© Libro No.512. El Psicoanálisis de Niños. Klein, Melanie. Colección E.O. Noviembre 2 de
2013.
Título original: © El Psicoanálisis de Niños. Melanie Klein.
Versión Original: © El Psicoanálisis de
Niños. Melanie Klein.
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Emancipación: Guillermo Molina Miranda
Melanie Klein
EL PSICOANALISIS DE NIÑOS
PREFACIO A LA PRIMERA
EDICIÓN
Este libro se basa en las observaciones
que he podido hacer en el curso de mi trabajo psicoanalítico con niños. Mi plan
originario fue dedicar la primera parte a la descripción de la técnica
elaborada por mi, y la segunda, a la exposición de las conclusiones teóricas a
las que la práctica me había llevado gradualmente y que parecen, ahora, a su
vez, adecuadas para fundamentar la técnica que empleo. Pero mientras escribía
este libro -trabajo de varios años-, la segunda parte desbordó sus limites.
Además de mi experiencia en análisis de niños, las observaciones realizadas
durante el análisis de adultos me condujeron a aplicar mis puntos de vista
concernientes a los primeros estadíos de desarrollo del niño también a la
psicología del adulto, y he llegado a ciertas conclusiones que expondré más
adelante en estas páginas como una contribución a la teoría general
psicoanalítica de estos primeros estadíos del desarrollo del individuo.
Esta contribución se basa en un todo en
los conocimientos que Freud nos transmitió. Aplicando sus descubrimientos logré
ganar acceso a la mente de niños pequeños y pude así analizarlos y curarlos.
Procediendo así, además, pude hacer aquellas observaciones directas sobre los
procesos tempranos del desarrollo que me han conducido a las conclusiones
teóricas presentes. Estas conclusiones contienen una corroboración completa del
conocimiento alcanzado por Freud en el análisis de adultos y son un intento de ampliar
este conocimiento en una o dos direcciones.
Si este intento tiene éxito, y si este
libro agrega realmente unas pocas piedras más al creciente edificio del
conocimiento psicoanalítico, debo mi primer agradecimiento a Freud mismo, que
no sólo hizo surgir este edificio y colocó las bases que permitirían su futuro
crecimiento, sino que siempre dirigió nuestra atención hacia aquellos puntos
sobre los que se podía seguir trabajando.
Quisiera luego mencionar lo que debo a
mis dos maestros, doctor Sandor Ferenczi y doctor Karl Abraham, quienes me
ayudaron a llevar adelante mi trabajo. Ferenczi fue el primero que me introdujo
en el psicoanálisis. También me hizo comprender su verdadera esencia y
significado. Su fuerte y directa comprensión del inconsciente y del simbolismo
y su notable "rapport" con la mente infantil tuvieron una duradera
influencia en mi comprensión de la psicología del niño pequeño. También me
señaló mi aptitud para el análisis de niños, por cuyo progreso tomó un interés
personal, alentándome a dedicarme a este campo de la terapia analítica, tan
poco explorado hasta entonces. Más aun, hizo cuanto pudo para apoyarme en mis
primeros esfuerzos. Es a él a quien debo mis primeros pasos en mi trabajo de
analista.
En el doctor Abraham tuve la gran
fortuna de encontrar un segundo maestro, que tenía la facultad de inspirar a
sus alumnos para que pusieran lo mejor de sí mismos al servicio del
psicoanálisis. Para él, el progreso de esta ciencia depende del esfuerzo individual
de cada psicoanalista, del valor de su obra tanto como de la calidad de su
carácter y del nivel de sus conquistas científicas. Estos altos ideales ya
estaban en mí cuando con este libro de psicoanálisis intenté pagar parte de la
gran deuda que tengo con esta ciencia. Abraham comprendía totalmente las
grandes posibilidades teóricas y prácticas del análisis de niños. En el primer
congreso de psicoanalistas alemanes en Würzburg, en 1924, Abraham, al resumir
el relato que leí sobre "Una neurosis obsesiva en un niño", dijo
palabras que nunca olvidaré: "El futuro del psicoanálisis reside en la
técnica del juego". Mi estudio de la mente de niños pequeños me llevó a
ciertas comprobaciones que resultaron extrañas a primera vista, pero la
confianza en mi obra manifestada por Abraham me alentó a continuar. Mis
conclusiones teóricas son un desarrollo natural de sus propios descubrimientos,
como espero que lo demuestre este libro.
En los últimos años mi trabajo ha
recibido un sincero estímulo del doctor Ernest Jones. En una época en que el
análisis de niños estaba aún en sus comienzos, él previó la importancia que
tendría en el futuro. Fue por invitación suya que di mi primer curso de
conferencias en Londres (1925), como huésped de la Sociedad Psicoanalítica
Inglesa, y estas conferencias fueron el punto de partida de la primera parte de
este libro (un segundo curso de conferencias, titulado "Psicología del
adulto vista a la luz del psicoanálisis de niños", pronunciado en Londres
en 1927, constituye la base de la segunda parte). La convicción profunda con
que Jones abogó en favor del análisis de niños abrió el camino para este campo
de investigación en Inglaterra. Jones mismo hizo importantes contribuciones al
problema de las primeras situaciones de ansiedad, al significado de las
tendencias agresivas en los sentimientos de culpa y al conocimiento de los
estadíos primeros del desarrollo sexual femenino. Las conclusiones a las que
llega coinciden con las mías en los puntos fundamentales.
Querría agradecer aquí también a otros
colaboradores ingleses por su comprensión amplia y su apoyo afectuoso a mi
obra. Mi amiga M. N. Searl, cuyas opiniones y trabajos concuerdan con los míos,
prestó servicios perdurables, pues propulsó el análisis de niños en Inglaterra,
tanto desde el punto de vista teórico como práctico, y contribuyó a la
formación de analistas de niños. Debo también agradecimiento a la señora
Strachey por su bien lograda traducción de este libro, y a ella y al señor
James Strachey por sus observaciones y sugerencias, que me estimularon en la
composición del mismo. Agradezco también al Dr. Edward Glover el interés cálido
y mantenido que mostró por mi trabajo y la ayuda que su crítica comprensiva me
ha prestado. Me fue especialmente útil en la puntualización de los hechos en
los que mis conclusiones coincidían con las teorías psicoanalíticas ya
aceptadas.
Tengo también una profunda deuda de
gratitud hacia mi amiga Joan Riviere, por su interés activo en mi trabajo y por
haber estado siempre dispuesta a ayudarme en todo sentido.
Por último, pero no por eso menos
grande, mi agradecimiento afectuoso a mi hija, Dra. Melitta Schmideberg, por su
dedicada y valiosa ayuda en la preparación de este libro.
Melanie Klein
Londres, julio de 1932.
PREFACIO A LA TERCERA
EDICION[1]
En los años transcurridos desde que se
publicó este libro he llegado a nuevas conclusiones -relacionadas
principalmente con el primer año de vida- que condujeron a una elaboración de
ciertas hipótesis esenciales expuestas en él. El objetivo de este Prefacio es
dar una idea de la naturaleza de esas modificaciones. Las hipótesis a que me
refiero pueden enunciarse así: en los primeros meses de vida los niños pasan
por estados de ansiedad persecutoria vinculados con la "fase de sadismo
máximo"; los niños pequeños también experimentan sentimientos de culpa por
sus impulsos y fantasías de destrucción dirigidos contra su objeto primario (es
decir, contra su madre y, en primer lugar, contra el pecho materno); de estos
sentimientos de culpa surge la tendencia a reparar el objeto dañado.
Mientras me esforzaba por trazar un
cuadro más completo de ese período, descubrí que era imprescindible introducir
ciertos cambios en cuanto al énfasis y en cuanto a las relaciones cronológicas.
De este modo llegué a diferenciar dos fases principales en los primeros 6-8
meses de vida, fases que denominé "posición paranoide" y
"posición depresiva". (Elegí el término "posición" porque,
aunque los fenómenos considerados ocurren en primer lugar durante los estadíos
tempranos del desarrollo, no son exclusivos de esos estadíos: constituyen
agrupamientos específicos de ansiedades y defensas que aparecen y reaparecen
durante los primeros años de la niñez.)
La posición paranoide, que es el
estadío en que predominan los impulsos destructivos y las ansiedades
persecutorias, se extiende desde el nacimiento hasta el tercero, el cuarto o
incluso el quinto mes. Esto obliga a alterar la cronología de la fase de apogeo
del sadismo, pero no supone ninguna modificación en mi punto de vista sobre la
estrecha interacción del sadismo y la ansiedad persecutoria cuando ambos están
en su apogeo.
La posición depresiva, que sigue a la
anterior y está vinculada con importantes etapas del desarrollo yoico, se
establece a mediados del primer año. En este estadío los impulsos y fantasías
sádicos, así como la ansiedad persecutoria, se debilitan. El niño introyecta el
objeto como un todo y simultáneamente se vuelve capaz, en cierta medida, de
sintetizar tanto los diversos aspectos del objeto como las emociones que éste
le inspira. El amor y el odio se aproximan más en su mente; surge entonces la
ansiedad relacionada con el daño o la destrucción del objeto, tanto interno
como externo. Los sentimientos depresivos y la culpa dan origen al impulso de
preservar o hacer revivir el objeto amado, ofreciendo así una reparación por
los impulsos y fantasías destructivos.
El concepto de posición depresiva no
sólo lleva a un cambio en la cronología de las fases tempranas del desarrollo;
también aumenta nuestro conocimiento de la vida emocional de los niños
pequeños, y por lo tanto afecta vitalmente nuestra comprensión del desarrollo
infantil en su totalidad.
El concepto también arroja nueva luz
sobre las primeras etapas del complejo de Edipo. Sigo creyendo que éste surge
hacía la mitad del primer año. Pero, puesto que ya no sostengo que el sadismo
se encuentre entonces en su apogeo, concedo otra importancia al comienzo de las
relaciones emocionales y sexuales con ambos padres. Por lo tanto, así como en
ciertos pasajes (véase el cap. 8) sugerí que el complejo de Edipo comienza bajo
el dominio del sadismo y el odio, hoy diría que el niño se vuelve hacia su segundo
objeto -el padre- con sentimientos de amor y de odio a la vez. (En los caps. 9,
10 y 12, sin embargo, consideré estas cuestiones desde otro punto de vista,
adoptando una posición que no difiere mucho de la actual.) Creo que los
sentimientos depresivos originados en el temor de perder a la madre amada -en
su cualidad de objeto externo e interno- obran como un importante incentivo de
los deseos edípicos tempranos. Esto significa que en la actualidad correlaciono
las primeras etapas del complejo de Edipo con la posición depresiva.
Hay también en este libro cierto número
de enunciados que, teniendo en cuenta mi labor de los últimos dieciséis años,
formularía quizá de otro modo. Pero esa reformulación no supondría ningún
cambio esencial en las conclusiones a que en él se arriba. Porque el libro, tal
como está, representa en lo fundamental mis opiniones de hoy. Por lo demás, la
parte más reciente de mi obra deriva en forma orgánica de las hipótesis aquí
expuestas: por ejemplo, las que se refieren a los procesos de introyección y
proyección que operan desde el comienzo de la vida; a los objetos
internalizados a partir de los cuales se desarrolla, con el correr de los años,
el superyó en todos sus aspectos; a la relación con los objetos externos e
internos, que interactúa desde la más temprana infancia con el desarrollo del
superyó y con las relaciones objetales, en los que influye grandemente; al
temprano conocimiento del complejo de Edipo; a las ansiedades infantiles de
naturaleza psicótica, que proporcionan puntos de fijación a la psicosis.
Además, la técnica del juego -que comencé a aplicar en 1922 y 1923 y que
describí en este libro- en lo esencial mantiene su vigencia; ha sido objeto de
elaboración pero no ha sufrido cambios como consecuencia de la evolución
posterior de mi obra.
Londres, mayo de 1948 M.K.
INTRODUCCIÓN
Los comienzos del análisis de niños se
remontan a más de dos décadas, cuando Freud mismo realizó el análisis de
Juanito[2].
Este primer análisis de un niño fue de gran importancia teórica desde dos
puntos de vista. El éxito obtenido en el caso de un niño menor de 5 años mostró
que el psicoanálisis podía ser aplicado a los niños pequeños, y, lo que es más
importante aun, se pudo demostrar ampliamente, por medio del contacto directo
con el niño, la hasta entonces muy discutida existencia de aquellas tendencias
instintivas infantiles que Freud había descubierto en el adulto. Además, los
resultados obtenidos permitieron abrigar la esperanza de que futuros análisis
de niños pequeños podrían proporcionarnos un conocimiento más profundo y más
exacto de su psicología que el que nos había proporcionado el análisis de
adultos, contribuyendo así con importantes y fundamentales aportes a la teoría
psicoanalítica. Pero esta esperanza no llegó a realizarse por un largo tiempo.
Durante muchos años, el análisis de niños continuó siendo una región
relativamente inexplorada dentro del dominio del psicoanálisis, ya sea
considerado como ciencia o como terapéutica. Aunque varios analistas,
especialmente la Dra. H. Hug Hellmuth[3],
emprendieron desde entonces el análisis de niños, no se establecieron reglas
fijas en lo que respecta a su técnica o su aplicación. Esta es, sin duda, la
razón por la cual las grandes posibilidades prácticas y teóricas del análisis
de niños no han podido ser apreciadas generalmente y por la que aquellos aspectos y principios fundamentales del
psicoanálisis adoptados desde hacia mucho tiempo en casos de adultos no fueron
establecidos y probados en lo referente a niños.
Es tan solo en los últimos doce o trece
años, que se ha realizado un trabajo de más importancia en el campo del
análisis de niños. Este ha seguido dos líneas fundamentales del desarrollo: una
representada por Ana Freud; la otra, por mí.
Los hallazgos de Ana Freud en lo que
respecta al yo del niño, la han guiado a modificar la técnica clásica,
elaborando su método de análisis de niños que están en el período de latencia
independientemente de mis procedimientos. Sus conclusiones teóricas difieren de
las mías en varios puntos fundamentales. En su opinión, los niños no
desarrollan una neurosis de transferencia[4], faltando
así una condición fundamental del tratamiento analítico. Además, piensa que un
método similar al del adulto no puede ser aplicado a los niños, porque el
superyó infantil es aún demasiado débil[5].
Estas
opiniones difieren de las mías. Mis observaciones me han enseñado que los niños
pueden hacer muy bien una neurosis de transferencia y que una situación de
transferencia surge igual que en los casos de adultos, siempre que empleemos un
método equivalente al del análisis del adulto, es decir, que evitemos toda medida educacional y que analicemos ampliamente los
impulsos negativos dirigidos hacia el analista. También me han enseñado que
en niños de cualquier edad es difícil mitigar la severidad del superyó, aun
realizando análisis profundos. Además, sin recurrir a medios educativos, el
análisis no sólo no debilita el yo del niño, sino que en realidad lo fortalece.
Sería sin duda una tarea interesante
comparar estos dos procedimientos en detalle y, refiriéndose a los datos
experimentales, valorarlos desde un punto de vista teórico. Pero me limitaré en
estas páginas a exponer mi técnica y las conclusiones teóricas a las que he
llegado. En la actualidad es relativamente poco lo que se conoce de análisis de
niños, y la primer tarea será la de esclarecer el problema desde diferentes
ángulos y reunir los resultados obtenidos hasta hoy.
Parte I
TÉCNICA DEL ANÁLISIS DEL
NIÑO
1.
FUNDAMENTOS PSICOLÓGICOS DEL ANÁLISIS DEL NIÑO[6]
Los
hallazgos del psicoanálisis han conducido a la creación de una nueva psicología
del niño. Nos han enseñado que los niños, aun en los primeros años, no sólo
experimentan impulsos sexuales y ansiedad, sino que sufren también grandes
desilusiones. Ha desaparecido la creencia en el "paraíso de la
infancia", y la creencia en la asexualidad del niño. Los análisis de
adultos y observaciones realizadas directamente en niños nos han conducido a
estas conclusiones, que se han confirmado y ampliado mediante el análisis de
niños de corta edad.
Tracemos primeramente, por medio de
ejemplos, un cuadro de la mente infantil tal como se nos presenta en los
análisis tempranos. Mi paciente Rita, que contaba 2 años y 9 meses al comenzar
el tratamiento, tenía una marcada preferencia por su madre hasta el final de su
primer año. Manifestó después un gran afecto por su padre y simultáneamente
celos de su madre. Por ejemplo, cuando tenía 15 meses, repetidas veces
expresaba el deseo de permanecer sola con su padre, en su cuarto, sentada en
sus rodillas y mirando libros con él. A los l8 meses cambió nuevamente su
actitud y su madre fue su favorita una vez más. Al mismo tiempo comenzó a
sufrir terrores nocturnos y miedo a los animales. La fuerte fijación a su madre
fue en aumento y desarrolló una intensa aversión por su padre. Al comenzar su
tercer año se hizo cada vez más ambivalente y difícil de manejar, hasta que,
finalmente, a los 2 años y 9 meses, me la trajeron para ser analizada. En esta
época tenía una marcada neurosis obsesiva. Evidenciaba ceremoniales obsesivos y
alternaba entre una exagerada "bondad", acompañada de sentimientos de
remordimiento, y una incontrolable "maldad". Tenía crisis de
paratimia que presentaban todos los síntomas de depresión melancólica; además
sufría una fuerte ansiedad, creciente inhibición en el juego, una incapacidad
total para soportar ninguna clase de frustración y una excesiva disposición
quejumbrosa. Estas dificultades hacían que la niña fuese casi imposible de
manejar[7].
El caso
de Rita muestra claramente que el pavor nocturno, cuando aparece a esta edad,
18 meses, es una elaboración neurótica del complejo de Edipo. Sus crisis de
ansiedad y rabia, que resultaron de ser una repetición de sus terrores
nocturnos, así como sus otras dificultades, estaban íntimamente ligadas a
fuertes sentimientos de culpa surgidos de ese temprano conflicto[8].
Consideraremos
ahora el contenido y las causas de estos tempranos sentimientos de culpa
refiriéndonos a otro caso.
Trude, de 3 años y 9 meses[9],
acostumbraba repetidamente a fingir durante el análisis que era de noche y que
ambas dormíamos. Entonces venía quedamente hacia mi desde el rincón opuesto al
mío (y el que se suponía fuese su propio dormitorio) y me amenazaba de varios
modos, tales como acuchillarme en la garganta, tirarme por la ventana,
quemarme, hacerme prender por la policía, etc. Quería atarme las manos y pies o
levantaba la alfombra, diciendo que hacía "Po-Kaki-Kuki". Esto
significaba que quería buscar dentro del trasero de su madre a
"kakis" (heces), que para ella significaban niños. En otra ocasión
quiso pegarme en el estómago, diciendo que sacaría mis "a-as" (heces)
y me haría pobre. Entonces tomaba los almohadones, los que repetidamente
significaban niños para ella, y se ponía en cuclillas con ellos detrás del
sofá. Manifestaba allí todos los síntomas del miedo, tapándose, chupándose los
dedos y mojándose. Este proceso lo repetía en forma completa cada vez que me
atacaba. Correspondía en todos sus detalles con su comportamiento en la cama
cuando no teniendo todavía 2 años fue presa de graves terrores nocturnos. En
esta época también corría al dormitorio de sus padres durante la noche una y
otra vez, sin poder expresar nunca lo que quería. El análisis mostró que el
mojarse y el ensuciarse eran agresiones contra sus padres en coito, y de este
modo suprimió el síntoma. Trude quería robar los niños del vientre de su madre
embarazada, matarla y ocupar su lugar en el coito con el padre[10].
Fueron estos impulsos de odio y agresión los que en ese segundo año originaron
una fuerte fijación en la madre y un sentimiento de culpa, que se expresaba,
entre otros modos, con sus terrores nocturnos. Así vemos que la temprana
ansiedad y los sentimientos de culpa de un niño se originan en los impulsos
agresivos relacionados con el conflicto edípico[11], En la
época en que Trude mostraba la conducta así descripta, acostumbraba a herirse a
sí misma de algún modo, casi siempre antes de venir a su hora de análisis.
Resultó que los objetos contra los que se pegaba -alacena, mesa, chimenea,
etc.- significaban, de acuerdo a un proceso primitivo e infantil de
identificación, su padre o su madre, castigándola[12].
El
juego de los niños nos permite extraer conclusiones definidas sobre el origen
de este sentimiento de culpa en los primeros años.
Volviendo
a nuestro primer caso, encontramos que en su segundo año era visible en Rita el
remordimiento que sentía frente al más pequeño error que cometía y su
hipersensibilidad a los reproches. Por ejemplo, una vez rompió a llorar porque
su padre, riéndose, amenazó al oso de su libro de figuras. El miedo al disgusto
de su padre era bastante para que se identificase ella misma con el oso. Su
inhibición de juego provenía también de su sentimiento de culpa. Cuando tenía
sólo 2 años y 3 meses solía jugar con su muñeca -un juego que le proporcionaba
muy poco placer- diciendo repetidas veces que ella no era su madre. El análisis
mostró, entre otras cosas, que el bebé de juguete representaba para ella el
hermano que deseó robar del vientre de la madre embarazada, y esto no le daba
derecho a representar el papel de madre.
Esta prohibición, sin embargo, no se
originaba en la madre real, sino en otra introyectada por ella y que la trataba
con una severidad y crueldad que la verdadera madre nunca había usado. Otro
síntoma que se desarrolló en Rita a los 2 años fue de carácter obsesivo y
consistía en un largo ritual antes de dormir. El punto principal de éste era
que tenía que estar bien arrebujada con la ropa de cama, porque si no "el
ratón o Butzen" entraría por la ventana y le sacaría su Butzen de un
mordisco[13]. Su
muñeca también debía estar arropada, y este doble ceremonial se hacia cada vez
más elaborado y duraba más tiempo, y se ejecutaba con todos los signos de esa
actitud compulsiva que ocupaba totalmente su mente. En una ocasión, durante una
sesión de análisis, puso el elefante al lado de la cama de su muñeca como para
evitar que ésta se levantara y fuera al cuarto de sus padres y "les
hiciera algo o les sacara algo a ellos". El elefante (imago del padre)
había tomado el papel de sus padres introyectados, cuya influencia prohibitiva
había sentido desde que, entre la edad de 1 año y 3 meses y los 2 años, deseó
ocupar el lugar de su madre junto al padre, robarle los niños de su interior y
dañar y castrar a ambos padres. El significado del ceremonial se hizo entonces
claro: el estar arropada en la cama le impedía levantarse y ejecutar los deseos
agresivos contra sus padres. Sin embargo, desde que ella esperaba ser castigada
por aquellos deseos mediante un ataque similar sobre ella hecho por sus padres,
el arrebujarse servía también de defensa contra tales ataques.
Las agresiones iban a ser realizadas,
por ejemplo, por el Butzen (el pene de su padre), el cual dañaría los genitales
de la niña y le arrancaría su propio Butzen de un mordisco como castigo a su
deseo de castrar al padre. En estos juegos solía castigar a su muñeca y luego
dar curso a una crisis de rabia y miedo, demostrando así que ella misma
realizaba los dos papeles: el de la autoridad que inflige castigo y el del niño
castigado.
Es evidente, también, que esta ansiedad
era causada no solamente por los padres verdaderos, sino también, y más
especialmente, por la excesivamente severa imagen introyectada de sus padres.
Esto corresponde a lo que llamamos superyó en los adultos[14]. Los
signos típicos del complejo de Edipo, los cuales están más pronunciados cuando
éste ha alcanzado su fuerza máxima y preceden inmediatamente a su declinación,
son sólo el estadío final de un proceso que se ha estado realizando durante
años. Los análisis tempranos muestran que el conflicto de Edipo se hace
presente en la segunda mitad del primer año de vida, y que al mismo tiempo el
niño comienza a modificarlo y a construir su superyó.
Aceptando que niños aun de muy corta
edad viven bajo el peso de sentimientos de culpa, tenemos, por lo menos, una
buena manera de enfocar su análisis, aunque parezcan faltar muchas condiciones
que favorezcan el éxito de éste. La relación con la realidad es débil;
aparentemente no hay ningún atractivo que los lleve a soportar las pruebas de
un análisis, ya que, por regla general, no se sienten enfermos; y finalmente, y
lo más importante, todavía no pueden ofrecer en grado suficiente aquellas
asociaciones verbales que son el instrumento fundamental en el tratamiento
analítico de adultos.
Comencemos con esta última objeción.
Fueron justamente las diferencias entre la mente infantil y la del adulto las
que me revelaron, desde el principio, el modo de llegar a las asociaciones del
niño y comprender su inconsciente. Estas características especiales de la
psicología infantil han suministrado las bases de la técnica del "análisis
del juego" que he elaborado. El niño expresa sus fantasías, sus deseos y
experiencias de un modo simbólico por medio de juguetes y juegos. Al hacerlo,
utiliza los mismos medios de expresión arcaicos, filogenéticos, el mismo
lenguaje que nos es familiar en los sueños y sólo comprenderemos totalmente
este lenguaje si nos acercamos a él como Freud nos ha enseñado a acercarnos al
lenguaje de los sueños. El simbolismo es sólo una parte de dicho lenguaje. Si
deseamos comprender correctamente el juego del niño en relación con su conducta
total durante la hora del análisis, debemos no sólo desentrañar el significado
de cada símbolo separadamente, por claros que ellos sean, sino tener en cuenta
todos los mecanismos y formas de representación usados en el trabajo onírico,
sin perder de vista jamás la relación de cada factor con la situación total. El
análisis de niños muestra repetidamente los diferentes significados que pueden
tener un simple juguete o un fragmento de juego, y sólo comprendemos su
significado si conocemos su conexión adicional y la situación analítica global
en la que se ha producido. La muñeca de Rita, por ejemplo, representará a veces
un pene; a veces, un niño que ella ha robado a su madre, y a veces la
representará a ella misma. Sólo se obtendrá un resultado analítico completo si
tomamos estos elementos de juego en su verdadera conexión con los sentimientos
de culpa del niño, interpretándolos hasta en su menor detalle. El
caleidoscópico cuadro, a menudo sin sentido, que muestra el niño durante una
hora de análisis, esto es, el contenido de sus juegos, el modo como juega, los
medios que utiliza (porque a menudo asignará a sus juguetes o a él mismo
diferentes papeles) y los motivos que se ocultan tras un cambio de juego -el
porqué no jugará más con agua y cortará papel o dibujará-, todos estos hechos
siguen un plan cuyo significado captaremos si los interpretamos como se
interpretan los sueños. Muy a menudo los niños expresan en sus juegos lo mismo
que acaban de contarnos en un sueño, y nos darán asociaciones del sueño en el
juego consecutivo. Porque el juego es el mejor medio de expresión del niño.
Empleando la técnica de juego vemos pronto que el niño proporciona tantas
asociaciones a los elementos separados de su juego como los adultos a los
elementos separados de sus sueños. Cada uno de estos elementos del juego son
indicación para el observador experimentado, ya que, jugando, el niño habla y
dice toda clase de cosas que tienen el valor de asociaciones genuinas.
Es asombroso cómo las interpretaciones
son fácilmente aceptadas por el niño y a veces con marcado placer. La razón de
esto reside, sin duda, en el hecho de que la relación entre los estratos
inconscientes y conscientes de su mente es aún comparativamente accesible y, de
tal modo, el camino de regreso al inconsciente es más fácil de encontrar. Los
efectos de la interpretación son a menudo rápidos, aun cuando a veces no
parecen haberse hecho conscientes. Estos efectos se manifiestan en la forma en
que el niño reanuda un juego interrumpido a consecuencia de una inhibición y lo
cambia o amplía evidenciando estratos más profundos de su mente. Y como la
ansiedad ha quedado de este modo resuelta y el placer del juego restaurado, la
relación analítica también se afianza nuevamente. La interpretación aumenta el
placer del niño en el juego, haciendo innecesario el gasto de energía que tenía
que hacer con el objeto de mantener la represión. Por otra parte, a veces
chocamos con resistencias difíciles de vencer. Esto, por lo general, significa
que nos estamos enfrentando con la ansiedad y sentimiento de culpa del niño,
que pertenecen a capas más profundas de su mente.
Las formas arcaicas y simbólicas de
representación empleadas por el niño están asociadas a otro mecanismo
primitivo. En sus juegos actúa en lugar de hablar. La acción, que es más
primitiva que el pensamiento o la palabra, constituye la parte más importante
de su conducta. En su Historia de una neurosis infantil, Freud dice: "El
análisis de un niño neurótico parecerá más digno de confianza, pero no puede
ser muy rico en material -demasiadas palabras y pensamientos deben ser
prestados al niño, y aun así los más profundos estratos de su mente pueden
resultar impenetrables a la conciencia".
Si nos acercamos al niño con la técnica
de análisis del adulto, es casi seguro que no penetraremos en los niveles más
profundos, y sin embargo, el éxito y el valor, en el análisis de niños como en
el de adultos, dependen de que lo consigamos. Pero si consideramos las
diferencias que existen entre la psicología del niño y la del adulto -el hecho
de que su inconsciente está en más estrecho contacto con lo consciente y que
sus impulsos primitivos trabajan paralelamente a procesos mentales sumamente
complicados- y si podemos captar correctamente los modos de pensamiento y
expresión característicos del niño, entonces desaparecerán los inconvenientes y
desventajas y encontraremos que podemos esperar que el análisis del niño llegue
a ser tan profundo y extensivo como el del adulto. Y en realidad aun más.
Porque el niño puede recobrar y mostrarnos de un modo directo ciertas
experiencias y fijaciones que el adulto puede a menudo sólo producir como
reconstrucciones[15].
En mi
comunicación leída en el Congreso de Salzburgo en 1924[16] dije que
detrás de toda forma de actividad de juego yace un proceso de descarga de
fantasías de masturbación, operando en la forma de un continuo impulso a jugar;
y este proceso, que actúa como una compulsión de repetición, constituye el
mecanismo fundamental del juego infantil y de todas las sublimaciones
subsiguientes, y que las inhibiciones en el juego y en el trabajo surgen de una
represión fuerte e indebida de aquellas fantasías y, con ellas, de toda la vida
imaginativa del niño. Las experiencias sexuales del niño están enlazadas con
sus fantasías masturbatorias y por medio del juego logran representación y
abreacción. En estas repetidas experiencias, el primer plano y el fundamental
en los análisis tempranos lo ocupa la representación de la escena primaria. Por
regla general, es sólo después de haber realizado una buena parte del análisis
y después que la escena primaria y las tendencias genitales del niño han sido,
en cierto modo, puestas al descubierto que llegamos a las representaciones de
sus experiencias y fantasías pregenitales.
Por ejemplo, Ruth, de 4 años y 3 meses,
había sido, cuando lactante, insuficientemente alimentada porque su madre no
tenía bastante leche. En sus juegos conmigo solía llamar a la canilla del agua
"canilla de la leche". Cuando el agua se iba por los agujeros de la
pileta ella decía que la leche iba a las "bocas", pero que les
llegaba muy poca cantidad. Mostraba sus deseos orales insatisfechos en
numerosos juegos e imaginaciones y en toda su actitud mental. Decía, por
ejemplo, que era pobre, que sólo tenía un tapado, que no le daban bastante
alimento, etc., todo lo cual era absolutamente falso.
En el caso de Erna, una paciente
obsesiva de 6 años[17],
las impresiones recibidas durante su aprendizaje de limpieza desempeñaron un
importante papel en su neurosis y durante el análisis esto se vio con todo
detalle. Por ejemplo, sentó a una muñequita sobre un ladrillo y la hizo defecar
frente a una hilera de muñecas que la admiraban. Luego repitió el mismo tema,
pero esta vez debiendo ser nosotras las que representábamos los papeles. Yo
tenía que ser el bebé que se ensuciaba y ella la madre. Admiraba y mimaba al
bebé por lo que había hecho. Luego se enojaba y bruscamente representaba el
papel de una severa institutriz que maltrataba al niño. En esta escena me
demostraba lo que ella había sentido en su primera infancia cuando comenzó el
aprendizaje de "bebé" y creyó que había perdido el excesivo amor de
que había gozado en sus primeros meses de vida.
En un análisis de niños difícilmente
sobreestimaremos la importancia de las fantasías y acciones como producto de la
compulsión de repetición. Por supuesto que el niño pequeño utiliza
especialmente la acción, pero aun el de mayor edad recurre constantemente a
este mecanismo primitivo. El placer que consigue de esta manera suministra el
estímulo necesario para continuar el análisis. Pero este placer no debe ser
otra cosa que un medio para llegar a un fin.
Cuando el análisis ha comenzado, y
cierta dosis de ansiedad del pequeño paciente ha sido resuelta por medio de la
interpretación, él experimenta, a veces, después de unas pocas sesiones, un
gran alivio, que le ayudará a continuar con el trabajo. Hasta entonces le
faltaba el incentivo para analizarse, mientras que ahora comprende el uso y
valor de este procedimiento y adquiere una comprensión similar a la del adulto,
que será un motivo suficientemente eficaz para analizarse, como lo es en el
adulto la conciencia de enfermedad.
La capacidad que el niño tiene para
comprender la situación certifica de su parte su sorprendente dosis de contacto
con la realidad. Es éste un punto que merece más amplia discusión. A medida que
prosigue el trabajo analítico, vemos que la relación del niño con la realidad,
débil al principio, gana gradualmente en plenitud y en fuerza. Por ejemplo, el
pequeño comenzará a distinguir entre su madre verdadera y la imaginaria o entre
su hermano real y el de juguete. Insistirá en que él quiso hacer esto o lo otro
únicamente al hermano de juguete, pero que quiere mucho a su hermano real. Sólo
después de haber vencido poderosas y obstinadas resistencias, será capaz de ver
que sus actos agresivos eran dirigidos al objeto real humano. Pero cuando
llegue a comprender este punto, por pequeño que sea el niño, habrá dado un paso
importante hacia su adaptación a la realidad.
En lo que se refiere a las relaciones
del niño pequeño con la realidad, me referiré una vez más a Trude, mi pequeña
paciente de 3 años y 9 meses. Después de una sola hora de análisis conmigo se
fue con su madre al extranjero por seis meses. Pasado ese tiempo su análisis
fue reanudado. Sólo en una ocasión dijo algo de las cosas que había visto y
hecho durante ese viaje cuando, algún tiempo más tarde, me contó este sueño:
"Ella y su madre estaban nuevamente en Italia en cierto restaurante que
ella conocía, y la camarera no le daba jarabe de frambuesa porque no había
más". La interpretación de este sueño mostró, entre otras cosas[18],
que no había superado el desagrado que le causó la privación del pecho de su
madre, así como su envidia de su hermana menor. Mientras me refería todos los
acontecimientos diarios aparentemente sin importancia y repetidas veces aludía
a pequeños detalles de su primera hora de análisis, que había ocurrido 6 meses
antes, del único modo en que ella mostró el más pequeño interés por su viaje
fue en esta alusión -surgida de su situación analítica- a la frustración que
había sufrido en su infancia.
Los niños neuróticos no pueden tolerar
bien la realidad debido a su incapacidad de aceptar frustraciones. Buscan
protegerse de la realidad, negándola. Pero lo más importante y decisivo para su
futura adaptabilidad a la realidad es la mayor o menor facilidad con que
toleran estas frustraciones surgidas de la situación edípica.
Aun en los niños pequeños, un rechazo
excesivo de la realidad (a menudo disfrazado bajo una aparente forma de
docilidad y adaptabilidad) constituye un indicio de neurosis que difiere sólo
en su forma de expresión de la fuga neurótica del adulto frente a la realidad.
Por esta razón uno de los resultados de los análisis tempranos es capacitar al
niño para adaptarse a la realidad. Si esto se logra, disminuirán las
dificultades educativas, porque será capaz de tolerar las frustraciones
impuestas por la realidad.
Creo haber mostrado que en el análisis
de los niños el enfoque debe ser algo distinto del que corresponde al análisis
de adultos. Tomando el camino mas corto posible, a través del yo, nos dirigimos
en primera instancia al inconsciente del niño, y de aquí, gradualmente, nos
ponemos también en contacto con su yo. El análisis ayuda mucho a fortificar el
yo, hasta ahora débil, del niño y ayuda a su desarrollo, aliviando el peso
excesivo de su superyó, que presiona sobre él mas severamente que sobre el yo
del adulto[19].
Ya he
hablado del rápido efecto de la interpretación en el niño, efecto que se
manifiesta de diferentes modos: la expansión de sus juegos, el afianzamiento de
la transferencia, la disminución de la ansiedad, etc. Sin embargo, durante
algún tiempo no parece elaborar conscientemente tales interpretaciones. He
encontrado que este trabajo se realiza mas tarde, en conexión con el desarrollo
de su yo y el aumento de su adaptación a la realidad. El proceso de
esclarecimiento sexual sigue el mismo curso. Durante mucho tiempo el análisis
suministra sólo material relacionado con las teorías sexuales y fantasías de
nacimiento. Sólo ofrece conocimientos gradualmente al remover las resistencias
inconscientes que luchan contra él. Por eso el total esclarecimiento sexual,
así como la total adaptación a la realidad, es uno de los resultados de un
análisis terminado. Sin esto no puede decirse que un análisis ha terminado con
éxito.
De la misma manera que el modo de
expresión es diferente en el niño, también es diferente la situación analítica
global. Y sin embargo, para ambos, niño y adulto, los principios fundamentales
del análisis son los mismos. Interpretación acertada, constante resolución de
las resistencias, permanente referencia de la transferencia a las situaciones
primeras, ya sea ésta positiva o negativa, todo esto crea y mantiene una
correcta situación analítica en el niño no menos que en el adulto. Una
condición necesaria para llegar a estos resultados es el abstenerse de toda
influencia educacional tanto como en los análisis de adultos. Se debe trabajar
con su transferencia igual que en los análisis de adultos. Entonces se verá que
los síntomas y dificultades del niño son llevados a la situación analítica del
mismo modo. Sus síntomas anteriores o las dificultades o "travesuras"
que les corresponden resurgirán nuevamente. Por ejemplo, comenzará nuevamente a
mojarse en la cama; o, en ciertas situaciones que repiten alguna anterior,
comenzará a hablar como un niño de 1 ó 2 años, aunque en ese momento tenga 3 ó
4.
Viendo que los niños toman y asimilan
los nuevos conocimientos de una manera inconsciente en la mayor parte, no se
les exigirá, por esta razón, que cambien inmediatamente su punto de vista en
relación con sus padres. Este cambio, al principio, será mas bien un cambio de
sentimientos. Según mi experiencia, el conocimiento dado de este modo gradual
ha sido siempre un gran alivio para el niño y ha mejorado mucho las relaciones
con sus padres, de modo que se hace mas adaptable socialmente y mas fácil de
educar. Habiendo moderado las exigencias de su superyó por medio del análisis,
su yo, ahora menos oprimido y por consiguiente más fuerte, es capaz de
llevarlas a la práctica con mas facilidad.
Cuando el análisis continúa, los niños
se hacen capaces de sustituir procesos de represión por un rechazo crítico.
Esto se ve con especial claridad en los
estadíos posteriores del análisis, cuando se alejan tanto de los impulsos
sádicos que anteriormente le dominaban y a cuya interpretación se opusieron con
la mayor resistencia, que finalmente hasta pueden reírse o bromear sobre la
idea de que quisieron comer a su mamita o cortarla en pedacitos[20]. La
disminución del sentimiento de culpa que acompaña estos cambios permite también
que se sublimen los deseos sádicos que anteriormente fueron reprimidos por
completo. Esto surge al desaparecer las inhibiciones de juego y de trabajo y en
la aparición de un número de actividades e intereses nuevos.
En este capítulo he tomado como punto
de partida mi técnica del análisis temprano porque es el sostén de los métodos
analíticos que he adoptado para los niños de todas las edades. He encontrado
necesario usar la misma técnica en los niños mayores, ya que las
características mentales de los niños pequeños a menudo persisten con bastante
vigor en los mayores.
Por otro lado, claro está, el yo del
niño mayor está mas completamente desarrollado, de modo que la técnica tiene
que sufrir ciertas modificaciones cuando sea aplicada a niños en período de
latencia o en la pubertad. Este tema será tratado mas adelante con especial
atención, de modo que no me detendré sobre él aquí. La técnica modificada se
aproximará mas al análisis temprano o al análisis de adultos según la edad del
niño y el carácter especial del caso.
En términos generales, me guío en la
elección del método analítico, para todos los períodos de la infancia, por las
siguientes consideraciones principales. Los niños y los jóvenes sufren una
ansiedad mas aguda que el adulto y, por consiguiente, debemos ganar acceso a su
ansiedad y a su sentimiento de culpa inconsciente y establecer la situación
analítica tan rápidamente como sea posible. En los niños pequeños esta ansiedad
generalmente encuentra escape en las crisis de ansiedad; en el período de
latencia se manifiesta más a menudo bajo la forma de desconfianza y reserva,
mientras que en la edad intensamente emotiva de la pubertad conduce a una aguda
liberación de ansiedad que se expresa de acuerdo con el yo mas desarrollado del
niño, bajo forma de una frecuente resistencia obstinada y violenta que puede
provocar fácilmente la interrupción del análisis. Mi experiencia me ha enseñado
que el modo de resolver algo esta ansiedad rápidamente en los niños de todas
las edades, es el tratar inmediata y sistemáticamente la transferencia
negativa. Con el objeto de ganar acceso a las fantasías y al inconsciente del
niño, debemos dirigir nuestra atención a aquellos métodos de representación
simbólica indirecta que se emplean en cada edad. Una vez que la imaginación del
niño se ha hecho mas libre como consecuencia de su ansiedad disminuida, no sólo
hemos ganado acceso a su inconsciente, sino que también hemos puesto en
movimiento, en mayor grado, los medios de que dispone para la representación de
sus fantasías[21]. Y
esto es válido aun en aquellos casos en los que tenemos que comenzar con un
material en el que parece haber una carencia total de imaginación.
En conclusión, desearía resumir
brevemente lo que he dicho en este capítulo. La naturaleza más primitiva de la
mente del niño hizo necesario encontrar una técnica analítica más adaptada a
él, y la hemos encontrado en la técnica de juego. Mediante el análisis del
juego tenemos acceso a las fijaciones y experiencias más profundamente
reprimidas del niño, y estamos así en condiciones de ejercer una influencia
radical sobre su desarrollo. La diferencia entre nuestros métodos de análisis y
del análisis del adulto es puramente de técnica y no de principios. El análisis
de juego permite el análisis de la situación de transferencia y de resistencia,
la supresión de la amnesia infantil y de los efectos de la represión así como
el descubrimiento de la escena primaria. Por lo tanto, no sólo nos ajustamos a
las mismas normas del método analítico para adultos, sino que llegamos también
a los mismos resultados. La única diferencia reside en que adaptamos sus
procedimientos a la mente del niño.
2. LA
TÉCNICA DEL ANÁLISIS TEMPRANO
En el primer capítulo de este libro he
tratado de mostrar, por una parte, cuáles son aquellos mecanismos psicológicos
que operan en el niño pequeño, distintos de los que hemos analizado en los
adultos, y, por otra parte, el paralelo que existe entre los dos. He explicado
que son estas diferencias y estas similitudes las que exigen una técnica
especial y las que me han llevado a desarrollar mi método de análisis del
juego.
En mi habitación para análisis, sobre
una mesa baja, hay pequeños juguetes de tipo primitivo: muñecos y muñecas de
madera, carros, carruajes, automóviles, trenes, animales, cubos y casas, y
también papel, tijeras y lápices. Aun el niño comúnmente inhibido en el juego
mirará por lo menos los juguetes, o los tocará, permitiéndome pronto vislumbrar
algo de su vida compleja, ya sea por el modo cómo comienza a jugar con ellos, o
los deja de lado, o por su actitud general frente a ellos.
Para tener una clara idea de los
principios fundamentales de la técnica de juego nos referiremos a un caso real.
Pedro, niño de 3 años y 9 meses, era muy difícil de manejar. Estaba fuertemente
fijado en su madre y era muy ambivalente. Incapaz de tolerar frustraciones,
completamente inhibido en su juego, daba la impresión de ser una criatura
extremadamente tímida, plañidera y poco varonil. A veces su comportamiento era
agresivo y prepotente, llevándose mal con los otros niños y especialmente con
su hermano menor. Se intentó analizarlo principalmente como una medida
profiláctica, ya que en su familia habían habido algunos casos de neurosis
graves. Pero durante el curso del análisis descubrí que él también sufría de
una neurosis tan grave y de un grado tal de inhibición que, probablemente, no
hubiera sido capaz de enfrentar las dificultades de la vida escolar, y tarde o
temprano se hubiera enfermado[22].
Al
comenzar su primera hora, Pedro tomó los carruajes y coches de juguete y los
colocó, primero, uno detrás del otro, y luego, uno al lado del otro, alternando
este arreglo varias veces. Tomó también un carro y un caballo y los hizo chocar
uno contra otro de modo que las patas del caballo se golpearon, y dijo:
"Tengo un nuevo hermanito que se llama Fritz." Le pregunté qué hacían
los carruajes y contestó "que eso no estaba bien". Cesó de
golpearlos, aunque comenzó nuevamente al poco tiempo. Golpeó luego dos caballos
del mismo modo y yo dije: "Mira, los caballos son dos personas
chocando." Al principio contestó que eso no estaba bien, pero aceptó luego
que eran dos personas chocando y agregó: "Los caballos también han chocado
y ahora se van a dormir." Los cubrió luego con cubos y dijo: "Ahora
están muertos, yo los he enterrado." En la segunda hora arregló
inmediatamente los carros y coches del mismo modo que las dos veces anteriores
-en fila india primero y luego uno al lado de otro- y al mismo tiempo golpeó dos
coches y luego dos máquinas de tren. Colocó luego dos hamacas una al lado de la
otra, y mostrando la parte interna que cuelga y se balancea, me dijo:
"Mira cómo cuelga y se mueve." Procedí a interpretar, y señalando las
hamacas movibles, las máquinas, los coches y los caballos, le expliqué que, en
cada caso, eran dos personas -su papito y su mamita- chocando sus
"thingummies" (el nombre que daba a los genitales)[23].
Protestó diciendo que eso no era lindo, pero continuó golpeando los carros y
dijo: "Así es como ellos se golpeaban sus thingummies".
Inmediatamente después habló nuevamente de su hermanito.
Como
hemos visto, también en su primera hora el golpe de los carros había sido
seguido por la advertencia de que tenía un nuevo hermanito. Continué luego con
mi interpretación y le dije: "Tú crees que tu papá y tu mamá se golpearon
los thingummies y eso hizo nacer a tu nuevo hermanito Fritz". Tomó
entonces otro coche y golpeó a los tres juntos. Expliqué: "Ese es tu
thingummy; tú querías golpearlo con los thingummies de tu papá y tu mamá",
a lo que él agregó un cuarto coche y dijo: "Ese es Fritz". Tomó luego
dos de los coches más pequeños y los enganchó a una máquina. Señaló un carro y
un caballo y dijo: "Este es papito", y luego otro, diciendo:
"Esta es mamita". Una vez más señaló el primer coche y caballo
diciendo: "Este soy yo", y señalando el segundo dijo: "Este
también soy yo". Así ilustró su identificación con ambos padres en el
coito. Después golpeó repetidas veces los dos pequeños coches y me contó cómo
él y su hermanito habían dejado entrar en su dormitorio a dos pollos para
hacerlos callar, pero que habían andado por el cuarto juntos, golpeándose, y
habían escupido allí. Agregó que él y Fritz no eran niños mal educados de la
calle y no escupían. Cuando le dije que los pollos eran los thingummies de él y
de Fritz chocando uno contra el otro y escupiendo -masturbando-, él estuvo de
acuerdo, después de vencer una pequeña resistencia.
Sólo podré referirme brevemente aquí al
modo en que las fantasías del niño, a medida que se presentaban en su juego, se
tornaban más y más libres bajo la influencia de mí continua interpretación;
cómo los límites de su juego se ampliaban gradualmente y cómo ciertos detalles
se repetían una y otra vez hasta ser aclarados por la interpretación, dando
lugar luego a nuevos detalles. De la misma manera que la asociación a los
elementos del sueño conducen a descubrir el contenido latente del mismo, los
elementos del juego del niño, que corresponden a sus asociaciones, ofrecen una
visión de su significado latente. El análisis del juego, no menos que el
análisis del adulto, al tratar sistemáticamente la situación presente como una
situación de transferencia y al establecer sus conexiones con la situación
originariamente experimentada o fantaseada, les da la posibilidad de liberar y
elaborar la situación originaría en la fantasía. Al proceder así y al poner en
descubierto sus experiencias infantiles y las causas originarías de su
desarrollo sexual, resuelve fijaciones y corrige errores de desarrollo que
habían alterado toda su línea evolutiva.
El siguiente resumen que daré del caso
de Pedro es para demostrar que las interpretaciones hechas en las primeras
horas fueron corroboradas por el análisis ulterior.
Un día, unas semanas más tarde, cuando
uno de mis muñecos se cayó por casualidad, Pedro se enfureció. Inmediatamente
preguntó cómo estaba hecho un motor de juguete y por qué se podía parar. Me
mostró luego un ciervo de juguete caído y dijo que quería orinar. En el baño me
dijo: "Estoy haciendo número uno; yo tengo
un thingummy". Nuevamente en el cuarto de análisis tomó un muñeco al que
llamó chico; éste estaba sentado en una casita a la que Pedro llamó baño, y
colocó al muñeco de tal modo, que el perro puesto a su lado "no lo podía
ver ni morder". Pero colocó una muñeca que sí podía verlo, y dijo: "Sólo su papito no puede verlo". Así
se hizo claro que el perro, que en general era un objeto de temor para él,
estaba identificado con su padre, y el niño que defecaba era él mismo[24].
Luego continuó jugando con el automóvil cuya construcción va había admirado y
lo hizo correr. De pronto dijo con enojo: "¿Cuándo va a parar?" Luego
dijo que algunos de los muñecos que había usado no debían viajar en él, los
hizo caer de un golpe y los volvió a parar de espaldas al auto. Después puso
una vez más toda una hilera de coches y carruajes, esta vez uno al lado del
otro. Entonces súbitamente expresó el deseo de defecar, pero se contentó con
preguntar al muñeco que estaba sentado (el niño que defecaba) si había
terminado. Nuevamente se volvió al automóvil y comenzó a alternar sin cesar
entre la admiración y la rabia por su movimiento continuo, queriendo defecar y
preguntando al muñeco si había terminado. En la hora analítica descripta Pedro
había simbolizado las siguientes cosas: el muñeco, ciervo, etc., que
continuamente caían, eran su propio pene y la inferioridad del mismo al
compararlo con el miembro erecto de su padre. El ir a orinar inmediatamente
después, fue para demostrarse lo contrario a sí mismo y a mí. El auto que no
cesaba de moverse y que despertaba en él admiración y rabia era el pene de su
padre que realizaba continuamente coitos. Después de sentir admiración por ello
se puso colérico y quiso defecar. Esto era reproducción de su defecar en el
momento en que fue testigo de la escena primaría. El había hecho esto para
molestar a sus padres mientras copulaban, y en su imaginación los dañaba con
sus excrementos. Además el bastón fecal significaba para el niño un sustituto
de su propio pene.
Debemos tratar de lograr una idea
general del significado de las primeras horas de análisis de Pedro a la luz de
las interpretaciones posteriores. El poner los autos en hilera uno detrás de
otro en su primera hora se refería al poderoso pene de su padre y el ponerlos
uno al lado del otro simbolizaba la frecuente repetición del coito, es decir,
la potencia del padre, lo que repite más tarde por medio del auto en movimiento
continuo. La rabia que sintió al contemplar el coito de su padre se expresó ya
en su primera hora cuando quiso que los dos caballos que iban a dormir
estuvieran "muertos y enterrados", así como en el afecto que acompañó
a este deseo. Estos cuadros de la escena primaria con los que comenzó su
análisis se referían a experiencias verdaderas reprimidas en su infancia, lo
que fue probado por el relato de sus padres. De acuerdo con éste el niño había
compartido el dormitorio de sus padres sólo en una época, durante un veraneo,
cuando tenía 18 meses. Durante este período se hizo difícil de manejar. Dormía
mal y había comenzado a ensuciarse nuevamente, aunque sus hábitos de limpieza
eran casi perfectos varios meses atrás. Parece ser que los barrotes de su cuna
no impidieron que viese a sus padres durante la relación sexual, pero sí fueron
un obstáculo, lo que se simbolizó con los muñecos que él volteó y luego colocó
de espaldas a la hilera de vehículos. La caída de los muñecos también
representó sus propios sentimientos de impotencia. Resultó que antes del
veraneo él jugaba muy bien con sus muñecos, pero luego no podía hacer otra cosa
que romperlos. Tempranamente, en su primera hora de análisis, ilustró la
conexión entre la destrucción de sus juguetes y sus observaciones del coito. En
una ocasión había puesto los autos, que simbolizaban el pene de su padre, en
hilera, uno al lado del otro, y los había hecho andar, se enfureció y los tiró
al suelo diciendo: "Nosotros siempre rompemos nuestros regalos de Navidad
en seguida, no queremos ninguno". Destruir los juguetes significaba para
su inconsciente destruir los genitales del padre. El placer de destruir y la
inhibición de juego que trajo al análisis fueron superados y desaparecieron
junto con otras dificultades durante el curso del mismo.
Poniendo en descubierto poco a poco la
escena primaria pude ganar acceso a la fuerte actitud homosexual pasiva de
Pedro. Después de haber descripto el coito de sus padres tuvo fantasías de
coito entre tres personas. Surgió así una fuerte ansiedad seguida de otras
fantasías en las que copulaba con su padre. Estas se mostraron en un juego en
el que un perro, o un automóvil o una locomotora -teniendo todos el significado
de padre-, subían sobre un carro o un hombre que era él mismo.
De este modo el carro se dañaba o el
hombre era mordido; y Pedro mostraba mucho miedo o gran agresividad frente al
juguete que representaba al padre.
Expondré ahora algunos de los aspectos
más importantes de mi técnica a la luz de las observaciones realizadas en los
análisis mencionados. Tan pronto como el paciente ha ofrecido un panorama
interno de sus complejos -ya sea por medio de juegos, de dibujos, fantasías o
simplemente por su conducta general-, considero que puede y debe comenzarse con
las interpretaciones. Esto no contradice la regla aceptada de que el analista
debe esperar a que se establezca una transferencia antes de empezar a
interpretarla, porque en los niños la transferencia es inmediata y el analista
tendrá a menudo elementos para ver su naturaleza positiva. Pero cuando el niño
manifiesta timidez, ansiedad o sólo una cierta desconfianza, esto ha de ser
interpretado como transferencia negativa, y hace aun más imperioso que la
interpretación comience en cuanto sea posible. Porque la interpretación reduce
la transferencia negativa del paciente haciendo retroceder los afectos
negativos involucrados hacia los objetos o situaciones originarias. Por
ejemplo, cuando Rita[25],
que era una niña muy ambivalente, sentía resistencia, necesitaba irse de la
habitación enseguida; entonces tuve que hacer una inmediata interpretación para
resolver esta resistencia. Tan pronto como le expliqué la causa de su
resistencia, siempre relacionándola con la situación y objeto originario, ésta
se resolvió, y se tomó confiada y amistosa conmigo y continuó su juego,
agregando a éste ciertos detalles que me confirmaron lo justo de la
interpretación que acababa de hacer.
En otro caso pude ver también con
impresionante claridad la necesidad de dar una interpretación rápida. Fue en el
caso de Trude, que se recordará me fue traída durante una sola hora cuando
tenía 3 años y 3 meses[26],
cuyo tratamiento debió posponerse por circunstancias externas. Esa niña era muy
neurótica y estaba fuertemente fijada en su madre. Entró en mi cuarto llena de
ansiedad y mal dispuesta, y me vi obligada a analizarla en voz baja y con la
puerta abierta. Pero pronto me dio una idea sobre la naturaleza de sus
complejos. Insistía en que se retiraran las flores de un florero; sacó un
muñeco de un carro en el que ella lo había puesto y lo injurió y maltrató;
quiso que un hombre de sombrero alto que había visto en un libro de figuras que
había traído, fuera sacado de ahí; dijo que los almohadones habían sido
desordenados por un perro. Inmediatamente interpreté esta declaración diciendo
que deseaba suprimir el pene de su padre[27] porque
dañaba a su madre (durante el juego la madre era representada por el vaso, el
carro, el libro de figuras y los almohadones) y enseguida disminuyó su
ansiedad, estuvo más amistosa conmigo que cuando llegó y dijo en su casa que le
gustaría volver a verme. Cuando 6 meses después pude reanudar el análisis de
esta niña vi que recordaba todos los acontecimientos de esta única hora de
análisis y que mi interpretación había aumentado su transferencia positiva o
más bien disminuido su transferencia negativa.
Otro principio fundamental de la
técnica de juego es que la interpretación debe ser conducida a una profundidad
suficiente como para alcanzar las capas mentales que deben ser activadas. Por
ejemplo, Pedro, en su segunda hora, después de haber colocado los carros uno
tras otro puso un muñeco sobre un banco al que llamó cama, y arrojándolo al
suelo dijo que estaba muerto y destruido. Hizo luego lo mismo con dos
muñequitos, eligiendo para tal propósito dos que ya habían sido dañados. En
esta época, de acuerdo con el material mencionado, interpreté que el primer
muñeco era su padre, al que quería sacar de la cama de su madre y matarlo, y el
segundo era él mismo, a quien su padre hubiera hecho lo mismo[28].
Más
tarde, habiendo dilucidado en todos sus detalles la escena primaria, Pedro
volvió bajo diversas formas al tema de los dos muñecos rotos, pero esto parecía
determinado por la ansiedad que había sentido en conexión con la escena
primaria con respecto a su madre castradora. En sus fantasías ella había tomado
el pene del padre dentro de sí y no lo había devuelto, convirtiéndose esto en
objeto de ansiedad para el pequeño, porque en su imaginación, desde ese
momento, la madre llevaba dentro de sí el aterrador pene del padre.
Daré ahora otro ejemplo tomado del
mismo caso. Mi interpretación del material en la segunda hora mostró que Pedro
y su hermano se masturbaban mutuamente. Siete meses más tarde, teniendo Pedro 4
años y 4 meses, me contó un largo sueño, rico en material asociativo y que
sintetizado relataré a continuación: "Estaban dos cerdos en su pocilga y
también en su cama. Comían juntos en la pocilga. Había también dos niños en su
cama en un bote; pero eran muy grandes, como el tío G (hermano adulto de su
madre) y como E (una amiga mayor que ellos a la que consideraban casi
adulta)". La mayor parte de las asociaciones de este sueño fueron
verbales. Demostraron que los cerdos eran él y su hermano y el comer
representaba su mutua fellatio. Pero
representaban también a sus padres copulando. Se vio luego que sus relaciones
sexuales con el hermano estaban basadas en una identificación con su madre y su
padre y en la que Pedro desempeñaba por turno el papel de cada uno de ellos.
Después de haber interpretado este material Pedro comenzó la hora siguiente
jugando con el lavatorio y las canillas. Puso dos lápices en una esponja y
dijo: ''Este es el bote en que Fritz (su hermanito) y yo nos metimos".
Después adoptó una voz profunda, la que a menudo empleaba cuando su superyó entraba
en acción, y gritó a los dos lápices: "Ustedes no deben ir juntos todo el
tiempo y hacer cosas feas". Esta censura a su hermano y a si mismo por
parte del superyó estaba también dirigida a los padres (representados por el
tío G y la amiga adulta E)[29], y
liberó en él afectos de la misma naturaleza de los que sintió hacia ellos
cuando fue testigo de la escena primaria. Estos afectos se habían evidenciado
ya en su segunda hora cuando deseó que los caballos que habían chocado
estuvieran muertos y enterrados. Sin embargo, después de siete meses, el
análisis de ese material todavía seguía progresando. Es evidente que la
profundidad de mí primera interpretación no trabó de ningún modo el
esclarecimiento de las conexiones entre esta experiencia y el total desarrollo
sexual del niño y (particularmente en el modo de determinar sus relaciones con
el hermano) no impidió tampoco la elaboración del material involucrado.
Los ejemplos citados confirman mi
creencia, basada en la observación empírica, de que no deben temerse las
interpretaciones en profundidad aun en el comienzo de un análisis, ya que el
material de las capas más profundas mentales saldrá nuevamente más tarde, y
será reelaborada. Como ya he dicho, el valor de la interpretación en
profundidad es simplemente el de abrir la puerta al inconsciente disminuyendo
la ansiedad que ha sido activada y preparando el camino para el trabajo
analítico.
En estas páginas he señalado muchas
veces que la capacidad del niño para hacer su transferencia es espontánea. Creo
que esto es debido en parte al hecho de que la ansiedad sentida por el niño es
comparativamente más aguda que la del adulto y por lo tanto es mayor su
aprensión. Uno de los mayores, si no el mayor, trabajo psíquico que el niño
debe llevar a cabo, y que toma la mayor parte de su energía mental, es dominar
su ansiedad. Por lo tanto, su inconsciente está primeramente interesado en
aquellos objetos que alivian o excitan su ansiedad, y de acuerdo con esto
producirá hacía ellos una transferencia positiva o negativa. En los niños
pequeños la transferencia negativa se expresa a menudo inmediatamente como
franco miedo, mientras que en los más grandes, especialmente en el período de
latencia, toma la forma de desconfianza, reserva o simple disgusto. En su lucha
contra el miedo a los objetos más cercanos, el niño tiende a referir este temor
a objetos más distantes (ya que el desplazamiento es un modo de tratar la
ansiedad) y a ver en ellos un representante de su padre y madre malos. Por esto
el niño realmente neurótico, en el que predomina el sentimiento de estar bajo
una constante amenaza de peligro -es decir, que espera siempre encontrarse con
el padre o madre "malos"-, reaccionará con ansiedad ante todos los
extraños.
No debemos perder de vista la presencia
de esta aprensión en niños pequeños e incluso, en cierto grado en los mas
crecidos. Aun cuando comienzan por manifestar una actitud positiva frente al
análisis debemos prepararnos a la manifestación de una transferencia negativa
muy pronto, tan pronto como aparece un material complejo. Inmediatamente que el
analista descubre signos de esta transferencia negativa debe asegurar la
continuación del trabajo analítico, establecer la situación analítica,
relacionándola a él mismo y retrotrayéndola al mismo tiempo a objetos y
situaciones originarias por medio de interpretaciones y resolviendo así cierta
cantidad de ansiedad. Su interpretación puede gravitar en algún punto de
urgencia de su contenido inconsciente y abrir así una vía de entrada al
inconsciente. El punto de urgencia se hará evidente por la multiplicidad y
frecuente repetición, a menudo bajo diversas formas, de las representaciones
del mismo "pensamiento de juego" (en el caso de Pedro, por ejemplo, vimos
en su primera hora de análisis el arreglo alternado de vehículos y el continuo
chocar de caballos, carros, etc.) y también por la intensidad de los
sentimientos ligados a estas representaciones, porque esto es una medida del
afecto que corresponde a su contenido. Si el analista descuida la urgencia de
material de esta clase, a menudo el niño abandona el juego o muestra una fuerte
resistencia o aun ansiedad manifiesta, y frecuentemente mostrará el deseo de
abandonar el análisis. Así, con una interpretación hecha a tiempo -es decir,
cuando se interpreta el material tan pronto como es posible-, el analista puede
cortar la ansiedad del niño o reducirla también en aquellos casos en los que el
análisis ha comenzado con una transferencia positiva. Cuando lo sobresaliente
desde el comienzo es una transferencia negativa o cuando la ansiedad o la
resistencia aparecen enseguida, hemos visto ya la absoluta necesidad de
interpretar lo antes posible.
De lo dicho se desprende que lo
importante es no sólo la oportunidad de la interpretación sino también su
profundidad. Cuando tenemos en cuenta la premura del material presentado nos
vemos obligados a determinar el origen no solamente del contenido de la
representación sino también de la ansiedad y sentimiento de culpa asociados y
su relación con las capas mentales movilizadas. Si tomamos como modelo el
análisis de adulto y nos ponemos en contacto primero con los estratos
superficiales de la mente que son los
mas cercanos al yo y a la realidad-
fracasaremos en nuestro propósito de establecer la situación analítica y de
reducir la ansiedad del niño. Durante mi experiencia he comprobado esto
repetidas veces. Igualmente se comprueba en lo que se refiere a la mera
traducción de símbolos, de interpretaciones que sólo tratan de representaciones
simbólicas del material y no se interesan por la ansiedad o sentimiento de
culpa asociado.
Una interpretación que no descienda a
esas profundidades que han sido activadas por el material y la ansiedad
concernientes, es decir, que no ataque el lugar donde la resistencia latente es
más fuerte, intentando ante todo reducir la ansiedad donde es más violenta y
más evidente, no tendrá ningún efecto sobre el niño, o sólo servirá para hacer
surgir resistencias mayores sin poder llegar a resolverlas nuevamente. Pero
como ya he tratado de explicar en mis conclusiones del análisis de Pedro,
penetrando directamente en aquellos estratos profundos de la mente, de ninguna
manera resolveremos completamente la ansiedad contenida allí, ni coartaremos el
trabajo, aun por realizarse, en los estratos superiores donde el yo del niño y
su relación con la realidad deben ser analizados. Este establecimiento de la
relación del niño con la realidad, así como el reforzamiento de su yo, se
logran sólo muy gradualmente y son el resultado, y no la condición previa, del
trabajo analítico.
Hasta aquí he expuesto e ilustrado mi
técnica de los análisis tempranos de tipo común. Desearía ahora considerar
algunas dificultades menos usuales con las que me he encontrado y que me han
obligado a adoptar métodos técnicos especiales. En el caso de Trude[30],
cuya ansiedad era muy grande al principio, destacamos el hecho de que en
ciertos pacientes el único medio para disminuir la ansiedad y poner en marcha
el análisis era una rápida interpretación. El caso de Ruth[31], de 4
años y 3 meses, fue más instructivo en ese sentido. Era una de esas niñas cuya
ambivalencia se manifestaba, por un lado, en su fuerte fijación en la madre y
en algunas mujeres, y, por otra parte, en su fuerte antipatía por otras,
generalmente desconocidas. Ya en sus primeros años, por ejemplo, no fue capaz
de aceptar una nueva niñera y le era difícil hacerse amiga de otras niñas. No
sólo sufría de una grave y no disfrazada ansiedad, que se manifestaba en forma
de crisis de angustia y en otros síntomas neuróticos, sino que tenía una
predisposición general a la timidez. Durante la primera hora se negó firmemente
a permanecer sola conmigo. Decidí pues aceptar que su hermana mayor
permaneciese con ella[32]
durante la sesión. Mi intención era obtener de ella una transferencia positiva,
en la esperanza de que fuera posible luego trabajar a solas con ella; pero
todos mis esfuerzos, tales como jugar con ella o animarla a conversar, etc.,
fueron vanos. Cuando jugaba con sus juguetes se dirigía sólo a su hermana
(aunque esta última trataba de hacerse lo menos visible), ignorándome por
completo.
Su propia hermana me manifestó que
consideraba inútiles mis esfuerzos, que no ganaría la confianza de la niña
aunque pasase con ella semanas enteras en vez de horas aisladas. Me vi, pues,
forzada a buscar otros medios, que una vez más fortificaron y confirmaron mí
creencia en la eficacia de la interpretación para reducir la ansiedad del
paciente y su transferencia negativa. Un día en que Ruth estaba como de
costumbre atenta exclusivamente a su hermana, dibujó un vaso con pequeñas
bolitas adentro y con una especie de tapa. Le pregunté para qué servía la tapa,
pero no me contestó. Cuando su hermana le hizo la pregunta, ella dijo:
"para evitar que las bolitas salgan rodando".
Antes de esto había revisado la cartera
de su hermana y la había cerrado herméticamente "para que nada pudiera
caerse".
Antes había hecho lo mismo con el
monedero dentro de la cartera de su hermana, guardando cuidadosamente las
monedas para que no pudieran caerse. Además, el material que ahora me traía
había sido bastante claro ya en sus horas anteriores[33].
Me arriesgué y dije a Ruth que las
bolitas en el vaso, las monedas en el monedero y lo que tenía la cartera, todo
representaba niños dentro de su mamita, y que ella quería mantenerlos bien
guardados para no tener más hermanos ni hermanas.
El
efecto de mí interpretación fue asombroso. Por primera vez Ruth me prestó
atención y por primera vez comenzó a jugar de modo distinto, no forzado[34]. No
obstante, aun le fue imposible quedarse a solas conmigo, reaccionando ante esa
situación con crisis de ansiedad. Como veía que el análisis disminuía poco a
poco la transferencia negativa en favor de una positiva decidí dejar a la
hermana en mí cuarto. Tres semanas después esta última se enfermó
repentinamente y me vi en la alternativa de suspender el análisis o de
exponerme a las crisis de ansiedad. Con el consentimiento de los padres, decidí
lo segundo. La niñera me entregó la niña en la puerta de mi cuarto y se fue, a
pesar de sus lágrimas y chillidos. En esta penosísima situación comencé una vez
más por tratar de calmarla de un modo maternal, no analítico, como pudiera
haberlo hecho cualquiera. Traté de consolarla y alegrarla y hacerla jugar
conmigo, pero todo fue en vano. Sólo logré que me siguiera hasta el interior de
mi cuarto, pero una vez allí no pude hacer nada con ella. Se puso casi lívida,
gritando y manifestando signos evidentes de una fuerte crisis de ansiedad.
Mientras tanto me senté frente a la mesa de juego y comencé a jugar sola[35]
diciéndole a la niña, que asustada se había sentado en un rincón, todo lo que
estaba haciendo. Por una inspiración súbita tomé como tema de juego el material
que ella misma había usado en la hora anterior. Al finalizar la misma ella
había jugado alrededor del lavatorio y había alimentado a sus muñecas dándoles
enormes jarras de leche, etc. Hice ahora la misma cosa que ella. Puse a dormir
una muñeca y dije a Ruth que yo le iba a dar algo de comer y le pregunté qué
era lo que se le debía dar. La pequeña interrumpió su llanto para contestar
"leche", y advertí que hizo un movimiento hacia su boca con dos de
sus dedos (que ella tenía costumbre de chupar antes de dormir), pero
rápidamente los separó. Le pregunté si quería chuparlos y dijo: "sí, pero
de verdad".
Comprendí que necesitaba reconstruir el
hecho tal como sucedía siempre en su casa: la acosté sobre el sofá y, a su
pedido, la tapé. Enseguida comenzó a chuparse los dedos. Seguía pálida y con
los ojos cerrados, pero visiblemente más tranquila y ya no lloraba. Mientras
tanto yo continué jugando con las muñecas repitiendo su juego de la hora
anterior. Al poner una esponja mojada al lado de una de ellas, como lo había
hecho ella, rompió otra vez en llanto y gritó: "No, ella no debe tener la
esponja grande, ésa no es para los
chicos sino para los grandes". (Debo observar que en las dos sesiones
anteriores había producido mucho material referente a su envidia a su madre.)
Entonces interpreté este material en conexión con su protesta contra la esponja
grande (la cual representaba el pene del padre).
Le mostré, con todo detalle, cómo ella
envidiaba y odiaba a su madre porque había incorporado el pene de su padre
durante el coito y cómo quería robar ese pene y los niños que estaban dentro de
su madre, y matarla. Le expliqué que por esto era que tenía miedo y que creía
haber matado a su madre y haber sido abandonada por ella. Cuidé siempre dirigir
estas interpretaciones a la muñeca, haciendo como si jugase con ella y
explicándole la razón por la cual estaba asustada y gritaba, y luego las dirigí
a la niña. Por este medio pude establecer completamente la situación analítica.
Mientras hacía esto, Ruth se había
tranquilizado, abrió los ojos y me permitió acercar a su sofá la mesa de juego,
y continué así la interpretación y el juego al lado de ella. Luego se incorporó
y observó mi juego con creciente interés y comenzó a participar en él. Cuando
terminó la hora y la niñera vino a buscarla se asombró al verla animada y
contenta y despedirse de mí de una manera cordial y hasta afectuosa. Al
comienzo de la hora siguiente, cuando la niñera la dejó, si bien manifestó
alguna ansiedad, no tuvo sus crisis habituales ni prorrumpió en llanto. Se
refugió inmediatamente en el sofá y se echó en él como había hecho el día
anterior, con los ojos cerrados y chupándose los dedos. Pude sentarme al lado
de ella y continuar enseguida el juego del día anterior. La sucesión de hechos
del día anterior fueron recapitulados, pero en forma más breve y mitigada.
Después de unas cuantas sesiones de esta clase las cosas habían progresado
tanto que la pequeña sólo manifestaba leves rastros de ansiedad al comenzar su
hora.
El análisis de los ataques de ansiedad
de Ruth evidenció que eran una repetición de sus pavores nocturnos[36],
que habían sido en ella muy intensos a los 2 años. En esta época su madre
estaba embarazada y la pequeña deseó robar los hijos del vientre de su madre,
dañarla y matarla. Esto originó en ella
fuertes sentimientos de culpa, cuya consecuencia fue su intensa fijación en la
madre. Cuando cada noche se despedía para ir a dormir esto significaba para
ella un adiós para siempre. A consecuencia de sus deseos de robar y matar a su
madre temía que ésta la abandonase para siempre[37], no
volver a verla viva o que su buena y tierna madre que le decía "buenas
noches" se transformase en una mala madre que la atacase por la noche.
Estas eran también las causas por las que no quería quedarse sola.
El ser dejada sola conmigo significaba
ser abandonada por su "buena" madre; y transfirió sobre mi todo su
terror a la madre "castigadora". Al analizar esta situación y al
aclarársela logré disipar, como vimos, sus ataques de ansiedad y pude comenzar
mi trabajo analítico normal[38]. La
técnica empleada al analizar los ataques de ansiedad de Ruth resultó eficaz en
otro caso.
Durante el análisis de Trude[39] se
enfermó su madre y debieron enviarla a un sanatorio. Esto hizo que se
interrumpiese el análisis cuando el cuadro general del mismo lo ocupaban
fantasías sádicas contra la madre. Ya hemos visto en qué forma, esta niña de 3
años y 9 meses, realizaba estas escenas de agresión delante de mí y cómo,
vencida por la ansiedad que seguía a estos ataques, se escondía con los
almohadones detrás del sofá, pero no llegó nunca a una verdadera crisis de
ansiedad. Cuando volvió, después del intervalo motivado por la enfermedad de la
madre, tuvo sin embargo, durante varios días seguidos, fuertes ataques de
ansiedad. Estos ataques se revelaron como una reacción a sus impulsos
agresivos, por el miedo que sentía por ellos. Durante estas crisis, Trude al
igual que Ruth, adoptaba una postura peculiar: la misma que tenía en su casa a
la hora de dormir, cuando comenzaba a tener ansiedad. Se deslizaba a un rincón
apretando fuertemente contra ella los almohadones, a los que a menudo llamaba
sus hijos, se chupaba los dedos y se orinaba. Aquí también cuando logré
interpretar su ansiedad cesaron los ataques[40].
Mi
experiencia posterior, así como la de M. N. Searl y otras analistas de niños,
ha confirmado la eficacia de estas medidas técnicas también en otros casos. En
los años de trabajo transcurridos desde el tratamiento de estos dos casos he
podido concretar que el requisito previo esencial para un análisis temprano -lo
mismo que para todo análisis en profundidad en cualquier niño mayor- es captar
el material presentado.
Una valoración exacta y rápida del
significado de ese material, tanto en lo que se refiere a esclarecer la
estructura del caso como a su relación con el estado afectivo del paciente en
el momento, y, sobre todo, una rápida percepción de la ansiedad latente y del
sentimiento de culpa que contiene, son las condiciones primarias para realizar
una interpretación justa, es decir, una interpretación hecha a tiempo y lo
suficientemente profunda como para llegar al nivel mental activado por la
ansiedad. La aparición en el análisis de crisis de ansiedad puede reducirse a
un mínimo si esta técnica es fielmente aplicada. Sí estas crisis o ataques de
ansiedad llegaran a producirse al comenzar el tratamiento, sin embargo -como
podría suceder con niños neuróticos que sufren tales ataques en la vida
diaria-, el empleo fiel y sistemático de este método comúnmente reduce
rápidamente la ansiedad y hace posible conducir normalmente el análisis. Los
resultados obtenidos analizando las crisis de ansiedad, evidencian también la validez
de algunos fundamentos de la técnica de juego. Se recordará que en el caso de
Trude, aunque el material iba acompañado de intensa ansiedad, desde el
principio pude analizarla sin que apareciesen crisis regulares, porque pude
hacer continuas interpretaciones en profundidad, en primer lugar, y permití que
la ansiedad se liberase en pequeñas dosis, disminuyéndola gradualmente. El
análisis de Trude debió ser interrumpido en un momento desfavorable y en
circunstancias difíciles, por enfermedad de la madre. Cuando volvió al
análisis, la ansiedad se había acumulado tanto que tuvo verdaderas crisis de
ansiedad. Después de unas pocas sesiones estas crisis cesaron por completo
dando lugar solamente a rastros de ansiedad. Añadiré algunas observaciones
teóricas referentes a estas crisis de ansiedad. Ya he hablado de su carácter,
como repetición del pavor nocturno, y me he referido a la posición adoptada por
la paciente en dichos ataques o más bien en su intento de dominarlos y he
señalado que eran la repetición de las situaciones de ansiedad sufridas por el
niño en la cama durante la noche. Pero he mencionado también una específica
situación de ansiedad, temprana, que parece ser el fundamento de ambos: pavor
nocturno y crisis de ansiedad. Mis observaciones en los casos de Trude, Ruth y
Rita, junto al conocimiento adquirido en los últimos años, me han permitido
reconocer la existencia de una ansiedad o situación de ansiedad que es
específica en las niñas y el equivalente de la ansiedad de castración sentida
por el varón.
Esta situación de ansiedad culmina en
la idea de que la madre ha destruido el cuerpo de la niña, ha anulado su
contenido y ha retirado los niños de ahí. Este tema será ampliamente tratado en
la segunda parte de este libro. Sólo he querido señalar al lector la
coincidencia entre los datos que he podido recoger en mis primeros análisis y
una o dos afirmaciones de Freud hechas en Inhibición,
síntoma y angustia, donde sostiene que el
equivalente del miedo a la castración en el niño es en la niña el miedo a la
pérdida de amor. El material ofrecido por el análisis de niñas pequeñas me
mostró claramente que hay en ellas un miedo de ser abandonadas por la madre, el
miedo de quedarse solas. Pero este miedo va aun más lejos. Se basa en los
impulsos agresivos frente a la madre y en los deseos de matarla y robarla que
arrancan de los tempranos estadíos del conflicto de Edipo. Estos impulsos conducen
no sólo a la ansiedad o miedo a ser atacadas por su madre sino al miedo de que
ésta las abandone o muera.
Volvamos ahora a los problemas
técnicos.
Es de gran importancia también la forma en que se hace la interpretación.
Debe ser concreta, de acuerdo con el modo de hablar y pensar del niño[41].
Pedro, por ejemplo, dijo señalando la hamaca: "Mira cómo se columpia y
choca". Cuando yo le contesté que era así como chocan los thingummies de
papá y mamá, él lo aceptó sin la menor dificultad. Doy otro ejemplo. Rita, de 2
años y 9 meses, me contó que sus muñecas la habían molestado mientras dormía.
Ellas insistían en repetir a Hans, el hombre del subterráneo (un muñeco sobre
ruedas): "usted siga manejando su tren subterráneo". En otra ocasión
colocó un "cubo" triangular a un lado y dijo que eso era una mujercita.
Luego tomó un "martillito", nombre que ella dio a un "cubo"
largo, y con él pegó a la caja de "cubos" precisamente en el lugar
donde sólo había papel, de modo que hizo un agujero, y dijo: "cuando el
martillo pegó fuerte la mujercita se asustó mucho". Hacer correr un tren
subterráneo y pegar con el martillo representaba el coito de sus padres, que
ella había presenciado hasta casi los 2 años. Mi interpretación: "tú
papito pegó así fuerte dentro de tu mamita con su martillito y tu estabas muy
asustada", se adaptaba exactamente a su modo de pensar y hablar.
Describiendo mi técnica de análisis me
he referido a menudo a los pequeños juguetes que pongo a disposición de los
niños. Querría exponer brevemente por qué son útiles estos juguetes en mi
técnica de juego. Su pequeñez, su número, su gran variedad, así como su
simplicidad, hacen posible que se presten a los más variados usos, dando mayor
margen a juegos representativos.
Estos juguetes parecen adecuarse a la
expresión de sus fantasías y experiencias en todo detalle.
Los diferentes "pensamientos de
juego" del niño y los afectos asociados (que nosotros inferimos en parte
del tema de sus juegos y en parte por la observación directa), son presentados
uno al lado del otro y en un margen reducido, permitiéndonos tener una visión
general de las conexiones generales y dinámicas de los procesos mentales que
hemos hecho emerger, y como a menudo la continuidad espacial simboliza la
continuidad temporal, también podemos deducir la ordenación en tiempo de las
diversas fantasías y experiencias.
De todo lo dicho podría suponerse que
lo único que tenemos que hacer para analizar a un niño consiste en dejar los
juguetes frente a él, para que empiece inmediatamente a jugar con ellos, sin
inhibiciones ni dificultades. Pero eso no es lo que ocurre en realidad.
Tal como he dicho, muchas veces las
inhibiciones de juego son muy frecuentes, en mayor o menor grado, y constituyen
un síntoma neurótico común. Pero es precisamente en estos casos, cuando falla
otra forma de conexión, cuando se valora la utilidad de los juguetes para
iniciar un análisis. Rara vez sucede que un niño, por inhibido que sea, en sus
juegos no mire los juguetes o toque uno u otro o haga algo con ellos. Puede que
enseguida suspenda sus juegos, como hizo Trude, pero ya hemos tomado
conocimiento de su inconsciente y tenemos una base para comenzar la labor
analítica, sabiendo cómo empezó el juego y en qué punto se presentó la
resistencia, cómo ha reaccionado ante esta resistencia, qué comentario casual
hizo en ese momento, etc. El lector ya ha podido ver cómo en el análisis,
mediante la interpretación, hacemos al niño más libre para expresar los
contenidos de representación, haciéndose el material más abundante y más útil,
y reduciéndose la inhibición en el juego.
Los juguetes no son los únicos
requisitos del análisis del juego. Hay que tener una cantidad de material
ilustrativo en la habitación. Lo más importante es el lavatorio con agua
corriente. Por lo general se utiliza en una etapa ulterior del análisis, pero
resulta entonces de gran importancia. El niño pasará por una fase completa de
su análisis jugando con el lavatorio, debiendo tener también una esponja, un
vaso de vidrio, uno o dos barquitos, una o dos cucharas y papel. Estos juegos
con agua nos aportan una profunda visión de las fundamentales fijaciones
pregenitales del niño[42] y
son un medio para ilustrar sus teorías sexuales, dándonos una relación entre
sus fantasías sádicas y formaciones reactivas y mostrando la conexión directa
entre sus impulsos pregenitales y genitales[43].
En
muchos análisis dibujar o recortar papel toma la mayor parte del tiempo. En
otros, especialmente en las niñas, se pasa parte del tiempo haciendo ropas y
adornos para ellas, para sus muñecas o para los animales de juguete,
engalanándose con cintas o adornos.
Cada
niño tiene a mano papel, lápices de color, un cuchillo, tijeras, agujas, hilo,
lana, trocitos de madera y soga. A menudo el niño trae sus propios juguetes. Es
evidente que la simple enumeración de objetos no agota las posibilidades.
Sabemos mucho de ellos según el uso que dan a cada uno de los objetos y por el
sentido con que cambian un juego por otro. Todo lo que amuebla el cuarto,
sillas, almohadones, etc., debe estar a su disposición. En realidad, los
muebles del cuarto de análisis de niños deben ser elegidos para este fin. La
fantasía y juegos imaginativos que se desarrollan en un juego con juguetes es
de gran importancia.
En los juegos imaginativos los niños
representan en su propia persona lo que en una etapa anterior mostraban por
medio de juguetes. En estos juegos al analista se le asignan uno o varios
papeles, y mi práctica me enseña que debe dejarse al niño que describa cada
papel con el mayor detalle posible. Algunos niños muestran una especial
preferencia por los juegos de imaginación; otros, por un medio más indirecto de
representación, mediante juguetes. Juegos típicos de imaginación son el de la
madre y el hijo, el de estar en la escuela, hacer o amueblar una casa (con
ayuda de sillas, almohadones, etc.), ir al extranjero, viajar en tren, ir al
teatro, ver al doctor, estar en una oficina, tener un comercio, etc. El valor
de esos juegos de imaginación desde un punto de vista psicoanalítico está en su
modo directo de representación y, como consecuencia, en la riqueza de
asociaciones verbales que ofrece. Porque como ya he dicho en el capítulo 1, una
de las condiciones necesarias para decidir que un análisis está terminado con
éxito, aun en los niños de corta edad, es haber logrado que utilicen el
lenguaje durante el análisis en toda la medida de sus posibilidades.
Aunque ninguna descripción puede dar
idea de la complejidad y riqueza de estas horas de análisis, espero haber dado
una visión de la exactitud y seguridad de los resultados obtenidos por este
medio.
3. UNA
NEUROSIS OBSESIVA EN UNA NIÑA DE 6 AÑOS[44]
En el último capítulo hemos tratado los
principios básicos en la técnica del análisis temprano. En este capítulo
compararemos esta técnica con la empleada en los análisis en el período de
latencia, utilizando para ello un caso como ilustración. Este historial nos
permitirá analizar, en primer lugar, ciertos problemas de importancia teórica y
general, y, en segundo lugar, describir los métodos empleados en el análisis de
neurosis obsesivas en los niños. Puedo decir que esta técnica nació durante el
tratamiento de este difícil e interesante caso.
Erna, niña de 6 años, presentaba
síntomas graves. Sufría de insomnio, provocado en parte por su ansiedad (tenía
especial miedo a los ladrones y asaltantes) y en parte por una serie de
actividades obsesivas. Estas eran acostarse boca abajo y golpear su cabeza
contra la almohada, hacer un movimiento de balanceo durante el cual se acostaba
de espaldas o, se sentaba, chuparse obsesivamente el pulgar y masturbarse en
exceso. Estas actividades obsesivas, que le impedían dormir en la noche, se
mantenían también durante el día, especialmente en lo que se refiere a la
masturbación, que realizaba aun en presencia de extraños, por ejemplo, casi
continuamente, en el jardín de infantes. Sufría de una fuerte depresión que
describía así: "Hay algo que no me gusta de la vida". Su relación con
la madre era exageradamente afectuosa, pero se tornaba a veces muy hostil. La
dominaba completamente, impidiéndole moverse e importunándola continuamente con
su amor y odio. Su madre se expresó así acerca de ella: "Me chupa".
La niña debería ser descripta como ineducable.
Tenía meditaciones mórbidas obsesivas y
una naturaleza muy poco infantil, que se reflejaba en su aspecto de
sufrimiento. Junto a esto llamaba la atención su desarrollo sexual precoz poco
común. Un síntoma que apareció inmediatamente durante el análisis fue su grave
inhibición para aprender. Había entrado a la escuela unos meses después de
comenzado el análisis, manifestándose enseguida su incapacidad para aprender
así como su imposibilidad de adaptarse ni a la escuela ni a las compañeras. El
hecho de que ella se sintiera enferma y que desde el comienzo del tratamiento
pidiese mi ayuda, facilitó su análisis.
Erna comenzó su juego tomando un
carrito que estaba sobre la mesa entre otros juguetes y empujándolo hacia mi.
Dijo que había venido a buscarme, pero puso una muñeca en el carrito y agregó
un muñeco. Los dos se querían y se besaban, y ella los arrastraba de un lado
para otro. Enseguida puso un muñeco en otro carro que chocaba con ellos, les
pasaba por encima y los mataba, los asaba y los comía. Otras veces la lucha
tenía otro fin y el muñeco agresor era arrojado al suelo, pero la mujer lo
ayudaba y consolaba. Se divorciaba del primero y se casaba con el recién
venido. La tercera persona era la que representaba más papeles en el juego de
Erna. Por ejemplo, el primer hombre y su mujer estaban en su casa y la
defendían del ataque de un ladrón; la tercera persona era el ladrón y entraba.
La casa se quemaba y el hombre y la
mujer se quemaban y la tercera persona era la única que se salvaba. Otras veces
la tercera persona era un hermano que llegaba de visita, pero al abrazar a la
mujer le sacaba la nariz a mordiscos. Este hombrecito, la tercera persona, era
la misma Erna. En una serie de juegos similares mostró el deseo de desalojar al
padre de su posición frente a la madre. Por otra parte otros juegos mostraban
su deseo edípico directo, de desembarazarse de la madre y conquistar al padre.
Así hizo que un muñeco fuese el maestro de violín que daba lecciones a una niña
golpeándole la cabeza[45]
contra el violín o parándola sobre la cabeza mientras leía un libro. Le hizo
arrojar el libro o el violín para que pudiese bailar con su alumna. Enseguida
se besaron y se abrazaron, y entonces Erna me preguntó si yo permitiría al
maestro casarse con su discípula. Otras veces un maestro y una maestra
-representados por un muñeco y una muñeca- daban lecciones de cortesía a los
niños, enseñándoles cómo hacer reverencias, saludar, etc. Al principio los
chicos eran obedientes y educados (lo mismo que Erna, que siempre trataba de
comportarse lo mejor posible), pero súbitamente atacaban al maestro y a la
maestra atropellándolos, pisándolos, matándolos y asándolos. Se transformaron
luego en demonios, deleitándose en el tormento de sus víctimas, pero
repentinamente el maestro y la maestra estaban en el cielo y los demonios
anteriores se habían transformado en ángeles, los cuales, de acuerdo con lo que
decía Erna, ignoraban haber sido demonios, realmente "no lo fueron
nunca". Dios padre, el maestro anterior, comenzó a besar y a abrazar
apasionadamente a la mujer, los ángeles los adoraban y todo se arregló de
nuevo, aunque no mucho después las cosas se estropearían de un modo u otro.
Erna jugaba a menudo a que ella era
madre. Yo era el niño y una de mis faltas más graves era chuparme el pulgar. Lo
primero que esperaba que me pusiese en la boca era la locomotora. Ella ya había
admirado sus lámparas doradas diciendo: "qué lindas son, todas rojas y
ardientes", y al mismo tiempo se las ponía en la boca y las chupaba. Las
lámparas de la locomotora representaban para ella el pecho de la madre y el
pene del padre. Todos estos juegos eran seguidos, invariablemente, por crisis
de rabia, envidia y agresión contra la madre, a las cuales se agregaban
remordimientos e intentos de reparación y reconciliación. Jugando con cubos,
por ejemplo, los repartía entre nosotras de modo de tener siempre más que yo;
lo hacía poniendo primero más para ella que para mí, pero luego reparaba
tomando menos para ella, pero se las arreglaba siempre para quedarse con más
cantidad al final; si construía algo con los cubos quería probarme cuánto más
linda era su construcción que la mía o me la tiraba, simulando un accidente.
Solía elegir un muñeco como juez para que decidiese que su casa era mejor que
la mía. Por los detalles de este juego, en el tema de las casas se hizo
evidente una antigua rivalidad con su madre. En la última parte del análisis
esta rivalidad apareció en forma directa.
Además de estos juegos cortaba papel
haciendo moldes. Me dijo que eso era "picadillo" y que estaba
saliendo sangre del papel, después de lo cual se estremeció y dijo sentirse
mal. En una ocasión habló de una "ensalada de ojos" y otra vez dijo
que había cortado "flecos" de mi nariz. Expresó otra vez el deseo de
morder mi nariz, deseo que había ya expresado en su primer hora de análisis (en
realidad hizo cuanto pudo para realizar este deseo). De este modo expresó su
identificación con la tercera persona, el muñeco que había invadido y quemado
la casa y mordido la nariz de la mujer. En su caso, como en el de otros niños,
el cortar papel tenía diversas finalidades. Liberaba impulsos sádicos y
canibalísticos y representaba la destrucción de los genitales de sus padres o
de todo el cuerpo de su madre. Al mismo tiempo, sin embargo, se expresaban sus
impulsos reactivos; por ejemplo, cortando una linda alfombrita, recreaba lo
destruido.
Después de cortar papel, Erna pasó a
jugar con agua. Un pedacito de papel flotando en el lavatorio era un capitán
cuyo bote se había hundido. El pudo salvarse -según dijo Erna- porque tenía
algo "largo y dorado" que lo ayudó a salir del agua. Luego le arrancó
la cabeza y anunció: "su cabeza desapareció, ahora se ahogó". Estos
juegos con agua llevaron al análisis profundo de sus fantasías orales,
uretrales y anal-sádicas.
Así, por ejemplo, jugaba a que era
lavandera, y los papeles pintados representaban ropa blanca sucia de un niño.
Yo era el chico que ensuciaba la ropa interior una y otra vez (incidentalmente
Erna manifestó sus impulsos canibalísticos y coprofílicos mascando pedacitos de
papel que representaban excrementos y niños a la vez que ropa sucia) Como
lavandera, Erna tuvo oportunidad de castigar y humillar a un niño,
representando el papel de la madre cruel. Pero como ella se identificaba con el
niño, gratificaba así también sus deseos masoquísticos.
A veces hacía que la madre ordenara al
padre castigar al niño y pegarle en el trasero. El castigo era recomendado por
Erna en su papel de lavandera como medio de curar al niño de su amor por la
suciedad. Una vez, en lugar del padre llegó un mago. Pegó al niño en el ano y
luego en la cabeza con un palo, y al hacerlo, un fluido amarillo salió de la
varita mágica. En otra ocasión el niño -esta vez uno muy pequeño- recibió para
tomar una mezcla de polvos rojiza y blancuzca. Este tratamiento lo limpió, y
repentinamente fue capaz de hablar y resultó tan inteligente como su madre[46]. El
mago representaba el pene, y el golpe con la vara, el coito. El fluido y los
polvos representaban la orina, heces, semen y sangre, los cuales, según las
fantasías de Erna, su madre se ponía dentro a través de la boca, ano y
genitales al copular. En otra ocasión Erna repentinamente se convirtió de
lavandera en vendedora de pescado que pregonaba su mercadería. Durante el curso
del juego abrió el grifo del agua (al que solía llamar el grifo de crema
batida) después de haber envuelto papel alrededor. Cuando el papel estaba
empapado y caía dentro de la pileta, ella lo rompía y lo ofrecía a la venta
como pescado. La glotonería compulsiva con que Erna bebía del grifo durante
este juego y mascaba pescado imaginario, señalaba claramente la envidia oral
que ella había sentido durante la escena primaría y durante sus fantasías
primarias. Esta envidia había afectado profundamente el desarrollo de su
carácter y era también un rasgo central de su neurosis[47]. Las
equivalencias del pescado con el pene del padre como también con las heces y
con niños se hicieron obvias en sus asociaciones. Erna tenía variados pescados
para vender, y entre ellos un Kokelfische o, como ella repentinamente lo
llamaba, Kakelfische[48].
Mientras los cortaba tuvo deseos repentinos de defecar, y esto me demostró que
los pescados eran equivalentes a las heces, puesto que el cortarlos equivalía
al acto de defecar. Como vendedora de pescado, Erna me trampeó en varias
formas. Tomaba grandes cantidades de mi dinero sin darme en cambio pescado. No
podía hacer nada contra ella porque la ayudaba un policía, y juntos
"batían"[49] el
dinero, y también el pescado, que me había sacado. El policía representaba a su
padre, con quien ella copulaba y era su aliado en contra de su madre. Yo tenía
que mirar mientras ella "batía" las monedas o el pescado con el
policía y luego tenía que tratar de conseguir ambas cosas trampeándolos. En
realidad tenía que fingir que hacía lo que ella misma había deseado hacer con
su madre cuando presenció la relación sexual entre ella y su padre. Estos
impulsos y fantasías sádicas eran el fondo de su fuerte ansiedad frente a la
madre. Repetidamente manifestó temor a una "ladrona que le sacaría todo de
su interior".
El significado simbólico del teatro y
sus representaciones significando el coito de sus padres, surgieron muy
claramente en el análisis de Erna[50].
Las numerosas representaciones en que ella era una artista o una bailarina
admirada por todos los espectadores demostraban la gran admiración -admiración
mezclada con envidia- que sentía por su madre. A menudo también al
identificarse con su madre fingía ser una reina ante la cual todos se
inclinaban. En todas estas representaciones era siempre la niña la que tenía la
peor parte. Todo lo que hizo Erna en el papel de madre -la ternura que mostraba
a su esposo, el modo como se vestía y permitía ser admirada- tenía como
propósito fundamental hacer surgir la envidia de la niña y herir sus
sentimientos. Así, por ejemplo, cuando ella, en el papel de reina, celebró su
casamiento con el rey, se acostó en el sofá y me pidió, como rey, que me
acostase a su lado. Como me negase a hacerlo, a cambio de ello tuve que
sentarme en una sillita cerca de ella y golpear el sofá con mi puño. Llamaba a
esto "hacer manteca" y significaba copular. Inmediatamente me dijo
que un niño salía de ella, y representó la escena con bastante realismo,
retorciéndose y gritando. Este niño imaginario compartía el dormitorio de sus
padres y era testigo de las relaciones sexuales entre ellos. Si las interrumpía
era castigado y la madre se quejaba de él al padre. Si ella como madre ponía al
niño en la cama, era solamente para desembarazarse de él y volver más pronto
con el padre. El niño era maltratado y atormentado incesantemente. Para comer
le daban avena, y era tan horrible que lo enfermaba. Mientras tanto el padre y
la madre gozaban y comían manjares maravillosos hechos con una crema batida y
con una leche especial preparada por el doctor Whippo o Whippour* ,
nombre compuesto por whipping y pouring
out (batir y llenar). Esta comida especial, comida solamente por el padre y la
madre, fue utilizada con infinitas variaciones para representar el intercambio
de sustancias durante el coito. En las fantasías de copulación de Erna la madre
incorporaba el pene y el semen del padre y su padre incorporaba el pecho de la
madre y leche, siendo esto la base de su envidia y odio frente a ambos.
En uno de los juegos de Erna, un cura
ofrecía una "representación". Abría la canilla y su compañera, una
bailarina, bebía de ella. A la niña, llamada Cenicienta, se le permitía sólo
mirar, y debía quedar completamente inmóvil. En este momento Erna tuvo una
fuerte y súbita crisis de enojo que mostró los sentimientos de odio que
acompañaban a sus fantasías y qué mal había logrado dominar esos sentimientos.
Su relación con la madre estaba totalmente deformada por los mismos. Cada
medida educacional, cada acto de disciplina, cada inevitable frustración, era
sentida por ella como una agresión sádica por parte de su madre, hecha
únicamente para humillarla y maltratarla.
Sin embargo, en sus ficciones, cuando
ella era su madre, se mostraba afectuosa con su hijo imaginario mientras éste
era sólo un bebé. Lo cuidaba, lo limpiaba y a veces lo perdonaba si estaba
sucio. Esto se debía a que pensaba que había sido tratada con amor sólo cuando
era pequeñita. Con los niños mayores era muy cruel y los dejaba torturar por
los demonios de diversas maneras, hasta que finalmente los mataban[51]. Se
hizo claro que la niña era también la madre transformada en niño en las
siguientes fantasías. Erna simulaba ser un niño que se había ensuciado, y yo,
como madre, la reprendía, después de lo cual se volvía insolente y se ensuciaba
más y más como acto de desafío, para molestar a la madre, y aun más, vomitaba
la mala comida que yo le había dado. La madre llamaba entonces al padre, pero
éste se ponía de parte de la niña. Luego la madre era atacada por una
enfermedad llamada "Dios le ha hablado"; luego a su vez la niña se
enfermaba de una enfermedad llamada "agitación de madre" y moría, y
la madre era muerta por el padre como castigo. La niña resucitaba y se casaba
con su padre, quien continuamente la elogiaba a costa de la madre. La madre a
su vez revivía, pero como castigo era transformada por su padre en una niña,
cosa que se lograba por medio de una varita mágica. Y entonces la madre tenía
que sufrir todos los desprecios y malos tratos, a los que estuvo anteriormente
sometida la niña. En numerosas fantasías de esta clase, en lo referente a la
madre y a la hija, Erna repetía lo que ella creía que habían sido sus propias
experiencias, mientras que por otra parte expresaba las cosas sádicas que
desearía hacer a su madre si la relación niño-madre pudiera ser invertida.
La vida mental de Erna estaba dominada
por fantasías anal-sádicas. En una etapa posterior del análisis empezaron una
vez más los juegos con agua, produciendo fantasías en que las heces pegadas a
la ropa sucia eran cocinadas y comidas. Después simulaba estar sentada junto al
inodoro comiendo lo que ella producía, y que nos lo dábamos una a la otra.
Estas fantasías de ensuciarnos continuamente una a la otra con orina y heces se
hicieron cada vez más claras durante el análisis. En un juego mostró que la madre
se había ensuciado una y otra vez y que todas las cosas del cuarto se habían
transformado en heces por culpa de la madre, y por esto fue encarcelada, y
moría de hambre. Ella tenía la tarea de limpiar lo que había dejado su madre, y
en conexión con ello se llamaba a sí misma "Mrs. Dirt Parade" (señora
Desfile de Suciedad). Calificaba con ello a una persona que exhibe su suciedad.
Lograba la admiración y agradecimiento de su padre a través de su amor a la
limpieza, él la apreciaba más que a su madre y se casaba con ella. Cocinaba
para él. Las bebidas y comidas que se daban mutuamente eran una vez más orina y
heces, pero en cambio eran de buena clase en vez de dañinas. Esto sirve de
ejemplo de las numerosas y extravagantes fantasías anal-sádicas que se hicieron
conscientes durante el análisis.
Erna, que era hija única, pensaba
continuamente en la posible llegada de hermanos y hermanas. Sus fantasías de
conexión con este temor merecen atención especial, porque hasta donde he
observado tienen una aplicación general. A juzgar por ésta y otros niños en
situación similar, parecería que el hijo único sufre mucho más que otro por la
ansiedad sentida frente a los posibles hermanos o hermanas que está siempre
esperando y por los sentimientos de culpa que tiene debido a sus impulsos
inconscientes de agresión hacia ellos en su existencia imaginaría dentro del
cuerpo de la madre; porque no tiene oportunidad de desarrollar una relación
positiva con ellos en la realidad. Este hecho dificulta a menudo la adaptación
social de un hijo único. Por mucho tiempo Erna tuvo ataques de rabia y de
ansiedad al comenzar y finalizar su hora analítica conmigo, y en parte estaban
ocasionados por el encuentro con otros niños que venían para ser tratados
inmediatamente antes o después que ella y que representaban sus hermanos o hermanas
cuya llegada estaba siempre esperando[52]. Por otra
parte, aunque se llevaba mal con otros niños, sentía a veces una gran necesidad
de estar con ellos. Encontré que su deseo ocasional de un hermano o hermana
estaba determinado por varios motivos: a) los hermanos y hermanas que ella
deseaba significaban un hijo de ella misma; este deseo, sin embargo, era
prontamente deformado por el fuerte sentimiento de culpa, ya que esto hubiera
significado que ella había robado la criatura a su madre; b) la existencia del
niño le hubiera reasegurado que los ataques que ella había hecho en su fantasía
contra los niños que suponía dentro de la madre, no habían dañado ni a ellos ni
a su madre, y en consecuencia, el interior de su propio cuerpo estaba ileso; c)
le hubieran proporcionado la gratificación sexual que su padre y madre le
habían negado, y aun lo más importante, d) hubieran sido aliados no solamente
en los hechos sexuales sino también en sus empresas frente a los terroríficos
padres. Ellos y ella juntos hubieran matado a la madre y capturado el pene del
padre[53].
Pero a
estas fantasías de Erna seguían rápidamente sentimientos de odio contra sus
hermanos y hermanas imaginarios -porque ellos eran en definitiva sólo
sustitutos de su madre y su padre- y por sentimientos de culpa muy fuertes
debido a los actos destructivos que ellos y ella habían cometido en contra de
sus padres en sus fantasías.
Usualmente terminaba por tener crisis
depresivas.
Estas fantasías contribuían también a
hacer imposible la buena amistad de Erna con otros niños. Huía de ellos porque
los identificaba con sus hermanos y hermanas imaginarios, de modo que, por un
lado, los consideraba cómplices de sus ataques contra sus padres, y, por otra
parte, los temía como enemigos a causa de sus propios impulsos agresivos frente
a sus hermanos y hermanas.
El caso de Erna arroja luz sobre otro
factor que parece ser de importancia general.
En el primer capítulo llamé la atención
sobre la particular relación que los niños tienen con la realidad. Señalé que
el fracaso de sus intentos de adaptarse correctamente a la realidad puede
reconocerse en el análisis del juego de niños bastante pequeños y que en el
análisis era necesario llevar gradualmente al niño, aun al más pequeño, a un
completo contacto con la realidad. En el caso de Erna, aun después de haber
transcurrido una buena parte del análisis no pude obtener ninguna información
detallada sobre su vida real. Obtuve bastante material de sus extravagantes
impulsos sádicos contra su madre, pero no escuché nunca la más mínima queja o
crítica a su madre real y a lo que ella realmente hacía. Aunque Erna llegó a
reconocer que sus fantasías estaban dirigidas contra su propia madre real
-hecho que ella negó en la primera etapa de su análisis- y aunque resultó bien
claro que copiaba cada vez más a su madre de un modo exagerado y envidioso, fue
difícil establecer una conexión entre sus fantasías y la realidad. Todos mis
esfuerzos para traer su vida real dentro del análisis fueron infructuosos,
hasta que hice progresos definidos analizando las profundas razones para querer
separarse ella misma de la realidad. Las relaciones de Erna con la realidad
mostraron claramente ser una fachada, y esto en mayor grado que lo que se
hubiera podido prever a través de su conducta. En realidad había ensayado por
todos los medios de mantener un mundo de ficción que la protegiese contra la
realidad[54].
Por ejemplo, acostumbraba imaginar que los coches de juguete y cocheros estaban
a su servicio, obedecían sus órdenes y le daban cuanto pedía; las muñecas eran
sus sirvientas, etc. Aun cuando ella estaba en estas fantasías, la dominaba la
rabia y la depresión: iba entonces al baño y fantaseaba en voz alta cuando
defecaba. Cuando salía del baño se echaba en el sofá chupándose el pulgar
apasionadamente, masturbándose y hurgándose las narices. Conseguí llegar a que
me contara las fantasías que acompañaban esta defecación, chupeteo,
masturbación y hurgarse las narices. Por medio de estas satisfacciones físicas
y de las fantasías ligadas a ellas, intentaba enérgicamente continuar la
situación de ensueño que habíamos encontrado en sus juegos. La depresión, enojo
y ansiedad que la poseían durante el juego, se debían al hecho de verse
perturbada en sus fantasías por alguna intromisión de la realidad.
Recordaba también cuánto la molestaba
si alguien se acercaba a su cama por la mañana cuando se chupaba el pulgar o se
masturbaba. La razón de esto era no sólo el temor de ser sorprendida sino
también que necesita defenderse de la realidad. Durante el análisis apareció
una fabulación que adquirió fantásticas proporciones y nació de su intento de
transformar, de acuerdo con sus deseos, una realidad que para ella era
intolerable. Encontré que esta extraordinaria ruptura con la realidad -para
cuyo fin empleaba también fantasías megalomaníacas- tenía su origen en el
excesivo temor a los padres, especialmente a la madre. Con el fin de disminuir
ese miedo Erna imaginaba ser una poderosa y severa señora en contra de su
madre, y esto intensificaba su sadismo.
Las fantasías de Erna en las que era
cruelmente perseguida por su madre comenzaron a mostrar claramente su carácter
paranoide. Como ya he dicho, cada paso en su educación o crianza, el más mínimo
detalle de su indumentaria era visto por ella como un acto de persecución por
parte de su madre. No sólo esto, sino todo lo que su madre hacía, su conducta
frente al padre, las cosas que hacia para su propia diversión, todo era sentido
por Erna como persecución. Además se sentía continuamente espiada. Una de las causas
de su excesiva fijación en la madre era su compulsión a vigilarla
constantemente. El análisis mostró que Erna se sentía responsable de cada
enfermedad de su madre y esperaba un castigo por sus propias fantasías
agresivas. La acción de un superyó demasiado severo y cruel se veía en cada uno
de los detalles de sus juegos y fantasías, alternando siempre entre una madre
severa que castiga y un niño que odia. Era necesario un análisis profundo para
explicar estas fantasías, idénticas a lo que en los adultos paranoides
conocemos como delirios. La experiencia que he adquirido desde que expuse este
caso me ha permitido ver el carácter peculiar de la ansiedad de Erna, de sus
fantasías y de sus relaciones con la realidad, como típico de aquellos casos en
que se manifiestan activamente fuertes rasgos paranoides[55].
En este
punto quiero llamar la atención sobre las tendencias homosexuales de Erna, que
fueron fuertemente acentuadas desde su primera infancia en adelante. Después
que se analiza una gran cantidad de odio por su padre, surgido de la situación
edípica, estas tendencias aunque indudablemente disminuidas, eran aun muy
fuertes y parecía imposible resolverlas más. Fue sólo después de vencer largas
y obstinadas resistencias que surgió a la luz el verdadero carácter de sus
fantasías de persecución y su relación con la homosexualidad. Los deseos de
amor anales surgieron más claramente en forma positiva, alternando con sus
fantasías de persecución. Erna jugó una vez más a ser vendedora de tienda
(vendía heces, y el significado inconsciente se hizo obvio porque al comienzo
del juego tuvo que interrumpirlo para ir a defecar). Yo era la compradora y
tenía que preferirla entre todas las demás vendedoras y pensar que sus
mercancías eran especialmente buenas. Luego ella era la compradora y me amaba,
representando de este modo su relación anal de amor entre ella y la madre.
Estas fantasías anales fueron interrumpidas por crisis de depresión y odio
contra mi, pero que en realidad eran dirigidas contra su madre. En conexión con
esto, Erna produjo la fantasía de que una pulga que era de color negro y amarillo "mezclados", y que
ella misma reconocía inmediatamente como un pedazo de hez que resultó ser
peligrosa y envenenada, salió de mi ano y se abrió camino hasta el de ella y la
dañó[56].
En el
caso de Erna pude observar la presencia de fenómenos que nos son familiares
como subyacentes a las ideas delirantes de persecución, es decir la
transformación de amor en odio hacía el progenitor del mismo sexo y un aumento
extraordinario del mecanismo de proyección. Sin embargo, un análisis posterior
reveló el hecho de que debajo de la actitud homosexual de Erna, en un nivel más
profundo, existía un intenso sentimiento de odio contra la madre, derivado de
su primera situación edípica y de su sadismo oral.
Este odio tuvo como resultado una
excesiva ansiedad, que a su vez fue el factor determinante de cada uno de los
detalles de sus fantasías de persecución. Llegamos entonces a un nuevo grupo de
fantasías sádicas que excedían en la intensidad de su sadismo a todo lo que vi
en el análisis de Erna. Esta fue la parte más difícil del trabajo y puso a
prueba la voluntad de Erna de cooperar, ya que estaban acompañadas de una
extrema ansiedad. Su envidia oral de las gratificaciones genitales y orales,
que ella suponía que sus padres gozaban durante las relaciones sexuales,
resultaron ser los fundamentos más profundos de su odio. Expresó estos
sentimientos de odio una y otra vez por medio de innumerables fantasías
dirigidas directamente contra sus padres unidos en copulación. En estas
fantasías los atacaba, y especialmente a su madre, por medio de excrementos,
entre otras cosas; y lo que subyacía más profundamente en su temor a mis heces
(la pulga), que ella creía que era empujada dentro de ella, eran sus propias fantasías,
en las que destruía el interior de su madre con sus propias heces envenenadas y
peligrosas[57].
Después
que estas fantasías sádicas e impulsos pertenecientes a los más tempranos
estadíos de desarrollo fueron analizados aun más, disminuyó la fijación
homosexual de Erna en su madre y se acrecentaron sus impulsos heterosexuales.
Hasta
ahora el factor esencial de sus fantasías había sido su actitud de odio y amor
hacía su madre. Su padre representaba sólo un medio para el coito y sólo de ahí
provenía su importancia en la relación madre-hija. En su imaginación, cada
prueba de afecto de su madre a su padre, y en realidad su total relación hacía
él, no tenía otro fin que defraudarla, ponerla celosa y enemistarla con su
padre. Del mismo modo, en todas las fantasías en que ella privaba a su madre
del padre y se casaba con él, el énfasis estaba siempre en el odio hacía su
madre y en su deseo de mortificarla. Si en juegos de este tipo Erna era
afectuosa con su esposo, pronto se veía que esta ternura era sólo aparente, con
el objeto de herir los sentimientos de su rival. Al mismo tiempo que progresaba
en su análisis, también mejoraron sus relaciones con el padre, y así comenzó a
tener verdaderos sentimientos de naturaleza positiva. Ahora que la situación no
estaba dominada tan completamente por el odio y el temor, se pudo establecer la
relación edípica directa. Al mismo tiempo, la fijación de Erna en su madre
disminuyó y mejoró su relación con ella, que había sido hasta entonces
ambivalente.
Esta modificación en la actitud de la
niña frente a sus padres se debió a los grandes cambios en su vida de ficción e
instintiva. Su sadismo disminuyó y sus fantasías de persecución fueron menores
en número e intensidad.
Se produjeron importantes cambios en su
relación con la realidad, que se manifestaron entre otras cosas en una mayor
infiltración de la realidad dentro de sus fantasías.
En este período del análisis, después
de haber representado en el juego sus ideas de persecución, Erna decía a menudo
con sorpresa: "Pero mamá realmente no pudo haber querido hacer esto.
Realmente ella me quiere". Pero como su contacto con la realidad era mayor
y su odio inconsciente a la madre se hizo consciente, comenzó a criticarla como
persona real, con creciente libertad. Mejoraron al mismo tiempo sus relaciones
con ella y aparecieron al mismo tiempo sentimientos maternales genuinos y tiernos
frente a su hijo imaginario. Una vez, luego de haber sido cruel con él, me
preguntó con voz profundamente emocionada: "¿Verdaderamente habré tratado
a mis hijos así?" El análisis de sus ideas de persecución y la disminución
de su ansiedad no sólo lograron afirmar su posición heterosexual sino que
hicieron que las relaciones con su madre mejorara, aumentando sus propios
sentimientos maternales.
Me gustaría decir aquí que, en mi
opinión, la normalización de estas actitudes fundamentales que son las que
permitirán más tarde al niño elegir su objeto amoroso y determinarán el curso
total de su vida, es uno de los principios fundamentales del éxito del análisis
de un niño.
La neurosis de Erna apareció muy
temprano. Antes del año evidenció acentuados síntomas de enfermedad (debe
hacerse notar que era mentalmente muy precoz). Desde entonces aumentaron las
dificultades y entre los 2 y 3 años su crianza se transformó en un problema sin
solución; su carácter ya era anormal y padecía de una franca neurosis obsesiva.
Sin embargo, recién a los 4 años se percibió la naturaleza anormal de sus
hábitos de chupeteo y masturbación. Se comprenderá, pues, que a los 6 años su
neurosis obsesiva fuera ya crónica. En fotografías de sus 3 años ya se ve la
misma expresión neurótica que se observaba en su rostro preocupado de los 6
años.
Querría dar al lector la impresión de
lo excepcionalmente grave de este caso. Los síntomas obsesivos, que entre otras
cosas privaban a la niña casi completamente del sueño, la depresión y otros
signos de enfermedad, el anormal desarrollo de su carácter, eran sólo un débil
reflejo de la anormal, incontrolable y extravagante vida instintiva subyacente.
El pronóstico de una neurosis obsesiva como ésta, que desde años había tenido
un carácter progresivo, era necesariamente grave. Puedo afirmar con seguridad
absoluta que en un caso semejante la única posibilidad de curación está en un
tratamiento psicoanalítico hecho a tiempo.
Entraré ahora a estudiar la estructura
del caso con todo detalle. Los hábitos de limpieza de Erna no presentaron
dificultad y se lograron tempranamente, cuando tenía un año. La severidad no
fue necesaria; la ambición de esa niña precoz había sido un fuerte incentivo
para la adquisición rápida de los hábitos de limpieza[58]. Pero
este éxito fue acompañado de un completo fracaso interno. Las tremendas
fantasías anal-sádicas de Erna mostraron hasta qué punto estaba fijada en este
estadío y cuánto odio y ambivalencia surgía de él. Un factor de este fracaso
era la fuerte predisposición constitucional anal-sádica; pero otro factor que
desempeñó un papel importante, ya señalado por Freud[59] como uno
de los factores de la predisposición a la neurosis obsesiva, fue el precoz
desarrollo de su yo en comparación con el desarrollo de la libido. Además el
análisis mostró otra faz crítica en el desarrollo de Erna que también se había
cumplido con un aparente éxito externo. No había aceptado todavía el destete.
Padeció también una tercera privación cuando tenía entre 6 y 9 meses: la madre
advirtió el placer experimentado por la niña cuando limpiaban su cuerpo,
especialmente los genitales y el ano. La hiperexcitabilidad de esta zona era
evidente. La madre cuidó de ella con mayor discreción al lavar esas partes,
siendo fácil de realizar cuanto mayor y más limpia se volvía la niña. Pero
ésta, que había sentido la minuciosidad primera como una forma de seducción,
sintió la reserva de su madre como una frustración. Los sentimientos de ser
seducida, tras lo cual estaba el deseo de ser seducida, se repitieron
constantemente en su vida. En cada relación, por ejemplo, con la niñera o con
cualquier otra persona que se ocupaba de su educación, como también en el
análisis, trataba de reproducir la situación de ser seducida o bien acusar de
haber sido seducida. Analizando esta específica situación de transferencia fue
posible seguir las huellas de su actitud hasta las situaciones más tempranas,
es decir, hasta la experiencia de ser cuidada cuando era pequeña.
Así, en cada uno de los tres
acontecimientos que llevaron a la producción de la neurosis de Erna, podemos
discernir el papel desempeñado por los factores constitucionales[60].
Ahora nos queda por ver de qué modo la experiencia de la escena primaria cuando
tenía 2 años y medio, combinada con esos factores constitucionales, desencadenó
el desarrollo de la neurosis. A los 2 años y medio, y otra vez a los 3 años y
medio[61],
compartió el dormitorio de sus padres durante un veraneo. Durante ese tiempo
pudo observar el coito entre ellos. Los efectos de esto no sólo se observaron
en el análisis, sino que se habían evidenciado externamente. Durante el veraneo
en que hizo sus primeras observaciones se produjo en ella un cambio
absolutamente desfavorable. El análisis mostró que el ver a sus padres
copulando desencadenó la neurosis con toda su fuerza. Se intensificó su
sentimiento de frustración y envidia en relación con sus padres y elevó a un
punto agudo sus fantasías e impulsos sádicos frente a la gratificación sexual
que ellos estaban obteniendo[62].
Los
síntomas obsesivos de Erna fueron explicados como sigue[63]. El
carácter obsesivo de su chupeteo fue causado por fantasías de chupar, morder y
devorar el pene de su padre y el pecho de su madre[64]. El pene
representaba a todo su padre y los pechos a toda su madre. Y además, como hemos
visto, la cabeza, para su inconsciente, simbolizaba el pene. La acción de
golpear la cabeza sobre la almohada tenía por objeto representar los
movimientos del padre en el coito. Ella me dijo que durante la noche tenía
miedo a ladrones y asaltantes no bien cesaba de golpear su cabeza. De este modo
se liberaba de este temor identificándose ella misma con el objeto temido.
La estructura de su masturbación
obsesiva fue muy complicada. Erna diferenciaba varias formas de masturbación:
una presión de sus piernas que ella llamaba "ranking"* ; un
movimiento de balanceo, ya mencionado, que llamaba "sculpting"·, y un
tirón en el clítoris, llamado "juego del armario", del que ella
"quería sacar algo muy largo". Más aun, solía provocar una presión en
la vagina tirando la punta de la sábana entre sus piernas. Varias
identificaciones actuaban en estas diferentes formas de masturbación, de
acuerdo con las cuales, en las fantasías que las acompañaban, ella representaba
el papel activo del padre o el pasivo de la madre, o ambos a la vez. Estas
fantasías de masturbación de Erna, que eran muy fuertemente sado-masoquistas,
mostraban una clara conexión con la escena primaria y con las fantasías
primarias. Su sadismo estaba dirigido contra sus padres en el acto del coito, y
como reacción a esto tenía fantasías correspondientes de carácter masoquista.
Durante una serie de horas analíticas
Erna se masturbó de estas diferentes maneras. Debido a la transferencia bien
establecida fue posible inducirla a describir estas fantasías de masturbación
en los períodos de intervalo. De este modo pude descubrir las causas de su
masturbación obsesiva y así librarla de ella. Los movimientos de balanceo, que
comenzaron en la segunda mitad de su primer año de vida, surgieron de su deseo
de ser masturbada y se originaron en las manipulaciones relacionadas con su
toilette cuando era muy pequeña. Hubo un período del análisis durante el cual
describía a sus padres copulando por medio de distintas formas de juego, y
luego desahogaba su furia contra la frustración que esto involucraba. Durante
esas escenas no dejó nunca de producir una situación en la que ella misma se
balanceaba adoptando una postura entre acostada y sentada, exhibiéndose y
eventualmente pidiéndome abiertamente que tocara sus genitales y a veces que
los oliera. En esa época asombró una vez a su madre pidiéndole, después del
baño, que levantara una de sus piernas y la palmeara o tocara debajo, tomando
al mismo tiempo la posición de un niño al que empolvan sus genitales, posición
que ella no había adoptado durante muchos años. La explicación de sus
movimientos de balanceo llevaron a la completa cesación del síntoma obsesivo.
El síntoma más rebelde de Erna fue su
inhibición para aprender. Era tan intensa, que a pesar de todos sus esfuerzos
tardó 2 años en aprender lo que habitualmente los niños aprenden en pocos
meses.
Esta dificultad se vio francamente
disminuida en la última parte del análisis, y cuando concluí el tratamiento
había sido reducida, aunque no completamente dominada.
Ya hemos hablado del favorable cambio
que se efectuó en la relación de Erna con sus padres y en la posición general
de su libido como resultado del análisis, y hemos visto cómo sólo gracias al
análisis fue capaz de dar los primeros pasos hacía una adaptación social. Sus
síntomas obsesivos desaparecieron (masturbación obsesiva, chupeteo, balanceo,
etc.), no obstante haber sido tal su gravedad, que ocasionaron en parte su
insomnio. Con su cura y la disminución de su ansiedad su sueño se hizo normal.
Las crisis de depresión también desaparecieron[65].
A pesar
de todos estos resultados favorables no consideré que el análisis estuviera
completo cuando fue interrumpido por razones externas después de 575 horas de
tratamiento, habiendo durado 2 años y medio. La extraordinaria gravedad del
caso, que no sólo se manifestaba en los síntomas presentados por la niña sino
en la deformación de su carácter y en su personalidad completamente anormal,
hubiera exigido un análisis adicional con el objeto de eliminar las
dificultades que aún tenía. Se interrumpió en un estadío insuficientemente
estable, lo que se veía cuando frente a situaciones difíciles tenía una marcada
tendencia a recaer en algunos de sus antiguos trastornos, aunque estas recaídas
eran siempre más leves que en la situación primera. En estas circunstancias
podía temerse siempre que en situaciones difíciles, o a la entrada de la
pubertad, pudiese enfermar otra vez o manifestar otros trastornos.
Llegamos con esto a un problema de
importancia capital, y es el de saber cuándo puede decirse que el análisis de
un niño está terminado. En el período de latencia, por buenos que sean los
resultados obtenidos y por más que satisfagan a la gente que rodea al niño, no
podemos considerar esto como evidencia suficiente de que el análisis está
terminado. He llegado a la conclusión de que aunque un análisis haya tenido un
desarrollo bastante favorable durante el período de latencia, cosa ésta muy
importante, no es una garantía suficiente de que el desarrollo futuro del
paciente sea exitoso[66]. La
transición a la pubertad y de ésta a la madurez parecería ser la prueba de si
el análisis de un niño ha sido suficiente o no. Más adelante, en el capítulo 6,
ahondaremos este problema, pero quiero dejar sentado el hecho empírico de que
el análisis asegura la futura estabilidad del niño en proporción directa con la
cantidad de ansiedad que ha podido resolver en las más profundas capas
mentales. En esto, y en el carácter de sus fantasías inconscientes, o más bien
en los cambios que éstas han sufrido por el análisis, debemos encontrar un
criterio que nos ayude a juzgar si un análisis ha sido suficiente.
Volvamos al caso de Erna. Como ya he
dicho, al finalizar el análisis sus fantasías de persecución habían disminuido
tanto en cantidad como en intensidad. En mi opinión, sin embargo, el sadismo y
la ansiedad pudieron y deberían haber disminuido mucho más, con el objeto de
prevenir una enfermedad en la pubertad o al entrar en la adultez. Ya que no fue
posible en ese momento continuar el análisis, el completarlo se dejó para el
futuro.
Trataré ahora algunos problemas
relacionados con la historia de Erna y que son de importancia general; algunos
de ellos surgieron del análisis de este caso. He encontrado que, en el análisis
de Erna, el trato extenso de temas sexuales y la libertad concedida en los
juegos y fantasías[67]
condujo a una disminución y no a un aumento de la excitación y preocupaciones
en materia sexual. Erna era una niña cuya excesiva precocidad sexual chocaba a
todo el mundo. No solamente su tipo de fantasías sino su conducta y modales
eran los de una niña púber muy sensual. Esto se mostró en su conducta
provocativa frente a hombres y muchachos. En este aspecto también mejoró su
conducta durante el análisis, y al finalizar éste mostraba una naturaleza más
infantil en todo sentido. Aun más, así, con el análisis de sus fantasías de
masturbación desapareció su masturbación obsesiva[68].
Otro
principio analítico que quiero subrayar aquí es la necesidad de hacer
consciente, tanto cuanto sea posible, las dudas y críticas albergadas por el
niño en su inconsciente en lo que se refiere a sus padres y especialmente a su
vida sexual. Su actitud frente al ambiente también se beneficia con esto,
haciendo emerger a la conciencia las quejas inconscientes y los juicios
adversos, que al ser confrontados con la realidad pierden su virulencia
originaria, permitiendo así una mejoría en su relación con la realidad. Además,
la capacidad de criticar conscientemente a sus padres ya es, como lo mostró el
caso de Erna, el resultado de una mejoría en su relación con la realidad [69].
Llegamos
ahora a un problema técnico especial. Se ha dicho más de una vez que Erna tenía
frecuentes ataques de rabia durante la hora de análisis. Estas crisis de furia
e impulsos sádicos no pocas veces asumían formas convergentes hacia mí. En los
neuróticos obsesivos es común el hecho de que el análisis libere fuertes
afectos, y en los niños la liberación es más directa e incontrolable que en los
adultos. Muy al comienzo del tratamiento hice comprender a Erna que no debía
atacarme físicamente, pero que tenía libertad de descargar sus afectos de otro
modo; acostumbraba así a romper sus juguetes o despedazarlos, a derribar las
sillas, desparramar los almohadones, patear el sofá, volcar agua, ensuciar
papel, ensuciar los muñecos o el lavatorio, injuriarme, etc., sin el menor
impedimento de mi parte[70].
Pero al mismo tiempo yo solía analizar su ira y lograba así disminuirla,
esclareciéndola a veces por completo. En la técnica analítica hay tres maneras
de manejar estos estallidos emocionales durante el tratamiento: 1) El niño
tiene que dominar parte de sus afectos, pero se le debería exigir esto
únicamente cuando la realidad lo exige; 2) Puede liberar estos afectos
injuriando, o por los otros modos ya mencionados; 3) Estos afectos disminuyen y
se aclaran por continuas interpretaciones, rehaciendo el camino desde la
situación presente a la originaria. Claro que el tiempo empleado en estos
métodos varía mucho. Por ejemplo, con Erna, desde el principio yo había tenido
que idear el siguiente plan:
En una época acostumbraba a tener
crisis de rabia cuando le decía que su hora había terminado, y entonces abría
yo las dobles puertas de mi cuarto para que se refrenara, sabiendo que le era
muy penoso que la persona que la venía a buscar viese cualquiera de estas
explosiones. En este período, cuando Erna se iba, mí cuarto parecía un campo de
batalla. Cuando el análisis estuvo más adelantado se satisfacía desparramando
rápidamente todos los almohadones antes de irse, y algún tiempo después dejaba
mi cuarto perfectamente tranquila. He aquí otro ejemplo, tomado del caso de
Pedro (3 años y 9 meses), que en una época tuvo también fuertes crisis de
rabia. En el último período de su análisis dijo espontáneamente señalando un
juguete: "Me basta con pensar
que he roto eso"[71].
Conviene
señalar acá que la insistencia con que el analista debe subrayar el ejercicio
del control parcial de las emociones por parte del niño, regla que naturalmente
el niño no siempre puede respetar, de ningún modo debe ser considerada como
medida pedagógica. Tal exigencia se funda en las necesidades de las situaciones
reales que puede comprender el niño más pequeño.
Del
mismo modo hay ocasiones en las que yo no ejecuto en su totalidad todas las
acciones que me han sido atribuidas en el juego, sobre la base de que su
realización completa seria muy difícil o muy desagradable para mí.
Sin embargo, en tales casos, sigo las
ideas del niño hasta donde sea posible. Es muy importante que el analista
traduzca el mínimum de emoción
posible frente a las crisis emocionales del niño.
Utilizaré ahora los datos obtenidos en
este caso para ilustrar los puntos de vista teóricos obtenidos desde entonces y
que desarrollaré en la segunda parte de este volumen[72]. Las
doradas lámparas de la locomotora, que eran para Erna "tan lindas, rojas y
ardientes" y que ella chupaba, representaban el pene de su padre (así como
el "algo largo y dorado" que ayudaba al capitán a salir del agua)
tanto como el pecho de su madre. El sentimiento de culpa que acompañaba al acto
de chupar se hizo evidente porque cuando yo representaba el papel de niño, el
chupar esa lámpara era, según ella, mi falta más grave. El sentimiento de culpa
puede ser explicado porque para ella chupar era también morder y devorar el
pecho de la madre y el pene del padre. Quiero referirme aquí a mi creencia de
que el proceso del destete, junto con los deseos del niño de incorporar el pene
del padre y sus sentimientos de envidia y odio frente a la madre, son los que
ponen en movimiento el complejo de Edipo. En la base de esta envidia está la
primera teoría sexual infantil de que la madre, al copular con el padre,
incorpora el pene de éste y lo retiene dentro de si[73].
En el
caso de Erna comprobé que esta envidia era el punto central de su neurosis. Las
agresiones que al comenzar el análisis ella realizaba en su papel de
"tercera persona" contra la casa ocupada sólo por un hombre y una
mujer, resultaron ser la descripción de sus impulsos destructivos contra el
cuerpo de la madre y el pene del padre, que ella imaginaba en el interior de la
primera. Estos impulsos, estimulados por la envidia oral de la niña, se
expresaban en el juego de hundir un barco (su madre) y separar del capitán (su
padre) la "cosa larga y dorada" y su cabeza, que lo hacía flotar, es
decir, lo castraba cuando copulaba con la madre. Los detalles de sus fantasías
de agresión mostraban lo intenso de su ingenio sádico para atacar el cuerpo de
su madre. Ella quería, por ejemplo, transformar los excrementos en combustibles
y explosivos para destrozarla. Esto se representaba en el incendio y
destrucción de la casa y en la "explosión" de los que estaban dentro.
El cortar papel (haciendo "picadillo" y "ensalada de ojos")
representaba la completa destrucción de su padre en el acto sexual. El deseo de
Erna de morder mi nariz y reducirla a flecos, era no sólo un ataque directo
contra mí, sino también simbolizaba una agresión contra el pene incorporado de
su padre, como se pudo ver en el material producido en conexión con esto[74].
Que
Erna atacó el cuerpo de su madre no sólo con el fin de tomar y destrozar el
pene del padre, sino también las heces y niños, se evidenció en las luchas que
cada variedad de pescado, sucesivamente, despertaba entre la vendedora de
pescado (su madre) y yo como la niña, en las que empleaba todos los recursos.
Imaginaba, además, como hemos visto, que yo después de haber observado cómo
ella y el policía batían juntos monedas y pescado, trataría de tomar el pescado
por cualquier medio. El ver a sus padres en el acto sexual despertó en ella el
deseo de robar el pene de su padre o cualquier otra cosa del interior de su
madre. Recordarán que la reacción de Erna frente a su deseo de robar y
destrozar completamente el cuerpo de su madre se expresó en el miedo que tuvo,
después de luchar con la vendedora de pescado, de que una ladrona le robase
todo cuanto tenía dentro de sí. Es este miedo el que he descripto en el
capítulo 11 como perteneciente a las primeras situaciones de peligro en la niña[75] y
que equivale a la ansiedad de castración del varón. Quiero mencionar aquí la
relación entre esta temprana situación de ansiedad de Erna y su extraordinaria
inhibición para aprender, conexión que he encontrado después en otros análisis[76]. Ya
he señalado que en Erna se produjo un cambio de inhibición sólo después del
análisis de las capas más profundas de su sadismo y de su temprana situación
edípica. Su deseo de saber, fuertemente desarrollado, estaba tan intensamente
enlazado con su intenso sadismo, que la defensa frente a este último la llevó a
una completa inhibición de un número de actividades basadas en su deseo de
aprender. La aritmética y la escritura representaban en su inconsciente
violentos ataques contra el cuerpo de la madre y el pene del padre[77].
Ellos significaban destrozar, cortar y quemar el cuerpo de su madre junto con
los niños que contenía y castrar al padre. La lectura, también, como
consecuencia de la ecuación simbólica entre el cuerpo de su madre y los libros,
llegó a significar una violenta extirpación de sustancias, niños, etc., del
interior de su madre[78].
Finalmente,
haré uso de este caso para tratar otro punto al que, a través de mis
experiencias posteriores, le atribuyo validez general. Creo que no sólo el
carácter de las fantasías de Erna y sus relaciones con la realidad, típicas de
los casos en los que actúan fuertes rasgos paranoides, sino también las causas
subyacentes de estos rasgos paranoides y la homosexualidad a ellos asociada,
son factores fundamentales en la etiología de la paranoia en general. En la
segunda parte de este libro (cap. 9) discutiré este tema ampliamente. Aquí sólo
he querido señalar con brevedad el hecho de haber descubierto rasgos
fuertemente paranoides en varios análisis de niños, llegando así a la
convicción de que una de las más importantes y prometedoras tareas en el
análisis de niños es poner al descubierto y aclarar rasgos psicóticos en la
primera infancia.
4. LA
TÉCNICA DEL ANALISIS EN EL PERÍODO DE LATENCIA
Los niños presentan durante el período
de latencia especiales dificultades al análisis. A diferencia del niño de corta
edad, cuya imaginación viva y aguda ansiedad nos permiten ganar una comprensión
más fácil de su inconsciente y tomar contacto con él, tienen una vida
imaginativa muy limitada, de acuerdo con la poderosa tendencia a la represión
que es característica de esta edad, mientras que si los comparamos con los
adultos, su yo no está aún desarrollado y no tienen conciencia de enfermedad ni
sienten la necesidad de ser curados, de modo que no poseen un estímulo para
comenzar el análisis ni aliento para continuarlo. Se puede agregar a esto la
actitud general de reserva y desconfianza tan típica de este período de la
vida, actitud que en parte es resultado
de su intensa preocupación por la lucha contra la masturbación, y que los
hace profundamente adversos a todo aquello que tenga un dejo de averiguaciones
sexuales o que afecte los impulsos que están controlando con tanta dificultad.
Los pacientes de esta edad no juegan
como los niños pequeños ni proporcionan asociaciones verbales como los adultos.
De este modo, el analista no encuentra un camino de acceso franco. Sin embargo,
he encontrado que es posible establecer la situación analítica muy pronto
tomando contacto con su inconsciente como lo hago con los niños de corta edad,
pero desde un ángulo de acercamiento adaptado a sus mentes de niños mayores. El
niño de corta edad está aun bajo la influencia poderosa e inmediata de sus fantasías
y experiencias instintivas y las pone frente a nosotros desde el primer
momento, de modo que ya en las primeras horas de análisis podemos interpretar
sus representaciones de coito y sus fantasías sádicas; mientras que el niño en
latencia ya ha desexualizado esas experiencias y fantasías en una forma más
completa y las expresa de otro modo.
Los dos casos siguientes ilustrarán
bien este tema. Grete, de 7 años, era una criatura muy reservada y limitada
mentalmente. Tenía pronunciados rasgos esquizoides y era completamente
inaccesible. Sin embargo, dibujaba figuras y producía representaciones primitivas
de casas y árboles, dibujándolos una y otra vez de un modo obsesivo, primero
las casas y después los árboles. De ciertas diferencias repetidas en el color y
tamaño de las casas y árboles, y debido al orden en el cual eran dibujados,
pude inferir que las casas la representaban a ella misma y a su madre y los
árboles a su padre y a su hermano, y que ella estaba interesada en sus
correspondientes relaciones.
En este momento comencé a interpretar y
le dije que lo que a ella le interesaba era la diferencia de sexo entre su
madre y su padre y entre su hermano y ella; y además la diferencia entre los
adultos y los niños. Estuvo de acuerdo conmigo, y me mostró la impresión
inmediata que le había causado la interpretación al hacer alteraciones en sus
dibujos, que hasta entonces habían sido bastante monótonos. (Sin embargo, dejo
constancia de que el análisis fue continuado por unos meses con la ayuda de los
dibujos.)
En el caso de Inge, de 7 años, no pude
encontrar un modo de acercamiento por varias horas. Sostuvo una conversación
sobre la escuela y asuntos similares con alguna dificultad, y su actitud hacia
mí era de mucha desconfianza y reserva. Demostró un poco más de interés cuando
comenzó a hablarme de un poema que había leído en la escuela. Le parecía
notable el hecho de que palabras largas hubieran alternado con cortas en dicha
poesía. Un ratito antes había hablado de unos pájaros que había visto volar en
un jardín, pero que no los había visto salir. Estas observaciones surgieron a
continuación de señalar al pasar que una amiga y ella habían jugado a ciertos
juegos de varones.
Le expliqué que había estado ocupada
por el deseo de saber de dónde vienen los niños (los pájaros) y, además, de
entender mejor la diferencia de sexo entre las mujeres y los varones (palabras
largas y cortas; la habilidad comparada de niños y niñas). Mi interpretación
tuvo el mismo efecto sobre Inge que sobre Grete. Se estableció el contacto, se
enriqueció el material traído por ella y el análisis se puso en marcha.
En éste y en otros casos vemos la
curiosidad reprimida dominando el cuadro. Si en nuestros análisis del período
de latencia elegimos este punto para hacer nuestra primera interpretación -por
lo cual, claro, yo no quiero significar explicaciones en el sentido
intelectual, sino sólo interpretaciones del material a medida que surge bajo la
forma de dudas y temores o conocimientos inconscientes, o teorías sexuales,
etc.[79]-,
pronto nos encontramos con un sentimiento de culpa y ansiedad en el niño y de
este modo habremos establecido la situación analítica.
El
efecto de la interpretación, que depende de haber suprimido cierta cantidad de
represiones, se manifiesta de varias maneras:
1.
Se establece la situación
analítica.
2.
La imaginación del niño
se torna más libre. Sus medios de representación crecen en riqueza y extensión;
su lenguaje es más rico y sus relatos están más llenos de fantasías.
3.
El niño no sólo siente
alivio, sino que llega a una cierta comprensión del propósito del trabajo
analítico, lo que es análogo a la conciencia de enfermedad en el adulto[80].
De esta
manera, la interpretación conduce gradualmente a vencer las dificultades
mencionadas al principio de este capítulo, que son obstáculos para comenzar y
llevar a cabo los análisis durante el período de latencia.
Durante este período, de acuerdo con la
más intensa represión de la imaginación y con su yo más desarrollado, los
juegos del niño se adaptan más a la realidad y son menos imaginativos que los
de un niño de corta edad. En sus juegos con el agua, por ejemplo, no
encontramos una representación directa de sus deseos orales, o de mojar y
ensuciar, como en los niños más pequeños, sino que, más bien, sus ocupaciones
siguen en gran parte a las tendencias reactivas y toman formas racionalizadas,
como cocinar, limpiar, etc. La gran importancia del elemento racional en el
juego de los niños de esta edad se debe, creo, no sólo a una mayor intensidad
de la represión de la imaginación, sino a un exagerado énfasis obsesivo sobre
la realidad, que está ligado a las condiciones especiales de desarrollo de este
período.
Al tratar con casos típicos de este
período, vemos una y otra vez cómo el yo del niño, que es aun mucho más débil
que el del adulto, trata de fortificar su posición colocando todas sus energías
al servicio de las tendencias represoras y manteniéndose unido a la realidad.
Nuestro trabajo analítico se opone a todas las tendencias del yo del niño, y
ésa es la razón, creo, por la cual nosotros no deberíamos al comienzo esperar
ayuda de su yo, sino que tendríamos que tratar de establecer primero
comunicación con su sistema inconsciente y, de ahí, gradualmente, ganar también
la cooperación de su yo.
Como contraste con los niños pequeños,
quienes por regla general tienden a jugar con juguetes al comienzo del
análisis, los niños en período de latencia muy pronto comienzan a representar
roles.
He jugado con niños de cinco a diez
años a juegos de esta clase, que han sido continuados hora tras hora durante
períodos de semanas y meses, y un juego sólo era reemplazado por otro, cuando
todos sus detalles y conexiones eran explicados por el análisis. El juego
siguiente, por lo común, despliega las mismas fantasías complejas en otras
formas y con nuevos detalles, que conducen a conexiones más profundas. Inge, de
7 años, por ejemplo, podría ser descripta como una niña normal[81], en
general, a pesar de ciertas perturbaciones cuya extensión fue revelada sólo por
el análisis. Durante un período considerable, jugó cierto juego de oficina
conmigo: ella era el gerente, quien daba órdenes de todas clases, dictaba
cartas, las escribía, hecho que contrastaba con su inhibición fuerte para
aprender y escribir. En esto, su deseo de ser un hombre era muy fácil de
reconocer. Un día abandonó este juego y comenzó a jugar a la escuela conmigo.
(Debe notarse que no sólo encontraba las lecciones difíciles y desagradables,
sino que también sentía profunda aversión por la escuela.) Entonces, jugó a la
escuela durante un lapso bastante largo. Ella era la maestra y yo la alumna, y
la clase de errores que ella me hizo hacer, arrojaron bastante luz sobre las
causas de su propio fracaso en la escuela. Resultó que, como era la más chica
en su casa, encontró, a pesar de que las apariencias señalaban lo contrarío,
muy difícil tolerar la superioridad de sus hermanas y hermanos mayores, y
cuando asistió a la escuela, sintió que se reproducía la misma situación. La
razón última por la cual no podía tolerar esa superioridad y no podía soportar
aprender en la escuela más tarde, era que sus propios deseos por los
conocimientos habían sido reprimidos y no satisfechos en una época muy temprana[82],
como lo mostraron los detalles de las lecciones dadas por ella, como maestra.
Hemos
visto cómo Inge hizo primero una amplia
identificación con su padre (como lo mostró el juego en el
cual ella era el gerente), y luego con su madre (como lo mostró el juego en el
cual ella era la maestra y yo el alumno). En el juego siguiente, ella era una
vendedora de una juguetería y yo tenía que comprarle toda clase de cosas para
mis hijos, tales como lapiceras fuentes, lápices, etc., para hacerlos más
rápidos e inteligentes. Las cosas vendidas eran todas símbolos del pene y
mostraban que era eso lo que quería que su madre le diera. La satisfacción de
deseos en este juego, en el cual era nuevamente predominante la actitud
homosexual de la pequeña niña y el complejo de castración, era que su madre le
diera el pene de su padre, de modo que con su ayuda pudiera suplantar a su
padre y ganar el amor de su madre. En el desarrollo adicional del juego, sin
embargo, prefirió venderme, como su cliente, cosas para comer para mis hijos, y
resultó evidente que el pene de su padre y los pechos de su madre eran los objetos
de sus deseos orales más profundos, y que eran las frustraciones orales las que
se encontraban en el fondo de sus trastornos, en general, y en su dificultad
referente al aprendizaje en la escuela, en particular.
Debido a sus sentimientos de culpa,
ligados a la introyección oral-sádica de los pechos de su madre, Inge, desde
una época muy temprana, había considerado su frustración oral como un castigo[83].
Sus impulsos agresivos contra su madre, que surgieron de la situación edípica,
y sus deseos de robarle sus hijos habían fortificado este temprano sentimiento
de culpa, y la habían conducido a un temor a su madre, muy hondo aunque oculto.
Esta era la razón por la cual no era
capaz de mantener su posición femenina y trataba de identificarse con su padre.
Pero tampoco fue capaz de aceptar la posición homosexual debido a un temor
excesivo a su padre, cuyo pene quería robar. A esto se agregaba su sentimiento
de ser inhábil para hacer, como consecuencia de su inhabilidad para conocer (la temprana frustración de su
deseo de saber), a lo que contribuyó su posición como la más pequeña de la
casa. Fracasó, por consiguiente, en la escuela, en las actividades que
correspondían a sus componentes masculinos; y desde que no pudo mantener su posición
femenina -que involucraba la concepción y dar a luz hijos en la fantasía- no
fue capaz de desarrollar sublimaciones femeninas derivadas de esta posición.
Debido a su ansiedad y sentimiento de culpa, además, también fracasó en la
relación de hija a madre (y en su relación con la maestra de escuela) desde que
ella, inconscientemente, equiparaba la absorción de conocimiento con la
gratificación de sus deseos oral-sádicos, y esto implicaba la destrucción de
los pechos de la madre y del pene del padre.
Mientras que en la realidad Inge era
una fracasada, en la imaginación actuaba todos los papeles. Así, en el juego
que he descripto, en el cual ella tomaba la parte del gerente, representaba sus
éxitos en el papel del padre; como maestra de escuela, tenía numerosas
criaturas y al mismo tiempo cambiaba su papel de hija menor por el de la de más
edad e inteligencia; mientras que en el juego de vendedora de juguetes y
alimentos, no sólo estaba en una posición superior, sino que compensaba las
frustraciones orales sufridas cuando bebé.
He expuesto este caso para mostrar
cómo, para descubrir las conexiones psicológicas fundamentales, tenemos que
investigar no sólo los detalles de un juego determinado, sino también la razón
por la cual un juego es cambiado por otro. He encontrado a menudo que este
cambio de juegos nos permite una percepción de la naturaleza interior de las
causas de los cambios de una posición psicológica a otra, o de las
fluctuaciones entre estas posiciones, y de ahí la del juego dinámico de las
fuerzas mentales.
El caso siguiente nos da oportunidad de
demostrar la aplicación de una técnica mixta. Kenneth, de 9 años y medio, era
un niño muy infantil para su edad y me fue enviado para ser analizado por
presentar varias dificultades. Era miedoso, vergonzoso, seriamente inhibido, y
sufría una gran ansiedad. Desde edad temprana sufría de una acentuada
cavilación mórbida. Era un completo fracasado en sus lecciones; sus
conocimientos de las materias escolares eran los de una criatura de 7 años. En
su casa era de temperamento fuertemente agresivo, insolente e intratable. Su
interés en temas sexuales, no sublimado y aparentemente no inhibido, era fuera
de lo común; usaba preferentemente palabras obscenas, se exhibía y se
masturbaba de un modo extraordinariamente desvergonzado para una criatura de su
edad[84].
La
historia previa del niño era, brevemente, como sigue: A una edad muy temprana
había sido seducido por su niñera. El recuerdo era totalmente consciente, y las
circunstancias fueron conocidas por la madre, más tarde. Según ella, la niñera,
María, había sido muy afecta al niño, pero muy severa en lo que se refería a su
higiene. El recuerdo de Kenneth de haber sido seducido se remontaba al comienzo
de su quinto año, pero es seguro que se llevó a cabo mucho antes. El refirió,
aparentemente con placer y sin inhibición alguna, que su niñera acostumbraba a
llevarlo con ella, cuando se bañaba, y le pedía que frotara sus órganos
genitales. Aparte de esto, decía de ella sólo cosas buenas; aseguraba que lo
quería y por mucho tiempo negó que lo hubiese tratado severamente. Al comienzo
del análisis nos relató un sueño que había soñado repetidamente desde los 5
años: "Estaba tocando los órganos genitales a una mujer desconocida y
masturbándola".
Su temor hacía mí surgió en la primera
hora. Tuvo un sueño de ansiedad poco después del comienzo del análisis, en el
cual "repentinamente un hombre
estaba sentado en mi silla, ocupando mi lugar. Yo entonces me desvestí y él se
horrorizó al ver que yo tenía un genital viril extraordinariamente grande".
En conexión con la interpretación de este sueño surgió una cantidad de material
referente a su teoría sexual de "la madre con pene", una imagen
mental que, como lo probó el análisis, había personificado en María. Evidenció
haberle temido cuando era un niño pequeño, porque le había pegado fuertemente,
pero él era incapaz de admitir este hecho, hasta que otro sueño,
posteriormente, le hizo cambiar su actitud. A pesar de ser desde varios puntos
de vista muy infantil, Kenneth adquirió rápidamente la comprensión del objeto y
la necesidad del análisis. Acostumbraba a ofrecer asociaciones propias de niños
de más edad, y voluntariamente permanecía a veces acostado mientras las decía.
La mayor parte de su análisis tuvo este curso. Pronto agregó a este material
verbal un suplemento de acción. Tomaba algunos lápices de la mesa y con ellos representaba
gente. Otras veces traía broches para papeles, los que también se convertían en
personas y se peleaban. Otras veces los hacía actuar como proyectiles o hacía
construcciones con ellos. Todo esto se llevaba a cabo en el sofá en el que
estaba tendido.
Finalmente descubrió una caja de cubos
sobre el parapeto de la ventana y trajo la pequeña mesa de juego hasta el sofá,
acompañando sus asociaciones con representaciones por medio de los cubos.
El segundo sueño de Kenneth significó
un paso adelante en el análisis, y relataré de él lo necesario para ilustrar la
técnica empleada. "Estaba en el baño
orinando; un hombre entró y disparó una bala que le pegó en la oreja y ésta se
cayó". Mientras me contaba el sueño, Kenneth llevó a cabo operaciones
con los cubos que él me explicó así: El, su padre, su hermano, su niñera María,
eran representados cada uno por un cubo. Todos ellos yacían dormidos en
diferentes cuartos (las paredes también estaban representadas por cubos). María
se levantó, tomó un palo grande (otro cubo) y vino hacia él. Ella le iba a
hacer algo porque él, de algún modo, se había portado mal (resultó ser que se
había masturbado y orinado). Mientras ella le pegaba con el bastón él comenzó a
masturbarla, y ella enseguida dejó de pegarle. Cuando comenzó a pegarle otra
vez, él volvió a masturbarla y ella se detuvo; y este proceso fue repetido una
y otra vez, hasta que al fin, a pesar de todo, ella lo amenazó con matarlo con
su bastón. Entonces su hermano vino a salvarlo.
Kenneth se sorprendió grandemente
cuando, por fin, percibió en el juego y las asociaciones que él, realmente,
había tenido miedo a María. Al mismo tiempo, parte del miedo a sus padres se
había hecho consciente. Sus asociaciones mostraban claramente que detrás del
miedo por María asomaba el miedo a una madre mala asociada con el padre
castrador. Este último estaba representado en el sueño por el hombre que apuntó
a la oreja en el cuarto de baño, el mismo lugar en que él a menudo había
masturbado a su niñera.
El miedo de Kenneth hacia sus dos
padres unidos contra él y copulando continuamente, probaba ser muy importante
en el análisis. Fue solamente después que hice observaciones de esta índole en
otros casos[85],
que comprendí el hecho de que el miedo a "la mujer con pene" se basa
en una teoría sexual que aparece en etapas muy tempranas del desarrollo y según
la cual la madre incorpora el pene del padre en el acto del coito[86], y,
en último término, la mujer con pene representa los dos padres unidos.
Ilustraré esto con el material en discusión. En el sueño, Kenneth fue
primeramente atacado por un hombre, pero luego, en sus juegos, fue María la que
lo atacó. Ella representaba, como mostraban sus asociaciones, no sólo la mujer
con pene, sino también su madre unida a su padre. En esta figura, el padre, que
antes había aparecido como un hombre, ahora era representado solo por el pene,
es decir, por el palo con el cual María le pegó. Puedo señalar aquí la
similitud entre la técnica de los análisis tempranos y la técnica de juego que
se emplea en ciertos casos con niños de más edad. Kenneth había hecho
consciente una importante parte de su primera infancia por medio del juego con
cubos. A medida que su análisis avanzaba solía producirse un retorno de su
ansiedad, y entonces sólo podía comunicarme sus asociaciones si las completaba
por medio de representaciones con cubos (en realidad, no era raro que cuando su
ansiedad volvía le faltaran palabras, y lo único que podía hacer era jugar).
Después que su ansiedad disminuyó con la interpretación, fue capaz de hablar
más libremente.
Otro ejemplo de la modificación de la
técnica es el método que adopté con Werner, un niño de 9 años, neurótico
obsesivo. Este niño, cuya conducta en muchos aspectos era la de un adulto
obsesivo y en el que había una marcada cavilación mórbida, sufría también de
fuerte ansiedad que se manifestaba por una gran irritabilidad y crisis de rabia[87].
Una gran parte de su análisis se llevó a cabo por medio de juguetes y con ayuda
de dibujos. Estaba obligada a sentarme a su lado en la mesa de juegos y a jugar
con él mucho más de lo común, aun tratándose de niños más pequeños. En algunas
ocasiones yo tenía que efectuar las acciones del juego por mí misma, bajo su
dirección. Por ejemplo, tuve que construir con los cubos, mover los carros,
etc., mientras que él sólo dirigía mis acciones. La razón que dio para esto era
que sus manos, a veces, temblaban mucho, de modo que él no podía colocar los
juguetes en su lugar, pues los tumbaría o echaría a perder el arreglo. El
temblor era signo de un acceso de ansiedad. En la mayoría de los casos podía
amortiguar el ataque continuando el juego como él deseaba y, al mismo tiempo,
interpretando, en relación a su ansiedad, el significado de mis acciones.
Parece que el temor a su propia agresividad y su incredulidad en su capacidad
de amar le había hecho perder toda esperanza de restaurar a sus padres,
hermanos y hermanas, a quienes, en su imaginación, había atacado y dañado. De
aquí su temor a, por accidente, tumbar los cubos y cosas que habían sido
construidas. La desconfianza a sus propias tendencias constructivas y a su
habilidad de reconstruir lo que había destruido era una de las causas de su
severa inhibición en el trabajo y el juego.
Después
que su ansiedad fue resuelta en su mayor parte, Werner jugaba sus juegos sin mi
ayuda. Hizo una buena cantidad de dibujos y dio abundantes asociaciones a
ellos. En 1a última parte de su análisis produjo material, principalmente en
forma de asociaciones libres. Tendido en el sofá -posición que, a igual que
Kenneth prefería para dar sus asociaciones- me narraba continuas fantasías de
aventuras en las que jugaban el papel más importante aparatos y artefactos
mecánicos. En estos cuentos, el material que antes había sido representado en
sus dibujos aparecía nuevamente, pero enriquecido por muchos detalles. La
intensa y aguda ansiedad de Werner se expresaba en su mayor parte, como ya he
dicho, por medio de ataques de rabia y agresividad y en una actitud dominadora,
desafiante y de crítica. No tenía conciencia de su enfermedad e insistía en que
no había razón para continuar el análisis y, por un período largo, cuando
surgían resistencias se comportaba conmigo de un modo insolente e irritado. En
su casa era también un niño difícil de manejar, y sus padres casi no hubieran
podido inducirlo a seguir el tratamiento si yo muy pronto no hubiese logrado
resolver su ansiedad, poco a poco, por el análisis, hasta que las
manifestaciones de resistencia al tratamiento se limitaron a la hora de
análisis.
Ahora llegamos a un caso que presentó
excepcionales dificultades técnicas. Egon, de 9 años y medio, no evidenciaba
síntomas definidos, pero su aspecto general producía una impresión poco
tranquilizadora. Era completamente "cerrado", aun con las personas
más cercanas a él; hablaba sólo cuando era estrictamente necesario, casi no
tenía vínculos sentimentales, carecía de amigos y nada le interesaba o
agradaba; era, en verdad, un buen escolar, pero, como lo demostró el análisis,
sólo sobre una base obsesiva. Cuando se le preguntaba si algo le gustaba o no,
su contestación estereotipada era siempre "me es indiferente". La
expresión tensa y poco infantil de su cara y la dureza de sus movimientos eran
muy notables. Su alejamiento de la realidad llegó a tal extremo que no veía lo
que sucedía a su alrededor y no reconocía a sus amistades cuando las
encontraba. El análisis reveló la presencia de fuertes rasgos psicóticos, en
aumento constante, que muy posiblemente lo hubiesen llevado a una esquizofrenia
en la pubertad. He aquí el breve resumen de la historia previa del niño. Cuando
tenía alrededor de 4 años su padre lo había amenazado repetidamente por haberse
masturbado y le había dicho que siempre debería confesar cuando lo hiciera.
Estas amenazas fueron seguidas de acentuados cambios de carácter. Comenzó a
mentir y a tener frecuentes ataques de rabia. Más tarde su agresividad pasó a
segundo plano y, en cambio, toda su actitud general fue indiferente, de
oposición pasiva y de alejamiento del mundo externo.
Comencé por conseguir que Egon se
tendiera sobre el sofá (esto lo tuvo sin cuidado y, en apariencia, lo prefirió
a jugar), y durante varias semanas traté, por los varios métodos comunes, de
comenzar el tratamiento, hasta que me vi obligada a reconocer que mis intentos
por esos medios estaban condenados al fracaso. Fue claro para mí que las
dificultades del niño en hablar estaban tan arraigadas, que mi primera labor
era vencerlas por el análisis. Al notar que el escaso material que hasta
entonces había podido conseguir de él era en su mayoría deducido del modo en
que jugaba con sus dedos mientras pronunciaba unas palabras -que no llegaron a
más de unas pocas oraciones en una hora-, comprendí que era necesario que me
ayudara con la acción, y por consiguiente le pregunté una vez más si después de
todo no le interesaría jugar con mis pequeños juguetes. Dio su acostumbrada
contestación: "Me es indiferente". Sin embargo miró las cosas de la
mesa de juego, y a continuación se ocupó de los carritos, y sólo de ellos.
Entonces comenzó un juego monótono que ocupó toda su hora varias semanas. Egon
hacía correr los carritos sobre la mesa y luego los hacía caer en mi dirección.
Me di cuenta, por su mirada, que yo debía levantarlos y empujarlos nuevamente
hacia él. Para distanciarme del papel de padre escudriñador, contra el cual se
dirigía su oposición, jugué con él durante semanas, en silencio, y no hice
interpretaciones, tratando sencillamente, de establecer rapport jugando con él.
Durante todo este tiempo los detalles del juego fueron siempre iguales, pero
(aunque era monótono y es claro muy cansador para mí) había muchos pequeños
puntos dignos de ser anotados. Parece que en su caso, como en todos los
análisis de varones, hacer mover un carro significa masturbación y coito, hacer
que los carros choquen significa coito, y la comparación de un carro mas grande
con uno pequeño significa rivalidad con su padre o con el pene de su padre.
Cuando después de algunas semanas
expliqué este material a Egon, en relación con lo ya conocido[88]
tuvo un importante efecto en dos direcciones. En la casa se asombraban sus
padres por su conducta más libre, y en el análisis mostró lo que he encontrado
es una reacción típica a una buena interpretación. Comenzó a agregar nuevos
detalles a su monótono juego, detalles que al principio sólo se advertían
después de una profunda observación, pero que a medida que el tiempo pasaba
fueron más y más evidentes, hasta que finalmente se produjo un completo cambio
en el juego. Del simple empujar los carritos, Egon pasó a un juego de
construcción, cada vez con más habilidad. Comenzó a apilar los carritos unos
sobre otros hasta una gran altura y a competir conmigo en esto. Entonces
procedió por primera vez a usar los cubos, y muy pronto evidenció que todo lo
que él construyera, por más hábilmente que disfrazara el hecho, eran seres
humanos o genitales de ambos sexos. De la construcción, Egon pasó a una forma
de dibujar notable. Sin mirar el papel, hacía girar el lápiz entre sus dos
manos y así dibujaba líneas. De estos garabatos, él mismo descifraba formas, y
éstas siempre representaban cabezas, entre las cuales él mismo podía distinguir
con claridad las femeninas y las masculinas. En los detalles de estas cabezas y
en sus mutuas relaciones muy pronto reapareció el material que había surgido en
su primer juego, es decir, su incertidumbre sobre la diferencia entre los sexos
y sobre el coito entre sus padres; las preguntas relacionadas en su mente con
este tema, las fantasías en las cuales él -como un tercero- desempeñaba una
parte en el coito de sus padres, etc. Pero su odio y sus impulsos destructivos
también se evidenciaron al recortar y cortar en pedacitos esas cabezas, que
también representaban a los hijos en el cuerpo de su madre y a sus mismos
padres. Sólo ahora llegamos al significado completo de las pilas de carritos
tan altas como fuera posible. Representaban el cuerpo preñado de su madre, por
lo que él la había envidiado y cuyos contenidos deseaba robar. Tenía un
poderoso sentimiento de rivalidad hacia su madre, y su deseo de robarle el pene
del padre y sus hijos lo había llevado a un vivo temor de ella. Más tarde,
estas representaciones fueron suplementadas por los recortes, en los cuales
adquirió bastante habilidad. Lo mismo que en sus actividades de construir, las
formas que él recortaba representaban sólo seres humanos. El modo de poner en
contacto estas formas unas con otras, sus tamaños diferentes, el que
representaran hombres o mujeres, el que tuvieran partes de más o de menos,
cuándo y cómo comenzó a cortarlas en pedacitos, todo esto nos llevó al fondo de
su complejo de Edipo, tanto directo como invertido. La rivalidad con su madre,
basada en su poderosa y pasiva actitud homosexual, y la ansiedad que por eso
sentía, tanto en relación con su madre como con su padre, fue más y más
evidente. Su odio por su hermano y hermanas y los impulsos destructivos que
había tenido hacia ellos cuando su madre estaba encinta, se manifestaron en el
recorte de formas que él reconocía como representación de seres humanos pequeños
e incompletos. También aquí el orden en que jugaba sus juegos era importante.
Después de recortar y cortar en pedazos, solía comenzar a construir, como un
acto de restauración, y del mismo modo procedía a decorar en exceso las figuras
que había recortado, impulsado por tendencias reactivas. En todas estas
representaciones, sin embargo, siempre reaparecían sus interrogantes y
curiosidad intensa y tempranamente reprimidos, que resultaron ser un factor
importante en su incapacidad para hablar, en su carácter hermético y su falta
de interés.
La inhibición de Egon en sus juegos
databa de la edad de cuatro años, y, en parte, de una época más temprana aún.
Había comenzado a hacer construcciones antes de los tres años y a cortar papel
algo más tarde, pero sólo por un corto período, y aun entonces sólo había
recortado cabezas. Nunca había dibujado, y después de los cuatro años de edad
no encontró placer en ninguna de estas actividades. Lo que aparecía ahora,
entonces, eran sublimaciones rescatadas de profundas represiones, en parte en
forma de restablecimiento y en parte como creaciones nuevas, y la forma
infantil y completamente primitiva en la que se dedicaba a estas actividades
realmente correspondían a las de una criatura normal de tres o cuatro años. Se
puede asegurar que, simultáneamente con estos cambios, todo el carácter del
niño mejoró.
Sin embargo, la inhibición en el habla
por mucho tiempo se alivió sólo muy levemente. Es verdad que gradualmente
comenzó a contestar las preguntas que yo le hacía durante los juegos de una
manera más completa y libre, pero, por el otro lado, me fue imposible por mucho
tiempo conseguir que diera libres asociaciones de la clase común en los niños
de más edad. Recién después de mucho tiempo y durante la última parte de su
tratamiento, que ocupó 425 horas en total, reconocimos y exploramos los
factores paranoides que eran la razón fundamental de su inhibición del habla,
que entonces fue suprimida por completo[89].
A
medida que su ansiedad disminuyó, comenzó por sí solo a darme asociaciones
aisladas, por medio de la escritura. Más tarde solía susurrarlas y hacer que yo
le contestara en voz baja. Resultaba más y más claro que temía ser oído por
alguna persona en la habitación, y había algunas partes de ésta a las que nunca
se acercaba de modo alguno. Si, por ejemplo, su pelota había rodado debajo del
sofá o de los estantes o a un rincón oscuro, yo tenía que buscársela, mientras
que a medida que su ansiedad crecía asumía nuevamente la misma postura rígida y
expresión fija que habían sido tan acentuadas al comienzo del análisis. Resultó
que él sospechaba la presencia de ocultos perseguidores que lo observaban desde
todos esos lugares y aun desde el techo, y sus temores de persecución
retrocedían en último término hasta su temor de los muchos penes dentro del
cuerpo de su madre y del suyo propio. Este temor paranoico del pene como
perseguidor había sido aumentado por la actitud de su padre al observarlo y
hacerle preguntas relacionadas con la masturbación, y lo había hecho alejar
también de su madre, ya que estaba aliada a su padre (la mujer con pene). A
medida que su creencia en una madre "buena" se hizo más fuerte, me
trató más y más como una aliada y como una protección contra sus perseguidores,
que le amenazaban de todas partes. Sólo cuando decreció su ansiedad a este
respecto y disminuyó su cálculo sobre el número y peligrosidad de los
perseguidores, fue capaz de hablar y moverse con más libertad[90].
La
última parte del tratamiento de Egon fue casi exclusivamente conducida mediante
asociaciones libres. No dudo de que yo tuve éxito al tratar y curar a este niño
por haber sido capaz de lograr acceso a su inconsciente con la ayuda de la
técnica de juegos empleada para niños pequeños. Me parece dudoso que hubiera
sido posible hacerlo en una edad más tardía[91]. Aunque
es verdad que, en general, hacemos mucho uso de asociaciones verbales al tratar
con niños en período de latencia, sin embargo, en muchos casos, sólo lo podemos
hacer de un modo distinto al usado con los adultos. Con niños como Kenneth, por
ejemplo, quien prontamente reconoció la ayuda dada por el psicoanálisis y se
dio cuenta de que lo necesitaba, y aun con otros más jóvenes, como Erna, cuyo
deseo de curarse era muy fuerte, fue posible desde el comienzo preguntar
algunas veces: "¿En qué piensa ahora?" Pero con muchos niños menores
de nueve o diez años sería inútil hacer esa pregunta. El modo de preguntar a un
niño debe descubrirse en conexión con sus juegos y asociaciones.
Si observamos el juego de un niño
bastante pequeño, pronto veremos que los ladrillitos, pedazos de papel, y en
realidad todos los objetos a su alrededor, son en su imaginación símbolos de
otras cosas. Si le preguntamos: "¿Qué es eso?" mientras está ocupado
con esos objetos (es verdad que antes es necesario haber hecho una buena
cantidad de análisis y haber establecido la transferencia), descubriremos
mucho. Nos dirán, a menudo, por ejemplo, que las piedras en el agua son niños
que quieren llegar a la orilla o personas peleándose. La pregunta: "¿Qué
es eso?" llevará naturalmente a la siguiente pregunta: "¿Qué están
haciendo?" o "¿Dónde están ahora?", etc. Tenemos que extraer las
asociaciones de niños mayores en un modo similar aunque un tanto modificado,
pero esto, por regla general, puede conseguirse sólo cuando la represión de la
imaginación y la desconfianza, que son tanto más fuertes en ellos, han sido
disminuidas por cierto tiempo de análisis y la situación analítica ha sido
establecida.
Volvemos al análisis de Inge, niñita de
siete años. Cuando jugaba como gerente de oficina, escribiendo cartas,
distribuyendo trabajo, etc., una vez le pregunté: "¿Qué contiene esta
carta?" y ella respondió con prontitud: "Usted lo sabrá cuando le
llegue". Cuando la recibí, encontré que sólo contenía garabatos[92]. De
modo que poco después le dije: "El Sr. X... (que también figuraba en el
juego) me ha pedido que le pregunte a usted qué contiene esa carta, ya que él
debe saberlo, y estará muy agradecido si usted se la lee por teléfono".
Entonces me contó sin ninguna dificultad todo el contenido imaginario de la
carta y al mismo tiempo me dio un número de asociaciones que esclarecieron
muchas cosas. En otra ocasión tuve que fingir ser un médico. Cuando le pregunté
qué le pasaba, contestó: "que eso no tenía importancia". Luego
comencé una correcta consulta actuando con ella como un médico, y le dije:
"Ahora, señora, usted me debe decir exactamente dónde siente los
dolores". De aquí surgieron otras preguntas: por qué se había enfermado,
cuándo había comenzado la enfermedad, etc. Presentadas en esta forma, ella
contestaba mis preguntas con gusto, y ya que jugó muchas veces seguidas como
enferma, yo conseguí abundante y profundo material oculto sobre este tema. Y
cuando los papeles fueron trocados y ella fue el doctor y yo la enferma, el
consejo médico que ella me dio me suministró aun más información.
De lo que se ha dicho en este capítulo,
resulta que al tratar con niños en período de latencia es esencial, sobre todo,
establecer contacto con sus fantasías inconscientes, y esto se hace al
interpretar el contenido simbólico de su material en relación a su ansiedad y
sentimiento de culpa. Pero, ya que la represión de la imaginación en este
período del desarrollo es mucho más severa que en períodos más tempranos, a
menudo tenemos que buscar acceso al inconsciente a través de representaciones
que en apariencia están por completo desprovistas de fantasías. También
tenemos, en análisis típicos del período de latencia, que estar preparados a
encontrar que sólo es posible resolver las represiones del niño y libertar su
imaginación, paso a paso y con mucho trabajo. En muchos casos, después de
semanas y aun meses, parece que nada de lo que se realiza en las sesiones nos
ofrece un material psicológico. Todo lo que conseguimos, por ejemplo, son
informes de los diarios, explicaciones del contenido de libros, cuentos monótonos
de la escuela. Más aun, tales actividades monótonas, como dibujo obsesivo,
construcción, costura o hacer cosas -especialmente cuando conseguimos pocas
asociaciones parece no ofrecer ningún
medio de acercamiento a la vida de la imaginación. Pero sólo necesitamos
recordar los ejemplos de Grete y Egon para tener presente que aun actividades y
conversaciones tan completamente desprovistas de fantasías como éstas, en
realidad abren el camino al inconsciente, si no las consideramos como
expresiones de resistencia sino como material real. Prestando suficiente
atención a pequeñas indicaciones y tomando como nuestro punto de partida para
la interpretación la conexión entre el simbolismo, el sentimiento de culpa y la
ansiedad, que acompañan esas representaciones, siempre encontraremos
oportunidad de comenzar y efectuar la labor analítica.
Pero el hecho de que en análisis de
niños nos pongamos en comunicación con el inconsciente antes de haber
establecido una amplia relación con el yo, no quiere decir que hemos excluido
al yo de participar en el trabajo analítico. Cualquier exclusión de esta clase
sería imposible, sabiendo que el yo está en íntima relación con el ello y el
superyó y que sólo podemos conseguir acceso al inconsciente a través de él. Sin
embargo, el análisis no se aplica al yo como tal (como lo hacen los métodos
educativos), sino que sólo busca abrir un camino al inconsciente, sistema que
es decisivo para la formación del yo.
Volvamos a nuestros ejemplos una vez
más. Como ya hemos visto, el análisis de Grete, de siete años de edad, fue en
su casi totalidad llevado a cabo por medio de dibujos. Durante largo tiempo,
como se recordará, ella solía dibujar casas y árboles de varios tamaños,
alternativamente, de un modo obsesivo. Comenzando con estos dibujos sin
imaginación y obsesivos, hubiera podido tratar de estimular su fantasía y
relacionarla con otras actividades de su yo, del mismo modo que lo hubiera
hecho una maestra comprensiva. Hubiera podido conseguir que ella deseara
decorar y hermosear sus casas o colocarlas junto con los árboles y hacer una
calle con ellos y así haber conectado sus actividades con cualquier interés
estético o topográfico que poseyera, o hubiera podido ir más adelante con los
árboles, e interesaría en la diferencia entre una clase de árbol y otra, y
quizá, de este modo, hubiera estimulado su curiosidad sobre la naturaleza en
general. Si cualquiera de estas pruebas hubiera tenido éxito, podía esperarse
que los intereses del yo resaltaran más y que el analista llegara a un contacto
más íntimo con el yo. Pero la experiencia ha mostrado que en muchos casos tal
estimulación de la imaginación del niño falla al tratar de efectuar un
debilitamiento de las represiones, y así no encuentra una base para comenzar el
trabajo analítico[93].
Más aun, tal procedimiento muchas veces no es posible, porque el niño sufre de
tal ansiedad latente que estamos obligados a establecer la situación analítica
tan pronto como sea posible y a comenzar el verdadero trabajo analítico
inmediatamente. Y aun cuando hay una posibilidad de ganar acceso al
inconsciente, usando el yo como punto de partida, encontraremos que los
resultados son pocos en comparación con el tiempo empleado para conseguirlos.
Porque el aumento en la riqueza y significado del material así ganado es sólo
aparente; en realidad sólo encontramos el mismo material inconsciente vestido
con formas más llamativas. En el caso de Grete, por ejemplo, hubiéramos podido
estimular su curiosidad, y así, en condiciones favorables, la hubiéramos
llevado a interesarla, por ejemplo, en las entradas y salidas de una casa y en
las diferencias entre los árboles y en el modo cómo crecen. Mas estos intereses
ampliados sólo hubieran sido una versión menos disfrazada del material que ella
nos había mostrado en los dibujos monótonos al comenzar el análisis. Los
árboles grandes y pequeños y las casas grandes y pequeñas que ella insistía en
dibujar de un modo compulsivo representaban a su madre y padre, a ella misma y
a su hermano, como lo indicaba la diferencia de tamaños, formas y colores de
sus dibujos, y el orden en el cual estaban hechos. El sentimiento básico que
los producía era su curiosidad reprimida sobre la diferencia de sexos y
problemas similares, y al interpretarlos en este sentido, conseguí llegar a su
ansiedad y sentimiento de culpa y comenzar el análisis. Ahora bien, sí el
material fundamental de representaciones complicadas y llamativas no es
diferente del de las representaciones pobres, desde el punto de vista del
análisis, no interesa cuál de las dos clases de representaciones es elegida
como punto de partida de la interpretación. En análisis de niños es sólo la
interpretación, según mi experiencia, la que comienza el análisis y favorece su
desarrollo. Por consiguiente, mientras el analista es capaz de comprender la
clase de material presentado y establecer su conexión con la ansiedad latente,
está en condición de dar una correcta interpretación de sus representaciones
más monótonas y menos prometedoras, mientras que, paso a paso, a medida que
resuelve la ansiedad y suprime represiones, los intereses del yo del niño y las
sublimaciones comenzarán a progresar. De este modo, Ilse, por ejemplo -cuyo
caso se considerará con más detalles en el capítulo siguiente-, gradualmente
desarrolló de sus dibujos invariables y obsesivos un don definido por los
trabajos manuales y el dibujo, sin que yo de ningún modo le hubiera sugerido
tal actividad.
Antes de dejar el tema de los análisis
en períodos de latencia, aun queda un problema para discutir. No es,
exclusivamente, de naturaleza técnica, mas es de importancia en el trabajo del
analista de niños. Me refiero al trato del analista con los padres de sus
pacientes. Con el fin de que pueda realizar su trabajo, debe haber una cierta
relación de confianza entre los padres del niño y él mismo. El niño depende de
ellos y de este modo ellos están incluidos en el campo de análisis; pero no son
ellos quienes son analizados, y, por consiguiente, sólo pueden ser influidos
por medios psicológicos comunes. La relación de los padres con el analista del
niño implica dificultades peculiares, ya que toca muy de cerca sus propios
complejos. La neurosis de su hijo pesa mucho sobre el sentimiento de culpa de
los padres, y al mismo tiempo, cuando se dirigen al análisis para pedir ayuda
consideran su necesidad como una prueba de su responsabilidad en la enfermedad
del niño. Además es muy desagradable para ellos revelar al analista detalles de
la vida de familia. A esto debe agregarse, sobre todo en el caso de la madre,
celos de la relación confidencial que se establece entre el niño y el analista.
Estos celos, que hasta cierto punto son basados en la rivalidad del sujeto con
su imago de la madre, son muy notorios en niñeras e institutrices, quienes a
menudo no son nada amistosas en su actitud hacia el análisis[94].
Estos y otros factores, que permanecen en su mayor parte inconscientes, dan
lugar en los padres, y especialmente en la madre, a una actitud más o menos
ambivalente hacía el analista, y esto no desaparece por el hecho de que ellos
tengan conciencia de la necesidad del niño de un tratamiento analítico. De aquí
que, aunque los padres del niño están, conscientemente, bien dispuestos
respecto a su análisis, debemos esperar que sean, hasta cierto punto, elementos
perturbadores. El grado de dificultad que causarán dependerá de su actitud inconsciente y del grado de ambivalencia
que tengan. Esta es la razón por la cual no he encontrado menos obstáculos
cuando los padres estaban familiarizados con el análisis que cuando
prácticamente ignoraban de qué se trataba. Por la misma razón, considero que
cualquier explicación teórica a los padres antes del comienzo del análisis es
no sólo innecesaria, sino que está fuera de lugar, ya que tales explicaciones
probablemente tendrán un efecto desfavorable sobre sus propios complejos. Me
contento con dar unas pocas ideas sobre el significado y el efecto del
análisis, y menciono el hecho de que durante su curso el niño recibirá
información sobre asuntos sexuales y preparo a los padres para la posibilidad
de otras dificultades que puedan surgir de cuando en cuando durante el
tratamiento. En todos los casos rehuso completamente a informarlos acerca de
cualquier detalle del análisis. El niño que me hace sus confidencias tiene
tanto derecho a la discreción como un adulto.
Lo que debemos tratar al establecer las
relaciones con los padres es, a mi juicio, en primer lugar, conseguir que nos
ayuden en nuestro trabajo principalmente de un modo pasivo, evitando, tanto
como sea posible, toda interferencia, tal como alentar al niño con preguntas,
hablar del análisis en su casa o prestar ayuda a cualquier resistencia que se
pueda producir. Pero necesitamos su cooperación más activa cuando se producen
en el niño ansiedad aguda y resistencias violentas. En tales situaciones -puedo
recordar aquí el caso de Ruth y Trude-[95] depende
de los que están a cargo del niño conseguir medios para que él venga a pesar de
las dificultades. Según mí experiencia, esto ha sido siempre posible porque, en
general, aun cuando la resistencia es fuerte, existe también una transferencia
positiva al analista, de modo que la actitud del niño ante el análisis es
ambivalente. La ayuda dada por los padres del niño no debe ser nunca
considerada como ayuda permanente para la labor analítica. Períodos de tan
intensa resistencia debieran presentarse rara vez, y no por mucho tiempo. El
trabajo del análisis debe evitarlo, y si eso es posible, resolverlo
rápidamente.
Si tenemos éxito en establecer una
buena relación con los padres del niño y estamos seguros de su cooperación
inconsciente, podremos obtener información útil sobre el comportamiento del
niño fuera del análisis, tal como cualquier cambio, aparición o desaparición de
sus síntomas, hechos que pueden ocurrir en relación con el trabajo analítico.
Pero sí esta información sólo es adquirida a costa de otros inconvenientes,
prefiero no obtenerla pues si bien es útil no es indispensable. Insisto siempre
a los padres sobre la necesidad de que no se dé ocasión para que el niño crea
que cualquier modificación educativa se debe a mi indicación, ya que la
educación y el análisis deben ser independientes. En este sentido el análisis
se mantiene como debe ser, un vínculo personal entre mi paciente y yo. En el
análisis de niños, como en el de adultos, considero esencial que el trabajo del
analista se limite a la hora del análisis y a la casa del analista. Aun más,
para evitar desplazamientos en la situación analítica establecí que la persona
que acompañase al niño no lo esperase en mi casa. Deja al niño y lo viene a
buscar a la hora indicada.
A menos que los errores cometidos por
los padres sean muy graves, no me interpongo en su sistema educativo, ya que
estos errores están tan ligados a los propios complejos de los padres, y los
consejos no sólo son inútiles, sino que aumentan sus sentimientos de culpa y
ansiedad, lo que obstaculiza el análisis y tiene un efecto desfavorable en su
relación con los hijos[96].
La
situación total mejora después que el análisis ha terminado o cuando está muy
avanzado. La disminución o desaparición de la neurosis en el niño tiene un
favorable efecto sobre los padres. Cuando disminuyen las dificultades de la
madre en su trato con el niño, disminuye también su sentimiento de culpa, y
esto mejora su actitud frente al niño.
Esto la hace más accesible a los
consejos del analista en lo referente a la crianza y, lo que es más importante
aun, disminuye la dificultad interna
para seguirlos. No obstante, según mi experiencia, no espero mucho de las
posibilidades de modificar el ambiente.
Es mejor confiar en los resultados
logrados en el niño mismo, pues lo capacitarán para una mejor adaptación, aun
en un medio ambiente difícil, poniéndole en mejores condiciones frente a los
esfuerzos que puede exigirle el medio. Claro que esta capacidad de esfuerzo
tiene su límite. Cuando el medio es absolutamente desfavorable no podemos
esperar pleno éxito en nuestro análisis y tenemos que contar con la posibilidad
de una neurosis futura. De cualquier modo, he encontrado a menudo que los
resultados conseguidos en el análisis, aunque no logren una curación completa
de la neurosis, alivian mucho la difícil situación del niño y mejoran su
desarrollo. Es dable esperar que si logramos cambios fundamentales en los
estratos más profundos, la enfermedad, si se repite, no será tan grave. También
puede observarse que en algunos casos una disminución de la neurosis del niño
trae modificaciones favorables en su ambiente neurótico[97]. También
puede suceder que después de un análisis completo y exitoso, el niño pueda ser
llevado a otro ambiente, como ser un internado, cosa que antes no era posible a
causa de su neurosis y falta de adaptación.
La conveniencia de que el analista vea
a los padres con bastante frecuencia o que limite estas entrevistas, depende de
las circunstancias de cada caso. En muchos casos he encontrado que es mejor lo
segundo, para evitar rozamientos con la madre. La ambivalencia con que los
padres viven el análisis de sus hijos nos explica un hecho que para el analista
joven es doloroso y sorprendente, y es que aun los tratamientos que tienen más
éxito no reciben mucho reconocimiento por parte de los padres. Es claro que aunque
he tratado también padres comprensivos, en la mayoría de los casos vi que
olvidaban fácilmente los síntomas por los que habían traído al paciente y
estimaban en poco los cambios sobrevenidos. Agregado a esto, no debemos olvidar
que es difícil para el padre ser juez y parte y que lo más importante son
nuestros resultados. El análisis de adultos prueba su valor suprimiendo
dificultades que estorban la vida del paciente. Nosotros sabemos, aun cuando
los padres por lo general lo ignoren, que hemos prevenido trastornos de esta
índole y aun el advenimiento de una psicosis.
Generalmente el padre mira los síntomas
del niño como molestia, pero desconoce su importancia debido a que no gravitan
en la vida del niño como los síntomas neuróticos en la vida del adulto. Pienso
que podemos renunciar a este reconocimiento, ya que nuestro trabajo se dirige
al niño y no a la gratitud del padre o de la madre.
5. LA
TÉCNICA DEL ANALISIS EN LA PUBERTAD
Los análisis típicos de la pubertad
difieren en muchos puntos esenciales de los análisis del período de latencia.
Los impulsos del niño son más poderosos, la actividad de su fantasía es mayor y
su yo tiene otros requerimientos y otra relación con la realidad. Por otra
parte hay grandes puntos de similitud con el análisis de niños pequeños debido
a que en la pubertad encontramos otra vez un gran dominio de las emociones y
del inconsciente y una vida mucho más rica en imaginación. Además, en esta edad
las manifestaciones de ansiedad y afecto son mucho más pronunciadas que en el
período de latencia y son un tipo de recrudecimiento de las liberaciones de
ansiedad tan características en los niños pequeños.
Pero los esfuerzos del adolescente para
luchar contra dicha ansiedad y modificarla -tarea que ha sido desde largo
tiempo una de las principales funciones del yo- tienen más éxito que los
realizados por los niños de corta edad. En efecto, él ha desarrollado
extensamente sus variados intereses y actividades con el objeto de dominar esta
ansiedad, de sobrecompensarla y de ocultarla de sí mismo y de los demás.
Realiza esto en parte asumiendo la actitud de desafío y de rebeldía
característica de la pubertad. Esto significa una gran dificultad técnica en
los análisis en la pubertad, pues a menos que nosotros ganemos rápidamente
acceso a la ansiedad del paciente y a los afectos que él manifiesta,
principalmente en una actitud desafiante y negativa en la transferencia, puede
muy bien suceder que el análisis quede interrumpido muy pronto. Analizando
muchachos de esta edad he encontrado repetidas veces que ellos esperaban
ataques físicos violentos de mi parte durante sus primeras sesiones.
Willy, por ejemplo, de 14 años, no
concurrió a su segunda hora de análisis v su madre lo persuadió sólo con gran
dificultad de "que diese otra oportunidad". Durante esta tercera hora
yo logré demostrarle que él me identificaba con el dentista. Si bien es verdad
que aseguró que no tenía miedo al dentista (mi apariencia, en efecto, podía
hacérselo recordar), la interpretación del material que presentó fue suficiente
para convencerle de que realmente era así. En efecto, el material evidenciaba
que no sólo esperaba que le sacara un diente, sino también que cortase todo su
cuerpo en pedazos. Disminuyendo su ansiedad en este sentido, se estableció la
situación analítica. En verdad, en el curso posterior del análisis sucedió a
menudo que se liberaron grandes cantidades de ansiedad, pero su resistencia se
mantuvo en esencia dentro de los límites de la situación analítica y la
continuidad del análisis fue así asegurada.
En otros casos en los que también
observé signos de ansiedad latente, he conseguido reducir de inmediato la
transferencia negativa del niño, comenzando las interpretaciones desde la
primera hora de análisis. Pero aun en los casos en los que la ansiedad no se
reconoce inmediatamente, ésta puede abrirse camino repentinamente si la
situación analítica no ha sido aún establecida por medio de la interpretación
del material inconsciente. Este material es muy semejante al presentado por los
niños de corta edad. Los muchachos púberes y prepúberes ocupan su fantasía con
las gentes y las cosas del mismo modo que los pequeños juegan con sus juguetes.
Lo que Peter, de 3 años y tres meses, expresó por medio de carritos, trenes y
motores, Willy, de 14 años, lo expresó en largos discursos, que duraron meses,
sobre la diferencia de construcción entre varias clases de motores, bicicletas,
motocicletas, etc. Donde Peter empujaba carritos y comparaba unos con otros,
Willy estaba apasionadamente interesado sobre qué coche y qué conductor ganaría
una carrera, y mientras Peter pagaba tributo de admiración a la habilidad del
hombre de juguete en el manejo del coche y le hacía realizar toda clase de
hazañas, Willy, por su parte, no se cansaba de cantar loas a sus ídolos del
mundo del deporte.
Las actividades imaginativas del
adolescente se adaptan sin embargo más a la realidad y a sus más fuertes
intereses del yo, y el contenido de sus fantasías son menos fácilmente
reconocibles que en los niños pequeños. Además, las actividades del adolescente
son mayores y sus relaciones con la realidad más fuertes, y esto altera aun más
el carácter de sus fantasías[98]. La
necesidad de dar pruebas de coraje en el mundo real y el deseo de competir con
otros sobresalen más. Esta es una de las razones por las cuales el deporte, que
ofrece tanta oportunidad para la rivalidad con otros, no menos que para la
admiración de brillantes proezas, y que presenta a su vez un medio de vencer la
ansiedad, juega en la vida del adolescente y en sus fantasías un papel tan
importante.
Estas fantasías, que dan expresión a su
rivalidad con el padre por la posesión de la madre y también respecto a su
potencia sexual, están acompañadas, como en el niño pequeño, por sentimientos
de odio y agresión, y a menudo son seguidas de ansiedad y sentimientos de
culpa. Pero los mecanismos peculiares de la pubertad ocultan mejor estos hechos
que los mecanismos de los niños pequeños. El muchacho, en la pubertad, toma
como modelo héroes, grandes hombres, etc. Puede más fácilmente mantener su
identificación con estos objetos, ya que están bastante lejanos de él, pudiendo
también hacer una sobrecompensación más estable frente a ellos por los
sentimientos negativos unidos a la imagen del padre. Así, dividiendo la imago
paterna dirige sus tendencias violentas y destructivas hacia otros objetos. Si,
por consiguiente, reunimos su sobrecompensación admirativa hacia algunos
objetos y su excesivo odio y desprecio para otros, tales como maestros,
parientes, etc., que nosotros descubrimos durante el análisis, podemos abrirnos
camino hacía un completo análisis de su complejo de Edipo y sus afectos, tal
como en el caso de los niños bastante pequeños.
En algunos casos la represión ha
limitado de tal modo la personalidad del adolescente que no deja sino un solo
interés definido, digamos por un deporte determinado. Un único interés de esta
clase equivale al juego sin variación jugado por un niño pequeño, juego que
excluye todos los otros. Resume todas sus fantasías reprimidas y las representa
asumiendo el carácter, más que de una sublimación, de un síntoma obsesivo.
Monótonos cuentos acerca del fútbol, o del ciclismo, pueden formar durante
meses el único tema de conversación en su análisis. Fuera de este contenido
representativo, aparentemente tan falto de imaginación, tenemos que dilucidar
el verdadero material de sus fantasías reprimidas. Si seguimos una técnica
análoga a la de la interpretación de los sueños y del juego, tomando en cuenta
los mecanismos de desplazamiento, condensación, representación simbólica, etc.,
y si descubrimos las conexiones entre los menores signos de ansiedad y su
estado afectivo en general, podemos llegar, más allá de esta apariencia de
monótonos intereses, a penetrar gradualmente en los más profundos complejos de
su mente[99].
Aquí encontramos una analogía con el análisis de cierto tipo extremo del
período de latencia. Podemos recordar el caso de Grete, de 7 años, con sus
dibujos monótonos, completamente faltos de fantasía, pero que eran, sin
embargo, todo lo que yo tenía para seguir el análisis durante meses; o el caso
de Egon, que fue de un tipo aun más extremo. Estos niños mostraron en grado
extremo una limitación de su fantasía y de los medios de representación,
normales en el período de latencia. He llegado a la conclusión de que cuando
encontramos una limitación similar de intereses y medios de expresión en la
pubertad, estamos trabajando, por un lado, con un período prolongado de
latencia; y por otro, cuando hay una limitación extensiva de las actividades de
la imaginación (como en las inhibiciones del juego, etc.), en la temprana
niñez, con un caso de comienzo prematuro de este período. En ambos casos, sea
que la latencia comience muy pronto o termine muy tarde, es señal de
perturbaciones graves en el desarrollo del niño, pues tal extensión indebida de
este período, está acompañada por un aumento indebido de los fenómenos que
normalmente lo acompañan.
Expondré ahora uno o dos ejemplos para
ilustrar lo que me parece ser la técnica apropiada para analizar durante la
pubertad. En el análisis de Bill, de 15 años, su ininterrumpida cadena de
asociaciones acerca de su bicicleta y de las diferentes partes de la misma -por
ejemplo su temor a dañarla yendo demasiado ligero- dio abundante material en lo
referente a su complejo de castración y a sus sentimientos de culpa por la
masturbación[100].
Gracias a esto resultó claro que experimentaba ansiedad y sentimiento de culpa
por sus relaciones con cierto amigo suyo, pero que estos sentimientos no
estaban basados en la realidad sino que se remontaban a una relación anterior
que él había tenido con un muchacho llamado Tony. Me contó un paseo en
bicicleta que había hecho con su amigo y durante el cual habían intercambiado
sus bicicletas, sintiendo él temor, sin ninguna razón, de que su bicicleta
hubiera sido dañada. Sobre esta base y otras cosas del mismo tipo que me contó,
le señalé que su temor parecía relacionarse con actos sexuales que había
cometido con su amigo Tony en la niñez. Cuando le di mis razones para pensar
así, él estuvo de acuerdo conmigo y recordó algunos detalles acerca de esa
relación sexual. Su sentimiento de culpa acerca de ello y el temor consiguiente
de haber dañado su pene y su cuerpo eran completamente inconscientes[101].
En el
análisis de Willy, de 14 años, cuya primera fase (de introducción) ha sido ya
descripta, pude descubrir, con la ayuda de tópicos similares, la razón de sus
fuertes sentimientos de culpa respecto a su hermano menor. Cuando, por ejemplo,
Willy hablaba de su máquina a vapor que necesitaba ser reparada, expresaba al
mismo tiempo asociaciones acerca de la máquina de su hermano, la cual no
volvería nunca a estar bien. Su resistencia en relación con esto y su deseo de
que la hora llegara pronto a su fin, resultó ser causada por el temor de que su
madre pudiese descubrir las relaciones sexuales que habían existido entre él y
su hermano más chico, y que él, en parte, recordaba. Estas relaciones habían
dejado tras sí fuertes sentimientos de culpa inconscientes, porque él, como
mayor y más fuerte, había, a veces, obligado a su hermano a seguirlo. Desde
entonces se había sentido responsable por el desarrollo defectuoso de su
hermano, que era gravemente neurótico[102].
En
conexión con ciertas asociaciones acerca de un viaje en vapor que iba a hacer
con un amigo, se le ocurrió a Willy que el bote podría hundirse y de pronto
sacó su abono de ferrocarril de su bolsillo y me preguntó si yo le podría decir
cuándo se vencía. El no sabía, me dijo, qué número se refería al mes y cuál a
los días. La fecha de término de su boleto significaba la fecha de su propia
muerte, y el viaje con su amigo era la masturbación mutua que él había
efectuado tempranamente con su hermano y también con un amigo y que había hecho
surgir en él sentimientos de culpa y temor a su muerte. Willy continuó diciendo
que había vaciado la linterna a pila con el objeto de no ensuciar la caja en la
cual estaba empaquetada. Enseguida me contó que había jugado al fútbol con su
hermano, con una pelota de ping-pong, dentro de la casa, y dijo que las pelotas
de ping-pong no eran peligrosas y no era posible herirse la cabeza o romper
ventanas con ellas. Aquí recordó un incidente de su primera infancia; en él
había recibido un fuerte golpe con una pelota de fútbol, habiendo perdido el
conocimiento. No había sufrido ninguna lesión, pero dijo que su nariz y sus
dientes podrían haberse lesionado fácilmente. El recuerdo de este incidente
probó ser un recuerdo encubridor de sus relaciones con un amigo mayor que lo
había seducido. Las pelotas de ping-pong representaban el pene comparativamente
pequeño e inofensivo de su hermano y la de fútbol, por el contrario, el pene de
su amigo mayor. Pero, desde que en las relaciones que él había tenido con su
hermano se había identificado con el amigo seductor, aquellas relaciones
hicieron surgir en él sentimientos de culpa por el supuesto daño que había
hecho a su hermano. El hecho de haber agotado la pila y su temor de ensuciar la
caja estaban determinados por su ansiedad por la corrupción y el daño que temía
haber producido en su hermano al ponerle el pene en la boca y al forzarlo a
realizar fellatio y que él mismo
esperaba sufrir por haber realizado este mismo acto con su amigo mayor. Su temor
de haber ensuciado o lesionado a su hermano internamente se fundaba en
fantasías sádicas acerca de su hermano y condujeron a causas aun más profundas
de su ansiedad y culpa, tales como las fantasías de masturbación sádicas
dirigidas contra sus padres. Así, partiendo de la confesión de sus relaciones
con el hermano, confesión expresada en forma simbólica en sus asociaciones de
la máquina de vapor que necesitaba ser reparada, llegamos no sólo a otras
experiencias y acontecimientos de su vida, sino también a niveles más profundos
de su ansiedad. Querría también llamar la atención sobre la riqueza de formas
simbólicas en que el material se fue presentando. Esto es típico de los
análisis de la pubertad que, como los de la temprana infancia, exigen una interpretación
extensiva de los símbolos empleados.
Trataremos ahora del análisis de niñas
en la pubertad. La aparición de la menstruación hace surgir en la niña una
fuerte ansiedad. Además de los variados significados que tiene y con los que
estamos familiarizados, ésta es, en última instancia, el signo exterior y
visible de que el interior de su cuerpo y los niños contenidos allí, han sido
completamente destruidos. Por esta razón, el desarrollo de una actitud
completamente femenina es tardía y presenta más dificultades que lo que para el
muchacho significa establecer su posición masculina. Como un resultado de esto,
sus componentes masculinos pueden reforzarse en la pubertad o puede solamente
cumplir un desarrollo parcial, principalmente en el aspecto intelectual,
permaneciendo, en lo que se refiere a su vida sexual y personalidad, en el
período de latencia aun pasada la edad de la pubertad. Analizando el tipo de
niña activa, con actitud de rivalidad hacia el sexo masculino, generalmente
comenzamos por obtener un material semejante al dado por el muchacho. Muy
pronto, sin embargo, se hacen sentir las diferencias entre los complejos de
castración masculino y femenino, a medida que descendemos a los niveles más
profundos de su mente y nos encontramos con la ansiedad y el sentimiento de
culpa que se derivan de los sentimientos de agresión contra su madre y que la
han conducido a rechazar el papel femenino, contribuyendo a la formación de su
complejo de castración. Descubrimos ahora que es el temor de que su madre haya
destruido su cuerpo lo que lleva a adoptar una actitud de rechazo ante la
adopción de la posición de mujer y madre. En esta etapa de su análisis, las
ideas producidas son similares a las de la niña pequeña. En el segundo tipo de
niñas, cuya vida sexual está fuertemente inhibida, el análisis se desarrolla,
al principio, con temas tales como los que se presentan en el período de
latencia. Cuentos acerca de la escuela, su deseo de agradar a la maestra y dar
bien sus lecciones, su interés por los trabajos de costura, etc., ocupan la
mayor parte del tiempo. De acuerdo con esto, debemos adoptar métodos apropiados
al período de latencia y seguir resolviendo su ansiedad paso a paso para que
las actividades imaginativas reprimidas se liberen gradualmente. Una vez
logrado esto, en cierto sentido aparecerán más fuertemente los temores y
sentimientos de culpa, los cuales, en el primer tipo de niña, la conducían a
una identificación con el padre, y en este caso luchaban contra la adopción de
un papel femenino y conducían a una inhibición general de su vida sexual. En
comparación con la mujer adulta, las niñas en edad púber están expuestas a una
ansiedad más fuerte y aguda en su expresión, aun cuando su posición sea
predominantemente femenina. En la transferencia, la característica de esta edad
es una actitud desafiante y negativa, siendo necesario un establecimiento
rápido de la situación analítica. Otra vez el análisis mostrará a menudo que la
posición femenina de la niña está falsamente exagerada y arrojada al primer
plano con el objeto de esconder y mantener ocultos la ansiedad que surge de su
complejo de masculinidad y, aun más profundamente, los temores derivados de su
más temprana actitud femenina[103].
Daré
ahora el resumen de un análisis que aunque no es totalmente típico de este
período ilustrará mis observaciones generales respecto a la técnica a aplicarse
en las niñas prepúberes y púberes y también ayudará a mostrar las dificultades
de los tratamientos en esta edad. Ilse, de 12 años, presentaba ciertos rasgos
marcadamente esquizoides, y su personalidad, poco desarrollada, no sólo no
había alcanzado el nivel intelectual de un niño de 8 años ó 9, sino que ni
siquiera poseía los intereses normales de las niñas de esta edad. Era además
inhibida en toda actividad imaginativa en un grado asombroso. Nunca había
jugado en el verdadero sentido de la palabra y no sentía placer en ninguna
ocupación excepto en una especie de dibujo compulsivo sin imaginación y cuyo
carácter discutiremos más adelante. Por ejemplo, no le interesaba la compañía
de otros ni le gustaba caminar por la calle y mirar las cosas, y tenía aversión
al teatro, al cine y a cualquier clase de entretenimiento.
Su principal interés se dirigía a la
comida, y los contratiempos en este sentido siempre la llevaban a ataques de
rabia y depresión. Era muy celosa de sus hermanos y hermanas, pero no tanto por
compartir el cariño de su madre con ellos como por alguna supuesta preferencia
referente a lo que su madre daba de comer.
Esta actitud inamistosa hacia su madre
y hermanos era paralela a una pobre adaptación social en general. No tenía
amigas y aparentemente no tenía deseos de buscarlas o que se pensase bien de
ella. Sus relaciones con la madre eran especialmente malas. De tiempo en tiempo
tenía violentos ataques de rabia contra la misma, pero a la vez estaba
fuertemente fijada en ella. Una larga separación de su medio familiar -fue
puesta como pupila por 2 años en un colegio- no produjo cambio perdurable en su
situación.
Cuando Ilse tenía cerca de 11 años y
medio, su madre descubrió que tenía relaciones sexuales con su hermano mayor.
Este incidente hizo surgir en la madre recuerdos que le hicieron decir que no
era la primera vez. El análisis mostró que esta convicción estaba bien fundada
y que la relación entre Ilse y su hermano se continuó después de este
descubrimiento.
Fue sólo por el urgente deseo de su
madre que Ilse vino a ser analizada, impulsada por esa docilidad sin crítica
tan por debajo de su edad y que junto con su actitud de odio caracterizaba su
fijación en la madre. Al principio conseguí que se acostara. Sus escasas
asociaciones se referían a una comparación entre el moblaje de mi cuarto y el
de su casa, especialmente el de su propia habitación. Se fue en estado de gran
resistencia y no quiso venir al análisis al día siguiente, y sólo con gran
dificultad fue persuadida por su madre. En casos de esta naturaleza es
necesario establecer rápidamente la situación analítica, pues la familia del
niño no podrá ayudarnos en esta situación durante mucho tiempo. Me llamaron la
atención los movimientos que Ilse había hecho con los dedos en su primera hora.
Constantemente había alisado los pliegues de su traje mientras hacía alguna
acotación acerca de mi moblaje y lo comparaba con el de su casa. Así que,
durante la segunda hora, al comparar ella una tetera que yo tenía en mi cuarto
con una de su casa que era parecida, pero no tan hermosa, comencé a
interpretar. Expliqué que su comparación entre objetos significaba en realidad
una comparación entre personas; ella me comparaba a mi o a su madre con su
propia persona, en desventaja para ella, puesto que se sentía culpable por
haberse masturbado y creía que esto le había hecho algún daño corporal. Dije
que su continuo acariciar los pliegues del vestido significaba masturbación y
un intento de reparar sus genitales[104]. Ella lo
negó rotundamente; sin embargo, pude ver el efecto de esta interpretación por
el aumento de material que produjo. Además no rehusó volver a la hora
siguiente; sin embargo, en vista de su acentuado infantilismo, su dificultad
para expresarse con palabras y la aguda ansiedad presente, me pareció necesario
cambiar la técnica por la del análisis de juego.
Durante los meses que siguieron, las
asociaciones de Ilse consistieron principalmente en dibujos hechos con compás,
aparentemente faltos de imaginación, y en los que medir y calcular las partes,
jugaba un importante papel.
La naturaleza compulsiva de esta
ocupación se hizo gradualmente más clara[105]. Después
de mucho y paciente trabajo se vio que las variadas formas y colores de las
partes que componían el dibujo, representaban diferentes personas. Su
compulsión a medir y contar probó derivarse de su curiosidad, que había llegado
a ser obsesiva, por conocer el interior del cuerpo de su madre y el número de
niños que allí había, la diferencia de sexos y así sucesivamente. En este caso,
también, la inhibición total de su personalidad y de su desarrollo intelectual
habían surgido de una represión muy temprana de sus deseos de saber, que habían
sufrido, en consecuencia, un completo trastorno y se habían transformado en una
antipatía obstinada a todo conocimiento. Con ayuda de estos dibujos, mediciones
y cuentas, hicimos considerables progresos y la ansiedad de Ilse se hizo menos
aguda. Seis meses después de comenzar el tratamiento sugerí que debía tratar
otra vez de llevar a cabo su análisis acostada, y así lo hizo. Inmediatamente
su ansiedad se hizo más aguda, pero pude reducirla y desde este momento su análisis
fue más rápido. A causa de la monotonía y pobreza de sus asociaciones esta
parte de su análisis no llegó de ningún modo al standard normal del trabajo analítico en esta edad; pero a medida
que continuaba se aproximó cada vez más a lo normal. Entonces comenzó a desear
mucho más satisfacer a su maestra y obtener buenas notas, pero su fuerte
inhibición de aprendizaje hizo irrealizable este deseo. Recién entonces comenzó
a sentirse totalmente consciente de las fallas y sufrimientos que sus
deficiencias le causaban. En la casa lloraba durante horas antes de comenzar a
hacer los deberes para la escuela, y de hecho fracasaba en hacerlos. Se
desesperaba si antes de ir a la escuela no había remendado sus medias, o si
éstas tenían un agujero. Una y otra vez sus asociaciones del fracaso en el
aprendizaje nos condujeron a cuestiones sobre la deficiencia de sus ropas o de
su cuerpo. Durante meses su hora analítica se llenó de relatos acerca de la
escuela, con monótonas observaciones sobre sus puños, cuello de la blusa, su
moño y cada una de las ropas de su vestimenta, de cómo eran demasiado largas o
demasiado cortas, o sucias, o sobre si no eran del color requerido[106].
Mi
material para análisis consistió principalmente, en esta época, en los detalles
de su fracaso en las composiciones para la escuela. A sus incesantes quejas de
que no tenía nada que escribir acerca del tema fijado, le repliqué pidiéndole
asociaciones sobre esos temas, y estas fantasías forzadas[107] fueron
muy instructivas[108].
Hacer el deber para la escuela significaba un reconocimiento del hecho de que
ella no sabía, en el sentido de que ignoraba lo que sucedía cuando sus
padres copulaban o lo que había en el interior de la madre; y toda la ansiedad
y obstinación concerniente a esta fundamental ignorancia eran estimuladas en
ella por cada tarea escolar. Como para muchos otros niños, tener que escribir
una composición significaba para ella, entre otras cosas, tener que hacer una confesión, y esto tocaba muy de cerca su
ansiedad y sentimientos de culpa. Por ejemplo: "Descripción del Kurfürstendamm"[109] condujo
a asociaciones acerca de vidrieras de negocios y de sus contenidos y acerca de
cosas que le gustaría poseer, como por ejemplo, una gran caja de fósforos
decorada que ella había visto en la vidriera de un negocio una vez que había
salido a caminar con su madre. Ambas habían entrado al negocio y la madre había
prendido uno de los grandes fósforos para probarlo. A ella le hubiese gustado
hacer lo mismo, pero se retuvo por temor a su madre y al empleado, que
representaba la imago del padre. La caja de fósforos y su contenido así como
los contenidos de las vidrieras, representaban el cuerpo de su madre, y el
encender el fósforo representaba el coito entre sus padres. La envidia a su
madre por poseer al padre en una copulación y sus impulsos agresivos contra
ella fueron la causa de sus más profundos sentimientos de culpa. Otro tema de
composición fue "Los perros San Bernardo". Cuando Ilse mencionó su
habilidad para rescatar la gente que se moría, comenzó a sentir una gran
resistencia. Sus asociaciones posteriores mostraron que los niños sepultados en
la nieve eran en su imaginación niños que habían sido abandonados. Esto probaba
que las dificultades que ella tenía en este tema se basaban en sus deseos de
muerte hacia las hermanas más pequeñas, tanto antes como después de su
nacimiento, y además, en su temor de que ella misma fuese abandonada por la
madre como castigo. Además, cada tarea escolar que tenía que hacer, ya fuese
oral o escrita, significaba para ella una confesión acerca de muchas cosas. Y a
estas dificultades se agregaban inhibiciones especiales en matemáticas,
geometría, geografía, etcétera[110].
Como
las dificultades que tenía Ilse para aprender continuaron disminuyendo se
produjo un gran cambio en su naturaleza total. Se hizo capaz de adaptación
social, se volvió amiga de otras niñas y sostuvo mejores relaciones con sus
padres y hermanos. Sus intereses se aproximaron entonces a los de una niña de
su edad, y como era una buena alumna y la favorita de las maestras y había
llegado a ser una hija casi demasiado obediente, su familia se satisfizo
completamente con el éxito de su análisis y no vio razón para que éste
continuara. Pero yo no era de esta opinión. Era obvio que en esta época en que
Ilse tenía 13 años y ya había comenzado la pubertad física sólo había cumplido,
en realidad, una exitosa transición hacia el período de latencia y se había
hecho capaz de satisfacer los standards
de este período y de alcanzar una adaptación social. Sin embargo, por
gratificantes que fueran estos resultados analíticos, la niña que veía ante mí
era aún un ser sin independencia y excesivamente fijado en la madre. Aunque su
círculo de intereses se estaba ensanchando grandemente, apenas era capaz de
tener ideas propias. Generalmente precedía sus expresiones con palabras tales
como "mamá piensa". Su deseo de agradar, el gran cuidado que tomaba
ahora por su apariencia, en contraste con su total indiferencia del principio,
su necesidad de amor y reconocimiento y aun sus esfuerzos para hacer las cosas
mejor que sus compañeras, todo esto surgía casi enteramente de su deseo de
agradar a la madre y a sus maestras. Su actitud homosexual era muy fuerte y
había pocas tendencias heterosexuales evidentes.
La continuación del análisis, que
prosiguió entonces en forma normal, condujo a grandes cambios no sólo en este
sentido sino en el completo desarrollo de la personalidad de Ilse. En esto fue
ayudada por el hecho de que podíamos analizar la gran ansiedad que la aparición
de la menstruación hizo surgir en ella en esa época. Se vio entonces que su
apego excesivamente positivo a la madre, contra quien, sin embargo tenía
ocasionalmente explosiones de rabia, estaba causado por ansiedad y sentimientos
de culpa. El análisis posterior dejó al descubierto en forma completa su
originaria actitud de rivalidad con su madre y el intenso odio y envidia que
sentía hacia ella por su posesión del padre (y su pene) y por el placer que
ésta le daba, y la capacitó para reforzar sus tendencias heterosexuales y
disminuir las homosexuales. Recién entonces se estableció realmente su pubertad
psicológica. Antes de esto, no había estado en situación de criticar a su madre
y formar sus propias opiniones, porque esto hubiera significado hacer un
violento ataque sádico hacía su madre. El análisis de este sadismo le permitió
a Ilse independizar su pensamiento y su acción, manteniéndose en su edad. Al
mismo tiempo apareció más plenamente su oposición a la madre, pero no condujo a
dificultades especiales desde que éstas estaban contrabalanceadas por su
progreso en otros sentidos. Algo más tarde, después de un análisis de 425
horas, Ilse pudo establecer una relación firme y afectuosa con su madre y
alcanzar al mismo tiempo una posición heterosexual satisfactoria[111].
En este
caso vemos cómo el fracaso de la niña para resolver sus sentimientos de culpa,
exageradamente fuertes, fue capaz de perturbar no sólo su transición al período
de latencia sino el completo uso de su desarrollo posterior. Sus afectos, que
encontraban salida en ocasionales explosiones de rabia, habían sido
desplazados, y la modificación de la ansiedad fracasó. Aunque ella daba la
inequívoca impresión de ser una niña infeliz e insatisfecha, no tenía
conciencia de su propia ansiedad y de su falta de satisfacción para consigo
misma. Adelantó mucho su análisis cuando le pude hacer comprender que era
infeliz y le mostré que se sentía inferior y no querida y se desesperaba por
esto, y en su desesperanza no hacía ninguna tentativa para ganar el amor de los
otros. Después de esto, en lugar de su aparente indiferencia al afecto y elogio
del mundo que la rodeaba, apareció el deseo vehemente y exagerado de éstos que
es característico del período de latencia y que condujo a aquella actitud de
obediencia extrema y fijación en la madre ya descripta. La última parte del
análisis, que descubrió las bases más profundas de sus fuertes sentimientos de
culpa y de su fracaso, fue mucho más fácil ahora, pues ya tenía conciencia de
su enfermedad.
Se ha aludido ya a los actos sexuales
cometidos entre Ilse y su hermano, que era año y medio mayor que ella. No mucho
tiempo después de haber comenzado el análisis de Ilse tomé a mi cargo el
tratamiento del hermano. Ambos análisis mostraron que la relación sexual entre
ellos retrocedía a la temprana niñez y que había continuado a través del
período de latencia, aunque a raros intervalos y en forma mitigada. Lo notable
era que Ilse no tenía el sentimiento consciente de culpa acerca de esto sino
que detestaba a su hermano. El análisis de su hermano tuvo como efecto la
completa interrupción de estas relaciones sexuales, y al principio esto hizo
surgir un odio aún más intenso hacia él. Pero más tarde, en su análisis, junto
a otros cambios producidos en ella, comenzó a tener fuertes sentimientos de
culpa y ansiedad por estos episodios[112].
El
método de Ilse de modificar sus sentimientos de culpa, por el cual ella
rehusaba toda responsabilidad por sus actos y adoptaba una actitud muy
desagradable, desafiante y de naturaleza opuesta a su medio, he encontrado que
es típico de cierta clase de tipos asociales. En Kenneth[113], por
ejemplo, que aparentemente tenía una indiferencia tan completa frente a las
opiniones de los otros y tan extraordinaria falta de vergüenza, los mecanismos
que obraban eran semejantes. Y ellos también se encuentran en el niño normal
que es simplemente "travieso". Los análisis de niños de toda edad
muestran que la disminución de los sentimientos latentes de culpa y ansiedad
conducen a una adaptación social mejor y a un reforzamiento de su sentido de
responsabilidad personal. Cuanto más profundo sea el análisis, tanto más se
verá.
Este caso nos da ciertas indicaciones
para decidir qué factores son necesarios en el desarrollo de una niña para que
la transición al período de latencia sea un éxito y cuáles para la transición
posterior a la pubertad. Como ya he dicho, encontramos a menudo que en la edad
de la pubertad la niña está aún en un período de latencia retrasado. Analizando
las primeras etapas de su evolución y la temprana ansiedad y sentimientos de
culpa derivados de la agresividad contra la madre, podemos capacitarla para hacer
no sólo una transición satisfactoria hacia la pubertad sino la transición
siguiente hacia la vida adulta y poder así asegurar el completo desarrollo de
su vida sexual femenina y de su personalidad.
Aún falta llamar la atención sobre la
técnica empleada en el tratamiento de este caso. En su primera parte usé la
técnica correspondiente al período de latencia, y en la segunda, la
perteneciente a la pubertad. Repetidas veces he hecho referencia en estas
páginas a los nexos de conexión entre los modos de análisis apropiados a los
diversos estadíos. Permítaseme decir que considero la técnica de los análisis
tempranos como la base de la técnica aplicable a niños de toda edad. En el
último capítulo he dicho que mí método para analizar niños en el período de
latencia está basado enteramente en la técnica de juego que he elaborado para
los niños pequeños. Pero como muestran los casos discutidos en el presente
capítulo, la técnica del análisis temprano es indispensable también para muchos
pacientes en edad de la pubertad, ya que fracasaremos con muchos de estos
casos, a menudo muy difíciles, si no tomamos en cuenta suficientemente la
necesidad de acción del adolescente y la necesidad de expresión por la fantasía
y si no tenemos cuidado de regular la ansiedad liberada, y, en general, no
adoptamos una técnica suficientemente elástica.
Analizando los estratos más profundos
de la mente, tenemos que observar ciertas condiciones determinadas.
En comparación con la ansiedad
modificada de los estratos más elevados, la ansiedad de los niveles profundos
es mucho mayor tanto en cantidad como en intensidad, y por consiguiente es
imperativo que su liberación sea debidamente regulada. Hacemos esto refiriendo
continuamente la ansiedad hacia su fuente y resolviéndola por un análisis
sistemático de la situación de transferencia.
En los primeros capítulos de este libro
he descrito cómo en casos en que el niño era muy tímido, u hostil hacia mí al
comenzar un análisis, inmediatamente comencé a analizar su transferencia
negativa y a descubrir e interpretar los signos ocultos de su ansiedad latente
antes de que se manifestaran y condujeran a una crisis de ansiedad. Para poder
hacer esto, el analista debe tener un conocimiento completo de las reacciones
de ansiedad de las fases más tempranas del desarrollo del niño y de los
mecanismos de defensa empleados por su yo contra ellas. En realidad, debe tener
un conocimiento teórico de la estructura de las capas más profundas de la
mente. Su trabajo de interpretación debe dirigirse hacia esa parte del material
que está asociada con la mayor cantidad de ansiedad latente y debe descubrir
las situaciones de ansiedad que han sido activadas. También debe establecer la
relación entre la ansiedad latente y a) las particulares fantasías sádicas
subyacentes, b) los mecanismos de defensa que usa el yo para dominarlas. Es
decir, para resolver una parte de ansiedad por medio de una interpretación,
seguir un poco las amenazas del superyó, los impulsos del ello y las tentativas
del yo para conciliar a ambos. En esta forma, gradualmente se pondrá en
condiciones de traer a la conciencia el contenido total de la parte especial de
ansiedad que se ha hecho sentir en ese momento. Para hacer esto es
absolutamente necesario que el analista se limite a métodos estrictamente
analíticos, ya que solamente absteniéndose de ejercer cualquier influencia
moral o educacional sobre el niño puede analizar los más profundos niveles de
su mente. Pues si impide sacar al exterior ciertos impulsos del ello, el
analista mantendrá guardados también otros impulsos, y aun en el niño pequeño
se encontrará bastante obstaculizado para hacerse camino hacia las fantasías
oral y anal-sádicas más primitivas.
Por otra parte, regulando
sistemáticamente la liberación de su ansiedad, el niño no sufrirá por una
excesiva acumulación de ansiedad durante intervalos en su análisis o en el caso
de que su tratamiento deba ser interrumpido. En tales circunstancias, es verdad,
la ansiedad a menudo se vuelve más aguda, pero el yo del niño es más capaz de
dominarla y modificarla en grado mayor que antes del análisis.
En algunos casos el niño puede evitar
también una faz pasajera de ansiedad de esta naturaleza[114]. La
liberación sistemática de ansiedad hace que el niño no sufra demasiado.
Después
de haber llamado la atención sobre las semejanzas entre la pubertad y la
primera infancia, veamos las diferencias. En la pubertad el desarrollo más
completo del yo y sus intereses crecientes exigen una técnica aproximada a la
del análisis del adulto. En ciertos niños o en ciertos momentos del análisis
podemos emplear otros medios de representación, pero, en general, en los
análisis de la edad de pubertad, tenemos que confiar principalmente en las
asociaciones verbales, para hacer posible que el adolescente establezca una
relación completa con la realidad y con su campo normal de intereses. Por estas
razones, antes de aceptar el análisis de niños en período de pubertad, el
analista debe comprender en forma completa la técnica de análisis de los adultos.
En general, considero que un buen entrenamiento en el análisis de adultos es
una base necesaria para el especial entrenamiento de un analista de niños.
Quien no haya tenido una experiencia adecuada y no haya realizado una cantidad
considerable de trabajo con adultos no podrá penetrar en el campo técnicamente
más difícil del análisis de niños.
Con el objeto de mantener los
principios fundamentales del tratamiento analítico en la forma modificada que
necesitan los mecanismos del niño en las diversas etapas de su evolución, el
analista, además de estar completamente entrenado en la técnica de los análisis
tempranos, debe poseer el dominio total de la técnica empleada en los análisis
de adultos.
6.
NEUROSIS EN LOS NIÑOS
Hasta ahora he tratado la técnica
mediante la cual los niños pueden ser analizados tan profundamente como los
adultos. Consideraré ahora en qué casos es indicado el tratamiento.
El primer problema que surge es: ¿Qué
dificultades deben ser consideradas normales en un niño y cuáles neuróticas?;
¿cuándo es sólo travieso y cuándo debe considerárselo enfermo? En general,
estamos preparados para encontrar ciertas dificultades típicas que varían
considerablemente en cantidad y efecto y que siempre, dentro de ciertos
límites, son inevitables en el desarrollo y crianza de cualquier niño; pero
pienso que por esta razón prestamos poca atención a ciertos hechos, juzgándolos
como dificultades diarias y que, en cambio, deberían ser considerados como el
comienzo de un serio trastorno de desarrollo.
Trastornos en las comidas, si son
suficientemente serios, y, sobre todo, manifestaciones de ansiedad, ya sean en
la forma de terrores nocturnos o de fobias, deben ser considerados como
síntomas definitivamente neuróticos. Pero el estudio de los niños pequeños
generalmente muestra que esta ansiedad toma formas varias y disfrazadas, y que
aun tempranamente, a los dos o tres años, muestran modificaciones de la
ansiedad que implican la actuación de un proceso de represión muy complicado.
Después de haberse sobrepuesto a los terrores nocturnos, por ejemplo, se
presentan en ellos, por algún tiempo, trastornos del sueño, como dormirse
tarde, despertarse temprano, tener un sueño fácilmente perturbable o
intranquilo, incapacidad de dormir por la tarde, hechos todos que a través del
análisis se manifiestan como formas modificadas del pavor nocturno originario.
Se incluyen en este grupo las diversas manías y ceremoniales, a menudo de
naturaleza tan perturbadora, a que se entregan los niños a la hora de dormir.
En el mismo sentido, los primeros trastornos en alimentación[115] a
menudo se transforman en un hábito de comer despacio, o de no masticar bien, o
en una general falta de apetito, o meramente en los malos modales en la mesa.
Es fácil ver que la ansiedad que el
niño siente ante ciertas personas da lugar a menudo a una timidez general. Más
tarde aparece con frecuencia como inhibición en las relaciones sociales o como
vergüenza. Todos estos grados del miedo son solo modificaciones de ansiedad
primaria que, como en el caso del miedo a la gente, pueden determinar más tarde
la conducta social del individuo. Una fobia declarada frente a ciertos animales
será sustituida por una aversión hacia ellos o a los animales en general. El temor
a las cosas inanimadas, que siempre para el pequeño están dotadas de vida,
acarreará más tarde una inhibición de las actividades relacionadas con estas
cosas. Así, por ejemplo, la fobia de un niño por los teléfonos se manifiesta
años más tarde como aversión a telefonear; en otros casos, el temor a las
locomotoras puede traer una aversión a viajar o una predisposición a estar muy
cansado en los viajes. En otros casos, el miedo a la calle aumentará la
aversión a salir a caminar, etc. Dentro de esta clase entra la inhibición para
los deportes[116] y
juegos activos, pudiendo manifestarse esta inhibición de diversos modos: como
disgusto, como aversión a ciertas formas especiales de deporte, como un
desagrado general hacia ellos, predisposición a la fatiga, inhabilidad, etc.
Dentro de esta categoría entran las idiosincrasias, hábitos e inhibiciones del
adulto normal. El adulto normal puede racionalizar estas aversiones -que nunca
faltan- de diversos modos, diciendo que algo es "aburrido" o de mal
"gusto" o "antihigiénico" y muchas otras cosas más, mientras
que en el niño la aversión y hábitos de esta clase son más intensos y menos
aceptados socialmente que en un adulto, y se atribuyen a "maldad".
Pero invariablemente son la expresión de ansiedad y sentimiento de culpa. Están
íntimamente relacionados con las fobias y generalmente también a los
ceremoniales obsesivos, estando determinados complejamente en cada detalle; y
por esta razón a menudo se resisten a medidas educativas, aunque pueden
frecuentemente hallar solución por medio del análisis como cualquier síntoma
neurótico.
El espacio me impide mencionar más de
uno o dos ejemplos de este interesante campo de observación. En un muchacho, el
abrir desmesuradamente los ojos y hacer muecas, significaba asegurarse que él
no se quedaría ciego. En otro, parpadear tenía la misma significación. En un
tercero, mantener la boca abierta y silbar significaba confesar que había
realizado fellatio, y luego
retractarse de esa confesión. La conducta intratable de un niño cuando se lo
baña o le lavan la cabeza se debe, según lo he comprobado repetidas veces, a un
secreto miedo a ser castrado o a que todo su cuerpo sea destruido.
Hurgarse
la nariz, tanto en el niño como en el adulto, representa, entre otras cosas,
ataques anales contra el cuerpo de sus padres. Las dificultades que encuentran
padres y niñeras para inducir al niño a que realice pequeños servicios y actos
de respeto -dificultades que hacen a menudo el trabajo tan desagradable para la
persona encargada del niño- resultan invariablemente determinadas por la
ansiedad. Por ejemplo, la aversión de un niño por tomar algo de una caja será
debida a menudo al hecho de que hacerlo significaría la aceptación de sus
fantasías de realizar ataques contra el cuerpo de su madre.
Frecuentemente los niños presentan una
hiperactividad que se acompaña de una actitud desafiante y dominante y que, en
general, la gente interpreta como signo de "temperamento" o de
desobediencia, según los puntos de vista. Dicha conducta es, al igual que la
agresión, una sobrecompensación de la ansiedad, y este método de modificar la
ansiedad tiene gran influencia en la formación del carácter del niño y en su
actitud futura ante la sociedad[117].
La inquietud que a menudo acompaña a esta hiperactividad es, a mi juicio, un
síntoma importante. Las descargas motoras que realiza el niño al inquietarse se
condensan a menudo, al entrar en el período de latencia, en movimientos
estereotipados que pasan inadvertidos dentro del cuadro de excesiva motilidad
que presenta el niño. En la pubertad, y a veces antes, reaparecen o se hacen
más evidentes y forman la base de un "tic''[118].
Nos
hemos referido repetidas veces a la gran importancia de las inhibiciones en el
juego. Estas inhibiciones, que pueden ocultarse bajo las más diversas formas,
se hallan presentes en distintos grados. Aversión a ciertos juegos definidos,
falta de perseverancia en el juego, son ejemplos de las inhibiciones parciales
de juegos. Así, algunos niños tienen que tener a alguien que realice la parte
más activa en el juego, como tomar la iniciativa, ir a buscar los juguetes,
etc. Otros sólo gustan de juegos con reglas establecidas o sólo cierta clase de
juegos (en cuyo caso acostumbran a jugarlo con gran asiduidad). Estos niños
sufren de una fuerte represión de la fantasía acompañada, por lo general, por
rasgos compulsivos, y sus juegos tienen más carácter de síntoma obsesivo que de
sublimación.
Hay una clase de juego detrás de la
cual -especialmente en la transición al período de latencia- se ocultan
movimientos rígidos o estereotipados. Por ejemplo, un chico de ocho años que
acostumbraba a realizar un juego en el que él era un policía en su puesto,
solía realizar ciertos movimientos y repetirlos durante horas, permaneciendo
inmóvil en ciertas actitudes por largo tiempo. En otros casos, algún juego en
especial ocultará una peculiar inquietud, íntimamente asociada a los tics.
La aversión a jugar juegos activos en
general, la inhabilidad en los juegos, son un pronóstico de futuras
inhibiciones en deportes, siendo siempre un indicio importante de que algo anda
mal.
En muchos casos, las inhibiciones en el
juego son la base de las inhibiciones de aprendizaje. En varios niños con
inhibición en el juego y que son buenos escolares he encontrado que el impulso
a aprender es principalmente compulsivo, y más tarde, especialmente en la
pubertad, algunos de ellos manifiestan graves limitaciones en su capacidad de
aprender. Las inhibiciones para aprender, como las de juego, pueden variar en
gravedad y presentarse bajo diferentes formas, como indolencia, falta de
interés, fuerte aversión por ciertas cosas o temas particulares, poca facilidad
para aprender lecciones excepto a último momento y bajo compulsión. Dichas
inhibiciones para aprender son a menudo la base de inhibiciones vocacionales
posteriores cuyos primeros signos estaban ya en las inhibiciones de juego de
estos niños pequeños.
En mi trabajo "El desarrollo del
niño" (1921) dije que la resistencia de un niño a que se le aclaren los
temas sexuales es un indicio importante de que algo anda mal. Si se abstienen
de preguntar sobre estos temas, lo que a menudo ocurre a continuación o
alternando con preguntas obsesivas, debemos considerarlo como un síntoma basado
en afecciones frecuentemente serias del instinto de conocer. Como bien sabemos,
las cansadoras preguntas de los niños a menudo se prolongan en el adulto como
manía de cavilación., que siempre está asociada a perturbaciones neuróticas.
La tendencia en los niños a quejarse y
el hábito de caerse, golpearse y hacerse daño deben ser considerados como
expresión de diversos miedos y sentimientos de culpa. El análisis de niños me
ha convencido de que tales pequeños accidentes repetidos -y algunas veces otros
más serios- son sustituciones de autodestrucciones más graves y pueden
simbolizar intentos de suicidio con medios insuficientes. En muchos chicos,
especialmente varones, una extremada sensibilidad al dolor es reemplazada
tempranamente por una exagerada indiferencia, que no es más que una defensa
elaborada contra la ansiedad y una modificación de la misma.
La actitud del niño frente a los
regalos es también muy típica. Muchos niños son insaciables al respecto y
ningún regalo les puede dar una satisfacción real y duradera o brindarles algo
que no sea una desilusión. Otros no tienen interés y son igualmente indiferentes
frente a los regalos. En los adultos podemos observar las mismas dos actitudes.
Entre las mujeres existen aquellas que eternamente ansían ropa nueva pero que
en realidad nunca la disfrutan y aparentemente nunca "tienen qué
ponerse". Estas son mujeres que están a la búsqueda de diversiones, y a
menudo cambian el objeto de su amor con facilidad y no pueden encontrar una
verdadera satisfacción sexual. Encontramos también mujeres aburridas que nada
desean. En el análisis resulta claro que los regalos significan para el niño
todos los presentes de amor que él no pudo tener: la leche y el pecho de su
madre, el pene del padre, orina, heces, bebés, etc. Los regalos también alivian
su sentimiento de culpa, porque simbolizan cosas dadas libremente y que él
quiso tomar por medios sádicos. En su inconsciente él considera la falta de
regalos, como todas las otras frustraciones, como un castigo por sus impulsos
agresivos, que están ligados a sus deseos libidinales. En otros casos, cuando
el niño se encuentra en una situación aun más desfavorable, en lo que se
refiere a su excesivo sentimiento de culpa, o cuando no ha podido modificarlo,
reprimirá sus deseos libidinales por completo, por temor a nuevas desilusiones,
de modo que los regalos que recibe no le producen ningún placer.
El niño incapaz de tolerar sus
tempranas frustraciones debido a las razones ya mencionadas, en su inconsciente
considerará toda frustración posterior que reciba durante su crianza como un
castigo, con el resultado de que se torna ingobernable y mal adaptado a la
realidad. En niños mayores -y en algunos casos también en niños pequeños- esta
incapacidad de tolerar frustraciones se esconde con frecuencia bajo una
aparente adaptación debido a su necesidad de agradar a las personas que lo
rodean. Una adaptación aparente de este tipo es capaz, especialmente en el
período de latencia, de ocultar la presencia de dificultades arraigadas más
profundamente.
La actitud de muchos niños frente a las
fiestas es también característica. La llegada de Navidad y Pascua es esperada
con gran impaciencia, para quedar luego completamente insatisfechos. Días como
éstos, y aun a veces los domingos, ofrecen esperanzas de renovación, en mayor o
menor grado, de "un nuevo comienzo" y, junto con los regalos que
esperan recibir, esperan también la restauración de las cosas malas que han
sufrido y hecho. Los acontecimientos familiares chocan profundamente con los
complejos del niño asociados a su vida de familia. Un cumpleaños, por ejemplo,
representa siempre el renacimiento, y los cumpleaños de otros niños estimulan
los conflictos asociados al nacimiento real o imaginario de hermanos o
hermanas. El modo de reaccionar del niño ante estas cosas es una de las pruebas
para determinar la presencia de neurosis en ellos.
La aversión por el teatro, cine y
representaciones de toda índole está íntimamente asociada al trastorno del
instinto de conocer en el niño. He encontrado que la base de este trastorno es
el interés reprimido por la vida sexual de los padres o por su propia vida
sexual. Esta actitud, que acarrea la inhibición de muchas sublimaciones, es
debida en última instancia a la ansiedad y a sentimientos de culpa
pertenecientes a los primeros estadíos de desarrollo y surge de las fantasías
agresivas dirigidas contra la relación sexual de los padres.
También quiero subrayar el papel que
desempeñan los factores psíquicos en las diversas enfermedades a las que el
niño está expuesto. Estoy convencida de que muchos niños expresan su ansiedad y
sentimientos de culpa enfermándose (en dichos casos, al mejorar disminuye la
ansiedad), y de que en general, las frecuentes enfermedades por las que pasan a
una cierta edad son producidas en parte por una neurosis. Este factor
psicogenético actúa aumentando no sólo la predisposición del niño a las
infecciones sino la gravedad y duración de la enfermedad[119]. En
general he encontrado que después del análisis el niño está menos expuesto a
resfriarse. En algunos casos la predisposición desapareció casi por completo.
Sabemos que las neurosis y la formación
del carácter están íntimamente relacionadas y que en muchos análisis de adultos
se producen también favorables cambios de carácter. Así como en los análisis de
niños grandes siempre se producen favorables cambios caracterológicos, en los
análisis tempranos, al suprimir las neurosis, disminuyen las dificultades en la
educación. Parece existir una cierta analogía entre las dificultades
educacionales en el niño pequeño y lo que en el niño mayor y en el adulto se
conocen como dificultades caracterológicas. Es un hecho notable que al hablar
de carácter pensemos especialmente en el individuo mismo, aun cuando su
"carácter" tenga una influencia perturbadora sobre su ambiente, en
tanto que al hablar de "dificultades educacionales" pensamos primero,
y sobre todo, en las dificultades que enfrentan las personas encargadas del
niño. De este modo, muy a menudo pasamos por alto el hecho de que estas
dificultades educacionales son la expresión de procesos importantes de
desarrollo que llegan a concretarse con la declinación del complejo de Edipo.
Lo que advertimos, entre otras cosas, como dificultades educacionales excesivas
en el niño surgen de los procesos que han formado y están todavía formando su
carácter y que forman la base de cualquier futura neurosis o defecto de
desarrollo que pueda llegar a padecer, de modo que pueden considerarse más
apropiadamente como dificultades caracterológicas y como síntomas neuróticos.
Por lo que se ha dicho vemos que las
dificultades, que nunca faltan, en el desarrollo del niño pequeño son de
carácter neurótico. En otras palabras, todo niño pasa por una neurosis que se
diferencia sólo en grado de un individuo a otro[120]. Desde
que se ha encontrado que el psicoanálisis es uno de los medios más eficaces
para curar la neurosis en los adultos, parece lógico hacer uso del
psicoanálisis para combatir las neurosis en los niños, y además, viendo que
todo niño sufre una neurosis, aplicarlo a todos los niños. Por ahora, en la
época actual, debido a consideraciones prácticas, sólo en muy raros casos es
posible someter a tratamiento analítico las dificultades neuróticas de los
niños normales. Por lo tanto, al prescribir indicaciones para tratamiento, es
importante señalar qué signos indican la presencia de neurosis graves, es
decir, de una neurosis que no deje lugar a dudas de que el niño también sufrirá
considerables dificultades en sus años venideros.
No discutiremos aquellas neurosis
infantiles cuya gravedad es evidente debido al grado y carácter de los
síntomas, pero sí consideraremos uno o dos casos en que, al no prestarse
suficiente atención a las indicaciones específicas de las neurosis infantiles,
su verdadera gravedad no ha sido reconocida. El que las neurosis de los niños
hayan atraído mucho menos la atención que las de los adultos, se debe a que, en
muchos aspectos, sus signos exteriores difieren esencialmente de los síntomas
de los adultos. Los analistas saben que bajo la neurosis del adulto yace
siempre una neurosis infantil, pero durante mucho tiempo han fracasado en sacar
la única deducción posible de este hecho, es decir, que la neurosis debe ser
por lo menos extremadamente común entre los niños, y esto sucede aunque el niño
mismo les presenta suficiente evidencia.
Al juzgar lo que es neurótico en un
niño no podemos aplicar los standards
apropiados a los adultos. De ninguna manera aquellos niños que más de cerca se
aproximan a lo que es un adulto no neurótico son los menos neuróticos. Así, por
ejemplo, un niño pequeño que cumpla todos los requisitos de su educación y no
se deje dominar por su vida de fantasía y sus instintos, esto es, un niño que
aparezca como bien adaptado a la realidad y presente además pocos signos de
ansiedad, no solamente será un ser precoz y sin encanto, sino anormal en el más
completo sentido de la palabra. Si completamos este cuadro suponiendo que su
vida imaginativa ha sufrido una gran represión, que sería condición necesaria
para tal desarrollo, tendríamos entonces causas para inquietarnos por su
futuro. La neurosis de la cual é1 sufre no sería de menor grado que la del niño
común, sino simplemente sin síntomas, y como sabemos por los análisis de
adultos, una neurosis de esta naturaleza es por lo general muy grave.
Normalmente deberíamos esperar ver
signos claros de las graves luchas y crisis que el niño pasa en los primeros
estadíos de su vida. Estos signos difieren, sin embargo, en muchos aspectos de
los síntomas del adulto neurótico. Hasta cierto punto el niño normal muestra su
ambivalencia y sus afectos, su sujeción y su sometimiento a los impulsos
instintivos y a la fantasía y también las influencias que proceden de su
superyó; esto crea algunas dificultades en el camino de su adaptación a la
realidad y, por lo tanto, en su educación, y no es, desde ningún punto de
vista, un niño "fácil". Pero si su ansiedad y ambivalencia y los
obstáculos que presenta para su adaptación a la realidad van más allá de
ciertos límites, y las dificultades que sufre y hace sufrir a su ambiente son
muy grandes, entonces debería ser considerado como neurótico. Sin embargo, creo
todavía que una neurosis de este tipo a menudo puede ser menos grave que una
neurosis del tipo en que la represión de afectos ha sido tan aplastante y ha
comenzado tan temprano, que apenas pueden percibirse signos de emoción y
ansiedad en el niño. Lo que realmente diferencia al niño menos neurótico del
más neurótico, además del grado cuantitativo, es el modo en que el niño se
comporta frente a estas dificultades.
Los signos característicos de una
neurosis infantil, según se ha descrito anteriormente, constituyen un valioso
punto de partida para el estudio de los métodos, a menudo muy oscuros, mediante
los cuales el niño ha modificado su ansiedad y de la posición fundamental que
ha adoptado. Así, por ejemplo, puede suponerse que si a un niño no le gusta
asistir a representaciones de ninguna clase, tales como teatro o cine, si no
tiene placer en formular preguntas y es inhibido en el juego o no puede jugar
sino ciertos juegos sin contenido imaginativo, está sufriendo de graves
inhibiciones de su instinto de conocer y de una aumentada represión de su vida
imaginativa, aunque por otra parte puede estar bien adaptado y parecer no tener
trastornos muy acentuados. Tal niño satisfará su deseo por conocer en una edad
posterior, principalmente de un modo obsesivo, y a menudo producirá otros
trastornos neuróticos en conexión con éstos. Se ha dicho que en muchos niños la
incapacidad originaria para tolerar las frustraciones está oscurecida por una
amplia adaptación a los requerimientos de su crianza. Desde muy temprano se
transforman en niños "buenos" e "inteligentes", pero son
precisamente estos niños los que más comúnmente adoptan esta actitud de
indiferencia ante los regalos y agasajos, etc., que han sido mencionados más
arriba. Si además de esta actitud presentan una gran inhibición en el juego y
una fijación excesiva a sus objetos, la probabilidad de que sucumban en años
posteriores a una neurosis es muy grande, porque tales niños han adoptado un
punto de vista pesimista y una actitud de renuncia. Su principal objeto es
luchar contra su ansiedad y su sentimiento de culpa a toda costa, aunque esto
signifique renunciar a toda la felicidad y gratificación de sus instintos. Al mismo
tiempo son, por lo general, dependientes de sus objetos, porque dependen del
medio ambiente externo para protección y apoyo contra su ansiedad y sentimiento
de culpa[121].
Son más evidentes, aunque no se las evalúa adecuadamente, sin embargo, las
dificultades que presentan aquellos niños cuyos deseos insaciables de regalos
es concomitante a su incapacidad para tolerar las frustraciones impuestas por
su crianza.
Es muy cierto que en los casos típicos
descritos aquí, las perspectivas para que el niño logre una real estabilidad
mental en el futuro no son favorables. Generalmente, también la impresión que
produce el niño -su manera de comportarse, su expresión facial, sus movimientos
y lenguaje- traiciona el fracaso de su adaptación interna. En todos los casos,
solamente el análisis puede demostrar la gravedad de tales trastornos. He
puntualizado muchas veces el hecho de que la presencia de una psicosis o de
rasgos psicóticos a menudo no ha sido descubierta en el niño hasta que éste ha
sido analizado por un período de tiempo considerable. Esto es debido a que las
psicosis de niños, como sus neurosis, difieren en muchos aspectos en su
expresión, de las psicosis de los adultos. En algunos casos analizados por mí,
en los cuales la neurosis infantil tenía ya el mismo carácter de una neurosis
obsesiva grave de adulto, el análisis demostraba la existencia de serios rasgos
paranoides[122].
La
cuestión a considerar ahora es: cómo pone de manifiesto el niño que está
bastante bien adaptado internamente. Es un signo alentador si goza jugando y da
libre rienda a la fantasía de hacerlo, estando al mismo tiempo, como puede
reconocerse por signos claros, bien adaptado a la realidad; y si tiene
realmente relaciones buenas -no exageradamente afectuosas- con sus objetos.
Otro buen signo es si además presenta un desarrollo relativamente tranquilo de
su instinto de saber, de modo que fluyan libremente en distintas direcciones,
sin, por otra parte, tener ese carácter de compulsión e intensidad típico de
las neurosis obsesivas. La aparición de una cierta cantidad de afecto y
ansiedad es también, creo, precondición de un desarrollo favorable. Estas y
otras razones para un pronóstico favorable tienen -según mi experiencia- sólo
un valor relativo, y no son garantía absoluta para el futuro. A menudo, el que
su neurosis aparezca o no en los años posteriores, depende de realidades
externas imprevisibles -favorables o desfavorables- que el niño enfrentará a
medida que crece.
Además me parece que no sabemos mucho
sobre la estructura mental del individuo normal o de las dificultades que
acosan su inconsciente, puesto que ha sido mucho menos objeto de investigación
psicoanalítica que el neurótico. La experiencia analítica con niños sanos de
diversas edades, me ha convencido de que aunque su yo reacciona de manera
normal, tiene también que enfrentar grandes cantidades de ansiedad, graves
culpas inconscientes y profunda depresión, y de que, en algunos casos, lo único
que distingue sus dificultades de las de los niños neuróticos es la elaboración
activa y optimista de sus dificultades. El resultado obtenido por el
tratamiento analítico de estos casos, ha probado su valor aun para los niños
que tienen neurosis muy leves[123].
No puede haber duda alguna de que, disminuyendo su ansiedad y sentimiento de
culpa y efectuando cambios fundamentales en su vida sexual, el análisis puede
ejercer una gran influencia sobre el futuro, no sólo de los niños neuróticos,
sino también de los normales[124]. La siguiente cuestión a considerar es hasta qué
punto el análisis de un niño puede considerarse terminado. En los adultos
podemos llegar a esta conclusión por varios signos, tales como la capacidad del
paciente para trabajar, amar, cuidar de si mismo en las circunstancias en las
que se halla colocado y realizar las decisiones necesarias en el curso de su
vida. Si nosotros conocemos qué factores son los que conducen al fracaso en el
adulto y si estamos alertas a la presencia de factores similares en los niños,
poseemos una guía segura para decidir si un análisis ha alcanzado su término o
no.
En la vida adulta el individuo puede
sucumbir a una neurosis, a defectos caracterológicos, perturbaciones de su
capacidad de sublimación, o a perturbaciones de su vida sexual. En cuanto a su
neurosis, su presencia puede descubrirse a una edad muy temprana, como he
tratado de demostrar, por diversos signos, leves pero característicos; y su
cura, a esa edad, es la mejor profilaxis contra su aparición en los años
posteriores. En cuanto a los defectos y dificultades caracterológicos, también
se previenen mejor eliminándolos en la infancia. En cuanto al tercer punto, el
juego de los niños, que nos permite penetrar tan profundamente en sus mentes,
nos da una idea de cuándo su análisis ha terminado con respecto a su futura
capacidad de sublimación. Antes de que podamos considerar que el análisis de un
niño pequeño ha sido completado, sus inhibiciones en el juego deben haber
disminuido ampliamente[125].
Cuando esto sucede, su interés en el juego adecuado a su edad no sólo se hace
más profundo y estable, sino que también se extiende en distintas direcciones.
Si como resultado del análisis, el
interés obsesivo del niño por un solo juego se hace más amplio y cubre muchas
otras formas de juego, este proceso es equivalente a la expansión de intereses
y al aumento de capacidad de sublimar que se logra en el análisis de un adulto.
De este modo, comprendiendo el juego de los niños, podemos calcular su
capacidad de sublimación en los años venideros y podemos también decir cuándo
un análisis lo ha resguardado suficientemente contra futuras inhibiciones en su
capacidad para aprender y trabajar.
Finalmente, el desarrollo de los
intereses del niño en los juegos y las variaciones en calidad y cantidad que
presentan, nos permite medir si su vida sexual en la fase adulta estará
construida sobre buenos cimientos. Esto puede ilustrarse con el análisis de dos
niños pequeños, un varón y una niña. Kurt, de 5 años, se ocupaba al principio,
como la mayoría de los niños, con motores y trenes de mi mesa de juegos. Los
elegía entre otros juguetes y jugaba con ellos, comparaba su tamaño y poder y
los hacía viajar hasta un punto dado, expresando de este modo simbólico y,
típicamente de acuerdo con mi experiencia, una comparación de su pene, su
potencia y su personalidad, como un todo, con los de su padre y hermanos. Se
pudo haber supuesto que estas acciones indicaban en él una actitud heterosexual
activa y normal, pero su naturaleza marcadamente aprensiva y poco masculina
daba una impresión opuesta[126], y
a medida que el análisis avanzaba se fue confirmando la verdad de esta
impresión. Sus juegos, que representaban su rivalidad con su padre por la
posesión de su madre, se interrumpieron con la aparición de una grave ansiedad.
Parecía que había desarrollado una actitud predominantemente pasiva homosexual,
pero que debido a la ansiedad no había podido mantener tampoco esta actitud, y
por lo tanto, buscaba refugio en fantasías megalomaníacas. Sobre esta base
irreal pudo poner en primer plano y exagerar, tanto para él como para otros,
una parte de las tendencias activas y masculinas que permanecían todavía
actuantes en él.
A menudo me he referido al hecho de que
el juego de los niños, como los sueños, es una fachada, y que sólo podemos
descubrir su contenido latente por medio del análisis completo, del mismo modo
que descubrimos el contenido latente de los sueños. Pero dado que el juego,
debido a su más íntima relación con la realidad y a su importancia como
vehículo para la expresión de fantasías, sufre una elaboración secundaria
mayor, es sólo muy gradualmente, observando los cambios sucesivos que tienen
lugar en los juegos de los niños, que podemos llegar a conocer las diversas
corrientes de pensamiento y sentimiento que fluyen bajo ellos.
Hemos visto en Kurt que la actitud
masculina activa que exhibía en sus primeras horas de análisis era en su mayor
parte sólo aparente y que pronto fue destruida por la aparición de una grave
ansiedad. Esto marcó el comienzo del análisis de su actitud homosexual pasiva,
pero fue sólo después de un largo período de tratamiento (que ocupó en total
cerca de 450 sesiones) que la ansiedad que se oponía a esta actitud fue
reducida en cierto grado. Cuando se logró, los animales de juguete, que
originariamente representaban aliados imaginarios en su lucha contra su padre,
aparecieron como niños, y su actitud femenina pasiva y el deseo de niños que
derivaba de esta tendencia encontró ahora una expresión más clara[127].
El
análisis del miedo de Kurt a la "madre con pene" y de su terror
excesivo al padre[128]
tuvo el efecto de aumentar y, una vez más, colocar en primer plano su posición
heterosexual activa. Pudo dar una expresión más estable en su juego a sus
sentimientos de rivalidad con su padre. Una vez más retomó los juegos que había
jugado en el comienzo de su análisis, pero esta vez más estable e
imaginativamente. Por ejemplo, tomaba gran cuidado en la construcción de
garajes en los cuales se alojaban motores, y era incansable para agregarles
nuevos elementos y perfeccionarlos; o construía diferentes clases de pueblos o
ciudades para que los autos realizaran expediciones a ellos, expediciones que
simbolizaban su rivalidad con su padre por la posesión de su madre. En el
placer y cuidado que ponía en la construcción de pueblos, ciudades y garajes,
expresaba su deseo de restaurar a su madre, a la que había atacado en su
imaginación. Al mismo tiempo su actitud hacia su madre sufrió un cambio
completo en la vida real. A medida que su ansiedad y sentimiento de culpa
disminuían y él se hacía más capaz de formar tendencias reactivas, comenzó a
adoptar una actitud más afectuosa hacia ella.
El fortalecimiento gradual de sus
impulsos heterosexuales se registró en numerosas modificaciones realizadas en
su juego. Al principio, detalles aislados del mismo demostraron que también
aquí todavía predominaban sus fijaciones pregenitales, o más bien alternaban
continuamente con sus fijaciones genitales. Por ejemplo, la carga que el tren
traía a la ciudad o que el camión entregaba en la casa, a menudo simbolizaban
excrementos. En este caso deberían ser entregados por la puerta de atrás. El
hecho de que estos juegos representaban un violento coito anal con su madre, se
evidenció en el hecho, entre otras cosas, de que al descargar, digamos carbón
de un camión, el jardín o la casa a menudo se estropeaban, la gente de la casa
se enojaba y el juego se detenía debido a su ansiedad.
El acarreo de diferentes clases de
cargas ocupó totalmente, con gran riqueza de detalles, una parte del análisis
de Kurt[129]. A
veces eran camiones yendo a buscar mercaderías al mercado o llevándolas allí, a
veces gente que hacía un largo viaje con todos sus equipajes, en cuyo caso sus
posteriores asociaciones de juego demostraban que lo que estaba representando
era una fuga y que los artículos eran cosas que habían sido tomadas o robadas
del cuerpo de su madre. Las variaciones en puntos menos importantes fueron muy
instructivas. Por ejemplo, Kurt expresaba la supremacía de sus fantasías
anal-sádicas entregando las mercaderías por la puerta de atrás[130].
Un poco más tarde hizo lo mismo, pero esta vez con el pretexto de que tenía que
evitar la entrada principal. Sus asociaciones con respecto al jardín del frente
(los genitales femeninos) evidenciaron que su fijación al ano fue reforzada por
su rechazo de los genitales femeninos, rechazo que estaba basado en su miedo a
los mismos, que tenía muchos determinantes, siendo uno de ellos una fantasía de
encontrar el pene de su padre mientras copulaba con su madre.
Este miedo, que tiene a menudo un
efecto inhibidor, puede también actuar como estímulo para el desarrollo de
ciertas fantasías sexuales. Las tentativas del niño de mantener sus impulsos
heterosexuales a pesar de su miedo al pene del padre y de su fuga del mismo,
pueden también conducir a peculiaridades en su vida sexual en los años adultos.
Una fantasía típica de los muchachos de esa edad, y también de Kurt, es la de
copular con su madre conjuntamente con su padre o turnándose con él. En ella
están implicadas fantasías genitales y pregenitales o predominantemente
genitales. En los juegos de Kurt, por ejemplo, dos hombres de juguete o dos
carros se introducían por la puerta de un edificio que representaba el cuerpo
de su madre, siendo la otra entrada el ano. Estos dos muñecos a menudo estaban
de acuerdo para entrar juntos por la puerta principal o por turno, o si no uno
de ellos vencía al otro. En esta lucha, el más pequeño -Kurt mismo- ganaba
sobre el mayor -su padre- transformándose en un gigante. Pero poco después se
veía una reacción de ansiedad y él huía de distintos modos, siendo uno de ellos
tomar la otra entrada, dejando la del frente a la figura paterna. Este ejemplo
demuestra cómo el miedo del niño a la castración obstaculiza el establecimiento
de su estadío genital y refuerza su fijación, o más bien su regresión, a sus
estadíos pregenitales. Pero el resultado inmediato no es siempre una regresión
al estadío pregenital. Si la ansiedad del niño no es demasiado fuerte, puede
recurrir a muchas clases de fantasías que pertenecen al nivel genital además de
las ya mencionadas aquí.
Lo que como niño el individuo nos
presenta en estas fantasías de juego, aparecerán en él en su adultez como una
condición para su vida amorosa. Las fantasías de Kurt de los dos muñecos
entrando en un edificio por diferentes partes o usando el mismo lado, ya sea
juntos o alternativamente, ya sea después de una lucha o de común acuerdo,
manifiestan los diferentes modos en que un individuo se comportará en una
situación "triangular" en la que él será el tercero. En tal situación
puede tomar la posición del "tercero injuriado" o del amigo de la
familia que vence al marido o lucha con él. Otro efecto de la ansiedad puede
ser disminuir la frecuencia de estos juegos, que representan coito, y este
defecto aparecerá en la vida futura como potencia disminuida o perturbada del
individuo en cuestión. Hasta qué punto podrá liberar las fantasías sexuales de
su infancia en la vida futura también dependerá de otros factores de su
desarrollo, en especial de sus experiencias en la realidad, pero,
fundamentalmente, las condiciones bajo las cuales podrá amar están delineadas
en todos sus detalles en las fantasías de juego de los primeros años.
Estas fantasías, por el modo como se
desarrollan, muestran que a medida que los impulsos sexuales avanzan al nivel
genital, también se desarrolla su capacidad para la sublimación, y que la
sublimación y la sexualidad están interrelacionadas. Kurt, por ejemplo, hizo
una casa que sería sólo para él. La casa era su madre, de quien quería ser el
único poseedor. Al mismo tiempo no podía nunca hacer lo bastante en el sentido
de planear bien la casa y embellecerla.
Las fantasías de juego de esta
naturaleza nos dan ya la línea de alejamiento de sus objetos de amor que el
niño efectuará más tarde. Un paciente pequeño solía representar el cuerpo de su
madre por medio de mapas; al principio quería tener hojas de papel cada vez más
grandes para hacer mapas lo más grandes posible. Luego, después que este juego
había sido interrumpido por una reacción de ansiedad, comenzó a hacer lo
opuesto, mapas muy pequeños. Su tentativa de representar por la pequeñez de las
cosas que diseñaba, la disimilitud y alejamiento de su gran objeto originario
-su madre- fracasó, y sus mapas se hicieron de nuevo más y más grandes, hasta
que por último alcanzaron su tamaño originario y una vez más interrumpió su
dibujo por la ansiedad. La misma idea la expuso en las muñecas de papel que
cortaba. La muñequita que siempre terminaba por dejar de lado por una grande,
se vio que era una amiga pequeña que él trataba de cambiar por su madre como
objeto de amor. Así vemos que aun la capacidad del individuo para alejarse
libidinalmente de sus objetos en la pubertad, tiene sus raíces en los primeros
años, y que el análisis del niño pequeño es de gran ayuda para facilitar este
proceso.
A medida que su análisis continuaba, el
niño se hizo más capaz de efectuar en juegos y sublimaciones estas fantasías
heterosexuales, en las que se atrevía a luchar con su padre por la posesión de
la madre. Sus fijaciones pregenitales disminuían, y la lucha misma cambió mucho
en carácter. Su sadismo disminuyó, de modo que su parte en la lucha fue menos
ardua desde que despertó menos ansiedad y culpa. Su mayor habilidad para
realizar o llevar a cabo sus fantasías en el juego, serena e
ininterrumpidamente, e introducir elementos de realidad más satisfactoriamente,
son un indicio de que posee los cimientos de su potencial sexual en su vida
futura. Estos cambios en el carácter de las fantasías y juegos están siempre
acompañados por otros cambios importantes en la personalidad total y hacen al
niño más libre y activo en su comportamiento, como se ve por la desaparición de
numerosas inhibiciones y por su cambiada actitud frente a su medio ambiente
mediato e inmediato.
Volvamos ahora a nuestro segundo
ejemplo sobre el modo en que las fantasías de juego arrojan luz sobre la vida
sexual posterior de una niña. Rita, de 2 años y 9 meses, estaba gravemente
inhibida en el juego. Lo único que podía hacer -con evidentes inhibiciones y de
muy mala gana- era jugar con sus muñecas y animalitos de juguete. Aun esta
ocupación tenía más bien el carácter de un síntoma obsesivo, porque consistía
casi enteramente en lavarlos y cambiarles continuamente la ropa de un modo
compulsivo. Tan pronto como introducía un elemento imaginativo en estas
actividades, es decir, tan pronto como comenzaba a jugar en el verdadero
sentido de la palabra, tenía una crisis de ansiedad inmediata y detenía el
juego[131].
El análisis demostró que su actitud maternal y femenina estaba pobremente
desarrollada y que en sus juegos con la muñeca apenas jugaba la parte de la
madre. Su relación con ésta era principalmente de identificación. En esta
identificación su intenso miedo de estar sucia o destruida en su interior o de
ser mala, la impulsaba a continuar limpiando su muñeca y cambiar sus ropas.
Sólo después que su complejo de castración fue analizado en parte, se vio que
el juego obsesivo con su muñeca en el comienzo mismo del análisis, había
expresado ya su más profunda ansiedad, es decir, el miedo de que su madre le
robara los niños de su interior.
En la época en que su complejo de
castración estuvo en el primer plano, Rita hizo que su osito de juguete
representara el pene que había robado a su padre[132], con la
ayuda del cual quería suplantarlo en la posesión del amor de la madre. En esta
parte de su análisis tenía ansiedad de conexión con fantasías masculinas de
esta naturaleza. Sólo cuando se analizó su ansiedad más profunda, perteneciente
a la actitud maternal y femenina, fue que su actitud cambió realmente y que
ella demostró una genuina actitud maternal hacia su oso y muñeca. Mientras
besaba y abrazaba a su oso y lo llamaba con nombres cariñosos dijo una vez:
"Ahora no soy desgraciada. Ya no soy más desgraciada porque tengo, después
de todo, un niñito tan querido"[133]. Se hizo
evidente que ahora había logrado el estadío en el que las tendencias genitales,
los impulsos heterosexuales y la actitud maternal son prominentes, por muchos
indicios, entre otros, por su cambiada actitud hacia sus objetos. Su aversión a
su padre, que anteriormente había sido tan acentuada, dio lugar a una actitud
afectuosa[134].
La
razón por la cual podemos predecir a través del carácter y desarrollo de las
fantasías de juego en los niños lo que será su vida sexual en los años
posteriores, es que todos sus juegos y sublimaciones están basados en fantasías
de masturbación. Si, como creo, sus juegos son un medio de expresar sus
fantasías de masturbación y encontrar una salida para las mismas, se comprende
que el carácter de sus fantasías de juego indique el carácter de su vida sexual
adulta[135] y
también que el análisis del niño pueda no sólo traer mayor estabilidad y
capacidad para la sublimación en la niñez, sino también asegurar un bienestar
mental y perspectivas de felicidad en la madurez.
7. LA
VIDA SEXUAL INFANTIL
Una de las conquistas importantes del
psicoanálisis es el descubrimiento de que los niños poseen una vida sexual que
encuentra expresión tanto en las actividades sexuales directas corno en las
fantasías sexuales.
Sabemos que generalmente la
masturbación tiene lugar en el período de lactancia y que se prolonga
comúnmente en mayor o menor medida hasta el período de latencia (No necesito
decir que no esperamos encontrar niños, incluso los más pequeños, masturbándose
abiertamente.) En el período anterior a la pubertad y particularmente durante
la pubertad misma, la masturbación vuelve a ser muy frecuente. El período en el
cual las actividades sexuales del niño son menos pronunciadas es en el período
de latencia. Esto es debido a que la declinación del complejo de Edipo va
acompañada por una disminución en la fuerza de las tendencias instintivas. Por
otra parte, existe todavía el inexplicable hecho de que es en este mismo
período que la lucha del niño contra la masturbación está en su apogeo. En su
libro Inhibición, síntoma y angustia,
1926, Freud dice que durante el período de latencia las energías del niño
parecen estar ocupadas principalmente en la tarea de resistir a la tentación de
masturbarse. Su afirmación parece apoyar la idea de que incluso durante el
período de latencia la presión del
"ello" no ha disminuido hasta el grado que se supone
comúnmente o bien que la fuerza ejercida por el sentimiento de culpa del niño
contra las tendencias del "ello" ha aumentado.
En mi opinión, el excesivo sentimiento
de culpa que surge en el niño por su actividad masturbatoria está realmente
dirigido hacia las tendencias destructivas que existen en las fantasías que
acompañan a la masturbación[136].
Es este sentimiento de culpa el que incita a los niños a interrumpir la
masturbación totalmente y es el que, si logra su propósito, a menudo conduce a
los niños a una fobia a tocar. Un temor de esta clase es una indicación tan
importante de un trastorno del desarrollo, como la masturbación obsesiva, y se
hace evidente en los análisis de adultos, en los cuales vemos cómo el temor
exagerado del paciente a la masturbación conduce a menudo a serias
perturbaciones de su vida sexual. No se observan trastornos de este tipo en el
niño, pues sólo emergen en la vida posterior como impotencia o frigidez de
acuerdo con el sexo del individuo; pero su existencia puede deducirse de la
presencia de otras dificultades que son concomitantes invariablemente con un
desarrollo sexual deficiente.
Los análisis de las fobias a tocar
muestran que una supresión demasiado completa de la masturbación no sólo
conduce a la aparición de toda clase de síntomas, tales como tics[137],
sino que causando una excesiva represión de las fantasías de masturbación,
coloca un grave obstáculo en el paso por el período de latencia en lo que se
refiere a la capacidad de sublimación, función que es de enorme importancia
desde el punto de vista cultural[138]. Porque
las fantasías de masturbación no son solamente la base de todas las actividades
de juego del niño sino que constituyen también un componente de sus posteriores
sublimaciones. Cuando estas fantasías reprimidas son liberadas por el análisis,
se puede ver a los niños pequeños empezar a jugar y a los mayores a aprender y
a desarrollar sublimaciones e intereses de todas clases. Mientras que al mismo
tiempo, si ha sufrido de una fobia a tocar se empezará a masturbar nuevamente.
Recíprocamente, en casos de masturbación obsesiva la cura de esta compulsión[139]
irá acompañada, entre otras cosas, de una mayor capacidad de sublimación. En
este caso, sin embargo, como ha sido demostrado en detalle en otra parte[140],
el niño continuará masturbándose, aunque en un grado más moderado y no
obsesivamente. Así, en lo que se refiere a la capacidad de sublimación y la
actividad masturbatoria, el análisis de la masturbación compulsiva y el de las
fobias a tocar conducen al mismo resultado. Parece ser, pues, que la
declinación del complejo de Edipo se produce normalmente en un período en el
cual los deseos sexuales del niño disminuyen, aunque de ningún modo se pierden
completamente, y que una cantidad moderada de masturbación no obsesiva es un
hecho normal en todas las etapas de la vida.
Los factores subyacentes a la
masturbación compulsiva influyen en otra forma de actividad sexual infantil.
Como he dicho varias veces, según mi experiencia es común que los niños
pequeños tengan relaciones sexuales con otros. Además, los análisis de niños en
el período de latencia y pubertad han mostrado que actividades mutuas de esta
clase se han prolongado dentro y más allá del período de latencia o han sido
esporádicamente reanudadas durante este tiempo. Se encontró que los mismos
factores operaban básicamente en todos los casos. Los dos ejemplos siguientes
en los que pude analizar a la pareja, ilustrarán una situación de esta clase.
El primer caso se refiere a dos
hermanos, Franz y Gunther, de cinco y seis años respectivamente. Habían sido
educados en circunstancias familiares pobres pero no desfavorables. Sus padres
se llevaban bien; y a pesar de que la madre tenía que hacer ella sola todo el
trabajo de la casa, tomaba un interés activo e inteligente en sus hijos. Envió
a Gunther para que fuera analizado debido a su carácter extraordinariamente
inhibido y tímido y a su carencia evidente de contacto con la realidad. Era un
niño callado y extremadamente receloso, aparentemente privado de verdaderos
sentimientos afectivos. Franz, por otra parte, era agresivo, sobreexcitable y
difícil de manejar. Los hermanos se llevaban muy mal y parecía que Gunther
cedía ante su hermano menor[141].
Mediante el análisis pudimos
remontarnos a sus relaciones sexuales desde las edades de 3 años y medio y 2 y
medio respectivamente[142].
Pero es muy posible que hubieran empezado más temprano. Resultó que mientras
ninguno de ellos tenía un sentimiento de culpa consciente por estos actos
(aunque los escondían cuidadosamente), ambos sufrían de un fuerte sentimiento
de culpa inconsciente. Para el hermano mayor que había seducido al menor y a
veces lo había forzado a realizar actos -que comprendían fellatio, masturbación mutua y tocar el ano con los dedos-, éstos
equivalían a castrar a su hermano. Fellatio
significaba arrancar de un mordisco su pene y destruir completamente su cuerpo
cortándolo y reduciéndolo a pedazos, envenenándolo o quemándolo y así
sucesivamente. El análisis de las fantasías que acompañaban a estos actos
demostró, que no solamente representaban ataques destructivos sobre su hermano,
sino que representaban al padre y a la madre de Gunther juntos en la relación
sexual. Así, pues, su modo de comportarse era en cierto sentido la realización,
aunque de un modo mitigado, de sus fantasías sádicas de masturbación contra sus
padres[143].
Además, haciendo estas cosas a veces por la fuerza, a su hermano menor, trató
de asegurarse él mismo de que saldría vencedor en su peligrosa lucha con el
padre y también con su madre. El miedo abrumador a sus padres incrementaba sus
impulsos a destruirlos; y en consecuencia, se agregaban a este miedo los
ataques imaginarios a sus padres[144]. Además,
su miedo a que el hermano pudiera traicionarlo, intensificaba su odio a él y su
deseo de matarlo por medio de sus prácticas con él. De acuerdo con esto, la vida sexual del niño, en la que se
evidenciaba un enorme sadismo, carecía casi por completo de elementos
positivos.
En su
mente, los varios procedimientos sexuales que emprendía, no eran sino una serie
de torturas crueles y sutiles con la finalidad de llevar a su objeto a la
muerte. Sus relaciones con su hermano hicieron surgir continuamente ansiedad en
este sentido y fueron acrecentando dificultades que lo condujeron a un
desarrollo psicosexual completamente anormal.
En cuanto al hermano menor, Franz, su
inconsciente había sondeado el significado inconsciente de estas prácticas, y
por esto, su terror a ser castrado y matado por su hermano mayor se había
exaltado exageradamente. Sin embargo, nunca se había quejado a nadie ni había
dejado traslucir sus relaciones. Reaccionaba a estas actividades que lo
aterraban, con una grave fijación masoquista y con sentimientos de culpa,
aunque era él quien había sido seducido. Las siguientes son algunas de las
razones de esta actitud:
En sus
fantasías sádicas Franz se identificaba él mismo con su hermano que lo había
forzado y obtenía así gratificación a sus tendencias sádicas, siendo estas
tendencias, como sabemos, una de las fuentes del masoquismo. Pero en esta
identificación con el objeto de su miedo, trataba también de dominar su
ansiedad. En su imaginación él era entonces el asaltante, y el enemigo al que
sojuzgaba era su "ello"[145] y
también el pene de su hermano, internalizado dentro de si, y que representaba
el pene de su padre -su peligroso superyó- y que veía como un perseguidor. Este
perseguidor interno sería destruido por los ataques que fueron hechos en su
propio cuerpo[146].
Pero
dado que el niño no podía mantener esta alianza con un cruel superyó contra su
"ello" y sus objetos internalizados, porque constituían una amenaza
demasiado grande para su yo, su odio era continuamente desviado hacia los
objetos externos -que representaban su yo débil y odiado. Así, por ejemplo, era
brutal a veces con niños más pequeños o más débiles que él. Estos
desplazamientos también se veían en el odio y rabia que me mostraba a veces
durante su hora analítica. Acostumbraba, por ejemplo, amenazarme con una
cuchara de madera tratando de ponerla dentro de mi boca y llamándome pequeña,
estúpida y débil. La cuchara simbolizaba el pene de su hermano metido por la
fuerza dentro de su propia boca. Se había identificado con su hermano y de este
modo el odio a su hermano se volvía contra sí mismo. Y había pasado su rabia a
sí mismo por ser débil y pequeño, a otros chicos menos fuertes que él e
incidentalmente a mí en la situación de transferencia. Alternativamente, con el
empleo de este mecanismo, acostumbraba en su imaginación a invertir sus
relaciones con su hermano mayor, de modo que consideraba los ataques de Gunther
contra él como algo que él, Franz, hacía a Gunther. Pero desde que para él su
hermano también tenía el significado de sus padres en sus fantasías sádicas, se
había puesto en la situación de cómplice de su hermano en un ataque conjunto
contra los mismos, y en consecuencia compartía el sentimiento de culpa
inconsciente de Gunther y el temor a ser descubierto por ellos. Así, pues,
tenía como su hermano, un fuerte motivo inconsciente para mantener secreta toda
la relación.
Un número de observaciones de esta
clase me han conducido a la conclusión de que es la presión excesiva ejercida
por el superyó la que, no sólo causa una supresión completa de las actividades
sexuales, como hemos visto, sino la que hace surgir realmente la compulsión a
permitirse dichas actividades -es decir, que la ansiedad y sentimiento de culpa
refuerzan las fijaciones libidinales y exaltan los deseos libidinales-[147].
Hasta
donde he podido ver, un sentimiento de culpa excesivo y también una gran
ansiedad actúan en el sentido de impedir que las necesidades instintivas del
niño disminuyan cuando comienza el período de latencia.
No debemos olvidar que en ese período
aun una actividad sexual muy disminuida trae reacciones de culpa excesivas. La
estructura y magnitud de la neurosis del niño determinarán cuál será el
resultado de la lucha en el período de latencia. La fobia a tocar por una parte
y la masturbación compulsiva por otra son los dos extremos de una serie
complementaria que presenta un número casi infinito de gradaciones y
variaciones posibles.
En el caso de Gunther y Franz se hizo
claro que la compulsión a tener relaciones sexuales entre ellos estaba
determinada por un factor que parecería tener un significado general en la
compulsión de repetición. Cuando la ansiedad se refiere a un objeto irreal
dirigido contra el interior de su cuerpo, el individuo está impelido a
transformar este peligro en uno real y externo. (En este ejemplo, el miedo de
Franz al pene internalizado de su hermano como un perseguidor y su temor a sus
padres "malos" internalizados lo impulsaba a dejar que su hermano lo
asaltara.) Franz producía continuamente situaciones de peligro externo de un
modo compulsivo, desde que la ansiedad surgida, por grande que fuera, no lo era
tanto como la ansiedad que sentía por el interior de su cuerpo, y podía así, en
cierto modo, tolerarla mejor[148].
Finalmente,
hubiera sido imposible impedir las relaciones sexuales de los hermanos
utilizando medidas externas, puesto que su casa no era lo suficientemente
grande como para que cada uno de ellos tuviera un dormitorio, y aunque esta
medida hubiera sido practicable, habría fracasado, pienso, especialmente en un
caso como éste en que por ambas partes la compulsión era tan fuerte. Dejados
solos, aunque fuera por unos pocos minutos en el día, a menudo encontraban
tiempo para comenzar toqueteos sexuales que tenían para su inconsciente el
mismo significado que una realización completa de sus varios actos imaginados
sádicamente. Fue sólo después de un largo análisis de ambos niños, durante el
cual no traté nunca de influirlos para que abandonaran sus prácticas[149],
sino que me limité a esclarecer la causa determinante de las relaciones
sexuales entre ellos de un modo puramente analítico, que sus actividades
sexuales comenzaron a cambiar gradualmente. Al principio se hicieron de un
carácter menos compulsivo y finalmente cesaron del todo -no porque los dos se
hubieran vuelto indiferentes a ellas, sino porque cuando su sentimiento de
culpa fue menos agudo y más susceptible de modificación se transformó en el
mismo factor que los impulsó a abandonar sus prácticas. Es decir que, mientras
que una ansiedad exagerada y sentimiento de culpa originados en estadíos
tempranos de desarrollo fueron los responsables de su compulsión, reforzando
sus fijaciones, la disminución del sentimiento de culpa, operando en otro
sentido, los capacitó para abandonar estas relaciones. Junto con la alteración
gradual y cesación de sus prácticas sexuales, su actitud personal entre ellos
sufrió un cambio considerable. Habiendo sido visiblemente anormal y hostil,
comenzó a ser bastante normal, amistosa y benevolente.
Pasando al segundo caso, encontramos
que actuaban causas muy arraigadas, similares a las que acabo de describir,
aunque, es claro, diferentes en ciertos detalles. Un breve relato será
suficiente. Ilse, de 12 años, y Gert, de 13 y medio, acostumbraban a permitirse,
de tiempo en tiempo, actos similares al coito, actos que acontecían de repente,
y a menudo después de largos intervalos. La niña no mostraba sentimientos de
culpa consciente por ello, pero el varón, que era bastante más normal, sí. Su
análisis mostró que ambos habían tenido relaciones sexuales entre sí desde la
temprana infancia y las habían interrumpido sólo temporariamente al comienzo
del período de latencia. Ambos sufrían de un abrumador sentimiento de culpa que
les obligaba a repetir estos actos de tiempo en tiempo de un modo compulsivo.
Estos actos se habían hecho sin embargo no sólo más raros en cuanto a su
incidencia, sino más limitados en cuanto a su alcance, durante ese período[150],
Los niños abandonaron la fellatio y
el cunnilingus y por algún tiempo no
fueron más allá de tocarse y hacer una inspección mutua de sus genitales.
Durante la prepubertad, sin embargo, comenzaron a tener otra vez contactos
similares al coito. Fue el hermano quien inició esos actos, y tenían carácter
compulsivo. Acostumbraban a realizarlos por un impulso súbito y nunca pensaban
en ello antes o después. El acostumbraba a "olvidar" completamente el
hecho durante los intervalos. Tenía una amnesia parcial similar para un número
de situaciones conectadas con estas relaciones sexuales, especialmente en lo
que se refería a su temprana infancia. En cuanto a su hermana, si bien fue a
menudo la parte activa en la primera infancia, más tarde sólo jugaba un papel
pasivo.
A medida que las causas más profundas
comenzaron a surgir durante el análisis, la conducta compulsiva del hermano y
la hermana se disipó gradualmente, hasta que al final las relaciones sexuales
cesaron completamente, como en el caso de Franz y Gunther. Y, del mismo modo,
sus relaciones personales que antes habían sido muy malas, mejoraron
considerablemente.
En el análisis de estos dos casos y de
otros similares he encontrado que, paso a paso con el alejamiento del carácter
compulsivo de lo actos, se va produciendo un número de cambios importantes e
interconectados. La disminución del sentimiento de culpa del niño se acompaña
de una disminución de su sadismo y de una emergencia más fuerte de su fase
genital; y estos cambios se evidencian en cambios correspondientes en sus
fantasías de masturbación y si es todavía muy pequeño, en las fantasías que
introduce en su juego.
En análisis de púberes, encontramos una
nueva y especial alteración en sus fantasías de masturbación. Gert por ejemplo
no tenía al principio fantasías conscientes de masturbación pero en el curso de
su tratamiento comenzó a tener una sobre una niña desnuda de la que sólo se
veía el cuerpo sin cabeza. Más adelante la cabeza comenzó a aparecer más y más
clara, hasta que pudo reconocer a su hermana. Cuando sucedió esto, sin embargo
su compulsión ya había desaparecido y sus relaciones sexuales con la hermana habían
cesado Esto muestra la conexión entre la represión excesiva de sus deseos y
fantasías frente a su hermana y su impulso obsesivo a tener relaciones sexuales
con ella. Más tarde sus fantasías sufrieron un nuevo cambio y relató otras en
las que imaginaba niñas desconocidas. Finalmente tuvo fantasías sobre una amiga
de su hermana. Esta alteración gradual iba registrando el proceso de cómo se
desligaba libidinalmente de su hermana, proceso que no hubiera podido
realizarse hasta que su fijación compulsiva en la hermana, mantenida por el
excesivo sentimiento de culpa, hubiera desaparecido en el curso del análisis[151].
En
general, en cuanto a la existencia de relaciones sexuales entre niños,
especialmente entre hermanos y hermanas puedo decir sobre la base de mis
observaciones, que son la regla en la temprana infancia, pero que se prolongan
en el período de latencia y pubertad sólo en los casos en que el sentimiento de
culpa del niño es excesivo y no ha sido modificado con éxito[152].
Hasta donde he podido juzgar el efecto del sentimiento de culpa durante el
período de latencia es permitir que el niño continúe masturbándose aunque en
menor grado que antes, pero al mismo tiempo lo hace abandonar sus actividades
sexuales con otros niños, sean o no sus propios hermanos y hermanas, siendo
como es una realización demasiado real de sus deseos incestuosos y sádicos.
Durante la pubertad, el alejamiento de estas relaciones continúa en
concordancia con los fines de este período que involucran el retiro de la
libido de los objetos incestuosos. Pero en un estadío posterior de la pubertad
el individuo entrará, bajo circunstancias normales, en relaciones sexuales con
nuevos objetos, relaciones basadas en el alejamiento progresivo de la libido de
los antiguos objetos y mantenidas por diferentes corrientes de afectos
contraincestuosos.
Podemos ahora considerar hasta dónde
relaciones de esta clase pueden evitarse. Parece muy dudoso que fuera posible
hacerlo sin dañar en otro sentido, desde que, por ejemplo, los niños deberían
estar mantenidos bajo una vigilancia muy regular y seriamente coartados en su
libertad. En todo caso, aunque fueran estrictamente vigilados, también dudo de
que pudieran evitarse del todo. Además, aunque tempranas experiencias de esta
clase pueden en algunos casos hacer daño, en otros su efecto sobre el
desarrollo general del niño puede ser favorable. Porque además de gratificar la
libido del niño y su deseo de conocimiento sexual, relaciones de esta clase
sirven de importante función para disminuir un sentimiento de culpa excesivo,
por esta razón: las fantasías que el niño introduce en estas relaciones se
basan, como sabemos, sobre fantasías sádicas de masturbación, alrededor de las
cuales están centrados sus más intensos sentimientos de culpa; por lo tanto, el
conocimiento de que las fantasías prohibidas contra los padres son compartidas
con otra persona, le dan el sentimiento de tener un cómplice y disminuyen así
grandemente el peso de su ansiedad[153] Por otra
parte, una relación de esta clase provoca la ansiedad y sentimiento de culpa
por si misma. Si este efecto será últimamente bueno o malo -si protegerá al
niño de su ansiedad o la aumentará-, parece depender de la cantidad de sadismo
presente en él y más especialmente de la actitud de su pareja. Por mi
conocimiento de numerosos casos diría que donde predominan los factores
positivos y libidinales, tal relación tiene una influencia favorable sobre la
relación de objeto del niño y su capacidad de amor[154]; pero
cuando, como en el caso de Gunther y Franz, dominan impulsos destructivos y
actos de coerción, pueden dañar gravemente el desarrollo total del niño.
Tratándose
de las actividades sexuales del niño, el conocimiento psicoanalítico, aunque
nos muestra el significado total de ciertos factores de desarrollo, no nos
capacita para sugerir ninguna medida realmente profiláctica. Citaré un pasaje
de Freud[155]:
"Este estado de cosas tiene un
cierto interés para los que recurren a la pedagogía para prevenir las neurosis
mediante una temprana intervención en el desarrollo sexual del niño. Siempre
que la atención se dirige especialmente a las experiencias sexuales infantiles,
uno creería que, en el sentido de la profilaxis de futuras neurosis, todo
estaría hecho si nos aseguráramos que su desarrollo sea retardado y que el niño
esté a salvo de esta clase de experiencia. Pero sabemos que las condiciones
causantes de una neurosis son más complicadas y que no pueden ser influidas de
un modo general atendiendo a un solo factor. Una rigurosa vigilancia ejercida
sobre el niño pierde valor, porque no puede influir frente al factor
constitucional; más aun, es más difícil de realizar que lo que imaginan los
especialistas en educación, e involucra dos nuevos riesgos que no deben ser
descuidados. Puede realizar demasiado y favorecer un grado exagerado de
represión sexual, perjudicial en sus efectos y que introduce al niño en la vida
sin el poder suficiente para resistir las urgentes demandas de la sexualidad
que deben esperarse en la pubertad. Por lo tanto se hace muy dudoso el hecho de
si puede traer ventajas como profilaxis en la infancia y si más bien un cambio
de actitud frente a la vida no constituiría un mejor punto de partida para
lograr prevenir la neurosis".
Parte II
SITUACIONES TEMPRANAS DE
ANSIEDAD Y SU EFECTO SOBRE EL DESARROLLO DEL NIÑO
8.
PRIMEROS ESTADÍOS DEL CONFLICTO DE EDIPO Y DE LA FORMACION DEL SUPERYÓ
En los capítulos siguientes intentaré
agregar algo a nuestro conocimiento del origen y estructura del superyó. Las
conclusiones teóricas que voy a exponer han sido obtenidas mediante un
conocimiento directo de los primeros procesos del desarrollo mental, puesto que
están basadas en análisis reales de niños de corta edad. Estos análisis han
demostrado que las frustraciones orales que los niños padecen liberan sus
impulsos edípicos y que el superyó comienza a formarse simultáneamente. Los
impulsos genitales quedan ocultos al principio, puesto que generalmente no se
afirman contra los impulsos pregenitales hasta el tercer año de vida. En este
período comienzan a emerger claramente y el niño entra en una fase en la cual
su temprana vida sexual alcanza su punto máximo y su conflicto de Edipo logra
un desarrollo completo.
En las páginas siguientes describiré
los procesos de desarrollo que preceden a esta primera expansión de la
sexualidad y trataré de demostrar que los estadíos tempranos del conflicto de
Edipo y de la formación del superyó, se extienden aproximadamente desde la
mitad del primer año hasta el tercero de la vida del niño[156].
Normalmente, el placer del niño de
chupar es seguido por el placer de morder. La falta de gratificación en el
estadío oral de succión aumenta su necesidad de gratificación en el estadío
oral de morder[157] La
opinión de Abraham de que la incapacidad del niño para obtener suficiente
placer en el período de succión depende de las circunstancias en las cuales es
alimentado, ha sido plenamente confirmada por 1a observación analítica general.
También sabemos que las enfermedades y deficiencias del desarrollo en los niños
se deben en parte a la misma causa. Sin embargo, las condiciones desfavorables
de nutrición que podemos considerar como frustraciones externas, no son, según
parece, la única razón por la cual el niño obtiene muy poco placer en el
período de succión. Esto se puede ver porque algunos niños son incapaces de
gozar chupando -son "malos comensales" (bad-feeders)- aunque reciban suficiente alimento. Creo que la
inhabilidad de gozar chupando es la consecuencia de una frustración interna y
se deriva, según mi experiencia, de un incremento anormal del sadismo oral[158].
Parecería que la polaridad entre los instintos de vida y los instintos de
muerte se manifiestan ya en estos fenómenos de la primera infancia, porque
podemos considerar la fuerza de fijación del niño al estadío oral de succión,
como una expresión de la fuerza de su libido, y análogamente, la temprana y
pujante emergencia de su sadismo oral, como una señal de la preponderancia de
sus componentes instintivo-destructivos.
Tal como Abraham[159] y
Ophuijsen han señalado, el fortalecimiento de las fuentes constitucionales de
las zonas que están comprendidas en el morder, tales como los músculos de la
mandíbula, es un factor fundamental en la fijación del niño en un estadío oral
sádico. Las deficiencias más graves de desarrollo y las enfermedades psíquicas
se producen cuando las frustraciones externas -es decir, condiciones
desfavorables de alimentación- coinciden con un sadismo oral
constitucionalmente fortalecido y que le impide gozar durante la succión. Por
otra parte, un sadismo oral que no aparece ni muy temprano ni muy violentamente
(y esto significa que el período de succión ha seguido un curso satisfactorio)
parece ser una condición necesaria para el desarrollo normal del niño[160].
En este
caso los factores temporales asumirán una nueva importancia, juntamente con los
cuantitativos. Si se exaltan las tendencias oral sádicas del niño muy
tempranamente y con violencia, sus relaciones con los objetos y la formación de
su carácter serán demasiado dominadas por el sadismo y la ambivalencia[161], y
el yo se desarrollará adelantándose sobre su libido, siendo esto, como sabemos,
un factor en la producción de las neurosis obsesivas[162], porque
la ansiedad que proviene de un aumento tan brusco de su sadismo oral ejercerá
una gran presión sobre su yo todavía inmaduro.
En lo
que concierne al origen de la ansiedad, Freud ha ampliado su concepción
originaria y ahora sólo da una aplicación muy limitada a la hipótesis de que la
ansiedad proviene de una conversión directa de la libido. Demuestra que cuando
el lactante está hambriento, siente la ansiedad como el resultado de un aumento
de tensión causado por su necesidad, pero esta temprana situación de ansiedad
tiene un prototipo anterior. Dice: "La situación de estar insatisfecho, en
la cual la cantidad de excitación alcanza un grado doloroso..., debe de ser
análoga para el lactante a su experiencia de nacimiento y, por lo tanto, una
repetición de esta situación de peligro. Ambas situaciones tienen de común el
trastorno económico ocasionado por la acumulación de estímulos que requieren
ser descargados. Este factor es, por consiguiente, el verdadero centro del
"peligro" y en ambos casos se origina, como reacción, la
angustia"[163].
Por otra parte, tiene dificultad en conciliar el hecho de que "la angustia
que pertenece a las fobias es una angustia del yo, es decir, proviene del yo y
no emana de la represión, sino que ella misma es causa de la represión"[164],
con su primera hipótesis de que en ciertos casos la ansiedad proviene de una
acumulación de la libido. La suposición de que "en ciertas situaciones,
tales como trastornos durante el coito, excitación interrumpida o abstinencia,
el yo presiente el peligro y reacciona ante ellas con angustia"[165] no
ofrece a su entender una solución satisfactoria del problema; y en otro pasaje,
durante la discusión de otros puntos, vuelve a considerar la emergencia de la
ansiedad, atribuyendo una vez más el problema a una "situación de peligro
en la cual, como en la del nacimiento... el yo se encuentra impotente ante las
demandas instintivas en aumento. Es decir, aquella situación que es la
condición primera y originaria para la aparición de ansiedad"[166].
Define
como núcleo de la situación de peligro "la admisión de nuestra impotencia
contra dicha situación, una impotencia física si el peligro pertenece a la
realidad y una impotencia psíquica si proviene de los instintos''[167].
La
prueba más clara de la conversión de la libido insatisfecha en angustia es,
según pienso, la reacción del lactante a las tensiones causadas por sus
necesidades físicas. Tal reacción, sin embargo, es no sólo de ansiedad, sino
también de rabia[168].
Es difícil decir en qué momento ocurre esta fusión de los instintos
destructivos con los libidinales. Hay suficiente evidencia para creer que ha
existido siempre y que la tensión causada por la necesidad sirve solamente para
reforzar los instintos sádicos del niño. Sabemos, no obstante, que el instinto
destructivo es dirigido contra el propio organismo y por consiguiente debe ser
considerado por el yo como un peligro. En mi opinión, es éste el peligro que el
individuo experimenta como ansiedad[169].
Así, la ansiedad surge de la agresión[170].
Pero desde que sabemos que la frustración libidinal aumenta los instintos
sádicos, la libido insatisfecha indirectamente liberaría o aumentaría la
ansiedad.
Sobre
dicha teoría, la sugestión de Freud, de que el yo advierte un peligro en la
abstinencia, sería después de todo una solución al problema. Mi única objeción
es que son los instintos destructivos los que desencadenan este peligro que él
denomina "impotencia psíquica frente al peligro instintivo".
Freud dice que la libido narcisística
del organismo desvía el instinto de muerte hacía el exterior para impedir que
destruya el organismo, y que este proceso está en lo más profundo de las
relaciones individuales hacia sus objetos y en la base del mecanismo de
proyección. Continúa diciendo: "Otra porción (del instinto de muerte) no
está incluida en este desplazamiento al exterior; permanece dentro del
organismo y queda 'ligada' allí libidinalmente con la ayuda de la excitación
sexual antes mencionada. Esta porción debe ser reconocida como el masoquismo
erógeno originario"[171].
Me parece que el yo tiene aun otro medio de dominar los impulsos destructivos,
todavía adheridos al organismo. Puede movilizar parte de ellos como una defensa
contra la otra parte. De este modo el ello sufrirá una división que, según
creo, es el primer paso para la formación de las inhibiciones instintivas y del
superyó, lo cual puede ser similar a la represión primaria[172]. Podemos
suponer que una división de este tipo se hace posible por el hecho de que tan
pronto como empieza el proceso de incorporación del objeto, el objeto
incorporado se convierte en el arma de defensa contra los impulsos destructivos
que están en el interior del organismo[173].
La
ansiedad provocada en el niño por sus impulsos destructivos opera, según creo,
de dos maneras: 1) en primer lugar lo hace temer ser exterminado por esos
mismos impulsos, es decir, lo relaciona con un peligro instintivo interno[174], y
2) focaliza estos temores sobre su objeto externo, contra el cual se dirigen
sus sentimientos sádicos, como origen del peligro. Este temor de un objeto
parece tener su base más primitiva en la realidad externa, en el conocimiento
progresivo que el niño tiene de la madre como de alguien que o bien da o bien
retiene la gratificación y, del mismo modo, en un conocimiento creciente del
poder de sus objetos en relación con la satisfacción de sus necesidades.
(Conocimiento basado en el desarrollo de su yo y en su concomitante poder de
probar las cosas por la realidad.) En conexión con esto parecería que él
desplaza la carga completa de su inalterable temor de peligros instintivos
sobre su objeto, intercambiando así peligros internos por externos. Su yo inmaduro
busca entonces protegerse de estos peligros externos mediante la destrucción de
su objeto.
Debemos ahora considerar de qué modo
una desviación del instinto de muerte hacia el exterior influye en las
relaciones del niño con sus objetos y conduce a la completa expansión de su
sadismo. Su creciente sadismo oral alcanza su apogeo durante y después del
destete y conduce a la completa activación y desarrollo de las tendencias
sádicas procedentes de todas las fuentes. Tiene ciertas fantasías oral sádicas
de un carácter completamente definido, que parecen formar un eslabón[175]
entre los estadíos orales de succión y de morder, en el cual él se apodera del
contenido del pecho de su madre por el acto de chupar y vaciar. Este deseo de
chupar y vaciar, dirigido primeramente hacia el pecho materno, pronto se
extiende al interior de su cuerpo[176]. En mi
articulo "Estadíos tempranos del complejo edípico", 1928, he
descripto este temprano estadío de desarrollo que es gobernado por las
tendencias agresivas del niño contra el cuerpo de su madre y en el cual el
deseo predominante es robar al cuerpo sus contenidos y destruirlo.
Hasta donde hemos podido investigar, la
tendencia sádica más íntimamente aliada al sadismo oral es el sadismo uretral.
La observación ha demostrado que las fantasías de los niños de destrucción por
inundación, ahogamiento, mojaduras, quemaduras y envenenamiento, mediante
enormes cantidades de orina, son una reacción sádica contra el hecho de haber
sido privados de liquido por su madre y están dirigidos fundamentalmente contra
su pecho. Quisiera en relación con esto hacer notar la gran importancia, hasta
aquí poco reconocida, del sadismo uretral en el desarrollo del niño[177]
Las fantasías, familiares para los analistas, de inundación y destrucción de
cosas mediante grandes cantidades de orina[178], y la
más generalmente conocida relación entre jugar con fuego y mojar la cama[179],
son simplemente los signos más visibles y menos reprimidos de los impulsos que
están ligados a la función de orinar. Al analizar adultos y niños he encontrado
constantemente fantasías en las cuales la orina es imaginada como un liquido
disolvente y corrosivo y como un veneno insidioso y secreto. Estas fantasías
sádicas uretrales tienen no poca parte en el hecho de dar al pene la
significación inconsciente de un instrumento de crueldad y en ocasionar
trastornos de potencia sexual en el hombre. En muchos casos he encontrado que
el hecho de orinarse en la cama era causado por fantasías de este tipo.
Todos los otros vehículos de ataques
sádicos que emplea el niño, tales como el sadismo anal y muscular, son en
primer lugar utilizados contra el pecho frustrador de la madre, pero pronto son
dirigidos hacia el interior de su cuerpo (de la madre), que así se transforma
en el blanco de sus ataques sádicos provenientes de todas las fuentes y
alcanzando su intensidad máxima. En los análisis tempranos estos deseos
destructivos de los niños pequeños alternan constantemente entre deseos sádicos
anales, deseos de devorar el cuerpo de su madre y deseos de mojarlo; pero su
primitivo propósito de comer y destruir su pecho es siempre discernible en
ellos[180].
La faz
de la vida en la cual los ataques sádicos imaginarios del niño contra el
interior del cuerpo de su madre son predominantes y en la cual este sadismo
alcanza una fuerza máxima en cada una de las fuentes de donde surge, comienza
por el período oral sádico de desarrollo y llega a su fin con la declinación
del período anal sádico primario.
Abraham
muestra en su obra que el placer que el niño obtiene mordiendo se debe, no sólo
a la gratificación libidinal de sus zonas erógenas, sino que está en conexión
con acentuados deseos destructivos cuyo propósito es dañarla y aniquilarla. Y
es así, tanto más en la fase de máximo sadismo. La idea de que el niño de 6 a
12 meses trate de destruir a la madre por cada uno de los métodos a disposición
de sus tendencias sádicas -con los dientes, uñas y excrementos, y con el total
de su cuerpo, transformado en su imaginación en toda clase de armas
peligrosas-, presenta a nuestro entendimiento un cuadro horripilante, por no
decir increíble. Y a uno mismo se le hace difícil, según he visto por mi propia
experiencia, llegar a reconocer que una idea tan aborrecible es exacta; pero la
abundancia, fuerza y multiplicidad de las crueldades imaginarias que acompañan
a estos deseos, se hacen tan evidentes durante los análisis tempranos, se ven
con tal claridad y fuerza, que no dejan lugar a dudas.
Nosotros estamos ya familiarizados con
aquellas fantasías sádicas del niño que culminan en el canibalismo y esto nos
hace más fácil aceptar el hecho posterior de que estos métodos de ataques
sádicos aumentan, en la medida en que las fantasías sádicas ganan plenitud y
vigor. Este elemento de intensificación
del impulso me parece ser la llave del asunto.
Si lo que intensifica el sadismo es la
frustración libidinal, podemos entender perfectamente que los deseos de
destrucción, que están ligados con los libidinales y que no pueden ser
gratificados -sobre todo los deseos oral sádicos-, conduzcan a una intensificación
posterior del sadismo y a una activación de todos sus métodos.
En los análisis tempranos he encontrado
además que la frustración oral origina en el niño un conocimiento inconsciente
de que sus padres disfrutan de placeres sexuales mutuos y una creencia, al
principio, de que son de tipo oral. Bajo la presión de su propia frustración
reaccionan a esta fantasía con envidia hacia sus padres y eso a su vez da lugar
a odio hacia ellos. Sus deseos de vaciar y chupar, los conducen ahora a querer
chupar y devorar todos los líquidos y otras sustancias que contienen sus padres
(o mejor dicho, los órganos de éstos), incluyendo lo que han recibido el uno
del otro durante la copulación[181].
Freud
mostró que las teorías sexuales de los niños son una herencia filogenética, y
de lo que ha sido dicho anteriormente resulta que ya en el primer período de
desarrollo emerge un conocimiento inconsciente de este tipo sobre intercambio
sexual entre los padres, conjuntamente con fantasías concernientes al mismo. La
envidia oral es una de las fuerzas impulsoras que hace que los niños de ambos
sexos deseen abrirse paso hacia el cuerpo de su madre, dando así origen al
instinto epistemofílico aliado a este deseo[182]. Los
impulsos destructivos pronto dejan de estar dirigidos sólo contra la madre y
comienzan a extenderse al padre. Porque ellos piensan que la madre incorpora el
pene del padre durante la copulación oral, guardándolo dentro de si (imaginan
así al padre provisto de gran cantidad de penes), de modo que los ataques a su
cuerpo se dirigen también al pene dentro de ella.
Pienso
que la razón por la cual en las capas más profundas de su mente el varón teme
tanto a su madre como castradora y abriga la idea, íntimamente asociada con
este temor, de la "mujer con pene", es que la teme como persona cuyo
cuerpo contiene el pene del padre; así, finalmente, lo que teme es el pene de
su padre incorporado a la madre[183].
El
desplazamiento de los sentimientos de odio y ansiedad desde el pene del padre
al cuerpo de la madre que lo alberga, me parece muy importante en la etiología
de los trastornos mentales y es un factor subyacente en las perturbaciones del
desarrollo sexual masculino y en la adopción de una actitud homosexual en el
hombre, y pienso que el temor al imaginario pene de la madre es una etapa
intermedia en este proceso de desplazamiento. Porque de este modo modifica el
mayor temor del pene de su padre en el interior de la madre, temor que es
completamente abrumador, porque en este primer estadío de desarrollo el
principio de "pars pro toto"
subsiste y el pene representa para él el padre en persona.
Así, el
pene en el interior de la madre representa una combinación de padre y madre en
una sola persona[184], y
esta combinación es considerada particularmente amenazadora y terrorífica. Tal
como ha sido señalado anteriormente, en este período de fuerza máxima, el
sadismo del niño está centrado alrededor del coito de sus padres. Los deseos de
muerte que siente contra ellos durante la escena primaria, o durante sus
fantasías primarias, están asociados a fantasías sádicas, que son
extraordinariamente ricas en contenido y que llevan implícita la destrucción
sadística de sus padres, tanto por separado como en conjunto.
El niño tiene también fantasías en las
cuales sus padres se destruyen mutuamente mediante sus genitales y excrementos,
imaginados por él como armas peligrosas. Estas fantasías tienen efectos
importantes y son muy numerosas, conteniendo ideas como aquella del pene
incorporado a la madre, que se convierte en animal peligroso o en armas con
sustancias explosivas, o la de que su vagina se transforma también en un animal
peligroso o algún instrumento de muerte, por ejemplo, una ratonera envenenada.
Puesto que estas fantasías son deseadas, y sus teorías sexuales se alimentan
principalmente de deseos sádicos, el niño tiene un sentimiento de culpa por los
daños que en su imaginación los padres se causan uno al otro.
Además del aumento cuantitativo que
experimenta el sadismo del niño en cada punto de origen, se producen cambios
cualitativos que lo aumentan todavía más. Al finalizar la fase sádica, los
ataques imaginarios del niño sobre sus objetos, que son de naturaleza violenta
y realizados por todos los medios a disposición de su sadismo, se extienden,
incluyendo métodos más secretos y sutiles que los hacen aun más peligrosos. En
la primera parte de esta fase, donde reina una franca violencia, los
excrementos son considerados como instrumentos de ataque directo, pero más
tarde adquieren un significado de sustancias explosivas o venenosas. Todos
estos elementos juntos originan fantasías sádicas en cantidad, variedad y
riqueza casi ilimitadas. Además, estos impulsos sádicos contra el padre y la
madre en copulación, hacen que el niño espere castigo de ambos padres. En este
estadío, no obstante, su ansiedad sirve para intensificar su sadismo y para
aumentar su impulso a destruir los objetos peligrosos, así que se vale de una
cantidad mayor de deseos sádicos y destructivos para atacar a sus padres
conjugados y correspondientemente se asusta más de ellos como entidad hostil.
Según mis puntos de vista, el conflicto
de Edipo aparece en el niño tan pronto como empieza a tener sentimientos de
odio contra el pene del padre y al querer cumplir una unión genital con su
madre y destruir el pene del padre que él imagina se encuentra en el interior
de ella. Considero que estos primeros impulsos genitales y fantasías, a pesar
de que aparecen durante la fase dominada por el sadismo, constituyen, en los
niños de ambos sexos, los períodos más tempranos del conflicto de Edipo, porque
satisfacen el criterio aceptado para el mismo.
Aunque los impulsos pregenitales del
niño son todavía predominantes, ya ha comenzado a sentir, junto con los deseos
orales, uretrales y anales, deseos genitales hacía el progenitor del sexo
opuesto, y celos y odio por el progenitor del mismo sexo, y siente un conflicto
entre su amor y su odio hacía este último. Podemos llegar a decir que el
conflicto de Edipo debe su agudeza típica a esta temprana situación.
La niña pequeña, por ejemplo, mientras
se aleja de la madre con sentimientos de odio y desengaño y dirige sus deseos
orales y genitales hacía el padre, aún está ligada a la primera por el poderoso
vinculo de sus fijaciones orales y por su desamparo en general; y el niño
pequeño es atraído hacia su padre por un efecto oral positivo y desligado de él
por los sentimientos de odio que nacieron en la primera situación de Edipo.
Pero el conflicto no se hace visible claramente en este período de desarrollo
del niño sino más tarde. Esto, creo, es en parte debido a que el niño pequeño
tiene menos modos de expresar sus sentimientos y a que su relación con los
objetos es aún confusa y vaga. Una parte de sus reacciones frente a los objetos
se dirige a los objetos de su fantasía[185] y a
menudo dirige la mayor parte de su ansiedad y odio hacía estos últimos -en
especial ésta es su actitud frente a los objetos internalizados-, así que su
actitud frente a los padres sólo refleja una parte de las dificultades que
experimenta en su actitud frente al objeto. Pero estas dificultades encuentran
su expresión de muchos otros modos. Ha sido invariablemente mi experiencia, por
ejemplo, que los terrores nocturnos y fobias de los niños pequeños se deben a
la existencia del conflicto de Edipo.
No creo que se pueda hacer una
distinción bien definida entre los tempranos estadíos del conflicto de Edipo y
los últimos[186].
Puesto que, hasta donde llegan mis observaciones, los impulsos genitales
aparecen al mismo tiempo que los pregenitales y los influyen y modifican, y
puesto que como resultado de esta asociación temprana ellos mismos muestran
huellas de ciertos impulsos pregenitales, a veces aun en los últimos estadíos
de desarrollo, la llegada al estadío genital parece ser sólo un reforzamiento
de los impulsos genitales.
El que los impulsos genitales y
pregenitales se mezclen así, se ve por el hecho bien conocido de que cuando los
niños son testigos de la escena primaria o la fantasean -ambos de carácter
genital- experimentan impulsos pregenitales muy fuertes, tales como orinarse en
la cama y defecar, acompañados por fantasías sádicas dirigidas contra sus
padres en copulación.
De acuerdo con mis observaciones, las
fantasías de masturbación en los niños tienen por núcleo las primeras fantasías
sádicas centradas en sus padres en copulación. Son estos impulsos destructivos,
fusionados con los libidinales, los que obligan al superyó a utilizar defensas
contra las fantasías de masturbación e, incidentalmente, contra la masturbación
misma. El sentimiento de culpa del niño acerca de su temprana masturbación
genital se debe, pues, a sus fantasías sádicas dirigidas contra los padres. Y desde
que, además, estas fantasías de masturbación contienen la esencia de su
conflicto de Edipo y pueden por lo tanto ser consideradas como el punto focal
de su vida sexual, el sentimiento de culpa que tienen, debido a sus impulsos
libidinales, es realmente una reacción a los impulsos destructivos enlazados
con ellos[187].
Si esto es así, no solamente no serían las tendencias incestuosas las que
darían lugar primero al sentimiento de culpa, sino que el temor del incesto
mismo se derivaría de impulsos destructivos que han entrado en relación
permanente con los más tempranos deseos incestuosos del niño.
Si es exacto suponer que las tendencias
edípicas en el niño aparecen en la fase de mayor sadismo, ello nos lleva a
aceptar la tesis de que son principalmente impulsos de odio los que ocasionan
el conflicto de Edipo y la formación del superyó y los que gobiernan los más
tempranos y decisivos estadíos de ambos. Esta tesis, aunque a primera vista
parece contradictoria a la teoría psicoanalítica aceptada, coincide, no
obstante, con nuestro conocimiento del hecho de que la libido se desarrolla
hasta el período genital partiendo del pregenital.
Freud ha señalado repetidas veces que
en el desarrollo del individuo el odio precede al amor. En Los instintos y sus destinos dice: "La relación de odio hacia
los objetos es anterior a la de amor. Este hecho es debido al repudio
originario del mundo externo por el yo narcisista, mundo de donde fluye la
corriente de estímulos", (Obras
completas, tomo IX, edición castellana) y además que: "el yo odia,
aborrece y persigue con intención de destruir todos los objetos que son para él
una fuente de displacer, sin tener en cuenta si significan para él una
frustración de la satisfacción sexual o una gratificación de las necesidades de
autoconservación"[188].
Desde
el punto de vista ortodoxo, la formación del superyó comienza en la fase
fálica. En "El final del complejo de Edipo" (1924) Freud sostiene que
el complejo de Edipo es sucedido por el establecimiento del superyó; aquél se
destruye y el superyó toma su lugar. De nuevo en Inhibición, síntoma y angustia leemos: "La ansiedad en la
fobia de animales es así una reacción eficaz del yo ante el peligro, peligro
que es la amenaza de ser castrado. No existe diferencia entre esta ansiedad y
la ansiedad real que siente el yo normalmente en situaciones de peligro,
excepto en que su contenido permanece inconsciente y sólo es percibido bajo una
forma distorsionada. De acuerdo con esta tesis, la ansiedad que afecta a los
niños hasta el principio de la latencia, se atribuiría solamente a un temor de
castración en el caso del varón y temor a una pérdida de amor en el caso de la
niña, y el superyó no empezará a formarse hasta que hayan sido dejados atrás
los estadíos pregenitales y seria el resultado de una regresión al estadío
oral". En El yo y el ello, (Obras Completas, tomo 19), Freud dice:
"Al principio, en la fase oral primaria de la existencia del individuo, la
catexis de objeto y la identificación son difíciles de distinguir una de otra,
y el superyó es, en realidad, el precipitado de la primera catexis de objeto
del ello y el heredero del complejo de Edipo después de la disolución de este
último"[189].
Mis propias observaciones me han conducido a la creencia de que la formación
del superyó es un proceso más simple y más directo. El conflicto de Edipo y el
superyó aparecen, creo, bajo la supremacía de los impulsos pregenitales, y los
objetos que han sido introyectados en la fase oral sádica -las primeras catexis
de objetos e identificaciones- forman los comienzos del temprano superyó[190].
Además, lo que origina la formación del superyó y gobierna sus tempranos
estadíos, son los impulsos destructivos y la ansiedad que ellos despiertan. Al
considerar así los impulsos del individuo como el factor fundamental en la
formación de su superyó, nosotros no negamos la importancia de los objetos
mismos para ese proceso, pero lo vemos bajo una luz distinta. Las
identificaciones tempranas del niño reflejan sus objetos de un modo irreal y
desfigurado. Según sabemos por Abraham, en un estadío temprano del desarrollo,
tanto los objetos reales como los introyectados están principalmente
representados por sus órganos. También sabemos que el pene del padre es un
objeto de ansiedad por excelencia y es comparado en el inconsciente con armas
peligrosas de varias clases y animales aterradores, los cuales envenenan y;
devoran, representando la vagina una entrada peligrosa[191]. Los
análisis tempranos demuestran que estas equivalencias son un mecanismo
universal de importancia fundamental en la estructura del superyó. Hasta donde
puedo juzgar, el núcleo del superyó se encuentra en la incorporación parcial
que tiene lugar durante la fase canibalística del desarrollo[192], y
las primeras imagos del niño toman la marca de estos impulsos pregenitales[193].
Que el
yo considere el objeto internalizado como un enemigo cruel del ello, surge
lógicamente del hecho de que el instinto destructivo que el yo ha desviado
hacia el mundo externo, ha sido dirigido contra aquel objeto, del cual, por
consiguiente, nada, sino hostilidad contra el ello, puede esperarse. Pero hasta
donde llega mi experiencia, también está presente un factor filogenético en el
origen de toda ansiedad temprana e intensa que el niño siente frente a los
objetos internalizados. El padre, en la horda primitiva, era el poder externo
que obligaba a una inhibición de los instintos[194]. En el
transcurso de la historia del hombre, el temor al padre, adquirido cuando
empieza a internalizar sus objetos, servirá en parte como una defensa contra la
ansiedad, a la que dio lugar el instinto destructivo[195].
En lo que se refiere a la formación del
superyó, Freud parece seguir dos líneas de pensamiento, que son, en cierto
modo, complementarias. Según una de ellas, la severidad del superyó se deriva
de la severidad del padre real, cuyas prohibiciones y órdenes repite[196].
De acuerdo con la otra, como ha indicado en uno o dos pasajes de su obra, su
severidad es el resultado de los impulsos destructivos del sujeto[197].
El
psicoanálisis no ha seguido la segunda línea de pensamiento.
Tal
como muestra su literatura, ha adoptado la teoría de que el superyó se deriva
de la autoridad de los padres y en ella ha fundado todas las investigaciones
sobre el individuo. No obstante, Freud, en parte, ha confirmado recientemente
mis puntos de vista[198],
subrayando la importancia de los impulsos del individuo mismo como un factor en
el origen del superyó y en el hecho de que su superyó no es idéntico a sus
objetos reales[199].
Querría
dar el nombre de estadíos "tempranos de formación del superyó" a las
identificaciones primeras hechas por el niño, del mismo modo que he empleado la
denominación de "tempranos estadíos del conflicto de Edipo". En los
tempranos estadíos del desarrollo del niño, la precipitación de la catexis de
objeto ejerce una influencia de un tipo que las caracteriza como un superyó,
aunque difieran en calidad y en modo de actuar de las identificaciones que
pertenecen a los últimos estadíos. Y aunque este superyó sea muy cruel, formado
bajo la supremacía del sadismo, siempre toma la defensa del yo contra el
instinto destructivo y es ya en estos primeros estadíos la fuerza de la cual
proceden las inhibiciones instintivas.
En su artículo, "Die
Identifizierung" (1926), Fenichel ha aplicado cierto criterio que
diferencia los "precursores del superyó", como él llama a las
tempranas identificaciones de acuerdo con la sugestión hecha por Reich[200],
del superyó propiamente dicho. Estos precursores existen, según cree, en un
estado disperso e independientemente uno de otro y carecen de la unidad,
severidad, oposición al yo, cualidad de ser inconsciente y del gran poder que
caracteriza al superyó real como heredero del complejo de Edipo. Según mi
opinión, tal diferenciación es incorrecta en diferentes sentidos. Hasta donde
me ha sido posible observar es precisamente este superyó primario el que es
especialmente severo, y, normalmente, en ningún período de la vida es tan
fuerte la oposición entre el yo y el superyó como en la temprana infancia. Es
más, este último hecho explica por qué, en los primeros estadíos de la vida, la
tensión entre los dos es principalmente sentida como ansiedad. Además he encontrado
que las órdenes y prohibiciones del superyó no son menos inconscientes en los
niños pequeños que en los adultos y que no son de ningún modo idénticas a las
órdenes que provienen de los objetos reales. Creo que Fenichel tiene razón al
decir que el superyó del niño no está ya íntimamente organizado como en los
adultos. Pero esta diferencia, aparte de que no es una verdad universal, puesto
que muchos niños pequeños muestran un superyó bien organizado y muchos adultos
un superyó disperso, me parece que está de acuerdo simplemente con el grado
menor de cohesión mental que posee el niño pequeño si lo comparamos con el
adulto. Sabemos que los niños pequeños tienen un yo no tan altamente organizado
como el de los niños en período de latencia. Sin embargo, no decimos que el
niño no tiene yo, sino que tiene precursores del yo.
Ya se ha dicho que en la fase del
sadismo máximo un aumento de las tendencias sádicas conduce a un aumento de
ansiedad. Las amenazas expresadas por el temprano superyó contra el ello
contienen en detalle la totalidad de las fantasías sádicas que fueron dirigidas
hacia el objeto, así que ahora cada una de ellas se vuelve contra el yo.
Así, la presión ejercida por la
ansiedad en su primer período corresponderá en grado a la suma total del
sadismo originariamente presente, y en cualidad a la variedad y riqueza de las
fantasías sádicas que la acompañan[201] La
gradual superación del sadismo y la ansiedad es un resultado del desarrollo de
la libido[202],
Pero el mismo exceso de esta ansiedad también impulsa al individuo a vencerla.
La ansiedad ayuda a cada una de las zonas erógenas a crecer en fuerza y a ganar
dominio una después de otra. Así, la supremacía de los impulsos sádicos orales
y uretrales es seguida por la supremacía del impulso anal-sádico, y aunque los
mecanismos pertenecientes al primer período anal-sádico, por poderoso que este
sea, están ya actuando en favor de las defensas que han sido dirigidas contra
la ansiedad surgida de los tempranos estadíos sádicos, se infiere que aquella
misma ansiedad, que es preeminentemente un agente inhibidor en el desarrollo
del individuo, es también un factor de fundamental importancia como promotor
del crecimiento del yo y de la vida sexual.
En este período del desarrollo del
individuo, sus métodos de defensa son proporcionales a la presión de la
ansiedad en él y son extremadamente violentos. Sabemos que en el temprano
estadío anal-sádico lo que expulsa es su objeto que percibe como algo hostil a
él y que equipara con excrementos. Desde mi punto de vista, lo que también
expulsa es su terrorífico superyó que ha introyectado en el período oral sádico
de su desarrollo. El acto de expulsión es, así, un medio de defensa empleado
por su yo aterrorizado contra su superyó; expele sus objetos internalizados y
los proyecta al mundo externo.
Los mecanismos de proyección y
expulsión están íntimamente ligados en el individuo al proceso de formación del
superyó. Así como su yo trata de defenderse a sí mismo de su superyó,
expulsándolo violentamente y destruyéndolo, de este modo, por las amenazas de
su superyó, trata de desembarazarse de su ello sádico, esto es, de sus
tendencias destructivas por el mismo método de expulsión por la fuerza. En Inhibición, síntoma y angustia Freud
dice que considera el concepto de defensa como bien adecuado para una
"designación general de todos los métodos empleados por el yo en aquellos
conflictos que pueden llevar a una neurosis; en tanto que el concepto de
represión debe ser reservado para ese particular método de defensa que nuestra
investigación nos ha llevado a comprender primero". Además establece
explícitamente la posibilidad de "que la represión sea un proceso que está
en una relación especial con la organización genital de la libido y que el yo
se vuelve hacia otros métodos de defensa cuando tiene que protegerse contra la
libido en otros estadíos de su organización". Mi punto de vista está
también sostenido por Abraham en un pasaje en el que dice que: "La
tendencia a proteger el objeto y a preservarlo, ha resultado de una tendencia
destructiva más primitiva, por medio de un proceso de represión"[203].
En
cuanto a la línea de división entre los dos períodos anal-sádicos, el mismo
autor dice: "Considerando esta línea divisoria extremadamente importante,
nos encontramos de acuerdo con el punto de vista médico general". Porque
la división que nosotros, psicoanalistas, hemos hecho apoyados en la fuerza de
los datos empíricos, coincide, en efecto, con la clasificación en neurosis y
psicosis hecha por la medicina clínica. Pero los analistas, es claro, no
intentarían hacer una separación rígida entre las afecciones psicóticas y
neuróticas. Por el contrario, saben bien que la libido de cualquier individuo
puede regresar más allá de esta línea divisoria entre las dos fases
anal-sádicas, dada una causa adecuada de enfermedad y dados ciertos puntos de
fijación en su desarrollo libidinal que faciliten una regresión de esta
naturaleza[204].
Como
sabemos, no es la estructura de la mente del hombre normal en sí la que
diferencia a éste del neurótico, sino los factores cuantitativos que están en
acción. Las citas dadas de Abraham significan que la diferencia entre el
psicótico y el neurótico es también una diferencia de grado. Mi propio trabajo
psicoanalítico con niños, no sólo confirma la opinión de que los puntos de
fijación para las psicosis yacen en un estadío de desarrollo que precede al
segundo nivel anal, sino que también me ha convencido de que los niños normales
y neuróticos también tienen allí puntos de fijación, aunque en menor grado.
Sabemos que en el psicótico existe una
cantidad de ansiedad mucho mayor que en el neurótico; sin embargo, la teoría
aceptada de la formación del superyó no explica el hecho de que tan abrumadora
ansiedad aparezca en estos tempranos estadíos del desarrollo en que, según
Freud y Abraham, están situadas las fijaciones para las psicosis. Las últimas
teorías de Freud, que expresa en Inhibición,
síntoma y angustia, excluyen la posibilidad de que esta inmensa cantidad de
ansiedad pueda surgir de una conversión de libido no satisfecha en angustia.
Tampoco podemos presumir que el temor
de un niño a ser devorado, cortado y muerto por sus padres sea un temor real.
Pero si suponemos que esta excesiva ansiedad puede ser sólo el efecto de
procesos intrapsíquicos, no estaríamos lejos de las teorías expuestas en estas
páginas, de que la ansiedad temprana procede de una presión del superyó. La
presión que en la primera etapa de desarrollo de un niño ejerce el superyó
sobre sus tendencias destructivas, no sólo responde en grado y clase a sus
fantasías sádicas, sino que despierta situaciones de ansiedad que reflejan los
varios períodos que ha recorrido su fase sádica. Estas situaciones de ansiedad
hacen surgir especiales mecanismos de defensa por parte de su yo y determinan
el carácter específico que asumirá su perturbación psicótica (además de ser
decisivo para su desarrollo en general)[205].
Antes
de intentar el estudio de las relaciones entre las tempranas situaciones de
ansiedad y el carácter específico de las afecciones psicóticas, sin embargo,
dirigiremos primero nuestra atención al modo en que la formación del superyó y
el desarrollo de las relaciones de objeto se influyen mutuamente. Si es cierto
que el superyó se forma en tal etapa temprana del desarrollo del yo, cuando
está aún tan alejado de la realidad, debemos ver el crecimiento de las
relaciones de objeto bajo una nueva luz. El hecho de que el individuo crea un
cuadro deformado de sus objetos, en virtud de sus propios impulsos sádicos, no
sólo acuerda un carácter distinto a la influencia ejercida por esos objetos y
su relación con ellos en la formación del superyó, sino que, recíprocamente,
aumenta la importancia de la formación del superyó en cuanto a sus relaciones
de objeto. Cuando, como niño pequeño, comienza a introyectar sus objetos y
éstos, no debemos olvidarlo, son sólo muy vagamente conocidos por él y
principalmente por medio de sus órganos separados, su temor a esos objetos
introyectados pone en movimiento los mecanismos de expulsión y proyección, tal
como ya hemos visto; sigue luego una acción recíproca entre proyección e
introyección que parece ser de fundamental importancia no sólo para la
formación de su superyó, sino también para el desarrollo de sus relaciones de
objeto con las personas y su adaptación a la realidad. El apremio continuo y
sin tregua que lo domina, de proyectar sus identificaciones aterradoras sobre sus
objetos, parecería dar por resultado un aumentado impulso a repetir los
procesos de introyección una y otra vez, y es asimismo un factor decisivo en la
evolución de su relación con los objetos[206].
La
interacción entre la relación de objeto y el superyó también se muestra por el
hecho de que en cada etapa del desarrollo los métodos usados por el yo en su
trato con los objetos corresponden exactamente a aquellos usados por el superyó
hacia el yo y por el yo hacia el superyó y el ello. En la fase sádica el
individuo se protege del temor de sus objetos violentos, ya sea introyectados o
externos, redoblando sus propios ataques destructivos sobre ellos, en su
imaginación. Liberándose así de su objeto, busca, en parte, silenciar las
intolerables amenazas de su superyó. Pero una reacción de este tipo presupone
que el mecanismo de proyección ha empezado ya a trabajar en dos sentidos: uno
en el cual el yo coloca el objeto en el lugar del superyó del cual quiere
liberarse y el segundo por el cual hace que el objeto esté en el lugar del
ello, del cual también desea librarse. En esta forma, la cantidad de odio que
era primero dirigida contra los objetos se aumenta por el monto adherido al
ello y al superyó. Así parecería que en las personas en las cuales las
situaciones de temprana ansiedad son demasiado poderosas y que han retenido los
mecanismos de defensa que pertenecen a esa edad temprana, el temor al superyó,
si por razones externas o intrapsíquicas sobrepasara ciertos limites, las
obligaría a destruir sus objetos y formaría la base para el desarrollo de un
tipo de conducta criminal[207].
Pienso
que estas situaciones de ansiedad temprana y demasiado fuerte son también de
fundamental importancia en la etiología de la esquizofrenia. Pero aquí puedo
sostener este punto de vista presentando sólo dos o tres ideas. Como ya ha sido
señalado, la proyección de su terrorífico superyó sobre sus objetos aumenta en
el individuo su odio a esos objetos y así también su temor a ellos, resultando
que si la ansiedad y agresión son excesivas, su mundo externo se transforma en
un lugar terrorífico y sus objetos en enemigos, y se siente amenazado de
persecución, tanto por parte del mundo externo como de sus enemigos
introyectados. Si su ansiedad es excesiva o si su yo no puede tolerarla,
tratará de eludir el miedo de los enemigos externos poniendo fuera de acción
sus mecanismos de proyección; éstos, a su vez, evitarán que se produzca una
introyección posterior de objetos, lo que pondrá fin al desarrollo de su
relación con la realidad[208] y
le dejará expuesto más que nunca al miedo de sus objetos ya introyectados.
Estaría aterrado de ser atacado y dañado de diversos modos por un enemigo
interno del que no podrá escapar. Un temor de esta clase es quizá una de las
fuentes más profundas de la hipocondría, y un sobrante de él, no susceptible de
ser modificado o desplazado, es obvio que exigiría métodos de defensa
particularmente violentos. Una perturbación como ésta del mecanismo de
proyección, parece además ser paralela a una negación de la realidad
intrapsíquica[209].
La persona así afectada niega[210], y
dentro de ciertos límites elimina[211], no solo
la "fuente" de su ansiedad, sino también sus "afectos". Un
gran número de fenómenos pertenecientes al síndrome esquizofrénico puede ser
explicado como un intento de defenderse, dominar o luchar contra un enemigo
interno. La catatonía, por ejemplo, puede ser considerada como un intento de
paralizar los objetos introyectados y mantenerlos inmóviles, haciéndolos
inocuos[212].
Los
primeros períodos de la fase anal-sádica se caracterizan por una gran violencia
de los ataques dirigidos contra el objeto. En un período posterior de esta
fase, coincidiendo con el primer estadío anal, en el cual los impulsos
anal-sádicos toman la delantera, predominan métodos de ataque más secretos,
tales como el uso de materias explosivas y envenenadas. Los excrementos
representan entonces venenos[213] y
en sus fantasías el niño utiliza las heces como instrumento de persecución[214]
contra sus objetos y secretamente los introduce de un modo mágico[215] en
el ano o en otros orificios del cuerpo de estos objetos y los deja allí. En
consecuencia, comienza a asustarse de sus propios excrementos como sustancias
peligrosas y dañinas para su cuerpo y de los excrementos incorporados de sus
objetos, de los que espera un ataque similar por este medio peligroso. Así, sus
fantasías conducen al temor de tener una multitud de perseguidores dentro de su
cuerpo o de ser envenenado, y ésta es la base de los temores hipocondríacos.
Ellos también sirven para aumentar el temor surgido de la equiparación de los
objetos introyectados con las heces[216], porque
aquellos objetos introyectados se hacen aun más peligrosos por ser semejantes a
envenenados y destructivos escíbalos. Como consecuencia de sus impulsos
uretral-sádicos, el niño también considera la orina como algo peligroso, como
algo que quema, corta y envenena, preparando al inconsciente para considerar el
pene como un órgano sádico y temer[217] al
peligroso pene del padre dentro de si (como perseguidor).
En el período en que realiza ataques
por medio de excrementos envenenados, el temor del niño a los ataques
subterráneos contra sí por parte de sus objetos externos e introyectados se
hace múltiple, de acuerdo con la mayor variedad y sutileza de sus propios
procedimientos sádicos, y ellos apremian la actividad de los mecanismos de
proyección hasta su limite extremo. Su ansiedad se despliega y es distribuida
sobre muchos objetos y fuentes de peligro en el mundo externo, y así espera
ahora ser atacado por un gran número de perseguidores[218]. El
secreto y la astucia que atribuye a estos ataques lo conduce a observar el
mundo con ojo sigiloso y suspicaz, y así fortalece sus relaciones con la
realidad por un lado, aunque esta relación pueda ser falsa; mientras que su
temor del objeto introyectado -a pesar de los mecanismos de proyección- es un
constante incentivo para mantener en acción dichos mecanismos.
Pienso
que el punto de fijación de la paranoia es este período de la fase de máximo
sadismo, en el cual los ataques del niño sobre el interior del cuerpo de la
madre y contra el pene que él imagina allí se realizan por medio de excrementos
envenenados y peligrosos[219] y
los delirios de referencia y persecución arrancan de las situaciones de
ansiedad que acompañan a estos ataques[220].
De
acuerdo con mi punto de vista, el temor del niño a los objetos introyectados lo
incita a desplazar este miedo al mundo externo. Al hacerlo, sus órganos,
objetos, heces, y toda clase de cosas, así como sus objetos internalizados, son
equiparados con los externos; también distribuye su temor de estos objetos
externos sobre un gran número de objetos equiparándolos unos con otros[221].
Una
relación de esta índole con muchos objetos, basada, como está, en parte en la
ansiedad, y realizada por medio de equiparaciones[222], puede
llamarse un mecanismo fóbico de ansiedad, y pienso que es un mayor progreso por
parte del individuo en el establecimiento de sus relaciones con los objetos y
en su adaptación a la realidad, porque su primera relación de objeto sólo
incluía una cosa: el pecho de su madre como representante de su madre. En la
fantasía del niño pequeño, estos múltiples objetos se sitúan en el interior del
cuerpo de la madre y este lugar es también objetivo de sus tendencias
destructivas y libidinales y también del despertar de su deseo de saber. Como
sus tendencias sádicas aumentan y en su fantasía se apodera del interior del
cuerpo de su madre, esta parte de ella se hace representante de su persona
total como objeto, y al mismo tiempo simboliza el mundo externo y la realidad.
En realidad, por medio de su pecho, originariamente la madre representa para él
el mundo externo. Pero ahora, el interior de su cuerpo representa con mas
amplio sentido objetos y mundo externo, ya que, por una más amplia distribución
de su ansiedad, contiene objetos más diversos[223] Así, las
fantasías sádicas del niño sobre el interior del cuerpo de su madre le dan una
fundamental relación con el mundo externo y con la realidad. Pero la agresión y
la ansiedad que siente como consecuencia de ella, aunque es una de las bases de
sus relaciones de objeto, no es la única. Su libido también actúa al mismo
tiempo y su influencia se hace sentir. La relación libidinal con los objetos y
la influencia ejercida por la realidad neutralizan su temor a los enemigos
internos y externos. Su creencia en la existencia de figuras bondadosas y
útiles -creencia que se basa en la eficacia de su libido-, permite así que sus
objetos reales emerjan cada vez con más fuerza y que sus imagos fantásticas
retrocedan a último término[224].
En este sentido, la interacción entre
formación del superyó y relación de objeto, que se basa en una interacción de
proyecciones e introyecciones, influye profundamente en su desarrollo. En los
primeros estadíos la proyección de sus imagos aterradoras al mundo externo
transforma este mundo en un lugar de peligro y a sus objetos en enemigos;
mientras la introyección simultánea de objetos reales, de hecho bien dispuestos
para con él, trabaja en dirección contraria y disminuye la fuerza de su temor a
las imagos aterradoras. Bajo esta luz, la formación del superyó, relación de
objeto y adaptación a la realidad, son el resultado de una interacción entre la
proyección de los impulsos sádicos del individuo y la introyección de sus
objetos.
9. LAS
RELACIONES ENTRE LA NEUROSIS OBSESIVA Y LOS ESTADÍOS TEMPRANOS DEL SUPERYÓ
He considerado en el capítulo anterior
el contenido y los efectos de las situaciones tempranas de ansiedad en el
individuo. Examinaremos ahora en qué sentido su libido y sus relaciones de
objetos reales producen una modificación de estas situaciones de ansiedad.
Como resultado de la frustración oral
sufrida por el niño, éste busca nuevas fuentes de gratificación[225].
La niña pequeña se aparta de la madre y toma el pene del padre como objeto de
gratificación. Al principio esta gratificación es de naturaleza oral, pero las
tendencias genitales ya están en actividad[226]. El niño
pequeño también despliega una actitud positiva frente al pene del padre desde
su posición oral de succión en virtud de la asimilación del pecho al pene[227].
Una fijación oral de succión al pene del padre es un factor primario en el
establecimiento de la verdadera homosexualidad[228]. Pero
generalmente sus sentimientos de odio y ansiedad frente al padre, surgidos del
despertar de sus tendencias edípicas, luchan contra esta fijación[229].
Si su desarrollo avanza con éxito, su actitud positiva frente al pene del padre
se convierte en la base de una buena relación con las personas de su propio
sexo y le permite al mismo tiempo lograr una completa posición heterosexual.
Mientras que, sin embargo, en el niño, una relación oral de succión del pene
del padre puede, bajo ciertas circunstancias, conducirlo a la homosexualidad,
en la niña es normalmente el precursor de impulsos heterosexuales y del
conflicto edípico. Un tal paso por parte de la niña hacia el padre y en el
varón una segunda orientación hacia la madre como objeto de amor genital,
establece un nuevo propósito de gratificación libidinal en el niño en el que
los genitales comienzan a hacer sentir su influencia.
En esta temprana fase del desarrollo
que yo he denominado la fase de culminación del sadismo, he encontrado que
todos los estadíos pregenitales y genitales se cargan en rápida sucesión. Lo
que sucede entonces es que la libido entra a luchar con los impulsos
destructivos y gradualmente consolida sus posiciones. Junto con la polaridad del instinto de vida y el
instinto de muerte podemos, creo, situar su interacción
como un factor fundamental en los procesos dinámicos de la mente. Hay un
vínculo indisoluble entre la libido y las tendencias destructivas, que pone en
gran parte a las primeras en poder de las últimas. Pero el círculo vicioso
dominado por el instinto de muerte en el que la agresión origina ansiedad y la
ansiedad esfuerza la agresión, puede romperse por las fuerzas libidinales
cuando éstas han ganado fuerza. Como sabemos, en los primeros estadíos del
desarrollo el instinto de vida se esfuerza al máximo para mantenerse contra el
instinto de muerte. Pero esta misma necesidad estimula el desarrollo de la vida
sexual del individuo.
Desde que los impulsos genitales del
niño permanecen escondidos por largo tiempo, no podemos discernir claramente
las fluctuaciones e interrelaciones de las varias fases de desarrollo que
resultan del conflicto entre los impulsos destructivos y libidinales. La
emergencia de los estadíos de organización, que ya conocemos, armonizan no sólo
con las posiciones que ha ganado y establecido la libido en su lucha contra el
instinto destructivo, sino, desde que estos dos componentes están siempre
unidos tanto como opuestos, con un creciente acuerdo entre ellos.
Es verdad que en apariencia el niño
pequeño muestra relativamente poco de ese tremendo sadismo que se revela en el
análisis de sus más profundas capas mentales. Pero mi argumento de que en estos
estadíos tempranos del desarrollo el niño atraviesa por una época en que las
tendencias sádicas alcanzan su fuerza máxima en cada una de sus fuentes, es,
después de todo, sólo la ampliación de la teoría aceptada y bien establecida de
que el niño pasa desde un estadío de sadismo oral (canibalismo) a uno de sadismo
anal. Debemos también recordar que estas tendencias canibalísticas no se
expresan en proporción con su importancia psicológica ya que, normalmente, sólo
encontramos indicios comparativamente débiles de los impulsos del niño pequeño
a destruir su objeto. Lo que nosotros vemos son sólo derivados de sus fantasías
en relación con esto. Que el niño exprese sus impulsos sádicos intensos frente
a los objetos externos de este modo amortiguado, se hace más inteligible si
comprendemos que las fantasías extravagantes que surgen en cada estadío
temprano de su desarrollo nunca se hacen conscientes. Debe recordarse, además,
que el estadío del desarrollo del yo en el que surgen dichas fantasías es muy
temprano y que las relaciones del niño con la realidad están todavía muy
influidas por su vida imaginativa. Otra razón puede ser la inferioridad de
tamaño y fuerza del niño con respecto al adulto y su dependencia determinada
biológicamente; porque vemos cómo se evidencian más fuertemente sus impulsos
destructivos contra las cosas inanimadas, animales pequeños, etc. Y finalmente,
podría ser que aun en estos estadíos tempranos de su vida, impulsos genitales,
aunque todavía no visibles, ejercieran ya su influencia restrictiva contra los
sádicos ayudando a disminuir la fuerza que de otro modo se expresaría contra
los objetos externos. Hasta donde he podido ver, existen en el niño pequeño
junto con sus relaciones de objetos reales, pero en un plano diferente,
relaciones que se basan en sus relaciones con imagos no reales, imagos de figuras
tanto excesivamente buenas como malas. Ordinariamente estas dos clases de
relación de objeto se entremezclan y colorean unas a otras de modo siempre
creciente. (Este es el proceso que he descrito como interacción entre la
formación del superyó y las relaciones de objeto.) Pero en la mente del niño,
por pequeño que éste sea, los objetos reales y los imaginarios están todavía
muy separados; y esto explica que no muestren tanto sadismo y ansiedad frente a
los objetos reales como podría esperarse del carácter de sus fantasías.
Como sabemos, y como Abraham lo ha
puntualizado especialmente, la naturaleza de las relaciones de objeto del niño
y de sus rasgos de carácter están fuertemente determinadas por sus fijaciones
predominantes, ya sea que éstas se sitúen en el estadío oral de succión o en el
oral-sádico. En mi opinión este factor es también decisivo en la formación del
superyó. La introyección de una buena madre conduce al establecimiento de una
imago paterna bondadosa debido a la ecuación del pene con el pecho[230].
En la
construcción del superyó también la fijación en el estadío oral de succión
contrarrestará las identificaciones terroríficas que se han hecho bajo la
supremacía de los impulsos oral-sádicos. A medida que disminuyen las tendencias
sádicas del niño, las amenazas hechas por el superyó se reducen algo en
violencia y las reacciones del yo también sufren un cambio. Hasta ahora el
excesivo miedo al superyó y a sus objetos que ha dominado los tempranos
estadíos de su vida, acarreó proporcionalmente reacciones violentas de su yo.
Parecería que el yo trata de defenderse al principio contra el superyó
escotomizándolo -usando el término de Laforgue- y expulsándolo. Tan pronto como
el yo intenta engañar al superyó y reducir la oposición de este último a los
impulsos del ello[231] es
que -creo- comienzan las reacciones en el sentido de que el yo reconoce el
poder del superyó. Cuando comienzan los estadíos anales siguientes, el yo
reconoce ese poder cada vez más claramente, y esto lo lleva a realizar intentos
progresivos para llegar a un acuerdo con él. Este reconocimiento trae como
consecuencia un reconocimiento de la necesidad de obedecer a las exigencias del
superyó.
La conducta del yo con el ello, que en
un estadío anterior ha sido en parte de expulsión, se transforma, en el estadío
anal siguiente, en supresión, o más bien, en represión en el verdadero sentido
de la palabra[232].
Al mismo tiempo la cantidad de odio que siente frente al objeto disminuye desde
que mucho del odio se derivaba de su antigua adhesión al superyó y al ello. El
aumento de los componentes libidinales y la concomitante disminución de los
destructivos también sirve para moderar las tendencias sádicas primarias que
estaban dirigidas hacía el objeto. Cuando sucede esto el yo parece hacerse más
consciente de su miedo de sufrir retaliación por parte del objeto. Así reconoce
el poder del objeto además de someterse y aceptar las prohibiciones de un
superyó severo. Su aceptación de la realidad externa[233] depende
así de la aceptación de la realidad intrapsíquica y más cuanto que su esfuerzo
es hacer converger el superyó y el objeto. Una convergencia de esta clase es un
paso mas en el sentido de modificar la ansiedad, y, ayudada por mecanismos de
proyección y desplazamiento, acompaña al desarrollo de las relaciones del
individuo con la realidad. El principal método que adopta el yo para vencer la
ansiedad -en este punto- es tratar de satisfacer tanto los objetos externos
como los internalizados. Esto lo induce a garantizar la seguridad de sus
objetos, reacción que Abraham ha localizado en el estadío anal secundario. Este
cambio de método en su conducta frente al objeto puede presentarse de dos
maneras: el individuo puede alejarse de él, a causa de su miedo de él como
fuente de peligro y también para protegerlo de sus propios impulsos sádicos, o
puede dirigirse hacia él con sentimientos más positivos. Una relación de objeto
de esta clase es provocada por una disociación de la imago materna en buena y
mala. La ambivalencia del individuo frente al objeto no sólo representa un paso
más en el desarrollo de sus relaciones de objeto, sino que es un mecanismo de
fundamental importancia para vencer el miedo a su superyó, distribuyéndolo,
después de haberlo dirigido al exterior, sobre un número de objetos, de modo
que algunos de ellos representan el objeto que él atacó y que por lo tanto le
amenaza con peligro y otros, especialmente su madre, significan la persona
bondadosa y protectora.
A medida que el individuo avanza hacia
su estadío genital y sus imagos introyectadas se hacen más amistosas, su
superyó cambia en su modo de comportarse y el proceso de vencer la ansiedad se
hace crecientemente exitoso. Cuando las hasta aquí abrumadoras amenazas del
superyó se amortiguan en retos y reproches, el yo puede encontrar apoyo contra
ellas en sus relaciones positivas. Puede ahora emplear mecanismos restitutivos
y formaciones reactivas de lástima frente a sus objetos para aplacar su superyó[234]; y
el amor y reconocimiento que recibe de estos objetos y del mundo externo son
considerados al mismo tiempo como una garantía y una medida de aprobación del
superyó. Es aquí, también, cuando resulta importante el mecanismo de distribuir
las imagos. Porque mientras el yo se aleja de los objetos peligrosos, trata de
compensar al objeto bueno por las injurias imaginarias que él ha hecho.
El
proceso de sublimación puede establecerse ahora, porque las tendencias
restitutivas del individuo frente a sus objetos son una fuerza motivacional
fundamental en todas sus sublimaciones, aun en las muy tempranas, tales como la
muy primitiva manifestación del impulso a jugar[235]. Una
precondición para el desarrollo de las tendencias restitutivas y de
sublimaciones es que la presión ejercida por el superyó debe ser mitigada y
sentida por el yo como sentimiento de culpa. Los cambios cualitativos que
comienza a sufrir el superyó como resultado de la fuerza creciente de los
impulsos genitales del individuo y de las relaciones de objeto, motivan que se
conduzca de un modo diferente con el yo, de modo que surgen en él verdaderos
sentimientos de culpa. Pero si estos sentimientos se hacen demasiado
abrumadores afectarán otra vez al yo, principalmente como ansiedad[236].
Si esto es así, no sería una deficiencia en el superyó sino una diferencia
cualitativa del mismo lo que hace surgir la falta de sentimientos sociales en
ciertos individuos, especialmente en criminales, y en las llamadas personas
"asociales"[237].
Desde
mi punto de vista, en el estadío anal primario el niño hace una defensa contra
las imagos terroríficas que ha introyectado en la fase oral-sádica. Proyectando
su superyó comienza a tratar de vencer su ansiedad. Pero este intento no es
todavía exitoso porque la ansiedad que debe ser vencida es todavía demasiado
fuerte y porque el método de proyección violenta hace surgir continuamente
nueva ansiedad. La ansiedad que no puede ser aliviada en este sentido impulsa
al niño a cargar los niveles siguientes de su libido -el estadío anal
secundario- y actúa así como agente promotor de su desarrollo.
Sabemos que el superyó y el objeto del
individuo adulto tampoco coinciden y, como he tratado de demostrar, tampoco
sucede esto en ningún momento de la niñez. Creo que los esfuerzos que hace el
yo a consecuencia de esta discrepancia para hacer sus objetos reales
intercambiables con las imagos de ellos constituye un factor fundamental en su
desarrollo[238].
Cuanto menor es la discrepancia -es decir cuando las imagos se aproximan más a
sus objetos reales mientras el estadío genital toma la delantera y las imagos
aterradoras imaginarias que han asumido el control en los primeros estadíos de
su vida retroceden hacía el telón de fondo- más estable es su equilibrio, y más
éxito tiene en modificar sus primeras situaciones de ansiedad. A medida que sus
impulsos genitales ganan en fuerza gradualmente, la represión del ello por el
yo pierde también mucha de su violencia, de modo que hay mucho menos fricción
entre los dos. Así, la relación de objeto más positiva que va junto con el
advenimiento del estadío genital, puede ser también considerada como signo de
una relación satisfactoria entre el superyó y el yo y entre El yo y el ello.
Ya sabemos que los puntos de fijación
para las psicosis han de hallarse en los primeros estadíos del desarrollo y que
el limite entre el estadío anal primario y el secundario forma la línea de
demarcación entre las psicosis y las neurosis. Me inclino a dar un paso más y
considerar aquellos puntos de fijación como puntos de partida, no solamente de
enfermedades subsecuentes si no de trastornos que el niño sufre durante los
primeros estadíos de su vida. En el último capítulo hemos visto que las
situaciones de ansiedad excesiva que surgen en la fase de sadismo máximo son un
factor etiológico fundamental en las perturbaciones psicóticas[239].
Pero he encontrado que en las fases más tempranas del desarrollo, los niños
normales también pasan por situaciones de ansiedad que son de carácter
psicótico. Si aquellas situaciones tempranas son activadas en un grado elevado,
ya sea por razones internas o externas, el niño exhibiría rasgos psicóticos. Y
si está demasiado presionado por sus imagos que hacen surgir miedo, y no puede
contrarrestarlas suficientemente con la ayuda de las imagos bondadosas y de sus
objetos reales, está expuesto a perturbaciones que son similares a las psicosis
del adulto y que se prolongan a menudo en una psicosis en la vida futura, o si
no forman la base de enfermedades graves u otras dificultades del desarrollo[240].
Pero desde que en la infancia las situaciones de ansiedad de esta naturaleza
entran en acción invariablemente en una época u otra y alcanza cierta
intensidad, todo niño manifestará en una u otra época síntomas psicóticos.
Por
ejemplo, el cambio entre la alegría excesiva y la tristeza extrema, que es una
característica de las perturbaciones melancólicas, se encuentra siempre en los
niños. La verdadera extensión y profundidad de la infelicidad que sienten los
niños no es tenida en cuenta para nada justamente porque es un suceso tan
frecuente y sufre cambios tan rápidos. Pero la observación analítica me ha
enseñado que su infelicidad y depresión, aunque no tan agudas como la depresión
melancólica del adulto, tiene las mismas causas y puede ser acompañada de ideas
de suicidio. He descubierto que los accidentes de mayor o menor importancia que
sufren los niños y las heridas que se infieren, son tentativas de suicidio
realizadas con medios todavía insuficientes. Entonces, también ellos exhiben en
algún grado esa exclusión de la realidad que tomamos como criterio de psicosis
en el adulto, aunque en su caso los consideramos en cierto modo normal.
Los rasgos paranoides son menos fáciles
de observar en ellos por estar asociados con esa astucia y disimulo típico de
esta perturbación, pero sabemos que los niños pequeños se sienten rodeados y
perseguidos por figuras fantásticas. Analizando niños muy pequeños he
encontrado que cuando estaban solos, especialmente de noche, el sentimiento que
experimentaban de estar rodeados de toda clase de perseguidores, tales como
hechiceros, brujas, demonios, formas fantásticas y animales[241] y su
ansiedad con respecto a ello tenía un carácter paranoide.
Las
neurosis infantiles presentan un cuadro hecho de varios rasgos psicóticos y
neuróticos y mecanismos que encontramos aislados en una forma más o menos pura
en los adultos. A veces los rasgos de esta perturbación, a veces de otra están
más fuertemente acentuados, pero en muchos casos la escena está completamente
oscurecida por e hecho de que están activas al mismo tiempo varias afecciones,
junto con las defensas empleadas contra ellas.
En su libro Inhibición, síntoma y angustia Freud dice que "las primeras
fobias de los niños no han encontrado ninguna explicación hasta ahora" y
que "su relación con las neurosis más obvias y tardías de la infancia de
ningún modo son evidentes". Creo que aquellas primeras fobias contienen la
ansiedad que surge en los primeros estadíos de la formación del superyó. Las
tempranas situaciones de ansiedad del niño aparecen alrededor de la mitad de su
primer año de vida y son inducidas por un incremento del sadismo. Consisten en
miedos de objetos violentos tanto externos como introyectados (que los devoren,
corten, castren); y tales miedos no pueden ser modificados en un grado adecuado
en este estadío tan temprano.
Las dificultades que a menudo tienen
los niños pequeños durante las comidas están también íntimamente relacionadas,
según mi experiencia, con sus situaciones de ansiedad tempranas y tienen
invariablemente orígenes paranoides. En la fase canibalística, los niños
equiparan cada clase de comida con sus objetos, como los representan sus
órganos, de modo que toma más el significado del pene del padre o del pecho de
la madre y son amados, odiados o temidos como ellos. Las comidas liquidas son
equiparadas con la leche, heces, orina y semen, y las sólidas, a las heces y
otras sustancias del cuerpo. Así, la comida puede hacer surgir todos aquellos
miedos de ser envenenado y destruido por dentro, que los niños sienten en
relación a sus objetos internalizados y sus excrementos, si sus primeras
situaciones de ansiedad operan con violencia.
Las fobias a los animales son en los
niños una expresión de ansiedad temprana de esta clase. Están basadas en esa
expulsión del superyó terrorífico que es característico del primer estadío anal
y representan así un proceso compuesto por varios movimientos mediante el cual
el niño modifica su miedo a su superyó y ello terroríficos. El primer
movimiento es arrojar aquellas dos instituciones al mundo externo y asimilar el
superyó al objeto real. El segundo movimiento no es familiar; es el
desplazamiento a un animal del miedo que siente al padre real. Pero antes de
éste hay a menudo un paso intermedio que consiste en elegir como objeto de
ansiedad en el mundo externo a un animal menos feroz en lugar de las bestias
salvajes y feroces que en los primeros estadíos del desarrollo del yo tomaban
el lugar del superyó y del ello. El hecho de que el animal-ansiedad no sólo
atrae hacia si el miedo del niño a su padre sino también su admiración por él
es una señal de que el proceso de formación de un ideal ya tiene lugar[242].
Las fobias de animales son va una modificación de grandes consecuencias del
miedo del superyó; y vemos aquí qué íntima relación existe entre el superyó, la
relación del objeto y las fobias de animales.
En Inhibición, síntoma y angustia, Freud
dice: "Creí en una época que una fobia tenía el carácter de una proyección
en el sentido de que un peligro instintivo interno estaba reemplazado por un
peligro percibido como viniendo de afuera. Esto trae con ello la ventaja de que
el sujeto puede protegerse por sí mismo del peligro externo escapando de él o
evitando la percepción del mismo, mientras que ninguna huida puede servir de
ayuda contra un peligro interno, pero este punto de vista, aunque no es
incorrecto, es demasiado superficial. Un impulso instintivo no es después de
todo un peligro en sí mismo sino solamente en cuanto implica un peligro
externo, es decir, el peligro de castración. Por último, una fobia es
simplemente una cuestión de sustituir un peligro externo por otro". Pero
me aventuro a pensar que lo que yace en la raíz de una fobia es, sin embargo,
un peligro interno, es el miedo de la persona a su propio instinto destructivo
y a sus padres introyectados. En el mismo párrafo, al describir las ventajas de
las formaciones sustitutivas, Freud nos dice que: "El miedo que pertenece
a una fobia está, después de todo, condicionado. Sólo se siente cuando el
objeto temido es percibido y en verdad porque es sólo entonces cuando surge la
situación de peligro. No hay necesidad de temer el ser castrado por un padre
que no está allí. Pero un padre es algo que no puede ser eliminado, aparece
cuando él quiere. Pero si el niño lo reemplaza por un animal, sólo tiene que
evitar la vista, es decir, la presencia de ese animal, para librarse del
peligro y de la ansiedad". Tal ventaja sería aun mayor si por medio de una
fobia de animal el yo pudiera no sólo realizar un desplazamiento de un objeto
externo a otro sino también una proyección a un objeto externo de un objeto más
temido del cual -porque es internalizado- no hay posible escapatoria.
Considerada bajo esta luz, una fobia de animal seria mucho más que una simple
deformación de la idea de ser castrado por el padre, en la de ser mordido por
un caballo o comido por un lobo. Por debajo de esto estaría no solamente el
miedo a ser castrado sino todavía un miedo anterior a ser devorado por el
superyó, de modo que la fobia sería en realidad una modificación de la ansiedad
perteneciente a los estadíos más tempranos.
Como ilustración de lo que sostengo,
tomemos dos casos bien conocidos de fobias de animales; el de Juanito y el del
"Hombre de los Lobos". Freud ha puntualizado que, a pesar de ciertas
similitudes, estas dos fobias difieren entre ellas en muchos aspectos. En
cuanto a las diferencias, la fobia de Juanito contenía muchos rasgos de
sentimientos positivos. Su animal-ansiedad no era aterrador en sí y además
sentía una cierta cordialidad hacia él, según se demostró por sus juegos a los
caballos con su padre, poco antes de que apareciera su fobia. Su relación con
sus padres y su ambiente era en conjunto muy buena y su desarrollo general
mostraba que había pasado con éxito el estadío anal-sádico y que había
alcanzado el estadío genital. Su zoofobia exhibirá solamente unas pocas huellas
de ese tipo de ansiedad que pertenece a los estadíos más tempranos en el cual
el superyó es equiparado con un animal terrorífico y salvaje y en las que el
miedo del niño a su objeto es correspondientemente intenso. Así, parecía haber vencido
y modificado esa temprana ansiedad bastante bien. Freud dice de él
"Juanito parece haber sido un niño normal, con el llamado completo de
Edipo positivo"[243],
de modo que su neurosis infantil puede ser considerada como leve y aun normal.
Su ansiedad, según sabemos, fue prontamente disipada por un corto análisis.
La neurosis infantil del llamado
"Hombre de los Lobos" (en un niño de 4 años), presenta un cuadro
diferente. El desarrollo de este niño no puede ser descrito como normal. Para
citar de nuevo a Freud: "Una temprana seducción había distorsionado su
relación con el objeto femenino. Su posición pasivo-femenina estaba acentuada
fuertemente y el análisis de su sueño del lobo muestra poca agresión
intencional contra su padre, mientras evidencia claramente que lo que estaba
reprimido era una actitud pasiva y tierna frente a él. Los factores mencionados
primeramente pueden haber jugado una parte pero no son observables"[244].
El análisis del niño demostró que su idea de ser devorado por su padre era la
expresión regresiva de un deseo pasivo y tierno hacia su padre con el objeto de
ser amado por él de un modo erótico y genital[245].
Considerado a la luz de nuestra discusión previa, la idea es vista no sólo como
expresión de ansias pasivas y tiernas que han sido degradadas por la regresión
sino por encima de esto como una reliquia de un estadío de desarrollo muy
temprano[246] Si
nosotros consideramos el miedo del niño a ser devorado por un lobo no sólo como
sustituto por distorsión de la idea de ser castrado por su padre, sino, según
yo sugeriría, como una ansiedad primaria que ha persistido en forma inalterable
junto con sus versiones posteriores y modificadas del mismo, se deducirá que ha
habido un miedo al padre, activo en él, que debe haber ayudado enormemente a
formar el curso de su desarrollo anormal. En la fase de sadismo máximo,
iniciada por tendencias sádico-orales, el deseo del niño de introyectar el pene
del padre, junto con sus impulsos hostiles sádico-orales intensos, da lugar a
miedos a una bestia peligrosa y devoradora que él equipara con el pene de su
padre. Lo que él pueda lograr en cuanto a vencer y modificar este miedo a su
padre dependerá en parte de la magnitud de sus tendencias destructivas. El
hombre de los lobos no venció esta ansiedad temprana. Su miedo al lobo, que
representaba el miedo al padre, demostraba que había conservado la imagen de su
padre como lobo devorador en los años siguientes. Porque, como sabemos,
redescubrió este lobo en sus imagos paternas posteriores y su desarrollo total
estuvo gobernado por ese miedo abrumador[247].
En mi
opinión, este miedo enorme a su padre fue un factor básico en la producción de
su complejo de Edipo invertido. Analizando varios niños muy neuróticos entre 4
y 5 años[248]
-niños que mostraron rasgos paranoides y en quienes el complejo de Edipo
invertido era predominante- me convencí de que este curso de desarrollo estaba
muy determinado por un miedo excesivo al padre todavía activo en las capas
mentales más profundas y que se había generado por impulsos primarios de
agresión -contra él- extremadamente fuertes. Contra un padre peligroso y
devorador de esta índole, ellos no podían empeñarse en la lucha que seria
naturalmente el resultado de una actitud edípica directa, y así tenían que
abandonar su posición heterosexual. Creo que la actitud pasiva del "Hombre
de los Lobos" frente al padre, estaba fundada en situaciones de ansiedad
de este orden, y que la seducción de él por su hermana sirvió simplemente para
reforzarlo y confirmarlo en la actitud a la que lo condujo el miedo a su padre.
Freud relata que "después del
sueño decisivo se había tornado muy díscolo y había tratado de molestar a todos
y se comportó de modo sádico" y que poco después desarrolló una neurosis
obsesiva típica que resultó ser muy grave al analizarla. Estos hechos parecen
confirmar mi punto de vista de que aun en la época de su fobia al lobo estaba
empeñado en defenderse de sus tendencias agresivas[249]. Que en
la fobia de Juanito su defensa contra los impulsos agresivos fuera tan
claramente visible mientras que en la del "Hombre de los Lobos"
tuviera que estar tan profundamente escondida, me parece explicarse por el
hecho de que, en el último, la ansiedad, mucho mayor -o el sadismo primario-,
había sido tratado de un modo más anormal. Y el hecho de que la neurosis de
Juanito no mostrara rasgos obsesivos mientras que el "Hombre de los
Lobos" desarrolló una neurosis obsesiva concuerda con mi opinión de que
cuando los rasgos obsesivos aparecen demasiado temprano y con excesiva fuerza
en una neurosis infantil, debemos inferir que sus perturbaciones son muy serias
y están en acción[250].
En los análisis de niños en los que se basan mis presentes conclusiones, pude
hacer remontar su desarrollo anormal a un sadismo exageradamente fuerte, o más
bien a un sadismo que no había sido modificado con éxito y que había conducido
a una excesiva ansiedad en un estadío muy temprano de la vida. El resultado de
esto había sido una exclusión muy grande de la realidad y la producción de
rasgos paranoides y obsesivos serios. El reforzamiento de los impulsos
libidinales y los componentes homosexuales que se presentaron en estos niños
sirvieron para defender y modificar el miedo a su padre que había surgido en
ellos tan tempranamente. Este modo de tratar la ansiedad creo que es un factor
etiológico fundamental en la génesis de la homosexualidad de los paranoicos[251]. Y
el hecho de que "El Hombre de los Lobos" desarrollara una paranoia
posteriormente, tiende a confirmar este punto de vista[252].
En El yo y el ello, al hablar sobre las
relaciones de amor del paranoico, Freud parece sostener mi idea. Dice:
"Hay todavía otro mecanismo posible que hemos llegado a conocer por medio
de la investigación psicoanalítica de los procesos que incumben a los cambios
en la paranoia. Una actitud ambivalente está presente desde el comienzo; y la
transformación se efectúa por medio de un cambio reactivo de catexis por medio
de la cual la energía es alejada de los impulsos eróticos y utilizada para
suplementar la energía hostil". En la fobia del "Hombre de los
Lobos", la ansiedad no modificada perteneciente a los estadíos más
tempranos pudo ser observada claramente. Al mismo tiempo, sus relaciones de
objeto tuvieron mucho menos éxito que las de Juanito; su estadío genital se
estableció débilmente y la influencia de los impulsos anal-sádicos fueron
demasiado fuertes; esto se hizo evidente por la neurosis obsesiva grave que tan
pronto hizo su aparición. Parecería que Juanito había podido modificar mejor su
superyó amenazador y terrible en una imago menos peligrosa y vencer su sadismo
y ansiedad. Su mayor éxito en este punto ha encontrado también expresión en su
relación de objeto más positiva hacia sus padres y en el hecho de que en él la
actitud heterosexual y activa era la predominante y en que había alcanzado
satisfactoriamente el estadío genital de desarrollo[253].
Sinteticemos brevemente lo que se ha dicho sobre la evolución de las fobias. En
el lactante, las primeras situaciones de ansiedad encuentran expresión en
ciertas fobias. En el primer estadío anal en sus fobias de animales están
involucrados todavía objetos de naturaleza intensamente terrorífica. En el
estadío anal secundario y, aun más, en el genital, estos objetos de ansiedad
están muy modificados.
El
proceso de modificación de una fobia está ligado, creo, con aquellos mecanismos
sobre los que se basan las neurosis obsesivas y que comienzan a activarse en el
estadío anal secundario. Me parece que la neurosis obsesiva es una tentativa de
curar las condiciones psicóticas subyacentes, y que en las neurosis infantiles
tanto los mecanismos obsesivos como los mecanismos pertenecientes a un estadío
previo de desarrollo ya están en acción[254].
A
primera vista parecería que esta idea de que ciertos elementos de neurosis
obsesiva juegan un papel importante en el cuadro clínico presentado en las
neurosis infantiles está en desacuerdo con lo que Freud ha dicho concerniente
al punto de partida de las neurosis obsesivas. Pero, sin embargo, creo que el
desacuerdo puede explicarse por lo menos en un punto importante. Es verdad que,
de acuerdo con mis hallazgos, los comienzos de la neurosis obsesiva yacen en el
primer período de la infancia; pero los rasgos obsesivos aislados que emergen
en ese período no están organizados en el conjunto que nosotros consideramos
como una neurosis obsesiva hasta el segundo período de la infancia, es decir,
hasta el comienzo del periodo de latencia. La teoría aceptada es que las
fijaciones en el estadío anal-sádico no entran a actuar como factores en la
neurosis obsesiva hasta más tarde, como resultado de una regresión hacía ellas.
Mi opinión es que el verdadero punto de partida de la neurosis obsesiva -el
punto en el cual el niño desarrolla síntomas obsesivos y mecanismos obsesivos-
está situado en aquel período de la vida que está gobernado por el estadío anal
secundario. El hecho de que esta enfermedad obsesiva temprana presente un
cuadro algo distinto al de las neurosis obsesivas totalmente desarrolladas es
comprensible si recordamos que no es sino hasta más tarde, en el período de
latencia, que el yo más maduro, con una relación con la realidad ya modificada,
comienza a trabajar para elaborar y sintetizar aquellos rasgos obsesivos que
han estado activos desde la primera infancia[255]. Otra
razón por la cual los rasgos obsesivos de los niños pequeños no son a menudo
fácilmente discernibles es la de que no están en evidencia tan claramente en el
cuadro general presentado por una neurosis infantil en comparación con la del
adulto, debido a la intromisión de otras perturbaciones más tempranas que
todavía no han sido vencidas y a los diversos mecanismos de defensa que todavía
se emplean contra esas perturbaciones.
Sin embargo, como he tratado de
demostrar, niños aun muy pequeños muestran con frecuencia síntomas de tipo
obsesivo muy evidente, y existen neurosis infantiles en las que una neurosis
obsesiva verdadera domina ya el cuadro[256]. Cuando
esto sucede, significa que las primeras situaciones de ansiedad son demasiado
poderosas y que no han sido suficientemente modificadas y que la neurosis
obsesiva es muy grave.
Al
distinguir entre la emergencia primera de rasgos obsesivos aislados y la
neurosis obsesiva verdadera, espero haber logrado presentar mi punto de vista,
expuesto aquí, concerniente a la génesis de la neurosis obsesiva, de acuerdo
con la teoría ya aceptada. En Inhibición,
síntoma y angustia, Freud señala: "El punto de partida de la neurosis
obsesiva es la defensa necesaria contra las exigencias libidinales que surgen
del complejo de Edipo" y que "la organización genital de la libido es
débil y poco resistente. Cuando el yo comienza su lucha defensiva, su primer
efecto es retrotraer la organización (del estadío fálico) en parte o totalmente
hacia el estadío sádico anal secundario. Esta regresión es decisiva para todo
lo que sigue". Si consideramos como una regresión esa fluctuación entre
las diversas posiciones libidinales que es, en mi opinión, una característica
de los primeros estadíos de desarrollo y en la cual la posición genital ya
cargada está siendo abandonada continuamente por un tiempo, hasta que ha sido
adecuadamente reforzada y establecida; y si mi idea de que la situación edípica
comienza muy temprano es correcta, entonces, el punto de vista aquí sostenido
sobre el punto de partida de las neurosis obsesivas, no sólo no estaría en
contradicción con la opinión de Freud arriba citada, sino que confirmaría otra
sugerencia suya que ya expresó como hipótesis. Dice así: "Tal vez la
regresión es el resultado no de un factor constitucional, sino de uno temporal
y se hace posible no debido a que la organización genital de la libido ha sido
débil, sino porque la lucha del yo ha comenzado demasiado pronto, mientras la
fase sádica está todavía en su fase dominante"[257].
Discutiendo contra esta idea, continúa: "Aunque yo no confío en poder
hacer un pronunciamiento definitivo sobre este punto, tampoco puedo decir que
la observación analítica no favorece tal suposición. Tiende a demostrar que el
individuo no penetra en la neurosis obsesiva hasta después de haber alcanzado
el estadío fálico. Además, la edad en la cual irrumpe la neurosis es más
avanzada que en la histeria, teniendo lugar en el segundo periodo de la
infancia después que ha comenzado el período de latencia"[258].
Estas objeciones serían en parte destruidas si adoptáramos el punto de vista,
expuesto aquí, de que la neurosis obsesiva tiene su punto de partida en el
primer período de la infancia, pero no comienza en su forma completa hasta el
comienzo del período de latencia.
El punto de vista de que los mecanismos
obsesivos comienzan a entrar en acción muy temprano en la infancia, hacia el
final del segundo año, es parte de mi tesis general de que el superyó se forma
en los estadíos más tempranos de la vida del niño, siendo sentido primero por
el yo como ansiedad, y luego, a medida que el estadío anal-sádico primario
termina, y también gradualmente como sentimiento de culpa. Esta teoría una vez
más difiere de la teoría ortodoxa. En la primera parte de este libro he
expuesto datos empíricos sobre los que se basa ésta; ahora quisiera aducir una
razón teórica en su apoyo. Volviendo una vez más a Freud: "El motor de
todas las formaciones de síntomas secundarios -dice- es aquí (en las neurosis
obsesivas) claramente el miedo sentido por el yo frente al superyó"[259].
Mi opinión de que la neurosis obsesiva es un medio de modificar las situaciones
primeras de ansiedad y que el severo superyó que figura en ella no es otro que
el superyó terrorífico y no alterado, correspondiente a los primeros estadíos
de desarrollo del niño, nos acerca mas a una solución del problema del porqué
el superyó sería en realidad tan severo en esta neurosis.
He descubierto que los sentimientos de
culpa del niño que están ligados a sus tendencias anal-uretral-sádicas se
derivan de los ataques imaginarios que realiza sobre el cuerpo de su madre
durante la fase de sadismo máximo[260]. En los
análisis tempranos vemos el miedo del niño a una madre mala que le exige que
devuelva las heces y los niños que le ha robado. De este modo, la madre real (o
la niñera), que le exige limpieza, se torna enseguida en una persona terrible
para él, una persona que no sólo insiste en que renuncie a sus heces, sino que,
según se lo dice su imaginación aterrada, intenta arrebatárselas de su cuerpo
por la fuerza. Otra fuente aun más abrumadora de miedo surge de sus imagos
introyectadas, de las que, en virtud de sus propias fantasías destructivas
dirigidas contra los objetos externos, anticipa ataques de una naturaleza
similarmente salvaje dentro de él mismo.
En esta fase, como consecuencia de la
ecuación del excremento con sustancias peligrosas que envenenan y queman y con
armas de ofensa de toda clase, el niño se aterra de sus propios excrementos
como de algo que destruirá su cuerpo. Esta equivalencia sádica del excremento
con las sustancias destructivas, junto con sus fantasías de ataque realizadas
con su ayuda, conducen aun más al niño a temer que los ataques por medios
similares puedan ser hechos contra su cuerpo, tanto por los objetos internos
como externos, y lo lleva a sentir terror a los excrementos y a la suciedad en
general.
Estas fuentes de ansiedad, tanto más
abrumadoras por ser tan numerosas, constituyen, según mi experiencia, las
causas más profundas de sentimientos de ansiedad y culpa del niño en conexión
con sus hábitos de limpieza.
Las formaciones reactivas de asco,
orden y limpieza surgen en el niño, por lo tanto, de la ansiedad, emanada de
varias fuentes, que se origina en sus situaciones de peligro más tempranas. Sus
sentimientos reactivos de piedad se presentan en primer plano especialmente en
el comienzo del segundo estadío anal, cuando se han desarrollado sus relaciones
con sus objetos. Sin embargo, en este estadío, como ya hemos visto, la
aprobación de sus objetos es también una garantía de seguridad y salvaguardia
contra la destrucción desde afuera y desde adentro, y su restauración es una
condición necesaria de la integridad de su propio cuerpo[261]. La
ansiedad perteneciente a las primeras situaciones de peligro está, creo,
íntimamente asociada con los comienzos de las obsesiones y de las neurosis
obsesivas. Se relaciona con múltiples daños y actos de destrucción realizados
dentro del cuerpo, y por lo tanto es dentro del cuerpo que tiene que hacerse la
restauración. Pero el niño no puede saber con certeza nada sobre el interior
del cuerpo, ya sea del suyo o de sus objetos. No puede asegurar hasta dónde es
bien fundado su miedo a daños internos y ataques y hasta dónde los ha llevado a
cabo por medio de sus actos obsesivos. El resultante estado de incertidumbre en
que se encuentra, se alía e incrementa su intensa ansiedad, dando lugar a un
deseo obsesivo de conocimiento. Trata de vencer su ansiedad, cuya naturaleza
imaginaria desafía un examen critico, poniendo un énfasis exagerado sobre la
realidad, siendo demasiado preciso, etcétera.
Así vemos que la duda que resulta de
esta incertidumbre juega un papel no sólo creando un carácter obsesivo, sino
también haciendo surgir inclinaciones hacia la exactitud, el orden y la
observación de ciertas reglas y rituales, etcétera[262].
Otro
elemento que acompaña a la ansiedad que deriva de las primeras situaciones de
ansiedad y que ejerce una fuerza importante sobre el carácter de las obsesiones
es su intensidad y multiplicidad -(multiplicidad debida a las muchas fuentes de
donde surge)-, que producen una impulsión correspondientemente fuerte para
poner en acción los mecanismos defensivos. El niño se siente impulsado a
limpiar y componer de modo obsesivo todo lo que ha ensuciado, roto o echado a
perder de algún modo. Tiene que embellecer y restaurar los objetos dañados de
todos modos, de acuerdo con la variedad de sus fantasías sádicas y los detalles
contenidos en ellas.
La coerción que el neurótico obsesivo a
menudo dirige a otras personas también es, diría, un resultado de una múltiple
proyección. En primer lugar está tratando de expeler la intolerable compulsión
bajo la cual está sufriendo, tratando su objeto como si fuera su ello o su
superyó y de desplazar sobre el mismo la coerción que éstos ejercen sobre él.
Al hacer esto y atormentar y subyugar su objeto, está incidentalmente
satisfaciendo su sadismo primario. En segundo lugar está arrojando hacia
afuera, sobre sus objetos externos, lo que es en último término un miedo de ser
destruido o atacado por sus objetos introyectados. Este miedo ha hecho surgir
en él una compulsión a controlar y dominar sus imagos, y desde que nunca puede
en realidad hacerlo, trata, en cambio, de tiranizar los objetos externos.
Si es exacto mi punto de vista de que
la magnitud e intensidad de las actividades obsesivas y severidad de la
neurosis son equivalentes a la extensión y carácter de la ansiedad que surge de
las más tempranas situaciones de peligro, estaremos en mejor posición para
comprender la íntima conexión que sabemos que existe entre la paranoia y las
formas más graves de neurosis obsesivas. Según Abraham, en la paranoia la
libido regresa al primero de los dos estadíos anal-sádicos. Teniendo en cuenta
mi experiencia, me inclino a ir más adelante y decir que en el primer estadío
anal-sádico el individuo, si sus primeras situaciones de ansiedad son
fuertemente operativas, pasa realmente por estados de paranoia rudimentarios
que normalmente vence en el estadío siguiente (anal-sádico secundario), y que
la gravedad de su enfermedad obsesiva depende de la gravedad de los trastornos
paranoides que le han precedido. Si sus mecanismos obsesivos no pueden vencer
adecuadamente aquellas perturbaciones, sus rasgos paranoides subyacentes
aparecerán en la superficie o hasta podrá sucumbir a una paranoia.
Sabemos que la supresión de los actos
obsesivos hace surgir ansiedad, y que por lo tanto esos actos sirven para
dominarla. Si suponemos que la ansiedad así vencida pertenece a situaciones
primeras de ansiedad y culmina en el miedo del niño a que su propio cuerpo y el
de su objeto sea destruido de muchas maneras, podremos comprender mejor el
significado más profundo de muchos actos obsesivos. La acumulación compulsiva
de cosas y el deshacerse de ellas se hace más comprensible tan pronto como
podemos reconocer con más claridad la naturaleza de la ansiedad y los
sentimientos de culpa que subyacen en el intercambio de objetos en el nivel
anal. En el análisis de juego, el tomar
dar compulsivo encuentra expresiones muy diversas. Tiene lugar junto con
la ansiedad y culpa como una reacción a las representaciones de actos de robo y
destrucción. Por ejemplo, los niños transferirán el todo o parte de los
contenidos de una caja a otra y las arreglarán allí con cuidado, conservándolas,
con todo un despliegue de ansiedad y -si son bastante grandes- contándolas una
y otra vez una por una. Las cantidades y contenidos son muy variados e
incluyen: fósforos quemados, cuyas cenizas el niño se ocupa a menudo de sacar,
moldes de papel, lápices, ladrillos para construcción, trozos de piolín,
etcétera. Ellos representan todas las cosas que el niño ha tomado del cuerpo de
su madre: el pene de su padre, niños, pedazos de materias fecales, orina,
leche, etc. El niño puede comportarse de la misma manera con anotadores,
rompiendo las hojas y conservándolas cuidadosamente en algún otro lugar. Como
consecuencia de la ansiedad que surge, poner de nuevo lo que simbólicamente ha
tomado del cuerpo de su madre, a menudo no satisface su compulsión de dar o,
más bien, de restaurar. Se ve constantemente impulsado de diversos modos para
devolver más de lo que ha tomado, y, sin embargo, al hacerlo sus tendencias
sádicas primarias irrumpen de continuo en sus tendencias reactivas.
Por ejemplo, mi pequeño paciente John,
de 5 años, un niño muy neurótico, desarrolló en este estadío de su análisis una
manía de contar, síntoma que no había sido notado porque es algo que sucede muy
a menudo en esta edad. En su análisis, acostumbraba marcar con cuidado la
posición de los muñequitos y otros juguetes sobre una hoja de papel, sobre la
que los había colocado antes de traspasarlos a otra hoja, pero no sólo quería
saber exactamente dónde habían estado antes para poder volverlos a colocar en su
lugar idéntico, sino que también deseaba contarlos muchas veces, para estar
seguro del número de cosas (por ejemplo, pedazos de heces, pene de su padre y
niños) que había tomado (del cuerpo de su madre) y que tenía que devolver.
Mientras hacia esto me llamaba estúpida y mala, y decía "uno no puede
tomar 13 de 10 ó 7 de 2". Este miedo de tener que devolver más de lo que
poseía es típico en los niños y puede explicarse en parte por la diferencia de
tamaño entre ellos y las personas adultas y en parte por lo inmenso de su
sentimiento de culpa. Sienten que no pueden devolver de su cuerpecito todo lo
que han tomado del cuerpo de la madre, que es tan grande en comparación; y el
peso de su culpa que los reprocha sin cesar de robar y destruir a su madre o
padre, fortalece su creencia de no poder nunca devolver bastante. El
sentimiento de "no saber" que tienen a una edad muy temprana, aumenta
su ansiedad. Este es un tema que me gustaría volver a tratar más adelante.
Muy a menudo los niños interrumpen sus
representaciones de "devolver" por tener que ir al baño a defecar.
Otro pequeño paciente mío, también de 5 años, acostumbraba ir al baño cuatro o
cinco veces durante su hora en este estadío del análisis. Cuando volvía,
contaba obsesivamente, hasta llegar a números altos, para convencerse de que
poseía lo bastante para devolver lo que había robado. Vista así su tendencia
acumulativa de posesión anal-sádica, que parecería surgir simplemente del
placer de juntar para sí, presenta otro aspecto. Los análisis de adultos me han
demostrado también que el deseo de tener una suma de dinero contante para
cualquier contingencia, es un deseo de estar armado contra un ataque por parte
de la madre a la que ellos han robado, una madre que con relativa frecuencia
hacía mucho que había muerto. De esta manera podrían devolverle lo que le
habían robado. El miedo de ser despojado de los contenidos de su cuerpo los
impulsa a acumular continuamente más dinero para tener reservas. Por ejemplo,
después que John y yo estuvimos de acuerdo con que su miedo de no poder
devolver a su madre todas las materias fecales y niños que le había robado lo
obligaba a seguir cortando o robando cosas, me dio otras razones por las que no
podía restaurar todo lo que había tomado. Dijo que sus materias fecales se
habían fundido mientras tanto; que después de todo, aunque pasara todo el
tiempo haciendo y aun si tuviera que seguir y seguir haciendo más, nunca podría
hacer lo suficiente. Y además él no sabía si serían "bastante
buenas". Por "bastante buenas" quería decir, en primer lugar,
igual en valor a lo que él había robado del cuerpo de su madre (de ahí su
cuidado en elegir las formas y colores en estas escenas de restitución). Pero,
en un sentido más profundo, significaba algo inofensivo, libre de veneno[263].
Por otra parte, su frecuente constipación era debida a su necesidad de acumular
sus heces y guardarlas dentro para no estar vacío. Estas diversas tendencias en
conflicto, de las que sólo he mencionado unas cuantas, hacían surgir en él una
grave ansiedad. Cuando aumentaba su miedo por no poder producir la correcta
cantidad de heces o no ser capaz de reparar lo que había dañado, sus tendencias
destructivas primarias irrumpían una vez más con toda su fuerza y entonces
desgarraba, quemaba las cosas que había hecho cuando sus tendencias reactivas
habían alcanzado el punto culminante -la caja que había pegado y llenado y que
representaba a su madre, o el trozo de papel sobre el que había dibujado el
plano de una ciudad- y su sed de destrucción se volvía insaciable. Su
comportamiento, al mismo tiempo, presentó en todo su desarrollo el significado
sádico primitivo de orinar y defecar. El desgarrar, cortar y quemar papel,
mojar cosas con agua, ensuciarías con cenizas y garabatear con lápices, todas
estas acciones tenían los mismos propósitos destructivos. El mojar y el
embadurnar significaban fundir, ahogar o envenenar. El papel mojado apretado en
bolillas, por ejemplo, representaba especialmente proyectiles venenosos, a
causa de que eran una mezcla de orina y materia fecales. Los diversos detalles
de sus representaciones demostraban que el significado sádico ligado al orinar
y defecar era la causa más profunda de su sentimiento de culpa y la base de ese
impulso de restituir que encontraba expresión en sus mecanismos obsesivos.
El hecho de que un aumento de ansiedad
lleve por regresión a mecanismos de defensa de los primeros estadíos, demuestra
qué fatal es la influencia ejercida por el superyó abrumador y poderoso que
acompaña este temprano período de desarrollo. La presión ejercida por este
primer superyó aumenta las fijaciones sádicas del niño, con el resultado de que
tiene que estar repitiendo constantemente sus actos destructivos originarios de
un modo compulsivo. Su miedo de no poder colocar las cosas de nuevo correctamente
hace surgir su miedo más profundo de hallarse expuesto a la venganza de los
objetos a los que en su imaginación él ha matado, y que continúan volviendo, y
pone en movimiento los mecanismos de defensa que acompañan a los primeros
estadíos, porque la persona que no puede ser satisfecha y aplacada debe ser
eliminada. El yo débil del niño no puede estar en buenas relaciones con un
superyó amenazador y salvaje, y no es sino hasta que se ha alcanzado un estadío
algo más avanzado que su ansiedad también es sentida como sentimiento de. culpa
y pone en movimiento los mecanismos obsesivos. Uno se asombra al descubrir que
en este período del análisis, el niño, al obedecer a sus fantasías sádicas, no
sólo está actuando bajo una intensa presión de ansiedad, sino que el dominio de
la ansiedad se ha transformado en su mayor placer.
En cuanto la ansiedad del niño aumenta,
su deseo de posesión se ensombrece por su necesidad de poseer los medios
necesarios para hacer frente a las amenazas de su superyó y sus objetos y se
vuelve un deseo de poder devolver. Pero este deseo no puede ser satisfecho si
su ansiedad y su conflicto son demasiado grandes, y así vemos que el niño muy
neurótico trabaja bajo una compulsión constante de tomar, con la finalidad de
poder dar. (Puede advertirse que este factor psicológico participa en todas las
perturbaciones funcionales de los intestinos y, también, en muchos malestares
corporales.) Recíprocamente, a medida que disminuye la violencia de su
ansiedad, sus tendencias reactivas pierden también su carácter de violencia y
compulsión y se hacen más estables en su aplicación, haciendo sentir su efecto
de modo más moderado y continuo y con menos posibilidad de interrupción por
parte de las tendencias destructivas. Y ahora la idea del niño de que la
restauración de su propia persona depende de la restauración de sus objetos se
hace más y más fuerte. Sus tendencias destructivas, por cierto, no se han
vuelto ineficaces, pero han perdido su carácter de violencia y se han hecho más
adaptables a las exigencias del superyó. Y aunque entran dentro de las
formaciones reactivas -en el segundo de los dos estadíos sucesivos de que se
compone el acto obsesivo-, admiten más fácilmente la guía del superyó y del yo
y están en libertad para perseguir propósitos sancionados por aquellas
instituciones.
Como sabemos, existe una íntima
conexión entre los actos obsesivos y la "omnipotencia de
pensamiento". Freud ha puntualizado que las acciones primitivas obsesivas
de los salvajes son esencialmente de carácter mágico. Dice: "Si no son
mágicas, son por lo menos contramágicas, y tienen el propósito de defender la
expectativa del mal con el cual la neurosis suele empezar", y además
"las fórmulas de defensa de las neurosis obsesivas tienen su contraparte
también en los encantamientos mágicos. Al describir la evolución de las
acciones obsesivas, podemos advertir cómo ellas comienzan como magia, contra
los malos deseos tan alejadas como es posible de todo lo que sea sexual, para
terminar como un sustituto de actividades sexuales prohibidas que imitan con la
mayor fidelidad posible"[264].
De este modo vemos que los actos obsesivos son una contramagia, un amparo
contra los malos deseos (deseos de muerte)[265] y, al
mismo tiempo, contra los actos sexuales.
Esperamos encontrar que estos elementos
que se han unido en una acción defensiva, estén también presentes en aquellas
fantasías y hechos que han hecho surgir un sentimiento de culpa y poner en
movimiento esa acción defensiva. Una mezcla de esta clase de magia, malos
deseos y actividades sexuales se encontrará después en una situación que ha
sido descripta en detalle en el último capítulo, las actividades masturbatorias
de niños pequeños. Allí puntualicé que las fantasías de masturbación que
acompañan el comienzo del conflicto de Edipo están, como el conflicto de Edipo
mismo, completamente dominadas por los instintos sádicos, que se centran
alrededor de la copulación entre los padres y que implican ataques sádicos
contra ellos, y se hacen de este modo una de las fuentes más profundas del
sentimiento de culpa del niño. Y llegué a la conclusión de que este sentimiento
de culpa que surge de impulsos destructivos dirigidos contra sus padres es el
que hace de la masturbación, y el comportamiento sexual en general, algo malo y
prohibido para el niño, de modo que su culpa está realmente ligada a sus
instintos destructivos y no a los libidinales e incestuosos[266]. La fase en la cual, de acuerdo con mi punto de
vista, comienza el conflicto de Edipo y las fantasías de masturbación sádicas
que lo acompañan, es la fase del narcisismo, fase en la cual el sujeto tiene,
para citar a Freud, "una gran estimación de sus propios actos psíquicos,
lo que desde nuestro punto de vista es una sobreestimación de los mismos"[267].
Esta fase se caracteriza por un sentimiento de omnipotencia por parte del niño
por las funciones de su intestino y vejiga y por la resultante creencia en la
omnipotencia de sus pensamientos[268]. Como
resultado de esto, se siente culpable a causa de los múltiples asaltos sobre
sus padres que realiza en su imaginación. Este exceso de culpa que resulta de
la creencia en la omnipotencia de sus excrementos y pensamientos es, creo, uno
de los factores que hacen que los neuróticos y los primitivos retengan o
regresen a sus sentimientos de omnipotencia originarios. Cuando su sentimiento
de culpa pone en movimiento acciones obsesivas como defensa, emplean este
sentimiento con el propósito de hacer restituciones. Pero entonces tienen que
sostenerlo de manera compulsiva y exagerada porque es esencial que los actos de
reparación que realizan estén basados en la omnipotencia, así como lo estaban
sus actos primitivos de destrucción.
Freud ha dicho que "es difícil
decidir si estos primeros actos obsesivos o de defensa siguen el principio de
la similitud o contraste, porque dentro del campo de acción de la neurosis
están por lo general deformados por su desplazamiento a alguna acción pueril
que es en sí misma completamente insignificante"[269]. Los
análisis tempranos dan una prueba completa del hecho de que los mecanismos
restitutivos se basan, últimamente, en este principio de similitud (o
contraste), en todos los puntos, tanto en grado como en naturaleza. Si un niño
ha retenido sentimientos de omnipotencia primarios muy fuertes en asociación
con fantasías sádicas, se sigue que tendrá que tener una creencia muy fuerte en
la omnipotencia creativa que lo debe ayudar para hacer restituciones. El
análisis de niños y adultos muestra muy claramente qué parte importante juega
este factor en promover o inhibir tal comportamiento constructivo y reactivo.
El sentimiento de omnipotencia del sujeto con respecto a su capacidad para
hacer restitución no es de modo alguno igual a su sentimiento de omnipotencia
con respecto a su capacidad de destruir; porque debemos recordar que estas
formaciones reactivas comienzan en un estadío de desarrollo del yo y de
relación de objeto en el cual su conocimiento de la realidad se encuentra en un
estado mucho más avanzado. Así, si bien un sentimiento de omnipotencia
exagerado es una condición necesaria para hacer restitución, su creencia en la
posibilidad de hacerlo así estará en desventaja desde el comienzo[270].
En
algunos análisis he encontrado que el efecto inhibidor que resulta de esta
disparidad entre los poderes destructivos y los restitutivos estaba reforzada
por otro factor. Si el sadismo primario del paciente y su sentimiento de
omnipotencia habían sido excesivamente fuertes, sus tendencias reactivas eran
correspondientemente más poderosas y sus fantasías de restitución estaban
basadas en fantasías megalomaníacas de gran magnitud. En su imaginación
infantil la destrucción que él ha operado era algo único y gigantesco, y, por
lo tanto, la restitución que tenía que hacer debía también ser única y
gigantesca. Esto, en si, sería un impedimento suficiente para la realización o
logro de sus tendencias constructivas (aunque debe mencionarse que dos de mis
pacientes poseían sin duda dotes artísticas y creadoras poco comunes). Pero
junto con estas fantasías megalomaníacas tienen grandes dudas de si poseen la
omnipotencia necesaria para hacer restitución en esta escala. Como consecuencia
tratan de negar también su omnipotencia en sus actos de destrucción, pero toda
indicación de que están usando su omnipotencia en un sentido positivo sería
prueba de haberla usado en un sentido negativo, y por lo tanto, tiene que ser
evitada hasta que se pueda presentar una prueba absoluta de que su omnipotencia
constructiva contrabalancea completamente la opuesta.
En los dos casos de adultos que
recuerdo, la actitud de "todo o nada" que resultaba de estas
tendencias en conflicto, los condujo a graves inhibiciones en su capacidad para
el trabajo, mientras que en uno o dos pacientes niños contribuyó para inhibir
gravemente la formación de sublimaciones.
Este mecanismo no parece ser típico de
las neurosis obsesivas. Los pacientes en los que he observado esto presentaban
un cuadro clínico de tipo mixto, no uno puramente obsesivo. En virtud del
mecanismo de "desplazamiento a lo insignificante", que juega una
parte tan grande en esta neurosis, el paciente obsesivo puede buscar en logros
sin importancia una prueba de su omnipotencia constructiva y de su éxito en
hacer restitución completa. Las dudas que puede tener sobre este punto[271]
son, en este caso, un incentivo importante para repetir sus acciones de un modo
obsesivo.
Es bien
sabido el vinculo íntimo que existe entre los instintos de conocer y los
sádicos. Freud escribe[272]:
"el deseo de conocimiento en
particular, ofrece a menudo la impresión de que en realidad puede tomar el
lugar del sadismo en el mecanismo de la neurosis obsesiva". Por lo que
he podido observar, la conexión entre ambos se forma en un estadío muy temprano
del desarrollo del yo, durante la fase de máximo sadismo. En esta época los
instintos de conocer del niño están activados por su incipiente conflicto edípico,
que comienza utilizando sus tendencias oral-sádicas[273]. Parece
que su primer objeto es el interior del cuerpo de su madre, que el niño
considera antes que nada como un objeto de gratificación oral y después como la
escena donde tiene lugar el coito entre sus padres y el lugar donde están
situados los niños y el pene del padre. Al mismo tiempo que quiere forzar su
camino dentro del cuerpo de su madre para tomar posesión de sus contenidos y
destruirlos, quiere saber lo que allí pasa y cómo son las cosas. De este modo
su deseo de saber lo que hay en el interior de su cuerpo se asimila de muchos
modos con su deseo de forzar un camino hacia su interior, y uno de los deseos
refuerza y toma el lugar del otro. Así, los comienzos del deseo de saber se
ligan con las tendencias sádicas en su fuerza máxima, y es más fácil comprender
por qué este vínculo debe ser tan intimo y por qué el instinto de conocer debe
hacer surgir sentimientos de culpa en el individuo.
Vemos al niño pequeño oprimido por una
multitud de preguntas y problemas para los que su intelecto no está todavía
capacitado. El reproche típico que el niño hace contra su madre es,
principalmente, el de que ella no contesta estas preguntas, y del mismo modo
que no ha satisfecho sus deseos orales tampoco satisface su deseo de saber.
Este reproche tiene una parte importante tanto en el desarrollo del carácter
del niño como en el de sus instintos de conocer. Hasta dónde se retrotrae esta
acusación puede verse en otro reproche, íntimamente asociado al primero, que el
niño hace habitualmente a su madre, el de que no pudo entender lo que los
mayores estaban diciendo o las palabras que usaban; esta segunda queja debe
referirse a una época anterior a su lenguaje. Además, el niño liga una
extraordinaria cantidad de afecto a estos dos reproches, ya sea que aparezcan
aislados o combinados; y en estos momentos hablará en su análisis de tal manera
que no sea posible comprenderlo y al mismo tiempo reproducirá las reacciones de
rabia que originariamente sintió al ser incapaz de entender las palabras[274].
No puede transformar en palabras las preguntas que quiere formular, y no podrá
comprender ninguna respuesta que sea dada en palabras. Pero, en parte al menos,
estas preguntas nunca han sido conscientes. La desilusión a la cual está
condenado este primer despertar del deseo de saber en los estadíos tempranos
del desarrollo del yo es, creo, la fuente más profunda de los serios trastornos
de este instinto en general[275]. Hemos visto que en primer lugar son los
impulsos sádicos contra el cuerpo de la madre los que activan el instinto de
conocer del niño. Pero la ansiedad que pronto sigue como reacción a tales
impulsos proporciona otro ímpetu muy importante para el aumento e
intensificación de ese instinto. El afán que el niño siente por descubrir lo
que hay dentro del cuerpo de su madre y del suyo propio, está reforzado por su
miedo a los peligros que él supone que contiene el primero y también por el
miedo a los objetos peligrosos introyectados y a los acontecimientos dentro de
sí mismo. El conocimiento ahora es un medio de dominar la ansiedad; su deseo de
saber se convierte en factor importante tanto del desarrollo de sus instintos
de conocer como de su inhibición. La ansiedad desempeña aquí el mismo papel de
agente promotor y retardador, lo mismo que en el desarrollo de la libido. Hemos
tenido ocasión, en páginas anteriores, de discutir algunos ejemplos de graves
perturbaciones del instinto de conocer[276], y hemos
visto cómo el terror del niño de saber algo de la temible destrucción que ha
infligido al cuerpo de su madre en su imaginación y los consecuentes
contraataques y peligros a que estaba expuesto, era tan tremendo, que establece
una perturbación radical de su deseo de saber en general, de modo que su deseo
originario intensamente fuerte e insatisfecho de obtener información sobre la
forma, tamaño y número de los penes de su padre, excrementos y niños dentro de
su madre, se ha transformado en una necesidad de medir, agregar y contar cosas
de modo compulsivo.
A medida que se fortifican los impulsos
libidinales de los niños y que los destructivos se debilitan, tienen lugar
continuamente cambios cualitativos en su superyó, y así se hace sentir más y
más por el yo, como una influencia admonitoria. Y, a medida que su ansiedad
disminuye, sus mecanismos restitutivos se hacen menos obsesivos y trabajan más
regular y eficientemente y con mejores resultados, y emergen más claramente las
reacciones que reconocemos como pertenecientes al estadío genital. Ese estadío
estaría así caracterizado por el hecho de que los elementos positivos han
vencido las interacciones que tienen lugar entre proyección e introyección y
entre la formación del superyó y las relaciones de objeto, que en mi opinión
dominan todos los estadíos tempranos del desarrollo del niño.
10. EL
SIGNIFICADO DE LAS SITUACIONES TEMPRANAS DE ANSIEDAD EN EL DESARROLLO DEL YO
Uno de los principales problemas del
psicoanálisis es el de la ansiedad y sus modificaciones. Las diversas
enfermedades psiconeuróticas del ser humano surgen de la mayor o menor
capacidad para dominar la ansiedad. Pero junto a estos métodos de modificar la
ansiedad, que pueden considerarse patológicos, hay un número de métodos
normales que tienen una enorme importancia en el desarrollo del yo. Son algunos
de ellos los que consideraré en las siguientes páginas.
En los comienzos de su desarrollo el yo
está sometido a la presión de las tempranas situaciones de ansiedad. Como
todavía es débil, está expuesto por una parte a las violentas exigencias del
ello y por la otra a las amenazas de un cruel superyó, y tiene que ejercer sus
poderes en toda su amplitud para satisfacer a ambos. La descripción que Freud
hace del yo: "una pobre criatura sometida a tres amos y consecuentemente
amenazada por tres diferentes peligros "[277] es
especialmente verdadera tratándose del débil e inmaduro yo del niño pequeño,
cuya labor principal es dominar la presión de la ansiedad subyacente[278].
Aun los niños mas pequeños tratan de
vencer en su juego las experiencias desagradables. Freud describió cómo un niño
pequeño de un año y medio quiso resarcirse del acontecimiento doloroso de la
temprana ausencia de su madre arrojando un carretel de madera que estaba atado
a un hilo de modo de hacerlo desaparecer y aparecer una y otra vez[279].
Freud reconoció en esta conducta una función de general importancia en el juego
del niño. Por su intermedio el niño transforma las experiencias sufridas
pasivamente en activas, y cambia el dolor en placer, dando a estas experiencias
primitivamente dolorosas un final feliz.
Los análisis tempranos muestran que en
el juego el niño no sólo vence una realidad dolorosa[280], sino
que también domina sus miedos instintivos y los peligros internos
proyectándolos al mundo exterior[281].
El
esfuerzo realizado por el yo al desplazar procesos intrapsíquicos al mundo
exterior y dejar que sigan su curso allí, está ligado a otra función mental que
Freud nos ha hecho conocer al tratar los sueños de neuróticos en relación con
los traumas que han sufrido. Dice: "estos sueños son intentos de
restaurar, desarrollando angustia, el control de estímulos cuya omisión ha
llegado a ser la causa de la neurosis traumática. Ellos nos suministran así una
visión de una función del aparato psíquico que, sin estar en contradicción con
el principio del placer, es, sin embargo, independiente de él y aparece siendo
de un origen más temprano que el propósito de obtener placer y evitar
displacer"[282].
Me parece que el esfuerzo siempre renovado del niño para dominar la ansiedad en
sus juegos también involucra "un control de estímulos por medio del
desarrollo de angustia"[283].
Un desplazamiento de esta clase de peligros internos e instintivos hacia el
mundo externo, capacita al niño no sólo para dominar mejor su miedo a ellos,
sino para prepararlo más completamente contra ellos.
El desplazamiento al mundo externo de
la ansiedad del niño surgida de causas intrapsíquicas -desplazamiento que va
junto con la desviación al exterior de sus instintos destructivos- tiene el
efecto agregado de aumentar la importancia de sus objetos, porque es en
relación con aquellos objetos, que se movilizarán ahora tanto sus impulsos
destructivos como sus tendencias positivas y reactivas[284]. Así,
sus objetos se transforman en una fuente de peligro para el niño, y, sin
embargo, siempre que sean bondadosos representan también un refugio contra la
ansiedad.
Además del alivio que produce
permitiendo que los estímulos instintivos internos sean tratados como si fueran
estímulos externos, el mecanismo de proyección, al desplazar la ansiedad en
relación con los peligros internos al mundo externo, trae ventajas adicionales.
Los instintos de saber del niño, que junto a sus impulsos sádicos se han
dirigido al interior del cuerpo de la madre, son intensificados por temor a los
peligros y actos de destrucción que continúan allí y dentro de él, y que no
tiene medio de conocer. Pero cuando los peligros a que está expuesto son reales
y externos, es capaz de descubrir algo más acerca de su naturaleza y saber si
las medidas adoptadas contra ellos han tenido éxito; y tiene así más
posibilidades de vencerlos. Este modo de probar por medio de la realidad, tan
necesaria al niño, es un fuerte incentivo para el desarrollo de su deseo de
saber, así como para el de otros tipos de actividades. Pienso que podemos decir
que todas las actividades que ayudan al niño a defenderse del peligro, que
refutan sus miedos y que le permiten restituir el objeto, tienen por propósito
dominar la ansiedad en relación tanto a peligros internos como externos, reales
o imaginarios, no menos que las primeras manifestaciones de su impulso a jugar.
Como resultado de la interacción de
introyección y proyección -proceso que corresponde a la interacción de la
formación del superyó y las relaciones de objeto[285]-, el
niño encuentra una refutación de sus temores en el mundo externo y al mismo
tiempo disminuye su ansiedad por la introyección de los "buenos"
objetos reales. Desde que la presencia y amor de sus objetos reales le ayudan
también a disminuir el miedo a sus objetos introyectados y sus sentimientos de
culpa, su miedo a los peligros internos aumenta su fijación a la madre y
aumenta su necesidad de amor y de ayuda. Freud ha explicado que estas
expresiones de ansiedad en niños pequeños, que nos son inteligibles[286],
tienen últimamente una sola causa -"la ausencia de la persona amada o
deseada"-, y remonta esta ansiedad a estadíos en que el individuo inmaduro
dependía enteramente de su madre. Estar solo, sin la persona amada o deseada,
experimentar una pérdida de amor o una pérdida de objeto como peligro, tener
miedo de estar en la oscuridad solo o con una persona desconocida, son según mi
experiencia formas modificadas de las tempranas situaciones de ansiedad, es
decir, del temor de los niños pequeños a los peligrosos objetos internalizados
o externos. En un estadío más tardío del desarrollo se agrega a este miedo del
objeto el miedo por el objeto, y el niño teme entonces que su madre muera como
consecuencia de sus ataques imaginarios contra ella y quedar abandonado y
desamparado. Freud dice con respecto a esto: "el niño pequeño no puede
todavía distinguir entre ausencia temporaria y pérdida permanente. Cuando su
madre no aparece él se comporta como si fuera a no volver a verla nunca; y sólo
experiencias repetidas le enseñan que las desapariciones de esta índole son
seguidas de un retorno seguro"[287].
De
acuerdo con mis observaciones, la razón por la cual el niño necesita tener
siempre a la madre junto a sí, es no sólo para convencerse de que ella no
muere, sino de que ella no es una madre "mala" que lo ataca. Requiere
la presencia de un objeto real para combatir el miedo a los aterradores objetos
introyectados y a su superyó. A medida que avanza su relación con la realidad
el niño hace un uso creciente de sus relaciones con los objetos y sus
actividades varias y sublimaciones como puntos de apoyo contra el miedo a su
superyó y a sus impulsos destructivos. Ya se ha dicho que la ansiedad estimula
el desarrollo del yo. Lo que sucede es que en sus esfuerzos por dominar la
ansiedad, el yo del niño hace que vengan en su ayuda sus relaciones con los
objetos y con la realidad. Estos esfuerzos son, por lo tanto, de fundamental
importancia para la adaptación del niño a la realidad y para el desarrollo de
su yo.
El superyó del niño pequeño y los
objetos no son idénticos; pero está continuamente tratando de hacerlos
intercambiables, en parte para disminuir el temor a su superyó, y en parte para
estar mejor capacitado para cumplir con los requerimientos de sus objetos
reales, los que no coinciden con las exigencias fantásticas de los objetos
introyectados. Vemos así que en la cima del conflicto entre el superyó y el
ello y de la oposición entre los distintos requerimientos hechos por el
superyó, tal como está compuesto por diferentes imagos que se han formado en el
curso del desarrollo, el yo del niño pequeño está abrumado por estas
diferencias entre los standards de su
superyó y los standards de sus
objetos reales, con el resultado de que está vacilando constantemente entre sus
objetos introyectados y los reales, entre su mundo de fantasía y el de la
realidad.
El intento de conseguir un ajuste entre
el superyó y el ello no puede ser exitoso en la primera infancia, porque las
exigencias del ello y la correspondiente severidad del superyó absorben toda la
energía del yo. Cuando al comienzo del período de latencia el desarrollo de la
libido y la formación del superyó se han completado, el yo es más fuerte y
puede enfrentar la tarea de realizar un ajuste con una base más amplia entre
los factores diferentes. El yo fortalecido se une con el superyó en la
construcción de un standard común que
incluye sobre todo el sometimiento del ello y su adaptación a las exigencias de
los objetos reales y del mundo externo. En este período de su desarrollo, el
ideal del yo del niño es el chico "bueno", bien educado, que
satisface a sus padres y maestros. Esta estabilización, sin embargo, es
quebrada en el período anterior a la pubertad y especialmente en la pubertad
misma.
El resurgimiento de la libido que tiene
lugar en este período aumenta las exigencias del ello, aunque a la par aumenta
la presión del superyó. El yo es presionado una vez más y se enfrenta con la
necesidad de llegar a un nuevo ajuste, porque el viejo ha fracasado y los
impulsos instintivos no pueden ser mantenidos y reprimidos como antes. La
ansiedad del niño está aumentada porque sus instintos pueden abrirse camino más
fácilmente en la realidad y con consecuencias más serias que en la primera
infancia.
El yo, de acuerdo con el superyó, por
lo tanto, instala su nuevo standard.
Es decir, que el individuo debe liberarse de los objetos de amor originarios.
Vemos que a menudo el adolescente está reñido con su medio circundante y busca
siempre objetos nuevos. Tal necesidad armoniza una vez más con la realidad, la
que impone obligaciones diferentes y más importantes en esa edad; y en el curso
posterior de su desarrollo, esta fuga de sus objetos originarios lo conduce a
un alejamiento parcial de los objetos personales en general y a la sustitución
de principios e ideales.
La estabilización final del individuo
no se logra hasta que ha pasado la pubertad. Al terminar este período su yo y
superyó pueden trabajar juntos creando standards
adultos. En vez de depender del medio circundante, el individuo se adapta a un
mundo más amplio y reconoce sus exigencias, pero como algo que corresponde más
a sus standards autoimpuestos
internos e independientes, que ya no muestran signos evidentes de haberse
originado por sus objetos. Un ajuste de esta clase se basa en el reconocimiento
de una nueva realidad y se logra con la ayuda de un yo más fuerte. Y una vez
más, como en el primer período de expansión de su vida sexual, la presión que
surge de la amenazante situación creada por las exageradas exigencias del ello
por una parte y del superyó por la otra, contribuyen con mucho al
fortalecimiento del yo. Por el contrario, el efecto inhibidor de tal presión se
observa en la nueva limitación de su personalidad, por lo general permanente,
que lo domina en la terminación de este período. La ampliación de su vida
imaginativa, que acompaña, aunque en menor grado que en el primer período de la
niñez, esta segunda aparición de su sexualidad es una vez más por lo general
severamente restringida al final de la pubertad. Tenemos ahora el adulto
"normal".
Otro punto. Hemos visto que en la
primera niñez el superyó y el ello no pueden reconciliarse el uno con el otro.
En el período de latencia se consigue la estabilidad cuando el yo y el superyó
se unen en prosecución de un fin común. En la pubertad se crea una situación
similar al primer período y está seguida una vez más por una estabilización
mental del individuo. Ya hemos discutido las diferencias existentes entre estas
dos clases de estabilización y podemos ver ahora lo que tienen de común. En
ambos casos el ajuste se alcanza por el acuerdo entre el yo y el superyó sobre
un standard común y el
establecimiento de un ideal del yo que tiene en cuenta las demandas de la
realidad[288].
En los
primeros capítulos de este libro he tratado de mostrar que el desarrollo del
superyó cesa junto con el de la libido al comienzo del período de latencia.
Querría ahora recalcar como un punto de importancia capital que lo que debemos
considerar en los distintos estadíos que siguen a la declinación del complejo
de Edipo, no son cambios en el superyó sino un desarrollo del yo que involucra
una consolidación del superyó. El proceso general de estabilización que ocurre
en el niño durante el período de latencia se efectúa, creo, no por una
alteración real del superyó sino por el hecho de que su yo y superyó persiguen
el fin común de lograr una adaptación al ambiente y adoptar ideales del yo
pertenecientes a ese medio ambiente. Debemos ahora pasar de la discusión del
desarrollo del yo a considerar cómo se produce este proceso en relación con el
dominio de las situaciones de ansiedad que han sido señaladas como uno de los
factores esenciales para que se produzca.
He dicho que la actividad de juego en
el niño pequeño, al constituir un puente entre fantasía y realidad, le ayuda a
dominar sus temores a los peligros del mundo interno y externo. Tomaremos el
juego típico de las niñas pequeñas: "jugar a la madre". El análisis
de niñas normales muestra que estos juegos, junto al cumplimiento de deseos,
contienen las más profundas ansiedades correspondientes a las situaciones
tempranas de ansiedad, y que detrás de este repetido deseo de la niña de tener
más hijas -las muñecas-, yace una necesidad de consuelo, y de aliento. La
posesión de sus muñecas es una prueba de que su madre no le ha robado los
niños, de que su cuerpo no ha sido destruido por ella y de que será capaz de
tener niños. Además, criando y vistiendo sus muñecas, con las que se identifica
ella misma, tiene pruebas de que su madre la ama, y disminuye su miedo a ser
abandonada y quedar sin hogar y sin madre. Este propósito también sirve, en
cierto modo, para otros juegos realizados por niños de ambos sexos, como, por
ejemplo, juegos de amueblar casas y viajes. Estos juegos surgen del deseo de
encontrar un nuevo hogar, es decir, de redescubrir a la madre.
Un juego típico de los niños donde se
ven bastante claramente los componentes masculinos es el juego de los carros,
caballos y trenes. Simbolizan forjar un camino hacia el cuerpo de la madre. En
estos juegos los chicos efectúan, una y otra vez, y con muchísimas variantes,
escenas de lucha con el padre dentro de la madre y de copulación con ella. La
valentía, habilidad y astucia con la que se defienden a si mismos de sus
enemigos en sus juegos de lucha, les asegura que pueden combatir con éxito
contra su padre castrador, y disminuye así el temor que le tienen. Por este
medio y representándose a sí mismo, repetidas veces, copulando con su madre de
varias maneras y mostrando su valentía en ello, el chico trata de demostrarse
que posee un pene y potencia sexual, dos cosas cuya pérdida le ha hecho esperar
sus profundas situaciones de ansiedad. Y desde que junto con sus tendencias
agresivas surgen sus tendencias de restauración hacia la madre en estos juegos,
se prueba también a si mismo que su pene no es destructivo, y en este sentido
alivia su sentimiento de culpa[289].
El
profundo placer que obtienen del juego los niños no inhibidos en el juego,
procede no sólo de la gratificación por el cumplimiento de sus deseos, sino
también del dominio de la ansiedad que el juego le ayuda a lograr. Pero en mi
opinión no es meramente cuestión de dos funciones diferentes que se realizan
juntas, lo que ocurre es que el yo emplea todos los mecanismos de cumplimiento
de deseos también con el propósito de dominar la ansiedad. Así, por un
complicado proceso en el que se utilizan todas las fuerzas del yo, el juego de
los niños efectúa una transformación de la ansiedad en placer. Examinaré
después cómo este proceso fundamental afecta la economía de la vida mental y
del desarrollo del yo del adulto.
No obstante, en lo que concierne a los
niños pequeños, el yo sólo parcialmente puede lograr su fin de dominar la
ansiedad por medio del juego. Sus juegos no le ayudan completamente a vencer su
miedo a los peligros internos. La ansiedad opera siempre en ellos. Mientras es
latente opera como una impulsión a jugar, pero tan pronto como se hace
manifiesta pone fin al juego.
Al comenzar el período de latencia el
niño domina mejor su ansiedad y muestra al mismo tiempo una mayor capacidad
para cumplir los requerimientos de la realidad. Por otra parte, sus juegos
pierden contenido imaginativo, y, gradualmente, toma su lugar el trabajo
escolar. La preocupación del niño con las letras del alfabeto, números y
dibujos, que tiene al principio el carácter de juego, reemplaza ampliamente el
juego con juguetes. Su interés por el modo en que se combinan las letras,
lograr bien su forma y ordenación y hacerlas de igual tamaño, y su satisfacción
cuando logra exactitud en cada uno de estos detalles, todo surge de las mismas
causas internas, como su anterior actividad constructiva de hacer casas y jugar
con muñecas. Un cuaderno lindo y ordenado tiene el mismo significado simbólico
para la niña que la casa y el hogar, es decir, el de un cuerpo saludable e
ileso. Las letras y los números representan para ella a los padres, hermanos y
hermanas, niños, genitales y excrementos, y son vehículos para sus tendencias
agresivas originarias tanto como para las tendencias reactivas. La refutación
de sus temores, que antes obtenía por el juego con muñecas y el amoblamiento de
casas, lo consigue ahora mediante una actividad escolar exitosa. El análisis de
niños en este período muestra que no sólo cada detalle de su trabajo escolar,
sino todas las diversas actividades manuales, dibujos, etc., son utilizadas en
su imaginación para restaurar sus propios genitales y su cuerpo tanto como el
cuerpo de su madre y sus contenidos, el pene del padre, sus hermanos y
hermanas, etc. Del mismo modo, cada artículo propio o de la vestimenta de sus
muñecas (cuellos, puños, echarpes, pulseras, gorras, medias, cinturón, zapatos)
tiene un significado simbólico[290].
En el
curso normal del desarrollo el cuidado que el niño prodiga al
"dibujo" de letras o números equivale al que el adulto normal otorga
a sus trabajos intelectuales. Pero aun así, su satisfacción en dichos trabajos
depende en gran parte de la apreciación que reciben de las personas de su medio
circundante; es un medio de lograr la aprobación de los mayores. En el período
de latencia vemos por esto que el niño encuentra una refutación de sus
situaciones de peligro en gran parte, en el amor y aprobación de sus objetos
reales, y que da una importancia exagerada a estos objetos y a su mundo real.
En el varón, escribir es la expresión
de sus componentes masculinos[291].
Su habilidad para escribir palabras y el golpe de su pluma con el que forma las
letras representan la realización activa de un coito y son una prueba de su
posesión de un pene y de su potencia sexual. Libros y cuadernos representan los
genitales o cuerpo de su madre y hermana[292]. Para un
niño de seis años, por ejemplo, la letra L representaba un hombre sobre un
caballo (él mismo y su pene) cabalgando a través de una arcada (los genitales
de su madre); la I era su pene y él mismo; la E los genitales de la madre y
ella misma, y la IE la unión de los dos en el coito[293]. Las
fantasías de copulación activa de los varones se evidencian en juegos activos y
en los deportes, y vemos expresarse las mismas fantasías tanto en los detalles
de esos juegos como en sus lecciones. El deseo del varón de sobrepasar a sus
rivales y de obtener seguridad contra el peligro de ser castrado por el padre
-conducta que corresponde al modo masculino de proceder con las situaciones de
ansiedad y que son de importancia mayor más tarde en la pubertad- aparecen ya
cuando está todavía en el período de latencia. En general, el varón depende
menos que la niña de la aprobación de su medio aun en este período, y un
trabajo realizado sin otro interés que el del trabajo mismo juega una mayor
parte en su vida psicológica que en la de las niñas.
He descrito la estabilización que se
produce en el período de latencia, fundada sobre una adaptación a la realidad
efectuada por el yo de acuerdo con el superyó. El logro de dicho fin depende de
la acción combinada de todas las fuerzas ocupadas en sujetar y coartar los
instintos del ello. Es aquí que el niño comienza a luchar por romper con el
hábito de la masturbación, lucha ésta, que, dice Freud, "reclama gran
parte de sus energías" durante el período de latencia, y que está dirigida
también contra sus fantasías de masturbación. Y estas fantasías, como hemos
visto repetidas veces, no sólo entran en todos los juegos del niño, sino
también en sus actividades de aprendizaje y en todas las futuras sublimaciones[294].
La
razón por la cual en el período de latencia el niño se encuentra con una gran
necesidad de aprobación de sus objetos es porque necesita disminuir la
oposición de su superyó (que en este período tiende a adaptarse a los objetos)
a sus fantasías desexualizadas de masturbación. Así, en este período tiene que
cumplir los siguientes requerimientos: por una parte, renunciar a la
masturbación y reprimir sus fantasías de masturbación, y por otra parte,
efectuar con éxito y a satisfacción de los mayores estas mismas fantasías de
masturbación en su forma desexualizada de intereses y actividades diarias;
porque sólo con la ayuda de sublimaciones satisfactorias podrá procurar la
refutación comprensiva de sus situaciones de ansiedad que necesita su yo. Del
éxito con que escape de este dilema dependerá la estabilización en el período
de latencia. No logra dominio de la ansiedad hasta que obtiene la aprobación de
los que ejercen la autoridad; sin embargo, a menos que haya obtenido esa
aprobación no puede proceder a realizar la prueba.
Esta breve reseña de este ampliamente
ramificado y profundo proceso de desarrollo es necesariamente esquemática. En
realidad, los límites entre el niño normal y el neurótico no están claramente
delineados durante el período de latencia. El niño neurótico puede ser un buen
escolar, y no es siempre el niño normal el que tiene más deseo de aprender,
desde que a menudo tiene que refutar sus situaciones de ansiedad en otros
sentidos, por ejemplo realizando proezas físicas. En el período de latencia a
menudo en la niña normal domina la ansiedad de un modo masculino y el niño
puede aun ser descripto como normal aunque elija modos de conducta más pasivos
y femeninos con el mismo propósito.
Freud nos ha hecho notar los
ceremoniales típicos del período de latencia y que son el resultado de las
luchas del niño contra la masturbación[295]. Dice
que este período "está además marcado por el surgimiento de barreras
éticas y estéticas dentro del yo" y que "las formaciones reactivas de
los neuróticos obsesivos son sólo exageraciones de las formaciones normales de
carácter"[296].
En niños en el período de latencia no es fácil delimitar la línea de
demarcación entre reacciones obsesivas y el desarrollo caracterológico que en
el niño normal espera su medio ambiente educativo, excepto en los casos
extremos.
Se recordará que señalé que el punto de
partida de la neurosis obsesiva se sitúa en la temprana infancia. Pero he dicho
que en este período sólo se desarrollan rasgos obsesivos aislados. Esto no se
organiza en general bajo la forma de neurosis obsesiva sino hasta el período de
latencia. Esta sistematización de los rasgos obsesivos, que va junto con una
consolidación del superyó[297] y
un fortalecimiento del yo, es efectuada por el superyó y el yo sobre la base de
la erección de un standard[298]
común, que mantenido por ambas instituciones es la llave de su poder sobre
ello; y aunque la supresión de los instintos del niño es emprendida a
instancias de sus objetos y realizada en gran parte por medio de mecanismos
obsesivos, no logrará éxito si todos los factores opuestos al ello no actúan de
acuerdo. En este amplio proceso de organización, el yo manifiesta lo que Freud
ha llamado "inclinación a realizar síntesis''[299].
Así, en
el período de latencia los requerimientos del yo, superyó y objetos del niño
están unidos y encuentran una satisfacción común en la neurosis obsesiva. Una
razón por la cual el fuerte rechazo usualmente manifestado por los adultos ante
los afectos del niño tiene tanto éxito es que este rechazo responde en esta
edad a los propios requerimientos internos[300]. A
menudo encontramos en análisis que a los niños se les hace sufrir y se les crea
conflictos en su mente porque los que se encargan de ellos se han identificado
(ellos mismos) exageradamente con la mala conducta del niño y sus tendencias
agresivas. Porque su yo sólo se sentirá capaz de la tarea de reprimir al ello y
oponerle impulsos prohibitivos siempre que los mayores lo ayuden en sus
esfuerzos. El niño necesita recibir prohibiciones desde fuera, porque éstas
prestan ayuda a las prohibiciones desde dentro. Necesita, en otras palabras,
tener representantes de su superyó en el mundo externo. Esta dependencia de los
objetos para poder dominar la ansiedad es más fuerte en el período de latencia
que en ninguna otra fase de su desarrollo. Más aun me parece que un definido
requisito previo para una exitosa transición al período de latencia, es que el
dominio de la ansiedad en el niño se apoye sobre las relaciones de objeto y su
adaptación a la realidad.
No obstante, es necesario para la
futura estabilidad del niño que este mecanismo de dominar la ansiedad no
predomine en exceso. Si los intereses y conquistas del niño y otras
gratificaciones están dedicadas demasiado completamente a tratar de ganar el amor
y el reconocimiento de sus objetos, esto es, si sus relaciones de objeto son
predominantemente medios de dominar la ansiedad y aliviar sus sentimientos de
culpa, la salud mental de los años futuros no reposa en suelo firme. Si es
menos dependiente de sus objetos y si los intereses y logros por medio de los
cuales domina la ansiedad y alivia sus sentimientos de culpa son hechos sin
ningún interés ulterior y le proporcionan interés y placer por si mismos, su
ansiedad sufrirá una mejor modificación y una más amplia distribución, esto es,
quedará disminuida. Cuando la ansiedad ha sido reducida así, aumenta su
capacidad para obtener gratificaciones libidinales, y ésta es una precondición
para el dominio exitoso de la ansiedad. La ansiedad sólo puede ser dominada
cuando el superyó y el ello han llegado a un acuerdo satisfactorio y el yo ha
logrado un grado suficiente de fortaleza[301].
Puesto que la fortaleza mental que el
niño normal logra de sus relaciones de objeto es tan grande en el período de
latencia, no siempre podemos descubrir a su debido tiempo esos casos frecuentes
en los que dependen demasiado de las mismas. Pero en la pubertad podemos
hacerlo fácilmente porque el niño ahora no podrá dominar su ansiedad si su
principal medio de lograrlo es su dependencia de los objetos. A esto se debe en
parte que ciertas enfermedades psicóticas no se manifiesten hasta la
terminación de la infancia, durante o después de la pubertad. Pero si hacemos
que nuestro criterio de la salud no sólo dependa de la adaptación a los standards de ese período de desarrollo,
sino también de la fuerza del yo basada en una disminución de la severidad del
superyó y un mayor grado de libertad instintiva, no correremos el riesgo de
valorar en demasía el factor de adaptabilidad en el período de latencia como
indicio de buen desarrollo y futuro bienestar mental real del niño[302].
Freud
dice que la pubertad "marca un período decisivo en el desarrollo de la
neurosis obsesiva'' y que en esa época "los impulsos agresivos de la
primera infancia despiertan nuevamente por una parte, y por la otra, una mayor
o menor proporción de los impulsos libidinales -en el peor de los casos el
total de ellos- son impelidos a tomar el camino predestinado de la regresión y
reaparecer como impulsos agresivos y destructivos. Debido al disfraz de los
impulsos eróticos y a poderosas formaciones reactivas del yo, la lucha contra
la sexualidad se continúa ahora bajo la forma de problema ético"[303].
En el
muchacho, la aparición de una nueva imago paterna idealizada y de nuevos
principios, junto con el aumento de demandas que el niño hace a sí mismo, le
ayudan a alejarse de sus objetos originarios. Esto da por resultado que es más
capaz de retomar su originaria posición de afecto al padre y aumentarla y que
corre menos riesgo de chocar con él. Esto ocurre al mismo tiempo que una
división de la imago paterna. Puede entonces admirar y amar la imago paterna
exaltada y dirigir los fuertes sentimientos de odio que en este período de su
desarrollo tiene, contra la imago paterna mala, a menudo representada por el
padre real o por un sustituto, tal como un maestro. En su relación con la imago
admirada él puede satisfacerse, ya que posee un padre poderoso y útil y puede
también identificarse con él y fortificar así su creencia en su propia
capacidad constructiva y en su potencia sexual, mientras que en su relación
agresiva con la imago odiada se prueba a sí mismo que él es capaz de rivalizar
con el padre y que no debe temer ser castrado por él.
Es aquí cuando sus actividades y logros
entran en acción. Utiliza logros, tanto en el campo físico como mental, que
exigen coraje, resistencia, fuerza, iniciativa, para probarse a sí mismo -entre
otras cosas- que la castración que tanto temió no se efectuó en él y que no es
impotente. Sus hazañas gratifican también sus tendencias reactivas y alivian su
sentimiento de culpa. Ellas le muestran que sus capacidades constructivas
sobrepasan sus tendencias destructivas y representan la reparación hecha a los objetos.
Estas seguridades aumentan la gratificación que obtiene de las mismas[304].
El alivio de la ansiedad y del sentimiento de culpa, que en el período de
latencia vino de la exitosa prosecución de sus actividades en la medida en que
eran hechas de un modo egosintónico con la aprobación de su mundo externo,
deben en la pubertad provenir más ampliamente del valor que tienen para él
dichas realizaciones y hazañas en sí mismas.
Haremos
ahora unas breves consideraciones sobre cómo trata la niña estas situaciones de
ansiedad durante la pubertad. En esta edad normalmente mantiene los objetivos
del período de latencia y el modo de dominar la ansiedad perteneciente a dicho
período con más fuerza que el niño. Muy a menudo también adopta la actitud
masculina para dominar la ansiedad. Veremos en el próximo capítulo por qué es
más fácil para ella establecer la posición femenina que para el varón la
masculina. El establecimiento de standards
e ideales que se origina en el varón durante la pubertad juega una parte
importante también en su desarrollo, pero toma una forma más subjetiva y
personal y la niña hace menos acopio de principios abstractos. Su deseo de
agradar a sus objetos se extiende también a sus ocupaciones mentales y juega
una parte en sus más altas hazañas intelectuales. Su actitud frente al trabajo,
siempre que no estén involucrados predominantemente los componentes masculinos,
está en armonía con su actitud frente a su propio cuerpo, y sus actividades en
relación con estos dos intereses se dirigen en gran parte al manejo de sus
situaciones de ansiedad específica. Un cuerpo hermoso o un trabajo perfecto
proporcionan a la niña en crecimiento la misma contraprueba que necesitó cuando
era pequeña, a saber, que el interior de su cuerpo no ha sido destruido por la
madre y que no han sacado sus niños de dentro de él. Como mujer, su relación
con el niño, que a menudo toma el lugar de la relación con el trabajo, es una
gran ayuda en su manejo de la ansiedad. Tenerlo, cuidarlo y observar su
crecimiento y adelantos le proporciona, exactamente como en el caso de las
niñas pequeñas y sus muñecas, pruebas renovadas de que su posesión del niño no
está en peligro y sirve para aliviar su sentimiento de culpa[305].
Las situaciones de peligro, grandes o pequeñas, con las que debe enfrentarse en
el proceso de educar a sus hijos sirven, si las cosas van bien, para
proporcionar una eficaz refutación a su ansiedad. Del mismo modo su relación
con la casa, que es el equivalente de su propio cuerpo, tiene una importancia
especial en el modo femenino de dominar la ansiedad, y tiene además otra y más
directa conexión con sus situaciones tempranas de ansiedad. Como vimos, la
rivalidad de la niña pequeña con su madre encuentra expresión, entre otras
cosas, en fantasías de echarla y tomar su lugar como ama de casa. Una parte
importante de esta situación de ansiedad para los niños de ambos sexos, pero
más especialmente para la niña, consiste en el miedo a ser echados de la casa y
quedar abandonados y sin hogar[306].
Su satisfacción por su propia casa está siempre basada, en parte, en su valor
de refutación a este elemento de su situación de ansiedad. Es indispensable
para la normal estabilización de la mujer, que sus niños, trabajo, actividades
y cuidado y adorno de su persona y hogar le suministren una refutación completa
de sus situaciones de peligro[307].
Su relación con el hombre, además, está ampliamente determinada por su
necesidad de tranquilizarse a sí misma a través de la admiración que despierta
su cuerpo intacto. Su narcisismo por eso juega una gran parte en el dominio de
su ansiedad. Es un resultado del modo femenino de dominar la ansiedad que la
mujer dependa mucho más del amor y de la aprobación del hombre -y de los
objetos en general- que el hombre de la mujer. Pero el hombre también busca en
sus relaciones amorosas una tranquilización de su ansiedad, que contribuye en
gran parte a la satisfacción sexual que obtiene de ella.
El proceso normal de dominio de la
ansiedad parece estar condicionado por cierto número de factores, en el cual
los métodos específicos empleados actúan en conjunción con elementos
cuantitativos, tales como cantidad de sadismo y ansiedad presentes, y grado de
capacidad poseído por el yo para tolerar la ansiedad. Si estos factores
interactuantes logran un cierto optimum,
sucede que el individuo es capaz de modificar con bastante éxito aun grandes
cantidades de ansiedad, de desarrollar su yo satisfactoriamente y aun más que
lo común, y lograr salud mental. Las condiciones bajo las cuales puede dominar
la ansiedad son tan específicas como las condiciones bajo las cuales puede
amar, y ambas están, hasta donde he podido ver, íntimamente ligadas[308].
En algunos casos, que se ven típicamente en la pubertad, la condición para
dominar la ansiedad es que el individuo se encuentre con situaciones
especialmente difíciles, tales como las que hacen surgir un miedo intenso; en
otros es que evite tanto como pueda, y en circunstancias extremas de un modo
fóbico, todas estas circunstancias. Entre estos dos extremos se sitúa lo que
podemos considerar como una impulsión normal a obtener placer del vencí-miento
de las situaciones de ansiedad que están asociadas con una ansiedad ni excesiva
ni demasiado directa (y por lo tanto mejor repartida).
En este capítulo he tratado de
demostrar que todas las actividades, intereses y sublimaciones del individuo
también sirven para dominar su ansiedad y aliviar su culpa, y el motivo que las
impulsa es no sólo gratificar sus impulsos agresivos sino restituir los daños
realizados contra el objeto y reparar su propio cuerpo y sus genitales. También
hemos visto[309]
que en estadíos muy tempranos de su desarrollo su sentimiento de omnipotencia
se pone al servicio de sus impulsos destructivos. Cuando sus formaciones
reactivas comienzan a actuar, este sentido de omnipotencia negativa y
destructiva lo obligan a creer en su omnipotencia constructiva, y cuanto más
fuerte ha sido su sentimiento de omnipotencia sádica, más fuerte tendrá que ser
ahora su sentimiento de omnipotencia positiva para hacerlo capaz de abordar los
requerimientos de su superyó con respecto a las reparaciones. Si la reparación
requerida necesita un fuerte sentimiento de omnipotencia constructiva -como,
por ejemplo, que lleve a cabo una reparación completa frente a los padres,
hermanos y hermanas, etc., y por desplazamiento, a otros objetos y aun al mundo
entero-, entonces, el que realice grandes cosas en la vida, y el que el
desarrollo de su yo y de su vida sexual sea exitoso, o que caiga víctima de
severas inhibiciones, dependerá en parte de la fortaleza de su yo y del grado
de su adaptación a la realidad, que regula sus requerimientos imaginarios, y en
parte de que las tareas que se le han impuesto no sean demasiado estrictas o
también de que la discrepancia entre su omnipotencia constructiva y destructiva
no exceda un cierto límite[310].
Recapitulando
lo dicho: he tratado de explicar algo del complicado proceso, que compromete
todas las energías del individuo, por medio del cual el yo intenta dominar su
situación de ansiedad infantil. El éxito en este proceso es de fundamental
importancia para el desarrollo del yo y un factor decisivo en la seguridad de
su salud mental. En una persona normal es esta múltiple tranquilización contra
su ansiedad -seguridad que es constantemente renovada y fluye de muchas
fuentes, que deriva de sus actividades e intereses, de sus relaciones sociales
y de sus gratificaciones eróticas- la que la hace capaz de dejar atrás sus
situaciones de ansiedad originaria y distribuir y debilitar toda la potencia
del impacto que tienen sobre él[311].
Finalmente,
debemos examinar la similitud entre la explicación dada en estas páginas sobre
el método normal de tratar las situaciones de ansiedad con los puntos de vista
de Freud al respecto. En Inhibición,
síntoma y angustia, dice: "Durante el curso del desarrollo a la
madurez, las condiciones de ansiedad deben haber sido abandonadas y las
situaciones de peligro deben haber perdido su importancia". Esta
afirmación es calificada por sus observaciones siguientes. Dice: "Además,
algunas de estas situaciones de ansiedad logran sobrevivir hasta períodos
posteriores modificando sus condiciones de ansiedad de modo que se adapten a
las circunstancias de la vida futura". Creo que mi teoría de la
modificación de la ansiedad nos ayuda a comprender de qué medios se vale la
persona normal para deshacerse de sus situaciones de ansiedad, y modificar las
condiciones bajo las cuales siente ansiedad. Mis observaciones analíticas me
han llevado a pensar que aunque el individuo normal logre una gran modificación
de sus situaciones de ansiedad no llega nunca a abandonarlas totalmente. En
realidad, es verdad que esas situaciones de ansiedad no tienen efectos directos
sobre él, pero tales efectos volverán a aparecer en ciertas circunstancias. Si
a una persona normal se la coloca en una situación de gran esfuerzo interno o
externo, o si se enferma o fracasa de algún modo, podemos observar en ella la
acción completa y acabada de sus más profundas situaciones de ansiedad.
Entonces, puesto que cualquier persona sana puede sucumbir a una enfermedad
neurótica, se sigue que nunca puede abandonar completamente sus antiguas
situaciones de ansiedad.
Las siguientes observaciones de Freud
parecerían confirmar esta opinión. En el pasaje citado dice: "El neurótico
difiere del normal en que exagera sus reacciones a estos peligros. Aun el hecho
de que uno sea adulto no ofrece completa protección contra la vuelta de la
situación traumática originaria; para cada uno debe haber un límite más allá
del cual su aparato mental está imposibilitado de dominar las cantidades de
excitación que exigen descarga".
11. LOS
EFECTOS DE LAS SITUACIONES TEMPRANAS DE ANSIEDAD SOBRE EL DESARROLLO SEXUAL DE
LA NIÑA
La investigación psicoanalítica ha
arrojado mucha menos luz sobre la psicología de la mujer que sobre la del
hombre. Desde que el miedo a la castración fue lo primero que se descubrió como
motivo subyacente en el desarrollo de neurosis en el hombre, naturalmente los
analistas comenzaron por estudiar factores etiológicos de la misma clase en las
mujeres. Los resultados así obtenidos fueron válidos hasta tanto la psicología
de los dos sexos fue similar, pero no cuando dejó de serlo. Freud ha expresado
bien este punto en un pasaje donde dice: "...y además ¿está bien
comprobado que la ansiedad de castración sea la única causa de represión o
defensa? Cuando pensamos en neurosis de mujeres debemos tener algunas dudas. Es
verdad que un complejo de castración
se encuentra siempre en ellas, pero casi no podemos hablar de angustia de castración cuando ésta es ya
un hecho"[312].
Cuando
consideramos qué importante ha sido todo conocimiento sobre la ansiedad de
castración tanto para la comprensión de la psicología del hombre como para
conseguir una curación de sus neurosis, esperamos que un conocimiento de la
ansiedad equivalente en la mujer nos permitirá perfeccionar nuestro tratamiento
terapéutico de las neurosis femeninas y nos ayudará a conseguir una idea clara
del camino a lo largo del cual avanza su desarrollo sexual.
LA
SITUACION DE ANSIEDAD DE LA NIÑA
En mi trabajo "Estadíos tempranos
del conflicto edípico", 1928, he tratado de esclarecer este problema aún
no resuelto y he presentado el punto de vista de que el miedo más profundo de
la niña es el de que el interior de su cuerpo sea robado y destruido. Como
resultado de la frustración oral que la niña experimenta de su madre, se aleja
de ella y toma el pene de su padre como objeto de gratificación. Este nuevo
deseo la impulsa a dar pasos adicionales en su evolución. Desarrolla fantasías
de que su madre introduce el pene de su padre en su cuerpo y le da a él sus
pechos, y estas fantasías forman el núcleo de teorías sexuales tempranas, que
producen en ella sentimientos de envidia y de odio al ser frustrada por ambos
padres (casualmente, en esta etapa del desarrollo los niños de ambos sexos
creen que es el cuerpo de la madre el que contiene todo lo deseable,
especialmente el pene del padre). Esta teoría sexual aumenta el odio de la niña
hacia su madre, debido a la frustración que ha sufrido de ella, y contribuye a
la producción de fantasías sádicas de atacar y destruir el interior de su madre
y privarlo de su contenido. Debido a su temor a una retaliación, estas
fantasías forman la base de la situación de ansiedad más profunda.
En su trabajo sobre "The Early
Development of Female Sexuality", 1927, Ernest Jones da el nombre de
"aphanisis" a la destrucción de la capacidad de obtener gratificación
libidinal temida por la niña, y considera que este temor constituye una
situación de ansiedad temprana y dominante para ella. Me parece que la
destrucción de la capacidad de la niña para obtener gratificación libidinal
implica una destrucción de los órganos necesarios para este propósito. Y teme
que esos órganos sean destruidos durante el curso del ataque que se hará,
principalmente por parte de su madre, sobre su cuerpo y contenidos. Sus temores
referentes a sus genitales son particularmente intensos, en parte porque sus
propios impulsos sádicos contra su madre están poderosamente dirigidos contra
los genitales y el placer erótico que la misma obtiene de ellos, y en parte
porque su temor a ser incapaz de obtener gratificación sexual sirve a su vez
para aumentar el temor de que sus genitales estén dañados.
ESTADÍOS
TEMPRANOS DEL CONFLICTO DE EDIPO
De acuerdo con mi experiencia, las
tendencias edípicas de una niña se inician con sus deseos orales por el pene
del padre. Estos deseos están ya acompañados por impulsos genitales. He
encontrado que el deseo de robar a su padre el pene del padre e incorporárselo
a sí misma es un factor fundamental en el desarrollo de su vida sexual. El
resentimiento que su madre ha producido en ella al retirarle el pecho nutricio,
es intensificado por el mal adicional que le ha hecho al no otorgarle al pene
de su padre como objeto de gratificación, y esta doble injusticia es la causa
más profunda del odio que la niña siente hacia su madre como resultado de sus
tendencias edípicas.
Estos puntos de vista difieren en algo
de las teorías aceptadas en psicoanálisis. Freud ha llegado a la conclusión de
que en la niña es el complejo de castración el que inicia el complejo de Edipo,
y que lo que la hace alejarse de la madre es la envidia por no haber recibido
un pene para ella[313].
La divergencia entre el punto de vista de Freud y el presentado acá, sin
embargo, resulta menos importante si reflexionamos que los dos están de acuerdo
en dos puntos importantes: en que la niña quiere tener un pene y en que odia a
su madre por no habérselo dado. Mas de acuerdo con mi punto de vista, lo que
ella principalmente desea no es poseer un pene propio como atributo de
masculinidad, sino incorporar el pene de su padre como objeto de gratificación
oral. Más aun, creo que este deseo no es un resultado de su complejo de
castración sino la expresión más fundamental de sus tendencias edípicas, y por
consiguiente ella cae bajo el dominio de sus impulsos edípicos no
indirectamente a través de sus tendencias masculinas y su envidia del pene,
sino directamente, como resultado de sus dominantes componentes instintivos
femeninos[314].
Cuando
la niña elige el pene de su padre como objeto deseado, varios factores
concurren para hacer su deseo más intenso. La demanda de sus impulsos orales de
succión exaltados por la frustración que ha sufrido de los pechos de la madre
crea en ella un cuadro imaginario del pene de su padre como un órgano que, a
diferencia del pecho, puede proveerla de una tremenda e infinita gratificación
oral[315].
Los impulsos sádicos uretrales añaden su contribución a esta fantasía. Porque
los niños de ambos sexos atribuyen mucha más capacidad uretral al pene -donde
es más visible- que el órgano femenino de micción. Las fantasías de la niña
sobre la capacidad uretral y el poder del pene se unen a sus fantasías orales
en virtud de la ecuación que hacen todos los niños pequeños entre todas las
sustancias del cuerpo, y en su imaginación, el pene es un objeto que posee
poderes mágicos de suministro de gratificaciones orales. Pero desde que la
frustración oral que ella ha sufrido de su madre ha estimulado todas las demás
zonas erógenas, al hacer surgir sus tendencias genitales y deseos en relación
con el pene del padre, este último resulta ser el objeto de sus impulsos
orales, uretrales, anales y genitales al mismo tiempo. Otro factor que
intensifica sus deseos en esta dirección es su teoría sexual inconsciente de
que su madre se ha incorporado el pene del padre, lo que provoca en ella
envidia hacia la madre.
Creo que la combinación de todos estos
factores, dota al pene del padre de enorme virtud a los ojos de la niña pequeña
y lo hace el objeto de su más ardiente admiración y deseo[316]. Si ella
mantiene una posición predominantemente femenina, esta actitud frente al pene
de su padre la llevará a menudo a asumir una actitud humilde y sumisa hacia el
sexo masculino. Pero puede también causar en ella intensos sentimientos de odio
por haberle sido negado lo que tan apasionadamente adoraba y deseaba, y si
asume una posición masculina, ésta puede hacer surgir en ella todos los signos
y síntomas de la envidia del pene.
Pero desde que las fantasías de la niña
sobre el poder enorme, gran tamaño y fuerza del pene de su padre surgen de sus
propios impulsos orales, uretrales y anal-sádicos, también creerá que posee
peligrosos atributos. Este aspecto que fundamenta su temor al pene malo se
produce como una reacción a sus impulsos destructivos que, combinados con los
libidinales, ha dirigido hacia el pene. Si lo más fuerte en ella es un sadismo
oral, considerará al pene de su padre como algo para ser odiado, envidiado y
destruido[317]; y
las fantasías llenas de odio que ella centraliza alrededor del pene de su padre
como algo que da gratificación a su madre serán en algunos casos tan intensas,
que producirán un desplazamiento de su más profunda y poderosa ansiedad -su
miedo a su madre- hacia el pene del padre como un apéndice odiado de su madre.
Si sucede esto, la niña sufrirá graves trastornos en su desarrollo y será
conducida a una actitud distorsionada hacia el sexo masculino. También tendrá
una relación más o menos defectuosa con sus objetos y será incapaz de superar,
al menos completamente, la etapa de amor parcial[318].
En
virtud de la omnipotencia de pensamiento, los deseos orales de la niña por el
pene de su padre le hacen creer que en realidad lo ha incorporado, y entonces
sus sentimientos ambivalentes hacia él se extienden a su pene internalizado.
Como sabemos, en la etapa de incorporación parcial el objeto está representado
por una parte de él o ella misma y el pene del padre representa toda su
persona. Esa es la razón, creo, por la que las imagos más tempranas del padre
-el núcleo del superyó paternal- están representadas por su pene. Como he
tratado de demostrar, el carácter cruel y aterrador del superyó en los niños de
ambos sexos es debido al hecho de que han comenzado a introyectar sus objetos
en un período del desarrollo en que su sadismo estaba en su punto máximo. Sus
más tempranas imagos asumen el aspecto fantástico que les han impartido sus
propios impulsos dominantes pregenitales[319]. Pero
esta impulsión a introyectar el pene del padre, que es el objeto edípico, y
mantenerlo dentro es mucho más fuerte en la niña que en el niño. Esto se debe a
que las tendencias genitales que acompañan sus deseos orales tienen también un
carácter receptivo, de modo que bajo circunstancias normales sus tendencias
edípicas están mucho más bajo la influencia de los impulsos orales
incorporativos que en el varón. Es un asunto de importancia decisiva para la
formación del superyó y el desarrollo de la vida sexual, tanto en varones como
en niñas, que las fantasías que prevalezcan sean las de un pene "bueno o
malo". Pero dado que la niña está más subordinada a su padre introyectado
por lo tanto está más a la merced de sus poderes para lo bueno o malo que el
niño en relación con su superyó[320].
Su ansiedad y su sentimiento de culpa en relación a su madre sirven para
complicar aun más los divididos sentimientos hacia el pene del padre.
Para
simplificar nuestra investigación sobre la situación total, seguiremos primero
el desarrollo de la actitud de la niña frente al pene del padre y así
trataremos de descubrir hasta qué punto sus relaciones con la madre afectan sus
relaciones con el padre. En circunstancias favorables la niña cree no sólo en
la existencia de un pene introyectado peligroso, sino en uno benéfico y
servicial. Como resultado de esta actitud ambivalente, luchará por
contrarrestar su miedo a un pene "malo" introyectado por una introyección
continua de uno "bueno" en el coito[321] y éste
será un incentivo más para que pase por experiencias sexuales en la primera
infancia y encuentre más tarde satisfacción en actividades sexuales y será un
nuevo aporte a sus deseos libidinales de un pene.
Por otra parte, sus actos sexuales, ya
sea bajo la forma de la fellatio, coitus per anum o coito normal,
le ayudarán a confirmar si los temores que juegan un papel tan fundamental y
dominante en su mente en conexión con la copulación, están bien fundadas o no.
La razón por la cual la copulación se ha cargado con tanto peligro en la
imaginación de los niños de ambos sexos, es que sus fantasías optativas sádicas
han transformado este acto, hecho entre el padre y la madre, en una situación
de peligro amenazante[322].
Ya hemos tratado en detalle la naturaleza de estas fantasías sádicas de
masturbación y hemos encontrado que caen dentro de dos categorías distintas
pero interconectadas. En las de la primera categoría los niños emplean varios
medios sádicos para hacer un ataque directo sobre ambos padres, ya sea
separados o juntos en el coito; en los de la segunda, que se derivan de un
estado algo posterior a la fase de máximo sadismo, su creencia en su
omnipotencia sádica sobre sus padres encuentra expresión de un modo más
indirecto. Los dota de instrumentos de destrucción mutua, transformando sus
dientes, uñas, genitales, excrementos, etc., en peligrosas armas, animales,
etc., y los representa, de acuerdo con sus propios deseos, como atormentándose
y destruyéndose el uno al otro durante el coito.
Ambas clases de fantasías sádicas hacen
surgir ansiedad desde diversas fuentes. Volviendo otra vez a la niña, vemos que
en conexión con la primera categoría teme ser contraatacada por uno o ambos
padres, pero particularmente por la madre, que es el más odiado de los dos.
Espera ser atacada desde su interior o desde el exterior, puesto que ha
introyectado sus objetos y al mismo tiempo los ha atacado. Sus temores sobre
este punto están en relación íntima con el acto sexual, porque las acciones
primarias sádicas estaban en gran parte dirigidas contra sus padres, a quienes
ella imaginaba copulando[323].
Pero es más especialmente en fantasías correspondientes a la segunda categoría
que la copulación se transforma en un acto en el que hay gran peligro para
ella. (De acuerdo con sus deseos sádicos su madre es destruida.) Por otra
parte, el acto sexual que sus fantasías sádicas y deseos han transformado en
una situación de extremo peligro es también, por esta razón, el método
superlativo para dominar la ansiedad, aun más porque la gratificación libidinal
que lo acompaña le proporciona el placer más alto que pueda lograrse y así
disminuye la ansiedad.
Pienso que estos hechos arrojan nueva
luz sobre los motivos que urgen al individuo a realizar actos sexuales y sobre
las fuentes psicológicas desde las cuales la gratificación libidinal que
obtiene en este acto recibe un agregado. Como sabemos, la gratificación
libidinal de todas las zonas erógenas implica también la gratificación de sus
componentes destructivos, debido a la fusión de los impulsos libidinales y
destructivos que se realizan en estos estadíos del desarrollo gobernados por
las tendencias sádicas.
Ahora bien, en mi opinión, los impulsos
destructivos hacen surgir ansiedad en él muy tempranamente, en los primeros
meses de la vida. En consecuencia, sus fantasías sádicas están ligadas a la
ansiedad y esta unión entre las dos hace surgir situaciones específicas de
ansiedad. Desde que sus impulsos genitales comienzan ya en la fase de máximo
sadismo -por lo menos es lo que yo he descubierto- y el coito representa en sus
fantasías sádicas un vehículo de destrucción de ambos padres, estas situaciones
de ansiedad que han surgido en los primeros estadíos de su desarrollo se
conectan también con las actividades genitales. Los efectos de esta conexión
son por una parte que la ansiedad intensifica sus necesidades libidinales y,
por otra, que la gratificación libidinal de sus distintas zonas erógenas le
ayuda a dominar la ansiedad disminuyendo sus tendencias agresivas y con ellas
su ansiedad. Además, el placer que obtiene de esta gratificación parece en sí
mismo aliviar el temor a ser destruido por sus propios impulsos destructivos y
por sus objetos, y también mitiga su temor de aphanisis (Jones), es decir, su
temor a perder su capacidad de obtener gratificación sexual.
La gratificación libidinal como
expresión de Eros refuerza su creencia en las imagos bondadosas y disminuye los
peligros que emanan del instinto de muerte y del superyó.
Cuanto mayor es la ansiedad del
individuo y cuanto más neurótico es, las energías de su yo y sus fuerzas
instintivas estarán más absorbidas en el esfuerzo de vencer la ansiedad, y
tanto más, también, la gratificación libidinal que obtiene será utilizada para
este propósito. En la persona normal que está muy alejada de sus primeras
situaciones de ansiedad y que las ha modificado con éxito, el efecto de estas
situaciones sobre su actividad sexual es, claro, mucho menor, pero creo que
nunca estará totalmente ausente[324].
La impulsión que siente de poner a prueba sus situaciones específicas de
ansiedad en sus relaciones con su partenaire también fortifica y da color a sus
fijaciones libidinales, y el acto sexual siempre le ayuda en parte a dominar la
ansiedad. Y las situaciones de ansiedad que predominan en él y las cantidades
de ansiedad presentes son determinantes específicos de las condiciones bajo las
cuales será capaz de amar.
Si la niña convierte el acto sexual en
criterio de sus situaciones de ansiedad y las somete a un juicio de realidad,
auxiliada por sentimientos optimistas y de confianza, se verá conducida a tomar
como objeto una persona que represente un pene "bueno". En este caso
el alivio de la ansiedad que ella obtiene a través de la relación sexual le
dará un fuerte placer que aumentará considerablemente la gratificación
libidinal pura que experimenta y la conducirá a duraderas relaciones amorosas
satisfactorias. Pero si las circunstancias son desfavorables y el miedo a un
pene "malo" introyectado predomina, la condición necesaria para su
capacidad de amor será que ella realice esta prueba de realidad por medio de un
pene "malo", es decir, el compañero amoroso será una persona sádica.
El test que hace en este caso tiene por fin informarla de qué clase de daño le
infligirá su pareja en la relación sexual. Aun sus anticipados daños en este
sentido, sirven para aliviar su ansiedad y son importantes en la economía de su
vida mental, porque nada de lo que ella pueda sufrir por un agente externo
puede igualar a lo que está sufriendo bajo la presión del miedo constante y
abrumador de fantásticos peligros y daños dentro de ella[325]. Su
elección de pareja sádica se basa también en la impulsión de incorporar
"malos" penes sádicos (porque así es como ella ve al acto sexual) que destruirán los
peligrosos objetos dentro de ella. Así, la más profunda raíz del masoquismo
femenino parecería ser el temor de la mujer a objetos peligrosos que ella ha
internalizado, y en especial el pene del padre; y su masoquismo no seria otra
cosa, en última instancia, que sus instintos sádicos vueltos contra aquellos
objetos internalizados[326].
Según
Freud[327] el
sadismo, aunque al principio aparece en relación con un objeto, fue
originariamente un instinto destructivo dirigido contra el organismo mismo
(sadismo primario), y sólo más tarde fue desviado del yo por la libido
narcisística; el masoquismo erógeno es esa porción del instinto destructivo que
no ha podido ser arrojada hacia afuera de este modo y que permanece dentro del
organismo y se ha ligado libidinalmente a él. Piensa además que en cuanto
cualquier parte del instinto destructivo que ha sido dirigido hacia afuera
vuelve una vez más hacia sí y es separado de sus objetos, hace surgir el
masoquismo secundario o femenino. Hasta donde he podido ver, sin embargo,
cuando el instinto destructivo vuelve de este modo, todavía permanece adherido
a sus objetos; pero ahora estos objetos son internalizados, y amenazando con
destruirlos, amenaza también destruir el yo en el que se hallan situados. En
este sentido, en el masoquismo femenino el instinto destructivo está una vez
más dirigido contra el organismo mismo. Freud dice en su El problema económico del
masoquismo, 1924, "...en el contenido manifiesto de las fantasías
masoquistas se expresa un sentimiento de culpa, habiéndose supuesto que el
sujeto ha cometido algún crimen (cuya naturaleza permanece incierta), el cual
será expiado por sufrimiento, penas y torturas". Y me parece que hay
ciertos puntos en común entre la conducta de autocastigo del masoquista y los
autorreproches del melancólico, que, como sabemos, están en realidad dirigidos
contra el objeto introyectado. Parecería, por lo tanto, que el masoquismo
femenino se dirige contra el yo tanto como contra los objetos introyectados.
Además, destruyendo sus objetos internalizados el individuo actúa llevado por
un fin de autoconservación, y en casos extremos su yo no será capaz de arrojar
fuera el instinto de muerte, porque ambos instintos, el de vida y el de muerte,
están unidos en un fin común y el primero ha sido sustraído a su propia función
de proteger el yo.
Quiero ahora considerar brevemente una
o dos formas típicas que puede tomar la vida sexual de la mujer en las que el
miedo al pene introyectado es lo más importante[328]. La
mujer que junto a fuertes inclinaciones masoquísticas mantiene sentimientos de
esperanza, a menudo tiende a ligarse a una pareja sádica, y al mismo tiempo
realiza esfuerzos de toda índole -esfuerzos que a menudo ocupan todas las
energías de su yo- para transformarlo en una persona amistosa y
"buena". Mujeres de esta clase, en las que el miedo al pene
"malo" y la creencia en uno "bueno" se balancean, a menudo
fluctúan entre la elección de un objeto externo "bueno" o
"malo". Frecuentemente el miedo de la mujer al pene internalizado la
urge a hacer renovadas experiencias y verificar las situaciones de ansiedad,
con el resultado de que estará bajo una compulsión constante de realizar el
acto sexual con su objeto o de cambiar este objeto por otro. En otros casos el
mismo miedo se vencerá de un modo opuesto y la mujer será frígida[329].
Cuando niña, el odio a la madre le ha hecho ver el pene del padre no como algo
largamente deseado y bienhechor sino como algo malo y peligroso o ha hecho que
transformase la vagina en un instrumento de muerte y a la madre en una fuente
de peligro para el padre en su relación sexual con ella. Su miedo al acto
sexual se basa así en los daños que espera recibir del pene y en los daños que
ella misma inflige al compañero. El miedo a castrarlo se debe en parte a su
identificación con su madre sádica y en parte a sus propios impulsos sádicos.
Como ya hemos visto, si las tendencias
sádicas de la niña se dirigen contra los objetos introyectados, adoptará una
actitud masoquística. Pero si el miedo al pene internalizado la impulsa a
defenderse a sí misma de estas amenazas por medio de la proyección, dirigirá su
sadismo hacia el objeto exterior, contra el pene que internaliza cada vez en el
acto del coito, y así contra su compañero sexual. En estos casos, el yo ha
logrado una vez más arrojar el instinto destructivo fuera de sí y de los
objetos internalizados y dirigirlos contra el objeto externo. Si predominan en
la niña las tendencias sádicas, considerará el coito como una prueba de
realidad de su ansiedad, pero en modo opuesto. Sus fantasías de que la vagina y
todo el cuerpo son destructivos para el compañero y de que en la fellatio ella arrancará de un mordisco
el pene y lo despedazará, serán ahora su medio de vencer el miedo, al pene que
ella ha incorporado y al objeto real. Empleando el sadismo contra el objeto
externo, ella emprende en su imaginación una lucha de exterminio contra sus
objetos internalizados.
OMNIPOTENCIA
DE LOS EXCREMENTOS
En conexión con lo que ya hemos dicho,
consideraré un factor de importancia fundamental para el desarrollo de la niña.
En las fantasías sádicas de niños y niñas los excrementos juegan un gran papel.
La creencia del niño en la omnipotencia de las funciones de sus intestinos y
vejiga[330]
están íntimamente conectados con los mecanismos paranoicos[331].
Estos mecanismos alcanzan su apogeo en
la fase en la cual, en sus fantasías sádicas de masturbación, el niño destruye
secretamente a sus padres en copulación por medio de orina, heces y flatos[332], y
se refuerzan y emplean de modo secundario para fines de defensa, a causa de su
temor a ser contraatacado[333].
Hasta
donde he podido ver, la vida sexual de la niña y su yo son influidos más fuerte
y permanentemente en su desarrollo que la del varón por este sentimiento de
omnipotencia de las funciones de los intestinos y la vejiga. En niños de ambos
sexos, los ataques que realizan con sus excrementos están dirigidos contra la
madre, primero a su pecho y luego al interior de su cuerpo. Desde que los
impulsos destructivos de la niña contra el cuerpo de la madre son más poderosos
y duraderos que los del niño, producirán métodos de ataque secretos y astutos
basados en la magia de los excrementos y otros productos de su cuerpo y en la
omnipotencia de sus pensamientos, de acuerdo con la naturaleza secreta y
escondida de aquel mundo que es el interior del cuerpo de su madre y de sí
misma[334],
mientras que el muchacho concentrará su sentimiento de odio no sólo contra el
pene del padre supuesto en el interior de la madre, sino en uno real, y así lo
dirigirá en cierto modo contra el mundo externo y contra lo que es palpable y
visible. Hace también mayor uso de la omnipotencia sádica de su pene, con el
resultado de que tiene también otros medios de dominar la ansiedad[335],
mientras que el modo de dominar la ansiedad en la mujer permanece bajo el
dominio de sus relaciones con el mundo interno, con lo que está oculto, y, por
lo tanto, con el inconsciente[336].
Como ya se ha dicho, cuando el sadismo
llega a su más alto grado, la niña cree que el acto sexual es un medio de
destruir el objeto y que está emprendiendo una guerra a muerte contra los
objetos internalizados. Trata a través de la omnipotencia de sus excrementos y
sus pensamientos de vencer los objetos terroríficos en el interior de su cuerpo
y, originariamente, en el interior de la madre. Si su creencia en el pene
"bueno" del padre dentro de ella es bastante fuerte, lo hará vehículo
de sus pensamientos de omnipotencia[337]. Si su
creencia en el poder mágico de los excrementos y pensamientos predomina, será a
través de su poder que gobernará y controlará en su imaginación tanto los
objetos internalizados como los reales. No sólo estas diferentes fuentes de
poder mágico operan al mismo tiempo y se refuerzan unas a otras, sino que el yo
hace uso de ellas y las pone una frente a otra con el fin de dominar la
ansiedad.
PRIMERAS
RELACIONES CON LA MADRE
La actitud de la niña frente al pene
introyectado está fuertemente influida por su actitud frente al pecho de la
madre. Los primeros objetos que ella introyecta son la madre "buena"
y la madre "mala", representadas por el pecho[338]. Su
deseo de succionar y devorar el pene deriva directamente de su deseo de hacer
lo mismo con el pecho de la madre. Así, la frustración que sufre del pecho
prepara el camino para sentimientos que surgen de su posterior frustración en
relación con el pene. No sólo la envidia y el odio que siente frente a su madre
colorean e intensifican sus fantasías sádicas contra el pene, sino que sus
relaciones con el pecho de la madre afectan también su actitud subsecuente con
el hombre en otros sentidos. Tan pronto como comienza a asustarse del pene malo
introyectado, comienza a volver a la madre, de la que, espera auxilio, tanto
como figura real, como introyectada. Si su primera actitud con la madre ha sido
gobernada por una posición oral de succión, de modo que contenga fuertes
corrientes de sentimientos positivos y optimistas, será capaz de ampararse en
cierto modo tras de la imago de su madre "buena" contra la imago de
la madre "mala" y contra el pene "malo"; si no, su miedo de
la madre introyectada aumentará su miedo al pene introyectado y a los padres
aterradores unidos en copulación.
La importancia que la imago materna de
la niña tiene para ella como figura de "amparo" y la fuerza de su
apego a la madre son muy grandes, puesto que (en su imaginación) la madre posee
el pecho nutricio y el pene del padre y los niños, y de este modo tiene el
poder de gratificar todas sus necesidades. Porque cuando comienzan las
tempranas situaciones de ansiedad de la niña pequeña, su yo utiliza la
necesidad de nutrición, en el más profundo sentido de la palabra, para ayudarla
a vencer esa ansiedad. Cuanto más miedo tiene a que su cuerpo esté envenenado y
expuesto a ataques, mayores serán sus deseos de leche "buena", pene
"bueno" y niños[339],
sobre los que cree que su madre tiene un poder ilimitado. Necesita estas cosas
buenas para protegerse contra las malas y para establecer una especie de
equilibrio dentro de ella. En su imaginación, el cuerpo de la madre es por esto
una especie de almacén que contiene la gratificación de todos sus deseos y el
alivio de sus miedos. Son estas fantasías las que conducen al pecho de la madre
como la primer fuente de gratificación y como la más preñada de consecuencias,
las responsables de su enorme adhesión a la madre. Y la frustración que ella
sufre de la madre en conexión con esto le hace sentir, bajo la creciente
presión de su ansiedad, un renovado resentimiento contra ella, y redobla sus
ataques sádicos sobre su cuerpo.
En un estadío algo posterior del
desarrollo, sin embargo, en un momento en que sus sentimientos de culpa se
hacen sentir continuamente[340],
su deseo de apoderarse de los contenidos "buenos" del cuerpo de la
madre, o más bien su convicción de que lo ha hecho y expuesto así a su madre,
figurativamente, a los malos contenidos, hace surgir un sentimiento de culpa y
de ansiedad muy graves. Habiendo así destruido a su madre, cree haber arruinado
el depósito del cual obtiene la satisfacción de todas sus necesidades morales y
físicas. Este temor, que es de tan enorme importancia en la vida mental de la
niña pequeña, fortifica aun más los vínculos que la ligan a su madre. Esto hace
surgir un impulso a restituir y dar a su madre todas las cosas que ha tomado de
ella, una impulsión que se expresa en numerosas sublimaciones de naturaleza
típicamente femenina.
Pero este impulso se opone a otro,
estimulado por el mismo miedo, de apoderarse de todo lo que su madre tiene, con
el objeto de salvar su propio cuerpo. En este estadío del desarrollo, pues, la
niña está gobernada por la compulsión tanto de tomar como de restituir, y esta
compulsión, como ha sido dicho[341],
es importante en la etiología de la neurosis obsesiva en general. Por ejemplo,
vemos niñas pequeñas dibujando estrellitas
cruces que significan heces o niños, u otras mayores escribiendo letras
o números sobre una hoja de papel que representa el cuerpo de la madre o el
suyo propio, y cuidando de no dejar espacios vacíos. O sólo querrán apilar
ordenadamente pedazos de papel en una caja hasta que esté completamente llena.
Muy frecuentemente dibujarán una casa que representa a su madre y pondrán
frente a ella un árbol simbolizando el pene del padre y algunas flores
representando niños. Niñas más grandes dibujarán, coserán o harán muñecas y
trajes de muñecas, o libros, etc., y estas cosas representan el cuerpo
reconstituido de la madre (ya sea como uno todo o como una de las partes
dañadas individualmente), el pene del padre y niños dentro de ella, o sus
padres, hermanos y hermanas en persona.
Mientras están ocupadas en estas
actividades o después de haberlas terminado, las niñas a menudo muestran rabia,
depresión o disgusto, o a veces reaccionan de un modo destructivo. La ansiedad
de esta índole, que es un obstáculo subyacente a todas las tendencias
constructivas, surge de diferentes fuentes[342]. La
niña, en su imaginación, ha tomado posesión del pene del padre y heces y niños,
pero debido al miedo al pene, a las heces y niños, miedo que ha surgido de sus
fantasías sádicas, pierde fe en su virtud. Los problemas en su mente son ahora:
¿serán las cosas que ella devuelve a su madre "buenas", y puede ella
restituirlas adecuadamente en lo que respecta a la cantidad y calidad y orden
en que ellas deben ser arregladas en su interior? (porque eso también es una
parte necesaria del acto de la restitución). Por otra parte, si cree que ha
devuelto a su madre bien y debidamente los buenos contenidos, se asusta de
haber puesto en peligro su propia persona al hacerlo.
Estas fuentes de ansiedad hacen surgir
además una actitud especial de desconfianza en la niña frente a la madre.
Cuando entran a mi cuarto, muchas pacientes niñas miran con desconfianza los
papeles y lápices que hay en el cajón reservado para ellas, por si se los han
cambiado, o por si son más chicos en tamaño o menores en número que los del día
anterior; otras veces desearán estar seguras de que el contenido de su
cajoncito no ha sido desarreglado, que todo está en orden y que nada ha sido
cambiado ni falta[343]. A
veces quieren envolver sus dibujos o moldes de papel o lo que en ese momento
simbolice para ellas el pene o niños; los atan cuidadosamente y los depositan
en el cajón de muñecos, con signos de profunda desconfianza respecto a mi. En
estas ocasiones no se me permite acercarme al paquete o aun al cajón, y debo
retirarme o no observar mientras lo hacen. El análisis demuestra que el cajón y
los paquetes en su interior representan su propio cuerpo y que tienen miedo no
sólo de que la madre las ataque y las despoje, sino de que ponga cosas
"malas" dentro de él en cambio de las "buenas".
Además de estas múltiples fuentes de
ansiedad, la niña, comparada con el niño, se halla bajo otras desventajas,
debido a razones fisiológicas. Su posición femenina no la ayuda contra su
ansiedad[344]
desde que su posesión del niño, que sería una confirmación completa y un logro
de esa posición, es, después de todo, sólo prospectiva[345]. Ni
tampoco la estructura de su cuerpo la provee de alguna posibilidad de conocer
cuál es el estado real de su interior, mientras que el niño encuentra ayuda en
su posición masculina, porque gracias a la posesión del pene puede convencerse
por un examen de la realidad de que todo está bien en su interior.
Es esta
incapacidad de conocer algo sobre su condición lo que agrava lo que en mi
opinión es el miedo más profundo de la niña, esto es, el de que el interior de
su cuerpo ha sido lastimado o destruido y que no tiene hijos o sólo los tendrá
dañados[346].
EL
PAPEL DE LA VAGINA EN LA SEXUALIDAD INFANTIL
Creo que el hecho de que la ansiedad de
la niña se relacione con el interior de su cuerpo explica en gran parte la
razón por la cual en su primera organización sexual el papel que juega la
vagina debe ser oscurecido por la actividad del clítoris. En sus más tempranas
fantasías de masturbación, en las que transforma la vagina de su madre en un
instrumento de destrucción, demuestra un conocimiento inconsciente sobre la
vagina, porque aunque debido al predominio de sus tendencias anales y orales la
equipara a la boca y al ano, no obstante la representa en su inconsciente, como
lo demuestran claramente muchos detalles de su fantasía, como una cavidad en
los genitales que está destinada a recibir el pene del padre.
Pero además de esta noción general
inconsciente de la existencia de la vagina, la niña pequeña posee también un
conocimiento totalmente consciente de ella. El análisis de un número de niñas
pequeñas me ha convencido de que, además de aquellos casos muy especiales
mencionados por Helene Deutsch[347] en
que la paciente ha sufrido violaciones y desfloración y ha obtenido en
consecuencia un conocimiento de esta clase y ha sido llevada a realizar
masturbación vaginal, muchas niñas pequeñas tienen conocimiento consciente de
que tienen una abertura en sus genitales. En algunos casos han obtenido este
conocimiento de investigaciones mutuas realizadas en juegos sexuales con otros
niños, ya sean varones como mujeres; en otros la han descubierto solas.
Indudablemente tienen una fuerte tendencia a negar o reprimir tal conocimiento,
inclinación que surge de la ansiedad que sienten con respecto a este órgano y
al interior de su cuerpo. Los análisis de mujeres han demostrado el hecho de
que la vagina es una parte del interior de su cuerpo al cual se halla ligada la
más profunda ansiedad, y que es el órgano que ellas consideran como
preeminentemente peligroso y en peligro en sus fantasías sádicas sobre la
copulación entre sus padres. Es de fundamental importancia en la aparición de
los trastornos sexuales y en la frigidez y en particular en inhibir su
excitabilidad vaginal.
Hay muchas pruebas para demostrar que
la vagina no entra en funciones completamente hasta que se ha realizado el acto
sexual[348], y
como sabemos, sucede a menudo que la actitud de las mujeres frente a la
copulación se altera completamente después que la han experimentado y que su
inhibición con respecto a ella -y antes del hecho tal inhibición es tan común
que es prácticamente normal- es a menudo reemplazada por un fuerte deseo del
acto sexual. Podemos deducir de esto que su inhibición previa fue en parte
mantenida por la ansiedad y que el acto sexual ha extirpado esta ansiedad[349].
Yo me inclinaría a atribuir este efecto tranquilizador de la función sexual al
hecho de que la gratificación libidinal que recibe de la copulación la confirma
en la creencia de que el pene que se ha incorporado durante el acto es un
objeto "bueno" y que su vagina no tiene un efecto destructivo sobre
él. Su miedo del pene externo e internalizado -un miedo que ha sido tanto mayor
por ser inverificable- es anulado por el objeto real. En mi opinión, los miedos
de la niña concernientes al interior de su cuerpo contribuyen, junto con los
factores biológicos, a impedir la emergencia de una fase vaginal claramente
discernible en su temprana infancia. Sin embargo, estoy convencida, por la
evidencia de un número de análisis de niñas pequeñas, de que los representantes
psicológicos de la vagina ejercen una influencia completa, no menor que los
representantes psicológicos de todas las otras fases libidinales, sobre la
organización genital infantil de la niña.
Los mismos factores que tienden a
ocultar la función psicológica de la vagina en la niña intensifican su fijación
en el clítoris. Porque este último es un órgano visible y puede ser sometido a
juicio de realidad. He visto que la masturbación clitoridiana está acompañada
por variadas fantasías. Su contenido cambia rápidamente de acuerdo con las
fluctuaciones violentas que tienen lugar entre una posición y otra en los
primeros estadíos del desarrollo de la niña. Son al principio, en su mayor
parte, de naturaleza pregenital, pero tan pronto como los deseos de la niña de
incorporar el pene de su padre de manera genital y oral se hacen más fuertes,
adoptan un carácter vaginal y genital (estando acompañadas ya a menudo por
sensaciones vaginales), y así toman su primera dirección femenina[350].
Desde
que la niña comienza a identificarse con su padre, casi enseguida de haberse
identificado con su madre, su clítoris toma rápidamente la importancia de un
pene en sus fantasías de masturbación. Todas sus fantasías de masturbación
clitoridianas correspondientes a este primer estadío están gobernadas por sus
tendencias sádicas, y ésta es la razón por la cual sus actividades
masturbatorias en general disminuyen o cesan del todo cuando finaliza la fase
fálica en un período en que su sentimiento de culpa emerge con más fuerza. La
comprensión del hecho de que su clítoris no es un sustituto del pene que ella
desea, es sólo, en mi opinión, el último eslabón de una cadena de
acontecimientos que rigen su vida futura y que en muchos casos la condenan a la
frigidez por el resto de sus días.
EL
COMPLEJO DE CASTRACIÓN
La identificación con su padre, que la
niña exhibe tan claramente en la fase fálica y que tiene todos los signos de la
envidia del pene y complejo de castración[351], es,
según mis observaciones, el resultado de un proceso que comprende muchas etapas[352].
Al considerar algunas de las etapas más importantes veremos en qué forma su
identificación con su padre se halla afectada por la ansiedad que surge de su
posición femenina y cómo la posición masculina que adopta en cada una de sus
fases de desarrollo está superimpuesta a una posición masculina que pertenece a
una fase anterior.
Cuando
la niña abandona el pecho de la madre y se vuelve al pene del padre como objeto
de gratificación, se identifica con su madre, pero tan pronto como sufre una
frustración también en esta posición rápidamente se identifica con el padre, a
quien imagina obteniendo satisfacción del pecho de la madre y de todo su
cuerpo, es decir, de aquellas fuentes primarias de gratificación que ella se ha
visto forzada a abandonar tan dolorosamente. Sentimientos de odio y envidia
hacia la madre así como deseos libidinales hacia ella crean estas primeras
identificaciones de la niña con el padre (a quien ella considera como una
figura sádica), y en esta identificación la enuresis juega un papel importante.
Los niños de ambos sexos consideran la
orina en su aspecto positivo, como equivalente a la leche de su madre, de
acuerdo con el inconsciente, que equipara todas las sustancias corporales unas
con otras. Mis observaciones demuestran que la enuresis, en su significado más
temprano, tanto es un acto positivo de dar como uno sádico, y expresión de una
posición femenina tanto en los niños como en las niñas[353].
Parecería que el odio que sienten los niños hacia el cuerpo de su madre por
haber frustrado sus deseos hace surgir en ellos, ya sea en la misma época de
sus impulsos canibalísticos o poco después, fantasías con las que daña y
destruye su pecho con la orina[354].
Como ya
se ha dicho, en la fase sádica la niña cree principalmente en los poderes
mágicos de los excrementos, mientras que el niño hace del pene el principal
ejecutor de su sadismo. Pero en ella también la creencia en la omnipotencia de
sus funciones urinarias la lleva a identificarse -aunque en menor extensión que
los muchachos- con su padre sádico, a quien atribuye especiales poderes
sádico-uretrales en virtud de su posesión de un pene[355]. De este
modo la incontinencia se transforma, después de haber sido la expresión de una
posición femenina, en el representante de una masculina para los niños de ambos
sexos, y en conexión con la más temprana identificación de la niña con su padre
sádico, se transforma en un medio de destrucción de la madre; mientras que al
mismo tiempo ella toma posesión del pene del padre en su imaginación,
castrándolo.
La identificación que la niña realiza
con el padre sobre la base de un pene introyectado[356] es la
continuación, según mi experiencia, de la identificación sádica primaria que ha
hecho con él por medio de su incontinencia de orina. En sus primeras fantasías
de masturbación se ha identificado alternativamente con cada uno de sus padres.
Cuando ocupa la posición femenina tiene miedo al pene "malo" del
padre, que ha internalizado. Con el fin de vencer este miedo activa el
mecanismo defensivo de identificación con el objeto de ansiedad[357], y
así se identifica más fuertemente con él. La posesión imaginaria del pene que
le ha robado crea un sentimiento de omnipotencia que aumenta su sentimiento de
que maneja una magia destructiva por medio de sus excrementos. En esta
posición, su odio y sadismo contra su madre se intensifican y tiene fantasías
de destruirla por medio del pene de su padre. Mientras que al mismo tiempo
satisface sus sentimientos de venganza hacia el padre que la ha frustrado,
encuentra en su sentimiento de omnipotencia y en su poder sobre ambos padres
una defensa contra la ansiedad. He encontrado que esta actitud estaba
especialmente desarrollada en una o dos pacientes en las que predominaban los
rasgos paranoides[358],
pero es también muy poderosa en mujeres cuya homosexualidad está fuertemente
coloreada por sentimientos de rivalidad y antagonismo hacia el sexo masculino.
Se aplicaría así también a un grupo de mujeres homosexuales descritas por
Ernest Jones, a las cuales me he referido en la nota al pie.
En este punto, la posesión de un pene
externo ayuda a que la niña se convenza, en primer lugar, de que en realidad
tiene poder sádico sobre ambos padres, sin el cual no puede dominar su ansiedad[359], y
en segundo lugar, de que, teniendo este poder sobre sus objetos, puede vencer
el pene peligroso y los objetos introyectados dentro de ella; de modo que el
tener un pene tiene por último el efecto de proteger su cuerpo de la
destrucción.
Mientras que su posición sádica,
reforzada como está por su ansiedad, forma así la base de un complejo
masculino, su sentimiento de culpa también hace que quiera tener un pene.
Quiere un pene para restituir a su madre. Según ha observado Joan Riviere en el
articulo que mencionamos (nota 48), el deseo de la niña de compensar a su madre
por haberla desprovisto del pene del padre le proporciona importantes adiciones
a su complejo de castración y envidia del pene. Cuando la niña está obligada a
renunciar a su rivalidad con la madre debido al miedo que siente hacia ella, el
deseo de aplacarla y compensaría por lo que le ha hecho la lleva a anhelar
intensamente un pene como medio de efectuar una restitución. Según la opinión
de Joan Riviere, la intensidad de su sadismo y el grado de su capacidad de
dominar la ansiedad son factores que ayudan a determinar si adoptará una
posición heterosexual u homosexual.
Tenemos que examinar ahora más
íntimamente por qué es que, en algunos casos, la niña no puede restituir a su
madre, a menos que adopte una posición masculina y esté en posesión de un pene.
Los análisis[360]
tempranos han demostrado la existencia en el inconsciente de un principio
fundamental que gobierna todos los procesos reactivos y sublimatorios por medio
del cual los actos restitutivos deben relacionarse en todos los detalles al
daño imaginario que ha sido realizado. Todo lo malo que la niña ha hecho en su
fantasía robando, dañando, destruyendo, lo debe reparar devolviendo, arreglando
y restaurando. Este principio también requiere que los mismos instrumentos que
han sido usados para cometer las malas acciones sean usados también para
repararlas. El niño debe transformar sus excrementos, pene, etc., que en sus
fantasías sádicas son sustancias destructivas y peligrosas, en sustancias
curativas y benéficas. Todo lo malo que ha hecho el pene "malo" y la
orina "mala" debe ser reparado por el pene "bueno" y la
orina "buena"[361].
Supongamos
que la niña ha centrado sus fantasías sádicas más especialmente alrededor de la
destrucción indirecta de su madre por el pene peligroso de su padre y que se ha
identificado muy fuertemente con su padre sádico. Tan pronto como sus
tendencias reactivas y sus deseos de realizar restitución adquieren fuerza, se
sentirá impulsada a reparar a su madre por medio de un pene benéfico, y así sus
tendencias homosexuales serán reforzadas. Un factor importante en conexión con
esto es el grado en que ella cree que su padre está incapacitado de realizar
restituciones, ya sea porque lo ha castrado o ha hecho que su pene sea muy malo
y que por lo tanto tenga que renunciar a toda esperanza de repararlo[362].
Si cree esto muy firmemente tendrá que jugar sola el papel de él, y esto otra
vez tenderá a que ella adopte una posición homosexual.
La
desilusión, las dudas y el sentimiento de inferioridad que sufre la niña cuando
comprende que no tiene pene, y sus temores y sentimiento de culpa que surgen de
su posición masculina (en primer lugar hacia su padre por haberlo privado de su
pene y de la posesión de la madre, y en segundo lugar hacia la madre por
haberle robado el padre) se combinan para derribar esta posición. Además, su
queja originaria contra su madre por haberle impedido conseguir el pene del
padre como objeto libidinal se refuerza con una nueva, por haberle impedido la
posesión de un pene como atributo de masculinidad, y este doble dolor hace que
ella se aleje de su madre como objeto de amor genital. Por otra parte, sus
sentimientos de odio hacia su padre y su envidia del pene que surgen de su
posición masculina, le impiden que ella, una vez más, adopte un papel femenino.
De acuerdo con mi experiencia, la niña,
después de haber abandonado la fase fálica pasa todavía por otra faz, la
postfálica, en la que elige entre retener la posición femenina o abandonarla.
Yo diría que en esa época, al entrar al período de latencia, su posición
femenina -que ha alcanzado el nivel genital y es de carácter pasivo y maternal[363] y
que involucra el funcionamiento de su vagina o, por lo menos, de sus
representantes psicológicos-, ha sido ya establecida en sus fundamentos. Que
esto es así se hace todavía más verosímil cuando consideramos con qué
frecuencia las niñas pequeñas adoptan una posición maternal y realmente
femenina. Una posición de esta naturaleza no es imaginable a menos que la
vagina se comporte como un órgano receptivo. Por supuesto, como ya ha sido
señalado, tienen lugar alteraciones importantes en las funciones de la vagina,
como resultado de los cambios biológicos que sufre la niña en la pubertad y de
la experiencia del acto sexual; y son estas alteraciones las que llevan a su
estadío final el desarrollo de la niña también desde un punto de vista
psicológico y hacen de ella una mujer en el sentido amplio de la palabra.
En ese sentido estoy de acuerdo en
muchos puntos con el trabajo de Karen Horney, "The Flight from
Womanhood", 1926, en el que llega a la conclusión de que la vagina juega
una parte en la vida temprana de la niña, así como el clítoris. Puntualiza allí
que seria razonable deducir de la aparición de frigidez en las mujeres, que la
zona vaginal es más probable que esté fuertemente cargada con ansiedad y
efectos defensivos que el clítoris. Cree que las fantasías y deseos incestuosos
de la niña han sido atribuidos por su inconsciente a la vagina y que su
frigidez en la vida futura es la manifestación de una medida defensiva tomada
contra ellos por su yo, a causa del peligro que involucran para ella. También
comparto la opinión de Karen Horney de que la incapacidad de la niña para
obtener un cierto conocimiento sobre la configuración de su vagina, a
diferencia del muchacho, que puede inspeccionar sus genitales y someterlos a
una prueba de realidad, para ver si ha sido o no alcanzado por las temibles
consecuencias de la masturbación, tiende a aumentar su ansiedad genital y hace
que sea más probable que adopte una posición masculina. Además, Karen Horney
distingue entre la envidia del pene secundaria de la niña, que emerge en la
fase fálica, y la envidia del pene primaria que se basa sobre catexis
pregenitales, tales como la escoptofilia y el erotismo uretral. Cree que la
envidia del pene secundaria en la niña se utiliza para reprimir los deseos
femeninos, y que cuando su complejo de Edipo es abandonado, invariablemente
-aunque no siempre en el mismo grado-, abandona a su padre como objeto sexual y
se aleja del papel femenino, regresando, al mismo tiempo, a su envidia del pene
primaria.
Los puntos de vista que he expresado
hace algunos años, relacionados con el estadío final de la organización genital
de la niña[364]
concuerdan con los de Ernest Jones, manifestados al mismo tiempo. En su
artículo "The Early Development of Female Sexuality", 1927, sugiere que las funciones vaginales estaban
originariamente identificadas con la anal y que la diferenciación entre ellas
(proceso todavía oscuro) tiene lugar, en parte, en un estadío anterior al que
generalmente se supone. Presume la existencia de un estadío
boca-ano-vagina, que forma la base de la actitud heterosexual de la niña y
representa una identificación con su madre. De acuerdo con esta opinión,
también la fase fálica de la niña normal es sólo una forma debilitada de la
identificación realizada con mujeres homosexuales, con el padre y su pene, y es
así, preeminentemente, de carácter secundario y defensivo.
Helene Deutsch es de distinta opinión[365].
Supone la existencia de una fase postfálica que tiene influencia en el
resultado final de la organización genital posterior de la niña. Pero cree que
la niña no tiene una fase vaginal en absoluto, y que es excepcional que sepa
algo sobre la existencia de su vagina o que sienta algunas sensaciones allí y
que, por lo tanto, cuando ha finalizado su desarrollo sexual infantil, no puede
adoptar una posición femenina en el sentido genital. Por consecuencia, la
libido, aunque mantiene una posición femenina, está obligada a retroceder y a
cargar una posición anterior dominada por su complejo de castración (que según
Helene Deutsch precede a su complejo de Edipo), y un paso hacía atrás de esta
índole sería un factor fundamental en la producción del masoquismo femenino.
TENDENCIAS
RESTITUTIVAS Y SEXUALIDAD
Ya hemos examinado la parte que
desempeñan las tendencias restitutivas de la niña en la consolidación de su
posición homosexual. La consolidación de su posición heterosexual depende
también de que esa posición convenga a los requerimientos de su superyó.
Como vimos en la primera parte de este
capítulo, al individuo normal, el acto sexual, además de su motivación
libidinal, lo ayuda a dominar su ansiedad. Sus actividades genitales tienen
todavía otro motivo impulsor, que es su deseo de reparar por la copulación el
daño que ha hecho por medio de sus fantasías sádicas[366]. Cuando
como resultado de una emergencia más fuerte de sus impulsos genitales su yo
reacciona frente a su superyó con menos ansiedad y más culpa, encuentra en el
acto sexual un medio importante para hacer reparaciones al objeto, debido a su
conexión con sus primeras fantasías sádicas. La naturaleza y extensión de sus
fantasías restitutivas, que deben corresponder al daño imaginario que ha hecho,
no sólo serán un factor importante en sus diversas actividades en la formación
de sus sublimaciones, sino que también influirán grandemente en el curso y en
el éxito de su desarrollo sexual[367].
Volviendo
a la niña, encontramos que consideraciones, tales como los contenidos y
composición de sus fantasías sádicas, la magnitud de sus tendencias reactivas,
la estructura y fuerza de su yo, afectarán sus fijaciones libidinales y le
ayudarán a decidir si la restitución que hace tendrá un carácter masculino o
femenino o si será una mezcla de los dos[368].
Otra
cosa que me parece importante para el éxito final del desarrollo de la niña, es
si las fantasías restitutivas que construye sobre sus ideas sádicas específicas
pueden imponerse sobre su yo del mismo modo que sobre su vida sexual.
Ordinariamente trabajan en ambas direcciones y se refuerzan la una a la otra, y
así ayudan a establecer una posición libidinal y una posición del yo que son
compatibles la una con la otra. Si, por ejemplo, el sadismo de la niña pequeña
ha estado fuertemente centrado en fantasías de dañar el cuerpo de su madre y de
robar los niños y el pene del padre dentro de ella, podrá sostener su posición
femenina bajo ciertas condiciones cuando sus tendencias reactivas adquieran
fuerza. En sus sublimaciones conseguirá su deseo de restaurar a su madre y
devolverle su padre y los niños, transformándose en niñera o masajista, o
dedicándose al trabajo intelectual[369] si al
mismo tiempo tiene una creencia suficiente en la posibilidad de que su propio
cuerpo sea restaurado teniendo niños o ejecutando el acto sexual con un pene
benéfico, ella también tomará esa posición heterosexual como una ayuda para
dominar su ansiedad. Además, sus tendencias heterosexuales favorecen sus
tendencias de sublimación que tienen por fin la restitución del cuerpo de la
madre, porque le demuestran que la copulación entre los padres no ha hecho daño
a la madre o que, de cualquier modo, éste puede ser restaurado, y esta
creencia, a su vez, la ayuda a consolidarse en su posición heterosexual.
Lo que ha de ser la posición final de
la niña también dependerá, dadas las condiciones subyacentes similares, de si
su creencia en su propia omnipotencia constructiva es equiparable a la fuerza
de sus tendencias reactivas. Si es así, su yo puede establecerse un objetivo
futuro de satisfacerse por sus tendencias restitutivas, esto es, que ambos
padres serían restaurados y estarían así una vez más unidos amistosamente. Es
ahora su padre el que en sus fantasías hace la restitución a su madre y la
gratifica por medio de su pene saludable, mientras que la vagina de su madre,
imaginada originariamente como algo peligroso, restaurará y curará el pene del
padre que ha dañado. Al considerar así la vagina de su madre como un órgano
benéfico y fuente de placer, la niña no sólo puede evocar una vez más la
temprana visión de su madre como la "buena" madre que le dio de
mamar, sino que puede pensar de si misma, identificándose con ella, como en una
persona bondadosa que da, y puede considerar el pene de su compañero de amor
como un pene "bueno". Sobre una actitud de esta naturaleza descansa
el éxito del desarrollo de su vida sexual y su capacidad para ligarse a su
objeto por vínculos sexuales tanto como por afecto y amor.
Como he tratado de mostrar en estas
páginas, el éxito final del desarrollo sexual infantil del individuo es el
resultado largamente trabajado de un proceso de fluctuación entre varias
posiciones y está constituido sobre un gran número de transacciones interconectadas
entre su yo y su superyó y entre su yo y su ello. Siendo estas transacciones el
resultado de sus tentativas de dominar la ansiedad son, también, en gran parte,
un logro de su yo. Aquellas de las transacciones que en la niña afirman su
papel femenino y que encuentran su expresión típica en su vida sexual posterior
y en su comportamiento general son, para mencionar sólo unas cuantas: que el
pene del padre le gratificará a ella y a su madre alternativamente[370],
que un cierto número de niños le serán adjudicados a su madre, y el mismo, o
más bien un número menor, a ella; que incorporará el pene del padre, mientras
que la madre recibirá todos los niños, etc. Los componentes masculinos también
entran en tales transacciones. La niña pequeña imaginará a veces que se apropia
del pene de su padre con el objeto de realizar su papel masculino frente a su
madre para luego devolvérselo a él otra vez.
En el
curso de un análisis se ha hecho claro que cada cambio favorable que tiene
lugar en la posición libidinal del paciente surge de una disminución de su
ansiedad y sentimiento de culpa e inmediatamente se forman nuevas
transacciones. Cuanto más disminuye la ansiedad y culpa que siente la niña y
cuanto más se adelanta su estadío genital, más fácilmente podrá permitir que su
madre reanude un papel maternal y femenino, y, al mismo tiempo, que ella adopte
un papel similar y sublime sus componentes masculinos.
FACTORES
EXTERNOS
Sabemos que las primeras fantasías de
los niños y su vida instintiva y la presión de la realidad sobre ellos, se
interaccionan una sobre la otra y que su acción combinada da forma al curso de
su desarrollo mental. A mi juicio, la realidad y los objetos reales afectan sus
situaciones de ansiedad desde los primeros estadíos de su existencia, en el
sentido de que los consideran como pruebas o refutaciones de sus situaciones de
ansiedad, que se han desplazado al mundo externo y así les ayudan a guiar el
curso de su vida instintiva. Y desde que, debido a la interacción de los
mecanismos de proyección e introyección, los factores externos influyen en la
formación de su superyó y del crecimiento de sus relaciones de objeto y sus
instintos, también ayudarán a determinar cuál será el resultado de su
desarrollo sexual.
Si, por ejemplo, la niña pequeña busca
en vano el amor y la ternura de su padre, que confirmarían la creencia en el
pene "bueno" dentro de ella y serían un contrapeso a su creencia en
el pene "malo", se abroquelará más firmemente en su actitud
masoquista y el "padre sádico" puede transformarse en una condición
de amor para ella; o la conducta de él hacia ella puede aumentar el sentimiento
de odio y de ansiedad contra su pene e impulsarla a abandonar su papel femenino
o hacerse frígida. En realidad, que el resultado de su desarrollo sea favorable
o desfavorable dependerá de la cooperación de un gran número de factores
externos.
Por ejemplo, la actitud de su padre
hacia ella no es lo único que decidirá acerca de qué tipo de persona se
enamorará; no depende sólo de que él la atienda o la descuide demasiado en
comparación con su madre y hermanas, sino también de su relación directa con
aquellas personas. En qué medida ella podrá mantener su posición femenina y en
esa posición desarrollar un deseo de una imago paterna bondadosa, dependerá
también mucho de su sentimiento de culpa hacia su madre y, así, de la
naturaleza de las relaciones entre su padre y su madre[371]. Además,
ciertos acontecimientos, tales como la enfermedad o muerte de uno de sus padres
o de un hermano o hermana, pueden ayudar para mantener en ella una posición
sexual o la otra, de acuerdo a cómo esto afecte su sentimiento de culpa.
Otra cosa que desempeña un papel muy
importante en el desarrollo de la niña es la presencia en su vida temprana de
una persona, sin ser su madre o padre, a quien considere como una figura
bondadosa que le presta ayuda en el mundo externo contra sus miedos
fantásticos. Al dividir a su madre en "buena" y "mala" y a
su padre en 'bueno" y "malo", liga el odio que siente por su
objeto a la madre o al padre "malos", o se aleja de ellos mientras
que dirige sus tendencias restitutivas a su madre y padre "buenos", y
en su imaginación repara en ellos el daño que ha hecho a sus imagos paternas en
sus fantasías sádicas[372].
Pero si debido a que su ansiedad es demasiado grande o por razones reales, sus
objetos edípicos no se han transformado en imagos buenas, otras personas, tales
como una niñera bondadosa, un hermano o una hermana, un abuelo o tía o tío,
pueden, en ciertas circunstancias, tomar el papel de la madre o padre buenos[373].
De este modo, sus sentimientos positivos, cuyo crecimiento ha sido inhibido
debido a su miedo excesivo por sus objetos edípicos, pueden aflorar y ligarse
el objeto de amor.
Como he
puntualizado más de una vez en estas páginas, la existencia de relaciones
sexuales entre niños durante su vida temprana, especialmente entre hermanos y
hermanas, es un hecho muy común. Los deseos libidinales de los niños pequeños,
intensificados como están por sus frustraciones edípicas, junto con la ansiedad
que emana de sus más profundas situaciones de peligro, los impulsan a realizar
actividades sexuales desde que, como he tratado de demostrar en el capítulo
presente, no sólo gratifican su libido, sino que los capacitan para obtener
refutaciones a los diferentes miedos en relación con el acto sexual. He
encontrado repetidas veces que si tales objetos sexuales han actuado además
como figuras "bondadosas", las primeras relaciones sexuales de esta
naturaleza ejercen una influencia favorable sobre las relaciones de la niña con
sus objetos y sobre sus futuras relaciones sexuales[374]. Donde
un miedo excesivo a ambos padres, junto con ciertos factores externos, hubiera
producido una situación edípica perjudicial para su actitud hacia el sexo
opuesto y le hubiera impedido el mantenimiento de su posición femenina y de su
capacidad para amar, el hecho de que ella haya tenido relaciones sexuales con
un hermano o hermano sustituto en su primera infancia, y el que ese hermano,
además, le haya demostrado afecto real y haya sido su protector, la ha provisto
de una base para una posición heterosexual y ha desarrollado su capacidad de
amor. Recuerdo uno o dos casos en tos que la niña ha tenido dos tipos de
objetos de amor: uno representaba al padre severo y el otro al hermano
bondadoso[375].
En
otros casos desarrollaba una imago que era una combinación de los dos tipos; y
aquí también sus relaciones con su hermano habían disminuido su masoquismo.
Al
servir como prueba basada en la realidad de la existencia del pene
"bueno", las relaciones de la niña con su hermano fortificaron su
creencia en el pene introyectado "bueno" y moderaron su miedo a los
objetos introyectados "malos". Ellos también la ayudaron a dominar su
ansiedad en este sentido, desde que al realizar actos sexuales con otro niño,
adquirió el sentimiento de estar ligada a él contra sus padres. Sus relaciones
sexuales hicieron a los dos niños cómplices de un crimen, reviviendo en ellos
fantasías de masturbación sádica que se dirigían originariamente contra su
padre y madre, y causando que las cometiesen juntos.
Al compartir así esa profunda culpa,
cada niño se siente aliviado de algo de su peso y está menos asustado, porque
cree que tiene un aliado contra sus objetos temibles. Según lo que he visto, la
existencia de una complicidad secreta de esta naturaleza, que en mi opinión
desempeña una parte esencial en toda relación de amor, aun en personas mayores,
es de especial importancia en los vínculos sexuales donde el individuo es
paranoide[376].
La niña
también considera su ligadura sexual con otro niño, que representa el objeto
bueno, como una refutación, por medio de la realidad, de su miedo a su propia
sexualidad y a su objeto como algo destructivo, de modo que un vínculo de esta
clase puede impedir que se haga frígida o que sucumba a otro trastorno sexual
en la vida posterior.
Sin
embargo, aunque, como hemos visto, las experiencias de esta índole pueden tener
un efecto favorable sobre la vida sexual de la niña y sus relaciones de objeto,
pueden también conducir a serios trastornos en este terreno[377]. Si sus
relaciones sexuales con otro niño sirven para confirmar sus miedos más
profundos -ya sea porque su pareja es demasiado sádica o porque la realización
del acto sexual hace surgir aun más ansiedad y culpa en ella a causa de su
propio sadismo excesivo-, su creencia en la maldad de sus objetos introyecta
dos y de su propio ello serán más fuertes aun, su superyó será más severo que
nunca, y, como resultado, su neurosis y todos los defectos de su desarrollo
sexual y caracterológico serán mayores[378].
DESARROLLO
EN LA PUBERTAD
Sabemos que las perturbaciones
psicológicas que padece el niño durante la pubertad se deben, en gran parte, a
la intensificación de los impulsos que acompañan los cambios fisiológicos que
se producen en esta edad. En la niña, la aparición de la menstruación refuerza
su ansiedad. En su Zur Psychoanalyse der
weiblichen Sexualfunktionen, 1926, Helene Deutsch ha estudiado el alcance
del significado psicológico de la pubertad para la niña y la prueba que le
impone, y ha llegado a la conclusión de que este primer fluir de sangre
equivale para su inconsciente a ser castrada y haber perdido la posibilidad de
tener un niño, y es así una doble frustración. Helene Deutsch aduce también que
la menstruación significa un castigo por haberse permitido la masturbación
clitoridiana, y además, regresivamente, revive el punto de vista infantil de
que la copulación es siempre un acto sádico que involucra crueldad y pérdida de
sangre[379].
Mis
propias experiencias confirman ampliamente el punto de vista de Helene Deutsch,
de que las desilusiones y golpes a su narcisismo que recibe la niña cuando
comienza a menstruar son muy grandes. Pero yo creo que su efecto patogénico se
debe a la circunstancia de que reactivan miedos anteriores. Son sólo unos pocos
puntos más, en el total de sus situaciones de ansiedad, los que la menstruación
hace emerger. Estos miedos, según hemos visto anteriormente, en el presente
capítulo, son escuetamente los siguientes:
1) En virtud de la equiparación de
todas las sustancias corporales unas con otras en el inconsciente, identifica
la sangre de su menstruación con los excrementos supuestamente peligrosos[380].
Desde que ha aprendido tempranamente a asociar la hemorragia con cortaduras, su
miedo de que estos excrementos peligrosos hayan dañado su propio cuerpo le
parece haber sido confirmado por la realidad. El flujo menstrual aumenta su
terror a que su cuerpo sea atacado. En relación con esto hay varios miedos que
operan:
a) Su
miedo a ser atacada y destruida por su madre, en parte debido a venganza y en
parte para recobrar el pene del padre y los niños de los que ella (la niña) le
ha privado.
b) Su
miedo a ser atacada y dañada por su padre al copular con ella sádicamente[381],
ya sea porque ha tenido fantasías de masturbación sádica sobre su madre o
porque ella quiere retomar el pene que le ha robado. Su fantasía de que le
retiren por violencia el pene, dañando sus genitales, es la base, creo, de la
idea que tiene más tarde de que su clítoris es una herida o una cicatriz donde
antes estuvo su pene.
c) Su
miedo de que el interior de su cuerpo sea atacado y destruido por sus objetos
introyectados, ya sea directa o indirectamente, como consecuencia de la lucha
de uno con el otro dentro de ella. Sus fantasías de que tiene introyectados a
sus padres violentos en el acto de ejecutar un coito sádico, y que están
poniendo en peligro su propio interior al destruirse uno al otro, es una fuente
de angustia aguda. Considera las sanciones corporales que la menstruación hace
surgir a menudo en ella, y que su ansiedad aumenta, como un signo de que todos
los daños que temió recibir y todos sus miedos hipocondríacos se han hecho
realidad.
3) El flujo de sangre proveniente del
interior de su cuerpo la convence de que los niños dentro de ella han sido
dañados y destruidos. En algunos análisis de mujeres he encontrado que el temor
de éstas a no tener niños (es decir, a tenerlos destruidos en su interior) se
había intensificado desde el comienzo de la menstruación y no había
desaparecido hasta que habían tenido un niño. Pero, en muchos casos, la
menstruación, además del miedo de tener niños dañados o anormales, da por
resultado que consciente o inconscientemente se rechace el embarazo por
completo.
4) La menstruación, al confirmarla en
la creencia de que ella no tiene pene y en la idea de que su clítoris es la
herida o la cicatriz dejada por su pene castrado[382], hace
que le sea más difícil mantener una posición masculina.
5) Como
signo de madurez sexual, la menstruación activa todas aquellas fuentes de
ansiedad ya mencionadas en este capítulo, que se relacionan con sus ideas de
que la conducta sexual tiene un carácter sádico. El análisis de pacientes
femeninos en la edad de la pubertad, muestra que por las razones arriba
mencionadas, la niña cree que la posición femenina, así como la masculina, se
han hecho insostenibles. La menstruación tiene un efecto mucho mayor, al
activar las fuentes de ansiedad y los conflictos en la niña, que el proceso
paralelo de desarrollo tiene en el varón. Esto explica en parte la causa de por
qué la niña esté sexualmente más inhibida que el varón durante la pubertad.
Los efectos psicológicos de la
menstruación son responsables, en parte, del hecho de que a esta edad las
dificultades neuróticas de la niña aumenten muchísimo. Aun si es normal, la
menstruación resucita sus viejas situaciones de ansiedad, aunque desde que su
yo y sus métodos de dominar su ansiedad han sido adecuadamente desarrollados,
puede modificarla mejor que en su temprana infancia.
Ordinariamente también obtiene una
fuerte satisfacción de la aparición de la menstruación. Siempre que su posición
femenina haya sido bien establecida durante la primera expansión de su vida
sexual, considerará la menstruación como una prueba de ser sexualmente madura y
mujer, y como un signo de que puede tener mayor confianza en la esperanza de
recibir gratificación sexual y de tener niños. Si esto es así, considerará la
menstruación como un testimonio contra sus varias fuentes de ansiedad.
RELACIONES
CON SUS NIÑOS
Al describir el primer desarrollo
sexual de la mujer, no di muchos detalles sobre sus deseos de tener niños,
puesto que quise tratar su actitud infantil frente a sus niños imaginarios al
mismo tiempo que trataba su actitud en la vida posterior, durante el embarazo,
frente al niño verdadero dentro de ella.
Freud ha dicho que el deseo de la niña
de tener un hijo toma el lugar de su deseo de poseer un pene[383];
pero de acuerdo con mis observaciones, lo que toma este lugar es su deseo del
pene del padre considerado como objeto libidinal. En algunos casos, la
principal ecuación que realiza es entre los niños y las heces. Aquí su relación
con el niño parece desarrollarse principalmente sobre líneas narcisísticas. Es
más independiente de su actitud frente al hombre y está más íntimamente
relacionada con su propio cuerpo y con la omnipotencia de sus excrementos. En
otros casos equipara principalmente los niños con un pene. De aquí que su
actitud frente al niño descanse más fuertemente sobre sus relaciones con su
padre o con el pene de él. Hay una teoría sexual infantil universal de que la
madre incorpora un nuevo pene cada vez que copula y que estos penes o parte de
ellos se transforman en niños. Como consecuencia de esta teoría, las relaciones
de la niña con el pene del padre influyen en sus relaciones primero con sus
niños imaginarios y más tarde con sus niños verdaderos. En el libro que ya he
citado, Zur Psychoanalyse der weiblichen
Sexualfunktionen, Helene Deutsch, al discutir la actitud de la mujer
embarazada frente al niño dentro de ella, sostiene el siguiente punto de vista:
La mujer considera a su hijo como parte de su yo y como objeto exterior al
mismo "con respecto al cual repite todas las relaciones de objeto
negativas y positivas que ha tenido hacía su propia madre". En sus
fantasías. su padre se ha transformado en su hijo en el acto de la copulación,
"que en último grado representa para su inconsciente la incorporación oral
de su padre" y "conserva este papel en la preñez imaginaria o real
que le sigue". Después de que este proceso de introyección ha tenido
lugar, su niño se transforma en la "encarnación del yo ideal que ha
desarrollado anteriormente" y también representa "la encarnación de
sus propios ideales que no ha podido realizar". La actitud ambivalente que
adopta frente a su hijo es debida, en parte, a que toma el lugar de su superyó
-a menudo en fuerte oposición con su yo- y reaviva en ella aquellos sentimientos
ambivalentes hacia sus padres que surgieron de su situación edípica, pero
también es, en parte, debida a que hace una carga regresiva de sus primeras
posiciones libidinales. Su identificación de niños con heces, de las cuales
tiene una valoración narcisística, se transforma en la base de una valoración
similar narcisística de su hijo, y sus formaciones reactivas contra su original
sobreestimación de sus excrementos despiertan sentimientos de repugnancia en
ella y hace que quiera expeler a su hijo.
Esta
opinión requiere, creo, ser ampliada en uno o dos puntos.
La ecuación que hace la mujer en los primeros
estadíos de su desarrollo entre el pene del padre y un hijo, la conducen a
darle al niño dentro de ella el significado de un superyó paternal, desde que
su pene internalizado forma el núcleo de su superyó. Así, su actitud frente a
su hijo real o imaginario es no solamente una actitud ambivalente, sino que
está cargada por una cierta cantidad de ansiedad que ejerce una influencia
decisiva sobre sus relaciones con su hijo. He encontrado que la ecuación que ha
hecho entre heces e hijos había afectado ya la relación con su hijo imaginario
cuando era muy pequeña. Y la ansiedad que siente a causa de sus fantasías sobre
sus excrementos ardientes y venenosos, los que en mi opinión refuerzan sus
tendencias de expulsión pertenecientes a un estadío anal primario, es una de
las razones por las cuales experimenta más tarde sentimientos de odio y temor
hacia el niño verdadero que está en su interior.
Como ya he señalado, el miedo de la
niña a su pene introyectado "malo" la induce a fortalecer su
introyección de un pene "bueno", desde que esto le ofrece protección
y auxilio contra el pene "malo" dentro de ella y contra sus malas
imagos y sus excrementos, que considera como sustancias peligrosas. Es este
pene cordial y "bueno", concebido a menudo como uno pequeño, el que
toma el significado de un niño. Este niño imaginario, que provee a la niña
pequeña de protección y ayuda, representa originariamente en su inconsciente
los contenidos buenos de su cuerpo. La ayuda que le presta contra su ansiedad
es, por supuesto, puramente fantástica, pero entonces los objetos que teme son
igualmente fantásticos, porque en este estadío de su desarrollo está
principalmente gobernada por una realidad subjetiva e interna[384].
En mi
opinión, la niña normalmente siente un deseo tan intenso de tener niños -deseo
que es mayor que ningún otro- debido a que la posesión de niños es un medio de
vencer su ansiedad y aliviar su sentimiento de culpa.
Como
sabemos, las mujeres desean a menudo más un niño que un compañero sexual. La
actitud de la niña pequeña frente al niño es también de gran importancia para
la creación de sus sublimaciones. Los ataques imaginarios que realiza contra el
interior de su madre por medio de sus excrementos destructivos y venenosos
originan do das sobre los contenidos de su propio cuerpo. Debido a la
equiparación de heces con niños, sus fantasías sobre heces "malas" en
su interior la conducen a la formación de fantasías sobre tener un niño
"malo" allí dentro[385], y
esto es equivalente a tener un niño "horrible" y mal formado. Las
formaciones reactivas de la niña contra sus fantasías sádicas de las heces
peligrosas dan lugar, me parece, a sublimaciones de tipo específicamente
femenino. Analizando niñas pequeñas, vemos claramente cuán íntimamente sus
ansias de poseer un niño "hermoso" (bueno y sano) y sus esfuerzos
infatigables por embellecer sus bebés imaginarios y sus propios cuerpos están
relacionados con su miedo de haber producido, en ella misma y en su madre, niños
"malos" y "horribles", que ella equipara a excrementos
venenosos.
Ferenczi ha descrito los cambios que
sufren los intereses del niño por las heces en los diversos estadíos de su
desarrollo y ha llegado a la conclusión de que sus tendencias coprofílicas
están tempranamente sublimadas, sólo en parte, en un placer por las cosas
brillantes[386].
Creo
que un elemento en este proceso de sublimación es el miedo del niño por los
trozos de excrementos peligrosos y "malos". Desde aquí hay un camino
directo sublimatorio que conduce al tema de la "belleza".
La misma fuerte necesidad que sienten
las mujeres de tener un cuerpo hermoso, un hogar encantador y belleza en
general, se basa en sus deseos de poseer un hermoso interior de su cuerpo, en
el cual se alojen los objetos buenos y hermosos y excrementos inofensivos. Otra
línea de sublimación, que parte del miedo de la niña a los excrementos
peligrosos y malos, conduce a la idea de los productos buenos en el sentido de
saludables (aunque incidentalmente bueno y hermoso a menudo significan lo mismo
para la niña pequeña). De este modo se refuerzan en ella aquellos sentimientos
maternales originarios de dar, que surgen de su posición femenina.
Si la niña pequeña se halla
suficientemente animada por sentimientos de naturaleza optimista, creerá no
sólo que su pene internalizado es bueno, sino también que los niños dentro de
ella son seres útiles. Pero si está llena de miedo a un pene internalizado
"malo" y a excrementos peligrosos, la relación con su hijo real en su
vida posterior estará a menudo dominada por la ansiedad. Sin embargo, a menudo,
cuando sus relaciones con su compañero sexual no la satisfacen, establecerá una
relación con su hijo que le proporcionará satisfacción y apoyo moral. En estos
casos, en los cuales el acto sexual en sí ha recibido demasiado fuertemente el
significado de una situación de ansiedad y su objeto sexual se ha transformado
en un objeto de ansiedad para ella, es su niño el que atrae para si la calidad
de un pene bueno y provechoso. La mujer que vence la ansiedad precisamente por
medio de sus actividades sexuales, puede tener una relación bastante buena con
su esposo y mala con su hijo. En este caso ha desplazado en su mayor parte su
ansiedad concerniente al enemigo dentro de ella, hacia su hijo; y son los
miedos que resultan de esto los que, según he encontrado, están en el fondo de
su miedo al embarazo y al parto, miedos que se agregan a sus sufrimientos
físicos mientras está embarazada y que pueden hacerla incapaz psicológicamente
de concebir un hijo.
Ya hemos visto de qué modo el miedo de
la mujer al pene "malo" puede aumentar su sadismo. Mujeres que tienen
una actitud fuertemente sádica hacia su esposo, en general consideran a su hijo
como un enemigo. Así como consideran el acto sexual como un medio de destruir
su objeto, quieren tener un hijo para tenerlo en su poder como si fuera algo
hostil a ellas. Pueden entonces emplear el odio que sienten por su temido
enemigo interno contra sus objetos externos, esposo o hijos. Por supuesto que
hay también mujeres que tienen una actitud sádica frente a su esposo y una
amistosa y cordial frente a sus hijos y viceversa, pero en cada uno de estos
casos es la actitud de la mujer frente a sus objetos introyectados,
especialmente al pene del padre, la que determinará su actitud frente al esposo
e hijos.
La actitud de la madre frente a sus
hijos está basada, según sabemos, sobre sus primeras relaciones con sus
objetos. De acuerdo con que su hijo sea varón o mujer, tendrá frente a él, en
mayor o menor grado, aquellas relaciones emocionales que tuvo en su primera
infancia con el padre, tíos y hermanos, o con su madre tías y hermanas. Si ha
equiparado principalmente la idea de un hijo con la de un pene
"bueno", serán los elementos positivos de estas relaciones los que
transferirá a su hijo[387].
Condensará un número de imagos amistosas en su persona[388],
representará la "inocencia" de la infancia y será a sus ojos lo que
ella quiso ser en su primera infancia. Y uno de los motivos fundamentales de
las esperanzas que abriga sobre su feliz y satisfactorio crecimiento es que
ella pueda, en sentido retrospectivo, transformar su propia infancia
insatisfecha en una época de felicidad.
Existe, creo, un gran número de
factores que ayudan a fortificar las relaciones emocionales que tiene la madre
hacia su hijo. Al traerlo al mundo ha producido la refutación más fuerte de
todos los miedos que surgen de sus fantasías sádicas. El nacimiento de su hijo
no sólo significa en su inconsciente que el interior de su propio cuerpo y los
niños imaginarios están ilesos o han sido bien hechos, sino que también
invalida todas las clases de miedos asociados con la idea de niños. Esto
demuestra que los niños dentro de la madre -sus hermanos y hermanas- y el pene
del padre (o su padre) que ha atacado allí, y también su madre, están todos
ilesos o restaurados otra vez. Tener un bebé representa, así, la restauración
de un número de objetos, y aun en algunos casos, la recreación de todo un
mundo.
Amamantar a su hijo es también muy
importante y crea una ligazón íntima y especial entre ellos. Al dar a su hijo
el producto de su propio cuerpo, que es esencial para su nutrición y
crecimiento, puede finalmente refutar y poner buen final al círculo vicioso que
comenzó en ella siendo niña, con sus ataques sobre el pecho de su madre como
primer objeto de sus impulsos destructivos, y que contenían fantasías de
destruir su pecho mordiéndolo en pedazos y ensuciándolo, envenenándolo y
quemándolo por medio de sus excrementos. Porque en su inconsciente considera
que dar a su hijo leche nutritiva y benéfica es prueba de que sus primeras
fantasías sádicas no se han realizado, o de que ha tenido éxito en la
restauración de sus objetos[389].
Como ya
ha sido señalado, el individuo ama su objeto "bueno" tanto más porque
siendo algo al cual él puede dedicar sus tendencias restitutivas le suministra
gratificación y disminuye su ansiedad. Ningún objeto posee esta cualidad en un
grado tan importante como el niño pequeño. Además, empleando su amor maternal y
sus cuidados sobre su hijo, ella no sólo realiza sus primeros deseos, sino que
desde que se identifica con él, comparte el placer que le proporciona. En la
inversión de las relaciones de la madre y el niño, ella puede experimentar una
feliz renovación de sus primeras ligazones hacia su madre y permitir que sus
primitivos sentimientos de odio hacia ella retrocedan al fondo y que tomen la
delantera sus sentimientos positivos.
Todos estos factores contribuyen para
dar a los niños una enorme importancia en la vida emocional de las mujeres, y
podemos ver fácilmente por qué es que su equilibrio mental estará tan
trastornado si su hijo no resulta sano y especialmente si es anormal. Así como
un hijo sano y que prospera es la refutación de gran número de miedos, del
mismo modo, uno anormal, enfermizo o simplemente que no la satisface, es una
confirmación de ellos, y puede aun llegar a ser considerado como un enemigo y
un perseguidor.
DESARROLLO
DEL YO
Consideraremos ahora brevemente la
relación entre la formación del superyó de la niña y el desarrollo de su yo.
Freud ha demostrado que algunas de las diferencias que existen entre la
formación del superyó de la niña y del varón están asociadas a diferencias
sexuales anatómicas[390].
Estas diferencias anatómicas afectan de diversos modos, según mi opinión, tanto
el desarrollo del superyó como el del yo. Como consecuencia de la estructura de
los genitales femeninos que señalan su función respectiva, las tendencias
edípicas de la niña están más extensamente dominadas por sus impulsos orales, y
la introyección de su superyó es más amplia que la del niño. Además está la
ausencia de pene como órgano activo. El hecho de que no tiene pene, aumenta la
mayor dependencia que ya tiene la niña de su superyó como resultado de sus
tendencias introyectivas más fuertes.
Ya he dado mi opinión, en las páginas
primeras de este libro, de que el sentimiento de omnipotencia primario del niño
está ligado a su pene y que es también el representante en su inconsciente de
actividades y sublimaciones que proceden de sus componentes masculinos. En la
niña, que no posee un pene, el sentimiento de omnipotencia está más profunda y
extensivamente asociado con el pene introyectado de su padre que en el caso del
muchacho. Esto es tanto más verdad debido a que el cuadro que siendo niña se ha
formado del pene dentro de ella, y que determina los standards que establece para sí misma, ha surgido de fantasías
extremadamente desfiguradas, y es por lo tanto más exagerado que en el varón,
tanto respecto a la "bondad" como a la "maldad".
Esta opinión de que el superyó actúa
más frecuentemente en las mujeres que en los hombres, parece estar en
desacuerdo con el hecho de que, en comparación con los hombres, las mujeres son
a menudo más dependientes de sus objetos, son más fácilmente influidas por el
mundo exterior y son más variables en sus standards
morales, es decir, aparentemente están menos guiadas por los requerimientos de
su superyó.
Pero yo creo que su mayor dependencia
de los objetos[391]
está íntimamente relacionada con una mayor eficacia de su superyó. Ambas
características tienen un origen común en la mayor propensión de la mujer a
introyectar su objeto y a colocarlo dentro de ella misma, de modo que erige un
superyó más poderoso. Esta propensión está aumentada, además, por su mayor
dependencia de su superyó y su mayor miedo al mismo. La ansiedad más profunda
de la niña, la de que algún daño desconocido ha sido hecho en su interior por
sus objetos internalizados, la impulsa, como ya hemos visto, a estar
continuamente probando sus miedos por medio de sus relaciones con los objetos
reales. Esto la impele a reforzar sus tendencias introyectivas de modo
secundario. Parecería también que los mecanismos de proyección son más fuertes
que en el hombre, de acuerdo con su intenso sentimiento de la omnipotencia de
su pensamiento y sus excrementos, y éste es otro factor que la induce a tener
relaciones más fuertes con el mundo externo y con los objetos de la realidad,
en parte con el fin de controlarlos por medios mágicos.
Este hecho de que los procesos de
introyección y proyección son más fuertes en la mujer que en el hombre, no sólo
afecta el carácter de sus relaciones de objeto, sino que es importante para el
desarrollo de su yo. Su necesidad dominante y profunda de abandonarse a una
completa confianza y sumisión al pene internalizado "bueno", es una
de las cosas que refuerzan la cualidad receptiva de sus sublimaciones e
intereses; pero su posición femenina la impele fuertemente a obtener un control
secreto de sus objetos internalizados por medio de la omnipotencia de sus
excrementos y pensamientos, y esto promueve en ella un agudo poder de
observación y una gran visión psicológica junto con un cierto arte e
inclinación hacia el engaño e intriga.
Este aspecto del desarrollo de su yo
surge especialmente de su relación con su superyó maternal, pero también
influye en sus relaciones con su superyó paternal.
En El
yo y el ello (1923) Freud dice: "Cuando tales identificaciones llegan
a ser muy numerosas, intensas e incompatibles entre sí, se produce fácilmente
un resultado patológico. Puede surgir, en efecto, una disociación del yo,
excluyéndose las identificaciones unas a otras por medio de resistencias. El
secreto de los casos llamados de personalidad múltiple, reside quizá en que
cada una de tales identificaciones se concientizan, alternativamente. Pero aun
sin llegar a este extremo, surgen entre las diversas identificaciones en las
que el yo queda disociado, conflictos que no pueden ser siempre calificados de
patológicos".
Un estudio de los primeros estadíos de
la formación del superyó y su relación con el desarrollo del yo, confirma
ampliamente esta última afirmación, y en lo que hemos podido ver, cualquier
investigación futura de la personalidad como un todo, ya sea normal o anormal,
tendrá que seguir el camino que Freud ha indicado. Parece que la manera de
ampliar nuestro conocimiento del yo es aprender más sobre sus diversas
identificaciones y las relaciones que tiene con ellas. Solamente prosiguiendo
esta línea de investigación podemos descubrir de qué modo el yo regula las
relaciones que existen entre aquellas identificaciones que, como sabemos,
difieren de acuerdo con el estadío de desarrollo en el que han sido hechas y de
acuerdo con la circunstancia de que ellas se refieran a la madre o al padre, o
a la combinación de los dos.
La niña está más obstaculizada en la
formación de su superyó con respecto a su madre que lo que el niño lo está con
respecto a su padre, desde que es difícil para ella identificarse con su madre
sobre la base de un parecido anatómico, debido al hecho de que los órganos
internos que se utilizan para las funciones sexuales femeninas y la cuestión de
poseer o no hijos, no admiten ninguna investigación o prueba por la realidad.
Como ya sabemos, este obstáculo aumenta el poder de su imago materna
terrorífica -producto de sus ataques sádicos a la madre-, que pone en peligro
el interior de su cuerpo, la censuran por haberla privado de sus hijos, sus
heces y el pene del padre y por poseer excrementos "malos" y
peligrosos.
Los métodos de ataque basados en la
omnipotencia de sus excrementos y omnipotencia de pensamientos que emplea la
niña contra la madre influyen en el desarrollo de su yo no sólo directamente,
sino también indirectamente. Sus formaciones reactivas contra su propia
omnipotencia sádica y la transformación de esta última en omnipotencia
constructiva, le permiten desarrollar sublimaciones y cualidades de espíritu
que son directamente opuestas a aquellos rasgos que acabamos de describir y que
están ligados a la omnipotencia primaria de sus excrementos. La inclinan a ser
veraz, confiada y a olvidarse de sí misma, a estar lista para dedicarse a los
deberes que tiene frente a sí y dispuesta a sufrir mucho por ellos y por sus
semejantes. Estas formaciones reactivas y estas sublimaciones tienden una vez
más, a hacer de su sentimiento de omnipotencia -basado en sus objetos
internalizados buenos- y de su actitud de sumisión frente a su superyó
paternal, la fuerza dominante en su actitud femenina[392].
Además,
una parte esencial en el desarrollo de su yo está desempeñado por su deseo de
emplear su orina "buena" y heces "buenas" para rectificar
los efectos de sus excrementos "malos" y dañinos y proporcionar cosas
buenas y hermosas, deseo que es de importancia abrumadora en sus actos de dar a
luz un hijo y amamantarlo, porque el niño hermoso y la buena leche que ella
produce representan sublimaciones de sus excrementos dañinos y su orina
peligrosa. Lo cierto es que este deseo forma una base creadora y fructífera
para todas aquellas sublimaciones que surgen de los representantes psicológicos
del parto y del amamantamiento.
Lo característico sobre el desarrollo
del yo de la mujer es que en el curso del mismo, su superyó se eleva a gran
altura y se magnifica mucho y que su yo lo admira y se somete a él. Y debido a
que su yo trata de vivir de acuerdo con su superyó glorificado, se halla
espoleado para toda clase de esfuerzos, que dan como resultado una expansión y
enriquecimiento del mismo. Así, mientras que en el hombre es el yo y, con él,
las relaciones de realidad los que en gran parte toman la delantera, de modo
que su naturaleza es más objetiva y razonable, en la mujer la fuerza dominante
es el inconsciente. En la niña, no menos que en el varón, la calidad de sus
logros dependerá de la calidad de su yo, pero reciben el carácter de intuición
y subjetividad específicamente femeninos del hecho de que su yo está sometido a
un ser interno amado. Representan el nacimiento de un niño espiritual,
procreado por su padre, y este padre espiritual es su superyó. Es verdad que
aun una línea marcadamente femenina de desarrollo presenta numerosos rasgos que
surgen de componentes masculinos, pero parece como si la creencia dominante de
la mujer en la omnipotencia del pene incorporado de su padre y en el niño que
crece en su interior, la hiciera capaz de logros de una naturaleza específicamente
femenina.
Llegados a este punto no podemos dejar
de comparar la disposición mental de las mujeres con la de los niños, de
quienes sabemos que están en mucho mayor grado bajo el dominio de su superyó y
dependen más de los objetos que el adulto. Sabemos todos que la mujer es más
semejante al niño que el hombre, y, sin embargo, en algunos aspectos en el
desarrollo de su yo, difiere de él tanto como el hombre. La razón de esto es
que aunque ella ha introyectado su objeto edípico con mucha más fuerza que él,
de modo que su superyó y su ello ocupan una porción mayor en su estructura
mental y hay una cierta analogía entre su actitud y la del niño, su yo logra un
desarrollo completo en virtud del poderoso superyó dentro de ella, cuyo ejemplo
sigue y que también en parte trata de controlar y sobrepasar.
Si la niña se adhiere principalmente a
la posesión imaginaria de un pene como atributo masculino, su desarrollo será
radicalmente diferente. Al revisar su historia sexual, hemos discutido ya las
diversas causas que la obligan a adoptar una posición masculina. En cuanto a
sus actividades y sublimaciones -que considera en su inconsciente como
confirmación en la realidad de su posesión de un pene o de un sustituto del
mismo-, éstas se usan no solamente para competir con el pene de su padre, sino
que sirven invariablemente, en modo secundario, como una defensa contra su
superyó y para debilitarlo. En niñas de este tipo, el yo adquiere, además, una
gran importancia en los empeños y empresas, que son en su mayor parte una
expresión de la potencia masculina. En lo que concierne al desarrollo sexual de
la niña, sabemos el significado que la existencia de una buena imago materna
tiene sobre la formación de una buena imago paterna en ella. Si está en una
posición de confianza ante la guía interna de su superyó paterno, en el que
cree y al que admira, siempre significa que tiene también buenas imagos
maternas, porque es sólo cuando tiene bastante confianza en la madre
internalizada "buena" que puede rendirse completamente a su superyó
paterno; pero para realizar una entrega de esta naturaleza debe creer también
bastante fuertemente en la posesión de cosas buenas dentro de su cuerpo u
objetos internalizados amistosos. Sólo si el niño que ha tenido en su
imaginación o espera tener de su padre es hermoso y bueno -solamente si el
interior de su cuerpo representa un lugar donde reina la belleza[393] y
la armonía- puede entregarse sin reserva, tanto sexual como mentalmente, a su
superyó paternal y a sus representantes en el mundo externo. El logro de un
estado de armonía de esta naturaleza, se basa en la existencia de una buena
relación entre su yo y sus identificaciones y entre aquellas identificaciones
mismas y especialmente entre la imago materna y paterna.
Las fantasías de la niña en las que
trata de destruir a ambos padres por envidia y odio hacia ellos, son la base de
su más profundo sentimiento de culpa y forman también la base de sus
situaciones de peligro más poderosas. Originan el miedo de albergar objetos
hostiles empeñados en combates mortales uno con otro (es decir, en copulación
destructiva), o debido a que han descubierto su culpa, se han aliado como
enemigos contra su yo. Si su padre y su madre viven felices juntos, la inmensa
gratificación que obtiene de este hecho se debe en gran parte, al alivio que
las buenas relaciones entre ellos proporcionan al sentimiento de culpa
originado en sus fantasías sádicas. Porque en su inconsciente, el buen
entendimiento entre ellos es una confirmación en la realidad de su esperanza de
poder hacer restitución de todos los modos posibles. Y sí sus mecanismos
restitutivos han sido establecidos con éxito, la niña no sólo estará en armonía
con su mundo externo sino que -y esto es, creo, la condición necesaria para el logro
de tal estado de armonía y de una relación de objeto satisfactoria y adecuado
desarrollo sexual- podrá estar en armonía con el mundo interno y con ella. Si
sus imagos amenazantes se desvanecen en las profundidades y su imago paterna
bondadosa y la imago materna actúan en una amistosa cooperación y le dan
garantía de paz y seguridad dentro de su propio cuerpo, puede desarrollar sus
componentes masculinos y femeninos bajo los auspicios de sus padres
introyectados y habrá asegurado en sí misma una base para el completo
desarrollo de una personalidad armoniosa.
POSTSCRIPTO
Después que hube escrito este libro
apareció un artículo de Freud[394] en
el que se refiere al largo período de tiempo durante el cual la niña permanece
ligada a la madre e intenta aislar esta ligazón de la actuación del superyó y
del sentimiento de culpa. Esto, a mi juicio, no es posible, porque pienso que
la ansiedad y sentimiento de culpa que surgen de estos impulsos agresivos van a
intensificar esta ligazón libidinal primaria hacia la madre en un estadío muy
temprano. Sus múltiples miedos a imagos fantásticas (su superyó) y a la madre
real "mala" la fuerzan, mientras es todavía muy pequeña, a encontrar
protección en su madre real "buena". Y para hacerlo tiene que
sobrecompensar su agresión primaria hacia esta última.
Freud también ha señalado que la niña
siente hostilidad hacia su madre y tiene miedo de "ser matada"
(comida por ella). En mis análisis de pacientes femeninas en todas las edades,
he encontrado que su miedo a ser devorada, cortada en pedazos o destrozada por
su madre, surge de la proyección de sus propios impulsos de la misma naturaleza
sádica contra ella y que estos miedos están en el fondo de sus más tempranas
situaciones de ansiedad. Freud también dice que las mujeres que están
fuertemente ligadas a su madre han reaccionado especialmente con rabia y
ansiedad a las enemas e irrigaciones anales que ella les ha administrado en su
infancia Las expresiones de afectos de esta naturaleza son causadas, de acuerdo
con mi experiencia, por su miedo a ataques anales, miedo que representa la
proyección de sus fantasías anales sádicas hacia ella. Estoy de acuerdo con el
punto de vista de Freud de que la proyección en la mujer de impulsos hostiles
contra su madre es el núcleo de la paranoia en la vida futura, pero de acuerdo
con mis observaciones[395],
son los ataques imaginarios que ha hecho sobre el interior del cuerpo de la
madre por medio de excrementos destructivos que envenenan, queman y explotan,
los que dan lugar más particularmente a su miedo a los excrementos como
perseguidores y al miedo a su madre como figura terrorífica, siendo esto un
resultado de su proyección.
Freud cree que la prolongada ligazón a
la madre es exclusiva y tiene lugar antes de que la niña haya penetrado en la
situación edípica, pero mi experiencia en análisis de niñas pequeñas me ha
convencido de que la extensa y duradera ligazón a la madre nunca es exclusiva y
está relacionada con impulsos edípicos. Además, su ansiedad y sentimientos de
culpa en relación a su madre también afectan el curso de aquellos impulsos
edípicos, porque, en mi opinión, la defensa de la niña contra su actitud
femenina surge menos de sus tendencias masculinas que del miedo a su madre. Si
la niña pequeña está demasiado asustada de su madre, no podrá ligarse
suficientemente al padre y su complejo edípico no surgirá. En aquellos casos en
que una fuerte fijación al padre no ha sido establecida hasta el estadío
postfálico, he encontrado que la niña, sin embargo, ha tenido impulsos edípicos
positivos en una temprana edad, pero que éstos, a menudo, no surgieron a la
vista. Estos primeros estadíos de su conflicto edípico presentan todavía un
carácter algo fantástico, desde que están en parte centrados alrededor del pene
de su padre, pero en parte están ya relacionados con su padre real.
En algunos de mis primeros artículos he
sostenido como factores primarios en la separación de la niña de la madre, el
rencor que siente contra ella por haberla sometido a la frustración oral
(factor que es advertido por Freud en el artículo citado) y la envidia de la
gratificación oral mutua que sobre la base de sus primeras teorías sexuales
imagina que obtienen los padres de la copulación. Estos factores, auxiliados
por la equiparación del pecho y pene, la inclinan a volverse hacia el pene del
padre, según mi opinión, hacia la segunda mitad de su primer año, de modo que
su ligazón hacia el padre está fundamentalmente afectada por su ligazón hacia
la madre. Puedo añadir también que Freud señala que la una está construida
sobre la otra y que muchas mujeres repiten su relación con la madre en su
relación con los hombres.
12. LOS
EFECTOS DE LAS SITUACIONES TEMPRANAS DE ANSIEDAD SOBRE EL DESARROLLO SEXUAL DEL
VARON
Los análisis tempranos muestran que el
desarrollo sexual del niño corre paralelamente al de la niña durante las
primeras etapas[396].
Como en el caso de ésta, la frustración oral que el niño experimenta refuerza
sus tendencias destructivas contra el pecho de la madre, y la separación del
pecho materno y la aparición de impulsos sádicos orales son seguidos por el
período llamado, por mí, de sadismo máximo, en el que desea atacar el interior
del cuerpo de su madre.
LA FASE
FEMENINA
En esta fase el niño tiene una fijación
oral de succión sobre el pene del padre, tal como la niña. Considero que esta
fijación es la base de la verdadera homosexualidad en él. Esta idea estaría de
acuerdo con lo que dijo Freud en Un
recuerdo de infancia de Leonardo da Vinci, (O. C., 11), donde llega a la
conclusión de que la homosexualidad de Leonardo se remonta a una fijación
excesiva en la madre -últimamente sobre su pecho- y cree que esa fijación sufre
un desplazamiento del pecho al pene como objeto de gratificación. En mi
experiencia, todo niño pasa de una fijación oral de succión al pecho de la
madre a una fijación oral de succión al pene del padre.
Además, el niño imagina que la madre
incorpora el pene del padre o, mejor, un número de ellos en su interior, así
que junto con sus relaciones reales hacia el padre y hacia el pene del padre,
desarrolla una relación imaginaria hacia el pene del padre guardado en el
interior de la madre.
Puesto que sus deseos orales por el
pene del padre son uno de los motivos de sus ataques al cuerpo de la madre
-porque quiere sacarle por la fuerza el pene que imagina dentro de ella y en
consecuencia dañarla- sus ataques representan también, en cierto modo, sus
primeras situaciones de rivalidad con ella, y así, pues, constituyen la base de
su complejo femenino[397].
El
apoderarse por fuerza del pene del padre y de los excrementos y niños del
cuerpo de la madre, lo convierte en el rival de su madre y hace surgir un
intenso miedo de retaliación. El hecho de haber destruido el interior del
cuerpo de su madre, además de haberlo saqueado, se convierte en un motivo de
ansiedad profunda para él. Y cuando su destrucción imaginaria del cuerpo de la
madre ha sido más sádica, mayor será su temor a ella como rival.
PRIMEROS
ESTADÍOS DEL CONFLICTO DE EDIPO
Los impulsos genitales del niño, que,
aunque oscurecido al principio por sus impulsos pregenitales y aprovechados por
ellos, afectan sin embargo sustancialmente el curso de su fase sádica, le
llevan a tomar como objeto sexual el cuerpo de su madre y los genitales, y le
hacen desear tener la total posesión de su madre en un sentido oral, anal y
genital, y lo llevan a atacar así al pene de su padre dentro de ella con todos
los medios sádicos de que dispone. Esta posición oral también hace surgir una
gran cantidad de odio contra el pene del padre, a consecuencia de la
frustración que ha experimentado en ese sentido. Generalmente, sus impulsos
destructivos contra el pene del padre son mucho más intensos que en la niña,
puesto que su deseo de la madre como objeto sexual le induce a concentrar su
odio más intensamente sobre él. Además, ha sido ya un objeto especial de
ansiedad en los primeros estadíos de desarrollo, porque los impulsos agresivos
dirigidos hacia el pene originaron un temor proporcionado a la intensidad de la
agresión. Este temor refuerza aun más su odio hacia él y su deseo de
destruirlo.
Como vimos en el capítulo anterior, la
niña retiene el cuerpo de la madre como objeto directo de sus impulsos
destructivos por un tiempo mucho mayor y en un grado mucho más intenso que el
niño, y sus impulsos positivos hacia el pene del padre -tanto el real como el
imaginario, guardado en el interior del cuerpo de la madre- son normalmente
mucho más fuertes y duraderos que los del niño. En el niño, solamente durante
un cierto período de este estadío temprano, en el que los ataques sobre el
cuerpo de la madre dominan el cuadro, es ella el objeto real de su ataque. Muy
pronto el pene del padre, supuesto en el interior de la madre, es el que atrae
sus tendencias agresivas contra ella en un grado mayor.
SITUACIONES
TEMPRANAS DE ANSIEDAD
Además de los temores que siente el
niño como consecuencia de su rivalidad con la madre, su temor al pene
introyectado y peligroso del padre le impide que mantenga una posición
femenina. Este último miedo, especialmente junto con la fuerza creciente de sus
impulsos genitales, le incita a renunciar a su identificación con la madre y a
fortificar su posición heterosexual. Pero si este temor a su madre como rival y
su miedo al pene del padre son excesivos, de modo que le es imposible vencer
adecuadamente esa fase femenina, esta fase será un impedimento grave para el
establecimiento de su posición heterosexual.
Es, además, de suma importancia en el
desarrollo total del niño, el hecho de que su vida mental primera haya sido o
no gobernada por el temor a su padre y madre combinados en copulación y
formando una unidad inseparable y hostil para con él[398]. La
ansiedad de este tipo le hace más difícil mantenerse en cualquier posición y
trae situaciones de peligro que estoy inclinada a considerar como las causas
más profundas de la impotencia sexual en la vida posterior. Estas situaciones
especificas de peligro tienen su origen en el temor del niño a ser castrado por
el pene del padre y dentro de la madre -o sea, ser castrado por sus
progenitores conjugados "malos"- y en su temor, a menudo evidenciado
claramente, a que su propio pene sea retenido y encerrado en el interior del
cuerpo de su madre[399].
Más de
una vez hemos dicho en estas páginas que las situaciones de ansiedad,
resultantes de los ataques sádicos hechos por niños de ambos sexos contra el
interior del cuerpo de la madre, pertenecen a dos categorías. En la primera, el
cuerpo de la madre se convierte en un lugar lleno de peligros, que originan
toda clase de terrores; en la segunda, el propio interior del niño se
transforma en un lugar de esa clase, en virtud de la introyección que el niño
hace de sus objetos peligrosos, especialmente de sus padres en copulación, y se
asusta de los peligros y amenazas dentro de él. Las situaciones de ansiedad
correspondientes a estas dos categorías, ejercen una influencia mutua y están
presentes tanto en la niña como en el niño. Ya hemos examinado los métodos para
vencer esa ansiedad común a ambos. De un modo resumido, son como sigue: el niño
compite con sus objetos "malos" interiorizados mediante la
omnipotencia de sus excrementos y también recibe protección contra ellos
mediante sus objetos "buenos". Al mismo tiempo desplaza hacía el
mundo exterior su temor de peligros internos, proyectándolos, y ahí encuentra
pruebas para refutar su angustia. Pero, además de esto, cada sexo tiene sus
propios métodos, esencialmente diferentes, para, dominar la ansiedad. El varón
desarrolla su sentimiento de omnipotencia de los excrementos con menos fuerza
que la niña, reemplazándolo, en parte, por la omnipotencia del pene, y en
relación con esto, su proyección del temor a los objetos internos es diferente
a la de la niña. El mecanismo específico que emplea para vencer su miedo, tanto
a peligros internos como externos, simultáneamente con el logro de
gratificación sexual, está determinado por el hecho de que su pene, como órgano
activo, es utilizado para gobernar su objeto, y esto es factible de ser probado
por la realidad. Al tomar posesión del cuerpo de su madre mediante su pene,
prueba su superioridad no solamente sobre sus objetos peligrosos externos, sino
también sobre los internos.
OMNIPOTENCIA
SADICA DEL PENE
En el varón, la omnipotencia de los
excrementos y de los pensamientos se centra, en parte, en la omnipotencia del
pene y, especialmente en el caso de los excrementos, es en parte reemplazada
por él. En su imaginación, dota a su pene con poderes destructivos y lo
equipara con bestias feroces y devoradoras, con armas mortíferas, etc. Su
creencia de que su orina es una sustancia peligrosa y su equiparación de sus
heces venenosas y explosivas con su pene, hacen de este último el órgano
ejecutivo de sus tendencias sádicas. Además, ciertos hechos fisiológicos le
demuestran que su pene puede en realidad cambiar su apariencia, y él toma esto
como una prueba de su omnipotencia. De este modo, su pene y su sentimiento de
omnipotencia se ligan uno al otro de un modo que es de importancia básica para
su actividad y para el dominio de la ansiedad. En análisis de niños nos
encontramos a menudo con la idea del pene como "varita mágica", de
masturbación como magia, y de erección y eyaculación como enorme fortalecimiento
de los poderes sádicos del pene[400].
El interior del cuerpo de la madre, que
sigue al pecho como objeto del niño, toma pronto el significado de un lugar que
contiene muchos objetos (al principio representados por el pene y excrementos).
Como consecuencia, las fantasías del niño de tomar posesión del cuerpo de su
madre al copular con ella, son la base de sus tentativas de conquistar el mundo
externo y de dominar la ansiedad en una línea masculina. Tanto en lo que
respecta al acto sexual como a las sublimaciones, desplaza sus situaciones de peligro
al mundo externo y las vence allí por medio de la omnipotencia de su pene.
En el caso de la niña, su creencia en
el pene "bueno" del padre y su temor al "malo" fortifican
sus tendencias introyectivas. Así, el examen de la realidad contra los objetos
malos, según es realizada por la mujer, se sitúa últimamente dentro de ella
misma otra vez. En el muchacho, la creencia en una madre "buena"
internalizada y el miedo a los objetos "malos" lo ayudan a desplazar
sus pruebas de realidad hacia fuera (es decir, dentro del cuerpo de su madre).
Su madre buena internalizada aumenta la atracción libidinal que la madre real
tiene para él; aumenta sus deseos y esperanzas de combatir y vencer el pene de
su padre dentro de ella por medio de su propio pene. Una victoria de esta
naturaleza seria también una prueba de que puede vencer los agresores internalizados
en su propio cuerpo[401].
Esta
concentración de la omnipotencia sádica en el pene es de importancia
fundamental para la posición masculina del niño. Si tiene una creencia primaria
fuerte en la omnipotencia de su pene, esto lo incitará a combatir la
omnipotencia del pene de su padre y emprender la lucha contra este órgano
temido y admirado. Para que un proceso de concentración de esta naturaleza
tenga efecto, parece que su pene debe estar fuertemente cargado por los
diversos medios adoptados por su sadismo[402], y la
capacidad de su yo para tolerar la ansiedad y la fuerza de sus impulsos
genitales -últimamente sus impulsos libidinales-[403] también
será de importancia decisiva. Pero, si cuando los impulsos genitales se colocan
en primera línea, el yo hiciera una defensa demasiado rápida y por la fuerza
contra los impulsos destructivos, este proceso de focalización del sadismo en
la imagen del pene sería interferido[404].
INCENTIVOS
PARA LA ACTIVIDAD SEXUAL
El odio del niño al pene del padre y la
ansiedad que surge de las fuentes arriba mencionadas lo incitan a tomar
posesión de su madre de un modo genital, y aumentan su deseo libidinal de
copular con ella·.
Además, a medida que vence gradualmente su sadismo hacia ella, considera el
pene de su padre dentro de ella, cada vez más, no sólo como una fuente de
peligro para su propio pene sino también como una fuente de peligro para el
cuerpo de su madre, y siente que tiene que destruir eso dentro de ella por esa
razón. Otro factor que actúa como incentivo para realizar coito con ella (y el
cual fortifica en la niña su posición homosexual) es su deseo de saber, que ha
sido intensificado por su ansiedad[405] En esta
conexión, considera su pene que penetra como un órgano de percepción y lo
asemeja con el ojo[406] o
la oreja o con una combinación de los dos, y quiere por medio de esto descubrir
qué clase de destrucción ha sido realizada dentro de su madre por su propio
pene y excrementos y por los de su padre, y a qué clase de peligros está
expuesto allí su pene.
Así vemos que el impulso del niño para
vencer la ansiedad es también un incentivo para obtener gratificación genital,
y es un agente promotor en su desarrollo, aun en una época en que se halla
todavía bajo la supremacía de su sadismo, y cuando las medidas que emplea son
totalmente de naturaleza destructiva. Y, ciertamente, aquellas medidas
destructivas se transforman, poniéndose en parte al servicio de tendencias
restitutivas, con el propósito de rescatar a su madre del pene "malo"
del padre dentro de ella, aunque todavía por medios de fuerza y dañinos.
"LA
MUJER CON PENE"
La creencia del niño de que el cuerpo
de la madre contiene el pene de su padre lo lleva, como ya hemos visto, a la
idea de la "mujer con pene". La teoría sexual de que la madre tiene
un pene femenino propio es, creo, el resultado de una modificación por
desplazamiento de un profundo miedo hacia el cuerpo de ella como lugar lleno de
numerosos y peligrosos penes y hacia los dos padres en peligrosa copulación. La
"mujer con pene" siempre significa, diría, la mujer con el pene del
padre[407].
Normalmente, el miedo del niño a los penes del padre dentro de su madre
disminuye a medida que se desarrolla su relación con los objetos y a medida que
él avanza en el vencimiento de su propio sadismo. Desde que su miedo al pene
"malo" se deriva en gran parte de sus impulsos destructivos hacia el
pene del padre y desde que el carácter de sus imagos depende en gran parte de
la cantidad y calidad de su propio sadismo, la reducción de este sadismo y, con
él, la reducción de la ansiedad, disminuirán la severidad de su superyó y
mejorarán así las relaciones de su yo, tanto hacia sus objetos imaginarios
internalizados como a sus objetos externos y reales.
ESTADÍOS
POSTERIORES DEL CONFLICTO DE EDIPO
Si junto con la imago de los padres
combinados, las imagos del padre y de la madre separadas especialmente de la
madre "buena" operan con suficiente fuerza, las crecientes relaciones
de objeto del niño y su adaptación a la realidad darán por resultado que sus
fantasías sobre el pene del padre dentro de la madre perderán su poder, y su
odio, ya disminuido, estará más fuertemente dirigido hacia su objeto real. Esto
tendrá el efecto de separar las imagos de los padres combinadas todavía más
completamente, y su madre será ahora preponderantemente el objeto de sus
impulsos libidinales, mientras que su odio y ansiedad irán hacia su padre real
(o el pene del padre), o, por desplazamiento, hacia algún otro objeto, como en
el caso de las fobias de animales. Las imagos separadas de su padre y de su
madre se mantendrán más precisas y la importancia de sus objetos reales
aumentará y entrará ahora en una fase en la que sus tendencias edípicas y su
miedo a ser castrado por su padre real adquirirá importancia[408].
Sin
embargo, he encontrado que las primeras situaciones de ansiedad están todavía
latentes en él en mayor o menor grado, a pesar de todas las modificaciones que
han sufrido en el curso de su desarrollo[409]; y así
también están todos los mecanismos de defensa y los mecanismos pertenecientes a
los estadíos posteriores, que surgen de aquellas situaciones de ansiedad. En
las capas más profundas de su mente espera siempre ser castrado por el pene
"malo" del padre perteneciente a su madre. Pero siempre que sus
situaciones de ansiedad temprana no sean demasiado poderosas, y, sobre todo,
siempre que su madre represente suficientemente a la madre "buena",
el cuerpo de ella será un lugar deseable, aunque un lugar que puede solamente
ser conquistado con mayor o menor riesgo para él de acuerdo con la magnitud de
las situaciones de ansiedad involucradas. Este elemento de peligro y ansiedad,
que en todo hombre normal está ligado a la copulación, es un incentivo para la
actividad sexual y aumenta la gratificación libidinal que obtiene en la
copulación; pero si esto excede un cierto límite tendrá un efecto perturbador,
y aun le impedirá poder realizar el acto sexual. Sus fantasías inconscientes
más profundas de copulación involucran vencer y abolir el pene de su padre
dentro de la mujer. A esta lucha con su padre dentro de su madre están ligados,
creo, aquellos impulsos sádicos presentes normalmente cuando toma posesión de
ella de un modo genital. De este modo, mientras su desplazamiento originario
del pene de su padre al interior del cuerpo de su madre hace de ella un objeto
permanente de ansiedad para él -aunque el grado en que esto se verifica varía
enormemente de una persona a otra-, también aumenta la atracción que las mujeres
ejercen sobre él muy considerablemente, porque para él es un incentivo vencer
su ansiedad con respecto a ellas.
En el curso normal de los hechos, a
medida que las tendencias genitales del niño se hacen más fuertes y que vence
sus impulsos sádicos, sus fantasías de realizar restituciones comienzan a
ocupar un campo más amplio. Como ya se ha visto, las fantasías de esta
naturaleza con respecto a su madre ya existen, mientras que su sadismo es
todavía ascendente y toma la forma de destrucción del pene "malo" del
padre dentro de ella. Su primer y principal objeto es su madre, y cuanto más
represente ella el objeto "bueno" para él, más rápidamente estas
fantasías restitutivas se ligarán a su imago[410]. Esto se
puede observar claramente en el análisis de juegos. Cuando las tendencias
reactivas del niño se hacen más fuertes comienza a jugar de un modo
constructivo. En juegos de construcciones de casas y pueblos, por ejemplo,
simbolizará la restitución del cuerpo de su madre y del suyo[411] de
un modo que corresponde en todos los detalles a los actos de destrucción que ha
tenido en el primer estadío de su análisis, o que juega todavía alternando con
sus juegos constructivos. Comenzará a construir una ciudad juntando las cosas
de diferentes modos y colocará un muñequito -que lo representa a él mismo-
haciendo las veces de policía que regula el tráfico; este policía estará
siempre atento para que los coches y los carros no se choquen, para que las
casas no se estropeen o para que los peatones no sean derribados por los
automóviles, mientras que en juegos anteriores la ciudad era estropeada por
vehículos que chocaban y la gente era atropellada. En un período todavía
anterior, tal vez su sadismo se manifestó en una forma más directa y acostumbraba
a mojar, quemar y cortar toda clase de cosas que simbolizaban el interior de su
madre y sus contenidos, es decir, el pene de su padre e hijos, mientras que al
mismo tiempo estos actos destructivos representaban el daño que quería que el
pene de su padre hiciera allí también. Como una reacción a estas fantasías
sádicas, en las cuales el violento y poderoso pene (el de su padre y el suyo),
representado por los coches en movimiento, destruye a su madre y daña a los
niños dentro de ella, representados por los muñequitos, tiene ahora fantasías
de restauración del cuerpo de ella -la ciudad- en todas las formas en que
previamente la había dañado.
TENDENCIAS
RESTITUTIVAS Y ACTIVIDADES SEXUALES
Se ha dicho repetidas veces en estas
páginas que el acto sexual es un medio muy importante para dominar la ansiedad
para ambos sexos. En los primeros estadíos del desarrollo del niño, el acto
sexual, además de sus fines libidinales, sirve para destruir o dañar el objeto
(aunque las tendencias positivas están ya en función detrás de la escena). En
los estadíos posteriores sirve para restaurar el cuerpo dañado de la madre y
así dominar la ansiedad y la culpa.
Al estudiar las fuentes subyacentes de
la actitud homosexual de la niña hemos visto qué importante es para ella la
idea de un pene benéfico y de la omnipotencia constructiva en el acto sexual.
Lo que se ha dicho allí se aplica igualmente para la actitud heterosexual del
hombre. Bajo la supremacía del estadío genital, atribuye a su pene en
copulación la función no sólo de proporcionar placer a la mujer, sino la de
reparar en ella todo el daño que han hecho su pene y el de su padre. Al
analizar niños, nos hallamos con que suponen que el pene realiza toda clase de
funciones curativas y de limpieza. Si durante su período de omnipotencia sádica
de niño ha usado su pene en su imaginación con fines sádicos -tales como
inundar, envenenar o quemar cosas con su orina-, en su período de restitución
lo considerará como un extinguidor de fuego, un cepillo de limpiar o una vasija
llena de medicamentos curativos. Así como su creencia anterior en las
cualidades sádicas de su pene involucraba una creencia en el poder sádico del
pene de su padre, así ahora su creencia en su pene "bueno" involucra
una creencia en el pene "bueno de su padre", y del mismo modo que
antes sus fantasías sádicas transformaron el pene de su padre en un instrumento
de destrucción para su madre, así ahora sus fantasías restitutivas y
sentimientos de culpa lo van a transformar en un órgano beneficioso y
"bueno"[412].
Como consecuencia, su miedo al superyó "malo" derivado de su padre
disminuye y ahora puede dejar de identificarse con su padre "malo" en
sus relaciones con objetos reales (identificación que se basa en parte sobre su
identificación con su objeto ansiedad) y puede identificarse con más fuerza con
su padre "bueno". Si su yo puede tolerar y modificar una cierta
cantidad de sentimiento destructivo contra su padre y si su creencia en el pene
"bueno" de su padre es bastante fuerte, puede sostener tanto su rivalidad
con su padre (que es esencial para él, en el establecimiento de una posición
heterosexual) como su identificación con él. Su creencia en el pene
"bueno" de su padre aumenta la atracción sexual que siente por las
mujeres, porque en sus fantasías ellas entonces contendrán objetos que no son
tan peligrosos y objetos que -a causa de su actitud homosexual en la que el
pene "bueno" es un objeto de amor- son realmente deseables[413]
Sus impulsos destructivos retendrán como objeto el pene rival de su padre y sus
impulsos positivos estarán principalmente dirigidos hacia su madre.
SIGNIFICADO
DE LA FASE FEMENINA EN LA HETEROSEXUALIDAD
El logro final de una posición
heterosexual depende de que la primera fase femenina del desarrollo del niño
haya seguido un curso favorable y se haya vencido con éxito. En un artículo
anterior[414] he
puntualizado que el niño a menudo compensa sus sentimientos de odio, ansiedad,
envidia e inferioridad que surgen de su fase femenina reforzando su orgullo en
la posesión de un pene y que desplaza este orgullo sobre actividades
intelectuales[415].
Este desplazamiento forma la base de una actitud muy perjudicial de rivalidad
hostil hacia la mujer, que afecta la formación de su carácter del mismo modo
que la envidia del pene las afecta a ellas. La ansiedad excesiva que siente a
causa de sus ataques sádicos al cuerpo de su madre se transforma en fuente de
perturbaciones muy graves en sus relaciones con el sexo opuesto. Pero si su
ansiedad y sentimiento de culpa se hacen menos agudos, serán aquellos mismos
sentimientos que hacen surgir los diversos elementos de sus fantasías de
restitución, los que lo capacitarán para lograr una comprensión intuitiva de la
mujer.
Esta fase femenina temprana tiene
todavía otro efecto favorable en las relaciones del niño con la mujer en la
vida futura. La diferencia entre las tendencias sexuales del hombre y de la
mujer exige, como sabemos, diferentes condiciones psicológicas de gratificación
para cada uno, y conduce a cada uno a buscar el logro de requerimientos
diferentes y mutuamente incompatibles en sus relaciones del uno para con el
otro. Por lo general, la mujer necesita tener el objeto de su amor siempre con
ella, dentro de ella; mientras que el hombre, debido a sus tendencias
psicosexuales orientadas hacia el mundo exterior y a su método de dominar la
ansiedad, está inclinado a cambiar con frecuencia de objeto de amor (aunque su
deseo de conservarlo en lo que representa a su madre "buena" va en
contra de esta tendencia). Si él, a pesar de estas dificultades, puede sin
embargo comprender con simpatía la necesidad psíquica de la mujer, será en gran
parte debido a su temprana identificación con su madre, porque en esta fase él
introyecta el pene de su padre como objeto de amor y son los deseos y las
fantasías que tiene en conexión con éste las que, si su relación con su madre
es buena, lo ayudan a comprender la tendencia de la mujer a introyectar y
conservar lo que ama[416].
Además, el deseo de tener niños de su padre, que surge de esta fase, lo conduce
a considerar a la mujer como a su hijo, y él desempeña el papel de la madre
bondadosa frente a ella[417].
De este modo también satisface los deseos de amor de su compañera, que surgen
de su fuerte ligazón a la madre. Así, y sólo de este modo, sublimando los
componentes instintivos femeninos de él y sobreponiéndose a sus sentimientos de
envidia, odio y ansiedad frente a su madre, podrá consolidar su posición
heterosexual en el estadío de supremacía genital.
Ya sabemos por qué causa cuando el
estadío genital ha sido alcanzado plenamente, sería condición necesaria para la
potencia sexual que el niño creyera en la "bondad" de su pene, es
decir, en sus capacidades restitutivas por medio del acto sexual[418].
Esta creencia tiene su base concreta en la creencia de que el interior de su
cuerpo está en buen estado. En ambos sexos, las situaciones de ansiedad que
surgen de supuestos acontecimientos destructivos, ataques y luchas dentro del
cuerpo del sujeto, y que se mezclan con situaciones de ansiedad relacionadas
con acontecimientos similares dentro del cuerpo de la madre, constituyen las
situaciones de peligro más profundas. El temor a la castración, que es sólo una
parte -aunque importante- de la ansiedad que siente con respecto a todo el
cuerpo, oscurece en el hombre todos los otros miedos y se hace dominante. Pero
esto es precisamente debido a que una de las fuentes más profundas a las que se
remontan las perturbaciones de su potencia sexual es su ansiedad sobre el
interior de su cuerpo. La casa o ciudad que el niño construye varias veces con
tanta ansiedad en sus juegos, significa no sólo el cuerpo intacto y renovado de
la madre, sino también el suyo propio.
REFORZAMIENTO
SECUNDARIO DEL ORGULLO DEL PENE
Al describir el desarrollo del niño, he
llamado la atención sobre ciertos factores que tienden, según creo, a aumentar
aun más la importancia central que el pene posee para él. Pueden resumirse como
sigue: 1) La ansiedad que surge de sus primeras situaciones de peligro -sus
miedos a ser atacado en todas las partes de su cuerpo y en su interior-, que
incluye todos los miedos que acompañan a la posición femenina, está desplazada
al pene como órgano externo, donde puede ser dominada con más éxito. El creciente
orgullo que el muchacho siente por su pene, y todo lo que éste involucra, puede
decirse que es también un método de dominar aquellos miedos y desilusiones que
su posición femenina le presenta más particularmente[419]. 2) El
hecho de que el pene es un vehículo, primero de la omnipotencia destructiva del
niño y después de su omnipotencia creativa, aumenta su importancia como medio
de dominar la ansiedad. Contribuyendo así a su sentimiento de omnipotencia,
ayudándole en su tarea de examen de la realidad y a promover sus relaciones de
objeto -en realidad poniéndose al servicio de esta función importante de
dominar la ansiedad- el pene es puesto en relación especialmente íntima con el
yo y se transforma en un representante del yo y de lo consciente[420],
mientras que el interior del cuerpo, las imagos, y las heces, es decir lo que
es invisible y desconocido, es equiparado al inconsciente. Además, analizando
pacientes masculinos, niños y hombres, he encontrado que a medida que
disminuían sus miedos a sus malas imagos y heces (el inconsciente), que eran
muy importantes dentro de ellos, aumentaba su creencia en su propia potencia
sexual, y el desarrollo de su yo ganaba fuerza[421]. Este
último efecto es debido en parte al hecho de que el miedo disminuido del niño a
su superyó "malo" y al contenido "malo" de su cuerpo le
permite identificarse mejor con los objetos introyectados "buenos" y
contribuye así a un mayor enriquecimiento de su yo.
Tan pronto como estabiliza con bastante
firmeza su confianza en la omnipotencia constructiva de su pene, su creencia en
el poder del pene "bueno" de su padre dentro de él formará la base de
una creencia secundaria en su omnipotencia, que mantendrá y reforzará la línea
de desarrollo establecida ya por él para su propio pene. Y según se ha dicho;
el resultado de su creciente relación con sus objetos será que sus imagos
fantásticas retrocedan al fondo, mientras que sus sentimientos de odio y miedo
a la castración se dirigirán y centrarán alrededor del padre real. Al mismo
tiempo sus tendencias restitutivas se dirigen cada vez más a los objetos
externos y los métodos de dominar la ansiedad se hacen más reales. Todos estos
progresos en su desarrollo van paralelos con la creciente supremacía de su
estadío genital y caracterizan los estadíos posteriores de su conflicto
edípico.
TRASTORNOS
DEL DESARROLLO SEXUAL
Ya hemos subrayado la importancia que
tiene la fantasía del niño referente a sus padres unidos perpetuamente en
copulación como fuente de muy intensas situaciones de ansiedad. Bajo la
influencia de tal fantasía el cuerpo de su madre representa, ante todo, una
unión de la madre y el padre que es extremadamente peligrosa y que está
dirigida contra él. Si la separación de esta imago de los padres combinada no
tiene lugar en un grado suficiente en el curso de su desarrollo, el niño estará
expuesto a trastornos serios, trastornos en sus relaciones de objeto como en su
vida sexual. Un predominio de esta clase de imagos paternas combinadas se
remontan, según mi experiencia, a perturbaciones en las primeras relaciones de
los niños pequeños con su madre o más bien con su pecho[422]. Aunque
estos efectos son muy fundamentales en niños de ambos sexos, ya son diferentes
para cada uno de los estadíos primeros de su desarrollo. En las páginas
siguientes limitaremos nuestra atención al niño y examinaremos cómo estas
fantasías terroríficas ejercen poder y de qué manera influyen en su desarrollo
sexual[423].
En mis
análisis de niños y adultos del sexo masculino he encontrado que cuando los
fuertes impulsos orales de succión se han combinado con impulsos oral-sádicos
intensos, el niño se ha retirado del pecho de su madre con odio y muy
tempranamente[424].
Sus primeras e intensas tendencias destructivas contra el pecho le han llevado
a introyectar a una madre en gran parte "mala", y su repentino
abandono del pecho se ha seguido de una introyección excesivamente fuerte del
pene de su padre. Su fase femenina ha estado gobernada por sentimientos de odio
y envidia a la madre, y al mismo tiempo, como resultado de sus poderosos
impulsos oral-sádicos, ha llegado a sentir un odio agudo y un miedo
correspondientemente intenso al pene del padre internalizado[425].
Sus impulsos orales de succión intensamente fuertes han creado fantasías de un
proceso nutricio ininterrumpido y duradero, mientras que sus impulsos sádicos
le han llevado a la creencia de que la madre, recibiendo nutrición y
gratificación sexual al copular con el pene de su padre, ha sufrido mucho dolor
y daño, y que su interior está lleno hasta casi estallar con los penes enormes
y "malos" del padre, que le están destruyendo en toda forma. En su
imaginación, ella se ha transformado no sólo en la "mujer con pene",
sino en una especie de receptáculo de los penes de su padre y de sus
excrementos peligrosos, a los que equipara con ellos[426].
De este
modo ha desplazado sobre su madre gran cantidad del odio y la ansiedad que
estaban ligados al padre y al pene del padre[427].
Así, un
sadismo oral, fuerte y prematuro, por una parte incita al niño a realizar
ataques contra sus padres unidos en copulación y a aterrarse de sus imagos en
este aspecto, y por otra parte le impide la creación de una imago buena de la
madre que le hubiera ayudado contra sus primeras situaciones de ansiedad,
hubiera colocado los cimientos de un superyó bueno (bajo la forma de figuras
bondadosas) y le hubiera conducido a adoptar una posición heterosexual[428].
Además
están las consecuencias que trae el que la fase femenina esté demasiado
fuertemente gobernada por el sadismo. La introyección extraordinariamente
fuerte del pene enorme y "malo" del padre que realiza el niño, le
hace creer que su cuerpo está expuesto a los mismos peligros desde dentro como
lo está el de su madre, y su introyección de sus padres hostiles unidos en
copulación junto con su introyección muy débil de una "buena" madre,
trabajan en una misma dirección. Al dar lugar a un exceso de ansiedad con
respecto a su interior, estos procesos introyectivos pavimentan el camino no
solamente para enfermedades graves, sino también para trastornos graves en su
desarrollo sexual. Como hemos visto, la posesión de contenidos
"buenos" en el cuerpo y, en un nivel genital, la posesión del pene
bueno, son una precondición de la potencia sexual. Si los ataques del niño al
pecho y cuerpo de su madre han sido excepcionalmente intensos, de modo que en
su imaginación ella ha sido destruida por el pene de su padre y por el suyo,
éste tendrá tanta más necesidad de un pene "bueno" con el cual
restaurarla. Y debería tener especial confianza en su potencia, para disipar
sus terrores del cuerpo peligroso y en peligro de su madre, lleno de los penes
de su padre. Sin embargo, es precisamente su miedo a la madre y a los
contenidos de su propio cuerpo lo que impide que crea en la posesión de un buen
pene y en su potencia sexual. El efecto acumulativo de todos estos factores
puede ser que constituya la causa que lo puede impulsar a alejarse de las
mujeres como objeto de amor, y de acuerdo con sus primeras experiencias, que
sufra de trastornos en su potencia, en su posición heterosexual o que se vuelva
homosexual[429].
EL CASO
DEL SEÑOR A.
Del análisis de un enfermo homosexual
de 35 años, A., que padecía de una neurosis obsesiva grave con rasgos
paranoicos e hipocondríacos y un fuerte trastorno de su potencia, resultó que
los sentimientos de desconfianza y rechazo, que dominaban por lo general sus
relaciones con mujeres, provenían, en el fondo, de una sola fantasía. Esta
consistía en la idea de que su madre estaba siempre realizando el coito con su
padre, cuando él no la veía. Suponía que el interior de su cuerpo estaba
repleto con los penes paternos peligrosos[430]. Se pudo
observar en la situación transferencial que su odio y temor de la madre, que a
menudo también encubrían sus sentimientos de culpa hacia ella, siempre estaban
íntimamente ligados a la situación de coito de los padres[431]. Con una
mirada furtiva dirigida sobre mí que, cuando él estaba angustiado, siempre le
corroboró que yo tenía un aspecto enfermizo, o que no estaba bien arreglada o
que algo no andaba bien (es decir, que yo estaba interiormente envenenada y
destruida), repetía la mirada escrutadora y angustiada con la cual recibía de
niño de mañana a su madre, para averiguar si ella había sido envenenada o
destruida por el coito con el padre. Cada mañana esperaba encontrar a su madre
muerta[432].
En este estado de ánimo era natural que interpretara cualquier detalle nimio de
la salud de su madre o de su conducta, cualquier discusión insignificante entre
sus padres y también cualquier cambio de la conducta de su madre frente a él,
es decir, todo lo que pasaba a su alrededor, como la afirmación de que la
catástrofe, continuamente esperada por él, se había realizado. Sus fantasías
masturbatorias, que eran de carácter optativo y en las cuales los padres se
destruían mutuamente en el coito, se transformaban en una fuente de múltiples
preocupaciones, temores y sentimientos de culpa[433]. Estos
sentimientos le llevaban a una continua observación de su ambiente y a un
desarrollo obsesivo de su instinto epistemofílico. Su continuo deseo, que
absorbía todas las energías de su yo, de observar a sus padres en el coito y
enterarse de sus secretos sexuales, fue también reforzado por el afán de
impedir cl coito de los padres, para amparar a su madre y evitar los daños que
le podría causar el peligroso pene paterno[434].
En la
situación transferencial estas tendencias dirigidas hacia el coito de los
padres se manifiestan, entre otras cosas, en el interés que A. evidenciaba por
mi fumar. Por ejemplo, cuando notaba que en el cenicero había quedado un resto
de cigarrillo de la sesión anterior, o percibía humo en la habitación, hacía
cantidad de preguntas: si yo solía fumar mucho o silo hacia antes del desayuno
o si mis cigarrillos eran de una marca buena, etc. Estas preguntas y los
afectos correspondientes provenían de su temor por su madre. Eran determinados
por el deseo de saber si y en qué forma sus padres habían copulado esa noche y
qué consecuencias había tenido ello para su madre. Los sentimientos
provenientes de la escena primaria, como odio, frustración y celos se exteriorizaban
en los afectos con los cuales A. a veces reaccionaba cuando, por ejemplo,
encendía un cigarrillo en un momento que le parecía inoportuno. Se enojaba y me
reprochaba falta de interés; que el fumar me era todo y la molestia que le
podía causar no me importaba, etc. O me aconsejaba dejar totalmente de fumar. A
veces esperaba con impaciencia que yo encendiera el cigarrillo y me rogaba
hacerlo, por no poder esperar por más tiempo el ruido que hace el fósforo al
ser encendido, y además insistía que yo no lo debía hacer inesperadamente y sin
avisarle. Se puso de manifiesto que este estado de tensión era una repetición
de lo que él había sentido de niño cuando, de noche, esperaba atentamente los
ruidos que podrían provenir de las camas de sus padres. Deseaba percibir los
primeros indicios del coito (el encender del fósforo) para saber que todo el
acto terminaría pronto. Pero a veces existía realmente el deseo de que yo
fumara. Provino del temor sentido de niño, cuando imaginaba que sus padres
habían muerto y esperaba los ruidos del coito ansiosamente como indicio de que
seguían con vida. En una etapa posterior del análisis, cuando su temor a las
consecuencias del coito ya había sido atenuada, el deseo de que yo fumara
demostraba esta determinación. Reviviendo las tendencias de un estadío
posterior de su desarrollo deseaba el coito de los padres, porque éste
significaba una reconciliación de ellos, un acto pacífico y curativo. Además,
quiso verse libre de la culpa de haber obligado a sus padres a la abstinencia.
El señor A. mismo solía dejar de fumar
temporariamente porque esperaba de esta medida una curación de sus trastornos
hipocondríacos. Pero nunca persistía durante mucho tiempo en esta actitud, y en
parte porque el fumar significaba también una defensa contra sus trastornos
hipocondríacos.
Con los cigarrillos, que también
significaban el pene "malo" del padre, intentaba destruir los objetos
malos internalizados[435].
Pero cuando los cigarrillos simbolizaban al pene "bueno" paterno,
servían para la restitución del interior de su cuerpo y de los objetos
internalizados.
Los síntomas obsesivos del señor A.
tenían una relación íntima con los múltiples contenidos de su angustia. Habían
surgido por el conocido mecanismo de desplazamiento de "magia y
contramagia"[436].
Servían para la afirmación o negación de determinadas preguntas: ¿Sus padres
estaban realizando ahora el coito, o iban a ocurrir ciertos acontecimientos
peligrosos y en relación con el coito estos daños podrían ser curados, etc.?
Pues el fundamento de su neurosis obsesiva era la creencia en una omnipotencia
destructiva y constructiva que había surgido en relación con los padres unidos
en el coito y había sido continuada y ampliada en relación con todo su
ambiente.
También la actividad sexual de A.
servía para afirmaciones y negaciones. Esta actividad tenía un carácter
francamente obsesivo y estaba dominada por graves trastornos. El temor
exagerado al pene del padre no había perturbado únicamente la conservación de
su posición heterosexual, sino también la afirmación de la posición homosexual.
Como consecuencia de su fuerte
identificación con la madre y de la fantasía predominante de haberse
incorporado los padres en copulación, A. refería todos los peligros que
amenazaban a su madre por la incorporación del pene también al interior de su
propio cuerpo. En la situación transferencial los trastornos hipocondríacos de
A. se intensificaron a menudo simultáneamente con un aumento de la
transferencia negativa[437].
Cuando, sea por razones externas o internas, aumentaban las fantasías de que la
madre se hallaba expuesta al coito peligroso con el padre o de que ya se había
incorporado el pene peligroso del padre como consecuencia del coito, se
intensificaba también el odio de A. contra mí y su temor al interior de mi
cuerpo. Todo lo que indicaba el desarrollo de una catástrofe dentro de su
madre, significaba por su identificación con ella también un indicio de la
destrucción del interior de su propio cuerpo. Y él odiaba tanto a su madre que
se unía al padre porque ella no se exponía únicamente a sí misma sino que
también lo exponía indirectamente a él, en quien, según su fantasía, copulaban
los padres internalizados.
Además, la madre unida al padre
significaba siempre para él una enemiga. Por ejemplo, su animadversión contra
mi voz y mis palabras, que a veces era muy intensa, no provenía únicamente de
una equiparación de mis palabras con excrementos envenenadores y peligrosos,
sino también de la fantasía de que el padre o, mejor dicho, su pene estaba
dentro de mí y hablando a través de mi. Este pene influía sin duda en mis
palabras y actos en forma enemistosa contra él (igualmente como el padre dentro
de él le empujaba hacia malas acciones contra su madre). Además temía que el
pene paterno pudiera atacarle saliendo de mi boca, mientras yo hablaba. Pues
mis palabras y mi voz eran equiparadas al pene paterno.
Si la madre era destruida, ya no
existía una madre "buena" y amparadora. Las fantasías de haber
mordido y destrozado el pecho materno, de haberlo envenenado por medio de la
orina y las heces, le llevaron muy tempranamente a la introyección de una imago
materna peligrosa y envenenadora, que impedía el desarrollo de la imago materna
"buena". Este proceso también había favorecido el desarrollo de
rasgos paranoides, especialmente de ideas de envenenamiento y persecución.
Tanto en el mundo exterior (primitivamente el seno materno) como en su propio
cuerpo el enfermo no pudo encontrar un apoyo bastante fuerte contra la
persecución del pene paterno y los trozos de excrementos. Pero así no solamente
se intensificaba su angustia de su madre y su temor a la castración, sino que
sufría también su fe en el contenido "bueno" de su propio cuerpo y en
la "bondad" de su propio pene. Eso era en gran parte responsable de
las graves perturbaciones de su desarrollo sexual. El temor de perjudicar a la
mujer con su pene "malo" y de no poder restituirla por medio del
coito formaba el fundamento de su trastorno de potencia, junto con su temor al
cuerpo materno peligroso.
La debilidad de su fe en una madre
"buena" había influido también en forma decisiva en el
desencadenamiento de su enfermedad. El señor A. había resistido durante la
guerra con bastante facilidad todos los peligros y molestias, luchando durante cierto
tiempo en las primeras líneas del frente. Pero su colapso ocurrió algún tiempo
más tarde, durante un viaje. Se había enfermado de disentería en un pueblito.
Como se vio más tarde en su análisis, los síntomas de esta enfermedad habían
reactivado la antigua situación de peligro, que era la base de sus temores
hipocondríacos: el temor del pene "malo", internalizado, de los
excrementos envenenadores. Pero fue la conducta de la dueña de la pensión, que
le atendía en su enfermedad lo que desencadenó la crisis. Esta mujer lo atendía
mal y sin ningún cariño y no le daba bastante leche ni otros alimentos. Esta
vivencia reactivó el trauma del destete y los efectos de odio y angustia
ligados a éste. Además, inconscientemente, A. interpretaba la conducta de la
dueña de la pensión como plena afirmación de su angustia, de que ya no existía
ninguna madre buena y de que era abandonado sin posibilidad de salvación a la
destrucción interna y a los enemigos externos. La fe en la madre
"buena", que nunca había sido bastante firme, no podía vencer la
actualización simultánea y excesiva de todas las situaciones de angustia. Esta
falta de una imago buena materna que ampara y defiende contra la angustia era
el factor último y decisivo de su colapso.
Como quise demostrar con el ejemplo de
A., el desplazamiento del odio y del temor del pene paterno a la madre, tiene
como consecuencia una intensificación exagerada de los temores relacionados con
el cuerpo femenino, mientras que las fuentes de la atracción heterosexual
sufren una disminución grande. Junto con este desplazamiento de todo lo que
causa angustia y es siniestro sobre el interior invisible del cuerpo femenino,
se efectúa a menudo otro proceso más, que parece ser una condición de la plena
afirmación de la posición homosexual.
ADOPCION
DE LA HOMOSEXUALIDAD
Este proceso de desplazamiento en el
cual todo lo que es terrorífico e inquietante está localizado en el interior
del cuerpo de la mujer, se acompaña a menudo de otro proceso que parece ser
condición necesaria de la posición homosexual. En la actitud normal el pene del
niño representa su yo y su consciente como opuesto a los contenidos de su
cuerpo y a su superyó, que representa su inconsciente. En su actitud
homosexual, esta significación se extiende, debido a su elección narcisística
de objeto, al pene de otro hombre, y este pene ahora lo ve como una
contraprueba contra todos sus miedos relativos al pene dentro de él y al
interior de su cuerpo. Así, en la homosexualidad, un modo de dominar la
ansiedad es que el yo trata de negar, controlar o sacar el mejor partido del
inconsciente, destacando fuertemente la realidad y el mundo externo y todo lo
que es tangible y perceptible a la conciencia.
En estos casos he encontrado que cuando
el niño ha tenido una relación homosexual en la primera infancia tiene una
buena oportunidad de moderar los sentimientos de odio y miedo al pene de su
padre y de reforzar su creencia en el pene "bueno". Además, sobre
esta relación se basarán todos los hechos homosexuales de su vida futura.
Esas relaciones proporcionan una serie
de garantías, de las que mencionaré las más comunes: 1) que el pene de su
padre, tanto internalizado como real, no es un perseguidor peligroso, ya sea a)
para él o b) para su madre; 2) que su propio pene no es destructivo; 3) que sus
miedos como niño pequeño a que sus relaciones sexuales con su hermano o hermano
sustituto se descubran y que a él se lo eche de la casa, sea castrado o matado[438] no
tiene fundamento, desde que sus actos homosexuales no han tenido malas
consecuencias; 4) que ha tenido cómplices y aliados secretos, porque en su vida
temprana sus relaciones con su hermano o hermano sustituto significaron que los
dos estaban aliados para destruir a los padres separadamente o combinados
durante la copulación. En su imaginación, su compañero amoroso ejecutará a
veces el papel del padre, con el cual emprendió ataques secretos sobre su madre
durante y por medio del acto sexual (uno de los padres estará mal dispuesto
para con el otro), y a veces el de su hermano, quien, con él mismo, destruyó el
pene del padre dentro de la madre y dentro de si mismo.
El sentimiento (basado en haber tenido
fantasías sádicas de masturbación en común) de estar aliado con otro en contra
de los padres, por medio del acto sexual, sentimiento que es, creo, de general
importancia para las relaciones sexuales de los niños pequeños, está
íntimamente ligado a mecanismos paranoicos[439]. Cuando
tales mecanismos operan muy fuertemente el niño tendrá una fuerte tendencia a
encontrar aliados cómplices en su posición libidinal y relaciones de objeto. La
posibilidad de lograr que su madre esté de su parte contra su padre
-últimamente, de destruir el pene del padre dentro de ella copulando con ella-
puede transformarse en una condición necesaria para la adopción de una posición
heterosexual, y puede capacitarlo, cuando sea adulto, para mantener esa
posición a pesar de tener acentuados rasgos paranoides. Por otra parte, sí su
miedo al cuerpo peligroso de su madre es demasiado fuerte y la buena imago de
su madre no ha podido desarrollarse, sus fantasías de aliarse con su padre
contra su madre y de unirse a su hermano contra ambos padres lo inclinará a
establecer una posición homosexual.
El impulso del niño a maldisponer sus
objetos unos contra otros y a obtener poder sobre ellos asegurándose aliados
secretos, tiene sus raíces, en lo que yo he podido ver, en fantasías de
omnipotencia, en las cuales, por medio de los atributos mágicos de excrementos
y pensamientos, heces venenosas y flatos son introducidos dentro de sus objetos
para dominarlos o destruirlos. De este modo las heces del niño son los
instrumentos de sus ataques secretos sobre el interior de sus objetos y son
consideradas por él como objetos dañinos o animales que actúan en interés de su
yo. Estas fantasías de grandeza y omnipotencia juegan una gran parte en los
delirios de persecución y referencia y en ideas delirantes de ser envenenado.
Ellas hacen que el paciente tenga miedo de ser atacado por sus objetos en la
misma forma secreta en que él los ataca a ellos[440], y a
veces, también, miedo de sus propios excrementos en caso de que ellos se
vuelvan contra su yo de un modo hostil y traicionero. Analizando tanto niños
como adultos me he enfrentado con un miedo a que sus heces asuman de algún modo
una existencia independiente y no estén más bajo su control, y a que hagan daño
a sus objetos internos y externos contra la voluntad del yo. En tales casos,
las heces fueron comparadas a toda clase de animales pequeños e insectos, tales
como ratas, ratones, moscas, chinches, etcétera[441].
Cuando
el individuo está más ocupado con la ansiedad paranoide en lo que respecta a
las heces y pene como perseguidores, su objeto de amor del mismo sexo
representará primero y después de todo, un aliado contra los perseguidores. El
deseo libidinal de un "buen" pene será fuertemente sobrecompensado y
servirá al propósito de ocultar sus sentimientos de odio y temor frente al pene
"malo". Si tal compensación fracasa, su odio y miedo al objeto de
amor se manifestará y tendrá por objeto una reversión paranoica de la persona
amada en perseguidor[442].
Estos
mecanismos, que son dominantes en casos de un carácter paranoico, entran,
aunque en menor grado, dentro de toda actividad homosexual. El acto sexual
entre hombres sirve siempre en parte para gratificar impulsos sádicos y para
confirmar el sentimiento de omnipotencia destructiva; y detrás de la relación
libidinal positiva de un "buen" pene como objeto de amor externo
acechan, en mayor o menor grado, de acuerdo con la cantidad de odio presente,
no sólo odio al pene del padre, sino también impulsos destructivos contra el
compañero sexual y miedo a él por estos impulsos.
En su "Homosexualitát und
Oedipuskomplex", 1926, Félix Boehm ha dirigido su atención "a la
parte que juega ese aspecto del complejo de Edipo, que consiste en el odio del
niño hacia su padre y en su deseo de muerte y deseos de castración activos
contra él". Ha demostrado que al realizar los actos homosexuales el hombre
muy frecuentemente tiene dos fines: 1) hacer a su compañero impotente para el
acto heterosexual, en cuyo caso es meramente una cuestión de mantenerlo alejado
de las mujeres y 2) castrarlo, en cuyo caso quiere tener posesión del pene de
su compañero así como aumentar su propio poder sexual con las mujeres. En
cuanto al primer fin, mis propias observaciones me han conducido a creer que
sus deseos de mantener a otros hombres alejados de las mujeres, es decir, de su
madre o hermanas, está basado no sólo en celos primarios de su padre, sino en
un miedo a los riesgos en que su madre incurre al copular con él. Desde que
esos riesgos surgen no sólo del pene de su padre sino también de su propio pene
sádico, él está provisto de un fuerte motivo para adoptar la posición
homosexual[443].
En esta
posición, según he encontrado en los análisis de niños como en los de hombres,
él, en su inconsciencia, ha hecho un convenio con sus padres y hermanos por el
cual todos se abstendrán de tener relaciones con su madre (o hermanas) para
preservarla a ella de peligros y buscarán compensación de esta abstención entre
ellos mismos. En cuanto al segundo fin, estoy en completo acuerdo con la
opinión de Boehm. El deseo del niño de castrar a su padre para conseguir su
pene y ser potente en la relación sexual con la madre lo impulsa a una posición
homosexual.
En algunos casos he visto que había no
sólo el deseo de tomar posesión de un pene especialmente potente, sino de
acumular una gran cantidad de semen, que de acuerdo con sus fantasías era
necesario para dar a su madre gratificación sexual[444]. Además
necesita poner penes "buenos" y semen "bueno" dentro de él
para hacer bueno también el interior de su cuerpo. Este deseo está fortalecido
en el estadío genital por la creencia de que sí su interior está intacto será
capaz de dar a su madre semen bueno y también niños, situación que lo lleva a
aumentar su potencia en la posición heterosexual. Si por otra parte predominan
sus tendencias sádicas -su deseo de tomar posesión del pene del padre y del
semen por medio del acto homosexual- tendrá también en parte un fin
heterosexual. Porque identificándose él mismo con su padre sádico tendrá más
poder para destruir a su madre copulando con ella.
Se
ha dicho más de una vez que el instinto de conocer es un impulsor de la
realización del acto sexual. Pero cuando el individuo obtiene gratificación de
su instinto en conexión con actividades homosexuales, lo emplea en parte para
aumentar su eficiencia en la posición heterosexual. El acto homosexual está
destinado a realizar los tempranos deseos de su infancia de tener la
oportunidad de ver qué sentido el pene de su padre difiere del suyo y averiguar
en qué forma se comporta aquél cuando copula con su madre. Necesita saber cómo
hacerse más potente y apto en la relación sexual con su madre[445].
EL CASO DEL SEÑOR B.
Trataré de dar algunos fragmentos de un
historial para ilustrar la importancia de algunos de los factores analizados
más arriba en la adopción de la posición homosexual. B., un hombre de entre 30
y 40 años, vino al tratamiento por graves inhibiciones en el trabajo y
depresiones profundas. Su inhibición en el trabajo, de la que sufría desde
hacía mucho tiempo, había aumentado a un grado tal por un cierto acontecimiento
de su vida, que citaré, que lo obligó a renunciar a un trabajo de investigación
que había comenzado y a abandonar su puesto de maestro. Se vio que aunque el
desarrollo de su carácter y de su yo había sido exitoso y estaba dotado
intelectualmente más de lo común, sufría de profundos trastornos en su salud
mental. Sus crisis de depresión se remontaban a su temprana infancia, pero en
los últimos años se hicieron tan agudas que lo llevaron a un estado general de
depresión y a que se alejara en gran parte de la gente. Tenía miedo -aunque sin
causa- de que su aspecto alejara a la gente, y esto hacía aun mayor su disgusto
por la sociedad. Sufría también de una grave manía de duda, que cubría el campo
de sus intereses intelectuales de un modo cada vez más extendido y que era
especialmente dolorosa para él.
Detrás de estos síntomas manifiestos
pude deducir la presencia de una profunda hipocondría[446], de
fuertes ideas de persecución y referencia, que por momento tomaban el carácter
de delirios, pero que parecían serle curiosamente indiferentes. Por ejemplo,
este hombre, durante su estada en una pensión veraniega, tenia la impresión de
que una de las huéspedes le provocaba sexualmente y amenazaba su vida. Una
indisposición sin importancia le pareció provocada por un pan que esta señora
le había comprado. Creía que lo había envenenado. Por eso el señor B. abandonó
enseguida esta pensión, pero volvió a ella un año más tarde. Y lo hizo sabiendo
que iba a encontrarse otra vez con esta mujer. Se acercaron y establecieron una
relación amistosa. Pero a pesar de eso, B. siguió con su antigua sospecha. Se
tranquilizó, pensando que ella, como amiga suya, no iba a repetir su intento de
envenenamiento. Lo notable era que no le guardaba rencor por el supuesto
intento. Esta actitud se basaba en parte en su amplio desplazamiento afectivo y
en parte en su actitud comprensiva y tolerante frente a la psiquis de otras personas.
Pudo ocultar a todos estas ideas de referencia, persecución y ansiedad
hipocondríaca y aun, en cierto sentido, sus graves síntomas obsesivos. Este
extraordinario poder de disimulo iba junto con sus características paranoides,
que eran muy fuertes. Aunque sentía que era observado y espiado por la gente y
desconfiaba mucho de ella, su sutileza psicológica fue tan grande que pudo
ocultar sus pensamientos y sentimientos completamente. Pero junto con este
esfuerzo calculador de disimulo, en él había una gran frescura y espontaneidad
de sentimientos, que surgía de su positiva relación de objeto y se remontaba a
su fuerte sentimiento optimista originado en las profundas capas de su mente;
estos últimos le ayudaron también a ocultar su enfermedad, pero en los últimos
años había perdido casi toda su eficacia.
B. era un verdadero homosexual. Aunque
tenía buenas relaciones con la mujer (y con el hombre) como seres humanos, como
objetos sexuales los rechazaba tan completamente que no podía comprender cómo
podían poseer alguna atracción[447].
Desde el punto de vista físico ellas eran algo raro, misterioso y sobrenatural
para él. Las formas de sus cuerpos le repelían, especialmente los pechos y las
nalgas y su falta de pene[448].
Su aversión a los pechos y nalgas se basaba en impulsos sádicos muy fuertes.
Tenía fantasías de golpear "aquellas partes salientes" hasta que se
hiciera "planas" y "reducidas", y quizá de este modo, él
decía, podría amar a las mujeres. Estas fantasías estaban determinadas por su
idea inconsciente de que la mujer estaba tan llena de penes del padre y
excrementos peligrosos equiparados al pene, que éstos le habían deformado el
cuerpo produciendo las saliencias del mismo. Así, su odio a las partes
salientes estaba realmente dirigido contra los penes internalizados, que
volvían a emerger[449].
En su imaginación el interior del cuerpo de la mujer era un espacio enorme
donde acechaban toda clase de peligros y muertes, y ella misma era una cosa que
contenía penes terroríficos y excrementos peligrosos. Consideraba su tez
delicada y todos sus otros atributos femeninos como una envoltura superficial
que cubría la destrucción que había sido hecha en su interior, y aunque lo
atraían, las temía, tanto más como que eran signos de su naturaleza engañosa y
traicionera.
Equiparando el pene aterrador a pedazos
de excrementos, mi paciente extendió aun más su desplazamiento del miedo
surgido al pene del padre hacia el cuerpo de la madre, y lo aplicó también a
los excrementos envenenados, y peligrosos de su padre. En este sentido buscó
esconder dentro del cuerpo de su madre todas las cosas que él había odiado y
temido. Que este proceso de desplazamiento había fracasado puede inferirse del
hecho de que B. volvió a sus ocultos objetos de ansiedad bajo la forma de
pechos y nalgas femeninas. Ellos simbolizaban perseguidores que salían del
cuerpo de la mujer y lo observaban; y según me contó, con evidente displacer y
ansiedad, nunca hubiera osado pegarle o atacarla porque tenía demasiado miedo
de tocarla.
Al mismo tiempo que había desplazado de
este modo hacia el cuerpo de su madre todas estas cosas que lo asustaban,
haciendo de ella un objeto de horror, idealizó el pene y el sexo masculino en
un grado muy elevado. Para él, el hombre, en quien todo se veía con claridad y
que no ocultaba secretos en su interior, era el solo objeto hermoso y natural[450].
De modo similar, había reprimido muy fuertemente todo lo que se relacionaba con
el interior de su propio cuerpo y había concentrado su interés en todo lo que
estaba en la superficie y era visible, especialmente en el pene. Pero lo fuerte
de sus dudas, aun sobre este asunto, se vio en el hecho de que cuando tenía 5
años preguntó a su niñera qué era lo peor: "lo de adelante o lo de
atrás" (significando pene o ano), y había quedado muy turbado cuando ésta
le dijo: lo de adelante. También recordó que cuando tenía 8 años estaba en lo
alto de una escalera, miró hacía abajo y odió las medias negras que llevaba[451].
Sus asociaciones mostraron que la casa de sus padres le había parecido siempre
triste, "muerta", y que se hacía a sí mismo responsable de esto en el
significado simbólico del cuerpo de su madre y el suyo propio arruinado por sus
peligrosos excrementos (las medias negras), que los habían dañado a ambos, a él
y a madre. A consecuencia de la represión extensiva de su "interior"
su desplazamiento de éste a su "exterior", B. había llegado a odiar
temer a este último, no sólo en cuanto a su aspecto personal, aunque esto fue
una continua fuente de preocupaciones y cuidados para él, sino también en
cuanto a otros temas ligados a éste. Por ejemplo, tenía por ciertas
vestimentas, especialmente la ropa interior, el mismo odio que tuvo por sus
medias negras, y sentía como si ellas fueran sus enemigos que lo estaban
cercenando, hundiéndolo al pegarse tan íntimamente con su cuerpo[452].
Representaban sus objetos internalizados y excrementos que le perseguían desde
el interior. En virtud del desplazamiento de su miedo a peligros internos,
hacia el mundo externo, sus enemigos dentro de él se habían transformado en
enemigos fuera de él.
Volvamos
ahora a considerar la estructura del caso. El paciente había sido criado con
biberón; el hecho de que estos componentes libidinales no habían sido
gratificados por su madre; habían impedido su fijación oral de succión al pecho
de la misma. Debido a su frustración, también sus impulsos destructivos contra
el pecho había aumentado, transformando esta parte del cuerpo en bestias y
monstruos peligrosos en su imaginación (en su inconsciente había asimilado el
pecho de las mujeres con arpías). Este proceso había sido auxiliado por su
equiparación del pecho con el pene del padre, que pensó había sido puesto en
el. interior del cuerpo de la madre y luego había vuelto a surgir. Además había
comenzado muy tempranamente a equiparar el biberón con el pene lleno, y, a
consecuencia de su frustración del pecho, se dirigió a él con especial avidez,
como un objeto de gratificación de sus deseos orales de succión. Su adopción d
una actitud homosexual había sido ayudada grandemente por hecho de haber sido
seducido muy tempranamente en su vida -aproximadamente en su segundo año- por
su hermano, que era dos años mayor que él. Puesto que el acto de fellatio gratificaba sus deseos orales
de succión hasta entonces insatisfechos, este hecho lo llevó a una fijación en
el pene exageradamente fuerte. Otro factor fue que su padre, que hasta entonces
había sido un hombre poco demostrativo, se hizo más afectuoso con la influencia
de su hijo menor. El niñito se había propuesto conquistar su amor y lo había
conseguido. El análisis mostró que el niño consideró esta victoria como una
prueba de que era capaz de transformar el pene "malo" del padre en
uno "bueno". Y sus esfuerzos para realizar una transformación de esta
clase y disipar así un número de miedos se convirtió en años posteriores en uno
de los motivos de tener relaciones con los hombres.
B. tenía dos hermanos. Por Leslie, el
que lo había seducido y que era 2 años mayor que él, sentía gran admiración aun
desde pequeño, y para él representó el pene "bueno", en parte sin
duda a causa de la temprana gratificación de sus deseos orales que había
recibido de su hermano mediante el acto sexual. Su mayor ambición fue hacerse
digno de su amistad y seguir sus pasos, y, en efecto, eligió la misma
profesión. En cuanto a su otro hermano, David, que era cuatro años mayor que
él, tuvo una actitud muy diferente. Este hermano era hijo de su padre en un
matrimonio anterior, y B. sintió, probablemente con exactitud, que su madre
mostraba preferencia por sus propios hijos. No quería a este hermano y había
tratado de superarlo cuando pequeño, a despecho de la diferencia de edades.
Esto se debía en parte a la actitud masoquística de David, y en gran parte a su
gran superioridad mental. Desahogaba contra su hermano, con el que también
mantuvo relaciones sexuales en la temprana infancia[453], sus
impulsos sádicos contra el pene "malo", y al mismo tiempo lo
consideraba como la madre peligrosa que contenía los penes del padre. Sus
hermanos, se verá, fueron los sustitutos de las imagos parentales, y fue contra
ellos que activó sus relaciones con estas imagos, porque aunque quería a su
madre en la vida real, y mucho más que a su padre, estaba poseído en la
fantasía, como sabemos, por imagos del mágico pene "bueno" (su padre)
y de una madre terrorífica. Nunca llegó a querer a David, aun siendo adulto, y
esto fue en parte, según lo mostró el análisis, debido a que se sentía culpable
frente a él.
Mientras, un número de factores
animaban a B. a que adoptara una actitud homosexual, otros, externos,
trabajaban ya tempranamente contra el establecimiento de una posición
heterosexual. Su madre fue muy cariñosa con él, pero el niño pronto descubrió
que no era muy afectuosa con su padre y que tenía una aversión a los genitales
masculinos en general. Tenía, probablemente, razón en su impresión de que ella
era frígida y desaprobaba los deseos sexuales del niño, y su amor muy
pronunciado al orden y a la limpieza lo corroboraban. Las niñeras que había
tenido desde pequeño eran adversas también a todo lo que fuera sexual o
instintivo (el lector recordará la contestación de la niñera de que lo de
"adelante" era peor que lo de "atrás"). Otra cosa que se
opuso al establecimiento de la posición heterosexual, fue que no tuvo
compañeritas de juego en su temprana infancia. No hay duda de que su miedo al
interior misterioso del cuerpo de la mujer hubiera disminuido grandemente si
hubiera tenido una hermana, porque entonces hubiera satisfecho su curiosidad
sexual en cuanto a los genitales femeninos más tempranamente. De este modo no
lo logró hasta que tuvo 22 años, cuando al observar el cuadro de una mujer
desnuda se dio cuenta, conscientemente, de qué modo el cuerpo de la mujer
difería del hombre. Se vio en el análisis que las polleras voluminosas y anchas
que usaban las mujeres de su tiempo aumentó en forma múltiple su idea del
enorme, desconocido y peligroso interior de sus cuerpos. Su
"ignorancia" de estos temas -ignorancia que surgió de su ansiedad
pero que fue aumentada por los factores externos ya descritos- contribuyó a su
rechazo de la mujer como objeto sexual.
En mi descripción del desarrollo del
hombre he mostrado que la centralización de su potencia sádica en el pene es un
paso importante en el establecimiento de su posición heterosexual, y que para
efectuar tal paso su yo tiene que haber adquirido una capacidad suficiente para
tolerar su sadismo y ansiedad en los tempranos estadíos de su desarrollo. En B.
esta capacidad fue muy poca. Su creencia en la omnipotencia de sus excrementos
fue más fuerte que lo usual en los niños[454]. Sus
impulsos genitales y sus sentimientos de culpa, por otra parte, habían tomado
la delantera muy tempranamente y habían traído consigo buenas relaciones con
sus objetos y una adaptación satisfactoria con la realidad. El prematuro
fortalecimiento de su yo tuvo como consecuencia la de ejercer una represión
violenta de sus impulsos sádicos, especialmente los dirigidos contra la madre,
de modo que no tuvieron suficiente contacto con sus objetos reales y
permanecieron ligados a las imagos fantásticas, especialmente en lo que
concernía a su madre[455].
El resultado de esto fue que junto con la buena relación con los objetos de
ambos sexos, había todavía un miedo profundo y dominante por sus imagos
fantásticas y malas, y estas dos actitudes frente a sus objetos corrían un
curso paralelo, pero separado, sin estorbarse una a la otra en ningún punto.
No sólo no pudo B., por las razones
arriba citadas, emplear su pene como órgano de ejecución de su sadismo contra
su madre, sino que no pudo realizar sus deseos de restaurarla por medio de su
pene "bueno" en el acto sexual[456]. En lo
referente al pene de su padre, su sadismo estaba reprimido con mucho menos
fuerza. Sin embargo, esto no influyó suficientemente en sus tendencias edípicas
directas, porque los factores ya analizados trabajaban muy poderosamente contra
el logro de una posición heterosexual. Su odio al pene de su padre no pudo así
ser modificado de un modo normal. Esto tuvo que ser en parte sobrecompensado
por una creencia en el pene "bueno" y esto formó la base de su
posición homosexual.
En el curso de esta fuga de todo
aquello que era anal y de todo lo relacionado con el interior del cuerpo, y
ayudado por su fuerte fijación oral de succión sobre el pene y por los factores
ya descritos, B. desarrolló muy tempranamente en su vida una gran admiración
por el pene de los otros muchachos, admiración que en ciertos casos llegaba
hasta la adoración. Pero el análisis mostró que a consecuencia de su intensa
represión de lo anal, el pene había tomado cualidades anales en alto grado.
Veía a su pene como inferior y feo (y sucio por completo), y su admiración por
el pene de otros hombres y muchachos estaba sujeta a ciertas condiciones. Un
pene que no cumpliera estas condiciones era repulsivo para él, porque entonces
tomaba las características del pene peligroso de su padre y de
"malos" pedazos de excrementos. A pesar de esta limitación, sin
embargo logró una posición homosexual bastante estable. No tenía sentimientos
de culpa consciente o de inferioridad por sus actividades homosexuales, porque
en ellas sus tendencias restitutivas, que no habían podido aparecer en su
posición heterosexual, desarrollaron su capacidad por completo.
La vida erótica de B. estaba dominada
por dos tipos de objeto. El primero, al que se había dirigido persistentemente
desde sus días escolares, consistía en muchachos y más tarde en hombres que no
eran atractivos y que con razón se sentían en segundo plano. Este tipo
respondía a su hermano David. B. no sentía placer en las relaciones sexuales
con estas personas, porque sus impulsos sádicos jugaban con demasiada fuerza y
él se daba cuenta que hacía que los otros sintieran su superioridad y los
atormentaba de todos los modos posibles. Al mismo tiempo, sin embargo, era un
buen amigo de ellos y ejercía una influencia mental favorable y los ayudaba de
distintos modos. El segundo tipo correspondía a su otro hermano, Leslie.
Acostumbraba a enamorarse muy profundamente con este tipo de personas y tenía
una real adoración por su pene[457].
Ambos
tipos servían para gratificar a B. en sus tendencias restitutivas y aliviar su
ansiedad. En sus relaciones con el tipo primero, copular significaba restaurar
el pene del padre y de su hermano David, que a causa de sus poderosos impulsos
sádicos contra ellos creyó haber destruido. Al mismo tiempo se identificaba con
este objeto inferior y castrado, de modo que el odio al objeto iba también
dirigido contra sí mismo, y su restitución del pene del objeto implicaba una
restitución de su propio pene. Pero, en el análisis posterior, las tendencias
restitutivas frente al pene servían al propósito de restaurar a su madre; se
traslucía que el haber castrado a su padre y a su hermano significaba haber
atacado a los niños dentro de su madre y que sentía una culpa profunda frente a
ella por esta causa. Restaurando el pene del padre y del hermano, trataba de
devolver a su madre un padre ileso, niños ilesos y un interior ileso. La
restauración de su propio pene significaba, además, que tenía un pene
"bueno" y que podía dar a su madre gratificación sexual.
En la relación de B. con el tipo
Leslie, su deseo de realizar restitución era menos evidente, porque en este
caso se trataba del pene "perfecto". Este pene "perfecto"
que fue el objeto de su admiración intensa, representaba un gran número de
contrapruebas mágicas contra sus miedos. Y desde que se identificaba con su
objeto de amor, el que éste poseyera un pene "perfecto" era la prueba
de que su propio pene también era "perfecto"; y también mostró que el
pene de su padre y hermano estaban intactos y fortaleció su creencia en el pene
"bueno" en general, y también en la que el cuerpo de su madre estaba
intacto. En su relación con el pene admirado, sus impulsos sádicos también
encontraron salida, aunque de un modo inconsciente; porque aquí sus actividades
homosexuales significaban la castración de su objeto de amor, en parte a causa
de sus celos del mismo, y en parte, debido a que quería asir el pene
"bueno" para poder de todos modos tomar el lugar del padre con la
madre.
Aunque la posición homosexual de B.
había sido establecida muy temprana y fuertemente, y aunque conscientemente
rechazaba la heterosexual, había mantenido siempre inconscientemente fines
heterosexuales frente a los cuales cuando niño había luchado ardientemente en
su imaginación y a los que nunca había renunciado. Para su inconsciente, las
diversas actividades homosexuales representaban caminos distintos que lo
llevaban a un fin heterosexual.
Los standards
que su superyó impuso a sus actividades sexuales eran muy altos. Al copular
debía reparar cada cosa que había destruido en su madre. Su trabajo de
restauración por medio del acto sexual comenzó, por las razones que hemos
visto, con la restauración del pene, y allí también terminó. Fue como si una
persona hubiera querido hacer una casa particularmente hermosa pero estuviera
llena de dudas sobre si había puesto bien o mal los cimientos. Continuaba
tratando de que estos cimientos fueran más sólidos, y no era nunca capaz de
trabajar en el resto del edificio.
De este modo la creencia de B. en su
capacidad para restaurar el pene era la base de su estabilidad mental, y cuando
esta creencia fue destruida, se enfermó. Lo que sucedió fue lo siguiente:
algunos años antes su querido hermano Leslie había perdido la vida en un viaje
de exploración. Aunque su muerte había afectado a B. muy profundamente, no
había trastornado su salud mental. Pudo soportar el golpe porque no hizo surgir
su sentimiento de culpa o no minó en mayor grado su creencia en su omnipotencia
constructiva. Leslie había sido para él el poseedor del mágico pene
"bueno" y B. pudo transferir su creencia en él y su amor por él a
otra persona como sustituto. Pero ahora su hermano David estaba enfermo. B. se
dedicó a él durante su enfermedad y tuvo la esperanza de curarlo por medio de
una fuerte y favorable influencia sobre él. Pero sus esperanzas fueron
frustradas y David murió. Fue este golpe el que lo desmoralizó y trajo como
consecuencia su enfermedad. El análisis demostró que este segundo golpe fue
para él mucho más duro que el primero, porque tenia un fuerte sentimiento de
culpa hacia su hermano mayor. Por encima de todo, su creencia de que podía
restaurar el pene dañado había sido minada. Esto significó que tenía que
abandonar la esperanza de todas las cosas que en su inconsciente estaba
tratando de restaurar -en última instancia su madre y su propio cuerpo-. La
severa inhibición en su trabajo fue otra consecuencia de la pérdida de esta
esperanza.
Hemos visto por qué su madre no pudo
ser el objeto de sus tendencias restitutivas llevadas a cabo por medio de la
copulación, y de allí, el que no fuera un objeto sexual para él. Ella sólo pudo
ser un objeto de sus emociones afectivas. Pero aun así su ansiedad y su
sentimiento de culpa eran demasiado grandes; y no sólo sus relaciones de
objetos estaban expuestas a serios trastornos, sino que sus tendencias de
sublimación se vieron muy obstaculizadas. Sucedió que B. que estaba
conscientemente muy preocupado por la salud de su madre -aunque como dijo él,
no era exactamente inválida sino "delicada"-, era en su inconsciente
un esclavo completo de esta preocupación. Lo expresó en la situación de
transferencia, temiendo continuamente, antes de que su análisis se
interrumpiera para las vacaciones (y, según se vio más tarde, antes de cada fin
de semana, y aun entre un día y el otro), que nunca me vería de nuevo porque
algún accidente fatal me podía ocurrir durante el intervalo. Esta fantasía, que
volvía a él una y otra vez con toda clase de variaciones, era siempre del mismo
tema -que a mí me sucedería un accidente, sería atropellada por un auto en una
calle de mucho tránsito-. Esta calle en realidad era una calle de su ciudad
natal en América y jugaba una gran parte en sus recuerdos infantiles. Cuando
acostumbraba a salir con su niñera, siempre había cruzado la calle con el miedo
-según lo demostró el análisis- de que nunca vería a su madre de nuevo. Siempre
que se encontraba en un estado de profunda depresión, acostumbraba a decir en
su análisis que las cosas nunca podrían "enmendarse" y que él nunca
podría trabajar más, a menos que ciertas cosas hubieran sucedido, por ejemplo,
que todo el tránsito que había pasado por esa calle no hubiera pasado. Para él,
como para los niños a cuyos análisis he hecho referencia antes, el movimiento
de coches representaba el acto de copulación entre sus padres, que en sus
fantasías de masturbación él había transformado en un acto fatal para ambas
partes, de modo que él se convirtió en la víctima del miedo a que su madre y
(debido a su introyección del pene "malo" y de sus padres combinados)
él mismo, serían destruidos por el peligroso pene de su padre incorporado
dentro de ella. De aquí su miedo manifiesto a que ambos fueran atropellados por
un coche. Contrastando con su ciudad natal, que él veía como un lugar
arruinado, oscuro y sin vida a pesar del hecho -o debido al hecho, según
demostró su análisis- de que allí había mucho tránsito (es decir, continua
copulación entre su padre y su madre), se figuraba una ciudad imaginaria llena
de vida, luz y belleza[458], y
a veces encontraba su visión realizada, aunque solo por un corto tiempo, en las
ciudades que él visitaba en otros países. Esta ciudad visionaria y lejana
representaba a su madre una vez más restaurada y vuelta a despertar a una nueva
vida y también a su propio cuerpo restaurado. Pero el exceso de su ansiedad le
hizo sentir que una restauración de esta naturaleza no podría realizarse, y
esto también fue la causa de su inhibición en el trabajo.
Mientras B. todavía pudo trabajar,
estuvo ocupado en escribir un libro en el cual había recopilado los resultados
de sus investigaciones científicas. Este libro, cuya escritura tuvo que
abandonar cuando su inhibición para el trabajo se hizo demasiado fuerte, tenía
el mismo significado para él que la hermosa ciudad. Cada trozo separado de
información, cada oración aislada, denotaba el pene restaurado de sus padres y
los niños ilesos, y el libro en sí representaba a su madre ilesa y a su propio
cuerpo restaurado. Se vio en el análisis que fue su miedo al contenido
"malo" de su cuerpo el principal impedimento para sus poderes
creativos. Uno de sus síntomas hipocondríacos fue un sentimiento de inmenso
vacío en su interior. En el plano intelectual tomó la forma de una queja de que
las cosas que eran valiosas y hermosas e interesantes para él, habían perdido
valor y estaban "gastadas" y que se las habían robado de algún modo.
La causa más profunda de esta queja resultó ser su miedo de que al arrojar sus
malas imagos y excrementos peligrosos hubiera perdido aquellos contenidos de su
cuerpo que eran "buenos y hermosos".
El motivo más poderoso de su trabajo
creativo provenía de su posición femenina. En su inconsciente fue impuesta una
cierta condición: A menos que su cuerpo estuviera lleno de buenos objetos -en
realidad de hermosos niños[459]-
no podría crear, es decir, traer niños al mundo. Con el fin de obedecer a esta
condición, tenía que desembarazarse de los objetos "malos" en su
interior (pero entonces se sentía vacío); o si no, tenía que transformarlos en
objetos "buenos" del mismo modo que quería transformar el pene de su
padre y de su hermano en penes "buenos". Si hubiera podido hacer esto
hubiera tenido la seguridad de que el cuerpo de su madre y los niños de ella y
el pene de su padre estaban también todos restaurados; entonces, su padre y su
madre hubieran podido vivir juntos cordialmente y tener entre ellos
satisfacción sexual completa, y él mismo al identificarse con su padre bueno,
podría haber dado a su madre niños y haber consolidado su posición
heterosexual.
Cuando mi paciente volvió de nuevo a su
libro después de un análisis de 14 meses, su identificación con su madre se
colocó en un primer plano muy claramente. Esto se demostró en la situación de
transferencia en fantasías de ser mi hija. Recordó que cuando él era un niñito
ansiaba ser una niña conscientemente, porque su madre hubiera preferido tener
una hija, e inconscientemente porque entonces hubiera podido amar a su madre de
un modo sexual. Porque así no hubiera tenido que temer dañarla con su pene, que
era odioso para ella y que él mismo sentía peligroso[460]. Pero a
pesar de su identificación con su madre y sus características marcadamente
femeninas -características que también se presentaron en su libro- no había
podido mantener la posición femenina. Esto era un gran impedimento en el camino
de sus actividades creadoras, que habían estado siempre inhibidas de algún
modo.
A medida que su identificación con su
madre y su deseo de ser mujer se hicieron más prominentes en el análisis, su
inhibición en el trabajo disminuyó gradualmente. Su deseo de tener niños y,
paralelamente, sus capacidades creadoras habían sido obstaculizadas por sus
miedos a sus objetos internalizados; porque su miedo a su madre como rival
estaba dirigido primero y principalmente hacia su "mala" madre
internalizada, quien estaba unida a su padre. Eran aquellos objetos
internalizados los causantes también de su intenso miedo de ser observado.
Tenía que preservar de ellos todos sus pensamientos, porque cada pensamiento
representaba un trocito bueno dentro de él: un niño[461]. Por
esta razón transfería sus pensamientos al papel tan rápidamente como le era
posible, para protegerlos de los objetos malos que se interponían en su camino
al escribir. Tenía que realizar la separación de los objetos malos de los
buenos dentro de su cuerpo y también transformar los malos en buenos. Su
trabajo al escribir su libro y el proceso total de su producción mental
vinculado a esto, estaban equiparados en su inconsciente a la restauración del
interior de su cuerpo y a la creación de niños. Estos niños iban a ser de su
madre, y él restauraba a su buena madre dentro de él llenándola a ella con
hermosos niños restaurados y tratando cuidadosamente de preservar aquellos
objetos -creados de nuevo- de los objetos "malos" dentro de él, que
eran sus padres combinados en copulación y el pene "malo" de su
padre. De este modo hacía a su propio cuerpo también sano y hermoso, porque su
"buena", hermosa e intacta madre, a su vez, lo protegía de los
"malos" objetos dentro de él. Con esta madre "buena"
restaurada B. pudo también identificarse[462]. Los
hermosos niños (pensamientos, conocimientos) con los cuales, en su imaginación,
poblaba su interior, eran los niños que había concebido en identificación con
su madre, así como los niños que había engendrado ella como la
"buena" madre, es decir, la madre que le dio a él leche curativa y
así lo ayudó a tener el pene potente y curativo. Y no fue hasta que pudo
adoptar y sublimar esta posición femenina que sus componentes masculinos se
hicieron más eficaces y provechosos en su trabajo.
A medida que su creencia en su madre
"buena" se hizo más poderosa, su ansiedad paranoide e hipocondríaca y
también sus depresiones se hicieron menos intensas, B. pudo en grado creciente
realizar su trabajo, al principio presentando todos los signos de ansiedad y
compulsión, pero luego haciéndolo con mucha más facilidad y soltura. Junto con
esto hubo una ininterrumpida disminución de sus manifestaciones homosexuales.
Su adoración por el pene disminuyó y su miedo por el pene "malo", que
hasta ahora había sido oscurecido por su admiración por el pene
"bueno" y hermoso, se hizo más claro. En esta fase nos encontramos
frente a un miedo particular, el de que el pene "malo" internalizado
de su padre había tomado posesión del suyo, colocándose dentro de él y
controlándolo desde adentro[463].
B. sintió que había perdido el dominio de su propio pene y no podía usarlo en
una forma "buena" y productiva. Este miedo había aparecido con mucha
fuerza durante su pubertad. En esa época trataba con toda su fuerza de impedir
la masturbación. Y como consecuencia tenía poluciones nocturnas. Esto hizo
nacer un miedo en él de no poder controlar su pene y de que estaba poseído por
el diablo. También pensó que era debido a esto que podía hacer cambiar el
tamaño de su pene y volverlo más grande o más chico, y atribuía todos los
cambios que éste sufría en relación con su desarrollo a la misma causa.
Este miedo había contribuido
enormemente a su aversión por su propio pene y a su sentimiento de que era
inferior en el sentido de ser anal, "malo" y destructivo. Surgió en
conexión con esto un impedimento importante también para su adopción de una
posición heterosexual. Desde que debía suponer que el pene "malo" de
su padre estaría siempre presente mientras él realizara el coito con su madre y
lo forzaría a cometer malas acciones, se veía obligado a apartarse de las
mujeres. Se hizo evidente ahora que el énfasis excesivo que había puesto sobre
su pene como representante de lo consciente y de lo que era visible y su
múltiple represión y negación de la existencia del interior de su cuerpo había
fracasado también en este punto. Tan pronto como este conjunto de miedos fueron
analizados, la capacidad de trabajo de B. aumentó aun más y su posición
heterosexual se vio fortificada.
En este punto de su análisis mi
paciente tuvo que dejar de venir por algún tiempo porque se vio obligado a
volver a América para arreglar sus asuntos, pero tenía la intención de volver
para prolongar el tratamiento. Hasta este punto su análisis había ocupado 380
horas y había durado unos 2 años. Los resultados hasta ese momento fueron de
que sus profundas depresiones y su inhibición en el trabajo habían sido casi
completamente curadas y sus síntomas obsesivos y su ansiedad, tanto del tipo
paranoide como hipocondríaco, habían disminuido considerablemente. Estos
resultados justifican que creamos que un período de tratamiento posterior le
hubiera permitido establecer completamente una posición heterosexual. Pero para
realizar esto se hace claro, por el análisis ya efectuado, que su miedo a la
imago no real de su madre tendría que ser aun más disminuida, de modo que sus
objetos reales e imaginarios, tan ampliamente separados en su mente, pudieran
unirse aun más, y su creciente creencia en su buena" madre restaurada y en
su posesión de un "buen" pene, que hasta ahora en su mayor parte ha
sido dirigido hacia su madre internalizada, y ayudado a curar su inhibición en
el trabajo, pudieran tener un efecto completo sobre sus relaciones con las
mujeres como objeto sexual. Además su miedo al pene "malo" de su
padre tendría que ser aun más disminuido para fortificar su identificación con
su padre "bueno".
En el caso que analizamos se verá que
los factores sobre cuya fuerte actuación depende el cambio completo del
paciente de la homosexualidad a la heterosexualidad, son los mismos factores
que aquellos cuya presencia ha sido mencionada en la primera parte de este
capítulo como condición necesaria para el firme establecimiento de una posición
heterosexual. Al reconstruir o investigar el desarrollo del hombre normal,
señalé que la base del mismo era la supremacía de la buena imago de la madre,
que ayuda al niño a vencer su sadismo y que actúa contra todas sus diversas
ansiedades. Como en el caso de sus miedos, en éste, el deseo del niño de
restaurar el cuerpo de la madre y el suyo propio actúan entre sí, siendo la
realización del uno esencial para la realización del otro. En el estadío
genital son una precondición para el logro de su potencia sexual. Una creencia
adecuada en los "buenos" contenidos de su cuerpo, que se oponen y
neutralizan a los "malos" contenidos y los excrementos, parece ser
necesaria para que su pene, como representante de su cuerpo en un todo,
produzca un semen "bueno" y benéfico. Esta creencia, que coincide con
la creencia en su capacidad para amar, depende de que tenga una creencia
suficiente en sus imagos "buenas", especialmente en su madre
"buena" y en el cuerpo intacto y benéfico de ella.
Cuando ha logrado el nivel genital
completo, el hombre vuelve durante la copulación a su fuente originaria de
gratificación, a su madre bondadosa, que ahora le proporciona a él también
placer genital, y, en parte como un regalo de agradecimiento, en parte como una
reparación por todos los ataques que él ha efectuado sobre ella desde la época
en que dañó sus pechos, le da a ella su semen "benéfico", la dotará
de niños, restaurará su cuerpo y también le proporcionará gratificación oral.
La ansiedad y sentimiento de culpa, que
están todavía presentes en él, han aumentado y se han profundizado y han dado
forma a sus impulsos libidinales primarios que tenía ya cuando era un niño de
pecho, proporcionando a su actitud hacia su objeto toda esa riqueza y amplitud
del sentimiento que llamamos amor.
APENDICE
ALCANCES
Y LIMITES DEL ANALISIS DEL NIÑO
En lo que respecta al adulto, la
función del psicoanálisis es clara. Es corregir la dirección infructuosa que ha
tomado su desarrollo psicológico. Para lograr esto se debe llegar a armonizar
su ello con los requerimientos de su superyó. M efectuar un ajuste de esta
naturaleza se pondrá también a su yo, ahora fortalecido, en posición de
satisfacer también los requerimientos de la realidad.
Pero en cuanto a los niños, ¿cómo
afecta el análisis una vida que está aún en proceso de desarrollo? En primer
lugar, el análisis resuelve las fijaciones sádicas del niño disminuyendo así la
severidad de su superyó, disminuyendo al mismo tiempo su ansiedad y la presión
de sus deseos instintivos; y, a medida que tanto su vida sexual como su superyó
logran un estadío más elevado de desarrollo, su yo se expande y puede
reconciliar los requerimientos de su superyó con los de la realidad, de modo
que sus nuevas sublimaciones están más sólidamente fundadas y las antiguas
pierden su carácter espasmódico y obsesivo.
En la pubertad la separación del niño
de sus objetos, que debe realizarse junto con el aumento de sus standards internos, puede sólo
efectuarse si su ansiedad y sentimiento de culpa no sobrepasan ciertos límites.
De otra manera su conducta tendrá el carácter de huida más que de verdadera
separación, o no podrá alejarse y permanecerá fijado siempre a sus objetos originarios.
Para que el desarrollo del niño sea
satisfactorio, la severidad de su superyó debe ser mitigada. Por mucho que se
diferencien los standards propios de
cada edad, el logro de ellos dependerá, en cada caso, de la misma condición
fundamental, es decir, de un ajuste entre el superyó y el ello y el consecuente
establecimiento de un yo adecuadamente fuerte. El análisis, al ayudar a
efectuar un ajuste de esta naturaleza, acompaña y auxilia la línea natural de
crecimiento del niño en todos los estadíos de su desarrollo. Al mismo tiempo
regula sus actividades sexuales. Disminuyendo su ansiedad y sentimientos de
culpa, limita aquellas actividades en cuanto son compulsivas, y las reactiva
cuando han dado lugar a un miedo o fobia a tocar. Al afectar así en conjunto
los factores que forman la base de un desarrollo inadecuado, el análisis
también permite al niño desarrollar libremente los comienzos de su vida sexual
y de su personalidad futura.
En estas páginas he tratado de
demostrar que cuanto más profundamente penetra el análisis en los estratos
subyacentes de la mente, más aliviada estará la presión del superyó. Pero
debemos preguntarnos si no es posible que un procedimiento analítico en profundidad
de esta naturaleza pueda disminuir en gran parte la función del superyó o aun
abolirla del todo. Hemos visto que la libido, el superyó y la relación de
objeto actúan juntos en su desarrollo, y que los impulsos libidinales y
destructivos, además de estar fundidos unos con otros, ejercen una acción
reciproca el uno hacia el otro; y también hemos visto que cuando surge la
ansiedad como resultado del sadismo las exigencias de aquellos dos grupos de
impulsos aumentan[464].
Así, la ansiedad que surge de las primeras situaciones de peligro no sólo
ejerce una gran influencia sobre los puntos de fijación libidinal y las
experiencias sexuales del niño, sino que está realmente ligada a ellas y se
convierte en un elemento de aquellas fijaciones libidinales.
La
experiencia psicoanalítica ha demostrado que aun un tratamiento completo sólo
disminuye la fuerza de los puntos de fijación pregenitales del niño y su
sadismo, pero nunca los suprime del todo. sólo una parte de su libido
pregenital puede ser convertida en libido genital. Este hecho también es
verdadero, en mi opinión, en lo que respecta al superyó. La ansiedad que el
niño tiene como resultado de sus impulsos destructivos, y que responde tanto en
cantidad como en calidad a sus fantasías sádicas, se une a su miedo a objetos
internalizados peligrosos[465] y
lo lleva a situaciones de ansiedad definidas; estas situaciones de ansiedad
están ligadas a sus impulsos pregenitales, y como he tratado de demostrar,
nunca puede deshacerse de ellas totalmente. El análisis sólo puede debilitar su
poder en la medida en que reduce la ansiedad y el sadismo del niño. De aquí se
sigue que el superyó que pertenece a los primeros estadíos del niño nunca puede
abandonar sus funciones completamente. Todo lo que el análisis puede hacer es
relajar las fijaciones pregenitales y disminuir la ansiedad y auxiliar así al
superyó a avanzar desde un estadío pregenital a uno genital. Cada avance hecho
en la reducción de la severidad del superyó significa que los impulsos
libidinales han ganado poder en relación con los destructivos y que la libido
ha llegado al estadío genital en una medida mejor. Quisiera,. por un momento,
considerar los factores que producen las enfermedades psiconeuróticas. No
discutiré aquellos casos, muy numerosos, en los cuales la enfermedad se remonta
a la primera infancia del individuo, cambiando a veces sus características en
el curso de su vida y a veces conservando su carácter originario, sino que me
limitaré a aquellos casos en los cuales el comienzo de la enfermedad data,
aparentemente, de un momento particular de su vida.
El análisis demuestra que la enfermedad
estaba ya allí en forma latente pero que, como resultado de ciertos
acontecimientos entró en un periodo agudo que la convirtió en una enfermedad
desde el punto de vista práctico. Uno de los modos en los cuales esto puede
suceder es que el individuo pueda enfrentarse en su vida con acontecimientos
que confirmen sus situaciones de ansiedad temprana, predominantes en tal forma,
que la cantidad de ansiedad presente en él aumente en un grado tal que su yo no
puede tolerar y se haga manifiesta en forma de enfermedad. También puede
ocurrir que acontecimientos externos de naturaleza desfavorable adquieran un
significado patológico para él, produciéndole perturbaciones en el proceso del
dominio de la ansiedad, con el resultado de que su yo es expuesto sin ayuda a
la presión excesiva de ansiedad. De este modo, haciendo vacilar su creencia en
sus imagos bondadosas y en sus propias capacidades constructivas,
obstaculizando así sus medios para dominar la ansiedad, hace que alguna desilusión,
aunque pequeña en sí misma, pueda provocar en él la enfermedad, del mismo modo
que un acontecimiento real que confirme sus primeros miedos y aumente su
ansiedad. Estos dos factores van paralelos en cierto sentido y cualquier
acontecimiento que actúe de este modo es capaz de provocar una enfermedad
mental[466].
Vemos
entonces que las primeras situaciones de ansiedad del niño son la base de todas
las afecciones psiconeuróticas. Y desde que, como sabemos, el análisis no puede
nunca detener del todo la operación de aquellas situaciones, ya sea en el
tratamiento de adultos como en el de niños, no puede nunca efectuar una cura
completa ni excluir enteramente la posibilidad de que el individuo sucumba a
una enfermedad mental en alguna época futura. Pero lo que puede hacer es lograr
una cura relativa y disminuir así, en gran parte, las posibilidades de una
enfermedad futura. Y esto es de gran importancia práctica. Cuanto más pueda
hacer el análisis en el sentido de disminuir la fuerza de las situaciones de
ansiedad tempranas en el niño y de fortificar su yo y los métodos empleados por
su yo en el dominio de la ansiedad, más éxito tendrá como medida profiláctica.
Otra limitación a la cual está sujeta
el psicoanálisis surge de las variaciones individuales que existen aun en los
niños muy pequeños en cuanto al ajuste mental del individuo.
La extensión de esta capacidad para
resolver la ansiedad dependerá mucho de la cantidad de ansiedad presente, de
las situaciones de ansiedad que predominen y de cuáles sean los principales
mecanismos defensivos que el yo haya desarrollado en los primeros estadíos de
su evolución. En otras palabras, dependerá de lo que fue la estructura de su
perturbación mental en la infancia[467].
En
casos bastante graves he encontrado que es necesario realizar el análisis por
un largo tiempo -para niños entre 5 y 13 años, entre 18 y 36 meses de trabajo[468], y
para adultos aun más- antes de que la ansiedad haya sido modificada
suficientemente tanto en calidad como en cantidad para que me sienta
justificada para dar fin al tratamiento. Por otra parte, la desventaja de un
tratamiento de tal longitud se halla compensada por los resultados permanentes
y satisfactorios que puede lograr un análisis profundo. En muchos casos es
suficiente un tiempo menor, no más de 8 a 10 meses de trabajo, para obtener
resultados completamente satisfactorios[469].
Varias
veces hemos llamado la atención sobre las posibilidades ofrecidas por el
análisis de niños. El análisis puede hacer por los niños, ya sean normales o
neuróticos, todo lo que puede hacer por los adultos y mucho más. Puede librar
al niño de mucho dolor continuo y de experiencias penosas por las que atraviesa
el adulto antes de ser analizado, y sus perspectivas terapéuticas son mucho
mayores. La experiencia de los últimos años nos ha proporcionado, tanto a mi
como a otros analistas de niños, buenos fundamentos para creer que la psicosis
y los rasgos psicóticos, las malformaciones de carácter, la conducta asocial[470],
neurosis obsesivas graves e inhibiciones de desarrollo pueden ser curadas
mientras el individuo es todavía joven. Cuando ya es adulto, estas condiciones,
como sabemos, son inaccesibles o sólo accesibles en parte al tratamiento
psicoanalítico. El curso que tomará una enfermedad en los años futuros a menudo
no puede predecirse en la infancia. Es imposible saber con certeza si se
transformará en una psicosis, en una conducta criminal, en una malformación del
carácter, o en una inhibición grave. Pero un análisis exitoso de niños
anormales evitará todas estas posibilidades. Si todo niño que presente
perturbaciones graves fuera analizado a su debido tiempo, un gran número de
aquellas personas que más tarde terminan en prisiones, en sanatorios de
enfermedades mentales o que llegan a desmoralizarse totalmente podrían salvarse
de tal destino y desarrollar una vida normal. Si el análisis de niños puede
realizar un trabajo de esta naturaleza, y hay evidencias para suponerlo, seria
el medio no sólo de ayudar al individuo, sino también de realizar un servicio
incalculable a la sociedad.
[1] Este prefacio, escrito para la tercera edición inglesa, no se
publicó en alemán.
[2] “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”, O. C. 10.
[3] “On the Technique of Child
Analysis” (1921).
[4] "A diferencia del
adulto, el niño no está preparado para producir una nueva edición, por así
decirlo, de sus relaciones de amor, porque, continuando la metáfora, la edición
original no ha sido agotada. Sus objetos primeros, sus padres, son todavía sus
objetos de amor en la vida real y no meramente en la imaginación, como en los
adultos neuróticos". Y además, "un niño no necesita cambiarlo"
(al analista) "por sus padres, porque el analista no le ofrece todas las
ventajas (en comparación con sus objetos originales) que recibe el paciente
adulto, que cambia objetos de su fantasía por una persona real"
(Psicoanálisis del niño, 1927).
[5] Las razones que aduce son: "La debilidad del superyó del
niño, la dependencia para sus necesidades y por consiguiente para sus neurosis
del mundo externo, su incapacidad para controlar los instintos que han sido
liberados dentro de él y, en consecuencia, la necesidad de que el analista le
tenga bajo su guía educativa". Además: "En los niños, las tendencias
negativas dirigidas contra el analista, reveladoras como son a menudo en muchos
sentidos, son esencialmente inconvenientes y debemos reducirlas y debilitarlas
tan pronto como sea posible. Es en su relación positiva con el analista que se
realizará siempre la labor realmente valiosa''.
[6] Este capítulo es una versión ampliada de mi trabajo
"Principios psicológicos del análisis infantil" (1926).
[7] Rita había compartido el dormitorio de sus padres hasta que tuvo
cerca de dos años. En su análisis demostró las consecuencias de haber
presenciado la escena primaria. Cuando tenía dos años nació su hermano, y este
acontecimiento desencadenó su neurosis. Su análisis duró 83 sesiones y fue
interrumpido porque sus padres se fueron al extranjero. En todos los puntos
importantes dio por resultado una mejoría bastante considerable. La ansiedad de
la niña disminuyó y sus ceremoniales obsesivos desaparecieron. Sus síntomas
depresivos, junto con su incapacidad para tolerar frustraciones, se moderaron
en gran parte. Al mismo tiempo, a medida que el análisis disminuía su
ambivalencia hacia la madre y mejoraba sus relaciones con el padre y el
hermano, disminuía las dificultades de su crianza a un nivel normal. Pude
convencerme personalmente de la naturaleza duradera de los resultados de su
análisis algunos años después de su terminación. Encontré entonces que había
entrado en el período de latencia de un modo satisfactorio y que su desarrollo
intelectual y caracterológico eran buenos. Sin embargo, cuando la vi de nuevo
tuve la impresión de que hubiera sido conveniente haber continuado su análisis
algo más. Todo su carácter y naturaleza demostraba sin lugar a dudas rasgos de
una disposición obsesiva. Debe notarse sin embargo que la madre sufría de una
neurosis obsesiva grave y que había tenido una relación ambivalente hacia la
niña desde el principio. Un resultado del análisis de Rita fue que la actitud
de la madre hacia ella había mejorado enormemente, pero aún seguía siendo una
desventaja grave en el desarrollo de la niña. No hay duda de que si su análisis
hubiera sido llevado a cabo hasta el final y sus rasgos obsesivos se hubieran
despejado aun más, hubiera gozado de mayor inmunidad en el medio neurótico en
que vivía. Siete años después de haber terminado el tratamiento tuve noticias
de ella por la madre, que me dijo que se desarrollaba satisfactoriamente
[8] En el cap. 8 me extenderé más sobre las razones por las que digo
que en estas emociones ya se expresa el conflicto de Edipo o los primeros
estadíos del mismo.
[9] Aquí, como en los otros casos, la edad corresponde al comienzo del
análisis.
[10] Su hermana nació cuando ella tenía dos años.
[11] En el trabajo sobre el cual se basa este capítulo ("Principios psicológicos del análisis infantil",
1926) ya he expresado mi opinión de que los impulsos de odio y agresión son la
causa más profunda y el fundamento del sentimiento de culpa; y desde entonces
he aportado nuevas evidencias que apoyan esta opinión en otros trabajos. En mi
artículo leído "La importancia de la formación
de símbolos en la formación del yo", en el Congreso de Oxford
en 1929, pude dar una formulación más amplía de esto. Dije: "En los
primeros estadíos la defensa se dirige contra los impulsos destructivos que lo
acompañan; solamente en los estadíos posteriores del conflicto de Edipo la
defensa contra los impulsos libidinales hace su aparición". Esta
declaración está de acuerdo con algunos puntos, creo, de las conclusiones a las
que ha llegado Freud en su último libro, El
malestar en la cultura, en el cual dice: "Entonces, después de todo,
es únicamente la agresión la que se cambia en culpa al ser suprimida y pasada
al superyó. Estoy convencido de que muchísimos procesos admitirán una
explicación más simple y más clara si restringimos los hallazgos del
psicoanálisis en lo que respecta al origen del sentimiento de culpa a los
instintos agresivos'', y más adelante: "Nos sentimos inclinados a sugerir
la siguiente formulación: cuando una tendencia instintiva sufre represión, sus
elementos libidinales se transforman en síntomas, y sus componentes agresivos,
en sentimiento de culpa''.
[12] Una cierta disposición quejumbrosa y tendencia a caerse y
lastimarse, cosas tan comunes especialmente en niños pequeños, son, de acuerdo
a mi experiencia, consecuencia del sentimiento de culpa.
[13] El complejo de castración de Rita se manifestó en una serie
completa de síntomas y también en su desarrollo caracterológico. Su juego
también demostró claramente la fuerza de su identificación con su padre y su
miedo -surgido de su complejo de castración- de fracasar en el papel masculino.
[14] En opinión del autor, las primeras identificaciones del niño deben
ser llamadas ya superyó. Las razones de este punto de vista serán dadas en el
capítulo 8.
[15] La razón por la cual, en la opinión del autor, el análisis
temprano ofrece uno de los campos más fructíferos para la terapia
psicoanalítica es precisamente la de que el niño tiene la capacidad de
representar su inconsciente en forma directa y experimentar así, no sólo una
abreacción emocional de mayores alcances sino realmente vivir la situación
original en su análisis, de modo que con ayuda de la interpretación sus
fijaciones pueden hallar solución en forma considerable.
[16] Trabajo no publicado.
[17] Una relación más detallada del caso de Erna será dada en el
capítulo 3.
[18] El sueño era un sueño de castigo. Se probó que estaba basado en
los deseos de muerte derivados de su frustración oral y de su situación edípica
y dirigidos contra su hermana y madre, juntamente con el sentimiento de culpa
resultante de estos deseos. Mi análisis de los sueños de niños muy pequeños me
ha demostrado que en ellos no menos que en el juego están siempre presentes no
solamente deseos sino también contra-tendencias provenientes del superyó, y que
aun en el más simple sueño de deseo el sentimiento de culpabilidad opera en
forma latente.
[19] A diferencia del paciente adulto, el niño no puede, después de su
mejoría, alterar las circunstancias de su vida. Pero el análisis lo ayudará
mucho si lo ha capacitado a adaptarse y a sentir más alegría en su ambiente
actual. Además, la desaparición de su propia neurosis a menudo tiene el efecto
de mejorar la conducta de su ambiente. Mi experiencia ha sido de que la madre
reaccionará en forma mucho menos neurótica en cuanto el análisis efectúe
cambios favorables en el niño.
[20] Esta observación de que cuando la severidad del superyó se mitiga,
los niños desarrollan el sentido del humor, pienso que está en completo acuerdo
con la teoría de Freud sobre la naturaleza del humor, el cual es efecto, según
él, de un superyó cordial. Al terminar su ensayo sobre "El humor",
dice: "Finalmente, si el superyó intenta verdaderamente fortificar el yo
con el humor y protegerlo del sufrimiento, éste no entrará en conflicto con su
derivación de la institución parental".
[21] Si hacemos esto tendremos éxito al convertir el lenguaje -en la
medida en que el niño posea esta facultad- en instrumento de su análisis. Aun
en los niños muy pequeños la razón por la cual tenemos que operar sin
asociaciones verbales durante largos períodos de su análisis no es solamente
porque ellos no pueden hablar con soltura, sino también porque la aguda
ansiedad que sufren sólo les permite emplear una forma menos directa de
representación. Puesto que el modo de representación primario y arcaico por medio
de los juguetes y de la acción es un medio esencial de expresión en los niños,
no podemos ciertamente realizar un análisis completo de niños por medio del
lenguaje únicamente. Sin embargo, pienso que ningún análisis de niño,
cualquiera sea su edad, puede darse por realmente terminado hasta que el niño
no haya empleado en el análisis su más amplia capacidad de hablar. Pues el
lenguaje constituye uno de los puntos de contacto entre el individuo y el mundo
exterior.
[22] Tengo que agregar que al terminar su análisis, que duró 278
sesiones, las dificultades habían desaparecido y había una gran mejoría en el
conjunto de su carácter y disposición. Había perdido no solamente sus mórbidos
temores, sino también su timidez general y se había vuelto un niño feliz y
vivaz. Había vencido su inhibición en el juego y había comenzado a estar bien
en la compañía de otros niños, especialmente con su hermano pequeño. Desde
entonces su desarrollo ha sido excelente. De acuerdo con los últimos informes
sobre él, seis años después de la terminación de su análisis, iba muy bien en
la escuela, estaba lleno de interés por las cosas, aprendía bien y jugaba bien
Era fácil de manejar y capaz de satisfacer todos los requisitos sociales de su
edad. Además es meritorio anotar que tanto durante su análisis como los
primeros años que siguieron a éste, tuvo que soportar fuertes tensiones, nada
naturales, con respecto a variados trastornos de su vida familiar.
[23] Siempre averiguo de antemano por la madre del niño que palabras
especiales usa el niño para los genitales, defecación, etc., y las adopto en la
conversación con él. Con todo, por razones de claridad, no reproduzco estas
palabras en mis relatos de los casos.
[24] En el capítulo 1 he dado las razones que apoyan mí opinión de que
con los niños, igual que con los adultos, la situación analítica puede ser
solamente establecida y mantenida en tanto que se conserve una actitud
puramente analítica hacia el paciente. Pero en el comportamiento con niños
ciertas modificaciones de este principio se hacen necesarias, sin apartarse con
todo de lo esencial. Por ejemplo, si un paciente muy pequeño quiere ir al baño,
y todavía no acostumbra a ir solo en su casa, mi práctica es acompañarlo. Pero
hago lo menos posible por él y espero detrás de la puerta hasta que haya
terminado, teniendo cuidado, como en todas las otras ocasiones, de mantener la
actitud de amistosa reserva que parece necesaria para establecer y mantener la
situación analítica tanto en los análisis de niños como en los de adultos.
También es esencial someter a interpretación analítica esta satisfacción
producida en el paciente por el mismo análisis y los profundos motivos que
yacen en el deseo de tal gratificación y tener en cuenta las asociaciones o
juegos que inmediatamente la preceden o siguen. En el caso de Pedro, por
ejemplo, después de haber orinado y dicho: "Estoy haciendo número uno: yo
tengo un thingummy", continuó jugando el juego con el niño en el baño. Por
instructiva que fuera esta observación, los detalles del juego que siguió eran
aun de mayor interés. Estos consistieron en que el sustituto del padre (el
perro) no tenía que ver al niño en el baño, pero la mujer tenía que verlo; y
por ello pude comprender las causas del deseo de orinar de Pedro anteriormente
y su deseo de que yo estuviera presente mientras lo hacía. De la misma manera
siempre analizo a fondo las razones por las que un niño me asigna tal o cual
papel en sus juegos de ficción o requiere esta o aquella pequeña ayuda para él
o sus muñecas o animales. Hasta que punto podemos establecer la situación
analítica tratándose de niños puede verse, por ejemplo, en cl hecho de que es
la excepción aun para niños mas pequeños realizar acciones de exhibicionismo en
la realidad y en que aun durante períodos de mayor transferencia positiva muy
rara vez sucede que un niño se trepe a mí falda o me bese y abrace. La
incontinencia es también un acontecimiento raro en la hora analítica, aun con
niños muy pequeños.
[25] Véase el capítulo 1.
[26] Ibíd.
[27] El complejo de castración excepcionalmente fuerte de Trude jugó
una parte visible y dominante durante algún tiempo en el cuadro de su análisis.
Por debajo de este complejo, el análisis trajo a luz otra ansiedad que resultó
ser más fundamental: la de ser atacada por su madre, robado el contenido de su
cuerpo y sus niños y ser gravemente dañada en su interior. (Véase el capítulo
1.)
[28] Tengo que advertir que esta interpretación -como todas las
interpretaciones de los deseos de muerte en los análisis de niños- provocó
resistencias muy violentas en Pedro. Pero la confirmó en la sesión siguiente
cuando preguntó repentinamente "¿Y si yo fuera un papá y alguien quisiera
derribarme de la cama y hacerme morir y eliminarme, qué pensaría yo?".
[29] Había seleccionado dos lápices largos entre una colección de
varios tamaños, expresando así una vez más el hecho, ya dilucidado por sus
asociaciones el día antes, de que los dos culpables -los cerditos- eran no
solamente él y su hermano sino también sus padres, y que en su masturbación
recíproca estaba identificado con ellos.
[30] Véase el capítulo 1.
[31] Ibíd.
[32] En realidad su hermanastra. Tenía alrededor de veinte años más que
Ruth, y era una muchacha inteligente que había sido analizada. Tuve también
otro caso en que me vi obligada a admitir la presencia de una tercera persona.
En ambos casos el arreglo se llevó a cabo en circunstancias excepcionalmente
favorables, pero tengo que decir que por muchas razones nunca recomendaría tal
procedimiento excepto como último recurso.
[33] En este análisis, el deseo del niño de robar el cuerpo de la madre
y los consiguientes sentimientos de ansiedad y culpa dominaban el cuadro desde
el principio. La aparición de la neurosis, además, fue consecutiva al embarazo
de la madre y nacimiento de la hermana menor.
[34] Como ha sido dicho, la interpretación tiene el efecto de cambiar
el carácter de los juegos del niño y permitir que la representación del
material se torne más clara.
[35] En los casos especialmente difíciles uso este recurso técnico para
comenzar el análisis. He observado que cuando los niños manifiestan su ansiedad
latente mostrándose enteramente inaccesibles, a menudo ayuda si pronuncio una
palabra estimulante, podemos decir, comenzando a jugar yo misma. Empleo este
método en los más estrechos limites. Por ejemplo, dispongo algunos asientos de
cubos y coloco algunas pequeñas figuras cerca de ellos. Algunos niños llaman a
esto una escuela y continúan el juego con esta base; otros ven en ellos un
teatro y hacen actuar a las figuras de acuerdo con esto, y así siguen.
[36] Véase el capítulo 1.
[37] En su artículo "The Genesis of Agoraphobia" (1928)
Helene Deutsch puntualiza que el temor de la muerte de la madre, basada en
diversos deseos hostiles en contra de ella, es una de las formas más comunes de
la neurosis infantil y está íntimamente conectada con el temor de ser separada
de ella y tener nostalgia.
[38] El tratamiento de Ruth no llegó a concluirse porque su familia
tenía que volver a su casa en el extranjero. Su neurosis, por consiguiente no
desapareció del todo Pero en las 190 sesiones pude efectuar las siguientes
mejorías, que cuando tuve noticias de ella, dos años después de la terminación
de su análisis, se mantenían: su ansiedad había disminuido grandemente, y
también, más particularmente las diversas formas de timidez que sufría. Como
resultado de ello, se relacionaba mejor con los otros niños y adultos, y era
capaz de adaptarse completamente a las exigencias de su casa y de la vida
escolar. Su fijación hacia la madre disminuyó y su actitud hacia el padre
mejoró. Hubo también un decisivo mejoramiento en sus relaciones con el hermano
y hermanas. Su desarrollo total, especialmente con respecto a la educabilidad
adaptación social y capacidad de sublimación, ha sido desde entonces
verdaderamente favorable.
[39] Véase el capítulo 1.
[40] La neurosis de Trude se mostraba en terrores nocturnos graves,
ansiedad durante el día cuando se la dejaba sola, en mojar la cama, en una
general timidez, en una exagerada fijación en la madre y disgusto hacia el
padre, grandes celos hacía sus hermanos y en variadas dificultades en su
crianza. Su análisis, que comprendió 82 sesiones, dio por resultado que ya no
mojara la cama, y disminuyó mucho su ansiedad y timidez en varios aspectos,
mejoró sus relaciones con los padres, hermanos y hermanas. Había sufrido
también de resfríos que el análisis probó eran de origen psicógeno en gran
parte, y éstos también disminuyeron en frecuencia y gravedad. A pesar de esta
mejoría, su neurosis no estaba completamente resuelta cuando, por razones
externas, el análisis tuvo que terminar.
[41] En su "Fragmento de análisis de un caso de histeria" (O.
C. 7), dice Freud: ''Es posible para un hombre hablar con niñas y mujeres sobre
temas sexuales de cualquier naturaleza sin ofenderlas ni hacer caer sospechas
sobre él siempre que, en primer lugar, adopte una manera particular de hacerlo
y, en segundo lugar, las haga sentir convencidas de que es inevitable... La
mejor manera de hablar de tales cosas es ser seco y directo; y éste es al mismo
tiempo el método más alejado del prurito con que los mismos temas son tratados
en 'sociedad'... J'appelle un chat un chat". Esta actitud es, mutatis mutandis, la que adopto en el
análisis de niños. Les hablo de temas sexuales con las palabras más simples que
se adaptan a su manera de pensar.
Debe
recordarse también que los niños, en su mayor parte, todavía están bajo el
dominio del inconsciente, cuyo lenguaje, como muestran los sueños y el juego,
es presentacional y pictórico. Como tuve ocasión de serlo más de una vez, los
niños tienen hacía las palabras una actitud muy diferente de la de los adultos.
Las evalúan ante todo de acuerdo con sus cualidades pictóricas, con los cuadros
o fantasías que evocan. Sí queremos ganar acceso al inconsciente del niño en el
análisis (cosa que, por supuesto, tenemos que hacer por vía del yo y a través
del lenguaje), tendremos éxito solamente sí evitamos circunloquios y usamos
palabras sencillas.
[42] Véase el caso de Ruth. Fue jugando con el lavatorio como puso en
evidencia más completamente la insatisfacción de sus deseos orales.
[43] Estos juegos con agua tienen una interesante contraparte en los
juegos con fuego. Muy a menudo el niño juega primero con el agua y después
quema papel y fósforos, o viceversa. La conexión entre mojar y quemar aparece
claramente en tal comportamiento, así como la gran importancia del sadismo
uretral (véase el cap. 8).
[44] Este capítulo está basado en una conferencia que leí en Wurzburgo
en octubre de 1924, en el Primer Congreso de Psicoanalistas Alemanes.
[45] Compárese con su síntoma obsesivo de golpear la cabeza contra la
almohada. He aquí otro juego que muestra claramente que en el inconsciente de
Erna la cabeza tiene el significado del pene: un hombre de juguete quiere
entrar en un automóvil e introduce su cabeza en la ventana, por lo que el
automóvil le dice: "Mejor que entres en seguida". El coche
representaba a la madre invitando al padre a tener un coito con ella.
[46] Estas fantasías conciernen al pene en su aspecto "bueno"
y curativo. En los capítulos 11 y 12 trataremos este punto más ampliamente.
[47] Discutiremos luego la conexión entre las observaciones de Erna
sobre las relaciones sexuales de sus padres y su propia neurosis.
[48] "Kaki" = heces en
el lenguaje infantil, en Alemania.
[49] Una palabra inventada que se parece a la palabra alemana que
significa batir crema.
[50] En mi trabajo "Análisis
infantil" (1923b) he considerado en mayor detalle el
significado simbólico universal del teatro, representaciones, producciones
literarias, como representantes de relaciones entre los padres. También puedo
citar a Rank (1915).
* En el original alemán dice: Doktor Schanka o Schlanka, Schlagen,
Einschänken".
[51] Cuando, como en este caso, la furia del niño contra su objeto es
realmente excesiva, la situación fundamental es que el superyó se ha vuelto
contra el ello. El yo se escapa de esta situación intolerable por medio de una
proyección. Presenta al objeto como enemigo para que el ello lo pueda destruir
de un modo sádico con el consentimiento del superyó. Si el yo puede realizar
una alianza entre el superyó y el ello por este medio, puede por el momento
arrojar el sadismo de su superyó que estaba dirigido contra el ello dentro del
mundo externo. De este modo los impulsos sádicos primarios que están dirigidos
contra el objeto se hallan aumentados por el odio originariamente dirigido
contra el ello (comparar el cap. 8 y también mi trabajo ''La personificación en el juego de los niños",
1929).
[52] Como Erna no tenía ni hermanos ni hermanas en la vida real, su
miedo inconsciente y sus celos de ellos, que desempeñaban un papel tan
importante en su vida mental, fueron revelados v vividos durante el análisis.
Esto es, una vez más, un ejemplo de la importancia de la situación de
transferencia en el análisis de niños, (1929).
[53] En mi trabajo "Estadíos tempranos
del conflicto edípico" (1928) he señalado que los niños en sus
relaciones sexuales entre ellos, especialmente si son hermanos y hermanas,
tienen fantasías de estar asociados contra sus padres y a menudo experimentan
una disminución de su ansiedad y sentimientos de culpa por esta creencia. Para
mayores aclaraciones respecto a este punto, véase el cap. 12.
[54] Muchos niños hacen sólo una vuelta aparente a la realidad cuando
sus juegos son interrumpidos. En verdad, están todavía ocupados con sus
fantasías.
[55] Una mayor explicación de este tema puede leerse en la segunda
parte de este volumen.
[56] En ''Un breve estudio de la evolución de la libido, considerada a
la luz de los trastornos mentales"
(1924), Abraham dice: ''Tanto van Ophuijsen (en su trabajo 'On the
Origin of the Feeling of Persecution', 1920) como Stärcke (en su trabajo 'The
Reversal of the Libido in Delusions of Persecution' (1919) descubrieron durante
el curso de su practica psicoanalítica que en la paranoia puede hallarse la
primera huella del perseguidor, en la imagen inconsciente del paciente de heces
en sus intestinos, que él identifica con el pene del perseguidor, es decir, la
persona del mismo sexo que él ha amado en principio. Así, en la paranoia, el
paciente representa a su perseguidor por una parte de su cuerpo y cree que él
lo está llevando dentro de si. El quisiera desembarazarse de ese cuerpo
extraño, pero no puede".
[57] Según he encontrado en el curso de mi trabajo analítico, los
miedos del niño a excrementos venenosos y peligrosos aumentan su fijación en
niveles pregenitales, por ser un incentivo constante para convencerse así mismo
de que esos excrementos, tanto los suyos como los de sus objetos, no son cosas
peligrosas, sino buenas (comparar el cap. 8 de este volumen). Por esto es que
Erna fingía que nos dábamos una a la otra buenos regalos anales y que nos
amábamos. Pero los estados de depresión que seguían a estos juegos de amor
fingido, demostraban en el fondo que ella estaba aterrada y creía que nosotras
-es decir su madre y ella- nos
perseguíamos y envenenábamos la una a la otra.
[58] Algunas de las fuentes de la temprana ambición de Erna en este
sentido pueden inferirse de las fantasías en las que ella sobrepasaba a su
madre en limpieza y era llamada "Sra. Desfile de Suciedad" por su
padre, y se casaba con él por esta razón, mientras que la madre tenía que
morirse de hambre en una prisión.
[59] "La predisposición a la neurosis obsesiva" (O. C., 12)
[60] Después he llegado al punto de vista, que más adelante, en el cap.
8, justificaré con mayor amplitud, de que un sadismo oral excesivo conduce a un
desarrollo del yo demasiado rápido y también precipita el de la libido. Los
factores constitucionales de la neurosis de Erna a los que nos hemos referido
anteriormente, su exagerado sadismo, el desarrollo demasiado rápido de su yo y
la actividad prematura de sus impulsos genitales se hallan así interconectados.
Desde que he tratado este caso he podido descubrir otro factor constitucional
en la producción de la neurosis. Consiste en una incapacidad relativa por parte
del yo para tolerar la ansiedad. En muchos casos -y el de Erna era uno de
ellos- el sadismo del niño muy tempranamente hace surgir un grado de ansiedad
que el yo no puede dominar adecuadamente. Debe decirse, en general, que la
capacidad del yo para dominar aun cantidades ordinarias de ansiedad varia con
el individuo, y este hecho es de importancia etiológica en las neurosis.
[61] Tenemos aquí una analogía interesante con el caso descripto por
Freud en "De la historia de una neurosis infantil" (O. C., 17).
Cuando
Erna tenía 5 años, es decir, 18 meses después de la última ocasión en la cual
había observado a sus padres copulando, estaba con ellos de visita en lo de la
abuela, y durante un corto tiempo, durante esta estada, compartió el dormitorio
de ellos, pero sin tener oportunidad de observar el coito. Sin embargo, una
mañana Erna asombró a su abuela diciéndole: "Mamita se acostó con papito y
se removieron juntos". El relato de la niña permaneció inexplicable hasta
que su análisis demostró que había conservado lo que había visto cuando tenía
dos años y medio, y aunque lo había olvidado, permaneció almacenado en su
mente. Cuando tenía tres años y medio estas impresiones se reavivaron, pero
fueron olvidadas una vez más. Finalmente, 18 meses más tarde, una situación
similar (dormir en la habitación de sus padres) había excitado en ella la
esperanza inconsciente de ver los mismos acontecimientos y había reavivado sus
primeras experiencias. En el caso de Erna, así como en el del "El hombre
de los Lobos", la escena primaría estaba completamente reprimida, pero
luego fue reactivada y traída por un momento a la conciencia.
[62] En Inhibición, síntoma y
angustia (O. C. 20), Freud sostiene que es la cantidad de ansiedad presente
la que determina la irrupción de la neurosis. En mi opinión, la ansiedad es
liberada por las tendencias destructivas (comparar con los capítulos 8 y 9), de
modo que la irrupción de la neurosis sería en realidad consecuencia de un
aumento excesivo de esas tendencias destructivas. En el caso de Erna fue su
odio exagerado, provocando ansiedad, el que la llevó a la enfermedad.
[63] El análisis también puso al descubierto, los fuertes rasgos
melancólicos que presentaba su enfermedad. En su análisis repetidamente
acostumbraba a quejarse de una extraña sensación que la embargaba a menudo. A
veces se preguntaba -ella decía así- sí era un animal o no. Esta sensación
resultó estar determinada por sus sentimientos de culpa a causa de sus impulsos
canibalísticos. El análisis demostró que su depresión, que ella acostumbraba a
expresar con las palabras: "Hay algo que no me gusta de la vida", era
un genuino taedium vitae y estaba acompañada de ideas
suicidas. Tenía sus raíces en sus sentimientos de ansiedad y culpa resultantes
de su introyección oral-sádica de sus objetos de amor.
[64] Véase Abraham: "Un breve estudio de la evolución de la
libido, considerada a la luz de los trastornos mentales". (1924b)
* En el original alemán: Rankern.
· En el original alemán: Bildhauern.
[65] La última vez que tuve noticias de ella, dos años y medio después
de finalizar el análisis, estas mejorías se habían conservado.
[66] En el cap. 5, en conexión con el análisis de Ilse, una niña en
edad púber consideraré con mayores detalles cuáles son los factores que
determinan una transición exitosa al período de latencia y cuáles los factores
que determinan mas tarde un pase satisfactorio a la pubertad.
[67] En el capítulo anterior he señalado que el análisis del niño así
como el del adulto, debe transcurrir en abstinencia; pero como el niño es
diferente del adulto hay que usar un criterio distinto. Por ej., el analista,
al tomar parte en los juegos y fantasías del niño, le proporciona una mayor
cantidad de gratificación que la que recibe el paciente adulto; pero esta
cantidad de gratificación es menor que lo que parece ser al principio. Porque
el juego es una forma de expresión natural en el niño de modo que la parte que
desempeña el analista no difiere en carácter de la atención con la cual sigue
las expresiones verbales de los pacientes adultos cuando describen sus
fantasías. Además debe recordarse que la gratificación que los niños obtienen
en su análisis es en su mayor parte imaginativa. Es verdad que Erna se masturbó
regularmente durante la hora analítica, durante un cierto período de tiempo
Pero ella era una excepción. No debemos olvidar que en su caso la masturbación
obsesiva estaba presente en tal forma que acostumbraba a masturbarse la mayor
parte del día, a veces aun en presencia de otras personas. Cuando su compulsión
hubo disminuido considerablemente, la situación analítica condujo a la cesación
de la masturbación durante las horas analíticas en favor de una simple
representación de las fantasías de masturbación involucradas.
[68] Con esto quiero significar que su excesiva masturbación y la
masturbación realizada en presencia de otras personas, que tenía sus raíces en
una compulsión, había cesado. No quiero decir que hubiera renunciado del todo a
masturbarse.
[69] Mientras Erna estuvo tan alejada de la realidad, pude solamente
analizar el material conectado con sus fantasías, pero estuve continuamente a
la espera de cualquier hilo conductor, por débil que fuese, que pudiera
conectar aquella fantasía con la realidad. De esta manera, y disminuyendo
constantemente su ansiedad, pude gradualmente fortalecer su relación con la
realidad. En el capítulo siguiente trataré de demostrar más claramente que en
el período de latencia el analista tiene que ocuparse muy a menudo, en su mayor
parte, con ese material de fantasía durante largos períodos de tiempo, antes de
poder ganar acceso a la vida real del niño y a los intereses del yo.
[70] Considero como de absoluta necesidad en el análisis de niños que
la habitación en que se realiza el tratamiento este amueblada en tal forma que
el niño pueda abreaccionar con absoluta libertad. Los perjuicios al moblaje,
pisos. etc., dentro de ciertos limites, deben permitirse.
[71] Las observaciones en niños, aun muy pequeños prueban que ellos han comprendido por
completo la naturaleza de la situación de transferencia y se dan cuenta de que
la disminución de los afectos en el análisis resulta de la interpretación de la
situación originaria y de los afectos correspondientes En tales casos por ejemplo Pedro acostumbraba a menudo a
distinguirme a mi "que era como su
mamita'', de su "mamita real''. Por ejemplo, cuando movía su autito
haciéndolo ir y venir me escupía y quería pegarme y me llamada "bestia
mala". Contradecía mi interpretación violentamente pero, poco a poco, se
calmaba y afectuosamente me preguntaba: "Así que cuando 'la cosa' de
papito penetro en mamita de esa manera yo quise decir ´¡bestia!´ a mi mamita real?''
[72] Véase mi trabajo "Estadíos
tempranos del conflicto edípico'' (1928).
[73] Véase el cap. 8
[74] En otros análisis también he encontrado que los ataques dirigidos
a mi nariz, pies, cabeza, etc., nunca se referían simplemente a aquellas partes
de mi cuerpo como tales; también estaban dirigidas contra ellas como
representaciones simbólicas del pene del padre ligadas o incorporadas por mí,
es decir, la madre.
[75] Véase también mi "Estadíos
tempranos del conflicto edípico."
[76] Loc. cit., donde se discute la conexión entre la inhibición del
sujeto en el trabajo y su identificación sádica con su madre.
[77] Sobre este punto véase también mi trabajo "El papel de la escuela en el desarrollo libidinal del
niño" (1923a).
[78] En su trabajo "Some Unconscious Factors in Reading"
(1930), James Strachey ha señalado este significado inconsciente de la lectura.
[79] El interés sexual sirve de
esta manera como medio de aproximación al material reprimido. Como resultado de
mis interpretaciones, Inge y Grete, por ejemplo, no quisieron saber más sobre
temas sexuales, pero produjeron material que abrió camino a su ansiedad y
sentimiento de culpa. Este efecto fue provocado por la supresión de un trozo de
represión. Inge, es verdad, era en parte consciente de su interés por el origen
de los niños, pero no de sus preocupaciones sobre diferencias de sexo ni de su
ansiedad sobre el asunto. Grete había reprimido ambos. El efecto que mis
interpretaciones tuvieron en ambas niñas fue debido al hecho de que yo les
demostré su interés por medio del material que me dieron y así establecí una
conexión entre su curiosidad sexual, la ansiedad latente y su sentimiento de
culpa.
Las explicaciones puramente
intelectuales no solamente fracasan en general como respuesta a las preguntas
que son de suma importancia para la mente del niño, sino que remueven material
reprimido sin liberarlo. Cuando esto sucede, el niño reacciona con aversión a
la explicación. En mi artículo "La resistencia del niño al análisis"
[que forma parte de "El desarrollo de un
niño", 1921], expuse el punto de vista de que los niños sólo
pueden aceptar esclarecimiento sexual en cuanto su propia ansiedad y conflictos
internos no se lo impidan, y por lo tanto su resistencia para tal
esclarecimiento debe ser considerada como un síntoma. Desde entonces esta
opinión parece haber sido generalmente aceptada. (Véanse "Über sexuelle
Aufklärung", Sonderheft der Zeitschrift fur psychoanalytische Pädagogik,
1927, y O. Fenichel "Some infantile Theories not Hitherto Descríbed",
1927). Siempre que una explicación intelectual alivia, por lo general ha tenido
éxito para resolver un trozo de represión en niveles superiores de la mente.
Las explicaciones francas en respuesta a las preguntas espontáneas sobre este
asunto son recibidas por el niño como una prueba de confianza y amor y ayudan a
aliviar su sentimiento de culpa trayendo las cuestiones sexuales a una
discusión abierta.
[80] Como he señalado en el cap. 2. esto es igualmente cierto para los
niños muy pequeños.
[81] El análisis de Inge, que ocupó 375 horas en total, era un
tratamiento profiláctico. Su principal dificultad era una inhibición con
respecto a la escuela que no parecía muy acentuada cuando me la trajeron por
primera vez, pero que en el curso de su análisis probó estar muy arraigada.
Inge era una niña activa y vivaz, con una buena adaptación social y de ninguna
manera anormal. Sin embargo, su análisis efectuó algunos cambios notables en
ella. Resultó que su vivacidad estaba fundada en una actitud homosexual activa,
y sus relaciones generalmente buenas con los muchachos se basaban en una
identificación con ellos. Además, el análisis primero puso en descubierto la
gravedad de las depresiones que tenía y demostró que detrás de su aparente
autoconfianza había un grave sentimiento de inferioridad y un miedo de fracasar
que eran responsables de sus dificultades en la vida escolar. Después de su
análisis, su naturaleza se hizo más libre, feliz y abierta, sus relaciones con
su madre fueron más afectuosas y francas y sus sublimaciones aumentaron en
número y estabilidad. Un cambio en su actitud sexual, como resultado del cual
sus componentes femeninas y las tendencias maternales pudieron presentarse en
primer plano, más ampliamente, auguraba un futuro de vida mucho mejor. En los
siete años que pasaron desde el final de su tratamiento se ha desarrollado
satisfactoriamente y ha entrado con éxito en la pubertad.
[82] En el cap. 9 se expone el punto de vista de que, en general, los
comienzos primeros y más fundamentales del deseo de saber aparecen en el primer
comienzo del desarrollo, antes de que el niño pueda hablar. Según mis
conocimientos, estas primeras preguntas (que permanecen enteramente o en parte
inconscientes) lugar en la misma época que las primeras teorías sexuales y el
aumento de sadismo, hacia la mitad del primer año de vida. Pertenecen al
período que en mi opinión da comienzo al conflicto de Edipo.
[83] Según Ernest Jones, el niño considera siempre las privaciones como
impuestas deliberadamente sobre él por las personas que lo rodean. (Véase "El desarrollo temprano de la sexualidad
femenina", 1927b y también la contribución de Joan Riviere a ''Symposium
on child Analysis'', 1928).
[84] El tratamiento de Kenneth ocupó 225 horas y no pudo prolongarse
debido a circunstancias externas. Su neurosis, aunque no eliminada en realidad,
había sido reducida. En lo concerniente a su vida práctica, los resultados
parciales obtenidos lo llevaron a la disminución de un cierto número de
dificultades: entre otras cosas pudo cumplir mejor con los requerimientos de su
vida escolar y de su educación en general.
[85] Para mayor información sobre este punto de vista véase mi articulo
"Estadíos tempranos del conflicto
edípico" (1928); también el cap. 8.
[86] En su "Homosexualität und Oedipuskomplex", 1926, Félix
Boehm ha señalado la idea de que el pene femenino oculto recibe su valor
patogénico porque se encuentra conectado en el inconsciente con la idea del
temido pene del padre escondido dentro de la madre.
[87] El caso de Werner presentaba los siguientes síntomas: ansiedad y
timidez, que se evidenciaba de diversas formas, pero especialmente como
ansiedad en la escuela y en dificultades grandes y crecientes para sus
lecciones; ceremoniales obsesivos que se hacían cada vez más elaborados y que a
veces le ocupaban horas, y un carácter gravemente neurótico que hacia su
educación extremadamente difícil. Su análisis, que comprendió 210 horas de
tratamiento, hizo desaparecer estas dificultades en gran parte. El desarrollo
general del niño en la actualidad (5 años después de finalizado el tratamiento)
es muy favorable. Los ceremoniales obsesivos han cesado, trabaja bien, le gusta
la escuela, se adapta a sus compañeros, tanto en su casa como en la escuela, y
tiene un buen ajuste social. Las relaciones con su ambiente inmediato o más
lejano son buenas. Sobre todo, y esto no sucedía antes, siente placer en
actividades varias y deportivas y se siente bien.
[88] El análisis posterior demostró que había sido un error retener la
interpretación del material durante tanto tiempo. En ningún análisis he visto
hasta ahora que tal regla de conducta de no interpretación tenga alguna
ventaja. En la mayoría de los casos en los que he puesto en práctica el plan,
he tenido que abandonarlo muy pronto porque se había desarrollado una aguda
ansiedad y se corría el peligro de que el análisis fuera interrumpido. En el
caso de Egon, donde la ansiedad estaba bajo tan poderosa represión, fue posible
continuar el experimento algo más.
[89] Daré más detalles de este caso en el Cap. 9
[90] Melitta Schmideberg ha expuesto un
aso similar en su artículo "A Contribution to the Psychology of
Persecutors Ideas and Delusions", 1931. El paciente era un muchacho de 16
años que apenas hablaba durante el análisis Aquí también la inhibición en el
lenguaje era causada por ideas de persecución y el muchacho no comenzó a
asociar libremente hasta que el análisis disminuyó su ansiedad paranoica.
[91] En general, también el resultado del análisis de Egon fue
completamente satisfactorio. Perdió la dureza de su rostro y de sus movimientos
Comenzó a sentir placer por los juegos y pasatiempos e intereses comunes a los
muchachos de su edad Sus relaciones con su familia y el mundo se hicieron
buenas, sintiéndose feliz y alegre. La ultima vez que tuve noticias suyas, 3
años y medio después de finalizar su análisis este saludable desarrollo había
continuado y no habla sido perturbado por ciertas dificultades graves a los que
había estado sujeto en ese tiempo.
[92] Inge, que como ya he dicho sufría una grave inhibición en la
escritura tenía un ardiente deseo de escribir "rápido y bien" como
los mayores. El compromiso entre este deseo y su inhibición eran
"garabatos", que representaban en su fantasía una caligrafía hermosa
y hábil. Su deseo de sobrepasar, si fuera posible, a los mayores en su
escritura y sus fuertes ambiciones y curiosidad, coexistentes con un profundo
sentimiento de que no sabia ni podía hacer nada, jugaban un gran papel en el
fracaso de su vida real.
[93] Véanse los análisis de Egon y Grete, en este capítulo.
[94] En ciertos casos en los que he analizado simultáneamente a la
madre y a su hijo, ha surgido que en el inconsciente de la madre había temor de
que le robaran sus hijos. La analista del niño representaba para ella una madre
severa que le exigía la restitución de los niños que le había robado y estaba
al mismo tiempo descubriendo y castigando los impulsos agresivos que en un
tiempo había albergado contra sus hermanos y hermanas.
[95] Véase el capítulo 2.
[96]Tomaré como ilustración el ejemplo de una madre que estaba
familiarizada con el análisis y que tenia gran fe en él como resultado del
progreso satisfactorio que estaba realizando su hija de 10 años, bajo
tratamiento por una neurosis grave. A pesar de esto, tuve dificultades para
disuadirla de que no revisara los deberes de su hija, aunque era claro para
ella que al hacerlo aumentaba las dificultades de la niña en sus lecciones.
Cuando por fin ella renunció a esto a mi pedido, descubrí por medio del análisis
de la niña que su madre trataba siempre de conseguir que le dijera cómo iba el
análisis. Una vez más, siguiendo mis pedidos, cesó de hacerlo, pero después
comenzó a decir a la niña que tenía círculos oscuros debajo de los ojos por la
mañana, una observación con la cual acompañó anteriormente su prohibición de la
masturbación. Cuando estos comentarios, que interferían con el análisis,
hubieron a su vez finalizado, la madre comenzó a prestar una atención exagerada
a las ropas de la niña y a comentar el hecho de que pasaba mucho tiempo en el
baño, y de este modo aumentaba la tendencia refractaria de la niña. En este
punto renuncié a influir a la madre sobre asuntos de esta naturaleza y acepté
su interferencia como parte del material analítico. Después de cierto tiempo,
durante el cual no formulé ninguna queja, las interferencias disminuyeron. En
este caso pude establecer el hecho de que todas ellas tienen el mismo
significado inconsciente para el niño: significan preguntas y reproches sobre
la masturbación. También tienen un origen análogo en la madre y fue probado por
el hecho de que su deseo consciente de detener los errores de educación que yo
había objetado, fueron ineficaces. Ciertamente parecía como si mi consejo sólo
hubiera aumentado sus dificultades en lo que concierne a su hija. Debo hacer
notar que he tenido experiencias similares en muchos otros casos.
[97] En el caso de un muchacho de 14 años, por ejemplo, cuya vida de
familia era extremadamente desgraciada y penosa y que me fue traído para
analizar por dificultades de carácter, supe que los progresos que logró
tuvieron un benéfico efecto sobre el carácter de su hermana, un año mayor, que
no había sido analizada, y que la actitud de su madre para con él también había
mejorado algo.
[98] En muchos análisis de muchachos en período prepuberal o a veces ya
en período de latencia, la mayor parte del tiempo está ocupado con historias o
cuentos sobre los pieles rojas, o historias de detectives, o con fantasías
sobre viajes, aventuras y luchas contadas en serie y a veces asociadas a
descripciones de inventos técnicos imaginarios, tales como clases especiales de
botes, máquinas, autos, inventos usados en la guerra, etcétera.
[99]Abraham, según me contó él mismo, realizó el análisis de un niño de
unos doce años, principalmente con lo que describió como "Lenguaje de
estampillas" en el cual los detalles de las esquinas rotas de una
estampilla proporcionaba un medio para aproximarse a su complejo de castración.
[100] Que el andar en bicicleta simbolice masturbación y coito ha sido
demostrado muchas veces. En mi articulo “Análisis
infantil“ (1923) me he referido al significado simbólico general de
las pelotas, pelotas de fútbol, bicicletas, como pene, y he discutido más
ampliamente las fantasías libidinales conectadas con diversos deportes como
consecuencia de estas ecuaciones simbólicas, de modo que tratando con los
relatos del paciente sobre el deporte en su aspecto simbólico y relacionándolos
con su estado afectivo general, el analista puede llegar a sus fantasías
libidinales y agresivas y al sentimiento de culpa que originan.
[101] Bill era un muchacho nervioso e inhibido. Tenía diversas
dificultades neuróticas. Su análisis sólo duró tres meses (54 sesiones), pero
de acuerdo con un informe que tengo de él, 6 años después, se ha desarrollado
bien.
[102] El análisis de Willy fue llevado a cabo como medida profiláctica.
Aunque sufría de depresiones no tenía un carácter anormal. Además no le gustaba
tener compañía, era más bien inactivo y retraído y no tenía buenas relaciones
con sus hermanos y hermanas, pero su adaptación social era normal. Era un buen
estudiante y no había nada malo definitivo en él. Su análisis ocupó 190
sesiones. Como resultado (últimamente tuve noticias, tres años después de su
terminación) este muchacho, que pudo ser llamado por cierto un chico normal,
sufrió cambios de tal naturaleza que aun personas fuera de su círculo inmediato
y que no sabían que había sido analizado lo notaron. Resultó, por ejemplo, que
su falta de inclinación hacia el teatro o cine estaba relacionada con una grave
inhibición del instinto de conocer, aunque, como se ha dicho, era un buen
estudiante. Cuando esta inhibición se levantó, su horizonte mental se hizo más
amplio y su inteligencia general mejoró. El análisis de esta actitud pasiva tan
fuerte hizo que principiara numerosas actividades. Su actitud hacia sus
hermanos mejoró, así como su posibilidad de adaptación social. Estos y otros
cambios hicieron de él una persona muy madura, más libre y mejor equilibrada, y
además, estos cambios, aunque no en sí mismos muy decisivos, reflejaban otros
aun más profundos que seguramente serán de mucha importancia en el futuro.
Junto con la desaparición de su actitud inactiva en la vida ordinaria se
produjo un cambio en su orientación sexual. Sus tendencias heterosexuales se hicieron
mucho más fuertes y perdió ciertas dificultades que son decididamente la causa
de perturbaciones de potencia en la vida futura. Además resultó que sus
depresiones estaban ligadas a ideas de suicidio y que eran más profundas de lo
que al principio parecían. Y su retraimiento y rechazo de compañía se basaban
en una huida de la realidad. Estas, puedo añadir, eran solo algunas de las
dificultades que el muchacho sufría, según lo demostró un análisis profundo. En
este punto me gustaría señalar qué graves son las dificultades de niños aun
normales (confrontar el caso de Inge por ejemplo). Este hecho, de experiencia
analítica, está probado por observaciones de la vida diaria: es sorprendente
con qué frecuencia vemos que personas que nos han parecido hasta el momento
completamente normales, enferman de neurosis o se suicidan por cualquier causa
leve. Pero, como lo demuestra el tratamiento de adultos normales, aun esas
personas que no tuvieron ninguna enfermedad neurótica están plagadas de
inhibiciones tanto intelectuales como sexuales y sufren de una falta de
capacidad de goce cuya extensión no puede ser medida sino por el psicoanálisis.
[103] Véase Joan Riviere "La femineidad como una máscara"
(1929).
[104] Una interpretación de esta
naturaleza no está dada con el objeto de descubrir algo tal como la
masturbación escondida conscientemente y poder así mantener un dominio sobre el
niño. El objeto es retroceder a las fuentes mas profundas del sentimiento de
culpa ligado a la masturbación (o lo que sea) y de ese modo disminuirlo.
[105] Ilse no tenía, en efecto, intereses reales sobre los que pudiera
conversar. Era en verdad, una lectora apasionada, pero no le interesaba ninguna
clase determinada de libros porque la lectura era principalmente para ella un
medio de escapar de la realidad.
[106] Véase J.C. Flügel, Psicología del vestido.
[107] Véase Ferenczi, "Sobre las fantasías forzadas'' (1924).
[108] En un artículo, "History as Phantasy" (1929). Ella
Sharpe ha relatado el caso de un adulto psicótico en el cual, durante mucho
tiempo, obtuvo el material para el análisis casi completamente del interés del
paciente en acontecimientos históricos y pudo sobre esta base penetrar en los
niveles mentales más profundos.
[109] Uno de los principales centros comerciales de Berlín.
[110] En mi articulo ''El papel de la
escuela en el desarrollo libidinal del niño'' (1923a) he expuesto la
gran importancia de las inhibiciones específicas ligadas a cada rama especial
del conocimiento.
[111] Dos años y medio después de terminado su análisis supe que se
desarrollaba bien a pesar de grandes dificultades externas.
[112] En el cap. 7 nos ocuparemos con más detalle de otros aspectos de
esta relación.
[113] Véase el cap. 4.
[114] En varios casos, correspondientes a niños de 3 a 12 años, en los
que tuve que suspender el análisis después de un tratamiento de tres a nueve
meses, he encontrado que el niño presentaba un cuadro considerablemente menos
inquietante que cuando vino a mi por primera vez. Además de los casos de Rita,
Trude y Ruth, que el lector recordará (cap. 2), puedo mencionar el caso de un
muchacho de 12 años que vino a mí con ideas manifiestas de ser envenenado, y
que después de seis meses de análisis tuvo que abandonar el país. En esa época
sus temores no sólo habían disminuido sino que presentó cambios favorables en
su condición general, que se podían observar, entre otras cosas, en una mayor
libertad de actitudes (la ultima vez que supe de él dos años y medio después de
finalizar el tratamiento, esta mejoría se había mantenido) En cada caso,
además, el niño se siente mejor, y aunque un análisis no terminado no puede
hacer más que disminuir la neurosis del niño, hace mucho a mi juicio al evitar
el peligro de una psicosis o una neurosis obsesiva grave posteriormente. He
llegado a la convicción de que cada paso, por leve que sea, destinado a
resolver una ansiedad en los niveles más profundos de la mente, consigue si no
una cura por lo menos una mejoría de la condición del niño.
[115] En el cap. 9 discutiremos la naturaleza de la ansiedad subyacente
en las perturbaciones infantiles al comer.
[116] Véase mi articulo "Análisis
infantil" (1923b).
[117] Véase W. Reich, "La
formación del carácter y las fobias infantiles" (1931).
[118] En mi artículo "Una contribución
a la psicogénesis de los tics'' (1925) he demostrado que un tic debe
ser considerado a menudo corno signo de una falta de desarrollo y de la
existencia de perturbaciones ocultas muy
profundas.
[119] En algunos casos de tos convulsiva, por ejemplo en los cuales el
tratamiento analítico se ha reiniciado después de una corta interrupción he
encontrado que los ataques de tos aumentaban en violencia durante la primer
semana del análisis pero decrecían rápidamente después de ella y que la
enfermedad terminaba mucho antes de lo común. En estos casos, cada crisis de
tos, debido a su significado inconsciente aliviaba una gran ansiedad, y esta
ansiedad, por otra parte reforzaba considerablemente el estímulo de la tos.
[120] Este punto de vista, que he mantenido por años ha recibido últimamente un valioso apoyo en el
libro de Freud ¿Pueden los legos ejercer el análisis (O. C. 20) donde dice:
"Desde que hemos aprendido a ver más claramente, nos inclinamos a decir
que la aparición de una neurosis en la infancia no es la excepción sino la
regla. Es algo que no puede evitarse en el curso del desarrollo de la
disposición infantil a la vida social del adulto.''
[121] Véase M.N. Searl 'The Flight to Reality' (1929).
[122] Véanse los análisis de Erna (cap. 3) y Egon (cap. 4).
[123] Véanse los análisis de Willy (cap. 5) e Inge (cap. 4).
[124] Esta suposición está también sustentada por el hecho de que en
varios casos que he tratado, el niño ha realizado con éxito la transición al
estadío de desarrollo siguiente, incluyendo aun la critica transición a la
pubertad y a la vida adulta.
[125] En niños mayores las inhibiciones en el aprendizaje y en juegos
activos deben ser reducidas de modo similar.
[126] La actitud pasiva de Kurt había sido reforzada por el hecho de que
durante muchos años fue el menor de sus hermanos. En muchas circunstancias se
encontraba en la situación del hijo único, y sufría mucho al ser comparado con
sus hermanos mayores, activos, cuya superioridad era tanto más opresiva por
cuanto se lo hacían sentir.
[127] En mi artículo "Estadíos
tempranos del conflicto edípico" (1928) he expuesto las bases
de la posición femenina en el varón y he tratado de demostrar que su complejo
de feminidad sufre una modificación muy temprana y se oculta bajo su complejo
de castración, al que hace ciertas contribuciones. Es por esta razón que el
muchacho a menudo renuncia rápidamente a juegos, como el de las muñecas, que
corresponden a sus componentes femeninos y pasa a juegos con énfasis exagerados
sobre su masculinidad.
[128] En este caso también los sentimientos agresivos que tenía con
respecto al coito entre sus padres mostraron ser el motivo más profundo de su
ansiedad, y la "mujer con pene", significaba la madre, que había
incorporado el pene del padre.
[129] Este es un juego típico entre los niños.
[130] En esta descripción he seleccionado solamente dos o tres de las
fantasías de juego, involucradas con el objeto de ilustrar, por medio de su
desarrollo, la evolución de sus fantasías de juego en general. El material
presentado aquí fue confirmado por un número de representaciones de varias
clases. Así, por ejemplo, los carros que conducían mercaderías a la ciudad
tomaron un camino que por varios detalles se vio que tenía el significado de
ano.
[131] En los capítulos 1 y 2 me he referido a las profundas causas de la
ansiedad de Rita y a la represión de su fantasía.
[132] Rita imaginaba que ella se había librado del guarda del tren y que
ahora viajaba con el oso a la casa de una buena mujer donde seria bien
atendida. Pero el guarda volvió y la amenazó. Esto demostró que el miedo de
ella a su padre cuyo pene (el oso) había robado, le impidió mantener su
identificación con él.
[133] Rita sufría de períodos de depresión seria durante los cuales a
veces demostraba sufrir de fuertes sentimientos de culpa y otras veces se
sentaba sola v lloraba. Cuando se le preguntaba por qué estaba llorando, ella
contestaba: "Porque soy tan desgraciada", y cuando se le preguntaba
por qué no era feliz respondía: "Porque estoy llorando".
[134] Véase el cap. 2.
[135] En su curso de conferencias 'On the Technique of
Psychoanalysís", desarrolladas en Berlín en 1923, Hanns Sachs mencionó la
evolución de las fantasías de masturbación del estadío anal-sádico al genital
como uno de los criterios que indica en el análisis de un caso de neurosis
obsesiva que el tratamiento ha terminado.
[136] Véase el cap. 8.
[137] Véase Ferenczi, "Observaciones psicoanalíticas sobre el
tic" (1919).
[138] En mi artículo "Una contribución
a la psicogénesis de los tics" (1925), he descripto un caso de
tic durante el análisis del cual, el paciente al mismo tiempo gradualmente se
liberaba de su síntoma y reiniciaba su largamente prohibida práctica masturbatoria y desarrollaba un buen número de
sublimaciones.
[139] Sucede casi siempre que el análisis de una fobia a tocar conduce
al paciente a una fase temporaria de masturbación obsesiva y viceversa. Otro
factor en la masturbación obsesiva es el deseo del paciente, basado en su
sentimiento de culpa, de exhibir su hábito delante de los que le rodean. Esto
también sucede en los niños de todas las edades que se masturban abiertamente y
de una manera aparentemente poco inhibida.
[140] Véase el cap. 3.
[141] El análisis reveló la presencia de fuertes rasgos psicóticos en
ambos niños, pero aquí sólo nos interesa el análisis de sus relaciones
sexuales.
[142] En esa época su madre había advertido uno o dos episodios de esta
índole.
[143] Véase mi artículo "Estadíos
tempranos del Conflicto Edípico" (1928). En su total falta de
formaciones reactivas así como en muchos otros aspectos, estas fantasías se
asemejaban a las acciones de criminales de tipo sádico. Gunther no sentía
remordimiento ni dolor, sino solamente miedo a la venganza, pero este miedo era
un constante incentivo para que repitiera sus actividades sexuales. Debido al
carácter extremadamente anormal del hermano mayor en el que los instintos
destructivos predominaban tanto contra los libidinales, su conducta sexual
tenía el valor de acciones criminales (y no debemos olvidar que los actos
sexuales perversos de criminales adultos van a menudo junto con los actos
criminales), su miedo a la venganza como hemos visto lo impulsaba a eliminar su
objeto. Siempre que Gunther ejercía violencia sobre su hermano se reaseguraba
de no ser la víctima.
[144] En su libro Der Schrecken (1929), Reik ha señalado que la ansiedad
aumenta los sentimientos de odio.
[145] Véase mi artículo ''La personificación
en el juego de los niños'' (1929ª).
[146] En el cap. II discutiremos más ampliamente este mecanismo
particular que me parece fundamental en la formación del masoquismo femenino.
En su artículo ''Psychotic Mechanisms in Cultural Development" (1930),
Melitta Schmideberg ha señalado que entre los primitivos la práctica de la
expulsión de la enfermedad por medio de la violencia tenía por objeto vencer el
miedo del paciente al demonio, que suponía dentro de él (el pene introyectado
del padre).
[147] Sobre este punto, que está tratado con mayor detalle en el cap. 8,
estoy de acuerdo con Reik, que en su "Libido und Schudgefüle" (1929)
ha señalado que en ciertos casos la activación del sentimiento de culpa puede
traer un reforzamiento de la libido y una ampliación de la gratificación
instintiva. Y que en estos casos un aumento de ansiedad proviniente de una mala
consciencia puede dar lugar realmente a la gratificación instintiva.
[148] M. N. Searl ha señalado los mecanismos de fuga a la realidad en su
artículo "The Flight to Reality" (1929).
[149] Debo señalar que en este caso particular donde las malas
consecuencias de las relaciones de los muchachos eran tan pronunciadas no me
fue del todo fácil conservar mi regla de abstinencia absoluta de cualquier
intervención de esta naturaleza. Y sin embargo, fue precisamente este caso el
que me trajo la prueba mas convincente de la inutilidad de cualquier medida
educacional por parte del analista aunque yo hubiera podido detener sus
prácticas -que no podía- no hubiera hecho nada a favor de lo esencial, que era
eliminar los determinantes subyacentes de la situación dando así una nueva
dirección al curso total del desarrollo perturbado hasta entonces.
[150] En otros casos, en los cuales una relación de esta naturaleza se
había prolongado también en el período de latencia, encontró el autor que sólo
una porción de los actos originarios continuaban (fellatio y cunnillingus
eran los que mas a menudo se abandonaban), y que el remanente se hacía con
menos frecuencia, por lo general en muy pocas ocasiones. No obstante lo cual
siguen evidenciando el sentimiento de culpa inconsciente del niño, el contenido
psicológico completo de las relaciones sexuales originarias y todos los actos
realizados en esa época. Por ejemplo, después de una tentativa de realizar
coito con su hermano, Ilse tuvo una erupción alrededor de la boca. Esta
erupción fue la expresión de su sentimiento de culpa por la fellatio que acostumbraba practicar
cuando era pequeña junto con otros actos sexuales, a los que se había
abandonado desde la primera infancia.
[151] Gert me fue traído a causa de ciertas dificultades neuróticas no
muy serias. Su análisis duró un año. Tres años mas tarde supe que seguía bien.
[152] De cualquier manera creo que tales relaciones son mucho mas
frecuentes, aun durante los períodos de latencia y pubertad, de lo que se
supone generalmente.
[153] En su libro Gemeinsame Tagträume (1924), Hanns Sachs hace notar el
hecho de que cuando las fantasías inconscientes incestuosas o los ensueños
diurnos son compartidos, el sentimiento de culpa disminuye.
[154]Véanse para una consideración mas amplia de estos factores, los
caps. 11 y 12.
[155] Conferencias de introducción
al psicoanálisis, O. C. 16.
[156]Véase mi artículo "Estadíos
tempranos del conflicto edípico" (1928).
[157] En su "La influencia del erotismo oral sobre la formación del
carácter" (1924a), Abraham ha señalado que el exceso de gratificación, lo
mismo que la falta de ella durante el período de lactancia, puede conducir a
una fijación especialmente fuerte en el placer de morder. En sus "Notes on
Oral Character-Formation" (1925), Edward Glover señala la importancia de
la frustración oral para una fijación de este tipo, creyendo que cuando un
exceso de gratificación oral conduce a consecuencias traumáticas actúan también
otros factores. Desde mi punto de vista los resultados son también
esencialmente distintos en los dos casos.
[158] Erna (cap. 3) era un caso de este tipo. Había herido repetidas
veces a su madre mordiéndole el pecho cuando era muy pequeña y mucho antes de
que le hubieran salido los dientes. También había sido mal comensal durante su
infancia. He encontrado también otros casos de sadismo oral anormalmente
fuertes en los cuales el período de succión no había traído consigo ningún
trastorno o dificultad visible, pero que en realidad había sido totalmente
insatisfactorio para el niño. Otras veces, encontramos casos en los cuales
trastornos externos graves en ese período han conducido, no a un sadismo oral
anormalmente intenso, sino a una fijación muy fuerte en el período de succión.
Así Ruth, que tenía una fuerte fijación oral primaria de ese tipo, había estado
hambrienta durante meses porque su madre tenía muy poca leche (cap. 2). Otra
paciente, a la que nunca le habían dado el pecho, pero que había sido
alimentada por biberón, manifestó un fuerte sadismo oral, es cierto, pero tenía
también una fuerte fijación en el período oral de succión.
[159] Abraham: "Un breve estudio de la evolución de la libido,
considerada a la luz de los trastornos mentales" (1924b).
[160] He encontrado otro factor de desarrollo de importancia básica, que
es la mayor o menor capacidad del yo inmaduro para tolerar la ansiedad. Este
factor será discutido mas tarde.
[161] Véase Abraham: "La formación del carácter en el nivel genital
del desarrollo de la libido"; también Edward Glover, "The
Significance of the Mouth in Psycho-Analisis" (1924).
[162] Véase Freud: "La predisposición a la neurosis obsesiva",
O. C., 12.
[163] Inhibición, síntoma y
angustia, O. C. 20
[164] Ibíd.
[165] Ibíd.
[166] Ibíd.
[167] Ibíd.
[168] Véase Ferenczi: "El problema de la aceptación de las ideas
desagradables" (1926). En su artículo "The Problem of
Melancholia" (1928), Rado ha señalado la importancia de la rabia en la
reacción del lactante contra el hambre, pero las conclusiones a las que ha
llegado difieren de las que sostendré en las páginas siguientes.
[169] En Inhibición, síntoma y
angustia, Freud considera que en algunos casos una cierta cantidad de la
ansiedad instintiva que se ha liberado del instinto destructivo puede formar
parte de la ansiedad real. Dice exactamente así: "Puede a menudo ocurrir
que en una situación que el individuo, con razón, considera de peligro, una
parte de su ansiedad instintiva se una a su ansiedad real. Aquellas demandas
instintivas que lo asustan serían en este caso masoquísticas, por ejemplo los
instintos destructivos vueltos contra sí. Un agregado de esta índole explicaría
tal vez el porqué esta reacción de ansiedad es excesiva, inadecuada e
inhibidora su acción".
[170] Mientras escribo este libro encuentro que Teresa Benedeck,
partiendo de un diferente enfoque, había llegado también a la conclusión de que
la ansiedad se origina en el instinto destructivo. Ella dice: "La
ansiedad, por lo tanto, no es un temor a la muerte sino la percepción del
instinto de muerte que ha sido liberado en el organismo: la percepción del
masoquismo primario" ("Todestrieb und Angst", 1931).
[171] "El problema económico del masoquismo", O. C. 19.
[172] En Inhibición, síntoma y
angustia, Freud dice: "No estamos todavía en condiciones de decir si
no es el surgimiento del superyó lo que diferencia la represión primaria de la
secundaria. De todos modos sabemos que las primeras crisis de ansiedad del
niño, que son extremadamente intensas, ocurren antes de que el superyó se haya
formado, y no sería raro que los factores cuantitativos, tales como un excesivo
grado de excitación y la ruptura de la valla contra los estímulos, sean la
causa inmediata de la represión primaria".
[173] El proceso por el cual el objeto es internalizado será discutido
después. Por ahora, basta decir que en la opinión del autor el objeto
incorporado asume instantáneamente las funciones de un superyó.
[174] En análisis tempranos hemos encontrado numerosas representaciones
de esta ansiedad. He aquí un ejemplo. Un niño de 5 años se figuraba que tenía
toda clase de animales salvajes, tales como elefantes, leopardos, hienas y
lobos, para ayudarlo contra sus enemigos. Cada animal tenía una función
especial. Los elefantes aplastar al enemigo hasta pulverizarlo, los leopardos
despedazarlo, las hienas y los lobos comérselo. A veces imaginaba que estos
animales salvajes que estaban a su servicio se volvían contra él y esta idea le
ocasionaba gran ansiedad. Esto significaba para su inconsciente la
transformación de varias fuentes de sadismo; el elefante era su sadismo
muscular; los animales que desgarran, eran sus dientes y sus uñas; los lobos,
sus excrementos. El temor de que aquellos temibles animales que él había domado
a su vez le exterminarían se refería al temor de su propio sadismo como un
enemigo interno. Permítaseme recordar al lector la frecuente expresión
"estallar de rabia". En mis análisis de niños pequeños he encontrado
repetidas veces representaciones de la idea implicada en esta expresión
idiomática.
175 Abraham (1924a) ha llamado la atención sobre la conducta de
vampiro de algunas personas y la ha explicado como el efecto de una regresión
de la fase de sadismo oral a la de succión oral.
[176] Discutiendo este tema conmigo, Edward Glover sugirió que el
sentimiento de vaciedad en su cuerpo que siente el niño pequeño como resultado
de la falta de gratificación oral, podría ser señalado como el punto de partida
de sus fantasías de asalto sobre el cuerpo de su madre, puesto que puede dar
nacimiento a fantasías en las que el cuerpo de la madre está lleno de todo el
alimento deseado. Revisando mis experiencias he encontrado esta suposición
completamente confirmada. Me parece que da nueva luz para la comprensión de la
transición entre el succionar y devorar el pecho de la madre, y el ataque al
interior de su cuerpo. En conexión con esto Glover menciona también la teoría
de Rado (1926, 1928) de un "orgasmo alimenticio", en virtud del cual
la gratificación pasa de la boca al estómago e intestinos.
[177] En su "La valoración narcisista de los procesos excretores en
los sueños y en la neurosis" (1920), en conexión con un caso de sadismo
uretral fuertemente desarrollado, Abraham señala que en las personas neuróticas
"encontramos las funciones y productos del intestino y la vejiga
utilizados como vehículos de impulsos hostiles".
[178] Véase, en especial, Freud: La interpretación de los sueños, O. C.,
4-5 y Tres ensayos de una teoría sexual,
O. C., 7. También Sadger, "Uber Urethralerotik" (1910); Abraham,
"Ejaculatio Praecox" (1917)
y "La valoración narcisista de los procesos excretorios" (1920), y
Rank, Psychoanalytische Beiträge zur Mythenforschung (1919).
[179] Véase, en relación con esto, las observaciones de Freud en su
"Fragmento de análisis de un caso de histeria", O. C., 7.
[180] En su "Un breve estudio de la evolución de la libido,
considerada a la luz de los trastornos mentales. Fragmento de análisis"
(1924), Abraham puntualiza que la fantasía criminal de los pacientes maníacos
se dirige en su mayor parte contra la madre y da un notable ejemplo de esto en
un paciente que en su imaginación se identificaba con el emperador Nerón, que
mató a su madre y deseó quemar a Roma (símbolo de su madre). Pero de acuerdo
con Abraham, estos impulsos destructivos del hijo contra su madre son secundarios
en carácter, dirigiéndose originariamente contra el padre. Desde mi punto de
vista estos ataques contra el cuerpo de la madre son, en su origen, ataques
oral sádicos contra su pecho, y por lo tanto primarios; pero en la medida en
que ellos son reforzados por su odio originario al pene del padre, que ellos
creen está en el interior de la madre, se centran sobre aquel objeto,
culminando en su destrucción. Están dirigidos contra el padre en grado
suficiente como para influir el curso total de su conflicto de Edipo. Es exacto
decir que el odio primario del hijo contra su padre está en parte desplazado
sobre su madre.
[181] En una breve comunicación, "A Paranoiac Mechanism as Seen in
the Analysis of a Child", M. N. Searl ha relatado un caso de intensas
fantasías oral-sádicas de esta clase y en el cual los deseos del niño de
succionar de su padre lo que éste había tomado del pecho de la madre se ligó a
un mecanismo paranoico. El gran poder ejercido por las fantasías de esta clase,
que están en conexión con un intenso sadismo oral y que, consecuentemente,
preparan el camino para impulsos particularmente agresivos contra el interior
del cuerpo de la madre, es característico de los desórdenes psicóticos.
[182] Véase Abraham, "La influencia del erotismo oral sobre la
formación del carácter" (1924a).
[183] En su "Homosexualität und Ödipuskomplex" (1926), Félix
Boehm llama la atención sobre el significado de fantasías halladas con
frecuencia en hombres, en las que el pene del padre había sido retenido por la
madre después de la copulación y escondido dentro de la vagina. El también
sostiene que las diversas nociones concernientes al escondido pene femenino
ejercen una influencia patológica en virtud del hecho de que han adquirido una
relación inconsciente con la idea de un pene grande y temido que proviene del
padre y que está escondido dentro de la madre. En la literatura psicoanalítica
se hace con frecuencia mención de fantasías del encuentro del pene del padre en
el útero de la madre y de ser espectador de la copulación entre los padres o de
ser dañado por ésta durante la vida intrauterina.
[184] He observado durante el análisis de muchachos el intento de
atacarme dirigiéndose especialmente contra mi cabeza, pie o nariz; y encontré
que lo que atacaban no era el pene femenino sino el pene del padre que había
sido incorporado o unido a mi.
[185] Discutiré mas adelante las
varias direcciones en que se desarrolla la relación del niño con los objetos.
El atribuye a estos objetos imaginarios, no sólo sentimientos de odio y
ansiedad, sino también sentimientos positivos. Al hacerlo los aleja del objeto
real, y si sus relaciones con el objeto imaginario se hacen demasiado poderosas
en ambos sentidos -negativo y positivo- no puede relacionarse adecuadamente ni
con las fantasías sádicas o restitutivas, ni con los objetos reales, resultando
que sufre perturbaciones en la adaptación a la realidad y en su relación con
los objetos.
[186] No creo que Fenichel esté en lo cierto al diferenciar entre
precursores pregenitales del complejo de Edipo, y el complejo de Edipo mismo,
como lo hace en su "Pregenital Antecedents of the Oedipus Complex"
(1930).
[187] En mi trabajo "La importancia de
la formación de símbolos en el desarrollo del yo", que leí en
el Congreso Psicoanalítico de Oxford de 1929, sostengo que "sólo en los
últimos estadíos del conflicto de Edipo hace su aparición la defensa contra los
impulsos libidinales; en los primeros períodos la defensa se dirige contra los
impulsos destructivos ligados a ellos".
En
el mismo Congreso, Ernest Jones, en su comunicación "Fear, Guilt and
Hate", destaca la importancia de las tendencias agresivas en la aparición
del sentimiento de culpa.
189 En El malestar en la cultura
(O. C., 21), dice: "Este instinto (de agresión) reside en el fondo de
todas las relaciones de afecto y amor entre los seres humanos, posiblemente con
la única excepción de la madre hacia su hijo varón". Mi propia creencia de
que el conflicto de Edipo empieza bajo la supremacía del sadismo, parece
complementar lo que dice Freud, puesto que da otra razón al hecho de por qué el
odio debe ser la base de las relaciones de objeto, en el hecho de que el niño
forma sus relaciones con sus padres -relación que es fundamental y decisiva
para todas sus futuras relaciones de objeto- durante el período en el cual las
tendencias sádicas están en su apogeo. La ambivalencia que él siente hacia el
pecho de su madre, como su primer objeto, se refuerza por el aumento de la
frustración oral que sufre y por la iniciación de su conflicto edípico hasta
que alcanza el máximo desarrollo de su sadismo.
[189] Véase ¿Pueden los legos ejercer el análisis? O. C., 20.
[190] En su artículo "Privation and Guilt" (1929), Susan
Isaacs señala que la identificación primaria de Freud tiene probablemente un
papel aun mas importante de lo que originariamente se creyó en la formación del
superyó.
[191] Cf. las fantasías, mencionada a menudo en la literatura
psicoanalítica, sobre la vagina dentada.
[192] En el próximo capítulo, y mas especialmente en el 11, trataré de
mostrar que el niño introyecta las buenas y malas imagos y que gradualmente, en
la medida en que progresan su adaptación a la realidad y la formación de su
superyó, estas imagos se aproximan mas y mas íntimamente a los objetos reales
que representan. En este capítulo sólo intento dar un cuadro del desarrollo de
las tendencia sádica del niño y de su conexión con la formación de su temprano
superyó y de las situaciones de ansiedad.
[193] En mi "Estadíos tempranos del
conflicto edípico" (1928), dije: "No parece comprensible
que un niño, supongamos de 4 años, albergue en su mente una imagen irreal y
fantástica de padres que devoran, cortan y muerden; pero parece comprensible
que en un niño de 1 año la ansiedad causada por el comienzo del conflicto de
Edipo tome la forma de un temor a ser devorado y destruido; el propio niño
desea destruir su objeto libidinal mediante mordiscos, devorándolo y
cortándolo, y esto le produce ansiedad puesto que el despertar de sus
tendencias de Edipo es seguida por la introyección de su objeto, el que
entonces se convierte en un objeto del cual debemos esperar castigo. El niño
teme ahora un castigo correspondiente a su ofensa y el superyó se transforma en
algo que muerde, devora y corta".
[194] Véase Freud: Tótem y tabú,
O. C. 13.
[195] El yo, por decir así, opondría estos dos enemigos, el objeto y el
instinto destructivo, uno contra otro, aunque haciendo así se encuentre él
mismo en una posición de peligro entre las dos fuerzas opuestas. Que el padre
temido sea en parte una protección contra el instinto destructivo, puede
también ser debido a la admiración por su poder (que el individuo puede haber
obtenido filogenéticamente). Esta suposición se confirma por el hecho de
encontrar durante los análisis tempranos en niños de ambos sexos, el hecho
común de que temen al padre pero tienen una admiración ilimitada por su poder,
sentimiento que es muy profundo y de carácter primario.
Y
debemos recordar que el papel jugado por el superyó a medida que el niño crece
es el de un padre severo pero no el de un padre malo. Freud concluye su trabajo
sobre "El humor" (O. C., 21) con estas palabras: "Finalmente, si
el superyó, en verdad, trata de conformar al yo por el humor y protegerlo de
sufrimiento, esto no está en conflicto con su derivación de la institución
parental".
[196] En "El sepultamiento del complejo de Edipo" (O. C., 19),
Freud dice que el yo del niño abandona el complejo de Edipo a consecuencia de
la amenaza de castración: "La autoridad del padre o de los padres se
introyecta dentro del yo y allí forma la médula del superyó, el cual toma su
severidad del padre, perpetúa su prohibición del incesto, y así asegura al yo
contra el retorno de las catexis de objeto libidinales".
En
El yo y el ello (O. C. 19) dice:
"Su relación (la del superyó) con el yo no se limita a la advertencia: ´Tú
debes ser así y así (como tu padre)´, sino que comprende también la
prohibición: ´Tú no debes ser así y así (como tu padre), no debes hacer todo lo
que él hace; pues hay algo que le está exclusivamente reservado´. Esta doble
faz del yo ideal depende de su anterior participación en la represión de
complejo de Edipo, y mas aun, es a ese hecho revolucionario al que debe su
génesis. Claro que este proceso de represión no es nada sencillo. Habiendo
reconocido en los padres y especialmente en el padre el obstáculo opuesto a la
realización de los deseos integrados en dicho complejo, tuvo que robustecer el
yo para llevar a cabo su represión, creando en sí mismo tal obstáculo. La
energía necesaria para ello hubo de tomarla ´prestada´ del padre, y este
préstamo fue un acontecimiento de graves consecuencias. El superyó conservará
el carácter del padre, y cuanto mayores fueron la intensidad del complejo de
Edipo y la rapidez de su represión (bajo las influencias de la autoridad, la
religión, la enseñanza y las lecturas), mas severamente reinará, después, sobre
el yo, como consciencia moral o quizá como sentimiento inconsciente de
culpabilidad. En páginas ulteriores expondremos de dónde sospechamos que extrae
el superyó la fuerza necesaria para ejercer tal dominio, o sea el carácter
coercitivo que se manifiesta como imperativo categórico".
[197] En El yo y el ello (O.
C., 19), dice: "Cada una de tales identificaciones tiene el carácter de
una desexualización e incluso de una sublimación. Ahora bien, parece que una
tal transformación trae siempre consigo una disociación de instintos. El
componente erótico, una vez realizada la sublimación, queda despojado de la
energía necesaria para encadenar todos los elementos destructivos que estaban
antes combinados con él y que son liberados en calidad de tendencia a la
agresión y a la destrucción. De esta disociación extraería el ideal, el
carácter de deber imperativo, riguroso y cruel. Su dictatorial: ´Así lo harás´.
[198] En El malestar en la cultura
(O. C., 21), Freud dice: "La experiencia ha mostrado, sin embargo, que la
severidad desarrollada por el superyó del niño no corresponde a la severidad
del tratamiento sufrido por él, y que la severidad originaria del superyó no
representa -o no representa tanto- la severidad que el objeto le ha anticipado
o le ha hecho experimentar, sino que expresa la propia agresividad del niño
contra este último".
[199] Mis puntos de vista están de acuerdo con los de Ernest Jones,
Edward Glover, Joan Rivière y M. N. Searl, quienes acercándose al problema con
un enfoque diferente, han llegado a la conclusión de que la temprana vida de
fantasía del niño y su desarrollo libidinal desempeña un papel importante en la
formación del superyó. Véase "Simposium sobre análisis infantil"
(1927); también un artículo de Ernest Jones titulado "The Origin and
Structure of the Super-ego" (1926), en el que señala: "Hay razón para
pensar que el concepto del superyó es nodal y que en él podemos esperar que se
enfrenten todos los problemas oscuros del complejo de Edipo y narcisismo por
una parte y el del odio y sadismo por la otra".
[200] Véase Reich: Der triebhafte
Charakter (1925).
[201] Véase mi trabajo "Situaciones
infantiles de angustia reflejadas en una obra de arte" (1929b).
[202] Véase el próximo capítulo, en el que se discutirá el tema
ampliamente.
[203] "Un breve estudio de la evolución de la libido, considerada a
la luz de los trastornos mentales" (1924b).
[204] Ibíd.
[205] En Inhibición, síntoma y
angustia (O. C., 20), Freud dice: "Es posible que haya una íntima
conexión entre la situación de peligro operante y la forma que asume una
neurosis así originada".
[206] En "Pulsiones y destinos de pulsión" (O. C., 14), Freud
dice: "Los objetos que se presentan, en la medida en que son fuentes de
placer, son absorbidos por el yo, ´introyectados´ (de acuerdo con la expresión
hallada por Ferenczi); mientras que por otra parte expele al mundo externo
desde dentro de él todo lo que le produce displacer (véase mas adelante el
mecanismo de proyección)".
[207] Si el crimen arranca verdaderamente de una temprana ansiedad de
esta índole, nuestra única esperanza de comprender al criminal, y quizás de
reformarlo, parecería ser el someter a un análisis las mas profundas capas de
su vida mental
[208] Véase mi artículo "La importancia
de la formación de símbolos en el desarrollo del yo" (1930a).
Melitta Schmideberg ha señalado que el esquizofrénico suspende por si mismo sus
relaciones con el mundo externo refugiándose en sus "buenos" objetos
internos -maniobra que realiza dejando de proyectar- y sobrecompensando su amor
a los objetos internos de un modo narcisista y evadiendo así el temor de los
"malos" objetos internos y externos. (Véase sus artículos: "The Role of Psychotic
Mechanisms in Cultural Development" (1930), y "A Contribution to the
Psychology of Persecutory Ideas and Delusions" (1931).)
[209] En su artículo “Estadíos en el
desarrollo del sentido de la realidad” (1913), Ferenczi ha señalado
que la completa negación de la realidad es una forma de reacción mental muy
temprana y que los puntos de fijación de la psicosis estarían situados en un
correspondiente estadío temprano del desarrollo.
[210] De acuerdo con Melitta Schmideberg, la negación de los afectos de
ansiedad es utilizada en parte para negar la existencia de objetos
introyectados con los que estos afectos se equiparan. (Véase "A Contribution to the Psychology
of Persecutory Ideas and Delusions", 1931).
[211] En su "Scotomisation in Schizophrenia" (1926), Laforgue
sugiere la designación de "escotomización" para este mecanismo de
defensa y señala su importancia en la esquizofrenia.
[212] De acuerdo con Melitta Schmideberg (1931), la catatonía representa
la muerte y es un modo de escapar a las diversas formas de ataque temidas por
el paciente.
[213] Véase mi artículo: "La
importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo"
(1930a) y también "Una contribución a la
teoría de la inhibición intelectual" (1931). Mas recientemente,
en su artículo titulado "Respiratory Introjection" (1931), Fenichel
describe una clase de fantasías sádicas en las cuales los excrementos son
instrumentos de muerte por envenenamiento y explosión, y la orina, por envenenamiento.
De acuerdo con él, estas fantasías traen un temor a ser envenenado por
excrementos. Este artículo me parece corroborar los puntos de vista sostenidos
por mi en los artículos ya mencionados.
[214] Véase Ophuijsen: "On the
Origin of the Feeling of Persecution" (1919) y Stärcke: "The Reversal
of the Libido-Sign in Delusions of Persecution" (1919). De acuerdo con ellos, la idea paranoica del perseguidor se deriva
de la idea inconsciente del escíbalo dentro del intestino y de la equiparación
de este escíbalo con el pene perseguidor. He encontrado que el temor a pedazos
fecales como perseguidores se deriva, en última instancia, de fantasías sádicas
en las cuales orina y heces se emplean como armas venenosas y destructivas
contra el cuerpo de la madre.
[215] Röheim, en su "Nach dem Tode des Urvaters" (1923), ha
mostrado que en tribus primitivas el mago negro mata a un hombre o lo enferma
introduciéndole en el cuerpo mágicamente, excrementos o sus equivalentes.
[216] Abraham, en "Un breve estudio de la evolución de la libido,
considerada a la luz de los trastornos mentales" (1924b) ha mostrado que
el objeto odiado está equiparado con las heces. Véanse también Röheim:
"Nach dem Tode des Urvaters" (1923), y Simmel: "El ´juego del
doctor´, la enfermedad y la profesión médica" (1926).
[217] Véase mi artículo: "Una
contribución a la teoría de la inhibición intelectual" (1931).
[218] El temor a numerosos perseguidores tiene, no sólo un origen anal
por ser un temor a heces perseguidoras, sino también oral. En mi experiencia,
las teorías sexuales de los niños, de acuerdo con las cuales la madre incorpora
cada vez un nuevo pene al copular y el padre posee una gran cantidad de penes,
contribuyen a su temor de tener un gran número de perseguidores.
Melitta
Schmideberg considera esta multiplicidad de perseguidores como una proyección
de los propios ataques oral-sádicos del niño contra el pene del padre;
separadamente, cada pedazo de su pene se hace un nuevo objeto de ansiedad. (Véase su artículo "The role of Psychotic
Mechanisms in Cultural Development", 1930).
[219] Véase también mi artículo
"La importancia de la formación de símbolos en
el desarrollo del yo" (1930a). Creo, de acuerdo con Abraham,
que en el paranoico la libido regresa al período anal primario; para mi, la
fase de máximo sadismo se introduce por los impulsos oral-sádicos y terminaría
con la declinación del primer estadío anal. El período de esta fase descripta
anteriormente que considero fundamental en la paranoica, está bajo la
supremacía del temprano estadío anal. Creo que lo aquí expresado agrega algo a
los hallazgos de Abraham. Mi teoría muestra que en la fase mencionada los
diversos medios del sadismo se emplean en su capacidad mas completa y que las
tendencias uretral-sádicas son de importancia fundamental, tanto como las
oral-sádicas. Esto nos ilustra sobre la estructura de estas fantasías, en las
cuales se expresan las tendencias anal-sádicas correspondientes al temprano
estadío anal.
[220] Melitta Schmideberg mostró casos en los cuales las ideas
delirantes de persecución y referencia se derivan de situaciones de ansiedad de
esta clase (véase además su artículo "A Contribution to the Psychology of
Persecutory Ideas and Delusions", 1931).
[221] Los deseos destructivos del niño contra sus objetos, representados
como órganos, despiertan su miedo de estos órganos y objetos. Así tal miedo,
juntamente con sus intereses libidinales, lo llevan a equiparar esos órganos
con otras cosas que a su vez se transforman en objetos de ansiedad, alejándose
de ellos al hacer nuevas equiparaciones; y de este modo forma un sistema de
simbolización. (Véase mi artículo "La
importancia de la formación de símbolos en el desarrollo del yo",
1930a).
[222] Como ha mostrado Ferenczi, el niño pequeño busca redescubrir sus
propios órganos y sus funciones en cada cosa externa por medio de la
identificación, que es un precursor de la simbolización.
[223] De acuerdo con Ernest Jones en su "Theory of Simbolism"
(1916), el principio de placer hace capaz al individuo de encontrar parecido en
cosas bastantes diferentes una de otra, si el interés que ellas despiertan es
similar. Este punto de vista acentúa la importancia del interés libidinal como
un factor básico en los procesos de identificación y simbolización.
[224] Véase mi artículo "La
personificación en el juego de los niños" (1929a).
[225] En sus "Notes on Oral Character-Formation" (1925),
Edward Glover ha puntualizado que la frustración es un factor estimulante en el
desarrollo del individuo.
[226] Véanse mis artículos "Principios
psicológicos del análisis infantil" (1926) y "Estadíos tempranos del conflicto edípico"
(1928).
[227] En su artículo "Nach dem Tode des Urvaters" (1923),
Röheim argumenta que habiendo devorado el cadáver de su padre primitivo, los
hijos lo consideraron como madre nutricia. De este modo, él cree que al
transferir el amor que hasta ahora sólo habían sentido por su madre, también al
padre, su actitud frente a éste adquiere un elemento positivo, habiendo sido
antes puramente negativa.
[228] Véase Freud, "Un recuerdo infantil de Leonardo da
Vinci", O. C., 11. En el capítulo 12 examinaremos con mas detalle estos
procesos de desarrollo al discutir el desarrollo sexual del niño.
[229] El siguiente ejemplo, tomado de la observación directa, ilustra el
curso de tales cambios del placer al displacer. En los meses que siguieron a su
destete, un niño pequeño demostró preferencia por las comidas de pescado así
como gran interés por los pescados. A la edad de un año acostumbraba mira con
interés y con placer a su madre cuando mataba y preparaba pescados en la
cocina. Poco después desarrolló un gran disgusto por las comidas de pescado,
que pasó a ser disgusto ante la vista del pescado y luego a una fobia a los
pescados. La experiencia de numerosos análisis tempranos en los cuales los
ataques a pescados, serpientes y lagartijas, se ha visto que representaban
ataques al pene del padre, me hizo comprender la conducta del niño. El ver a su
madre matar pescados satisfacía intensamente sus impulsos sádicos contra el
pene del padre y le hacía temerle, o mas correctamente, temer al pene del
padre.
[230] Abraham escribe, en "Un breve estudio de la evolución de la
libido, considerada a la luz de los trastornos mentales" (1924b):
"Otro punto que hay que advertir con respecto a la parte del cuerpo que ha
sido introyectado, es que el pene se asimila regularmente al pecho de la mujer
y que otras partes del cuerpo tales como el dedo, pie, pelo, heces y nalgas
pueden representar a aquellos dos órganos de un modo secundario...".
[231] En su Psychoanalysis of the Total Personality (1927) Alexander ha
señalado que el ello en cierto sentido corrompe al superyó y que este
entendimiento entre ellos les permite realizar acciones prohibidas.
[232] En Inhibición, síntoma y
angustia (O. C., 20), Freud dice: "Sin embargo debemos tener en
cuenta, para consideraciones futuras, la posibilidad de que la represión sea un
proceso que tenga relación especial con la organización genital de la libido y
que el yo use otros métodos de defensa para protegerse de la libido en
diferentes niveles de su organización".
[233] En "El problema de la aceptación de las ideas
desagradables" (1926), Ferenczi señala que el conocimiento de la realidad
externa va junto con el conocimiento de la realidad psíquica.
[234] En su artículo "The Psychology of Pity" (1930), Jekels
muestra que la persona que siente compasión por su objeto lo trata como querría
ser tratado por su propio superyó.
[235] Véase mi artículo "Situaciones
infantiles de angustia reflejadas en una obra de arte" (1929b).
Ella Sharpe ha demostrado que, sublimando, el niño proyecta sus padres
introyectados a un objeto externo sobre el que gratifica sus tendencias sádicas
y de reparación, y con quien así relaciona sus sentimientos de omnipotencia
mágica. (Véase su artículo
"Certain Aspects of Sublimation and Delusion", 1930).
[236] Véase también la contribución de Ernest Jones a este tema,
"Fear, Guilt and Hate" (1929).
[237] En su artículo "Identification" (1926), Fenichel también
es de esta opinión.
[238] La importancia de este factor para el desarrollo del yo y para sus
relaciones con la realidad se examina mas ampliamente en el capítulo 10.
[239] Véase mi artículo "La
personificación en el juego de los niños" (1929a).
[240] El lector recordará los casos de Erna (cap. 3), Egon (cap. 4) e
Ilse (cap. 5).
[241] La creencia del niño en figuras imaginarias bondadosas, tales como
las de las hadas o de Papá Noel, le ayudan a esconder y vencer su miedo por las
imagos malas.
[242] Abraham me contó lo siguiente a título de ejemplo de cómo el odio
de un niño pequeño hacia un animal podía ya contener un temor de ser reprobado
por él. Le había dado a un niño pariente suyo un libro de figuras. El niño no tenía todavía un año y medio. Le estaba
mostrando las figuras y leía el texto en voz alta. En una página estaba la
figura de un cerdo que le decía a un niño que tenía que ser limpio. Las
palabras y también la figura disgustaron evidentemente al niño porque quiso dar
vuelta la página en seguida, y cuando Abraham mas tarde volvió a la figura, no
la quiso mirar. Posteriormente Abraham supo que, aunque al niño le gustaba
mucho el libro de figuras, no podía tolerar la página que tenía la figura del
cerdo. Contándome esto, Abraham añadió_ "Su superyó debía haber sido en
ese momento un cerdo".
[243] Inhibición, síntoma y
angustia, O. C. 20.
[244] Ibíd..
[245] Ibíd..
[246] Me parece importante no solamente desde el punto de vista teórica
sino también desde el terapéutico decidir si en el comienzo de la neurosis del
niño su idea de ser devorado sólo recibió una catexis regresiva o si había
retenido su actividad originaria junto con sus modificaciones posteriores,
porque a nosotros nos interesa no sólo el contenido de una idea sino y sobre
todo la ansiedad ligada a ella. No podemos comprender completamente tal
ansiedad ya sea en su aspecto cuantitativo o cualitativo hasta que no la
hayamos reconocido como una ansiedad que es el sostén de una neurosis y es
específica para la psicosis.
[247] Ruth Mack-Brunswick: "Una contribución a la ´Historia de una
neurosis infantil de Freud¨" (1928).
[248] Mis análisis de adultos han corroborado estos hallazgos.
[249] En el último capítulo arriba citado, Freud parece dejar abierta la
posibilidad de que una defensa contra los impulsos sádicos pueda también tener
una parte, aunque no manifiesta, en la estructura de la enfermedad del
"Hombre de los Lobos".
[250] Véase el cap. 6.
[251] En el capítulo 3, al discutir sobre un caso de rasgos paranoides,
he tratado de establecer una teoría similar sobre el origen de la
homosexualidad femenina. El lector puede también recordar lo que se ha dicho en
conexión con los análisis de Egon (cap. 4). Volveré a este asunto en el
capítulo 12. Röheim llega a la misma conclusión sobre la base de datos
etnológicos. (Véase su artículo
"Das Völkerpsychologische in Freud´s Massenpsychologie und Ich
analyse", 1922).
[252] Véase Ruth Mack-Brunswick, op. cit.
[253] En Inhibición, síntoma y
angustia, Freud dice: "Un caso como el de Juanito no nos ayuda a
llegar a ninguna decisión. Aquí si bien un impulso agresivo está tratado por la
represión, esto no sucede hasta que ya ha alcanzado la organización
genital".
[254] La neurosis obsesiva es sólo uno de los métodos curativos
intentados por el yo con el fin de vencer esta temprana ansiedad psicótica
infantil. Otro método será discutido en el cap. 12.
[255] Consideraremos estos cambios con mayores detalles en el cap. 10,
donde he tratado de demostrar que en el período de latencia el niño puede, por
medio de su neurosis obsesiva, enfrentar los requerimientos de su yo, superyó y
ello, mientras que a una edad mas temprana, cuando su yo todavía no está
maduro, no puede dominar su ansiedad de esta manera.
[256] Véase el cap. 6 y también el caso de Rita, cap. 3, quien vino a
ser analizada cuando contaba dos años y nueve meses y ya tenía un cierto número
de síntomas obsesivos acentuados, siendo los principales un ceremonial muy
complicado a la hora de dormir y un exagerado amor por el orden y la limpieza.
Este último encontró expresión en muchísimos hábitos que traicionaban la
tendencia obsesiva de su carácter y el modo como aquélla dominaba su
personalidad total. Además, estos hábitos ya tenían una larga duración. Su
ceremonial a la hora de dormir, por ejemplo, había comenzado y ha en su segundo
año de vida, y desde entonces había continuado desarrollándose. Erna (véase el
cap. 3), que fue traída al análisis a la edad de 6 años, tenía ciertos síntomas
obsesivos que también se remontaban al final de su segundo año de vida. En este
caso, muy grave, la neurosis, muy tempranamente presenta muchas similitudes con
la neurosis obsesiva de un adulto.
[257] Inhibición, síntoma y
angustia.
[258] Loc. cit.
[259] Ibíd.
[260] El punto de vista generalmente aceptado de que lo que sucede es
que el sentimiento de culpa que surge en el estadío genital está asociado por
regresión con los hábitos de limpieza, no toma en cuenta la severidad de los
sentimientos de culpa en cuestión ni tampoco lo íntimo de su unión con las
tendencias pregenitales. La impresión permanente que queda en el adulto por su
aprendizaje de control esfinteriano temprano y el modo como éste influye en su
desarrollo futuro total -como vemos continuamente en el análisis de adultos-
señala la existencia de una conexión directa mas profunda entre el hábito
temprano y los graves sentimiento de culpa. En "Psicoanálisis de los
hábitos sexuales" (1925), Ferenczi sugiere que hay una conexión directa
mas profunda entre los dos y que debe de haber una especie de precursor
fisiológico del superyó, que él llama "moralidad del esfínter".
[261] El punto de vista de que las formaciones reactivas y los
sentimientos de culpa aparecen en un período muy temprano del desarrollo del
yo, tan temprano como en el segundo año, está apoyado por Abraham en uno o dos
pasajes. En "Un breve estudio de la evolución de la libido, considerada a
la luz de los trastornos mentales" (1924b) dice: "En el estadío
narcisístico con propósito sexual canibalístico la primera evidencia de
inhibición instintiva, aparece en forma de ansiedad mórbida. El proceso de
vencer los impulsos canibalísticos está íntimamente asociado con el sentimiento
de culpa, que aparece en un primer plano como un fenómeno inhibitorio típico
perteneciente al estadío tercero".
[262] En "A propósito de un caso de neurosis obsesiva" (O. C.,
10), puntualiza: "La compulsión, por otra parte, es un intento de
compensación de la duda y de corrección de las intolerables de inhibición que
la duda testimonia".
[263] En su artículo "Fear, Guilt and Hate" (1929), Ernest
Jones ha puntualizado que la palabra "inocente" denota "no
dañoso", de modo que ser "inocente" significa no hacer daño.
[264] Tótem y tabú, O. C., 13.
[265] En cuanto al neurótico obsesivo, Freud dice en Tótem y tabú: "Y sin embargo, su
sentimiento de culpa está justificado, está basado sobre deseos de muerte
intensos y frecuentes que surgen en su inconsciente, dirigidos contra sus
semejantes".
[266] En el cap. 1 ya he puntualizado el acuerdo entre mis propios
puntos de vista sobre este asunto y algunas conclusiones a que Freud llega en El malestar en la cultura (O. C., 21).
Freud dice allí: "Entonces es, después de todo, solamente la agresión la
que se cambia en culpa al ser suprimida y pasada al superyó. Estoy convencido
que muchísimos procesos admitirán una explicación mas clara y mas simple si
restringimos los hallazgos del psicoanálisis con respecto al origen del
sentimiento de culpa a los instintos agresivos"; y también: "Uno se
siente inclinado a admitir la siguiente formulación: ´Cuando una tendencia
instintiva sufre represión, sus elementos libidinales se transforman en
síntomas y sus componentes agresivos en sentimiento de culpa´".
[267] Tótem y tabú O. C., 13.
[268] Ferenczi ha llamado la atención en "Estadíos en el desarrollo del sentido de la realidad"
(1913), sobre la conexión entre las funciones anales y la omnipotencia de
palabras y gestos. Véase también la obra de Abraham "La valoración
narcisista de los procesos excretorios en los sueños y en la neurosis"
(1920).
[269] Tótem y tabú.
[270] En una discusión sobre este tema, M. N. Searl puntualizó que el
impulso del niño a restituir los objetos está también impedido por su
experiencia temprana del hecho de que es fácil romper cosas pero excesivamente
difícil componerlas. Una evidencia de esta naturaleza debe contribuir, creo, a
aumentar sus dudas sobre sus poderes creativos.
[271] En "A propósito de un caso de neurosis obsesiva", Freud
observa que la duda es en realidad una duda del propio amor y que el hombre que
duda de su propio amor puede, o mas bien "debe" dudar de todo lo
demás.
[272] "La predisposición a la neurosis obsesiva", O. C., 12.
[273] Véase Abraham, "La formación del carácter en el nivel genital
del desarrollo de la libido" (1925).
[274] Rita, paciente de dos años y nueve meses, acostumbraba a hacerme
esto en su análisis (véase el cap. 2).
[275] El odio que se siente por la gente que habla otra lengua y la
dificultad experimentada para aprender una lengua extranjera me parecen
derivados de estas primeras perturbaciones del deseo de saber.
[276] Cf. los casos de Erna (cap. 3), de Kenneth (cap. 4) y de Ilse
(cap. 5).
[277] El yo y el ello, O. C.,
19.
[278] En algunos casos extremos esta presión puede ser de tanta fuerza
como para detener completamente el desarrollo del yo, pero aun en casos menos
anormales puede actuar no como agente promotor sino como algo que retarda el
desarrollo. Para poder tener un efecto favorable, al igual que en todos los
procesos de desarrollo, se requiere una cierta relación óptima entre los
factores actuantes.
[279] Mas allá del principio de
placer, O. C., 18.
[280] En los dos capítulos anteriores hemos visto que en los primeros
estadíos del desarrollo del individuo su yo no puede tolerar suficientemente su
ansiedad instintiva y su miedo a los objetos internalizados y trata de
protegerse en parte escotomizando y negando la realidad psicológica.
[281] Freud considera los orígenes de la proyección como "un modo
de conducta o de comportamiento destinado a hacer frente a las excitaciones que
le proporcionan dolor excesivo. Hay una tendencia a tratarlas como si
estuvieran actuando, no desde dentro, sino desde fuera, para que le sea posible
aplicar contra ellas la medida defensiva de la barrera contra los estímulos.
Este es el origen de la proyección, a la que está reservada una parte tan
importante en la producción de los estados patológicos" (Mas allá del principio del placer).
[282] Ibíd.
[283] En cuanto a estas relaciones íntimas entre sueños y juego, véase
el cap. 1 de este libro y mi artículo "La
personificación en el juego de los niños" (1929).
[284] Al relatar el incidente del niño y el carretel de madera Freud ha
interpretado su acción de arrojar el carretel como la expresión de impulsos
sádicos e impulsos de venganza. Creo que su acción siguiente de hacer
reaparecer el carretel (es decir hacer volver a su madre) fue también la
expresión de una restitución mágica del objeto (su madre) a la que él había
matado simbólicamente al arrojarlo.
[285] Véase el cap. 9.
[286] Inhibición, síntoma y
angustia, O. C., 20.
[287] Inhibición, síntoma y
angustia, O. C., 20. Pero el niño pequeño sólo podrá convencerse de
confortantes experiencias de esta naturaleza con tal de que sus primeras
situaciones de ansiedad no predominen y de que en la formación de su superyó
sus relaciones con sus objetos reales sean puestas suficientemente en juego. He
encontrado muchas veces que en niños mayores la ausencia de su madre reactivaba
las primeras situaciones de ansiedad bajo cuya presión ellos habían estado
cuando pequeños, sintiendo la ausencia temporal como permanente. En mi artículo
"La personificación en el juego de los
niños" (1929a), he relatado el caso de un niño de 6 años que me
hacía dos "malos" y los mataba. Además yo tenía que cambiarme una y
otra vez de madre "hada" en madre "mala", y todo de
inmediato. Como madre "hada" tenía que curar las heridas mortales que
él había recibido de un animal grande y salvaje (los padres malos combinados),
pero en seguida tenía que irme y volver como la madre "mala" y
atacarlo. Decía: "Cuando la madre hada se va de la pieza, Ud. nunca sabe
si ella no va a volver de repente como la madre mala". Este niño, que
estaba fuerte y extrañamente fijado en su madre desde los primeros años, vivía
en la creencia perpetua de que algo malo pasaría a sus padres, hermanos y
hermanas. Aunque acabara de ver a su madre un minuto antes no estaba seguro de
que no hubiera muerto en el intervalo.
[288] En Inhibición, síntoma y
angustia (O. C. 20), Freud dice: "El yo controla el acercamiento a la
conciencia y el pasar de los impulsos a la acción en el mundo externo; en s
función represiva ejerce su poder en dos direcciones". Por otra parte
dice: "Hemos demostrado la dependencia del yo frente al ello y al superyó
y su desamparo y aprensión frente a ellos". Mi teoría del crecimiento del
yo está de acuerdo con estas dos afirmaciones porque demuestra cómo las fuerzas
del superyó y del yo reaccionan una sobre la otra y determinan el curso total
del desarrollo del individuo.
[289] Este tema será tratado mas ampliamente en el cap. 12.
[290] Véase Flügel: Psicología del vestido (1930).
[291] En las niñas también la escritura y otras actividades de esta
clase se derivan fundamentalmente de sus componentes masculinos.
[292] En conexión con sus componentes femeninos, sus cuadernos
significan su propio cuerpo, y la realización de sus trabajos escolares, un
intento de restaurarlo.
[293] Véase mi artículo "El papel de la escuela en el desarrollo libidinal del
niño" (1923). Las mayúsculas y minúsculas significan padres e
hijos, respectivamente.
[294] En mi artículo "El papel de la
escuela en el desarrollo libidinal del niño" (1923), discutí el
significado inconsciente de ciertos útiles usados en la escuela y he examinado
las causas subyacentes de las inhibiciones en el aprendizaje y en la vida
escolar. Como consecuencia de una represión excesiva de sus fantasías de
masturbación, el niño sufre de una inhibición de su vida imaginativa que afecta
tanto su juego como su trabajo. Durante su período de latencia esta inhibición
es muy visible en el carácter total del niño. En ¿Pueden los legos ejercer el análisis? (O. C., 20) Freud dice:
"Tengo la impresión de que al comenzar el período de latencia los niños se
vuelven mas inhibidos mentalmente y mas torpes; muchos pierden también algo de
su encanto físico". Es verdad por cierto, que el yo mantiene su posición
de superioridad sobre el ello a costa del individuo. En aquellos períodos de la
vida en que no se tiene tanto éxito en someter al ello (es decir, durante el
primero y segundo período de la expansión sexual) se goza de una actividad
imaginativa mucho mayor, que se expresa en una inestabilidad de espíritu por
una parte y una mayor riqueza de la personalidad por la otra.
[295] Inhibición, síntoma y
angustia. O. C., 20.
[296] Ibíd.
[297] En este proceso las diversas identificaciones del niño se hacen
mas sintetizadas, los requerimientos del superyó mas unificados y sus objetos
internalizados se adaptan a la situación externa. Véase también mi artículo
"La personificación en el juego de los
niños" (1929).
[298] En Inhibición, síntoma y
angustia, Freud dice que en las neurosis obsesivas el yo y el superyó
tienen gran parte en la formación de los síntomas.
[299] Inhibición, síntoma y
angustia.
[300] El ambiente del niño puede también afectar directamente su
neurosis. En algunos análisis, he encontrado que la influencia favorable
ejercida sobre el paciente por un cambio en las personas que lo rodean es
atribuible al hecho de que lo lleva a intercambiar un número de síntomas muy
cansadores por otros que, aunque igualmente importantes en la estructura de su
neurosis, son menos advertibles. Otra cosa que puede hacer que desaparezcan los
síntomas del niño es un aumento del miedo a sus objetos.
Traté
una vez a un paciente de 14 años de edad (véase mi artículo "Una contribución a la psicogénesis de los tics",
1925), que hacía bien sus deberes en la escuela pero que había sido inhibido en
los deportes y juegos, hasta que su padre, quien había estado afuera durante un
largo tiempo, volvió a la casa e hizo presión para que el niño dominara su
inhibición. El niño en cierto modo lo logró debido al miedo que tenía al padre,
pero al mismo tiempo fue dominado por una grave inhibición para aprender que
todavía persistía cuando me lo trajeron para ser analizado, a los 14 años.
[301] Si se presta debida atención a estas indicaciones podremos
observar los comienzos de futuras enfermedades y alteraciones de desarrollo
mucho mas claramente en este primer período de la infancia que en el de
latencia. En muchísimos casos de personas que se han enfermado en la pubertad o
mas tarde, se ha encontrado que sufrían de grandes dificultades en la primera
infancia pero que se adaptaron bien durante el período de latencia, época en la
cual no mostraron dificultades pronunciadas y fueron dóciles (a menudo
demasiado dóciles), teniendo en cuenta su ambiente educativo. En casos donde la
ansiedad perteneciente a los primeros estadíos es demasiado intensa o no ha
sido modificada adecuadamente, el proceso de estabilización del período de
latencia que descansa sobre mecanismos obsesivos, no tiene lugar.
[302] Si los requerimientos de período de latencia han sido impuestos
con demasiado éxito y la docilidad del niño es demasiado grande, su carácter y
los ideales del yo permanecerán en un estado de sometimiento a su medio para el
resto de su vida. Un yo débil -resultado de un mal ajuste entre el superyó y el
ello- corre el riesgo de ser incapaz de realizar la tarea de desligar al
individuo de sus objetos en la pubertad y de establecer standards internos independientes, de modo que fracasará desde el
punto de vista caracterológico. Una menor dependencia en sus objetos por parte
del niño está en completo acuerdo con las exigencias impuestas sobre él en
aquella época. En ninguno de mis análisis en período de latencia el niño se ha
desligado de sus objetos en el sentido en que lo hacen los niños en la
pubertad. Todo lo sucedido es que sus fijaciones son menos fuertes y
ambivalentes. En este período de la vida, al hacerse menos dependiente de sus
objetos se hace mas capaz de encontrar otros objetos y así se prepara para el
siguiente desligamiento que tiene que lograr de sus objetos en la pubertad. El
análisis no aumenta, sino que disminuye las dificultades que tiene el niño para
adaptarse y ponerse en buenas relaciones con su ambiente, porque cuanto mas
libertad interna tiene mejor podrá lograrla.
[303] Inhibición, síntoma y
angustia, O. C., 20.
[304] En muchas de sus sublimaciones, particularmente en sus esfuerzos
artísticos e intelectuales, el niño hace uso extensivo del modo femenino de
dominar la ansiedad. Utiliza libros y trabajo con el significado de cuerpo,
fertilidad, niños, etc., como una refutación de la destrucción de su cuerpo
que, en la posición femenina, él espera de manos de la madre como de una rival.
[305] Para una exposición de los factores mas fundamentales en las
relaciones con su hijo, véase el cap. siguiente.
[306] El miedo del niño a convertirse en mendigo o en huérfano
desamparado aparece en todos los análisis de niños y juega un gran papel en la
fijación del niño en su madre y es una de las formas que toma su miedo a la
pérdida de amor.
[307] En algunas mujeres he podido establecer que cuando terminan su
arreglo matinal, sienten una frescura y energía en contraste con su estado
depresivo anterior. El lavarse y vestirse representa para ellas, de muchas
maneras, una restauración.
[308] Véase el cap. 11.
[309] Véase el cap. 9.
[310] En el cap. 12 examinaremos un caso que lo ilustra.
[311] Este mecanismo del dominio de la ansiedad juega una parte en la
mayoría de las acciones triviales, de modo que el simple vencimiento de las
dificultades diarias proporciona al individuo un medio para dominar su ansiedad
que es de gran importancia económica, y si es neurótico encontrará tales
acciones muy penosas, y puede llegar a ser incapaz de realizarlas.
[312] Inhibición, síntoma y
angustia. O. C. 20.
[313] "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica
entre los sexos", O. C. 19.
[314] En su artículo "On the Genesis of the Castration Complex in
Women" (1924), Karen Horney sostiene el punto de vista de que lo que hace
surgir el complejo de castración en la niña es la frustración que ha sufrido en
la situación edípica y que su deseo de poseer un pene surge primariamente de
sus deseos edípicos y no del deseo de ser un hombre. Considera el pene deseado
como una parte del padre o como su sustituto.
[315] En Psychoanalyse der weiblichen Sexualfnktionen (1925), Helene
Deutsch ha señalado que ya muy tempranamente la niña pequeña, tomando al padre
como objeto de sus afectos inmediatamente después que a su madre, dirige hacia
él gran parte de su verdadera libido sexual ligada a la zona oral, con la que
ha cargado el pecho de su madre, desde que "en una fase de su desarrollo
su inconsciente equipara el pene del padre con el pecho de la madre como un
órgano que da de mamar". También estoy de acuerdo con la autora en que al
equiparar el pene con el pecho, la vagina toma el rol pasivo de la boca que
chupa en el "proceso de desplazamiento de arriba abajo" y que esta
actividad de succión oral de la vagina está implicada en su estructura
anatómica total. Pero mientras, de acuerdo con Helene Deutsch, estas fantasías
no entran en acción hasta que la niña haya llegado a su madurez sexual y
realizado el acto sexual, en mi opinión la equiparación temprana del pene con
el pecho surge de la frustración que ella ha sufrido del pecho en su temprana
infancia y ejerce enseguida una influencia poderosa sobre ella afectando
grandemente la dirección de su desarrollo. También creo que la ecuación del
pene y pecho, acompañada por el "desplazamiento de arriba abajo",
activa las cualidades oral-receptivas del genital femenino a una edad temprana
y prepara la vagina para recibir al pene. Esto, así, aclara el camino para las
tendencias edípicas de la niña -aunque, en verdad, éstas no desarrollan su
total poder hasta mas tarde- y colocan los cimientos de su desarrollo sexual.
[316] Inviste a la madre con algo de esta gloria y en algunos casos la
valorará solamente como la poseedora del pene del padre.
[317] Tendrá la misma actitud frente a los niños en el cuerpo de la
madre. Más adelante volveremos a este tema y consideraremos en qué sentido la
hostilidad a los niños dentro de la madre afecta sus relaciones con sus propios
hermanos y hermanas, con sus propios hijos imaginarios y mas tarde con los
reales.
[318] Véase Abraham, "Un breve estudio de la evolución de la
libido, considerada a la luz de los trastornos mentales" (1924b). Mi
paciente Erna, cuyo historial ha sido relatado en el cap. 3, fue un ejemplo
típico. Su padre era para ella principalmente el portador del pene con el que
gratificaba a su madre y no a ella. Resultó ser que su envidia del pene y sus
deseos de castración, que eran excesivamente fuertes, se basaban últimamente en
la frustración que ella había sufrido frente al pene en su estadío oral. Desde
que focalizando el odio sobre el pene imaginó que su madre tenía la posesión de
él, el afecto que ella mantenía frente a la madre, aunque lleno de odio, fue
mas personal que el que sentía por el padre. Es verdad que otra razón que la
alejó de él fue protegerlo de su propio sadismo. Y la concentración de su odio
sobre el pene también la ayudó para evitarlo como objeto. (véase Abraham). El
análisis la capacitó para tener una actitud mas amistosa y humana con su padre,
y este progreso se acompañó con cambios favorables en su relación con la madre
y sus objetos en general. En cuanto a la relación con el pene del padre y el
padre mismo, llamaré la atención sobre la similitud que existe entre mi
paciente y los dos casos relatados por Abraham en el libro mencionado.
[319] Véase el cap. 8.
[320] En consecuencia, el superyó de la niña es mas potente que el del
varón; trataremos luego de la influencia que tiene en el desarrollo del yo en
sus relaciones de objeto.
[321] Como ya hemos visto en la primera parte de este libro, el miedo
del niño a las cosas malas dentro de él, ya sean objetos malos internalizados,
excrementos peligrosos o sustancias corporales, usualmente lo impulsa a probar
toda clase de procesos de expulsión e introyección, y es así un factor
fundamental en su desarrollo.
[322] El deseo del niño de que los padres copulen sádicamente es, en mi
experiencia, un factor importante en la producción y mantenimiento de sus
teorías sexuales, de modo que ellas deben su carácter no sólo a la influencia
que tienen los impulsos pregenitales sobre la formación de sus fantasías, sino
que son el resultado de sus deseos destructivos dirigidos contra los padres en
copulación. Analizando las teorías sexuales de los niños he encontrado que un
importante punto de vista terapéutico es prestar atención al hecho de que
ellas, surgiendo de deseos sádicos, originan un fuerte sentimiento de culpa.
[323] Estas fantasías también hacen surgir situaciones de peligro que en
si mismas no están relacionadas con el acto sexual.
[324] Véase el cap. 10.
[325] La tendencia del individuo a conseguir seguridades del mundo
externo y una tranquilización de sus temores de peligros imaginarios desde
dentro y desde fuera es, pienso, un factor importante en la compulsión de
repetición. (Véase el cap. 7). Cuanto mas neurótico es, mas sus tendencias
estarán coloreadas por la necesidad de castigo. Las condiciones a las cuales
está ligada la obtención de tal seguridad, desde el exterior, estarán en
proporción crecientemente desfavorable cuando la ansiedad conectada con sus tempranas
situaciones de peligro sea muy fuerte y su tendencia a sentimientos optimistas,
débil. En casos extremos, solamente severos castigos o experiencias bastante
desgraciadas, que él vive como castigo, son capaces de ocupar el lugar de los
castigos imaginarios que teme.
[326] En su artículo "La importancia del masoquismo en la vida
mental de la mujer" (1930a), Helene Deutsch sostiene puntos de vista sobre
los orígenes del masoquismo que difieren de los míos y que se basan en la
suposición, igualmente en discrepancia con la mía, de que el complejo de Edipo
de la niña es introducido por sus deseos y miedos de castración.
[327] Véanse Mas allá del
principio de placer y "El problema económico del masoquismo", O.
C., 18 y 19.
[328] Es claro que estas varias formas se sobreponen en muchos casos.
Tratando con un material tan complicado y rico sólo puedo dar una relación
esquemática de una o dos de dichas formas, siendo mi objeto describir algunas
de las consecuencias que surgen de esta ansiedad mas fundamental en la mujer.
[329] Tal resultado depende grandemente, parecería, de la extensión en
que le yo sea capaz de dominar la ansiedad. Como vimos en el capítulo anterior,
sucede a veces que el individuo puede dominar su ansiedad (o mas aun,
transformarla en placer) sólo a condición de que las situaciones reales que
debe vencer sean particularmente difíciles y peligrosas. A menudo encontramos
estas mismas condiciones impuestas en sus relaciones amorosas, en cuyo caso la
copulación misma representa una situación de peligro. De aquí que la frigidez
en la mujer se deba en parte a que ella evita de un modo fóbico una situación
de ansiedad. Hasta donde he podido ver, existe una íntima conexión entre las
condiciones específicas del dominio de la ansiedad y la obtención de
gratificación sexual.
[330] Véase Freud, Tótem y tabú,
O. C., 13; también Ferenczi, "Estadíos en el
desarrollo del sentido de la realidad" (1913) y Abraham,
"La valoración narcisista d los procesos excretorios en los sueños y en la
neurosis" (1920).
[331] Para la conexión entre la paranoia y las funciones anales, véanse
Freud, Ferenczi, Von Ophuijsen, Stärcke y otros.
[332]Véase el cap. 10.
[333] La omnipotencia sádica de esta índole, utilizada primariamente
para destruir a los padres o a uno de ellos por medio de excrementos, se
modifica en el curso del desarrollo del niño y es a menudo empleada para
imponer daños a sus objetos o controlarlos o dominarlos intelectualmente.
Debido a esta modificación y a que el niño realiza ahora sus ataques de un modo
insidioso y secreto, y despliega igual vigilancia e inventiva mental en
precaverse de los contraataques de un carácter correspondiente, su original sentimiento
de omnipotencia toma una importancia fundamental en el desarrollo de su yo. En
el artículo citado anteriormente, Abraham sostiene que la omnipotencia de las
funciones de la vejiga e intestinos es un precursor de la omnipotencia de los
pensamientos, y en su artículo "The Madonna´s Conception through the
Ear" (1923), Ernest Jones ha mostrado que los pensamientos se equiparan
con el flato. Pienso también que el niño equipara sus heces, y mas
especialmente sus flatos invisibles, con otra sustancia secreta e invisible,
sus pensamientos, y, además, que imagina que en sus ataques ocultos sobre el
cuerpo de su madre, los ha puesto dentro de ella por medios mágicos. (Véase el
cap. 8 de este libro).
[334] El hecho de que la mujer refiera su narcisismo al cuerpo como un
todo puede deberse en parte a que conecta su sentimiento de omnipotencia con
sus varias funciones corporales y procesos excretorios, distribuyéndolo así en
una mayor extensión sobre el total de su cuerpo, mientras que el hombre lo
focaliza mas en sus genitales. Después de todo, es por medio de su cuerpo que
apresa y controla sus objetos reales por medios mágicos.
[335] En este capítulo y en el siguiente consideraré cómo la diferencia
anatómica entre los sexos contribuye a separar las líneas a lo largo de las
cuales el sentimiento de omnipotencia y, consecuentemente, las formas de
dominar la ansiedad se desarrollan en cada sexo.
[336] En mi trabajo "Una contribución a
la teoría de la inhibición intelectual" (1931), he mostrado que
en su inconsciente el individuo considera al pene como representante del yo y
de su consciente, y al interior de su cuerpo -que es invisible- como el
representante del superyó y del inconsciente. (Véase también el cap. 12 de este
libro).
[337] En su artículo "The Role of Psychotic Mechanisms in cultural
Development" 1930), Melita Schmideberg ha mostrado que la introyección del
pene del padre (= padre) acrecienta grandemente el narcisismo del individuo y
su sentimiento de omnipotencia.
[338] En el capítulo 8 he mostrado cómo el pecho "bueno" se
transforma en "malo" a consecuencia de los ataques imaginarios que el
niño realiza contra él (porque el niño dirige todos sus recursos sádicos, en
primer lugar, contra el pecho, porque no le da suficiente gratificación); así,
una introyección primaria de ambas imagos maternas, una buena y una mala, tiene
lugar antes de que se formen otras imagos.
[339] En seguida examinaré con mas detalle el profundo significado
ligado a la posesión de niños. Es suficiente hacer notar aquí que los niños
imaginarios dentro del cuerpo representan un objeto útil.
[340] Se recordará que, en su imaginación, además de haber atacado a sus
padres, la niña ha dañado y matado a sus hermanos y hermanas dentro de la
madre. Su temor a la venganza y sentimiento de culpa por esta causa hacen
surgir trastornos en sus relaciones con los hermanos y hermanas reales y,
consecuentemente, en su capacidad de adaptación social en general. Se recordará
que, en su imaginación, además de haber atacado a sus padres, la niña ha dañado
y matado a sus hermanos y hermanas dentro de la madre. Su temor a la venganza y
sentimiento de culpa por esta causa hacen surgir trastornos en sus relaciones
con los hermanos y hermanas reales y, consecuentemente, en su capacidad de
adaptación social en general.
[341] Véase el cap. 9.
[342] Si la ansiedad es tan fuerte que no puede ser limitada por
mecanismos obsesivos, los violentos mecanismos correspondientes a los primeros
estadíos entrarán en juego junto con los mecanismos de defensa mas primitivos
empleados por el yo.
[343] Señalaré que cada niño tiene su cajón donde coloca los juguetes,
papeles, lápices, etc., que yo saco para él al comenzar su hora y renuevo de
tiempo en tiempo y que son puestos aparte junto con las cosas que él trae de la
casa.
[344] Véase "Estadíos tempranos del
conflicto edípico" (1928).
[345] En su artículo "La importancia del masoquismo en la vida
mental de la mujer" (1930a), Helene Deutsch puntualiza este hecho como
obstáculo para el mantenimiento de la posición femenina.
[346] Esta es, en parte, la razón por la cual el narcisismo femenino se
extiende sobre el total del cuerpo. El narcisismo masculino está focalizado
sobre el pene porque el temor mayor del niño es el de ser castrado.
[347] Loc. cit
[348] Helene Deutsch apoya esta opinión en su libro Psychoanalyse der
weiblichen Sexualfunktionen (1925).
[349] Ya hemos considerado la estructura de aquellos casos en los cuales
el acto sexual no disminuye la ansiedad y a veces la aumenta.
[350] En su artículo "One of the Motive Factors in the Formation of
the Super-Ego in Women" (1928), Hanns Sachs ha sugerido la posibilidad de
que dado que la fase vaginal no puede establecerse a esa edad, la niña desplaza
sus oscuras sensaciones de la vagina hacia la boca.
[351] Véase Abraham, "Manifestaciones del complejo de castración
femenino" (1922).
[352] Karen Horney ha sido la primera psicoanalista que puso en relación
el complejo de castración en la mujer con su primera posición femenina como
niña pequeña. En su artículo "On the Genesis of the Castration Complex in
Women" (1923), ha puntualizado ciertos factores que son importantes en el
establecimiento en la niña de la envidia del pene basada en cargas
pregenitales. Uno de éstos es la gratificación de las tendencias
exhibicionistas y escoptofílicas que advierte que el niño obtiene al orinar;
otra es su creencia de que la posesión del pene suministra una mayor
gratificación del erotismo uretral, mientras que otras están derivadas de las
dificultades que la acosan con respecto a su posición femenina, tal como la envidia a su madre por
tener niños y que aumentan su tendencia a identificarse con su padre así como a
intensificar su envidia del pene. Karen Horney cree, además, que los mismos
factores que inducen a la niña a adoptar una actitud homosexual la conducen, aunque
en menor grado, a la producción de un complejo de castración.
[353] Según Helene Deutsch, la enuresis es la expresión de una posición
femenina en el niño y masculina en la niña (Psychoanalysis of the Neuroses,
1930b, pág. 51).
[354] Al hacer esto emplean un mecanismo que es, creo, de importancia
general en la formación de fantasías sádicas. Convierten el placer que dan a su
objeto en lo opuesto, añadiendo elementos destructivos. Como venganza, por no
obtener "bastante" leche de la madre, producirán, en su imaginación,
una cantidad excesiva de orina, y así destruirán su pecho, ahogándolo o
licuándolo; y como una venganza por no tener leche "buena" de ella
producirán un líquido dañino con el que quemarán o envenenarán su pecho y la
leche que éste contiene. Este mecanismo también dará lugar a fantasías de
atormentar y dañar a la gente dándole demasiada comida buena. En este caso, el
sujeto puede sufrir -como he encontrado en muchos casos- de la ansiedad de
temer la venganza, de sentirse ahíto o estar demasiado lleno en conexión con el
comer. Un paciente mío apenas podía controlar su rabia si le ofrecían aun del
modo más cordial, comida, bebida o cigarrillos por segunda vez. Se sentía
inmediatamente harto y perdía todo deseo de comer, beber o fumar mas. El
análisis demostró que este comportamiento estaba causado por las fantasías de
carácter primariamente sádico descriptas arriba.
[355] En su artículo "On the Genesis of the Castration Complex in
Women" (1923), Karen Horney dice que uno de los factores que impulsa la
envidia del pene primaria de la niña en conexión con sus impulsos eróticos
uretrales es que sus fantasías sádicas de omnipotencia están basadas en
funciones urinarias asociadas en íntima conexión con el chorro de orina que
produce el varón.
[356] Al considerar los orígenes de la homosexualidad en la mujer,
Ernest Jones en su artículo "El desarrollo temprano de la sexualidad
femenina" (1927b), ha llegado a ciertas conclusiones fundamentales que mis
hallazgos confirman ampliamente. Dice, resumiendo, que la presencia de fuertes
fantasías de fellatio en la mujer
aliada a un sadismo oral poderoso prepara el camino a la creencia de que ha
tomado posesión por la fuerza del pene del padre y se ha puesto en una relación
especial de identificación con él. En su actitud homosexual así originada,
demostrará falta de interés por su propio sexo y un fuerte interés por los
hombres. Sus esfuerzos serán ganar el reconocimiento y respeto del hombre y
tendrá fuertes sentimientos de rivalidad, odio y resentimiento contra él. En lo
que respecta a la formación caracterológica, presentará rasgos acentuadamente
oral-sádicos, y su identificación con su padre estará empleada en alto grado al
servicio de sus deseos de castración.
[357] Véase el cap. 7.
[358] El lector puede consultar el historial de Erna en el cap. 3, pero
un punto característico puede citarse aquí. A la edad de 6 años Erna sufrió de
insomnio grave. Tenía terror a los asaltantes y ladrones, a los que podía
vencer solamente si se acostaba boca abajo y golpeaba su cabeza contra la
almohada. Esto significaba tener coitos sádicos con su madre, en los que jugaba
el papel de su supuesto padre sádico.
[359] En su artículo "La femineidad como una máscara" (1929),
Joan Riviere ha señalado que en su odio y rencor contra sus padres por
proporcionarse mutuamente gratificaciones sexuales la niña tiene fantasías de
castrar a su padre, tomar posesión de su pene y así tenerlos a los dos en su
poder y matarlos.
[360] En este, así como en otros puntos importantes, mis observaciones
analíticas están en completo acuerdo con M. N. Searl.
[361] En su "Psychotic Mechanisms in Cultural Development"
(1930), Melitta Schmideberg deduce que la parte desempeñada en la historia de
la medicina por la creencia en las cualidades mágicas del pene
"bueno" se simboliza por los remedios, y la creencia en el
"malo" se simboliza por el demonio de la enfermedad. Atribuye los
efectos psicológicos de los remedios físicos a las causas siguientes: la
actitud originaria primera de agresión contra el pene del padre, actitud que ha
transformado a ese órgano en uno extremadamente peligroso, es seguida por una
posición de obediencia y sumisión hacia él. Si toma la medicina que se le da,
que representa el pene "bueno", contrarrestará a los objetos
"malos" en su interior.
[362] Si su homosexualidad emerge solamente de manera sublimada,
protegerá y cuidará de otras mujeres (por ejemplo, de su madre), adoptando una
actitud de esposa hacia ellas, y tendrá poco interés por el sexo masculino.
Ernest Jones ha demostrado que esta actitud se desarrolla en las mujeres
homosexuales en las que la fijación oral de succión es muy fuerte.
[363] Helene Deutsch también cree que la verdadera actitud pasiva de la
vagina se encuentra en su actividad oral y de succión (Psychoanalyse der
weiblichen Sexualfunktionen, 1925).
[364] Véase mi "Estadíos tempranos del conflicto edípico"
(1928).
[365] Helene Deutsch: "La importancia del masoquismo en la vida
mental de la mujer" (1930a).
[366] En su artículo "Some Unconscious Mechanisms in Pathological
Sexuality and their Relation to Normal Sexual Activity" (1932a), Melitta
Schmideberg ha llegado a la conclusión de que las tendencias restitutivas son
de gran importancia como incentivo de las actividades hétero y homosexuales.
[367] Si su sentimiento de culpa es excesivo, la fusión de sus
actividades sexuales y de sus tendencias reactivas puede hacer surgir graves
perturbaciones en su vida sexual. Reservaremos para el próximo capítulo la
discusión del efecto que el deseo de realizar restituciones tiene sobre el
desarrollo sexual y la potencia del hombre.
[368] Aun cuando su sadismo permanece dominante, el medio que emplea
para dominar su ansiedad influirá en su vida sexual y puede conducirla a tener
una actitud homosexual o a adoptar una heterosexual, estando ambas posiciones
basadas sobre sus tendencias sádicas.
[369] En mi trabajo "Situaciones infantiles de angustia reflejadas
en una obra de arte y en el impulso creador" (1929b), he analizado un
relato de Karen Michaelis sobre una mujer joven que repentinamente desarrolló
un gran talento de retratista de mujeres sin haber antes manejado nunca un
pincel. He tratado de demostrar que lo que causó esta súbita productividad
artística fue la ansiedad emanada de sus mas profundas situaciones de peligro,
y que pintar retratos de mujeres simbolizaba una restauración de su yo propio,
cuya destrucción temió por venganza, y en este sentido fue capaz de aliviar el
miedo surgido de sus mas profundos niveles mentales.
[370] Fantasías con este contenido desempeñan en la homosexualidad
femenina una parte similar a la que desempeñan en la homosexualidad del hombre
fantasías de encontrar el pene del padre dentro del cuerpo de la madre como
objeto de gratificación y de odio. Eso podría ser debido a que cuando la
actitud de la niña es predominantemente sádica, representa la destrucción del
pene del padre, emprendida en común por ella y su madre, y cuando es
predominantemente positiva, una gratificación libidinal obtenida del pene en
común entre ella y su madre.
[371] Desde que el modo en que cada niño recibe las impresiones de la
realidad está ya ampliamente determinado por sus tempranas situaciones de
ansiedad, los mismos acontecimientos tendrán efectos diferentes en distintos
niños. Pero no puede dudarse de que la existencia de relaciones armoniosas y
amistosas entre sus padres y entre ellos mismos y sus padres, es de importancia
básica para su exitoso desarrollo sexual y su salud mental. Es claro que una
vida familiar feliz supone en general que los padres no son neuróticos, de modo
que un factor constitucional entra también en la situación.
[372] Véase el cap. 9.
[373] Un animal favorito puede también desempeñar la parte de objeto de
"ayuda" en la imaginación del niño y disminuir así su ansiedad. Puede
ser una muñeca o un animal de juguete al que asigne a menudo la función de
protegerlo cuando duerme.
[374] Véase el cap. 7.
[375] Cada tipo toma importancia en los diferentes períodos de la vida.
El análisis mostró que cuando su ansiedad crecía y ciertos factores externos
actuaban, era conducida a elegir sujetos sádicos, o, por lo menos, a sentirse
incapaz de resistir sus avances; mientras que en cuanto lograba separarse de
sus objetos sádicos emergía el otro tipo, bondadoso, representante del hermano,
y la hacía menos masoquista y mas capaz de elegir un objeto satisfactorio.
[376] Para una mayor exposición de este punto, véase el cap. siguiente.
[377] Véase el cap. 7.
[378] Esto se ve mas en el caso de la niña seducida o violada por
adultos. Dicha experiencia, como sabemos, puede tener efectos muy graves sobre
la mente del niño.
[379] Loc. cit., pág. 36.
[380] Véase Lewin, "Kostchmieren, Menses und weibliches
Ueber-Ich" (1930).
[381] En su artículo "Psychoanalytisches zur Menstruation"
(1913), Melitta Schmideberg puntualiza que la niña considera la menstruación,
entre otras cosas, como el resultado de haber copulado sádicamente con el
padre, y esto es tanto mas terrorífico desde que ella cree que la acción es,
por parte de éste, una venganza llevada a cabo por su agresión contra ambos
(contra él y su madre). Así como en sus fantasías sádicas, cuando niña, él
ejecutaba sus deseos agresivos contra la madre, ahora él ejecuta el castigo que
la madre le inflige a ella. Además, sus coitos sádicos con él parecen
representar el castigo por el deseo de castración que sintió contra el sexo
masculino en conexión con la copulación.
[382] En mi opinión, la fantasía primaria de la niña, mencionada arriba,
2(b), de que sus genitales (clítoris) han sido dañados porque le han arrancado
por la fuerza el pene introyectado, o el miedo de que esto suceda, forma la
base de sus fantasías de que los genitales han sido dañados por castración.
[383] Véase Freud, "Algunas consecuencias psíquicas de la
diferencia anatómica entre los sexos", O. C., 19.
[384] El reconocimiento de la realidad interna es la base de la
adaptación a la realidad externa. La actitud del niño frente a sus objetos
imaginarios, que en este estadío de su vida son imágenes fantásticas de los
objetos reales externos, determinará sus relaciones posteriores con estos
objetos.
[385] La equiparación del pene "malo" con el niño ha sido ya
discutida. Las dos ecuaciones coexisten y se refuerzan una a la otra.
[386] S. Ferenczi: "La ontogénesis del
interés por el dinero" (1914a).
[387] La niña a menudo identifica en su inconsciente el niño imaginario
con un pene pequeño e inofensivo. Esto está en parte en conexión con su
relación con hermanos u otros niños, que la ayudan a confirmar su creencia en
el pene "bueno". De pequeña atribuye una enorme cantidad de sadismo
al pene del padre y encuentra el pequeño pene del hermano, si bien menos digno
de admiración, menos peligroso.
[388] En El malestar en la cultura
(O. C., 21), Freud dice: "La agresión está en el fondo de todas las
relaciones de amor de los seres humanos, posiblemente con la sola excepción de
la madre con su hijo varón". Cuando la mujer está fuertemente afectada por
la equiparación entre niño y pene "bueno", será capaz de concentrar
todos los elementos positivos de sus sentimientos sobre el niño, siempre que
sea varón.
[389] También toma esto como una prueba por la realidad de que la orina,
que ella equipara a la leche, no es peligrosa; así como por otra parte
considera frecuentemente la sangre menstrual como una prueba en la realidad de
que la orina y otros excrementos son sustancias peligrosas. Además, el hecho de
amamantar es una refutación no sólo del temor surgido de su fantasía sádica de
que el pecho ha sido destruido, sino que la convence de que los excrementos no
son dañinos para su cuerpo. Estas son las armas que en su imaginación usó para
atacar el cuerpo de la madre y ahora ve que no lo ha dañado.
[390] "Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica
entre los sexos", O. C., 19.
[391] Junto con su mayor dependencia de los objetos va el mayor grado en
que ella es afectada por la pérdida de amor. En su artículo "One of the
Motive Factors in the Formation of the Super-Ego in Women" (1928), Hanns
Sachs ha señalado el hecho curioso de que aunque la mujer, en general, es mas
narcisista que el hombre, siente más la pérdida de amor. Ha tratado de explicar
esta contradicción aparente suponiendo que cuando el conflicto de Edipo llega a
su fin, la niña trata de adherirse al padre tanto por su deseo de tener un niño
de él como por medio de una regresión oral. Este punto de vista coincide con el
mío en puntualizar el significado que la ligazón oral al padre tiene en la
formación de su superyó. Pero de acuerdo con él, esta ligazón se produce por
una regresión después que ella ha sido desilusionada en sus esperanzas de tener
un pene y de obtener satisfacción genital del padre. Mientras que en mi punto
de vista, la ligazón oral al padre, o, mas correctamente, su deseo de
incorporar su pene, es el fundamento y punto de partida de su desarrollo sexual
y de la formación de su superyó.
Ernest
Jones atribuye el gran efecto que tiene sobre la mujer la pérdida de objeto al
miedo de que el padre no le dará gratificación sexual (véase su artículo
"El desarrollo temprano de la sexualidad femenina", 1927). De acuerdo
con él, la razón por la cual la frustración de la gratificación sexual es tan
intolerable para ella, es que pone en movimiento su profunda ansiedad, que es
el miedo a la afánisis, de haber perdido totalmente la capacidad de
experimentar placer sexual (en esto la mujer es mas dependiente que el hombre
de su pareja).
[392] Como ya se ha dicho, las diferentes clases de magia actúan
conjuntamente y son intercambiables. El yo las opone una contra otra. El miedo
de la niña de tener niños malos (heces) dentro de ella como resultado de los
poderes mágicos de sus excrementos actúa como un incentivo para sobreenfatizar
la creencia en el pene bueno. La equiparación del pene bueno con el niño le
hace posible la esperanza de haber incorporado niños buenos, y ellos son un
contrapeso para los niños que dentro de ella equipara a las heces malas.
[393] Esta fantasía existe también en el varón. (Véase el cap. 12).
[394] "Sobre la sexualidad femenina", O. C., 21.
[395] Véanse mis trabajos: "Estadíos
tempranos del conflicto edípico" (1928) y "La importancia de la formación de símbolos en el desarrollo
del yo" (1930a).
[396] Hasta donde es posible, estos estadíos serán sólo aludidos
brevemente aquí. Sobre un examen mas detallado de ellos el lector debe ver los
cap. 8 y 9 de este libro.
[397] Para un mayor detalle del fenómeno que aparece en conexión con la
fase femenina del varón, el lector puede consultar mi artículo "Estadíos tempranos del conflicto edípico"
(1928). Véase también Karen Horney "The Flight from Womanhood" (1926)
y Félix Boehm "El complejo de femineidad en el hombre" (1930).
[398] El significado etiológico de estos miedos en las psicosis ha sido
señalado en los cap. 8 y 9.
[399] Este miedo tiene relación, creo, con varias formas de
claustrofobia. Parece evidente que la claustrofobia se remonta al miedo a
quedar encerrado dentro del peligroso cuerpo de la madre. En el particular
temor de no ser capaz de extraer el pene del cuerpo de la madre, parecería que
este miedo se ha reducido a un miedo tan sólo por el pene.
[400] Véase Abraham, "Ejaculatio
Praecox" (1917). En su "Beiträge zur Analyse des Sadismus und
Masochismus" (1913), Federn ha tratado el tema de cómo el sadismo activo
surge en el varón, y ha llegado a la conclusión de que "la componente
activa del órgano masculino que está despertando, se transforma en sadismo por
mecanismos inconscientes en los que la representación simbólica juega una parte
importante; o mas concretamente, las tendencias que fluyen de este componente
son transformadas en deseos sádicos. Al mismo tiempo, todas las tendencias
activas que ya han sido desarrolladas en el niño se reactivan".
[401] En algunos casos he visto que el niño utiliza su propio pene como
un arma contra el pene internalizado del padre, así como volviéndolo contra sí.
Equipara la corriente de orina con su pene y la considera como un palo o
rebenque o espada con los que él vence al pene de su padre dentro de él mismo.
Con frecuencia me he enfrentado con una fantasía en la que el niño estira su
pene de tal modo que alcanza a ponerlo en su boca, y en algunos casos dentro de
su ano. Esta fantasía es activa por su deseo de poner su pene en una lucha
directa con su superyó.
[402] Según Ferenczi (1922), el erotismo pregenital es desplazado a
actividades genitales en virtud del proceso de amphimixis.
[403] Reich ha señalado que la fuerza constitucional del erotismo
genital del individuo es un factor importante en el éxito final de su
desarrollo. (véase La función del orgasmo,
1927).
[404] Si las tendencias genitales se instalan demasiado pronto y
conducen así al yo a una defensa prematura y exagerada contra los impulsos
destructivos, pueden dar por resultado graves inhibiciones de desarrollo (véase
mi trabajo "La importancia de la formación de
símbolos en el desarrollo del yo", 1930).
· Si el niño no puede imponer sus tendencias positivas frente a la
madre en forma satisfactoria, el cuerpo de ésta permanecerá como un objeto de
odio a causa de la agresión del niño contra el pene paterno, al que supone
dentro de la madre, y se apartará de ella.
[405] Véase el cap. 8.
[406] Véase Mary Chadwick, "Ueber die Wurzel der Wissbegierde"
(1925).
[407] En su "Homosexualität und Oedipuskomplex" (1927), Félix
Boehm ha llegado a la conclusión de que las fantasías que suelen tener los
hombres de que la vagina de la mujer oculta un pene peligroso, enorme y movible
-un pene femenino- reciben su valor patogénico del hecho de estar
inconscientemente conectadas con ideas del terrorífico y enorme pene del padre,
presente y escondido en la vagina de la madre. En un artículo anterior,
"Homosexualität und Polygamie" (1920), Boehm señaló que el hombre a
menudo desea encontrar el pene del padre dentro de la madre, y este deseo se
basa en impulsos agresivos contra el pene de su padre. Su impulso de atacar el
pene dentro de la vagina de la madre y la represión de sus impulsos
destructivos, cree Boehm que son factores importantes para hacerlo homosexual.
[408] Cuando esto sucede, es signo de que la separación de la imago
combinada de los padres se ha logrado con éxito y que la ansiedad psicótica
infantil temprana ha sido modificada en una neurosis.
[409] Véase el cap. 9.
[410] Que las tendencias restitutivas del muchacho se dirigen hacia el
objeto "bueno" y las destructivas al objeto "malo" ha sido
aclarado ya en otras ocasiones.
[411] Desde que las situaciones de ansiedad del muchacho con respecto al
interior de la madre y su ansiedad con respecto a su propio cuerpo están
interrelacionadas y son interdependientes, sus fantasías de restaurar el cuerpo
de la madre se aplican en todos los casos a la restauración del suyo propio.
Entraremos a considerar en seguida el aspecto de estas fantasías de
restauración.
[412] El sentimiento de culpa del niño frente a la madre, sus miedos a
que el pene "malo" del padre pueda dañarla, contribuyen también
considerablemente a sus intentos de restaurar el pene de su padre, devolvérselo
a ella y unir a ambos padres de un modo cordial. En algunos casos este deseo
puede hacerse tan dominante, que abandonará a su madre como objeto de amor y la
restituirá a su padre por completo. Esta situación lo lleva a una posición
homosexual, en cuyo caso su homosexualidad servirá al propósito de hacer
restituciones al pene del padre, cuya función sería entonces restaurar a su
madre y darle gratificación.
[413] Cuando el miedo del muchacho al pene "malo" o, con no
poca frecuencia, su incapacidad para tolerar su propio sadismo, aumenta su
creencia en el pene "bueno" en un grado exagerado, no solamente en
relación al pene de su padre dentro de su madre, sino también con respecto a su
superyó, su actitud hacia las mujeres puede hacerse muy distorsionada. El acto
heterosexual servirá primero y por sobre todo para satisfacer sus deseos
homosexuales, y el cuerpo de la madre no será mas que algo que contiene el pene
bueno.
[414] "Estadíos tempranos del conflicto edípico" (1928).
[415] En su artículo "Ueber die Wurzel der Wissbegierde"
(1928), Mary Chadwick considera que el niño se reconcilia con su incapacidad
para tener un niño al ejercitar su instinto epistemofílico, y que los
descubrimientos científicos y las conquistas intelectuales toman el lugar de
niños. De acuerdo con ella, este desplazamiento hacia un plano mental de su
envidia a las mujeres por poder tener un niño es lo que le hace adoptar una
actitud de rivalidad hacia ellas en asuntos intelectuales.
[416] Edoardo Weiss, en su artículo "Ueber eine noch unbeschriebene
Phase der Entwicklung zur heterosexuellen Liebe" (1925), declara que la
elección heterosexual de objeto hecha por el hombre adulto es una resultante de
la proyección de su propia femineidad, y cree que es debido a este mecanismo de
proyección que el hombre adulto retiene en parte una actitud maternal hacia su
compañera. También señala que la mujer logra su posición heterosexual final de
un modo similar, abandonando su masculinidad y situándola en el hombre que ama.
[417] Reich ha mostrado que en muchos pacientes el pene asume el papel
del pecho de la madre, y el semen, el de la leche (véase La función del orgasmo, 1927).
[418] Tal convicción se hace mas fuerte en el análisis cuando la
severidad de su superyó, la ansiedad y el sadismo disminuyen, y el estadío
genital emerge mas claramente, con una correlativa mejoría en su relación de
objeto y en las relaciones entre su superyó, El yo y el ello.
[419] Véase mi "Estadíos tempranos del
conflicto edípico" (1928).
[420] Este punto de vista está apoyado por el hecho bien establecido de
observación analítica de que el pene y la potencia masculina representan la
actividad masculina en general.
[421] Véase mi artículo "Una
contribución a la teoría de la inhibición intelectual" (1931).
[422] Véase el cap. 8.
[423] Para la descripción de su
aplicación a la niña véase el cap. anterior.
[424] En algunos casos de estos, el período de succión ha sido corto e
insatisfactorio, en otros el niño ha sido solamente alimentado con mamadera,
pero aun cuando el período de succión haya tenido toda la apariencia de ser
satisfactorio, el niño puede sin embargo haberse alejado del pecho muy pronto y
con sentimientos de odio y puede haber introyectado el pene de su padre muy
fuertemente. En este caso su conducta debe estar determinada por factores
constitucionales (cap. 8).
[425] El odio exagerado del niño al pene del padre se basa sobre
fantasías destructivas excesivamente fuertes, dirigidas hacia el pecho y cuerpo
de su madre, de modo que aquí también su temprana actitud hacia su madre
influye en su actitud hacia su padre.
[426] Las imagos que han surgido de estas fantasías están generalmente
no sólo en desacuerdo con la imagen real de la madre del niño, sino que la
enmascaran por completo. Aquí la causa y el efecto se refuerzan uno al otro.
Debido a la actuación demasiado fuerte de las primeras situaciones de ansiedad
del niño, el crecimiento de su relación de objeto y adaptación a la realidad
han sido detenidos. Como consecuencia de esto su mundo de objetos y realidad no
puede mitigar la ansiedad correspondiente a aquellas tempranas situaciones de
ansiedad, de modo que éstas continúan dominando su mente. He encontrado que en
tales casos la relación del niño con la realidad ha resultado permanentemente
perjudicada.
[427] En el cap. anterior hemos trazado un proceso análogo de
desplazamiento en la niña. Cuando su odio y envidia están relacionados
principalmente con el pene del padre, que su madre ha incorporado, ella
desplaza al pene los sentimientos que originariamente estaban en su mayor parte
dirigidos hacia su madre, con el resultado de que su actitud hacia los hombres
está expuesta a graves perturbaciones.
[428] Véase mi artículo "La
personificación en el juego de los niños" (1929a).
[429] En casos extremos su libido será incapaz de mantener ninguna
posición.
[430] A causa de este desplazamiento su madre había adquirido de tal
modo las cualidades del pene del padre y había retenido tan poco de su propia
personalidad, que A. la identificaba en su inconsciente directamente con el
pene del padre (conscientemente con un niño varón). Una consecuencia de estos
múltiples desplazamientos era la dificultad que tenía el paciente, también
conscientemente, para diferenciar los sexos.
[431] E. Jones llamó la atención sobre este mecanismo en su artículo
"Fear, Guilt and Hate" (1929).
[432] Si la ansiedad era muy intensa, a A. le parecía también que mi
calle y mi casa (y así todo el mundo), estaban como sumergidos en suciedad.
También me identificaba a menudo con una sirvienta que le era sumamente
antipática y que estaba encargada de la limpieza del zaguán y de la escalera.
Esta mujer le resultaba tan desagradable por provocar su sentimiento de culpa y
ansiedad. Le significaba a su madre, degradada y empobrecida por culpa de él,
que intentaba limpiar el interior de su cuerpo sucio y envenenado -la casa-,
pero que según su impresión hacía un trabajo vano y estéril. A causa de las
fantasías en que había atacado, mediante sus excrementos envenenados, a los
padres en coito (el interior de la madre), se sentía responsable por el estado
de esta última.
[433] Como únicamente me interesa ilustrar mediante esta caso que
determinadas situaciones tempranas de peligro pueden ser la causa de trastornos
graves de la sexualidad, de una cantidad de impresiones e influencias tempranas
que habían influido en su desarrollo dejaré constancia de sólo dos: la madre
era enfermiza, y el padre, un hombre duro y tiránico temido por toda la
familia.
[434] Los celos primitivos del
niño pequeño, que lo llevan a intentar perturbar la satisfacción sexual de sus
padres y sus intimidades, reciben también en general una intensificación
secundaria y muy importante por su angustia. El niño teme que los padres se
hieran o maten en el coito (dando cumplimiento a sus propias fantasías
sádicas), y esta angustia lo impulsa a observar y molestar a los padres.
[435] Me parece que esta situación puede ser también un incentivo para
el alcoholismo. El alcohol -representando al pene malo con respecto a la orina
mala- sirve para la destrucción de los objetos internalizados.
Melitta
Schmideberg expone en su trabajo "The Role of Psychotic Mechanisms in
Cultural Development" (1930), que la droga buscada por el toxicómano
representa al pene "bueno", que ofrece amparo contra los objetos
malos introyectados.
La
circunstancia de que la droga misma, una vez ingerida, se convierta por la
ambivalencia y tome el significado de un pene "malo", ofrece un
impulso mas a la toxicomanía.
[436] Freud: Tótem y tabú, O.
C., 13.
[437] Los detalles de sus trastornos hipocondríacos resultaron
determinados por lo general, por la construcción y las particularidades de sus
fantasías sádicas. Encontré, por ejemplo, varias veces que las sensaciones de
quemar estaban relacionadas con fantasías de carácter uretral-sádico. Como
había utilizado la orina para quemar los objetos, quemaba también el interior
de su propio cuerpo. Además adjudicaba, en estos casos, al pene internalizado
del padre y a su orina la cualidad de quemar, envenenar y corroer.
[438] Detrás de este temor acecha el temor a su madre como rival, quien
trata de hacerlo responsable de la castración y robo del pene del padre.
[439] Véase el cap. 7.
[440] Véase el cap. 8.
[441] Franz, mi paciente de 5 años, por ejemplo, quien revelaba rasgos
psicóticos acentuados en su análisis, tenía miedo en la oscuridad a una
multitud de ratas y ratones que vinieran del cuarto vecino a su cuarto y
avanzaran hacia él mientras permanecía en la cama, atacándolo en parte desde
arriba y en parte por abajo. Representaban heces provinientes de sus padres,
entrando en su ano y otras aberturas de su cuerpo como resultado de sus propios
ataques anal-sádicos sobre sus padres.
[442] Véase el cap. 9.
[443] Freud ha llamado la atención sobre el hecho de que en algunos
casos lo que contribuye a una elección homosexual de objeto son sentimientos de
rivalidad que han sido superados y tendencias agresivas reprimidas ("Sobre
algunos mecanismos neuróticos en los celos, la paranoia y la
homosexualidad", O. C., 18). Sadger ha enfatizado la rivalidad del niño
con su padre y su deseo de castrarlo como factores en la homosexualidad
("Ein Fall von multipler Perversion mit hysterischen Absenzen", 1910).
Ferenczi ha señalado que los homosexuales abrigan crueles deseos de muerte
contra su padre, así como fantasías incestuosas de ataque a la madre
("Nosología de la homosexualidad masculina”, 1914). Jones demostró que el
sadismo oral es el factor básico de la homosexualidad femenina ("El
desarrollo temprano de la sexualidad femenina", 1927b).
[444] La desproporción entre el gran pene y las grandes cantidades de
semen que él cree que son necesarias para satisfacer a su madre y la pequeñez
de su propio pene es una de las cosa que contribuyen para hacerlo impotente en
la vida futura.
[445] Boehm se refiere (loc. cit.) a un paciente que acostumbraba, entre
otras cosas, a descubrir en sus relaciones homosexuales con hombres lo que era
la "técnica sexual" con las mujeres.
[446] La continua preocupación e inquietud de B. sobre su apariencia
demostró ser un desplazamiento hacia fuera de su intranquilidad por el interior
de su cuerpo y de su ansiedad hipocondríaca concerniente al mismo.
[447] Esta buena relación objetiva con hombres y mujeres sufría
temporalmente graves trastornos. Cuando esto ocurría, B. se abstenía, dentro de
lo posible, de mantener relaciones con personas.
Una
o dos veces en su vida había tenido relaciones sexuales con mujeres, pero no
había obtenido nunca verdadera satisfacción. Sus principales motivos para
empeñarse en una situación de esta naturaleza eran la curiosidad y un deseo de
hacer lo que otros hombres heterosexuales hacían, y en especial un rechazo de
herir los sentimientos de la compañera que le había manifestado sus deseos.
[448] Veremos mas tarde por qué esta carencia lo aterraba tanto.
[449] Según se ha dicho en el cap. 4, la cabeza, brazos, manos y pies de
la mujer se consideran a menudo en el inconsciente como el pene internalizado
del padre que ha reaparecido; sus miembros -el par de piernas, pies o brazos o
aun dedos- a menudo significan ambos padres internalizados.
[450] Desde que la posesión de un pene le era tan necesaria para vencer
la ansiedad, todos los miedos de B. sobre el interior del cuerpo de la mujer
aumentaron por el hecho de que ella no tenía tal órgano externo.
[451] Mirar hacia abajo significaba mirar dentro de sí. En otros casos
he podido descubrir que mirar a la distancia representaba introspección.
Parecería que para el inconsciente nada es mas distante o mas inaccesible que
el interior del cuerpo de la madre y aun mas, el interior de su propio cuerpo.
[452] He encontrado en otros casos, también, que cosas en el exterior
del cuerpo representaban cosas en el interior. Gunther, mi paciente de 6 años,
acostumbraba siempre a hacer serpientes de papel, las enroscaba alrededor de su
cuello y después las rompía. Hacía esto para dominar su miedo, no sólo al pene
de su padre que lo estrangulaba desde afuera, sino también al pene del padre
que lo sofocaba y mataba desde adentro.
[453] Las relaciones sexuales de B. con sus hermanos se vieron
interrumpidas después del primer período de infancia y él no tenía ningún
recuerdo de ellas. Por otra parte recordaba con bastante claridad y con
detalles haber atormentado mucho a su hermano David, y este cruel
comportamiento se relacionaba íntimamente, según lo demostró el análisis, con
las actividades sexuales que había olvidado.
[454] Por la misma razón tenía características femeninas bastante
pronunciadas y sus sublimaciones eran de tipo predominantemente femenino. Este
punto será discutido mas adelante.
[455] La fracasada formación del superyó de B. (es decir, la acción
exagerada de sus primeras formaciones de ansiedad), no sólo le habían conducido
a grandes trastornos de su salud mental, a un perjuicio de su desarrollo sexual
y a una inhibición de su capacidad para el trabajo, sino que era también la
razón por la cual sus relaciones de objeto, aunque buenas en sí, estaban a
veces sujetas a severas perturbaciones.
[456] En el capítulo anterior he mencionado uno o dos factores que
capacitan al individuo de ambos sexos para restaurar a su objeto mediante el
acto sexual.
[457] En una ocasión tuvo relación con un tercer tipo de persona, que
correspondía a su padre. Esto sucedió contra su voluntad, pero él no lo pudo
evitar e hizo surgir gran ansiedad en él.
[458] Aquí también todos los detalles de su hermosa ciudad imaginaria
representan una restauración y un embellecimiento y perfección posteriores del
cuerpo de su madre y del suyo propio y que según él imaginaba habían sufrido
daño y destrucción.
[459] En el capítulo anterior hemos visto que la creencia de la niña en
la omnipotencia de los excrementos está mas fuertemente desarrollada que en el
niño y que este factor tiene una influencia específica sobre el carácter de sus
sublimaciones. He demostrado la corriente de sublimación que fluye del trozo de
materia fecal malo y feo al niño hermoso. La creencia de B. en la omnipotencia
de su pene como órgano ejecutivo de sadismo no era adecuadamente eficaz y su
creencia en la omnipotencia de sus excrementos era relativamente mas fuerte.
Como consecuencia de esto, sus sublimaciones eran de un tipo claramente
femenino.
[460] B. recordaba haber tratado repetidamente de apretar su pene entre
los muslos para hacerlo desaparecer de la vista.
[461] Su miedo a las imagos malas, que hacía que tratara de negar y
dominar su inconsciente en un grado mayor que lo ordinario, tenía mucha
relación con la inhibición de sus poderes productivos. No pudo nunca
abandonarse completamente a su inconsciente y, así, una fuente importante de su
energía creativa estaba clausurada para él.
[462] La mujer "pura" e "intacta" es la madre que no
ha sido ensuciada, manchada o destruida por el pene del padre y por sus
peligrosos excrementos y que puede, por lo tanto, dar a su amante sustancias
puras, buenas y curativas extraídas de su propio cuerpo intacto.
[463] En mis análisis de pacientes masculinos de todas las edades, mas
de una vez me he enfrentado con esta especial situación de peligro, en la cual
el pene malo del padre llena el propio pene del sujeto desde adentro y toma así
completa posesión de él. Por ejemplo, un pequeño paciente mío una vez colocó un
lápiz con su canuto en el fuego. Quería que se quemara la parte mala del canuto
que tenía algo duro y fuerte que estaba contenido en él. El canuto del lápiz
representaba su propio pene, la cosa mala (el lápiz mismo) que tenía que ser
quemada era el pene del padre. En otra ocasión puso un trozo de mala madera al
fuego y al mismo tiempo afiló su lápiz, explicando que hacía eso para que el
pedazo de madera se quemara mejor. Resultó que en su imaginación el trozo de
madera y el lápiz pertenecían el uno al otro, estaban pegados el uno al otro y
luchaban el uno contra el otro. Después del análisis, de esta situación de
peligro liberó una ansiedad de una naturaleza especialmente intensa y que es,
según yo creo, un obstáculo serio para el logro de la potencia sexual en el
hombre.
[464] Mientras que una cierta cantidad de ansiedad en el niño aumenta su
necesidad de amor y forma su capacidad para amar, el exceso de ansiedad tiene
un efecto paralizador sobre ambos.
[465] Véase el cap. 8
[466] En su artículo "The Problem of Paul Morphy" (1931)
Ernest Jones ha descripto un ejemplo donde la causa de la enfermedad estaba
basada en diferentes mecanismos. Demostró que la psicosis a la cual sucumbió
Morphy, el famoso ajedrecista, tenía las causas siguientes: su equilibrio
mental dependía del hecho de que jugando al ajedrez podía expresar su agresión
dirigida contra la imagen paterna de un modo egosintónico. Sucedía que la
persona con quien él mas quería enfrentarse como contrincante evadía su desafío
y se comportaba de tal manera que hacía surgir su sentimiento de culpa, y ésta
fue la causa precipitante de la enfermedad de Morphy.
[467] Debe señalarse que cuando se presentan en el análisis ansiedad
intensa y síntomas graves, la estructura de la enfermedad es a menudo mas
favorable que cuando no hay síntomas.
[468] Tuve un paciente niño, cuyo análisis duró 45 meses.
[469] En el capítulo 5 hemos visto cómo en cierto número de casos en los
que el tratamiento debió interrumpirse, aun un análisis de pocos meses produjo
una mejoría considerable, disminuyendo la ansiedad en los niveles mas profundos
de la mente.
[470] Véanse sobre este punto el
artículo de Melitta Schmideberg "The Psychoanalytic Treatment of Asocial
Children and Adolescents" (1932b).


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