hacer en brasileño es faz y no faze. Mas porém (Pero
sin embargo) — no es into lerable. Existe en italiano. Es una redundancia. Tu
observación es razo nable en el caso de la plegaria. Allí no sirve y usarla fue
realmente pura afectación. Saldrá en el texto de una conferencia, en la Revista
do Brasil *. Allí no es afectación, es una broma, lo usé para divertir. Por
que me pareció pintoresco y nada más. En el Losango Caqui que traduje de punta
a punta al brasileño, aparece una vez. Admirablemente em pleado. Es el caso de
una afirmativa enérgica e hizo que el ritmo del verso se desentumeciese
deslumbrantemente y galopase con holgura. Es un poema en el que yo le digo al
teniente que da órdenes de ejercicios y que está restringiendo mi libertad, que
él puede dar todos las órdenes que quiera, que mis brazos, mis piernas y ojos
le obedecerán. . .
"Mas porém da caserna dum corpo que eu sei Sai o exército
desordenado, meu sublime", etc. **
Fíjate qué eficacia rítmica y psicológica. Yo afirmo con energía indi
vidualista que en eso el teniente no manda a nadie. Eso es mío y sólo mío, los
sarcasmos, los sentimientos, las pasiones. La adversativa dupli cada vale oro
ahí. Y después el ritmo. El primer verso galopa firme: “pacatám, pacatám,
pacatám, pacatám” y después todo se dispersa, cada potro va hacia su lado en
apasionado desorden. Hay casos como este. Puse ese “hay casos” aquí para doblar
la esquina y entrar en lo que tú llamas mi afectación. Tú tienes razón. Pero no
puedo escapar de ella por ahora porque esa afectación es psicológica. Mi
naturalidad ahora es la afecta ción porque el problema no deja de preocuparme
en ningún momento y por eso desvirtúa mi modo de ser natural. Estoy en época de
transición. Estoy creando un nuevo modo natural. Por el momento se ve en ello
mucha afectación. Pero me pregunto si no fue acaso la afectación lo que nos
hizo vigilar tu escritura y colocar el pronombre aquí porque Camoens lo había
colocado allí. Así fue, sin duda. Fue la afectación lo que te llevó a escribir
atentamente, a la manera de los portugueses, una infinidad de trabajos. Y a mí
también. Y a todo el mundo. Después, y por eso mismo, la afectación se
convirtió en algo general y cambió de nombre. Un argu
Revista del Brasil, una de
las mejores publicaciones culturales de los años 20, en Brasil (N . del T .).
“Pero sin embargo, del
cuartel de un cuerpo que yo conozco / sale, sublime señor, el ejército
desordenado” (N . d elT .).
mentó más a favor tuyo: yo por ahora cometo las exageraciones y tengo
los defectos naturales en las revoluciones y en los comienzos. Creo que ese es
mi destino. . . ¡Paciencia! Pero, por otro lado, Manuel, muchas cosas que a ti
parecen afectación y en las que la influencia y la forma ción lusitanas son
muy fuertes, para mí no son afectaciones ya que siem pre las viví intensamente
en Brasil. De los versos metrificados que todavía guardo inéditos, muchos son
nacionalistas y hasta regionalistas. A algunos de ellos, incluso cuando los
releo, me arrepiento de no haberlos publicado en su momento.
Para agregar a las observaciones sobre el asunto del Mas porém: lo más
importante que saqué de la observación de ese asunto es la tenden cia que
tenemos los brasileños a substituir el mas por el porém (pero), que a nosotros
nos parece más fuerte. Es sumamente raro que un portu gués comience la oración
con un Porém, al que sólo usa en mitad de la oración. Para empezar la frase, el
portugués usa generalmente el mas. Nosotros usamos constantemente el porém. Me
refiero al lenguaje ha blado, principalmente al popular. Fenómeno general del
norte al sur del país. En este orden no realicé ningún estudio sistemático
porque también el mas es muy usado. Pero empecé a usar el porém en los
comienzos de frase.
Otra observación general: constantemente se me escapan lusitanismos
substituibles. Es lógico. No olvides que hace 32 años que escribo en portugués.
En el artículo sobre ti hay un buena cantidad de ellos. Roma no se hizo en un
solo día. Son mis nuevos vicios-de-lenguaje.
Con respecto a mis sistematizaciones, tú piensas que ellas son muy
apresuradas. No lo son de ninguna manera. Generalizas, como yo no me atrevo a
hacer, reglas que sólo prescribí para mí mismo. Como en el caso del pronombre
oblicuo que es uno de los más importantes. Tú dices que lo que caracteriza el
lenguaje brasileño en ese sentido es la variabilidad de la colocación del
pronombre, ya sea antes, ya después del verbo. No es así. La variabilidad es
mucho mayor en el portugués lite rario. Es una cuestión de eufonía nacida del
modo lusitano de dicción. Nosotros, los brasileños, generalmente anteponemos el
pronombre al ver bo. Digo, generalmente. Hay, sin embargo, algunos verbos en
los que se for mó como una locución del pronombre y del verbo con éste colocado
en pri mer término. Es lo que pasó con el verbo sentar. Y hay casos de expre
siones de intimación, imperativas, en que el verbo viene siempre o casi siempre
antes del pronombre. Tú citas algunos ejemplos que yo ya conoz co y en los que
he pensado mucho. Es un asunto que todavía no resolví bien y si conocieses mi
Fraulein verías que empleo varias veces el error “que matou-se” (que matóse) y
otros análogos. El pronombre ante puesto al verbo no es invariable en mi
sistematización, es tan sólo general; en las intimaciones pospongo el
pronombre. Lo mismo ocurre, casi siem pre, con el verbo sentar. No te olvides
de una cosa: sistematización no quiere decir generalización. Y hay otras que
estoy haciendo y que tam
bién son interesantes. Entre ellas la del calificativo que nosotros
general mente posponemos al substantivo. La sustitución de la preposición “a”
por otras, es una más entre ellas. En el brasileño la preposición “a” casi no
existe. ¿Estará destinada a desaparecer? No lo sé. En todo caso quedará
limitada a muy pocas regencias. El diminutivo, el aumentativo, el superlativo,
sustituido por "muy”, por “demasiado” según el caso. Quiero que
comprendas, Manuel, yo empobrecí mis medios de expre sión. No tengo ninguna
duda al respecto. Los empobrecí conscientemente. Hay una frase de Machado de
Assis que aguijonea constantemente mi memoria: “Algo hay que sacrificar”. Yo me
sacrifico y es posible que eso reporte algún beneficio. Ahora bien, hacer como
tú quieres, todo con restricciones, todo calculando, usar pra y también para,
emplear algo sin dejar de contemplar aquellos casos en que no se lo empleará,
exige un genio del que yo carezco. Voy hasta el final. Soy hombre de un solo
Dios. No entiendo las revoluciones que se hacen con guantes de cabritilla. El
propio Procurador de la República dijo que fue por ese motivo que fracasó
Isidoro. Es el caso de quienes quisieron ser modernis tas y pasadistas al
mismo tiempo. No sé ser así. Puede que la culpa sea mía. Paciencia.
Empecé, además, a usar lugares comunes brasileños. Es un medio de
generalizar, de humanizar mi escritura. No hay duda que yo no digo “un calor
senegaleño” sino “un sol que derretía pajaritos”. Si tú sabes de algunos de
éstos, del norte o del sur, envíamelos.
en cuanto a ti no tengo nada
más que decirte. Vayamos ahora al anónimo autor sobre el cual, después de mucho
tratar de imaginarme quién podría ser, decidí que no sé quién es.
El título del artículo “Me parece que para Mario de Andrade” es una de
las ironías más admirables que conozco. Y allí se acabó todo el ingenio del
susodicho. El resto de las ironías o no vale nada o es crueldad gra tuita. El
empieza por decir que yo no sé escribir en portugués. Es una injusticia. Sé
hacerlo mejor que la mayoría de los que escriben. Estudié el portugués y soy
consciente de mis errores. Al menos, de la gran mayo ría de ellos. Del hombre
que publicó los artículos aparecidos en la Revista do Brasil, antes del “Manuel
Bandeira”, no se puede decir, sin cometer una injusticia grave, que no sabe el
portugués. Por lo tanto, el autor en cuestión o me desconoce y entonces lo suyo
respecto a mí es ligereza, o fue injusto y por lo tanto tiene una mala voluntad
que trata de simular que no tiene. Es falso que los brasileños digan
generalmente “Eu Ihe
ontem” (Y o le vi ayer).
Esta manera de expresarse existe pero es mucho más usual que uno diga: “Eu vi
vocé ontem” (Ayer te vi), “eu vi a senhora ontem na cidade” (Ayer la vi a usted
en el centro). Y como no se puede volver intransitivos verbos como ver y otros,
porque el propio pueblo se vale de ellos como transitivos en casos en que el
pronombre no entra en una sistematización, en el lenguaje literario tales casos
siguen siendo modismos, vicios que sólo pueden ser usados para evidenciar lo
pintoresco del habla de un personaje. Lo mismo ocurre con el “Encontrei
ele doente” (Encontré a él enfermo). No hay ninguna lengua en que el pronombre
sujeto se emplee como complemento como ocurre aquí. El escritor brasileño
puede, sin embargo, escribir: “Deixe ele ficar ai” (Déjalo a él quedarse ahí)
porque en este caso él es sujeto, o puede ser considerado como sujeto del verbo
quedar.
El anónimo ataca mi “Si contara y explicara. . Dice que el pueblo no lo
usa. Es cierto. Se trata de una sistematización por analogía. Si te acercas a
una ronda bien nativa y preguntas: ¿De qué se trata? Alguien te responderá: “Se
trata d e . . . ”. Puedo jurártelo. El hombre dice además que la frase quedó
confusa. Así sería, realmente, si yo hubiese escrito se (es decir, lo que en
español equivaldría al prefijo se) y no si (o sea el si que en español opera
como conjunción que denota condición). Esto muestra, por lo demás, que el
hombre poco sabe de portugués porque al estar el verbo, ya en condicional, no
podría yo emplear el condicionalí-simo “si” que pide el verbo en el imperfecto
del negativo o del subjuntivo. “Si contase. . . ” o “Si contaba o no, es cosa
que no sé, etc .. . . ”. De hecho, allí hay algo confuso, pero se trata, sin
embargo, de algo muy distinto de lo que él supone. La confusión que hay es
entre el se como pronombre personal, que determina, y que allí se refiere a
Manuel Ban-deira, y el se pronombre impersonal, equivalente al on francés y que
yo ahora sólo uso con el “a gente” (uno). No hay duda que me contradije al
emplear más adelante el “chamar-lhe-iam” ( “habrían de llamarlo”). Fue un
lusitanismo (en brasileño, como diría Mario de Andrade sería “o chamariam”) que
se me escapó por la razón que te di antes: voy hasta el final para luego volver
sobre la cuestión de los pronombres. El hombre cree que debiera decir rijeza
por rigides (rigidez). Tiene razón. Si me hubiese acordado habría escrito
rijeza: aún hoy lo uso como pipa. . .
En el caso del pra (para), ahí están ustedes en contradicción. Tú crees
que estoy hablando en paulista. El cree que eso es nordestino y que nosotros
“sureños” (no sé, por lo demás, de qué sur es el fulano) decimos par’ alguns
(par’ algunos). Aquí es Sao Paulo, como en Minas y en Rio, la gente solo dice
pra alguns y dudo que en Rio Grande do Sul se diga par’ alguns como pretende
este hombre. El pra, por lo demás, es incluso usado por los portugueses que
jamás dicen para.
El “prá festa” está bien acentuado. Hay una contracción. E para a festa
que voce foi se pintar (Te has pintado para ir a la fiesta). Basta sustituir
fiesta por baile, forrobodó * y se verá que allí hay artículo. Se fue a pintar
pro (para el) y no pra (para) el baile.
Perdóname esta carta interminable, Manuel. Si te pudieras imaginar lo
incómodo que me resulta escribir así, acostado, ¡hasta llegué a cenar en medio
de ella! Ya ves lo mucho que te quiero. Porque, francamente, las opiniones del
hombre que la suscitó me parecen bastante flojas. No
quiero que le envíes esta carta o le hagas conocer mis razones; no vale
la pena. Si me tomé la molestia de refutar sus opiniones no fue más que para
mostrarte que el más arbitrario no soy yo y que estoy mucho más sólidamente
emplazado en mis razones de lo que tú piensas.
Exceptuando el título del artículo, el hombre no formula otras obser
vaciones inteligentes de aquellas referentes a los pronombres. Pero son de
orden sentimental más que crítico. Eso demuestra sensibilidad por parte del
fulano. ¿Será poeta? Creo que sí. Hazme saber quién es. El dice que yo
perjudiqué la virilidad enérgica de ciertas dicciones mediante lá anteposición
de los pronombres. Es bastante cierto. Pero eso es una ob servación de orden
psicológico. El día que estemos acostumbrados a esa anteposición, se pensará,
tal vez, que es la posposición del pronombre la que provocará esa falta de
energía. Esto no es exactamente así. Ya pude verificar que el brasileño, en las
frases infinitivas, usa el pronombre pos puesto. Pero el día en que ustedes
estén acostumbrados a mi manera de emplearlo, ya no le prestarán atención a esa
falta de virilidad (por lo demás, innecesaria allí, en un comentario
intercalado, manso). En com pensación, adquirí una sonoridad más familiar, un
ritmo más dulzón y cadencioso, que es tan a la manera brasileña de esta raza
nuestra, mezcla de indio escurridizo y negro bailador. Si el hombre en cuestión
tiene sensibilidad, yo también la tengo, gracias a Dios, y hoy voy a mandarte,
si bien no está terminado, mi poema “O poeta come amendoim” (El poeta como
maníes) para que veas que yo también me había dado cuenta de eso. Apenas empecé
a escribir en brasileño me di cuenta que mi modo de hablar se hacía más
pausado. Paciencia. No se puede adquirir todo a la vez. Con el amerenglish
(lengua de los norteamericanos) ocurre lo mismo en relación al inglés, pese a
que el de Estados Unidos es el pueblo más apresurado que existe. El italiano de
Dante es mucho más lento que el de Papini; el portugués de Frey Luiz de Souza
mucho más lento que el de Latino. Y además nosotros somos un pueblo flemático.
Pero el día que el brasileño invente una lengua, como lo es el portugués con
respecto al español, no creo que pueda llegar más lejos; él también habrá de
adquirir sus formas rápidas. Yo no estoy trabajando para mí porque sé que en un
asunto como este uno sólo trabaja con el tiempo.
Dice después, el fulano, que yo decidí “anteponer siempre (el subra
yado es de él) los pronombres” y dice con ironía que eso es un capricho. No es
ningún capricho y no existe el siempre, sino un generalmente. El mismo da una
serie de ejemplos contrarios con los “variou-o”, “multi-plicou-o”,
“chamar-lhe-iam”. Confieso que este último se me escapó. Pero los otros son muy
míos. Por lo demás, y esto es una tontería, dice que yo me contradije al
discutir contigo porque tú escribiste “que te nao via” (que no te veía) también
con el pronombre antes del verbo. En efecto, pero el error está en el pronombre
antes del nao. Nosotros nunca habla mos así. Ni una sola vez, Decimos “que nao
te via” (que no te veía) ¿No es cierto?
De modo que el fulano, además de obrar de mala fe y con arbitrarie dad,
se permite trampear. . . Pues bien: dile que se guarde sus trampas y que vaya a
lamer jabón. Eso no implica, Manuel, que yo no me sienta realmente muy
agradecido a tus observaciones y a las ajenas que me llegan por tu intermedio.
Justas o injustas ellas me hacen mucho bien porque sirven para iluminarme,
aclarar, afirmar puntos dudosos, recor dar otros. Sigue siendo fiel a esa
buena acción de amigos y que Dios te lo pague.
¿Podrías hacerme un favor? Le envié a Prudente una carta pidiéndole que
me consiguiese un distribuidor para Esclava, ya impresa, allí en Rio. Hoy me
enteré que está enfermo. Quiero pedirte que lo llames por telé fono y le
digas, de mi parte, que le transmita el pedido a Sérgio Buarque de Holanda. El
me solucionará el problema seguramente, pero dile que se apure porque aquí ya
están vendiendo el libro.
MÁRIO
NOTAS
NOTAS A LOS ENSAYOS, ARTICULOS Y
CARTAS
Ensayos
Este ensayo, escrito en
1928, se publicó inicialmente en 1934, en el libro O Aleijadinho e Alvares de
Azevedo; posteriormente se incluyó en Aspectos das artes plásticas no Brasil
(1965), Volumen XII de las Obras Completas. Constituye, hasta hoy día uno de
los análisis más brillantes no sólo de Antonio Francisco Lis boa, sino también
de la situación del mulato en la colonia.
La expresión es tomada en
dos sentidos: 1) designa el conjunto de los poetas arcádicos brasileños; 2)
designa una sociedad literaria que habría efectivamente existido y que reunía a
esos poetas. La opinión de los críticos diverge, pero M. A. parece inclinarse
por la primera acepción.
Marilia es la musa de las
liras de Tomás Antonio Gonzaga (ver Relación de los nombres citados').
Y-Juca-Pirama: título del
poema indigenista más famoso del romanticismo bra sileño y, ciertamente, la
obra maestra de Gongalves Dias (ver Relación de los nom bres citados).
Doña María I, Reina de
Portugal, madre de Dom JoSo VI (1734-1816).
Vila Rica, Mariana, Sobará,
Caeté: ciudades mineras de la zona de mayor explotación, conocidas por su
admirable arquitectura del siglo xvm .
Fanfarráo Minésio es el
personaje central de las Cartas Chilenas, y representa la caricatura del
Gobernador de la Provincia de Minas, Luis da Cunha Menezes.
Chica da Silva es un famoso
personaje del siglo XVIII en Minas Gerais. Esclava del padre Rolim, fue
comprada por Joáo Fernandes de Oliveira, vendedor de dia mantes en Minas, en
la segunda mitad del siglo XVIII; éste la rodeó de un lujo legendario, satisfaciendo
sus caprichos más extravagantes.
Triunfo Eucarístico: Fiesta
solemne realizada en 1733, en Vila Rica, Minas Gerais, con motivo de la
inauguración de la Catedral del Pilar. “Las festividades, que duraron varios
días, tuvieron su punto máximo en la procesión del traslado del Santísimo, desde
la Iglesia del Rosario hasta la que entonces se inauguraba. El largo cortejo
constituyó una colorida trama coreográfica. En trajes de gala, las hermandades
locales iban con sus santos patronos, precedidas de conjuntos musi cales,
grupos de danzarines, carros alegóricos y figuras mitológicas a caballo. Las
calles y casas estaban adornadas con arcos y guirnaldas. Fue un fabuloso
festival barroco”. (Enciclopedia Mirador Internacional).
10 Emboadas: guerra de las Emboadas; importante conflicto armado entre
los paulistas, quienes se habían adueñado de las tierras de explotación minera
en la
Capitanía de Minas Gerais, y los forasteros y representantes de la
metrópoli (1708-1709).
11 Congonhas: ciudad minera de la zona de explotación, conocida sobre
todo por encontrarse ahí algunas de las obras más hermosas del Aleijadinho: las
estatuas de los Profetas, en piedra de jabón y las imágenes de madera del
Via-crucis.
12 Abaruna: expresión tupí que usaban los indígenas para designar el
traje negro de los jesuítas.
13 Carumbés: término tupí para designar la vasija cónica donde se
transportan los minerales para ser lavados.
14 En el original: cozido, especialidad culinaria brasileña, de origen
ibérico, a base de una gran diversidad de carnes y verduras, cocinadas todas
juntas.
15 Sao Joao d ’El Rei: ciudad minera de la zona de explotación, fundada
en el siglo XVIII y famosa por su arquitectura colonial.
16 Vila Rica: antigua capital de la provincia de Minas, actualmente
llamada Ouro Preto. Hasta hoy es uno de los conjuntos más perfectos de la
arquitectura colonial.
17 Arcades: Los poetas de la escuela mineira del siglo XVIII.
Olinda: ciudad pernambucana, situada frente a Recife, en el estero del
Ca-piberibe.
19 Evolución social de la música en Brasil, es un ensayo escrito en
1939. Se incluyó en Aspectos da música brasileña, vol. XI de las Obras
Completas.
20 Alusión a la creencia de una tierra sin males, difundida entre los
tupís y registrada por los cronistas (Lery, Cardim, D’Abbeville) según la cual,
después de la muerte, habría una vida futura donde cuerpos y almas vivirían
“detrás de las montañas altas”, una vida dionisíaca, mezcla de danzas y
borracheras. M. A. celebró esa creencia en el poema V de los “Poemas de la
Amiga”.
21 Tuxauas y morubixabas:
términos tupí que significan
“jefe”.
22 O Guaraní (1870) y O Escravo (1889), son óperas de tema brasileño,
escritas por Carlos Gomes. En cuanto a Moema, se trata de la ópera de Delgado
de Carvalho, representada por primera vez en 1894.
23 Reisados: forma incipiente de melodrama dialogado, original del
Brasil, seme jante en cierto modo a las Pasiones de la Edad Media.
24 Las Chegangas de los Marineros y las Chegangas de los Moros son
danzas dramáticas de tono heroico en las que se celebran los trabajos marinos
de los lusi tanos; originalmente portuguesas, se aclimataron en Brasil, sobre
todo en el Norte y en el Nordeste.
25 Los Congos y Congadas son danzas dramáticas de influencia africana,
cuyo núcleo está constituido por la política de las embajadas de paz, comunes
en Africa siempre en guerra.
26 Los Cáboclinhos y los Caiapós, son danzas dramáticas de origen
indígena, las cuales rememoran las danzas totémicas, las danzas propiciatorias
de la caza
de la pesca y también los
dramas cotidianos de la tribu, como la muerte del rujo.
27 Bumba-meu-Boi: el holgorio brasileño más popular del Nordeste.
Especie de auto de fe brasileño, creación genial del mestizo, según M. A. Se
representa a mediados de noviembre hasta la Noche de Reyes; pertenece al ciclo
de la Navidad.
28 Se refiere al compositor brasileño Vila Lobos (ver Relación de los
nombres citados) .
29 Alusión a Pedro Alvares Cabral, quien en 1500 descubrió el Brasil,
según la tradición, por pura casualidad, pues suponía estar en camino de las
Indias Orientales.
30 En el original Cueras, término popular que significa “valientes”,
“capaces”, “hábiles”.
31 En el original araras: aves de la familia de los Psitacídeos,
notables por el vivo colorido de sus plumas; designación popular de bobo,
tonto, ingenuo.
32 Lo mismo que verde-amarillo. La expresión fue consagrada por el
célebre verso de Castro Alves que se refiere a la bandera brasileña:
“Auri-verde pendón de mi tierra / que la brisa de Brasil besa y balancea”.
33 Loide: una de las dos mayores compañías brasileñas de Navegación.
34 E.F.C.B.: Estrada de Ferro Central do Brasil: red ferroviaria que une
Sao Paulo a Rio, y sirve también a los suburbios alrededor de la antigua
capital de Brasil.
35 De este mismo ensayo existen varias versiones; el texto aquí
transcrito es el que M. A. envió al Boletín Latinoamericano de Música, I, 1? de
abril de 1935.
36 Las cofradías religiosas reflejan con fidelidad la estructura
jerárquica y el prejuicio racial de la sociedad brasileña, desde los tiempos de
la colonia. En el tope de la escala social tenemos siempre la Cofradía del
Carmen, la cual congrega la población blanca de la clase dominante, y en los
grados inferiores los desprovis tos de fortuna, esclavos y evidentemente
mestizos, quienes generalmente se reúnen en la Cofradía del Rosario.
37 Folias do Divino: banda de muchachos que va de puerta en puerta,
solicitando donativos para la fiesta del Divino Espíritu Santo, tocando
instrumentos y entonan do cantos de agradecimiento y de despedida.
38 Lampadosa: Iglesia de Rio de Janeiro.
39 El pueblo acostumbra usar la forma plural, incluso para designar a un
único rey.
40 Emperadó: forma popular de
“Emperador”.
41 Chico-Rei: famoso personaje de la historia colonial brasileña. Fue
capturado con su familia y su tribu en Africa, y fue traído para trabajar en
las minas de Ouro Preto; ahí, él y los suyos pudieron librarse con el provecho
de su trabajo y, poco tiempo después, obtuvieron la liberación de los hijos de
otras naciones vecinas, hasta formar un Estado dentro del Estado. Se dice que
Chico-Rei llegó a poseer una mina y a organizar una especie de reinado, que era
la hermandad de Santa Ifigenia. Todos los años, en el cumpleaños del rey, se
dirigía en cortejo con los compañeros, al son de músicas y cantos, para asistir
a la misa en la Iglesia del Rosario, que había construido con su propio
esfuerzo.
42 Dicción popular de la frase: “Embajador, ¡estoy a tus pies postrado!
¡Así como te ofendí perdona mis culpas!”. “¡Levántate, infeliz! ¡Despídete de
tu padre y sigue al cadalso!”.
43 Ceará: estado del Nordeste brasileño.
44 Mato Grosso: estado central de Brasil, que hace frontera con Bolivia.
45 Paraíba: estado del Nordeste brasileño donde M. A. recogió gran parte
de su documentación musical, en ocasión de su segundo viaje por Brasil.
46 Oneida Alvarenga recuerda que, posteriormente, M. A. reformuló este
juicio, conforme se puede leer en su trabajo Dangas Dramáticas do Brasil: “Hoy
yo creo, por ejemplo — dice él— que en el estudio que publiqué sobre los
Congos, mi determinación de que se trata de la reina Ginga Banai, que vivió
aproximada
mente en 1621, reina de raza ginga que celebran las diferentes versiones
del baile, fue una generalización superficial. Con el descubrimiento que hice
de un texto paraibano referente a esa famosa reina negra, Doña Ana de Sousa,
como la llama-ban los portugueses, quedé ebrio. Hoy mi pensamiento es más
discreto. Lo que es "folklórico” en el caso es la celebración de la reina
negra, que de hecho hubo muchas entre los Gingas, es una supervivencia, no
histórica, sino social, del matriar cado. La alusión especial y exclusivamente
paraibana a la reina Ginga Bandi, de muestra la intromisión cultista de un
poeta que la conoció o rehízo o adaptó en la Paraíba la versión original de los
Congos.
47 Este ensayo, publicado en 1931 en la Revista Nueva, está incluido en
Aspectos de Literatura Brasileira, vol. X de las Obras Completas.
48 En el original sequestro: expresión forjada por M. A. y que equivale
al con cepto freudiano de “represión” (o inhibición).
49 Alma minha, alusión al famoso soneto de Camóes, cuyos primeros versos
son:
“Alma minha gentil que te partiste /
Tao cedo desta vida descontente”.
50 As Bombas: título de uno de los sonetos parnasianos más populares en
Brasil, de Raimundo Correia (ver Relación de los nombres citados).
51 Conferencia dictada en la Casa del Estudiante, en Rio, en 1942, e
incluida en Aspectos da Literatura Brasileira, vol. X de las Obras Completas.
52 Los óleos Estudanta Rusa y O Homen Amarelo fueron adquiridos por M.
A. y actualmente forman parte de su acervo, en el Instituto de Estudios
brasileños de la Universidad de Sao Paulo.
53 Festa: revista literaria de tradición simbolista, editada en 1927 por
el grupo “espiritualista” al que pertenecían Tasso da Silveira, Murilo Araujo,
Barreto Filho, Adelino Magalhaes, Gilka Machado, etc.
54 La Revista do Brasil fue una de las revistas brasileñas más
importantes, diri gida en ese momento por Monteiro Lobato y también, durante
cierto tiempo, por Paulo Prado.
55 Juca-Mulato: poema regionalista de Menotti del Picchia, anterior a
1922 (1 9 1 7 ), sumamente popular en la época en que fue escrito.
56 Rúa Quinze: la calle Quince de Noviembre es una de las calles que
forma ban el triángulo, en el corazón de la ciudad, donde se encontraban, en
la época, las sedes de los bancos y las oficinas de la alta finanza.
57 Punto más alto de la red ferroviaria Sao Paulo-Santos donde se
aprecia un deslumbrante panorama, que comprende parte del litoral, incluida la
ciudad de Santos.
58 Ilha das Palmas: isla pintoresca, situada en el litoral de Santos, no
muy alejada de la costa.
59 Papel e Tinta: revista dirigida por Oswald de Andrade y Menotti del
Picchia ver Cronología, año 1920).
60 Rúa Lopes Chaves: se trata de la residencia de M. A. (Rúa Lopes
Chaves 108, posteriormente 546). Era una casa en la esquina, de dos pisos, que
daba a la calle. Las habitaciones del escritor quedaban en el 29 piso y
constaban de un pequeño dormitorio y un estudio relativamente amplio, con
muchos cuadros mo dernos, muebles que él mismo había diseñado, un pequeño
órgano y hermosas esculturas barrocas brasileñas.
61 Avenida Higienópolis: la principal avenida del barrio residencial de
la alta burguesía en la época del 20 y del 30. El autor se refiere a la casa de
Paulo Prado.
62 Rúa Duque de Caxias: residencia de Doña Olivia Guedes Penteado, en
los Campos Elíseos, barrio de la alta burguesía de principio de siglo, hoy
decadente.
63 Partido liberal de oposición fundado en Sao Paulo en 1926, al cual se
afiliaron muchos de los escritores modernistas (ver Cronología año 1929).
64 Doña Olivia Guedes Penteado: ver Notas a Macunaíma, nota 242 ***.
65 Alameda Barüo de Piracicaba: una de las principales alamedas del
barrio de los Campos Elíseos.
66 Prados y Penteados y Amarais: nombres de tres de las familias de
mayor in fluencia de la alta burguesía paulista de la época.
67 Sorocaba, Parnaiba, Itú: ciudades del interior paulista que
conservan, a través de las fiestas populares, de la arquitectura, del
mobiliario, rasgos muy vivos de la vieja cultura tradicional.
68 La revolución de 1930 puso fin al predominio de la vieja oligarquía
cafetalera e inició una nueva era en la política.
69 Alusión a la separación de la pareja Tarsila-Oswald de Andrade, lo
cual, en gran parte, fue responsable del fin del salón de la Alameda Barao de
Piracicaba.
70 Alusión a las varias rupturas entre amigos, mencionada en la
Cronología, año
1929.
71 Alusión al color verde de la camisa de los integralistas (fascistas
brasileños).
72 Juego de palabras a partir de la conocida megalomanía de Plinio
Salgado y del título de una de sus principales novelas, O Esperado (1931).
73 Bagaceira: lugar donde se reúnen los bagazos de la caña en los
ingenios de azúcar. Alusión a la novela del mismo nombre (A Bagaceira, 1928),
de José Américo de Almeida, momento en que se inicia la novela social
nordestina.
74 Alusión a las prisiones que sucedieron a las intentonas comunistas e
integra-listas.
75 Bras Cubas: Memorias Postumas de Bras Cubas, una de las novelas más
im portantes de Machado de Assis.
76 Alusión al gran respeto que el Emperador Pedro II sentía por las
manifesta ciones de la cultura.
77 Cataguazes: se refiere a una ciudad del sur de Minas, donde se
produjo a finales del 20 y en el decenio del 30, un importante movimiento
cultural que no abarcó solamente la literatura — con la fundación de periódicos
(Revista Verde, 1927) — sino que provocó todo un surgimiento del cine, con la
actuación pionera de Humberto Mauro.
78 Librería e importante casa editorial de Rio de Janeiro, fundada por
José Olimpo Pereira. Estaba situada en la calle del “Ouvidor”, en el centro de
la ciudad, y fue la principal divulgadora de novelas del Nordeste.
79 Globo: librería y casa editorial más importante de Rio Grande do Sul.
80 Compañía Editora Nacional: gran casa editorial que se especializó en
libros didácticos y de temas brasileños; se hizo famosa sobre todo por la
colección
Brasiliana.
81 La Librería Martins Editora es una de las principales editoriales de
Sao Paulo, fue fundada en 1937 por José de Barros Martins. Editó las Obras
Completas de M. A. y durante mucho tiempo fue la editorial exclusiva de Jorge
Amado.
82 Editorial de Rio Grande do Sul.
83 Se refiere a la Editorial José Olimpo.
84 Francisco Campos fue Ministro de Justicia de Getúlio Vargas.
85 O E stra n g eiro (1926) es el nombre de una novela de Plinio Salgado
(ver Relación de los nombres citados').
86 Negra Fuló: es el poema más popular de Jorge de Lima (ver Relación de
los nombres citados); era número obligatorio de las diseuses provincianas y
buen ejemplo de poesía que aprovecha el aspecto folklórico de la época.
87 Itabira, ciudad minera, conocida por sus yacimientos de hierro.
88 Inconfidencia Mineira o Conjuración Mineira: movimiento
revolucionario or ganizado en 1789, en la ciudad de Vila-Rica — actual Ouro
Preto— y sede de la Capitanía de Minas Gerais, con el objeto de proclamar la
independencia de Brasil.
89 Poema épico (1769) del poeta
mineiro José Basilio da Gama (1741-1795).
90 Cartas Chilenas: el más célebre poema satírico del siglo xvm .
Durante más de un siglo la crítica erudita discutió quién sería el misterioso
Critilo que las había firmado; hoy, la obra se le atribuye a Tomás Antonio
Gonzaga (ver G O N Z A G A , en Relación de los nombres citados).
91 El primer gran edificio moderno brasileño, proyectado por Oscar
Niemeyer y Lucio Costa a partir de un trazo inicial de Le Corbusier y decorado
con azulejos de Portinari.
Artículos
92 Sobre el Dibujo, artículo publicado en Aspectos das Artes Plásticas
no Brasil (vol. XII de las Obras Completas). Uno de los pocos fragmentos
redactados por M. A. que quedan del curso de “Historia y Filosofía del Arte”,
dictado en la Uni versidad del Distrito Federal, en 1938.
93 De la hipocresía: crónica publicada en O Empalhador de Passarinho
(vol. XX de las Obras Completas).
94 La zorra y el testón: crónica publicada en O Empalhador de Passarinho
(vol.
de las Obras Completas).
95 Dom Casmurro: importante periódico literario de Rio de Janeiro, que
tuvo gran prestigio a fines de los años 30.
96 Jubiabá: título de una novela de Jorge Amado (1935).
97 Joño Miguel: título de una novela de Raquel de Queiroz (1932).
98 Menina Boba: título del libro de poemas de Aneyda Alvarenga (1938).
99 La Modinha y Lalo: crónica publicada en la sección “Artículos
Nuevos”, aumentada en la edición postuma de Música, Doce Música (vol. VII de
las Obras Completas) .
100 Crónica publicada en la sección “Artículos Nuevos”, aumentada en la
edición postuma de Música, Doce Música (vol. VII de las Obras Completas).
101 En el original Toada, novela lírica brasileña, generalmente en
estrofas y re franes en cuartetas.
102 Coco: canto-danza nordestina, de playa o de sertón, de evidente
influencia africana. M. A. la estudió minuciosamente en Paraíba, en ocasión de
su viaje al Nordeste.
1Q3 Santo Tomás y el caimán: crónica de 1929, publicada en libro después
de la muerte de M. A. ( Taxi e Crónicas no Diário Nacional, 1976).
Museo Paraense Emilio
Goeldi, Belem (1866). Importante museo de antro pología, botánica, zoología y
geología del Pará, con una excelente sección de etnografía y un huerto botánico
anexo.
105 Cerámica Marajoara: importante cerámica originaria de la isla de
Marajó en la desembocadura del Amazonas.
106 El mayor músico: crónica del 20- 5-1943, con la cual M. A. inició su
cola boración en la sección “Mundo Musical” en la Folha da Manha de Sao Paulo
(ver Cronología, año 1943). Inédito en libro.
107 Ensayo de 1939, incluido en Aspectos da Literatura Brasileira, Obras
Completas, vol. X. Desde el punto de vista formal no es uno de los grandes
escritos de M. A.; presenta más bien un grave defecto de estructura que
consiste en desarrollar una de sus ideas principales en la tercera nota. Dos
motivos, sin embargo, me llevaron a incluirlo en esta antología: el admirable
análisis de la poesía social de nuestro gran poeta romántico y la
importantísima exposición sobre lo que es la esencia del fenómeno poético,
junto con la confrontación entre Castro Alves y Fagundes Varela.
Además, el concepto de fluidez de la palabra, o mejor, de evanescencia
del sen tido, es uno de los conceptos básicos de la reflexión estética de M.
A. y, al final de su vida, en O Banquete lo retomará brillantemente en la
admirable discusión sobre las artes y técnicas de lo acabado y lo inacabado.
108 Castro Alves: ver Relación de los nombres citados.
109 Gregorio de Matos: idem.
110 Gonzaga: idem.
111 Alvares de Azevedo: idem.
112 Andrade Muricy: idem.
113 Tito Lívio de Castro: idem.
114 Afránio Peixoto: idem.
115 Gongalves Dias: idem.
116 Cláudio Manuel da Costa: idem.
117 Cruz e Souza: idem.
118 Varela: idem.
Cartas
119 Carta a Carlos Drummond de Andrade, fechada en 1924; probablemente
es la primera carta escrita por M. A. al gran poeta mineiro, quien se convirtió
en uno de sus corresponsales más importantes.
120 Carta a Antonio Cándido, fechada el 18-1-43 (ver Relación de nombres
citados'), en respuesta a una carta de este último, escrita después de la
primera lectura de O café. La misma fue publicada por primera vez, sin el
párrafo inicial ni las líneas finales, por Ligia Fernandes: 71 Cartas de Mario
de Andrade, Livraria S. José, s/d. Oneyda Alvarenga comenta que en esa lectura,
hecha en el estudio de M. A., estaban presentes, además de ella, Sylvio
Alvarenga, su marido, el arquitecto Luis Saias, Gilda de Mello e Souza, Antonio
Cándido y el abogado argentino Norberto Frontini, “enviado por la editorial
mexicana Fondo de Cultura Económica, para recomendar libros de escritores
brasileños” (Oneyda Alvarenga, Mario de Andrade, um pouco, p. 56, nota 18).
121 Café: Ver Cronología, fines de 1942 y comienzos de 1943.
122 Franciscanos: alusión al “Bar Franciscanos”, situado en la calle
Liberó Badaró en Sao Paulo, donde M. A. iba todas las noches libres a tomar una
cerveza y a encontrarse con los amigos.
123 Francisco Otaviano de Almeida Rosa (1825-1889), político, poeta y
perio dista. Tradujo los Cantos de Ossian (Macpherson).
124 Sapo: forma coloquial para designar a una persona extraña a un
círculo de terminado, que actúa como observador.
RELACION DE LOS NOMBRES CITADOS, POR ORDEN ALFABETICO Y TAL COM O
APARECEN EN LOS ENSAYOS
A D E L I O M A G A L H Á E S (1887- ), escritor “espiritualista” del
grupo de la revista Testa; según Alfredo Bosi, “indeciso entre las nuevas
libertades formales y la tra dición simbolista”.
A F R Á N I O P E I X O T O (1876-1947), médico, polígrafo y novelista
de la belle épo-que. Autor de la famosa frase: “la literatura es la sonrisa de
la sociedad”.
A G O S T I N H O C O N T Ú (1878- 1943), profesor y compositor de
origen italiano, radicado en Brasil desde 1908. Fue maestro de toda una
generación de excelentes músicos brasileños.
A L C E U A M O R O S O L I M A , v e r T R I S T Á O
D E A T A I D E .
A L C I D E S M A I A (1878-1944), escritor gaucho que “representa el
regionalismo artificioso dentro de un estilo entre parnasiano y decadente”
(Alfredo Bosi).
A L E X A N D R E L E V Y (1864-1892), gran músico brasileño, fallecido
a los 28 años, fue uno de los primeros compositores que se preocupó por las
fuentes populares como inspiración de la música artística. Entre sus varias
obras sobre temas brasi leños se destaca la “Suite Brasileira”.
A L E I J A D I N H O (1730-1814), sobrenombre de A N T O N I O F R A N C I S C O L I S
B O A ,
gran arquitecto y escultor mineiro del siglo xvm (ver en esta antología
el ensayo “El Aleijadinho”) .
A L M E I D A JÚ N I O R (1850-1899); JO S É F E R R A Z D E A L M E I D
A JÚ N I O R , pintor paulista de formación académica pero de gran sentimiento
brasileño, considerado por la crítica de artes plásticas posterior a la Semana
de Arte Moderno, uno de los creadores de la pintura moderna de cuño brasileño.
A L M I R D E A N D R A D E (1911- ), ensayista y filósofo brasileño.
A L P H O N S U S D E G U I M A R Á E S (1870-1913), nombre poético de A
L F O N S O H E N - R I Q U E S D A C O S T A G U I M A R Á E S , poeta
simbolista de gran inspiración religiosa cuya poesía, llena de medios tonos,
contribuyó decisivamente para desarticular el verso académico. Fue, por eso,
muy apreciado por los modernistas.
A L U I S I O A Z E V E D O (1857-1913), el novelista más importante
brasileño tomado en sentido estricto; sufrió la influencia de E. Zola y del
novelista portugués E?a de Queiroz. Su obra más importante es O Cortigo (1890),
todavía hoy conside rada una de las mayores novelas brasileñas.
ALVARES DE AZEVEDO (1831-1852); MANUEL ANTONIO ALVARES DE AZE
V E D O , e l esc r ito r m e jo r d o ta d o d e su g e n e ra c ió n y u n o d e lo
s m á s a p a sio n a n te s
de la novelística brasileña. Poeta y prosista de filiación byroniana;
murió tuber culoso a los 20 años, sin haber visto su obra reunida en libro.
A L V A R O M O R E Y R A (1888-1964), escritor de formación simbolista,
integrado al grupo de la revista Fon-Fon de Rio y bastante ligado a los
modernistas.
A M A D E U A M A R A L (1875-1929),
poeta neo-parnasiano, sentencioso
y formal.
Hoy es conocido sobre todo por sus estudios de folklore.
A D R A D E M U R I C Y (1895- );
JO S É C Á N D I D O D E A
N D R A D E M U R I C Y , crítico lite
rario y musical, ligado a la tradición simbolista. Autor del importante
Panorama do Simbolismo Brasileño, 3 vol. 1952
A N T O N I E T A R U D G E (1885-1974), gran pianista brasileña. Fue
alumna de Luigi Chiaffarelli y fundó el primer Trío Femenino de Brasil.
A N T O N I L (1650-1716), pseudónimo del jesuíta italiano JoÁo A N T O
N I O A N - D R E O N I , autor de uno de los libros más importantes sobre la
economía colonial brasileña, Cultura e opulencia do Brasil (1711), confiscado y
destruido por orden del gobierno portugués.
A N T O N I O C A N D I D O (1918 -); A N T O N I O C
A N D I D O D E M E L L O E S O U Z A , crí
tico y profesor de Teoría Literaria y Literatura Comparada de la
Universidad de Sao Paulo. Fue uno de los fundadores de la revista Clima
(1914-1944).
A N T O N I O F R A N C I S
C O L I S B O A , v e a se
A L E I J A D I N H O .
A R T U R P E R E I R A (1894- 1946), compositor y profesor del
Conservatorio Dramá tico musical de Sao Paulo, donde enseñó armonía superior,
piano y composición. Musicalizó los “Poemas da Negra” de Mário de Andrade
(canto y orquesta).
A U G U S T O M E Y E R (1902-1970), poeta, profesor y ensayista. Es
autor de algu nas de las mejores páginas de crítica moderna en Brasil; durante
muchos años fue director del Instituto Nacional del Libro.
A U G U S T O F R E D E R I C O S C H I M I D T (1906 -1965), poeta
retórico, de inspiración bíblica, que gozó de gran prestigio en los decenios
del 30 y del 40, sobre todo entre los jóvenes intelectuales católicos.
B A R R O S O N E T O (1881-1941); JO A Q U I M
A N T O N I O B A R R O S O N E T O ,
compositor
y pianista. Sus obras de estilo simple y claro revelan la influencia de
los maestros alemanes como Grieg; en la última fase realizó una música de
tendencia brasi leña, dedicándose con excelentes resultados a la literatura
del canto. Dejó también una obra pianística importante.
B A S I L I O D A G A M A (1741-1795); José B A S I L I O D A G A M A ,
poeta arcádico, autor del poema heroico “Uraguai” (1 7 6 9 ), uno de los más
bellos de la literatura bra sileña, que lanzó al indio como tema literario;
ejerció así gran influencia sobre los románticos más de medio siglo después.
B I L A C (1865-1918); O L A V O B I L A C , considerado en su tiempo el
máximo poeta de Brasil, fue sin duda el más importante de los parnasianos;
promovió también campañas patrióticas, convirtiéndose en una especie de
paradigma del escritor oficial.
B O C A G E (1765-1805); M A N U E L
M A R Í A B A R B O S A D U B
O C A G E , el mayor poeta
portugués del siglo xvm , cuya obra atormentada marca una inflexión
moderna en la poesía arcádica.
B R E T A S (1814- 1866?); R O D R I G O José F E R R E I R A B R E T A
S , historiador del ba rroco mineiro, uno de los primeros en estudiar la
figura del Aleijadinho.
C A L D A S B A R B O Z
A (1738-1800); D O M I N G O C
A L D A S B A R B O Z A , poeta brasileño
que vivió en Portugal, ligado al grupo de la Nueva Arcadia; adaptó la
poesía erudita “a la gracia fácil y sensual de los lundús y de las modinhas
afro-brasileñas” (A. Bosi) .
C A L D E I R A F I L H O (1900- ),
JoÁo D A C U N H A C A L D E I R A F I L H O , c r ític o m u sic a l
ta m b ié n a c tiv o e n la e m p r e sa d e S ao P a u lo . F u e ta m
b ié n p ro fe so r d e P ia n o e H isto r ia d e la M ú sic a e n e l C o n
ser v a to r io D r a m á tic o y M u sic a l d e Sao P a u lo .
C A P I S T R A N O D E A B R E U (1853-1927); JoÁo C A P I S T R A N O D E A
B R E U , historia
dor brasileño cuya obra se caracteriza por el extremo rigor de la
investigación. Con tinuador de Varnhagen creó, en cierto modo, una escuela de
investigadores eruditos.
C A M A R G O G U A R N I E R
I (1907- ); M O Z A R T C A M A R G O G U A R N I E R I , uno de los
compositores modernos brasileños más importantes, poseedor de gran
fuerza lírica y genuino sentimiento brasileño. Se ha inspirado en las formas
musicales populares de su estado natal (Sao Paulo), como la “tonada” y la
"moda caipira”. Su valor es hoy reconocido internacionalmente.
C A R L O S D R U M M O N D D E A N D R A D E ( 1 9 0 2 - ), para
algunos el poeta brasileño contemporáneo más importante. Su poesía seca oscila
entre el humor sarcástico y la desesperación contenida que le permiten
construir una de las expresiones poéticas más complejas y significativas de la
literatura brasileña.
C A R L O S G O M E S (1836-1896); A N T O N I O C A R L O S G O M E S ,
el músico brasileño más importante de la segunda mitad del siglo xix. Su
extensa obra “revela siempre, como cualidades fundamentales, una imaginación
ardiente y una prodigiosa abun dancia melódica” (Renato Almeida).^ Su
realización más conocida es la ópera O Guaraní”, basada en la novela homónima
de José de Alencar.
C A R V A L H O R A M O S (1895-1921); H U G O
D E C A R V A L H O R A M O S ,
escritor típico
del regionalismo convencional, caracterizado por el gran vigor de su
lenguaje.
C A S I M I R O D E A B R E U (1839-1860), poeta romántico, muy popular,
de inspira ción fácil y comunicativa.
C A S T R O A L V E S (1847-1871); A N T O N I O D E C A S T R O A L V E
S , uno de los mejo res poetas brasileños y, sin duda, el mejor de los poetas
propiamente románticos. Lírico admirable y gran maestro de poesía elocuente a
la manera de Víctor Hugo; puso sus versos al servicio de los movimientos más
nobles de la época, como la liberación de los esclavos. Murió tuberculoso antes
de cumplir 24 años.
C H I A F F A R E L L I (1856-1923); L U I G I C H I A F F A R E L L I ,
profesor de piano radicado en Sao Paulo, donde creó la más importante y fecunda
escuela de practicantes de ese instrumento. Entre sus alumnos más ilustres
podemos citar a Francisco Mignone, Guiomar Nováis, Antonieta Rudge y Souza
Lima.
C IC E R O D Í A S (1908- ), pintor del Nordeste, ligado al grupo
regionalista de Gilberto Freyre. Se inició con una pintura de connotación
surrealista y temática profundamente brasileña, evolucionando en seguida hacia
el abstraccionismo; actual mente ha vuelto a la pintura figurativa. Está
radicado en París hace muchos años.
C L A U D I O M A N U E L D A C O S T A (1729-1789), gran poeta arcádico
brasileño; por el conjunto armonioso de las cualidades, puede ser considerado
“el arcadio por excelencia” (A. Bosi). Participó en el movimiento nativista e
ilustrado llamado la Inconfidencia Mineira (1789). Fue preso y se suicidó en la
prisión.
C L O V I S G R A C I A N O (1907- ), pintor afiliado a los grupos
“Santa Helena” y “Familia Paulista” del decenio del 30. Permaneció siempre fiel
a la Figuración.
C Y R O D O S A N J O S (1906 - ), novelista surgido a finales del
decenio de los 30; su lenguaje pertenece al de la novela introspectiva de
influencia machadeana. Es autor de una excelente novela O Amanuense Belmiro
(1937).
COSTA A T A ID E (1762-1830);
M A N U E L D A C O S T A
A T A I D E , d e sta c a d o p in to r
y r ep ro d u cto r d e im
á g e n e s d e l p e r ío d o c o lo n ia l
d e M in a s, c o n te m p o r á n e o d e l A
le ija -
d in h o , d e q u ie n fu e c o n sta n te co la b o ra d o r (v e r e n e sta a
n to lo g ía e l e n sa y o “El
A le ija d in h o ” ) .
C O U T O D E B A R R O S (1900- ); A N T O N I O C A R L O S
C O U T O D E B A R R O S ,
uno de
los participantes de la Semana de Arte Moderno y asiduo colaborador de
la revista
modernista Klaxon (1922). No publicó, pero es recordado por los
contemporáneos como un espíritu lúcido, racional y filosóficamente muy
informado.
C R U Z E SO U S A (1861-1898); JoÁo D A C R U Z E S O U Z A , uno de
los simbolistas más importantes de Brasil. Poeta cálido y fuerte, dotado de una
imaginación ar diente y de gran potencia verbal, oscila entre la forma regular
de los parnasianos y las melodías evanescentes del simbolismo. Hijo de antiguos
esclavos, es el único escritor brasileño eminente que proviene de pura raza
negra.
Di C A V A L C A N T I
(1897-1977); E M I L I A N O C A V A L C A N T I D E A
L B U R Q U E R Q U E E
M E L L O , u n o d e lo s g r a n d es p in to r e s m o d er n o s b r
a sile ñ o s y ta l v e z e l p r in c ip a l te ó r ic o d e la S e m a n a d
e A r te M o d e rn o . S e h iz o n o ta b le p o r su s cu a d r o s d e c o
lo r es
p r o fu n d o s y lu m in o s o s, d o n d e d e scr ib e e sc e n a s
c a lle je ra s d e lo s m u e lle s , fie sta s p o p u la r es d e lo s a
rrab ales y, so b re to d o , a la s m u la ta s .
D O M I N G O JO S É G O N ^ A L V E S D E M A G A L H Á E S
(1812-1882), considerado el fun dador del Romanticismo brasileño debido al
adoctrinamiento que desarrolló en la Revista N iterói, fundada en París en
1836. Poeta, dramaturgo y filósofo de acen tuada mediocridad.
D U B U G R A S ( ¿ ? ) ; V ÍC T O R D U B U G R A S , arquitecto
francés, nacionalizado brasileño y radicado en Sao Paulo, donde realizó, en los
primeros decenios del siglo, impor tantes obras tales como iglesias,
estaciones ferroviarias, etc.
E M I L I O F A R H A T (1914- ),
n o v e lis ta n e o r re a lista d e lo
s d e c e n io s d e l
30 y 40.
E R I C O V E R I S S I M O (1905-1976), el novelista más importante de
Rio Grande do Sul y, junto a Jorge Amado, el de mayor prestigio entre el
público medio. Su obra se caracteriza principalmente por la intención
humanística y el sentido de la acción individual en relación a los grupos
sociales y a la visión histórica.
F É L I X O T E R O (1868-1946), compositor y profesor de piano de
formación ale mana, trabajó en SSo Paulo, donde gozaba de merecido prestigio.
FERREIRA DA COSTA
(1851-1923); FRANCISCO
AUGUSTO FERREIRA DA
COSTA,
folklorista, autor de Folklore Pernambucano.
F L A V I O D E C A R V A L H O (1899 -1973), pintor, diseñador,
arquitecto y ensayista. Se caracterizó por el constante espíritu de vanguardia,
no solamente en las diferen tes modalidades de su producción, sino en su
comportamiento excéntrico e icono clasta. A pesar de haberse mantenido siempre
fiel a la Figuración, fue uno de los responsables de la presentación en Brasil
de la primera gran Muestra de pintura neo-figurativa extranjera (2*? Salón de
Mayo, 1938).
F R A N M A R T I N S (1913- ),
n o v e lis ta n e o -r e a lista d e l
n o r d e ste .
F R A N C I S C O B R A G A (1868-1945), compositor brasileño cuya obra
de raíces europeas — fue alumno de Massenet, en París, quien ejerció sobre él
una profunda influencia— asume valor y significado nacionalista. Se destacó
también como di rector, profesor y gran propugnador de la música sinfónica.
F R A N C I S C O M A N U E L D A SI L V A (1795-1865), importante
músico de la primera mitad del siglo xix, conocido sobre todo por haber sido el
autor del Himno Nacio nal Brasileño y el fundador del Conservatorio de Música
de Rio de Janeiro. Compu so varios himnos, numerosas partituras sagradas y
también innumerables modin-has. Fue un gran agitador del ambiente musical y,
por esa razón, es considerado por cierto sector de la crítica como el hombre
más útil para la cultura musical que jamás tuvo el Brasil.
F R A N C I S C O M I G N O N E (1900 ), pianista, compositor y
director; es uno de los músicos modernos más importantes de Brasil. Sinfonista
admirable, de gran dina mismo y fuerza expresiva; excelente compositor de
canciones sobre textos poéticos; es autor de una notable obra pianística.
F R E Y V I C E N T E D O S A L V A D O R (1564-1636 o 1639),
franciscano; fue el primer historiador nacido en Brasil. Su Historia do Brasil,
publicada solamente en el siglo xix, es notable por su objetividad y buena
prosa.
F U R I O F R A N C E S C H I N I (1880-1976), director, organista y
compositor de origen italiano, radicado en Brasil desde 1904. Compuso gran
número de piezas sa gradas.
G A R R E T (1799-1854); JoÁo B A
T I S T A D A SI L V A
L E I T Á O D E A L M E I D A
G A R R E T ,
escritor y político liberal portugués, que fue el introductor del
Romanticismo en su tierra.
G L A U C O V E L A Z Q U E Z (1884-1913), compositor brasileño de
formación europea, influenciado por Wagner, César Franck y Vincent d’Indy. Fue
una gran vocación musical que no consiguió realizarse; compuso, sobre todo para
cámara, “páginas vagas y difíciles” (Renato Almeida). Murió a los 30 años.
G O M E S D E A R A U J O (1846- 1943); JoÁo G O M E S D E A R A U J O ,
compositor bra sileño de la escuela melodista italiana, agradable, pero poco
profundo. Compuso óperas, sinfonías, poemas líricos, misas, himnos y romances
para_canto. Fue uno de los fundadores del Conservatorio Dramático y Musical ae
Sao Paulo, donde enseñó durante muchos años.
G O N QA L V E S D Í A S (1823-1864); A
N T O N I O G O N ^A L V E S D Í A S , poeta lírico y
épico, uno de los mejores de la literatura brasileña. Es conocido sobre
todo por su poesía indigenista, marcada por la visión idealizadora del
Romanticismo. Tam bién se dedicó al teatro, donde dejó algunos dramas
importantes; además dejó publicados estudios de etnografía y lexicología
indígena.
GONZAGA (1744-1810); TOMAS
ANTONIO GONZAGA, el más
famoso de los
poetas arcádicos brasileños (a pesar de haber nacido en Portugal). Sus
poesías líricas, de gran naturalidad y pureza, describen una experiencia
amorosa interrum pida por su participación en la Inconfidencia Mineira (1
789), en virtud de la cual pasó tres años en prisión y luego fue desterrado al
Africa, donde murió. Es cribió también un importante Tratado de Dereito
Natural; hoy la mayoría de los críticos le atribuyen las Cartas Chilenas: el
más grande poema satírico de la lengua portuguesa, donde ataca los desplantes
de un Gobernador de la Capitanía de Minas oculto bajo el nombre de Fanfarráo
Minésio.
G R A Q A A R A N H A (1869-1931);
TO S E P E R E I R A D A G
R A Q A A R A N H A , novelista y
adoctrinador que se adhirió al modernismo, del cual se convirtió en su
más vani dosa figura. Trazó las líneas generales de una filosofía vitalista y
cósmica, que es en realidad un confuso amontonamiento de intuiciones.
G R A C I L I A N O R A M O S (1892-1953), novelista del Nordeste de
línea neo-realista. Aún hoy, supera en mucho a sus contemporáneos por la fuerza
creadora que hace de su obra, seca y poco numerosa, una de las más grandes de
la literatura brasi leña de todos los tiempos. Dejó cuatro novelas y dos
libros de memorias: Infancia y Memorias do cárcele, donde narra sus
experiencias de prisión a causa de sus actividades de izquierda.
G R E G O R I O D E M A T O S
(1623-1696); G R E G O R I O D
E M A T O S G U E R R A , gran poeta
del siglo X V I I y uno de los más grandes de la literatura brasileña.
Su poesía, en general pesimista, oscila entre la irreverencia, la devoción
religiosa y la licencio sidad. Sufrió la influencia de la literatura barroca y
transpone, a veces con brillo, esquemas de Góngora y Quevedo.
G U I G N A R D (1869-1962); A L B E R T O D A V E I G A G U I G N A R D
, pintor moderno bra sileño, de gran inspiración lírica. Fue también un
excelente dibujante. En los últi mos años de su vida residió en Belo Horizonte
donde se dedicó a la enseñanza de la pintura y del dibujo.
G U I L H E R M E D E A L M E I D A (1890-1969), poeta de formación
simbolista, ligado al grupo modernista desde el inicio de la Semana de Arte
Moderno. Fue un extra ordinario artífice del verso y se hizo notable ante el
gran público, por una parte, gracias a su poesía intimista y amanerada, y por
la otra, por la celebración de los barrios de Sao Paulo, su estado natal.
G U I L H E R M E D E M E L L O (1867-1932), m u sic ó lo g o y p r o fe
so r; a u to r d e A música no Brasil (1908) , la p r im era h isto r ia d e la
m ú sic a b r a sile ñ a .
GUILHERMINO
CESAR (1908- ), e
sc r ito r q u e p e r te n e c ió a l g
ru p o m o d e r n ista
d e la r ev ista Verde,
p u b lic a d a p o r u n b
r illa n te g ru p o d e jó v
e n e s e n la c
iu d a d d e
C a ta g u a z e s, M in a s G e ra is. F ic c io n is ta , p o e ta y c r ític o , se d e sta c ó a d e m á s
p o r su
a c tu a c ió n c o m o p r o fe so r u
n iv er sita r io .
G U I O M A R N O V Á I S (1894- ), gran pianista brasileña de renombre
internacio' nal. Aún muy joven participó en las conmemoraciones de la Semana de
Arte Moderno, ejecutando piezas de piano.
G U S T A V O B A R R O S O (1888-1959), escritor e historiador que se
hizo conocido sobre todo por sus estudios de folklore y, más tarde, por la
divulgación histórica y política de cuño exageradamente nacionalista. Fue uno
de los líderes de Acción Integralista Brasileña, movimiento de corte fascista.
H E N R I Q U E O sw ald (1854- 1931), el mayor compositor brasileño
inmediata mente anterior al modernismo más importante. No se adhirió a las
corrientes nacionalistas, manteniendo su personalidad inconfundible y europea.
Su obra va riada comprende tres óperas, música sacra, piezas sinfónicas; pero,
es sobre todo en la música de cámara y en la literatura pianística donde se
destaca como uno de los mayores compositores de Brasil.
H E R M E S F O N T E (1888-1930), poeta brasileño neo-parnasiano, de
gran popula ridad en el pre-modernismo. Su obra es de contenido extremadamente
mediocre.
JoÁo P E S S O A (1878-1930), político del Nordeste brasileño, candidato
a vice presidente de la república en la Plancha de Alianza Liberal, al lado de
Getuíio Vargas. Su muerte por asesinato fue el detonante que hizo explotar la
revolución del 30; posteriormente su nombre fue dado a la capital de Paraíba,
su estado natal.
JO R G E A M A D O (1912- ), el novelista nacional más popular en Brasil
y en el exterior. Natural de Bahia, donde vive, evolucionó en sus libros desde
una visión ingenua y generosa, más políticamente comprometida con la realidad
(Jubiabá, 1935; Mar Morto, 1936; Capitáes de Areia, 1937; Térras do sem fim'),
hacía una descripción pintoresca, muy al agrado del lector común y de los
patrones extranje ros de exotismo ( Gabriela, Gravo e Canela, 1958; Doña Flor
e seus dois maridos, 1967) . Ultimamente su prestigio se ha multiplicado a
través de la adaptación de alguno de sus libros, para novelas de televisión y
para el cine.
JO R G E D E LI M A (1895-1953), poeta originario del Nordeste. Comenzó
como aplaudido sonetista parnasiano; enseguida pasó, a partir del contacto con
el grupo modernista en 1925, a dedicarse a una poesía de inspiración
folklórica; posterior mente, después de la conversión al catolicismo, se
dedicó a una poesía católica, pregonada de reminiscencias surrealistas.
JO SÉ M AURICIO N UNES GARCÍA ( p a d r e ) (1767-1830), g ra n m
ú sic o m u la to d e l
fin d e l p e r ío d o c o lo n ia
l, in f lu e n c ia d o p o r lo
s m ú sic o s a le m a n e s (H a y d n , M o zart,
H a e n d e l, G lü c k ), e n co
n tr a ste c o n la in f lu e n
c ia ita lia n a q u e
p r o d o m in a b a e n la
m ú sic a p o r tu g u e sa d e la ép o c a .
Dejó varias misas; su obra principal es la Misa de Requiem para la reina
D. Maria I (1816). Su obra, "por la intención melódica de una seriedad y
de una nitidez pura, se equiparó a lo que hacían en el género los italianos de
su tiempo” (Mário de Andrade).
JO S É W A N C O L L E (¿?), conocido profesor de piano que trabajó en
Sao Paulo; fue profesor particular de Mário de Andrade.
JU D E U ; apodo de A N T O
N I O JO S É D A SI L V A (1705-1739), dramaturgo brasi leño que trabajó en
Portugal; su obra es la más importante de la literatura dramá tica portuguesa
del siglo X V I I I . Autor de comedias musicales para teatro de mario netas,
se distingue por lo pintoresco y el humor satírico. Bajo la acusación de
judaismo fue quemado por la Inquisición, en Lisboa.
L A M B E R T O B A L D I (¿?), director de origen italiano, quien a
partir de mediados del decenio del 20 hasta el inicio del decenio del 40, actuó
en Sao Paulo y en Montevideo. Fue el primer profesor de composición de Camargo
Guarnieri (1 928),
y ya en 1931 era director artístico y de orquesta de la Sociedad
Sinfónica de Sao Paulo.
L A S A R S E G A L L (1891-1957), gran pintor de origen ruso y
formación alemana, radicado en Sao Paulo desde 1923, donde constituyó su
familia. Intimamente ligado a los grupos expresionistas alemanes de “A Ponte”,
de “O Cavaleiro azul”, ejerció considerable influencia en el medio artístico
paulista. Dejó una obra extensa y variada que incluye composiciones con
figuras, paisajes, retratos y algunas grandes composiciones de penetrante
sentido social como “Pogrom” y “Navio dos Emigran tes”. La casi totalidad de
su acervo (escultura, pintura, acuarela, diseño, grabado) se encuentra reunida
en Sao Paulo, en el Museo Lasar Segall.
L E O P O L D O M I G U E Z (1850-1902), compositor brasileño sin gran
originalidad influenciado por Liszt y Wagner. Dejó bellas composiciones, pero
sin gran impor tancia para el desarrollo de la creación musical brasileña. La
parte más interesante de su obra está formada por los poemas sinfónicos.
L O U R E N Q O F E R N A N D E S (1897-1948), compositor de carácter
nítidamente bra sileño en el que “los temas, sean éstos creados por el autor o
populares, son tratados con sabor muy nuestro, dentro de una técnica libre pero
muy equilibrada” (Renato Almeida). Fue profesor catedrático del Instituto
Nacional de Música (1925).
L u is JA R D I M (1901- ),
m e n te a su r eg ió n
n o r d e stin a .
fic c io n is ta ,
p in to r
y d ib u ja n te m u y lig a d o
te m á tic a
M A C E D O (1820 -1882); JO A Q U I M M A N U E L D E M A C E D O ,
escritor romántico, de gran popularidad, autor de innumerables novelas donde, a
pesar de la gran in fluencia de la novela de folletín, ya se nota una
observación fiel de los tipos y costumbres brasileñas. Se hizo célebre, sobre
todo, por el libro A Moreninha (1844), que en cierto modo le proporciona la
receta a los demás.
M A C H A D O D E A S S I S
(1839-1908); JO A Q U I M M A R Í
A M A C H A D O D E A
S S I S , el más
grande ficcionista brasileño de todos los tiempos; hijo de un mulato
pintor de paredes y de una lavandera azoreana; autodidacta, llegó a formarse
una profunda cultura. Fue poeta, cuentista, teatrólogo, cronista, novelista.
Dejó en todos los géneros a los que se dedicó obras de gran valor, pero fue
sobre todo como cuentista y novelista que se consagró como el mayor prosista de
Brasil. Fue uno de los fundadores y el primer presidente de la Academia
Brasileña de Letras.
M A N U E L B A N D E I R A . Ver
Notas a Macunaíma, en esta antología.
M A N U E L I N A C I O D A C O S T A (1760-1849), el principal escultor
baiano del período.
M A R C O S P O R T U G A L (1762 -1830), el más notable músico
portugués de su tiem po, compuso óperas y farsas de puro estilo italiano que
fueron representadas en todos los teatros de Europa. Viajó a Brasil en 1811,
cuando, huyendo de las guerras napoleónicas, D. Joáo VI se mudó con la familia
real para el Brasil.
M A R Q U E S R E B E L O (1907-1973), pseudónimo de E D I D Í A S D A C
R U Z . Cuen tista y novelista de Rio de Janeiro, en la tradición de la buena
prosa urbana bra sileña.
M A T Í A S A I R E S (1705-1763), moralista portugués nacido en Brasil,
el más impor tante del género en la literatura de lengua portuguesa. Su obra
Reflexdes sobre a Vaidade dos homens, está marcada por un acentuado pesimismo.
M E S T R E V A L E N T I M (c.1750-1813); V A L E N T I M D A F
O N S E C A E SI L V A , escultor
brasileño mulato, uno de los más grandes de su tiempo, influenciado por
el rococó.
M O N T E I R O L O B A T O (1882-1948); JO S É B E N I T O
M O N T E I R O LO B A T O ,
escritor de
gran prestigio en su tiempo, “moralista y adoctrinador aguerrido de las
acentuadas tendencias por una concepción racionalista y pragmática del hombre”
(Bosi). Hombre de acción y creador, se afilia sobre todo al regionalismo
anterior a la
Semana. Se hizo célebre entre los modernistas por la violenta
idiosincrasia con sagrada al arte moderno.
M U R I L O M E N D E S 0 9 0 1 -1 9 7 6 ), uno de los 4 ó 5 poetas
brasileños más impor tantes surgidos después de 1922. Su poesía, una de las
más originales del moder nismo, lleva la marca muy personal del catolicismo y
de una profunda afinidad con ei surrealismo. A partir de 1953 vivió en Europa,
sobre todo en Roma, ense ñando literatura brasileña. Allí fue reconocido con
el premio Etna-Taormina de Poesía. Escribió también un hermoso libro de
memorias de infancia: Na idade do Serrote (1969).
N A BU C O (1849-1910); JO A Q U IM N sileño, notable por su
combatividad en mayor líder doctrinario. Su obra, Um conocidas de la
historiografía brasileña.
A B U C O , historiador, escritor y político bra la campaña
abolicionista, de la que fue el estadista do Imperio, es una de las más
N E P O M U C E N O (1864-1920); A L B E R T O N E P O M U C E N O ,
compositor nacido en el Nordeste (Ceará); representa junto con Alexandre Levy
el primer intento de nacionalización de la música brasileña a través de la
temática popular. Estudió en Italia y en Alemania; en este último país fue
influenciado por Wagner.
N É S T O R V Í T O R (1868-1932), escritor simbolista; se destacó sobre
todo como crítico y por saber apreciar con simpatía las contribuciones de las
vanguardias modernistas. Publicó y prologó las Obras Completas de Cruz e Souza,
el más grande poeta negro brasileño.
O L I V E I R A L I M A (1865-1928); M A N U E L D E O L I V E I R A L I M A , historiador y
diplomático. Su obra historiográfica, de cuño acentuadamente
conservador, tiene como pieza principal el libro Dow Joño VI no Brasil.
O L I V I O M O N T E N E G R O (1896- 1962), crítico del grupo
regionalista de Recife, ligado a Gilberto Freyre. Autor de un libro importante,
O romance brasileño, 1938.
O N E Y D A A lv A R E N G A ( 1 9 1 1 - ), poetisa y musicóloga,
discípula de Mário de Andrade y posteriormente su colaboradora en el
Departamento Municipal de Cul tura, donde dirigió la Discoteca Pública.
Basándose en el material dejado por Mário de Andrade, organizó con admirable
competencia y dedicación, su libro postumo, Dangas dramáticas do Brasil.
O r u G A O (1836-1915); JO S É D U A R T E R A M A L H O O R T I G A O
, escritor portugués conocido por su periodismo de costumbres, cuyo punto
culminante fue una larga serie de folletines-mensajes denominada "As
farpas”.
O T A V I O D E F A R I A (1908- ), ensayista y novelista católico,
autor de una roman- fleuve, extremadamente ambiciosa pero literariamente
inconcluida: A tra gèdia burguesa, iniciada en 1937. Gozó de mucho prestigio
entre los jóvenes es critores católicos de derecha del decenio del 40.
P A U L O P R A D O (1869-1943); brillante ensayista, autor de Retrato
do Brasil (1 928), cuya interpretación pesimista del carácter brasileño ejerció
profunda in fluencia en el pensamiento de la época, sobre todo en los
modernistas. Fue uno de los principales organizadores de la Semana de Arte
Moderno en 1922.
P O R T I N A R I (1903-1962); C A N D I D O P O R T I N A R I , el
primer gran pintor brasileño posterior al modernismo. De origen extremadamente
modesto, supo transferir en sus telas, con profunda emoción y lirismo, la
experiencia de su infancia rural. Más tarde, la temática colectiva irá a
acrecentar los temas de su memoria individual, celebrando los ciclos culturales
de su país y los grandes acontecimientos históricos de la nacionalidad.
Convertido, en cierto modo, en pintor oficial, no olvidará, sin embargo, a los
desheredados, a los cuales fijará en la dolorosa serie de los “Retirantes
nordestinos”.
Su obra, de admirable calidad artesanal, revela al mismo tiempo la gran
fami liaridad con la pintura italiana del cuatrocientos, la huella de la
lección de Picasso y la reflexión sobre la experiencia muralista mexicana.
P L I N I O SA L G A D O (1901- 1976), escritor influenciado por la
Semana de Arte Moderno y perteneciente a la corriente nacionalista
“verde-amarela”. Fue autor de tres novelas, entre ellas, O estrangeiro (1926) y
O esperado (1931). Fue tam bién el fundador y el principal teórico de “Acción
Integralista Brasileña”, movi miento de corte fascista que tuvo, en la época,
muchos adeptos.
R A D A M E S G N A T A L L I (1906- ), compositor brasileño, cuya
inspiración clara y espontánea y de acento marcadamente nacionalista, utiliza
con frecuencia piezas populares, como pequeñas marchas del carnaval carioca,
melodías de rondas in fantiles, viejas canciones tradicionales, etc.
R A I M U N D O C O R R E I A (1859-1911), poeta parnasiano, poseedor de
gran poder verbal; es autor de algunos de los sonetos más populares en Brasil y
— según Ma nuel Bandeira— de “algunos de los versos más misteriosamente bellos
de nuestra lengua”.
R A Q U E L D E Q U E I R O Z (1910 - ), novelista perteneciente al
grupo neorrealista del Nordeste. Evolucionó desde un socialismo libertario en
las primeras novelas, hacia una narrativa de afección psicológica, tomando
finalmente “una posición conservadora nostálgica de los estilos de vida de la
sociedad patriarcal” (A. Bosi). Fue la primera mujer que ingresó a la Academia
Brasileña de Letras (1978).
R E N A T O A L M E I D A (1895), historiador de la música brasileña,
autor de la Historia da música brasileira (1926).
R I B E I R O C O U T O (1898-1963); R u i R I B E I R O C O U T O ,
poeta proveniente de la última fase del simbolismo; después del contacto con
los Modernistas,^ a quienes se unió, evolucionó hacia una poesía crepuscular,
“en sordina”; en su última fase adoptó una posición francamente nacionalista,
celebrando, entre otros temas, la apertura de las zonas pioneras del Brasil.
Vivió gran parte de su vida en el exterior, siguiendo la carrera diplomática.
R O G E R B A S T I D E (1898-1974), gran sociólogo francés; fue
profesor de la uni versidad de Sao Paulo desde 1938 hasta 1954, donde ejerció
enorme influencia y formó innumerables discípulos. Durante su larga permanencia
en Brasil se dedicó a notables estudios de sociología de las religiones,
estética, folklore, etc.
R O S A L I N A C O E L H O L I S B O A (1889- ), poetisa neoparnasiana
de poca impor tancia y, más tarde, autora de una novela bastante conocida A
Seara de Caím (1952).
Rubens Borba D E M oráes (1899- ), escritor de formación francesa,
parti cipó en la Semana de Arte Moderno de 1922. Fue colaborador de la revista
“Klaxon” y es autor del libro Domingo dos Séculos, representante de la “nueva
prosa de ideas surgida con los modernistas” (A. Bosi). Fue director de la
Biblio teca Municipal de Sao Paulo en el período en que Mário de Andrade
dirigió el Departamento de Cultura. Publicó también importantes libros de
bibliografía y erudición.
SA M U E L A R C A N J O D O S
S A N T O S (1882-1957),
profesor, compositor y, durante
7 años, Director del Conservatorio Dramático y Musical de Sao Paulo.
Publicó varias obras didácticas de teoría musical y lectura musical.
SÁ P E R E I R A (1888-1966); A N T O N I O D E SÁ P E R E I R A ,
pianista, compositor y profesor de la Escuela Nacional de Música de Rio de
Janeiro. Gran profesor de piano y de pedagogía musical, fue también el autor de
diversas obras didácticas; conjuntamente con Mário de Andrade y Luciano Gallet,
formó parte de la Co misión encargada de la reforma de la enseñanza de la
música en Brasil (1931). Realizó una larga acción en favor de la cultura
musical brasileña, al fundar el Conservatorio de Pelotas, en Rio Grande do Sul.
SANTA ROSA (1909-1956); T
OMAS SANTA
escenógrafo, profesor, de mucho prestigio en el
R O S A JÚ N I O R , pintor, grabadista, ambiente artístico del período.
SA V I N O D E B E N E D I C T I S (1883 -1971), compositor, profesor,
musicólogo de ori gen italiano; llegó a Brasil, donde se radicó, a los 20
años. Formó parte del primer
grupo de docentes del Conservatorio Dramático y Musical de Sao Paulo,
donde enseñó de 1910 a 1928. Dejó innumerables obras didácticas.
S E R G I O M I L L I E T (1898-1966); S
E R G I O M I L L I E T D A C
O S T A E SI L V A , poeta,
novelista, crítico, ensayista, de formación europea. Se inició en la
literatura antes de 1922, con algunos libros de versos escritos en francés;
posteriormente se integró al grupo modernista y empezó a hacer versos en
portugués, de un lirismo contenido e intelectualizado. Escribió dos novelas,
pero se proyectó sobre todo como excelente crítico de literatura y de artes
plásticas. Fue director de la Biblioteca Municipal de Sao Paulo.
T A S S O D A SI L V E I R A (1895 - ), crítico y poeta neosimbolista
del grupo de la revista “Festa”, de la cual fue también director.
T E L M O V E R G A R A ( 1 9 0 9 - )
, c u e n t is ta r e g io n a lis ta .
T E L L E S J Ú N I O R (1851-1914); J E R Ó N I M O J O S É
T E L L E S J Ú N I O R , pintor y
pro
fesor de formación académica, natural del Nordeste (Recife), que se
dedicó espe cialmente al paisaje.
T I R A D E N T E S (1746-1792),
apodo del Alférez J O A Q U IM J O S
É D A
S I L V A X A V I E R ,
gran héroe nacional, principal activista y mártir de la Inconfidencia
Mineira. Murió ahorcado el 21 de abril de 1793.
T I T O L I V IO D E C A S T R O (1864-1890), médico y científico
brasileño, autor de importantes estudios de crítica literaria y filosófica.
Murió muy joven. Su obra más importante es A mulher e a sociogenia (1889),
basado estrictamente en los principios del naturalismo científico.
T R IS T Á O D E A T A ID E (1893- ), pseudónimo literario del escritor A
L C E U
A M O R O S O L I M A , la
mayor figura intelectual
católica del Brasil
moderno. Fue
el crítico literario más importante de los decenios de los años 20 y 30;
al con vertirse al catolicismo abandonó la crítica militante para dedicarse a
la reflexión ética e ideológica, terminando por afiliarse a las posiciones
progresistas de la Iglesia bajo la influencia de Jacques Maritain. Continúa, a
pesar de la edad, actuando de la manera más lúcida y valerosa en la empresa del
país.
V A R E L A (1841 -1875); Luís N I C O L A U F A G U N D E S V A R E L A
, poeta que repre senta una especie de puente entre los primeros y los últimos
románticos. Su obra es desigual y de gran variedad temática: poesía de la
naturaleza, personal, religiosa, política. Llevó el verso romántico a un máximo
de fluidez y musicalidad, a través del cual expresó un sentimiento mágico de la
realidad. Su verso blanco es uno de los más expresivos del idioma portugués. Su
obra más importante: Cántico do Calvário (1865), elegía a la muerte de un hijo.
V IA N A M O O G ( 1 9 0 6 - ) ; C L O D O M I R V I A N A M O O G ,
ensayista y ficcionista; autor de una importante interpretación de su estado
natal (Rio Grande do Sul): Bandeirantes e Pioneiros.
V I L L A -L O B O S (1887- 1959); H E I T O R V I L L A -L O B O S , el
mejor compositor mo derno del Brasil. Sufre inicialmente la influencia de
Debussy y Stravinsky, del cual se desprende al poco tiempo a medida que se
entrega a investigaciones de las fuentes populares brasileñas. De ahí en
adelante se realiza bajo la égida del na cionalismo, siendo, probablemente, el
producto más alto y armonioso de esa pro puesta artística. A partir de 1930 se
dedica al canto orfeónico y a la divulgación de la buena música. Dejó una
producción muy grande y variada que va desde los grandes poemas sinfónicos a
los Choros y a la serie de las Bacchianas, donde al canza una admirable
síntesis entre la tradición erudita europea y la contribución popular de su
país.
CRONOLOGIA *
El criterio para la preparación de la columna Vida y Obra de Mário de
Andrade fue el de utilizar declaraciones del propio autor; testimonios
fehacientes de sus familiares y extractos de cuentos y poemas donde él
introduce, conscientemente, momentos de su biografía real. (G. de M. S .).
Las columnas: Brasil y América Latina, preparada por Laura de Campos V.,
v Mundo exterior han sido corregidas y ampliadas por el Departamento Técnico de
la Biblioteca Ayacucho.
1893
1894
Mário Raúl de Moráes Andrade nace en Sao Paulo (Capital), el 9 de
octubre, en la calle Aurora N<? 320 (inmueble hoy demolido, y que
correspondería al actual N*? 1960), en lo que hoy es el centro de la ciudad. Es
el segundo hijo de Carlos Augusto de Andrade y María Luisa de Moráes An drade.
Fueron sus hermanos: Carlos, 4 años mayor que él; Renato, 6 años menor y María
de Lourdes, la más pequeña, a la que Mário llevaba 9 años:
“Nació, acompañado por esa
lamentable sensibilidad que
define a los seres y perjudica
las existencias, miedoso y humilde”
Ha unta gota de sangue em cada poema
(1917)
(Hay una gota de sangre en cada poema)
Por una de las vertientes maternas pertenece a una familia paulista
tradicional, de la clase dominante, católica y liberal; su abuelo Joaquim de
Almeida Leite Moraes, fue profesor de Derecho, periodista, diputado provincial
varias veces y, en 1881, durante un año, presidente de la provincia de Goiás.
Sin embargo, su mujer Ana Francisca, era de muy humilde condición.
Por el lado paterno, el origen de Mário de Andrade es extre madamente
modesto: su padre, Carlos Augusto de Andrade, se había iniciado como tipógrafo,
cargando solo sobre sus espaldas desde niño, con la responsabilidad del
sustento de su madre y de sus hermanos; pero, poco a poco, gracias a las
infrecuentes dotes de su inteligencia y tenacidad, logró as cender
socialmente. Siendo aún muy joven ingresa al ámbito de la imprenta en Sao
Paulo, donde junto con otros compa ñeros llega a fundar dos diarios, el Jornal
da Tarde (Diario de la tarde) y A Gaceta do Povo (La Gaceta del pueblo) (1879).
En 1881, Carlos Augusto de Andrade fue secretario particular de Joaquim
de Almeida Leite Moráes durante el gobierno de éste en Goiás; en 1887, el 23 de
julio, se casa con María Luisa, hija segunda del ex presidente.
En la correspondencia, Mário de Andrade se refiere varias veces, con un
sentido sumamente realista, a ese hombre nada vulgar, y al mismo tiempo
enérgico e inseguro que fue su padre, quien influyó profundamente en su
personalidad:
“Fui un tipo lento al que le costó mucho desarrollarse. En parte, eso se
debe también a la manera de proceder
Revolución federalista en
Río Gran de (-95). El almirante Custodio de Meló bombardea Rio de Janeiro; los
insurgen tes ocupan Fuerte Villegaignon. Muere el mariscal Deodoro da Fonseca.
Fundación del Partido Republicano Federal.
Cruz e Sousa: Broqueles. Eduardo Pra
do: La ilusión americana. Coelho Neto:
La Capital Federal.
AL: J. Y. Limantour ministro de Ha cienda y artífice del “milagro
económi co” del porfirismo. Aumenta campaña autonomista en Cuba; división del
parti do Unión Constitucional y formación del Partido Reformista.
Reconocimiento de la soberanía británica sobre Belice, Gua temala. Año de
grave agitación política en Colombia. Manifiesto a la Nación del Partido
Liberal venezolano. Vía férrea Lima-La Aroya. Conflicto con los radica les en
Argentina: Roca captura Rosario. Influencia “directriz” presidencial en Uruguay.
Fuerzas liberales en León de claran a Zelaya presidente de Nicara gua.
Del Casal: Bustos y Rimas. Acevedo
Díaz: Grito de gloria. Mueren Altamira-no y Del Casal. Nace V. Huidobro.
Prudente de Moráes Barros,
primer
presidente civil (1 5 /X I). Batalla cerca de Passo Fundo, Rio Grande;
el general Saravia es derrotado por las tropas gu bernamentales al mando del
general Li ma y es ultimado. Inauguración de la
Guerra de Melilla. Protectorado francés en Dahomey; ocupación de Siam.
Au tonomía de Irlanda rechazada por la cámara de los Lores; fundación del
In-dependent Labour Party en Inglaterra. Segunda presidencia de Cleveland en
EE.UU.; crisis bursátil; abolición de la Ley Sherman; protectorado en Hawai.
Insurrección de los jóvenes checos en Praga. Masacre en Armenia. Nueva Ze
landia: derechos políticos plenos a la mujer. Nace Mao-Tse-tung.
Exposición colombina de Chicago. Ford construye su primer automóvil.
Elster-Seitel: célula fotoeléctrica. Diesel cons truye motor de gas-oil.
Morey: primer proyector cinematográfico.
Jean Grave: La
sociedad moribunda y
la anarquía. Heredia: Los trofeos.
Me-
néndez Pelayo: Antología de poetas his
panoamericanos (-95). Mallarmé: Verso
y prosa. Aparece en Londres el primer número de la revista The Studio,
con la ilustración Salomé de Beardsley. Muncli: El grito. Chaikovski: Sinfonía
Patética. Dvorak: Sinfonía del Nuevo Mundo.
Asesinato de Sadi-Carnot. Proceso Drey-fus. Nicolás II zar de Rusia.
Guerra en tre China y Japón (VII). Los italianos invaden Abisinia.
Yersin: bacilo de la peste. Roux: suero antidiftérico.
de mi familia, padre severo y tonto a fuerza de tanta humildad, incapaz
de pensar que un hijo suyo podría llegar a ser algo en este mundo en el cual él
no fuera más que un sel-fmade-man ( Sic en el original portugués. N. del T .)
inteligente, pero ingenuo, poniendo su in teligencia al servicio de los otros,
explotado siempre por los amigos, y que así vivió siempre. Nunca fue a la
escuela. Sabía italiano, francés, escribía correctísima-mente, sabía a fondo
matemática y escrituración mer cantil, amaba la música italiana y había leído
a los realistas y dramones franceses”.
(Carta a Manuel Bandeira, 4-X-1925)
1895 Pero es en las
narraciones de temas nítidamente autobiográ ficos que aparecen en los Contos
Novos (Cuentos nuevos), donde fija la figura paterna de modo incisivo e incluso
im placable :
“Nosotros siempre habíamos sido familiarmente felices, en ese sentido
muy abstracto de la felicidad: gente ho nesta, sin crímenes, hogar sin peleas
ni graves dificulta des económicas. Pero, debido sobre todo a la naturaleza
gris de mi padre, ser despojado de todo lirismo, dotado de una ejemplaridad
inútil, parapetado en lo mediocre, siempre nos había faltado ese
aprovechamiento de la vida, ese gusto por las felicidades materiales, un vino
bueno, una estación de aguas, comprarnos una hela dera, cosas así. Mi padre
había sido de una bondad equívoca, casi dramática, el pura-sangre de los agua
fiestas”.
( Contos Novos: “El Pavo de
Navidad”)
No obstante, en otros momentos confesionales, Mário de An-
confitería Colombo en Rio de Janeiro, marco de la belle époque.
A. Azevedo: Libro de una Suegra. Tau-
nay: El ensillamiento. Araripe Jr.: Gre gorio de Matos, Literatura
brasileña, Movimiento de 1893, Estudios de litera tura brasileña (-1907). Nina
Rodríguez: Los africanos en el Brasil. Silvio Rome ro: Doctrina contra
doctrina. 1er. Salón Nacional de Bellas Artes: Batista da Cos ta es premiado
con viaje a Europa por su cuadro En reposo.
Marx: Edición del Volumen
III de El
Capital. Durkheim: Reglas del método
sociológico. Dilthey: Ideas sobre una psicología descriptiva y
analítica. Buch ner: Darwinismo y socialismo. S. y B. Webb: Historia del
“tradeunionismo”. Debussy: Preludio a la siesta de un fau no. Massenet: Thais.
AL: Bonilla presidente de Honduras. Terremoto en Venezuela; Crespo
presi dente y conflicto con la Guayana Britá nica. Muere R. Núñez. Producción
cafe talera colombiana alcanza por primera vez los veinte mil kilos. Tacna y
Arica pasan a poder de Chile, sin que ningún plebiscito sea convocado. J.
Iriarte Borda presidente de Uruguay.
J. A. Silva: Nocturno. M. González Pra-
da: Páginas libres. E. Acevedo Díaz: Soledad. Revista Cosmópolis en
Caracas y Azul en México. Nace J. C. Mariátegui.
Batalla decisiva contra los
rebeldes de Rio Grande, cerca de la frontera uru guaya. Suicidio de da Gama.
Ocupación de la isla de Trinidad, Espíritu Santo, por Inglaterra, que
reconocerá los dere chos brasileños al año siguiente. Cuestión de Palmas con Argentina;
laudo arbitral del presidente Cleveland favorable al Brasil. Levantamiento de
la Escuela Mi litar en Rio de Janeiro. Muere Flor ano Peixoto. Suicidio de
Raúl Pompéia.
Farias Brito: La finalidad del
mundo
(-1905). Adolfo Caminha: Buen criollo
y El normalista. J. Nabuco: Balmaceda.
Coelho Neto: Espejismo.
AL: Segunda guerra de independencia
Convención sino-japonesa de Pekín. Inauguración del canal de Kiel. Muere
Engels.
Roentgen: los rayos X. Lumière: primer aparato cinematográfico.
Expedición po lar de Nansen.
Hertzl: El estado judío.
Valery: Soirée
con el Sr. Teste. Wells: La máquina
para explorar el tiempo. Unamuno: En
torno al casticismo. Valle-Inclán:
Feme
ninas. Conrad: La
locura de Almayer.
Sienkiewicz: Quo Vadis? Verhaeren:
Las ciudades tentaculares. Grane: La roja insignia del coraje. Gauguin
instala do en Tahiti: Cezanne: Las bañistas.
drade supo distinguir en su personalidad compleja y dividida, los rasgos
festivos que había heredado de él:
“Quedarme definitivamente en Rio (cosa que sería ideal) no puedo. Las
razones en contra son más fuertes que mi violento deseo de carioquizarme. Hay,
sobre todo, una voz de la sangre, mi padre que fue obrero y que después de
haber ascendido, prosiguió mantenién dose en una rutina netamente obrera,
realizando actos que eran como piedras, sumido en lo objetivo. Lo que hay de
aristocrático en mí, principalmente este desen frenado deseo de vivir y la
fascinación que sobre mí ejercen todos los vicios, y que no me da tregua — esa
parte está obligada a ceder ante y en la voz de mi padre”.
(Carta a Paulo Duarte, 3-IV-1938)
1 8 9 6 Pero si el adulto
supo reconocer en el ejemplo del padre el modelo que había plasmado su
comportamiento, los prime ros recuerdos de la infancia, transpuestos a la
ficción con gran intensidad emotiva, insisten en la imagen represiva y
castradora, como la descrita en la escena ejemplar del cuento “Tempo de
Camisolinha” (Tiempo de camisoncito):
“Mi pelo era muy lindo, de un negro caliente, acas tañado en sus
reflejos. Caía por mis hombros en rijos cargados, con ritmos pesados de línea
de espiral ( . . . ) . ¡Todo el mundo apreciaba mi pelo rizado, tan lento! Y yo
me enorgullecía de él, más aún: lo adoraba a causa de los elogios. Fue una
tarde, lo recuerdo bien, cuando suavemente murmuró una de sus decisiones irre
vocables :
“A este niño hay que cortarle el pelo”. Miré hacia un lado, hacia otro,
buscando apoyo, algo que me permi tiera huir de esa orden que tanto me
angustiaba. Opté por el instinto y fijé mis ojos llorosos en mamá. Ella quiso
mirarme compasiva, pero me acuerdo como si fuera hoy, que no pudo soportar la
perfecta inocen cia de mis ojos, bajó los suyos oscilando entre la piedad que
le inspiraba yo y la razón plausible que hubiese en la determinación del jefe.
Hoy creo reconocer un egoísmo grande de parte suya al no haber reaccio nado. (
. . . ) .
El resto son recuerdos confusos al ritmo de gritos ho rribles, cabeza
sacudida con violencia, manos enérgicas que me atrapaban, palabras afligidas
que me daban órdenes con rabia entre infecundas piedades, ásperas
cubana; José Martí muerto en Dos Ríos. Eloy Alfaro entra en Quito.
Revuelta li beral en Colombia, dirigida por Santos Acosta. Reclamaciones
extranjeras a Ve nezuela y ultimátum Richard Olney a Gran Bretaña. Piérola
entra en Lima: presidente. Renuncia Sáenz Peña en Ar gentina; asume Uriburu.
Pacto de Ama-pala entre Honduras, Nicaragua y El Salvador para una común
política exte rior. Conflicto con Inglaterra por la Mosquitía; ocupación de
Corinto; pago de indemnización; retirada. Nacen el general Augusto César
Sandino y Víctor R. Haya de la Torre.
Díaz: Bajo-relieves. M. Zeno
Gandía: La charca. S. Chocano: En la aldea. Muere Gutiérrez Nájera.
El gobierno de la República
se ins tala en el Palacio de Catete. Guerra de Canudos, movimiento
político-religioso de Bahía, liderato por Antonio Caselhei-ro. Fundación de la
ciudad planificada de Belo Horizonte, en Minas Gerais. Pri meras exhibiciones de
cine en Rio de Janeiro con el omniógrafo.
Machado de Assis: Varias
historias. Rui Barbosa: Cartas de Inglaterra. Leo poldo Míguez: Prometeo.
Coelho Neto:
Serton. Nabuco: La intervención extran jera durante la revolución.
Nepomuceno: Serie Brasileña. Fundación de la Acade mia Brasileña de Letras.
AL: Muere Maceo en Cuba. Intentos de asesinar al presidente Crespo. Se
ofi cializa división del partido conservador colombiano. Batalla de Huanta en
Perú y muerte de 500 campesinos. Suicidio de Leandro Alem en Argentina;
aprestos bélicos para la cuestión de fronteras con Chile. Errázuriz presidente.
Acuerdo Ruso-Austríaco sobre los Bal canes. Continúa la expansión
colonial: los ingleses en Sudán. Los franceses en Madagascar.
Fundación del Daily Mail. Primeros Jue gos Olímpicos en Atenas.
Marconi: la telegrafía sin hilos. Becquerel: la ra diactividad.
Ribot: Psicología de los sentimientos.
Kropotkin: La anarquía.
Bergson: Ma
teria y memoria. Renouvier: Filosofía
analítica de la
historia. Bjornson: Más
allá de nuestros poderes. Puccini: La
bohemia. Gauguin: Nacimiento de Cris
to. Muere Nobel; se establecen los Pre mios que llevan su nombre.
dificultades del peluquero que se empeñaba en tener paciencia y me
inspiraba terror y por último el llanto. Finalmente el prolongado desenlace, el
gemido dolorí-simo, convulsivo, lleno de visiones próximas y atroces, una
desesperación desarraigada de todo, una terquedad emperrada en no querer
aceptar lo consumado”.
( Contos Novos: “Tempo de Comisolinha”)
Aún en ese cuento, Mário subraya que el episodio fue un suceso
traumático fundamental de su biografía, responsabili zándolo en gran medida
por su temperamento de adulto:
“Recuerdo una fotografía mía de esa época, que des pués destruí por una
especie de recato avengonzado. . .
Era ya entonces un hombre hecho y aquellos cabellos adorados en la
infancia, me parecieron algo así como un engaño grave y destruí rápidamente el
retrato. Los rasgos no eran felices pero en el marco de la cabellera había
siempre una mirada mansa, un rostro sin huellas, franco, promesa de un alma sin
maldad. De un año después del corte de los cabellos, o poco más o menos, guardo
otra fotografía en la que aparezco junto a Totó, mi hermano. El, 4 años mayor
que yo, muy elegante y totalmente infantil metido en una lindísima ropa ma
rinera; yo, mucho menor, todavía conservo una cami-sita de terciopelo absurda,
que mi madre, por hacer economía, se había empeñado en que yo la usara hasta el
fin.
Guardo esta fotografía porque si bien ella no me per dona lo que he
sido, al menos me lo explica. Doy la impresión de una monstruosidad
insubordinada. Mi her mano, con sus ocho años, es un niño integral, mirada
despojada de toda experiencia, rostro rechoncho y lisito, sin carácter estable,
sin malicia, la imagen misma de la infancia. Yo, tanto más chico tengo ese no
sé qué re pulsivo del enano, parezco viejo. Y lo que es más triste, con unas
huellas vividas que bajan desde las ale tas voluptuosas de la nariz y de la
boca ancha, entre abierta en una risita pérfida. Mis ojos no miran, ace chan.
Brindan a las claras, con una facilidad teatral, todos los indicios de una
segunda intención.
No sé por qué no destruí a tiempo también esa foto grafía, ahora es
tarde. Muchas veces pasé largos minu tos contemplándome, buscándome en ella .
. . Y encon trándome la comparaba con mis actos y todo eran con firmaciones.
Estoy seguro que esa fotografía me hizo un mal inmenso, porque me impuso una
gran pereza para reaccionar. Me convertía exageradamente en mí mismo y ahogó
mis posibles anhelos de perfección”.
( Contos Novos, “Tempo de Comisolinha”)
Los recuerdos siguientes — recogidos siempre en la obra de ficción, pero
coincidiendo con fidelidad con los datos bio gráficos— se situán “allá por los
últimos años del siglo pa-
Ñervo: Perlas negras. Gutiérrez Nájera:
Poesías. T. Carrasquilla: Frutos de mi
tierra. Paul Groussac funda
La Biblio
teca. Se suicida J. A. Silva.
Atentado contra el
presidente Mo-raes; muere el ministro de guerra maris cal Carlos Machado
Bittencourt. Distur-
Conflicto greco-turco al unirse Creta a Grecia. McKinley presidente de
EE.UU. Fundación del sionismo en Basilea: pri-
sado” y describen una estadía en Santos donde, en la atmósfera tranquila
de las vacaciones, el padre ya se perfila “bastante menos padre, y un
espléndido compañero con mucha hambre y lleno de condescendencia”, mientras la
madre convalece de bilitada por el último parto:
“( . • •) fue aún dentro de estas camisitas que partí con los míos hacia
Santos, para aprovechar las vacaciones de Totó siempre debilucho, un mes de
junio.
Había además otra razón más triste para ese descanso aparentemente
festivo de vacaciones. Una hermanita ha bía venido a aumentar mi familia y
parece que el parto había sido desastroso, no lo sé bien. . . Sé apenas que
mamá había pasado casi dos meses en cama, paralítica, y que sólo se había
levantado apremiada por las obliga ciones de la casa y de los hijos. Pero
andaba mal, apo yándose en los muebles, arrastrándose, con dolores inso
portables en la voz (sic), sintiendo tirones en los múscu los de las piernas y
un gran desánimo. Ante la inminen cia de algún desastre mayor, papá había
hecho un esfuerzo notable, tratándose de un ser como él que sólo era capaz de
imaginarse la vida como un trabajo sin recreo, totalmente asombrado por los
progresos fi nancieros que hacía y sus ascensos de clase. Había resuelto
aceptar el consejo del médico, declarándose tam bién él de vacaciones y
decidido a llevar a mamá a los recetados baños de mar.
Eso fue, conviene recordarlo, allá por los últimos años del siglo
pasado, y la playa de José Menino era casi un desierto lejano. Aún así la casa
que papá había alquilado no quedaba en la playa exactamente, sino en una de las
calles que desembocaban en ella y donde unos obreros trabajaban diariamente en
la alineación de unos canales que conducían las aguas de la ciudad hacia el mar
del golfo. Allí vivimos casi dos meses, en un caserón inmenso y vacío, hogar
improvisado lleno de deficiencias, al que la negligencia enfermiza de mamá
sumía aún más en la melancolía, dejando caer en todo un aire de maltrato y
transitoriedad”.
( Contos Novos, “Tempo de Comisolinha”)
1 8 9 8 Poco después,
alrededor de 1898, puede ubicarse el primer amor, afecto duradero que, nacido
en la primera infancia, atraviesa toda la adolescencia; será el primero de los
“cuatro amores eternos” a los que Mário de Andrade se referirá siempre:
“Después del gran amor hacia mí mismo que brotó a los tres años y duró
más o menos hasta los cinco, mi amor se dirigió a una especie de prima lejana
que frecuentaba nuestra casa. Como puede verse, jamás padecí el com plejo de
Edipo, gracias a Dios. Toda mi vida, mamá y yo fuimos muy buenos amigos, sin
ninguna clase de amores peligrosos.
bios en Rio de Janeiro por el fracaso de las expediciones militares
contra Canu dos; asalto a los periódicos monárquicos. Asesinato de Gentil de
Castro, propieta rio del Liberdade. Canudos es finalmente arrasado; muerte de
Antonio Conselheiro (3/X).
S. Romero: Machado de Assis. Artur Azevedo: La Capital Federal. Nabuco:
Un estadista del Imperio (-99). Inaugu rada la Academia Brasileña de Letras;
presidente, J. Machado de Assis. Nace E. Di Cavalcanti.
AL: Gobierno autónomo en Puerto Ri co. Eloy Alfaro incorpora indios a
la ciudadanía ecuatoriana. Gran Bretaña somete a arbitraje su disputa con Vene
zuela. Auge de la explotación del caucho en el oriente peruano. Segunda
insurrec ción nacionalista de Aparicio Saravia en Uruguay.
R. Jaimes Freyre: Castalia bárbara.
L.
Lugones: Las montañas de oro. P. Grou-
ssac: Del Plata al Niágara. Rodó: La vi
da nueva. Blest Gana:
Durante la Re
conquista. S. Argüello: Primeras ráfagas.
mer Congreso Internacional israelita.
Minas de oro en Klondyke.
Braun: tubo de rayos catódicos. Lorentz: teoría del electrón. Polémica
en París entre Ferdinand Brunetiére y Marcelin Berthelot sobre “el fracaso de
la cien cia”. Adler: primer vuelo en aeroplano.
A. Desmoulins: A qué se debe
la supe
rioridad de los anglosajones. Ellis: Es tudios sobre psicología sexual.
A. Gide: Los alimentos terrestres. Wells: El hom bre invisible. Ganivet:
Idearium espa ñol. Rostand: Cyrano de Bergerac. Rousseau ( “Le Douanier”): La
gitana dormida.
Campos Salles, presidente,
establece la llamada “política de los gobernado res”. Acuerdo con los
banqueros de la City de Londres para la consolidación de la deuda externa, que
asciende a 47.500 millones de libras esterlinas. San tos Dumont asciende en su
primer di rigible.
Alfonso Arinos: Por el sertón. Raimundo
Correia: Poesías. Cruz e Sousa:
Evoca
ciones. Alphonsus de
Guimáraes: Sep-
España entra en guerra con los EE. UU.; paz de París. Filipinas, Puerto
Rico y las islas Guam cedidas a EE.
por 20 millones de dólares;
ane xión definitiva de Hawai. Se reabre el caso Dreyfus en Francia. L. Daudet
y Maurras fundan Acción Francesa. Sur ge el Partido socialdemócrata en Rusia.
Mueren Bismarck y Gladstone.
Los esposos Curie
descubren el radio.
María fue mi primer amor. No había nada entre noso tros, está claro,
ella como yo en sus cinco años apenas, pero no sé qué divina melancoloía nos
envolvía, cuando por casualidad estábamos juntos y solos. La voz bajaba de
tono, y eran principalmente las palabras las que se volvían más raras, muy
simples. Una ternura inmensa, firme y reconocida, que no exigía ningún gesto.
Aque llo, por lo demás, duraba poco, porque en seguida llegaban los demás
niños. Sentíamos entonces una rabia impensada hacia nuestros primos y hermanos,
siempre exteriorizada en palabras o modales cargados de irrita ción. Amor
apenas sensible en aquel instinto de estar solos”.
( Contos Novos, “Vestida de preto”)
1899
tenario y Cámara ardiente. S.
Romero:
Nuevos estudios de literatura contempo ránea. Visconti: Juventud
(premio Ex posición de París - 1900).
AL: Explosión del “Maine” en La Ha bana; guerra hispanoamericana.
Desem barco en Puerto Rico; gobierno de J. Brooke en San Juan. Independencia
de Cuba; Tratado de París: España renun cia a la soberanía. Consejo de los
Esta dos Unidos de Centro América en Ama-pala. J. A. Roca nuevamente
presidente de Argentina, Andrade de Venezuela, Sanclemente de Colombia. En
Nicara gua, Nueva Constitución. Zelaya presi dente por segunda vez. Asesinado
el pre sidente J. M. Reyna Barrios en Guate mala. Nace J. E. Gaitán. Primer
automó vil en Lima; primer ascensor en Buenos Aires.
G. Valencia: Ritos.
Chocano: La selva
virgen. Vargas Vila: Flor de fango. Va-
lenzuela y Ñervo: Revista
moderna.
Clovis Beviláqua comisionado
para elaborar el proyecto de Código Civil. Vi sita del presidente argentino
Julio A. Roca. Creación del Instituto Butantá en San Pablo. Peste bubónica en
Santos.
Machado de Assis: Don
Casmurro. Taunay: No declínio. Néstor Vítor: Cruz e Sousa. Muere Almeida Jr.
Nace Flávio de Carvalho.
AL: Protectorado norteamericano sobre Cuba. Presidente dominicano
Heureaux asesinado y jefe revolucionario Jiménez Presidente. Gobierno de T.
Regalado en El Salvador. Guerra civil en Colombia “los mil días”; Uribe Uribe y
B. Herrera contra el gobierno conservador. C. Castro entra en Caracas:
presidente; fallo de la Comisión de Límites de París entre Ve-
Koldewey inicia excavaciones de Babi lonia. Bordet: suero hemolítico.
Le Bon: Psicología de la muchedumbre.
Rosa Luxemburgo: Reforma y Revolu
ción. Zola: Yo acuso. Wilde:
Balada de
la cárcel de
Reading. D’Annunzio: El
fuego. Howard: Mañana. . . teoría de la
ciudad-jardín. Rodin: Balzac.
Puvis de
Chavannes: Genoveva velando sobre Lutecia. Nacen E. Hemingway y Fede
rico García Lorca.
Conferencia de la Paz en La Haya. Acuerdo anglo-ruso para dividirse
China y principio norteamericano de “puerta abierta” en China. Convención
franco-inglesa sobre el Sudán. Los boers derro tan a los ingleses. Revuelta en
Filipinas contra les norteamericanos. Segundo pro ceso Dreyfus.
Bosanquet: Teoría filosófica del Estado.
Tolstoi: Resurrección. Rilke: Canción
de amor. Veblen: Teoría de la clase
ociosa. Haeckel: Enigmas
del Universo.
Maurras: Tres ideas políticas. Zola:
Fe
cundidad. Ravel: Pavana
para una in
fanta difunta. Sibelius: Sinfonía
N9 V.
A. Schoenberg: La noche
transfigurada.
V. Guimard: entradas al Metro de París.
1900 La familia
está viviendo en
el centro de
la ciudad en el
Largo Paissandu. Mário de Andrade tiene seis años y empieza
la escuela primaria
en el Grupo Escolar da Alameda do
Triunfo, en su barrio.
nezuela y Gran Bretaña. Romaña presi dente de Perú. Atacama, territorio
favo rable a Chile y no a Argentina.
Gómez Carrillo: Bohemia
sentimental y
Maravillas. G. Valencia: Anarkos.
Cho-
cano: La epopeya del morro. C. Zumeta: El continente enfermo. M. Díaz
Rodrí guez: Cuentos de color. J. J. Tablada: Florilegios.
Visita del presidente Campos
Salles a la Argentina. Conmemoración del cuar to centenario del descubrimiento
del Brasil. Disputa con Guayana francesa por límites. Peste bubónica en Río de
Janeiro. Santos Dumont gana el premio Deutch sobrevolando la torre Eiffel en
globo. 3er. Censo general: 17.384.340 habitantes.
J. Ribeiro: Compendio
de Historia del
Brasil. Cruz e Sousa: Faroles. Alberto
de Oliveira: Poesías completas. Conde
de Alfonso Celso: Por qué me ufano de
mi país. Silvio Romero: Ensayos de sociología y literatura. J. Nabuco:
Mi formación.
AL: Francia exige con su flota indem nización dominicana. Castro,
presiden te constitucional de Venezuela; Marro-quín, de Colombia por golpe de
Estado. Tratado de límites argentino-chileno por zona de los Andes. Censo
uruguayo: 936.000 habitantes; Imposición de los Estados Unidos a Nicaragua y
Costa Ri ca de los tratados Hay-Corea y Hay-Cal vo, para adquirir la ruta del
canal. Expulsión del Obispo de Nicaragua.
J. Sierra: Evolución política del
pueblo
mexicano. García Monge: El Moto y Las
hijas del campo. Vargas
Vila: Ibis. Ro
dó: Ariel. Díaz Romero:
Harpas en el
silencio. Orrego Luco: Un idilio
nuevo.
Fundación del Labour-Party, de la Fe deración General de Trade-Unions
en Inglaterra y de la Unión general de sin dicatos cristianos en Alemania. V.
Con greso internacional socialista en París. Ley Millerand sobre duración
jornada de trabajo. Fund. Asociación Internacio nal para la protección legal
de los obre ros. Asesinato de Humberto I y ascen sión de Víctor Manuel III.
Expedición internacional contra Pekín. Los france ses en el Tchad, los
ingleses en Pretoria y Transvaal.
Max Planck: teoría de los quanta. Zeppe-
lin: su primer dirigible. Evans: la civi lización minoica.
Freud: La interpretación de los
sueños.
Husserl: Investigaciones lógicas. Croce: Materialismo histórico y
economía mar-xista. Ellen Kay: El siglo de los niños.
Spitteler: Primavera olímpica. Harnack:
Naturaleza del cristianismo. Dreiser: Sis-
ter Carne. Chejov: Tío Vania. Puccini: Tosca. G. Fauré: Prometeo. A.
Gaudí: Parque Güell (-1914). Mueren Ruskin, Nietzsche, Wilde.
1901
1902
Funda en León la revista El Alba, que difundirá el diarismo poético. J.
J. Ta blada en el Japón.
Tratado con Gran Bretaña
sobre lí mites con la Guayana inglesa. Fábrica hi droeléctrica en Paraíba;
industrialización intensiva en San Pablo. Código de la enseñanza.
Machado de Assis: Poesías
completas. Pereira Barreto: El siglo XX bajo el punto de vista brasileño.
Comienza a circular el Correio da Manhá en Rio de Janeiro. Coelho Neto:
Tormenta. José Veríssimo: Estudios de literatura brasi leña, 1^ serie.
AL: Constitución de Cuba, enmienda Platt y presidencia de T. Estrada
Pal ma. Batalla de La Hacha y derrota de las fuerzas liberales y venezolanas
en la guerra civil colombiana. Tratado Perú-Bolivia, de arbitraje por diez
años. Ser vicio militar obligatorio en Argentina; Congreso Nacional Obrero.
Depósito de guano en Huanillos, Punta Lobos y Pa bellón de Pica revertidos a
Chile.
Gómez Carrillo: Del amor, del dolor y
del vicio. González Prada: Minúsculas.
Díaz Rodríguez: Idolos rotos.
Díaz Mi
rón: Lascas. Vargas Vila:
Las rosas de
la tarde. P. E. Coll: El castillo de El-sinor.
A la muerte de Victoria es coronado Eduardo VII en Inglaterra. Asesinado
el presidente McKinley en EE.UU. Le su cede Theodoro Roosevelt. Tratado
Hay-Pauncefote sobre el canal de Panamá. Formación de la United States Steel
Corp. Paz en Pekín.
Freud: Psicopatologia de la vida coti
diana. Maeterlinck: La vida
de las abe
jas. Th. Mann: Los Buddenbrook. B.
Shaw: Tres piezas para puritanos. Mah
ler: Octava Sinfonía. Primer Premio
Nobel: Sully Prudhomme. Muere Tou louse-Lautrec. Nacen Malraux y
Alberti.
Elección del tercer
presidente, Feo. de Paula Rodrigues Alves, que entrega a Rio Branco la
dirección de la política exterior; reclutamiento de intelectuales blancos para
la diplomacia. Dictamen de Rui Barbosa sobre el proyecto de Código Civil.
Iniciación del movimiento de Plá cido Castro para incorporación del terri
torio de Acre al Brasil. Fundación del Partido Socialista.
Paz entre Inglaterra y los boers. Fin de la resistencia filipina a
EE.UU. Alianza anglo-japonesa. EE.UU. adquiere las ac ciones francesas del
canal de Panamá. Se concluye construcción del Transibe riano. Alfonso XIII
jura la Constitución como rey de España.
Faitherford: Estudios sobre la radioacti vidad. Fundación de la
Carnegie Ins titution.
1903 Siguiendo siempre la
evocación novelesca de la infancia que nos brindan los Contos, vamos a
encontrarlo, hacia 1903, todavía subyugado por su primer amor:
“Y sólo más tarde, allá por los nueve o diez años, me animé a darle
nuestro único beso, fue maravilloso ( . . . ) el beso me había dejado
completamente puro, sin nin guna curiosidad ni deseo alguno, ¡adiós oscuridad!
Se había derramado en mi cerebro una enorme luz blanca, violentamente blanca
que me prohibía pensar, imagi nar; actuar, besándola”.
(Contos Novos, “Vestida de preto”)
Aparece en Montevideo edición españo la de Memorias postumas de Brás
Cu bas, de J. Machado de Assis, en traduc ción de Julio Piquet, integrante
del cenáculo de Rodó. Euclides da Cunha: Los sertones. Graca Aranha: Canaan. R.
Barbosa: Réplica. Olavo Bilac: Poe sías, ed. definitiva. Alphonsus de
Gui-maráes: Kiriale. Primer disco grabado en el Brasil por Fred Figner.
AL: Convención de arbitraje obligato rio entre Nicaragua, El Salvador,
Hondu ras, Costa Rica y Guatemala y Corte de Arbitraje. Convención dominicana
con EE.UU. por reclamaciones económi cas. Compañía francesa vende acciones del
Canal de Panamá a EE.UU.; fin de la guerra de “los mil días”. Ultimá tum de
Gran Bretaña y Alemania y blo queo de puertos venezolanos; bombardeo de Puerto
Cabello; Roosevelt árbitro. Doctrina Drago y ley de residencia en Argentina.
Creciente influencia de Batlle y Ordóñez en Uruguay. Chile y Argen tina:
tratado general de paz y limitación de armamentos navales.
Chocano: Poesías completas.
Vargas Vi-
la: Ante los bárbaros. Díaz Rodrí
guez: Sangre patricia. Urbina: Ingenuas.
D’Halmar: Juana Lucero. Fundación de la Universidad de La Plata.
Suscriben el Tratado de
Petrópolis por el cual Brasil adquiere a Bolivia par te del Territorio del
Acre, con 147.000 km2. Reforma urbana con demolición del caserío colonial: el
“derríbenlo” del prefecto Pereira Passos; campaña de erra dicación de la fiebre
amarilla bajo la di rección de Osvaldo Cruz. Primer trans porte urbano
eléctrico en Rio de Janeiro. Iluminación eléctrica de la Avenida Principal.
Loisy: El Evangelio y la Iglesia.
Gide:
El inmoralista. C. Doyle: El sabueso de
los Baskerville. Croce: Estética.
H. Ja
mes: Las alas
de la paloma.
Debussy:
Pelléas y Melisande. Muere Emile
Zola.
Muere León XIII y asciende Pío X al Pontificado. Condena de la obra de
Loi sy. Tratado Bunau-Varilla para construir el canal de Panamá. Escisión
entre bol cheviques y mencheviques en el Congre so de los socialistas rusos
en Londres.
Ford: construcción de fábrica de
auto
móviles. Hnos. Wright: vuelo en aero plano.
Lévy-Bruhl: Moral y ciencia de las cos
tumbres. E. Taylor: Cultura primitiva
1904 A los diez años
escribe su primer poema — “juego músico-verbal-canturreado” como bien lo define
Oneyda Alvarenga— que provoca gran hilaridad en la familia, pero que él conser
vará cariñosamente entre sus poemas anteriores a 1917”:
Poema escrito a los diez
años
“Fiorí de-la-pá!
Jeuí - transféli guidi ñus - pigórdi,
jeuí - trans. . . féli -
guinórdi,
jeuí!”.
“Esta fue la nota lírica de toda mi infancia. Sólo mucho más tarde
habría de escribir versos “conscientes”, cier tamente con más de dieciocho
años. Este poema fue escrito más o menos a los diez como lo aclara el título.
Lo canturreaba siempre, y se mantuvo imperecedero en mí. No sé lo que quiere
decir, y sobre todo me asusta mucho ese “Jeuí”, por la coincidencia de las
sílabas, pues es absolutamente cierto que jamás hubo en mi vida ninguna Genny.
No creo que sea linda esa estrofa,
Domingos Olimpio: Luzia-Homem. Na ce C. Portinari. Muere Vítor
Meirelles.
AL: Cuba cede bases a EE.UU. (Guan-tánamo). P. J. Escalón presidente de
El Salvador. Senado colombiano rehúsa ratificar tratado Hay-Herrán con EE.UU.
sobre el Canal; insurrección de Panamá y declaración de independencia recono
cida por EE.UU., que impide envío de tropas colombianas; tratado cediendo Zona
del Canal. Protocolos de pagos de Venezuela con EE.UU., México, Francia,
Holanda y Bélgica; debates en el Tribu nal de La Haya por las reclamaciones.
En Nicaragua revolución del Lago co mandada por E. Chamorro. Creciente
desarrollo agropecuario en Argentina. Batlle y Ordóñez presidente del Uru
guay; revolución nacionalista de Apa ricio Saravia y Pacto de Nico Pérez. Ilu
minación eléctrica en Managua. Matanza de obreros salitreros en Iquique, Chile.
Darío Herrera: Horas lejanas, G. Zal-
dumbide: Del Ariel. Bunge: Nuestra
América. González Martínez:
Preludios.
Sánchez: M ’hijo el dotor.
Disputas con el Perú por el
Terri torio del Acre. Comienzo de la cons trucción del puerto; apertura de la
Ave nida Central en Rio de Janeiro. Levan tamiento de la Escuela Militar.
Rebe lión popular “rompe-faroles” en Rio de Janeiro contra la vacunación
antivarióli ca oblitoria. Extinción de la fiebre ama rilla por Osvaldo Cruz.
Primera sala de cine en Rio de Janeiro: París en Rio.
J. Machado de Assis: Esaú y Jacob. José
Verissimo: Estudios de literatura brasile-
ga (23 serie). Nepomuceno: preludio sinfónico O Garatuja.
AL: Asamblea de Puerto Rico vota por la “estadidad”. Revuelta del
general
(13 ed. 1871). Gorki: Los bajos fondos.
S. Butler: El camino de toda carne.
Shaw: Hombre y superhombre. Dewey: Estudios de teoría lógica.
D’Annunzio: Laúdes del cielo. Se constituye la Aca demia Goncourt. Muere Paul
Gauguin.
Japoneses hunden la flota rusa en Port Arthur y Vladivostock. Sun
Yat-sen fun da el Kuo Min-Tang. Ruptura entre Francia y el Papado. Congreso
Socia lista en Amsterdam. Sublevación de los boers en Transvaal.
T. Garnier: Proyecto de Ciudad Indus trial.
Pirandello: El difunto Matías Pascal.
Rolland: Juan Cristóbal
(-12). London: El lobo de mar. Reymont: Los campesinos. Puccini: Madame
Butterfly. Picasso se instala en el Bateau-Lavoir. Fundación de L’Humanité.
Nace Salva dor Dalí. Muere Chejov.
aunque me impresione siempre con la misma fuer za. ( . . . ) .
(Nota explicativa de Mário de Andrade añadida al original del poema).
El ocho de diciembre toma la Primera Comunión en la igle
sia Nossa Senhora do Carmo.
1905 A principios de año
ingresa a la escuela secundaria Nossa Senhora do Carmo, de la Congregación de
los Hermanos Maristas, una de las escuelas de la burguesía media y católica de
la época.
Toledo en Guatemala con tropas veni das desde El Salvador. Presidencia
de R. Reyes en Colombia. Bolivia: tratado de paz con Perú y tratado con Chile
ce diendo provincias marítimas a cambio del ferrocarril Arica-La Paz. José
Pardo presidente de Perú. Resolución del Tri bunal de La Haya sobre
reclamaciones europeas contra Venezuela. M. Quintana presidente de Argentina.
Aparicio Sara-via en Uruguay; tratado de paz y amnis tía. Delegados de
Nicaragua y Honduras se reúnen en Guatemala y designan al rey de España árbitro
sobre el pleito li mítrofe.
F. Carcía Calderón: De
Litteris. B. Li-
11o: Sub térra.
Blest Gana: Los
trans
plantados. Vargas Vila: Los divinos y los humanos. A. Santamaría expone
en Bogotá: polémica sobre impresionismo (Sanín Cano-Grillo). Nace P. Neruda.
Tratado con Argentina y
Venezuela de demarcación de límites. Comienza la construcción de la fábrica
hidroeléctrica de Riberao das Lajes. Creación del cuar to Banco del Brasil.
Designación del primer cardenal brasileño y sudameri cano. Con la introducción
de la ilumi nación pública eléctrica comienzan a de saparecer los faroles a
gas. Paulo de Fontin: grandes obras de urbanización y modernización en Rio de
Janeiro. Fun dación de la Federación Obrera de Sao Paulo.
Bonfim: América Latina:
males de origen. Cruz e Sousa: Ultimos sonetos (postumo). Joao Ribeiro: Páginas
de es tética. Silvio Romero: El alemanismo en el sur del Brasil. Muere Pedro
Américo.
AL: Aduana dominicana en manos de EE.UU. Reelección de Estrada Cabrera
Los japoneses ocupan Port Arthur. Ba tallas de Mukden y Tsu-shima.
Consti tución de la Central obrera socialista. “Domingo rojo” en San
Petersburgo. Ley de 9 horas en Francia. Segunda presidencia de Th. Roosevelt en
EE.UU.
Lorentz, Einstein, Minkowski: la rela tividad restringida.
Freud: Teoría de la sexualidad. Una-
muno: Vida de
don Quijote y
Sancho.
Rilke: Libro de horas. Falla: La vida breve. Los fauves en Francia; Die
Brü-cke en Alemania. Matisse: La alegría de vivir. Max Linder en la Pathé.
Rilke, secretario de Rodin, en París. Isadora Duncan en Rusia. Nace Jean Paul
Sar-tre. Muere Julio Verne.
190 6
en Guatemala (candidato único). Es trada Palma reelecto en Cuba. Cons
trucción del Canal de Panamá. Acuerdo venezolano de pagos con Gran Bretaña y
Alemania; reclamaciones francesa y norteamericana; Castro reelecto presi
dente. R. Reyes dictador en Colombia. Atentado anarquista contra el presidente
argentino Quintana. Creación de Liceos departamentales en Uruguay. Campañas de
L. E. Recabarren en la pampa sali trera. Prisión de Recabarren.
Othón: Idilio salvaje. Ñervo: Jardines
interiores. F. Sánchez: Barranca abajo.
R. de las Carreras: Psalmo a la
Venus
Cavalieri. Henríquez Ureña: Ensayos
críticos. A. Echeverría: Concherías.
Ri-
va-Agüero: Carácter de la literatura del
Perú independiente. L. Lugones: La guerra gaucha y Los crepúsculos del
jar dín. S. Argüello: El grito de las islas.
Alfonso Augusto Pena,
presidente; su lema es “poblar y sanear”. Convenio de Taubaté: alianza de
cafetaleros de Minas y San Pablo para sustentar el precio del café en el
mercado mundial. Tercera Conferencia Panamericana en Rio de Janeiro.
Intervención federal en Goiás, Mato Grosso y Sergipe. En el campo de Bagatelle,
París, Santos Du-mont vuela en un aparato más pesado que el aire: el “14 bis”.
Primer campeo nato de fútbol.
J. Machado de
Assis: Reliquias de la
casa vieja. Coelho Neto: Torbellinos. Construcción del Palacio Monroe y
tea tro Municipal de acuerdo a modelos de eclecticismo europeo. E. Visconti,
electo para sustituir a Bernardelli en la direc ción de la Escuela Nacional de
Bellas Artes.
AL: Estrada Cabrera sofoca invasión de guatemaltecos desde El Salvador;
pri-
Encíclica Vehementer nos y condena por Pío X de Murri y Tyrell.
Rehabilitación de Dreyfus. Huelgas en Moscú, reunión y disolución de la Duma.
Terremoto en San Francisco, California.
Premio Nobel de la Paz a Th. Roosevelt. Nerust: tercer principio de la
termodi námica. Eijkman: sobre las vitaminas. Montessori: la “Casa de los
Niños”. Inauguración del túnel del Simplón. Reacción de Wasserman.
Westermarck: Origen y evolución de las
ideas morales. Hobhouse: Moral en evo
lución. U. Sinclair: La jungla. Galswor
thy: La saga de los Forsyte (-28).
Pascoli: Odas e
himnos (-13). Keyser-
ling: Sistema del mundo. Bierce: Diccio
nario del diablo. Musil:
Las tribulacio
nes del estudiante Tórless. Alain: Diva gaciones. Muere Paul Cezanne.
1907
mera concesión obtenida por la United Fruit Co. Th. Roosevelt visita
Puerto Rico. Insurrección liberal en Cuba; de sembarco de “marines” y control
ame ricano sobre la isla con Ch. Magoon gobernador. Modus vivendi entre Perú y
Colombia sobre región de Putumayo. Personería jurídica para Sindicatos de
Tipógrafos en Bogotá. Eloy Alfaro depo ne a L. García; Constitución liberal
ecuatoriana. Figueroa Alcorta presidente de Argentina; ley de amnistía; se
agudi zan problemas de vivienda. Primeros tranvías eléctricos en Montevideo.
Terre moto en Valparaíso; P. Montt presidente de Chile. Cuarta reelección de
Zelaya. El rey de España dicta su laudo sobre Honduras y Nicaragua.
Vargas Vila: Laureles rojos. Chocano:
Alma América. E. Payró: El casamiento
de Laucha. Fray Mocho: Cuentos. Re vista Cosmos en Nicaragua.
Política proteccionista para
favore cer la industrialización. Plan de desa rrollo ferroviario: en 1888
Brasil con taba con 9.309,9 km.; en el período 1908-14 llegará a los 26.062,3
km de vías férreas. Rui Barbosa defiende el derecho a la igualdad soberana de
las naciones como delegado del Brasil en la Conferencia de Paz en La Haya. Ini
cia obras telegráficas la Comisión Ron dón, ligando Rio de Janeiro con Mato
Grosso, Acre y Amazonas; publica obras de investigación geológica y etnológica.
El general Cándido Rondón consigue apoyo del gobierno en su proyecto de
recuperación de los sertones. Von Ihe-ring, director del Museo Paulista, reco
mienda el exterminio de indios; indig nación entre los intelectuales
positivistas y dentistas.
Encíclica Pascendi contra el modernis mo. Segunda Conferencia de La
Haya. Acuerdo anglo-ruso sobre Asia: la Tri ple Entente. Gustavo V, rey de
Suecia. Fundación de la Compañía Shell.
Willstatter: estudios sobre la
clorofila.
Lumière: fotografía en colores. Gral.
Baden-Powell funda los
hoy-scouts. E.
Cohl inventa el dibujo animado.
Bergson: La evolución creadora.
W. G.
Summer: Folkways. W.
H. R. Rivers:
The Todas. Gorki: La madre.
W. Ja
mes: Pragmatismo. George:
El séptimo
anillo. Yeats: Deirdre. Albéniz: Iberia.
Teatro Matyinski: presentación de Ni-jinski, Karsavina. Pavlova y
Dreobra-jenskaya en Don Giovanni. Nace Alberto Moravia. Muere Sully Prudhomme.
1908 A los 15 años —
según las descripciones de los Contos— es un niño feo, sin coraje, al que no le
gusta estudiar, de “inte ligencia incesante pero sobre todo difícil'’, “que
cursa sus estudios sin ganas, arrastrándose” :
“En familia yo era considerado tácitamente como un caso perdido, y eso
porque mis hermanos eran buení-simos mientras que yo era un salvaje, y mientras
ellos sacaban distinciones en el colegio, a mí me aplazaban” .
( Contos Ñervos, “Vestida de Preto” y
“Frederico Paciencia” ).
Oliveira Lima: Van-americanismo. Eucli-
des da Cunha: Contrastes y confronta
ciones. S. Romero: El Brasil
social. Ca-
pistrano de Abreu: Capítulos de historia
colonial.
AL: Conferencia Centroamericana en Washington; tratado de paz y amistad;
Corte de Justicia; Instituto Pedagógico, Oficina Internacional. F. Figueroa
presi dente de El Salvador; amnistía política y suspensión de ley marcial.
Tribunal de La Haya fija deudas venezolanas en 691.160 libras. Nueva
presidencia de Al-faro en Ecuador. Tratado de amistad en tre Perú y Chile, el
primero desde la Guerra del Pacífico. Jornada de 8 horas para menores y mujeres
en Argentina; datos oficiales: 231 huelgas en el año. Abolición de la pena de
muerte en Uru guay. Guerra entre Nicaragua y Hondu ras. El ejército
nicaragüense entra hasta la capital hondureña. Batalla de Na-masigüe.
F. García Calderón: Le
Pérou contem-
porain. R. Blanco Fombona: El hombre
de hierro. Ramos Mejías: Rosas y su
tiempo. M. Ugarte: Vendimias juveni
les, D. Agustini: El libro blanco. B.
Lillo: Sub solé. M. Azuela: María Luisa. Revista Nosotros en Buenos
Aires. Pana má: revista Nuevos Ritos. Lima: revista
Contemporánea. Revistas Alma joven, Germinal y Albores en Managua. Nace
Manolo Cuadra.
La escuadra norteamericana
realiza maniobras en la bahía de Guanabara. Exposición internacional
conmemorativa del cuarto centenario de la apertura de los puertos. Fundación de
la Asociación Brasileña de Prensa. Surge la Conferen cia Obrera Brasileña (-1912),
Manifies to del Centro Socialista Paulista, redac tado por Antonio Piccarolo,
que analiza
Bélgica se anexa el Congo. Creta se une a Grecia. Austria se anexa la
Bosnia-Herzegovina. Levantamiento de los jóve nes turcos en Salónica.
Asesinato de Car los en Portugal y coronación de Manuel. Jornada de 8 horas en
minas britá nicas.
Blériot atraviesa la Mancha en avión.
A los 16 años termina el colegio e ingresa inesperadamente en una nueva
etapa de su vida:
“Por lo demás la juventud estallaba y yo tenía que aprenderlo todo. Fue
asombroso lo que me pasó. Sin abandonar mis modales de “perdido”, cultivándolos
in-
realidad brasileña de la época. Comien zo de la inmigración japonesa.
El conde Lasdain realiza la primera excursión en automóvil entre Rio de Janeiro
y San Pablo, cumpliendo el recorrido de 400 km. en ventiséis días.
Vicente de Carvalho: Poemas y
cancio
nes. Joáo do Rio: El momento
literario.
Hermes Fon tes: Apoteosis. Machado de
Assis: Memorial de Aires. Batista da Costa recibe la Medalla de Oro del
Salón Nacional de Bellas Artes con el cuadro Alto de la sierra. Nace Guimaráes
Rosa.
AL: J. M. Gómez presidente de Cuba, A. Zayas vicepresidente. Primera
Corte Centroamericana de Justicia en Costa Rica. Leguía presidente
constitucional del Perú; telégrafo inalámbrico en la zona amazónica. Castro
anula conce siones americanas; conflicto con Holan da y bloqueo holandés;
Gómez se pro clama presidente de Venezuela. Agrava miento de la crisis en la
pampa salitrera; Primer Congreso Científico Panamerica no en Valparaíso. Jorge
Chávez cruza los Andes en avión. Escuadra de guerra norteamericana frente a
Nicaragua. Emigración salvadoreña, guatemalteca y hondureña a Nicaragua.
González Prada: Horas de lucha.
Blan
co Fombona: Más allá de los horizontes.
A. de Estrada: El huerto armonioso. G.
de Laferrére: Las de
Barranco. C. Vaz
Ferreira: Moral para intelectuales. Orre-
go Luco: Casa grande. Revistas Esfinge y La Patria de Darío, en
Nicaragua. L. Argüello: Claros de alma. Primeros films argentinos.
W. MacDougall: Introducción a la psi
cología social. Wasserman: Gaspar Hau
ser. Chesterton: El hombre que fue jue
ves. Sorel: Reflexiones
sobre la violen
cia. Pound: A
lume spento. Romains:
La vida unánime. Khlebnikov: Poesías.
Larbaud: Las poesías de A. O. Barna-booth (-23). Fundación del periódico
Acción Francesa en París (Maurras, L. Daudet, Bainville, Bourget). Mahler: El
Canto de la tierra. Galería Kahnweiler: exposición cubista. El cine descubre
Ca lifornia: nacimiento de Hollywood. Na ce Simone de Beauvoir.
Muerte del presidente
Alfonso Pena. Asume el vicepresidente Nilo Peganha. Presenta su candidatura
para la sucesión el ministro de guerra, mariscal Hermes
Taft presidente de EE.UU. Semana trá gica en Barcelona y fusilamiento
de Ferrer. Acuerdo franco-alemán sobre Ma rruecos, austro-italiano sobre los
Balca-
cluso, terminado el ciclo secundario, me empezó a gustar el estudio. Me
dominó de repente aquel deseo exaspe rado de saber, me volví estudiosísimo.
Era incluso una impaciencia exasperada, que me obligaba a devorar bibliotecas,
sin ninguna orientación. Pero brillaba, daba conferencias engoladas en
sociedadecitas de muchachos, tenía ideas que asustaban a todos. Y todos
empezaban a convencerse de que yo era muy inteligente pero pe ligroso.
( Contos Novos, “Vestida de preto” )
A principios de año entra a la Escuela de Comercio Alvares Penteado, con
la intención de convertirse en bibliotecario; pero muy pronto se desentiende
con el profesor de portugués y abandona el curso.
Inicia a esa altura, bajo la orientación de su madre y de su tía madrina
Ana Francisca de Almeida Moraes — tía Nha-nhá— los estudios de piano. Por
entonces ya escribe versos y un día, queriendo saber cuál era el valor real de
sus poemas, reúne los que considera mejores, enviándoselos al consagrado poeta
parnasiano de San Pablo, Vicente de Carvalho. Este no le responde y, amargado,
Mário de Andrade se promete a sí mismo que si algún día llega él a ser alguien,
jamás provocará en otros esa decepción.
Pese a haberse sentido atraído sobre todo por la música y por la poesía,
descubre desde muy temprano que lo que le importaba era el arte.
¿Qué misterio, qué intuición, qué ángel de la guarda me llevó a concluir
instantáneamente que la música no existe, que lo que existe es el arte? . . . Y
desde enton ces, desde ese primer momento de estudio real, así como estudiaba
piano no me perdía ni un solo concierto y leía la vida de los músicos, iba a
las exposiciones de pintura, devoraba historias del arte, me enredaba en
estéticas mal comprendidas, estudiaba a los escritores y a la lengua y, con qué
sacrificios, ni lo sé pues vivía de un sueldo miserable, ¡compré mi primer
cuadro! Al respecto, y no se burle, eran unas ninfas escarlatas en un lago,
teniendo como fondo una enorme floresta
(Carta a Oneyda Alvarenga, 14/IX
/1940)
Rodrigues da Fonseca; en la oposición, Rui Barbosa inicia la campaña
civilista. Asesinato de Euclides da Cunha. Inau guración del Teatro Municipal
de Rio de Janeiro. Carlos Chagas identifica la enfermedad parasitaria que lleva
su nombre. Fundación del Automóvil Club.
Lima Barreto: Recuerdos del escribiente
Isaías Caminha. Oliveira Lima: D. Juan
VI en el Brasil. Euclides da Cunha: Al
margen de la historia.
Alberto Torres:
Vers la paix. Romero: Provocaciones y debates. E. Visconti: Medalla de
Oro en la Exposición Internacional de San Luis por el cuadro Recompensa de San
Se
bastián.
AL: Retiro de tropas americanas de Cuba. Colombia reconoce la soberanía
de Panamá en tratado Root-Cortez con EE.UU. Conflictos laborales encabezados
por anarquistas en Argentina y asesina to del general Falcón. Uruguay y Bra
sil modifican fronteras. Supresión de la enseñanza religiosa en las escuelas
uru guayas. Construcción del ferrocarril Ari ca-La Paz. Chile compra barcos
de guerra a Inglaterra. En Nicaragua, fu silamiento de los mercenarios
norteame ricanos Cannon y Groce. El ministro norteamericano de asuntos
exteriores Knox envía al gobierno de Nicaragua la nota más atentatoria contra
su sobera nía. Zelaya deja la presidencia.
A. Arguedas: Pueblo enfermo. Blest Ga
na: El loco
Estero. Rodó: Motivos
de
Proteo. Lugones: Lunario sentimental.
Arvelo Larriva: Sones y canciones. Gon
zález Martínez: Silenter. Reyes, Caso, Vasconcelos, Henríquez Ureña,
Torri: Ateneo de la Juventud (-14) en México. P. Figari: Mercado viejo.
Revistas Plie gos Vernandinos y La Torre de Marfil,
de Nicaragua.
nes, ultimátum austríaco a Servia. Mo hamed V, sultán de Turquía.
Peary en el Polo Norte. Ford fabrica tractores.
H. Hubert & M. Mauss: Esbozo de una
teoría general de la magia. A. van Gennep: Los ritos de transición.
Lenin: Materialismo y empiriocriticismo. Mari-netti: Manifiesto futurista.
Maeterlinck: El pájaro azul. Stein: Tres vidas. F.
L. Wright: Robie House (Chicago).
Braqui: Cabeza de mujer. Ballets rusos de Diaghilev en París. Fundación
de La Nouvelle Revue Française (Copeau, Gide, Claudel y Schlumberger). Freud y
Jung en EE.UU.
1910
Derrota de Rui Barbosa.
Elección de Hermes da Fonseca. Represiones po liciales a manifestaciones
estudiantiles que causan la muerte de dos estudian tes, llamada “la primavera
sangrienta” . Sublevación de marineros: “Revuelta de Chibata” . Rui Barbosa denuncia
en el Senado las atrocidades practicadas por el gobierno contra los insurrectos
y fu silamiento de marineros a bordo del “Satélite” . Creación del Partido
Conser vador.
Ribeiro: El folklore. J. P. Calógeras: La
política monetaria del
Brasil. Amor y
Paz, film de Alberto Moreira.
AL; Nueva reelección de Estrada Ca brera en Guatemala. Colombia concede
la educación superior a los jesuítas. Sáenz Peña presidente de Argentina; fes
tejos del Centenario en Buenos Aires. Ferrocarril trasandino
Valparaíso-Men-doza. Suspensión de relaciones chileno-peruanas por expulsión de
sacerdotes peruanos de Tacna y Arica. Conferencia Panamericana en Buenos Aires.
Madriz presidente de Nicaragua. La revolución de la Costa Atlántica triunfa:
cae Ma driz y Juan José Estrada asume la pre sidencia. Intervención de los
Estados Unidos ( “pactos Dawson” ) con el pre texto de “prevenir el bombardeo
de Blue-fields y de proteger la vida y bienes de los norteamericanos” .
Revueltas en Pue bla, Guerrero y Chihuahua: revolución mexicana.
P. Henríquez Ureña: Horas de
estudio.
C. Torres: Idola
fori. R. Barrett: Lo
que son los yerbales. M. Ugarte: El porvenir de la América Española.
Ger-chunoff: Los gauchos judíos. Herrera y Reissig: Los peregrinos de piedra.
Urbi-na: Puestas de sol. Antología Parnaso chileno. Lugones: Odas seculares. C.
Japón se anexa Corea. La Unión Sud africana entra al Commonwealth.
Geor-ge V asciende al trono, a la muerte de Eduardo VII de Inglaterra.
Venizelos preside el Consejo de Creta. Caída de la monarquía en Portugal.
Francia: huelga de ferroviarios y ley de pen siones a la vejez. Reaparición
del cometa Halley.
Santayana: Tres poetas filósofos. Rilke: Cuadernos de Malte Laurids
Brigge. R. Roussel: Impresiones de Africa. Russell-Whitehead: Principia
Mathematica. Tagore: Gitanjali. Claudel: Cinco gran des odas. Lévy-Bruhl: Las
funciones
mentales en las sociedades inferiores.
Rostand: Chantecler. Mack Sennett:
The slapstick comedy. Stravinski: El
pájaro de fuego. Mueren Tolstoi, Mark Twain y Robert Koch.
1911
1912
Ingresa al Conservatorio Dramático y Musical, matriculándo se
probablemente en el tercer año del curso; allí estaba ya “su hermano Renato,
seis años más joven que él, brillando como pianista, para gran orgullo de su
padre” .
A los 19 años de edad, es nombrado "alumno practicante” sin goce de
sueldo, designación que lo habilita a enseñar ru dimentos de la Teoría Musical
(3 /V III).
Vaz Ferreira: Lógica
viva. Magallanes
Moure: La jornada. Rodin: Sarmiento. Mueren Herrera y Reissig, Rafael
Ba-rrett.
Batista de Lacerda: tesis
antirracis-ta sobre mestizos en el 1er. Congreso Universal de Razas. Edu Chaves
inten ta volar, sin éxito, de San Paulo a Rio de Janeiro. Comienza a circular
el dia rio A Noite. Es fundada la “Liga de Trabajadores del Distrito Federal”,
de carácter oficial, para contrarrestar el avance del movimiento obrero.
Lima B arreto: El triste fin de Folie arpo Quaresma (en el Jornal do
Comércio'). Alcides Maia: Tapera. Afranio Peixoto: La esfinge. Felipe de
Oliveira: Vida ex tinta. JoSo do Rio: Vida vertiginosa.
AL: P. Díaz sale de México; Madero presidente; Zapata presenta Plan
Ayala. Colombia invade Perú y ocupa Pedrera. Segunda presidencia de Batlle y
Ordó-ñez en Uruguay: amplia legislación so cial y laboral. Continúa carrera
arma mentista chilena.
González Martínez: Los
senderos ocul
tos. Reyes: Cuestiones estéticas. Eguren:
Simbólicas. Barrett: El dolor paraguayo.
Banchs: La urna. Revista Atlántida.
Taft disuelve la Standard Oil y la Tob-baco Co. Sun Yat-sen proclama la
Re pública en Nankín. Golpe de Agadir. Guerra Italo-turca; Italia se anexa la
Tripolitania. Seguros sociales en Ingla terra.
Amundsen en el Polo Sur:
Rutherford:
teoría atómica nuclear.
F. Graebner: El
método en etnología.
F. Boas: El significado del hombre pri
mitivo. J. G.
Frazer: La rama
dorada
(la . ed., 1890). D. H.
Lawrence: El
pavo real blanco. Mansfield: Una pensión
alemana. Jarry: Ubu encadenado.
Saint-
John Perse: Elogios. Kandinski y
Klee
fundan El jinete azul. Duchamp: Des nudo bajando una escalera N? 1.
Muerte de Rio Braneo,
sustituido en Itamarati por Lauro Muller. Comienza la rebelión del Contestado
en el sertón, región limítrofe entre Paraná y Santa Ca tarina, con motivo de
la construcción del ferrocarril San Paulo-Rio Grande do Sul. Muere el vizconde
de Ouro Preto.
Augusto dos Anjos: Yo. Simoes Lopes:
Cuentos gauchescos. Nace Jorge Amado.
AL: Insurrección negra en Cuba, de sembarco de “marines”, general
Menocal
Comienzos de la primera guerra balcá nica. Triunfos servios, búlgaros y
grie gos. Protectorado francés sobre Marrue cos. Convención horaria
internacional. Trabajo en cadena de las fábricas Ford. Se hunde el “Titanic” en
viaje inau gural.
Hopkins: las vitaminas.
E. Durkheim: Las
formas elementales
de la vida religiosa. C. Jung: Transfor mación y símbolo de la libido.
Claudel:
1913 En julio se
encuentra — aún en calidad de alumno practi cante— enseñando solfeo, en primer
año, y además piano; dos meses más tarde lo contratan como profesor substituto,
para enseñar Historia de la Música.
Ese mismo año se produce el trágico accidente que marcará
definitivamente su destino: el 22 de junio, a los 14 años de edad, muere, tras
una rápida enfermedad, su hermano Re nato, muchacho extraordinariamente dotado
y en cierto sen tido la esperanza de la familia, que probablemente habría sido
pianista. La muerte de su hermano y el exceso de trabajo contribuyeron
ciertamente a predisponerlo a caer en la seria depresión nerviosa que lo
afectó:
“Los médicos llegaron a no dar nada más por mí, mé dicos de molestias
nerviosas y todo eso. No comía, no dormía y con los síntomas característicos de
la neuras tenia negra, odio a mi madre, a todos los míos, etc. Fue el sentido
común de un tío, especie de neurasténico profesional, lo que me salvó (Mário de
Andrade se refiere a su amigo, de mucha más edad que él, Pío Lourengo Correa,
casado con una de sus primas y a quien él llamaba, afectuosamente, tío). Me
sacó de casa, me llevó a su estancia, donde él vivía, y allí me dejó, solo. De
cuando en cuando aparecía, me preguntaba si necesitaba algo. Yo le decía que no
y él se iba.
presidente. Desembarco de “marines” en Honduras. Informe del cónsul
Casement sobre explotación de indios en Putu-mayo; reacción papal y arresto del
direc tor de la British Rubber Co. Conflicto argentino-paraguayo. Monopolio
estatal sobre Bancos y electricidad, en Uru guay. Ferrocarril Santiago-Puerto
Montt. EE.UU. interviene militarmente en Ni caragua con ocupación permanente y
ad ministración de las aduanas, el ferroca rril y la banca hasta 1925.
R. Uribe-Uribe: De cómo el liberalismo
no es pecado. F. García
Calderón: Les
démocraties latines de VAmérique. P. Figari: Arte, estética, ideal.
Lugones: El libro fiel. Pezoa Véliz: Alma chile na. A. Ortiz: El parnaso
nicaragüense.
Hnos. García Calderón: Revista de Amé rica en París. Nace P. A. Cuadra.
El senador Pinheiro Machado,
de Rio Grande do Sul intenta articular su candidatura para la presidencia de la
república, pero encuentra la resistencia de los políticos de San Pablo y Minas
Gerais; éstos firman el Pacto de Ouro Fino o acuerdo “café con leche” , garan
tizando la rotación de los dos grandes estados en la jefatura del poder
central. Crisis en el comercio exterior.
Salvador de Mendoza: La situación in ternacional del Brasil. Alberto de
To rres: El problema mundial. Antonio Sal ves: Aves de paso. Ronald de
Carvalho: Luz gloriosa. Menotti del Picchia: Poe mas del vicio y la virtud.
Exposición de L. Segall en San Pablo.
AL: “Trágicos diez días” de Huerta; asesinato de Madero y Suárez;
acciones de Carranza, Villa, Obregón; Wilson pide renuncia de Huerta.
Concesiones ecuatorianas a Pearson & Son para ex-
La anunciación a Marta. A. France: Los
Dioses tienen sed. Shaw: Pigmalión.
R. Luxemburgo: La acumulación de ca
pital. Papini: Un
hombre acabado. A.
Machado: Campos de Castilla.
Valle-In-
clán: Voces de
gesta. Ravel: Dafnis
y
Cloé. Schoenberg: Pierrot lunar. Muere Menéndez Pelayo.
Turquía reinicia hostilidades. Nueva guerra balcánica. Poincaré
presidente de Francia, Wilson de EE.UU. Tratado de Bucarest y acuerdo
anglo-alemán sobre colonias portuguesas. Zanzíbar incorpo rada al Africa
oriental inglesa.
Bohr: teoría de las
circunstancias. Ha
ber: síntesis rayos X.
Freud: Tótem y tabú. Husserl: Filoso fía fenomenológica de la vida.
Proust: En busca del tiempo perdido ( — 27). Apollinaire: Alcoholes y Los
pintores cubistas. Unamuno: Del sentimiento trá gico de la vida. Stravinski:
La consagra ción de la primavera. Malevich: Mani fiesto del Suprematismo.
Primera gran
exposición de arte moderno: Armory Show de Nueva York. Nace Albert
Camus.
Un día se me despertó la curiosidad y quise saber dón de empezaba el
cafetal, por detrás de la casa, y fui hasta allí. Al día siguiente hice lo
mismo, y llegué más lejos, y para acortar las cosas aquí estoy, vivo toda vía.
De la estancia volví hecho un poeta. Sin haberme preocupado absolutamente por
leer con placer a los poetas, ya incluso antes de ir a la estancia, me había
pasado esa cosa rarísima, síntoma, tal vez, de locura; la manía de hacer
versos. Así fue no más. Es cierto que un exceso de trabajo — porque por
entonces y justa mente a causa de mi hermano, que estudiaba música, yo andaba
a los tropezones haciendo con un apuro equi vocado mi curso de piano en el
Conservatorio, saltando años, acumulando hasta nueve horas de estudio técnico
diario, además de las materias intelectuales de las que no me desprendía, ya
que siempre había sido aplazado en el colegio— , el exceso de trabajo
ciertamente con tribuyó a que la muerte de mi hermano hiciera irrum pir en mí
ese estado al que hasta hoy yo no sé cómo llamar y que llenó de desesperación a
los médicos” .
(Carta a Manuel Bandeira, 2 1 /V /1 9 3 1 )
En octubre, ya ha superado su agotamiento nervioso; pero como saldo de
la crisis le quedarán para siempre las manos temblorosas, lo que le impedirá,
de allí en adelante, la ejecu ción perefecta del piano. Este pequeño síntoma
traumático habría de ser, por lo demás, uno de los responsables de la brusca
transformación de su carrera:
“ ( . . . ) una enfermedad nerviosa que redundó en ago tamiento y la
muerte de Renato modificaron juntas radicalmente - y según todo indica para
mejor, lo que yo podría haber sido en esta vida, cosa que no deja de
horrorizarme cuando lo recuerdo: ¡un virtuoso!”
(Carta inédita a Gilda de Mello e Souza, ll- X -41).
1914 Prosigue su
formación musical, matriculándose en el primer año del curso de Canto del
Conservatorio. El 30 de noviembre participa en la audición pública de los
alumnos del estable cimiento, interpretando piezas de piano.
portación petrolera. Ley de naturaliza ción en Venezuela. Ferrocarril
Arica-La Paz. Argentina recibe en el año 364.878 inmigrantes.
D. Agustini: Los cálices vacíos. Rodó: El Mirador de Próspero. J.
Ingenieros: El hombre mediocre. Carriego: El alma del suburbio. Gallegos: Los
aventureros.
En México: La Adelita, la cucaracha; en Argentina, El apache argentino,
de Aróstegui. J. Torres García: La Cata
luña eterna.
Elección de Wenceslau Brás,
de Minas Gerais, como presidente de la república. Con el estallido de la
Primera Guerra Mundial, se organiza la Liga por los Aliados. Festejan el
segundo fun-dig-loan, subiendo la deuda externa a 162.000 libras esterlinas. E.
de Lima e Silva Hoerhen pacifica a los indios Kokléng, en Santa Catarina, que
esta ban en guerra contra los colonos ale manes.
Alberto Torres: La organización nacio nal y El problema nacional
brasileño.
Primera guerra mundial. Francia, Ingla terra, Rusia, Bélgica, Servia,
Montene gro y Japón contra Austria, Hungría, Alemania y Turquía. Asesinato del
ar chiduque Francisco Fernando en Sara jevo. Austria declara la guerra a
Servia; Alemania a Rusia y a Francia; Ingla terra a Alemania. Asesinato de
Jaurés. Muerte de Pío X. Benito XV Papa. Ley anti-trustes en EE.UU. Invasión de
Bél gica. Batalla del Mame.
Kafka: En la colonia penitenciaria. J.
Ramón Jiménez: Platero
y yo. Joyce:
1915 Rinde examen en el
curso de Canto y es aprobado con nueve
puntos.
Gilberto Amado: La llave de
Salomón. Dublineses. Ortega y
Gasset: Meditacio
Goelho Neto: Rey negro.
Mario Peder- nes del Quijote.
Dreiser: El titán. Cha-
neiras: Otoño. Jorge de Lima: XIV
ale plin: Carlitos periodista. W . C. Handy:
jandrinos. St. Louis Blues.
AL: Los “marines” en Veracruz;
con
ferencia mediadora en Niágara Falls;
renuncia Huerta, Carranza
presidente;
Zapata y Villa contra Carranza; Confe
rencia Aguascalientes. Explotación co
mercial del petróleo en
Venezuela (El
Zumaque I.). O. Zamor presidente de
Haití después de derrocar a M. Oreste
con la ayuda de J. D. Theodore
(II);
rebelión de este último (V I) contra
Zamor, asume la persidencia (X ).
De
sembarcan “marines” en Port-au-Prince
(X II). Tratado
Thompson-Urrutia: Co
lombia reconoce independencia
de Pa
namá. Apertura del canal de
Panamá.
Censo argentino da para la capital
1.575.813 habitantes. Grave crisis fi
nanciera en Chile. Se suscribe el trata
do canalero Bryan-Chamorro; Nicaragua
cede a perpetuidad
derechos de cons
trucción por cualquier punto de su te
rritorio.
G. Mistral: Los
sonetos de la muerte.
Huidobro: Manifiesto Non serviam. Var
gas Vila: La muerte del cóndor.
Ayón:
Escritos varios. Arévalo Martínez: El
hombre que 'parecía un caballo. M. Gál-
vez: La maestra normal. M. Ponce:
Es-
trellita. Nace O. Paz.
Muere D. Agus-
tini.
Asesinato de Pinheiro
Machado. Fortalecimiento de la alianza mineiro-paulista. Conferencia de Olavo
Bilac en Sao Paulo sobre "La defensa Nacional” Sublevación de los
sargentos en Rio de Janeiro. Buque brasileño hundido por submarino alemán.
Tratado ABC con Chile y Argentina, de arbitraje obliga torio.
Empleo de gases asfixiantes por los ale manes. El Lusitania torpedeado.
Italia declara la guerra a Austria. Declaración de guerra aliada a Bulgaria.
Alemania declara la guerra submarina y los alia dos deciden el bloqueo
marítimo. Triun fos alemanes en el frente ruso. China restablece la monarquía
hasta el final de la guerra europea.
1916 Es nombrado auxiliar
de cátedra de piano y profesor de tercer año de rudimentos (teoría).
Sigue, al igual que los restantes miembros de su familia, siendo un
católico fervoroso y disciplinado. Traduce del latín el T hesourinho Espiritual
de la Congregación Mariana de Sta.
Efigénica, a la que está afiliado desde los dieciséis años; el 21 de
febrero envía al Vicario General del Arzobispado de Sao Paulo una solicitud de
permiso para leer obras inscritas en el Index:
“Exmo. e Revm. Vicario General del/ Arzobispado de San Pablo/ Mário Raúl
de Moráis Andradé desea/ solicitaros os dignéis darle/ la autorización
necesaria para que pueda/ proceder a la lectura/ de los siguientes libros,
interdictos por la congregación del Santo Oficio: Flaubert: Madame Bovary y
Sálambó; H. Balzac:
Oeuvres;/ H. Heine: Reisebilder Neue Gedichte;
Maeterlinck: Oeuvres; / Larousse: Grand dictionnaire./ E.E.M./ Mário R.
M. Andrade ( f ) / San Pablo - 21 de febrero de 1916” .
Lima Barreto: Numa y la Ninfa (en el
diario A Noíte'). Cassiano Ricardo: Den
tro de la noche. Gilka Machado: Cris
tales partidos. Amaro Juvenal:
Antonio
Chimango.
AL: Zamoristas obligan a J. D. Theo-dore a renunciar y conducen a G. Sam
a la presidencia de Haití; Zamor ejecu tado por orden presidencial. Al día
siguiente asesinado G. Sam: desembarco de “marines” al mando del almirante
Caperton; elección de Dartiguenave y protectorado sobre Haití. Desembarco de
“marines” en Santo Domingo, derrota de rebeldes y muerte de Maximito Ca-bral.
Códigos Penal y de Procedimiento en Venezuela bajo Gómez. Jornada de 8 horas en
Uruguay.
L. Palés Matos: Azaleas. E. Barrios: El niño que enloqueció de amor.
Blan co Fombona: El hombre de oro. J. Gál-vez: Posibilidad de una literatura
genui-
namente nacional, Revista Panida en Colombia. Matos Rodríguez: La cum-
parsita.
Ley 3.017 que sanciona el
Código Civil. Como delegado del Brasil a los festejos conmemorativos del
centenario de la independencia argentina, Rui Bar bosa pronuncia en Buenos
Aires la con ferencia “El deber de los neutrales”, como un desafío a la posición
equidis tante en el conflicto que estaba llevan do entonces el gobierno
brasileño. Liga de Defensa Nacional. Comienza la cam paña sanitaria.
Roque Pinto:
Rondonia. Veríssimo:
Historia de la literatura brasileña. Ade-lino Magalháes: Casos e
impresiones. Revista de Brasil en Sao Paulo, de pro paganda nacionalista y
difusión de nue-
Einsten: Teoría de la relatividad gene ralizada.
W. H. Duckwoeth: Morfología y
antro
pología. Kafka: La
metamorfosis. Maia-
kowski: La nube en pantalones.
Wol-
fflin: Principios fundamentales de la
historia del arte. Trakl: Sebastián en
el sueño. A. Lowell: Seis poetas
france
ses. Falla: El amor brujo. Griffith: El nacimiento de una nación.
Revista Orfeo
en Portugal.
Batalla de Verdún y del Somme. Batalla de Jutlandia. Rumania entra en
guerra. Ofensivas rusa e italiana. Segunda Con ferencia Socialista
Internacional. Con greso Socialista Francés. Formación del Spartekurzbund en
Alemania. Asesinato de Rasputín en Rusia. Reelección de Wilson en EE.UU.
Barbusse: El fuego (premio Goncourt).
Freud: Introducción al
psicoanálisis. C.
J. Webb: Teorías de grupo en
religión.
Joyce: Retrato del artista adolescente.
Dewey: Democracia y educación.
Saus
sure: Curso de lingüística general (pos tumo). Movimiento Dada en
Zurich.
1917 Este año es, por
varios motivos, decisivo en su vida. El
15
de febrero pierde a su
padre, Carlos Augusto de Andrade:
“ (La muerte de mi padre) fue sorpresiva, en un car naval. Empeoró de
pronto, en la peluquería, en plena madurez, nosotros ignorantes de que sufría
del corazón. Lo trajeron a casa; y anduvo entre mejorías y recaídas. En la
tercera o cuarta noche, nos habíamos ido a dormir totalmente tranquilizados por
el médico, quien nos había infundido una gran paz diciéndonos que estaba fuera
de peligro. A eso de las tres nos desperta ron a todos. Mi padre agonizaba,
sofocado; nos miró con ojos desorbitados por la desesperación y se fue se
renando. A los quince minutos murió.
(••O-
Me repuse rápidamente. No fue como cuando murió mi hermano; muerte que
hasta hoy me hace sufrir. Menos de una semana después del fallecimiento de mi
padre, fui a una conferencia de Pujol sobre Machado de Assis. No quería
perderme la serie que hasta ese mo mento había seguido. El escándalo familiar
fue enorme; creo que sólo mamá me comprendió porque aceptó todo
silenciosamente, sin demostrar que sufría por lo que yo estaba haciendo. Fui.
Me dije en voz alta que no era una fiesta — fiesta, para lo cual aún no me
sentía realmente con ganas de ir— sino que se trataba de la prosecución de mis
estudios - y sin darle más vueltas, fui. Mi padre ya estaba archivado en una
me moria clara, sin resentimientos, llena de inmensa gra titud, no: inmensa
estima por el hombre verdadero que había sido. Pero era necesario guardar el
disfraz. Quiero
vos escritores (Monteiro Lobato y Gil berto Freyre).
AL: Ocupación norteamericana de San to Domingo. Menocal reelecto en
Cuba. Construcción de carreteras en Vene zuela. Jornada de 8 horas en Ecuador.
H. Yrigoven presidente de Argentina.
Huidobro: Adán y El
espejo de agua.
Gómez Carrillo: Campos
de batallas y
campos de ruinas.
López Velarde: La
sangre devota. Azuela: Los de abajo.
M. Brull: La casa del
silencio. Urba-
neja Achelpohl: En este país. Lynch: Los caranchos de la Florida.
Lugones: El Payador. Güiraldes: El cencerro de cristal. Eguren: La canción de
las figu
ras. Revistas: Carátulas y Castalia en Nicaragua. Muere Rubén Darío.
Movimiento huelguístico en
Sao Paulo, de mayo a octubre. Exonerado Lauro Muller, descendiente de alemanes
y sospechoso de “bochismo” . Nilo Pe-ganha asume el Ministerio de Relaciones
Exteriores. Hundimiento del buque “Pa raná” por submarino alemán. El Brasil
declara la guerra a Alemania. Fin de la lucha de Contestado. Segunda valoriza
ción del café.
Manuel Bandeira: La ceniza de las
horas. Menotti del Picchia: Juca mulato.
Cassiano Ricardo: Evangelio de Pan.
Olegario Mariano: Agua corriente. Po lémica en Sao Paulo por la
exposición de A. Malfatti.
AL: Revolución de Gómez en Cuba y desembarco de “marines” . Ley Jones:
Puerto Rico territorio norteamericano. Tratado de EE.UU. con Haití extendido
hasta 1936. Uruguay rompe relaciones con Alemania.
EE.UU. declara la guerra a Alemania. Declaración Balfour sobre el
sionismo. Abdicación de Nicolás II. Lenin en Ru sia. El Soviet toma el poder
en Petro-grado: la Revolución Rusa. Negociacio nes de Brest-Litovsk. Finlandia
proclama su independencia. Nacen John Kennedy e Indira Gandhi.
Machado: Poesías completas.
C. Wiss-ler: Los indios americanos. Valery: La joven Parca. Ramuz: La gran
primavera. Lenin: El estado y la revolución y El imperialismo, estadio superior
del capi talismo. Hamsun: Los frutos de la tierra. Satie: Parade. A. Berg:
Wozzeck
(-22). Mary Pickford:
Pobre niña
rica. Original Dixieland Jazz Band: Di-xie Jazz Band One Step (primer
disco de jazz). Mondrian: De Stijl. Creación del premio Pulitzer.
decir: cuando mi padre se enfermó, yo estaba preparán dome para ir a un
gran baile de carnaval. Mi tía me había dado un satén verde-lechuga sublime y
carísimo. Yo mismo dibujé el modelo de un disfraz milagroso. Ya estaba listo,
en un maniquí, esperándome en mi habitación. Cuando mi padre se enfermó no fui
al baile ni me acordé de eso, claro.
Después fue la batahola de preparar el luto, mi madre no entró a la
habitación durante varios días, la mucama se limitaba a hacer la limpieza, y el
disfraz fue que dando allí, colgado del maniquí. Quien me permitió reencontrar
el ritmo normal de vida fue Alfredo Pujol. Apenas volví de la conferencia el
disfraz me pareció ridículo. Pero en el carnaval siguiente pude usar la
celebradísima indumentaria sin la menor asociación de imágenes. Mi padre estaba
de un lado, el disfraz del otro, lindo, luminoso, singular como modelo, desper
tando la curiosidad de todos, en el baile del Club XV en Santos” .
(Carta a Sérgio Milliet, 9-V-1939).
Concluye en el Conservatorio el curso de Piano. Se inicia como crítico
de arte en revistas y diarios católicos y debuta en literatura, con el
seudónimo de Mário Sobral, con un libro de versos de tono pacifista, influido
por Verhaeren y los unanimistas franceses, principalmente Jules Romains: Há
urna gota de sangue em cada ■poema (Hay una gota de sangre
en cada poema).
Encuentro con Oswald de Andrade en una conferencia de propaganda a favor
de los aliados, en el Conservatorio Dra mático y Musical, en la que Mário de
Andrade es el orador que saluda el conferencista de la noche (el Secretario de
Justicia Elói Chaves) y Oswald de Andrade, uno de los periodistas encargados de
registrar el acontecimiento:
“ (Mário de Andrade) pronuncia un discurso que me parece asombroso.
Corro al escenario para arrancarle de las manos el original que publicaré en el
Jornal do Comércio. Otro repórter, creo que de O Estado, se traba a codazos
conmigo para obtener las páginas. Lo golpeo y me apodero del discurso. Mário,
lisonjeado, se con vierte en mi amigo” .
(Oswald de Andrade: Um Homem sem Profissáo)
Descubrimiento de Anita Malfatti, en la histórica exposición de la
artista (12 de diciembre de 1917 a 10 de enero de 1918), circunstancia en la
que Mário de Andrade vive la revelación de la pintura moderna y adquiere
deslumbrado O Homem Amarelo (El hombre amarillo), una de las telas más
importantes de la pintura brasileña:
R. Rojas: La literatura argentina. E. Ba
rrios: Un perdido. Reyes: Visión de
Anáhuac. J. Torri: Ensayos
y poemas.
Quiroga: Cuentos de amor, de
locura y
de muerte. Triunfo del “son” en Cuba.
Pascual Contursi: Mi noche triste. Mue
re Rodó.
educados en la plástica “histórica”, sabiendo cuando mucho de la
existencia de los principales im presionistas, ignorando a Cezanne, lo que nos
llevó a adherir incondicionalmente a la exposición de Anita Malfatti que en
plena guerra venía a mostrarnos cuadros expresionistas y cubistas? Parece
absurdo pero aquellos cuadros fueron la revelación. Y aislados en el caudal del
escándalo que se apoderó de la ciudad, nosotros, que éramos apenas tres o
cuatro, delirábamos de éxtasis ante cuadros que se llamaban: El hombre
amarillo, La estudiante rusa, La mujer de cabellos verdes” .
(Mário de Andrade: El movimiento modernista').
1918 Presenta alumnos en
audiciones realizadas en el Conserva torio.
Recibe el diploma que lo certifica como Miembro de la Con gregación
Mariana de Nuestra Señora de la Concepción de la Iglesia de Santa Efigénia.
Estudia inglés.
Es colaborador ocasional de la Gazeta, donde publica el tres de
septiembre el artículo “A Divina Preguiga” (La di vina pereza); en él refuta
las afirmaciones hechas por Aus-tregésilo de Athayde en “A Preguiga
Patológica”, donde ex pone por primera vez las ideas básicas que,
posteriormente se expresarán en Macunaíma.
Nuevo brote huelguístico en
Rio de Janeiro y Sao Paulo. Helada en Sao Paulo que destruye los cafetales.
Epide mia de gripe española. Son elegidos Ro drigues Alves (paulista) y
Delfim Mo-reira (mineiro) para la presidencia y la vicepresidencia de la República.
Liga Nacionalista en Sao Paulo. Aumento del costo de la vida. Nuevas obras de
“me jora” en Rio de Janeiro. Primera desig nación de una mujer en la
administra ción pública.
Monteiro Lobato: Urupés. Adelino
Ma-
galháes: Visiones, cenas y
perfiles.
AL: Colombia elige presidente a Marco Fidel Suárez, frente a Guillermo
Valen cia, ambos conservadores. Guatemala es nuevamente destruida por un
terremoto. Ley de propiedad estatal sobre depósitos minerales en El Salvador.
Argentina, gran exportador de carne en el mundo. Primera exportación petrolera
venezola na. Protesta norteamericana e inglesa contra México por las
concesiones de petróleo. Confederación Regional Obre ra. Nueva Constitución en
Uruguay. Es talla el Movimiento de la Reforma Uni versitaria en Córdoba.
C. Valle jo: Los heraldos negros.
Huido-
bro: Poemas árticos y
Ecuatorial. Hud-
son: Allá lejos y hace tiempo. R. Miró:
Segundos preludios. S. de la Selva: Tro-
Fin de la Primera Guerra Mundial. Re tirada de los alemanes en la
posición Hindenburg. Conferencia de Versalles. Los “catorce puntos” de Wilson.
Ruptu ra entre los aliados y los soviets. Lenin establece el gobierno en
Moscú. Fusila miento de Nicolás II. Se vota la consti tución soviética.
Creación de la Tcheka. Derecho de voto a las mujeres en Ingla terra. Italia y
Austria se reparten Yu goslavia. Guerra de liberación de la ocupación rusa y
alemana por parte de los países bálticos.
Premio Nobel de Física a Planck.
Spengler: La decadencia de
Occidente.
Kautsky: La dictadura del
proletariado.
Rosa Luxemburgo: Programa de la Liga
Espartaco. Gómez de la
Serna: Pombo.
Apollinaire: Caligramas. Ozenfant
y Le
Corbusier: Después del cubismo. Mo
digliani: Retrato de mujer.
1919 A mediados de ese
año realiza su primer viaje a Minas Gerais, entrando en contacto con el barroco
brasileño y descu briendo entusiasmado al Aleijadinho. El itinerario que sigue
incluye Sabará, Ouro Preto, Mariana y Congonhas do Campo. En Mariana visita al
poeta simbolista Alphonsus de Gui-maraes, por quien siente gran admiración.
pical town and oiher poems. Pocaterra: Tierra del sol amada. A. Storni:
El dul ce daño. F. García Godoy: Americanismo literario. Azuela: Tribulaciones
de una familia decente. B. Lynch: Raquela. J.
Ingenieros: Evolución de las ideas ar gentinas. Aparece El Mercurio
Peruano. Nacen Rulfo y Arreóla. Muere Manuel González Prada.
Elección de Rodrigues Al ves
como presidente. Con la muerte del presidente electo, se plantea la candidatura
del se nador Epitácio Pessoa, en misión en el extranjero como presidente de la
dele gación brasileña a la Conferencia de Paz. Rui Barbosa, candidato por
segun da vez, es derrotado nuevamente. El nuevo presidente elige, por primera
vez en la República, ministros civiles para las carteras militares. Brasil
campeón sudamericano de fútbol. Comienza a circular O Jornal, en Rio de
Janeiro.
Olavo Bilac: Tarde. Manuel Bandeira:
Carnaval. Monteiro Lobato: Ciudades
muertas. Lima Barreto: Vida y muerte de M . J. Gonzaga de Sá. Raúl de
Leoni: Oda a un poeta muerto. Guilherme de Almeida: Messidor. Cecilia Meireles:
Espectros. Jackson de Figueiredo: La cuestión social en Varias Brito. Hilário
Tácito: Madame Pommery. Ronald de Carvalho: Pequeña Historia de la litera tura
brasileña.
AL: En el Perú, Leguía encabeza una revolución contra Prado (4-VIII); el
Congreso lo aprueba como Presidente Constitucional (12 -X ); inicio del
“On-cenio” . Se disuelve la Corte Internacio nal Centroamericana de Justicia.
En Haití se subleva Charlemagne Perlate. EE.UU. embarga armas para México;
Asesinato de Zapata en México. Gutié rrez derrocado en Bolivia. Snowden go-
Saldo de la Primera Guerra Mundial: 10 millones de muertos.
Desintegración del imperio austro-húngaro por el tratado de Siant-Germain en
Laye. Tratado de Paz de Versalles, que quita colonias a Alemania. Fundación de
la III Interna cional Comunista en Moscú. Italia: apa rición de los “fascios”
. Se crea la “So ciedad de Naciones” . Proclamación de la República de
Baviera. Rosa Luxem-burgo, Liebkneck y otros militantes, ase sinados. Entrada
de Gandhi en la lucha por la independencia de la India. Frus trada revolución
en Egipto.
E. Nordenskiold: Estudios comparados
de Etnografía. Ganivet: Epistolario.
Gide: Sinfonía pastoral.
Jakobson: La
nueva poesía rusa. Ungaretti: La ale gría. Hesse: Demian. Pound: Cantos
(-57). Gropius crea la Bauhaus. Pri mer periódico tabloide en EE.UU.
1920 Mário de Andrade se
encuentra colaborando regularmente en varias revistas: Papel e Tinta de Oswald
de Andrade y Menotti del Picchia; Ilustragáo Brasileña donde mantiene la
sección fija titulada “De Sao Paulo” ; Revista do Brasil, en la que publica
algunas de sus reflexiones sobre el arte brasileño.
La lectura de las últimas publicaciones extranjeras (libros y revistas),
le permite ponerse al tanto de las teorías sostenidas por las vanguardias
europeas, y es bajo ese impacto renovador que escribe Paulicéia Desvairada
(Paulicea delirante), el primer libro modernista escrito en el Brasil, que, sin
embargo, sólo será publicado dos años más tarde.
“Paulicéia es la cristalización de 20 meses de dudas, de sufrimientos,
de cóleras. Es una bomba. Estalló. Era indispensable que estallase, si no yo
hubiera reventado ( . . . ) . Pues bien: toda bomba explota con estrépito y
exceso de libertad. Mi error, si se lo puede llamar así, fue no haberle
extirpado lo que tenía de excesivamente barullento y de desmesurada libertad en
la construcción. Pero es que, así como está, Paulicéia me resulta suma mente
querido. Es el lago a cuya orilla paseo para recordar una época de mi vida” .
(Carta a Manuel Bandeira, 1924).
bernador militar en Santo Domingo. Huelga portuaria en Argentina, ley
mar cial y represión.
A. Arguedas: Raza de bronce. Luis
Al
berto Sánchez: Los
poetas de la Revo
lución. López Portillo y Rojas: Fuertes
y débiles. M.
Gálvez: Nacha Regules.
H. Quiroga: Cuentos de la selva. A.
Storni: Irremediablemente. J.
de Ibar-
bourou: Las lenguas de diamante. R.
López Velarde: Zozobra. Mueren A.
Ñervo y Ricardo Palma.
Revocación de la expulsión
de la familia imperial. Visita del rey de Bélgi ca, Alberto I. Creación de la
Universidad de Rio de Janeiro. Movimiento “patriano-vista” como reacción contra
el anarquis mo. Intensificación del feminismo. Le gión de Emancipación de la
Mujer. Cuar to Censo nacional: 30.635.605 habi tantes.
Oliveira Viana: Poblaciones meridiona
les del Brasil. Monteiro Lobato: Negrita.
Valdomiro Silveira: Los caboclos.
Ama-
deu Amaral: Dialecto caipira.
Antonio
Torres: Verdades indiscretas. Villa-Lo
bos: Triste N? 1.
AL: Asesinato de Carranza en México. Obregon presidente. Congreso de El
Sal vador aprueba resolución en favor de la unidad política de las cinco
repúblicas centroamericanas. Cae el dictador Es trada Cabrera en Guatemala.
Alessandri presidente de Chile, Tamayo de Ecua dor. Servicio militar
obligatorio en Ve nezuela.
J. Edwards Bello: El roto. Tablada: Li Po y otros poemas. M. L. Guzmán:
A orillas del Hudson. C. Lyra: Cuentos de mi tía Panchita. A. Ambrogi: Cróni
cas marchitas. Gallegos: El último Solar.
M. Latorre: Zurzulita. Ibarbourou: Raíz
Disolución del Imperio Turco. Comienza a sesionar la “Sociedad de
Naciones” . En Alemania se funda el Partido Obre ro Nacionalista (nazi). Ley
Seca en EE.UU. Huelgas en Francia e Italia.
Congreso de la III
Internacional en Leningrado y Moscú: se adoptan los 21 puntos de Lenin.
“Domingo de sangre” en Dublín.
F. Jackson Turner: La frontera
en la
historia americana. Thomas & Znanie-cki: El campesino polaco en
Europa y América. Trotski: Terrorismo y comu nismo. Sh. Anderson: Pobre
blanco. S. Lewis: Main Street. O’Neill: Emperador Jones. Maiakovski: 150
millones. Valle
Inclán: Divinas palabras. Fitzgerald: De este lado del paraíso. Cavafis:
Poemas (publicado en 1935). Primer film ex presionista: El gabinete del doctor
Ca-ligari, de R. Wiene. Mueren Pérez Gal-dós y A. Modigliani. Knut Hamsun:
Premio Nobel de Literatura.
1921 Mário de Andrade se
muda con su familia a la calle Lopes Chaves 108 (posteriormente 546), en el
barrio de Barra Funda, donde vivirá hasta morir.
Es en ese mismo año cuando, el 27 de mayo y muy a pesar suyo, es
estruendosamente lanzado al mundo de la vanguardia por el artículo de Oswald de
Andrade, “O Meu Poeta Futu rista” (M i poeta futurista):
“Es largo como un cirio y sugiere en mis meditaciones un cáliz del Graal
suspendido ante los labios ávidos de la girl babilónica que es esta ciudad de
mil puertas.
Se llama. . . No puedo decirles el nombre simple. Me lo prohibió el
casto, el bueno, el tímido. Les contaré la figura y el arte. ( . . .) .
Ese lívido y largo Parsifal bien educado es conocido por su sabiduría
crítica. Se publica en el armario bien fornido de la Revista do Brasil, escribe
en el Jornal de Debates, formó parte destacada de Papel e Tinta, enseña con
rara honestidad y erudición en nuestro Conserva torio. Pero lo que yo amo en
él, en su aristocrática alma íntima, es el artista envidiable, el artista
inmenso de nuestra ciudad.
El es el autor de un libro supremo en este momento literario. Lo llamó
Paulicéia Desvairada — 50 páginas tal vez de las más ricas, de las más
inéditas, de la más bella poesía ciudadana” .
( Jornal do Comércio, Sao Paulo, 27 de mayo de 1921).
El seis de julio, en la misma sección del diario, Mário de Andrade
responde al artículo de Oswald de Andrade, rectifi cándolo, exponiendo sus
dudas en relación a las teorías esté ticas modernas, y rechazando,
categóricamente, la designación de futurista:
“No, nuestro poeta no se enrola en el futurismo inter nacional como
tampoco se ata a escuela alguna.
Los únicos futuristas con que la humanidad cuenta son los genios. Y
asimismo no los genios en general, sino cierta clase de ellos, los
reformadores, los revo lucionarios. ( . . . ) . Pues bien, mi amigo está
seguro de que no es un genio, me pide que lo diga aunque sea no más por la
vasta lucha en que su espíritu se halla empeñado y porque no se siente en nada
gober-
salvaje. Quiroga: El salvaje. Reyes: El plano oblicuo. J. García Monge
funda en Costa Rica el Repertorio Americano (-58). A. Reverón: Procesión de la
Vir gen en El Valle. Muere en la cárcel el poeta Domingo Gómez Rojas.
B; Candidatura del gobernador de Mi nas Gerais, Artur Bernardes, a la
presi dencia de la república. Bernardes había vetado el proyecto de la Itabira
Iron, pero acepta el contrato entre el gobierno de su estado y el grupo
belga-luxembur gués del Comité dos Forges, que organizó la Compañía
Siderúrgica Belgo-Mineira. Nilo Peganha se presenta como candida to de la
opisición, iniciándose la cam paña de la Reacción Republicana. Ley de
represión del anarquismo; persecu ción de líderes sindicales y prohibición de
huelga.
Graga Aranha: La
estética de la vida
Ribeiro Couto: El
jardín de las confi
dencias. Alphonsus de Guimaraes:
Pau-
vre Lyre. Onestaldo de Pennafort: Es combros floridos. Jackson de
Figueiredo: Humillados y luminosos. Monteiro Lo bato: La onda verde. Di
Cavalcanti: Los fantoches de medianoche (álbum de dibujos de tendencia
expresionista). Villa-Lobos: Sexteto místico (dedicado a Graga Aranha).
Oficialización del mo dernismo en banquete organizado en el Trianon, en San
Pablo; discurso de Oswald de Andrade y lanzamiento de
Las máscaras de Menotti de del Picchia.
AL: Grave crisis salitrera en Chile. Vasconcelos Ministro de Educación
en México. IV Conferencia Panamericana de La Habana. Creación de los partidos
comunistas argentino y boliviano. Re nuncia del presidente Suárez en Colom
bia tras aprobar enmiendas el Senado norteamericano al Tratado Thompson-
Fundación de los Partidos Comunistas italiano y chino. Se funda el
Partido Nacional Fascista en Italia. Irlanda se convierte en parte del Imperio
Británi co. Huelga minera en G. Bretaña. Hitler preside el Partido
Nacionalsocialista en Alemania. Lenin pone en práctica la nueva política
económica. En EE.UU. repercusión del caso Sacco-Vanzetti.
Einstein Premio Nobel de Física. Rors-chach : psico-diagnóstico.
E. Sapir: Lenguaje. P. Rodin: El hom bre primitivo como filósofo.
Scheler: De lo eterno en el hombre. Giraudoux: Susana y el Pacífico.
Pirandello: Seis personajes en busca de autor. Ivanov: El tren blindado. Jung:
Tipos psicoló gicos. Lang: El doctor Mabuse. Cha-
plin: El chico. Von Stroheim:
Mujeres
insensatas. Revista Ultra en España.
nado por una fuerza superior. No es más que un hijo del presente,
deseoso de armonizar su propia alma con la vida, inquieto y sufriente.
Reformador, revolucionario, iconoclasta, nada de eso será jamás; y
asegura que 110 destruirá cosa alguna sin tener la certeza de que al
reconstruir podrá hacer algo mejor. Por eso repudia el futurismo espectacular
de las Europas así como repudia el futurismo vago del Brasil” .
( Jornal do Comércio, Sao Paulo,
6-7-1921).
Entre el 2 de agosto y el 19 de septiembre — y siempre en la sección de
Oswald de Andrade del Jornal do Comércio— publica la serie de artículos
titulada “Maestros del pasado”, donde analiza cuidadosamente, para luego
rechazarlos, a los cinco poetas parnasianos más importantes del Brasil: Fran
cisca Júlia, Raimundo Corréia, Alberto de Oliveira, Olavo Bilac y Vicente de
Carvalho.
A fines de octubre conoce en Rio de Janeiro al poeta Manuel Bandeira,
que muy pronto se transforma en uno de sus mejores amigos y principales
corresponsales; en diciembre se consagra a la redacción del “Prefacio
interesantísimo” a su Paulicéia Desvairada, el cual habrá de revelar la gran
fami liaridad conquistada por Mário de Andrade con las más re cientes
teorizaciones acerca del arte.
En este mismo año participa del Segundo Ciclo de Con ferencias de la
Villa Kyrial (Residencia del poeta simbolista Jacques D’Avray, seudónimo del
senador José de Freitas Valle), con la conferencia “Debussy y el impresionismo”
, cuyo texto será publicado en el número 66 (junio), de la
Revista do Brasil.
1922 En enero
Mário de Andrade
es designado catedrático
de
Dicción, Historia del Teatro
y Estética del Conservatorio Dra
mático y Musical de San
Pablo.
Del 13 al
18 de febrero toma parte en la Semana de Arte
Moderno.
El escándalo que provoca la
Semana en la capital provinciana
de la
época es enorme,
al punto que
Mário de Andrade
pierde de un
día para otro, todos sus
alumnos particulares
de piano.
Al comienzo del segundo
semestre conoce a la pintora Tarsila
do Amaral,
recién llegada de
Europa, e integra
con ella,
Oswald de Andrade,
Anita Malfatti y Menotti del
Picchia,
Urrutia. Lo sucede J. Holguín. Cele braciones del Primer Centenario de
la Independencia del Perú.
Quiroga: Anaconda. Reyes: El
cazador.
Neruda: La canción de la fiesta.
López
Velarde: Suave patria. A. E. Blanco: Tierras que me oyeron. F. S.
Valdés: Agua de tiempo. J. E. Rivera: Tierra de promisión. Revista Prisma en
Buenos Aires y Alfar en Montevideo. Orozco, Ri vera y Siqueiros fundan el
Sindicato de Pintores, en México. Exposición de José Sabogal y Felipe Cossío
del Pomar.
Elección de Artur da Silva
Bemar-des, bajo fuerte presión, acusado de haber escrito cartas contra el
ejército: “Cartas falsas” . Fundación del Partido Comunista del Brasil.
Clausura del Club Militar y prisión de su presidente, Her mes de Fonseca.
Sublevación del Fuerte de Copacabana, en Rio de Janeiro y comienzo del
movimiento del Tenientis-mo. Celebración del primer Centenario de la
Independencia del Brasil. Tercera valoración del café.
Mussolini marcha sobre Roma: la dicta dura fascista en Italia.
Constitución de la Unión de Repúblicas Socialistas So viéticas (URSS). Se
escinde el Partido Socialista Italiano. IV Congreso de la
Internacional: Stalin,
Secretario Ge neral del Partido Comunista soviético. Fin del dominio naval
británico, con el tratado del desarme de Washington. Pío XI, Papa. Egipto,
reino independiente.
Descubrimiento de la insulina.
B. Malinowski: Argonautas del
Pacífico
occidental. Lévy-Bruhl: La
mentalidad
el “Grupo de los cinco”. En agosto lo encontramos en Rio de Janeiro,
cumpliendo con sus obligaciones militares de reservista y este episodio será
instrumentado por su poesía de ese momento, que atraviesa por una etapa
nítidamente expe rimental :
“Abandoné, puedo decirlo así, la poesía. Estoy perdido en
investigaciones sobre la expresión. Mis poemas actua les, los de 1922 en
adelante son verdaderos ensayos, ejercicios, estudios. Busco. Presumo
encontrar. Una rá pida alegría. Y la duda. La desolación. Algo terrible.
Escribo mucho. Tengo un libro terminado. El Losango Caqui (El rombo caqui) -
impresiones sobre el mes de ejercicios militares que realicé en agosto. Estoy
tra tando de hacer poesía que sea lo más psicológica po sible. Verdaderas demostraciones
prácticas: Psicología experimental. Podría decirse que es una poesía cientí
fica. No hay verso, palabra, puntuación que no se justifique por la psicología.
Creo que estoy perdido para la poesía. Paciencia” .
(Carta a Manuel Bandeira, sin fecha, pero seguramente de 1922).
También en esa época empieza a preocuparse más seriamente por todas las
manifestaciones de la cultura popular; igual' mente por entonces inicia su
importante correspondencia con el poeta Manuel Bandeira:
“Mantuve con Mário de Andrade una correspondencia epistolar que se
inició en 1922 y se prolongó sin inte rrupción hasta su muerte. Mário escribió
millares de cartas. Nunca dejó una carta sin respuesta. Creo, sin embargo, que
las que integran nuestra correspondencia tienen una importancia especial,
porque conmigo él se abría con toda confianza, de manera que estas cartas valen
como un retrato de cuerpo entero, absolutamente fiel. En ellas está todo Mário,
con sus cualidades que eran muchas, y sus defectos, que jamás fueron mez
quinos” .
(Manuel Bandeira, “Prefacio” a las Cartas de Mario de Andrade a Manuel
Bandeira').
La correspondencia que dejó Mário de Andrade — no sólo la que mantuvo
con Manuel Bandeira, sino con muchos otros escritores y artistas que fueron sus
contemporáneos— perma nece todavía inédita en gran parte; cuando se la
publique, se advertirá que constituye uno de los capítulos más impor tantes de
su obra, ya sea como comentario ininterrumpido de uno de los períodos más
fascinantes de la historia cultural brasileña, ya como testimonio sincero y
apasionado de su trayectoria personal” :
Oswald de Andrade: Los condenados.
Raul de Leoni: Luz mediterránea. Jack
son de Figueiredo: Pascal y la inquietud moderna. Revista Klaxon en Sao
Paulo. Semana de Arte Moderno en Sao Paulo: Mario de Andrade, O. de Andrade, R.
de Carvalho, A. Malfatti, Tarsila, Villa-Lo bos, entre otros: conferencias,
exposicio nes, etc. Muere Lima Barreto.
AL: Borno, presidente de Haití. Fin de la ocupación norteamericana en
Santo Domingo: presidencia de J. Vicini. Fun dación del Partido Nacionalista
de Puer to Rico. Pedro Nel Ospina, conservador, elegido presidente de
Colombia. Primera Corte Internacional de La Haya.
Mistral: Desolación. Vallejo: Trilce. Gi-
rondo: Veinte poemas para ser
leídos
en el tranvía. Pocaterra: Cuentos grotes
cos. J. Parra del Riesgo: Polirritmos.
A. Caso: El hermano asno. M.
Gálvez:
Historia de arrabal. Lugones: Las horas
doradas. Cancela: Tres relatos porteños.
Maples Arce: Andamios interiores.
Aré-
valo Martínez: El Señor Monitot. Mo vimiento estridentista en México.
P. Fi gari expone en París.
primitiva. Weber: Economía y socie
dad. Eliot: Tierra baldía. Joyce:
Ulises.
Valéry: El cementerio
marino. Martin
du Gard: Los Thibault. Colette: La casa
de Claudine. E. E. Cummings: La
sala
enorme. Milhaud: La creación del mun
do. Muere Proust. Benavente: Premio Nobel de Literatura.
“ ( . . . ) siento cada vez más la necesidad de resguardar me en el
silencio más íntimo de las cartas. No sé escribir memorias. Pero las cartas son
una especie de memorias desde que tengan algo más medular y objetivo que los
arrobos sentimentales sobre el espíritu del tiempo. Y las memorias en carta
tienen un valor de veracidad mayor que el de las memorias guardadas en secreto
para una revelación secular futura. Es que el amigo que recibe la carta puede
verificar los sucesos y las almas de los que se le habla. ( . . . ) . La carta
( . . . ) puede ser controlada en lo que cuenta, puede ser desmentida y sus
características psicológicas, moderadas por el adversario que las recibe” .
(Carta a Sérgio Milliet: Rio,
20-6-1940).
Paulicéia Desvairada es finalmente publicado, con una her mosa tapa del
pintor Di Cavalcanti.
1923 Se inicia entonces
para Mário de Andrade — y para los mo dernistas en general— un período de
intensa actividad lite raria e “inmoderado cultivo del placer” :
“Todo ese período destructor del movimiento moder nista fue para
nosotros tiempo de fiesta, de inmoderado cultivo del placer. Y si tanta juerga
disminuyó, cierta mente, nuestra capacidad de producción y serenidad creadora,
nadie puede imaginarse lo mucho que nos divertimos. Salones, festivales, bailes
célebres, semanas pasadas en grupo en las estancias opulentas, semanas santas
por las ciudades viejas de Minas, viajes por el Amazonas, por el Nordeste,
llegadas a Bahía, paseos constantes al pasado paulista, Sorocaba, Parnaíba,
Itú. . . y hubo además un baile sobre los volcanes. . .
Doctrinarios, la ebriedad de mil y una teorías, salvando al Brasil,
inventando el mundo, en verdad consumíamos de todo, y a nosotros mismos, en el
culto amargo, casi delirante del placer.
(Mário de Andrade: 0 Movimento
Modernista').
Sin embargo, paralelamente a ese “tiempo de fiesta”, Mário de Andrade
prosigue su formación intelectual, rigurosa y dis ciplinada :
“Decidí estudiar alemán muy tarde, ya tenía treinta años cumplidos, o
poco menos. Ocurría que yo me sentía excesivamente afrancesado en mi espíritu
y, tal como sucedió con las zonas extranjerizadas de Santa Catalina y Paraná,
me di cuenta de que para ser real mente un brasileño, tanto en mi sensibilidad
como en mis obras, tenía que desintoxicarme del exagerado afrancesamiento de mi
persona. La simple dedicación a la cosa nacional no me pareció suficiente. Ella
me daba el tema que podía provocar en mí un abrasileña-miento teórico que no me
satisfacía, o por otro lado no
Derecho de emisión papel
moneda por Banco de Brasil. Convenios con Ita lia y EE.UU. Roquete Pinto funda
ra dioemisora en Rio.
Lima Barreto: Bagatelas (postumo).
Monteiro Lobato: El macaco que se hace
hombre. Oliveira Viana: Evolución
del
pueblo brasileño. Villa-Lobos: Noneto.
Muere Rui Barbosa.
AL: Auge de la acción del Estado con tra la Iglesia en México.
Asesinato de P. Villa. Intensa industrialización en Colombia. Protesta de los
Trece en Cuba.
Borges: Fervor de Buenos
Aires. Neru-
da: Crepusculario. A. Discépolo: Mateo.
Golpe frustrado de Hitler en Alemania. Primo de Rivera impone dictadura
en España. República de Turquía: régimen de Kemal Ataturk. Victoria laborista
en Inglaterra. Francia y Bélgica ocupan la cuenca del Rhur. El Fascista, único
par tido en Italia.
Primer empleo del BCG contra la tu berculosis.
M. Boule: Los
hombres fósiles. Svero:
La conciencia de
Zeno. Rilke: Elegías
de Duino. Lukacs: Historia y conciencia
de clase. Cassirer: Filosofía de
las for
mas simbólicas. Esenin: El Moscú de las tabernas. Ortega y Gasset funda
la Re vista de Occidente. De Mille: Los Diez Mandamientos. Nace María Callas.
me daba suficiente alimento intelectual para que yo prosiguiese
cultivando con libertad mi espíritu. Ni si quiera en la ficción, pues
estábamos allí por 1922 ó 24, no me acuerdo bien y no teníamos entonces ni
novelis tas, ni siquiera numerosos poetas modernos que fuesen legibles; era
una oscuridad desértica.
Fue entonces cuando se me ocurrió una idea lo sufi cientemente malvada
como para curarme de mi fran-cesitis. Los ingleses son aliados, me dije a mí
mismo, y ya me di cuenta que no me liberan de los franceses. Tengo que provocar
una guerra a muerte dentro de mi cerebro. La salida es el alemán. Y decidí
estudiar alemán.
(Mário de Andrade: “Teutos mas Músicos” , en Música, Doce Música).
Colabora en la revista Ariel (San Pablo), en la Revista do Brasil, donde
mantiene una sección permanente titulada “Cró nicas de arte” y en América
Brasileira en la que publica una serie de artículos bajo el título de “Crónicas
de Malasarte” . En diciembre elabora su extenso análisis del film de Wime,
El escritorio del doctor Caligari.
Ya para entonces se encuentra hondamente sumergido en la investigación
sobre el Brasil, tratando de atenuar a través del conocimiento de su pueblo y
de su tierra la profunda impregnación que había recibido de la cultura europea;
es, por lo demás, lo que comunica por carta, de manera pinto resca, a los
amigos Tarsila y Oswald de Andrade, en viaje por Europa.
“Ustedes, como buenos burgueses, se fueron a París. Están épatés. ¡Y se
hicieron futuristas! ¡Ji! ¡Ji! ¡Ji! lloro de envidia. Pero lo cierto es que los
considero unos provincianos en París. Ustedes se parisianizaron en la
epidermis, apenas. ¡Me parece horrible! Tarsila, Tarsila, vuelve hacia adentro
de ti misma. ¡Abandona a Gris y a Lothe, empresarios de criticismos decrépitos
y de estesias decadentes! ¡Abandona París! ¡Tarsila! ¡Tarsila! ¡Vuelve a la
selva, donde no hay arte negro, donde tampoco hay arrojos gentiles. Hay SELVA.
Soy el crea dor del selvajismo. Soy selvajista. Es eso lo que nece sitan el
mundo, el arte, el Brasil y mi querida Tarsila.
Si ustedes tienen coraje vuelvan acá, acepten mi desafío” .
(Carta a Tarsila, 1923).
Ese mismo año escribe el primero de sus poemas largos sobre el Brasil “O
Carnaval Carioca” (El carnaval carioca), pu blicado más tarde en Clá do
Jabotí.
Entre 1923 y 1927, lectura sistemática de revistas alemanas de arte; lee
a Freud cuya influencia decisiva se hará sentir
inmediatamente; y a través de las obras más accesibles de Marx, Engels,
Lenin, Trotsky, Bukharin, se pone al tanto de las teorías de izquierda.
1924 Acompaña con gran
interés e incluso con entusiasmo la revolución paulista de 1924, dirigida por
el general Isidoro Dias Lopes, que repercute en varios momentos de su obra, en
las cartas, poesías y crónicas.
“Tu carta me llenó de relativa alegría. Relativa porque estos días de
post-revolución no permiten una alegría total. La gente empieza a pensar en el
Brasil, en los destinos del Brasil, en el horror de la aventura pasada y no hay
cómo liberarse de ideas abrumadoras. No voy a describirte nada. Dicen que la
censura anda por ahí y que no quiere que se sepa en Europa lo que ocurrió.
Paciencia. En cuanto a la ciudad, sólo te digo que catástrofes no hubo. Quien
anda por estos lados casi no se da cuenta de nada. Una que otra magulladura por
los Campos Elíseos, otras en la calle Florencio de Abreu. En cambio la Moóca
quedó espantosa.
Nadie en nuestro grupo se vio perjudicado, ni se metió tampoco en la
revolución. Todo anda bien.
(Carta a Sérgio Milliet,
ll-VIII-1924).
Para la época de Semana Santa visita las ciudades históricas de Minas
Gerais en compañía de Tarsila, Oswald de An-drade y del poeta francés Blaise
Cendrars.
Colabora en América Brasileira, en la Revista do Brasil y en
Estética, donde publica en el primer número de la revista el extenso
poema “Dangas” . Es por lo demás en ese año que escribe algunas de sus
“meditaciones” poéticas más impor tantes, como “O poeta come amendoim” (El
poeta come maní) y “Noturno de Belo Horizonte” (Nocturno de Bello Horizonte).
Participa del quinto Ciclo de Conferencias de la Villa Kyrial, con la
conferencia “O Cubismo” (El cubismo), (3 0 /IV ).
Está sumergido en las investigaciones de la lengua, impo niéndole a sus
textos, frecuentemente, una fisonomía polémica que compromete su perdurabilidad
y a los que incluso sus amigos más íntimos se oponen:
“Mi destino no es quedar. Mi destino es recordar que existen más cosas
que las vistas y las oídas por todos. Si logro que se escriba en brasileño sin
ser por eso un provinciano, sino sistematizando errores diarios de con
versación, idiotismos brasileños y sobre todo psicología brasileña, ya habré
cumplido mi destino. ¿Qué me im porta llegar a ser enaltecido en 1985? Lo que
quiero
Segundo Movimiento
Tenientista, comandado por I. Dias Lopes. Se destaca la Columna Prestes: Gran
Marcha sin ideología, no sufre derrotas, no aspira al poder, desaparece en
1927.
Coelho Neto: Amor. G. de Almeida: La flauta que perdí. Rubens Borba de
Moráes: El domingo de los siglos. O. de Andrade: Memorias sentimentales de Joáo
Miramar y Manifiesto Palo-Brasil. M. Bandeira: Poesías (incluye Ritmo di
soluto). Revista Estética en Rio. Villa-Lobos: Tristes N? 2 y 7 y primer
con cierto en París. Luciano Gallet: Dos cua dernos de melodías populares.
Tarsila ilustra Feuilles de route de Blaise Cen-drars. Muere Vicente de
Carvalho.
AL: Calles presidente de México, Ma chado de Cuba, Córdova de Ecuador,
Ayala de Paraguay. Intervención de las fuerzas armadas en Chile, disolución del
Congreso y renuncia de Alessandri.
Neruda: Veinte poemas de amor y
una
canción desesperada. A. Arráiz: Aspero.
B. Lynch: El inglés de los güesos. J. E. Rivera: La vorágine. V. Ocampo:
Testi monios. Revista Martín Fierro en Bue nos Aires.
Muerte de Lenin. Stalin y Trotski se disputan el poder en la URSS. Se
pro clama la República de Grecia. Asesinato del diputado socialista Matteotti
en Ro ma. Inglaterra y Francia reconocen a la URSS. Caso Loeb-Leopold en
EE.UU.
R. Alberti: Marinero en tierra. Bretón: Manifiesto surrealista y La
Revolución Surrealista (-29) (con Vitrac, Péret,
Eluard, Aragón, Leiris). Stalin: Los
principios del leninismo. Mann: La mon
taña mágica. Eluard: Morir de no
mo
rir. Hitler: Mi
lucha (-25). Saint-John
Perse: Anabase. Gershwin: Rapsodia en
azul. Eisenstein: La huelga. Klee expo ne en Nueva York. Muere Kafka.
Nace Truman Capote.
es vivir mi vida y ser enaltecido por mí cada noche antes de dormir” .
(Carta a Manuel Bandeira,
10-X-1924).
Entre 1923 y 1924 redacta la novela Amar, verbo intransitivo (publicada
sólo en 1927), y a la que inicialmente había titulado Fraülein; la narración
transparenta su preocupación dominante en ese período por la cultura brasileña,
revelando al mismo tiempo la influencia reciente de la lectura de Freud y del
aprendizaje del alemán:
“(.. .) Con Fraülein pretendía escribir un libro
tran
quilo, que me reconciliase
un poco con los hombres, en
ese arduo
camino de insultos
y maldades que
tengo
que recorrer. Con Elsa,
Carlos, Luis y también Sousa
Costa, reuniré en el espejo
de mis creaciones un poco
de esa existencia de sucesos
intrascendentes, ni grandes
pensamientos ni
trágicos amores, ni miserias y demo
níaco orgullo que yo
quisiera que fuese mi existencia
sobre la tierra” .
(Carta a Sérgio
Milliet, 2-VIII-1923).
Compra en Francia, por
intermedio de Tarsila, la gran tela
de André Lhote, titulada
“Fútbol”, que siempre conservó en
su casa, en la parte
superior de la escalera que conducía a su
estudio.
1925 Se encuentra en plena
etapa nacionalista y en ella
va a
permanecer aún durante varios años:
“Actualmente combato a Europa todo lo que puedo. No porque deje de
reconocerla, admirarla, amarla, sino para destruir la europeización del
brasileño educado. La mejor forma de combatirla: broma fundada en una leve
verdad, enunciada con fuerza y alegría” .
(Carta a Manuel Bandeira, 26-VI-1925).
“Francia, al igual que otras grandes civilizaciones eu ropeas que
provienen del Renacimiento, está en la etapa final de su civilización, de su
raza y de su pro greso; su decadencia se manifiesta especialmente en una
perfección sutilísima, educadísima y frágil. Le falta fuerza, le falta
virilidad, le falta debilidad, le falta
amor ¡LE FALTA AIRE! ¡MIRA SI NO EL MODER NISMO! Cosas de capilla,
cosas de masonería, enigmá ticos, neoclasicismo, surrealismo, reglitas,
parnasianis-
mo encubierto, como tú mismo reconoces en tu carta. Eso es, Sérgio, lo
que principalmente se ve. Una gran, interminable, dolorosa perplejidad. Nadie
sabe hacia dónde ir. Todos quieren ir hacia adelante pero nadie sabe dónde
queda ese adelante porque todo fue des-
Complot revolucionario
descubierto en Rio. Ley marcial. Creación del Con sejo de Educación.
En París, O.
de Andrade: Palo-Brasil
(poemas). G. de Almeida: Raza. Graga Aranha: Espíritu moderno. J. de
Lima: El mundo del niño imposible. Humberto Mauro: Valadión, el Cráter. G.
Freyre organiza el Congreso Regionalista reuni do en Recife y redacta su
Manifiesto en el que se opone al modernismo paulista por poner en peligro las
tradiciones au tóctonas. Exposición de Di Cavalcanti en Rio de Janeiro.
Exposición general de Bellas Artes en Sao Paulo.
AL: “Marines” en Honduras durante la guerra civil. Siles presidente de
Bo-livia. Alessandri reasume poder en Chile, nueva Constitución, tensiones con
el Crl. Ibáñez, nueva renuncia. Huelga en Co-
Pacto de Locarno (Alemania y los Alia dos). Albania se transforma en
Repúbli ca. Virulencia racista en EE.UU.: el Iíu-Klux-Klan. Muerte de Sun
Yat-sen en China. Fundación de la Liga revolu cionaria de la juventud
vietnamita. Hin-denburg presidente de Alemania. Trots-ki destituido de sus
funciones.
G. Róheim: Totemismo en Australia.
Dos Passos: Manhattan Transfer. Ortega
y Gasset: La deshumanización del
arte.
Dreiser: Una tragedia
americana. Kaf
ka: El proceso. Babel:
Caballería roja.
Fitzgerald: El gran Gatsby. Móntale:
Huesos de sepia.
G. Diego: Versos hu
manos. Exposición de pintores surrealis tas en París. Eisenstein: El
acorazado
Potemkin. Chaplin: La quimera de oro.
Vidor: El gran desfile. Nacimiento del “charleston” . Fundación del New
Yor-
truido y entre tantas ruinas iguales no se percibe de qué lado están el
norte y el sur” .
(Carta a Sérgio Milliet,
10-XII-1924).
Es esta actitud crítica en relación con Europa la que, en la serie de
entrevistas organizadas por el diario A Noite (La Noche) de Rio ( “El mes
futurista”, 14-XII-25 a 12-1-26) lo lleva a rever las posiciones de 1922 y a
emprender un análisis sarcástico del futurismo.
Paralelamente, Mário de Andrade atraviesa por un período de trabajo
intenso, equilibrio y gran plenitud intelectual:
“Al ponderar mis valores personales innatos me con venzo que no soy más
grande que ninguno de ellos (los compañeros del 22). Al contrario. Y lo digo
sin ninguna falsa humildad. Es cierto que ellos están mejor dotados que yo. Las
suyas son dotes innatas pero yo trabajé y tal vez sea incluso mi inferioridad
la causa de mi mayor dignidad (es casi seguro que es así). Yo me di un destino
(fundamento de felicidad, de digni dad, de masculinidad en la vida del hombre)
y ellos no supieron dárselo. Cartas perdidas con sellos de todos los correos” .
(Carta a Manuel Bandeira, S/F pero de 1925).
“Me siento fuerte y muy arriba. En medio de una fe licidad fantástica
hecha de éxtasis calmo, la gran calma del verano pleno, a la una de la tarde.
Puede ser que yo me equivoque mucho pero lo cierto es que me siento feliz, bien
ubicado en mi destino y eso me basta” .
(Carta a Manuel Bandeira, 12-XI-1925).
Es ese, de hecho, el estado de espíritu que se expresa en el poema
“Louvagáo Matinal” (Saludo matinal), que más tarde formará parte del libro
Remate de males:
“Es de mañana. Se siente la fatiga buena del sueño. Tero el cuerpo se
estira, chupando con los poros abiertos, toda la luz, toda la frescura, todo el
ímpetu de la mañana. Yo hice de mi vida siempre un rasgo matinal.. . mientras
el agua tensa del baño golpea mi cuerpo siento que la mañana se levanta viva en
el país. . . ”
(Diciembre, 1925)
Como dice en una carta a Manuel Bandeira, ingresó a una nueva etapa
poética, elevada y profunda, de “Poemas gráficos”
— como solía llamarlos— o sea, poemas para ser leídos y no recitados:
“Ahora mi deseo es ese; construir el poema Palo, el poema que no tiene
ninguna excitación exterior, ni de algarabía, ni de efecto alguno, ni tampoco
sentimientos
lombia. Agitación y
manifestación en ker.
G. B. Shaw: Premio Nobel de Li
Cuba. teratura.
Ramos Sucre: La torre de Timón.
Vas
concelos: La raza cósmica.
De Greiff:
Tergiversaciones. Sanín Cano: La civili
zación manual. Borges: Inquisiciones y
Luna de enfrente. Ma. E. Vaz Ferreira:
La isla de los cánticos. Revista Los Nue
vos, en Bogotá. R. Barradas en la Expo
sición Internacional de París.
vivaces. Nada que flamee, que sea rutilante, que des cuelle. Nada de
condimentos ni de adornos. El poema poesía constituido con un pensamiento que
condicione el lirismo que tiene que ser enorme (de lo contrario no se
transparenta), el más formidable que se pueda pero de un ardor casi escondido a
fuerza de ser ente ramente interior. En suma: el poema inglés. Shelley, Keats,
Wordsworth, Swinburne, Yeats; gente así”.
Este ideal de lirismo, bajo el influjo de las meditaciones de los
románticos ingleses, encuentra, en esa etapa, una de las expresiones más altas
en el poema “Louvagao da Tarde” (Ce lebración de la tarde):
“Tarde inconmensurable, tarde
vasta,
hija de un sol ya viejo, hija doliente
de quien desprecia las normas de Eugenia, tarde vacía, de un rosado
pálido,
tarde lenta y sobre todo tarde
inmóvil. . . casi inmóvil: qué bueno es perderme con el barrilete rubio
de la brisa posado en mi mano,
en las islas de tus perfumes,
rodando
sobre la deshabitada ruta.
(...)”
Sigue colaborando en América Brasileira,
en la Revista do
Brasil y en Estética; es en el número tres de esta última publicación
donde aparece la “carta abierta a Alberto de Oliveira” en la que, en su
inconfundible estilo polémico-satírico critica la generación formalista de los
parnasianos brasileños.
Publica A Escrava que nao e lsaura, discurso sobre algunas tendencias de
la poesía modernista.
1 9 2 6 Prosigue con método
las lecturas sobre el Brasil, registrando minuciosamente las informaciones que
le interesan sobre lo popular. Lee la obra de Theodor Koch Grünberg, Von
Rorai-ma zum Orinoco, deteniéndose especialmente en el segundo volumen referido
a los mitos y leyendas de los indios tauli-pangue y arecuná, muchos de los
cuales incorporará a la poesía y a la prosa de ficción:
“ ( . . . ) de hecho conociendo la formación primitiva de las
nacionalidades, lo mucho que importa la temática legendaria nacional, porque
resalta los caracteres psico lógicos, y sabiendo más acerca de lo que habían
hecho en sus lieds, Goethe, Heine, Lenau, etc., tuve inten ción de proseguir,
abrasileñándolo, el proceso can tador de esos alemanes.
(Carta a Manuel Bandeira, 19-111-1926).
W . Luís Pereira de Sousa
presiden te. Creación del Partido Democrático, en oposición al PRP. Se adopta
nueva mo neda, el cruceiro. Primera carretera de Rio a Petrópolis.
Ronald de Carvalho: Toda América. Ca-
ssiano Ricardo: Vamos a cazar
papaga
yos. Plínio Salgado: El
extranjero. Gra
sa Aranha: Futurismo: Manifiestos de
Marinetti y sus compañeros. Alcántara Machado: Pathé Baby. A Revista
(Minas Gerais: C. Drummond de Andrade, E. Moura, J. Alphonsus, P. Nava, A. Re-
Huelga general en Gran Bretaña. Co mienza la dictadura de Salazar en
Por tugal. Alemania ingresa a la "Sociedad de Naciones” . Hirohito
emperador de Japón. Dictadura de Pilsudski en Polo nia. Rebelión del PKI
abortada en In donesia.
Creación del Círculo Lingüístico de Pra ga. K. Kautsky: ¿Son los judíos
una raza? Valle Inclán: Tirano Banderas. R. Alberti: Cal y canto. M. Pidal:
Orí genes del español. Mao-Tse-tung: Sobre las clases sociales en la sociedad
china.
Los poemas de Clá do Jabotí reflejan casi todos esa orienta ción; en
cambio los de “Tempo de Maria” (Tiempo de María), redactados en el mismo año,
si bien publicados mu cho más tarde en Remate de Males, constituyen la (proba
ble) celebración del tercero de los “amores eternos” de su vida y lo ayudarían
a vencer “todas las miserias físicas y el recuerdo de un amor eterno trunco” :
“ ( . . . ) en suma, todo, y también un poco las ganas locas de curarme,
y la ilusión alegre de que me había curado realmente, me convirtieron tras una
larga tem porada de vida en la estancia, entre niños a los que les contaba
historias inventadas según la curiosidad de los ojos que se miraban, y
aguacates maravillosos de salud y perfección, me convirtieron con salud en ma
dre intelectual y física de la estancia” .
(Idem ).
Al revés de lo que sucediera el año anterior, atraviesa ahora un período
de desinterés por la poesía y de gran atracción por la prosa:
“Así que pierdo toda esperanza de que aparezca algún poema como Nocturno
o Carnaval. El tiempo de esas cosas se terminó y estoy, otra vez, totalmente
casado con la inteligencia” .
(Idem').
En diciembre pasa las vacaciones de fin de año en la chacra de su
pariente y gran amigo Pío Lourengo Correa, en Ara-raquara (Interior del Estado
de San Pablo) donde redacta, en seis días “de trabajo ininterrumpido” la
primera versión de Macunaíma.
Colabora en Terra Roxa e outras térras (Tierra roja y otras tierras).
Publica Vrimeiro Andar (Primer piso), cuentos, y Losango Caqui (poesía). La
crítica, como de costumbre, lo castiga mucho:
“Si realmente yo tuviera que reaccionar con violencia contra quienes me
insultan, no haría otra cosa sino dar y recibir. Viviría preso. Porque los
insultos extra-literarios se repiten incansablemente desde 1920 hasta hoy. No
te puedes imaginar el escándalo y la irritación que Losango Caqui produjo aquí.
Supe que Folha da Noite (Hoja Nocturna) estuvo insultándome diaria mente
durante más de una semana. Lo supe porque ya no puedo leer. Me cansa y me
provoca un agotamiento en los brazos, una fatiga que es desilusión verdadera
mente física. Es cierto que reacciono trabajando como una bestia ( . . . ) . Un
día fui al club y como los amigos no estaban me puse a leer, en realidad a
hojear los diarios del día. En el Correio Paulistano dos artículos contra mí.
En la Folha da Manhá (Hoja de la mañana)
nault). Revista do Brasil dirigida por Rodrigo M. F. de Andrade. Revista
No-víssima (verde-amarillismo: Cassiano Ricardo, Menotti del Picchia, Plínio
Sal gado). Revista Terra Roxa e Outras Térras, órgano del movimiento
“Palo-Brasil” . Visita de Marinetti a Sao Paulo y Rio; conferencia abucheada en
Sao Paulo.
AL: A. Díaz, conservador, presidente de Nicaragua. Se inicia oposición
arma da de San dino. A. Aroya en Ecuador, tras derrocamiento de Córdova. Gran
influencia de Ibáñez en Chile. Guerra religiosa en México. Formación de la
Confederación Obrera Argentina.
M. Rojas: Hombre
del sur. Güiraldes:
Don Segundo Sombra. A. Acosta: La
zafra. C. García
Prada: La personali
dad histórica de Colombia. R.
Arlt: El
juguete rabioso. Salarrué: El Cristo ne gro. Revista Amauta, en Perú y
Horizon
tes, en México. Grupo Que, en Buenos Aires (A. Pellegrini).
T. E. Lawrence: Los siete pilares
de la
sabiduría. Hemingway: El sol también sale. Exposición de Chagall en
Nueva York y de Klee en París. F. Lang: Metrópolis. Renoir: Nana. Mumau:
Fausto. “Edad de oro” de los comics (-30). Muere C. Monet.
otro que en realidad no era crítica literaria sino un insulto. Más
insultos en la Gazeta. Después me enteré que ese mismo día me había insultado
la Folha da
Noite” .
(Carta a Manuel Bandeira, 21-11-1926).
Entre mayo y agosto de 1927 realiza su primer viaje al norte del Brasil,
“muy decidido a escribir un libro modernista, probablemente más decidido a
escribirlo que a viajar” . Du rante la travesía toma muchas notas, en su
mayoría rápidas, pues tiene la intención de elaborarlas posteriormente; estas
impresiones, sin embargo, permanecieron inéditas hasta 1976, cuando fueron
publicadas, constituyendo la primera parte de O Turista Aprendiz (El turista
aprendiz). Ellas represen tan la revelación de la Amazonia, cuya verdad ya
fuera pre-anunciada a través de lecturas y de la redacción de Macu-
naíma.
En el transcurso
del año trabaja
en la redacción
de Ma-
cunaíma:
“Y estoy pasando en limpio mi Macunaíma. Me parece la cosa más
déroutante (En francés, en el original. N. del T .) que he hecho hasta ahora;
ésta sí que va a provocar una avalancha de imbecilidades en letra de forma” .
(Carta a Manuel Bandeira,
7-XI-1927).
“A veces tengo la impresión de que ésta es la única obra de arte,
verdaderamente artística, o sea, desinte resada, que he escrito en toda mi
vida” .
(Carta a Alceu Amoroso Lima /
Tristáo
de Athayde, 19-V-1928).
Está pasando por una etapa primitiva, pero entiende el tér mino en un
sentido muy distinto al de su compañero de generación Oswald de Andrade,
creador del movimiento an-tropofágico; pues no busca la ingenuidad de la
dicción sino del sentimiento; no ataca la cultura ni explota el efecto cómico
del error, sino que más bien ve en él “una cosa seria y orga nizada” :
“Yo sé perfectamente que soy un primitivo pero ya dije en qué sentido lo
soy. Soy primitivo porque soy protagonista de una etapa que empieza. Esto no
quiere decir falsa ingenuidad ni ignorancia ni abandono de cultura. Soy
primitivo como se puede hablar y se dice que los trovadores provenzales fueron
primitivos, como la escuela siciliana fue primitiva, como Giotto fue pri
mitivo, toda gente que se cultivaba. Por lo demás
Tratado de límites con
Paraguay y Argentina. Ilegalización de las huelgas para reprimir comunismo.
Primera em presa brasileña de transporte aéreo en Rio Grande do Sul, con
capitales alema nes. Creación de la Universidad de Mi nas Gérais.
R. Pinto: Seixos Rolados. Alcántara Ma
chado: Brás, Bexiga e Barra Funda.
Coelho Neto: Cantos de la
vida y de
la muerte. J. de Lima: Poemas.
O. de
Andrade: Estrella de Ajenjo; Primer cuaderno de poesía del alumno Oswald
de Andrade. Se moderniza y amplía la industria del disco. Fundación de la pri
mera Escola do Samba (Deixa Prá Lá) y del Teatro de Juguete (Eugenia y Al varo
Alvares Moreyra) en Rio. Comienza la construcción de la primera casa mo
dernista de Warchavchik en Sao Paulo. Primera exposición individual de Cicero
Dias en Rio de Janeiro.
AL: Intervención económica de EE.
en México. Ibáñez presidente
de Chile. Nueva intervención norteamerica na en Nicaragua; confirmado jefe de
la resistencia: Sandino, liberal. Segunda huelga petrolera en Colombia.
Garmendia: La tienda de
muñecos. B. Traven: El tesoro de la Sierra Madre
(publicado en Alemania).
Pocaterra:
Memorias de un venezolano de la deca dencia. Oquendo de Amat: Cinco
metros de poemas. Revista Avance, en Cuba.
Chiang-Kai-shek rompe con el Partido Comunista chino e instala su
gobierno en Nankin. En Italia, fortalecimiento del fascismo y disolución de
sindicatos. Ejecución de Sacco y Vanzetti en EE.
Se inaugura en Bruselas el
Congre so de pueblos oprimidos.
Lindbergh: primer vuelo transatlántico sin escalas.
W. Kohler: La mentalidad de los monos.
G. Elliot Smith: Ensayos sobre
la evo
lución del hombre.
Santayana: Los rei
nos del ser ( — 40).
Mauriac: Thérèse
Desqueyroux. Heidegger: El ser y el
tiempo. Hesse: El lobo estepario. W.
Reich: La función del orgasmo.
Kafka:
América. Cocteau: Orfeo. García Lorca estrena Mariana Pineda. Primer
film de dibujos animados sonoro con el gato Félix. Crosland: El cantante de
jazz (primer film musical sonoro). Eisens-tein: Octubre. Gropius: el teatro
total. H. Bergson: Premio Nobel de Literatura. Mueren Juan Gris e Isadora
Duncan.
( . . . ) , “primitivo es una palabra como mística, pa labra que no
tiene sentido. Fíjate que llamo “primiti vos” a los dibujantes de las cavernas
de Altamira, gente que seguramente constituía ya la culminación de una
civilización y, sin duda, los dibujantes más desarrolla dos y más cultos de
aquellos tiempos” .
(Carta a Alceu Amoroso Lima, 23-XI-1927).
Colabora, desde el momento de su fundación, en el Diario Nacional —
periódico de la oposición política de San Pablo— inaugurando una sección de
arte que perdurará hasta 1932, cuando el diario cerró sus puertas. Es en esta
sección donde aparece su importante análisis sobre W. Worringer (30-9-1927), en
la que identifica, en cierto modo, el espíritu expresionista, basado en la
deformación, con el espíritu no europeo y el espíritu paralógico, propio de los
niños, de los locos y de las manifestaciones artísticas de los pueblos ile
trados.
Publica Clá do Jabotí (poesía) y Amar, verbo intransitivo, novela de
gran impregnación freudiana:
“Admiro profundamente a Freud y exceptuando sus ge neralizaciones sobre
lo sexual, mucho más comunes en sus seguidores que en él mismo (Freud, al igual
que Darwin está siendo víctima de los que no lo leyeron, o de quienes lo
leyeron por interpósita persona ¿te diste cuenta?) . Es indudable que él ha
dado un in menso paso en la psicología. Hizo del sherlockismo una ciencia, fue
el Sherlock del alma y si bien no recuerdo ahora con exactitud las fechas sería
divertido hacer un estudio sobre la influencia de Conan Doyle sobre Freud...
De Freud me he valido siempre que se trató de psico logía. Y reconozco
que su influencia es muy grande en las especulaciones de Amar; ya lo dije, por
lo demás, en el libro, y lo ironicé bastante. Ironizar es más bien una
autodefensa que la renuncia a la veneración” .
(Carta a Alceu Amoroso Lima,
25-111-1928).
1928 Prosigue
sumamente absorbido por el estudio
de la cultura
popular:
“Por lo demás, y para mi
desgracia, siempre me quise
considerar un
aficionado en cuestiones
de folclor. A
eso se deberá que sean muy incompletas las observa
ciones que
realicé hasta ahora.
El hecho de que me
haya dedicado
a la recolección
y al estudio
de los
elementos folclóricos no se
debió nunca a una preocu
pación científica
que juzgara superior
a mis fuerzas,
tiempo disponible
y otras preocupaciones. Con
mis
recopilaciones y estudios
más o menos aficionados, sólo
me propuse
conocer más íntimamente
a mi gente y
B : Destrucción de parte de Santos, por derrumbe del Monte Serrat.
Brasil se retira de la Liga de Naciones. B. Jesús de Araujo pacifica indios
Urubus-Kaa-por y poco después es muerto por ellos. Se prepara la sucesión de
Washington Luís. Formación del Frente único; cam paña democrática. Getulio
Vargas toma posesión del gobierno de Rio Grande do Sul; fundación del Partido
Libertador
Primer Plan Quinquenal de la URSS. Trotski enviado a Siberia. Pacto
Briand-Kellog de no agresión. En Italia, nueva ley electoral con lista única.
Hoover elec to presidente de EE.UU.
Fleming descubre la penicilina.
M. Scheler: El
puesto del hombre
en
el cosmos. A.
Métraux: La religión de
los Tupinambos. M. Mead: Adólescen-
proporcionar a poetas y músicos, una documentación popular más rica en
la que pudieran inspirarse” .
(Mário de Andrade: O Samba
Rural').
A fin de año - entre diciembre y febrero de 1929 realiza su segundo
viaje largo por el Brasil, esta vez al Nordeste, reco giendo copioso material
popular: Cocos, báhianos, variaciones del Bumba-meu boi, Congos, fandangos,
chegangas, ñau ca-
tarineta. El viaje fue registrado en una serie de crónicas pu blicadas
en los diarios de Natal (Rio Grande do Norte) y de San Pablo, que reunidos por
Mário de Andrade habrían de integrar, después de su muerte, la segunda parte de
O Tu
rista Aprendiz.
Es durante este viaje cuando encuentra, en Alagóas, en el Ingenio “Bom
Jardim”, al gran cantador Chico Antonio, que lo impresiona vivamente como
personalidad y organización musical; estudiará sus procesos inventivos en las
"Notas sobre el cantador”, y en la “Vida del cantador” lo descri birá
como un personaje de ficción ( “Mundo Musical”, Folha da Manhá, 1943 a 1944).
Chico Antonio habría de ser una de las figuras centrales de la novela Café, que
retomara ese mismo año; esta obra que Mário de Andrade proyectó larga mente y
llegó a redactar en gran parte, fue finalmente des truida.
No obstante su posición artística profundamente polémica y su
trayectoria intelectual renovadora — y por eso mismo es candalosa para la
concepción dominante de cultura— Mário de Andrade sigue siendo religioso y
continúa vinculado a los aspectos fundamentales del catolicismo:
“En lo que me atañe, creo en Dios, creo en el catoli cismo revelado y
soy profundamente religioso. Resta el problema de la práctica religiosa.
Siempre me resulta sumamente desagradable hablar de esto. Yo practico la
religión pero de una manera cobarde que no se parece en nada a lo que debería
ser. No dejo un solo día, ya me levante o ya me acueste, de adorar a Dios. Y
como hacen los católicos, considero la práctica de la vida como una adoración
perpetua, desde que uno tenga la intención de vivir consagrado a Dios. Pero mi
cobardía y mi audacia me inducen a actuar sin la precisión del practicante
católico. Hace varios años, por ejemplo, que no comulgo. Rara vez voy a misa.
Yo no puedo con siderarme un católico practicante y eso me avergüenza. ( . . .
) . Creo por lo demás que el problema general es el que, en este caso, debe
interesarte más. De todos modos y aún siendo ese el caso, te aseguro con toda
sinceridad que creo absolutamente en Dios, por com prensión; que soy católico
por comprensión y porque
(con predominio de caudillos y terra tenientes).
Primera cátedra de Sociología, en Rio. Documentos Históricos, por la
Biblioteca Nacional. P. Prado: Retrato de Brasil. J. A. de Almeida: A
Bagaceira. O. de
Andrade: Manifiesto Antropófago.
J. de
Lima: Essa negra
fulo. Drummond de
Andrade: En medio del camino. Revista
Verde (Minas): Guilhermino Cesar, Ro sàrio Fusco, Ascánio Lopes.
Revista de Antropofagia ( l 9 fase: O. de Andrade, Alcántara Machado.
Warchavchik) ter mina en Sao Paulo la primera casa mo dernista. Pontinari
gana el Premio “Via je a Europa” .
AL: Obregón reelecto y asesinado en México. Machado reelegido en Cuba.
Yrigoyen presidente de Argentina. Ple biscito de Tacna y Arica por viejas
cues tiones guerra del Pacífico. Huelga bana nera contra la United Fruit en
Colom bia: represión y masacre.
Mariátegui: Siete ensayos de interpreta ción de la realidad peruana. P.
Henrí-quez Ureña: Seis ensayos en busca de nuestra expresión. M. L. Guzmán: El
águila y la serpiente. M. Fernández: No toda es vigilia la de los ojos
abiertos. M. Bruii: Poemas en menguante. Price-Mars: Ainsi parla l’oncle.
Revista Vál vula en Venezuela y Contemporáneos
en México.
cia en Samoa. D. H. Lawrence: El aman
te de Lady Chatterley. A . Huxley:
Con
trapunto. Woolf: Orlando. Sholojov. El
Don apacible. Bretón: Nadja. Propp: Morfología del cuento. García Lorca:
Romancero gitano. Aleixandre: Ambito.
J. Guillén: Cántico.
Malraux: Los con
quistadores. Brecht: La ópera de tres
centavos. Ravel: Bolero. Braque: La me
sa redonda. Buñuel: El perro andaluz.
Primer Congreso Internacional de lin güistas en La Haya.
los datos intelectuales de que dispongo me prueban la verdad del
catolicismo; y practico el catolicismo en la medida de mis cobardías” .
(Carta a Augusto Meyer,
16-VI-1928).
Prosigue la lectura de libros de orientación psicoanalítica: lee a G.
Politzer, La Psychologie et la Psychanalyse y más tarde, hacia 1933, el libro
de Charles Bandouin, Psychanalyse de l’Art; ambos constituyen una influencia
profunda en su pensamiento, como lo atestiguan sus ensayos futuros sobre
folclor.
Escribe algunos poemas importantes del libro Remate de Males, a saber:
“Las bodas montevideanas”, “La adivina” e “Improvisación sobre el mal de
América” .
Colabora en la Revista de Antropofagia (primera etapa) y en la revista
Verde de Cataguazes (Minas Gerais). Inicia a través de su sección permanente en
el Diario Nacional una campaña violenta contra las temporadas líricas,
denominán dolas “fiestas de ricazo”, lo que le vale la amenaza constante de
agresión por parte de elementos de la colonia italiana de San Pablo.
Publica el Ensáio sobre Música Brasileira (Ensayo sobre mú sica
brasileña), primera formulación metódica de su nacio nalismo musical, y
Macunaíma.
Se afilia al Partido Democrático, partido paulista liberal de oposición
al gobierno, fundado el 24 de febrero de 1926, en San Pablo.
1929 Según muchos
comentadores del modernismo (Livio Xavier, Geraldo Ferraz, Aracy Amaral, Sérgio
Micelli) en este año se inicia el segundo ciclo del Modernismo, pues en el
trans curso del año, las innumerables rupturas de amistades y las recientes
divergencias teóricas y sobre todo políticas acaban provocando una fractura del
grupo inicial: por un lado, tendiendo francamente a la derecha o conservándose
por interés personal fieles al partido de la situación (el P.R.P., Partido
Republicano Paulista), se ubican Plínio Salgado, Cassiano Ricardo, Menotti del
Picchia, Oswald de Andrade, este último, amigo personal de Júlio Prestes,
entonces presi dente del Estado; por el otro, se agrupan los escritores de la
oposición, que en general ya habían ingresado al Partido Democrático y se
reúnen ahora en torno al Diario Nacional: Paulo Prado, Antonio de Alcántara
Machado, Rubens Borba
Repercusiones de la crisis
financie ra mundial: descenso de precios, quiebra de terratenientes,
superproducción de café, retirada parcial de inversiones nor teamericanas.
Organización de la Alian za Liberal, opuesta a W . Luís.
Pinto: primeras experiencias
de tele visión, en Rio. Primeros films hablados, primer Congreso Brasileño de
Eugenesia (triunfa posición anti-racista de R. Pin to). Tarsila expone en Rio
y Sao Paulo. Coelho Neto: Fuego fatuo; Arbol de la vida. G. de Almeida:
Simplicidad. Ca-margo Gaurnieri: Sonatina. M. Bon-fim: El Brasil en América. La
Revista
Crisis bursátil en Nueva York, con vas tas repercusiones mundiales.
Victoria electoral del laborismo en Gran Breta ña. Creación del estado del
Vaticano, por el Concordato de Letrán. Albania invadida por Italia pasa a ser
protecto rado. Comunistas y nacionalsocialistas se fortalecen en Alemania;
otro golpe frustrado de Hitler. Trotski desterrado a Constantinopla.
Propagación del gangs terismo en EE.UU. favorecido por la prohibición.
Byrd sobrevuela el Polo. Butenandt:
hormona folicular pura.
de Moraes, Couto de Barrios y, poco después, Paulo Duarte. Es en este
contexto mucho más político que literario donde debe situarse el brusco cambio
de tono que se produce en la segunda etapa de la Revista de Antropofagia y los
ataques insultantes realizados por Oswald de Andrade y sus compa ñeros
recientes contra los viejos amigos de 1922. La cam paña de la revista,
desgraciadamente manchada por el uso polémico de preconceptos sobre todo
raciales, amarga pro fundamente a Mário de Andrade que prefiere no contestar
al ataque y rompe para siempre con Oswald, ignorando de allí en adelante su
existencia y rechazando todas las tenta tivas futuras de reaproximación.
En abril, Mário
de Andrade programa un viaje al sur del
Brasil, pero el proyecto termina por no concretarse:
“Con mi viaje al Sur aspiro a ver la tierra gaúcha mi nuciosamente y a
conocer sus hábitos. Ustedes debieran tratar de conseguirme alojamiento en
alguna estancia donde yo pueda vivir unos días para saber de verdad qué es una
estancia. Después, por el río, subo hasta Iguagú. Si fuera posible sigo viaje
hasta Gorumbá Cuiabá y entro a San Pablo por Mato Grosso. Tal vez te las
arregles para venir conmigo hasta Iguagú ¿qué te parece? ( . . . ) Un viaje
bien económico, bien de pue blo, en contacto con el pueblo, para vivir más
profun damente, o por lo menos más humanamente” .
(Carta a Augusto Meyer,
5-IV-1929).
Pese a creer que dentro de su producción de ese momento “sólo las prosas
se sustentan más” (carta a Bandeira, de ese año), atraviesa por una etapa de
gran inspiración poética y compone dos de las series más importantes de su
lírica, los “Poemas de la Negra” y los “Poemas de la Amiga” . Escribe crónicas,
artículos de crítica musical y la serie de seis artícu los de la “Campaña
contra el trust de los comerciantes de música”, en el Diario Nacional.
Publica el Compendio de Historia da Música (Compendio de
historia de la música).
Apoya la Revolución y ve con esperanza el derrocamiento del P.R.P. y el
ascenso de Getúlio Vargas al poder.
Inicia a través de sus crónicas del Diario Nacional una apa sionada
campaña a favor de la música de Villa-Lobos y de la difusión del sinfonismo:
“Mi vida aquí es otra vez un balas-van-y-vienen. Escribí un artículo
sobre Villa-Lobos denunciando la campaña
de Antropofagia (2^ fase: O. de Andra-de y Oswaldo Costa) ataca a los
anti guos compañeros del modernismo. Tar-sila expone en Rio y Sao Paulo.
AL: Período de “Maximato” en Méxi
co: influencia de Calles. Muere Batlle y Ordóñez en Uruguay, lo sucede
Brum. Proceso de aislamiento del presidente Yrigoyen, en Argentina, dentro de
su propio partido. Se mantiene resistencia de Sandino en Nicaragua, Moneada
pre sidente. Impacto de la crisis económica norteamericana sobre los países
latino americanos.
Gallegos: Doña Bárbara. M. Fernández:
Papeles de recién venido. Arlt: Los siete
locos. Amorim: La
carretera. Guzmán:
La sombra del
caudillo. Ramos Sucre:
Las formas del fuego.
T. de la Parra:
Memorias de Mamá Blanca.
K. Mannheim: Ideología y utopía. R.
Lynd: Middletoun. Ortega y Gasset: La rebelión de las masas. Reich:
Materia lismo dialéctico y psicoanálisis. Faulk-ner: El sonido y la furia.
Hemingway: Adiós a las armas. Moravia: Los indife rentes. Cocteau: Los niños
terribles. Remarque: Sin novedad en el frente.
Von Sternberg: El ángel azul. Museo de Arte Moderno inaugurado en Nueva
York. Thomas Mann: Premio Nobel de Literatura.
Estalla la revolución de
octubre co mandada por el Movimiento Tenientista: deposición de W . Luís y
ascenso de Getulio Vargas, hasta 1945. Gobierno revolucionario crea Ministerios
de Tra bajo y de Industria y Comercio. Se ini cia la llamada Segunda República.
Tras el putsch de Munich, intentos de Hitler por vía legal: cien
diputados na cionalsocialistas electos. Cae Primo de Rivera en España.
Fundación en Portu gal del partido único “Unión Nacional” . Gandhi inicia en
la India el segundo gran movimiento de desobediencia civil.
de los hijos de. . . de esos carcamanes locales contra él y logré alzar
a una orquesta entera, hacer que varios conspicuos presentaran su renuncia, y
disgustar a tres mil personas y mucho más, me prometieron una paliza y acabo de
enterarme de que también balazos” .
(Carta a Manuel Bandeira, 4-VII-1930).
Entre 1930 y 1932 realiza algunas lecturas fundamentales como La
Civilisation Primitive, de Taylor; Le Ramean d’Or de Frazer (cuyo ejemplar en
un volumen anota cuidadosa mente), sobre todo en lo que atañe a los ritos de
la Prima vera), y Les fonctions mentales dans les sociétés inférieures de
Levy-Brühl. Está muy preocupado con la conceptualización del primitivo y el
civilizado; y si por un lado acepta la ley de “participación mítica” de
Levy-Brühl, como una conquista definitiva de la etnología, rechaza, por otro,
con vehemencia, su concepto de lo "prelógico”, prefiriendo por eso la
expre sión “paralógico” .
Publica Modinhas Imperiais (Romanzas Imperiales) y Re mate de Males
(poesía):
“Su poesía se desprende de
los manierismos de la pri
mera etapa, de
lo pintoresco y psicológico, revelando
una tendencia que será
dominante en él: la capacidad
de fundir
en un movimiento único, la
indagación de
su alma y la investigación
de su país, como si fuesen
dos caras
de la misma
experiencia, hermanadas en
ciertos símbolos de gran
efecto: los ritos primitivos, la
tierra sin males, la
pereza creadora, el caudal turbio
y misterioso de los grandes
ríos” .
(Antonio Candido y J.
Aderaldo Castello,
Presenga da Literatura
Brasileña").
1931 Es elegido
miembro del Consejo de Educación Artística del
Estado (13/ IV) . Integra junto con Luciano Gallet y Antonio Sá Pereira
la comisión encargada de programar la reforma de la enseñanza en el Instituto
Nacional de Música de Rio de Janeiro - futura Escuela Nacional de Música de la
Uni versidad del Brasil.
Prosigue, a través de su sección musical en el Diario Nacio nal la
campaña en favor de la divulgación de la buena mú sica, manteniendo ahora una
polémica con los directivos de la Radio Educadora Paulista, a través de una
serie de cinco artículos (a partir de enero).
Dirige con Paulo Prado y Antonio Alcántara Machado la Revista Nova, en
la cual también colabora.
Sigue debatiéndose en sus dudas religiosas:
El dirigible Graff Zeppelin vuela de Se villa a Recife en 61 horas. M.
Bandeira: Libertinaje. C. Drummond de Andrade: Alguna poesía. M. Bonfim: El
Brasil como Nación. M. Mendes: Poesías. Carmen Miranda alcanza éxito nacional
con su canción: Td ai. . . Villa-Lobos: Las Bachianas Brasileñas. Lúcio Costa,
Director de la Escuela Nacional de Be llas Artes.
AL: Yrigoyen depuesto por Uriburu; disolución del Congreso y Ley Marcial
en Argentina. Ortiz Rubio presidente de México; agudización crisis política y
económica. Leguía destituido por golpe militar en Perú. Creación del APRA
(antes en México, en 1924). Trujillo gana elecciones en Santo Domingo (-61).
Siles derrocado en Bolivia.
Asturias: Leyendas de Guatemala. Torres
Bodet: La educación sentimental.
Haya
de La Torre: Ideario de acción aprista. En Santiago de Chile, primera
Facultad de Bellas Artes de América.
Haldane y Fischer: teoría de la evolu ción. Descubrimiento del planeta
Plutón.
Seligman Editor: Enciclopedia de
Cien
cias Sociales. Musil: El hombre sin atri
butos ( — 43). Dos Passos: Paralelo 42.
Auden: Poemas. Quasimodo: Agua y
tierra. Hammett: El halcón maltés. Bu
ñuel: La edad
de oro. El
burlesco en
cine: H. Lloyd, B. Keaton, Laurel y Hardy, Hnos. Marx. Klee: En el espa
cio. Premio Carnegie para Picasso. Rouault ilustra La Pasión y El Circo de
Suárez. Fotografías de Cartier-Bres son. Suicidio de Miakovski. Sinclair
Lewis: Premio Nobel de Literatura.
Primer sindicato obrero del
Brasil (estibadores de Rio). Jornada de 8 horas y descanso semanal obligatorio.
Anísio Teixeira en Instrucción Pública: am plias reformas educativas.
Lúcio Costa reorganiza Escuela Nacional de Bellas Artes e inaugura el
primer Salón Nacional de Arte Moderno. Frank Lloyd Wright, de paso por Rio de
Ja neiro, apoya el movimiento renovador que provocó la dimisión del Director
de la Escuela y desencadenó huelga gene ral del alumnado. Oswald de Andrade
adhiere al Partido Comunista en Sao
Republicanos ganan elecciones munici pales en España. Alfonso XIII
renuncia, proclamación de la República. Japón ocupa Manchuria. Conferencia de
la India en Londres con presencia de Gan dhi. Ossiezky encarcelado por
denunciar el rearme de Alemania. Inglaterra aban dona el respaldo oro de la
libra. Crisis generalizada en EE.UU. Vasta agitación iniciada por el Partido
comunista Indo chino.
Trotski: La revolución
permanente. H.
Miller: Trópico de
Cáncer. V. Woolf:
Las olas. García Lorca: Poemas del can-
Es espantoso tal vez, pero en eso estoy. ¿Ateo? ¿Anticatólico?
¿Católico? ¿Ni uno ni otro? Yo ya no sé: si por mí fuera, todas mis fibras me
confirman como católico, pero por el lado de las leyes sociales del cato
licismo, que como toda religión el catolicismo se vio obligado a darse, por ese
lado yo ya no lo respeto. No lo respeto, no porque le falte el respeto, sino
porque no estoy dentro de ellas. Pero te juro que, en consecuencia, tú me
preferirás siempre más como un ateo sincero (que no soy) que como un católico
puramente formal, un falso católico (que lo soy mucho menos o n a d a ) . . . ”
(Carta a Alceu Amoroso Lima,
6-X-1931).
Compone uno de sus poemas más perfectos: el titulado “Rito do Irmáo
Pequeño” (Rito del hermano pequeño). Bajo el impacto de un nuevo amor — que
será el cuarto amor eterno de su vida— compone la serie de poemas titulada
“Girassol da Madrugada” (Girasol de la madrugada):
“( . . . ) ¡Ah, hermanito, el amor volvió a apearse de nuevo en mi
rancho, pero lo mejor va a ser no decir nada porque estoy doloridamente feliz.
Eso de pasarse una noche entera, ¡cuatro horas! reclinado sobre un cuerpo
blanquísimo y dócil, charlando, descubriendo un alma espontánea, descubridora
maravillosa, diciendo cosas increíbles para alguien que no lee libros, y un
dedo asombrado paseando sobre tu rostro, siguiendo el camino de las arrugas y
de los surcos acentuados por la edad, los ojos increíbles de asombro no
pudiendo explicarse que sean capaces de amar la fealdad, real mente lo mejor
va a ser callarse. Es el cuarto verda dero, y advierto por segunda vez que la
correspondencia, para quien está un poco más allá de la rutina de la vida, es
tan dolorosa como la no correspondencia. Hace unos 15 días que no vivo, que soy
un desgraciado. Positivamente, las delicias o los martirios del cuerpo no
tienen nada que ver con el amor”.
(Carta a Manuel Bandeira,
28-111-1931).
1932 Apoya la
Revolución
Constitucionalista que estalla
en San
Pablo contra el gobierno
de Getulio Vargas; pero
sufre mu
cho con la lucha que enfrenta a su Estado natal con el resto del Brasil:
“Ahora soy paulista. Ya no siento al Brasil, y todavía no reasumí mi
internacionalismo. Retrocedí veinte años en mi vida. Regresé al niño estudiante
que todavía tenía sentido político de la Patria. Y mi patria es San Pablo Y eso
no me desagrada”.
(Carta a Carlos Drummond de
Andrade).
Más tarde, cuando se encuentra preparando Na Pancada do Ganzá — obra
sobre la cultura popular a la que se dedica
Paulo y lanza con Patricia Galvao el periódico O homen do povo. Primer
volumen de Colección Brasileña, de Edi torial Nacional (S. Pablo). J. Amado:
País de Carnaval. M. Bonfim: Brasil en la historia. R. Bopp: Cobra Norato.
AL: Gral. Ubico en el poder, en Gua temala, por 13 años. Estallido
popular en Chile, renuncia de Ibáñez. Gómez re asume titularidad del Ejecutivo
en Vene zuela. Terra, presidente de Uruguay y Salamanca de Bolivia. Sánchez
Cerro derrota a Haya de La Torre en elecciones presidenciales de Perú.
Scalabrini Ortiz: El hombre que está
solo y espera. Vallejo: Tungsteno. Uslar
Pietri: Las lanzas coloradas. Huidobro:
Altazor. Spilimbergo: Figura. Revista Sur en Buenos Aires.
Fracaso de la Revolución
Constitu-cionalista contra Vargas. Creación del Ministerio de Educación y Salud
Públi ca. Reglamento de trabajo para la mujer y el niño. Fundación en Sao
Paulo de la Escuela Libre de Sociología y Política.
G. de Almeida: Nuestra bandera; La re
sistencia paulista. E.
Verissimo: Fanto
ches. J. Lins do Regó:
Menino do En-
gemho. R. de
Queiroz: Joao Miguel.
Monteiro Lobato: América.
te Jondo. Eliot: Marcha triunfal. Es culturas de Giacometti. Ola
terrorífica en cine: Frankestein de Whale. El Vampiro de Lang, Drácula de
Browning.
Hindenburg derrota a Hitler en eleccio nes presidenciales de Alemania,
y F. D. Roosevelt a Hoover en EE.UU. Se frus tra proyecto de Mussolini de
crear blo que de cuatro potencias (Italia, Francia, Alemania e Inglaterra)
Manchuria, es tado independiente. Aumenta agresividad de Japón. Constitución
del reino de Arabia Saudita. Siam, monarquía cons titucional.
A. Richards: Hambre y trabajo en
una
tribu salvaje. R.
Thunwald: Lo econó-
largamente, pero a la que finalmente termina renunciando— recupera en
parte el sentido crítico en relación al movimiento, considerando entonces la
revolución como “dirigida por una banda de paulistas locos” que se aprovechan
de los "resenti mientos y martirios del pueblo paulista”.
Aún en 1932 redacta el Prefacio de ese libro proyectado, donde define
con claridad su posición ante el folclor:
“Del fondo de las imperfecciones de todo cuanto hace el pueblo, viene
una fuerza, una necesidad que, en arte, equivale a lo que es la fe en religión.
Eso es lo que puede mover montañas. Es realmente una pena que nuestros
compositores no viajen por el Brasil. Van a Europa, untados de pretensiones y
sometidos a los engaños del otro mundo, para amargarse después toda la vida en
un regreso injustificable. Mejor sería que hiciesen lo que yo hice, que
conociesen lo que yo amé, cantando por tierras áridas, por tierras pobres, por
zonas ricas, paisajes maravillosos, esa única especie de reali dad que
persiste a través de todas las teorías estéticas y que es, nada más y nada
menos que la primera razón del Arte: el alma colectiva del pueblo. Tendrían mu
chas más cosas para contar”.
(Prefacio de N a Pancada do Ganzá, in Telé Porto Ancona López,
Macunaíma: A Margetn e o T exto).
Colabora en el Boletín de Ariel y
en la Revista Nova. Algu
nos de los poemas de Cía do Jabotí son traducidos al alemán por Ignez
Telscher.
1933 Cumple 40 años. Se
inicia entonces la crisis más grave y prolongada que, asumiendo distintas
formas, ya no lo aban donará hasta la muerte:
“A fines de 1933, al cumplir 40 años, Mário de An drade se vio afectado
por la primera de sus crisis mo rales, crisis mixta en la que dos fantasmas lo
inquietan
— el miedo al envejecimiento del espíritu y del cuerpo— que empezaba a
acercarse, y la angustia del artista que se siente en la obligación de
participar más directa mente en las luchas por la mejor organización social
del mundo pero que se veía refrenado aún por su formación burguesa. Fue un
tiempo gravísimo del que, asombrosamente, nada se transparentó en el ritmo co
tidiano de su vida”.
(Oneyda Alvarenga: Mário de Andrade, um perneo).
En realidad, su salud empezaba a decaer y eso lo llenaba de angustias,
pues se había empeñado en un sinnúmero de investigaciones que temía no poder
llevar a cabo:
AL: Guerra del Chaco entre Bolivia y Paraguay. Gral. Justo, presidente
de Ar gentina. Alessandri por segunda vez en Chile. “Año de la barbarie” en
Perú, represión de la rebelión montañesa. Gral. Rodríguez en México: impulso a
la reforma agraria. Insurrección campe sina en El Salvador y masacre ordenada
por Gral. M. Hernández.
J. de la Cuadra: Horno. López y Fuentes:
Tierra. Rojas: Lanchas en la bahía.
Expansión de la Acción
Integralista Brasileña (fascista) y resistencia obrera. Manifiesto de los
intelectuales paulistas contra el fascismo. Concesión de vaca ciones a
empleados privados.
Oswald de Andrade: Serafim Ponte Grande (escrito en 1927). J. Lins do
Regó: Doidinho. G. Ramos: Caetés. J. Amado: Cacao. M. Rebelo: Tres cami nos.
G. Freyre: Casa-Grande y Senzala.
AL: Huelga general, cae Machado en Cuba. Lo sucede Grau San Martín. Re
vuelta de los suboficiales de F. Batista. Terra asume totalidad del poder en
Uru guay. Asesinato de Sánchez Cerro en Perú. Elección de O. Benavídes “Plan
sexenal” en México. Muere Yrigoyen en
mico en comunidades primitivas. A. Huxley: Un mundo feliz. Céline: Via
je al fin de la noche. Caldwell: El camino del tabaco. Sholojov: Campos
roturados. Romains: Los hombres de buena voluntad (-47). Artaud: Mani fiesto
del teatro de la crueldad. Bretón: Los vasos comunicantes. Aleixandre: La
destrucción o el amor. Calder expone en París.
Moratoria y devaluación del dólar. Roose-velt impone la política del
“New De al”. Economía alemana en quiebra: 5 millo nes de obreros sin trabajo.
Incendio del Reichstag. Hitler nombrado Canciller. Iniciación de la campaña
antisemita. Creación de los campos de concentra ción. Pacto de las cuatro
potencias (Ita lia, Francia, Inglaterra, Alemania). Se crea la “Falange” en
España.
Joliot-Curie: radioactividad artificial.
Malraux: La condición humana.
García
Lorca: Bodas de sangre. Stein: Autobio
grafía de Alice B. Tocklas.
Salinas: La
voz a ti debida. Cooper-Schoedsacks:
King Kong. El nazismo clausura la Bau-
“Si los próximos exámenes prueban que mis riñones han mejorado, volveré
al trabajo, si no, todavía no sé qué haré. De más está decirte que estas
confesiones no te las hago sin alguna melancolía. Estoy un poco asus tado, lo
confieso, y no tengo la menor intención de morir, o para decir las cosas más
suavemente, de inu tilizarme tan temprano. Me perdí tanto en investiga
ciones que tengo casi la convicción de que si se me obligara a abandonarlas,
todo ese trabajo quedaría enor memente incompleto. No tanto en la poesía sino
en mí”.
(Carta a Manuel
Bandeira, 24-IV-1933).
Por lo demás, los poemas escritos en ese período reflejan su estado
depresivo, como lo demuestra la serie titulada “Grá Cao de Outubro” (Gran Perro
de Octubre) y “O Grifo da Morte” (El Grifo de la Muerte).
Pronuncia en la Escuela Nacional de Música la conferencia titulada
“Música de Feiti§aria no Brasil” (Música de hechi cería del Brasil) - punto de
partida del libro postumo que, con ese mismo título, organizaría Oneyda
Alvarenga.
Publica la segunda edición del
Compendio de Historia da
Música. Amar, verbo transitivo, traducido al inglés por
Margareth Richardson Hollingsworth, se publica en los
Estados Unidos bajo el sello Macaulay, con el título Fraülein:
“Finalmente salió mi Fraiilein en inglés, edición Ma caulay nada menos.
Recibí ayer un aviso del diario alusivo a la venta del libro, dos dólares: “Not
since Maedchen in uniform has such an impressive german character arrived,
etc.” Y también una noticia del New York Herald Tribune. No es una crítica:
“Mário de Andrade writes with a witty and cosmopolitan assur-ance”. Pero la
noticia es esmerada, describe el fondo del libro e incluso me dejó un poco
asustado. La tra ductora ms había hablado sobre la necesidad de hacer pequeñas
modificaciones para que el libro fuera legible y vendible en los Estados
Unidos. Pero a mí me desin teresó eso completamente. Sobre todo porque un
capí tulo de Macunaíma que ella me había mandado de muestra, sólo tenía
modificaciones que al fin de cuen tas resultaban explicables. Parece, empero,
que ella deformó mucho ciertas cosas y eso me tiene medio (divertidamente)
asustado. Pero vamos a esperar el libro para ver qué pasa”.
(Carta a Manuel Bandeira, 6-VIII-1933).
Cuando se produjo el lanzamiento del libro, y como parte de la
propaganda de la obra, la editorial mandó a Mário de Andrade un cuestionario
cuyas respuestas trazan un esbozo rápido sobre su manera de ser y trabajar:
Argentina. Avance de las tropas paragua yas en Bolivia.
Martínez Estrada: Radiografía de la
pampa. Neruda: Residencia en la tierra.
F. Espinóla: Sombras sobre la tierra.
L. A. Sánchez: América: novela
sin no
velistas. Salarrué: Cuentos de barro. R.
Blanco Fombona: Camino de imperfec ción. Diario de m i vida
(1906-1913).
haus. Se levanta la censura contra J.
Joyce en EE.UU.
“En general, escribo directamente a máquina. Soy muy afectuoso y por eso
consagro un verdadero amor humano a las cosas que me rodean. Mi Remington, por
ejem plo, se llama Manuela con lo que fundo en un mismo cariño a la máquina y
a mi mejor amigo, que se llama Manuel. ( . . . ) No tengo ningún plan regular
de trabajo. Escribo varios libros al mismo tiempo, y diría que descanso de las
preocupaciones de uno en el otro. A veces abandono completamente lo que estoy
por es cribir, para escribir algo que brota por inspiración en un determinado
momento ( . . . ) Cabe notar que toda mi obra, siguiendo la tradición
intelectual de la raza de los paulistas en el Brasil, es eminentemente pesi
mista. ( . . . ) No tengo escritores preferidos. Rara vez vuelvo a leer un
libro de ficción. De todos modos podría citar a Molière, a Cervantes y a
Dickens, entre mis escritores preferidos. ( . . . ) Odio los climas mode rados
y por eso vivo pésimamente en San Pablo. Tam poco aprecio la civilización y
menos aún creo en ella. Tanto física como espiritualmente me siento atraído por
las tierras del Ecuador. Mi mayor deseo es vivir lejos de la civilización, en
la orilla del norte del Brasil, entre la gente inculta del pueblo. Mi mayor
señal de espiritualidad es odiar el trabajo tal como él es con cebido, semanal
y con tantas horas diarias en las lla madas civilizaciones “cristianas”. El
ejercicio de la pereza que yo canté en Macunaíma es una de mis ma yores
preocupaciones”.
1934 Escribe algunos
ensayos importantes dedicados al folclor - y mantiene en el Diario de San Pablo
una columna semanal de crítica donde publica varios artículos de gran interés,
que más tarde aparecerán en 0 Empalhador de Passarinho (El embalsamador de
pajaritos).
Pronuncia en la “Sociedad Felipe de Oliveira”, de Rio de Janeiro, la
conferencia sobre “Os Congos” (Los congos). Publica Belazarte (cuentos),
Música, Doce Música (crítica) y “Luciano Gallet”, introducción a los Estudos de
Folclore de Luciano Gallet.
Ese año, muy fecundo, estará marcado sin embargo por una decisión que
imprime a su vida una transformación radical: invitado por el intendente de San
Pablo, acepta organizar y dirigir el nuevo Departamento de Cultura de la
Municipali dad. Según Oneyda Alvarenga, ese ofrecimiento lo salvó pro
visoriamente de la crisis que se había esbozado en su vida durante el año
anterior:
“En ese momento lo salvó el Departamento de Cultura, como más tarde él
mismo me lo confesó. Todo tuvo su curso alterado en favor de una obra de
interés colectivo a la que él se entregó sin restricciones. Sirviendo públi-
Promulgación nueva
Constitución y elección de Vargas presidente constitu cional, con amplio
margen de acción. Primera oportunidad de voto femenino y primer Congreso
Nacional electo por voto popular.
Freyre organiza el Primer
Congreso Afro-Brasileño de Estudios y publica los anales del mismo. Fundación
de la Uni versidad de Sao Paulo y de su Facultad de Filosofía, Ciencias y
Letras, con equi po internacional. (Lévi-Strauss, Bastide, Gurvitch, Granger,
Hugon, etc.) y del Instituto de Geografía y Estadística. Ra mos: El negro
brasileño. J. Lins do Regó: Bangué. G. Ramos: San Bernardo. A. F. Schmidt:
Canto de la noche. Muere Coelho Neto.
AL: L. Cárdenas presidente de
México
( — 4 0 ): política nacionalista con apoyo obrero y campesino. Sandino
asesinado
Muerte de Hindenburg y ascenso de Hitler en Alemania: el “führer”.
Musso-lini funda el Estado Corporativo. Los comunistas chinos, enfrentados a
Chiang-Kai-shek, inician la retirada: “la larga marcha”. El canciller Dollfuss
asesina do en Viena. Disturbios políticos en París por el caso Staviski. La
URSS in gresa a la Sociedad de Naciones. EE.UU. concede independencia a
Filipinas. “Po lítica del buen vecino” de Roosevelt res pecto a América
Latina; se crea el Ban co de Importación y Exportación.
D. Forde: Habitat, economía y socie
dad. M. Hunter: Pautas de cultura.
Reich: Psicología de masas del fascismo.
Guérin: Fascismo y gran capital. Giono:
El canto del
mundo. Cernuda: Donde
habite el olvido. F. de Onís: Antología de la poesía española e
hispanoameri cana (1882-1932). Pessoa: Mensaje.
camente con lo mejor que podía dar de sí, alcanzó una tranquilidad
circunstancial en el desarrollo de su crisis; la certidumbre de su utilidad
inmediata adormeció por tres años los conflictos”.
(Oneyda Alvarenga: Mário de Andrade, urn pouco').
1935 Coparticipa en la
dirección del Departamento de Cultura y asume la jefatura efectiva de su
División de Expansión cul tural:
“Durante tres años aniquiló su vida y vivió la vida del Departamento de
Cultura. Abandonó sus estudios per sonales, novelas, poesía, crítica, alumnos,
en el deseo de hacer cuanto estuviera a su alcance para darle a su pueblo el
derecho a una existencia elevada y dignificada por la actividad intelectual y
el contacto con las artes. ( . . . ) fundó, además de la Discoteca Pública
Munici pal, un instituto destinado a las investigaciones folcló ricas
sistemáticas; organizó un concurso de etnografía y folclore ( . . . ) ; fundó
la Sociedad de Etnografía y folclor ( . . . ) ; creó la Orquesta Sinfónica
Municipal, el Cuarteto Haydn (después llamado Cuarteto de Cuer das M
unicipal), el trío Sao Paulo, el Coral Paulistano, un conjunto madrigalesco
integrado por cantores de ese coro, y rechazó sistemáticamente la ejecución
exclusi vamente individual, en los conciertos del Departamento de Cultura ( .
. . ) ; dotó a la Discoteca Pública Muni cipal de un servicio de consultas
públicas de discos; hizo aprobar un decreto por el cual todos los conciertos
del Departamento debían ser públicos; creó un coro de aficionados - el Coro
Popular; reactivó en las plazas y parques infantiles las danzas dramáticas
folcloricas, organizó coros en esos mismos parques y en los Clubes de obreros
menores de edad ( . . . ) ; creó en la Disco teca Pública Municipal un
servicio de grabación de discos para el registro de la música de los
compositores paulistas o radicados en San Pablo; se empeñó en brin dar a los
músicos brasileños, a través de los conciertos del Departamento, la oportunidad
de que oyeran eje cutar sus obras, a fin de permitirles la crítica de sus
propias composiciones y el consecuente perfeccionamien to de su creación ( . .
. ) ”.
(Oneyda Alvarenga: Mário de Andrade, um pouco).
por la Guardia Nacional en Nicaragua. Evacuación de tropas yanquis de
territo rio haitiano. Supresión enmienda Platt en Cuba. Presidencia de Velasco
Ibarra en Ecuador y A. López en Colombia. Represión contra el APRA en Perú, que
pasa a la clandestinidad.
Gallegos: Cantaclaro. Icaza: Huasipun-
go. Amorim: El
paisano Aguilar. Gui-
llén: W est Indies Ltd. García Lorca y Neruda en Buenos Aires. R. Matta
estu dia en París con Le Corbusier.
Reprimida sublevación
comunista en Rio, Natal y Recife, liderada por Luis Carlos Prestes. Depuración
de co munistas militares y civiles. Creación de una organización fascista
("integralis tas”) de soldados milicianos. Ley de in demnización de despido
y creación de las Comisiones de Estudio de raciones-tipo.
Anísio Teixeira funda la Universidad del Distrito Federal en Rio (Lúcio
Costa, Mário de Andrade, G. Freyre y Artur Ramos, entre otros). Manifiesto
anti nazi de R. Pinto, A. Ramos y G. Freyre. J. de Lima: Tiempo y eternidad.
Viní-cius de Moráes: Forma y exégesis. C. Portinari: premio de Instituto
Carne-gie, por su cuadro El café. Vai como pode, campeona de las Escuelas de
Sam ba del primer desfile carnavalesco. Mue ren Antonio de Alcántara Machado
y Belmiro de Almeida.
AL: Fin de la guerra del Chaco con la derrota de Bolivia. Creciente
oposición a Cárdenas, por Calles, en México. Muere Gómez en Venezuela: fin de
27 años de dictadura. Denuncias del senador L. de la Torre sobre monopolio
frigorífico en Argentina.
Borges: Historia universal de la infamia.
J. M. Arguedas: Agua.
Gallegos: Canai-
Dalí ilustra los Cantos de Maldoror. Con greso de escritores soviéticos
en Moscú: el “realismo socialista”. Pirandello: Pre mio Nobel de Literatura.
Plebiscito del Sarre y devolución a Ale mania. Hitler implanta el
servicio militar obligatorio. Leyes racistas de Nuremberg. Campaña militar de
Mussolini en Africa; invasión a Etiopía. La Sociedad de Na ciones aplica
sanciones contra Italia. Chang-Kai-shek, presidente de China. Conflicto entre
Roosevelt y la Suprema Corte de EE.UU. por la aplicación del “New Deal”.
Disturbios anti-católicos en Belfast. En Grecia se vuelve a la mo narquía.
Poisy descubre la vitamina K. Gallup crea el Instituto Americano de
Opinión Pública. Avanzan experiencias en radar y televisión.
Hazard: La crisis
de la conciencia
eu
ropea. T. Wolfe: Del tiempo
y del río.
Makarenko: Foema pedagógico. Eliot:
Asesinato en la Catedral. Ford: El dela
tor. Hitchcock: Treinta y
nueve escalo
nes. Nace F. Sagan. Muere Henri Bar-busse.
La posibilidad de dedicarse a todas estas realizaciones colecti vas
amortigua temporalmente sus dudas y perplejidades; sin embargo sufre mucho con
la aspereza de los contactos hu manos a que lo obliga su nuevo cargo:
“No sé si te conté, pero cuando acepté la dirección del Departamento de
Cultura, decidí de inmediato, tenien do en cuenta que habría de tratar con
grandes perso nalidades de la cultura, del arte y de la política, escribir un
diario de director, relatando los hechos vividos y mis impresiones sobre los
individuos. Si te digo, mi querido, que llené dos cuadernos de doscientas
páginas que todavía no me animaba a destruir. Pero cuando un día releí lo que
había escrito, me quedé simple mente horrorizado. No creo que sea un fracasado
ni tampoco un hombre malo. Pero lo que contaba allí, los sucesos, las palabras
ajenas, la ambición, la maldad, la intriga, la estupidez, el descaro, daban a
aquellas memorias fidelísimas un aire absurdo de mentira. Fal taba realismo a
toda aquella realidad. ¡Era yo el que salía de allí escupiendo maldiciones,
enfermo, defor mando la realidad, envidioso y. . . mentiroso! Era im posible
que aquellos hechos hubiesen ocurrido y aquellas frases hubiesen sido dichas.
Terminé con las memorias’'.
(Carta a Sérgio Milliet, 20-VI-1940).
Colabora en la Revista
Brasileña de Música,
donde publica
un fragmento de su ensayo sobre las danzas dramáticas bra sileñas. Es
designado representante de los alumnos que ese año egresan del Conservatorio
Dramático y Musical de San Pablo y en la ceremonia correspondiente pronuncia la
im portante oración titulada “Cultura Musical”. Publica O Alei-jadinho e
Alvares de Azevedo (ensayos).
1936 Paralelamente a la
acción que viene desarrollando en el Departamento de Cultura, elabora el
anteproyecto de la creación del Servicio del Patrimonio Artístico y Nacional;
cuando se lo convierte en ley, Mário de Andrade pasa a desempeñarse como
Responsable Técnico Regional del mismo para todo el Estado de San Pablo. Inicia
entonces el inventario de los monumentos históricos paulistas de los primeros
siglos.
Colabora en la Revista do Arquivo Municipal ( Revista del Archivo M
unicipal) donde publica, entre otros estudios, “La música y la canción
populares en el Brasil”, ensayo al que acompaña un nutrido índice bibliográfico
y discográfico.
En virtud de las absorbentes funciones que lo reclaman, pide una
licencia como catedrático de Historia de la Música del Conservatorio, que se le
extiende por tiempo indefinido.
ma. Chávez: Sinfonía india. Muere el cantor popular rioplatense Carlos
Gardel.
G. Capanema contrata a Le
Corbusier para orientar construcción del Minis terio de Educación y Salud,
primer edi ficio público de arquitectura moderna.
R. Pinto funda el Instituto Nacional de Cine Educativo. S. Buarque de
Holan da: Raíces del Brasil. G. Ramos: An gustia. Monteiro Lobato: El
escándalo del petróleo. G. Freyre: Sobrados e Mu-cambos. Exito popular del
samba Para qué mentir, de Noel Rosa.
AL: Régimen liberal del Gral. Franco en Paraguay. Confederación de
Traba jadores en México y Chile, y Confedera-
Derogación de sanciones contra Italia. Mussolini proclama el Imperio
Italiano; anexión de Etiopía. Rearme alemán. Constitución del Eje Roma-Berlín.
Elec ciones del Frente Popular en España. Levantamiento de Franco contra el
go bierno. Se inicia la guerra civil española. Apoyo de Mussolini: 50.000
soldados. Frente Popular en Francia encabezado por León Blum. Roosevelt
reelegido en EE.UU. En Moscú se inician los Proce sos. Abdicación de Eduardo
VIII en In glaterra. Lo sucede Jorge VI. Primer Congreso Musulmán en Argelia.
1937 Proyecta el
reglamento del Departamento de Cultura e
insti
tuye el primer curso de
Etnografía y Folclor, invitando a la
profesora Dina Dreyfus para que se desempeñe como orienta dora del
mismo. La Sra. Dreyfus era, por entonces, esposa de Claude Lévi-Strauss. En
colaboración con ambos, funda la Sociedad de Etnografía y Folclor de San Pablo.
Organiza el Primer Congreso de Lengua Nacional Cantada, que estableció las
normas de pronunciación en el canto en la lengua por tuguesa del Brasil.
Escribe para el mismo Congreso tres es tudios: Anteproyecto de lengua padrón
para el canto erudito; Los compositores y la lengua nacional y La pronunciación
cantada y el problema de lo nasal en los discos.
Envía al Norte y al Nordeste una comisión investigadora que recogerá
abundante material sobre cultura popular.
Publica en la Revista do Arquivo el estudio “El samba rural paulista”.
ción General del Trabajo en Argentina. Huelga petrolera en Venezuela y
for mación de la CTV. Conferencia de Con solidación de la Paz, en Buenos
Aires, con asistencia de Roosevelt. Triunfa el aprismo en elecciones peruanas,
luego anuladas. Somoza presiona a Sacasa pa ra que renuncie a la presidencia
(V I) y se hace elegir presidente de Nicara gua (X II). Gómez destituido en
Cuba. Contratos de Guatemala con la United Fruit Co.
González Tuñón: La rosa
blindada. N.
Parra: Cancionero sin nombre. J.
L. Ro
mero: M i caballo, mi perro
y mi rifle.
Disolución del Congreso e
implan tación del Estado Novo, con Constitu ción de inspiración fascista:
supresión de partidos políticos, reclusión de pre sos políticos, rigidez de la
censura, restricción de libertad de prensa. Polí tica de industrialización y
obras públi cas, acercamiento a EE.UU., Hitler y Mussolini.
Primer Congreso de Lengua Nacional Cantada, en San Pablo. Servicio
Nacio nal de Teatro. Servicio de Patrimonio Histórico y Artístico Nacional.
Segundo Congreso Afro-Brasileño. R. Simonsen:
Historia económica del Brasil: 1500-
1820. E. Carneiro: Candomblés da
Bahía. O. de
Andrade: El Rey de la
vela. C. dos Anjos: El amanuense Bel-miro.
AL: Régimen del coronel Busch en Bolivia (-39). Ortiz, presidente de Ar
gentina. Cárdenas nacionaliza ferroca rriles en México. Genocidio en la fron
tera Haití-Santo Domingo, por orden de Trujillo. Ubico se reelige en Guatemala.
Trotski llega a México. Somoza asume el poder en Nicaragua (1 /1 ) .
Investigaciones de Florey y Chain sobre la penicilina.
M. Hunter Reacción frente a la con quista. R. Linton: El estudio del
hom bre. Faulkner: Absalón, Absalón. Berna-nos: Diario de un cura de campo.
Ra-muz: Derboranza. Pavese: Trabajar can sa. Gide: Regreso de la URSS.
Machado: Juan de Mairena. Chagall: Arlequinada.
Wright: Casa Kaufmann (Pennsylva
nia) Feyder: La kermesse heroica. Cha plin: Tiempos modernos. Mueren
Una muno, Pirandello y Gorki. García Lorca es fusilado.
Franco es proclamado Caudillo. Aviación alemana bombardea Almería y
Guernica. Franco en Málaga, Bilbao, Santander y Gijón. En Francia se desintegra
el Fren te Popular. Japón interviene militar mente en China. Alemania e
Italia se retiran del Comité de no-intervención. Primeras elecciones generales
en URSS desde la revolución. Candidato único; triunfo del partido comunista. En
la India, triunfa en las elecciones el Par tido del Congreso.
M. Fortes: Leyes
de matrimonio entre
los Tallensi. Steinbeck: La fuerza
bru
ta. Gramsci: Cuadernos de la prisión.
W. Benjamín: La obra de arte en la época de su reproductibilidad
técnica. Picasso: Guernica. Ivens: Tierra de Es paña. Renoir: Lagran ilusión.
Se reabre la Bauhaus en Chicago. Langlois y Fran-ju: la Cinemateca Francesa. R.
Martin du Gard: Premio Nobel de Literatura.
1938 En virtud de los
cambios administrativos resultantes del reemplazo del intendente Fábio Prado,
deja la Dirección del Departamento de Cultura, manteniendo el cargo de Jefe de
la División de Expansión Cultural, de la que era titular efectivo.
No obstante el gran caudal de realizaciones concretadas en los tres años
en que estuvo al frente del Departamento de Cul tura, prosigue debatiéndose en
“una inquietud constante, en un sufrimiento difícil de soportar, en una
verdadera tragedia interior que nadie se imaginaría” (Oneyda Alvarenga, op.
cit.):
“Voy a cumplir 45 años. Sacrifiqué por completo tres años de mi vida,
que ya empezó tarde, dirigiendo el D. C. Digo por completo porque no logré
hacer la única cosa que en mi conciencia hubiera justificado el sacrificio: no
logré imponer y normalizar el D. C. en la vida paulistana. ( . . . ) No me
siento exactamente triste con estas cosas, sino esencialmente desierto. Es una
sensación de vaguedad, una vacuidad monótona. Allá en el fondo del desierto, un
espejismo”.
(Carta a Paulo Duarte, 3-IV-1938).
En julio sus servicios son reclamados por la Municipalidad del Distrito
Federal. Se traslada entonces a Rio de Janeiro, haciéndose cargo de la cátedra
de Filosofía e Historia del Arte y asumiendo como Director el Instituto de
Artes de la Universidad del Distrito Federal, creada por el intendente Pedro
Ernesto.
De regreso nuevamente al estudio y al trabajo intelectual, parece
recuperar, poco a poco, la tranquilidad perdida:
“La vida que llevo es así: estudio, clases, dirección del Instituto de
Artes. Una pureza exterior incomparable. Al comienzo sobre todo fue algo bueno:
hacía tres años que yo no estudiaba por estudiar, que no especulaba por
filosofar, que no leía un libro entero. Me zambullí con una voluptuosidad
indecible en el estudio y la li teratura”.
(Carta a Paulo
Duarte, 19-VII-1938).
Neruda: España en el corazón. O. Paz: Raíz de hombre y Bajo tu clara
sombra. Palés Matos: Tun tun de pasa y grife ría. Pettoruti: El improvisador.
En Pa
rís, Neruda y Vallejo fundan el
Grupo
Hispanoamericano de Ayuda
a España.
Suicidio de H. Quiroga.
Pasan a manos del Estado gas
y petróleo. Aborta golpe integralista en Rio. Policía de Alagoa vence a los
can-gaceiros de Lampiáo. Creación del Ins tituto de Estudios Pedagógicos.
Pascoal Carlos Magno
crea en Rio el
Teatro del Estudiante. Werneck
Sodré:
Historia de la literatura brasileña - Sus fundamentos económicos.
Amarai: El
Estado autoritario y la realidad nacio nal. S. Leite: Historia de la
Compañía de Jesús en el Brasil. G. Ramos: Vidas secas. G. Freyre: Nordeste. M.
Bandei-ra: Guía de Ouro Preto.
AL: Cárdenas nacionaliza petróleos mexicanos. Aguirre Cerda (Frente Po
pular) gana elecciones en Chile (votos de zonas rurales y mineras). Conferen
cia Panamericana en Lima. E. Santos electo en Colombia.
Gálvez: Hombre en soledad. Mistral: Tala. Torres García: La tradición
del hombre abstracto. Revista Mandràgora en Chile. Muere Vallejo en París. Se
suicidan Lugones y A. Storni.
Hitler ocupa Austria. Ultimátum ale mán a Praga. Pacto de Munich entre
Inglaterra, Francia, Alemania e Italia por la situación checoslovaca. Leyes
antisemitas en Italia. Batalla del Ebro en España. Se retiran las Brigadas
Interna cionales. Los japoneses en Cantón. Cam paña anti-trust en EE.UU.
Disturbios en Túnez contra la administración francesa.
J. Kenyatta: Frente al Monte Kenya.
Schapera: Manual de leyes y
costum bres de Tswana. Sartre: La náusea. Th. Wilder: Nuestro pueblo. M.
Hernández:
Cancionero y romancero de ausencias
( — 41). Mumford: La cultura de las
ciudades. Huizinga: Homo ludens.
Moore: Figura inclinada. Siegel y Shus-
ter: Supermán. O. Welles: Macbeth.
Carné: El muelle
de las brumas.
Dis
ney: Blanca Nieves.
Pero el trabajo intelectual no le brinda totalmente el equili brio
anhelado y en la misma carta confiesa que no se siente "enteramente feliz”
:
“Me recorre durante el día y la noche una vasta, pro funda tristeza,
una inquietud que es más que eso: es miedo, es la cosa más desagradable de este
mundo. A veces me invade también una especie de remordimiento por haber dejado
el Departamento. Remordimiento de rivado más de un vicio que exactamente de
una reali dad. ( . . . ) Es cierto que no estoy nada feliz, aun cuando no me
sienta desgraciado” ( I bid.~).
Lo cierto es que atraviesa un período sombrío de depresión que se
refleja en su propia actitud pedagógica:
“El resultado más curioso ante tanto sufrimiento íntimo es el estado de
negatividad en que me encuentro. Siem pre fui un optimista. Pero ahora, y ya
desde la clase inaugural, demuestro vagamente mi sentimiento nega tivo, sin
querer, subrepticiamente, y lo que me mueve en mis cursos es un verdadero deseo
de escabullirme intelectualmente y en forma solapada de mis alumnos”.
(Carta a Sérgio Milliet,
14-XII-1938).
Se dedica casi totalmente a la lectura, organización y, en relación a
algunas de sus partes, redacción de dos cursos de Historia del Arte y Filosofía
del Arte, que suministra en la Universidad del Distrito Federal y a los cuales
les imprime una orientación muy personal:
“Pero la imaginación —era delirante— me impone la mala idea de fundir en
uno solo los dos cursos que estoy dictando, el de Historia del Arte y el de
Filosofía del Arte a través de su historia, o mejor y a modo de síntesis, en
una Historia Filosófica del Arte. El resultado es un curso, casi una materia,
una nueva disciplina. Y eso me obliga a tal dosis de estudios, comparaciones,
investigaciones, apremiado por las horas de clase (4 por semana) que me estoy
cansando mucho y no sé si voy a resistirlo”.
(Carta a Paulo Duarte, 19-VIII-1938).
Colabora asiduamente en O Estado de Sao Paulo y en el Diario de Noticias
de Rio, escribiendo crónicas y artículos de crítica. Redacta el ensayo “El
artista y el artesano”, texto que expone en la clase inaugural de sus cursos de
la Univer sidad del Distrito Federal.
Vive en la calle Santo Amaro N9 5, en el Barrio da Gloria, donde reside
solo y es frecuentado por pocos amigos. Se sien te sumamente deprimido en el
exilio de Rio, presenciando,
C. Meireles: Viaje (Primer
premio Acad. de Letras). Raquel de Queiroz: Las tres Marías. G. de Almeida:
Acaso.
Caen Barcelona y Madrid; fin de la guerra civil española con el triunfo
del franquismo. Mussolini, jefe de la Cáma-
impotente, el desmoronamiento de la Universidad en la que depositara
tantas esperanzas:
"Aquí en Rio la desorganización cultural no ha dismi nuido en
nada. Capa (Gustavo Capanema, Ministro de Educación), de puro celoso, destruyó
nuestra Univer sidad, y el decreto entró en vigencia en la fecha de su
publicación. Pese a eso, sin existencia jurídica, sin exis tencia de ninguna
clase, la Universidad sigue trabajando por decisión del intendente; ya se
abrieron las inscrip ciones para el nuevo año lectivo y seguimos sin cobrar
sueldos. Yo sigo insistiendo en la búsqueda de un empleíto sin proyección
alguna, donde el alma se ador mezca sin preocupaciones ni arrebatamientos
ilusorios”.
(Carta a Paulo Duarte, 1-III-1939).
La decepción sufrida con la experiencia carioca hace que lo aliente un
único deseo: regresar a su ciudad y a su casa:
“Bueno, el hecho es que a veces siento que la única salvación es volver
de una buena vez a San Pablo. Allá tengo cerca la imagen de mi madre, que de
lejos no es suficientemente fuerte para vencer mis desespera ciones. Más bien
las incrementa, pues no me siento capaz de soportar su ausencia. ( . . . ) Mi
obsesión es volver definitivamente a San Pablo y llevar allí una vida
meticulosamente económica. Es que no contaré sino con los cuatrocientos o
quinientos mil réis que me paga el “Estado”. Porque volver a la Municipalidad
siendo, como soy, un indeseable, sería una falta de
v e r g ü e n z a ” .
(Carta a Paulo Duarte,
17-XII-1939).
Colabora en la Revista Académica. Escribe cuentos e inicia la redacción
de una novela, que posteriormente destruirá.
Pasa a desempeñarse como consultor técnico del Instituto Nacional del
Libro, elaborando los proyectos de la Enciclo pedia Brasileña y del
Diccionario de la Lengua Nacional.
Publica Namoros com a Medicina (Coqueteos con la medi cina), textos de
crítica y folclor y el ensayo “Cándido Por-tinari”, incluido en el catálogo de
la exposición retrospectiva del gran pintor.
Sigue colaborando en Rio con la programación cultural del Ministro
Gustavo Capanema. Escribe para los Diários Asso-
ciados.
Hacia julio, concurre a la exhibición de los Ballets Joos; el
espectáculo lo impresiona vivamente, sobre todo el bailado “La Table Verte”,
sátira admirable de la Liga de las Naciones
AL: Conflicto fronterizo entre Perú y Ecuador. Busch asesinado en
Bolivia. Estigarribia en el poder en Paraguay, auge económico y reformas
sociales. Presidencia de Baldomir en Uruguay. Prado Ugarteche presidente de
Perú. Terremoto en Chile.
Gorostiza: Muerte sin fin.
Villaurrutia:
Nostalgia de la muerte. Onetti: El pozo.
Vallejo: Poemas humanos. Césaire: Cua derno de un retorno al país
natal. Se manario Marcha en Montevideo (-74).
ra de Fascios. Invasión de Albania. Hitler invade Checoslovaquia.
Comien zo de la II Guerra Mundial. Inglaterra y Francia declaran la guerra a
Alemania. Alianza militar ítalo-alemana. Pacto ger mano-soviético. Hitler
invade Polonia. División de Polonia entre Alemania y URSS y acuerdo sobre
Estonia, Letonia y Lituania. Abolición de la ley seca en EE.UU. Pío XII, Papa.
Comienzos de la electrónica. Televisión en EE.UU.
A. Kardiner: El individuo y su sociedad.
Hsiao-Tung Fei: La vida campesina en
China. Joyce: Finnegans Wahe. Saint
Exupéry: Tierra de hombres. Steinbeck:
Viñas de ira. Sarraute: Retrato de un
desconocido. Miller: Trópico de Capri cornio. Mueren A. Machado y S.
Freud.
Cuarto Censo general:
41.565.083 habitantes. Se instituye el salario míni mo. Instalación de bases
norteamerica nas en Belem, Recife y Natal y com promiso de suministro de
hierro a los aliados.
Paz ruso-finlandesa. Invasiones de Ale mania: Dinamarca, Noruega,
Luxembur-go, Holanda, Bélgica, Francia. Se suma Italia en apoyo a Alemania, e
interviene Japón: Eje Berlín-Roma-Tokio. Batalla de Dunkerque. Petain al frente
del go-
que, como con gran acuidad observa Oneyda Alvarenga, re percutirá luego
en el poema coral 0 Café (El café), espe cialmente en el episodio satírico de
la Cámara de Diputados ("Cámara-Ballet”).
El año transcurre amargo, estéril, lleno de decepciones; poco después de
la Navidad se desahoga en una carta a su antigua discípula y gran amiga Oneyda
Alvarenga:
“Siento mucha pena por mí, Oneyda, siento una pena inmensa por mí mismo,
tengo la impresión de que to davía podría hacer algo y no lo hago; y no lo
puedo hacer”.
(Carta del 26-XI-1940).
“Ahora entiendo realmente esa queja — comenta la amiga— que no recuerdo
cómo recibí y que hoy me suena tan amarga, por su sentimiento de irremediable
destrucción. Ciertamente, yo no había advertido esa desamparada derrota, de
cuyo origen real tal vez ni él
mismo se diese cuenta,
perdido como estaba en la an
gustia que llena toda su
carta.
Vislumbré apenas, y de eso
me doy cuenta ahora, una
media verdad: mi amigo atormentado por el fracaso de
su trabajo apasionado de
funcionario público al servicio
de la
cultura nacional, desilusionado
por el Departa
mento de
Cultura de San
Pablo, que se desarticulara
irremediablemente para
siempre; desilusionado por la
Universidad del Distrito
Federal que al poco tiempo fue
cerrada; desilusionado
por el Ministerio de
Educación
que no lo empleaba, pero que
tampoco lo liberaba para
que pudiese volver a sus
actividades normales y a San
Pablo; mi
amigo, en suma,
sufriendo, porque había
sido arrancado a la vida que
había construido y a sus
expresiones, a
su casa, a su
ciudad, a su
medio am
biente”.
(Oneyda Alvarenga, Mario de
Andrade, um porteo).
1941 A comienzos del año
regresa finalmente a Sao Paulo y a la
casa de la calle Lopes
Chaves:
“Y aquí estoy, hace un mes y medio, menos brillante, cultivando
enfermedades y grabados, recibiendo diaria mente la bendición de mi madre y de
mis autores pro tectores, con menos dinero en el bolsillo pero con feli cidad
propia, fuerte y modesta, que me parece justa, digna de mis luchas y trabajos y
de aguantar con esta paciencia sorda las deficiencias con que Dios humilló mi
ser y las mayores con que castiga nuestra tierra”.
(Carta a Paulo Duarte, 9-IV-1941).
M. Bandeira: Nociones de historia de
la literatura. E. Verissimo: Saga. A. F.
Schmidt: Estrella solitaria. G. Freyre:
edición crítica del Diario íntimo del in
geniero Vauthier. Drummond de Andra-de: Sentimiento del mundo. Editorial
Martins, de S. Pablo, lanza su Biblioteca Histórica Brasileña. Fundación de la
Orquesta Sinfónica, en Rio. Movimiento Música Viva, orientado por Hans
Koell-reutter: dodecafonismo y nuevas técni cas. Empresa Cinematográfica
Atlánti-da: Moleque Tiao (1933), de José Car los Buckler. Fundación de la
Asociación de Canto Coral. Pancetti gana el pre mio de la División de Arte
Moderno del Salón Nacional de Bellas Artes.
AL: Batista presidente de Cuba; apoyo sistemático de EE.UU. Avila
Camacho en México: gobierno de retroceso. Trujillo reelegido por tercera vez en
Rep. Domi nicana. Focos de espionaje en Argentina a favor de Alemania.
Contingentes de refugiados españoles llegan a México y Chile. Gobierno
dictatorial de Peñaran da en Bolivia. Moriñigo en Paraguay. Asesinato de
Trotski en México.
Bioy Casares: La
invención de Mor el.
Yáñez: Espejismo de Juchitán. S. de
Ibáñez: Canto. A. Alonso: Poesía y es tilo de Pablo Neruda.
Fundación de la Sociedad
Brasileña de Antropología y Etnología. M. Mendes: El visionario. G. Freyre:
Región y tra dición. E. Verissimo: Gato prieto en campo de nieve. Revista
Clima en San Pablo.
AL: Medina Angarita sucede a López Contreras en Venezuela. Creación de
Acción Democrática, liderada por R. Betancourt. Bolivia ocupa primer lu gar en
el mundo en producción de es-
bierno francés de colaboración se insta la en Vichy. De Gaulle organiza
Comité Nacional de Francia Libre. Italia inva de Grecia. Ataques aéreos a
Inglaterra; Churchill, jefe del gobierno inglés. Los alemanes en Rumania, los
rusos en Be-sarabia y Bucovina. Leyes antisemitas en Francia. Comienza la
guerra en el nor te de Africa. Servicio militar obligato rio en EE.UU. Nueva
reelección de Roosevelt.
Herskovits: La vida económica en los
pueblos primitivos. Hemingway: Por quién doblan las campanas. Me
Cullers:
El corazón es un cazador solitario. Wright: Sangre negra. Greene: El
poder
la gloria. Mao-Tse-tung: La
nueva de mocracia. O’Neill: Viaje de un largo día hasta la noche. Chaplin: El
gran dictador.
Japón invade Indochina francesa. Ocu pación de Bulgaria, Yugoslavia y
Gre cia por los alemanes. Hitler invade la URSS. Sitio de Leningrado;
ocupación de Kiev; batalla por Moscú. Fin de la resistencia italiana en
Etiopía. La “Carta del Atlántico”. Ataque japonés a Pearl Harbor y entrada de
EE.UU. en la guerra. Resistencia clandestina en Fran cia y otros países
europeos. Formación del Vietminh en Vietnam.
Es comisionado ante el Servicio del Patrimonio Histórico y Artístico
Nacional. Viaja por el Estado de San Pablo reali zando investigaciones
histórico-artísticas y tomando las me didas necesarias para la restauración de
algunas obras signi ficativas, como la iglesia del convento de Embú y la
capilla de San Miguel, ambas en los alrededores de la Capital. Inicia la
investigación sobre el pintor mulato del siglo xvm , Padre Jesuíno do Monte
Carmelo, trabajo que sólo dará por ter minado en 1945, pocos días antes de
morir.
Recibe de una institución norteamericana la propuesta de hacer un libro
sobre las formas musicales iberoamericanas; la institución le pagaría el viaje
por toda Hispanoamérica:
“ j Imagínate si esta invitación me hubiera llegado hace diez años!. . .
qué sublime. . . Pero ahora ya no tengo fuerzas para eso, para semejante
empresa. Empresa que, por lo demás, y gracias a mi honestidad, me obligaría a
abandonar todos mis proyectos de estudio y la litera tura. . . Ya no puedo
hacerlo, no tengo ni la edad ni la salud para tanto y debo morir en 1949, más o
menos. Tú irás entonces a mi entierro, ya iniciada la nueva era del mundo”.
(Carta a Paulo Duarte,
5-VI-1941).
Publica: Música do Brasil. En la Revista do Arquivo, el en sayo “A Ñau
Catarineta”; en la revista Clima, “A Elegía de Abril” (La elegía de abril),
análisis desencantado de la nueva generación:
“Sé perfectamente que hay diferencias y mejorías en la inteligencia
nueva de mi país, pero no logro adver tirla más enérgica ni mucho menos dotada
de mayor virtud. Nosotros, los modernistas de mi generación, sa crificábamos
conscientemente, algunos por lo menos, la posible belleza de nuestras obras, en
provecho de in tereses utilitarios. El arte se empobrecía de realidades
estéticas, disuelto como estaba en tantas intenciones exploratorias.
Experiencias rítmicas, auscultaciones del subconsciente, adaptaciones
nacionales de lenguaje, de música, de colores y formas plásticas, de crítica -
todos eran intereses que deformaban la exención y el equili brio de cualquier
mensaje. ( . . . ) Mi despilfarrada generación era al fin de cuentas el quinto
acto conclu sivo de un mundo y representaba bastante bien su época disuelta en
las garúas de un impresionismo que inundaba las morales así como las políticas.
Una gene ración de degeneración aristocrática, amoral, divertida y, a pesar de
la revolución modernista, no muy distante de las generaciones de las que era la
“sonrisa” final. Y tuvo siempre el mérito de proclamar la llegada de un mundo
nuevo, haciendo el modernismo y en gran parte 1930. Mientras que las
generaciones siguientes,
taño. Ejército peruano invade Ecuador. Arias derrocado en Panamá.
Declara ción argentina de neutralidad en la guerra mundial.
C. Alegría: El mundo es ancho y ajeno.
Borges: El jardín de los
senderos que
se bifurcan. J. Bianco: Sombras
suele
vestir. Arguedas: Yawar
Fiesta. Manci-
sidor: La rosa de
los vientos. W. Lam
ilustra el poema de
Bretón, Fata Mor
gaño. L. Demare La guerra gaucha
(guión Petit de
Murat - H. Manzi).
Brecht: Madre coraje. Vittorini: Conver
saciones en Sicilia. Fitzgerald: El último
magnate (postumo). Broch:
La muerte
de Virgilio. E. Wilson: La
herida y
el
arco. O. Welles: El ciudadano Kane.
Mueren Joyce, Virginia Wolf y M. Berg son.
expresión de un otro y más blindado realismo, nada tienen de divertidas,
son realmente rebeldes y buscan el placer en el estudio y en la discusión de
los proble mas humanos y no. . . en el placer. Pero no me parece que sepan
aguantar el peso de su diferencia. ( . . . ) Nosotros, finalmente, éramos bien
dignos de nuestra época, en cambio nos va reemplazando una generación bien
inferior al momento en que está viviendo”.
( “Elegía de
Abril”, Clim a N<? 1, abril de 1941).
1942 Reasume en el Conservatorio Dramático y
Musical de San
Pablo su cargo de
catedrático de Historia de la Música. Dicta,
en la
clase inaugural de los cursos,
la conferencia titulada
“La actualidad
de Chopin”, en la que,
bajo el pretexto
de
analizar al
gran músico, realiza,
en verdad, un
comentario
admirable sobre el papel del artista en el mundo contempo
ráneo. Esta es, por lo demás, la preocupación dominante de
sus últimos escritos,
aguzada en gran parte por la situación
política internacional.
Es inscrito como socio
fundador de la Sociedad de Escritores
Brasileños.
Recibe de la Editorial
Knof, de los Estados Unidos,
la pro
puesta — que rechaza— de hacer A
Folkloric Fortrait of
Brazilian People. Es invitado por los Estados Unidos a parti cipar en
el Congreso Afroamericano de Haití:
“Los americanos, en sus coqueteos interesados con el Brasil, se creyeron
que debían coquetear también con migo. Ya es la cuarta o la tercera
invitación, ésta de ahora para participar en el Congreso Afroamericano que
habrá en Haití y después viajar con todo pago, hasta el avión, por los States.
Pero no. Por miles de razones. Ante todo, porque no tengo ganas de ir, y eso
basta”.
(Carta a Paulo Duarte, día de San Pablo:
25-1-1942).
En octubre vuelve a ser invitado, esta vez por la Rockefeller
Foundation, a través de William Berrien:
“Berrien está por aquí, y esta vez me describió una ida mía para allí
que es algo de no creer. Pero no lo acepté, Pablo. Al fin de cuentas todo este
asunto de las invitaciones me obligó a darme cuenta de que real mente lo que
yo no quiero es viajar. La verdad es que no me gusta viajar por tierras
extrañas ( . . . ) ”.
(Carta a Paulo Duarte, en esa época en los Estados Unidos, 18-X-1942).
Brasil declara la guerra a
Alema nia. Conferencia de Cancilleres en Rio: ruptura diplomática entre los
países americanos y el Eje.
Caio Prado Júnior: La formación del
Brasil contemporáneo: la
Colonia. Oli-
veira Viana: Introducción al censo de
Brasil (título posterior: Evolución del
pueblo brasileño'). J. Amado: Vida de L. C. Prestes y Tierras del
Sin-Fin. J. Cabral de Meló Neto: Piedra de sueño. G. Freyre: Ingleses.
AL: Creación de la Junta Interameri-cana de Defensa, con sede en
Washing ton. Deuda mexicana con EE.UU. por expropiación petrolera y ruptura de
re laciones con gobierno de Vichy. Castillo sustituye a Ortiz en Argentina.
Tratado de límites entre Ecuador y Perú. Ríos Morales presidente de Chile, y A.
López otra vez en Colombia.
E. Diego: En las oscuras manos del
olvido. Reyes: La
experiencia literaria.
P. de Rokha: Morfología
del espanto.
Ofensiva del Eje pone en peligro a los Aliados. Conferencia en
Washington: bloque de 26 países comprometidos a luchar hasta el final. En
EE.UU., pre supuesto de guerra sin precedentes. Montgomery, al mando de las
tropas aliadas, derrota a Rommel en El Ala-mein. Ingleses y norteamericanos de
sembarcan en Africa del Norte. Los japo neses ocupan Filipinas, Java y Birma
nia. Comienzan las batallas de Stalin grado y del Cáucaso, en la URSS.
Levantamiento del sitio de Leningrado. Plan Beveridge. Nehru afirma su hos
tilidad hacia Japón. Nueva campaña de desobediencia civil en India. Reclamos de
independencia total por el Congreso hindú; arresto de líderes. Petain cede el
poder a Pierre Lavai.
J. S. Huxley Evolución, la síntesis mo derna. Camus: El extranjero.
Ehren-burg: La caída de París. Cela: La fami lia de Pascual Duarte. Eluard:
Poesías y verdad. B. Brecht: La buena alma de The-chuan. Sjoberg: El camino del
cielo. Curtiz: Casablanca.
Colabora en el
Diario de Sao
Paulo y en
la Folha de Sao
Paulo. Realiza en la Casa do Estudante, en Rio de Janeiro, la
conferencia “El Movimiento Modernista”. Escribe cuentos ( Contos Novos,
1941/1944), y trabaja asiduamente en la investigación sobre el padre Jesuíno do
Monte Carmelo, que avanza lentamente:
“( . . . ) ¡Uf! ¡No puedes imaginarte el trabajo que me está dando el
padre Jesuíno! Agotado, sobre todo, por lo que tiene de insípido, de
infructífero, ya que exige un trabajo comparado entre autores que es la cosa
más lenta, morosa y detallada que ya hice ( . . . ) Pero, en fin, tengo la
esperanza de que podré alcanzar algo lim pio, desenredando el embrollo que
armaron los biógra fos ( . . . ) ”.
(Carta a Rodrigo de M. F. de Andrade, 7-1-1942).
“( . . . ) Pero me molesta la lentitud con que avanza “mi” Jesuíno, por
tratarse de un servicio público, por no ser una revelación fundamental para el
país. No hace mu cho me levanté, tomé 14 fotos de las pinturas de la matriz de
Itú. Pues bien: ¡el estudio me apasionó por que realmente tengo inteligencia
de tejedora, pero cuan do terminé el examen, porque mis ojos ya no daban más,
eran las 21 horas! Te puedo asegurar que ese día había estudiado por lo menos
diez horas, había tomado, es cierto, una que otra notita! pero lo que más me
desesperaba era que sabía menos que por la mañana! Tendría que ir allí para
explicarte bien todas estas inquietudes morales. Me deprimo, no sé que hacer
(...)”•
(Carta a Rodrigo de M. F. de Andrade, 4-II-1942).
La premonición de
la muerte próxima
lo sigue torturando:
“Tengo la impresión, por eso, de que me estoy matando de a poco y que
voy a terminar conmigo antes de tiem po, pues deseaba vivir hasta los 55
años”.
(Carta a Paulo Duarte, día de Sao Paulo, 25-1-1942).
De hecho, pasa mal todo el año de 1942, pero en octubre siente,
inesperadamente, que recupera la salud, y entonces durante tres meses se
entrega a la “más dolorosa pero deli rante experiencia literaria de su vida:
la elaboración de O café (El café):
“Cuando ya no sentí más dolores y vi que se acercaba el primero de
octubre pensé: no te preocupes que en octubre vas a trabajar mucho. ¡Y, lo
creas o no, el primero de octubre por la mañana me senté ante este escritorio y
empecé a producir hecho una furia! Estoy viviendo días sublimes de fecundidad
creadora. Es cribí un ensayo sobre la situación del folclor en el
Brasil y América Latina Mundo exterior
Brasil que servirá de introducción a la sección folcló rica del
“Handbook of Brazilian Studies”. Todavía ten go que trabajar en él hasta fin
de mes seguramente, pero está bastante aceptable. ¡Y qué te cuento que me puse
a escribir una ópera! Sí, mi viejo, sí. Se llama “Café” y la idea estaba en mí
hace mucho. Es que el teatro cantado siempre existió y con dignidad humana. Se
llamó tragedia griega, se llamó Cheganga y Bumba-meu-Boi, teatro N ó, etc.
Hasta que un día, perdiendo representatividad social, necesitó cambiar de
nombre y se llamó “ópera”, Tosca, Manon. ¿Cómo volver a la dignidad y
eficiencia del teatro cantado en relación a nuestro tiempo? Entonces decidí
partir de la fuerza colectiva y aglutinante del coro e imaginé un melodra ma
exclusivamente coral, donde en vez de haber per sonajes solistas, hubiera
masas corales. Entonces, obe deciendo al principio (utilitarista ahora) de que
la depreciación de un valor económico fundamental acarrea la insatisfacción
pública la cual, a su vez, lleva a la rebelión y al cambio del régimen
político, entonces, te decía, esbocé mi “Cafe” . ( . . . ) La planificación de
esta concepción, en opinión de todos, quedó muy bien; te aseguro que para eso
trabajé como nunca. Pero fue algo sublime, venía todo con una facilidad
increíble, mi cabeza centelleaba en invenciones felices. Escribí todo,
determiné todo, hasta los colores de las ropas, hasta la forma en que debía
alzarse y bajarse el telón después de cada escena. Ahora estoy escribiendo los
tex tos que al principio fue difícil ajustar para que no resul taran
ridículos. Me equivoqué, volví atrás, hice muchos ensayos. Finalmente, decidí
adoptar un proceso medio metafórico, algo así como un circunloquio, para decir
las cosas, porque la frase realista resultaba insoporta ble. Ahora creo que
las cosas están marchando”.
Colabora en la
Revista do Arquivo.
Publica O Movimiento
Modernista (El movimiento modernista) y la Pequeña Histo ria da Música
(Breve historia de la música), en realidad ter cera edición profundamente
refundida en su antiguo Com
pendio de Historia
da Música.
1943 A principios de año
se encuentra enfermo, nuevamente, ator mentado por un rebelde dolor de cabeza
que se manifiesta por primera vez el día 10 de enero. Pese al malestar que no
lo abandonará a lo largo de todo el año, terminó la redac ción definitiva de
“O café”, y el 13 de ese mismo mes, en su casa, realiza una lectura del poema
para un reducido gru po de amigos:
“Ayer en su casa, Mário nos leyó “O Café” — drama coral cuya
musicalización correrá por cuenta de Migno-ne. Es una iniciativa grandiosa, que
tiene como fondo simplísimo la miseria ocasionada por la crisis del café y la
rebelión subsecuente. Como blanco, evidentemente,
Inauguración del edificio
del Mi nisterio de Educación: Le Corbusier, Lúcio Costa y Oscar Niemeyer,
paneles de Cándido Portinari y esculturas de Antonio Sergio. Niemeyer proyecta
con junto arquitectónico de Pampulha. Cas-siano Ricardo: Marcha hacia el Oeste.
F. de Azevedo: La cultura brasileña.
J. Lins do Regó:
Fuego muerto. V. de
Moráes: Cinco elegías. Los Comedian tes interpretan Vestido de novia,
de
Movilización civil de todos los hombres y mujeres de Alemania.
Capitulación alemana en Stalingrado. Los Aliados derrotan al nazi-fascismo en
Africa del Norte. Las fuerzas anglonorteamericanas llegan a Nápoles. Mussolini
apresado por el Gran Consejo Fascista y luego liberado. Levantamiento del
ghetto de Varsovja. Ofensiva americana en el Pacífico. Tito en Yugoslavia.
Confe rencias de Moscú, de El Cairo, de Te-
la protesta contra el régimen capitalista. Como reali zación, un gran
equilibrio entre lo satírico, el humor y la tragedia. Como defecto, una cierta
demagogia medio ingenua del viejo Mario semicentenario. En re sumen, me parece
una gran obra, porque es de hecho un momento social, con sus problemas, elevado
a la categoría de arte — y no está apenas sirviendo de apo yatura a la
exposición de aquél”.
(Antonio Cándido, anotación de su Diario de lecturas, 14-1-1943).
En marzo, Mário de Andrade vuelve a referirse a:
“Enfermedades, no creo que graves, pero esquivas, misteriosas, dolores
de cabeza terribles, hígado, desequi librio del vago simpático, ¡vaya nombre!
o alguna ale gría que hasta ahora no fue posible localizar. Resultado: desde
enero vivo en cama y lo que es es peor, sin trabajar”.
(Carta a Paulo Duarte,
14-111-1943).
En mayo para poder enfrentar los gastos que le exigen los medicamentos,
acepta hacerse cargo de la sección musical de la Folha da Manha, que firmará
hasta su muerte:
“Ahora me hice cargo de una sección musical de la Folha da Manhá. Toda
esta historia de remedios, inyec ciones, exámenes médicos me había colocado en
una situación muy complicada y ya no tenía con qué en frentarla. Pero se trata
de una sección en la que los temas son libres desde que sean musicales, y no
tengo ninguna obligación e incluso me prohibieron que hiciera crítica
profesional” .
(Carta a Paulo Duarte, 8-V-1943).
El 14 de octubre le escribe a
Paulo Duarte:
“La vida que vengo llevando este año, sobre todo a causa de estos
dolores de cabeza que no me abandonan, ha sido la más inútil e infecunda que yo
recuerde. Si alguna vez alguien se decide a escribir una biografía sobre mí,
debiera escribir: — “el año de 1943 no existió”.
Permanece en cama, en reposo obligatorio, a causa de una úlcera, parte
de noviembre y casi todo diciembre. Pero pese a los disgustos que le ocasiona
la fragilidad de su salud, pro sigue su investigación sobre el padre Jesuíno
do Monte Carmelo:
“Empecé ahora con la obra paulistana del artista y tanto a ésta como a
la etapa final, la de los atormentados cuadros de la iglesia del Patrocinio,
los terminaré cierta mente este mes.
Digo “ciertamente” porque lo haré cueste lo que cueste. Me irrita mucho
demorarme excesivamente en la fina-
Nelson Rodrigues, con dirección del po laco Ziembinski.
AL: “Movimiento de los coroneles” de rroca a Castillo en Argentina.
Rawson, y luego Ramírez. J. D. Perón secretario de Trabajo y P. Social. En
Bolivia, de claración de guerra al Eje, creación del MNR y Villarroel al
poder: política de progreso social sin reformas económicas.
Revueltas: El luto humano. Gallegos:
Sobre la misma tierra. F. Hernández: El
caballo perdido. Zea: El positivismo en
México.
herán. De Gaulle, único presidente del C.F.L.N. Manifiesto argelino.
Sartre: El ser y la nada y Las moscas.
Bataille: La experiencia
interior. Hesse:
El juego de abalorios. Simone de
Beau
voir: La invitada. Saint Exupéry: El
principito.
lización de mi trabajo. ¡Y aún son tantas las investiga ciones que
quiero hacer! Nada de esto me atormentaría si se tratara de obras
exclusivamente mías, pero el hecho de estar trabajando en una actividad que al
fin de cuen tas es un servicio público, y que si bien puede encontrar de tu
parte comprensión sobre su dificultad y la nece sidad de no apurarse, a la
mayoría le resulta inexpli cable, está haciendo con que esta monografía se me
convierta en una obsesión condenatoria”.
(Carta a Rodrigo F. M. de Andrade, 7-1-1943).
En octubre de ese año — a su juicio— de vida “inútil e infe cunda”,
cumplió 50 años. Siente que está al final de su vida y todavía no logró
resolver ni sus dudas políticas ni sus per plejidades religiosas:
“( . . . ) si nunca llegué al comunismo fue, seguramente, por miedo a mí
mismo. Hubiera querido proseguir di ciendo que si no alcancé el catolicismo
fue, segura mente, también por miedo a mí mismo ( . . . ) Si yo fuese católico
( . . . ) hubiera sido sectario, no hubiera com prendido a mi adversario sino
convertido a los pies de Dios o destruido por mí, a mis pies. ¿Y no será en ese
manso apostolado a los ya fieles que el catolicismo se está muriendo,
gelatinoso, acomodaticio, lleno de afir maciones inocuas y aún más inocuas
profesiones de fe?”.
(Carta a Tristáo de Athayde [Alceu Amoroso Lima] 17 -VI-1943).
Colabora en la Folha da Manhá, en cuya columna semanal da a conocer una
serie de artículos sobre Debussy, sus cinco lecciones sobre “La vida del
cantador” y el largo ensayo, dividido en cuatro partes, sobre “Arte inglés”.
La revista Atlántico (de Portugal), publica en el número 3, el
importante trabajo titulado “A Dona Ausente” (La Señora Ausente).
Publica: Os filhos de Candinha (Los hijos
de Candinha),
crónicas; Aspectos da
Literatura Brasileña, crítica;
O Baile
das Quatro Artes (El baile
de las cuatro artes),
ensayos; y
Lasar Segall.
La Livraria Martins Editora de Sao Paulo, inicia la publica ción de sus
Obras Completas, según un programa organizado por el autor y que debería
comprender 18 volúmenes. En junio aparece el primer volumen, Pequeña Historia
da Mú sica (volumen V III) — equivalente a la quinta edición del compendio y
que fue el único aparecido en vida del escritor.
Campaña nacional por
amnistía de presos políticos (Prestes y otros líderes comunistas) encarcelados
desde 1935. Una Fuerza Expedicionaria Brasileña de 25.000 hombres parte para la
cam paña de Italia.
Lispector: Cerca del corazón salvaje.
Los aliados entran en Roma. Desembar co aliado en Normandía ( “Día D
") y en Provenza. Liberación de París y de Bélgica. Ofensiva rusa contra
los alema nes a lo largo del Frente Oriental. Is-landia proclama la República.
Ofensiva norteamericana en el Pacífico llega has-
A principios de septiembre pasa 15 días en Belo Horizonte, en contacto
permanente con la generación más joven de es critores, encantado con la
inteligencia mineira, a la que considera “la más completa y armoniosa del
Brasil”.
Es en esa época, más o menos, cuando decide comprar la chacra ubicada en
Santo Antonio, “del bandeirante (explo rador) capitán Fernáo Pais de Barros,
con capilla y todo”. Su proyecto es donar al gobierno la parte central de la
pro piedad (14 hectáreas de tierra), con la capilla y la casa central del
siglo xvn y “hacer del resto una fundación para retiro de los artistas”. (A
raíz de su muerte, la donación fue concretada por su familia).
“Fue la fatiga de los desvarios y la liviandad colectiva e individual
las que, sobre todo, lo condujeron al sueño de la chacra de Santo Antonio, en
San Roque, com prada el 8 de diciembre de 1944. Compra a la que me opuse por
la tenebrosa y temeraria salud en que habría de sumirlo, perdiéndolo en un fin
del mundo sin cami nos, más alejado que el Africa, imaginado como un lugar de
trabajo tranquilo, es cierto, pero anhelado mucho más como reposo de las
desilusiones de la con vivencia humana, un aislamiento tranquilizador inten
samente deseado”.
(Oneyda Alvarenga, Mario de Andrade, un pouco).
Pasa el año entero absorbido por “su” Padre Jesuíno, muy insatisfecho
con los resultados que obtiene y con la lentitud con que progresa su trabajo:
“Estoy definitivamente disgustado con mis persecucio nes morales y con
respecto al trabajo que realizo y al tiempo que dedico al SPHAN. ( . . . ) .
Entonces decidí escribir en letras de oro y sangre en la conciencia lo
siguiente: “Si no termino mi Jesuíno el 30 de diciem bre de este año, me
dimito del SPHAN. ( . . . ) De ma nera que a principios de enero de 1945, el
sufriente que te escribe partirá en un avión de carrera desde su ciudad natal e
irá a buscar en el ínclito edificio del Ministerio de Educación en la capital
de esta demo cracia, las activas salas de su director y a depositar en sus
manos igualmente activas su “Jesuíno do Monte Carmelo” para juicio final y
publicación”.
(Carta a Rodrigo F. M. de Andrade, 4-VIII-1944).
Prosigue escribiendo en su columna semanal de la Folha da Manhá, donde
publica la serie de “Notas sobre el cantador”, diversos artículos y "O
Banquete” (El banquete), importantí sima reflexión sobre el arte que dejó
incompleta y que sólo aparecería en libro en 1978.
Mendes: Las metamorfosis. C.
Drum-mond de Andrade: Confidencias de M i nas. R. Braga: El morro del aisla
miento. Gastáo Cruls: Hiléia Amazó nica. F. Curt Lange reconstituye y pu
blica partituras de compositores del si glo XVIII, revelando una escuela
desco nocida de músicos de Minas.
AL: Farrel reemplaza a Ramírez en Argentina, con Perón de
vicepresidente. Disolución de partidos políticos. Cae Ubico en Guatemala. Grau
San Martín presidente de Cuba. Uruguay reanuda relaciones con Italia y Chile
con la URSS. Organización de la Federación de Mineros en Bolivia. Creación del
Frente Democrático Nacional en Perú, con participación del APRA.
Carpentier: Viaje a la semilla. Roumain:
Gobernadores del rocío. Portuondo: Con
cepto de la
poesía. Borges: Ficciones.
Torres García: Universalismo construc
tivo. Picón Salas:
De la conquista a la
independencia. Reyes: El
deslinde. C.
R. Villanueva comienza obras de la Ciu dad Universitaria de Caracas.
ta Filipinas. Víctor Manuel III abandona el trono. Roosevelt, presidente
de EE. UU., por cuarta vez. Atentado frustra do contra Hitier y salvaje
represión. Organización de Cortes de Justicia con tra los “colaboradores” en
Francia. Lla mamiento de Pío XII en favor de la democracia.
Descubrimiento de la estreptomicina.
Cassirer: A n tr o p o lo g ía f i l o s ó f i c a .
Anouilh: Antígona. Malaparte: Iiaputt.
Cary: La boca del caballo. Saint-John
Perse: Lluvias. Lagerkvist: El enano.
Bartok: Concierto para violín y orquesta.
Film colectivo: La
liberación de París.
Bresson: Las damas del bosque de Bo lonia. Cruz Roja: Premio Nobel de
la Paz.
1945 A principios de 1945 —
del 22 al 26 de enero—
integra el
Primeiro Congreso Brasileiro de Escritores, rahezado en San Pablo, y que
constituyó un marco en el proceso de redemo cratización del Brasil. Durante un
tiempo se siente reani mado por esa “bellísima manifestación de la
inteligencia na cional”. Pero tal como se desprende del testimonio de sus
amigos así como de sus últimas cartas, muy pronto vuelve a sentirse perseguido
por la idea de la muerte, que no lo aban dona desde el año anterior:
“Los amigos más cercanos de Mário de Andrade tal vez sepan, como yo, que
en sus últimos años él repetía constantemente que moriría a los cincuenta y que
no le interesaba vivir más allá de ellos. Después, debido a que había pasado
enfermo el año de 1943, aplazó su muerte hasta los cincuenta y uno, explicando
medio en serio y medio en broma que no sería justo morir a los cincuenta ya que
el año de enfermedad no había sido vivido por él. Fue esa premonición asombrosa
de la muerte la que en 1944 lo llevó a contarme varias veces su intención de
ocuparse, ante todo, de su obra litera ria, personalmente era la que le
interesaba más en el conjunto de sus producciones. En cuanto al material
folclórico que había recogido, ya no tenía tiempo ni paciencia para consagrarse
a él: quedaba para mí, yo lo estudiaría después de que él muriese”.
(Oneyda Alvarenga - Mário Andrade, un pouco).
En los últimos tiempos, un hecho nuevo aumenta sus presen timientos
sombríos: desde hacía algunos meses, un joven pri mo y ahijado, de poco más de
veinte años, se encontraba en Italia luchando como piloto de la FAB (Fuerza
Aérea Brasi leña) en el frente de combate; Mário de Andrade vive in quieto
por los riesgos constantes que amenazan a esa vida y el 15 de febrero escribe a
Paulo Duarte, que se encontraba por entonces en los Estados Unidos:
“Pero de pronto me sucedió esa cosa sentimentalmente desastrosa que fue
la de tener un ahijado en la FAB, en pleno aire de Europa. Tú conoces mi
hipersensibili-dad enfermiza: puedes imaginarte lo que eso ha sido en mi vida.
El desequilibrio exterior, esa especie de desánimo que sólo sabe esperar
noticias, lo cual no sería muy dañino si no hubiera ese clima de eclosión
inminente, algo nebuloso, insoluble pero estruendoso, que me convulsiona, como
si su propio avión pasase a dos metros de mí. Hay momentos en que me invade un
miedo terrible, terror real de m orir. . . no sé cómo decirlo, porque si está
lejos de ser miedo ante mi propia muerte, lo está también de ser miedo por la
muerte dé él. Tengo, apenas, un miedo vago pero niti dísimo de que algo va a
morir. Tal vez no sea otra cosa que el inconsciente supersticioso que me impide
Vargas depuesto por
movimiento militar. Convocatoria a elecciones. Ter cera República. Entra en
funcionamien to como empresa estatal la Compañía Siderúrgica Nacional.
Cándido: Brigada ligera.
Primer Con greso Brasileño de Escritores (San Pa blo, 22-26/1).
AL: Medina Angarita derrocado en Venezuela por Junta Revolucionaria pre
sidida por R. Betancourt. Arévalo presi dente de Guatemala. Argentina declara
la guerra al Eje. Allende, senador por el Partido Socialista en Chile.
Vilariño: La suplicante.
G. Arciniegas:
Biografía del Caribe. V. Gerbasi: Mi pa dre el inmigrante. P. Henríquez
Ureña:
Las corrientes literarias en la América hispánica. Gabriela Mistral
Premio No bel de Literatura.
Ofensiva final de los Aliados: los fran ceses llegan al Danubio, los
anglocana-dienses a Bremen, los norteamericanos al Elba. Hitler, Goebbels y
otros jerar cas nazis se suicidan: rendición de Ale mania. Ejecución de
Mussolini en Italia. Fusión de las tropas rusas y norte americanas. Los rusos
en Berlín. Confe rencias de Yalta, San Francisco y Pots-dam. Yugoslavia se
convierte en Repú blica. Formación de la Liga Arabe. Crea ción de la
República Democrática de Vietnam. Oposición comunista a los pro yectos
constitucionales de De Gaulle en Francia. Primeras medidas de sovie-tización en
Alemania oriental. Triunfo laborista en Inglaterra. Muerte de Roose-velt: lo
sucede Truman. Bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki: destrucción de las
ciudades y muerte en masa de civiles. Japón se rinde. Procesos de Nu-remberg.
Formación de la ONU.
Sartre: Los caminos de la libertad. Vitto-
rini: Hombres y no.
Prévert: Palabras.
Rossellini: Roma, ciudad abierta. Sartre finida Los Tiempos Modernos.
Muere Valery.
fijar con nitidez la visión de su muerte. Está claro que tengo un miedo
horrible de que muera, pero no es ese MIEDO que me asalta por momentos;
momentos breves pero que me destrozan durante días. Y a raíz de eso estoy
viviendo una vida miserable en la que todo me sale mal”.
(Carta de Mário de Andrade a Paulo Duarte del 15-11-1945, recibida cinco
días después de su muerte).
La muerte que temía para su ahijado estaba, en realidad, acechándolo a
él, y él la previo de manera desamparada en la más grave y dramática de todas
sus “meditaciones”, A Meditagáo sobre o Tieté. Este poema, terminado el 12 de
febrero, en que se ve, revirtiéndose sobre su principio, a las aguas barrosas,
“completas en el bien y en el mal” de su río, sella como un testamento el
trayecto atormentado de su vida; trece días más tarde, un domingo en la noche,
muere repentinamente en su casa de la calle Lopes Chaves.
Tenía 51 años y cuatro meses.
“Con él desapareció del escenario terrestre el más gran de de los
poetas brasileños contemporáneos. Para quien, como yo, tuvo la dicha de conocer
su corazón de amigo, se partió con su desaparición uno de los raros lazos que
dan valor a la vida.
Espíritu audaz y a la vez hombre radicado con el alma entera en su
tierra, de la cual no desconocía un solo secreto, provenía de los estudios
musicales. Por lo tanto, por instinto y por formación, iba hacia los seres y
las cosas con el anhelo de descubrir su canto y extraer de ellos contrastes y
armonías ( . . . ) .
Además de la música y las letras, solía reflexionar asi mismo con gran
agudeza sobre las artes figurativas y la arquitectura, y perdurará como uno de
los ensayistas más inspirados, mejor documentados, más sagaces y más brillantes
de este siglo. Espíritu amante de lo concreto, su gusto ardiente y festivo por
el color, su arrebato y atormentado sentido de la plástica, no sólo le sentaban
naturalmente bien, sino que además lo llevaron a discer nir en forma inmediata
cómo era posible descubrir, en todas las artes, el camino por el cual el
Brasil, desde hacía tres siglos, venía buscando y encontrando un len guaje
propio”.
(Giuseppe Ungaretti, 11 deserto e dopo, Prose di viaggio e saggi. Amoldo
Mondadori Editore, 1961).
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1927.
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nenhum carater. Rapsodia.
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Livraria Martins Editora, 1962. (2^ ed. aumentada con “A música e a can^áo
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Música, doce música. Vol. VII, Obras Completas, Sao Paulo, Livraria
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de la “Expressáo musical dos Estados Unidos”).
O Baile das Quatro Artes. Vol. XIV, Obras Completas, Sao Paulo, Livra
ria Martins Editora, 1963. (2^ ed. aumentada con “A Arte inglesa”).
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Livraria Martins Editora, s /f [1965]. (2^ ed. aumentada con “Amor e medo”, “O
movimento modernista” y “Segundo momento pernambucano”).
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ANDRADE
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Livraria Duas Cidades, 1976.
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Civilizado Brasileña S. A., 1934.
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INDICE
P R O L O G O , por Gilda de Mello e Souza IX
MACUNAIMA
I. Macunaíma 3
II. Mayorcito 6
III. Ci, madre de las matas 12
IV. Boiúna - Luna 15
V. Piaíma 21
VI. La francesa y el gigante 29
VII. Bembé - Macumba 35
VIII. Vei, la sol 41
IX. Carta a las Icamiabas 46
X. Paui - Pódole 54
XI. La vieja Ceiucí 59
XII. Vende - Bute, chopisón y la
injusticia de los hombres 70
XIII. La piojosa de Yigué 76
XIV. Muiraquitán 81
XV. El mondongo de Oibé 88
XVI. Uraricoera 96
XVII. Osa mayor 104
Epílogo 111
Notas a Macunaíma 113
CUENTOS
BELAZARTE
Nizia Figueira, para servirlo (1 9 2 5 ) 153
¿Que no sufren los niños? ¡Vaya si sufren! (1 926) 166
CUENTOS NUEVOS
Primero de Mayo (1934 -1942) 179
El pavo de Navidad (1942) 188
El pozo (1 9 4 2 ) 194
Notas a los Cuentos 208
ENSAYOS - ARTICULOS
CARTAS
ENSAYOS y ARTICULOS
El Aleijadinho (1928) 215
Evolución social de la música en Brasil (1 9 3 9 ) 236
Los congos (1 9 3 5 ) 257
La poesía en 1930 (1 9 3 1 ) 276
El movimiento modernista 292
Sobre el dibujo 314
De la hipocresía (23-VIII-1939) 318
La zorra y el testón
(27-VIII-1939) 322
La modinha y Lalo 328
La desnivelación de la modinha 333
Santo Tomás y el caimán 338
El mejor músico (20-V -1943) 340
Castro Alves 345
CARTAS
A Carlos Drummond de Andrade (10-XI-1924) 358
A Antonio Cándido (18-1-1943) 361
A Manuel Bandeira (1 9 2 5 ) 366
Notas a los Ensayos, Artículos y Cartas 375
Relación de los nombres citados. . . 383
CRONOLOGIA 393
BIBLIOGRAFIA 521


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