© Libro N° 8580. China: ¿Final De Un Modelo, O Nacimiento De Otro? Yu, Au Loong. Emancipación. Mayo 8 de 2021.
Título
original: © China: ¿Final De Un
Modelo, O Nacimiento De Otro? Au Loong Yu
Versión Original: © China: ¿Final De Un Modelo, O
Nacimiento De Otro? Au Loong Yu
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¿Final De Un Modelo, O
Nacimiento De Otro?
Au Loong Yu
China: ¿Final De Un Modelo,
O Nacimiento De Otro?
Au Loong Yu
Au Loong Yu -China: ¿Final De Un Modelo, O Nacimiento
De Otro? - p. 1
Procedencia del texto:
Revista Trasversales, número 17,
http://www.nodo50.org/trasversales/ invierno 2009-2010.
Maquetación actual:
Biblioteca Omegalfa
Au Loong Yu es uno de los fundadores y miembro del
conse-jo editorial de Globalization Monitor, Hong Kong. Coautor de dos libros
sobre las reformas en China y sobre el libre comer-cio y la globalización.
También es el principal autor del folleto Women Migrant Workers under the
Chinese Social Apartheid y autor de No Choice but to Fight, documental sobre la
lucha de las trabajadoras de las empresas productoras de pilas y bater-ías.
Algunos párrafos de este artículo proceden de dos recientes ensayos del autor,
Disposable Labor y A Human Right Charter that Excludes Working People, así como
del Preliminary Report on China’s Going Globe Strategy, obra de un equipo de
inves-tigación del que fue miembro destacado.
Artículo traducido a partir de la versión aparecida
en New Politics, nº 47, summer 2009, con autorización de sus editores.
Trasversales
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Au Loong Yu -China: ¿Final de un modelo, o nac
imiento de otro? - p. 2
Au Loong Yu
China: ¿Final de un modelo
o nacimiento de un nuevo modelo?
Tras treinta años de alto crecimiento casi
ininterrumpido, China hace frente a un gran reto una vez que la crisis
económica mundial ha afectado duramente a sus exportaciones. En China la ratio
entre el monto total de las operaciones comerciales y el PIB está en torno al
70%, así que el modelo de crecimiento ba-sado en las exportaciones está
prácticamente agotado. El Partido Comunista de China (PCC) es consciente de
esto. En abril de 2008, el presidente Hu Jintao habló de la necesidad de
cambiar el modelo de desarrollo, pasando de un modelo guiado por las
exportaciones a otro guiado por la ampliación de la demanda interna. En
noviembre se anunció la aprobación del paquete de estímulo económico por un
importe de cuatro billones de yuanes (o rinminbis, "la moneda del
pueblo") [unos 568.000 millones de dólares]. La economía se desacelera y
el objetivo (Baoba) dado al paquete de rescate de mantener un crecimiento del
8% es difícil de alcanzar. Sin embargo, un índice de crecimiento lento del 5% o
6%, del que hablan muchos analistas, sería ex-cepcional cuando Estados Unidos
(EEUU) y la Unión Europea (UE) se encuentran en profunda recesión. La
combinación de la fase recesiva mundial con la fuerza relativa de China para
con-tener la crisis hace que la controversia sobre "el ascenso de
Chi-na" sea más acalorada que nunca.
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Au Loong Yu -China: ¿Final de un modelo, o nac
imiento de otro? - p. 3
Las ventajas de China
Las razones de los resultados obtenidos por China
deben bus-carse, en primer lugar, en el excepcional éxito obtenido por el
Estado de partido único en la restauración del capitalismo a lo largo de un
periodo particularmente largo de 25 años. La con-signa de Deng Xiaoping
"Cruzar el río tanteando cada piedra" ha permitido la integración de
la cúpula social en el capitalismo mundial de forma gradual y prudente, de
manera que al estallar la crisis financiera mundial el Estado aún controlaba
los puestos de mando de la economía, lo que ha dado a China más recursos de
contención de la crisis que los que han tenido EEUU o el Reino Unido. El
control de la cuenta de capital de China sigue en gran medida vigente y su
moneda no es convertible. Sus ban-cos cotizan en Bolsa dentro y fuera de China,
pero la mayor par-te de sus acciones están controladas por el Estado. Así, en
China no hay shadow banking [entidades financieras con actividades propias de
los bancos pero no sujetas a las regulaciones de éstos] ni créditos tóxicos, a
diferencia de EEUU, Reino Unido o inclu-so Hong Kong.
Debido a los sistemas informales de transferencia
de fondos, miles de millones de yuanes han eludido el control de cambio de
divisas y fluyen dentro y fuera de China; ese factor puede crear problemas a
China en la fase descendente del ciclo. De todos modos, el control del Estado
sobre los movimientos transfronte-rizos de capitales no ha sido totalmente
ineficaz. En suma, aún existe un cortafuegos, aunque con brechas, para los
mercados financieros de China y, por lo tanto, China es en cierta medida capaz
de aislarse de la restricción crediticia mundial. Esto hace que la
desaceleración económica de China se parezca más al modelo clásico: una crisis
de superproducción acompañada de una sobreexpansión del crédito con una crisis
crediticia mucho menor a la de EEUU o el Reino Unido. Además, China había
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Au Loong Yu -China: ¿Final de un modelo, o nac
imiento de otro? - p. 4
experimentado su crisis bancaria a finales del
siglo XX, su-perándola a costa de la clase trabajadora y, en especial, de los
decenas de miles de trabajadores bancarios despedidos. El Go-bierno también
saldó entonces miles de millones de yuanes de deuda incobrable de los bancos.
Desde entonces los bancos go-zan de mejor salud, pasando los préstamos de
dudoso cobro de ser un 40-50% de sus activos al actual 6%. Además, tanto el
endeudamiento de los hogares como la deuda pública son una pequeña proporción del
PIB, mucho menor que en la mayor par-te de los otros países (Economist,
15/11/2008).
Sin embargo, estas estadísticas deben manejarse con
pruden-cia. En China no hay datos fiables, sobre todo si se refieren a deudas
empresariales o a créditos bancarios interiores o exterio-res. La crisis
asiática de hace diez años reveló precisamente cuan serio era el problema de
las deudas ocultas en el caso de las SOEs (Empresas Propiedad del Estado) que
invierten en el ex-tranjero. La crisis mundial seguirá afectando a China y, si
se agrava, el "cortafuegos" de China no se sostendrá. Aunque Chi-na
no haya experimentado lo que algunos llaman "financiariza-ción", ahorrándose
así la peor crisis financiera, una tradicional crisis de superproducción podría
derivar en depresión, como ocurrió en los años treinta del siglo pasado.
El alto índice de crecimiento económico ha tentado
a mu-chos, incluyendo a parte de la izquierda, a hacer una evaluación sumamente
favorable de China. Pero el crecimiento económico ha tenido poco que ver con el
bienestar de las personas trabaja-doras, porque el crecimiento de China ha dado
la espalda a la población desempleada. Un estudio hecho en 2005 por la
Orga-nización Internacional del Trabajo sobre la relación entre creci-miento
económico y creación de empleo averiguó que, en el período 1990-2002, un crecimiento
medio del 9,3% sólo causó un crecimiento del empleo del 0,8%, con tasa negativa
en el
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imiento de otro? - p. 5
caso del empleo industrial. No ha causado asombro
que el alto
índice de crecimiento haya sido acompañado por
altas tasas de paro (2 ).
Factores sociales
Para evaluar correctamente la situación económica y
social de China, el alcance de investigación debe tomar en cuenta los cambios
sociales resultantes de la revolución de 1949. La revo-lución tuvo un efecto
contradictorio sobre campesinos y obreros. Por un lado, llevó a cabo la reforma
agraria, pero por otro dio a luz un Partido-Estado sumamente centralizado y
burocratizado que mantuvo un increíblemente estricto control sobre campesi-nos
y trabajadores. La subsiguiente evolución de la propiedad de la tierra en el
"sistema de responsabilidad doméstica" reconoció a los campesinos el
derecho a usar un pequeño terreno, que hoy actúa como una especie de seguridad
social para los trabajadores migrantes de origen rural que vuelven a su lugar
de origen por no encontrar trabajo en las zonas urbanas en las hay un descenso
de la actividad industrial motivado por la crisis económica mun-dial. Para
ellos, volver a su pueblo es mejor que morirse de hambre en la ciudad (3). Esto
también beneficia al Partido-Estado: cuando llega la crisis, pide a los
trabajadores migrantes que vuelvan a su aldea para cultivar su miserable cacho
de tie-rra. Eso también beneficia a los gobiernos municipales al desac-
2 La actual
tasa oficial del 4% es considerada no fiable. Según la Academia china de
Ciencia Social la tasa real es un 9,4%, pero esa estimación tam-bién está por
debajo de la realidad, pues no toma en cuenta a aquellos tra-bajadores
migrantes que han vuelto a sus pueblos.
3 Esto
exacerba el problema de la insuficiencia de tierra en las áreas rurales, por lo
que una parte de los trabajadores migrantes no pueden dar marcha atrás y
retornar.
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imiento de otro? - p. 6
tivar una bomba de relojería social. Puede que no
sea eficaz a la larga, pero puede tener efectos parciales a corto y medio
plazo.
Si no basta con diluir en el vasto territorio rural
la ira de los trabajadores migrantes desempleados, siempre queda la coac-ción
del Estado, particularmente dura y eficaz. Antes de 1990 el Estado surcoreano
era tan despiadado como el Estado del PCCh, pero aquel nunca tuvo la capacidad
de borrar todas las asocia-ciones civiles; la iglesia, por ejemplo, siempre
proporcionaba algún espacio para la organización inicial de los trabajadores.
Por el contrario, el PCCh. lo ha logrado desde los años cincuen-ta. Todas las
tradicionales asociaciones chinas religiosas y civi-les desaparecieron, es
decir, fueron destruidas o cooptadas por la burocracia, al grado que hasta los
monjes taoístas o budistas se convirtieron prácticamente en funcionarios
pagados por el Esta-do conforme a la escala retributiva de la burocracia, antes
de que los forzaran a renunciar a su fe durante la Revolución Cultural. No
había ni hay sociedad civil. No había ni hay ningún movi-miento social
organizado, por no hablar de una oposición políti-ca organizada. Esta realidad
social y política explica por qué, mientras Indira Gandhi, antigua presidenta
del Gobierno de In-dia, fracasó a principios de los ochenta en su intento de
forzar a las mujeres pobres a esterilizarse en nombre del control de la natalidad,
China tuvo un terrible éxito imponiendo a sus 1300 millones de habitantes la
política de hijo único. Irónicamente, el renacimiento del capitalismo creó
algún espacio para los activis-tas por los derechos civiles, pero no es posible
formar ningún sindicato autónomo. La ausencia de organizaciones indepen-dientes
del PCCh y del Estado afecta incluso a la burguesía. Ca-si todas las cámaras de
comercio o asociaciones industriales han sido fundadas y están controladas por
el Partido-Estado o sus agentes. Margaret Pearson explica por qué la reforma
del mer-
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cado y el nacimiento de esta clase no han conducido
al surgi-miento de una sociedad civil o a la democratización:
"Los miembros de la elite empresarial china
han dado pocos signos de que vayan a convertirse en una fuerza política
inde-pendiente y activa. Quieren escapar de la política, no compro-meterse en
ella o en la creación de una 'sociedad civil'. Tras ga-nar independencia
estructural, tratan de reconstruir lazos infor-males con el Estado. Los
miembros de la elite empresarial se caracterizan por la ausencia de fuertes
vínculos horizontales entre ellos y por la ausencia de sólidas relaciones con
otros agentes sociales, dos cosas que serían esperables en una emer-gente
sociedad civil" (Margaret Pearson, China's New Business Elite, Berkeley:
University of California Press, 1997, p. 4).
La ausencia de sociedad civil es muy provechosa
para los ne-gocios. La atracción que China ejerce hacia la Inversión
Extra-njera Directa, ocupando puestos de cabeza en el ranking de paí-ses
receptores, no se debe sólo a sus niveles salariales, que, de hecho, no son los
más bajos entre los países en vía de desarrollo. La ventaja principal de China
sobre otros países en vía de desa-rrollo a la hora de atraer a las sociedades
transnacionales para que usen este país como centro mundial de explotación del
tra-bajo para la producción con vistas a la exportación reside en el régimen
cuartelario instaurado en las fábricas. Mientras que el poder de la burguesía
india y de su Gobierno ha sido constante-mente limitado por la democracia
liberal y por el movimiento obrero organizado, sus contrapartes chinas no están
sometidas a esas restricciones. En un informe de Globalization Monitor se
relata como en la planta de fabricación de contendores que tiene Maersk en
Dongguang, provincia de Guangdong, el "manual de los empleados"
impone a los trabajadores setenta y tres reglas. Además de prohibir la
distribución de panfletos, cualquier tipo de reivindicaciones y las huelgas,
bajo pena de inmediato despi-
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do, la cláusula 18 dice: "Se castigarán con
amonestación en las dos primeras faltas y con despido a la tercera el
incumplimiento de las normas de cantina, los daños causados a su equipamiento y
la perturbación del orden, incluyendo, entre otros actos, la destrucción de
utensilios, saltarse la cola de las comidas, el abandono de cubiertos y
utensilios sobre la mesa o fuera del lugar designado, el hecho de dejar restos
y basura fuera de los lugares designados, o de dejar la mesa o el suelo con
salpicadu-ras de alimentos, sopas, pieles de fruta, bebidas, etc."
Los trabajadores de Maersk Dongguang respondieron a
este régimen fabril carcelario con dos violentas huelgas en 2008, pero con la
ayuda de la administración local fueron reprimidos y posteriormente sólo
lograron mínimas mejoras. Por cierto, la planta es enormemente productiva.
El éxito exportador de China ha dependido en alto
grado del paternariado económico ente China y Estados Unidos. Mientras China
actúa como una locomotora de la oferta mundial, Estados Unidos juega el papel
de locomotora de la demanda. Esta rela-ción se debe al nuevo orden mundial
neoliberal vigente desde 1989, como ha indicado David Harvey (A Brief History
of Neo-liberalism, London: Oxford, 2005, Cap. 5).
El Estado: ¿solución o problema?
Para los nacionalistas y para muchos partidarios de
la "nueva izquierda" el Estado da solución a dos problemas: el
fracaso del mercado capitalista y el intento de Occidente y Japón de conte-ner
"el ascenso de China". No ven la otra cara de la moneda: el
problemático papel del Estado, que nunca es neutral, y menos aún cuando la
burocracia del aparato estatal no está sometida a ningún tipo de control. En
China, desde los años cincuenta, la burocracia ha secuestrado en los hechos el
Estado y lo usa como
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maquinaria para apropiarse del excedente social. A
partir de finales de los ochenta, la burocracia ha decidido restaurar el
ca-pitalismo y ha saqueado el país hasta un punto que pone a la clase
trabajadora cada vez más al borde de la rebelión. La evolu-ción de la
burocracia hacia una nueva clase apropiadora debe tomarse en cuenta para
cualquier intento de comprender el capi-talismo chino controlado por el Estado,
tanto en sus puntos fuer-tes como en los débiles.
A lo largo de los 25 años de reforma, el PCCh no
podía enri-quecerse sin generar antes una clase capitalista privada, pero
cualquier reforma importante ha buscado, ante todo, el enrique-cimiento de la
propia burocracia. A finales de los ochenta, la reforma de los precios creó el
mecanismo denominado guandao, con funcionarios implicados en operaciones
especulativas [com-praban a precios estatales y vendían a precios de mercado].
Mientras tanto, casi todas las estructuras del Estado crearon di-ferentes tipos
de empresas para ganar dinero. Los burócratas comenzaron a hacerse capitalistas.
Esto enfureció a la población, que expresó sus protestas contra el Gobierno en
1989. Las me-didas del PCCh aplastaron toda oposición a la reforma
capitalis-ta, descargando los golpes más duros sobre la clase trabajadora, y
condujeron al gran enriquecimiento de la burocracia. La gira por el sur de
China hecha por Deng Xiaoping en 1992 manifestó la decisión del PCCh de dar
otro gran salto hacia la plena inte-gración en el capitalismo mundial. Para
garantizar el éxito de ese salto no bastaba con el terror que siguió a la
explosión de 1989. Era imperativo infligir una derrota aún mayor a los
traba-jadores de las Empresas Propiedad del Estado (SOEs), que cons-tituían la
inmensa mayoría de la fuerza de trabajo urbana. Esta vez el objetivo era reducir
la plantilla del sector estatal para convertir estas empresas en "modernas
sociedades". Más de 40 millones de trabajadores fueron despedidos, siendo
aplastadas
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nacimiento de otro? - p. 10
las protestas contra los despidos. Las SOEs de
pequeño y me-diano tamaño fueron privatizadas, siendo los principales
benefi-ciarios los burócratas de ámbito municipal y los antiguos direc-tores de
esas empresas. Las SOEs más grandes cayeron en ma-nos de burócratas de más alto
rango y se convirtieron en entida-des comerciales, implicadas en el mercado
interior y en la ex-portación. Ya que el gobierno estatal o municipal siempre
con-servaba una parte de las acciones suficiente para mantener el control, estos
burócratas y sus compinches disfrutaban simultá-neamente de las ventajas de la
"propiedad estatal" y del "libre mercado".
Mientras tanto, comenzó una segunda ola de
privatizaciones del suelo urbano (incluyendo el suelo rural cercano a los
subur-bios urbanos), lo que fue otra fuente de enriquecimiento de los
funcionarios de los gobiernos municipales y de sus compinches.
Los diferentes departamentos gubernamentales
crearon sus propias empresas para ganar dinero en beneficio de los burócra-tas,
pese a la prohibición vigente desde finales de los ochenta (4). Por ejemplo, el
departamento de policía controla sus propias empresas de seguridad; el
departamento de trabajo controla sus propias empresas de trabajo temporal; el
departamento de bom-beros controla empresas de venta de extintores de
incendios...
Sus empresas siempre triunfan porque ellos usan su
poder coac-tivo para vender servicios a las empresas y fábricas bajo su
ju-risdicción. Por ejemplo, el departamento de bomberos exigirá que las
fábricas compren extintores de una empresa bajo su con-trol, con la amenaza de
que quien no lo haga pagará las conse-
4 Esto
práctica incluía al Ejército, aunque fue paralizada, al menos en apa-riencia, a
finales de los noventa, porque ponía en riesgo la existencia mis-ma del Estado.
Varios informes demuestran que los altos mandos militares siguieron conservando
indirectamente, a través de sus compinches, el con-trol sobre estas empresas
una vez vendidas y desvinculadas del ejército.
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cuencias: quien no haga caso puede terminar multado
por el más mínimo detalle. Sus operaciones se parecen a las de la mafia; de
hecho, estos funcionarios a menudo utilizan a gángsteres loca-les.
La metamorfosis de la burocracia, desde un
anticapitalismo feroz hasta convertirse en burócratas-capitalistas ha sido así
completada. Creo que esto no es algo nuevo. El Partido-Estado del Kuomitang en
los años treinta y cuarenta fue descrito por el propio PCCh, en una ironía de
la historia, como "capitalismo burocrático". La única diferencia es
que el actual Partido-Estado del PCCh lo ha institucionalizado a una escala
colosal, mucho mayor que la del Kuomitang. Es un error pretender que el actual
Estado chino es autónomo o incluso algo independiente de la burguesía, y es un
error afirmar que no ha sido subordinado a su interés de clase y que por tanto
China sigue siendo no-capitalista o incluso "socialista", como hace
Giovanni Arrighi en su nuevo libro Adam Smith in Beijing (Brooklyn, Nueva York:
Vers, 2007, pp. 332 y 369). Basado en experiencias de la Europa Oc-cidental,
este análisis trata a la burocracia y a la clase capitalista como si
necesariamente fuesen dos grupos sociales completa-mente diferentes o incluso
opuestos.
Por el contrario, la burocracia china es la clase
capitalista. Martin Hart-Landsberg ha argumentado convincentemente que la
economía de China se ha hecho capitalista desde hace mucho tiempo, pero él
sitúa el punto de partida de esta transformación en la "pendiente
resbaladiza" de la reforma del mercado en que se embarcó el PCCh
("China and Socialism, Market Reforms and Class Struggle", Monthly
Review, julio-agosto 2004). Por el contrario, yo diría que no ha habido una
opción política inco-rrecta sino que la burocracia ha optado conscientemente
por restaurar el capitalismo, decisión que no tomaron sólo por haber
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perdido la fe en el socialismo, sino porque quieren
ser capitalis-tas.
Deng Xiaoping ya mostraba ese camino cuando, en
1984, China, violando cualquier principio socialista, acordó con el Reino Unido
que el laissez-faire capitalista se mantendría en Hong Kong hasta cincuenta
años después de su entrega a China. Más tarde dijo que el capitalismo debería
ser permitido en Hong Kong más allá de ese plazo. En 1987 dijo a una delegación
afri-cana "no sigan la vía socialista, hagan lo que sea necesario para que
la economía crezca" (5). Lo ocurrido tras el estallido del movimiento
democrático de 1989 demostró que el PCCh se hab-ía transformado de forma
decisiva y cualitativa en un partido capitalista.
Sin embargo, es muy poco convincente que algunos
maoístas echen toda la culpa a Deng Xiaoping. Deng no en contró ninguna
oposición significativa. Al contrario, recibió una respuesta entu-siástica de
la burocracia, lo que sugiere que llevó a cabo los de-seos de la burocracia.
Esta situación no debería extrañar a ningún socialista. Incluso en la era de
Mao, cuando la burocracia era ferozmente anticapitalista, ésta gozaba de
extraordinarios privilegios, como elite dirigente que, gracias a su monopolio
sobre el Estado, ejercía en exclusiva la distribución del exceden-te social.
Como cualquier otra elite dirigente, nunca estaban con-tentos con su sueldo,
entre diez y treinta veces mayor que el de los trabajadores comunes (6), y
siempre deseaban apropiarse de
5 Ese
discurso está censurado, pero fue citado en Hong Kong el año pasado por el
antiguo jefe de Administración General de Prensa y Publicaciones, Dao Daozheng.
Ver el periódico Ming Pao, 14/10/2008.
6 Antes de la
Revolución Cultural, la proporción entre los salarios más altos y más bajos era
30 a 1, y tras ella pasó a oscilar entre 14 y 19 a 1. Ver, del autor, Tantan
Pingjunzhuyi he Daguofan (On Egalitarianism and Daguo-fan), 1994.
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Au Loong Yu -China: ¿Final de un modelo, o
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más excedente social del que pudieran merecer (7).
Sus intereses fundamentales radicaban en la restauración de la propiedad
pri-vada, no en actuar indefinidamente como leales servidores públicos en
defensa de la propiedad común (8).
Decir que en la era de Mao la burocracia china ya
era capita-lista, como sostienen algunos maoístas, es como confundir el
presente continuo con el futuro: al sostener eso, aceptan erró-neamente la
opinión de Mao según la cual Liu Shaoqi era "un compañero de ruta
capitalista". No hay ninguna prueba de que Liu quisiera entonces el
capitalismo. Liu, o la burocracia en ge-neral, no habrían podido ser
capitalistas en los años sesenta, porque en aquel entonces el comercio era muy
escaso y ellos se apropiaban de una parte excepcionalmente grande del excedente
social bajo la forma de valores de uso y una pequeña suma de valor de cambio
(procedente de sus salarios), pero no verdadero plusvalor. Pero la burocracia,
por su naturaleza, no podía con-tentarse con un tipo de apropiación que les
negaba el derecho a transmitir sus privilegios a sus hijos. Tras la muerte de
Mao, el realineamiento de la relación de fuerzas sociales en China y en el
mundo dio a la burocracia la mejor oportunidad para romper
7 Los
partidarios de la "nueva izquierda" tratan de defender a la China de
Mao pintando un cuadro idílico de igualdad en la era de Mao. Aparte de ser una
distorsión de los hechos, el talón de Aquiles de su razonamiento reside en el
hecho de que ellos limitan su investigación al aspecto económico de igualdad,
olvidando que la igualdad política es más fundamental como cri-terio de
evaluación de cualquier movimiento que busca la emancipación del trabajo.
8 "Aunque
la burocracia soviética haya hecho mucho por la restauración burguesa, el nuevo
régimen se vería obligado a llevar a cabo, en el régimen de la propiedad y el
modo de gestión, una verdadera revolución y no una simple reforma (...) Los
privilegios que no se pueden legar a los hijos pier-den la mitad de su valor
(...) La victoria de la burocracia en ese sector deci-sivo crearía una nueva
clase poseedora" (León Trotsky, La revolución trai-cionada)
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las restricciones que pesaban sobre la propiedad
privada y con-vertirse en una clase capitalista. Decir que la actual burocracia
china se encuentra al servicio del socialismo es un error letal.
Una investigación sobre el actual paquete de
estímulo económico puede arrojar mucha luz sobre la agenda oculta de la
burocracia. El Gobierno se resiste a facilitar cualquier detalle sobre ese
paquete, incluso al Congreso del Pueblo, supuesta-mente la más alta institución
gubernamental de China. Dado que no debe cumplir criterio alguno de
transparencia ni está someti-do a ningún control democrático, el Gobierno no
distribuye los fondos del paquete de forma imparcial. Hasta la prensa
censura-da se ve en la necesidad de alertar contra la corrupción. El Legal
Daily dice que el paquete "causará una feroz competencia entre los
gobiernos provinciales por los proyectos" y que "tras estos grandes
proyectos siempre hay una gran corrupción" (9). Tam-bién por esa razón el
paquete se centra en la inversión en infra-estructuras, no en incrementar el
peso de los salarios en la renta nacional, aunque eso sería más eficaz para
incentivar la deman-da consumidora. Esto nos recuerda de nuevo que lo que define
el paquete o cualquier reforma son los intereses de la burocracia.
En contraste con lo ocurrido en el antiguo bloque
soviético, el PCCh ha tenido un gran éxito en la restauración del capitalismo,
porque ha podido hacerlo sin pagar el precio de su propia desin-tegración. Es
esto lo que da todas las ventajas y palancas de ac-ción al actual
Partido-Estado. Sólo de esta forma podía la buro-cracia reducir los salarios a
una cuantía mísera que permite una acumulación enloquecida de capital. Según un
informe del Ban-co Mundial, los salarios en China como parte del PIB cayeron
desde el 53% en 1998 al 41,4% en 2005, frente al 57% que re-presentan en EEUU
(China Economy Quarterly Update, febrero
9 http://legaldaily.com.cn/2007shyf/200811/14/content_981205.htm
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2007, World Bank Beijing Office, p. 6). La otra
cara de la mis-ma moneda es que la proporción entre los beneficios y el PIB se
ha elevado mucho en el mismo periodo. El investigador chino Wang Lianli ha
escrito que en la industria la proporción entre ganancias y salarios ha pasado
de 3,1 en 1990 a 7,6 en 2005 (Tigao laodong baochou, zheli yu chuci fenpei
-Raise the com-pensation of labour, focus on initial distribution-, Wang
Lianli, Xianggang Chuanzhen, Hong Kong Fax, Research Department of Citic
Pacific, nº 2007-90, p. 8). Los nuevos ricos, además de consumir de forma extravagante,
invierten o ahorran su dinero, por lo que las tasas de ahorro y de inversión
son sumamente altas. Durante décadas la inversión en China ha superado el 40%
del PIB, el doble que en EEUU, y está a la cabeza de los princi-pales países
asiáticos, incluyendo Corea en los momentos cul-men de la industrialización de
ese país (Rebalancing China's Economy, He and Kuijs, World Bank China Research
paper, nº 7).
Sin embargo, las fuerzas del desarrollo capitalista
no pueden promover la polarización entre ricos y pobres sin crear obstácu-los
para su posterior desarrollo. Las altas ganancias hechas a costa de exprimir
los salarios fomentan, a largo plazo, la dismi-nución del consumo privado.
Entre 1992 y 2006 la ratio consu-mo privado/PIB ha caído de un 47% a un 36%,
mientras que en Corea del Sur, India, Gran Bretaña, Australia y Japón está en
torno al 50% (The Economists, "A Workers' Manifesto for Chi-na",
11/10/2007).
Según el Banco Mundial, la mayor parte de la
disminución del consumo privado en China puede explicarse por la disminu-ción
de los salarios en proporción al PIB. Así, la rápida acumu-lación de China,
lograda al precio de la explotación brutal de trabajadores y campesinos,
retroactúa creando graves desequili-brios en el consumo y la inversión, o, para
decirlo con más pre-
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nacimiento de otro? - p. 16
cisión, creando subconsumo y sobreinversión,
dejando capaci-dad productiva ociosa y provocando que la inversión dependa cada
vez más de la exportación de bienes y de capitales.
La exportación del problema crea más problemas
En 1998 el Comité Estatal para la Economía y el
Comercio emitió un documento político: Index of Over- Invested Products for
Moving Abroad. El título del documento explica su conteni-do. La exportación
solucionaría la excesiva capacidad de China y los problemas internos. El
informe señalaba una primera hor-nada de industrias y productos que debían
orientarse hacia el exterior: industria ligera, maquinaria y electrónica,
motocicletas, refrigeradores y televisiones... (China International Economic
Consultants Co. Ltd.)
La exportación de bienes creció rápidamente, pero
la expor-tación de capital sólo empezó a crecer a pasos agigantados desde el
año 2000. Al año siguiente, el primer ministro Zhu Rongji proclamó oficialmente
la estrategia de expansión mundial (Pre-liminary Report on China's Going Global
Strategy, Globaliza-tion Monitor, 2009). En muy poco tiempo China se ha
converti-do en acreedor de los países en vía de desarrollo, especialmente de
los africanos.
Arrighi escribe en un artículo que China sigue
siendo socia-lista o no-capitalista y una alternativa al capitalismo global,
rechazando la acusación de que el papel de China en África es colonialista,
pero admitiendo que sí es un papel capitalista.
Según el artículo China's Role In Africa (Jian
Jumbo, Beijing Review, nº 6, febrero 2007), "Aunque China no sea
colonialista, en África actúa como un capitalismo exitoso. El camino tomado en
ese continente es compatible con la lógica del capitalismo de mercado: comercio
liberal basado en contratos justos.. Aunque
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nacimiento de otro? - p. 17
para muchos el capitalismo implica explotación, los
capitalistas de China tienen que limitar su explotación dentro del marco de la
OMC y cumplir con las leyes locales" (10).
También se ha dicho que China, de algún modo, ha
desarro-llado su propio modelo alternativo a la globalización dirigida por el
capital estadounidense, el denominado "Consenso de Bei-jing". Pero,
incluso admitiendo la existencia de ese "Consenso de Beijing", nada
tendría que ver con el socialismo. Ambos están al servicio del capitalismo, ese
mismo modo de acumula-ción sumamente hostil a los trabajadores, al Estado de
bienestar y a los derechos democráticos. El hecho de que China "sólo"
privatizase las pequeñas y medianas empresas estatales, dejando las grandes en
manos del Estado, o de que el PCCh optase por una transformación gradual hacia
el capitalismo en vez de una terapia de choque, o de que el Estado aún tenga
una fuerte inter-vención sobre "el libre mercado" y de que se permita
que los funcionarios locales e incluso rurales tomen iniciativas para la
industrialización, etc., no constituye algo considerablemente diferente del
neoliberalismo (11). Si el Partido-Estado conserva el control sobre la cúpula
de la economía, no se debe a ninguna supuesta adhesión al socialismo, como
Arrighi sugiere; más bien se debe simplemente a que la elite dirigente no
tolera la idea de regalar a nadie el sector más rentable de la economía. Si el
"Consenso de Beijing" compite con el "Consenso de Washing-
10 Beijing
Review es la revista oficial del PCC
11 A pesar del
tsunami financiero que puso al neoliberalismo en cuestión, el Consejo Estatal
acaba de lanzar su plan para hacer de Shanghai un centro financiero
internacional en 2020, lo que tendrá como requisito previo la re-lajación del
control de capitales y la convertibilidad del yuan. Esto no es una señal de que
se esté construyendo una alternativa popular a la globali-zación conducida por
EEUU, ni es un llamamiento del gobierno chino a la creación de una nueva moneda
de reserva internacional que sustituya al dólar. China eyes eastern metropolis
for economic boost, 25/3/2009
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nacimiento de otro? - p. 18
ton" eso sólo significa que el Partido-Estado
chino quiere jugar con las mismas cartas que su competidor.
En último análisis, pese a las tensiones
ocasionales, la cola-boración económica China-EEUU funcionó bien para ambas
partes hasta hace poco. También hay una dimensión de intensa competencia entre
ellos, pero se trata de una lucha entre grandes potencias capitalistas por la
hegemonía, que nada tiene que ver con la lucha entre una alternativa progresiva
y el malvado Impe-rio.
Ante la crisis económica mundial, importantes
miembros de la elite estadounidense apuntan su dedo acusador hacia China,
culpando a ésta de la crisis por su alta tasa de ahorro. El Gobier-no chino ha
reaccionado burlándose de los EEUU por culpar a otros cuando el culpable es el
alto gasto estadounidense. En rea-lidad, ambos tienen razón, porque la
colaboración económica entre EEUU y China es en realidad una unidad de
contradiccio-nes. Ante los mismos problemas de carencia de poder adquisiti-vo
de la gente común, las elites dirigentes de China y EEUU tomaron decisiones
económicas que son, al mismo tiempo, opuestas y complementarias. Por ejemplo,
China, pese a ser un país pobre, dio crédito a EEUU para que este país pudiese
im-portar productos chinos. Cada uno a su modo, solucionaron momentáneamente
sus problemas y siguen beneficiándose de ello. China tuvo que pagar más por la
colaboración, pero consi-guió lo que quería. A costa de una menor parte del
beneficio para las empresas chinas, el Gobierno chino obtuvo una palanca muy
poderosa para influir en las decisiones estadounidense. Si el Gobierno
estadounidense apostase demasiado a la baza T-T (Tíbet y Taiwan), el PCCh puede
tomar represalias vendiendo sus reservas de bonos estadounidenses, perturbando
el mercado monetario y el presupuesto gubernamental. Por lo tanto, EEUU y China
quieren mantener este tipo de colaboración, a costa de
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Au Loong Yu -China: ¿Final de un modelo, o
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un desequilibrio mundial a más largo plazo. Ahora,
ambos bus-can un modelo de crecimiento alternativo, pero no va a ser fácil. El
Gobierno chino está profundamente preocupado por la conti-nua caída del valor
de sus reservas en divisas, pero vender sus reservas en bonos estadounidenses
no es una opción. La colabo-ración ha interelacionado tanto ambas economías que
la venta de esas reservas daría lugar a situaciones catastróficas para ambas
partes.
Las reglas ocultas al servicio de la agenda oculta
de la burocracia
Arrighi aplaude el modelo chino por su
"acumulación sin desposesión", pero eso es una verdad a medias.
Aunque los campesinos hayan conservado su pequeño trozo de tierra en el curso
de la veloz industrialización -como ya habíamos reconoci-do tiempo atrás (12
)-, no hay que olvidar que mantener el dere-cho a cultivar un pedazo de tierra
ha tenido un alto coste para los campesinos, especialmente bajo la forma de
impuestos y tasas tan elevadas desde los noventa hasta 2006 que prácticamente
llevaron a la bancarrota de los campesinos. El problema "de las
tijeras" (la relación inversa entre los precios de los productos
industriales y de los productos agrícolas) fue la gota que des-bordó el vaso.
Quedaron sin ahorros y sin dinero en efectivo. Millones de migrantes rurales
comenzaron a confluir en las ciu-dades buscando empleo y terminaron siendo
brutalmente explo-
12 Au Loong
Yu, The Post MFA era and the rise of China (Solidarity, 2005). Arrighi ha
citado con aprobación en su libro esa parte del artículo para de-mostrar que
China sigue siendo socialista, cuando el autor sostiene ahí sos-tiene todo lo
contrario: que a pesar de que la reforma agraria como fruto de la revolución
permanece intacta en gran medida, muchos otros logros revo-lucionarios han sido
deshechos y China es incuestionablemente capitalista. Ver Arrighi, id., p. 370.
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tados por los capitalistas. Esta es la desposesión
oculta, que Arrighi no ha tenido en cuenta. Y a esa desposesión hay que sumar
la sufrida por 100 millones de trabajadores de empresas estatales y colectivas,
que, de ser "propiedad de todo el pueblo", pasaron a ser sociedades
por acciones.
Por el momento, los campesinos aún tienen sus
pedacitos de tierra, pero nada está garantizado. Tras privatizar las empresas
estatales y el suelo urbano, la burocracia y los nuevos ricos han fijado su
atención en una tercera ola privatizadora: la privatiza-ción del suelo rural.
Aunque la cúpula del PCCh aún no se ha decidido a afrontar la rebelión que esto
podría comportar, los neoliberales, al servicio de las burocracias locales y de
las elites empresariales, no han dejado de presionar al Gobierno para que lo
haga.
Para pasar a un modelo de crecimiento más basado en
la de-manda interna sería necesaria una redistribución de la riqueza. Los
capitalistas burocráticos y sus hermanos menores, los capi-talistas privados,
no permitirían sin lucha el trasvase de una par-te de sus beneficios hacia los
trabajadores, pese a la retórica del Gobierno central sobre considerables
incrementos de los salarios sociales. Aunque el Partido-Estado dispone de más
palancas y de más poder de intervención sobre la crisis económica que los gobiernos
de muchos otros países, los propios intereses de la burocracia también
contrarrestan en parte esas ventajas. Por tan-to, puede excluirse que se
alcance el objetivo de un nuevo equi-librio a largo plazo de la economía, sobre
la base de una redis-tribución sustancial de la riqueza para ampliar el mercado
inter-no, aunque sea posible un limitado éxito a corto plazo en la con-tención
de la crisis por medio de más intervención estatal. Inclu-so podría pensarse
que la economía china pueda seguir crecien-do pese a su limitado mercado
interno, exportando su problema
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a otros lugares, en este caso a países en vía de
desarrollo y a costa de la gente trabajadora de esos países.
Los dirigentes chinos se parecen mucho a lo que fue
la junta militar coreana [1961-1987], pero a una escala diez veces ma-yor: un
régimen autoritario que apoya activamente la rápida acumulación y la
exportación a costa de la gente trabajadora y negando los derechos civiles y
laborales básicos (13). Para Nao-mi Klein, el régimen de China es comparable al
Chile de Pino-chet: libre mercado combinado con un control político
autorita-rio, reforzado con una represión ejecutada con mano de hierro (Naomi
Klein, The Shock Doctrine, NY: Metropolitan Books, 2007, p. 185). La crisis
financiera ha aumentado la confianza del
PCCh en su capacidad para seguir gobernando con esa
mano de hierro (14).
¿Por qué todavía hay tantos que no reconocen la
verdadera imagen de China? Uno de los motivos es que se toman al pie de la
letra la retórica de la burocracia y creen que realmente se apli-ca la política
oficial china para erradicar la pobreza, aumentar los ingresos de los
campesinos y adoptar leyes laborales de pro-
13 Pero Corea
fue hostil a la inversión de capital extranjero hasta la finaliza-ción de su
período de industrialización, lo que está en evidente contraste con la
experiencia de China.
14 En marzo de
2009, Wu Bangguo, Presidente del Comité Permanente del Congreso Nacional
Popular, dijo al Congreso que China nunca sería una simple copia del sistema de
los países occidentales ni introduciría un siste-ma multipartidista con
alternancia gubernamental. Los académicos nacio-nalistas son aún más explícitos
en su desdén por los derechos humanos y la democracia. Huang Xiaojing escribió
en su ensayo sobre la crisis financiera que "tanto China como Rusia están
cada vez más convencidas de que la su-puesta democracia y los derechos humanos
no contribuyen en nada a la es-tabilidad del Estado y a su continua
prosperidad". Citado a partir de CITIC Pacific Research Advance,
19/2/2009. Huang fue investigador del bien co-nocido Economic Institutional Reform
Committee en los ochenta y ahora es jefe de personal de Mitsui Co. Ltd.
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tección de los trabajadores. Al parecer no son
conscientes de que las leyes y regulaciones escritas no son necesariamente
vincu-lantes en la práctica. Desde los años cincuenta, la burocracia china
gobierna usando un conjunto de reglas ocultas y no escri-tas, al igual que en
los dos mil años anteriores en los que China fue gobernada por una burocracia
profesional con el Emperador en la cúspide. El objetivo de las reglas ocultas
es obvio: están al servicio de la agenda oculta de la burocracia, esto es, del
enri-quecimiento de ésta.
Un tercer elemento activo en las políticas de la
burocracia es el guanxi (15), un concepto central para entender la política
chi-na. En su más amplio sentido es una red personal de influencias, pero es
más adecuado entenderlo como una relación clientelar o incluso de tipo mafioso.
La burocracia china está organizada, de hecho, en camarillas que hacen caso
omiso de las leyes y regu-laciones, e incluso de la autoridad de los gobiernos
centrales. Constituyen los más poderosos obstáculos materiales en todos los
ámbitos del gobierno y para el cumplimiento de las leyes.
La revolución de 1949, pese a sus logros, también
fue bu-rocráticamente deformada de manera muy profunda, dando lu-gar a la
reconstrucción de una burocracia poderosa. En parte, la burocracia ha logrado
librarse de todas las restricciones legales aportadas por la revolución y por
la constitución, y transformar-se finalmente en una nueva clase explotadora,
gracias a esa larga tradición de políticas burocráticas: agenda oculta, reglas
ocultas y guanxi. Esto no niega la posibilidad de reformas futuras, pero cualquier
reforma significativa en el Partido-Estado es inconce-bible sin una
considerable agitación social. Los trabajadores ya
15 Si se busca
"guanxi" en google se encuentran más de un millón de entra-das. Hay
muchos libros sobre ese tema, a menudo considerados como ne-cesaria lectura
para hacer negocios en China.
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han resumido sus experiencias en un lema:
"Gran lucha, grandes logros; pequeña lucha, pequeños logros; ninguna
lucha, ningún logro"
El futuro de China
A la vista de la bancarrota del libre mercado, no
cabe duda de que el Estado monopartidista de China tiene más ventajas que los
Estados Unidos o el Reino Unido a la hora de imponer me-didas contracíclicas. A
largo plazo, esto puede suponer el ascen-so de China como una gran potencia si
el Estado monopartidista no es cuestionado socialmente. Esto no sólo sería un
desastre para los trabajadores chinos, sino también para el movimiento obrero
mundial, porque implicaría una carrera acelerada hacía mínimos, con un nuevo
estándar laboral mundial marcado por el capitalismo cuartelario chino.
Sin embargo, el éxito de ese capitalismo
cuartelario no está predeterminado, ni mucho menos. La hegemonía del
Partido-Estado funciona de modo contradictorio. Es eficaz para contro-lar al
pueblo, pero va perdiendo el control sobre sí mismo. No puede controlar su
propia avaricia, ni su corrupción, ni a sus propios miembros: pese a que el
Gobierno central lleva décadas emitiendo instrucciones para que el número de
empleados públi-cos disminuya, éste sigue ampliándose. El escándalo de la leche
contaminada sólo es un ejemplo de la profundidad de la corrup-ción, lo que
causa una honda desconfianza y odio hacia los fun-cionarios gubernamentales,
así como una desintegración del tejido social, llevando al pueblo al borde la
rebelión. El resenti-miento contra los funcionarios es tan alto que el más
pequeño conflicto en la calle puede provocar una gran confrontación en-
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tre la policía y una muchedumbre (16). La represión
se está con-virtiendo en su propia antítesis. Puede dificultar el plan de las
autoridades para descargar el peso de la crisis sobre la clase tra-bajadora. En
resumen, la futura orientación de China va a de-pender de una prolongada
confrontación social entre los posee-dores y los desposeídos.
No obstante, por ahora no hay muchas razones para
el opti-mismo. La burguesía privada es un simple apéndice de la buro-cracia.
Los intelectuales siguen desplazándose hacia la derecha. Los liberales son más
bien neoliberales (17 ) y muchos de los más conocidos miembros de la
"nueva izquierda" han completado su travesía hacia el nacionalismo,
convirtiéndose algunos en apolo-gistas del Partido-Estado monolítico, tanto por
su pasado como por su presente (18). La situación de la juventud parece no ser
mucho mejor. Un comentario colocado en Internet en fecha cer-cana a la
conmemoración del noventa aniversario del Movi-miento 4 de mayo (un movimiento
juvenil que en 1919 aspiró a la libertad individual, la democracia y el
renacimiento nacional) reflejó la profunda apatía política de jóvenes: "La
juventud sólo se preocupa por sus intereses personales, y las ideas del Cuatro
de mayo están ya anticuadas". Los graduados universitarios ya
16 Las
autorizades chinas se indignaron en 2008 cuando un asesino solitario, cercado
por la policía, mató a seis agentes y obtuvo el aplauso de muchos ciudadanos.
17 La Carta
2008 pide explícitamente la privatización de las tierras de labran-za. Para más
información, ver el artículo del autor A Human Right Charter which Excludes
Working People
18 Por
ejemplo, el bien conocido "nuevo izquierdista" Gan Yang escribió en
Dushu un elogio simultáneo de Confucio, Mao Zedong y Deng Xiaoping, viendo a
los tres como sucesores de la gran cultura china. También decía que la mayor
parte de los cuadros del partido cuidan de las clases inferiores y que no es
verdad que una alianza de las elites haya consolidado su propio poder y
excluido deliberadamente a los pobres. Ver Dushu, j unio de 2007.
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han experimentado la movilidad social descendente,
pues las altas tasas de crecimiento no han creado empleos al mismo rit-mo, pero
entre ellos no prospera la idea de unirse a los trabaja-dores en una lucha
común, a diferencia de lo que hicieron en el pasado los estudiantes coreanos.
Todavía se sienten los efectos del golpe que el PCCh asestó al estado de ánimo
popular tras el estallido de 1989.
Perspectivas del movimiento obrero
Sin embargo, a diferencia de lo que ocurrió en el
antiguo bloque soviético, la acelerada industrialización es un aspecto positivo
de la restauración capitalista en China. La clase obrera asalariada aumenta
constantemente, siendo ya la mitad de la población trabajadora en China y la
cuarta parte de la población asalariada de todo el mundo. Al encontrarse en el
centro de la producción y la distribución, son potencialmente una fenomenal
fuerza social, la única fuerza capaz de frenar y, finalmente, de revertir la
dirección que China está siguiendo.
Creo que, por el momento, esta clase trabajadora
sólo es una "clase en sí". No existe un movimiento sindical en
sentido es-tricto. La Federación Pan-China de Sindicatos (ACFTU) es parte del
aparato del Estado y monopoliza el derecho a formar sindi-catos. Aunque aún
juega algún papel de coacción, como en la ejecución de la "planificación
familiar" (emitiendo un "permiso de embarazo" para las
trabajadoras como prueba necesaria de la "legalidad" del embarazo),
las épocas de Mao y Deng son dife-rentes. Antes de la reforma, los sindicatos
oficiales también eran responsables de asignar vivienda a los trabajadores y de
pagar sus facturas médicas. No son cosas sin importancia. Lamenta-blemente,
esos beneficios se perdieron con la plena restauración del capitalismo. En las
empresas estatales que fueron privatiza-
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das las secciones de la ACFTU perdieron
prácticamente todas sus funciones en relación a prestaciones sociales, excepto
para ocasionales actividades recreativas, pero conservan sus funcio-nes
represivas.
Hay una tendencia de las secciones sindicales a
distanciarse del control directo de la ACFTU nacional y local, pero sólo para
convertirse en herramienta directa de los nuevos jefes. En las empresas
privadas las secciones sindicales sólo son una formali-dad y es frecuente que
las presidan los jefes del personal. No es casual, por tanto, que la proporción
de los salarios sobre la renta nacional haya bajado hasta un nivel tan
deplorable, a pesar de la presencia del presidente de la ACFTU en el Buró
Político del PCCh y a pesar de los 193 millones de miembros con que cuenta esa
entidad. La ACFTU nunca lucha contra el Estado o los pa-trones, sea cual sea el
trato dado a los trabajadores (19).
A partir de 2006, pareció que la ACFTU se mostraba
más ac-tiva en la organización de los trabajadores de la cadena estadou-nidense
Walt-Mart en China, lo que algunos sindicalistas extran-jeros vieron como un
signo positivo. En realidad, dos años des-pués el principal organizador
sindical en esa cadena, Gao Hai-tao, presidente de la sección sindical en
Nanchang, fue forzado a dimitir del sindicato y de la empresa, tanto porque los
directivos de la empresa ignoraban a su sindicato en la negociación colec-tiva
como porque la ACFTU Nacional había apoyado práctica-mente a la patronal,
poniendo las cosas muy difíciles para Gao, que, profundamente frustrado, se fue
de Nanchang.
19 La
caracterización de la ACFTU como parte del aparato represivo estatal es una
cosa, y otra distinta la estrategia y la táctica a adoptar por los activis-tas
hacia ella. Aunque sean problemas relacionados, son problemas diferen-tes que
requieren enfoques diferentes.
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Otro ejemplo reciente el que la ACFTU asfixió al
sindicalis-mo de base es el "caso Ole Wolff", empresa danesa que
gestiona una planta electrónica en Yantai, provincia de Shangdong. En 2006, las
trabajadoras decidieron formar una sección sindical tras una huelga de protesta
contra los recortes salariales y los despidos. Se encontraron con la hostilidad
de la ACFTU local, aunque finalmente lograron registrar el sindicato. En dos
años, la dirección de la empresa despidió a un 90% de la plantilla, incluyendo
a casi toda la dirección del sindicato, y la ACFTU local no hizo nada en
absoluto. La sección sindical, siguiendo un camino inédito en China, escribió a
3F, el sindicato danés, pi-diendo solidaridad y una respuesta receptiva a su
mensaje. El sindicato 3F presionó a Ole Wolff y logró que la empresa
in-demnizase a seis delegadas despedidas tras la formación del sindicato, pero
no consiguió que la empresa negociase con la sección sindical. A finales de
2008, la ACFTU nacional felicitó a la empresa por cumplir las leyes, lo que era
falso (20).
En la provincia de Guangdong actuán ahora varias
asesorías para trabajadores, algunas creadas desde Hong Kong y otras fruto de
iniciativas locales. A menudo estas asesorías utilizan un registro comercial
con un único propietario, ya que no puede obtenerse permiso para funcionar como
asociación de trabajado-res. Son tan vulnerables que muchas de ellas evitan
actuar en áreas industriales, ya que las autoridades locales odian la idea de
que estos centros puedan tener un estrecho contacto con los tra-bajadores.
Dagongzhe (Trabajadores) era un centro de trabajado-res situado en el área
industrial de Shenzhen. Su responsable, Huang Qingnan, sufrió graves heridas
cuando, el 20 de noviem-
20 La sección
sindical informó de ello en su blog, incluyendo las respuestas recibidas de la
ACFTU Nacional y de la central sindical danesa. Puede ver-se el informe en
Globalization Monitor
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bre de 2007, fue atacado por gángsteres armados con
cuchillos; posteriormente tuvieron lugar numerosos ataques contra el cen-tro.
Además, los trabajadores de estos centros son
heilushi, o "abogados descalzos", a menudo autodidactas sin
reconocimien-to legal para ejercer ninguna profesión jurídica. Algunos de ellos
son trabajadores que se han familiarizado con las leyes laborales tras años de
acciones legales contra sus patrones. En general, tanto los centros de
trabajadores como los "abogados descal-zos" cuentan con la hostilidad
de la ACFTU provincial, que los ve como potencial fuente de disturbios y como
competidores. En una ocasión, en la ciudad de Guangdong, la ACFTU abrió un
centro oficial con el mismo nombre que otro centro de trabaja-dores fundado
mucho antes por ciudadanos comunes; su propó-sito era competir con éste. En
2007 se supo que la ACFTU de Shenzhen se alió con la administración local para
arremeter con-tra los "abogados descalzos" y contra el centro de
trabajadores. Tras los palos vinieron las zanahorias: la ACFTU de Shenzen captó
a sesenta de ellos, que se comprometieron a no ponerse en contacto con periodistas
extranjeros y no buscar financiación en agencias extranjeras (Xinhua Red,
16/12/2007).
Sin embargo, hay dificultades más profundas que la
repre-sión para la emergencia de un movimiento obrero. Ante todo, la honda
división entre los trabajadores del sector estatal y los tra-bajadores
migrantes de origen rural. La división es tan profunda que no sólo no hay lucha
común, sino que tampoco hay prácti-camente intercambios de ideas ni matrimonios
entre personas de ambos sectores. Aunque los trabajadores migrantes no han
expe-rimentado la derrota devastadora que sufrieron los trabajadores del sector
estatal, tampoco ellos poseen memoria colectiva como clase. Son nongmingong,
"obreros campesinos", más campesi-nos que obreros, no porque
realmente cultiven la tierra -de
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hecho, la mayor parte de ellos rara vez lo hacen-
sino porque el sistema hukou actúa como una especie de apartheid social,
ex-cluyéndolos de crear nuevas familias en las ciudades y de enrai-zarse en
ellas. No importa cuanto tiempo se queden en las ciu-dades: son conscientes de
la temporalidad de esa situación. Así es muy difícil forjar una identidad de
clase.
Pero tampoco son completamente pasivos. Los
trabajadores migrantes de origen rural han organizado numerosas huelgas
espontáneas contra sus jefes y contra las autoridades locales. Estas huelgas
espontáneas a menudo logran victorias parciales, y son tan comunes que la
prohibición de hecho de las huelgas (21) ha quedado muy maltrecha y las
administraciones locales han tenido que aprender a vivir con ellas.
Organizarse es aún muy difícil, y sin organización
la resis-tencia de los trabajadores sigue estando fragmentada y resulta poco
eficaz de cara a conseguir una redistribución sustancial de la riqueza o un
aumento de la confianza en la resistencia colecti-va. Probablemente, la
siguiente etapa de lucha desafiará la prohibición de organizarse, aunque nadie
sabe qué forma tomará esa fase. Las luchas espontáneas de los trabajadores han
alcan-zado el objetivo inesperado de preparar a pequeños círculos de activistas
individuales, en torno del que podría salir una red más o menos integrada de
activistas. Tanto los patrones como las autoridades tendrán que convivir con
esto, siempre y cuando que los activistas aprendan a combinar coraje y
prudencia.
Los primeros procesos de organización no se limitan
a los trabajadores. En el reciente caso de la leche contaminada, las víctimas
han fundado de hecho su propia organización, haciendo oír sus voces, y las
administraciones locales hasta ahora sólo se
21 No hay
ninguna ley que prohíba las huelgas. La prohibición era una prohi-bición de
facto.
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han atrevido a acosarles, pero no a dispersar su
organización, pues una acción similar podría conducir a una explosión de
des-contento social. Por el momento son casos aislados, pero la pre-sente
crisis económica dará más espacio para que los activistas desarrollen al menos
una estrecha red, si es que no pueden crear organizaciones legalmente
reconocidas.
Un obstáculo aún más difícil de vencer es que el
socialismo está profundamente desacreditado. Si uno habla del socialismo a un
trabajador activista, muy a menudo su respuesta será: ¿cómo podemos construir
algo nuevo usando la vieja mierda del parti-do comunista? En verdad, el grado
de decepción sobre el socia-lismo es diferente según las industrias y regiones
de que se trate, pero la apatía general hacia la izquierda política es
demasiado obvia para negarla. Quizás una victoria de la izquierda en algu-nos países
pudiera reanimar la credibilidad del socialismo en China.
El Partido-Estado chino es mucho más fuerte que el
régimen de Suharto en Indonesia en vísperas de 1997, pero, aunque aquí no es
muy probable un derrumbe inmediato como el ocurrido en Indonesia, queda todavía
la esperanza de una extensión gradual de asociaciones civiles y organizaciones
de trabajadores autó-nomas. Los activistas deben aprender a ser pacientes en
esta larga confrontación entre los poseedores y los desposeídos. Hay que añadir
que, dada la ausencia de libertad de expresión, es muy difícil que los
comentaristas chinos o extranjeros conozcan la verdadera situación de China.
Por tanto, cualquier evaluación del futuro desarrollo de China está obligada a
ser más especula-tiva que científica. Debemos prepararnos para conmociones y
sorpresas en los meses y años venideros. ■
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