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Libro N° 13855. "Capitalismo Académico" En Los Márgenes. Ibarra Colado, Eduardo.

 


© Libro N° 13855. "Capitalismo Académico" En Los Márgenes. Ibarra Colado, Eduardo. Emancipación. Mayo 24 de 2025

  

Título Original: © "Capitalismo Académico" En Los Márgenes. Eduardo Ibarra Colado

 

Versión Original: © "Capitalismo Académico" En Los Márgenes. Eduardo Ibarra Colado

Circulación conocimiento libre, Diseño y edición digital de Versión original de textos:

https://catedraestanislao.univalle.edu.co/capitalismoAcademico.pdf       

 

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© Edición, reedición y Colección Biblioteca Emancipación: Guillermo Molina Miranda

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"CAPITALISMO ACADÉMICO" EN LOS MÁRGENES

Eduardo Ibarra-Colado  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Capitalismo Académico" En Los Márgenes

Eduardo Ibarra-Colado

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Capitalismo académico" en los márgenes

 

Eduardo Ibarra Colado **

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es  una  lástima  que  dispongamos   de  tan  poco  tiempo  par a  abordar  un te m a   tan   relevante   como   el   que   se   desprende    de   la   pro p u e s t a   del Capitalismo  Académico  y  de   su s   implicaciones   en   los   márgenes   del "mu n d o",   es   decir,   en   realidades   su b o r d i n a d a s   en   las   que,   co m o   en México, la ed u c a ci ó n  y el con o ci m i e n t o  no  acaban  de  for m a r  par t e  de  un proyecto  inde p e n d i e n t e  de  Nación.  Por ello, en los pocos minutos  de  que disponemos ,  y  sin  pretender   en momento   alguno alcanzar   el  rigor  y  la mi n u c i o si d a d   que   el   te m a   exige, intenta remos   cubrir   cinco   aspectos relevantes.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Iniciaremos con una breve caracterización de la propuesta del capitalismo académico, interpretando sus alcances y significado. Ello nos permitirá clarificar los términos del problema fundamental que otorga sentido a las transformaciones recientes de la universidad. En segundo lugar, consideraremos algunos de los rasgos más destacados del capitalismo académico, a partir de un recuento somero de las políticas fundamentales seguidas en México a lo largo de los últimos tres lustros. A pesar de los avances y transformaciones referidos, destacaremos en tercer lugar el carácter  incipiente  del  capitalismo  académico  en  el  país.  Teniendo  en mente las políticas y las cifras presentadas, en el cuarto apartado nos preguntaremos  si el capitalismo  académico  en México,  representa realmente la articulación de la educación superior a las necesidades de la nueva economía en el marco de un proyecto de desarrollo nacional bien definido, o si por el contrario se muestra como un proceso desfigurado e incompleto sujeto a la reproducción de su condición de subordinación estructural en el contexto global.

 

Concluiremos esta breve intervención estableciendo cuatro líneas prioritarias de indagación y una hipótesis general de trabajo en torno al capitalismo  académico  en  México  y  sus  perspectivas.  Iniciemos  pues nuestro recorrido.

 

1. En cuanto al capitalismo académico, sus alcances y significados

 

Hace poco más de tres años, nos encontrábamos en este mismo auditorio comentando el primer libro dedicado al Capitalismo académico (Slaughter y Leslie 1997).  En esa ocasión  señalábamos  que  la obra  había "contribuido  a  enriquecer  las  interpretaciones  en  torno  a  la reestructuración de la educación superior - y más específicamente de las universidades  de  investigación -   como  resultado   de  los  procesos  de globalización apoyados en políticas de corte neoliberal.

 

... Esta obra se propuso analizar el surgimiento del capitalismo académico a partir  del reconocimiento  del crecimiento  de los mercados globales, el desarrollo de políticas nacionales centradas en la investigación aplicada y la innovación, la reducción del monto de subsidio directo del Estado a las

 

instituciones, y el incremento de los vínculos de los académicos con el mercado." (Ibarra 2002a: 147).

 

Así,  en  la  obra  se  formulaba  una  primera  propuesta  conceptual  para analizar un conjunto de prácticas novedosas, que permitían a las universidades  utilizar   el  "capital   académico"  de  que  disponían,  para generar recursos adicionales a los proporcionados por el Estado. Este enfoque, novedoso sin duda, ha sido profundizado con la publicación del segundo libro dedicado al tema (Slaughter y Rhoades 2004).

 

Se trata de la continuación de un esfuerzo de formulación teórica, que se desprende del análisis detallado de las transformaciones experimentadas en los últimos tres lustros por la educación superior estadounidense. La distancia entre ambas obras marca avances importantes en al menos tres sentidos.

 

En primer  lugar,  Capitalismo  académico  y la nueva economía realiza un análisis más puntual de la experiencia de los Estados Unidos, mostrando la conformación organizacional y los nuevos modos de operación de la educación superior de pregrado y posgrado e investigación. Esto permite interpretar cómo se está insertando la educación superior en la nueva economía; se trata de reconocer e interpretar cómo han operado tales cambios, cómo funcionan de manera concreta, qué consecuencias tienen en sus estructuras y prácticas cotidianas y qué efectos están provocando tanto  a  nivel  local  como  en  el  contexto   de  la  conformación  de  los mercados globales del conocimiento.

 

En este sentido, la obra asume el riesgo de abandonar el cómodo sitio de los análisis globales de la comercialización que devienen generalmente en debates de proyectos de universidad  y en disputas ideológicas sobre el papel de la educación y la ciencia en relación con las necesidades de desarrollo  económico y social de cada nación. No es que pensemos que este debate sea innecesario, pero a estas alturas las posturas a favor y en contra ya están claras, y quedarse en ellas resulta sin duda insuficiente. En todo  caso la discusión  no debe girar  en torno  a si la universidad  se debe  comercializar  o  no,  pues  de  hecho  sabemos  que  lo  ha  estado haciendo; más bien, debemos preguntarnos, incluso más allá de la comercialización, cómo se está insertando la educación superior de cada país en la nueva economía de corte neoliberal; se trata, y aquí esta uno de los aportes sustanciales de la obra, de reconocer e interpretar cómo han operado tales cambios, cómo funcionan de manera concreta, qué consecuencias tiene en Este enfoque explica el énfasis que se otorga al reconocimiento   de   los   agentes   que   han   impulsado   y   operado   el capitalismo académico.

 

En segundo lugar, la obra reconoce que se han producido históricamente transiciones  entre  distintos  regímenes  de  conocimiento  y  aprendizaje

- del  régimen  liberal,  al de bienes públicos  y de éste al de capitalismo académico  (Slaughter  y  Rhoades  2004:  305) - ,  por  lo  que  es  posible interpretar  que  estamos  ante  transformaciones  estructurales  de  largo

 

aliento, que se sobreponen a la acción intencional de los agentes, la cual queda ubicada así en el tablero estructural en el que se desarrolla y que determina sus condiciones de posibilidad. De esta manera, al articular agencia y estructura, es posible una comprensión más adecuada de las transformaciones de la educación superior en el largo plazo y, al mismo tiempo, la interpretación de los cambios específicos producidos en las instituciones y sus prácticas (Ibarra 2004).

 

Bajo esta lógica es posible reconocer el largo camino de la universidad estadounidense   hacia   el   capitalismo   académico,   que   comprende   en nuestra  opinión  cuando  menos  tres  grandes  ciclos  (Ibarra  2004).  El primero,  gestado  a lo  largo  de la segunda  mitad  del  siglo  XIX y hasta inicios del XX, corresponde a la incorporación de la dirección privada (managerialism) para manejar un sistema universitario en expansión. Son los tiempos del culto a la eficiencia resultante de la difusión de la Administración Científica y del establecimiento  de la Fundación Carnegie para  el  Avance  de  la  Enseñanza  como  instancia  de  regulación  de  un sistema aún pequeño que se empezaba a integrar.

 

El segundo corresponde al triunfo de la racionalidad y se relaciona con el uso creciente, después de la Segunda Guerra Mundial, de la investigación de operaciones y los sistemas administrativos relacionados con el control de costos y la rendición de cuentas (Birnbaum 2001: 14 - 27). Es una etapa de  consolidación  burocrática  en  la  que  la  racionalización  del  sistema, como exigencia para alcanzar una mayor funcionalidad y control, se erige como preocupación central.

 

Finalmente, el tercer ciclo, del que nos dan cuenta Slaughter, Leslie y Rhoades, corresponde al triunfo  del capitalismo académico , relacionado con la creciente participación de la universidad en los mercados del conocimiento y con la incorporación de las tecnologías liberales de regulación. En este sentido, el capitalismo académico debe ser apreciado como  la  etapa  más  reciente  de  un  largo   proceso  de  diseño  de  la educación  superior  en Estados Unidos,  marcado  por  la modificación  de los regímenes de conocimiento  y aprendizaje  y, consecuentemente,  por los cambios en la función y las formas de organización y gobierno de la universidad.

 

Finalmente, esta nueva obra permite precisar la distinción clave entre capitalismo  académico  y  comercialización  de  la  educación  superior.  El texto señala que el problema fundamental no es el de la comercialización de la educación superior sino el de su incorporación a una lógica de funcionamiento económico basada en el mercado. Esta nueva lógica de operación   trastoca   la   función   y  las   formas   de   organización   de   la universidad, y con ellas, los modos de articulación que mantiene con la economía, el Estado y la sociedad. Lo que se destaca como realmente importante es la disputa por el control del conocimiento, a fin de ponerlo al servicio de la nueva economía en los mercados globales.

 

Insistamos, el problema no se encuentra tanto en la capacidad que las instituciones tengan para comercializar sus productos y generar recursos propios, como en sus posibilidades para vincularse a la nueva economía, sirviendo  eficazmente  como  proveedor  de  conocimientos  de  las empresas.  Su  énfasis  tampoco  está  en  la  presunta  reducción  de  los recursos  públicos,  lo  que sin  duda  habría que documentar  con  detalle, sino  en  la  modificación  de  las  formas  de  financiamiento  estatal  que propician una reorientación de la enseñanza y la investigación aplicada y experimental, para que funcionen crecientemente como subsidios a la empresa privada.

 

2.  En cuanto  al  capitalismo  académico  y  las  políticas  públicas  en México

 

El capitalismo académico, no cabe duda, se ha ido instalando en los márgenes, en esas regiones que, calificadas como "en vías desarrollo", mantienen una posición subordinada frente a las naciones del centro. En México este proceso ha sido evidente. Las políticas instrumentadas desde finales de los años ochenta se han orientado a propiciar una mayor articulación   de  la  educación   superior   con  los  mercados  y  la  nueva economía (ANUIES 2000; Reséndiz 2000). Señalemos cinco procesos que delinean los contornos  fundamentales de estas transformaciones (Ibarra

2001):

 

   La operación  de un nuevo dispositivo  de regulación  gubernamental  a distancia, basado en la articulación de procedimientos de evaluación, programas de financiamiento extraordinario y exigencias específicas de cambio a las instituciones. Este dispositivo de ordenamiento institucional supone una modificación profunda de las relaciones entre el Estado y la universidad bajo los principios de la vigilancia a distancia y la autonomía regulada , y tiene la finalidad de conducir a las instituciones de acuerdo con lo establecido en las estrategias y programas gubernamentales, y de otorgarles una nueva identidad que indique su renovada funcionalidad al servicio de la economía y la sociedad.

 

    La  operación   de  un  nuevo  dispositivo   de  regulación   del  trabajo académico basado en la articulación  de procedimientos  individualizados de evaluación del desempeño, programas de formación y actualización académica, y programas de remuneración a concurso. Su impacto se encuentra   en   la   capacidad   que   ha   mostrado   para   despojar   a  los académicos del control  y la organización de su trabajo, garantizando así la reorientación de programas y proyectos que atiendan las exigencias del mercado y la estructura laboral, y la demanda de ciertos insumos de conocimiento requeridos por las empresas.

 

   La diversificación de las opciones educativas para cubrir  la formación de los cuadros medios calificados que requieren las empresas, mediante la  flexibilización   de  los  programas   docentes  y  su  certificación,   los programas de movilidad estudiantil, y los programas de becas y financiamiento educativo en distintos niveles y modalidades.

 

   La reorganización integral del posgrado nacional bajo estándares de competencia   a  nivel   internacional.   Asimismo,   la   reorganización   del sistema de centros públicos de investigación dependientes del gobierno, el fomento  de las actividades de investigación y desarrollo  experimental bajo una nueva normatividad (Congreso 2002), la operación de nuevos fondos  y modalidades  de  asignación  de apoyos  a proyectos  de investigación, y la operación de un programa de estímulos fiscales a las empresas que inviertan en investigación.

 

   Finalmente, el aliento aún embrionario de la transnacionalización de la educación superior, a través de distintas modalidades como la instalación de  sedes  de  universidades  extranjeras  en  el  país,  de  alianzas universitarias  y  franquicias,  y  de  educación  a  distancia  y  virtual,  por señalar las más conocidas (Didou 2005; Rodríguez 2004).

 

3.  En cuanto  al  carácter  incipiente  del  capitalismo  académico  en México

 

A  pesar  de  los  esfuerzos gubernamentales  que  hemos  relatado brevemente, todavía estamos lejos de consolidar en México el capitalismo académico. Las cifras indican un déficit en prácticamente todos los renglones si nos comparamos con países de desarrollo similar.

 

Debemos considerar que México es un país de alrededor de 105 millones de habitantes de los cuales, siendo optimistas, poco más de la mitad se encuentra  en situación  de pobreza  (Cortés  et  al. 2002:  14 - 15).  Cuenta con una planta académica de tiempo completo de tan sólo 57 mil 290 profesores (SEP 2003: 46) y con únicamente 10 mil 128 investigadores de alto nivel pertenecientes al SNI (CONACYT 2004: 287).

 

Según cifras oficiales, la educación superior atiende en su conjunto a dos millones 300 mil estudiantes (Fox 2004: 10), lo que representaría una cobertura  de alrededor  del 20  por  ciento.  De ellos,  tan  sólo  el 6.2  por ciento sigue estudios de posgrado (Fox 2004: 10). Además, en la última década (1994 - 2004)  se graduaron  únicamente  11  mil  448  doctores,  es decir, poco más de un millar en promedio anual (CONACYT 2004: 41).

 

Por otra parte, en México el sistema de educación superior cuenta con mil 302  instituciones  (ANUIES 2000:  34).  De este  conjunto  crecientemente diversificado,  pocas  podrían  ser  consideradas  realmente  como universidades de investigación o instituciones de formación profesional consolidadas. De las 45 universidades públicas, sólo las más grandes cuentan con una planta académica significativa, reconocida por el Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT 2004:  67 y 290). A ellas hay que agregar los centros SEP-Conacyt, el Instituto Politécnico Nacional, el Cinvestav y algunos otros centros de investigación del sector público (CONACYT 2004: 155).

 

Finalmente,  según  datos  oficiales,  se  afirma  que  el  sector  productivo aporta tan sólo el 30.6 por ciento del gasto en investigación y desarrollo experimental (CONACYT 2004: 28), el cual es realizado por las 300 empresas privadas más grandes que operan en el país, conjunto que corresponde al 0.01 por ciento del total (Gómez Mena 2002).

 

Estas  cifras  reflejan   consistentemente   el  nivel  del  gasto   público   en educación  y  ciencia:  e  l  gasto  federal  en  educación  alcanzó  en  2004 apenas el 4.6 por ciento del PIB y se estima su disminución a un 4.2 por ciento  para 2005  (OCE 2005).  Esta cifra se encuentra todavía muy lejos del 8 por ciento que se propuso como meta para el final del sexenio, de acuerdo con los compromisos del Programa Nacional de Educación 2001 -

2006 (SEP 2001: 94) y con lo establecido el artículo 25 de la Ley General de Educación (Cámara de Diputados 2005).

 

Por su parte, el gasto nacional en ciencia y tecnología, también en 2004, se ubicó en el 0.37 por ciento del PIB, cifra que hace imposible alcanzar el

1  por  ciento  que  establece  el  artículo  9bis  de  la  Ley  de  Ciencia  y

Tecnología como mandato para 2006 (Cámara de Diputados 2004).

 

Aunque  el  nivel  del  gasto  público  en  educación  y  ciencia  perfila  un panorama poco alentador, por decir lo menos, las cifras que hemos comentado  contrastan  con  las  registradas  apenas una  década  atrás,  lo que  indica  que  los  empeños  gubernamentales  han  producido  cuando menos un cambio en el perfil  cuantitativo del sistema. Faltaría valorar si tales cambios ha significado realmente una modificación en la calidad del sistema y si las acciones registradas han tenido el impacto que expresan los números (Ibarra 2002b).

 

 

 

 

4. En cuanto al carácter  subordinado  del capitalismo  académico en

México

 

El conjunto de políticas estatales y cifras que hemos reseñado muy someramente, proporciona una idea clara de la radicalidad de las transformaciones de la educación superior en México a lo largo de los últimos quince años. Todo parece indicar que avanzamos en la ruta de la implantación del capitalismo académico en México. Sin embargo, hay diferencias  importantes  que  no  debemos  perder  de  vista.  Dos  resultan muy significativas.

 

Por una parte, estamos en presencia de un sistema educativo en un país de grandes limitaciones económicas y rezagos sociales. Esta tendencia supone un alto costo social en la medida en la que excluye a una amplia población de jóvenes de la educación, pues sus familias no están en condiciones de cubrir las cuotas por inscripción y servicios. Así, se perfila un sistema que educará a quienes más tienen en detrimento de los menos favorecidos, para quienes parecieran reservadas, en el mejor de los casos, actividades de menor calificación relacionadas con el trabajo precario de las empresas fordistas que se instalan, por ejemplo, en los estados fronterizos del país.

 

Además, en el contexto de una sociedad empobrecida y una economía estancada, las posibilidades de comercialización de los productos académicos aparece como  un  contrasentido,  pues no  existen  los mercados locales para dicho  consumo  y el monto  que generaría seguramente   no  alcanzaría  a  cubrir   los  costos.   Señalemos  un   solo ejemplo; la UNAM, institución en la que se realiza la mayor parte de la investigación del país, que cuenta con una matrícula estudiantil enorme y que edita el mayor número de libros al año en América Latina, genera tan sólo el 12% de sus ingresos totales (UNAM 2005).

 

 

 

 

Por otra parte, es necesario comprender que las transformaciones de los sistemas educativos nacionales en curso, se producen en el marco de la redefinición de las estructuras que regulan la producción y circulación del conocimiento en el ámbito global. De lo que se trata es de comprender la importancia  que tiene la división  internacional  del  trabajo  universitario, que ha reservado la producción del conocimiento  de punta a los centros de investigación de los países más poderosos del planeta, para dejar en manos de las universidades ubicadas en los márgenes, la adaptación de tales conocimientos a sus realidades locales específicas, y la formación de los  cuadros  medios  que  reclama  el  fordismo  precarizado  en  el  que  se apoyan las empresas de clase mundial.

 

En este contexto resultan significativas y preocupantes las recientes declaraciones  del  secretario   de  Educación   Pública  al  referirse  a  los peligros asociados a la movilidad, y cito: "Sin duda son riesgos que deben correrse, pero debemos seguir impulsando las acciones de movilidad (de estudiantes,  profesores,  investigadores).  No  podemos  evitar  que finalmente  alguien  consiga  en un  país una  mejor  condición.  Son cosas que suceden y que seguirán sucediendo." (Muñoz 2005). Esta es una expresión nítida del precario capitalismo académico impulsado en México para formar los cuadros de alto nivel que reclama, ya no el país, sino un mundo  global  claramente  deficitario  en  las  áreas  científicas  y tecnológicas.

 

En suma, más que apreciar un régimen de capitalismo académico propiamente dicho, en México pareciera dibujarse más bien un régimen de servidumbre académica, en la medida en la que las instituciones de educación superior se limiten a atender las necesidades de empresas y mercados en el ámbito de la economía global. La renta de los medios de producción   del   conocimiento   sería  pagada  así,  mediante   una  parte sustancial de los bienes generados.

 

Este régimen de servidumbre académica y sus graves consecuencias se explican,  en contraste  con  la experiencia  de los Estados Unidos  (Ibarra

2004), por la ausencia de un proyecto independiente de Nación que no se

empeña en modificar, con políticas agresivas de gasto en educación y ciencia, el lugar que tiene México en la división internacional del trabajo como país maquilador fordista, y en los mercados de conocimiento como

 

proveedor marginal y consumidor cautivo. Precisamente una de las demandas permanentes de la comunidad científica del país ha sido, así lo podríamos interpretar, la instauración de un régimen de capitalismo académico en todo lo que implica, para propiciar en México un verdadero desarrollo económico en el contexto aparentemente inevitable del capitalismo global (Drucker y Pino 2004).

 

5.  En cuanto  a  las  líneas  de  indagación  y  la  hipótesis  general  de trabajo a futuro

 

Para escapar de este extravío y encontrar el sentido y la razón de ser de la universidad en México hoy, es necesaria la construcción social de un proyecto de Nación que considere con detalle suficiente los alcances y consecuencias del capitalismo académico. Este esfuerzo podría considerar inicialmente cuatro líneas prioritarias de indagación. En primer lugar, trabajar en la recuperación de la historia específica y particular de la universidad en nuestro país, es decir, en el reconocimiento de su constitución originaria como institución autónoma y, simultáneamente, como soporte del desarrollo nacional.

 

En segundo lugar, trabajar en la identificación de los ciclos por los que ha atravesado la universidad a partir del esclarecimiento de sus etapas o momentos de expansión, burocratización, racionalización e incorporación paulatina  a los circuitos  de la economía global  y el mercado.  En tercer lugar, trabajar en la reconstrucción de la génesis de la administración universitaria,  que  exige  reconocer  ese  proceso  silencioso  de conformación de las estructuras burocráticas de la universidad, que han posibilitado su operación continuada, y muchas veces eficaz, a lo largo de los últimos 75 años.

 

Finalmente, trabajar en la clarificación del papel que el Estado y la política han jugado en este largo proceso de conformación, para reconstruir los momentos más relevantes en los que se han manifestado el impulso o la oposición a la vinculación de la universidad al desarrollo económico y los mercados, y sus resultados.

 

Estas líneas de trabajo resultan indispensables para comprender lo que es la universidad en México hoy bajo una hipótesis general que debemos confrontar:   la universidad como institución   experimenta una subordinación creciente ante los intereses económicos que se disputan el control   de los mercados   globales del   conocimiento,   pero   mantiene también una libertad relativa que puede jugar como  contrapeso importante frente a tal relación de subordinación.

 

Aunque la racionalidad del mercado se instituye hoy como el criterio general que orienta las decisiones y prácticas en el mundo, las sociedades de las naciones han conservado su capacidad para interpretar estas realidades y para actuar en consecuencia. De ello hay indicios y manifestaciones a cada momento.   Cuando pensamos que todo   está perdido, que ya no hay alternativas, la libertad creativa del homo social nos sorprende con nuevas respuestas inimaginadas, abriendo cauces para reinventar las instituciones fundamentales de la sociedad, ayudando a edificar, con el apoyo de la educación y la ciencia, un mundo distinto que prometa ser mejor.

 

 

 

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UNAM (2005) Estado de ingresos, gastos e inversiones por los años terminados  el  31  de  diciembre  de  2004   y  2003   ,  México,  UNAM". Disponible                                                 en                                                 URL http: / / w w w . t ransparencia.unam.m x / I n fPresCon /EstadoRes.htm    ,  20   de abril.

 

 

 

 

 

 

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**  El autor es profesor Titular "C" del Área de Estudios Organizacionales de  la  Universidad   Autónoma   Metropolitana - Iztapalapa.  Es  doctor   en Sociología   por   la   Facultad   de   Ciencias   Políticas   y   Sociales   de   la Universidad Nacional Autónoma de México. Actualmente coordina el Programa de Investigación "La Educción Superior Pública en el Siglo XXI" del  Centro  de  Investigaciones  Interdisciplinarias  en  Ciencias  y Humanidades de la UNAM. Ha publicado diversos libros, ediciones y artículos  tanto  en  México  como  en  el  ámbito  internacional.  Entre  sus obras  más  relevantes  como  autor,  co- autor  o  editor  se encuentran  La universidad ante el espejo de la excelencia (1993, 1998) , Re- conociendo a  la  universidad,   sus  transformaciones   y  su   porvenir   (2000)   y  La universidad  en México  hoy:  gubernamentalidad  y modernización  (2001,

2003), Geografía política de las Universidades Públicas Mexicanas (2003,

2004) y La carrera académica en la Universidad Autónoma Metropolitana: un largo y sinuoso camino  (2005) . Es miembro  regular de la Academia Mexicana de Ciencias e Investigador Nacional Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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