/* ELIMINACIÓN DE TEXTOS RESIDUALES EN EL MENÚ */ .label-size, .label-name, .label-count, .cloud-label-widget-content, .label-wrapper, .label-item, .label-head, .label-list, .feed-link, .show-more, .status-msg-wrap { display: none !important; visibility: hidden !important; height: 0 !important; font-size: 0 !important; /* Mata el texto aunque el contenedor no cierre */ margin: 0 !important; padding: 0 !important; } /* SI ES PUBLICIDAD DE ADSENSE MAL UBICADA */ ins.adsbygoogle[data-ad-status="unfilled"], .google-auto-placed { display: none !important; } /* ====== FORMATO FIJO PARA ENTRADAS ====== */ /* Títulos */ h1 { font-size: 2.2em; font-weight: bold; text-align: center; margin: 25px 0; color: #d32f2f; } h2 { font-size: 1.8em; font-weight: bold; margin: 20px 0; color: #333333; } h3 { font-size: 1.4em; font-weight: bold; margin: 15px 0; color: #555555; } /* Texto */ p { margin-bottom: 15px !important; line-height: 1.6; } strong { font-weight: bold; color: #002060; } em { font-style: italic; color: #444444; } /* Imágenes */ img { max-width: 100%; height: auto; display: block; margin: 15px auto; border-radius: 5px; /* opcional */ }

Menú

Slider

Libros Más Recientes

EMANCIPACIÓN DE YOUTUBE, OTRA MANERA DE VER LA ACTUALIDAD

Libros Más Leídos

Libro N° 14813. Días De Soledad. A. Lawrence.


© Libro N° 14813. Días De Soledad. A. Lawrence. Emancipación. Febrero 14 de 2026

 

Título Original: © Días De Soledad. A. Lawrence

 

Versión Original: © Días De Soledad. A. Lawrence

 

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://ww3.lectulandia.co/book/dias-de-soledad/


 

Licencia Creative Commons:

Emancipación Obrera utiliza una licencia Creative Commons, puedes copiar, difundir o remezclar nuestro contenido, con la única condición de citar la fuente.

La Biblioteca Emancipación Obrera es un medio de difusión cultural sin fronteras, no obstante los derechos sobre los contenidos publicados pertenecen a sus respectivos autores y se basa en la circulación del conocimiento libre. Los Diseños y edición digital en su mayoría corresponden a Versiones originales de textos. El uso de los mismos son estrictamente educativos y está prohibida su comercialización.

Autoría-atribución: Respetar la autoría del texto y el nombre de los autores

No comercial: No se puede utilizar este trabajo con fines comerciales

No derivados: No se puede alterar, modificar o reconstruir este texto.

 

Portada E.O. de:  

https://assets.lectulandia.co/b/ab/A%20Lawrence/Dias%20de%20soledad%20(4)/big.jpg 

 

 

 

 

© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: 

Guillermo Molina Miranda




LEAMOS SIN RESERVAS, ANALICEMOS SIN PEREZA Y SOMETAMOS A CRÍTICA TODA LA CULTURA

DÍAS DE SOLEDAD

A. Lawrence


Días De Soledad

A. Lawrence

Carolina es una mujer joven y alegre. Conoce a Arturo, un chico apuesto e inicia una apasionante historia de amor, pero él, al cabo de cuatro años, la abandona sin darle ninguna explicación, dejándola sumida en un estado de tristeza y depresión.

Carolina ve como su vida se sume poco a poco en la desesperación. Compra un cuaderno y a modo de terapia, escribe un diario. En él plasma todos sus sentimientos, ideas, vivencias y cada una de las cosas que le pasan por la cabeza, unas buenas y otras no.

De manos de Carolina vamos a sentir, vivir y experimentar cada una de las cosas que suceden en su vida, día a día. ¿Podrá Carolina superar esa terrible enfermedad y comenzar de nuevo? ¿Será capaz de mirar la vida con alegría y salir del pozo en el que ha caído? ¿Conseguirá poner fin a sus Días de Soledad?

A. Lawrence

Días De Soledad

ePub r1.0

Titivillus 07.02.2026

Título original: Días de soledad

A. Lawrence, 2013

Editor digital: Titivillus

ePub base r3.0 (ePub 3)

ÍNDICE DE CONTENIDO

Días de soledad

Epígrafe

DÍAS DE SOLEDAD

PRÓLOGO

01

02

NOTA DE LA AUTORA

AGRADECIMIENTOS

Este libro se lo dedico a mi querida amiga

Laura Merino.

Ella sabe por qué.

«La tristeza, aunque esté siempre justificada, muchas veces solo es pereza. Nada necesita menos esfuerzo que estar triste».

(Séneca)

«Ningún lugar en la vida es más triste que una cama vacía».

(Gabriel García Márquez)

«La melancolía es la felicidad de estar triste».

(Víctor Hugo)

DÍAS DE SOLEDAD

A. Lawrence

PRÓLOGO

Si nuestras vidas fueran un libro, ¿leerías el final?

Este libro está escrito por mí, es mi diario personal, es secreto y muy confidencial, si decides adentrarte en él, te pido total discreción.

Mis sentimientos, mis pensamientos, mis experiencias, todo lo que una vez fui yo, está relatado en estas líneas.

Ahora, cuando soy capaz de volver a leerlo sin sentir un inmenso vacío dentro de mi interior, siento vergüenza, si, vergüenza, al saber que fui capaz de tantas cosas por tu culpa.

No merecías la pena, ahora lo veo, pero en aquellos meses tú y solo tú, ocupabas todo mi pensamiento, mi corazón, mi alma. Tú, eras el dueño de todo mi amor, mi desesperación y mi dolor.

Aunque tal vez, mirándolo desde la perspectiva que otorga el paso del tiempo, no era verdadero amor, me declino a pensar que te convertiste en una obsesión, porque no me quería lo suficiente como para comprender que merecía algo mejor que tú.

Me rio al pensar que durante tanto tiempo pensé que eras todo lo mejor del mundo y debería estar agradecida de haberte tenido conmigo, aunque fuera por un corto espacio de tiempo. Ahora sé que no es así, que aunque fueras bueno, hay muchos que son mejores. Ahora, que soy plenamente feliz, puedo decir esto con total libertad.

¿Te amé? ¿Me amaste? Eso ya no tiene importancia, queda relegado al pasado y yo debo aprender de la experiencia, ¿no crees?

Si decides leer mi historia, no me odies, no estaba en mis cabales, no quiero hacerte sentir mal, si te animas a leer, solo quiero que entiendas como me sentí, el daño que me causó tu partida, tu traición. Pero no deseo herirte, ya no siento esa necesidad, solo espero abrirte los ojos, que seas consciente de que tus decisiones, para bien o para mal, afectan a otras personas, y tal vez sin darte cuenta, seas tú el causante de su desgracia.

Como despedida quiero decirte, que ahora soy muy feliz, que estoy enamorada de un hombre maravilloso, que me cuida, que me quiere, que me protege. Todo lo sucedido en aquel espacio de tiempo, no es más que una nebulosa flotando en alguna parte de mi cerebro, apenas lo recuerdo y ya no me importa. Lo olvidé igual que a ti.

Ahora te veo como una parte de mi vida, que disfruté en su momento y que me enseñó una gran lección, pero ya no hay ningún otro sentimiento que me ate a ti, ni amor, ni dolor, ni rencor, ni odio, ni desesperación, entre tú y yo, ya no queda nada, te libero de la carga que supuso abandonarme, te libero de tus remordimientos, te libero de tu arrepentimiento.

Eres libre.

Como ahora lo soy yo.

Carolina.

15 DE OCTUBRE 12:32

Me he levantado, me he puesto el chándal y el pelo sin peinar sujeto en una coleta, he salido a la calle y todo me ha parecido distinto. Tal vez sea yo que mire de otra manera, tal vez… el caso es que el sol no lucía de la misma forma, me pareció apagado, sin brillo, sin fuerza, no sentía su calor.

La gente pasaba igual que siempre, cada uno a lo suyo. Nadie te mira. Me he metido en la primera tienda que he visto, ha resultado ser una de

chinos. Tú te hubieras enfadado, habrías murmurado eso de «con todas las tiendas de españoles que hay…» pero tú ya no estás, ya no importa nada… Lo cierto es que en esas tiendas hay de todo, me he quedado maravillada a pesar de mi estado de ánimo pésimo. Todo lo que puedas imaginar o necesitar está ahí. Me he dirigido a la sección de papelería, he comprado este cuaderno y me he vuelto a casa todo lo deprisa que podía ir sin correr. No he mirado a nadie a la cara, no he hablado con nadie, los murmullos de la gente me molestan, las risas, las palabras, los gestos…

estar con otras personas me hace sentir mal.

He llegado a casa y he abierto la puerta con un suspiro. Me he quedado un momento con la espalda apoyada en ella, he mirado lo que me rodeaba. Parece distinto. Nuestro piso, ahora solo mío. Todo igual y tan diferente. He sentido pánico y he corrido otra vez a la cama. Me he quitado el chándal y lo he dejado tirado en el suelo, mi pijama estaba dónde lo había dejado, sobre la alfombra, mecánicamente me lo he puesto y me he metido en la cama como si eso pudiera salvarme, salvarme de mis sentimientos, salvarme de mi dolor, salvarme de mí… pero eso no es posible.

Estoy escribiendo esto para sentirme mejor, pero no sirve de mucho, aunque mientras escribo parece que el tiempo pasa más rápido, al menos estoy entretenida.

He llamado al trabajo, no me encuentro con ánimos para ir. Les he pedido unos días de vacaciones con la excusa de que no me encuentro bien. Me han concedido una semana, a pesar de que me deben 15 días, y eso porque ahora no hay mucho trabajo. Son unos tiranos, solo interesa la producción, no las personas, no importamos nada más que para hacer el trabajo lo mejor posible en el menor tiempo, lo demás no importa. Somos

Página 10

como máquinas, instrumentos para llegar a un fin, nada más. ¡Qué triste! Antes no me había puesto a pensar en estas tonterías y ahora mírame, estoy analizando nuestra sociedad mientras estoy en la cama, llorando de dolor y de rabia, sin entenderme ni a mí misma.

Me faltas tú.

Tú.

Mi sustento.

Mi pilar.

El que me sujetaba cuándo estaba a punto de caer. El que me hacía reír cuando me moría de ganas de llorar.

El que hacía que mi vida tuviera sentido.

Tú…

¡Ya estoy llorando otra vez!

16 DE OCTUBRE 03:08

No puedo dormir. Llevo todo el día en la cama, y el de ayer también. Pero no tengo ganas de levantarme, no tengo ganas de nada más que taparme entera con el edredón y llorar. Llorar hasta que ya no tenga lágrimas y me quede dormida y dormir y dormir. Dormir lo suficiente para que cuando me despierte ya no me acuerde de nada, ya no sienta nada. Pero ni siquiera me queda el consuelo de poder seguir llorando, parece que dos días enteros es mi límite. Está bien saberlo.

He levantado las persianas, creí que ver el cielo y las estrellas me animarían. Pero no veo nada, solo tejados, chimeneas y antenas… no hay cielo azul ni maravillosas estrellas.

¡Mira! Ya me vienen las lágrimas otra vez…

16 DE OCTUBRE 18:32

Me he levantado a comer algo, no es que tenga ganas, no quiero comer, pero mi cuerpo me pide a gritos que tome algo sólido. He entrado en la cocina y he abierto el frigorífico. Se me ha parado el corazón. Lo primero que he visto han sido los yogures esos que solo tomas tú, que

Página 11

saben a rayos pero que dices que son muy sanos, y el tupperware con las sobras de la última comida que hiciste, «macarrones a la parmesana», tu especialidad. He cogido el tupperware y un yogur, me he sentado en el suelo y me he puesto a comer los macarrones fríos mientras unas enormes lágrimas corrían por mi cara, hubo un momento en que pensé en congelarlos, para tenerlos siempre. Luego he pensado que no puedo ser más patética, ni más estúpida…

17 DE OCTUBRE 10:45

He puesto la tele, para oír voces, otras voces que no sean las que hay en mi cabeza. He ido al baño y me he mirado en el espejo. Me he asustado de mí misma. Llevo cuatro días sin ducharme, mi pelo está grasiento y greñoso. Mi cara pálida y ojerosa. Tengo los ojos hinchados de tanto llorar y manchas en la cara. Siempre me pasa, cuando lloro mi nariz se pone colorada y mi cara llena de manchas rojas. Tú lo sabes bien, cada vez que lloraba me lo notabas en seguida y para levantarme el ánimo te burlabas de mi aspecto.

—¡Vaya! Cuando lloras tu nariz no es nada atractiva.

—¿Nada atractiva? —preguntaba yo.

Sonreías. Tu sonrisa siempre me ha embelesado, me quedaba atontada mirándote. Tan alto, tan guapo, tan inteligente. Nunca me creí la suerte que tenía. ¿Cómo un hombre como tú estaba con una chica como yo? No había comparación, era como si el patito feo se casara con el cisne. Sí, eso eras tú, el cisne y yo la normalita, la chica sin ningún encanto aparente que no se sabía muy bien cómo, había conseguido engatusar al tío bueno. El patito que jamás sería hermoso, esa era yo…

—No, nada atractiva. —Y me besabas la nariz.

—¡Vaya! Entonces tendré que dejar de llorar.

—Sí, creo que será lo mejor.

Después me abrazabas, me abrazabas fuerte, y yo flotaba… no sabes lo bien que sientan tus abrazos. Hacías que todo lo malo desapareciese, nada tenía importancia, salvo lo bien que se estaba entre tus brazos. Esa seguridad, esa tranquilidad. Como estar en el mismísimo cielo. No existía nada más.

Página 12

Ahora no tengo ese refugio, ahora no hay nadie que me abrace y me anime, no hay nadie que se preocupe por mí. La burbuja que eran tus brazos, el refugio en que se había convertido tu amor ha desaparecido y con ellos también parte de mi vida. La mejor parte.

¿COMO VOY A PODER SEGUIR SIN TI?

Mis amigas las lágrimas ya están otra vez aquí, ellas son ahora mis compañeras…

Dejo de mirarme en el espejo y me meto en la ducha sin pensármelo siquiera. El agua caliente me reconforta los músculos entumecidos, pero las lágrimas no dejan de correr por mi cara, aunque ahora se mezclan con las gotas de agua.

Siento mi corazón roto en pedazos. Siento mi alma dolorida, noto como se muere, como desaparece mi ilusión, mis ganas por la vida. Se me escapan. Se escapan sin poder hacer nada para retenerlas. Lo mismo que me pasó contigo.

¿COMO VOY A PODER SEGUIR SIN TI?

Esa pregunta vuelve una y otra vez a mi mente. ¿Seré capaz? ¿Sobreviviré? ¿Algún día volveré a sonreír? ¿Volveré a sentir ilusión y alegría? O por el contrario esta sensación de vacío me acompañará ya para siempre. Este dolor insoportable. Esta ansiedad.

Nada volverá a ser igual. Mientras el agua caliente y reconfortante recorre mi cuerpo, mi mente enferma me asegura que sin ti ya no hay nada, si tú no estás todo en mi vida terminó.

18 DE OCTUBRE 20:36

Sigo en la cama. Llevo cuatro días fuera de la circulación. Isabel no para de llamar y yo no cojo el teléfono, una y otra vez, deja mensajes en el contestador con la esperanza de que al oírlos la llame. Nada más lejos de la realidad. No tengo ganas ni fuerzas para hablar con nadie. También han llamado preocupados todos mis amigos, antes los nuestros. Ya saben lo que ha pasado y están ansiosos porque no saben nada de mí. Yo no siento pena por ellos, me estoy volviendo egoísta, no me importa si están preocupados, si están asustados…

Página 13

Otra vez el teléfono, salta el contestador… Es Carmen. Asegura que si no tiene noticias mías en menos de dos horas se presentará aquí con los GEOS. Ya sé que es muy capaz, pero no me muevo de la cama. Estoy atontada mirando al techo.

Me concentro en respirar.

Respiro pero aun así siento que no me llega aire suficiente a los pulmones, siento que me ahogo, mi cabeza da vueltas.

Me concentro en respirar.

Miro a mi alrededor y me fijo en tu mesilla de noche. Aún está esa foto. La que nos sacamos en la playa de Tenerife, las vacaciones del año pasado. Me quedo mirándola fijamente. ¡Se nos ve tan felices! Yo al menos lo era. Nos estamos mirando con una enorme sonrisa en los labios. ¡Qué guapo eres! Se me corta la respiración solo de pensarlo. Tu perfil perfecto, y esa sonrisa tan maravillosa, picarona, enseñando unos dientes blanquísimos y perfectos. Todo en ti es perfecto. Me toco la cara, las lágrimas me queman. Jamás lo superaré…

19 DE OCTUBRE 01:24

Carmen e Isabel se acaban de ir.

No querían dejarme sola, casi las he tenido que echar. Se presentaron aquí a las diez de la noche. Golpearon tanto la puerta que pensé que la echarían abajo. Me levanté con desgana y me fui casi arrastrando. La abrí. Debía tener un aspecto espantoso por la cara que pusieron. Entraron sin que las invitara. No creo que pudiera detenerlas aunque me lo hubiese propuesto.

Cerré la puerta con más fuerza de la debida, para demostrar mi enfado, no se dieron por aludidas, y arrastrando los pies las seguí hasta el salón.

—Tienes muy mal aspecto.

—Gracias Isa, siempre es de agradecer la sinceridad.

—¿Qué demonios te pasa? —Me gritó Carmen, su arrebato me asustó y me eché atrás en el sofá—. ¿Eres tonta o qué? ¿Crees que puedes estar sin coger el teléfono? Estábamos muy preocupadas.

—Lo… lo siento —atiné a decir.

Página 14

—¿Qué lo sientes? Llevo tres días intentando hablar contigo, he llamado al trabajo, me han dicho que has pedido unos días, no cogías el teléfono, me estaba volviendo loca de desesperación. ¿No te das cuenta?

Comencé a llorar. Lágrimas caían por la cara sin pedir permiso, tenían ya el camino hecho y se lo conocían bien. Me tapé la cara con las manos.

—Lo siento.

Carmen e Isabel se acercaron a mí y me abrazaron.

—¿Por qué no nos has llamado? —Me dijo dulcemente Isabel—. Habríamos venido enseguida. Te habríamos acompañado. No tienes por qué estar sola. Tienes un montón de amigos que se preocupan por ti.

Intentaba calmarme. Llorar se estaba volviendo algo natural en mí, tanto como lo puede ser el respirar, o el beber.

—Gracias, pero prefiero estar sola.

Siguieron un rato abrazándome, pero no me hacía ningún bien. Sentir el contacto de sus brazos solo hacía que me acordarse de lo bien que se está entre los tuyos.

Por lo menos estaba limpia, aunque mi pelo estuviera enredado.

Se quedaron conmigo intentando sacar conversaciones animadas, intenté estar lo mejor posible, aunque no creo que pudiera engañarlas.

Dijeron que mañana, bueno, que luego volverían. Intenté persuadirlas.

No hubo manera. Tendré que resignarme.

20 DE OCTUBRE 20:58

Estoy preparando todo para mañana incorporarme al trabajo. No tengo ganas. No estoy de humor pero tengo que trabajar.

Carmen e Isabel cumplieron su promesa y vinieron a verme, pero no lo hicieron solas, trajeron a Sara, Ana, José, David y Alex. Intentaron alegrarme la tarde, distraerme, incluso amenazaron con sacarme a la calle.

Me negué en redondo.

Lo cierto es que cuando se marcharon me di cuenta de que me había hecho bien estar con otras personas.

Te echo de menos.

No puedo evitarlo.

Página 15

Cuando se marcharon me fui a la cama, entré en nuestra habitación, ahora mía, y noté tu falta. Necesito verte, sentirte, tocarte. Esta necesidad se hace insufrible. Estuve con el teléfono en la mano varias veces, para llamarte, para oír tu voz, tu respiración. No lo hice porque sé que te hubieses enfadado, pero se tornó algo vital estar cerca de ti. Te necesito para seguir viviendo. Sin ti estoy muerta, vivo sin vivir.

Te echo de menos.

21 DE OCTUBRE 06:20

Siento frío, mucho frío, es como si todo el calor de mi cuerpo me hubiera abandonado, como si pudiera presentir la muerte de mi alma y me pusiera sobre aviso, como si estuviera de duelo, siento frío en todo mi ser…

Necesito tu cuerpo para entrar en calor, necesito sentirte, necesito que estés aquí.

No duermo bien, me he acostumbrado a dormir sintiendo tu brazo sobre mi cintura, tu respiración en mi cuello, el calor de tu cuerpo en mi espalda. Pero tú ya no estás y yo no paro de llorar, de echarte de menos, de pensar en ti.

¿Cómo he podido ser tan estúpida? ¿Cómo he consentido que ocuparas de este modo todo mi ser? ¿Cómo he podido depender tanto de ti para poder vivir?

No me había dado cuenta hasta ahora, pero no sé seguir si tú no está a mi lado, no encuentro el camino, no veo futuro porque mi futuro estaba ligado al tuyo y ahora lo perdí, lo perdí en el mismo instante en el que te fuiste y cerraste la puerta tras de ti, sin mirarme siquiera…

23 DE OCTUBRE 23:05

La rutina del trabajo se hace insufrible.

Entré en la oficina, me senté en mi mesa y lo primero que vi fue tu fotografía. Esa foto en la que pareces un modelo de revista, la que te hice cuando estuvimos en Barcelona. Estás tan guapo que duele mirarte. Se me

Página 16

hizo un nudo en el estómago y las lágrimas afloraron a mis ojos. Por suerte nadie me miraba. Nunca lo hace nadie. Soy insignificante. Lo único que me convertía en un ser especial era tenerte a mi lado. Ahora ya no queda nada.

No me encuentro con ánimos de entablar conversaciones triviales con nadie. Mis compañeros y compañeras lo intentan, no saben nada de mi vida, por eso se comportan de manera habitual, pero a mí me molesta, me molesta verles sonreír, verles felices hablando del tiempo, o del partido de fútbol, o de los zapatos nuevos que se han comprado. La vida pasa igual, pero yo ya no soy igual.

24 DE OCTUBRE 04:39

Me he despertado porque sentí tu olor, me giré en la cama y estiré mi brazo para abrazarte pero… no había nadie en el otro lado, no estabas, solo una almohada fría que aún guarda el olor de tu cuerpo. Me desgarré por dentro, aunque pensé que ya no me podía romper más, pero como siempre me sucede, me equivoqué.

Soy una idiota, todavía duermo en mi lado, como si esperara que cualquier día te decidas y vengas a ocupar tu lugar en mi cama. ¿Qué va a ser de mí?

Mañana cambio las sábanas.

26 DE OCTUBRE 10:28

Sábado.

¿Qué voy a hacer?

Miro a mi alrededor. Me siento sola.

Tengo que recoger la casa, está hecho un desastre. Tengo que poner la lavadora y planchar, limpiar el polvo y preparar algo para comer.

Me siento en la cama, no tengo ganas de nada. Me tumbo mirando al techo. No sé cuánto tiempo he pasado así.

El sol brilla con fuerza en la ventana. Hace un día bonito para ser otoño. Algo se mueve en mi interior. Me levanto y me visto, nada fuera de

Página 17

lo normal, unos vaqueros y una camiseta. Me peino una coleta y cojo el bolso sin pensarlo siquiera.

He ido al cementerio a ver la tumba de mis padres. Hacía mucho que no iba.

Sigue todo igual.

Me he quedado un rato allí quieta, mirando las fotografías que están en las lápidas. Intento acordarme de sus caras, no las que hay en las fotos, no, las de verdad. Intentando recordar cómo eran cuando estaban vivos. Sus sonrisas, sus ojos al mirarme, su voz, el tacto de su piel.

No me acordaba de nada.

Comencé a llorar, me sentí sucia, sentí que les estaba fallando al haber olvidados esas cosas. Sentí que nada tenía sentido, nada. ¿De qué sirve la vida si luego al final hasta los que más te aman te acaban olvidando? ¿De qué sirve vivir?

Me reconforté pensando que yo era muy pequeña cuando ellos murieron, que hacía mucho tiempo ya de eso, pero no sirvió de mucho. Debería acordarme. Debería. Eran mis padres. Debería haber cosas que quedasen grabadas en mi mente para siempre. ¿Por qué no me acordaba? De pronto una brisa me alborotó el pelo, sentí un escalofrío y mi mente perturbada trajo a mi cerebro una imagen. El día de mi octavo cumpleaños. Mis padres a mi lado diciéndome que tenía que pedir un deseo antes de soplar las velas. Me quedé paralizada. Juro que pude sentir hasta sus respiraciones, cada uno a un lado de mí, sentí el calor que desprendían sus manos, que estaban apoyadas en mis hombros, oí sus risas. Solo fue un instante, pero los sentí allí conmigo.

27 DE OCTUBRE 23:55

Hoy he ido a pasear por el parque. No por este de aquí el que está al lado de casa, no. He cogido el coche y me he ido lejos, muy lejos. Iba conduciendo y me he fijado en el paisaje que iba dejando atrás, campos y más campos, todo color marrón, triste, vacío, muerto. He parado en un pueblecito bastante grande. Me compré un bocata en un bar y me fui a pasear. Encontré un parque glorioso. No había mucha gente, cosa que agradecí. El suelo estaba lleno de hojas secas, una brisa suave las movía.

Página 18

El olor del otoño lo bañaba todo. El sol no traía mucha fuerza, algunas nubes lo tapaban de vez en cuando, pero no desmerecía para nada el día.

Por una vez, desde hacía ya trece días, sentí cierta paz.

29 DE OCTUBRE 23:06

Siento todo mi cuerpo entumecido, mis manos con un sudor frío. He soñado contigo, más que un sueño era un recuerdo, nítido, tan nítido que asusta. Un temblor incontrolable toma mi cuerpo, lloro sin poder evitarlo, te echo de menos.

Oigo tu voz, claramente en mi cabeza, como si estuvieras sentado a mi lado. Siento tus manos y el calor que desprenden al tocarme, te siento aquí.

Estamos en tu apartamento, tumbados en el sofá, desnudos. Acaricias mi cadera suavemente de arriba abajo. Un cosquilleo inunda mi cuerpo. Cada vez que me tocas siento calor, fuego.

—Qué suerte tengo, casi no puedo creerlo.

—¿Suerte? —pregunto adormecida.

—Sí, suerte de que estés aquí. Suerte de que seas tú.

Me eché a reír. Tú, el hombre más maravilloso del mundo, afortunado de estar a mi lado. Increíble.

—No te rías, es verdad.

—Arturo, eres maravilloso, pero si hay alguien con suerte en esta habitación sin duda no eres tú, sino yo.

—¿Por qué te menosprecias tanto? Me pregunto qué te habrá pasado para que te quieras tan poco.

—No se trata de quererme poco, se trata de lo que veo, y veo a una mujer de lo más normal.

Te incorporaste y me cogiste de la mano.

—Ven, te enseñaré lo que yo veo.

Cogidos de la mano me llevaste hasta tu dormitorio y me pusiste frente al espejo, ambos desnudos. Me dio vergüenza verme así y posé mis ojos en tu espléndido cuerpo esculpido por horas de trabajo en el gimnasio. Me cogiste por la barbilla y me obligaste a mirarme.

—No, tramposa. A mí no, a ti. ¿Qué ves?

—Pues me veo a mí.

Página 19

—¿Nada más?

—Y al tío más bueno que te puedas imaginar.

Rompiste a reír.

—Pues yo veo a una hermosa mujer… —Bajaste tus manos por mi cuello—que tiene un cuello esbelto y fino. Unos pechos perfectos… una piel suave y blanca… Unas caderas que quitarían la cordura a cualquier hombre… —Tus manos tocaban cada parte de mi cuerpo y el fuego se fue encendiendo en mi interior, era muy excitante mirarte mientras me tocabas y sentir tu aliento en mi cuello mientras me susurrabas al oído lo maravilloso que era mi cuerpo.

Me giré sin poder aguantar ni un minuto más.

—Creo que hablas demasiado —te dije.

Sonreíste y me miraste con un fuego ardiente en tus ojos. —Tal vez sea hora de demostrarte lo mucho que me atraes. —Sí, creo que sí…

Ahora no estás, no entiendo por qué, no sé qué hice mal, que te hizo cambiar, porque yo era tan perfecta y sin embargo no dudaste en irte sin darme una oportunidad de cambiar lo que sea que deba cambiar.

Te echo de menos, tanto que a veces no puedo ni respirar porque duele, me duele. ¿Dónde estás? ¿Qué harás? ¿Con quién? Siento celos, celos de toda aquella persona que pueda estar a tu lado, en el trabajo, en la cafetería, en la calle… celos de todas aquellas que puedan contemplarte, hablarte…

Lo único que puedo hacer es recordarte, pero creo que eso no me hace ningún bien, porque cuanto más me acuerdo de ti más te echo en falta, cuanto más pienso en ti más me duele tu ausencia.

Me levanto de la cama y me meto en la ducha, es un pequeño alivio que le doy a mi cuerpo, el agua caliente me reconforta.

Siento un nudo en el estómago tan fuerte… ¿Qué me está pasando? Muchas personas rompen sus relaciones y lo superan. ¿Qué sucede conmigo? No entiendo porque pasa el tiempo y yo sufro cada día más, no sé qué es lo que hay mal en mi cabeza, lo que no funciona bien. ¿Por qué no puedo vivir sin ti?

8 DE NOVIEMBRE 21:40

Página 20

Mis compañeras ya saben lo que me pasa, yo no les he dicho nada, será que se han dado cuenta de que ya no llevo el maravilloso anillo que me regalaste en el dedo anular, o tal vez se han fijado en que sobre mi escritorio ya no está la foto del tío bueno con el que salía, no lo sé… el caso es que me miran con lástima y no las culpo, de haber estado en su lugar yo habría hecho lo mismo. Solo me queda el consuelo de que durante más de cuatro años has sido mío, y eso no lo pueden decir todas. He disfrutado de tu presencia, de tu maravillosa sonrisa, de tu magnífico cuerpo…

Me acuerdo del día que viniste a buscarme al trabajo, entraste por la puerta y en cuanto te vieron todas se pusieron en pie para atenderte, sonreías de esa manera tan maravillosa mientras preguntabas por mí. Mira, sonrío al recordar la cara que pusieron cuando me acerqué a ti y me besaste… ¡no se lo podían creer! Yo, contigo, el hombre más maravilloso que ojos femeninos hubiesen visto jamás…

10 DE NOVIEMBRE 06:25

Amanecer sin ti es cosa de locos.

14 DE NOVIEMBRE 20:40

No puedo soportarlo. Creí que todo iría mejor con el tiempo pero no es así. No sé muy bien por qué, pero no mejoro. Hace un mes desde que te fuiste y yo estoy peor. Cada día que pasa es un tormento.

Me levanto por las mañanas y me espera otro día más sin ti.

Esto es una tortura.

¿Por qué no puedo olvidarte? ¿Por qué cada día que pasa siento que te necesito más? ¿Por qué estás presente siempre, constantemente en mi mente?

No puedo olvidarte, no sé vivir sin ti. No me concentro en nada.

Cuando menos me lo espero me pongo a llorar.

Te echo de menos.

Te necesito.

Página 21

Te amo.

20 DE NOVIEMBRE 02:26

Me acabo de despertar. Tengo el pulso acelerado y la frente perlada de sudor. Estoy llorando. Mi mente perturbada no me da tregua.

He soñado contigo.

Un sueño tan real y tan intenso que he podido sentir tus caricias en mi piel. Juro que es cierto. Aún ahora, despierta y más o menos cuerda, puedo sentir por dónde pasaron tus dedos. Siento tu olor, el calor de tu cuerpo sobre el mío…

Cuando he abierto los ojos y no estabas… otra vez ese dolor que me desgarra el alma, otra vez he notado tu ausencia aún más, he sentido la pérdida como si fuera la misma vida lo que se ha ido contigo.

22 DE NOVIEMBRE 20:36

Desde que te fuiste no he vuelto a poner música pero hoy, cuando iba en el coche se me ocurrió poner la radio, y mira por dónde, estaba cantando Tamara, esa canción tan bonita que dice:

«Te extraño más que nunca y no sé qué hacer, despierto y te recuerdo al amanecer, me espera otro día por vivir sin ti, el espejo no miente me veo tan diferente me haces falta tú, la gente pasa y pasa siempre tan igual y el ritmo de la vida me parece mal, era tan diferente cuando estabas tú, sí que era tan diferente cuando estabas tú, no hay nada más difícil que vivir sin ti, sufriendo en la espera de verte llegar, el frio de mi cuerpo pregunta por ti y no sé dónde estás, si no te hubieras ido sería tan feliz…».

Me he puesto a llorar, parada en los semáforos la gente que estaba en el coche de al lado me miraban, pero me da igual, todo me da igual.

Te recuerdo en cada cosa, en cada lugar, todo a mi alrededor está plagado de ti, menos tú, porque ya no estás aquí.

Como me he dado cuenta de que haga lo que haga todo me va a hablar de ti, ahora me torturo escuchando música, música triste…

Página 22

7 DE DICIEMBRE 23:14

He quedado con mis amigos en un bar. Me esperaban ansiosos, querían comprobar con sus propios ojos si mejoro.

No lo hago. He intentado sonreír siempre que he podido, he intentado concentrarme en la conversación y participar en ella, espero que comprendan el esfuerzo que eso me supone. Solo deseo volver a casa y meterme en la cama. Nada más llegar ya tenía mi Cola—Cao servido, me ha hecho gracia comprobar que todavía se acuerdan de que no tomo café. Tú te avergonzabas de mí cada vez que lo pedía, me decías que eso solo lo beben los niños pequeños, casi conseguiste que dejara de tomarlo. Ahora no le molesta a nadie.

La tarde transcurrió con normalidad, se hablaba de cosas triviales, todo bien, más o menos, hasta que comenzaron a hablar sobre sus planes de Navidad. Lo hicieron sin malicia. No se dieron cuenta de que yo ya no tengo ningún plan para Navidad, bueno, ni para Navidad ni para el resto de mi vida. Yo ya no tengo plan.

Isabel me miró triste cuando Alex me preguntó:

—Bueno ¿tú qué piensas hacer en Navidad? —De pronto se quedó callado—. Lo siento, no quería herirte.

Le sonreí.

—No pasa nada. Tengo pensado hacer un viaje.

Carmen me miró estupefacta.

—¿En serio?

—Sí, no sería muy lejos, tal vez Galicia, está muy hermosa en invierno…

—Eso estaría genial, en serio. Te conviene salir más. Estar sola no significa que tengas que quedarte en casa encerrada. Ahora puedes hacer lo que te venga en gana sin dar explicaciones.

—Eso es lo que pienso hacer.

Parece que mi respuesta les había puesto de muy buen humor. Les había mentido vilmente, pero no me siento mal, ellos son más felices así. No tengo pensamientos de irme a ningún lado, y no puedo hacer lo que más me gusta, o lo que realmente deseo, porque lo que más quiero en el mundo es poder estar contigo otra vez.

Página 23

9 DE DICIEMBRE 02:33

Cojo mi abrigo y salgo a la calle, un golpe de aire frío me golpea y casi me deja sin respiración, quizá debería subir a por mi anorak. El sol aún no ha salido y el frío de la noche está todavía patente en todo lo que me rodea, los árboles del parque están blancos de la helada. Noto como mi cuerpo se enfría por momentos y yo me encojo más en mi abrigo de paño. Me quedo pensando que hacer, ir andando o en coche. El tráfico empieza a ser más abundante. Decido caminar, me vendrá bien. Me envuelvo mejor en la bufanda y saco los guantes del bolso, me los pongo con dificultad y me viene a la mente el día que me compraste esos guantes.

«Teníamos unos días de descanso en noviembre y me sorprendiste con un fin de semana en Santiago de Compostela. Turismo rural lo llamaste. Casi no tuve ni tiempo de preparar la maleta con las prisas y me olvidé de un montón de cosas».

—Solo son dos días Caro, no creo que necesites tantas cosas. —Nunca se sabe…

Habías alquilado una habitación en un hotel en el centro de la ciudad.

Cuando llegamos, llovía.

—La gente dice que Santiago de Compostela hay que verlo lloviendo —me dijiste con una maravillosa sonrisa mientras me abrazabas y me tapabas con tu abrigo.

Después de ir a la habitación, que era impresionante, y de relajarnos, me propusiste ir a cenar fuera. Me asomé al balcón y corría un aire que me quitó el aliento.

—Hace frío Arturo, creo que mejor cenamos aquí.

—¡No! Solo tenemos dos días, hay que aprovecharlos.

Me puse unos vaqueros ajustaditos y un jersey de lana. Me peiné una coleta y me armé de valor.

—Ya estoy.

Me miraste de arriba abajo, sonreíste con picardía y asentiste.

—Pues vamos.

Aunque llevaba una cazadora que abrigaba, en cuanto salimos noté como mis manos perdían todo su calor. Me cogiste de la mano para iniciar la marcha en busca de un restaurante de tu agrado.

—¡Estás helada!

—No, solo son las manos.

Página 24

—Pues tendremos que resolver ese problema, ¿no crees?

Me besaste dulcemente y me arrastraste por todas las tiendas que había abiertas hasta que encontraste unos guantes perfectos para mí…

24/25 DE DICIEMBRE 24:00

Veinticinco de diciembre, zum, zum, zum…

Estoy sola en casa, llevo todo el día en la cama viendo películas románticas. Me he pasado la tarde llorando con Ghost, ya sabes lo que me gusta esa peli, después Orgullo y Prejuicio, en esta no lloré, luego (y me da vergüenza decirlo). Lo que el viento se llevó, y en esta sí que lloré.

Ahora estoy viendo Mi querido John, pero no le estoy prestando la debida atención. Pienso en ti, me pregunto qué estarás haciendo ahora. A ti nunca te gustó la Navidad, siempre preparabas algún viaje sorpresa, lo cierto es que a mí me gustaba mucho ese afán tuyo de pasar estos días lejos de casa. He esperado con ansia cada una de las cuatro Navidades que hemos vivido juntos y descubrir con qué me ibas a sorprender. Siempre los has hecho, sorprenderme digo. Siempre han sido viajes especiales para mí. No puedo olvidar el año pasado cuando me llevaste a la nieve y te dejaste media vida para intentar enseñarme a esquiar hasta que al final te diste por vencido porque pasábamos más tiempo en el suelo que sobre los esquíes. Soy un caso perdido en lo referente a deportes, bien lo sabes.

¿Qué nos pasó? ¿Qué hice mal? ¿Por qué no estás aquí conmigo?

No logro comprenderlo, no puedo entenderlo. Te fuiste sin ninguna explicación y yo me muero por dentro. Me has dejado agonizando y no te importa. Ni una vez me has llamado, ni un mensaje, nada, para ti terminó todo de un plumazo.

¿Cómo es posible olvidar 4 años de relación? ¿Me amaste alguna vez? Ahora, sentada en mi cama, antes nuestra, con una película puesta a la que no hago caso, los ojos llorosos y el corazón destrozado, me parece que

no. Nunca me amaste. Y eso me mata por dentro.

25 DE DICIEMBRE 14:56

Página 25

Acabo de terminar mi primera comida de Navidad sin ti. Nada especial, no hay nada que celebrar, patatas fritas y un huevo frito, eso sí, con mucha mayonesa.

Mis amigos piensan que estoy de viaje. No he movido las persianas por si acaso Carmen pasa por aquí, no descubra que mentí, creo que me mataría por eso y lo que es peor, me obligaría a irme con ella a su casa. Ni loca. Es su familia, no me toca a mí aguantarla, sino a ella.

Yo no tengo familia.

Lo malo es que se me ocurrió dejar las persianas a medio bajar por lo que tanto de día como de noche en el piso siempre hay luz. No me gusta. Solo quiero oscuridad. Quiero que todo esté oscuro y frío. Como yo lo estoy por dentro. Dentro de mí solo hay oscuridad, frío y un enorme vacío…

Te echo tanto de menos…

Me voy a la cama y seguiré llorando.

31 DE DICIEMBRE 24:03

¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!

Estoy borracha.

He comido las uvas, sola en la habitación. He visto las campanadas y he comido las uvas. Ups… eso ya lo he dicho antes… el caso es que he bebido yo solita una botella de champán y estoy borracha.

¡Vaya! Qué raro, ya estoy llorando de nuevo. Pero también me río, es extraño esto que hace la bebida, lloro y río a la vez.

Estoy como una cabra.

6 DE ENERO 10:10

No tengo regalos debajo del árbol. No tengo árbol, ni nacimiento. Nada. No me he sentido con ganas de decorar la casa. Faltas tú y yo no tengo regalo.

Miro por la ventana. Llueve.

Bien. Al fin alguien se pone de acuerdo con mi estado de ánimo.

Página 26

Me voy a la cama.

15 DE ENERO 23:12

Hoy Alex nos ha invitado a comer para celebrar su cumpleaños, nos ha llevado a un restaurante nuevo. Lo cierto es que íbamos todos un poco asustados, Alex es algo extravagante, nunca se sabe con qué nos va a sorprender. El caso es que el restaurante estaba genial. La comida era buena y el local muy chulo, lo disfruté muchísimo hasta que Alex, que estaba sentado a mi lado me dijo:

—No te gires ahora, pero ese chico de ahí te está mirando.

No me giré, lo cierto es que ni me moví. Me vino a la mente el día que te conocí.

«Íbamos de fiesta un sábado por la noche. David nos había hablado de un nuevo local que decían, estaba muy bien. Entramos y ciertamente el local estaba bien, era amplio, tenía varias mesas para los que querían sentarse y una zona muy grande de baile, en el centro una barra redonda, era moderno y limpio. Nos sentamos en la primera mesa que vimos libre, no había mucha gente aún, nosotros solíamos salir pronto, nos gustaba disfrutar del tiempo que teníamos para estar juntos, cenábamos en algún sitio y luego nos comíamos la ciudad, como solía decir Sara. Yo nunca bebo, pero esa noche José había ido a pedir por todos y no le importó lo más mínimo aquello que le dijimos que queríamos tomar, vino tan fresco con un vaso de la misma bebida para cada uno, Martini con Cola—Cao, cuando protestamos él nos dijo que era la última moda en bebida, teníamos que probarla y lo hicimos, estaba buenísimo. Comenzamos a hablar y a reír, la música estaba alta pero no tanto como para resultar molesta, Alex me miró y me dijo;

—No mires nena, pero ese tipazo lleva mirándote todo el rato.

Yo no miré, pero el resto sí.

—Dios santo. ¡Está buenísimo! —comentó Ana con entusiasmo.

—Ni que lo digas, tía. —Contestó Carmen.

—Madre mía, vaya chulazo. —Confirmó Isabel.

José y David pusieron los ojos en blanco.

—Chicas, parece que nunca habéis visto a un hombre.

Página 27

—Como ese no. —Contestó Isabel.

Yo despacio me giré y te miré. Me quedé paralizada. Me miraste y sonreíste. Jamás en la vida había visto a un hombre tan guapo. Tu sonrisa me cortó la respiración, me quedé embelesada mirándote. Tu pelo negro tan brillante a la luz de los focos, tus ojos grandes y negros, tan alto, tan fuerte, tan irresistible. Me olvidé de respirar y mi cabeza comenzó a dar vueltas.

—Nena. ¿Estás bien? —me preguntó David. Yo volví a la vida con sus palabras, dejé de mirarte y me concentré en mis amigos.

—Sí, creo que sí.

—¡Vaya! Ya quisiera yo que un tipazo como ese me mirase así. —Me dijo Alex—no creo que pudiese quitarle los ojos de encima, ni las manos jajaja.

Me puse colorada y me concentré en mi bebida.

—Sigue mirándote. —Me informó Sara.

Yo disimuladamente, o eso creí, te miré, y allí estabas tú y tu sonrisa, mi corazón se aceleró.

—¡Guau! ¡Qué bueno está! —anunció Ana.

Dejé de mirarte y solo pude asentir.

—Un momento chicas, se está levantando, se pone en pie…

Yo no podía mirar, mi corazón anunciaba con salirse de mi pecho. —¡Oh madre mía! ¡Qué culo tiene, es increíble! Yo quiero uno así para

mí. —Alex parecía que se iba a deshacer ahí mismo. No pude evitarlo y miré, no había exagerado nada.

Te dirigías hacia el picha, le comentaste algo y ambos os reísteis, yo me notaba sofocada, así que me sumergí en mi vaso y miré por la ventana, era un poco ridículo, hasta José y David, los dos hombres del grupo, porque Alex era de nuestro bando, estaban atontados mirando, intrigados, gracias al calentón de todas las demás.

—¡Viene hacia aquí!

—Chicas, chicas comportaros.

—O sí, viene hacia aquí, no cabe duda.

No miré, no me atreví siquiera a respirar. De fondo se comenzó a oír la canción de Sergio Dalma, Bailar Pegados. Te acercaste a mí y con dulzura me pediste bailar. Todos mis amigos me miraron estupefactos, me quedé paralizada, no sabía que decir, te miré a la cara y fue todavía peor, ¡eras

Página 28

tan guapo! No podía ser verdad, no podías haberte fijado en mí. Alex me dio un empujón para que reaccionara.

—Oh sí… claro que sí.

Me ofreciste tu mano y yo la cogí, una corriente eléctrica me atravesó todo el cuerpo. Me puse de pie y te seguí hasta la pista de baile, miré a mis amigos y los siete estaban estupefactos, con la boca abierta.

Llegamos a la pista de baile y te pusiste frente a mí, tus manos se posaron en mi cintura despacio, yo apoyé las mías en tus brazos, fuertes y duros como el acero.

—¿Cómo te llamas?

Te miré a la cara y me perdí en la inmensidad de tus ojos negros, creo que estuve bastante tiempo mirándote sin hablar, porque sonreías de una manera muy picarona, caí en la cuenta de que me habías formulado una pregunta.

—Oh… esto… Carolina.

—Bonito nombre.

Me mirabas como si estuviese pensando si yo era mentalmente capaz. Me sentí como una idiota. Me armé de valor e intenté que tu belleza no eclipsara mi maltrecho cerebro.

—¿Y tú?

—Arturo.

—Bonito nombre —respondí, y sonreíste y yo me quedé atontada observándote.

—¿Vienes mucho por aquí?

—Lo cierto es que es la primera vez que mis amigos y yo venimos por aquí.

—Ya me lo parecía, no te había visto nunca.

Me sonrojé, menos mal que no había mucha luz en la pista de baile. La música pronto llegaría a su fin y yo intentaba memorizar cada

segundo que pasaba a tu lado, no creía que fuera capaz de volver a sucederme algo así.

—Tus amigos no dejan de mirarnos.

Seguí su mirada hasta la mesa en la que hacía unos minutos yo estaba sentada y comprobé como nos miraban atontados. Sonreí.

—Ya, están un poco flipados.

—¿Y eso?

—Bueno, es que no suelo bailar mucho.

Página 29

—Por…

—Es que no se me da muy bien.

Te reíste y un brillo alucinante llegó hasta tus ojos.

—Pues lo estás haciendo muy bien.

Solté una carcajada.

—Bueno… ya… es que este baile es muy fácil.

La música cesó, y otra ocupó el lugar de la maravillosa balada que habíamos bailado juntos. Me cogiste por la mano y me acompañaste hasta mi mesa.

—Tal vez podría verte mañana. ¿Vendrás? Mi corazón iba a sufrir un colapso. —Bueno… tal vez… ya veremos.

Volviste a sonreír y justo cuando estábamos cerca de la mesa me diste un suave beso en el dorso de la mano. Pude oír el sonido de las mandíbulas de mis amigos al golpearse contra el suelo. Me sonreíste y te marchaste dejándome totalmente atontada. Me giré hacia mis amigos, todos tenían la boca abierta. Me senté en mi sitio.

—Cuéntanoslo todo, todo y todo.

Y yo lo conté.

—Caro, cariño. ¿Estás bien?

La mano de mi amigo en el hombro me hizo volver a la realidad. Le miré a los ojos.

—Sí… sí, claro que sí.

Pero lo cierto era que no, ya nunca volvería a estar bien.

18 DE ENERO 20:32

He llegado a casa cansada, he traído una caja que pedí ayer en el supermercado de abajo. Me he armado de valor y he entrado en mi habitación, antes nuestra. Poco a poco he ido recogiendo todo aquello que me recuerda a ti y lo he colocado sobre la cama. Fotos, regalos, ropa, incluso joyas, todo. Ha sido una tarde terrible. Me ha dado la impresión de que habías muerto y estaba guardando tus cosas en cajas. No estás muerto, pero a veces me da la impresión de que así ha sido.

Página 30

Todos tus regalos han ido a parar a la caja, todas las fotos que nos hicimos juntos, todas las joyas que me has regalado, incluso el anillo de compromiso que me compraste por el día de nuestro aniversario y que no me he quitado hasta que te fuiste. Todo. Y cada vez que he metido una de esas cosas dentro de la caja he sentido que un trozo de mi corazón se quedaba guardado con ellas. Sin parar de llorar he cumplido con mi cometido. Mirando en uno de los cajones encontré el montón de cartas que me escribiste el primer verano que pasamos juntos, yo estaba trabajando y tú te fuiste a la costa con tus padres. Me escribiste una carta al día y las guardé todas como si se tratase del más valioso de los tesoros. Mis manos tiemblan al cogerlas. Las tengo atadas con un bonito lazo de raso azul. Deshice la lazada y cogí la primera de las cartas. La abrí pero solo fui capaz de leer una de las frases:

«Eres la cosa más bonita de la Tierra, el ser más deseado del Universo y yo soy el más dichoso de los mortales».

Doblé la carta y la metí en el sobre. Mis ojos desbordantes de lágrimas.

Sentí un dolor tan inmenso que pensé que mi corazón dejaría de latir.

Tú no estás muerto, pero a veces pienso que yo sí.

20 DE ENERO 23:45

No puedo dormir, hoy me ha llamado tu madre. Dice que se enteró de nuestra ruptura en Navidad, cuando la llamaste para felicitarla las fiestas. No ha querido llamarme antes porque no se atrevía. ¡Pobre mujer! Estaba llorando lo cual hizo que yo llorara también. Me ha dicho que aunque tú y yo ya no estemos juntos, que su casa estará siempre abierta, que siempre se acordará de mí y que me quiere mucho. Yo, llorando la he contestado que también la quiero mucho, y es cierto, durante estos cuatro años ella ha sido como una madre para mí.

Me ha preguntado la razón, dice que tú no la has contado nada, yo la he contestado que a mí tampoco me habías dado ninguna explicación. Tal vez esa sea la razón por la que no consigo superarlo. Nos hemos despedido muy cariñosamente. Después de colgar me he sentado en el sofá y con la tele encendida, sin mirarla, pues no puedo concentrarme en nada últimamente, he sentido como mi alma seguía llorando tu ausencia.

Página 31

30 DE ENERO 18:36

Aunque me sorprendo yo misma, aún sigo aquí.

14 DE FEBRERO 20:01

¡¡¡FELIZ DIA DE LOS ENAMORADOS!!!

Estoy sentada en casa, con la mesa puesta para dos, una botella de vino, flores por todo el mantel y comida preparada en la bandeja. Me he servido una copa de vino, ya sabes que no bebo, pero hoy es un día especial. Creo que se me ha subido a la cabeza.

Estoy rota, intento recoger mis pedazos y unirlos, pero no se sujetan y faltan piezas y… Esto no puede estar pasándome.

Me levanto, recojo todo lo que mi estupidez me ha obligado a hacer y me voy a la cama.

Sigo llorando por ti. No te puedo olvidar. ¿Qué es lo que me pasa? Suena el teléfono, no pienso cogerlo. Salta el contestador…

David anuncia que han preparado una velada especial para los ocho, en cinco minutos estarán aquí. Me levanto a coger el teléfono para anunciarles que no cuenten conmigo pero ya ha colgado. Sigo llorando, pero ahora por otra razón. Mis amigos han preparado esto para que yo no pase este día sola… no sé qué he hecho para merecer unos amigos tan fantásticos. Me levanto de la cama, me visto y me preparo para pasar la noche que tenía que celebrar contigo, en compañía de las siete personas más maravillosas que he conocido jamás.

18 DE FEBRERO 23:00

Me ha llamado José al trabajo.

La madre de Ana llevaba un tiempo enferma, no ha superado la enfermedad, esta mañana a eso de las siete de la mañana dejaba este mundo y en él, a un marido que la amaba más que a nada en el mundo, después de casi 37 años de matrimonio, y a tres hijos que la adoraban, totalmente destrozados.

Página 32

Me he reunido con mis amigos en una cafetería del centro y hemos ido todos juntos a acompañar a Ana en estos momentos tan horribles. Hemos estado a su lado todo el día y ahora, después de darme una ducha, me prepararé para pasar toda la noche con ella y su familia.

No puedo evitar pensar que con todas las desgracias que hay en el mundo, yo esté sufriendo por algo tan… tan… no sé bien como describirlo, porque no quiero restarle importancia a mis sentimientos, pero tampoco tiene tanta como la pérdida de un ser amado y maravilloso por las garras frías de la muerte, sin la posibilidad de volver a verla, de poder tocarla, de poder abrazarla… es tan triste que mi pena me parece algo trivial y banal, algo sin la más mínima importancia, porque, mi corazón roto tiene la pobre esperanza de poder recuperarse, con el tiempo, tal vez mucho tiempo…, pero se repondrá. Sin embargo a la pobre Ana no le queda ese consuelo, ha perdido a su madre y la ha perdido para siempre…

¡Qué injusta es la vida!

23 DE FEBRERO 23:45

Hemos pasado todo el día junto a Ana, acaba de llegar de pasar unos días con su familia. La pobre estaba destrozada, pero ahí estábamos nosotros, a su lado, para ayudarla en todo lo que pudiéramos hacer, aunque sea bien poco, o al menos, menos de lo que realmente nos gustaría. El lunes comienza a trabajar, hemos pensado pasar todas las tardes de esta semana a su lado, que no se encuentre sola. Estaremos ahí hasta que ella nos eche de su lado por pesados.

7 DE MARZO 21:22

Hoy es nuestro aniversario. Celebraríamos nuestro quinto año juntos.

Pero estoy sola. Tú no estás y nunca volverás.

21 DE MARZO 20:25

Página 33

Odio la primavera. Todo florece, todo brilla, la gente está más contenta, todos sonríen y se les nota de buen humor. Yo desentono en todas partes. Parezco la rosa negra en medio de un ramo de rosas rojas, amarillas y blancas.

Qué el tiempo lo cura todo ¡Brillante mentira! Te acostumbras a la ausencia, te acostumbras al dolor, tanto, que a veces ni siquiera lo notas, pero siempre está ahí.

25 DE MARZO 18:39

Hoy no es un buen día. Me he levantado cansada y de mal humor, he intentado desayunar pero no tenía leche y yo sin mi Cola—Cao de la mañana no soy persona.

Al ducharme el agua se ha quedado fría, he salido a la calle y llovía a mares por lo que aún con paraguas me he calado entera, sin contar lo horrible que es andar por la ciudad lloviendo. Un montón de paraguas en todas direcciones, se pelean por ver quién es el que consigue sacarte un ojo.

No he encontrado un maldito taxi libre. Mi jefa estaba cabreada y lo ha pagado conmigo. No es que me importe, ya sabes, últimamente no me importa nada, mis compañeras me han mirado con más lástima aún de la habitual.

Estoy harta, harta de mi trabajo, harta de mi vida, harta de sentirme siempre mal, cualquier día me piro y que les den morcillas a todos.

… Ya lo sé, soy una idiota.

28 DE MARZO 04:15

No consigo dormir. Otra vez tú.

1 DE ABRIL 21:17

Página 34

He pasado la página del calendario y he visto que tenías apuntado que este mes nos tocaba cambiar el cepillo de dientes. He sonreído, eres así, apuntando hasta la cosa más insignificante para que no se te olvidara.

He ido al supermercado, sin mirar siquiera he comprado un cepillo y cuando me he ido a lavar los dientes he descubierto que sí que quita el sarro y si me descuido, me quita hasta el esmalte. ¡Menudo cepillo que compré! Es como si me estuviera cepillando con papel de lija, pero que quede claro que no me rendiré y que al final domaré al cepillo, lo he tomado como un reto personal, seguro que al cabo de una semana mi boca ya se habrá acostumbrado.

4 ABRIL 02:48

¡TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO, TE ODIO! Me ha llamado Sara para tomar un café, me dijo que iban a estar todos.

La posibilidad de verlos y la perspectiva de pasar una tarde agradable en compañía de mis amigos, hicieron que se me alegrara el corazón.

Me presenté en el bar a la hora acordada. Mi Cola—Cao sobre la mesa, les sonreí y en cuanto vi sus caras, la sonrisa se me congeló en los labios. Una sensación horrible me oprimió el corazón, estuve tentada de dar marcha atrás y marcharme a casa, pero mis pies se quedaron dónde estaban, sin reaccionar, sin obedecer las órdenes apremiantes que les impartía mi cerebro.

Alex se levantó, me cogió por la mano y me acercó a la mesa como si no fuera más que una niña pequeña.

Estaba pálida, podía notarlo, sentía el corazón palpitando en mis sienes, un terrible dolor de cabeza amenazaba con hacer acto de presencia. Les miré a la cara, uno a uno, estaban serios, sabía que algo había pasado.

Agaché la cabeza y me concentré en la taza de leche humeante, mis manos comenzaron a temblar.

—Venga, soltarlo de una vez.

Se miraron entre sí, yo les miraba de hito en hito. ¡Vaya panda de idiotas! Como si hubiese algo que pudiera herirme más, yo ya estaba acostumbrada al dolor…

Me equivoqué, sí lo había.

Página 35

—Bueno, la verdad es que no sé por dónde empezar —comenzó Carmen, estaba nerviosa y asustada, lo notaba y no me daba ninguna confianza.

—Será más fácil, según mi limitada experiencia, si comienzas por el principio.

Un asomo de sonrisa llegó a sus labios, pero solo eso, un asomo.

Miró a cada uno de los presentes y con un suspiro se armó de valor, me miró a la cara y comenzó.

Recuerdo cada una de sus palabras, cada uno de sus gestos con total precisión, igual que la de todos mis amigos, como si todo se hubiese grabado a fuego en mi cerebro, mi maldito y traidor cerebro, yo, sentada en la mesa, dando vueltas al Cola—Cao que no probé, escuché atenta y sin interrumpir, como si mi amiga estuviera contando una historia que nada tenía que ver conmigo, un cuento inventado para entretener, a pesar de no tener un final feliz.

—Antes de nada, quiero que sepas que hemos discutido durante horas si debíamos contártelo o no, creemos que mereces saber la verdad aunque te cause dolor, y por nada del mundo deseamos hacerte ningún daño, pero pensamos que es lo mejor para ti… —asentí con la cabeza sin dejar de mirarla a los ojos, sabía que me querían y era consciente de que no deseaban hacerme daño, por eso sentí pánico en mi interior, un miedo irracional que me oprimía el alma—. ¿Te acuerdas de Elsa? Es mi compañera de trabajo, creo que alguna vez te he hablado de ella. —Volví a asentir—. Bueno, pues el otro día salimos pronto de trabajar y me convenció para que fuéramos a tomar algo a un bar que acababan de abrir y dijo que estaba muy bien, y así es, el caso es que cuando nos sentamos, ella fue a pedir y yo mientras tanto, me puse a cotillear. Me quedé helada cuando vi, que unas mesas más allá, estaba Arturo sentado —hizo una pausa para respirar y me miró, yo ni me inmuté, así que continuó—me quedé mirando como si fuera un fantasma, la verdad es que no esperaba encontrarlo ahí, bueno ni ahí ni en ningún otro sitio, y me quedé impresionada. Llegó Elsa a la mesa con las bebidas cuando yo iba a levantarme y a decirle cuatro cosas bien dichas, pero me volví a sentar sin dejar de mirarle. Elsa siguió mi mirada y me dijo que era guapísimo, yo solo pude afirmar con la cabeza mientras ella hablaba y me decía que era una lástima, pero que ya estaba pillado. Yo le pregunté si le conocía. Movió la cabeza señalándome a una mujer y me dijo que sí que le conocía,

Página 36

porque esa mujer que iba con él era su vecina… y su novia. Me comentó que es una modelo o algo así, muy pagada se sí misma, que últimamente se los encuentra por las escaleras, porque tienen el ascensor estropeado y que la mujer siempre se para a hablar con Elsa, para alardear, de todo, incluso de su pareja. Le comentó un día, mientras él no estaba, que le había costado mucho decidirse el ir a vivir con ella, pero que al final lo había logrado.

Se hizo un silencio sepulcral en la mesa, catorce ojos fijos en mí. Sabían que lo que me estaban contando me hacía daño, pero no sabían cuánto. Con cada palabra pude sentir como se rompía mi corazón, sentí dolor físico, aunque traté de mantenerme serena todo el tiempo.

—Continúa —dije a Carmen con toda la tranquilidad de la que fui capaz.

Ella tenía lágrimas en los ojos.

—Oh, no sé si debo continuar, Caro yo… —¡Continúa! —grité.

Todos se removieron en sus sillas, respiré hondo y dije:

—Continúa, por favor.

Respiró hondo y siguió hablando.

—Le pregunté cuánto tiempo de eso y ella contestó que sobre unos 5 meses más o menos. La pregunté si sabía cuánto llevaban juntos, ella estaba tan feliz de cotillear, que no se dio cuenta de que yo no me encontraba bien, así que entusiasmada me contó. Me dijo que llevaban un año como pareja, que Elsa le había visto subir varias veces, no podía evitar fijarse en un hombre así… Caro, no creas que es un chisme, antes de contárselo a todos, he investigado. Él no era fiel… Cuando lo confirmé se lo conté a los demás y decidimos sí debíamos contártelo a ti…

Les miré a todos, uno por uno, no los odiaba, ni estaba enfadada, sabía que si había alguien en este mundo que me quería y se preocupaba por mí, eran ellos.

—Creo que habéis hecho bien, y os agradezco con el corazón, todo vuestro apoyo, vuestra preocupación y vuestro cariño. —Me puse en pie

—. Y creo que estoy bien, todo lo bien que se puede estar claro, y espero que entendáis que ahora quiera estar sola, para pensar y eso…

Todos se levantaron, vi en sus miradas preocupación y anhelo, deseaban abrazarme, tocarme, lo presentía, pero yo no necesitaba más

Página 37

muestras de cariño, necesitaba estar sola, así que cogí mi bolso y salí del bar tranquilamente.

En cuanto giré en la esquina eché a correr como alma que lleva el diablo.

5 DE ABRIL 23:56

Deseo con todas mis fuerzas que esto termine. Deseo dormir y no despertar. No puedo seguir así. Me duele hasta respirar. Siento una opresión en el pecho que me impide hacer vida normal. Lloro y lloro. Incluso he pensado en emborracharme para olvidar.

Tu traición me duele tanto… tanto…

Te lo di todo, te di mi vida, mi alma, mi cuerpo, todo lo que tenía para dar era tuyo. ¿Y qué hiciste tú? ¿Con qué moneda me pagaste tanta entrega, tanta devoción?

Echándote en los brazos de otra.

¿Es que yo no te importaba nada? ¿Es que nunca sentiste nada por mí?

¿Tan poco signifiqué en tu vida?

Solo era una estación de paso, alguien con quién estar hasta que apareciera la buena. Utilizándome, usándome.

¿Y mis sentimientos?

¿Dónde quedaron tus promesas, tus caricias, tus besos? ¿Fue todo mentira? ¿Qué clase de persona eres?

No te reconozco, tú no puedes ser el hombre del que me enamoré, el hombre que me hacía reír y se preocupaba por mí.

No, tú no puedes ser él.

¿Dónde está entonces? ¿Dónde está mi amor? ¿Mi vida?

¡Y antes pensé que sufría!

7 DE ABRIL 17:22

Hago mi vida como una autómata, me levanto, desayuno, me ducho, me visto, voy a trabajar, vengo, me tiro en la cama y lloro mientras me

Página 38

auto compadezco, mientras te maldigo, mientras intento olvidarte y no puedo.

¡Un año! Has estado engañándome durante tanto tiempo y yo… yo estaba ciega. Ciega en nuestro amor, ciega por ti.

Suena el teléfono, mis amigos me llaman todos los días, y yo todos los días les miento, les digo que estoy bien. Están preocupados y deben estarlo, yo ya no soy yo. Este dolor y esta rabia, ciegan mi razón.

No quiero vivir. Antes sin ti, ahora por ti.

No quiero vivir.

9 DE ABRIL 08:32

He tirado el cepillo de dientes a la basura.

10 DE ABRIL 18:54

Llueve, estoy asomada a la ventana viendo como el cielo gris suelta su carga sin miramientos sobre la ciudad. Salgo al balcón y dejo que el agua de lluvia toque mi piel. Necesito sentir que estoy viva.

No hace mucho frío y mientras las gotas de lluvia calan mi ropa y mojan mi cuerpo, dejo que mi mente se libere y vague por aquellos rincones que hace tiempo tengo cerrados con cadenas y candados.

Recuerdo aquel día en la playa, hacia un día horrible y estábamos desilusionados porque no podíamos salir del hotel. Pero tú me plantaste un chubasquero de una tienda de todo a cien y me sacaste a trompicones de la habitación. Fue un día grandioso. Paseamos por la playa mientras soportábamos estoicamente el chaparrón, nosotros dos solos y luego me invitaste a cenar en un italiano. Después me hiciste el amor acompañados por una copa de champán y un cuenco de fresas.

¿Todo lo que hemos vivido ha sido falso?

No puedo creerlo, mi corazón se niega mientras que la razón me machaca.

Estoy tiritando, mis lágrimas se mezclan con las gotas de lluvia que golpean mi cara.

Página 39

El cielo está gris como mi vida, como mi alma.

Tu traición ha terminado de matar lo poco de mí que quedaba.

12 DE ABRIL 20:32

Se acerca la Semana Santa, tengo una semana de vacaciones y el mismo tiempo para volverme loca, sola en casa. No quiero pasar estos días tan mal como pasé la Navidad. No quiero llorar más, no quiero sufrir más.

He hablado con mis amigos y cada uno tiene un plan para pasar estos días. La mayoría se van a sus casas, al pueblo, con la familia, menos Carmen, que tiene a su familia aquí y Sara que ahora tiene un medio ligue y han pensado irse unos días por ahí. Tal vez sea eso lo que yo deba hacer, tal vez debería coger las maletas y marcharme esa semana, para distraerme, para animarme, para intentar olvidar…

15 DE ABRIL 19:35

Estoy metida dentro de un pozo. El pozo es profundo, frío y oscuro. Yo estoy abajo, sentada abrazando mis piernas mientras miro hacia arriba, hacia la luz. Pero la luz es muy pequeña y está muy lejos, no puedo alcanzarla. Dentro de ese pozo no siento nada, ni la brisa, ni el calor del sol, ni veo su brillo, ni oigo el canto de los pájaros. No tengo hambre, ni sed, ni alegría ni esperanza. No siento nada.

¿Cómo voy a salir de aquí?

Cada día me hundo más y más en la desesperación, en la soledad y en el dolor.

¿Cómo puedo superarlo?

Solo quiero morir.

17 DE ABRIL 18:25

Carmen me ha llamado para quedar, yo no tengo ganas pero ella no se conforma con un no.

Página 40

Me viene a buscar a las diez.

Sara me llamó hace unos días para contarme que ha encontrado a su hombre ideal. Yo fingí alegrarme por ella. Ana está mejor, ya va aceptando la muerte de su madre. Alex va por ahí de flor en flor. Chico listo.

Estaremos todos juntos, yo solo espero que no se me note mucho lo mal que estoy.

18 DE ABRIL 02:04

No he podido engañarlos. Desde que entré en el local sus ojos se posaron en mí y ya no me los pude quitar de encima, fue horrible, ese escrutinio me puso más nerviosa de lo que ya estaba. Un total desastre. Me temblaban las manos y tiré la bebida, no me concentraba en la conversación por lo que rara vez contesté lo que correspondía. Estaba enfadada conmigo misma. ¿Por qué no podía simplemente disfrutar de la compañía? ¿Por qué me sentía tan mal, tan fuera de lugar? De pronto me entraron unas ganas terribles de marcharme a mi casa, me levanté de golpe y me despedí.

—¿A dónde vas Caro? —Preguntó Alex.

—Creo que será mejor que me vaya a casa, no me encuentro muy bien.

Sus caras reflejaron preocupación.

—Chicos, no pasa nada, solamente estoy un poco cansada, solo eso, en serio, no hay por qué preocuparse, se me pasará.

¿Se me pasará? ¿En serio? ¿Y cuándo?

20 DE ABRIL 12:00

Semana Santa, cuatro días para estar en casa sin hacer nada, no veas que ganas tengo…

25 DE ABRIL 14:15

Página 41

Debes felicitarme, soy una mujer oficialmente deprimida. Carmen me vino a ver el viernes y descubrió que estaba en la cama, llevaba en la cama desde el miércoles, casi sin comer, sin ducharme, sin recoger la casa… Me echó una bronca increíble, estaba enfadada y muy preocupada, se quedó a dormir conmigo el fin de semana y el lunes a las 8 de la mañana me cogió por el brazo y me llevó al médico. Sin ninguna piedad, sin importarles lo más mínimo mi intimidad, me bombardearon a preguntas, y yo fui totalmente sincera en todas las respuestas, Carmen se quedó muda en más de una ocasión. El médico me ha diagnosticado depresión, tengo que ir a un psicólogo, tomaré mi medicación si lo consideran necesario y me repondré, no me queda otra. No ha creído que fuese necesario darme la baja. Espero que mi psicólogo sea simpático…

26 DE ABRIL 22:09

Las cosas van mal, no me entero de nada, pasan los días y yo sigo en el limbo. Me encuentro mal, no duermo, no como, no descanso, no vivo… ¿Pueden ir las cosas a peor? No, creo que no, no me veo con la capacidad de poder estar peor y superarlo.

27 DE ABRIL. 18:55

Las cosas si pueden ir a peor.

Me han despedido.

Mi jefa, sintiéndolo mucho, ha tomado la decisión de despedirme porque, según ella, ya no rindo en mi trabajo desde hace ya varios meses, estoy totalmente ida y eso perjudica el buen funcionamiento de la empresa. Me ha informado de que si en el futuro yo me encuentro mejor, no dude en volver a pedirles un empleo, pues siempre he sido una trabajadora ejemplar, hasta ahora, claro.

Me he ido a casa como una sonámbula, me han dado los días de vacaciones que me debían, por lo tanto ya no tengo que volver a pasar por la oficina. Querían librarse de mí lo antes posible.

Página 42

Me siento todavía peor. He trabajado en esa empresa desde hace ya casi siete años, no me han dado ni una oportunidad para recuperarme, ni siquiera he podido abrir la boca en todo el tiempo que ha durado la reunión.

He salido, he recogido mis cosas y me he marchado sin despedirme. Mis compañeras me miraban con pena, pero ninguna se ha acercado a hablar conmigo.

Fin de otra etapa de mi vida.

28 DE ABRIL 11:31

No he podido resistirme y he llamado a mis amigos, para contarles las novedades. Se han puesto furiosos en cuanto les he comentado que me han despedido. En menos de media hora les tenía a todos en casa, cada uno con una botella de licor diferente. Cuando he abierto la puerta me he quedado boquiabierta el verlos.

—Pero… ¿Qué hacéis aquí?

—Pues que vamos a hacer —me respondió Carmen—venimos a celebrar tu despido.

—¿Celebrar?

—Sí, celebrar —confirmó Alex—ya nunca más tendrás que ver a esas petardas, creo que es una muy buena excusa para celebrar.

Me reí con ganas mientras les veía pasar frente a mí, con sus maravillosas sonrisas y su buen humor. Sí, era una buena excusa para celebrar.

No dije nada más, nos sentamos todos juntos en el salón y entre risas y alcohol pasamos una buena tarde.

29 DE ABRIL 13:22

El psicólogo es muy majo.

Página 43

30 DE ABRIL 20:45

Me siento en la cama y miro por la ventana, la vista no es maravillosa, solo se ven tejados y otros pisos, pero me da igual, yo no veo nada, mi mente vaga tortuosa y sin control, ya no sé qué hacer por lo que me rindo y dejo que continúe con su maldito trabajo, el de recordarme todo lo feliz que fui contigo.

Me tomo mis pastillas pero no sirven de nada, me atontonan, me duermen, me hacen ser más insensible, todo me da igual, todo, pero eso no es lo que yo quiero, no quiero que las cosas me sean indiferentes, no quiero pasar por la vida como si nada, necesito sentir, sentir aunque solo sea dolor, es mejor que no sentir nada…

2 DE MAYO 14:27

Me he despertado porque el sol ya asomaba por la ventana, me he quedado quieta mirando el techo, y me he dado cuenta de que tarareaba una canción, Voy a pasármelo bien de los Hombres G, parece mentira que después de tantos años sin escucharla, todavía me la sepa de memoria, de principio a fin, incluso podía escuchar la voz de David Sumers en mi cabeza, muy clara y tan nítida como si estuviera escuchando la canción en la radio. Me ha dado un vuelco el corazón ¡Qué años tan felices! Aún recuerdo el primer concierto de los Hombres G al que fui. Tenía 15 años, vivía con mi tío, un hombre que se denominaba así mismo, soltero empedernido y sin ataduras, un hombre que amaba tanto a su hermano que no dudó ni un instante de hacerse cargo de su hija, aunque eso supusiera trastocar toda su vida. Bien sé que aquella decisión no le resultó muy agradable al fin y al cabo, pero él sobrevivió a la gran responsabilidad que conlleva tener un hijo. Le di la vara durante todos los días desde que me enteré de que vendrían a tocar a la ciudad y al pobre no le quedó más remedio que claudicar a mis suplicas. También es cierto que nunca le pedía nada… Me lo pasé genial, estuvimos en primera fila y mi desdichado tío aguantó con valentía durante todo el tiempo, y eso que estaba rodeado de quinceañeras medio locas que gritaban y saltaban sin parar, el pobre quedó conmocionado por aquel episodio, jamás se volvería a repetir. No pude

Página 44

dormir de la emoción durante una semana, y hoy recordándolo me viene una sonrisa a los labios.

Tengo que llamar a mi tío.

¿Dónde estarán las fotos del concierto? ¡Ah! En casa de mis padres, allí está todo lo que es mío, mi tío se encargó de llevarlo cuando me mudé al piso y decidí ser independiente.

Tengo que ir a casa de mis padres, necesito ir.

5 DE MAYO 23:41

Me he levantado de la cama de mala gana, pero necesito ir a comprar, no hay nada de nada en casa y la necesidad me obliga. Me he duchado y me he peinado sin mucho estilo, mi coleta ya habitual pero cuando me he ido a vestir ha empezado el problema. ¡No me vale nada! Pieza por pieza he ido descartando absolutamente todo, pantalones, faldas, vestidos, todo me venía grande y se me caía. Me he vuelto a la cama. Esta circunstancia hace algunos meses me habría dado una alegría inmensa, unos kilos de menos, más estilizada, más modelo… pero hoy eso solo supone que tengo que salir a la calle e ir a comprarme algo que me valga, solo de pensarlo me entra el pánico.

Yo.

La calle.

Somos incompatibles.

Me he puesto a pensar en lo mucho que ha cambiado mi vida, por ti, por tu culpa o gracias a ti, con el tiempo ya decidiré eso, pero ahora me siento sola y triste, desanimada y sin vida, con ganas de que todo termine, pero esto solo empieza.

He empezado a llorar y me he quedado dormida.

Me despertó el sonido del timbre. Carmen, Isabel, Sara y Ana acababan de llegar, tuvieron la «gran idea» de pasarse por aquí para ver que tal estaba.

Pues mal, como voy a estar, pero no las he dicho nada, he puesto una gran sonrisa falsa en mi cara y las he hecho pasar al salón. Hemos charlado y me invitaron a salir. Las he dicho que no, no tengo ganas de salir y se han puesto pesadas.

Página 45

—¿Y por qué no? Te vendrá bien. —Afirmó Carmen.

—Claro, seguro que te distraes. —Confirmó Ana

No pude resistirme por más tiempo, si seguía negándome sería sospechoso, tendría que buscar una excusa creíble.

—Es que no me vale nada, todo me viene grande.

Se miraron entre sí y empezaron a brillarles los ojos, estaba segura de que me arrepentiría pero sus mentes malvadas estaban tramando algo, y sin ni siquiera pronunciar palabra.

—Mañana vendremos a buscarte. ¡Iremos de compras! —anunció Sara, sonreían todas como si fuese una maravillosa idea, yo sentí como se abría el suelo debajo de mí y si me esforzaba lo suficiente podría ver el infierno allí abajo, incluso pude sentir calor en las plantas de los pies…

6 DE MAYO 23:52

Hoy te he visto.

Me vinieron a buscar puntuales, me arrastraron hasta el coche y fuimos a un centro comercial. Se las veía eufóricas. Yo, en otros tiempos también lo hubiese estado, pero ahora no, me sentía mal, incómoda, vulnerable, indefensa… no estaba en mi lugar, mi lugar era mi casa, mi cama, no un centro comercial lleno hasta abarrotar de gente extraña, bullicio, ruido, gente y más gente a mi alrededor. Sentí pánico, creí que me iba a dar un ataque allí mismo delante de mis amigas, que ahora miraban escaparates sin parar y sin preocuparse lo más mínimo por mí. Carmen me agarró del brazo y me llevó a la primera tienda que había pasado la prueba. Sin darme cuenta estaba metida en el probador con un montón de ropa para probarme. Fueron crueles conmigo, no me dejaron descansar ni un instante, hasta que no tuve en mis manos toda la ropa que ellas consideraban esencial para una chica moderna de hoy. Recorrimos todas las tiendas dignas de los gustos de mis amigas. Tenía un montón de bolsas repartidas por los brazos de ellas, dudaba de que cupiera todo en el maletero, pero me cuidé muy mucho de decir nada, hoy no aceptarían ninguna queja. Nos sentamos en la terraza de un bar, y comenzamos a hablar. Por un instante me olvidé de todo, me olvidé de ti, de mi dolor, de mi soledad, de mi vida, por un instante me centré en la conversación, en

Página 46

disfrutar, en sonreír… por un instante me sentí bien. Pero ese instante fue demasiado corto, fugaz…

Me levanté para ir al baño, ninguna quiso acompañarme y lo agradecí, pero en cuanto me levanté y miré al frente te vi… eras tú, no había ninguna duda. Estabas mirando el escaparate de una tienda masculina que estaba cerca del bar. Mi corazón dio un vuelco y se paró. ¡Estabas tan guapo! Con un pantalón vaquero que te quedaba a la perfección y una camiseta que dejaba al descubierto tus maravillosos brazos, tu pelo negro y brillante, tu cuerpo de escándalo… Te giraste un poco y pude disfrutar de tu cara, de tus ojos negros como el carbón, tus labios rojos hechos sin duda para besar a las mujeres, tan perfectos que sentí como me rompía por dentro. Me quedé paralizada, no podía moverme, no podía hablar, solo podía mirarte sin parar. Oí a mis espaldas como una de mis amigas suspiraba, y otra decía: ¡Dios mío! Yo seguía sin moverme. Mi cerebro comenzó a funcionar. Primero me decía que corriera, luego que fuera a hablarte, después que no te mirase más y me marchara pero al instante me ordenaba seguir mirándote… Carmen me cogió del brazo y tiró de mí, yo me resistí, después Ana se unió a ella, yo seguía sin moverme, estabas ahí, tan cerca de mí, a pocos metros de poder tocarte, hablarte, besarte, de decirte todo lo que sentía, lo mal que estaba, a pocos metros de hacerte recapacitar y que volvieras a mí, tan cerca…

Sara se puso frente a mí, me cogió de la cara y me obligó a mirarla. El hechizo se rompió y de pronto me di cuenta de la realidad que me golpeó como lo haría un boxeador. No me dijo nada, no hizo falta, me giré y me dirigí hacia la salida dejándote allí.

Mis ojos escocían así que no hice nada para evitar que mis lágrimas salieran libremente.

El viaje de vuelta fue tenso y silencioso, ninguna decía nada y yo me sumergí en mis pensamientos.

¿Cómo era posible que después de tantos meses yo siguiera enamorada de ti? ¿Cómo podía ser? ¿Es que soy estúpida o algo? Llegamos a casa y todas salieron del coche, al parecer esto no había acabado, yo solo tenía ganas de meterme en la cama y llorar maldiciendo mi mala suerte hasta que me quedara dormida, al parecer mis amigas no eran de ese parecer. Me senté en el sofá sin decir palabra, me insultaba por dentro, me reñía por ser tan débil, por estar tan indefensa frente a ti.

—Uff, por un momento pensé que te acercarías a él.

Página 47

Levanté la mirada hacia Sara. Era mi amiga desde el instituto, como todas las demás. Sentí una opresión en el pecho que me impedía respirar.

—Por un momento yo también.

Nadie dijo nada durante un buen rato. A eso de las nueve Carmen se metió en la cocina y preparó algo para cenar. Comimos en silencio durante unos minutos.

—Al parecer no era tan buena idea lo de ir de compras.

—No Ana, la idea era buena, lo que elegimos mal fue el lugar. — Contestó Carmen—. No volverá a suceder.

—No —contesté yo—no volverá a suceder porque no pienso volver, no estoy preparada. Pensé que sí, que lo había olvidado, pero lo cierto es que mi herida está abierta y sangra.

—Carolina, sabes que te quiero como si fueras mi hermana y me duele verte así —hizo una pausa y señaló a las demás—nos duele verte así. Ningún hombre merece tal sufrimiento y menos él, te engañó, te engañó durante meses…

—¡Ya lo sé! —grité—. ¿Piensas que no lo sé? ¿Crees que no me doy cuenta de la realidad, piensas que estoy sumida en mi dolor y no soy capaz de distinguir lo cierto de lo que no? Sé que me engañó, sé que no me merece, sé que me traicionó y se fue con otra sin importarle lo más mínimo dejarme en la más absoluta desgracia, sin importarle mis sentimientos ni mi persona, siendo cruelmente mentiroso, lo sé muy bien, lo sé todo muy bien. Pero no puedo evitar amarle, no puedo dejar de echarle de menos, ni de necesitar sus caricias, sus besos, sus palabras, su cuerpo, para sentirme viva, sentirme completa, sentirme feliz. ¿Crees que disfruto con mi sufrimiento, con mi desgracia, crees acaso que puedo evitarlo y no lo hago?

Lloraba mirando con intensidad a mi amiga. Noté su sufrimiento en la mirada pero no me importó, bastante tenía yo con el mío.

—Lo siento Caro, no quise decir nada de eso, no quise herirte.

Bajé la mirada al suelo.

—Lo sé, yo también lo siento.

7 DE MAYO 03:44

Página 48

No puedo dormir, he retrocedido hacia el principio, vuelvo a estar como el día en que te fuiste. ¡Nunca lo superaré!

9 DE MAYO 15:22

He ido al psicólogo, le he contado lo que me pasó en el centro comercial.

—¿Cómo te sientes?

Esa ha sido su pregunta. ¿Cómo te sientes?

Pues mal, ¿cómo me voy a sentir?

Estoy destrozada de nuevo. Intento explicarle claramente todo lo que pasa por mi mente, me manda al psiquiatra y este me da más medicación. Sobre todo lo que más agradezco son los tranquilizantes que me inducen el sueño, me tomo uno y todo desaparece en cuestión de segundos, y puedo dormir sin pensar, sin sentir.

No es una vida ideal, pero es mejor que pasarme los días maldiciendo mi suerte sin dejar de llorar.

Ayer cometí una falta terrible, es una muestra más de que mi cerebro no funciona bien, no es de fiar. Estaba tan mal que me tomé dos de las pastillas de dormir con casi una botella de vino blanco que había en el estante de la librería del salón, eso sí, me quedé totalmente dormida y en mi sopor no recuerdo ni siquiera haber soñado. Me levanté con un buen dolor de cabeza pero nada más.

No se lo he dicho al psicólogo, no quiero más problemas, procuraré no volver a hacerlo.

He ido a la farmacia, he comprado la medicina que me ha recetado, lo hacen a cuentagotas, tal vez sea para evitar males mayores. He vuelto a casa caminando, no me apetecía subirme al autobús, el sol calentaba mi cuerpo, ya se notan los días previos al verano, es algo que empieza a ser sofocante, estoy deseando llegar a casa.

10 DE MAYO 14:28

Página 49

La tele es una tomadura de pelo, no hay nada que valga la pena, una verdadera vergüenza.

Suena el teléfono, es el abogado de mi tío, me dice que todos los papeles del despido están bien, los puedo firmar. Tendré que apuntarme al paro, mis cuentas están saneadas por lo que no necesito trabajar inmediatamente. Eso es algo bueno. Le digo que me pasaré por la tarde, se despide amablemente y cuelgo.

Tengo que causar buena impresión o si no, el abogado no durará en llamar a mi tío. Son amigos de la infancia, así que me meto en la ducha, me depilo completamente (como si el hombre pudiera adivinar a través de mi ropa si estoy depilada o no) y procuro peinarme con algo de gracia, aún en bata me preparo algo para comer, recojo y continúo con la tarea de disfrazarme para aparentar ser una chica normal, sana y feliz, aunque después de una hora maquillándome y con uno de los trajes nuevos que me compré, esa es la imagen que doy, algo más delgada, pero sana y feliz. ¡Benditos los tapa—ojeras y sus inventores!

11 DE MAYO 11:35

Soy una parada más en una lista bastante larga de parados.

15 DE MAYO 08:24

Me despierto con un dolor terrible de cabeza. He soñado contigo, uno de esos sueños tan vívidos y reales como si estuvieras aquí, me espera otro día largo sumida en mi desesperación. Me levanto de la cama y me arrastro hasta el sofá, mi mirada se detiene en el ordenador, en todo este tiempo casi no lo he encendido, hoy, no sé por qué, lo hago. Dejo que se reinicie con calma mientras me tomo un vaso de leche fría con galletas y miro un programa de decoración en la tele, es bastante divertido. Decido abrir mi Hotmail, hay un montón de mensajes, tantos que no podría leerlos ni en tres meses dedicados plenamente a ello, recibo ofertas para comprar cosas, catálogos de tiendas conocidas, mensajes de esos del Power-Point, que te dicen lo maravillosa que es la vida, o lo maravillosa que eres tú, lo

Página 50

importante que es disfrutar del tiempo que se nos permite estar aquí, junto con imágenes idílicas de lugares exóticos y maravillosos, todos enviados por mis amigos.

Miro la lista de mensajes, con la esperanza, vaga y disimulada, de que haya uno tuyo por ahí, uno en el que me digas todo lo que me quieres y lo que me echas de menos, pero la realidad es que no hay nada. Mi humor se oscurece. Todo gira en torno a ti sin embargo tú no estás aquí.

Vienen a mi mente el día de nuestro segundo aniversario. Yo trabajaba hasta tarde y se me hizo el día interminable. Había ido con las chicas a comprar tu regalo y tardamos tres días en elegir el correcto. Un reloj, pero era uno especial, no demasiado moderno, pero tampoco clásico, con correa de cuero. Es perfecto para él, habían dicho ellas, simplemente perfecto. Y cuando subí las escaleras despacio, con el corazón desbocado con el reloj perfectamente envuelto entre mis brazos, solo deseaba verte, mirarte y maravillarme del milagro que consistía que tú fueras mío. Abrí la puerta y me quedé paralizada. Toda la casa estaba decorada con velas, velas perfumadas, de distintos tamaños. El suelo repleto de pétalos de rosas, y tú, tan irresistiblemente guapo y seductor, esperándome apoyado en el quicio de la puerta de nuestro salón.

16 MAYO 06:28

Siento frío, frío en todo mi cuerpo, es un frío extraño, sale de dentro y enfría todo lo que hay alrededor, mi cuerpo, mi casa, mi mundo, es un frío tan frío que me da la sensación de que si cierro los ojos entraré en un letargo invernal, me dormiré y no sentiré nada hasta el deshielo.

Cierro los ojos sentada en el sofá con la firme esperanza de que no se

vuelvan a abrir, espero y espero, suspiro y al final los abro. Todo sigue

igual, nada está cambiado.

Siento mucho frío.

18 MAYO 09:47

Página 51

Abro los ojos después de una noche de un duermevela extenuante, estoy cansada, muy cansada. No me he tomado las pastillas, no hago lo que debo y no sé porque, tal vez he empezado una etapa autodestructiva, tal vez me castigo por ser tan débil, tal vez siento que debo sufrir… he soñado contigo, otra vez, lo peor es que recuerdo el sueño. ¿Cómo es posible? Lo recuerdo todo con detalle, es aterrador.

Tú y yo, sentados en una terraza en París. Nuestro segundo gran viaje juntos. Estoy pletórica, un país hermoso y la mejor de las compañías. Has conseguido una habitación maravillosa con vistas al río Sena. Es todo tan perfecto, tan romántico que me parece mentira. Después de visitar al Torre Eiffel decidimos sentarnos y tomar un refresco, hace calor, mucho calor. Tú llevas un pantalón fino que se ajusta a tu cuerpo perfecto y una camiseta que te compraste en una de las tiendas más caras de París (tu capricho), la luces con orgullo y yo me río de ti por lo bajo, no necesitas marcas ni ropas caras, estarías increíble vestido con un saco de patatas. Yo llevo una faldita y una camiseta de tirantes, y huelo a Channel (mi capricho). Pasa por nuestro lado una mujer vendiendo flores, te levantas de un salto y te acercas a ella. Regresas con la sonrisa más deslumbrante de tu repertorio.

—Una flor para la más bella de las flores.

Me río con timidez y me pongo roja como un tomate, cojo la flor y la huelo, una rosa roja muy hermosa, pero no huele a nada. Te miro y se me para el corazón, tus ojos negros brillan con luz propia y tu sonrisa es capaz de derretir el Polo Norte, no me puedo creer que seas mío, que estés conmigo.

Increíble la magia del destino.

Me coges la mano y tu calor da vida a mi cuerpo, cada parte de mi reacciona a ti, es tan impresionante que da miedo. Te acercas y me besas en la mejilla. Eso es como estar en el paraíso, empiezo a flotar y mi cabeza da vueltas, solo estás tú, solo importas tú.

21 MAYO 22:36

Me levanto de la cama con hambre, tengo tantas ganas de comer que me sorprendo yo misma. Mi primera intención es bajar al bar y tomarme

Página 52

un desayuno completo, luego me doy cuenta de que para bajar tengo que arreglarme, eso hace que mi ánimo caiga vertiginosamente, así que con mala cara abro el frigo.

—Dos huevos, una lechuga, una caja de leche y cuatro yogures caducados… nada apetitoso.

Se me ocurre una idea, ¡prepararé unas tortitas! Llena de energía y con ganas de comer me pongo a preparar tortitas, dejo la masa en reposo mientras me dispongo a abrir las ventanas para ventilar, hago la cama y me voy al baño, me peino con esmero el pelo y me lavo la cara. Hoy estoy inspirada. Pongo música y dejo que el aire frío de la mañana inunde mi pecho. Me siento bien. ¡Impresionante!

Media hora después tengo un montón de tortitas en la mesa y desayuno como hacía tiempo que no lo hacía. Disfruto de cada momento ¡Sorprendente!

Como me siento bien me meto en la ducha y decido que voy a dar una vuelta, no sé por qué, pero en cuestión de minutos estoy lista para salir, cojo mi bolso y sin pensármelo salgo de casa.

Me voy paseando por el parque, corre el aire pero no hace frío, las personas van y vienen ajenos a mí. Sigo andando por las calles, todas conocidas pero tan diferentes.

Mi cabeza viaja sola y sin permiso, un montón de imágenes inundan mi mente, el día brilla, el sol calienta, las flores perfuman el ambiente, tú y yo estamos tumbados en el suelo de una pradera al lado de un riachuelo, el sonido del agua tranquiliza mi alma, tu mano sobre la mía es un bálsamo tan potente que podría alejar de mí hasta los peores y más oscuros pensamientos.

Vuelvo a mí cuando me choco con otra persona sin querer.

El hombre me agarra por los hombros y así evita que me caiga de bruces.

—Perdón. —Le digo tímidamente sin mirarle a la cara.

—No te preocupes —contesta guasón—, menos mal que te he agarrado, casi te caes.

—Iba distraída —le digo mientras me aparto de él.

Por primera vez me atrevo a mirarlo a los ojos.

Su cara muestra una enorme sonrisa que se queda congelada. —¿Caro?

Página 53

Frunzo el ceño sin entender cómo ese chico conoce mi nombre. Su rostro me resulta familiar, pero no consigo ubicarle en el tiempo.

—¡Dios mío! Carolina, cuánto tiempo sin verte. Estás igual.

Miro a la cara de ese chico tan familiar pero a la vez desconocido, fuerzo a mi mente para que lo recuerde y me proporcione un nombre.

—No me digas que no te acuerdas de mí.

—¡Oh! Bueno… lo siento…

—Soy Carlos, tu vecino del pueblo, hace siglos que no nos vemos. Click, una bombilla se enciende y el cajón dónde guardo aquellos

recuerdos se abre y da paso a la imagen de un chico desgarbado con el que jugaba en el patio de mi casa, lo reconozco.

—¡Caramba, que sorpresa! Carlos, que alegría verte.

Él sí que ha cambiado, ahora es alto y musculoso, sus ojos verdes siguen siendo los mismos pero ahora ya no brillan con esa chispa de inocencia que poseen los ojos de los niños, ahora es un hombre y mirándole más detenidamente es un hombre muy atractivo. Sonríe y su sonrisa me deja totalmente obnubilada. ¡Será posible! ¿Es que no voy a aprender nunca?

—¡Me recuerdas! Esa es una grata sorpresa.

Me mira de arriba abajo, descaradamente, me sonrojo pero por muy extraño que parezca me gusta.

—¡Claro! Cómo podría olvidar al chico que me enseñó a cocinar con barro.

Me miró a los ojos y volvió a sonreír,

—¡Para! No… no puedes volver a hacer eso, nada de coquetear, nada de hacerle reír, nada de nada.

Pero. ¿Por qué no? El chico es muy guapo y quién sabe…

¿Quién sabe qué? Tu corazón sangra, o lo has olvidado ya, no es bueno, ni pensarlo.

¡Ja que no! Diálogo interno.

—¿Qué haces tú por aquí?

—Bueno, estoy trabajando, he venido a cerrar un negocio.

—Ah… ¿y lo has cerrado bien?

Sonrisa paralizadora de corazón. Dejo de respirar.

—Sí, lo cierto es que ha sido un buen negocio. —Mira a su alrededor

—. Iba a tomarme un descanso, pero pensándolo bien, tal vez te apetezca venir a celebrarlo conmigo.

Página 54

Pánico. ¿Eso qué significa?

Carlos ve el miedo en mis ojos. Menuda vergüenza.

—Tranquila, solo un café, para ponernos al día y eso.

Café, ponernos al día, y eso… bueno, no sonaba mal, nada peligroso ni malvado.

—Vale, estaría bien.

Otra vez sonrisa paralizadora de corazón. Dejo de respirar. Esto no es bueno…

—Ven, conozco un café estupendo aquí, a la vuelta de la esquina, preparan un café digno de reyes.

Sonreí.

—No tomo café.

Me miró sorprendido y confuso.

—¿No?

—No, pero aceptaré un chocolate o un vaso de leche con Cola—Cao.

Volvió a sonreír.

—Vaya, eres una caja de sorpresas.

Le acompañé hasta el bar que estaba muy cerca, entramos y él buscó una mesa, no le resultó muy difícil con lo alto que es, puede ver por encima de las cabezas de los demás. Me acompañó hasta la mesa y me ayudó a sentar… caballeroso… ¡Sorprendente! Se va y al rato vuelve con una taza de café en una mano y un vaso de leche con Cola—Cao en la otra, lo pone frente a mí y se sienta sin dejar de sonreír en todo momento, ¡menuda hazaña!

—Bueno, cuéntame cosas de ti, desde que te fuiste con tu tío no he vuelto a saber nada sobre tu vida.

Volcó dos sobres de azúcar en su café, goloso y sin preocupaciones por su físico, claro que con ese cuerpo…

¡Basta! Esos pensamientos fuera, contesta a la pregunta.

—No hay mucho que contar, estudié en un colegio interno y fui a un instituto interno, luego a la Universidad y cuando acabé la carrera me instalé aquí.

—¡Vaya! Fascinante.

Le miré fijamente y rompimos a reír los dos a carcajadas. ¡Estaba riendo! ¡Me estaba divirtiendo! Hacía 6 meses que no me lo pasaba tan bien y parecían años… tal vez significaba algo, tal vez el volver a ver a Carlos era una señal, una señal que me indicaba que hay más vida aparte

Página 55

de ti, una señal que me demuestra de la mejor forma posible que aún estoy viva, que sigo aquí y que tengo que continuar con mi vida, aunque sea sin ti…

Estuvimos dos horas juntos, dos horas que me parecieron apenas unos minutos, dos horas en las que intentamos ponernos al día, fue muy pero que muy divertido, atento y cariñoso. En el momento en que miró su reloj y sorprendido vio la hora, supe que recordaría estos momentos durante mucho tiempo.

—Es una lástima pero ya tengo que irme.

—¿No puedes quedarte más?—¿soné desesperada?

Sonrió.

—Lo siento, pero mi tren sale en una hora, no puedo perderlo, tengo que rendir cuentas ante mis jefes.

—Sí claro, que tonta soy, ha sido un verdadero placer verte de nuevo.

—No, el placer ha sido todo mío. Tal vez podamos volver a repetirlo.

—Oh… sí, claro, cuando puedas, ahora me sobra el tiempo.

Volvió sonreír.

—Dame tu número

Y yo se lo di con la triste esperanza de que fuera real, de que pudiera volver a verlo en un futuro próximo, pero había algo en mi corazón que me repetía una y otra vez que no.

Un saludo formal de despedida en la puerta de un bar es todo lo que me iba a quedar, le vi marcharse por la calle, me fijé en sus anchos hombros, en su pelo rubio y revuelto y en lo bien que le quedaban los pantalones que daban forma a un culito muy mono ¿mono? Mi cerebro ya no funcionaba bien. Suspiré y me giré. Le oí llamarme y me di la vuelta, venía corriendo hacia mí. Se paró a escasos centímetros de mi cuerpo, la carrera no lo había alterado para nada, su respiración era normal, su mirada intensa. Se la mantuve a la espera de su reacción.

—Soy un idiota, lo siento.

Me sorprendí, no esperaba una frase así, esperaba algo como:

—Lo siento, olvidé guardar tu teléfono.

O

—Perdona, pero no volveremos a vernos.

O

—Me lo he pasado genial, solo quería que lo supieras.

Página 56

Pero en vez de eso se me acercó todavía más, muy despacio, yo no dejé de mirarle a los ojos, ni siquiera cuando sentí su mano en mi cintura, me acercó hacia él y sentí todo el esplendor de su cuerpo al tocar el mío, su calor me quemaba, y como si de una película romántica se tratara me besó, sí, me besó, con mucha dulzura, muy despacio, muy tiernamente y cuándo sentí el fuego en mi interior me quedé paralizada al darme cuenta de que me había soltado, de que se había terminado. No supe que decir, mi cuerpo gritaba que continuara, mi mente se bloqueó y no reaccionó. Carlos me miró a los ojos avergonzado.

—Lo siento, no quería… bueno sí… pero es que… no podía marcharme así y… no sé qué me pasó.

Ni yo, no supe que me pasó hasta que me di cuenta de que mi mano estaba en su maravilloso y suave pelo y mis labios se habían pegado a los de él. Sentí su sorpresa inicial y después correspondió a mi beso. Fuego. Pasión. Deseo.

¡Estoy como una cabra!

Sus suaves manos acariciaron mi espalda y de pronto estaba flotando, literalmente, me cogió en brazos y me alzó hasta que estuve a la altura de sus ojos, él apoyó su cabeza en mi hombro y yo disfruté la sensación ¡Vaya si la disfruté! Le oí suspirar y me susurró.

—Tengo que irme, pero volveré, lo juro.

Me dejó en el suelo despacio y puse mis cinco sentidos en el roce de su cuerpo contra el mío, fuerte, duro, mmm… Me cogió la mano y me miró fijamente a los ojos.

—Volveré.

Le miré yo también.

—Y yo estaré aquí.

Su sonrisa se hizo más ancha, me dio un suave beso en los labios y salió disparado.

Yo me quedé saboreando mi imprudencia hasta que su pelo rubio desapareció de mi vista.

Me fui corriendo a casa cogí el teléfono y conté a mis amigos, con todo lujo de detalles, todo lo ocurrido con Carlos. Mala idea, en media hora estaban todos en mi casa.

Página 57

22 MAYO 15:33

Hoy me he despertado y tú no has sido lo primero en lo que he pensado, no, lo primero ha sido intentar recordar cómo se sienten las manos de Carlos en mi espalda. Sé que es una tontería, no debería siquiera pensar en algo tan íntimo con un hombre que no conozco de nada, pero me hace sentir viva, y yo necesito sentirme viva cuando lo único que quiero es morirme. El episodio con Carlos ha sido una distracción, pero que digo, una gran distracción de mi miserable vida, de este amago de vida en lo que me has convertido, pero la ilusión dura muy poco tiempo, no se puede vivir de una ilusión arrebatada al destino, de algo que no puede ser aunque quieras que sea… no sé ni lo que estoy escribiendo, me trastornas, en serio, eres malo para mi salud mental, debería dejar de pensar en ti y lo digo muy seriamente…

23 MAYO 23:19

Carmen me ha llamado para quedar, hoy es su día libre y no quiere ir a su casa, la comprendo, si yo tuviera tanta familia también necesitaría un descanso. Le digo que sí aunque hoy no me siento especialmente bien. Quedamos en un café que está pegando a la Plaza Mayor, así las vistas son más entretenidas, siempre hay gente paseando.

Está triste, lo noto nada más entrar. Mis sentidos están más alerta cuando la otra persona sufre, tal vez es que se sienten identificados. Yo no soy precisamente la mejor de las compañías cuando de levantar el ánimo se trata, el mío siempre está arrastrándose, por lo que no tengo fuerzas ni ganas de animar a nadie, bastante tengo con no hundirme yo más. Pero Carmen es mi amiga, así que hago un esfuerzo e intento sacarla conversación, algo neutral. Pero ella no me hace mucho caso, está como ida por lo que yo la imito.

—Estoy embarazada.

—… ¿Qué?… —Al parecer mis oídos me estaban jugando una mala pasada—. Te he entendido que estás embarazada.

Dejó de mirar por la ventana y fijó sus ojos azules en los míos.

—Eso he dicho.

Página 58

Me quedé petrificada. Para hacer un bebé se necesitan dos, y yo no sabía que Carmen tuviera un numero dos, hacía más de un año desde la última pareja reconocida de Carmen, ella siempre tan libre y tan liberal.

Embarazada, ¿eso era bueno o malo?, por su expresión no era nada bueno pero no me atrevía a decir nada, así que la miré y esperé.

Se sujetó la frente con las dos manos, se atusó el pelo y suspiró.

—No sé qué voy a hacer…

—¿Por…?

—Caro, estoy embarazada del novio de Gemma. Estupefacción y horror. Gemma es la hermana de Carmen. —Pero… ¿Cómo…? ¿Cuándo…?

¿Cómo finalizar una pregunta cuando estás en estado de shock, cuando tu cerebro empieza a reponerse te ametralla con un montón de preguntas a la vez, tantas que no es fácil esperar a que te contesten a una cuándo ya sueltas la siguiente?

El novio de Gemma, la muchacha más dicharachera y vivaracha que conozco, más dulce que Carmen, más humana. Eso los destrozaría, a todos… y son bastantes.

—Qué voy a hacer… —Y comenzó a llorar. Acerqué mi silla más a la de ella. Nunca se me ha dado bien consolar, siempre he estado sola y no es una habilidad que haya desarrollado muy bien. Puse mi brazo sobre su hombro.

—Estaba borracha. ¡Lo juro! Si llego a estar en mis cabales jamás lo habría hecho, de verdad, tienes que creerme.

—Te creo Carmen, te creo, tranquila.

—Fue en el cumpleaños del niño de Sonia, el primer finde de abril, lo celebró en el campo, no sé si te lo conté —asentí con la cabeza, pero no me acordaba de que me hubiese dicho nada, aunque claro, últimamente no es que yo esté muy centrada—en cuanto se hizo tarde y acostaron a los niños nos pusimos a beber, y bebimos mucho. Empezamos a hacer bastante ruido y molestábamos a los niños así que mi madre nos pidió que saliéramos al jardín, lo llama jardín, pero es como un campo de fútbol. Salimos los solteros porque los demás ya no están para muchos trotes, ya sabes, la vida de casado quema. Gemma y Luis, Ángel, Sara, Pedro, Sofía, Esther y yo, salimos y nos llevamos un buen surtido de las botellas de mi cuñado Tomás, ¡todo estaba tan bien! Nos sentamos en el suelo mirando las estrellas y bebiendo, contando chistes y tonterías, nos lo estábamos

Página 59

pasando muy bien, pero poco a poco los demás se fueron marchando, ya no tienen tanto aguante, nos quedamos Esther, Sofía, Luis y yo. Tumbados en la hierba. La luna estaba impresionante, te lo juro, podíamos ver todas las estrellas y hacía buenísimo, sin darme cuenta nos dormimos. Luis me despertó una hora después y me dijo que lo acompañara a dar una vuelta y yo fui Caro, fui como una imbécil, y no sé cómo acabamos en el suelo, uno encima del otro, no lo entiendo, ni siquiera puedo recordar cómo empezó todo, ni quién lo hizo, no me acuerdo Caro, es tan… tan frustrante, tan irreal, tan horrible… lo hicimos, lo hicimos en el suelo como animales mientras mi hermana dormía tranquilamente, la traicioné…

—Carmen, estabas borracha, no sabíais lo que estabais haciendo, no debes torturarte así.

—¿Torturarme? Carolina ¿has escuchado algo de lo que te he dicho? Me acosté con el novio de mi hermana pequeña y ahora estoy esperando un hijo suyo, y no tengo ni la más remota idea de lo que voy a hacer, si se lo digo la causaré un terrible daño, si no se lo digo la estaré mintiendo y no está bien. Si se lo digo y Luis es el hombre de su vida se la arruinaré y si no se lo digo…

—Carmen, tranquila, lo solucionaremos… ¿Luis sabe algo del bebé? —No me atrevo a decírselo, no estoy preparada, cuando nos dimos

cuenta de lo que habíamos hecho juramos guardar el secreto por Gemma, fue una tontería, ni siquiera me acuerdo si me gustó… estaba tan borracha…

—Muchas mujeres tienen hijos sin un padre reconocido.

Me miró de muy mala manera.

—Se puede dar en adopción o puedes no tenerlo, debes tomar una decisión Carmen, y cuando lo hagas yo te apoyaré.

¡Carmen mamá!, la vida da vueltas y más vueltas, no sabes a dónde te lleva y no puedes ni hacer planes con tu propio destino. Ella sí que estaba jodida, si decidía tener el bebé tendría que hacer frente a una familia numerosa, católica, cristiana y bastante convencional, y si no tenía bastante era muy probable que el bebé se pareciera a su padre. Si decidía no tener al bebé, su conciencia no la perdonaría jamás.

—¿Qué voy a hacer?

Me preguntó, pero yo no tenía respuesta.

—Piénsalo Carmen, haz lo que te dicte el corazón.

Página 60

24 MAYO 01:55

No puedo dejar de pensar en Carmen, estoy triste, aún más de lo habitual, estoy nerviosa y malhumorada, estoy preocupada. Esto tiene un mísero lado bueno, tú no ocupas todo mi pensamiento.

24 MAYO 24:33

No he podido quedarme en casa por más tiempo y he ido a esperar a Carmen al trabajo. No se encuentra bien, tiene una cara horrible, supongo que de no dormir.

La he llevado a tomar unas copas a un bar cercano a su casa, así si se emborracha la meto en la cama y santas pascuas. Pero no he tenido en cuenta que una mujer embarazado no puede beber, así que nos hemos limitado a tomarnos unos refrescos, buenos para la salud, malos para mis propósitos, con refrescos no pierdes la conciencia…

Ahora ella está en la cama, supongo que mirando al techo y pensando, pensando mucho, y yo estoy sentada en el sofá, con pocas ganas de irme a dormir.

Me acuerdo del día que te dije que me gustaría ser madre. Tú no pusiste muy buena cara.

—Somos muy jóvenes, Caro.

—Ya lo sé, pero no digo ahora, digo en un futuro, me gustaría tener un hijo tuyo.

—Yo creo que no sería un buen padre.

Me horroricé.

—¿Cómo puedes decir eso? Todos los niños te adoran.

Todas las personas que te conocían te adoraban, mujeres, hombres y niños. Sobre todo mujeres, tenía que reconocerlo.

—No sé Caro, ya veremos cuando llegue el momento.

Cuando llegue el momento. ¿Cómo sabes cuándo llega el momento? Bueno, ahora sé que para nosotros nunca llegará, pero si yo hubiera tenido un hijo tuyo… hoy tendría un poquito de ti a mi lado, tendríamos algo en común, algo juntos, algo de los dos…

Creo que ya es 25 de MAYO. Me voy a la cama.

Página 61

30 MAYO 18:12

He recibido una llamada de Carlos, dice que le gustó mucho verme. ¿Tienes celos? Deberías, Carlos es un buen hombre, al menos lo aparenta, bueno, lo poco que lo conozco, y es muy guapo, y besa muy bien…

Deberías tener celos, deberías arrepentirte de marcharte, deberías echarme de menos todos los días, tanto como yo a ti, deberías…

31 DE MAYO 22:55

Estoy viviendo en casa de Carmen, no la veo nada bien y ella no quiere saber nada de nadie, y yo soy la persona que más y mejor la entiende, por lo que he decidido pasar más tiempo con ella. No ha podido decirme que no, pero yo sé que no le gusta mi compañía, desea estar sola, para pensar, pero yo tengo miedo de que haga alguna tontería y aun con mi mente y mi deseo puesto en estar en mi casa, planeando como hacer yo misma una tontería, me quedo aquí, con ella. Se pasa el día en el trabajo o tumbada en la cama, no habla casi nada y yo creo que come porque la obligo. ¡Pobrecita! Y yo llorando por los rincones por ti, ahora me doy más cuenta de mi enorme estupidez.

La oigo levantarse, sé que está llorando, no puede decidir y la entiendo, la razón contra el corazón, el deseo contra todo aquello que te han inculcado desde niño. ¡Tremendo marrón! Pero tenemos que ser fuertes…

Ayer la llevé a pasear y yo no sé por qué, pero solo veíamos cochecitos de bebé, a niños pequeños corriendo por la acera y embarazadas, un montón de mujeres embarazadas, así que la cogí por el brazo y me la llevé a casa.

—No sé Caro, no sé qué voy a hacer, pasan los días y yo sigo igual de indecisa.

—Pues entonces llegará el momento en el que ya no puedas elegir.

Me miró con intensidad.

—Tal vez sea eso lo que estoy haciendo inconscientemente, tal vez estoy dejando pasar el tiempo para no tener que decidir…

Página 62

—Tal vez, yo sé muy bien lo jodido que es el inconsciente, menudas putadas me ha hecho a mí…

La veo sonreír, un pequeño amago de sonrisa.

—No sé cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí.

Me sorprendió con este comentario, me pilló desprevenida y el tenedor cargado de ensalada se quedó a medio camino de mi boca, suspendido precariamente en el aire.

—¿Cómo puedes decir eso? No me debes nada de nada, además si nos ponemos a hacer cuentas aquí, yo soy la que más te debe a ti.

Otro amago de sonrisa, solo el ligero movimiento de los labios. —Quizá mirando los pros y los contras, me venzan más las ganas de

quedarme con él…

No la miré a los ojos, no sabía lo que podían reflejar.

—Decidas lo que decidas te apoyaré y te ayudaré en todo lo que pueda.

Suspiró fuerte.

—Gracias.

3 DE JUNIO 17:14

Sus gritos me despertaron en la madrugada. Corrí como alma que lleva el demonio, descalza y casi sin encender ni las luces.

—¡Qué, qué pasa!

Ella estaba sentada en la cama y su rostro reflejaba horror. Algo no iba bien, me espabilé al momento y me fijé más. Un montón de sangre, eso es lo que vi, las sábanas manchadas de sangre, sangre…

Reaccioné al momento, la ayudé a levantarse, la lavé un poco y la embutí en un chándal.

—¿Te encuentras bien?

Se sujetaba el vientre, un vientre casi inexistente pero el gesto lo decía todo.

—¿Te duele?

—No sé…

Con cuidado la metí en el ascensor, jamás pensé que los segundos se hicieran tan largos. La dejé apoyada en la pared y me fui corriendo a por el

Página 63

coche, la coloqué con mucho cuidado en el asiento y emprendí una marcha loca por la ciudad, a las cinco de la mañana dirección al hospital.

Después de lo que parecieron las horas más largas de mi vida, el médico de guardia me llamó para hablar.

—¿Es usted familiar?

—Soy su amiga. No hay nadie más.

Asintió con la cabeza.

—Su amiga acaba de perder el bebé, ha sido un aborto natural. Lo siento.

—Gracias doctor… —Atiné a decir—esto… ella… ella está…

—No se preocupe, ella está bien, dentro de lo que cabe. No supondrá ningún problema si en el futuro decide volver a intentarlo, todo parece estar bien. Se quedará el día de hoy y tal vez mañana para asegurarnos.

—¿Puedo verla?

—Sí, pero no mucho tiempo, estará cansada porque ha perdió mucha sangre y necesita descansar.

—Bien, no se preocupe, no la molestaré mucho, gracias.

Estaba llorando, tumbada en la cama con ese horrible camisón y un gotero en el brazo. Lloraba.

—¿Cómo estás? —pregunté tocándola una pierna.

—Lo he perdido Caro, se fue y ni siquiera puedo saber si era niño o niña.

—¿Importa?

—No… claro que no. Pero me duele, me duele mucho Caro, aquí —se dio un golpe en el pecho, al lado del corazón—aquí me duele, ya había decidido que lo tendría, que iba a ser madre. Y ya no tengo nada, de un momento a otro se acabó.

—Tal vez sea mejor así.

Suspiró y miró a la ventana.

—Tal vez…

5 DE JUNIO 22:05

Sigo en la casa de Carmen, está mejor, tengo miedo de que se sume al grupo de los deprimidos y por eso estoy aquí, para intentar hacerla pensar

Página 64

en otra cosa que no sea su reciente aborto. ¿Lo estoy consiguiendo? Pues no lo sé, intentar lo intento, teniendo en cuenta que yo soy una mujer deprimida que no se toma su medicación y que escribe un diario dirigido al único culpable de su desdicha, tú.

Ninguno sabe de la situación de Carmen, ella lo prefiere así y yo cumplo su deseo.

He ido a casa a por ropa, no es que la necesite, estoy casi todo el día en pijama, pero la excusa perfecta para ir a casa. He mirado el contestador, un montón de mensajes, ninguno tuyo, por si te interesa saberlo. Mis amigos quieren saber de mí porque el móvil ha estado apagado y empiezan a preocuparse, incluso Isabel se pasó por casa y al ver que no había nadie me amenazó con llamar a la poli.

Ella es la primera a la que llamo. Después de un montón de mentiras y dejarla más tranquila inicio la tarea de contentar a los demás. No me lleva más de media hora, pero ¡ay! Otro mensaje atrae mi atención.

Carlos.

Carlos.

Ya casi me había olvidado de él. Piensa que tal vez no quiero contestarle, tal vez ya no me interesa, tal vez… me pongo a pensar que debo decirle.

—Oye me he olvidado totalmente de ti porque mi amiga ha sufrido un aborto del hijo de su futuro cuñado.

Demasiado brutal, no, algo más normalito.

—Es que he estado muy liada.

¿En qué? Si no tengo trabajo ni nada.

Me pongo nerviosa, no quiero que perdamos el contacto así que decido probar suerte. Las doce de la mañana. ¿Será esta una buena hora? Tal vez debería dejarlo para la tarde. No, por la tarde no que tengo que estar con Carmen y luego se me olvida, tiene que ser ahora.

Cojo el teléfono y marco, salta el contestador y voy yo y cuelgo. ¡Seré tonta! Vuelvo a marcar y esta vez estoy preparada.

—Hola, Carlos, siento no haber contestado tus llamadas pero es que no estoy en casa, estoy pasando unos días con una amiga que tiene un problemilla. En cuanto pueda te vuelvo a llamar. Espero que todo esté bien. Un beso.

No me gustan los contestadores, son máquinas infernales que me ponen nerviosa, nunca sé lo que decir y suena siempre forzado, falso.

Página 65

Cojo un pijama nuevo y unos vaqueros con una blusita, por si salimos el sábado, lo meto todo en la mochila con unos zapatos de supertacón. No sé por qué, pero sin pensarlo los metí, aunque no tengo ninguna esperanza de usarlos, al menos no muy pronto. Veremos cómo se recupera Carmen.

8 DE JUNIO 16:28

Carmen ha decidido pasar el finde con su enorme familia en el campo. Le costó mucho tomar la decisión, pero su madre, que es la persuasión echa mujer, le estuvo llamando durante 5 horas seguidas hasta que la pobre dijo que sí.

—Ven conmigo, Caro.

—¿Estás loca? Ni muerta voy.

—No quiero estar sola con ellos.

—¿Sola? Carmen, sois más de veinte personas, no estarás nunca sola… por eso yo no pienso ir, no llevo bien eso de estar con otras personas.

—Pero Caro…

—No hay más que hablar, te vendrá bien estar con ellos, son tu familia, te vas a distraer, te vas a divertir y te vas a dar cuenta de que entre tu cuñado y tú las cosas se pueden arreglar. Vas a venir como nueva. — Afirmé metiendo la última prenda en su, ya bastante a rebosar, maleta. Me senté encima para poder cerrarla pero no es que eso me funcione mucho últimamente, así que Carmen tuvo que echarme una mano—. Te vas a divertir, ya lo verás… —Y la di un fuerte abrazo.

La acompañé hasta el coche y la despedí allí. Cogí mi mochila y me dirigí hacia mi vacía y triste casa. Carmen se ofreció a llevarme pero yo prefería andar. ¿Por qué? No lo sé, solo sé que tenía ganas de ir andando. El día era brillante y caluroso y eso que no eran más de las diez. La calle estaba llena de gente y los coches iban y venían sin descanso.

La vida sigue.

9 DE JUNIO 15:26

Página 66

No sé qué hacer, estoy dando vueltas por la casa. He limpiado, lavado, planchado, recogido… ya no sé en qué entretenerme. Me aburro. Tal vez estar con Carmen no me haya hecho muy bien, yo firmemente consolidada en la soledad y ahora me asusta.

Tú y yo, sentados en el mismo sofá dónde ahora reposo las horas sola, tú y yo, viendo una peli, abrazados, besándonos, tocándonos, riéndonos… tú y yo.

Ahora solamente yo, y no sé cómo hacer para cambiar esto. ¿Cómo lo hago? ¿Cómo cambio mi pasado, mi forma de pensar, mi manera de ser? ¿Cómo hago para olvidarte, para dejar de amarte?

—¡Caro! ¡Carolina! ¿Dónde estás?

—En la cocina.

—Mira, ven.

Salí de la cocina corriendo, tú estabas emocionado.

—Mira lo que he conseguido.

Y me mostraste dos trozos de papel. Casi ni me fijé.

—¿Qué es?

—¿Que qué es? Míralo, son entradas.

—¿Entradas? Para qué.

Esa sonrisa que hacía que mi corazón se parase apareció en tu cara iluminando tu maravilloso rostro, me quedé absorta mirándote, siempre me pasaba, tu belleza masculina me dejaba totalmente fuera de juego.

—Son dos entradas para ver a Michael Jackson.

—¿Michel Jackson? —Te miré y asentiste—. ¡Michael Jackson! ¿Cómo lo has conseguido? Estaban agotadas.

—Tengo mis métodos.

Las cogí con un cuidado máximo, como si pudiera romperlas tan solo con mirarlas.

—Te han tenido que costar una fortuna.

—¡Y eso que importa! Vamos a ver a Michael Jackson en concierto, es increíble.

—Increíble, sí.

Comencé a gritar y a saltar por el piso, no parabas de reír hasta que me cogiste en brazos y me abrazaste fuerte. Tus labios tocaron los míos y yo dejé de pensar, dejé de ser, solo podía sentir, sentirte a ti, sentir por ti.

Me dejé llevar por los recuerdos y tus labios me quemaban la piel, tus manos dejaban un reguero ardiente por todos aquellos lugares que tocaban,

Página 67

tu aliento tan cálido hacía que perdiese la cordura.

Te sentí, podía sentirte a mi lado, mi corazón se encogió de dolor. Abrí los ojos y noté las frías lágrimas recorriendo mi cara. ¡Te echo

tanto de menos! ¿Cómo puede ser? No entiendo cómo es posible que después de tanto dolor, después de tantas lágrimas, de tanto sufrimiento aún siga amándote, deseándote como si no te hubieras ido jamás, como si tu traición no hubiera existido.

Tus ojos, tan negros y tan brillantes, iluminados por el fuego y la pasión me transportaban tan lejos de la realidad que aún hoy no puedo vivir sin ti. ¡Maldita sea mi suerte! ¡Maldita sea mil veces!

Pero aunque llore, me enfade, me hunda en la desesperación, sabiendo todo lo que sé, todo lo que sufro y todo el dolor que me estás causando, si volviera a nacer acabaría otra vez a tu lado, sí, estaría contigo el tiempo que me fuese dado, cada uno de los segundos que yo pasé junto a ti, compensan todo el dolor que me causó tu partida, tu traición y abandono. Solo con recordar cómo me hacías sentir…

¿Alguna vez me repondré? No creo que pueda, ni viviendo 100 años sería capaz de olvidar cada momento que fui feliz junto a ti, no hay nadie que pueda igualarte, nadie que pueda hacer que mi mente, mi alma y mi cuerpo vuelen tan solo con una mirada, nadie que pueda revivir mi moribunda esperanza, nadie que consiga que mi corazón vuelva a latir por un sueño, por una ilusión… nadie…

11 DE JUNIO 12:07

Una llamada de teléfono hace que me despierte alterada, estaba soñando, lo sé porque me duele el cuerpo al notar que estoy sola, estoy sudando y mi corazón late desbocado. Otra vez el teléfono. Me estiro y lo cojo con bastante mal humor.

—Sí

—Hola. ¿Qué haces?

Me doy cuenta de que la voz me resulta familiar, intento ubicarla, mi mente todavía dormida no quiere ayudarme a recordar. Se me acelera aún más el corazón.

Página 68

—Siento molestarte, pero estaba aquí y me acordé de ti, si no es buen momento te llamo más tarde.

¡Carlos!

—¡No! No pasa nada, estoy bien, solo algo nerviosa, nada más. ¿Qué tal estás?

—Bueno… bien… creo… ¿Y tú?

—Yo estoy bien, sí, bien, mi amiga está mucho mejor y ya estoy en casa, tranquilita.

Me incorporo en la cama despacio, no quiero que se dé cuenta de que estoy durmiendo a las 12 de la mañana, puede pensar que soy una holgazana, tampoco hay que desprestigiarme más de lo estrictamente necesario.

—Me alegro… por lo de tu amiga.

—Sí, y yo, la pobre lo ha pasado bastante mal.

—Menos mal que te tiene a ti.

—Tampoco hay que exagerar, no soy tan buena amiga como debiera.

Una risita al otro lado del teléfono y mi corazón golpea mi pecho.

—Me preguntaba si tenías pensado ir a algún sitio este verano.

¿Sitio? ¿Verano? ¿Pensado? Uff

—Eh… la verdad es que no, no. ¿Por?

—Bueno, pensarás que estoy loco, pero me gustaría verte y pensé que tal vez te apetecería salir, no sé, unas mini vacaciones o no tan minis vamos… para estar juntos y eso… no sé.

Intenté controlar la respiración, no sirvió de nada, empecé a hiperventilar. ¿Podría ser posible? ¿Un chico guapísimo me estaba incluyendo en su plan de vacaciones? Comencé a sudar.

—No sé Carlos… no nos conocemos, y bueno, me gustaría pero… —Ya, ya lo sé, es que soy algo impulsivo. ¿Sabes? No suelo pensar

mucho en las cosas, pero no pasa nada, no te preocupes. ¿En otro momento tal vez?

—Déjame pensármelo ¿vale?

Silencio al otro lado.

—¡Claro! —Parecía entusiasmado, alegre—. Puedes llamar a alguien del pueblo, a mis padres si quieres, te dirán que soy un buen chico.

Rompí a reír, eso era bueno.

—Lo tendré en cuenta, sí, tal vez llame para informarme sobre ti — volvía a reír.

Página 69

Horas después tumbada en la cama en la que hemos dormido tú y yo, bajo el mismo techo que compartí a tu lado, resguardada por las cuatro paredes que nos protegían del mundo, estoy pensando en un hombre, uno que no eres tú.

15 DE JUNIO 18:47

Hemos quedado Carmen y yo a tomar unas copitas y a ponernos al día. Lo peor de salir se presenta a la hora de vestirme, ¡me aterra! Solo pensar en que ropa me voy a poner, maquillarme y peinarme y me da un ataque de ansiedad. Abro el armario. Ropa tengo, la que me compré el día que te

vi en el centro comercial, pero no me apetece vestirme, ni siquiera sé si ponerme pantalón o vestido. Me asomo a la ventana, parece que hace bueno, tal vez un vestido. Elijo uno estampado y no muy cortito, me recojo el pelo en una coleta alta y me maquillo ligeramente, me miro una última vez en el espejo, me veo aceptable por lo que cojo mi bolso y me dirijo al bar en el que hemos quedado.

Carmen está bastante bien, parece que lo superará, no olvidar, pero si superar y espero que aprender también: «No beberás bajo la luz de la luna y las estrellas rodeada de tíos buenos y menos si uno es tu cuñado». Brutal.

Uno de los diez mandamientos esenciales para llevar una buena vida. Parece ser que al final hasta lo disfrutó, al principio le costó un poco,

sobre todo al verle entrar, estaban tensos, lógico, es lo más normal del mundo, pero con el paso del tiempo la cosa se arregló, incluso llegaron a intercambiar algunas palabras. Se la veía más animada, más tranquila. Le pregunté si quería que volviera a pasar unos días más con ella. Me contestó que no era necesario, se encontraba mejor y con su trabajo estaría muy ocupada. Eso es bueno.

16 DE JUNIO 5:47

Me despierto al amanecer, todo está oscuro y yo desorientada. Abro más lo ojos como si así pudiera superar el impedimento de no ver a oscuras. Estoy nerviosa y sofocada, no creo que pueda volver a dormir.

Página 70

Decido levantarme y ver la tele. Puff menudo error. Pura basura. Enciendo el ordenador y abro mi Hotmail. Tengo algunos mensajes,

publicidad y esas cosas. Hay uno de Alex, eso me llama la atención porque Alex solo escribe cuando tiene problemas.

Hola Caro, querida:

Me encuentro fatal, estoy en un estado constante de pura agonía, estoy tan mal que hoy he salido a la calle con un pantalón de vestir y las zapatillas de deporte. ¿Te imaginas las pintas? Horrible, ni siquiera el pañuelo del cuello conjuntaba.

Creo que estoy enamorado.

No te rías, ya sé que lo he pensado muchas veces y me salió rana, pero ahora es distinto. Estoy distraído todo el día y ese hombretón ocupa mi mente, mi cuerpo y mi pensamiento constantemente. Me estoy agobiando y no sé qué hacer. Cuando le veo me tiemblan las piernas, me sudan las manos y el corazón se me acelera. Este descontrol no es propio de mí y me pone tenso, mi labia me falla, ¡no me atrevo ni a acercarme! Horrible.

¿Qué hago Caro, cariño?

Creo que de esta desfallezco y probablemente muera.

Contesta pronto please baby.

Con amor:

ALEX

Me puse a reír como una loca, ¡pobre Alex! No me lo imagino en ese estado. Me dispuse a contestarlo.

Hola Alex, querido:

La vida es breve y hay trenes que solo pasan una vez. El no ya lo tienes así que céntrate, ármate de valor y le entras. Si te dice que no es que es un imbécil de campeonato y no merece la pena.

Ya me contarás.

Te quiero:

CARO

Suspiro y me siento en el sofá. Enciendo el equipo de música y suena una melodía lenta y triste. ¡Genial! Justo lo que necesito.

—No me puedo creer que escuches esa basura mujer, si le baja el ánimo a cualquiera.

—Pues a mí me relaja.

Página 71

—¿En serio?

Yo sonreí como una tonta y afirmé con la cabeza.

—Bueno, yo tengo una forma mejor para relajarte, si es que lo necesitas claro.

Me sonreíste de esa manera tan maravillosa, entre dulce y pícara que me paralizaba el corazón.

—No estoy muy segura de su efectividad, pero si insistes, me convertiré en tu conejillo de Indias.

—¿Conejillo de Indias?

Tu cara cambió radicalmente, parecías ofendido y a mí me dio la risa.

—Te daré yo conejillo de Indias.

Y te lanzaste sobre mí haciéndome cosquillas hasta que casi no podía ni respirar.

—¡Para! ¡Para!

—Pide perdón.

—Sí amor, sí, lo siento, lo siento pero ¡Para!

Estabas sentado sobre mi tripa, pusiste las manos a ambos lados de mi cabeza, nos miramos unos instantes mientras recuperaba el aliento y me besaste encendiendo mi cuerpo al instante.

El teléfono suena asustándome y me trae de vuelta a la realidad. Miro el reloj, las seis de la mañana. ¿Quién será?

—¿Diga?

—¿Se puede saber qué haces levantada a estas horas?

—Hola Alex, buenos días.

—Buenos días tengas tú también.

—¿Sabes la hora que es?

—¿Qué si lo sé? Llevo mirando el reloj desde las cuatro de la mañana, así que sí sé la hora que es. ¿Qué haces levantada?

—Me he despertado y no podía dormir.

—Yo tampoco puedo dormir, estoy de los nervios.

—No te pongas así hombre, no merece la pena.

—No lo puedo remediar Caro, esta situación me supera, pero pienso hacerte caso y en cuanto lo vea me lanzo como una loca.

Me puse a reír.

—Eres un genio Alex, solo tienes que ser tú mismo y ya verás cómo lo tienes en el bote.

—Mucha fe tienes tú en mí, me parece.

Página 72

—La justa y necesaria. Te quiero Alex.

—Y yo a ti Caro.

16 DE JUNIO 23:44

—Una moneda por tus pensamientos.

Te miré extrañada y sin comprender. Tú sonreíste.

—Estás tan distraída que me gustaría saber en qué piensas.

—Lo único que ocupa mi pensamiento eres tú.

Me abrazaste fuerte, pusiste tu cara en mi pelo y me susurraste.

—Oh Carolina querida. No deberías quererme tanto, no soy tan bueno como tú te crees.

Y mientras me acurruco más a ti y disfruto del calor de tu cuerpo, de tu olor y la suavidad con la que me tocas se me ocurre pensar. ¿Qué no eres tan bueno como creo? Eres lo mejor que me ha pasado nunca, soy la envidia del mundo por tenerte a mi lado.

Abro los ojos, ¿es un recuerdo o un sueño? Ambas cosas, digo yo. Tal vez mi mente me esté dando a entender que tú mismo me avisaste. Cierro los ojos y los aprieto fuerte. Estoy sentada en el sofá, oigo el murmullo de voces que salen del televisor, he debido quedarme dormida. No me extraña, no he pegado ojo y estoy cansada. La cabeza no me duele pero sí la espalda, por muy cómodo que te vendan un sofá nunca es lo suficientemente bueno como para dormir en él sin que le pase factura a tu cuerpo.

Suspiro.

Estoy cansada, cansada de todo. Cansada de la vida, de respirar, de sentir, de ver o de oír. Estoy cansada.

18 DE JUNIO 14:32

Suena el teléfono, me da un vuelco el corazón, siempre me pasa, ese sonido estridente me da un susto cada vez que suena, debería tener una vocecita que anuncie la proximidad de una llamada inesperada, así el corazón no se me saldría por la boca cada vez que suene.

Página 73

—¿Sí?

—¡Carolina querida! Que gusto oír tu voz.

¡Mi tío!

—¡Tío! ¡Qué fantástico que me llames! ¿Dónde estás?

—En Madrid hija, llegué ayer noche pero hace un calor que me muero, todo el día el aire acondicionado puesto, en cuanto termine unas cosillas me marcho a la casa del campo.

Me reí, él siempre es un buen bálsamo para mí, lástima que hablemos tan poco.

—¿Qué tal te fue por Nueva York? ¿O esta vez estuviste en los Ángeles?

—En Washington querida, no me fue mal del todo, cerré un buen negocio.

—Me alegro.

—Sí, ya lo sé. Oye, ¿qué es de tu vida? No sé nada de ti desde que me llamó tu abogado por el despido.

—Nada de nada tío, todo sigue igual que siempre.

—¿Buscas trabajo?

—Lo cierto es que no, creo que me tomaré un año sabático.

—Haces bien querida, descansa todo lo que puedas. Deberías viajar, te sentaría bien. Sabes que si necesitas algo solo tienes que llamarme ¿verdad?

—Claro que lo sé, pero estoy bien, en serio. No tienes que preocuparte.

—Mentí descaradamente.

—El abogado me dijo que habías perdido mucho peso y que se te veía nerviosa y demacrada, espero que solo estuviera exagerando —hice un mohín al teléfono, ya sabía yo que el abogado era un chivato—. Sabes que si necesitas algo estoy aquí para lo que necesites, ya sabes que no se me da muy bien esto de ser padre, pero te quiero y haría por ti cualquier cosa. Solo tienes que pedirlo Carolina, no se me da muy bien adivinar las necesidades de los demás… pero sea lo que sea lo que necesites o quieras, pídemelo, ¿de acuerdo? Lo que sea, dinero, trabajo, una casa, un coche… no sé, lo que necesites…

Se me puso un nudo en el estómago y se me llenaron los ojos de lágrimas, mi tío es un hombre bueno, pero no se le dan muy bien las relaciones con otras personas que no estén en el ámbito de los negocios. Yo sé que me quiere mucho, aunque no lo demuestra a menudo, sé que

Página 74

puedo contar siempre con él, y me da mucha pena darle quebraderos de cabeza y preocupaciones.

—Todo eso ya lo sé, de verdad, si necesito algo tú serás el primero en saberlo, pero estoy bien, tal vez un poco triste, pero lo superaré, ya lo verás.

—Eso espero, no quiero que enfermes, no soportaría que te pasara algo malo.

—Estoy bien, no te preocupes.

—Piénsate lo de viajar, eso siempre anima.

—Es una buena idea, tal vez lo haga. Oye ¿sabes quién me ha invitado a pasar unos días con él?

—No tengo ni idea.

—No lo adivinarías jamás.

—Espero que no decidas mantenerme en la ignorancia mucho más tiempo, ya sabes que la paciencia no es lo mío.

Rompí a reír.

—Pues Carlos, el hijo de los vecinos de la casa del pueblo de mis padres. ¿Te acuerdas de él?

—¡Caramba! Pues claro que me acuerdo, era un niño muy majo que jugaba contigo en el jardín.

—Pues ahora no es un niño, créeme si te digo que no le reconocí, está altísimo.

—Bueno, y que has decidido.

—No he decidido nada aún. Han pasado muchos años desde la última vez que lo vi y estoy algo indecisa.

—Sus padres eran unas buenas personas, no creo yo que el chico se les echara a perder. Deberías probar, seguro que te distraes.

—Tal vez lo haga.

—Me alegro, oye Caro, te tengo que dejar, entro ahora a una reunión y no quiero llegar tarde. Llámame si necesitas algo ¿ok?

—Tranquilo, lo haré. Un beso tío, te quiero.

—Y yo a ti preciosa, y yo a ti… sé buena y pórtate bien.

—¡Eh! Que ya no soy una niña.

Le oí soltar una carcajada al otro lado del teléfono.

—A veces se me olvida.

Página 75

20 DE JUNIO 11:35

Me he levantado cansada, como ya es habitual, estar todo el día sin hacer nada más que estar sentada o tumbada, acaba pasando factura. Pero no me encuentro con ánimos para hacer otra cosa, aunque sé que debo salir de esta situación no logro encontrar el camino. Francamente es desesperante.

Me siento en el sofá y pongo la tele, empiezo a hacer zapping, ningún programa me entretiene. Apago la tele y pongo música, música lentita y con letras preciosas, ese tipo de música que hace que me sienta peor incluso, pero que me agrada escuchar. Me asomo a la ventana, hace un día precioso, calor y sol, día típico de verano. Lo odio.

De pronto me siento incómoda, miro a mi alrededor y me siento mal, me ahogo, siento algo parecido a la claustrofobia, mi corazón se acelera, mis manos sudan y un escalofrío atraviesa mi espalda. Tengo que marcharme de aquí, pronto. Pero ¿a dónde voy?

Abro el balcón y salgo, no corre ni un poco de aire, el calor empieza a ser más sofocante. ¿Qué hago? Entro en casa y me voy directamente al baño, me meto en la ducha y dejo que el agua templada resbale por mi cuerpo, intento relajarme, cierro los ojos y procuro no pensar en nada, pero ahí estás tú, otra vez torturándome.

—Carolina, cielo, tengo una idea, espero que te guste.

Yo, sentada en nuestro sofá, ahora mío, leyendo un libro romántico, con final feliz, de los que a mí me gustan, sonrío y te miro.

—¿Cuál?

—Estoy cansado de estar aquí, empiezo a agobiarme. Podríamos ir a cualquier sitio.

—¿Y adónde iríamos?

Te acercaste a mí despacio, mi corazón se aceleró y dejé de respirar mientras observaba cada uno de tus movimientos, tan sensual, tan atractivo.

—No sé, dónde quieras… Montaña, lago, mar… elige.

Te miré durante unos momentos, me encantaba mirarte, podía pasarme horas mirándote…

Me reí.

—Estás loco.

Página 76

Pusiste tus manos en mis hombros y un escalofrío de anticipación recorrió todo mi cuerpo. Cerré los ojos y absorbí el tacto de tus dedos, el calor de tus manos.

Suspiré.

—Lo digo en serio, podríamos alquilar una casa rural en cualquier parte y marcharnos este fin de semana. Nos lo pasaríamos muy bien.

—Arturo, amor, yo siempre me lo paso bien contigo, estemos donde estemos.

Alcé mi cara y observé la tuya. Sonreías con suficiencia mientras me mirabas. Tu sonrisa, tan arrebatadora hacía que cada parte de mi cuerpo temblara. Tus ojos, tan negros, tan profundos, tenían el poder de hacer que olvidara absolutamente todo lo demás, todo aquello que no tenía que ver contigo.

—Bien, pues decidido, voy a buscar algo por internet, tú mientras, haz las maletas. Algo ligero Caro, que solo son dos días.

Sentí un terrible dolor al notar como tus manos se alejaban de mí y observé tu paso decidido hacia el ordenador, tu cuerpo esbelto y fuerte me hipnotizaba. Me levanté con desgana y fui a hacer las maletas para pasar un fin de semana al lado del hombre más hermoso que el mundo haya conocido, mi hombre.

Salí de la ducha llorando, hacia bastante tiempo que no lloraba, y me sorprendí a mí misma viendo caer lagrimones por mis mejillas. Todavía te echo de menos, siempre te echaré de menos porque aunque me hayas abandonado, traicionado, mentido y utilizado, yo te sigo amando, yo te sigo perteneciendo y no sé de qué manera podré liberarme de estas ligaduras que me atan fuertemente a ti, aunque tú no estés a mi lado.

21 DE JUNIO 23:36

Lo bueno del verano en las ciudades es que todo el mundo huye de ellas por lo que pasear a ciertas horas del día es una bendición. He madrugado hoy, me he puesto el chándal y he ido a dar un paseo, eran las siete de la mañana y no me encontré con casi nadie durante la hora que duró mi paseo. Fantástico. Ahora estoy en casa, sola y aburrida. No puedo seguir así.

Página 77

Decido llamar a Carlos, tenemos un viaje flotando en el aire y creo que me apetece ir. Ayer salí con mis amigos y les conté mi dilema, todos me animaron a ir, incluso Alex me dijo que si en el plazo de dos días después de mi llegada no sabía nada de mí, él mismo llamaría a la policía y les daría el nombre de Carlos y su apellido. Le dije que no sabía su apellido así que ahora, si decido ir, tengo que enviarle un mensaje con el nombre, apellidos y DNI de Carlos, «por mi seguridad» ha dicho.

Cojo el teléfono y marco, Carlos contesta al segundo tono.

—¿Sí?

—Hola Carlos, soy yo, ¿te pillo en mal momento?

—¡Carolina! No, no es mal momento, justamente estaba pensando en llamarte ahora mismo.

—¿Y eso?

—Tengo una noticia que darte.

Estaba muy emocionado, lo notaba en el tono de su voz.

—Cuenta.

—¡Me han ascendido!

—Vaya, eso es genial Carlos. ¡Enhorabuena! ¿Estás contento? —Mucho, bueno, muchísimo, lo llevaba esperando un par de años y ya

lo he conseguido, estoy tan feliz… me has dado suerte Carolina. —¿Suerte? ¿Yo?

—Sí, desde que nos volvimos a ver todo me está saliendo muy bien, me han ascendido gracias al negocio que hice cuando nos encontramos en la calle.

Sonreí al teléfono, su euforia empezaba a ser contagiosa.

—Y ahora mírame, tengo un nuevo puesto de trabajo y en breve me trasladan.

—¿Traslado? ¿A dónde?

Mi corazón empezó a palpitar de una manera rápida y descompasada, me temí lo peor.

—¡A Nueva York! ¿No es fantástico? Me han propuesto un puesto en las oficinas que tienen allí, es una oportunidad única…

—Y… ¿Cuándo te vas?

—Pues creo que en un par de días, tengo que arreglar varias cosas allí, ya sabes, piso, muebles, transporte, ese tipo de cosas…

—¡Oh!

Empezaron a sudarme las manos y sentí girar mi cabeza.

Página 78

—Caro, vendrás a verme ¿verdad?

Intenté que mi voz no temblara.

—Pues claro que sí, espero que te vaya genial allí.

—Bueno, en principio es para un par de años o así, luego ya veremos, estoy tan nervioso que no puedo ni parar.

Le oí reír al otro lado del auricular, lo imité.

—Bueno, ya me contarás como te van las cosas y cómo estás tú. —Pues claro, mantendremos el contacto ¿vale? —Vale, que tengas un buen viaje, Carlos.

—Gracias, Carolina. Ya te llamaré.

—OK, un beso.

—Otro para ti preciosa.

Colgué el teléfono y en cuanto lo hice supe con total certeza que no volvería a verlo jamás y sentí como si un cuchillo apuñalaba mi maltrecho corazón.

22 DE JUNIO 13:45

Creo que la locura se apoderará de mí en breve, yo la dejo hacer, total poco me importan las cosas, es más, me atrevería a decir que no me importa nada, absolutamente nada. Pienso y pienso… no, nada me apasiona, nada me interesa, nada me llama.

Me siento en el sofá y miro las paredes, lo cierto es que no veo, simplemente dejo que la vista vague a su antojo. Siento una pena tan inmensa dentro de mí que apenas me permite respirar, el aire que llega a mis pulmones es insuficiente, me ahogo, me hundo. ¿Cuándo se me pasará? ¿Cuándo levantaré cabeza? ¿Cuándo?

Estoy tan triste que lloro sin querer, no me doy apenas cuenta, las lágrimas resbalan por mi cara, simplemente caen, sin esfuerzo, sin intención, ellas solitas.

No quiero hablar con nadie, ni ver a nadie, ni salir de casa, ni comer y apenas puedo dormir, estoy tan en el límite que tengo miedo, miedo de mis sentimientos, miedo de mi mente, miedo de mí misma.

Me fijo en la licorera, tú siempre la tenías llena de las botellas más variadas y exóticas, aunque no bebías mucho te encantaba tener de muchas

Página 79

clases y marcas. Me levanto y las miro, una a una, veo crema de whisky y como me gusta decido que voy a beber un poco, solo un trago. Cojo un vaso y le echo unos cubitos de hielo, vuelvo al salón, me siento en el sofá con el vaso en una mano y la botella en la otra. Me sirvo y bebo, bebo una y otra vez, sigo bebiendo sin pausa, sin conocimiento, simplemente bebo, vacío el vaso y lo vuelvo a llenar, después sigo bebiendo.

Mi cabeza comienza a dar vueltas, sigo llorando sin razón por lo que sigo bebiendo…

22 DE JUNIO 23:48

Me despierto, me siento mal, me duele algo en el cuerpo, algún órgano que yo no sabía que existía, pero me duele. Tengo ganas de vomitar así que me levanto mareada y apoyada en la pared, inicio mi carrera hasta el baño. Me duele todo, me siento muy mal, creo que estoy enferma. No tengo nada en el estómago, pero me siguen dando arcadas. Cuando las convulsiones paran me siento en el suelo. Apoyo mi cabeza sudorosa en la pared de azulejos, agradezco la frescura. Durante unos minutos parece que todo se normaliza e intento ponerme en pie, mala idea, todo da vueltas así que me vuelvo a sentar en el suelo. Creo que me dormí otra vez porque abrí los ojos en cuanto sentí otra vez ganas de vomitar. He pasado el peor día de mi vida, he dormido en el suelo del baño abrazada a la taza. Creo que ha sido lo más parecido a desear la muerte que he tenido. No pienso volver a beber. Pero luego lo pienso, durante las horas que ha durado mi viaje al purgatorio de los borrachos no he pensado ni una sola vez en ti, ni en mi miserable vida, tal vez compense…

24 DE JUNIO 14:35

Hace un calor bochornoso, llevo casi tres días en una semiinconsciencia inducida, he probado casi todas las botellas que compraste y he terminado con varias de ellas. No me siento mejor. Me levanto tambaleante y me dirijo al baño, ha sido mi cama improvisada durante bastante tiempo. ¡Qué asco! Me miro en el espejo, no puedo evitar

Página 80

gritar al ver mi reflejo. Estoy horrible. Mi pelo sucio y enredado, tengo ojeras que cubren casi todo mi rostro, mi piel tiene un color verde ceniciento bastante desagradable. Mi estómago está hecho un asco, no he comido nada en días y me siento débil. Me duele todo. Me meto en la ducha todo lo rápido que me permite mi maltrecho cuerpo. Siento que se me va un poco la cabeza y procuro sujetarme fuertemente a la mampara de la ducha. Abro el grifo y me introduzco despacio bajo el chorro del agua. Me lavo metódicamente y cuando creo que estoy lo suficientemente limpia salgo lentamente, evitando resbalarme, aunque pensándolo bien no sé por qué este afán de conservar mi vida, tal vez esa sea la solución, finalizar con esta miserable existencia, dejaría de sufrir al dejar de respirar… tentador, muy tentador. Pero estoy fuera de la ducha sana y salva, el momento pasó. Ahora me veo mejor, estoy limpia y huelo bien. Me seco y me pongo un pijama limpio. Me dirijo a la cocina y abro el frigo. Leche, yogures, fruta y poco más. Cojo un yogur y un plátano, lo mezclo todo y me lo como casi sin masticar. Cuando termino me voy a mi cuarto y me tiro sobre la cama. ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Realmente vales tanto la pena?

Me río, no puedo evitarlo, estás sobre mí en la cama y no paras de hacerme cosquillas, me quitas el aliento, me duele la tripa de tanto reír.

—¡Para, para! Por favor, no puedo más… —¿Te rindes?

—Sí, sí, me rindo, pero para…

Pusiste tus manos a ambos lados de mi cabeza, te acercaste despacio a mí hasta que casi nuestras narices se tocan, sentí tu respiración en mi cara. Mi cuerpo reaccionó en el acto. Miré fijamente tus ojos, tan oscuros, tan profundos, tan hermosos. Tus labios, tan llenos, hechos sin duda para ser besados, atrayentes y fascinantes. Noté tu cuerpo sobre el mío, caliente. No pude evitar pasar mis manos a través de tu espalda. Recorrí con las yemas de mis dedos, todos los músculos de tú espalda, suave, tersa, dura… la recorrí lentamente desde arriba abajo. Soltaste un pequeño gemido que me llegó hasta el alma. Te acercaste aún más a mí y me susurraste en el oído:

—Me matas…

Mientras mi cuerpo, empezó a hervir al sentir tu aliento rozar mi cuello.

Página 81

Noté que iba a comenzar a llorar así que intenté alejarte de mi mente. Miré con intensidad el techo e intenté recordar lo que había hecho en los últimos tres días. Todo está confuso, una nebulosa extraña de imágenes inundaba mi mente, el suelo frío del baño en mi cara, el mareo constante en mi cabeza, mucho dolor, ir y venir desde el baño hasta la cama, botellas y hielo…

Y un vacío, un extraño vacío dónde debería haber recuerdos, no me acuerdo de casi nada. Han pasado tres días como si apenas fueran unas horas, horribles, pero apenas unas horas al fin y al cabo.

Me considero una chica medianamente inteligente, lo suficiente para saber que lo que estoy haciendo no está bien, pero sin ninguna fuerza moral o interior que consiga impedírmelo, sé que no debo hacerme más daño, sé que autodestruirme no me va a devolver mi vida, no hará que tú regreses, no me concederá la tregua necesaria para aceptar tu falta, todo eso lo sé pero aun así…

Suena el teléfono. Odio ese sonido que me altera los nervios. No quiero hablar con nadie, no quiero saber de nadie. Dejo que suene sin moverme del lugar en el que me encuentro. Salta el contestador.

—Carolina soy David ¿estás ahí?… coge el teléfono… Caro… bueno, es solo para decirte que Alex quiere juntarnos para cenar, parece que tiene algo que contarnos. Te recojo a las siete. Estate preparada… un beso… Chao Caro…

Cuelga.

¿Alex? ¿Cena? ¿Por qué tiene la extraña habilidad de preparar estos eventos cuando peor me encuentro? Decido que le odio.

Cinco minutos después me doy cuenta de que no puedo odiarlo, aunque si estuviera delante de mí, lo mataría sin dudarlo…

Me levanté despacio y me dirigí al salón, estaba todo hecho un asco, botellas por el suelo, libros, ropa… como si se hubiese celebrado una gran fiesta, bueno en cierto modo sucedió así, aunque fue una fiesta solo para mí. El piso olía mal, una mezcla entre ácido y rancio. El baño… mejor ni entrar, así que con pocas ganas comencé a limpiarlo todo.

Página 82

25 DE JUNIO 08:44

David llegó puntual como siempre, le abrí la puerta y me miró de arriba abajo.

—No estás preparada.

Anunció.

—Solo necesito cinco minutos, lo prometo.

Me miró mientras entraba murmurando algo por lo bajo, que a mí me pareció entender algo así como «no te lo crees ni tú».

Le vi sentarse en el sofá y coger uno de mis libros. David, un chico atractivo y brillante, cariñoso y divertido. No pude entender por qué estaba solo aún. No le conocíamos ninguna novia formal desde que estábamos juntos en el instituto.

Me fui a peinar dejándolo solo.

—Tú serás portera.

—No David, no, te lo suplico, soy muy mala. —Rogué.

—Ya lo sé, créeme, nadie mejor que yo, pero no puedo tenerte corriendo por el campo Caro, eres capaz de producir un cataclismo, seguro que tropezarías con alguien o algo, vete a saber, mejor te quedas en la portería.

—Pero… pero y si vienen y tiran a puerta… —Pues intenta pararlo como sea. —Pero… David…

—Caro, tú portería, Alex tú por la banda, hazles correr todo lo que puedas, José, tú defiende y vosotras aquí, aquí y aquí… ¿entendido?

—Sí. —Dijeron todos al unísono.

David se unió a nuestro grupo el segundo año, era nuevo y a todas nos llamó la atención, era guapísimo, pero traía un gran saco de problemas a sus espaldas, eso le convertía en un chico problemático y arisco, siempre metido en peleas. Nos mantuvimos alejados de él durante el primer trimestre. Nuestro grupo era grande y estábamos muy contentos, nos llevábamos bien desde el principio. Por aquel entonces Alex aún no tenía claro muy bien qué hacer con su vida, era un chico callado y reservado, pero un amigo leal, José había sido su compañero desde el colegio, junto

Página 83

con Carmen e Isabel. Las otras nos unimos el primer año de instituto, estábamos sentados en clase muy cerca los unos de los otros y congeniábamos bien.

David asustaba solo con mirarle, siempre tenía el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Los otros compañeros empezaron a tomarla con él, era bastante fácil de provocar. Un día en el patio, mientras nosotros paseábamos con nuestros almuerzos, vimos como un grupo de tres chicos algo más mayores se le acercaba y le insultaban, él no hacía caso, seguía sentado en el suelo con un libro, pero los mayores no se dieron por vencidos y siguieron increpándole, David en sus trece, ni siquiera levantó la mirada hasta que uno de ellos le dio una patada. Mi corazón se aceleró ante tanta injusticia, sabíamos de sobra que si había una pelea toda la bronca se la llevaría David y él no estaba haciendo nada malo. Miré a Carmen y tenía el ceño fruncido y la mirada encendida, me miró a su vez.

—Esos son idiotas.

—Totalmente de acuerdo.

Nos miramos unos a otros, sin la necesidad de decirnos nada, estuvimos todos de acuerdo. Nos fuimos acercando despacio mientras David se estaba poniendo de pie, pues los otros seguían pegándole. No le dieron tiempo a levantarse, le empujaron, él cayó al suelo sin poder evitarlo. Su mirada se encendió y se preparó para pelear.

—Mira Carmen —dije yo—al parecer los grandes no tienen nade mejor que hacer que meterse con un chico solo e indefenso. ¿Qué te parece?

—Pues me parece que deberían estar en la biblioteca estudiando. —No os metáis en esto —nos amenazó uno de ellos—nadie os ha dado

vela en este entierro.

Nos miramos unos a otros.

—Tal vez, si queréis pelear os sintáis mejor si lo hacéis contra un número mayor de personas, eso os hará parecer más machotes —dijo José.

—Y quién quiere ser voluntario. ¿Tú?

José se miró de arriba abajo, en aquel entonces era un chico corpulento y algo torpe, nosotras le llamábamos nuestro guardaespaldas profesional.

—Yo mismo, sí.

—Y yo —dijo Alex.

—Y yo —dijo Carmen.

—Y yo —me ofrecí.

Página 84

—A mí también me gustaría —afirmó Isabel.

—Yo no soy menos —terminó Sara.

—Vaya —se burló uno de ellos—parece que tienes quién te defienda.

David, nos miraba asombrado. Pero en seguida frunció el ceño.

—No necesito quién me defienda, sé hacerlo solito.

Los tres chicos nos dieron la espalda y se volvieron a centrar en David. Al instante se había formado una pelea de campeonato y nosotros sin dudarlo ni un momento nos unimos a ella para defender a David.

No tuvimos más consecuencias que visitar al director y una buena reprimenda. Desde entonces David pasó a formar parte de nuestro grupo…

—David, si me meten gol, no te enfades.

El me miró con picardía y me guiñó un ojo.

—Yo te ayudaré, descuida.

Nos enfrentábamos contra el equipo de otro instituto. Sentíamos esa rivalidad como la que sienten bandas callejeras entre sí. Necesitábamos ganarles, no solo eso, humillarles era una descripción mejor de nuestros deseos. La vez anterior que habíamos jugado ellos nos habían ganado y esa afrenta tenía que ser vengada.

Me situé en mi puesto.

—Ya veo que vas a lo seguro David —gritó un contrincante en cuanto me vio acercarme a la portería—yo tampoco la dejaría ir corriendo libremente por el campo —se burló.

David no le hizo ni el menor caso y se colocó. Miró a su alrededor y vio que estábamos todos en nuestros sitios. El partido comenzó. En seguida noté que el asunto iba muy en serio. Las entradas eran brutales, los jugadores estaban la mayor parte del tiempo en el suelo. Carmen luchaba como una campeona, con tantos hermanos que tenía, los juegos de equipo eran su fuerte. Yo seguía el juego desde la tranquilidad que proporciona la portería. Pronto empezaron a acercarse cada vez más. Yo me puse tensa. Un chico consiguió tirar a puerta pero, sin saber muy bien cómo, David estaba allí para pararla. Le sonreí con ganas, pero él concentrado en su juego no me hizo ni caso, pero el contrincante me miró fijamente y me señaló con el dedo.

—Voy a por ti muñeca.

—Aquí estaré, muñeco. —Le contesté, no le gustó.

No recuerdo mucho más del juego, idas y venidas, pelotas volando, David y Alex multiplicándose a mi alrededor… pero la cosa empeoró

Página 85

cuando José metió un gol, nuestros rivales se enfadaron muchísimo y lo próximo que recuerdo es ver al chico que me amenazó venir corriendo como un loco, con la pelota a sus pies hacia mí. Me preparé como había visto que hacen los porteros profesionales. Miré a mi alrededor, nadie estaba cerca para ayudarme, tendría que pararla yo sola. Me fijé en mi contrincante y sentí un miedo atroz al ver su mirada. Cuando estaba a dos pasos de mí se detuvo, se colocó y tiró la pelota con todas sus fuerzas. No tuve ni que moverme del sitio, el balón iba directamente hacia a mí y yo en mi estupidez no me moví y me dio en toda la cara. El dolor que sentí fue atroz, ni siquiera noté que me caí de espaldas, solo veía estrellitas ante mis ojos y un calor horrible en toda mi cara. Noté el sabor de la sangre. Al instante David me estaba abrazando.

—¡Caro! ¿Estás bien?

No supe contestar, ni siquiera sabía si podía hacerlo. Carmen se acercó a mí y me miró preocupada.

—¡Está sangrando!

David se quitó la camiseta y empezó a limpiarme la cara con ella.

Me atreví a mirar a mi alrededor. Mis amigos estaban todos a mi lado con cara de preocupación.

El dolor pasó lento. En cuanto pude hablar lo hice.

—Estoy bien…

—No —me dijo David—no lo estás.

Me ayudó a incorporarme mientras yo me sujetaba su camiseta contra mi cara para parar la hemorragia, él se levantó y le gritó al chico que me había lanzado la pelota.

—¡No era necesario golpearla con tanta fuerza imbécil!

—Tiro como me da la gana.

—¿No ves lo que has hecho? —le increpó.

El chico me miró y me pareció ver algo de arrepentimiento en su mirada, pero fue algo fugaz.

—Esa tonta se puso en medio, yo no tengo la culpa.

Fue suficiente para David, se abalanzó sobre el chico como si le fuera la vida en ello.

David no salió muy mal parado de la pelea, pero el otro pobre chico tuvo la cara hinchada y morada bastante tiempo.

Nuestro instituto nos prohibió volver a jugar.

—¿Sabes de qué me estoy acordando?

Página 86

—Sorpréndeme.

—De aquella vez, en el instituto que te peleaste con un chico por darme un balonazo en la cara.

David permaneció callado unos instantes, supongo que recordando.

—¡Ah! Ya me acuerdo. Menudo imbécil. Se lo merecía el muy capullo.

Solté una carcajada mientras salía del baño peinada y maquillada.

—Estoy lista.

Él se levantó y me cogió por la cintura.

—Entonces vamos. Veremos qué es lo que ese loco nos tiene preparado.

Fiesta, eso es lo que nos tenía preparado, una fiesta para celebrar que estaba enamorado y para presentarnos a su nueva pareja.

Nos sentamos todos contentos y felices en la mesa que Alex nos tenía reservada y charlando con una copa de vino, le esperamos. Nos quedamos de piedra cuando apareció del brazo de un mega—chico. Alex siempre ha tenido muy buen gusto para los hombres, pero el que le acompañaba se llevaba la palma. Alto, fuerte, muy bien vestido y con un diamantito en su oreja que le daba un toque adolescente y sexy. Debería ser más o menos de nuestra edad.

—Hola, hola, chicos y chicas —nos saludó la mar de contento, Alex— os quiero presentar a Taylor.

Nos levantamos todos y le saludamos cortésmente, después de las presentaciones nos pusimos a cenar, al principio fue algo raro, uno nuevo en el grupo, resultaba algo incómodo, pero el chico resultó ser muy majo, se reía, hacía chistes, nos seguía la conversación con entusiasmo…

—Venga, qué os parece. —Nos preguntó nervioso Alex en cuanto Taylor se fue al baño.

—A mí me cae muy bien —afirmó Carmen.

—A mí también —concordó José.

—Yo lo encuentro demasiado guapo ¿no crees? —Dijo David, todos le miramos con cara de tontos—. Sí, todos los tíos guapos esconden algo… yo no me fío…

Alex se puso pálido y tenía los ojos tan abiertos que parecía que se le iban a salir de las órbitas, de pronto David soltó una carcajada.

—Qué bobo eres, Alex —le dijo mientras se partía el pecho de risa—, no te preocupes tanto hombre, que parece un buen tipo.

Todos seguimos su ejemplo y nos echamos a reír.

Página 87

Yo, que estaba sentada a su lado, en cuanto dejé de reír y le golpee el brazo. Alex me prestó toda su atención.

—Tienes mucha suerte, das mucho asco. Tal vez cuando te canses nos lo puedas pasar a uno de nosotros. ¿No os parece chicos?

Alex me miró horrorizado, yo sonreí.

—Bueno —le dije—, tal vez tiene un hermano o un primo, ¿no? —O una hermana… —comentó David. Todos volvimos a reír.

La noche se pasó de una manera agradable, cenamos bien, brindamos con champán y luego nos fuimos a dar una vuelta por ahí. Fuimos a un Pub que estaba cerca y ponía buena música. Pedimos nuestras copas y nos acomodamos todos, unos frente a otros, cerrando el círculo de tal manera que nadie de fuera se atrevía a intentar atravesarlo. Alex y Taylor se quedaron un poquito más alejados, les dejamos espacio para que tuvieran intimidad.

Lo cierto es que mi estado de ánimo esa noche era bueno, me encontraba bien, me sentía bien. Las conversaciones de mis amigos me animaban, me distraían. Hacía mucho tiempo que no teníamos una de estas salidas y no sabía yo lo bien que me hacían. David no paró de bromear toda la noche. Yo fui su blanco elegido la mayoría del tiempo. No me importó le seguí el juego, creo que me estaba tanteando.

Supongo que después de lo mal que he estado no se creía que pudiera estar ahí partiéndome de risa con las chorradas que soltaba por su boca.

A Carmen la vi bien, aparentemente tenía superado su problema, se la veía normal y contenta.

Ana, aunque algo más apagada que de costumbre, también estaba entonada.

—Y qué hay de ti, José —preguntó David.

—De mí, de qué…

—De ti, de tu vida… he oído que hay alguien por ahí…

José se puso rojo como un tomate y al darnos cuenta nos echamos todos a reír.

—No me digas, José, ¿hay alguien y no nos lo has dicho? —le recriminé—, no me puedo creer lo mal amigo que eres.

Miró a David con mala leche y luego me contestó.

—No es nada serio.

Página 88

—¿Nada serio? ¿Qué significa eso? Sí estás saliendo con alguien, eso ya es algo serio José. —Le dijo Carmen.

—Solo llevamos un par de semanas.

—¿Un par de semanas? ¿Podemos saber algo más? —preguntó Ana. —No hay mucho más que contar…

Pasé un brazo por encima de su hombro, tuve que ponerme de puntillas porque él es bastante más alto que yo y le obligué a que se agachara un poco para estar más cómoda en esa posición.

—Querido José, si llevas dos semanas saliendo con esa chica misteriosa y no nos has dicho nada a ninguno de nosotros es porque te gusta y mucho. Venga, escúpelo todo o te torturaré aquí mismo y delante de todos.

—Y sabes que no hay mejor torturadora que Caro —afirmó Isabel. Nos miró con resignación, tenía rojas hasta las orejas, esto me hizo

gracia y comencé a reír. Creo que estaba algo bebida.

—En serio, no hay mucho más. Es una compañera de trabajo. Es nueva, hemos salido algunas veces por ahí a cenar y eso…

Yo señalé a todos mis amigos con el dedo índice y les dije muy seria. —A cenar y eso…

Soltaron una carcajada, hasta José se rio un poco.

—Sí, de momento estamos conociéndonos, eso es todo…

—Umm… eso es un principio… de algo… digo yo… —le dije mientras tomaba otro sorbo de mi bebida—¡y hay que celebrarlo!

—Armemos una de nuestras legendarias fiestas —animó Sara—, de esas que dejan huella.

—Sí, huella… en el cuerpo y en mi coche… —soltó Isabel.

Todos nos partíamos de la risa.

La fiesta se animó bastante y aguantamos hasta altas horas de la noche. David me llevó a casa a eso de las 8 de la mañana después de haber desayunado un maravilloso chocolate con churros todos juntos. Le dije que se quedara si quería y él me dijo que solo quería ir a su casa a dormir un poco. Me dio un beso y se marchó. Yo me quedé en mi casa vacía y con pocas ganas de dormir.

27 DE JUNIO 22:39

Página 89

Después de la memorable fiesta pasada, me siento vacía, hueca. Sé que puedo sentirme bien, pasármelo bien y eso hace que me encuentre todavía peor.

Si puedo disfrutar como esa noche disfruté con mis amigos ¿por qué tengo que sentirme tan mal cuando estoy en casa?

Siento una terrible opresión en el pecho.

29 DE JUNIO 15:37

El calor se hace insoportable, me paso el día casi desnuda tirada en el sofá, o en la cama o incluso en el suelo. No lo soporto, es agobiante. Me estoy pensando seriamente marcharme de aquí… no sé… tal vez me vaya al pueblo, aunque no he vuelto desde que mis padre murieron, a lo mejor es hora de ir. No sé, tampoco es que tenga fuerzas para marcharme, ni para levantarme, ni para moverme siquiera, estoy casi muerta aunque por extraño que parezca, sigo respirando.

30 DE JUNIO 23:23

Si metiera en un bote una moneda por cada momento de mala suerte que estoy teniendo, apuesto a que sería casi rica, o por lo menos tendría la casa llena de botes.

Me he levantado, al mediodía, si, ya lo sé, no hace falta que me recrimines mi pereza, yo misma no doy crédito, tendría que levantarme pronto, arreglarme y salir a la calle a buscar trabajo, pero no lo hago, en vez de eso me quedo aquí y me hundo en la depresión, pero como iba diciendo me he levantado muerta de hambre y para mi desgracia abro el frigorífico y está tan vacío y desolado que he sentido pena por él. Muerta de hambre me he puesto a rebuscar en los cajones con desesperación, esperando encontrar aunque fuese una triste galleta, o tal vez algo de pan tostado o… algo… el caso es que no había nada de nada. Desespero. Me voy a vestir rápidamente, sí, lo has adivinado, un chándal, y me salgo corriendo para el supermercado.

Página 90

1.ª desgracia: En la escalera me encuentro con el vecino de enfrente, Andrés, al parecer el tipo tenía ganas de conversación y a pesar de mis múltiples muestras de tener prisa no pude evitarlo sin ser descortés claro, así que le seguí la conversación.

—Carolina hija, cuánto tiempo.

—Pues sí, ya ves salgo poco.

—Ya me he dado cuenta, pero niña, ¿qué te ha pasado? Estás muy delgada y mírate la cara, está horrible.

(El chico no tiene mucho tacto la verdad).

—Ya ves…

—No me digas —me dijo acercándose más a mí y señalándome con un dedo—que sigues mal por lo del imbécil de tu ex.

Bien es cierto que el pobre es un cotilla, pero hasta el día de hoy yo no tenía ni idea de que mi ex le parecía un imbécil, curioso.

—Bueno, tal vez me esté costando un poco superarlo.

—Pues chica, no sé por qué, lo raro es que hayas estado tanto tiempo con él, no lo entiendo.

Le miré con intensidad y muy muy extrañada, Andrés era el tipo de hombre que te encuentras por las escaleras y es súper simpático y agradable, y si decides darle un poco de conversación se convierte en el mejor de tus amigos y sin dudarlo te cuenta toda su vida.

—Sí, no me mires así, se veía a la legua que últimamente no estaba por

ti.

—No tengo ni idea de que está hablando.

El suspiró de una forma muy poco masculina.

—Mira, no quiero que te siente mal pero yo ya me había dado cuenta de que él no era el mismo contigo.

—¿En serio?

—Sí, soy muy observador por si no te has dado cuenta.

—Oh… pues no…

—Ya, suele pasar, la gente pasa así sin más por la vida y no se para a mirar nada de lo que le rodea…

Yo, en mi infinita paciencia, hago como que me interesa lo que me está contando y procuro no poner mala cara. Todo un logro, lo juro.

—Mira, me acuerdo el día que le vi por primera vez, fue cuando no llevabais nada de tiempo viviendo juntos, tal vez una semana o así… y en cuánto le vi me gustó, porque chica, para serte sincero, el tipo está

Página 91

buenísimo, pero eso ya lo sabes, y encima se comportó con mucha educación y en cuanto saliste a la puerta para recibirlo te miró de una manera… mmm… bueno, sentí envidia —abrí mucho los ojos—sí, no me mires con esa cara, ¿quién no desea que su pareja le mire con tanta veneración, con tanto amor? Me pareció increíble, y no te ofendas, que tuvieras a un tipo como aquel tan pillado por ti.

—Oh… descuida no me ofendo, yo misma me lo preguntaba a diario. —Claro, te entiendo. —Se ensimismó un instante en sus pensamientos

y mis nervios empezaron a aullar—, sus ojos brillaban y su sonrisa… era un espécimen perfecto de hombre enamorado hasta las trancas de su mujer, parecía que te estaba comiendo con los ojos y que no veía el momento para comerte de otra manera… fascinante… —Volvió a mirarme —me alegré mucho por ti, en serio, creo que eres una buena chica y te mereces lo mejor, y él parecía lo mejor, al menos eso creí yo, y así seguisteis durante un par de años más o menos. Pero…

—Pero ¿qué?

—Pues eso, que unos meses antes de que lo dejarais os vi y ya no era igual y yo sé que las parejas cuando viven juntas cambian y el amor deja de ser tan pasional y tan carnal… pero él ya no te miraba como su pareja, te miraba como… como…

—¿Cómo? —bufé.

—Como si fueras una carga, como si tu presencia no le gustase… no sé cómo explicártelo, sus ojos no brillaban y su gesto era hosco y te miraba… raro… y no es que estuviera enfadado contigo, lo sé porque nos cruzamos varias veces y volví a sentir esa sensación. No sé si me explico.

Asentí con la cabeza, no tenía muchas ganas de hablar así que hice la intención de seguir mi camino.

—Lo que no entiendo —dijo haciéndome detener de golpe—, es como tú no te dabas cuenta, todo el mundo lo hacía menos tú. Tú seguías mirándole como la primera vez, como si lo que vieras no fuera real, como si pensaras que tenerlo a tu lado era lo mejor del mundo…

Suspiré cansada y le miré a los ojos. Las lágrimas me ardían en los míos.

—Porque eso es exactamente lo que sentía.

Y me marché dejándole con lo que tuviera que decir en la boca. Me tragué las lágrimas y salí a la calle, recibí un golpe de calor que casi me

Página 92

tira para atrás. Pensé por un instante volver a casa y sumirme en mi desesperación, pero tenía hambre así que continué mi camino.

2.ª desgracia: El supermercado que pilla cerca está cerrado por inventario. Me muerdo los dedos de rabia, no quiero ir a una tienda pequeña porque los/as dependientas creen que tienen que darte conversación para que les compres más. Sigo andando, seguro que hay alguno otro por aquí cerca.

El calor es horrible y empiezo a marearme, sé que si no como algo me derrumbaré en la calle.

3.ª desgracia: Decido entrar en un bar y comer algo antes de caerme y cuando me siento en una mesa a la espera del camarero me doy cuenta de que hay alguien que me resulta familiar, me fijo más, ese alguien está de perfil y algo lejos, pero creo que lo he visto alguna vez. Lo miro más fijamente y de pronto él se gira y me mira. Le reconozco, pero ya es tarde para huir. Me mira más intensamente y creo darme cuenta en el mismo instante en el que me reconoce. Sonríe, dice algo al hombre que está a su lado y viene hacia mí.

—Carolina… cuánto tiempo.

No sé muy bien cómo reaccionar, me levanto y le saludo con un par de besos.

—Hola Roberto. ¿Cómo estás?

—Pues bien, muy bien. ¿Y tú? No te veía desde… —Me miró y se sonrojó un poco—, bueno, ya sabes.

—Sí, ya sé…

—¿Puedo sentarme contigo?

Me quedé quieta durante unos segundos, pero luego asentí con la cabeza y nos sentamos. Vino el camarero y yo pedí un desayuno completo. Roberto un café con leche.

—¿Cómo te trata la vida? Te veo bien —me dijo.

Le miré a los ojos. Roberto era uno de tus mejores amigos, y durante el tiempo que estuvimos juntos yo creí que también uno de los míos. Pero cuando lo dejamos yo no le llamé a él ni una sola vez y él hizo lo propio conmigo.

—Voy tirando.

—Fui un día a verte al trabajo y me dijeron que ya no trabajas ahí.

Se miró las manos tímidamente. Yo estaba alucinada.

—Bueno, ya sabes, la crisis, reducción de plantilla…

Página 93

—Ya, no estamos pasando muy buenos tiempos.

—No, lo cierto es que no. ¿Qué hay de ti?

—Pues yo… —se interrumpió con la llegada del camarero, yo estaba famélica y agarré la tostada con ansiedad canina, comencé a comer inmediatamente—, pues yo sigo igual, mismo trabajo, misma vida, no he cambiado mucho.

Mastiqué y tragué, bebí un sorbo de mi Cola—Cao y le miré. —Eso es bueno ¿no?

—Sí, supongo que sí… oye, siento no haberte llamado, yo…

Levanté una mano indicándole silencio mientras mordía mi tostada, él se detuvo y me miró, me pareció verle triste, arrepentido…

Tragué y dejé mi tostada con sufrimiento en el plato, al parecer este hombre también quería hablar.

—Rober… ya da igual, en serio, no me importa.

—Pero a mí sí Carolina, si me importa porque no estuve a tu lado.

—No tenías que estarlo, eres su amigo.

—Y el tuyo… o al menos eso pensé…

—Yo también… pero ya da igual, todo eso ya pasó, él se fue de mi vida y yo intento superarlo, lo demás no importa.

Su mirada fue penetrante, intensa.

—Lo sabes ¿verdad? Sabes por qué se fue.

Miré mi tazón y suspiré.

—Sí Rober, lo sé… si te refieres a que tenía otra mucho antes de dejarme a mí.

Noté como contuvo la respiración, no le resultaba fácil, como a mí. —Yo no lo sabía, te juro que no lo sabía, si lo hubiese sabido… —¿Qué? Si lo hubieses sabido qué Rober, no podías hacer nada,

Arturo es mayor de edad, él elige su vida, ha elegido como vivirla, ni tú ni yo podíamos hacer nada.

—Pero estuvo mal Caro, muy mal, en cuanto me enteré se lo dije y bueno… no nos hablamos dese entonces.

Le miré sorprendida.

—Lo siento mucho, Roberto.

Él sonrió un poco. Era un chico agradable y bastante guapo, me cayó bien desde el primer día que le conocí, tan simpático y encantador, me trató siempre muy bien, como si fuera una hermana pequeña y ahora lo

Página 94

tenía delante de mí, recordándome otros tiempos, recordándome todo aquello que llevo meses intentando olvidar. Empezó a dolerme el corazón.

—No debes sentirlo, creo que es mejor así, después de eso ya nada sería igual entre nosotros.

Me quedé un momento mirándole mientras él removía su café pensativo. Después volví a hincarle el diente a mi tostada.

Permanecimos en silencio unos minutos, los suficientes para que yo pudiera terminar de comer.

—No ha debido ser muy fácil para ti, estabas muy enamorada de él. Se me paró el corazón, no quería hablar de eso, no quería hablar de eso

con nadie.

—No, no ha sido muy fácil que digamos, pero lo estoy superando.

—Me alegro.

—¡Roberto! —El hombre que estaba en la barra con él lo llamó—.

Nos tenemos que ir.

—Sí, ya voy —dijo y se levantó—, me alegra haberte visto Carolina, y deseo que todo te vaya bien.

Yo me levanté para despedirlo.

—Yo te deseo lo mismo a ti.

De pronto se acercó más a mí y me abrazó fuerte, como solía hacerlo antes, lo sentí tan familiar, tan cómodo que me dieron ganas de llorar. Me dio un par de besos y me sonrió.

—Me gustaría que me llamaras para saber cómo te va, o si necesitas algo, lo que sea, me gustaría que pudiéramos ser amigos, como antes.

Una lágrima traidora recorrió mi cara, él la limpió con un dedo acariciándome a la vez.

—No llores… no me gusta verte sufrir.

Me aparté un poco de él y de su reconfortante calor, me limpié la cara con las manos y le miré intentando sonreír.

—No te preocupes, es que me ha alegrado verte, eso es todo.

Suspiró.

—¿Me llamarás?

—Claro —le mentí—, tengo todavía tu número, no te preocupes. —Me gustaría mucho. Podríamos quedar y eso… ya sabes dónde

encontrarme.

Asentí con la cabeza y él se giró, al rato se marchó.

Página 95

Miré a la mesa vacía, el Cola—Cao estaba ya frío y yo no tenía ganas de volver a sentarme ahí sola, fui a la barra a pagar, pero me dijo que Roberto ya lo había pagado, así que sin más me marché.

4.ª desgracia: Recorrí las calles en busca de un supermercado lo bastante grande para que las cajeras no entablaran conversación, encontré uno, toda contenta entré para comprar víveres de primera necesidad. Después de pasearme por los pasillos y llenar una cesta con lo que necesitaba fui a pagar, al llegar a la cola y preparar el dinero me doy cuenta de que en el bolso no está mi cartera. Mi corazón se acelera y empiezo a ponerme nerviosa ¿me habían robado? El bolso estaba cerrado y yo lo tenía firmemente agarrado, no, no me había robado, me había olvidado la cartera en casa. Frustrada volví a recorrer los pasillos a la inversa dejando todo lo que había comprado y me marché a casa enfurruñada, más bien furiosa.

1 DE JULIO 19:35

Otro mes, un mes más y un mes menos. Los segundos pasan, los minutos pasan, las horas pasan, los días pasan y con ellos mis ganas de vivir, mi ilusión, mi alegría y la esperanza. Esto es lo peor, cuando ya queda olvidada toda esperanza.

No me recupero, no me siento mejor, no disfruto, nada me llama, nada me entretiene, nada…

¿Qué hacer? ¿Qué debo hacer para olvidarte y continuar con mi vida? Con una vida normal, con sus cosas buenas y sus cosas malas, normales y corrientes, yo ya perdí esa parte, la parte en la que puedes continuar porque a la vuelta de la esquina está lo mejor y sabes que tarde o temprano llegará. ¿Pero qué hacer cuándo lo mejor que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina ya fue tuyo y lo perdiste?

—Toda mía tú y todo tuyo yo —me dijiste mientras estábamos abrazados en la cama.

—¿Eres mío?

—Siempre.

Mi corazón se hinchó de orgullo y comenzó a latir a buena velocidad para anunciarme que estaba ahí y que era muy feliz, tan feliz como yo.

Página 96

—Te amo Arturo, eres lo mejor que me ha pasado jamás y te amaré siempre.

Tú reíste, con esa risa que enamora y embelesa a todas las féminas que te rodean.

—Mi chica —me abrazaste más fuerte aún—yo también te amaré siempre.

Ahora mi corazón se contrae de dolor, y sangra, sangra constantemente por la herida que tú le has causado, una herida que no cicatriza, que no cura.

Me levanto de la cama, cuándo tu recuerdo me inunda lo mejor que puedo hacer es intentar mantenerme ocupada en otras cosas. Miro a mi alrededor. No tengo ganas de nada. Me vuelvo a la cama y me tapo con la sábana, hace calor y mi cuerpo suda pero no tengo fuerzas para levantarme. Mi alma está muerta, todo lo que hace que continúe la vida para mí ha desaparecido, todo. No tengo familia y mis amigos están a sus cosas, como debe ser, yo soy una carga para el mundo.

Pienso seriamente en levantarme y coger una de las botellas que aún tienen algo, pero la pereza me vence y me quedo quieta donde estoy. Mala idea.

—Sí pudieras elegir un sitio donde vivir. ¿Cuál elegirías?

—Cualquiera.

—Venga, en serio Arturo. Imagínate que tu empresa va a abrir una sucursal en cualquier parte del mundo. ¿Cuál te gustaría?

Lo pensaste un momento.

—No lo sé, haces las preguntas más extrañas Caro.

Decidí dejarte continuar en el informe que estabas preparando, cuando traías trabajo a casa te volvías insufrible. Seguí con el libro que tenía en las manos, uno romántico, de los que me gustan a mí con finales felices y perdices.

Pero te noté inquieto.

—¿Sucede algo?

Me miraste como si me vieras por primera vez.

—Mmm… no, nada.

Pero si, estaba segura de que te pasaba algo, solo que no me lo querías decir. Empezaste a tocarte el pelo, estabas nervioso. Te levantaste y cogiste el abrigo.

—Tengo que salir de aquí.

Página 97

—Pero ¿adónde vas?

—No lo sé, voy a dar una vuelta.

—¿Te acompaño?

—NO, no, prefiero estar solo.

Me levanté asustada y me acerqué. Tú te alejaste despacio.

—Arturo, ¿qué te pasa?

—Nada, en serio, nada, solo necesito salir y dar una vuelta, solo eso… Y te marchaste, dejándome asustada y nerviosa. Esa noche no dormiste en casa.

¿Por qué me torturo con recuerdos? ¿Qué puedo adelantar ahora? Tú ya te has ido y no vas a volver, ya no hay marcha atrás, ya no puedo hacer nada para que vuelvas. Se acabó.

10 DE JULIO 13.09

Suena el teléfono. Dejo que suene, no quiero hablar con nadie ni saber nada de nada. Sigue sonando y yo sigo echada. Salta el contestador.

—Sé de sobra que está ahí Carolina y aunque no me cojas el teléfono no es excusa, vamos a celebrar la cena de despedida, ya sabes que algunos nos vamos de vacaciones y tenemos que despedirnos. El sábado pasará a recogerte José, tienes que estar preparada a las ocho, iremos a tomar unos chismes, cena y fiesta. Nos vemos guapa.

Carmen, imposible decirla que no. Solo con pensarlo me entró un sudor frío que recorrió todo mi cuerpo. No tengo ganas de fiesta, estoy mal.

13 DE JULIO 20:17

Me levanto temprano, me ducho, me visto y cojo el coche. Tengo que comprar muchas cosas así que me voy a un centro comercial. No es que tenga muchas ganas de ver gente, pero hay cosas que debo hacer y una hace lo que tiene que hacer. Aparco el coche, cojo un carrito y emprendo mi caminar por los interminables pasillos, comprando todo aquello que creo que necesito. Después de una hora de andadura y un carro a rebosar

Página 98

me dirijo hacia las cajas, pago mi enorme compra y la llevo al maletero del coche. Todavía es pronto así que ya que estoy vestida, decido dar una vuelta por las tiendas. Paseo y paseo mirando escaparates. Es lo que hacía antes, antes de que te fueras, antes de que me abandonaras, antes de que me traicionaras, antes… cuando aún estaba viva. Me detengo ante uno que expone bonitos vestidos veraniegos, hay uno que me gusta especialmente. Sin saber cómo mi corazón comenzó a latir, no con mucha fuerza, pero sí a latir más rápido que lo habitual. Me gustaría comprarlo así que sin pensarlo siquiera entro en la tienda. Una chica muy maja se me acerca y me pregunta si puede ayudarme.

—Me gustaría probarme ese vestido —señalo el escaparate.

—Oh, es muy bonito ¿verdad? Casi acaban de llegar, venga por aquí que yo la ayudaré.

Me buscó el vestido de mi talla, ahora que estoy tan delgada cualquier cosa me sienta más o menos bien, me lo pruebo con ilusión, si, que raro, pero estoy ilusionada con la compra de un vestido. Me miro en el espejo, me gusta lo que veo. La chica, muy atenta me pregunta:

—¿Qué tal le queda?

Yo abro la cortina y salgo al pasillo de los probadores.

—Creo que bien.

Ella me mira de arriba abajo, y sonríe.

—La queda perfecto.

Yo también sonrío.

—Me lo voy a llevar, necesito zapatos, bolso y complementos.

Ella me mira con una luz nueva en sus ojos, supongo que pensando en la comisión. Por primera vez estoy disfrutando de algo y pienso disfrutarlo hasta el final.

14 DE JULIO (Según mis recuerdos)

Pienso estrenar todo lo que me compré ayer. Me ducho, me depilo completamente y me peino con esmero. Me maquillo suavemente y me visto. Me miro en el espejo del armario y me encuentro… bueno, me encuentro atractiva. No guapa, no soy guapa, pero sí veo algo que creí perdido.

Página 99

A las ocho menos cuarto estoy lista. Me siento en el sofá con cuidado de no arrugar mi estrenado vestido y espero a que llegue José. No tarda en llegar.

Abro la puerta casi en cuanto suena el timbre. José me mira fijamente y silba.

—Guau, estás impresionante.

Me rio como una quinceañera.

—Qué tonterías dices, José.

—¡No! Te lo juro, estás que crujes.

Me sonrojo hasta la punta del pelo.

—Como digas una chorrada más te atizo.

Cogí mi bolso y bajamos juntos. Una vez en el coche, antes de arrancar, José me mira, le devuelvo la mirada y frunzo el ceño.

—¿Se puede saber qué te pasa?

—Es que… no sé… te noto diferente, te noto… radiante. —¿Radiante? —¿de dónde saca mi amigo esas palabras?

—Sí, brillas, no sé, es raro. Hace mucho que no te veía tan esplendida.

Me quedé muda de asombro.

Me sonrió y arrancó el coche, con la maestría que conceden los años de práctica nos introdujo con calma en el tráfico.

José es un chico calmado, tranquilo, es de ese tipo de hombres que transmiten paz a todos los que le rodean. Siempre fue la tranquilidad del grupo. No le gustan las peleas ni enfadarse, mira todo desde una perspectiva distinta a la del resto del mundo. Es alto, fuerte y no haría daño ni a una mosca. Pero si hay que defender él es el primero. Su pelo es casi anaranjado y tiene pecas, los ojos verdes que le dan un aire travieso. Es ese tipo de persona a la que llamas cuando tienes problemas, porque te dará toda la tranquilidad que necesitas para encontrar la solución.

Después de haber tenido que dejar el coche a dónde Cristo perdió la chancla, y una buena caminada después con los zapatos nuevos, agarrada del brazo de José, llegamos al bar. Todos estaban ya allí. Sara venía con su pareja, un chico muy simpático y bastante guapete, que siempre tiene una sonrisa en los labios (unos labios maravillosos en una cara muy atractiva), Luis creo que se llama, Alex vino con Taylor, del que no se despegaba ni con agua caliente. Les abracé y les besé, uno por uno me iban diciendo lo fantástica que estoy esta noche. Mis amigos son increíbles.

—¿Qué quieres tomar? —me preguntó David.

Página 100

—No lo sé, ¿que estás tomando tú?

—¿Yo? —Afirmé con la cabeza—. Brugal con Coca—Cola, no creo que debas beber esto.

Le miré sorprendida.

—¿No? ¿Por qué no?

—Bueno, hoy estás que arrasas y no creo que debas ir por ahí con ese vestido y borracha, eso me traerá muchos problemas Caro.

Le miré fijamente y solté una carcajada. No me lo podía creer, David, simplemente un genio.

—Vale, entonces ¿quizá algo sin alcohol?

Él muy serio afirmó con la cabeza.

—Vale, pues entonces… que sea un refresco, cualquiera, da igual. Se giró y se dirigió a la barra a por mi bebida y la de José. —Estás fantástica, radiante, estupenda, bellísima…

—Carmen, para, no voy a casarme contigo por mucho que insistas. Ella sonrió y me abrazó, muy fuerte, tan fuerte que apenas podía

respirar y me susurró al oído.

—Me gusta verte tan bien, como antes.

La devolví el abrazo, no quería que supiera que no estoy bien, no al menos como antes, nunca será como antes, el daño que me has causado es permanente y jamás podré volver a ser lo que era, jamás, no sin ti al menos, y tú ya no estás.

Tomamos copas hasta las diez de la noche, hora en la que estaba hecha la reserva del restaurante. No pillaba lejos del bar y decidimos ir andando. Empezaba a haber movimiento, gente que iba y venía. Nuestro grupo es numeroso y muy ruidoso, los chicos no paran de bromear y de meterse con nosotras y nosotras no paramos de mirar a todo el que pasaba por nuestro lado.

—Ocho —afirmó Carmen al ver pasar a un hombre con el que casi tropieza.

—Puaj, estás loca, yo no le doy más de 6 —dijo Ana —Seis y medio —afirmé yo. —Qué bobas sois, parecéis niñas.

Nos echamos a reír.

La mesa que nos prepararon era redonda. ¡Genial! De esta forma hablábamos todos con todos.

Página 101

—Pues el último negocio que hice me salió genial, pienso que en breve vendrá el ascenso.

—¡Eso es fantástico Carmen! Me alegro mucho por ti, aunque están tardando un poco, no saben lo que tienen. —Le dije.

—No hasta que lo pierdan —comentó José.

—Eso es cierto, pero yo no pienso irme a ningún lado, más vale malo conocido.

—Ah… yo creo que hay que experimentar, lo mejor está siempre por llegar.

—Sí claro David, pero si sigues así, de esperar lo mejor, tal vez no te das cuenta de que ya llegó y lo dejas pasar.

—No creo, cuando lo tienes lo sabes.

—José acaba de decir que no se sabe hasta que no se pierde. — Anunció Sara.

—José no lo vería ni aunque le golpease en las pelotas.

José casi se atraganta con el vino.

—¡David! —Gritó Ana—. No seas desagradable.

—No lo soy.

—Yo creo que si lo has sido —dije yo—y puede que a José le haya sentado mal —le miré para pedir confirmación, pero él fiel a su forma de ser no dijo nada.

—Tío, si te he ofendido lo siento, no era mi intención, solo quiero decir que estás siempre muy despistado y no te enteras de la mitad de las cosas.

—¡David! —Esta vez fue Carmen.

—Pero que os pasa… hay que ver como sois, me meto con cualquiera y nadie dice nada, me meto con el «pobre» José y saltáis todas como gatas.

—¿Estás celoso? —preguntó Ana.

—Celoso. ¿Yo? Puff, estás boba…

Nos echamos todos a reír.

—Sí ya, ya, David está celoso porque no le defendemos a él.

—Yo no necesito que me defiendan Sara, lo sabes bien.

El ambiente empezaba a caldearse, si David se enfadaba ya lo estaría toda la noche y es un auténtico coñazo enfadado, así que cambié de tema.

—¿Dónde pensáis ir de vacaciones?

—Yo, yo, yo, yo —gritó Alex con la mano levantada mientras daba saltitos en la silla como si estuviera en el colegio.

Página 102

Alex, ese chico tímido y cariñoso. Cuando le conocí intentaba pasar totalmente desapercibido, él, consciente de su orientación sexual, intentaba ocultarlo a toda costa, supongo que por miedo.

Un día, cuando estábamos todos cenando, celebrando que Alex se había sacado ya su carnet de conducir después de suspender un montón de veces, nos lo soltó durante el postre.

—Tengo algo que deciros —comenzó.

Nosotros le miramos, era una noche estupenda, hacía buenísimo y todos estábamos de muy buen humor.

—Cuenta —le animó Carmen.

Alex nos miró uno a uno, se le notaba nervioso y asustado. Todos le miramos esperando.

—Soy homosexual.

Agachó la mirada y esperó, como nadie dijo nada, alzó la mirada.

—Vale, ¿y? —le dijo finalmente David.

Alex abrió mucho los ojos, totalmente sorprendido, nosotros continuamos con nuestro postre como si nada.

—¿Y?… ¿habéis oído lo que acabo de decir?

Todos asentimos.

—¿Y no os importa?

—Alex, te queremos, tal y como eres. ¿Por qué nos iba a importar con quién te acuestas? Eso es asunto tuyo. —Le dijo Isabel tan tranquila.

Nos echamos a reír, verle tan emocionado…

—Nosotros iremos a Paris —dijo y le echó una mirada súper romántica a su novio—. Hemos alquilado una suite en un hotel con vistas al Sena.

Todos les felicitamos y continuamos con la cena, con conversaciones amenas y entretenidas. Una vez terminado, nos pusimos en pie y nos preparamos para comenzar la fiesta.

Fuimos a un bar que nos pillaba bastante cerca, nos pedimos unas copas, ahora yo con un poco de alcohol, bailamos y charlamos hasta altas horas de la madrugada.

Cinco horas después mis pies iban a estallar de dolor, me sentía feliz y contenta, pero muy cansada. No era la única.

—Bueno chicos, yo creo que me voy a ir a casa, estoy muerta. — Comenté.

Página 103

—Yo creo que también me iré —dijo Carmen—los pies me están destrozando.

—Eso os pasa por traer esos zapatos, si son muy sexys pero no son nada prácticos —anunció José—vamos Caro, que te llevo a casa.

—Ni hablar José, pediré un taxi, tú sigue disfrutando de la noche. —¡Pero yo te traje!

—Y un taxi me llevará, no te preocupes. Disfruta.

Me despedí de todos y me marché acompañada por Carmen. En las afueras de la discoteca no nos fue difícil encontrar un taxi libre, decidimos compartirlo. Primero la llevaría a ella y después a mí. Estábamos tan cansadas que no dijimos nada en el trayecto. Cuando llegamos a la casa de Carmen, ella me abrazó muy fuerte y me dio un beso.

—Mañana hablamos.

—Vale. —Le contesté yo.

Vi como abría la puerta de su portal y subía las escaleras mientras el taxi iniciaba su camino hacia mi casa. Apoyé la cabeza y cerré los ojos, intenté no dormirme así que me concentré en la música de la radio. Me relajé, al final la fiesta no había estado mal, me lo había pasado bien y había disfrutado de la compañía. Mis amigos eran los mejores.

De pronto un frenado me hizo abrir los ojos de golpe. No pude entender lo que pasaba, solo era consciente de unos faros que se acercaban hacia nosotros con una velocidad tremenda. El taxista intentó alejarse de la trayectoria del vehículo dando un volantazo, pero no lo consiguió. Un tremendo golpe, el cinturón que me apretaba el cuerpo, cristales rotos y vueltas y más vueltas es lo que consigo recordar, todo a la velocidad de la luz. Después oscuridad.

Me dolía todo el cuerpo. Lo notaba. Mi cabeza estaba embotada, tenía los ojos cerrados pero sentí unas manos que me apretaban el muslo con fuerza, sentí su calor. Intenté abrir los ojos, pero apenas podía.

—¿Qué hay del conductor?

Oí que preguntaba mi acompañante, no escuché respuesta. Abrí los ojos y lo miré, era un Guardia Civil.

—¿Qué… qué ha pasado?

Él levantó la mirada hacia mí, parecía sorprendido de verme despierta. —Has sufrido un accidente. ¿Te encuentras bien? Hice un inventario mental de mi cuerpo.

—Creo que no…

Página 104

—Dime que sientes.

Su voz era suave y tranquilizadora.

—Siento dolor.

Él sonrió.

—Me lo imagino… ¿Puedes ser más precisa? —Mmm… me duele la cabeza, la espalda, y el muslo.

Miré hacia las manos que apretaban mi pierna, estaban llenas de sangre, me asusté.

—Tranquila, es una herida causada por los cristales, no te preocupes, estás bien.

—¿Estoy bien?… ¿No es ahí dónde está la aorta?

Él Guardia me miró fijamente.

—No, está un poco más arriba, has tenido suerte.

—Oh… que bien… —dije con un deje de sarcasmo. Le oí sonreír.

Mi cabeza comenzó a dar vueltas, mis ojos veían estrellitas y todo empezaba a desaparecer.

—¡Oye! No te duermas, permanece despierta, la ambulancia está llegando. Dime cómo te llamas.

Me centré en esa voz e intenté huir de la necesidad de dejarme ir.

—Carolina.

—Bonito nombre, Carolina.

—¿Y tú?

—Javier

—Bonito nombre…

Le oí sonreír.

Abrí los ojos y miré a mi alrededor, las ventanillas estaban rotas, y el coche deformado, había sangre, sangre en mis manos, notaba la sangre caer por mi cara, miré hacia delante, el conductor no estaba…

—El conductor…

—No te preocupes —me ordenó.

Un dolor inmenso me atravesó entera, me estremecí. Me costaba respirar. Me sentía débil, cansada. Me estaba muriendo, lo sabía, lo sentía. La muerte me acechaba y con sus manos frías me acariciaba.

—Mi bolso… mi teléfono… —El guardia levantó la mirada hacia mis ojos—. ¿Avisarás a mi tío? Es el primero en la agenda…

Él afirmó con la cabeza.

—Me muero…

Página 105

—¡No! No te mueres, tranquila, la ambulancia ya está llegando, solo tienes que aguantar un poco más.

Las lágrimas, mis amigas, ni siquiera aquí me abandonaban. Las sentí caer calientes sobre mi piel, me moría…

—No me dejes sola… te lo suplico… no quiero morir sola… —Estoy aquí… estaré aquí…

—Mi tío… dile que le quiero… mucho… —Le miré con intensidad. Es curioso, a las puertas de la muerte y yo pude ver con total claridad los hermosos rasgos de mi salvador. Su pelo negro, muy corto, sus manos fuertes y calientes sobre mí, sus ojos brillantes y grandes, tan oscuros como la misma noche…

—No me dejes sola…

—Te lo prometo.

Empecé a convulsionarme, apenas podía respirar, el pecho me dolía horrores, pero por extraño que parezca, empecé a dejar de sentir mi cuerpo, solo tenía frío, mucho frío.

Le oí gritar.

—¡Dónde demonios está la ambulancia!

Escuché las sirenas de la ambulancia. Puse mis manos sobre las suyas y la oscuridad me envolvió.

Cuando me desperté estaba en una camilla, a mi alrededor un montón de sanitarios luchaban por mantenerme con vida, mi cuerpo no me respondía, pero mi mente se sentía lúcida y trabajaba al máximo. Sentí miedo, no, miedo no, fue más bien terror. Un pánico tan inmenso me sacudió de arriba abajo que pensé que en aquel mismo instante mi corazón dejaría de latir. Buscaba frenéticamente a mi alrededor algo a lo que aferrarme, algo que me diera fuerza y valor para seguir. Encontré la mirada preocupada del guardia detrás de una enfermera. Alcé mi mano hacia él. Los sanitarios comenzaron a mover la camilla para meterla dentro de la ambulancia, mi mano seguía tendida hacia el hombre que me daba cierta paz y serenidad. Sentí su calor al cogerla. Sonreí.

—No me dejes sola…

Él no me dijo nada, se giró y habló con su compañero. Instantes después entraba en la ambulancia junto a mí y me cogía la mano.

No recuerdo gran cosa del viaje, solo puedo ver fragmentos de la ambulancia, y las caras de los que me rodeaban, pero sobre todo, el calor reconfortante que me transmitía la presencia del guardia, su valor y su

Página 106

fuerza. Tal vez mi vida se acabase justo ahí, tal vez no vería otro amanecer, ni a las personas que más quería en este mundo, tal vez mi destino final sería terminar igual que mis padres, solo que con unos años de diferencia, tal vez… pero de lo que sí estaba segura, era de que no estaría sola.

(Lo sucedido aquel día, según lo que me contaron Javier y mi tío). Javier decidió acompañarme en la ambulancia, no podía negarse

viendo como se lo suplicaba con la mirada, estaba aterrada. Le dijo a su compañero que los siguiera con el coche mientras él se subía y se sentaba junto a mí, intentando tranquilizarme. Una vez en el hospital vio como me metían dentro de una de las salas de urgencias y aprovechó para llamar a mi tío. Había cogido mi bolso mientras los sanitarios intentaban estabilizarme. Miró el reloj, las seis de la mañana. Sabía que la hora no era la adecuada, le había tocado varias veces, por desgracia, realizar llamadas parecidas.

Buscó el primer número que salió en la agenda y le dio a llamar. Su compañero Roberto, estaba a su lado esperando.

Un tono, dos, tres.

—¿Diga? —Sonó la voz adormilada de mi tío. —Buenos días. ¿Es usted el tío de Carolina? —Sí. ¿Quién es usted? ¿Qué sucede?

—Soy Guardia Civil señor, le llamo para informarle de que su sobrina ha sufrido un accidente de tráfico.

Silencio.

—¿Señor? ¿Está usted bien?

—¿Un accidente? ¿Ella está bien?

—Está en el hospital, de momento estable, no puedo decirle nada más. —¿Qué ha sucedido?

—Su sobrina cogió un taxi para ir a casa, pero un coche se saltó un stop y chocó con el taxi.

—No estoy en la ciudad, llegaré en una hora.

Y colgó.

Javier se quedó unos segundos mirando el teléfono, después a su compañero.

—Creo que hemos terminado nuestro turno.

Cuarenta y cinco minutos después, Javier ya estaba en el hospital, vestido de paisano, con el pelo aún húmedo debido a la ducha rápida que

Página 107

se concedió en cuanto llegó a casa. No podía quitarme de su cabeza. Sabía que no debía implicarse tanto en los casos, pero en este en particular, no podía evitarlo. Preguntó en recepción por mi localización, le dijeron que estaba en el quirófano, que aún no se sabía nada. Se marchó a la sala de espera, eligió un sitio y se dispuso a esperar.

Unos minutos después, un hombre de mediana edad, despeinado y nervioso, entraba en la sala. Javier se levantó y se acercó.

—¿Es usted el tío de Carolina? —El hombre asintió. Javier le tendió la mano—. Soy Javier Márquez, el guardia civil.

—Hola, soy Diego Fernández —se estrecharon las manos—, gracias por estar aquí.

—No se preocupe.

—He preguntado en recepción pero no saben nada. Voy a avisar a sus amigos, creo que deben saberlo.

Javier afirmó con la cabeza y se volvió a sentar, mientras mi tío cogía su móvil y hacia las llamadas, una vez terminadas se sentó junto a él, no se dijeron nada, las palabras sobraban.

Media hora después la sala de espera se llenó con un montón de gente de lo más variopinta, que no paraban de charlar y hacerles preguntas con evidente nerviosismo y preocupación. Al parecer, se quedó sorprendido porque yo tenía muchos amigos.

(En algún momento del día después o del siguiente…).

Sentí un terrible dolor, un dolor que invadía todo mi cuerpo. ¿Estaba muerta? No, si se siente esto al otro lado es preferible seguir viviendo. Intenté abrir los ojos, pero no podía, un aletargamiento invadía mi cuerpo, lo sentía, pero no me respondía, sin embargo mi mente parecía funcionar a la perfección. Intenté moverme. Nada.

Oía sonidos, palabras, voces, pero no era capaz de entender absolutamente nada. Me hundí en la oscuridad.

17 DE JULIO

—No creo Carmen, esta situación no se superará rápidamente, los políticos tienen que hacer algo más que recortar de dónde ya no se puede o no se debe, recortar y pasarse la patata caliente de un partido a otro.

Página 108

—Estoy de acuerdo, pero hay que tener en cuenta que más no podemos hacer, tendremos que salir a flote, sea como sea, no podemos hundirnos más.

—Eso es fácil de decir —intervino David—pero no es fácil de hacer, son muchos a chupar y pocos a dar… España va mal.

Me centré en escuchar sus voces, el cuerpo me dolía, pero sobre todo la cabeza. Sus voces familiares me reconfortaron, están aquí, conmigo, así que yo tendría que salir de esta, por ellos, por mí.

Sentí el calor familiar de la mano de otra persona sobre la mía, eso me tranquilizó el espíritu. No iba a morir, ahora lo sabía, viviría para seguir luchando, para seguir riendo y llorando. Mi tiempo no se había acabado.

Suspiré profundamente y me dejé llevar por el sueño.

Abrí los ojos despacio, la luz que entraba por la ventana, hacía que mis pobres pupilas se resintiesen, pero poco a poco me fui acostumbrando. Miré a mi alrededor. Máquinas, tubos, medicinas, y un pitido constante salía de una máquina extraña que estaba cerca de mí. No estaba sola, pude escuchar como Ana anunciaba que se iba a por café y preguntó si alguien más quería. Varias personar contestaron que no. Dirigí mis maltrechos ojos hacia ellos. Mi tío, Carmen, Alex, Ana que se marchaba y había otra persona, un hombre. No pude reconocerlo de espaldas, pero me resultaba familiar.

Seguí escuchando su conversación mientras me despejaba del todo. No quise hacer ningún ruido, simplemente me quedé ahí, en silencio, observándolos, escuchándolos.

Mi tío se veía cansado y demacrado, parecía haber envejecido diez años. Estaba pálido y ojeroso. Aunque mantenían una conversación amena, se les notaba preocupados. De pronto escuché la voz del hombre que me daba la espalda y lo reconocí ¡Era mi salvador! El Guardia Civil que me había acompañado, dándome su calor, su fuerza.

Me sentí extrañamente feliz. No sabía qué hacía aquel hombre ahí, pero saberlo me alegraba el corazón.

De pronto mi tío dirigió su cansada mirada hacia mí, abrió mucho los ojos y un brillo inundó sus pupilas, se acercó hacía la cama y me cogió la mano.

—Estas despierta…

No podía casi hablar, así que afirmé con la cabeza. Los ojos de mi tío se llenaron de lágrimas y un nudo de preocupación apretó mi corazón.

Página 109

Intenté moverme, pero un dolor punzante me atravesó.

—No… no te muevas preciosa, quédate quieta.

Los demás rodearon la cama y me miraron esperanzados. Alex acarició mis pies, que estaban tapados con las sábanas. Carmen se puso junto a mi tío y al otro lado, de frente, Javier, mi héroe.

Les miré con tranquilidad, intentando infundir fuerza, anunciándoles que esto no se acababa aquí, que yo seguía y lucharía hasta el final.

—¿Te sientes bien? —me preguntó Carmen.

—Sí… creo que sí… —dije a media voz.

Todos suspiraron a la vez.

—Nos has dado un buen susto querida —me dijo mi tío, mientras las lágrimas le recorrían el rostro.

—Lo siento… no fue mi intención —contesté y le guiñé un ojo.

Él rompió a reír a carcajadas y los demás le imitaron.

Se acercó mucho a mí y me besó en la frente. Comenzó a acariciarme la cara.

—Mi pequeña… si te hubiese pasado algo…

Le cogí la mano y apreté mi rostro hacia su palma.

—Estoy bien…

El calor que desprendía su mano, su tacto, su cariño y su preocupación, llenaron mi alma de felicidad y esperanza. Tal vez esto solo había sido un susto, un anuncio. El más allá estaba cerca, demasiado cerca de nosotros. Cada minuto desperdiciado era un minuto importante y maravilloso que jamás podríamos recuperar. Suspiré. Unas lágrimas traicioneras inundaron mis ojos. Estaba viva, estaba rodeada de mi gente y aunque me dolía hasta las puntas del cabello, me sentía afortunada.

—¿Le habéis dado las gracias a mi salvador?

Todos miraron a Javier y él abrió mucho los ojos, sorprendido.

—No hay nada que agradecer, hice mi trabajo.

Yo le miré fijamente, apenas tenía un recuerdo nítido de su cara, o de sus facciones, pero si recordaba el calor de su mano y el sonido de su voz.

—No… no solo hiciste tu trabajo, fue más que eso…

Entró Ana con un vaso de café humeante en ese instante y al verme despierta, dejó caer el vaso con un sonoro grito de alegría.

—¡Estás despierta! —Y echó a correr hacia mí, empujó al pobre Javier y ocupó su lugar, comenzó a tocarme la cara con cuidado, como para

Página 110

asegurarse de que lo que tocaba era real—. Estás despierta… —volvió a decir en un susurro, y comenzó a llorar.

—Estoy despierta, no llores, todo va a ir bien, ya lo verás. —¿Qué no llore? No puedo evitarlo, estábamos tan preocupados… —Todo va a salir bien ahora.

Ella afirmó con la cabeza mientras las lágrimas caían a borbotones por su cara.

—Voy a avisar a todos —y salió disparada de la habitación.

—Bueno… creo que yo también me iré… —dijo Javier.

—¿Ya? ¿Tan pronto? —pregunté yo.

—Sí, dentro de nada entro a trabajar.

—Ah… bueno, pues entonces vete a salvar más vidas —le dije con todo el entusiasmo que podía demostrar.

Él sonrió y yo me quedé totalmente hipnotizada con su sonrisa.

—Volveré en cuanto acabe.

—Muy bien… aquí estaré

Volvió a sonreír, se despidió con un apretón de manos de los hombres y con un par de besos, de Carmen.

Mis ojos no dejaron de seguirle en todo momento, cuando estaba cerca de la puerta, se giró, me guiñó un ojo y me dijo.

—Luego te veo.

Y se marchó, dejándome con una sensación de lo más rara en el pecho. Mis amigos fueron llegando a lo largo del día, cargados de regalos y detalles, con la intención de mostrarme su cariño y su preocupación y también para levantarme el ánimo. Pero los regalos no son en absolutos necesarios cuando les tengo a mi lado, solo con verlos, alegres y felices, charlando sin parar y con una inmensa sonrisa en los labios, mi corazón brinca de felicidad. Ellos, mi familia, mi apoyo, en lo bueno y en lo malo. Siempre he sabido la suerte que tengo de tenerlos a mi lado, pero ahora lo

valoro muchísimo más.

Vino el médico a comprobar mi estado y les echó a todos de la habitación. Comprobó todo lo que tenía que comprobar y miró todo lo que tenía que mirar. Me anunció que todo estaba bien y que mi recuperación iba por buen camino. Que debo tener paciencia y calma. Llevaba tres días sedada después de una operación por culpa de una hemorragia interna, la herida de mi muslo había sido la causante de una gran pérdida de sangre, pero no revestía gravedad. El médico, muy amable, me recomendó

Página 111

paciencia y reposo, yo, como soy muy obediente, afirmé con la cabeza a todo lo que me iba diciendo.

Obligué a mi tío a que se fuera a casa a descansar, él se resistió valientemente, pero al final claudicó cuando todos nos pusimos en su contra, las masas siempre ganan, al menos por mayoría. Se marchó dándome un beso y asegurándome que vendría pronto. Yo le aseguré que me encontraba perfectamente y que se fuera a descansar tranquilo. Al final, y con dolor, el pobre se marchó de la habitación. Suspiré aliviada, no me gustaba verle tan mal, tan cansado. Unas buenas horas de sueño y una buena comida, pueden hacer milagros.

Los días en el hospital se hicieron largos y aburridos, aunque nunca estuve sola ni un instante, tanto reposo e incomodidad se me hizo insufrible, muchas veces ni siquiera las visitas de Javier conseguían animarme lo suficiente.

16 DE AGOSTO 17:33

Estoy de vuelta en casa. Mi tío se ha enfadado de lo lindo, quería llevarme con él. Pero yo no necesito tener vigilancia constante, necesito tranquilidad. Conseguí convencerle a base de súplicas y de prometerle que le llamaría diariamente. Después tuve que sortear otro obstáculo, Carmen. Se puso todavía más pesada que mi tío, tuve que enfadarme y asegurarle que si no me dejaba en casa, tranquilamente y sola, dejaría de hablarle de por vida.

Me siento en el sofá y miro a mi alrededor. Todo está como yo lo dejé, aunque limpio, al parecer las chicas vinieron a acondicionar el lugar, no hay ni una mota de polvo.

Me duelen un poco las cicatrices, pero nada que no pueda soportar. Suspiro hondo, de vuelta a la normalidad, de vuelta a la vida, porque

aunque no tengo vida, todavía sigo viva. Menuda paradoja.

Echo la vista atrás y recuerdo los días en el hospital. Largos, aburridos, tediosos, pero siempre en compañía, de día y de noche. He estado tan cerca de morir, tan cerca del final… un escalofrío recorre mi espalda, tan cerca… y solo puedo recordar las ganas que tenía de vivir, de luchar.

Página 112

Al parecer no puedo seguir así, destruyéndome, matándome, necesito cambiar y mirar al frente con ganas, con ilusión.

Apenas te recuerdo, apenas he pensado en ti, apenas te he extrañado. Estos días me han servido para darme cuenta de que al fin y al cabo, tú no significas tanto para mí, que hay otra vida después de ti, otra vida que tal vez sea mejor a lo que viví junto a ti. Tal vez…

17 DE AGOSTO 20:55

He tenido visita. No diré sus nombres porque ya lo sabes y los conoces, todos vinieron a verme cargaditos de comida y refrescos, para evitar que tenga que salir a comprar. He pasado una tarde muy divertida, entre risas y mucho cariño. Ellos son mi familia.

18 DE AGOSTO 19:32

Ha sonado el timbre. Me ha extrañado porque hoy no tengo visitas pendientes, les hice prometer ayer que no vendrían a diario, conseguí una tregua de día sí, día no. Miro a mi alrededor. Todo está en orden. Me levanto del sofá dónde estaba viendo una peli de indios y vaqueros.

Abro y al otro lado estaba Javier, vestido con su uniforme de Guardia Civil, tan guapo que me quita el aliento solo con mirarle. Me quedé estupefacta.

—Hola —me saludó con una media sonrisa que hizo que me derritiera por dentro.

—Oh… hola, que haces por aquí…

—He venido a verte. ¿Te molesta?

—No… no, en absoluto, solo que hoy no esperaba a nadie. Pasa.

El entró y mis ojos caprichosos recorrieron la espalda del hombre y siguieron bajando descarados. ¡Basta! Este hombre ha venido a ver qué tal estoy, no debo ser tan desagradecida.

Cerré la puerta y avancé detrás de él. —Siéntate por favor. ¿Te apetece algo de beber? —No, estoy bien.

Página 113

Se sentó en el lugar que ocupé hacia escasos segundos y yo imité la acción y me senté a su lado. Lo cierto es que apenas podía centrarme en otra cosa que no fuera lo guapo y atractivo que estaba. En serio. ¡Necesito un hombre pero ya! Esto no es ni medio normal.

—¿Cómo has sabido dónde vivo?

Él me miró risueño, al ver su sonrisa perdí el hilo de mis pensamientos.

—Soy Guardia Civil, no ha sido difícil.

Yo me eché a reír.

—Claro, lo olvidé. ¿Estás de servicio?

—No, he terminado mi turno, he venido a verte antes de ir a casa.

—Ah… pues estoy bien, algo casada, pero bien.

—¿Por qué no has querido ir con tu tío? Seguro que allí estarías más atendida.

—No lo dudo, pero soy una persona independiente y me gusta estar sola… la mayoría del tiempo, quiero decir.

—¿Pero no te duelen las heridas?

—Nada que una chicarrona del norte como yo, no pueda aguantar.

El rio y yo le imité.

Lo miré. Tenía los ojos verdes y el pelo castaño oscuro muy corto. Sus labios, rojos y llenos, daban la sensación de ser tremendamente suaves y dulces. Llevaba barba de un día y le quedaba estupendamente, su apariencia era muy sexy. Empecé a hiperventilar.

—¿Te encuentras bien? —me preguntó asustado.

—Oh… sí, sí, perfectamente. No te preocupes.

Me relajé todo lo que pude a su lado, que no fue mucho. Su presencia me atraía, me excitaba, me incitaba. Y mi mente no paraba de dar vueltas y más vueltas. Definitivamente estaba perdiendo el rumbo.

Me levanté para intentar calmarme y fui a la cocina a por un par de los refrescos que me compraron ayer mis amigos. Cuando llegué de la cocina estaba más calmada, no mucho, cierto, ver su uniforme no me ayudaba en lo más mínimo.

Puse los refrescos sobre la mesa. Javier llevaba una camisa de manga corta y pude notar todos los músculos de sus brazos cuando se estiró a por el vaso y se sirvió el refresco. Volví a hiperventilar… intenté tranquilizarme mirando a la tele. La imagen de un pobre indio montado a

Página 114

su caballo y paralizado debido al pause, me miraba burlonamente. Él siguió mi mirada.

—¿Te gustan las películas de indios y vaqueros?

—Bueno, no es que me apasionen, pero hoy me aburría y esta es muy buena.

Él no dijo nada, simplemente se quedó callado mirándome. Mi corazón comenzó a latir deprisa y me ruboricé. Javier se debió de dar cuenta porque una maravillosa media sonrisa asomó a sus labios. Bajé la mirada hacia mis manos, me encontraba nerviosa y alterada.

—Debería darte las gracias por todo lo que has hecho por mí.

Él me miró y frunció el ceño.

—Hice mi trabajo, no debes agradecerme nada.

Le miré. Sus hermosos ojos verdes me encantaban y estaban ahora fijos en mí.

—Bueno, tal vez rescatarme y salvarme sea parte de tu trabajo, pero las visitas creo que no, y me ha gustado mucho verte en el hospital.

—Estaba preocupado, eso es todo.

—Mmm… también quiero decirte que el tenerte a mi lado durante el trayecto en ambulancia me ayudó mucho. Saber que estabas ahí me quitó el miedo y me tranquilicé.

Durante unos segundos él no contestó.

—Bueno, prometí que no te dejaría sola y yo cumplo mis promesas. El corazón me dio un vuelco. Sentí mariposillas en mi estómago y por

un instante me vi flotando de felicidad. Me sentí tan rara que me puse en pie. Esto no me podía estar pasando, no otra vez. De sobra sé que no tengo suerte en el amor, no entiendo por qué tengo que sentir cosas por los hombres más inadecuados. Es de lo más injusto…

—Perdóname un momento.

Me miró sorprendido, pero solo afirmó con la cabeza.

Y yo hui, hui como una auténtica cobarde. Me metí en el baño y miré mi rostro en el espejo. Aún estaba pálida, pero había cogido peso en el hospital, no mucho, pero se notaba. Mis mejillas ruborizadas me daban un aire inocente y juvenil. Pero yo no era ni inocente ni juvenil. No podía permitir que mi maltrecho corazón sufriera otro revés, no lo resistiría, ni él ni yo. Sin embargo, algo me decía que este era el adecuado, el perfecto. Noble, fuerte, valiente y con honor. ¡Cumplía sus promesas! No parecía del tipo de hombres que te utilizan y te desechan, pero ¿Cómo saberlo?

Página 115

¿Cómo estar segura? Si él estaba aquí hoy y si había venido a verme casi a diario durante un mes, algo me decía que no era solamente por preocupación, tal vez ese algo era mi ego que comenzaba a resucitar. Volví la mirada hacia el espejo y mis ojos me miraron fijamente. ¿Podría ser? ¿Este hombre, a todas luces perfecto, podría tener algún interés en mí? Mi mente, malvada y enferma, no paraba de repetir que nadie en su sano juicio se fijaría en mí. Sin embargo mi corazón brincaba de alegría solo con verle. ¿Podría ser? Y lo más importante, ¿estaba yo preparada para intentarlo otra vez? ¿Para entregarme en cuerpo y alma, a pesar de conocer personalmente el dolor de la traición y la soledad? Suspiré frustrada. No tenía respuesta, solo podía hacer dos cosas, salir ahí y decirle que se fuera y que no volviera jamás o salir ahí, sentarme a su lado y disfrutar de su maravillosa compañía.

Vale, muy bien, ya estaba harta de llorar y sufrir, ahora me toca a mí intentar ser feliz, estaba decidido.

Me lavé la cara con agua fría, me sequé y salí al salón con fuerzas renovadas. Javier había dado el play al DVD y estaba tan tranquilo viendo la peli. Al oírme entrar se volvió y fijó su maravillosa mirada verde en mí.

—¿Te encuentras bien?

—Perfectamente —afirmé yo. La decisión estaba tomada. Lo intentaría, volvería a entregar mi corazón, volvería a sentir ilusión y volvería a enamorarme. Me lo merecía y si perdía pues… lo volvería a intentar.

25 DE AGOSTO 18:24

Este fin de semana Javier descansa. Ayer llegó todo contento y me invitó a cenar, me dijo que cómo aún estoy recuperándome, iríamos a cenar y luego me traería de vuelta a casa. Yo, sin pensármelo si quiera, le dije que sí. Lo cierto es que estoy nerviosa. Me siento intranquila y emocionada. He llamado a las chicas y van a venir todas a ayudarme, tengo que estar radiante y espléndida.

Llaman a la puerta, son ellas, entran sonriendo y contentas. Me abrazan ilusionadas y felices.

Página 116

—Este chico me gusta —me dijo Carmen en cuanto entró por la puerta —no lo dejes escapar.

—Mi querida Carmen, yo no los dejo escapar, ellos acaban huyendo de

mí.

—Pues a este átalo con correa y un buen nudo. Si tú no lo quieres me lo pido yo para mí.

—Haré todo lo que esté en mi mano para retenerlo.

—Y nosotras —anunció Ana—haremos todo lo que esté en la nuestra para ayudarte. Ahora siéntate en una silla y comencemos con la transformación.

Con una sonrisa picarona y diabólica las chicas se fueron acercando a mí. Por unos instantes sentí pánico. ¿Dónde me había metido?

Tras dos horas de sesión de maquillaje, peluquería y vestuario, mis amigas decidieron que estaba lista. Me levanté de la silla, sintiendo mi pobre trasero cuadrado. Me dirigí con la rapidez de una gacela hacia el espejo de cuerpo entero de mi habitación. Me miré y me quedé impresionada.

—¿Soy yo esa?

Todas, con sonrisas bobaliconas me miraban y afirmaban lentamente con la cabeza. Volví la mirada al espejo. La mujer que me la devolvió era una mujer impresionante, hermosa e irreconocible. Llevaba un vestido de verano de seda, con motivos florares, de tirante fino y hasta las rodillas. Se me ajustaba al cuerpo como un guante, reafirmando mi figura estilizada. Mi pelo estaba sujeto en un complicado moño, dejando sueltos algunos cabellos rizados, me daba un aire sofisticado y elegante. Me habían maquillado de manera que mis ojos parecían enormes, bonitos, brillantes y mi piel blanca, tenía un ligero toque rosado en las mejillas. Me encontraba realmente hermosa. Jamás en la vida me había encontrado tan bonita o tan bien conmigo misma. ¡Fascinante!

Miré a mis amigas con lágrimas en los ojos.

—¡NO! No Carolina por Dios, no llores o estropearás todo el trabajo —me gritó Isabel.

—¿Y cómo puedo evitarlo? Estoy tan fantástica que apenas me creo que sea yo y todo gracias a vosotras…

Ellas se acercaron hacia mí y nos fundimos en un emotivo abrazo, dónde sin poder evitarlo, lloramos como niñas pequeñas.

—Nos alegra ver que estás mejor, pareces feliz. —Me dijo Sara.

Página 117

—Es que me siento feliz… —afirmé yo mientras Isabel corría al baño a por todos los utensilios necesarios para arreglar el estropicio.

—Deseamos que todo te vaya bien Caro, este es tu momento, debes aprovecharlo. —Me dijo Ana mientras me abrazaba fuertemente.

—Te quiero —le dije al oído—. Os quiero a todas chicas, os quiero muchísimo. Estoy tan contenta de que estéis hoy aquí. Soy tan afortunada de teneros como amigas…

—Ya Caro… ya, que vas a volver a llorar y nos harás llorar a todas — me dijo Isabel mientras me retocaba el maquillaje—todas te queremos, todas nos queremos. Mañana podemos llorar cuando nos cuentes lo bien que te lo pasaste esta noche. —Y me giñó un ojo. Yo le sonreí. Estaba feliz.

Media hora después todas se marcharon, dejándome completamente a solas conmigo misma. La espera me estaba matando, deseaba verlo, estar con él, sentir su mirada en mi cuerpo y poder disfrutar de su maravillosa sonrisa. Me miré una vez más en el espejo, estaba impresionada con el cambio, no parecía yo.

Sonó el timbre de la puerta y mi corazón se aceleró, golpeando con fuerza mi pecho. Sentí que iba a comenzar a hiperventilar, por lo que comencé con los ejercicios de relajación. No me sirvieron de nada. Me puse los zapatos de tacón y me dirigí a la puerta. Sujeté el picaporte, suspiré y me armé de valor. Abrí la puerta.

Él estaba ahí parado. Su presencia me llenó de calor. ¡Estaba tan guapo! Me miró de arriba abajo y se quedó con la boca abierta.

—¡Por Dios Carolina! Estás preciosa. Tal vez tenía que haber venido vestido con mi uniforme.

—¿Por qué? —pregunté yo emocionada.

—Porque así me sería más fácil mantener a todos los hombres alejados de ti.

Rompí a reír a carcajadas.

—Bueno, no seré yo la que diga que el uniforme no te queda de maravilla, pero creo que así estás fantástico.

Javier se miró de arriba abajo. Llevaba unos vaqueros de cinturilla baja, que le quedaban a la perfección y una camisa y un chaleco que se le ajustaba al cuerpo y dejaba entrever sus músculos. Se me secó la boca.

—¿Estás lista?

Página 118

Afirmé sin poder hablar, cogí mi bolso y salimos juntos a la calle. Una vez allí él me tomó por la mano, yo le dejé hacer. Mi corazón iba a mil por hora.

—Tengo el coche aparcado unas calles más abajo. No encontré por aquí más cerca.

—No te preocupes, hace una noche espléndida, merece la pena caminar.

Él me sonrió y a mí se me cortó la respiración. Notaba su mano fuerte y caliente sobre la mía, era una sensación maravillosa.

Llegamos al coche, Javier soltó mi mano para abrirme la puerta, me sentí como una reina. Dio la vuelta, ocupó su sitio y arrancó el coche.

—He pensado en un restaurante francés, espero que te guste.

Yo le miré fijamente, él tenía la vista fija en la carretera y su perfil me pareció perfecto, por un momento olvidé que me había hecho una pregunta.

—Oh… no te preocupes, nunca he estado en un francés pero seguro que me encanta.

Afirmó con la cabeza y me llevó tranquilamente hasta el restaurante. Durante el camino no hablamos mucho, pero no era necesario, el silencio no era incómodo y yo me entretuve mirando a las personas que paseaban por las calles a esas horas.

Llegamos al restaurante demasiado pronto para mi gusto, estaba disfrutando de la presencia de ese hombre que estaba sentado a mi lado. Me gustaba verle, oír su voz, sentir su calor, su respiración. Me pareció algo tan íntimo que casi me sonrojé. Paró el coche en el parking para clientes, salió disparado y vino a abrirme la puerta. Me ofreció el brazo, que yo acepté con una sonrisa y nos encaminamos al interior del local.

Teníamos una mesa reservada en un lugar muy íntimo, apenas podía ver a los otros comensales, por lo que me daba la impresión de que si me lo proponía podía sentir que estábamos solos.

Nos sentamos y nos sirvieron unas copas de vino. Yo cogí mi copa y me la acerqué a los labios.

—Me alegra que hayas aceptado mi invitación.

Sonreí.

—A mí también. Me apetecía mucho.

Sus ojos verdes me miraron con intensidad y mi corazón se alborotó. Me sonrojé como una auténtica idiota y una media sonrisilla apareció en

Página 119

los labios de mi acompañante.

—Me alegra, porque a mí también me apetecía. Siempre estás rodeada de gente y es difícil poder hablar contigo.

Me eché a reír.

—Normalmente no es así, son las circunstancias. Mis amigos están preocupados y mi tío me obliga a llamarle a diario y además creo que ha contratado a Carmen como espía.

Javier sonrió con ganas y a mí me pareció que se acababa de iluminar la noche.

—Tremenda Carmen.

—Oh, no lo sabes tú bien…

—Me hago una idea. Tienes mucha suerte, tus amigos son geniales. —¿En serio? ¿Te han caído bien?

El afirmó con la cabeza mientras tragaba un poco de vino.

—¡Qué bien! A ellos también les has caído bien.

Él me miró, pensativo.

—Me alegro, tengo la sensación de que si no les agrado a ellos no encontraría la forma de poder acercarme a ti.

Yo le sonreí.

—Tal vez, pero has de saber, que soy un genio escapándome de las garras de mis amigos.

Y le guiñé un ojo.

Él abrió mucho los suyos y me sonrió. Sin duda esta sería una noche memorable. Me encontraba bien, a gusto, tranquila (bueno, mientras él no me mirase fijamente estaba tranquila) y por primera vez pensé que me sentía feliz, plenamente feliz.

Cenamos tranquilos, con una conversación fluida y amigable. Me hizo reír la mayoría del tiempo, contándome anécdotas de su trabajo y de su familia, la cual vivía bastante lejos.

Tenía dos hermanas solteras que vivían con sus padres. Ambas estaban como una regadera, según él. Me partí de risa mientras me contaba las trastadas que las hacía cuando eran pequeños. Y sin darme cuenta habíamos terminado los postres. Era la hora de irnos y en mi mente solo podía pensar cosas que le pudiera decir para entretenerle y alargar esos maravillosos instantes un poquito más.

Con pena nos tuvimos que levantar. Javier no me dejó pagar la mitad de la cuenta y realmente parecía muy ofendido cuando se lo comenté.

Página 120

Nos montamos en el coche e iniciamos el camino de vuelta a casa. Yo estaba disgustada, se había pasado demasiado rápido, no quería irme ya, no quería que terminase todo aquí. Pero estaba segura de que si le proponía continuar no me dejaría, no había parado de preguntarme si me encontraba bien durante la cena. Suspiré. Tal vez tuviese más opciones en el futuro… Pero eso no me consolaba. Cuando has estado al borde de la muerte, la vida se ve de otra manera, necesitas disfrutar cada segundo, cada instante, porque todo se puede acabar en un momento.

Encontró aparcamiento cerca de mi casa. Salió y me abrió la puerta, me ofreció la mano y me ayudó a bajar. Y cogidos así por las manos, me acompañó hasta el portal. Una vez allí me sentí nerviosa. No sabía qué hacer o qué decir. El me miró. Con las luces de las farolas, sus ojos verdes, se transformaban en dos hermosas lunas negras. Estaba maravillada, me parecía el hombre más guapo que había visto nunca. Se acercó despacio hacia mí, con una mano me sujetó por la nuca, me miraba, se fue acercando despacio. Podía sentir el calor de su cuerpo pegado al mío. Su respiración rozando mi cara. Despacio levanté mi rostro y me preparé para ser besada.

Sus labios se apoyaron sobre los míos, suaves y delicados. El calor me golpeó como un puñetazo y subió por todo mi cuerpo. Me acerqué más a él mientras profundizaba el beso. Apoyé mis manos en su duro pecho y me sentí viva, viva como hacía meses que no me sentía. Javier apoyó su mano en mi cintura y me acercó aún más a él. Mi mundo empezó a dar vueltas, a girar rápidamente sin parar. Me sentí mareada, pero eufórica.

Él separó sus labios de los míos y apoyó su frente en la mía.

—Creo que es hora de que me vaya a casa.

Me dolió el corazón, lo juro. Sentí un dolor profundo dentro del pecho que no me dejaba respirar. No podía dejarlo ir. Lo deseaba. Deseaba que me tocase, que me besase, que me abrazase. Deseaba sentirlo cerca de mí, todo entero. Me entró el pánico.

—¿No quieres subir?

El suspiró.

—No sé si es correcto.

Aún tenía su frente sobre la mía y su dulce aliento me golpeaba cada vez que hablaba, haciéndome sentir ligera.

—No tengo padres y ni hermanos que puedan perseguirte mañana con pistolas para obligarte a que te cases conmigo.

Página 121

El rompió a reír.

—No me refiero a eso. No sé si es pronto para ti, no hace tanto que has salido de una operación.

—Bueno, yo creo que estoy genial.

Me acerqué aún más a él. Pude sentir los músculos de sus brazos cuando apoyé mis manos sobre ellos. Javier volvió a suspirar.

—¿Estás segura?

Le miré.

—Sí.

Estaba nerviosa, muy nerviosa, tan nerviosa como si fuera mi primera vez, las manos me temblaban al intentar abrir la puerta y sentía la presencia de ese hombre a mi espalda. Por fin la conseguí abrir y entré. Él me siguió. Cerré la puerta y le miré. Javier se volvió y me miró fijamente.

No pude evitarlo, ahora que lo pienso lo sé, no había forma humana de poder evitar que yo me lanzara en sus brazos y me entregara inconsciente a la pasión junto con ese hombre.

Nos acercamos despacio, apoyé mis manos en sus manos y las fui subiendo lentamente, en una caricia, mientras memorizaba cada músculo de sus brazos, fuertes como rocas. Él se dejó hacer. Con las yemas de mis dedos le toqué los hombros y subí hasta su barbilla. Me moría por mordérsela. Puso sus manos sobre mi cintura y me acercó hasta él. Nos besamos, con fuego, con pasión.

Recorrí su espalda con mis manos. Me encantaba tocarle.

Sus manos bajaron hasta mis glúteos y me empujó hacia él, pude sentir su erección en mi vientre. Me sentí aún más excitada. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo, sin darme cuenta me había quitado el vestido y estaba en ropa interior ante él. Sentí vergüenza y me sonrojé. Javier me cogió la cara con ambas manos y me besó. Me gustaba su sabor, su tacto, su olor.

Comencé a desnudarlo quitándole los botones del chaleco y posteriormente la camisa. Tuve una amplia visión de su torso desnudo ante mí. Me quedé fascinada ante tan maravilloso espectáculo. Me mordí el labio y con mis manos temblorosas le empecé a tocar con adoración. Sus músculos marcados estaban duros como piedras, pero tan caliente bajo mis manos que me estremecí. Le oí suspirar. Bajé mis manos hasta la cinturilla de sus pantalones, con lentitud desabroché el cinturón y después el botón y la cremallera. Sin quitarle los pantalones, metí mi mano por dentro de la

Página 122

ropa interior y le acaricié. Javier se estremeció. Él me besó con más intensidad, me cogió en brazos y me llevó hasta la cama, donde me dejó con mucha delicadeza. Se tumbó sobre mí. El calor de su cuerpo me perturbaba, necesitaba poder sentirlo, nos unimos en un baile de frenesí descontrolado, donde los dos pedíamos, exigíamos, pero a la vez nos rendíamos al otro y dábamos todo.

Comenzó a besarme el cuello, sentí sus hermosos labios rozando mi piel. Le abracé con fuerza. Sus manos me desabrocharon el sujetador, liberando mis pechos. Comenzó a juguetear con las yemas de sus dedos y mi pezón se puso duro al instante. Me estremecí de placer. Arqueé mi espalda inconscientemente y pude sentir su pecho firme contra mi pecho. Su boca descendió despacio por mi cuello, por mi pecho, hasta que le tocó el turno a mi pezón. Sentí que flotaba. Un intenso calor me recorrió entera. Necesitaba sentirlo ya, pero él no estaba por la labor, pensé que si seguía así me tocaría suplicar y juro por mi vida que hubiese rogado hasta la saciedad sin ningún tipo de complejo. Comencé a tocarle la espalda, ansiosa, bajé mis manos hasta sus glúteos y me topé de golpe con el pantalón. ¿Qué hacía aún vestido? Mientras mi amante me besaba la oreja, haciendo que mi mente dejara de funcionar y se pusiera en estado primitivo, mis manos y mis pies pujaban por poder quitarle la ropa que llevaba puesta. Él se dio cuenta, dejó de besarme y me miró durante unos segundos. Le vi totalmente perfecto a mis ojos, era hermoso y esa mirada verde brillante me hipnotizaba. Se incorporó y se sentó en la cama, dándome la espalda, mientras él se quitaba los zapatos y los pantalones, yo me acerqué hasta él y comencé a frotarme contra su espalda, a la vez que le besaba en el cuello. Mis manos volaban a través de su pecho. Su respiración se volvió más agitada y yo seguí provocándole sin compasión. Me sentía bien abrazada a su espalda. Cogió un condón del bolsillo de su pantalón y mientras se lo colocaba yo seguí con mi exploración. Era un hombre magnífico. Se notaban las horas de duro entrenamiento, todo él estaba duro y firme. Cada músculo me provocaba el ardiente deseo de probarlo con mi lengua.

En cuanto terminó se volvió hacia mí y me tumbó en la cama. Me sentía desinhibida y libre como hacía mucho que no me sentía en los brazos de un hombre. Cogió un pezón con su lengua y comenzó su dulce tortura. No podía aguantar más, si continuaba así terminaría teniendo un

Página 123

orgasmo y yo necesitaba sentirlo dentro de mí. Lo incité, él sonrió y claudicó a mis deseos.

Sentirlo dentro fue una experiencia maravillosa. Mientras su miembro entraba y salía de mi cuerpo, un inmenso placer me invadía, todo el mundo dejó de existir, no había nada más a parte de ese hombre y de mí. El placer que estaba experimentando me llevó hasta las nubes, sentí flotar todo mi ser y sin poder evitarlo me dejé llevar, exploté abrazándolo con fuerza mientras besaba su hermoso cuello. Él seguidamente me siguió y alcanzó el clímax junto a mí.

Jamás en mi vida me había sentido tan bien, jamás la unión con otra persona me había hecho sentir completa.

Tú fuiste mi primer amor, no lo niego. Disfruté de ti, de tu cuerpo, de cada una de las veces que hicimos el amor, pero hoy que lo miro desde lejos, me doy cuenta de que estando contigo, sabía que jamás serías mío, te amé con la certeza en mi corazón y en mi alma, de que no me pertenecías y jamás lo harías, que llegado el momento tú, tu vida y el amor que me jurabas, desaparecerían.

Pero hoy, en los brazos de Javier, he podido sentir que por fin todo lo que daba, me era correspondido, que todo lo que entregaba, también sería mío. Este hombre, que me amó con fuego, con pasión y con delicadeza me hizo sentir una mujer amada y deseada, una mujer que tiene un lugar en el mundo y ese lugar era estar entre sus brazos.

26 DE AGOSTO 17:25

Oí el teléfono pero ni siquiera me moví. Estaba cansada, muy cansada y más relajada de lo que había estado en toda mi vida. Me sentí laxa y pesada. Mi amante me había despertado durante la madrugada, lo raro es que no me molestó en absoluto y me entregué a la pasión con ganas y energía. Pero ahora el sonido chirriante del teléfono me molestaba.

Javier estaba dormido, su brazo alrededor de mi cintura. Pude sentir su cuerpo en mi espalda y mil mariposas juguetearon en mi estómago.

El maldito teléfono no dejaba de sonar. Alargué el brazo y lo cogí. —¿Diga?

Página 124

—¡Se puede saber qué te pasa! Quedamos en que nos llamarías y nos contarías todo, estamos nerviosas, ya me han llamado veinte veces ¡Cada una! Para preguntarme si sé algo sobre ti y ¡yo no sé nada!

—Ah… hola Carmen.

—¿Eso es lo único que se te ocurre decirme? ¿Ah hola Carmen? —Carmen… tranquila… escucha, es que ahora no puedo hablar

contigo.

—¿Por qué no?

—Aún estoy en la cama, me acabas de despertar.

—¿En la cama? ¿Y qué demonios haces en la cama a estas horas? Ya casi es la una… ¡Oh por Dios! ¡No estás sola! ¿No estás sola?

—No.

—¡Madre mía! Esto es fantástico, sensacional. Ya verás cuando se lo diga a las chicas. ¡Dios mío!… Pero, oye, estarás con el guardia. ¿No? Espero que no hayas sido lo suficientemente imbécil y lo hayas dejado escapar.

—Oye Carmen, de verdad, estoy cansada, luego hablamos. —¡Cansada! ¿Estás cansada? Qué, a qué es una fiera en la cama, ya lo

estoy viendo, con ese cuerpazo tiene que ser increíble… —Adiós Carmen.

—Oye, espera, no me puedes dejar así. ¡Carolina!

Y colgué. Me volví a acostar y me acurruqué al cuerpo de Javier, estaba caliente y suave. Él me pasó el brazo otra vez por la cintura abrazándome. Creí que me derretía allí mismo al sentir de nuevo su erección que pujaba contra mi trasero. Sonreí, tenía la convicción de que hoy sería un día que no podría olvidar.

27 DE AGOSTO 11:47

Estoy flotando. Creo estar viviendo un sueño. Me siento bien y eso es algo que hacía mucho que no sentía. Todo por culpa de un hombre. Solo con pensar en él me sonrojo.

No pienso levantarme de la cama, por nada del mundo. Mi cuerpo se queja de cada movimiento, el maratón de ayer fue increíble. Aún puedo

Página 125

sentir el calor de su cuerpo sobre el mío. Sus caricias, sus besos, sus palabras… si realmente esto es un sueño, yo me niego a despertar.

27 DE AGOSTO 18:33

Me ha llamado, hoy no podrá venir a verme porque termina tarde, pero me ha pedido que mañana desayunemos juntos. Le he dicho que sí sin pensarlo siquiera, deseo verle, oírle, tocarle. Necesito estar con él.

Creo que esto no es bueno, tal vez vaya demasiado rápido, tal vez debería poner distancia entre los dos, pero… pero recuerdo la manera en la que me toca el pelo y me muero. Tal vez debería ir más lento, pero mi cuerpo, mi corazón y mi alma me empujan a correr en una dirección, la que me lleva hasta Javier.

28 DE AGOSTO 16:28

Soy como una estúpida quinceañera. Las mariposas revolotean en mi estómago por la anticipación de verle. Hemos quedado en un bar de aquí cerca y vendrá a recogerme. Me he vestido de forma casual, un vestidito veraniego y unas chanclas bien bonitas. Suena el timbre de la puerta, termino de hacerme la coleta y corro a abrir.

Cuando lo veo mi corazón palpita de puro éxtasis. Es tan hermoso, tan guapo, tan perfecto. Viste unos vaqueros y una camiseta que se le marca el cuerpo, dejando entrever sus maravillosos músculos.

No puedo evitar suspirar. Javier sonríe al verme, debo estar colorada como un tomate, y mis ojos brillan de ilusión. No me daba cuenta de lo que realmente necesitaba verlo.

—¿No habíamos quedado en el bar?

El entró en casa y cerró la puerta tras de sí.

—Sí, pero pensé que tal vez podíamos desayunar aquí.

Me mostró una bolsa de papel, me pareció oler a chocolate.

—Eso de ahí no será chocolate.

Una media sonrisa picarona curvó sus labios.

—Pues sí… con churros.

Página 126

Abrí mucho los ojos.

—¿Churros?

Él afirmó con la cabeza, me abalancé a por la bolsa y Javier rápidamente la apartó de mi alcance. Fruncí el ceño.

—No, primero tendrás que saludarme como es debido.

—Si tengo el estómago vacío y estoy a punto de desmayarme por inanición. ¿Cómo pretendes que te salude correctamente?

Un brillo malvado se apoderó de sus preciosos ojos verdes.

—Si no hay saludo, no habrá chocolate.

—¿Ni churros?

—Ni churros —afirmó categóricamente.

Suspiré frustrada. Me acerqué despacio hasta él, puse mis manos en su pecho, sentí latir su corazón con fuerza y el mío respondió dando un respingo. Lentamente subí mis manos hasta su cuello y lo atraje hasta mí. Él se dejó hacer. Le besé con pasión y Javier respondió a mis besos con fuego. No sé el tiempo que estuvimos así, yo entre sus brazos, pero de pronto fui consciente de que Javier me tenía abrazada y en la espalda pude sentir la bolsa que contenía el chocolate. Me aparté despacio y le miré detenidamente. El beso le había afectado tanto como a mí. Su erección lo dejaba bastante claro.

—Debes ser un hada del bosque y me has embrujado, sino no soy capaz de entender la facilidad con la que pierdo la cabeza cada vez que estoy a tu lado.

Yo suspiré. Él apoyó su frente sobre la mía y con la mano libre me acarició el rostro. Mi cuerpo reaccionó con fuerza ante el contacto. Si seguíamos así, el chocolate se enfriaría y yo tenía hambre.

—Será mejor que desayunemos.

Javier me sonrió y afirmó con la cabeza. Nos sentamos en la mesa de la cocina y serví el chocolate, que sorprendentemente estaba caliente y puse los churros en un plato, en el centro de la mesa. Soy consciente de que estábamos en pleno agosto, que en la calle empezaba a calentar el sol, pero jamás diría que no a un chocolate con churros.

Lo probé con avaricia.

—Mmm… está buenísimo.

—Es de una chocolatería que hay cerca de mi casa, cuando pasé por allí me acordé de ti.

Página 127

Yo le miré a los ojos, de día tenían un color tan verde que parecían pertenecer a un ser mágico que vive en los bosques. Simplemente fascinantes.

—Tienes unos ojos muy hermosos.

Javier se atragantó con el churro. Comenzó a toser, yo me levanté corriendo a por un vaso de agua mientras me partía de la risa.

—¡Qué pasa! ¿Es que mi Guardia Civil no está acostumbrado a los halagos?

Bebió el vaso de agua y alzó esa maravillosa mirada hacia mí.

—Pues lo cierto es que no mucho, solo mi madre y mi abuela suelen decirme esas cosas.

—Entonces creo, que no andas con la gente debida, querido.

—Pues ahora que lo mencionas, suelo estar rodeado de mangantes, prostitutas, ladrones, traficantes…

—Vale, vale, que lo he entendido…

Me levanté de la mesa y me acerqué a él, me puse a su espalda y le abracé. Le besé el cuello y apoyé mi barbilla en su hombro. Me encanta estar tan cerca de él. Su calor, su olor… me tenía totalmente atrapada.

29 DE AGOSTO 18:51

He llamado a Carmen, la he puesto al corriente de todo y se ha quedado más tranquila, pero a la vez más excitada. No ha parado de hacerme preguntas sobre Javier. Yo me he quedado alucinada ante esa ansiedad que tiene por saberlo todo. La he contestado lo que me ha parecido, Javier es mío y no pienso compartirlo con nadie.

Me ha dicho que ella se encargaría de avisar a las demás.

Media hora después mi teléfono no ha parado de sonar, primero Ana, después Isabel y luego Sara, todas emocionadas y con mil preguntas, he repetido mi versión de los hechos una y otra vez hasta que ya me dolía la cabeza y desconecté el teléfono. ¡Serán cotillas!

30 DE AGOSTO 13:51

Página 128

Hoy me ha sonado el teléfono, me puse de los nervios pensando que serían otra vez las pesadas de mis amigas.

—¿Sí?

—¡Hola Carolina!

Una voz de hombre que me resultaba familiar, pero que no podía ubicar.

—Hola.

—¿Qué tal te va?

—Oh… pues bien, tirando, como siempre. ¿Y a ti? —Ni remota idea de quién podía ser…

—Pues yo estoy bien, adaptándome todavía, supongo. Es un poco raro estar tan lejos de casa.

¡¡Carlos!!

—Bueno, los principios siempre son difíciles, pero ya sabes, todo es acostumbrarte.

—¿Cuándo vas a venir a verme?

Me da un vuelco el corazón y las manos comienzan a sudarme. ¿Qué le digo yo ahora?

—Uff… no creo que sea pronto, estoy convaleciente aún.

—¿Convaleciente de qué?

—Un accidente de tráfico.

—¡Por Dios! ¿Y qué te pasó? ¿Estás bien?

—Un coche se saltó el stop y chocó con el taxi en el que iba yo, pero ahora estoy mejor.

—¡Madre mía! Y yo sin saber nada…

—No te preocupes Carlos, todo está bien, solo que me tengo que recuperar.

—Espero que no fuera muy grave.

—Algunas lesiones internas y varios cortes y moratones, pero todo está solucionado.

—Me alegro. Quiero decir que me alegro de que estés mejor no… —Entiendo lo que me has querido decir, no te preocupes. ¿Qué tal el

trabajo?

—Me gusta mucho, es un lugar increíble, tienes que venir a verlo, la gente va a lo suyo y no suele causar muchos problemas, me he adaptado bien, creo.

Página 129

—Me alegro por ti. Aquí las cosas no están muy bien, cada vez hay menos trabajo, más despidos y la crisis aumenta.

—Sí lo sé. Veo el canal internacional y hablo con mis padres todas las semanas, estoy muy bien informado.

Soltó una carcajada y yo le imité.

—Me alegro de que todo te vaya bien Carlos, en serio.

—Gracias Caro, ha sido un poco difícil, pero creo que merece la pena.

—Apuesto a que sí.

—En fin, te dejo para que descanses, espero volver a hablar contigo pronto.

—Vale, no te preocupes, ya hablaremos.

—Un beso Carolina.

—Otro para ti, Carlos.

Y colgamos. Me quedé con una sensación extraña. Lo cierto es que es un chico muy majo, pero me había olvidado de él completamente. Creo que soy una persona horrible.

1 DE SEPTIEMBRE 18:09

He quedado con Javier para salir, pero esta mañana me he levantado algo triste y melancólica. Nada más abrir los ojos me ha inundado un torrente de recuerdos, ya no me afectan tanto, pero aun así, me afectan. Con desgana me he levantado de la cama. Tengo que hacer cosas para no sumirme en la desesperación, no quiero que Javier me vea mal, no quiero que adivine que estoy chalada y me abandone, no quiero perderlo…

Me he puesto una peli mientras desayunaba, Robin Hood, con Russell Crowe que me encanta y me he sentido un poco mejor. He llamado a Carmen, a Sara, a Ana y por último a Isabel, las he contado mis planes y las he pedido fervientemente, que no se las ocurra molestarme. Ellas han accedido con la condición de que en el momento en que me quede sola, las llame y las ponga al día. ¡Son unas pesadas! Una media hora después Carmen me ha vuelto a llamar.

—Oye —me dice nada más coger el teléfono.

—Oigo —le contesté yo.

—He pensado…

Página 130

—Malo, muy malo —dije sin dejarla terminar. —¡Carolina! ¡Si aún no sabes lo que voy a decir! —Querida, cuándo tú piensas das miedo. Ella soltó una carcajada.

—Tonta, más que tonta… que he pensado… los chicos y nosotras habíamos quedado para tomar unas copas juntos, por eso de que se acaba el verano, y tal vez, a vosotros os apetecería venir.

—Pero Carmen, ya te dije que iríamos a cenar y a dar una vuelta por ahí, Javier no quiere ir de fiesta, dice que aún tengo que ir con cuidado.

—Ya lo sé, pero después de cenar podemos quedar en alguna terraza o algo.

—¿Y eso?

—El chico tiene que relacionarse.

Me eché a reír con ganas.

—¿Relacionarse?

—Sí, con nosotros, entramos también en el lote, debemos conocernos y pasar más tiempo juntos.

—Eres una cotilla, lo haces simplemente por fisgar.

—También, también…

—Bueno, se lo diré pero no te prometo nada.

—Si al final queréis venir me das un toque. Estaré pendiente. —Vale, anda un besazo, que me voy a arreglar. —¿Necesitas ayuda?

—No, creo que puedo hacerlo sola.

—Vale. Venga un besazo.

2 DE SEPTIEMBRE 04:45

Javier duerme.

Yo no puedo…

Después de colgar el teléfono a Carmen, comencé a arreglarme, nada elaborado, el pelo suelto, algo rizado, maquillaje ligero y un vestido.

Llamó a la puerta y yo, como una adolescente, me puse nerviosa al pensar en él. Abrí la puerta con entusiasmo y allí estaba él. Vestía de manera casual, unos vaqueros y una camiseta (que se le ajustaban a la

Página 131

perfección dejando bien visible su maravilloso cuerpo). Suspiré de puro deleite. Él sonrió y me miró de arriba abajo.

—Estás fantástica.

—Y tú también.

Se acercó y me dio un beso. Mi corazón se aceleró. Su mano caliente se posó en mi cintura y me estremecí.

—¿Tienes hambre? —me preguntó.

—Mucha. —Respondí casi sin aliento.

—Pues venga, vamos a cenar.

Nos montamos en su coche y nos dirigimos al restaurante elegido por él. Resultó ser un italiano. ¡Me encanta la pasta! Se lo hice saber y solo obtuve por respuesta una media sonrisa de suficiencia que iluminó su maravilloso rostro.

Este hombre me tenía fascinada. Yo, que no hacia tanto, pensaba que toda mi vida se había terminado, ahora me veo suspirando por otro hombre, guapo, cariñoso, atento y casi perfecto. La vida no es para nada predecible y eso me trastorna. Tal vez me esté volviendo loca, tal vez siempre lo he estado, tal vez… el caso es que yo, que te amé hasta la locura, que sin ti pensé que mi vida había terminado, estaba aquí, ahora, suspirando por otro hombre, uno que no eres tú y que no se parece en nada a ti…

Cenamos tranquilamente, en realidad fue muy agradable, Javier siempre pendiente, la conversación amena y divertida, la comida sensacional. Me dio pena cuando nos levantamos para irnos.

—Podemos ir a tomar unas copas y paseamos un poco —me propuso. —Me parece bien… oye, Carmen me llamó esta tarde para decirme

que han quedado todos juntos, por si nos apetece unirnos.

—A mí me parece bien.

Sonreí.

Fuimos a un pub que no estaba lejos. Nunca había estado ahí, pero me gustó. La música no estaba muy alta, el lugar era bonito y acogedor. Javier nos pidió algo para beber y nos buscamos un rinconcito donde poder estar tranquilos.

Cuando me terminé mi copa, Javier me cogió el vaso.

—Si quieres llama a Carmen y vamos con ellos.

Cogí el móvil, llamé a Carmen y me dijo donde quedábamos.

—Dice que están cerca del parque, nos esperan sentados en un banco.

Página 132

—Muy bien, voy a llevar esto a la barra.

Se marchó con los vasos vacíos en las manos y yo me quedé allí esperándole.

—¿Carolina?

Un escalofrío de reconocimiento me recorrió la espalda. Mi corazón se aceleró.

—¿Eres tú?

Me giré despacio y ahí estabas tú, frente a mí. Una hermosa sonrisa apareció en tus labios, iluminando tu rostro.

Me quedé petrificada. No sabía qué hacer y ni qué decir. Te miré detenidamente. Seguías prácticamente igual. Vestías con esos pantalones de pinzas que te sientan a la perfección y una camisa de seda.

Me sentí extraña, te recuerdo, te conozco, sé que eres tú, sin embargo ya no te noto familiar, ni cercano. Ya no eres mi hombre.

—¿Cómo te encuentras? —me preguntaste mientras te acercabas despacio a mí.

—Bien, la verdad es que estoy bien.

Me miraste de arriba abajo, con intensidad, despacio, cómo solías hacer, con esa mirada que me derretía por dentro. Pero hoy no tenía ese efecto en mí.

—Realmente estás preciosa, —me dijiste—te encuentro cambiada.

—Es que he cambiado.

Diste un paso más hacia mí y yo retrocedí un paso. Te quedaste paralizado, tu cara, antes de felicidad, ahora tenía un gesto de incredulidad.

—¿Qué te sucede? ¿Estás bien?

—Pues claro que estoy bien. Maravillosamente bien. ¿Por qué? —Bueno… se me hace extraño verte.

De pronto, la mano fuerte y segura de Javier, se posó en mi cintura. En ese mismo instante me sentí reconfortada, tranquila. Todos los nervios que sentía ante tu presencia, se esfumaron. Me acerqué más a él.

Tú nos miraste totalmente extrañado, asombrado. No hablabas, simplemente nos mirabas. Creí que era mi deber terminar con ese silencio tan tenso.

—Javier, te presento a Arturo. Arturo, este es Javier, mi novio.

Tus ojos se abrieron de par en par, sin embargo extendiste tu mano hacia Javier que la estrechó con fuerza.

Página 133

—Creo que deberíamos irnos, los chicos nos están esperando —me dijo Javier.

—Sí… tienes razón. Arturo, espero que todo te vaya bien.

Tú me miraste, no dabas crédito a lo que tus ojos veían, sabía que querías hablarme, sabía que tenías algo que decir, aún, después de tantos meses, me sorprendí al comprobar que conocía a la perfección todos tus gestos.

—Me ha gustado verte Carolina. Tal vez volvamos a vernos.

Sonreí.

—Tal vez…

Javier se despidió con un gesto de cabeza al que tú correspondiste y sin soltarme la cintura, me acompañó hasta la puerta.

Durante todo el trayecto sentí tu mirada fija en mí, clavándose en mi espalda. Una vez en la puerta, Javier me cogió la chaqueta y la sujetó para que yo pudiera ponérmela, me di la vuelta para meter los brazos en las mangas y te vi, mirándome, en el mismo sitio donde te había dejado, quieto, inmóvil… Javier me cogió por los hombros y me dio la vuelta, poniéndome frente a él. Me miró. Con una mano cogió uno de los rizos de mi pelo y me lo puso detrás de la oreja. Me sonrojé como una colegiala.

—Me gusta cuando llevas el pelo suelto —me susurró en el oído. Luego, con lentitud me besó. Sentí que flotaba. Todo mi cuerpo reaccionó al contacto de sus maravillosos labios. Te olvidé, si, aunque parezca mentira, sabiendo que tú, el hombre que una vez pensé que sería mi vida, estaba a escasos metros de mí, parado, mirándome, no me importó, ni lo más mínimo, mi mente olvidó ese detalle y se centró en sentir, sentir el sabor, el calor y el fuego que me provocaba Javier. Me olvidé de ti…

Salimos al exterior, sin percatarme de la mirada de posesión que Javier te envió mientras yo estaba entre sus brazos. El mensaje era claro. «Ella es mía».

Suspiré cuando el aire frío de la noche rozó mi cuerpo, Javier me pasó un brazo por encima de los hombros y yo me relajé. Disfrutando del paseo, de la noche, de su cercanía y Dios es testigo de que no volví a pensar en ti.

Hasta ahora.

Tus ojos negros clavados en mi me han despertado. Tu mirada, tan hermosa, tan familiar, con un deje de dolor y acusación me ha quitado el sueño. Una y otra vez revivo nuestro encuentro. No has cambiado, tal vez estás un poco más delgado, pero sigues siendo tú. El problema es que yo

Página 134

ya no soy yo, no soy la chica que conociste, la que enamoraste y luego traicionaste. Yo, esta nueva yo, es más fuerte y ya no estoy sola, ahora otro hombre me da su apoyo, su fuerza, su cariño. Se me parte el alma al pensar que lo perdí todo por ti y ahora, ahora no deseo volver a verte, ni hablarte, ni sentirte… ahora, después de tanto llorar, de tanto dolor, de tanta autodestrucción puedo decir, que ya no estoy enamorada de ti.

3 DE SEPTIEMBRE 03:44

Los días pasan despacio. Mi mirada se pierde con frecuencia en el pasado, pero ahora no siento dolor, solamente remordimiento por mi estupidez.

3 DE SEPTIEMBRE 22:35

No he podido resistirme y las he llamado. Tu mirada me persigue y me atormenta. Yo necesito sentirme bien y no hay mejor manera que la de tenerlas a mi lado.

Llamaron a la puerta y las abrí sonriendo, pero mi sonrisa no llegaba a mis ojos y se dieron cuenta.

—¿Qué te sucede? —me preguntó Carmen en cuanto se sentó.

—Ayer me encontré con Arturo.

—¿Te encontraste?

—¿Dónde? ¿Cuándo?

Mis amigas preocupadas, no paraban de hacerme preguntas, todas a la vez.

—Tranquilas, si me dejáis os lo cuento todo.

Callaron en el acto.

—Cuando salíamos del bar para ir al parque, donde nos estabais esperando. Javier se acercó a la barra a dejar los vasos y en esos minutos, Arturo me vio. Se acercó hasta mí. Intentó iniciar una conversación, pero yo estaba tan sorprendida que no supe reaccionar, apenas le hablé. Luego llegó Javier y se dio cuenta de la situación, antes de irnos me plantó un beso que me dejó sin respiración. Arturo nos estaba mirando.

Página 135

—¿Qué fue lo que te dijo?

—Pues nada, cosas sin importancia. Que me veía bien, que estaba cambiada, que me notaba diferente… no sé, cosas. Cuando llegó Javier noté que quería decirme algo más, pero no se atrevió, se despidió con un «tal vez nos volvamos a ver».

—¡Será geta el tío! —gritó Carmen enfadada.

—¿Cómo se atreve? —Preguntó Ana—. Y después de todo lo que te hizo.

—¿Y tú, cómo te encuentras? —me preguntó directamente Isa.

Me encogí de hombros.

—Lo cierto es que al principio me sentí violenta. Lo miraba y lo reconocí, pero ya no lo sentía como antes… la verdad es que me di cuenta de que ya no siento nada por él. Pero su mirada me persigue.

—¿Qué mirada?

—Antes de salir del bar… su mirada pasaba de la incredulidad al reproche. Como si primero no se creyera lo que estaba viendo y después se disgustara. No sé, estoy desconcertada.

Carmen se acercó más a mí y me abrazó.

—Mira hija, eres nuestra amiga desde hace muchos años y te queremos. Arturo es un imbécil, un hombre arrogante que te hizo mucho daño. No le debes nada a él, solo a ti misma, te debes ser feliz. Ahora tienes un buen hombre a tu lado, que te quiere y te cuida. Es hora de olvidar.

Sí, la hora de olvidarte había llegado, desde ese momento supe que ya no me importabas, que mi vida seguiría hacia delante, sin ti, pero no me importaba lo más mínimo. Pensé en Javier y mi corazón dio un brinco de alegría. Mi nueva vida iniciaba su comienzo. Y tenía la firme convicción de que sería una buena vida…

14 DE SEPTIEMBRE 16:08

Javier ha venido a verme. Nada más abrir la puerta he notado lo contento que estaba.

—¿Se puede saber qué te sucede?

Página 136

—¿Por qué? —me preguntó con esa sonrisa tan suya en los labios y sin entrar aún en casa.

—Porque me sonríes de una manera rara.

—Tengo una sorpresa.

Sentí un golpe en el estómago.

—No me gustan mucho las sorpresas.

—Pues esta te encantará. Venga, prepara una bolsa con ropa para dos días y vente conmigo.

—¿A dónde?

—¡Sorpresa! —me dijo mientras entraba y cerraba la puerta con un

pie.

Me abrazó y me besó. Durante unos instantes mi mente voló lejos de mí. Me concentré en su olor y en su sabor.

Se apartó lentamente.

—Un amigo me ha recomendado un sitio estupendo para pasar unos días. ¿Te gusta el vino?

Mi cabeza se llenó de imágenes de aquellos días en los que me introduje en la semi inconsciencia inducida por el alcohol.

—Sí.

—Pues venga, está cerca de aquí, en Cubillas de Santa Marta. Es el centro de Turismo Rural, tienen una bodega y hacen rutas guiadas y catas. Creo que nos lo pasaremos bien.

—Si está tan cerca ¿por qué nos quedamos a dormir?

—Mi amigo dice que es un lugar encantador y que hay que pasar al menos una noche allí.

—Bueno, pues si lo dice tu amigo, tendremos que probar ¿no? —Me di media vuelta y comencé a caminar hacia el dormitorio, para pasar solo un par de días no tendría que llevar gran cosa. Eso me alivió, no me apetecía estar haciendo una gran maleta, es exasperante.

—Oye Caro… tengo que pedirte algo.

Me volví despacio hacia él.

—Dime.

—Bueno… es que…

—¿El Guardia Civil no se atreve a pedirme algo? O es muy malo o es algo fuera de la Ley.

Él sonrió.

Página 137

—Nada de eso, simplemente es que les he hablado de ti a mi familia y les gustaría conocerte.

Me quedé paralizada, abrí mucho los ojos debido a la sorpresa y no articulé palabra, aunque soy consciente de que tenía la boca abierta.

—¿Mi chica no contesta? Lo que piensa es muy malo o está fuera de la Ley…

Le miré estupefacta.

—¿Estás seguro?

—Pues claro, me lo ha dicho hace tan solo unos momentos.

—No, me refiero a si estás seguro de querer que los conozca y que me conozcan.

Frunció el ceño.

—¿Y por qué no debería estarlo?

Me encogí de hombros.

—Llevamos muy poco tiempo juntos…

—Para mí el suficiente. Sé muy bien lo que tengo y lo que quiero, te quiero a ti. De no ser así, jamás le habría hablado a mi madre de ti.

—Muy bien, iremos cuando quieras, pero luego no me eches la bronca si no les caigo bien y te ves obligado a dejarme.

Un brillo extraño iluminó sus ojos.

—No creo que eso suceda nunca, pero si así fuera lucharía para seguir a tu lado, todo lo que hiciera falta.

El corazón me dio un vuelco. Me ruboricé como una colegiala, así que para disimular, volví a prestar atención a aquello que iba a hacer antes…

¿Se puede saber que iba a hacer?…

Nos montamos en el coche y pusimos rumbo a Cubillas. Yo nunca había estado allí. Conocía la zona de Cigales, porque alguna vez fui con mis amigos allí de fiesta.

No tardamos mucho en llegar. Al salir de la Autovía y coger la nacional para llegar al pueblo, el campo se llenó de viñas, por todas partes, uvas y más uvas… un buen espectáculo.

Llegar no fue difícil, solo tuvimos que seguir el cartelito de «Centro de Turismo Rural». Al llegar me quedé estupefacta. Ante nosotros la visión de una bonita construcción, en piedra y madera, con un pequeño jardín. De lo más bonito.

Aparcamos el coche y nos dirigimos al interior.

Página 138

Nos recibió la recepcionista. Una chica joven, delgadita, con unos bonitos ojos verdes y una sonrisa que no abandonaba sus labios.

—Muy buenas tardes, bienvenidos. Mi nombre es Inés. ¿En qué puedo ayudaros?

—Hola —saludó mi hombre—. Yo soy Javier y ella es Carolina. Nos han hablado muy bien de este lugar y hemos venido a conocerlo en persona.

La muchacha sonrió más ampliamente.

—Me alegro.

—Nos gustaría coger una habitación para pasar la noche.

—Perfecto. Mirad, tenemos ocho habitaciones, Albillo, Verdejo, Garnacha, Tempranillo, Moscatel, Mencía, Cabernet y Merlot.

—¿Eso no son nombres de uvas? —le pregunté yo entusiasmada.

Ella volvió a sonreír.

—Sí, cada habitación tiene el nombre de una clase de uva.

—Dame la más bonita.

Inés le miró con intensidad.

—Bueno, todas lo son, cada una en su estilo, pero quizá la que más os pueda gustar es la habitación Tempranillo, es la más romántica.

—¡Fantástico! Pues nos quedamos con esa.

—Muy bien, el precio incluye desayuno continental, que se sirve de 8:30 a 10:00. También si queréis, disponemos de una visita guiada a la bodega y posteriormente habrá una cata, por si os apetece.

Javier y yo nos miramos, él me hizo un gesto interrogante con las cejas y yo asentí con la cabeza.

—Vale —contestó—creo que nos gustará.

—Perfecto, pues a las siete comenzará la visita guiada, si sois tan amables de estar aquí a esa hora.

—Sí, no te preocupes, seremos puntuales.

Después de firmar todos los documentos del registro, Inés nos acompañó hasta nuestra habitación, abrió la puerta y nos dio las llaves con una sonrisa.

—Espero que os guste.

Yo, que ya había visto algo desde fuera asentí fervientemente con la cabeza.

—¡Es preciosa! —dije.

—Sí que lo es —afirmó Javier.

Página 139

—Bueno, os veremos abajo, dentro de un rato. Disfrutad.

—¡Muchas gracias!

Entramos en la habitación. Realmente era hermosa. En el centro una enorme cama con dosel. Las cortinas, haciendo juego con la tapicería. Las lámparas, los muebles, la decoración. Todo junto conseguía dejar una marca de buen gusto y dedicación. Dejé mi bolsa sobre un arcón de madera que me llamó especialmente la atención. Era nuevo, no cabía duda, pero tenía un aire rústico y antiguo que le confería un encanto especial al rincón en el que estaba colocado.

—¡Mira! Hay uvas hasta en los llaveros.

—¿A ver?

Y me pasó las llaves. El llavero tenía un bonito racimo de uvas.

Acaricié el pequeño racimo con los dedos y me hizo gracia.

—Es muy chulo y original. —Le dije mientras le devolvía el llavero.

—Lo cierto es que sí.

Entré en el baño, el lavabo era de obra y los azulejos, preciosos. Me sentí muy cómoda en aquel lugar.

Cuando salí del baño, me encontré a mi novio (¿novio? ¿Desde cuándo lo consideraba así?), tumbado en la cama, tan cómodo.

—Este lugar es estupendo, ¿a qué sí?

—La verdad es que es muy bonito.

—Anda, ven. Túmbate aquí a mi lado y descansa un poco.

No le hice esperar y corrí a su lado más contenta que unas castañuelas. Bajamos a las siete en punto. Había varias personas esperando en el

Hall. Se acercó a nosotros un hombre y nos saludó.

—Hola, soy Pablo Santamaría, soy el guía y después el que os dará la cata—degustación.

—Hola, yo soy Javier y ella es Carolina.

—Hola —saludé nerviosa. Aún no se me daba muy bien interactuar con otras personas, y menos con gente que no conozco.

Esos meses de horror me han pasado factura.

—¿Estáis listos? —preguntó Pablo a los presentes.

Todos asentimos.

—Pues comencemos. Venid por aquí y os mostraré la bodega.

Le seguimos fuera, el lugar era muy grande. Al pasar el jardín del Centro de Turismo entramos en una calle ancha y empedrada. Mientras caminaba, nos iba contando cosas. Nos enseñó la bodega y me quedé

Página 140

fascinada al conocer el proceso de la elaboración del vino, desde la recolección hasta que el maravilloso líquido era embotellado. Vimos las barricas y nos mostró una pequeña bodega dónde cualquiera puede ir a degustar el vino que fabrican y venden allí.

Me sorprendió la diferencia de temperatura entre el exterior y el interior de la bodega, los grados caían en picado según íbamos bajando. Todo el lugar estaba construido con piedra. Me pareció fascinante.

Pablo era divertido y lo cierto es que se me hizo corto. Cuando me quise dar cuenta, ya estábamos en el restaurante listos para la cata— degustación.

Descorchó ante nosotros una botella de vino tinto, dijo que era un vino de crianza y se llama «Alfredo Santamaría», como el dueño de todo aquello, que resultó ser el padre de Pablo y de Inés.

Nos sirvió a cada uno en una copa y nos dio instrucciones de cómo hacer una cata.

Lo cierto es que era la primera vez que yo formaba parte de algo así y estaba nerviosa, intenté prestar atención, pero muchas de las cosas que decía no conseguía retenerlas.

Me quedó claro que tenemos que utilizar tres sentidos para distinguir unos vinos de otros.

—Vista que nos diga si es blanco, rosado, tinto,… si está limpio, su edad, si es alcohólico o no,…

—Olfato, los primarios, secundarios y terciarios; aquí nos tiene que indicar el vino también su edad.

—Gusto, nos indica, principalmente en los vinos de guarda (tintos) si tiene barrica o no, el grado de alcohol,…

Me hizo especial gracia cuando di vueltas al licor en la copa y luego lo acerqué a la nariz e inspiré su aroma. Soy un verdadero pato, no distinguí ninguno de los olores representativos de ese vino en especial.

Después apoyamos la copa en una servilleta blanca y nos fijamos en el contorno del vino, en su espesor, color y en su forma…

Y por último lo probamos, yo aquí tampoco supe distinguir ningún sabor en especial, pero Javier resultó ser un catador de primera y disfrutó como un niño pequeño.

Nos explicó que ellos hacen cuatro tipo de vinos distintos, el clarete que se llama «Pago El Cordonero», el rosado se llama «Valvinoso», el blanco—verdejo también se llama «Valvinoso» verdejo, el tinto crianza

Página 141

«Alfredo Santamaría» y por último, y este es el que a mí más me gusta, el reserva «Trascasas».

—¿Te parece si compramos alguna botella de vino? —me preguntó Javier.

—Por mí deberíamos comprar varias, por lo menos del reserva, está buenísimo.

Javier soltó una carcajada.

—Está bien, llevaremos varias de cada…

Después de la cata nos sentamos a cenar. Yo me moría de hambre, pedimos muchas cosas de picoteo, una botella de vino, (¿adivinas cuál? Sí, el reserva) y disfrutamos del lugar.

—¿Te gusta el sitio?

—Es maravilloso. ¿Has visto los cuadros? Son preciosos.

—Sí, son muy bonitos. Me alegro de que te guste, quería que este día fuera especial.

—¿En serio? ¿Y eso?

—Tal vez no te hayas dado cuenta, pero hace dos meses hoy de la primera vez que te vi…

Me puse roja como un tomate. ¡No me había dado ni cuenta! Soy un desastre.

—Ups… ¿en serio? Lo cierto es que he perdido la noción del tiempo y no sé ni en qué día vivo.

—No te preocupes, es natural y yo desde que estoy contigo me siento bien, estoy feliz y deseo que tú también lo seas.

Le miré. Tenía unos ojos muy bonitos, tan negros, tan misteriosos… —Soy muy feliz, gracias a ti…

Él sonrió y se acercó con la clara intención de besarme.

—¡Quieto! ¿No ves que hay más gente aquí? Eres Guardia Civil, no debes dar espectáculos…

Javier soltó una carcajada y me acarició la cara suavemente con las yemas de sus dedos.

—Eres fantástica… —susurró.

La comida estaba buenísima y resultó que la camarera era Inés, la chica era muy simpática y la cena fue divertida porque cada vez que traía un plato decía alguna cosa que nos hacía reír.

—Felicita a la cocinera de mi parte, todo está riquísimo y los postres… ¡soberbios! —le dije.

Página 142

—Gracias, se lo diré ahora mismo, la cocinera es mi madre, Raquel.

—Debe ser genial trabajar con la familia.

Inés sonrió.

—La verdad es que sí, entre nosotros hay confianza y cualquier problema lo resolvemos juntos.

Inés se marchó a atender otra mesa y Javier y yo nos quedamos terminándonos los últimos sorbos de nuestra copa.

—Si alguien me dicen hace unos meses que iba a encontrarme tan bien, seguro que le habría mandado a freír espárragos. —Comenté pensativa.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Venga, escúpelo —le dije mientras le guiñaba un ojo.

—Hablando con Carmen me insinuó que habías pasado una etapa muy mala, me gustarías saber por qué.

—¿Te insinuó? —le pregunté interesada.

—Bueno, no fue tan sutil, me dijo claramente que si te hacía daño me cortaría las pelotas mientras dormía y que le importaba un cuerno mi trabajo.

Solté una carcajada tan estruendosa que todos los presentes nos miraron. Muy propio de Carmen…

—Lo cierto es que… —Comencé.

—Sí no quieres contarme, no hace falta, lo entiendo.

Le miré. Solo llevábamos dos meses juntos, tal vez fuera demasiado pronto para tomarme esta relación en serio. Sin embargo mi corazón me decía, más bien, me gritaba, que este era el hombre perfecto, que no lo dejara marchar. Lo malo es que había sufrido tanto por tu causa que siento terror al pensar en volver a pasar por lo mismo. Aunque pensándolo bien, Javier no eres tú y no necesariamente me sucedería lo mismo que contigo.

—No pasa nada. Es algo muy simple. Tuve una relación con un chico, estuvimos cuatro años juntos y luego él se marchó, me dejó por otra. Me ha costado mucho superarlo…

—¿Ese chico no sería el que nos encontramos en el bar el otro día?

Asentí con la cabeza.

—Ese mismo.

—Menudo imbécil, pero su estupidez me ha venido bien a mí, así te he podido conocer y ahora estamos juntos.

Sonreí.

Página 143

—Cierto, no hay mal que por bien no venga.

Después de despedirnos, subimos al piso de arriba, en él hay una sala de recreo, con televisión, sofás muy cómodos y un billar.

En cuanto lo vimos nos acercamos atraídos como si fuera un imán.

—Te echo una —me retó Javier.

—Muy bien, disponte a perder. Soy muy buena jugando al billar.

Javier soltó una carcajada.

—Perfecto. Demuéstramelo.

Después de jugar cuatro partidas y quedar empate, nos sentamos un rato juntos, en los sofás. La chimenea estaba encendida y el ambiente era muy romántico. Javier pasó un brazo por encima de mis hombros y me acercó más a él. Yo me dejé hacer. Estaba muy cómoda, me sentía muy bien tan cerca de él. Puse mi cara en su pecho y escuché el sonido relajante de su corazón.

Después de un rato en esta posición, Javier me besó en la cabeza.

—¿Nos vamos a la habitación?

Suspiré y me acurruqué aún más a él.

—Vale, como prefieras.

—No te veo muy convencida —me dijo muy serio—pero puedo hacer que cambies de opinión muy rápidamente.

Alcé la mirada hacia él.

—¿Seguro?

—Muy seguro.

—Pues demuéstralo.

—Muy bien, es muy fácil. Solo tengo que empezar a tocarte por aquí —me dijo mientras la mano libre la metía por debajo de mi camiseta y me acariciaba lentamente—. Ahora, si subo por aquí… —Y sus dedos juguetones se enredaron con el encaje de mi sujetador.

Me puse en pie como el rayo.

—Vale, ya me has convencido.

Soltó una carcajada, se levantó, me cogió de una mano y juntos nos fuimos a la habitación.

Pasé una de las noches más divertidas que puedo recordar. Fue realmente sensacional, jugamos, hablamos y luego, ya en la habitación, nos amamos, con calma, sin prisas, tomándonos nuestro tiempo en explorar nuestros cuerpos. En no dejar ni un solo centímetro de piel sin acariciar, sin tocar.

Página 144

Dormí como hacía meses que no dormía.

Los rayos del sol me despertaron. Me sentí como una reina al abrir los ojos y verme tumbada en aquella cama. Una sonrisa asomó a mis labios.

Javier se dio cuenta de que estaba despierta y me besó en la nuca.

—Arriba dormilona, vamos a desayunar.

Nos duchamos juntos y bajamos al restaurante. El desayuno ya estaba preparado y yo, que tenía un hambre felina, terminé con todo sin parpadear.

Una vez terminamos el desayuno, Pablo se acercó con todas las botellas que habíamos comprado. Las metimos en el coche, nos despedimos de los dueños y nos marchamos de allí con un recuerdo maravilloso de una gente estupenda y un lugar de ensueño. El buen humor nos acompañó hasta casa y me duró varios días.

17 DE SEPTIEMBRE 16:52

Javier pasa más tiempo en mi casa que en la suya. No sé muy bien cómo ni por qué hemos llegado a esta situación, el caso es que cuando sale del trabajo (esta semana está de tarde y cuando termina casi son las once de la noche) viene a verme, cenamos y ya se queda conmigo. Me gusta despertarme por las mañanas y sentirle a mi lado. Cada vez que le veo con el uniforme me sofoco.

19 DE SEPTIEMBRE 22:03

Me siento bien. Parece mentira, hubo un tiempo en el que pensé que jamás recuperaría mi vida. Hoy me siento bien, como me sentía antes, antes de ti. Es reconfortante y me ilusiona pensar que me puedo estar recuperando, que ya no estoy enferma y que por fin he conseguido salir de ese horrible pozo en el que estaba metida.

Mis ánimos y mi vitalidad están al máximo. Salgo prácticamente a diario, si no es con Javier, salgo con mis amigos, a tomar café, de compras, a pasear… mi vida se está transformando en lo que era antes, en lo que siempre debió ser.

Página 145

Me siento bien.

20 DE SEPTIEMBRE 03:42

José nos ha invitado a su cumpleaños. Nos ha preparado una cena espléndida en su casa, con platos de porcelana y vasos de cristal, pero claro, este cambio se debe fundamentalmente a que por fin ha encontrado el amor. La chica en cuestión se llama Lidia, parece maja. Cuando hemos llegado Javier y yo, ya casi estaban todos, nos hemos sentado a tomar una copa antes, hemos hablado de casi todo y nos hemos reído muchísimo. La cena ha estado genial. Las bromas, los comentarios graciosos, la conversación fluida y entretenida, no han faltado en toda la noche. Javier siempre ha estado pendiente de mí. En más de una ocasión le he tenido que reñir, por intentar meterme mano por debajo de la mesa. ¡Increíble! Como si no fuéramos más que dos quinceañeros.

Luego nos hemos marchado a casa y he pasado una maravillosa noche entre sus brazos.

22 DE SEPTIEMBRE 03:55

Mi mirada se detiene en la ventana, aún no ha amanecido. Me he despertado sintiéndome muy sola. Javier está de mañana y yo lo extraño en mi cama. Suspiro melancólica, ¿me está pasando otra vez? ¿Estoy dejando que un hombre forme parte de mi vida y sin darme cuenta se está convirtiendo en mi vida? No sé si es bueno o malo, solo sé que me siento sola y que echo mucho de menos a Javier. Me acuerdo de sus hermosos ojos y de la forma tan dulce que tiene de acariciarme. Y en su sonrisa… esa sonrisa tan hermosa… me levanto enfadada. Lo último que necesito es volver a cometer el mismo error. ¿Pero acaso es un error estar enamorándome de Javier? Él no es Arturo, Javier es diferente ¿o no?

Voy a la cocina, abro el frigorífico y cojo la caja de leche. Me sirvo un vaso bien frío.

A mi mente vienen imágenes lejanas. Los días tristes y horribles quedan ya en el pasado, lo estoy superando. Estoy superando tu traición, tu

Página 146

abandono. Ya no ocupas mi mente, es más, ahora simplemente te recuerdo vagamente y ya no me duele. Tu recuerdo no me hiere. Mi corazón se está recomponiendo gracias a los besos, las caricias, el cariño y la compañía de Javier. Sí, él me salvó la vida aquel día, pero no solamente al ayudarme en el accidente, él es la razón por la que yo sigo respirando y empiezo a tener ilusión. Él. Mi hombre. Mi amor. Javier.

24 DE SEPTIEMBRE 12:17

Carmen me ha llamado. Van a hacer un picnic y quieren contar conmigo. Yo le digo que sí, me encuentro animada y me apetece ir.

El verano se termina, el calor se va y deja paso al frío otoñal.

Me encanta mi ciudad en otoño, Valladolid es hermosa siempre, pero lo es aún más en esta época del año. Caminar por sus calles, viendo la maravilla de construcciones antiguas y modernas, me fascina, pero lo que más me gusta es pasear por sus parques, el Campo Grande, sobre todo, cuando comienzan a caer las hojas está espectacular, le da un aire muy bohemio. Antes paseábamos casi todas las semanas, yo te iba a buscar al gimnasio y volvíamos a casa paseando. Me gustaba mucho acompañarte. Tú me pedías una y otra vez que me apuntara contigo, yo ni loca, lo mío no es el ejercicio.

—Bueno, pues a correr, podíamos ir algún día a correr los dos juntos.

Yo te miraba y sonreía.

—Lo siento amor, pero correr es de cobardes. —Y me quedaba tan ancha.

Ahora me apetece salir, voy caminando tranquilamente, callejeando, fijándome en las cosas que me gustan, paseando por los parques, respirando el aire más limpio que se puede respirar en la ciudad. Divirtiéndome, viendo como los patos nadan y los niños corren afanosos intentando darles migas de pan… pero lo que más me atrae es saber que en cualquier momento me puedo encontrar con Javier. Saberlo me gusta. Se me pone un nudo en el estómago cada vez que veo un coche de la Guardia Civil y me da un vuelco el corazón cuándo veo alguno uniformado andando por la calle, con la esperanza de que sea él. Sí, esperanza…

Página 147

parece mentira, pero tengo la esperanza de poder verlo, deseo verlo, necesito verlo…

Cierro los ojos y su mirada inunda mi mente. Me siento viva. Me siento feliz.

Sigo caminando con la mochila de la comida a mi espalda. En las puertas del parque está Carmen esperándome, iremos juntas. José conoce un lugar, no muy lejos, en el que podemos hacer el picnic y estar tranquilos.

En cuanto me ve me sonríe. Sus malos días también se están olvidando. Se la ve alegre y motivada.

Se me acerca, me abraza y me da un par de besos.

—Estás estupenda.

—Pues tú lo estás aún más.

Reímos juntas. Como antes, como cuando yo era yo y no tu sombra.

—Venga, vamos, no les hagamos esperar.

La sigo hasta el coche, meto la mochila en el asiento trasero y me monto. Ella arranca, me mira, vuelve a sonreír.

—Bienvenida de nuevo a la vida, amiga mía.

Yo le acaricio la cara suavemente.

—Gracias a ti, sin duda.

Ella se echó a reír.

—Creo que si le debes algo a alguien, no es a mí. Tal vez, deberías mirar más cerca de tu cama…

Solté una carcajada y con ese buen humor emprendimos la marcha.

28 DE SEPTIEMBRE 13:59

Me sorprende mirarme hoy en el espejo, porque mi rostro refleja la etapa que estoy viviendo. Me veo resplandeciente, mi rostro brilla de alegría, mis ojos lucen de felicidad. Suspiro frente al espejo del baño de mi piso, Javier está en el salón preparando la mesa para comer y yo siento que si soy más feliz es probable que muera.

5 DE OCTUBRE 22:56

Página 148

Acabo de llegar de pasar un gran día junto a Javier. Me llevó a pasear por la ciudad, cenamos en un restaurante y me trajo a casa paseando. Me hizo reír tanto que me duele la cara y la tripa. Me siento bien. Estoy bien.

Llaman a la puerta. Pienso que es él que vuelve, que se ha arrepentido y que decide quedarse a dormir aquí, junto a mí.

Llena de ilusión y con una sonrisa socarrona, abro la puerta.

La sonrisa se me queda congelada en la cara. Mi corazón late desbocado y mis manos comienzan a sudar.

No es Javier.

Eres tú.

—Hola Caro.

—¿Qué haces aquí?

Tú te avergonzaste un poco.

—Pensé que esa maravillosa sonrisa se debía a mi presencia.

Ahora fui yo la que me avergoncé.

—Arturo. ¿Qué quieres?

—Solo hablar. ¿Puedo pasar?

Me hice a un lado y te dejé pasar.

Entraste con parsimonia, con ese andar que te caracteriza, tan seguro de ti mismo. Hace casi un año, yo me moría por cada uno de tus pasos.

Miraste a tu alrededor. Me pareció notar algo de tristeza en tus ojos.

—¿Puedo sentarme?

—Siéntate.

Ocupaste el sofá grande y yo preferí sentarme en el sillón. Al parecer mi decisión no te hizo mucha gracia, porque frunciste el ceño.

—Muy bien, puedes hablar, te escucho.

Me miraste con intensidad. Esos ojos que en otro tiempo me parecían tan bonitos se clavaron con intensidad en mí, pero ahora me parecieron unos ojos normales.

—Hace mucho tiempo… está todo igual.

—Sí, ya ves, no he tenido muchas ganas de redecorar.

Afirmaste con la cabeza y te miraste las manos, las tenías en tu regazo.

—Caro yo… bueno, no sé por dónde empezar.

—Supongo que lo mejor será que lo hagas por el principio. Dime, ¿a qué has venido?

—Tenía que hablarte, verte.

Página 149

Te miré extrañada. Habías cambiado, ambos habíamos cambiado. Estabas más delgado, pero parecías estar en forma, recordé que te gustaba el gimnasio y que ibas dos o tres veces por semana. A través de tu camiseta pude ver los músculos de tus brazos. Tenías el pelo algo más largo de lo habitual y despeinado. Parecías más joven, más indefenso. Por un momento sentí una punzada de pena en mi corazón.

—¿Para qué?

—Bueno… oí que tuviste un accidente…

—Sí.

—¿Estás bien?

—Ya estoy recuperada, gracias por preguntar.

—Pero ¿qué pasó?

—Un coche se saltó el semáforo y arroyó el taxi en el que viaja.

—Tuvo que ser terrible.

—Lo fue.

—¿Y tus heridas?

—Hemorragia interna, contusiones, moratones… pero ya estoy recuperada.

—Me alegro de que estés bien. Si lo hubiera sabido, habría ido al hospital a verte.

—Entonces creo que ha sido mejor así.

Me miraste muy triste, tus ojos reflejaban dolor.

—¿Por qué has venido? —volví a preguntar.

—Porque… mira Caro, cometí un terrible error al marcharme, lo siento, de verdad. Me arrepentí desde el mismo día en que me marché.

Sentí un pinchazo en el pecho, no podía ser que estuvieras arrepentido, no quería creer que después de todo lo vivido, pudiste evitarlo…

—¿Por qué ahora, Arturo?

—Bueno, yo pensé… al verte el otro día sentí… —Te pusiste en pie y comenzaste a andar por el salón, nervioso—. Al tenerte otra vez frente a mí, supe que no te había olvidado y que todavía siento algo por ti… En realidad estuve muchas veces con el teléfono en la mano para llamarte, pero me faltó el valor. Pensé… pensé que no querrías saber nada de mí.

Me miraste esperando respuesta.

—Hubo un tiempo en el que tu llamada hubiese sido la diferencia entre una vida miserable y una vida maravillosa.

Te acercaste más a mí.

Página 150

—Sentí que debíamos estar juntos en cuanto te volví a ver, que lo nuestro era verdadero y yo lo estropeé, lo sé. Pero tal vez puedas darme otra oportunidad, tal vez…

—Ya basta Arturo. —Dije en tono serio—. Tomaste una decisión. Te fuiste sin darme ninguna explicación. Me partiste el alma y destruiste mi corazón ¿y ahora vienes y me pides otra oportunidad? ¿Ahora? Después de cuánto, ¿casi un año? ¿Ahora precisamente te das cuenta de lo que había entre nosotros y de que sigues sintiendo algo por mí? Déjame decirte que ahora ya es demasiado tarde.

—No, no Carolina, no, aún no es tarde. Sé que he sido un imbécil, lo sé, pero me niego a pensar que es demasiado tarde, lo nuestro era especial. No puede haber muerto. Caro, escucha…

Pusiste tus manos en mis hombros y yo te aparté de un manotazo y me puse en pie. Comenzaba a estar histérica y muy cabreada.

—¡Te marchaste con otra! ¡Me engañaste durante un año! Llegabas a casa y me besabas, ¡me besabas, Arturo! Me tocabas y me hacías el amor y habías estado con otra. Otra a la que habías besado y tocado como a mí. Me traicionaste. Te lo di todo, te di mi vida, mi cuerpo y mi alma y tú lo despreciaste todo. ¡Todo! Por otra mujer y ahora vienes a pedirme otra oportunidad, ¿qué pasa, ella ya no te quiere? ¿Acaso se ha cansado de ti? O tal vez también la engañaste…

—Carolina, lo siento tanto…

—Eso ahora ya no sirve de nada. Lo nuestro terminó. Tú te encargaste de ello.

—No, no me lo creo. Veo como me miras, sé que no te soy indiferente.

Solté una carcajada.

—No hay nada entre tú y yo, salvo recuerdos de una relación, que hoy está muerta, te encargaste de matarla. Vete Arturo. Es mejor así.

—No —me cogiste una mano y con la otra sujetaste mi cara para que te mirara a los ojos—. Dime que no me amas, dime que no sientes nada cuando te toco. ¡Dímelo!

—Arturo —comencé mientras me alejaba de tu contacto, pero no aparté la mirada—no puedo decir que ha sido fácil. Mentiría. Desde el día que te fuiste, sin ni siquiera mirarme, hasta hace unos meses, he deseado morir. Mi vida dejó de tener sentido. Sentí como moría lentamente, aunque jamás dejé de respirar. Mi vida ha sido un infierno, he caído en el fondo de la más absoluta miseria y desesperación, pero ya no. Ya no siento nada por

Página 151

ti. He conseguido seguir con mi vida y me he vuelto a enamorar. Estoy comenzando una nueva vida con otro hombre.

—¡No puede ser! ¡Mientes! —Me gritaste en la cara—. ¡Mientes! Lo dices para herirme.

—Por favor, haznos un favor a ti y a mí y vete ahora. No lo estropees aún más. Vete.

—Pero Caro… mírame. Sé que hice mal, lo reconozco, fui cruel y egoísta, pensé que la amaba, te lo juro. Pero ella no eras tú y me di cuenta enseguida. No me eches así de tu vida. Lo nuestro era grande, fuerte, podremos superarlo, juntos.

—Cuando te necesité no estuviste, ahora ya no queda nada. Solo recuerdos, algunos hermosos y otros se clavan como un cuchillo en el corazón, pero son solo eso, recuerdos…

—Caro, por favor…

—Vete.

Estabas frustrado, lo notaba, los gestos de tu cara todavía me resultaban familiares, seguía conociéndote tan bien…

Unos golpes en la puerta me sobresaltaron. Tú dirigiste la mirada enfadado hacia el origen de nuestra interrupción. Sin mirarte caminé hasta la puerta y la abrí. Al otro lado estaba Javier.

Mi rostro se iluminó y una media sonrisa curvó sus labios.

—¿A qué no me esperabas?

Reí a carcajadas.

—Pues no, pero pasa.

Asomaste por la puerta de salón la mitad de tu cuerpo y al ver a Javier una sombra negra atravesó tu mirada.

Javier te miró extrañado y después a mí, sin saber muy bien qué hacer.

—Creo que ya conoces a Arturo.

—Sí —contestó él tranquilamente y se acercó hasta ti a darte la mano.

Tú la aceptaste de mala gana.

—¿Es mi sustituto? —Escupiste molesto.

Javier te miró, yo me asusté un poco.

—No Arturo, Javier no es tu sustituto. Javier es mi novio, mi pareja, mi amigo. Tú nunca lo fuiste.

Abriste mucho los ojos, molesto.

—Pues durante más de cuatro años, yo pensé que sí —soltaste mientras me mirabas con odio.

Página 152

—Durante más de cuatro años, yo también lo pensé, pero ya ves, nos equivocamos los dos. Ahora vete por favor.

Saliste del piso como alma que lleva el diablo. Ahora fui yo la que ni siquiera te miró marchar.

Javier me abrazó fuerte mientras oíamos el portazo.

—¿Estás bien?

—Sí, ahora que estás aquí estoy bien.

Apoyé mi cara en su pecho, escuchando atentamente los latidos de su corazón. Me reconfortaba, me sentía bien, segura, protegida.

—¿Qué quería?

—Otra oportunidad.

—Ya veo que no se la has dado. —Me contestó sonriendo.

—No puedo dársela Javier. Ahora mi corazón le pertenece a otro hombre. Ya no hay cabida para nadie más en él. Ahora mi corazón es tuyo.

Me apretó aún más fuerte. Le oí suspirar contra mi oreja.

—Yo no seré tan estúpido. No te dejaré marchar.

—En eso te equivocas. Yo no dejaré que tú te alejes de mí, jamás. Sonrió y me besó, despacio, dulcemente. Sus labios suaves hicieron

estragos en mis nervios. El calor inundó mi cuerpo y el fuego de la pasión se apoderó de nosotros. Sin darme cuenta, estábamos en la cama, desnudos, amándonos.

La losa que había sido tu amor, por fin, había conseguido apartarla de mí. Tú ya no formabas parte de mi vida, ni de mis sueños, ni de mi mente, ni de mi corazón. Estabas lejos, muy lejos de volver a ser el hombre que una vez fuiste para mí.

Mientras Javier me besaba, me acariciaba y poseía mi cuerpo, haciéndome subir a lo más alto de la montaña del placer, comprendí que alguna vez creí que te amé, pero aquello que sentía no era nada comparado con lo que sentía con Javier. Mis sentimientos por él eran más profundos, más sinceros, más reales, porque eran mutuos, porque ambos sentíamos lo mismo el uno por el otro.

Él era mi hombre y yo irremediablemente, su mujer.

15 DE OCTUBRE (Un año después)

Página 153

Estoy haciendo limpieza y he encontrado este diario. He comenzado a leerlo y me he dado cuenta de lo tonta que fui, pero eso ahora ya no importa mucho.

Hoy soy otra. Estoy más feliz que una perdiz.

¡Me mudo, Arturo! Sí, abandono este maravilloso pisito y me mudo a un lugar más grande, más amplio, con más espacio. Un lugar perfecto para iniciar una nueva vida con mi familia.

¡Estoy embarazada!

Dentro de cuatro meses, seré madre.

Esta experiencia está siendo muy gratificante. Ya empiezo a sentir como mi bebé se mueve dentro de mí y mi barriguita crece día a día.

Javier está entusiasmado. Cada vez que me siento en el sofá, él apoya su cabeza en mi tripita, adora poder sentir a su hijo, sus pataditas, oír su corazón.

Me toca la barriga con admiración y me afirma una y otra vez, que soy el ser más adorable de la Tierra y que estoy aún más hermosa que antes…

Me pregunto si dirá lo mismo cuando no sea capaz ni de atarme los cordones de los zapatos…

Me siento plena y feliz. Creo que no puede haber nada más maravilloso.

Junto a él he conseguido estabilidad emocional, he conseguido sentirme segura, admirada, amada, protegida, deseada… y un sinfín de cosas más que me hacen pensar que soy la mejor mujer del mundo. Tener el ego tan subido no creo que sea bueno, pero no puedo evitarlo. Cada vez que Javier me mira, puedo ver en sus ojos todo el anhelo, todo su amor, todo su deseo. Sí, creo que jamás pensé que pudiera ser tan feliz.

Aún te recuerdo, no creas que te he olvidado del todo, no. Todavía hay cosas que me recuerdan a ti, cuando las veo me vienes a la memoria, pero ya no siento rencor, ni dolor, simplemente te veo, te recuerdo y siento una pequeña punzada en mi corazón, pero muy pequeña.

No sé qué voy a hacer con este diario, no me atrevo a tirarlo pero tampoco deseo que otra persona pueda leerlo. He pensado que cuando termine lo envolveré en un papel bonito y tal vez te lo envíe, sí, quizá haga eso, regalártelo, y si decides algún día leerlo, sabrás de primera mano todo el daño que me hiciste.

No te deseo ningún mal. Esto se debe tal vez, a que he madurado, a que el tiempo me ha hecho crecer y veo las cosas de otra manera. Me

Página 154

siento bien porque en mi interior ya no albergo nada malo hacia ti, nada, eso me hace sentir mejor, me dolía mucho odiarte, sobre todo pensando que una vez te amé tanto.

Solo me queda darte las gracias, sí, aunque parezca extraño debo agradecerte, porque me has enseñado muchas cosas, porque contigo hubo un tiempo en el que también pensé que era feliz, porque gracias a ti he conocido al hombre más maravilloso del Universo.

Gracias.

Solo espero que tú rehagas tu vida y también seas tan feliz como yo. Lo pasado ya no importa, el dolor queda guardado en un rincón, cerrado a cal y canto, olvidado.

Todo está superado.

Gracias.

Carolina.

Página 155

NOTA DE LAAUTORA

Todos los personajes aquí descritos, situaciones, sentimientos y vivencias son totalmente ficticios y fruto de mi imaginación. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, a excepción de Pablo e Inés Santamaría y su madre Raquel, ellos son personas reales, pero su aparición es esta historia es totalmente inventada.

El Centro de Turismo Rural, la localización y todas las descripciones del lugar son auténticas así como los vinos que fabrican y venden. Para

saber más visitar su página web:

http://www.complejoenoturisticosantamaria.com/

Página 156

AGRADECIMIENTOS

Los agradecimientos, es la parte de una novela que más me gusta escribir, y también la que más me cuesta, porque no deseo olvidarme de nadie, pero vamos a por ello.

Quiero agradecer a todas/os aquellas/os que desde las redes sociales, me han dado su apoyo, sus consejos, su seguridad y su cariño.

A todas/os mis compañeros/as escritores/as que me dejan sus mensajes, sus «me gusta» y sus comentarios, que me levantan el ánimo y me ayudan a seguir.

También a todas aquellas blogueras que han leído mis historias y se han tomado la molestia de reseñarlas.

Agradecer especialmente a aquellas personas que me siguen incondicionalmente, a Pily Valverde (dice que soy su escritora favorita y eso me sube el ego hasta el infinito y más allá) a Sonia Bermúdez, que siempre corre rauda y veloz a comprar todos nuestros libros, eres fantástica Sonia. Gracias por perder vuestro valioso tiempo leyendo las tonterías que escribo, por valorarlas, por ser sinceras y ayudarme a mejorar.

A mi familia política, a mi sobrino y a mis sobrinas.

Un gracias, muy especial, a mis hermanas Ana Cristina y Jennifer. Quiero deciros, que si permanecemos juntas y unidas, el mundo se transforma en un lugar mejor para vivir, donde las penas son menos y más llevaderas, donde los sentimientos son más intensos, sinceros y reales, un lugar mejor, en el que jamás estaremos solas, porque nos tendremos las unas a las otras, para las cosas buenas, pero sobre todo para los malos momentos. Os quiero mucho chicas, aunque no sepa demostrarlo.

A mis amigos/as, en especial a Inés Santamaría, por corregir mis relatos, por valorarlos, por sus sabios consejos, por su paciencia y por su cariño incondicional. A Vicente González, por tener siempre tiempo para

Página 157

mí, por sus consejos para convertirme en una escritora seria y respetable y por su ayuda. Os quiero mucho.

Un gracias especial y enorme a mi marido, Teodoro Vaquero, por entenderme, por respetar y aceptar de buen grado la profesión que he elegido, que es dura y ocupa la totalidad de mi tiempo libre, por su apoyo, por su cariño y su amor, que no me cansaré de repetir, no me merezco, pero aun así me lo regala incondicionalmente, por ser el mejor representante que un escritor pueda tener e ir por ahí pregonando que su esposa es escritora, con orgullo. Te amo, tanto que a veces me duele. Gracias por permitirme compartir mi vida a tu lado.

A mis hijas, Desirée, Irene y Ariana, que junto con su papá, procuran no molestarme cuando se dan cuenta de que estoy en pleno proyecto creativo y dejo de ser yo, de sentir, de oír, de hablar y paso todo mi tiempo escribiendo mis historias. Gracias por recordarme que tengo que comer y dormir. Porque sois mi vida, sin vosotros cuatro nada de esto tendría sentido, porque os adoro y os amo con toda la fuerza posible del firmamento.

Y gracias a ti, lector/a, que has apostado por mí, que inviertes tu tiempo en leer mis historias. Espero sinceramente que hayas disfrutado de la lectura, al menos tanto como yo al escribirla.

GRACIAS DE CORAZÓN:

Arman.


FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Suscripcion

📚 Biblioteca Emancipación

Accede y recibe automáticamente cada nuevo libro publicado

Suscríbete gratis

📩 Contacto: emancipacionbiblioteca@gmail.com