© Libro N° 13864. Conferencia
Precisiones Sobre La Paz Y La Democracia. Zuleta,
Estanislao. Emancipación. Mayo 24 de
2025
Título Original: © Conferencia Precisiones Sobre La
Paz Y La Democracia. Estanislao Zuleta
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Original: © Conferencia
Precisiones Sobre La Paz Y La Democracia. Estanislao Zuleta
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PRECISIONES SOBRE LA PAZ Y
LA DEMOCRACIA
Estanislao Zuleta
Conferencia
Precisiones
Sobre La Paz Y La Democracia
Estanislao Zuleta
CONFERENCIA DE ESTANISLAO ZULETA
SANTO DOMINGO (CAUCA) CIUDADELA DE LA PAZ
CAMPAMENTO DEL M-19
14 DE MAYO DE 1.989
Boliv-copia-2
LAS PRECISIONES
A ustedes que se embarcaron en la defensa de la paz
y en la lucha por construir una democracia amplia y participativa, voy a
hablarles de lo difícil que es sustentar y defender la democracia. Hay dos
problemas: nuestra historia y la democracia misma.
La democracia no pertenece a la tradición de la
izquierda y esto hay que decirlo francamente. La tradición nuestra ha estado
determinada por el marxismo, que no es un pensamiento democrático. En sentido
estricto, ideológico, Marx no lo era. Cuando Marx comentó los derechos humanos
confundió la ideología individualista, sensualista, utilitaria y liberal de la
época con el acontecimiento político mismo. Marx criticó una ideología que
proclamó los derechos humanos como una expresión simple del egoísmo del mundo
capitalista, del mundo burgués individualista, y de paso criticó esa concepción
de los derechos.
Los derechos humanos, como expresión, tienen un
origen: la declaración francesa y la norteamericana, que son anteriores a la
Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU y los cuales son
retomados por ésta torpemente. Así, se asimila democracia con derechos humanos,
considerados son conceptualmente una misma cosa. Y esto es torpe porque la
Declaración está basada en una cierta concepción ideológica de la naturaleza humana. Se dice,
por ejemplo, “Dado que todos los hombres nacen libres e iguales (...) deben
tratarse con fraternidad y todos tienen derechos...” La verdad es que, pese a
lo generoso, es radicalmente falso: los hombres, sinceramente, no nacen libres
e iguales. Los gorriones si nacen libres e iguales; los hombres nacemos en
clases y razas distintas: unos nacen con poder, otros con debilidad, mientras
unos tienen la posibilidad de abusar, otros – la mayoría – son vulnerables a
los abusos. Lo que parece positivo – “libres e iguales” – termina siendo
negativo y restrictivo.
Es el caso de aquel principio que se maneja con
gran liberalidad: “El derecho de cada cual termina donde comienza el del otro”.
¿Cuál derecho? ¿El de la propiedad? Eso era lo que le molestaba a Marx.
Hablando de la propiedad, este principio es correcto, pero no se ve claro por
qué mi derecho a educarme termina donde comienza el derecho del otro, o mi
derecho a tener casa o salud. Ahora bien, el derecho de asociación depende de
que los demás tengan ese derecho. Si no hay derecho a libre asociación o si sólo
tiene derecho a existir un partido único, entonces yo en verdad no tengo ningún
derecho. Es el caso también de la libertad de expresión. Si el Estado sólo
quiere escuchar su propia voz y además pretende que es la voz del pueblo, la
libre expresión no existe. Esa libertad es de todos o no existe. En las
sociedades teocráticas existe la libertad de expresión, pero ésta es la del
Imán.
NUESTRA ANTIDEMOCRACIA
Volviendo a nuestra tradición como izquierda, Marx
apuntaba a una forma de ejercicio del poder: la dictadura del proletariado, la
cual, entre otras cosas, ha llegado a ser la dictadura del partido, el partido
único que se confunde con el Estado. Con esa perspectiva como meta no se puede
ser demócrata. Precisamente, lo que se busca es abolir la concepción burguesa
de democracia. Dentro de la tradición marxista, la democracia es táctica. El
uso ha sido claro: hablo de democracia y eso me da espacio para hacer política,
pero cuando tome el poder cierro la posibilidad de que otros hagan política,
cierro el espacio. En la tradición de izquierda, la democracia es una máscara
que se pone el capitalismo, debajo de la cual se puede dar el lujo de explotar,
de hacer, de dominar...
Es claro – y de ahí la dificultad -: en gran parte
de las sociedades que se autodenominan “democráticas” no sólo existe una
distribución aberrante de los ingresos y de la riqueza, sino toda clase de
injusticias. Pero hay contiendas electorales que “legitiman” la dominación.
Reducen la democracia a un mecanismo procedimental de elección de presidentes y
congresos pero, en la práctica, los derechos que se consigan de poco sirven
porque no se da la posibilidad de ejercerlos.
Una cosa son los derechos y otras las
posibilidades. ¿De qué sirve el derecho de expresión si no existen los medios
personales o colectivos para ejercerlos?
Entonces, suele confundirse la defensa de la
democracia con la defensa de sociedades injustas, que se autoproclaman
“democráticas”. De aquí la dificultad en defenderla.
LOS ENEMIGOS: EL AYER Y EL HOY
Ustedes se han comprometido a defender, promover y
construir una democracia ampliada,
participativa y van a encontrarse con grandes dificultades, reservas y hasta
hostilidades.
Clásicamente se ha combatido la democracia de dos
formas, y este debate tiene ya milenios. Se la ha combatido desde el
racionalismo y desde el irracionalismo.
El ejemplo del racionalismo está en Platón, que era
adversario de la democracia ateniense. Si bien se trataba de una forma de
gobierno extremadamente limitada, pues sólo tenían derecho a ejercerla los
ciudadanos con exclusión de los esclavos, que eran la mayoría, la democracia
era muy desarrollada. Durante la época de Pericles, el ciudadano ejercía su
derecho: polemizaba en la plaza pública, hacía propuestas, vetaba, decidía por
votación, elegía al dirigente por un período... ejercía las ventajas de la democracia.
Nadie ocupa el poder por derecho propio, sólo se puede ocupar por delegación
transitoria, 4,5 o 6 años y cumplido el periodo, elecciones y vuelve y juega.
Reconquistar o perder el poder es el rasgo esencial, no existe el derecho
propio o por sangre, nobleza, derecho de propiedad, herencia o porque se tiene
la “VERDAD”.
Para Platón, a la autoridad o el poder los legitima
sólo el saber, por eso propuso en la República el gobierno de los filósofos y
para justificarse daba un ejemplo: el del capitán del barco. ¿Quién puede
serlo? Sólo el que mejor conozca la navegación, los vientos, los mares, y las
estrellas para guiarse. Esa, para él, es la autoridad legítima. Ni la elección
por parte de la mayoría de la tripulación, ni un asalto al barco, ni un golpe
de Estado, digamos, legitima; sólo el saber puede hacerlo. Claro, Platón se
olvidaba de un pequeño e importantísimo detalle: en política no se trata
solamente de lo verdadero y lo falso sino también de los intereses. Si ese
señor que sabe tanto de las mareas y las estrellas y que domina los vientos
tiene la particularidad de querer llevar el barco a un puerto donde sólo él y
su familia hacen buenos negocios y donde la tripulación no quiere ir, su poder
nunca será legítimo.
Otro elemento más: en el barco está bien que sólo
haya un piloto y no que tres partidos estén disputándose el timón y
sucesivamente cambiando el rumbo, porque a lo mejor se estrella el barco o no
llega a ninguna parte. Si dejamos la metáfora y nos adentramos en las
sociedades, el asunto se complica por aquello de los intereses encontrados, los
grupos de opinión o de poder diferentes.
Me he ido a ese ejemplo tan antiguo porque la idea
del saber como legitimidad está absolutamente presente hoy: las minorías son
las que tienen formación, son las más ilustradas. Los opositores de la
democracia, las mayorías ni siquiera saben o entienden; entienden los expertos,
los ilustres, los padres de la patria, los tecnócratas... y se preguntan ¿para
qué un plebiscito si el pueblo no sabe de qué está opinando? Pan y circo, a lo
sumo.
No, no es una idea rara de Platón, es una corriente
antidemocrática en el presente. El saber, por ejemplo – ese privilegio que
“legitima” e ilumina sobre el destino de la historia y sus leyes -, no necesita
estar ya en los filósofos, puede estar en el comité central de un partido o en
el club de los expresidentes. Esos que tienen hoy el poder “legítimo” del saber
son Platón, o los que en nombre de la ciencia del marxismo-leninismo o de la
revelación, del Corán o del neoliberalismo, se colocan por encima de la
sociedad y representan la antidemocracia del hoy.
Pero el asunto no queda allí, se da también una
manipulación de la “verdad” o las “verdades”. ¿Cómo va a ser falso que el saber
del Corán se lo dictó el arcángel San Gabriel a Mahoma en una cueva? ¿O que,
como vocero del Espíritu Santo y especialista en las comunicaciones del cielo,
vino a contarle a la virgen María sobre su embarazo...?
Esos, junto con los racistas o los “representantes
imaginarios”, son los adversarios de la democracia.
Los “representantes imaginarios” son, por ejemplo,
los representantes del ataque. El ejército se siente representante de la
patria. Nadie lo ha nombrado, pero actúa en su nombre, olvidándose que la
patria somos todos. Se autoproclama defensor frente al enemigo interno y eso
autojustifica su acción. No son quizá peligrosos en el sentido político, pero
sí en el otro sentido.
Volviendo a la legitimidad del saber y su
superación, quizá lo que se necesita es que la gente aprenda por sí misma, se
lance a bailar; que la gente participe, que elija nuevamente, que se equivoque;
porque sólo actuando se aprende el ejercicio de la democracia, sólo bailando se
aprende a bailar.
No es que se dé a la gente clases de democracia
para que, ya graduada, pueda votar o pueda asociarse.
LA DEMOCRACIA COMO FUERZA
Hoy, más que nunca, se requiere del control del
poder porque el poder sin control termina en abuso. Se necesita el control del
poder político, del poder del Estado por parte de quienes lo soportan. Un
control efectivo.
La democracia es para los pueblos la cátedra IN
VIVO de la política, la necesidad de aprender a luchar continuamente por sus
intereses y a averiguar cuáles son. La universidad de la democracia es la vida
misma. La democracia es siempre un proceso en ampliación, no existe como obra
terminada.
El poder necesita ser controlado y no sólo el poder
político. Una persona abusa de su poder económico cuando agrede a sus
empleados. Por ello, los trabajadores deben tener derecho a asociarse en un
sindicato que, como tal, se convierta en un poder, en contrapeso frente al
capitalista. ¿Qué obliga al capitalista a conversar con el trabajador? El temor
a un paro que le pueda afectar sus ganancias, es lo que obliga a conversar con
sus trabajadores, a aceptar un pliego de peticiones. La capacidad del trabajador
limita la posibilidad del abuso del poder que tiene el capitalista y así en el
conjunto de la sociedad.
En nuestra época, el diálogo es lo más importante,
pero detrás de él tiene que haber fuerza, sin que esto signifique
necesariamente violencia. No se trata que el sindicato se tome la fábrica a
bala, sino que tenga como tal capacidad de agrupar la fuerza de todos los
trabajadores.
La fuerza tiene muchas formas. Es muy probable que
el gobierno no se siente a discutir con trece ilustres pensadores inermes, pero
sí lo hace con el M-19 y ello se debe a que le reconoce algún poder.
Esto deja claro que no fue un error el proceso en
que se construyó ese poder porque él dio pie a que hubiera diálogo. Y el
diálogo apoyado por las masas es la fuerza y es tan decisivo o más que un poder
armado.
Es que las armas no lo son todo, no hay que creer
demasiado en ellas. El caso de la España y la Argentina de hoy son muy
educativos al respecto. Ambos ejércitos han tratado de dar golpes de Estado y
han fracasado porque han tenido toda la sociedad en contra. La capacidad de
dominar a una población rechaza en forma unánime el régimen.
EL DIÁLOGO COMO NECESIDAD
PPEl diálogo es hoy el elemento más importante para
la humanidad, estamos en el aprendizaje del diálogo.
Hace muchísimos años - 500.000 - la humanidad se
encontraba también en el borde del perecer, las otras especies estaban mejor
armadas y amenazaban con el aniquilamiento. Comenzó entonces el agrupamiento en
tribus y, como no es instintivo en nosotros ser gregarios, la humanidad tuvo
que inventar el lenguaje, las instituciones, las leyes, la prohibición del
incesto, inventar el Estado porque sólo en grupo podía hacerse frente a los
desafíos del medio hostil externo.
Ahora la humanidad tiene que inventar el diálogo
también para sobrevivir. Ahora la destrucción no se debe sólo al medio hostil
externo, ella misma se autoamenaza con las armas nucleares, con la destrucción
de la naturaleza. El diálogo y la concertación son las armas de la
supervivencia: o aprendemos o sucumbimos.
Si cada Estado, pongámoslo a ese nivel, en nombre
de su soberanía se niega a dialogar, pone en riesgo a su población y a la
humanidad.
Al nivel macro o máximo el diálogo es una condición
fundamental de sobrevivencia. Pero el diálogo tiene que ser racional, ofrecerse
a la argumentación, estar dispuesto, abierto a escuchar al otro; tener
capacidad argumental de sustentar sus propias posiciones.
PLURALISMO: ESENCIA DE LA UNIDAD
Si uno no está dispuesto a poner en práctica estos
principios, podrá hacer pactos de no-agresión por comodidad, pero no habrá
diálogo. La hipótesis de "yo tengo toda la verdad, el otro está
completamente equivocado" o "no tengo nada que aprender en esta
discusión", en síntesis, la subvaloración del contrario, atentan contra
los principios que deben regir el diálogo, porque este impone la argumentación
de que la argumentación del otro puede tener aspectos válidos nos referimos al
valor educativo de la diferencia, de la pluralidad.
Una característica esencial de la mentalidad
democrática, en un sentido moderno, es la aceptación del pluralismo por la sola
razón de la imposibilidad de conseguir la unanimidad. Los hombres, los
partidos, los grupos de intereses, piensan distinto; las gentes tienen diversas
opiniones, creencias, religiones, gustos. Someternos a una sola idea o creencia
produce terror absoluto, aunque por el terror es imposible someter al ser
humano.
Por terror lo pueden obligar a uno a hacer cosas
que uno no desea, pero hay dos cosas a las que nadie puede obligarnos: a amar y
a pensar. El más horrible tirano con un aparataje terrible nos puede obligar a
arrodillarnos; puede torturarnos para, a veces con éxito, lograr confesiones;
puede intimidarnos con su estado de sitio para que no salgamos a la calle, pero
lo que no puede hacer es obligarnos a pensar como él o a amar o dejar de amar
lo que se ama. Hay un margen no tocable de la libertad. Ese límite es el que
determina el fracaso del tirano; un límite no traspasable que es donde el
hombre piensa, desea y ama.
Hay que aprender a amar la pluralidad y esto,
reconozcámoslo, es difícil. Estamos acostumbrados a creer en nuestra idea como
la única verdadera, no cuestionable no enriquecible. Estamos acostumbrados a
declarar herejes o revisionistas, o cualquier cosa, al que difiere de nuestra
idea. Estamos acostumbrados a pensar en términos de buenos y malos, a organizar
partidos fanáticos que producen naturalmente - así como el hígado produce bilis
- sus ortodoxos y sus herejes.
EL OCASO DE LOS DIOSES
En este sentido, la primera mitad del siglo XX fue
una época catastrófica para la humanidad. Es la época de los partidos de
derecha a izquierda en el poder: Hitler y Stalin; la verdad absoluta de un lado
y del otro, la historia como seguridad de realización de la idea.
En la historia triunfa la raza superior o la
victoria histórica será del socialismo y del proletariado. En síntesis, en la
historia triunfará la verdad. Estar en contra de los que yo digo no es estar en
contra mía como persona, es estar en contra de la historia y la naturaleza de
las cosas, en contra - en otra época - de Dios. Es criticar o estar
antagonizando contra tres enemigos terribles que al mismo tiempo lo habilitan,
lo hicieron y lo dominan a uno y todo lo que existe; la Historia, la Naturaleza
y Dios. Y con voceros en la tierra contra los que no caben antagonismos; porque
la crítica, por ejemplo, a Stalin no es contra la persona, es contra la
Historia Universal, pues él es un instrumento, voz de la historia. Esta es una
de las formas más perversas de la "Identidad imaginaria".
Si quien habla es el representante de Dios, ustedes
verán las dificultades que significa estar en desacuerdo con dios. Es grotesco,
pero funciona. Hoy sigue siendo gravísimo enfrentarse a esos dioses, pero
tienen un contrincante: la democracia, la diferencia nutriente de la igualdad.
Hay que aprender que la pluralidades un enriquecimiento y que le diálogo
racional es la manera efectiva y real de tratar a los hombres como iguales. Ahí
es donde se aprende la noción de igualdad. Igualdad en sentido preciso no-semejanza:
o uniformidad; igualdad como existencia de diferencias que no se convierten en
pretextos de dominación. Diferencia de ideales, de deseos, de pensamiento, de
gustos, de costumbres... Igualdad es que la diferencia no dé pie a que unos
dominen a otros.
Esa igualdad es la que se produce en el diálogo
racional. El diálogo con argumentos es una escuela de igualdad humana, por eso
la argumentación, la demostración se hace entre iguales que se reconocen y
respetan. Si a un ser se le ve como inferior se le amenaza, se le intimida o se
le obliga; si se le ve como superior se le suplica, se le seduce.
Existe una gran diferencia entre aceptar porque se
está de acuerdo con un argumento correcto, a aceptar por temor a que me
disparen o me peguen.
LA DEMOCRACIA SE CONQUISTA A DIARIO
Como decía al iniciar esta charla; todo poder - y
esto hay que aprenderlo - si no está controlado por aquéllos sobre los que se
ejerce tiende inmediatamente al abuso de
poder. Si un poder no es objetable, discutible, disputable y sustituible se
identifica con el abuso de poder, es en sí un abuso - por tal no puede ser
legítimo -. El abuso de poder se ejerce sobre los sectores más vulnerables de
la sociedad, por eso es ahí en donde debe darse la mayor solidaridad.
Este es un tema máximo de la lucha efectiva por la
democracia. Los derechos se han ido conquistando poco a poco pese a que la
Declaración de los Derechos Humanos va a cumplir dos siglos. El derecho de
asociación sindical fue conquistado en el siglo pasado tras largas luchas,
mientras que el voto femenino se conquistó hasta este siglo. La proclamación de
los derechos humanos no significa el ejercicio inmediato de los mismos, son
conquistas que van creciendo, ¡Esto es la Democracia!.
A la conquista de derechos se le puede dar varios
nombres: en nuestra manera de luchar por la democracia le llamamos poder
popular. Cuando se conquista el derecho de asociación sindical o el derecho de
organización de masas - comunas municipales, juntas de acción comunal, formas
orgánicas de presión - ha crecido el poder popular: la democracia, y se ha
hecho una conquista contra la miseria. La miseria no es sólo carencia de
alimento, de vestido, de vivienda, de servicios... , es, además de estas
carencias, impotencia para luchar con eficacia contra ellas. Impotencia es
dispersión. Hay una miseria más triste que cualquier miseria cuantificable en
cifras, en calorías, en carencia de agua, medicinas, en salario, en ingresos, y
es esa misma miseria cuando no es vivida en forma de solidaridad sino de
dispersión.
Cuando cada familia en el barrio vive su pequeña
tragedia aisladamente de los otros sin que esa muchedumbre de tragedias
superadas puedan dar lugar a un proyecto común, a una acción mancomunada, a un
trabajo en comunidad, esa miseria de la dispersión, del aislamiento y la
separación es la más triste de todas, porque es la miseria sin esperanza.
SOBRE TODO, LA ESPERANZA
El hombre puede estar privado de cualquier cosa
menos de esperanza. Según la leyenda griega, Prometeo fue encanado al Cáucaso
por haber revelado a los hombres los secretos divinos: les entregó el fuego,
los metales, las artes, la agricultura; entonces los dioses, celosos de ese ser
que iba a crecer tanto, lo condenaron al terrible suplicio. Sin embargo,
Prometeo dice en el texto de Esquilo "No, no solamente les di lo que dicen
los dioses, les di más que eso, les di algo más importante, ¡les di la esperanza!".
Y en efecto, lo que hay que vencer es la
incapacidad de los pueblos por organizar la esperanza, una esperanza razonable,
no el delirio de que alguien va a llegar y va a trastocar el mundo, sí una
esperanza, una fuerza creciente.
La lucha por la democracia es la lucha por la
fuerza creciente del pueblo, no se trata de sustitutirlo por un ejército aunque
sea muy eficaz y bien intencionado, la lucha es por hacer que crezca la fuerza
del pueblo mismo. Esto nos da un panorama efectivo de que en qué consiste la
democracia.
LA CULTURA ES UN ARMA PODEROSA
Es importante que la democracia se conceda de
manera concertada, pero no es suficiente. Es valioso que se escriban leyes en
libros, pero de poco valen si no existe el poder de hacerlas cumplir o si no
están impresas en la mente de los hombres o el pueblo no las conoce. Tener un
derecho que no se conoce es lo mismo que no tenerlo.
Así pasa en nuestro pueblo: aunque existe un
personero, un procurador ante quienes quejarse de los abusos del ejército o de
la policía, esto no se hace porque se desconoce la existencia o función de ese
derecho. Por eso hablaba antes de la miseria más allá de las duras carencias
materiales, ese aspecto triste de la miseria cuando se vive como fatalidad
natural. "De malas, ¿no?", dice la gente:
"Nosotros que no tenemos más que un platito de
arroz y una sopita de nada. De malas, ¿no?..." Esa es la tragedia más
triste, la tragedia sin esperanza, la que no da lugar a un combate, a una
lucha, a una suma de fuerzas, sino a la dispersión. Es que la resignación es
una de las virtudes, menos democráticas que se haya inventado; la esperanza es
todo lo contrario: la más democrática.
La democracia no es para celebrar que ya se dio.
¡No!, es para que crezca, y crece cuando se expande la cultura. Entonces la
capacidad de decidir es mayor y más eficaz. Hay más capacidad de inventar, de
participar, de producir organizaciones, de intervenir sobre la historia, la
economía. La democracia crece en la medida que crece la cultura.
LA MEDIDA DE LO DEMOCRÁTICO
Las autoridades son democráticas, no por lo que
está escrito en una Constitución. La Constitución, aunque lo diga, no es
democrática si no encarna las actividades y los sentimientos de un pueblo y las
relaciones que los pueblos tienen entre sí. El antiguo cristianismo decía, con
razón, que la letra mata y que el espíritu vivifica. Pero: ¿Cuál es el espíritu
de la democracia? : el pueblo en lucha de sus derechos, por los nuevos
derechos. Lo demás es la letra de la democracia.
Democracia total no existe si no hay praxis
constante, por eso la tarea de desarrollar la democracia es finita.
Si uno quiere saber en qué medida es democrático un
país, lo que hay que investigar no es lo que la Constitución dice, lo que el
sistema dice de sí mismo, sino lo que el sistema hace, es decir, de qué manera
viven los ciudadanos ahí. A los individuos no se les puede juzgar por lo que
dicen de sí mismos - y esto sucede en los Estados o los regímenes - cualquiera
puede decir que es un genio incomprendido o un Estado democrático. Lo que se
requiere saber qué genialidades hace, cuáles derechos pueden ejercer los
individuos.
EL ERROR: PROFETIZAR
El debate no es un momento para llegar finalmente a
la VERDAD, es una forma, un método permanente de seguir buscándola porque ella
no es definitiva, no hay verdades estáticas. El marxismo nunca dijo que había
verdades estáticas, pero fue deformado hasta el punto de emplearse las citas
como un argumento definitivo.
-
¿Usted por qué dice eso?
- Lo
dijo Lenin.
- Ah
perdón, disculpe, no le he dicho nada... , Lenin usado como si fuera el
espíritu santo y ese señor es una persona, no "la ciencia" con saco y
cachucha...
II
El que crea que Inglaterra o Francia se van a
embarcar en una guerra por colonias o mercados, está loco. Eso fue cierto en
1911 pero no lo es en 1989. La definición que en el primer tomo de El Capital
hace Marx del proletariado se ajusta al proletariado inglés del siglo XIX. El
que describa hoy así al proletariado sueco está delirando; ese señor es, en el
presente, copropietario de las empresas, tiene seis semanas al año de
vacaciones y varias de ellas las disfruta en el exterior. Es que le mundo
cambia, las cosas cambian...
No más textos sagrados, hay que trabajar, como en
política, sobre realidades que se relacionan con situaciones humanas variables
y concretas. En el marxismo algunas formulaciones fueron - son - aciertos
innegables; otras, desde su formulación, fueron erróneas. Y el peor error fue
el de ponerse a profetizar. Esa, definitivamente, no es una rama de la ciencia.
Lo previsible es posible donde hay leyes estables.
En astronomía se puede prever un eclipse de sol o
de luna, la fecha, donde se va a ver, donde no. Esas son leyes que no son
modificables con nuestras acciones, no podemos parar el sol o cambiarle sus
velocidades. En la historia no hay nada por ese estilo, ahí se dan
acontecimientos que tienen efectos sobre otros aspectos de la vida social y
esos acontecimientos, las más de las veces, son imprevisibles.
NO TODA ES LUCHA DE CLASES
Si uno dice que las guerras están movidas por el
mecanismo y las formas de la lucha de clase a nivel interno e internacional,
podría equivocarse. Eso no puede decirse de las guerras modernas y actuales, ya
no es así. Probablemente, no siempre, en el pasado lo fueron. Sería muy forzado
decir que la guerra de Mongolia contra China fue una lucha de clases..., Los mongoles no estaban organizados en
clases, eran tribus nómadas, los chinos sí.
En algunos casos, un marxista con un análisis fino
podría demostrar que se trata de una forma de la lucha de clases. Una cosa son
las leyes y otra los principios especulativos para ciertos casos. Las leyes de
la naturaleza, por ejemplo, no tienen excepciones. Las posibles excepciones
corresponderían a leyes más complejas que las contienen: así trabaja la
ciencia. Aquello de que la excepción confirma la regla es cierto, pero en las
reglas estadísticas, no en las naturales que son generales y no sirven para explicar
los hechos particulares, precisamente porque son de validez particular.
LA HISTORIA NO PUEDE EXPLICARSE CON LEYES
NATURALES.
Si caemos en esa tentación facilista y nos ponemos
a explicar con esas leyes fenómenos particulares - el caso de lo que ocurre
aquí en Colombia - caeríamos en el ridículo.
Es como cuando dicen que todo lo que ocurre se
explica en última instancia por la economía. Si en última instancia todo se
explica por la economía, ello no explica nada, termina siendo un sofisma.
En la configuración de la doctrina marxista hay
aportes muy importantes, generosos; en la lucha de los trabajadores ha sido
determinante de muchas conquistas.
Lo que hay que rechazar son las profecías, pues
ellas no forman parte de la investigación científica. Los profetas judíos se
daban el lujo de corroborar constantemente sus profecías y existían razones de
peso en sus certezas. Profetizaban, por ejemplo, la caída de un gobierno
corrupto e infame y como la gente les creía, ese gobierno perdía consenso,
legitimidad y se derrumbaba. Así es que, gracias a la acción del profeta, ya no
podía gobernar contra todo el mundo. Maquiavelo decía al respecto que él creía
en los profetas armados pero cuando estaban mejor armados que sus adversarios.
EL FIN DE LA "SOLUCIÓN DEFINITIVA" Y EL
"ENTUSIASMO BASADO"
No, nosotros no tenemos ninguna futurología
histórica y además hay que partir de la base que esta defensa de la democracia
nos compromete en una lucha sin las grandes ilusiones a las que estamos
acostumbrados, esas ilusiones de tener una meta absoluta, que dé solución a
todos los problemas.
Hoy no nos es posible seguir diciendo y diciéndonos
que todo este momento político es un medio, un procedimiento táctico y que
nuestra meta es la toma del poder y la nacionalización de los medios de
producción, y que luego todo se resolverá por sí mismo.
Actuar con esa lógica permite tener un
"entusiasmo basado", y éste es aún más grande si a él se le agrega el
futuro, lo que vendrá: los dos tiempos de la historia, el antes y el después
del magno acontecimiento que con el accionar táctico estamos preparando.
Antes es la prehistoria: la historia de la sociedad
liberada, enredada, dominada. El después es la historia de la sociedad
liberada, la solución definida, absoluta, que generará la humanidad no
conflictiva.
Debo confesarles que ojalá Dios no permita que yo
vea este momento, porque, en verdad, no me gustaría vivir en medio de un coro
que canta la misma canción.
Ese halago de la solución definitiva no lo vamos a
tener, basta con leer los acontecimientos de la historia para sustentar lo
dicho. La nacionalización de los medios de producción no ha evitado caer en las
garras del Fondo Monetario Internacional. Checoslovaquia, Hungría, Polonia
tienen una deuda externa más grande que la nuestra.
No hay acontecimiento que parta la historia en dos.
Que ese sueño no sea el motor de la lucha. Tengamos la suficiente modestia para
saber que no tenemos claro el futuro, que no está organizado, planificado,
programado y concretado. Que en cualquier circunstancia en que nos encontremos,
luchemos a favor de los explotados, de los dominados, de los que son más
vulnerables, que luchemos contra los que explotan, los que dominan, los que son
más poderosos, sin que pensemos que a partir de cierto momento todo eso desaparecerá.
Luchemos porque se incremente el poder del pueblo:
el económico, no sólo por su ingreso, sino también por el de su capacidad
decisoria sobre el empleo de los recursos de la sociedad; por el político, es
decir, el de su intervención efectiva de las decisiones que a él le conciernen;
por el ideológico, el de su capacidad de producir iniciativas. Luchemos por un
poder cada vez mayor para que nunca declaremos: "El pueblo ya está en el
poder y ya no necesita más luchas porque estando en el poder la lucha es una perturbación
y la prueba del poder popular es que yo estoy en el poder y yo soy su
representante".
HAY QUE ERRADICAR EL MANIQUEÍSMO
Aprender a estimar y a afirmar democracia es
aprender a luchar con entusiasmo, con coraje y sin la ilusión de sentirse el
representante único de la verdad, la historia, el pueblo y de un poder tan
auténtico y nítido que todo lo que difiera es ilegítimo.
Salir del maniqueísmo, de ese maniqueísmo que en la
primera mitad del siglo costó más de cien millones de víctimas - contadas las
guerras mundiales y anticoloniales, los fanatismos, los campos de concentración
y las bombas atómicas -. Cien millones de victimados en nombre de la verdad
absoluta, de la incapacidad para el diálogo.
Dejar atrás el maniqueísmo es una de las formas de
la democracia y de los verdaderos derechos humanos, de los de todos. Sólo así
se podrán hacer luchas populares, ampliadas.
Ustedes, por ejemplo, pueden luchar por el derecho
de los soldados a no ser entrenados - como Pavlov entrenaba a sus perros - por
repetición, hasta que dejen de pensar y su acción sea por reflejo.
Los generales creen que poniendo a los soldados a
cantar el himno cuatro veces al día se van a volver patriotas. Para ser
patriota hay que a prender a amar al pueblo, es decir, sufrir con sus dolores y
carencias y gozar con sus logros, combatir los dolores y sus causas. Es que la
patria no es sólo el territorio, es también el conjunto de los habitantes. ¡No!
Por muchos rituales a la bandera y cantos del himno, si lo que hay detrás es el
maniqueísmo del enemigo interno; si lo que enseña es el "complot subversivo"
quiere arrebatarnos nuestras tradiciones y la identidad nacional y por tal
tenemos "derecho" a destruir a los "subversivos", no
estamos enseñados a ser patriotas y menos aún si esa instrucción maniquea se
hace a patadas, irrespetando los derechos humanos del soldado.
Y si a ellos les están violando los derechos
humanos, aunque en algún momento hayan sido "los enemigos", aunque
haya habido enfrentamiento, así ellos hayan disparado contra nosotros hay que
luchar por sus derechos, por un trato humano y respetuoso de sus superiores.
Esto es importantísimo si, como ustedes lo han expresado, el proceso de paz no
se circunscribe al M-19, sino a un movimiento que lo excede, porque es un
movimiento por la paz, por la democracia.
Actuar así podría ser curativo de una de las más
limitantes manías de la izquierda: el recelo grupista.
Es esa vieja historia de no apoyar la lucha de
tales o cuales trabajadores que protestan por condiciones de trabajo adversas
porque el sindicato pertenece al Partido Comunista o al Partido Liberal o al
Conservador y yo no voy a cargarle ladrillo a otros para que tengan una
victoria. ¿Y los trabajadores qué? ¿Acaso no son lo más importante?
Es que el maniqueísmo puede realizarse paralizando
a unos y otros que se recelan entre sí ¿Quién es el que va a ganar aquí si la
huelga es victoriosa? Ese tipo de mezquindad grupista ha sido una tragedia en
la izquierda colombiana y la ha hecho importante.
Cuando se formula que todo este movimiento por la
paz no es del M-19, es bueno que lo recuerden y que lo apliquen; están
superando la mezquindad grupista, nunca lo olviden.
LO QUE HAY QUE TENER EN CUENTA ES LO QUE SIRVE AL
PUEBLO
Defender la democracia es luchar con permanencia
por la ampliación de los poderes del pueblo. Todos los poderes: ideológicos,
culturales, políticos, económicos, de capacidad organizativa, de decisión e
intervención, y eso no es luchar por el capitalismo. Esto se está produciendo
en muchos lugares del mundo: los trabajadores conscientes que han dejado de
luchar exclusivamente por sus ingresos en los pliegos de peticiones.
Hoy - en Italia o en Suecia, por poner algún
ejemplo -, cuando se hace una huelga, en ocasiones se incluyen en los pliegos
de peticiones puntos no negociables: el montaje de la fábrica sobre el río tal
que va a envenenarlo, dañar el ambiente de los habitantes ribereños y destruir
la actividad de los pescadores. Podemos - dicen - negociar salarios, vacaciones, horario,
permisos de trabajo, pero no esa destrucción ecológica, ese atentado contra la
comunidad, contra la patria.
Están yendo más allá de la lógica del capital
porque les toca abandonar el proyecto y las utilidades estimadas, que es la
única lógica que los mueve
independientemente de los efectos sociales.
En muchas oportunidades los trabajadores se han
logrado oponer con éxito a proyectos empresariales aberrantes con criterios que
son más bien éticos.
"Queremos que nuestro trabajo tenga un sentido
para el pueblo - dijeron los trabajadores de Alfa Romeo -, nos oponemos a este
proyecto de producir unos automóviles costosísimos, de lujo, de dos puestos,
pero con el precio de un bus. Nosotros no vamos a dedicar nuestro trabajo a que
los hijos de los multimillonarios ronquen por las carreteras de Italia. Estamos
dispuestos a ampliar la producción de buses, pero eso - y esto no es negociable
- no lo vamos a hacer aunque nos paguen bien".
Huelgas lindas, huelgas en que las luchas de los
trabajadores van más allá de sus intereses inmediatos y directos, que rompen la
lógica del capitalismo porque están guiadas por el interés del conjunto de la
sociedad.
Es que el capitalismo se puede romper de muchas
formas y los mecanismos no los inventó Lenin exclusivamente. El capitalismo es
en la historia humana una época bárbara y supremamente fecunda en cuanto al
desarrollo de la tecnología.
Pero esa es una época que pasará como pasó el
feudalismo, lo que no sabemos es cómo ni cuándo.
Y cuando yo digo bárbaro me refiero al hecho de que
los recursos humanos, materiales, naturales, se dediquen a darles utilidades a
un grupo de privilegiados en vez de sostener prioritariamente la satisfacción
de las necesidades del pueblo. El que niegue esta barbarie del capitalismo es
que no la ha examinado.
Es posible que una democracia radical sea el
capitalismo para superar esa formación histórica particular, es decir, mayor
capacidad de los trabajadores y, ¿por qué no?, leyes de abolición de la
herencia sobre los medios de producción: que los herede el sindicato o los
trabajadores, el municipio o la nación. Esto no es imaginación mía, eso está
propuesto en Suecia, una democracia avanzada con éstas y otras medidas
democráticas que ya son anticapitalistas.
La dificultad en este punto radica en la
configuración de la izquierda en este siglo, que desgraciadamente ha llegado a
creer que el reformismo, según esta conceptualización, refuerza al régimen y se
les olvida que refuerza al pueblo. En todo caso, como refuerza al régimen el
reformista es un adversario.
Los soviéticos hoy con su perestroika se hacen una
amarga autocrítica por estar combatiendo todo el tiempo a la social democracia
como su peor enemigo, en lugar de tratarlo como aliado.
En países donde ha habido estabilidad democrática,
éste comportamiento, entre otras cosas, condujo a los partidos comunistas
prácticamente a su liquidación. Se opusieron sistemáticamente a las reformas y
el negarse a colaborar en lo que no fuera "la revolución", los dejó
al margen de la política y fueron disolviéndose. Pensemos en el Partido
Comunista inglés; hoy son un puñado de hombres. El Partido Comunista francés no
fue capaz de evolucionar a tiempo y las consecuencias están a la vista; eran el
30% del electorado, los otros partidos tenían que aliarse para ganarle, hoy son
el 5% de los votos. El italiano cambió, se volvió un partido democrático y
reformista y es el 28% del electorado.
No hay que asustarse con el término reformista, su
carácter y bondad dependen de la profundidad de las reformas.
¿QUÉ ES HOY SER REVOLUCIONARIO?
Para terminar, hablemos breve y sencillo de la
revolución. Ella puede tener dos sentidos: el de las revoluciones francesa,
soviética de 1917, china de 1949, cubana de 1959, por nombrar algunas, que son
las revoluciones que estallan. Pero también puede hablarse de las que ocurren y
nunca estallan y que producen transformaciones de la vida igualmente profundas
o más profundas y estables.
El marxismo usa el término revolución en ambos
sentidos. Un ejemplo es el de Engels, cuando dice que la revolución más
importante del mundo occidental - hasta hace poco - fue la del Renacimiento.
Pero el renacimiento nunca estalló, nadie lo decretó. Comenzaron los pintores a
pintar distinto, la gente a pensar distinto y las sociedades a comportarse de
manera diferente, y - fíjense - nunca estalló.
Entonces, no se preocupen si les señala y acusan de
no ser revolucionarios. Lo que ustedes están haciendo es posibilitando que
ocurra una revolución.

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