NADEZHDA KRÚPSKAYA
Escritos inéditos
sobre la cuestión femenina
1ª Edición, febrero de 2023
Imagen de la portada:
N. Krúpskaya reunida con obreras textiles (1927)
Traducción de los textos inéditos en castellano:
Boliá Doubai Sánchez
De la cubierta, las notas y la edición, Ediciones Mnemosyne. Nuestro trabajo puede ser reproducido, compartido y difun- dido libremente mientras se den los créditos apropiados y sin fines comerciales.
Ediciones Mnemosyne
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NOTA EDITORIAL
Nadezhda Konstantínovna Krúpskaya es otra de esas figu- ras históricas cuya universal reivindicación no ha venido acompañada del interés correspondiente por las posicio- nes teóricas y políticas que mantuvo en vida. Reducida por la burguesía a «mujer de Lenin», y por las mentes estre- chas a simple «secretaria», «pedagoga» o experta en asuntos de biblioteconomía, Krúpskaya fue realmente una temprana marxista, experimentada militante comunista y un cuadro imprescindible del Partido Bolchevique durante lustros, dedicando cerca de medio siglo de su vida a la ac- tividad revolucionaria.
Con esta pequeña edición queremos, por un lado, conti- nuar con nuestra serie de publicaciones sobre la emanci- pación revolucionaria de la mujer soviética; por otro, con- tribuir a quebrar la mala tradición editorial castellana, poco interesada, en general, en la obra de Nadia Krúps- kaya, y usualmente centrada de manera unilateral en sus escritos divulgativos sobre Lenin. Además, esta recopila- ción temática nos acerca a una Krúpskaya poco conocida:
además de su temprano e ignoto folleto sobre la situación de las mujeres trabajadoras en la Rusia zarista–yotros textos y discursos sobre los retos que tenía por delante la política de emancipación femenina bolchevique–, en este volumen el lector encontrará el análisis que la dirigente co- munista hace de la controvertida política familiar (inclu- yendo la prohibición del aborto) que se implantó a media- dos de los años 30, bajo el liderazgo político de Stalin.
Como comprobará el lector, la comunista rusa considera, como el resto de sus camaradas, que la clave para la eman- cipación de la mujer en la U.R.S.S. no estaba en tal o cual aparato organizativo (como el Zhenotdel), sino principal- mente en las grandes transformaciones económicas y so- ciales que implicaron la industrialización y la colectiviza- ción del campo.
En suma, como con todas nuestras publicaciones, desea- mos contribuir al estudio, la reflexión y el debate de los sec- tores conscientes de la clase trabajadora, rescatando aquítextos que por primera vez se publican en nuestro idioma y que, así lo creemos, aportan elementos interesantes para el mejor conocimiento de la historia de la Unión Soviética y la política del bolchevismo.
* * *
Respecto a los criterios de la edición, todos los textos han sido traducidos por Boliá Doubai Sánchez a partir de sus versiones inglesas. En el caso de LA MUJER TRABAJADORA, desde la reciente traducción de M. Costello (2017); el resto de textos, que componen la segunda parte de la presente edición, (LA MUJER SOVIÉTICA: UNA CIUDADANA CON IGUALDAD DE DERECHOS), han sido volcados al castellano a partir del folleto SOVIET WOMAN: A CITIZEN WITH EQUAL RIGHTS, publi- cado en inglés, en 1937, por la moscovita Co-operative Pu- blishing Society of Foreign Workers in the U.S.S.R., casa editorial antecesora de las famosas Ediciones en Lenguas Extranjeras.
Las notas del primer folleto pertenecen a la obra original; la mayoría de las subsiguientes, señaladas con la leyenda N. de la E., a nuestra editorial. Hemos sustituido todas las citas de los clásicos por sus versiones ya publicadas en cas- tellano, quedando todas ellas convenientemente referen- ciadas.
LA MUJER TRABAJADORA (1899)
Introducción
Este panfleto fue escrito hace mucho tiempo, en 1889, en el pueblo siberiano de Shushenskoye, en la región de Mi- nusinsk, en la provincia de Yeniséi, donde estuve exiliada con Vladimir Ilich [Lenin]. Como era mi primer panfleto, me ponía muy nerviosa saber si podría manejarlo. Vladimir Ilich me animó. En aquella época el panfleto no podía ser publicado abiertamente, pues podías ser arrestada por ello. Sólo podía ser publicado clandestinamente. En el año 1900, junto con Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Mártov y Potrésov, Vladimir Ilich viajó al extranjero para editar Iskra como pe- riódico nacional para la distribución ilegal en Rusia. Yo me quedé exiliada en la ciudad de Ufá. Vladimir Ilich enseñó el manuscrito de La mujer trabajadora a Vera Ivánovna Zasú- lich, una vieja revolucionaria a la que apreciaba mucho y cuya opinión respetaba. El comentario de Vera Ivánovna fue: «El panfleto tiene varias inexactitudes, pero coge el toro por los cuernos», y recomendó su publicación. Iskra impri- mió el panfleto y fue reimprimido en una imprenta clandes- tina en Rusia. Hasta el año 1905 no pudo ser imprimido y distribuido abiertamente. Se firmó como «Sablina», un pseudónimo que a veces se utilizaba para mí. Después, fue prohibido de nuevo.
Han pasado veinticinco años desde 1900, y desde enton- ces han ocurrido muchas agitaciones. Tuvieron lugar las re- voluciones de febrero y de octubre. La clase obrera ha lle- gado al poder. Las condiciones de la clase obrera han cam- biado y, de muchas maneras, también han cambiado las condiciones de la mujer trabajadora y de la campesina. Vla- dimir Lenin ha escrito con pasión y maravillosamente bien sobre las condiciones de la mujer trabajadora, sobre sus de- rechos y la necesidad de atraerla hacia la gestión del Estado. Mucho de lo que es bueno también ha sido tratado por otros camaradas. Las Secciones Femeninas del Partido Comu- nista [Zhenotdels] han expandido considerablemente su ac- tividad, y cada día que pasa las mujeres trabajadoras y cam- pesinas tienen más conciencia política, más confianza y par- ticipación en la construcción de una nueva vida.
Las líneas de La mujer trabajadora se han desdibujado con el tiempo. Se han quedado en el pasado.
No obstante, releyendo el panfleto, pensé que debía ac- ceder a la propuesta de los camaradas de reeditar este viejo librillo. Cuando se compara la descripción de las condicio- nes de la mujer trabajadora de entonces con las de ahora, se ve cuán lejos hemos avanzado. Pero también se ve la otra cara, que todavía queda mucho por hacer, y con cuánto em- pecinamiento se debe trabajar para lograr la completa emancipación de la mujer trabajadora.
Echa la vista atrás sobre tu vida, sobre la vida de las mujeres trabajadoras que conozcas, y dirás, en las palabras de [Nikolái] Nekrásov: Oh, pero es duro el destino de la mujer, difícilmente se puede encontrar un destino más duro que el de la mujer.
Ya sea en el pueblo o en la ciudad, la mujer obrera per- manece como «una eterna, perpetua trabajadora». A ella le recae no menos trabajo, sino tal vez más, que al hombre. Comparte la misma pobreza, malnutrición y falta de sueño, pero halla más aflicción y humillación.
Nekrásov tiene un poema llamado Quién vive bien en Rusia. En él, mientras una campesina habla de su amarga vida, dice que una vez una mujer le contó que un peregrino le reveló que «las claves de la felicidad de la mujer, de la gozosa felicidad de la libertad, fueron olvidadas y perdidas
por el mismo Dios… ¡Perdidas! Solo piénsalo, un pez se las
tragó… En cuanto a qué pez fue el que se tragó esas precio- sas llaves y en qué mares vaga, ¡Dios lo ha olvidado!». Loúnico que podía hacer la sierva era quejarse y vivir con la esperanza de que tal vez Dios recordara dónde están escon- didas esas llaves. La trabajadora fabril renunció a esa espe- ranza y sólo ahora está comenzando, tanteando a ciegas y casi subconscientemente, a buscar esas llaves por sí misma. En cuanto a dónde debería la mujer buscar esas claves, las llaves de la felicidad, de la jubilosa felicidad de la libertad, de eso trata precisamente este folleto. Examinaremos las condiciones de la mujer trabajadora, de la campesina que trabaja en la industria artesanal, en la fábrica o en el taller. Veremos que las condiciones de la mujer trabajadora son particularmente difíciles porque es miembro de la clase
obrera, cuyas condiciones están estrechamente unidas a las condiciones de toda la clase trabajadora y que sólo la victoria de la clase obrera, del proletariado, pueden liberar a las mujeres. Asimismo, examinaremos el estado de depen- dencia al que la mujer trabajadora está sujeta en la familia, la subyugación de las mujeres por los hombres. Señalare- mos las razones de tal dependencia y mostraremos que la mujer sólo puede llegar a una posición de total independen- cia simultáneamente con la victoria del proletariado.
Finalmente, demostraremos que, como madre, la mujer trabajadora tiene interés en esa victoria. Sólo en la lucha, tomadas del brazo por la causa de los trabajadores, pueden las mujeres encontrar la llave para «la alegre felicidad de la libertad».
N. KRÚPSKAYA 1925
I. La mujer como miembro de la clase trabajadora
Examinemos las condiciones de la mujer trabajadora, comenzando por la campesina. Debe abordar todo tipo de pesado trabajo de campo, sin descanso durante la cosecha pues, en muchos lugares, las mujeres aran y recolectan junto a los hombres. Además de ello, soportan la carga de
ocuparse de las aves de corral y el ganado, las tareas domés- ticas, la confección de ropa y el cuidado de los hijos; de he- cho, es imposible enumerar todas las tareas que recaen en la mujer campesina.
La vida es particularmente dura para la mujer en una fa- milia pobre. Aparte del trabajo pesado, debe sufrir constan- temente miseria, preocupaciones, humillación y dolor. Al mismo tiempo, la ruina de los pueblos ha avanzado en losúltimos años. Pocas familias están relativamente mejor, y la mayoría se ha empobrecido de una u otra manera. Incluso aquéllas que estaban en una posición intermedia se están empobreciendo. La gente se está volviendo más baja, más débil, envejece antes cada año y el número de familias que no tienen ni un caballo o sólo tienen uno está en aumento.
Hoy en día, en Rusia, hay alrededor de tres millones de familias sin caballos y el mismo número de familias con un solo caballo, de un total de diez millones de familias. ¿Quéclase de familia es una que no tiene caballo o sólo tiene uno?¿Cómo se puede trabajar la tierra adecuadamente sin un ca- ballo? La tierra mal trabajada y mal abonada proporciona unos rendimientos muy pobres. Un terreno sobreexplotado no puede alimentar a un campesino y su familia. El campe- sino tiene que conseguir pan para alimentar a la familia y dinero para pagar impuestos perseguido por la necesidad, por lo que se convierte en un deudor insolvente del kulak. Se ve obligado a firmar contratos de trabajo, que lo empujan a trabajar para saldar su deuda. Atado de pies y manos, se convierte en una suerte de trabajador asalariado para la per- sona que le prestó grano o dinero. En realidad, es propieta- rio sólo de palabra, pues se convierte en un trabajador con- tratado por otros para alimentarse a sí mismo y a su familia. Y no vive mejor que un trabajador, comiendo sólo pan y casi muerto de hambre. La constante malnutrición drena su fuerza y lleva casi siempre a la ruptura de la familia, desper- digándose sus miembros para buscar trabajo remunerado. A menudo, la familia vive en la penumbra, en cabañas sin
calefacción… No hay reservas previstas para los días de llu- via, y la gente sobrevive día a día, por lo que cada mala co- secha trae hambre y desastre.
A lo largo de los últimos 100 años el pueblo ruso ha su- frido 51 hambrunas, es decir, cada dos años como mínimo
ocurre una mala cosecha. El hambre se convierte en un as- pecto normal de la vida. El hambre de las últimas décadas se ilustra por los horrores de la ruina completa, el escorbuto, las enfermedades del hambre y las consiguientes muertes que traen al campesino pobre.
Millones de personas se mueren de hambre y la vida de la mujer campesina en esas familias tan golpeadas por la po- breza elude toda descripción. Ella, de la misma manera que su esposo, batalla contra el polvo, el barro y el frío por un trozo de tierra labrada, se obliga a trabajar para algún pro- pietario cercano o para su semejante, un campesino adine- rado; lucha para ganar un centavo adicional, pasa hambre,
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cae enferma de hambre, debe cuidar a sus hijos y trabaja in- fatigablemente, como su esposo. La mujer agradece prácti- camente cualquier ganancia como jornalera y viaja a pie a
otras provincias en busca de trabajo.
Cada primavera, decenas de miles de trabajadores, siendo al menos la mitad mujeres jóvenes y menores, dejan esas provincias donde las parcelas de tierra son pequeñas y con una tierra pobre. Se mueven hacia el sur a las regiones del Don, la Táurida, Ekaterinoslav y el Cáucaso. Van a pie, subsisten virtualmente de lo que pueden mendigar, deam- bulando de ciudad a ciudad hasta que encuentran trabajo. Aquellos que los contratan no les dan nada voluntariamente y se aprovechan de la indefensión de los que buscan empleo, entre los que sufren más las mujeres jóvenes. Hay unas po- cas noticias en los periódicos de audiencias en los tribunales que ilustran todos los horrores de las situaciones en que es- tas mujeres jóvenes se encuentran cuando están buscando trabajo.
En la mayoría de las provincias, los pueblos se dedican no sólo a la agricultura, sino también a lo que se llama la industria artesanal. Hacen trabajo manual en casa y la pro- ducción es en su mayor parte vendida a un intermediario. Las industrias artesanales son varias: tejido, producción de sombreros, punto, curado, cerámica, producción de lámpa- ras, clavos, cubertería, samovares, ruedas de carretas, cu- charas e iconos, cerraduras, y mucho más. Es frecuente que toda la familia del artesano esté involucrada en una deter- minada industria, incluyendo las mujeres y los niños. Los niños comienzan a trabajar a los cinco u ocho años. Tam- bién hay industrias específicamente femeninas, como la
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producción de encaje y el cosido de flecos. Las mujeres desa- rrollan a menudo operaciones pesadas como el pisado de arcilla, golpeado de lana, fabricación de clavos y martillado- ras en forjas, etcétera. Las ganancias en la industria artesa- nal son irrisorias. Así, los zapateros de Kimry ganan cuatro
o cinco rublos al mes y producen su propia comida; los teje- dores en la región Medyn de la provincia de Kaluga y los productores de encaje de la provincia de Moscú ganan 10 kopeks al día. El trabajo dura entre 16 y 19 horas al día. Para hacernos una idea de la industria artesanal, pongamos un ejemplo de la producción de tapetes y de la mayoría de cal- zado para campesinos de fibra vegetal, que está muy exten- dido en Kaluga, Viatka, Kostroma, Nizhni Nóvgorod y otras provincias. El trabajo dura hasta 18 horas al día e involucra a toda la familia.
Los niños comienzan a recolectar fibra vegetal a los cinco años, y a partir de los ocho años trabajan lo mismo que los adultos. La temporada de invierno dura seis meses, durante los cuales un grupo bien entrenado de cuatro personas gana de 20 a 25 rublos. Para cuando llega la primavera, los tra- bajadores de la fibra están tan débiles que se van tamba- leando como borrachos. La triste y degradada condición del cerrajero que trabaja desde casa del pueblo Pávlov, yendo de un lado a otro, desde el prestamista y de vuelta, es lo que mejor caracteriza la costumbre del pueblo de Pávlov de«empeñar esposas». Incluso trabajando a toda máquina, una familia completa no puede ganar lo suficiente para aguantar desde un lunes de mercado hasta el siguiente, y debe pasarse toda la semana buscando ingresos adicionales. Por tanto, cada semana deben empeñar lo que han
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conseguido. En día de mercado, el artesano lleva una mues- tra de sus bienes a un comprador, y cuando se ponen de acuerdo en el precio, entonces se obliga a entregar los bie- nes antes de cierta hora. Pero los bienes, mientras tanto, han sido empeñados al prestamista y el campesino no tiene los recursos para pagar, así que lleva a su esposa a la tienda, coge los bienes que había prometido entregar a la tienda del comprador y deja a su esposa como garantía para recogerla cuando reciba el pago por los bienes. De esta manera el tra- bajador y su esposa están forzados a maniobrar de un lado a otro.
Con el paso de los años, la pobreza en aumento lleva al artesano-campesino a las ciudades. Alterna el trabajo en su propio negocio con el trabajo en una fábrica. La misma ne- cesidad lleva también a la artesana-campesina a la ciudad. El trabajo de la mujer es muy demandado en molinos, espe- cialmente con las maquinarias de hilado de algodón y pro- cesado de seda. En los molinos de algodón hay, incluso, más mujeres que hombres. Por otra parte, en algunas industrias, como en las fundiciones de acero, no hay mujeres salvo en
ocasiones excepcionales.
El número total de mujeres empleadas en molinos y fá- bricas en 1890 en la Rusia europea era de aproximadamente un cuarto de millón, y desde entonces el número ha incre- mentado considerablemente. Allá donde el trabajo feme- nino se ha vuelto común, por ejemplo, en molinos de algo- dón, los salarios de las mujeres, a pesar de ser más bajos que los de los hombres, no lo son significativamente. Un inves- tigador ha calculado que el salario de las mujeres es cuatro quintas partes del salario de los hombres en esas industrias.
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Las mujeres que trabajan a destajo no producen menos que los hombres. Se debe mencionar, con todo, que en estas in- dustrias a los hombres se les paga un salario relativamente bajo, y que apenas es suficiente para poder vivir.
Donde el trabajo femenino sólo es encontrado esporádi- camente, el salario de las mujeres es tan bajo que no se puede vivir de él, por lo que el salario femenino sirve como un mero suplemento a los ingresos de la familia, y si la mu- jer vive sola entonces la pobreza le obliga a vender no sólo su fuerza de trabajo, sino también a sí misma. La prostitu- ción provee los ingresos adicionales necesarios. Cuando tra- baja en una fábrica, la mujer tiene las mismas horas que el hombre (según una ley del 2 de junio es de 11 horas y me- dia). La ley no especifica un límite en la duración de la jor- nada laboral para las mujeres. Sólo hay un decreto sobre el trabajo femenino en nuestra legislación, que prohíbe el tra- bajo nocturno de las mujeres en la industria textil.1 Pero si la mujer trabaja en el mismo establecimiento que el cabeza de familia, por ejemplo, el padre o el marido, entonces se le permite trabajar por la noche. Trabajan a menudo en edifi- cios sofocantes, polvorientos o húmedos, con un trabajo agotador y monótono. Este trabajo tan extremadamente da-ñino lastima la salud de las mujeres, al mismo nivel que su pobre alimentación y viviendas. La comida tosca, que puede ser tolerada más fácilmente cuando se desarrollan trabajos físicos en el exterior, es dañina para el ya debilitado orga- nismo del trabajador de fábrica. Del mismo modo, las mu- jeres generalmente comen aún peor que los hombres.
1 La industria textil es aquella que abarca el procesamiento de di- versos materiales fibrosos: lino, lana, algodón, gomaespuma.
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Organizan su propia cooperativa de preparación de comida para mujeres, donde la comida es peor que la que tienen los hombres, y si entran en una cooperativa masculina, gastan menos, pero renuncian a la carne.
El salario de la mujer es más bajo que el del hombre, y se ve forzada a reducir el consumo de comida. La vivienda en los distritos industriales es mala, sucia y extremadamente cara. Hay tantas personas abarrotadas por la noche que los dueños de los barrios, a menudo, no saben cuánta gente vive en ellos. El hedor es impactante. Por ejemplo, en los distri- tos industriales de San Petersburgo las viviendas son más caras que en la Avenida Nevski. El precio del alquiler por una noche en una habitación para dos personas va de 1 ru- blo y 25 kopeks a 4 rublos al mes. Las cosas no son mejores en las residencias de las fábricas. A nadie le sorprenderáque, en estas condiciones, la mujer trabajadora de fábrica sufra todo tipo de enfermedades. Las mujeres sufren más las condiciones perjudiciales de la fábrica que los hombres, y los médicos de las fábricas se dan cuenta de que las muje- res trabajadoras enferman más a menudo y con mayor se- riedad que los hombres.
Además del trabajo en el molino, las mujeres trabajado- ras aceptan empleos en la ciudad, de costureras, sombrere- ras, floristas y fabricantes de corsés. Pero para asegurar in- gresos de la artesanía, se debe haber sido aprendiz durante años, y eso se debe pagar, por lo que queda fuera del alcance de muchos. Además, incluso con formación se gana poco. Lo mejor es encontrar trabajo en los talleres grandes que suministran a las tiendas. Pero los salarios ahí son extraor- dinariamente bajos. Las horas de trabajo no son más cortas
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que en el molino. Hay una ley de 1785 que establece que los aprendices comienzan a las seis de la mañana y trabajan hasta las seis de la tarde, con un descanso de una hora y me- dia para la cena y media hora para el desayuno, lo que re- sulta en un total de 10 horas de trabajo, pero esta ley es so- bre el papel y no se cumple en ningún sitio. No hay supervi- sión en las escuelas de aprendizaje y la mayoría de los aprendices nunca ha oído hablar de tal ley. Sólo en la zona
occidental del país, donde los aprendices están más unidos y actúan juntos, ha habido algunos casos en que los propie- tarios han sido forzados por las huelgas a mantener la norma de la jornada de 10 horas. Generalmente, sin em- bargo, el trabajo en las escuelas de aprendizaje durante la«temporada alta» continúa virtualmente durante toda la noche. Los trabajadores cualificados no trabajan durante las 11 horas y media que se trabajan en los molinos, sino mientras les duren las fuerzas, durmiendo en los bancos o en el suelo desnudo. Las «temporadas altas» van seguidas de bajas involuntarias, las cuales deben ser «disfrutadas»por las mujeres trabajadoras sin un centavo en sus bolsillos.
Por tanto, la posición de la mujer trabajadora es extre- madamente dura en todo el país, pues sufre lo mismo que el hombre trabajador. Como él, trabaja sin aliento, sufre po- breza y, justo como él, pertenece a la clase más desfavore- cida y oprimida de la sociedad. La mujer trabajadora es un miembro de la clase obrera, y todos sus intereses están es- trechamente atados a los intereses de esa clase.
Cuando cambie la suerte de la clase obrera, la posición de la mujer trabajadora cambiará. Si se mantiene en la ig- norancia miserable y sin derechos, entonces la mujertrabajadora continuará arrastrando la misma existencia mi- serable que tiene hoy en día. Por tanto, la mujer trabajadora no puede ser indiferente a si la clase obrera cambia su des- tino. La causa obrera es su propia y preciada causa vital. Está tan ligada a ella como lo está el hombre trabajador. En- tonces, ¿en qué consiste esta «causa de los trabajadores»?
Los trabajadores están insatisfechos con sus condicio- nes, pues ven que toda la riqueza es creada por sus manos, y, sin embargo, por su trabajo sólo reciben lo justo para ali- mentarse a sí mismos y mantener su fuerza de trabajo. No trabajan para sí mismos, sino para los dueños de los moli- nos, de la tierra, de las minas, de las tiendas y del resto, o, como se suele llamar a estas clases, la burguesía.
Todas las leyes están redactadas para servir a las clases propietarias, y el país entero está dirigido en función de los intereses de la burguesía. Los trabajadores no forman parte de la redacción de las leyes, ni de la administración del país. Su labor es trabajar, trabajar para otros infatigablemente, pagar impuestos y tasas, mantenerse en silencio y soportar dócilmente el frío y el hambre, y sufrir la denigración de su dignidad personal.
Los trabajadores quieren cambiar este orden de cosas. Quieren que no haya clases, que no haya ricos ni pobres, que la tierra, los molinos y fábricas, los talleres y las minas per- tenezcan no a particulares sino al conjunto de la sociedad, y que todo esté administrado por ella. Hoy en día, los propie- tarios sólo piensan en cómo enriquecerse. No piensan en la salud, la comodidad y la prosperidad de los obreros que tra- bajan para ellos. La vida de los seres humanos que trabajan no vale nada para ellos, el beneficio es su principal objetivo.
Cuando el control de la producción pase de las manos de los propietarios particulares a las manos de la sociedad, en- tonces cambiarán las cosas. La sociedad se preocupará de hacer lo posible para que todo el mundo viva bien, asegu- rándose de que cada persona tenga lo necesario, con el sufi- ciente tiempo libre para disfrutar una vida plena, para dis- frutar toda la felicidad y placer que existe. Los trabajadores saben que no deben temer que no haya suficientes bienes.
Desde la introducción de las máquinas, que han incre- mentado tanto la productividad del trabajo humano, y las nuevas formas de cultivar el suelo que han incrementado tanto su fertilidad, no hay razón para tener miedo de eso. Habrá suficiente para todo el mundo. Bajo las condiciones existentes, la gente vive en la pobreza, pero no porque no
haya suficiente grano, ropa… El grano permanece cargado en las vías férreas, y se pudre esperando a compradores, mientras, junto a él, las masas trabajadoras se hinchan por el hambre y mueren. Los almacenes de las fábricas de los propietarios revientan de bienes sin vender, mientras a sus puertas se amontonan los trabajadores buscando empleo.
Cuando la producción sea gestionada por la sociedad, todo el mundo tendrá que trabajar, pero el trabajo no serátan arduo como lo es hoy en día, pues se hará todo lo posible para aligerar los aspectos más desagradables del trabajo, y no será en fábricas sofocantes, apestosas e infectas, sino que será en edificios bien iluminados, espaciosos, secos y bien ventilados. El trabajo no durará tanto como hoy en día, por- que todo funcionará y, a diferencia de hoy en día, no se veráa algunos trabajadores, incluyendo niños y mujeres emba- razadas, haciendo sobreesfuerzos por su carga de trabajo mientras otros se ven obligados a estar ociosos, desocupa-
dos y buscando un trabajo desesperadamente… todo el mundo tendrá que trabajar, pero no será el trabajo forzado, agotador y degradante al que está condenada la clase obrera actualmente.
La sociedad se hará cargo del cuidado de los débiles, los enfermos y los ancianos. El futuro no contendrá miedo, el miedo a morirse en cualquier lugar, en un patio trasero, o a vivir como un mendigo dependiente de otros. La gente no tendrá miedo, si enferma, de que su familia se vea desam- parada, pues la sociedad en su conjunto será responsable de la crianza de los niños, su cuidado y de hacerlos crecer para convertirse en individuos fuertes, sanos e inteligentes, útiles y cultos, presentables como buenos ciudadanos.
Aquellos que quieren este estado de cosas y que luchan para conseguirlo son llamados socialistas.
Particularmente entre los trabajadores hay muchos so- cialistas. En Alemania, Bélgica, Francia y algunos otros paí- ses hay millones de socialistas y están organizados en parti- dos obreros, que actúan al unísono y defienden sus intereses comunes juntos, y han logrado grandes avances. Cada día que pasa el número de socialistas crece.
Los trabajadores no pueden esperar que una mejora en sus condiciones les sea concedida por otros: ni el zar ni Dios los ayudará. El zar contempla todo a través de los ojos de los capitalistas y de la nobleza, colmándolos de favores y garan- tizándoles todo tipo de derechos. Les cede la administración del país y considera a los obreros que se alzan en defensa de sus derechos como alborotadores, mientras expresa pom- posamente su gratitud a las tropas por abatir a trabajadores desarmados en huelga. Así ocurrió en 1895 con los distur- bios en el molino textil de Korzinkin en Yaroslavl. Es cierto que el zar dice que el bienestar de los dueños de las fábricas y el bienestar de los trabajadores ocupan el mismo lugar en su corazón, pero sólo un ciego podría dejar de ver que son palabras vacías.
Dios no ayuda a los pobres. Sus sirvientes sólo sermo- nean a los oprimidos, a aquellos que apenas pueden alimen- tarse, sobre las virtudes de la paciencia y la humildad, el amor a sus opresores, y el pecado de la codicia; a las perso- nas que trabajan de 16 a 18 horas al día, sobre el pecado de la pereza; y hablan sobre el reino de los cielos mientras ha- cen lo posible por distraer toda idea que puedan tener los
obreros sobre unir fuerzas para conseguir una vida mejor en la tierra. También es un pecado pensar en esta tierra y que- jarse, y los pecados son castigados por Dios misericordioso.
No, los trabajadores no pueden esperar nada de Dios o del zar. También es una pérdida de tiempo esperar que los capitalistas cambien de opinión y dejen de explotarlos, igual que sería una pérdida de tiempo esperar que los lobos dejen de comerse a las ovejas o que los pájaros renuncien a captu- rar insectos. Los capitalistas viven de explotar la fuerza de trabajo y nunca renunciarán a explotarla.
Los trabajadores del mundo saben que sólo pueden con- fiar en sí mismos, y que deben conseguir un mejor destino en la tierra, que por sí solos están completamente desampa- rados e indefensos, pero que una vez estén todos unidos en un gran ejército, serán un poder irresistible, un poder que vendrá por sí solo. Cuanto más actúan de común acuerdo los trabajadores, cuanto más contundentemente luchan por sus derechos, más claramente llegan a apreciar la línea de lucha y reconocer su objetivo, y más grande es el poder que representarán. No es casualidad que los lemas «¡Proleta- rios2 del mundo, uníos!» y «¡Uno para todos y todos para uno!» sean repetidos en las reuniones de trabajadores. Los trabajadores tienen que llevar a cabo una larga y decidida lucha. Se debe luchar por cada paso hacia delante.
Primero los trabajadores luchan por las reivindicaciones más próximas a ellos; por aumentos de sueldo, por una me- nor jornada laboral, por la eliminación de todas las formas de abuso que les prohíben hacer huelga, celebrar reuniones para discutir sus asuntos y formar sindicatos. No se les per- mite escribir a los periódicos sobre sus necesidades y sus demandas. En todas las confrontaciones entre patrones y trabajadores, el Gobierno toma partido por los patrones. Los trabajadores se dan cuenta de que para tener una orga- nización adecuada en aras de luchar contra los dueños de las fábricas necesitan tener libertad de huelga, de reunión y de sindicación, tener libertad de expresión y de prensa. Sin embargo, también ven que los altos funcionarios siempre se ponen del lado de los potentados y los ricos, y siempre pro- mulgan leyes en contra de los trabajadores para mantener- los en la oscuridad y en la ignorancia. Imponen cada vez más impuestos y deducciones. Todo esto continuará hasta que los trabajadores, a través de sus representantes electos,
2_ Con «proletario» nos referimos a una persona que no tiene pose- siones y que vive sólo de lo que recibe por trabajar contratado por otras personas, o, como dicen los libros, vive de vender su fuerza de trabajo. Un trabajador es un proletario, pues sólo vive de vender su fuerza de trabajo.
tengan voz y voto en las leyes y el gobierno de la sociedad. Los trabajadores, por lo tanto, demandan que el país sea go- bernado según las leyes aprobadas por el Parlamento (una asamblea de representantes populares), que el funciona- riado que controla el país tenga que responder ante el Par- lamento por sus acciones, para que ningún impuesto o de- ducción pueda ser impuesto a la gente sin la aprobación del Parlamento, y que el Parlamento decida el uso del dinero recaudado de la gente.
Los trabajadores demandan el sufragio universal e igua- litario, lo que les permitiría enviar a sus propios represen- tantes al Parlamento. Dicho de otra manera, lo que los tra- bajadores demandan es libertad política. Sin libertad polí- tica y sin participación en el gobierno del país, los trabaja- dores nunca podrán obtener el preciado objetivo de un or- den social socialista. Por lo tanto, los trabajadores de todos los países luchan por la libertad política, y ya hay parlamen- tos en todos los países europeos donde los trabajadores tie- nen cierta voz en su administración. No obstante, en mu- chos países la participación es todavía muy débil, pero sólo en Rusia no hay ninguna participación, sólo en Rusia hay trabajadores y otros ciudadanos que están completamente excluidos de participar en la elaboración de las leyes y en la administración del país, pues todo es decidido por los fun- cionarios zaristas que sólo responden ante sí mismos. En esos países donde hay libertad política, los trabajadores es- tán organizados en partidos y ya han podido conseguir mu- cho, y sus condiciones son notablemente mejores que en Rusia. En Rusia, la lucha por la causa de los trabajadores está apenas comenzando, y el movimiento obrero está en estado embrionario, pero en todos los rincones de Rusia hoy en día se han plantado las semillas de la lucha, y cada año que pase el movimiento obrero crecerá y se hará más fuerte.
Entonces, ¿cómo debería la mujer trabajadora relacio- narse con la lucha para lograr la causa obrera? ¿Debería for- mar parte de ella?
A menudo ocurre que la mujer adopta una actitud muy negativa frente al involucramiento de su marido en la causa
obrera. Malinterpreta completamente en qué está partici- pando, y sólo ve peligros en ello. A menudo no sabe nada en absoluto de la causa o del movimiento obrero y, por tanto, no entiende a su marido ni simpatiza con él. Trata de cual- quier manera de interferir con sus estudios y es hostil con sus amigos. Los jóvenes obreros políticamente conscientes a menudo declaran que es difícil encontrar una esposa que simpatice con ellos en sus actividades, ya que no quieren ca- sarse con alguien que las pueda arruinar.
También hay obreros políticamente conscientes que piensan que las mujeres no deberían involucrarse en la lu- cha por la causa obrera, que no les concierne y que sería mu- cho mejor que sólo los hombres continuaran la lucha. Éste es un enfoque equivocado. Sería difícil que los hombres ga- naran por sí mismos. Si las mujeres no se unen al movi- miento obrero, si son hostiles hacia él, siempre serán un
obstáculo. Digamos que los hombres trabajadores organi- zan una huelga y que el empleador está dispuesto a ceder, pero las mujeres se ofrecen a hacerse cargo del trabajo de los hombres; entonces, la huelga está perdida. ¡Quién sabe el alcance del daño que las mujeres que no están organiza- das, que no participan en el movimiento obrero, pueden crear! Impedir a las mujeres unirse a la lucha es lo mismo que dejar a la mitad del ejército obrero sin organizar.
La mayoría de los obreros políticamente conscientes comprenden que es esencial que, en la lucha por la causa
obrera, las mujeres vayan codo con codo con los hombres para aumentar el número de las tropas del ejército militante
obrero, y para conseguir la victoria. Y las mujeres no serán excluidas. En la medida en que comienzan a participar en el trabajo productivo, ven cada vez más claramente que sus in- tereses son los mismos que los del hombre trabajador, y en- tienden que su propia liberación está estrechamente ligada a la liberación de la clase obrera. Ven que no tienen otra op- ción que luchar por la causa obrera.
En la parte occidental del Imperio ruso, las mujeres más comprometidas políticamente ya están afiliadas al movi- miento. Ayudan a los trabajadores en su lucha y siguen atentamente lo que se dice y lo que se escribe sobre el mo- vimiento obrero. Participan en encuentros de masas, cele- bran el Primero de Mayo y se organizan y fundan sus pro- pios periódicos femeninos. El movimiento femenino crece cada año.
En algunas partes de Rusia las mujeres también están comenzando a participar en la lucha. Por ejemplo, podemos mencionar la huelga de mujeres en la fábrica de tabaco La- ferme en San Petersburgo en 1895, las fábricas de cigarrillos de Brest-Litovsk y Belostok en 1897, y más recientemente en la fábrica de cigarrillos Katz en Kiev, los fabricantes de calcetines en Vilna, y las huelgas en Riga y Sérpujov en los talleres Konshin, y otros. Además de todos ellos, hombres y mujeres abandonan juntos los molinos de algodón.
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II. Las condiciones de las
mujeres trabajadoras en la familia
Por supuesto, las mujeres trabajadoras sufren no sólo porque salen a trabajar, sino también por ser mujeres, por depender de los hombres.
Desde la edad más temprana, la campesina trabaja en la familia de sus padres como jornalera. Es vista como mera propiedad de sus padres, que la pueden hacer trabajar desde la mañana hasta la noche, la pueden mandar fuera a traba- jar y quitarle todas sus ganancias. Veamos un ejemplo de hasta qué punto la campesina es vista como la propiedad de su padre. Ha habido cierto número de casos en los que la comunidad de un pueblo ha prohibido a una chica casarse hasta que su padre pague todos los atrasos de sus deudas. En este caso, la chica no cuenta en absoluto, pues es vista como propiedad que puede ser retenida por deudas. Las chi- cas a menudo son casadas con personas a las que ni siquiera conocen. El ritual de la lamentación, que sobrevive en todas partes y se representa en la fiesta para mujeres en la víspera de la boda, muestra qué poca felicidad les espera. Cuando una novia es elegida, las cualidades que se buscan en ella es que sea sana, que trabaje bien y sea fuerte, ágil y robusta. La chica deja la familia de su padre por la de su marido. Ahí, como antes, trabaja sin respiro, y, como antes, continúa subordinada. Sí que ocurre, por supuesto, que el hombre y la mujer se lleven bien y acaben amándose, pero incluso en- tonces la mujer no es protegida contra lo que se conoce como la «instrucción marital». La campesina que no ha su- frido una paliza de su marido es una rareza y la mujer, por
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tanto, se acostumbra a ver las palizas como una cuestión de rutina a no ser que el marido sea particularmente brutal. Pero incluso entonces no se le permite a la mujer dejar a su marido. Él tiene todo el poder para no permitirle un pasa- porte propio, y dondequiera que vaya puede hacerla traer de vuelta bajo custodia.
¿Cómo se puede explicar este estado de subordinación de las mujeres? El hombre como patrón da todas las órde- nes y la mujer sólo está ahí para cumplirlas. El hombre de- cide todo: cuándo se comienza a arar y a sembrar, qué tra- bajos se aceptan o no; es el hombre quien recibe el dinero para pagar impuestos, y vender grano y ganado también es su responsabilidad. Decidir todos los entresijos del trabajo le corresponde a él. Como es el hombre el que dirige el ho- gar, es él quien forma parte de los debates sobre los asuntos de la comunidad que son decididos en reuniones sobre la tierra y la asignación de los impuestos, etcétera. La mujer es excluida de todos los asuntos sociales, está atada a los asun- tos domésticos y de los niños. El marido es el cabeza de fa- milia porque el hogar depende de él. El marido es el cabeza de familia también porque toda la propiedad, la tierra, la casa, el ganado y todo lo demás le pertenece.
A la mujer se la «mete en casa». Por eso es tan poco va- lorada, y por eso la mujer, según la costumbre campesina, es vista como propiedad, apreciada únicamente por su ca- pacidad para trabajar.
En la industria artesanal, donde este negocio sólo es un suplemento a la agricultura, la posición de la mujer apenas cambia y, aunque ayuda a su marido, eso no la hace más in- dependiente. Pero allá donde la agricultura retrocede y las
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ganancias de la industria artesanal son la principal fuente de ingresos, cuando la mujer gana lo suficiente para tener una vida fuera de la familia, entonces cambian las cosas. La voz de la mujer adquiere más importancia en la familia y el divorcio es más fácil. Allá donde la mujer, gracias a jugar un rol en la producción, consigue independencia y puede obte- ner a veces una parcela de tierra, gana entonces el derecho a poseer la tierra plenamente y en los mismos términos que un hombre. En esas ramas de la industria, donde el trabajo de las mujeres es habitual, la mujer que trabaja en fábricas sólo recibe un poco menos salario que los hombres, y puede alimentarse a sí misma. El hombre deja de ser el sostén de la familia, ella se vale por sí misma y, cuando el marido no trabaja, ella lo mantiene. Trabaja en la fábrica de manera completamente separada e independiente de su marido en lugar de bajo su mando como las campesinas. Todo esto, es decir, el trabajo independiente de la mujer con unos ingre- sos independientes, no hace más que cambiar las relaciones entre marido y mujer.
La mujer deja de ser esclava del marido y se convierte en un miembro igual de la familia. La dependencia total res- pecto del marido deviene igualdad. Ya no es tan fácil que los padres «vendan» en matrimonio a una chica de fábrica que se mantiene a sí misma desde joven. Puede elegir un esposo que encaje con ella. En los entornos industriales, las bodas son celebradas más por el mutuo acuerdo que por cálculos materiales. Cuando el marido y la mujer no se llevan bien, es más fácil que se separen que en el campo, pues en caso de que se separen no destruirían un negocio familiar porque cada uno de ellos puede obtener sus propios ingresos.
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El divorcio es mucho más común entre obreros fabriles que entre campesinos. Es más, entre ellos las relaciones li- bres entre hombres y mujeres son la regla general. Hombres y mujeres trabajan juntos y las condiciones de las residen- cias de las fábricas contribuyen a que las relaciones extra- matrimoniales sean fáciles, incluso demasiado fáciles.¿Cómo podría ser de otro modo? En las residencias de las fábricas, la separación de sexos en las habitaciones no es la norma, y en la gran mayoría de fábricas prevalece la com- pleta mezcla de sexos y edades. Niños y adultos, hombres y mujeres, solteros y casados, comparten los mismos dormi- torios y literas. ¿Cómo van a poder averiguar quién está «le- galmente» casado o no? Entre los trabajadores, aquellos que están en relaciones extramatrimoniales tienen los mis- mos derechos que los que están legalmente casados. En este tipo de relaciones, la mujer es más libre que si fuera la «es- posa de su marido», pues no está subordinada al hombre con el que vive. Él no tiene derechos sobre ella y no puede, por ejemplo, negarse a permitirle tener un pasaporte o for-
zarla a vivir con ella… Dicho de otra manera, unos ingresos independientes liberan a la mujer del poder de los hombres. Pero si la mujer gana demasiado poco como para poder subsistir, pues el salario de la mujer es muy bajo en todas las ramas de la industria donde el trabajo femenino no es todavía frecuente, y también en ciertos comercios, tiene que vivir con sus padres o su marido. Y si no tiene ni una cosa ni la otra, se ve forzada a buscar ingresos adicionales en la prostitución. Recientemente, en mayo de 1899 en Riga, hubo grandes disturbios por esta cuestión. Comenzaron por el hecho de que unas mujeres en un molino de yuta habían
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pedido un aumento de salario y partieron como grupo a la
oficina del gobernador para quejarse de la gestión de la fá- brica. Por el camino, las mujeres fueron detenidas y ence- rradas en el parque Aleksándrov. Cuando salieron del tra- bajo, los hombres trabajadores de la fábrica Phoenix y algu- nos otros comenzaron a liberar a las mujeres por la fuerza. El gobernador llamó al ejército y del 5 al 15 de mayo, Riga se convirtió en un campo de batalla donde los soldados dis- paraban contra los trabajadores, y los trabajadores respon- dían tirando piedras a los militares, rompían ventanas y prendían fuego a edificios. Pero la mayor parte de la furia de los trabajadores se dirigió contra los burdeles, y once de ellos fueron destruidos en una sola noche. ¿Por qué ataca- ron los trabajadores a los burdeles? ¿Qué tenían que ver con la huelga y los disturbios de los trabajadores? ¿Qué tenían que ver los burdeles? Resulta que cuando los trabajadores anunciaron que era imposible que sus esposas pudieran subsistir con los ingresos que recibían, las autoridades les dijeron cínicamente que podían obtener ingresos adiciona- les de los burdeles. De esa manera, la prostitución fue de- clarada como la única manera en que una mujer que vivía de sus ingresos podía complementar su lamentable sueldo.¿Quién puede culpar a una mujer golpeada por la pobreza por venderse a sí misma, por preferir los únicos ingresos de fácil acceso a la existencia miserable, el hambre y en ocasio- nes la muerte por hambre? Hay que tener en cuenta que no hay nada placentero en ser prostituta. Uno no tiene más que escuchar con qué desprecio los burgueses y sus mujeres ha- blan de las degeneradas trabajadores fabriles, y con qué hi- pócrita repugnancia estas mujeres que nunca han conocido
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la pobreza pronuncian la palabra «prostituta». ¡Los acadé- micos burgueses aseguran que las prostitutas no son escla- vas, sino personas que han escogido ese camino! Es la misma hipocresía que lleva a insistir que nadie impide a un trabajador dejar cierta fábrica donde es imposible respirar con el polvo, los vapores tóxicos, etcétera. Siguen traba- jando ahí «voluntariamente» de 16 a 18 horas al día.
Pero si una mujer recibe unos míseros centavos por su trabajo y no está forzada a venderse a sí misma, si todavía permanece sostenida por su marido o sus padres, sigue sin tener la independencia de una mujer que no necesita la ayuda de nadie. Debe estar subordinada a aquellos que la mantienen, pues le es imposible subsistir sin su ayuda.3
Por tanto, vemos que unos ingresos independientes libe- ran a la mujer trabajadora, como mujer, y la hacen igual al hombre. Sólo cuando está contratada en una gran industria puede ser libre. Uno debe, sin embargo, remarcar que, en primer lugar, hay relativamente pocas mujeres que ganen salarios en la fábrica y el molino. Como hemos visto, en 1890 había sólo alrededor de un cuarto de millón. Hoy ese número es mucho más alto, pero, a pesar de ello,
3 Lo mismo puede decirse del trabajo de una mujer en lo que se conoce como «industria doméstica». Muchas fábricas están felices de asignar trabajo para que se haga en casa. Por ejemplo, los due-ños de las fábricas dan, por trabajo externo, el encolado de tubos de cigarrillos y envoltorios de dulces, etc. Para asegurar ese tra- bajo, quienes lo toman reducen al mínimo lo que cobran. Son tra- bajadoras a destajo y reciben salarios tan bajos que, incluso traba- jando desde la mañana hasta la noche, sin descanso, sólo obtienen centavos. Aceptan ese trabajo ya que no hay alternativa, y hasta las ganancias más míseras sirven de sustento a la familia. Pero, clara- mente, ese trabajo a domicilio no le da independencia a la mujer, sino que sólo le resta fuerza.
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probablemente no sea más de medio millón. En segundo lu- gar, en muchas ramas de la industria el trabajo femenino está tan mal pagado que la mujer trabajadora no puede sub- sistir sólo con ese dinero. Además, incluso cuando la mujer recibe un salario relativamente bueno, debe estar preparada para la eventual introducción de maquinaria o para un re- traso en la producción que la pongan en la calle en un sus- piro. ¿Entonces, qué? O se convierte otra vez en una carga para su marido y sus parientes, de nuevo siendo depen- diente, o sobrevive con la prostitución.
Sólo la victoria completa de los trabajadores que luchan para sustituir el orden actual por un orden socialista puede liberar completamente a las mujeres. Ya hemos dicho que, bajo el socialismo, en un sistema socialista, todas las perso- nas adultas y sanas trabajarán y, por lo tanto, eso incluye a las mujeres, exceptuando, por su puesto, a las embarazadas y las lactantes. Pero, a cambio, todos compartiremos los be- neficios producidos, a todos se les garantizarán los medios de subsistencia, y por tanto también a las mujeres. La de- pendencia de las mujeres respecto de los hombres hoy en día se debe a que los hombres mantienen a las mujeres, ya sea a la esposa, a la amante o a la hija. Cuando eso cese, las mujeres serán libres respecto de los hombres. Por lo tanto, vemos que la mujer tiene un doble interés en el éxito de la causa de los trabajadores: como trabajadora y como mujer. Las palabras «¡Proletarios del mundo, uníos!» no pueden dejar de encontrar una respuesta en el corazón de la mujer. Ella no puede hacer más que unirse a las filas de los lucha- dores por un sistema socialista, por un futuro mejor.
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III. Las mujeres y la crianza de los hijos
Para la mujer trabajadora, la vida familiar supone estar ligada al cuidado incesante de los niños. No hay posibilidad de que ella eduque al niño, sólo puede alimentarlo.
Con el nacimiento de un hijo, la mujer campesina se en- frenta a tareas adicionales. Al fin y al cabo, no se puede salir a trabajar y cuidar de los niños a la vez. El trabajo no espera a nadie y la campesina sale a trabajar dejando a los niños al cuidado de alguna anciana endeble o de los hijos mayores. Cualquiera que haya vivido en un pueblo sabe lo que signi- fica cuidarlos. Antes de ser destetado, a un bebé se le mete en la boca un cuerno de alimentación agrio y se le da de co- mer todo tipo de verduras junto con pan negro masticado, luego es envuelto en una piel de oveja, es mecido en una cuna hasta que pierde el conocimiento, se le mantiene en una cabaña mal ventilada y por la noche se le saca fuera casi desnudo. La madre lo alimenta de vez en cuando. Todavía se sigue escuchando la historia de una «niñera» de entre seis y ocho años que dejó caer o golpeó a un bebé, o lo quemó o le hizo otra cosa, lo que sea que le venga a la mente a una niña de seis años... Pero incluso si la madre misma está cuidando al niño, las cosas apenas son mejores. No tiene ni idea de cómo se forma un organismo humano, cómo se desarrolla un niño, qué necesita para crecer fuerte, ro- busto y saludable. La mujer campesina se guía principal- mente por la costumbre y la superstición. Pero incluso si su- piera cómo criar a un hijo, entonces, ni siquiera con la mejor voluntad del mundo podría hacer lo que se necesita. Un niño necesita limpieza, calor y aire fresco, pero hay diez
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personas viviendo en una casa de campo, que no tiene cale- facción, y hay pieles de oveja, terneros y todo lo demás alre- dedor. Quiera o no, lo abandona como a un trabajo incó- modo. Cuando el niño está enfermo, la madre no tiene idea de qué hacer y, a menudo, no hay dónde ir para recibir tra- tamiento. Lo peor de todo es cuando la enfermedad es in- fecciosa, como la viruela, la escarlatina, etc. Cuando el niño necesita estar aislado, ¿cómo se puede hacer si toda la fami- lia vive en la cabaña? Así, los niños se infectan unos a otros y mueren por falta de ayuda. No es de extrañar que en los pueblos la mitad de los niños mueran antes de los cinco años. Sólo los más resistentes sobreviven.
Veamos ahora cómo están las cosas con la escolarización de los niños campesinos. Muy a menudo no hay escuela en el pueblo y aprender a leer y escribir es una cuestión de suerte. Pero incluso cuando hay una escuela en la aldea, los campesinos a menudo no pueden permitirse el lujo de man- dar allí a sus hijos. Los niños son necesarios en casa para cuidar a los hermanos y hermanas menores, atender en la tienda y ayudar con todo tipo de tareas domésticas. A veces no hay ropa para ir a la escuela, especialmente si es en algún lugar de un pueblo vecino. Esos niños que van a la escuela aprenden más o menos a leer, escribir y contar, pero mal. Las escuelas en Rusia son muy malas y los maestros tienen prohibido enseñar algo que no sea lo básico.
El gobierno se beneficia de mantener a la gente en la ig- norancia, y por ello está prohibido en las escuelas describir
o dar a los niños libros para que lean sobre cómo otros pue- blos han conseguido la libertad y cómo son sus leyes y sus sistemas. Está prohibido explicar por qué algunas personas
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tienen tales y cuales reglas mientras que otras tienen otras, por qué algunas personas son pobres y otras son ricas. En suma, las escuelas tienen prohibido decir la verdad y los maestros sólo deben enseñar a los niños a honrar a Dios y al zar. La gente que está en el poder se cuida mucho de que ningún maestro deje escapar ciertas verdades, y escoge a los maestros de entre los que no entienden nada. Por tanto, el niño sale de la escuela sabiendo tan poco como cuando en- tró. Por lo general, la madre tampoco puede enseñarle nada, ya que ella misma es ignorante.4 Así habla León Tolstói de la ignorancia del campesino ruso en la boca de un soldado en su obra El poder de las tinieblas:
Y entonces, ¿qué saben ustedes, las mujeres? Son como cachorros ciegos que meten la nariz en estiércol. Un hom- bre al menos pasa un tiempo en el ejército, monta en tren y va a la ciudad, pero¿túqué has visto? Aparte de tus asque- rosos trucos de mujer, no sabes nada.
Lo mejor que puede esperar es enseñar a su hijo a guar- dar ayuno y a respetar los rituales de la iglesia, a temer a Dios y a sus ancianos, a respetar a los ricos y a enseñarle humildad y paciencia... De esta manera es poco probable que sus hijos sean más felices y más libres o puedan enten- der el significado de las palabras: «Todos para uno y uno para todos», y es dudoso si serán mejores para conseguir justicia y tomar partido por la justicia.
4 La mujer es una esclava en la casa y ser dependiente es lo que la define.
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Todo lo que hemos dicho sobre la mujer campesina como educadora se puede aplicar a la mujer como madre que trabaja en la industria artesanal. Sabe tan poco como la campesina abrumada por el trabajo y es igual de impotente para educar a sus hijos. Los niños son atraídos a las artesa- nías caseras entre los cinco y los ocho años, cuando se les da algunas tareas simples para llevar a cabo, pero trabajan como adultos y, a menudo, las mismas horas. Dicho trabajo es destructivo para el organismo del niño, socava su salud y embota sus capacidades mentales. Sin moverse, sin aire limpio en una cabaña sofocante, el niño se vuelve enfermizo. El trabajo monótono de la mañana a la noche afecta a su intelecto, no lo desarrolla, y así el niño se vuelve perezoso y estúpido. No puede haber escolarización de ningún tipo. Los trabajadores a domicilio sólo pueden alimentarse en cierto modo cuando toda la familia, los ancianos y los niños trabajan sin descanso. ¿Qué escolarización puede haber en esas circunstancias?
La mujer que trabaja en el molino se caracteriza por su mala salud. El organismo de la mujer sufre más por las con- diciones nocivas del trabajo fabril. Y una mujer débil o en- ferma engendra hijos débiles. Un estudio ha hallado que:
Cuando una mujer en la industria cerillera se casa─y teniendo en cuenta que las mujeres y los niños constituyen la mayor parte de la fuerza laboral en esta industria─, se convierte en el caldo de cultivo para una generación enfer- miza y sólo viva a medias, similar a la suya, empeorada por una serie de enfermedades que conducen a una muerte temprana.
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En nuestra legislación fabril no existen leyes que limiten
o aligeren el trabajo de las mujeres embarazadas. Única- mente en las normas que rigen la custodia y dispensación del dinero recaudado en concepto de multas a los trabaja- dores de la fábrica se establece que ese dinero «podrá ser utilizado», entre otras cosas, para pagar subsidios a las tra- bajadoras en la última etapa del embarazo y que dejen de trabajar hasta una quincena antes de dar a luz. No hay, por tanto, ninguna prestación obligatoria, sino una mera previ- sión de que tal pago «puede» hacerse; es decir, dicha con- tingencia se deja totalmente al arbitrio del propietario de la fábrica. De hecho, tales prestaciones no se otorgan casi en ninguna parte. Sin ayuda y con miedo a perder su trabajo, la trabajadora sigue adelante casi hasta la víspera del parto, y regresa al trabajo antes de recuperarse por completo. Es por eso por lo que las mujeres de las fábricas sufren a me- nudo abortos espontáneos, partos prematuros y todo tipo de dolencias femeninas. La vida con hijos es muy difícil para la mujer trabajadora. Al llegar a casa cansada de la fábrica tiene que ponerse a lavar la ropa, coser, limpiar, alimentar y lavar al niño. A veces la madre se llena de alegría cuando una vecina le da la idea de alimentar al niño con una bebida hecha con semilla de amapola, con la que el niño duerme tranquilo y la madre está feliz. No tiene idea de que con esa bebida está envenenando a su hijo, ya que hay mucho opio en las amapolas y el opio es un veneno aterrador, que puede convertir al niño en un completo idiota. Cuando sale a tra- bajar durante el día, la trabajadora de la fábrica deja a los niños al cuidado de una vecina anciana, y cuando han
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crecido un poco se quedan sin nadie que los supervise. Los niños prácticamente crecen al aire libre. No comen bien, tie- nen frío, andan andrajosos y sucios desde pequeños y se cansan de ver borracheras, libertinajes, peleas y mucho más. Así es como crecen los niños de edad preescolar. Hay escuelas en la ciudad, pero suelen estar abarrotadas, por lo que es difícil ingresar en ellas y las fábricas y los molinos no siempre tienen sus propias escuelas. La ley «permite» a los dueños de las fábricas crear escuelas para los hijos de los trabajadores, pero no les obliga a hacerlo. Así que no todos los hijos de los trabajadores van a la escuela. Cuando los ni-ños alcanzan la edad en que son aceptados en las fábricas (según nuestra legislación fabril, los niños comienzan a los 12 años), comienzan a valerse por sí mismos y pronto se vuelven completamente independientes. En general, la tra- bajadora de la fábrica sufre mucho por sus hijos y experi- menta muchas preocupaciones, pero rara vez los ve y los ni-ños crecen como prácticamente extraños para ella.
Si tenemos en cuenta lo difícil que es ser una obrera fa- bril con hijos, sobre todo si el hijo es ilegítimo y su mante- nimiento recae enteramente en la madre, entonces enten- deremos por qué muchas veces la mujer se ve obligada a en- tregar a sus hijos a un hospital de expósitos o a una mujer que se especialice en el cuidado de niños. Los periódicos a veces publican historias de que en ésta o aquella gran ciudad industrial se ha descubierto una «obra de ángeles». Esto es cuando una mujer se gana la vida cobrando por criar bebés en brazos y luego, a través la inanición, alimentándolos con
opio y de otras maneras, los envía tan pronto como sea po- sible al otro mundo, convirtiéndolos, por así decirlo, en
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«ángeles». Después de una vista en el juzgado, la fabricante de «ángeles» es sentenciada a trabajos forzados, pero luego, en otro lugar, las mismas condiciones dan lugar a otras«obras de ángeles»; a una trabajadora de fábrica le resulta imposible alimentar a un niño.
Al hijo de una sirvienta interna le espera el mismo des- tino. Se supone que una sirvienta no debe tener familia. En todas partes, una condición de empleo para las sirvientas es que no deben recibir visitas de hombres, y la mujer casada es aceptada de mala gana si su esposo la visita. Una sirvienta con hijos nunca es empleada. Así, al asumir su puesto, la sirvienta ha concluido un contrato a plazo sobre todo su fu- turo. En este aspecto, su situación es peor que la de la obrera fabril, ya que esta última trabaja un número determinado de horas y después de ellas es dueña de sí misma. Una sir- vienta interna nunca puede disponer de sí misma, ya que todo su tiempo pertenece a sus amos. Éstos normalmente no le permiten tener tiempo para estar con los niños y, por lo tanto, le guste o no, tiene que entregar a su hijo a un hos- pital para expósitos.
Así, vemos que en la mayoría de los casos la mujer tra- bajadora se encuentra en una situación en la que le es total- mente imposible criar adecuadamente a sus propios hijos. No está preparada en absoluto para cumplir el papel de criar a sus hijos, ya que no sabe lo que es perjudicial o bueno para un niño y no sabe cómo educarlo. «Sin aprender, no puedes ni reparar un zapato», tal y como escribió la socialista ale- mana [Clara] Zetkin5 en su conocido folleto sobre el
5 Zetkin es una de las líderes más destacadas y talentosas del mo- vimiento de mujeres trabajadoras en Alemania.
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movimiento femenino en Alemania. ¿Es realmente posible creer que para criar a un ser humano no es necesario estar debidamente preparado? Pero incluso si la mujer trabaja- dora fuera formada para el papel de educadora en sus con- diciones actuales, esto sería casi una pérdida de tiempo. No tendría tiempo suficiente, ni los medios para educar a sus hijos. Lo único en lo que puede pensar es en asegurarse de que sus hijos estén alimentados y vestidos. Pero a menudo no está en condiciones siquiera de garantizar que los estó- magos de sus hijos estén llenos y se ve obligada a dejarlos a merced del destino. Tal es el estado de cosas bajo el actual sistema social.
¿Cómo será la crianza y la educación de los niños en un sistema socialista? Ya hemos dicho que los socialistas de- fienden la educación social de los niños. El burgués indig- nado exclama: «¡Esos terribles socialistas quieren destruir la familia y alejar a los niños de sus padres!». Eso es, por supuesto, una sandez, ya que tal cosa está fuera de discu- sión. Nadie en ninguna parte ha tenido en mente quitarles los hijos a sus padres. Cuando se habla de una crianza social de los niños se quiere decir, en primer lugar, que las preo- cupaciones de mantenerlos serán alejadas de los padres y que la sociedad proporcionará al niño no sólo los medios de subsistencia, sino que se preocupará de velar de que tiene todo lo necesario para su pleno desarrollo, en todos los sen- tidos. El momento más difícil para criar a los niños es antes de que tengan la edad suficiente para ir a la escuela. En los países de Europa occidental ya existen los llamados «jardi- nes de infancia». Cuando una madre va a trabajar, se lleva a sus hijos pequeños y los deja en el jardín de infancia hasta
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que termina. Puede estar relajada en el trabajo porque sabe que ninguna desgracia sobrevendrá a sus hijos pequeños, ya que están en manos de numerosos maestros y su afectuoso cuidado. Las risas y el sonido de las voces de los niños anun- cian la presencia de la casa y el patio del jardín de infancia. A primera vista puede parecer que no hay ningún orden allí, pero eso es sólo una apariencia. Hay programas estableci- dos para sus actividades. Se dividen en grupos y cada grupo se pone con sus tareas. Cavan la tierra, riegan y desmalezan las hileras de plantas, limpian las verduras en la cocina, la- van los platos, cepillan la madera, pegan cosas, cosen, dibu- jan, cantan, leen y juegan. Todo juego y cualquier otra acti- vidad enseña algo, y lo principal es que el niño sea educado para ser ordenado, laborioso, aprenda a no pelearse con sus amigos y a ceder terreno a los demás sin caprichos ni lágri- mas. Los maestros saben cómo mantener ocupados a los ni-ños de tres y cuatro años, cómo hacerlos comer y acostarlos a tiempo. Extienden colchones anchos en el suelo y los niños se acuestan uno al lado del otro, cubiertos por una manta común. ¡Qué diferente es esa forma de pasar el tiempo en el jardín de infancia del deambular sin rumbo de esquina en esquina al que están condenados los niños que no tienen a nadie con tiempo para ocuparlos! «¡No interrumpas! ¡No estorbes! ¡Limpia!», es lo que les dicen a los niños en casa todo el tiempo. Sin embargo, hay que decir que todavía hay muy pocos jardines de infancia buenos, incluso en Europa
occidental. Hemos dado la descripción de un jardín de in- fancia sólo para mostrar que la educación de los niños puede comenzar desde una edad temprana y que en un jar- dín de infancia social los niños pueden pasar su tiempo con
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grandes beneficios para sí mismos, y mucho más felices que en casa. Si incluso hoy en día hay buenos jardines de infan- cia, éstos serán mucho mejores en una sociedad socialista. Dado que los hijos de todos los miembros de la sociedad se- rán cuidados en dichos jardines de infancia, será del interés de todos velar por que se organicen de la mejor manera po- sible. Luego, los niños pasan del jardín de infancia a la es- cuela. En una sociedad socialista las escuelas, por supuesto, no serán como las de hoy en día. En las escuelas del futuro los alumnos adquirirán muchos más conocimientos y tam- bién se acostumbrarán al trabajo productivo. La caracterís- tica principal de estas escuelas es que no sólo enseñarán, sino que también desarrollarán su potencial espiritual y fí- sico, para que sean educados como ciudadanos útiles y enér- gicos.
El burgués, que no tiene que preocuparse por cómo ali- mentar y educar a los niños, que puede poner varias habita- ciones bien iluminadas a disposición de sus propios hijos, que puede proporcionar todo tipo de comodidades, contra- tar a todo tipo de nodrizas, doncellas, institutrices, sirvien- tes y maestros, puede mirar con indignación la provisión so- cial de la educación. Las mujeres trabajadoras no pueden dejar de reconocer todos los beneficios de la educación so- cial. Los sentimientos maternales le hacen desear la educa- ción social de los niños, un sistema socialista, ¡y la victoria de la causa obrera!
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IV. Conclusión
Hemos observado que a pesar de lo duro que puede re- sultar el trabajo fabril para la mujer trabajadora, éste tiene su lado positivo: un salario independiente libera a la mujer del dominio de un hombre, pues ella se vuelve mucho más independiente de él. El trabajo en la fábrica tiene otro lado positivo, ya que despierta la conciencia de clase de la mujer.
Expliquemos lo que esto significa. Cuando una mujer en- tra en una fábrica ve que hay presión sobre ella para que trabaje todo lo posible por la menor recompensa imagina- ble, a través de la reducción de sus tasas de pago, multas y siendo engañada. El capataz, el gerente y otros superiores le gritan todo el tiempo. Los conflictos cotidianos suscitan en la trabajadora una conciencia de que sus intereses y los del dueño de la fábrica son completamente opuestos. Él está in- teresado en hacer que ella trabaje tanto como sea posible por el salario más bajo. Además de eso, es en la fábrica donde la mujer trabajadora se encuentra cara a cara con la clase patronal e involuntariamente compara sus condicio- nes con las del patrón. Él tiene en sus manos todo el trabajo, mientras que ella no tiene nada.
El patrón vive en el lujo, y ella medio muerta de hambre.Él da órdenes a todos los trabajadores, los maltrata y los despide. Su destino está en sus manos, mientras ella vive con la expectativa de que en cualquier momento la pueden echar a la calle. Ella es consciente su impotencia total, de que está indefensa frente al dueño. Cada pequeño conflicto con el capataz o el empleado saca a relucir la amargura de ser un ser humano oprimido, y eso la indigna. Y no es la
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única que se siente así. A su lado están cientos de otras mu- jeres y hombres trabajadores en la misma posición que ella. Todo que le afecta les afecta también a ellos; lo que le enoja a ella también los enoja a ellos. Y lo que es más, no puede permanecer indiferente ante cualquier ofensa o injusticia infligida a cualquiera de sus camaradas trabajadores.
Todo esto le preocupa profundamente, y lo tiene claro. Poco a poco comienza a darse cuenta de que las mujeres y los hombres que trabajan junto a ella no son sólo compañe- ros de trabajo, sino compañeros en espíritu, y de que com- parte con ellos intereses y sentimientos comunes. Ellos son sus camaradas porque son trabajadores. El significado de las palabras «todos para uno y uno para todos» se vuelve cada vez más claro para la mujer trabajadora. Cuando se producen enfrentamientos con la gerencia, ve que sus ca- maradas siempre están listos para respaldarla y ella lista para apoyarlos. Los mismos conflictos le muestran que si bien es débil cuando está sola, deja de serlo cuando actúa junto con sus camaradas. Ella cada vez entiende mejor que«la unión hace la fuerza».
Los choques con la policía y con todo tipo de autorida- des, los exilios y las persecuciones a los trabajadores, la prohibición de discutir sus problemas y de formar sindica-
tos… dejan claro que el gobierno está del lado de los encum- brados y los ricos. Le enseñan la necesidad de la lucha polí- tica y la necesidad de conquistar para los trabajadores el de- recho a participar en la elaboración de las leyes y en la forma de dirigir el país.
Poco a poco, la mujer va comprendiendo que la libertad política es necesaria para que la clase obrera consiga un
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destino mejor, y que sin la organización de la clase trabaja- dora un sistema socialista es imposible. Así, poco a poco, la conciencia de clase nace en la mujer trabajadora. Por su- puesto, todo esto no sucede en un santiamén, ya que a veces hacen falta años para ello, y no todas las mujeres que traba- jan en una fábrica son capaces de apreciar sus condiciones con el mismo grado de conciencia. A pesar de ello, trabajar en una fábrica prepara a las mujeres para la lucha por la causa de los trabajadores de la misma manera de la que pre- para a los hombres para la batalla.
Pastores austríacos, sacerdotes católicos belgas y suizos y muchos amables caballeros se encargan de tratar de tener leyes que prohíban a las mujeres trabajar en las fábricas. Culpan al trabajo en las fábricas de alejar a las mujeres de la familia y argumentan que es perjudicial para su salud. Todo esto es así, pero olvidan una cosa: que la pobreza em- puja a las mujeres a las fábricas, y que las mujeres que fue- ran expulsadas de las fábricas tendrían que buscar otras fuentes de ingresos. Se volverían a llevar el trabajo a casa y se verían atrapadas en industrias artesanales, y estarían
obligadas a esforzarse aún más en ese trabajo. Otra posibi- lidad es que no tuvieran más opción que venderse a sí mis- mas. Esos amables caballeros sienten pena por la mujer tra- bajadora, pero no aprecian la posición en la que se encuen- tra. Tampoco comprenden el efecto liberador del trabajo fa- bril en las mujeres. Creen que luchar por la causa de los tra- bajadores es malo y que sería mucho mejor para una mujer quedarse en casa y no participar. Las propias trabajadoras ven las cosas de manera algo diferente. Se pronuncian en contra de prohibir a las mujeres trabajar en las fábricas.
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Las mujeres suelen cobrar menos que los hombres. Por lo tanto, a los dueños de las fábricas les complace tener mano de obra femenina en sus fábricas y, a veces, reempla- zar a los hombres por mujeres. Es por eso que muchos hom- bres trabajadores querrían leyes para mantener a las muje- res fuera de las fábricas. Ven a las mujeres como competi- doras peligrosas que reducen el precio del trabajo al ofrecer su trabajo por debajo de las tasas de subsistencia. Pero ¿quépasaría si los trabajadores obtuvieran tal prohibición? ¿Se- rían capaces de ocupar el lugar de las mujeres desplazadas? No.
Los dueños de las fábricas nunca estarían de acuerdo con reemplazar el trabajo barato de las mujeres con hombres más caros. Sabemos por la historia de la legislación fabril que cuando se introdujo una ley que limitaba el uso del tra- bajo infantil, los empleadores no sustituyeron el trabajo in- fantil por el trabajo más caro de los adultos. Introdujeron maquinaria nueva y actualizada con la ayuda de la cual po- dían prescindir del trabajo infantil. Sería lo mismo si alguna ley prohibiera el trabajo de las mujeres. Los patrones intro- ducirían nuevas máquinas y los hombres habrían conse- guido muy poco. No, para evitar que las mujeres hagan re- ducir sus salarios, los hombres no deben exigir leyes que ex- cluyan a las mujeres, sino insistir en la igualdad de remune- ración para hombres y mujeres. Entonces el dueño de la fá- brica no tendría base para preferir el trabajo de las mujeres al de los hombres.
Hoy en día, el empleador prefiere el trabajo de la mujer al de los hombres no sólo porque la mano de obra femenina es más barata sino también porque las mujeres son más
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obedientes y comprometidas que los hombres, y los patro- nes pueden explotarlas a su antojo. Por lo tanto, los hom- bres deben ayudar a las trabajadoras a organizarse, a des- pertar la conciencia de clase en ellas, ya que las mujeres conscientes y organizadas serán menos receptivas a las exi- gencias [del patrón] y no se dejarán retorcer por el dedo me-ñique del jefe.
Si la trabajadora no puede aceptar que se prohíba el tra- bajo de la mujer, entonces no puede sino querer leyes fabri- les que protejan su vida, su salud y sus intereses.
Los representantes de los sindicatos de trabajadores de todos los países se reunieron en un congreso internacional en 1897 en Zúrich, Suiza. Discutieron medidas para la pro- tección de la salud y la seguridad en todos los países y, con respecto a la protección del trabajo femenino, resolvieron hacer campaña en todas partes para:
1. La protección legal integral y efectiva de la salud y la seguridad de todas las mujeres que trabajan en fábri- cas y de las trabajadoras de oficina en industrias grandes y pequeñas, en artesanías, establecimientos comerciales,
oficinas de Correos, agencias de telégrafos y teléfonos, en los ferrocarriles, en el transporte marítimo y en otros lugares, y para cubrir también las industrias artesanales. La protección efectiva se define como que la que existe no sólo en papel, sino que se aplica en la realidad. Para que ése sea el caso, debe haber un castigo severo para los dueños de las fábricas que no cumplan con la ley, y el nombramiento de una inspección de fábrica bien dotada e independiente para garantizar la aplicación de la ley.
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2. El Congreso ha resuelto que, por encima de todo, la jornada laboral de todas las mujeres trabajadoras de fábrica y otras trabajadoras no debe exceder las ocho ho- ras y las 44 horas a la semana. El trabajo debe terminar al mediodía los sábados para que las mujeres tengan ga- rantizado el tiempo libre hasta el lunes, un descanso de al menos 42 horas.
3. Que se prohíba estrictamente a los empresarios asignar a las trabajadoras fabriles y de cualquier otro lu- gar trabajo extra para llevar a casa después de completar sus turnos.
4. Alrededor de la fecha de salida de cuentas, las ma- dres no pueden dedicarse al trabajo manufacturero du- rante un total de ocho semanas antes y después del parto; y que haya en todos los casos un mínimo de seis semanas para ser despedidas después del nacimiento. La ley debe enumerar las ramas de la industria en las que no debe emplearse a mujeres embarazadas. Durante el permiso por embarazo, la mujer debe recibir una com- pensación por la pérdida de salario que nunca debe ser inferior a su salario habitual, a cargo del Estado o el mu- nicipio.
5. Deben existir leyes especiales de salud y protección para cubrir a las trabajadoras de las aldeas y a las sir- vientas que brinden niveles de protección que no sean peores que para otras categorías de mujeres empleadas.
6. El Congreso demanda que se pague de manera igual el trabajo de hombres y mujeres que realicen el mismo trabajo.
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Entonces, ¿cómo van a asegurar los trabajadores la im- plementación de las demandas del Congreso? Se discutirán públicamente, en forma impresa y en reuniones. Las de- mandas se formularán como peticiones al parlamento, peti- ciones firmadas por muchas personas, a veces por miles. Los representantes de los trabajadores exigirán en el parla- mento que se decreten las leyes correspondientes y así ase- gurar la implementación de las demandas del Congreso.
Aquí en Rusia no se puede discutir abiertamente las con- diciones de los trabajadores ni presentar peticiones, y no te- nemos parlamento. Es ridículo esperar que el gobierno im- plemente las demandas del Congreso. Toda ley que favo- rezca a los trabajadores debe ganarse en la lucha, tal como se ganó en las luchas de 1885 y 1887; pero incluso cuando se gana, su implementación es constantemente ignorada y no implementada. Para ganar una protección laboral ge- nuina, los trabajadores deben ganar la libertad política, como lo han hecho sus hermanos, los trabajadores euro- peos. La lucha política es la única vía para que los trabaja- dores logren mejoras en sus condiciones. En la lucha por mejores condiciones de trabajo, por la libertad política y por un futuro mejor, la mujer trabajadora irá codo con codo con hombre trabajador.
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LA MUJER SOVIÉTICA: UNA CIUDADANA CON IGUALDAD DE DERECHOS
RECOPILACIÓN DE ARTÍCULOS Y DISCURSOS
1. LUCHANDO POR LA LIBERTAD
Conferencia pronunciada en el Instituto de Educación Radiofónica de Masas
La posición de la mujer depende enteramente del sis- tema social imperante. En una tierra de esclavitud, de ser- vidumbre, la mujer es una esclava, una esclava del terrate- niente, una esclava de su marido. Tampoco tiene ningún de- recho bajo la ley. En la época del capitalismo, que es en realidad esclavitud asalariada, la mujer trabajadora de- pende de los patrones, de quienes la contratan y de su ma- rido. El miedo al desempleo pone a la mujer trabajadora en poder de los empresarios. En la época del capitalismo y la prostitución encubierta, las relaciones familiares son gober- nadas principalmente por consideraciones materiales; los derechos políticos de las mujeres son restringidos. Sólo el socialismo puede llevar a las mujeres a la emancipación completa en su vida laboral y familiar, y dotarlas de los mis- mos derechos en todos los campos de actividad. Esta depen- dencia de la posición de la mujer respecto del sistema social está clara e indubitablemente expuesta en la doctrina de Marx y Engels, y este punto de vista ha sido siempre defen- dido por nuestro Partido. Desde su fundación, el Partido Bolchevique ha luchado por la igualdad de derechos de las mujeres.
En 1899, mientras estaba en el exilio, Lenin consideró la cuestión de un Programa para el Partido. En ese momento el Partido aún no tenía programa. Sólo había un borrador elaborado por el grupo Emancipación del Trabajo. Al
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discutir este Programa en un artículo titulado El proyecto de Programa de nuestro Partido, Lenin escribió que la cláusula 9 de la parte práctica del programa, que pedía la revisión completa del código civil y penal, la «supresión de la división en estamentos y de los castigos incompatibles con la dignidad humana»1, también debería contener las pa- labras: «plena igualdad de derechos entre la mujer y el hom- bre».2
El Programa del Partido adoptado en el Segundo Con- greso encarnaba estas ideas de Lenin.
En 1907, en su informe sobre el Congreso Internacional de Stuttgart, Lenin señaló con satisfacción que el Congreso había condenado las tácticas oportunistas de los socialde- mócratas austríacos, que habían iniciado la lucha por el su- fragio masculino, dejando el derecho al sufragio femenino para «después».
Las mujeres de nuestro país se cubrieron de gloria en la lucha por su emancipación. Tomaron parte activa en todas las luchas políticas de la clase obrera y lucharon con ardor por el poder soviético.
En Rusia la servidumbre existió hasta los años sesenta del siglo pasado. Mientras que en otros países europeos ya había sido abolida, aún prevalecía en Rusia. Ahora apenas queda una sola mujer que pueda contar historias del duro destino de la campesina rusa, de lo que tenía que sufrir bajo la servidumbre. Nuestros jóvenes hoy en día aprenden
1 LENIN, V. I.: El proyecto de Programa de nuestro Partido; en Obras Completas, tomo 4, p. 239. Editorial Progreso, Moscú, 1981. | N. de la E.
2 Ibídem.
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sobre la servidumbre sólo a través de la literatura, con las
obras de [Mijaíl Saltykov] Shchedrín, los poemas de Nekrá- sov y otros clásicos que proporcionan vívidas imágenes de la posición de la mujer bajo la servidumbre.
La servidumbre fue reemplazada por el capitalismo. Este nuevo sistema necesitaba «manos libres». Sin embargo, los capitalistas se esforzaron por mantener a los trabajadores, que ya no eran siervos, en la oscuridad y la ignorancia, por- que era mucho más simple y fácil explotar a la gente igno- rante y atrasada. El zar instigó en todos los sentidos los in- tentos de los terratenientes y capitalistas de preservar los vestigios del antiguo sistema, y les permitió emplear las for- mas de explotación más crudas y descarnadas. Los capita- listas de Europa occidental aplastan a sus trabajadores de una manera más sutil. Se esfuerzan por ocultar su robo a estos últimos, para engañarlos. El robo flagrante a los tra- bajadores por parte de los capitalistas rusos se dio en dos sentidos. Por un lado, permitió la explotación ilimitada, pero por otro lado abrió los ojos incluso de los trabajadores más atrasados acerca del verdadero estado de cosas. Las for- mas de explotación fueron especialmente flagrantes en el Cáucaso y en Asia. No fue casualidad que en estos distritos las mujeres estuvieran más oprimidas que en otros lugares.
Las mujeres de la clase media intelectual (maestras, ofi- cinistas, enfermeras y similares) fueron las más afectadas por la abolición de la servidumbre. Entraron en una lucha activa por su emancipación, y en muchos casos se unieron a los movimientos revolucionarios de su tiempo. La intelec- tualidad también estuvo muy influenciada por la Guerra
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Civil estadounidense (1861-1865), que se hizo eco de sus sentimientos con respecto a la abolición de la esclavitud.
Pero mientras que las mujeres intelectuales de Rusia eran a menudo más libres en sus acciones y más revolucio- narias que las del extranjero, el «silencio de las edades» to- davía reinaba «en las profundidades de Rusia», como escri- bió Nekrásov, y las campesinas seguían siendo esclavas en el pleno sentido de la palabra.
La persistencia de la esclavitud en la vida de una mujer rusa está vívidamente retratada en la historia de Gorki La conclusión, escrita en 1895.
El amplio movimiento obrero de los años noventa atrajo a cientos de mujeres trabajadoras a la lucha revolucionaria. El 9 de enero de 1905, las trabajadoras marcharon hacia
el Palacio de Invierno junto con sus maridos y hermanos y, al igual que ellos, fueron abatidas. En la Revolución de 1905 las mujeres trabajadoras marcharon hombro con hombro con los hombres.
La Guerra Mundial que estalló en 1914 atrajo a un gran número de mujeres y niñas a las fábricas y otorgó mucha más autosuficiencia a las mujeres campesinas en las gran- jas. Las mujeres que trabajaban en las fábricas se desarro- llaron muy rápidamente. La agitación contra el zarismo, que había arrastrado al país a una guerra de rapiña, encontróuna respuesta especialmente cálida por parte de ellas. No fue casualidad que la Revolución de Febrero comenzara con una manifestación de mujeres trabajadoras que marcharon a las calles el 8 de marzo (23 de febrero en el viejo calenda- rio) gritando: «¡Abajo la guerra! ¡Dadnos pan!».
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Pero la Revolución de Febrero, aunque derrocó al za- rismo, no derrocó el poder de los terratenientes y capitalis- tas, no liberó a las trabajadoras y campesinas; simplemente las ayudó a orientarse en los problemas que las agitaban, las ayudó a organizarse.
En los preparativos de la Revolución Socialista de Octu- bre, las obreras de Petrogrado, las esposas de los obreros que habían sido conducidos a los campos de batalla, jugaron un papel no poco importante. Continuaron con la agitación bolchevique entre los soldados y participaron en la manifes- tación por el poder soviético, vinculando estrechamente toda su actividad con la lucha revolucionaria general de la clase trabajadora.
Las principales consignas de la Revolución de Octubre, que incitaron a las masas, fueron «¡Paz!» y «¡Tierra!». Estas consignas estaban cerca de los intereses tanto de los traba- jadores como de los campesinos, de las mujeres trabajado- ras y campesinas.
La Revolución Socialista de Octubre otorgó a las mujeres trabajadoras y campesinas los mismos derechos que a los hombres en todos los aspectos, barriendo todo rastro de la vieja desigualdad ante la ley. Pero la igualdad ante la ley es sólo la mitad de la batalla ganada. Lo más importante es la emancipación real de las mujeres. Lenin escribió repetida- mente sobre esto.
La revolución bolchevique, soviética, corta las raíces de la opresión y de la desigualdad de la mujer tan profunda- mente como jamás ha osado cortarlas un solo partido, una sola revolución en el mundo. En nuestro país, en la Rusia
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Soviética, no han quedado ni rastros de la desigualdad de la mujer y del hombre ante la ley. El Poder soviético ha supri- mido por completo una desigualdad sobremanera repul- siva, vil e hipócrita en el derecho matrimonial y familiar: la desigualdad en lo que respecta a los hijos.
Esto es sólo el primer paso hacia la emancipación de la mujer. Pero ninguna república burguesa, ni siquiera la más democrática, se ha atrevido jamás a dar incluso este primer paso. No se ha atrevido por temor a «la sacrosanta propie- dad privada».
El segundo paso, el principal, ha sido la abolición de la propiedad privada de la guerra y de las fábricas. Así, y sólo así, se abre el camino para la emancipación completa y efec- tiva de la mujer, para su liberación de la esclavitud casera mediante el paso de la pequeña economía doméstica indivi- dual a la grande y socializada.3
Las mujeres trabajadoras lucharon codo con codo con los hombres en las barricadas de la Revolución de Octubre y salieron victoriosas. Pero esto no fue suficiente. Las con- quistas tenían que ser defendidas. La Guerra Civil sirviópara atraer a las mujeres trabajadoras a la política en mayor medida. Abrió los ojos incluso de las campesinas más atra- sadas al verdadero estado de cosas. Les mostró lo que po- dían esperar si el poder volviera a caer en manos de los enemigos del poder soviético.
3 LENIN, V. I.: El día internacional de la obrera; en Obras Com- pletas, tomo 42, p. 385. Editorial Progreso, Moscú, 1986. | N. de la E.
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En la ciudad de Kostanái, el teniente coronel Tomashevski, comandante de la guarnición blanca, emitióuna orden el 22 de abril de 1919, declarando:
Personalmente, me he convencido de que en la rebelión de las bandas bolcheviques en la ciudad de Kostanái y en las aldeas vecinas no sólo tomaron parte hombres sino también mujeres, tomándose estas últimas la libertad de disparar desde detrás de las esquinas, a través de las ventanas, desde los techos y desvanes, sobre los valerosos defensores de nuestra patria. Hasta el presente estas criminales han sido dejadas en paz y no han recibido el debido castigo por su traición.
Sosteniendo que fusilar y colgar son ejecuciones total- mente inadecuadas y demasiado honorables para aplicar a tales criminales, por la presente advierto que el único mé- todo que aplicaré a las personas antes mencionadas será la flagelación, hasta la muerte si es necesario. Estoy más que convencido de que estos medios domésticos de corrección surtirán el debido efecto sobre esta muchedumbre débil- mente minada, que entonces, de acuerdo con su designa- ción, se dedicará exclusivamente a la cocina y a la formación de una nueva y mejor generación, y no a la política, que es absolutamente ajena a su comprensión.
La población fue ampliamente informada de esta orden, y efectivamente se llevó a cabo. Mientras estaba en los Ura- les en el verano de 1919, conocí a una joven cuya madre, una maestra, había sido azotada hasta la muerte por la Guardia Blanca.
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Las campesinas oprimidas e ignorantes fueron ayudadas por las trabajadoras más ilustradas de los pueblos a com- prender lo que sucedía a su alrededor. Recuerdo, por ejem- plo, cómo en los Urales en 1919 las mujeres trabajadoras iban a los pueblos en sus días libres para ayudar a las cam- pesinas en sus tareas domésticas, lavando la ropa o ama- mantando a los niños. Sus palabras fueron particularmente convincentes para las campesinas.
Junto con sus maridos y hermanos, las mujeres trabaja- doras lucharon por el poder soviético. Junto a ellos lo de- fendieron con éxito. Participaron en manifestaciones, lu- charon en el frente, sufrieron todas las adversidades en la lucha contra los Blancos. Y más tarde, cuando surgió la ne- cesidad, tomaron parte en los subbotniks4 y contribuyeron a lucha contra la desorganización económica.
El poder soviético es el poder de la gente trabajadora, y todo lo que ha dado a los trabajadores y campesinos se lo ha dado también a las trabajadoras y campesinas.
En nuestro país, las mujeres de todas las nacionalidades disfrutan de los mismos derechos: rusas, ucranianas, tárta- ras, judías, georgianas, armenias, mordvinas y todas las de- más. En cada República Socialista Soviética de nuestra
4 De la palabra subbota, que significa sábado, o el sabbath. Un sub- botnik [conocidos en castellano como «sábados comunistas» | N. de la E.] era un trabajo voluntario realizado gratuitamente después del horario laboral ordinario, originalmente en sábado. Posterior- mente, el término se aplicó a trabajos similares realizados en el día de descanso o en cualquier otro día de la semana. El trabajo gene- ralmente consistía en limpiar las vías del tren, cargar o descargar vagones de ferrocarril, ayudar en las granjas colectivas o trabajar en trabajos de construcción, como el Metro de Moscú.
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Unión, las mujeres tienen los mismos derechos que los hombres.
Estos derechos no sólo están consagrados en las leyes, sino que, lo que es más importante, se realizan en la prác- tica. Las trabajadoras soviéticas, las campesinas y las inte- lectuales participan en pie de igualdad con los hombres en la vida social, política, cultural y económica del país.
Veamos algunas cifras.5
En la Rusia zarista, 636.000 mujeres estaban empleadas en la industria a gran escala en 1913. En 1935, 2.563.000 mujeres estaban empleadas en la industria a gran escala en la Unión Soviética, y en toda la economía nacional había 7.933.000 mujeres, el 33,2 por ciento del número total de trabajadores.
El sistema comercial soviético, por su parte, emplea a 282.000 mujeres.
El 90% de los docentes de las escuelas primarias y el 50% de los docentes de las escuelas secundarias son mujeres. Las mujeres constituyen el 26,9% de los investigadores y estu- diantes de posgrado en las instituciones de investigación científica.
En 1914 había 1.919 mujeres médicas y en 1935, 40.023. Casi la mitad de los médicos del país son mujeres.
5 Estas cifras se aplican a 1935.
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La colectivización
ha liberado a la campesina para siempre
Desde los primeros días del gobierno soviético, Lenin in- sistió en la necesidad de pasar de la agricultura individual a la agricultura social y colectiva. Hubo intentos de organizar comunas desde 1918, cuando, por ejemplo, los trabajadores de Petrogrado de Obújov y Semiannikov Works fueron a Al- tái y organizaron comunas allí. Pero la completa alteración económica de esa época y la Guerra Civil arruinaron su tra- bajo. Veintiocho de los miembros de la comuna fueron ase- sinados por las tropas de Kolchak, mientras que el resto se dispersó. Estos veintiocho cayeron, pero su trabajo no fue en vano; no desapareció sin dejar rastro. Sus amigos, espo- sas e hijos intensificaron el odio hacia los Blancos y trabaja- ron para consolidar el poder soviético.
Después de que no sólo hubiéramos restablecido la in- dustria, sino de que también hubiéramos comenzado a construir nuevas industrias, particularmente las industrias productoras de tractores y maquinaria agrícola, cuando los campesinos, enseñados por la lucha resuelta del Partido contra los kulaks y por el desarrollo de cooperativas agríco- las, granjas colectivas [koljoses] y granjas estatales [sovjo- ses], se convencieron de las ventajas de la agricultura colec- tiva, acudieron en masa a las granjas colectivas.
Todos conocemos el enorme papel que desempeñó la co- lectivización en el cambio de todo el modo de vida en nues- tro país.
La agricultura campesina individual dio lugar a una psi- cología pequeñoburguesa, de pequeños propietarios. «Cada
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uno por su lado», decía el campesino. La colectivización ha alterado todos los aspectos del campo.
La colectivización significó la victoria del socialismo en el campo.
La colectivización acercó más a la ciudad y al campo y aumentó el poderío de todo el país.
Un solo sistema, el sistema económico socialista, co- menzó a dominar en la ciudad y el campo.
La colectivización no se llevó a cabo por orden de arriba.«El socialismo vivo es la obra creativa de las propias masas populares», dijo Lenin inmediatamente después de que se estableciera el poder soviético. Y el camarada Stalin comba- tió todos los intentos de llevar a cabo la colectivización por
orden de arriba.
La colectivización se llevó a cabo en una amarga lucha contra los kulaks y los oportunistas de derecha, que se opo- nían a la liquidación de los kulaks como clase y defendían la teoría de la «integración pacífica de los kulaks en el socia- lismo», los mismos kulaks de los que Lenin había escrito en 1918 que eran «los explotadores más feroces, brutales, y de- senfrenados, los que, en la historia de otros países, han res- taurado más de una vez el poder de los terratenientes, de los reyes, de los curas y de los capitalistas».6
Sobre la base de la colectivización total, superando la fe- roz resistencia de nuestros enemigos de clase, acabamos con la última clase explotadora: los kulaks.
6 LENIN, V. I.: ¡Camaradas obreros! ¡Vamos a la lucha final, a la lucha decisiva!; en Obras Completas, tomo 37, p. 41. Editorial Pro- greso, Moscú, 1986. | N. de la E.
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La colectivización trajo maquinaria a los campos de las granjas colectivas. La mecanización de la agricultura hizo el trabajo más racional y muchas veces más productivo; au- mentó enormemente el deseo de conocimiento de los hom- bres y mujeres de las granjas colectivas.
Los koljoses liberaron a la mujer campesina.
La mujer de la granja colectiva se ha convertido en una fuerza en el campo. En cuanto se estableció el gobierno so- viético, se otorgó a las mujeres los mismos derechos que a los hombres y se aprobaron una serie de leyes para la pro- tección de la madre y el niño; pero fue sólo la colectivización la que sentó una base sólida bajo estos derechos y liberó a la mujer trabajadora para siempre.
En cuanto a las koljosianas, deben tener en cuenta la fuerza y el significado de los koljoses para las mujeres; de- ben tener en cuenta que sólo en el koljós pueden llegar a estar en pie de igualdad con el hombre. Sin los koljoses, de- sigualdad; en los koljoses, igualdad de derechos. Que las ca- maradas koljosianas tengan esto presente y que cuiden del sistema koljosiano como de las niñas de sus ojos.7
Nuestras mujeres de las granjas colectivas siempre re- cuerdan estas palabras del camarada Stalin; ven que tiene razón y apoyan al máximo a los koljoses. Ni los guardias blancos, ni los fascistas, ni los enemigos del pueblo de entre los agentes trotskistas-zinovievistas del fascismo alemán y
7 STALIN, I.: Discurso pronunciado en el primer congreso de los koljosianos de choque de La U.R.S.S.; en Obras, tomo 13, p. 266. Ediciones Vanguardia Obrera, Madrid, 1984. | N. de la E.
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japonés, asesinos, espías, saboteadores y diversionistas, ni sus aliados entre los renegados de derecha pueden hacer re- troceder el reloj de la historia ahora. Nuestras victorias en todas las ramas de la construcción socialista son grandes. Con razón pudimos poner como primer artículo de nuestra nueva Constitución: «La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas es el Estado socialista de los obreros y los campe- sinos». El nuestro es el único país en el que los obreros y campesinos están en el poder. Nuestros vecinos capitalistas, particularmente la Alemania y el Japón fascistas, quisieran deshacerse de nuestro país soviético, o al menos involu- crarlo en una guerra y quitarle Ucrania y el Lejano Oriente. Alemania y Japón están haciendo todo lo posible para ini- ciar esta guerra y debilitar nuestra capacidad de combate. Pasan de contrabando espías, saboteadores y diversionistas a través de nuestras fronteras, y emplean para este fin a los enemigos del pueblo: los trotskistas, los antiguos kulaks, gendarmes, oficiales, etc., que yacen clandestinamente en rincones oscuros. Por eso debemos aumentar nuestra vigi- lancia revolucionaria y examinar a fondo a las personas. De- bemos hacernos con todos los enemigos del pueblo, todos aquellos que quieren privarnos de una vida libre y feliz.
El socialismo ha liberado para siempre
a las mujeres de las minorías nacionales
La revolución socialista despertó no sólo a las mujeres trabajadoras rusas, sino también a las mujeres de las mino- rías nacionales, entre las cuales los vestigios del pasado
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estaban aún más arraigados. Lenin prestó especial atención a la cuestión de involucrar en el trabajo socialista a las mu- jeres de las minorías nacionales, que estaban especialmente
oprimidas.
Cada vez que escucho a camaradas de Asia Central o del Cáucaso Norte hablar en una reunión, no puedo evitar re- cordar un hecho. En algún momento durante la sesión del Segundo Congreso de la Comintern se convocó una confe- rencia de mujeres a la que asistieron mujeres de Uzbekistán, Turkmenia y otras regiones lejanas. Se habían quitado los velos, pero si un hombre entraba por casualidad en sus dor- mitorios, se tiraban sobre las camas para ocultar sus ros- tros; todavía se regían por la vieja costumbre.
Pero una vez, cuando Lenin y yo íbamos de la Casa de los Sindicatos al Kremlin, nos encontramos con varias de estas delegadas de las minorías nacionales. Al ver a Vladimir Ilich se agitaron mucho. Una de las mujeres se acercó y lo abrazó. Empezaron a hablar, cada una en su propio idioma, y luego se echaron a llorar. Vladimir Ilich también se conmovió mu- cho. Cuando seguimos nuestro camino, dijo: «Los abismos mismos se han elevado; ahora está asegurada la victoria del socialismo en nuestro país». Esto muestra la importancia que le dio a atraer a las mujeres al trabajo social y al trabajo del Partido.
El desarrollo de la industria y la colectivización de la agricultura progresan cada vez más en las repúblicas y re- giones de las minorías nacionales de la Unión Soviética. Las repúblicas que anteriormente estaban atrasadas económi- camente ahora se encuentran entre las más avanzadas. Todo esto ha asegurado la completa emancipación de las
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mujeres de las minorías nacionales. Sólo un ciego puede de- jar de ver esto. La amistad entre los diversos pueblos de nuestra unión crece y se fortalece; su confianza en el Partido Comunista y su amor y fe en el camarada Stalin, su líder, un verdadero discípulo de Lenin, los une a todos.
Las mujeres gobiernan el Estado
El invierno de 1935 demostró vívidamente nuestros lo- gros. A lo largo del invierno se celebraron conferencias en- tre los líderes de nuestro Partido y del gobierno soviético y los trabajadores de las brigadas de choque de varias ramas industriales, los de las brigadas de choque de los koljoses, los representantes de los trabajadores de varias nacionali- dades. Estas conferencias indicaron claramente cómo se ha desarrollado la conciencia de la gente, cómo ha cambiado todo el sistema en nuestro país, cómo ha cambiado la gente, cómo ha cambiado la posición de las mujeres trabajadoras y koljosianas y cómo se han convertido en participantes ac- tivas de la construcción socialista. Mujeres remolacheras, lecheras, tractoras, ganaderas, tejedoras, integrantes y pre- sidentas de soviets de pueblos y aldeas y comités ejecutivos de distrito y presidentas de granjas colectivas –mujeres de todas las nacionalidades– demostraron en sus apasionados discursos en estas reuniones en lo que ahora se han conver- tido. Sus discursos fueron particularmente entusiastas, con- taron mucho y fueron al grano. Eran relatos sencillos de la gran obra de construcción, y esta sencillez y concisión con- movían a todos los que los escuchaban.
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Recientemente hemos celebrado los aniversarios del es- tablecimiento de varias repúblicas socialistas. Cada repú- blica ha resumido sus logros. Aplastadas y oprimidas por el zarismo, estas repúblicas ahora cuentan cómo han flore- cido, cómo se ha desarrollado su gente, qué hermosa es la vida socialista. Y no poca parte de estos logros es el resul- tado del trabajo activo de las mujeres en todas las esferas de la construcción socialista. En el fragor de la Guerra Civil, allá por 1919, Lenin dijo en la IV Conferencia de obreras sin partido de la ciudad de Moscú:
Esta obra iniciada por el Poder soviético puede progre- sar únicamente cuando en ella tomen parte, en toda Rusia, no cientos sino millones y millones de mujeres. Entonces, estamos seguros de ello, se afianzará la obra de la construc- ción socialista. Entonces los trabajadores demostrarán que pueden vivir y pueden administrar sin terratenientes ni ca- pitalistas. Entonces será tan firme en Rusia la edificación socialista que no causará temor a la República Soviética ningún enemigo, exterior ni interior.8
Las mujeres de la Unión Soviética han llevado a cabo este legado de Lenin. Junto con el resto del pueblo trabajador construyeron en nuestro país una sociedad socialista, cuyo fundamento económico, como dice el artículo 4 de la Nueva Constitución, «el sistema socialista de la economía y la pro- piedad socialista de los instrumentos y medios de produc- ción firmemente establecidos como consecuencia de la
8 LENIN, V. I.: Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética; en Obras Completas, tomo 39, pp. 213-214. Editorial Progreso, Moscú, 1986. | N. de la E.
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liquidación del sistema capitalista de la economía, de la abo- lición de la propiedad privada de los instrumentos y medios de producción y de la supresión de la explotación del hom- bre por el hombre». Nuestras conquistas no pueden ser des- truidas por los fascistas, esos defensores del orden capita- lista moribundo, ni por sus mercenarios, los viles espías, sa- boteadores y diversionistas zinovievistas y trotskistas, que planeaban restaurar el capitalismo, ni por sus amigos y alia- dos, los renegados de derecha.
Pero no debemos olvidar que los enemigos de nuestro país intentarán herirnos, y debemos estar siempre alerta.
En su saludo a la Conferencia de Departamentos Provin- ciales de Trabajo entre Mujeres de toda Rusia, el 6 de di- ciembre de 1929, Lenin señaló especialmente que:
La participación de las mujeres en el trabajo del Partido y de los Soviets adquiere una significación gigantesca pre- cisamente ahora que ha terminado la guerra y destaca a pri- mer plano –espero que por mucho tiempo– el trabajo pací- fico de organización. Un trabajo en el que las mujeres deben desempeñar el primer papel y que, por supuesto, desempe-ñarán.9
Aquí hay algunas cifras que muestran el enorme au- mento en la actividad política y social de las mujeres soviéticas.
_____________
9 LENIN, V. I.: Saludo a la Conferencia de toda Rusia de secciones femeninas provinciales; en Obras Completas, tomo 42, p. 87. Edi- torial Progreso, Moscú, 1986. | N. de la E.
Sólo el 43 por ciento de las mujeres con derecho a voto participó en las elecciones a los soviets de las ciudades en 1926, mientras que el porcentaje correspondiente entre los hombres fue del 60 por ciento. En 1934-35 este porcentaje de mujeres había subido al 90,4 por ciento.
Los cambios que se han producido en el campo son aún más llamativos. Sólo el 28 por ciento de las mujeres con de- recho a voto participó en las elecciones a los soviets rurales en 1926, mientras que en 1934-35 el número había aumen- tado al 80,3 por ciento.
Durante esta misma década la proporción de mujeres miembros de los soviets rurales prácticamente se ha tripli- cado, aumentando del 9,9 por ciento del total en 1926 al 26,2 por ciento en 1934; para los soviets de ciudad las cifras son del 18,2 por ciento y 30,4 por ciento, respectivamente.
La composición del VIII Congreso Extraordinario de los Soviets de toda la Unión muestra aún mejor el papel que la trabajadora soviética toma en el gobierno del Estado. Entre los delegados al Congreso que discutieron y aprobaron la nueva Constitución hubo 419 mujeres, mientras que en el II Congreso de los Soviets de la U.R.S.S. sólo estuvieron pre- sentes 58 mujeres.
A finales de 1935 se celebró la Conferencia estajanovista. El movimiento estajanovista es un movimiento de enorme importancia. De los sistemas feudal y capitalista los trabajadores habían heredado la costumbre de considerar el trabajo como un deber pesado, porque habían trabajado para terratenientes y capitalistas, y habían sido empujados a trabajar por el hambre. Y se necesitaron muchos años para romper este actitud antigua y servil hacia el trabajo, para
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llevar a la gente a mirar trabajo como una inquietud propia. Lenin ha escrito mucho sobre esto. Dio la bienvenida a los subbotniks comunistas. Pero los subbotniks se organizaban sólo ocasionalmente, para realizar trabajos puntuales. Constituían el embrión de la actitud comunista hacia el tra- bajo. Mucho tiempo pasó antes de que el trabajo se convir- tiera en una cuestión de honor, una cuestión de valor y he- roísmo para las amplias masas de trabajadores.
El movimiento estajanovista es una expresión de la nueva actitud socialista hacia el trabajo en las fábricas y en las granjas colectivas. Y en este movimiento las obreras fa- briles y las campesinas de las granjas colectivas no se han quedado atrás. Desde el primer día, las mujeres del movi- miento estajanovista cuyos nombres se han convertido ahora en un símbolo de la lucha por la alta productividad laboral han pasado a primer plano. ¿Quién no conoce a Dusya Vinogradova, María Demchenko, Pasha Angelina y la pequeña cultivadora de algodón Mamlakat Najangova? Y, ahora, las mujeres estajanovistas en todas las ramas de la economía nacional ya no son excepciones, sino que se cifran en miles.
El poderoso movimiento estajanovista es un aspecto del crecimiento impetuoso de la conciencia de clase entre las mujeres trabajadoras soviéticas, las más libres del mundo.
Otra expresión de esta conciencia de clase es su interna- cionalismo. La ayuda que las mujeres soviéticas están pres- tando a las mujeres y niños españoles puede servir como un vívido ejemplo de su solidaridad internacional. Los aconte- cimientos en España tocan particularmente el corazón de nuestras mujeres, porque ellas mismas han pasado por todo
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lo que las mujeres de España están viviendo ahora. Ha- biendo luchado ellas mismas contra los Guardias Blancos y habiendo perdido a sus esposos, hermanos e hijos en la Guerra Civil, pueden sentirse como las heroínas del pueblo español, pueden entender los discursos de Dolores Ibárruri, esa ardiente e intrépida comunista. ¡Ella es tan cercana y querida para ellas!
Pero nuestras obreras y koljosianas no sólo simpatizan con las mujeres españolas, sino que simpatizan con la causa por la que lucha España.
Luchadoras Activas por la Cultura
Cuando comenzó el movimiento obrero en Rusia, nues- tro país estaba atrasado y era ignorante. Pero la doctrina de Marx y Engels le mostró a la clase obrera el camino que de- bía seguir para alcanzar la victoria. Nuestro Partido hizo un profundo estudio de la experiencia de la revolución en todos los países; digirió y utilizó la experiencia de las luchas de los trabajadores alemanes, franceses, ingleses e italianos. La doctrina de Marx, Engels, Lenin y Stalin es profundamente internacional.
Para dominar esta doctrina uno debe saber leer y poseer al menos algunos rudimentos de conocimientos generales.
Aquellos que se mantienen al tanto de la vida o incluso leen los periódicos con regularidad no pueden dejar de darse cuenta de las enormes fuerzas creativas que han sur- gido desde abajo, cuán grandes y variadas son sus deman- das culturales y cuán grande su iniciativa para adquirir
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conocimientos. Y en esta lucha por la ilustración, las muje- res de la U.R.S.S. van a la par de los hombres. La herencia del pasado todavía pesa mucho; todavía tenemos analfabe- tos y semianalfabetos, pero en esta esfera también las mu- jeres están luchando obstinada y persistentemente.
El analfabetismo y el semianalfabetismo son herencias dolorosas del pasado. Bajo el gobierno soviético, muchos millones de mujeres se han alfabetizado; pero algunas toda- vía se ven obstaculizadas por las condiciones de su vida do- méstica (demasiado trabajo doméstico, nadie con quien de- jar a los niños, etc.). La atención al trabajo de eliminar el analfabetismo y el semianalfabetismo se había relajado un poco últimamente, y se hizo necesaria una decisión especial del Consejo de Comisarios del Pueblo y del Comité Central del P.C.U.S. (16 de enero de 1936) para completar este tra- bajo lo antes posible.
En el XVII Congreso del Partido, el camarada Stalin ha- bló del aumento de la actividad de las mujeres. Hablando de la mayor actividad por parte de las mujeres de los koljoses, dijo:
Este hecho, camaradas, tiene una importancia inmensa. Tiene una importancia inmensa porque las mujeres consti- tuyen en nuestro país la mitad de la población; forman un ejército ingente del trabajo y están llamadas a educar a nuestros hijos, nuestra futura generación, es decir, nuestro porvenir.10
10 STALIN, I.: Informe ante el XVII Congreso del Partido…; en Obras, tomo 13, p. 354. Ediciones Vanguardia Obrera, Madrid, 1984. | N. de la E.
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Y las mujeres de la U.R.S.S. están estudiando incesante- mente. En 1936 asistían a universidades e institutos 198.500 mujeres, o sea el 39,5% del total de estudiantes. El número correspondiente para las escuelas secundarias de formación profesional fue de 289.000, o el 43 por ciento del total, y para las universidades de trabajadores de 88.500 o el 35,3 por ciento del total.
Entre las mujeres jóvenes empleadas en las industrias textil y de construcción de maquinaria, en la industria side- rúrgica y en la minería del carbón, menos del 2% son anal- fabetas. Alrededor del 30 por ciento de estas mujeres ya han pasado por siete años de escolaridad.
El gobierno soviético trata de atraer a todas las mujeres sin excepción al trabajo social. En este sentido, las esposas de los gerentes de empresas e ingenieros estaban bastante atrasadas, aunque en particular podían ser de gran utilidad para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores y sus familias y ayudarlos en sus estudios. El Congreso de es- posas de ingenieros empleados en la industria pesada actuócomo un impulso para atraer a este grupo de mujeres al tra- bajo social activo. Al hacer este trabajo, ellas mismas se desarrollan y obtienen una mejor comprensión de las con- diciones de vida de los trabajadores y muchos de ellos llevan a cabo una labor muy útil. Sólo deben tener presente cons- tantemente que el éxito de su trabajo depende del estrecho contacto con las masas, de cuánto puedan ayudarlas.
Las cuestiones de la vida familiar y las relaciones fami- liares son materias de excepcional importancia en nuestras condiciones.
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La vida familiar puede conducir a una gran felicidad si se basa en el amor mutuo. Pero por amor debemos entender no sólo la satisfacción de un sano instinto sexual. Este sen- timiento, que es motivo de mucha alegría, debe ir acompa-ñado de una afinidad ideológica, de una lucha por un mismo fin, de una lucha por una causa común.
Recuerdo cómo una vez, cuando estaba trabajando en el distrito Víborg de Petrogrado durante la guerra, me puse a hablar con cierta mujer trabajadora. Ella dijo:
Ahora que mi esposo está en el frente, no puedo dormir por las noches preguntándome si está vivo o no.
Era evidente que ella lo amaba.
Esto es lo que a menudo pienso –continuó–. Soy bolche- vique ahora, y ni siquiera puedo imaginar vivir sin el Par- tido y sin ser bolchevique activa. Cuando mi esposo regrese del frente, ¿qué puntos de vista tendrá? Tal vez esté en con- tra de los bolcheviques. Entonces eso será el fin de nuestra vida en común. ¿Cómo podemos seguir viviendo juntos si yo estoy con los bolcheviques y él contra ellos? Tendremos que separarnos.
Y estas palabras suyas tienen razón: el amor está muy bien, pero para vivir juntos las personas deben tener los mismos puntos de vista. De lo contrario, no habrá una ver- dadera vida familiar que pueda traerles felicidad.
En la vida familiar, más que en cualquier otra fase de la vida, todavía se encuentran vestigios del pasado. A veces hay ocasiones donde, en la vida pública, una persona hace
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un trabajo muy importante e interesante; pero cuando llega a casa es un ordinario tirano sobre su esposa e hijos porque nadie está allí para verlo. Por supuesto, hoy en día estos ca- sos son cada vez menos frecuentes. Si el esposo de una mu- jer de una granja colectiva la golpea, todos los miembros de la granja colectiva se reunirán para discutir el incidente y condenar al hombre. Pero esto sucede sólo en casos de des- potismo grosero, mientras que las relaciones familiares son una cosa sutil. En el período de transición del capitalismo al comunismo, los vestigios del capitalismo a veces asumen nuevas formas como «colores protectores»; lo viejo a veces resucita en nuevas formas. Bajo el capitalismo, era caracte- rístico que las relaciones familiares no se basaran en el amor, ni en la confianza y el respeto mutuos, sino en consi- deraciones materiales. Estas relaciones familiares se com- plementaban con una absoluta falta de responsabilidad por parte del hombre hacia las mujeres, con las que viviría sin casarse. Las leyes soviéticas han contribuido mucho a des- truir la base de las relaciones familiares de este tipo: la li- bertad de divorcio y la ley de pensión alimenticia han ayu- dado notablemente a que las relaciones familiares sean más sanas. Pero en algunos casos todavía tenemos experiencias capitalistas en la forma de una actitud irresponsable por parte del hombre hacia la maternidad, y no existe siempre la necesaria preocupación por sus hijos. Esta actitud irres- ponsable a veces asume el disfraz de una lucha contra las antiguas relaciones familiares, lo que en realidad sirve para encubrir una actitud irresponsable y de falta de camaradería hacia la mujer. Le dicen que aborte, y eso es todo.
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Durante el período de transición del capitalismo al co- munismo hay muchos factores que impiden la eliminación de esta irresponsabilidad. La ley de prohibición del aborto que se puso a discusión popular tenía como objetivo ayudar a eliminar esta vieja actitud frívola e irresponsable hacia la mujer. La ley que prohíbe el aborto aumenta la responsabi- lidad del padre y mejora las condiciones de las mujeres jó- venes embarazadas y de las madres de familias numerosas. Se está construyendo un gran número de casas de materni- dad, guarderías y jardines de infancia destinados a aumen- tar el cuidado público de la madre y el niño. El número de guarderías permanentes y estacionales se duplicará antes del 1 de enero de 1939, el número de jardines de infancia permanentes se triplicará y se proporcionarán parques in- fantiles estacionales para todos los niños de las granjas co- lectivas.
Este cuidado público de la madre y el niño es de enorme importancia. Las guarderías, los jardines de infancia y los parques infantiles no sólo sirven para cuidar a los niños du- rante determinadas horas del día, sino que también consti- tuyen centros de difusión entre los padres de familia de cri- terios correctos sobre el cuidado de los niños, su salud y su educación. Los primeros años de vida de un niño son de enorme importancia para su desarrollo posterior, y es fun- damental saber cuidar adecuadamente a los niños; es nece- sario tener personas que puedan educar correctamente a los niños, dar buenos ejemplos, enseñar a los padres la forma correcta de criar a los niños.
En su artículo Una gran iniciativa, escrito en junio de 1919, al hablar de la importancia de una actitud socialista
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con conciencia de clase hacia el trabajo por parte de las ma- sas trabajadoras, Lenin escribió:
Observen la situación de la mujer. Ningún partido de- mocrático del mundo, en ninguna de las repúblicas burgue- sas más avanzadas, ha hecho, en este aspecto, en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho noso- tros en el primer año de nuestro poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sentido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la inferioridad jurídica de la mujer, que ponían obstáculos al divorcio y exigían para él requisitos odiosos, que proclamaban la ilegitimidad de los hijos naturales y la investigación de la paternidad, etc. En todos los países civilizados subsisten numerosos vestigios de estas leyes, para vergüenza de la burguesía y del capita- lismo. Tenemos mil veces razón para sentirnos orgullosos de lo que hemos realizado en este sentido. Sin embargo, cuanto más nos deshacemos del fárrago de viejas leyes e instituciones burguesas, tanto más claro vemos que sólo se ha descombrado el terreno para la construcción, pero ésta no ha comenzado todavía.
La mujer continúa siendo esclava del hogar, pese a todas las leyes liberadoras, porque está agobiada, oprimida, em- brutecida, humillada por los pequeños quehaceres domés- ticos, que la convierten en cocinera y niñera, que malgastan su actividad en un trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante, embrutecedor y fastidioso. La verda- dera emancipación de la mujer y el verdadero comunismo no comenzarán sino donde Y cuando empiece la lucha en masa (dirigida por el proletariado, dueño del poder del Es- tado) contra esta pequeña economía doméstica, o, más
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exactamente, su transformación masiva en una gran econo- mía socialista.
¿Concedemos en la práctica la debida atención a este problema que, teóricamente, es indiscutible para todo co- munista? Desde luego, no. ¿Nos preocupamos suficiente- mente de los brotes de comunismo, que existen ya a este respecto? No, y mil veces no. Los comedores públicos, las casas-cuna y los jardines de la infancia son otras tantas muestras de estos brotes, son medios sencillos, corrientes, sin pompa, elocuencia ni solemnidad, efectivamente capa- ces de emancipar a la mujer, efectivamente capaces de ami- norar y suprimir su desigualdad respecto al hombre por su papel en la producción y en la vida social.11
Eso es lo que escribió Lenin en 1919. Ahora las condicio- nes de vida se están reorganizando a gran escala. Ya se han creado todos los requisitos previos necesarios para esto. La U.R.S.S. se ha convertido en una potencia industrial avan- zada, un país de agricultura socialista llevada a cabo en ma- yor escala que en cualquier otro país del mundo; el comu- nismo está echando sus retoños, de los cuales el movimiento estajanovista es un ejemplo; las masas, en particular las ma- sas de mujeres, se están volviendo más conscientes y orga- nizadas; la mujer se ha convertido en una ciudadana igual de la U.R.S.S., no de palabra sino de hecho. La atención de las mujeres por parte del Estado es ahora particularmente grande.
11 LENIN, V. I.: Una gran iniciativa; en Obras Completas, tomo 39, pp. 25-26. Editorial Progreso, Moscú, 1986. | N. de la E.
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La Constitución de Stalin ha registrado una de las mayo- res victorias de la revolución: la emancipación definitiva de la mujer.
El artículo 122 de nuestra Constitución establece:
En la U.R.S.S. se concede a la mujer iguales derechos que al hombre, en todos los dominios de la vida económica, pública, cultural, social y política.
La posibilidad de realizar todos estos derechos de la mu- jer está asegurada por la concesión a la misma de derechos iguales a los del hombre en cuanto a trabajo, al salario, al reposo, a los seguros sociales y a la instrucción, por la pro- tección por el Estado de los intereses de la madre y del niño, por la concesión a la mujer de permisos de embarazo, con disfrute de salario, por una vasta red de maternidades, ca- sas cunas y jardines de infancia.
Estas palabras de nuestra gran Constitución de Stalin se aplican por igual a las mujeres de todas las nacionalidades.
Nuestra Constitución ha proclamado la igualdad de to- dos los ciudadanos de la U.R.S.S., independientemente de su nacionalidad, raza o sexo.
La Constitución de Stalin ha completado la gran obra de la emancipación de la mujer trabajadora. Todos los caminos están abiertos para las mujeres de nuestro feliz país socia- lista. Las filas de los constructores de la sociedad comunista se engrosan y se fortalecen, y en ellas la mujer marcha como ciudadana igual de la sociedad socialista.
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2. LA ESPLÉNDIDA INICIATIVA DE LAS MUJERES SOVIÉTICAS
Discurso pronunciado en la Conferencia nacional de esposas de ingenieros y gerentes comerciales
2 de mayo de 1936
¡Camaradas! Permitidme ante todo saludaros a vosotras, que, con tanto fervor y entusiasmo os habéis sumado a la gran obra de la construcción socialista.
Camaradas, Vladimir Ilich Lenin solía decir que la co- lumna vertebral de la construcción del socialismo es la or- ganización. Él atribuía enorme importancia a la cuestión de la organización. Desde la Revolución de Octubre, nuestro Partido ha realizado un vasto trabajo de organización, y ya podemos ver los resultados de este gran trabajo, que ahora se realiza bajo la dirección de ese gran organizador, el ca- marada Stalin, que se realiza bajo la dirección del Buró Po- lítico de nuestro Partido. Ahora podemos ver los resultados de este vasto trabajo que nuestro Partido ha realizado día a día para reorganizar toda la vida sobre una nueva base.
Podemos sentir cada minuto cómo está cambiando todo nuestro sistema social, cómo la colectivización ha alterado el viejo carácter de nuestro campo. Recientemente recibíuna carta de koljosianas en la lejana Omsk, en Siberia. Y esta carta es simplemente asombrosa. Estas mujeres escri- ben sobre sus intereses. Yo conocía el viejo pueblo. Sé cómo la pequeña agricultura individual restringía la perspectiva de los campesinos y campesinas, cómo a menudo se podía encontrar a una muchacha de quince años que ni siquiera
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había visitado un pueblo que estaba a sólo diez verstas de su aldea. Ella no estaba interesada; sus únicos intereses esta- ban en su casa y en su granja. La colectivización ha puesto fin a esta perspectiva restringida. Nuestras koljosianas ahora miran al mundo entero con los ojos abiertos.
¿Sobre qué escriben las mujeres de Omsk? ¿Qué quieren saber? Quieren saber exactamente quiénes son los verdade- ros estajanovistas porque, escriben, «nos lo contaron en un informe, pero eso no es suficiente; queremos leer sobre eso nosotros mismas en nuestros libros soviéticos». Quieren convertirse ellas mismas en estajanovistas. Preguntan:
Sabemos que hay mujeres trabajando en los soviets,
ocupando varios puestos en las instituciones soviéticas,¿qué logros pueden mostrar?
Y, sabéis, cuando una lee esto siente una carga de res- ponsabilidad y se pregunta: ¿qué he logrado yo?
Cuando las mujeres de los koljoses preguntan si hay mu- chas mujeres hambrientas en el extranjero y qué se debe ha- cer para que no haya ninguna, y si hay suficiente comida para todos, es obvio que todavía no han oído hablar del fas- cismo, de lo que está ocurriendo en los países occidentales. No saben por qué hay tantos hambrientos y desempleados en los países capitalistas. Eso significa que no se presta su- ficiente atención a su educación. Quieren que todos lleven una vida feliz y alegre. Pero no saben cómo lograrlo. Recor- dad, éstas son mujeres de las granjas colectivas, campesi- nas, cuyas ideas nunca fueron más allá de su propio pueblo anteriormente.
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¿Qué más escriben?
Están ansiosas por saber: ¿habrá guerra o no, habrá gue- rra con los alemanes o no? No mencionan la palabra «inter- nacional», pero escriben:
Junto a nosotras hay una granja colectiva alemana, y es- tos alemanes son granjeros como nosotros.
Ya podéis ver el sentimiento de internacionalismo que brota en estas mujeres de granjas colectivas de la remota es- tepa siberiana.
También escriben sobre sus logros:
Tal vez vengas a visitarnos. Tenemos un pan de trigo tan bueno.
¿Cómo han logrado esto? Escriben que trabajaron duro para mantener la nieve en el suelo.
Llevamos todo el estiércol de los establos a nuestros campos de cultivo colectivo. El próximo año la cosecha seráaún mejor y nuestro pan será aún mejor.
Esta carta de estas mujeres de granjas colectivas siberia- nas muestra cómo nuestra vida está cambiando y qué logros hemos conseguido gracias al vasto trabajo diario de nuestro Partido. Estos logros son realmente tremendos.
Otro punto es el movimiento estajanovista. Ésta es una cuestión sobre la cual Lenin sintió especial interés. Solía de- cir que sólo una actitud con conciencia de clase hacia el
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trabajo puede elevar la productividad del trabajo a un alto nivel, pero los propios trabajadores deben ocuparse de este asunto. Y ahora estamos participando en el desarrollo del movimiento estajanovista.
Uno no puede permanecer impasible cuando escucha y lee lo que está escrito sobre el movimiento estajanovista. Esto también es trabajo organizativo. El Partido lo estáguiando, pero comenzó entre las bases. Las masas trabaja- doras están reconstruyendo toda nuestra producción; real- mente se están convirtiendo en sus dueños. Y luego en rela- ción con el movimiento estajanovista también vemos un gran movimiento entre los hombres de ciencia, entre nues- tros ingenieros. Están atrapados por el movimiento esta- janovista, están atrapados por el progreso de los aconteci- mientos en nuestro gran país. Y, de hecho, es inconcebible que uno deba mantenerse al margen del poderoso movi- miento que está recorriendo todo el país.
Y vemos cómo nuestros científicos, nuestros especialis- tas, buscan el contacto con las masas, cómo intentan acer- carse a ellas.
Durante el año en curso, el año estajanovista, hemos sido testigos de una serie de conferencias, de una serie de discu- siones entre los líderes de nuestro Partido y del gobierno y los udarniks [obreros de choque] en varias ramas del tra- bajo. Hemos visto tractoristas y remolacheros en estas reuniones. Todos ellos eran gente trabajadora, que antaño estaban perdidos en la oscuridad, cuya vida entera pasódesapercibida en los viejos tiempos. Y ahora vemos constan- temente a nuevas personas que se presentan como luchado- res por la nueva organización del trabajo, por el nuevo
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sistema de vida, y se han convertido en los notables de nues- tra tierra soviética.
Por supuesto, todo esto está destinado a tener su efecto en la vida personal de las personas. Hay cierta fábrica de la que probablemente hayáis oído hablar: la Trejgorka. Las mujeres estajanovistas de esta fábrica se ofrecieron a acoger a los niños de orfanatos durante las vacaciones de octubre. Estuve presente en una reunión celebrada después de las vacaciones, a la que asistieron las mujeres estajanovistas de varias fábricas de Moscú que habían respondido al llama- miento de los trabajadores de la Trejgorka y habían tratado a los niños con el amor y el cuidado de una madre.
Fue una reunión notable. Los jefes de los orfanatos rela- taron la impresión que les había causado a los niños que los llevaran durante las vacaciones. Los jóvenes decidieron: te- nemos nuevos padres y madres. Pero no fueron sólo los tra- bajadores estajanovistas los que se encariñaron con sus pe- queños invitados, sino también sus hijos. Seguían pregun- tando cuándo vendrían el hermano y la hermana del orfa- nato. Los niños de los orfanatos, que hasta ese momento ha- bían pensado que estaban solos, de repente llegaron a sentir que ellos también tenían familia. Y las historias de lo que sintieron fueron muy interesantes. No se quedaron mucho tiempo, sólo tres o cuatro días. Pero después de estos pocos días regresaron completamente transformados. Los jefes de los orfanatos nos contaron eso.
Lo que dijeron las mujeres trabajadoras fue interesante. Dijeron que los niños que venían de los orfanatos doblaban su ropa prolijamente y se sabían canciones, pero no cono- cían la vida real. Así que es nuestra tarea, dijeron las
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mujeres, traerlos a un contacto más cercano con la vida. Y todos sabemos que a menudo un recuerdo de la infancia, al- guna experiencia temprana, permanece con nosotros toda la vida.
Tal es el cuidado que muestran nuestros estajanovistas por los niños que no tienen familia. También me gustaría decir lo siguiente. Los niños ahora dejan los orfanatos a la edad de catorce años y van a aprender un oficio en las fábri- cas. Pero a menudo no son atendidos adecuadamente. Y creo que las esposas de nuestros ingenieros deberían cui- darlos maternalmente. Es obvio que el cambio que está ocu- rriendo en todas partes, el cambio en toda nuestra vida, estádestinado a afectar la vida personal de las personas. Ante- riormente, las esposas de los ingenieros y trabajadores res- ponsables generalmente estaban fuera de contacto con las masas trabajadoras; vivían sus propias vidas aisladas. Re- cuerdo una visita que la hermana de Lenin y yo hicimos a la granja estatal de Jutorok en el norte del Cáucaso en 1929. Organizamos una reunión con las mujeres que trabajaban en esta granja y les pedimos que nos contaran sobre su vida. Me llamó la atención que todo lo que hablaban siempre vol- vía a la mujer del director. Las cosas que dijeron sobre esa
mujer… dijeron que le había robado a alguien 15 kopeks, y
otras cosas del mismo tipo. Me pregunté cuál era el pro- blema, qué clase de persona horrible era esta mujer. Luego fuimos a ver al director a su casa. Vi que su esposa era, como muchas otras esposas, una persona muy buena y agradable, pero vivía en reclusión, fuera de contacto con los trabajado- res, manteniéndose al margen de toda obra social. Vivía al margen de los intereses sociales, como decíamos. Pude ver
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que ella misma se sentía triste y aburrida y no sabía cómo
ocupar su tiempo. Sentí pena por ella y también me di cuenta de por qué la gente estaba tan en su contra: no la co- nocían, ella era demasiado distante. Y pensé en lo fuertes que son los vestigios del pasado, que todavía estaban en la vida cotidiana. Después de todo, ya era 1929. Había pasado mucho tiempo desde la Revolución de Octubre, y estos ves- tigios del pasado aún permanecían.
Una vez trabajé en una escuela nocturna más allá de la Puerta Nevski en Leningrado. Allí había una fábrica textil, propiedad de Thornton. Thornton trataba de evitar que sus trabajadores se asociaran con la gente de la metalurgia, que era más revolucionaria. Había una serie de obras de metal en la autopista Shlisselburg, como se llamaba entonces, mientras que el molino de Thornton estaba al otro lado del río. Entonces, para evitar que sus trabajadores se asociaran con los metalúrgicos, Thornton puso todo tipo de dificulta- des para cruzar al otro lado. A los tejedores e hilanderos se les dijo que podrían perder sus trabajos si cruzaban con fre- cuencia. Y muchas de las mujeres nunca cruzaron al otro lado del río.
En 1930 fui a Leningrado y, por supuesto, cuando estás en Leningrado debes visitar el distrito de Volodarski. Fui a este distrito con un compañero del comité del distrito. Me dijo: «¿Sabes?, todavía hay mujeres en el pueblo que nunca han estado a este lado del río».
Me quedé de piedra. Había trabajado más allá de la Puerta Nevski en los años noventa, cuando Thornton tenía allí su fábrica. Desde entonces, han ocurrido la Revolución de 1905 y la gran Revolución Socialista de Octubre. Han
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pasado muchos años desde la institución del Gobierno So- cialista, pero todavía hay mujeres que nunca han cruzado el Nevá. Me asombró el poder que aún tienen los vestigios del pasado en la vida cotidiana. Es cierto, por supuesto, que al lado de ello encontramos el nuevo brotar cada vez más rá- pido.
Mencioné este caso cuando hablé en la Universidad Sverdlov. Cuando terminé una estudiante se me acercó y me preguntó con cierta emoción: «¿Quién te dijo eso?». Se lo conté. Ella dijo: «¿Sabes? Mi abuela nunca ha cruzado el río tampoco».
Ahí tenéis los vestigios del pasado entretejidos con lo nuevo: la abuela nunca ha cruzado el río, mientras la nieta se gradúa de la Universidad Sverdlov.
La vida cotidiana, las relaciones entre marido y mujer, las relaciones entre padres e hijos, el día a día se considera- ban antes como asuntos privados, y era aquí donde se po- dían encontrar la mayoría de los vestigios del pasado.
Cuando vivíamos en la emigración, en el extranjero, de vez en cuando veíamos cómo en una reunión una persona hablaba muy radicalmente, con gran determinación y bellas frases, y al llegar a casa resultaba un pequeñoburgués cual- quiera: le gritaba a su esposa, trataba a los niños como si fueran de su propiedad, se emborrachaba, y todo esto eran considerados asuntos privados suyos. La influencia de nuestro entorno burgués también se hizo sentir aquí. Esta influencia burguesa en gran medida afectaba a la vida coti- diana.
Recuerdo un libro notable de John Reed llamado Hija de la revolución. Este libro habla de una niña, nieta de un
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luchador por la Comuna de París, hija y hermana de socia- listas, que se prostituye no por necesidad, no por hambre, sino porque en su vida doméstica presenció vulgaridad filis- tea y una actitud repugnante hacia las mujeres.
En nuestro país soviético ahora no tenemos terratenien- tes ni capitalistas. En nuestro país soviético no existe la ex- plotación del hombre por el hombre. Hemos construido una sociedad socialista. Estamos construyendo una nueva vida y remodelando todas nuestras relaciones cotidianas; pero todavía hay muchos vestigios del pasado en la vida privada de las personas.
La cuestión de remodelar las relaciones personales estáahora a la orden del día. Recuerdo que en 1933 un compa-ñero del Dombás vino a verme y me dijo: «Hemos recibido un telegrama de algunas esposas de mineros; quieren que escribas un artículo sobre cómo las esposas deberían divor- ciarse si sus maridos son unos holgazanes». Me reí, pero es- cribí una carta a las esposas de estos mineros sobre la fami- lia y las relaciones personales. Dije que era necesario crear el ambiente adecuado en el hogar para convertirse en un verdadero camarada del esposo. Si la esposa se interesa por la producción, si está interesada en el trabajo de su marido, si quiere que él sea un «trabajador de choque» y se aver- güenza si él es un holgazán, eso es algo muy bueno.
Esta carta dio en el clavo y generó mucha respuesta. Se envió a varios distritos, y tuve una correspondencia muy in- teresante sobre este tema. ¿Qué era lo característico de esta correspondencia? La actitud social que las mujeres trabaja- doras han adoptado con respecto a esta carta. Comenzaron a interesarse no sólo por sus propios hogares, sino también
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por las viviendas de los jóvenes. Los jóvenes en las residen- cias a menudo viven en medio de una gran suciedad e inco- modidad.
Ahora las esposas de los brigadistas de choque se han he- cho cargo de este asunto. Cuando recibí cartas sobre la labor social de las mujeres de los mineros, pensaba: así influye la vida social en la vida personal.
Ahora, bajo la influencia del movimiento estajanovista, somos testigos de una enorme voluntad de aprender. Hay una enorme demanda, pero no suficientes fuerzas cultura- les. Constantemente recibimos cartas que dicen que en una u otra fábrica en la que se suponía que no había analfabetos de repente resultó haber 500 analfabetos y 2.000 o más se- mianalfabetos. Empezamos a presionar el asunto y se nos dice que tantas personas «participan» en los estudios. Pero cuando empiezas a revisar la asistencia te encuentras que es pobre. ¿Por qué? Porque la eliminación del analfabetismo está inseparablemente ligada a las cuestiones de la vida ho- gareña: nadie con quien dejar a los niños, demasiado lejos para ir, etc. Es muy importante que se miren las cosas desde el punto de vista de un ama de casa, que vea cómo se va a
organizar la cosa, que se quiten esos obstáculos del camino. Tenemos muchos ejemplos de que cuando las fuerzas culturales se unen al trabajo y cuando la gente no es forma- lista al respecto, se pueden lograr buenos resultados. Ya sa- béis que hay una decisión especial del Comité Central del Partido y del Consejo de Comisarios del Pueblo sobre la eli- minación del analfabetismo. Lenin dijo: «Es imposible construir una sociedad comunista en un país en el que la
gente es analfabeta».
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Hace un momento, el camarada de la fábrica Krasny Treugolnik dijo que habían pensado que todos en la fábrica sabían leer y escribir, pero cuando comenzaron a verificar, encontraron algunos analfabetos. Debemos conseguir que no haya analfabetos en nuestro país.
Las esposas de los ingenieros son una gran fuerza cultu- ral, y con razón estuvo presente ayer en su reunión el cama- rada Stalin. No en vano el camarada Orjonikidze dedica tanta atención a las esposas de los ingenieros y técnicos. Porque las esposas de los ingenieros pueden contribuir mu- cho a eliminar el analfabetismo y el semianalfabetismo, en- señar en escuelas para adultos, abrir bibliotecas para los trabajadores y organizar conferencias para ellos, aten- diendo a sus demandas en cuanto al estudio. Y debo deciros que vosotras mismas obtendréis mucho de este trabajo de enseñanza, de este trabajo de educación de adultos. He te- nido la oportunidad de enseñar en una escuela dominical vespertina. Trabajé durante cinco años con analfabetos y se- mianalfabetos, con trabajadores de diversos grados de edu- cación, vendiendo literatura y dando conferencias. Enseñélo mejor que pude; tal vez podría haberse hecho mejor, pero yo misma aprendí mucho en el proceso.
Los cinco años que pasé en esta escuela dominical ves- pertina me dieron una comprensión del marxismo, de mar- xismo vivo, una comprensión de las necesidades de los tra- bajadores, un método de acercamiento a las masas trabaja- doras. Lo que nos enseñó Lenin, lo que nos enseña a diario el camarada Stalin, es a examinar la vida detenidamente. El camarada Stalin asistió a la conferencia de los estajanovis- tas y luego les agradeció lo que le habían enseñado.
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Examina, escudriña a las personas y a la vida. La mayoría de vosotras vive en condiciones en las que puede aprender en el proceso de trabajo social, adquirir muchos conoci- mientos y transmitirlos a los trabajadores. En estrecho con- tacto con las masas trabajadoras, vosotras mismas aprende- réis mucho.
Lenin escribió una vez que en la Revolución de 1905 los trabajadores metalúrgicos marcharon a la cabeza de todos los demás trabajadores. En 1917 habló de los mineros, de su iniciativa revolucionaria. Y así, hoy en día, cuando escucho que hay muchos analfabetos en alguna metalurgia, les digo:
«Camaradas, en el movimiento revolucionario vosotros es- tuvisteis en las primeras filas; ¿cómo será ahora, en la revo- lución cultural? ¿No queréis marchar en las primeras filas? Los metalúrgicos, los mineros, no deben quedarse atrás.¿Os dais cuenta ahora como nunca antes de lo mucho que necesitan cultura, conocimiento?».
Y no es casualidad que sean las esposas de los ingenieros de la industria pesada las primeras en participar en el tra- bajo social. Camaradas, vosotras podéis hacer mucho. Cada una de vosotras puede hacer mucho si examina a fondo la vida, si vive en estrecho contacto con las masas de trabaja- dores, si vosotras mismas estudiáis mucho.
El conocimiento de la doctrina de Marx, Engels, Lenin y Stalin es necesario para todos, tanto para los miembros del Partido como para los bolcheviques que no pertenecen al Partido, porque sólo dominando esta doctrina se puede ob- tener una comprensión adecuada de la vida que nos rodea, que es muchas veces muy compleja. Todos estamos apren- diendo; las cosas no funcionan de otra manera. Trabajando
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en el Comisariado del Pueblo de Educación tenemos que ha- cer los deberes todas las noches. La vida plantea uno u otro problema, y para encontrar la solución uno tiene que hojear una serie de libros, familiarizarse con varios documentos. Camaradas, todos los funcionarios soviéticos estudiamos tanto como nuestros hijos. Y tenemos que estudiar aún más. Cuanto más sepamos, mejor organizado estará nuestro tra- bajo.
Por ejemplo, resulta que estoy trabajando en un asunto relacionado con las bibliotecas. Ayer se me acercó uno de los delegados y me dijo con orgullo: «Soy bibliotecario».
Hace dos años, el Comité Central aprobó una resolución sobre las bibliotecas públicas. Cuando comenzamos con este trabajo, los bibliotecarios venían a menudo, queján- dose de que no tenían esto, no tenían aquello, no tenían lo- cales. Yo les decía: «Sabéis, camaradas, si nos hubiéramos quejado así, el Partido nunca se habría convertido en el gran partido que es. Nuestro país nunca se habría convertido en el poderoso país socialista que ahora acapara la atención del mundo entero si sólo supiéramos quejarnos. No os quejéis; luchad y haced las cosas vosotros mismos».
Y ahora, cuando hablo con los bibliotecarios, comienzan diciéndome lo que han logrado y cómo lo han logrado.
Creo que las esposas de los ingenieros pueden hacer mu- cho para mejorar las guarderías y los hogares infantiles, para eliminar el analfabetismo, para establecer escuelas de carácter avanzado y para organizar toda la vida cultural.
Queremos criar a nuestros hijos para que sean una gene- ración que complete la gran tarea que inició Lenin y que nuestro Partido está llevando a cabo bajo la dirección del
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camarada Stalin. Es una tarea grande e importante: debe- mos criar a nuestros hijos para que sean fuertes y estén en buena forma física, con la cantidad adecuada de hemoglo- bina y los pulmones sanos. Debemos criar a nuestros hijos para que sean personas capaces de disfrutar de la vida, ab- sorbiendo toda la alegría de vivir y, al mismo tiempo, perso- nas bien educadas y serias que hagan avanzar la ciencia, que podrán colocarla al servicio de la construcción de la socie- dad comunista, personas que sepan vivir, trabajar y disfru- tar la vida de manera colectiva. Con el fin de criar a nuestros hijos así, nosotros mismos tenemos que desarrollarnos.
A menudo me visitan los pioneros. Somos grandes ami- gos. Trato de conocerlos, de averiguar cómo viven.
Una vez me visitaron unos pioneros de un hogar de niños en Ucrania. Todos ellos llevaban sus corbatas rojas.
Me hablaron formalmente de su trabajo en la escuela. Entonces pregunté: «¿Alguna vez jugáis o no?».
Tenían miedo de que en el Comisariado de Educación les preguntaran si alguna vez jugaban. ¿Quizás estaba mal ju- gar? Continué diciendo: «¿Sabéis jugar al pillapilla?».
Al principio no lo entendieron, porque en ucraniano el juego tiene otro nombre. Cuando se dieron cuenta de lo que quería decir, nos pusimos a hablar sobre a qué jugar, sobre juegos divertidos e interesantes, sobre lo que uno podía aprender jugando.
Hay que saber acercarse a los niños. La mayoría de vo- sotras tiene hijos propios; tenéis instinto maternal y sabéis cómo tratar a los niños, no formalmente, sino como una realmente debe hacerlo: tratando a los niños correctamente y mostrándoles con el propio ejemplo, con la propia actitud
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seria hacia la vida, por qué y cómo deben estudiar, cómo de- ben tratar a sus compañeros, cómo deben ayudarse unos a
otros.
Por supuesto, todo esto es muy complejo. Es fácil hablar de ello desde el estrado, pero es mucho más difícil hacerlo en la vida real. Pero creo que habéis hecho un comienzo. Habéis comenzado a participar en la obra de construcción socialista, y esto contribuirá a vuestro desarrollo, os ayu- dará a aprender a educar debidamente a vuestros hijos, a ser verdaderas amigas y camaradas de vuestros maridos, a sacar más provecho del contacto con ellos y darles más a cambio.
En conclusión, permitidme decir lo que temo. Temo que de algún modo os convirtáis en una estrecha organización de esposas de ingenieros.
[Voz: «Trabajaremos juntas con las esposas de los esta- janovistas».]
Eso espero sinceramente.
Camaradas, permitidme concluir con esto y desearoséxito en vuestro trabajo, desear que al hacer este trabajo po- dáis escuchar atentamente las instrucciones del Partido Co- munista y del gobierno soviético, que conducen a los millo- nes de trabajadores que están construyendo sociedad comu- nista. Bajo la dirección del Partido, bajo la dirección del gran Stalin, os convertiréis en verdaderas organizadoras.
¡Saludos, camaradas!
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3. LA ESPOSA:
AMIGA Y COMPAÑERA DE SU MARIDO SOLDADO
Discurso pronunciado en el Congreso de Esposas de Comandantes del Ejército Rojo
¡Camaradas! Permitidme, en primer lugar, saludaros, esposas de los comandantes de nuestro Ejército Rojo.
Nuestro valiente Ejército Rojo creció en medio de las grandes penurias de la Guerra Civil, en la que muchas de vosotras mismas tomasteis parte. El poderío de nuestro Ejército Rojo se forjó en duras batallas. Su fuerza radica en la organización, la unidad y la profunda conciencia de clase de nuestros hombres del Ejército Rojo. El rasgo distintivo de nuestro Ejército Rojo, su diferencia con los ejércitos de los países burgueses, radica en el hecho de que lucha por la gran causa de Lenin y Stalin, una causa querida por todos los trabajadores, por los muchos millones que pueblan nuestro país, por nuestros obreros y koljosianos. El Ejército Rojo protege lo que el pueblo trabajador ha ganado en una lucha larga y persistente. Nuestro Ejército Rojo se distingue por ser el ejército del País de los Soviets, el ejército del país donde el socialismo ha triunfado.
Estas victorias se han obtenido gracias a la dirección de nuestro Partido, a la dirección del camarada Stalin. Estas victorias son inspiradoras. La gran Constitución de Stalin ha registrado lo que ya se ha ganado, lo que se ha logrado en nuestro país. Hace posible una lucha aún más amplia y enérgica de millones por la fase superior del comunismo, por una vida aún más brillante y feliz.
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Es por eso, camaradas, que todas nosotras saludamos tan calurosamente la Constitución de Stalin, que los corazo- nes de las ciudadanas de nuestra tierra socialista están lle- nos de tanto amor por el camarada Stalin y sus camaradas más cercanos. Participaron directamente en la Guerra Civil y llevaron al Ejército Rojo a la victoria.
Los nombres de Stalin, de Voroshílov, sirven como es- tandartes para nuestros hombres del Ejército Rojo, y tam- bién son su bandera.
Estáis ligadas por mil lazos al Ejército Rojo. Vivís la vida que vivís y estáis llena de amor por el camarada Stalin, el camarada Voroshílov y todos los líderes de nuestro Partido y gobierno. Habéis sido entrenadas por el Ejército Rojo. Participáis en el trabajo social. Estáis en medio de la cons- trucción socialista. Participar en la vida social, estar en me- dio de ella, ser un trabajador activo en la construcción so- cialista es un gran honor. No lleváis una vida de reclusión, sino una vida de muchos intereses; sentís que vuestro tra- bajo está dando resultados positivos. El Ejército Rojo os da mucho; os ayuda a convertiros en trabajadoras ilustradas, activas, bolcheviques del Partido o sin Partido.
Cada congreso en nuestro País Soviético, si está debida- mente organizado, es una revisión de lo que se ha logrado. El presente congreso es también una revisión de una enorme cantidad de trabajo. Desde esta plataforma hemos escuchado muchos discursos vívidos y conmovedores, en los que la gente hablaba de su vida personal y de su propio trabajo y el de sus amigos. Esta conferencia ha demostrado que cientos de miles, millones de mujeres están ahora com- prometidas en el trabajo de construcción socialista.
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Camaradas, recuerdo la IV Conferencia de obreras sin partido, que tuvo lugar en 1919. En esta conferencia Vladi- mir Ilich Lenin dijo, al hablar de la construcción socialista:
Esta obra iniciada por el Poder soviético puede progre- sar únicamente cuando en ella tomen parte, en toda Rusia, no cientos sino millones y millones de mujeres. Entonces, estamos seguros de ello, se afianzará la obra de la construc- ción socialista. Entonces los trabajadores demostrarán que pueden vivir y pueden administrar sin terratenientes ni ca- pitalistas. Entonces será tan firme en Rusia la edificación socialista que no causará temor a la República Soviética ningún enemigo, exterior ni interior.1
Y ahora, camaradas, en este congreso, podemos ver muy claramente el crecimiento en la ilustración y la organización entre las masas femeninas que Lenin previó. Este aumento es el resultado de un trabajo extenso y planificado. Durante el último año se han organizado muchos congresos entre va- rios grupos de trabajadores y los líderes del Partido y del gobierno. Ha habido congresos de remolacheros, de tracto- ristas, de estajanovistas, de delegados de varias repúblicas nacionales. Cuando uno examina y reflexiona sobre estos congresos, uno siente qué vasto trabajo, sin paralelo en la historia, se está realizando ahora para organizar a millones.
Todos conocemos el gran rol del camarada Stalin en este trabajo. Y permitidme decir que nuestro trabajo, el trabajo
1 LENIN, V. I.: Las tareas del movimiento obrero femenino en la República Soviética; en Obras Completas, tomo 39, pp. 213-214. Editorial Progreso, Moscú, 1986. | N. de la E.
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de promover la ilustración y despertar la actividad de las masas de mujeres, también ha sido dirigido por él. El cama- rada Stalin ha subrayado una y otra vez el importante papel que desempeñan las mujeres en todas las esferas de la cons- trucción socialista, particularmente en las granjas colecti- vas; constantemente nos ha dado instrucciones exhaustivas, muy claras y específicas sobre los métodos de organización del trabajo entre las mujeres.
Echad un vistazo a toda la historia de nuestro movi- miento de mujeres. Al principio teníamos los Departamen- tos de la Mujer [Zhenotdels]. En su tiempo estos Departa- mentos cumplieron una función muy importante. Pero cuando el alcance del trabajo se hizo mayor, cuando se hizo necesario iniciar un verdadero movimiento de masas, resul- taron inadecuados. Surgieron otros métodos para desarro- llar este movimiento, y el movimiento se vinculó estrecha- mente con todo el trabajo de construcción socialista.
Me gustaría, con vosotras, expresar la más profunda gra- titud al camarada Stalin por lo que ha hecho para fomentar la ilustración de las mujeres, para desarrollar su actividad en el trabajo social, por lo que ha hecho para que las mujeres sean constructoras activas no de palabra sino de hecho.
Otra cosa que me gustaría, camaradas, sería expresar mis más cordiales agradecimientos al camarada Voroshílov, que está tan cerca de los hombres del Ejército Rojo y pone tanto cuidado y energía en el trabajo de abastecerlos, orga- nizarlos, elevar su conciencia de clase.
El trabajo de elevar el nivel cultural en el Ejército Rojo se lleva a cabo en un plano muy alto. No hay nada que se le asemeje ni remotamente en otros países, donde tratan de
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engañar y embaucar a los soldados. En nuestro país, por el contrario, se hace todo lo posible para ilustrar y elevar su nivel cultural, y también el de sus mujeres y de todos aque- llos con quienes el Ejército Rojo entra en contacto.
Camaradas, todavía se necesita mucho trabajo para ba- rrer los vestigios del pasado. Este trabajo está en marcha y se está extendiendo constantemente. Una reunión como la vuestra muestra cómo el hogar pequeñoburgués, estrecho y restringido, está siendo reemplazado por el hogar nuevo; en el que la esposa es amiga y camarada de su marido, su com- pañera más cercana. Camaradas, vosotras también sois hi- jas de la revolución, pero de la revolución socialista. Sin duda, vuestra reunión afectará mucho a la opinión pública en lo que respecta a la naturaleza del hogar socialista.
Finalmente, hay una cosa más que quería decir. Habéis hablado mucho aquí sobre vuestros diversos tipos de tra- bajo, habéis contado relatos muy interesantes de vuestro trabajo con adultos y con niños. Pero me gustaría llamar vuestra atención sobre otra esfera, donde vuestro trabajo y asistencia son muy necesarios. Vosotras, que estáis tan es- trechamente relacionadas con el Ejército Rojo, que estáis imbuidas de su espíritu de lucha y os dais cuenta de la nece- sidad de organización, disciplina consciente y dura fuerza de voluntad, en todas partes, en todo nuestro trabajo y en toda nuestra vida, vosotras sois precisamente las personas que pueden ayudar al Komsomol en su trabajo con la Orga- nización Jóvenes Pioneros.
Ahora se presta mucha atención a las escuelas, al entre- tenimiento y la recreación de los niños. Está muy bien. Pero sabéis por vuestros propios hijos el interés que tienen ellos
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en todo lo que sucede a su alrededor. Si participáis en este trabajo, si ayudáis a los líderes de los Pioneros en su trabajo, si miráis con ojos de madre lo que sucede en la Organización de Pioneros, ayudaréis a que se imbuya de esa conciencia social, de ese espíritu de lucha sin los cuales nunca forma- remos verdaderos leninistas, verdaderos estalinistas.
Por supuesto, nuestros hijos son los futuros luchadores. Pero los luchadores no se hacen en el último momento; tie- nen que ser entrenados durante años.
Y todavía tenemos mucho trabajo por delante. Vemos cuán fuerte es todavía la burguesía en los países capitalistas. En 1916 Lenin enseñó a las trabajadoras a criar a sus hi-
jos como luchadores por el socialismo, a decirles a sus hijos:
Pronto serás grande. Te darán un fusil. Tómalo y aprende bien a manejar las armas. Es una ciencia impres- cindible para los proletarios, y no para disparar contra tus hermanos, los obreros de otros países, como sucede en la guerra actual y como te aconsejan que lo hagas los traidores al socialismo, sino para luchar contra la burguesía de tu propio país, para poner fin a la explotación, a la miseria y a las guerras, no con buenos deseos, sino venciendo a la bur- guesía y desarmándola.2
Eso es lo que dijo Lenin hace veinte años a las mujeres más avanzadas de nuestro país. En nuestra Unión de Repú- blicas Socialistas Soviéticas, la burguesía ha sido finalmente
2 LENIN, V. I.: El programa militar de la revolución proletaria; en Obras Completas, tomo 30, pp. 144-145. Editorial Progreso, Moscú, 1985. | N. de la E.
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vencida en la lucha incesante de los trabajadores contra sus enemigos. No hay lugar para la burguesía en nuestro país. No tenemos lugar para la pobreza y la explotación. No hay lugar en nuestro país para los traidores a la patria socialista, para los que quieren restaurar el capitalismo, para esos ase- sinos, espías y diversionistas, los bandidos trotskistas y sus cómplices, los renegados de derecha. Limpiaremos nuestro hermoso soviet de toda esta inmundicia.
Es necesario que vosotras, camaradas, esposas de los co- mandantes del Ejército Rojo, toméis el movimiento pionero bajo vuestro cuidado, para ayudar a la Unión de Jóvenes Co- munistas en este trabajo. La guerra hoy en día es una cosa muy complicada. El entusiasmo por sí solo no será sufi- ciente. Es importante no sólo saber disparar, aunque eso es indispensable; pero es importante saber muchas otras cosas también. Es importante ser un buen explorador, orientarse rápidamente, conocer los medios técnicos modernos, ser hábil con las manos, ser profunda y conscientemente disci- plinado, estar entrenado en la acción organizada.
Nuestros hijos quieren ser así. Ayudadlos a través de la Organización de Pioneros a convertirse en auténticos leni- nistas, en estalinistas. Entonces la disciplina consciente serámayor también en las escuelas, y el trabajo escolar irá me- jor. Los niños son nuestro futuro.
Camaradas, permitidme desearos éxito en todo vuestro trabajo. Permitidme desear que vuestro trabajo social os brinde la mayor alegría, que vuestro trabajo diario, a me- nudo desapercibido, pero importante, haga todo el bien que puede hacer.
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Una vez más, expresemos juntas nuestros más sentidos saludos al camarada Stalin, al camarada Voroshílov, a todo el Buró Político de nuestro Partido, a los comandantes de nuestro propio Ejército Rojo.
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4. UNA FAMILIA SOVIÉTICA FUERTE
Prefacio al panfleto«La nueva ley sobre la madre y el niño»1936
Después de una amplia discusión en las reuniones y en la prensa del proyecto de decreto Sobre la prohibición del aborto, el aumento de la ayuda material a las madres jó- venes, el establecimiento de ayudas estatales a las familias numerosas, la ampliación de la red de casas de materni- dad, guarderías y jardines de infancia, el aumento de las penas por impago de alimentos, y ciertas modificaciones en las leyes de divorcio, este decreto , con ciertas adiciones y enmiendas, ha sido aprobada por el Comité Ejecutivo Cen- tral y el Consejo de Comisarios del Pueblo de la U.R.S.S.
La ejecución de este decreto supondrá grandes gastos por parte del Estado soviético. Pero nuestra Unión de Repú- blicas Socialistas Soviéticas se ha vuelto tan fuerte que puede darse el lujo de asumirlas.
¿Por qué el gobierno emprende estos grandes gastos? Porque considera de gran importancia las medidas conteni- das en el decreto para remodelar la vida personal de las per- sonas, para emancipar efectivamente a la mujer trabaja- dora, para establecer adecuadas relaciones familiares.
Precisamente porque la ley ahora adoptada es de gran importancia, primero ha sido puesta a discusión entre el pueblo.
Tal discusión es de la mayor importancia. En primer lu- gar, la discusión universal del proyecto de decreto ha
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llamado la atención general, lo ha acercado a las más am- plias masas. Todos hicieron sus sugerencias. Por supuesto, sólo un pequeño número de estas sugerencias, las más im- portantes, las más esenciales, han podido incluirse en el de- creto. Pero estas sugerencias plantearon una serie de pre- guntas serias que ayudarán en la ejecución del decreto.
Las personas que trabajan en los Comisariados del Pue- blo de Justicia, Salud y Educación leerán una y otra vez es- tas sugerencias de diversos estratos del pueblo para poder llevar a cabo este decreto de la manera soviética adecuada, como Lenin hubiera querido que se llevara a cabo, como exige Stalin.
La discusión universal del decreto ayudará a su correcta aplicación. La discusión universal del decreto despertará la atención pública y ayudará a establecer el control público sobre este trabajo.
Lenin habló muchas veces sobre la necesidad de involu- crar a cada cocinera en el trabajo de gobernar el estado. La discusión universal del decreto enseña a las masas a go- bernar. Para gobernar es esencial el conocimiento de la ma- teria de que se trate. Y la discusión del decreto promueve este conocimiento, llena el decreto con materia viva y prác- tica. La discusión del decreto permitió acumular enormes cantidades de material práctico sobre las condiciones de vida y la vida personal de nuestro pueblo trabajador. Los subcomités de los soviets podrán por sí mismos organizar la vida cotidiana sobre nuevas bases, sin confiar este trabajo a sus oficinas. El trabajo de los subcomités de los soviets en la remodelación de la vida cotidiana será ahora mucho más extenso y completo.
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Los problemas tratados en el decreto conciernen vital- mente a todas las familias y particularmente a las mujeres.
Las mujeres tomaron parte especialmente activa en la discusión del decreto y, por supuesto, esto es de suma im- portancia.
Es bien sabido que Lenin concedía una enorme impor- tancia a la cuestión de la emancipación de la mujer, la pro- moción de su ilustración y su incorporación al trabajo so- cial.
Se ha estado trabajando mucho para este fin todo el tiempo, pero los principios de Lenin podían aplicarse co- rrectamente sólo después de que se hubieran creado los re- quisitos previos necesarios para su realización.
Hace diez años, ¿podía el estado haber asignado tales fondos para casas de maternidad, guarderías y jardines de infancia? Hace diez años, ¿hubiera sido posible organizar una discusión tan amplia del decreto, para atraer a las al- deas a esta discusión? ¿Las voces de las campesinas habrían sonado tan fuerte en ese momento?
Una discusión especialmente acalorada fue provocada por la cláusula sobre la prohibición del aborto, que había sido legalizado en 1920.
Revisando algunos artículos antiguos míos, encontréuno en el que trataba en detalle la cuestión de los abortos. El artículo fue impreso en el Kommunistka, n.º 1-2, de 1920. Se titulaba La guerra y el parto.
La guerra –escribí en ese artículo– ha llevado al país al extremo de la miseria y la ruina. Y la miseria por regla ge- neral es la tumba de todas las relaciones humanas. La
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miseria obliga a las mujeres a vender su cuerpo, obliga a mujeres que no son prostitutas, sino madres de familia, a hacer de ello un oficio, quienes muchas veces lo hacen por el bien de sus hijos y por el bien de sus madres ancianas.
Las leyes soviéticas han cambiado la naturaleza del ma- trimonio, transformándolo del acuerdo puramente comer- cial que solía ser antes de la Revolución Socialista de Octu- bre en una unión basada en simpatías mutuas. Pero la Gue- rra Civil, las constantes evacuaciones, la ruptura de viejas costumbres que se fueron instaurando a lo largo de los si- glos, hicieron muy inestables los lazos matrimoniales.
Esta inestabilidad del matrimonio y las penurias mate- riales—laGuerra Civil, el estado arruinado del país, la esca- sez de alimentos— llevaron a que, en muchos casos, todo el peso de criar y educar a su hijo recayera sólo sobre la madre.
¿Cómo se ha de ayudar a la madre, quebrantada bajo la carga del parto y la crianza y educación de los niños? –es- cribía en mi artículo–. La respuesta es clara: el Estado no sólo debe comenzar la protección de la madre y el niño, no sólo debe cuidar a las mujeres durante el embarazo, y du- rante y después del parto, sino que debe establecer decenas de miles de guarderías, jardines de infancia, colonias infan- tiles y dormitorios, donde los niños recibirán atención y ali- mentación, donde vivirán, se desarrollarán y estudiarán en condiciones diez veces mejores que las que incluso la madre más amorosa podría proporcionarles con sus propios es- fuerzos sin ayuda.
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El gobierno soviético acabó con los viejos hogares que alejaban para siempre a los niños de sus madres; cerró los«establecimientos para la fabricación de ángeles» que ha- bían existido bajo el antiguo régimen y que en realidad ha- bían sido instituciones para el infanticidio encubierto. Esta- bleció hogares de niños, jardines de infancia y guarderías, pero en ese momento todo esto no era más que un grano de arena en el desierto.
La situación era especialmente grave en el campo, donde los kulaks eran activos en la agitación contra las guarderías. En 1919 todavía recibíamos peticiones firmadas con cruces por analfabetos, rogando que los niños no fueran puestos en las guarderías, que no fueran separados de sus padres para siempre. Los hogares de niños eran a menudo explotados materialmente por «maestros» que no tenían relación al- guna con la pedagogía, con la enseñanza y la crianza de los niños.
Así que en 1920 se agudizó este asunto de los abortos. Hasta ese momento, el aborto estaba penado por la ley. Pero la pena no recaía sobre quienes obligaban a la mujer a abor- tar, ni sobre quienes practicaban abortos ilegales en condi- ciones extremadamente insalubres y con métodos que du- rante mucho tiempo dañaron la salud de las mujeres en cuestión: era la mujer la que era responsable. En ese mo- mento escribí:
La lucha contra el aborto debe llevarse a cabo no persi- guiendo a las madres, que recurren al aborto muchas veces con gran riesgo para su propia vida, sino que debe
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orientarse a eliminar las causas sociales que han hecho ne- cesario que las mujeres recurran al aborto.
…Por supuesto, la impunidad con respecto a los abortos no puede librar a la madre de la depresión que produce un aborto. Todo su organismo ha entrado, por así decirlo, en el camino del parto, el organismo ha comenzado a adaptarse para nutrir al embrión dentro de él, y la madre suele sentir que la interrupción de este proceso es un crimen contra ella y su hijo. La excitación nerviosa y el anhelo que a menudo se pueden ver en los ojos de una mujer que ha recurrido a un aborto bastan para mostrar a qué precio la madre com- pra su libertad.
Fue sólo un deseo amargo lo que obligó a la mujer tra- bajadora a rechazar la maternidad.
La mejora de las condiciones generales de vida, y en par- ticular la protección de la madre y el niño y la educación pública de los niños, eliminará esta causa principal que en el momento actual obliga a las mujeres a violar sus instin- tos naturales, renunciando a la maternidad, la mayor de las alegrías.
Aquellos que realmente quieran sacar del orden del día todas estas horribles cuestiones del infanticidio, de los abortos, de los anticonceptivos, deben trabajar sin descanso para construir la nueva vida en la que la maternidad ocu- pará el lugar que le corresponde.
Han pasado quince años desde que se escribió ese ar- tículo. Ahora la cuestión de los abortos aparece bajo una nueva luz. Nuestro país se ha vuelto rico, poderoso y prós- pero. Nuestro pueblo está mejor educado y más ilustrado. Las mujeres se han convertido en una fuerza en las granjas
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colectivas. Se han vuelto activas en el trabajo social. Muchas de las mujeres son estajanovistas. Están estudiando mucho. El Partido y el gobierno rodean a los niños de atención pública; hacen que su infancia sea feliz. Es por una buena razón que millones de mujeres trabajadoras son tan devotas
de Stalin: ven su atención por la mujer trabajadora.
En estas nuevas condiciones la cuestión de la familia y de los abortos aparece bajo una nueva luz. El nuevo decreto jugará un papel muy importante en la remodelación de los modos de vida de las personas.
Es fundamental llevar a cabo este decreto en la mayor escala posible, para luchar por buenas casas de maternidad, guarderías y jardines de infancia. Hay mucho trabajo por delante.
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5. IMPORTANTE SECTOR
DEL TRABAJO DEL KOMSOMOL1
Artículo aparecido en la revista «Yuni Kommunist», n.º 8, 1935
Una de las tareas más importantes del Komsomol es lle- var hasta el fin la emancipación de las mujeres que con tanta tenacidad ha emprendido el Partido Comunista.
No es necesario hablar una vez más de lo mucho que he- mos avanzado en lo que atañe a la emancipación de las mu- jeres y al desarrollo de su conciencia. De ello se ha hablado y escrito mucho.
En este artículo me detendré en algunas tareas concretas que tienen ahora planteadas el Komsomol y, en particular, las komsomolas.
No se debe olvidar, ni por un instante, que las activistas del Komsomol deben de llevar tras sí a todas las jóvenes de la ciudad y del campo. Tenemos magníficas komsomolas ac- tivistas, pero si observamos la vida de todas las jóvenes en su conjunto, veremos que existen todavía muchas
1 Éste es el único texto del presente volumen del que nos consta previa traducción al castellano. Fue publicado con este título en la antología de N. Krúpskaya Acerca de la educación comunista (Editorial Progreso, sin año). Por las ligeras diferencias entre esta versión y la que aparece en el folleto de 1937 que venimos tradu- ciendo, presentamos primero la versión de Progreso, cuya fuente está fechada en 1935, y a continuación la traducción de la fuente fechada en 1936. Aunque nuestra editorial lo desconoce, los cam- bios pueden deberse a la pluma de la propia Krúpskaya, que quizámodificó el texto de 1935 para publicar la versión de 1936. | N. de la E.
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supervivencias del pasado. Es preciso realizar una gran la- bor cotidiana de esclarecimiento y organización. Esta labor, a menudo poco visible desde fuera, requiere mucha pacien- cia y tenacidad, pero es necesaria y debe realizarla diaria- mente el Komsomol.
Una de las supervivencias del pasado es el insuficiente desarrollo cultural de las mujeres. Este retraso cultural en- torpece mucho el trabajo y la actividad social de las mujeres y las jóvenes. Los quehaceres domésticos y el cuidado de los niños dificultan el estudio. Antes no se solía permitir que las muchachas fueran a la escuela porque debían ayudar en las labores de la casa o hacer de niñeras. La ley que establece la enseñanza general obligatoria ha desempeñado en nuestro país un papel de grandísima importancia. Los padres tienen ahora la obligación de instruir a todos sus hijos. No obs- tante, hay que vigilar el cumplimiento de esta ley y no per- mitir que se retenga a las muchachas en casa, alegando dis- tintos pretextos, al parecer, «respetables», vigilar para que los quehaceres domésticos no impidan que las muchachas preparen las lecciones, etc. Al mismo tiempo es preciso comprender que la labor escolar de las muchachas no es loúnico importante, que también lo es su participación en el trabajo extraescolar y social.
Pero no se trata sólo de las muchachas. Ahora se encuen- tran en condiciones incomparablemente mejores que lo es- tuvieron sus hermanas mayores. Hay que prestar especial atención a la defensa del derecho a estudiar y a la incorpo- ración real de las muchachas al estudio, sobre todo, en al- gunas repúblicas y regiones nacionales. Es indispensable un control social sistemático.
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Continúa siendo aún muy agudo el problema de propor- cionar conocimientos a todas las jóvenes y, particular- mente, a las del campo. El Komsomol y lodos los jóvenes deben prestar atención a este problema. El retraso cultural de las muchachas es un obstáculo para su vida. Ante todo, hay que liquidar el analfabetismo entre ellas. Sin embargo, el simple conocimiento de las primeras letras ya no es sufi- ciente. El nivel económico y social de la vida del País de los Soviets requiere que los trabajadores tengan un nivel cultu- ral que les permita adquirir por su cuenta nuevos conoci- mientos indispensables para el trabajo productivo, para realizar una fructífera labor social y para reconstruir toda la vida sobre la base de principios socialistas. El nivel actual de la ciencia y la técnica en cualquier rama de la edificación socialista exige de cada trabajador un nivel cultural bastante elevado. Y cuanto más elevado sea el nivel de la ciencia y la técnica y, por lo tanto, el de la maestría que exige el trabajo, mayores deben ser los conocimientos generales.
La edificación socialista requiere que millones de traba- jadores participen activamente en la labor colectiva social. Y para que este trabajo pueda desarrollarse acertadamente y entrar en el debido cauce es imprescindible un determi- nado nivel cultural.
Nuestras muchachas conocen las palabras de Lenin acerca de que «cada cocinera debe saber gobernar el Es- tado», hay que saber gobernar, hay que aprender a hacerlo, mas para ello se necesita saber mucho.
Tomemos, por ejemplo, el trabajo de los Soviets. Por re- gla general, los jóvenes de ambos sexos participan poco enél, les interesa poco el trabajo de las secciones y los
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delegados y delegadas no están rodeados de activistas. De- bemos lograr un viraje en este terreno. Lenin daba enorme importancia al trabajo en las secciones de los Soviets. Insis- tía en que los jóvenes colaboraran en este trabajo, porque lo consideraba como una escuela para aprender a gobernar.
En las secciones de los Soviets es preciso prestar una atención especial a la lucha contra la incultura en la vida co- tidiana que tan penosamente se refleja en las jóvenes. Mas para liquidar esta incultura hace falla tener conocimientos y comprender los problemas que se plantean en este te- rreno. Sin ello, la lucha contra la incultura se transformaráinevitablemente en imitación de la vieja cultura de los seño- res y los comerciantes.
En la actualidad se plantea con una fuerza especial el problema de la familia, de la educación y del modo de com- paginar la educación social con la familiar. Pero la educa- ción comunista de la nueva generación se basa también en la cultura y en la instrucción de los padres.
Por muchas vueltas que se dé siempre se llega a lo mismo: la construcción socialista requiere que todos los tra- bajadores tengan un determinado nivel cultural. El con- cepto de semianalfabeto es ahora más amplio. El hombre que no sabe geografía, que no conoce las etapas fundamen- tales del desarrollo de la humanidad, que no comprende los fenómenos de la naturaleza, que no sabe orientarse en el medio ambiente, ni poner la ciencia al servicio de la trans- formación del trabajo y la vida cotidiana, ni cómo y dónde aprender los conocimientos que necesita es un hombre poco instruido.
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El Komsomol debe luchar por que se abra el mayor nú- mero posible de escuelas para los jóvenes y adultos y conse- guir la asistencia de todos ellos. Hay que prestar una aten- ción particular a los jóvenes analfabetos o semianalfabetos. Todos los jóvenes, sobre todo las muchachas y la juventud koljosiana, deben adquirir los conocimientos que propor- ciona la escuela de siete grados. Ésta es una cosa muy im- portante y seria. La juventud ha de ponerse a la vanguardia de la lucha por que se abra el número suficiente de escuelas para conseguir ese fin. No se debe perder de vista a los ado- lescentes que no fueron a la escuela a su debido tiempo. En esa situación se encuentran numerosas muchachas. El tra- bajo entre esos adolescentes es transcendental pero no ha adquirido la amplitud suficiente ni abarca a todos ellos.
La autocapacitación cobra ahora una importancia espe- cial. Para realizar esta labor son indispensables las bibliote- cas. Hay pocas. Sin embargo, deben prestar sus servicios a toda la población. Actualmente se celebra un concurso para destacar las mejores bibliotecas rurales y los distritos que han montado mejor el servicio de libros a la población. Es preciso que todos los activistas del Komsomol y, en particu- lar, las jóvenes tomen parte en la organización de este con- curso.
Simultáneamente con la lucha por crear las condiciones indispensables para el estudio (el desarrollo de un sistema de escuelas para jóvenes y adultos en la ciudad y en el campo, la ampliación y el fortalecimiento de la red de bi- bliotecas, la organización de la ayuda a los que estudian por su cuenta, etc.) es preciso conseguir por vía sindical la pro- tección del derecho de las mujeres trabajadoras y de las
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jóvenes al estudio. Tomemos, por ejemplo, el sindicato de las sirvientas. ¿Qué hace este sindicato para que en el con- trato de trabajo se aseguren a las sirvientas determinadas horas para estudiar? ¿Se controla este aspecto de la cues- tión? ¿Se imponen multas a los dueños que no permiten es- tudiar a las sirvientas? ¿Cómo se protege el derecho a estu- diar de las jóvenes que laboran en la pequeña industria? En este sentido hay que hacer una gran labor.
En la etapa actual de desarrollo, el centro de gravedad del trabajo de los sindicatos en el País de los Soviets se tras- lada a la lucha por elevar el nivel cultural de las amplias ma- sas, por mejorar su vida y reorganizarla sobre nuevas bases. Las jóvenes están especialmente interesadas en este trabajo y deben emprenderlo con energía, incorporándose a la labor de los sindicatos.
La reorganización de la vida nos ha puesto frente al pro- blema de ahondar la revolución cultural. La vida nos ha planteado en toda su magnitud el problema de la familia, de las relaciones entre el marido y la mujer, entre los padres y los hijos y el problema de la educación de los niños. Estas cuestiones, que inquietan ahora de modo particular a los jó- venes, pueden ser resueltas únicamente partiendo de las concepciones comunistas, de los principios de la moral co- munista. Muchos problemas tenemos que afrontarlos de modo nuevo, como no se pudieron afrontar antes, ya que han cambiado radicalmente las condiciones. Hay que abrir en cierto grado nuevos caminos y se tropieza con grandes dificultades. La principal de ellas es que las viejas concep- ciones aparecen vestidas con ropaje nuevo, de moda. Por eso hay que estar alerta contra la moral pequeñoburguesa y
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contra las concepciones pequeñoburguesas de la familia y de la educación.
Hagamos un examen retrospectivo. Hace 75 años cam- paba por sus respetos el régimen de servidumbre en nuestro país. Los terratenientes disponían de la suerte de sus sier- vos, los vendían y los casaban por «consideraciones econó- micas». La vida familiar se basaba en la esclavitud: los hijos eran propiedad de los padres, y la mujer, del marido. No ca- bía hablar de las simpatías y del amor mutuo. Todo el horror de la vida familiar campesina de aquella época está brillan- temente descrito en un relato de Gorki, en el que cuenta que hace 75 años en el pueblo de Kondib, provincia de Jersón, un marido torturaba a su mujer sin que se inmutaran los campesinos que presenciaban la escena. Eso era una cos- tumbre.
En la década del 60 fue abolido el régimen de servidum- bre, viniendo a sustituirlo el modo de vida capitalista. Pero los puntos de vista feudales sobre la mujer se mantuvieron mucho tiempo en las costumbres.
Bajo el capitalismo se debilita la forma impositiva del matrimonio, pero éste no deja de ser una operación comer- cial. El «matrimonio por interés» continúa floreciendo. Es más ventajoso casarse con un rico o con una rica, con un hombre de posición o con la hija de un ministro. A veces, el interés no tiene un carácter tan marcadamente comercial, pero continúa siendo interés: llevar una dueña a la casa, el marido ganará para vivir, etc.
El matrimonio por interés propicia la falsedad y la hipo- cresía en las relaciones de los esposos. Hipocresía y falsedad que degeneran fácilmente en engaño. El matrimonio por
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interés se encubre a menudo con un juego al amor. La vida familiar basada en el interés proporciona pocas alegrías. Los esposos se «acostumbran» a veces, pero en la mayoría de los casos se recurre a los amantes y, sobre todo, a las prostitutas que, impelidas por la necesidad, comercian con su cuerpo. El matrimonio por interés va acompañado inevi- tablemente del engaño, la hipocresía y el libertinaje sexual. Naturalmente, la carga fundamental de tales matrimonios cae sobre la mujer.
Los rasgos negativos de los matrimonios por interés se acentúan todavía más en los medios pequeñoburgueses.
Marx y Engels escribían ya que sólo en el seno del prole- tariado podían surgir nuevas formas de relaciones matrimo- niales: el matrimonio basado en la mutua simpatía, en el mutuo amor, en la mutua confianza y en la identidad de opi- niones.
El derecho soviético ha creado las condiciones precisas para liberar a las mujeres de las viejas y penosas formas de relaciones matrimoniales. Pero en la vida continúa ha- biendo todavía muchas supervivencias de lo viejo. La psico- logía pequeñoburguesa asoma por todas las rendijas, en- mascarándose, vistiendo un nuevo ropaje, aprovechando la nueva situación.
Aún hay quien cree que la mujer es un «entreteni- miento». ¿Acaso no se dan, incluso entre los komsomoles, el galanteo, el libertinaje y actitudes irresponsables ante la mujer? «Pasemos bien el rato, divirtámonos, aún es pronto para casarnos.» Queda en estado la joven. «¡Vaya, qué cosa, que aborte!» Eso es no ver en la mujer una persona, sino un entretenimiento, un juguete.
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La psicología pequeñoburguesa se deja sentir con mucha frecuencia en los medios obreros. La gente quiere salir rápi- damente de la vieja miseria, de la brutalidad de las viejas relaciones familiares que llevan aún la impronta de las cos- tumbres feudales, pero no tiene la suficiente vigilancia, no nota la trivialidad pequeñoburguesa contra la que hay que luchar incesantemente.
Mientras en el campo predominaba la pequeña propie- dad privada y el aislamiento de la vida social que llevaba im- plícito, se mantuvieron largo tiempo las supervivencias del pasado en las costumbres. La colectivización de la agricul- tura y el cambio de la organización del trabajo han liberado a la mujer. La mujer constituye una fuerza en el koljós, y eso lleva consigo cambios radicales en las costumbres, en las re- laciones entre el hombre y la mujer y en las relaciones fami- liares.
En la actualidad, cuando en nuestro país se construye a toda marcha el socialismo, cuando crece por instantes la conciencia de los trabajadores, cuando el Partido, el Komso- mol y los sindicatos se preocupan mucho de la elevación del nivel cultural de toda la población, cuando se están creando las condiciones para transformar todo el género de vida (nuevas condiciones de vivienda, incremento del número de comedores públicos, de casas-cuna, de jardines de la infan- cia, de clubs, parques de cultura y descanso, etc.), cuando aflora una vida nueva, se fortalecerá de día en día la nueva familia, basada en una profunda confianza mutua, en la co- munidad de ideas y de opiniones, en la atracción natural y en el amor que proporciona tan grandes alegrías.
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Por fin, el problema de la educación. La mujer es madre
o lo será. El instinto de la maternidad, muy desarrollado en ella, le proporciona gran alegría.
Sentimos mucho respeto por las madres. La madre es una educadora natural que influye mucho en los hijos, sobre todo, en los pequeños. Los primeros años de la vida dejan huellas muy profundas en el carácter de la persona y en todo su desarrollo. El problema reside en cómo educa la madre.
Se puede hacer de la hija una esclava o una individualista pequeñoburguesa que no sienta ningún interés por la vida impetuosa que la rodea, que esté al margen de ella, preocu- pada únicamente de sus cosas, o una colectivista, construc- tora activa del socialismo, una persona que sienta la alegría del trabajo en común, de la lucha por grandes objetivos, una verdadera comunista.
Todo depende de cómo es la madre, de cuáles son sus
concepciones…
Nuestras instituciones preescolares y la escuela soviética deben ser un ejemplo de cómo se debe educar a los niños para hacer de ellos hombres nuevos, constructores del so- cialismo. La compaginación de la educación social que pro- porcionan las instituciones preescolares y la escuela con la educación familiar forjará una magnífica generación de hombres, si las madres sienten de todo corazón la causa del socialismo. Las komsomolas, como todo el Komsomol en su conjunto, deben realizar una gran labor en este sentido.
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5.1. MUJER: AMIGA, COMPAÑERA Y MADRE
Artículo en la Revista «Krestyanka», n.º 17, 1936
No hace falta hablar de los enormes logros que hemos conquistado en el ámbito de la emancipación de la mujer y el crecimiento de su conciencia de clase. Son de conoci- miento común.
En este artículo quiero tratar ciertas tareas específicas que ahora enfrenta el Komsomol, y particularmente las mu- jeres activas en él.
Nunca debemos olvidar que la activista debe llevar tras de sí a todas las mujeres jóvenes de las ciudades y del campo. Tenemos espléndidas activistas del Komsomol, pero si miramos a las masas de mujeres jóvenes en su conjunto, vemos que todavía hay muchos vestigios del pasado en los modos de vida de las personas. Y en este sentido es esencial mucho trabajo diario.
Uno de estos vestigios del pasado es el atraso cultural de las mujeres. Este atraso dificulta mucho a nuestras mujeres y niñas en su trabajo y sus actividades sociales. Antes no po- dían ir a la escuela porque estaban sobrecargadas con las tareas del hogar y el cuidado de los niños. A las niñas no se les permitía ir a la escuela, ya que las querían en casa para ayudar con las tareas domésticas y cuidar a los niños.
La educación universal obligatoria está jugando un papel de excepcional importancia en este sentido. Pero debemos ver que se aplique realmente, que las niñas no se queden en casa por todo tipo de razones «de peso», que sus tareas es- colares no se vean interferidas por las domésticas, etc.
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Pero la cuestión no se refiere únicamente a las colegialas:
viven en condiciones que ya son incomparablemente mejo- res que las de épocas anteriores.
El problema de la difusión del conocimiento sigue siendo agudo para nuestras jóvenes, especialmente en el campo.
Toda chica conoce las palabras de Lenin en el sentido de que «toda cocinera debe aprender a gobernar el Estado». Pero uno debe estudiar cómo hacer esto; hay que saber ha- cerlo; uno tiene que saber mucho, mucho más ahora que an- tes.
Debemos acabar con el analfabetismo. Pero simple- mente estar alfabetizado ya no satisface a las masas. En el nivel de vida económica y social que ha alcanzado ahora nuestro País de los Soviets, las masas necesitan conocimien- tos que abran el camino al trabajo creativo independiente, que eleven sus cualificaciones.
La producción socialista a gran escala, la colectivización de la agricultura, la economía estatal planificada, exigen un alto grado de cultura entre los trabajadores, exigen un co- nocimiento profundo por parte de los millones que partici- pan activamente en la construcción del socialismo. El signi- ficado del semianalfabetismo se ha vuelto más amplio. Una persona que no conoce la geografía y las principales etapas del desarrollo de la humanidad, que no comprende los fe- nómenos de la naturaleza, que es incapaz de comprender lo que sucede a su alrededor, que no sabe cómo utilizar la cien- cia para transformar el trabajo y la vida, o de dónde sacar los conocimientos que necesita, es semianalfabeto.
El Komsomol debe trabajar para desarrollar escuelas para adultos en la escala más amplia posible, no sólo
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escuelas de tipo avanzado, sino todo tipo de escuelas para adultos. El Komsomol debe velar por que todos los jóvenes asistan a escuelas para adultos.
Debe prestarse especial atención a aquellos jóvenes que hasta ahora han permanecido analfabetos o semianalfabe- tos. Todos los jóvenes, y en particular las niñas, en particu- lar los jóvenes de las granjas colectivas, deben aprender todo lo que se enseña en las escuelas de siete años. Éste es un asunto grande e importante.
Debemos prestar especial atención a la enseñanza de los jóvenes que no fueron a la escuela en el momento adecuado. Debemos prestar atención al trabajo entre estos mayores de edad. Hay muchos de ellos entre las chicas, y es muy impor- tante trabajar entre ellos.
Nuestra vida cambiante nos ha enfrentado a quema- rropa con los problemas de la familia, las relaciones entre marido y mujer, entre padres e hijos; nos ha enfrentado con el problema de educar a la nueva generación.
Éstos son los problemas que preocupan particularmente a nuestros jóvenes ahora. La solución correcta sólo se puede encontrar sobre la base de la moral comunista. Aquí nos en- contramos con grandes dificultades, y la principal dificultad es que muy a menudo las viejas opiniones se visten con atuendos nuevos y de moda. Necesitamos mantener una gran vigilancia a este respecto, especialmente contra la mo- ralidad del pequeñoburgués, las opiniones del pequeñobur- gués sobre la familia y la crianza de los niños.
Marx y Engels escribieron que sólo en las profundidades del proletariado podían nacer nuevas relaciones maritales, un matrimonio basado no en consideraciones materiales,
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sino en la atracción mutua, el amor mutuo, la confianza mu- tua y los puntos de vista comunes.
En la Unión Soviética se han creado las condiciones para emancipar a la mujer de las viejas y onerosas formas de las relaciones matrimoniales.
Pero todavía quedan vestigios de lo antiguo en la vida personal. La psicología del pequeñoburgués a menudo in- tenta colarse a través de todo tipo de grietas, disfrazándose con un nuevo atuendo.
Todavía, a veces, se ve a las mujeres como juguetes. Donjuanismo, libertinaje, una actitud irresponsable ha-
cia las mujeres, ¿no las encontramos incluso entre los miembros del Komsomol? «Daremos un paseo y lo pasare- mos bien, pero aún no es hora de casarnos»; ésa es la acti- tud. Una chica se queda embarazada: «Bueno, ¿qué pasa? Déjala que aborte». Esto no es amor; es la vieja manera de considerar a la mujer no como un ser humano sino como un juguete.
Mientras persistió la agricultura pequeñoburguesa indi- vidual —con su reclusión y su aislamiento de la vida social en el aldeano—, los vestigios de lo antiguo tuvieron un arraigo particularmente tenaz en la vida cotidiana, y sólo muy lentamente fueron eliminados. La colectivización de la agricultura, el cambio radical en la organización del trabajo, liberaron a la mujer. En las granjas colectivas, las mujeres se han convertido en una fuerza, y esto ha traído consigo un cambio también en las relaciones entre hombres y mujeres; las relaciones familiares comenzaron a cambiar radical- mente.
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En nuestro país ya se ha construido el socialismo, y el pueblo trabajador cada día y cada hora es más ilustrado. El Partido, el Komsomol, los sindicatos y los soviets dedican especial atención a elevar el nivel cultural de toda la pobla- ción. Ya se han creado las condiciones materiales para alte- rar todo el sistema de vida (nuevas condiciones de vivienda, aumento del número de comedores, guarderías, jardines de infancia, clubes, parques de cultura y descanso, etc.). Así es como cada día la nueva familia adquiere nuevas fuerzas ba- sadas en una profunda confianza recíproca, en una seme- janza de ideas, en una atracción natural que se desarrolla en la alegría sin límites del amor.
Y finalmente, la cuestión de la crianza.
Toda mujer es una madre o una madre potencial. Tiene un fuerte instinto maternal. Este instinto maternal es tam- bién una gran fuerza y una fuente de gran alegría.
La madre es la persona natural para criar a sus hijos. Su influencia sobre sus hijos, particularmente cuando aún son pequeños, es muy grande. Y sabemos que todo el carácter de una persona, todo su desarrollo lleva la huella de sus pri- meros años. El punto central es cómo se debe educar a los niños.
Uno puede criar a su hija en una obediencia servil, uno puede convertirla en una joven pequeñoburguesa que no se interesa por los acontecimientos de la vida que la rodea; o se la puede convertir en una constructora activa y colecti- vista del socialismo, en una persona que disfruta del trabajo sistemático, en la lucha por nuestro gran objetivo; se la puede convertir en una verdadera comunista.
Todo depende de cómo es la madre, de cómo ve las cosas.
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Friedrich Engels, el amigo de Marx y uno de los grandes fundadores del marxismo, escribió:
Sin embargo, si las ideas por las cuales somos hijos de lo nuevo se levantan y caen porque son verdaderas, entonces no está lejos el momento en que el corazón femenino lata tan cálidamente por el florecimiento de los pensamientos del Espíritu moderno como lo hace ahora por la piadosa fe de los padres, y sólo entonces la victoria de lo nuevo estaráa la puerta, cuando la joven generación asuma el reto de la leche materna.2
Hoy, mirando a nuestras obreras y koljosianas, se puede ver cuán ardientemente late su corazón por la realización del socialismo, por la doctrina de Marx, Engels, Lenin y Sta- lin, y se siente la enorme importancia de este hecho para la formación de la nueva generación.
Marx, Engels, Lenin y Stalin dedicaron mucha atención a las cuestiones de la educación. Nuestras instituciones para niños en edad preescolar, nuestras escuelas soviéticas de- ben mostrar a las madres cómo educar a sus hijos para que sean personas de nuevo tipo: constructores del socialismo. La combinación de la crianza pública que brindan nuestros jardines de infancia y escuelas con la crianza en la familia, cuando el corazón de las madres late con ardor por la causa del socialismo, crea una maravillosa generación de perso- nas. Nuestras jóvenes comunistas y el Komsomol en general deben desarrollar el trabajo en esta dirección a gran escala.
2 ENGELS, F.: Paisajes; en Friedrich Engels antes de Marx, p. 151. El Viejo Topo, Barcelona, 2020. | N. de la E.
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6. NO HAY NIÑOS «EXTRAÑOS»PARA NOSOTRAS
De un discurso en una conferencia de amas de casa activas,«Rabotnitsa», n.º 16, 1936
Camaradas, la vida en nuestra Unión de Repúblicas So- cialistas Soviéticas difiere cada año más de la vida en los países capitalistas. Los primeros pasos en la lucha por el so- cialismo fueron muy difíciles, pero ahora ya hemos cons- truido el socialismo. Los trabajadores y trabajadoras de to- dos los países están particularmente ansiosos por saber quése está haciendo en nuestro país y cómo se está haciendo.
En 1937 tendrá lugar una exposición internacional en París. Los trabajadores de todos los países vendrán a verlo, y debemos mostrarles todo lo que distingue nuestra vida de la vida en los países capitalistas.
El otro día estaba hablando de esto con varios camara- das. Ellos dijeron:
Debemos mostrar el gran plan de nuestro trabajo de construcción; debemos demostrar que construimos todo de acuerdo al plan.
Dije: «Así es; debemos mostrar esto».
Pero también debemos mostrar algo más: debemos mos- trar lo que decía Lenin y lo que ahora se lleva a cabo; que los planes que trazamos los están llevando a cabo millones de trabajadores, que lo hacen conscientemente y se desarrollan en el proceso. Eso es lo que distingue a nuestro país de otros países.
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Por ejemplo, el plan de electrificación. Debemos mostrar cómo se llevó a cabo la propaganda a favor de la electrifica- ción entre las masas.
Y luego también deberíamos mostrar cómo se han re- construido nuestras fábricas: cómo eran, cómo son ahora con respecto a las instalaciones, la distribución del trabajo y toda la organización de la mano de obra en general.
Debemos mostrar cómo son nuestras ciudades ahora. Y aún más importante, debemos mostrar cómo está cam- biando nuestro modo de vida, cómo está cambiando la gente. Y a este respecto, nuestras activas amas de casa de- ben recibir no poco crédito.
Antes toda ama de casa pensaba sólo en sí misma: aquíestá mi hijo, y en cuanto a los otros niños, ellos no me preo- cupan. Ahora las cosas han cambiado. Vuestra reunión ha- bla del cambio. La camarada de Podolsk dijo aquí que no sólo ama a su propio hijo, sino también a otros niños. Esta labor social de nuestras amas de casa y madres es de gran importancia educativa para todos nuestros niños.
Otra ama de casa nos contó aquí cómo ayudó a un niño sin hogar a integrarse.
Las madres han cambiado, y su actitud hacia sus propios hijos y los niños «extraños» también ha cambiado. Las mu- jeres trabajadoras de la fábrica Trejgorka se ofrecieron a lle- var con sus familias a los niños sin hogar de los hospicios infantiles durante las vacaciones. Estuve presente en una reunión después de las vacaciones, donde contaron cómo habían ido las cosas. En primer lugar, los niños estaban muy contentos; estaban orgullosos de que ahora ellos también tendrían padres y madres, y cuando los traían corrían hacia
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ellos gritando: «¡Mi papá, mi mamá!». También contaron cómo se portaban los niños: qué cuidado ponían en doblar su ropa prolijamente, cuán alegremente cantaban, etc.
Una de ellas dijo:
Tomé a una niña pequeña, una niña agradable. Tal vez no entendió todo lo que le dije. Pero traté de decirle cómo trabajo al estilo estajanovista en mi fábrica. Puede que no lo entienda ahora, pero recordará toda la vida lo que su nueva madre le dijo sobre la forma en que trataba de traba- jar.
La mujer que dijo esto había mirado profundamente en la vida de un niño. Se dio cuenta de lo importante que es que la madre hable sobre su trabajo, sobre su actitud hacia su trabajo.
En la Exposición de París también es importante mos- trar cómo nuestras mujeres estajanovistas están cuidando de sus propios hijos y de todos los niños en general, cómo nuestras amas de casa han llegado a interesarse por todos los niños. Ésta es una cuestión de primera importancia.
Viví mucho tiempo en la emigración al extranjero y vi la vida restringida que lleva la gente allí: «Mi familia, mi hijo, mi casa».
Hemos conseguido un gran logro en este sentido. Es lo que quería Lenin: el cambio en la vida cotidiana. Ahora las propias amas de casa lo están cambiando.
En la exposición también debemos mostrar cómo en sus primeros años de su existencia, el gobierno soviético planeóreorganizar nuestro país campesino sobre una base
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colectiva, cómo se inició este trabajo bajo la dirección del Partido, bajo la dirección de Lenin, y cómo continuó desa- rrollándose bajo la dirección de Stalin. Debemos mostrar qué vida feliz, próspera y culta están comenzando a llevar nuestras granjas colectivas.
Debemos mostrar cómo ha aumentado nuestro espíritu social y cómo ha cambiado toda nuestra vida, mostrar cómo eran los niños antes y cómo son ahora, mostrar el cuidado de los niños en nuestro país soviético.
Pero, por supuesto, no debemos cerrar los ojos ante el hecho de que todavía tenemos ciertos vestigios del pasado. Debemos esforzarnos especialmente en lo que respecta al trabajo cultural, debemos hacer esfuerzos particulares para no dejar analfabetos, ni creencias tontas, ni supersticiones absurdas. Debemos cuidarnos de cualquier influencia ajena que pueda afectar a nuestros hijos.
Debemos hacer que la vida de nuestros hijos sea tan in- teresante que les fascine, les ayude en sus estudios y les ayude a comprender correctamente lo que sucede a su alre- dedor. En este sentido, nuestras amas de casa pueden hacer un trabajo extremadamente importante.
Una de las compañeras que habló aquí nos habló de su trabajo en un jardín de infancia. Sabéis que la infancia de una persona afecta a toda su vida. Todos recordamos nues- tros años de infancia toda nuestra vida. En los jardines de infancia debemos tener madres que amen a los niños y que
observen como verdaderos bolcheviques cómo van las cosas en los jardines de infancia, para que los niños sean educados como debe ser. Nuestras amas de casa, obreras y koljosianas deben estar en estrecho contacto con las escuelas, deben
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ayudar a nuestros hijos a crecer para ser ciudadanos ilustra- dos de nuestro gran país. Debemos tener un cuidado colec- tivo por nuestros hijos, quienes constituirán la generación que llevará la causa de Lenin y Stalin hasta su culminación.
Permitidme expresaros el deseo de que cada una de vo- sotras haga el mayor bien posible en la obra de construcción del socialismo.
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7. SER MAESTRA ES UN HONOR
Artículo en «Za Kommunisticheskoye Prosveshcheniye», n.º 151, 7 de noviembre de 1936
Nuestras maestras soviéticas, que constituyen la gran mayoría de todas nuestras fuerzas docentes, se enfrentan a la tarea de criar a la generación que llevará a cabo la causa de Marx, Engels, Lenin y Stalin. La formación de la nueva generación es un trabajo de gran importancia.
Las maestras están haciendo este trabajo bajo la direc- ción del Partido. Basta reflexionar sobre las decisiones del Comité Central con respecto a las escuelas —las directrices políticas que dan, sus instrucciones organizativas específi- cas— para comprender la importancia que el Comité Cen- tral otorga a las escuelas.
Las escuelas son asistidas en su trabajo por el Komso- mol, al que el Partido encarga tareas cada vez mayores en lo que se refiere a las escuelas. La decisión sobre el nombra- miento de los organizadores del Komsomol en las escuelas es de gran importancia.
Los soviets están ayudando al Comisariado Popular de Educación a construir docenas de nuevas escuelas.
Nuestras maestras están realizando su trabajo no en re- cónditos establecimientos educacionales, al margen de la
obra de construcción socialista, sino en medio de ella. Nues- tras maestras están realizando esta labor no en un país po- bre y atrasado, sino en un país de enorme riqueza natural, en un país donde la gran industria crece y se fortalece cada día, donde la agricultura se ha transformado en gran
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agricultura basada en la colectivización, en un país donde millones de habitantes se están convirtiendo en constructo- res conscientes del socialismo, organizadores colectivos, donde cada día aprenden a trabajar mejor y más eficiente- mente.
La profesión de maestro es ahora una de las más serias y una de las más agradecidas. Y el papel de esta profesión y su importancia seguirá creciendo cada vez más.
Pero para que el maestro realmente lleve a cabo esta ta- rea verdaderamente grande que ahora tiene ante sí, debe ante todo trabajar incansablemente para mejorarse a símismo, para adquirir conocimientos de una manera leni- nista, para aprender a trabajar como enseñó Lenin y como nos enseña Stalin. Debe entrenarse para ser un organizador colectivista, un verdadero comunista.
Pero no son sólo los docentes los que se enfrentan a este trabajo de tanta responsabilidad. El país entero debe pres- tar a nuestras escuelas mayor ayuda, ayuda real, en todas las fases de su trabajo; debe dar a nuestras escuelas, a nues- tros escolares y maestros atención y ayuda proletarias. El público soviético es una gran fuerza y debe hacer todo lo po- sible para ayudar a las escuelas.
Si echamos la vista atrás al camino recorrido por nuestro país soviético durante los dieciocho años transcurridos desde la Revolución de Octubre, vemos cómo avanzamos paso a paso, el esfuerzo de millones ha superado dificulta- des increíbles. Superar estas dificultades en el frente militar y económico nos ha proporcionado una nueva base para el trabajo cultural. Se han creado nuevas y mejores condicio- nes de trabajo en todos los ámbitos de la construcción
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socialista. Ni siquiera podemos comparar las condiciones de trabajo durante los primeros años del gobierno soviético con las que existen ahora.
Ahora sólo tenemos que hacer el mejor uso de nuestros logros económicos, de los cambios en la psicología humana, del creciente espíritu colectivo y la capacidad organizativa de las masas, de los cambios que han tenido lugar en el tra- bajo y en la vida cotidiana. Todavía no hemos aprendido cómo hacerlo tan bien como deberíamos.
Pero la generación más joven está creciendo en condicio- nes que son tan nuevas que los niños apenas pueden imagi- nar lo que existía hace sólo un cuarto de siglo. Todo maestro lo sabe. Y no lograremos formar ciudadanos ilustrados si no les enseñamos a comprender el pasado.
El Komsomol, los maestros, los escritores soviéticos de- ben hacer todo lo posible para decirles a los niños, para mostrarles lo más vívidamente posible de qué se trataba la lucha, por qué las masas se levantaron en la lucha, por quéel Partido Bolchevique adquirió una influencia tan enorme; para mostrarles lo que significa el gobierno soviético, y cómo creció y se fortaleció. Dar a los niños una imagen clara y sencilla de la gran Revolución de Octubre es una parte esencial de la educación comunista de nuestros hijos.
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8. DEBEMOS TENER ALFABETIZACIÓN Y CULTURA UNIVERSALES
Artículo en la Revista «Krestyanka», n.º 24, 1935
Las mujeres de las granjas colectivas se han vuelto ilus- tradas y activas. Nuestros periódicos y revistas están llenos de informes sobre la nueva forma en que trabajan y los tre- mendos resultados que están logrando. Todos sabemos quécuidado y atención prodigan el Partido y el gobierno sovié- tico a nuestras camaradas activas. Ya pasaron los tiempos en que había que convencer a las campesinas de que el go- bierno soviético era bueno. Ahora sus corazones están lle- nos de amor por su país, amor por el camarada Stalin, que tanto está haciendo por la emancipación final de las mujeres trabajadoras.
Pero nuestras mujeres koljosianas a menudo se ven obs- taculizadas para desarrollarse plenamente por la falta de educación y conocimiento, esa herencia del pasado. El go- bierno soviético ha introducido la educación obligatoria universal: todos estudian, nuestros jóvenes están creciendo bien educados y bien informados. La vieja ignorancia ha sido desarraigada.
No son sólo las mujeres jóvenes, sino también las muje- res de mediana edad, e incluso las ancianas, las que luchan por una vida nueva y más brillante, trabajadoras de choque y trabajadoras sociales activas en nuestras granjas colecti- vas. Tomemos como ejemplo a los cultivadores de remola- cha que han recibido la Orden de Lenin. ¿Son todos
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jóvenes? Aquellos que tienen una rica experiencia en la vida, pero que no la obtuvieron cuando eran jóvenes, sienten a cada momento cómo se ven obstaculizados por la falta de educación y conocimiento.
Hace cuarenta años, en 1895, Lenin, en el primer ar- tículo que escribió para los trabajadores (¿En qué piensan nuestros ministros?), mostró los esfuerzos que hicieron los ministros del zar para mantener a los trabajadores alejados del conocimiento. El artículo cerró con las palabras:
¡Obreros! ¡Ya veis el miedo mortal que tienen nuestros ministros a la unión del saber con el pueblo trabajador!¡Mostrad a todos que no hay fuerza capaz de arrancar la conciencia a los obreros! ¡Sin conocimientos, los obreros están indefensos; con conocimientos, son una fuerza!1
En ese momento, este artículo no sólo no logró llegar a los campesinos y campesinas, sino que tampoco llegó a los trabajadores de la ciudad. Fue confiscado cuando los gen- darmes del zar arrestaron a Lenin, y sólo después de la re- volución, después de la muerte de Lenin, se encontró en los archivos de la policía secreta y se publicó.
Han pasado muchos años desde entonces. ¿Quién no sabe hoy en día que el conocimiento es poder? El gobierno soviético ha hecho mucho para acabar con el analfabetismo y el semianalfabetismo. Más de 40.000.000 de personas han aprendido a leer y escribir en estos dieciocho años, pero
1 LENIN, V. I.: ¿En qué piensan nuestros ministros?; en Obras Completas, tomo 2, p. 82. Editorial Progreso, Moscú, 1981. | N.
de la E.
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aun así la obra no está terminada: en los pueblos y caseríos de nuestro país todavía hay no sólo semianalfabetos, sino personas totalmente analfabetas, especialmente entre las mujeres.
Antes de morir, Lenin dijo: debemos acabar por com- pleto con el analfabetismo y el semianalfabetismo, pero sólo podremos hacerlo cuando los propios analfabetos y semi- analfabetos se pongan manos a la obra.
Han pasado doce años desde entonces. Se ha hecho mu- cho, pero no todo. La gente se avergüenza si ahora es anal- fabeta; pero no deben ocultarlo, deben deshacerse de ello. Está en juego el honor de cada koljosiano en este asunto de eliminar totalmente el analfabetismo y el semianalfabe- tismo entre las mujeres de los koljoses. Esto debe hacerse tan pronto y tan minuciosamente como sea posible. Debe- mos erradicar la ignorancia, el analfabetismo y el semianal- fabetismo. Los soviets de aldea, las mujeres de los koljoses en los soviets y los comités ejecutivos y las direcciones de los koljoses, las jóvenes koljosianas deben ponerse manos a la
obra, deben controlar a todas las mujeres de los koljoses para saber si saben leer y escribir, y hacer todo lo posible para ayudar a las que están atrasadas en esto.
Hay una decisión del Partido de eliminar completa- mente el analfabetismo y el semianalfabetismo al final del período del Segundo Plan Quinquenal. Debemos verificar cómo se está llevando esta decisión, debemos trabajar para que se lleve a cabo en su totalidad en cada granja colectiva.
Pero la mera alfabetización no es suficiente: «además de la alfabetización, necesitamos trabajadores cultos, ilustra- dos y educados» (Lenin).
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Cuando el movimiento estajanovista surgió en la ciudad y en el campo como resultado de nuestros logros, cuando los
obreros y los koljosianos se propusieron lograr la mejor or- ganización posible del trabajo en su esfera de actividad, to- dos ellos, y especialmente las mujeres de los koljoses, co- menzaron a sentir más agudamente que nunca lo insuficien- tes que eran sus conocimientos.
Porque uno debe ser capaz de escribir documentos co- merciales de forma breve, clara, sensata, hacer cálculos, leer libros sobre ciencias naturales, sobre el cuidado de plantas y animales, sobre organización laboral, sobre cuestiones técnicas. Hay que saber sacar información de los libros, que se pueda aplicar inmediatamente al trabajo, a la organiza- ción del trabajo en la brigada, a la vida en la granja colectiva. La mera alfabetización no es suficiente. Debemos organizar escuelas de adultos en el Estado y granjas colectivas tam- bién para personas alfabetizadas, para que puedan conti- nuar sus estudios sin abandonar su trabajo. Este asunto no admite demora.
El Partido y el gobierno están dedicando especial aten- ción a la educación de adultos. Todo lo que es necesario es asegurarse de que esté debidamente organizado localmente, que los granjeros colectivos ejerzan un control público sobre cada escuela para adultos, que hagan todo lo que esté a su alcance para asegurar la cooperación de la gente en el lugar:
maestros, agrónomos, contables, ingenieros.
El 14 de noviembre de 1920 Lenin visitó el pueblo de Kashino, en el que los campesinos habían construido una central eléctrica con sus propios esfuerzos. Estuvo presente en la inauguración de esta estación, y aplaudió la iniciativa
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de los campesinos; les habló mucho sobre la importancia de la tecnología y la electrificación, sobre la cultura y la necesi- dad de que las masas adquieran conocimientos. Ahora no hay un solo campesino o un solo analfabeto en Kashino.
En el VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia, en di- ciembre de 1920, Lenin dijo:
Es necesario lograr que cada fábrica, cada central eléc-
trica se convierta en un foco de instrucción (…).2
Ahora hay muchos de esos centros. Debemos velar por que las escuelas de adultos utilicen todos nuestros logros para impartir conocimientos a los koljosianos, que las es- cuelas de adultos sean capaces de utilizar las fuerzas y los logros de todos los agricultores estatales de su barrio.
El estrecho contacto entre el trabajo de las escuelas de adultos y la actividad práctica, las tareas a las que se enfren- tan nuestros koljosianos en la organización de su trabajo y de su vida, ayudarán a nuestro País de los Soviets a alcanzar el primer puesto también en lo que respecta a la cultura, a convertirse en un modelo para los trabajadores de la futura Europa, Asia y América socialistas. Lenin nos llamó a hacer esto; Stalin, el Partido y el gobierno soviético nos conducen hacia ello. No tenemos dudas de que las mujeres de los kol- joses estarán en primera fila en la lucha por la alfabetiza- ción, por el conocimiento, por la cultura.
2 LENIN, V. I.: VIII Congreso de los Soviets de toda Rusia; en Obras Completas, tomo 42, p. 167. Editorial Progreso, Moscú, 1986. | N. de la E.
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9. ¡OS DESEO ÉXITO EN VUESTRO TRABAJO!
Saludos dirigidos al Congreso de Jóvenes Obreras en las Repúblicas de las Minorías Nacionales,
«Komsomolskaya Pravda», 30 de septiembre de 1935
Mis sentidos saludos a los congresos de mujeres jóvenes en las repúblicas de las minorías nacionales de la U.R.S.S.
¡Queridas camaradas! Sois jóvenes y estáis llenas de vi- talidad. Estáis viviendo en la época de la construcción del socialismo, en la que ya se han creado las principales condi- ciones previas para su realización. Estáis viviendo en condi- ciones en las que podéis estudiar, podéis absorber toda la experiencia acumulada a lo largo del camino ya recorrido. Más que nadie, estáis interesadas en completar la causa de Lenin y Stalin. Todas vosotras sabéis que sólo el socialismo crea las condiciones para la emancipación definitiva de la mujer de la herencia milenaria de la opresión.
Hay mucho trabajo por delante: deshacerse de los viejos prejuicios en el modo de vida y en la mente de la gente, lu- char por la revolución mundial, dar a los niños una educa- ción comunista.
¡Sinceramente os deseo fuerza, profunda alegría en el trabajo colectivo de la construcción socialista y éxito en vuestro trabajo!
ÍNDICE
7 / NOTA EDITORIAL
9 / LA MUJER TRABAJADORA (1899)
11 / Introducción (1925)
15 / I. La mujer como miembro de la clase trabajadora 31 / II. Las condiciones de las trabajadoras en la familia 38 / III. Las mujeres y la crianza de los hijos
48 / IV. Conclusión
55 / LA MUJER SOVIÉTICA:
UNA CIUDADANA CON IGUALDAD DE DERECHOS. Recopilación de artículos y discursos (1937)
57 / 1. Luchando por la libertad
85 / 2. La espléndida iniciativa de las mujeres soviéticas
101 / 3. La esposa: amiga y compañera de su marido soldado 109 / 4. Una familia soviética fuerte
117 / 5. Importante sector del trabajo del Komsomol 129 / 5.1. Mujer: amiga, compañera y madre
133 / 6. No hay niños «extraños» para nosotras 139 / 7. Ser maestra es un honor
143 / 8. Debemos tener alfabetización y cultura universales 149 / 9. ¡Os deseo éxito en vuestro trabajo!
FIN
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