© Libro N° 14976. Cuentos Del Sapo. Hermanos Grimm. Emancipación. Abril 4 de 2026
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CUENTOS
DEL SAPO
Hermanos
Grimm
Cuentos Del Sapo
Hermanos Grimm
I
Érase una vez un rapazuelo a quien su madre le daba, cada tarde, una
taza de leche y un bollo de pan, y con ellos se iba el niño a la era. En cuanto
empezaba a merendar acudía un sapo, que salía de una rendija de la pared, y,
metiendo la cabecita en la taza, merendaba con él. El pequeño se gozaba mucho
con su compañía, y, una vez sentado con su tacita, si el sapo no acudía en
seguida, le llamaba:
"Sapo, sapo, ven ligero;
ven y serás el primero.
Te daré migajitas
en leche empapaditas".
Entonces acudía corriendo el sapo, merendaba de buena gana y mostraba su
agradecimiento trayendo al niño, de su secreto tesoro, toda clase de bellas
cosas, como piedras brillantes, perlas y juguetes de oro. Se limitaba a beberse
la leche, y dejaba el pan, por lo que un día el pequeño, dándole un ligero
golpecito en la cabeza con la cucharilla, le dijo:
- ¡Cómete también el pan!
La madre, que estaba en la cocina, al oír que su hijo hablaba con alguien y
viendo que golpeaba al sapo con la cucharilla, corrió al patio con un tarugo de
leña y mató al pobre animalito.
A partir de entonces empezó a producirse en el niño un gran cambio. Mientras el
sapo había comido con él, el muchacho creció sano y robusto; pero desde la
muerte del sapo, sus mejillas perdieron su color rosado y empezó a adelgazar a
ojos vistas. Poco después comenzó a dejar oír su grito, por la noche, el ave
que anuncia la muerte; el petirrojo se puso a recoger ramillas y hojas para una
corona fúnebre, y al cabo de unos días, el niño yacía en un ataúd.
II
Una niña huerfanita se hallaba un día sentada junto a la muralla de la
ciudad, cuando vio que un sapo salía de una rendija que había al pie del muro.
Apresuróse a extender a su lado un pañuelo de seda azul, que llevaba alrededor
del cuello, sabiendo que a los sapos les gustan mucho esta clase de pañuelos y
que sólo a ellos acuden. No bien lo descubrió el animal, volvióse, y, al poco
rato, apareció de nuevo con una coronita de oro y, depositándola sobre la tela,
retiróse otra vez. La niña levantó la centelleante corona, que estaba hecha de
una delicada trama de oro. Poco después asomó nuevamente el sapo, y, al no ver
la corona, fue tal su pesadumbre que, arrastrándose hasta la pared, empezó a
darse cabezazos contra ella hasta que cayó muerto. Si la niña no hubiese tocado
la corona, seguramente el sapo le habría traído muchos más tesoros de los que
guardaba en su agujero.
III
Grita el sapo:
- ¡Hu-hu, hu-hu!
Dice el niño:
- ¡Ven acá!
Sale el sapo, y el niño le pregunta por su hermanita:
- ¿No has visto a Medias Coloraditas?
Dice el sapo:
- No, yo no, ¿y tú? ¡Hu-hu, hu-hu, hu-hu!
* * *
* *
FIN


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