© Libro N° 13855. "Capitalismo
Académico" En Los Márgenes. Ibarra
Colado, Eduardo. Emancipación. Mayo 24 de 2025
Título Original: © "Capitalismo
Académico" En Los Márgenes. Eduardo Ibarra Colado
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Original: © "Capitalismo
Académico" En Los Márgenes. Eduardo Ibarra Colado
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"CAPITALISMO
ACADÉMICO" EN LOS MÁRGENES
Eduardo Ibarra-Colado
"Capitalismo
Académico" En Los Márgenes
Eduardo Ibarra-Colado
"Capitalismo académico" en los márgenes
Eduardo Ibarra Colado **
Es una lástima
que dispongamos de
tan poco tiempo
par a abordar un te m a
tan relevante como
el que se
desprende de la
pro p u e s t a del
Capitalismo Académico y de su s
implicaciones en los
márgenes del "mu n d
o", es decir,
en realidades su b o r d i n a d a s en
las que, co m o
en México, la ed u c a ci ó n y
el con o ci m i e n t o no acaban
de for m a r par t e
de un proyecto inde p e n d i e n t e de
Nación. Por ello, en los pocos
minutos de que disponemos , y
sin pretender en momento
alguno alcanzar el rigor
y la mi n u c i o si d a d que
el te m a exige, intenta remos cubrir
cinco aspectos relevantes.
Iniciaremos con una breve caracterización de la
propuesta del capitalismo académico, interpretando sus alcances y significado.
Ello nos permitirá clarificar los términos del problema fundamental que otorga
sentido a las transformaciones recientes de la universidad. En segundo lugar,
consideraremos algunos de los rasgos más destacados del capitalismo académico,
a partir de un recuento somero de las políticas fundamentales seguidas en
México a lo largo de los últimos tres lustros. A pesar de los avances y transformaciones
referidos, destacaremos en tercer lugar el carácter incipiente
del capitalismo académico
en el país.
Teniendo en mente las políticas y
las cifras presentadas, en el cuarto apartado nos preguntaremos si el capitalismo académico
en México, representa realmente
la articulación de la educación superior a las necesidades de la nueva economía
en el marco de un proyecto de desarrollo nacional bien definido, o si por el
contrario se muestra como un proceso desfigurado e incompleto sujeto a la
reproducción de su condición de subordinación estructural en el contexto
global.
Concluiremos esta breve intervención estableciendo
cuatro líneas prioritarias de indagación y una hipótesis general de trabajo en
torno al capitalismo académico en
México y sus
perspectivas. Iniciemos pues nuestro recorrido.
1. En cuanto al capitalismo académico, sus alcances
y significados
Hace poco más de tres años, nos encontrábamos en
este mismo auditorio comentando el primer libro dedicado al Capitalismo
académico (Slaughter y Leslie 1997). En
esa ocasión señalábamos que la
obra había "contribuido a
enriquecer las interpretaciones en
torno a la reestructuración de la educación superior
- y más específicamente de las universidades
de investigación - como
resultado de los
procesos de globalización
apoyados en políticas de corte neoliberal.
... Esta obra se propuso analizar el surgimiento
del capitalismo académico a partir del
reconocimiento del crecimiento de los mercados globales, el desarrollo de
políticas nacionales centradas en la investigación aplicada y la innovación, la
reducción del monto de subsidio directo del Estado a las
instituciones, y el incremento de los vínculos de
los académicos con el mercado." (Ibarra 2002a: 147).
Así, en la
obra se formulaba
una primera propuesta
conceptual para analizar un
conjunto de prácticas novedosas, que permitían a las universidades utilizar
el "capital académico" de
que disponían, para generar recursos adicionales a los
proporcionados por el Estado. Este enfoque, novedoso sin duda, ha sido
profundizado con la publicación del segundo libro dedicado al tema (Slaughter y
Rhoades 2004).
Se trata de la continuación de un esfuerzo de
formulación teórica, que se desprende del análisis detallado de las
transformaciones experimentadas en los últimos tres lustros por la educación
superior estadounidense. La distancia entre ambas obras marca avances
importantes en al menos tres sentidos.
En primer
lugar, Capitalismo académico
y la nueva economía realiza un análisis más puntual de la experiencia de
los Estados Unidos, mostrando la conformación organizacional y los nuevos modos
de operación de la educación superior de pregrado y posgrado e investigación.
Esto permite interpretar cómo se está insertando la educación superior en la
nueva economía; se trata de reconocer e interpretar cómo han operado tales
cambios, cómo funcionan de manera concreta, qué consecuencias tienen en sus
estructuras y prácticas cotidianas y qué efectos están provocando tanto a
nivel local como
en el contexto
de la conformación
de los mercados globales del
conocimiento.
En este sentido, la obra asume el riesgo de
abandonar el cómodo sitio de los análisis globales de la comercialización que
devienen generalmente en debates de proyectos de universidad y en disputas ideológicas sobre el papel de
la educación y la ciencia en relación con las necesidades de desarrollo económico y social de cada nación. No es que
pensemos que este debate sea innecesario, pero a estas alturas las posturas a
favor y en contra ya están claras, y quedarse en ellas resulta sin duda
insuficiente. En todo caso la
discusión no debe girar en torno
a si la universidad se debe comercializar
o no, pues
de hecho sabemos
que lo ha
estado haciendo; más bien, debemos preguntarnos, incluso más allá de la
comercialización, cómo se está insertando la educación superior de cada país en
la nueva economía de corte neoliberal; se trata, y aquí esta uno de los aportes
sustanciales de la obra, de reconocer e interpretar cómo han operado tales
cambios, cómo funcionan de manera concreta, qué consecuencias tiene en Este
enfoque explica el énfasis que se otorga al reconocimiento de
los agentes que
han impulsado y
operado el capitalismo
académico.
En segundo lugar, la obra reconoce que se han
producido históricamente transiciones
entre distintos regímenes
de conocimiento y
aprendizaje
- del
régimen liberal, al de bienes públicos y de éste al de capitalismo académico (Slaughter
y Rhoades 2004:
305) - , por lo
que es posible interpretar que
estamos ante transformaciones estructurales
de largo
aliento, que se sobreponen a la acción intencional
de los agentes, la cual queda ubicada así en el tablero estructural en el que
se desarrolla y que determina sus condiciones de posibilidad. De esta manera,
al articular agencia y estructura, es posible una comprensión más adecuada de
las transformaciones de la educación superior en el largo plazo y, al mismo
tiempo, la interpretación de los cambios específicos producidos en las
instituciones y sus prácticas (Ibarra 2004).
Bajo esta lógica es posible reconocer el largo
camino de la universidad estadounidense
hacia el capitalismo
académico, que comprende
en nuestra opinión cuando
menos tres grandes
ciclos (Ibarra 2004).
El primero, gestado a lo
largo de la segunda mitad
del siglo XIX y hasta inicios del XX, corresponde a la
incorporación de la dirección privada (managerialism) para manejar un sistema
universitario en expansión. Son los tiempos del culto a la eficiencia
resultante de la difusión de la Administración Científica y del
establecimiento de la Fundación Carnegie
para el
Avance de la
Enseñanza como instancia
de regulación de un
sistema aún pequeño que se empezaba a integrar.
El segundo corresponde al triunfo de la
racionalidad y se relaciona con el uso creciente, después de la Segunda Guerra
Mundial, de la investigación de operaciones y los sistemas administrativos
relacionados con el control de costos y la rendición de cuentas (Birnbaum 2001:
14 - 27). Es una etapa de
consolidación burocrática en la que
la racionalización del
sistema, como exigencia para alcanzar una mayor funcionalidad y control,
se erige como preocupación central.
Finalmente, el tercer ciclo, del que nos dan cuenta
Slaughter, Leslie y Rhoades, corresponde al triunfo del capitalismo académico , relacionado con
la creciente participación de la universidad en los mercados del conocimiento y
con la incorporación de las tecnologías liberales de regulación. En este
sentido, el capitalismo académico debe ser apreciado como la
etapa más reciente
de un largo
proceso de diseño
de la educación superior
en Estados Unidos, marcado por la
modificación de los regímenes de
conocimiento y aprendizaje y, consecuentemente, por los cambios en la función y las formas de
organización y gobierno de la universidad.
Finalmente, esta nueva obra permite precisar la
distinción clave entre capitalismo
académico y comercialización de
la educación superior.
El texto señala que el problema fundamental no es el de la
comercialización de la educación superior sino el de su incorporación a una
lógica de funcionamiento económico basada en el mercado. Esta nueva lógica de
operación trastoca la
función y las
formas de organización de
la universidad, y con ellas, los modos de articulación que mantiene con la
economía, el Estado y la sociedad. Lo que se destaca como realmente importante
es la disputa por el control del conocimiento, a fin de ponerlo al servicio de
la nueva economía en los mercados globales.
Insistamos, el problema no se encuentra tanto en la
capacidad que las instituciones tengan para comercializar sus productos y
generar recursos propios, como en sus posibilidades para vincularse a la nueva
economía, sirviendo eficazmente como
proveedor de conocimientos
de las empresas. Su
énfasis tampoco está
en la presunta
reducción de los recursos
públicos, lo que sin
duda habría que documentar con
detalle, sino en la
modificación de las
formas de financiamiento estatal
que propician una reorientación de la enseñanza y la investigación
aplicada y experimental, para que funcionen crecientemente como subsidios a la
empresa privada.
2. En
cuanto al capitalismo
académico y las
políticas públicas en México
El capitalismo académico, no cabe duda, se ha ido
instalando en los márgenes, en esas regiones que, calificadas como "en
vías desarrollo", mantienen una posición subordinada frente a las naciones
del centro. En México este proceso ha sido evidente. Las políticas
instrumentadas desde finales de los años ochenta se han orientado a propiciar
una mayor articulación de la
educación superior con
los mercados y
la nueva economía (ANUIES 2000;
Reséndiz 2000). Señalemos cinco procesos que delinean los contornos fundamentales de estas transformaciones
(Ibarra
2001):
• La
operación de un nuevo dispositivo de regulación
gubernamental a distancia, basado
en la articulación de procedimientos de evaluación, programas de financiamiento
extraordinario y exigencias específicas de cambio a las instituciones. Este
dispositivo de ordenamiento institucional supone una modificación profunda de
las relaciones entre el Estado y la universidad bajo los principios de la
vigilancia a distancia y la autonomía regulada , y tiene la finalidad de
conducir a las instituciones de acuerdo con lo establecido en las estrategias y
programas gubernamentales, y de otorgarles una nueva identidad que indique su
renovada funcionalidad al servicio de la economía y la sociedad.
• La operación
de un nuevo
dispositivo de regulación
del trabajo académico basado en
la articulación de procedimientos individualizados de evaluación del desempeño,
programas de formación y actualización académica, y programas de remuneración a
concurso. Su impacto se encuentra
en la capacidad
que ha mostrado
para despojar a los
académicos del control y la organización
de su trabajo, garantizando así la reorientación de programas y proyectos que
atiendan las exigencias del mercado y la estructura laboral, y la demanda de
ciertos insumos de conocimiento requeridos por las empresas.
• La
diversificación de las opciones educativas para cubrir la formación de los cuadros medios
calificados que requieren las empresas, mediante la flexibilización de
los programas docentes
y su certificación, los programas de movilidad estudiantil, y
los programas de becas y financiamiento educativo en distintos niveles y
modalidades.
• La
reorganización integral del posgrado nacional bajo estándares de
competencia a nivel
internacional. Asimismo, la
reorganización del sistema de
centros públicos de investigación dependientes del gobierno, el fomento de las actividades de investigación y
desarrollo experimental bajo una nueva
normatividad (Congreso 2002), la operación de nuevos fondos y modalidades
de asignación de apoyos
a proyectos de investigación, y
la operación de un programa de estímulos fiscales a las empresas que inviertan
en investigación.
•
Finalmente, el aliento aún embrionario de la transnacionalización de la
educación superior, a través de distintas modalidades como la instalación
de sedes
de universidades extranjeras
en el país,
de alianzas universitarias y
franquicias, y de
educación a distancia
y virtual, por señalar las más conocidas (Didou 2005;
Rodríguez 2004).
3. En
cuanto al carácter
incipiente del capitalismo
académico en México
A pesar de
los esfuerzos
gubernamentales que hemos
relatado brevemente, todavía estamos lejos de consolidar en México el
capitalismo académico. Las cifras indican un déficit en prácticamente todos los
renglones si nos comparamos con países de desarrollo similar.
Debemos considerar que México es un país de
alrededor de 105 millones de habitantes de los cuales, siendo optimistas, poco
más de la mitad se encuentra en
situación de pobreza (Cortés
et al. 2002: 14 - 15).
Cuenta con una planta académica de tiempo completo de tan sólo 57 mil
290 profesores (SEP 2003: 46) y con únicamente 10 mil 128 investigadores de
alto nivel pertenecientes al SNI (CONACYT 2004: 287).
Según cifras oficiales, la educación superior
atiende en su conjunto a dos millones 300 mil estudiantes (Fox 2004: 10), lo
que representaría una cobertura de
alrededor del 20 por
ciento. De ellos, tan
sólo el 6.2 por ciento sigue estudios de posgrado (Fox
2004: 10). Además, en la última década (1994 - 2004) se graduaron
únicamente 11 mil
448 doctores, es decir, poco más de un millar en promedio
anual (CONACYT 2004: 41).
Por otra parte, en México el sistema de educación
superior cuenta con mil 302
instituciones (ANUIES 2000: 34).
De este conjunto crecientemente diversificado, pocas
podrían ser consideradas
realmente como universidades de
investigación o instituciones de formación profesional consolidadas. De las 45
universidades públicas, sólo las más grandes cuentan con una planta académica
significativa, reconocida por el Sistema Nacional de Investigadores (CONACYT
2004: 67 y 290). A ellas hay que agregar
los centros SEP-Conacyt, el Instituto Politécnico Nacional, el Cinvestav y
algunos otros centros de investigación del sector público (CONACYT 2004: 155).
Finalmente,
según datos oficiales,
se afirma que
el sector productivo aporta tan sólo el 30.6 por ciento
del gasto en investigación y desarrollo experimental (CONACYT 2004: 28), el
cual es realizado por las 300 empresas privadas más grandes que operan en el
país, conjunto que corresponde al 0.01 por ciento del total (Gómez Mena 2002).
Estas
cifras reflejan consistentemente el
nivel del gasto
público en educación y
ciencia: e l
gasto federal en
educación alcanzó en
2004 apenas el 4.6 por ciento del PIB y se estima su disminución a un
4.2 por ciento para 2005 (OCE 2005).
Esta cifra se encuentra todavía muy lejos del 8 por ciento que se
propuso como meta para el final del sexenio, de acuerdo con los compromisos del
Programa Nacional de Educación 2001 -
2006 (SEP 2001: 94) y con lo establecido el
artículo 25 de la Ley General de Educación (Cámara de Diputados 2005).
Por su parte, el gasto nacional en ciencia y
tecnología, también en 2004, se ubicó en el 0.37 por ciento del PIB, cifra que
hace imposible alcanzar el
1 por ciento
que establece el
artículo 9bis de
la Ley de
Ciencia y
Tecnología como mandato para 2006 (Cámara de
Diputados 2004).
Aunque
el nivel del
gasto público en
educación y ciencia
perfila un panorama poco
alentador, por decir lo menos, las cifras que hemos comentado contrastan
con las registradas
apenas una década atrás,
lo que indica que
los empeños gubernamentales han
producido cuando menos un cambio
en el perfil cuantitativo del sistema.
Faltaría valorar si tales cambios ha significado realmente una modificación en
la calidad del sistema y si las acciones registradas han tenido el impacto que
expresan los números (Ibarra 2002b).
4. En cuanto al carácter subordinado
del capitalismo académico en
México
El conjunto de políticas estatales y cifras que
hemos reseñado muy someramente, proporciona una idea clara de la radicalidad de
las transformaciones de la educación superior en México a lo largo de los
últimos quince años. Todo parece indicar que avanzamos en la ruta de la
implantación del capitalismo académico en México. Sin embargo, hay
diferencias importantes que no debemos
perder de vista.
Dos resultan muy significativas.
Por una parte, estamos en presencia de un sistema
educativo en un país de grandes limitaciones económicas y rezagos sociales.
Esta tendencia supone un alto costo social en la medida en la que excluye a una
amplia población de jóvenes de la educación, pues sus familias no están en
condiciones de cubrir las cuotas por inscripción y servicios. Así, se perfila
un sistema que educará a quienes más tienen en detrimento de los menos
favorecidos, para quienes parecieran reservadas, en el mejor de los casos, actividades
de menor calificación relacionadas con el trabajo precario de las empresas
fordistas que se instalan, por ejemplo, en los estados fronterizos del país.
Además, en el contexto de una sociedad empobrecida
y una economía estancada, las posibilidades de comercialización de los
productos académicos aparece como
un contrasentido, pues no
existen los mercados locales para
dicho consumo y el monto
que generaría seguramente
no alcanzaría a
cubrir los costos.
Señalemos un solo ejemplo; la UNAM, institución en la que
se realiza la mayor parte de la investigación del país, que cuenta con una
matrícula estudiantil enorme y que edita el mayor número de libros al año en
América Latina, genera tan sólo el 12% de sus ingresos totales (UNAM 2005).
Por otra parte, es necesario comprender que las
transformaciones de los sistemas educativos nacionales en curso, se producen en
el marco de la redefinición de las estructuras que regulan la producción y
circulación del conocimiento en el ámbito global. De lo que se trata es de
comprender la importancia que tiene la
división internacional del
trabajo universitario, que ha
reservado la producción del conocimiento
de punta a los centros de investigación de los países más poderosos del
planeta, para dejar en manos de las universidades ubicadas en los márgenes, la
adaptación de tales conocimientos a sus realidades locales específicas, y la
formación de los cuadros medios
que reclama el
fordismo precarizado en
el que se apoyan las empresas de clase mundial.
En este contexto resultan significativas y
preocupantes las recientes declaraciones
del secretario de
Educación Pública al
referirse a los peligros asociados a la movilidad, y
cito: "Sin duda son riesgos que deben correrse, pero debemos seguir
impulsando las acciones de movilidad (de estudiantes, profesores,
investigadores). No podemos
evitar que finalmente alguien
consiga en un país una
mejor condición. Son cosas que suceden y que seguirán
sucediendo." (Muñoz 2005). Esta es una expresión nítida del precario
capitalismo académico impulsado en México para formar los cuadros de alto nivel
que reclama, ya no el país, sino un mundo
global claramente deficitario
en las áreas
científicas y tecnológicas.
En suma, más que apreciar un régimen de capitalismo
académico propiamente dicho, en México pareciera dibujarse más bien un régimen
de servidumbre académica, en la medida en la que las instituciones de educación
superior se limiten a atender las necesidades de empresas y mercados en el
ámbito de la economía global. La renta de los medios de producción del
conocimiento sería pagada
así, mediante una
parte sustancial de los bienes generados.
Este régimen de servidumbre académica y sus graves
consecuencias se explican, en
contraste con la experiencia de los Estados Unidos (Ibarra
2004), por la ausencia de un proyecto independiente
de Nación que no se
empeña en modificar, con políticas agresivas de
gasto en educación y ciencia, el lugar que tiene México en la división
internacional del trabajo como país maquilador fordista, y en los mercados de
conocimiento como
proveedor marginal y consumidor cautivo.
Precisamente una de las demandas permanentes de la comunidad científica del
país ha sido, así lo podríamos interpretar, la instauración de un régimen de
capitalismo académico en todo lo que implica, para propiciar en México un
verdadero desarrollo económico en el contexto aparentemente inevitable del
capitalismo global (Drucker y Pino 2004).
5. En
cuanto a
las líneas de
indagación y la
hipótesis general de trabajo a futuro
Para escapar de este extravío y encontrar el
sentido y la razón de ser de la universidad en México hoy, es necesaria la
construcción social de un proyecto de Nación que considere con detalle
suficiente los alcances y consecuencias del capitalismo académico. Este
esfuerzo podría considerar inicialmente cuatro líneas prioritarias de
indagación. En primer lugar, trabajar en la recuperación de la historia
específica y particular de la universidad en nuestro país, es decir, en el
reconocimiento de su constitución originaria como institución autónoma y,
simultáneamente, como soporte del desarrollo nacional.
En segundo lugar, trabajar en la identificación de
los ciclos por los que ha atravesado la universidad a partir del
esclarecimiento de sus etapas o momentos de expansión, burocratización,
racionalización e incorporación paulatina
a los circuitos de la economía
global y el mercado. En tercer lugar, trabajar en la reconstrucción
de la génesis de la administración universitaria, que
exige reconocer ese
proceso silencioso de conformación de las estructuras
burocráticas de la universidad, que han posibilitado su operación continuada, y
muchas veces eficaz, a lo largo de los últimos 75 años.
Finalmente, trabajar en la clarificación del papel
que el Estado y la política han jugado en este largo proceso de conformación,
para reconstruir los momentos más relevantes en los que se han manifestado el
impulso o la oposición a la vinculación de la universidad al desarrollo
económico y los mercados, y sus resultados.
Estas líneas de trabajo resultan indispensables
para comprender lo que es la universidad en México hoy bajo una hipótesis
general que debemos confrontar: la
universidad como institución
experimenta una subordinación creciente ante los intereses económicos
que se disputan el control de los
mercados globales del conocimiento, pero
mantiene también una libertad relativa que puede jugar como contrapeso importante frente a tal relación
de subordinación.
Aunque la racionalidad del mercado se instituye hoy
como el criterio general que orienta las decisiones y prácticas en el mundo,
las sociedades de las naciones han conservado su capacidad para interpretar
estas realidades y para actuar en consecuencia. De ello hay indicios y
manifestaciones a cada momento. Cuando
pensamos que todo está perdido, que ya
no hay alternativas, la libertad creativa del homo social nos sorprende con
nuevas respuestas inimaginadas, abriendo cauces para reinventar las instituciones
fundamentales de la sociedad, ayudando a edificar, con el apoyo de la educación
y la ciencia, un mundo distinto que prometa ser mejor.
______________
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_________________________________
** El autor
es profesor Titular "C" del Área de Estudios Organizacionales de la
Universidad Autónoma Metropolitana - Iztapalapa. Es
doctor en Sociología por
la Facultad de
Ciencias Políticas y
Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Actualmente coordina el Programa de Investigación "La Educción Superior
Pública en el Siglo XXI" del
Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en
Ciencias y Humanidades de la
UNAM. Ha publicado diversos libros, ediciones y artículos tanto
en México como
en el ámbito
internacional. Entre sus obras
más relevantes como
autor, co- autor o
editor se encuentran La universidad ante el espejo de la
excelencia (1993, 1998) , Re- conociendo a
la universidad, sus
transformaciones y su
porvenir (2000) y La
universidad en México hoy:
gubernamentalidad y
modernización (2001,
2003), Geografía política de las Universidades
Públicas Mexicanas (2003,
2004) y La carrera académica en la Universidad
Autónoma Metropolitana: un largo y sinuoso camino (2005) . Es miembro regular de la Academia Mexicana de Ciencias e
Investigador Nacional Nivel II del Sistema Nacional de Investigadores .

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