© Libro No. 738. Che
Guevara, el sujeto y el poder. Kohan, Néstor. Colección E.O. Abril 26 de
2014.
Título original: © Che Guevara, el sujeto y el poder. Néstor Kohan
Versión Original: © Che Guevara, el sujeto
y el poder. Néstor Kohan
Circulación
conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:
http://lahaine.org/amauta/b2-img/nestor_sujeto.pdf
Licencia Creative Commons:
Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar,
difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la
fuente.
La
Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras,
no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus
respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los
Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de
textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida
su comercialización.
Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los
autores
No
comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines
comerciales
No
derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este
texto.
Portada E.O. de
Imagen original:
http://mla-s2-p.mlstatic.com/nestor-kohan-el-sujeto-y-el-poder-che-guevara-303-MLA4680891337_072013-F.jpg
© Edición, reedición y Colección Biblioteca
Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Che Guevara
el
sujeto y el poder
Néstor
Kohan
INDICE
Primera parte
• ¿Por qué el
Che?
• El Che
Guevara y la filosofía de la praxis
• Por la
revolución mundial (Un comentario al “Mensaje a los pueblos del mundo a través
de la Tricontinental”)
• Otro mundo
es posible...con la revolución socialista (El internacionalismo del
Che)
• Marx y la
discusión sobre la enajenación en la búsqueda filosófica del Che
• El
humanismo guevarista y el posmodernismo (El sujeto y el poder)
• Estímulos
morales y materiales en el marxismo de Guevara
• Sobre los
estudios de filosofía (acerca de la carta del Che a Armando Hart Dávalos de
1965)
• Sobre la
crítica de la economía política (acerca de las Notas del Che sobre el
Manual de Economía Política de la Academia de
Ciencias de la URSS, Praga,
1966)
• Ni bronce
ni mármol
Segunda parte
• La palabra
y la acción (Entrevista a Paco Ignacio Taibo II, biógrafo del Che)
• ¿Foquismo?
(A propósito de Mario Roberto Santucho y la tradición guevarista)
• Pensamiento
Crítico (La revolución en la cultura y la cultura de la revolución cubana)
• El hombre
sin el mito (A propósito de Ernesto Guevara, también conocido como el Che de
Paco Ignacio Taibo II)
• Palabras ardientes
(A propósito de la compilación
La Revolución, escritos esenciales de Ernesto Che Guevara)
• Tiempo de
revolución (A propósito de Pombo, un hombre de la guerrilla del Che de Harry
Villegas Tamayo)
• Pensar la
revolución (Entrevista a Fernando Martínez Heredia)
• Confesiones
de invierno (A propósito de Alabados sean nuestros señores. Una educación
política de Régis Debray)
• Las
enseñanzas del Che (Entrevista a Harry Villegas Tamayo “Pombo”)
Para Gabriela, por
el amor y la paciencia
Nota introductoria
Che Guevara, el sujeto y el poder agrupa un
conjunto de ensayos, clases, artículos, entrevistas y reseñas bibliográficas
que giran invariablemente en torno al pensamiento, la vida, la obra y la
práctica política del gran revolucionario argentino, cubano, latinoamericano y
mundial. Algunos textos aparecieron publicados en forma aislada en periódicos
argentinos, en revistas mexicanas o cubanas. Las clases aquí incluidas (aunque
fueron posteriormente corregidas y reelaboradas) formaron inicialmente parte de
la “Cátedra Libre Ernesto Che Guevara” que coordino (junto con Claudia Korol)
en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Mi agradecimiento para Pablo
Kilberg y Delia Matute por haberlas desgrabado. Mi reconocimiento para Luciano
Álzaga por haberlas trabajado en el sitio de internet Rebelión. Algunas entrevistas
y ensayos son
completamente inéditos. Uno
de los artículos
fue publicado -sin firma- en el periódico Madres de Plaza de Mayo. Al
comienzo de cada texto se indica el origen del mismo. Para los antecedentes
latinoamericanos del pensamiento del Che y la influencia de la revolución
cubana en la cultura política argentina remitimos a nuestro De Ingenieros al
Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano (Buenos Aires,
Biblos, 2000. Prólogo de Michael Löwy. Reeditado en Cuba: La Habana, Centro de
Investigación Juan Marinello, 2003. Prólogo Armando Hart Dávalos).
Primera Parte
¿Por qué el Che? (1)
Nos educaron para
la obediencia.
Nos enseñaron a bajar la cabeza y no mirar a los
ojos. Nos disciplinaron para decir siempre que sí.
Nos indujeron a rechazar todo camino que no sea el
electoral-parlamentario.
Nos
intentaron convencer, de
manera “científica” y
“pragmática”, que no
es viable el socialismo y menos que nada en un
continente del Tercer Mundo.
Nos demostraron una y mil veces que América latina
es subdesarrollada y vive en crisis permanente por la falta de capitalismo, por
la falta de inversiones, por la falta de capitales.
Nos machacaron con que “El Estado somos todos”.
Nos volvieron a insistir con que “Todos somos
iguales ante la ley”.
Nos castigaron y nos golpearon en nombre de “La
división de poderes”. Nos reclamaron comprensión.
Nos pidieron que apoyemos a la burguesía nacional
“en nombre de la Patria”. Nos censuraron.
Nos reprimieron. Nos ilegalizaron.
Nos endeudaron. Nos explotaron. Nos expropiaron.
Nos dejaron sin trabajo. Nos persiguieron.
Nos secuestraron. Nos humillaron. Nos violaron. Nos
torturaron. Nos desaparecieron.
Más tarde...
Nos mostraron el camino de la reconciliación. Nos
volvieron a solicitar comprensión.
1 Texto leído en el auditorio de la Universidad
Popular Madres de Plaza de Mayo el viernes 14 de junio de 2002 en un homenaje
al Che en el día de su nacimiento.
Nos inculcaron el culto a la PAZ.
Nos pidieron todos los días la otra mejilla.
Nos volvieron a obligar, ahora en nombre de “La
Democracia”, a bajar la cabeza y obedecer. Nos dieron mil ejemplos y uno más de
que la Revolución hoy es imposible.
Pero el ejemplo del Che sigue vivo.
Insoportablemente vivo. Por eso lo recordamos en esta Cátedra Libre. Por eso lo
homenajeamos junto a las queridas Madres de Plaza de Mayo y todas las
compañeras y compañeros con las que hacemos día a día esta Universidad Popular.
Por eso estudiamos cómo el Che desnudó el camino
del atraso, la miseria, la desocupación, el hambre y el subdesarrollo
latinoamericanos: no como un destino metafísico inmodificable sino como la
consecuencia necesaria y estructural del desarrollo desigual, combinado y
dependiente del capitalismo mundial y el imperialismo.
Por eso insistimos con el Che en que no hay que
apoyar nunca más a la burguesía nacional, que sólo tiene de “nacional” la
escarapela y sólo se acuerda de la patria en tiempos del mundial de fútbol.
Por eso insistimos con el Che en que las Fuerzas
Armadas y el Ejército argentino son un ejército opresor, un ejército de
ocupación, un ejército al servicio de nuestros enemigos, los enemigos de
nuestro pueblo. Un ejército que aunque habla nuestro mismo idioma y tiene una
retórica “nacionalista” está al servicio del imperialismo.
Por eso junto al Che rechazamos todas las
reconciliaciones, todos los perdones, todas las paces con nuestros verdugos.
Nada de diálogo ni de mejillas ingenuas ofrecidas mansamente a nuestros
enemigos de ayer, de hoy y de siempre.
Por eso de la mano del Che seguiremos insistiendo
en que el único camino de las transformaciones sociales no pasa necesariamente
por el Parlamento y el consejo deliberante.
Por eso caminando al lado del Che continuamos
creyendo en el socialismo como la única alternativa mundial, política y ética
al mismo tiempo, frente a la barbarie capitalista globalizada.
Por eso, querido Ernesto Che Guevara, hoy te
recordamos con alegría y esperanza. Porque tu proyecto sigue siendo el nuestro.
En la política y en la vida cotidiana.
El Che Guevara
y la filosofía de la praxis (2)
Aniquilar e incorporar. En esos dos movimientos se
articulan y condensan las estrategias
que los poderosos
han desarrollado frente
al Che. Una
vez capturado, lo asesinaron, despedazaron su cadáver y como
a tantos otros compañeros, lo “desaparecieron”. Luego, se dedicaron
pacientemente a incorporarlo.
Como a todos los revolucionarios -muchos de ellos y
ellas anónimos, que no tuvieron la suerte de ser conocidos como el Che pero que
sin duda alcanzaron su misma estatura moral- se los ha tratado de manipular, de
trivializar. Se los ha querido convertir en objeto de consumo y revival. Que
nunca lo logren sólo depende de nosotros, de nuestra lucha, de la
capacidad que tengamos
para que sigan
acompañándonos no desde
las vidrieras ni las
librerías del shopping sino desde la calle, el colegio, la fábrica, la
universidad, las movilizaciones.
El estudio del Che necesariamente nos remite a una
lucha por su herencia, a un combate.
En esa pelea,
la apropiación burguesa
del Che reposa
sobre tres tipos
de operaciones ideológicas:
En primer lugar, se lo intenta desvincular de la
revolución cubana, de su dirección revolucionaria -que él contribuyó a crear y
de donde emergió como cuadro y dirigente- y del innegable impulso que aquella
dio a la revolución continental. En segundo lugar, se pretende presentarlo como
un empirista y un pragmático, absolutamente desprovisto de cualquier nexo con
la teoría social y filosófica marxista. Y en tercer lugar, se lo convierte en
un mito y una imagen desligado de su proyecto y al cual se reverencia “independientemente
de sus ideas” o “a pesar de ellas”.
Esta
última operación es
quizás la más
fácilmente identificable. En las revistas, diarios, TV y cine -privilegiados
espacios de construcción hegemónica- Guevara se ha convertido en el poster
de un rockero
pelilargo y con
boina, un héroe
romántico, un aventurero
mitológico y utópico, un Robin Hood, un Don Quijote, un Cristo laico o un
simpático idealista. Inalcanzable,
siempre bello y
bien lejos de
la tierra, por
lo tanto inservible e inoperante
en la cotidianeidad. Y además, siempre derrotado. El cine -para dar sólo un
ejemplo- invariablemente privilegia las derrotas de los revolucionarios. ¿Por
qué se hacen tantas películas sobre la derrota española ante Franco y ninguna
sobre la victoria de Viet Nam, o de Cuba? Desmoralizar y desmovilizar al
enemigo -el pueblo, la juventud- es la gran consigna de guerra. El Che no fue
inmune a esa estrategia. Bolivia y la Higuera predominan sobre Santa Clara y La
Habana. Admirarlo, sí, pero no seguir su ejemplo.
Recuperar al Che para el campo popular y
revolucionario implica entonces comenzar - apenas comenzar, en esa precaria
etapa estamos- a desmontar esa sistemática e inescrupulosa apropiación. Pero
también obliga a polemizar con la neutralización y el congelamiento que le
han impuesto más
de una corriente
de izquierda. Ya
sea los que
lo reivindican folklóricamente
como figura inofensiva y tranquilizadora para aplacar conciencias a través de
toda una serie de fantasías compensatorias o los que lo cuestionan por su
supuesto “foquismo ultraizquierdista” (pequeño burgués desesperado, populista
sin confianza en el proletariado puro, en el partido de vanguardia, etc, etc).
2 La primera versión de este texto nació
originariamente a fines de 1992 como ponencia leída en diciembre de ese año en
un encuentro de filosofía en La Paz, Bolivia. Una breve síntesis fue allí
publicada en el suplemento cultural del periódico Presencia (La Paz, 24/1/1993)
bajo el título “El papel del hombre en la filosofía de la praxis”. Luego de
haber sido reelaborado más de una vez, el ensayo fue publicado en Argentina en
la revista América Libre (N°11,
1997), en Cuba en Debates Americanos (N°3, 1997) y
en México en Dialéctica (Año 22, N°31, 1998).
Tratando
de ubicarnos en
esa doble disputa,
y subrayando la
continuidad metodológica entre la ruptura teórico política que produjo
Marx y las que a su turno incentivaron Lenin, Mariátegui y el Che -sin
olvidarnos de otros pensadores y dirigentes antiburocráticos, aunque no los
analicemos en este libro- intentaremos señalar ciertos núcleos conceptuales de
su pensamiento teórico. Apenas fragmentos de un estudio sistemático que sigue
aun pendiente para las nuevas generaciones.
Humanismo y Antihumanismo teórico
En su polémica y provocativa obra Para leer El
Capital, Louis Althusser se oponía a las interpretaciones izquierdistas del
marxismo que, para criticar y oponerse al mecanicismo y al
fatalismo, habían apelado
a la voluntad
revolucionaria y habían
enfatizado el humanismo, el
historicismo y una concepción igualitarista de la praxis. Adoptaba entonces una
perspectiva filosófica autodefinida como
"antihumanista teórica"
y "antihistoricista". Dejó huella e hizo historia.
El sentido último que Althusser trataba de
encontrar en ese izquierdismo - particularmente
en el de
Gramsci- era que
"remitía a una
protesta contra el
fariseísmo libresco de la II Internacional y un llamado directo a la
'práctica', a la acción política, a la
'transformación' del mundo sin lo cual el marxismo
no sería más que el alimento de ratas de bibliotecas o de funcionarios
políticos pasivos".
A pesar de
ese justificado reconocimiento, el
humanismo y el
historicismo praxiológico reposaban y giraban para Althusser sobre una
misma problemática ideológica "no científica", voluntarista e
idealista. Ambos se habían apartado del materialismo, en el particular
significado que él otorgaba al término "materialismo"
-no directamente asimilable al del DIAMAT que hemos
analizado-: (a) tesis epistemológica de la diferencia y preexistencia del
objeto real por fuera tanto del proceso cognoscitivo como de su producto, el
objeto de conocimiento construído ("Materialismo Dialéctico"), y (b)
teoría de la economía política y de la historia no centrada en los sujetos ni
en los hombres sino en los procesos, relaciones y estructuras de los cuales los
hombres son meros soportes o portadores ("Materialismo Histórico").
Al
hacer la enumeración
de las corrientes
y autores izquierdistas
que habrían "recaído"
en el humanismo y el historicismo, sugestivamente Althusser incluía a: () Rosa
Luxemburgo y Franz Mehring; (b) Bogdanov y el 'Prolekult' (Cultura Proletaria),
(c) György Lukács y Karl Korsch; (d) "la oposición obrera" (es decir
León Trotsky y su corriente), (e) Antonio Gramsci; y finalmente (e) "los
pueblos del Tercer Mundo" que realizan "combates políticos verdaderamente revolucionarios para
conquistar y defender
su independencia política y
comprometerse en la vía socialista"3.
Si bien Althusser no nombraba explícitamente a
aquellos teóricos y dirigentes revolucionarios que en "el Tercer
Mundo" se sentían atraídos por el humanismo y el historicismo, no es
difícil imaginar a quien estaba refieriéndose -si tomamos en cuenta que su
libro se publicó en 1967-. Creemos que en esa
alusión Althusser estaba pensando en la
dirección política de la Revolución Cubana y
especialmente en Ernesto Che Guevara.
Uno de sus alumnos y discípulos directos, Régis
Debray, se había trasladado a La Habana, participó al menos formalmente en la
Escuela de Filosofía y tuvo un contacto por así decirlo "directo" con
el Che. Althusser sabía muy bien de qué estaba hablando.
3 Cfr.Louis Althusser: Para leer El Capital.
.México, Siglo XXI, 1988."El marxismo no es un
historicismo",p.130-156. La enumeración de los partidarios del
izquierdismo historicista, praxiológico y humanista en p.153.
Recordemos que en Europa, desde una perspectiva
filosófica crítica y antidogmática, Lukács, Korsch y Gramsci -pero no sólo
ellos- habían enfrentado en los años '20 y '30 las visiones canonizadas del
marxismo enfatizando su componente humanista y priorizando su historicismo. En
esos años el DIAMAT se había erigido en "oficial" pero su reinado
aparentemente monolítico convivía en realidad con otras vertientes heterodoxas
y no esquemáticas. En ese impulso teórico, la categoría dialéctica de praxis
había indudablemente ocupado un lugar central, tanto en Historia y conciencia
de clase como en los Cuadernos de la cárcel (aunque este reconocimiento
indubitable no implique de ningún modo construir un nuevo “panteón”, ahora
heterodoxo, para reemplazar al ortodoxo del stalinismo).
También en América Latina, hemos visto que el
DIAMAT sólo se pudo imponer sobre el marxismo creativo de Mariátegui y sobre el
espíritu de ofensiva de Mella a fines de los años '20 y que su hegemonía duró
hasta inicios de los '60 cuando al calor de la revolución cubana comienza la
batalla por extender, difundir y socializar otras vertientes marxistas. En la
cresta de ese renacimiento político cultural, la Escuela de Filosofía de La
Habana y la revista Pensamiento Crítico cuestionaban explícitamente al DIAMAT,
publicaban a Lukács y Korsch en castellano e intentaban fundamentar en la
revista y en sus planes de estudio una lectura historicista del marxismo.
Mientras, Adolfo Sánchez Vázquez publicaba en México su célebre Filosofía de la
praxis. Era exactamente el mismo año, 1967, en que Althusser arremetía en París
contra el "humanismo historicista de la praxis" y Marta Harnecker -su
discípula latinoamericana- comenzaba a seguirlo puntualmente en nuestros países
con sus célebres manuales, que guiaron el aprendizaje de miles de militantes
latinoamericanos simpatizantes de la revolución cubana4.
Entonces, no es muy difícil coincidir con el
diagnóstico de aquella caracterización althusseriana aunque desde una
perspectiva diametralmente opuesta (sin por ello construir - insistimos- un
nuevo “panteón” invertido). Efectivamente, el pensamiento teórico del Che
Guevara se inscribe en esas corrientes historicistas y humanistas de la
filosofía de la praxis, cuya larga tradición crítica y antidogmática tiene en
Gramsci y en Mariátegui sus principales exponentes5.
La formación filosófica
Guevara toma contacto con los textos clásicos de
Marx, Engels y Lenin varios años antes de la proclamación socialista de la
Revolución que hace Fidel Castro a inicios de los
'60. Su formación filosófica, política y económica
anterior a la Revolución Cubana incluye por lo menos la lectura de El
Manifiesto Comunista y El Capital de Marx; el Anti-Dühring de Engels; El Estado
y la revolución y El imperialismo, fase superior del capitalismo de Lenin. Con
los dos primeros tuvo contacto entre los 16 y los 17 años, cuando comienza a
redactar un diccionario filosófico. Las notas para ese diccionario las escribe
en diferentes épocas y las
4 Veinte años después, en 1989, Marta Harnecker
todavía seguía esforzándose por conciliar su entusiasta adhesión a la
estrategia política guevarista para el continente latinoamericano, con el
"antihumanismo teórico" althusseriano, evidentemente contradictorio
con la filosofía humanista e historicista del Che. Cfr. Marta Harnecker:
"El Che: vigencia y convocatoria" y "El Che: La consecuencia de
un pensamiento". Bs.As., s/edit.
1989. Principalmente "Sobre el humanismo en el
Che y la crítica de Althusser a la consideración del marxismo como un
humanismo". p.26-27.
5 Cfr.Fernando Martínez Heredia: El Che y el
socialismo. Bs.As.,Dialéctica, 1992. p.12,60,69 y 140; y Michael Löwy: El
pensamiento del Che Guevara. México, Siglo XXI, 1987.p.17. Estas dos
investigaciones son seguramente las que mejor explicitan y desarrollan la
pertenencia del pensamiento filosófico del Che a la filosofía de
la praxis y
su diferencia radical con
todo materialismo (ya sea
del DIAMAT u
otros más elaborados).
culmina en México. Los otros tres los analizó en
sus años de estudios universitarios6. En trabajos y en su correspondencia
familiar desde 1954 en adelante -la época de sus grandes viajes por
América Latina-, aparecen
regularmente categorías marxistas
y frecuentes alusiones irónicas a
sus apasionadas lecturas de los clásicos de esta corriente. Por ejemplo, en un
trabajo sugestivamente titulado "La clase obrera de los EEUU...¿amiga o
enemiga?", de abril/1954, el joven Guevara analiza a partir de la categoría
de imperialismo los métodos de la burguesía norteamericana para compensar la
plusvalía extraída a su proletariado.
También le dice a su padre, en abril de 1956:
"Dentro de poco tiempo pasaré a ser una notabilidad en la ciencia médica,
si no como científico o profesor por lo menos como divulgador de la doctrina de
San Carlos [Léase Carlos Marx] desde los altos escaños universitarios. Porque
me he dado cuenta que la fisiología no es mi fuerte, pero lo otro sí" y le
comenta a su amiga Tita Infante, en octubre del mismo año: "Por supuesto,
todos los trabajos científicos se fueron al cuerno y ahora soy sólo un asiduo
lector de Carlitos [léase Carlos Marx] y Federiquito [léase Federico Engels] y
otros itos". Este tipo de referencia a sus lecturas marxistas se repite
invariablemente en la correspondencia de esos años. Les comenta también:
"Por otro lado te diré que tengo una cantidad de chiquilines de sexto año
encandilados con mis aventuras e interesados en aprender algo sobre las
doctrinas de San Carlos" o "Estoy fuerte, optimista, subo
frecuentemente a los volcanes, voy frecuentemente a visitar ruinas, leo
frecuentemente a San Carlos y sus discípulos", y además "El tiempo
libre lo dedico al estudio en forma informal de San Carlos. La nueva etapa de
mi vida exige también el cambio de ordenación; ahora San Carlos es primordial,
es el eje, y será por los años que el esferoide me admita en su capa más
externa", etc,etc7.
Un gran aliciente para su inicial acercamiento al
marxismo teórico se da en Guatemala en 1954, en la biblioteca de la que sería
su mujer Hilda Gadea. Y posteriormente, exiliado de Guatemala tras el golpe
contrarrevolucionario contra Arbenz, recibe de manos de su amigo Arnaldo Orfila
Reynal -por esa época director de FCE Fondo de Cultura Económica y luego de
Siglo XXI- los tres tomos de El Capital, en la traducción de Wenceslao Roces.
Su padre también señala la importancia que tuvo en su inicial interés por el
marxismo la amistad - nacida en 1954 en Guatemala y continuada luego de la toma
del poder en Cuba en los años sesenta- con el profesor norteamericano Harold
White, quien en 1928 había impartido clases de marxismo en la Facultad de
Filosofía de la Universidad de Utah y había escrito una obra sobre el mismo
tema publicada en los EEUU.
Además, en uno de sus viajes continentales se aloja
sugestivamente en la casa del comunista peruano Hugo Pesce, uno de los dos
delegados mariateguianos a la conferencia comunista de Buenos Aires de 1929. Le
dice entonces en una carta (mayo/1952) a su amiga Tita Infante:
“Afortunadamente encontramos en Lima, junto con un maestro de la lepra un
espíritu comprensivo como es el Dr. Hugo Pesce, que ha solucionado la mayoría
de nuestros problemas más apremiantes ($$,&&,etc). De paso le diré que
las ideas de este señor se parecen mucho a las suyas [Tita era militante
comunista en Buenos Aires] pero no es tan romántico como usted”. Es sumamente
probable que en ese momento haya tomado contacto directo con la obra de José
Carlos Mariátegui, padre intelectual de Pesce.
6 Lamentablemente hasta la fecha ese diccionario
redactado por el joven Guevara no ha sido publicado. Pueden consultarse unas
pocas fotografías de algunas páginas manuscritas -por ejemplo, la
correspondiente al término "dialéctica", o a Marx y Sócrates, en la
iconografía de Adys Cupull y Froilán González: Ernestito, vivo y presente
(1928-1953). La Habana, Ed.Política, 1989.p.105-109. Cfr. también Carlos
Tablada: "La creatividad en el pensamiento económico del Che" en Cuba
Socialista N°39, mayo-junio de 1989.p. 66-70.
7 Cfr.E. Guevara Lynch: ...Aquí va un soldado de
América. Bs.As., Planeta, 1990.
Por éste último Guevara continuó sintiendo una gran
estima aun después de triunfar la revolución en Cuba. Así, le dedica su libro
Guerra de guerrillas en 1962 con la siguiente dedicatoria: “Al Doctor Hugo
Pesce, que provocara, sin saberlo quizás, un gran cambio en mi actitud frente a
la vida y la sociedad, con el entusiasmo aventurero de siempre, pero encaminado
a fines más armónicos con las necesidades de América. Fraternalmente Che
Guevara”. En ese “gran cambio” que le provocó el encuentro juvenil -médico y
político- con Pesce, ¿habrá tenido
quizás algo que
ver Mariátegui? Creemos
que el antimperialismo visceral del Che -que no
separa socialismo de liberación nacional- mantiene una filiación directa con
aquellas proposiciones herejes que Mariátegui había enviado a Buenos Aires de
1929.
En vísperas de la salida en el Granma (el barco de
la expedición de Fidel Castro a Cuba) Guevara se escondió en casa del
guatemalteco Alfonso Bauer. Según el posterior testimonio -de 1977- de este
doctor, los dueños de casa encontraron tras su partida varios libros suyos
abiertos en su cama. Entre ellos El Capital y El estado y la revolución.
Su interés por la lectura de los principales textos
marxistas, como es obvio, no respondió únicamente a una curiosidad meramente
libresca. En sus viajes juveniles por el continente había sido testigo de la
ebullición revolucionaria de los mineros de Bolivia - abortada por el
nacionalismo que luego colaboraría con la dictadura de Barrientos y Ovando- y
de la intervención yanqui en Guatemala en 1954. La impronta de esa preocupación
política, tan presente en sus cartas anteriores a su incorporación al Movimiento
26 de julio en México, fue indudablemente el telón de fondo de sus lecturas
filosóficas y económicas.
De manera que cuando la dirección cubana emprende
el rumbo de construir el socialismo en la isla, ya Guevara contaba con todo un
capital simbólico acumulado en la lectura de algunas de las principales obras
marxianas y también de Engels y de Lenin. Su preocupación por la teoría
revolucionaria realmente corría pareja con su voluntad de lucha y su heroísmo
personal. Una lección que los nuevos revolucionarios no deberían olvidar, sobre
todo cuando hoy se defiende confusamente la audacia y la valentía del Che pero
se desprecia la formación teórica. El Che no fue un condottiero ni un
mercenario, de esos con que el cine hollywoodense nos inunda hasta el hastío.
Fue un cambatiente revolucionario, un cuadro revolucionario, un comunista en el
cabal sentido de la palabra.
No fue entonces un simple "empirismo" o
"pragmatismo" desideologizado por adaptarse a los nuevos rumbos que
tomaban los acontecimientos en la Cuba de Fidel Castro los que
lo llevaron al
marxismo, como tergiversada
y malintencionadamente sostienen muchas biografías8.
Esta cultura que había bebido tempranamente en los
clásicos del marxismo se enriquecerá cuando el revolucionario deje
momentáneamente paso al constructor; es decir, cuando Guevara deja de ser
guerrillero y pasa a desempeñar responsabilidades como Jefe del Departamento de
Industrialización del INRA, Presidente del Banco Nacional de Cuba y luego como
Ministro de Industrias. Las lecturas individuales previas son teóricamente
enriquecidas
8 Para un estudio exhaustivo de las veintiseis
biografías sobre el Che (escritas hasta el año 1989, pues en 1997 se publicaron
muchísimas más...) y de los setenta artículos que se publicaron en la prensa
latinoamericana sobre su vida (desde su muerte hasta 1968) cfr. Germán Sánchez:
"Che: Su otra imagen". En el volumen colectivo Pensar al Che. La
Habana, Centro de Estudios sobre América (CEA),1989.Tomo I.p.29-110. A los
treinta años de la caída del Che (1997) una cantidad por ahora incontable de
biografías y películas se han abocado a su figura. La mayoría, proveniente de
la industria cultural del régimen y de sus ideólogos, focalizan toda la trama
en su figura, escondiendo, manipulando u ocultando su proyecto. De todas, la
mejor que hemos leído porque está escrita desde una perspectiva y valores
revolucionarios es la de Paco Ignacio Taibo II: Ernesto Guevara, también
conocido como el Che. Bs.As., Planeta, 1996. Aunque ésta soslaye el aporte
teórico de Guevara -le dedica sólo una página de las casi 900 al debate sobre
el valor- privilegiando el aspecto biográfico.
por la enorme experiencia colectiva de los años de
lucha y por la inédita situación de un país donde todo, absolutamente todo,
está por crearse.
Esos años febriles son los del trabajo voluntario y
el debate económico, matizados por la investigación sistemática. Cuenta Miguel
Figueras -director por ese entonces de Planificación Perspectiva del Ministerio
de industrias, a cargo del Che- que Guevara había armado dos grupos de estudios
por semana. Los lunes a la noche se reunía a estudiar Matemáticas y uso de las
estadísticas y los miércoles en el mismo horario, leía y estudiaba
colectivamente El Capital9. En esa época llega también a Cuba el profesor de
economía política marxista Anastasio Mansilla. Lo que más impacta -e incomoda,
vaya si incomoda- en él es que reune a un tiempo el estudio y la elaboración
sistemática de la teoría marxista y la práctica política en su más alto
escalón.
Es en estos años cuando descubre los Manuscritos
económico-filosóficos de 1844 de Marx
y posiblemente vuelve
a leer la
obra de Aníbal
Ponce: Humanismo burgués, humanismo proletario10, publicada en
La Habana en 1962. En ella el pensador argentino - reconstruyendo el itinerario
del humanismo desde Erasmo y William Shakespeare hasta Romain Rolland, pasando
por Ernest Renan- defendía históricamente el concepto de "hombre nuevo,
completo, integral y total", como categoría central en el marxismo.
Si Mariátegui fue sin duda el antecesor ideológico
y político del Che en su impulso antimperialista y en su impugnación de los
dogmas "materialistas" y "deterministas" que sólo avalaban
y justificaban el reformismo, Ponce es su antecesor en la problemática del
humanismo. Es indudable que Humanismo burgués, humanismo proletario, es una de
las fuentes directas del rescate que el Che hace del “hombre nuevo”, del
“hombre completo”, del “hombre total”11. También es sumamente llamativo el paralelo
entre la crítica de Guevara al burocratismo -por su culto a la rutina gris- y
la prédica vitalista y juvenilista de El hombre mediocre de José Ingenieros,
otra de las fuentes de “la hermandad de Ariel” tan presente en el ideario
latinoamericanista de la Reforma.
No debemos olvidar que la influencia de Ingenieros
no sólo impregnó la formación ideológica del joven Guevara en la Argentina.
Su eco también fue enorme en el ideario
antimperialista de las distintas generaciones que antecedieron y confluyeron en
la revolución cubana de 1959. Ya desde la década del ‘20 cuando Ingenieros se
encuentra personalmente en La Habana -a su regreso de México en
1925- con Julio Antonio Mella, Rubén Martínez
Villena y Gustavo Aldereguía, tres de las principales cabezas revolucionarias
de la Cuba de aquellos años. Más tarde, al morir Ingenieros, Martínez Villena
-jefe del comunismo cubano tras el asesinato de Mella en México- escribe “Con
motivo de la muerte de José Ingenieros” cuestionando la impugnación
9 Cfr.Entrevista de Yvette Villaescusa a Miguel
Figueras. En Granma Internacional, 11/X/1992, p.3.
10 De Ponce se publican en Cuba durante esos años
dos libros: Educación y lucha de clases [Prólogo cubano s/firma, p.I-XI]. La
Habana, Imprenta Nacional
de Cuba-Ministerio de
Educación, 1961 y
Humanismo burgués, Humanismo
proletario [Prólogo de Juan Marinello, p.7-30]. La Habana, Imprenta Nacional de
Cuba, 1962.
11 Ernesto
Guevara había leído este trabajo de Ponce largamente antes de conocer a Fidel.
Por ejemplo, Carlos Infante, hermano de Tita Infante, la gran amiga de juventud
del Che, señala: “Ella era afiliada a la juventud comunista de la Facultad de
Medicina de Bs.As., no así Ernesto, que era un joven muy independiente.
Acostumbraban a tomar una hora para intercambiar opiniones y yo intervenía,
discutíamos apasionadamente.Ellos
discutían sobre marxismo, sectarismo, acerca de la
falta de flexibilidad y elasticidad de la juventud comunista
argentina. Tita no era sectaria, estaba mucho más
cerca del pensamiento de él...Tita le dio a leer a Aníbal Ponce...Hay tres
libros de Aníbal Ponce que leyeron ambos: Educación y lucha de clases,
Humanismo burgués, humanismo proletario y El viento en el mundo. Estoy seguro
que leyeron Ambición y angustia de una adolescente, porque eran estudiosos y
éste es un trabajo psiquiátrico muy interesante de Aníbal Ponce”. Cfr. En Adys
Cupull y Froilán González: Cálida presencia. La amistad del Che y Tita Infante
a través de sus cartas. Rosario, Ameghino,
1997.p.16.
que de él había hecho entonces Jorge Mañach.
Incluso el futuro canciller de la revolución cubana Raúl Roa, miembro de la
Liga Antimperialista y la Universidad Popular José Martí a fines de los ‘20,
del Ala Izquierda Estudiantil durante los ‘30 y uno de los principales
impulsores del antimperialismo cubano en años posteriores -al punto que su obra
constituye una de las primeras lecturas marxistas del joven Fidel Castro en
tiempos de estudiante-, señalaba a Ingenieros junto con Mariátegui como uno de
sus principales maestros12.
Y si de
herencia cultural latinoamericana se
trata, no debemos
olvidar que de jovencito, en la provincia de Córdoba
durante 1943-45 el joven Ernesto Guevara -amigo de Gustavo Roca- frecuentaba
asiduamente y se llevaba libros de la biblioteca personal de Deodoro Roca, el
redactor del Manifiesto Liminar de la Reforma del '18 poco tiempo antes
fallecido (en 1942).
El pensamiento disruptivo de Guevara se inserta
entonces de lleno en el cruce de esta doble tradición. Por un lado la
latinoamericanista y humanista de Ingenieros, Mariátegui, Mella, D.Roca y
Ponce, por el otro la vertiente historicista y humanista del marxismo
occidental europeo. Ambas inclasificables dentro del rígido y cerrado perímetro
de la sistematización "materialista dialéctica".
De la mano de los Manuscritos económico-filosóficos
de 1844 y sin proponérselo, el Che se instala abruptamente entonces en la
discusión mundial sobre la filosofía del marxismo y sobre la "cuestión de
la alienación", incentivada por las revelaciones del XX Congreso del PCUS
y las acaloradas polémicas sobre los Manuscritos. No casualmente Jean Paul
Sartre, uno de los
principales protagonistas de
ese debate que
definió al marxismo
como "el horizonte
insuperable de nuestro tiempo", caracterizó también al Che como "el
hombre más completo de nuestra época".
Guevara nunca escindió la filosofía y la economía
de la política. En medio de esa encendida voluntad de pensar, estudiar y crear
en el plano teórico, el Che seguía atentamente la marcha de la revolución
latinoamericana. Recibía periódicamente y sin descanso a numerosos
revolucionarios, incluídos los argentinos, con quienes discutía las distintas
estrategias de lucha.
La crítica al DIAMAT y al determinismo
Al explicitar su concepción del marxismo, Guevara
retomaba las Tesis sobre Feuerbach (núcleo conceptual en el que se apoyan todos
los filósofos de la praxis -desde Lukács y Gramsci hasta Sánchez Vázquez-),
cuando sostenía que la pasividad de las masas, analizada desde un punto de
vista filosófico, tiene su origen en "la propaganda directa [realizada
por] los encargados de explicar la ineluctabilidad de un régimen de clase, ya
sea de origen divino o por imposición de la naturaleza como ente
mecánico"13.
Es evidente que, como en la primera Tesis del Marx
de 1845, Guevara está criticando tanto al viejo espiritualismo cuyas
explicaciones se asientan en lo divino; como al materialismo ontológico
metafísico que enfatiza la prioridad de la materia entendida como naturaleza
sujeta a leyes necesarias e independientes de la praxis humana. Ambas
tradiciones culminan legitimando la pasividad y la especulación. Ahora bien, si
Guevara dirige su ataque tanto al viejo materialismo como al idealismo,... ¿no
contradice el DIAMAT que tantas simpatías
expresa por el
viejo materialismo -ilustrado
y burgués- del
siglo XVIII?
12 Cfr. nuestro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre
el marxismo argentino y latinoamericano.
13Cfr.E.Guevara: "El socialismo y el hombre en
Cuba". En El socialismo y el hombre nuevo. Compilación y notas de José
Aricó. México, Siglo XXI, 1977.p.8.
Efectivamente, filosóficamente hablando Guevara no
es un ingenuo. Su distanciamiento crítico del DIAMAT lo expresa en reiteradas
ocasiones, por ejemplo cuando se queja amargamente del "escolasticismo que
ha frenado el desarrollo de la filosofía marxista".
Guevara no explicita todos sus presupuestos
filosóficos ni abandona el lenguaje y la terminología usualmente empleada en la
literatura marxista de la época. No obstante, su nuevo encuadre
teórico filosófico resignifica
muchos de los
términos que durante
tanto tiempo habían sido bastardeados por la filosofía oficial del
DIAMAT. Frente a esta última interpretación
del marxismo -ideología
legitimadora que garantizaba
la tranquilidad y llamaba a esperar que "se
produjera" la revolución cuando las condiciones estuviesen
"maduras" (como una fruta natural) por el mandato ineluctable de 'las
leyes objetivas' que inevitablemente todo lo determinaban en la historia-
Guevara opone su concepción filosófica de la praxis que le permite superar la
vieja dicotomía entre 'materialismo e idealismo'. Al mismo tiempo que le
permite recuperar la dimensión dialéctica que tan opacada se hallaba en el
determinismo social. Desde esta perspectiva filosófica Guevara revaloriza junto
a los aportes de Marx, aquellos otros donde Lenin otorgaba en política al
factor subjetivo un lugar privilegiado.
No sería exagerado encontrar un paralelo analógico
entre la ruptura teórica iniciada por la revolución cubana y la ofensiva
política continental que ésta provocó, con las críticas de Lenin, Trotsky y
Rosa Luxemburgo al determinismo quietista de la II Internacional,
fundamentalmente el de Kautsky y el de Plejanov (no así con Labriola,
inasimilable a los dos últimos).
Por ejemplo, frente al interrogante: "¿Cómo se
puede producir en un país colonizado por el imperialismo, sin ningún desarrollo
de sus industrias básicas, en una situación de monoproductor, dependiente de un
solo mercado, el tránsito al socialismo?", Guevara cuestionaba
abiertamente en "La planificación socialista, su significado" la
respuesta determinista y materialista, según la cual se podía: "como los
teóricos de la II Internacional, manifestar que Cuba ha roto todas las leyes de
la dialéctica, del materialismo histórico, del marxismo y que, por tanto, no es
un país socialista o debe volver a su situación anterior".
Según el Che, la revolución cubana rompía
efectivamente con "las leyes de la dialéctica", tal como eran
entendidas por el fatalismo del materialismo escolástico. Y también rompía
definitivamente con el "el materialismo histórico", tal como era
recitado en los manuales de la vulgata, de la época de consolidación y
expansión de esa teoría.
Señalar por eso el paralelo con la ruptura teórica
producida por Lenin y los bolcheviques no es arbitrario. Ambos deben remar
contra la corriente supuestamente "ortodoxa" de sus tiempos.
Recordemos que como el Che Guevara hizo con la cubana, el joven Gramsci había
caracterizado en Italia la revolución bolchevique de Lenin en 1917 como una
"revolución contra El Capital", es decir, contra El Capital tal como
lo entendían a través del tamiz determinista y materialista "ortodoxo"
los dirigentes de la II Internacional.
En la misma línea de pensamiento, José Carlos
Mariátegui había sostenido en el Perú que la nueva concepción activista de
Lenin podía entenderse si se remplazaba la fórmula cartesiana "pienso,
luego existo" por la de "combato, luego existo". Y agregaba que
"El marxismo, donde se ha mostrado revolucionario -vale decir, donde ha
sido marxismo- no ha obedecido nunca a un determinismo pasivo y rígido".
En todos estos casos, se trataba de restablecer el marxismo en su dimensión más
radical, vital, de ofensiva y dionisíaca.
Emparentándose con esa tradición activista, la
"Segunda declaración de La Habana" (febrero de 1962) reclamaba:
"El deber de todo revolucionario es hacer la Revolución. Se sabe que en
América y en el mundo la revolución vencerá, pero no es de revolucionarios
sentarse a la puerta de su casa para ver pasar el cadáver del imperialismo. El
papel de Job no cuadra con el de un revolucionario".
De ahí que en su Diario del Che en Bolivia, Guevara
anotara como balance del 26 de julio, fecha que conmemora el asalto de Fidel
Castro al Cuartel Moncada: "Significado del 26 de julio: rebelión contra
las oligarquías y contra los dogmas revolucionarios".
Desde el materialismo determinista, asociado a una
filosofía de la historia universal que prescribía el paso necesario e
ineluctable de todos los países del mundo por rígidas etapas cuya sucesión
predeterminada seguía el canon de un modelo lógico apriori, extraído de la
formación social inglesa -el correlato empírico utilizado por Marx en El Capital por ser el país más adelantado de
su tiempo-, la revolución cubana resultaba una herejía en toda la línea.
Confundiendo metodológicamente lógica e historia en
el método de exposición de El Capital, priorizando la primera por sobre la
segunda, la obra principal de Carlos Marx se había convertido en una receta,
cuya cristalización impedía admitir que se "quemaran etapas" en el
decurso histórico político. Lo que se consideraba teóricamente como
"modelo clásico" dictaminaba desde lo alto que Cuba no podía marchar
al socialismo, pues "la historia no se puede forzar". El férreo
determinismo ineluctable de las leyes de la sociedad, centrado en el imparable
desarrollo de las fuerzas productivas, también se había convertido en América
Latina -como el de Kautsky y el de Plejanov- en un "dogma
revolucionario".
La revolución cubana, cuya máxima expresión teórica
se encuentra en los escritos del Che, constituyó precisamente una rebelión
contra esos "dogmas", contra esas "leyes de la dialéctica"
y contra esa interpretación del "materialismo histórico". Ese es
probablemente el sentido de la reflexión madura que Guevara anota nerviosamente
en la selva de Bolivia, aquel
26 de julio de 1967.
Fueron precisamente esos dogmas materialistas y
deterministas los que sirvieron para legitimar la cultura política de la espera
quietista y defensiva, antes de tomar el poder, y los que permitieron oponerse
a construir el socialimo anticapitalista no mercantil, después de tomar el
poder. Precaución y mesura fueron los lemas de ese marxismo momificado.
Subrepticiamente ese fatalismo continúa presente en
quienes lo siguen acusando por su supuesto "foquismo", su
"voluntarismo ultraizquierdista", su "aventurerismo pequeño
burgués" y otros núcleos ideológicos semejantes. Aun hoy no se le perdona
su herejía irreverente frente a la receta cientificista de la
"materialidad objetiva". Todavía lo quieren domesticar, los sigue
incomodando.
La polémica que Guevara abre frente al
determinismo, desde la filosofía de la praxis, presupone -de ambos bandos- una
diferencia fundamental acerca de las concepciones del desarrollo social y del
carácter de la revolución. No olvidemos que en su concepción teórico
política, sus conceptos
filosóficos, su análisis
sociológico, sus métodos
de lucha y sus
planteos económicos forman un conjunto orgánico que pretende -creemos que lo
logra- ser coherente. No deja de tener tensiones pero dentro de un todo
coherente.
Cuando el Che y la revolución cubana ponen en duda
la concepción etapista que separa en dos las tareas de liberación nacional y
las socialistas, están polemizando no sólo con una postura política sino
también con una concepción filosófica. Esta última está presente tanto en las
discusiones sobre el carácter de la revolución latinoamericana como en los
debates sobre la transición, la ley del valor y la gestión económica
poscapitalista.
En torno al primero de estos dos problemas, el
etapismo prescribía la necesidad de pasar por una etapa previa a la revolución
socialista, la revolución democrático-burguesa que en América Latina asumía la
forma agraria-antimperialista. Si la revolución pendiente es democrático
burguesa, la clase que la encabezaría sería la "burguesía nacional".
Fue esa la perspectiva asumida por Victorio Codovilla en 1929 en la Primera
Conferencia Latinoamericana. Mariátegui, frente al etapismo, sostenía en una
editorial de Amauta: "La revolución latino-americana, será nada más y nada
menos que una etapa, una fase de la
revolución mundial. Será simple y puramente la
revolución socialista. A esta palabra agregad, según los casos, todos los
adjetivos que queráis: 'antimperialista', 'agrarista', 'nacionalista-
revolucionaria'. El socialismo los supone, los antecede, los abarca a
todos".
En los sesenta, el Che retoma esa tradición
olvidada de Mariátegui (y también de Mella) cuando sostiene que: "Por otra
parte las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al
imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No
hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de
revolución". Idéntica postura estaba ya planteada en la Segunda
declaración de La Habana, donde la dirección política de la revolución cubana
negaba toda posibilidad de lucha a la burguesía nacional, y será en agosto de
1967 puntualmente retomada por la OLAS (Organización latinoamericana de
Solidaridad), conferencia donde participaron revolucionarios de todo el
continente, incluída una numerosa delegación argentina.
La disputa de orden político era evidentemente un
correlato de la discusión teórica con el fatalismo materialista del DIAMAT,
desde el cual se rechazaba como una "locura" no sólo el planteo de
hacer una revolución socialista de liberación nacional (en un proceso único,
sin separar ambas tareas) sino también el intento de crear un socialismo
anticapitalista no mercantil en un país subdesarrolllado. Las fuerzas
productivas y su lógica implacable no lo permitían..., tal como argumentó
Bettelheim en la polémica sobre el valor y la transición.
En esa célebre polémica, Bettelheim le reprochaba
al Che no respetar teóricamente la correlación predeterminada de fuerzas
productivas y relaciones de producción. Debe existir una correspondencia total
entre las primeras y las segundas, según un orden histórico fatal e
inmodificable. El Che le responde que si no se separan mecánicamente la
política de la economía, y si se parte de que en la transición poscapitalista
los hombres pueden dirigir conscientemente los procesos económicos a través de
la planificación socialista interviniendo activa y organizadamente en el
decurso histórico "objetivo" -luchando contra el fetichismo de hechos
y procesos entendidos como "naturales"-, es posible que en
determinadas situaciones las relaciones de producción estén más avanzadas que
las fuerzas productivas, aunque eso "viole" el determinismo de las
leyes de la sociedad. La correspondencia entre fuerzas y relaciones no es
mecánica ni lineal, digan lo que digan los manuales. Un país subdesarrollado
como Cuba, con fuerzas productivas atrasadas, igual puede "forzar" la
marcha y adelantar las relaciones de producción socialistas para incentivar el
desarrollo de las fuerzas productivas.
Pero su postura no era "idealista o
voluntarista". Comentando en 1967 un discurso de Fidel Castro del
28/IX/1966, donde éste último retomaba el énfasis de los estímulos morales y
cuestionaba a los partidarios del cálculo económico, Ernest Mandel -uno de los
economistas que intervino en aquel debate- sostuvo que: "A nuestro
entender, esta posición del Che Guevara y de Fidel Castro está de acuerdo con
la tradición y la teoría marxista. Los que plantean el postulado absoluto del
desarrollo previo de las fuerzas productivas, antes de que pueda expandirse la
conciencia socialista, pecan todos de una pensamiento mecanicista al igual que
aquellos que creen poder suscitar, por medios puramente subjetivos (la
educación, la propaganda, la agitación) idéntica conciencia de manera
inmediata"14.
En la crítica al determinismo de las fuerzas
productivas el Che sostenía que se puede
y se debe forzar la marcha dentro de lo que objetivamente es posible, lo que no
significa -con otro lenguaje- sino que en la sociedad y la historia hay unidad
diferenciada de sujeto-objeto. El sujeto es activo e interviene con su praxis
política planificada y consciente en el seno de la objetividad social, pero no
crea esa objetividad. Guevara lo tiene muy en claro. Asume que existe una
legalidad objetiva, punto que no discute, lo que cuestiona es que su decurso
esté
14
Cfr.Ernest Mandel: "El debate económico en Cuba durante el período
1963-1964". Publicado en Partisans
[París] N°37, 1967. Recopilado en El socialismo y
el hombre nuevo, Obra citada, p.252.
rígidamente predeterminado sin intervención
subjetiva, sin que la política revolucionaria pueda incidir en el proceso
económico, como implícitamente sostenía Bettelheim -no casualmente siguiendo a
Stalin-. Para el Che, la legalidad objetiva no es independiente del accionar
subjetivo y a su vez la planificación tampoco puede desconocer la situación
objetiva de la economía y las relaciones sociales. Ni la revolución es un
producto automático del choque mecánico entre fuerzas productivas y relaciones
de producción ni el socialismo es el final feliz de una evolución lineal y
ascendente.
Un socialismo no colonizado
Aquella
filosofía universal de
la historia fatal
e implacable, sustentada
en una ideología productivista,
materialista y determinista -base ideológica del etapismo-, estaba construída
desde una lectura muy particular de los escritos de Marx. La hemos estudiado.
Desde ese mismo paradigma, la vulgata acrítica y
dogmática festejó y justificó los trabajos y artículos de Marx sobre Bolívar y
sobre la colonización de la India (supuestamente reprobable en el orden moral
pero absolutamente justificable en el orden del imparable progreso histórico) y
de Engels sobre los "pueblos sin historia" y sobre la conquista
yanqui de México. La historia humana era concebida en realidad como una
teodicea, donde el Dios era El Progreso.
Ese Progreso ineluctable de las fuerzas
productivas, lineal y ascendente, sólo se podía condenar éticamente pero
constituía una férrea necesidad objetiva y material, aunque costara matanzas de
millones y otros sojuzgamientos varios.
La historia de la humanidad se visualizaba y
relataba desde la eficacia y el triunfo, no desde los oprimidos. Era una
"historia desde arriba", a pesar de las proclamas y consignas.
Supuestamente tenían Razón quienes de hecho habían ganado las batallas
históricas. Si vencieron, sólo era posible su victoria e imposible
"objetivamente" su derrota, sentenciaba con una legitimante verdad de
perogrullo esta filosofía. Los derrotados y oprimidos, cuando no tenían
"un programa objetivo" de desarrollo de las fuerzas productivas caían
fuera de la racionalidad histórica.
Esa visión unilateral sobre el marxismo desconoció
los trabajos maduros de Marx donde aquel reexamina esas primeras apreciaciones
cambiando notablemente su mirada y su anterior paradigma. Sugestivamente, esos
trabajos no aparecen en los manuales de marxismo
-ni en los que conoció el Che ni tampoco en los
posteriores- y no figuran en los cursos de formación política para los jóvenes
militantes.
Habíamos observado que no es probable que el Che
conociera detalladamente todos esos trabajos del último Marx, pues algunos de
ellos ni siquiera estaban editados en español en la década de los sesenta. Por
eso mismo resulta sumamente valiosa su lectura crítica hacia las recaídas
europeístas de Marx o Engels. Sobre todo, recordemos, cuando sostuvo que:
"A Marx como pensador, como investigador de las doctrinas sociales y del
sistema capitalista que le tocó vivir, puede, evidentemente, objetársele ciertas
incorrecciones. Nosotros, los latinoamericanos podemos, por ejemplo, no estar
de acuerdo con su interpretación de Bolívar, o con el análisis que hicieran
Engels y él de los mexicanos, dando por sentadas incluso ciertas teorías de las
razas o de las nacionalidades inadmisibles hoy"15. No olvidemos tampoco,
como ya acotamos, que junto a esta observación el Che defiende la cientificidad
de los descubrimientos de Marx otorgándoles idéntico status histórico que a los
de Newton o Einstein.
15Cfr.Che Guevara: "Notas para el estudio de
la ideología de la revolución cubana". En Obras. Tomo II.p.93-94.
En su horizonte, el socialismo marxista no es sólo
teoría universal sino también asunción específica de la problemática mundial
desde una perspectiva no colonizada: la de una revolución anticapitalista del
tercer mundo occidental. Consecuentemente internacionalista con la revolución
mundial -su corta y afiebrada vida resulta la mejor demostración de ello-, el
Che no se confundía. No era habitante de Hamburgo o París, sino de América
Latina. Su patria era América. Allí se asentaba su proyecto comunista.
Mirar entonces y hacer la historia desde abajo,
desde los derrotados y oprimidos, desde los que nunca tuvieron voz -aunque
quizás tampoco hayan tenido un "programa objetivo"-. Mirar y hacer la
historia desde nuestra América.
Esa mirada latinoamericana desde la cual se acerca
al marxismo y lo asume como su concepción del mundo lo lleva a concluir, por
ejemplo, en una conferencia a los miembros del
departamento de seguridad
del Estado cubano,
con la siguiente
recomendación (tan vigente para
nosotros, revolucionarios argentinos): "Como moraleja, digamos de esta
charla, queda el que ustedes deben estudiar más a Latinoamérica; yo he notado
en general que hoy por hoy conocemos en Cuba más de cualquier lugar del mundo
quizás que de Latinoamérica, y eso es falso. Estudiando a Latinoamérica
aprendemos también un poquito a conocernos, a acercarnos más, y conocemos mejor
nuestras relaciones y nuestra historia"16.
El latinoamericanismo del Che no son entonces una
muestra de folklore o liturgia populista. Ni tampoco una búsqueda turística del
exotismo "típico" tan bastardeado en los tours del imperio. Tienen su
raíz en una mirada crítica del marxismo -prolongada, incluso, hasta los mismos
textos de Marx y Engels-, cuestionadora de la metafísica materialista del
DIAMAT, etapista y productivista, y se expresan consecuentemente en su
pensamiento económico y en su práctica política. En la reflexión pero también
en la acción.
Fijémonos sino en el terreno que eligió
estratégicamente para desarrollar su lucha guerrillera: la Sierra Maestra, las
colonias africanas del Congo y Bolivia. Y también en varias de sus
intervenciones teóricas. Por
ejemplo, en su
Discurso de Argel:
"La lucha antimperialista no
tiene fronteras", donde denuncia públicamente -como miembro del estado
cubano- el intercambio desigual que las potencias del Este imponían a sus
socios menores del Tercer Mundo (denuncia
retomada abiertamente por
Fidel Castro en
su discurso del
23/VIII/1968). También en el último llamado
"Mensaje a la Tricontinental", el Che expresa claramente su
estrategia mundial centrada en los pueblos de América, Africa y Asia entendidos
ahora no como la barbarie que aun no ha llegado al estadio de la civilización
moderna centroeuropea sino como "el campo fundamental de la explotación
del imperialismo". Un descentramiento epistemológico que para nosotros no
debería pasar desapercibido.
De ahí su llamado
a "crear en América
Latina el segundo o tercer
Vietnam del mundo". En este último escrito, luego de cuestionar a
la URSS y a China "por la guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace
ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del
campo socialista", se preguntaba el Che: "¿Está o no aislado el
Vietnam, haciendo equilibrios peligrosos entre las dos potencias en pugna?.
No olvidemos que la vulgata sustentada en el
paradigma unilateral de El Manifiesto
ubicaba siempre en el proletariado europeo -"la civilización"- el eje
y el centro de la revolución mundial, desconociendo lo que desde Lenin hasta
hoy se produjo en el resto del mundo -"la barbarie"-. Desde ese
paradigma, por otra parte superado ya por el propio Marx, resulta
imcomprensible su consigna estratégica
"Crear dos, tres, muchos Vietnam". Esta última no es una mera
invocación propagandista sino una lógica consecuencia de su lectura crítica y
descolonizada del marxismo desde el Tercer Mundo y desde América Latina.
16Cfr.Che Guevara: "La influencia de la
revolución cubana en la América Latina". En Obras. Tomo II. p.492.
Esa misma actitud irreverente frente a la
caricatura dogmática lo lleva también a criticar regiones teóricas más alejadas
de la práctica política pero no menos fundamentales para el hombre nuevo, como
la estética. Allí Guevara pone en discusión la doctrina artística oficial del
"realismo socialista" por constituir un "dogmatismo
exagerado" y por reducir el presente socialista a un pasado muerto del
siglo XIX impidiendo cualquier investigación artística17. Recordemos que
también Mariátegui había abierto la puerta permitiendo y alentando una
contaminación y entrecruzamiento productivo
entre el pensamiento
de Marx y las
vanguardias artísticas de la década del '20. ¿Una mera casualidad?
La mirada crítica, tanto al DIAMAT como al realismo
socialista se extiende entonces a toda la vulgata
litúrgica de los manuales que han ocupado en su opinión el lugar de la
"Biblia" como texto sagrado e incuestionable. Guevara ironiza sobre
esta dogmatización del pensamiento teórico diciendo que "por desgracia La
Biblia no es El Capital sino el Manual".
Las "deformaciones" del socialismo
-vislumbradas en sus escritos y discursos décadas antes de la caída del Muro de
Berlín- se producen según su diagnóstico "porque existe una crisis de
teoría y la crisis teórica se produce por haber olvidado la existencia de
Marx". Esa crisis de teoría que él encontró dramáticamente consolidada en
el marxismo "oficial" de su tiempo presuponía también el haber
perdido el rumbo y no poder utilizar las herramientas que nos legó Marx para un
análisis desde nuestras propias realidades y necesidades. El esquema logicista
y apriorista universal no lo permitían. Estaba prohibido de antemano. Toda
creación era sospechosa, sólo quedaba copiar y repetir, deducir y aplicar. He
ahí uno de los índices claves de la "crisis de teoría" que denuncia
el Che.
Moral comunista y hombre nuevo
Rompiendo definitivamente con la visión
materialista vulgar tan presente en pretendidos custodios de "la
ortodoxia", que interpreta el marxismo como una ideología modernizadora
unilateralmente asentada en las fuerzas productivas y la producción material,
Guevara considera que "Marx se preocupaba tanto de los factores económicos
como de su repercusiónen en el espíritu. LLamaba a esto 'hecho de conciencia'.
Si el comunismo se desinteresa de los hechos de conciencia, podrá ser un método
de distribución, pero no será jamás una moral revolucionaria"18.
En ningún momento el Che aceptaba la habitual
visión dicotómica que confundía la célebre metáfora edilicia
("estructura-superestructura") del prólogo de 1859 a la Contribución
a la crítica de la economía pólítica con una explicación acabada de la
totalidad social, recluyendo la conciencia y la moral al mero reflejo de la
estructura productiva. Esa visión dicotómica e ingenuamente
"productivista" conducía en el período de la transición socialista -
cuando se discutían las vías estratégicas para llegar al comunismo- a
consecuencias trágicas para los revolucionarios anticapitalistas. El
evidente desprecio con
que los regímenes
17Cfr."El socialismo y el hombre en
Cuba". Op. Cit.p.13.Sánchez Vázquez ha intentado mostrar como este
cuestionamiento explícito al realismo socialista estaba en perfecta coherencia
con su concepción humanista y praxiológica del marxismo. Cfr. Sánchez Vázquez:
"El Che y el arte". En Casa de las Américas N°169, año XXIX,
julio-agosto de 1988. p.123-128 y también "El socialismo y el Che".
En Casa de las Américas N°46, octubre de 1967.
18Cfr.Guevara: "El comunismo debe ser también
una moral revolucionaria". Entrevista concedida a Express. Obra
Citada.p.243.
burocráticos del Este trataron los problemas de la
moral revolucionaria y los de la hegemonía le dan retrospectivamente la razón a
Guevara.
Fue precisamente Antonio Gramsci quien más se
preocupó por el evidente retraso en el desarrollo de las llamadas
"superestructuras" durante la transición socialista. Esta
preocupación común entre Guevara y Gramsci -aun reconociendo el vocabulario
menos rico y más simple que el argentino empleaba en comparación con el del
italiano- se puede encontrar en el énfasis que el primero puso en el desarrollo
del comunismo como una nueva moral y una nueva manera, no sólo de distribuir la
riqueza social, sino también de vivir, y en el tratamiento gramsciano de la
revolución socialista como una gran reforma intelectual y moral que 'eleve a
las almas simples' y construya -junto a las transformaciones económicas y
políticas- una nueva hegemonía y una nueva cultura. Un proyecto todavía por
realizar.
En tiempos como los nuestros, cuando la guerra
entre los poderosos y los revolucionarios ha tomado como terreno de disputa a
la cultura, la perspicacia de aquellas iniciales advertencias de Gramsci y del
Che se han vuelto más actuales que nunca. Sin atender en primer lugar a los
problemas de la ideología, los valores y la cultura jamás habrá socialismo. El
régimen capitalista lo sabe y ejerce mediante sus complejos de industria
cultural un bombardeo sistemático sobre las conciencias, que no por grosero se
torna menos efectivo. Hay que convencer a todos y en todo momento que el
socialismo es a lo sumo una bella idea pero absolutamente impracticable. El
único modo posible de vivir es el de Hollywood, el Mc Donalds y Beberly Hills.
Más allá está "el enemigo", aquellos "chicos malos" contra
los cuales hace treinta años peleaba el Pato Donald en las historietas de
Disney.
Para Guevara, los problemas de la cultura,
estrechamente ligados con los de la conciencia, no son un mero reflejo pasivo y
secundario de la producción material ni un apéndice subsidiario de la
"locomotora económica" de las fuerzas productivas. Por el contrario,
los problemas de la nueva cultura, de los nuevos valores, de una nueva
hegemonía y en definitiva, de una nueva subjetividad histórica -que eso y no
otra cosa es su "hombre nuevo"- son esenciales para la construcción
de una sociedad cualitativamente distinta a la mercantil capitalista.
El Che, que probablemente ni se haya imaginado la
fragilidad y rapidez con que desapareció el mundo y las potencias del Este, no
se había equivocado al señalar los peligros. No ahora que están a la vista sino
en los momentos de "auge económico" y triunfalismo político. Había
que ver lejos y él lo hizo. No por genialidad sino porque había utilizado las
herramientas metodológicas del marxismo de manera creadora, sin los moldes de
la cristalización mental.
Su apasionado rescate del Marx humanista que
prioriza el tratamiento de los "hechos de conciencia" junto a la
consideración de los procesos productivos está basado en la lectura de los
Manuscritos de 1844. Si bien es cierto que la corriente historicista de la
praxis rechazaba todo humanismo especulativo
de corte existencialista, tomista
o neokantiano, al
mismo tiempo rescataba junto a la construcción científica de El Capital,
el análisis humanista del Marx juvenil.
Refiriéndose a los Manuscritos, sostiene Guevara
que "incluso en su lenguaje el peso de las ideas filosóficas que
contribuyeron a su formación se notaba mucho, y sus ideas sobre la economía
eran más imprecisas. No obstante Marx estaba en la plenitud de su vida, ya
había abrazado la causa
de los humildes
y la explicaba
filosóficamente, aunque sin
el rigor científico de El
Capital"19. Es decir que en su óptica la problemática filosófica del joven
19 Cfr.Guevara: "Sobre el sistema
presupuestario de financiamiento". En El socialismo y el hombre nuevo.
Obra citada.p.270.
Marx carece del instrumental científico que
aportará la investigación de El Capital, pero delinea ya la dirección en la que
se moverá su pensamiento maduro. Agregaba entonces que en los Manuscritos Marx
"pensaba más como filósofo y, por tanto, se refería más concretamente al
hombre como individuo humano y a los problemas de su liberación como ser
social".
Si esta es la visión global de Guevara sobre el
joven Marx, no cambiará su óptica cuando se refiera a la madurez y a su elaboracióin científica: "En
El Capital Marx se presenta como el economista científico que analiza
minuciosamente el carácter transitorio de las épocas sociales y su
identificación con las relaciones de producción". Una vez caracterizado el
corpus teórico de la madurez como "científico" Guevara insiste en
diferenciarse de las lecturas neopositivistas del marxismo afirmando que
"el peso de este monumento de la inteligencia humana es tal que nos ha
hecho olvidar frecuentemente el carácter humanista (en el mejor sentido de la
palabra) de sus inquietudes. La mecánica de las relaciones de producción y su
consecuencia; la lucha de clases oculta en cierta medida el hecho objetivo de
que son los hombres los que se mueven en el ambiente histórico". Aquí está
conjugado y resumido el eje que explica la acusación elíptica que Louis
Althusser le dirige en Para leer El Capital. Sí, Althusser sabía de que se
trataba.
¿Portadores y soportes o sujetos de la historia?
Guevara inferirá entonces que "el hombre es el
actor conciente de la historia. Sin esta conciencia, que engloba la de su ser
social, no puede haber comunismo". Y aquí debemos recalcar dos núcleos
conceptuales regularmente presentes en los escritos guevaristas: (a) El énfasis
depositado en la conciencia y (b) La postulación de que son los hombres quienes
hacen la historia.
Con respecto a la conciencia, Guevara insistirá
permanentemente en su importancia estratégica. De ahí su preocupación central
por los incentivos morales y por el trabajo voluntario, que son los que apuntan
a su desarrollo, y su rechazo a
utilizar "las armas melladas del capitalismo" como las palancas
del interés material -sobre todo individual-, el consumismo y la competencia,
en el período específicamente histórico del tránsito del capitalismo al
socialismo; pues a la larga terminarán por corroer desde dentro el sistema
socialista (como ya le estaba sucediendo en su opinión a Yugoslavia y Polonia
en los '60) y como posteriormente pudimos advertir con el bochornoso derrumbe
de los años '90. Mirar estratégicamente hacia lo lejos, pero no sólo en el poster
como nos quiere hacer creer el sistema.
Con respecto a la segunda hipótesis, según la cual
"los hombres son los que hacen la historia", está obviamente
enfrentada a las tesis de Althusser quien critica a Gramsci por sostener
exactamente el mismo planteo20. Para Althusser, la teoría social no puede
reposar en el concepto teórico de "los hombres" o del sujeto, pues
eso equivaldría a idealismo. Las versiones menos refinadas de los antiguos
manuales soviéticos y de recurrentes análisis economicistas y catastrofistas se
asientan en la misma matriz teórica: la contradicción entre fuerzas productivas
y relaciones de producción operaría independientemente de la voluntad y
conciencia de los hombres quienes sólo serían un resultado de una mecánica
"objetiva", el verdadero
"motor de la
historia", análogo a
la astucia de
la razón hegeliana.
En el
20 Cfr. Louis Althusser: Para leer El Capital. Obra
Citada. p.131.
reconocimiento de esa "objetividad" -al
margen de la praxis y de la lucha de clases- residiría justamente el
materialismo y la cientificidad de esta teoría.
Polemizando
una vez más
con esa visión
tradicional y "oficial" del
marxismo, Guevara le dará máxima importancia a la conciencia y a la
política, tanto en sus teorizaciones sobre la construcción de una fuerza
revolucionaria en el período de lucha previo a la revolución, como en sus
teorías económicas y de gestión para el período posrevolucionario. El
capitalismo nunca se derrumbará, hay que derrocarlo. Una vez derrocado, hay que
seguir ininterrumpidamente luchando contra su herencia. Herencia que no está
afuera sino dentro de todos nosotros.
La teoría del valor, el mercado y el plan
La contradicción entre fuerzas productivas y
relaciones de producción no es mecánica. La objetividad de su correspondencia
nunca opera automáticamente sino que depende de la lucha de clases y de las
relaciones de fuerzas. Las fuerzas productivas no necesariamente tienen que
arrastrar como una locomotora a los vagones de las relaciones de producción. En
el período de transición al socialismo, los revolucionarios pueden, desde la
política y el poder, dirigir la economía planificadamente acelerando o desacelerando
e interviniendo activamente en el devenir, sin ocupar el papel de espectadores
pasivos ante un proceso natural. No es de revolucionarios el sentarse a esperar
que pase el cadáver del imperialismo por la puerta de casa ni que a
continuación caiga "naturalmente" el socialismo en nuestras manos
como una fruta madura. Sin praxis la objetividad es ciega. Esa intervención en
la transición se realizaría, según el Che, a través del plan cuya teorización
está en estrecha conexión con su marxismo praxiológico y activista.
Su lectura precisa y minuciosa de los escritos
marxianos le permitirá construir un sistema teórico "científico y no
apologético" destinado a explicar los procesos históricos de transición,
en el plano de la gestión económica. De esta manera su concepción general
acerca de la historia, la sociedad y el hombre, cobran cuerpo en la
problemática precisa de la economía política.
El Che no se conforma únicamente con el tratamiento
de las grandes cuestiones filosóficas, sin 'ensuciarse' con el descenso a los
problemas prácticos de la transición. Fue un pensador pero también un estratega
y un táctico.
Retomando una vieja tradición de los clásicos del
marxismo, Guevara reubica los principales
problemas de la
filosofía (la libertad,
el determinismo, la
conciencia, la alienación, el
trabajo, el tiempo libre, inclusive hasta el arte y la estética) en una
estrecha relación con la política, la economía y la historia. Su argumentación
en la célebre polémica de los años 1963-1964 se apoya en esa articulación.
Surgida aparentemente por problemas de economía
práctica (el papel de los costos de producción) la polémica puso en el tapete
cuestiones más generales como los de la política económica (en la que está
inserta la economía práctica), sustentadas a su vez en teorías de economía
política (la fundamental en discusión fue la ley del valor y su papel en la
transición al socialismo) que se inscriben en problemáticas más abarcativas
como las del materialismo histórico (focalizada en la relación de fuerzas
productivas y relaciones sociales de producción en una revolución del Tercer
Mundo subdesarrollado).
El Che expuso su propia concepción acerca del mejor
sistema de dirección económica en la transición socialista en forma polémica.
Reconociendo en primer lugar que Marx no había previsto un período de
transición en un país subdesarrollado, y en segundo lugar que no existía hasta
ese momento una teoría marxista sistemática de la transición (los aportes
realizados por Marx,
Engels y Lenin
no alcanzaban), Guevara
propuso el Sistema
Presupuestario de Financiamiento (SPF) centrado en
la planificación racional y regulación a priori de la producción y distribución social, el antiburocratismo, la separación entre el
partido y la administración económica y la negación de la autonomía financiera
de las empresas y del predominio del estímulo mercantil material.
Cuestionando al comandante Alberto Mora (quien
sostenía que "el valor es la relación entre los
limitados recursos disponibles
y las crecientes necesidades
del hombre") y al
profesor Charles Bettelheim, el Che defendió una concepción historicista del
valor, pues para él esta categoría
no remite a
las necesidades humanas
(el capitalista no
produce para satisfacer
necesidades sino para valorizar el capital produciendo plusvalor) ni a las
fuerzas productivas o a la naturaleza, sino al trabajo abstracto inserto en
relaciones sociales de producción históricamente específicas del Modo de
producción Capitalista, y por lo tanto, no válido para la transición al
socialismo. Valor, trabajo abstracto y fetiche
-recordemos- eran una trilogía absolutamente
inseparable.
Para él, "Marx identifica la idea de valor con
la de trabajo abstracto" y si en la transición rigiera esta ley,
"tendríamos que empezar a estudiar minuciosamente los puntos flojos para
tratar de tomar medidas prácticas, a posteriori nuevamente, y corregir la
situación por tanteos sucesivos".
El valor, entonces, implica regulación, control y
equilibrio a posteriori y por tanteos, mientras que el plan implica regulación,
control y equilibrio apriori, es decir, dirigidos consciente y racionalmente21.
Los términos "a priori" y "a posteriori" remiten en la
teoría marxista del valor -y así los lee correctamente el Che- a la secuencia
respectivamente anterior o posterior a la producción y el intercambio según la
cual se distribuye el trabajo social global de una sociedad. Si la distribución
es posterior, no se puede controlar -la economía marcha entonces en forma
automática, como si tuviera vida propia, "de manera fetichista", dice
Marx en El Capital- y se desperdicia trabajo social. De manera que, según
Guevara, esa regulación a posteriori y por tanteos que es el mercado, conduce
de nuevo al capitalismo. De ahí que postulara la relación entre mercado y plan
como contradictoria y antagónica.
El plan es concebido por él como la acción de la
voluntad del hombre que concientemente elabora, realiza y controla la
producción, la distribución del trabajo en las distintas ramas y la relación
entre acumulación y consumo con vistas al más eficaz resultado de reproducción
social de las relaciones socialistas. Toda su artillería teórica la enfoca
contra el llamado "socialismo de
mercado" basado en
la autogestión financiera
y el estímulo material individual con las
consecuentes pérdidas de conciencia social. Paradójicamente, a pesar del
evidente fracaso en ese sentido de la URSS, hoy este "socialismo con
mercado" es levantado como bandera de renovación antidogmática del
marxismo por importantes sectores de la intelectualidad progresista. Marxismo
contractualista en lo político y socialismo con mercado en lo económico, una
curiosa y maloliente amalgama con los postulados clásicos de Adam Smith y John
Locke. Un verdadero desarme revolucionario.
Falsamente se identifica planificación con
stalinismo, de donde se deduce que el mercado -y el valor que lo rige- se
tornan categorías ahistóricas, eternas e insuperables. Un proyecto más bien que
endeble, al menos desde la epistemología crítica y desde los valores
revolucionarios.
21 Como
parte de esa regulación apriori se encontraban los precios. Estos no debían
convertirse en la transición socialista simplemente en la expresión monetaria
del valor de las mercancías. Por el contrario, el Che pensaba que la
planificación racional podía modificarlos para privilegiar determinadas ramas
productivas sobre otras -en función de las necesidades sociales-, violando la
ley del valor aunque siempre teniendo en cuenta los equilibrios globales. Uno
de sus colaboradores en el Ministerio de Industria nos contaba: “Al respecto el
Che tenía un chiste sumamente ilustrativo: cuando todo el mundo fuera comunista
habría que mantener capitalista a Andorra... para así saber cuales eran los
precios reales”. Conversación [no grabada] con Enrique Oltuski. La Habana,
11/II/1999.
Este tipo de "socialismo" ya se aplicaba
experimentalmente en aquella época en Polonia, Yugoslavia y en las reformas
económicas en la URSS. Las críticas que el Che Guevara desarrolla públicamente
-más de dos décadas antes de la estrepitosa caída del Muro de Berlín- a este
tipo de "socialismo" y a las consecuencias a las que conducía
(claramente identificables hoy en día para nosotros, habitantes de los años
'90) son quizá una de las piezas claves que nos permite aprehender el pensamiento
de este revolucionario argentino como una auténtica alternativa
teórico-política al sistema euro oriental y al de sus remozados discípulos
contemporáneos.
Como los partidarios del mercado se apoyaban en el
Lenin de la NEP (Nueva Política Económica), Guevara sostuvo: "El Lenin de
los años 20 es tan sólo una pequeña parte de Lenin, porque Lenin vivió mucho
tiempo y estudió mucho. Una vez me atreví a decir que había tres Lenin, ahora
hay quien dice que no serían tres sino dos. Es un hecho que entre el Lenin de
El Estado y la Revolución y de El imperialismo, etapa superior del capitalismo
y el Lenin de la NEP hay un abismo"22. En su opinión, Lenin era un
político y por lo tanto debía hacer concesiones. La NEP era una de ellas,
aunque los partidarios del "cálculo económico" la tomaran como una
salida estratégica, como un modelo ideal, abstrayéndola de la situación
histórica en la que se produjo.
El "Sistema presupuestario de
financiamiento" expuesto por Guevara se oponía al sistema de la
"autogestión financiera de las empresas" o "cálculo
económico", tal como se practicaba en la época en Yugoslavia, Polonia y
parcialmente en la URSS. Este último sistema
era defendido teóricamente
por Charles Bettelheim
y postulaba, retomando
la tradición de Stalin, la vigencia del mercado, del dinero y de la ley
del valor, aún el el período de construcción del socialismo.
Los planteos económicos del Che estaban en
consonancia con su humanismo teórico pues la ley del valor implicaba en su
óptica el sometimiento y la dirección de "un frío ordenamiento y un cordón
umbilical invisible" que unía el mercado al hombre enajenado. Este último,
subjetividad disciplinada y heterónoma, ve regida su vida por las leyes de
capitalismo que son ciegas para el común de la gente y que constituyen una
verdadera "jaula invisible"23, donde efectivamente los hombres dejan
de ser sujetos activos para transformarse en simples efectos de procesos que se
han vuelto autónomos y que no controlan. Padre de la criatura, el hombre
termina convirtiéndose en su hijo. Frankestein escapa al control y asume el
timón. El mercado y el valor no aceptan compartir el mando, a la larga terminan
dirigiendo sólo ellos.
Esta jaula invisible de las leyes mercantiles
presupone altas cuotas de irracionalidad, fetichismo y
alienación. Por eso
la importancia que
él le otorga
a la lucha
por ir eliminándolas para poder
someter el proceso de producción e intercambio al control racional y conciente
de los seres humanos, quienes realizando el trabajo por resolución interna y no
por "necesidad de venderse como mercancías" crean la posibilidad de
liberarse de la enajenación. La gran apuesta del socialismo debe ser desalienante
y liberadora.
Cuatro
años más tarde,
en 1968 -con
el Che ya muerto-,
polemizando con Paul Sweezy en la Monthly Review, Charles
Bettelheim volvía a insistir en las mismas tesis que le opuso al Che en el
debate económico, desarrollando esta vez explícitamente las elípticas alusiones
que hacía Althusser en Para leer El Capital. Decía entonces Bettelheim -
fervorosamente partidario desde los círculos althusserianos de la revolución
cultural china- que "los discursos de Fidel y los escritos del Che" expresaban
"una fracción radicalizada de la
22 Cfr. "El Plan y el hombre"
(5/XII/1964). En El socialismo y el hombre nuevo. Obra Citada.p.71.
23 Cfr. Ernesto Guevara: "El socialismo y el
hombre en Cuba".p.6 y 12.
pequeño burguesía", que eran "utópicos y
peligrosos", que la lucha por la desaparición de las relaciones
mercantiles y del dinero en el socialismo era "un mito" y que toda la
operación teórica de oponer la planificación al mercado conducía
inexorablemente a "efectos de oscurecimiento ideológico"24. Aun
después de su muerte, la "ortodoxia" no podía terminar de digerir el
humanismo historicista del Che. Seguía siendo una herejía "utópica",
peligrosa, inclasificable y radicalmente subversiva.
24Cfr. Charles Bettelheim: "Respuesta a Paul
Sweezy", (15/XII/1968). En Paul M. Sweezy y Charles Bettelheim:
Algunos problemas actuales del socialismo. Madrid,
Siglo XXI, 1973.p.28-35.
Por la revolución mundial
(Un comentario al “Mensaje a los pueblos del mundo
a través de la Tricontinental”25)
Al elaborar el programa de la Cátedra Libre Ernesto
Che Guevara de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo optamos por
seguir las recomendaciones metodológicas de Carlos Marx. Nos parecía no sólo lo
más acertado sino también lo más útil. En Marx, el método de exposición de lo
que uno ha estudiado consiste en partir y comenzar por lo más maduro, lo más
desarrollado, el resultado final para, a partir de allí, remontarse hacia
atrás, hacia el pasado, hacia las condiciones de posibilidad que constituyeron
en su despliegue a lo largo de la historia y en su desarrollo la posibilidad
que genera el resultado “maduro”. Finalmente, una vez que se recorre ese
proceso de génesis y constitución histórica, volver al presente, volver al
resultado final. Pero esa “vuelta”, ese retorno, implica haber recorrido todo
un camino en el medio, haber recorrido todas las mediaciones. El retorno del
final nunca es igual al abordaje del principio. A ese método se lo ha
denominado de diversos modos: “círculo concreto-abstracto-concreto”, “método
procesual-estructural”, “método histórico- lógico”, “ método
progresivo-regresivo”, etc.,etc. No es ésta la ocasión para profundizar en
ello. Simplemente queríamos
dejar en claro,
queríamos explicitar el
presupuesto metodológico desde el cual nos proponemos abordar el estudio
del Che.
Nos pareció interesante comenzar la Cátedra con el
texto más “maduro” de Guevara. Aquel que fue considerado uno de sus últimos
mensajes políticos. Históricamente fue algo así como su “testamento político” (aunque el Che no lo pensó en esos
términos, porque no se pensaba morir..., ¡no fue a Bolivia a morir como un
mártir ni un suicida!, como dicen por allí algunos biógrafos apresurados y
malintencionados...). Pero, de algún modo, su último mensaje, el “Mensaje a los
pueblos del mundo a través de la Tricontinental” resume su apuesta política
madura a favor de la revolución mundial, contra el imperialismo, por el
socialismo.
Por eso comenzamos por allí. No es un capricho. No
es arbitrario. Este mensaje conserva, según nuestra modesta opinión, en sus
trazos esenciales y estratégicos, vigencia en la actualidad. No en aquello que
se fue con el viento de la historia o que pertenece ya a la historia, al
pasado, a lo
pretérito, sino en
aquello que define
una perspectiva revolucionaria
integral, universal, “globalizada” para utilizar un término muy en boga en
nuestra época....
No casualmente el Che había señalado en “El
socialismo y el hombre en Cuba”, su
principal texto teórico, que: “El revolucionario,
motor ideológico de la revolución dentro de su partido, se consume en una acvtividad ininterrumpida
que no tiene más fin que la muerte, a menos que la construcción se logre en
escala mundial. Si su afán de revolucionario se embota cuando las tareas más
apremiantes se ven realizadas a escala local y se olvida el internacionalismo
proletario, la revolución que dirige deja de ser una fuerza impulsora y se sume
en una cómoda modorra, aprovechada por nuestros enemigos irreconciliables, el
imperialismo, que gana terreno. El internacionalismo proletario es un deber
pero también es una necesidad revolucionaria”. Por eso, con el máximo de los
respetos, creemos que el internacionalismo y el intento de globalizar las
luchas anticapitalistas no nació precisamente en Seattle...
25 El siguiente texto fue elaborado a partir de una
clase pública desarrollada en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo el
10/5/2002.
Después intentaremos ir desagregando los diversos
componentes internos de su pensamiento integral, de su perspectiva totalizante
del socialismo y el lugar que el sujeto juega en su creación, para, hacia el
final, regresar hacia el presente, a la vigencia del pensamiento revolucionario
del Che en la actualidad.
Ese es el criterio metodológico de esta Cátedra.
Entonces, lo que nos proponemos discutir hoy en la
Cátedra tiene que ver con el primer texto que vamos a estudiar. Porque no
podemos empezar con la primera carta que Guevara envía a sus familiares cuando
está viajando como mochilero, porque eso no es representativo del conjunto del
pensamiento político del Che. Entonces se nos ocurrió que era más interesante
empezar por el final, empezar por el texto más “maduro” del Che, el que
sintetiza toda su visión estratégica de la revolución mundial, para después sí,
una vez que uno tiene el panorama global del pensamiento del Che, ir hacia los
orígenes, ir hacia la genealogía, ir hacia los procesos de constitución
–mediados por la práctica insurgente y por los debates teóricos y políticos-.
El presupuesto metodológico consiste, entonces, en
desarrollar un abordaje analítico a partir de un sentido histórico. Porque para
nosotros el Che no es Dios, el Che no nace de una burbuja ni viene de un plato
volador y cae al planeta Tierra: como sujeto pensante y actuante es producto de
una época.
Y si uno no sabe en qué contexto se dieron esos
debates, qué fue la revolución cubana, cómo
surgió el movimiento
antiimperialista
continental, etc.; aparece
la figura del
Che aislada, y por lo tanto uno lo convierte en un héroe, en un ícono de
adoración irracional. Y para nosotros no es eso. Por eso vamos a intentar hacer
una aproximación histórica, porque el método de Marx es, justamente, un método
historicista y dialéctico. La dialéctica marxista es histórica. Se articula a
partir de la historia.
Este texto del Che fue publicado por primera vez
hace 35 años, el 16 de abril de 1967, en un suplemento especial de una revista
que sigue saliendo hoy, que se sigue publicando actualmente: Tricontinental.
¿De
dónde surgió el
nombre de la
revista? Cuando el
texto se publica,
Ernesto Guevara está en Bolivia, y todavía no se sabía públicamente que
él estaba ahí. El nombre de la Tricontinental proviene de una conferencia
mundial que se hizo en enero de 1966 en La Habana. Se llamó la Conferencia
Tricontinental de los Pueblos. Agrupó a pueblos de los tres continentes que en
aquel momento estaban desarrollando la lucha antiimperialista y que están presentes en
el texto del
Che: América Latina,
Asia y África.
De la Conferencia Tricontinental participaron - el
Che hace referencias, unas veces abiertas, otras implícitas - los dos grandes
“colosos” que en aquella época encabezaban lo que se suponía era la alternativa
al capitalismo: la Unión Soviética y China.
En la Conferencia Tricontinental se formaron
informalmente tres bloques. Allí hubo una delegación argentina muy importante.
Una delegación plural y heterogénea, con representantes marxistas, peronistas
de izquierda, socialistas, comunistas, etc.
La Conferencia Tricontinental - el mensaje del Che
no se entiende al margen de ese momento histórico - se dividió en tres grandes
bloques políticos, tres grandes “grupos de opinión” para llamarlos de algún
modo: a la hora de votar, a la hora de discutir qué era el imperialismo, cuáles
eran los métodos para enfrentarlo, cuál era el eje de la lucha...
Por un lado, el bloque encabezado por la Unión
Soviética, acompañado por la mayoría - no todos – de los partidos comunistas
latinoamericanos.
Por otro lado, el bloque de China, acompañando por
Indonesia, algunos países africanos, y unos pocos partidos comunistas
latinoamericanos.
Y el tercer bloque estaba encabezado por Cuba,
acompañada de Vietnam, que llevó una importante delegación, tanto de Vietnam
del Norte - en esa época estaban divididos
por el imperialismo en dos países - como también del Frente de Liberación de
Vietnam del Sur (Vietcong). El tema de Vietnam es muy importante en el
pensamiento político y estratégico del Che.
Muy bien: este tercer bloque estaba conformado por
Cuba, Vietnam, y acompañados por el PC de Venezuela, encabezado por Douglas
Bravo, que seguía la línea del Che Guevara y Fidel Castro, en “oposición” a la
línea soviética. También muchos otros países africanos. Y además partidos y movimientos revolucionarios
latinoamericanos. Porque era una Conferencia que agrupaba a Estados, pero
también a partidos y movimientos. Algo similar – aunque al mismo tiempo
distinto (menos masivo en el número de asistentes, aunque más radicalizado en
cuanto a posiciones y definiciones políticas...) - a lo que es y fue durante la
última década el Foro de San Pablo, primero, y más tarde el Foro Social Mundial
de Porto Alegre. Pero en esa época, las ONG’s no existían, entonces iban los
Estados no-capitalistas, y partidos, movimientos, frentes, grupos guerrilleros
del Continente. La Conferencia Tricontinental tenía un componente mucho más
radicalizado que el Foro Social Mundial. Se discutían los “cómo”, pero nadie
discutía que la perspectiva era el socialismo. Ese era el suelo común, bien
distinto al del Foro Social Mundial...donde conviven corrientes muy
heterogéneas, desde aquellas que creen que “otro mundo es posible...con la
revolución socialista” hasta aquellas otras donde ese “otro mundo posible” se
asemeja demasiado al estado de bienestar o a la socialdemocracia europea.
En la Tricontinental el
bloque de Cuba
y Vietnam levantaba
como método fundamental de lucha
contra el imperialismo, la lucha armada, a la que paradójicamente se opusieron
allí tanto la delegación china como la soviética. Era una época de pleno
conflicto chino-soviético, eso aparece en el texto del Che. La República
Popular China, que logra el triunfo de su Revolución en el año 1949, a
comienzos de los años ’60 se distancia del que había sido su principal aliado,
la Unión Soviética, y empieza una confrontación muy fuerte entre ambos, incluso
con ejércitos paralelos en las fronteras, con riesgos de guerra. Y esa
división se generalizó
en todo el
mundo. Todos los
partidos comunistas empezaron
a dividirse en “prosoviéticos” y “prochinos”.
Ese conflicto está presente en el pensamiento del
Che. Amargamente, porque él señala muchas veces la “guerra de zancadillas” que
estaban haciendo las dos superpotencias socialistas, y ambas estaban dejando
solo y aislado a Vietnam...
En Argentina gobernaba entonces el general Onganía,
después del golpe de estado de junio del ’66.
Esos años, cuando el Che escribe este texto, fueron
los de una década de rebeldías políticas y culturales al mismo tiempo. Fue una
década donde se independizó Argelia, luego de una guerra sangrienta y cruel en
la cual el ejército francés - el hoy famoso Le Pen era un torturador en
Argelia... - implementó la tortura sistemática y luego se las enseño a nuestros
generales en la Escuela de Guerra argentina. Varios países africanos se
descolonizaron. En los países capitalistas desarrollados hubo una ola de grandes
huelgas fabriles, como en Italia, por ejemplo. Y una gran efervescencia
estudiantil durante toda la década. En el ’68, un año después del asesinato del
Che, florecen el “mayo francés”, también en EE.UU., Alemania, Japón, en México,
etc.
Y en el plano cultural, no debemos olvidar, como
parte del contexto, fue una década donde
afloraron un conjunto
de teorías y
de corrientes críticas,
contestatarias, con pretensiones
revolucionarias, en el terreno de las ciencias sociales y de la política. La
rebeldía contra el sistema no sólo atravesó a la práctica política y a la
militancia política. También “cortó en dos” la vida científica y la vida
cultural.
Por ejemplo, la teoría de la dependencia, que
surgió entre algunos intelectuales latinoamericanos como crítica de la economía
política “oficial” de aquellos años. Una crítica
contra la teoría que tenía en aquella época la
CEPAL (Comisión Económica Para América Latina). La CEPAL era una institución
ligada a las Naciones Unidas que proponía que los países latinoamericanos, para
salir de la pobreza y el subdesarrollo se tenían que “modernizar”. Y modernizar
implicaba para ellos... introducir el capitalismo en la agricultura,
desarrollar grandes vías de comunicación, etc.
La teoría de la dependencia sale a cuestionar eso:
plantea que no tiene sentido creer que los países latinoamericanos no tienen un
capitalismo muy desarrollado y que si adelantamos un poquito vamos a ser como
EE.UU., sino que plantea que el capitalismo es un sistema mundial, donde
América Latina es parte de la periferia, y el imperialismo es parte de
las metrópolis. El
“subdesarrollo” entonces, es la consecuencia
necesaria del sistema mundial
capitalista, no un hecho accidental o accesorio de segundo orden.
Es también la década en la que surge la Teología de
la Liberación, aunque todavía no con ese nombre. Probablemente, el nombre se lo
proporciona en 1974 un teólogo peruano, Gustavo Gutiérrez. Pero ya la práctica
estaba en ese momento: Camilo Torres es uno de los principales y máximos
exponentes de esta corriente, y en el Mensaje del Che aparece Camilo Torres...
En el plano de la estética, fue una década de
modernización cultural donde la vanguardia se entrecruzó con la política. En
Buenos Aires, el célebre Instituto Di Tella se fractura y se generan
expresiones militantes, donde la vanguardia artística se entrecruza con la
vanguardia política, como es el caso de “Tucumán Arde”.
Mientras tanto, en EE.UU, en las metrópolis
imperialistas, también fue una década de fermento, de crítica, y de
“indisciplina social”. Fue la década del “hippismo”, que se puede discutir si
era o no revolucionario, pero era una década de cuestionamiento a la sociedad
de consumo y a sus normas de vida. Hasta en el plano de la literatura aquella
fue una década muy revulsiva en EE.UU.: fue la época de la “generación beat”,
con escritores “malditos” como Burroughs, como Kerouak, que elogiaban el hacer
grandes viajes con la mochila al hombro y no trabajar mansamente en una oficina
o en una fábrica.
En el plano de la sociología fue una década donde
se cuestionó la disciplina como disciplina misma, incluso en EE.UU. Un gran
pensador, Charles Wright Mills, cuestionó a toda la sociología norteamericana
por ser cómplice en las guerras de rapiña de EE.UU. Los sociólogos yanquis,
decía Wright Mills, investigan cómo dominar mejor, cómo hacer mejor la guerra.
Un discípulo suyo, Alvin Gouldner, señalaba que los sociólogos académicos
norteamericanos estudian cómo ganar la guerra de Vietnam, cómo neutralizar la protesta
de los negros, de los afroamericanos en Estados Unidos. Los sociólogos
“científicos” –el estructural-funcionalismo, por ejemplo- son cómplices del
sistema, decían Wright Mills y Alvin Gouldner.
Asimismo, aquella fue una década donde se dio un
debate mundial sobre le tema del humanismo y el marxismo, si son o no
compatibles. El Che Guevara tomó posición pero no fue el único que escribió,
hubo una literatura muy importante en esa década, sobre el tema del “joven
Marx”, el problema de la alienación - una categoría que hoy se incorporó al
lenguaje de la vida cotidiana, pero que es de origen filosófico - y el terreno
de esa discusión fue la década del ’60.
Este es un esquema muy general, sumamente abstracto
y limitado, de las grandes líneas de emergencia de nuevas corrientes de
ciencias sociales, de indisciplina social y renovación cultural que
convergieron en aquel tiempo.
Lo que queremos expresar al mencionar algunas de
estas rupturas y estas emergencias
–aquí sólo mencionadas, habría que estudiarlas en
profundidad- es que el Mensaje del Che no está escrito “en el aire”. Es el
producto, el punto de llegada de una década que en todo el mundo, desde Asia,
América Latina y África hasta las metrópolis norteamericana,
alemana, inglesa, etc., estaba fermentada por la
indisciplina y la búsqueda de nuevos horizontes.
Se podría pensar, por ejemplo, que la disciplina
social que el capital le había impuesto a la fuerza de trabajo a nivel global
mundial a través de dos guerras mundiales, se empezó a resquebrajar en la
década del ’60. Fue una década de gran rebelión contra el capital, a la que
siguió, en la década del ’70, una contrarrevolución que hoy se conoce
popularmente como el “neoliberalismo”. Esta década donde aparecen Pinochet (uno
de sus iniciadores a nivel mundial), luego Margaret Thatcher, Ronald Reagan,
todo el conservadurismo...
Pero la década del ’60 es justo el interregno entre
el fin de la disciplina de la fuerza de trabajo, que se implementa sobre todo
en Europa Occidental a partir de la Segunda Guerra Mundial, y la
contrarrevolución neoliberal. Se ubica justo en el medio.
Luego de contextualizarlo, pasemos entonces al
texto del Che. Para señalar puntos de discusión.
Primer punto: el Che empieza escribiendo que
aquella es una década de “optimismo”, porque supuestamente hay paz: “Hay un
clima de aparente optimismo en muchos sectores de los dispares campos en que el
mundo se divide”. Más adelante Guevara se pregunta si la paz que genera el
optimismo es real.
¿A qué está haciendo referencia con esta curiosa
referencia al optimismo y la paz? Fundamentalmente, a la política oficial que
en aquella época tenía la Unión Soviética, que se llamaba, en
el lenguaje de
sus dirigentes, la
“coexistencia pacífica”: la
posibilidad de competir con el
imperialismo en el terreno económico y en el terreno ideológico, pero no
competir con el imperialismo en el terreno político-militar. Recordemos que
después de la Segunda Guerra Mundial hubo un reparto del mundo, de “zonas de
influencia”, en un acuerdo famoso en Yalta. Allí, la Unión Soviética se
comprometía a “no generar disturbios”, a no apoyar activamente a movimientos
revolucionarios en la zona de influencia norteamericana y occidental. Y
efectivamente fue así: gran parte de las rebeliones y revoluciones, desde la
rebelión juvenil del
Mayo Francés de
1968 hasta la
Revolución Cubana de
1959 o las guerrillas africanas, no tuvieron apoyo
soviético. O, si en alguno de estos casos lo tuvieron, nunca fue un apoyo
abierto y contundente. A pesar que la URSS tenía una cantidad de armas
impresionante, incluso un gran arsenal nuclear... La URSS apoyó a Cuba mucho
después, pero la vieja idea difundida, según la cual “Sin el apoyo ruso no se
hubiera producido la revolución cubana”,
es un poquito
–para decirlo elegantemente- unilateral,
porque la revolución triunfó en
1959 sin armas soviéticas, sin asesores soviéticos, sin tropas soviéticas, sin
dinero soviético, sin diplomacia soviética. El vínculo entre Cuba y la URSS es
posterior al triunfo de la revolución.
El Che Guevara polemiza con esa tradición de la
coexistencia pacífica, cuando habla al comienzo de su mensaje del “desmedido
optimismo” que reina, como si viviéramos en paz porque no hay guerra mundial, y
entonces se pregunta si la paz será verdadera. Está discutiendo con la posición
soviética.
¿Dónde se puede encontrar esto? Porque quizás algún
compañero pueda desconfiar de lo que estamos diciendo, y tal vez plantear que
la URSS no decía eso...
Muy bien, además de las opiniones que todos podemos
legítimamente sostener, hay documentos. Hay pruebas escritas.
Por ejemplo, hay documentos de una conferencia
mundial de la corriente prosoviética varios años anterior a la Tricontinental
(recordemos que la Internacional Comunista fundada por Lenin había sido
disuelta por Stalin en 1943) donde se sancionó la “coexistencia pacífica” y la
estrategia de “tránsito pacífico” como doctrina oficial. En su declaración se
planteaba que: “La clase obrera y su vanguardia el partido marxista-leninista
tienden a hacer la revolución por vía pacífica [...] En varios países capitalistas,
la clase obrera, encabezada
por su destacamento de vanguardia, puede conquistar
el poder estatal sin guerra civil”26. Esta Conferencia agrupó - así decía la
liturgia de la época - a todos los partidos comunistas y obreros del mundo (en
realidad, sólo a los que estaban enrolados en la línea pro-soviética). Allí
encontramos que, explícitamente, se sostiene que el camino hacia el socialismo
tiene que ser un camino pacífico, es decir, que tiene que haber una “vía
pacífica al socialismo”.
Una formulación teórico política que después, de
manera trágica, y con toda la honestidad revolucionaria que tuvo, al punto que
entregó su vida en este proyecto, intentó llevar a cabo Salvador Allende en
Chile. La transformación del capitalismo y su tránsito al socialismo por vía
pacífica, y fundamentalmente parlamentaria e institucional. Muchas veces,
cuando se recuerda y se machaca con “el fracaso” del Che en Bolivia, no se dice
una sola palabra del supuesto “triunfo”, de la supuesta “viabilidad”, del supuesto
“realismo” que habría acompañado al camino alternativo frente a la propuesta
del Che, es decir, al camino emprendido por Salvador Allende y sus compañeros y
compañeras.
Esto lo planteamos, demás está decirlo, con todo el
respeto del mundo y toda la admiración personal por Salvador Allende, por su
integridad ética y política y por su entrega
a los valores
más nobles de la humanidad.
Pero, al mismo
tiempo nos preguntamos: ¿no
vamos a extraer
ninguna consecuencia política
de 1973, ninguna conclusión teórica del supuesto
“triunfo de la vía pacífica al socialismo” que nos proponen – todavía hoy...-
como alternativa viable y realista frente al supuesto fracaso del Che Guevara?
Años después, esa misma doctrina de la vía pacífica
preconizada por los soviéticos desde fines de los años ’50 y ensayada por
Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile hasta 1973, la adoptó como
estrategia oficial el “eurocomunismo”. Es decir, los partidos comunistas de
Francia, Italia y España, a mediados de la década del ’70, antes de emprender
el rumbo hacia la socialdemocracia (en el caso italiano).
Gran parte de los teóricos académicos europeos
actuales –o de los últimos años- que promueven la peregrina idea de que “no hay
que luchar por el poder”, de que “la idea de revolución es vieja y anticuada”,
de que el marxismo constituye apenas una antigua ideología economicista “que no
entiende de política y aplasta a los movimientos sociales”... son hijos
directos del eurocomunismo. Conformaron sus bases teóricas y filosóficas en el
interregno europeo que se abre con la derrota de 1968 y se cierra con el auge
del eurocomunismo y la
“vía pacífica”. Conviene
no olvidarlo a
la hora de
discutir el problema del poder...
Pero en la década del ’60, esa era la posición
oficial de la Unión Soviética. Exactamente contra esa posición discute el Che
Guevara en este “Mensaje”, cuando comienza problematizando la noción de “paz”.
¿A qué llamamos “paz”? ¿Cómo vamos a construir una paz mundial real, que no
presuponga al mismo tiempo guerras de masacre permanente?
El Che plantea también otro tema para discutir:
formula la idea y la noción del imperialismo entendido como sistema
mundial. En esa época, no estaba de moda
pensar así. Hoy en día, hasta cualquier periódico burgués de cuarta categoría
nos habla de “sistema mundial”, de “la globalización”, de “orden mundial”.
Hasta el diario La Nacion o Ámbito Financiero [diarios argentinos de extrema
derecha y sumamente conservadores], hablan de “la globalización”.
En aquella época, hablar de “sistema mundial”, no
era lo que predominaba en el discurso político, a pesar de que en el
pensamiento político del Che esa idea constituye el eje de su estrategia.
Algunos
años después, un
académico norteamericano, Emmanuel Wallerstein,
publicó varios tomos a partir de 1974, para
entender la historia del capitalismo como un
26 Declaración de la Conferencia de Representantes
de los Partidos Comunistas y Obreros. Bs.As., Anteo, 1960.
sistema mundial. La idea consiste en no estudiar el
capitalismo país por país –separados y aislados- sino en forma inversa, ya
desde sus inicios, a partir de la transición desde el feudalismo al
capitalismo, entendiéndolo como un sistema mundial. Y después se puso de moda
eso en la Academia, también. Uno d elos últimos libros que discuten sobre esta
idea es el texto de Toni Negri: Imperio27.
Negri también plantea hoy al capitalismo como una
sociedad mundial...Aunque da la impresión que cuando Negri dice por allí que
“los viejos internacionalistas proletarios”, “los viejos revolucionarios”, no
tenían una visión mundial, sino una visión país por país, está planteando las
cosas de manera completamente unilateral y forzada. Basta leer el “Mensaje” del
Che para corroborar que su perspectiva no tiene nada que ver con lo que plantea
Negri.
¿No será que cuando Negri habla, polémicamente,
contra “los viejos internacionalistas”, “los viejos revolucionarios”, que no
llegaban a mirar al mundo como una
unidad...está pensando en realidad en sí mismo? Sería mejor que hablara en
primera persona...en lugar de atribuir al conjunto de la izquierda mundial sus
propias debilidades de los años ’60 –por ejemplo su limitación eurocéntrica, su
provincianismo político reducido a Italia y a Europa Occidental-.
Otro tema para discutir: ¿cuál es el campo
privilegiado de la lucha en el planteo del
Che?
El Che Guevara allí prioriza, como lo hacía la
Conferencia Tricontinental: Asia,
Africa, América Latina. Ese es el eje principal –no
único- de la confrontación con el imperialismo.
Tampoco
era común esto,
porque en la
tradición revolucionaria existió,
durante mucho tiempo - y hoy sigue existiendo - un fuerte eurocentrismo.
¿Qué
significa decir esto?
Que hasta que
no se libere
la clase obrera
inglesa o alemana, nosotros, los
de América Latina, Asia y Africa, no tenemos nada que hacer...Mejor cruzarnos
de brazos.
Esta visión, supuestamente “marxista”, todavía hay
quien la repite, en el campo académico. Y muchos marxistas europeos, que se
sienten genuinamente revolucionarios, continúan hoy repitiendo y reflotando con
variados ropajes esta misma idea. Algunos lo escriben, otros simplemente lo
piensan y no lo dicen. Pero sus estrategias políticas se asientan
implícitamente en esta visión.
El Che pone esto duramente en discusión. De manera
ácida, dura, mordaz, polémica. Otro punto en discusión es el papel de la OEA y
de las Naciones Unidas. Esto sigue
aún hoy en debate. Es un tema que tenemos que
seguir discutiendo, si para nosotros es confiable lo que dicen las Naciones
Unidas, que han avalado todas las guerras, que se han puesto siempre –en nombre
del “derecho internacional”...- del lado de los poderosos. El Che tenía una
opinión muy fuerte al respecto. Dice explícitamente: “las Naciones Unidas y la
OEA son máscaras del imperialismo”. Por lo tanto jamás las vamos a aceptar como
una fuente fidedigna. Bajo la bandera “neutral” y “equidistante” de las Naciones
Unidas se han masacrado y se han bombardeado pueblos enteros. En la época del
Che y hoy en día no ha cambiado mucho el asunto. Quizás ha empeorado....
Por otra parte, Guevara sostiene que “Vietnam, esa
nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un
mundo preterido, está trágicamente solo”. ¿Por qué “solo”? Pues porque Vietnam
está aislado en su enfrentamiento con EEUU. El Che critica aquí a las dos
superpotencias (China y URSS): “ [...] Pero también son culpables los
que en el
momento de definición
vacilaron en hacer
de Vietnam parte inviolable del
territorio socialista, corriente,
sí, los riesgos
de una guerra
de alcance mundial, pero también
obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son
27 Cfr. Nuestro Toni Negri y los desafíos de
Imperio. Madrid, Campo de Ideas, 2003.
culpables los que mantienen una guerra de denuestos
y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos
grandes potencias del campo socialista”.
De esta forma el Che le cuestiona al Pacto de
Varsovia (un pacto de asistencia recíproca en el plano político-militar que
tenían la Unión Soviética y los países del Este) por qué no incluyeron a
Vietnam dentro de su territorio inviolable. Si las potencias imperialistas
invadían Polonia había
guerra mundial, si
invadían Rumania había
guerra mundial. Si invadían o bombardeaban la Unión Soviética
había guerra mundial. ¿Pues por qué, entonces, si invadían o bombardeaban
Vietnam no había guerra mundial? ¿Qué razones geopolíticas llevaban a dejar
solo a un pueblo del Tercer Mundo para que impunemente lo desangren, y no
tomarlo como un territorio propio?
Por último, el Che plantea las tareas continentales
de América Latina. Este tema sigue pendiente en la izquierda argentina y
latinoamericana aún hoy. El Che es muy terminante: tiene una formulación muy
famosa, que es casi idéntica a la formulación de 1928 de José Carlos
Mariátegui, que dice que la tarea actual es “o revolución socialista, o
caricatura de revolución”.
Él en ningún momento acepta que en América Latina
las tareas consistan en construir
una “revolución nacional”, “democrática”,
“progresista”, o un “capitalismo con rostro humano” que deje para... el día de
mañana el socialismo. Plantea de una manera muy tajante, muy polémica, que si
no se plantea la revolución socialista, eso es “una caricatura de revolución”,
y que a la larga termina en fracaso o en tragedia, como pasó tantas veces.
Después también aborda el tema de la burguesía, a
la que Guevara no denomina “nacional” sino “burguesía autóctona”. Un tema que
ha vuelto, en los últimos años, en propuestas y debates de economistas e
historiadores nacional-populistas o de centroizquierda que plantean que hay una
burguesía nacional latinoamericana, que esa burguesía es un aliado nuestro, que
tenemos que hacer alianzas con las burguesías nacionales contra el imperialismo
en defensa del mercado interno, y eso implica toda una serie de políticas de
alianzas en el terreno ideológico, cultural, etc.
Por
contraste, el Che
plantea que las burguesías autóctonas
son parte del imperialismo, que no tienen autonomía
propia: “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición
al imperialismo –si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola”.
Esto fue formulado casi una década antes del plan de Martínez de
Hoz...[ministro de economía de la dictadura militar argentina de 1976
encabezada por el general Videla]. Es decir, que para Guevara no habría que
haber esperado a 1976 para, recién allí, empezar a pensar que la burguesía
nacional no puede dirigir.
¡No!. Casi una década antes de la supuesta
desindustrialización, ya el Che descree de la capacidad emancipadora de la
burguesía autóctona latinoamericana (“nacional” para sus defensores...).
Asimismo, Guevara plantea el tema de la
confrontación armada, y tiene una formulación
(que podemos discutir,
también) donde señala
los límites, muy
fuertes (pensemos en la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de
2001, donde muchos de nosotros participamos...) de la lucha callejera.
“Y los combates no serán meras luchas callejeras de
piedras contra gases lacrimógenos, ni de huelgas generales pacíficas; ni será
la lucha de un pueblo enfurecido que destruya en dos o tres días el andamiaje
represivo de las oligarquías gobernantes; será una lucha larga, cruenta” dice
el Che, poniendo un límite muy fuerte, para poder realmente hacer una
revolución.
También en este mensaje, Guevara, que antes –en
1965- había afirmado en “El socialismo y el hombre en Cuba” que “Déjeme
decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está
guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar
en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”
plantea una dialéctica muy difícil de aprehender desde los valores inculcados
en nosotros por las clases dominantes. Porque convengamos en que nos han
educado –más allá de credos y religiones- en la cultura del “poner la otra
mejilla”.
En un célebre poema, decía Bertolt Brecht que:
“Me gustaría ser sabio también / Los viejos libros
explican la sabiduría: / apartarse de las luchas del mundo / y transcurrir sin
inquietudes nuestro breve tiempo. / Librarse de la violencia, / dar bien por
mal, / no satisfacer los deseos y hasta olvidarlos: tal es la sabiduría”.
En esa cultura nos han educado desde pequeños. Si
nos hacen el mal, dar la otra mejilla, o, como dice Brecht, devolver con bien
el mal que nos han hecho. (Por supuesto que Brecht termina su poema diciendo:
“Pero yo no puedo hacer nada de esto: / verdaderamente, vivo en tiempos
sombríos”). Sin embargo, nos han educado en esa cultura del agachar la cabeza,
resignarse y nunca responder las agresiones. Esa es la base subjetiva de la
internalización de la dominación burguesa.
El Che Guevara se rebela frente a esos valores. Es,
precisamente, la encarnación máxima de la rebeldía y el rechazo de esos
valores. Como en su época escribió Brecht -Pero yo no puedo hacer nada de
esto-, de igual manera el Che no acepta esos valores.
Y entonces –pensando en Vietnam, pensando en las
luchas revolucionarias latinoamericanas, pensando en el colonialismo racista
europeo en África, pensando en los miles de torturados y torturadas de
Argentina y América Latina (ya en los ’60...), pensando en las mujeres
indefensas violadas por las tropas de ejércitos entrenados por EEUU, pensando
en “las bestias hitleristas”- Ernesto Guevara sostiene que: “un pueblo sin odio
no puede triunfar sobre un enemigo brutal”.
Esta formulación no puede separarse del objetivo
central de los revolucionarios: la lucha tiene por finalidad acabar con la
explotación y la enajenación de nuestros pueblos. Esa lucha tiene como valor
fundante el amor: “Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta
cualidad” nos había dicho poco antes. No se pueden separar ni escindir ambas
formulaciones. El pensamiento burgués las separa, siempre, invariablemente, cae
en antinomias: Odio o amor. Paz o guerra. El pensamiento burgués, sus categorías
analíticas, sus valores fetichizados y fragmentados, no pueden escapar a las
dicotomías. O amamos y ponemos la otra mejilla, o nos decidimos por la lucha y
entonces odiamos.
El pensamiento burgués no comprende que quien se
enfrenta a la barbarie capitalista, a la barbarie imperialista, a la barbarie
nazi, ama al pueblo, ama al compañero y a la compañera, ama a todo aquel que
lucha por la libertad, ama a todo aquel que no se queda sólo en palabras sino
que también materializa la solidaridad y el compromiso en su vida cotidiana,
pero al mismo tiempo y en el mismo movimiento odia al explotador, odia al
opresor, odia al torturador, odia al racista, odia al violador, odia al verdugo,
odia al nazi, odia al esclavista, odia al apropiador de los hijos de nuestros
compañeros, odia al secuestrador y al genocida.
¿O tenemos que poner la otra mejilla? ¿O tenemos
que amar a Videla, a Pinochet, a
Franco, a Mussolini y a Hitler? ¡¡¡¡De ningún
modo!!!!
¿Podría haber triunfado el pueblo vietnamita amando
al invasor yanqui, al que quemaba sus campos, al que tiraba vivos compañeros
del Vietcong desde los aviones y helicópteros, al que prostituía a sus hijas y
hermanas, al que quemaba vivo con Napalm, al que destruía el honor de su
pueblo?
¿Podrían haber triunfado los guerrilleros
comunistas que en la retaguardia de las tropas nazis no los dejaban descansar
un minuto cuando Hitler invadió la Unión Soviética si hubieran amado al
invasor, perdonándole sus crímenes, reconciliándose con los genocidas de
pueblos enteros?
Pensemos
en todas las
polémicas que se
generan sobre las
declaraciones de las Madres de Plaza de Mayo. Cuando ellas no
perdonan, no ponen la otra mejilla, no se abrazan con los secuestradores de sus
hijos e hijas, no quieren reconciliarse con los opresores y verdugos.
Sí, el Che es muy fuerte, muy polémico, no tiene
nada que ver con este “chico bueno de pelo largo” que nos quiere presentar el
sistema de propaganda en la voz del
poder.
Guevara es muy duro cuando plantea que un pueblo
sin odio a sus explotadores, a sus enemigos, no puede vencer. En nuestra
modesta opinión, ese pensamiento no está disociado de su marxismo humanista. El
Che plantea y conjuga ambas dimensiones al mismo tiempo. Por eso es tan
polémico.
Y el último tema que menciona es la unidad, el gran
tema de la unidad de las fuerzas revolucionarias. El Che plantea que a pesar de
no tener esperanzas en unir a estas dos grandes potencias, él apuesta a la
unidad como eje. Dice así: “Es la hora de atemperar nuestras discrepancias y
ponerlo todo al servicio de la lucha”.
El Che no es Dimitrov [dirigente de la
Internacional Comunista durante la década del
‘30] quien, en el VII Congreso de la Internacional
de 1935 planteó la doctrina del “Frente Popular”, es
decir, la unidad
de la clase
obrera con la
burguesía “no fascista”
y “democrática”. ¡No!, ¡ese no es el camino del Che!. No se puede hacer
la unidad con la burguesía. O revolución socialista o caricatura de revolución.
Esto vale también para la cultura. No se puede conjugar al marxismo
revolucionario con el liberalismo burgués y “democrático”. Son términos
antagónicos.
Pero el Che sí quería la unidad: la unidad de los
revolucionarios, la unidad contra el sistema, la unidad de la militancia
antimperialista, la unidad de los trabajadores en todas sus fracciones
clasistas y antiburocráticas, la unidad de los que enfrentan al poder. En
términos históricos, la unidad que nos reclama el Che no corresponde al frente
popular de Dimitrov y Stalin (y la cultura política que los acompañó hasta la
actualidad) sino al frente único preconizado por Lenin y Gramsci.
Esa unidad, sí que es válida. No conviene
confundirla con la unidad genérica y policlasista de Dimitrov. No tienen nada
que ver una con la otra. Y este no es un simple “detalle” históriográfico. Por
allí pasa, justamente, uno de los ejes centrales de la lucha anticapitalista
contemporánea contra la globalización del capital.
Por esa unidad reclamaba el Che: “Y si todos
fuéramos capaces de unirnos, para que nuestros golpes fueran más sólidos y
certeros, para que la ayuda de todo tipo a los pueblos en lucha fuera aún más efectiva,
¡qué grande sería el futuro y qué cercano!”.
Y si hablamos de “ayuda a los pueblos en lucha”,
terminemos entonces esta clase con la ética revolucionaria del Che. Esa ética
que no pueden entender los pusilánimes que lo acusan –desde sus cómodos
sillones- de mil y un pecado. Esa ética
que recorre como un hilo rojo todos sus escritos teóricos, su pensamiento
político y toda su práctica revolucionaria. Esa ética que Guevara, sin ser un
Dios, sin ser un santo, sin ser un ángel, siendo simplemente un ser humano y un
militante como cualquiera de nosotros, convirtió en norma de vida.
Creemos que esa ética, presente en toda su obra,
está resumida en una corta y apretada sentencia del “Mensaje a los pueblos del
mundo” que deberíamos hacer nuestra hoy en día:
“No se trata de desear éxitos al agredido, sino de
correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o a la victoria”. Estaba
pensando en Vietnam. Es indudable. Pero también estaba pensando en América
Latina, en Bolivia, en Cuba, en Argentina...
Otro mundo es posible... con la revolución
socialista (El internacionalismo del Che28)
El tema que hoy nos congrega es el
internacionalismo del Che Guevara y las nuevas luchas contra la mundialización
del capital. Para nosotros este tema resulta fundamental por su actualidad y
porque puede ayudar a avanzar en la conciencia socialista, fundamentalmente a
los jóvenes de ese “movimiento de movimientos”, para utilizar una expresión con
que algunos han definido al actual movimiento contra la mundialización del
capital.
Nuestra primera hipótesis de trabajo, a contramano
de muchos bestsellers que hoy hacen furor, es que la globalización no es
absolutamente nueva.
Se ha instalado como tema novedoso,
fundamentalmente en los medios de comunicación y también en el terreno de las
ciencias sociales. Lo que se instaló como novedoso es el término:
“globalización”. Pero el problema del cual pretende dar cuenta este término, la
realidad a la que hace referencia, no es absolutamente nueva. En los medios de
comunicación del sistema se intenta, de manera intencionada, argumentar que
como esto que estamos viviendo es “tan nuevo”, entonces las llamadas “viejas
teorías” -como se refieren comúnmente a los discursos críticos del capitalismo
elaborados por el marxismo- ya no van más... Esto es “tan nuevo” –nos dicen-,
que todo lo anterior quedó en el pasado. El marxismo resulta muy simpático, muy
interesante, muy pintoresco inclusive, pero... ya es parte del pasado. ¡Ya está
muerto!.
Nosotros pensamos, en cambio, que el problema del
que intenta dar cuenta la terminología hoy en boga que gira alrededor de la
globalización, es muy anterior.
Podríamos decir, por ejemplo, que a fines del siglo
XV y comienzos del XVI, a partir de los viajes de Colón y sus colegas, el mundo
se empieza a unificar. Obviamente, todo ese proceso que acompaña la expansión
europea se realiza de manera caótica, despótica, brutal. Ese proceso está
atravesado por las masacres, por las conquistas, po la esclavitud de pueblos
enteros, por el genocidio... Todo lo que nosotros ya conocemos y compartimos
críticamente. Pero no se puede desconocer o soslayar que en esa época ya comienza
una cierta unificación del mundo, una expansión de Occidente, donde se produce
un aplastamiento brutal de las sociedades periféricas.
Un poco más cerca nuestro, en el siglo XIX, Carlos
Marx escribe en el Manifiesto Comunista acerca de la expansión del capitalismo
y la unificación tendencial del mundo bajo el reinado del valor de cambio y la
producción para el mercado. En otro lenguaje, con otra terminología, Marx nos
está hablando allí de lo que hoy se conoce como “globalización”.
En esos años Marx plantea, entonces, que con el
capitalismo “el mundo se unifica”. Dice textualmente: “el mundo empieza a ser
redondo, por primera vez”, a partir de los barcos de vapor, el ferrocarril, el
telégrafo, los medios de comunicación que marcaron aquella época. El capital se
expande por el mundo -Marx sostiene esta hipótesis- en extensión y en
profundidad. Por su propia lógica interna, el capital necesita expandirse,
tanto en extensión como en intensidad, hacia “afuera” y hacia “adentro”, fagocitando
todo tipo de relaciones sociales que le son adversas, externas o extrañas, que
resisten, o sociedades que no han sido incorporadas aún a la lógica
capitalista. Por esos años Marx utilizará dos expresiones que provienen de la
lógica del silogismo para dar cuenta de este fenómeno de subordinación y
unificación mundial bajo el reinado del valor de cambio, el mercado y el
capital: “subsunción
28 El siguiente texto fue elaborado a partir de una
clase pública desarrollada en la Universidad Popular Madres de
Plaza de Mayo el 23/8/2002 en oportunidad del Foro
Social temático reunido en la Argentina.
formal”
(para la expansión
en extensión) y
“subsunción real” (para la expansión
en profundidad).
Como el capital necesita expandirse
permanentemente, el capitalismo nace como un tipo de sociedad internacional,
nace de manera mundial. Se estructura luego a partir de Estados nacionales -lo
primero que en cada sociedad intenta construir la burguesía, históricamente, es
el mercado interno, el ejército nacional y el Estado nación- pero, a partir de
allí, se proyecta siempre a nivel internacional, desde sus mismos orígenes.
Algunos historiadores, algunos economistas, algunos
sociólogos, plantean que el capitalismo nace como un sistema mundial, y luego
se estructura en Estados-naciones, en territorios donde se delimita el campo de
dominio de cada fracción nacional del capital mundial. Por supuesto que dentro
del capitalismo todas las naciones no están en el mismo rango, en el mismo
plano: hay asimetrías. El capitalismo se desarrolla de manera desigual. Hay
sociedades dominadoras y metropolitanas y sociedades dominadas, sociedades
centrales y sociedades periféricas, semicoloniales, dependientes. ¡En la esfera
internacional también hay relaciones de poder!. Pero el capitalismo nace como
sistema mundial, por eso decimos que el actual proceso de expansión capitalista
globalizada (en extensión y en profundidad) no es tan “novedoso” como lo
presentan hoy en día en los suplementos culturales de los grandes diarios
burgueses.
En el tomo primero de El Capital, en su capítulo
XXIV (24), el de la llamada acumulación originaria del capital, Marx habla
concretamente de nosotros, de los latinoamericanos. Allí plantea que la
conquista y la colonización de América fue parte de la acumulación originaria
del capital europeo. Aunque muchas veces asumiera formas sociales locales de
carácter precapitalista, entendido como proceso global, la conquista y
colonización de América fue parte de la conformación del sistema capitalista
mundial. No fue un emprendimiento “feudal” –como sostuvieron erróneamente
algunos historiadores del período- sino una empresa capitalista de largo
aliento.
Pero así como las múltiples dominaciones que va
enhebrando el capital a lo largo de la historia asumen un carácter
internacional, las resistencias frente a esa expansión sociopolítica también
nacen de manera internacional (aunque se estructuraran a partir de las
tradiciones locales, de las tradiciones populares de cada sociedad).
Pensemos en una de las primeras resistencias
continentales contra la colonización española: la insurrección encabezada a
fines del siglo XVIII por José Gabriel Condorcanqui (Túpac Amaru). En aquella
época del virreynato, nadie hablaba – obviamente- de la “globalización”. Ellos
no lo llamaban con este lenguaje, pero no era un pueblito aislado o una aldea
pequeña los que se levantaban contra la conquista y la colonización española.
¡Era una parte importante de todo el virreynato, que abarcaba lo que hoy serían
varios países enteros del continente!. Según algunos historiadores que han
estudiado ese proceso, la insurrección encabezada por Túpac Amaru fue en
realidad una confluencia de múltiples
rebeliones que confluyeron
y se articularon
entre sí en un
movimiento que en su punto de auge alcanzó repercusiones prácticamente
continentales. Por ejemplo, casi en forma paralela a la rebelión de Túpac
Amaru, se produjo el levantamiento encabezado por Julián Apaza, conocido
popularmente como Túpac Catari. (Sólo como comentario colateral –pues no es
aquí nuestro eje de discusión-, conviene recordar que en estas primeras
rebeliones e insurrecciones de
nuestro continente contra
la dominación colonial las
mujeres jugaron un papel nada desdeñable. Por ejemplo, asociada al liderazgo
insurrecto de Túpac Amaru, encontramos a Micaela Bastidas, quien jugó un papel
sumamente radical en el proceso tupacamarista. En el caso de la insurrección de
Túpac Catari, encontramos igualmente a la cabeza a dos mujeres Bartolina Sisa y
Gregoria Apasa. La lucha internacional de las mujeres tampoco nació en
Seattle...).
Esta insurrección indígena y popular de fines del
siglo XVIII, nace con un carácter “internacional”, o para expresarlo con mayor
propiedad histórica, con una forma que excede largamente cualquier reducción
localista o nacional. Ese es un antecedente continentalista que no se puede
obviar.
Un poco más cerca de nuestra época, para avanzar
rápido y llegar hasta el Che: todas las luchas independentistas de los orígenes
de las naciones latinoamericanas, con José de San Martín y Simón Bolívar a la
cabeza, al principio del siglo XIX, nacen como un proyecto de emancipación
continental. Esto se estudia hasta en la escuela primaria y lo sabe cualquier
estudiante mínimamente informado...Por eso San Martín libera a este país, pero
luego pasa a Chile y luego a Perú; y Bolívar va desarrollando una lucha similar
de país en país en la parte norte de sudamérica. Los ejércitos de la
emancipación americana nacen como un ejército continental y como un proyecto
político continental. Por lo tanto la resistencia frente a la dominación,
también en este caso, asume en sus orígenes un carácter que excede largamente
la reducción local o nacional.
Más avanzado el siglo XIX, ahora en Europa, ya
resquebrajado el viejo colonialismo español y portugués y mucho más
desarrollado el capitalismo inglés y francés, se funda la Primera Internacional
(Asociación Internacional de los Trabajadores –AIT). Marx no es el único de sus
dirigentes, como algunas veces se dice..., allí convivían muchas tendencias,
como pasa hoy en día en el “movimiento de los movimientos”. Esta vieja imagen
de que la Primera Internacional sólo era marxista es un mito, en realidad había
muchas corrientes: republicanos, socialistas, marxistas, anarquistas. La
Primera Internacional –esta es la ventaja sobre todos los movimentos
emancipadores que la antecedieron en Europa y en América- plantea por primera
vez de modo conciente y explícito la necesidad de la lucha internacionalista
como programa de acción política. No sólo de hecho sino como programa. Allí las
ideas de Marx, aunque no fueron las únicas, jugaron un papel principal. Casi
diríamos hegemónico.
Luego, al comienzo del siglo XX, triunfa por
primera vez, y se logra mantener en el poder, una revolución proletaria: la
revolución bolchevique. Aunque el movimiento encabezado por Lenin y Trotsky
logra triunfar originariamente en Rusia, ese proceso nace como un proyecto
internacional. Justamente los bolcheviques cuestionaban a la antigua Segunda
Internacional el haber abandonado la tradición internacionalista al haber
votado, durante la primera guerra mundial, en los respectivos parlamentos
europeos los créditos de guerra para apoyar –respectivamente- a cada una de las
fracciones nacionales del capital internacional.
Lo primero que fundan los bolcheviques es una
“Unión de Repúblicas Socialistas” y una
organización que continúa
la tradición que
se había perdido:
la Internacional Comunista, cuyos
primeros fundadores son Lenin y Trotsky. Luego esa experiencia se desdibuja, se
modifica la historia, se borran las fotos..., pero el proyecto original
anhelaba la revolución en todos los países. Fundamentalmente en Europa -vamos a
ser sinceros, porque aún la Internacional Comunista, sumamente radical, estaba
fuertemente impregnada de europeísmo-. Pero el proyecto originario rechazaba la
razón de Estado, el sacrificar otros procesos revolucionarios en aras de “los
intereses de la patria”. Esa primera generación de bolcheviques esperaba que
triunfe la revolución en Alemania, en Italia, en Hungría, etc., pero apostando
también a las rebeliones de la India, de China, de los latinoamericanos. La
Internacional Comunista publica dos documentos dirigidos a los pueblos
latinoamericanos, esperando que aquí también, entre nosotros, se prolongue esa
revolución internacional. El primer documento lleva por título “Sobre la
revolución en América” (1921) y el segundo “A los obreros y campesinos de
América del Sur” (1923).
Y seguimos avanzando a pasos agigantados en el
tiempo. Y llegamos a la década del Che, la década del ’60. En La Habana se
realizan dos conferencias internacionales, cuando la palabra “globalización” no
se utilizaba todavía y no estaba de moda. Una es la Conferencia Tricontinental,
reunida en enero de 1966, y otra es la OLAS (Organización Latinoamericana de
Solidaridad), reunida en agosto de 1967. Ambas plantean -también- un proyecto
internacional de resistencia al capitalismo. Hubo frases programáticas que sintetizaron
el pensamiento político revolucionario de toda aquella época: “La Cordillera de
los Andes será la Sierra Maestra de América Latina”. El proyecto de Fidel y el
Che nace, de manera análoga a los intentos de San Martín y Bolívar de comienzos
del siglo XIX, como un proyecto político continental.
En esa larga y extendida trayectoria se inscribe el
proyecto del Che. Como siempre insistimos, el Che no sale de una burbuja, no es
un personaje ajeno a la historia, sino que se inscribe en un movimiento
histórico que él no inventa. Desde nuestro punto de vista, el Che es la máxima
expresión de un movimiento mucho más extenso (que, obviamente, no se reduce a
su biografía) y es en ese contexto donde el Che plantea su proyecto
internacionalista.
Ese proyecto lo plantea en el mensaje más maduro,
el “Mensaje a los pueblos del mundo
a través de la Tricontinental”. Allí
deja sentado, explícitamente, que
estamos luchando por la revolución socialista a nivel mundial. Él ve
como terreno principal de esa lucha al Tercer Mundo, pero no se queda en una
visión sesgada o unilateral. Tiende un puente, tiende una mano, abre el juego
de las alianzas posibles, esperando encontrar del otro lado la solidaridad
internacional de los revolucionarios europeos, que se oponen por ejemplo a que
Francia domine a Argelia, y también de los jóvenes y los negros norteamericanos
que se oponen a que EE.UU. domine Vietnam. En la estrategia mundial del Che,
entraba toda la rebeldía del “Primer Mundo”, es decir, del mundo capitalista
desarrollado, como un aliado estratégico de los pueblos y los trabajadores
revolucionarios y antimperialistas del Tercer Mundo. Ese mensaje llegó lejos...
No casualmente cuando se levantan los jóvenes y los estudiantes en 1968 en toda
Europa y en Japón, así como también en Estados Unidos (el Che ya había sido
asesinado en Bolivia para ese entonces) en sus movilizaciones llevan como
pancarta la figura del Che. No es una casualidad. Tampoco es fortuito que un
pensador tan profundo y radical como Herbert Marcuse, cuando discute
públicamente en Berlín con Rudi Dutschke (líder del movimiento juvenil alemán
del 68) sobre el Che y sobre Vietnam en asambleas multitudinarias, se hace eco
de esta propuesta estratégica internacional y mundial contra el capitalismo.
El internacionalismo, la perspectiva global de la
resistencia mundial contra la dominación y la explotación, contra el
colonialismo y el imperialismo, contra la sujeción de todo el planeta a la
lógica perversa de la acumulación del capital, es entonces el producto de un
largo desarrollo histórico. No nace con el Che y menos que menos nace en
Seattle... A partir de allí, podemos repensar las luchas actuales. Allí
encontramos un evidente y llamativo elemento de continuidad con las
resistencias del pasado.
Las nuevas luchas que estamos viviendo hoy, son la
prolongación de esa historia previa, a pesar de que en el mundo académico y en
los medios de comunicación -siempre nos chocamos con esta pareja inseparable:
los que elaboran las teorías y los que las difunden, las academias y los medios
de comunicación masivos- se plantea, de la mano de pensadores posmodernos y
posestructuralistas, que entre las nuevas luchas de hoy y las luchas anteriores
existe un corte. Un abismo. Como si unas y otras no tuvieran nada que ver entre
sí. Como si la historia fuera una sucesión de capas geológicas...“Empezamos de
cero” dicen estos filósofos, por lo general de origen parisino...
Sin embargo, alguna vez escribió Rodolfo Walsh, ese
gran revolucionario argentino desaparecido: "Nuestras clases dominantes
han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan
doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo,
separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las
lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos
dueños son los dueños de todas las otras cosas”.
La historia real es bien distinta a la que nos
describen los filósofos académicos posestructuralistas. La lucha contra la
mundialización del capital y contra sus diversos modos de dominación viene de
muy lejos, aunque tome nombre distintos, protagonistas distintos, y a veces,
también, matices importantes distintos.
Hoy el terreno de dominación se universaliza y la
lucha también se mundializa. ¿Hay diferencias entre el “movimiento de los
movimientos” de hoy y las luchas y resistencias del pasado? Nosotros creemos
que sí, que junto con la continuidad también hay diferencias. Una de esas
posibles diferencias, consiste en que San Martín y Bolívar tenían una
organización que los orientaba y de la
cual brotaba una estrategia. Ambos
formaban parte de logias secretas que eran los partidos políticos de aquella
época. En la época de Marx, de la Primera Internacional, de la lucha de la
Comuna de París, los trabajadores tenían una organización y tenían una
estrategia. Una organización heterogénea, disputada, con conflictos
permanentes, donde se enfrentaban
de manera trágica
anarquistas y marxistas,
pero tenían una organización. La Internacional
Comunista, con todos sus problemas, primero su europeísmo y luego su
burocratismo (en tiempos de Stalin), tenía una organización y una estrategia.
Con todo lo bueno y con todo lo malo que tuvo.
Las luchas revolucionarias de los años ’60 y ’70,
con toda la heterogeneidad, los enfrentamientos, las divisiones, tenían un
germen de organización. La OLAS fue ese germen de organización donde convergían
en el horizonte de una misma estrategia continental los marxistas
revolucionarios, los nacionalistas radicales del Tercer Mundo, los cristianos
de la liberación y también
el movimiento negro
norteamericano (no deben
olvidarse, en este sentido, los estrechos vínculos entre
las Panteras Negras y la revolución cubana).
Hoy en día, en cambio -esta es otra hipótesis de
trabajo para discutir- no tenemos una organización que coordine todas estas
luchas en función de una misma estrategia. Los Foros (primero el de San Pablo,
luego el Encuentro Intergaláctico –por la Humanidad y contra el neoliberalismo-
, más tarde los Foros Sociales Mundiales) son un primer intento de empezar a
coordinar, debatir e intercambiar experiencias, pero que -igual que sucedió
anteriormente- están sujetos a una lucha por la hegemonía.
Creemos que el Foro Social Mundial tiene -no en sus
componentes, cada vez más masivos, no en los compañeros y compañeras que
participan de manera entusiasta, sino en sus organizadores oficiales- una
cierta tendencia creciente hacia una posición no claramente anticapitalista. Se
habla contra el neoliberalismo, pero la crítica contra el capitalismo queda un
poco desdibujada y relegada. Nosotros sospechamos que “el control democrático
de los mercados financieros y sus instituciones” (propuesta central de donde
nació ATTAC, por ejemplo) implica una visión de la lucha demasiado tímida,
demasiado aggiornada, demasiado temerosa como para poder crear realmente “otro mundo posible”.
Nosotros sospechamos que en la organización de los
Foros Sociales Mundiales existe cierto intento por hegemonizar este intercambio
de experiencias internacionales, para intentar arrastrar al movimiento hacia
posiciones que, sin temor a exagerar (y sin ánimo de agredir a nadie), podemos
llamar “moderadas”. Bastante moderadas, por cierto...Demasiado parecidas a las
posiciones de la socialdemocracia. No de la socialdemocracia de principios del
siglo XX que, aunque moderada, pretendía “otro mundo posible” en serio y
entendía por tal el socialismo, aunque quisiera llegar allí de manera
evolutiva, parlamentaria y pacífica. Sino a
la
socialdemocracia actual cuyo
horizonte político ha
quedado reducido a
pedir un
“capitalismo más humano y racional” pero ya no se
propone el socialismo.
Estos hechos que mencionamos no son un elemento
coyuntural. Creemos que en ellos encontramos una diferencia importante con las
luchas del pasado. La potencialidad actual de las luchas es muy alta, pero al
carecer de una organización y fundamentalmente de una estrategia de
confrontación con el capital transnacionalizado, con el imperialismo
mundializado de nuestros días, partimos
de una debilidad importante.
Y otra diferencia es que hoy tenemos una pluralidad
de sujetos, que también enriquecen el debate, y al mismo tiempo complejizan la
organización. No es fácil, como en Seattle, coordinar a las feministas, los
ecologistas, los pueblos indígenas, los trabajadores clásicos de la industria,
los desocupados..., son sujetos con intereses en común, pero muy
heterogéneos. Uno de
nuestros mayores desafíos
consiste en coordinar organizativamente las luchas
mediante una estrategia a nivel mundial que nos aglutine, respetando la
diversidad pero combatiendo la fragmentación. ¡Diversidad no es sinónimo
de fragmentación! (como
proclama, erróneamente, el
posestructuralismo y el posmodernismo). En la época de la
Internacional Comunista el sujeto era mucho más homogéneo, era más fácil la
organización. Este es un desafío que tenemos por delante.
Otro
momento importante de
los desafíos pendientes
de la lucha
mundial actual implica no
confundir el rechazo –sano y legítimo- contra las jerarquías de todo tipo con
la necesidad de la organización y la estrategia. La confusión entre un anhelo
libertario y un rechazo legítimo de las jerarquías como si ambas fueran
necesariamente equivalentes de la no necesidad de una organización y de la no
necesidad de una estrategia que planifique los enfrentamientos con el capital
en el tiempo y en el espacio es uno de los peligros mayores que la literatura
filosófica posmoderna y posestructuralista ha inoculado dentro del “movimiento
de los movimientos”. Bajo el justo reclamo de la horizontalidad se termina
rechazando toda pretensión revolucionaria y antisistémica. El pensamiento
revolucionario y libertario del Che –ácidamente crítico de todo burocratismo y
de toda razón de Estado- puede servir como acicate para dar estas discusiones
ideológicas al interior del movimiento con las corrientes más proclives a la socialdemocracia
europea.
Por último, lo que creemos que queda pendiente
plantear en relación al Che, a su
proyecto de revolución socialista internacional y a
los nuevos desafíos que tenemos hoy en día, son dos temas centrales, donde el
proyecto de Guevara sigue plenamente vigente:
Primero: ¿contra quién estamos peleando y
confrontando? El Che planteaba que la pelea es contra el capitalismo y contra
el imperialismo, que no es más que una fase –la más agresiva y guerrerista- del
desarrollo del capitalismo. No es cierto que estamos peleando solamente contra
el capital financiero, como muchas veces sugiere ATTAC o Le Monde Diplomatic.
No hay un capitalismo “malo” (el financiero, defendido ideológicamente por el
neoliberalismo) y un capitalismo “racional y con rostro humano” (el productivo
e industrial, legitimado por el keynesianismo). El capitalismo es uno solo y va
cambiando a lo largo de la historia en función de la lucha de clases. El
imperialismo y el neoliberalismo no son más que fases del desarrollo
capitalista. No son excepciones a la regla.
El imperialismo sigue existiendo. Hay que remarcar
esto. No es cierto que todos los países del mundo sean “intercambiables”, no es
cierto que Brasil sea lo mismo que Estados Unidos o que India sea lo mismo que
Inglaterra, como dijo hace poco Toni Negri (usando de manera deformada y
recortada un ejemplo clásico de La revolución permanente de Trotsky, obviamente
sin citarlo). ¡No, no es cierto! ¡Hay imperialismo! Hay guerras. Hay
dominación, dependencias y asimetrías en el capitalismo mundial. El enemigo del
Che es el mismo que tenemos hoy en día.
Segundo
tema: el problema
del poder. El
proyecto del Che
era que los revolucionarios tienen que tener por
objetivo, la toma del poder para realizar cambios realmente radicales. ¡Que no
empiezan con la toma del poder, empiezan antes!. Esta Universidad Popular de
las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, es una clara expresión de ello. No
esperamos a que “se produzca” una revolución en Argentina para crearla. Pero no
por ello vamos a confundirnos pensando –¿ingenuamente?- que se puede cambiar el
mundo sin hacer una revolución. Ni el acceso al gobierno es lo mismo que el
poder ni se puede cambiar el mundo sin hacer la revolución (como piensa John
Holloway).
El Che entregó lo mejor de sí, dio su vida misma,
en función de un proyecto de emancipación de los pueblos de carácter
internacional y mundial. Quería y anhelaba “otro mundo posible”. Pero sabía
perfectamente que la única manera de crear “otro mundo posible” es...mediante
la revolución socialista a escala mundial. Por eso el Che resumía su apuesta
política sosteniendo que
“revolución socialista o
caricatura de revolución”.
En el movimiento contra la
mundialización capitalista no podemos darnos el lujo de volver a caer (ahora
con “novísimos” argumentos posestructuralistas o posmodernos) en las recicladas
y falsas ilusiones del pasado. Recordemos y aprendamos de nuestro querido y
abnegado compañero Salvador Allende. Si haber pretendido ayer cambiar el mundo
sin hacer la revolución socialista fue una tragedia, hoy sería una tan solo una
farsa. O, en el lenguaje del Che, apenas una caricatura.
Marx y la discusión sobre la enajenación en la
búsqueda filosófica del Che(29)
Hoy comenzaremos a analizar qué pensamiento tenía
el Che en cuanto a la filosofía del marxismo. Y ya desde el vamos, algunos compañeros
me decían: “¿cómo?, ¿la filosofía del Che? El Che era un revolucionario
práctico, pero... de filosofía....poco y nada”. Incluso una alumna en la
Universidad de Buenos Aires (UBA), una compañera de izquierda, cuando le conté
de esta Cátedra me dijo: “Realmente no entiendo porqué ustedes ponen tanta
energía en estudiar al Che, que era un revolucionario práctico, pero que no
hizo aportes en el plano de la teoría...”.
Nosotros no estamos de acuerdo con este tipo de
opiniones, que están muy difundidas, no sólo en la gente que pertenece al
sistema capitalista, la gente que desprecia, que critica o que cuestiona esta
tradición de pensamiento emancipador, sino incluso dentro del campo
revolucionario. Nosotros pensamos que en el campo revolucionario, muchas veces
hubo - y hay, todavía, aunque cada vez menos, que exista la Universidad Popular
de las Madres es expresión de que cada vez menos... - cierto prejuicio
antiintelectualista y antiteórico. Un prejuicio en el sentido de que aquel que
se dedica a investigar o a estudiar dentro de las ideas revolucionarias, no es
un verdadero revolucionario. Porque el verdadero revolucionario, únicamente
tiene que ir a la práctica, pero esa práctica no tiene que estar abonada con un
pensamiento teórico. Un prejuicio nefasto y muy peligroso que nos ha hecho
muchísimo daño.
El Che estaba totalmente en contra de esa opinión.
Vamos a discutir por qué.
Ese antiintelectualismo tiene consecuencias muy
“complicadas” para la lucha política. Porque al despreciar el estudio, al
menospreciar la teoría, se termina luego creyendo en determinados discursos que
no tienen solidez, que no tienen una perspectiva revolucionaria, que en última
instancia juegan totalmente a favor del sistema.
Podríamos citar muchísimos ejemplos: desde aquellos
que abrazan la filosofía posmoderna y
posestructuralista de Toni Negri y
decretan que... ¡el imperialismo ya no existe! hasta aquellos otros que cifran
la posibilidad de una revolución social latinoamericana en el descubrimiento
del... ¡genoma! Sin olvidarnos tampoco de los que –copiando mecánicamente el
ejemplo venezolano- nos reclaman la unidad con las Fuerzas Armadas y con los
(supuestos) “militares patriotas” o nos sugieren que no hablemos más de socialismo
sino de “democracia participativa”...
¿Cómo puede ser que “penetren” entre nosotros ese
tipo de discursos? ¿Cómo puede ser que tengan todavía tanta audiencia y
seduzcan tanto? Eso solamente se explica porque aún sobrevive entre nosotros un
desprecio muy fuerte por la teoría. Es un obstáculo peligrosísimo a superar.
Sólo superándolo se podrá contrarrestar la hegemonía del enemigo.
Si en cambio hubiera cierto respeto por el estudio
teórico - que no es sinónimo de “onanismo intelectual”, no es sinónimo de
“pequeña burguesía” o “clase media” que le gusta hablar en difícil, que no es
jamás “una pérdida de tiempo” – esos discursos serían rebatidos y rechazados al
instante. Para luchar eficazmente por la revolución hace falta estudiar. “Sin
teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario”, pensaba Lenin.
29 El siguiente texto fue elaborado a partir de una
clase pública desarrollada en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo el
12/7/2002.
El Che fue el primero en ese sentido. Así se lo
recomendaba siempre a los y las jóvenes cubanos/as que él educaba y con los que
él compartía las tareas cotidianas de la revolución anticapitalista.
El Che era una persona muy estudiosa. Además de ser
un revolucionario práctico, un guerrillero, era muy, pero muy estudioso.
Guevara tenía, una vez que los revolucionarios tomaron el poder en Cuba, dos
grupos de estudio. Y no era un estudiante universitario..., ¡era un ministro!.
Era un miembro de la dirección política de la revolución cubana. No le sobraba
el tiempo, precisamente...
A pesar de eso, se hacía el tiempo necesario para
tener dos grupos de estudio: uno los lunes a la noche y otro los miércoles a la
noche. En uno estudiaba matemáticas, estadística, etc.; en el otro leía “El
Capital” de Marx.
Y sobre éste último tema, sobre el pensamiento de
Carlos Marx, sin ser un filosofo profesional,
el Che hizo
aportes, realmente dejó
algo. Por ejemplo:
un pensador muy conocido que investiga el marxismo,
Adolfo Sánchez Vázquez, alguien que ha escrito una cantidad enorme de libros
sobre el marxismo, sostiene que “El socialismo y el hombre en Cuba” es uno de
los grandes textos del marxismo a nivel mundial.
No es entonces, que uno le tiene cariño al Che, y
le “perdona” cierta inclinación hacia la teoría... No, el Che Guevara aportó
bastante a nivel mundial, al desarrollo de la filosofía marxista. Obviamente
sin ser un profesor de filosofía, porque eso no le interesaba. Él era un
revolucionario.
¿Dónde aportó, dónde podemos encontrar huellas y
rastros de ese aporte? Bueno, existe una carta –recién publicada en Cuba en
1997- que el Che Guevara le envía a un compañero cubano, Armando Hart Dávalos.
Hart es un revolucionario. Fue uno de los fundadores del
Movimiento 26 de
Julio, participó en
la lucha revolucionaria en
Cuba, después fue Ministro de Educación, el responsable de la famosa
alfabetización de la Revolución Cubana.
El 4 de diciembre de 1965 el Che Guevara, cuando se
encuentra en Tanzania, le escribe a Armando Hart una carta. No estaba en una
academia, no estaba desarrollando un seminario para estudiantes universitarios
de Tanzania, precisamente. Estaba haciendo tareas prácticas: había peleado en
el Congo, después se iba para Bolivia. Y en el medio de todo eso, se pone a
estudiar filosofía. Ya venía leyendo de antemano, pero ahí queda cristalizado,
en esa carta, qué inquietudes filosóficas tenía y lo motivaban.
Entre otras cosas le plantea a Hart la
insuficiencia, la debilidad, las limitaciones de la manera en que dentro de la
revolución cubana se estudiaba filosofía. Ya encontramos en esa carta una
crítica a cómo se oficializó el estudio de la filosofía marxista no sólo en la
Unión Soviética y en China, sino en la propia Cuba revolucionaria.
En la carta, el Che le escribe a Armando Hart una
serie de sugerencias de cómo se podría desarrollar un estudio de la filosofía
marxista alternativo, vinculado al estudio de la economía marxista. Porque el
che no divorciaba jamás el estudio de la economía del estudio de la política,
del estudio de la filosofía. Uno de los grandes presupuestos teóricos y
filosóficos del Che (que también está presente en la obra del joven Lukács, de
Antonio Gramsci y de
muchos otros pensadores)
consiste en que
piensa la sociedad
como una totalidad. Esto
significa que se opone a dividir la sociedad en “tajadas”, en compartimentos
estancos, en esferas
autónomas recíprocamente independientes. El
marxismo del Che Guevara se opone tajantemente a pensar el
capitalismo y su eventual superación revolucionaria a partir de “factores”: el
“factor” económico por un lado, el “factor” político, por el otro, el “factor
político-militar por acá, el “factor” ideológico más allá...etc,etc. No, el Che
plantea una visión unitaria de la sociedad. Una visión totalizante. En realidad
en el
pensamiento del che no hay una filosofía por un
lado, una economía por otro, una política por acá y una concepción
político-militar por allá. Esto es fundamental.
Hace
poco un compañero
economista de izquierda
argentino, marxista, un
revolucionario de verdad, muy valioso y muy
estudioso, me decía que él consideraba que el Che no tenía un pensamiento
económico acabado (ni siquiera de la transición socialista) porque no planteaba
leyes económicas. Precisamente el Che no planteaba “leyes económicas objetivas”
porque visualizaba el problema de la transición al socialismo como un proceso
total, donde la economía está estrechamente unida a la política revolucionaria.
Y ambos planos están unidos por un cordón umbilical a la construcción y creación
de un nuevo tipo de subjetividad. No son problemas autónomos ni “factores”
aislados con sus “teorías” respectivas: “LA economía, LA filosofía, LA
política”, etc. Son aspectos de un mismo problema, dimensiones de una misma
totalidad social.
Volvamos a la carta a Armando Hart sobre la
filosofía. El Che le da a Hart una serie de puntos, donde él resume una especie
de plan de estudios, que puede llegar a servir - sostiene el Che - para
desarrollar un plan de ediciones, o sea un plan editorial de los cubanos.
Porque el plan que existe actualmente -dice el Che en 1965- es insuficiente. Es
muy “seguidista” de las publicaciones oficiales de los comunistas franceses,
que a su vez eran completamente seguidistas de la Unión Soviética...
Entonces Guevara plantea ahí una serie de autores a
estudiar, a partir de una periodización histórica. Y aquí encontramos otro de
los núcleos teóricos fundamentales, absolutamente contradictorio con la cultura
filosófica y teórica oficial en la Unión Soviética stalinizada de aquellos
años. El Che ordena el estudio de los filósofos y de los pensadores a partir
de...la historia. Porque si algo caracterizó a los manuales soviéticos de
filosofía eso es precisamente que obviaban toda referencia a la historia. Deshistorizaban
completamente el marxismo. Los académicos soviéticos que elaboraban los
tristemente célebres manuales de la Academia de Ciencias presentaban la teoría
marxista como un bloque macizo y sin fisuras, como si no se hubiese constituido
en la historia. Un ladrillo, pesado y cuadrado, sin génesis y sin historia. Y
cualquiera que se animara a dudar de ese ladrillo –denominado en tiempos de
Stalin “marxismo leninismo” para desgracia del propio Lenin...- era
caracterizado inmediatamente como “antisoviético” o “revisionista”. Muy bien,
el Che, a diferencia de esa cultura dogmática de las Academias de Ciencias de
la URSS, plantea en esta carta que hay que estudiar a partir de la historia. No
puede ser que el marxismo sirva para explicar la historia del capitalismo pero
no pueda explicar su propia historia, su propia génesis, su propio proceso de
constitución.
El Che entonces sugiere empezar por los griegos. Y
reivindica a una serie de autores, cuestiona a Kruschev como dirigente político
del Partido Comunista soviético (PCUS). Y aparece por ahí, en su carta, la
figura muy polémica de Stalin, que él dice que hay que estudiarlo. ¿Por qué?,
nos preguntamos nosotros. Si el Che no tenía nada que ver con esa cultura
política stalinizada, si el Che apelaba a una visión creadora del socialismo,
si el Che apostaba a la construcción de una nueva subjetividad revolucionaria
(mientras Stalin se limitaba a decir que la URSS era superior al
capitalismo...”porque produce más acero”), ¿por qué insistir entonces con
Stalin?
Sigamos su recomendación metodológica. No
estudiemos en abstracto, al margen del tiempo y del espacio, en forma
metafísica. Estudiemos históricamente. Vayamos pues a la historia para
encontrar la respuesta.
En aquella época (mediados de la década del ’60):
¿quién reivindicaba a Stalin?. Los comunistas
chinos. Éstos, polemizando
con los soviéticos,
que “aparentemente” habían dejado de ser stalinistas - aparentemente... – e iniciaban la defensa
de una nueva perspectiva política que se conocía como “coexistencia pacífica”,
defendían a Stalin.
¿Qué era la “coexistencia pacífica”? Esto
significaba lisa y llanamente tratar de frenar todas las revoluciones que haya
en Occidente, o al menos no apoyarlas. Si triunfan... que triunfen, pero no
apoyar las revoluciones en áreas bajo la hegemonía norteamericana. Para
legitimar esa doctrina, los soviéticos decían que habían empezado un proceso de
“desestalinización”. No criticaban al stalinismo como una cultura política que
legitimaba en el orden de
la ideología los
intereses de una
capa social privilegiada que
vivía parasitariamente de la clase trabajadora (esa misma capa social,
esa misma casta burocrática luego se convirtió en mafiosa y hoy sigue
gobernando Rusia, aunque ahora sin la liturgia de la bandera roja ni el
“marxismo-leninismo” como doctrina, pero sigue gobernando Rusia. Ahora dejaron
de ser una capa social privilegiada y burocrática para convertirse en una nueva
burguesía mafiosa). Para ellos el stalinismo consistía simplemente en...”el
culto a la personalidad de Stalin”. Con este artilugio discursivo sostenían que
“se murió Stalin, se acabó el culto a su personalidad...conclusión: se terminó
el stalinismo”. Lo cual era falso a todas luces.
Polemizando con esa teoría de la época de Kruschev,
el Partido Comunista Chino, los discípulos de Mao Tse Tung, entre otras cosas
comienzan a reivindicar a Stalin. A pesar que ellos habían tenido una relación
muy “conflictiva” con Stalin, a pesar que el papel de Stalin en la revolución
china es más bien nefasto. Es más, le había recomendado a Mao que no hiciera la
revolución, que se aliara con los nacionalistas del Kuomintang... pero ese es
otro tema. A pesar de eso, a pesar de esa historia turbia, para polemizar con
los soviéticos de Kruschev, el Partido Comunista Chino empieza a mencionar a
Stalin.
El Che Guevara se hace eco de eso, de las
posiciones chinas, y por eso en este plan de estudios dice: entre los clásicos
(del marxismo) también hay que estudiar a Stalin. Plantea esa necesidad desde
una visión crítica de los soviéticos, con una actitud polémica hacia el PCUS, a
pesar de la inmensa distancia que separaba su propia concepción humanista del
socialismo y el marxismo si lo comparamos con la visión stalinista.
Pero inmediatamente a continuación, le agrega a
Armando Hart que “también tenemos que estudiar a «tu amigo Trotsky»”. Por
supuesto que el PC chino se negaba terminantemente a estudiar a León Trotsky...
de manera análoga al PC soviético...
¿Cómo entender este planteo del Che? Por un lado,
el Che plantea en este terreno, la crítica de la cultura política y teórica
oficial de la Unión Soviética, de la cual eran fieles seguidores los comunistas
franceses, muy difundidos en Cuba. Por el otro lado, al plantear que hay que
estudiar a León Trotsky, Guevara se “abre” de las posiciones chinas, se corre
del eje prochino (que en aquellos años tenía una enorme influencia en la
intelectualidad occidental, latinoamericana y europea, incluyendo grandes académicos
como por ejemplo Charles Bettelheim con quien el Che había polemizado en 1963 y
1964) y de hecho plantea otra vía alternativa.
Entonces, si uno la lee despacito, si uno la lee
línea por línea, palabra por palabra, esta carta - no hay que hacer un fetiche
de la carta del Che, es una carta muy cortita, como dice el mismo Che: “la
escribo a vuelapluma” - condensa, una búsqueda muy a contramano de lo que
predomina en aquella época. Hay que pensar y preguntarse por qué el Che pone
cada cosa que pone.
La búsqueda implica una visión abierta de estos
problemas, no una receta cerrada. Podemos apreciar cómo en ese momento, 1965 el
Che está a la búsqueda. No se siente satisfecho con la cultura oficial del
marxismo de ese momento. Se siente incómodo. Falta algo. Algo “no cierra”.
Entonces, busca... Se apoya en ciertas críticas chinas hacia la URSS, pero a su
vez empieza a plantear también que hay que leer a Trotsky, a diferencia de los
que dicen los chinos.
Eso en relación con la carta de 1965 -recientemente
publicada- sobre la necesidad de replantearse el estudio de la filosofía.
Por otro lado, está el texto tan famoso que Sánchez
Vázquez identifica como “uno de los grandes aportes del marxismo
latinoamericano al marxismo mundial”, El socialismo y el hombre en Cuba, que es
del mismo año que la carta (la carta es varios meses anterior).
¿Y qué plantea en este texto el Che? El Che plantea
los ejes de cómo él visualiza, en el terreno ideológico, el problema de la
revolución cubana. Originariamente es una carta, que él le envía a un semanario
de izquierda. No es un texto escrito “para la universidad”, es un texto escrito
para la polémica política. El semanario de izquierda uruguaya se llamaba
“Marcha”. Un semanario que haría historia. En esta publicación Ángel Rama había
encabezado un movimiento contra la penetración de la CIA en la intelectualidad
de América Latina. Un semanario que a nivel intelectual, agrupaba a escritores
de primera línea. Marcha era parangonable, en términos ideológicos, con la
revista cubana Casa de las Américas, con la revista argentina La Rosa Blindada
y con la revista mexicana ¡Siempre!.
El Che le envía este artículo a Carlos Quijano,
director del semanario “Marcha”. El texto aparece publicado el 12 de marzo de
1965. Allí polemiza y realiza una serie de observaciones políticas: ¿Es cierto,
como dice la derecha, que el socialismo oprime al individuo?, se pregunta el
Che. ¿Es cierto, como dicen los conservadores, que para los marxistas el Estado
es todo, el hombre es nada?
El escribe polemizando con esas posiciones
ideológicas. Y podríamos seguir con los interrogantes que el Che va abordando
paso a paso: ¿Es cierto que Fidel Castro es un dictador y un burócrata? Ese
tema, que se repite hoy en día, ya en aquella época estaba en discusión. El Che
da, si ustedes lo leen detenidamente, su propia respuesta a esa pregunta. No lo
trata, precisamente, ni de dictador ni de burócrata a Fidel Castro...sino de
dirigente revolucionario. Y no lo hace por compromiso, porque este
revolucionario (nos referimos a Guevara), que cuestionó cara a cara a los
dirigentes de la principal potencia que era la Unión Soviética, si tuvo alguna
virtud, entre muchas otras, es no haber sido jamás obsecuente con nadie. Así
que cuando plantea que Fidel no es precisamente un burócrata..., no lo dice por
obsecuencia. Lo reconoce sinceramente como dirigente revolucionario de la
vanguardia.
Ahí el Che desarrolla su programa, su visión de la
filosofía, cuando plantea por ejemplo, que la principal tarea de la revolución
- y acá se distancia de todo el marxismo oficial, del marxismo ruso, del
marxismo chino y del marxismo académico que todavía hoy gira alrededor de esta
problemática- no es desarrollar las fuerzas productivas. Sí, las fuerzas
productivas. Siempre se alude a ellas todavía hoy, en no sé cuántos manuales,
en no sé cuántos cursos de marxismo...Todavía hoy se sigue planteando que todo el
esfuerzo que hacen los revolucionarios es “para desarrollar las fuerzas
productivas”.
¿Qué son las fuerzas productivas? Las fuerzas
productivas, para aclararlo brevemente, vendrían a ser - para esta visión
“oficial” del marxismo, que no es la del Che - el desarrollo de la tecnología y
de los instrumentos técnicos de trabajo que permiten al ser humano y a la
sociedad dominar la naturaleza. Decimos “para el marxismo oficial”, no para
Marx, pues para éste último la principal fuerza productiva no es la tecnología
ni las máquinas ni los instrumentos técnicos sino...¡la propia clase revolucionaria!
(así lo plantea explícitamente en el final de un libro suyo de 1847 titulado
Miseria de la filosofía).
Para esta visión durante muchos años “oficial” del
marxismo, las fuerzas productivas
–reducidas a una visión ingenuamente tecnologicista
y productivista- expresarían el índice del progreso en el dominio de la
naturaleza.
Supuestamente, para el marxismo “oficial”, la
principal tarea de las revoluciones es hacer
desarrollar las tecnologías
y los instrumentos
de trabajo para
poder dominar la
naturaleza. Según este marxismo oficial, el
principal obstáculo al desarrollo de las fuerzas productivas son
las relaciones de
producción, que en
el capitalismo se
expresan jurídicamente, para decirlo con palabras que nos suenan bien
conocidas, como la “propiedad privada”. Por lo tanto, para este marxismo
oficial, hay que romper con la propiedad privada para permitir el desarrollo de
las fuerzas productivas. Y siempre se planteó que ese es el eje de toda la
historia de la humanidad. Y por lo tanto..., la principal meta de los
revolucionarios. El Che Guevara plantea acá algo muy “herético”, por eso es que
el marxismo “oficial” nunca lo terminó de digerir. Nunca. Y yo sospecho que hoy
en día tampoco...
Porque, heréticamente, Guevara sostiene que la
principal tarea de las revoluciones es liberar
al ser humano.
En el eje,
están los hombres
y las mujeres,
está “la clase revolucionaria” –en el lenguaje de la
Miseria de la filosofía- no los instrumentos técnicos y la tecnología. La línea del Che es la línea de Marx.
Obviamente que los instrumentos técnicos y la
tecnología son imprescindibles y necesarios para desarrollar un país. Las
sociedades no se construyen en el aire. Cuba, hoy en día, más que nadie, está
interesada en desarrollar, por ejemplo, la biotecnología. Eso es fundamental,
pero... ¡no es el eje, no es lo principal, no es lo que define, no es lo
esencial de la revolución socialista, ni del marxismo como su expresión
teórica!.
Lo principal, dice el Che, es liberar al ser humano
de su enajenación. Si hay progreso, ahí está el progreso. No en “producir más
acero” como pensaba Stalin...
Y a continuación el Che dice: el comunismo
meramente económico no me interesa, si al mismo tiempo no libera al ser humano.
Traduzcamos a un lenguaje quizás más sencillo: solamente con expropiar las
fábricas, el ser humano no está liberado.
Ya la revolución bolchevique había pasado por esta
experiencia. Allí, en Rusia, se expropió
a la burguesía,
luego degeneró ese
proceso. Que degeneró
ya está fuera
de discusión, lo que está en discusión es cómo y por qué, y quiénes
fueron los responsables. Pero en principio, los revolucionarios rusos
expropiaron a la burguesía, socializaron la propiedad de las fábricas, y...
listo, ¡ya está!, ¿entramos en el reino de la libertad...? La historia es más
compleja...piensa el Che.
El Che sostiene ¡no!, la eliminación de la
propiedad privada –el “comunismo económico”, según su expresión- eso es apenas
un presupuesto. Es una condición necesaria, pero no suficiente. No alcanza con
hacer eso, porque la principal meta de las revoluciones no puede ser limitarse
allí. Y entonces usa esta categoría, que el Che no la emplea de manera
“inocente” ni ingenua.
Dice: la principal meta es liberar al ser humano de
su enajenación. Y usa la categoría, el término, el concepto de “enajenación”
que Guevara lo adopta de un texto de Carlos Marx escrito en
1844: “El trabajo
enajenado”, perteneciente a
los Manuscritos económico filosóficos de 1844.
El Che se apoya en ese texto de Marx, que escribió
cuando era muy joven –Marx tenía entonces apenas 26 años-: los Manuscritos
económico filosóficos, de 1844. En uno de los Manuscritos Marx se explayó sobre
“El trabajo enajenado” . O también dice por ahí alguna traducción, “El trabajo
alienado”. En los años ’60 fue muy discutido ese texto, muy discutido...
Pero si ustedes leen detenidamente la carta que le
envía a Armando Hart, él dice: estoy tratando de ponerme a tono con el lenguaje
filosófico. Y entonces dice por ahí: “...la segunda, y no menos importante, fue
mi desconocimiento del lenguaje filosófico”, sostiene el Che y agrega: “He
luchado duramente con el maestro Hegel, y en el primer round me dio dos
caídas”.
¿Quién era este “maestro Hegel” que le interesaba
estudiar al Che? El Che, en el medio de su salida del Congo y antes de pasar a
Bolivia, ¡se pone a leer nada menos que a
Hegel! Si hay un personaje difícil de leer en la
historia del pensamiento universal - mucho más difícil que leer a Marx - ese es
Hegel. Hegel era un pensador alemán de fines del siglo XVIII y comienzos del
XIX, que elaboró una nueva lógica y un método conocido como “la dialéctica”. A
Hegel, en la filosofía marxista, siempre se cita. Y siempre se habla de la
dialéctica, pero a veces no se sabe bien de qué se trata...lamentablemente el
término “dialéctica” ha sido muy bastardeado, muy manipulado, muy desgastado.
Si tuviéramos que resumir en forma sintética,
podríamos decir que la dialéctica constituye una metodología y una teoría de la
sociedad basada en las categorías de “totalidad concreta”, en la de
“contradicción”, en la de “sujeto” y en la de “mediación” o término medio entre
dos momentos del desarrollo histórico. Para la dialéctica no se puede entender
la sociedad –el “objeto”, en el lenguaje clásico de la filosofía– al margen de
los sujetos y sus relaciones. Éstos no están “fuera” sino dentro mismo de la
sociedad. Por eso la dialéctica parte de la unidad inseparable entre sujeto y
objeto. Toda realidad se concibe como esencialmente contradictoria y sus
relaciones están en permanente movimiento. Toda categoría se
concibe como algo
histórico. Para la
dialéctica, los conceptos
nunca son naturales ni eternos.
La dialéctica se opone a toda forma de positivismo, a toda forma de culto a
“los hechos”, a toda forma de entender la sociedad de manera estática e
inmóvil. La dialéctica, según explica Marx en un prólogo a El Capital escrito
en 1873, es un método “crítico y revolucionario” porque no se arrodilla ante
ninguna realidad, siempre pone el énfasis en lo perecedero y lo transitorio de
toda realidad. Por eso la dialéctica es esencialmente histórica, porque siempre
insiste con el carácter histórico –transitorio y superable- de toda realidad,
aún aquella que aparece como muy poderosa, como casi, casi insuperable. Por
ejemplo...el capitalismo. El Marx que escribe “El trabajo enajenado” utiliza muchos conceptos de Hegel. En El
Capital también utiliza a Hegel, pero aquí nos interesa el texto de 1844 porque
es el que utiliza de manera inmediata el Che.
El Che, sabiendo qué importancia tiene esta
categoría de “alienación” o “enajenación” para el marxismo, y sabiendo que Marx
la adopta de Hegel, se pone a leer directamente a Hegel. Primero se puso a
estudiar a Marx, y de ahí se fue a Hegel. En el medio de las revoluciones.
Recordemos nuevamente que Guevara no es un profesor, ni lo quiere ser.
¿Qué es entonces, la “alienación”? ¿Por qué para el
Che es tan importante esta categoría
teórica, al punto
que la pone
en el eje
del objetivo de
los revolucionarios? Luchamos
para “terminar con la enajenación”.
La categoría enajenación tiene un origen económico.
Uno de sus posibles orígenes proviene del derecho romano, ya que allí vender
una casa equivalía a “enajenarla”. La casa deja de ser mía, pasa a ser de otro,
pasa a ser “ajena”. La enajenación, es cuando un proceso genera que el ser
humano pierde algo, y ese algo se le vuelve ajeno. Después vamos a ver qué es
lo que pierde el ser humano...Pero enajenar, entonces, quiere decir eso: algo
deja de ser “mío”, deja de ser propio y se transforma en “ajeno”.
Alienar, en cambio, “alienación”, - que se usa como
sinónimo de “enajenación” - tiene un origen más psicológico. Alienado, es el
que no está en sí mismo, el que es “otro” de sí mismo, así lo define Hegel. La
alienación es ser “otro de sí mismo”, dejar de ser uno, para pasar a ser otra
persona. Alguien no está en sus cabales, no está en sus casillas, no es él
mismo, es “otro”, está alienado.
Entonces, intentemos resumir en pocas palabras qué
quiso decir Marx en los Manuscritos del ’44. Marx no los publicó en vida.
Recién se publicaron en el siglo XX (Marx muere en 1883). Se publican en 1932,
un año antes que subiera Hitler, cuando la Argentina tenía una dictadura
militar. Y lo publican los rusos, el Partido Bolchevique, más precisamente el
Instituto Marx-Engels de Moscú que hasta poco antes había sido dirigido por
David Riazanov (seudónimo de Goldendach, “caído en
desgracia” por una purga stalinista poco antes de que los Manuscritos de 1844
vieran la luz). El Instituto Marx-Engels de Moscú venía trabajando en equipo,
en unidad, con un instituto alemán - que después fue muy famoso
- el Instituto Social de Francfurt. Éstos últimos
eran alemanes de izquierda, y al año siguiente, en 1933, cuando sube Hitler, se
tienen que exiliar. A estos pensadores hoy se los conoce como la “Escuela de
Francfurt”. Entre el Instituto de Investigación Social de Francfurt y el
Instituto Marx-Engels de Moscú se publicaron los primeros volúmenes de la
edición crítica de las Obras Completas de Marx y Engels que hoy se conocen bajo
la sigla MEGA (Marx- Engels Gesamtausgabe, nombre alemán de la edición crítica
de las Obras completas de Marx y Engels que actualmente, a comienzos del siglo
XXI, han vuelto a editarse –por lo menos se han comenzado a publicar algunos
volúmenes- de la mano de muchos investigadores, principalmente holandeses,
aunque también de otros países).
Pero cuando recién se conocieron los Manuscritos de
1844 poca gente les prestó atención. Los publicaron en alemán, al poco tiempo
vino Hitler, luego la segunda guerra mundial, más tarde la revolución china,
posteriormente la guerra de Argelia...etc. Mucha importancia no le dieron,
a excepción de pensadores aislados como
el húngaro György Lukács (que había participado bajo la dirección de Riazanov
en el desciframiento de los Manuscritos de 1844 en Moscú); de Herbert Marcuse
(miembro del Instituto de Francfurt que escribió un trabajo comentando la
publicación de aquel texto póstumo de Marx) y de Henri Lefebvre (que los
tradujo, junto con Guterman, rápidamente al francés).
Exceptuando a Lukács, Marcuse y Lefebvre, la
mayoría de los pensadores y filósofos no prestaron durante la década del ’30
mayor atención a este texto de Marx. Gramsci, entonces encarcelado en la
prisión fascista, no los pudo conocer...Lenin tampoco (había muerto en 1924).
Quizás habría que agregar a esa corta lista a los editores y comentadores
alemanes S.Landshut y I.P.Mayer, aunque hoy son poco conocidos y escasamente
citados.
Pero treinta años después, durante la década del
’60, se pusieron en el eje de todas las discusiones teóricas. ¿Por qué? Por
muchas razones.
Entre otras, la iglesia católica le empezó a
prestar gran atención a este texto de Marx. Y hubo dos pensadores de la iglesia
católica, sobre todo de la iglesia católica francesa, que siempre tuvo mucha
influencia - esto dicho como nota al pie - en los curas obreros de la
Argentina. Toda esta corriente de la Teología de la Liberación, de los curas
obreros, que quieren dar una
visión distinta de
la iglesia oficial,
institucionalizada; siempre tuvieron mucha influencia de los pensadores
franceses de la iglesia católica. Y los libros que estudian la historia de la
Teologia de la Liberación en América, siempre dicen que muchos de sus maestros
vienen de Francia. O, muchos curas y teólogos jóvenes de América Latina, iban a
estudiar a Francia. Por eso es importante conocer el pensamiento de los
teólogos católicos franceses para desentrañar la génesis de algunas de las
corrientes liberacionistas de la Iglesia latinoamericana.
Había dos teólogos de la iglesia católica de
Francia – ambos jesuitas - que le dieron mucha importancia a los Manuscritos
del ’44. Unos de ellos se llamaba Pierre Bigo, y el otro se llamaba Yves
Calvez. Yves Calvez vive todavía. Calvez hace un par de años vino a la
Argentina. Bigo publicó en 1953 Humanismo y economía política en Karl Marx
mientras Clavez, a los tres años, en 1956, publicó El pensamiento de Karl Marx.
Ambos muy eruditos en el marxismo y teólogos de la iglesia católica. Fueron
libros muy importantes en su tiempo.
¿Qué decían estos dos teóricos de la iglesia
católica francesa? Decían, entre otras cosas, que los Manuscritos del ’44, y en
particular este fragmento, “El trabajo enajenado”, confirmaban de algún modo la
visión cristiana del mundo y de la vida. Porque ahí Marx decía
- según ellos - que el ser humano en la sociedad
contemporánea está alienado, está enajenado, por lo tanto se ha perdido a sí
mismo. ¿Cómo lo traducían ellos? Esta pérdida de sí mismos
es... el pecado. La alienación sería una especie de
nombre filosófico secularizado del pecado cristiano. Una lectura muy
inteligente.
¿Qué significa pues la categoría de “enajenación”?
Significa que el ser humano pierde algo de sí mismo. ¿Qué pierde? Pierde su
esencia, dice Marx.
Si la enajenación consiste en la pérdida de la
esencia humana, toda la historia humana puede traducirse –en términos del
pensamiento cristiano- como la pérdida del ser humano, como el reino del
pecado. Y antes de esa pérdida, ¿qué había? Marx no dice nada.
Estos pensadores católicos franceses se proponen
entonces traducir todo este planteo del joven Marx que se apoya en la categoría
roussoniana (por Juan Jacobo Rousseau) y hegeliana (por Guillermo Federico
Hegel) de “alienación”, al lenguaje
cristiano. Si nos aventuramos podemos trazar una analogía precisa: está el
Paraíso, donde el ser humano no se perdió todavía a sí mismo. A través de la
historia se cae en el pecado, y hay una pérdida de la esencia humana en la historia.
Esa es la sociedad terrenal, ése es el capitalismo, ése es el pecado.
¿Qué habría –siempre según este esquema de
traducción de Marx al cristianismo- al final de la historia? Marx diría que al
final, estaría la revolución comunista, que consiste en superar la enajenación
y en recuperar la esencia humana perdida. ¿Y los pensadores cristianos cómo lo
traducen? Esto es el Juicio Final: barrer con el pecado y volver a recuperar lo
que se había extraviado luego de la caída del paraíso perdido...
Entonces, con una óptica cristiana progresista
(obviamente, ni la Iglesia oficial argentina ni el papa Juan Pablo II jamás
aceptarían este tipo de lecturas y analogías...), óptica que tuvo una
influencia enorme, éstos pensadores cristianos se “apropian” de “El trabajo
enajenado” de Marx.
Otros pensadores, socialdemócratas y hasta
liberales, hicieron lo mismo. Intentaron traducir a partir de este texto, todo
el lenguaje del marxismo revolucionario a categorías del “socialismo
democrático” o del “individualismo liberal”.
Por ejemplo uno de ellos, un gran pensador italiano
que vivió exiliado en Argentina y dio
clases en la
Universidad de Tucumán
–maestro, dicho sea
de paso, del
intelectual peronista Juan José
Hernández Arregui-, llamado
Rodolfo Mondolfo, escribió
un libro titulado El humanismo de
Marx. Se publicó en 1964 - o sea un año antes que el Che escriba su carta al
semanario Marcha de Montevideo. ¿Cuál es la tesis central de Mondolfo? En pocas
palabras, “brutalmente” resumido, Mondolfo sostiene que todo el pensamiento de
Marx está sintetizado en este texto de 1844. Ustedes saben que luego Marx
escribió una obra monumental que se titula El Capital. Crítica de la economía
política (el primer tomo –el único que Marx publica en vida- sale a la luz en
1867, su segunda edición alemana en 1873). Bueno, la tesis de Mondolfo consiste
en afirmar que todo El Capital no hace más que “desplegar” lo que ya estaba en
germen en “El trabajo enajenado”.
Otro pensador, muy de moda en esa época, judío de
izquierda, alemán, que se tuvo que exiliar cuando subió Hitler, era Erich
Fromm. Un pensador realmente muy sugerente. Es muy citado su libro El miedo a
la libertad donde analiza los fines inconscientes que busca el militante nazi
cuando se deja atrapar por la lógica totalitaria del partido nazi y la
obediencia ciega al führer, al líder, al jefe. La tesis central de Fromm en “El
miedo a la libertad” consiste en que lo que subrepticiamente e inconscientemente
está buscando aquel que se abandona en tanto sujeto para caer preso de las
pegajosas redes del fascismo y el nazismo es la reconstitución de sus
relaciones primarias, de las relaciones familiares perdidas. El partido
nazi cumpliría el
papel –imaginario- de
volver a “abrigar” a este sujeto
desnudo de la sociedad mercantil. Pero este “abrigo se
logra a un precio carísimo...abandonándose como sujeto y aceptando dócilmente
una disciplina de hierro, la disciplina fascista y una obediencia ciega al líder nazi.
Una hipótesis interesante
para pensar muchas
de las obediencias
y
complicidades que se dan en nuestras sociedades
latinoamericanas frente a los milicos, frente a los militares, frente a
siniestros personajes genocidas como Pinochet, Bussi, Rico, Videla, Seineldín,
etc.
Pero Erich Fromm también escribió un trabajo menos
citado, menos conocido, menos transitado. Un trabajo que hace referencia a “El
trabajo enajenado” de Marx. Es de 1961 y aparece por
primera vez en
español en 1962.
Poco antes, tres
años antes, que
el Che escribiera su trabajo
sobre la enajenación. Y E. Fromm dice exactamente lo mismo que Mondolfo: todo
el marxismo está resumido en esas diez páginas de “El trabajo enajenado”...
Fromm va más lejos todavía que Mondolfo, intentando insertar a Marx, no ya
dentro de la Iglesia y el cristianismo como Bigo y Calvez sino dentro de la
familia liberal (insistimos, estamos pensando en el liberalismo democrático clásico,
no dentro del liberalismo latinoamericano que apoya la tortura, los golpes de
estado, las peores dictaduras, etc.).
De modo que “El trabajo enajenado” permite ese tipo
de lecturas, las cristianas, las liberales, las socialdemócratas. Eso no
implica que el texto de Marx sea cristiano, liberal o socialdemócrata. Esas son
apropiaciones o intentos de apropiaciones posteriores al mismo Marx.
Finalmente, a diferencia de Bigo, de Calvez, de
Mondolfo o de Fromm, dentro de la tradición comunista ortodoxa, dentro de la
dirección ideológica del PC francés –el más prosoviético y afín al stalinismo
de Occidente- existió un autor que también se apoyó en los Manuscritos de 1844
para intentar hacer presentable ante la intelectualidad occidental la ideología
oficial de la “coexistencia pacífica” de la época de Kruschev: Roger Garaudy.
Este filósofo “oficial” del PC francés, tras la expulsión de Henri Lefebvre en
1956, es autor de una serie interminable de ensayos donde se retomaba la idea
de una esencia humana perdida – alienada-
para fundar un
“humanismo” laxo, genérico,
supraclasista e indeterminado. Algunos de esos libros son:
Humanismo marxista, de 1957, Perspectivas del hombre, de 1961 o ¿Qué es la
moral de los marxistas? de 1964. En Cuba Garaudy era muy conocido. Él estuvo en
la isla dando cursos y uno de sus cursos en La Habana -de febrero de 1962-
rindió como fruto el libro Introducción a la metodología marxista.
Por otro lado, en Francia, en esa misma época,
había otra corriente dentro del PC francés. No era “oficial” pero tenía gran
predicamento. Su principal ideólogo era un autor comunista, militante del PC
francés, que no se sentía cómodo con toda esta divulgación del “humanismo”
(cristiana, liberal, socialdemócrata e incluso comunista prosoviética). Se
llamaba Louis Althusser. También muy famoso en América Latina durante esa época
- no tanto por sus escritos, muy difíciles de leer - sino porque tenía una difusora
latinoamericana, compañera nuestra, llamada Marta Harnecker. Ella “tradujo”
todo ese lenguaje tan difícil de Althusser a un leguaje comprensible para todo
el pueblo. En Chile, por ejemplo, llegó a editar en folletos dirigidos a los
obreros, 250 mil ejemplares. Por eso se hizo tan famoso Althusser en América
Latina. Toda una generación completa de revolucionarios latinoamericanos se
educó con esos manuales de Marta Harnecker que ayudaban a divulgar el
pensamiento de Althusser.
Althusser, que simpatizaba con los chinos contra
esta visión oficial de la URSS en ese momento, sostenía que todo la filosofía
que giraba alrededor del trabajo enajenado...¡no era marxista!. Una tesis muy
provocadora. Decía “esto no es marxista”, usaba un término muy peyorativo a
nivel teórico: decía: “esto de la
«enajenación» y de la «esencia humana» es pura ideología”. Es decir que toda
esa filosofía no era propiamente un conocimiento científico. Era
–por oposición- ideología, o sea, un conocimiento
invertido, un conocimiento deformado, opaco, ilusorio.
¿Por qué estaba tan disgustado y contrariado
Althusser cuando hablaba de “El trabajo enajenado” de Marx? Pues porque él
planteaba que “El trabajo enajenado” gira alrededor de
la categoría de enajenación, o alienación; y la
categoría de alienación no significa otra cosa que la pérdida de la esencia
humana. Todo el texto de Marx da vueltas alrededor de un centro: el concepto de
“esencia humana”. Ese concepto - dice Althusser - no es marxista, pertenece a
otros pensadores anteriores, entre otros a Hegel. Entonces – sostiene provocativamente
Althusser - en El Capital , Marx no habla de “esencia humana”, porque esa obra
tiene otro lenguaje, usa otras categorías: relaciones de producción, fuerzas
productivas, formación económico social, modo de producción, etc., etc, etc.
Nunca vamos a encontrar la palabra “esencia humana”
en los escritos de madurez de Marx (piensa Althusser). Luego, Althusser llegó a
la conclusión que la categoría central, alrededor de la que gira todo el texto
y el discurso del joven Marx, no era “marxista”. Así, de un plumazo, barre con
estos pensadores de la iglesia católica - Bigo y Calvez - , con Erich Fromm,
con Mondolfo, con su rival dentro del PC francés –Garaudy- y con todos los que
pensaban que el marxismo era un “humanismo”.
Porque decir que el eje de la revolución socialista
es el ser humano, eso es ser humanista. Si hubiera que resumir en una palabra
la filosofía del Che, su pensamiento filosófico, es un pensamiento humanista.
Y Althusser sostiene contra viento y marea que el
humanismo es una ideología burguesa, es una ideología de la derecha, no es una
ideología de la izquierda, no es una ideología de los revolucionarios.
Althusser proporciona toda una serie de argumentos que lamentablemente en esta
clase no tenemos tiempo de desarrollar pero que convendría estudiar y conocer
al detalle (entre otras cosas porque hoy, en 2002, Toni Negri vuelve a reflotar
muchos de los argumentos althusserianos contra el humanismo y contra la dialéctica
revolucionaria, aunque varios de sus lectores –fascinados hasta el límite con
la prosa barroca de Negri- no saben que esas tesis en realidad pertenecen a
Louis Althusser...).
Althusser escribió un libro que en aquella época
fue un auténtico “best-seller”: Para leer El Capital. Lo escribió con cuatro
discípulos muy jóvenes (Roger Establet, Pierre Macheray, Jacques Ranciere y el
más fiel y leal de todos ellos, Etienne Balibar). En una parte de ese libro,
cuestiona duramente a todos los pensadores de izquierda que no están en su
línea, por ejemplo a Antonio Gramsci, a György Lukacs, a Korsch, a Trotsky, a
Rosa Luxemburg, a Bogdanov - que había polemizado con Lenin -. A todos ellos los
destroza, teóricamente hablando (o al menos eso pretende...). No menciona al
Che Guevara. Ese libro es del ’65, justamente. Pero se publica en el ’67,
cuando el Che cae asesinado en Bolivia. Y dice por ahí - no lo menciona al Che,
insistimos - entre todos estos revolucionarios que Althusser critica por ser
“humanistas”, Luxemburgo, Lukacs, Gramsci, Trotsky, etc., “y algunos dirigentes
de países del
Tercer Mundo que
están desarrollando una
lucha muy heroica contra el
imperialismo” ¿Quién es sino el Che Guevara? Althusser incluye también al Che
en esta corriente a la que llama, despectivamente, “izquierdista”.
Puede resultar un poco raro: ¿cómo un pensador
comunista critica a otros marxistas por “izquierdistas”? Un tanto
contradictorio o confuso ¿no? Si los comunistas, se supone, son de
izquierda...¿cómo criticar a otros marxistas por “izquierdistas”?
¿Cómo se entiende esa acusación? Lo que sucede es
que Lenin, a principios de siglo, había utilizado, en un libro famoso, El
izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo (1920), la categoría de
“izquierdismo” para criticar a toda una corriente –principalmente alemana del
marxismo, aunque también a Bordiga en Italia-. Althusser se apoya en esa
categoría de Lenin, y entonces dice: “todos estos pensadores son
izquierdistas”. Y entre otros ubica al Che.
Aquí no está
criticando a Fromm,
Mondolfo, Bigo, Calvez,
o a Garaudy,
que, digamos, están a su “derecha”
(sea en el
liberalismo, en la
socialdemocracia, en el
cristianismo o entre los sectores comunistas más
moderados, como es el caso de Garaudy). No, aquí Althusser está criticando por
“humanistas” a todos los que están a su izquierda...
Volvamos entonces a Marx. Ya vimos –someramente-
que su texto de 1844 es materia de infinitas y acaloradas disputas, por
“derecha” y por “izquierda”. Dentro y fuera del marxismo.
¿Cómo se puede clasificar entonces la categoría
filosófica de “enajenación”, empleada por Marx para criticar a la propiedad
privada y cuestionar a la economía política?
La enajenación es la pérdida de algo. ¿Qué es lo
que se pierde? Se pierde lo que tiene de específico un ser humano, a diferencia
de un perro, un gato o cualquier otro animal. Marx dice que lo que tiene de
específico la especie humana, entre otras cosas, es la actividad libre,
creativa, que puede construir un mundo a imagen y semejanza del hombre,
transformando la naturaleza.
¿Y cómo se
llama esa actividad
libre, creativa, que
te permite crear
un mundo humano? El trabajo.
Obviamente, cuando Marx dice esto, no está pensando en el trabajo que tenemos
todos. Marx no está pensando en el trabajo que se realiza a cambio de un salario, bajo la mirada
vigilante de un jefe o un patrón. No está pensando en esto que dentro del
capitalismo es monstruoso, el trabajo forzoso, que se realiza para poder comer,
para poder vestirse, para poder darle de comer a los hijos y la familia.
Justamente, Marx, dice: el trabajo en el capitalismo está completamente
alienado. No nos pertenece, le pertenece a otro. Nosotros no marcamos el ritmo,
el ritmo lo marca el jefe o el patrón, la “música” que nos marca el ritmo le
pertenece al capital.
El producto de nuestro trabajo no nos pertenece. Le
pertenece al patrón. La relación con los demás seres humanos no nos pertenece,
no la manejamos nosotros, la maneja el patrón. O el gerente, o el jefe, como
quieran... La relación con los demás seres humanos tampoco nos pertenece, se ha
vuelto ajena.
Pero,
en una sociedad
no capitalista, esta
actividad libre y creativa,
sí la podría manejar el ser humano. Esa actividad
libre y creativa, que en filosofía se denomina “praxis” o
- más fácil - el trabajo, la producción, la
creación, la acción, dice Marx, eso es la esencia del ser humano, pero en el
capitalismo se pierde...
¿Cómo se denomina esa pérdida? Enajenación, o
alienación. Si uno lo tuviera que resumir, alienación o enajenación, que es la
categoría central de todo el texto del Che El socialismo y el hombre en Cuba,
sería aquel proceso mediante el cual el ser humano pierde algo, y eso que
pierde se independiza del ser humano, cobra autonomía, pasa a regirse por sus
propias leyes, y se le vuelve hostil, se le vuelve en contra. Lo que el ser
humano pierde lo gana el mundo de las mercancías, el mundo de las cosas. El ser
humano que es el verdadero sujeto, se vuelve un objeto y se arrodilla ante el
producto de su trabajo, el mundo mercantil. Las mercancías, los objetos
producidos por el ser humano, que son objetos, se transmutan en el verdadero
sujeto que oprime a su creador. Y no hay otra posibilidad, piensa el Che.
Cuando existe la mercancía, cuando hay mercado, no queda otra que arrodillarse
frente a la “magia” de la mercancía, frente al Mercado que es el verdadero Dios
todo poderoso. Por eso él se oponía tan fuertemente y con tanta vehemencia al
socialismo mercantil, un curioso “experimento” que ya en esa época intentaban
desarrollar los soviéticos, los polacos y los yugoslavos. Así les fue...
Uno puede apelar, por ejemplo, a una novela para
explicar en forma analógica este proceso de enajenación en el mundo mercantil
capitalista que explicó Marx y que el Che adopta como criterio para analizar
las sociedades postcapitalistas de transición al socialismo: la figura
emblemática de Frankenstein.
Esta obra, que llevaba por título Frankenstein o el
Moderno Prometeo, fue publicada por primera vez en 1818, el año de nacimiento
de Carlos Marx. Su autora, Mary Shelley, la
escribió cuando todavía no había cumplido los 20
años. Ella era hija de dos pensadores radicales. Su madre se llamaba Mary
Wollstonecraft y era conocida ya en ese momento como una pionera del feminismo,
por su trabajo Vindicación de los derechos de la mujer. El padre era otro
intelectual radical: William Godwin. Su obra más importante fue la
Investigación acerca de la justicia política.
¿Cómo nació Frankenstein? Resulta que en 1816,
viniendo de una reunión, el poeta romántico Lord Byron –amigo de la autora y de
su marido- sugirió que todos ellos escribieran una historia de terror. Al día
siguiente Mary mostró su idea acerca del científico que crea un hombre
artificial, y tanto a su marido como a Lord Byron los entusiasmó la idea que
posteriormente ella desarrollaría y finalizaría en 1817 (para publicarla al año
siguiente).
El monstruo romántico Frankenstein terminó
convirtiéndose en una figura-mito legendaria y emblemática de la cultura
occidental. El personaje era una criatura creada por un ser humano, un ser
muerto que volvía a la vida... (recordemos que para Marx el capital es trabajo
muerto, objetivado, que vuelve periódicamente a la vida gracias a la
explotación del trabajo vivo...). Frankenstein es un monstruo, que luego
intenta matar a su creador, al doctor que le dio vida (como el capital intenta
explotar, subordinar y oprimir a su creador, la fuerza de trabajo). Este
monstruo literario que quiere matar a su creador... puede ser un buen ejemplo,
por su imagen nítida, para representar ese proceso de independencia, hostilidad
y enajenación que nos intenta explicar Marx en 1844.
Marx sostiene que el trabajo humano genera un
producto que se vuelve en contra de su creador y lo termina oprimiendo. Se
independiza del creador y se vuelve hostil. El capital nos quiere matar (porque
el capital es como un vampiro –escribe Marx en El Capital- que necesita sangre
humana fresca para seguir viviendo y reproducirse. La teoría del fetichismo de
El Capital describe una lucha entre “el coágulo” –el valor cristalizado como
capital- y “la sangre” –la fuerza de trabajo líquida-, entre la muerte –el capital-
y la vida –la fuerza de trabajo-. El fetichismo expresa algo quieto, algo
muerto, algo que no se mueve, que está duro y por eso se transforma en
“objetivo”, “petrificado” y “material”. Mientras que Marx, por contraposición
con el valor, el dinero y el capital, dirá que el trabajo humano, la fuerza de
trabajo, es algo vivo, algo que se mueve, algo que no está solidificado, algo
que está en estado líquido y fluido. No es algo cristalizado ni muerto. De ahí
la importante metáfora de “la sangre” de la fuerza de trabajo viva y “el
coágulo” del trabajo pretérito, muerto, cristalizado. La sangre como sinónimo
de la vida por contraposición al valor, al dinero y al capital como sinónimo de
la muerte, como sinónimo de algo cristalizado, petrificado e inmóvil. Aquí
también podríamos encontrar de manera directa otra analogía de algún modo
vinculada al romanticismo: el conde Drácula.
Ese producto que cobra vida, se independiza y
termina controlando a sus propios creadores, ¿qué es? Pues el dinero, la
mercancía, el capital, el mercado, el Estado, etc., etc., etc.
Todos estos -el mercado, el capital, el Estado- son
productos del ser humano. Este Estado, que nos reprime, es un producto de las
relaciones humanas. No es algo mágico. Pero es un Estado que se escapó de
nuestro control, que cobró independencia, que sirve a otra gente, a otras
clases, y que es completamente hostil contra nosotros.
Marx plantea que hay que luchar contra el Estado,
hay que luchar contra la propiedad privada, contra el capital, contra la
mercancía, contra el mercado, para terminar con la enajenación.
El Che hace
suyo ese pensamiento
íntimo de Marx.
No se limita
a “recitarlo”. Guevara piensa que
esas enseñanzas tienen vigencia en el mundo contemporáneo. Que no tienen que
quedar recluidas en una clase académica de historia de la filosofía sino que
son problemas candentes para todos y todas aquellos y aquellas que pretenden
cambiar el mundo
luchando por una revolución mundial. Por eso en El
socialismo y el hombre en Cuba de algún modo “baja a tierra”, vuelve terrenales
las formulaciones filosóficas de Marx y trata de utilizarlas para comprender el
proceso que impide en las sociedades capitalistas y en las formaciones sociales
postcapitalistas vivir de otra manera. Porque los obstáculos, piensa el Che, no
están sólo en capitalismo. También están en aquellas sociedades que pretenden
avanzar hacia el comunismo.
De esta manera el Che se apropia de la categoría de
“enajenación” y de la crítica humanista de Marx al capitalismo. Lo hace a
contramano de todas las corrientes liberales, jesuitas y socialdemócratas –el
“humanismo” de derecha, pero también a contracorriente del “antihumanismo” de
la filosofía althusseriana. Por eso es que Sánchez Vázquez sostenía que la
reflexión del Che es realmente original y uno de los grandes aportes al
marxismo mundial. No es una exageración.
La propuesta humanista del Che va a contramano de estas dos grandes
corrientes de época: el “humanismo” de derecha y su contracara invertida, el
“antihumanismo” de Althusser.
Hasta ahora sólo mencionamos la utilización que
Guevara realiza del texto juvenil de Marx, el de los Manuscritos de 1844. Nos
parece oportuno citar un texto del Che donde también se refiere a El Capital.
Porque Guevara, como decíamos, era un estudioso muy constante de El Capital.
En febrero de 1964 –un año antes de El socalismo y
el hombre en Cuba- el Che interviene en un debate “económico”. En ese debate
Guevara expone lo que él entendió de El Capital. Dice así:
“En El Capital Marx se presenta como el economista
científico que analiza minuciosamente el carácter transitorio de las épocas
sociales y su identificación con las relaciones de producción [...] El peso de
este monumento de la inteligencia humana es tal que nos ha hecho olvidar
frecuentemente el carácter humanista (en el mejor sentido de la palabra) de sus
inquietudes. La mecánica de las
relaciones de producción y su consecuencia: la lucha de clases, oculta en cierta
medida el hecho objetivo de que son los hombres los que se mueven en el
ambiente histórico”.
Esto Guevara lo plantea en Sobre el sistema
presupuestario de financiamiento. Lo interesante resulta el carácter
explícitamente “humanista” que el Che atribuye a El Capital, no sólo a los
textos juveniles de 1844. Luego de todo lo que vimos hoy, podemos apreciar
qué sentido preciso
tiene esa atribución.
Pero Guevara, previendo
cualquier molesta asociación que
se pudiera hacer de su visión con la de Fromm, Mondolfo, Bigo, Calvez o
Garaudy, agrega inmediatamente: “humanista...en el mejor sentido de la
palabra”.
Nos podemos preguntar: ¿cuál es el “mal sentido de
la palabra”? Obviamente el “mal sentido” hace referencia a este humanismo laxo,
indeterminado, supraclasista de aquellos que se
valían de los
Manuscritos de 1844
para diluir, desdibujar
y opacar el
carácter revolucionario del marxismo, incorporándolo a otras visiones
del mundo o intentando legitimar filosóficamente la “coexistencia pacífica” con
el imperialismo.
El humanismo guevarista y el posmodernismo
(El sujeto y el poder30)
¿Qué sucede actualmente en el mundo de la teoría y
del pensamiento? ¿Está vigente lo que piensa el Che Guevara? ¿En la órbita
actual de la filosofía, el humanismo revolucionario
–la corriente en la que se inscribe el Che Guevara-
sigue vigente?
Partimos de una constatación. En el mundo actual,
el humanismo no es lo que predomina. Sobre todo en el mundo universitario
oficial, en el mundo académico establecido. El humanismo filosófico no tiene
hoy “buena prensa”, para decirlo en forma elegante.
Hoy predominan en el discurso universitario otro
tipo de referencias y de autores, fuertemente críticos del humanismo.
Algunos ejemplos, que hoy sí están “de moda”,
podrían ser los siguientes:
En primer
lugar, Michel Foucault:
célebre pensador francés (ya
fallecido), quien señaló durante los
años’60 y ’70 algo que hoy muchos hacen suyo en el ámbito de las ideas: “las
ciencias sociales no tienen por fin liberar al hombre, sino disolverlo”.
¿Qué quería decir esto? Pues que para Foucault la
categoría de “El hombre” y el humanismo que la acompaña, o sea la filosofía que
deposita en el ser humano el eje central, era una ideología de la burguesía,
típica del siglo XVIII. Por eso Foucault era muy crítico de toda filosofía
humanista. Esto se enseña hoy en las universidades, esto sí está completamente
de moda.
En segundo lugar, otros dos autores -muy
interesantes, pero que en este tema pertenecen a una corriente critica del
humanismo- son Gilles Deleuze y Félix Guattari. También ellos plantean que el
humanismo es una ideología burguesa, que la categoría de “sujeto” ya no tiene
vigencia, que las nuevas formas de capitalismo han desmembrado completamente
toda unidad en la que reposaba el sujeto.
En tercer lugar, Toni Negri (que excede el ámbito
de la izquierda, ya que ha sido cálidamente adoptado tanto por corrientes
populistas con escasa o nula simpatía por el marxismo, como también por
corrientes que genéricamente podríamos catalogar, sin ánimo de ofender, como
socialdemócratas). En su libro Imperio sostiene que el sujeto no es el eje de
la historia, el eje de la política. El sujeto es un producto de la prisión, de
la familia, de la fábrica y de la escuela. La antigua idea de sujeto –léase la
clase trabajadora como sujeto de los cambios revolucionarios- ha entrado en
decadencia, según Negri. Se ha esfumado, se ha evaporado, junto con la
tradición de pensamiento dialéctico (a la que pertenecía el Che Guevara,
obviamente).
Esto es lo que circula hoy, esto es básicamente lo
que está de moda en los ámbitos universitarios oficiales y académicos
tradicionales, lo que se publica en los suplementos culturales de los diarios
“serios”, lo que hay que citar si uno quiere pasar por alguien “informado y al
día” en el terreno del pensamiento.
Si bien Toni Negri es italiano, esta arremetida
contra la tradición dialéctica y la categoría de sujeto la formuló cuando se
exilió en Francia. Todos ellos (Foucault, Deleuze, Guattari y Negri) hablan
principalmente desde la Academia francesa, son todos pensadores orgánicos de la
Academia. Tienen un vínculo institucional con la Academia de francia y sus
varias unidades universitarias (Negri la tenía, al menos hasta que regresó a
Italia para ser encarcelado).
30 El siguiente texto fue elaborado a partir de una
clase pública desarrollada en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo el
9/8/2002.
En el mundo occidental, en el ámbito de las ideas,
este pensamiento francés tiene muchísima influencia. No es lo mismo que alguien
escriba un libro teórico en la Universidad de La Paz (Bolivia) o en una
universidad de Guatemala, a que alguien lo escriba o lo publique en la Sorbona.
Las ideas no flotan en el aire. Las ideas también forman parte de las
relaciones de fuerza, de la lucha ideológica y de la lucha de clases.
Por ejemplo, el filósofo vietnamita Tran Duc Thao
–discípulo marxista de Edmund
Husserl, enrolado en la corriente filosófica
conocida como la fenomenología- fue famoso cuando estuvo en Francia y escribió
en Francia.... Cuando regresó a Vietnam “nadie más supo de él”. Se podrían
multiplicar al infinito este tipo de casos.
Otro ejemplo: El argentino Ernesto Laclau era un
joven entusiasta de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de
Buenos Aires (UBA). Políticamente era apenas un lugarteniente de
tercer orden de
un grupúsculo de
“izquierda nacional” liderado
por el inefable Jorge Abelardo
Ramos [líder de una corriente argentina de trotskismo nacionalista, cada vez
más nacionalista y cada vez menos trotskista]...es decir que era sencillamente
“nadie”. Recién cuando logró insertarse en la Academia inglesa Laclau logró ser
escuchado por el gran público. Así de seguido...
Por eso, muchos jóvenes intelectuales sueñan
silenciosamente con “llegar a París”, y lograr ser escuchados, mientras
suspiran en el anonimato de sus universidades del Tercer Mundo. Obviamente no
es ésta la perspectiva de vida que nos ofrece el ejemplo del Che Guevara, quien
reclamaba de la juventud y de los intelectuales el vincularse estrechamente con
los movimientos populares y poner el cuerpo en la lucha anticapitalista, en
lugar de suspirar con el falso paraíso de la Academia europea que todo lo fagocita,
lo neutraliza y lo tritura.
Pero lo importante, para nosotros, es tener el
cuenta que esta literatura filosófica de origen parisino ha calado
profundamente en el mundo filosófico de nuestros días. No es el pensamiento de
Guevara o de otros marxistas revolucionarios el que actualmente predomina. Hay
que tenerlo bien en claro.
Durante los últimos años, a partir de la crisis del
estalinismo y de la izquierda tradicional, esta filosofía francesa pretendió
instalarse como “LA GRAN TEORÍA” del movimiento de protesta global contra la
mundialización del capital. No quiere decir esto que Deleuze, Guattari (ambos
fallecidos) o Negri estén en la calle tirando piedras contra la policía, pero
sí que muchas de sus teorías y de sus relatos se han vuelto más que
“atractivos” para algunos segmentos del movimiento antiglobalización...
Con el máximo de los respetos y en el ámbito de un
debate fraternal entre compañeros y compañeras, nosotros no compartimos esta
filosofía.
Para nosotros, detrás de toda esta jerga -porque es
muy trabado leer a estos autores, ya que utilizan gran cantidad de neologismos,
de palabras nuevas inventadas sobre la marcha, como en su época solía hacer
Martín Heidegger- lo que sobrevuela es una visión política de tinte
marcadamente reformista. Lo que impregna todo este emprendimiento filosófico
que pretende enterrar a la dialéctica, que pretende labrar el acta de defunción
de todo sujeto revolucionario, que pretende expurgar del marxismo la herencia insepulta
de Hegel y su lógica dialéctica de las contradicciones explosivas, que intenta
abandonar para siempre toda perspectiva de confrontación con el Estado por su
carácter esencialmente “autoritario” o jacobino, que pretende cambiar la
sociedad sin plantearse la revolución contra el capitalismo es, en definitiva,
una visión política que renuncia a la lucha revolucionaria contra el
capitalismo. No es más que la LEGITIMACIÓN METAFÍSICA de la impotencia
política.
Pero esta legitimación no se hace en el lenguaje
ingenuo de nuestro Juan B. Justo
[fundador del Partido Socialista argentino a fines
del siglo XIX y una de las cabezas de la
socialdemocracia sudamericana durante comienzos del
siglo XX] , o de cualquier socialista moderado de nuestros días.
Lo hace a través de toda una serie de giros
filosóficos, políticos, teóricos; que dan una y mil vueltas alrededor de la
tradición marxista. El caso de Negri es muy expresivo en ese sentido31.
Pero en el fondo, lo que ahí está jugando es una
vieja idea reformista de que no se puede luchar por la revolución, que no se
puede luchar por el poder. Por eso gente que proviene de la derecha de los
medios de comunicación o de sectores reaccionarios de la universidad abraza
rápidamente esta literatura sin mayores trámites. Quien no quiera ser ingenuo
ni desprevenido ni “inocente” debería preguntarse por los motivos de tan súbita
adopción.
Así, de este modo, se acusa a los revolucionarios
que plantean la lucha estratégica por el poder, de “haberse quedado en el
pasado”, o de ser “estatalistas”, pensando que para los revolucionarios todo
pasa por el Estado; o de ser “burocráticos”, o de ser “verticalistas”, o de
querer sustituir a la clase obrera, o de ser “foquistas”, o de ser
“partisanos”, “jacobinos”, “terroristas” y muchos otros adjetivos...
El gran antecesor de esta literatura filosófica que
dialoga con el marxismo a condición de que el marxismo abandone su perspectiva
revolucionaria –en el terreno político- y de que se desprenda de una vez por
todas de su metodología dialéctica –en el terreno filosófico- es Eduardo
Bernstein.
De todas las múltiples escuelas de pensamiento que
arremetieron contra la lógica dialéctica, probablemente haya sido Eduardo
Bernstein en su libro Las premisas del socialismo y las tareas de la
socialdemocracia (1899) quien más lejos vio las implicancias no sólo teóricas o
filosóficas sino principalmente políticas que estaban presupuestas en la
polémica sobre el vínculo entre Hegel y Marx, entre el marxismo y la
dialéctica.
Muchísimo antes que Toni Negri, Bernstein había
sostenido que “con el sistema hegeliano culmina la evolución de la razón
política del estado de policía iluminado en la edad de la Restauración”.
Palabras casi textuales repite Negri en su Imperio...
Quizás alguien que recién “se chocó” de casualidad
con Negri en una librería o sus amigos le dijeron que hay que leerlo porque es
“el último grito de la filosofía” o “descubrió” en algún diario de derecha que
este pensador “superó al marxismo”, etc., etc., ni siquiera haya escuchado
hablar de Bernstein...
¡Pero las críticas de Toni Negri a la noción de
sujeto y su intento por extirpar del pensamiento marxista la dialéctica
provienen de allí! ¡Son mucho más viejas de lo que se supone! Bernstein no
había escuchado hablar de internet –él lo escribe en 1899, ni siquiera se había
inventado la radio o la TV- y ya promovía el abandono de la dialéctica...Por
eso el rechazo de la dialéctica que hace Negri no tiene nada que ver con “la
emergencia de Internet y las nuevas tecnologías”, como se supone por allí. Responde
a una lectura filosófica muchísimo más vieja que internet. Ni siquiera existían
automóviles cuando se formuló...
Bernstein, que no era ningún tonto, ningún
inocente, ningún desprevenido, fue mucho más allá de la clásica crítica contra
la dialéctica Hegel. Con gran profundidad y penetración intelectual Bernstein
atribuía a la teoría de las contradicciones de “la dialéctica radical
hegeliana” la responsabilidad nada
menos que del
“blanquismo [corriente política
de Auguste Blanqui]”, del
“babuvismo [corriente político
de Graco Babeuf]”,
del “voluntarismo”, de la concepción “conspirativa” y “demagógica”, de
“la revolución permanente”, del “terrorismo proletario” y de “la teoría que
exalta el culto a la violencia en la
31 Una vez más remitimos a l@s lector@s a nuestro
Toni Negri y los desafíos de Imperio. Madrid, Campo de Ideas,
2003.
historia”... Todas estas acusaciones, sin
excepciones, iban dirigidas en su pluma contra el marxismo revolucionario.
Es más, en un agregado (de 1920) a la segunda
edición de su libro, Bernstein prolonga
estas apreciaciones hasta incluir entre la
“descendencia” política de la lógica dialéctica también al bolchevismo (al cual
él, obviamente, se opuso como cabeza de los sectores más moderados y
reformistas de la II Internacional).
Aunque gran parte de la obra de Bernstein hoy
carece absolutamente de actualidad y de interés, bien vale la pena releer sus
críticas al método dialéctico. Porque él, muy sagazmente, vinculaba la
dialéctica metodológica de Marx con una concepción política determinada que
despreciaba notablemente. Esta concepción política era para él “blanquista”,
“terrorista”, “jacobina”...es decir...revolucionaria.
Lo “peligroso” del método dialéctico era –para
Eduardo Bernstein- que conducía a un marxismo...revolucionario. No
a un marxismo,
por decirlo de
algún modo, remolón, dormilón, pasivo, tímidamente
académico, sino a un marxismo activista, praxiológico, revolucionario. ¿Acaso
el marxismo del Che Guevara no es parte central de este marxismo activista,
praxiológico, revolucionario?
Por eso conviene no ser ingenuos. Si alguien
“compra” todo el paquete teórico de
Toni Negri y sus amigos, por lo menos que sepa cual
es su fuente de inspiración. Porque las críticas de Bernstein contra el
marxismo revolucionario, contra el marxismo activista, contra lo que Antonio
Labriola [marxista italiano de fines del siglo XIX] denominaba “filosofía de la
praxis”, que se asienta en la noción de sujeto y en el método dialéctico,
fueron adoptadas durante los años ’60 por Galvano Della Volpe, Lucio Coletti,
Nicolao Merker, Giulio Pietranera y Umberto Cerroni (en Italia) y por Louis Althusser
y sus discípulos Etienne Balibar, Jacques Ranciere, Pierre
Macheray, Roger Establet, Dominique Lecourt y Alan Badiou (en Francia).
De allí las adopta, las incorpora y las reproduce
Toni Negri.
Negri incluso trabajó directamente con Althusser en
su exilio de París.
“Imperio”, en este sentido, no inventa, sino que
prolonga una tradición de pensamiento filosófico muy anterior. Que los grandes
medios de comunicación de la derecha -quienes lo festejan alegremente- no lo
sepan y lo ignoren, no es problema nuestro. La ignorancia de la derecha no nos
concierne. Pero un lector o una lectora de izquierda sí o sí tiene que saberlo.
Por eso decíamos que en el fondo de esta filosofía
que decreta administrativamente la muerte de la dialéctica y del sujeto, está
implícita la idea de que no hay que luchar por el poder, y por lo tanto hay que
resignarse a -en el mejor de los casos- conquistar... poderes locales. Un
municipio, un barrio, una escuela, una cooperativa, etc.
El socialismo ya no se pretende entonces construir
en un solo país (como pensaba Stalin). No. Ahora el planteo es peor todavía. El
socialismo –dentro de ese planteo de la filosofía universitaria francesa- pasa
a construirse en una sola cuadra, en un solo kiosco, en una sola cooperativa
aislada...
Por eso (aún
a riesgo de ser demasiado esquemáticos, pero intentando poner en el tapete de
la discusión algo no dicho, algo inconfesado, algo ausente que se mantiene
tramposamente debajo de la mesa) para toda esta línea de pensamiento francesa
el poder local sí es bien visto, no la lucha contra el poder estatal y global.
Se eleva a norma general –transformada en METAFÍSICA- la impotencia política,
la incapacidad de generalizar la lucha más allá del ámbito local y del espacio
“micro”.
Para nosotros, entonces, volver al Che Guevara,
rescatar el pensamiento marxista,
revolucionario y dialéctico del Che Guevara, en
este plano, es muy útil. No tiene nada que ver con volver a una moda frívola y
superficial del pasado, una moda de los pantalones
anchos, el peinado con flequillo, las camperas de
cuero, los anteojos de colores o la música pop de los ’60. No, no tiene nada
que ver con una “izquierda retro”, con una izquierda nostálgica que vive
suspirando “por los bellos tiempos que se fueron...y no volverán”.
Nuestra aproximación al Che Guevara intenta hacerse
desde otra óptica, pensando en el hoy y en el mañana.
Porque el Che, aún sin haber conocido la filosofía
posestructuralista y posmoderna que se volvió hegemónica en los ’80 y ’90 (para
entonces ya lo habían asesinado), se había planteado algunos de estos
problemas.
En un célebre artículo, “Guerra de guerrillas, un
método” (septiembre de 1963) Guevara planteaba que el problema fundamental de
la revolución es el problema del poder: “Ante todo hay que precisar que esta
modalidad de lucha es un método; un método para lograr un fin. Ese fin,
indispensable, ineludible para todo revolucionario, es la conquista del poder
político [...] el único fin estratégico posible: la toma del poder”. Más
adelante agregaba: “Luchar sin plantearse, en cambio, el problema del poder
revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden dictatorial
preestablecido por las clases sociales dominantes: es, en todo caso, luchar por
unos grilletes que tengan en su punta una bola menos pesada para el
presidiario”.
Hace muy poco –el 11 de septiembre- se cumplieron
29 años de la derrota y asesinato de nuestro querido y entrañable compañero
Salvador Allende en Chile. Un entrañable compañero que dio la vida por lo que
pensaba. Un ejemplo para la juventud. Ahora bien, ¿la derrota del intento de
realizar una “transición pacífica” al socialismo no nos deja ningún balance?
¿Se puede marchar hacia “otro mundo posible”, hacia una sociedad no capitalista
sin tomar el poder real de la sociedad contentándose únicamente con determinados
puestos en la administración del gobierno? ¿La tragedia de Chile en 1973 no nos
enseñó nada?
Para Guevara “la conquista del poder político” ese
es el ABC del conflicto. Podemos (y debemos) discutir si hoy la guerrilla es un
método válido o no de lucha. Podemos (y debemos) discutir si hoy el principal
terreno de disputa es el campo o la ciudad, o ambos.
Pero debemos discutir y actualizar estos planteos
siempre pensando en el poder. A partir de ahí discutimos... las vías, los
métodos, los cómo, los cuándo, los dónde, los con quien, las
alianzas, las oportunidades
y las ocasiones,
las relaciones de
fuerzas, las situaciones, desde
qué fundamento; etc., etc... pero ese es el ABC. Y justamente esta filosofía
académica universitaria francesa, lo que está cuestionando es ese ABC.
Pero ¿cuál es el fundamento? Porque no tiran frases
al aire...Es gente que tiene un pensamiento profundo y bien elaborado, por eso
no hay que subestimar, no hay que despreciar, no hay que ser
“anti-intelectualista”, no hay que despreciar la teoría. Hay que leerlos
detenidamente, hay que estudiarlos porque ellos dan una fundamentación de estas
ideas. No es que toda la gente que cae seducida por estas ideas - no tomar el
poder, no enfrentar al poder, quedarse siempre en el ámbito “micro”, limitarse
al gobierno local, al espacio político que nos dejan - es tonta. ¡No!, ellos
dan una fundamentación muy elaborada, muy refinada.
Esta fundamentación se articula fundamentalmente
sobre la base de la crítica posmoderna a la noción de sujeto y sobre la crítica
posestructuralista a la noción de humanismo.
Ya hablamos de los años ’60, de sus debates: la
tradición jesuita de la iglesia católica reivindica al Marx humanista, Rodolfo
Mondolfo, desde el socialismo democrático, hace lo mismo. Erich Fromm desde un
liberalismo crítico, realiza una empresa similar. Pero en esa misma época
Althusser -y muchos de sus colegas, la mayoría de origen francés, como Claude
Levi Strauss, o Jacques Lacan- empiezan a plantear una tradición de pensamiento
que, en sus orígenes se llama
“estructuralismo”. Consiste –para
decirlo simplificadamente en dos
palabras- en pensar la sociedad a partir de las
estructuras y no de los sujetos, porque éstos estarían atravesados,
constituidos y formados por las estructuras.
Levi Strauss -antropólogo– analiza la prohibición
del incesto. ¿Por qué la inmensa mayoría de la gente no mantiene relaciones
sexuales con el hermano, la hermana, el padre o la madre? Porque hay una
impronta de origen, que marca el tránsito entre la naturaleza y la cultura. No
es una decisión personal de cada uno de nosotros buscar la pareja fuera de la
familia. Esta es una marca estructural, que no depende de los sujetos.
Althusser, como era marxista, esta misma idea la
traslada a la lectura de El Capital de Marx. Sostiene que un burgués no explota
a los trabajadores porque es maligno y tiene la decisión personal de explotar,
sino porque sigue la lógica estructural del capitalismo. El burgués, al hacer
eso, está portando relaciones sociales que lo atraviesan y que no dependen de
su subjetividad individual. Y así de corrido. Los lingüistas van a decir: la
forma como hablamos no depende de una decisión individual, hay reglas del
lenguaje que nos preceden a todos nosotros, que son anteriores y no dependen de
nuestras decisiones conscientes. Y los psicoanalistas de esta tradición de
pensamiento van a decir que el sujeto moderno no controla todas las prácticas
que hace, cada uno de nosotros pensamos que racionalmente decidimos todo lo que
hacemos, pero en realidad hay motivaciones inconcientes que están por debajo y
son fundantes.
Por diversas vías, entonces, todo ese movimiento,
que en sus orígenes se llamó estructuralismo, converge y sostiene que en el
centro no está el sujeto, están las estructuras. Los sujetos somos todos
nosotros, meros y simples efectos de las estructuras. Por eso Negri plantea que
el sujeto es producto de la escuela, producto de la prisión, producto del
cuartel, producto de la fábrica, de un conjunto de reglas y mecanismos de
disciplinas, y no al revés. Negri
es hijo directo
de esta tradición
de pensamiento que
descubre y que
hace completamente suya cuando se exilia en París y trabaja mano a mano
con Althusser.
Los posestructuralistas, que vinieron después,
plantearon: está muy bien lo de los estructuralistas, para explicar como
funciona la sociedad hay que renunciar a todo centro. Planteado coloquialmente: hay que
mirar más allá
de nuestro ombligo.
En el eje de la sociedad no está nuestro ombligo, hay
otras instancias que deciden por sobre nosotros. Está muy bien -dicen los
posestructuralistas- el único problema es que... los estructuralistas
renunciaron al sujeto, pero depositaban todo en las estructuras. ¡Demos un paso
más y renunciemos también a las estructuras!. ¡Abandonemos todo centro,
incluidas las estructuras, no sólo el sujeto! Porque en definitiva, plantearon
los posestructuralistas, reemplazar al hombre como el centro de la sociedad
para poner en su lugar a las estructuras, es seguir manteniendo un centro, es
seguir girando en torno a un ombligo, aunque ya no sea humano, aunque ya no sea
antropocéntrico. Renunciemos también a las estructuras, renunciemos a todo
orden, dicen los posestructuralistas. La sociedad no está centrada en un
sujeto, pero tampoco en estructuras. La sociedad no tiene una lógica única,
tiene muchas lógicas, es plural. Aparecen allí las nociones de “redes”
–horizontales y sin centro-, de “multiplicidad de puntos de fuga”, etc.
¿Cuál era el fundamento terrenal y mundano desde el
cual teorizaban y hacían metafísica estos filósofos de la Universidad de París?
Pues la derrota del mayo francés de
1968.
El PCF (Partido Comunista Francés), fiel a la URSS
y leal al stalinismo, le dio groseramente la espalda a la lucha insurrecta de
mayo de 1968, tanto en el terreno estudiantil como en el terreno de los
trabajadores sindicalizados donde tenía hegemonía.
De allí en adelante, muchos de los filósofos
académicos extrajeron de esa experiencia fallida que toda idea de organización
política marxista o al menos de coordinación y articulación entre los diversos
movimientos sociales que se proponen la lucha revolucionaria
por el poder necesariamente era... “autoritaria”,
“estatalista” y además, a la larga, derivaría en aplastar las subjetividades y
singularidades de los diversos movimientos (estudiantado, feministas,
ecologistas, etc.). Si en política la centralidad del partido político
stalinista clásico había entrado en crisis, entonces...había que generalizar
esa experiencia en el ámbito metafísico. De allí nacen muchas metafísicas
posestructuralistas de La Sorbona: ¡Nada de centro, nada de sujeto, nada de
hegemonía, nada de organización revolucionaria, nada de lucha por el poder
político, únicamente fragmento, pluralidad, singularidad y dispersión! (La
derecha aplaudía a rabiar... Estaban más contentos que nunca con esta
conclusión tan “sui generis” de la derrota de 1968).
A partir de entonces, los posestructuralistas, los
pragmatistas irónicos (como Richard Rorty) y los posmodernos (además de los
“posmarxistas” –en realidad ex marxistas- al estilo de Ernesto Laclau)
sostienen, bajo el pretexto de defender una metafísica pluralista y no
totalitaria de la realidad, que el gran peligro de la dialéctica
hegeliano-marxista consiste en el aplastamiento del “respeto al OTRO” (lo
escriben siempre con mayúsculas), del “respeto a las diferencias”, del “respeto
a las minorías”. Si no hay posibilidad de un “OTRO”, de un “afuera”, entonces
no habría posibilidad de diálogo democrático, de respeto, de pluralismo.
Pero en realidad, sospechamos nosotros, bajo el
pretexto de defender el pluralismo, este argumento lo que intenta legitimar es
que los conflictos de la sociedad capitalista (que se conciben de manera no
contradictoria ni antagónica) reposan sobre una armonía primigenia. Esa
supuesta armonía primigenia –es decir: el modo de producción capitalista, el
núcleo de fuego que jamás se animan a tocar con sus manos estos metafísicos
académicos, que jamás se animan a cuestionar ninguna de estas corrientes
“post”- convive con toda una serie de conflictos puntuales (de género, de
etnias, de culturas, generacionales, etc.). El posestructuralismo y sus
derivados “posmarxistas” se limitan a merodear sobre este ramillete de
conflictos puntuales sin
jamás cuestionar el
modo de producción capitalista, el armazón que
subsume y reproduce de manera ampliada esas diversas opresiones –que existen,
que no son un invento de los posestructuralistas y que el marxismo debe
analizar y sin duda cuestionar radicalmente hasta las últimas consecuencias-.
Pero, cabe preguntarse: ¿por qué no pueden
cuestionar ese núcleo inconfesado pero omnipresente? ¿Por qué divorcian la
opresión de género, la discriminación hacia las nacionalidades, etnias y
culturas oprimidas por el imperialismo, la destrucción del medio ambiente y el
autoritarismo de la institución escolar que oprime a los jóvenes, por un lado,
de las opresiones de clase, de la explotación de la fuerza de trabajo, de la
subsunción de todas las formas de convivencia humana bajo el imperio absoluto
del valor de cambio, el dinero y el poder, por el otro?
La respuesta no es tan compleja, como podría
parecer cuando uno lee las complicadas elucubraciones neolacanianas o las
referencias al último Ludwig Wittgenstein en los textos posestructuralistas.
Nosotros pensamos que ese divorcio no es inocente ni es accidental. Bajo esa
jerga pretenciosamente erudita se esconden verdades del sentido común. La razón
estriba en que para todos ellos los conflictos terminan siendo externos y
ajenos al corazón de las relaciones sociales del capitalismo (y por lo tanto
solucionables y superables en el horizonte de una supuesta y enigmática
“democracia absoluta” –según Negri- o “democracia radical” –según Laclau- que
deja intacto el régimen capitalista).
En otras palabras: para la mayoría de las
corrientes posmodernas y posestructuralistas el capitalismo, en última
instancia, puede ser compatible con “el respeto al OTRO”, con “el diálogo
democrático”, con la “no discriminación”,etc. Eso explica tanta insistencia por
parte de algunas corientes políticas del Foro Social Mundial en criticar sólo
al neoliberalismo y al “capitalismo salvaje”, dejando la puerta abierta para un
“capitalismo racional y humano” y para una “radicalización de la democracia
(capitalista)”. La perspectiva de la
revolución socialista y de la lucha por el poder
para la transformación radical de la sociedad rápidamente desaparece del
horizonte.
Como vemos, la discusión lógica y filosófica sobre
la vigencia o no del método dialéctico es hoy política...
No se puede analizar este pensamiento al margen de
la política. Gran parte de las formulaciones contra el marxismo revolucionario,
contra el marxismo “jacobino”, “partisano”, “leninista” etc., etc., etc. son
hijas del eurocomunismo.
Tras la derrota del 68, en toda Europa los antiguos
partidos comunistas se van paulatinamente acercando a la socialdemocracia. La
transición entre el viejo stalinismo y la socialdemocracia (el PC italiano –hoy
Partido Democrático de Izquierda-PDS- es el gran emblema en este sentido), está
dado por un período intermedio, que comienza en los ’70. Es la época –1974-
cuando Enrico Berlinguer, secretario general del PC italiano, firma con la
Democracia Cristiana un “compromiso histórico” para no tomar el poder de
Italia.
Son esos los años en los que cobran vuelo y se
ponen de moda el posestructuralismo y el posmodernismo. En política, responde
al auge del eurocomunismo: la renuncia de los antiguos PC italiano, francés y
español a la lucha revolucionaria y a la toma del poder político. Todos estos
partidos europeos occidentales plantean algo que ya venía promoviendo desde
1956 el PC de a URSS: “la transición pacífica al socialismo”. Aun cuestionando
el liderazgo del PC soviético, el eurocomunismo sigue fielmente su línea política.
Cuestionan a quién lo dice pero no lo qué se dice.
¿La actual negativa a plantearse siquiera como
objetivo estratégico a largo plazo la toma del poder político –en muchos
pensadores posestructuralistas y posmodernos europeos- no tiene su fuente
política en la experiencia del eurocomunismo? No es casual que muchos de estos
pensadores hayan sido discípulos del último Althusser, el de los años
’70 (que publica un libro titulado “Elementos de
autocrítica”...y más tarde su conocido artículo sobre “el marxismo como teoría
finita”, es decir, como teoría que –supuestamente- no tiene un pensamiento
político sobre el poder...). Este Althusser de los años ’70 se encuentra
fuertemente impactado por el eurocomunismo al cual veía con no pocas
simpatías...Toni Negri toma contacto con Althusser precisamente en estos
años...
Y del posestructuralismo, a su vez, derivó otro
movimiento -también con eje en la Academia de París. Un movimiento que se
irradió como reguero de pólvora. Ese movimiento, de algún modo posterior al
posestructuralismo, se llamó con otro “pos”: el posmodernismo, que en la década
del ’80 se puso de moda.
Uno de sus fundadores, el filósofo francés
Jean-François Lyotard escribió un libro titulado La condición posmoderna (1979)
donde hablaba irónicamente de “los grandes relatos”. Allí definía qué entendía
él por posmodernismo: “Simplificando al máximo, se tiene por «posmoderna» la
incredulidad con respecto a los metarrelatos”. Obviamente, el principal “gran
relato” o “metarrelato” del que Lyotard y sus amigos invitaban a descreer y a
mantener frente a él incredulidad era...el marxismo.
La filosofía posmoderna emplea la expresión “gran
relato” para referirse a las teorías y concepciones del mundo con pretensiones
totalizantes. Estas teorías no se limitan a abordar un pequeño fragmento de la
sociedad, sino que se proponen indagar las grandes cuestiones del ser humano,
de la historia y de la vida colectiva. El marxismo, el psicoanálisis y el
cristianismo son ejemplos de grandes relatos. A partir de los años ’80 el
posmodernismo sostuvo que estos grandes relatos habían “entrado en crisis”. Más
cerca de nuestros días, un filósofo posmoderno italiano, Gianni Vattimo, dejó
sólo al marxismo entre los “grandes relatos” en crisis y abrazó entusiasta el
cristianismo...
Lo interesante del asunto es que Lyotard basaba
nada menos que la definición de su corriente filosófica en un autor
norteamericano de extrema derecha: Daniel Bell (director de
la revista del gran capital financiero yanqui
Fortune). La tesis posmoderna de Lyotard reactualizaba los planteos del libro
Daniel Bell El fin de la ideología (1960), texto típico de la guerra fría que
decretaba “el agotamiento de la política”.
Coronando la proclama de Daniel Bell sobre “el
agotamiento de la política” y la filosofía posmoderna de Lyotard sobre los “la
crisis de los metarrelatos”, el funcionario del Departamento de Estado
norteamericano Francis Fukuyama publicó el artículo “El fin de la historia”
(1989). Todas estas corrientes firmaron (varias veces...) el acta de defunción
de los “grandes relatos”, de las “ideologías” y de la “historia”. Vienen
enterrando al marxismo desde hace décadas...
El eje del posmodernismo es -de nuevo– la idea que
no hay sujeto, pero con una vuelta de tuerca mucho más fuerte: no existe
tampoco la posibilidad de la crítica, de cuestionar en forma radical la
sociedad. Porque si no hay sujeto que la cuestione ¿desde donde la
vamos a cuestionar?
Con el posmodernismo
–supuestamente- muere también, además del sujeto y la
dialéctica,... la crítica y el pensamiento crítico. ¡Nada menos!
Cuando todos estos académicos franceses dicen “no
hay sujeto”, ¿en quién están pensando? Pues en la clase trabajadora. En las
aulas universitarias no se dice de este modo, sería demasiado crudo y poco
elegante, pero es así. Uno de los libros famosos de esa época se llamó Adiós al
proletariado de André Gorz.
Hoy en día también se repite alegremente que
“desapareció la clase obrera”. Pero no porque haya muchos trabajadores
desocupados y desempleados o porque haya aumentdo el ejército industrial de
reserva. No, no por esa razón. Sino porque...¡Ya no hay obreros. Ya no hay
fábricas!. ¡Desapareció el trabajo!
El que dice eso no ha visto una fábrica en su vida,
porque ¿quién produjo esta silla donde estamos sentados?, ¿de dónde salió esta
mesa? Todo lo que hay en esta aula... ¿quién produjo este micrófono?, ¿quién
tejió esta tela? ¿Se hicieron solas? ¿Y la computadora con que se confeccionó
este libro, quién la produjo? Uno de los ideólogos norteamericanos de este
momento también habla del “fin del trabajo” (Jeremy Rifkin). ¡Esa es la gran
utopía de los capitalistas! Que ya no existan los trabajadores, que nadie se
rebele, que nadie proteste.
A partir de estos planteos filosóficos, no exentos
muchas veces de trivialización, y a
partir de una feroz campaña de los medios de
comunicación, obtenemos que ... “se acabó el sujeto”, “se acabó la clase
trabajadora”, por lo tanto no hay posibilidad de cuestionar radicalmente la
sociedad.
¿Cómo se llamaban las teorías que cuestionaban la
sociedad, a partir de un sujeto, supuestamente el eje de los cambios
revolucionarios? Los filósofos
posmodernos las denominan “grandes relatos”.
Y un gran relato – dicen los posmodernos - sería
toda teoría que se plantea desde una visión global del mundo.
El marxismo es un “gran relato”, porque -como
visión del mundo- no plantea que hay que pelear solamente por el aumento del
salario, o por conservar el trabajo, o para que todas las calles estén
asfaltadas... sino que plantea cuál es el sentido de la vida, cómo funciona la
sociedad, qué lugar jugamos nosotros allí adentro, etc.
Nosotros creemos que, aunque gozan de buena salud
en el plano académico y en los grandes monopolios de la comunicación, estas
concepciones posmodernas –sobre todo las más derechistas- ya han comenzado a
entrar en crisis. ¿Cuándo? Pues a partir de las protestas contra la
globalización, Seattle, Davos, Barcelona, Porto Alegre, Génova y Buenos Aires.
A diferencia de los años ’80 y sobre todo de los primeros ’90 (posteriores a la
caída del Muro de Berlín), decir alegremente que hay un agotamiento de la política
o que se terminó la ideología hoy resulta muy grosero. Siguen teniendo alguna
influencia pero sólo en los segmentos más
institucionalistas del Foro Social Mundial y en las
corrientes que se oponen al neoliberalismo desde una óptica de “capitalismo con
rostro humano”.
En los pensadores que aunque no son de derecha sino
afines a la izquierda, pero están fuertemente influidos por el posmodernismo y
el posestructuralismo (como es el caso de los últimos textos de Toni Negri),
todavía sobrevive esta visión de que el humanismo es algo del pasado, que el
sujeto es una categoría burguesa, etc.
Todavía, en el ámbito de la Academia, en los
espacios universitarios especializados en la ideología, en la teoría, esta visión
posmoderna y posestructuralista aún tiene aire y se reproduce.
Sinceramente, creemos que el aporte de Guevara al
marxismo revolucionario y su inscripción dentro del horizonte de las corrientes
dialécticas del marxismo –políticamente, las más radicales, por cierto-
constituye un incentivo teórico muy rico para debatir y polemizar con estas
concepciones posestructuralsitas y posmodernas.
Para nosotros el Che Guevara no es un mito, no es
parte de la izquierda “retro”. Constituye un tipo de reflexión política que nos
sirve para discutir con estas corrientes.
El marxismo ortodoxo contra el cual discute el Che
en los ‘60, de una manera menos refinada, menos elaborada, más lineal, más
rudimentaria, más plana que la de los académicos “pos” de La Sorbona, también
planteaba una visión de la historia donde el sujeto no entraba, estaba
desdibujado, era pasivo, no jugaba prácticamente ningún papel. Los soviéticos
decían que “la historia es un proceso histórico-natural que tiene un motor
objetivo”. Y ese motor es la contradicción objetiva entre fuerzas productivas y
relaciones de producción.
¿Qué se entiende por esos dos términos que siempre
utiliza Marx?
Las relaciones de producción consisten en el tipo
de vínculos que los seres humanos entablan entre sí a lo largo de la historia
para poder reproducir su vida. Los seres humanos no trabajan sobre la
naturaleza de manera aislada sino insertos en relaciones sociales de producción
(esclavista-esclavo, señor-siervo, capitalista-trabajador,
trabajador-trabajador cuando se trata de una producción socialista). Las
relaciones de producción entre las clases sociales están mediadas por
relaciones de fuerza. No son relaciones puramente “económicas”. Entre las
clases que se relacionan entre sí para poder producir y reproducir su vida hay
relaciones de fuerza. Un sector social se impone sobre otro, y éste último
resiste para intentar liberarse. Hay lucha. No una lucha individual sino una
lucha de clases. Las relaciones de producción están mediadas por el vínculo que
cada clase tiene con los medios de producción –imprescindibles para trabajar-.
Por un problema determinado de la sociedad mercantil capitalista –el fetichismo-
las relaciones sociales entre seres humanos (insertos en clases) aparecen como
si fueran relaciones entre los seres humanos y las cosas. Ejemplos de
relaciones sociales de producción: el valor, el dinero, el capital. ¡No son
cosas!, alerta Marx en El Capital. Son relaciones. Porque existe el fetichismo
es que aparecen como si el poder estuviera recluido en una cosa (el dinero, por
ejemplo) pero en realidad, plantea Marx en sus Grundrisse [los borradores de El Capital], el poder del
dinero no es más que el poder de unas personas sobre otras personas.
Lo fundamental de las relaciones de producción
reside en el vínculo social atravesado por el conflicto –la lucha de clases- y
por las relaciones de fuerza.
Las fuerzas productivas -entendía el marxismo
ortodoxo– consisten en el desarrollo de la tecnología y de la industria.
Exactamente así las definía Stalin y también Nicolás Bujarin (cronológicamente
más cerca de la época del Che, Louis Althusser y su discípula Marta Harnecker
no decían algo muy distinto...).
Para Marx esto no era tan así, porque en La Miseria
de la Filosofía (1847), un texto clásico de Marx, el sostiene que la principal
fuerza productiva no es la tecnología, sino es la
clase revolucionaria. Textualmente Marx plantea
que: “La existencia de una clase oprimida es
la condición vital
de toda sociedad
fundada en la
contradicción de clases.
La emancipación de la
clase oprimida implica,
pues, necesariamente la
creación de una sociedad nueva. Para que la clase
oprimida pueda liberarse, es preciso que las fuerzas productivas ya adquiridas
y las relaciones sociales vigentes no puedan seguir existiendo unas al lado de
las otras. De todos los instrumentos de producción, la fuerza productiva más
grande es la propia clase revolucionaria”. Por lo tanto, ¡la principal fuerza
productiva es el sujeto!. Pero este marxismo ortodoxo no lo entendía como Marx,
sino de un modo muy distinto. Como que la principal fuerza productiva es la
tecnología, que choca con las relaciones de producción -que vendrían a ser, en
su expresión jurídico-legal, las
relaciones de propiedad- y de ese choque surge el movimiento de la historia.
Recuerdo que recién salido de la escuela
secundaria, en un curso de marxismo, un profesor nos explicó en un pizarrón el
prólogo famoso de Marx en 1859 a la “Contribución a la crítica de la Economía
Política”. Yo pensaba, mientras veía el esquema del profesor... “y nosotros,
los que luchamos, los que queremos ser revolucionarios, los que pretendemos
cambiar la sociedad y el mundo, ¿dónde entramos en ese esquema?” Estaban las
fuerzas productivas, chocaban con las relaciones de producción, y sobre eso se
elevaba una superestructura donde estaban las instituciones políticas, el
Estado, las formas de conciencia social,
en fin, todo
el esquema clásico
que siempre explica
el marxismo ortodoxo...¿y nosotros qué papel jugamos? Los
sujetos, sobre todo los sujetos colectivos, ¿dónde entramos en ese esquema?
Menos refinado, menos sutil, menos erudito, pero el
marxismo ortodoxo (principalmente el de factura soviética, aunque no sólo
él...) llegaba a una conclusión muy parecida a la de los metafísicos académicos
posestructuralistas: los sujetos no jugamos ningún papel, estamos desdibujados,
somos pasivos...
Eso pensaba el marxismo contra el cual polemiza el
Che: tanto en el terreno del conocimiento (¡a “reflejar” la realidad
objetiva...!) como en el terreno político (¡a esperar...que se den las
condiciones objetivas...!).
Con el tiempo, aprendimos que no era casual que no
jugáramos ningún papel en ese esquema. Porque políticamente, los que defendían
estas posiciones supuestamente “marxistas”, en el fondo pensaban que las
revoluciones se hacen de manera automática, casi mágica, y que los
revolucionarios tenemos que sentarnos a esperar que se produzcan las
revoluciones. Y que éstas se producen por una natural evolución de la sociedad,
no porque haya un sujeto que actúa.
Fíjense que el libro de Toni Negri -que es mucho
más elaborado, que no es tan grosero como este esquema- termina igual. Si
ustedes leen Imperio, termina diciendo así: “El único acontecimiento que
estamos esperando aún, es la construcción, o antes bien la insurgencia de una
organización poderosa” . Y repite Negri: “sólo nos resta esperar la maduración
del desarrollo político”.
Así termina este libro de Negri tan festejado y tan
citado: “hay que esperar...”.
Todo lo que hizo, y todo lo que escribió el Che,
está contra esta corriente de pensamiento. ¡No hay que esperar!
El Che planteaba
que: “no siempre
hay que esperar
a que se
den todas las condiciones para la Revolución” . Desde
esa óptica activista y praxiológica critica duramente a quienes: “se sientan a
esperar a que, en una forma mecánica, se den todas las condiciones objetivas y
subjetivas necesarias, sin preocuparse de acelerarlas”.
¡Hay que actuar. La realidad se puede modificar!.
Este era el núcleo metodológico de Marx cuando criticaba a Ludwig Feuerbach en
sus famosas Tesis sobre Feuerbach (1845). Allí Marx cuestionaba al materialismo
filosófico –que hoy tanto seduce a Toni Negri- por
concebir la realidad únicamente bajo su aspecto
“objetivo” pero no... “como práctica revolucionaria”. Textualmente sostenía
Marx: “El defecto fundamental de todo el materialismo anterior –incluyendo el
de Feuerbach- es que sólo concibe el objeto, la realidad, la sensorialidad,
bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como actividad sensorial
humana, como práctica, no de un modo subjetivo [...] Por tanto, no comprende la
importancia de la actividad «revolucionaria», «práctico-crítica»”. ¿No es éste
el pensamiento más íntimo del Che Guevara? Creemos que sí, como también lo fue
de las corrientes más radicales de la filosofía de la praxis (desde Lukács
hasta Gramsci, pasando por Rosa Luxemburg y Trotsky, etc.,etc.).
Esto no quiere decir de ningún modo que, arbitraria
y caprichosamente, podemos hacer la revolución
cuando se nos
antoja. Eso sería,
obviamente, una visión
ingenua e infantil. Pero tampoco
hay que sentarse a esperar que se haga....
Sobre todo... no esperar que la hagan otros...
Esa concepción del Che Guevara, que sostiene que en
el eje está el sujeto, la plantea tanto para cuando él discute cómo hacer la
revolución, como cuando analiza, ya después de haber tomado el poder, en una
sociedad poscapitalista, qué papel juega el pueblo, qué papel juegan los
trabajadores, qué papel juega el sujeto colectivo en la transformación
permanente e ininterrumpida de la sociedad.
En este sentido, no es casual que el Che recordara
el Mensaje a la Liga Central de los comunistas. Por ello sostenía que: “Marx
recomendaba siempre que una vez comenzado el proceso revolucionario, el
proletariado tenía que
golpear y golpear
sin descanso. Revolución que no
se profundiza constantemente es revolución que regresa”.
El Che siempre pone el énfasis sobre lo mismo: no
hay que sentarse a esperar - mirando la televisión, podríamos agregar nosotros
hoy - sino hay que actuar.
En El socialismo y el hombre en Cuba plantea que:
“Las masas hacen la historia, como el conjunto conciente de individuos que
luchan por una misma causa”. El pueblo, los trabajadores, hacen la historia. No
son meros “soportes de ideología”, simples “portadores de relaciones sociales”
o apenas “efectos del discurso y la vigilancia”, como piensan los
estructuralistas o los posestructuralistas...
Debemos, obviamente, estudiar y discutir si aumentó
o disminuyó el número de trabajadores en la sociedad (estudiando empíricamente
este proceso a escala mundial, no mediante fórmulas metafísicas y especulativas
como las que sintetiza la expresión cinematográfica de Gorz “Adiós al
proletariado” o como sucede con más de una expresión literaria de Michael Hardt
y Toni Negri que no está abonada por ningún estudio empírico previo) pero la
clase trabajadora sigue siendo un sujeto. Y cuando pensamos en la clase trabajadora
no estamos pensando -como hacen Negri o
Gorz- únicamente en París, sino también en la clase trabajadora de América
Latina, en la clase trabajadora de Sudáfrica, en el trabajo masivo
ultraexplotado de los llamados “tigres asiáticos”, así como también en los
millones y millones de trabajadores y trabajadoras de ese gigante chino que se
incorporó al capitalismo mundial de la mano del mercado. ¡Si queremos ser
rigurosos, tenemos que mirar el mundo en términos realmente mundiales, no
eurocéntricos!.
Cuando hablamos del “sujeto” pensamos en el pueblo,
en los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo (donde se articulan las
mujeres, los jóvenes, las minorías sexuales, etc,etc). Es la clase de los y las
que trabajan y son explotados y explotadas: ese es el sujeto del que habla el
marxismo revolucionario de nuestros días, el sujeto colectivo que interviene
activamente para hacer la historia (y para intentar cambiarla). No es el sujeto
individual, calculador, cartesiano y burgués –del cual Marx se reía llamándolo
“Robinson Crusoe”, como la célebre novela de Daniel Defoe-. Toda la literatura
filosófica de estirpe
posmoderna y posestructuralista confunde
invariablemente estas dos nociones diversas de
“sujeto”.
Por eso el Che Guevara plantea que: “La revolución
se hace a través del hombre...”. Piensen que cuando el Che escribe esto, había
estado leyendo a Hegel, a Marx (como
cuenta en su carta de 1965), no utiliza
caprichosamente esa formulación o emplea esas palabras por una simple
casualidad...
Y agrega: “...pero el hombre tiene que forjar día a
día su espíritu revolucionario”. Por lo tanto, la revolución no se hace
esperando que las fuerzas productivas -vaya a saber uno por qué...- en un
momento de su evolución automática “choquen” con las relaciones de
producción...
El eje está en el sujeto, el eje está en los
hombres y las mujeres, en el pueblo, en los y las trabajadoras. El eje está en
las masas. Por eso, aunque muchos lo hayan acusado de “foquista”, el Che
plantea que “la guerra de guerrillas es una guerra del pueblo, es una lucha de
masas. Pretender realizar este tipo de guerra sin el apoyo de la población es
el preludio de un desastre inevitable”.
Para Guevara la guerra de guerrillas es solamente
un método de lucha, no el objetivo en sí mismo. Podemos y debemos (re)discutir
desde nuestro presente político cuál es el método más apropiado y más útil para
nuestra situación contemporánea y para la lucha contra la globalización
capitalista. La fuerza del actual “movimiento de los movimientos” radica
precisamente en que es un movimiento de masas. Allí, en las masas, está la
fuerza potencial para cambiar la historia, pensaba el Che.
El fondo del pensamiento de Guevara está justamente
en esa concepción activista del marxismo donde el eje está en el sujeto o, en
palabras del propio Marx, en “la práctica revolucionaria, la actividad
práctico-crítica”.
Para concluir, abordemos la problemática del hombre
nuevo. Aquello que el Che plantea como alternativa, sin conocer (porque lo
asesinaron antes) la filosofía del posmodernismo y el posestructuralismo. ¿Qué
significa el “hombre nuevo”? Pues el nuevo sujeto, la nueva subjetividad.
Esta temática no la inventa el Che. Guevara retoma
este tema (era un apasionado lector...) del pensamiento de Marx.
En el marxismo occidental europeo, este tema lo
habían planteado Antonio Gramsci, Karl Korsch, György Lukács, Herbert Marcuse,
Henri Lefebvre, y otros. Son los más conocidos
a nivel mundial.
En Argentina y en América
Latina, ¿quién fue
uno de los primeros que depositó en el eje central
de la concepción del mundo marxista de la sociedad y de la
historia al sujeto,
y planteó que
el socialismo debía
ser -antes que
nada– “la construcción de una
nueva subjetividad”? Fue Aníbal Norberto Ponce (1898-1938) quien escribió el
libro Humanismo burgués, humanismo proletario.
De allí el Che posiblemente adopta esta idea: “En
«El Capital» Marx se presenta como el economista científico que analiza
minuciosamente el carácter transitorio de las épocas sociales y su
identificación con las relaciones de producción [...] El peso de este monumento
de la inteligencia humana es tal que nos ha hecho olvidar frecuentemente el
carácter humanista (en el mejor sentido de la palabra) de sus inquietudes. La
mecánica de las relaciones de producción y su consecuencia: la lucha de clases,
oculta en cierta medida el hecho objetivo de que son los hombres los que se
mueven en el ambiente histórico. (“Sobre el sistema presupuestario de
financiamiento” [febrero de 1964]).
¿Por qué “en el mejor sentido de la palabra”? Pues
porque la derecha también se reclama “humanista”.
¿Cuál era el humanismo, “en el mal sentido de la
palabra”? Éste que cuestiona Aníbal
Ponce en su Humanismo burgués, humanismo
proletario, el humanismo que concibe al sujeto
sólo en términos individuales y aislados, en la
línea de las “robinsonadas” en el lenguaje de
Marx. El humanismo burgués sería el humanismo en el
mal sentido de la palabra.
Ponce hace una larga lista de pensadores que él
considera humanistas y antecesores de Marx: Erasmo de Rotterdam, Giordano
Bruno, William Shakespeare, J.W.Goette y, en el siglo XX, Romain Rolland.
Aníbal Ponce predicó la necesidad de concebir al
socialismo y al comunismo como una construcción permanente de “una nueva
cultura y un hombre completo, íntegro, no desgarrado ni
mutilado, un hombre
absolutamente nuevo”. Estas
líneas que parecen escritas por el Che en los ‘60, están
publicadas 30 años antes...En gran medida, la obra de Ponce –como antecedente del
Che- constituye un paralelo latinoamericano del humanismo del joven Lukács y de
Gramsci (por lo menos en el terreno filosófico, no así en otros ámbitos más
discutibles como su temprana adhesión a las ideas de Sarmiento, que luego
revisa en su exilio mexicano, pero eso es materia de otros debates).
Nos queda entonces para discutir en otro momento,
qué papel juega el hombre nuevo, en esta discusión sobre los estímulos morales
y los estímulos materiales en el socialismo. Ese debate enfrentó a los que
creían que el socialismo se podía construir apoyándose en el mercado, y los que
creían que el socialismo mercantil es algo incompatible con un proyecto
comunista a largo plazo. El Che Guevara se encontraba entre éstos últimos. Él
pensaba que la supervivencia de la mercancía y del mercado en la transición socialista
traerían aparejada, a la larga, una crisis política.
Entonces, intentando sintetizar lo que conversamos
hoy, podríamos decir que: Primero: sin plantearse el problema de la lucha
contra el Estado capitalista y sin perseguir el poder político como meta
estratégica, toda lucha se castra de antemano. Se queda limitada a un fragmento
“micro”, a un ámbito de gobierno y/o administración local. La impotencia
política circunstancial y coyuntural se vuelve programa filosófico, se
convierte en eterna y natural.
Nosotros pensamos que no hay que resignarse al
gobierno de un municipio, al poder “micro”, a la administración en el barrio,
en la escuela, únicamente. Esto no quiere decir que esas luchas puntuales y locales
no sirvan para nada. ¡De ningún modo!. Sirven y mucho.
El caso de las luchas por la tierra y por el poder
del Movimiento Sin Tierra (MST) en
Brasil, por ejemplo, aclara mucho en este sentido.
Los Sin Tierra dan una lucha local y puntual, pero siempre dentro de un
proyecto estratégico global y siempre teniendo como meta a largo plazo el poder
político. Las luchas “micro” sirven al pueblo y son muy útiles a los
trabajadores si están insertas en un proyecto más amplio. Lo mismo se podría
plantear para las fábricas recuperadas en Argentina o para el caso de los
comedores populares y los obradores del movimiento
piquetero argentino. Si
estas luchas quedan
aisladas en el fragmento –como prescriben los filósofos
académicos del posestructuralismo francés y sus entusiastas portavoces
latinoamericanos- van al fracaso. Pierden de antemano, antes de empezar a
pelear. Nada mejor para los poderosos, para los capitalistas, que cada sector
del pueblo se quede peleando solitariamente y de manera aislada y fragmentaria
en su cuadra, en su barrio y su región...
Los capitalistas miran el mundo a nivel global (así
operan...) pero prescriben para los anticapitalistas luchas fraccionadas,
puntuales y microscópicas sin ninguna coordinación orgánica ni articulación
estratégica general...
Los capitalistas manejan el poder político de los
Estados, pero prescriben a los sectores anticapitalistas que se resignen a la
IMPOTENCIA y no luchen por el poder político...
“La política y el poder –nos susurran al oído- son
sucios”... “el Estado te mancha”...”mejor quedate en tu barrio, en tu cuadra y
en tu región”.
Segundo: sin plantearse la categoría de sujeto, lo
único que nos queda... es esperar. Sí, esperar, esperar y esperar.... Porque si
sólo somos “soportes de estructuras”, “efectos del discurso”, “residuos de la
ideología”, “resultados de la disciplina”, pues entonces...la revolución es
imposible. ¿cómo cambiar la sociedad sin revolución? ¿Solamente a partir de la
administración local de un barrio?
Sin sujeto...sólo nos queda la pasividad, la
objetividad natural y la evolución automática.
Resignémonos a mirar la televisión y esperar que la
evolución de la globalización nos traiga un viento más favorable....
¿Estamos de acuerdo con la espera pasiva? Pues
entonces animémonos a empezar a recuperar en el terreno teórico esta categoría
de sujeto (aunque no esté de moda en la Academia...).
Tercero y último: si no planteamos la lucha
revolucionaria y el socialismo desde un punto de vista humanista, ¿cuál es la
alternativa? ¿Qué es el socialismo?
Ya tuvimos una experiencia bastante trágica en el
siglo XX de un socialismo no humanista,
donde el eje
estaba en el
Estado, en la
autoridad, la obediencia
ciega, la burocracia, la jerarquía
y el reino irracional de la tecnología como demiurgo de la historia.
A la larga, en lugar de ayudar al socialismo, esa
cosmovisión terminó por hundirlo y derrumbarlo bochornosamente y sin
dignidad...
Aunque no esté de moda, creemos que hay que
repensar y recuperar el tema del humanismo hoy.
En la sociedad argentina, que tiene la mitad de la
población por debajo del nivel de la línea de la pobreza, y millones de
trabajadores desocupados, de chicos y chicas que comen de la basura,
obviamente, que para nosotros los argentinos, lo primero que debería hacer un
poder revolucionario es darle de comer a la gente. ¡Eso está fuera de
discusión!. Lo que nos tenemos que plantear es si el socialismo consiste
solamente en darle de comer a la gente...
En una carta a Franz Mehring, Rosa Luxemburg decía:
“El socialismo no es, precisamente, un problema de cuchillo y tenedor, sino un
movimiento de cultura, una grande y poderosa concepción del mundo”.
Obviamente, que sin el cuchillo y el tenedor –sin
la comida- no hay cultura. Pero, con el Che Guevara creemos que el socialismo
del futuro tiene que ser mucho más ambicioso, no quedarse en darle de comer un
plato de comida a cada persona. “Simultáneamente con la base material hay que
crear al hombre nuevo”. Es el uno de los tantos desafíos que tenemos por
delante. Vale la pena intentarlo.
Estímulos morales y materiales en el marxismo del
Che Guevara32
Nuestro tema de hoy son los estímulos morales y
materiales en el debate económico y político cubano de comienzos de la década
del 60. La posición que sobre este problema adoptó el Che se hizo célebre a
nivel mundial porque intentó seguir un camino distinto al tradicional, al que
se consideraba por entonces “marxista ortodoxo”.
En primer lugar, como bien plantea Michael Löwy en
su artículo “Ni calco ni copia. Che Guevara en la búsqueda de un nuevo
socialismo”, lo que hay que destacar de ese debate cubano que se desarrolló
entre 1963 y 1964 es, precisamente, ...¡que hubo debate!.
Y no es poco. Porque en la tradición de la cultura
política de la izquierda no siempre se vio bien el hecho de que existieran
distintas corrientes polemizando abiertamente, entre compañeros,
fraternalmente. En ese debate de 1963 y 1964, ninguna corriente se consideraba
enemiga, ni nada parecido, aunque había entre ellas profundas diferencias de
enfoques, de visiones políticas, filosóficas, económicas. El principal hecho a
destacar, entonces, es que hubo debate y ninguno de los grupos que debatió
terminó en un campo de concentración — como sí sucedió en la revolución
bolchevique durante los años ‘30, donde también hubo debate, pero bueno, ahí
los debates eran “un poquito más duros”, porque el que perdía terminaba
desterrado, fusilado o preso—. En cambio dentro de la revolución cubana,
ninguno de los grupos que debatieron, ni de las personalidades, ni los
dirigentes, ni las corrientes, ninguno de ellos terminó preso, muerto o
encarcelado. Se discutió y se debatió públicamente. Ese es el primer hecho a
destacar.
¿Qué es lo que se estaba discutiendo?. ¿Fue un
debate puramente “económico” como habitualmente se recuerda?
Nosotros pensamos que no hay en el Che Guevara un
pensamiento económico, un pensamiento político, un pensamiento filosófico, y
así de seguido, sino que lo que encontramos en el Che es un proyecto integral y
totalizante de qué es y qué debe ser el socialismo y la revolución. Dentro de
ese proyecto integral Guevara aborda distintos problemas específicos, distintas
dimensiones, pero todas integradas en una visión totalizante.
Al ir estudiando necesitamos ir desagregando el pensamiento
del Che. Lo hacemos justamente para poner en crisis esa lectura habitual del
sentido común de izquierda que dice “el Che era un revolucionario práctico pero
de teoría no entendía nada; para entender la teoría marxista hay que leer a los
clásicos europeos; en América latina nadie produjo nada, a lo sumo publicaron a
los clásicos europeos y punto”. Para poner en crisis ese tipo de lectura, que
todavía anda dando vueltas por allí, nosotros desagregamos diversas
problemáticas. Pero en vida del Che todas ellas estaban integradas y unidas,
eran parte de un mismo proyecto totalizante.
Hoy vamos a abordar el problema de los estímulos
morales y materiales, pero nuestra
opinión es que esa desagregación es puramente metodológica y responde a un
criterio pedagógico. En el pensamiento original del Che todos esos problemas
están vinculados y están unidos. Esto tiene importancia porque en la tradición
marxista y revolucionaria no todas las corrientes opinan así. Esto que nosotros
plateamos es una opinión, nada más. Existen otras corrientes que dicen que por
un lado está LA economía, por otro lado, en otro plano, bien separado, está LA
política y en otro plano, más lejos aún, está LA filosofía y LA
32 El siguiente texto fue elaborado a partir de una
clase pública desarrollada en la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo el
16/8/2002.
Ideología. Por lo tanto... habría una economía
marxista, una filosofía marxista, una teoría política marxista, etc., etc.
Nosotros con esa visión, dentro mismo del marxismo,
no estamos de acuerdo. Por el contrario, pensamos que no hay una economía
marxista, una filosofía marxista, una teoría política marxista, sino que lo que
tenemos es un pensamiento integral que piensa cómo funciona la sociedad
capitalista y cómo se puede derrocarla mediante la revolución.
Por lo tanto, el tipo de planteamiento que
suscribimos –creemos que el Che camina por ese rumbo- consiste en un
pensamiento centralmente político que tiene como eje la praxis, la actividad,
la creación desalienada, la acción, la lucha de clases y la revolución. Todo lo
demás es parte integral y gira en
función de eso. La filosofía, la crítica de la economía política, la concepción
acerca de la sociedad, acerca del Estado, de la ideología, de la cultura, del
sujeto, de la historia, etc.,etc.,etc. es parte de una concepción social del
mundo centralmente política.
Son dos visiones del marxismo bien distintas. A
primera vista, pueden parecer un matiz de palabras, pero en realidad, no. La
diferencia es más profunda. Después, cuando estos planteos se llevan a la
práctica, obtenemos concepciones muy distintas del socialismo que tienen
consecuencias bien distintas.
En cuanto al debate “económico”, entre comillas
(ahora aclaramos porqué entre comillas: insistimos, para nosotros no fue
solamente economía de lo que estaban discutiendo en 1963 y 64, se discutían
proyectos políticos), lo primero que hay que señalar es quiénes fueron los
protagonistas.
Los
protagonistas fueron dirigentes
políticos cubanos, pero
también dirigentes políticos y
teóricos académicos europeos. Es decir, fue un debate que no quedó
circunscripto a Cuba, también intervinieron europeos. Como nota al pie, como
detalle, podríamos agregar, aunque no fueron protagonistas directos del debate,
que hubo argentinos en la discusión, no fueron de los centrales, simplemente
por allí tomaron partido por una u otra posición y fijaron posición.
¿Quién?. Estamos pensando por ejemplo en Antonio
Caparrós que estaba en Cuba en ese momento, era psicólogo, colaboraba con el
Che Guevara y escribe un largo artículo, muy extenso, sobre este tema de los
estímulos morales y los estímulos materiales. Su artículo se titula “Incentivos
morales y materiales en el trabajo”.
Cuando
el Che se
va al África,
a combatir en
el Congo, en
una de las
últimas reuniones del Ministerio
de Industrias le
dice a sus
colaboradores (más precisamente
a Miguel Ángel Figueras) cuál artículo publicar en el N°15 de la revista
Nuestra Industria Económica: "Pon el artículo que salió en Marcha [es
decir, “El socialismo y el hombre en Cuba” de su autoría], pon el artículo de
Alberto Mora, donde me echa y defiende el estímulo material, pon el artículo de
Mandel y pon el artículo de un psicólogo argentino sobre la naturaleza humana
respecto al problema de los estímulos”.
Estos artículos se publicaron en Nuestra Industria,
la revista que armaba el Che, una revista no académica que publicaba el
Ministerio de Industrias. Era una revista política, no era técnica solamente.
El artículo de Antonio Caparrós, también fue
publicado en la revista de la nueva izquierda argentina La Rosa Blindada (en el
N°6 y en el N°7, en dos números).
¿Quiénes fueron protagonistas centrales del debate?
Pues, en primer lugar, el Che
Guevara.
Su gran polemista, el principal polemista con el
que Guevara discute dentro de Cuba, se llamaba Carlos Rafael Rodríguez. Era una
personalidad cubana muy importante porque había sido uno de los principales
intelectuales y dirigentes (miembro de su buró político) del Partido Socialista
Popular (PSP), que era el nombre que tenía en Cuba el viejo Partido
Comunista. Este partido había nacido en 1925
llamándose Partido Comunista, después adoptó el nombre de Partido Unión
Revolucionaria Comunista, más tarde se denominó Partido Socialista Popular
hasta que se disolvió luego del triunfo de la revolución de 1959 para
integrarse, junto con el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario,
primero a las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI), luego al Partido
Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) y finalmente al nuevo Partido
Comunista encabezado por Fidel Castro.
Carlos Rafael había comenzado militando en 1930 en
el Directorio Estudiantil, luego en el Ala Izquierda Estudiantil y, finalmente,
a partir de 1936, en el antiguo Partido Comunista. Un partido que en Cuba había
tenido posiciones políticas muy determinadas: luego del período “heroico” y
fundacional encabezado por Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena, había
seguido fielmente la política soviética del “frente popular” (a partir de 1935)
y luego la de “unidad nacional antifascista”, a fines de la segunda guerra
mundial. Es en ese momento cuando, a partir de la aplicación de esa política
impulsada por Stalin (de la cual fue vocero para Occidente Earl Browder,
secretario del PC norteamericano), que el PSP participa, en nombre de la lucha
antifascista, del gobierno de Batista (no de la dictadura de Batista que se
inicia en 1952 y que será derrocada por la revolución cubana en 1959 sino de un
gobierno suyo anterior).
Durante ese período, hacia 1944, Carlos Rafael
Rodríguez participó del gabinete de Batista durante seis meses. Más tarde, el
PSP no apoyó inicialmente la lucha insurreccional dirigida por Fidel Castro. Por ejemplo, no apoyó el asalto
al cuartel Moncada. Pero luego, en medio de la lucha insurreccional, un sector
apoya la revolución cubana entusiastamente. Uno de los principales dirigentes
que está a la cabeza de ese apoyo es precisamente Carlos Rafael Rodríguez. En junio
de 1958 es designado por el PSP como delegado ante Fidel Castro en la Sierra
Maestra. La otra personalidad intelectual que tuvo una intervención a favor de
Fidel Castro y de la revolución, dentro de este viejo partido, era Alfredo
Guevara, que tiene el mismo apellido del Che pero no era pariente. Alfredo
Guevara, después, fue director del Instituto Cubano del Cine. Una personalidad
muy conocida y muy valiosa por su espíritu abierto y su marxismo no dogmático.
Aclaramos todo esto para entender mejor con quién
está discutiendo el Che. Aquí no intervienen diferencias personales sino de
óptica política.
Carlos Rafael proviene de esta tradición comunista,
del viejo comunismo cubano, que era,
digamos, la vertiente
más afín a
las posiciones prosoviéticas, la
vertiente que era solidaria con la Unión Soviética, la que
tenía desde largo tiempo atrás estrechos vínculos orgánicos con la dirección
política del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS). No resulta casual
que cuando Cuba ingresa formalmente al CAME (el sistema económico de la URSS y
sus aliados) a comienzos de los años ’70, período en el que se abandonan las
propuestas económicas del Che, el representante permanente ante ese organismo
haya sido... Carlos Rafael. Él representaba, justamente, una clara continuidad
política con esas posiciones soviéticas.
Carlos Rafael era una persona muy formada, muy
instruida, un intelectual militante realmente muy leído. Había escrito
numerosos libros y folletos (recopilados en tres tomos bajo un título que él
mismo eligió: Letra con filo. La Habana, Ciencias Sociales, 1983. La lista
completa de sus textos, conferencias, artículos y libros puede encontrarse en
Araceli y Josefina García-Carranza: Biobibliografía de Carlos Rafael Rodríguez.
La Habana, Letras Cubanas, 1987).
A partir de 1962 y hasta 1965 (es en medio de ese
período cuando se produce la polémica famosa de 1963-64 sobre los diversos
métodos de gestión económica, antes que el Che marche para el Congo), Carlos
Rafael Rodríguez dirige el Instituto
Nacional de la
Reforma
Agraria (INRA). Este
Instituto tenía una
importancia central en la revolución cubana, dada la estructura
fundamentalmente agraria del capitalismo cubano en tiempos de la república
neoloconial (previa a la revolución de 1959). Como él mismo recuerda
(C.R.Rodríguez: “Sobre la contribución del Che al desarrollo de la economía
cubana”, en Cuba Socialista N°33, mayo de 1988), en determinado período de la
revolución, Fidel Castro entrega temporariamente la dirección de la economía a
la Comisión Económica de la Dirección
Nacional. Los tres
miembros de esta
comisión eran Carlos
Rafael, Osvaldo Dorticós y el Che
Guevara. Es en ese ámbito donde se producen las discusiones teóricas y
políticas entre Carlos Rafael Rodríguez y el Che en torno a los incrementos
salariales (el papel del incentivo material), a la dirección de la economía, al
cálculo económico, a la planificación y al sistema presupuestario de
financiamiento.
Entonces, Carlos Rafael Rodríguez constituye el
principal polemista del Che, a nivel político, en el seno mismo de la dirección
cubana. Sus posiciones representan a todo un sector político e ideológico, a
toda una tradición de pensamiento político, dentro de Cuba y también fuera de
Cuba (porque como él mismo reconoce y remarca en sus escritos, él propicia para
Cuba una posición
siempre afín a
la soviética). Las
suyas no son exclusivamente posiciones individuales.
Pero Carlos Rafael no es el único. Resulta notable
la amplitud que existió en este debate —muchas veces esto no se conoce— ya que
uno de los principales polemistas con el que discutió el Che Guevara fue
Alberto Mora, una persona todavía más joven que él y colaborador suyo, de su
propio equipo. Hay que remarcar esto para hacer observable el grado de
amplitud: ¡uno de los principales polemistas era un colaborador propio!...ni
siquiera era uno que venía de otro partido, de otro lugar.
Alberto Mora formula una serie de problemas
teóricos, de alto vuelo. Algunos compañeros, todavía hoy, piensan que “en
América latina nadie discutió teoría a fondo, acá hubo gente muy arriesgada,
muy valiente, pero de teoría...nada, mejor estudiemos a los europeos”. No,
no, esto no es así.
En el debate
de 1963-64 compañeros
como Mora intentaron formular una
visión propia sobre la teoría del valor. Teoría que constituye una de las claves
epistemológicas de El Capital de Carlos Marx. Mora pensaba que el valor regula
la oferta y la demanda en condiciones de escasez, mientras que en cambio el Che
pensaba que el valor se origina en el trabajo abstracto (trabajo social global
producido en condiciones mercantiles
capitalistas). Dos concepciones diametralmente opuestas
del valor que responden, también, a dos lecturas
radicalmente opuestas de El capital de Marx.
Alberto Mora es un compañero y discípulo del Che,
discípulo herético, porque la concepción de la teoría del valor de Mora es
opuesta a la visión que tiene el Che.
Además del Che, Carlos Rafael y Alberto Mora,
también participaron en el debate Marcelo Fernández Font, Luís Álvarez Rom,
Juan Infante y Alexis Codina. Estos son los principales protagonistas dentro de
Cuba.
Fuera de Cuba ¿quién participó? Intervino un
académico, un profesor de economía política famoso a nivel mundial, asesor para
el tema de la planificación durante los primeros años de la revolución cubana.
Se llamaba Charles Bettelheim, investigador de la Sorbona, profesor de
economía, tiene varios libros publicados: Planificación y crecimiento acelerado
(1964); La transición a la economía socialista (1968); Cálculo económico y
formas de propiedad (1972); Algunos problemas actuales del socialismo [con Paul
Sweezy] (1972); Revolución cultural y organización industrial en China (1973) y
Las luchas de clases en la URSS. Primer período (1917-1923) (1974), entre
otros.
Bettelheim era miembro del Partido Comunista
Francés (PCF). Allí, en su seno, compartió muchas veces los puntos de vista
teóricos de su colega Louis Althusser, más joven que él. Pero su vínculo con la
tradición comunista no empezó en los ’60. Ya durante la
década del ’30 Bettelheim se había vinculado a la
URSS. En 1934 había aprendido el idioma ruso y en 1936 se había trasladado
personalmente a la Unión Soviética para estudiar los problemas de la
planificación. Eran los tiempos clásicos de Stalin.
Luego, a partir de los ’60, Bettelheim se acercó más a las revoluciones
cubana y china. Culminó su itinerario vinculado más al maoísmo y a las
posiciones oficiales del PC chino. Pero cuando discute con el Che Guevara,
Bettelheim todavía estaba vinculado al mundo cultural y político de la URSS.
Iniciaba en esos años su transición hacia el maoísmo. Pasaba de las posiciones
prosoviéticas a las prochinas, sin abandonar en ningún caso la adhesión
estricta al pensamiento de Stalin, a la tradición política de Stalin.
Si Carlos Rafael Rodríguez, podríamos decir, es el
principal dirigente político con el que polemiza Guevara, Bettelheim constituye
el principal teórico que enfrenta.
Otro pensador y militante europeo muy importante
que interviene en el debate es Ernest Mandel. De profesión economista, judío
belga, Mandel había estado prisionero en un campo de concentración nazi durante
la segunda guerra mundial. Logró escaparse del campo.
Mandel es autor de numerosísimos trabajos. Una
cantidad impresionante de títulos dedicados
al estudio del
capitalismo y del
marxismo. Entre otros,
merecen destacarse: Tratado de
economía marxista (1962), Introducción a la teoría económica marxista (1964),
La formación del pensamiento económico de Marx (1967), El capitalismo tardío
(1972), El Capital: Cien años de controversias (1976), La teoría de las ondas
largas del desarrollo capitalista (1980), El lugar del marxismo en la historia
(1986) y El poder y el dinero (1992), entre muchos otros (también escribió
sobre la novela policial, sobre el nazismo, sobre la burocracia, etc.).
Mandel no era solamente un profesor. Era un
dirigente político de la Cuarta Internacional (de orientación trotskista). Era
tan respetado que a fines de los ’80, en tiempos de Gorbachov, a pesar de que
Mandel era trotskista, los soviéticos lo invitaron a debatir sobre la economía
contemporánea en su Revista Internacional. Tal era el respeto intelectual que
generaba incluso entre sus adversarios del PCUS. Su obra es ampliamente
estudiada en muchas universidades del mundo. Por ejemplo, el célebre crítico
cultural norteamericano Fredric Jameson, utilizó su categoría de “capitalismo
tardío” para desarrollar a partir de ella sus estudios sobre el posmodernismo.
Mandel es, entonces, uno de los principales
dirigentes trotskistas a nivel mundial, participó libremente del debate, le
publicaron en Cuba..., algunos de estos libros están publicados en Cuba. Hoy
siguen estando allí en las bibliotecas. Me consta. Mandel participó en el
debate apoyando, con una serie de matices, pero apoyando las posiciones del Che
Guevara. Mientras tanto, Charles Bettelheim, era a nivel ideológico
althusseriano — recordemos que la versión del marxismo que proporcionaba
Althusser en la década del ‘60 señalaba que el marxismo no es un humanismo sino
un “antihumanismo teórico”, por lo tanto era polémico con la visión del
humanismo del manejaba el Che—.
Bettelheim, althusseriano y miembro del PC francés,
con simpatías crecientes hacia las posiciones chinas. Mandel, trotskista,
dirigente de la IV Internacional. Carlos Rafael Rodríguez, dirigente cubano
afín a la Unión Soviética.
El Che tenía una posición propia, autónoma, en el
seno mismo de la revolución cubana, frente a China, frente a la Unión Soviética
y también frente a la Cuarta Internacional.
¿Conclusión? En este debate participan distintas
corrientes del marxismo, políticas y teóricas, todas se publican. La polémica
es pública, no se desarrolla en un bar ni a puertas cerradas, es pública. Ellos
son los principales protagonistas.
Las tradiciones políticas que fundamentalmente
están en juego en este debate son
éstas:
a) la tradición política que dentro de la
revolución cubana defiende a Fidel Castro hasta las últimas consecuencias,
cuestiona la contrarrevolución, pero ve con muchas simpatías y promueve el vínculo y la alineación entre Cuba y la
Unión Soviética y
b) la posición que encabeza el Che Guevara, que
también es revolucionaria, que también apoya
a Fidel Castro
hasta las últimas
consecuencias, pero que
promueve un grado importante de autonomía política,
teórica y cultural frente a las posiciones soviéticas.
Entre ambas se ubican las posiciones de Bettelheim
(más afín a las de Carlos Rafael
Rodríguez) y las de Mandel (más proclive a los
puntos de vista guevaristas).
Todos reconocían sinceramente el liderazgo de Fidel
Castro, pero se ubicaban en la polémica desde corrientes políticas distintas:
algunos provenían del viejo Partido Socialista Popular y otros provenían del
Movimiento 26 de Julio y esto se expresa en el debate económico. Hay que
entender que no discuten únicamente de “problemas técnicos” de economía. No es
una cuestión de dos técnicos del FMI que discuten cómo cerrar el déficit fiscal
en Argentina, entonces les importa un rábano el resto y discuten de números...No,
en el seno de la revolución cubana, todos ellos están discutiendo política, hay
tradiciones políticas en juego.
¿Las áreas de aplicación, dentro de este debate,
cuáles son? Creemos que básicamente
dos. El Che es Ministro de Industria en ese
momento; había sido Presidente del Banco Central y Carlos Rafael Rodríguez es
Ministro de la Agricultura. Por eso, el sistema que propone Carlos
Rafael Rodríguez se
aplica parcialmente en
el campo de
la agricultura cubana, y el
sistema que propone el Che se aplica parcialmente en el campo de la industria.
No fue una discusión académica en el pizarrón, sino que se intentó
implementarlo en áreas de la economía distintas y coexistentes. Una especie de
“solución intermedia de compromiso”, producto, quizás, de la necesidad política
del liderazgo de la revolución de no romper el bloque histórico de alianzas
entre ambos sectores, entre ambas tradiciones, representadas en este caso por
Carlos Rafael y por Ernesto Guevara.
¿Cómo surgió el debate?. Surgió, aparentemente,
según lo que se puede leer, por problemas de economía práctica. No se dio de
tal manera como si alguien una mañana dijera: “vamos a discutir política, vamos
a discutir la historia del socialismo, vamos a discutir cuál es la verdadera
filosofía de Marx”. No, no surgió de esa manera sino a partir de un problema de
la práctica, que era fundamentalmente el de los costos de producción: cómo
medir los costos de producción de los productos de la industria y del agro.
Aparentemente era un problema “técnico”. A partir de allí se comenzó a discutir
y se abrió la discusión a todos estos campos: económico, político,
filosófico...
Inicialmente, a partir del problema de economía
práctica de los costos se empieza a discutir problemas de política económica.
Las palabras son parecidas pero no es lo mismo.
¿En qué consiste la “política económica”? Este
concepto hace referencia al tipo de intervención que se realiza en el ámbito de
la “economía” en función de una variable o de otra, a partir de opciones que
tienen que ver con posiciones políticas. ¿Por qué priorizar, por ejemplo, una
variable sobre otra? Pues a partir de determinada estrategia política.
Y a partir de ahí, entonces, en la Cuba de aquellos
años se va ampliando el debate hasta abarcar una serie de problemas más
generales: ¿qué se entiende por economía política?,
¿qué es la teoría del valor?
(Breve aclaración: La teoría del valor es abordada
tanto por los economistas liberales
–denominados hoy en día “neoclásicos”- como por los
marxistas revolucionarios. Según los marxistas, esta teoría intenta explicar
cómo se regula el trabajo social global de una sociedad, cómo se
regula el trabajo
abstracto en una
economía mercantil capitalista
y cómo se distribuye ese trabajo social global entre
las distintas ramas productivas. La teoría del valor se propone explicar porqué
el capitalismo genera crisis. No es una teoría del “equilibrio” sino de
la crisis. Pero la explicación no es unívoca. Los
economistas liberales, en cambio, piensan el valor de otra manera. Abandonan la
tradición clásica de Adam Smith y David Ricardo –que explicaba el valor a
partir del trabajo y la producción- y, oponiéndose al marxismo, reducen el
problema del valor al ámbito del consumo y de la psicología individual).
De manera que en la Cuba de aquellos años se
empieza por discutir sobre un problema de costos, que remite a la economía
práctica. Se pasa a discutir inmediatamente después sobre distintas vías
posibles de política económica. De allí se pasa a debatir sobre qué es la
economía política y qué lugar juega en ella la teoría del valor
(particularmente en una sociedad del Tercer Mundo que marcha, gracias a una
revolución anticapitalista, en transición al socialismo). Todo este itinerario
del debate de 1963 y 1964 conduce finalmente a debatir alrededor de una serie
de preguntas mucho más abarcativas, mucho más generales, mucho más ambiciosas
que tienen que ver con las diversas maneras de comprender la concepción
materialista de la historia, la concepción de la sociedad que maneja el
marxismo.
Porque, obviamente, los participantes de este
riquísimo debate, de esta compleja polémica, entienden el marxismo (no sólo en
términos políticos sino también en cuestiones de índole teórica) de maneras muy
distintas...
¿Qué es el marxismo? Para decirlo de manera harto
breve:
Lo que conocemos como “marxismo” consiste en
aquella concepción fundada por Marx y Engels (continuada por muchísimos otros
compañeros y compañeras a lo largo de la historia, hasta
llegar a nuestro
presente) que tiene
por objetivo explicar
de manera materialista cómo
funciona la sociedad y qué lugar jugamos nosotros ahí adentro.
“¿Explicar de manera materialista” no implica
meterse a discutir “cómo es la materia física natural?”. Al marxismo –al menos
al marxismo revolucionario- no le preocupa discutir cómo funciona el interior
de los átomos, ni de qué componentes químicos está hecha la madera o el metal.
No, cuando decimos que el marxismo “explica de manera materialista” estamos
pensando en las relaciones sociales y en procesos sociales, no en fenómenos u
objetos vinculados a la naturaleza física o química.
“Explicar de manera materialista” quiere decir, que
para el marxismo la clave de
cómo funciona la sociedad y de cómo se desarrolla
la historia reside en la materialidad de las relaciones sociales.
La materialidad que le interesa al marxismo es la
materialidad de las relaciones sociales, no la materialidad de un organismo
biológico o de un componente químico del suelo. Es en el terreno de las
relaciones sociales donde se juega el destino de la historia humana. Incluso la
impostergable lucha por limitar el envenenamiento de la atmósfera, por frenar
la explotación irracional de la naturaleza que conduce al agotamiento de los
recursos naturales o por rechazar la imposición de los alimentos transgénicos –clásicas
preocupaciones ecologistas- remite, desde una óptica marxista, a una lucha
estrictamente social.
Al marxismo, entonces, no sólo le preocupa
“explicar de manera materialista” cómo funciona la sociedad. También le
interesa –al mismo tiempo- comprender el papel jugado por nosotros y nosotras
–el sujeto- dentro de esa lucha. No hay explicación “objetiva” que no sea al
mismo tiempo explicación de la subjetividad social. Eso es, precisamente, la
dialéctica de la historia.
Todo este tipo de preocupaciones por “explicar” y
“comprender”, remiten a su vez a un proyecto político práctico: la
transformación de las relaciones sociales y del lugar que el sujeto juega
dentro de esas relaciones. No basta comprender si al mismo tiempo no se intenta
cambiar el mundo y transformar la sociedad.
Pues bien, en la Cuba de 1963 y 1964 no sólo se
estaba debatiendo qué se entendía por economía política, qué se entendía por
teoría del valor, qué tipo de política económica debía implementar la
revolución, cómo se debía pensar la transición al socialismo en una sociedad
subdesarrollada, sino que también se estaba debatiendo qué se entendía por
marxismo.
La
explicación sintética, sumaria
y extremadamente apretada
que nosotros recién acabamos de
esbozar sobre ¿qué es el marxismo? responde –al menos eso creemos- a la manera
cómo el Che Guevara entendía el marxismo. Esto es: como una teoría de la
sociedad que no se agota en el mero comprender o en el mero interpretar, sino
que al mismo tiempo apunta a la modificación de las relaciones sociales y del
lugar activo que dentro de ellas juega el sujeto (colectivo) en la historia.
Mientras Charles Bettelheim –en sintonía con Stalin
y con Louis Althusser- concebía el marxismo de una manera marcadamente
“objetivista” (esto es, de un modo en el cual la intervención política e
ideológica activa del sujeto colectivo se desdibuja para dejar el lugar
central al respeto
absoluto por las
llamadas “leyes generales
de la economía”),
el Che Guevara lo entendía de un
modo esencialmente praxiológico. Esto significa que para Ernesto Guevara el
marxismo no solamente sirve para descifrar el funcionamiento de la sociedad
sino que también brinda las pistas centrales para intervenir eficazmente en el
curso de la historia.
Existen regularidades, la historia no es un suceder
azaroso de hechos incomprensibles (como postularía años después el
posmodernismo). Pero esas regularidades –denominadas “leyes”- no tienen una
existencia absoluta. Son históricamente relativas. Se pueden modificar.
Es más, en
la transición socialista,
cuando existe un
poder revolucionario, cuando los
revolucionarios han logrado triunfar y han tomado el poder político se puede
intervenir activamente en el curso del desarrollo social. La ley del valor, por
ejemplo, se
puede violentar. No hay que “respetarla”
pasivamente, como proponía en sus manuales Stalin en la URSS o Charles
Bettelheim en Cuba.
Veamos un ejemplo concreto: el poder
revolucionario, a partir de una opción política e ideológica, puede violar la
ley del valor y modificar los precios relativos de los productos. Puede hacer
que el precio de los libros disminuya por sobre el valor real (porque nos
interesa que el pueblo lea, sea culto y se autoeduque) y puede hacer que el
precio del alcohol aumente por sobre su valor real (porque nos interesa
eliminar el alcoholismo). Cuando un poder revolucionario tiene
la fuerza política
suficiente, tiene el
consenso del pueblo,
puede intervenir en el ámbito económico, puede incidir activamente en el
mercado y puede violentar la “normal” relación entre valores y precios entre
distintas mercancías, siempre y cuando se conserven los equilibrios globales.
Pensando en este tipo de situación histórica,
Antonio Gramsci sostenía que “Las leyes de la sociedad no son leyes naturales.
Son leyes de tendencia. Sólo pueden regir plenamente cuando las masas están
pasivas”. Si hay masas políticamente activas, si hay poder revolucionario, el
supuesto carácter “absoluto e inmodificable” de las leyes, como la ley del
valor, ya no existe como tal.
Obviamente que el gran presupuesto en esta
concepción teórica que Guevara opone en su discusión con Carlos Rafael
Rodríguez, Alberto Mora y Charles Bettelheim, es que los revolucionarios han
tomado el poder a través de una revolución. (Ese gran presupuesto es el que hoy
ubican entre paréntesis, ponen en discusión, ponen en entredicho, los teóricos
postestructuralistas siguiendo a Toni Negri y sus amigos...).
¿Cuál sería la otra opción? Respetar a rajatabla la
ley del valor y dejar que los libros, por ejemplo, incluso en el socialismo, se
vendan a un precio más alto de acuerdo a su valor de cambio determinado por el
tiempo de trabajo socialmente necesario para producirlos.
El Che piensa, dentro de este debate, que esa
opción no corresponde a los revolucionarios. Lo que prima en el pensamiento
“económico” del Che es la opción política comunista, la vía estratégica hacia
la construcción de un nuevo tipo de subjetividad histórica. Una subjetividad
que no puede construirse a partir de “las armas melladas del capitalismo”,
como, por ejemplo, a partir de los mecanismos mercantiles que nosotros, quienes
vivimos en una sociedad capitalista, padecemos plenamente por sufrirlos todos
los días .
Eso también está presente en el debate.
En todo ese conjunto de problemas, como parte de
este cuadro general de discusiones políticas y teóricas, se encuentra el debate
de los estímulos morales y materiales. Podemos hacer un recorte y focalizar
nuestra mirada en este aspecto particular del debate.
Porque a veces, cuando se quiere reconstruir el
pensamiento del Che, se recorta esto y queda en el aire la afirmación que “el
Che era partidario del estímulo moral”, asimilando esa posición, de manera
bastardeada y despolitizada con un tipo de pensamiento según el cual el Che era
algo así como “una buena persona”, “un joven bienintencionado”, o una imagen
roussoniana según la cual “Guevara apelaba a la bondad del hombre...”.
Existieron filósofos del siglo XVIII, como Juan
Jacobo Rousseau, quien decía que el ser humano es muy bueno por naturaleza, la
sociedad y sus instituciones lo hacen malo. Pero el Che no está en esa órbita
de problemas. Su planteo es políticamente mucho más radical. No está
construyendo una antropología filosófica. Su planteo es político radical,
aunque, sí, conciba al ser humano como un “sujeto inacabado” y, por ello mismo,
también conlleva implícitamente una visión antropológica.
Entonces: ¿el ser humano es bueno o es malo?
Parecería que desde este punto de vista, para Guevara el ser humano es bueno...
por eso sería tan importante el estímulo moral. Esta visión no tiene nada que
ver con el marxismo del Che.
El Che se plantea la discusión en otro terreno, por
eso hay que inscribir su opción a favor de los estímulos morales en el contexto
de cómo se dio efectivamente el debate en la historia de la Cuba de 1963 y
1964. Para no construir un Guevara que no existe y nunca existió, un Guevara
metafísico que habla de “el hombre en general”, un Guevara para el consumo de
los profesores de filosofía o de los burgueses progresistas con buena
conciencia y bienintencionados, ilustrados y bienpensantes.
Recapitulemos.
La discusión de
1963 y 1964
se produce en
diversos niveles:
intervienen las distintas posiciones políticas
internacionales, las tradiciones políticas internas de Cuba, cómo entienden el
marxismo cada uno de los que participa y opina, el proyecto de la industria, el
proyecto del agro, y en el seno de todo este cuadro general se plantea la
discusión en torno a estímulos materiales o morales.
La posición de Carlos Rafael Rodríguez, en el
terreno “económico” (con comillas, ya que, insistimos, nosotros pensamos que no
es sólo un problema económico lo que se debate) consiste en un sistema
denominado “cálculo económico”. Por eso lo apoya Bettelheim, cuyo libro se
llamará más tarde Cálculo económico y formas de propiedad (1972).
¿En qué consiste? Sintéticamente: en una economía
socialista o que está iniciando el tránsito hacia el socialismo, después de
haber tomado el poder, después de haber hecho la revolución, después de haber
destruido al ejército burgués y sus aparatos de represión, en ese período
histórico, los partidarios del cálculo económico creían que tiene que haber
mercado. En el lenguaje marxista más técnico: las categorías mercantiles
sobreviven en ese período histórico, no quedan anuladas con la toma del poder,
el mercado continúa durante un lapso de tiempo. En la transición al socialismo
el mercado sigue valiendo, las mercancías hay que venderlas por lo que valen,
según la ley del valor. Cada empresa, socialista ahora (nos olvidamos de los
propietarios burgueses..., empresas que están en propiedad colectiva), a
pesar de ser propiedad del pueblo, propiedad de los
trabajadores que la hacen funcionar, tiene que gestionarse a partir de un
criterio de “autogestión financiera”. No depende de un presupuesto central,
depende de sus propios recursos, por ello su funcionamiento interno tiene que
tener por finalidad maximizar las ganancias y disminuir las pérdidas, para
poder mantenerse y reproducirse (no en el mismo plano sino en escala ampliada,
acumulando. No para un burgués individual sino para las necesidades sociales).
En consecuencia, para los partidarios del “cálculo económico”, en la transición
socialista se mantienen las categorías mercantiles (regulación a través del
valor, mantenimiento del dinero, precio de mercado, intercambio mercantil,
manejo autónomo de los recursos independientemente de las otras empresas,
etc.,etc.). Es decir que continúa la lógica del mercado.
Toda empresa mercantil se maneja así, lo que sucede
es que en el capitalismo eso se realiza a costa de la explotación de los
trabajadores. Se supone que en la transición socialista no, pero los
partidarios del cálculo económico argumentan: “eliminamos la explotación del
hombre por el hombre, ya no hay plusvalía, en todo caso hay un trabajo
excedente”. Esto significa que los trabajadores producen más del mínimo
necesario para comer y reproducirse y ese plus se distribuye socialmente, no se
lo queda un burgués o un grupo de burgueses.
Entonces, si el trabajo excedente se socializa, no
hay explotación. Pero la lógica mercantil
debe continuar –argumentan-
una serie de
años para que
la economía funcione. Esto
sostienen los partidarios del cálculo económico. El argumento central de ellos
gira en torno al “débil desarrollo de las fuerzas productivas” que todavía
existe en Cuba en aquellos años ’60.
Según ellos, el marxismo prescribe que en la
historia siempre las fuerzas productivas van delante y atrás las relaciones
sociales de producción. Pus bien, si las fuerzas productivas están atrasadas en
Cuba, no se puede hacer avanzar las relaciones de producción (no se pueden
plantear relaciones sociales donde no medie el dinero o el intercambio
mercantil, cuando existe una industria todavía no desarrollada). En el fondo
Carlos Rafael y Bettelheim siguen lealmente aferrados al marxismo de Stalin.
Para Stalin la clave del desarrollo histórico
siempre está en la dimensión de las fuerzas productivas. Así lo plantea ya
desde 1905 en su folleto ¿Anarquismo o socialismo? Y lo vuelve a repetir cada
vez que puede, incluyendo los capítulos sobre “Materialismo histórico y
dialéctico” de la Historia del PC bolchevique de la URSS de 1938. También
aparece este tipo
de afirmaciones en
uno de los
últimos libros de
Stalin Problemas económicos del
socialismo en la URSS (1952). La posición de Bettelheim y Carlos Rafael
Rodríguez sigue en este punto al pie de la letra las opiniones de Stalin.
Pretender entonces –como proponía el Che- superar
las categorías mercantiles en una sociedad que todavía no tiene un gran
desarrollo de las fuerzas productivas resultaba toda una “herejía”... para el
marxismo de Stalin y sus discípulos (ortodoxos o aggiornados).
Cada empresa productiva tiene entonces que
autofinanciarse. Hay que lograr incentivarse todo lo posible para obtener mayor
ganancia, mayor productividad, disminuir los costos, disminuir las pérdidas y
así obtener un rédito de donde saldrá su autofinanciamiento.
Para aumentar el incentivo en el trabajo y la
producción –eliminando el ausentismo, por ejemplo, o el trabajo a desgano- hay
que dar premios materiales a los trabajadores de las empresas autárticas y
autogestionadas: hay que otorgar estímulos materiales. En lo posible
individuales.
Por eso los partidarios del cálculo económico
promueven la autogestión financiera de
las empresas, cada empresa maneja su dinero y su
contabilidad. Entre todas ellas compiten. Ya no se le llama “competencia” –como
en el capitalismo- sino “emulación”, pero no es muy distinto...Aunque sean
socialistas, aunque no haya patrones, cada empresa es autónoma y cuando una
empresa intercambia con
otra empresa —ambas,
insisto, sin patrones—
intercambian, dicen estos compañeros, mercancías.
La empresa de tractores, supuestamente, le da una serie de tractores a una
empresa agrícola y la empresa agrícola le paga un dinero equivalente al valor
de los tractores: están intercambiando mercancías, con la salvedad, de que no
hay un patrón en el medio, no hay capitalistas en el medio, pero intercambian
mercancías entre sí.
Según este esquema, el mercado sigue siendo el gran
regulador social, aunque ahora esté “acompañado” y “controlado” por la
planificación socialista... Este es, sintéticamente, el punto de vista de
Bettelheim y Carlos Rafael Rodríguez.
¿Qué opinaba la otra corriente, la que defendía el
Che Guevara? Si los partidarios del cálculo económico promovían la autogestión
financiera de las empresas, la otra corriente que discutía en esos años dentro
de la revolución cubana planteaba un proyecto denominado “Sistema
Presupuestario de Financiamiento”.
¿En qué consistía? Básicamente en lo siguiente: el
período de transición al socialismo comienza después de tomar el poder (los
cambios no surgen recién después de tomar el poder, no se puede posponer todo
para “el gran día” de la toma del poder...es cierto...la transformación social
comienza mucho antes, pero es imprescindible tomar el poder si realmente se
pretende revolucionar el conjunto de la sociedad y no sólo una pequeña parcela
local). Aclaramos esto porque la transformación del conjunto de la sociedad no
se puede hacer dentro del capitalismo, es una ilusión utópica (en el peor
sentido de la palabra), pretender realizar este proyecto sin tomar el poder.
Se puede transformar una empresa recuperada,
transformarla en una cooperativa o gestionarla bajo control obrero, pero
siempre se tratará de ejemplos aislados o, en el mejor de los casos, de zonas
periféricas del capitalismo, aquellas que los grandes capitalistas –por
diversos motivos- han abandonado a su suerte y son recuperadas por los
trabajadores que así realizan una excelente experiencia directa demostrando que
los patrones no son imprescindibles (además de mantener la fuente de trabajo).
Pero, no olvidemos que aún en esos casos
maravillosos –que nosotros, en Argentina, apoyamos entusiastamente- se trata de
sectores marginales y colaterales dentro del capitalismo. Para generalizar esa
experiencia y realizar una transformación total y radical de la sociedad hay
que tomar el poder mediante una revolución. No hay otra. Pretender cambiar el
mundo y la sociedad sin hacer una revolución es, en el mejor de los casos...,
una vieja utopía reformista.
En el peor de los casos conduce a una nueva
frustración cuando los trabajadores se vuelvan a chocar con el límite
infranqueable que el poder armado de los capitalistas interpondrá, sí o sí,
cuando los trabajadores pretendan apoderarse y recuperar, no ya una fábrica
aislada o un pequeño tallercito marginal sino las empresas fundamentales de la
sociedad capitalista, aquellas que generan anualmente una renta millonaria (en
dólares).
Para un período que se abre, entonces, con la toma
del poder, el Che Guevara plantea que hay que organizar la economía por ramas
productivas, pero no con empresas autogestionadas económica y financieramente
de manera autónoma, sino como un sistema único: planificando la economía. No
resulta útil ni “realista” que cada empresa persiga maximizar ganancias y
disminuir pérdidas, estimulando a sus trabajadores a partir de premios
materiales, sino que
hace falta tratar
de equilibrar la
relación entre todas
las ramas productivas a nivel
social de manera planificada.
Eso implica que cuando una empresa le vende
tractores, por ejemplo, a otra empresa – dentro de una sociedad donde se han
eliminado socialmente a los patrones- no intercambian mercancías entre sí,
intercambian productos, que no es lo mismo. Intercambian productos que no
necesariamente se pagan por su valor, porque la ley del valor, regularidad
social que
rige el funcionamiento de toda sociedad capitalista
—sostiene el Che— no debe ya regir para la transición socialista.
Conclusión: el mercado, entonces, resulta
incompatible con el socialismo. No puede sobrevivir el mercado después de tomar
el poder e iniciar el tránsito al socialismo. Por supuesto que esto no se anula
por decreto, y el Che no era tan ingenuo como para pensar que con un
decreto administrativo se
suprime el mercado.
Pero la tendencia
—él dice exactamente eso, “la
tendencia”—, hacia dónde nos dirigimos, es hacia cancelar el mercado. Nunca lo
podremos hacer por decreto, de un día para otro, en un abrir y cerrar de ojos,
pero hacia ahí nos dirigimos. No alimentamos ni exaltamos el mercado, al
contrario, tratamos de debilitarlo por todos los medios posibles. Ese es el
núcleo de fuego de una estrategia genuinamente comunista y revolucionaria, no
sólo en el discurso sino también en la práctica.
Indefectiblemente el mercado operando continúa
durante un periodo de tiempo, dice el Che, pero nuestro objetivo político es
suprimirlo, anularlo, recluirlo en el museo de la prehistoria humana.
¿Por qué? Aquí es donde interviene en el marxismo
del Che el fenómeno de la conciencia...
Si el modelo del cálculo económico se basa en la
supervivencia de las categorías mercantiles, en la transición socialista, en el
intercambio entre empresas, como si hubiera intercambio de mercancías y cada
una se autogestiona de manera autónoma; el sistema presupuestario de
financiamiento se basa en la apuesta por la planificación. Una apuesta que
apunta a suprimir tendencialmente el mercado y a manejar todas las unidades
productivas como partes de
una gran empresa
única. Por lo
tanto, cuando una
empresa en manos colectivas le transfiere a otra empresa
determinados productos, no se los vende, porque no son mercancías, no tienen valor
(alícuotas del trabajo social global coagulado para el intercambio), son
productos que se anotan en la contabilidad pero que no son mercancías.
Entonces el presupuesto que determina la asignación
social de recursos para el conjunto de la sociedad (no para una empresa
recuperada aislada o para una cooperativa aislada, sino para el conjunto
social) se maneja de manera centralizada. No se puede dar que cada empresa
maneje su propio presupuesto y, por lo tanto, pretenda optimizar las ganancias,
ganar más y perder menos y así, a fin de año, se realimenta una competencia
entre las mismas empresas. Los soviéticos llamaban a esta competencia con una
palabra menos fea, menos asociada al capitalismo: “emulación”. Como la
competencia es sinónimo de capitalismo, bueno –decían ellos- vamos a llamarla
de otra manera: “emulación socialista”. Pero era algo análogo, no muy
diferente: una empresa en manos del pueblo trabajador competía con otra para
ver quién rendía más, quién tenía una productividad más alta.... Y premiaba
materialmente a sus trabajadores para que así rindieran más...
El Che plantea la no emulación, la no competencia,
sino manejar todo el conjunto de
la
economía de manera
planificada y racional,
no compitiendo entre
sí. ¡Porque la competencia es una herramienta básica de
regulación social típica del mercado capitalista!. Hay que gestionar cada
unidad productiva como parte de una empresa global y, entonces, los
intercambios entre distintas unidades productivas se realizan como si dentro de
una misma fábrica un sector le envía a otro sector determinada herramienta o
determinado insumo. No se lo compra porque sólo se traslada de un sector al otro.
Pues bien, si pensamos toda la sociedad
como una única
unidad productiva, como
una única empresa,
el cambio de productos de una unidad productiva a la
otra, es análogo: no hay intercambio mercantil mediado por el dinero con el que
se pagan los precios de acuerdo al valor. No. Lo que existe es solamente una
contabilidad para registrar cómo se desplazaron los productos de un sector a
otro (de manera planificada). Nada más.
Se elimina de este modo la regulación mercantil de
la economía, la regulación a posteriori del intercambio social, el desperdicio
y el despilfarro de trabajo social global en función de las variaciones de
precios y valores. El dinero deja de jugar el rol central que tiene en el
capitalismo: mediar entre las relaciones sociales.
¿Cómo incentivar entonces a los trabajadores si su
esfuerzo ya no depende de cuánto gana en la competencia mercantil la empresa
autártica que lo recompensa con premios materiales? Pues hay que incentivarlos
–piensa el Che- apelando a la conciencia socialista. Los premios deben seguir
existiendo, pero deben ser premios morales: nada más alto que lograr el
reconocimiento de los compañeros y compañeras por haber cumplido el deber
social de trabajar para los demás.
El que logra ese reconocimiento es parte de...-una
palabra que hoy no está de moda...-:
la vanguardia. Vanguardia no equivale al “aparato”
político, no es sinónimo de verticalismo, de aquel pequeño grupo de iluminados
autosuficientes y petulantes que pretende sustituir a las masas. ¡No, nada que
ver!. En una sociedad en transición al socialismo, vanguardia es quien más se
esfuerza, el que va adelante, el que sobresale por haber cumplido un deber
social, el que deja lo mejor de sí para mejorar la sociedad y ayudar a los
demás.
La palanca del estímulo pasa a ser entonces moral,
no dineraria ni material. Y sobre todo un premio de carácter colectivo. El
terreno de disputa se traslada al ámbito de la conciencia.
Se compite con el capitalismo, pero ya no en su
mismo terreno (donde siempre nos ganaría...) sino en nuestro mejor terreno: el
de la cultura política, el de la conciencia socialista, el de la
moral comunista. Allí
se crea cotidianamente y
se construye el hombre nuevo y la mujer nueva.
Y no hay que “esperar” (piedra de toque de todas
las ortodoxias marxistas...esperar...)
a que estén bien desarrolladas las fuerzas
productivas para recién allí, adelantar las relaciones de producción. ¡No se
puede ser tan mecánico en nombre de Marx!.
Como la revolución es mundial, afirma el Che, la
conciencia se vuelve también mundial y adquiere características mundiales. Si
la conciencia se vuelve una palanca fundamental para desarrollar la sociedad,
aún cuando no estén totalmente desarrolladas las fuerzas productivas, se pueden
adelantar las relaciones de producción de manera de ir superando el mercado, el
dinero como mediador social entre las empresas, el premio monetario individual
y la relación inmediata entre mercancía, valor y precio.
Las
relaciones sociales de
producción, insertas en
un proceso de
correlación de fuerzas favorable
a partir de la toma del poder por los revolucionarios, insertos en una
mundialización de la conciencia socialista y como parte de un proyecto político
estratégicamente comunista, se pueden ir adelantando para que a su vez se
facilite el mayor desarrollo de las fuerzas productivas.
Como le señaló Ernest Mandel a Bettelheim en el
debate, en el marxismo la relación entre “fuerzas productivas” y “relaciones de
producción” nunca es mecánica y tiene validez para grandes períodos históricos.
Su equivalencia no puede hacerse medir unívocamente en períodos relativamente
cortos...
Ese es, sintéticamente, el planteo del Che Guevara.
El planteo de Guevara no es metafísico. Él da
muchos ejemplos concretos para entender su apuesta política estratégica
pensando en la vida cotidiana. Se pregunta: en un periodo de transición al
socialismo, el Estado ¿debe respetar la ley del valor? No pueden venderse los
objetos como si fuesen mercancías, de acuerdo a su valor. No, dice Guevara, el
Estado interviene.
Si los revolucionarios están en el poder y tienen
fuerza política, insistimos, pueden poner un libro a cinco (5) $, aunque
realmente valga treinta y seis (36) $. No importa. Se
puede imponer una política de precios que viole la
ley del valor porque nos interesa fomentar esto y no aquello. Entonces, cuando
el Estado interviene, está violentando la ley del valor, dice el Che. Y está
bien, porque respetar la ley del valor como si fuese un fetiche, aun en una
sociedad de transición al socialismo implica reproducir justamente el
fetichismo de la mercancía.
Pensar que la economía es autónoma (y que tiene
“leyes fundamentales” que no se pueden tocar, como pensaba Bettelheim), es
decir, que el hombre tiene que arrodillarse ante ella, justamente eso es
fetichismo. Así lo denomina Marx en ese libro que tanto estudió y al que tanto
respeto y amor le tenía el Che Guevara: El Capital.
La economía nunca es completamente autónoma, no
tiene leyes autónomas como si fueran leyes naturales (que existen
independientemente de los sujetos y sus luchas). Son, en todo caso, —dice
Carlos Marx— regularidades de tendencias pero no ajenas a la lucha de clases.
Existen corrientes marxistas (diversas e incluso
enfrentadas a la corriente del Che), por lo general de fuerte impregnación
positivista, que piensan que no es así, que la economía tiene leyes autónomas y
que no se puede interceder en ellas. Coinciden plenamente, en nombre de Carlos
Marx y de la bandera roja, con los economistas liberales. Porque son los
economistas burgueses quienes más defienden el carácter “autónomo” de la
economía. Son ellos quienes más defienden la economía entendida como fetiche, como
realidad ajena, independiente y externa
a los sujetos
sociales y a
sus conflictos, como
una institución “natural” que no
puede modificarse.
En cambio, el Che plantea, al igual que Carlos
Marx, que si se pretende comprender la realidad de manera científica, no se
puede ser fetichista: no existe una “mano invisible” (como pensaba Adam Smith),
no existe una economía al margen de las relaciones de fuerza, de las relaciones
políticas, al margen —en el lenguaje clásico del marxismo— de la lucha de clases. Menos que menos, en una sociedad
donde se supone que el poder central está en manos de los revolucionarios.
Entonces, ¿cómo seguir respetando de manera
fetichista estas supuestas “leyes naturales de la economía” y dejar que el
mercado vaya..., vaya a saber uno hacia dónde...?. En realidad sí se sabe. El
mercado conduce en una sola dirección cuando se lo deja actuar en forma
“autónoma”: ¡Hacia el capitalismo!.
Por eso el Che, cuando critica en sus Cuadernos de
Praga el Manual de economía
política de la Academia de Ciencias de la URSS,
vaticina que la Unión Soviética está regresando al capitalismo. Guevara no era
brujo ni tenía la bola de cristal ni se comunicaba con un oráculo o una
pitonisa. Simplemente advertía hacia donde se dirigía ese mercado que, de
manera fetichista, se estaba alimentando y reproduciendo en la economía
soviética en nombre del respeto a “las leyes fundamentales de la economía”.
Esto es entonces, en una síntesis brutal y
sumamente esquemática, aquello que se discutió en Cuba durante 1963 y 1964:
todos los temas de la relación entre precios y valores, los costos de
producción, la autogestión de las empresas, cómo financiar las empresas, la
relación entre el mercado y el plan, etc. Guevara tenía una frase en broma
—recuerda uno de sus colaboradores, Enrique Oltuski, que colaboró con él en el
Ministerio de Industria— que decía así: “cuando todo el mundo sea comunista o
cuando la revolución triunfe a nivel mundial [ese y no otro era el proyecto del
Che], tenemos que mantener capitalista a Andorra, un país pequeño, para ver ahí
cuál es ahí la relación entre precios y valores”, pero en el mundo comunista
vamos a violentar eso en función de un proyecto político.
Me parece que ése es el eje de la discusión, y que
si uno lo analiza desde este punto de vista permite entender de otra manera las
situaciones políticas concretas. Tanto la de Cuba como la de la URSS.
Por ejemplo, en la revolución bolchevique, hubo un
período, cuando recién tomaron el poder los revolucionarios, en 1917, donde los
invaden catorce potencias extranjeras, hay ejércitos de todos los países
capitalistas que los invaden para hacer salvajadas y barbaridades. Esa guerra
civil, entre los blancos y los rojos, fomentada por el imperialismo, dura tres
años. Los historiadores de la revolución rusa, incluso los más académicos, como
Edward Carr, historiador británico que tiene varios tomos sobre la revolución
rusa, cuando periodiza afirma que ese período de guerra dura tres años. Se
llama “comunismo de guerra”. Dura hasta que el país está exhausto, los rojos le
ganan la guerra a los blancos, o sea: los bolcheviques le ganan la guerra a los
capitalistas, pero con un costo altísimo, porque el país se desangró, se
destruyó la industria, murieron millones.
Entonces, como los dirigentes bolcheviques,
empezando por Lenin, no eran idealistas ingenuos, sino que eran políticos
realistas, Lenin plantea como hipótesis: tenemos que dar un paso atrás, porque
no nos da la fuerza para continuar este comunismo a marcha forzada, tenemos que
retroceder hasta recomponer parcialmente la economía y ahí acelerar de nuevo.
Allí plantea la NEP (Nueva Política Económica). Lenin es consciente de que es
un paso atrás, es un retroceso, pero no es un retroceso estratégico, sino táctico.
Es decir que no nos da la fuerza, estamos al borde de la extinción, damos un
paso atrás, volvemos a dar aire al mercado para después tomar fuerza y volver a
empujar de nuevo. Es un retroceso motivado por razones políticas: no nos dan
las relaciones de fuerza, ni a nivel nacional, ni a nivel internacional, porque
todos los intentos revolucionarios en occidente fracasaron; fracasó la
insurrección italiana, la insurrección en Hungría, la insurrección alemana,
todos estos intentos fueron aplastados.
Si entendemos que la economía no tiene
funcionamiento automático, sino que está inserta en relaciones de fuerza, uno
puede entender retrospectivamente este paso que da Lenin en 1921, con lo que se
llama la NEP: donde le vuelve a dar aire al mercado, como un retroceso que está
motivado por una decisión política porque no dan las relaciones de fuerza.
No como el
camino estratégico hacia
el comunismo, como
pensaba aquel polemista de Lenin,
llamado Nicolás Bujarin, quien en su madurez decía que el mercado es el camino
estratégico hacia el comunismo. Entendemos, entonces, de nuevo, a la economía
no divorciada de la política, ni de la lucha de clases, no como si tuviera un
funcionamiento automático, sino inserta en las relaciones de fuerza.
Por eso nosotros pensamos que cuando Marx habla del
valor, del dinero, del capital, todas
estas categorías que
aparecen en su
obra El Capital,
está hablando de
relaciones sociales, que son relaciones de fuerza, relaciones de poder.
El Capital no es un texto de economía, es un texto que habla del poder, de cómo
se ejerce el poder en el capitalismo y cómo se lucha contra él33.
Entonces, de la misma manera que podemos entender
de otra manera la NEP de Lenin, podemos comprender, por ejemplo los desafíos de
la revolución cubana actual, ya que vuelve el mercado en Cuba, vuelven las
inversiones extranjeras ¡y todo el retroceso que eso implica!
¿Retroceso? ¿Dónde? Pues en la conciencia, porque
aumentará el producto bruto interno de Cuba, se recompondrá Cuba de cómo la
dejó la Unión Soviética cuando se desplomó, habrá más comida y más consumo,
pero con un costo elevadísimo en la subjetividad: vuelve la prostitución,
vuelve la distinción de clases, el que cobra en dólares y el que cobra en
pesos, el que se vincula al turismo y gana una ventaja sobre el que no tiene
contacto con el turismo y se maneja en otra órbita; todo un retroceso en la
conciencia enorme. Uno puede plantearse,
igual que con
la NEP, esto
que está viviendo
hoy Cuba es un
33
Remitimos a l@s lector@s a
nuestro El Capital: Historia y
Método (Una Introducción). Buenos
Aires, Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo, 2002.
retroceso, porque no da la fuerza, porque Cuba está
aislada, porque por ahora, al menos, no hay una revolución internacional que
vaya a acompañarla, es cierto que estamos avanzando porque no estamos igual que
en 1993. Hay rebeliones en el mundo desarrollado, hay un avance, nos estamos
recomponiendo, pero todavía no hay una revolución internacional que amenace al
imperialismo. Entonces Cuba sigue aislada. A la dirección cubana y a Fidel
Castro no les queda otra, por relaciones de fuerza, que retroceder como le pasó
a Lenin, al que tampoco le quedó otra en tiempos de la NEP...
Desde un escritorio dictar sentencia es
facilísimo..., ahora bien, dirigir un proceso revolucionario histórico es mucho
más complejo: hay que estar inserto en las relaciones de fuerza y ahí
intervenir.
Nos parece, entonces, que entender la economía de
esta manera permite evitar el terrible equívoco de los que piensan “¡Ah!, ¿hay
mercado de nuevo en Cuba...?, éste es el camino estratégico al comunismo”.
¡No!, de ningún modo. Ningún camino estratégico; esto es un retroceso que por
ahora no se puede evitar porque existe un aislamiento internacional y existen
relaciones de fuerza desfavorables frente al imperialismo, pero no es el camino
estratégico. De las manos del mercado no vamos al comunismo, volvemos al
capitalismo. Ésta era la opinión del Che.
Por eso Guevara planteaba que Yugoslavia, Polonia y
la misma Unión Soviética
volvían al mercado, volvían a plantar esta opción
de que cada empresa se autofinancie, que maximice ganancias y disminuya
pérdidas: estaban retrocediendo al capitalismo, no es un avance.
Nos parece que este debate no quedó en el pasado,
no es que “vamos a reconstruir como si estuviéramos en una visita guiada de un
museo qué opinaron en 1963 y 1964 los cubanos”.... No, creemos que es un debate
que tiene suma actualidad.
Nos parece que tiene actualidad por el tema de la
política, porque instala —por lo menos era la opinión del Che, que nosotros
compartimos— como eje del proyecto revolucionario local, nacional y mundial, la
política y la conciencia. Nunca pensar que la economía marcha sola, nunca
plegarnos alegremente –y menos que nada en nombre de la “ortodoxia
marxista”...- a la marcha de la economía, encima citando a Marx ¡De ningún
modo!. No nos olvidemos de aquellas lúcidas tesis de Walter Benjamin según las
cuales lo peor que le pudo pasar a la clase trabajadora alemana fue pensar –de
la mano de la socialdemocracia y su ideología progresista- que “marchaba con la
corriente económica”.
Por eso nuestro eje es siempre: el poder, la
política y la conciencia.
Esta es la razón por la cual no se pueden divorciar
sus textos políticos de este debate económico, ya que el objetivo central de
los revolucionarios es el poder. Que nadie se confunda. Este “Sistema
Presupuestario de Financiamiento” que él planteaba no se puede hacer dentro del
capitalismo.
Existe un pasaje de los escritos del Che donde se
aclara bien que cuando Guevara plantea la primacía de los incentivos morales no
está pensando en una idea del “hombre bueno” roussoniana ni ninguna idea
similar de tipo metafísica o ahistórica. El pasaje corresponde a un artículo
que se titula “Sobre la construcción del Partido”. Pertenece a un prólogo que
el Che hace a una compilación de aquella época sobre qué necesidad hay de
construir una organización política, y en un momento plantea taxativamente:
“El
socialismo no es
una sociedad de
beneficencia, no es
un régimen utópico basado en la bondad del hombre como
hombre, el socialismo es un régimen al que se llega históricamente y que tiene
como base la socialización de los bienes fundamentales de producción y la distribución
equitativa de todas las riquezas de la sociedad, dentro de un marco en el cual
haya producción de tipo social”.
Más adelante Guevara vuelve sobre el tema central
de la toma del poder. O sea, el socialismo no es para el Che un régimen de
beneficencia donde nos agrupamos la buena gente y los bienintencionados del
mundo. Su objetivo no es simplemente la supervivencia o repartir la
pobreza...apuntamos a manejar el conjunto de la riqueza social y a planificar
fundamentalmente las palancas centrales donde se produce y reporoduce el
conjunto de la sociedad. No nos conformamos con aquello que sobra, con lo que
deja el capitalismo en sus márgenes porque no es rentable. Vamos precisamente
en busca de lo más rentable, no para obtener renta y apropiarnos
individualmente de la plusvalía social (como hacen los patrones y los
explotadores) sino para transformar en forma radical las relaciones sociales
centrales. Y no sólo en un pueblo o en un país determinado sino a nivel global.
Nuestro proyecto es bien ambicioso. Su gran presupuesto es la lucha, la
confrontación y la toma revolucionaria del poder...
Es preciso aclararlo porque en nuestra época, por
determinadas circunstancias históricas, hemos sido golpeados, provenimos de un
desarme teórico impresionante, han circulado un montón de teorías y relatos
posmodernos y posestructuralistas... A nuestro modo de ver su origen no
proviene de los pueblos más pobres de la Argentina, de México o de Brasil, ni
del África superexplotada, sino de la Sorbona, de París. ¡Esto no tiene nada de
malo! Pero de ahí vienen estas teorías sobre la no relevancia de la lucha popular
por la revolución y el poder para cambiar radicalmente la sociedad.
Hay que saberlo. Hay que estar informados. Hay que
estar atentos al origen. Estos planteos no surgen “de la experiencia de los
pueblos latinoamericanos”, como algunos pueden creer ingenua y apresuradamente.
¡No, no! Esto no brota de la experiencia de nuestro pueblo. Esto proviene de
París...Esta idea de que, primero, “no hay que tomar el poder”; y segundo, que
“el socialismo (como régimen social) se empieza a construir todos los días, en
cada barrio, en cada cuadra”... Entonces yo hago socialismo en mi casa, en mi
cocina, él hace socialismo en su dormitorio, en la escuela hacemos socialismo,
en la oficina hacemos socialismo, el socialismo está en todos lados, porque “el
poder está en todos lados”..., “todos tenemos el poder todos los días y a cada
rato”...
Estas ideas se difunden mucho. Los grandes
monopolios de la comunicación (esos mismos que bastardean todas las luchas, que
acallan a los luchadores de verdad, que no les dan espacio a las Madres de
Plaza de Mayo, al Movimeinto Sin Tierra o a cualquier otro movimiento
revolucionario) promocionan hasta el hartazgo este tipo de formulaciones...¿por
qué será?...
Esto se difunde y se intenta inocular como
“ideología oficial” dentro del movimiento mundial contra la globalización
capitalista.
Nosotros, con todo respeto, lo decimos
fraternalmente, no compartimos esa visión ideológica.
El poder no está en todos lados, el poder cada vez
lo tiene menos gente y la mayoría de la población mundial cada día es más
dominada y más explotada. ¡Nuestros pueblos no tienen el poder!.
Aquel que nos dice que “todos tenemos el poder
todos los días”, y entonces no es
necesario plantearse una estrategia política a
largo plazo para hacer una revolución...nos parece, con todo respeto, que nos
está mintiendo. Por más que le ponga a ese tipo de formulaciones una serie de
neologismos y de frases bonitas y lo acompañe con citas eruditas de Baruch
Spinoza. Nos está hablando de algo que no es real. En la vida real, en nuestra
historia presente, en nuestra sociedad globalizada, el poder cada vez está más
concentrado y cada vez lo tiene menos gente.
Por eso el Che Guevara planteaba “el socialismo no
es una sociedad de beneficencia”,
porque el eje es la socialización de los bienes
fundamentales, no se trata de socializar una
panadería (si la podemos socializar mejor...), se
trata de socializar las palancas fundamentales de una sociedad. Y para ello
hace falta luchar por el poder y tener una estrategia a largo plazo.
En la Argentina, por ejemplo, ¿qué hacemos con el
petróleo? Según cálculos que se
han hecho, las empresas del petróleo generan
actualmente [2002] en nuestro país seis mil millones de dólares (6.000.000.000
de dólares) de renta anual.
¿Vamos a socializar el petróleo?. ¿Sí! ¡Vamos a
socializar el petróleo! Hagamos el intento...Ahí aparece el poder en serio, con
su verdadero rostro, y allí queda claro quien tiene el poder y quien no lo
tiene...
Si el movimiento popular argentino llegara a
proponerse la apropiación en la práctica
de la renta en seis mil millones de dólares de las
empresas del petróleo...ahí se acaba la “tolerancia” y el “disenso
democrático”... porque ése es el eje fundamental de una economía. Por eso el
Che plantea que lo que principalmente hay que socializar son los ejes
fundamentales y ahí está en juego el poder. Ahí sí queda claro quien tiene y
quien no tiene el poder, quién domina y quién es dominado.
Lo que hay que empezar a pensar, aunque sea a largo
plazo, es cómo socializar las columnas fundamentales de una sociedad. No sólo
el quiosco o la panadería; el quiosco lo podemos hacer cooperativa, pero no es
el eje de una sociedad, si en cambio se plantea la socialización cooperativa o
con gestión de los trabajadores de un eje fundamental de una sociedad, ahí
aparece ante nosotros el poder con su rostro desnudo.
En ese instante se acaba instantáneamente el
simpático discurso filosófico postestructuralista y sus ilusiones acerca del
“poder difuso”.
Ahí nos aplastan. Nos aplastan si no tenemos con
qué responder y si no tenemos una
estrategia política propia a largo plazo...
Por eso el pensamiento político del Che nos parece
tan sugerente y tan actual para pensar no sólo en el pasado, en lo que sucedió
con los intentos de transición socialista durante el siglo XX, sino
principalmente en los desafíos del futuro.
Sobre los estudios
de filosofía
(Acerca de la carta del Che
a Armando Hart Dávalos de 1965)34
En sus años juveniles Armando Hart Dávalos fue vicepresidente
de la Asociación Estudiantil de Derecho y dirigente de la Federación
Estudiantil Universitaria (FEU) de La Habana, desde donde encabezó la
resistencia al golpe de Estado de Fulgencio Batista en
1952. Fundador, junto a Fidel Castro, del
Movimiento 26 de julio y dirigente del mismo en el
Llano (en la lucha urbana), cayó preso y fue
liberado con el triunfo de la revolución en 1959.
Desde entonces dirigió el Ministerio de Educación y
la célebre campaña nacional de alfabetización. En 1965 pasa a desempeñarse como
secretario de organización del recientemente fundado Partido Comunista de Cuba.
A ese desplazamiento de tareas hace alusión la dedicatoria “Mi querido
secretario” con que se inicia la carta del Che. En 1976
Hart se convierte en ministro de Cultura. Hoy
dirige la Sociedad Cultural José Martí.
Cuando el Che le escribe a Armando Hart esta carta
(recién pubicada en Cuba en septiembre/1997 en Contracorriente, año 3, N°9),
Guevara había salido con el contingente cubano de la guerrilla del Congo y se
encontraba “de vacaciones” -según ironiza la misiva- en Tanzania, antes de
volver a Cuba y de allí marchar a Bolivia. Días después de escribirla, Guevara
comienza a redactar su diario del Congo, publicado hace muy poco tiempo (Buenos
Aires, Editorial Sudamericana, 1999). La carta está firmada por “R”, inicial de
“Ramón”, nombre de guerra del Che en Africa y luego en Bolivia.
En la carta
pueden leerse las
opiniones críticas del
Che hacia las
posiciones ideológicas oficiales del Partido Comunista de la Unión
Soviética (PCUS) del período de Nikita Jruschov -el de “coexistencia pacífica”
(posterior a 1956)- lo cual explica que llame al líder soviético “revisionista”
-término peyorativo- y mencione a Stalin, tal como por entonces planteaban los
comunistas chinos en polémica contra Jruschov. Aunque luego el Che también
reclama el estudio de León Trotsky entre los marxistas “heterodoxos”,
diferenciándose de esta forma de los seguidores de Mao Tse Tung (completamente
hostiles y reacios a la figura de Trotsky).
Además, en su escrito aparecen las críticas al
“seguidismo” filosófico frente al marxismo oficial en Francia, difundido por
entonces en Cuba (en esos momentos se publican en la isla dos tomos de Lecturas
de marxismo-leninismo agrupando a una serie de autores franceses de factura
prosoviética -stalinistas aggiornados-, encabezados por el filósofo Roger
Garaudy).
En cuanto a la referencia a “un estudio hecho en la
Argentina” sobre los filósofos griegos Demócrito, Heráclito y Leucipo no es
seguro pero sí probable que se trate de La doble faz de la dialéctica del
pensador argentino Carlos Astrada (Bs.As., editorial Devenir,
1962), pues allí se le dedican a los mismos varios
capítulos. Aunque también es posible que se trate de la obra del filósofo
italiano exiliado en Argentina (profesor de la Universidad nacional de Tucumán)
Rodolfo Mondolfo El pensamiento antiguo (Buenos Aires, Losada,
1942. Cuarta edición de 1958. Tomo I y II), ya que
allí figura un capítulo entero dedicado a
“los atomistas: Leucipo y Demócrito”.
En su conjunto, a pesar de su brevedad, esta carta
permite observar el grado de madurez
alcanzado por el
Che en cuanto
a la necesidad
de una búsqueda
de una
34 La siguiente “Nota Introductoria” fue redactada
como material de estudio para la Cátedra Libre Ernesto Che
Guevara de la Universidad Popular Madres de Plaza
de Mayo.
alternativa filosófica e ideológica autónoma frente
a la (autodenominada) “ortodoxia” marxista, incluyendo dentro de ella tanto a
la cultura oficial de la Unión Soviética como a la oficializada por entonces en
China.
[Fin de la Nota Introductoria de Néstor Kohan]
Carta del Che Guevara a Armando Hart Dávalos,
Dar-Es-Salaam, Tanzania (4/XII/1965)
Mi querido Secretario:
Te felicito por la oportunidad que te han dado de
ser Dios; tienes 6 días para ello. Antes de que acabes y te sientes a descansar
(...), quiero exponerte algunas ideíllas sobre la cultura de nuestra vanguardia
y de nuestro pueblo en general.
En este largo período de vacaciones le metí la
nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la
primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos
soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido
lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero
además suelen ser muy malos. La segunda, y no menos importante, fue mi
desconocimiento del lenguaje filosófico (he luchado duramente con el maestro Hegel
y en el primer round me dio dos caídas). Por eso hice un plan de estudio
para mí que, creo, puede ser estudiado
y mejorado mucho para constituir la base de una verdadera escuela de
pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar.
El plan mío es de lecturas, naturalmente, pero puede adaptarse a publicaciones
serias de la editora política.
Si le das un vistazo a sus publicaciones podrás ver
la profusión de autores soviéticos y franceses que tiene.
Esto se debe a comodidad en la obtención de
traducciones y a seguidismo ideológico. Así no se dá cultura marxista al
pueblo, a lo más, divulgación marxista, lo que es necesario, si la divulgación
es buena (no es este el caso), pero insuficiente.
Mi plan es este:
I Clásicos filosóficos
II Grandes dialécticos y materialistas
III Filósofos modernos
IV Clásicos de la Economía y precursores
V Marx y el pensamiento marxista
VI Construcción socialista
VII Heterodoxos y Capitalistas
VIII Polémicas
Cada serie tiene independencia con respecto a la
otra y se podría desarrollar así:
I).-Se toman los clásicos conocidos ya traducidos
al español, agregándose un estudio preliminar serio de un filósofo, marxista si
es posible, y un amplio vocabulario explicativo. Simultáneamente, se publica un
diccionario de términos filosóficos y alguna historia de la filosofía. Tal vez
pudiera ser Dennyk [Guevara se refiere a Dinnyk que dirigió una historia de la
filosofía en cinco tomos. Nota de N.K.] y la de Hegel. La publicación podría
seguir cierto orden cronológico selectivo, vale decir, comenzar por un libro o
dos de los más grandes pensadores y desarrollar la serie hasta acabarla en la
época moderna, retornando al pasado
con otros filósofos menos importantes y aumentando
volúmenes de los más representativos, etc.
II).- Aquí se puede seguir el mismo método general,
haciendo recopilaciones de algunos antiguos (Hace tiempo leí un estudio en que
estaban Demócrito, Heráclito y Leucipo, hecho en la Argentina).
III).- Aquí se publicarían los más representativos
filósofos modernos, acompañados de estudios serios y minuciosos de gente
entendida (no tiene que ser cubana) con la correspondiente crítica cuando
representen los puntos de vista idealistas.
V).- [En el original aparece el N°IV tachado y
rectificado como V. La propia carta luego lo explica. Nota de N.K.]. Se está
realizando ya, pero sin orden ninguno y faltan obras fundamentales de Marx.
Aquí sería necesario publicar las obras completas de Marx y Engels, Lenin,
Stalin [subrayado por el Che en el original] y otros grandes marxistas. Nadie
ha leído nada de Rosa Luxemburgo, por ejemplo, quien tiene errores en su
crítica de Marx (tomo III) pero murió asesinada, y el instinto del imperialismo
es superior al nuestro en estos aspectos. Faltan también pensadores marxistas
que luego se salieron del carril, como Kautsky y Hilfering (no se escribe así)
[el Che hace referencia al marxista austríaco Rudolf Hilferding. Nota de N.K.]
que hicieron aportes y muchos marxistas contemporáneos, no totalmente
escolásticos.
VI).- Construcción socialista. Libros que traten de
problemas concretos, no sólo de los actuales gobernantes, sino del pasado,
haciendo averiguaciones serias sobre los aportes de filósofos y, sobre todo,
economistas o estadistas.
VII).- Aquí vendrían los grandes revisionistas (si
quieren pueden poner a Jruschov), bien analizados, más profundamente que
ninguno, y debía estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió, según parece.
Además, grandes teóricos del capitalismo como
Marshal, Keynes, Schumpeter, etc. También analizados a fondo con la explicación
de los porqué.
VIII).- Como su nombre lo indica, éste es el más
polémico, pero el pensamiento marxista avanzó así. Proudhon escribió Filosofía
de la miseria y se sabe que existe por la Miseria de la filosofía. Una edición
crítica puede ayudar a comprender la época y el propio desarrollo de Marx, que
no estaba completo aun. Están Robertus y Dürhing en esa época y luego los
revisionistas y los grandes polémicos del año 20 en la URSS, quizás los más
importantes para nosotros.
Ahora veo que me faltó uno, por lo que cambió el
orden (estoy escribiendo a vuelapluma). Sería el IV, Clásicos de la economía y
precursores, donde estarían desde Adam Smith, los fisiócratas, etc.
Es un trabajo gigantesco, pero Cuba lo merece y
creo que lo pudiera intentar. No te canso más con esta cháchara. Te escribí a
ti porque mi conocimiento de los actuales responsables de la orientación
ideológica es pobre y, tal vez, no fuera prudente hacerlo por otras
consideraciones (no sólo la del seguidismo, que también cuenta).
Bueno, ilustre colega (por lo de filósofo), te
deseo éxito.
Espero que nos veamos el séptimo día, Un abrazo a
los abrazables, incluyéndome de pasada, a tu cara y belicosa amistad.
R.[Ramón]
Sobre la crítica de la economía política
(Acerca de las Notas del Che sobre el Manual de
Economía Política de la Academia de Ciencias de la URSS)35
-Praga, 1966-
El texto que presentamos ha sido publicado como
apéndice al libro Che, El camino del fuego de Orlando Borrego. El mismo
contiene una síntesis y una selección de las notas (hoy todavía inéditas
[2002]) redactadas por el Che Guevara en Praga (Chescoslovaquia), luego de su
experiencia internacionalista en el Congo. La primera parte de las notas
corresponde al prólogo redactado por el Che para un proyectado –e inacabado—
libro donde se volcaría la crítica del Manual de Economía Política de la
Academia de Ciencias de la URSS. Todas las notas del Che tienen por objeto de
análisis crítico este Manual, inspirado directamente por Stalin en 1954. Desde
aquella primera edición, el Manual fue adoptado como texto oficial en la URSS
(se reescribió varias veces según se iban sucediendo las circunstancias
políticas del momento).
Según el biógrafo Paco Ignacio Taibo II, la
estancia del Che en Praga transcurre
“entre finales de marzo (o quizás antes) del 66 y
julio del mismo año”36.
A la espera de que, 36 años después de haber sido
redactadas, estas notas de Praga aparezcan editadas en forma completa,
adelantamos lo que hasta ahora ha visto la luz.
La síntesis de las notas (y el comentario que
acompaña cada fragmento) pertenece al autor del libro, el cubano Orlando
Borrego.
Este texto tiene, como mínimo, un doble registro de
lectura: por un lado los comentarios de Borrego; por el otro (lo que a nosotros
más nos interesa) las propias notas del Che.
1) Los
comentarios de Borrego: Resulta sugerente leer la interpretación que hace
Borrego del pensamiento del Che. Borrego no es un profesor informado ni un
periodista curioso. Tampoco es un aficionado a la biografía del Che. Borrego
fue combatiente (primer teniente) en la columna guerrillera del Che antes de
tomar el poder en 1959. Luego, llegó a
ser viceministro de
Industrias de Cuba
(cuando el Che
era el ministro).
Su aproximación, pues, es la de uno de los compañeros más cercanos y
estrechos colaboradores del Che en los tiempos de la célebre polémica económica
y política de
1963-1964. Su conocimiento del pensamiento de
Guevara es de primera mano. Por eso resulta sumamente ilustrativo recorrer su
interpretación del manuscrito inédito del Che.
2) Las notas
del Che: Estas
notas de Guevara
aportan una dimensión
escasamente transitada y atendida: su pensamiento en el terreno
específico de la economía política. Aquí aparece en primer plano lo que siempre
se supuso: sus críticas abiertas y contundentes al camino emprendido por la
Unión Soviética para construir el socialismo.
Las notas de Praga, al igual que la carta enviada
desde Tanzania a Armando Hart Dávalos en diciembre de 1965 permiten indagar en
la búsqueda teórica del Che. Una búsqueda “madura”, si se tiene en cuenta su
corta y afiebrada vida. Ambos textos condensan
35 Este
texto fue redactado en 2002 como Introducción para presentar la selección de
los Cuadernos de Praga de Ernesto Che Guevara publicados por Orlando Borrego
como apéndice a su libro Che, El camino del fuego (La Habana, Editorial Imagen
Contemporánea; Buenos Aires, Editorial Hombre Nuevo, 2001. páginas 381-422).
36 Cfr. P.I.Taibo II: Ernesto Guevara, también
conocido como el Che. Buenos Aires, Planeta, 1966. página 610.
planes de estudio inacabados, ya sea sobre
filosofía –en la carta de Tanzania-, ya sea sobre economía política –en los
cuadernos de Praga-. Ambos presentan problemas, pero no los resuelven. Ambos
dejan cuestiones abiertas. No clausuran los problemas con un slogan y una
afirmación de fe tranquilizadora, sino que apuestan a la incomodidad del
revolucionario.
No casualmente, el Che le escribe a Borrego acerca
de esta tarea, a través de su compañera Aleida –que lo visita en Praga-: “Estoy
pensando en iniciar un trabajito sobre el Manual de Economía de la Academia,
pero no creo que pueda acabar [...] Está sólo a nivel de idea”. Por lo tanto,
lo que se leerá a continuación son algunas de esas “ideas”. Nada más. El Che no
dejó un tratado sistemático sobre el asunto.
Entre los múltiples aspectos que podrían
descubrirse en estas notas, creemos que, al menos, no deberían eludirse los
siguientes núcleos temáticos:
En primer lugar, el Che se autodefine y caracteriza
todo su emprendimiento de lectura crítica del Manual de la siguiente manera:
“nuestra herejía” y “nuestra osadía”. Esta es la imagen que el Che tiene de sí
mismo. Deberíamos preguntarnos: ¿ “Herejía” con respecto a qué? ¿Cuál es la
“ortodoxia” que pretendía cuestionar y poner en discusión? En ese sentido,
resulta sintomático que haya tomado como objeto de crítica justamente al texto
oficial de la URSS en la materia.
No debemos olvidar que a su regreso de un viaje a
la Unión Soviética, un año y medio antes de redactar estos manuscritos que
ahora comentamos, el Che les había planteado a sus compañeros del Ministerio
sobre ese viaje que: “Por cierto cuando empezamos a discutir [en la URSS], se
produjo una situación muy violenta; eso era una Biblia, el Manual –ya que, por
desgracia, La Biblia no es El Capital sino el Manual- y venía impugnado por
varias partes, incluidos argumentos peligrosamente capitalistas”37.
Ya desde ese viaje a la URSS, Guevara se había
quedado preocupado -¿quizás obsesionado?- por la importancia desmedida que los
soviéticos atribuían al Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias.
Al punto tal, que ya no leían El Capital de Karl Marx. El Manual lo había
reemplazado...
Cuando en Praga intenta contextualizar y demarcar
las condiciones históricas de este cuestionamiento y de esta “herejía”, Guevara
sostiene explícitamente que su tarea crítica la emprende “desde el
subdesarrollo”. Su meta consistía en pensar los problemas teóricos de El
Capital, los problemas prácticos del capitalismo y de la transición al
socialismo, desde la óptica política de los pueblos del Tercer Mundo. La
revolución cubana se inscribía en ese horizonte.
Si en la polémica de 1964 había caracterizado a El
Capital de Marx como un texto “humanista (en el mejor sentido de la palabra)”,
en estas notas de 1966 el Che lo aborda como un texto crítico de la economía
política, pero también como la obra de dos “genios científicos” y de dos
“revolucionarios exaltados” (Marx y Engels). A Guevara no se le pasaba por alto
la inseparable unidad de teoría, ciencia y política en los fundadores de la
filosofía de la praxis.
Por contraposición con la dimensión crítica que él
encuentra en El Capital, el Che califica a la “ciencia económica marxista” de
su época como simple “apologética” –un término, obviamente, despectivo-. Retoma
en este sentido sus apreciaciones ya expresada en la polémica de 1964, cuando
se quejaba diciendo que “existe una crisis de teoría y la crisis teórica se
produce por haber olvidado la existencia de Marx”.
37 Cfr. Ernesto Che Guevara: “El plan y el hombre”
[versiones taquigrafiadas del Ministerio de Industrias, 5 de diciembre de
1964]. Recopilado en El socialismo y el hombre nuevo. México, Siglo XXI, 1987.
página 69.
Más allá de todos los pliegues y detalles de las
anotaciones críticas del Che, lo cierto e innegable es que ellas encierran un
núcleo político fundamental. La Unión Soviética “está regresando al
capitalismo”, advierte Guevara. Advertencia formulada un cuarto de siglo antes
del bochornoso derrumbe que la vio desplomarse sin dignidad ni decoro...
Esta amarga caracterización constituye, sin duda
alguna, la principal consecuencia política
de los escritos
inéditos del Che,
en lo que
se refiere al
estado interno de la
formación social soviética en 1966. Por otra parte, en cuanto al
cuestionamiento central de la política exterior del Estado soviético, su
apreciación no es menos taxativa. Guevara define la doctrina jrucheviana de
“cooperación pacífica entre los pueblos” como “una de las tesis más peligrosas
de la URSS”. Y no se detiene allí. También agrega, terminante, que dicha
doctrina
–conocida en aquella época como la “coexistencia
pacífica” entre los dos grandes sistemas- constituye un “oportunismo de poca
monta”.
En esa entusiasta impugnación guevarista de la
política estratégica soviética frente al imperialismo se inscribe su referencia
a Stalin y Mao. Al igual que en su carta inédita a Armando Hart de 1965, en
estas notas vuelve a aparecer la –problemática- mención de Stalin. Es muy
probable que esto se explique –al menos, desde nuestro punto de vista- por la
simpatía del Che con ciertas críticas a la URSS desarrolladas por las
posiciones chinas. Era el PC chino el que por entonces exaltaba y oponía, frente a la “coexistencia pacífica”
de Jruchov, al binomio Stalin-Mao. Coincidiendo con esta oposición, el Che
califica la política jrucheviana como un “pragmatismo inconsistente”. Sin
embargo, debe advertirse que en el mismo párrafo, Guevara define a la época de
Stalin como... un “dogmatismo intransigente”.
Que la –problemática— referencia a Stalin deriva de
las posiciones chinas, puede corroborarse si se comparan estas notas, que
Guevara redacta en Praga a comienzos de 1966, con las notas de Mao Tse Tung de
1960. En ese año, Mao analiza críticamente el Manual de Economía Política de la
Academia de Ciencias de la URSS. Para su crítica adopta como referencia la
edición soviética de 1959. En esas notas, Mao desarrolla un cuestionamiento al
Manual cuyo punto de vista mantiene, en algunos puntos, gran semejanza con la
perspectiva que luego adopta el Che; mientras que, en otros casos, existe entre
ambos una notable diferencia.
Por ejemplo, el dirigente chino sostiene que “La
historia de todas las revoluciones ha probado
que no era necesario tener previamente desarrolladas las fuerzas
productivas en su plenitud para poder transformar las relaciones de producción
envejecidas [...] Es necesario antes que nada demoler la antigua
superestructura por la revolución para que las antiguas relaciones de
producción puedan ser abolidas”38. Una y otra vez, Mao se queja de que los
soviéticos no toman en cuenta la superestructura cuando analizan la transición
al socialismo.
Poco tiempo antes, en 1958, analizando uno de los
últimos libros que Stalin escribiera
–Problemas económicos del socialismo en la URSS
(1952)-, Mao afirma lo siguiente: “Stalin sólo habla de las relaciones de
producción. No habla de la superestructura ni de las relaciones entre ésta y la
base económica. [...] Todo ello concierne a la superestructura, es decir a la
ideología. Stalin habla únicamente de economía, no aborda la política”39.
Igualmente, sostiene: “Stalin sólo destaca la tecnología y los cuadros
técnicos. No quiere sino la técnica y los cuadros. Ignora la política y las
masas”.
¿Conocía el Che estos comentarios de Mao al Manual
soviético y al libro de Stalin? Cabe aclarar que estos
comentarios aparecieron editados
por primera vez en China –en idioma
chino— en 1967 y en 1969 en las Mao Tse Tung Sovhsiang wansui [Viva el
pensamiento de Mao Tse Tung]. En Argentina recién se editaron –en español- en
1975. Como
38 Cfr. Mao Tse Tung: Notas de lectura sobre el
Manual de Economía Política de la Unión Soviética. En Mao Tse
Tung: Escritos inéditos. Buenos Aires, Ediciones
Mundo Nuevo, 1975.p.47.
39 Cfr. Mao: Obra citada, p.12.
es bien sabido, para entonces el Che ya había sido
asesinado en Bolivia. Aunque es muy probable que, aun sin haber leído estos
comentarios, al haber viajado a China durante la primera mitad de la década del
’60 como representante del gobierno cubano y de Fidel Castro, Guevara haya
podido conocer ese tipo de posiciones.
Los haya leído o no, a un lector mínimamente
informado no puede pasársele por alto que este mismo tipo de análisis de Mao
Tse Tung es el que plantea el Che cuando en Cuba les responde a los partidarios
del “cálculo económico” y el “socialismo con mercado” que no hay que esperar a
tener el mayor desarrollo de las fuerzas productivas para recién allí cambiar
las relaciones de producción. Desde el poder revolucionario, desde la política
y desde la cultura comunista que promueve la creación de un hombre nuevo se
puede acelerar la transformación de las relaciones de producción, aunque la
revolución cubana todavía no haya podido desarrollar una tecnología de punta y
una industria pesada propia.
Hasta allí las notables coincidencias del Che
Guevara con el punto de vista de Mao Tse Tung y los dirigentes chinos en la
crítica del Manual. Ahora bien, el Che se diferencia y se distancia
completamente del punto de vista maoísta cuando, en su análisis del libro de
Stalin, Mao sostiene que: “No hace falta suprimir de golpe la circulación de
mercancías, la forma mercantil ni la ley del valor, aunque ellas pertenezcan
también a la burguesía [...] Hemos recurrido al intercambio de mercancías y a
la ley del valor como instrumento para
facilitar el desarrollo de la producción y el
pasaje al comunismo”40. En el mismo sentido
Mao continúa: “La producción mercantil no es un
fenómeno aislado. Todo depende de aquello a lo que ella esté asociado: al
capitalismo o al socialismo. Si está ligada al capitalismo es entonces una
producción mercantil capitalista. Si está ligada al socialismo, es entonces una
producción mercantil socialista”. La posición de Mao no deja lugar a dudas.
Comentando el Manual, el dirigente chino señala: “Es bueno considerar la ley
del valor como instrumento par al trabajo de planificación. Pero no es preciso
convertirla en la base principal de la planificación”41.
Esta posición, que Mao adopta explícitamente del
pensamiento económico de Stalin (para oponerlo a Jruchov), sostiene que entre
la ley del valor y la planificación no existe contradicción alguna. Es más,
según este punto de vista de Stalin y Mao, la planificación socialista puede
convivir y hasta valerse de la ley del valor y del mercado para su
cumplimiento. En el debate cubano de 1963 y 1964, semejante propuesta fue
defendida por el dirigente político cubano Carlos Rafael Rodríguez y por el
profesor de economía francés y militante
del PCF Charles Bettelheim. Durante esa polémica, el Che dedicó varios
artículos a cuestionar ese punto de vista.
Según el Sistema Presupuestario de Financiamiento
(SPF), defendido por el Che Guevara desde el Ministerio de Industria, la ley
del valor y la planificación socialista son dos términos contradictorios. Es
erróneo pensar que uno se puede valer del otro o que uno se cumple a partir del
otro. Guevara opinaba que la supervivencia de la ley del valor en la transición
al socialismo o tendía a ser superada por la planificación socialista o...se
volvía al capitalismo (como finalmente le ocurrió a la URSS). Concretamente, el
Che planteaba que: “Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del
valor, basado en la no existencia de un mercado libre que exprese
automáticamente la contradicción entre productores y consumidores [...] La ley
del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción”42.
40 Cfr. Mao: Obra citada, p.13.
41 Cfr.Mao: Obra citada, p.82.
42 Cfr. Che Guevara: “Sobre el Sistema
Presupuestario de Financiamiento” [febrero de 1964]. En Che Guevara El
socialismo y el hombre nuevo. Obra citada. p.287.
En una de las discusiones del Ministerio de
Industria, Guevara fue más terminante todavía. Alberto Mora –otro de los
participantes de la polémica de 1963 y 1964, con posiciones diversas a las del
Che— había sostenido que: “Una vez elegida la vía de la dirección centralizada
de la economía, falta ver si es posible recorrerla con métodos exclusivamente
administrativos, o si alguna vez será necesario recurrir a métodos indirectos,
aun a la ley del valor, al problema de los precios, o a mecanismos utilizados
por el capitalismo”. En total discrepancia, el Che Guevara le respondió a Mora:
“No estoy de acuerdo con Alberto [Mora] sobre el problema del método indirecto.
El método indirecto por excelencia es la ley del valor. Y para mí la ley del
valor equivale a capitalismo”43.
El Che se tomaba bien en serio la advertencia
metodológica que Marx plantea en El Capital cuando dice que “la mercancía es la
célula básica de la sociedad capitalista”. Si sobrevive durante la transición
socialista e, incluso, si es alentada a que crezca en nombre del “socialismo
mercantil”, a largo plazo eso conlleva darle un nuevo impulso al capitalismo
que, como el ave
Fénix, renace de
sus cenizas, aunque
haya sido políticamente
derrocado mediante la toma del poder por los revolucionarios. Por lo
tanto, el conjunto de la polémica del Che contra los partidarios del “cálculo
económico” está dirigida a cuestionar esta posición central de Stalin y de Mao.
Esta posición económica es también política, como Guevara nunca deja de aclarar
en sus artículos polémicos.
La mirada crítica del Che a esta supuesta
“superviviencia de la ley del valor” y del “uso conciente” del mercado como
método indirecto durante la transición socialista, la prolonga más allá del
cuestionamiento de la afirmación de Stalin y Mao. La “herejía” del Che va más
lejos y más atrás todavía. Llega a cuestionar incluso la Nueva Política
Económica (NEP) que el propio Lenin planteó en 1921.
La NEP consistió, después del primer período de la
revolución bolchevique conocido como
“comunismo de guerra”,
en la supresión
de las requisiciones
agrícolas y el otorgamiento de legalidad a la manufactura
y el comercio privados. A partir de la NEP, los campesinos soviéticos podían
vender libremente sus productos a los comerciantes privados o llevarlos al
mercado directamente, sujetos tan sólo a un impuesto en especie. Evidentemente
la NEP era un paso atrás muy importante para el proyecto socialista. Lenin lo
dio no porque creyera que ese era “el camino estratégico hacia el comunismo”,
sino debido a la debilidad de la revolución después de años de guerra civil e
intervención extranjera. Fue un producto de la necesidad (aunque muchos
socialistas mercantiles luego hicieron de ella una virtud...). Respondió a una
desfavorable relación política de fuerzas. En la Rusia bolchevique, fue Nicolás
Bujarin quien intentó legitimarla teóricamente como un camino estratégico.
En estas notas de Praga, lejos de celebrar la
supervivencia de la ley del valor y el mercado dentro del socialismo como un
camino estratégico, el Che critica duramente a la NEP. Puntualmente, sostiene
que ella “constituye uno de los pasos atrás más grandes dados por la URSS”, a
lo que más adelante agrega: “así quedó constituido el gran caballo de Troya del
socialismo: el interés material directo como palanca económica”. Este tipo de
análisis prolonga retrospectivamente su posición de 1963 y 1964 en el debate
con Bettelheim, Mora y Carlos Rafael Rodríguez.
En 1964, en la ya mencionada reunión
–taquigrafiada- del Ministerio de Industria, el Che había afirmado: “Puesto que
una empresa que funciona sobre la base de la demanda del público y mide su
ganancia y su criterio de gestión con relación a eso no es ni un secreto ni una
rareza; es el proceder del capitalismo [...] Esto está sucediendo en algunas
empresas de la Unión Soviética; son algunas experiencias particulares y no
pretendo de ninguna manera probar con esto que en la Unión Soviética exista el
capitalismo. Quiero decir simplemente
43 Cfr. Alberto Mora y Che Guevara: “El plan y el
hombre”. En El socialismo y el hombre nuevo. Obra citada. pp. 74 y 75.
que estamos en presencia de algunos fenómenos que
se producen porque existe crisis de teoría, y la crisis teórica se produce por
haber olvidado la existencia de Marx y porque allí se basan solamente en una
parte del trabajo de Lenin. El Lenin de los años ’20 es tan solo una pequeña
parte de Lenin
[...] Es un
hecho que entre
el Lenin del
Estado y la revolución y de El imperialismo, etapa
superior del capitalismo y el Lenin de la NEP hay un abismo”. Más adelante el
Che agregaba su particular interpretación de la NEP: “En la actualidad [1964]
se considera sobre todo a este último período, admitiendo como verdad cosas que
teóricamente no son ciertas, que fueron impuestas por la práctica”. Guevara
terminó su intervención en esa reunión señalando: “Lenin, entre otras cosas –y
perdónenme si me repito, porque lo he dicho muchas veces y tal vez hasta en
este mismo lugar- más que un revolucionario, más que un filósofo, es un
político, y los políticos deben hacer concesiones. De todos modos, sea lo que sea,
en algún momento debe decir cosas que no corresponden a su pensamiento”.
La crítica del Che a la NEP y a la canonización
posterior que se hizo de aquella fase de la revolución rusa –congelando a Lenin
como un vulgar apologista del mercado- coincide en muchísimos aspectos con la
crítica que en 1925 y 1926 expresó el economista soviético Eugenio
Preobrazhensky en su libro La nueva economía.
Preobrazhensky comenzó trabajando junto con Nicolás
Bujarin, pero una aguda polémica teórica los enfrentó más tarde entre sí. Luego
de muchas idas y venidas y de haber militado entusiastamente junto a León
Trotsky en la Oposición de Izquierda, Preobrazhensky terminó fusilado por el
stalinismo en 1937.
Ya en 1921, en la conferencia del Partido
Comunista, Preobrazhensky había expuesto sus críticas a la NEP, alertando sobre
el peligro que implicaba para la revolución socialista el “juego del mercado” y
el aliento a los campesinos ricos en detrimento del campesino pobre. Gran parte
de su reflexión giraba en torno a las relaciones contradictorias entre el
sector privado de la economía soviética y la industria socializada. De la misma
forma que hiciera el Che Guevara en el seno de la revolución cubana, Preobrazhensky
sostenía que la NEP derivaría en una estructura dualista: industria y bancos
públicos, agricultura privada. En ese marco, sostenía, se daría una lucha entre
el mercado y la planificación llevada a cabo por el nuevo Estado soviético.
Según su opinión, este último debería transferir al sector público y
socializado lo esencial de la sobreproducción social, todavía agrícola. De
igual forma que como apuntará el Che años más tarde, y a diferencia de las
opiniones de Stalin, Mao Tse Tung, Bettelheim y Carlos Rafael Rodríguez,
Preobrazhensky planteará la relación entre el mercado y el plan como una
contradicción estratégica.
¿Había leído el Che Guevara a Preobrazhensky cuando
redactó las notas de Praga? No lo sabemos. Su libro La nueva economía recién se
publicará en Cuba en 1968 (en el N°22 de ese año, en la revista cubana
Pensamiento Crítico, Hugo Azcuy realiza una reseña elogiosa del mismo). En
México, también se publicará, pero todavía más tarde, en 1971 (por la editorial
ERA vinculada a la nueva izquierda). Quizás el Che lo leyó en ediciones
europeas. En Oxford se publicó –en inglés- en 1965, mientras que París recién apareció
–en francés- en
1966.
Pero no será únicamente en la interpretación de la
ley del valor y su relación con la planificación socialista dónde hallaremos la
diferencia central entre Guevara y el stalinismo de Mao Tse Tung y del propio
Stalin.
La distancia central entre ambas posiciones la
encontramos plenamente desarrollada en el cuestionamiento del Che Guevara a
todo etapismo sociológico, historiográfico y político. Un cuestionamiento de
índole teórica de largo aliento que no respondía simplemente a una urgencia
coyuntural del Che por “quemar etapas” o a un “apuro” suyo circunstancial
(como lo sugieren, superficialmente, algunos biógrafos) sino a una visión de la
historia humana de neta filiación marxiana.
El etapismo –preconizado por todas las corrientes
stalinistas, sean las aggiornadas prosoviéticas de Jruchov o las ortodoxas
prochinas de Mao- consiste en separar las tareas “democráticas” o “burguesas” o
“agrarias” o de “liberación nacional” de las tareas específicamente
socialistas. Son bien conocidas al respecto las clásicas posiciones de Stalin y
sus seguidores en la materia44. En las notas de Mao Tse Tung al Manual de la
Academia de Ciencias de la URSS, el dirigente chino insiste en diferenciar etapas
en la lucha contra “el capital burocrático” –vinculado a la dominación
extranjera en China- de la lucha contra “el capital nacional”.
Para el etapismo
(se apoye en
los textos clásicos
de Stalin, en
los manuales soviéticos o en los
textos de Mao Tse Tung) la revolución pendiente en América Latina no es
socialista, sino “agraria antimperialista” (como forma específica de la
“revolución democrático burguesa”).
Cuestionando duramente este tipo de análisis, en
estas notas inéditas de Praga el Che vuelve a insistir con la misma idea que
también planteará en su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la
Tricontinental”: “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su
capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo
forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista
o caricatura de revolución”.
Mientras el Manual soviético analizado por Guevara
sostiene que: “La burguesía nacional participa en esta lucha [para derrocar la
dominación del imperialismo] y desempeña cierto papel progresivo”; y mientras
en sus comentarios Mao Tse Tung insiste una y otra vez en diferenciar entre “el
capital burocrático” –asociado en China a la dominación extranjera- y “el
capital nacional”, la posición del Che Guevara rompe totalmente con dicha
concepción.
El Che replica y responde que: “Históricamente esto
fue cierto, en la actualidad es falso”.
Refiriéndose
al “proceso de
alianza entre las
burguesías y los
capitales
imperialistas”, Guevara plantea que: “se produce
una alianza entre explotadores de diversos sectores y los grandes
terratenientes incursionan en la industria y el comercio”.
Separando aún más las posiciones propias de las
preconizadas por el etapismo, más adelante Guevara agrega en sus notas de
Praga: “La lucha contra la burguesía es condición indispensable de la lucha de
liberación, si se quiere arribar a un final irreversiblemente exitoso”.
¿Cuál es la fuente teórica de esta crítica abierta,
nunca solapada, de Guevara al etapismo?
En primer lugar,
la propia experiencia
política de la
revolución cubana. A diferencia del antiguo Partido Socialista
Popular; Fidel Castro y el resto de la dirección cubana nunca separaron en dos
al proceso revolucionario. El pasaje entre una fase nacional- antimperialista y
una fase socialista se dio en forma ininterrumpida. De allí en adelante, todos
los llamados internacionales realizados desde la revolución cubana al resto de
las organizaciones y pueblos de América Latina siempre apelaron a la idea de
una revolución socialista (no “democrático burguesa” ni
“agraria-antiimperialista”) continental. Desde las primeras declaraciones de
La Habana hasta
las declaraciones de
la Organización Latinoamericana
de Solidaridad (OLAS).
44 Para una interpretación “etapista” de la
revolución cubana, puede leerse con provecho “Cuba en la transición al
socialismo (1959-1963)” de Carlos Rafael Rodríguez. En Letra con filo. La
Habana, Ciencias Sociales, 1983. Tomo II, pp.293-388, particularmente
p.372-388. Igualmente pueden consultarse sobre este asunto los puntos de vista
de Blas Roca (líder histórico del antiguo PSP). También puede rastrearse esta
posición en “Veinte años de la revolución cubana” (Conferencia celebrada en
Moscú en diciembre de 1978) de Fabio Gobart. En Trabajos Escogidos. La Habana,
Ciencias Sociales, 1985.p.181-195. En Argentina puede encontrarse una posición
idéntica en los escritos políticos e históricos de Victorio Codovilla o Rodolfo
Ghioldi.
Aunque haya sido la principal, esa no fue
seguramente la única fuente del Che. A pesar de que no aparece citado
explícitamente en sus libros y artículos, según el testimonio del militante
peruano Ricardo Napurí –que trabajó junto al Che durante los primeros tiempos
de la revolución en Cuba, desde 1959 a 1964, preparando contactos con otros
sectores revolucionarios sudamericanos, principalmente peruanos y argentinos-
Guevara habría leído La revolución permanente (1930) de León Trotsky en 1960.
El mismo Napurí le habría acercado este libro al Che al Banco Nacional de Cuba
y, a los pocos días, habrían mantenido un diálogo sobre el texto ya leído por
Guevara45.
De cualquier forma, tampoco se agotan allí las
posibles fuentes de la crítica guevarista al etapismo. Ya durante los años ‘20,
más precisamente en 1928, José Carlos Mariátegui había planteado que: “La
revolución latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase
de la revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución
socialista. A esta
palabra, agregad, según
los casos, todos
los adjetivos que
queráis:
«antimperialista», «agrarista»,
«nacionalista-revolucionaria». El socialismo los supone, los antecede, los
abarca a todos”46. Es seguro que el Che conocía a Mariátegui, tanto por su
primera compañera Hilda Gadea (militante peruana) como por haber mantenido
amistad con el médico comunista peruano Hugo Pesce, delegado de Mariátegui a la
primera Conferencia Comunista Sudamericana de 1929.
La “herejía” del Che no termina tampoco en su
crítica del etapismo. Guevara también cuestiona en estas apretadas líneas de
Praga el recurrente hábito del marxismo ortodoxo – repetido en todos los
manuales “científicos” de la URSS, no sólo en los de economía- que consiste en
atribuirle a fenómenos históricos producto de condiciones y circunstancias
coyunturales, el carácter de... “ley”. Esta polémica aseveración de Guevara,
¿no tiene consecuencias a la hora de comprender el conjunto de la concepción
materialista de la historia? Creemos que sí. Pretender legitimar posiciones
políticas coyunturales –como las de la NEP- en nombre de las temidas “leyes de
la dialéctica” o “las leyes de la economía” constituye uno de los recursos
metafísicos más dañinos que ha sufrido el marxismo latinoamericano a lo largo
de toda su historia.
Vinculando el problema de la planificación (eje del
debate de 1963-1964), con su marxismo humanista, en estas notas Guevara vuelve
a repetir sus opiniones críticas del “socialismo mercantil”, siempre rebosante
de fetichismo y cosificación. Allí define entonces la planificación como “la
posibilidad de dirigir cosas, de quitarle al hombre su condición de cosa
económica”.
En consonancia con esta concepción, como en todos
sus escritos anteriores, Ernesto Guevara vuelve a apelar a la conciencia y a la
educación comunista, esos inmensos agujeros negros del “socialismo real”. La
educación comunista a la que aspira el Che, dirigida a la construcción de una
humanidad nueva, enfoca sus cañones contra el interés material, ya que “apunta
a que el individuo actúe de acuerdo a su deber social y no a su barriga”.
Por último, debemos prestar atención al modo en que
Guevara discute con las concepciones más catastrofistas del marxismo. Según
éstas, la caída del capitalismo en su prolongación contemporánea, el
imperialismo, es inevitable. La fuente de donde se extraen a menudo este tipo
de análisis proviene de la ley que Marx expone en el Tomo III de El Capital
acerca de la caída decreciente de la tasa de ganancia. Frente a este tipo de
lecturas deterministas y catastrofistas, que aplican mecánicamente esta ley, el
Che sostiene que: “Los monopolios la contrarrestan a costa de los países
dependientes”.
45 Cfr. Entrevista de José Bermúdez y Luis Castelli
a Ricardo Napurí. En Herramienta N°4, Buenos Aires, 1997.
46 Cfr. José Carlos Mariátegui: “Aniversario y
balance”. Editorial de Amauta N°17,año II,Lima, septiembre de 1928.
No hay catastrofismo economicista. La ley tiene sus
elementos de contratendencia. Guevara agrega: “El imperialismo tiene aún gran
vitalidad”. ¿Cuáles son las consecuencias políticas de este análisis? Pues que
el imperialismo no se cae jamás solo..., ¡hay que derrumbarlo!. Y para ello hay
que romper con todas las recetas ortodoxas que nos invitan, invariablemente, a
quedarnos pasivamente cruzados de brazos, a esperar y a no intervenir en
política.
En momentos como los actuales, cuando algunas
corrientes del movimiento mundial de lucha y resistencia contra la
globalización capitalista apelan a un “capitalismo más humano”, a un “mercado
solidario y no tan salvaje” o a una “globalización más racional”, la lectura de
las notas críticas del Che Guevara se torna inaplazable.
Las rebeliones y las revoluciones del futuro, que
tendrá incidencia a escala global, no se podrán dar el lujo de prescindir o
desconocer estas reflexiones.
Ni bronce ni mármol47
El Che Guevara no es un mármol ni un bronce. Cada
generación de argentinos y argentinas dialoga con él desde sus propios
problemas, sus dudas, sus falencias, sus desafíos pendientes.
La generación del ’60 vio en el Che Guevara, en su
figura, el resumen de lo que se podía conseguir mediante la lucha
revolucionaria. La encarnación de todo aquello que la vieja izquierda ya no
podía dar: ejemplo moral, lucha contra la enajenación y la explotación (al
mismo tiempo), crítica de la burocracia y, sobre todo, un modelo de lucha: la
guerrilla.
No “el vanguardismo
de cuatro loquitos
aislados y autoritarios
en busca de adrenalina” (como hoy describen al
guevarismo los progresistas arrepentidos, lúcidos y bien pensantes, sino tan
sólo una forma particular de lucha político-militar). Guevara encarna para
aquella generación la cabeza visible de un proyecto continental impulsado por
la revolución cubana y Fidel
Castro. Una forma
de lucha política
donde se abandona
la ilusión parlamentaria y el eje
pasa a la confrontación directa con el poder de los Estados nacionales y el
imperialismo. Principalmente en el campo. La guerrilla que propone el Che es de
tipo rural.
La generación del ’70 volvió a encontrar en el Che
el ejemplo de vida que todos anhelamos. Pero lo descifró desde otro lugar. La
perspectiva de Guevara encarnaba entonces la posibilidad de encontrar una
salida revolucionaria a la crisis orgánica que en la Argentina estalla con el
Cordobazo [1969]. Pero a comienzos de esa década, la figura de Guevara se
entremezcla con el fantasma de Perón. Aunque existieron corrientes que,
apoyándose en el marxismo del Che, dieron una batalla política por la
conciencia socialista de los trabajadores y, por ello mismo, no aceptaron
encolumnarse en nombre de “la liberación nacional” detrás del general Perón
y su proyecto de país burgués,
fueron minoritarias. En esos años, la
mayoría de la juventud veía en el Che a un revolucionario que era parte de una
constelación más abarcadora, donde, además de él, también brillaban otras
“estrellas”: los generales Velazco Alvarado [de Perú], Torres [de Bolivia] y el
propio Perón. Esa fue la opción mayoritaria dentro de la juventud y los
trabajadores argentinos. Ante la debilidad histórica del stalinismo local y
frente al carácter minoritario del guevarismo, no hubo fuerzas para instalar un
proyecto socialista de masas. El nacional-populismo fue hegemónico.
Quizás ello explique las trágicas ilusiones
depositadas –incluso por sectores heroicos y combatientes que dieron su vida-
en el supuesto carácter “nacional” del Ejército argentino, en el supuesto
carácter “progresista” del pacto social de Gelbard [ministro de economía del
tercer gobierno de Perón iniciado en 1973] y en el supuesto carácter
“revolucionario” del liderazgo de Perón.
La historia, muchas veces, es rencorosa. No
perdona, no tiene piedad. Las falsas ilusiones políticas se pagan con sangre.
En escasísimo tiempo, la “revolución peronista” se desplomó sin pena ni gloria,
pero con mucha tragedia. Las enseñanzas políticas del Che, que siempre
desconfió del carácter “progresista” de la burguesía nacional y del carácter
“democrático” de los ejércitos burgueses, no fueron escuchadas por la mayoría
de nuestro pueblo. Nos guste o no, debemos reconocerlo. Flaco favor le haríamos
al guevarismo (y a nosotros mismos) si falseáramos la historia. Si realmente el
guevarismo hubiera calado en la mayoría de la clase obrera y de la juventud
argentina, seguramente otro hubiera sido el desenlace de los ’70. Quizás
también hubiéramos perdido -¿quién lo sabe? La historia nunca sigue un
determinismo rígido, siempre está abierta- pero no de esa manera....
47 Este artículo fue publicado en el Periódico
Madres de Plaza de Mayo (Año 2, N°7, 2002).
Después vino 1976, el terror, el genocidio. El Che
desapareció de escena. No sólo sus libros, también su imagen y su póster. Es
bien conocido.
A partir de la retirada ordenada de los militares
en 1983 –con la complicidad de la Multipartidaria y de la inmensa mayoría de
los partidos políticos- el pueblo volvió a la búsqueda. Muchos jóvenes que no
habían vivido –que no habíamos vivido- los ’60 y los ’70, se abocaron a
reconstruir el pasado.
Un sector de cuadros intelectuales y políticos
quebrados sumados al alfonsinismo [la corriente política del gobierno de Raúl Alfonsín] y muchos otros que
se arrepentían de aquello en lo que nunca creyeron del todo, le proporcionó a
la juventud un relato tramposo, sesgado, unilateral. Para esta “primavera
alfonsinista” (en realidad un invierno glacial...) Guevara había sido un
rebelde bienintencionado pero que no entendía nada de política.
Entonces volvió el Che en las remeras y los libros,
pero no en política. ¿Quién se animaba en los años ’80 a defender la actualidad
política de Guevara? No sus canciones o su iconografía, sino el eje central de
su pensamiento político? Pocos, muy pocos...
Y vino Menem (con la vieja retórica
nacional-populista). Y la devastación del país. Y
la caída del Muro de Berlín. Y la euforia
capitalista mundial. Y todo lo que ya sabemos.
Pero, ante tamaña desnudez, ante tamaña
desorientación, ante tamaña orfandad política, resurgió imponente la figura de
Ernesto Guevara. No fue una decisión adrede. Nadie lo planificó. Pero hacía
falta. Se necesitaba un pensamiento político que permitiera hacer un balance
crítico de aquello que se derrumbaba con el Muro (el stalinismo) y de aquello
que se hundía en la mugre menemista (el nacional-populismo).
Allí, en esas coordenadas precisas, retornó la
figura del Che. Un retorno de masas. El Che volvía. Se palpaba en el aire.
Miles de jóvenes, hartos de la vieja política, hartos del sistema, con mucha
confusión por delante, pero a la búsqueda de una nueva alternativa de vida,
enarbolaban en estadios de fútbol, en plazas, en parques, en recitales, en
marchas, casi fanáticamente, la bandera del Che.
Y vinieron las grandes rebeliones contra el
capitalismo globalizado. Ya no sólo en África o Asia sino incluso en las
metrópolis imperialistas. Allí también, miles de jóvenes, de todas las tribus,
de todos los colores, comienzan a enarbolar el emblema del Che. Y vienen las
rebeliones populares en América Latina. El Che deja de ser una figura
restringida a la revolución cubana para propagarse como reguero de pólvora. Y
vinieron el 19 y el 20 de diciembre [de 2001, cuando se produjo una rebelión
popular que derribó al gobierno de Fernando De la Rúa]. Y las asambleas
populares y los piqueteros y las fábricas ocupadas y los estudiantes y una
agitación que hacía 30 años no vivía la Argentina.
Vuelve el Che. Una nueva generación de trabajadores
y una nueva generación de jóvenes se vuelcan hacia él (no casualmente abriendo
sus brazos hacia las Madres de Plaza de Mayo...).
¿Qué les ofrece el Che? Un pensamiento político
donde lo central es el problema del poder. Una concepción de la revolución
donde la conciencia socialista es fundamental, donde se disipan las ilusiones
en la vía parlamentaria, en la “burguesía nacional”, en las reformas y medias
tintas, en el populismo...
Un ejemplo de vida donde queda abolido para siempre
el doble discurso y la doble moral. El Che, de la mano de las Madres y de una
nueva generación de miles y miles de jóvenes, vuelve para quedarse.
Aprendiendo de los errores y de las falsas
ilusiones del pasado que tanta sangre y dolor nos costaron, esta vez, sí, tiene
que ser la vencida.
Segunda Parte
La palabra y la
acción
(Entrevista a Paco Ignacio Taibo II, biógrafo del Che48)
Hace treinta años, en un perdido rincón de la selva
boliviana, asesinaban al Che Guevara. Hoy el mito retorna en una avalancha de
libros y películas. Paco Ignacio Taibo II ha escrito la mejor, la más
voluminosa (tiene casi 900 páginas) y más rigurosa de todas las biografías,
Ernesto Guevara, también conocido como el Che. También publicó, junto con
Froilán Escobar y Félix Guerra, El año en que estuvimos en ninguna parte (La
guerrilla africana de Ernesto Che Guevara). Fundador del neopolicial
latinoamericano, Taibo presidió la Asociación Internacional de Escritores
Policíacos. A fines de abril de 1997, llegó a la Argentina para presentar en la
Feria del Libro Sombra en la sombra y Cuatro manos (premio Hammett
Internacional), dos de sus casi veinte novelas.
Néstor Kohan: Al escribir sus libros sobre el Che,
¿estaba pensando en su generación o en la de sus hijos?
Paco Ignacio Taibo II: Yo creo que en las dos.
Había una especie de doble tensión al escribir un libro como éste. Por un lado,
en nuestra generación, la de la izquierda de los ‘60 en América latina. Tenía
ya la obligación de sentarme frente al personaje, mirarlo a los ojos y
rehumanizarlo. Porque el riesgo era que evidentemente se estaba transformando
en un mito que poco a poco iba perdiendo contenido y se convertía en un mito
instrumental. Al Che se apelaba solamente en términos de doctrina política y no
de reconstrucción de personaje. Entonces me importaba mucho hacer un trabajo
serio de la historia de vida, de reconstrucción del personaje, sin censura, sin
edulcoramiento, que recuperara al tipo para ponerlo enfrente. Por otro lado, lo
obvio. Había una generación detrás de nosotros, con la que mantengo excelentes
relaciones, contacto y debate en México, que había vuelto al Che una especie de
ícono pop, póster y camiseta. Lo cual no me molesta tampoco. Que quede claro
que no estoy iniciando una cruzada contra el póster y la camiseta. Soy
partidario de ambos. El póster juega una
función de demarcación
territorial, señala territorio
liberado en el
cuarto de un adolescente y la camiseta
es un símbolo
identificatorio. Pero era
muy obvio que
iba perdiendo contenido. Diez metidas más a la lavadora y de la camiseta
ya no iba a quedar nada, ¿no? Este vacío de contenido era angustiante porque un
poco estaba en las pretensiones de un sistema que ha estado presionando hacia
el descafeinamiento de la vida, la versión light de la realidad en la que las
cosas se van quedando un poco huecas: cada vez tenemos menos memoria colectiva.
La reconstrucción era importante, yo lo sentía. Traté de escribir un libro que
tuviera una lectura histórica consistente, pero que al mismo tiempo pudiera ser
leído como una novela.
N.K.: ¿Funcionó?
P.I.T.: Yo creo que sí. Por lo menos en los jóvenes
que redescubren un personaje entrañable, uno de los nuestros, uno de los
personajes de nuestro santoral laico, de nuestro panteón. Ahí están nuestros
abuelos rojos, nuestro pasado, nuestra historia, nuestros puntos de referencia,
nuestras mitologías y, sobre todo, el sacrosanto derecho a la utopía. Está en
la trayectoria vital del personaje.
48 La siguiente entrevista fue publicada en el
suplemento cultural del diario Clarín el 27/6/1997.
N.K.: ¿No tuvo miedo de que el personaje obnubilara
tanto que terminara opacando al guevarismo como un proyecto político?
P.I.T.: Miedo es una palabra suave. Tuve pánico. Y
no sólo a eso. Pánico a que el personaje me quedara grande, a no poder contarlo
bien, a quedarme a medias, a ablandarme. Mira, vamos a hablar claro y
sinceramente. Una cosa es enfrentar los mitos de los otros y otra mucho más
jodida es enfrentar los propios. Yo crecí bajo una generación de marxistas
neandhertales que utilizaban palabras como “desmitificación”,
“racionalización”, para los cuales términos como romanticismo, aventurero o
vagabundo eran pecaminosos. Y mi generación se construyó a pesar de esta
especie de “pecados”. Fuimos una generación de aventureros, vagabundos,
románticos. Y esto fue lo mejor que tuvimos.
N.K.: ¿Recuperar la irreverencia del Che?
P.I.T.: Sí, por supuesto. Este libro intenta
rescatar todos estos conceptos “pecaminosos” que están íntimamente asociados
con la figura del Che. Pero me costó todo un trabajo romper mis viejos
prejuicios, los miedos... Tenía cuatro fotos del Che puestas en mi habitación
de manera estratégica y en mitad de la noche yo levantaba la cabeza, miraba al
Che, el Che me miraba a mí. Y entonces yo le preguntaba: “¿Y bien?” Y él
invariablemente me decía: “¿Qué mierda estás haciendo escribiendo una biografia
mía?, ¿Por qué no te dedicas a otras cosas?”. En esas horas tumultuosas de la
noche, cuando estás solo, empiezas a alucinar un poco luego de jornadas de 14 o
15 horas escribiendo, rodeado de papeles que te persiguen obsesivamente, con 14
versiones de un mismo hecho... No logré que ni una sola vez me mirara de frente
y me dijera que iba bien. Siempre con esa mirada sardónica, ese humor medio
rasposo que me tuvo a maltraer. No sólo tuve miedo, sigo teniendo. Había que
hacerlo. Era mi fantasma. Tarde o temprano tenemos que sentarnos con nuestros
fantasmas y hablar con ellos, sentarlos a la mesa y contarles.
N.K.: En su biografía del Che, La vida en rojo,
Jorge Castañeda dice que aunque nunca llegaron a romper relaciones, Fidel dejó
ir al Che por un camino que llevaba a la muerte.
P.I.T.: ¿Y por qué Fidel lo sabía y el Che no?
Fidel trató de parar tres veces al Che para que no se fuera a Bolivia y no
pudo... porque al Che no lo paraba nadie, hombre. En estos debates sobre el Che
he encontrado una pregunta absurda que se repite sistemáticamente. ¿Por qué se
fue el Che de Cuba en el ‘65? La respuesta es ¿por qué no se fue en el ‘61,
‘62, ‘63? Al Che le pesaba su situación de funcionario al mando de la
revolución cubana. Su vocación era desde el primer día de 1959 la de extender y
llevar la revolución a otros lugares. Su propia vocación lo impulsaba. Lo que
mi libro sí aporta es la intención de retorno a la Argentina que el Che llevaba
en la cabeza. Una especie de deuda original por ese país “por el que
políticamente nunca me he preocupado, nunca he acabado de entender, (y al que)
ahora quiero retornar”.
N.K.:
La redacción de
su libro convivió
con la irrupción
del zapatismo en
la escena mexicana. ¿Hubo algún
cruce o tal vez una idea de que el zapatismo es el guevarismo de los
90?
P.I.T.: Curiosamente, no hubo cruce. Porque, entre
otras cosas, yo pienso que el guevarismo de los ‘90 y del fin del milenio no
sólo cobra la forma del zapatismo. He visto guevarismo en
los lugares más insólitos. El guevarisrno de ética
como política. He encontrado guevarismo en colegas y amigos de muchos años de
vida en cuanto a esta vocación de América latina... Recuerdo un debate
divertido con Castañeda hace un par de años en el que él decía que la idea de
América latina no existe y yo le contestaba que si no existe no es porque no
sea necesaria. Su inexistencia demuestra su extrema necesidad, en último caso,
y me importa un bledo que no exista la idea; lo que sí creo es que existe la necesidad
de esa idea y con eso me basta. He encontrado esta necesidad de la idea de
América latina en mucha gente y muchos lugares, que es guevarismo puro.
Encontré guevarismo en el hacer lo que se dice, decir lo que se hace, la
correspondencia entre la palabra y el
acto, que eso es guevarismo esencial.
Aunque estoy hablando del guevarismo como si fuera una ideología articulada,
cuando lo que hay en realidad es una historia de vida, hay el Che vivo y
actuando. Un lector me ha llegado a decir que lo que le ha interesado del libro
es la manera en que el Che asume la vida como pasión. Y yo le dije que
coincidía totalmente.
N.K.: ¿La política y la vida como pasión es uno de
los ejes que atraviesan sus innovaciones en la novela policial?
P.I.T.: Ahh, pregunta complicada. Probablemente,
detrás de mi vocación de hacer una literatura supuestamente menor -desde la
óptica académica- esté, entre otras cosas, que en toda mi vida he sido un
provocador profesional. Quiero aplicarle la subversión a la literatura y tratar
de entender que puedes hacer una literatura de acción en la que al lector lo
puedas atrapar, sorprender, no soltar, zarandearlo y al mismo tiempo
divertirlo. Y simultáneamente siempre le estás guiñando un ojo, diciéndole que
la realidad que estás contando está por aquí. La novela negra en este fin del
milenio vinculada con la novela de acción, la nueva novela de aventuras, tiene
la virtud de crear estructuras basadas en la acción, pero al mismo tiempo te
permite una reflexión o cortes diagonales en las sociedades en las que vivimos.
El amable dueño de la fábrica de calcetines que contesta el teléfono y habla en
inglés -mal pronunciado, por cierto- sale en las noches al volante de un Ford
Falcon blanco a violar sirvientas en las colas de las panaderías. Es un
monstruo de ciudad. ¿Y cómo lo vas a contar? ¿Lo vas a contar en las mañanas
vendiendo calcetines al por mayor? ¿O vas a contar las dos? Los tabúes de esta
sociedad de corruptos, travestis, caperucitas verdes ecologistas que en el
fondo de su corazón se dedican a comer delfines y a talar árboles en la selva
brasileña, estos Frankenstein neoliberales que andan pululando por ahí son un
montón de gángsters y criminales que han introducido la lumpenización del
aparato de Estado como una de sus artes. Ante estos muchachitos del
neoliberalismo rampante Capone era un pobre diablo que los miraría con envidia
y los consideraría sus grandes maestros. La nueva novela policíaca te permite
estos enfrentamientos muy ásperos, muy hoscos. Es la idea esencial que recorre
América latina: el crimen como un problema esencialmente político y de Estado.
N.K.: Acaba de publicar dos novelas en una
colección que lleva sugestivamente por título
Variaciones en rojo...
P.I.T.: Pues me alegro mucho y sobre todo que el
título se lo haya dado alguien a quien admiro profundamente, como Rodolfo
Walsh. Curiosamente, lo admiro no por lo policíaco, porque no me gustan nada
sus relatos policíacos, en ese aspecto. Lo que sí pienso es que sin embargo
aportó a la nueva novela policíaca de aventuras que hoy se está generando en
América latina, el neopolicíaco latinoamericano. Rodolfo Walsh es uno de los
padres fundadores, pero por los caminos equivocados. Son sus crónicas, Operación
masacre, El caso Satanovsky, ¿Quién mató a Rosendo?, sí, las que circularon de
manera cuasiclandestina por
toda América latina y llegaron hasta nosotros en el
otro extremo del continente. Fueron leídas con devoción y son las que aportaron
al nacimiento del género. Este tratamiento periodístico-
literario-investigativo de realidades hoscas, ásperas, de crimen de Estado.
Pues yo creo que Rodolfo Walsh es uno de nuestros padres fundadores y por eso
tengo yo por él una profunda admiración, realmente. Pero no por sus
experimentos cuando hacía novela policíaca imitativa de Stanley Gardner pero no
muy buena, sino cuando aportó innovando una revolución genérica en el
periodismo narrativo.
N.K.: ¿Cómo conoció la obra de Walsh?
P.I.T.: Antes, en la época del boom, las conexiones
latinoamericanas funcionaban. Había una doble conexión, Barcelona-La Habana.
Barcelona había creado un centro de distribución del libro y de promoción de la
literatura de América latina. Irradiaba. El agotamiento del boom, que fue un
movimiento de puertas cerradas, produce en los 80 el vacío absoluto. La Habana
juega un papel, sobre todo en los ‘70, muy importante, esencialmente Casa de
las Américas. Y todo esto que era una especie de melange, de caldo de cultivo,
a nosotros nos permite leer a Rodolfo Walsh en ediciones de Tiempo
Contemporáneo Argentino, llegadas a México en tiradas de 20 ó 30 ejemplares.
Todo eso, con la destrucción de la industria del libro cubana y el paso de moda
español, se rompió. Las transnacionales hoy existentes en el mundo editorial no
han estado jugando su papel de interdistribuidores de la producción literaria latinoamericana. Me
pregunto cómo es posible que me haya tornado mucho más trabajo y tiempo llegar
a la Argentina que a Bulgaria y Japón o Ucrania.
N.K.: La fauna de Sombra en la sombra, una de las
dos novelas que viene a presentar a la
Argentina, tiene mucho de lumpen...
P.I.T.: De las dos novelas que salen aquí la que
más me gusta es Cuatro manos. A riesgo de ser pecaminoso, me gusta más que la
biografía que hice del Che. Ahí junté todo lo que había aprendido en treinta
años de escribir, en una obra construida sobre 64 historias que quemé para
escribir una sola novela. La otra, Sombra en la sombra, transcurre en el México
de 1922, justo cuando acaba de terminar la revolución, y mi pregunta es: ¿en
qué momento se “pudrió” la revolución mexicana? Entonces sí, escribí una novela
de personajes estrambóticos, de mareas que traen cadáveres a las playas, de
hipnotizadoras, de jugadores que se sientan a jugar dominó, abogados de putas,
periodistas desocupados, poetas que se dedican a hacer anuncios de medicinas
contra las enfermedades venéreas y laxantes, chinos falsos que no son chinos,
militares corrompidos hasta el tuétano...
N.K.: Por lo visto a usted lo lumpen no lo
asusta...
P.I.T.: ¡No! Qué va... Yo soy un lumpen
intelectual, todo el mundo lo sabe. Un lumpen intelectual en el sentido de que
hay dos lumpenizaciones, una que se genera desde el poder y otra que se genera
desde abajo. Soy un lumpen que se acerca más a los personajes de Osvaldo
Soriano que a las memorias de Elliot Ness.
¿Foquismo?
(A propósito de Mario Roberto
Santucho y la tradición guevarista49)
La clase de hoy, que es también un modo de expresar
nuestro homenaje cuando se cumplen 26 años de su asesinato50, contribuyendo a
los muchos homenajes y recordatorios que se realizarán, se propone tratar de
analizar los núcleos centrales del pensamiento teórico y político de Mario
Roberto Santucho (1936-1976) y su relación con el Che Guevara.
Para no quedarnos en un mito. Porque así como la
derecha intenta convertir a nuestros mejores compañeros en mitos –como
pretendieron hacer con el Che- también con Santucho sucede algo análogo. Aunque
seguramente no al mismo modo del Che porque nadie usaría remeras con la cara de
Robi [sobrenombre de Santucho]...ya que Santucho sigue siendo un personaje
“endemoniado” para la sociedad oficial argentina. Pero a su modo, la derecha ha
construido el mito de Santucho..., el “tira-tiros”..., el “tira-bombas”..., y
entonces a veces los sectores populares, para contrarrestar y responder a esa
visión macartista y oficial, terminan aceptando y reivindicando esa misma
imagen de Santucho, aunque invertida, sin atender al conjunto de su obra, su
pensamiento político y de su personalidad.
Para la cultura oficial argentina, el sólo hecho de
mencionar o escribir el nombre de Santucho constituyó durante décadas un
“pecado” imperdonable. Santucho fue en los labios del poder el sinónimo de todo
aquello que, en tiempos del general Videla, se pretendió aniquilar y, durante
las dos décadas siguientes, extirpar de la memoria popular.
En los relatos
ensayísticos y periodísticos
posteriores a la
dictadura militar, su corriente política fue estigmatizada y
satanizada hasta el hastío. Aunque esa demonización de la izquierda
revolucionaria apuntaba contra el conjunto de la generación de los ’60 y ’70,
los ideólogos del poder se ensañaron con la figura de Santucho. Se lo convirtió
en un fantasma monstruoso y maldito.
Sometiendo a discusión esos relatos apologéticos y
oficiales, no podemos analizar su pensamiento sin antes dejar bien en claro que
esa generación, la generación de Robi Santucho y sus compañeros y compañeras,
no se lanzó a la insurgencia y a la lucha armada ni arriesgó su vida porque le
surgió repentinamente un “delirio mesiánico” -como nos dice hoy toda la
derecha-, ni tampoco porque era “foquista” –como nos sugiere alguna parte de la
izquierda-, sino porque había realizado un meditado análisis previo de la
historia social del continente y de sus condiciones políticas. La lucha
político-militar de la corriente de Santucho no fue ni “irracional” ni
“demencial” ni respondía a un deseo de “adrenalina”. No eran “jóvenes dementes
y aventureros” ansiosos por vivir peripecias extrañas o extravagantes. Existía
en
49 El siguiente texto fue elaborado a partir de una
clase pública de homenaje a Mario Roberto Santucho realizada el
19 de julio de 2002 en la Universidad Popular
Madres de Plaza de Mayo, a 26 años de su asesinato.
50 El lunes
19 de julio de 1976, en tiempos del general Videla, una patrulla del Ejército
argentino al mando del capitán Juan Carlos Leonetti irrumpió en el departamento
del barrio de Villa Martelli [Capital Federal] donde estaba escondida parte de
la dirección de la insurgencia argentina: Mario Roberto Santucho, Liliana
Delfino (compañera de Santucho), Ana María Lanzillotto (compañera de Domingo
Menna, embarazada de ocho meses), Benito Urteaga y
su hijo José, de dos años. Santucho intentó
defenderse con un arma que, cuando había estado en Chile, le había
regalado Salvador Allende. Los dos dirigentes
guevaristas -Santucho y Urteaga- fueron asesinados inmediatamente (hasta el
momento no se conoce qué sucedió con los cadáveres, aunque se presume que
fueron enterrados clandestinamente en el cuartel militar de Campo de Mayo
[provincia de Buenos Aires]). Las dos mujeres fueron secuestradas, trasladadas
al campo de concentración del Ejército en Campo de mayo, torturadas y
asesinadas. Esa misma noche Santucho iba a viajar hacia La Habana. El hijo de
Urteaga fue entregado a la familia paterna. Jamás se supo el destino del bebé
que esperaba Ana Lanzillotto.
ellos y ellas un tipo de análisis específicamente
político, sustentado en una elaborada reflexión sociológica e historiográfica
sobre las contradicciones del capitalismo argentino y la impotencia histórica
de sus clases sociales dirigentes y dominantes para emancipar el país.
A contramano de lo que sugieren los relatos del
poder y los politicólogos adscriptos a la teoría socialdemócrata de “la
transición a la democracia” (que satanizaron a la insurgencia guevarista
responsabilizándola, incluso, por el golpe de 1976), en la tradición marxista
la lucha político-militar en la que Santucho entregó su vida ha sido siempre
prolongación de un pensamiento político y de una lucha política, y no al revés.
Robi lo tenía muy presente.
Luego de años y años de propaganda burguesa que
intentó demonizar a estos revolucionarios, remarcar ese tipo de pensamiento
específicamente político resulta hoy impostergable.
Esta es la
razón por la
que, en las
líneas que siguen,
nos interesa analizar
las categorías políticas que estructuraron la visión social del mundo de
Robi y cómo éstas fueron transformándose a lo largo del tiempo... porque nadie
nace marxista, ni socialista, ni comunista, ni revolucionario, sino que se va
construyendo como tal. Por eso nos interesa discutir la conformación del
pensamiento real de Santucho.
Antes de abordar directamente nuestro tema conviene
realizar una mínima aclaración. La relación de Santucho con el guevarismo en
general, y con Ernesto Guevara en particular, no es una relación directa, en el
sentido que Santucho nunca conoció personalmente al Che.
Nosotros ponemos el énfasis en una relación
política y en la continuidad de una línea ideológica, no en la cuestión
biográfica de si conversó o tomó café con el Che. Porque en el mismo sentido, a
Marx, Lenin no lo vio nunca, Gramsci tampoco. Jamás se sentaron a tomar cerveza
con Marx, ni con Engels. Fidel Castro nunca compartió una velada con José
Martí.
Sin embargo, pocos pondrían en discusión que entre
ellos existe una estrecha ligazón. En el caso de la relación de Santucho con el
Che sucede lo mismo, a nivel biográfico quizás nunca se cruzaron pero hay una
trayectoria político-ideológica marcadamente común...
Una de las hipótesis de trabajo que se podrían
plantear es que Santucho forma parte del marxismo latinoamericano. Es parte de
su historia, de una historia que no nace en los años ’60 sino que es muy
anterior. Eso se nota en la primera formación ideológica de Robi.
Entre los muchos hermanos de la familia Santucho,
uno de ellos, Amílcar, era del Partido Comunista (PCA) argentino. Otro de
ellos, que tuvo mucha más influencia sobre Roberto, Francisco René, era
indigenista, “aprista”, seguidor del APRA [Alianza Popular Revolucionaria
Americana, organización política peruana surgida en la década de 1920 que sigue
existiendo en la actualidad].
Francisco René dirigía una librería en la provincia
de Santiago del Estero y publicaba una revista llamada Dimensión. Este hermano
de Robi estaba muy influido por la ideología de Víctor Raúl Haya de La Torre,
en sus comienzos.
Según los parámetros de esta cosmovisión inicial
compartida por Mario Roberto y Francisco René, que luego entra en crisis a
partir del cruce con la organización Palabra Obrera, nuestro continente era
denominado “Indoamérica” y no Latinoamérica. En una aclaración al pie que
figura en un texto de 1959, titulado Integración de América Latina, Francisco
René señalaba que: “Preferimos indoamericano a latinoamericano o
hispanoamericano, por las mismas razones aducidas por los apristas peruanos
generalizadores del término. Creemos como ellos que así se define mejor una
peculiaridad que hoy se da en el hemisferio”51.
De este modo, el primer guía intelectual de Mario
Roberto Santucho sigue casi al pie de
la letra a
los discípulos de
Haya de La
Torre. Su razonamiento
es el siguiente:
el
51 Cfr. Francisco René Santucho: Integración de
América Latina. Santiago del Estero, Cuadernos Dimensión, 1959.
componente fundamental de este continente es
indígena, por lo tanto vamos a referirnos siempre a Indoamérica. De ahí que la
primera organización política en la que participan estos hermanos (Francisco
René y Mario
Roberto) se llama
Frente Revolucionario
Indoamericanista Popular (FRIP). Francisco René es el hermano que más
influencia tiene sobre Roberto.
Esta tradición de pensamiento indoamericanista
también está presente en otros revolucionarios latinoamericanos de aquella
época. El indoamericanismo se planteó principalmente a nivel historiográfico,
es decir, a la hora de explicarse la propia historia de nuestra América, como
la llamaba José Martí.
Tratando de ver qué herramientas utilizaban a nivel
historiográfico para explicarse la historia de Indoamérica, uno encuentra que,
además de los textos de Haya de La Torre, también utilizaban los libros de Juan
José Hernández Arregui, un escritor del interior de nuestro país, un hombre muy
erudito.
Hernández Arregui tenía una hipótesis muy fuerte:
era muy crítico de la ciudad de Buenos Aires. Sostenía que Buenos Aires, la
capital de la Argentina, era una “ciudad-puerto de espaldas al país y de cara a
Europa”, en cambio el interior era explotado, el interior... era Indoamérica.
Buenos Aires pertenece a Europa. Aunque, a diferencia de Haya de la Torre,
Hernández Arregui era muy hispanista, él defendía mucho la herencia española en
nuestra historia (esa era una diferencia importante con los indoamericanistas...)
por oposición a la historiografía liberal que era más anglófila.
En los orígenes del FRIP encontramos esta idea de
que Buenos Aires está de espaldas al país. No se dice que es “una ciudad
burguesa” pero se tiende a pensar de este modo..., y también nos encontramos
con la idea que la vanguardia revolucionaria de la clase trabajadora se encuentra
en el noroeste Argentino.
En esos primeros documentos del FRIP de inicios de
los ’60 y en esa primera formación ideológica también se utilizaban categorías
de Silvio Frondizi, un sociólogo e historiador que al igual que el anterior era
crítico del tipo de desarrollo del capitalismo argentino. Pero a diferencia de
Hernández Arregui, Silvio Frondizi no era peronista ni nacionalista. Cuestionaba
muy duramente la
supuesta “progresividad” de la burguesía nacional y en consecuencia del
peronismo.
Silvio Frondizi52 no sólo aportaba sus análisis
sociológicos a los ojos de estos jóvenes con inquietudes revolucionarias y
contestatarias. También les proporcionaba una pista importante para descifrar
la revolución cubana, a la cual Frondizi adhería en forma entusiasta ya que la
había conocido de primera mano.
Las tratativas para que Silvio Frondizi pudiera
viajar a Cuba estuvieron a cargo de Ricardo Napurí (militante de origen
peruano, radicado en Argentina, del grupo Movimiento de Izquierda
Revolucionaria-MIR Praxis, liderado por Silvio Frondizi). En Buenos Aires,
Napurí venía formando parte del Comité de apoyo al Movimiento 26 de julio que
se gestó en
1956. Cuando triunfa la revolución, viaja
inmediatamente a La Habana (8 de enero de 1959) junto a la madre del Che y a
numerosos residentes cubanos en la Argentina. Según el testimonio posterior de
Napurí, en esos meses Guevara plantea que se necesitan intelectuales para
discutir con el movimiento estudiantil cubano. Napurí sugiere el nombre de
Silvio Frondizi. Éste viaja a La Habana invitado por el Che y tiene con él
varias entrevistas, tras las cuales Guevara le sugiere que permanezca en Cuba
trabajando en la esfera de la cultura y la
52 Conviene
no confundir a Silvio Frondizi, marxista revolucionario, con su hermano Arturo
Frondizi, presidente argentino (1958-1962) y hombre de derecha,
proimperialista, defensor de los capitales norteamericanos en la Argentina, que
culminó su carrera política defendiendo a los sectores más reaccionarios de las
Fuerzas Armadas. Tampoco con su otro hermano, Risieri Frondizi, rector de la
Universidad de Buenos Aires y célebre filósofo que no tuvo una gran participación
política como sus otros dos hermanos.
ideología. Silvio Frondizi decide volver para
Argentina pero ofrece su colaboración proponiendo una editorial vinculada a la
revolución cubana con sede en Montevideo. A su regreso, redacta y publica en
Uruguay La revolución cubana. Su significación histórica (diciembre de 1960).
En este texto, Silvio Frondizi propone una interpretación del proceso
revolucionario cubano sumamente diferente al que luego consagrarán los partidos
comunistas latinoamericanos vinculados a la Unión Soviética.
Su libro se abre planteando que “La revolución
cubana ha destruido definitivamente el esquema reformista y, más concretamente,
el esquema reaccionario del determinismo, casi fatalismo geopolítico [...]” y
se cierra sosteniendo la misma idea: “La revolución cubana tiene como
significación histórica fundamental, la de haber roto definitivamente «con el
esquema reformista, y en particular con el estúpido determinismo, casi
fatalismo geopolítico»”. Al mismo tiempo, en este primer balance de la
revolución, Frondizi formula uno de los
primeros diagnósticos (antes
que Fidel declarara
públicamente el carácter socialista de la revolución) del
proceso cubano en términos de revolución ininterrumpida y permanente: “Empezó,
como ya lo dijimos, con caracteres pequeño-burgueses de frente nacional, sin
discriminaciones de ninguna clase; su meta fue al comienzo el derrocamiento de
la dictadura de Batista. Bien pronto se transformó en una lucha
antimperialista, con un frente más restringido,
para concluir en una acción
en profundidad en
contra de determinados sectores
de la burguesía
nacional; es decir
empieza a colocarse
en los umbrales del
socialismo”53. En ese mismo libro, Frondizi vaticina que, en el orden interno,
se plantea una disyuntiva: o la revolución cubana se industrializa o se detiene
(abriéndose, entonces, el peligro para su burocratización). De igual manera,
propone que el mejor modo de frenar la ofensiva imperialista consiste en
internacionalizar la revolución cubana. Todo este tipo de observaciones y
sugerencias giran en torno a la polémica del autor frente a las posiciones de
los partidos comunistas tradicionales a los que califica de “reformistas” y
“etapistas” y, por eso mismo, opositores a la internacionalización de la revolución
cubana.
El balance de Frondizi no era ingenuo ni
improvisado. Se asentaba en un extenso estudio previo sobre las condiciones del
capitalismo latinoamericano en tiempos de integración mundial imperialista bajo
la hegemonía del imperialismo norteamericano. Esa investigación previa la había
publicado pocos años antes en La realidad argentina. Ensayo de interpretación
sociológica (en dos tomos, Tomo I: 1955 y Tomo II: 1956) donde formulaba
la hipótesis del
agotamiento histórico del
intento de las
burguesías nacionales
latinoamericanas de desarrollar un “capitalismo autónomo”. Como ejemplo
puntual, en este texto Frondizi analiza el fenómeno peronista, ensayo frustrado
de realizar –bajo una forma política bonapartista- la revolución
democrático-burguesa en Argentina. De allí, Silvio Frondizi infería que el
carácter de la revolución argentina y latinoamericana no podía ser otro que el
de una revolución antimperialista y
socialista (como fases de un mismo proceso ininterrumpido). Es por ello que
cuando viaja a Cuba se encuentra con la confirmación del diagnóstico que él
mismo había vaticinado y propuesto pocos años antes. Probablemente, esa
sea una
de las razones
principales por las
que Frondizi defiende
con tanto ahínco
la revolución cubana en su libro de 1960.
Habría que esforzarse demasiado para no detectar y
no reconocer la presencia de todo este cúmulo de lecturas en el pensamiento
político maduro de Robi Santucho y el modo como él y sus compañeros
visualizaban la estrategia continental de la revolución cubana de la que se
sentían vitalmente parte.
53 Cfr.Silvio
Frondizi: La revolución cubana. Su significación histórica. Montevideo,
Editorial Ciencias Políticas,
1960. Los párrafos citados en pp.16 y 149. El
testimonio de Ricardo Napurí sobre el viaje de Frondizi a La Habana, en
entrevista a Napurí realizada y publicada por Herramienta N°4, Buenos Aires,
1997.
El FRIP se unifica alrededor del año 1965 con un
grupo político trotskista que se llama
Palabra Obrera, encabezado
por Hugo Miguel
Bressano, seudónimo de
Nahuel Moreno. Esta agrupación pertenecía a la Cuarta Internacional. Ahí
nace el PRT como organización, y a partir de ese momento en los escritos de Santucho y en su ideología
hay un cambio, se produce una transformación. La Cuarta Internacional tenía en
aquella época como principal dirigente y teórico al belga Ernest Mandel, el
célebre economista que había participado en la polémica cubana de 1963-64. En
aquellos momentos Moreno estaba unido con Mandel, después rompen entre sí en
una dura polémica.
Entonces, a la hora de explicarse cómo ha sido
nuestro continente, cómo ha sido la Argentina, cómo ha funcionado el
capitalismo en nuestra sociedad, también se produce un cambio en
los escritos y
en la ideología
de Santucho. Aparece
la presencia de
otro historiador, que era un militante orgánico de Palabra Obrera
vinculado a Moreno: Milcíades Peña.
Cuando produjo su obra historiográfica, Peña era
muy joven (se suicidó cuando tenía tan sólo 32 años). La mayor parte de sus
trabajos –que en su conjunto conformaban una Historia del pueblo argentino— fue
publicada póstumamente. Su producción resulta muy distinta de la historiografía
tradicional. Tanto de la corriente liberal burguesa (Bartolomé Mitre, Vicente
Fidel López) como también de la historiografía oficial del Partido Comunista
(Leonardo Paso) o del peronismo de izquierda (Rodolfo Puiggrós). En los escritos
teóricos de Peña, la revolución cubana jugaba el papel de una corroboración
empírica que le resultaba útil para cuestionar aquel etapismo historiográfico
que se esforzaba por inventar en sus relatos del pasado una supuesta América
Latina colonial –bajo dominio español y portugués- de tipo “feudal” para, de
este modo, rechazar en el futuro la pertinencia de la revolución socialista. En
este sentido, Peña señalaba que: “Baste decir que la conocida teoría sobre el
carácter «feudal» de la colonización sirvió durante largo tiempo a los
moscovitas criollos como telón de fondo para afirmar que la Argentina “muestra
aún hoy en su estructura rasgos inconfundiblemente «feudales»” [Puiggrós,
Colonia, 23] y para enrollar la madeja de
una fantasmagórica revolución
«antifeudal» que abriría
el camino a
una supuesta
«etapa» capitalista. Atados a sus dogmas y compromisos políticos y
frenados por su propia incapacidad, los teóricos comunistas posteriores a
Puiggrós usan su definición de la colonia como sociedad feudal sólo para oponerse
al socialismo en la Argentina de hoy, puesto que significaría «proponernos hoy
tareas históricas inexistentes» [Paso, Colonia, 9] [...]”. Resulta más que
sugerente prestar atención al cierre que Peña utiliza para toda esta
impugnación. Allí remata sosteniendo que: “¡Y esto fue escrito cuatro años
después de la revolución cubana!”54.
Si bien se formó políticamente al lado de Nahuel
Moreno, Peña rompe con la organización morenista entre 1958 y 1959. En su
posterior distanciamiento ideológico con la táctica del “entrismo” en el
peronismo propugnada por Moreno, la revolución cubana jugará un lugar central.
Puede corroborarse la profundidad de esa ruptura en sus “16 tesis sobre
Cuba”55. A los
ojos de Peña,
la revolución cubana
había hecho pedazos
el dogma
stalinista de la revolución por etapas junto con la
doctrina de que ciertos países – especialmente los latinoamericanos- estaban
“inmaduros” para el socialismo. Al mismo tiempo, Peña concluía que las
enseñanzas de la revolución cubana exigían dar una batalla ideológica por la
conciencia socialista de los trabajadores argentinos, dada la impotencia
54 Cfr.
Milcíades Peña: Antes de mayo. Formas sociales del transplante español al nuevo
mundo. Buenos Aires, Fichas, 1973.p.45. La primera versión de este texto data
probablemente de la segunda mitad de la década del ’50. Aunque nunca llegó a
preparar sus textos de Historia del pueblo argentino para su edición definitiva
(pues se suicidó en diciembre de 1965), Peña volvió sobre aquellos manuscritos
durante los ’60. La referencia a la revolución cubana pertenece a este período.
55 Cfr.José Golán [seudónimo de Milcíades Peña]:
“16 tesis sobre Cuba”. En Revista de Liberación N°3, 1964.
política de la denominada “burguesía nacional” para
emancipar a los pueblos latinoamericanos. De allí Peña deducía la inviabilidad
del “entrismo” (línea política de Moreno) o del seguidismo (línea política de
Puiggrós) al peronismo. No se podía identificar de manera mecánica y ahistórica
al castrismo y al guevarismo con... el peronismo.
A partir de las tesis historiográficas de Milcíades
Peña y apoyándose en los análisis sociológicos de Silvio Frondizi, Santucho
comienza a plantear que la “burguesía nacional” argentina no puede encabezar
los cambios necesarios para emancipar nuestro país.
Ese tipo de caracterización se basaba en la teoría
del desarrollo desigual de Lenin y en la teoría del desarrollo desigual y
combinado de Trotsky. Pero, cuando hacía referencia a la
“seudoindustrialización” de nuestro país, Santucho le agregaba un matiz específico
referido a la Argentina. ¿De dónde adoptaba esa visión tan crítica de los
industriales argentinos? Nuevamente,
de las tesis
sociológicas de Silvio
Frondizi y de
las historiográficas de Milcíades Peña.
Ya en tiempos del FRIP (antes del cruce con
Moreno), combinando la teoría del imperialismo de Lenin con la visión de
Frondizi y Peña, las tesis políticas del grupo liderado por los hermanos
Francisco René y Mario Roberto Santucho sostenían que “La República Argentina
es un país semicolonial seudoindustrializado”. Esta era justamente la opinión
de Frondizi y Peña.
En el capítulo “Expansión industrial, imperialismo
y burguesía nacional” de su libro La realidad argentina, Silvio Frondizi
afirmaba que: “[...] lo que caracteriza al imperialismo actual es la
exportación de capitales para la industrialización o mejor dicho
seudoindustrialización de los países atrasados”. Lo fundamentaba del siguiente
modo: “Mientras la industria ligera necesitaba mercados para la producción de
artículos de consumo, la industria pesada necesita también mercados, pero para
su producción de herramientas. Estos mercados reemplazan a los de artículos de
consumo”. A contramano del esquema etapista de la izquierda tradicional que
cuestionaba al imperialismo y a los propietarios terratenientes locales
para defender una
supuesta progresividad de
los propietarios industriales, de este análisis Frondizi deducía la
“unidad, no identidad, entre imperialismo y burguesía nacional y entre
burguesía nacional y terrateniente”.
Al publicar en 1956 La realidad argentina, Silvio
Frondizi aclaraba: “En la redacción de este capítulo [“Expansión industrial,
imperialismo y burguesía nacional”] hemos recibido valiosa ayuda de Milcíades
Peña, que prepara un volumen sobre el problema”.
Fue precisamente Peña quien más desarrolló la
teoría de “la seudoindustrialización argentina”. Si bien venía trabajando en
esa hipótesis desde la década del ’50, en un artículo de su revista Fichas de
1964 aclaró que: “Denominamos al fenómeno seudoindustrialización, parodia o
caricatura de industrialización [...] Por sobre todo, se realiza sin modificar
sustancialmente la estructura social del país, y los desplazamientos a que da
lugar dejan en pie las antiguas relaciones de propiedad y entre las clases. La
seudoindustrialización no subvierte la vieja estructura sino que se inserta en
ella”56. Entre las características de la seudoindustrialización, Peña
incluía: (a) No
aumenta la composición
técnica del capital social, sólo la mano de obra, (b) No
se desarrollan las industrias básicas que producen medios de producción, ni las
fuentes de energía ni los transportes, (c) No aumenta la productividad del
trabajo, (d) El incremento de la producción de artículos de consumo sobrepasa
el incremento de la producción de medios de producción y (e) La agricultura
permanece estancada y no se tecnifica. De estas características, Peña infería
que tanto los propietarios
56 Cfr.
Víctor Testa [seudónimo de Milcíades Peña]: “Industrialización,
seudoindustrialización y desarrollo combinado”. En Fichas de investigación económica y social, Año I,
N°1, abril de 1964. p.33-44. Este artículo fue recopilado póstumamente en
Milcíades Peña: Industrialización y clases sociales en la Argentina. Bs.As.,
Hyspamérica, 1986. p.65 y ss.
burgueses
terratenientes como los
industriales argentinos, compartían
con el capital financiero el
mismo interés en
la perpetuación del
atraso del país.
Estos sectores sólo permitían el transplante o el injerto de
islotes industriales en unas cuantas fábricas manteniendo y reproduciendo la
estructura social de conjunto atrasada y subordinada al imperialismo.
Robi Santucho supo deducir de este tipo de análisis
historiográfico y sociológico una consecuencia
política inequívoca: era
inviable luchar en
Argentina por la
“liberación nacional” o por
una “revolución democrático-burguesa, agraria
y antiimperialista” apoyándose
en un “frente nacional” liderado políticamente por la burguesía local y su
brazo armado, las Fuerzas Armadas. En otros términos: sólo se podía llegar a
alcanzar la liberación nacional de la Argentina y su independencia frente al
imperialismo si se luchaba al mismo tiempo por la revolución socialista,
cuestionando el orden burgués y sus aparatos de dominación y coerción. Al igual
que Mariátegui, Mella y el Che Guevara, Santucho pensaba que antimperialismo y
socialismo debían marchar unidos como dos facetas de una misma lucha, no como
etapas separadas en el tiempo.
Aunque para esa época Silvio Frondizi se había
convertido en un intelectual independiente57
y Milcíades Peña ya había roto amarras con el grupo morenista, el
acercamiento con Moreno le permitió a Santucho incursionar y estudiar
atentamente toda esta literatura política de la nueva izquierda y empaparse de
los debates políticos que la acompañaban.
¿Qué diferencia había entre los escritos de Roberto
Santucho y los de Milcíades Peña? Principalmente que este último – Peña –
mantenía un planteo totalmente impregnado por el antiperonismo, ya que proponía
la tesis de que “Perón era un agente inglés”.
El PRT adopta cierto tipo de explicaciones de Peña,
pero no acepta completamente esa visión ya que en un folleto del PRT -El
peronismo, ayer y hoy [Ediciones El Combatiente, agosto de 1971]- se plantea
que se incorpora la tesis de Peña, pero sin caer... “en el gorilismo de
izquierda”.
En los escritos del PRT emerge también la presencia
de otra historiografía. Y esto sí llama poderosamente la atención. Es la
historiografía liberal de Bartolomé Mitre. ¿Por qué llama la atención? Pues
porque la óptica de Mitre constituye la versión oficial de la historia
argentina, la que todavía hoy se enseña en las escuelas. Pero ¿qué adoptaban
los militantes guevaristas de esta historiografía tradicional?
Algo que, paradójicamente, resulta muy interesante:
cómo estos historiadores burgueses
reaccionarios
(principalmente Mitre, aunque
también deberíamos agregar
a Vicente Fidel López, en el siglo XIX y Ricardo Levene en la primera
mitad del siglo XX) describen la campaña del Ejército de San Martín, cómo
describen... la guerra de guerrillas. Ese relato resulta hasta muy
entusiasmante. Cuando ellos hablan del Ejército de los Andes, cuando San Martín
envía a organizar una guerra de guerrillas en la retaguardia española en el
Perú, era muy “atractivo” para esta izquierda revolucionaria que se planteaba
continuar la lucha inicial de San Martín y Bolívar..., y sobre todo el papel
jugado en la lucha guerrillera contra los colonialistas españoles por Martín Miguel
de Güemes, Juana Azurduy, y otros revolucionarios nuestros
de principios del
siglo XIX. Seguramente
estos historiadores
57 El viejo Silvio Frondizi, cuyos escritos
sociológicos tanta influencia tuvieron en el pensamiento político de Santucho y
sus compañeros, termina durante su vejez (primera mitad de los años ’70)
militando codo a codo junto a los jóvenes guevaristas. Aún en la época más
sangrienta y represiva de la Argentina. Por eso no sólo dirige Nuevo Hombre, el
periódico del Frente Antimperialista por el Socialismo (FAS) vinculado al PRT,
sino que también defiende como abogado a los presos políticos y a los guerrilleros.
Todo eso le vale el odio sanguinario de la Alianza Anticomunista Argentina
(Triple A), organización terrorista paramilitar de extrema derecha que lo
secuestra y lo asesina por la espalda en 1974 acusándolo de “comunista y
bolchevique, fundador del ERP e infiltrador de ideas comunistas en nuestra
juventud”.
burgueses, de tradición liberal, todavía en el
siglo XIX se podían dar el lujo de alabar aquellas campañas militares
independientistas porque la tarea por delante que esta burguesía tenía entonces
– segunda mitad del siglo XIX - era legitimar la construcción de un Estado-
nación y construir los relatos fundantes de un origen heroico. Luego, en el
siglo XX, sobre todo en su
segunda mitad, ante
le emergencia de
una izquierda revolucionaria que se
planteaba en primera instancia la lucha por el poder, ya no podían darse ese
lujo...
Pero Santucho y los guevaristas argentinos supieron
leer bien, leer entre líneas, en esa historiografía burguesa, en esa
historiografía tradicional y reaccionaria y encontrar los relatos de aquel
primer Ejército continental de San Martín y sus compañeros.
Según recuerda Pombo [Harry Villegas Tamayo,
sobreviviente de la guerrilla del Che en Bolivia, hoy general de brigada de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba], que luchó junto al Che en Cuba, en el
Congo y en Bolivia, Guevara también le daba para leer a sus compañeros, a sus
combatientes internacionalistas de Bolivia, los relatos de las guerras
independientistas sobre Juana Azurduy y sus guerrilleros. También en esta
opción historiográfica Santucho fue un
guevarista consecuente.
Otra fuente ideológica de la que se nutrió Santucho
fue Lenin. Como era obvio, ya habiendo
cortado amarras definitivamente con
Haya de La
Torre, Santucho empieza
a ensayar una lectura mucho más leninista, más “clásica”, si se quiere,
sobre el papel de América Latina. La crítica explícita contra Haya de la Torre
ya la formula Francisco René Santucho en su trabajo “Lucha de los pueblos
indoamericanos”58. Allí se plantea que los aciertos iniciales del APRA: “se ven
traicionados ahora por la debilidad de su propio líder que ha entrado en
compromisos con regímenes reformistas cómplices del imperialismo”. A partir de
esa ruptura con el populismo aprista se abre en el horizonte ideológico de Robi
la posibilidad de apropiarse de la tradición teórico-política de Lenin.
Lenin escribió en 1916 El imperialismo, etapa
superior del capitalismo, una obra hoy considerada clásica en la materia. Allí
escribe sobre nosotros, sobre la Argentina. Dice textualmente: “No sólo existen
los dos grupos fundamentales de países – los que poseen colonias y las colonias
--, sino también, es característico de la época, las formas variadas de países
dependientes que, desde un punto de vista formal, son políticamente
independientes, pero que en realidad se hallan envueltos en las redes de la dependencia
financiera y diplomática. A una de estas formas de dependencia, la
semicolonia, ya nos hemos referido. Un
ejemplo de otra forma lo proporciona la Argentina [...] No es difícil imaginar
qué sólidos vínculos establece el capital financiero – y su fiel «amiga», la
diplomacia – de Inglaterra con la burguesía argentina, con los círculos que
controlan toda la vida económica y política de ese país”.
¿En qué se basaba Lenin para proporcionar semejante
descripción y explicación de la Argentina?
Pues una de
sus tesis principales
sostenía que el
desarrollo del capitalismo mundial nunca es chato, ni plano,
ni liso ni homogéneo. Los países y
sociedades capitalistas no están en el mismo rango ni son equiparables entre
sí, como hoy sostiene erróneamente, por ejemplo, Toni Negri en su Imperio
cuando plantea que entre Estados Unidos y Brasil, la India e Inglaterra...
“sólo hay diferencias de grado”. Por el contrario, Lenin tenía la hipótesis de
que el capitalismo a nivel mundial se expandía en forma asimétrica, según un
desarrollo desigual que generaba países y sociedades metropolitanas y
dependientes, cuyas diferencias no sólo son de grado –es decir: cuantitativas,
mayor o menor cantidad de capitalismo y desarrollo— sino que son diferencias
cualitativas.
Santucho
adopta esta tesis
de Lenin, y
plantea que el
desarrollo interno del capitalismo argentino también es
notoriamente desigual y origina zonas metropolitanas y zonas periféricas y/o
dependientes. O sea que no es lo mismo el desarrollo del capitalismo en
58 Cfr. Francisco René Santucho: “Lucha de los
pueblos indoamericanos”. En Norte Argentino, 1963.
la Mesopotamia que en el Noroeste. Así, por
ejemplo, en el folleto “El proletariado rural detonante de la revolución
argentina”59 se sostiene que: “El imperialismo, al introducirse como factor
estructural en el desarrollo de la economía argentina promoviendo la
seudoindustrialización, ha acentuado
los desniveles regionales,
al desarrollar unilateralmente la
zona portuaria en detrimento del Interior”.
Obviamente, este tipo de caracterización se basaba
en la teoría del desarrollo desigual de Lenin.
Así como Lenin defendía la tesis de que la explosión
iba a surgir en “el eslabón más débil de la cadena imperialista”, Santucho
planteaba por analogía que en la revolución argentina el factor detonante era
el proletariado azucarero, ya que el capitalismo del noroeste era de alguna
manera “el eslabón más débil” dentro del capitalismo argentino.
Y también, junto a las categorías clásicas de
Lenin, en el PRT se adoptaron en determinado momento categorías de León Trotsky
quien, en su Historia de la Revolución Rusa,
plantea una hipótesis que denomina “ley del desarrollo desigual y
combinado”. ¿En qué consiste? Pues en que nunca existen países y sociedades
capitalistas absolutamente homogéneos,
compactos, con un
solo modo de
producción, sino que
en realidad hay relaciones sociales de distintos modos de
producción que están combinadas entre sí. Algunas predominan sobre otras, pero
están combinadas. Puntualmente Trotsky sostiene que: “Azotados por el látigo de
las necesidades materiales, los países atrasados vense obligados a avanzar a
saltos. De esta ley universal del desarrollo desigual de la cultura se deriva
otra que, a falta de nombre más adecuado, calificaremos de ley del desarrollo
desigual y combinado, aludiendo a la aproximación de las distintas etapas del
camino y a la confusión de distintas fases, a la amalgama de formas arcaicas y modernas”.
Trotsky la denomina “ley” pero en realidad –pensamos nosotros– habría que
denominarla teoría del desarrollo desigual y combinado, ya que conjuga diversas
hipótesis sobre el desarrollo histórico.
Entonces,– una vez superada la influencia del APRA
y el indigenismo, a los que habría que agregar la influencia inicial de la
Reforma Universitaria y de varios intelectuales que realizan conferencias en la
librería de Santiago del Estero, dirigida por Francisco René – en el
pensamiento político de la dirección del PRT en general y de Mario Roberto
Santucho en particular, se conjugan las categorías sociológicas de Silvio
Frondizi, las historiográficas de Milcíades Peña, la teoría del marxismo
revolucionario clásico de Lenin y Trotsky y, por supuesto, la enorme influencia
de la revolución cubana y de la revolución vietnamita.
A todas estas
influencias las moldeó
y las amalgamó
en el caso
del PRT el guevarismo y el castrismo y también el
pensamiento político de Ho Chi Minh y Giap.
En términos cronológicos, luego de la ruptura con
Nahuel Moreno, se produce la fundación del ERP [Ejército Revolucionario del
Pueblo]. En el V Congreso en 1970, donde el PRT se divide en el “PRT-La Verdad”
(encabezado por Moreno) y el “PRT-El Combatiente” (encabezado por Santucho).
Ambos grupos toman el nombre de acuerdo al periódico respectivo.
Leído todo este proceso político desde una óptica
actual, desde nuestros días, y desde la remanida polémica sobre el supuesto
“foquismo” de la izquierda revolucionaria guevarista, resulta sugerente
prestarle atención al documento de la fundación del ERP. Las posiciones
políticas de este documento se nutren de toda la tradición clásica del
marxismo, que a su vez provienen de Clausewitz y de Maquiavelo.
Porque, a principios del siglo XVI, el teórico
florentino Nicolás Maquiavelo sostenía en El príncipe y en los Discursos sobre
la primera década de Tito Livio que para unificar Italia como una nación
moderna, había que derrotar el predominio de Roma – El Vaticano – y también
había que terminar con la proliferación de bandas armadas locales, los célebres
59 Tesis políticas del FRIP, editadas en 1964 en el
periódico Norte Argentino.
condottieri [combatientes mercenarios]. Maquiavelo
propone la formación de una fuerza militar republicana completamente
subordinada al príncipe, es decir, al poder político. ¡Es la política, según
Maquiavelo, la que manda sobre lo militar y no al revés!. Más tarde, a inicios
del siglo XIX, el teórico prusiano Karl von Clausewitz vuelve a prolongar aquel
pensamiento defendiendo que “la guerra es la continuación de la política por
otros medios” (en su libro De la guerra). A inicios del siglo XX, más precisamente
en su exilio suizo durante la primera guerra mundial (entre 1915 y 1916) Lenin,
mientras estudia la Ciencia de la Lógica de Hegel, lee y anota detenidamente De
la guerra de K.v.Clausewitz.
Lenin no es el único marxista en este sentido.
Antonio Gramsci, en sus Cuadernos de la cárcel, más precisamente a inicios de
la década de 1930, redacta “Análisis de situación y relaciones de fuerza”, un
pasaje de los Cuadernos de la cárcel (cuaderno N°13) donde sostiene que la
lucha político-militar y la guerra constituyen un momento superior de las
relaciones de fuerzas políticas, que enfrentan en una situación revolucionaria
a las clases y fuerzas sociales.
Exactamente lo mismo podría plantearse del
pensamiento de Mao Tse Tung, León
Trotsky, Ho Chi Minh, Vo Nguyen Giap y, desde
luego, Fidel y el Che.
Por lo tanto, en toda esta extendida tradición de
pensamiento político occidental, que se remonta a la herencia republicana de
Maquiavelo y, a través de la reflexión de Clausewitz, es adoptada por los
clásicos del marxismo, la lucha político-militar es la prolongación de la
política, ¡no al revés!.
De manera análoga podría recorrerse el extenso
itinerario del pensamiento político y militar de nuestras guerras de
independencia y liberación latinoamericanas, desde San Martín, Bolívar y
Artigas hasta José Martí, Sandino y Farabundo Martí.
Pues bien, en los documentos de la fundación del
ERP también aparece en primer plano un análisis político de donde se deduce la
necesidad de la lucha político-militar y no al revés....
Después de años y años de propaganda burguesa y del
intento de demonización de todo este pensamiento político, resulta imperioso
volver a insistir en esta problemática.
Para poder desmontar la estrategia de
descalificación de esa generación (a la que se le puso un cartelito que decía
más o menos así: “Demonios subversivos” o también “Demonios terroristas”),
tenemos que volver a pensar, detenidamente, estas cuestiones.
Por ello resulta interesante focalizar la atención
en una parte de esos documentos históricos de fundación del ERP. Porque los que
no vivimos aquella época nos sorprendemos cuando encontramos allí algo
completamente inesperado... En esos documentos políticos aparece una crítica
muy fuerte contra el foquismo... y contra Régis Debray.
¿Quién
es Régis Debray?
Debray era un
joven estudiante francés,
discípulo del filósofo Louis
Althusser, que vino a Latinoamérica y después escribió un artículo muy largo,
en la famosa revista Les Temps Modernes de Jean Paul Sartre: “El Castrismo: la
larga marcha de América Latina”. Entonces, este artículo les gustó mucho a los
cubanos. Lo invitaron a Cuba, y ahí, en la isla, escribe después un texto que
pretende ser algo así como la “síntesis teórica” de la revolución cubana. Un
texto que hoy en día se utiliza para criticar a la revolución cubana y para
denostar todo lo que esté asociado al Che Guevara.
El texto de Debray se titula: ¿Revolución en la
Revolución?. Allí Debray realiza una versión totalmente simplificada de la
revolución cubana. Sostiene, entre otras cosas, que en Cuba no hubo casi lucha
urbana, que solamente hubo lucha rural, que la ciudad era burguesa mientras que
la montaña era proletaria y que, por lo tanto, la revolución surge de un foco,
de un pequeño núcleo aislado. Así, de este modo, Debray hace la canonización y
la codificación de la revolución cubana en una receta muy esquemática que se
conoce como “la teoría del foco”. Esta versión de Debray de la revolución
cubana es muy utilizada hoy en día para
ridiculizar y fustigar la teoría política del
guevarismo...aún cuando el mismo Debray ya no tiene nada que ver con esta
tradición, pues pasó a las filas de la socialdemocracia – en el mejor de los
casos y siendo indulgentes con él... -.
Es cierto que la temática del “foco” está presente
en los escritos del Che pero de una manera muy diferente a la receta
simplificada que construye Debray. Nosotros creemos que en el Che los términos
“foco” y “catalizador” –con los que el Che hace referencia a la lucha
político-militar de la guerrilla, tienen un origen metafórico proveniente de la
medicina (la profesión original del Che). El “foco” remite al...foco infeccioso
que se expande en un cuerpo humano. El “catalizador”, en la química, es el nombre
de un cuerpo capaz de motivar un cambio, la transformación catalítica.
Pero, más allá de su origen metafórico, está muy
claro que en el pensamiento político de Guevara la concepción de la guerrilla
está siempre vinculada a la lucha de masas. Concretamente el Che sostiene que:
“Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una
lucha del pueblo [...] Su gran fuerza radica en la masa de la población”60. Más
tarde, el Che vuelve a insistir con este planteo cuando reitera: “La guerra de
guerrillas es una guerra del pueblo, es una lucha de masas”61.
Pero Guevara no se detiene allí. Comentando el
libro de Giap Guerra del pueblo, ejército del pueblo, el Che destaca una y otra
vez un elemento fundamental para la victoria del pueblo vietnamita: “las
grandes experiencias del partido en la dirección de la lucha armada y la
organización de las fuerzas armadas revolucionarias [...] Nos narra también el
compañero Vo Nguyen Giap, la estrecha relación que existe entre el partido y el
ejército, cómo, en esta lucha, el ejército no es sino una parte del partido dirigente
de la lucha”.
De este modo, a diferencia de Debray, el Che le
otorga un lugar central a la lucha política, de la cual la lucha armada no es
sino su prolongación sobre otro terreno. Allí, siempre comentando a Giap,
Guevara vuelve a insistir, casi con obsesividad, en que: “La lucha de
masas fue utilizada
durante todo el
transcurso de la
guerra por el
partido vietnamita. Fue utilizada, en primer lugar, porque la guerra de
guerrillas no es sino una expresión de la lucha de masas y no se puede pensar
en ella cuando está aislada de su medio natural, que es el pueblo”.
¿De qué modo Debray pudo eludir este tipo de
razonamientos centrales y determinantes
del pensamiento político
del Che? Pues
construyendo un relato
de la
revolución cubana donde desaparecen como por arte
de magia las tradiciones políticas previas y toda la lucha política anterior de
Fidel Castro y sus compañeros.
Si se vuelven a leer los textos “foquistas” de
Debray treinta años después, el lector no encontrará, inexplicablemente,
ninguna referencia a la historia política cubana anterior ni a la lucha
política previa que derivan en el inicio de la lucha armada contra Batista.
Pareciera que para Debray, observador europeo proveniente del PC francés,
recién llegado a América latina
–en aquella época fascinado con Cuba y las
guerrillas, luego con la socialdemocracia y hoy vaya uno a saber con qué— la
invasión del Granma y el Ejército Rebelde nacen ex nihilo, no como fruto de la
radicalización política de un sector juvenil proveniente del nacionalismo
radical y antimperialista latinoamericano y de la propia historia política
cubana.
Además, cuando Debray pretende esquematizar y
teorizar la lucha revolucionaria cubana defendiendo a rajatabla la tesis de “la
inexistencia del partido” tiene en mente y está pensando en la ausencia del
viejo Partido Socialista Popular (el antiguo PC cubano, símil del PC francés en
el que se formó Debray) en la primera dirección guerrillera. Un lector actual
de
60 Cfr.Ernesto Che Guevara: La guerra de guerrillas
(1960).
61 Cfr.Ernesto Che Guevara: “La guerra de
guerrillas: un método”, artículo publicado en Cuba Socialista, septiembre de
1963.
los escritos de Debray no puede dejar de
preguntarse: ¿pero acaso el Movimiento 26 de julio
–que era quien dirigía la lucha armada- no
constituía un partido?
Para Debray las advertencias del Che sobre las
luchas de masas y la relevancia de la organización política eran sólo
...detalles insignificantes. No les dio ninguna importancia. Por eso construyó
una visión caricaturesca de la lucha armada que, lamentable y trágicamente, fue
posteriormente atribuida –post mortem- al Che...
Según recuerda el ya mencionado Pombo [Harry
Villegas Tamayo] al Che Guevara no le gustó ¿Revolución en la Revolución? de
Debray. Lo leyó cuando estaba en Bolivia (pues se publicó en 1967) y le hizo
comentarios críticos a Debray.
Aún
cuando nunca sepamos
qué le criticó
puntualmente Guevara al
intelectual francés, ya en aquella época dos militantes cubanos salieron
públicamente a criticar la caricatura “foquista” de Debray62. Estos dos
compañeros cubanos le critican abiertamente a Debray -¡no ahora, en el siglo
XXI, sino en 1968!- el haber simplificado la revolución cubana, el haberla
convertido en una simple teoría del “foco” y el no haber visto en ella que
junto a la guerrilla, en las ciudades luchaba la juventud, el movimiento
obrero, el movimiento estudiantil, etc. En suma, le cuestionaban -en
particular- el total desconocimiento de la lucha urbana y -en general- la total
subestimación de la lucha política, base de sustentación de toda lucha político
militar. Esta es la principal crítica a la teoría del “foco” realizada en
aquella época por los propios cubanos.
Por supuesto que, en la derecha, nadie se toma el
trabajo de reconstruir todas esas críticas. Simplemente, se “entierra”
rápidamente a los revolucionarios por ser “foquistas”...
Entonces, en los documentos de nacimiento del ERP
en la Argentina, encontramos una crítica muy inteligente y muy sugerente a
Régis Debray y al “foquismo”, a la errónea subordinación de la lucha política a
la lucha militar. Esta crítica de Santucho pasó desapercibida y,
todavía hoy, se
le atribuyen “foquismo”
y/o “militarismo” como
si la decisión de desarrollar en
Argentina una lucha político-militar y una confrontación radical contra la
dictadura militar hubiese sido en la mente de Santucho y sus compañeros un
delirio irracional y mesiánico y una subestimación del análisis específicamente
político.
Tanto al Che Guevara como a Santucho simpre se los
acusó de lo mismo: “bienintencionados, idealistas y abnegados” pero...
“foquistas” y “militaristas”. Sin embargo, en la propia fundación del ERP se
hace una crítica muy dura al foquismo y se genera una crítica inteligente al
militarismo. Porque una de las tesis centrales de Régis Debray consiste en que
no hace falta formar una organización política, un partido revolucionario.
Solamente - plantea Debray-, hay que instalar un foco guerrillero...No hace
falta, previamente, la lucha política ni la lucha ideológica, sino tan sólo la
lucha militar...Eso es el foquismo, eso es el militarismo.
Incluso, aún hoy, se desconoce que ya en 1968 (dos
años antes del lanzamiento del ERP), en el IV Congreso del PRT, se plantea que
para el castrismo –allí Santucho aclara presuroso que: “no hacemos distinción
alguna entre castrismo y guevarismo, porque la distinción es falsa”- lo
fundamental de la estrategia remite al carácter de la revolución socialista y
latinoamericana. Junto con el carácter, Santucho defiende la estrategia
continental que dimana de la OLAS. A eso se agregaría –siempre desde su interpretación
del castrismo- la necesidad de desarrollar una revolución continental a partir
de revoluciones nacionales y regionales, mediante la guerra prolongada.
Finalmente destaca que allí donde no existan fuertes partidos revolucionarios
habrá que crearlos como fuerzas militares desde el comienzo, ligando todo el
tiempo la lucha política y la lucha político-militar.
62 Simón
Torres y Julio Aronde (posiblemente dos seudónimos de colaboradores del
comandante Manuel Piñeiro Losada, alias “Barbarroja”): “Debray y la experiencia
cubana”. En Monthly Review N° 55, año V, octubre de 1968. pp.1-21.
Dos
años después de
este análisis, en
1970, cuando se
funda el Ejército Revolucionario del Pueblo63, vuelve
a plantearse que el eje prioritario siempre debe ser construir una organización
política y desde ahí, plantearse la lucha político-militar. Pero el eje debe
ser la política. No puede haber confrontación político-militar ni lucha
político- militar si no es a partir de un análisis específicamente político.
Esta es la tradición de los clásicos del marxismo que se remonta a Clausewitz
y, más atrás, a los escritos de Nicolás Maquiavelo.
Otra tesis que Santucho le critica a Debray en este
documento de 1970 es la supuesta primacía que el francés atribuye al “factor
geográfico”. Pensar que de la geografía se deduce una estrategia
política...constituye un enorme error. En realidad no es así..., ni fue así la
revolución cubana ni ninguna revolución latinoamericana. La geografía no
determina la lucha política, es un error gravísimo. Cuando uno lo encuentra
escrito no sucede nada, pero en política ese tipo de errores cuesta la vida de
mucha gente, de muchos compañeros valiosos, de muchos revolucionarios.
Cinco años más tarde, en julio de 1975, durante la
reunión del Comité Central ampliado del PRT –que llevaba por nombre “Vietnam
liberado”— Santucho continuaba polemizando, obsesivamente, contra el “foquismo”
al que calificaba como movimiento “inmaduro, alejado del leninismo. Los
esfuerzos [del foquismo] se realizan en la lucha armada, aislada
del movimiento general
de las masas”.
En Argentina, esos
eran precisamente los tiempos de las grandes huelgas de las coodinadoras
clasistas de masas.
Entre los numerosos textos teóricos que produce
esta corriente ideológica en los años
’70 merecen citarse otros dos.
Uno se titula Poder burgués, poder
revolucionario64, redactado por Santucho, y el otro es “A los pueblos de
América Latina”65, un documento colectivo firmado por el PRT- ERP en la Argentina, los Tupamaros en Uruguay, el
MIR chileno y el ELN boliviano.
¿Que encontramos en estos documentos a nivel
teórico y político? Nuevamente, aún a
riesgo de repetir..., nos encontramos con un análisis centralmente político. A
partir de ahí se plantea la lucha revolucionaria continental..., ¡no eran
“tira-tiros” irracionales ni “locos aventureros”!. Se plantea una visión de
cómo funciona el sistema de dominación política de las clases opresoras en
América Latina y se analiza también qué sucede en el seno del campo popular y
sobre todo, en la conciencia política de las clases subalternas y explotadas.
El análisis político condensado en Poder burgués,
poder revolucionario se estructura a partir de una metáfora espacial que dibuja
qué pasa “arriba” y qué sucede mientras tanto “abajo”. La reflexión de Santucho
gira alrededor de un análisis político del arriba y del abajo o, en otros
términos, de las clases dominantes y de las clases subalternas.
Para analizar a las clases dominantes aparece en
los escritos de Santucho la categoría de “bonapartismo”. Esta es una tesis suya
muy fuerte. Según él, la historia argentina se mueve con un movimiento pendular
entre dos formas políticas de dominación burguesa: o la república parlamentaria
o el bonapartismo militar.
No casualmente, diez años antes que Santucho, en
Guerra de guerrillas: un método (1963), el Che Guevara había planteado que:
“Hoy por hoy, se ve en América un estado de equilibrio inestable entre la
dictadura oligárquica y la presión popular. La denominamos con la palabra
oligárquica pretendiendo definir la alianza
reaccionaria entre las burguesías de cada país y sus clases de
terratenientes [...] Hay que violentar el equilibrio dictadura
oligárquica-presión popular”.
63 “Resoluciones del V Congreso del PRT. Fundación
del ERP” (29 y 30 de julio de 1970).
64 Ediciones El Combatiente, 23 de agosto de 1974.
65 Publicado en Che Guevara N°1, Revista de la
Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), noviembre de 1974.
Cabe aclarar que cuando el Che emplea la expresión
“dictadura oligárquica”, como él mismo afirma, no está pensando en una
dictadura de los terratenientes y propietarios agrarios tradicionales a la que
habría que oponer una lucha “democrática” o un “frente nacional” modernizador
incluyendo dentro del mismo no sólo a los obreros, campesinos y capas medias
empobrecidas sino también a la denominada “burguesía nacional”. De ningún modo.
El Che es bien claro. Lo que existe en América Latina es una alianza objetiva
entre los terratenientes “tradicionales” y las burguesías “modernizadoras”. La
oposición no pasa entonces por oponer artificialmente tradición versus
modernidad, terratenientes versus burguesía industrial, oligarquía versus
frente nacional. Su planteo es muy claro: “No hay más cambios que hacer; o
revolución socialista o caricatura de revolución”.
El Che atribuye tanta importancia al análisis del
equilibrio inestable entre ambos polos pendulares (la dictadura oligárquica,
basada en la alianza de terratenientes y burgueses “nacionales”, por un lado, y
la presión popular, por el otro) como Santucho al estudio de las dos formas
políticas alternativas de dominación de la burguesía argentina.
Ni Guevara ni Santucho plantean como consigna:
“democracia o dictadura”. La alternativa consiste en continuar bajo dominación
burguesa en sus diferentes formas o la revolución socialista. Por ello, en
Guerra de guerrillas: un método, el Che alertaba que: “No debemos admitir
que la palabra
democracia, utilizada en
forma apologética para representar la dictadura de las clases
explotadoras, pierda su profundidad de concepto y adquiera el
de ciertas libertades
más o menos
óptimas dadas al ciudadano. Luchar solamente por conseguir la
restauración de cierta legalidad burguesa sin plantearse, en cambio, el
problema del poder revolucionario, es luchar por retornar a cierto orden
dictatorial preestablecido por las clases sociales dominantes: es, en todo
caso, luchar por el establecimiento de unos grilletes que tengan en su punta
una bola menos pesada para el presidiario”.
Intentando ser consecuente con este tipo de
planteos radicales, cuando Santucho se propone explicar las diversas formas
políticas de dominación que, en forma pendular, emplea la clase dominante
argentina, su formulación específica es: o república parlamentaria (que no
equivale a democracia..., como aclara el
Che) o bonapartismo militar.
¿En dónde se inspiró Santucho para formular esta
hipótesis? Obviamente su inspiración inmediata es el Che Guevara. Ahora bien,
su formulación más general, la extrae de un libro de Carlos Marx. Marx escribió
entre diciembre de 1851 y marzo de 1852 El 18
Brumario de Luis Bonaparte.
Allí Marx propone una hipótesis política: en
Francia, luego de la derrota de la revolución de 1848, un dictador encabeza un
golpe de Estado y permanece dos décadas al frente del gobierno francés. Este
dictador era un personaje secundario rodeado de lúmpenes que gracias al
liderazgo del Ejército se convierte en determinado momento de Francia en una
especie de “árbitro” de los conflictos sociales. Una especie de “juez
equidistante”, que viene a solucionar y a moderar los conflictos. Entonces,
como este personaje – que Marx detestaba
– se llamaba Luis Bonaparte (sobrino de Napoleón)
la tradición marxista, empezando por Marx y de ahí en adelante, convirtió en
categoría teórica ese análisis político y lo transformó en el concepto de
“bonapartismo”.
En su análisis de Luis Bonaparte y de la situación
francesa de aquel período, Marx plantea elementos fundamentales de su teoría
política. Allí sugiere que la lucha de clases nunca se produce entre clases
homogéneas, como por momentos sugiere El Manifiesto del Partido Comunista
(1848). En realidad, en una formación social concreta, las clases se
fraccionan en la
lucha, se realizan
alianzas entre ellas
y se establecen
formas de representación política
cambiantes según la coyuntura.
Por otra parte, en El 18 Brumario Marx plantea que
la mejor forma de dominación política de la burguesía, la más eficaz, es “la
república parlamentaria”. Para Marx república parlamentaria no
es sinónimo de
democracia, como sugiere
la filosofía política
del liberalismo. La república parlamentaria no garantiza “la libertad”
sino que constituye una forma de dominación. A diferencia de la monarquía o de
la dictadura militar (donde un solo sector de la burguesía domina) en la
república parlamentaria es el conjunto de la burguesía el que ejerce su dominio
a través del Estado y sus instituciones “representativas”. Según Marx, la
república parlamentaria licúa los intereses particulares de las distintas
fracciones de la burguesía, alcanzando una especie de “promedio” de todos los
intereses de la clase dominante en su conjunto y, de este modo, logra una
dominación política general, esto es: anónima, impersonal y burocrática.
En El 18 Brumario Marx también agrega que cuando la
situación política “se desborda” por la indisciplina y la rebelión popular, la
vieja maquinaria republicana (con sus partidos, su Parlamento, sus jueces, su
prensa “independiente”; en suma: con todas sus instituciones) ya no alcanza
para mantener la dominación. En esos momentos de crisis aguda, los viejos
partidos políticos de la burguesía ya no representan a esa clase social. Quedan
como “flotando en el aire” y girando en el vacío. Entonces emerge otro tipo de
liderazgo político para representar a la clase dominante: la burguesía deja de
estar representada por los liberales, los constitucionalistas o los
republicanos y pasa a estar representada por el Ejército y las Fuerzas Armadas
que, de este modo, se constituyen en “El Partido del Orden”. El Ejército
entonces aparece en la arena política como si...fuera a equilibrar la situación
catastrófica, pero en realidad...viene a garantizar la reproducción de la
dominación política de la burguesía.
Mario Roberto Santucho se apropia lúcidamente de
este análisis político de Marx y trata de utilizarlo para comprender la
compleja historia política de nuestro país y también la situación argentina de
los años ‘70.
Conviene destacar el modo cómo Santucho analiza a
ese gran protagonista de nuestra historia política: las Fuerzas Armadas. ¿Cómo
visualiza Robi a las Fuerzas Armadas? Pues sostiene que son un Partido Militar.
Esto resulta sumamente importante. En ningún momento Santucho sostiene que son
simplemente un grupo de “bandoleros adictos a las balas” o mercenarios sin
ideología. De ninguna manera. En la óptica del PRT, las Fuerzas Armadas son...
un partido político. Un partido que viene a reemplazar al clásico -por
definición- partido político burgués. Esta es una hipótesis sociológica e
historiográfica sumamente importante para comprender la óptica política de
Santucho.
Roberto Santucho se hace cargo de esa hipótesis y
plantea que en la Argentina las Fuerzas Armadas vienen a reemplazar ese partido
burgués ausente, porque el partido burgués en Argentina no puede dar cuenta de
la situación política. Entonces Robi –que inicialmente está pensando en el
papel jugado por la dictadura militar del general Onganía [dictador que lidera
el golpe de Estado de 1966] - prolonga el alcance de esa hipótesis y también
analiza al peronismo como “bonapartismo”.
Hay que reflexionar detenidamente sobre esta
diferencia: sostener que el peronismo es bonapartismo (el peronismo histórico
de 1945 en adelante..., no el de Menem), es algo muy diferente a lo que
planteaba, por ejemplo, Victorio Codovilla [líder histórico del Partido
Comunista Argentino desde 1928 hasta su muerte en 1970]. Codovilla, en un
folleto famoso del año 1946 titulado “Batir al Nazi-Peronismo”, sostenía que:
“el peronismo es fascismo”.
Robi Santucho tiene una visión un poco distinta,
mucho más matizada, por eso no cae en ese “gorilismo de izquierda”, pero...
tampoco acepta las posiciones de Rodolfo Puiggrós [historiador comunista que se
hace peronista en la segunda mitad de los años ’40 y que luego se convertirá
en uno de los principales intelectuales
de la izquierda peronista durante los ’60
y ‘70], o de Abelardo Ramos [uno de los principales
intelectuales -de origen trotskista- que adhieren al
peronismo constituyendo la
corriente política e
historiográfica autobautizada
como “izquierda nacional”], y otros. ¿Qué decían Puiggrós, Ramos, Hernández
Arregui y otros ensayistas peronistas? Pues que “el peronismo es «LA
Revolución» (con mayúsculas) en la Argentina”.
Según el análisis de Santucho...el peronismo no es
ni revolución, ni nazismo, sino... bonapartismo. Es decir: una figura militar
fuerte, que aparece como “árbitro” entre las clases sociales y que viene a
“poner orden”...aunque, siempre en última instancia, termina poniendo
orden...para el mismo lado. Para la derecha, para la burguesía, para el statu
quo.
Antonio
Gramsci, que en
principio no aparece
explícitamente presente en
estos análisis políticos de Santucho, para explicar los mismos fenómenos
de crisis económica y política (englobados bajo el concepto de crisis
orgánica), pensando en situaciones donde las clases sociales se separan de sus
viejos partidos políticos y a la burguesía comienza a representarla el
Partido Militar, utilizaba
una categoría emparentada
con la de “bonapartismo”. Gramsci empleaba el
concepto de “cesarismo”.
En Marx la categoría de “bonapartismo” siempre
tiene un contenido negativo. Para Gramsci, en cambio, puede haber un
“cesarismo” progresivo o regresivo, según contribuya a hacer avanzar o no a los
sectores populares en las relaciones de fuerzas. A diferencia de Marx, León
Trotsky, en su exilio mexicano de fines de los años ‘30, utiliza en el mismo
horizonte de Antonio Gramsci esta visión donde puede haber un “bonapartismo
progresivo” o “regresivo”, según contribuya o no a la lucha de clases.
Explícitamente Trotsky utiliza la categoría de “bonapartismo progresivo” para
referirse al gobierno populista de Lázaro Cárdenas, ya que a pesar de ser un
gobierno burgués, para enfrentar al imperialismo y nacionalizar el petróleo
mexicano, Cárdenas se apoya en los sectores populares y en la clase obrera
mexicana. Abelardo Ramos apela a este análisis de Trotsky para caracterizar
como “bonapartismo” al peronismo en un sentido positivo y apologético, mientras
que Silvio Frondizi –mucho más afín al análisis de Marx– emplea el término en
su significado negativo, para cuestionar el carácter supuestamente
“progresista” de la burguesía nacional argentina y del peronismo.
Mario Roberto Santucho utiliza la categoría de
“bonapartismo” en la misma perspectiva de Silvio Frondizi, con un fuerte
contenido crítico, y recurriendo a un tipo de análisis político que bebe
directamente en El 18 Brumario. Pero no sólo lo emplea para explicar la
aparición del peronismo histórico –el del primer peronismo de la década del
’40– sino también para describir la emergencia recurrente de los militares
argentinos a lo largo de toda nuestra historia como el “Partido del Orden”, en
tanto Partido Militar, es decir, en tanto auténtico partido político de la
burguesía argentina.
Todo esto, en cuanto al análisis de Santucho sobre
qué sucede con el bloque político y social de “los de arriba”, de las clases
dominantes...
Ahora bien, ¿qué ocurre con “los de abajo”? Al
observar el capitalismo argentino “desde abajo”, desde sus clases explotadas,
Robi recorre la historia de los trabajadores y plantea los orígenes del
movimiento obrero clasista en nuestro país, identificando tres corrientes: (a)
el anarquismo, que
fue la más
importante, (b) el
socialismo y (c) el
comunismo. Santucho y el PRT se hacen cargo de la tradición comunista. Es decir
que Robi reivindica al comunismo hasta un determinado período de la historia, a
partir de ahí el comunismo pierde la hegemonía sobre el movimiento obrero
local, desdibuja su política revolucionaria, diluye su clasismo y aparece en el
seno de las clases subalternas el peronismo.
Entonces, a partir de ahí, Santucho sostiene cuáles
serían los dos principales desafíos del movimiento popular:
a) Por un
lado, el populismo. Santucho también lo denomina “nacionalismo burgués”, que
consiste en confundir
a toda la
Nación como si
fuera parte del
pueblo, meter a la
burguesía nacional como parte del pueblo, y pensar que el enemigo está solo
fuera del país. El principal exponente del populismo, dentro del campo popular
y progresista, eran en su opinión de aquel momento, los Montoneros.
b) Por otro
lado, el reformismo. Robi lo encuentra y lo identifica principalmente en el Partido
Comunista.
Este tipo de análisis no quedó reducido a una
radiografía fija de la sociedad argentina. No era una tesis académica, sino la
base de sustentación de la actividad militante de su corriente política.
Luego de la ruptura, primero con la corriente de
Nahuel Moreno, y más tarde con la
IV Internacional, Santucho intenta profundizar su
perspectiva política guevarista.
En su “Mensaje
a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental”, el Che Guevara había reclamado: “Es el camino de
Vietnam, es el camino que deben seguir los pueblos, es el camino que seguirá
América, con la característica especial de que los grupos en armas pudieran
formar algo así como Juntas de Coordinación para hacer más difícil la tarea
represiva del imperialismo yanqui y facilitar la propia causa”. Siguiendo
puntualmente ese consejo político del Che, a fines de 1973 el PRT-ERP de la
Argentina, el MIR de Chile, el ELN de Bolivia y el MLN-Tupamaros de Uruguay
comienzan a trabajar en una organización en común que los agrupe. A comienzos
de 1974 lanzan públicamente la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR),
nucleamiento guevarista internacionalista del Cono sur latinoamericano que se
proponía luchar por la revolución continental.
Ya desde su nacimiento, nos encontramos con el
planteo político según el cual estas cuatro organizaciones planteaban que “nos
une la comprensión de que no hay otra estrategia viable en América latina que
la estrategia de la guerra revolucionaria. Que esa guerra revolucionaria es un
completo proceso de luchas de masas, armado y no armado, pacífico y violento,
donde todas las formas de lucha se desarrollan armónicamente convergiendo en
torno al eje de la lucha armada”.
En el primer documento conjunto que publican, las
cuatro organizaciones trazan una breve y apretada síntesis histórica de las
luchas populares y del marxismo en América Latina66. En ella señalan que el
comunismo, el socialismo y el anarquismo de las primeras décadas del siglo XX,
junto con las luchas antimperialistas como la de Sandino en Nicaragua y la
insurrección del Partido Comunista de El Salvador de 1932, conformaron “un
formidable auge de masas que puso en jaque la dominación neocolonial homogeneizada
por el imperialismo yanqui, enemigo número uno de todos los pueblos del mundo”.
Durante
las décadas siguientes,
según este relato,
en la mayoría
del partidos comunistas
latinoamericanos terminó predominando el reformismo mientras las burguesías
nacionales apelaban ideológicamente al nacionalismo burgués para estabilizar el
sistema neutralizando el descontento de las masas. A lo largo de todo ese
período, los sectores populares perdieron fuerza e iniciativa en la lucha de
clases continental hasta que, a partir de la revolución cubana, “los pueblos
del continente vieron fortalecida su fe revolucionaria e iniciaron una nueva y
profunda movilización de conjunto”.
En este tipo de lectura de la historia de América
Latina (donde el peronismo es analizado críticamente porque combina el
antimperialismo verbal con la mentada “tercera posición” y “el truco de
presentarse como bomberos del incendio revolucionario” –una obvia alusión al
papel asumido por el general Perón a su regreso del exilio español para
frenar a
la insurgencia y a
la radicalización masiva
de la juventud
argentina— se deja
66 Cfr. “A
los pueblos de América Latina”. Publicado en Che Guevara N°1, Revista de la
Junta de Coordinación
Revolucionaria (JCR), noviembre de 1974.
escuchar el eco del pensamiento político que
Santucho venía promoviendo al interior de la izquierda argentina.
Si bien la revolución cubana caló hondo y penetró
en el corazón mismo del conjunto de la izquierda argentina (en todas sus
vertientes y en la mayoría de los intelectuales críticos), la corriente
política de la nueva izquierda guevarista liderada por Mario Roberto Santucho
representó uno de los intentos más radicales y profundos por actualizar en
nuestro país la tradición latinoamericana del marxismo revolucionario,
representado en los años ’20 por Mariátegui y Mella y en los ’60 por el Che
Guevara.
Pensamiento
Crítico
(La revolución en
la cultura
y la cultura de la
revolución cubana)67
La ofensiva
anticapitalista en los ’60
¿El capital constituye un sujeto automático, una
persona con vida propia o, por el contrario, no es más que una relación social?
Ya desde los tiempos de Carlos Marx esa pregunta quitó el sueño a los
revolucionarios siempre que se propusieron estudiar la sociedad (para
modificarla). La respuesta, aunque parezca sencilla, no lo es. Aparentemente,
si nos situamos en la perspectiva del materialismo histórico –como es nuestro
caso- todo conduce a aceptar que el capital es una relación. Cualquier otro
tipo de respuesta implicaría caer en los brazos del fetichismo más grosero,
opción de la que no siempre han logrado escapar algunas corrientes de moda en
el pensamiento social contemporáneo.
No obstante, a pesar de esta aparente sencillez del
problema, hoy en día se pretende explicar la génesis, la emergencia y la
hegemonía mundial del neoliberalismo como si hubiesen brotado por generación
espontánea a partir de los dictados mismos del capital. El denominado “nuevo
orden mundial” que se ha instalado de manera prepotente en todo el planeta a
partir de los
años ’90, coronando
un nuevo modelo
de sociedad capitalista inaugurado por la dictadura del
general Pinochet en América latina y por los gobiernos de Ronald Reagan
y Margaret Thatcher
en el mundo
desarrollado, ¿tiene una
lógica autocentrada? ¿El capital gira entonces sobre sí mismo? La mayor
parte de los discursos legitimantes que pretenden hoy convencernos de su
“ineluctabilidad”, de su “imparable” avance y su “incontenible” despliegue, así
parecen presuponerlo.
Sin embargo, la perspectiva de los oprimidos –que
hoy no está evidentemente de moda- es bien otra. Si miramos el mundo desde las
clases subalternas, desde los millones de explotados y sojuzgados, el ángulo
cambia notablemente. Desde esta otra perspectiva, el neoliberalismo, los nuevos
patrones de acumulación capitalista y la lógica cultural del capitalismo tardío
no tienen una lógica autocentrada. No son completamente autónomos. No giran
sobre sí mismos. No son autosuficientes. Se constituyen a partir de un
antagonismo. Se alimentan de sus oponentes.
Los cambios económicos, sociales, políticos,
ideológicos y culturales que cristalizaron a fines del siglo XX en la figura
del “neoliberalismo” (nueva modalidad de imperialismo y nuevo patrón de
acumulación capitalista tardío combinado con una producción posfordista y
legitimado en el plano ideológico mediante los postulados monetaristas de la
economía neoclásica y los discursos de “la diferencia” y la “identidad” de la
filosofía posmoderna y el “giro lingüístico”) no se han producido de manera
automática. Si analizamos la sociedad y la historia desde una perspectiva
crítica, el neoliberalismo constituye una respuesta frente a un
67 Ensayo
inédito. Queremos expresar nuestro sincero agradecimiento a los amigos y
compañeros Pablo Pacheco López y Fernando Martínez Heredia del Centro de la
Cultura Cubana Juan Marinello, a Roberto Fernández Retamar de Casa de las
Américas y a Joel Suárez y Esther Pérez del Centro Martin Luther King por
habernos invitado a distintos eventos (Concurso Casa de las Américas, Seminario
sobre Rosa Luxemburg, Conferencias sobre el marxismo latinoamericano en tiempos
de la Internacional Comunista) y así haber podido recolectar información,
entrevistas y documentos de primera mano sobre este tema. A Pablo Pacheco López
por su infinita generosidad y por todos los materiales que me brindó sobre la
revolución cubana, a Fernando Martínez Heredia y Aurelio Alonso por acceder a
diversas entrevistas y por brindarnos preciosos materiales de aquella época, a
Juan Valdés Paz por conseguirnos la colección de Pensamiento Crítico.
desafío. La ofensiva capitalista no es en realidad
más que una contraofensiva. El avance neoliberal es un contraataque.
¿Un contraataque frente a qué? ¿Una respuesta
frente a quién? ¿Una contraofensiva frente a cuál ofensiva?
Fundamentalmente frente a la crisis de hegemonía a
escala mundial que el capital soportó durante los años ’60.
Del mismo modo que hoy no puede comprenderse la
reacción del fascismo, del franquismo y del nazismo de los años ’30 (y ni
siquiera el estado de bienestar y las políticas keynesianas preventivas
posteriores a 1929) si no damos cuenta de la inmensa amenaza política y
cultural que significó para la dominación mundial del capital la revolución
bolchevique de 1917 y la ofensiva consejista de los ’20; así tampoco puede
comprenderse la contraofensiva capitalista que se inicia a nivel mundial tras
la crisis del petróleo de los ’70 (surcada en América latina por toda una serie
de dictaduras militares) si no se da cuenta de la aguda amenaza política y
cultural que se inicia con la revolución cubana.
Una amenaza que atravesará toda la década de los
’60 y llegará hasta principios de los
’70. Un asedio frente a las aceitadas redes de la
dominación social (económica, política, militar, ideológica y cultural) que
comienza con la revolución cubana y que probablemente se extiende –a nivel
mundial- hasta la victoria vietnamita de 1975, pasando por toda la serie de
levantamientos obreros y estudiantiles de 1968 en las metrópolis del
imperialismo capitalista occidental (tanto en Europa y Japón como en los EEUU).
Por lo tanto, sin dar cuenta del aporte específico
que produjo la revolución cubana a esa ofensiva mundial de los explotados y
oprimidos y que originó como respuesta una contraofensiva del capital hoy
conocida popularmente como “neoliberalismo” no se pude comprender a fondo las
raíces de éste último.
En las ciencias sociales el principal obstáculo que
impide y neutraliza de antemano una comprensión a fondo de estos procesos a
escala mundial está dado fundamentalmente por el eurocentrismo, siempre
criticado pero lamentablemente siempre renacido de sus cenizas. Desde esta
matriz, el único evento de masas que se toma como indicador de la ofensiva
rebelde de los ’60 está dado por el ’68 francés68 (a lo sumo extensible a las ciudades de
Europa occidental y de EEUU).
“Curiosamente” ni la derrota norteamericana en la
guerra imperialista en Vietnam ni la revolución cubana ni la guerra de Argelia
ni la emergencia de destacamentos revolucionarios en toda América latina son
tomados en cuenta a la hora de hacer el balance y el inventario de las razones
por las cuales el capital imperialista multinacional se vio impelido a realizar
su contraofensiva también mundial luego de su momentáneo repliegue táctico de
los ’60 y primeros ‘70. El balance de
Fredric Jameson sobre los ’60 constituye
una de las pocas
68 En ese
sentido resulta paradigmática la sorprendente e impactante omisión de la
revolución cubana en los dos célebres libros que Perry Anderson le dedicó al
“marxismo occidental”: Consideraciones sobre el marxismo occidental (1976) y
Tras las huellas del materialismo histórico (1983). En ninguno de los dos se
hace referencia ni a la revolución cubana ni a las rebeliones del Tercer Mundo,
así como tampoco se analizan –ni siquiera se mencionan- a ninguno de los teóricos,
pensadores, intelectuales y/o dirigentes del Tercer Mundo. Hemos realizado una
crítica de ambos textos en nuestro El Capital: Historia y método (Una
introducción). Bs.As., Editorial Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo,
2002. Capítulo III: “Teoría de la historia e historia de la teoría”. También
puede encontrarse una crítica del europeísmo de Anderson en James Petras:
“Apuntes para entender las políticas revolucionarias de hoy (Polémica con Perry
Anderson)”. Bs.As., Mario Hernández Editor, 2001. p.7-40. Del mismo tenor del
eurocentrismo de Anderson resulta la periodización que en gran parte de su
última obra realiza Toni Negri sobre los avatares del capitalismo occidental ya
que para este último autor el pasaje del capitalismo keynesiano al posfordista
y del obrero masa al obrero social está dado por el ’68 europeo. Ni siquiera
menciona la revolución cubana o la derrota norteamericana en la guerra de
Vietnam como elementos al menos “coadyuvantes” para explicar semejante
transformación de la estrategia capitalista norteamericana y europea
(poskeynesiana) posterior a los años
’70...Véase nuestro Toni Negri y los desafíos de
Imperio. Madrid, Campo de Ideas, 2003.
excepciones a esta regla. Para él: “En realidad,
políticamente, los sesenta del Primer Mundo le debieron mucho al Tercermundismo
[...] las dos naciones del Primer Mundo en las cuales emergieron los
movimientos estudiantiles masivos más poderosos -EEUU y Francia- se
convirtieron en espacios políticos privilegiados precisamente porque estos dos
países estaban involucrados en guerras coloniales”. Refiriéndose a la
revolución cubana Jameson agregaba: “Para muchos de nosotros, en efecto, el
detonador crucial –un nuevo Año I, la demostración palpable de que la
revolución no era un concepto meramente histórico y una pieza de museo, sino
real y factible- fue provisto por un pueblo cuya subyugación al imperialismo
había desarrollado entre los norteamericanos una conmiseración y un sentido de
fraternidad que nunca podríamos haber sentido por la lucha de otro pueblo del
Tercer Mundo”69.
¿Cómo
explicar hoy los
’60 y sus
múltiples rebeliones sin
dar cuenta de la
especificidad de las luchas del Tercer Mundo y sin investigar su influencia en
el mundo capitalista desarrollado? ¿O acaso puedan seguir soslayándose los
efectos de Vietnam sobre París ’68? ¿O quizás puedan seguir desconociéndose los
efectos del ejemplo de la revolución cubana sobre la rebelión negra en EEUU y
su lucha por los “derechos civiles”?
Pero la indisciplina y la rebelión que marcaron a
fuego los ’60 no fueron única ni exclusivamente políticas. La crisis de
dominación que caracterizó aquella década –hoy emblemática del período- y que
motivó en el decenio siguiente una contraofensiva conservadora mundial del
capital fue también una crisis de hegemonía. Por lo tanto para dar cuenta de
los ’60 no puede tampoco prescindirse de la dimensión cultural. “La cultura”
-como señaló por entonces
un estratega militar de las
Fuerzas Armadas argentinas
de aquellos años70- “es parte de
la guerra revolucionaria”.
Sucede
que lo que
había sido hasta
entonces un postulado
teórico (tan caro
al marxismo historicista de un Lukács o al culturalista de un Gramsci)
se experimentó a partir de allí como un dato de la misma realidad. La rebelión
juvenil (desde el pelo largo y la música de rock hasta la modificación de las
costumbres sexuales y la rebelión estudiantil antiautoritaria), la rebelión
contra la opresión racial, la rebelión anticolonial y la insurgencia armada anticapitalista,
fueron diversos movimientos de una misma sinfonía epocal. No sólo se
resquebrajaba el orden social, económico y político del capital a nivel
mundial. También entraba en crisis su dominación cultural.
La extendida influencia de la revolución cubana no
fue de ningún modo ajena a ese fenómeno. De allí que hoy, a cuatro décadas de
aquel momento y a contramano del eurocentrismo aún reinante en las ciencias
sociales y los estudios culturales contemporáneos, debamos revisitar la
producción cultural de la revolución y sus intelectuales durante la década del
’60. Pero esa reconstrucción no puede reincidir en los vicios metodológicos del
pasado. Ya es hora de abandonar definitivamente el economicismo pretendidamente
“ortodoxo” según el cual los intelectuales críticos y revolucionarios son
catalogados a priori como “pequeñoburgueses” (siempre sospechosos de
“traición”).
Desde esta metodología de análisis, el intelectual
es definido únicamente desde un punto de vista económico, como pequeñoburgués.
Se soslaya su función hegemónica. Y si la pequeñoburguesía -según los clásicos
del marxismo- es una clase social oscilante y vacilante...entonces la
intelectualidad es, por definición, pasible de defeccionar, de oscilar, e
incluso de traicionar. La cultura termina concibiéndose de un modo mecánico
como un epifenómeno directamente deducible –sin mediaciones- de la economía. De
este modo se aborta de antemano
cualquier posible intento
contrahegemónico y se
le niega a los
69 Cfr. Fredric Jameson: Periodizar los sesenta
[1984]. Bs.As., Alción, 1997.p.18 y 23.
70 Cfr.
General Osiris G.Villegas: Guerra revolucionaria comunista. Bs.As., Biblioteca
del Oficial del Círculo
Militar Argentino, 1962.
revolucionarios la posibilidad de combatir la
supervivencia del capitalismo en el renglón específico de la dominación
cultural.
Los ’60 y la
revolución cubana
¿Qué se recuerda hoy de los ‘60 en el campo de la
cultura y las ciencias sociales latinoamericanas? ¿Cuáles fueron sus aportes? A
la hora de hacer el racconto habitualmente se enumeran: el boom de la nueva
novela, la teoría de la dependencia, el nacimiento de la teología de la liberación
(aunque su primera sistematización corresponda a los ’70), el nuevo cine, el
nuevo periodismo testimonial y la pedagogía del oprimido. Rara vez se subraya
cuánto le deben aquellas innovaciones a la revolución cubana.
Sucede que en las nuevas generaciones se desconoce
la riqueza del debate y la especificidad del aporte cubano de aquellos años.
Incluso al interior de Cuba. Lo cual deriva – desde nuestro modesto punto de
vista, en tanto argentinos y latinoamericanos defensores de la revolución
cubana- en uno de los problemas principales de nuestra época. Aun manteniendo
una cuota importante de confianza en la revolución, algunos segmentos de la
juventud actual corren muchas veces el riesgo de visualizar al marxismo de factura
e inspiración soviética como la única cultura posible para la revolución. Por
lo tanto, frente a la crisis irreversible y al bochornoso desplome
mundial de aquella
alternativa político cultural...no
quedaría otro camino posible que
el aggiornamiento o, peor aún, el abandono de toda perspectiva revolucionaria
anticapitalista y radical. No habría más opción que “adaptarse” a la hegemonía
del enemigo. Justamente,
todo el abordaje
del presente ensayo
persigue como finalidad criticar esa visión apocalíptica (nunca explicitada
del todo, pero a nuestro modo de ver
muchas veces presente a partir del evidente descrédito del marxismo soviético)
y fundamentar la tesis opuesta: frente a esa cultura en declive y frente a esa
crisis (felizmente) terminal hay alternativas político-culturales dentro de la
revolución. No hay que “importar” nada. No hace falta ningún salvavidas de
última hora, ningún “manotazo de ahogado”. Las alternativas pertenecen a la
historia misma de la revolución cubana, a lo más rico que esta revolución
produjo. Fueron productos y creaciones originales de Cuba, aunque hoy
permanezcan muchas veces en el olvido y/o el desconocimiento. La recuperación
(¡creadora, no repetitiva!) de esa herencia quemante sigue pendiente para las nuevas
generaciones.
Las polémicas en
la Cuba de los ’60
Contra todas las apariencias, el huracán sobre el
azúcar no soplaba en una sola dirección. Tanto quienes arremetieron e
impugnaron en su totalidad la legitimidad histórica de la revolución cubana
como quienes pretendieron defenderla desde los estrechos límites ideológicos de
la autotitulada “ortodoxia” soviética terminaron por aplanar todos los matices
internos que le dieron vida y riqueza a la revolución y que explican porqué
ésta no se cayó con el Muro de Berlín como muchos agoreros esperaban. Que haya
habido una pluralidad de perspectivas ideológicas y culturales coexistentes
–muchas veces en disputa entre sí- bajo el mismo arco revolucionario no es,
desde nuestro modesto punto de vista, un signo de debilidad sino todo lo
contrario. Durante los ‘60, cuanto más debate interno tuvo la revolución
cubana, más viva y poderosa se desarrolló. Flaco favor le hicieron y le hacen a
la revolución cubana aquellos que pretenden esconder, soslayar o desconocer la
riqueza de discusiones que la atravesaron desde su mismo inicio.
En ese sentido, creemos que la principal discusión
ideológico política que tensionó la década estuvo dada entre aquellos que
pensaron a la revolución como una repetición –sui generis, si se quiere- de la
experiencia del socialismo euroriental en territorio caribeño y aquellos otros
que, sin rechazar ni darle la espalda a la experiencia mundial del socialismo,
pretendieron crear un camino propio hacia la sociedad sin clases, ni Estado ni
dominación social.
Esa polémica, con no pocos zigzagueos y
entrecruzamientos, se plasmó en el terreno “económico” (utilizamos este término
entre comillas porque lo que estaba en juego excedía de lejos la mera legalidad
de los hechos económicos, si es que ésta tiene algún sentido en una
sociedad poscapitalista) en
el debate del
‘63-’64 sobre los
diversos modos de
gestión socialista y la vigencia o no de la ley del valor en una
sociedad en transición. Sus principales protagonistas fueron el Che Guevara,
Fidel Castro, Carlos Rafael Rodríguez, Alberto Mora, Marcelo Fernández Font,
Luis Álvarez Rom, Miguel Cossío, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre
otros.
Ese debate, uno de los más ricos y complejos de
toda la década y uno de los más aleccionadores de toda la experiencia mundial
del socialismo (muchas veces análogo al que tuvo lugar en la Rusia bolchevique
alrededor del problema de la “acumulación primitiva socialista”, la NEP, la ley
del valor, el mercado y la planificación entre Bujarin, Preobrazhensky, Lenin,
Trotsky, Rubin, Kamenev, Lapidus y Ostrovitianov) fue posteriormente no sólo el
más conocido y transitado sino también el que probablemente constituyó la
expresión más sistemáticamente fundamentada y polar de toda esa disputa. Pero
no fue el único caso.
Hubo muchísimas otras polémicas. Todas públicas.
Algunas abarcaron también a la máxima dirección política de la revolución, como
fue el caso de la campaña contra el burocratismo71 y del enfrentamiento de
Fidel Castro con el sectarismo y con la microfracción de Aníbal Escalante (que
llegó a conspirar con anuencia de la Unión Soviética)72. Otras, en cambio,
tuvieron un ámbito de participantes directos más delimitado pero un público no
menos masivo.
Entre muchas otras y sin ninguna pretensión de
exhaustividad, no pueden dejar de mencionarse:
(a) La que enfrentó en 1963 al director del ICAIC
Alfredo Guevara con el máximo dirigente del antiguo PSP Blas Roca. Polémica que
surgió inicialmente a partir del rechazo de éste último a que en Cuba se
exhibieran las películas “La dulce vida” de Federico Fellini, “Accatone” de
Pier Paolo Pasolini; “El ángel exterminador” de Luis Buñuel y “Alias
Gardelito” de Lautaro
Murúa. Debate inicial
que se amplió
posteriormente hacia los problemas
de la cultura
revolucionaria, la posibilidad
o no de
la crítica dentro
de la revolución, la viabilidad o
no de prescribir normas estéticas a los artistas, el “revisionismo”, el
“idealismo” y otros lugares ideológicos semejantes73.
71 Cfr. “Contra el burocratismo”, editoriales
publicados en Granma entre el 5 y el 12 de marzo de 1967. En AA.VV.: Cuba: Una
revolución en marcha [selección de Francisco Fernández-Santos y José Martínez].
Francia, Cuadernos de Ruedo Ibérico, 1967. p.168-187.
72 Cfr.
Fidel Castro: Proceso al sectarismo. Bs.As., Jorge Alvárez, 1965. En la
introducción de este libro Janette Habel vincula la crítica de Fidel Castro al
sectarismo (del viejo PSP) con el proceso y juicio por traición a Marcos
Rodríguez de marzo de 1964. Cfr. También Fidel Castro: Sobre las Organizaciones
Revolucionarias Integradas
(ORI). Bs.As., Contraseña, 1974. Particularmente el
capítulo II sobre el sectarismo. p.16-45.
73 La polémica se inicia con la nota que -sin
firma- redacta Blas Roca en el periódico Hoy, 12/XII/1963 y se extiende en el
mismo periódico con “Declaraciones” de Alfredo Guevara y varias “Aclaraciones”
de Blas Roca hasta “Final de respuesta a Alfredo Guevara” de B.Roca, en Hoy,
27/XII/1963. Hubo una última nota de A.Guevara “Aclarando las aclaraciones” que
Hoy no publicó. Las notas de Guevara han sido recopiladas en A.Guevara:
Revolución es lucidez. La Habana, ICAIC, 1998. Esta polémica y todas las otras
que enumeramos a continuación han sido
consultadas de la inmensa recopilación -inédita- de
polémicas culturales aparecidas en revistas cubanas de los años
(b) La que en 1963 tuvo como protagonistas a 29
cineastas cubanos firmantes del documento “Conclusiones de
un debate entre
cineastas” y a
Mirta Aguirre, Edith
García Buchaca, Alfredo Guevara,
Tomás Gutiérrez Alea, Julio García Espinosa y Jorge Fraga, entre otros74. Esta
discusión volvió a enfrentar -como en la de B.Roca con A.Guevara- a los
partidarios del realismo socialista, de la teoría del arte como conocimiento
reflejo y del rechazo a toda experimentación
de las formas
expresivas por su
supuesta condescendencia con
el “idealismo” y la burguesía, con los que rechazaban el “culto a la
personalidad” (como por entonces algunos llamaban al stalinismo) y toda
estética normativa. Al año siguiente continuaron esta discusión Juan J.Flo,
Jorge Fraga y Tomás Gutiérrez Alea75.
(c) En 1964 hubo un acalorado debate entre José
A.Portuondo y Ambrosio Fornet sobre el arte
de vanguardia, la
estética revolucionaria, el
realismo, el snobismo,
el populismo, G.Lukács y
R.Garaudy y la división cultural en Cuba entre La Habana y el Oriente,
discusión que se extendió en el caso de Fornet hasta la crítica abierta de
García Galló (el director, de estricta orientación “ortodoxa”, del Departamento
de Filosofía que reemplazó a Arana y que precedió al núcleo inicial de
Pensamiento Crítico)76.
(d) Otra polémica fue la que enfrentó en 1966 a
Jesús Díaz con Ana María Simó, por un lado, y con Jesús Orta Ruiz (“el Indio Naborí”) por el otro. Ambas discusiones
giraron en torno al problema de las generaciones literarias en Cuba
revolucionaria, las ediciones “El puente” y su vínculo con la política y
también sobre la relación entre literatura revolucionaria, la “alta cultura”,
la vanguardia y la literatura populista77.
(e) Ya no en el terreno estético, sino en el
pedagógico, en 1966 Lionel Soto, Félix de la Uz y Humberto Pérez se enfrentaron
con Aurelio Alonso en torno a la utilidad o no de emplear manuales en la
enseñanza del marxismo78.
(f) Finalmente, en 1967 –año en que nace
Pensamiento Crítico- Aurelio Alonso se enfrenta con Lisandro Otero por las
opiniones de éste último en el primer editorial de Revolución y Cultura79.
Haciendo un balance sintético y de conjunto de
todas estas discusiones y confrontaciones -principalmente sobre las referidas
al arte- Roberto Fernández Retamar ha señalado que: “Simplificando los términos
de esas polémicas, que involucraban a artistas y al algunos funcionarios, sus
extremos podrían ser, uno (sobre todo el de algunos funcionarios), la
postulación de un arte más o menos pariente del realismo socialista; otro (el
de la gran mayoría de los artistas), la defensa de un arte que no renunciara a
las conquistas de las vanguardias”80.
’60 realizada por Aurelio Alonso (cuando era
director de la Biblioteca Nacional). La Habana, sin edit/ mimeo. Agradecemos
profundamente a Pablo Pacheco López el que nos haya conseguido y fotocopiado
este valiosísimo material que sin duda debería ser editado alguna vez en Cuba.
Agradecemos asimismo a Eliades Acosta (director de la Biblioteca Nacional) el
que nos haya permitido consultar algunos de estos materiales en la Biblioteca
Nacional de La Habana.
74 Cfr. el citado documento en la Gaceta de Cuba
N°23, 3/VIII/1963, las críticas “ortodoxas” de Mirta Aguirre en
Cuba Socialista N°26, X/1963 y E.García Buchaca, en
La Gaceta de Cuba N°28, 18/X/1963; las contrarréplicas de Jorge Fraga en La
Gaceta de Cuba N°28, 18/X/1963; T.Gutiérrez Alea en La Gaceta de Cuba N°29,
5/XI/1963 y J.García Espinosa en La Gaceta de Cuba N°29, 5/XI/1963. Las
opiniones de A.Guevara en Cine Cubano N°14/15 y
28 de 1963. Todas reunidas en la mencionada
recopilación de la Biblioteca Nacional.
75 En la Gaceta de Cuba N°31 y 33, de 1964.
76 En la Gaceta de Cuba entre los N°39 y 40 y en
Cultura N°15).
77 La primera polémica de Díaz con Simó vio la luz
en La Gaceta de Cuba entre los N°50 y 52 de 1966. La segunda entre Díaz y Orta
Ruiz se publicó en Bohemia en los N°29, 31 y 37 de 1966. Ambas reunidas en la
mencionada recopilación.
78 En Teoría y Práctica entre el N°30 y el 32,
1966.
79 En Juventud Rebelde, octubre de 1967.
80
Cfr.Roberto Fernández Retamar: “Hacia una nueva intelectualidad
revolucionaria en Cuba”. En Casa de las
Américas N°40. La Habana, enero-febrero, 1967
Sin
embargo, si las
recorremos en su
conjunto y si las
ubicamos en el
contexto histórico que atravesaba la revolución en los ‘60, aquella
disputa que bien señalaba Fernández Retamar se inscribía en un plano mayor. El
debate no era sólo estético, ni literario ni cinematográfico. Por supuesto,
tampoco era sólo académico. Era también político. Lo que se estaba discutiendo
abarcaba el rumbo estratégico de la revolución en su conjunto. En la política y
en la cultura. Entre “el sectarismo” político contra el cual arremetían Fidel
Castro y el Che Guevara y las posiciones “ortodoxas” en esas polémicas
estéticas e ideológicas había un hilo negro de continuidad. Por eso Jorge Fraga
pudo decir en su polémica 1963 con Mirta Aguirre que: “El «culto a la
personalidad» no es otra cosa que la fase superior del sectarismo”.
En otras palabras, el stalinismo no era más que la
lógica y correlativa prolongación política de las posiciones “ortodoxas” que en
el terreno de la ideología se hacían en defensa de la teoría del reflejo, del
realismo socialista, de los manuales soviéticos, de la estética normativa e
incluso del reclamo por que en Cuba no se pudieran ver todas las películas del
mundo. Y esas posiciones “ortodoxas” no eran más que la legitimación cultural
de aquellas posiciones políticas. No se pueden entender unas sin otras y
viceversa.
Lo sugerente del caso reside en que durante este
período de la revolución cubana tanto la posición “herética” como la posición
“ortodoxa”, tanto la que promovía un camino propio de socialismo como la que se
esforzaba por repetir el camino ya trazado por los soviéticos, discutían
abiertamente, sin medias tintas, sin eufemismos, sin esconder las diferencias
ni soslayar las discrepancias recíprocas.
Aun cuando esas múltiples polémicas (nunca
reeditadas, muchas veces desconocidas por las nuevas generaciones u “olvidadas”
por los más viejos) tuvieron alcances disímiles y se produjeron por motivos muy
variados, lo cierto es que observadas desde hoy en día y en perspectiva nos
hablan de una enorme vitalidad política de la revolución. ¿Por qué los que
presuponen -por ejemplo en las universidades argentinas- una homogeneidad lisa
y compacta de la revolución cubana desde 1959 a la fecha se siguen empecinando en
desconocerlas?
La revolución cubana produjo una extensión inaudita
de los circuitos de producción y consumo cultural creando un público ampliado
completamente nuevo. Por eso, aun sin pretender aplanarlas todas en un mismo
registro (borrando su especificidad propia) ese conjunto de polémicas involucró
cada vez a mayor cantidad de participantes. El marxismo dejó de ser entonces
(como soñaban Carlos Marx y sus compañeros) simplemente una teoría más entre
otras circulando y compitiendo en el mercado de las ideas de reducidos grupos y
capillas de intelectuales tradicionales (profesores, literatos, cineastas,
economistas, periodistas o pintores) para convertirse en una cultura de masas
involucrando en sus debates y discusiones a cientos de miles (cuando no a
millones).
Pensamiento
Crítico
La génesis de una
herejía
Sólo a partir de su inscripción en ese poblado
entramado de polémicas políticas y de discusiones ideológicas y en medio de ese
trastocamiento social general que produjo un nuevo e inédito
espacio ampliado de
los circuitos tradicionales
de consumo cultural
puede entenderse la génesis y el notable impacto que causó una
publicación que sin duda hizo época: la revista Pensamiento Crítico.
Expresado de otra manera: Pensamiento Crítico no
fue una excepción. No fue un rayo en el cielo de un mediodía luminoso. Por el
contrario, fue expresión de la rebelión que atravesó toda una época y, al mismo
tiempo, contribuyó a legitimar y potenciar esa misma rebelión. Como la
revolución cubana en su conjunto –de la cual quiso ser expresión teórica
lográndolo en gran medida- fue causa y efecto,
razón y consecuencia, al mismo tiempo. Fue una revista “hereje” porque la
revolución cubana también lo fue81.
Pensamiento Crítico no emergió del vacío. El
personal que la imaginó, la dirigió y le dio vida a lo largo de sus más de
medio centenar de números no pertenecía a los viejos cuadros marxistas
del comunismo cubano
anterior a la
revolución (el antiguo
Partido Socialista Popular-PSP). Tanto la revista como quiénes la hacían
nacieron a la vida política con la misma revolución cubana. Hasta por edad –no
sólo por ideología- pertenecían a una nueva generación del marxismo cubano.
La formación de un
equipo intelectual y el Departamento de Filosofía
Durante los años ’80 se puso de moda en la Academia
argentina y en otras academias latinoamericanas recurrir a la terminología del
primer Pierre Bourdieu (la noción de “campo”, contrapartida en su obra de la
noción de “habitus”) para explicar la génesis, desarrollo y consolidación de
los grupos intelectuales. Manipulando a piacere los textos de Bourdieu, los
intelectuales ex marxistas (pretensiosamente autodenominados “postmarxistas”)
legitimaban de este modo su aggiornamiento y su ingreso en la socialdemocracia.
“El gran error de los
‘60” –decían- “fue no respetar la profesionalidad
de los campos intelectuales. La política todo lo invadió”. Así, separando
tajantemente al “campo” intelectual del “campo” político fundamentaban su
conversión en burócratas académicos.
Haciendo hoy un balance de esa metodología de
estudio de historia de la cultura (que el último Bourdieu superó cuestionando
duramente al “homo academicus” y reclamando una politización de los
intelectuales) creemos que la misma no nos sirve para entender la revolución
cubana en general y el surgimiento de Pensamiento Crítico en particular. Porque
su plantel intelectual emerge, precisamente, del propio campo político. La
política, (sobre todo la revolucionaria) no es algo “externo” a la cultura. Es
parte de la misma cultura.
Dos instancias fundamentales convergieron entonces
para ir formando “espontáneamente” el equipo editor de la revista: la fundación
del Departamento de Filosofía de la calle K N°507 (dependiente de la
Universidad de La Habana) y el surgimiento de la página cultural El Caimán
Barbudo. Ambos procesos fueron un resultado político de la revolución cubana.
Los jóvenes miembros del Departamento de Filosofía
surgieron de un curso que se dio desde inicios de septiembre de 1962 al 31 de
enero de 1963. Durante cinco meses completos estuvieron poco más de 100
personas como alumnos, a tiempo completo y durmiendo en la escuela, saliendo
unas 30 horas los fines de semana, pasando una escuela interna de tipo
acelerado orientada a
formar instructores docentes
de filosofía y
de economía política marxista para la universidad. Se
hizo en La Habana. La mayoría eran alumnos procedentes de años superiores de
carreras universitarias.
El curso enseñaba el pensamiento de Marx, Engels,
Lenin y también otras materias auxiliares. Las asignaturas eran Materialismo
Dialéctico e Histórico, Historia de la filosofía, Historia universal, Historia
de Cuba, Economía política del capitalismo y Colonialismo y subdesarrollo. Los
profesores eran tres hispanosoviéticos: Luis Arana Larrea, que a su vez
81 El director
de Pensamiento Crítico recuerda: “Éramos lo que hoy se llamaría «heterodoxos»,
entonces se les llamaba «herejes». ¡Pero es que la Revolución Cubana era una
herejía! Es decir que no nos considerábamos herejes, sino que nos era natural
la posición que teníamos. De todos modos no para todo el que se llamara
marxista éramos dignos de aplauso. Había opiniones diferentes a las nuestras,
incluso algunas virulentamente diferentes a ellas”. Entrevista a Fernando
Martínez Heredia, La Habana, 19/I/1993. Recopilada en nuestro De Ingenieros al
Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Obra Citada.
había sido designado jefe del Departamento de
Filosofía de la Universidad de La Habana, Anastasio Mansilla que era el
profesor de Economía política y María Cristina Miranda que explicaba Historia
Universal. Los demás eran cubanos. El curso era consecuencia de la ley de
reforma universitaria, que se había puesto en vigor en enero de 1962 mediante
la cual se instituían las asignaturas de Filosofía Marxista (Materialismo Dialéctico e Histórico) y
Economía Política, obligatorias para los alumnos de todas las carreras de las
Universidades cubanas. Al terminar la escuela se hizo una selección entre los
más de cien alumnos que la hicieron. Fueron seleccionados 21 para Filosofía y
16 para Economía. El primero de febrero de 1963 empezaron como instructores.
Poco tiempo después, en 1964, Osvaldo Dorticós -por
entonces presidente- visita el Departamento
y realiza una
conferencia sobre los
problemas culturales y
sobre las aspiraciones en la
enseñanza. Una anécdota ilustra bien el “clima de época” en cuyo seno se formó
esta camada de jóvenes profesores. Después de su exposición los jóvenes
instructores le pidieron a Dorticós sugerencias y Dorticós les contestó:
“Bueno, ¿qué deben hacer? Yo no lo sé. Yo sólo les digo que hay que quemar el
océano. Ahora, cómo lo queman es un asunto de ustedes, lo tienen que descubrir
ustedes”.
Otra vez, en junio de 1966, Armando Hart –el
célebre ministro de la alfabetización- dio una conferencia en la Facultad de
Humanidades de la Universidad de La Habana. Allí planteó que: “En muchas
ocasiones hemos elaborado programas y planes de estudio de una manera formal y
muy limitada, porque el avance la Revolución ha producido tan grandes
transformaciones y perspectivas, que esas concepciones, reducidas y no
concretadas a la realidad que se aplicaban en el pasado y que aún persisten,
eran un fiel reflejo de los planes y programas de gabinete. Para determinar la
proyección de las carreras y los programas propios del desarrollo de la
Revolución no tenemos con quien hacerlo. Habrá que pensar en nosotros mismos,
es decir, en ustedes, porque ustedes tendrán que resolver en el futuro el
problema de la cultura y la orientación que ha de darse a los estudios que se
imparten en la
Facultad de Humanidades”82.
De modo que la herejía contra los caminos trillados
era una necesidad y un impulso de la propia dirección política de la
revolución, no un invento artificial de tres o cuatro intelectuales aislados.
El núcleo inicial del equipo se conforma entonces
con jóvenes militantes políticos que a su vez eran universitarios. Ya desde esa
primera formación encontramos elementos de diferenciación política e incluso de
distancia generacional frente a los instructores hispanosoviéticos83. De todos
ellos, quien más cercanía y significación tuvo para el grupo fue Arana84.
82 Cfr. Armando Hart Dávalos. En Juventud Rebelde,
25/VI/1966.
83 “Nosotros” –rememora Aurelio Alonso- “pasamos
esta escuela, si no recuerdo mal, en la segunda mitad del año ’62. Fueron seis
o siete meses internos. Aquí cerca, en Nuevo Vedado, en unas casas convertidas
en
escuelas. Finalmente el pequeño grupo que se fue
nucleando en torno al hispanosoviético que nos toca, que es
Arana, fue Jesús Díaz de la vieja guardia, Guevara
[hermano de Alfredo], Isabel Monal y entonces el nuevo grupo que pasó la
escuela con Arana, Fernando [Martínez], Rolando Rodríguez y yo. Esos seis
(Monal, Díaz, Fernando [Martínez], Guevara, R.Rodriguez y yo) fuimos el primer
consejo de dirección que tenía el Departamento de Filosofía bajo la dirección
de Arana. R.Rodriguez es quien luego sale como director del Instituto del Libro
[...] Arana no tenía una formación filosófica como para ser lo que Mansilla era
en economía. Yo creo que eso es importante porque la carencia de Arana nos
benefició a nosotros también. Si nosotros hubiéramos tenido un filósofo tan
sólido y dogmático en filosofía como Mansilla lo era en economía, posiblemente
hubiéramos salido una generación de dogmatiquitos incorregibles. Con nuestra
herejía tiene que ver Arana con su temperamento, con sus carencias, su
personalidad y sus capacidades, porque realmente él era un excelente psicólogo.
Él era un académico hecho y un hombre con lucidez. Nos dejó mucho espacio en el
plano teórico. Incluso, algo que me hace mucha gracia, yo recuerdo una vez una
respuesta de él, no sé qué discusión teníamos, y Arana -que tenía muy mal
carácter- nos dijo «bueno, ya ustedes también tendrán su
Junto al Departamento de Filosofía, la otra
instancia convergente fue El Caimán Barbudo. Primero fue una página cultural de
Juventud Rebelde. Luego surgió la posibilidad de que se hiciera un tabloide
grande, un mensuario cultural. La idea de El Caimán Barbudo nació
originariamente en las calles Prado y Teniente Rey y se empezó a organizar con
un grupo de jóvenes de un perfil artístico, de literatura, de poesía, de
crítica literaria y también de filosofía. Estaban entre ellos Jesús Díaz (su
director), Ricardo Jorge Machado, Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera,
Helio Orovio y algunos más. Fernando Martínez Heredia fue uno de
los cofundadores, aunque
no formaba parte
del staff. En
febrero de 1966
nació entonces dentro de Juventud Rebelde como mensuario.
En
forma paralela al
Departamento de Filosofía
y a El
Caimán Barbudo, debe atenderse a
la génesis del
Instituto del Libro.
Rolando Rodríguez y
Fernando Martínez Heredia
(director y vicedirector -respectivamente- del Departamento de Filosofía desde
los meses finales de
1965) fueron nombrados
director y vicedirector
de Ediciones Revolucionarias, organismo
editorial que nació
por iniciativa de
Fidel Castro el
7 de diciembre de 1965 y se
encargó de toda la tarea editorial hasta que fue convertido en el Instituto
Cubano del Libro a partir del 1 de septiembre de 1966. Rolando Rodríguez fue
nombrado su Director mientras Fernando Martínez quedó entonces como Director
del Departamento de Filosofía y colaborador del Instituto del Libro en lo que
atañe a su Editorial de Ciencias Sociales. Es precisamente en esta época cuando
el Instituto del Libro traduce y publica a A.Gramsci, L.Althusser, S.Freud, M.Weber,
C.Levi-Strauss, H.Marcuse, G.Lukács y a J.P.Sartre entre muchísimos otros
autores. Ediciones cubanas que rara vez aparecen en las referencias académicas
latinoamericanas cuando se citan las primeras traducciones de estos autores al
español...
Allí no se detuvo la incidencia de este grupo
intelectual, ya que muchos de los materiales que no se incorporaban en
Pensamiento Crítico se publicaban en Referencias (de la cual salieron más de
una decena de números monográficos tan extensos como los de Pensamiento
Crítico), también alentada por Fernando Martínez y editada bajo la dirección de
José Bell Lara –uno de los más jóvenes de todo el grupo- por el Partido
Comunista de la Universidad de la Habana.
El Departamento de
Filosofía y la pedagogía del marxismo
En 1966, en el II Encuentro Nacional de profesores
de Filosofía, el Departamento de Filosofía
instituyó la Historia
del Pensamiento Marxista
como su asignatura
básica, expresando con esta decisión no sólo una concepción pedagógica
sino también una posición determinada dentro del debate general acerca de las
diferentes líneas filosóficas del marxismo.
estalinismo. Estos son mis dogmas pero ustedes van
a hacer los suyos». Y nos dijo eso aunque al mismo tiempo era un tipo muy
crítico de Stalin”. Entrevista a Aurelio Alonso, La Habana, 22/II/2001.
84 “A su
modo María Cristina Miranda” –nos comenta Fernando Martínez- “tenía muy buenas
relaciones con todos, tenía la pasión de una comunista española que quería
enseñar lo más posible una historia desde una interpretación materialista de la
historia. Anastasio Mansilla venía persuadido de la dialéctica en El Capital de
Marx y
la explicó formando
a la gente
que le tocó.
En Filosofía Luis
Arana que era
un hombre muy
experimentado en la psicología. Incluso como
docente de la Universidad de Moscú él tenía
laboratorio y
seminario con alumnos del último año sobre
psicología experimental en la línea de Luria, seguidor a su vez de Leontiev.
Cumpliendo su deber como miembro del PC español y a la vez ciudadano soviético
se enfrentó con la realidad cubana, a mi juicio muy bien, porque enseñaba lo
que entendía que era el materialismo dialéctico e histórico y a la vez
respetaba la actitud política e ideológica de los alumnos que a veces teníamos
opiniones incluso opuestas a las de él, no sólo distintas. No era precisamente
simpático pero sí sumamente respetado”. Entrevista a Fernando Martínez, La
Habana, 19/II/2001.
Dicha disciplina estructuraba el programa de
estudios filosóficos por el cual pasaban los estudiantes de todas las carreras
universitarias en unidades históricas. Estaba organizado de la siguiente
manera: (I) El pensamiento de Marx (subdividido desde 1.-“las circunstancias
sociales de aparición del marxismo” hasta 9.-“El pensamiento de Marx y la
filosofía”); (II) Algunos aspectos del pensamiento de Engels (subdividido desde
1.-“La colaboración de Engels con Marx” hasta “el pensamiento de Marx en los
escritos de Engels”; (III) El marxismo y la Segunda Internacional (subdividido
desde 1.-concepción marxista y política socialdemócrata hasta 9.- Rosa
Luxemburgo, Lenin y Trotsky; (IV) Lenin...etc,etc. Como se puede fácilmente
observar, el orden lógico de estudio respondía en este programa a la sucesión
histórica, además de analizar en detalle y uno por uno a Marx, a Engels, a
Lenin, etc., en lugar de abordarlos ahistóricamente como partes indistinguibles
de un sistema metafísico acabado y cerrado.
En reemplazo de la clásica forma-manual85, el
Departamento de Filosofía elaboró Lecturas de Filosofía, compilación dirigida a
la pedagogía masiva de la juventud en la nueva Cuba socialista. En tiradas de
14.000 ejemplares, tuvieron dos ediciones.
En la primera edición, de 1966, se compilaban
capítulos de diversos autores, cubanos (Fidel, el Che, Jesús Díaz, etc), del
marxismo occidental (Gramsci, Althusser, Régis Debray, Paul Sweezy, Manuel
Sacristán, etc), soviéticos (Leontiev, Polikarow, Meliujin), y también
discursos de Amílcar Cabral y artículos de Einstein, además de fragmentos de
Marx, Engels y Lenin. La estructura general difería en gran medida de los
manuales soviéticos y respondía a cuatro ítems: (I) El hombre, la naturaleza,
la sociedad, (II) El materialismo histórico -donde se incluían materiales
específicos sobre Cuba, América Latina y el Tercer Mundo, ausentes en los
soviéticos-, (III) La teoría del reflejo -en el que se discutían las tesis de
Pavlov- y (IV) La teoría del conocimiento -entre otros, se analizaban trabajos
de Einstein-. Finalmente historia de la filosofía.
En la segunda edición, en dos tomos, el planteo
divergente con la doctrina del DIAMAT se radicalizaba y se explicitaba aún más.
Seguía estando al comienzo “Hombre, naturaleza y sociedad”, pero inmediatamente
después se pasaba al primer plano del estudio histórico de la filosofía -que en
la edición anterior aparecía recién tímidamente al final-. Se agregaba aquí el
análisis de la filosofía en Cuba, un gesto ausente en el resto de las empresas
pedagógicas: es decir, el intento de partir de la propia historia y de la
propia experiencia del sujeto-lector para construir el conocimiento. Luego se
pasaba al materialismo histórico, donde a los textos de A.Gramsci, P.Sweezy y
L.Althusser se les agregaba ahora Maurice Godelier y Michael Löwy. Además se
incluían provocativamente 260 páginas sobre los problemas de la revolución en
los países subdesarrollados (con textos del Che Guevara, Bell Lara, Gunder
Frank, Sartre, Hanza Alavi y Régis Debray, casi todos publicados en Pensamiento
Crítico) y de la transición al socialismo (con trabajos del mismo Che y varios
cubanos). Estas largas 260 páginas terminaban sugestivamente con una serie de
artículos del periódico Granma titulados “contra el burocratismo”. Algo más que
una sugerencia política. Los dos tomos finalizaban pues con “El ejercicio de
pensar” del director de Pensamiento Crítico Fernando Martínez, con la polémica
crítica de los manuales entre Aurelio Alonso -también de la revista- y Lionel
Soto y finalmente, con un artículo de Hugo Azcuy86.
85 Sobre la génesis histórica que condujo a la
cristalización de la forma-manual (fundamentalmente en la URSS, pero no sólo
allí pues también impregnó en occidente al althusserianismo y sus célebres
manuales de Marta Harnecker y al trotskismo con los de George Novack) en la
historia de la pedagogía del marxismo durante el siglo XX, cfr. nuestro Marx en
su (Tercer) mundo. Bs.As., Biblos, 1998. Capítulo III: “La consolidación del
DIAMAT y la batalla de los manuales”.pp.43-54.
86 AA.VV.: Lecturas de Filosofía. La Habana,
Universidad de La Habana-Departamento de Filosofía, 1966 [primera edición de un
solo tomo]; Lecturas de Filosofía. La Habana, Instituto del Libro, 1968
[segunda edición de dos tomos, que en total contenían 796 páginas]. El Tomo I
de esta segunda edición fue editado en enero de 1968 y el II en junio
de 1968. La tercera edición fue tres años posterior
a la segunda edición. Tenía igualmente un solo tomo y 553
Esta pedagogía del marxismo, desarrollada desde la
historicidad y la crítica de toda sistematización metafísica, no pasó
desapercibida para los partidarios de los clásicos manuales de la Academia de
Ciencias de la URSS. Tuvo entonces lugar una polémica desarrollada en la
revista Teoria y Práctica87 sobre el uso
o no de manuales en la enseñanza de la filosofía y del marxismo. Esta polémica
constituye sin duda uno de los debates más importantes que se produjeron entre
los revolucionarios a nivel mundial sobre la enseñanza de la filosofía en
general y del marxismo en particular (sus términos –creemos- siguen en la
actualidad vigentes. Sobre todo cuando hoy, en las academias latinoamericanas,
muchos profesores caen seducidos ante la pedagogía ahistórica de la filosofía
analítica anglosajona o del pensamiento posmoderno francés). Esa polémica
sintetizaba y resumía la metodología implícita en que se apoyaban los manuales
del DIAMAT. Por ejemplo Aurelio Alonso, luego de reconocer que “muchos de los
que así pensamos nos iniciamos en el estudio del marxismo a través de manuales.
Y esto nos sitúa quizás en las mejores condiciones para una actitud crítica,
para comprender hasta qué punto pueden ser deformadores los esquemas”,
identificaba esa metodología del siguiente modo: “Citar, interpretar y
justificar con ejemplos. Este es el método del manual. Rompe con el criterio
histórico para retornar al criterio absoluto que Marx había desechado. Sólo que
lo que ahora se absolutiza son las tesis de los que liquidaron precisamente ese
criterio. El manual contribuye a que surja una nueva metafísica, de la cual
responsabiliza a Marx, Engels y Lenin”. En su segundo artículo del debate,
Humberto Perez y Félix de la Uz, compartiendo en un todo las posiciones en
defensa del manual de Lionel Soto en la polémica, explicitaron su metodología
como nunca antes se habían animado a hacer los soviéticos: “Nosotros nos hemos
decidido por el método que pudiéramos calificar de lógico, opuesto al histórico
que se nos propone”88.
De lo que se trataba, en último término, era de
analizar la historia de la filosofía y del marxismo no
a partir de
un canon universal
clasificatorio ahistórico (o
idealistas o materialistas...)
sino a partir de la historia. Un buen ejemplo de este abordaje lo constituye
por ejemplo, el prólogo de Aurelio Alonso a Historia y conciencia de clase de
Lukács, donde Alonso señala, en lugar de definir apriori como “ortodoxo” o
“revisionista”, “materialista” o “idealista” a Lukács, que: “La posición de Lukács
se enmarca por coordenadas teóricas y ocurre en un momento de características
muy especiales que no pueden dejar de reconocerse”. Gran parte
páginas: Lecturas de pensamiento marxista. La
Habana, Instituto del Libro [Ediciones Revolucionarias], abril de
1971. Este tercer tomo nunca llegó a salir de la
imprenta donde la edición fue destruida.
87 Cfr.Teoría y Práctica N°28, 30, 31 y 32, La
Habana, 1966-1967.
88 Cfr.
Aurelio Alonso: “Manual... o no manual. Diálogo necesario”. En Lecturas de
Filosofía. Tomo II.p.756 y
759-760. Cfr. Humberto Perez y Félix de la Uz:
“Contribución a un diálogo. Nuevamente sobre los manuales”. Op.Cit. p.772. La
introducción de Lionel Soto (“¿Contra el manualismo? ¿Contra los manuales? o
¿Contra la enseñanza del marxismo-leninismo?”) al artículo de H.Pérez y F. De
la Uz no se reproduce en Lecturas de Filosofía, probablemente porque su tono de
reproche y amonestación política obstaculizaba la posibilidad de realizar una
serena discusión teórica entre ambas posiciones en disputa. Puede consultarse
esa introducción en AA.VV.: Cuba: Una revolución en marcha [selección de
Francisco Fernández-Santos y José Martínez]. Op.Cit. p.314.
“Hubo un momento” –sostiene A.Alonso- “en que
propiamente cada profesor tenía su
programa propio. Yo me acuerdo de un programa mío que empezaba abordando
un tema de la dialéctica inorgánica, después la naturaleza orgánica, el origen
de la vida, las teorías del evolucionismo, el origen del hombre, el origen del
pensamiento entonces después de eso entraba el tema de la teoría del
conocimiento. De allí que me planteaba a partir del origen histórico del
pensamiento la teoría del conocimiento. Y después no me acuerdo qué seguía...,
pero trataba de seguir un curso paralelo al curso de la evolución universal y
después surgió la idea –creo que más de Fernando [Martínez Heredia] que de
otros- de la necesidad del estudio de la perspectiva histórica. Ese fue quizás el
fruto mayor de madurez nuestro. Es decir, no tratar de constituir un sistema
alternativo, de ordenar el descubrimiento marxista en el campo filosófico, de
creer que se podía ordenar en un sistema alternativo del que te daban los
manuales sino simplemente de explicarlo en una perspectiva histórica. Es decir
explicar el origen del marxismo y su evolución desde un punto de vista
histórico, históricamente. Y pienso que ese fue realmente un resultado de
madurez”. Entrevista a Aurelio Alonso. La Habana, 22/II/2001.
del prólogo estaba encaminado a explicitar
precisamente esas coordenadas y la evolución histórica del pensamiento político
y filosófico de Lukács a partir de las mismas.
Pero el interés del Departamento de Filosofía no
podía limitarse a un radio de intervención
puramente “filológico” o
“académico” (como sucede
en cualquier país capitalista, donde la más mínima
incursión de la filosofía fuera de la órbita académica permitida y tolerada por
el poder resulta severamente castigada con sanciones que van desde lo administrativo hasta
el secuestro y
la desaparición. Los
pensadores argentinos desaparecidos
son una clara prueba de ello...). En el seno de la revolución cubana el estudio
y el ejercicio de la filosofía del marxismo no podía limitarse a la academia, a
riesgo de morir antes de nacer. Se trataba entonces no sólo de pensar y estudiar sino también de
vivir políticamente la filosofía marxista, descentrando el carácter
especulativo e inofensivo que ésta
asumía cuando era
cooptada en las
academias occidentales europeas
(el caso del marxismo anglosajón es quizás la máxima
expresión actual de este fenómeno como en los ’60 lo fue el francés y el
italiano) o cuando se convertía en doctrina metafísica legitimante en los
países del Este.
Ese intento por
vivir la filosofía del
marxismo y no sólo
“estudiarla y repetirla” llevó a
estos jóvenes cubanos a vincularse con numerosos revolucionarios
latinoamericanos89.
Uno de ellos, Carlos Fonseca (fundador del Frente
Sandinista-FSLN de Nicaragua), era un asiduo lector de Pensamiento Crítico.
Cuando estuvo en La Habana trabó relación con Fernando Martínez Heredia, el
director de la revista. Otro de ellos, el revolucionario - integrante del ERP
de El Salvador- y poeta Roque Dalton (quien publicó en Pensamiento Crítico N°48
su célebre investigación sobre la insurrección salvadoreña de 1932) en su
colección de poemas y ensayos Un libro rojo para Lenin se explaya sobre el “círculo
de estudios sobre Lenin y sobre Marx” de revolucionarios salvadoreños dirigidos
en La Habana por “este profesor que aclara su voz tosiendo de una manera
rarísima, operación que repetirá cada cinco minutos” (alusión humorística a su
amigo Fernando Martínez)90. En la dedicatoria de su célebre poema “Taberna”,
escrito en Praga, Dalton incluye además de a la argentina Alicia Eguren
(compañera de John William Cooke), a Régis Debray, a Elizabeth Burgos, a
Saverio Tutino y a José Manuel Fortuni, al miembro del Departamento de
Filosofía Hugo Azcuy y al miembro de Pensamiento Crítico Aurelio Alonso,
quienes estaban en aquel momento junto a Dalton en Praga91.
Su descentramiento del marxismo escolástico y
especulativo de la filosofía académica no sólo los condujo entonces a
vincularse políticamente con revolucionarios de otros países
89 Por
ejemplo, recuerda Aurelio Alonso que: “Cuando fue lo de la OLAS y la
Tricontinental hubo bastante relación con gente que vino como por ejemplo con
Turcios Lima [comandante de las FAR de Guatemala]. Nosotros nos vinculamos con
algunos de los revolucionarios más importantes. Y ya como nosotros éramos un
Departamento «herético» entonces Turcios tuvo una sesión como de tres o cuatro
horas con nosotros...haciendo historia de la guerrilla y sobre todo
respondiendo preguntas nuestras, un conversatorio que fue muy bueno...y al
final él nos dijo: «Bueno, miren, me habían dicho varias veces que me tenía que
reunir con el grupo de Departamento de Filosofía de la universidad y yo me
preguntaba ‘¿qué carajo tenía que ver yo con el grupo del Departamento de Filosofía?’,
estaba pensando en que me iban a hablar de Kant..., de Hegel..., al final vine
porque me habían insistido tanto...y entonces me doy cuenta de que esto no es
nada de lo que yo había pensado». Realmente creo que a nosotros la OSPAAL y la
OLAS nos sirvieron para ampliar el espectro de relaciones. En cierta forma
Pensamiento Crítico es también una hija de esos contactos”. Entrevista a
Aurelio Alonso, La Habana, 22/II/2001. No resulta casual que el N°15 de
Pensamiento Crítico haya estado dedicado a Guatemala y allí se reprodujeran
trabajos de Turcios Lima y Yon Sosa.
90 Cfr. Roque Dalton: Un libro rojo para Lenin. [La
Habana, 1970] Managua, Edit.Nueva Nicaragua, 1986. p.32-39.
91 Cfr. Roque Dalton: Taberna y otros lugares. [La
Habana, Casa de las Américas, 1969]. El Salvador, UCA, 1989. p.123.
latinoamericanos. También los impulsó a estrechar
la relación con los máximos dirigentes de la revolución cubana como Manuel
Piñeiro Losada (Barbarroja) y el mismo Fidel Castro92.
Pensamiento
Crítico
Crítica desde la
revolución y
Revolución desde
la crítica
Pensamiento Crítico no nace entonces del vacío.
Resulta punto de llegada de toda esa gama de procesos ligados a las polémicas
políticas y culturales de los ’60, a la génesis del Departamento de Filosofía,
de El Caimán Barbudo, del Instituto del Libro, a la relación de los jóvenes
revolucionarios cubanos con otros jóvenes, en este caso, revolucionarios
latinoamericanos y al férreo compromiso de sus integrantes con la dirección
política de la revolución cubana.
Su primero consejo de redacción estuvo integrado,
bajo la dirección de Fernando Martínez Heredia, por Aurelio Alonso Tejada,
Jesús Díaz, Thalía Fung y Ricardo Jorge Machado, quienes, en su primer
editorial, sostenían que su objetivo consistía en “contribuir a la
incorporación plena de la investigación científica de los problemas sociales a
la Revolución” mientras, al mismo tiempo, dejaban sentado su particular modo de
concebir la unidad entre la teoría y la práctica. Contra el eurocentrismo que
intentaba convertir a cada
92 “Ya desde el Departamento de Filosofía” –sigue
recordando A.Alonso- “teníamos vínculos con Piñeiro. Cuando Fidel empezó a
visitar el Departamento, Piñeiro también empezó a visitar el Departamento. En
una ocasión Fidel estaba hablando en la Plaza en la Universidad de La Habana.
Por entonces unos profesores de economía que lideraba Mansilla habían empezado
a criticar a Fidel en las clases diciendo que la dirección política de la
revolución cubana no conocía El Capital. En la plaza estaban Jesús Díaz y Ricardo
Jorge Machado, no sé si alguien más, y parece que mientras Fidel estaba
hablando no sé si Machado o Jesús, creo que Machado, hace dos o tres preguntas
a Fidel y Fidel se da cuenta que eran
muy lúcidas. Entonces se vira y le dice: «¿y tú quién eres? ¿tú qué haces?» y
Machado le dice: «yo enseño filosofía marxista». Y Fidel le dice:
«Ah, filosofía marxista...está bien...» entonces
Fidel sigue hablando de otra cosa. Como a la media hora se vira para Machado.
Hace un silencio allí, como que se le acaba el tema de lo que quería decir,
entonces mira a Machado otra vez y le dice: «¿Así que tú eres uno de esos
sabios profesores de marxismo de la Universidad que anda diciendo que yo no
conozco El Capital y que los dirigentes cubanos no conocen El Capital y que no
dominan el marxismo...?». Entonces Machado le dice: «No comandante, eso no es
cierto. En primer lugar nosotros no somos ni sabios ni profesores». Y entonces
Fidel le dice: «Sí chico, no me digas que no. Se creen que son sabios y
entonces andan diciendo por allí que ustedes son los que saben...». Y Machado
de nuevo levanta la voz y le dice: «No comandante, no somos ni sabios ni
profesores. Nosotros estamos tratando de aprender. Usted debe tener una visión
equivocada de otra gente». Entonces allí se produce un careo y a Fidel después
le vuelven a preguntar de otro tema. Más tarde Fidel le pregunta: «¿Ustedes
dónde están?» y Machado le dice: «Nosotros estamos en la calle K N°507 en el
Departamento de Filosofía...». Entonces como un día o dos días después Fidel se
apareció allí. Y se creó una relación. Fidel estuvo muchas veces. A veces avisaban,
iba alguien antes, iba el presidente de la FEU o iba el secretario de la UJC de
la Universidad o alguien decía: «No se vayan de aquí que es posible que tengan
una visita». Entonces Fidel se aparecía. Otras veces, sorpresivamente, se caía
de repente a las 11 de la noche...puertas de carro que se cerraban y era Fidel.
Eso se vivió entre 1965 y 1966. Hablábamos de los temas más diversos. También
muchas veces íbamos al cine, a la una de la mañana. Él nos decía «Vamos a ver
unas películas». Entonces llamaba a Alfredo Guevara. Y nos aparecíamos en el
ICAIC, en una salita de proyecciones y nos sentábamos a ver dos o tres
películas, hasta las tres o las cuatro de la madrugada y después nos
despedíamos. O sino se aparecía con un libro o una enciclopedia y nos decía:
«¿qué posición tiene?». De allí surgió el Instituto del Libro, de hacer un
sistema de ediciones que fue primero Ediciones Revolucionarias, tenía la “R” y después el Instituto del
Libro. Y él nos decía «Yo necesito que ustedes hagan esto...» o «Necesito que
ustedes editen esto». Ahí fue cuando Rolando Rodríguez que era en ese momento
director del Departamento (fue sucesor de García Galló, que había sido sucesor
de Arana...) asume la tarea de empezar a hacer las ediciones con un grupo de
gente del Departamento”. Entrevista a Aurelio Alonso, 22/II/2001.
nueva experiencia revolucionaria simplemente en una
mera repetición lógico-mecánica de la experiencia y los cánones anteriores,
ellos replicaban que “las teorías surgen o se desarrollan en el análisis de las
situaciones concretas”. Paralelamente, contra el empirismo y el pragmatismo de
los que pretendían simplemente atenerse a los hechos y a la práctica del día a
día, argumentaban que “la formación teórica es indispensable a los
investigadores”. Terminaban explayándose sobre el modelo que ellos presuponían
de lo que debería ser un intelectual revolucionario: “El intelectual
revolucionario es, ante todo, un revolucionario a secas, por su posición ante
la vida; después, aquel que crea o divulga según su pasión y su comprensión de
la especificidad y el poder transformador de la función intelectual. Si la
primera condición existe le será fácil coincidir con la necesidad social”.
Ya desde ese primer número aparece la defensa de la
lucha armada desde un punto de vista teórico. De allí que nos encontremos con
la reproducción de un artículo crítico del “foquismo” –término habitualmente
utilizado en la izquierda latinoamericana para polemizar contra la estrategia
de la revolución cubana- escrito por el peruano Américo Pumaruna (publicado
originariamente en la revista de izquierda norteamericana Monthly Review)
precedido de una ácida impugnación de los editores frente a este tipo de críticas
superficiales (realizadas en nombre del “marxismo”) contra los revolucionarios
que se levantan en armas en América Latina. Resulta sugerente que ya desde esta
primera introducción al artículo de Pumaruna los editores de Pensamiento
Crítico ponen en discusión la idea según la cual la lucha armada
latinoamericana es hija únicamente del marxismo, pues, señalan, que ya Villa
en México y Sandino en
Nicaragua habían iniciado
esta tradición aunque
todavía no estuvieran munidos de
la metodología y la ideología marxista.
La gráfica de este primer número resulta igualmente
sintomática. Tanto en la tapa, en la contratapa como en la separación de cada
artículo con el siguiente aparecen dibujos de ametralladoras, fusiles e incluso
las instrucciones para el armado de una bomba molotov.
En consonancia con el Che, quien había señalado en
su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental” que el
escenario principal de la lucha antiimperialista mundial estaba dado en los
tres continentes del Tercer Mundo, así también los tres primeros números de
Pensamiento Crítico estuvieron dedicados a América Latina (N°1, centrado en
Colombia, Perú, Venezuela, Guatemala), al África (N°2/3, con artículos sobre
Ruanda, Argelia, Guinea portuguesa y el Congo, entre otros) y al Asia (el N°4,
con ensayos sobre Vietnam y sobre las
repercusiones de la guerra de Vietnam en el movimiento negro de Estados
Unidos). Ese centro de interés provino de una decisión adrede. Por eso el
editorial del N°4 sostenía: “Hemos dedicado la parte temática de nuestros tres
primeros números a problemas
revolucionarios de América
Latina, África y
Asia. Pero de
acuerdo a los propósitos generales de la publicación
habrá siempre en Pensamiento Crítico artículos dedicados al mundo más
inmediatamente nuestro, al mundo del subdesarrollo y de la Revolución
antimperialista”.
De este modo, Pensamiento Crítico nacía como
expresión teórica de una revolución que rompía política y culturalmente con el
eurocentrismo, de tan arraigada presencia en la izquierda tradicional
latinoamericana (recién años más tarde... comenzará a analizarse en los
medios académicos europeos
y latinoamericanos la
ruptura que el
propio Marx había realizado en su época con el
eurocentrismo del Manifiesto Comunista). La perspectiva tercermundista crítica
del eurocentrismo no se agotó, obviamente, en los tres primeros números. Sólo
con recorrer someramente la lista de teóricos, dirigentes e investigadores
latinoamericanos publicados a lo largo de la revista (Camilo Torres, Ernesto
Guevara, Fidel Castro, Aníbal Quijano, Roque Dalton, León Rozitchner, Theotonio
Dos Santos, F. H. Cardoso, C.Marighella, Luis A.Turcios Lima, M.A.Yon Sosa,
Carlos Lamarca, J.W. Cooke, Eduardo Galeano, J.A. Mella, G. Selser, Fernando
Birri, Luis Vitale, Ariel Collazo, Fabricio Ojeda,
Sergio Bagú, Darcy Ribeiro, Ruy M. Marini, Tomás
Vasconi, José Nun, G. P. Charles, F. Weffort, Juan Pérez de la Riva, Michael
Löwy, Antonio García, Paulo Schilling, entre muchísimos otros) podemos apreciar
el lugar privilegiado que Pensamiento Crítico le dedicó a la intelectualidad
continental, lo cual no era –ni lamentablemente lo es tampoco en nuestra época-
algo común en las publicaciones de izquierda.
Por otra parte, a lo largo de su existencia la
revista continuó dedicando varios números monográficos a la problemática del
subdesarrollo latinoamericano, a la dependencia y al análisis del imperialismo
(en este caso los N°29 y 44), así como también dedicó números completos
especiales a países del Tercer Mundo: N°15 (Guatemala); N°31 (Cuba); N°32
(Sudáfrica); N°33 (Vietnam); N°37 (Brasil); N°39 (Cuba); N°40 (Palestina); N°45
(Cuba93); N°46 (Brasil); N°48 (El Salvador) y N°49/50 (Cuba)94. Tomando en cuenta
el clima de aguda disputa política que marcó al movimiento comunista
internacional en los años ’60 (atravesado por la polémica chino-soviética)
resulta notable que la revista no le dedicara ningún número especial ni a China
ni a la Unión Soviética, quizás con las excepciones del N°10 centrado en la
revolución bolchevique de 1917 donde se reproducen textos de Lenin y de Antonov
Ovseenko (quien dirigió la toma del Palacio de invierno en 1917) y del N°38
centrado en la figura y en los trabajos teóricos y políticos del último Lenin.
Pero en ninguno de los dos números aparecen textos de dirigentes o profesores
soviéticos de años posteriores a la muerte de Lenin.
A lo largo de todos sus números encontramos un por
momentos difícil equilibrio entre: (a) la actualización teórica de las
publicaciones europeas y norteamericanas, (b) el debate teórico entre
los intelectuales y
políticos revolucionarios latinoamericanos y
(c) la intervención política
continental (desde orientaciones que privilegiaban, como quedó expresado por
ejemplo en la OLAS, las posiciones en defensa de la lucha armada).
Seamos claros. Todo esquema es unilateral. Todo
esquema fija, determina, solidifica lo fluido, detiene los procesos y, por lo
tanto, resulta invariablemente unilateral. Sin embargo,
¿cómo dar cuenta en un corto ensayo de más de medio
centenar de números de una revista
93 Este N°45
de octubre de 1970 traía un poster en blanco y negro (diagramado por Navarrete,
el tercero de los diagramadores de la revista) con la leyenda “¡Che vive!” y un
dibujo del Che –el mismo que la revista reproducía en su tapa- rodeado de
pequeñas estrellitas de cinco puntas. En la parte inferior el poster tenía una
foto de tropas de represión con casco, máscaras de gas y armas largas
intentando reprimir una manifestación. Debajo de todo decía: “Pensamiento
Crítico, La Habana, Cuba”).
94 En el
caso que a nosotros nos interesa, no hubo ningún número monográfico especial
dedicado a la Argentina aunque sí artículos sueltos en varios números (sobre
los militares argentinos, sobre los sociólogos argentinos y la
injerencia norteamericana, sobre las guerrillas). A
pesar de que en su N° 12 Pensamiento Crítico editó el histórico artículo de
León Rozitchner “La izquierda sin sujeto” (publicado originariamente en
Argentina en el N°9 de La Rosa Blindada para polemizar –sin mencionarlo- con el
artículo de John William Cooke “Bases para una política cultural
revolucionaria” [N°6 de La Rosa Blindada]) la mayoría de las referencias a la
política argentina que aparecen en Pensamiento Crítico están centradas en el
peronismo. Rara vez aparece una referencia a alguna de las muchas
expresiones de la izquierda revolucionaria
argentina no peronista. Por ejemplo, en el N°21 se publica póstumamente
un artículo de John William Cooke titulado “El
peronismo y la revolución”, a modo de homenaje por su fallecimiento. En el N°40
aparece una entrevista del uruguayo Carlos María Gutiérrez de Marcha al general
Perón: “Diálogo con Perón sobre la Argentina ocupada”. En el N°48 aparece lo
más sugerente de todas las referencias políticas a nuestro país: “Argentina:
con las armas en la mano”, una serie de cuatro entrevistas a organizaciones
guerrilleras argentinas realizadas por el periodista de Prensa Latina Héctor
V.Suárez. Los entrevistados pertenecían a Montoneros, FAR, FAP y FAL. De las
cuatro, tres se declaran peronistas, menos las FAL que se definen como
marxistas-leninistas. Resulta notorio y al mismo tiempo curioso que ni en las
entrevistas ni en la introducción del redactor aparezca aunque sea una sola vez
–siquiera mencionado...- el PRT-ERP (de filiación guevarista no peronista y
fervientemente partidario de la revolución cubana), ya por entonces en
operaciones, corriente que se constituiría en una de las dos organizaciones
revolucionarias armadas argentinas más poderosas (junto a Montoneros).
Finalmente, en el N°52 aparece una entrevista a Casiana Ahumada, compañera de
Juan García Elorrio, directora de la conocida revista argentina Cristianismo y
revolución tras la muerte de su compañero.
mensual que nunca bajó de las 150 páginas?95.
Aunque sumamente limitado, no queda otro remedio que la parcelación abstracta y
la distinción analítica. Aun cuando ello implique evidentemente una pérdida de
la riqueza y de la pluralidad de temáticas abordadas durante cinco años de
publicación.
Si tuviéramos entonces que sintetizar de algún modo
los ejes teóricos y políticos alrededor de los cuales giran los 54 números de
Pensamiento Crítico creemos que se pueden distinguir como mínimo seis
problemáticas (íntimamente interrelacionadas):
(1) La discusión historiográfica en torno al pasado
de América Latina y de Cuba.
(2) El debate en torno al presente sobre las
estructuras sociales, económicas y políticas de las formaciones sociales
latinoamericanas en aquel momento (segunda mitad de la década del
’60)
(3) La polémica sobre el carácter de la futura
revolución latinoamericana
(4) La disputa más general sobre el socialismo, la
revolución cultural y sus instrumentos teóricos, metodológicos
y filosóficos del
marxismo, necesarios para
abordar los tres problemas anteriores
(5) La crítica a la izquierda tradicional
(6) El análisis y la difusión de materiales
teóricos y políticos de las opciones anticapitalistas y antiimperialistas a
nivel continental y mundial (es decir, internacionalistas), alternativas a la
línea soviética.
Si observamos desde un ángulo macro estos varios
ejes que articulaban la línea general editorial de la revista, veremos lo
limitado de atribuir a Pensamiento Crítico una única dimensión: la crítica de
la posición soviética (cuando nos referimos a “la crítica de la posición
soviética” -que muchos denominaron durante años como “antisovietismo”- no nos
estamos refiriendo a la
revolución soviética de
1917 dirigida por
Lenin, sino a
la trágica burocratización que
sufrió esa revolución tras la muerte de su principal dirigente y, sobre todo, a
partir de los años ’30). Esta crítica, evidentemente, existió. Es innegable.
Pero no fue la causa ni el punto de arranque del abordaje del resto de los
temas, perspectivas y líneas ideológicas que impregnaron el emprendimiento de
Pensamiento Crítico. En todo caso, esa crítica fue el punto de llegada, no la
causa, sino el resultado de toda una serie de divergencias previas con la
cultura política de la izquierda tradicional que, por entonces (aunque para un
joven lector de nuestros tiempos resulte paradójico o hasta incomprensible...),
se había atribuido la propiedad oficial de la “ortodoxia del marxismo” en
América latina y a nivel mundial.
La historia
latinoamericana
Pensamiento Crítico dedicó al primer problema
focalizado en la discusión sobre el pasado de la sociedad latinoamericana,
fundamentalmente anterior a la independencia, el N°27 (Luis Vitale: “España
antes y después de la conquista de América”; Sergio Bagú: “La economía de la
sociedad colonial” y André Gunder Frank: “La inversión extranjera en el
subdesarrollo latinoamericano”). La conclusión de todo este número
(probablemente armado
95 En su
extensa edición Pensamiento Crítico nunca contó con menos de 150 páginas,
aunque habitualmente incluyó 224 (siete pliegos de 32) y llegó -en el N°24/25
sobre el ’68 francés- a tener cerca de 300 páginas o incluso -en el N°39 sobre
la revolución cubana del ‘33- 432 páginas. Costaba 40 centavos (cubanos) por
ejemplar. Del primer número se editaron 4.000 ejemplares, luego se pasó a 8.000
y 10.000 y llegó al número mayor que fue de 15.000 ejemplares. La revista tuvo
-en su última fase- muchos suscriptores y canjes por los que se obtenían un
poco más de 100 revistas del mundo (de Europa, EEUU, América Latina y también
algunas -la minoría- de Europa Oriental y la URSS). La revista era impresa en
el Consolidado de Artes Gráficas del ministerio de la industria correspondiente
y tenía varios convenios de impresión en ese sitio. Los editores no obtenían
ningún lucro con su venta.
por Bella Lara) ponía seriamente en entredicho la
tesis de la izquierda tradicional que suponía un feudalismo histórico, para,
desde allí, legitimar la oposición a las transformaciones socialistas del
continente. Si según todos estos artículos y ensayos publicados en el N°27
nunca había habido feudalismo en América Latina..., pues entonces Pensamiento
Crítico despejaba el terreno para fundamentar la legitimidad historiográfica de
la conocida formulación guevarista: “Por otra parte las burguesías autóctonas han
perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo –si alguna vez la
tuvieron- y sólo forman su furgón de
cola. No hay
más cambios que
hacer; o revolución
socialista o caricatura
de revolución”96.
Las sociedades
latinoamericanas
Sobre el segundo problema en disputa –las
estructuras sociales de las formaciones latinoamericanas- giró todo el dossier
del N°16. Allí los jóvenes de Pensamiento Crítico publicaron los artículos de
Loan Davies y S. De Miranda “La clase obrera latinoamericana: algunos problema
teóricos”; Carlos Romeo: “Las clases sociales en América latina”; Aníbal
Quijano: Naturaleza, situación y tendencia de la sociedad peruana contemporánea
y F.Henrique Cardoso: “Las elites empresariales en América Latina”.
En la editorial de este N°16, al analizar las
sociedades de América Latina, los editores dejan expresamente sentada su deuda
con las corrientes más radicales de la teoría de la dependencia: “La burguesía
latinoamericana –decían- no ha realizado la acumulación capitalista. Su
dependencia del capital extranjero es tal que las modernas y eficientes
unidades industriales son, más que parte integrante de las economías de los
países respectivos, prolongaciones de la metrópoli que succionan ilimitadamente
los resultados de los esfuerzos del país receptor de capitales”.
Al mismo tiempo, en ese mismo editorial, arremetían
contra “los ideólogos tardíos de la burguesía latinoamericana” dentro de los
cuales incluían a los sociólogos y pensadores “repetidores, miméticos,
seguidistas” que sólo se animan a apelar a los “modelos clásicos”, es decir, a
los tipos ideales extraídos de la formación social europea y aplicados
mecánicamente a las sociedades latinoamericanas. Según esta editorial estos
pensadores “han sido como la caja de resonancia de la ideología metropolitana”
y en tanto tales, se limitaban a “sostener la creencia en el progreso dentro de
los marcos actuales”. Pero estos ideólogos burgueses – presumiblemente desarrollistas y
modernizadores, al estilo
del sociólogo Gino
Germani (quien aparece impugnado con nombre y apellido en el artículo de
este N°16 de Loan Davies y S. De Miranda) que tanta repercusión tuvo en
Argentina- no eran los únicos criticados por los jóvenes de Pensamiento
Crítico. En esa misma editorial también se hace referencia al marxismo
latinoamericano, en cuyo seno se diferencian dos tendencias. Una, la “oficial”,
cuyo seguidismo a los esquemas lineales de signo eurocentrista ha transformado
al marxismo en un “soporífero expresado en una serie de tesis estructuradas y
acabadas” y otra, que sería la opción propia por la que optan los redactores.
En ésta última incluyen como antecedente mediato la figura de Martí (sin ser
“marxista”) y, más cerca en el tiempo, a Mella y a
96 Ernesto Che Guevara: “Mensaje a los pueblos del
mundo a través de la Tricontinental”. En Obras. La Habana, Casa de las
Américas, 1970. Tomo II, p.589. No era casual que Pensamiento Crítico haya
apelado en el editorial de su N°16 a Mariátegui, ya que éste último, varias
décadas antes que el Che, había igualmente señalado: “La revolución
latino-americana, será nada más y nada menos que una etapa, una fase de la
revolución mundial. Será simple y puramente, la revolución socialista. A esta
palabra, agregad, según los casos, todos los adjetivos que queráis:
«antimperialista», «agrarista», «nacionalista-revolucionaria». El socialismo
los supone, los antecede, los abarca a todos”. Cfr. José Carlos Mariátegui:
“Aniversario y balance”.Editorial de Amauta N°17,año II, Lima [septiembre de
1928].
Mariátegui para culminar con “el ejemplo práctico
de la revolución cubana”. No casualmente, en su sección documental
–sintomáticamente titulada “Independencia o muerte, libertad o muerte, patria o
muerte”- este N°16 reproducía un artículo de Antonio Guiteras y el programa
político de La Joven Cuba, agrupación que habría representado la continuidad
entre el comunismo de Mella de los ’20, el asalto de Fidel Castro y el 26 de
julio al cuartel Moncada del ’53 y la
perspectiva socialista de la revolución cubana de los años ’60. Esa misma
hipótesis sobre Guiteras reaparece en el voluminoso N° 39 dedicado a la
revolución del ’30 (armado por Fernando Martínez Heredia) cuya editorial
comienza así: “A veinticinco años de la muerte en combate de Antonio Guiteras y
sesenta y cinco de la muerte en combate de José Martí la revolución en Cuba ha
alcanzado un nivel de profundización socialista que asegura para siempre su
liberación nacional [...]”. Se trataba de discutir un problema historiográfico
desde una perspectiva política presente: “En un país verdaderamente liberado se
exige, entre muchas cosas, liberar también la historia”.
Nuevamente en esa editorial encontramos la crítica
implícita al etapismo: “La liberación nacional y la liberación social se
condicionarán mutuamente: el antimperialismo es el índice principal de la
lucha”. Para describir tanto el camino de Mella como el de Guiteras, la
editorial planteaba en ambos casos: “el camino de la Revolución:
antimperialismo intransigente, lucha armada, revolución por el socialismo” para
terminar dibujando una línea genealógica muy precisa: Martí, Mella, Martínez
Villena, Guiteras, Fidel Castro.
El carácter de la
revolución
En
aquella caracterización editorial
del N°16 de
esta segunda línea
dentro del marxismo
latinoamericano, encontramos expresamente abordado ya el tercer problema que
articuló a la revista. Según los editores, esta otra línea del marxismo
latinoamericano apela al estudio de las formaciones sociales continentales
persiguiendo un doble objetivo: (a) alcanzar una toma de conciencia y (b)
formular una estrategia, dentro de la cual incluyen la oposición tajante al
ejército profesional, el señalamiento de las insuficiencias del movimiento
obrero “entendido en el sentido clásico del concepto” (una obvia referencia al
carácter reformista del sindicalismo clásico y tradicional), la comprensión de
la endeblez de las formas políticas latinoamericanas y la ubicación de
“sectores explotados de nuestra población, ubicados geográficamente en lugares
que posibilitan una acción militar más o menos prolongada”. En su conjunto, no
resulta difícil identificar en este tipo de estrategia política para el
continente latinoamericano que editorializa el N°16 las líneas generales
promovidas por la revolución cubana y por los diversos destacamentos nacionales
a ella vinculados de manera abierta, por lo menos, a partir de la OLAS.
Pero el N°16 no fue el único número dedicado a
discutir las características de las formaciones sociales latinoamericanas, sus
clases y sujetos sociales. También el N°24 abordó ese tema (Aníbal Quijano:
“Los movimientos campesinos contemporáneos en América Latina”; Eric Hobsbawm:
“Los campesinos, las migraciones y la política” y Antonio García: “Proceso y
frustración de las reformas agrarias en América Latina”). Y, más adelante, el
N°36 vuelve nuevamente a abordar la problemática del subdesarrollo latinoamericano,
reproduciendo artículos que seguían cuestionando el desarrolismo etapista de
los que creían que las tareas pendientes en nuestro continente consistían en
una “modernización” de la burguesía (para enfrentar al “tradicionalismo” de las
oligarquías) o en una “revolución democrático burguesa” (para superar el
“feudalismo”). Los artículos incluidos en el N°36 fueron: Raúl Olmedo:
“Introducción a las teorías sobre el subdesarrollo”; Mario Arrubla:
“Esquema histórico de
las formas de
dependencia”; Ramón de
Armas: “La burguesía
latinoamericana: Aspectos de su evolución”; Julio
César Neffa: “Subdesarrollo, tecnología e industrialización”; Ernest Mandel:
“La teoría marxiana de la acumulación primitiva y la industrialización del
tercer mundo” y Fidel Castro: “Hoy para el mundo subdesarrollado el socialismo
es condición del desarrollo”.
En
cuanto a la
estrategia política que
la revista promovía,
de acuerdo a los
lineamientos de la OLAS, tampoco el 16 fue el único número que lo tematiza de
modo explícito. Mucho antes, ya la había analizado puntualmente el editorial
del N°6. Presentando un número conmemorativo del asalto al cuartel Moncada e
inmediatamente posterior a la conferencia de OLAS, allí se planteaba que “La
situación actual [julio de 1967] de América Latina es la de una crisis que sólo
podrá resolverse por una revolución antimperialista...una lucha que ha de ser
forzosamente continental”. Vinculando el problema de la estrategia política
para la revolución latinoamericana con la disputa frente a la izquierda
tradicional (problemas que, como los seis que señalamos, jamás dejaron en la
revista de estar estrechamente vinculados entre sí. Aquí sólo los desagregamos
a los efectos del análisis) en ese mismo número sexto se sostenía que “Como
otros grandes revolucionarios del siglo –los bolcheviques de Lenin- los
revolucionarios dirigidos por Fidel Castro tuvieron que luchar contra una
poderosa reacción, pero
también contra una
supuesta «ortodoxia
revolucionaria» que marcaba las formas de lucha, de organización
revolucionaria, de transformaciones para alcanzar el socialismo, etc.”. En esa
disputa con los partidos comunistas tradicionales no sólo estaba en juego la
discusión sobre el carácter de las revoluciones pendientes. También se jugaba
el análisis del carácter de la propia revolución cubana.
Desde
el etapismo clásico
en la izquierda
tradicional (que concebía
el decurso histórico como si
fuera –al decir de Hobsbawm- una escalera de la cual no se podía avanzar sino
escalón tras escalón, sin saltarse jamás ninguno), la revolución cubana era
interpretada como si allí se hubiesen producido dos revoluciones: una
democrático burguesa, en 1959, y otra socialista, cuando Fidel declara
abiertamente el carácter socialista de la revolución. Sin embargo la revista
realiza una evaluación bien distinta, cuando en ese mismo número sexto sostiene
que “Por primera vez en la historia del continente una nación logró liberarse
de la explotación y el dominio del mayor enemigo de nuestro tiempo, el
imperialismo norteamericano. Pero esto fue posible porque, en un proceso único,
la sociedad cubana se transformó radicalmente, y continúa transformándose sin
cesar” [...] el proceso comenzado en el Moncada continúa profundizándose, que
es la única forma de vida posible a las revoluciones”.
Y si el carácter de la propia revolución cubana
estaba en juego (¿dos revoluciones – una demoburguesa y otra socialista- o una
sola revolución entendida como un proceso único e ininterrumpido?) también lo
estaba el modo de relatar la historia previa de esa revolución. Quizás por ello
el N°31 de Pensamiento Crítico (que se abría con un texto de Fidel Castro y
otro del Che Guevara) haya estado íntegramente dedicado al asalto al cuartel
Moncada y a la historia del Movimiento 26 de julio –con cuya historia, como con
la de Guiteras, se identificaba la revista, siempre que reproducía documentos
cubanos históricos previos a 1959-
. En ningún momento de este N°31 aparecían
referencias a la historia previa del Partido Socialista Popular (PSP), a
excepción de un par de preguntas dirigidas por un periodista al comandante
Faustino Pérez (Faustino Pérez: “La Sierra, el Llano: eslabones de un mismo
combate” [agosto de 1967]), cuyo diálogo taquigrafiado con periodistas en La
Habana se reproducía en dicho número. Esas preguntas aludían, precisamente, a
la oposición del viejo PSP a la lucha armada en tiempos del asalto al Moncada.
La revolución
cultural
y sus instrumentos
teóricos
Sin temor a equivocarnos, podríamos decir que el
emprendimiento de Pensamiento Crítico en su conjunto giró alrededor de la
cuarta problemática. La apuesta fuerte de la revista apuntaba a defender la
legitimidad de un cambio cultural permanente de los seres humanos, sus
relaciones y sus instituciones antes, durante y después de la toma del poder
por los revolucionarios. Una revolución y una transformación cultural
permanentes que el Che había sintetizado con su apelación a “la creación de un
hombre nuevo”.
Podemos encontrar, por ejemplo, que la editorial
del N°11, analizando la decisión oficial
cubana de no
pagar derechos de
autor, traza una
explícita oposición entre
“una posición reformista en el plano político” a la cual le “corresponde
una concepción estrecha y limitante, dogmática, del desarrollo cultural” y la
política cultural de la revolución cubana entendida como “una política de
principios”. Este señalamiento no quedaba reducido a una mera ilustración en el
plano “superestructural” (como pudiese haber supuesto aquel esquematismo
pretendidamente marxista que habitualmente divide la sociedad entre una
economía “objetiva” y estructural, por un lado, y una “superestructura” que
siempre marcha detrás suyo, por el otro). No era ese el camino de Pensamiento
Crítico y esa editorial lo dejó en claro ya que allí, en un mismo ademán la
revista sentaba posición sobre el debate cultural y su correspondiente
repercusión en el debate “económico” sobre las categorías del valor en la
transición. De esta forma esa editorial cuestionaba a aquellos que en la
polémica del ’63 y ’64 habían enfrentado al Che defendiendo “el estímulo
material y el interés individual”, mientras señalaba que “la supresión de las
relaciones mercantiles interestatales y otras medidas, concuerdan de modo
exacto con la negativa a considerar los productos de la creación intelectual
como mercancías”97 para terminar
saludando tanto a la Tricontinental como a la OLAS.
Leer Pensamiento Crítico fuera de contexto resulta,
por lo menos, problemático. Y más
si se hace abstracción de
las transformaciones culturales
que la revolución
cubana produjo en el campo intelectual tradicional. A partir de ese
cataclismo epocal y esa transmutación generalizada de las normas que hasta ese
momento había guiado el ejercicio de la “profesión” docente e intelectual, ya
no se podía seguir separando más ni escindiendo el estudio teórico de la lucha
política, la filosofía de la historia, la divulgación pedagógica de la
batalla de concepciones
(hacia fuera y
hacia adentro del
marxismo), la metodología
de
97 Recuerda
Rolando Rodríguez, primero director del Departamento de Filosofía y luego
director del Instituto del Libro: “La noche del 7 de diciembre de 1965 el
compañero Fidel apareció en el Departamento de Filosofía y me llamaron a mi
casa. Pensé que íbamos a hablar del tema que hasta ese momento veníamos
tratando pero, al llegar él me entregó el libro Primavera silenciosa de Rachel
Carlson y me preguntó: «¿dónde está editado?» Le respondí en España. Luego me
entregó otro y de nuevo me preguntó: «dónde está editado?». Aunque extrañado
por la obviedad contesté lo mismo. «Pues te equivocas», me señaló y me aclaró
que el segundo era una reproducción idéntica del primero, pero estaba hecho en
Cuba [...] Fidel me dijo que constituye una vergüenza para el mundo que se
bloquee un país en su cultura, en su educación, en la formación de su
inteligencia. Vamos a declarar al mundo lo que vamos a hacer y puede
proclamarse que cada una de estas reproducciones será una edición
revolucionaria y no pagaremos derechos de autor [...] Fidel definió también que
estas obras no podían ser objeto de lucro alguno. Se entregarían gratuitamente
a los alumnos. Orientó ponerle una nota a cada libro que explicara las razones
de aquella decisión”. Conferencia de Rolando Rodríguez: “Génesis y desarrollo
del Instituto Cubano del Libro”, mimeo, marzo de 1997. p.4-5. En enero de 1968
en el Congreso Cultural de La Habana se declaró la renuncia de los autores a
sus derechos como tales. Las ediciones del Instituto del Libro, creado
formalmente el 1 de septiembre de
1966, tiraban decenas de miles de ejemplares. El
límite máximo lo alcanzaron el Diario del Che en Bolivia (impreso en secreto
para adelantar a la CIA y sus intentos de modificarlo...) de Ernesto Guevara y
La Historia me absolverá de Fidel Castro con un millón de ejemplares cada uno.
análisis empírico de la ideología. Eso generó un
entrecruzamiento entre las tareas pedagógicas en el Departamento de Filosofía,
el trabajo editorial y la edición de Pensamiento Crítico.
Aunque formalmente eran independientes entre sí, la
labor de investigación y docencia realizada
por los miembros
de Pensamiento Crítico
en el Departamento
de Filosofía se expresó tanto en la presentación y prólogo
a la edición de autores clásicos y contemporáneos de la filosofía y las
ciencias sociales98 como también en el seno de la revista. Dentro de ésta, no
sólo en todas las editoriales y notas introductorias a diversos ensayos y
dossiers sino también en artículos propios.
Entre estos últimos merece destacarse, porque
constituye un ejemplo significativo del “espíritu de lectura” e investigación
que guió a este grupo intelectual, el artículo del director de Pensamiento
Crítico Fernando Martínez “Althusser y el marxismo” (N°36) donde fija posición
en torno al filósofo de la Escuela Normal Superior y su obra. No cabe duda que
Pensamiento Crítico tomó en serio la obra de Althusser ya que publicó de él:
“Materialismo dialéctico e histórico” (N°5), “Dos cartas sobre el conocimiento
y el arte” (N°10); “Lenin y la filosofía” (N°34/35) así como también numerosos
artículos de sus discípulos franceses. Paralelamente sus miembros impulsaron la
publicación cubana por el Instituto del Libro y las Ediciones Revolucionarias
de Lire le Capital y Pour Marx e incluyeron trabajos suyos en las dos ediciones
de Lecturas de Filosofía y también en Lecturas de pensamiento marxista99.
Sin embargo no lo adoptaron de manera ciega o
acrítica, cediendo a la moda y al furor del momento. Si Fernando Martínez le
reconoce en ese artículo su “vigor como pensador” y su gran acierto al poner a
Marx en el centro del debate reclamando un estudio riguroso de los propios
textos marxianos (en lugar de “las teorizaciones vulgarizadoras y los salmos”),
no deja sin embargo de cuestionar en su obra la conversión de la filosofía del
marxismo en un Método Científico (con mayúsculas), la adopción acrítica del materialismo
filosófico tradicional perfeccionado “en lugar de situarlo en la historia de
las ideas”, su concepción cientificista del Saber marxista (también con
mayúsculas) que sólo aspira a reformar la filosofía –atribuyéndole como objeto
una reflexión que gira únicamente sobre sí misma corriendo de este modo el
riesgo de transformarla en “una inútil religión de la Razón o de la Ciencia”-
en lugar de revolucionarla completamente y, finalmente, su adopción política
poco ingenua de las declaraciones oficiales de los partidos comunistas
tradicionales ligados a la
98 Recientemente Emilio Ichikawa Morín ha
recopilado gran parte –no todos- de esos prólogos a ediciones clásicas o
contemporáneas de la filosofía. Cfr. AA.VV.: Estudios de filosofía. Una saga de
la cultura cubana. La Habana, Ciencias Sociales, 2000 (Presentación de Fernando
Martínez Heredia). Casi todos los prólogos reunidos pertenecen a miembros del
Departamento de Filosofía (Justo Nicola sobre la Metafísica y política de
Aristóteles; Eduardo Torres- Cuevas a Antología del pensamiento medieval;
Luciano García a la Fenomenología del espíritu de Hegel; Lucila Fernández a la
Crítica de la razón pura de Kant;
Cristina Baeza a La República de Platón; Josefina Suárez a Obras escogidas de
Rousseau; Germán Sánchez a Economía y sociedad de Weber; Ariel Barreras a la
Antropología estructural de Levi-Strauss; Aurelio Alonso a El hombre
unidimensional de Marcuse y Hugo Azcuy a Lecturas del pensamiento marxista [que
aparecía en la edición original sin firma]) pero sólo Aurelio Alonso pertenecía
al staff de Pensamiento Crítico. En este libro colectivo, no se recopiló de
A.Alonso su prólogo a Cuestiones de método de Sartre (La Habana, Instituto del
Libro, 1968) ni tampoco su prólogo –que aparece sin firma porque la editorial
no aceptó publicarlo entero y lo cortó- a Historia y conciencia de clase de
György Lukács (La Habana, Instituto del Libro, noviembre de 1970). De todos
modos, como señala Martínez Heredia en su “Prólogo a los prólogos”: “Por las
circunstancias en que trabajó el grupo al que pertenecí, lo esencial producido
estuvo en la docencia de materias filosóficas a miles de alumnos, su
orientación y sus programas; en los materiales de estudio y texto que editamos
entre 1965 y 1971; en las publicaciones periódicas que animamos y dirigimos; y
en los escritos con fines expositivos o polémicos del mismo período. Los
prólogos estaban en este último conjunto, pero no eran centrales en él”.
99 Althusser aparecía en la primera edición de
Lecturas de Filosofía con fragmentos de su Por Marx y con su artículo “Teoría,
práctica teórica y formación teórica”. En la segunda con su anexo a
“Contradicción y sobredeterminación”. Tomo I, p.203-212 y con “Teoría, práctica
teórica y formación teórica”. Tomo I, p.243-250 y en la tercera de nuevo
con fragmentos de Por Marx:
“Los manifiestos filosóficos
de Feuerbach”; “Nota
complementaria sobre el
«humanismo real»” y con el “Anexo a «Contradicción
y sobredeterminación»”.p.365- 385.
Unión Soviética. Quizás por ello el artículo de
Martínez terminaba así: “Parece que la crítica a Althusser, como el sol en la
imagen de su obra más reciente, se traslada de derecha a izquierda”.
Pocos números después (en “Marx y el origen del
marxismo”, N°41 de 1970, donde retomaba su texto “Origen del marxismo” incluido
en la segunda edición de Lecturas de filosofía
del Departamento de
Filosofía100) Fernando Martínez
retomaba esta perspectiva crítica cuando afirmaba “No
pretendo negar el aporte cierto de la investigación althusseriana del origen
del marxismo, pero
estimo que las
alusiones al estatuto
subalterno de las ideologías o a la doble lectura, política
o teórica, que es posible hacer de los textos del joven Marx, no
disminuyen el carácter
cientificista en que
se resuelve la
interpretación que Althusser hace
de Marx”. Desde el mismo ángulo, agregaba que: “La teoría y la práctica
revolucionarias actuales se enfrentan al escaso desarrollo del marxismo en
aspectos tan importantes como la estructura de dominación ideológica de la
burguesía en los países capitalistas [...] en este sentido sería pedantesco
limitarse a señalar la insuficiencia del término «enajenación»”... como
habitualmente hacía Althusser.
Pasando revista a lo más importante de la
producción del marxismo occidental sobre el joven Marx –Della Volpe, Colletti,
Rossi, Pietranera, Cerroni, Althusser, Cornu, Sartre, Gramsci, Löwy-; a los
clásicos biógrafos –Mehring, Riazanov y el binominio Nikolaievski- Maenchen
Helfen- e incluso a autores del Este como el polaco Schaff, todo el ensayo de
Fernando Martínez estaba destinado a demostrar que no se podía escindir la
filosofía juvenil de Marx y el surgimiento de su teoría científica de sus
presupuestos ideológico políticos. Vicio metodológico que, más allá de los
enfrentamientos entre “humanistas eticistas” y althusserianos que
dividieron a los
’60, muchas veces
resultó por ambos
bandos incuestionado. En otras palabras: hacía falta una lectura
política del propio Marx. Esa lectura política (de ahí la insistencia de
Martínez Heredia en los “presupuestos ideológicos”...) no era ingenua. El autor
la proponía desde la revolución cubana y su estrategia de lucha armada,
aparentemente tan alejada de la filología marxiana en la que se movía este
ensayo. Sólo desde allí se comprende que Martínez plantee: “Es comprensible que
Babeuf y Sylvain Maréchal remitieran el derecho de los trabajadores al derecho
natural, y que Proudhon, el obrero- economista, calificara a la propiedad
burguesa con los epítetos de la moral burguesa; pero no lo
es tanto que
un siglo después
de Marx tanta
literatura socialista opere
con los conceptos de libertad,
igualdad, fraternidad, democracia, paz (la paz sin apellido es la paz burguesa
desde los tiempos de Hugo Grocio). Todavía subsiste esa fraseología en la
literatura política de países socialistas, que reivindican a veces
instituciones e ideologías que pertenecen al régimen burgués temprano”.
¿Desde dónde se hacía semejante impugnación?
Políticamente desde la revolución cubana y teóricamente desde el “izquierdismo
teórico” al cual Pensamiento Crítico le dedica precisamente el dossier de ese
N°41 donde aparecía el trabajo de Martínez Heredia y otro en donde Jorge Gómez
Barranco arremetía contra “Los conceptos del marxismo determinista”. En éste
último Gómez Barranco intentaba descentrar las categorías clásicas del Prólogo
de Marx a la Contribución a la crítica de la economía política de 1859 -texto
madre de las interpretaciones objetivistas y deterministas- para concluir con
que la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones de producción sólo
se podía comprender a nivel mundial si se partía de la traba objetiva que el
capitalismo imponía a los países subdesarrollados. Éstos últimos habrían
demostrado que “la época de revolución social no había sido abierta por las
100 Cfr. AA.VV.: Lecturas de Filosofía [segunda
edición]. El artículo de Martínez en Tomo I, p.121-126. En Lecturas del
pensamiento marxista [la tercera edición de las Lecturas] aparecía otro texto
de Fernando Martínez referido al joven Marx: “Ideologías políticas en tiempos
del joven Marx”. Op.Cit.p.39-46.
acciones y reacciones de la estructura y la
superestructura” sino por “una vanguardia revolucionaria” desencadenante de la
voluntad revolucionaria y la toma de conciencia.
En ese mismo N°41 también se incorporaban dos
textos emblemáticos: “La conciencia de clase” de Historia y conciencia de clase
de György Lukács y “Marxismo y filosofía” del libro homónimo de Karl Korsch. La
apelación a la herencia historicista de Lukács y de Korsch y su lectura y
estudio era fundamentada en ese editorial del N°41 como un ejercicio necesario
para desmontar “el simple expediente de considerarlo [al marxismo] siempre
igual a sí mismo” hecho que produciría “la detención dogmática” de la herencia
de Marx y Lenin en “un peso muerto”. Esa editorial explicitaba en una corta
pero tajante sentencia el presupuesto básico desde el cual el Departamento de
Filosofía investigaba y enseñaba esta disciplina, tanto en clase como en las
distintas ediciones de Lecturas de filosofía: “El marxismo tiene historia”.
Tanto esta formulación programática que ponía el
énfasis en las categorías de historicidad, praxis y totalidad101, como el
grueso de las hipótesis que durante aquellos años Fernando Martínez
Heredia desarrolló en
sus varios artículos,
editoriales y notas introductorias a las diversas
ediciones de Lecturas del Departamento de Filosofía seguramente ya se
encontraban en uno de sus primeros y más importantes textos titulado
sugestivamente “El ejercicio de pensar”102. Allí Martínez ponía explícitamente
en discusión el tipo de instrumental teórico predominante en la izquierda
tradicional de raigambre europeísta y la cultura política que lo acompañaba:
“La versión deformada y teologizante del marxismo que contenía gran parte de la
literatura a nuestro alcance, resultó ineficaz para contribuir a formar
revolucionarios capaces de analizar y resolver nuestras situaciones concretas;
al contrario, amenazó agudizar la pereza y «manquedad» mental típica del
individuo colonizado, en una etapa en que el atraso económico y las
dificultades de todo orden exigen el desarrollo rápido del espíritu creador.
En realidad esto
ha sido, parcialmente,
una forma de
pervivencia del
«marxismo» subdesarrollado, que une la pretensión
de ortodoxia a un abstractismo totalmente ajeno a Marx y a Lenin”.
Íntegramente dedicado a éste último estuvo centrado
el N°38 de Pensamiento Crítico, precedido por un extenso trabajo de Jesús Díaz:
“El marxismo de Lenin” (fragmento de un libro que finalmente nunca se publicó).
Allí Jesús Díaz sostenía que “el último conjunto de sus obras tiene una
importancia decididamente excepcional para la comprensión de su pensamiento, y
en ello, de los problemas de la revolución en el mundo contemporáneo”. Jesús
Díaz partía del análisis de la NEP (Nueva Política Económica, período de la
revolución rusa donde Lenin cede por una correlación de fuerzas desfavorable
terreno al mercado) a la que caracterizaba como “un repliegue”. Caracterización que
se extendía a
la autogestión financiera
de las empresas soviéticas. De este modo Díaz se
oponía a quienes propiciaban en Cuba -en la polémica con el Che de 1963/64- el
socialismo mercantil y veían a la NEP soviética como una opción estratégica y
no como un repliegue táctico. El último Lenin era tan importante para Jesús
Díaz porque en esta parte de su obra se encontraban los ataques más demoledores
a la burocracia, las críticas más ácidas a Stalin y al mismo tiempo, el
análisis más profundo del mundo colonial y las naciones de lo que años más
tarde se denominaría el Tercer Mundo103.
101 Formulación que se repite en el editorial del
N°25-26 dedicada al mayo francés, pues allí vuelve a plantearse el énfasis en
el modo cómo en las rebeliones juveniles del capitalismo avanzado: (a) “la
teoría y la práctica sellan su unidad en la acción revolucionaria” y (b) “en
esa actitud está implícita la ambición de totalidad científica del verdadero
marxismo” (editorial del N°25-26).
102 Publicado originariamente en El Caimán Barbudo
en diciembre de 1966, tres meses antes de que viera la luz pública el N°1 de Pensamiento
Crítico, e incorporado a en la segunda edición de Lecturas de filosofía. Tomo
II.p.777-786.
103 Cabe aclarar que en los años ’90 Jesús Díaz
renegaría de su brillante lectura de Lenin y sus posiciones de los ’60 de Pensamiento Crítico y El Caimán Barbudo
desertando de la revolución cubana, marchándose del país y
Todo este tipo de lecturas sobre Lenin, sobre la
historia del marxismo, sobre el “izquierdismo teórico” (Lukács y Korsch) y
sobre el “marxismo subdesarrollado” se asentaban en una impugnación global que,
pacientemente meditada, este equipo intelectual realizaba del marxismo
materialista y determinista, canonizado en la URSS tras la muerte de Lenin y a
partir de los años ’30 como “ortodoxo”.
El mismo tipo de conclusión crítica de Fernando
Martínez, de Jesús Díaz y de Gómez Barranco había aparecido en un artículo de
la revista de Hugo Azcuy titulado “¿Por qué La nueva económica? (N°22) donde
analizando el célebre libro de Eugenio Preobrazhensky sostenía: “¿Cuando hoy en
Cuba decidimos producir 10 millones de toneladas de azúcar o desarrollar los
cítricos estamos simplemente tomando conciencia de algo inevitable?”. También
Hugo Azcuy insistiría más tarde en su artículo “Filosofía y Marxismo” (N°43)
con la crítica, ya no sólo del determinismo marxista sino también del viejo
planteo metafísico sobre “el problema fundamental de la filosofía:
¿materialismo o idealismo?”. Problema que Azcuy no dudaba en caracterizar como
“totalmente secundario para Marx”. Más allá de la respuesta que se eligiera por
una u otra opción, ¿cuál era su impugnación a esta problemática metafísica?
Pues que en ambas posiciones “sujeto y objeto aparecían como dos lugares
diferentes y opuestos por principio. En esta concepción no cabía la
historia...”.
Partiendo exactamente del mismo criterio
metodológico historicista de Fernando Martínez, Jesús Díaz, Aurelio Alonso,
Gómez Barranco y Hugo Azcuy, Carlos Tablada cuestionaba en su artículo
“Marxismo y II Internacional” (N°44) tanto a las corrientes “revisionistas”
(Bernstein) como a las “ortodoxas” (Kautsky y Plejanov) de la socialdemocracia.
Téngase en cuenta que la tradición del marxismo oficializado en la URSS
tras la
muerte de Lenin
adoptaba como propia
la herencia filosófica
materialista y determinista de
Kautsky y Plejanov. “El marxismo en manos ortodoxas” -sostenía Tablada- “perdió
su carácter revolucionario, pasando a ser una teoría estática de la
interpretación de la sociedad capitalista [...] Tomaban ante esta teoría una
postura acrítica, trasladando a su presente el análisis de situaciones
históricas pasadas realizadas por Marx, olvidando dos de los fundamentos
metodológicos de la teoría marxista: la historicidad de los conceptos y
categorías, y el condicionamiento histórico de la actividad humana”.
Ese historicismo era aplicado por estos jóvenes
filósofos cubanos a dos ámbitos distintos. En primer lugar a la sociedad
capitalista (hasta allí el marxismo soviético no presentaría mayores reparos)
pero, en segundo lugar, también... al propio marxismo. Un ejemplo puntual de
esta aplicación, fundamentada sintéticamente en la ya mencionada propuesta
metodológica de Fernando Martínez según la cual “El marxismo tiene historia”,
puede encontrarse en el análisis de José Bell Lara sobre los textos del propio fundador
de la
alternando entre España y Miami. A partir de allí
se sucedieron varias polémicas entre Fernando Martínez y Aurelio Alonso con
Jesús Díaz. La primera se inició a partir de una mesa redonda en Suiza donde
J.Díaz discutió con Eduardo Galeano y luego escribió un artículo en El País
N°460 contestado por Fernando Martínez en su “Tres notas y dos debates” en La
Gaceta de Cuba (1992) y en Crítica de nuestro tiempo N°4, Bs.As., 1992. También
se produjo un intercambio de cartas entre J.Díaz (El País, Madrid, 18/I/1993) y
Armando Hart (en Brecha, Montevideo,
5/II/1993). En Buenos Aires fragmentos de estas
primeras polémicas fueron publicados por Tesis 11, N°9 (marzo,
1993). Más tarde hubo otra polémica entre J.Díaz y
Aurelio Alonso, primero verbal (en Miami, en un Congreso de LASA -marzo del
2000- donde Jesús Díaz llevó como ponencia “El fin de otra ilusión”) y luego
escrita. Cfr. Aurelio Alonso: “La segunda vida de Jesús Díaz”. En Temas
N°20/21, enero-junio del 2000. También allí volvió a intervenir Fernando
Martínez. Para consultar el balance actual sobre Pensamiento Crítico de
Fernando Martínez y Aurelio Alonso -y sus distancias frente a las conclusiones
de J.Díaz- cfr. Fernando Martínez: En el horno de los ’90. Bs.As.,
Edic.Barbarroja, 1999 (donde se incorporan varios de sus ensayos publicados en
Cuba) y “Cuba y el pensamiento crítico”, entrevista nuestra del 19/I/1993 que
fue publicada en Dialéktica N°3/4, Bs.As., 1993 y América Libre N°5,
1994 (incorporada más tarde a De Ingenieros al Che.
Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano.Obra
Citada). Cfr. Aurelio Alonso: “Marxismo y espacio
de debate en la revolución cubana”. En Temas N°3, julio de
1995. Allí F. Martínez publicó: “Izquierda y
marxismo en Cuba”.
concepción materialista de la historia en su
artículo “Marx y el colonialismo” (N°37). Allí Bell Lara defendía dos tesis:
(a) la conquista española y la esclavitud posterior en América habría tenido un
carácter capitalista. Para refutar las hipótesis sobre un supuesto feudalismo
latinoamericano, Bell Lara recurría a El Capital -particularmente a su capítulo
XXIV (24) sobre la acumulación originaria- donde Marx así la caracteriza. Y (b)
el propio Marx no habría logrado superar el eurocentrismo frente al mundo
colonial. Como ejemplo Bell incursionaba en sus escritos sobre la India,
Irlanda y sobre Simón Bolívar (resulta llamativo que no haya analizada la
correspondencia de Marx con Vera Zasulich donde Marx rompe con ese
eurocentrismo).
Si recorremos entonces todos estos trabajos de
cubanos publicados en Pensamiento Crítico podemos constatar claramente que para
todo este equipo intelectual (Fernando Martínez
Heredia, Aurelio Alonso,
Jesús Díaz, Gómez
Barranco, Hugo Azcuy,
Carlos Tablada, Bell Lara y Mireya Crespo, entre otros, a los que habría
que agregar los autores de los prólogos a los clásicos de la filosofía y la
sociología como Germán Sánchez y el resto del plantel docente del Departamento
de Filosofía como Juan Valdés Paz y Marta Pérez-Rolo, entre otros) siempre la
historicidad y la política revolucionaria eran la piedra de toque de la
dialéctica y del marxismo. La clave no estaba ni en la naturaleza ni en las
propiedades físico-químicas de la materia cosmológica. Tampoco en las “leyes
objetivas” de la economía. Sino en la historia y, dentro de ella, en la
voluntad consciente de los revolucionarios. Por la coherencia alcanzada en sus
posiciones filosóficas, ideológicas, pedagógicas, historiográficas y políticas,
la producción teórica de todos estos jóvenes constituyó de algún modo una
escuela y una corriente de pensamiento cubano dentro del marxismo
latinoamericano.
La crítica a la izquierda tradicional
En cuanto a la crítica de la izquierda tradicional
-quinta problemática- (principalmente de factura soviética, pero no sólo, pues
también abarcaba de manera elíptica a las posiciones internas en el seno de la
revolución cubana más vinculadas a la tradición del viejo Partido Socialista
Popular [PSP] o más cercanas a las posiciones culturales predominantes en la
Unión Soviética), Pensamiento Crítico la cuestionaba:
(a) En primer lugar por su posición política a
nivel latinoamericano e internacional reacia a la lucha armada antiimperialista
y anticapitalista en aras de “la paz mundial” y “la coexistencia pacífica”.
(b) En segundo lugar, por la ineficacia teórica de
sus instrumentales metodológicos, filosóficos e historiográficos (esto es el
HISMAT y el DIAMAT soviéticos y la cultura política que los acompañaba desde
los años ’30 en adelante) que servían para legitimar una convivencia con el
imperialismo y que impedían fundamentar una política de cambios radicales y
permanentes en contra del capitalismo y dentro mismo de los países que habían
iniciado su transición al socialismo.
Si toda filosofía es esencialmente política, si la
batalla cultural no constituye simplemente un adorno “superestructural” para
ganar “compañeros de ruta” y si el socialismo no consiste
únicamente -como pensaba
el Che Guevara-
en una mera
socialización económica, entonces se torna comprensible el final con que
se cierra la editorial del N°17 cuando los editores de Pensamiento Crítico
sentencian: “El debate cultural se inscribe así en la alternativa política
vital de nuestro tiempo: Revolución o reformismo”.
Desde ese ángulo, cultural y político al mismo
tiempo, hay que abordar y analizar la apropiación del marxismo occidental
europeo que –a contramano de la izquierda tradicional- intentó realizar
Pensamiento Crítico desde una lectura latinoamericana del marxismo.
Hay que
tener en cuenta
que el intercambio
de revistas con la izquierda
radical europea (principalmente italiana y británica) y latinoamericana
comienza a expresarse con propaganda cruzada a partir del número octavo. En ese
número encontramos avisos de Quaderni Piacentini y Quaderni Rossi (ambas
italianas) y de Hora Cero (mexicana), Tricontinental (cubana, de OSPAAL) y
América Latina (uruguaya). Luego, a partir del N°12, se irá incrementando el
intercambio con New Left Review (inglesa) Problemi del socialismo (italiana) y
Margen (francesa, en castellano).
Del marxismo occidental europeo y norteamericano,
los principales autores publicados fueron Karl Korsch, G. Lukács, Perry
Anderson, J.P. Sartre, A.Gunder Frank, James Petras, Eric Hobsbawm, Henri
Lefebvre, Martín Nicolaus, L. Althusser, E. Mandel, N. Poulantzas, Lucien
Sebag, Th. W. Adorno, Cesare Luporini, P. Sweezy, Harry Magdoff, Michael Löwy,
H. Marcuse, R. Barthes, L. Magri, Hamza Alavi, Lucio Colletti, M. Godelier, A.
Gorz, entre otros.
El marxismo occidental europeo y norteamericano no
es abordado en la revista simplemente como una “alternativa” al marxismo
soviético. No se trataba de reemplazar la copia sumisa de un modelo ideológico
–el del marxismo y el socialismo europeo oriental- por la copia sumisa de otro
modelo –el del marxismo occidental europeo y norteamericano- dando muestras de
“amplitud” bibliográfica pero manteniendo la misma actitud pasiva y colonizada
del buen alumno que aprende la lección y repite. Se trataba, en cambio, (algo
que hoy en día sigue siendo más que necesario...) de utilizar creativamente y
desde las propias coordenadas ideológicas y políticas aquellos materiales
teóricos para comprender mejor las formaciones sociales latinoamericanas, su
complejidad, sus tendencias de desarrollo y el carácter de la revolución
pendiente en el continente. Por eso la editorial del N°20 planteaba: “Parte de
la tragedia del subdesarrollo es el colonialismo mental, la visión
metropolitana de los fenómenos locales, por parte del colonizado”.
Se trataba también de hacer observable cuánto le
debía ese marxismo occidental y esa nueva izquierda que lo sustentaba al Tercer
Mundo y sus luchas. Al analizar éste último problema, es decir, el papel que en
la emergencia del marxismo occidental europeo y norteamericano y su nueva
izquierda jugó el Tercer Mundo –un análisis que, como vimos, está completamente
ausente en la reconstrucción posterior de Perry Anderson e incluso también en
la de Toni Negri, no así en la de Fredric Jameson-, Pensamiento Crítico
sostenía que: “Nos parece imperioso destacar, por otra parte, el papel que en
el surgimiento y desarrollo de esta voluntad de Revolución [de la nueva
izquierda] que se halla en el centro del despertar político-revolucionario de
los países del neocapitalismo, ha jugado el «mundo tercero», el
«subdesarrollado», el «en vías de desarrollo», el «cualquiercosa» pero siempre
el «otro», el nuestro. No se trata desde luego del ridículo chovinismo de
campanario de provincia, sino de apuntar la importancia revolucionaria y
cultural del acontecimiento –la crítica de la cultura política, y de la otra-
que en Europa y Norteamérica realizan los revolucionarios a partir del Che, de
Viet-Nam [...]” (editorial del N°25-26, dedicado al mayo francés y
probablemente confeccionado por Jesús Díaz)
La
incorporación del instrumental
del marxismo occidental
(fundamentalmente estudios sobre El Capital y las formas sociales
precapitalistas como los de Godelier o los estudios de Mandel sobre la
acumulación originaria y la industrialización en el Tercer Mundo, por ejemplo)
fue utilizada en la revista para quebrar la tipología etapista tradicional que
se esforzaba por ver, contra toda evidencia empírica, un supuesto “feudalismo”
latinoamericano, del cual se deducía lógicamente (incluso a contramano de la
propia revolución cubana) un
tipo de revolución
continental pendiente “agraria-antifeudal-antiimperialista” cuando
no directamente “democrático burguesa”.
De cualquier modo, no toda recuperación de la
producción teórica del marxismo occidental perseguía una utilización política
inmediata. El espíritu de la publicación, en ese sentido, no era empirista ni
coyunturalista. No se publicaba únicamente lo que “servía” en cada
instante. Así como el primer editorial
de la revista y en la parte interior de todas las tapas se señalaba que
“Pensamiento Crítico responde a la necesidad de información que sobre el
desarrollo del pensamiento político y social del tiempo presente tiene hoy la
Cuba revolucionaria” hubo números monográficos dedicados a temáticas “no aplicables” directamente a la lucha política
del día a día. Por ejemplo, el N°18/19 (armado por Aurelio Alonso) de 1968 estuvo
íntegramente dedicado al estructuralismo. Allí se recuperaban materiales
franceses (Jean Cuisenier: “El estructuralismo de la palabra, de la idea y de
los instrumentos”; Marc Barbut: “El sentido de la palabra estructura en
matemáticas”; Lucien Sevag: “El mito: código y mensaje” y Henri Lefebvre:
“Claude Levi-Strauss o el nuevo eleatismo”, entre otros).
Al destinar ese número a un tema tan alejado de las
urgentes discusiones políticas del momento, los editores señalaban:
“Pensamiento Crítico ha decidido dedicar la sección monográfica del presente
número al estructuralismo, con la doble convicción de que sacrifica la amplitud
del campo de interés por los números inmediatos anteriores y de que cumple, a
pesar de ello, con un objetivo de difusión elemental del debate sobre uno de
los más importantes instrumentos de conocimiento con que cuenta el pensamiento
contemporáneo”. Aunque, a decir verdad, no sólo intentaba “difundir” sino
también sugerir al lector realizar “una lectura selectiva” de los materiales,
diferenciando “la moda estructuralista” del “verdadero análisis estructural”.
Al proponer esa diferenciación, la revista intentaba realizar una comparación
entre el marxismo y el psicoanálisis, por un lado, y el estructuralismo por el
otro, dando por sentado que éstos tres habían sido grandes aportes –más allá de
sus notables diferencias recíprocas- a la renovación de las ciencias sociales
contemporáneas.
Otro número destinado, según su editorial, a la
“actividad divulgativa y a brindar información poco accesible” fue el N°30
(armado por Eramis Bueno) cuyo dossier giraba en torno a la inteligencia
artificial, la lógica matemática y la cibernética (A.A. Liapunov y
S.Yablonskii: “¿Qué es la cibernética?”; E.A.Feigenbaum y J.Feldman:
“Inligencia artifical: preguntas y respuestas”; Paul Armer: “La inteligencia
artificial: crítica y anticrítica”; Ramón Rubio: “Inteligencia e inteligencia
artificial”; Eramis Bueno: “La simulación lógico- cibernética” y Luciano
García: “Lógica matemática e inteligencia artificial”). Este N°30 no sólo se
destaca por su temática, de ningún modo asimilable a la discusión política
latinoamericana. Además resulta llamativo porque el primer artículo (el de los
profesores de lógica matemática de la revista Problemy Kibernetiki Liapunov y
Yablonskii) probablemente fue el único que publicó Pensamiento Crítico en toda
su historia de algún escritor soviético posterior a la muerte de Lenin.
En el mismo género de números temáticos dedicados a
problemáticas y actividades no asimilables en forma inmediatista a la práctica
política podemos encontrar tanto al N°42 (dedicado íntegramente al cine) como
al N°47 (dedicado a la teoría de los modelos y sistemas formales –incluidos los
cibernéticos-).
Tanto con su apropiación crítica y selectiva del
marxismo occidental europeo como con ese tipo de gesto “comprensivo” hacia las
nuevas disciplinas teóricas que emergieron a la palestra de la discusión de las
ciencias sociales de los ’60 a nivel mundial, subrepticiamente Pensamiento
Crítico marcaba distancia frente a la actitud cerrada y cristalizada de la
izquierda tradicional y del marxismo soviético que enfrentaba a todas estas
disciplinas (psicoanálisis,
antropología estructural, lingüística) y
metodologías (método estructural) simplemente como
“decadencia burguesa” o meras “expresiones de la
crisis ideológica del capitalismo”.
El internacionalismo y
la revolución mundial como alternativa
Sobre la sexta problemática, encontramos el grueso
de los documentos reproducidos en la revista, ya sea de grupos guerrilleros
latinoamericanos, como de la guerra de Vietnam o de los
movimientos de protesta
extraparlamentarios,
antiracistas y estudiantiles del capitalismo avanzado, principalmente
durante el emblemático año 1968 (Alemania –N°21-, Italia –N°22-, Estados Unidos
–N°23- y Francia –24/25-). De algún modo, al trazar el perímetro de la síntesis
de conjunto de documentos y materiales teóricos que la revista reproduce sobre
estos movimientos, podemos visualizar cuál es la concepción que sus jóvenes
redactores manejaban sobre la revolución mundial.
Debemos aclarar que no resulta aleatorio ni
caprichoso ni casual utilizar el concepto de “revolución mundial” para
describir la perspectiva estratégica sostenida por Pensamiento Crítico. La
misma se estructuraba –en total consonancia con el ángulo que había dejado
expresamente señalado la dirección política de la revolución cubana en su
conjunto tanto en la Conferencia Tricontinental de 1966 como en la OLAS de
1967- en abierta oposición a la política soviética de “coexistencia pacífica” y
a la doctrina soviética de las “tres vertientes” (campo “socialista” en el
Este, movimientos obreros tradicionales y movimientos por la paz en Occidente
avanzado y movimientos de liberación nacional y democráticos en el Tercer
Mundo). A diferencia de esta doctrina oficial soviética que legitimaba la
división del mundo en esferas de “influencia”104 y que por lo tanto renunciaba
a la lucha abierta por el poder –en aras del llamado “tránsito pacífico” al
socialismo- en zonas occidentales bajo hegemonía norteamericana105, para la perspectiva de estrategia política de la
cual la revista se hacía eco y difusora
sistemática –como señala
por ejemplo el
editorial de su
N°17- la lucha antiimperialista y por la revolución
mundial estaría conformada fundamentalmente por:
(a) la revolución cubana, Corea y Vietnam en el
campo del socialismo,
(b) por los destacamentos revolucionarios y
guerrilleros que emprendieron la lucha armada contra el imperialismo y el
capitalismo en el Tercer Mundo, y por
(c) la nueva izquierda (incluyendo dentro de la
misma a los grupos estudiantiles de EEUU y Europa, a la oposición
extraparlamentaria europea y a los grupos de lucha armada de la comunidad negra
norteamericana) en el capitalismo desarrollado.
Una nueva izquierda que, en tanto expresión de “las
fuerzas nuevas de la revolución” (editorial del N°17) y de “la voluntad de
Revolución” (editorial del N°25-26), encontraría su sentido en el intento de
superar el vacío dejado por “las estructuras tradicionales de la izquierda”
(editorial del N°17). Estructuras tradicionales de una izquierda que, “de tanto
respetar las estructuras del sistema –económicas, sociales y políticas- se
había convertido en un mecanismo más de éste, e incluso, en medida nada despreciable,
en una de sus más
104 Cuestionando este sacrificio de la revolución
mundial en aras de la razón de Estado y la geopolítica del Estado soviético, el
editorial de Pensamiento Crítico N°4 señalaba que: “Allí [en Vietnam] la
aviación de EEUU bombardea salvajemente a un país socialista sin que se
produzca una crisis mundial entre imperialistas y socialistas...”.
105 La posición geopolítica soviética era clara.
Por ejemplo, en una de sus declaraciones internacionales, apenas un año
posterior a la revolución cubana, las organizaciones políticas “guiadas” por el
PCUS sostenían: “La clase obrera y su vanguardia el partido marxista-leninista
tienden a hacer la revolución por vía pacífica [...] En varios países
capitalistas, la clase obrera, encabezada por su destacamento de vanguardia
[léase el partido comunista tradicional. N.K.], puede conquistar el poder
estatal sin guerra civil [...]”. Cfr. Declaración de la
Conferencia de Representantes de los PP.CC. y
Obreros. Bs.As., Anteo, 1960.
importantes válvulas de seguridad” (editorial del
N°25-26). En definitiva, para Pensamiento Crítico el principal valor de la
nueva izquierda de los países
desarrollados reposaría en que a través de sus prácticas de oposición radical
al sistema capitalista habría impulsado a desnudarse a
la burguesía y
a los reformistas,
“obligados a reprimir
y traicionar –a mostrarse- a la luz del día” (editorial
del N°25-26).
Resulta claro que este tipo de alianzas potenciales
a nivel estratégico mundial del cual la revista se hacía portavoz desde la
revolución cubana no sólo ponía en cuestión a la previsible “izquierda
tradicional” occidental (que pocos años después entraría en crisis con el
eurocomunismo) sino que al mismo tiempo señalaba a escala internacional un eje
alternativo tanto frente al bloque de la URSS como frente a las posiciones de
China (por entonces en plena disputa con el “revisionismo soviético”).
La clausura de un debate y el cierre de una época
Pensamiento Crítico dejó de publicarse a mediados
del año ’71, fecha en que también se cierra el Departamento de Filosofía y se
dispersa todo el equipo intelectual que se había formado en su seno. ¿Qué
sucedió? ¿Cómo explicar lo inexplicable?
A inicios de los ’70 se producen dos fenómenos
históricos (uno interno, otro externo) convergentes: por un lado la derrota de
la revolución latinoamericana en Venezuela, en Brasil, en Bolivia, etc. Por el
otro, fracasa la zafra proyectada de los diez millones. Como consecuencia de su
relativo aislamiento político y de su crisis económica, Cuba ingresa
formalmente en el CAME (o sea recién trece años después de haber triunfado la
revolución...).
Es decir, que por un lado, en aquellos años Cuba no
pudo desarrollarse industrialmente ni lograr una mayor autonomía económica, y
por otro, no se produjeron victorias de luchas revolucionarias o por lo menos
de gobiernos muy independientes con países de peso en América Latina. Esta
variante imprescindible de una articulación latinoamericana de
internacionalismo no se produjo y así Cuba se vio sometida a la necesidad de
tener una relación diferente a la que había tenido con la URSS en los ‘60. Como
consecuencia de este complejo proceso que también se expresó en el terreno de
las ideologías, se produjo el cierre del Departamento de Filosofía y la
clausura de Pensamiento Crítico. El debate político y las polémicas teóricas
abiertas de los ’60 terminan de este modo resolviéndose con el predominio de
una de las tendencias en juego (internamente la más cercana y proclive a la
cultura política imperante en la URSS). Aunque el proceso no fue de ningún modo
lineal106.
106 “En mi opinión” –sostiene Fernando Martínez
Heredia- “después de los primeros años 70 en el pensamiento social de Cuba
predominó el dogmatismo en la preparación de las personas, en la educación
formal, en los medios masivos, y más estrictamente en la preparación teórica
marxista, y también en la forma en que se divulgaba ésta a través de todo tipo
de medios. Pienso que esto forma parte de una segunda etapa de la revolución,
muy contradictoria en sí misma. En esa segunda etapa el proyecto original de la
revolución fue parcialmente abandonado o devaluado, ante un cúmulo de
circunstancias desfavorables. En lo esencial la revolución continuó: el mismo
poder revolucionario de tipo socialista de liberación nacional, antimperialista
e internacionalista; se plasmó la redistribución sistemática de la riqueza
social, comenzada en la primera etapa anterior de los '60, y la
universalización de grandes avances sociales; el modelo comunista siguió siendo
el referente principal. Yo creo que tenía razón Fidel Castro cuando en 1972
reiteraba en Europa Oriental que el internacionalismo es la piedra de toque del
marxismo leninismo, lo que permite identificar a un marxista leninista. El
internacionalismo se mantuvo, se sistematizó e incluso realizó algunas epopeyas
de participación popular masiva muy superiores a lo que se había logrado antes,
e involucró a gran parte de la población (como por ejemplo en Angola y otros
países africanos adonde Cuba envió decenas de miles de combatientes
internacionalistas). La gigantesca transformación educacional completó la
eliminación de la antigua división en clases de la sociedad cubana y disminuyó
las diferencias de los grandes grupos sociales entre sí, al capacitar de una
manera masiva, igualitaria y eficaz, no meramente formal, a los niños y los
adolescentes, de acuerdo al
Aunque no aparezca a primera vista no resulta
improbable que en ese cierre de la revista y del Departamento de Filosofía
también haya pesado cierto prejuicio antiintelectual. Un prejuicio que
obviamente no inventó la revolución cubana ni se puede explicar únicamente a
partir de sus especificidades, sino que históricamente es muy anterior y que
responde a un fenómeno mucho más general de la cultura de izquierdas que se
repite en otros países107. Un obstáculo que, aun cuando la revolución cubana
trastocó completamente las normas clásicas del “oficio profesional” ampliando
en forma notable lo que hasta entonces se concebía como perteneciente sólo a
“los especialistas”, estaba evidentemente presente en el debate interno de la
revolución y que volvió a reproducirse en su seno (con todas las peculiaridades
del caso), como bien lo señaló en su oportunidad Alfredo Guevara cuando en su
conocida polémica de los años ’60 con Blas Roca denunció y alertó contra el
“desprecio por los intelectuales” y la “humillación de la dignidad
intelectual” a los
que conducía invariablemente el dogmatismo108.
Hoy, a tres décadas de aquella infortunada decisión
y a comienzos del siglo XXI, las cosas están más claras. A nivel mundial se
derrumbó sin pena ni gloria aquella cultura política que con no pocos tironeos
y de un modo más que contradictorio, terminó imponiéndose en la pedagogía y en
la reproducción ideológica de la revolución cubana desde esa doble clausura
hasta por lo menos 1986 cuando Fidel Castro inicia el llamado “proceso de
rectificación de errores y tendencias negativas”. En ese momento planteó (y su
planteo debería hoy repensarse también en función del cierre de Pensamiento
Crítico y del Departamento de Filosofía de la Calle K N°507 y de la cultura
política que los reemplazó...) lo siguiente: “¿Y qué estamos rectificando?
Estamos rectificando precisamente todas aquellas cosas –y son muchas- que se
apartaron del espíritu revolucionario, de la creación revolucionaria, de la
virtud revolucionaria, del esfuerzo revolucionario, de la responsabilidad
revolucionaria, que se apartaron del espíritu de solidaridad entre los hombres.
Estamos rectificando todo tipo de chapucerías y de mediocridades que eran
precisamente la negación de las ideas del Che, del pensamiento revolucionario
del Che, del estilo del Che, del espíritu del Che y del ejemplo del Che”109.
Tomando en cuenta esa lúcida, justa y acertada
rectificación y examinando estos problemas desde una perspectiva histórica,
treinta años después de aquel doble cierre, vuelven a resurgir
con urgencias que
ya no permiten
una nueva postergación
las preguntas que entonces –en 1971- quedaron abiertas y
pendientes: ¿Qué cultura ayuda más a consolidar y profundizar una
revolución anticapitalista amenazada
por todos los
vértices: la sistematización
cerrada, la institucionalización generalizada y la glosa sumisa y repetitiva
(llena de “chapucerías y mediocridades”, según Fidel) o la existencia de
intelectuales revolucionarios y críticos? ¿Qué fortalece más a una revolución
tercermundista a la hora de enfrentar al Imperio: la homogeneización completa
de la ideología y la pedagogía en aras de
esfuerzo de cada uno. Los estudios y los esfuerzos
laborales, junto con méritos políticos adquiridos en los hechos, han sido las
vías principales de ascenso social en esta segunda etapa en que la movilidad
social no era ya tan dinámica como en la primera. En todos esos aspectos, y en
otros más, se expresa la continuidad de la revolución en esta segunda etapa
comenzada en los '70. La discontinuidad se expresa también en numerosos
aspectos, varios de ellos verdaderas detenciones y en algunos casos retrocesos del
proceso socialista [...] Pienso que el proceso iniciado en 1986, llamado en
Cuba de «rectificación de errores y tendencias negativas» - un poco
impropiamente, para mi gusto; me parece más exacto llamarle proceso de vuelta
al proyecto original de la revolución socialista y de profundización del
socialismo cubano- ha significado un golpe muy duro al dogmatismo”. Entrevista
a Fernando Martínez Heredia, La Habana, 19/I/1993.Obra Citada.
107 Hemos intentado rastrearlo, en el caso
argentino, dentro de las tradiciones de la izquierda peronista, del partido
comunista y del trotskismo, en nuestro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el
marxismo argentino y latinoamericano. Bs.As., Biblos, 2000. Capítulo IV y V,
pp.113-188 y capítulo VII, pp.219-290.
108 Cfr.Alfredo Guevara: Revolución es lucidez,
op.cit., p.209 y 214.
109 Cfr. Fidel Castro: Discurso en el XX
aniversario de la muerte del Che. En Granma, La Habana, 12/X/1987. p.3-5.
la uniformidad o la posibilidad de debatir,
polemizar y discutir abiertamente –como hizo la revolución cubana durante los
‘60- las distintas opciones culturales en juego? Las respuestas son, desde
nuestra modesta opinión, más que obvias cuando constatamos que en importantes
sectores de la juventud cubana actual, aunque se mantienen la fe y la esperanza
en la revolución al mismo tiempo se ha ido instalando cierto espacio de
descrédito e incluso de indiferencia por el marxismo como ideología.
Indiferencia y descrédito que juegan objetivamente a favor del imperialismo y
su guerra ideológica y cultural contra la revolución. Indiferencia y descrédito
que no son de ningún modo independientes ni ajenos al tipo de cultura
ideológica, política y pedagógica que logró imponerse a inicios de los ’70.
Sin nostalgia ni revival
De la misma manera que en la
Argentina hemos intentado recuperar
la herencia perdida de la revista argentina La Rosa Blindada (hermana
local de Pensamiento Crítico, aunque
de menor duración110)
enfrentando las modas
académicas universitarias que
hoy visitan los años ’60 para mostrarnos -¿inocentemente?- los restos de
un exótico cadáver momificado, no nos interesa recuperar a Pensamiento Crítico
como un bicho disecado ni como una curiosidad de museo. Nada de suspiros
melancólicos y consoladores por “los bellos buenos tiempos que se han ido y...
no volverán”.
Nuestro desafío, el de las nuevas generaciones,
consiste en recuperarla como algo vivo, como parte de un proyecto global
(político y cultural al mismo tiempo) que debe
recrearse pero que también debe seguir siendo
inflexiblemente antimperialista y anticapitalista. Esa es la alternativa frente
a la urgencia del momento que nos impone la reacción global del neoliberalismo
contra las luchas mundializadas.
Pero no se trata hoy de repetir ni de copiar los
años ‘60. Rechacemos la “moda retro” que
nos impone el mercado (incluido el
mercado editorial). Toda copia es
reaccionaria, aunque se haga
en nombre del
marxismo y la
revolución. No intentemos
repetir artificialmente el pasado. Marx nos enseñó que muchas
repeticiones terminan como una farsa...Toda repetición extemporánea se
convierte en una caricatura.
Sí se trata en cambio de conocer, de valorar y de
retomar creadoramente esa herencia revolucionaria cuya impugnación total del
capitalismo sigue a la orden del día y está, porque sigue haciendo falta, más
viva que nunca. En las nuevas condiciones mundiales, cuando la guerra cultural
se ha globalizado, es más imperioso que nunca recuperar ese espíritu crítico y
revolucionario sin escindir jamás el ejercicio de la crítica de la defensa de
la revolución ni la defensa de la revolución del ejercicio de la crítica. ¿Para
qué? Para continuar la resistencia cultural contra la dominación capitalista,
contra la hegemonía neoliberal y contra todo tipo de aggiornamiento frente al
Imperio. Para seguir confrontando contra
nuestros enemigos de siempre. En Argentina y en Cuba, en América latina y en el
mundo. Sin nostalgias complacientes. Sin suspiros. Sin revival.
110 Este paralelismo entre la revista cubana
Pensamiento Crítico y la revista argentina La Rosa Blindada no constituye una
analogía forzada. No sólo ambas revistas de inspiración guevarista adoptaron a
la revolución cubana y a Vietnam como paradigma sino que además promovieron el
mismo tipo de lucha política en lo más álgido de los ’60 en América latina.
Además hubo cruces puntuales entre ellas. Así como Pensamiento Crítico adopta y
reproduce de La Rosa Blindada el artículo de León Rozitchner “La izquierda sin
sujeto”, La Rosa Blindada reproduce en su último número (el N°9) un reportaje y
un cuento de Jesús Díaz. Cfr.La Rosa Blindada, una pasión de los ’60
[Antología]. Estudio Introductorio y compilación de Néstor Kohan, Prólogo de su
antiguo director José Luis Mangieri. Bs.As., Edit.La Rosa Blindada, 1999.
El hombre sin el mito
(A propósito de Ernesto Guevara, también conocido
como el Che de Paco Ignacio Taibo II111)
El personaje quema, la tarea asusta. Sólo un
escritor de ficción podía animarse a reconstruir con semejante realismo la vida
del Che Guevara.
Con una bibliografía comentada de casi 100 páginas,
Taibo lo logró mediante un cálido relato a dos voces, intercalando la suya con
la del propio Guevara. Una técnica narrativa que ya le había resultado en El
año en que estuvimos en ninguna parte, donde reconstruía el oculto laberinto
que llevó al Che Guevara a pelear en 1965 contra el colonialismo europeo en el
Congo africano. Por fin, Taibo rescata al ser humano de la inexpugnable cárcel
del póster, mientras disparando contra el mito nos guía por la acelerada
historia que transformó a Ernesto Guevara en el Che. Un apretado itinerario que
comienza con un típico adolescente de clase media acomodada (que paladeaba el
rugby y soñaba con París), pasando por
ávidas lecturas de
Verne y Salgari,
el asma, la
redacción de un diccionario filosófico, la medicina, los
amigos, los viajes hasta llegar a Guatemala. Allí matrimonio, invasión de
EE.UU., México, encuentro con Fidel, la revolución cubana y el nacimiento de un
“hombre nuevo”: el Che.
El raconto prioriza lo histórico-biográfico y
político dejando en un segundo plano sus complicadas elaboraciones sobre la
teoría del valor. Sin alcanzar por eso el filo analítico de Femando Martínez
Heredia en El Che y el socialismo, o de Michael Löwy en El pensamiento del Che
Guevara, Taibo lo compensa con creces mediante su excelente pluma, ágilmente
adiestrada en novelas y cuentos policiales. Su embriagador estilo narrativo -ya
reconocido por sus novelas policiales- convierte a un macizo bloque de casi 900
páginas en un exquisito bocado, imposible de abandonar hasta no devorarlo por
completo. Su monumental y obsesiva investigación desarticula la difundida
versión de la CIA que apostó siempre a la contraposición Guevara-Castro, aventurando
que el barbado
líder habría obligado
al argentino a exiliarse. Además de sus minuciosas pruebas, Taibo
reproduce una desconocida foto de un Fidel Castro joven infaltable cigarro en
mano revisando el pasaporte de un Che disfrazado con traje, lentes y pelado
(corno ingresaría a Bolivia) que lo observa, a su lado. También incorpora
numerosos manuscritos guevaristas
inéditos, conversaciones
taquigrafiadas y cartas con el líder cubano.
En esta biografía el omnipresente protagonismo de
la CIA -Guatemala, Cuba, África y América del Sur- no se detiene allí. En su
prolongado rastreo de años, el autor llegó hasta sus archivos históricos
(censurados, todavía sin
“perestroika”...) y los
del Departamento de Estado norteamericano. Constataba entonces
que para enfrentarlo en Bolivia “la compañía” – como suele conocerse
popularmente a la CIA- llegó a emplear al criminal nazi Klaus Barbie - uno de
sus agentes hasta 1982- y a cubanos de la extrema derecha de Miami. Taibo
incluye fotos de estos últimos antes del asesinato del Che, vistiendo el
uniforme de los rangers bolivianos y con un gesto autosuficiente y sobrador.
Entusiasta y hasta sentimental, el autor no es sin
embargo complaciente con el Che. De ahí sus varias críticas que le permiten
eludir el tono empalagoso y hagiográfico con que muchos seguidores lo
convirtieron en un santo. En ese sentido, además de cuestionar las
111 El siguiente texto fue publicado en el
suplemento cultural del diario Clarín el 20/2/1997, comentando el libro de
Paco Ignacio Taibo II: Ernesto Guevara, también
conocido como el Che. Buenos Aires, Planeta, 1996.
inexactitudes historiográficas de Ricardo Rojo,
Daniel James, Régis Debray y Adolfo Gilly, Taibo también se queja del
puritanismo de anteriores biografías explayándose sobre un amor que Guevara
tuvo en Sierra Maestra antes de conocer a su segunda esposa y que pudorosamente
se había ocultado hasta hoy. Además de ser sin ninguna duda la biografía más
rigurosa y exhaustiva de las 30 que se han escrito sobre el Che hasta el
momento, este apasionante libro tiene la virtud nada fácil de descolocar a la
mitología y acercarnos al hombre real, de carne y hueso. Ese mismo que siendo
ministro rara vez se ataba las botas, le daba de comer en su propio despacho a
Muralla (aquel perro que defecaba todo el ministerio) y encima los domingos
trabajaba gratis en las fábricas.
En tiempos oscuros, lejos ya de todas partes y muy
cerca del diluvio, su corta y afiebrada vida sigue siendo un acta de acusación.
Palabras ardientes
(A propósito de la compilación La Revolución,
escritos esenciales de Ernesto Che Guevara112)
Murió hace treinta años. Sin embargo, la
irreverente figura del Che Guevara cruza generaciones y se reinstala
heréticamente en este cansado fin de siglo. Como si su recuerdo se hubiera
tomado un respiro para volver a empezar. Mientras Loyola Guzmán -sobreviviente
boliviana del intento que él encabezó- le rendirá tributo en Vallegrande el
mismo día de octubre en que lo mataron, en Argentina un festival de rock, un
seminario académico y una cátedra especial de la Universidad de Buenos Aires
(UBA) lo tendrán como homenajeado principal.
En medio de ese particular clima de avalancha de
recordatorios y conmemoraciones, esta
nueva compilación de
materiales suyos intenta
rescatar algunos de
sus principales ensayos teóricos.
El compilador, Marcos Mayer, explícitamente aclara que en su selección quiso
destacar la coherencia entre lo público y lo privado, entre la ética y la
política, una pareja cuyo actual divorcio alcanzó niveles superlativos.
Pero ni los recortes son inocentes ni las
biografías, neutrales. Y menos si se trata de este personaje. El registro de la
lucha entablada en torno a la permanente (re)escritura de su vida merecería un
libro aparte. Solamente hasta 1989 se habían publicado 26 biografías de
Guevara. Varias acaban de reeditarse. Entre las nuevas, las más famosas son la
mexicana Ernesto Guevara, también conocido como el Che, de Paco Ignacio Taibo
II (probablemente la más rigurosa y equilibrada, con casi 900 páginas), la de Jorge
Castañeda y especialmente la de
Régis Debray, cuya
vocación por ser
best-seller, aun desde
la vereda opuesta
a sus antiguas posiciones
juveniles, batió todos los récords.
La introducción y la escueta cronología de vida
elaboradas por Marcos Mayer no se proponen competir con esos voluminosos
trabajos. No es ese el objetivo de la presente edición. Por el contrario, el
mayor atractivo de este libro está en el privilegio otorgado a aquellos ensayos
donde emerge el Che como pensador y sobre todo a las cartas y discursos
referidos al país de los argentinos, un eje no siempre presente en la
“guevarología”.
Entre los primeros, sobresalen su análisis crítico
del subdesarrollo latinoamericano, del neocolonialismo occidental y del
intercambio desigual que las grandes potencias del Este imponían en el comercio
a sus socios menores. También sus polémicas económicas con los soviéticos y su
énfasis en los estímulos morales a la producción. Quizá Mayer debería haber
incluido en este rubro la poco difundida discusión del Che con el profesor de
economía política Charles Bettelheim, estructuralista del círculo de Maurice
Godelier y Louis Althusser y docente de La Sorbona. Entre los segundos, resulta
muy sugerente para el lector argentino el intercambio epistolar con Ernesto
Sabato (donde el Che le expresa su reconocimiento como pensador, su fascinación
por Uno y el universo, pero le reprocha duramente su comportamiento
político...) y particularmente su “Mensaje a los argentinos”, discurso de
1962 pronunciado para festejar el 25 de Mayo ante
300 argentinos en La Habana. Reunión con asado, mate y zamba, a la cual
asistieron John William Cooke y Tamara Bunke (Tania), además de
otros entusiastas seguidores
del célebre argentino
(posiblemente también estuvieran
allí Ricardo Masetti y Rodolfo Walsh).
112 El siguiente texto fue publicado en el
suplemento cultural del diario Clarín el 2/1/1997, comentando la compilación
realizada por Marcos Mayer que apareció con el título Ernesto Che Guevara: La
revolución. Escritos esenciales. Buenos Aires, Taurus, 1996.
Finalmente Mayer incluye la carta de despedida del
Che a Fidel Castro antes de ir a Bolivia, donde el argentino le llega a decir a
su amigo cubano: “si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último
pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti”.
¿Cuál
Guevara terminará predominando
entre los jóvenes
de los ‘90,
que no lo conocen pero lo admiran? ¿El ícono de las
camisetas, las cervezas y las postales? ¿El “frío” y “cruel” argentino
que interesadamente dibujó
Régis Debray? ¿El
pensador rebelde que emerge de esta lúcida y oportuna
compilación? Sólo ellos tienen la palabra.
Tiempo de revolución
(A propósito de Pombo,
un hombre de la guerrilla del Che
de Harry Villegas Tamayo113)
Mientras su imagen acompaña recitales de rock y su
rebeldía cautiva a nuevas generaciones de jóvenes, la discusión sobre el Che
Guevara se reinstala en este escéptico y descreído fin
de siglo. No
menos de siete
biografías se publicarán
este año sobre
su trayectoria y sus proyectos, vitalmente atravesados por la revolución
cubana.
De sus compañeros en la Sierra Maestra, el Congo y
Bolivia, pocos han sobrevivido para contarlo. Harry Villegas, “Pombo”, nombrado
“Héroe de Cuba” y miembro de su escolta personal, es uno de ellos. Después de
Bolivia, dirigió en Angola a los 60.000 cubanos que lucharon contra el racismo
de Sudáfrica. Hoy, con 55 años y cinco hijos, este general de origen campesino
y piel morena publica su apasionante testimonio inédito en la tierra del Che.
Desde las primeras líneas, el libro explica las
infructuosas tratativas secretas con el Partido Comunista Boliviano (PCB) y los
maoístas para obtener su apoyo a la
insurgencia. Pombo rememora emotivamente
el nombre de
numerosos comunistas bolivianos
que murieron junto a Guevara, mientras el entonces jefe del PCB, Mario
Monge, permanecía fiel a los soviéticos, opuestos a la insurgencia. Señala el
autor que, tras la derrota del argentino, Monge se radicó sugestivamente en
Moscú, donde actualmente es empresario.
Más adelante hace referencia al arriesgado papel
que cumplió en Bolivia la argentina Tamara Bunke (Tania), quien logró
rápidamente infiltrarse hasta codearse con Barrientos y Ovando, los dictadores
militares de aquellos tiempos. Pombo identifica también a varios agentes
clandestinos de la CIA.
En el tramo más atrapante y novedoso para el lector
argentino se señala el lugar fundamental
que ocupaba nuestro
país en los
planes estratégicos del
Che Guevara. Revelación que
permitiría explicar su amplio apoyo al periodista Ricardo Masetti -compañero y
amigo de Rodolfo Walsh- en la insurgencia de Salta de 1963-64, donde también
participó y murió el cubano Hermes Peña, otro miembro de su escolta personal.
El entusiasta apoyo de los mineros de Huanuní,
manifestado al Che en junio de 1967, constituye otro dato escasamente conocido.
Pombo cuenta cómo, para reprimirlo aquella vez, las Fuerzas Armadas bolivianas
ocuparon las minas matando a 87 trabajadores.
Con el escandaloso divorcio entre la ética y la
política como telón de fondo, recorrer hoy estas afiebradas páginas quizás
resulte aleccionador. Fundamentalmente si se comparan los tormentos de los
militares bolivianos a prisioneros indefensos, incluidos lanzamientos desde los
aviones –algo trágicamente familiar para los argentinos-, con la conocida
negativa de Guevara a atacar soldados dormidos o con su enojo ante sus
subordinados cuando éstos capturan y sueltan en calzoncillos a oficiales del
ejército, porque era “una falta contra la dignidad humana que nadie tenía
derecho a realizar”.
Las apasionadas notas terminan contando el vibrante
encuentro en La Habana de los sobrevivientes con su jefe, Fidel Castro, después
de recordar la ayuda personal de Salvador Allende para sacarlos de Chile, país
al que habían escapado eludiendo la espectacular persecusión del ejército
boliviano y la CIA.
113 El siguiente texto fue publicado en el
suplemento cultural del diario Clarín el 30/5/1996, comentando la aparición de
Harry Villegas: Pombo, un hombre de la guerrilla del Che. Diario y testimonios
inéditos.Buenos Aires, Colihue- Editora política, 1996.
Cuando el autor presentó este diario en la Feria
del Libro de Buenos Aires, el escritor e historiador Osvaldo Bayer lo
caracterizó como un gran relato de aventuras. No se equivocó. En cada página
del texto -que incluye varios mapas y fotografías- se respira el peligro y el
olor de la selva boliviana. Sin embargo, es casi seguro que sus mayores aportes
no se encuentren en las increíbles peripecias que evoca sino en sus
revelaciones vinculadas con el Diario del Che en Bolivia y en la íntima
semblanza que Pombo traza de su entrañable compañero argentino. Aquel mismo a
quien Julio Cortázar no dudó en llamar, en aquel triste octubre de 1967,
“hermano mío”.
Pensar la revolución
(Entrevista a Fernando Martínez Heredia114)
Fernando Martínez Heredia fue director del
Departamento de Filosofía de La Habana y de la célebre revista Pensamiento
Crítico (1967-1971), en la que difundió en castellano lo mejor del pensamiento
europeo occidental, desde Sartre, Ricoeur y Barthes hasta Hobsbawm, Althusser,
Anderson, Adorno y Lukács. También allí convergieron “clásicos”
latinoamericanos como Darcy Ribeiro, Eduardo Galeano, León Rozitchner o el
mismo Che Guevara.
Investigador del Centro de la Cultura Cubana Juan
Marinello y colaborador del Centro Martin Luther King de La Habana, Martínez
Heredia es autor de varios libros. Entre otros: El Che y el socialismo (premio
extraordinario Casa de las Américas 1989), En el horno de los 90 y Corrimiento
hacia el rojo. Martínez Heredia ha visitado en numerosas oportunidades la
Argentina, invitado por la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.
Néstor Kohan: ¿Qué recepción tuvo el pensamiento
europeo occidental en el ámbito de las ciencias sociales y de la filosofía en
el plano académico cubano?
Fernando Martínez Heredia: En los primeros años '60
el pensamiento europeo occidental en Cuba registró algunos cambios fuertes en
cuanto a su influencia. Sartre y Camus eran los más más conocidos en los '50,
Merleau Ponty un poco menos. El existencialismo, en suma, era un elemento,
junto con el pensamiento norteamericano en el cuadro cultural cubano de
ciencias sociales y de pensamiento filosófico en los años inmediatos antes y
poco después del triunfo de la revolución. El cambio más interesante es la llegada
de autores marxistas franceses que en los primeros '60, sobre todo del PC
francés, empezaron a ser consumidos en La Habana. Roger Garaudy, Ivez y algunos
otros, empezaron a ser publicados. Y en esto había un interés que expresaba el
deseo de que el llamado "marxismo-leninismo" del tipo del movimiento
comunista internacional -los autores eran del PC francés renovado después del
XX Congreso del PCUS- entrara y dsempeñara un papel en nuestro país. La
"vuelta a Marx" también tuvo en estos autores alguna incidencia y fue
una primera forma de que se habla de ellos en Cuba. Otros autores europeos
occidentales, no de esa procedencia, comenzaron también a llegar con menos
fuerza pero con más interés en personas como yo que formaba parte de un grupo
de jóvenes devenidos profesores universitarios. Es el caso de los marxistas
independientes británicos de New left Review (Robin Blackburn, Perry Anderson y
otros). El caso del belga Ernest Mandel es un poco independiente, empiezan a
llegar algunos textos de él más avanzados los '60. El pensamiento italiano
también empieza a llegar, sobre todo a través de Galvano Della Volpe y varios
de sus alumnos. Marxistas que están en el arco del PC italiano que es mucho más
amplio y a mi juicio más profundo en aquel tiempo que el francés (Lucio
Colletti, Umberto Cerroni y otros más que van apareciendo ni bien van avanzando
los '60).
N.K.: ¿Y Althusser?
F.M.H.: En el caso de Louis Althusser quisiera
detenerme un poquito. A través de la revista La Pensee nos llegan sus primeros
trabajos que después aparecerán en su libro Pour Marx. "Hoy" - el
primero que llegó-, "Contradicción y sobredeterminación", "La
dialéctica materialista" empezaron a ser utilizados en forma de folletos y
después se publicó también el libro Pour Marx
114 Entrevista inédita. Fue realizada en 1997 para
un periódico que, después de leerla, se negó a publicarla.
en edición cubana de 1966. Pero para entonces ya
había sucedido algo demasiado importante. Que es que los que nos dedicábamos a
esos trabajos queríamos ser marxistas y ser marxistas desde la revolución
cubana. No encontramos que el materialismo dialéctico e histórico soviético
-comúnmente llamado DIAMAT- nos sirviera para eso.
Fue la enseñanza que se nos dio al principio por la ayuda que comenzaba entre
los soviéticos y los cubanos.
N.K.: ¿Cómo fue esa enseñanza?
F.M.H.: Fue la enseñanza que se intentó hacer
universal en el país a través de libros de divulgación -los conocidos manuales
de filosofía, economía, de "marxismo leninismo" le llamaban-.
Entonces para nosotros resultaron no sólo insuficientes sino que no eran
atinentes a los problemas que nos queríamos plantear y después, muy
rápidamente, que incluso eran contradictorios con nuestras posiciones en muchos
aspectos. En ese sentido aprendimos a considerar a los autores franceses pero a
entender también que ellos tenían un sesgo ideológico que no compartíamos. El
caso de Althusser es más complejo, decía, porque él apareció como crítico de
esos propios autores franceses. Él aparece en medio de una polémica muy fuerte
con los que yo mencionaba. Aparece ahora sí claramente una vuelta a Marx, a la
letra de Marx, incluso así se va a llamar después el libro más famoso Leer El
Capital, que fue publicado en
1966 en Cuba el primer tomo, y en 1967 el segundo,
que hizo con varios de sus alumnos más destacados. Entonces Althusser desempeña
un papel singular porque es contradictorio. Resulta que por un lado nos ayuda a
volver a los clásicos del marxismo, y por otros lado nos pareció a mí y a otros
compañeros que su posición resulta estéril a la larga por cientificista. Porque
pretende hacer una reconstrucción filológica pero no una utilización con vista
a la creación de pensamiento para enfrentar los problemas del día y después
también hay algo de orden político. Althusser se pone a nuestro parecer al lado
de la dirección del PC francés en medio de la gran protesta que llevó al mayo
del '68 y después. En mi caso personal yo tengo publicada entonces una crítica
a la posición althusseriana. No voy a abundar en esto. En general, el
pensamiento italiano -se habla menos de esto- a nosotros nos resultó
tremendamente importante. Mario Rossi con su obra en tres volúmenes sobre el
paso de la filosofía de Hegel a la filosofía de Marx resultó sumamente
sugerente. Y otros autores a los cuales estudiábamos. En suma, el pensamiento
europeo llegó a nosotros de una manera que se multiplicó según corrían los años
'60. Pero lo fundamental fue que no asumíamos
frente a él, pienso, una actitud de colonización mental como había sido tan
habitual muchas veces. Sino que lo asumíamos de una manera crítica
preguntándonos siempre en qué nos podía servir y todas las preguntas siguientes
eran secundarias respecto a esa.
N.K.: Después de la caída del muro de Berlín, ¿cuál
es la situación de las ciencias sociales y la filosofía en Cuba?
F.M.H.: En realidad, llovió mucho antes de que
cayera ese muro. En Cuba se trató de desarrollar el pensamiento y las ciencias
sociales al amparo de una revolución que necesitaba que esta actividad
resultara también una fuente de desarrollo. Y yo sigo pensando que el cambio de
una sociedad del tipo de la que existía en Cuba hasta 1959 hacia la sociedad
que nosotros proyectamos depende también en mucho de la capacidad de proyectar,
planear y realizar concientemente actividades que parecen imposibles. Esa primera
etapa de la revolución en el poder, yo pienso que se detuvo en los primeros
años '70 ante la realidad de que no triunfaban otros procesos de liberación en
América latina y de que no podíamos obtener una posición económica de
desarrollo autónomo suficiente. Esta segunda etapa -sobre la que yo tengo
publicados trabajos en Argentina- es muy contradictoria. Para los efectos que
estamos hablando
hay que destacar como la ideología procedente de la
URSS dominó en las ciencias sociales y el pensamiento cubano. Hubo una etapa de
más de 15 años en que el pensamiento se empobreció y se dogmatizó. Se puso bajo
la necesidad de justificarse ante una filosofía que pretendió ordenar y decidir
lo que era bueno y lo que era malo, otorgando premios y castigos a partir del
llamado "materialismo
dialéctico e histórico". Los
autores, incluso del
propio marxismo que no
resultaban convenientes para esta posición, fueron abolidos, excluídos. Los
autores no marxistas resultaban sospechosos nada más que al enunciarse que no
lo eran y de este modo devaluados. En realidad esto es muy contradictorio
porque en esta misma etapa, además de que de una manera práctica se afirmó el
socialismo en Cuba como un régimen de justicia social y de internacionalismo
militante muy masivo, se multiplicaron las capacidades culturales y técnicas de
la población. Desde 1972 a 1987 se produjo una transformación de las que yo
creo que no tuvo paralelo en el mundo. Escaso tiempo para un cambio tan fuerte
y tan general. Entonces, como resulta natural, hay una insuficiencia de estos
paradigmas y del autoritarismo con que se implantaron y mantuvieron de la forma
tan tenaz y sistemática con que se divulgaron con relación a la misma población
que se iba creando las preguntas y que se iba haciendo las necesidades
intelectuales y espirituales que tenía. Esto se puede ver -no se puede ver
porque desgraciadamente no se ha publicado casi- en una gran cantidad de
investigaciones muy concretas estimuladas muchas veces por organismos del
Estado cubano acerca de problemas de la sociedad nuestra, acerca de problemas
del tipo sociológico, psicológico y del tipo interdisciplinario y que no
guardan ninguna relación con el dogmatismo general que primaba y al cual se
referían incluso las fuentes del conocimiento posible. A fines de los '80 en
Cuba se estaba viviendo antes de la caída del muro -y esto es importante
señalarlo- una crisis general de todo ese sistema intelectual. Esta crisis fue
marcada por lo que allá se llamó la "rectificación de errores y
tenedencias negativas" iniciada por Fidel en 1986 de manera pública. Este
debate ideológico y político fue sobre todo debate de ideas y de actividades no
decididas de manera administrativa ni represiva, y marcó la situación cubana a
la hora del fin de los regímenes llamados "socialistas" de Europa
oriental.
N.K.: ¿Cómo incidió ese proceso en ese momento?
F.M.H.: Bueno, para las ciencias sociales y el
pensamiento cubano esto tuvo máxima importancia porque no fue un eco
proveniente de Europa Oriental. Fue una crisis de carácter nacional la que
empezó a abatir el dogmatismo y el empobrecimiento del pensamiento en Cuba. En
medio de esta situación de conflicto sucedieron los hechos del '89 al '91 en
Europa oriental. Después de esto naturalmente el desprestigio del socialismo
-incluso como idea- también llegó a Cuba en alto grado. No es comparable,
pienso yo, al de otros países porque entre nosotros la sociedad siguió siendo
de transición socialista como hasta entonces y tampoco porque las necesidades
de sobreviviencia de ese régimen las ha sentido de una manera muy íntima la
mayoría de la población que es el hecho político más importante, creo yo, de
los años '90 en Cuba, la militancia social de la población en defensa de la
manera de vivir que se ha vivido. Ahora bien, yo pienso que para las ciencias
sociales, el pensamiento más teórico en Cuba, la situación en los '90 ha estado
marcada primero, por el retraso teórico muy fuerte en que nos hemos encontrado.
Se formó más de una generación en una fuente teórica, de una manera dogmática e
incomparablemente inferior al de las necesidades actuales. También por una vivacidad
cultural muy grande, una inquietud, que hizo que el rechazo a este tipo de
pensamiento dogmático no fuera meramente un rechazo acomodaticio o nihilista,
sino de búsqueda y que por ejemplo la posmodernidad como idea era debatida en
Cuba desde 1985, cosa que usualmente no se conoce. Y autores de cualquier
parte, en la escasa medida en que llegaban, pasaban inmediatamente de mano en
mano y eran objeto de difusión. Esta situación, la
incapacidad o escasa capacidad de los medios
institucionales para proceder a un cambio en cuanto a la orientación de
ciencias sociales y de pensamiento teórico -quizá por entender que esto podría
ser peligroso para la estabildiad o el orden- y por lo tanto no darse cuenta de
la enorme necesidad, han configurado una situación muy compleja. De todos
modos, avanzados ya los años '90, podemos ver que nuevos grupos de edad
empiezan a apoderarse del pensamiento teórico de un modo muy interesante. La
idea de que todo marxismo es lamentable -una idea muy cercana a la de que el
marxismo dogmático y empobrecido era el que había predominado de una forma tan
absoluta-, esa idea, está perdiendo terreno.
N.K.: ¿Cómo lo vivieron y lo viven los jóvenes?
F.M.H.: Yo creo que esa idea que muchos jóvenes de
hace 6,7,8 años compartían en este momento está siendo sustituída por la idea
de que ahora hay que encontrar qué marxismo pudiera ser el necesario, de una
vuelta a Marx, de un replanteo crítico y sólo crítico pueden ser los replanteos
de esa teoría, pero le falta todavía mucho, incluso yo pienso de la fértil
relación que siempre es indispensable con otras teorías, con otras posiciones.
No es que no exista información sobre algún punto, sobre ella, no es que no se
conozcan algunos libros, pero el grado de indefensión en que ha dejado a muchos
la larga etapa anterior hace que no sea fácil el aprovechamiento práctico de
otras posiciones teóricas. Entonces, en el terreno de las ciencias sociales hay
una situación muy diversificada.
Por ejemplo, la filosofía que, claro, ha sido la
gran perdedora como disciplina, porque la convirtieron en “la reina de las
ciencias” y “la tutora de la actividad intelectual en general” le costó mucho
trabajo sobrevivir a ese destino. Está tratando de reorganizar su función y
debatir sus contenidos en la Cuba actual. Yo pienso que le falta camino por
andar pero una cantidad de personas capaces están tratando de recorrer ese
camino en las universidades y en otras instituciones y en trabajos también personales
por lo cual me parece que, de otra forma, va a volver a tener un lugar en el
pensamiento social. También en el caso de la psicología. Aclaro que yo
considero a la psicología una de las ciencias sociales. En este sentido
quisiera aclarar que allí hay desarrollos muy notables desde el punto de
partida de la investigación concreta de las prácticas de la disciplina y
también de la utilización de marco teórico interesantísimo, de los marcos
teóricos del mundo del siglo XX.
Entonces en la sociología confrontamos graves
problemas porque incluso la Escuela de Sociología desapareció durante más de 12
años, víctima del dogmatismo. Y sin embargo hay un acumulado de investigaciones
concretas muy apreciable y hay posiciones que todavía deben desarrollarse de
conocimiento, de teoría, de debate, que apenas comienzan. En historia hay un
acumulado enorme, es quizás la disciplina social que más ha tenido
posibilidades en toda esta etapa porque
la historia misma del país
ha estado a la
fundamentación de la
revolución. Entonces era mucho más fácil que alrededor de ella se
ventilaran los pleitos de la cultura nacional y de la cultura revolucionaria
frente al dogmatismo, frente a la sujeción ideológica a la URSS. Pero la
historiografía entonces se vio beneficiada como ciencia social por esta situación
y encontramos un campo dentro de ella más lleno de actividad. Yo creo que la
historia tiene muchas posibilidades...
Hoy en las revistas cubanas que se publican siempre
hay una gran cantidad de artículos sobre temas históricos, alrededor de la
historia como teoría, como ciencia.
N.K.: ¿Cuáles son las principales revistas?
F.M.H.: Las principales revistas que se publican en
la actualidad son Temas, Contracorriente,
Debates americanos, La gaceta de Cuba y hay otras
revistas interesantes en el ámbito del
ministerio de cultura como son Revolución y
Cultura, Unión...El partido publica una revista que se ve menos, que comienza y
que se llama Cuba socialista en su tercera etapa. Hay otras publicaciones que
dan abrigo a artículos interesantes. Hay una revista que hace esfuerzos
heroicos al otro lado de la isla que es la Revista Santiago de la Universidad
de Oriente. Hay un cuadro muy interesante porque el de las revistas cubanas de
los últimos cuatro años es superior a la situación económica del país.
N.K.: ¿Pensamiento Crítico tiene posibilidades hoy
en día de volver a existir o de que surja algo similar?
F.M.H.: Yo creo que Pensamiento Crítico existió,
como revista. Como necesidad, pensamiento crítico nunca dejará de existir. Como
revista cumplió un papel, yo fui su director. Al cabo de tanto tiempo, aunque
me siento lleno de vida, no se me ocurre la idea de emprender una actividad
editorial con el mismo nombre y sin embargo lo que nosotros pretendimos, hoy es
muchísimo más fácil. Porque hoy hay una población incomparablemente mejor
preparada, porque las experiencias que dividían a los que estaban en el campo
anticapitalista como marxistas hoy son de otro tipo.
Hoy se sabe bien qué cosa no es el socialismo y qué
cosa no era el llamado "marxismo- leninismo". Además, porque la
capacidad de creación intelectual -no sólo de cubanos, sino en muchos lugares
del mundo- es incomparablemente más alta que en aquellos heroicos y complicados
'60. Ahora, desde cierto ángulo también diría que pensamiento crítico hoy en
Cuba está existiendo, no sólo a través de estas publicaciones que mencionaba
sino a través de los debates que muchas veces tienen jóvenes alumnos en las
Universidades, jóvenes graduados, y otros que no son jóvenes. Que tratan,
frente a los problemas de nuestro tiempo, de construir un pensamiento y algo
que es mucho más importante y díficil de crear, un pensamiento que sea capaz de
responder a las necesidades de una posición anticapitalista a fines de este
siglo, y una posición de creación socialista en las condiciones difíciles
cubanas y en las que vendrán en otros países que van a emprender el mismo
camino, pienso yo. Ahora, en Cuba entonces, quizás pensamiento crítico además
de estar vivo como idea está repartido en la actividad verbal y escrita de
algunos miles de personas. Al menos yo creo que eso es algún adelanto.
N.K.: ¿Te parece que esta moda de la “chemanía” y
los planteamientos más teóricos de biógrafos como Régis Debray o Castañeda
obstaculizan el resurgimiento del guevarismo en el continente?
F.M.H.: Realmente creo que no. Primero porque la
"chemanía" yo la pondría en cuestión. Yo creo que el problema es que
el Che fue ocultado, olvidado, relegado, incluso para muchos fue peligroso
durante muchos años el tener una imagen del Che. Eso no debiéramos olvidarlo
hoy que nos preguntamos “¿Por qué anda la gente por todas partes con remeras
del Che?”. Pensemos si podrían haber
andado así antes, en otra época. Entonces a mí no me asusta el que muchos jóvenes
que traen la remera del Che no puedan explicar exactamente quién era el Che ni
tampoco nada sobre las polémicas téoricas en que el Che estuvo metido. Me
parece que el Che regresa por necesidades sociales muy fuertes especificables
siempre por las coyunturas y por los grupos sociales humanos a los cuales
llega. Pero que en todo caso no puede ser ocultado más.
Entonces, ahora empieza toda una lucha alrededor
del Che. Una lucha cultural también y toda lucha cultural es una lucha
política. Esta lucha cultural va a involucrar la idea de convertirlo en un
producto de supermercado, va a involucrar también a personas que con la mejor
voluntad del mundo realicen productos de muy poca calidad o apreciable en
cuanto a esta vuelta al Che. Eso pasa siempre con toda obra humana. Ahora,
“chemanía” es difícil que haya, lo que sí me
parece que va a haber es una presencia mucho mayor
del Che en la cultura de nuestros países y cuando digo nuestros me quedo corto
porque en Europa occidental el Che regresa con mucha fuerza aunque las
condiciones específicas de allá sean diferentes.
Trabajos como las biografías del Che que ahora, con
muchísimo más fundamento documental y testimonial, aparecen por primera vez, o
sea que marcan un ascenso del nivel científico preparatorio de estos libros,
evidencian la sensibilidad a este regreso del Che. El caso de Paco Ignacio
Taibo II quisiera destacarlo, un libro tan voluminoso y tan ameno. Que ha
acudido a una enorme fuente bibliográfica y de testimonios y ha logrado darnos
no un libro de ensayo sobre el pensamiento del Che -que de ningún modo es eso-
pero sí un examen para todos de la vida del Che que facilita avanzar muchísimo
en su conocimiento.
Pero no me preguntabas por él sino por los libros
de Castañeda y de Debray. Castañeda es un autor mexicano que ha tenido bastante
buena difusión en Argentina desde el año pasado y ahora con la publicación de
su libro, que tiene un recurso bastante inteligente en el título La vida en
rojo, no "la vida en rosa"... Y sin embargo yo siento mucho que esa
inteligencia del título no esté acompañada de la mejor intención del contenido.
Lamentablemente, a pesar de que él allí cite mis libros e investigaciones, me
parece que Castañeda ha producido finalmente lo que nos temíamos, un libro en
el cual el trabajo con documentos, con informaciones sin duda de mérito está
demasiado debido a una intención respecto al Che. Nos quiere decir que "se
trata de una autopsia", "aquí traemos un cadáver", "este
señor, sin duda una persona distinguida, es un aventurero de otros tiempos que
tuvo pretensiones que ya no tienen lugar, es un individuo excéntrico que nos
habla con la lengua de las acciones de otra época, mirémolas si tenemos tiempo,
incluso consumamos este libro para saber mejor que de él no hay nada que
aprovechar". A mí me parece que lamentablemente esta es la actitud detrás
del libro de Castañeda, actitud que más allá de los contenidos, marca
lamentablemente al libro de una manera decisiva.
N.K.: ¿Y en relación con el de Debray?
F.M.H.: Régis Debray ha hecho una larga trayectoria
desde los tiempos juveniles en que se encontró con guerrilleros en Venezuela o
en que escribió "La larga marcha del castrismo en América latina"
para la revista Les Temps modernes o en que fue a Cuba en busca de esa
revolución continental o en que salió de Cuba en busca del Che y lo vio en
Bolivia y fue hecho prisionero por los militares a continuación. Con Régis
Debray fuimos amigos, compartimos en la ciudad de La Habana de aquellos '60 y
compartimos la amistad cuando él era preso en Camiri y depués Régis Debray ha
hecho una larga trayectoria que lo lleva por el camino de una larga desilusión
madurada en Europa a producir una y otra vez el libro en que evoca cómo fue a
América, cómo fue a Bolivia, cómo le tocó tener algo que ver con la zaga del
Che. Creo que por cuarta vez hace eso en Alabados sean nuestros señores. Me
parece que Debray ha cerrado su ciclo y ha encontrado el modo de sentirse
tranquilo, ha hecho cuentas con una parte de su juventud y lo ha hecho a costa
de un proceso histórico, porque se ha sentido en la necesidad de negar lo más
hermoso de aquel momento de su vida. No voy a juzgar porqué lo hace, esto algún
día él mismo pudiera decírmelo pero los resultados son absolutamente negativos
como balance y también incluso nos impiden comprender al autor. Yo entiendo que
Debray ha perdido el rumbo hace años y entonces se justifica, una y otra vez,
por medio de un libro que una y otra vez pretende ser un best sellers.
Debray llegó a Cuba en un terreno formal como
cooperante civil francés asignado al Departamento de Filosofía de la
Universidad del cual yo era el director. El tuvo alguna colaboración formal con
nosotros pues también por él conocíamos con más detalle la calle de Althusser y
sus alumnos, donde está la Escuela Normal Superior, los compañeros de Debray
Etienne Balibar, Rancière, Macheray y otros que se hicieron maoístas, por
cierto -una parte de
ellos-. Entonces Debray tuvo con nosotros cierta
actividad pero no fue de ningún modo la actividad más importante que tuvo en
Cuba ni la que llevó a Bolivia, naturalmente. Pero yo creo que tanto el caso de
Debray como el de Castañeda, como muchos otros del mismo tenor, se inscriben en
el horizonte de una lucha alrededor del Che que recién empieza. Una lucha que
es cultural y toda lucha cultural es una lucha política.
Confesiones de invierno
(A propósito de Alabados sean nuestros señores.
Una educación política de Régis Debray115)
Régis Debray no es un desconocido en la Argentina.
En los primeros años 60 Pasado y presente y La rosa blindada, las dos
principales revistas culturales de la nueva izquierda, publicaron sus
principales artículos.
Más tarde, La rosa blindada editó a fines de 1968
Ensayos latinoamericanos, un grueso volumen de 500 páginas que supo fastidiar
largamente a los burócratas stalinistas. No casualmente en 1967, Rodolfo
Ghioldi, uno de los principales dirigentes del stalinismo argentino, contestó
con un folleto el libro más famoso de Debray: ¿Revolución en la revolución?
(del cual se imprimieron en Cuba 300.000 ejemplares). No sólo Ghioldi se
pronunció. También lo hicieron Rodolfo Puiggrós, Abelardo Ramos, Mario
R.Santucho y muchas otras personalidades argentinas de aquellos años. A la
sombra de la revolución cubana, Debray, que no llegaba a los 30 años, era
famoso y dividía las aguas.
Alumno destacado de la célebre École Normale
Supérieure, Régis Debray fue uno de los
seguidores incondicionales de
Louis Althusser, el
filósofo que en
su autobiografía póstuma El
porvenir el largo lo menciona como uno de sus “alumnos-discípulos más
cercanos”. Él fue su primer mentor.
Los siguientes serían: Fidel Castro (que lo convocó
a la isla luego de que el francés publicara “El castrismo: la larga marcha de
América Latina” en Les Temps Modernes, la revista de Sartre), el Che Guevara
(con quien marcharía a Bolivia), Salvador Allende (con quien se encontraría al
salir de la cárcel boliviana en 1971) y François Mitterand (de quien fue
consejero de Estado durante los años ‘80).
Alabados sean nuestros señores no constituye, como
sus anteriores textos, un ensayo de filosofía política. En su reconstrucción
interesan más las anécdotas y testimonios de su acceso directo
a distintos ámbitos
de poder que
las reflexiones “filosóficas” autojustificatorias elaboradas
a posteriori. Más allá de sus pretensiones, el texto es básicamente un libro de
memorias y de confesiones sobre diversas derrotas, desilusiones y
arrepentimientos. Entre éstos últimos merecen citarse dos expresiones sintomáticas:
“yo no viví los ’60
de oro” así
como también su
agria referencia a
“la juventud robada”. Seguramente hoy Debray lamenta no
haberse divertido como muchos de sus compañeros con la rebeldía estudiantil de
los ’60, tras lo cual, sin mayores traumas, aquellos jóvenes se incorporaron
como buenos padres de familia al statu quo francés. Él, en cambio, tuvo que
pasar años en una cárcel de Bolivia (torturas incluidas) con todo lo que ello
implica para un francés. He allí el núcleo de muchos de sus lamentos tardíos.
Recorrer entonces su libro de un modo lineal
permite apreciar las metamorfosis que transformaron a un joven “nueva
izquierda”, irreverente e iconoclasta, en un lúcido burgués bienpensante,
admirador tardío de De Gaulle. Una trayectoria que él mismo describe como el
pasaje del partisano al miembro conspicuo del establishment. Un balance amargo
que atañe siempre al mismo
papel elegido durante
toda su vida
(aun cuando iba
cambiando de camiseta): el del
intelectual consejero del príncipe.
Porque Debray siempre nadó con la corriente:
incendiario en los ’60, socialdemócrata en los ’80, escéptico en los ’90.
Aunque ese ubicarse siempre en el lugar preciso de la “onda”
115 El siguiente texto fue publicado en el
suplemento cultural del diario Clarín el 16/1/2000, comentando la aparición en
español del libro de Régis Debray: Alabados sean nuestros señores. Una
educación política. Buenos Aires, Sudamericana, 1999 (edición francesa de
Gallimard, 1996).
del momento, que muchos podrían caracterizar –con
fundadas razones- como oportunismo no alcanza sin embargo para opacar el brillo
de su escritura. Antes que nada, Régis Debray es un gran escritor que apostó
políticamente y le fue mal.
En estas confesiones Debray construye un paralelo
entre La Habana y París aunque evidentemente su vínculo con el gobierno de la
primera selló a fuego sus resentimientos actuales hacia sus “mentores” mucho
más que su paso por el Eliseo francés. Por eso la primera mitad de libro se
lleva casi todos los galardones.
El análisis de esas páginas, si bien describe
problemas reales de la revolución cubana (como la pérdida de prestigio entre
los intelectuales occidentales a partir de su alineamiento de 1971 con la
URSS), está sobrecargado de resentimientos personales hacia todo lo que le
recuerde sus “años cubanos” o su amistad con Fidel Castro y el Che Guevara.
A pesar de ello el autor reconoce, a contramano de
muchas biografías del Che redactadas a todo galope durante el boom editorial de
1997 (cuando se cumplieron 30 años de su muerte) que “puedo dar fe de que jamás
hubo ruptura del Che con Fidel”. Para demostrarlo cita largas conversaciones que mantuvo por separado
con ambos líderes revolucionarios sobre
quienes traza su perfil psicológico. En ese sentido, y dentro de una caracterización
sumamente crítica de Guevara por su supuesta rigidez y frialdad personal,
Debray sostiene que “hasta el último de sus días el Che sólo amaba a su madre,
a Fidel y a dos o tres amigos de la adolescencia”.
A pesar de que durante los últimos años Debray ha
apadrinado y alentado contra la revolución cubana a “Benigno”, uno de los
sobrevivientes de la insurgencia boliviana actualmente exiliado en Francia, en
Alabados sean nuestros señores revela cómo el aparato de inteligencia cubano
estaba inmerso en un plan para sacarlo a él mismo clandestinamente de la cárcel
boliviana. Un hecho poco conocido, incluso por los que sostienen que Cuba
abandonó a sus soldados en Bolivia. Por si fuera poco, y dentro de un tono general
de reproches contra Fidel Castro, Debray reconoce también que Cuba fue uno de
los pocos países latinoamericanos, cuando no el único, que no torturó a sus
disidentes.
La lista de confesiones es larga y jugosa. Debray
confiesa que hasta 1967, cuando cayó preso en Bolivia, había sentido “vergüenza
de ser francés”. De allí en más, en lo oscuro de su prisión, tomaría conciencia
de cuan lejos él estaba en realidad de los latinoamericanos. Por ello se volvió
en gran medida un nacionalista francés, a tal punto que actualmente es un
ferviente partidario de la disuasión nuclear de Francia frente a las
impugnaciones pacifistas de Greenpeace. A años luz entonces del ardor febril de
los ’60 que lo tuvo como uno de sus protagonistas destacados Debray, lejos del
mundanal ruido, hoy hace referencia irónica a los zapatistas llamándolos “un
puñado de niños bien dotados”.
A principios del siglo XX, el filósofo José
Ingenieros había sentenciado provocativamente que “ser viejo es ser mediocre”.
Después de leer las confesiones amargas de este libro es triste corroborar
aquella sentencia observando lo que puede hacer el tiempo no sólo con las cosas
sino también, y principalmente, con los hombres. Incluso con los más
brillantes.
Las enseñanzas del Che
Entrevista a Harry Villegas Tamayo “Pombo”116
Harry Antonio Villegas Tamayo, conocido
popularmente por su nombre de guerra “Pombo”, ha sido uno de los pocos
privilegiados que tuvo la suerte de acompañar a Ernesto Che Guevara en los
diferentes escenarios de la gesta antimperialista y revolucionaria que continuó
en nuestro tiempo la que San Martín, Bolívar y Martí encabezaron en el siglo
XIX.
Desde muy joven combatió junto a él y a Fidel
Castro en la Sierra Maestra, participando luego de la toma del poder en la
construcción económica de la transición socialista. Posteriormente fue elegido
por Guevara para la misión internacionalista cubana de ayuda a las tropas
lumumbistas del Congo, y luego para la del cono sur donde luchó, junto a los
bolivianos, en el Ejército de Liberación Nacional (ELN) en aras de la
revolución continental. Tras el asesinato del Che, comanda el grupo que logra
llegar a Chile superando los cercos tendidos por la CIA. De regreso en su país,
marcha nuevamente al Africa donde participa de la lucha que Angola estaba
desarrollando contra el régimen racista de Sudáfrica. Por estos numerosos
combates ha recibido la máxima condecoración de "Héroe de la República de
Cuba". Actualmente es miembro del Partido Comunista Cubano y general de
brigada de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), Ejército Occidental.
Néstor Kohan: Usted acompañó al Che Guevara desde
antes del triunfo de 1959. ¿Tuvo oportunidad de conocer los debates entre él y
los revolucionarios argentinos que en 1962 estaban en La Habana, cuando el Che
pronunció su célebre discurso "Mensaje a los argentinos"?
Pombo: Mira, esa etapa de las discusiones con los
argentinos no la domino en sus detalles. Creo que la proyección del Che para la
lucha en la Argentina queda bien en claro con el apoyo que le diera a Jorge
Ricardo Masetti117. El tenía la concepción de que era factible realmente hacer
la revolución en Argentina, independientemente de todas las
diferentes aristas que
tenían las fuerzas
revolucionarias. Porque una de las experiencias que el Che adquirió en Cuba es
que sin unidad revolucionaria no puede haber triunfo ni éxito revolucionario. O
sea que es necesario agrupar todas las fuerzas, que el sectarismo no lleva a
ningún lugar. Puede haber hecho todo el debate acerca de la forma y los
métodos, explicar en que él tenía confianza, donde él fundamentaba su
experiencia más reciente, pero no negaba el empleo de todas las formas de
lucha. En todos sus llamamientos, en todos sus escritos acerca de la guerrilla
como un método revolucionario, él analiza estas corrientes de un modo versátil.
Analiza la guerrilla pero no se circuncribe únicamente a ella. En su libro
Guerra de guerrillas también llama a la organización de los aparatos urbanos,
de acción y sabotaje, de información, de propaganda, etc. O sea que él concibe
una lucha integral, por todas las vías y todos los medios. E incluso la concibe
desde el
116 Entrevista inédita.
117 Masetti fue un periodista argentino que le hizo
un reportaje al Che en la campaña de Sierra Maestra para radio
El Mundo de Buenos Aires, sellando allí una
entrañable amistad. Junto con otro argentino, el periodista y escritor Rodolfo
Walsh, Masetti funda luego la agencia de noticias Prensa Latina. Más tarde, a
finales de 1963, Masetti penetra en la selva de Salta, Argentina, al frente de
treinta combatientes del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP) donde es
derrotado por la Gendarmería. Prologando su libro Los que luchan y los que
lloran, donde Masetti relata la revolución cubana, Walsh -posteriormente
desaparecido por la dictadura del general Videla en 1977- dijo: "Que su
nombre siga casi ignorado en su país como el pedazo de selva que esconde sus
huesos era previsible para Jorge Ricardo Masetti. Periodista, sabía cómo se
construyen renombres y se tejen olvidos. Guerrillero, pudo presumir que si era
derrotado, el enemigo sería el dueño momentáneo de su historia".
punto de vista de que si hubiera la posibilidad de
crear un movimiento de apoyo -en el contexto de apoyo de las vías diplomáticas,
de las relaciones exteriores- él también era partidario de eso. Y una prueba de
esta concepción del Che es la presencia en Bolivia de Régis Debray. El papel
que él pensaba que debería jugar Debray en el movimiento revolucionario del
cono sur era justamente el de servir como un vínculo de las relaciones
exteriores, el organizar un aparato urbano, y que él constituyera con los intelectuales
progresistas de Europa un grupo de apoyo a todo este movimiento por la
liberación del cono sur y por alcanzar un nivel de vida superior y más humano
que requiere de esfuerzo. Creo que partió en gran medida del ejemplo de la
revolución cubana, de como allí la unidad fue determinante, de como Fidel
magistralmente, a pesar de que la lucha se desarrolló por diferentes vertientes
y en diferentes lugares, al llegar al poder lo que hizo fue aglutinar y atraer
a todas las fuerzas a un solo movimiento. Y de ahí que nosotros pasáramos por
el Partido Unido de la Revolución, que no era un partido hegemónico sino que
era la unión de todas las fuerzas unidas de manera amplia ya que todo aquel que
había luchado por la revolución estaba integrado. Ese fue el primer paso,
después la gente fue adquieriendo conciencia y se fue identificando desde el
punto de vista ideológico de manera más definitoria. Y recién allí surge el
Partido Comunista Cubano. De manera que en nuestro país no es el Partido
Comunista el que hace la revolución. Es un movimiento progresista que lucha
contra una tiranía, contra una opresión, y que después de que llega al poder
llega a hacer realidad lo que nuestros próceres Martí, Céspedes, Maceo y Gómez
habían soñado. Y en ese momento nos encontramos con que nuestro enemigo, los
EEUU, nos quiere anexionar -lo que había sido históricamente una constante-. Y
en esa lucha por impedir que nos anexionen nosotros tenemos que ir
radicalizando gradualmente nuestras posiciones. De todas formas las teníamos que
radicalizar porque es imposible hacer la patria que Martí soñó, en la cual el
respeto por la dignidad plena del hombre sea lo que encabece la ley primera de
la nación, en una sociedad de explotación. Es también imposible hacer una
república de todos y para el bien de todos con explotación.
N.K.: Usted plantea que el Che veía el apoyo a la
revolución argentina en la experiencia de
Masetti. ¿Hizo alguna evaluación una vez que el EGP
de Masetti es derrotado?
Pombo: Él evalúa los errores que se cometen con el
grupo de Masetti. Por ejemplo cómo se circunscribieron mucho tiempo a una misma
área, cómo hubo algunos elementos de falta de autoridad en la dirección.
Autoridad que no se gana por imposición sino que se va ganando por el quehacer.
Eso lo saca él de su propia experiencia. Cuando el Che fue a Cuba no era un
experto en la guerra irregular. Cuando se produce el primer combate él tiene
una indecisión acerca de si seguir participando como el médico de la guerrilla
que era o convertirse en un combatiente. En Pasajes de la guerra
revolucionaria, cuando él dice que en el primer combate -que fue una derrota
para las fuerzas de Fidel- él se ve en una disyuntiva: o tomar la caja de balas
o tomar el equipo de médico. A partir de allí el Che Guevara va transformándose
desde el punto de vista de sus concepciones militares. Y esto lo llevó también
a ser uno de los dirigentes más destacados que nosotros tuvimos en nuestra
guerra revolucionaria. Cuando tú analizas todo esto te das cuenta que Che ve
que Masetti tenía también un proceso de formación pero no deja de ver las
deficiencias y errores que se cometieron. Porque hubo también mucha
incomprensión, mucha falta de unidad y de criterio. Te estoy comentando esto no
porque yo sea un especialista en el tema. Yo he leído después algunas de estas
cosas porque uno de los compañeros que murió con Masetti era como un hermano
mío. Se llamaba Hermes Peña118 y era el
segundo de Masetti.
118 Hermes
Peña, cubano. Forma parte del EGP ocupando el segundo lugar después de Masetti
-que se llamaba
Comandante Segundo-.
También era parte de la escolta del Che. El era mi
segundo en la escolta. Cuando se desarrolló lo de Masetti se seleccionó a
alguna gente. Hermes Peña era de origen campesino, muy noble y muy bueno. Yo
creo que a Masetti se le escapó un poco el control, algo que en este tipo de
cosas es determinante. Justamente el movimiento de Salta no fracasa por la
acción militar sino por los errores que permitieron que la gendarmería -que es
la fuerza que actúa- los capturara y los aniquilara en un período de tiempo muy
corto.
Yo creo que en todo esto la enseñanza más
importante para subrayar es que la concepción del Che es la unidad, que el Che
subordina todos los elementos de la estrategia a algo muy importante que es la
unidad. Porque cuando hay unidad, hay posibilidad de unidad de criterio y por
lo tanto de unidad de acción. Si tú no logras esto, por más sólida que sea tu
teoría y tu concepción, el movimiento revolucionario no va a triunfar.
Luego en Bolivia participan también argentinos,
como Tania -que en realidad venía de Alemania aunque había nacido en Argentina-
y Ciro Roberto Bustos, a quien el Che lo conocía mucho desde antes. Siempre
hablaba mucho de "el pelao". Yo a Bustos lo conocí en Bolivia.
N.K.: Siguiendo con la relación entre el Che y los
argentinos, y ya que usted la mencionó, ¿qué papel jugó la argentina Tamara
Bunke (Tania) en el movimiento de Bolivia?
Pombo: El papel de Tania119 fue muy importante. Es
un papel que se conoce poco, pero que en la historia de la inteligencia es un
gran logro que en un período de tiempo tan corto y limitado se haya logrado
adquirir tanto. Porque es una figura que se siembra -en términos de
inteligencia se denomina a esto "sembrar"- con el objetivo de que
gradualmente vaya teniendo inserción en la sociedad y pueda jugar un papel
informativo, de medidas de seguridad, etc, sin que despierte ninguna sospecha.
Gracias a su personalidad Tania logró insertarse en la sociedad boliviana y en
un período de tiempo muy limitado -dos o tres años- llegó a tener acceso a las
altas esferas de dirección del país con una confianza absoluta como se lo había
encargado el Che. El Che siguió puntualmente
su preparación. Los
bolivianos, por sus
características, la sintieron
como boliviana. Como ella conocía mucho de la cultura y del folklore
bolivianos pudo realizar este trabajo. Podía servir para la lucha en Bolivia o
también para apoyarse en ella y poder venir a la Argentina. Ella realizó con
calidad su cometido. Después, su fervor revolucionario la llevó a querer estar
en la guerrilla, aunque el Che le había planteado que esa no era su misión sino
permanecer en un compás de espera. El hecho de la no participación de Mario
Monge, de la no participación del Partido Comunista determinó que nos viéramos
obligados a reorganizar el aparato urbano y todo esto obligó a que Tania de
forma improvisada se viera obligada a participar en la lucha. Ya después de
esto la sorpresa, el inicio de la lucha de forma no prevista - pues no estaba
en nuestros planes comenzar así- sino escoger nosotros el momento, el lugar, y
aplicar nuestra voluntad...pero bueno, al ser descubiertos nos vimos obligados
a comenzar y en ese momento estaba Tania, estaba Debray y de una forma u otra
se abortó el proceso. Comenzó antes del tiempo previsto, como se había
planificado para organizar todo lo necesario.
119 Haydeé Tamara Bunke Bíder. Argentina. De padres
comunistas alemanes, vive su niñez en Argentina y luego regresa a Alemania
(RDA) junto con ellos. Más tarde viaja a Cuba, donde conoce al Che, bajo cuyas
órdenes marchará a realizar tareas revolucionarias en Bolivia. Su nombre legal
en Bolivia era Laura Martínez Bauer. Su nombre de guerra, “Tania”, que es como
se la conoce popularmente. Muere en combate en la emboscada de Puerto Mauricio
el 31 de agosto de 1967. Su cadáver fue encontrado en el Río grande el 7 de
septiembre de 1967. Puede consultarse con provecho la biografía cubana Tania,
la guerrillera inolvidable. La Habana, Instituto del Libro, 1970 (en esa
oportunidad se editaron 300.000 ejemplares, hay reediciones posteriores).
N.K.: Pero antes de marchar a Bolivia, usted
combatió en 1965 junto a las tropas cubanas que comandadas por el Che, ayudaron
a los seguidores del líder anticolonialista Patricio Lumumba en el Congo. ¿Por
qué eligieron el Congo y no otra colonia africana?
Pombo: En el viaje del Che por Africa, él llevo el
ofrecimiento de Fidel de ayuda a estos países. El le habló a Fidel en ese
sentido, pero no con la intención de ir personalmente. Se buscó al principio en
tres direcciones: el Congo francés, el belga y Mozambique. Y también se le dio
ayuda a Guinea. Pero el Che tenía el plan de ir para Sudamérica. Sin embargo,
cuando se evaluó la situación había en el cono sur toda una posibilidad de
penetración e infiltración de la inteligencia enemiga en las organizaciones
revolucionarias. Se consideró entonces que era más conveniente esperar. El Che
vio que quedaba más céntrico y cercano que la gente estuviera por el Congo
belga, pues desde allí se podía distribuir la gente por varios flancos. Creo
que esa pueda haber sido una de sus valoraciones aunque sinceramente no estuve
en la decisión y por lo tanto no conozco porqué se eligió el Congo. También
había algunos datos, que luego se supo, no eran todos verídicos. Los congoleños
decían que tenían las dos terceras partes del país bajo su control y no era
así. Sí había miles de hombres bajo las armas, eso sí era cierto. Recibieron
armamento y logística, en forma bastante fuerte, de los chinos. Después entró
alguna gente que habían preparado los búlgaros. Con los soviéticos -por lo
menos que yo conozca- no había una relación muy directa en la preparación del
Congo.
En general, el Che siempre pensó que los chinos
podrían llegar a ser más consecuentes en la ayuda, pero no excluía tampoco a
los soviéticos, ni siquiera para Bolivia. Y en este punto partía de una
enseñanza de nuestra revolución, según la cual -nuevamente- el tema de la
unidad de los pueblos es un factor fundamental. Sin la unidad, los
norteamericanos pasean por el mundo y hacen lo que les dé la gana. La unidad de
pensamiento que permitiera lo fundamental, la unidad de
acción, era uno
de los requisitos
imprescindibles que el
Che planteaba como condición para comenzar la guerra. Por
eso todos los llamamientos políticos que hace cuando está al frente de la
guerrilla en Bolivia son llamados a la unidad. Son llamados a que todo hombre
honesto, independientemente de su filiación política, de su filiación
ideológica, participe en la independencia de su patria.
N.K.: El Che dice en su Pasajes de la guerra
revolucionario (Congo) que la lucha en Africa podría durar cinco o diez años...
Pombo: Bueno, eso era un decir. Siempre se previó
una lucha larga y prolongada. Es una característica de la guerra de guerrillas
que se tiene que pasar por muchas fases. Mientras más prolongada es la lucha,
más formación logran adquirir los combatientes. Y salen más sólidos, más
preparados y toman más conciencia. Pero eso no quiere decir que tengas que
esperar diez años. Eso depende de los acontecimientos. En un momento de su
Diario en Bolivia él pensó que si tenía cien hombres más, tomaba el poder y apenas
habían transcurrido siete u ocho meses. Todo depende entonces de como se
precipiten los acontecimientos. En el caso de Cuba fueron dos años. Si tú
analizas la primera fase, una fase muy compleja en que la guerrilla es
totalmente incipiente, muy débil, en que tiene que protegerse de todos...
porque el campesinado te apoya pero no solamente porque tú te identifiques con
todas sus reivindicaciones sino porque ve que tiene posibilidades de éxito. Y
para que esto se produzca tú tienes que tener una fuerza en donde puedas
estabilizarte en una zona en donde se establezcan los vínculos con los
campesinos, en donde de verdad se pueda persuadir, en donde el campesino haya
visto éxitos de parte de la guerrilla.
Este proceso de derrotar con lo poco a lo mucho
requiere de muchas estratagemas. La gente
que ha hecho
guerra irregular, por
ejemplo, los españoles
contra las invasiones
napoleónicas tuvieron este tipo de características.
Y había una efervescencia del pueblo de defender su nacionalidad, no era una
lucha fraticida. Porque en alguna medida la lucha del pueblo en Bolivia era una
lucha fraticida. Era una guerra que comenzaba con el carácter de lucha
interna, independiente de
nuestra presencia. Por
eso nosotros no
entendíamos, no comprendíamos
cuando Gary Prado120 sostenía que nosotros los invadíamos. No se puede concebir
seriamente un acto de agresión, una invasión con cuatro personas. Nosotros
sencillamente, como fue a Cuba Máximo Gómez, como fue el Che, con un espíritu
de voluntariedad, desde una posición ideológica, consideramos que era justo
luchar -y lo seguimos considerando-. Y cuando terminó lo de Bolivia fui a
Angola y a Etiopía... Me parece que pasa por un problema de conciencia, no se
puede entonces concebir como un problema de Estados y decir "un Estado nos
invade con treinta personas". No señor, no se puede eso decir seriamente.
Treinta hombres que fueron voluntariamente a colaborar con un pueblo y con su
lucha por su independencia. Nosotros, los cubanos, recibimos en la guerra de
1868 mucha gente. El mayor general del Ejército mambí -el de la independencia
de Cuba- Máximo Gómez, era dominicano. Y hubo un polaco, un norteamericano,
diez o doce mexicanos hasta chinos hubo... Por eso es tan natural para nosotros
el internacionalismo, porque nosotros mismos somos producto de una solidaridad
internacionalista. En la columna del Che del Ejército Rebelde, ya en nuestro
siglo, había un norteamericano que peleaba. Para nosotros esto del
internacionalismo es una verdadera y auténtica tradición, en el sentido fuerte
de la palabra.
N.K.: ¿El Che hizo algún balance de la derrota del
Congo?
Pombo: Sí, hizo un balance. Hay un libro que él
tiene escrito, se llama Pasajes de la guerra revolucionaria (Congo) y Fidel
consideró que ese balance era muy duro, muy fuerte, muy crítico. Que debía
mesurarse un poco. Era muy crítico consigo mismo -el Che era muy crítico
siempre-, con los mismos africanos y con los compañeros que lo acompañaron. En
definitiva, la coyuntura no dependía de la actitud de la gente sino de que el
nivel de desarrollo del Africa de aquellos momentos no permitía una comprensión
del concepto de nación, del porqué luchar, había un atraso muy grande. Para
poder vencer hubiera hecho falta un desarrollo del concepto de porqué luchar,
de qué significa tu tierra y eso en esos momentos no estaba totalmente maduro
en el África para que se pudiera alcanzar la victoria. El Che consideró que
realmente harían falta veinte años más y ni siquiera veinte años después se
pudo lograr un poco de mayor conciencia nacional. E inclusive yo no sé hasta
que punto los congoleses pudieran haber podido alcanzar ese tipo de conciencia
con un país tan grande y con tan pocas vías de comunicación. En estos momentos
se debe haber retrocedido mucho más de lo que se estaba por las luchas
intestinas. El Zaire, producto del imperio belga, era realmente la posesión inidividual
más grande que haya existido en el mundo. Era un país de una riqueza natural
increíble. Se veía por donde uno pasaba que ya habían hecho las excavaciones
geológicas.
N.K.: Los cubanos se han destacado por su
solidaridad internacionalista, no sólo en nuestro continente sino también con
pueblos de otros continentes como el caso del Congo y Angola, por ejemplo. En
la misma época que ustedes combatían en el Congo, Viet Nam desarrollaba la
lucha por su independencia del imperialismo. ¿Hubo cubanos internacionalistas
que hayan combatido en la guerra de Vietnam?
120 General de división del Ejército boliviano,
jefe de la compañia que capturó al Che.
Pombo: No a pelear, pero sí puede haber habido
gente nuestra que haya ido a tomar experiencia. Porque en definitiva los
vietnamitas son un pueblo que han tenido una extraordinaria experiencia de
combatividad, desde el punto de vista que los vietnamitas derrotaron a los
franceses, a Japón - lo pusieron en jaque-, a Estados Unidos. De modo que la
experiencia y heroísmo de ellos viene de lejos. Ya nuestro José Martí hablaba
de la heroicidad de los ananitas en la segunda mitad del siglo XIX. La
tradición heorica de resistencia que tiene ese pueblo hace que nosotros los
admiremos profundamente. En la reflexión teórica también aportaron los escritos
de Giap, que hemos estudiado mucho.
Aunque nosotros hemos estudiado a los vietnamitas
hemos elaborado nuestra propia teoría de la guerra irregular. Y hoy la tenemos
en la concepción de la guerra de todo el pueblo, que es una concepción teórica
nuestra. La participación de todo el pueblo, en las diferentes formas,
incluyendo la diplomática. Todos los factores de la sociedad participan y
tienen la posiblidad de actuar. En eso se basa la actual doctrina militar
cubana. Y el Che fue también coartífice de esta doctrina militar. Su manual
Guerra de guerrillas, fue considerado por los norteamericanos como lo más
acabado que se había elaborado en cuanto a guerra irregular. Lo tomaron como
texto de estudio -además de su profundidad, porque el Che es muy didáctico-,
hasta que ellos lograron desarrollar un texto propio. Lo estudiaron como texto
a raíz de la efervescencia e inconformidad de los pueblos (no te olvides que en
esos mismos años de Vietnam había guerrillas en Venezuela, Colombia, Perú,
Guatemala, Nicaragua, etc,etc). A comienzos de los años sesenta pretenden
asumir el papel de los gendarmes del continente. La respuesta de ellos fue
doble: económica -la Alianza para el progreso y toda la ayuda que fue una
respuesta puntual a esa lucha creciente, pues nunca la habían hecho antes-, y
la respuesta militar, los boinas verdes, que estudiaban con el texto del Che
-obviamente mirándolo al revés, oponiéndose-.
N.K.: ¿Cómo fue que salieron de Africa para pasar a
Bolivia?
Pombo: El grupo de cubanos que acompañaba al Che
que decidió salir, unos ciento y pico, retornó vía Moscú a La Habana. Se le
pidió ayuda a los soviéticos, nos dieron dos aviones y retornamos de Dar Es-
Salaam (Tanzania, colindante con el Congo). Nosotros, el grupo al cual Guevara
nos había pedido que continuáramos con él, salió en dos días. Uno, en el cual
iba el Che, salió vía Madrid y otro que salió -el mío- con dos miembros del
Comité Central (Osmany Cienfuegos y Tony Perez) vía París-Moscú y nos reunimos
con el Che en Praga. Estuvimos unos meses con él en esa ciudad. El envió a
Papi121 a Bolivia y Fidel lo convenció de que retornara a Cuba. En eso nos
envió una semana a ver a nuestra familia. Él estuvo un mes y pico en Cuba,
participó en los entrenamientos de los compañeros que después fueron para
Bolivia (de allí es la foto que se le presenta a él pelado y con anteojos, que
es como entró a Bolivia). Nosotros, después de ver a la familia retornamos y
nos fuimos para Bolivia, con pasaporte falso. Yo entré por Brasil (San
Pablo-Santa Cruz de la Sierra) y llegamos a La Paz por carretera. Allí hicimos
todo este trabajo de coordinación con los bolivianos que relata mi diario.
N.K.: ¿Existió antes de partir para Bolivia una
reunión previa de dirigentes revolucionarios del cono sur para planificar las
acciones y los objetivos?
121 Nombre de guerra de José María Martínez Tamayo
(1937-1967). Cubano. Miembro del Ejército Rebelde cubano en 1958. Participa en
una tarea internacionalista en Guatemala en 1962 y en 1963 marcha a Bolivia a
cooperar con el apoyo logístico al movimiento argentino de Masetti. Luego
estuvo con el Che en el Congo en
1965. Llegó nuevamente a Bolivia el 18 de noviembre
de 1966 con el pasaporte panameño a nombre de Rolando
Rodriguez Suárez. Muere en combate en la mañana del
30 de julio de 1967.
Pombo: A mí me parece que no. En ningún documento
de Cuba aparece que hubo alguna vez una reunión previa de ese tipo con
dirigentes del cono sur. Si hubiera habido una reunión previa de ese tipo,
nosotros no nos hubiésemos visto en la necesidad -si tú lees el diario122- de
discutir los detalles con Mario Monge123. Si en la lectura del diario que
escribí en aquella época pudieras apreciar la coyuntura de cómo surgen las
decisiones, te podrías dar cuenta de que realmente el Che no pretendía ir a
Bolivia. El Che pretendía ir a Perú. Cuando nosotros salimos del África, la
línea principal era ir a Perú. Y los bolivianos se comprometen con nosotros en
darnos la ayuda para organizar la manera de ir a Perú o a Argentina. Entonces
no existe esta reunión de todos los militantes, de todos los dirigentes del
cono sur. Esto te lo afirmo a partir de lo que yo conozco y de lo que se
acordó.
Cuando tú lees lo que se escribió en aquel momento
y las indicaciones que nos dieron a nosotros que fuimos los que participamos,
tú te das cuenta que no hay ninguna reunión previa. Sino ¿por qué hizo falta
que Monge fuera a discutir a Cuba? Monge va a Cuba antes de entrevistarse en
Bolivia con el Che. Él va a Cuba porque nosotros insistimos en que vaya a allá
a discutir. Todas estas cosas pertenecieron a la primera etapa organizativa.
Las instrucciones que a mí me dieron cuando yo salí de Praga era que le
explicara a Papi concretamente que ya no íbamos para Perú. Que había que
explicarle a Sánchez124 -que era el
representante del grupo peruano que teníamos en Bolivia- las razones. Y todo
esto se fundamentó en que el movimiento peruano estaba penetrado, infiltrado,
como se podía ver por los golpes que le habían dado. Esas eran las
instrucciones que me dieron. Cuando empiezas a ver cómo discutimos con Monge,
tú te puedes percatar de que no hay una reunión anterior. Porque Monge sí
acepta ir a la lucha con nosotros, no con el Che. A nosotros no nos habían
autorizado a decirle que iríamos con el Che. Nosotros le prestaríamos nuestra
colaboración, como revolucionarios, al Partido Comunista boliviano (PCB). Eso
es lo que empezamos a organizar con Monge. Este último se da cuenta de que
había algunas pretensiones de una cosa más grande y entonces empieza a plantear
criterios de que el que va a dirigir es él. Por eso a nosotros la traición de
Mario Monge no nos sorprende en forma absoluta, porque él la fue anunciando.
Por eso proponemos que Monge viaje a Cuba, antes de que viniera el Che para que
discutieran todos estos problemas. Eso te muestra de que no hubo una reunión
previa de coordinación. Porque si hubiese existido entonces implicaría acusar a
todos aquellos dirigentes revolucionarios y de izquierda del continente de no
haber cumplido alguna resolución o acuerdo que se haya tomado o de no haber
sido consecuentes con la línea que se acordó, y eso no es así. Ni siquiera hubo
una reunión previa con Monge. La reunión previa es ésta que te digo, cuando él
viaja a Cuba y allí se le dice que se va a entrevistar con el Che. Hay una
entrevista posterior de Monge, que se publicó mucho tiempo después en Italia,
en la cual él aborda todos estos temas. En esa entrevista italiana él dice que
cuando aquella vez fue a Cuba se le dijo que se iba a entrevistar con el Che.
No se le dijo en que país sería pero él sabía que era Bolivia, por nuestra
presencia allí y por otros elementos que él dedujo. Y fíjate que tampoco Monge
menciona ninguna reunión de coordinación previa.
122 Harry Villegas se refiere a su diario sobre la
experiencia de Bolivia de 1966-67, publicado en Argentina con el título Pombo.
Un hombre de la guerrilla del Che. Diario y testimonios inéditos. Bs.As.,
Ediciones Colihue -Editora Política, 1996.
123 Mario Molina Monge. Boliviano. Fundador y
primer secretario del Partido Comunista Boliviano hasta diciembre de 1967.
Principal responsable del no apoyo del PCB al Che y al ELN. Después de 1967,
Monge se radicó en Moscú donde colaboró en revistas. Actualmente [1997] es
empresario en esa ciudad.
124 Nombre de guerra de Julio Dagnino Pacheco.
Peruano. Miembro dirigente de la red urbana de la guerrilla en La
Paz.
Sí hay una reunión, pero posterior, que se hace con
el dirigente comunista boliviano
Kolle, cuando Monge ya había abandonado la
dirección del PCB. N.K.: ¿Por qué Monge abandona la dirección del PCB?
Pombo: Él sostiene que deja la dirección para
incorporarse a la lucha, porque él no tenía autoridad para llevar al Partido
Comunista a la lucha, por las diferencias en el Comité Central. Hizo al
comienzo una evaluación de la lucha que fue superlativa y dijo que él
consideraba que ésta era una gesta tan importante como la de Murillo.
N.K.: La negativa de Monge de llevar a la práctica
esos planteos generales tuvo que ver con la posición de los soviéticos?
Pombo: Existe un video italiano que todavía no se
publicó pero que se está por publicar donde se trata de demostrar justamente
eso. En ese video entrevistan al viceministro de relaciones exteriores para
América Latina de los EEUU -no recuerdo el nombre ahora- y él trata de situar
en tiempo y espacio la decisión de Monge en función de los acuerdos de los EEUU
y la URSS, y llega a la conclusión de que Monge sí estaba bajo influencia de
los soviéticos. Monge dice que él sí les dijo a los soviéticos, después que
salió de Cuba, toda esta concepción de la posibilidad de la lucha y que los
soviéticos no le dieron ninguna orientación, que él actuó por sus propias
convicciones...
N.K.: Pero ¿la posición de Monge era una posición
aislada? Si a partir de lo que usted dijo uno piensa que el Che quería venir al
cono sur para pasar luego a la Argentina, y que en Argentina la vieja dirección
de Victorio Codovilla tampoco le tenía "demasiada simpatía" a la
posición del Che...
Pombo: No sólo Codovilla125, los dirigentes de los
partidos comunistas, ninguno. En mi diario tú puedes encontrar que Rodney
Arismendi126, en una reunión de los dirigentes de los partidos comunistas en
Brasil, exigen a Monge que se haga pública la presencia de los cubanos en
Bolivia. El Che sabía que los partidos comunistas no estaban en la línea de la
lucha armada y que los partidos nunca aprobaron esa línea, ni siquiera el
cubano, el Partido Socialista Popular (PSP). Por eso nosotros hicimos el partido
-el Partido Comunista Cubano- después. Cuando el PSP vio que cambió la
correlación antes de tomar el poder mandó a algunos dirigentes...
N.K.: ¿Hubo apoyo argentino para el Ejército de
Liberación Nacional de Bolivia?
Pombo: No hubo una coordinación previa. Sí se
intentó analizar alternativas viables. Dentro de la estrategia del Che de
atraer a todas las fuerzas, él empieza a conversar con toda la gente que tiene
la posiblidad de borrar algunas cuestiones tácticas e incorporarse a la lucha
desde el punto de vista de un frente amplio, porque no quería que se
circunsbriera y se limitara a la línea de lucha de nosotros sino que cada
quien, con su propia línea pueda colaborar para obtener la victoria. La
concepción del Che es amplia, no sectaria, es aquella con la cual el Che
desarrolla todo su trabajo, como experiencia de lo que logramos nosotros en
Cuba, que lo hicimos después
125 Victorio Codovilla. Italiano. Inmigró y se
radicó en la Argentina cuando era un adolescente. Aunque no fue de los
principales en la fundación del PC argentino en 1918, se transformó en su
máximo dirigente a partir de 1928, liderazgo que mantuvo hasta 1970, cuando
fallece en Moscú.
126 Rodney
Arismendi. Uruguayo. Secretario general del Partido Comunista Uruguayo (PCU)
desde 1955 hasta
1988.
de la revolución. El Movimiento 26 de julio había
sido el de más prestigio, el de más autoridad, eso se sabe, pero se coordinó
con todo el mundo que luchó por derrotar a la tiranía. Después, aprendiendo de
toda esa experiencia de unidad sale el Frente Farabundo Martí, el Frente
Sandinista, etc, en aras de algo que es lo más importante y determinante para
alcanzar la victoria, que es la unidad.
N.K.: En Bolivia, ¿con qué grupos locales ustedes
intentaron forjar la unidad?
Pombo: Nosotros hablamos en primer lugar con el
Partido Comunista, pero también con el grupo de Zamora127, que eran pro-chinos
y con una escisión de ese grupo encabezada por Moisés Guevara128.
N.K.: ¿Intentaron con el Partido Obrero
Revolucionario (POR) de orientación trotskista, dirigido por Guillermo Lora?
Pombo: No, con Lora no.
N.K.: Usted plantea que el objetivo final del Che
era pasar a la Argentina. ¿Tenía algún plan para la lucha en Argentina?
Pombo: El tenía un plan global para el cono sur, y
dentro del cono sur el país más importante era la Argentina. El Che pensaba que
como los norteamericanos suponían que no podía haber una revolución, no se
habían preparado en Bolivia. Y además, que con la participación del partido
(PCB), que era una fuerza sólida, en unión con el resto de todos estos grupos
que te mencioné, más la participación de Lechín129 que después se incorpora luego de discutir en
Cuba, el Che pensaba que se podía alcanzar el poder en un período de tiempo muy
corto, porque se iba a utilizar el beneficio de la sorpresa. Y la sorpresa es
uno de los elementos determinantes en las acciones militares para la victoria.
¿Por qué la sorpresa? Porque íbamos a coger un ejército que no estaba preparado
para esta lucha y a un gobierno que tampoco estaba preparado porque estaban
confiados en que no habría allí una segunda revolución, después de la de 1952.
Incluso con la estrategia económica que los norteamericanos utilizaron para
frenar la efervescencia, que fue la "Alianza para el progreso", no le
dieron mucho a Bolivia. Y con la estrategia militar de los boinas verdes,
tampoco les dieron nada en preparación. El Che sabía que si tomábamos el poder,
había que construir un movimiento de base muy fuerte para que al defender su
revolución Bolivia se tornara en internacionalista. Con la preparación de todos
los peruanos, los argentinos que participaran, iba a ser recíproca la ayuda. Y
saldrían de allí columnas internacionales -junto con los cubanos que también
participaríamos-. Entonces la lucha se trasladaría a los grandes
escenarios. Ya en
la primera etapa
iban a participar
los revolucionairos argentinos,
que realmente lo hicieron. Hubo una división argentina que marchó hacia
la frontera y se acercaron en busca de nosotros, también los revolucionarios
brasileños asumieron la responsabilidad de
127 Oscar
Zamora. Disidiente del PCB en 1964, formó el Partido Comunista Marxista
Leninista, que tenía una orientación maoísta.
128 Moisés Guevara Rodríguez. Boliviano. Dirigente
minero de Huanuni y miembro fundador del PCB. Luego pasó al PCML de tendencia
maoísta, del cual se escindió. Finalmente se incorpora con su grupo al ELN.
Cayó en la emboscada de Puerto Mauricio el 31 de agosto de 1967.
129 Juan Lechín Oquendo. Máximo dirigente de la
Central Obrera Boliviana (COB). Fue miembro del Movimiento
Nacionalista Revolucionario (MNR) y vicepresidente
de Bolivia con Paz Estenssoro (1960-64).
financiamiento económico. El objetivo fundamental
era combatir en Bolivia y lograr su independencia. Hacer con Bolivia lo que en
Cuba se había hecho con la Sierra Maestra: una base de la cual irradiaran otras
columnas a combatir en otros lugares. Y además defender esta revolución contra
cualquier fuerza. Pensábamos que en la segunda etapa irían los norteamericanos,
invadirían ellos mismos sin confiar en ningún ejército local.
N.K.: En su plan de triunfar en Bolivia y pasar a
la Argentina, ¿el Che no había evaluado que el Ejército argentino era mucho más
poderoso que el boliviano y que aquel sí estaba ya preparado para la lucha
contrainsurgente?
Pombo: Debe haber evaluado, yo creo que sí. Lo
primero que hay que hacer es evaluar al enemigo. Pero el Che nunca planeó
enfrentar frontalmente al Ejército argentino. El había concebido una guerra
irregular y en este tipo de guerra, cuanto más poderoso es un ejército y está
construído sobre los métodos y formas de abastecimiento, más difícil le es ir a
luchar en la guerra irregular, a luchar en pequeños grupos, a dispersarse en
pequeños pelotones, a meterse en la selva, esto es mucho más difícil. Morder y
huir, no aceptar el combate, aplicar todo lo que es la táctica guerrillera
propiamente dicha. Eso podía ser destruído o podía triunfar. En una guerra tú
llevas dos sacos, el de vencer o el de perder. Y no puedes concebir que una
guerra siempre tiene que ser totalmente victoriosa. Si tú te fijas en el
contexto social, tú puedes tener un revés, pero si las necesidades sociales
todavía están latentes...en Bolivia perdimos un combate pero las proyecciones
sociales no desaparecieron, entonces tú nos has perdido la guerra. Como hay
miseria las luchas de los mineros siguen latentes. Mientras que sigan las
condiciones que propiciaron la lucha, no se puede decir que no existan
posibilidades para que surja un movimiento revolucionario.
Hay que partir de que el revolucionario aplica los
métodos irregulares que pueden ser de diversas formas y de diversos tipos,
porque el que tiene que vencer al fuerte, siempre es débil; tiene que vencer a
lo mucho con lo poco, y por lo tanto tiene que jugar la habilidad, la
estrategia, la picardía. Eso es lo determinante. No puedes circunscribir la
guerra irregular al método de la guerrilla. Hay diversos métodos y diversas
formas. Y surgirán más formas y más métodos en virtud de las condiciones
concretas. La guerrilla en el desierto no es igual que la guerrilla en la
selva. La lucha urbana no es igual que la guerrilla en el monte. Cada una tiene
sus propias particularidades en función de las condiciones concretas.
N.K.: Ya que menciona la estrategia político
militar guevarista, fíjese usted que tras su muerte y en una época de reflujo
revolucionario, el enemigo y muchos "amigos" han intentado
neutralizar al Che presentándolo como un simpático héroe romántico, un Quijote,
un Robin Hood o un monje laico, pero cuestionándole sus aportes a la teoría
revolucionaria atribuyéndole y rechazando su supuesto "foquismo".
¿Son completamente asimilables la concepción política guevarista y la
concepción foquista que Régis Debray tenía en los años sesenta, o existe una
diferencia entre ambas?
Pombo: Mira, Régis Debray ponía el foquismo como
una cosa superlativa, en cambio el Che consideraba que no era superlativa ni la
única vía, que eso era muy mecánico. El Che consideraba que era una vía
posible, que fue la que dio resultados en Cuba. Aunque aquí tampoco era
foquismo. Nosotros los cubanos empezamos allí, porque había que empezar en
algún lugar y después nos expandimos durante la guerra revolucionaria antes de 1959.
Esa era una de las concepciones fundamentales en que el Che ponía mucho
énfasis. Y además existen otras razones para la diferencia entre ambos. Los
bolivianos tienen un documento incautado con las críticas que el Che le hace a
Revolución en la revolución. Al Che no le había gustado ese
trabajo de Debray, le hizo anotaciones críticas e
incluso llegó a discutirlas con Debray. Sus anotaciones las tiene hoy en día el
ejército boliviano.
N.K.: ¿Qué libros leía y estudiaba con ustedes el
Che en Bolivia?
Pombo: Hicimos una biblioteca bastante amplia.
Teníamos muchos materiales de carácter económico, de carácter histórico. El
tiempo que estuvimos en Bolivia haciendo vida clandestina nos permitió ir
adquiriendo unos 500 ó 600 libros. Nos dedicábamos a leer y a hacer trabajo
organizativo. Cuando el Che llega le informamos y nos dijo "Vamos a
recogerlo todo". El iba haciendo análisis de carácter filosófico...Parece
que él tenía la intención de escribir acerca de la nueva sociedad de manera un
poco más sólida. Leía a los clásicos, a Marx, a Engels, también a Lenin e iba
subrayando y tomando notas, y después yo se lo pasaba a cuadernos y sobre estos
cuadernos él iba elaborando sus ideas, sobre cada uno de los aspectos y
estudios que él iba desarrollando. Además de estas cosas leía colectivamente
con todos nosotros novelas costumbristas de forma tal que entendiéramos al
hombre sudamericano. Date cuenta de que nosotros estábamos muy alejados y
aunque tenemos las mismas raíces, la misma lengua, gran parte de las costumbres
del indio nos son muy lejanas. En Cuba los españoles desaparecieron al hombre
autóctono y después está la mezcla de nosotros, los negros, con los gallegos, y
surgió el criollo. Entonces acá había otros hábitos...Entonces el Che trataba
de transmitirnos la psicología de la gente de Bolivia.
Nosotros hemos insistido mucho ante el gobierno
boliviano para ver si se pueden recuperar todas estas libretas que son muy
valiosas.
N.K.: ¿Fue determinante el papel de la CIA en la
derrota de la lucha guerrillera en Bolivia? Pombo: La CIA tomó una
participación activa cuando evaluó por los rasgos del movimiento, por
la agresividad, que había gente con preparación y
que había gente con dominio de la guerra irregular. Al valorar eso hizo una
selección de cuadros y la CIA mandó sus cuadros cubanos tomando en cuenta que
era muy posible que estuviera el Che allí. Ayudaron a organizar la
inteligencia, el sistema de espionaje, pero eso no fue determinante. Si
realmente la dirección del partido (PCB) hubiera asumido la responsabilidad que
le correspondía ante su pueblo -al que nosotros estábamos ayudando- o se
lograba como resultado la independencia de Bolivia o al menos se hubiera
logrado una gran efervescencia del continente. Bolivia era realmente el lugar
idóneo para poder luego irradiar columnas a los demás países -que era lo que
originalmente quería el Che-. Y digo puntualmente "la dirección del
partido" y sobre todo Monge porque la responsabilidad no fue de todos los
militantes del partido. Inti, Coco130, Ñato131, Aniceto132, la Loyola
Guzmán133...o sea que ni siquiera toda la dirección ni todo su comité central
tiene la
130 Roberto Peredo Leigue. Boliviano. Fundador del
PCB y de la JCB. Miembro del Comité
Regional del PCB. Colaboró con los movimientos revolucionarios de Perú y de
Argentina (Masetti). Formó parte del ELN. Cayó en combate el 26 de septiembre
de 1967.
131 Julio Luis Mendez Korne. Boliviano. Miembro del
PCB. Ayudó a escapar a través de Bolivia a los sobrevivientes del ELN del Perú.
Cayó en combate el 15 de noviembre de 1967.
132 Aniceto
Reinaga Gordillo. Boliviano. Dirigente de la JCB. Miembro del ELN. Cayó en
combate el 8 de octubre de 1967.
133 Loyola Guzmán Lara. Boliviana. Miembro de la
JCB. Encargada de finanzas del ELN y miembro de su red urbana. Arrestada el 14
de septiembre de 1967. Amnistiada en 1970. Preside actualmente la Asociación de
Familiares de Detenidos, Desaparecidos y Mártires por la Liberación Nacional
(ASOFAMD).
responsabilidad, muchos de ellos combatieron y
murieron con nosotros. Es fundamentalmente
Mario Monge el responsable.
N.K.: ¿El Ejército boliviano tenía ya una doctrina
de guerra contrarrevolucionaria?
Pombo: Debe haber tenido una doctrina de la lucha
irregular pero los norteamericanos no le habían prestado toda la atención al
ejército boliviano porque presuponían que después del proceso de reformas de
1952 no habría una nueva revolución allí. Ya sobre la marcha ellos deciden
mandar la compañía fracción de los rangers estructurada de forma tal que con un
batallón formaban un regimiento y entonces ellos se desplegaban como
instructores hasta diferentes niveles y el resto lo hacían con los
"naturales", los "nativos". Así formaron las compañías que
actuaron contra nosotros. Nosotros sí nos dimos cuenta cuando cambio la
correlación cualitativa del enemigo. Empezaron a combatir con mayor preparación
y nos dimos cuenta automáticamente de que teníamos un enemigo más fuerte y
teníamos que ser un poco más cuidadosos. No fuimos todo lo cuidadosos que se
hubise requerido porque la propia vida nos lo impuso, no porque no supiéramos
las cosas que estábamos violando. Estábamos violando principios de la lucha de
guerrillas pero había que violarlos en aras de la confraternidad humana. Por
ejemplo, nosotros no podíamos dejar a Joaquín134 aislado allí, lo teníamos que buscar costara
lo que costara para poder sacarlo e irnos a combatir adonde teníamos que
hacerlo y esto nos llevó mucho tiempo. Y ya al final el tema de los enfermos,
no los podíamos dejar. Tú sabes que el Che cae en combate en aras de permitir
que los enfermos lograran salir del cerco. Y entonces no podríamos decir que nos
derrota la táctica del enemigo sino principios de nuestra propia táctica que no
podíamos aplicar y no quisimos aplicar en aras de tener la obligación moral de
auxiliar a nuestros compañeros. Si una guerrilla no crea esta confraternidad,
esta solidaridad humana, no responde a la causa por la cual ella existe que es
el bienestar del ser humano. Pero el bienestar del ser humano no puede ser
abstracto, pues cuando tienes un hombre cercano no puedes ser capaz de
abandonarlo. Esta es una contradicción, es muy altruísta y muy humano pero es
una contradicción. El socialismo busca que el hombre sea más humano y más
colectivo, que el hombre sea menos Robinson Crusoe, menos individualista, y
estas son las consecuencias de esta visión del mundo.
N.K.: ¿Ustedes participaron en la segunda etapa de
la guerrilla de Bolivia?
Pombo: En la segunda experiencia guerrillera de
Bolivia, participamos en la organización. Cuando te digo "nosotros"
estoy hablando de mi persona. Y también Beningo135, Tamayo136 no participó.
Inti137 pidió ayuda y en una región que se llama Baracoa, todo este grupo se
entrenó
134 Juan
Vitalo Acuña Nuñez. Cubano. Combatiente de la Sierra Maestra donde es ascendido
a comandante en
1958. Miembro de las FAR y del Comité Central del
PC cubano. Jefe de la columna de la retaguardia del ELN de
Bolivia. Cae en la emboscada del vado de Puerto
Mauricio. Su nombre de guerra era Joaquín.
135 Dariel
Alarcón Ramírez. Cubano. Participó en la lucha de la Sierra Maestra con Camilo
Cienfuegos. Marchó posteriormente al Congo con el Che y de allí a Bolivia. Fue,
junto a Pombo, uno de los cinco sobrevivientes de ELN. Su nombre de guerra era
Benigno.
136 Leonardo Tamayo Nuñez. Cubano. Combatiente de
la Sierra Maestra y escolta del Che. Combatió en el Congo y en Bolivia. Fue uno
de los cinco sobrevivientes del ELN. Participó luego en misiones
internacionalistas en Angola y Nicaragua. Actualmente es Coronel del Ministerio
del Interior de Cuba.
137 Guido
Alvaro Peredo Leigue. Boliviano. Miembro del Comité Central del PC boliviano.
Ayudó en el apoyo logístico al grupo de Masetti en Argentina en 1963-64. Fue
uno de los sobrevivientes del ELN. Escribió Mi campaña con el Che y trató de
reoganizar el ELN. Delatado, el ejército lo capturó y asesinó el 9 de
septiembre de
con nosotros y cuando terminamos el entrenamiento
de carácter militar Inti salió para La Paz, para organizar la recepción de toda
la gente. A mí me hicieron un tratamiento para alizarme el pelo pero me
quemaron y tuve entonces que quedarme un poquito para que no se me infectara,
mientras salió Benigno. Pero Inti, mientras tanto, en lugar de mantenerse
quieto, intentó tener algo del Che y empezó con alguna gente a buscar las manos
del Che, u otros elementos...y de una forma o de otra esto precipitó que lo emboscaran.
Cayó en una trampa y murió en un combate en Cochabamba, cercado en una casa. En
la casa había una muchacha nueva, muy valerosa, que se había incorporado. Se
habían integrado también unos estudiantes que estaban en Alemania, otros en la
Unión Soviética y el resto en Cuba. Eran parte de una intelectualidad
progresista avanzada. Con la muerte de Inti se truncó esta idea y nosotros no
pudimos salir de Cuba porque hubiese sido entregarnos. No sabíamos que era lo
que había ocurrido. El Chato Peredo -uno de sus hermanos- intentó dirigir lo
que quedaba del grupo pero no tenía condiciones y el grupo se disolvió.
N.K.: ¿Cuál sería la principal enseñanza que en lo
personal usted extrajo de todos los años que ustuvo luchando junto al Che y
cuál sería la herencia que legó para el mundo actual?
Pombo: Yo creo que la principal enseñanza que el
Che ha dejado a la humanidad es su capacidad y su convicción plena de la
necesidad de transformar al mundo, y de hacer cambios profundos en la sociedad.
Y ha sido su desprendimiento de todo lo que personalmente pudiera haberlo
satisfecho. Porque para él la concepción de una sociedad mucho más justa tenía
más importancia y lo hacía más feliz que tener un automóvil o tener riquezas.
Era una persona con una concepción altruista muy completa. Creo que dio también
una enseñanza de optimismo, de confianza en la victoria. En las condiciones
difíciles en que se comienza la guerra en Bolivia, sin estar las cuestiones
organizadas, cayendo de arriba un ejército con miles y miles de gentes,
combatiendo permanentemente todos los días... y si tú lees el Diario del Che en
Bolivia no encuentras un síntoma de falta de confianza en la victoria.
Inclusive, toma su análisis de septiembre u octubre y te vas a dar cuenta que
él todavía mantiene un entusiasmo en que se puede ganar la guerra, cómo dice
"salimos del cerco". O sea que está imbuído claramente de aquello en
que Fidel es un maestro: el entusiasmo. La confianza plena en las masas, la
confianza en el pueblo. El Che no busca en el pueblo las dificultades, los
problemas, sino las vías y las virtudes para empujar al pueblo a conseguir los
objetivos que le permitan transformar y hacer una sociedad distinta.
Tú siempre tienes que partir de que el militante
revolucionario es un soñador, un soñador despierto pero un hombre que sueña, un
hombre que quiere modificar la sociedad, que quiere el bienestar para todos,
eso no es fácil alcanzarlo en una sociedad como la que vive el mundo
actualmente, dividida en clases. La sociedad y el mundo actual están
hegemonizados, después de la desintegración de la URSS, por una sola
superpotencia. Con todos estos elementos tú te das cuenta de que los
revolucionarios lo hacen todo por conciencia y de que la concepción
revolucionaria está dada justamente por la comprensión de la justeza de aquello
por lo cual tú luchas. Los norteamericanos están tratando de desintegrar
inclusive la Nación-Estado. A los italianos los han dividido en dos. Reducen de
este modo toda la lucha de Garibaldi e intentan en toda Europa reavivar las
luchas religiosas y étnicas. La desintegración de las naciones-estado le ayuda
mucho, pero ellos mismos no permiten que sus propios estados se desintegren.
Pretenden también dividirnos a nosotros, los cubanos, para anexarnos, para
convertirnos en el estado número 52. Y como plantea Fidel, no se lo vamos a
permitir de ninguna manera. Así es la situación del mundo actual. La gran
falencia de nosotros, los latinoamericanos es la falta de unidad.
_____________
1969. Su nombre de guerra era Inti.
Por eso creo que la principal enseñanza que nos
dejó el Che es la necesidad de la unidad inquebrantable de los revolucionarios,
como base para alcanzar la victoria.


Publicar un comentario